<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518</id><updated>2024-10-06T22:15:48.758-07:00</updated><title type='text'>Ongietorri</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default?redirect=false'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>508</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-7004278284587671233</id><published>2021-01-24T17:38:00.013-08:00</published><updated>2021-01-26T17:30:27.804-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;La Pandemia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;He seguido toda esta Teleserie llamada Pandemia Covid-19 desde que apareció en China. Cada uno de sus pasos. Cada uno de sus asaltos al resto del mundo. No me he perdido ni un solo análisis científico. Ni una sola comparación con otras Pestes que asolaron a la Humanidad a través de la Historia. Durante horas he estado frente a las pantallas del teléfono y del televisor y de la computadora mirando videos. Videos &quot;serios&quot; y videos &quot;conspiracionistas&quot;. Seguí todos los pasos de las Grandes Farmacéuticas compitiendo por tener lista la Primera Vacuna. En los momentos más álgidos de la irrupción de la Pandemia fui disciplinado y estuve dispuesto a trabajar menos y a cobrar menos porque había menos trabajo y había menos clientes. Por &quot;suerte&quot; motivos coyunturales nos permitieron continuar, de manera normal, el trabajo de cada día hasta el día de hoy. Exceptuando la realización de horas extras. Que, bien mirado, es un pequeño hueco en el salario. Me coloqué la mascarilla cuando hubo que hacerlo y me la coloqué como había que hacerlo. Me separé de las otras personas la distancia recomendada en los sitios públicos y me lavé las manos tanto que la sosa caústica estuvo a punto de lascerarme las palmas. Cuando las calles de Miami estaban vacías yo viajaba todos los días en mi bicicleta al trabajo y alguna gente no creía que pudiera escapar del contagio. Ciertamente trabajar toda una jornada laboral con agua y cloro es un plus pues el cloro era - y es - uno de los químicos recomendados para atenuar los contagios. Como el Virus es una variante macabra del &quot;catarro&quot; yo sabía que el consumo permanente de limón sintético vertido sobre las ensaladas y los fricacés posiblemente me hubieran inmunizado, hasta cierto punto, contra la ponzoña del Monstruo. Cuando mi Cía consideró que nuestro trabajo era &quot;esencial&quot; - y por tanto teníamos que continuar trabajando - firmé un Documento que decía &quot;que lo hacíamos de manera voluntaria, sin presión&quot;. Yo era un tipo agradecido y nunca había pensado en formar un Sindicato. Solo que si no trabajábamos no cobrábamos. Ello bastaba para hacer caer el concepto de la &quot;voluntariedad&quot;. A pesar de que en Cuba la Pandemia estaba bastante controlada engaveté mi sueño de visitar Caibarién en Diciembre del 2020. Las amenzas de cerrar aeropuertos y de aumentar los controles para los visitantes y de hacer seguimientos durante su estadía acabaron de matar mis proyectos. Cuando La Habana decidió hacer pruebas de Covid a todos los que llegaban desde afuera cerré el Caso. Mi temor crónico a los médicos me iba a impedir hacerme la sencilla prueba del palito metido en la naríz - y después en la boca. Como jamás he experimentado síntomas pues tampoco me he tenido que someter al calvario en Miami. Por cierto, cuando Cuba reabrió los vuelos y - a pesar de los cuidados - la Pandemia se expandió (aseguran) como una llamarada por todo el país (siempre en mucha menor escala que en el resto del Continente) decidió que a mas de la Prueba Covid en Cuba había que arribar con un Certificado &quot;serio&quot; de otra pruba en el país de origen del vuelo realizada en un plazo menor a 72 horas. Si yo todavia hubiera estado pensando en viajar esta hubiera sido la clásica puntilla que me lo impidiera. Veremos qué pasa para Agosto próximo. El mes en que pienso viajar. Ojalá que todavía los procedimientos para hacer la Prueba sean los mismos. Y ojalá que yo logre hacérmela sin que la presión me suba a niveles de &quot;muerte al dinosaurio&quot;. Todas las vacunas están listas. Todo el mundo se está inoculando. Todavía no alcanzan y están priorizando a trabajadores &quot;cercanos&quot; y priorizando rangos de edades. Mi edad no está entre la que deba ser vacunada este semestre. Sé un poco de vacunas. Sé lo que demoran los ensayos y las pruebas para que una vacuna esté lista para ser inyectada. Dicen que las vacunas Anticovid han tenido que ser agilizadas por la nueva peligrosidad de la variante de Virus a partir de los Sars rutinarios. Dicen, además, que la tecnología ha avanzado mucho desde los intentos por fabricar la vacuna Antisida. No quiero discutir ni opinar. Ponerse la vacuna no es obligatorio. Somos libres en occidente. Pero la obligatoriedad es relativa. Generalmente todos quieren ser vacunados. Hay casi una guerra por el derecho a vacunarse. Las teorías conspirativas están perdiendo la batalla en donde guerrean porque la gente no se vacune ya que &quot;o eso es una aguita inservible o está llena de chips que solo servirán para controlar tu vida o en todo caso solo serán un ensayo para probar cosas&quot;. Si bien ha habido noticias de contraindicaciones e incluso muertes post vacuna la gente sigue deseando vacunarse. Se ha dicho que la vacuna lleva dos dosis y que entre ambas uno se puede contagiar. Se ha dicho que el período de inmunidad es de seis meses. Las noticias buenas y malas no dejan de sorprendernos. Que los contagios han bajado muchísimo en zonas de vacunación total. Que los rusos no quieren vacunarse y que el Gobieno Ruso está perdiendo dinero porque cada vez que descongelan cinco ampolletas hay que botar tres o cuatro. El mismo temor que tengo a hacerme la Prueba del Covid es el que tengo ante la posibilidad de vacunarme. Tal vez un poco mas porque la vacuna mete cosas en mi cuerpo que en un final no conozco, mas allá de mis estudios sobre lo que &quot;son las vacunas&quot;. Dicen que hay que sacar un turno para vacunarse. Que nadie te mandará a buscar. Que no te hacen nada. Que solo te llenan un Formulario y te pinchan&amp;nbsp; y te dicen cuando te toca la próxima dosis. No he dicho que no me pienso vacunar. Tampoco que sí. Porque la voluntariedad acaba en donde te dicen &quot;si no estás vacunado no puedes....&quot;. La única persona que conozco que se ha vacunado es un muchacho que trabajó con nosotros en Universal Greens y que ahora estudia y trabaja en asuntos de Enfermería. Fue vacunado por &quot;lógica&quot;. Y entre charlas globales y bromas se me pasó preguntarle por el procedimiento. Sobre la Prueba del Covid sí he hablado con algunos. He leído por ahí que están trabajando en métodos mas sencillos para realizarla y en una vacuna que no tenga que ser congelada y que resuelva el problema con una sola dosis. Pese a todo cada día aparecen noticias muy desalentadoras en boca de especialistas. Que tendremos que vivir con el Virus por años. Que el mundo cambiará para siempre. Que las secuelas quedadas son infernales. Que aparecerán nuevas cepas y nuevas pandemias asociadas. Que, aunque se logre controlar al Monstruo, mascarillas, distanciamiento y manos lavadas constituirán normas de mucho tiempo. Que se han infectado personas que se han inyectado las dos dosis. La gente de la Conspiración - que también tienen títulos y doctorados - está perdiendo la batalla de &quot;la verdad&quot;. Pero no hay que exagerar. Pensaba decir algo sobre las vacunas reales y los placebos. Pero mejor pasemos a conocer a las poquísimas personas infectadas que han estado &quot;cerca&quot; de mí en estos meses locos en que de sopetón la vida cambió de la noche a la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Detrás de la casa en donde vivo hay un Centro Comercial. Como todos los Centros Comerciales: lleno de negocios en donde puedes resolver gran parte de tus problemas sin moverte de tu ciudad. Mi ciudad es Sweetwater y es pequeña y está a ambos lados de la calle Flagler. Al Norte y al Sur. La casa está en la Calle 1 del South West. Entre Avenida 14 y Avenida 15. El Centro Comercial incluye a La Bodeguita. Un Semimercado muy bien surtido y con renglones de excelencia. Regenteado por familiares y amigos cercanos. Mis tíos vivieron en esta casa desde finales de los años noventa y eran clientes fijos de La Bodeguita cuando deseaban adquirir artículos especiales. Eran amigos de los dueños. También lo eran de Bebo, el dueño de la Bakery que está al lado. Como yo viví algún tiempo en la casa y después la visitaría frecuentemente pues también me relacioné con los dependientes y con Bebo y sus trabajadores, que incluían a una hija. Mis primos - los hijos de mis tíos - eran sus amigos. Cuando mis tíos se mudaron para La Pequeña Habana - mi tía consiguió una casa en altos, cortesía del Plan 8 (casas gubernamentales para jubilados) - mi primo se vino para la casa y de esa manera la casa de Evelyn (esposa del dueño de mi Compañía, Carlos Rodríguez) quedó en las mismas manos. Yo comenzaría a vivir aquí en Abril del año 2019 porque el sitio en donde vivía se me hizo insoportable por varios motivos y no encontré otra cosa cercana en toda la ciudad que me permitiera viajar en bicicleta a la Compañía. Cuando llegó la Pandemia y los precios de los efficiences se dispararon dejé de intentar marcharme. En la casa viven mi primo, su mujer y ocasionalmente el hijo que también cuenta con la casa de la madre en la zona de traylers al norte de la calle Flagler. Como la Panadería de Bebo es una de las pocas &quot;bakeries&quot; de Miami en donde se hace &quot;pan cubano&quot; bastante decente pues yo, generalmente, lo compraba ahí. Terminé por saludar a Bebo en cada visita y hasta en ocasiones él bromeaba conmigo. A veces pasaban los días y debido al horario en que terminaba de trabajar compraba en pan en otras panaderías. Una tarde me dí cuenta de que la Panadería de Bebo estaba cerrada en horario punta. En casa mi primo me contó que Bebo, su hija y toda la plantilla de la Panadería habían &quot;caído con el Virus&quot; y que estaban ingresados en el Kendall Hospital. El mismo hospital en donde trabaja la mujer de mi primo en el turno de la noche y en donde murió mi primo paterno Guillermo en el año 2015. Finalmente Bebo murió. Fue el primer caso de muerte por Covid del que tuve noticias para alguien que conocía. De nada le valió su gran fortaleza física. Después sabríamos que otros trabajadores del Centro Comercial también habían caído pero que se habían recuperado. Mi primo se preocupó un poco mas y su mujer - que venía cada cierto tiempo a quedarse pues estaba cuidando a una hija con problemas de sobrepeso - espació sus regresos. En el Hospital trabajaba casi que con equipamiento de cosmonauta y constantemente le hacían pruebas de Covid. Decía que estaban a tope. Mi primo descartaba el contagio porque ella siempre &quot;daba negativo&quot;. En el trabajo de mi primo hicieron pruebas en dos o tres ocasiones con resultados negativos. Hoy mismo en la Bakery de Bebo hay otros empleados y la clientela se ha mantenido. La sigo frecuentando. Pero todo el mundo respeta las reglas.&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;La hermana de mi primo - una de mis primas favoritas - es una mujer todoterreno, capaz de resolver todo entuerto y siempre dispuesta para enfrentar cualquier asunto que toque a la familia. A veces puede sonar entrometida. Pero es parte de su ADN. Una de sus primas paternas tuvo un accidente cuando se cayó de una escalera en donde hacía algo relacionado con reparaciones del hogar. La caída le ocasionó algunas fracturas y terminó ingresada en el Kendall Hospital llena de yesos y de sujetaderas sobre una cama. Cuando mi prima se enteró se lanzó hacia el hospital, desbocada, y como sabe de &quot;hospitales&quot; - trabaja en uno de ellos en tareas de colaboradora para doctores - nadie pudo detenerla en los pasillos hasta toparse con su prima. El Hospital está repleto de casos de Covid y los cuidados son supremos. Esa noche, en su casa, mi prima sintió &quot;varios síntomas&quot;: fiebre, dolores corporales y sobre todo vómitos y diarreas. Una consulta le dio &quot;Positivo&quot;. No fue ingresada y se recuperó pero hoy mismo todavía no ha recuperado el olfato. La información - codificada - me llegó a través de mi primo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;En mi Compañía las normas Anticovid se siguen a medias. Excepto cuando alguien entra en la Oficina del Gerente en donde es Vendedor el suegro del Dueño, un tipo muy bien conservado que sobrepasa los ochenta años. Se cuida mucho e incluso nos pide que sigamos la rutina &quot;como es&quot;. Su nieto - que es el hijo del dueño - es un muchacho treintón muy fuerte y supersano que a veces se llega por nuestra área de trabajo e incluso nos trae café y alguna merienda. Un Viernes alguien nos dice que &quot;el Covid lo cogió&quot; y nos enteramos que un malestar imprevisto lo achacó a un pescado degustado una tarde antes. La información agregaba que &quot;tal vez uno de los Vendedores también estuviera infectado&quot;. Nadie nos dijo nada. La información era solo de &quot;oídos&quot;. Los dos supuestos contagiados trabajaban como a setenta metros de nosotros y en verdad apenas les veíamos. El Lunes le pregunté al Gerente. Me lo confirmó. Me dijo que era un contagio &quot;muy leve&quot; y que el sábado los especialistas de la ciudad habían venido a desinfectar las oficinas y a realizar pruebas a quienes estaban trabajando. Todas habían resultado Negativas. A ciertos trabajadores no les gustó la manera semioculta con la que se había tratado la información. Tres días después el nieto regresó - ahora con tapabocas - en perfecto estado. Una semana mas tarde nos enteraríamos de que el&amp;nbsp; susodicho Vendedor también fue &quot;tocado&quot; y que aunque se demoró un poco mas en su Cuarentena se recuperó sin problemas. Aunque todavía las normas antivirus no se cumplen al cien por ciento, la disciplina ha mejorado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Una de las primeras casas que ocupan nuestra cuadra está casi en la esquina de Avenida 114. Dice mi primo que los que viven ahí son balseros&quot;, gente &quot;del Mariel&quot;. Vale decir, de los llegados en 1980. Se trata de una familia muy alegre, al parecer con muchos amigos. Durante todo el fin de semana se la pasan tomando, jugando dominó, charlando en voz alta y sobre todo con los parlantes musicales botando música de todos los tipos. Mientras bailan y se ríen a veces pueden llagar a tener alguna discusión. Entre semana puede ocurrir que también coloquen su musiquita pero en tono decente. Técnicamente no nos molesta. Cuando salimos al portal se escucha como una música infernal. Pero ya se sabe que en Estados Unidos se vive encerrado y las puertas y ventanas atenúan casi todos los ruidos. En algún momento mi primo y yo estuvimos hablando acerca del &quot;silencio extraño&quot; que salía de la casa de los &quot;marielitos&quot;. Se había acabado la música de un tirón y como su sonido era el único sonido que se escuchaba en la cuadra pues la cuadra regresó a su mutismo de tumba. Unos días mas tarde mi primo me dice que dos de los moradores mas viejos estaban &quot;ingresados con Covid&quot; y que uno estaba &quot;entubado, muy grave&quot;. Sin embargo parece que sus sistemas inmunológicos estaban en forma pues muy pronto volvió la música de fin de semana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;La otra hermana de mis primos es una chica muy activa en Facebook. Una mujer que adora a Trump. Sus publicaciones le enaltecían y fue una seguidora fiel mientras el expresidente trataba de no perder las Elecciones. De igual forma es una luchadora anticomunista a tiempo completo y no pierde oportunidad de fustigar a los castristas en su Perfil. También viaja en ocasiones por el mundo y por las playas y locasiones de la Florida y de Georgia. Siempre documenta sus viajes. Entonces, de repente, me percato que dejó de publicar. De modo que una noche lo comento con mi primo. No tenía información. La tuvo muy pronto. Su hermana tiene dos hijos y cuatro nietos: uno es &quot;entenado&quot; del hijo. Generalmente vive con el hijo y casi siempre los viajes dentro de Estados Unidos los realizan en familia. Mi primo considera que estas salidas por el país y tanto mitin a favor de Trump fue lo que los contagió a todos. Incluso - me dijo - su hermana iba a ser ingresada pero como no tenía necesidad de oxígeno la devolvieron a casa. Tampoco he conversado con ella. Tal vez también signifique un secreto. Me alegré cuando ví, hace unos días, una nueva publicación en su Perfil. Publicación &quot;humana&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Antony Fucci dijo que &quot;Enero y Febrero&quot; serían &quot;catastróficos&quot; en el país y que las muertes llegarían a medio millón. La Administración Biden lo mantuvo en su puesto aunque la verdadera gestión contra el Covid se la entregó a un gurú del &quot;resolvimiento de problemas&quot;. La Universidad John Hopkins acaba de anunciar que la cifra anda por cuatroscientos diez mil.....Y estamos en Enero. No haré nada especial. Nada nuevo. Continuaré mi rutina. Oyendo a mi cuerpo. Nada mas. Porque, en manos de los gobiernos y de los &quot;que saben&quot; la suerte está echada......&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Miami.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;Enero 24 del 2021.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;Luis Eme Gonzalez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/7004278284587671233/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2021/01/la-pandemia.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/7004278284587671233'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/7004278284587671233'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2021/01/la-pandemia.html' title=''/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' 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Miguel, Pedrón, Manuel, Gabriel jr y José. Cuando mis padres se mudaron para la Casa del Cocal en 1956 ya Eufemia había muerto y por tanto no la conocí. Eufemia &quot;donó&quot; su apellido Ramos y por algún motivo que desconozco a todos los isleños se les decía &quot;los Ramos&quot;. Mi papá nunca fue Rafael González Ferrer. Siempre sería &quot;Rafael Ramos&quot;. Si acaso, como excepción, uno &quot;de los Ferrer de Yaguajay&quot;.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: xx-large;&quot;&gt;&amp;nbsp;Manuel vivía en el lado sur de la casa paterna, estaba casado con una mujer de Los Cieguitos, Mayajigua - Emilia Ruiz - y tenían un hijo llamado Manolito. José (Pepe) tenía su casa en el faldeo de La Loma, al fondo suroeste de&amp;nbsp; la finca paterna, lindando con la finca de Los Gocéndez, su mujer se llamaba Caridad Navarro, de Plateros y tenían dos hijos: Ignacio y Guillermo (Los Cagatrillos). Gabriel (Belillo) tenía su casa en el fondo suroriental de la finca paterna, lindando con la finca de Justino Martínez, estaba casado con Bille Navarro (hermana de Caridad) y tenía seis hijos: Felicia (Fela), Luisa (Liche), Frank, Julio (Ratón Comehilo), Pedro y Félix (Pitín). Pedrón estaba soltero y vivía con Miguel y su padre en la casa paterna. Miguel (Lagata) estaba casado con María Lara, de Plateros, y tenía cinco hijos: Miguel Angel (Tite), Clemente, Leonardo, Maurilio (Cometierra) y Aleida. Pitín y Guillermo eran de mi edad. Guillermo era un poco mayor y Pitín un mes menor. Miguel estaba al frente de la finca pero aunque todos tenían un &quot;pedacito de tierra&quot; apenas la cultivaban porque no era necesario antes de 1959. Técnicamente La Loma que estaba al fondo de la finca de Gabriel no tenía dueño - el latifundista de turno no la ocupaba - y Belillo la había ido incorporando poco a poco a su Patrimonio. Todos los hijos trabajaban en la finca en asuntos relacionados con la caña de azúcar y completaban el año laboral en Yaguey Abajo y en Jagueyal en el mismo rubro dentro de las grandes fincas de los latifundistas de la zona. Pepe y Belillo tenían ínfulas de negociantes y les encantaba el trapicheo. En ese sentido eran muy parecidos a mi tío paterno Cisco. De modo que si podían buscarse unos kilos en algún negocio obviaban el trabajo en el campo y se iban al pueblo. Los cinco hermanos eran analfabetos potenciales mas allá de que eran dueños de cierta picardía natural que los hacía parecer personas instruídas. Lo que no siempre resultaba. Les costó muchísimo tiempo aprender a recorrer Yaguajay y Caibarién. Antes de la inauguración de la Carretera, como todos, viajaban &quot;al pueblo&quot; en el Gascar o en algunos de los fotingos que se atrevían a recorrer el tramo de terraplén de treinta y dos kilómetros Caibarién/Yaguajay. Para ello tenían que ir hasta Dolores o hasta Yaguey Abajo a caballo. A veces se arriesgaban y llegaban hasta Caibarién en las propias bestias. Caibarién era el pueblo en donde se hacían los &quot;negocios&quot;. Era el mas grande en muchos kilómetros a la redonda, en verdad bastante rico y todo el mundo dependía de sus grandes almacenes y de su puerto que, aunque había perdido cierta importancia después de la aparición de la Carretera Central en la decada del Treinta, todavía recibía mercantes en la rada de Cayo Francés. Durante los primeros viajes al pueblo los hermanos apenas podían salir de las cuadras que marcaban la entrada y por eso se les hacía muy difícil encontrar tiendas o almacenes que recibieran y compraran sus productos. Su asoramiento y despiste permanentes siempre los delataba como &quot;guajiros ñongos&quot;. Después llegarían al centro del pueblo y se toparían con los establecimientos de la gente &quot;que compraba&quot;. Allí estaban los japoneses y los chinos. Los japoneses eran mas bien vendedores industriales. Los chinos eran compradores compulsivos porque vendían de todo, a precios muy módicos. Pepe y Belillo eran comerciantes, sobre todo, de carbón vegetal, de animales de corral, de granos y de frutas. Para entonces ya Belillo era un carbonero de marca mayor. Haber llegado al centro del pueblo no quería decir que dominaran toda su geografía y por eso continuaban pasando mucho trabajo con las direcciones. Les daba pena preguntar tanto porque eran dos hombres &quot;hechos y derechos&quot; y no les gustaba que los &quot;poblanos&quot; los consideraran un &quot;par de comemierdas&quot;. Por ese motivo no les quedaba mas alternativas que preguntar varias veces en el mismo Establecimiento Comercial, algo que en ocasiones, sacaba de quisio a los cangrejeros con negocios. Parecían dos autómatas dándole vueltas a la cuadra por el temor de salir del cuadrante y luego no saber como regresar. Uno de sus clientes era un chino que casi siempre se quedaba con cualquier cosa que le llevaran. El chino era un gran fabricante de dulce de coco y por ello le encantaban los cocos criollos del Cocal de los Ramos que le llevaban los guajiros de Plateros. Incluso los pagaba bien. Hasta que un día se sintió saturado porque también tenía otros proveedores sin contrato de compra. Cuando los pichones de isleño llegaron a su Establecimiento los saludó amablemente y les dijo que &quot;hoy no quelía coco polque ya tenía demasialo&quot;. Pepe y Belillo se marcharon pero como no se atrevían a salir de la cuadra comenzaron a tratar de vender sus cocos a los otros comerciantes del entorno. Ese día nadie quería cocos por muy del Cocal de Plateros que fueran. Con la vaga esperanza de que el chino se cansara de ellos y les comprara sus cocos pasaban constantemente por su negocio&amp;nbsp; y antes de seguir se paraban en la puerta y preguntaban &quot;chino, quiere coco&quot;. El chino, decentemente, siempre respondía que &quot;glacia muchacho, ya le dije que hoy no quielo coco&quot;. Llegó un instante en que el chino explotó, salió desde detrás del mostrador y encarándolos con cara de pocos amigos les espetó &quot;ya le he licho mil vece que no quielo coco, que calajo le pasa a ustede guajilo de mielda, se etán bullando de mí o que coño&quot;. Pepe y Belillo no regresaron mas por la tienda del chino y lograron llegar hasta la Estación del Gascar con la ayuda de algunos viandantes. Dejaron los cocos en el andén de la Estación. Contaron la anécdota a la familia y amigos sin ningún pudor y para toda la familia solo significó un pase imparable de risa y la historia llegaría a convertirse en un clásico de las historias de guajiros en el pueblo. Todavía hoy a veces la recordamos en las tertulias miamitas y tratamos de imaginarnos, otra vez, a aquel par de guajiros analfabetos, asombrados, tratando de vender cocos a un chino qe les había repetido hasta el cansancio que no quería cocos solo porque no se atrevían a salir del espacio que dominaban.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;Pepe - siempre se le dijo Peperramos - tenía un problema de dicción. No podía pronunciar la erre y por tanto la arrastraba en favor de la de. Le familia lo fastidiaba pero nunca se ponía bravo. Incluso repetía los famosos &quot;versos del tren&quot; sin ningún complejo cuando alguien se los pedía. &quot;Edde con edde cigaddo, edde con edde baddil ddapiddo codden los caddos por la linea del feddocaddil&quot;. Un día Gabriel lo envió junto con Belillo a que fueran a la Ferretería de Caibarién por un encargo. Llegados al pueblo no sabían como llegar a la ferretería y de nuevo la pena no les permitía preguntar. Esta vez no solo les estaba ocurriendo lo de siempre sino que habían olvidado el nombre del lugar al que debían ir. Durante mas de una hora trataron de recordarlo. Pero ni atrás ni alante. Para ellos &quot;ferretería&quot; era una palabra complicada. Hasta que a Pepe se le abrieron las entendederas y dijo &quot;Belillo, es una cosa así como fedde fedde fedde algo como....feddefuddia, eso, feddefuddia&quot;. Cuando se llenaron de valor y preguntaron nadie en el pueblo sabía lo que era una &quot;feddefuddia&quot;. Solo cuando dijeron lo que tenían que comprar fue que alguien les indicó el camino. La gran anécdota de la &quot;fedde&quot; superaría, por mucho, a la de &quot;chino, quiere coco&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;Caridad Navarro le fue infiel a Peperramos con un solterón del Vivero llamado Erasmo. Se decía que los miembros de tal familia tenían la costumbre de &quot;mudarse&quot; para la casa de las mujeres casadas y tratar de seducirlas. Para entonces ya vivían en el alero de la carretera, al lado del Río. La infedelidad fue notoriamente pública. Mi papá le puso &quot;Gollito&quot; al pegador de tarros. Desde entonces el calvario de la Familia Ramos/Navarro fue prácticamente innombrable. Excepto Guillermo e Ignacio las niñas fueron &quot;adoptadas&quot; por los vecinos. Adolfina&amp;nbsp; la de Pablo fue la gran receptora. Raquelita vivió un tiempo en mi casa y otro en la casa de Tíaestela. Generalmente se trasladaban a las &quot;casas de acogida&quot; por las noches. Caridad se llevó con ella para Caibarién a Mirita, la mas pequeña y eso la convirtió en la única &quot;no guajira&quot; de la familia. Se comentaba que &quot;ahora Caridad vivía en un minirrancho detrás del antiguo aeropuerto&quot;. Los apelativos para con la madre alcanzaron las cotas mas grandes del desprecio. Hasta que un día las aguas cogieron su nivel y los hijos volvieron a contactarla. Tuvo un hijo con Gollito que nació con una especie de lunar/quemadura en la cara. Se relacionaba bastante con sus hermanos. Debo decir que un hermano del &quot;seductor&quot; - una gran persona llamada Gonzalo &quot;el ahoracado&quot; (que terminaría suicidándose porque - segun algunas fuentes - estaba impotente) consiguió que mi mamá le lavara su ropa y que también intentó &quot;mudarse&quot; para mi casa. No podría precisarlo pero me parece que mi mamá tuvo que pararlo cuando trataba de llevar las conversaciones a otros niveles. Posiblemente mi papá le pidiera que lo alejara de la casa cuando ella se lo contó. Maricel logró vencer un curso intensivo que la graduó de Maestra Primaria. Recuerdo que lo hizo junto a su prima Terresa la de Belillo en Remedios en los tiempos en que yo estudiaba allí la enseñanza preuniversitaria y que nos veíamos todos los días. Maricel trabajó muy poco en Educación, creo recordar. Conoció a un alfarero de La Habana llamado Faustino (tenía una hija) y se fue a vivir con él. Teresa le siguió en la ronda de los &quot;amigos del marido de Mary&quot; y también consiguió una pareja: Felito. Una visita de Linita a la casa de su hermana Maricel le permitió conocer a otro habanero y por eso se quedó en el suburbio capitalino de Calabazar. Gricelda se enamoró de un hombre de Agabama, Las Villas, y se casó con él y abandonó el barrio. Raquel estudió una carrera técnica - no puedo precisar - y logró graduarse. Se casó con un tipo &quot;comunista&quot; de Cambao llamado Alvarito Tuero y desde entonces tuvo varios trabajos administrativos. Mirita &quot;la poblana&quot; - un dechado de belleza auténtica - se fue para La Habana con sus hermanas mayores y allí realizó su vida. Hasta que un ciclón apocalíptico desbarató el bohío de Peperramos el padre y el hijo (Ignacio) vivieron en él. El Gobierno dio materiales de construcción a los afectados y entonces Pepe decidió hacer una casa en Yaguajay en donde también le garantizaron un terreno al norte centro el pueblo. Una buena casa prefabricada que yo ayudaría a levantar. Desde 1980 Guillermo vivía en los Estados Unidos. Guillermo fue de los &quot;enviados a la fuerza&quot; a Miami, acusado falsamente por las Autoridades de &quot;peligrosidad&quot; en los tiempos nefastos del Exodo el Mariel. En el bohío de la orilla del Río Ignacio vivió con dos mujeres. Yamilé, de Agabama (tuvo un hijo con ella) y Milagros &quot;Bola e Plomo&quot;, de Dolores. Milagros lo traicionó con su primo hermano Pedrito el de Belillo cuando él trabajaba en la Construcción en Sancti Spíritus. Mury Cometierra los sorprendió &quot;jugando sobre un taburete&quot; en el bohío y se lo contó a Ignacio. Cobrar la traición para Ignacio consistió en convocar al hermano de Bola e Plomo y darle una soberana paliza al primo hermano en una noche de Carnaval en Caibarién. Acto, que al igual que la traición de Caridad, también llegaría a olvidarse con el paso del tiempo. Milagros vivió unas semanas con Pedrito en su casa pero lo abandonó muy pronto porque aquello &quot;había sido una locura&quot;. Todos los días padre e hijo venían a Plateros a trabajar. En bicicleta o en la guagua local. Pepe en su pedacito de tierra e Ignacio en los potreros de La Loma, con la Empresa Pecuaria. Pepe jamás volvió a juntarse con ninguna mujer. Ignacio las tuvo &quot;a jases&quot;. Se arrimaba con cualquiera. Decía que &quot;no podía estar solo&quot;. La que mas le duró fue una chica de Caibarién llamada Martha. Con ella tuvo tuvo otro hijo. Cagatrillo tenía fama de golpear a las mujeres y de ser &quot;un gran padre&quot;. Yo lo jodía y le decía &quot;jamás te has empatado con una mujer de verdad, por eso eres así&quot;. Hay que sonarlas a veces, me respondía, sonriendo. Un día se le ocurrio pedirme que lo incluyera &quot;en el Bombo&quot;. Si me lo saco me voy de Cuba, me aseguró. Le dije que él era comunista y le recordé cómo se burlaba de mí cuando &quot;yo quería tumbar a Fidel Castro&quot;. Se echó a reír y entonces le llené los datos y envió la planilla&amp;nbsp; del Sorteo de Visas para Cuba a la Sina Norteamericana en La Habana. Luego me diría en Usa que otro amigo le completó una segunda planilla. El caso es que le llegó el Bombo y las madres de sus hijos le permitieron llevárselos para los Estados Unidos. Yo me enteré en Santiago de Chile. Apenas podía creerlo. Pero me alegraba. Llevarse a sus hijos fue, tal vez, la mejor acción que jamas hizo por ellos. Joelito, el menor,&amp;nbsp; vivió unos años con su tío materno Javier en Nueva York y Johanlandry se quedó en Naples con su papá. Cuando España lanzó para Cuba la Ley de la Memoria Histórica mis primas segundas aplicaron para Ella. Su abuelo fue localizado muy pronto en Islas Canarias y el papeleo navegó con mucha fluidez. Como hijas de alguien de Primera Generación en Cuba enseguida tuvieron su Pasaporte y la grata noticia de que podían salir de Cuba para donde les diera la gana. Raquel fue quien hizo uso de tal prerrogativa. Porque ya Maricel y sus hijos habían llegado legalmente a Usa, gracias a una reclamación de la hija norteamericana de Faustino. Algo que también había hecho Mirita, cortesía del padre americano de su hija. Gricelda no tenía interés en viajar y Linita solo deseaba hacerlo de visita. Raquel terminaría por establecerse en Islas Canarias, a donde logró llevarse a su marido &quot;excomunista&quot;. Guillermo murió en el año 2016 a raíz de un infarto cerebral en Miami. Estaba casado con la ecuatoriana de toda la vida, con la que había tenido un hijo. Peperramos estuvo en Estados Unidos invitado por Ignacio en el año 2011. Estaba muy bien y muy feliz a pesar de los muchos años que le habían caído encima. Recuerdo que ya yo vivía en la casa de mi primo Carlito González Rodríguez, muy cerca del trayler de Guillermo y que en las noches, en el patio, recordábamaos los tiempos del Plateros Histórico y que yo le pedía que nos hiciera el cuento del &quot;chino quiere coco&quot; y el de &quot;la fedde&quot;. Pepe los repetía hasta el cansancio, encantado. Aquel chino quería matarnos - se reía&amp;nbsp; a mandíbula suelta. Pepe murió con achaques de viejo en su casa de Yaguajay. Tenía mas de noventa años. Se que Gri (Gricelda) tiene hijos pero desconozco cuántos. Tampoco sé si continúa con el mismo marido. Me parece que la última vez que la ví había venido con él a Plateros. Y de ello puede haber mas de treinta y cinco años. Creo que Linita tiene dos hijos. Por lo menos pienso que eran dos los que ví de niños cuando visitaba a La Habana. La última vez que me la encontré fue cuando vino para el velorio de Guillermo. Llegó en el último instante y estaba perfectamente bien. Maricel tiene tres hijos y está separada de Faustino y sigue sola. Raquelita tiene dos, que están en Cuba. Acerca de nietos solo sé que Raquel e Ignacio sí los tienen. Raquel, tres e Ignacio, dos. Pero es posible que todos los hermanos sean abuelos excepto Guillermo. Se nos ha pasado esa conversación. De los hijos de Belillo agraciados con la Ley Española de la Memoria Histórica han estado, trabajando en los Nerserys de Homestead, Florida, Frank, Luisito, Pedrito y Pitín. Teresa vive en Estados Unidos pero llegó Via Reclamación de su ex. Tiene un hijo y dos nietos. Su ex falleció el año pasado. Caridad es viuda del &quot;seductor del Vivero&quot;. No se volvió a casar. Todos sus hijos se ocupan de ella y del medio hermano. Me han enseñado sus fotos. En verdad no se ve como una mujer anciana todavía. Tiene algún problema coronario pero lo va superando. Hace mas de veinticinco años que no la veo y creo recordar que la última vez que la ví en Cuba, allá por los noventa, no me recordaba y tuve que identificarme. Belillo vivía con su hija Helena en el año 2012 cuando regresé a Cuba por primera vez. Tenían una casa en el lado occidental de la Tienda. Estaba completamente ciego y tenía casi cien años. Pero lo ví muy bien. Me recordó enseguida y me dijo, como tantas veces en el pasado, &quot;rafaelillo, carajo&quot;. Recordé el cuento del chino y de la fedde pero no traté de que lo que lo repitiera. No deseaba que tuviera que &quot;ver&quot; hacia dentro. Poco después fallecería. Su esposa Bille había muerto hacía varios años debido a complicaciones hepáticas cuando yo estaba en Cuba. Fela se casó con Jesús López, un &quot;pariente&quot; de Yaguey, hijo de Olegario López, cuya mujer era famila de los isleños. Toda su vida ha vivido en Yaguey, aunque tal vez hoy lo haga en Dolores en un barrio de expansión social. Tuvieron tres hijos. Dos hijas ( conocí a una nieta que está en los Estados Unidos ) y un hijo que tuvo un accidente trabajando con madera y&amp;nbsp; que quedó paralítico de la cintura hacia abajo. Jesús falleció hace poco. Julio pasó gran parte de su vida trabajando en la Empresa Pecuaria de Yaguajay y finalmente trabajando en tierras que le ha prestado el Gobierno. Se casó un par de veces con mujeres de Caibarién - en donde terminó viviendo - pero le fue mal en sus matrimonios. Hoy mismo vive en casa de su tía Nena, mi tía política ex esosa de Cisco, en Caibarién, según me contó Margarita, la ex exposa de mi amigo Tico. Frank se casó con Susana Tuero, la hija de Chicho el de Cambao. Poco interesado en trabajos agrícolas siempre se las arregló para hacer otras labores. Antes de jubilarse fue chofer de tractor para una Cooperativa. Construyó una casa en Caibarién. Tiene dos hijos. Una hija que vive en Caibarién y un hijo que vive en Colombia. La hija le ha dado tres nietos. Pedrito demoró mucho en casarse. Pero cuando le cogió el gusto al matrimonio lo ha hecho varias veces. Poco selectivo con las mujeres se separa constantemente. Aunque ha trabajado en Pecuaria y en otros trabajos con el Estado lo de él es la cría de ganado en donde siempre le ha ido muy bien. Sigue viviendo en Plateros, en la antigua escuela Félix Varela, convertida en hogar. Luisa se encontró con un chico que fabricaba pozos artesianos cuando trabajó con su prima Aleida en la Conejera de Dolores. Terminaría por casarse con él. Un gran tipo, Zeneido, del Guajén, en Vueltas. Comenzarían viviendo en el campo hasta que construyeron una casa en Caibarién. Un accidente en un pozo casi mata a Zeneido y nunca se recuperó de las secuelas. Después de su jubilación se dedicó a &quot;anotar&quot; números de Bolita (prohibido) para los jugadores compulsivos y le fue de maravillas. Tuvieron una hija que le dio dos nietos. Falleció el año pasado. Pitín siempre ha padecido de ciertos trastornos neurológicos que no le han impedido trabajar en la finca, haciendo carbón y criando animales. Ello lo salvó del Servicio Militar. Un día se enamoró y se casó con una mujer de Dolores. Tuvo una hija que, según la gente que la conoce, &quot;es una muñeca&quot;. Creo que vive en Dolores. A Luisito tampoco le interesó el trabajo asalariado. Aunque lo ha ejercido su interés está en los negocios y en los apuntes de números de la Bolita. Se casó con la hermana de la mujer de Nené y se divorció después de haber tenido dos hijos. Creo que tiene nietos. Actualmente está unido a una mujer de Yaguey que fue la esposa de Onel Vega (actual esposo de mi prima Mirelia Fumero) y me parece que viven en ese barrio. Gabriel (Nené) es el segundo &quot;estudiante&quot; de la familia. Estudió una carrera técnica - olvido la Rama - pero apenas la ejerció. Tampoco le interesa la agricultura ni el trabajo asalariado. Se casó con una chica del Vivero, la hija de Roberto el Gago. Fue Director de la Tienda de Plateros (su casa estaba en la trastienda) y cuando terminó de levantar la definitiva en Caibarién (altos&amp;nbsp; de la de su hermana Luisa) se mudó para la ciudad. Hoy día es un albañil de renombre (un hombre orquesta en asuntos de construcción fina) y vive de eso. Incluso es el único hermano que ha podido trabajar en su especialidad en los Estados Unidos. Su condición de ciudadano español le permitió a su hija y a su marido viajar a Islas Canarias, en donde viven y trabajan. También tiene otro hijo que está intentando viajar a España. Gran parte de mi casa y de mi Studio en Caibarién los ha construído Nené y sus ayudantes. Helena estudió Licenciatura en Inglés en la Universidad Central. Actualmente es Profesora - creo - del Preuniversitario local. Se casó con un colega de Mabuya, Ciego de Avila, que finalmente dejó Educación para dedicarse al Turismo de Traducción/Guía en Los Cayos. Le va muy bien. Tanto que le dieron una casa en los anexos del Reparto Van Troi, Caibarién. Tienen dos hijos. Manuel se mudó para Los Cieguitos porque su esposa Emilia así lo quería. Manuel trabajó en la finca del suegro, Valerio, y en trabajos ocasionales en el campo. Allá nació Eddy y el tercer hijo, El Niño. La familia González/Ruíz siempre regresó a Plateros y lo harían hasta que la edad y las enfermedades se lo impidieron a los padres. Manolito - unos meses mayor que yo - estudió una carrera técnica (tal vez maestro primario) pero trabajó en cargos administrativos en Yaguajay. En donde se casó y sé que por lo menos tuvo una hija considerada una auténtica belleza. Dejé de verlo antes que a Eddy y por supuesto no conozco a su familia. Según mi primo Pico Leyva la mujer de Manolito era una belleza, &quot;demasiado para él&quot;. Terminarían divorciándose. Eddy es un &quot;isleño&quot; nato. Trabajó durante mucho tiempo en Maquinaria Agrícola en Mayajigua. Hace poco nos encontramos en Facebook y me dijo que vivía en Sancti Spíritus y que Emilia estaba todo &quot;jodía&quot; pero &quot;viva todavía&quot;, guapeando y que me recordaba perfectamente. Vive con El Niño en Mayajigua. Dejé de ver al Niño cuando todavía era un jovencito y creo que estudiaba en el Pre de Centeno. Era pitcher zurdo y oí decir que tenía muy buena velocidad y mucho talento. Creo que no pasó nada con su pasión por el beisbol. Manuel murió muy viejo y enfermo y parece que sufrió mucho. Tite el de Miguel se casó muy joven con Lidia la de Catalina, la mujer de Ramón Navarro. Poco aficionado a los trabajos agrícolas sacó la cartera de chofer y pasó el resto de su vida tirando caña para el Central Marcelo Salado, antiguo Reforma. Cuando se retiró se dedicó a chapear en las carreeteras y a sembrar en tierras prestadas para &quot;paliar la situación&quot;. También trabajó un tiempo en la finca familiar. En su camio soviético V-8 - su gran amor - recorrimos gran parte de la antigua provincia de Las Villas para jugar pelota los domingos. Tuvo tres hijas. Flora Ondina, nacida debajo del apocalipsis de Octubre del Ciclón Flora en Yaguajay en el año 1963, pocos meses después de mi hermana Tery. Tiene tres hijos. Un hijo con Quitín, un amigo nacido en Jagueyal - Yandier - (es abuela). Una hija con un hombre de Yaguajay (es abuela) y otra con Casildito, el hijo de Casildo, un hombre de Santa Rosa. Florita vive en la antigua escuela bonita de Santa Cruz y hoy mismo trabaja en Caibarién, creo que como aseadora con el Gobierno. Marlenys estudió en la Escuela Formadora de Maestros Primarios de Santa Clara y se graduó. Siempre ha trabajado como tal. Se casó con un muchacho de Dolores - Abel - (hijo de una heroína local de La Revolución) y tiene dos hijos. Uno de ellos salió enfermiso y la lucha para mantenerlo a flote ha sido proverbial. Viven en&amp;nbsp; La Playa, Caibarién. Merlín es la bella de la familia. Amante de la vida libre tiene un historial de novela. No terminó estudios y en el presente tiene un negocito de belleza en donde la pintura de uñas es su fuerte y le va bien. Su primer matrimonio con un &quot;cochero de pasaje&quot; de Dolores terminó mal. Hoy está casada con un tipo &quot;feo&quot; pero &quot;magnífico marido&quot; y tienen un hijo que da la impresión de ser un yutuber de las Redes. Vive en el Crucero, Caibarién. Tite y Lydia - y algún nieto ocasional - viven en Reforma, en la misma casa que le dio el Gobieno a Tite por ser &quot;trabajador ejemplar&quot;. Clemente nunca tuvo inclinaciones agrícolas. Como Tite evadió el Servicio Militar por ser &quot;hijos mayores&quot; y comenzó trabajando en la Reparación de Líneas de Ferrocarril en Dolores al mando de un hombre de apellido Palacios. De Cocinero. Allí se enamoró de la hija de un señor al que le decían Quinto - Elisabet &quot;Mondongo&quot; - y se casó con ella. Cuando mi Tía Celia y su familia se mudaron para La Habana Clemente le compró la casa bonita y vinieron para Plateros. Clemente comenzó a trabajar la tierra porque la &quot;situación&quot; del país se complicó. Sin abandonar su trabajo de Cocinero. Finalmente se mudaron para Caibarién y terminaron viviendo en una casa de edificio permutada en el Reparto Van Troi. Clemente se retiró, continuó trabajando en la finca un tiempo hasta que colgó los guantes. Tienen dos hijas - Diana e Ismaray - y dos nietas. Las &quot;ayudas&quot; de unos parientes &quot;franceses&quot; de Ely le han ayudado a sobrevivir. La última vez que estuve en Cuba Diana y el marido - un negociante de muebles -&amp;nbsp; estaban construyendo un Resort de lujo detrás de su residencia en el centro del pueblo. Con la ayuda francesa. Diana llegó a ser una Enfermera muy bien ranqueada, profesión que dejó cuando ser profesional equivalía a un insulto en Cuba. No tengo información técnica de Ismaray. Una noticia obtenida aquí en Miami me aclaró que Diana y el marido estaban &quot;viajando al exterior en busca de cosas que vender&quot; porque el grifo francés se había agotado. Leonardo sí tuvo inclinaciones agrícolas. Generalmente trabajó en la finca hasta que, motivado por su hermano Tite, sacó la Cartera de Chofer y comenzó a trabajar durante las zafras azucareras. Jamás abandonó el campo. Una Dependienta de Tienda de Yaguajay llamada Isabel se enamoró de él y tuvieron un hijo sin llegar a casarse. Cuando fui Profesor en la Secundaria de Yaguajay Leonardito estaba en Séptimo Grado, era muy inteligente y muy parecido al padre. Leonardo terminó casándose con Gloria Prida, de Cambao, y se fue a vivir con ella para la casa de sus padres. A vivir solo &quot;por la noche&quot;. Porque todo el día lo pasaba en Plateros. Tuvieron un hijo que sería mi alumno en la Secundaria citada. Prida era un estudiante discreto. No tengo información sobre Leonardito aunque es posible que esté en los Estados Unidos. Prida está al frente de la finca de su abuelo. No he podido ver a Leonardo en mis cuatro viajes a Cuba. Sé que está enfermo del corazón. Y parece que seriamente enfermo. Leonardo sí pasó el Servicio Militar. Al igual que Frank el de Belillo e Ignacio el de Pepe Maurilio venció el Curso de Construcción Industrial en Caibarién en 1976. Creo que los tres se graduaron de Carpinteros de Encofrado. Yo fui profesor en esa Escuela, de una &quot;Asignatura Mixta&quot;. Ellos me pusieron la piedra para que pudiera ser presentado a los Jefes y poder trabajar. Fue mi primer trabajo oficial y fue también la primera vez que me expulsaron de un lugar debido a &quot;problemas ideológicos&quot;. Pero ninguno de los tres ejercieron la profesión excepto, algún tiempo, Ignacio. Maurilio es un hombre típicamente campesino, casero e introvertido. Cuando fue citado para cumplir con el Servicio Militar casi se vuelve loco ante la certeza de abandonar la casa. No obstente lo pasó. Eso y un accidente de tránsito en donde casi pierde la vida en la carretera Yaguajay/Caibarién le dejaron ciertas secuelas neurológicas de las que nunca se recuperó. Terminó casándose con Deysy Navarro, la hija de Roberto. Tuvieron dos hijos: Yuniel y un segundo cuyo nombre se me pasa. Yuniel&amp;nbsp; es un campesino nato. Se recuperó de un cáncer de piel invasivo y se ha casado dos veces: con la primera mujer tuvo un hijo. El otro no tiene interés en el campo y es chofer de un Dirigente de Cayo Santa María. Está casado con una&amp;nbsp; chica de Dolores y no tiene hijos. Aleida se enamoró del amigo pocero de Zeneido el de Liche - el Gago de Mayajigua - y se casó con él. El Gago era mejor pocero que Zeneido y toda su vida se ha dedicado a ello. Comenzaron viviendo en una casa atípica campesina - portal y habitación trasera dividida de una agua - al lado de la nueva casa familiar a la orilla de la Carretera. Cuando Aleida se mudó para Mayajigua Maurilio se quedó con la casa raíz de su matrimonio.&amp;nbsp; Aleida tuvo dos hijos. Idel jr, el mayor - nació en Plateros -: dejé de verlo antes de que comenzara la Secundaria. Sé que era inteligente y que al menos terminó el Pre. E incluso que se graduó de alguna carrera técnica, cuya Rama no preciso. Hace poco me contactó por FB. Vive en Caibarién y creo que es chofer de guagua. Al segundo lo ví solo una vez cuando era un niño. Recuerdo que era rubio, igualito a su padre. Cuando Aleida se llevó a María para Mayajigua después de la muerte de Miguel Maurilio y su familia pasaron a vivir en la casa familiar. En donde todavía viven. Pedrón nunca se casó. Siempre vivió en la casa familiar. Era una excelente persona. Familiar como mi padre, siempre visitaba a toda la familia. Trabajó demasiado en la finca que comandaba su hermano Miguel Lagata hasta su muerte. Vivía de su retiro y de algún jornal ocasional. Era mi pariente/amigo. Lo cuidé cundo cayó enfermo terminal en el Hospital. Tanto como el resto de su familia mas cercana. Aunque al principio me negué - no era mi fuerte - terminé por despedir su duelo en el Cementerio de Caibarién. Mi única experiencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;Noviembre 28&amp;nbsp; del 2020.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;Miami.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/1302616199875656096/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/12/los-guajiros-y-el-chino.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/1302616199875656096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/1302616199875656096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/12/los-guajiros-y-el-chino.html' title='Los isleños: apuntes mínimos.'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-2258022392714855806</id><published>2020-07-11T07:17:00.000-07:00</published><updated>2020-10-25T11:24:30.356-07:00</updated><title type='text'>Mi papá Rafael: anécdotas.- (1).-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Gallo y machete.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Como en todas las casas de campo en mi casa también había un Patio de Gallinas. Ciertamente nunca hubo una gran cantidad de aves de corral. &quot;Gran cantidad&quot;, digo, en el sentido de ser dueños de cientos de gallinas ponedoras, de cientos de pollonas y de pollones y&amp;nbsp; de varios gallos sementales. Había un buen Patio de Gallinas y nunca faltaba el pollo cantón que se destinara para un gran fricacé, la linda polloncita con magnífica &quot;pinta&quot; para convertirse algun día en gallina madre ni el gallo padre encargado de hacer su trabajo de cada amanecer. Jamás mis padres hicieron dinero con nuestro patio de gallinas como no fuera a manera de excepción. Los animales del patio elegidos para multiplicarse y para comer no tenían precio. Y en verdad comíamos bastante carne de pollo. Mi mamá también hacía magníficos fricacés y se botaba unas carnes de pollo con papas que lograban que terminaras por chuparte los dedos. Pero su bien ganada fama como chef de frijoles negros, de bistec de res en salsa de tomate, de raspa de arroz blanco y su famosísima zambumbia a partir de viejas borras de café fueron capaces de opacar, hasta cierto punto, a sus monumentales comidas preparadas con bichos emplumados. A veces las gallinas de María Ledemiguel se aparecían por la casa. Con toda su familia. Que incluía a pollos con magnífica estampa como para convertirse en los futuros gallos y a sus propios padres. Era muy frecuente que los pollos con repunte a gallo y los gallos de ambos patios se fueran a los picos y a las espuelas en cuanto estuvieran a menos de un metro de distancia. Pero en un final no eran gallos finos. De modo que se trataba mas de un aspaviento forzado que de peleas de verdad. De todas formas siempre terminábamos por desapartarlos como se hacía con los vecinos humanos rebozantes de testosterona. Generalmente siempre había alguna gallina poniendo y mi mamá era experta en encontrar sus nidales alrededor de la casa, debajo del cocal y en el faldeo del río. También era experta en &quot;tentarlas&quot;. Cuando alguna gallina comenzaba a cantar y se dirigía a un sitio repetido - algo que también hacían las polloncitas primerizas - mi mamá sabía que estaban poniendo o lo iban a hacer de un momento a otro. De modo que las engañaba echándole algunos granos de maíz en el piso de la sala para que se acercaran, las cogía por sus alas y le metía el dedo en el culo o al menos se lo colocaba en el borde exterior haciendo presión hacia adentro. Aunque no tocara al huevo ella sabía &quot;si estaba poniendo&quot;. A veces colocábamos sobre el nido alguna yagua de palma o algún gajo de bienvestido para que no se mojara cuando lloviera ni le diera mucho sol y para saber en donde estaba y no perder tiempo cuando quisiéramos un huevo para freír o salcochar o tres o cuatro para hacer una tortilla. Eran los tiempos en que aún no conocíamos los &quot;huevos de granja&quot;, blancos &quot;como la leche&quot; y con un sabor emanado&amp;nbsp; del pienso que no nos gustarían para nada en el futuro. Entonces los huevos de gallina tenían la yema &quot;amarillita&quot; debido al maíz con que se alimentaban y con un sabor especial que le daba el alimento típico del campo libre. Mi mamá también era un fenómeno friendo huevos de yema amarilla. Muchas veces dejábamos de comer frijoles por la tarde para mezclar el arroz blanco con aquellas yemas con sus claras blancas alrededor que estaban en el punto exacto en que no se percibían ni muy duras ni muy crudas. Una pizca de sal y se convertían en una verdadera delicia. Una tortilla confeccionada por mi mamá era uno de los mejores manjares que podía degustar la familia. La tortilla de huevos criollos no llevaba otra cosa que sal, cebolla, ajo, ají, una pizca de sal y aceite vegetal. Y batir bien los huevos antes de verterlos en la sartén. A veces, cuando no había aceite, mi madre usaba manteca de cerdo y aunque también le quedaba riquísima uno se daba cuenta de que para una tortilla de huevos de verdad lo insustituible era el aceite de comer. En otras ocasiones le echaba lazcas de papitas fritas y la tortilla crecía y mejoraba mas allá de que sabíamos que con papitas fritas la tortilla casi que dejaba de ser una tortilla stándar. Cuando la gente comía las tortillas de huevos que hacía mi mamá le encontraban una textura especial y nadie se explicaba por qué motivos le quedaba tan perfectamente tostadita por los dos lados. Mi madre tampoco lo sabía. Excepto que no sabía por qué lo sabía sin saberlo. Recuerdo que cuando alguien quería comerse un huevo salcochado - &quot;hervido&quot;, decían en otros lugares - mi madre lo echaba en una lata vacía de leche condensada mediada de agua, le golpeaba en la punta para romperlo un poquito y lo ponía sobre una plancha de cinc en el fogón. Para el caso de que los cuatro fuéramos a comer huevos salcochados entonces hacía lo mismo pero entonces los vertía en un caldero y colocaba el caldero sobre los hierros del fogón. Cuando los huevos &quot;estaban&quot; los enfriaba un poco con mas agua &quot;fría&quot; del cubo y le sacaba la cáscara con sus uñas y entonces los partía con el cuchillo y le echaba una pizca de sal. Las yemas, duras, no tenían el color amarillo intenso de las yemas fritas porque el calor les daba un color semigrizáceo pero también tenían un sabor excelente. Aunque los huevos salcochados - nosotros preferíamos decir &quot;sancochados&quot; (con n) podían ser parte de una comida normal a mí siempre me gustó comérmelos solos con una pizca de sal e incluso me gustaba descascararlos yo mismo. Pero era necesario comérselos calientes porque un huevo salcochado &quot;al tiempo&quot; no es tan agradable al paladar mas allá de que se trate de un huevo de gallina criolla. Podía ocurrir que mis padres no hubieran encontrado algún nido de gallina ponedora cerca y entonces mi padre salía a tratar de localizarlo del otro lado del patio de la casa, del cocal y de la orilla del río. Posiblemente cuando se topaba con el nido los huevos no fueran de las gallinas de nuestro patio. Y como al parecer los nidos estaban cartografiados por sus dueños - que podían ser la gente de Miguel Lagata o la gente de los Gocéndez- muchas veces mi padre fue acusado de &quot;robar huevos&quot;. Quizás fuera una acusación &quot;irrelevante&quot; pero cuando yo oía que en casa de Lagata le decían &quot;Guachinango Robahuevos&quot; ello me molestaba sobremanera. No tenía la menor idea del significado de la palabra &quot;guachinango&quot;. Años mas tarde &quot;sabría&quot; que &quot;guachinango&quot; era un personaje de algún cuento infantil que se dedicaba a robar huevos. Pero jamás he encontrado un libro infantil&amp;nbsp; que cuente esa historia. Sin embargo sí sé que se trata de un lugar de México y que hubo, bien atrás en el tiempo, un dinosaurio mongol que &quot;robaba huevos&quot;.&amp;nbsp; Por tanto jamás he podido explicarme de donde la gente de mi barrio - generalmente analfabeta - sacó el susudicho nombre para denominar a mi padre. En realidad mi padre no le daba importancia al calificativo porque sabíamos que cuando en alguna casa deseaban comerse una tortilla o un huevo frito y sus gallinas no estaban poniendo cogían los huevos del primer nido que se encontraran. Mi papá tenía una facilidad asombrosa, sin embargo, para encontrar y capturar al pollo cantón que estaba en la cola del próximo fricacé. Casi siempre gran parte del patio de gallinas andaba por los campos picoteando hierbas y solo regresaba al caer la tarde para subirse al palo y &quot;acostarse&quot;. Mi padre salía de la casa y prácticamente se dirigia directo al sitio en donde estuviera comiendo el pollo condenado al caldero. Lo traía sujetado por las patas y como ya mi mamá tenía el agua caliente para pelarlo - decíamos &quot;pelarlo&quot; aunque lo que tenían las aves de corral eran plumas -&amp;nbsp; pues enseguida le retorcía el pezcuezo tres o cuatro veces y el pollo moría en un santiamén de tres o cuatro patadas de agonizante. Mi padre sabía como retorcerle el pescuezo a un pollo sin quebrárselo. Algo que años después me costaría muchísimo aprender. Podía ocurrir que el pollo de pescuezo retorcido demorara en darle la &quot;patá al testero&quot;. Entonces la liturgia de mi mamá le decía que había que hacer una cruz con su cuerpo en la tierra y dejar que se muriera sobre ella. En casa teníamos gallinas de todos tipos. Moñudas. jabadas, capirras, pescuecipeladas, enanas, quícaras y hasta tuvimos aquella famosa gallina fina que me regaló Tíonene a la que yo le decía &quot;capinga&quot; porque me parecía que no era fina de verdad y porque no me gustaba &quot;pronunciar&quot; la palabra &quot;capirra&quot;. Pero como no teníamos una gallina con clase real un día mi papá consiguió una gallina &quot;cornie&quot; - cornisch - que era una preciosidad. Decían que era de una raza &quot;americana&quot;, muy esbelta, de patas y muslos largos, pechuga ligera y amplia y una carne exquisitamente delicada.&amp;nbsp; Sus descendientes crecían mas que las gallinas criollas y tenían un color gris carmelitoso con puntadas marrón y picoteaban y caminaban como si fueran los reyes y las reinas del Patio. El primer parto de nuestra &quot;gallina cornie&quot; fue fruto de su relación con el gallo indio semental. De modo que los pollitos salieron solo medio &quot;cornies&quot;. Poco a poco fuimos depurando la raza hasta que uno de los pollos cantones que se convirtió en gallo fue considerado &quot;puro&quot;. Y entonces continuábamos teniendo un patio de gallinas mixto pero en ocasiones nos dábamos cuenta de que la última camada era &quot;cornie total&quot;. Cuando vivíamos en la segunda casa y mi padre murió y por algún motivo nos habíamos quedado sin cría cornie la señora de Liodo Cordero&amp;nbsp; - el hombre de clase media de Dolores y dueño del molino de trillar arroz - me vendió una pollona cornie en seis pesos y volvimos a criar gallinas de &quot;raza americana&quot;.&amp;nbsp; Con el tiempo también sabría que la raza cornisch era en realidad una raza inglesa con la que había tenido que ver el famoso militar Walter Raleigh quien tenía la intención de conseguir una raza que produjera gallos de pelea y lo que había conseguido finalmente era una raza de carne fabulosa en la que los gallos se caracterizaban por su cobardía congénita. El hecho de que en mi casa no vendiéramos gallinas ni pollos no implicaba que no &quot;saliéramos&quot; de ellos. Había varios motivos por los que regalábamos alguna &quot;gallina&quot; vieja o algún pollo cantón. Digamos, para una &quot;sopa de gallina vieja&quot; cuando alguien estaba muy débil debido a determinada enfermedad. O para un &quot;caldo de pollo&quot; cuando alguien necesitaba algo ligero y potente con que combatir debilidades y falta de apetito. Se aseguraba que ambos platos eran capaces de &quot;levantar a un muerto&quot;. Capturar al pollo destinado para el fricacé de turno no era una tarea&amp;nbsp; fácil. Si estaba cerca de la casa había que cogerlo corriendo detras de él. Y eso no era un jamón. El pollo se escapaba haciendo fintas porque las aves de corral no vuelan como no sea para subirse al palo a la hora de dormir. Toda la familia le caía atrás hasta que el pollo, cansado, terminaba en nuestras manos. Otras veces había que tirarle objetos que lo lastimaran o achujarles al perro Barry que - por cierto - fue el primer perro que tuvimos en la casa y que terminó por no perderle &quot;ni pie ni pisada a mi papá&quot; aunque se trataba de &quot;mi perro&quot;. Barry siempre lograba capturarlos. A menos que se colaran en lugares inaccesibles para él. Porque la trampa de echarles granos de maíz para engañarlos y que se acercaran no siempre funcionaba. Las aves de corral son muy mansitas pero conocen cuando están en peligro y son muy desconfiadas. No creo que pueda asegurar que las aves de corral &quot;no vuelan&quot;. A veces lo hacen. Cuando están asustadas, cuando tienen que pasar una cañada crecida o cuando algún perro las persigue. Yo creo que entonces se acuerdan de que también tienen alas y levantan el vuelo de manera involuntaria. He visto a gallinas volar mas de cincuenta metros con vuelo rasante. También a guanajos y a gallinas de guinea. Lo que pasa es que la mayoría de sus alimentos están en el suelo y por eso es que prefieren picotearlos ahí mismo y de paso esperar a que sus dueños les compartan los alimentos &quot;artificiales&quot;. Entonces, para qué querrían volar. Me gustaba mucho ver a todo nuestro patio de gallinas prepararse, al caer la tarde - cuando estábamos sentados en el patio sur después de la comida - para subir a la mata de aguacates verdinos y a la de chirimolla. Recuerdo que enseguida se dormían sobre alguna rama y recuerdo que siempre me preguntaba por qué no se caían si no tenían con qué aguantarse. Mi padre me aclaraba que tenían &quot;un pegamento en las patas que no las dejaban ni moverse del gajo&quot;. A veces yo me llegaba a la mata de aguacates verdinos con la linterna de pilas y las alumbraba. Apenas se movían pero me daba cuenta de que sabían que alguien las estaba vigilando. La rutina de levantarse por la mañana era otra cosa. Mientras me preparaba para irme a la escuela yo las sentía aleteando y volando hacia la tierra con aspavientos de alegría matinal. El gallo se tiraba del palo primero y las esperaba para pisar a las que estuvieran alborotadas. El gallo les hacía la corte a las mas difíciles de conquistar hasta que terminaban por caer en sus garras. Entonces remeneaban sus alas y se sacudían después del &quot;palo&quot; mientras se dirigían a &quot;desyunar&quot; con lo primero picoteable que encontraran en el patio.&amp;nbsp; Años mas tarde - cuando me encontré con gente que contaba chistes picantes mas que fábulas educativas - escuché un magnífico chiste sobre gallos.&amp;nbsp; Pasaba que el gallo semental de un patio era un gallo insaciable y prácticamente violaba a las gallinas que no quisieran acoplarse con él. Su dueño - que tenía alguna manera misteriosa de comunicarse con su gallo ( ni siquiera conocía a Conrado el del gallotorra) - le había dicho que se dejara de tanta mariconá con las gallinas no disponibles pero el gallo no le hacía caso. Una mañana&amp;nbsp; su dueño lo sorprendió tendido bocarriba y con las patas abiertas sobre la hierba de un pequeño potrero que había como a cien metros de la casa. El dueño pensó que su gallo se había muerto y se dijo que seguramente ello se debía a su deseo insaciable de tener sexo con las gallinas y que tanta práctica había terminado por pasarle la cuenta. Así que se agachó y trató de cogerlo por las patas para llevárselo y enterrarlo debajo del palo en donde dormía con el resto de su harén. El gallo se zafó de la garra de su mano, le tiró un picotazo y el hombre asumió que le dijo &quot;déjame quieto, comemierda, que estoy esperando porque el aura hembra crea que estoy muerto y baje para comerme y templármela también&quot;. Como yo estaba acostumbrado a &quot;verle&quot; la &quot;picha&quot; a todos los animales del campo (en todos sus estados) un día le pregunté a mi papá que por qué a los gallos no se les veía la suya. Recuerdo que el Viejo meditó la respuesta antes de contestarme &quot;porque la tienen muy chiquita y la tienen a un lado del mismísimo culo&quot;. El chiste del gallo eternamente exitado también tenía un agregado. Cuando Dios repartió las pingas a los animales lo hizo a medida que iban llegando al Estrado Celestial porque él les había avisado con tiempo para que vinieran al Gran Acontecimiento.&amp;nbsp; El gallo había sido el último en llegar y cuando vio la basura que Dios le ofrecía como tranca soltó un largo cantío quiquiricoso y dijo &quot;esta mierda mejor me la meto en el culo&quot;. Aunque era muy difícil que mis padres sacrificaran a las pollonas - eran las futuras madres - a veces había tantas que entonces no quedaba otra alternativa que comérselas porque no se podía &quot;saturar al patio&quot; a pesar del gran espacio que tenían para vivir y procrear. Pero siempre se escogían para el caldero a las de menos pinta. No recuerdo a ninguna gallina que se hubiera muerto de vieja en la casa. Pero sé que hubo varios decesos. En verdad las gallinas viejas nunca se comían a menos que se necesitara de ellas para un caldo especial. Y no siempre había enfermos en la familia ni en el barrio. También podían usarse como mercancía de trueque con la gente de la ciudad. Solo recuerdo a dos gallinas muertas en nuestro patio. Y fue en el patio de la segunda casa cuando mi padre había muerto y yo estaba al frente de la finca. Una de ellas apareció una mañana muerta debajo de la mata de mangos de chupar, cubierta de hormigas bravas y con las plumas como petrificadas y la otra se murió de hambre mas que de vieja porque fue en la época en que mi tío Neno y yo aramos casi todo el potrero para sembrar arroz de rendimiento y tuvimos que encerrar a casi todo el patio en un pollero hasta que el arroz naciera. Recuerdo que se trataba de una gran gallina medio cornie que tenía los dedos de sus patas jorobados y con algún tipo de hinchazón en ellos. La saqué muerta del pollero - que estaba al oeste de la mata de manga de chupar, debajo de una mata de guayaba y al lado de la mata de toronja - al sur de la casa -&amp;nbsp; con mucho dolor. Por cierto ese año no cayó ni una sola gota de agua sobre nuestras tierras. El arroz que sembramos en el nuevo campo del potrero - roturado de urgencias, además - apenas nació y el campo tradicional no llegó ni a espigar. Tuvimos que comprar arroz - por primera vez - para comer en Mayajigua. Fue el último golpe que recibí en mi etapa de campesino antes de dejarlo todo y mudarnos para Cabarién. Dos errores que todavía estoy pagando. Un poco mas de espera por las lluvias y se nos hubiera muerto todo el patio de gallinas. Para entonces teníamos un patio tan grande que en ocasiones matábamos hasta dos pollos a la vez. Yo había priorizado la cría de aves de corral y nos había ido muy bien. Recuerdo que cuando nos mudamos para la ciudad le dejamos casi todas las gallinas ponedoras a Tía Celín, la mujer de Tío Pedro, en su casa de Guayabales - por entonces los ladrones de gallinas nos habían dado algunos golpes - y que le dijimos que nos regalara algún pollo &quot;cuando le pareciera&quot;. Situación que se hizo efectiva durante algún tiempo hasta que todo el mundo se olvidó del patio trasladado para Guayabales cuando Tíopedro tuvo que eliminar la cría. Las aves de corral tienen una manera muy peculiar de pasar un aguacero. Recuerdo que me encantaba sentarme en la puerta que daba para la casa de María Lademiguel mientras el diluvio se desparramaba sobre todo el barrio. Cuando se acababan los relámpagos y los truenos y el viento amainaba entonces el aguacero caía a plomo y parecía que el agua sobrepasaría el techo de guano de la casa. Todo el patio se guarecía debajo de las grandes matas de los alrededores. Pero, sobre todo, lo hacían debajo del sobrante del techo en uve que caía sobre las paredes. Allí, con la cabeza levantada y con las alas bien pegadas al cuerpo y sin apenas moverse esperaban a que pasara el temporal y a mí se me parecían a &quot;pinguinos de tierra firme&quot;. A aquellos pinguinos &quot;de frío&quot; que había visto en los libros que me había regalado Lilya Ferrer. Cuando acababa el aguacero y las últimas gotas se desprendían de los aguijones del guano, las aves de corral salían de debajo de su guarida, se sacudían las alas y comenzaban a comer como si el aguacero solo hubiera sido un espejismo de temporada. Debajo del nuevo sol reverberante. En casa teníamos tres fases para preparar un pollo para comer. Todos trataban de cogerlo. Mi papá le retorcía el pescuezo. Mi mamá se encargaba del resto. El &quot;resto&quot; consistía en meterlo completo en el caldero con agua hirviendo y dejar que las plumas se ablandaran. Después le quitaba cada una de las plumas y las iba echando en una manta de saco que ponía a su lado, sobre el piso o las botaba para el patio oeste, detrás del fregadero. Para entonces tenía listos algunos cartuchos rotos de la Tienda de Juanito o pedazos de papel amarillo del papel de planchar la ropa y les prendía fuego sobre la canal del fogón. Cogía el pollo por las alas y por las patas y lo pasaba sobre el fuego para que se fuera todo lo que le había quedado y terminaba por arrancarle los últimos cañones de las alas con la punta de sus dedos. Finalmente lo lavaba de nuevo y lo colocaba sobre un picador de madera para comenzar a prepararlo. A veces me permitía que yo le ayudara con la rutina. Me encantaba mover al pollo sobre la candela y me encantaba el olor que producía el fuego sobre su carne cruda. Para entonces el gato estaba posado al lado de sus pies, esperando su merienda. Su merienda consistía en la punta de los dedos y en la punta de las alas&amp;nbsp; y en la cabeza. Hasta tanto mi madre abriera al pollo y le achara toda las &quot;mundicias&quot; de su interior. Todas las mundicias no eran desechables. Porque el corazón - al que yo llamaba &quot;pichita&quot; -. el hígado y la molleja (después de limpiarla bien y de quitarle como una especie de pellejo sintético que tenía en su interior: la molleja era el estómago) eran separados cuidadosamente porque fritos eran uno de los manjares mas exclusivos del pollo. Entonces mi madre sí utilizaba la manteca de puerco. Muy pronto el pollo quedaba trozado en pedazos casi idénticos. Recuerdo que mi mamá no botaba ni las patas ni las alas ni el pezcuezo. Con ella aprendimos a degustar esas partes del pollo que muchas mujeres casi siempre desechaban porque desconocían el sabor fantástico que poseen cuando son sometidas al mismo proceso que el resto del pollo. Aunque mi madre nos dejaba compartir esos &quot;sobrantes&quot; generalmente era ella quien se los comía porque como el &quot;espinazo&quot; - el lomo huesudo - eran las partes del pollo que mas le gustaban. Yo no le creía porque pensaba que lo hacía porque se comportaba como madre protectora y esposa perfecta. Sin embargo su eterna pasión por sacarle hasta el último gramo de carne a los huesos y por chuparlos hasta que no quedara nada - algo que heredé - me permitió comprender que su comportamiento como madre y esposa iba aparejado con su gusto por llegar hasta la partícula final del bicho. Recuerdo su preocupación por los huesos traicioneros y por las &quot;espinas&quot; que tenían los pollos. Sobre todo por la espina hueso muy fina que tiene el muslo del pollo al lado del hueso normal y que ciertamente si hay un descuido es posible que se meta en la boca, se masque y se vaya al estómago con el resto de la fibra. Debo decir que un fricacé de pollo en salsa de tomate es un verdadero acontecimiento. Pero siempre ha de perder ante un fricacé de carne de res en salsa de tomate. Aunque lo pudiera volver a preparar mi mamá. Quizás el gran evento que se desarrolla en un patio de gallinas sea el &quot;parto&quot;. Cuando crecí lo suficiente como para comenzar a hacer poesía de todo lo que me rodeaba llegué a la siguiente conclusion. Una gallina alborotada es un animal en celo. A un animal hembra en celo se lleva al macho para que la preñe. Cuando queda preñada la barriga comienza a crecerle. La barriga de la gallina no puede crecer porque cada vez que tiene un huevo listo lo pone y no lo conserva. De modo que tiene la barriga siempre vacía. Mientras las otras hembras sienten como crece en sus barrigas el feto que llevan dentro una gallina no siente nada hasta que termina de poner los huevos que ha sido capz de producir - muchos de los cuales han sido consumidos por la familia dueña que sabe cuantos quiere para que &quot;se eche&quot; - y se pone sobre ellos para darles el calor que necesitan para ser empollados. Entonces comienza a sentir como sus huevos se van llenando de los futuros pollitos y es tanto lo que aman a sus crías que apenas salen a comer cuando ya no pueden soportar el hambre que las atenaza. Andan por el patio como sonámbulas, parecen tristes y ajadas y picotean hierbas y tragan maíz como si lo hicieran por obligación. Solo piensan en regresar al nido que empollan. Cuando las hembras de barriga crecida aún esperan al hijo que nacerá en algunos meses mas la gallina sabe que ya sus pollitos están listos para salir del cascarón y comienza a removerlos y a &quot;apiquiciarlos&quot; en el nido hasta que el primer piquito rompe el primer huevo. Han pasado dos semanas y fracción. Entonces todo es cascarón roto, ayuda de mamá gallina y las moticas de todos colores que copan el nido hasta que se termine el parto y mamá gallina salga al exterior con su maná bellísima. Todos celebran la maná - incluso los vecinos - y muy pronto los pollitos comen solos, comienzan a retozar y a fajarse con sus hermanos y a encaramarse encima del lomo de su madre y a guarecerse debajo de sus alas cuando el temporal se desborda de los cielos nublados. Muy pronto - todavía las hembras de barriga al explotar no han hinchado sus labios y están en el penúltimo antojo - la maná crece despavorida, pasa del arrollón de maíz al grano entero, los padres &quot;regalan&quot; pollitos a sus hijos, se seleccionan las hembras de buena pinta para que se conviertan en futuras madres y los pollos con estampa para que tal vez se vuelvan gallos jóvenes en el futuro. Aunque los gavilanes siguen volando, los jubos están al acecho y los majases siguen agazapados en sus guaridas mimetizadas mamá gallina también está atenta y casi siempre consigue ganar la pelea contra los vecinos depredadores. El resto de la maná está condenada al caldero y a la suprema maestría culinaria de Laniña. Recuerdo que en los patios del barrio generalmente solo se criaban gallinas. Como excepción Adolfina la de Pablo tenía un buen patio de guanajos y quizás Bille la de Belillo también. No estoy seguro. Tampoco recuerdo si la cría de guineos estaba en casa de Tía Estela o en casa de Justino. Sí recuerdo que los guineos eran capaces de volar rasante distancias considerables cuando algo los perseguía. Aunque en mi casa no éramos muy fanaáicos de la carne de guanajo un buen fricacé de guanajo nunca era desechado. Conseguir un guanajo - casi siempre se conseguía cuando venía una visita - equivalía a cambiarlo por pollos o por comida incluso fuera del barrio. Un guanajo siempre fue muy caro, por demás, y los campesinos preferían vendérselos a la gente del pueblo y hacer trueque con los vecinos. Mi mamá siempre&amp;nbsp; quiso tener su cría de guanajos pero mas allá de que el patio no &quot;daba para tanto bicho&quot; algo pasó que no había sido posible. Hasta que alguien le regaló una &quot;pichoncita&quot; de guanaja - posiblemente Adolfina - y muy pronto la cría se disparó. Repito: los pichones se vendieron casi todos o se regalaron algunas hembras para que llegaran a ser guanajas madres pero en verdad no recuerdo que pasó con los guanajos de mi mamá porque muy pronto desaparecieron del patio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Nuestro gallo indio semental tenía una manía que en verdad sacaba de quisio a mis padres. Era un gallo muy normal, de tamaño stándar y muy bonito con sus plumas casi rojas y su cresta sanguínea y su rabo mezclado de colores siempre enhiesto. Era un buen gallo de patio y como todos los gallos padres no permitía que el gallo de Miguel Lagata se acercara a su Predio. Pero a nuestro gallo le encantaba sentrar a&amp;nbsp; la sala de piso de tierra cuando tenía ganas de cagar y soltar su mierda por todas partes. Sobre todo cuando mi mamá lo acababa de barrer y de regar con esquirlas de agua. Mi mamá lo espantaba con la escoba seca de racimo de palmiche y a veces lograba darle un buen mochazo. El gallo no escarmentaba. Siempre regresaba a su excusado particular. Muchas veces mi hermana y yo - que casi siempre andábamos descalzos - terminábamos con las plantas de los pies cagados y otras tantas mis padres y los forasteros pasaban por el mismo calvario en las suelas de sus zapatos. Hasta que mi padre se cansó. Una tarde lo esperó en el cuarto matrimonial y cuando el gallo soltó su plasta sobre el piso de tierra se le abalanzó y logró cogerlo por una de sus patas. Se encaminó hacia el durmiente sur de la casa, logró acomodar sus dos patas entre los dedos de su mano zurda y lo depositó sobre el madero. Lo haló hasta que su pescuezo estuvo exactamente sobre aquel. Sacó su machete chino Gallito de la vaina de piel y descargó el golpe. Cuando dijo &quot;ya está, se acabó la historia del gallo cagón&quot;. mi hermana, mi madre y yo nos acercamos. Mi padre había hecho el trabajo solo. De modo que apenas pudimos ver la sangre sobre el piso, la cabeza y el pico inertes debajo del fondo de la puerta y al cuerpo del gallo sobre la hierba del patio sur. Mi hermana y yo, alucinando, no pudimos decir nada. El gallo - como todos los animales de la casa - era parte de la familia y nadie pensaba que nuestro padre lo fuera a matar solo porque se cagaba en la sala. Estuvimos a punto de echarnos a llorar pero la cara de rabia de mi padre nos cortó las lágrimas. Vamos a ver si ahora se vuelve a cagar este gallo maricón - gritó. Mi mamá lo miró con aquella su cara que quería decir &quot;piazo e animal&quot;, recogió la cabeza ensangrentada y llamó al gato. Después salió al patio y levantó al resto del gallo por una de sus patas y llamó a María. Porque en mi casa no se comía gallo: por eso teníamos mucho cuidado en evitar que los pollos comenzaran a cantar con aspavientos de futuros gallos padres. Como todavía el pollo cornie no estaba listo el gallo de Miguel Lagata - ahora sin competencia - se hizo amo absoluto de nuestro patio. Como todo Nuestro Patio entraba a la casa cuando le daba la gana y se cagaba sobre el piso cuando le daba ganas de cagar mi padre controló la furia de su Gallito y no hubo mas remedio que tratar de espantar a los animales alados cuando se acercaban al interior de la casa. Nunca he podido comprobarlo pero siempre oí decir que el frío del piso de cemento y la frescura de la tierra batida hacen que las aves no puedan controlar sus esfínteres cuando caminan sobre ellos. Jamás he dejado de recordar el gallicidio cometido por mi padre aquella tarde de mi infancia cada vez que la imagen de un gallo - o una conversación relativa - sorprenden a mis oídos o a mis ojos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Julio 11 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/2258022392714855806/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/07/mi-papa-rafael-anecdotas-1.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2258022392714855806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2258022392714855806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/07/mi-papa-rafael-anecdotas-1.html' title='Mi papá Rafael: anécdotas.- (1).-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-8147025155842944352</id><published>2020-06-25T16:20:00.000-07:00</published><updated>2020-06-26T17:12:42.881-07:00</updated><title type='text'>Mi personaje inolvidable. Pepe Marrero.- Tomado de Grandes Nostalgias.-</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;He demorado en escribir sobre Pepe Marrero debido a un solo motivo. Quería tratar de recordar. De recordarlo casi todo. Creo que la última vez que lo vi fue alrededor de mi último año de Preuniversitario o por esa época y para entonces ya me había contado todas sus historias y yo tenía que insistirle para que me las repitiera por si se le había quedado algo en el tintero. Pepe se reía con aquella su voz ronca que parecía estar saliendo siempre de algún catarro atemporal y se las arreglaba para colar algún agregado cuando se dejaba convencer. Pepe me aclaraba siempre que él &quot;no era fabulador&quot; como yo le decía. Aseguraba que cada una de sus anécdotas &quot;eran muy reales&quot;. Puras &quot;vivencias de un pasado glorioso&quot;, se ufanaba. Repetía que jamás había pronunciado &quot;ni una sola mentira&quot;. Recuerdo que Pablo y Pedro Gocéndez confirmaban algunos de sus relatos. Pero agregaban que &quot;no podían hacerlo con todos&quot;. En algún momento - desde muy niño me las daba de periodista y de escritor en ciernes - comencé a hacerle preguntas relacionadas con sus cuentos a manera de investigación agregada y cuando estuve listo comencé a escribirlas a lápiz en un bloc rayado. Entonces mi caligrafía era bastante decente y me gustaba revisarlas, junto con sus respuestas, cada cierto tiempo. Cuando se acabó mi primer bloc le metí mano al segundo y cuando se acabó el segundo escribí en cuanta cosa se pareciera a una hoja de escribir. Ya he dicho que las historias de Pepe - todas - se perdieron la tarde en que mi hermana tuvo que priorizar su refrigerador sobre las demás pertenencias de su casa en medio de un diluvio con características macondianas. Entonces yo estaba en Chile y solo me lo contó cuando regresé por primera vez a Cuba desde los Estados Unidos. Me costó demasiado creerle pero muy pronto me di cuenta de que no valía la pena hacer elucubraciones sobre todo porque todas las elucubraciones que pudiera hacer no me iban a regresar el montón de cosas de infancia y de adolescencia y de juventud que había dejado a su &quot;cuidado sacro&quot; cuando me fui de Cuba en el año 2000. Cosas que no tenían ningún valor literario. Su gran valor lo constituía la nostalgia y la génesis de lo que yo pensaba eran ejercicios intelectuales que podrían ayudar a consolidar mi futuro vocacional. Siempre soñaba con sentarme debajo de una mata de aguacate a leerlo todo alguna vez cuando el tren de la vida se detuviera en su penúltima estación. O tal vez antes. Recuerdo que mientras esperaba por la solución de mi viaje &quot;legalmente ilegal&quot; a Chile comencé a escribir en hojas usadas, por el reverso, lo que yo creía era una novela tipo Las mil y una noches ambientada en Caibarién y sus alrededores y en donde mi papá era el gran protagonista velado. Escribía sin parar sentado en uno de los sillones de mecedera de la sala, apoyando cada hoja sobre una cartulina mayor en su posadera de mano derecha. Escribía con letras de molde y tenía mucho cuidado de respetar el margen y la sangría. Tanto cuidado tenía que hasta marqué los márgenes con un par de rayas. Sin sangría. Petición fiscal - así se llamaba la &quot;obra literaria póstuma&quot; - solo era un pretexto para contar todo lo que había escuchado en mi casa y en el barrio acerca de montones de temas. Creo que pasé de las cuatrocientas hojas. Cuando consideré que casi había acabado tuve que apurarme porque mi vuelo salía en cualquier momento y por eso la &quot;novela&quot; tiene un final forzado mas allá de que el protagonista logró conseguir sus propósitos evasivos. Un hombre es apresado a principios de la Revolución Castrista - por supuesto el hombre es un anticomunista convencido - y debido a que es un hombre íntegro como ser humano le permiten contar una historia cada día si es capaz de hacerlo y ello le posibilitaría alejar la condena por tiempo indefinido hasta tanto tuviera historias que contar. El hombre desconocía que estaba ante un caso archiconocido de la Literartura Universal pero aceptó el reto y mientras tanto tuvo tiempo de preparar una fuga espectacular desde su celda de contador de historias hasta Cayo Ratón en la Bahía de Buenavista a través de un túnel excavado por debajo del mar. La noche antes de la fuga el hombre - al que para entonces se le permitían ciertas libertades controladas fuera de su celda - se fue hasta la casa de una amiga que se había echado en la cárcel y que le había ayudado a preparar la huída. La amiga insistía en que &quot;solo eran amigos&quot; pero el hombre sabía de que se trataba, además. Jamás olvidaré que la &quot;novela&quot; termina (repito, forzadamente) con estas dos palabras &quot;a violarla&quot;. A &quot;violarla&quot; en sentido figurado. Nunca le he preguntado a mi hermana si ella o nuestro primo hermano Pedro Luis González la leyeron, como le sugerí antes de partir. Mi hermana sabía de su contenido y al parecer siempre le dio bastante importancia porque pocos años después de mi salida del país y cuando le pedí que me enviara algunos documentos políticos &quot;comprometedores&quot; que tenía en casa para Miami con el fin de presentarlos en la Embajada de Estados Unidos en Santiago de Chile el día en que consiguiera una entrevista allí lo hizo rápidamente. Recuerdo que me preguntó si &quot;también quería que me enviara Petición fiscal&quot;. Mi hermana siempre ha trabajado con el Estado en oficios importantes y me pareció que no era recomendable incluir Petición Fiscal porque ese &quot;documento comprometedor&quot; no pensaba presentarlo en la Embajada Americana. Los documentos llegaron a la casa de mi primo materno Felipito Fumero en Hialeah, Miami, de donde los recogió mi amigo Luis García Tuero para reenviármelos a Santiago de Chile. Como ya he dicho en otra parte la Embajada de los Estados Unidos jamás me concedió la tan añorada entrevista en su honorable sede. Estoy casi seguro de que los &quot;documentos comprometedores&quot; descansan en el gusano que ahora mismo debe estar en la casa del gran Federico Domínguez &quot;Fedex&quot; en Ciudad de México, el charro de quien también he hablado profusamente en mi libro de crónicas El último bisonte.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Por supuesto que todas las historias de Pepe Marrero también se ahogaron en medio de las aguas indisciplinadas del chaparrón maldito. No importa que mi memoria siga siendo fotográfica. A veces me niega sus tesoros. A veces me los devuelve cuando menos los espero. Se lo agradezco mucho. Hasta ahora solo me ha devuelto algo. En ocasiones algo es casi nada. Pero es algo. De modo que he decidido no esperar mas por mi viejo disco duro y contar lo que me sea posible de este personaje inolvidable verdaderamente especial. No podría decir desde cuando conozco a Pepe Marrero. Porque desde que tengo uso de razón lo conozco. Prefiero hablar de él en tiempo presente. Mi padre lo conoció en casa de &quot;gucende&quot;. Muy pronto harían una amistad pura y eterna. Porque eran muy parecidos. Decentes, caballeros, humoristas, fabuladores y honrados a carta cabal. Pepe se venía constantemente a la casa de sus amigos del alma Los Gocéndez. Se conocían desde que los Gocéndez vivían en San Manuel, zona de Zuluetas, muy cerca de donde él también vivía. Pepe estaba retirado pero era un hombre muy sano y muy fuerte y cuando había que trabajar en la finca de sus amigos se arrimaba a los trabajadores y colaboraba como uno más. Recuerdo que dormía en el gran rancho en donde vivían Pedro y el Gallego Ventoso. El gran rancho del sur de la casona familiar era algo así como el cuarto de visita de Los Gocéndez. Pepe no visitaba a nadie en Plateros y estoy casi seguro de que el único amigo verdadero que tenía en la zona era mi papá. Por tanto mientras estaba en casa de &quot;gucende&quot; casi todos los días - por el día - venía a nuestra casa. Por la noche no. La noche era para la casa de &quot;Pablo y de Adolfina&quot; en donde los demás amigos del barrio que visitaban la casa lo conocieron. Gran parte de los visitantes lo consideraban &quot;un viejo mentiroso que se hacía el gracioso&quot;. Pero lo decían sin ánimos de ofender porque se reían muchísimo con sus historias, reflexionaban sobre ellas y siempre eran víctimas de su saludo especial, su saludo que hizo época en el barrio. Cada vez que mi papá le presentaba un amigo o familiar Pepe le tendía su mano derecha, se la apretaba muy fuerte y se la bajaba hasta el suelo. La sorpresa se apoderaba de los presentados pero como Pepe enseguida le daba la espalda como si no hubiera ocurrido nada y mi papá les sonreía pues los nuevos amigos lo tomaban como una broma. Siempre se repetía la historia y siempre los nuevos amigos se preparaban para dejarle llevar su mano hasta el suelo y a veces hasta le &quot;ayudaban&quot;. La manera que tenía Pepe Marrero de saludar a la gente se hizo famosa en todo el barrio y un poquito mas allá. Tan famosa como sus relatos. Hasta que otro &quot;gracioso&quot; se planteó la tarea de poner al viejo de &quot;los gucende&quot; en su lugar. Porque lo que Pepe buscaba con su estilo de saludar no solo era lograr reconocimiento a su originalidad sino demostrar que todavía estaba fuerte &quot;como un caballo entero&quot;. Una tarde Pepe estaba conversando con mi papá debajo de las matas de coco del patio de la casa de Pablo cuando se apareció el hombre. Pepe lo reconoció pero se dio cuenta de que no era su amigo todavía y estuvo seguro de que jamás se habían saludado. Así que le tendió la mano y el hombre le tendió la suya. Solo que cuando Pepe fue a inclinarlo el hombre no se movió de su posición y sus manos quedaron trenzadas a la altura de la cintura. Pepe reintentó y no pasó nada. Entonces lo soltó, no movió ni un músculo de su cara y continuó conversando con mi padre como si el evento no hubiera ocurrido. Pero mi papá se percató de que no le había gustado el gesto del desconocido mas allá de su gran capacidad de simulación. El hombre - cuyo nombre mi memoria me niega todavía - se encargó de publicitar su hazaña por todo el barrio y desde entonces &quot;el amigo de Rafael y de los Gucende - para él - había dejado de ser el tipo que obligaba a inclinarse a todos debajo de su poderosa mano derecha&quot;. Esa misma tarde mi papá le dijo de quien se trataba y Pepe se echó a reír. Sin embargo la manera de saludar de Pepe no cambió para nada y a todos les encantaba que el viejo les &quot;obligara&quot; a inclinarse &quot;hasta sus zapatos&quot;. Las varias veces en que el hombre y Pepe volvieron a coincidir y se saludaron siempre terminaban el estrechón de manos a la altura de la barriga. Como los demás. Hasta que Pepe lo sorprendió un día y lo volvió a inclinar hasta el suelo. Entonces Pepe esbozó una sonrisita picarona y le dio la espalda. El hombre aseguró a mi papá que no se lo &quot;había dejado hacer&quot;. Que Pepe le había ganado esa batalla porque &quot;se descuidó&quot;. Pepe y el hombre llegarían a ser buenos amigos. Solo &quot;buenos amigos&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mis recuerdos de Pepe Marrero pueden&amp;nbsp; ser de entre 1966 y 1975. O sea, desde que yo era un niño que estudiaba en la Escuela Primaria y el instante en que termino el Preuniversitario. En honor a la verdad no puedo traerme ningún recuerdo a partir de esa fecha e incluso estoy casi seguro de que Pepe murió antes que mi papá porque - también debo decir &quot;casi seguro&quot; - recuerdo que nos llegó la noticia de que Pepe &quot;se había muerto&quot; y ello nos dejó en shok. Para entonces ( siempre antes de 1984 que es el año en que muere mi padre) Pepe apenas venía por casa de Los Gocéndez y se decía que estaba muy enfermo, lleno de achaques &quot;porque estaba muy viejo&quot;. Recuerdo que mi papá me decía que ahora era el hijo el que se dedicaba al &quot;negocio de las yuntas de bueyes&quot;. Algunas de las historias que Pepe nos contaba eran relatos que me parecían fuera de su tiempo. Vale decir que se trataba de historias que se habían dado cuando Pepe no había nacido. Digamos que Pepe nos contaba un cuento de esclavos. O de negros &quot;esclavos&quot;. O simplemente de negros. Digamos que nos lo contaba cuando yo tenía dieciocho años. En 1974. Ese año yo le calculaba a Pepe Marrero unos setenta años. Por tanto había nacido en 1904. La esclavitud había sido abolida en Cuba en 1886. Y aunque el resto del Siglo XIX continuó atenazando a los negros &quot;libres&quot; hasta cierto punto para el Siglo XX la situación se estabilizó y solo el racismo enquistado era lo único que realmente podía lastimarlos. A mí no me cuadraba el tiempo real de sus relatos pero me daba pena pedirle explicaciones. Mi papá consideraba que se refería a &quot;trabajadores negros que estaban bajo sus órdenes&quot;. Poco a poco me fui dando cuenta de que cuando él hablaba de que había &quot;tenido mil negros a su mando&quot; nunca incluía a la palabra &quot;esclavo&quot;. Y llegué a la conclusión de que tal vez tuviera razón y que fuera cierto que había sido mayoral de algún ingenio azucarero en una zona en donde de por sí había habido muchos esclavos en tiempos coloniales. Digamos que en 1929, con 25 años, había logrado coseguir un trabajo de mayoral en algún ingenio azucarero. Y que por &quot;casualidad&quot; todos los mil trabajadores eran negros &quot;libres&quot;. Las historias de Pepe estaban ambientadas en todo el territorio nacional. Había recorrido todo el país ejerciendo su oficio de mayoral y de carretero, un trabajo que seguía fascinándolo todavía. Y al parecer ambas ocupaciones le habían llevado a formar una familia genial y a conseguir suficiente efectivo como para convertirse en un hombre dueño de varias yuntas de bueyes que arrendaba desde que se había jubilado y que finalmente había dejado al mando de su hijo. Ser propietario de yuntas de bueyes era una manera de propiedad privada en la que el Gobierno no interfería porque nadie se &quot;podía hacer rico&quot; con ese trabajo y porque, además, en cualquier momento los &quot;tractores rusos acabarían con ella&quot;. Mi propio padre tenía una yunta de bueyes propiedad del isleño Florencio Expósito que su amigo le &quot;arrendaba&quot; durante el tiempo muerto con la única condición de que &quot;se la cuidara y&amp;nbsp; de que le realizara algún trabajo&quot; cuando él lo necesitara. Pepe se jactaba de su gran fortaleza de juventud. De su guapería innata. De su valor a prueba de ruindades. De su capacidad única para dirigir y comandar hombres. De la confianza ilimitada que provocaba en sus empleadores. Del miedo físico que casi todos le tenían. Lo decía de una forma tan natural, sin afectación, que terminé por creerle. Mi papá también le creía pero sus risa permanente me decía que lo tomaba como historias llenas de inventos de su gran amigo que solo buscaba sobredimencionarlas. Pepe nos habló de miles de golpes de nocauts&amp;nbsp; colocados en la mandíbula de hombres tan fuertes como él, de montones de llaves maestras ceñidas en el pescuezo de los engreídos, de millones de pata&#39;s por el culo en las nalgas de los cobardes, de infinidad de insultos en los oídos de los pusilánimes y de suficiente desprecio para todos los miserables que intentaron meterse en su camino de hombre cabal. Sin embargo jamás nos habló de alguna pelea perdida, de alguna orden irrespetada, de algún despido laboral, de alguna delación imperdonable. Pepe Marrero era el &quot;hombre perfecto&quot; y por eso había llegado &quot;invicto&quot; hasta su década siete. Creo que Pepe tenía una magnífica casa en el pueblo de Zuluetas y que mantenía una de sus fincas en los alrededores que atendía su hijo después de su retiro. Posiblemente su última finca. Desconozco cuantas yuntas de bueyes le quedaban y tampoco sé nada del resto de su familia. Jamás vi en casa de Los Gocéndez a ningún miembro de su clan. Pudiera ser que Pepe fuera viudo. Por cierto entre sus historias no había ninguna, detallada, relacionada con mujeres. Para él las mujeres eran &quot;solo aventuras lindas y picaronas&quot; y lo recuerdo con su risa socarrona y acatarrada las pocas veces en que las citaba. Para la época Pepe era un hombre de piel blanca bastante clara, como de seis pies y pico de estatura y sobre las doscientas libras. Caminaba con cierto encorvamiento, con pasos cortos y moviendo mucho sus largas manos de dedos gigantes. Usaba un sombrero de piel muy parecido al sombrero que usa el actor Terence Hill en sus películas cómicas. Recuerdo que a veces &quot;amenazaba&quot; a mi papá con ganchos de zurda y posicionamiento de derecha lista para el golpe definitivo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Esta es la única historia completa que se ha dignado regalarme mi memoria fotográfica. Prometo que cuando lo haga con otras las incluiré a manera de edición revisada. Una madrugada Pepe Marrero salió con sus dos yuntas de bueyes y su carreta con rumbo al campo de caña en donde pensaba cargar. Como cada día condujo a sus bueyes hasta la bajada del río porque el camino pasaba por entre las aguas. Era un paso muy bajo, los bueyes tomaban agua si lo deseaban al filo de la madrugada y subían la otra ranfla hasta un potrero que llevaba a la guardarralla detrás de la cual estaba el campo de caña cortada en donde pensaba detenerse. Este amanecer los bueyes no tenían sed. Pero se atascaron en el mismo lugar en donde jamás se habían atascado. Pepe echó mano de todo su conocimiento en materia de desatascamiento de bueyes tirando de una carreta vacía. Incluso tuvo que darles algunos aguijonazos en el trasero - algo que muy pocas veces hacía con sus animales - antes de sentarse en el fondo de la carreta para ver qué novedad se le ocurría. En pleno amanecer pasó un hombre por el lado del río en donde estaba la ranfla que los bueyes no habían podido alcanzar. El hombre no era amigo de Pepe. Pero se conocían de vista. Cuando el hombre le preguntó que qué le pasaba Pepe pensó contestarle que si acaso era ciego pero termino por contarle del percance y como el hombre no sabía nada de desatascamientos de bueyes encarretados siguió su camino. Pepe tampoco quería ayuda y solo necesitaba estar solo para tratar de controlar su ira y ver si se le ocurría algo. No estaba preocupado por su caña porque su caña estaba reservada para él y ningún otro carretero podía cargarla. A las doce del medio día todavía no había podido sacar a los bueyes del fanguero imprevisto. Había tenido que pincharlos de nuevo e incluso les había colocado una penca de guano encendida debajo de sus hocicos. Cada intento de sus bueyes por tratar de salir de la tembladera habían sido en vano. Ninguno de los cuatro bueyes, sin embargo, se había entregado y se mantenían de pie sobre el maldito suelo permeable del río que los sujetaba con fuerza de imán despiadado. Todos los carreteros se habían enterado de lo que le estaba pasando al gran Pepe Marrero pero a ninguno se le había ocurrido pasar por allí porque sabían que Pepe no tenía nada que aprender en materia de bueyes atascados y porque con toda&amp;nbsp; la decencia del mundo les diría que &quot;gracias pero que él lo resolvería&quot;. Hasta que el hombre que no sabía nada de bueyes atascados regresó del lugar a donde había ido. Se quedó pasmado cuando vio a Pepe batallando todavía con sus bueyes exhaustos. Pepe estaba golpeando los traseros de sus bueyes con las hojas de dos cogollos de caña y lo hacía con delicadeza esperando que se produjera un milagro. Su vara de aguijón le había mostrado que todo el fondo del río era un babiney y para la hora primera de la tarde sus bueyes apenas podían sacar sus cabezas del agua. Pepe se había rendido y trataba de desenyugarlos para que salieran del agua sin esfuerzo adicional. Tenía la vara del aguijón clavada a su lado para apoyarse. Había encontrado en el fondo del río unos centímetros de fango duro. Pepe se dio cuenta de que el hombre de la madrugada lo estaba observando sin decir nada. En el fondo no deseaba que nadie le distrajera de su trabajo. Pero el hombre de la madrugada cometió un error. De pronto dijo &quot;oiga, esta es la espera mas larga que he visto en mi vida&quot;. Pepe lo entendió claramente. Terminó de desenyugar al primer buey y cogió la vara de agujón en su poderosa mano derecha. Se volvió hacia el hombre de la madrugada. &quot;Mas larga es la que se metió su madre&quot;, gritó. Cuando intentó sacar sus piernas del agua resbaló en el fondo podrido y la vara de aguijón se inclinó hacia el norte del río. Pero ya el hombre no estaba allí. Lo último que le vio fue la camisa de dril batida por el viento en sus espaldas mientras corría, despavorido, hacia el sur. Pepe se moría de la risa cada vez que mi papá le pedía que repitiera la historia. Oiga, el tipo salió como un volador de a peso, como un cohete y creo que si llego a cogerlo le hago mas huecos con la punta del aguijón que hollos tiene una colmena - aseguraba. Cuando acabó de desenyugar a los cuatro bueyes los animales salieron sin ninguna dificultad. Esa misma tarde Pepe le pidió a sus colegas carreteros que le ayudaran con sus yuntas a sacar la carreta y sus amigos engancharon a sus yuntas y halaron desde el otro lado de la ranfla y la carreta salió facilmente del fondo podrido. Pepe les dijo que cualquiera de ellos podía &quot;tirar su caña&quot; esa misma tarde pero el computador le aclaró que &quot;de eso nada, que su caña estaba esperando por él y que cargarla sería trabajo para mañana&quot;. Esa misma noche el río tuvo una crecida fenomenal y su lecho volvió a conseguir su falsa dureza de toda la vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Una mañana mi tío Neno y yo estábamos guataqueando arroz en el campo que estaba frente al cañaveral de Miguel Lagata. Pedro Gocéndez se acercó montado en su yegua rojiza. Se murió Enrique - nos dijo y estaba tan destrozado que se dio la vuelta y no agregó nada mas. Solo había venido para avisarnos. Mi tío Neno lo sintió como se siente la muerte de todo ser humano pero no tanto como lo sentí yo. El solo conocía &quot;un poco&quot; a &quot;Enrique el hermano de Pablo&quot;. Pero Enrique &quot;el hermano de Pablo&quot; era mas que un conocido para mi papá. Enrique era su gran amigo. Y yo era su hijo. De modo que lo sentí de manera especial. Sin embargo lo que sentimos cuando supimos que se había muerto Pepe Marrero fue algo sencillamente innombrable. Todavía no lo puedo describir.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Junio 25 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luisa Eme González.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/8147025155842944352/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/mi-personaje-inolvidable-pepe-marrero.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/8147025155842944352'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/8147025155842944352'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/mi-personaje-inolvidable-pepe-marrero.html' title='Mi personaje inolvidable. Pepe Marrero.- Tomado de Grandes Nostalgias.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-6003010181556759082</id><published>2020-06-07T14:05:00.000-07:00</published><updated>2020-06-13T16:50:43.229-07:00</updated><title type='text'>Algodones 1978. Estudio en escarlata. (Final).-</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Durante meses el padre de Juan Ramón Martínez se reunió con la Policía de Orlando González, con la Policía de Majagua y con la Policía de Ciego de Avila. Se reunió con cada una de las personas que de una u otra manera habían tenido que ver con con la vida y con la muerte de su hijo. Regresó montones de veces desde Guanajay con el único objetivo de tratar de demostrar que hubo otros implicados en el &quot;asesinato&quot; de su muchacho. Su condición de padre orgulloso con tanto pedigree de luchador clandestino valiente no le permitía aceptar que un &quot;alfeñique como ese tal Lamar&quot; hubiera sido capaz de vencer y de matar cobardemente a un hombre &quot;inmensamente superior a él en el sentido físico y sobre todo preparado perfectamente para la lucha personal&quot;. En ocasiones regresó con su hija, una chica esbelta y muy seria, de un parecido notable con su hermano. La joven era pintora y pintó un cuadro de Juan Ramón, de torso, maravilloso, que se dijo sería colocado en el lugar de los hechos cuando el Caso se hubiera cerrado definitivamente. Un buen día el Señor de la Clandestinidad de Habana Campo tuvo que regresar a su pueblo, metido entre sus lágrimas, irresignado a la pérdida de un gran hombre que &quot;estaba empezando a vivir y al que todos auguraban un futuro brillante en las filas de los revolucionarios convencidos e inclaudicables&quot;. Pero todavía al padre de Juan Ramón le restaría otro regreso a la provincia de Ciego de Avila en relación con la muerte de su hijo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Orlando González era un gran batey con ínfulas de pueblo. Mas allá de sus pocas calles semiasfaltadas siempre consideré que en realidad en el Central solo había tres calles para respetar. La que llegaba desde Majagua, a la que llamaba Calle 1, la que salía para Majagua, a la que llamaba Calle 2 y la primera calle al este de la Calle 2, en donde estaban algunos establecimientos comerciales y en donde se erigían algunas de las mejores residencias del Ingenio. Le llamaba la Calle 3. La Calle 3 salía desde la plazoleta asfaltada que&amp;nbsp; estaba frente al cine y llegaba hasta el límite sur del poblado. Mas o menos a cuatro cuadras del cine, en la acera oeste, comenzaba el césped que llevaba hasta una cerca de columnas de mampostería bajas unidas por una pareja de cables combados separados por unos cincuenta centímetros. Las columnas diminutas y los dos cables tenían función decorativa mas que de seguridad. Detrás, con mas césped, parterres con flores y vegetación ornamental y miniaceras estaba la Casa Oficina del Central, una edificación de estilo californiano rodeada de un portal y con&amp;nbsp; techo de tejas españolas a cuatro aguas. La gente del Central aseguraba que la residencia había pertenecido al &quot;antiguo dueño del Ingenio&quot;, otro de los que había sido intervenido y despojado de sus propiedades burguesas por las nuevas autoridades revolucionarias que &quot;la habían destinado al fin que de verdad se merecía&quot;. Vale decir, ponerla &quot;al servicio del pueblo&quot;. Entre la acera que remataba a la calle y la cerca de columnas cableadas podría haber unos cuatro metros. El día había estado nublado, con lluvia intermitente y había charcos en las calles y la hierba estaba mojada y había fango en la tierra pelada. Por la noche el temporal amainó y salieron algunas estrellas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando Juan Ramón invitó a Lamar al cine Lamar no se asombró para nada y aceptó la invitación. Juan Ramón era así de imprevisible y le encantaba dárselas de buen amigo y de tipo moderno, sin prejuicios. Juan Ramón solo puso una condición. Lamar siempre debía caminar delante de él - incluso dentro del cine - y sentarse a su lado y en caso de que necesitara ir al baño o salir a fumarse un cigarro él siempre habría de acompañarlo sin excusa ni pretexto. Estaba completamente seguro de que Lamar no intentaría fugarse por nada del mundo pero quería cumplir con todas las reglas del juego. Le aclaró que el regreso al calabozo sería con idénticas condiciones. Algunos guardias les vimos salir desde el calabozo, pasar por la acera frente al dormitorio, doblar por delante del comedor y coger por el camino de tierra que llevaba a la cerca de alambre detrás de la cual estaba el cine. Las dos mujeres que trabajaban en el cine les vieron llegar. Juan Ramón compró las dos papeletas y mi &quot;amiga italiana&quot; las cortó por la mitad y le devolvió su garantía. Lamar entró delante. Como casi siempre el cine estaba prácticamente vacío. Poco después los compañeros del Batallón comenzaron a discutir. La discusión se acaloró. Afloraron las palabras &quot;malas&quot; y las amenazas por parte de Juan Ramón. La acomodadora entró para preguntar qué pasaba y les pidió que se calmaran o no le quedaría otra alternativa que tener que pedirles que abandonaran el cine. No tuvo que hacerlo. Los dos guardias se pararon de sus butacas y se dirigieron al pasillo. Caminaron hacia la puerta en silencio, con pasos largos. Ahora Lamar no iba delante. Los dos muchachos caminaban libremente, liberados de las reglas del juego. Las dos mujeres les oyeron discutir de nuevo en la calle pero no entendían el sentido de la discusión. Solo podían apreciar que se trataba de dos hombres que &quot;se estaban desafiando y que al parecer pensaban fajarse en algún lugar sin testigos&quot;. Los guardias no se dirigieron al Batallón. Los guadias caminaron hacia la Calle 3 y continuaron discutiendo hasta que se perdieron del foco visual de las dos mujeres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Juan Ramón insistía en que Lamar era &quot;su Caso&quot; y que tenía que &quot;respetarlo&quot;. Lamar aceptaba que era &quot;su preso&quot; y que lo respetaba como su Jefe Provisional pero que &quot;no lo respetaba como hombre&quot;. Que como hombre &quot;eran iguales&quot;. En algún momento la diatriba verbal se convirtió en empujones, en ofensas, en más amenazas por parte de Juan Ramón y de pronto Lamar dijo que estaba &quot;listo para luchar&quot;. Juan Ramón le observó y tuvo que sujetar su risa. Aquel hombre de apenas 1.70, con muchísimas libras menos que él y seguramente sin ningún dominio de las artes marciales tenía muy pocas popsibilidades de enfrentarlo con éxito. Tampoco le impresionaba lo que se decía de él. O sea, que era &quot;una fiera humana y que para vencerlo había que ser un verdadero as&quot;. Lamar, ciertamente, estaba muy fuerte. Pero comparado con él era simplemente &quot;un hombresito&quot;. Sin embargo Juan Ramón no tuvo tiempo de decir &quot;vamos, viejo, déjate de comer mierda y de hacerte el guapo y regresemos al Batallón&quot;. Porque de improviso comezaron a lanzarse puñetazos. Pero al parecer el boxeo no funcionaba. Lamar estaba resultando demasiado esquivo y ninguna de las llaves que intentó ejecutar Juan Ramón resultaron. Luchaban exactamente frente a la Oficina del Central. De pronto estaban peleando sobre un fanguero, con la hierba chamuscada y necesitaron cada vez mas espacio para tratar de lograr alguna ventaja. En algún momento resbalaron y entonces la pelea se convirtió en un acto de lucha cuerpo a cuerpo en donde cada quien trataba de atrapar a la parte mas vulnerable del otro. Finalmente cayeron sobre el chiquero en que se había convertido el espacio donde se batían. En el suelo, sobre una tierra desbaratada, la pelea se emparejó un tanto. Y por algo que nadie jamás ha podido explicarse - ni siquiera el propio Lamar - Juan Ramón se vio metido entre las dos cuerdas de la cerca de cables combados. Juan Ramón no. El cuello de Juan Ramón. Lamar estaba al oe&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;ste de las cuerdas, arrodillado, esperando a que Juan Ramón se rindiera, sin aflojar los cables, ahora retorcidos, sobre su cuello. Todo intento de Juan Ramón por zafarse resultó en vano. El fango no contribuía. Sus manos y sus pies solo resbalaban y el esfuerzo desesperado era inútil. La posición ventajosa de Lamar y la fuerza que ahora podía desplegar sobre su cuello le pusieron en ventaja. Definitiva. Juan Ramón sabía que era casi imposible deshacerse de la garra mortal que lo atenazaba. Pero no tuvo capacidad de raciocíneo ni - posiblemente - consideró que sus próximas palabras serían tomadas al pie de la letra. Reaccionó como un macho. Que no como un ser humano consciente. Ahórcame - le dijo - porque si salgo de esta te juro que te mato. A Lamar nunca le pasó por la cabeza la posibilidad de que Juan Ramón llevara su pistola.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Poco antes de la media noche Lamar se apareció en la Estación de Policía de Orlando González. Saludó, entró y se sentó. Con un alarde&amp;nbsp; de sangre fría casi cinematográfico. Acabo de matar a un hombre y está frente a la Oficina del Central - dijo. Extendió las manos y el policía de turno lo esposó. Cuando Lamar identificó al occiso el policía llamó al soldado que estaba de guardia en el Batallón para informarle de lo que había pasado con &quot;uno de los suyos&quot;. El guardia nos llamó. Unos minutos después estábamos frente a la Oficina del Central. Para entonces había algunos lugareños observando el cadáver de Juan Ramón que estaba tirado casi en el medio de la calle, de lado, encorvado, en posición fetal. Todavía no había llegado su novia o algún familiar ni tampoco había ningún policía. Pero el gentío se fue incrementando. La noticia corrió como la pólvora prendida. No todos dormían a esa hora. Dos de los Jefes del Batallón vivían en el Central pero al parecer nadie les había avisado. Yo estaba al sur del cadáver. Me acerqué. Tanto que casi choco las punteras de mis zapatos contra su espalda. Nunca supe quien dijo que había que &quot;virar al cadáver&quot;. Yo estaba como hipnotizado, sin poder asumir lo que estaba pasando. Pero sabía que cuando estamos en presencia de un cadáver cualquier relación con él es asunto de la policía o del forense. Que el cadáver es intocable. La misma voz repitió que había que &quot;virar bocarriba al cadaver&quot;. Parecía que nadie escuchaba lo que medio ordenaba la voz. Todo el mundo conocía a Juan Ramón en el Central y parecía que todos estaban tratando de convencerse de que era verdad lo que estaban presenciando y cualquier voz exterior les tenía sin cuidado. Cuando la voz repitió por tercera vez su orden velada, me incliné con toda la inconciencia de que fui capaz y le coloqué mi mano derecha sobre la articulación del brazo derecho con la clavícula. Apreté la zona y empujé su cuerpo contra mí. El cadáver de mi amigo Juan Ramón se volteó y sin perder la posición fetal quedó bocarriba. Para entonces de su boca abierta ya estaba saliendo olor a muerto. Y fue la primera y la única vez que lo he sentido. Esa noche nadie pudo dormir en el Batallón y por la mañana, cuando miramos hacia el calabozo, tuvimos que asumir que jamás volveríamos a ver ni al preso peligroso ni al Hombre de Operaciones. Porque uno estaba muerto y el otro tendría que esperar por las decisiones legales de los superiores que conocían de ese tipo de leyes. La tarde del &quot;día después&quot; alguien nos dijo que la novia de Juan Ramón y algunas de sus amigas y de sus amigos se habían llegado hasta la Estación de Policía a manera de piquete y que habían comenzado a insultar a Lamar con improperios impublicables y a exigirle que nombrara &quot;a los cobardes que le habían ayudado a matar a Juan Ramón&quot;. Como se trataba de una Estación de Policía pequeña Lamar les oyó y se acercó a una de las ventanas enrejadas para gritarles que &quot;se fueran para el carajo, que ellas eran un bando de putas que se templaban al niño lindo del Batallón porque era jefe y tenía fama de guapo y de lindo y que lo insultaban a él porque él era el preso peligroso, apestado y pobre que tuvo que pelear solo contra un tipo que lo había amenzado con matarlo si él no lo hacía&quot;. La fuente nos había asegurado que tales palabras habían disuelto al piquete y que no habían vuelto por la Estación de Policía. Finalmente la fuente hizo la pregunta del millón. Qué hacía el cadáver de Juan Ramón en medio de la calle si Lamar lo había estrangulado como a cuatro metros de allí. Yo también me había hecho esa pregunta - y muchas derivadas - pero entonces no me las daba de abogado amateur. Por qué Lamar no se había fugado. Por qué Juan Ramón no le condujo hacia el calabozo cuando salieron del cine en vez de tomar por la la Calle 3 mientras la discusión continuaba. Pero entonces yo no me las daba de abogado amateur.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Poco después nos enteraríamos de que Lamar estaba preso en la Cárcel de Morón, una entidad penintenciaria localizada al norte de la carretera Morón/Bolivia y al noreste de la ciudad de Morón. Todavía desconocíamos la cantidad de años que &quot;le habían echado&quot;. Para entonces las autoridades legales habían cerrado el Caso y habían aceptado que &quot;no hubo cómplices durante la pelea entre los dos hombres&quot;, de modo que Lamar había peleado &quot;en desventajas físicas&quot; y que solo la casualidad había hecho posible que &quot;lograra matar a su custodio&quot;. Era cierto que lo había estrangulado con conocimiento de causa y por tanto era un asesinato en &quot;determinado grado&quot; pero también era cierto que lo había hecho en &quot;defensa propia&quot; y que ello constituía una categoría jurídica &quot;atenuante&quot;. A pesar de que el padre de Juan Ramón continuó insistiendo desde Guanajay en que las autoridades volvieran sobre su &quot;teoría de los cómplices&quot; las autoridades siempre le contestaron que &quot;el Caso estaba cerrado definitivamente y que lo sentían profundamente&quot;. Escuchamos, además, que al fin habían dictado Sentencia para Lamar. Quince años. El padre de Juan Ramón puso el grito en el cielo porque se decía que esperaba, al menos, treinta años si no cadena perpetua. Su Apelación no prosperó. La Fiscalía Militar mantuvo la Sentencia. Lamar sabía, desde su encierro, que el padre de su víctima no se había olvidado del Affaire y que constantemente llamaba a las autoridades provinciales para que reabrieran el Caso porque &quot;él estaba seguro de que Lamar solo jamás hubiera podido hacer lo que hizo&quot;. Finalmente se cansó de implorar y la gente del Batallón se fue olvidando de la muerte de Juan Ramón. Un buen día supimos que su ex novia se había vuelto a enamorar y que nadie había colocado el magnífico cuadro que pintó su hermana frente a la Oficina del Ingenio. Cuando el Batallón 3540 se mudó para la zona aledaña al Central Bolivia - ex Cunagua - Lamar se las arregló para que nos enteráramos que estaba en una celda del segundo piso que daba para la carretera desde donde podía sacar sus manos y gritar para saludarnos. El sabía cuales eran los camiones de su antiguo Batallón y cada vez que pasábamos hacia Ciego de Avila o regresábamos desde Provincia nos gritaba y nos saludaba con sus manos sacadas por entre las rejas. Todo los choferes le pitaban a manera de saludo devuelto y él se sentía bien porque nadie lo &quot;había olvidado&quot; y porque pensaba que todos estaban convencidos de que había matado &quot;en defensa propia a un tipo que lo chantajeaba y le hacía la vida imposible en el caabozo del Batallón&quot;. Para nosotros era un solo colega que cumplía una condena por un acto cometido que la Ley castigaba. Nosotros no opinábamos. Nosotros solo continuábamos viviendo y trabajando, asombrados, incrédulos. Nos costaría mucho asimilar lo que había ocurrido aquella noche nefasta de lluvia frente a la Oficina del Central.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando prácticamente todo el mundo se había olvidado del Caso Lamar/Juan Ramón nos enteramos de que Lamar - cansado de las postacusaciones del padre - había expresado que &quot;estaba de acuerdo en que reabrieran el Caso&quot; y había pedido que le dijeran al padre &quot;que viniera desde Guanajay para que escuchara lo que tenía que decir&quot; en relación con &quot;los amigos que le habían ayudado a matar a su hijo&quot;. El padre se liberó al fin de su duda eterna, expandió el tórax en su sala Museo de la Clandestinidad, inspiró y expiró con toda la libertad que le había estado faltando desde el día aciago en que le habían dado &quot;la noticia&quot; y cogió un ómnibus con destino a la ciudad de Morón. En la sala de la prisión, frente a las pocas autoridades presentes y muy cerca del padre, Lamar expresó &quot;juro que es la última vez que hablaré de esto, lo maté yo solo, me escucha, señor, yo solo, yo solo, yo solo, y le pido de favor que deje de mencionar mi nombre el resto de su vida&quot;. Se aseguraba que tales palabras fueron seguidas de algunos insultos y de algunas ofensas muy drásticas y también se aseguraba que al padre de Juan Ramón por poco le da un infarto y que no pudo contener las lágrimas al sentirse &quot;burlado&quot; por un asesino. Absolutamente impotente. Sin pronunciar una sola palabra salió de la sala de la prisión donde había escuchado las últimas palabras del convicto y se dirigió a la Terminal de Omnibus. Fue su última visita a la Provincia de Ciego de Avila. Con el tiempo las manos y las voces de Lamar se fueron perdiendo entre las rejas de la Prisión, y los choferes dejaron de pitarle a manera de &quot;saludo humanitario&quot;. Lo último que supimos de Lamar fue que probablemente saldría de la cárcel &quot;antes de cumplir su pena de quince años&quot;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Han pasado cuarenta y un años. Posiblemente la ex novia de Juan Ramón, su amiga y la amiga de su amiga de la Colonia Española, la chica con la que bailé de brazos cambiados en un gran salon de Majagua, mi italiana del cine y el propio Lamar, sean abuelos hoy mismo. Posiblemente ninguno de ellos se acuerde del Affaire que terminó con la vida &quot;joven y prometedora&quot; de aquel guardia de Habana Campo. Posiblemente todos estén vivos. Porque todos pueden tener poco mas de sesenta años. No soy abuelo. Ni siquiera he sido padre. Pero me cuesta tanto olvidar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Junio 13 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/6003010181556759082/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/algodones-1978-estudio-en-escarlata.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/6003010181556759082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/6003010181556759082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/algodones-1978-estudio-en-escarlata.html' title='Algodones 1978. Estudio en escarlata. (Final).-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-4041872249684901554</id><published>2020-06-07T13:41:00.001-07:00</published><updated>2020-06-08T16:47:37.470-07:00</updated><title type='text'>Algodones 1978: estudio en escarlata. (2).-</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Poco después de mi llegada al Batallón 3545 para comenzar a ocuparme de la Sección Vestuario de Dormitorio Rama Retaguardia un grupo de cuadros estábamos conversando en una oficina que estaba entre el albergue y los baños. Recuerdo que alguien me preguntó que &quot;si de verdad yo había estado en la Universidad&quot;. En realidad no me gustaba hablar de ese tema ni tampoco me interesaba. Todavía estaba marcado por mi fracaso involuntario al no poder intentar obtener un título superior como siempre había sido el sueño de mi padre. Sin embargo contesté que &quot;sí&quot; pero expliqué que prácticamente era mejor responder &quot;que no porque ni siquiera había terminado el Primer Semestre de una carrera a la que había optado por error&quot;. Uno de los presentes apoyó sus codos sobre la mesa escritorio y lanzó una trompetilla a la que siguió una risita socarrona. Nadie le prestó atención. Excepto yo. Calculé que su esfuerzo vocal significaba que yo ni siquiera había vencido &quot;la Secundaria Básica&quot;. Pero cuando estaba a punto de olvidarlo el muchacho de la trompetilla dijo, con ironía, &quot;locutorrr...&quot; y volvió a sonreír. Como todos seguían sin hacerle caso pues hice lo mismo, continuamos la conversación y finalmente pensé que se trataría de algún incapaz, de alguien lleno de complejos de inferioridad que se sentía &quot;mayor de edad&quot; y al que sus cargos en el Batallón le permitían emitir juicios enmascarados de esa índole. No éramos amigos, sus gestos y palabras no habían sido técnicamente ofensivos y en un final podía tratarse de una broma. Además, tal vez se había dado cuenta de que mi osadía al animar el Acto de Juramento había sido solo eso, una osadía. El guardia se llamaba Juan Ramón Martínez, era de Guanajay, Habana Campo y trabajaba con un Oficial de Alto Rango en una Sección llamada Operaciones que, según las malas lenguas. se ocupaba de trabajos de Inteligencia. Juan Ramón andaba casi siemre solo y aunque aparentemente era muy sociable en realidad se creía el cuento de que era un tipo &quot;diferente&quot; debido al trabajo que realizaba. Sin embargo daba la impresión de que su vida era pública porque cualquier guardia podía contar que el grandulón de Guanajay &quot;era de la Seguridad del Estado desde la cuna&quot; porque sus padres &quot;eran pinchos en su pueblo&quot; y porque su padre &quot;había participado en el Movimiento Clandestino de Guanajay y de Ciudad de La Habana durante la Revolución de Fidel Castro&quot;. Juan Ramón tenía mas de seis pies y unas 220 libras repartidas en un cuerpo esbelto pero que no era atlético. Me parecía que tenía la cabeza demasiado pequeña para cuerpo tal y tenía, además, cara de niño traviezo. Le calculábamos unos veintiséis años. Se decía que no era muy amigo del baño diario y tenía una novia en el Central muy bonita, de pequeña estatura. Una novia no, un bastón hembra - decían algunos. Juan Ramón era un tipo misterioso y ni siquiera se le veía mucho cerca de su Jefe, un hombre blanco como de cuarenta y tantos años, que creo era de Sancti Spíritus pero vivía en Ciego de Avila. No recuerdo qué grado militar ostentaba pero sí recuerdo que también usaba gorra de plato. Posiblemente ninguno de los jefes del Batallón pasaran del grado de Capitán. Generalmente casi todos los cuadros del Batallón viajábamos en los camiones soviéticos Gasito a todas partes, sobre todo cuando nos tocaba llevar los informes mensuales a Provincia. Juan Ramón no. Juan Ramón viajaba siempre en ómnibus y muchas veces nos encontrábamos en las Terminales de Algodones y de Ciego de Avila cuando yo debía viajar en guagua porque los camiones estaban ocupados en otras labores de urgencia. También se decía que Juan Ramón &quot;no estaba reenganchado&quot; por ninguna cantidad de años en el EJT. Que él era como otro pincho cualquiera que podía salirse cuando quisiera del Ejército o que posiblemente tendría que esperar veinticinco años, como todos, para Licenciarse. Las lenguas - las malas y las buenas - aseguraban que sabía karate y judo y que difícilmente podría encontrarse con un enemigo de verdad en el Batallón o en las calles. Juan Ramón portaba una pistola soviética y la usaba en el fondo de su espalda, debajo del pantalón. Llegaría, no obstante, a ser un buen amigo de Juan Ramón. Sobre todo porque muy pronto se dio cuenta de la clase de persona que yo era, porque notó que yo no era un tipo con miedo - miedo intelectual ( que es el miedo que no se puede tener en un país dictatorial) - que le decía a las cosas por su nombre aunque ello me acarreara cierta &quot;detención de ascenso&quot; en el Ejército y porque yo era un tipo culto, &quot;muy informado e inteligente&quot;. Todos los habaneros - del campo o de la ciudad (todo lo que no fuera Ciudad de La Habana era para ellos Habana Campo) - siempre han sentido mucha atracción por la gente &quot;diferente&quot;, la gente que se &quot;parezca&quot; a ellos. Incluso yo hablaba - sin proponérmelo - un poco como los habaneros de la jungla de asfalto. Yo no pronunciaba, digamos, verdad. Yo decía &quot;veddá&quot;. Como ellos. La Sección Operaciones para la que trabajaba era, realmente, una Sección Burocrática. Su Jefe no siempre estaba en el Batallón y Juan Ramón pasaba gran parte de su tiempo sin hacer nada. Por demás, eran tiempos &quot;revolucionarios&quot; de plantillas infladas. Nadie decía &quot;Operaciones&quot; para designar a la Sección. Todo el mundo decía, abreviando, &quot;O&#39;pones&quot;. Casi todos los cuadros que trabajaban en el Batallón - sobre todos los cuadros de los anteriores Llamados - tenían novias que vivían en el Central. No hacían una vida marital stándar pero se comportaban como si así fuera. De modo que todo el mundo conocía a las chicas porque constantemente venían a visitar a sus novios en sus oficinas y en verdad los motivos por los que lo hacían debían de ser muy importantes porque a veces no regresaban a sus casas. Un colchón personal o un colchón tres cuartos era muy habitual en las oficinas de entonces. Formaba parte de la &quot;impedimenta&quot;. La gente del Llamado 14 teníamos que ponernos en la cola para poder aspirar a la próxima primera jeva del Ingenio. Muy pronto haríamos muchas amistades en el poblado. Seríamos invitados a las casas de las nuevas amistades y algunas de las muchachas disponibles comenzaron a flirtear con los nuevos reclutas. El cine del Central estaba al sur del Batallón, a unos cuarenta metros después de pasar una cerca de alambres. Parecía una gran nave de almacenar abono, con techo a dos aguas y portal de entrada. Para entonces mi locura por las películas y por los documentales era proverbial. Ahora tenía el cine en &quot;la puerta de mi casa&quot; y aunque solo ponían dos o tres películas semanales jamás me las perdía excepto si hubiera visto recientemente alguna que no me hubiera llamado tanto la atención. Nnnca fui un tipo de ver dos veces las misma película a menos que se me hubiera quedado algún mensaje o escena confusos o si se trataba de una obra maestra. En verdad el cine de Algodones no pasaba obras de estreno ni siquiera buenas películas. Para ello había que ir a Majagua o a Ciego de Avila. Pero a mí me servían todas. Todas. Sin distinción de temáticas o nacionalidades. Por ello era que las noches de cine en Algodones transcurían vacías. Vacías en todos los sentidos. Muchas veces las dos mujeres que trabajaban allí se morían de aburrimiento hasta que transcurriera su horario de trabajo porque nadie iba al cine. Mas de una vez tuvieron que hacer arrancar sus proyectores para mí solo y debo confesar que eso me apenaba. Mi constante asiduidad al cine me ganó la estimación de las dos mujeres. Muy pronto &quot;se dieron cuenta&quot; de que yo era &quot;una monstruosa enciclopedia cinematográfica&quot; y llegaron a decirme que &quot;habían aprendido más de cine conmigo que durante todos los cursos intensivos didácticos que habían pasado&quot;. Una de las mujeres era un señora que estaba mas allá de los sesenta años. Una señora para respetarla y para admirarla. La otra. Oh, la otra. La &quot;otra&quot; era otra cosa. La &quot;otra&quot; tenía menos de treinta años, era una trigueña &quot;adelantada&quot;, como de 1.74 de estatura y medidas de modelo. La recuerdo perfectamente bien. Aunque he olvidado su nombre. La &quot;otra&quot; se movía entre la perturbadora belleza de Calaudia Cardinale y el garbo endiablado de Sophía Loren. Prácticamente todas las noches yo iba al cine para conversar con ellas aunque no fuera para ver la última película. Siempre la señora nos dejaba solos con cualquier pretexto y entonces nuestras charlas tocaban todos los fondos permitidos e hicimos del flirteo todo un arte isondable y subliminar. Yo sabía que estaba casada pero me comportaba como si no lo supiera. Ella no sabía que yo lo sabía pero se comportaba como si no lo supiera. Entre otras cosas yo siempre deseaba verla para escuchar su voz de niña mimada, sus pausas deliberadas en su conversación y sobre todo aquella frase que no dejaba de pronunciar en ninguna de las veladas &quot;jamás pensé que existieran palabras y frases tan lindas como las que tú dices&quot;. Una noche, después que salí de ver una película que trataba sobre la vida del gran músico polaco Federico Chopin - a la que por supuesto había asistido solo - le dije, en la despedida &quot;tú eres la mujer mas endiabladamente recordable que he visto en mi vida&quot;. No dijo nada excepto &quot;oh, Luis&quot; mientras cerraba la puerta de entrada de espaldas a mi y yo miraba, obnubilado, la curva despiadada de su cuerpo italiano y la magnífica protuberancia de sus nalgas perfectas. Cuando guardó la yave en su cartera de manos me dijo &quot;tengo que decirte algo&quot;. Le puse mi dedo índice derecho sobre sus labios y agregué &quot;no es necesario&quot;. Esa noche, la tasa del baño no estuvo helada a pesar del invierno. Estuve un mes exacto sin visitar al cine y cuando regresé para ver Ben Hur compré mi papeleta a la señora, se la entregué a la &quot;otra&quot; - que la quebró en dos partes y me entregó una - y entré al cine. Solo, como siempre. Cuando salí dije &quot;hasta después&quot;. Como no la miré al partir nunca supe si se le habían aguado los ojos o si había mirado mi caminar de hombre joven hasta donde se acababa la pared del cine y comenzaba el camino de tierra que llevaba a la cerca de alambre. Desde entonces solo fui el recluta que &quot;viene al cine solo&quot; y ella solo fue la chica espectacular, casada, que hace &quot;de rompedora de papeletas y de acomodadora&quot; cuando ocurre que la gente del central asiste al cine. Cuando asumí que había ganado la batalla de la seducción pero que había perdido la batalla del último flechazo aacepté mi derrota y entonces traté de bailar con las manos cambiadas en los hombros y en la cintura de una estudiante de secundaria del central en un gran salón de bailes de Majagua. Yo, que nunca había sabido ni mover una pata. En honor a la verdad todavía no sé si la &quot;otra&quot; intentó decirme algo diferente a &quot;estoy casada&quot; pero mi concepcción dramática de la existencia me hizo pensar que se trataba de eso y entonces detuve mi auto casi desbocado. Aunque siempre lo negaba rotundamente varios de mis amigos cuadros estaban seguros de que yo &quot;estaba pasándole la cuenta al monstruo del cine&quot;. A veces me sonreía y como a veces mi sonrisa les sonaba cómplice pues ello avivaba la sospecha. En un final posiblemente yo fuera el único &quot;novio&quot; que solo había tocado el cuerpo de su &quot;novia&quot; mediante el contacto de su dedo índice de la mano derecha con sus labios cerrados. Juan Ramón también pensaba que yo era un mujeriego solapado, de esos que no habla una sola palabra con nadie sobre su relación con mujeres. Una tarde se llegó a mi oficina en el ala norte del Batallón. Se sentó en una de las esquinas de la mesa escritorio. Quiero que me hagas una media - me dijo. Contesté que solo me dijera en donde estaba &quot;la fábrica de medias&quot; y asunto resuelto. Cuando terminó de reír agregó &quot;tengo una jevita en Sancti Spíritus y va a ir con una amiga el sábado a la Colonia Española y le dije que tenía un socio para ella&quot;. Recuerdo que había carnavales en Sancti Spíritus y que algunos camiones de Orlando González estaban llevando a la gente hasta allá. Le dije que no había problemas, que contara conmigo. En realidad los guardias llevábamos una vida casi de civil y no teníamos que contar con nadie para salir del Batallón excepto cuando se tratara de ausencias que interfirieran en el trabajo o cuando necesitáramos un pase. Así que el grandulón de Guanajay le pega los tarros a su chica del Central, pensé. Pero no dije nada. El sábado cogimos uno de los camiones cerca del paradero de los ómnibus y nos dirigimos a Sancti Spíritus. No había vuelto jamás a la ciudad desde el día en que las Camberras de la Base de Placetas nos habían recogido en el Viejo Stadium en 1977 para traernos hasta los predios del Central Orlando González. Muy pronto caminamos las pocas cuadras que no separaban de la Colonia Española. La fastuosa Colonia Española estaba en el centro de la ciudad y era un edificio postcolonial de dos pisos. El Gran Salón estaba en el primer piso. Las chicas estaban esperando y les fui presentado. Apenas pude disimular mi decepción. La amiga íntima de Juan Ramón era una belleza salvaje en estado puro. Una potranca recién domada. Casi tan alta como él, con una sonrisa Colgate permanente y tan agradable que podía conquistar al mundo si se lo hubiera propuesto. Una trigueña despampanante que enseguida me recordó a mi acomodadora &quot;italiana&quot; del cine. Pero mi amiga era - también - &quot;otra cosa&quot;. Mi posible conquista era una mujercita trigueña, como de 1.55 de estatura, de perfil aguileño y pelo suelto y muy largo tratado como al descuido. Al principio pensé que Juan Ramón me había jugado una broma y que la &quot;media&quot; que él quería de mí era que tratara de entretenerla porque la mujer seguramente fuera una lapa que no soltaba para nada a su súperhembra. No podía creer que él - conocedor de mis gustos irrenunciables en materia de mujeres - hubiera pensado que yo trataría de entrar en contacto con aquella señora a la que calculaba poco mas de cuarenta años. Solo que la señora de las tantas décadas sabía bailar muy bien los boleros que se estaban escuchando en vivo y tuvo que haberse dado cuenta no solo de que yo apenas me movía sino de que tampoco era capaz de hilvanar ni una sola frase. Probablemente me considerara un niño que no sabía lidiar con mujeres maduras y había decidido terminar con un pre affaire que no debía conducir a ningún puerto seguro. Yo solo estaba tratando de encontrar un pretexto para abandonarla, mentir a Juan Ramón sobre que &quot;me estaba sintiendo mal&quot;, que lo sentía y que deseaba irme. Pero no me hizo falta. Cuando se acabó la tercera pieza la señora me dijo que al parecer no congeniábamos como pareja de baile y que era preferible que ambos buscáramos otros compañeros y que tratáramos de reencontarnos mas tarde. Ello me abrió los cielos. Le dije que me parecía bien pero agregué que de todas formas me estaba sintiendo indispuesto y que le agradecía que me dejara libre. Le conté que pensaba no era nada grave y me fui de su lado. Durante varios minutos busqué a Juan Ramón y&amp;nbsp; a su chica y no los encontré. No quería tener nada que ver con la amiga de su amiga y tampoco deseaba tratar de encontrar otra pareja para ver si la práctica nos hacía de nuevo una pareja de baile decente.&amp;nbsp; Con química. Quería irme y lamenté mil veces haber venido a la ciudad de Santi Spíritus. Evidentemente no era mi noche. Esperaba convencer al hombre de Operaciones de que el hecho de sentirme tan mal era el único motivo por el que los abandonaba en medio de la fiesta. Pero no lo encontré y ello sería fatal en su apreciación posterior. Cuando me di cuenta de que la última guagua para Jatibonico saldría en pocos minutos eché la mirada final al Salón de Baile de la Colonia Española y como no encontré ni a la pareja ni a mi excompañera me fui hasta la Terminal de Omnibus Municipales. Todavía tuve tiempo de alcanzar el ómnibus Jatibonico/Majagua y el Majagua/Orlando González. Al otro día, cuando coincidimos en el dormitorio me miró soñoliento, cerró su puño derecho y se lo llevó a su boca para soltar una trompetilla muy parecida a la que había soltado para referirse a mi capacidad real como animador. Le conté el motivo por el que había tenido que irme y lamenté el hecho de no haber podido encontrarlo antes de marcharme. Tampoco dejé de decirle que para la próxima tratara de no presentarme &quot;un grillo anciano con la caja a remolque&quot;. Soltó otra trompetilla pero no dijo nada. Nunca supe qué le había contado la amiga de su amiga. Jamás hablamos del tema. No obstante siempre he creído que Juan Ramón consideró mi actuación en la Colonia Española &quot;bastante floja&quot; y ni siquiera tuvimos otra oportunidad de charlar sobre el affaire porque un tipo oriental de apellido Lamar cayó preso y lo trajeron para el calabozo del Batallón. Los presos eran asunto del Capitán Gelacio cuando se hablaba de Súperestructura. Cuando se hablaba de la Base eran asunto de Juan Ramón. Desde que llegó al calabozo Lamar se convirtió en su Caso y desde entonces lo demás importaba poco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;El calabozo del Batallón estaba al este de las edificaciones y era el último inmueble en esa dirección antes de que se terminara el solar. Detrás de los baños una acera conducía hasta la puerta principal. Se trataba de una habitación relativamente grande, sin paredes divisorias, en donde había tres o cuatro literas de hierro con colchonetas ligeras. Al fondo tenía un baño rústico. Generalmente el calabozo permanecía vacío. Cuando estaba ocupado lo estaba de tránsito. Casi siempre los guardias esperaban allí hasta ser conducidos al Batallón Provincial para dilucidar sus Casos. Las contadas ocasiones en que los motivos eran secundarios los soldados estaban unos pocos días antes de ser enviados a sus Campamentos. Estar preso en el calabozo del Batallón no significaba un calvario. Allí había silencio, agua corriente, luz eléctrica, pueblo y los presos comían la misma excelente comida que comíamos los cuadros del Batallón, mas allá de que nosotros podíamos repetir, algo que no les estaba permitido a ellos. Había hablado con Badía, el magnífico cocinero oriental que teníamos en el Batallón, para que me avisara cada vez que la comida de los presos estuviera lista. El cocinero era una muy buena persona y siempre les echaba un poco mas para tratar de que no se fueran a quedar con hambre. Yo me encargaba de llevársela y les recordaba que estuvieran atentos porque mas tarde les traería otras cosas. Donde quiera había comida en el Batallón. En los refrigeradores, en los almacenes, en la cocina y hasta en el gran patio que estaba al este de mi oficina en donde se descargaban los camiones llenos de melones y de otras frutas que permanecían allí hasta tanto se trasladaran hacia los Campamentos. Siempre me las arreglaba para llevarles algún anexo antes de que se acostaran a dormir. Mi papel de Padre de las Casas me traería algunos problemas. Recuerdo la ocasión en que José Macías, un muchacho de Cambao que era mi amigo desde antes de llegar al EJT, cayó preso por llegar tarde del Pase Ordinario. Siempre que tenía una oportunidad me llegaba hasta la puerta de hierro del calabozo para conversar con él y con otro muchacho de Oriente que compartía celda. Una vez el Capitán Gelacio Martínez me vio cuando les llevaba un gran melón y una telera de pan con jamonada. Esperó a que le entregara el mandado y delante de ellos me dijo &quot;Luis Fumero no se olvide de que estos tipos están presos y no de vacaciones&quot;. Macías intentó devolver la merienda pero el Capitán - uno de los tipos mas geniales que me encontré en el EJT - no la cogió. Lamar estuvo compartiendo celda con otros tres presos y yo hice lo mismo que siempre hacía para ayudarlos. Hasta que los otros dos presos salieron del calabozo. Lamar era un tipo como de 1.70, muy fuerte y bien parecido. Tenía el color de los mulatos adelantados, casi blancos, de la zona de Contramaestre y aunque daba la impresión de ser un tipo decente y comedido la gente decía que era &quot;extremadamente peligroso&quot; y que si tenía que &quot;matar a alguien&quot; lo haría sin &quot;pensarlo dos veces&quot;. Estaba esperando ser llevado a la Fiscalía del Batallón Provincial porque había cometido un delito muy grave.&amp;nbsp; Juan Ramón no decía de qué delito se trataba y la gente solo especulaba. El comentario mas arraigado tenía que ver con &quot;un hurto de marca mayor en donde había habido heridos&quot;. Incluso se especulaba con que el hurto se había producido en el sector civil. Pero nadie estaba seguro del motivo por el que Lamar estaba preso. De lo que sí se estaba seguro era de que Lamar era un tipo tremendamente peligroso. Juan Ramón Martínez seguramente sabría el verdadero motivo. Y no le interesaba lo que se dijera de él. No le tenía miedo. Era su Caso y constantemente estaba frenta al calabozo vigilándolo y diciéndole cosas que parecían amenazas. Era su trabajo y consideraba que lo estaba haciendo bien. Lamar no ripostaba y se limitaba a hacer silencio. Esperaba ser llevado al Batallón Provincial y ver qué decidían los jefes superiores. A veces Juan Ramón le permitía salir a comer al comedor y hasta le permitía coger un poco de fresco hasta que fuera la hora de acostarse. Sin embargo a algunos nos parecía que en ocasiones se le iba la mano con sus ofensas y amenazas y que le estaba faltando el respeto, que lo chantajeaba. Terminamos por decírselo. El se reía y decía que solo hacía su trabajo, que el tipo era &quot;una cabeza e caballo&quot; y que no se podía tratar &quot;como a una señorita&quot;. Una noche le dijo que si quería podía&amp;nbsp; ir al cine con la condición de que fuera acompañado por él. Lamar aceptó, encantado. En algún momento de la prima madrugada el cuadro que estaba de guardia entró al albergue para despertarnos. Tengo una noticia que darles - dijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida, Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Junio 7&amp;nbsp; del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/4041872249684901554/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/algodones-1979-estudio-en-escarlata-2.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/4041872249684901554'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/4041872249684901554'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/algodones-1979-estudio-en-escarlata-2.html' title='Algodones 1978: estudio en escarlata. (2).-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-371595269656568151</id><published>2020-06-04T16:37:00.002-07:00</published><updated>2020-06-07T14:04:20.726-07:00</updated><title type='text'>Algodones 1978: estudio en escarlata.- (1).</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Nostalgias Medias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Las autoridades del Comité Militar de cada municipio del país citaban a todos los jóvenes que hubieran alcanzado la edad para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, se cercioraban de que no estuvieran estudiando en ningún nivel de la Enseñanza y les avisaban de que en cualquier momento los volverían a citar para darle las informaciones pertinentes. Los estudiantes no tenían nada que ver con el Servicio Militar Obligatorio -&amp;nbsp; nada que temer - y cuando se graduaban eran aplazados hasta que cumplían veintiocho años y desde entonces pasaban a formar parte de la Reserva, lo que incluía participar en cada una de las movilizaciones de rutina que les preparaba para la eterna &quot;defensa de la Patria&quot;. Cuando dejé de ser maestro multipropósito en la Escuela de Construcción Industrial de Caibarién en el año 1977 el Comité Militar de Yaguajay me citó para comprobar si ya había sido &quot;eximido de mi seguridad&quot; en el Ministerio de Educación o si todavía continuaba trabajando en el Ramo. Muy pronto me citarían de nuevo para el Reconocimiento Médico de ocasión en la ciudad de Sancti Spíritus, que desde 1976 - y a raíz de la Nueva División Político Administrativa que habían diseñado los &quot;talentos&quot; del Gobierno - se había convertido en la capital de la nueva provincia de Sancti Spíritus en donde yo había pasado a vivir gracias a esa ordenanza. Una mujer con bata blanca que pensé era doctora entró al gran salón - todos los convocados estábamos desnudos - y solo me auscultó las ingles, debajo de los testículos y me ordenó pujar como si estuviera de parto. Se fue sin decir nada y su silencio quería decir que yo estaba &quot;apto&quot; para el Servicio Militar Obligatorio. Luego sabría que lo que estaba buscando la mujer era alguna hernia inginal o testicular. Yo jamás había pasado del poblado de Jarahueca a donde me había llevado mi padre cuando era un niño de modo que me maravillé mirando el paisaje ligeramente montañoso que estaba al sur de la Cordillera del Norte de Las Villas, pasando por el centro de la ciudad de Cabaiguán -&amp;nbsp; en cuyos alrededores sabía que había montones de descendientes de isleños canarios, en donde sabía que se cosechaba un tabaco tan bueno como el tabaco de Vuelta Arriba, en donde sabía&amp;nbsp; que vivían algunas de las mujeres mas hermosas de Cuba y en donde sabía que alguna vez había estado la famosa Clínica del Doctor Barrios, la misma que albergó a mi tío Bura drante una de sus grandes crisis neurosiquiátricas -, por el poblado de Guayos y su gran central azucarero y recorriendo parte de la ciudad espirituana mientras el camión que nos llevaba intentaba encontar el lugar en donde nos harían el reconocimiento médico. Como el Llamado 14 del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT) al parecer andaba de urgencias nos volvieron a avisar que en Mayo deberíamos estar listos para partir a cumplir con el &quot;Llamado de la Revolución&quot;. Algunos de mis antiguos compañeros del barrio que no se explicaban como yo &quot;con lo que sabía&quot; me había dejado &quot;coger por el Servicio&quot; y que al fin se habían convencido de que &quot;el hijo de Rafael no sería periodista ni nada por el estilo debido a su lengua suelta&quot;, también eran parte de la gran comitiva que estaba esperando por los camiones que nos llevarían hasta Sancti Spíritus para desde ahí trasladarnos al lugar definitivo. Solo sabíamos que no estábamos destinados al Servicio Militar como tal sino a su gemelo el Ejército Juvenil del Trabajo, variante agropecuaria. Estaba decepcionado porque aún albergaba algunas esperanzas de continuar mis estudios superiores en caso de ser enviado a La Habana y de esa manera estar mas cerca de las instituciones universitarias y ver qué podía ocurrir al menos para finales del período trianual que llegaría en 1980. Por algún motivo - que tal vez haya sido logístico - nos devolvieron a casa hasta nueva orden. El &quot;pase&quot; adelantado nos duró muy poco. Tal vez mi papá haya ido conmigo a Yaguajay para la despedida pero no podría asegurarlo. En un final ya era un chico curtido que había tenido que recorrer demasiado mundo solo. El Junio fuimos convocados de nuevo y esta vez sí que los camiones estacados nos depositaron en el viejo Stadium de Beisbol de la ciudad de Santi Spíritus en donde debíamos esperar por los ómnibus que nos trasladarían hasta el destino final. Esta ocasión el Viejo no pudo acompañarme, de modo que solo me despedí de mi familia en mi casa de campo. Como algunos muchachos llevaban guantes y pelotas y bates pues se nos permitió bajar a la grama y estuvimos practicando un buen rato hasta que nos dieron un refrigerio ligero al que los encargados llamaron almuerzo. Muy cerca, al sur, estaba la Escuela Formadora de Maestros Primarios, en donde, pocos años después, intentaría graduarme de Instructor de Teatro. Finalmente nos avisaron de que nos congregáramos en las afueras del Stadium pues ya habían llegado las guaguas que nos llevarían hasta &quot;Majagua, en Ciego de Avila&quot;. Fue así que supimos que pasaríamos el Servicio en otra provincia del país. No creo que ninguno de los futuros soldados hubiera oído hablar jamás de un pueblo llamado Majagua aunque todos habíamos oído hablar de la ciudad de Ciego de Avila que también - por obra y gracia de la Nueva División Político Administrativa - se había convertido en la capital de la nueva provincia homónima.&amp;nbsp; Las guaguas eran&amp;nbsp; GMC, Camberras - como las Camberras Americanas de Caibarién - pero me di cuenta de que se trataba de otro tipo de Camberra, mas estilizadas, con las ventanillas mas pequeñas y con los parabrisas partidos mas a flor de frente y mucho mejor conservadas que &quot;las nuestras&quot;. Después sabría que eran de la Base de Omnibus de Placetas, posiblemente la mejor Base de Omnibus Camberra del país en aquella época. Alguien dijo que el viaje se iba a hacer por la Carretera Central. Lo que también sería una novedad para mí. Solo conocía a la Carretera Central desde Santa Clara hasta La Habana y desde Santa Clara hasta Placetas cuando el viaje Santa Clara/Caibarién se realizaba &quot;Vía Zuluetas&quot;. La Carretera Central corría bastanta recta, custodiada por mucha vegetación y ciertamente rodábamos por un paisaje verde espectacular. Es verdad que Junio siempre es un mes lluvioso y la primavera estaba en su esplendor. Muy pronto llegaríamos al pueblo de Jatibonico - técnicamente un pueblo mas que un batey - con su gran central azucarero y su gran puente de hierro de corniza ovalada sobre el río homónimo. Algunos habíamos oído hablar del pueblo de Jatibonico por el río que pasaba por su porción oeste y por las clases de Geografía y porque también sabíamos que el Río Jatibonico del Norte (había dos Ríos Jatibonico)&amp;nbsp; desembocaba en el mar, al norte de Mayajigua, y que el Jatibonico del Sur desembocaba en la Costa Sur. Sin embargo no creo que tampoco nadie supiera de que Jatibonico alguna vez había sido parte de la provincia de Ciego de Avila. Quizás cuando digo &quot;algunos sabíamos&quot; debiera decir &quot;sabía&quot; pero prefiero incluirlos a todos por un asunto de solidaridad intelectual. Iba sentado a mediados de la fila norte de butacas, sector ventanilla, y aunque la distancia y las cabezas de los muchachos me impedían observar el frente y el otro lateral viajaba muy atento al cartel que demarcaría la entrada de la provincia de Ciego de Avila. Por algún motivo, a pesar de mi dedicación gráfica, el detalle se me escapó. La Camberra dobló al sur y unos cientos de metros después pasó al este de una especie de Círculo Social que estaba a la orilla de otro río - el famoso lugar de esparcimiento llamado Campo Hatuey, a la vera del Río Majagua, que tanto visitaría meses mas tarde - que calculé sería el río al que acabábamos de dejar atrás en la Carretera Central. Poco antes de entrar en el pueblo de Majagua el terreno de pelota del Municipio me sorprendió desde el lado de mi ventanilla. Un año y algo mas tarde yo estaría jugando ahí, en la primera almohadilla, con el equipo del Central Orlando González en la etapa de base que buscaba a los peloteros que integrarían el equipo de Majagua para la Serie Provincial de Primera Categoría. Majagua era un pueblo relativamente pequeño, sobre todo estrecho, con una gran calle central este/oeste que casi llegaba hasta donde había una fábrica de dulces en conserva pero con edificaciones jóvenes y con sus calles asfaltadas y limpias. La guagua no se detuvo, dobló otra vez al sur, cruzó sobre la Línea del Ferrocarril Nacional y cuatro kilómetros mas tarde entró al poblado de Algodones en donde estaba el Central Orlando González, otra nomenclatura mas para sepultar a los antiguos nombres de los ingenios azucareros de los años prerevolucionarios en aras del martirologio enchufado. Todavía casi todos los habitantes de los ingenios azucareros con nombres actualizados por la Revolución le seguían llamando por sus nombres antiguos. Sin embargo muy pronto nos daríamos cuenta de que el nuevo nombre de Orlando González estaba matando, poco a poco, al nombre romántico de Algodones. Algodones era un central azucarero medio, enclavado en un batey medio con ínfulas de pueblo en donde la madeja de líneas de vía ancha ocupaba gran parte de su superficie. En Junio se había acabado la Zafra, de modo que lo que nos esperaba en los campos de caña era la etapa de su cultivo, vale decir el riego de abono, la chapea y la guataquea. Los ómnibus doblaron al este, pasaron la línea de ferrocarril que venía del norte y se detuvieron en el patio de un complejo de edificaciones medio rústicas, de madera. Los nuevos reclutas nos bajamos con nuestros bártulos y enseguida nos pidieron hacer una fila para pasar a almorzar a un comedor relativamente grande y bien equipado. De nuevo me toparía con la carne rusa al jugo y con el olvidable congrís confeccionado con arroz desgranado y frijoles colorados, muy duros y enteros, como semillas de mate de la Loma de Belillo. Fue mi primer desalmuerzo en el EJT. Por suerte también el almuerzo incluía una pizca de pan y de esa manera hice un breve sandwich que terminé bajando con agua de la pluma. Unos minutos después del almuerzo uno de los Jefes del Batallón pidió por audio que nos fuéramos concentrando delante de una tribuna base de mampostería que había al suroeste del comedor. Nadie había sospechado que aquella tribuna sería la locación desde donde haríamos el Juramento Militar y escucharíamos &quot;las notas de nuestro glorioso Himno Nacional&quot; así como algunas palabras &quot;encendidas y patrióticas&quot; de ciertos jefes designados para ello. Cuando todos pensábamos que el primer orador continuaría con su trabajo el hombre preguntó que si en el grupo había algún soldado &quot;que supiera animar un acto revolucionario&quot;. El silencio absoluto fue la respuesta. Hasta que levanté la mano. Estaba preparado, primero para actuar y segundo para mentir. Mi experiencia en el trabajo &quot;como comunicador, como animador y como locutor&quot; se limitaba a una vocación sin límites y al seguimiento eterno de los hombres y mujeres de todo el espectro nacional que se habían dedicado y se dedicaban a ello desde todos los medios de difusión. Y por supuesto, como harían todos los aficionados antes de convertirse en profesionales pues yo también, en plena soledad y en&amp;nbsp; pequeños circulos de amigos íntimos, había hecho &quot;trabajos&quot; de esa índole. Entonces yo parecía un cantante de rok latino pues, como casi todos los reclutas, había llegado con el pelo a la altura de los hombros y con la barba crecida hasta la protuberancia de la tráquea. De modo que el hombre me llamó y me preguntó que &quot;si yo era locutor o animador&quot; y que si tenía &quot;alguna experiencia&quot;. Le dije que había relizado ambas funciones alguna vez y agregué que me parecía que &quot;podía hacer lo que él estimara conveniente&quot;. Traté de hablar pausado, potente y con la correcta dicción que me caracteriza y el tipo me entregó el micrófono y una hoja de papel con un breve texto escrito a mano pero de lectura fácil. Tal vez yo hubiera tenido alguna vez un micrófono en la mano pero no lo recordaba. Solo que sabía de sobra cómo se cogía, cómo se probaba dándole golpecitos con los dedos en la malla redonda y soplando muy cerca para sentir amplificado el ruido de mis soplidos y terminando por decir &quot;uno dos tres probando uno dos tres probando&quot; para sentir amplificado el sonido de mis palabras. Jamás he sabido como fue que pude matar mi timidez natural y hacer mi &quot;primer trabajo serio&quot; detrás de un micrófono. Posiblemente haya sido por el tipo de auditorio tan poco exigente que tenía debajo de la tribuna o por la necesidad de que alguien se diera cuenta de que yo &quot;era diferente y tratara de conseguirme algún trabajo diferente en el Batallón&quot;. Así que dí lectura pausada al texto revolucionario y manido, ordené corear &quot;juramos&quot;, improvicé unas pocas &quot;palabras revolucionarias&quot; - pude ver a mis amigos del barrio aguantando la risa - y terminé con un &quot;patria o muerte venceremos&quot; que debe haberse escuchado en Majagua.&amp;nbsp; El Jefe y sus compinches me dieron la mano y me dieron las gracias y el Jefe musitó &quot;muy bien, muchacho&quot;. Lamentablemente no puedo precisar si el Jefe de la Ceremonia fue el Jefe del Batallón 3545 el Teniente Correa, el Sargento Osorio o el Capitán Gelacio. Media hora después estábamos rodando hacia el sur de Algodones sobre una carreta cercada con barras de hierro tirada por un tractor ruso.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;El Campamento La Gloria estaba como a veinte kilómetros del Central. Al sur de la provincia de Ciego de Avila. Durante el viaje solo cruzamos por dos bateyes minúsculos y por un poblado sin calles delimitadas. El terraplén de tierra blanca y polvoriente corría al lado de una línea de vía ancha por donde rodaban las locomotoras del central y los carros de línea que tiraban pasaje para los sitios perdidos en el medio de la sabana. El Campamento de La Gloria - muy pronto le bautizaría como El Infierno - eran dos barracones de piso de gravilla, paredes de madera barata y techos de fibrocemento con literas rústicas de hierro sembradas en el piso. Al sur estaba el comedor, muy parecido al del Batallón y al suroeste los baños sin techo, divididos por mamparas de hormigón, sin puertas y con un hueco en la pared o un tubo jorobado que hacía la función de ducha por dode caía el agua que llegaba de un pozo en donde había una turbina. No había luz eléctrica y nos alumbrábamos con mechones. El Campamento de La Gloria estaba ocupado por soldados de las provincias de Sancti Spíritus y de Ciego de Avila. Durante una semana mas o menos estuvimos recorriendo los tremedales inhóspitos que rodeaban al Campamento mientras esperábamos a que las autoridades nos trajeran la ropa de EJT - pantalones chinos verde olivo claro de tela excelente, camisas de algodón manguilargas amarillo beige y botas rusas de caña media y puntera de metal. No nos entregraron sombreros ni ropa de trabajo porque estaríamos quince días realizando la Preparación Combativa antes de meternos en los surcos de caña. Aunque de manera extraoficial nos enteramos de que &quot;un soldado del EJT cobra por todo lo que trabaje pero que también le descuentan por todo lo que reciba&quot;. El Campamento estaba rodeado por grandes sabanas repletas de maniguazos y un poco mas lejos por los cañaverales que eran los dueños absolutos del paisaje. Parecía que por allí no vivía nadie y los grupos de soldados vagábamos por los campos eriazos como turistas perdidos en el Sahara. Muy pronto mi primo hermano Gersy Martínez y yo haríamos tres o cuatro amigos geniales con los que siempre salíamos a recorrer los alrededores en busca de aventuras y también en busca de frutas silvestres y de algún río o cañada en donde pescar o en donde bañarnos. Porque el hambre crónica nos sorprendió enseguida. Prácticamente nunca pudimos escapar del congrís con aquellos frijoles enormes, siempre enteros, durísimos y colorados que solo podían ser triturados con dientes jóvenes como los nuestros. Los anexos alimentarios eran ridículos. Cuando nos pelaron al rape y nos cortaron la barba nuestros rostros emergieron de debajo de la maraña de pelos llenos de vida y&amp;nbsp; todo lo lozanos que podían mostrarse dada nuestra juventud temprana. Quince días después el hambre los había demacrado hasta el punto de saturación. Todavía conservo una foto tipo carnet de aquellos días, recién pelado y afeitado, en donde apenas reconozco al joven de casi veintiún años que había sido yo con mi mata de pelo negro y mi barba suave, como hazabache. Recuerdo que nos pelaron los barberos del Batallón - ser barbero era una profesión en el Ejército - y aunque no puedo recordar si también nos afeitaron posiblemente yo anduviera con mi maquina tradicional a lo &quot;papi&quot; y mis cuchillas&amp;nbsp; y lo hiciera yo mismo. Una tarde nos encontramos con un río estrecho y de barrancas profundas y caminando sus orillas hacia el sur nos dimos cuenta de que en el río había truchas y biajacas. Solo que ese día no habíamos llevado los anzuelos. También había una poza relativamente profunda en donde estrucamos, en cueros, al abrazante calor de Junio. De regreso, caminando por el este del río en busca de nuevos descubrimientos nos tropezamos con una casa campesina, cerrada, pero evidentemente habitada porque había puercos y aves de corral recorriendo los patios arbolados. Llamamos en voz alta con el pretexto de pedir &quot;un poquito de agua&quot; e identificarnos. En realidad lo que buscábamos era comprobar que no hubiera nadie. Conmigo y con Gersy iban Cucuyo, un mulato de Yaguajay, Kike, un muchacho de Venegas, rubicundo como un campesino de Dakota del Norte y un amigo íntimo de Kike cuyo nombre no recuerdo. Así que elegimos al mejor guanajo de una gran manada que picoteaba hierbas alejada de la casa. La carrera de cinco contra uno terminó con el bicho capturado. Lo asamos en un descampado de matorrales medios y nos lo comimos como si fuera el mejor manjar del mundo. Asado, con nada mas que el fuego producido por un fósforo sobre&amp;nbsp; unos residuos de arbustos. Recordé una parte del Diario de Campaña de Camilo Cienfuegos durante La Invasión en donde hablaba de que &quot;ese día solo se habian comido una yegua cruda y sin sal&quot;. Pero no dije nada porque los tiempos no estaban para citar frases célebres de hombres célebres aunque casi todos los cubanos sospechaban que a Camilo lo habían eliminado por sus criterios diferentes y su celebridad debía de ser otra. Sabíamos que le habíamos robado un guanajo a un campesino. Pero lo consideramos como una excepción fortuita y pedimos perdón en silencio. Décadas después todavía me siento culpable. Para 1977 mi primo Gercy ya había alcanzado una estatura anormal y estaba comenzando a encorvarse. Pero todavía nadie sospechaba que ello era &quot;raro&quot; y lo consideraban un chico que &quot;había desarrollado tarde&quot; al que le encantaba jugar pelota y que tenía sueños boxísticos. Yo también había caído en esa trampa. Sin embargo si me extrañaba mucho el desmedido crecimiento de sus manos y de sus dedos y sobre todo una voz potentísima y ronca, un &quot;torrente&quot; como decía mi mamá, que era capaz de escucharse en los dos albergues y en todo el solar del Campamento. Los amigos no lo fastidiaban por sus características físicas pero costantemente se lo recordaban a manera de halagos. Al que le des un piñazo lo revientas. Al que le grites en la oreja le sacas las tripas. Al que le des una patada por el culo no va jamás al baño. Gercy se reía a veces con las frases que lo enaltecían pero otras hacía silencio como si a él tampoco le gustaran las proporciones que había alcanzado su cuerpo en los últimos tiempos y las que sospechaba seguiría alcanzando. Nuestras camas estaban juntas y los dos dormíamos en la cama de arriba. Una tarde se me antoja separar mi cama de la suya porque mi cama estaba frente a una ventana y me estaba entrando mucho aire por ella y además caía una gotera desde el techo. Así que traté de empujar mi cama hacia el sur y mi cama no se movía. Traté de empujarla por las dos partes. La cama se resistía como si estuviera sembrada en el piso. Gersy me miraba y no decía nada. Hasta que se echó a reír. Entonces me di cuenta de que las patas de las camas estaban cogidas con cemento en la tierra debajo de la gravilla. Sembradas. Durante años recordaríamos la anécdota. Los guardias - casi todo el mundo nos llamaba &quot;guardias&quot; - eran muy jóvenes. Gran parte de ellos tenía menos de veinte años. De modo que los que parecíamos mayores éramos, hasta cierto punto, más respetados. Gersy no habia cumplido aún los diecinueve pero en verdad parecía un hombre de veintitantos años. En el Campamento había gente de toda la provincia de Sancti Spíritus y de Ciego de Avila y los muchachos se juntaban con gente de sus barrios o de sus pueblos, de manera tal que se formaron muchísimos grupitos hasta tanto las necesidades y las costumbres futuras nos unieran en la desgracia y se evitaran las broncas inevitables entre chicos con las hormonas disparadas. Había un negro de Trinidad - una ciudad antigua fundada en el Siglo XVI al sur de la provincia de Sancti Spíritus - que según las lenguas que lo conocían era un &quot;delincuente mayor, capaz de todo&quot;. El negro parecía un hombre maduro y nos parecía un Jefe en realidad. Sin embargo el negro era amistoso, se reía por y de todo y siempre estaba tratando e hacer amigos. Incluso a veces se acercaba al grupo de nosotros como si formara parte de él. Tenía una cara indescifrable pero ello no nos preocupaba. En mi maletín barato yo había llevado algún que otro pantalón y alguna que otra camisa buenos porque no sabía para donde iba a ser enviado. Incluso me había llevado mi mejor camisa. Una camisa manguicorta, de colores muy vivos, cuyas rayas y cubos en orden semilineal la hacían una camisa muy bonita. Pero una &quot;camisa de negros&quot; al decir de mi hermana por la gran profusión de colores. Jamás hubiera sospechado que nadie estuviera interesado en robar en un lugar en donde no se podría esconder nada a menos que lo hicieran en campo raso o lo sacaran del Campamento. Pues bien, una mañana salimos de correrías y dejé la camisa colgada de un esquinero de la cama de hierro. Cuando regresamos no estaba. Los guardias estaban acostados en sus camas esperando a que llegara la hora del almuerzo. No teníamos dudas de que alguien se había robado mi camisa bonita. Pero igual la buscamos por todas partes dentro del albergue y por los alrededores e incluso registramos algunos maletines de reclutas que nos lo permitieron y prácticamente le echamos un vistazo a cada una de las cosas que tenían los muchachos para guardar sus pertenencias. Finalmente, impotente, dije en voz alta - yo era de los &quot;mayores&quot; - que &quot;no iba a hacer lo que siempre se hace en estos casos,&amp;nbsp; o sea cagarme en el coño de la madre del ladrón, pero lo que habían hecho tan pronto era una mariconá y que si cogíamos al ladrón lo íbamos a dejar en una silla de rueda para toda la vida&quot;. Gersy dijo, con una voz todavía mas poderosa que su voz de costumbre &quot;por favor, el hijo de puta que cogió la camisa que la ponga donde mismo y aquí no ha pasado nada&quot;. Nuestras amenazas no funcionaron. Cuando me fui del Campamento, pocos días después, todo el mundo estaba seguro de que el ladrón de mi camisa había sido el &quot;negro peligroso de Trinidad&quot;. Pero el negro de Trinidad no había cambiado su comportamiento para con nosotros, también estaba &quot;berreado&quot; con lo &quot;que me habían hecho&quot; y además, no teníamos manera de probarlo. Una noche estaba conversando con un tipo de Cambao - también de los &quot;mayores&quot; - en la litera de abajo de la mía que estaba vacía y recuerdo que le pregunté que si él era &quot;de los comunistas de Cambao&quot; por su apellido Tuero. Generalmente los Tuero de Cambao siempre se habían asociado con gente que habían ayudado a los fidelistas a llegar al poder y todos sabíamos en Plateros y alrededores que muchos de ellos habían alcanzado altos grados militares y estaban trabajando con el Gobierno. Mi gran futuro amigo Luis Servando García Tuero me miró detenidamente como si no creyera lo que estaba oyendo de mis labios y me habló de su &quot;otra familia Tuero&quot; y de &quot;su familia García&quot;. Cuando les conocí a todos, meses después - excepto a su hermana que vivía, casada y con hijos, en los Estados Unidos - pude comprobar sus posturas anticomunistas puras y la manera pacífica con que las que las pondrían a prueba años después. Luis había trabajado en oficinas en Caibarién ralacionadas con la Construcción aunque solamente tenía vencido el sexto grado y un poco mas de la enseñanza media en cursos de la Facutad Obrero y Campesina. Pero era mecanógrafo con título y ello era un plus en la Cuba de entonces. Me dijo que otro mecanógrafo llamado Hipólito Cabrera, de Jarahueca, al que había conocido aquí, había sido llamado al Batallón para trabajar en la Sección de Personal y que le había prometido darle una mano cuando pidieran a otro mecanógrafo. Terminé por decirle que yo era graduado de Preuniversitario y que incluso había estado un semestre en la Universidad Central estudiando Liceciatura en Física Pura y me recordó que también era &quot;animador&quot;. Viste que número me boté - agregué. Luis me prometió hablar con Hipólito para que viera si necesitaban mas gente con educación media y agregó que si él era mandado a buscar se encargaría personalmente. Entonces llegó el día en que comenzaríamos la Minipreparación Combativa. La primera mañana me puse el pantalón mezclilla de trabajo, la camisa de lienzo manguilarga y las botas rusas que, por cierto, me quedaban un tanto grandes. Era la ropa con la que teníamos que hacer la Preparación Combativa - la habían entregado por adelantado - y con la que tendríamos que trabajar en los campos de caña porque &quot;la otra ropa&quot; era para ir al Batallón, al médico o para salir salir de pase. De modo que una parte de los reclutas nos fuimos para un terraplén que había al oeste del Campamento y allí, el Jefe - un mulato indio, cuarentón, de estatura baja y con cara de tipo bonachón cuyo nombre olvido - nos pidió que formáramos grupos de a diez soldados. Entre él y otro Jefe - un muchacho indio, alto y fuerte que después sabríamos estaba reenganchado por varios años - se repartieron a los grupos de soldados que habían llegado al terraplén. Pero había un grupo de diez que no tenía Jefe.&amp;nbsp; El Jefe mulato aindiado me buscó entre uno de los grupos que él iba a conducir en las primeras marchas marciales. Cuando me descubrió me ordenó salir y me cuadré cuando estuve a su lado. No, deja eso - me dijo - tú eres el que animó el Acto de Juramento en el Batallón, no. Sí señor - respondí. Y no sabrás mandar a marchar a estos soldados por casualidad - agregó. Bueno, realmente ordené marchas y marché cuando estaba en sexto grado, si usted quiere puedo arriesgarme a menos que la cosa haya cambiado - sostuve. No, nada ha cambiado, a ver dame una pequeña demostración - dijo, con su acento marcadamente oriental. Nunca se me había olvidado el año en que llegué a Centeno para cursar el sexto grado internado y me sorprendió el hecho de que los alumnos de los grados superiores tuvieran que marchar cuatro veces al día durante desayuno, almuerzo, comida y viaje al dormitorio. Pero lo mas interesante era que también las marchas estaban contempladas para los nuevos alumnos de Primaria, los &quot;primates&quot; como nos llamaban los demás alumnos. Ahí fue en donde aprendí a dar mis primeros &quot;pasos militares&quot; de la voz de un alumno mayor, de mas de seis pies y doscientas libras de peso. Sin embargo le había mentido al Jefe de La Gloria. Jamás había ordenado marchas de ningún tipo. Pero creía recordar todo el procedimiento. Me coloqué delante del grupo de diez huérfanos de jefe y grité &quot;aaatención&quot;. Algunos reclutas sabían lo que tenían que hacer después de escuchar mi voz. Por intuición o porque como yo habían visto suficientes películas rusas y demasiado documentales cubanos en los cines del pueblo y en las pantallas de las escuelas o en las paredes de las Tiendas del Pueblo durante los viajes de la guaguita del ICAI - Instituto Cubano de Arte e Indutria Cinematográfica - a los campos cubanos. De todas formas les dicté una pequeña conferencia en la que les instruía acerca del &quot;atenjó&quot;, del &quot;de frente march&quot;, del &quot;a retaguardia march&quot;, del &quot;aaalto&quot;, del &quot;izquierda izquié&quot;, del&amp;nbsp; &quot;derecha dré&quot; y del &quot;rompan filas&quot;. El Jefe mulato aindiado se quedó de una y me dijo que no me hiciera el modesto porque se &quot;veía a la legua que yo tenía amplios conocimientos militares&quot;. Vamos a ver - dije. Al medio día cuando regresamos al albergue, &quot;mis soldados&quot; casi que sabían marchar como cadetes y se mostraban muy satisfechos porque yo les había permitido descansar mucho mas que los otros dos jefes a sus hombres. Pero mis pies estaban desollados, llenos de ampollas debido a las botas rusas nuevas que me quedaban un tanto grandes. Esa tarde, un chico de Yaguajay, delgado y de baja estatura, con cara de imberbe, que a veces se unía a nuestro grupo, tuvo una discución con el Jefe Lndio reengachado. La discusión fue dentro del albergue y muy cerca de nuestras camas. Parece que el chico no estaba dispuesto a marchar de la manara en que lo pedía el Jefe Indio y el Jefe Indio le amenzó con el calabozo del Batallón. El chico se tiró de la cama, lo insultó y lo desafió y estuvo a punto de empujarlo. El Jefe Indio le miró desde sus mas de seis pies de estatura, sonrió y dijo &quot;mira, muchacho, es mejor que me vaya porque si no....&quot;. El chico agregó &quot;no te tengo miedo, ningún miedo, oíste, así que búscame cuando quieras&quot;. El Jefe Indio terminó por marcharse. Nos haríamos amigos del chico que terminó por agregarse definitivamente a nuestro grupo. Muy pronto sabríamos que era guapo de verdad, guapo sin aspavientos y al que los soldados terminaron por respetar. También sabríamos que el Jefe Indio era una excelente persona e inevitablemente terminaría por hacer las pases con el guapetón de Yagajay. Por la noche el Jefe del Batallón me mandó a buscar a su cubículo rústico, un espacio que fungía como su oficina. No, dile a tu primo que venga también - me pidió. Cuando regresé acompañado de Gersy, el Jefe tenía una botella de ron abierta y tres vasos de cristal sobre una mesa pequeña. Vamos a celebrar el primer día de preparación militar - dijo. Para entonces yo no soportaba a los Jefes, les tenía una especie de odio personal incondicionado y consideraba que compartir con alguno de ellos era ir contracorriente. Gersy aceptó el trago porque ya el ron era para él y para su padre parte de sus vidas. Yo podía pasar sin él. El Jefe Negro Aindiado nos dijo que veía en nosotros &quot;pasta de cuadros&quot; porque &quot;éramos gente seria y mayores&quot; y agregó que &quot;tenía planes futuros para nosotros&quot;. Le di las gracias, le acompañamos a terminar la botella de Decano y nos fuimos a dormir. Creo que nadie se dio cuenta en donde habíamos estado. Se me hubiera caído la cara de verguenza si hubiera sospechado que alguno de los soldados y sobre todo del grupo se hubiera enterado de que habíamos compartido una botella de ron con un Jefe. Le pedí a Gersy que me siguiera al comedor. Mira - le&amp;nbsp; dije cuando nos sentamos en uno de los bancos de madera - me quedé con ese payaso porque me dio pena hacerle un desaire, pero no lo voy a repetir jamás, me siento asqueado, compadre, asqueado, si tú lo quieres puedes seguir tomando ron con él, vacilando, aceptar cualquier cargo que quiera darte, pero no puedo entrar en esa historia, así que ya sabes, tú haces lo que quieras&amp;nbsp; que sabes que conmigo no hay tema. Mi primo me miró en silencio. Pienso lo mismo que tú, compadre, nunca más, si nos invita le decimos que gracias, que no lo vamos a repetir y punto - dijo. Correcto, no se pueden aceptar dádivas de los jefes porque después te lo cobrarán sin falta - agregué - y además, mi ideología no me lo permite. Te conozco, no se hable mas de eso - concluyó Gersy. Al otro día le contamos de &quot;nuestra fiesta&quot; con el Jefe del Campamento a nuestros amigos del Grupo Yaguajay y nos estuvieron jodiendo con palabras del tipo de &quot;babosos&quot;, &quot;arrastraos&quot;, &quot;chivatos&quot; toda la mañana de marchas. Por la tarde Hipólito Cabrera vino en el Gasito del pan y se llevó a Luis para el Batallón para que trabajara de secretario del Capitán Gelacio en la Sección Operaciones. Los dos me prometieron que mi tiempo en La Gloria se estaba terminando porque que ellos supieran en todo el Batallón &quot;no habia nadie que tuviera terminado el Preuniversitario&quot;. En efecto pocos días después me marcharía del Campamento para trabajar con EL Plantero en la Sección Retaguardia, Rama Vestuario de Dormitorio. Para entonces mis diez soldados eran unos marchistas endemoniados, nuestro Jefe no nos había convocado jamás a ninguna tomadera de ron y mi padre se había aparecido una tarde con una maleta gigante llena de comida - prioridad arroz amarillo con carne de puerco y tostones de plátano vianda - y de chucherías que Gersy y yo desbaratamos debajo de un palo al oeste del Campamento. Mi padre había ido a Yaguajay para obtener la dirección del lugar en donde estábamos pero también le había llegado la carte explicativa que yo les había enviado. Ya tenía casi veintiún años pero todavía él se encargaba de alimentarme con la comida que hacía mi madre en su viejo fogón de leña. Mi padre había venido vía Sancti Spíritus pero me dijo que pensaba regresar por Morón para coger la Camberra directo hasta Plateros a la hora que fuera. No podía explicarme de qué forma mi padre llegaba tan fácil hasta el lugar en donde yo estuviera estudiando o pasando el Servicio sin haber nunca viajado hasta esos lugares. Ya era un hombre hecho y derecho pero se me aguaron los ojos cuando nos despedimos y le vi otra vez, de espaldas, con aquella maleta enorme que colgaba de su mano derecha. Todavía desconocía cuando podría regresar a la casa y mucho menos cuando podría mandarle parte de mi primr sueldo, por correo, hasta la casa de Ramos y Rosita en Caibarién. Un indio oriental me recibió en el Batallón y me llevó&amp;nbsp; hasta una especie de oficina en donde había un refrigerador. Sacó un gran bocadito de pan con jamón y me lo entregó. Hipólito y Luis se encargaron de mostarme la cama en donde dormiría en el albergue &quot;decente&quot; destinado para los cuadros del Batallón y la oficina anexa en donde trabajaría a la orden del Plantero. Haber animado el acto de Juramento, haber comandado las marchas de los soldados en los terraplenes empolvados y haber tenido superado el nivel preuniversitario de la enseñanza media me llevaron al Batallón para trabajar como cuadro. Es verdad. Pero sin la ayuda de Hipólito y de Luis posiblemente ello jamás hubiera ocurrido y la historia hubiera sido otra. Ahora bien para trabajar en el Batallón y ganar un sueldo fijo había que ser un cuadro en la primera escala y jurar por cinco años. o sea, reenganchar. Porque nada era gratis. Como he dicho en otra parte, lo pensé muy bien, lo consulté hasta el cansancio y decidí jurar por cinco años. Porque como también he dicho, me conocía lo suficientemente bien como para revertir decisiones no tomadas a la ligera. Batallón 3545, Orlando González, Majagua, Ciego de Avila, Cuba. 1977.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwtwer, Miami, Florida, Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Junio 4 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/371595269656568151/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/algodones-1979-estudio-en-escarlata-1.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/371595269656568151'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/371595269656568151'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/06/algodones-1979-estudio-en-escarlata-1.html' title='Algodones 1978: estudio en escarlata.- (1).'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-626569092055973621</id><published>2020-05-30T08:26:00.000-07:00</published><updated>2020-06-22T19:29:29.816-07:00</updated><title type='text'>Ex avión o el instinto adquirido. (2).-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Nostalgias Medias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;El sábado amaneció lluvioso y la lluvia, empujada por el viento del norte, rebotaba contra las paredes de madera del barracón. Sobre las seis y media el aguacero amainó y entonces salimos hacia el comedor para desayunar. Cuando estábamos montando en la carreta con techo y asientos el aguacero regresó con una fuerza inusitada y todos los que cabíamos en la carreta nos metimos en ella para guarecernos. De pronto la mañana se nubló, el viento comenzó a batir con fuerza de huracán y sus ráfagas nos golpeaban dentro de las carreta sin paredes delante del diluvio en el que se había convertido el aguacero. El resto de los guardias esperaba dentro del comedor y en los dos barracones. A las diez de la mañana todavía el aguacero no había parado y el Jefe de las Brigadas dijo que&amp;nbsp; &quot;ya habíamos perdido el día de hoy&quot; y que, por tanto, podíamos regresar a los albergues a descansar porque &quot;tampoco iríamos a cortar caña por la tarde&quot;. La orden del Jefe nos hacía perder un día de salario pero nos ganaba un fin de semana de descanso. Estuve a punto de irme, fugado, para mi casa, pero el pronóstico desfavorable del tiempo me lo impidió. Todos los mayimbes sabían que yo estaba esperando mi Baja y como también sabían que iba a regresar el domingo por la noche pues se hacían de la vista gorda. Incluso si me llevaba a mi amigo Lelén Geré Arévalo. De modo que nos metimos al albergue, doblamos la ropa de trabajo y la colamos debajo de la colchoneta para que nos sirviera de almohada y nos tendimos en la cama a conversar como siempre hacíamos cuando la posición horizontal nos recordaba que no todo era estar de pie, encorvados, contra los plantones de caña quemada. El primo hermano de Níver Ginalte se acercó hasta mi cama para preguntarme que &quot;por qué no seguía ahora mismo con la historia del avión descalabrado en Lomavalla&quot;. Los guardias que estaban tirados en sus camas al lado de la mía dijeron que era &quot;tremenda idea&quot; y diez minutos después mis oyentes fieles estaban posicionados en los laterales de mi cama y en las camas adyacentes - arriba y abajo, pues se trataba de literas - listos para escuchar la segunda parte de mi relato.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;El exempresario se había quedado sin trabajo. El Gobierno le había truncado su negocio crustacero con los&amp;nbsp; hombres de Islas Caymán, le había intervenido sus dos ómnibus General Motor Corporation y no le permitía, por nada del mundo, convertir a su fuselaje de avión en una especie de museo porque todavía no existían, oficialmente, los trabajadores por cuenta propia y porque, además, los dirigentes locales no podían tragarse al famoso avión toda vez que era un avión americano y en verdad se estaban cansando del extraño interés que seguía mostrando el primo revolucionario por el maldito artefacto inservible del primo capitalista. Sin embargo el exempresario había sido muy disciplinado cuando las autoridades dieron la orden de cambiar todo el dinero antiguo por moneda nueva socialista y por tanto aun mantenía cierto capital con el que ir tirando hasta ver como se presentaba el futuro. También poseía una muy buena cantidad de dólares en Gran Caymán pero no sabía qué hacer con ellos en un momento en que las cosas cambiaban de la noche a la mañana. Su mujer era Técnica en Farmacia pero decidieron que, de momento, no intentaría trabajar con el Estado. El padre de la señora tenía una magnífica finca en Jutíero Camacho, cerca del pueblo de Vueltas, y le dijo que le había cercado cien cordeles de tierra para que hiciera lo que le diera la gana con ellos. Como el exempresario tenía su Playmouth del 57 y podía viajar hasta allá sin ningun impedimento pues había aceptado la oferta del suegro y muy pronto comenzó a prepararse para &quot;sembrar comida y para criar animales&quot;. Su cuñado estaba soltero y vivía con sus padres y se comprometió con él para ayudarlo a convertirse &quot;en un campesino de primera categoría&quot;. Un domingo por el mediodía el Arriero se apareció en su casa acompañado de su mujer y de su hijo de catorce años. Traía un lechón de treintaicinco libras en un saco de yute listo para asar. Tienes la parrilla, veo que hay leña suficiente, así que deja que mi hijo se encargue de asarlo y lo de ustedes será el congrís, la yuca con mojo y la ensalada porque ya tu primo sabe que yo vendría y él se encargará de las cervezas - le dijo. Cuando llegó el primo se fueron hacia el hangar. El fuselaje refulgía porque el exempresario había fabricado dos largos palos de balleta con algunas de las yayas que había traído de Lomavalla para que sus hijos asearan al fuselaje cada dos días. A los chamas les encantaba frotar su trapos de balleta contra aquella mole &quot;parejita&quot; y a veces su madre tenía que recordarles que ya &quot;era la hora de la comida&quot;. Todavía el exempresario subía a sus butacas para leer las pocas revistas de Selecciones que les iban quedando. Temía que se les acabaran porque tampoco tenía ni una sola revista Mecánica Popular que no se supiera de memoria y estaba convencido de que los tiempos de las &quot;cosas norteamericanas en Cuba&quot; se habían acabado. Pepe Elcarpintero Siverio le había regalado como cincuenta Selecciones pero cuando miró sus carátulas supo que también las había leído y se las devolvió amablemente. El exempresario tenía tres bancos de pino pinsapo con patas cruzadas y fondo de lona negra en el fondo occidental del hangar. En los bancos se podía sentar todo el mundo. Pero la prioridad era para el primo y para el Arriero, que se había convertido en su mejor amigo. El primo prendió un tabaco criollo confeccionado con hojas de primera de Vuelta Arriba y dijo, con voz de dirigente socialista, dirigiéndose al Arriero &quot;entonces cuéntenos de las últimas novedades&quot;. El Arriero prendió un Veguero, abrió un poco mas sus piernas sobre el banco y contó que &quot;los mecánicos de Placetas están listos para venir, ver el fuselaje y decidir de que manera colocarán el motor, el chasis y las gomas en el pedazo de avión, por cierto ya lo tienen todo y solo necesitan ver para actuar porque le dí todas las medidas del fuselaje, otra cosa, Rafael se reunió con su primo Rafaelito Ferrer en su casa de Yaguajay y lo convenció para que tratara de conseguir a diez rompedores de piedras con mandarria de los que trabajan en la Picadora del Yigre para que estrechen el fuselaje porque el fuselaje tiene mas de tres metros de ancho y las vías de una carretera stándar no pueden pasar de ese metraje, Rafaelito no tuvo problemas con sus amigos picapedreros y también están listos para cuando se les llame, finalmente dos tapiceros de Camajuaní esperan la orden de (a trabajar) para sacar la hilera de butacas de cada zona de ventanillas y lo mas importante, ya saben el Policlínico de la Provincia al que se las donarán para que terminen de cambiar la basura de asientos que tienen y de esa manera los pacientes puedan esperar, cómodos,&amp;nbsp; su turno en la sala, ah, los chapisteros que tengo visto en estos momentos están acotejando doce máquinas americanas de lujo en Pinar del Río y me dijeron que necesitan unos días mas para acabar con el trabajo y ponerse para este&quot;. Magnífico - apuntó el exempresario - es tu turno, primo. El primo optó por cruzar sus piernas y agregó &quot;quiero decir que hemos tenido mucha suerte porque acaban de cambiar al Director Municipal de Transporte (al que se llevan para Provincia por su &quot;gran capacidad de gestión&quot;) y al tipo al que pusieron es un antiguo compañero de Preuniveresitario que se quedó frío cuando le conté lo que queríamos hacer con el fuselaje del avión, por supuesto que él conocía toda la historia pero no le cabía en la cabeza que ahora intentáramos hacer esto de convertirlo en una guagua de pasajeros, incluso terminó por sufrir un ataque de risa que casi me hace llevarlo al Hospital, pero al final me aseguró que trataraía de dar luz verde al asunto con la condición de que solo se trataría de un viaje de prueba, algo así como una curiosidad y que si la cosa resultaba entonces tendría que ocuparse de un Plan B que todavía no tenía&quot;. Durante la comida - y cuando los niños se habían ido hacia el hangar para trapear al avión en horario extra - el exempresario dijo &quot;bien, ahora hablemos de presupuestos&quot;. Su señora se echó a reír. Coño, mi amor, acaba de quitarte de la cabeza el maldito dinero, estás brutalmente metalizado - dijo. Eso no es posible, querida, no es posible, todavía lo que intentamos hacer es un negocio - sostuvo - así que desembucha guajiro. El Arriero atacó un gran pellejo de puerco tostadito, lo trituró entre sus dientes, se lo tragó y respondió &quot;tranquilo, amigo mío, cada una de las personas que dejarán el fuselaje listo para tirar pasaje cobrarán precios módicos y lo harán aceptando tus dólares depositados en Gran Caymán cuando tú puedas pagarles y no quieren firmar recibos ni garantías de ningún tipo, se conformarán con tu palabra de que los liquidarás cuando ellos te lo pidan y a tí te sea posible hacerlo dadas las nuevas condiciones en que estamos viviendo todos este (período revolucionario)&quot;. El exempresario se quedó paralizado y perdió la voz y cuando pudo hablar dijo &quot;coño, compadre, tú no tienes precio&quot;. El Arriero prorumpió en una sonora carcajada y cuando pudo controlarla exclamó &quot;claro que sí tengo precio, tengo tanto precio que no cobro con precios módicos e incluso cobro en moneda nacional de la que cambiaron recientemente nuestras (autoridades revolucionarias)&quot;. La mujer del Arriero miró a la mujer del exempresario, le guiñó un ojo y dijo &quot;ay, mi vida, mira que tú eres&quot;. Cuando el Arriero le echó un vistazo a su reloj de bolsillo Ultramar se dio cuenta de que eran las nueve y media de la noche. Carajo, que tarde es - exclamó - tenemos que irnos que se nos va la última guagua. El exempresario le miró con las cejas fruncidas. Usted se va de aquí cuando a mí me dé la gana - le advirtió - y sepa que la &quot;última guagua&quot; todavía demorará unos días para &quot;salir&quot; y no lo hará de &quot;última&quot;, usted se marchará de esta casa en un carro llamado Plymouth del 57 que conducirá usted mismo y que me regresará cuando le salga del forro. Para el instante en que los chapisteros acabaron el trabajo de chapistería en Pinar del Río el Arriero convocó una reunión en la casa de Rafaelito Ferrer en Yaguajay para definir de una vez por todas cuando comenzarían el trabajo en casa del exempresario. El exempresario le alquiló el carro al Viejo Gualterio y le pidió al primo que lo condujera. Los trabajadores de Placetas y de Camajuaní llegaron a la casa del exempresario a las seis de la mañana. Recogieron al Arriero y a Rafael y a su hijo una hora después y poco antes de las ocho ya estaban en la casa de Rafaelito Ferrer. Todo el mundo sabía que la hermosa casa era, en realidad, de su hermana viuda Lilia Ferrer desde que &quot;el austríaco Pfeifer&quot; había invertido sus dineros en ella pero como el solterón empedernido Rafaelito siempre había vivido con su hermana pues la gente se decantaba por citarlo como a su propietario. Rafaelito les esperaba con un desayuno guajiro completo listo y cuando hubieron terminado bajaron hasta el patio occidental en donde Rafaelito había dispuesto otra mesa con sus sillas correspondientes. Rafael tuvo que regresar a su hijo de cinco años a donde estaba Lylia tratando de comunicarse con su finado esposo a través de sus redes espirituales porque el hijo no dejaba de pellizcarle el rabo al gato de Segundo Ferrer y el gato chillaba mas que rana en boca de jubo. Después del almuerzo la &quot;comitiva de occidente&quot; estuvo visitando las carrozas y los trabajos de plaza en los que trabajaba Rafaelito para las próximas fiestas tradicionales&amp;nbsp; y finalmente regresaron a Caibarién y esta vez los dos autos llevaron a los futuros trabajadores del exempresario hasta sus pueblos respectivos. Durante la reunión se había decidido que los trabajos se iniciarían dos semanas mas tarde y que los trabajadores se quedarían en la casa de la ciudad del exempresario en donde ahora vivían solo sus padres ancianos y que tenía suficiente espacio para quienes iban a convertir un fuselaje de avión en el ómnibus mas original de todos los tiempos. Cuando la máquina del exempresario dejó a Rafael y a su hijo frente a la Ranfla de Celia el hijo de Rafael le preguntó al exempresario &quot;oye, batistiano, cuando&amp;nbsp; tú crees que terminarán de hacer el (guavión)&quot;. La carcajada se escuchó en la casa de Pablo Gocéndez y Rafael agregó &quot;cuidado con lo que hablan delante de este culicagao que este tipo es un Ferrer puro&quot;. Así que los dos tapiceros extrajeron las dos hileras de asientos que estaban al lado de las ventanillas sin ningún problema y las guardaron al norte del hangar en donde fueron cubiertas por lonas impermeables. Los tapiceros dijeron que no gastaran mas plata en cristaleros porque ellos también sabían de eso, de modo que sacaron cada una de las ventanillas redondas del fuselaje hasta que los picapedreros hubieran estrechado el fuselaje y las colocaron, con mucho cuidado, sobre las lonas que tapaban a las butacas grises. Los picapedreros habían traído seis grandes pedazos de ligas sintéticas empatadas con recina de jobo como de cuatro metros cuadrados que les había regalado el Negro Tata con el objetivo de que los golpes de las diez mandarrias contra las paredes del fuselaje se hicieran casi inaudibles y de esa manera evitar que los vecinos se enfurecieran y que la Policía les mandara parar el trabajo. Los diez picapedreros trabajaron un día y medio casi sin descanso y cuando terminaron de escachar las paredes del fuselaje a mandarria limpia midieron, sin apuros, para cerciorase de que el ancho nuevo era de tres metros exactos. El resultado fue de tres metros y un milímetro pero el primo dijo que &quot;eso no tenía importancia, que era una diferencia despreciable&quot;. Los cuatro chapisteros necesitaron dos días de ocho horas para dejar el fuselaje mucho mejor que &quot;como habían quedado los carros americanos de Pinar del Río&quot; y los cristaleros colocaron las ventanillas en dos horas y&amp;nbsp; el Arriero dijo que &quot;había que ser un experto para darse cuenta de que se estaba en presencia de otro fuselaje&quot;. Los cuatro mecánicos de Placetas esperaron a que llegara el chasis con el motor de guagua Skoda y las seis gomas que colocarían debajo del fuselaje para declarar al &quot;guavión&quot; listo para trabajar. Los mecánicos de ámnibus de Placetas habían conseguido que en su taller le cedieran dos chasis descontinuados de ámnibus checos Skoda que habían llegado desde Checoslovaquia con serios problemas técnicos y también habían logrado que le dejaran reparar un motor de guagua General Motors que estaba tirado en un rincón desde hacia dos años. Se trataba de un motor con todos sus agregados y los mecánicos solo habían tenido que ponerlo a punto. Los dos chasis y las seis gomas llegaron remolcados por un tractor Ferguson propiedad de un agricultor de Falcón y viajaron por la madrugada porque el nuevo director de transporte no quería problemas con la Patrulla de Carreteras a pesar de que los patrulleros se decían sus amigos del alma. El domingo por la tarde terminaron de repintar al guavión y una horas antes del anochecer lo probaron sobre el terreno que estaba al occidente de la casa y en donde el exempresario acostumbraba sembrar hortalizas. Después de tres vueltas completas a la casa y al hangar los mecánicos de Placetas lo certificaron como &quot;genial&quot; y lo declararon listo para emprender el primer viaje. Esa noche no hubo fiesta en casa del exempresario porque todo el mundo estaba casi cansado de tanta fiesta y además la fiesta grande debería hacerse cuando el guavión fuera y virara desde Yaguajay con sus primeros viajeros seleccionados. Cuando ya nadie esperaba que el nuevo Director de Transporte llegara para decir lo que tuviera que decir se apareció al filo de las once y después de aceptar una cerveza que cortaba dijo &quot;bien, les felicito a todos por esta hazaña tecnológica, imagino las grandes cosas que harán nuestro mecánicos en el futuro, cuando el bloqueo americano arrecie y no tengamos ni una sola arandela para reparar nuestros equipos, pero no olviden que lo mas que he podido lograr con mis superiores es que su avión o como le puso el hijo de Rafael (el guavión) solo haga un viaje de ida y vuelta, de prueba hasta Yaguajay con los viajeros que ustedes decidan y que cuando regrese lo metan de nuevo en el hangar hasta ver que se puede hacer, no olviden que se trata de una cosa superinédita y admito que es una lástima que no se pueda invitar a los americanos de aquella Comisión Investigadora ni a la Revista Life pero ustedes saben mejor que yo como está la cosa con los yankees, en caso de que el viaje resulte tengo pensado plantear que como el tema del transporte público está que arde porque también está siendo golpeado por el bloqueo americano pues no sería mala idea que el guavión dé algunos viajes semanales hasta que mejore la cosa o hasta que permitan que el guavión se incorpore como otro ómnibus mas y su dueño sea declarado integrante de la Asociación Nacional de Choferes de Alquiler Rama Excepción, pero, ojo, esto solo es lo que tengo pensado, no hay nada seguro, asi que me avisan cuando piensen dar el primer viaje para preparar el asunto con el Gobierno, el permiso para eso lo tenemos, así que después veremos&quot;. Hubo un aplauso unánime. Nada - dijo el primo - que un amigo de los tiempos del Pre es como...otro primo&quot;. Tengan cuidado de todas formas - agregó el Mayimbre del Transporte en la ciudad. En el patio de la casa le tiró el brazo sobre los hombros y le dijo &quot;no quiero ni pensar que al parecer estamos entrando en una era que pudiera llamarse DGM, o sea Durante la Gran Mentira&quot;. El primo le quitó el brazo de sus hombros y le susurró &quot;mejor vete pal carajo camepinga y cállate, oye&quot;. El Gobierno Municipal dio marcha atrás con el permiso que había emitido para que el guavión pudiera dar su primer viaje. Ahora exigió que hubiera una ranfla suficiente larga a la entrada de Yaguajay para que pudiera doblar y volver a colocarse de frente o al menos dar marcha atrás hasta que pudiera lograrlo. Además, exigió que el viaje se realizara por la madrugada para evitar a los curiosos y para eliminar publicidad innecesaria aunque ordenó que dos carros se cruzaran con el guavión mientras iba hacia Yaguajay y otros dos lo hicieran cuando regresara a Caibarién como prueba importante. Los carros tenían que ser dos máquinas y dos camiones de seis ruedas porque ese &quot;era el tipo de transporte que generalmente circulaba todo el tiempo por la carretera&quot;. Muy pronto una motoniveladora de Mayajigua construyó dos ranflas poco mas largas que el guavión a ambos lados de la carretera y un observador del Gobierno de Caibarién le dio el visto bueno cuando fue allí para inspeccionarla. El observador dijo que en caso de que el viaje de prueba tuviera éxito y las autoridades permitieran que el guavión pudiera tirar pasaje como cualquier guagua pediría al Gobierno Municipal de Yaguajay que construyeran una pequeña nave provisional que fungiría como Terminal del guavión porque él no veía la manera de que el guavión pudiera entrar y salir del pueblo sobre todo por el largo de su fuselaje. Los interesados estuvieron de acuerdo y decidieron que el gran viaje de prueba se llevaría acabo el próximo domingo por la madrugada. Para el sábado tenían asegurada la participación de los carros de Gualterio y de Jesús el Negro y los camiones de Legarreta y de Bicho el del Ford&amp;nbsp; del 48. El exempresario sabía que él tenía que ser el conductor del guavión porque si la cosa salía bien y daban el permiso de circulación y de trabajo pues nadie mas que él era quien tendría que conducir su &quot;engendro&quot;.&amp;nbsp; Los invitados que iban a hacer el viaje de prueba llegaron todos antes de las diez de la noche del sábado. O sea los cuatro mecánicos, los diez picapiedreros, los dos tapiceros, los cuatro chapisteros, el Arriero y su familia, Rafael Ramos, Onofre Leyva, Eliseo Cabrera, el primo del exempresario y la familia del exempresario que incluyó al cuñado que lo asesoraba en materia agrícola y el observador del Gobierno de Caibarién porque el Director de Transporte y gran amigo del primo se disculpó porque su mujer estaba casi de parto y por nada del mundo se perdería este otro gran acontecimiento. A la una de la madrugada del domingo el exempresario prendió el motor de la &quot;guagua americana reparada&quot; y lo estuvo calentando durante cinco minutos. El primo copiloto le dijo &quot;arranca ya que esto está de paquete&quot; y el exempresario comenzó a mover al guavión. Comenzó a hacerlo como lo había hecho montones de veces durante los ensayos en el gran solar de su nueva casa. Ningún pasajero tenía miedo y estaban disfrutando del viaje de treinta y tres kilómetros como lo estaban disfrutando los niños. El guavión salió del hangar - el hangar sería la Terminal del guavión en caso de que las autoridades dieran los permisos correspondientes -, dobló al este y se detuvo cuando llegó a la carretera de Remedios por disciplina porque no venía nadie en sentido norte a esa hora. Enseguida continuó por el camino que años después sería una calle del Reparto&amp;nbsp; Crucero, volvió a doblar al norte por la antigua pista del antiguo aeropuerto, continuó sobre la hierba y finalmente llegó a la carretera y dobló al este sin ninguna dificultad. El exempresario se sentía un tanto extraño porque la cabina del avión estaba un poco mas alta que el timón de su Plymouth 57 pero el primo le dijo que de todas maneras a esta hora &quot;no había hormigas bravas que ver en el pavimento&quot;. El exempresario sabía que tenía que acelerar al máximo para llegar sin problemas hasta la cima de la Loma de Cambaíto y después de poner todas las velocidades pertinentes sintió como el guavión se movía como si fuera un auto deportivo sobre el asfalto y los pasajeros no pudieron evitar el aplauso cerrado. Enseguida el guavión llego a la cima y el exempresario se dio cuenta de que no había ninguna luz encendida en las casas del barrio de Cambaíto y se dispuso para presionar los frenos cuando comenzara a bajar la colina en un viaje que llegaba prácticamente hasta la Línea de vía estrecha del Gascar Caibarién/Chambas. Pero el guavión nunca bajó hacia el plano inclinado de la colina. El guavión no bajó su morro de exavión Boeing 707. El guavión continuó ascendiendo como si la carretera subiera hasta el infinito y el exempresario se dio cuenta de que ahora no se movían sobre el asfalto. Miró hacia abajo y se percató de que todo en la tierra se alejaba de él. Respiró profundo y miró al primo. El primo estaba sin aliento. Cojones, todo lo que tenga que ver con este&amp;nbsp; maldito apararato tiene que ser especial, qué coño estará pasando ahora - logró articular mientras veía como la tierra se alejaba mas y mas y ya no sabía ni por donde estaban volando. Los pasajeros seguían aplaudiendo y gozando del viaje del guavión y a ninguno se le ocurrió mirar por las venanillas. No pienses en tus hijos ni en los viajeros que tú verás que a nadie le pasará nada, concéntrate, solo concéntrate y....vuela - agregó el primo. Concentrarme en qué, compadre, el timón no responde, no responde para nada, y aunque los mandos respondieran a mis órdenes para qué carajo querría que me respondieran si no me hacen caso, para dónde cojones crees que volamos - el exempresario se percató de que los pasajeros todavía no se habían dado cuenta de que ya no rodaban sobre el asfalto sino que volaban entre los cielos bajos del este de Cambaíto. El primo pegó la nariz a la ventanilla y dijo &quot;aunque no lo creas volamos sobre la Loma con rumbo sureste y si no me equivoco estamos a un paso de Lomavalla&quot;. Pero cómo demonios este maldito guavión puede volar solo, sin alas, a ver dame una mordida en el brazo para ver si es que estoy soñando - el exempresario golpeó tres veces el timón con sus dos manos y terminó por hacer descansar su cabeza orlada con la gorra del Almendares sobre él. El primo lo mordió muy fuerte en el mollero y el exempresario gritó &quot;cojones, no tomes mis malditas palabras al pie de la letra&quot;. Comprobado, no estás soñando - dijo el primo. Los parientes no hicieron nada mas. Dejaron que pasara lo que tenía que pasar y se prepararon para morir estrellados contra el diente de perro de Lomavalle si es que el guavión no seguía volando durante toda la eternidad. Pero el guavión desaceleró, comenzó a planear en círculos sobre la Loma, lo hizo como cinco veces y cuando alcanzó su mínima velocidad se desplazó por el espacio de manera semiinclinada como enfilando una pista y aterrizó sobre la copa de unos árboles idénticos como si hubiera sido dirigido por el mejor piloto del mundo. Autoapagó su motor, se reacomodó sobre los árboles y los primos se levantaron de sus asientos sin poder pronunciar una sola palabra, técnicamente mudos. Cuando abrieron la puerta se dieron cuenta de que estaban como a dieciocho metros de la tierra y se dieron cuenta, además, de que la tierra allí estaba cubierta de pasto verde y de que por el oeste una hilera de caobas jovencitas se extendía hacia el norte. Los primos se miraron. Será posible - dijo el exempresario. Qué tipo de imán será el de ahora que ha sido capaz de halarnos desde la Loma de Cambaíto - agregó el primo -, porque creo que se trata de lo mismo. Para entonces todos los viajeros estaban dormidos excepto el Arriero que se les acercó, medio somnoliento. Qué, ya llegamos - preguntó - nos dormimos todos, ni siquiera me di cuenta si los carros que venían de Yaguajay se cruzaron con nosotros. Ven, acércate a la puerta - le pidió el exempresario. El Arriero se desperezó moviendo la cabeza en forma de círculo y se asomó al vacío. Frunció el entrecejo. No estás soñando - dijeron a coro los parientes. De modo que le explicaron todo lo que había ocurrido desde que habían llegado hasta la cima de la Loma de Cambaíto y aunque al Arriero le costaba trabajo creerlo no tuvo mas remedio que asumirlo y sentenció &quot;claro que los seis cedros han crecido, lo sé, y también lo están haciendo las caobas del Vivero de Plateros, no se vuelvan locos, dejen que la gente siga durmiendo en lo que yo voy a buscar la escalera americana al lugar en donde la tengo escondida, es muy cerca y no tendré que llamar ni a mi yegua Perlafina. para que me venga a buscar&quot;. El Arriero se lanzó sobre la copa del segundo cedro de la primera hilera al norte y enseguida estuvo en el gran vástago desde donde bajó en siete segundos hasta el tronco gateando al revés como un experto desmochacocos con trepaderas de pie. Los parientes recorrieron el pasillo del guavión hasta donde había pasajeros dormidos y cuando regresaron a la cabina estuvieron a punto de tirarse del guavión y esperar abajo al Arriero pero se dieron cuenta de que no podían dejar solos a los pasajeros. Trece minutos después el Arriero regresó con la escalera y dijo, en voz alta, que estaba seguro de que era tan larga que aún llegaba hasta la puerta del guavión como había llegado la otra vez cuando los cedros eran cedros bebé. Efectivamente la estiró y el extremo se pasó un metro de la puerta del guavión. La corrió un poquito hacia atrás y cuando estuvo debajo del fondo de la puerta subió hasta el guavión. Ahora, ustedes se encargan de despertar a la gente, no les den ninguna explicación y les obligan a bajar muy rápido que yo les espero abajo para acomodarlos entre las hileras de caobas hasta que todos estemos juntos a salvo y después veremos qué hacer - les pidió. Diez minutos después todo el mundo había bajado por la escalera americana y ni siquiera cuando fueron acomodados entre las hileras de caoba sabían de qué se trataba. La somnolencia había dado paso a un estado contemplativo que ni los primos ni el Arriero podían explicarse. Entonces el Arriero le dio un chiflido a su yegua Perlafina y tres minutos mas tarde el animal se apareció en donde descansaban los viajeros del guavión.&amp;nbsp; Pero el Arriero explicó que no haría lo que había pensado hacer. Era demasiado tarde, todo el mundo era gente joven y sana y nadie podría hacer nada por ellos, además, conocían el camino de regreso y estaba seguro de que antes del amanecer, a pie, estarían en Caibarién. Así que los viajeros obedecieron como autómatas y le siguieron por entre los surcos de las caobas jóvenes. Los primos cerraban la comitiva. Cuando el exempresario puso la punta de su zapato trasero en la primera pulgada de terreno llano la explosión fue seguida de una llamarada de candela tan portentosa como las llamaradas de cien hornos de mil sacos que se volaran a la vez. El Arriero no dijo nada. Le pidió a los primos que lo acomapañaran hasta el lugar de la explosión porque ellos sabían de qué se trataba y dejó a los viajeros al cuidado del cuñado del exempresario y de los diez picapedreros que eran los que mejor se veían. Debajo de los seis cedros adultos las cenizas del guavión gruñían como bisagra sin lubricante y según les pareció a los hombres las cenizas del guavión cabían muy bien en un tanque de cincuentaicinco galones. Los seis cedros habían soportado la explosión y la posterior caída del guavión de manera ejemplar y no tenían dañada ni siquiera una hoja. Sobre las cuatro y media de la madrugada llegaron a Dolores y sin tomarse ni un minuto de descanso continuaron hacia Caibarién. Todavía los viajeros excepto el cuñado del exempresario, el Arriero y los diez picapedreros estaban en shok y no sabían lo que había ocurrido. Para entonces los camiones del Bicho y de Legarreta esperaban en el entronque del viejo aeropuerto en Caibarién sin saber a qué atenerse junto con las máquinas de Gualterio y de Jesús el Negro. Como no se habían cruzado con el guavión habían llegado hasta El Cayo para contar a sus amigos lo que &quot;no&quot; había pasado. Porque la luna estaba como el día y ambos choferes estaban absolutamente seguros de que la desaparición no tenía nada que ver con un accidente. A menos que nos hayan jugado una broma y estén metidos en alguna guardarraya por ahí - dijo Gualterio. Qué va, Gualte, este es un asunto muy serio para que los interesados vayan a joder con bromas pesadas. - agregó Jesús el Negro. Los cuatro hombres decidieron avisar a la Policía sobre las ocho de la mañana que era cuando creían que la Estación de Policía abría sus puertas. Cuando estaba amaneciendo la comitiva comenzó a bajar la Loma de Cambaíto y se cruzó con los hombres que tenían fincas en el campo y que iban a trabajar y los hombres se quedaron perplejos porque era la primera vez que se cruzaban con tanta gente que caminaba como si lo hiceran drogados a hora tan temprana de la mañana. Los dos camiones y las dos máquinas llevaron a los viajeros hasta la casa del exempresario en donde todos cayeron rendidos como si les acabaran de dar un somnífero. Después de una semana de pesquizas y de entrevistas la Policía Local bajó la guardia y mandó por la Policía Provincial. Una semana después fue la Policía Nacional la que tuvo que morder el cordobán y aceptar su derrota en materia&amp;nbsp; investigativa. Los mismos peritos que habían trabajado con los norteamericanos durante el&amp;nbsp; primer accidente en Lomavalla dijeron que no tenían nada que agregar y que por ellos el caso estaba cerrado. Los viajeros terminaron por recuperar la razón después de un mes internados en el Hospital Siquiátrico de Santa Clara pero pasarían años antes de que asumieran de verdad lo que había pasado después de que el guavión hubiera vencido la Loma de Cambaíto. El Director de Transporte, el primo del exempresario y el Observador del Gobierno Local fueron despojados de sus cargos y se salvaron de una condena real porque en el accidente no se habían producido muertes. Muy pronto se irían, de manera cladestina, para los Estados Unidos. El exempresario permitió a su mujer que aceptara una plaza como Técnico de Farmacia en Camajuaní porque no hallaba como dejar a sus padres y a su hermano e irse para Miami. El exempresario se convirtió en un magnífico hombre de campo y muy pronto&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;sus cien cordeles estaban produciendo tanto como las tierras de su suegro. Pero cuando su mujer fue despedida porque era la esposa de un hombre que &quot;tenía dinero americano fuera del país&quot; y cuando sus hijos fueron insultados públicamente por maestros y alumnos convocados sus propios padres le pidieron que se fuera para Miami y que se olvidara de momento de ellos porque &quot;esto no podía durar mucho y porque la preferían lejos que denigrada por un sistema que no era lo que se pensaba de él en los tiempos gloriosos&quot;. De todas maneras su hija no era el primer caso ni sería el último que había tenido que salir del país delante de ofensas, maltratos y vejaciones de una pandilla de desalmados que no le hacían ningún favor a una Revolución que se catalogaba, aún,&amp;nbsp; de &quot;tan verde como las palmas&quot;. Así que un domingo por la madrugada salieron desde un lugar en la costa sur, cerca de Casilda, Trinidad, en un barco camaronero cuyo patrón era amigo de un amigo pescador de Caibarién y en pocas horas los depositó en las playas de Gran Caymán. Los amigos empresarios de las Islas Inglesas ahora le compraban crustáceos a los pescadores de Trinidad y Tobago y le ofrecieron trabajo en la rama pesquera que él deseara. El se lo agradeció pero les dijo que pensaba seguir hacia los Estados Unidos en donde lo esperaba su primo que estaba trabajando con gente de Caibarién en una Compañía Langostera de Cayo Largo en La Florida y que, además, le había comprado una guaga nuevecita de paquete por si quería dedicarse al transporte de pasajeros. Un mes mas tarde había tomado poseción de todo su capital en Gran Caymán y el Gobierno de los Estados Unidos le concedió asilo político. Le dijo al primo que no, que vendiera la guagua porque lo que a él le gustaba también era el asunto del mar y mucho mas si se trataba de langostas de Los Cayos de La Florida. Cuándo crees que podamos montar nuestra propia Compañía - le preguntó un día al primo cuando faenaban al sureste de Cayo Hueso. Dentro de tres meses, tengo acciones en esta Compañía, gano muy buen dinero y a mí también me encantaría ser independiente - el primo le miró y sonrió socarronamente. Cuánto tienes en realidad - inquirió. El exempresario se lo dijo. Cojones, muchacho, con eso nos independizamos ahora mismo y hasta podemos comprar la Compañía de mis amigos porque sé que quieren vender para dedicarse al negocio de la Construcción. Cuatro meses después los primos estaban comandando la Compañía&amp;nbsp; Ocean Guavión de los Cedros Idénticos y su negocio iba viento en popa. Cuando la vida del exempresario - que ahora habia vulelto a ser Empresario - comenzó a tomar su rumbo definitivo llamó a su amigo el Arriero que &quot;por nada del mundo iba a dejar a su país&quot; porque fuera de vivir en una loma llena de diente de perro él sabía &quot;que no tenía nada que hacer allá excepto, tal vez, resolver algunos asuntos a un par de comemierdas desde aquí&quot;. El empresario terminó por casi morirse de la risa y le preguntó que si de verdad no le hacía falta algo que solo se encontrara en los Estados Unidos. No gracias, hermano...bueno, tal vez una escalera de aluminio americana, de esas que estiran y que sirven para subirse a los aviones accidentados en los montes cubanos porque la que tú conoces me la robaron y nunca he podido encontrarla. No, en serio, qué te hace falta. Está bien, cuando me escribas de nuevo incluye dos cuchillas Gillete dentro del sobre porque ya el Niño también está cerrado en barba. Muy bien, hermano, así será, mañana irá el primer envío...espuma no te mando porque sé que lo que tú usas es leche de guevoegallo calentada al sol para afeitarte. Vete para el coño de tu madre, maricón. Dale, muchacho un abrazo para todos....ah, que se me olvidaba, necesito el teléfono de los dos americanos que fueron por última vez a tratar de resolver el asunto del avión, los tendrá acaso. Los tipos del imán - inquirió por joderlo - claro, dame un minuto. El Empresario esperó. Anota ahí. Como la última aventura del avión americano no había tenido ninguna publicidad y las autoridades cubanas al fin pudieron salir de &quot;ese embrollo capitalista&quot; pues nadie en el país ni en el resto del mundo se había enterado del accidente ocurrido en el mismo lugar de los hechos anteriores. Uno de los norteamericanos había muerto en un accidente mientras escalaba una montaña en el estado de Washington pero el otro contestó al teléfono. El Empresario podía comunicarse perfectamente en inglés de modo que no tuvo que acudir a la ayuda de sus hijos. El hombre lo recordó perfectamente y enseguida preguntó por su familia y por el Arriero. El Empresario lo puso al día en relación con el historial del fuselaje del Boeing 707 desde el mismo minuto en que ellos se habían ido en una chalana carbonera por la costa de Guaní. El americano dijo que le daba mucha alegría saber que habían podido salir de &quot;ese infierno&quot; y le felicitó por su nuevo éxito en el negocio langostero. Después de una pausa le dijo que lo que le iba a decir podía parecerle una broma de mal gusto pero que en verdad no se le ocurría mas nada con respecto a una información que posiblemente fuera la primera información recibida por nadie acerca de un accidente tan extraño que solo podía aceptarlo porque se lo contaba una persona&amp;nbsp; muy seria y en sus plenos cabales. Agregó que era una lástima que no le dejaran entrar de nuevo a Cuba porque entonces estudiaría las cenizas del guavión y tal vez esta vez sí llegara a alguna conclusión decente. El americano hizo una última pausa y concluyó &quot;el avión sufrió mucho cuando fue prácticamente absorvido por los imanes de Lomavalla, durante su cautiverio encaramado sobre los cedros, durante el traslado hacia el llano y hacia el pueblo y sobre todo cuando fue convertido en un ómnibus mediante uno de los mejores trabajos de ingeniería mecánica que yo recuerde, por tanto - y como algunos especialistas en aviación aseguran - los aviones son como las personas, sufren, sienten y padecen y tienen una excelente memoria, así que la única explicación que tengo para su pregunta es la siguiente, el Boeing reconvertido en ómnibus de pasajeros recordó. oiga bien, recordó, que alguna vez había sido un avión de primer nivel y enseguida que percibió que subía una loma por muy pequeña que fueran sus dimenciones y se dio cuenta que su naríz apuntaba hacia arriba pues levantó el vuelo como cualquier avión que se respete y voló como cualquier avión que se respete porque también recordó que alguna vez había tenidos dos hermosas alas, ahora bien, eso de su trayectoria exacta hasta el primer lugar de los hechos, el aterrizaje normal sobre los cedros como si los árboles fueran un aeropuerto y la somnolencia de algunos pasajeros es un tema del que no puedo hablar porque creo que entra en el peliagudo asunto de las cosas paranormales, de la metafísica y qué sé yo de cuantas cosas mas que todavía son un misterio insondable para el diminuto cerebro del hombre&quot;.&amp;nbsp; El Empresario le agradeció el tiempo que se había tomado para charlar con él y le pidió que si alguna vez venía por La Florida que no dejara de visitarlo. El americano le preguntó que de qué parte de La Florida era. Vivo en Cayo Largo - dijo. El Empresario le dio la dirección cuando se la preguntó y el americano se echó a reír antes de decir &quot;dígame que es una broma&quot;. No, amigo, estoy hablando en serio. Por favor, mire para el patio de la casa de al lado - pidió el americano. El Empresario lo hizo. Qué es lo que ve - inquirió. Veo a un hombre con dos guantes y con una pelota de beisbol. Exacto, eso es lo que ve, ahora el hombre se va a voltear, mire a ver si lo conoce. El Empresario se colocó la mano derecha a manera de vicera sobre la frente y enseguida se dio cuenta que se trataba del americano investigador, del hombre que acababa de darle la respuesta mas rocambolesca que había escuchado en su vida. Muy bien, si usted es cubano y yo soy norteamericano y ambos compartimos la pasión por el beisbol creo que no hay nada mas halagador para celebrar la nueva vecindad que nos convoca que comenzar a tirarnos unas bolas. Entonces usted sabía que yo vivía aquí desde que se mudó para su nueva casa - preguntó el Empresario. Por supuesto, llevo tres días aquí y estoy reparando el segundo piso antes de que llegue mi esposa y mi nieta y apenas bajo a la tierra pero desde que lo vi tirándose bolas con sus hijos supe que se trataba de usted pero usted se me adelantó con su llamada y me obligó a dar la respuesta mas extraña que recuerdo haber dado a alguien en toda mi vida. El americano cruzó la puerta de su propiedad y le estrechó la mano. Bienvenido - dijo. Bienvenido - dijo el Empresario. No vengo de vacaciones, venimos para quedarnos, acabo de jubilarme y vengo para pescar y para navegar por la Corriente del Golfo - mi yate llegará desde Naples la semana que viene -, para tratar de olvidarme de los aviones y para escribir mis memorias que ahora tendrán que incluír todos los detalles del maldito Boeing 707. La señora del Empresario y los niños llegaron para saludarlo. Lo recordaban perfectamente. Y tú que edad tienes - le preguntó al hijo mayor del Empresario. Quince - respondió el muchacho. Eres un año mas viejo que el hijo del Arriero, sabes bailar salsa como se baila la salsa entre cubanos - agregó. Claro, soy un trompo. El americano lo midió de pies a cabeza. Pues mas te vale porque mi nieta tiene tu misma edad y está cansada de bailar salsa con americanos de Cleveland que no saben mover ni un pie - dijo. Su nieta es rubia - preguntó el chico. Te perdono esa pregunta porque yo te pregunté si sabías bailar salsa como la bailan los cubanos y sé que eso fue una ofensa así que te respondo que mi nieta es del norte, de Ohío, de Cleveland - el americano&amp;nbsp; puso sus manos abiertas en las espaldas de los dos chicos y les dijo &quot;ahora déjennos solos que vamos a tirarnos bolas en mi patio trasero&quot;. Cuando terminaron de tirarse bolas el americano buscó dos cervezas Bud Waiser y se sentaron en el asiento norte de un columpio nuevo que estaba debajo de un pino joven. Todo eso que me contaste sobre el avión es cierto - preguntó el americano. Tengo todas las fotos necesarias que pueden probarlo, quizás no las veinte mil que hicieron usted y su socio cuando eran parte de la Comisión Investigadora pero tengo suficientes de verdad, le gustaría verlas - al Empresario no le gustaban las cervezas americanas pero simulaba que estaba disfrutando la Bud Waiser al máximo. Por casualidad recogió usted algunas muestras de cenizas en el lugar de la explosión - volvió a preguntar. Sí señor, eso hice e incluso las saqué de Cuba y las tengo aquí. Cuándo cree usted que podría echarle un vistazo a esas fotos y a esas cenizas. Cuando usted desee. Deseo que sea mañana. Hecho - dijo el Empresario. Solo las deseo como cosas coleccionables, quiero que sepa usted eso - el americano lo observó por si veía algún indicio de decepción en el rostro del cubano. El empresario - que se había pasado gran parte de su &quot;vida revolucionaria&quot; intentando tener dos caras - contestó &quot;no hay problemas&quot;. Pero sí estaba decepcionado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Como todavía faltaba casi una hora para el almuerzo les pedí a mis fieles oyentes que me siguieran un momento afuera, hasta el lado de los baños, al oeste de los albergues. El Vaquero me pidió que &quot;por favor no les fuera a contar la tercera parte del asunto del guavión porque se iba a sentir como los viajeros drogados&quot;. Me lo dijo aguantando la risa y le dije que la historia terminaba con los dos hombres tirándose bolas sin saber en realidad qué había pasado con el guavión y su historia espeluznante. Mi amigo Lelén no pudo aguantar la pregunta que se le estaba saliendo del estómago. Tú eres el hijo de Rafael, verdad. el que inventó la palabrita - soltó. Que tú cres - respondí. Nos sentamos en una especie de acera que había detrás de los baños sin techo. Hoy perdimos el día por lo tanto el central no tuvo la caña de nosotros que esperaba este sábado, así que perdió y nosotros ganamos porque ellos trabajan para cumplir normas - dije -, se me ocurre lo siguiente porque tenemos que dar otro golpe a la zafra de 1980, miren, mañana vamos a decir bien alto que como no hay quien se coma la comida que nos están dando pues no nos quedó otro remedio que seguir robando las yucas del campesino que vive casi dos kilómetros al norte de los albergues para comérnosla con manteca de coco y bajarla con aguazúcar, entonces el Lunes todos los que estamos aquí ahora mismo vamos a amanecer con vómitos y diarreas porque la manteca de coco nos cayó mal y por tanto no podemos ir a trabajar, si nos quieren llevar al médico que lo hagan o si no que nos dejen recuperándonos en los albergues, ese será otro golpe seguido a la zafra para que los mayimbes se halen los pelos hasta quedarse calvos porque los que perderemos el día seremos los mejores cortadores de caña de la Brigada Manuel Hernández, ustedes saben que no habrá problemas con el salario porque el hombre de los papeles que tienen que ver con el peso de la caña, el computador, es mi amigo y él sabe de qué se trata, ya sé que esto lo hemos hecho otras veces y sé también que es peligroso pero el que no quiera hacer la huelga que no la haga y no hay lío y por supuesto solo tiene que quedarse callado. Mis amigos orientales y algunos villareños dijeron &quot;presente&quot; y enseguida regresamos al albergue. En realidad eran tiempos en que la alimentación estaba muy mala, pésima podríamos decir. Muy poca, mal cocinada y tan mezclada que a veces no sabíamos como nombrarla. Me dí banquete poniéndole nombres y ello provocaba la risa y los nuevos nombres terminaban por imponerse. Por ejemplo por las mañanas daban como desayuno un poquito de café que sabíamos contenía mas del cincuenta por ciento de chícharo molido y en verdad no había quien se lo pudiera tomar con delectación. Yo bauticé el café de nuestro desayuno como &quot;cafícharo&quot;. Apenas nos daban carne y a veces se aparecían con un tipo de carne que estaba entre el bacalao, la pata y panza y la carne de res. Tampoco era fácil de digerir. Yo le nombré &quot;carnecalao&quot;. En verdad casi nunca faltaba la carne rusa, una carne al jugo, llena de fibras, de res o de cerdo que era una maravilla. Solo que los cocineros se la daban a sus amigos y por tanto no alcanzaba para el tiempo que tenía asignado hasta el nuevo envío y ello equivalía a que nos dieran una ración ridícula. Admito que yo no era tan amigo de los cocineros pero sí era amigo de sus amigos y además, ellos sabían quién era yo y siempre me incluían entre los favorecidos. Mi gran hermano/amigo Lelén era quien siempre me invitaba a los alrededores del albergue en donde se salcochaba la yuca e incluso me traía la carne rusa con yuca hasta mi misma cama cuando yo estaba haciendo algo y no podía ir a cenar. La yuca robada al campesino y la carne rusa resuelta resolvió a medias mi gran problema con la comida. Digo a medias porque lo que tocábamos por persona no me llenaba. Pero resolvía y cada cual cogía la misma cantidad. Por tanto puedo decir que evitó que me enfermara con anemia a pesar de las fugas de casi todos los fines de semana a mi casa en donde sí podia recuperarme un tanto del hambre crónica del albergue. El lunes ninguno de mis amigos del Sindicato Clandestino fue al trabajo debido a una &quot;indisposición general que nos había afectado a todos los que comimos yuca salcochada con manteca de coco&quot;. La Brigada Manuel Hernández no pudo cumplir su meta del día, el central Bolivia dejó de moler parte de la caña del plan de ese día y nuestros jefes superiores cogieron tremendo rapapolvo de parte de la plana mayor del Batallón. El lunes por la noche la yuca salcochada con carne rusa no nos afectó el sistema digestivo y al marte volvimos a los campos de caña como si la cena del día anterior hubiera sido comida criolla de la buena. Entretanto los días pasaban y mi Baja estaba caliente caliente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mayo 30 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/626569092055973621/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/ex-avion-o-el-instinto-adquirido-2.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/626569092055973621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/626569092055973621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/ex-avion-o-el-instinto-adquirido-2.html' title='Ex avión o el instinto adquirido. (2).-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-8797683877178853491</id><published>2020-05-24T06:53:00.001-07:00</published><updated>2020-06-20T19:03:31.351-07:00</updated><title type='text'>Ex avión o el instinto adquirido. (1).-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Medias Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;La noche de mañana anocheció con mucho frío y mis amigos del Batallón de La Guira se acercaron a mi cama envueltos en sus frazadas baratas y vestidos con sus ropas de fin de semana que incluían los calcetines. El frío cortaba de verdad y no se movía ni un insecto dentro del barracón. Yo también estaba tapado con mi colcha tipo belillo y también me había puesto mi ropa de fin de semana que, por supuesto, incluía a mis calcetines. Posiblemente fuera, hasta ahora, la noche mas fría del&amp;nbsp; primer semestre del año 1980. Como siempre comenzamos hablando de todo un poco, después le tocó el turno a mi &quot;conferencia ideológica&quot; y terminamos escuchando las historias que todavía le quedaban guardadas en el cerebro a los fabuladores de Oriente. Otra vez esperé para ser el último porque mi historia siempre era mas extensa, siempre estaba llena de detalles y la contaba con mi acento villareño, cuidadoso y un tanto veloz, que a ellos les encantaba. A veces imitaba el suyo y cambiaba mis palabras por las suyas y eso también tenía muchas posibilidades hilarantes. Porque los orientales de Granma, de Santiago de Cuba y de Guantánamo tenían otra manera de hablar el español, mas parecida a la manera de hablar de algunos países del Caribe que a la de los habitantes del resto del territorio nacional. Algo que no ocurría con todos los orientales. Vale decir con los tuneros y con los holguineros. Porque los tuneros y los holguineros son blancos - les decía, por fastidiarlos. La gente de Holguín y de Las Tunas serán mas blancos que nosotros pero es porque son tremendos maricones - respondían. Por suerte en el barracón de La Guira no había ejotatianos de esas provincias. Por suerte también yo me había especializado en evitar broncas entre hermanos de zona. Mi gran amigo y tocayo Luis Manuel Geré Arévalo (Lelén) - un blanco atípico de las montañas al sur de Contramaestre - me dijo que me dejara de tanta muela y que comenzara de una vez mi cuento porque de lo contrario se iba a morir de frío.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;No sé si ustedes saben algo de marcas de aviones estadounidenses - comencé - pero déjenme decirles que el avión mas famoso que se ha fabricado en los Estados Unidos es el avión marca Boeing, un hermoso aeroplano que cada año se renueva con modelos mas atrevidos y futuristas. Siempre la marca de un avión es el apellido del inventor o del fabricante. Por tanto existió un tipo de apellido Boeing, un tal Willim E., que tuvo que ver con el primer avión de ese nombre cuando decidió cambiar sus negocios madereros por la industria aeronáutica. Para 1960 Boeing tenía un modelo espectacular. El Boeing 707. Porque también casi siempre algún número se coloca después del nombre de la marca. En el caso que cito se trata de la Serie B 700, solo una de las tantas Series que servían para identificar a los tantos tipos de aviones Boeing que fabricaba la Compañía. El número agregado 7 fue solo un asunto de marketing. El Boeing 707 fue usado hasta por el Presidente Dwight Eisenhower y es sabido que el presidente estadounidense habló maravillas de él. Era un avión largo y relativamente estrecho, esbelto, con cuatro motores turboventiladores ingleses de Rolls Royce Conway, un par de alas barridas extendidas en ángulo de 35 grados y un trío de hileras de asientos con un amplísimo pasillo intermedio. Era, además, el avión mas veloz de su tiempo y los que tuvieron la suerte de volar en él dijeron que &quot;volar en un Boeing 707 era la mayor experiencia que habían experimentado en sus vidas&quot;. El Boeing es el precursor del jet. Los Boeing volaban por los cielos de todo el mundo. Y también volaban por los cielos cubanos. La Compañía Cubana de Aviación Comercial tenía algunos de estas joyas en sus hangares y Boeing era su marca país. Por entonces los accidentes de aviación casi que no existían y los fabricantes de aviones Boeing se jactaban de fabricar &quot;los aviones mas seguros del mundo&quot;. Hasta una tarde fatal de finales de 1960. Un Boeing 707 salió desde el Aeropuerto Internacional de Miami con rumbo a la Base Naval de Guantánamo. Llevaba 87 turistas, dos periodistas, un camarógrafo y una tripulación de siete oficiales, todos estadounidenses. El Boeing 707 hizo una breve escala en el Aeropuerto Internacional de&amp;nbsp; Rancho Boyeros en La Habana y muy&amp;nbsp; pronto continuó&amp;nbsp; rumbo Este volando por todo el centro del país. Cuando volaban sobre la ciudad de Santa Clara en la provincia de Las Villas una tormenta imprevista le obligó a desviarse hacia el Norte. A la altura de la ciudad de Remedios la tormenta amainó y de nuevo enrumbó al Oriente. Las autoridades del Aeropuerto Internacional Ignacio Agramonte de Camaguey le ordenaron que &quot;no girara hacia el centro del país porque las condiciones del tiempo todavía no eran suficientemente halagueñas&quot; y porque &quot;habría muchas nubes traicioneras por lo menos hasta la ciudad de Ciego de Avila&quot; y agregaron que lo mejor que podían hacer era &quot;continuar volando sobre la Cordillera del Norte de Las Villas o en su defecto sobre toda la línea del Circuito Norte&quot; hasta nueva orden. Cinco minutos mas tarde una tormenta de relámpagos intermitentes seguida de un gran semillero de truenos mas potentes que las trompetas que derribaron a las murallas de Jericó paralizaron al Boeing 707 en el aire, los cuatro motores se apagaron al unísono y el aparato comenzó a descender como si lo estuviera haciendo debajo de un paracaídas controlado. Los pasajeros dirían después que solo se enteraron de que el avión se había detenido y descendía &quot;cuando chocó contra los seis cedros jóvenes idénticos&quot; y cuando vieron a través de las ventanillas que las dos alas con sus cuatro motores se desprendían del fuselaje &quot;como si hubieran sido cortadas por una sierra eléctrica&quot;. Cuando el piloto y el copiloto entraron al compartimiento de pasajeros y se dieron cuenta de que todos continuaban en sus asientos como si no hubiera ocurrido nada se disculparon por no haber podido comunicar lo que estaba ocurriendo porque la caída lenta del aeroplano provocó&amp;nbsp; &quot;la cerrazón de todos los micrófonos&quot; y porque además la &quot;puerta central se había trabado&quot;. De todas formas se movieron por todo el pasillo para comprobar que todos estuvieran bien y se maravillaron de que nadie hubiera entrado en pánico ni de que comenzaran a amenazar con grandes demandas a la Compañía. Así que les agradeció a todos por su comportamiento ecuánime y ejemplar y les comunicó que nadie se moviera de sus asientos hasta que no pudieran restablecer la comunicación con el Aeropuerto de Camaguey y que desde allí les pusieran en contacto con las autoridades de los Estados Unidos. Dijeron, además, que no tenían la menor idea de lo que había ocurrido y que aparte de las dos alas con sus respetivos motores también habían perdido el tren de aterrizaje y los alerones traseros así como el alerón de cola. Finalmente el piloto expresó que &quot;ahora mismo estaban montados sobre un pedazo de un Boeing 707 que daba la impresión de que no habían terminado de construír&quot;. Antes de meterse en la cabina el copiloto dijo &quot;todos debíamos estar muertos, bien muertos, así que el que crea en Dios que se lo agradezca personalmente porque nosotros no hemos tenido nada que ver con este milagro, mi amigo y yo somos agnósticos y no podemos hacerlo porque sabemos que pasó algo pero desconocemos el motivo&quot;. Tres horas después todo el mundo estaba enterado del extraño accidente de un Boeing 707 que había caído sobre seis cedros jóvenes idénticos en un lugar montañoso llamado Lomavalla en la Cordilera del Norte de Las Villas, a unos quince kilómetros de la ciudad de Caibarién y a unos diez kilómetros de la ciudad de Remedios. Esa noche todos los turistas y la tripulación durmieron en el Hotel Comercio de Caibarién y dos días después un yate de lujo propiedad de un pariente de Henry Flagler - que fue el hombre que fundó la ciudad de Miami -&amp;nbsp; los recogió en algún lugar del Canal de los Barcos y los devolvió a los Estados Unidos. Las autoridades provinciales de Las Villas se hicieron cargo de lo que había quedado del avión y lo cercaron con cincuenta nets usadas de voleiboll y designaron a un batallón de cuarenta militares de alto rango para que lo cuidaran hasta que llegaran los especialistas estadounidenses y los peritos cubanos para tratar de llegar a las conclusiones pertinentes. Las Autoridades Cubanas no pusieron trabas a la venida de los expertos de Boeing y les abrieron las puertas de par en par a pesar de que para entonces ya las relaciones entre ambos países estaban en franco deterioro. Las dos Comisiones se alojaron en el Hotel España, en alas diferentes del edificio. Pero dos días después la Delegación Norteamericana dijo que prefería dormir en un minicrucero que Boeing contrató a una Compañía de Bahamas y que estaba anclado en el lado sur del Pontón, un barco americano de ferrocemento varado que se estaba utilizando como almacén de azúcar a granel y depósito de mieles finales desde hacía varios años. Los americanos venían cada día en un yate Evinrude de dos motores fuera de borda y regresaban al oscurecer. Subían hasta Lomavalla en un arria de doce mulos que le habían contratado a un campesino del Caramelo a razón de tres dólares el mulo por cada ocho horas de investigación. Los expertos cubanos prefirieron subir a pie pero siempre llegaban un poco mas temprano porque salían casi de madrugada toda vez que pensaban que seguramente todos los especialistas yankees fueran espías al servicio de Washington. Quince días después ningún Equipo Especializado había llegado a ninguna conclusión decente y los americanos regresaron a los Estados Unidos. Solo se llevaron las cajas negras a pesar de que los pilotos habían sobrevivido y alrededor de veinte mil fotos del avión tomadas desde montones de ángulos. El Jefe de los Expertos Estadounidenses dijo a la Comisión Cubana que podían hacer lo que quisieran con todos los restos del avión y que esperaban tener una respuesta azonable en los próximos tres meses. De momento - concluyeron - hemos llamado al caso Enigma Total de Montaña. El último día de trabajo de los norteamericanos y poco antes de abordar el fuera de borda en la costa de Dolores el Arriero se apareció a galope tendido echando espuma por la boca con doce jutías desolladas listas para fricacé porque a los yankees les había encantado uno que les había preparado su mujer el cuarto día de la Investigación. Cuando el Jefe de la Comisión Norteamericana le preguntó que si estaba seguro de que se las podían llevar &quot;porque tal vez eso violaría las leyes sanitarias del país&quot; el Arriero le contestó &quot;no se puede pero el asunto lo resolvió un buen amigo cubano de Rockefeller, su compatriota del que ya les hablé, el que vivió durante muchísimos años en su chalet del suroeste de la ciudad&quot;. El Gobierno Cubano le entregó los restos del avión a las Autoridades de Caibarién y les dijo que hicieran con ellos lo que estimaran conveniente. Un avión perdido en un monte de tercera categoría de un país del tercer mundo no tenía ninguna importancia para la primera potencia mundial y mucho menos para la mayor compañía de aviación del universo. La mayor importancia estaba signada por el hecho de que no se había perdido ni una sola vida y porque el turismo internacional aéreo no se vería afectado por lo menos hasta que los expertos pronunciaran la última palabra en relación con los sucesos acaecidos en Lomavalla. Las autoridades locales dieron permiso al Arriero para que utilizara las alas y los alerones y los cuatro motores - todo prácticamente semidestruido a pesar de que nadie se había explicado por qué motivos el avión no había estallado en llamas toda vez que sus alas estaban literalmente llenas de combustible - en la construcción de sus nuevos corrales de puercos con la condición de que vendiera al Estado el cincuenta por ciento de su producción a precios conveniados y también le autorizaron para llevarse el tren de aterizaje si estimaba que le hiciera falta. Al Arriero no le hacía falta el tren de aterrizaje pero pensó que a lo mejor podía vender los fierros como chatarra a cualquier Fundición de Sagua la Grande y vender las ruedas a los carreteros de potreros que trasladaban a los toros cebados en el norte de Mayajigua en un lugar llamado Punta Judas, cerca de Caguanes. Sin embargo ni el Arriero ni ninguno de los que llegaron para tratar de sacar el tren de aterrizaje del macizo de diente de perro en donde había caído, incrustado, pudo moverlos ni un milímetro y optaron por marcharse con el rabo entre las piernas. Como diría el Viejo Mayea - concluyó el Arriero - que se queden ahí para semilla. El Gobierno Local no tenía interés en los restos del avión. Todavía no existía un museo oficial en la ciudad e incluso la pequeña pista desde donde alguna vez habían salido aviones de mediano porte hacia varias partes del país y sobre todo hacia Miami - los hombres ricos de Caibarién se daban el gusto de viajar a Miami para cenar o para ver una película de estreno y regresaban en el avión de la media noche - estaba descontinuada desde hacía cierto tiempo y todavía no había crecido el cerebro pensante que la utilizaría alguna vez como pista para avionetas regadoras de pesticidas y de fertilizantes. De modo que un pedazo de avión americano por muy Boeing 707 que hubiera sido no tenía nada que pintar en el ex aeropuerto de la ciudad. Además, en caso de que alguna vez se mostrara algún interés en bajarlo hasta la ciudad, cómo lo harían. El pedazo de aeroplano estaba chantado sobre seis cedros jóvenes, a unos cinco kilómetros de Dolores y a unos dieciséis del pueblo. Tal vez fuera posible remolcarlo hasta Caibarién. Pero de qué manera se podría trasladar hasta el llano. Entre las autoridades del Gobierno Local había un primo hermano del dueño de dos de los ámnibus que habían inaugurado la recién construida carretera de Caibarién a Yaguajay. El hombre era un coleccionista empedernido de toda cosa rodante que tuviera motor y sobre todo era un enamorado de objetos fabricados en los Estados Unidos. Así que le contó que el Gobierno Local no estaba interesado en los restos del avión y le preguntó que si por casualidad a él le interesaba el tema. El primo del Hombre Autoridad respondió que por supuesto que le interesaba mucho y le dijo que incluso &quot;acababa de comprar una nueva casa en el Reparto Crucero en cuyo gran patio trasero estaba seguro cabría perfectamente lo que había quedado del avión&quot;. De modo que quedaron en ir por Lomavalla el próximo Domingo y ver si existía alguna manera de bajarlo hasta la carretera. El primo transportista había hecho una pequeña fortuna vendiendo jaibas a una Compañía Crustacera de Islas Caimán y era muy famoso en la ciudad por su mano desprendida. Como todo el barrio de Dolores conocía el camino por donde se llegaba hasta el avión los primos no tuvieron necesidad de localizar al Arriero del Caramelo y llegaron solos sin ninguna dificultad. Dejaron el Plymouth 58 del Empresario debajo de un ateje en la casa de un amigo del primo y subieron hasta el sitio en donde descansaba el fuselaje del avión sobre seis cedros jóvenes idénticos. Allí estaba el fuselaje del avión descansando sobre los seis cedros jóvenes idénticos. El Empresario calculó que los cedros tendrían unos doce metros de altura y se preguntó que de que manera iban a subir hasta el avión. Lamentó no haber traído sus trepaderas de desmochar palmas reales porque se dio cuenta de que los cedros tenían el tronco y todo el vástago muy derecho y muy liso y los hubiera podido subir sin ningún impedimento. Como de todas formas este domingo solo habían venido para echar un vistazo al fuselaje del avión pues le dijo al primo que anotara algunas de las cosas que les iban a hacer falta para el próximo viaje. A saber, un martillo, algunas puntillas y sobre todo un machete bien afilado para cortar las yayas con las que harían una escalera criolla. En el preciso momento en que iban a emprender el regreso hacia Dolores el fuselaje se remeneó como si le hubiera dado un ataque epiléctico y los primos pensaron que se trataba del fuerte viento que estaba soplando desde el noreste. Además, decidieron no preocuparse porque el fuselaje parecía soldado a la copa de los cedros. De modo que comenzaron a caminar hacia el barrio. Enseguida escucharon la voz &quot;tengo una escalera americana aquí&quot;. La voz salía de la boca de un guajiro cuarentón, de piel curtida y barba de una semana. El guajiro caminó hacia ellos halando la larga escalera con su mano derecha. Es de esas como de aluminio que son dobles y se estiran como quince metros, miren - agregó. Los primos se le quedaron mirando. Tú debes ser el famoso Arriero - dijo el empresario. Y ustedes deben ser los primos que se quedarán con el avión -&amp;nbsp; agregó el Arriero. De donde sacas esa información - indagó el primo. El Arriero sonrió con desgana y les entregó la escalera. &quot;Aquí todo se sabe, vamos, suban para que vean que guagua mas linda les quedará&quot; - dijo. Entre los tres recostaron la escalera americana contra el lateral sur del fuselaje y el Empresario subió primero hasta la puerta&amp;nbsp; del avión. La puerta se abrió sin dificultad y el Empresario penetró y observó. Muy pronto subieron los otros dos hombres. Miren que maravilla - dijo el Arriero. Las tres filas de butacas grises impecables, el amplio pasillo cubierto por una gran alfombra también gris, los portaequipajes del techo, las luces resguardadas detras de cristales beige, las ventanillas redondas, la puerta divisoria de la cabina y del sitio en donde se preparaban las comidas. Todo limpio, ordenado, como si el fuselaje esperara porque los ingenieros volvieran a colocarle lo que le faltaba para despegar desde allí mismo con rumbo a Guantánamo. Me sirve - dijo el Empresario, y agregó mirando al Arriero &quot;quién se encarga de vigilarlo&quot;. Nadie, solo yo soy el que viene de vez en cuando y me subo para leer revistas Selecciones del Readers Digest y recrearme mirando el paisaje hasta Dolores - respondió. El Empresario volvió a mirarlo detenidamente. Nos parece - dijo - que usted sería el hombre idóneo para fungir como el guardián del fuselaje hasta que nos lo llevemos para Cabarién. No lo veo mal, señor, podría hacerlo, por qué no, pero cómo sería la cosa - inquirió. La &quot;cosa&quot; sería de la siguiente manera, mire, usted se compromete a cuidarlo todo el tiempo para que nadie se le ocurra hacerle daño o robarse algo, usted decide el tiempo que le dedicará a eso y nosotros le pagamos - aclaró el Empresario. La verdad no conozco mucho de salarios porque jamás he trabajado en nada que no sean asuntos personales, por qué mejor usted no me hace una oferta - sostuvo el Arriero. El Empresario consultó con su primo. Digamos que demoramos un mes en llevárnoslo para El Cayo, o sea treinta días, podríamos pagarle a razón de diez pesos el día a cobrar cuando usted quiera - sentenció el primo. El Arriero los miró, no dijo nada y le tendió su mano. Hecho - terminó por decir. En caso de que usted no cumpla su palabra al cien por ciento le pagaremos la mitad del salario pero tendrá que responder ante las autoridades - finalizó el Empresario. Hecho - repitió el arriero. Los primos sonrieron y le dijeron que se olvidara de la amenaza, que solo se trataba de una broma y que no iban a decirle cuando regresarían porque se suponía que él siempre estaría por los alrededores. Por si no estuviera tan cerca quiero que sepan en donde tengo el fotuto - les dijo el Arriero - para que me den un fotutazo y en menos de lo que canta un gallo estaré por aquí. Los primos le siguieron hasta un enmarañado sitio lleno de diente de perro. Entre dos piedras, cubierto por hojas secas de yagruma, había un bellísimo fotuto rosado. Saben tocarlo - preguntó el Arriero. Claro, hombre - respondió el primo - o tú te crees que en Caibarién no pegan tarros. Muy cerca de allí, como a cinco metros de profundidad, entre el bosque tupido de diente de perro, estaba el tren de aterrizaje pero el Arriero prefirió enseñárselo la próxima vez. Poco antes de llegar a Caibarién el Empresario recordó las palabras que había intentado recordar desde que salieron de Dolores. &quot;Para que vean que guagua mas linda les quedará&quot; - pensó en voz alta. De qué hablas, hombre - inquirió el primo. Tranquilo - respondió el Empresario - después te cuento. O sea, que también te has dado cuenta de que ese Arriero es un guajiro culto - inquirió el primo. Sí señor, tendremos que preguntarle que si ha oído hablar alguna vez de un tal Al Capone porque eso de &quot;háganme una oferta&quot; es una frase cien por ciento mafiosa - respondió.&amp;nbsp; No olvides que nuestro Hombre en Lomavalla lee Selecciones - remató el Hombre Autoridad. Durante una quincena los primos se reunieron con el Arriero del Caramelo en el lugar del accidente y en la ciudad con el objetivo de definir la manera en que tratarían de bajar el fuselaje del avión de Lomavalla. En la segunda semana se les unieron dos de los mejores guajiros hacheros de Santa Rosa y seis hombres de Santa Cruz que habían trabajado por todo el país colocando traviezas de madera bajo los rieles del ferrocarril. Casi toda la Loma de Lomavalla ahora era terreno del Estado pero el Empresario Guacrustacero consiguió que las autoridades forestales le dieran permiso para desbrozar un pedazo de monte poco mas ancho que el ancho del fuselaje del Boeing - en base a una sugerencia del Arriero - con la condición de que lo reforestaran con caobas del Vivero de Plateros después de haber terminado la Gran Trocha. Sus mediciones al fuselaje habían arrojado que el avión tenía 44.2 metros de largo, 39.9 metros de envergadura y 3.8 metros de fuselaje. Una madrugada muy calurosa decidieron que lo mejor que se podía hacer era llevar a cabo la idea&amp;nbsp; que tenía el Arriero del Caramelo. O sea hacer una Gran Trocha desde Lomavalla hasta el faldeo de la Loma y desde el faldeo de la Loma hasta el camino de Remedios cortar todos los alambres de las cercas ganaderas de los ganaderos con su anuencia y pasar por ahí con el equipo que fuera capaz de remolcar al fuselaje del avión. Los dos hacheros de Santa Rosa aseguraron que para ellos &quot;eso era cosa de juego&quot; y que estaban seguros de que podrían desmontar el bosque en tres días hábiles de ocho horas. Los traveseros de Santa Cruz se comprometieron a colocar todas las traviezas necesarias para construir el pontón terrestre por donde se deslizaría el fuselaje del aparato en dos días hábiles de ocho horas. El Arriero prometió que para cuando los hacheros hubieran hecho la trocha él y tres amigos de San Cayetano habrían acabado de cortar cinco cordeles de guásimas maduras y otros siete cordeles de almácigos jóvenes que tenía destinados para vendérselos a los ganaderos de Camaguey para ser colocados como madres en sus cercas. Expresó que no perdería nada porque tanto las guásimas como los almácigos podrían ser reutilizadas después de&amp;nbsp; que se trasladara al fuselaje del avión y aclaró que las guásimas siempre estuvieron detinadas a ser quemadas en los hornos de leña. El Empresario de las Guaguas y de los Crustáceos y su primo el mayimbe dejaron el trabajo en manos del Arriero y al fin pudieron continuar con sus labores profesionales de rutina en la ciudad. Los traveseros de Santa Cruz se despidieron hasta cuando fueran necesarios. En Caibarién nadie sabía nada de los trabajos que se estaban realizando en Lomavalla excepto dos a otres amigos de los primos y el chofer de una motoniveladora que había quedado casi como una reliquia al lado de uno de los almacenes del puerto después que se terminó de construír la carretera de Caibarién a Yaguajay. También lo sabían unos pocos amigos de los vecinos de Dolores que frecuentaban diariamente el pueblo pero en verdad muy poca gente le daba importancia al asunto del &quot;avión americano&quot; que se había estrellado en Lomavalla. Ni siquiera los guajiros que vivían casi en el faldeo del monte subían jamás a ver &quot;el avión que se habia caído en la Loma&quot;. El Arriero y sus amigos de San Cayetano comenzaron a tumbar el guasimal y pusieron en remojo al bosque de almácigos y el Arriero ordenó a dos de sus sobrinos que estuvieran listos para hacer el primer horno de carbón con la ramas derechitas que fueran quedando de las matas de guásimas y contrató a cuatro amigos de Guaní para que le trasladaran la madera en sus caballos cargadores hasta el sitio en que descansaba el fuselaje del avión. Tres días después - y como habían asegurado - los hacheros de Santa Rosa habían desbrozado el espacio de monte que se les había asignado y los pocos vecinos que subieron al cuarto día dijeron que era &quot;la vereda mas hermosa que habían visto en su vida&quot;. La vereda tenía el ancho del fuselaje del avión y alrededor de cuatro metros mas con el objetivo de que nada pudiera interrumpir el traslado. Los hacheros se dieron cuenta de que fuera de algunas caobas jorobadas, de algunos algarrobos raquíticos y de algunos jagueyes llenos de colmenas de la tierra abandonadas toda la madera que habían cortado para hacer la trocha no era otra cosa que maniguazo insignificante. Los hacheros habían tenido la precaución de traer dos barretas de gran porte con las que sacar las grandes piedras con corniza de diente de perro que se interponían constantemente en su trabajo. Cuando terminaron la trocha no había una sola piedra dienteperrosa que sobresaliera del nivel del suelo y los troncos de los árboles y de la manigua apenas se notaban cuando se caminaba la trocha. Para el cuarto día el Arriero mandó a buscar a sus amigos de Guaíi con sus caballos y esa misma tarde toda la madera de guásima y de almácigo estaba al sur del fuselaje del avión y formaban una pila tan grande que se podía ver desde el fondo de la trocha porque la Loma allí no tenía ni siquiera setenta metros sobre el nivel del mar. A las ocho de la mañana del quinto día un chofer alquilado trajo en el&amp;nbsp; Plymouth del Empresario a los traveseros de Santa Cruz hasta el bajareque del Negro Mudo en donde se quedarían hasta que terminaran su trabajo. Los hacheros de Santa Rosa - que viajaban cada día hasta sus casas a caballo - decidieron quedarse con los traveseros para ayudarles sin nungún interés monetario. También lo hicieron los amigos de Guaní, los de San Cayetano y los sobrinos del arriero que ya habían comenzado a sacar el horno levantado con ramas de guásimas y al que le calculaban unos doscientos sincuenta sacos que al final serían destinados a las dulcerías de Buenavista. Si bien los moradores del barrio nunca habían mostrado ningún interés en ver los trabajos que se estaban realizando en el sitio en donde había caído el avión americano desde que se enteraron que algunos hombres de fuera estaban tirando &quot;una carretera de palos de guásima y de almácigos desde el lugar hasta el faldeo de la Loma&quot; comenzaron a llegar como hormigas detrás del azúcar y muy pronto lo harían muchísimos vecinos de los barrios aledaños a los que no hubo que pedirles que se unieran a la Brigada pues lo hicieron de manera espontánea. A nadie le importaba el notabilísimo olor a combustible de avión que había esparcido por todo el lugar. De modo que lo que se había planeado para dieciséis horas se terminó en doce y el arriero les agradeció infinitamente y dijo que esa misma noche viajaría hasta Caibarién para informar al Empresario que de ahora en adelante la cosa era asunto suyo en materia de movilidad. El Empresario le agradeció casi arodillado y le preguntó que cuando pensaban intentar bajar el fuselaje del Boening y el Arriero le contestó que cuando él lo dispusiera. El Empresario dispuso que &quot;cuando a usted le dé la gana pues usted es el Jefe&quot; y el Arriero dijo que &quot;pasado mañana iban a intentarlo desde el amanecer&quot; y que él consideraba que &quot;lo único complicado era dejar caer el fuselaje sobre las traviezas porque en el fondo no querían dañar los seis cedros jóvenes e idénticos&quot; pero que lo harían &quot;si no quedaba otro remedio&quot;. Le informó, además que ya contaban con las treinta yuntas de bueyes recién capados que les había prometido Pepe Marrero el de San Manuel gracias a una gestión especial de su gran amigo Rafael Ramos de Plateros y que estarían en uno de sus potreros desde la tarde noche de mañana porque tenía información de que habían acabado de salir de San Manuel a la orden de tres negros cincuentones que todavía trabajaban con Pepe y que lo venían haciendo desde los buenos tiempos de los grandes carreteros. El Arriero terminó su visita recordándole que la motoniveladora debía de estar en el faldeo de la loma de Lomavalla sobre las tres de la tarde porque estaba seguro de que para esa hora ya el fuselaje del avión estaría en el llano. Antes de despedirse el Empresario frotó sus dedos índice y del medio con el pulgar de su mano derecha y dijo &quot;y&quot;. Tranquilo - sonrió el Arriero - queda suficiente presupuesto. Eleuterio Ríos trajo al Arriero hasta la tienda de Tull en su &quot;bicicleta con motor&quot; y el hermano de la bella Amelia se quedó en un cuartico que le preparó el tendero en la trastienda de su establecimiento porque por nada del mundo se perdería el &quot;asunto del avion&quot;. La mañana del Gran Acontecimiento había cuatroscientas cincuenta y tres personas determinadas a ayudar a bajar el fuselaje del Boeing desde la copa de los seis cedros jóvenes. El Arriero tomó las riendas de la dirección del operativo. Durante la última reunión con sus amigos mas cercanos - los mismos que habían trabajado en el desbroce del monte y en la colocación de las traviezas - habían decidido pedir al Empresario cien neumáticos usados para colocar sobre las traviesas en donde iba a caer el avión. El Empresario solo disponía de sesenta y siete y no había ni uno mas en todos los talleres de Caibarién, de modo que Rafael tuvo que salir de urgencia para Yaguajay en la zanca de la motocleta de Eleuterio y dos horas después había regresado con las treintaitrés gomas que hacían falta, cortesía de su amigo el Negro Tata el del Taller y de su amigo Legarreta el del Fargo de tirar caña que había puesto su camión&amp;nbsp; a sus órdenes. De modo que los voluntarios colocaron dos hileras de cincuenta gomas de camión, una encima de la otra, sobre las traviezas que descansaban exactamente debajo del fuselaje del avión y las sujetaron con tres kilómetros de bejuco ubí que los Negros de Pepe Marrero habían cortado en los alrededores del Río Dolores. El Arriero dijo que se trataba del mejor colchón antichoque del mundo y le pidió a los Negros que estuvieran listas las treinta yuntas de bueyes. Los Negros de Pepe dijeron que ya lo estaban y el Arriero ordenó a uno de los negros que situara quince yuntas al norte del fuselaje, a otro que situara las otras quince al sur y le pidió al tercer negro que se encargara del aguijón en caso de que alguna yunta se resistiera.&amp;nbsp; El negro del aguijón cortó algunas maticas con su Colling despalmado que consideraba todavía podían entorpecer el camino de los bueyes y el Empresario pidió encarecidamente que solo ordenaran a sus bueyes un breve halón hacia ambas direcciones, un halón suficiente como para que las copas de los cedros se abrieran unos dos metros y el fuselaje cayera sobre el colchón de neumáticos.&amp;nbsp; El Arriero le dijo al negro del aguijón que de ahora en adelante él era el Jefe de la Operación. De modo que el negro del aguijón se colocó debajo de la cabina del avión y le pidió a sus amigos yunteros que cuando dijera &quot;tres&quot; azuzaran a sus bueyes al mismo tiempo y que los detuvieran cuando el avión comenzara a desprenderse. Un segundo antes el fuselaje - como tantas veces había ocurrido&amp;nbsp; durante las visitas del Arriero para leer sus revistas de Selecciones y observar el paisaje hasta Dolores y durante las visitas de los curiosos - sufrió el mayor ataque epiléctico que hubiera recordado el Arriero y el Arriero calculó que esta vez sí que se caería sin ayuda de la fuerza portentosa de treinta yuntas de bueyes. Pero de nuevo los cedros jóvenes resistieron la turbulencia del fuselaje y el fuselaje se mantuvo incólume sobre las copas de los árboles idénticos. Cuando el negro del aguijón dijo &quot;uno, dos... tres&quot; sus amigos dijeron &quot;arriba buey&quot; y las quinces yuntas arrancaron al mismo tiempo. Los mecates gordísimos que habían donado los trabajadores del puerto gruñeron como gatos en celo desde sus nudos cercanos a las copas de los cedros y las copas de los cedros se abrieron&amp;nbsp; como flores matinales y el fuselaje del avión cayó de sopetón en menos de un segundo sobre los cien neumáticos y no se movio ni siquiera un milimetro del sitio en que habia aneumatizado. Los neumáticos se convirtirton en chatinos de plátano macho pero como en los dibujos animados de Walt Dysney enseguida recuperaron su forma original. Hubo un aplauso unánime pero el Arriero pidió que pararan de aplaudir porque &quot;esto acababa de comenzar&quot;. Así que los Negros movieron a sus treinta yuntas de bueyes hacia el norte de la carretera de traviezas. El negro que ahora fungía como Jefe les pidió que colocaran quince yuntas al oeste y quince yuntas al este porque había llegado el momento de mover al Boeing hasta donde la Loma comenzaba su declive hacia el llano. El Arriero recogió el mecate mas grueso de todos los que habían mandado los portuarios y le pidió a Rafael que se subiera en la escalera de los americanos hasta la ventanilla norte del avión. Rafael subió sin ninguna dificultad y el Arriero le tiró el mecate y una vara de yaya como de diez metros con una horqueta en uno de los extremos. El Arriero subió por la escalera criolla que habían construido sus amigos de Guaní y le gritó a Rafael &quot;tú sabes&quot;. Rafael amarró el mecate en la horqueta de la yaya, movió la ventanilla y metió la vara por ella hasta donde la esperaba el Arriero. El Arriero la sacó por su ventanilla abierta y la haló hasta que el mecate cayó al suelo. Le preguntó a Onofre Leyva que si él creía que había que empatarle otro para que las yuntas de bueyes trabajaron libremente y Onofre dijo que por supuesto y él mismo comenzó a empatar el otro mecate desbaratando los extremos de los mecates y después trenzándolos como si fuera el pelo rebelde de una niña y cuando acabó le pidió a los Negros que halaran todo el nuevo mecate y que trataran de que sus puntas quedaran parejitas y que amarraran bien fuerte sus extremos a las puntas de los dos garabatos que esperaban, en el suelo, detrás de la última yunta de bueyes. Onofre miró a Eliseo Cabrera. Qué tú crees - le preguntó. Todo saldrá muy bien, las traviezas no ofrecerán casi ninguna resistencia y el fuselaje se deslizará sobre ellas como si caminara sobre un charco de leche condensada - aseguró La Ciencia. Pero de verdad piensas que cincuenta hombres podrán hacer que el fuselaje se mueva sobre las traviezas hasta donde termina la curva y se quede derechito para que lo cojan los bueyes, volvió a interrogar Deoherido. Claro, te repito que solo sugerí cincuenta hombres para hacer el trabajo mas llevadero, hasta un niño de teta podria mover el fuselaje, el rodillo es uno de los inventos mas grandes que se le ha ocurrido al hombre sobre la tierra - sentenció Cabrera. Muy bien - dijo el Arriero - entonces comencemos. Los cincuenta hombres seleccionados empujaron a la vez y el fuselaje se desplazó sobre los rodillos de manera fantástica hasta que terminó de matar la curva y se colocó de frente al batey de Dolores. Esta vez el Arriero no detuvo los aplausos. Cuando los bueyes recibieron la orden de comenzar a caminar hacia el norte todo el mundo escuchó los fotutazos de la motoniveladora que había acabado de llegar al faldeo de la Loma. El fuselaje resistió unos minutos la tracción de los bueyes y Eliseo explicó que tenían que seguir&amp;nbsp; azuzándolos sin aguijón porque eso se debía a que las primeras traviezas eran de almácigo y el almácigo era una madera muy floja y que se había dado cuenta de que ya tenía algunos baches en sus cáscaras que le había provocado el sol y que por eso el deslizamiento se había demorado un poco. Pareció que La Ciencia tenía razón porque después del tercer fotutazo de la motoniveladora las quince yuntas de bueyes halaron el fuselaje con absoluta comodidad en medio de la euforia de los amigos que se colocaron a ambos lados del camino de palos y que entre vítores y gritos de &quot;arré buey&quot; se movían a la par que ellos mientras esperaban llegar hasta donde la Loma comenzaba a bajar sus poco mas de cincuenta metros y entonces sería el momento de cambiar la metodología.&amp;nbsp; Los Negros de Pepe detuvieron a sus yuntas cuando la yunta guía llego al veril de la Loma. Muy pronto sacaron el mecate de la cabina del avión y condujeron a sus bueyes hasta la cola del Boeing. Otra vez Rafael se subió en la escalera americana y llegó hasta la última ventanilla con el mismo mecate y con la misma vara de yaya con la horqueta en la punta y el Arriero hizo lo mismo por la otra ventanilla y recibió el mecate que Rafael le pasó en la punta de la yaya y volvieron a emparejar el mecate que ahora hubo que amarrar en los extremos del yugo de la yunta guía porque de lo que se trataba ahora era de evitar que el fuselaje del avión de desbocara, sin control, loma abajo y todo el trabajo de las últimas semanas se deshiciera como polvo de cajeta de ceiba. Los Negros aseguraron que no habría problemas porque trabajos como el que harían dentro de unos minutos ya lo habían hecho muchísimas veces a las órdenes de Pepe Marrero por las provincias de Las Villas y de Matanzas y jamás habían tenido que arrepentirse de nada y contaron de la vez que tuvieron que bajar una tanqueta con el motor fundido desde una colina en Playa Girón hasta la orilla del mar porque el Gobierno quería llevársela en barco hasta un Museo Antimperialista que había en algún lugar del oeste de La Habana para &quot;que nadie se olvidara de la primera derrota&quot;. Antes de comenzar con la penúltima etapa del trabajo el Arriero repartió un coco indio y un bocadito de pan con lechón asado a cada uno de los presentes y algunas cajas de cigarros Populares y prometió una &quot;fiesta deslumbrante&quot; en el solar del Empresario para todos los que estaban aquí en este momento cuando el fuselaje del avión fuera depositado en el solar de su casa del Reparto Crucero. Cuando dijo Crucero dos gorras del Almendares comezaron a acercarse desde el veril de la Loma. Hablando del rey de Roma, carajo - exclamó. El Empresario y su primo se unieron muy pronto al gentío, saludaron con un &quot;quibo muchachos&quot; y agregaron &quot;andando que para mañana es tarde&quot;. Los Negros de Pepe ordenaron a sus yuntas dar tres pasos al frente y el fuselaje se movió tres pasos. Cuando el avión llegó al mismo veril los Negros miraron a todo el gentío. El Negro Jefe aclaró &quot;esto lo hemos hecho muchísimas veces pero nunca con un animal tan grande, así que es verdad que nos hará falta un poquito de suerte, si alguno sabe rezar que lo haga por el dios en el que crean que ya nosotros lo estamos haciento por Changó&quot;. Las quince yuntas de bueyes, acostumbradas a recibir órdenes ejemplares, se detuvieron cada vez que el negro gritó &quot;ohou ohou ohou&quot; y arrancaron cada vez que gritó &quot;dale buey dale buey&quot;. El fuselaje del avión se desplazó sobre sus polines con absuluta comodidad y los primos de Caibarién no veían el momento en que su gran nave llegara al llano. Es cierto que muchos de los asistentes a la bajada del avión esperaban, temerosos, que las quince yuntas de bueyes no pudieran soportar el peso deslizante del avión y que en algún momento del trabajo se fueran volando por encima del fuselaje del avión&amp;nbsp; y cayeran delante de él en el faldeo como un gran bulto largo. Pero afortunadamente eso no ocurrió. Los dos cabús soldados que había prestado el Administrador del Central Marcelo Salado estaban culateados a la orilla de la última travieza de guásima y la última travieza quedaba exactamente al mismo nivel que el fondo del segundo cabú. De modo que cuando el fuselaje del avión recorrió los sesenta y tres punto seis metros de plano inclinado y llegó hasta la culata del segundo cabú continuó su camino con toda la solvencia con la que había llegado hasta allí y los bueyes se detuvieron y pararon de aguantar cuando el Negro Jefe se dio cuenta de que la cabeza del avión había llegado hasta el extremo del primer cabú. El Arriero ordenó que todavía no zafaran a los bueyes porque quería que estos continuaran manteniendo un poco la tensión para que los treinta y seis voluntarios de los almacenes del puerto pudieran amarrar al avión de manera parecida a como lo hacían cuando aseguraban las mercancías enlonadas sobre las camas sin barandas ni estacas de los camiones repartidores. Los voluntarios del puerto habían dicho que no era necesario soldarles orejas de hierro a los laterales de los dos cabús porque el fuselaje del avión era una carga parejita y estaban seguros de que cuando terminaran de amarrarlo con el kilómetro de mecate que había traído la motoniveladora no se soltaría ni aunque le siguieran dando ataques epilécticos intermitentes. Cuando terminaron de atarlo el fuselaje apenas se veía debajo de tanta soga beige y una chica de Dolores que estudiaba Arqueología en la Universidad de la Habana dijo que &quot;era la primera vez que veía el embalsamiento de una momia americana con estos ojos que se iba a tragar la tierra&quot; y como casi nadie de los presentes conocía la palabra &quot;embalsamamiento&quot; ni mucho menos la palabra &quot;momia&quot; pues se le quedaron mirando a sus ojos azules y por un segundo perdieron el hilo del trabajo. Los propios campesinos ganaderos habían cortado sus propias cercas y asistieron, obnubilados, al paso de la motoniveladora remolcando a aquel animal de hierro al que los que sabían llamaban fuselaje del avión. Las Autoridades de Caibarién habían ordenado detener el tráfico mientras durara el traslado del fuselaje hasta el Crucero y por eso cuando la motoniveladora dobló hacia el oeste todo el mundo&amp;nbsp; pudo ver a la hilera de camiones rusos -&amp;nbsp; esperando al este con su carga de soldados y de metralla - que regresaban de las manioras miliares desde Camaguey. En Dolores la gran comitiva se despidió del fuselaje del avión y lo hicieron degustando casi quinientas minutas con casi quinientas maltas Hatuey y esperando a que las doscientas botellas de ron Bacardí se pusieran a punto en un tanque de cincuenta y cinco galones lleno de agua que cogía sombra debajo del flamboyán del Viejo Tull. A partir de la Loma de Cambaíto los laterales de la carretera se llenaron de curiosos y hasta que dobló a la altura del viejo aeropuerto los aplausos y los hurras no pararon ni un minuto. Para entonces los primos eran acompañados por el Arriero, por los tres Negros de Pepe Marrero y por Rafael que fue quien consiguió la grúa Ford en Remedios, la misma que bajaría al avión hasta el gran hangar que había construido el Empresario Guaguero en el gran solar de su casa. La motoniveladora se movió libremente por la antigua pista y dobló al oeste por un camino que muchos años después sería una de las calles del reparto Crucero y que los amigos del Empresario habían agrandado lo suficiente para que el fuselaje del avión pudiera pasar. Como el tráfico no estaba detenido en la carretera de Remedios debieron esperar a que pasara un entierro que venía desde el ingenio Reforma para poder cruzar y continuar para la nueva casa del Empresario que estaba a unos trescientos metros al oeste de la carretera. Poco antes de comenzar la maniobra que intentaría bajar el fuselaje hasta dentro del hangar con la grúa de Remedios la señora del Empresario les obsequió con una tasa de cefé como tinta, tan bueno que hizo exclamar a Rafael &quot;coño, esto sí que no está culecón&quot;. Los niños estaban observando desde el copo de una mata de chirimollas que estaba como a catorce metros al norte de la nueva residencia. El gruero pidió a los Negros de Pepe Marrero que zafaran los mecates pero que tuvieran mucho cuidado con no hacerlo con la parte central de los mismos porque era allí en donde tenían que dejarlos flojos para que hicieran el papel de grandes asas por donde el gancho de la grúa los cogería y los levantaría. Los Negros de Pepe dijeron que entendían perfectamente y en media hora habían desembalsamado al fuselaje del avión y el gruero comenzó con su faena. Muy pronto el fuselaje del avión parecia un gran tubo de salchillón colgando del garfio de la grúa y con pericia de gruero de rascacielos el hombre depositó el fuselaje del avión sobre la gravilla del piso del hangar. Entonces le dio la vuelta al gran cobertizo y cogió los tres techos de fibrocemento prefabricados que estaban sobre un campo de lechuga recién cosechado, uno por uno, y los levantó sobre el cuadro superior del hangar. Los dejó caer en sus escaques y los tres Negros se encargaron de ajustarlos sobre sus bases de hierro y cuando bajaron celebraron &quot;el magnífico techo de fibrocemento con que sería resguardado de la lluvia y del sol el magnífico animal de los primos&quot;. Como el Empresario no temía que nadie le fuera a robar su avión pues solo cubrió las paredes del hangar con telas de lona azul y en donde debiera haber ido una puerta de entrada solo había un gran vano para que todo el que quisiera entrar para ver a su avión americano pudiera hacerlo sin siquiera pedir permiso. Una quincena después el fuselaje del avión estaba pintado y graficado con los colores originales que se habían dañado a la interperie de Lomavalla y gente de todo el país comenzó a llegar no solo para ver al fuselaje del avión sino para escuchar de labios del Empresario la gran historia relacionada con él. Los medios de información cubanos no le dieron importancia a la noticia. No solo porque se trataba de un aparato americano sino porque era el segundo año de la Revolución y los nuevos jefes tenían otras cosas mas interesantes de que ocuparse. Sin embargo la revista norteamericana Life publicó un gran reportaje sobre el acontecimiento que estuvo a punto de ganar el Premio Pullítzer, mismo reportaje que incluía algunas fotos excelentes en donde podían verse, muy risueños, a los primos con sus familias, a los tres Negros de Pepe, a Rafael, al Arriero, a algunos de los ayudantes voluntarios y a rostros quedados en varias de las casi veinte mil fotos que habían tomado los fotógrafos de la Comisión de Expertos Estadounidenses en Lomavalla. Como habían prometido el primo y el Empresario a todas las personas que habían asistido a la bajada del fuselaje del avión desde Lomavalla les hicieron la mas grande fiesta que recordaba la ciudad en Cayo Conuco con un ágape que duró dos días. Un mes después dos miembros de la Delegación Norteamericana que habían venido para realizar la investigación in situ pidieron a las autoridades cubanas una visa para regresar al lugar de los hechos porque &quot;antes de emitir sus últimas consideraciones tenían que intentar comprobar una teoría&quot;. Las Autoridades Cubanas, cada vez mas reticentes a medida que pasaba el tiempo, finalmente no objetaron nada y un sábado de Agosto el Arriero los subió de nuevo hasta Lomavalla en dos de sus mejores mulas de montaña. Cuando llegaron al sitio de los seis cedros jóvenes e idénticos los americanos pidieron al Arriero y a sus dos sobrinos carboneros que se despojaran de cualquier prenda metálica que llevaran encima y les ordenaron que comenzaran inmediatamente a cavar un hueco con sus picos y con sus palas debajo de los cedros mas o menos por la mitad del terreno. Unos veinte centímetros después los picos chocaron con algo muy duro y se escuchó el sonido que produce el choque del metal contra el metal. Los americanos se miraron y sonrieron pero no dijeron nada y reordenaron continuar excavando el hueco. Cuando decidieron detener el trabajo de los sobrinos del Arriero las cuatro planchas metálicas de cuarenta por cuarenta centímetros, limpias de tierra y refulgentes, color ladrillo quemado, se presentaron ante sus ojos. Los sobrinos del Arriero dejaron sus picos y sus palas encima de las planchas después del último golpe porque los americanos se lo habían pedido. Las cuatro planchas estaban soldadas a dos manivelas de hierro oxidadas y carcomidas que los americanos separaron y botaron con un mínimo esfuerzo. Entonces le pidieron a los sobrinos que levantaran sus picos y sus palas. Los sobrinos lo intentaron pero no pudieron por mucho esfuerzo que realizaran tratando de halar sus aperos de trabajo. Dijeron que sus picos y sus palas &quot;parecían estar soldados a las planchas&quot;. Los americanos volvieron a mirarse y sentenciaron &quot;caso cerrado&quot;. Uno de ellos se volvió hacia el Arriero. Usted se habrá dado cuenta de lo que se trata - preguntó. Sí señor, sé de que se trata, yo mismo ayudé a los buscadores de tesoros muchísimas veces y varios de ellos traían imanes idénticos a estos pero nunca encontraron nada - respondió el Arriero y recordó que casi todos venían buscando tesoros enterrados por los piratas de antaño y sobre todo&amp;nbsp; buscando a la famosa Guaca del Pajarito, el&amp;nbsp; Jefe Mambí que - según la leyenda _ había enterrado la paga en oro de sus soldados por &quot;estos lares&quot; ante el temor de que cayera en manos de una Columna Española que se le acercaba. Quisiéramos llevarnos los cuatro imanes - dijo el otro americano - porque necesitamos someterlos a muchas pruebas de fortaleza, que sepamos no recordamos habernos encontrado jamás con un cuarteto de imanes norteamericanos capaces de detener a un Boeing 707 cargado de pasajeros en el aire y atraerlo hacia ellos como si bajara sostenido por un paracaídas. Entonces - preguntó el Arriero - no fue la tormenta bestial de aquel día la que destimbaló al avión. Cuando el Arriero logró traducir &quot;destimbaló&quot; a un español mas asequible el americano respondió &quot;qué va, señor, ninguna tormenta puede con un súper Boeing 707 por muy tropical que sea&quot;. Finalmente los americanos les pidieron ayuda al Arriero y a sus sobrinos para despegar los picos y las palas del imán después de haberlos untado con el gel carmelita con que habían untado los hierros de las palas y de los picos antes de comenzar a excavar y que traían en un galón plástico que decía Monsanto. El Arriero pensó en el tren de aterrizaje que estaba muy cerca entre el diente de perro cubierto con hojas de yagruma e iba a pedirles a los americanos que se lo sacaran para ver si todavía podía vender los neumáticos a los toreros de Punta Judas en Caguanes. Pero no tuvo necesidad. Cuando miró para el lugar ya el tren se aterrizaje&amp;nbsp; - cinco llantas peladas - había salido de su escondite y estaba trabado entre tres piedras dienteperrozas enormes. Se percató de que los hierros estaban oxidados y llenos de huecos y también se percató de que los ratones y las jutías se habían comido toda la cobertura sintética. Los imanes pueden detener y hacer bajar a un poderoso Boeing 707 pero a veces pueden hacer muy poco contra el diente de perro cubano - dijo el norteamericano que parecía mayor. Los sobrinos del Arriero recubrieron el hueco que habían hecho y los americanos metieron los cuatro imanes en una bolsa plástica que decía Monsanto y bajaron hasta Dolores en sus mulas respectivas. Pasaron, precedidos del Arriero, por entre las pequeñas matas de caoba del Vivero de Plateros que crecían en el lugar por donde pasó la &quot;carretera de polines&quot; alguna vez. Esta vez no quisieron volver a Caibarién porque habían sido advertidos por su Gobierno de que las Autoridades Cubanas &quot;podían terminar por detenerlos después de tanta extraña deferencia&quot; y en ese caso iba a costar &quot;mucho esfuerzo diplomático liberarlos&quot; y por tanto prefirieron pagar a un carbonero de Guaní que tenía una chalana desvencijada para que los llevara hasta el Canal de los Barcos en donde los estaba esperando el yate del pariente de Henry Flagler. Tres meses después las Autoridades Revolucionarias le cerraron los negocios al Empresario Guaguero. Vale decir le cortaron el negocio crustacero que realizaba con Islas Caymán y le intervinieron los dos ómnibus. Pero no le quitaron a su avión americano. El primo no pudo hacer nada antes las medidas tomadas por sus jefes revolucionarios y le sugirió al ex empresario que se fuera para los Estados Unidos de manera clandestina. El exempresario le dijo que &quot;de eso nada, que a él nadie lo botaba de su propio país así como así, que sabía que tampoco lo dejarían cobrar por permitir a la gente ver a su avión&quot; pero que en verdad &quot;se estaba volviendo loco&quot;. Una tarde el Arriero se apareció en su casa con dos racimos de plátanos manzanos maduros. Los primos estaban dentro del hangar charlando acerca de las medidas radicales que estaba tomando la Revolución contra todo vestigio de propiedad privada. El Arriero les miró detenidamente. Ustedes están comiendo mierda, caballeros - dijo. Por qué - preguntó el primo del ex todo. Si no te han quitado el avión es porque ya no lo harán, ellos consideran que no sirve para nada - agregó el Arriero - o es que ya no se acuerdan de algo que les dije el día en que subimos al avión con la escalera de los americanos. Los primos se miraron. Recordaron que se trataba del día en que el Arriero había hablado de &quot;háganme una oferta&quot; y ellos habían pensado en Al Capone y además, el guajiro había dicho antes &quot;ya verán que linda les quedará la guagua&quot;. Yo sí me acuerdo - dijo el exempresario. Y yo también - dijo el primo. Pues entonces qué carajo esperan - inquirió el Arriero. Los primos volvieron a mirarse. Es cosa de ponerle un motor y las ruedas al maldito avión americano, nada mas, y tendrán la guagua mas original del mundo...por lo menos hasta que también se la intervengan - sostuvo el Arriero. Yo me arriesgaría - dijo el primo. El dinero lo tengo - aseguró el exempresario - pero dónde carajo conseguimos esas cosas. El Arriero sonrió.&amp;nbsp; Pero que poca cosa son estos poblanos, caballeros, yo soy su amigo, dejen eso en mis manos, tengo hasta los mecánicos, en un mes estarán tirando pasajes para donde les salga de la tranca - el Arriero arrancó dos plátanos manzanos de uno de los racimos y se los tendió. Vamos, endúlcense la boca que sé que se les está haciendo agua - dijo. Pero tú crees que me darán permiso para convertir un fuselaje de avión en una guagua y empezar a tirar pasaje - inquirió el exempresario. Bueno, eso debe ser asunto de este mayimbe - el Arriero señaló al primo que todavía seguía siendo una persona importante en el Gobierno Municipal. El primo estuvo un minuto meditando. Miren - discurseó - caballeros, yo vine aquí esta tarde para decirte a tí, primo, que iba a renunciar a mi cargo en el Gobierno Municipal e invitarte a fugarnos para los Estados Unidos porque de verdad que ya estoy cansado de ver tanto abuso y de pensar en lo que se nos vendrá encima en los próximos años pero después de tu idea loca, guajiro, lo he pensado mejor. Qué piensas hacer, compadre - preguntó el exempresario. Me mantendré en el Gobierno y les prometo que esa guagua aérea va, sea como sea, de todas maneras es un objeto tuyo que te han regalado y un regalo no es una propiedad privada como tal, lo prometo - aclaró. El exempresario le apretó la mano y le dijo al Arriero &quot;me podrás hacer una oferta acerca del pago que tendré que hacerle a tus mecánicos&quot;. El Arriero se comió dos plátanos manzanos, se levantó para irse y dijo &quot;váyanse al carajo los dos, malditos guajiros de pueblo, quiero el asiento de la ventanilla sur para el primer viaje&quot;. Terminé de contar mi historia sobre las dos de la madrugada. Ni uno solo de mis oyentes se había quedado dormido. Nadie me había interrumpido. Villareño - me dijo Níver Ginalte - pero esa historia tiene segunda parte, no? . O es que no pasó nada con la guagua aérea - inquirió Lelén. Claro que tiene segunda parte y no será esta noche porque de lo contrario habrá que salir de aquí para el condenado campo de caña - dije -, será para la noche de mañana. Tenía una idea política para desarrollar al otro día. Pero me daba igual tratar de desarrollarla un día después. De modo que no les dije nada. Cuando salimos a mear el viento del norte cortaba el aire. Y sabíamos que cuatro horas mas tarde teníamos que ponernos la vestimenta de cortar caña. Solo nos salvaba una cosa. Nuestra juventud.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida, Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mayo 24 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/8797683877178853491/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/ex-avion-o-el-instinto-adquirido-1.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/8797683877178853491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/8797683877178853491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/ex-avion-o-el-instinto-adquirido-1.html' title='Ex avión o el instinto adquirido. (1).-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-6720685708477411538</id><published>2020-05-17T07:14:00.001-07:00</published><updated>2020-11-01T08:29:41.238-08:00</updated><title type='text'>Patana con alas.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de &quot;Medias Nostalgias&quot;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;EJT: el otro Ejército.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;En realidad pasé - hice o pasé o vencí - el Servicio Militrar porque me dio la gana. Para quienes estuvieran estudiando y terminaran por graduarse y para quienes estuvieran vinculados al Ministerio de Educación el Servicio Militar no era otra cosa que un eterno &quot;aplazamiento&quot; debido a los &quot;intereses vitales de la Revolución&quot; en materia educativa. Aplazamiento que - llegados los veintiocho años - caducaba en aras de la seguridad de que te habías librado para siempre del Servicio Militar, si exceptuamos que ello te había convertido en &quot;reservista&quot; con &quot;cierta preparación militar&quot; para toda la vida. Cuando abandoné la Universidad Central a principios de 1976 hubiera podido integrarme al mundo de la Educación para &quot;toda la vida&quot;, convertirme en Maestro y graduarme, por Encuentros, unos años después, momento en que ya podría ser llamado Profesor. Solo que ello nada mas hubiera podido evitar los tres años perdidos en el Servicio Militar sin que garantizara graduarte, alguna vez, de la carrera que verdaderamente querías cursar. Yo estaba convencido de que nunca hubiera podido estudiar Periodismo o cualquiera otra carrera intelectual o política &quot;sencible&quot; en la Cuba de entonces, de modo que me cansé de ser un maestro forzado en una rama forzada del Ministerio y me regalé a los jerarcas que se encargaban de llevarte hasta el Servicio Militar. Es verdad que para entonces albergaba ciertas esperanzas relacionadas con la ocurrencia de milagros en la Cuba Fidelista. Muy pronto - desde dentro del Batallón - le escribí una larga y emotiva carta a Raúl Castro, el &quot;hermano&quot; y Segundo Hombre en Cuba, en donde le contaba de mi fracaso universitario mientras estudiaba Licenciatura en Física en la Universidad Central&amp;nbsp; y le pedía, de favor, que me gestionara regresar a la Enseñanza Superior para estudiar Arquitectura en el Instituto Técnico Militar (ITM). Mis habilidades plásticas eran muy limitadas pero sabía de sobra que podía hacerlas relativamente decentes y suficientes. Además, Arquitectura &quot;militar&quot; era lo que mas se asemejaba al arte entre las pocas posibilidades que tenía de volver a la Universidad para estudiar Humanidades. Por supuesto que El Chino no me contestó. Ser graduado de Preuniversitario me garantizó trabajar en oficinas a cambio de firmar un &quot;reenganche por cinco años&quot;. Me &quot;conocía&quot; demasiado, así que les firmé el reenganche (un agregado de dos años) y de esa forma me converti en &quot;cuadro&quot; del EJT. Desde entonces me encargué de la Sección Vestuario de la Rama Retaguardia del Batallón 3545 ubicado en el Central Orlando González (antiguo Algodones) del Municipio Majagua en la Provincia de Ciego de Avila. Entiéndase EJT - Ejército Juvenil del Trabajo - como el hermano menor del Servicio Militar (obligatorio) en donde sí se practicaba el trabajo castrense y jamás el trabajo agropecuario en condiciones poco menos que infrahumanas. Estar en el EJT tenía una &quot;ventaja&quot;: ganabas por lo que trabajaras y pagabas impuestos y demás como cualquier obrero normal. Estar en el SM(o) equivalía a ganar siete pesos mensuales, especie de estipendio porque lo demás te lo &quot;daban gratis&quot;. En mi caso tenía un sueldo fijo de 120 pesos mensuales mas ciertos viáticos, Y muchas facilidades anexas por ser un reenganche que estaría cinco años - y no tres - &quot;sirviendo a la Revolución&quot;. En algún momento de la segunda mitad del año 1979 el Batalloó 3545 es trasladado para el Municipio de Bolivia por motivos &quot;coyunturales y logísticos&quot;. El Municipio de Bolivia es la cabecera zonal y es donde está enclavado el Central Azucarero Bolivia, ex Cunagua, y también es parte del nororiente de la provincia avileña. Un ingenio/pueblo con arquitectura típica californiana por haber sido propiedad de dueños norteamericanos. Mis problemas disciplinarios, contestatarios, orales &quot;salidos de horma&quot; y de cierta manera mis constantes líos como líder de los rebeldes del Batallón y de los Campamentos me habían traído muchísimos problemas que solo había podido sortear porque los combinaba con una ejecutoria brillante como trabajador ejemplar y con lo que siempre me recordaban los altos jerarcas &quot;a ti no se te puede dejar hablar porque eres capaz de convencer hasta al&amp;nbsp; mismo pinto de la paloma&quot;. Pocos meses después mi condición de &quot;gran trabajador ejemplar&quot; y mi &quot;capacidad oratoria&quot; no me sirvieron de nada. El Capitán Matos - un enano que decían había bajado de la Sierra Maestra con Fidel Castro - se llegó desde la ciudad de Morón - una especie de sucursal de la ciudad de Ciego de Avila - y en medio de un Control Habitual de Batallón se encontró conmigo que en ese momento estaba trabajando en &quot;que me quitaran el reenganche&quot; y en planes de protagonizar una minihuelga en protesta por la pésima alimentación a que nos estaban sometiendo desde hacía varias semanas. El Capitan me mandó a buscar a la Oficina del Jefe del Batallón y cuando entré me dijo &quot;así que tú eres Luis Fumero, eh&quot;. Me llevó en su yipy ruso (&quot;soviético&quot; todavía) Gazz - los famosos yipones - en el asiento trasero, detrás del chofer, hasta el calabozo de Morón y me dejó a merced de otro enano - un guardia común y corriente como yo que trabajaba en los calabozos - que aunque no golpeaba físicamente a los presos sí le encantaba hacer uso de la ofensa oral. Una semana después mi amigo Luis Tuero - que trabajaba en la Sección Operaciones del Batallón - me fue a buscar y me regresó a mi oficina de Vestuario. Creo que te van a botar - me dijo. Entonces funciona - respondí. Apenas me pude acomodar en mi exiguo espacio. Todavía pensaba que me faltaban algunas acciones rebeldes para que me botaran y para que me quitaran el reenganche.&amp;nbsp; Pero estaba equivocado. Enseguida me despojaron del mismo - ya dije que yo &quot;me conocía&quot; - y como castigo &quot;agregado&quot; me enviaron para los campamentos cañeros a cortar caña y a buscarme la vida como pudiera. Vale decir, para que me rajara, para que me fugara y para poder cerrar el círculo que me hubiera condenado definitivamente. Solo que yo era amigo de todos los guardias del Campamento porque ellos conocían sobradamente de mi bonhomía y de la defensa que siempre había hecho de sus intereses generales y me recibieron como a un héroe. Además, yo era campesino con finca cañera, había participado en varias Escuelas al Campo en donde había cortado mucha caña de semilla y en verdad estaba físicamente muy fuerte. De modo que ningún tajo de dos surcos y casi un kilómetro de caña quemada me iba a matar. En el Campamento de La Guira, pocos kilómetros al oriente de Morón, ocurrió el milagro que no pudo ocurrir a raíz de la carta &quot;emotiva&quot; que le había escrito a Raúl Castro casi dos años antes. El propio Raúl Castro había firmado la Orden mediante la cual &quot;todos los graduados de Preuniversitario serían liberados del Servicio Militar y del EJT antes de cumplir sus plazos para que, si lo deseaban, pudieran reintegrerse a la Educación Superior y continuar sus estudios&quot; de manera menos ortodoxa. Fui uno de los agraciados con esa Ley y logré salir unos meses antes de Junio de !980. Unos meses antes que mi llamado, el Llamado 14 del EJT.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Casi todos los guardias del Campamento de La Guira eran orientales. Sobre todo de las Provincias de Granma y de Santiago de Cuba. Excelentes cortadores de caña que solo pensaban en mandar parte del dinero ganado a sus familiares. En las noches de invierno, mi cama era rodeada por los mejores amigos que se sentaban en las camas de los vecinos para escuchar mis historias de cuando era &quot;el Jefe de Vestuario y los defendía de los Jefes malvados y de los Sargentos Mayores - guardias al frente de los Batallones - chivatos e hijos de puta&quot;. Mis relatos también versaban sobre la verdadera historia de Cuba, sobre la verdad acerca de la Revolución Fidelista que nos tocaba vivir y sobre todo me encargaba de asesorarles acerca de la manera en que podían ser menos productivos en los campos de caña de modo que pudieran protagonizar una huelga velada en busca de mejores condiciones de vida y de mejor alimentación. Para el instante en que estaba consciente de que mi proceder con los guardias podría traerme el problema mayor con los mayimbes de Provincia fue que el Vicejefe de Personal, mi amigo Hipólito Cabrera, me dijo que me dejara de comer tanta mierda porque &quot;mi Baja estaba en camino&quot;. Eran los tiempos del Exodo del Mariel y yo tenía algunos planes relativos al Gran Evento de la última diáspora cubana. Así que bajé mis decibeles ideológicos y me preparé para terminar el odioso período del no menos odioso EJT.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Algunos de mis amigos eran muy buenos fabuladores. &quot;Casi&quot; fabuladores porque muchos no habían pasado aún de la categoría &quot;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;mentirosos compulsivos&quot;. Cuando terminaban de escuchar mis sermones ideológicos - &quot;diversionismo ideológico&quot; según el canon fidelista - enseguida comenzaban con sus historias. Yo les escuchaba y les decía que me encantaban y les pedía otras. A veces nos reíamos, preguntábamos detalles que nos parecían habían quedado a medio explicar o jodíamos al fabulador. No eran clones de Arenilla ni de Moronero ni se molestaban con pullas o sarcasmos pero estaban en muy buen camino. Pensaban que mi capacidad profesional y superior no me permitia dedicarme a contar &quot;boberías&quot;. Hasta que alguien me preguntó que si acaso yo no tenía alguna buena historia que contar. Les dije que por supuesto la tenía pero que estaba esperando que a ellos se les acabara el repertorio. Casi todos prorrumpieron en una sonora carcajada. Pues hazla porque eso no va a ocurrir, compái - recuerdo que me dijo un mulato de Contramaestre. Muy bien, así será, pero la contaré mañana porque es muy tarde y mañana lo que nos espera en el campo de caña es candela, y serán dos magníficas historias que, por supuesto, son la pura verdad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Una patana llamada Pelícano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Ya les he contado otras veces que vivo casi en el medio de cuatro centrales azucareros y que los mismos depositan sus azúcares en el gran complejo de almacenes que hay en el litoral occidental del pueblo de Caibarién. Quiero decir, la mayoría de sus azúcares destinados a la exportación. Como el Puerto de Caibarién no tiene suficiente calado para recibir a los grandes barcos mercantes pues entonces no queda mas remedio que llevar el azúcar en patanas remolcadas por poderosos remolcadores hasta un cayo llamado Cayo Francés que es donde está el Puerto de Aguas Profundas de la ciudad. Cayo Francés está a poco mas de cuarenta kilómetros del pueblo y en la orilla sur del Gran Canal Viejo de las Bahamas por donde, por cierto, siempre hay un tremendo tráfico marítimo internacional. La plantilla de los estibadores del puerto se remodela de generación en generación y sus trabajadores siempre han ganado muy buen dinero. Pero no siempre las cosas han sido color de rosas. Hay veces que se producen huelgas laborales y mientras no se resuelven los dirigentes tienen que inventar para poder trasladar el azúcar hasta Cayo Francés. Allá por los años treinta el Gobierno de un tal Gerardo Machado - ya sé que les he hablado del genízaro &quot;asno con garras&quot; - construyó la famosa Carretera Central y en medio de la euforia por la postinauguración de la Gran Arteria Nacional los estibadores y demás tratabajadores del Puerto de Caibarién pusieron el grito en el cielo porque la Carretera Central le iba a quitar importancia al puerto y seguramente iba a desviar muchísimas toneladas de azúcar hacia el asfalto por aquello de que &quot;lo mas bararto es lo que siempre se impone&quot;. Machado gobernó en un período negro de la Historia Mundial cuando la crisis internacional arrodilló a casi todos los países del mundo. Estados Unidos fue la cabecera de tal crisis global y el mundo conoce al período como La Gran Depresión. Imagínense ustedes cuales serían las consecuencias para Cuba cuando para entonces casi todo nuestro comercio se desarrollaba con los yankees. La Crisis Mundial y la Carretera Central se combinaron para dar al traste con los buenos tiempos del mundo de las patanas y de sus remolcadores. Los mandamases del Puerto tuvieron que bajar los salarios, detener los envíos de los centrales - que eran muchos mas de los cuatro vecinos míos - hacia sus almacenes e incluso debieron hacer despidos dolorosos. Los hombres de las patanas se declararon en huelga a pesar de que había tres mercantes en Cayo Francés esperando por el azúcar conveniado y por supuesto, cobrando estadía. De nada valieron explicaciones exhaustivas, pedidos a entrar en razones, amenazas con despidos permanentes y hasta con la contratación de estibadores foráneos o locales que desearan servir de rompehuelgas. Nada funcionó con los orgullosos estibadores. La huelga se consolidó y cuando solo faltaban veinticuatro horas para que los mercantes levaran anclas y se marcharan despues de cobrar la onerosa estadía un amigo de uno de los estibadores dijo que él creía tener la solución. Todo el mundo se volvió para observarlo. Algunos lo conocían. Era un tipo al que consideraban &quot;medio loco&quot; porque había abandonado la ciudad después de que su mujer lo había dejado con cinco hijos pequeños y lo mejor que se le había ocurrido era irse a vivir para Cayo Ratón, un islote que está a unos pocos kilómetros al oriente del pueblo. Allí se dedicaba a pescar en un pequeño bote de remos que tenía y solo venía al pueblo para tratar de vender el pescado que capturaba, para llevar agua dulce, para comprar las mercancías necesarias y algún que otro rubro de contrabando y para saludar a sus excompañeros de trabajo. Se decía que vivía en su pequeno bote, solo, porque un gran abogado de asuntos conyugales había conseguido que la mujer recogiera a sus cinco hijos y se los llevara con ella para la Isla de Pinos en donde ahora vivía con un guatemalteco que había encayado en el oeste de la Isla mientras buscaba perlas preciosas en el Caribe y no le había dado la gana de volver a su país porque su cubana valía mas que todas las posibles &quot;perlas mierderas&quot; del &quot;maldito mar caribe&quot;. El Loco de Cayo Ratón dijo que iba a decir una cosa &quot;que nadie sabía excepto unos pocos&quot; y&amp;nbsp; la cosa era que él tenía un pelícano que podía trasladar toda el azúcar hasta Cayo Francés si lo dejaban dirigir el traslado desde los muelles. Imagínense ustedes, un tipo al que todos creen loco que&amp;nbsp; sea capaz de decir una barbaridad como esa en medio de unos trabajadores que están que&amp;nbsp; echan chispas y que son capaces de matar a cualquiera. Cuando los estibadores volvieron sus miradas hacia el estrado en donde estaban los jefes el hombre del pelícano agregó &quot;no estoy loco como casi todos ustedes creen, solo me alejé del mundo a raíz de lo que ustedes saben me ocurrió con mi ex mujer, ya estoy bien y en cualquier momento regreso a mi casa en el pueblo. Una tarde se apareció un pichón de pelícano en mi bote y se encaramó en la popa y no hacía otra cosa que tratar de picar su buche inmenso, yo nunca había visto un pelícano con un buche tan grande, parecía como si le picara el buche y él intentrara rascárselo con su pico. Cuando subí al Cayo para hacer un poco de café el bicho me siguió y se recostó contra mi cuerpo. Vaya, me dije, Robinson Cruzoe con un pelícano buchigrande que no con un negro, y entonces comencé a acariciarlo. No les voy a hacer la historia tan larga porque sé que ustedes no pueden perder tiempo con todos los problemas que tienen que resolver ahora mismo. Solo les diré que el pelícano se quedó conmigo en El Cayo, que creció tanto que ahora mismo tiene el tamaño de un elefante adulto, que se alimenta solo con uvas caletas, con ojos de cuberetas fritas y con polvo de muelas de cangrejo palenque y que ha desarrollado un buche del triple de su tamaño que esconde en su cuerpo yo no sé de que manera. Mi pelícano puede expandir su pico hasta una distancia increíble. Para demostrarles que puede trasladar su azúcar hasta&amp;nbsp; Cayo Francés en menos de un día les diré que vuela a sesenta kilómetros por hora cargado al tope y que la capacidad de su buche es infinita, así que ustedes dirán. La primera condición que pongo es que lo dirija yo solo, sin que nadie hable una sola palabra ni lo moleste durante el trabajo y les aseguro que él sabrá a donde ir y como regresar porque hemos logrado crear un lenguaje común &quot;humájaro&quot; y porque además su tiempo libre lo emplea en volar por&amp;nbsp; las noches por toda la cayería norte en compañía de ciertos amigos y amigas de los que no hablaré ahora. Si no me creyeran cuando hablo de esta demostración verbal puedo agregar que realizamos algunos trabajos por cuenta propia en secreto porque no me gusta dármelas de instructor de pelícanos gigantes ni tampoco quiero que vengan de algún zoológico o de algún laboratorio nacional ni internacional y quieran llevárselo para exihibirlo o para estudiarlo. Por eso mi segunda condición es que los jefes me firmen un documento en el cual se diga que mi pelícano es intocable y que estoy dispuesto a compartir sus posibilidades físicas cuando las autoridades lo necesiten y lo ordenen. Mi tercera condición es que cuando mi pelícano termine su trabajo todos los trabajadores implicados en el trasiego de azúcar para Cayo Francés sean pagados con el mismo salario de siempre y como de todas formas parece que no habrá ya tantos mercantes que vengan al Francés a buscar azúcar pues entonces ustedes seguirán su lucha y veremos a cómo tocamos&quot;. El Jefe Principal le preguntó que si ya había acabado de contar de las posibilidades de su &quot;mercante con plumas y con pico y con buche&quot; y el Loco de Cayo Ratón respondió que sí y que estaba listo para comenzar mañana al amanecer. Dos policías montados que habían sido mandados a llamar se lo llevaron en un tercer caballo libre hasta donde tenía su bote en la Ensenada de las Varas y le pidieron, amablemente, que se fuera hasta su casa y que no regresara jamás a las instalaciones del Puerto. El Loco de Cayo Ratón obedeció sin chistar y se montó en su bote de remos y comenzó a remar hacia el Cayo. Cuando llegó al pequeño muelle subió a buscar su cobo vacío convertido en fotuto de Cayo Santa María y lanzó un profundo fotutazo que, aseguran algunos lugareños, se escucho en Plateros, como a quince kilómetros. Unos minutos después llegaron las doscientas palomas mensajeras, se posaron alrededor de donde tenía el fogón de leña con que se hacía su comida y se dispusieron a recibir las órdenes que siempre se les daban después de cada fotutazo. Las palomas mensajeras - que también eran suyas y que vivían en el Palmar de Arañas que estaba muy cerca del pueblo - levantaron el vuelo y partieron en formación militar después de haber decidido cómo lo harían con el pelícano que descansaba debajo del gran mangle rojo al oriente del Cayo. Mientras tanto en la reunión que tenía el Jefe de los estibadores con sus trabajadores todos, el amigo del Loco de Cayo Ratón había pedido permiso para decir las últimas palabras relativas a su amigo El Ermitaño. Dijo que había sido testigo de como el pelícano le había llevado dos carrocerías de camiones Fargo en su buche gigante al latifundista Nordelo de Yaguey Abajo&amp;nbsp; una noche lluviosa porque los camiones habían sido importados de los Estados Unidos sin sus chasis correspondientes por un asunto burocrático y porque el compromiso con los transportistas de Cárdenas (por donde habían entrado las carrocerías) era solo que los dejaran en Caibarién. El líder del Sindicato de Estibadores le preguntó &quot;y cuántos sacos de doscientas libras crees que le quepan en su buche&quot;. El amigo del Loco de Cayo Ratón se dio cuenta de que la pregunta en realidad era una burla pero contestó como si no lo fuera. Si el pelícano tiene el tamaño de un elefante adulto y su buche es tres veces mas grande que él solo intenta calcular cuántos sacos le cabrán en el buche y multiplica por tres&amp;nbsp; - dijo. El Jefe de los Estibadores preguntó &quot;que si quedaba algún policia por ahí&quot; pero el amigo del Loco de Cayo Ratón dijo que &quot;no hacían falta policías porque él se iba solo&quot; y agregó que lo llamaran &quot;para la próxima reunión&quot;. Al otro día, de madrugada, los jefes de los muelles y de los estibadores se reunieron - con muy poca esperanza - para ver como se ponían en contacto con las autoridades del transporte por carretera para tratar de sacar el azúcar por esa vía aunque ello implicara perder mucho dinero y para ver si era cierto que los rompehuelgas llegarían sobre las ocho de la mañana como habían prometido para ayudarles con el empeño. A las ocho y diez no había llegado nadie. Los jefes telefonearon a la flotilla de camiones rastra de Santa Clara para que no vinieran y volvieron a reunirse en la sala de reuniones del Edificio Central del Puerto. Sin los trabajadores en huelga. Entonces escucharon las voces de un grupo de niños que pasaban hacia la Fábrica de Hielo para intentar volar sus papalotes al norte de la Terminal de Trenes. Los niños iban conversando sobre &quot;el pájaro enorme que era mas grande que una patana y que parecía un pelícano hinchado con un pico que daba miedo&quot;. Los Jefes se miraron e hicieron mohines al estilo de &quot;y dale con el condenado pelícano&quot;. Enseguida tocaron a la puerta. En la puerta había dos hombres. El amigo del Loco de Cayo Ratón y el Loco de Cayo Ratón. Estoy listo, tienen diez minutos para decidirlo o si no me voy - dijo el Loco de Cayo Ratón y agregó &quot;salario completo hasta hoy para los trabajadores&quot;. Los Jefes no contestaron pero salieron al patio del edificio pensando en que el Loco de Cayo Ratón había violado la orden policial. En ese instante pasaron volando en desbandada sobre sus cabezas doscientas palomas mensajeras. Se posaron doscientos metros al este del edificio. Los Jefes se dirigieron al almacén en donde los amigos habían dicho que estaba el pelícano esperando. Uno de los jefes había recibido la orden de salir y tratar de traer a dos o tres policías montados para que encarcelaran al Loco de Cayo Ratón hasta que terminara &quot;todo esto&quot;. Si se trata de los mismos de la otra vez, mejor - le dijeron. Antes de llegar a la Estación de Policía el hombre pasó por el Parque Central en donde estaban reunidos por su cuenta todos los trabajadores del Puerto. Les saludó y les dijo que en el tercer almacén del litoral estaba el pelícano y doscientas palomas mensajeras y agregó que todos los jefes se estaban dirigiendo allí con el Loco de Cayo Ratón y con el amigo para no sabía qué y que a él lo habían mandado a buscar a la policía para que cogiera al Loco de Cayo Ratón y lo guardaran tras las rejas hasta &quot;que pasara esto&quot; pero que él estaba pensando en la manera de no acudir a la Estación de Policía porque él no era un chivato de mierda. Cuando los trabajadores llegaron frente al tercer almacén uno de los jefes estaba telegrafiando al Capitán de uno de los mercantes que esperaban noticias de último minuto en la rada de Cayo Francés. Los trabajadores oyeron que el jefe le decía &quot;no se muevan, tenemos todo controlado, dentro de unos minutos comenzaremos el trasiego, por favor, olvídese de su grúa que hemos encontrado otra manera de cargar su barco&quot;. Cuando el Jefe se volvió se encontró con el batallón de sus trabajadores. Iba a preguntarles que por qué estaban allí si no se habían pactado mas reuniones para hoy pero prefirió decirles que todo estaba solucionado &quot;por ahora&quot; y que por supuesto sus salarios les serían abonados al cien por ciento. Los trabajadores no aplaudieron, el jefe que había sido enviado por la Policía regresó solo y nadie se dio cuenta y todo el mundo dirigió su mirada hacia donde doscientas palomas mensajeras comenzaban a cargar el buche del pelícano. Cada paloma cogía una saca de doscientas libras en su pico y se metía en el buche del pelícano a través de su pico abierto y depositaba su carga en el fondo del buche. El pelícano parecía una momia. Cinco viajes después había mil sacas en el buche del pelícano y como ya el Loco de Cayo Ratón había sacado la cuenta de los viajes que necesitaría su pájaro para transportar toda la saquería que había en los almacenes decidió que su gran bicho buchudo y sus palomas mensajeras se movilizaran con mil sacas por viaje. Poco a poco se fue llenando el lugar de curiosos. La noticia se convirtió en pannoticia y se regó por todo el pueblo como un incendio incontrolable. Todo el mundo era conminado a no pronunciar una sola palabra mientras quedara una sola saca de azúcar en los almacenes y como todo el mundo pensaba que se trataba de un gran sortilegio de litoral pues hacían absoluto silencio. Sobre las seis de la tarde el pelícano y sus doscientas palomas escolta-orientadoras regresaron de su último viaje a Cayo Francés. Metidos en el mismo silencio incrédulo en el que habían estado durante todo el día cada cual regresó a su casa para contar a su familia y a sus amigos la mas grande historia jamás contada en los anales del pueblo. El próximo día de pago los trabajadores fueron pagados con sus salarios completos y finalmente aceptaron una pequeña rebaja porque en verdad de ahora en adelante tendrían que estibar menos sacas de azúcar. Tal vez la Carretera Central les había privado de sus mejores salarios antiguos pero estaban conscientes de que para los centrales azucareros que estaban en el camino de la Gran Vía o al menos mucho mas cerca que el Puerto de Caibarién les era mas económico salir de su producción por carretera. Sin embargo había una ventaja. Desde entonces ya no tedrían que coger todo el tiempo el tren para trasladarse porque las guaguas comenzarían muy pronto a trasladarlos hacia montones de lugares y ello equivalía a ganar mas tiempo en aras de la velocidad de la rueda neumática sobre la velocidad de la rueda de hierro. Los planos para tirar la carretera Caibarién/Santa Clara ya estaban sobre las mesas de los especialistas civiles. A pesar de las&amp;nbsp; reiteradas advertencias del Loco de Cayo Ratón en relación con la instranferencia de su pelícano muchos directores de Zoológicos y de Laboratorios científicos de todo el mundo llegaron para tratar de convencerlo de que era mucho mas importante que lo donara para el entretenimiento o la investigación que retenerlo allí en la horrenda soledad de un cayo perdido en medio de la bahía. Mas de una vez tuvo que sacarlos de los alrededores de su bote de remos a improperios y que amenazarlos con cortarles la cabeza con su machete e incluso tuvo unas palabras muy duras con las autoridades del pueblo, las mismas que permitían que &quot;esos comemierdas pudieran llegar hasta su Cayo&quot;. Un año después el pelícano murió debido a una indigestión con uvas caletas contaminadas por una especie de camarón que había llegado, subrepticiamente, desde Islandia y que estuvo a punto de diezmar a la fauna marina y las doscientas palomas - viudas de su amigo predilecto - un día emprendieron un vuelo profesional hasta Guantánamo y jamás regresaron. El Loco de Cayo Francés retornó a su casa de la ciudad, prometió no regresar nunca mas a Cayo Ratón como no fuera con intenciones deportivas, volvió a su trabajo de cortador en la Imprenta Municipal y mandó a buscar a su mujer que continuaba amancebada en Isla de Pinos con el ladrón guatemalteco de perlas. La mujer regresó con sus cinco hijos en un ómnibus con base en Santa Clara y antes de saludarlo le dijo &quot;lo único que me interesa saber es si de verdad no apestas a pelícano gigante&quot;. El Loco de Cayo Francés - que ahora se titulaba El Cuerdo de Puerto Arturo - le contó toda la historia posterior a su partida, se quitó toda la ropa al frente de sus hijos y le dijo &quot;huele&quot;. La mujer no le pidió a sus hijos que volvieran la vista porque, aparte de que era su padre, jamás había vivido con sus dos hombres agregados en una casa que tuviera mas de una habitación. Lo tiró sobre la cama en donde se habían combinado para fabricar a los cinco chicos y lo olió de pies a cabeza. Después le volteó y volvió a repetir la rutina de olerlo de pies a cabeza. Está bien, me quedo - le dijo - ya ni siquiera tienes peste en el culo y agregó &quot;ninos, váyanse a sus cinco cuartos que este tipo y yo tenemos que resolver algunos asuntos&quot;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Quiero decir que no fui interrumpido en ningún momento y que cuando terminé cada uno de mis amigos orientales se paró al unísono y dijeron a coro &quot;cojone, villareño, ahora sí que apretaste&quot;. Para mañana por la noche la próxima, que ya es muy tarde - dije.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme Gonzalez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mayo 17 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/6720685708477411538/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/patana-con-alas.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/6720685708477411538'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/6720685708477411538'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/patana-con-alas.html' title='Patana con alas.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-5439136813629033129</id><published>2020-05-10T15:23:00.000-07:00</published><updated>2020-06-22T19:57:25.554-07:00</updated><title type='text'>Grandes fabuladores. Palabras al viento.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando mi mamá consideró que el último Frente Frío de Febrero sería el último Frente Frío del año decidió lavar la leva de mi papá. Ya había lavado su ropa de invierno, mi camisa de corduroy y mi suéter enguatado y algunas cositas de lana de mi hermana. La leva - él siempre le llamaba así y, por tanto, también lo haríamos mi mamá, mi hermana y yo - de mi papá era una camisa suave de lana a cuadros verdes con ribetes negros, manguilarga y con dos grandes bolsillos en las solapas inferiores. La leva tapaba bastante frío si tenemos en cuenta la gran pobreza del invierno nacional. Durante todo el verano, la primavera y el otoño permanecía colgada de su perchero de madera pelada y de alambre jorobado que se sostenía de una soga amarrada en el palo que se apoyaba sobre las dos soleras y que estaba en la esquina nororiental del cuarto de la casa. Mi papá solo volvía a ponérsela si algún resfríado desocasional le sorprendía alguna madrugada o alguna tarde después del baño. Mi mamá tenía la manía sagrada de revolver los bolsillos de todas las prendas de ropa que tuvieran bolsillos antes de lavarlas. A veces los bolsillos eran solo un pedazo de tela cocido a la prenda principal. Otras veces los bolsillos tenían forro. O sea, después de la abertura, otro tipo de tela mas fina y mas suave hacía el papel de bolsa y en realidad esa bolsa era el verdadero bolsillo que continuaba por debajo de la tela de la prenda. Se trataba de una bolsa honda que daba mas seguridad al bolsillo porque lo que se pretendía guardar quedaba mas abajo de la primera parte de la mano. Mi mamá siempre las sacaba para estar segura de que no había nada en ellas. En invierno ese tipo de bolsillo también servía para calentar las manos. Muchas veces mi mamá se había encontrado en los bolsillos de las prendas de Ventoso muchísimos objetos de poco valor. Otras veces se había topado con billetes de a peso e incluso con billetes de mayor gradación. Cuando los billetes eran de cinco pesos o mas mi mamá se los devolvía, así como también le devolvía cualquier cosa que ella considerara que sería importante para él. El Gallego era muy descuidado en ese sentido y a veces le decía &quot;nou, Niña, deje euzo porái&quot;. Lo que ocurría con la ropa de Ventoso también ocurría con la ropa de mis padres, de mi hermana y con la mía. Podía&amp;nbsp; ocurrir, además, con la ropa de algún cliente ocasional o con la ropa que le mandaban algunos familiares cuando las mujeres de la casa no podían lavar la ropa por diferentes motivos. Para cada objeto de valor quedado en los bolsillos de las prendas llegadas a sus manos mi mamá tenía su política sacra de devolución. A veces mi mamá había encontrado pedazos de madera, colillas de cigarro y hasta residuos de vidrio, por lo que siempre registraba cada bolsillo con sumo cuidado. Tanto como por la fama que había alcanzado mi mamá por su lavado impecable de la ropa su nombre resonaba en los oídos del barrio porque ella sabía exactamente la cantidad de &quot;polvo azul&quot; que había que verter en el agua para que la ropa saliera de la batea con un &quot;blanco&quot; impecable y sobre todo porque ella conocía también la cantidad exacta de almidón de yuca que llevaba una prenda para que quedara como una &quot;tabla&quot; después de pasar por debajo de su plancha caliente. La leva de mi papá, sin embargo, no tenía bolsillo interior. Sus bolsillos stándar tenían la profundidad de las muñecas de sus manos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;De modo que mi mamá cogió la leva por el fondo, la volteó y la remeneó como si fuera una torera haciendo una falsa verónica para que, si había algo en los bolsillos, cayera sobre el piso. Generalmente ella revisaba todo el bolsillo en caso de que el bolsillo tuviera forro interior. Había algo en uno de los bolsillos de la leva. Me agaché para cogerlo. Niño, dame eso que se cayó del bolsillo acá, anda, me dijo. Así que se lo di. Puso la leva sobre el espaldar de un taburete y miró el cuadro de papel. Porque se trataba de un cuadrado de papel como de diez centímetros cuadrados, doblado herméticamente y que el paso del tiempo casi que había soldado. Hojas de libreta ralladas, medio apergaminadas y con algunas manchas en sus bordes que ella no encontraba como separar. Están escritas por dentro, mira - me dijo. Efectivamente, detrás del reverso se podian notar grafemas escritos con lapicero. No creo que sea ninguna carta de mujer dirigida a tu padre - sonrió - pero igual vamos a ver como separamos este cuadrado de hojas de libreta para saber que carajo dice. Mami - dije, aguantando la risa - después no digas si se trata precisamente de eso, tú sabes que papi anda como con veinticinco mujeres por ahí. Si, como no voy a saberlo, tú papá es tremendo &quot;yegueriego&quot; pero que se atreva - agregó y cogió el taburete en donde estaba tirada la leva y lo sacó por la puerta que daba al Norte de la casa. Vamos a dejar que coja un poquito de sol a ver si se afloja - dijo. En Marzo el sol estaba comenzando a rajar las piedras. Cuando mi mamá se acordó del papel que tenía cogiendo sol abandonó el platón en donde escogía el arroz del almuerzo y salió al patio. El cuadrado de papel se había separado por todas las esquinas y mi mamá sonrió satisfecha del resultado de su idea pero todavía no estaba conforme y me dijo que lo dejáramos un poquito mas para ver si se abría completamente porque si no tendríamos que ayudarlo con la mecha encendida de la lámpara. Mi papá llegó una hora después y mi mamá esperó a que se quitara la camisa manguilarga arremangada hasta los codos y a que se zafara las viejas polainas que le mantenían bastante limpio el fondo de sus pantalones. Tengo un hambre del carajo, estoy que me como una chiva amarrada con soga y to&#39; - dijo, mientras se dirigía al cubo del agua que estaba en la cocina sobre un banco contra la pared Norte. Cuando regresó al comedor mi mamá lo esperaba con el papel semiabierto en su mano zurda. Ves este pedazo de papel - le preguntó. Claro - contestó mi papá - que pasa con él. Mi mamá se lo colocó pegado a su cara. Qué tú crees, será un papel viejo o será un pedazo de papel nuevecito - insistió. Mi papá pensó que se trataba de un juego de antealmuerzo y respondió &quot;coño, parece un pedazo de papel de la guerra contra España&quot;. Pues sí señor, de cuando usted era un tipo joven que se acostaba con todas las muchachas de Jarahueca, eh - mi madre trataba de mostrarse muy seria y mi papá fue cayendo de a poco en lo que pensaba era el objetivo de la conversación. Con todas, no, con algunas....y eso era porque cuando visitaba a mis amigos que eran sus padres no había camas suficientes para todos y tenía que compartirlas con sus hijas - dijo. Entonces yo recordé las dos fotos de mujeres que estaban dedicadas a él y que según mi mamá eran sus exnovias de Jarahueca, un pequeño pueblo que estaba al final de la Cordillera Norte, al suroeste de Yaguajay, en donde mi padre tenía muchas amistades todavía. Una de las mujeres se me parecía mucho a Rita Montaner, creo que se llamaba Ofelia y estaba tomada solo de rostro, con el pelo peinado pegado a su cráneo y con una pequeña trenza trasera y una sonrisa indefinida. La mujer parecía estar entre los veinticinco y los treinta, era trigueña amulatada y se había retratado en la década de los años cuarenta. La dedicatoria, detrás, con letra cursiva excelente, decía &quot;para mi amigo Rafael&quot;. Era una foto sepia y a mí me gustaba mucho. En realidad me &quot;gustó&quot; mucho hasta que descubrimos la otra. La otra era una foto que incluía parte del torso y que estaba perfectamente conservada. Se trataba de una mujer casi rubia, evidentemente alta y elegante, seria y circunspecta con un repunte de sonrisa monalísica. La mujer estaba peinada con una raya del lado derecho y tenía algún adorno en la cabeza. Vestía una blusa crema con cuello y dos de los botones estaban separados de sus ojales. La fotografía también era sepia pero con un sepia mas suave. Tenía algún texto en el reverso con caligrafía exquisita pero en honor a la verdad no recuerdo exactamente si estaba dedicada a mi papá. No podría asegurar que esta mujer también fuera de Jarahueca como sí lo aseguraba mi mamá. Cuando mi hermana creció y terminamos por revisar cada una de las fotografías que había en casa coincidimos con nuestra madre en que la rubia tenía &quot;ojos de cagalera&quot;. Mi papá jamás pasó de la sonrisa tranquila y silenciosa cuando le preguntábamos por esas novias tan &quot;recientes&quot;. Años después, cuando yo supe del cine de Holliwood y profundicé en la vida y en la obra de las grandes actrices nórdicas me di cuenta de que tal vez la rubia de mi papá tuviera ojos de cagalera pero... coño, qué clase de ojos de cagalera. Para entonces yo estaba comenzando a padecer del síndrome de la rubia adquirida. Quieres saber en donde me encontré con este papel - le preguntó mi mamá. Bueno, no sé si será tan importante, pero como al parecer sí lo es para ti te contesto que no sé ni un carajo. Estaba en el bolsillo derecho de tu leva. Mi papá sonrió con su sonrisa Ferrer pura y dijo &quot;mira tú el tiempo que hará que yo no meto la mano derecha en el bolsillo de mi leva, fíjate a ver si tiene la firma de Martí&quot;. No te hagas el gracioso, Rafaelramos, y ayúdame a ver si podemos separar todas las hojas dobladas. Mi mamá se acercó a la mesa y puso el cuadrado de papel sobre las tablas de cedro desnudas. Para entonces mi papá pensaba en la manera en que había llegado el dichoso papel al bolsillo de su abrigo de lana y sobre todo pensaba en &quot;cuándo&quot;. Sin embargo continuaba sin darle la importancia que le estaba dando mi madre. Así que lo cogió sin mucha delicadeza por el centro de uno de sus laterales con sus dedos pulgar e índice y lo levantó para mirarlo mejor. Yo me acerqué por su lado derecho y coloqué los codos sobre la mesa y soplé el cuadrado de papel con la boca y con la naríz. Como si hubiera realizado un acto de magia. El cuadrado de papel se salió de entre los dedos de mi padre y antes de caer sobre la mesa se había abierto completamente y todas sus hojas ralladas y escritas parecían que habían acabado de salir de las manos del escritor. Como mi papá desconocía toda la historia del papel no dijo nada y le pareció que las hojas habían vuelto a su estado original durante el tiempo que había demorado su descenso sobre la mesa. Oye, hijo, hace tiempo que tus cosas me están dando miedo, pero esto ya es demasiado - dijo mi madre mientras halaba un taburete y lo colocaba en la esquina norte de la mesa y se disponía a leer. Mami, si no ha pasado nada raro, le dimos sol y después le di un&amp;nbsp; buen soplido y ya, cuál es tu miedo - dije, para tratar de quitarle un poco de tensión a lo que me parecía la cosa mas natural del mundo. Está bien, hijo, está bien, tú ganas, no ha pasado nada raro con el papel doblado, mira, mejor léelo tú que lees mucho mejor que yo. Como me encantaba leer en voz alta le tomé la palabra. Puse otro taburete conta la pared oriental del comedor y me senté en él. Apoyé los codos de nuevo sobre la mesa, acomodé las hojas de libretea con mis dos manos, las emparejé golpeándolas contra las tablas y las levanté unos centímetros para no tener que inclinar tanto la cabeza. Un segundo antes de comenzar mi lectura mi padre dijo que &quot;ojalá fuera un testamento que nos hiciera ricos&quot;. Cuando terminó de decirlo me di cuenta de que cerró los ojos y que hizo una mueca con sus labios y asintió con la cabeza como si recordara algo. De pronto mi hermana se apareció en el comedor y dijo &quot;llegué&quot; y cuando nos vio sentados a la mesa agregó que &quot;si no era muy temprano para almorzar&quot;. Mi madre le dijo que no estábamos almorzando porque si no ya &quot;tu papá&quot; te hubiera dado el grito de cada día &quot;Teeery&quot; para que terminaras de jugar con Florita y le pidió que se acercara para sentar sus tres años y pico sobre sus muslos y sus rodillas. Así es mejor, toda la familia oirá lo que dice el escrito - dijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mas o menos en el centro de la primera hoja - que ahora no parecía ajada ni manchada - habían escrito tres palabras con caligrafía grande de lapicero y con faltas de ortografía que decían PAlAVRRAZ HAR BIENTO. Las leí y le di la primera hoja a mi madre. Ella se la pasó a mi padre y mi padre la colocó frente a él, debajo de sus manos cruzadas. La segunda hoja estaba intacta, escrita también con tinta azul de lapicero, tenía también varias faltas de ortografía y no tenía ni margen ni sangría. De modo que comencé a leer. &quot;Yo venía de Pueblo Nuevo, casi desde Juan Francisco, en donde estaba trabajando poniendo herraduras a los caballos de los monteros. Estaba haciendo el viaje a pie los siete días de la semana porque no quería molestar a ningún dueño de caballo. Mi yegua pinta había sido picada por una hormiga loca rabiosa y&amp;nbsp; tenía la pata derecha de atrás mas gorda que un algarrobo viejo. Un día terminé de herrar muy temprano y estaba en Los Mangos de Santa Cruz como a las doce del día. Cuando venía caminando por la carretera Cartaya paró a mi lado y me pidió que montara en su linda máquina. Le repetí lo que le decía todos los días a los choferes que querían darme un empujón, o sea que se lo agradecía pero les explicaba que el que no tuviera en que moverse tenía que hacerlo a pie y aclaraba que yo siempre había sido así y que no había diablos que me hiciera cambiar. Los choferes habían terminado por pasar por mi lado como un volador de a peso. Entonces muy cerca del primer Santa Cruz, el que esta pegado a Seibabo, me topo con una camioneta casi nuevecita de marca Ford - yo, que solo había visto fotingos el resto de mi vida - y con tres tipos que están trabajando con unos alambres enrollados y con unas cosas como de barro blanco sobre los postes de eucaliptos que hacía un tiempo habían clavado en el lado sur de la carretera. Yo había oído decir que los postes eran para sujetar los alambres del teléfono y las cosas que había que colocar en las tablas superiores de los postes para que pudiera haber buena comunicación. Pero como no había entendido casi nada me detuve para encender un Veguero y para preguntar qué era lo que estaban haciendo. Había un negro enorme con un casco de constructor de edificios que tenía unos papeles en las manos y que al parecer estaba dirigiendo a dos hombres blancos, jóvenes, que eran los que trabajaban en los postes. Andaban con miles de herramientas colgadas de la cintura y halaban los grandes rollos de alambre ayudados por una especie de grúa que tenía la camioneta. Le brindé un Veguero al negro y los otros dos tipos también aceptaron mis cigarros. El negro me dijo que era Ingeniero Eléctrico y que sus dos ayudantes eran técnicos electricistas y que lo que estaban haciendo era tendiendo la Línea Teléfonica de Caibarién a Yaguajay, por ahora, y que habían empezado por esta parte de Santa Cruz porque en esta parte de la carretera había mucha interferencia y todavía nadie sabía por qué. El negro me dio una verdadera muela acerca del desarrollo general que traería la Ravolución de Fidel Castro y me explicó la gran maravilla que sería que las palabras llegaran al otro lado de la Línea en el mismo segundo de ser pronunciadas. Yo no le dije nada pero enseguida pensé en ver de que manera me comunicaba con mi querindanga de Yaguajay. Estaría listo para cuando terminaran de tirar todo el tendido y hacer mi primera llamada desde la Parada de Martín López. Total, qué trabajo costaría ponerse al lado de un palo de eucalipto, mencionar el nombre de mi querindanga y esperar a que ella me contestara desde el lado de su palo porque pensaba avisarle del día en que la llamaría. Al fin seguí mi camino después de darle tres cigarros mas a los linieros y de recibir, a cambio, seis naranjas y dos bocaditos de pan con carne rusa. El Negro se había dado cuenta de la manera casi enfermisa con que yo miraba a su camioneta Ford. Así que me pidió que me volviera para decirme &quot;oiga, no crea que es nueva, es solo una camioneta de 1958 muy bien conservada, ya los imperialistas no nos venden de nada&quot;. La primera hoja llegaba hasta aquí. De modo que se la pasé a mi mamá y ella se la pasó a mi padre que la depositó en el mismo lugar, debajo de su manos cruzadas. Comencé a leer la segunda hoja. Debo decir que muchos años después comenzaría a decirle &quot;cuartillas&quot; a las hojas de escribir. &quot;Meses mas tarde y cuando había acabado de herrar a todos los caballos de los monteros de Pueblo Nuevo, conseguí un trabajo de pintor de brocha gorda en Yaguajay. Me habían asignado pintar las torres de los Centrales Obdulio Morales y Simón Bolívar - quiero decir los antiguos ingenios Narcisa y Victoria porque todo el mundo sabe que los fidelistas le han regalado muchísimas cosas importantes a los muertos que pensaban como ellos y por eso es que han cambiado los nombres antiguos - y ahora estaba haciendo el viaje en mi yegua pinta que al fin se había curado de la picada de la hormiga loca. Para entonces ya el negro y su par de ayudantes no estaban trabajando en la Línea Telefónica porque mas o menos desde Guaynabo para arriba ahora se estaban ocupando los técnicos de Yaguajay. Igual había acabado por conocerlos a todos y siempre tirábamos conversaciones de todo tipo excepto sobre el tendido telefónico porque yo pensaba que el negro me lo había enseñado todo en ese sentido. Yo estaba esperando a que colocaran el último poste a la entrada de Yaguajay y que dieran el trabajo por concluido. El día que lo hicieron le dije a mi querindanga que estuviera debajo del poste un Domingo que le indiqué para inaugurar nuestra propia línea telefónica. Recuerdo que ese Domingo salí muy temprano de mi casa en El Cayo y que llegué casi al amanecer al poste de la corriente que estaba frente a la casa de Martín López. Mientras esperaba que fuera la hora en que conversaría con mi querindanga me dediqué a coger algunos mangos filipinos de la arbolea de Martín López pues Martín me había dicho que me comiera todos los mangos que cupieran en mi barriga y que me llevara todos los que cupieran en mi alforja. Sobre las nueve de la mañana todavía nadie se habia levantado en el barrio y me llegué hasta el poste del teléfono. Era un poste negro y derechito como una vela y estaba lleno de los huequitos que le habían dejado las botas con clavos de los linieros. En lo alto las tablas transversales y las cosas de barro - después sabría que el &quot;barro&quot; blanco se llamaba &quot;porcelana&quot; - se me parecían a cruces gigantes de cementerio. Me pegué muy bien el palo de eucalipto, lo abraqué con fuerza y cuando mi reloj de bolsillo marcó las nueve y media saludé a mi querindanga. Depués de media hora nadie había respondido. Después de otra media hora desistí de llamarla. Al otro día me dijo que ella había hecho exactamente lo mismo en el último palo antes de llegar al pueblo y que también se había marchado decepcionada. Pensábamos que algo había quedado mal en la instalación y le prometí que me encargaría de investigarlo. El Martes cogí el Gascar y me fui hasta Caibarién en busca del negro ingeniero. Le llevaba una arroba de malanga de las de Jaime el Gallego, una caja de Vegueros y un cartucho de guayabas del Perú cuya mata estaba pariendo por primera vez&quot;. Aquí se terminaba la segunda hoja, de modo que volví a entregársela a mi mamá y ella se la pasó a mi papá. Me di cuenta de que mi hermana se había dormido sobre los muslos de mi madre. Comencé a leer la tercera hoja. &quot;En la Oficina donde trabajaba el negro me dijeron que estaba de descanso pero que si quería verlo y podía demostrar que era su amigo que lo buscara en el Muelle de Linares en donde seguro estaba pescando cuberetas de orilla. El negro estaba, efectivamente, allí mismo, y me recibió muy contento. Me dijo que le dejara sus regalos sobre el destartalado puente de tablas en que se había convertido el viejo y hermoso Muelle de Linares que en verdad ya estaba en las últimas y que esperara un poco porque sentía que algún peje le estaba picando. Enseguida sacó una chopa mojonera y cuando la liberó del anzuelo la devolvió al agua porque cuando se está pescando pescado de verdad la chopa es una mierda de peje. Cuando terminé de hacerle el cuento de lo que me había pasado con mi intento de llamada a Yaguajay casi se muere de la risa y terminé por pensar que se estaba riendo de mí y me puse muy serio, tan serio que el negro dejó de reírse como un loco. Pero, amigo mío (me dijo) usted está hablando en serio o es una broma. Le dije que hablaba muy en serio e incluso le enseñé la marca que había dejado el poste de eucalipto en la parte derecha de mi cara cuando me había abracado a él. Entonces me pidió disculpas porque recordó que jamás habíamos hablado de la manera en que dos personas se podían comunicar por teléfono y me explicó todo el procedimiento de la cabina telefónica, del teléfono emisor, del receptor, del marcaje de números y de las frecuentes caídas de las líneas sobre todo cuando las líneas estén recién inauguradas y saturadas. Me dijo que me pusiera de acuerdo con mi novia y que estableciéramos una tarde para conversar que él se encargaba de ver eso con la Oficina de Yaguajay para que le prestaran un teléfono receptor a mi querindanga. Y efectivamente una semana después tendría la primera conversación telefónica de mi vida con mi querindanga sin ninguna interrupción, desde Caibarién, hasta que (me dijo el negro) la Compañía Telefónica Estatal pusiera teléfonos en algunos de los barrios mas poblados de la carretera. Antes de irme le pregunté que si entonces todas las palabras se trasladaban por los hilos de alambre o si tenían alguna otra manera de caminar por el aire. Mi amigo negro volvió a reír pero ahora lo hizo sin prorrumpir en carcajadas. No, señor, se trasladan a través del hilo telefónico hasta que los que saben de verdad inventen alguna otra cosa, me dijo&quot;. La tercera hoja estaba escrita hasta la mitad y repetí la rutina de entregarla a mi madre y ella repitió su acto de entregarla a mi padre. Esperé a que mi madre se parara y se fuera al cuarto a acostar a mi hermana porque ya le tenía los muslos &quot;entumidos&quot;. Me di cuenta de que mi padre no había pronunciado una sola palabra pero también me percaté de que estaba prestando mucha atención al escrito. La cuarta hoja comenzaba de esta manera. &quot;Como dos meses después terminé con la pintura de las dos torres de los centrales azucareros y entonces Cartaya me contrató para que le ordeñara sus vacas en Santa Cruz Arriba. Todo el mundo sabe que yo soy tan buen ordeñador como Rafaelramos - me detuve para mirar a mi padre pero él solo dijo (sigue sigue) - y esta vez sí acepté viajar en su carro porque me recogería y me regresaría&amp;nbsp; a una hora determinada que era la misma hora para los dos. Una tarde Cartaya me dijo que al otro día no iríamos a trabajar porque le había vendido toda la leche de ese día a unos fabricantes de queso de Iguará y que ellos mismos ordeñarían las vacas pero que me despreocupara que él me pagaría el día como si estuviera trabajando. Quiero decir que Cartaya, aparte de movilizarme gratis en su máquina, me regalaba todos los días dos botellas de leche fresca y cada cinco días me daba un queso de dos libras. Para entonces ya me había peleado con mi querindanga y estaba mas solo que el Diablo el Día del Amigo. Pero como todo el mundo sabe que yo tampoco soy un vago pues acepté el trabajo de un día que me ofreció el Isleño Florencio de Plateros para que le desmochara sus matas de cocas de agua. Recuerdo que cuando llegué al cocal ya Rafaelramos estaba allí con los bueyes enyugados listos para tirar los racimos para la casa de Librada. Pues bien, como estaba apurado porque amenazaba agua por el sur, terminé de desmochar las matas de cocas de agua, me tomé dos cocas, me fumé un Veguero con Rafael y le hice dos o tres cuentos porque Rafael es un amigo al que le encantan los cuentos que yo hago y al que también le gusta hacerlos. Regresé por la cuneta sur y cuando pasé la ranfla que baja hasta la casa de Román Barroso comencé a sentir las voces o lo que yo pensaba eran voces. Todo el mundo sabe que no soy un tipo miedoso. Y mucho menos le tengo miedo a las cosas que algunos tipos llaman cosas sobrenaturales. Las voces se escuchaban espaciadas y eran prácticamente inentendibles pero es verdad que en ocasiones las voces eran palabras muy claritas, algo así como cheques, totales, inversión, palabras sin coherencia, viudas de otras palabras, sin ton ni son. Yo miraba para la hierba de la cuneta y no veía nada. Recordaba al famoso disco partido que Moronero se había enrontrado debajo de la ceiba de Justino y que empató con leche de guevoegallo para poder oír completa la guaracha Pónme la mano aquí Macorina pero alrededor mío no habia ningún disco. Detuve el paso de mi yegua y me desmonté. Di vueltas por el sitio y las palabras sin ton ni son, el murmullo como de una colmena trabajando dentro de su caja y algún que otro sonido extraño continuaban poblando el lugar. La casa de Román estaba cerrada y no pasaba ni un alma por la carretera. Repito que no tenía miedo pero debo admitir que estaba comenzando a preocuparme. Alguien estaba hablando como si fuera medio gago o estuviera enfermo de las cuerdas vocales, cerquita de mí, y yo no sabía de qué carajo se trataba. Entonces recordé algunas de las historias raras que se decía habían ocurrido en la zona y sobre todo en los alrededores de donde yo estaba. Como la historia del niño deforme con los dientes delanteros superiores salidos como si fueran los dientes de un rastrillo de apilar carbón. Del niño fuñido que se montaba en la zanca de la gente que fueran a caballo o en la parrilla de sus bicicletas siempre en el mismo lugar, en el puente de Puchulongo, y que después de tocarles sus hombros con sus dedos larguísimos y esperar a que los viandantes se volvieran enseñaba sus dientes de rastrillo, sonreía como un muerto vivo y exclamaba (pápa mira mi ñentones). Se decía que muchísima gente se habían caído de sus caballos y de sus bicicletas y que se habían lastimado pero todavía nadie había admitido ser uno de ellos. El Puente de Puchulongo estaba mas o menos a un kilómetro detrás mío. De pronto noto que mis ojos se están nublando y percibo como esos alambritos plateados que se ven cuando acabamos de levantarnos o cuando hay mucho sol,&amp;nbsp; que son como unos gusanitos que se van de repente, como mismo llegaron. Esos alambritos que a veces provocan como un movimiento extraño de barriga y que nos hacen pestañar. Pues bien, eso es lo que yo comence a sentir. Unos minutos mas tarde los alambritos se habían combinado con las palabras que mencioné y los sonidos comenzaron a escucharse a la altura de los alambritos y de las palabras. Entonces yo miraba para todas partes y por todas partes, a la altura de mi pecho, aquello se movía sin parar, sonaba igual y yo no sabía ni tranca de lo que estaba pasando. De modo que llegué a pensar que estaba soñando e incluso me pellizqué el ombligo para cerciorarme de que estaba viviendo una escena real. Decidí recostarme contra el poste del teléfono para pensar un poco. Ya sabía que no podía hablar con nadie pegado a un poste y cómo me hubiera gustado poder hablar con alguien para contarle de lo que me estaba ocurriendo. Recostarme al poste del teléfono me abrió las entenderas. Me olvidé de lo que se movía y se oía a mi alrededor y me concentré en toda la historia que me había tocado vivir en relación con la Línea Telefónica Yaguajay/Caibarién desde el día en que me topé con el negro y sus dos ayudantes. Recordé que el Negro me había dicho que las palabras se movían dentro de los alambres telefónicos y que solo así eran capaces de llegar hasta el lugar en donde les esperaba el receptor. Entonces se me ocurrió una idea. Y si todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor no era otra cosa que palabras que se habían caído de los alambres y no encontraban la manera de subir otra vez para continuar su recorrido. En el fondo no creía que se tratara de eso porque el negro no había contemplado esa posibilidad en sus explicaciones pero como decía mi abuelo (con probar no se perdía nada). Por aquellos días yo andaba con el paraguayo del finado Vito Franco porque algún ladrón de machetes me había robado mis dos machetes Collings y mis tres machetes Corona del rancho de desahogo y el hijo de Vito, que estaba convaleciendo de un catarro que casi lo mata, me había prestado amablemente su célebre paraguayo. Así que lo desenvainé y lo levanté como si fuera Máximo Gómez llamando al combate a sus mambises. Me encaminé hasta el lugar en donde mas se sentía el asunto del ruido de la colmena y en donde se manifestaban las corcomillas como gusanitos de plata. Bajé el paraguayo y metí la punta en donde pensaba estaba el centro de la cosa. Hice como si enganchara una de las palabras con la punta y lo levanté, empujando y cogiendo impulso, hacia arriba. Recuerdo que me parecía que lo que había enganchado en la punta del paraguayo era una de las palabras. Así que me concentré muy bien para apreciar si de ahora en adelante solo se escuchaban dos palabras. Y cual no sería mi sorpresa cuando, efectivamente, me di cuenta de que solo se escuchaban dos palabras. Por tanto repetí la maniobra con el paraguayo de Vito tantas veces como fue necesario hasta que todo el misterio que me había rodeado se acabó como por arte de nagia. Se habrán dado ustedes cuenta de que lo que había pasado era que tres palabras completas y como veinte pedazos de otras palabras y como cien pausas entre ellas se habían caído del alambre por donde estaban pasando y lo que estaban haciendo era tratar de subirse de nuevo a la Línea y como es lógico no habían podido hacerlo hasta que a mí se me abrieron las entendederas&quot;. Esta vez no dije nada del final de la cuarta hoja y solo repetí el procedimiento de entregarla a mi madre y ella se encargó de su parte. La Hoja Cinco solo tenía un párrafo mediano y al parecer era una especie de resumen. &quot;Dos días después me fui hasta Caibarién y mi amigo el negro me recibió en su oficina que ahora estaba en la casa de una familia que se había ido para Miami y el Gobierno se la había cogido a timbales. Le conté lo sucedido en el poste del teléfono de Román Barroso. (Oh, amigo mío, así que fue usted, no sabe cuanto se lo agradecemos porque usted resolvió un gran problema ese día, lo que ocurre es que la Línea es nueva y cualquier pájaro que pese mucho puede moverla y mas si se trata de una bandada, y eso fue lo que ocurrió, no sé si usted se dio cuenta de que había muchísima peste a animal muerto esa tarde muy cerca de allí - yo no recordaba ninguna peste, de verdad - porque se había muerto una vaca vieja de Román Barroso y las auras le cayeron&amp;nbsp; en grupo y cuando se hartaron de comer carne muerta se subieron todas sobre los hilos del teléfono y los jorobaron con el aleteo de satisfacción y entonces comenzaron a caerse algunas palabras y otros sonidos agregados que interrumpieron la comunicación con el Central Obdulio Morales hasta que usted tuvo el acierto de devolverlas a su Línea con esa sagrada punta de paraguayo del hijo de su amigo fallecido). El negro me dijo que eso pudiera volver a ocurrir fácilmente. Por lo menos hasta que llegaran los nuevos alambres de la Unión Soviética porque &quot;los americanos habían prohibido vender alambres telefónicos a la Revolución en el marco de su bloqueo criminal&quot;. Quiero agregar que ya estaba casi cansado de tanta palabrería comunista del negro ingeniero pero como me parecía que era una buena persona y que tenía buenas intenciones me había hecho el bobo y lo dejaba despotricar &quot;contra el antiguo régimen&quot;. Como ya estoy perdiendo la memoria preferí dejar esta historia escrita porque es una de las mejores historias que tengo para contar en la próxima reunión con mis amigos. Y por cierto, es la útima historia&quot;. La hoja no tenía firma ni fecha. Mi padre cogió las cinco hojas e hizo como había hecho yo. Las emparejó sobre las tablas de la mesa y me las entregó. Haz lo que quieras con ellas - me dijo - tú que quieres ser poeta como Los Ferrer. Ahora bien, puedo decirles que esa historia no la he escuchado en ningún lugar todavía y creo que tampoco nadie lo ha hecho porque si no estuviera en boca de todos. Y por supuesto sé que ustedes están esperando la respuesta a su pregunta &quot;cómo llegó este escrito al bolsillo de tu leva&quot;. Y por supuesto que lo sé porque creo que es la única manera. Ahora van a tener que escucharme a mí. Recuerdo que estaba hace casi como un año en una tienda del batey de Rojas, en Remedios, a donde había ido con una viaje de carbón que me había encargado le llevara hasta el pueblo un amigo del Caramelo. La tienda tenía un barsito muy pequeño y me puse a tomarme unas cervezas con un vejete que no paraba de toser y que estaba temblando como un pollo mojado en Noche Buena. El vejete podría andar por los sesenta años y comenzó a contarme una historia que yo conocía desde la muerte del Viejo Navarro porque la había oído durante el velorio. La famosa historia que sé que ustedes también me han oído alguna vez, la del gallo cruzado con cotorra de donde salió un gallotorra que lo hizo famoso y millonario en toda Cuba y un poquito mas allá porque el gallotorra, además de ser invencible dentro de una Valla, también hablaba con su dueño llamado Conrado. Pues bien, el vejete me dijo que ese famoso Conrado era él mismo y que todo el mundo lo conocía en La Tenaza de donde era oriundo. Me repitió toda la historia del famoso gallotorra y lo mas importante era que su historia era la misma que yo conocía. El dependiente del barsito asentía con la cabeza mientras el vejete me contaba la historia pero hacía ciertas muecas de incredulidad como queriéndome decir que nadie había visto jamás al gallotorra. El caso es que comenzó a llover y no paró de hacerlo hasta que nos cayó encima la oscuridad. El vejete no podía contener la tos y sus temblores casi que me asustaban. Terminó por pedirme algo con que taparse porque le habían dado ganas de ir al servicio y me dijo que estaba seguro de que la picúa frita que se había comido por la mañana en Caibarién estaba enciguatada y por eso era que tenía diarreas contínuas. Yo tenía la leva en uno de los compartimentos de la montura de mi amigo el del Caramelo y fui a buscarla y se la entregué. Esperó a que escampara un poco y se lanzó, casi corriendo, hasta el servicio de la tienda. Cuando regresó me devolvió la leva y me aseguró que no estaba enciguatada porque el enciguatamiento no es contagioso. Finalmente escampó como a las ocho de la noche y nos despedimos después de habernos prometido coincidir alguna otra tarde en el mismo bar porque tenía&amp;nbsp; otras muy buenas historias que contarme. Mi padre hizo silencio, cogió un poco de aire y concluyó &quot;posiblemente yo no me haya metido la mano derecha este año en el bolsillo de la leva porque la única manera de que ese papel haya llegado hasta allí es porque el vejete la metió sin querer en el bolsillo cuando terminó de cagar y se olvidó de recogerlo, ahora bien por qué la escribió a pesar de su falta de memoria y por qué puso que era la última historia ese es otro asunto que habrá que investigar cuando regrese a Remedios con carbón o con lo que sea. El caso es que yo nunca he contado la historia porque me gusta que sean otros los que lo hagan y porque el vejete me dijo que un día de estos se aparecía por Plateros (para competir con los grandes contadores de historias que sabía había por esos lugares)&quot;. Recuerdo que me acomodé en mi taburete y que le dije al Viejo &quot;Viejo, aquí hay algunas cosas que resolver&quot;. Como cuáles - preguntó. A ver, cómo es posible que el vejete te haya dicho que era (oriundo) de La Tenaza cuando escribió que había salido de su casa en (El Cayo) y además, menciona a casi toda la gente que vive y trabaja por estos lugares&quot;. Mi padre tuvo que aceptar a medias mi apreciación pero aclaró que &quot;hijo, El Cayo puede ser cualquier lugar, Cayo Ratón, Cayo Conuco, cualquier islote de la Bahía de Buenavista, tú sabes que al propio Caibarién le decimos El Cayo, o también puede ser que haya nacido allá pero que se haya mudado para acá&quot;. No, papi, no jodas, tú sabes mejor que yo que él se refería al Cayo que está entre Cambao y Jagueyal y por todo lo que dice es claro que ha vivido toda su vida ahí - aclaré. Es posible, no digo que no - concedió. Entonces el vejete lo que hizo fue disfrazarse para que no lo reconocieras - y me suena mucho al estilo Moronero - y meter con toda intención su historia en el bolsillo de tu leva por vaya usted a saber que motivos, además cómo es posible que un hombre de La Tenaza al que nadie conoce excepto por el cuento del gallotorra haya vivido y trabajado durante años por estos lares&amp;nbsp; y sea capaz de mencionar a todos los cristianos de la zona sin que no podamos sospechar de quien se trata. Mi padre volvió a concederme la razón a medias. Pero hijo - agregó - Moronero y Arenilla murieron hace muchos años. Y sus hijos y sus nietos - pregunté. Claro que no, por supuesto que están vivos - respondió. Fíjate papi si el vejete se disfrazó bien que el tipo de la tienda lo trató como al hombre del gallotorra de La Tenaza. Está bien, creo que debes estudiar mejor para detéctive que para poeta, de todas formas los poetas no se hacen, los poetas nacen, tendré que investigar mejor cuando regrese al bar de Rojas. Gracias, papi, pero todavía me queda una cosa por decir, y si el autor del escrito es alguien de la zona que cita en el texto y por el motivo que fuera se lo entregó al vejete y este lo olvidó sin querer en tu leva, fíjate que la historia transcurre entre 1960 y 1967. Hijo, todo lo que dices tiene mucha lógica pero si de verdad nos interesa saber quien es el vejete suponiendo que no sea el autor de cuento del gallotorra la única manera es tratar de encontrarlo e interrogarlo para saber, sobre todo, quien es el autor del escrito. Porque tú lo harás, verdad. Yo creo que sí. Mi madre dijo que la historia de las voces del palo del teléfono le parecía buenísima, mucho mejor que nuestra discusion policíaca y le preguntó que cuando pensaba hacerla por ahí si ya había pasado como un año y nadie la había contado y del viejo ni sujumo. Mi padre encontró razonable su idea y se preguntó en voz alta si acaso al viejo del gallotorra le había pasado algo este año y por eso no había venido por Plateros para la competencia de fabuladores. Agregó que posiblemente esperara a que llegara Pepito el de Celia de La Habana y que, como siempre, se reuniera con sus amigos en la Tienda de Juanito para contarla completica. Pero la contarás como si te hubiera pasado a ti o al autor anónimo o le darás crédito al vejete del gallotorra - le pregunté. Caramba, muchacho, como si no me conocieras - respondió - jamás me atribuyo historias que le han ocurrido a otros, jamás, me oíste, y además no me gusta usar paraguayos en las cunetas de las carreteras y también me dan cosquillas los palos de eucaliptos en las mejillas. Mi madre le observó de reojo. Mandaré a mis espías a Jarahueca y a Rojas, por si acaso - expresó. Mi papá se levantó del taburete, se alisó el pantalon de caqui y le dijo &quot;vete pal carajo&quot;. Poco después del almuerzo se apareció Ventoso con su bulto de ropa sucia. Saludó, dijo que estaba apurado y regresó enseguida. Mi papá se puso a mirar para el bulto de ropa. Después me miró a mí y terminó por mirar a mi madre. Por qué no lo revisas ahora mismo - le dijo - nos hace falta un peso para que le compres un billete de lotería a Nené el Boletero que sabes viene hoy y otro para que te compres una caja de cigarros amarillos y otro para ir a regalárselo a la gente de Bille en la Lotería de Cartones. Por qué no me los compras tú, eh?. Con qué dinero, si estoy mas pelao que el calvo de Buenavista. Pelao tú, qué, ya se te acabó el dinero del carbón que le vendiste a tu amigo del Caramelo. Oye, que hace como un año de eso. Claro - agregué - desde que el vejete del gallotorra te echó la carta en el bolsillo de la leva.&amp;nbsp; Sí, señor, desde ese mismo momento. Poco después mi papá se tiró en la cama, yo me preparé para ir a cortar unos bienvestidos para hacer unos casillos de petemporada y mi mamá cogió el bulto de ropa de Ventoso y lo tiró dentro de la lata de hervir. No todos los días los bolsillos de la ropa vienen premiados - dijo. La voz del Viejo nos llegó desde el cuarto matrimonial. Hijo, no botes el papel que se lo voy a llevar al hombre del bar cuando regrese a Remedios, tienes razón. Está bien, papi, así será. De todas formas para entonces yo no botaba nada. Ni siquiera botaba lo que me parecía que no tenía importancia. Pero esta carta era otra cosa. Cojones, palabras al viento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Anexo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Poco después de la lectura del escrito anónimo mi padre fue a Rojas. Esta vez no fue a caballo. Fue en guagua hasta Caibarién y en una máquina de alquiler hasta Remedios. En Remedios alquiló una mula a un isleño de La Gomera y en ella llegó hasta Rojas. La tienda había sido intervenida por el Gobierno y el tendero se había mudado para Consolación del Sur en Pinar del Río de donde era su última mujer. Mi papá pensó &quot;te queda poco, Juanito&quot;. Ya no existía el barsito en donde había charlado con el vejete que se autitulaba autor de la Gran Historia del Gallotorra. Los vecinos con los que conversó atestiguaron que era cierto que el hombre existía y dijeron que siempre lo habían considerado oriundo de La Tenaza pero que nadie había visto jamás al gallotorra aún cuando también era verdad que el hombre era fanático de los gallos y que tenía una gallería modesta en el faldeo de La Loma. Cuando mi papá describió al vejete los vecinos dijeron que la descripción no coincidía para nada con el aspecto fíisico del fabulador de La Tenaza y admitieron que hacía mas de un año que no lo habían vuelto a ver. Mi padre regresó a casa y finalmente se cansó de averiguar por el autor del escrito anónimo que un viejo había olvidado - o echado intencionalmente&amp;nbsp; - en el bolsillo derecho de su leva una tarde/noche lluviosa en el bar de una Tienda de Campo. Aún cuando se había cansado de investigar a mi papá le seguía dando vueltas en la cabeza el asunto del escrito anónimo. Cuando al fin llegó Pepito el de Pepe Siverio de La Habana y se reunió con sus amigos en la Tienda de Juanito para tomar ron y para hacer cuentos mi papá colocó la historia de las palabras al viento en el guión de la tarde y la soltó cuando creyo conveniente contarla. Pero la contó con toda la verdad. Desde el momento en que mi madre encontró el escrito en el bolsillo derecho de su leva. Sin darse crédito alguno. Ese día en la Tienda de Juanito estaba un inspector de Yaguajay que había dado una miniconferencia sobre la necesidad &quot;que tenía la Revolución de convertir las Tiendas Particulares en Tiendas del Pueblo&quot;. Ni siquiera Juanito le había hecho caso mas allá de que conocía de que ya lo habían hecho con otras bodegas. Mi papá recordó la bodega del hombre de Rojas pero no dijo nada. De pronto el inspector dijo que conocía la historia de las palabras al viento desde hacía algún tiempo pero que la conocía a través de la escritura. Cuando mi papá pensaba comenzar otro ciclo de su investigacion sellada porque ahora resultaba que existía una copia del escrito el chofer del inspector lo llamó desde la carretera &quot;vamos, Moronero que tenemos que detenernos en la Tienda de Minervino, coño, hablas mas que tu abuelo que en paz descanse&quot;. Mi papá - que siempre fue un hombre de síntesis mas que de detalles - decidió entonces cerrar el Caso Palabras al viento para siempre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mayo 10 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/5439136813629033129/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/grandes-fabuladores-palabras-al-viento.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/5439136813629033129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/5439136813629033129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/grandes-fabuladores-palabras-al-viento.html' title='Grandes fabuladores. Palabras al viento.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-2603845815537736473</id><published>2020-05-07T16:13:00.000-07:00</published><updated>2020-05-07T17:36:45.859-07:00</updated><title type='text'>Grandes fabuladores.  Musica en la noche.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando el Muchacho terminó de orinar en el patio occidental de la casa de Mingo Manso y se ladeó hacia el Norte para regresar hacia la sala de la casa se dio cuenta de que una luz naranja se movía, veloz, hacia el faldeo de la Loma por el potrero de Justino. La luz se movía casi a ras de suelo y en algún momento llegó hasta donde comenzaba el camino que subía hacia la casa de Mingo. El Muchacho terminó por asustarse porque se había criado en un barrio en donde todo el mundo aseguraba que &quot;salían luces&quot; y sabía que cuando la gente hablaba de &quot;luces que salían&quot; eso quería decir que detrás de las luces que salían siempre habría muertos y mucho misterio. El Muchacho comenzó a temblar y se olvidó de que estaba en un Velorio de Santos a donde había sido invitado por la familia Manso/Navarro. La luz comenzó a subir por el camino empedrado de la casa de Mingo y el Muchacho no se dio cuenta de que estaba caminando de espaldas hacia la puerta Norte de la sala. Tampoco se dio cuenta cuando paso un pie sobre el durmiente y solo se percató de que se estaba cagando en el momento en que su otro pie chocó contra el durmiente y entonces cayó de espaldas sobre la parte trasera de un taburete que estaba ocupado por uno de los visitantes. Se levantó enseguida y ocupó su taburete al lado del Altar como si nada hubiera ocurrido. Ni el hombre del taburete ni ninguno de los asistentes al Velorio de Rosa la de Mingo le dio importancia a la caída del Muchacho. Solo se trataba de un tipo que había salido a mear y que al regreso había chocado contra un taburete. Pero el Muchacho seguía temblando y Florencio Expósito lo notó. Qué te pasa, hombre - le preguntó. Una luz se está moviendo por todo el potrero de Justino y ahora mismo sube por el camino de Mingo - Florencio se dio cuenta de que solo el hecho de haber podido pronunciar unas pocas palabras lo había sacado del estado de shock. Y cuál es el problema, desde luego, ahí está - Florencio miró al resto de los veloriantes y movió sus manos sobre las rodillas para simular que también estaba temblando de miedo. Algunos se echaron a reír. Es la primera vez que me sale una luz - agregó el Muchacho. Pues entonces vamos a estar atentos a esa puerta de la calle porque en cualquier momento entrará la luz por ahí a menos que para entonces ya se haya convertido en un muerto y nos joda el Velorio - expresó el abuelo Ramoncito Navarro. Inmediatamente el hombre con tendencia a gordo apareció en el vano de la puerta. Antes de que la gente saludara efusivamente su llegada el hombre con tendencia a gordo levantó su farol clásico hasta la altura de su cara con la mano zurda y con los dedos de la derecha movió la manigueta del bombillo para subirlo un tanto y dejar el espacio suficiente para que el aire de sus pulmones pudiera apagar la llama. Bueno, Muchacho, ahí tienes al muerto de la luz - dijo Luis Navarro. Los visitantes volvieron a reírse a carcajadas. Muy bien, señores, yo seré el tipo de la luz pero estoy bien vivo y ni se imaginan lo que me acaba de pasar debajo de la ceiba del potrero de Justino - agregó Moronero. El Viejo Moronero ocupó el asiento que le habían destinado por el lado de la ventana Este. Entre otras cosas, eso es lo que esperaban todos de Moronero. Una historia nueva. Otra historia. En la esquina suroccidental de la gran sala de la casa rústica campesina el Altar refulgía. La mesa enguirnalada con papel amarillo y azul estaba colocada de manera tal que simulara la base de un triángulo equilátero cuyos lados restantes eran las paredes. Sobre la mesa había velas prendidas dentro de varios recipientes alrededor de una vela mayor que descansaba su rectitud dentro de un pomo de mermelada de guayaba, algunas figuras católicas estampadas sobre papel promocional, unos pocos caracoles de la Loma, dos jícaras vacías de la parte interior del coco, tres tabacos Reloba y tres o cuatro botellas de ron a medio llenar. Rosa la de Mingo no tenía ni la menor idea de lo que había usado para decorar su mesa de Velorio pero como en casi todos los Velorios a los que había asistido había visto mas o menos lo mismo pues ella también lo había hecho con algunos agregados que alguien le dijo eran &quot;santería pura&quot; pero que eso no importaba porque desde que los españoles habían comenzado a traer negros esclavos desde Africa &quot;las religiones se habían vuelto un verdadero relajo&quot;. Detrás de la mesa estaba el&amp;nbsp; Altar oficial en donde se adoraba a los santos. La Virgen de la Caridad del Cobre custodiada por los Tres Juanes embarcados en la chalupa buscadora de sal, el Corazón de Jesús, rubio y de ojos azules con su mirada eternamente angelical y sufrida, San Lázaro seguido de sus perros de siempre, Santa Brígida, el Santo Niño de Atoche, San Expedito y una imagen de yeso de San Agustín que Cuka la Isleña le había prestado con la petición reiterativa de que &quot;se la cuidara muy bien&quot;. Ofelia y Justino le habían aclarado que adorar imágenes &quot;era cosa del Diablo&quot; pero a ella no le gustaban mucho los Testigos de Jehová &quot;y mas cuando por cada Testigo de Jehová habia como mil católicos y como dos mil santeros&quot;. En un final hacer un Velorio de santos no era mas que un pretexto para comer dulce de coco en torticas, tomar café como tinta y degustar chocolate caliente de Baracoa, fumar cigarros Vegueros de la Tienda de Juanito como malditos murciélagos, reírse a carcajada limpia con los juegos de siempre en donde los enamorados furtivos podían darse los primeros besos y los primeros apretones que luego configurarían su relación sentimental, escuchar cuartetas y décimas y&amp;nbsp; gozar con las fábulas de los grandes fabuladores del barrio y de los barrios adyacenes. Tan para gozar eran los Velorios de santos que algunas veces se convertían en &quot;velorios parrandeados&quot; y la adoración a los santos terminaba a fuerza de guateque. A ver, Moronero, qué fue lo que te pasó en la ceiba del potrero - preguntó Belillo mientras intentaba prender un cigarro con un mocho que le había pasado su mujer. Moronero estaba sentado en su taburete recostado contra la pared y las patas delanteras del mueble campesino parecían los colmillos de aquel hombre desdentado y sonriente con un sombrero de guano que salía en las fotos que promocionaban la Reforma Agraria y las Tiendas del Pueblo y que también estaba en el famoso libro del Capitán Antonio Núñez Jiménez Geografía de Cuba y que para algunos niños creciditos que habian terminado el sexto grado se parecía muchísimo a Caridad Oria el de Cambao. No, conversen ustedes primero que me estoy ahogando - respondió, y comenzó a toser detrás de su mano pegada a la boca. Rosa la de Mingo abrió los ojos como si una maná de jutías congas amenazara con derrumbar la casa. Qué te pasa, Morón - inquirió - tienes catarro?. Moronero tosió como seis veces seguidas antes de separar su mano de la boca. No, Rosa, qué va, es la lana, la lana de las condenadas cajetas de la ceiba, no paran de caer ni de noche y mira que hay menos viento que durante una huelga de los Jefes de las Ventoleras del Cielo, igual las cajetas se desprenden de sus gajos y cuando llegan a la altura de los ojos de uno se abren como flores de bollo de negra y se te meten en todos tus huecos, tuve que salir corriendo de debajo de la ceiba so pena de quedarme ciego, llevo tres años tratando de que Justino Martínez me deje cortarla y vendérsela a la Funeraria de Yaguajay para que hagan cajas de muerto y para que Cachaco el del Carro Fúnebre no tenga que dar tanto viaje a Caibarién, el asunto es que aunque traté de mantener cerrada la boca la lana se me ha metido por los huecos de la naríz, por las orejas y por los lagrimales de los ojos, debo tener la garganta llena de lana - Moronero volvió a toser como diez veces e hizo como si espantara a los pedazo de lana de ceiba que le estaban dando tanta tos hacia la puerta de la sala. La gente se miró como preguntándose si esta sería la gran historia de lo que le había pasado debajo de la ceiba de Justino o si solo sería una anécdota relacionada con lana de ceiba en una noche sin viento. Pedrón cogió el coquito color cartucho que le brindó Nereida la Bella de Mingo y le dijo a Moronero que tratara de aguantar un poco de lana detrás de su garganta porque era la única manera de que algún día &quot;pudiera tener una almohada decente sobre la que poner la cabeza&quot;. Moronero asimiló la pulla y después de unos segundos dijo &quot;me encanta oír los consejos de los solterones, de esos que solo usarán una almohada para toda la vida&quot;.&amp;nbsp; Elier Navarro no pudo contener sus manos y aplaudió la salida de Moronero. Pedrón pensaba preguntarle que &quot;por qué no había traído a su hermana al Velorio para que alguien le acompañara en su almoha de solterón&quot; pero el aplauso de Elier le cortó los hilos. Nereida la Bella terminó de repartir la primera ronda de dulce de coco confeccionado con azúcar negra y cocos secos de la finca de Los Isleños y su hermana Cira el Espinfle se preparó para cuando tocara repartir el chocolate caliente. Mientras se comía su coquito el muchacho recitó &quot;hermano, dile a mamá, que me mande cuatro cocos y si le parecen pocos que me mande cuatro más, que yo no puedo ir allá porque me da mucha pena, que me mande una docena pa un dulce que voy hacer y si lo quiere comer que venga por Noche Buena&quot;. Muchacho, te cagarás cuando ves una luz en el potrero de Justino pero, coño, mira que te sabes décimas - dijo Mingo, mientras le miraba con ojos detenidos repletos de amenaza. El Muchacho sabía que Mingo le estaba advirtiendo de que no se le fuera a ocurrir decir las décimas que tenían a su hija Toña y a su enamorado José Ramón como protagonistas y que alguien le había dicho que las había compuesto él mismo y que eran una sarta de burlas e ironías en donde el humor era un maravilloso pretexto para contar de una relación bastante sui géneris. Eso no es na - dijo Ramoncito - cuchen esta cuarteta que inventé hace unos días en el portal de la Tienda de Juanito, cuchen &quot;yo soy un pobre viejito que baja por el caminito hasta el potrerito y después cruza una cerquita para llegar hasta la tiendita&quot;. Elier Navarro volvió a aplaudir y agregó &quot;ustedes no saben nada de décimas, caballeros, oigan esta cuarteta que le improvisó Juan Ramos a Basilio Gallardo en la Tienda una tarde en que estaba cayendo un aguacero infernal &quot;tú ere Basilio Gallardo el hombre e la yegua gorda.....aquí Juan Ramos se detuvo porque no encontraba la palabra que pegara con &quot;gorda&quot; hasta que se topó con &quot;corva&quot; y dijo &quot;que tiene una cosa en la corva&quot;.....y aquí le pasó lo mismo, nada le pegaba con &quot;Gallardo&quot;...hasta que tuvo que terminar de esta manera &quot;que da caldo&quot;, o sea la cuarteta quedó así &quot;tu ere basilio gallardo el hombre e la yegua gorda que tiene una cosa en la corva que da caldo&quot;. Cuando todos terminaron de reír Ramoncito dijo &quot;ese Juan Ramos es un animal, ese tiene menos de poeta que yo de Presidente de la República&quot;. El Muchacho debió hacer un esfuerzo supremo para no recitar una de las décimas del &quot;el Cachazú y de su novia Toña&quot; y tuvo que hacer otro esfuerzo mayor para no prolongar las risas de los veloriantes al recordar que cada vez que El Cachazú quería tocar el cuerpo de Toña la Grande a manera de caricia Toña le separaba sus manos y le decía &quot;josé ramón échate pallá que mira que papá nos va a ven&quot;. Entonces Moronero pidió a Cira que trajera el chocolate prometido y mientras lo esperaba dijo &quot;una de las cuartetas mas bonitas y cómicas que he escuchdo en mi vida se la oí improvisar al hijo de Pepe Siverio, al mayor, un día en que fui a buscar una batea de cedro que le había hecho a mi mujer, ese día el viejo Juan Santiago estaba de paso en casa de Pepe y como siempre comenzó a celebrar a su yegua blanca de &quot;paso militar y brío único&quot; y hacía como que conversaba con su yegua y simulaba que la maldita yegua lo entendía, Pepito - que ustedes saben ahora vive en La Habana - que era la pata del diablo y que además era un Ferrer puro se puso a mirar para la yegua y como sabía que al viejo Juan Santiago le encantaba escuchar piropos dedicados a su yegua blanca dijo &quot;la yegua de Juan Santiago. blanca como una paloma&quot;......aquí se detuvo como haría Juan Ramos, pero se detuvo para que Juan Santiago se pavoneara con las cosas que se le ocurrían al muchacho de Pepe....Pepito dejó que se engolosinara con la clase de su bestia y volvió a repetir los dos primeros renglones &quot;la yegua de Juan Santiago, blanca como una paloma......tal parece una calcoma cuando está meneando el rabo&quot;, oiga, Juan Santiago se quedó mudo, abrió los ojos como si le estuvieran metiendo un cabo de guataca por el culo y ni se despidió de la familia y estuvo sin venir por casa de Pepe hasta que se enteró de que el hijo se había ido para La Habana. Toña la de José Ramón soltó una larga carcajada y exclamó &quot;tal parece una calcoma, ay qué gracioso&quot;. Na, chica, que esa yegua es blanca hasta que se mete en un fanguero, esa yegua no sirve ni para jalar un carretón - dijo Moronero mientras cogía el vaso de chocolate que le ofrecía Cira la de Mingo. Florencio Expósito estaba tratando de hacer reír a la Negra Andrea pero la Negra del Vivero todavía no había abierto su boca desdentada de encías rojas como sangre. El Muchacho pensó que si estaba tan seria sería porque seguramente no se podía olvidar de la tarde en que el Isleño Florencio la cogió dentro del campo de caña de Pablo Alfaro y cuando pudo meterle su tranca de caballo la negra gritaba como si fuera un niño con fiebre alta y garraspera en la garganta. Según le había contado Rafael el de la Niña él pasaba por la orilla del campo de caña de regreso de la casa de Pedro Leyva cuando escuchó los gemidos de la Negra Andrea que se fueron convirtiendo en gritos a medida que el caballo de Islas Canarias iba introduciendo su poste de la luz en la raja de la Bruja del Vivero. Como Rafael terminó por pensar que probablemente el Isleño pudiera perjudicarle la matríz a la Negra Andrea comenzó a cantar &quot;Dile a Catalina que me mande el guayo&quot; con el único objetivo de que la pareja lo oyera y se asustara y terminara su faena íntima de campo de caña. Según Rafael su táctica tuvo éxito porque unos minutos después se habían acabado los gemidos de dolor - ji jiiin jiig jinn - y observó que el Isleño salía de una calle del cañaveral levantándose los pantalones. Rafael se estaba comiendo una caña pelada con su machete Corona y decía que cuando Florencio lo vio se quedó pasmado y que se le soltó el pantalón de las manos y antes de que llegara al suelo su majá de santa maría, todavía sarazón, casi que le llegaba a las rodillas. Desde luego, ahí está, parece que va a llover, qué haces por aquí amigo, le preguntó. Rafael le dijo que venía de la casa de su cuñado y que había preferido coger por la orilla del cañaveral para ver si tenía la suerte de encontrarse algunos mangos&amp;nbsp; aventureros cascarruses maduros en el mangal de Los Alfaro para llevarle a sus hijos. Pensó decirle que &quot;el sol estaba rajando las piedras&quot; pero no lo dijo porque a lo mejor se le volvía a caer el pantalón y no estaba interesado en observar serpientes vespertinas. Cuando doblaron hacia la carretera todavía la Negra Andrea no había salido del campo de caña. El Muchacho terminó de recrearse la anécdota que le había contado Rafael cuando Vitico el de Mingo le estaba diciendo al abuelo Ramoncito &quot;abuelo, disles la cuarteta que le sacaste a Basilio Gallardo y a su horno&quot;. Ramoncito se soltó una risita socarrona y dijo &quot;ay, Vito, eso sí que fue del carajo, imagínense ustedes que a Basilio Gallardo el hombre e la yegua gorda se le antoja aprender a hacer un horno y se va casa de Belillo para que lo enseñe - Belillo asintió con la cabeza - y cuando se creía que ya sabía hacer un horno como Dios manda lo paró en un dos por tres en San Juan y le pegó candela y el hombre no salía ni un minuto del lado de su horno hasta que una madrugada no fue y pa qué fue aquello, su horno volao parecía un campo e caña embembao con el viento sur y&amp;nbsp; por mucho que lo intentó el horno se volvió ceniza y entonces fue ahí que yo le saqué esta cuarteta y que dice así (basilio qué te pasó en la loma de san juan en vano será safán el horno se te voló)&quot;. Elier se levantó de su taburete y exclamó &quot;esa sí que está buena&quot;. El Muchacho se maravilló cuando escuchó &quot;safán&quot;&amp;nbsp; porque él sabía que Ramoncito había querido decir &quot;su afán&quot; mas allá de que los veloriantes solo estaban interesados en la rima forzada y ciertamente algunos también entendían su riquisimo lenguaje vernáculo. El Muchacho se había dado cuenta de que la charla de Florencio con la Negra Andrea incluía un extraño movimiento de nalgas del hombre sobre su taburete y le pareció que no estaba relacionado con ningún deseo sexual. Así que le dijo &quot;oiga, Florencio, lo veo meneándose mucho sobre su asiento, no se le ocurra tirarse uno de esos peos apestosos suyos que siempre llegan detrás de algún movimiento de su culo&quot;. Florencio se quedó sembrado sobre el cuero de su taburete y contestó &quot;oiga, chirriburria, mire que usted es falta de respeto, me dan ganas de bailarte como a un bolinchinche pero en cambio, ahí está, voy a decirles una décima relacionada con un peo que se tiró una vez una muchacha en una escuela, un peo de verdad y no mis peítos de mierda que nada más se escuchan en casa de Los Rosa, escuchen esto (en la escuela bernardito&amp;nbsp; en la hora del recreo se le fue a Mariela un peo que se oyó en hollo chiquito se despertó el jenjibrito y la gente de san blas y un poquito mas allá sin que lo diga en jarana retumbó en loma ventana nuevo mundo y trinidad), eso sí que fue un bombazo&quot;. Coñok - exclamó Mecho el de Mingo, alabao sea Dios. Ustedes se saben la décima de la Fiesta de la Tomatera - peguntó Liove Lara -, pues yo sí y voy pallá &quot;entérate que el domingo hay baile en la tomatera que lo da benito mera en la escuela pirindingo vienen guaguas y fotingos catapilas y carretas y en una yegua repleta viene la familia arturo el panadero en un mulo y batista en bicicleta&quot;, qué les parece. El enano de Los Lara fue premiado con un aplauso soberano aunque casi todo el mundo conocía de la famosa décima. Pedrón le pidió a Moronero que continuara con la historia de lo que le había pasado en la ceiba. Moronero cruzó uno de sus pies sobre el otro y dijo &quot;ustedes saben que hay un misterio con esa ceiba de Justino, la mitad de la ceiba, la que da para el Vivero nunca pare cajetas y por lo tanto por ahí se puede caminar como si nada porque no hay lana pero por la parte que da para el potrero que está al fondo de la casa de Pito Leyva es el acabóse, la mata pare mas cajetas de lana que una curiela primeriza, así que yo, que lo sé, solo me cuido cuando paso de la mitad de la mata sobre todo si vengo a pie como esta noche, pues miren ustedes, cuando voy llegando a la dichosa mata escucho una cancioncita que todos ustedes conocen, esa que dice &quot;Pónme la mano aquí Macorina&quot; con la salvedad de que solo se oía un pedazo, o sea &quot;pónme la mano aquí maco&quot; y se repetía hasta el cansancio, yo pensé que era alguien que la estaba escuchando con una radio rota o que solo tuviera la mitad de las pilas, vaya usted a saber, el caso es que me detuve y la cancioncita continuó con la misma letanía, de &quot;pónme la mano aquí maco pónme la mano aquí maco&quot; hasta que me dirigí hacia el lugar de donde salía la música incompleta, estuve buscando como una hora hasta que me topé con un cogollo seco de caña que estaba siendo batido por el viento sur y me di cuenta de que al parecer la música salía de allí, así que me agaché y puse la oreja izquierda contra el cogollo y la maldita guaracha casi me rompe los tímpanos y como en ese mismo momento salió la luna pues me pude fijar mejor en lo que pasaba dentro de las hojas del cogollo porque con la luz del farol no tenía, y cual no sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que allí había un pedazo de disco que era tocado por una de las hojas del cogollo cada vez que el viento la soplaba y esa hoja hacía el papel de la agujita que ustedes saben es la que al pasar sobre las ranuras del disco lo hace sonar y entonces me puse a buscar la otra mitad del disco porque me dije que tenia que estar por allí y por supuesto que estaba en el mismo tronco de la ceiba, recostada como si algún jodedor la hubiera puesto allí, así que la cogi y me fui hasta la cerca del potrero en busca de una semilla de guavoegallo para intentar pegarlo con su baba pegajosa y poder escuchar toda la música y claro que lo soldé como si nada y entonces lo llevé hasta el tronco de la ceiba acompañado de la pajita de cogollo y me dispuse a escuchar toda la canción de una vez y en algún momento me entoné tanto que me puse a bailar solo alrededor del tronco de la ceiba. Moronero descruzó sus pies y cogió el vaso de chocolate del suelo. Se dio cuenta de que estaba mas frío que barriga de jubo pero no dijo nada. Oiga, Morón - dijo Fela la de Bille - pero ese pedazo de disco sería una chinguita de disco. Claro, niña, se parecía a la mitad de la tapa de una lata de sardinas, si tú vieras que grande era la otra parte, esa sí que se parecía a la mitad de una palangana recortada por el medio - Moronero se dispuso para lo de siempre. Casi todos le hacían preguntas relacionadas con sus historias. Se creía un gran conferencista que aceptaba inquietudes de sus oyentes, cualesquiera que estas fueran. Coño - dijo Macho Navarro - pero a quien se le puede haber perdido un disco por aquí. Eso mismo me pregunté yo y solo se me ocurre pensar que fue al Negro Mongo que siempre está ensayando con las canciones de otra gente y no tiene cerebro para inventar las suyas propias - respondió Moronero - de todas maneras es verdad que está muy raro y habrá que preguntarle cuando alguien se empate con él. Yo creo - dijo el Muchacho -&amp;nbsp; que el Negro Mongo venía de casa de Los Isleños por el camino interior y que se puso a descansar debajo de la ceiba y que de pronto comenzaron a caerle cajetas de lana en la cabeza y que cuando se fue a ir se le cayó el disco y alguna cajeta muy grande con mas lana de la cuenta lo rompió y el viento se encargó de mover las dos mitades que cayeron, por cierto, bastante cerca una de la otra. Moronero lo miró. Oye, poeta, tú también debes ser medio policía detéctive - agregó Moronero - porque eso es lo mismo que yo pensé antes de que la ventolera levantara el disco con música y todo y se lo llevara para la casa del carajo. Todos los veloriantes sabían que esa noche había una luna lunera cascabelera sobre una tierra en calma chicha y que una ventolera era tan poco probable como que el Negro Mongo compusiera sus propias canciones. Pero prefirieron hacer silencio porque aunque Moronero no se berreaba con facilidad tampoco era perfecto en ese sentido. De todas formas Leovigildo Lara dijo &quot;caramba, Morón, y yo que pensaba que traías el disco en alguno de tus bolsillos&quot;. Eso es lo que pensaba hacer, Liove, traerlo y sorprenderlos a todos ustedes al final del Velorio convirtiendo al Velorio en un Velorio parrandiao, pero mira lo que son las cosas, amigo, el viento de la noche. Y donde carajo habrá caído - inquirió Ratón Comehilo. Eso depende - respondió Moronero - el viento tiene tremenda fuerza, muchacho, y si no que lo diga Tico el de Domingo el Isleño cuando se da cuenta de que un flai al raifil se convierte en un jonrón cuando el viento le ayuda un poquito y ve como pasa por arriba de la casa de Julio e la Rosa, yo mismo tuve la oportunidad de ser testigo de como el viento me ayudó con un jonrón que le di en Jagueyal a un pítcher negro de Narcisa y por mucho que corrió patrás el lef fil para atrapar el batazo de nada le valió porque la pelota subió y subió y pasó sobre el Pichón de Monte&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;y cayó, mojada, a los tres días, aquí en Plateros, en la alforja derecha del serón del Viejo del Pan. Bueno, cayó mojada, pero estaba intacta, fíjese usted si estaba como nueva que el Viejo del Pan me la cambió por un gato ratonero y estuvimos jugando con ella como tres años - dijo Roberto Navarro. No lo dudo - agregó Moronero - si era una pelota Wilson que me había regalado un americano que estuvo investigando la vida de los camangrejos hace unos años. El Muchacho se levantó de su taburete para preguntarle a Moronero &quot;camangrejos, qué es eso&quot;. Moronero le miró y después de decir a Toña la de Mingo que ya tenía ganas de tomarse una tacita de café y de encender un Veguero respondió &quot;bueno, ya sabía que tú no te lo puedes saber todo, poeta, un camangrejo es un bicharraco que nace del cruce de un camarón y de un cangrejo y te juro que es el bicho mas rico que nada en un canal - dijo. Pero - insistió el Muchacho - están en algún canal especial o están en todas partes de la costa. Moronero se tomó su tacita de café y prendió un Veguero después de frotarlo contra el muslo izquierdo. Ya no &quot;están&quot; en ninguna parte, poeta, una plaga de mosquitos coracís que vino desde la laguna de la Leche en Morón, los mató a todos porque, según el americano, el color rojizo del carapacho de los bichos les hizo pensar que tenían tanta sangre como nosotros los humanos. Entonces - pregunto Elier - los coracís podían zambullirse para picar a los ....cómo se llaman....camangrejos, no?. No podían hacerlo, hijo, lo que pasa es que los camangrejos, cuando se llenaban de comer palmiche pintón, salían a coger sol a la superficie y era ahí donde aprovechaban los piquilargos de Morón para meter sus leznas en sus carapachos. O sea - preguntó el Muchacho - que cuando usted conoció al americano de la pelota Wilson y él le permitió ver a sus camangrejos había palmas reales en los manglares. Moronero le echó una mirada extraña y la gente se dio cuenta. No, chico, no había ni una sola palma real pero ustedes saben como son los americanos que hacen un negocio en una cuarta de tierra, el tipo se enteró de la existencia del Palmar de Araña allá en la orilla sureste de Caibarién y compró por adelantado todo el palmiche que pudieran parir las palmas durante tres años y con eso los alimentó hasta lo de los coracís. El Muchacho recordó que Rafael le había hablado de un americano que pasó, hacía unos años, por la casa de su mamá durante un viaje de turismo y que había tenido que detenerse y bajar a la casa porque el motor se le recalentó con el sol de Agosto y que el americano era muy amable y que había vuelto a detenerse en la casa cuando regresó de su viaje al Oriente de la Isla. Pero no quiso hacer otra pregunta a Moronero porque seguramente se trataba de otro americano. Finalmente el Muchacho le hizo la última pregunta &quot;acaso ha pensado usted de donde pudo salir ese cogollo de caña si la zafra terminó hace como seis meses y las reses se comen el cogollo aunque esté podrido y otra cosa, como fue posible que usted girara el disco debajo de la paja de caña o lo que hizo fue pasarlo haciendo círculos sobre él o también fue cosa del viento nocturno&quot;. Moronero volvió a mirarlo por enésima vez. Muchacho, la vida está llena de misterios, a lo mejor una raíz larga del cañaveral de Pablo Alfaro ha llegado hasta la ceiba y...ya tú sabes, cuántas veces he visto a los terneros encaramados arriba de la ceiba - repondió el Gran Fabulador -, y sobre tu otra pregunta solo puedo decirte que hay cosas que son un secreto profesional y lamentablemente de eso sí que no puedo hablar. Entiendo, señor, de todas maneras le preguntaré a Eliseo Cabrera o a Raúl Ferrer cuando pase por la casa de su tía Queta - concluyó el Muchacho. Oiga, Moronero, si el jonrón suyo se voló la Loma y cayó en un serón de pan no sería posible también que el disco y el cogollo se hayan volado también la Loma y caído en el patio de su casa - indagó Ratón Comehilo. Hijo - aclaró Morón - eso es muy posible porque la ventolera fue de ampanga en ese momento, les avisaré si eso hubiera ocurrido. Entonces Puchulongo se acordó de que también en los velorios se hacían cuentos picantes y se jugaba a los juegos que se jugaban en los velorios y se imponían castigos a los perdedores y los ganadores podían imponer castigos a cualquiera de los participantes en el juego. De esa manera la gente se pasaba minutos riendo y los perdedores se morían de verguenza teniendo que gritar como niños con hambre de teta, que cantar como gallos roncos, que caminar como monos de la selva, que cantar como pajaritos medio mudos, que simular que eran gagos o ñañajúas o sacar a pasear a una muchacha o a un muchacho e incluso hasta tener que besarlo o besarla en la parte del cuerpo que eligiera el castigador. Muy bien, dejemos descansar al Gran Moronero - dijo Puchulongo - y juguemos, propongo, a la sortija. El Muchacho observó a Puchulongo. Puchulongo era casi un muchacho enano con eterna cara de viejo y disfrutaba muchísimo con los cuentos cómicos y picantes y se palmeaba las manos y se golpeaba los muslos con los ojos lagrimeando y exclamaba &quot;mariapurísima, niño&quot;. El Muchacho lo &quot;vio&quot; comenzando a jugar en la segunda base en el Equipo de Pelota Grande de Plateros y especializándose en conectar &quot;texas&quot; detrás de las almohadillas. Pero lo que mas le había impactado de Puchulongo eran sus historias familiares marcadas por lo sexual. Había dos historias clásicas que El Puchu hacía cada vez que la gente se las pedía y lo hacía frente a toda clase de público y juraba que eran &quot;mil por ciento&quot; verdad. Una de ellas estaba relacionada con gallinas. Aseguraba que le había matado muchísimas gallinas a su mamá y a sus tías metiéndoles la pinga por el culo. Decía que las gallinas eran mucho mas calientes que las mujeres y mostraba su manera de cogerlas por el tronco de las alas y sujetarlas mientras se las estaba singando. A veces decía que lo mejor que se hacía con una gallina era una paja. Lo malo, abundaba, era que la cabeza de la pinga le removía todo el mondongo y terminaba por ahogarlas cuando la cabeza le llegaba al buche y que cuando les sacaba el machete se cagaban todas y tenía que tener mucho cuidado para que no le embarraran el pantalón de mierda. La segunda historia tenía que ver con uno de sus tíos, un solterón empedernido con rasgos amanerados que solo tenía de amanerados sus rasgos porque todo el mundo sabía que era un hombre de verdad. Una noche Puchulongo se quedó en su casa y durmió en la misma cama que él. Pensando en el culo macho que tenía tan cerca se le paró el animal y se viró contra las nalgas de su tío y le pasó una de sus piernas sobre sus caderas. Decia que el tío no se movió ni un milímetro y entonces le puso la tranca entre las nalgas y como tampoco se movía le bajó el calzoncillo con mucha delicadeza. El tío parecía muerto y el sobrino pensó que se estaba haciendo el dormido para que se lo clavara. Así que se ensalivó el yerro y se lo colocó en el hueco del culo y empujó. Cuando se había acabado de venir el tío se despertó y sintió lo que tenía dentro y el sobrino no encontró qué decir y tampoco se le ocurrió desenfundar el machete. El tío solo atinó a decir que &quot;como había sido capaz de haberle hecho esa cochinada&quot;, que eso no se le &quot;hacía a un hombre&quot; y que nunca mas se le &quot;ocurriera templárselo&quot;. Puchulongo se cansó de su perorata y le dijo &quot;está bien, está bien, tío, cállate, ya eso pasó y cállate&quot;. Puchulongo aseguraba que el tío agregó &quot;está bien, que nadie se entere, si quieres déjamela dentro pero no te muevas mas, coño, que tengo sueño&quot;. El caso es que Pucholongo contaba esta historia sin miedo a que el tío se enterara. De modo que Puchulongo le pidió a Esperanza la del Neno que repartiera la sortija. Ramoncito le prestó su vieja alianza de matrimonio después de que su mujer, Luisa, le diera permiso para hacerlo. El Juego de la sortija era muy simple. Alguien se metía la sortija entre las palmas de su manos y las apretaba muy bien para que la sortija no se cayera. Entonces comenzaba a deslizar sus manos por entre las manos semiabiertas de los jugadores como si fuera a partir un cake con mucha sutileza o como si fuera a limpiarle el culo a un recién nacido con la parte baja de sus dedos meñiques. El objetivo era dejar la sortija en algún par de manos, sentarse en su taburete y ordenar a alguien que saliera a buscarla. El buscador sabía que tenía que adivinar quien la tenía porque si no sería castigado por la repartidora de la sortija. Todo el mundo se ponía serio y el que tenía la prenda trataba de mostrarse normal como todo el mundo para no delatarse. En ese momento todo el mundo tenía que hacer de actor o de actríz. El elegido les miraba a todos tratando de descubrir algún indicio de nerviosismo en el poseedor de la sortija. Hasta que al fin se decidía y se dirigía al chico o a la chica. Que salga Toña - ordenó Esperanza. Toña se quedó de una pieza porque estaba segura de cual sería su castigo en caso de no adivinar quien tenía la dichosa sortija. Después de unos minutos de observación muy cuidadosa se fue hasta donde estaba Alfredo Navarro, su primo segundo. Alfredo abrió sus manos de par en par, se mordió los labios y abrió los ojos y le dijo &quot;vacías, es verdad, te jodiste...o te salvaste&quot;. La sortija la tenía la Negra Andrea y la Bruja del Vivero sabía que era ella quien la repartiría de nuevo. Esperanza ordenó a Toña que sacara a José Ramón a dar un paseo por la sala cogidos de la mano y que antes de sentarse en el taburete de ella le pidiera que la besara en la boca. Toña se puso colorada como un tomate y se metió la mandíbula en el pecho. Pero sabía que tenía que hacerlo so pena de fastidiar los próximos juegos. Porque todo el que aceptaba formar parte de los juegos de antemano estaba comprometiendo su palabra. Vamos, hija, hazlo - le dijo Rosa - es solo un juego. Que lo saque, que lo saque, que lo saque, coreaban todas las voces. Mingo apenas podía contener la risa que porfiaba por salírsele de la garganta. Al fin Toña le tendió la mano a su prometido de Majagual, el novio se la cogió y comenzaron a caminar por todo el interior del círculo de veloriantes. Cuando llegaron al taburete de Toña José Ramón sabía que tenía que besarla en la boca como si se tratara de la noche de su boda. Pero los dos se paralizaron y no se atrevían a acercar sus caras. De pronto Mingo Manso se paró de su taburete y salió, lentamente, de la sala. El Muchacho - que solo estaba esperando una ocasión como esa - se levantó del banco de troncos para donde se había cambiado y le dijo a la novia &quot;arriba, Toña, si ahora tu papá no te va a ven&quot;. La gente prorrumpió en una sonora carcajada, los novios se besaron levemente en la boca y cuando se hizo el silencio Mingo Manso retornó a la sala. A lo mejor esta misma noche se la lleva - pensó. El Muchacho también estaba pensando en esa posibilidad y los vio cabalgar en la madrugaba por el Camino de las Tecas hacia la casa de monte de José Ramón, Toña, muy nerviosa y casi cayéndose de la zanca del caballo mientras se abracaba a la cintura de su casi marido que apenas podía soportar el olor a hembra rendida de la mujer que llevaba detrás y que esta noche convertiría en mujer de verdad sin la eterna presencia de los padres posesivos. El Muchacho los imaginaba en la cama de pobre de José Ramón, revolcándose sobre la sábana vieja de la colchoneta barata con olor a carbón vegetal y eso le hacía recordar cuando Rafael le preguntaba &quot;Vera, es verdad que cuando Beto y Nata están en lo suyo la cama se mueve sin parar y hace quiquicán quiquicán quiquicán quiquicán porque aparte de que es un trasto viejo lo que ocurre arriba es un terremoto&quot; y él solo se limitaba a sonreír porque tal vez la vieja cama matrimonial no hiciera un ruido que sonara así pero casi casi. Sobre la una de la madrugada la gente dio por terminado el Velorio y se fueron marchando de a poco. La Familia Manso Navarro recogió la mesa y el Altar y la señora de Mingo se echó a llorar como una magdalena, otra vez, porque los comunistas no habían dictado pena de muerte para su hijo menor de edad el &quot;alzado&quot; sino que le habían conmutado la sentencia por treinta años de cárcel en Isla de Pinos al igual que al hijo de Juan Ramos. Rosa se prometió que haría otro Velorio el día que su hijo saliera en libertad porque pensaba seguir vivita y coleando para entonces y se maravilló de que con una sola vela central hubiera tenido para toda la noche aunque el pomo de mermelada terminara repleto de esperma y también se prometió que dejaría la otra vela que le quedaba para el día en que su hijo regresara a la casa. Vera acompañó a Moronero hasta la Tienda de Juanito y cuando se dio cuenta de que Moronero había venido a pie desde Jagueyal se quedó frío. Morón, yo pensaba que habías dejado tu yegua pastando en la cuneta de Justino - le dijo - entonces te vas a pata o qué. No, chico, me voy en el Carrito de San Fernando - respondió. Vera sabía que ahora tenía que preguntar que cual era ese &quot;carrito&quot; aunque todos sabían la respuesta. El Carrito de San Fernando, Muchacho, un poquito a pie y otro caminando&quot;- aclaró. Te vas por la vereda de Emilio o por La Sabana - inquirió. Oiga, mire que usted pregunta compadre, usted cree que alguien al que se le acaba de morir la madre tenga ganas de conversar tanto a esta hora - Moronero caminó hasta el centro de la carretera y se colocó la mano sobre la frente como si hubiera sol y se puso a mirar para el rumbo de Yaguajay. El Muchacho hizo silencio y aunque sabía que la madre de Moronero se había muerto hacia como mil años expresó &quot;coño, Viejo, lo siento&quot;. Gracias - dijo Moronero - Cachaco quedó conmigo en venir a buscarme sobre las dos de la mañana, así que ya debe estar al llegar porque la enterraremos en Seibabo, como ella siempre quiso, antes de que los gallos cantaran. El Muchacho pensó en negar tres veces la historia de su madre muerta como le había dicho Ofelia en relación con las tres negativas de Pedro a su Mesías Jesucristo frente a los romanos antes de que cantara el gallo pero pensó que a lo mejor Moronero jamás había oído hablar de San Pedro. Así que le dijo &quot;bueno, Morón, te repito que lo siento, entonces me voy porque lamentablemente no puedo acompañarte al entierro porque me están esperando en casa de Carmelo Coronel para jugar al Burro&quot;. Moronero lo detuvo para preguntarle &quot;jugar al Burro a esta hora&quot;. Si señor - contestó el Muchacho - a Carmelo le gusta jugar Burro los domingos por la madrugada antes de que se tiren las gallinas del palo. Moronero le observó de reojo y se dio cuenta de que en el poeta también habia un futuro fabulador. Le palmeó la espalda y le dijo &quot;pues bien vaya hacia su juego con baraja y ojalá que le gane al vicioso de Miguel Ramos y al &quot;habanero&quot; Raúl Mariquilla si es que está por el barrio&quot;. Cincuenta metros después una máquina de alquiler se cruzó con Vera frente a la casa de Alfredo Navarro. Vera se volvió para mirar hacia el sitio en donde estaba Moronero. La máquina se detuvo a su lado porque Moronero le había hecho señas. Que Cachaco haya cambiado su guaguita fúnebre por un Chevrolet del 58 y que venga de Caibarién para recoger a Moronero y llevarlo hasta el velorio de su madre en Seibabo es muy&amp;nbsp; posible, muy posible, por qué no - pensó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida, Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mayo 7 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;lado del altar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/2603845815537736473/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/grandes-fabuladores-musica-en-la-noche.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2603845815537736473'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2603845815537736473'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/05/grandes-fabuladores-musica-en-la-noche.html' title='Grandes fabuladores.  Musica en la noche.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-1584942586790496656</id><published>2020-04-27T16:27:00.000-07:00</published><updated>2020-05-16T07:26:54.488-07:00</updated><title type='text'>Grandes fabuladores. La carrera del siglo.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Arenilla estaba esperando el Gascar en la&amp;nbsp; Estación de Seibabo y cuando el Hombre del Telégrafo sacó la cabeza por la ventanilla y dijo que el Gascar se había roto en Santa Cruz y que por tanto pasaría con un atraso de una hora se desplazó hacia la pared oriental de la caseta y se recostó a esperar porque no tenía ganas de conversar con aquel lote de guajiros apestosos que llevaban hacia Caibarién todo lo que fuera humanamente vendible. Estaba apurado y no deseaba viajar de pie pero le temía al molote que formarían los malditos guajiros cuando el Gascar se detuviera y se puso a pensar en la manera en que podría montarse sin que ninguno de ellos le chocara en la subida. Esta tarde estaba estrenando una guayabera crema y un par de zapatos de dos tonos como los que usaba Benny Moré en la Televisión porque tenía una cita con una mujer de La Tenaza debajo de los altos del Café Liceo. Los futuros viajeros le miraban a cada rato. No lo hacían por la clase de su vestimenta porque todos sabían que el Gran Arenilla siempre había sido un tipo pinchín y aparentemente vanidoso. Le miraban porque nadie se explicaba como todavía el hombre no se había disparado alguna de aquellas historias fabulosas que eran la delicia de los oyentes. De modo que recomenzaron a esperanzarse desde el mismo momento en que el Hombre del Telégrafo anunció la demora del Gascar. Ahora Arenilla estaba alijándose las uñas de los dedos de su mano derecha con una pequeña lima Bellota que le había robado a su sobrino de su caja de herramientas de juguete. Arenilla estaba absorto en la higiene de sus uñas y pensaba, además, en aquella mujerona gordísima que casi se muere de la risa con sus cuentos durante el velorio del indigente de Guaní la semana pasada y que le había dado una cita en el pueblo. Arenilla sabía que cuando una mujer le da una cita a un hombre que la ha hecho reír es un adelanto de lo que llegará alguna vez para ambos en asuntos de alcoba. Estaba terminando la uña del dedo meñique de la mano derecha cuando todos escucharon el&amp;nbsp; recio galope de un caballo que, al parecer, venía desde algún lugar con rumbo al Paradero a cuanto le daban las patas. En efecto, un caballo negro dobló en la&amp;nbsp; última esquina del camino central del barrio y se dirigió hacia el occidente de la Parada del Gascar como si el jinete lo condujera hacia Cambao. El caballo galopaba con pasos largos y la cabeza erguida y el hombre que lo conducía parecía ser un jinete de Clase A y Arenilla recordó a los jinetes ingleses que había visto en una revista sobre hípica que tenía el barbero Andresito Caraevieja sobre la mesa de los espejos en la barbería de Yaguajay. Entonces también recordó su famosa competencia contra el Tren Central el año antespasado. Cuando le había ganado la apuesta de cinco mil pesos y un carro americano del año al finado amigo del Gallego Silboza de Yaguey Abajo. Así que terminó de alijarse la uña del dedo meñique, guardó la lima en el bolsillo izquierdo del pantalón de gabardina y comenzó a caminar hacia donde estaba el grueso de los viajeros esperantes. Si yo fuera ese hombre no me atrevería a mirar el cuentamillas del caballo - dijo - porque no creo que vaya a menos de 150 kilómetros por hora. El público aguantó la carcajada pero no se volvió para mirarlo. Todos sabían que la próxima historia estaba lista detrás de los labios del Señor Arenilla. Es un bonito caballo negro pero parece un penco comparado con aquel caballo bermejo mío con el que gané la apuesta al amigo millonario de Silboza - agregó - ustedes no se enteraron de aquella hazaña mía el año antespasado. Algunos viajeros dijeron &quot;no&quot; y se ladearon para escuchar. Yo estaba en casa de Silboza cuando el millonario llegó con su camión rastra en busca de tres mil quintales de malanga que pensaba trasladar hacia el Mercado Central en La Habana. Era un camión Iternational del año y lo manejaba un negro igualito al hermano de Maceo, José Maceo. Mientras los obreros de Silboza le cargaban el camión frente a uno de sus almacenes en el patio sur de la residencia José Maceo le dijo a mi amigo que se estaba muriendo de las ganas de echar una partidita de dominó. Silboza dijo &quot;no se hable más&quot; y montó la mesa de caoba debajo del flamboyán, colocó los cuatro taburetes con piso y espaldar de piel de jutía carabalí y le pidió al amigo comerciante de viandas de Falcón que si quería echar un partido de dominó con su chofer de pareja contra mí y contra él. Ustedes saben que preguntarle a cualquier cubano que si quiere jugar dominó o discutir de pelota es una manera de cuquearlo y enseguida está listo el partido o la discusión. Cuando la mujer de Silboza trajo la botella de Bacardí y los cuatro vasitos para tragos de un tirón pusimos dos fichas bocabajo y yo levanté primero. Salió none y nos tocó salir.&amp;nbsp; El partido fue bastante parejo hasta que el negro comenzó a sacarnos de quisio. El maldito negro no hacía otra cosa que estarse agachando todo el tiempo y botando fichas gordas hasta que el amigo de Silboza lo mandó para el carajo y se paró de su asiento. Dijo que se rendía &quot;porque así no se podía jugar y de contra ni siquiera sabe contar el fichero&quot; aunque el partido solo estaba con una ligera ventaja para nosotros y entonces se puso a mirar a mi caballo bermejo. Le preguntó a Silboza que de quien era ese penco tan bonito y Silboza me señaló con su dedo índice. Se lo compro - me dijo y respondí que no le vendía nada a simples perdedores que eran incapaces de terminar un maldito partido de dominó. El tipo me miró como si quisiera comerme de un bocado y me dio la espalda. De pronto se volteó y me preguntó que cual era la característica mas importante de mi yegua. Caballo - rectifiqué y si no es porque Silboza me sujeta por el cinto le hubiera caído a machetazos allí mismo. El tipo me dijo que no me soliviantara, que estábamos conversando entre amigos y que él pensaba que mi caballo bermejo era una yegua porque desde hacía algún tiempo estaba padeciendo de un glaucoma bestial y que a veces no distinguía ni a una puerca madre a dos pasos. Lo de mi caballo es la velocidad pura y si lo dudas puedo demostarlo echando una competencia/apuesta contigo - le dije al cegato de Falcón. El tipo me dijo que le pusiera cualquier ejemplo para ver si de verdad mi caballo era tan veloz. Le dije que una tarde salí desde Guaynabo delante de una tempestad que terminó en el aguacero mas grande del siglo XX y que cuando llegué a Jagueyal solamente se le había mojado la punta del rabo al caballo. El hombre miró a Silboza y Silboza lo corroboró porque aquella tarde cuando yo llegué él estaba tomándose unas cervezas en el Bar del Gallego Camilo. El negociante de malangas me preguntó que cuantos kilómetros había entre Gaynabo y Jagueyal. Poco mas de quince - respondí. Mi Jicotea Maríajulia hubiera llegado antes de que el aguacero comenzara y por supuesto hubiera llegado sequecita - se burló. Terminé de mascar un palito de escoba amarga que tenía en&amp;nbsp; la boca y señalé para su camión rastra. Entonces debió haber traído a su jicotea amaestrada porque ese fotingo no llegará jamás a Falcón a menos de que se vaya vacío - riposté. No crea usted, mi jicotea de Islas Galápagos viene detrás de nosotros y será quien se lleve las treinta anegas de maíz de Jaime sobre un remolque de aluminio y si la jodo un poco se come a ciertos caballos bermejos mas lentos que un gusano mión. Entonces le tiré el doble nueve con mi poderosa derecha a lo Agapito Mayor y si no es porque se agacha a tiempo creo que le parto la chola. El hombre me dijo que me dejara de comer tanta mierda que solo estábamos hablando de nuestras propiedades y me preguntó que qué tipo de apuesta yo tenía pensado hacer. Le dije que no había pensado en ninguna apuesta porque era él el que había puesto en duda la velocidad de mi caballo. Me preguntó que si yo había ido alguna vez en tren desde Santa Clara hasta La Habana. Tuve que echarme a reír. Le dije que había andado todo el país en trenes de pasajeros porque era técnico superior de locomotoras eléctricas e incluso le dije que estaba considerando un aviso desde la Central de Ferrocarriles Españoles en donde me ofrecían una plaza de Técnico Electricista. Usted sabe que hay poco mas de doscientos cincuenta kilómetros incluyendo las curvas - dijo. Lo sé - contesté - yo fui uno de los que midió el kilometraje de todas las Vías Anchas de Cuba. El hombre me miró de arriba abajo. Oiga, perece que usted ha viajado por todo el país - dijo. No lo crea, todavía me falta visitar un pueblo de mierda en la Carretera Central que creo se llama Falcón y en donde he oído decir que todos los habitantes son maricones. El tipo terminó por echarse una carcajada y me dijo &quot;está bien, usted gana&quot; pero a lo mejor usted se está refiriendo al pueblo de Pedro Betancourt en Matanzas. No señor, me estoy refiriendo al pueblo de Falcón, sepa usted que yo fui Alcalde de Pedro Betancourt y que tuve que abandonar el cargo so pena de ser violado por un vendedor de malangas que tenía un camión rastra International destartalado. El hombre de Falcón continuó con sus carcajadas y cuando terminó de reír, medio ahogado enre sus lágrimas, le preguntó a Silboza &quot;oye, de donde sacaste a este guajiro tan jodedor y tan imbécil que lo mismo me dice tú que usted&quot;. Esta vez hice silencio y como no tenía nada que tirarle terminé por preguntar &quot;qué pasa con ese tren Santa Clara/Habana&quot;. No pasa nada, compadre, te apuesto cinco mil pesos y mi Cadillac del año a que no le ganas al Tren Central saliendo al mismo tiempo desde Santa Clara. Dije que no entendía ni jota. A ver - me explicó - tú y tu caballo zaeta partirán al mismo tiempo que el tren Santa Clara /Habana y el objetivo será ver quien llega primero a la Estación Central Nacional, cada vez que el tren se detenga tú también lo harás y arrancarás cuando el tren lo haga, alguien que viajará con el maquinista se encargará de que nadie haga trampas y podrán viajar a la velocidad que les de la gana, qué te parece. Acepto la competencia, o sea que si usted pierde me dará el carro y la pasta y si lo hago yo no perderé nada - pregunté. Exactamente, le firmaré un cheque y un documento ante Notario para que le pasen la propiedad de mi carro en caso de que su chivo macho le gane a la máquina del Tren Central y usted me firmara otro mediante el cual yo me quedo con el penco para echárselo a los animales del Zoológico de mi pueblo de machos de verdad. La apuesta me pareció buena, sobre todo porque yo sabía que no tendría probemas para ganar, tantas veces le gané al Gascar desde Yaguajay a Chambas y a las locomotoras desde cualquier chucho de pesar caña hasta Narcisa, así que solo le pedí una semana para reconocer el camino. Los viajeros desviaron sus miradas absortas de la boca parlante de Arenilla y se miraron asombrados. Ni uno solo recordaba o conocía de las victorias de Arenilla y su caballo bermejo sobre El Gascar ni sobre las locomotoras. Pero Arenilla no se dio cuenta de que lo estaban mirando, incrédulos, porque se estaba limpiando la puntera de sus zapatos de dos tonos con la parte trasera inferior del pantalón de gabardina. Pero - continuó - el tipo no mordió, me dijo que él creía que un hombre que había recorrido todo el país montado en miles de trenes debía saberse el camino de memoria. Como me di cuenta de que tenía razón no dije nada y una hora después habíamos firmado las reglas de la apuesta que no eran nada del otro mundo. Yo estaría con mi caballo en la Terminal de Santa Clara a la hora exacta en que saldría el tren y el Arbrito y el comerciante de malangas estarían junto al conductor de la máquina y al Notario para firmar los documentos preliminares y esperar la orden de partida. Debo decir que conseguí que el Notario fuera un hombre de confianza de mi amigo Silboza porque uno no puede estarse cnfiando mucho de gente que vive en un pueblo de maricones. Prometí hacer las cosas como habíamos planeado y enseguida me fui dos semanas para el Pico Turquino a entrenar. De Manzanillo al Turquino la Línea es de Vía Estrecha pero está rodeada de monte tupido, de cercas, de grandes piedras y de abismos y esas cosas son precisamente las cosas que hay que conocer para poder entrenar de verdad y para poder ganar una competencia de velocidad con un caballo contra cualquier contrincante. Entonces uno de los viajeros que esperaba al Gascar se levantó desde su matul y preguntó &quot;oiga, señor, está seguro de que hay una Línea de Vía Estrecha desde Manzanillo hasta el Pico Turquino&quot;. Arenilla se ladeó y lo taladró con su mirada. &quot;Estaba&quot; seguro, señor, porque la gente de Fidel Castro levantó todos los rieles y todas las traviezas para venderselos a una Empresa Ferrocarrilera de Jamaica como chatarra y entonces los dueños de la máquina y de los vagones decidieron echarlos al mar en medio de la bahía para que los fidelistas no fueran a robárselos también. Y cuando fue eso - preguntó el hombre. El año pasado, señor. El hombre sacó unos legajos de adentro de una mochila carmerlita y comenzó a mirarlos. Cuando terminó los guardó con mucho cuidado y observó detenidamente a Arenilla. Lo que pasa, señor, es que llevo años haciendo un catastro nacional sobre todas las Líneas de Vía Estrecha que quedan en el país y no recuerdo habar visitado a ninguna Línea de ese tipo en los alrededores de Manzanillo y mucho menos una que subiera hasta el Pico Turquino, pero tendré que seguir investigando. Arenilla también lo observó detenidamente. Me imagino que ahora usted esté estudiando esta Línea de Vía Estrecha, verdad. Sí señor, con esta termino mi estudio. Pues déjeme decirle una cosa que jamás le he dicho a nadie y de paso también se lo cuento a mis amigos aquí presentes, la Línea de Vía Estrecha que acabo de mencionarle fue tirada por el insigne cubano Carlos Manuel de Céspedes poco antes del inicio de la Guerra del 68 y el Padre de la Patria pensaba utilizarla en el trasiego de cacao desde las montañas pero la Guerra jodió sus planes y solo poquísimas personas conocían de la Línea hasta que un guajiro de la zona, fidelista a rabiar, se lo dijo a Bola de Churre y este enseguida hizo negocios con los jamaiquinos para poder financiar su miserable guerra, también se dice que lo de la venta fue una mentira y que lo que piensa hacer en realidad el imbécil de Birán si ganara la guerra es volver a tirar la Línea por donde mismo iba y sacar la máquina y los vagones de la Bahía de Manzanillo y explotar el asunto como turismo histórico. El hombre del Catastro de Vías Estrechas no podía creer lo que estaba oyendo pero hizo silencio y le pidió permiso a Arenilla para anotar lo que acababa de decir. Por supuesto, señor, y no tiene que darme crédito, soy muy respetuoso de los acontecimientos que han marcado la Historia de la Patria. Como Arenilla se estaba cansando al tener que estar tanto rato de pie comenzó a mirar para todos lados por si acaso encontraba algún objeto que le permitiera poner sus asentaderas. Un señor que llevaba dos sacos con boniatos amarrados hasta la moña para Caibarién se dio cuenta de lo que buscaba y le ofreció uno. Arenilla se lo agradeció pero cuando fue a sentarse frente a la concurrencia se percató de que el saco posiblemente le mancharía su pantalón de gabardina y prefirió mantenerse de pie. La señora del niño lactante sacó una toalla negra de su bolso de poplín y le obligó a aceptarla después de decirle que era una lástima que se le fuera a joder su bonito pantalón. Arenilla le dio las gracias y le prometió que se la mandaría a lavar en la lavandería de su amigo el Chino Lavalopa cuando llegaran al pueblo. La mujer dijo que de eso nada porque ella se ganaba la vida lavando la ropa de los estibadores del puerto y para ella escuchar el final de la historia&amp;nbsp; del caballo y del tren valía mas que todas las toallas del mundo. De modo que Arenilla tendió la toalla sobre el saco de boniatos y retomó su relato mientras esperaban al tren demorado en la Parada de Santa Cruz. Aunque mi caballo podía hacer muy bien el viaje al trote desde Caibarién hasta Santa Clara le pedí a mi amigo Chimbe el de Zuluetas que me lo trasladara en su camión cañero reconvertido en camión ganadero porque sabía que se trataba de un viaje muy largo y una ayudita no le vendría nada mal a Tragamundo. Chimbe tuvo que recoger primero una vaca recién parida en casa de Pablo Gocéndez que su hermano Pedro le había vendido a un dueño de bar especializado en desayunos de café con leche en Camajuaní y de esa manera los dos animales hicieron el viaje juntos. Diez minutos antes de la partida yo estaba listo para romper con la competencia. Le fui presentado al maquinista y al Arbrito y cuando el primero me estrechó la mano me dijo &quot;te jodiste, guajiro, a mi máquina no hay quien le gane&quot;. Le respondí &quot;entonces mucha suerte peste a humo&quot; y le pregunté cuando &quot;arrancamos&quot;. En tres minutos - dijo el Notario. Vi como mi amigo el Notario, el Arbrito y el amigo de Silboza se colocaban, uno detrás de otro, en la ventanilla izquierda para poder seguir en vivo la carrera de mi caballo. Levanté mi mano derecha y le mostré al millonario de Falcón los cinco dedos bien abiertos y después la bajé e hice como si fuera conduciendo un Cadillac. Me respondió que él era un hombre de palabra. Le dije &quot;que se jodan los animales del zoológico porque este caballo se morirá de viejo&quot;. Cuando el maquinista comenzó a observar mi caballo con sus ojos medio cerrados me di cuenta de que lo hacía porque seguramente esperaba que yo utilizaría una montura pelicana, un par de espuelas como las de Jhon Wayne, un par de botas vaqueras como las de Bat Masterson y unas riendas como las que usan las mujeres que practican ecuestre en los prados de Kentucky. Quiero decirles que yo solo andaba con un jipijapa de medio palo que me había prestado Rafael Ramos, con unos zapatos viejos que había usado en la zafra anterior y sobre el caballo solo llevaba un paño finitico que me había regalado Juan Hernández una tarde en que le ayudé a recoger una mata repleta de aguacates verdinos. No necesitaba nada mas para derrotar a un miserable tren. Eso sí, por joder al millonario de Falcón, me había puesto un pantalón de montero de esos de doble costura en forma de corazón en el culo, una camisa de cuadros y también me había puesto una pañuelo rojo anudado alrededor del cuello, como si fuera un pobre vaquero del Oeste recién emigrado a Cuba. Los pasajeros del tren no sabían nada de la competencia de modo que casi todos estaban dormidos en sus asientos. Un minuto para las ocho el Notario me dijo &quot;un minuto&quot;. Y arrancamos. Cada vez que llegábamos a una Estación los tres hombres me miraban como si no pudieran creer lo que estaban viendo. Para entonces casi todos los pasajeros se habían dado cuenta de que un &quot;loco&quot; estaba reventando a su caballo tratando de correr parejo con el Tren Central y se habían agolpado en las ventanillas del sur. Parecía que ya Fidel había ganado la guerra y que su gente se lanzaba a la conquista de La Habana. En el pueblo de Perico todavía la cabeza del tren me sacaba dos milímetros de ventaja. En la ciudad de Matanzas había reducido la ventaja a un milímetro y cuando la prensa plana y la prensa escrita y la televisión intentaron entrevistarme los mandé a todos a la mierda y me cagué en la madre del millonario de Falcón por haberles avisado de una competencia que sería absolutamente secreta. El hombre me juró que no había sido él el chivato y entonces le pedí disculpas porque yo también soy un caballero y le pregunté que quien creía él había sido el maldito chismoso. Me respondió que no tenía ni la menor idea pero que un hombre a caballo que tratara de seguir al Tren Central desde Santa Clara y que fuera capaz de llegar empatado a Matanzas era una noticia de primera plana en cualquier lugar del mundo y bastaba con que un curioso fuera en el tren y que avisara a los medios. Tuve que darle la razón pero le hice prometer que ni siquiera en la Estación Central de La Habana permitiera que la prensa me contactara. Cuando llegamos a Campo Florido Tragamundo estaba mas fresco que una lechuga de Jaime el Gallego cultivada a la orilla del manantial de la Vereda de Ramón Gordo y tuve que sujetar muy fuerte las riendas porque él ya sabía de lo que se trataba y estaba loco por terminar el viaje. Yo creo que él también sabia que acabábamos de adelantar al Tren Central. El Notario me había enseñado tres de sus dedos de la mano derecha y eso quería decir que estábamos sacando tres centímetros de ventaja. Me fue muy fácil darme cuenta de que el millonario de Falcón había puesto tremendo hocico y le vi meneando la cabeza de un lado a otro como diciendo &quot;no, esto no es posible&quot; como si al tener que admitir que mi caballo era un cohete lo pusiera de un humor de mil diablos. En la Virgen del Camino Tragamundo resbaló en el pavimento cuando fuimos a doblar a la derecha y el condenado tren se nos adelantó dos metros. Enseguida comenzaron a perseguirnos las Perseguidoras de la Policía de Tránsito pero qué carajo podrían hacer algunos viejos carros americanos de la época de la corneta contra la velocidad aterradora de mi caballo. Además, ya yo sabía qué les iba a decir cuando se terminara el viaje y esperaba que incluso me felicitaran. Cuando Tragamundo se percató de que en la ciudad no había tierra suelta ni hierbas traicioneras ni fangueros ni cercas ni ríos ni malezas adaptó sus herraduras sobre el pavimento y entonces sí que volaba bajito de verdad. El millonario comenzó a reírse de nuevo y entonces yo quité la vista del tren. Me di cuenta de que el maquinista había acelerado y recordé que eso era ilegal en medio de la ciudad pero estaba seguro de que no iba a tener necesidad de quejarme. Cuando el Tren Central dio el pitazo final de llegada los tres hombres que iban en la cabina de la máquina voltearon sus ojos hacia la acera izquierda y se dispusieron a esperar a que yo llegara ya yo estaba observándolos desde el andén occidental. Llegó un momento en que pensaron que me había pasado algo y cuando me pareció que se ocuparían de mí le di el golpecito que siempre le doy a Tragamundo en la barriga con el tacón del zapato para que tire su relincho de alegría. Los tres hombres le escucharon, le miraron y se quedaron congelados cuando me vieron en el andén. Casi todos los viajeros comenzaron a rodearme y a abrazarme y a felicitarme y el maquinista llegó para apretarme la mano y palmearme las espaldas y decirme &quot;usted es único y ese caballo vale lo que pesa en oro&quot;. Enseguida llegaron el millonario, el Arbrito y el Notario y el hombre de Falcón me dio la mano, me felicitó y me dijo &quot;el Notario se encargará de sus premios, le felicito&quot;. Al fin nos dejaron solos y le dije a mi amigo el Notario que me iba para la finca de mi amigo Ernst Heminway para que Tragamundo comiera y se recupera porque dentro de dos madrugadas pensaba regresar al barrio. Me dijo que los cinco mil pesos los pondría en mi Cuenta Corriente y que él mismo conduciría el Cadillac hasta Caibarién dos días después. Cuando nos estábamos despidiendo unos diez policías de tránsito nos rodearon y seis de ellos habían desenfundado sus Smith and Wesson. Les dije lo que había pensado decirles porque estaba seguro de que intervendrían. Era 24 de Febrero y todos los años celebraba el Grito de Yara de alguna manera original. Esta vez se me había ocurrido entrar a caballo a la Estación Central de La Habana como si fuera el Líder de los Mambises y pedía disculpas si mi proceder no había sido el mas correcto. Uno de los policías de tránsito me preguntó por los &quot;tres hombres que venían en la ventanila de la maquina siguiendo la carrera&quot;. Contesté que no sabía de que me estaba hablando pero le dije que si se había fijado bien casi todos los pasajeros habían hecho lo mismo y que por eso me felicitaron en el andén. Finalmente nos dejaron tranquilos y otro de ellos me aconsejó pensar mejor las cosas para el próximo Siete de Diciembre que ustedes saben es el día en que se conmemora la muerte en combate de Antonio Maceo en Punta Brava. Entre la Virgen del Camino y la Estación Central mi gran Tragamundo logró sacarle al Tren Central tres metros de ventaja. Esa noche me estaba tomando unas cervezas con mi amigo Ernst Heminway en la sala de su casa en Finca Vigía, San Francisco de Paula, cuando su esposa Mary nos avisó que un tipo barbudo con un trapo blanco en la cabeza y una sábana de igual color cubriéndole casi todo el cuerpo me quería ver. Heminway cogió su Winchester, se acomodó a un gato sobre su pecho y salió conmigo al patio de los aguacates. El hombre barbudo se inclinó a manera de saludo y nos pidió que lo escucháramos atentamente. Había estado estudiando el desierto de Guantánamo durante dos semanas y se había dado cuenta de que no era un desierto de verdad y por tanto no era merecedor de sus estudios. Había sido el que avisó a la prensa para que nos esperara en Matanzas porque creía que lo que estaban haciendo el caballo y su jinete se lo merecían sobradamente y se disculpaba si su idea no había sido afortunada. Que era pariente del Heredro al Trono de un pequeño país petrolero del Golfo Arábigo Pérsico y que tenía carta blanca para gastar lo que le diera la gana en lo que le diera la gana. Que deseaba comprar mi caballo y que pusiera el precio que yo considerara razonable. Me pareció correcto todo lo que había dicho y me di cuenta de que solo era otro millonario mas pero de origen árabe y que tenía que saber mucho de caballos para intentar comprar un caballo cubano cuando todo el mundo sabía que los caballos árabes son los mejores del mundo. Así que por fastidiar dije &quot;le cuesta veinte mil dólares&quot;.&amp;nbsp; El tipo del turbante dijo &quot;compro&quot; y le pidió al &quot;gran escritor americano&quot; que mañana fuera conmigo de testigo al Banco de Arabia para depositarme un cheque por esa cantidad. El tipo hablaba correctamente el español y Heminway me dijo bajito que le parecía que tenía estilo de espía petrolero educado en Jerusalem pero que le creía a pie juntillas. Le dije que también llevaría a un amigo Notario que se estaba hospedando en el Hotel Inglaterra para que también certificara la venta. En realidad estaba bromeando porque para mí Tragamundo no tenía precio pero Heminway me convenció de que veinte mil dólares era mucho dinero y agregó que él creía que ningún caballo valía esa cantidad de maracas. A las doce de la noche cuando la puta que me había mandado a buscar al Floridita se marchó y nos dimos cuenta de que habíamos bajado veinticuatro cervezas Hatuey&amp;nbsp; le dije que me había convencido, que le vendería el caballo al maldito árabe.&amp;nbsp; Heminway me llevó hasta el Hotel Inglaterra en un carro alquilado. Dejamos a Tragamundo pastando en la finca en compañía de los gatos. Cuando llegamos al lobby del Hotel vimos al Notario sentado en una butaca de piel con su cabeza entre las manos. Había perdido el teléfono de Heminway y casi se vuelve loco esperando por mí. El millonario de Falcón había muerto de un ataque al corazón y los doctores habían certificado que se debió a una emoción tan fuerte que ni dos corazones hubieran podido resistir. No tuvo mas remedio que contarles los detalles de la apuesta y de lo que había perdido y aunque el doctor principal dijo que ciertamente era un hombre hipertenso afirmó que estaba seguro de que el asunto de la competencia lo había matado. En esos momentos ya el carro fúnebre estaba camino de Falcón. Mi amigo el Notario me dijo que lo sentía, pero que con el perdedor muerto su palabra carecía de valor y que sin su firma oficial no podría cobrar ni un solo peso ni mucho menos apropiarme del Cadillac, que lo tomara como una competencia sana entre amigos y que tratara de olvidarlo. La noticia acabó de convencerme de que tenía que deshacerme del caballo porque los cinco mil pesos de la apuesta ya los tenía medio comprometidos. El árabe petrolero vino aquella misma tarde vestido con la misma ropa del día anterior y se llevó a Tragamundo en un trayler cerrado sin darme ni una sola explicación relacionada con su interés por un caballo común y corriente - bueno, en verdad era demasiado &quot;corriente&quot; - que jamás había pisado ni siquiera dos metros seguidos de arena. No tuve que ocuparme de los papeles del caballo. Dijo que él se encargaba. Como habíamos comprobado, juntos, en un Banco Americano que los veinte mil dólares eran legales pues dejé que él se implicara con los trámites de salida del país de Tragamundo. Saqué cinco mil dólares del cheque y dejé en manos de Heminway los restantes quince mil porque le tenía muchísima confianza al gringo grandulón desde que lo había conocido durante una jornada de pesca del pargo al norte de cayo Santa María poco después de que le hubieran dado el premio Nobel de Literatura a raíz de su novela cubana El viejo y el mar y porque desde hacía un tiempo estaba pensando en mudarme para La Habana. Estaba hipnotizado y muy afligido. No podía olvidar la mirada de alegría que me había echado Tragamundo cuando el árabe se lo llevaba en su trayler. Porque sé que el Gran Tragamundo pensaba que &quot;un amigo mio&quot; se lo llevaba para algún potrero especial para que comiera hasta hartarse y para que descansara lo suficiente antes de la próxima competencia que estoy seguro él calculaba sería contra la Camberra de Manolo Gómez desde la Estación Nacional de Omnibus en La Habana hasta la Estación Municipal de Omnibus de Caibarién. Jamás podré acostumbrarme a su pérdida pero es verdad que también he aprendido a resignarme y para decirles la verdad no he descartado darme un viajecito algún día por el pequeño gran país petrolero del comprador para enterarme de como les va y quién sabe. Dos días mas tarde regresamos a Caibarién. Silboza estaba destrozado. No lo podía creer. El chofer del millonario había venido para Jagueyal con Silboza después del funeral y le dijo que si le daba cualquier trabajo se quedaría a vivir y a trabajar con él. Silboza le había dicho que tenía una carreta y dos yuntas de bueyes disponibles por si quería convertirse en carretero durante la zafra azucarera y que después verían durante el tiempo muerto y agregó que en caso de aceptar la pega ponía una sola condición y era que de jugar dominó como compañeros tenía que dejar de agacharse, de botar gordas y que, además, tendría que aprender a contar el fichero. José Maceo estaba de lo mas contento porque Silboza era la única familia que tenía en este mundo. Por mi parte entregué casi todos los cinco mil dólares del cheque a la persona que los necesitaba porque ya les dije que soy un hombre de palabra, me arrepentí de comprar otro caballo por muy bermejo que fuera y he decidido, hasta que se me ocurra algo, trasladarme en el Gascar, en las guaguas y en las máquinas de alquiler. De todas maneras sé que dispongo de quince mil dólares así que no tengo peocupaciones. Arenilla se levantó del saco de boniato, le entregó la toalla de poplín a la recién parida y dijo que si el Gascar seguía demorado tendría que irse a pie hasta Caibarién porque él nunca dejaría a una mujer hermosa esperándolo en los bajos del Café Liceo. Uno de los Pasomalo le dijo que él no dudaba de que se fuera a pie ya que eran como diecieis kilómetros solamente y le recordó que El Cubano todos los días de la Zafra iba a pie a cortar caña al Central Nela y regresaba también a pie antes de que oscureciera como si nada y eran como cien kilómetros ida y vuelta. Arenilla le miró como si quisiera traspasarlo con sus ojos. Ese Curro es el mentiroso más grande del mundo - dijo. Entonces el hombre que hacía un catastro de Vías Estrechas terminó de tomar notas y le preguntó si acaso a Heminway no le había interesado la historia de la competencia tren/caballo como para escribir un cuento magistral. Como no - respondió Arenilla - ya lo tiene casi listo y me lo enviará para que le eche una última mirada, hasta sé como se llamara, escuche Tragamundo y el gran río de los dos corazones. Gracias, Nick - dijo el Hombre de los Catastros. Arenilla no escuchó la última palabra que pronunció el Hombre de los Catastros de Líneas de Vía Estrecha porque el Encargado del Telégrafo dijo que al fin el Gascar estaba arreglado y que ya había salido de Santa Cruz. Tras el anuncio de que el Gascar llegaría en pocos minutos los viajeros pudieron desconectar de su desespero vespertino e hicieron silencio mientras preparaban sus pertenencias para el abordaje. Cuando el Gascar frenó frente al Paradero Arenilla se santiguó porque el maquinista era su amigo. Así que le hizo señas por encima de las cabezas de los viajeros para que le abriera la puerta trasera y de esa manera poder entrar sin que los guajiros le estrujaran o le ensuciaran la ropa. La recién parida aprovechó, se enjorquetó al niño sobre el lado derecho de su cintura y se coló detrás de él. Los dos se sentaron en los asientos de madera del fondo. La gente protestó por la deferencia que había tenido el maquinista con Arenilla y con la mujer pero el maquinista pidió que lo disculparan porque había tocado el botón que no era. A la altura de Dolores la mujer preguntó &quot;señor, y cuando piensa cambiar los quince mil dólares restantes&quot;. Arenilla se volvió y la miró, dubitativo. Se restregó sus ojos y respondió &quot;qué quince mil dólares&quot;. Y cayó rendido sobre el respaldar del asiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Swetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Abril 25 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/1584942586790496656/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/grandes-fabuladores-la-carrera-del-siglo.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/1584942586790496656'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/1584942586790496656'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/grandes-fabuladores-la-carrera-del-siglo.html' title='Grandes fabuladores. La carrera del siglo.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-7086210117932100070</id><published>2020-04-22T15:54:00.000-07:00</published><updated>2020-06-14T11:47:24.196-07:00</updated><title type='text'>Grandes fabuladores.- Guanajos voladores.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Solo cuando cumplí doce años - después de mi regreso de la primera beca - fue que pude tomarme la libertad de andar - hasta cierto punto - solo. Mis padres dejaron de impedirme algunas cosas porque, de todas maneras, me pasaba quince días fuera de la casa y en ese tiempo (a pesar de la disciplina escolar) ellos &quot;desconocían qué yo andaría haciendo por ahí&quot;. De modo que sentí que mis alas se expandían y entonces percibí que lo seguirían haciendo para toda la vida. Antes de eso, mis alas se mantenían pegadas al cuerpo como si estuvieran untadas con leche de huevo de gallo. Pero en honor a la verdad entonces yo no sentía casi ninguna necesidad de que mis pobres alas me llevaran a otro lugar que no fuera el lugar a donde me llevaban las alas poderosas de mi padre y de mi madre. Ciertamente los sitios a donde les acompañaba se podían contar con los diez dedos de sus extremidades. O con algunas de las plumas de sus alas. Digamos, las casas de los vecinos y de la familia, la Tienda de Juanito, La Casilla de la carne de res de Dolores, las barberías y los bares y las locaciones del puerto en Yaguajay y en Caibarién, los velorios de santos y de muertos y a veces, la sala de espera de los hospitales a donde me llevaban de &quot;pascua a san juan&quot; por alguna enfermedad pasajera de niño. Fue en esos lugares en donde escuché historias de todo tipo relacionadas con las mas disímiles temáticas. Muy pronto comencé a anotarlas en una libreta escolar rallada y lo hacía casi siempre con uno de aquellos adorables lápices Titina que me traía Pedrón, por encargo, de Caibarién. Es verdad que todas terminarían extraviadas y finalmente perdidas. Pero ello ocurrió cuando casi todas se habían quedado prendadas en mi memoria como garrapata en barriga de perro. Las repetiría tantas veces después que terminaron haciendo la función de poemas confeccionados con versos libres y de cuentos &quot;renovables&quot; y muchas de ellas padecieron la riquísima enfermedad de mis versiones. Yo era fanático de cualquier historia contada por las personas mayores y sabía que al escucharlas con mucha atención me estaba preparando para cuando me tocara contarlas a mí. Pero las historias que mas me gustaban eran las historias de mentirosos. Muy pronto comprendí que aquellas &quot;grandes verdades&quot; que relataban los viejos de mas experiencia solo eran fábulas que buscaban provocar la risa o elevar el ego fabulador del cuentacuentos. También asumí que había que escuchar las historias fabulosas en silencio porque cualquier salida intempestiva&amp;nbsp; del oyente podía provocar la ira del viejo que contaba, el mismo que daba por sentada la historia que les hacía a sus incondicionales oyentes. Lamentablemente no pude conocer a algunos de los mejores fabuladores del entorno, de modo que sus cuentos me llegarían a través de terceros. Durante mi infancia los nuevos fabuladores se habían quedado en la categoría amateur y muchos de ellos se dedicaban a concebir pésimas versiones de sus antepasados. De todas formas me encantaban hasta las malas historias fabuladas. Así que voy a tratar de contar algunas que recuerdo - y que no están en Fabuladores de la media noche o en alguna que otra crónica - y que, repito, escuché en algunas de las locaciones que he citado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Lote de guanajos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;El matrimonio joven vivía detrás del Pichón de Monte en una casa típica campesina, tenían una pequeña parcela de tierra y dos hijos pequeños. Eran dueños de una vaca lechera, una puerca madre, un patio de gallinas y una chiva que todavía no estaba en edad de preñarse. El hombre era huérfano, era único hijo y su pequeña parcela era lo único que había heredado. Era un matrimonio muy pobre y por las tardes, después de la comida, les encantaba sentarse en el patio y mirar para la línea de ferrocarril de vía estrecha porque ello les permitía seguir soñando con el gran viaje que pensaban hacer algun día en tren por todo el territorio nacional. Solo soñaban con el gran viaje cuando estaba cayendo la noche porque por el día era imposible soñar. Ni el Gascar de Chambas ni los Carros de la Reparación ni el Tren Cañero con su recua de vagones cargados o vacíos le provocaban sueños esperanzadores en los días soleados. Un día la mamá de la esposa se llegó de visita. Su hija estaba cumpliendo años y ella le había traído un regalo en una caja de cartón cerrada llena de huecos. Se trataba de una guanaja primeriza que ya había puesto su primer huevo y que había quedado &quot;enguanajada&quot; del mejor guanajo padre que había en el barrio en donde ella vivía. Por supuesto que el regalo también incluía al primer huevo. No se lo vayan a comer que mira que es el primero que pone y dicen que comérselo les podría traer mala suerte - le dijo a su hija. El marido le preparó un nidal a la guanaja primeriza debajo de una mata de plátano que también estaba echando su primer racimo manzano y le dijo a su esposa que como sabía que las guanajas ponían muchísimos huevos pues lo mejor era dejar crecer a la maná y después vendérsela al negociante Nené el Boletero, eso sí dejando una guanajita para que le hiciera compañía a su madre, de modo que siempre hubiera una guanaja poniendo lista para echarse y garantizar pichones todo el año. La mujer consideró que era una magnífica idea y calculó la cantidad de dinero que podría garantizar un gran lote de guanajos cebados con hierbas, maíz y palmiche de Jagueyal. La guanaja primeriza sacó once polluelos y muy pronto comenzaron a caminar por toda la pequeña parcela y terminaron por traspasar las fronteras hasta mas allá de la Línea del Ferrocarril. Uno de los hermosos pichones se había quedado rezagado en su crecimiento y el Gallego Jaime le dijo al marido que un guanajo rabuja era &quot;un pájaro de&amp;nbsp; mal aguero&quot; y que él le aconsejaba comérselo en un buen fricacé para que el resto siguiera creciendo como la &quot;hierba bruja&quot;. El matrimonio le tomó la palabra al gallego rico y cicatero y el fricacé incluyó a los padres de la señora. Son los diez guanajos mas lindos que he visto en mi vida - dijo el suegro. Tengan cuidado no se dirijan hacia el monte porque he oído decir que por ahí andan unos majases del tamaño de una palma y del gordo de un algarrobo - agregó la suegra mientras se quedaba embelezada mirando al lote de guanajos. No, mamá, si supieras, parece que son personas y que tienen nuestros mismos sueños de viajar en tren - expresó la hija -, se la pasan al lado de la Línea mirando pasar los trenes cañeros. El yerno se paró para buscar un cubo de maíz desgranado y dijo mientras se lo soltaba a la maná &quot;tendrían que verlos cuando pasa la locomotora de la Reparación con su gran cabú larguísimo detrás, los guanajos bajan sus cabeza, sus mocos les arrastran por el piso y parece que lloran, yo no sé que demonios les provoca ese cabú&quot;.&amp;nbsp; El suegro - que tenía fama de chistoso en el barrio donde vivía - dijo que posiblemente los guanajos tuvieran vocación de retranqueros. Si señor - agrego el yerno. Un mes después el matrimonio estaba sentado, como de costumbre, en el patio norte y los niños jugaban con los gatos a la pita con pluma sobre la hierba. Todavía los guanajos estaban picoteando hierbas casi anochecidas cuando el hombre, la mujer y los niños escucharon el pitido del tren por el lado de Dolores. Escucharon como tres pitidos. Los guanajos levantaron sus cabezas del suelo al unísono, se colocaron en fila india y comenzaron a seguir a su madre con rumbo a la Línea de vía estrecha. No puedo creerlo - dijo el hombre - parecen personas...pero qué estará haciendo ese tren a esta hora con rumbo a Yaguajay. No sé - respondió su señora - seguro que será el tren de la Reparación que va a arreglar alguna locomotora rota...pero me pregunto qué harán si no trae el cabú porque parece que el cabú es lo que de verdad les interesa a ellos. El lote de guanajos llegó hasta el borde sur de la Línea, se detuvo y enseguida se colocaron paralelo a la vía del tren, dando las colas a sus dueños. Los esposos alucinaban. Era la primera vez que sus guanajos daban &quot;pistas oficiales&quot; de que eran unos bichos poco menos que humanos. Los pitidos del tren habían terminado y ahora solo se escuchaba el clásico &quot;cheque cheque&quot; &quot;cheque cheque&quot; &quot;cheque cheque&quot; y ambos remedaron el coro heredado de sus antepasados &quot;con candela sin candela como quiera voy pa&#39; dela&quot;. De pronto la locomotora negra con el número 7 en el frente de su gran tubo apareció por detrás del palmar del Gallego Jaime. Traía un vagón cerrado y como siempre, el infaltable cabú. Faltarían unos pocos minutos para que cayera la noche pero aún así el conductor negro les saludó desde su puesto de maquinista. Cuando el cabú llegó a la altura del primer guanajo este levantó el vuelo y se subió. Los esposos vieron como después cada uno de los restantes guanajos - incluyendo a la madre - se subiría al cabú, se voltearían y batirían sus alas hacia ellos como si se estuvieran despidiendo. Los niños comenzaron a llorar y se metieron a la casa porque sus padres les habían regalado una guanaja a cada uno para que formaran sus propias crías. Los esposos no pronunciaron una sola palabra y esa noche no pudieron copular como venían haciéndolo de manera ininterrumpida desde que habían decidido tener un tercer hijo porque el esposo no pudo conseguir una erección digna. Guanajo - pensó la esposa antes de voltearse sobre la columbina tres cuarto. Nadie en el barrio creía una sola palabra de la historia de los guanajos contada por sus dueños. Ni siquiera la madre de la esposa. Ella pensaba que los habían vendido antes de tiempo porque preferían la cría de gallinas y de puercos pero cuando Nené el Boletero le juró por su madre y por todos los santos que no sabía de lo que le estaba hablando cambió de opinión. El padre no. El padre sí lo creia a pie juntillas. Cómo no voy a creerlo, caballeros - decía a quien quisiera oírlo - esos hijos del guanajo padre tienen que ser medio humanos, fíjense que &quot;el hombre&quot;, insaciable, se ha pisado a todas las gallinas de su patio y los dueños aseguran que la primera maná de una gallina cabecipelada es una mezcla de gallina y de guanajo que ellos llaman &quot;gallinajos&quot; y no dejan que nadie los vea hasta tanto llegue un veterinario americano que está de visita en Santa Clara y que prometió echarle un vistazo a los &quot;fenómenos&quot;. Tres meses mas tarde los esposos, los suegros, los niños y los vecinos se habían olvidado de la fuga organizada del lote de guanajos. Ya nadie hablaba de &quot;aquella guanaja elegante y esbelta&quot; que sería la que le haría compañía a su madre para seguir incrementando la cría ni de aquel pichón mas bonito &quot;que Reinaldo Miravalles&quot; que sería el guanajo padre ni de aquellos otros guanajos destinados a la venta porque aunque la familia se había cenado al guanjo rabuja en el fondo no eran muy adictos a la carne de guanajo. Un mediodía en que los esposos estaban buscando berro en la cañá que pasaba por debajo de la línea de vía estrecha para aderezar el almuerzo escucharon el pitido del tren por el rumbo de Cambao. Por entonces la mujer estaba preñada de su tercer hijo y de pronto se acordó de los guanajos. Oye, papi, tú te acuerdos del sexo de los guanajos que se nos fueron pal carajo aquella vez - preguntó al marido. Claro, si hasta habíamos sacado la cuenta de lo que ganaríamos con los malditos bichos mediohumanos, cómo no, eran seis guanajas y cuatro guanajos - respondió. Poco después la mujer echó el berro en un catauro de yagua fresca y los esposos se dirigieron hacia la casa mientras escuchaban el sonido del vapor de la locomotora que también salía embarrado de humo negro desde su chiminea. La mujer volvió a pensar otra vez en los guanajos y volteó su cabeza. Se dio cuenta de que el tren era el Tren de la Reparación y regresó su cabeza a la posición normal porque sabía que si veía al maldito cabú era capaz de malparir a pleno sol. De pronto escucharon un sonido extraño. Como el sonido que produce la formación de una tormenta cuando viene desde el monte. Ellos no podían asumir que fuera a llover en pleno medio día con el sol rajando las piedras. Apúrate igual, mi cielo, están pasando cada cosas en esta casa que todo es posible - dijo el marido. Le quitó el catauro de yagua con el berro, se lo enjorquetó en la cintura y le ayudó a caminar poniéndole su mano derecha alrededor de la suya. A lo mejor ahora los comunistas están trasladando su metralla para las maniobras en Camaguey por la Línea y la locomotora con su cabú tendrá que desviarse y esperar en el chucho - agregó la esposa. El marido le pellizcó una nalga. Coñok, mi amor, estás peor que tu padre - sonrió. El primer guanajo pasó planeando muy cerca de sus cabezas y le voló al hombre la gorra de pelotero del Almendares. El segundo le quitó el trapo azul que llevaba la mujer ajustado en su cabellera para cubrise del sol. Enseguida supieron lo que iba a pasar y se dispusieron a contar a los próximos guanajos. Los cuatro guanajos sementales pasaron delante y volaban como a tres metros de sus cabezas. Las siete guanajas cebadas les siguieron el vuelo y pasaron volando a la misma altura. Los setentaisiete guanajitos terminaban la formación aérea y los esposos se dieron cuenta que siete de ellos eran rabujas. Pero todavía quedaba un gran guanajo de moco descomunal y porte casi real que pasó volando como a diez metros de altura. El gran lote de guanajos aterrizó entre el pequeño platanal y la palma enana que todavía era muy joven para parir y se pusieron a picotear hierbas como si nada hubiera pasado en los últimos tres meses. Un año después, cuando el vecindario había tenido que aceptar la segunda historia de los guanajos voladores y cuando el matrimonio había empezado a construir una casa de campo como la de Pepe Siverio y cuando Jaime el Gallego les había arrendado (legalmente &quot;prestado&quot;) cien cordeles de tierra para que continuaran incrementando su cría portentosa de guanajos, se encontraron con un hombre mayor en las oficinas del Central Narcisa a donde habían ido para terminar de arreglar los papeles que les permitirían recorrer el país en un carro de línea de la Reparación patrocinado por el Ingenio. El vejete trataba de cobrar la tierra que le había vendido al Gobierno y se puso a conversar con ellos como si los conociera de toda la vida y como si ellos estuvieran de verdad interesados en sus historias. Hace rato que no me importan mis tierras - decía -, para qué las quiero si ya no tengo lo que mas quería en la vida, mi gran guanajo real de moco de elefante. Entonces los esposos se miraron y comenzaron a prestarle mas atención. Mi gran guanajo real de moco de elefante - continuó - mi gran guanajo padre, el guanajo que preñaba a todas las guanajas y a todas las pichonas de guanaja del barrio y de tantos lugares del país desde donde sus dueños las traían para conseguir crías únicas, mi gran guanajo que era mi único familiar, mi única compañía. La esposa acomodó a su hija recién nacida en su regazo y preguntó &quot;pero qué pasó con su guanajo padre, señor&quot;. Nada - respondió el vejete - que un buen día desapareció de la casa como si se lo hubiera tragado la tierra y jamás regresó, y mira que lo busqué por todos lados, no tengo pruebas de que nadie se lo haya robado ni de que se haya muerto, sin mi guanajo la vida no tiene sentido, voy a vender mis tierras y me iré para el fin del mundo. El marido le miró unos segundos antes de preguntarle &quot;venga acá, mi amigo, me puede decir mas o menos que tiempo hace que su guanajo desapareció&quot;. Como un año, poco mas poco menos - contestó. Se puede saber de donde es usted - continuó el marido. De Júcaro - dijo. Los esposos se miraron y fruncieron sus entrecejos. Júcaro estaba para el Este. Pegado a Yaguajay. Para donde se habían ido los guanajos y de donde habían regresado. Vive usted acaso cerca de la Línea de ferrocarril - indagó la mujer. No, para nada, yo diría que bastante lejos - el vejete se estaba adaptando al diálogo y ya había decidido abandonar su discurso. Quizás cerca de algún palmar paridor o de algún potrero - la mujer insistió. Bueno, cerca de nada especial, como en todos los campos. Ha dicho usted que recorrió todo el país en busca de su guanajo - el hombre continuó el interrogatorio - &quot;todo el país&quot;, quiero decir.&amp;nbsp; El vejete levantó la cabeza y los miró de frente por primera vez. Bueno, no hay que exagerar, no creo que todo el país, pero casi casi - dijo. Usted sabe que el Gascar llega hasta Chambas y que hay veces que el Tren de la Reparación también. Claro, lo sé. Recuerda haber recorrido todo el trayecto de la Línea hasta Chambas. El vejete pareció meditar. Para decirle la verdad no creo que mis pesquizas hayan pasado de Siboney - definió. Siboney estaba mas o menos a la misma distancia de Yaguajay que Júcaro. Le esposa se dio cuenta de que lo que quería decir su marido era que era muy posible que el guanajo real moco de elefante se hubiera unido a la comitiva y hubiera continuado mas allá de sus predios de Júcaro con sus congéneres del Oeste. Así que tomó la palabra de nuevo y dijo &quot;pasaba su guanajo la mayor parte del día en el solar de su casa o le gustaba recorrer los alrededores&quot;. Qué va, muchacha - se levantó y se acomodó el pantalón de gabardina a la altura de su ombligo - ese sí que era un guanajo &quot;guanariego&quot; y callejero, a veces estaba hasta tres días sin regresar a la casa. Los esposos se volvieron a mirar. Si no era pisador de gallinas no podía ser familia del &quot;otro&quot;, decidieron. Su guanajo no está perdido - dijo el hombre. Esa tarde todavía el vejete no pudo firmar los papeles que lo convertían en un ex dueño de tierra de Júcaro y el matrimonio salió encantado de las oficinas del Central porque les prometieron avisarles cuando el tour en tren por todo el país estuviera listo. El próximo domingo el vejete visitó al matrimonio de Jagueyal. Vino en el cabú de la locomotora de su amigo maquinista. Los suegros del hombre estaban de visita. Enseguida identificó a su guanajo real moco de elefante y casi se le saltan los ojos de la alegría. Pero cuando quiso acariciarlo y cogerlo para regresar con él el guanajo semental se echó para atrás, levantó el gran moco y se colocó en guardia al lado de su nueva familia. Todo el mundo terminó riendo. Oigan - dijo el suegro - si la guanaja de mi esposa era semihumana este guanajo es sobrehumano. El vejete terminó por renunciar a vender su finca de Júcaro y aceptó que el Gobierno se la cambiara por un pedazo similar al suyo muy cerca de la finca del Gallego Jaime. Y como estableció una relación especial con la hermana solterona de la mujer del yerno pues fue muy fácil convencerlo de hacer también el viaje soñado por toda Cuba en un carro de línea nuevecito que los hombres de la Reparación del central Narcisa pusieron a disposición de la joven pareja. Tres años después y cuando el hombre y la mujer se habían convertido en los criadores de guanajos mas importantes de toda Cuba y cuando sus bichos llenaban las mesas de todos aquellos cubanos que continuaban celebarando el Día de Acción de Gracias como lo hacían en los Estados Unidos el Gobierno Comunista les intervino el negocio aduciendo que estaban fomentando &quot;vicios capitalistas extranjeros&quot;. Para entonces el matrimonio había amasado una pequeña fortuna en momentos en que todo dividendo se obtenía en moneda nacional. De modo que se dieron cuenta de que no tenían ni un kilo porque después del robo comunista decidieron irse para &quot;el norte&quot;. El padre de una amiga de su mujer vivía en Boston y les había prometido recibirlos en Miami, llevárselos para Masachusetts y ayudarlos a encaminarse allá. El matrimonio repartió su capital en pesos cubanos entre los suegros del hombre y el amigo del guanajo real moco de elefante que habia terminado casándose con la solterona. El resto lo invirtieron en pagar a un pescador de Caibarién que los dejó en las inmediaciones de Cayo Hueso una madrugada calurosa del verano de 1965. Las autoridades se apoderaron de la pequeña parcela y la integraron a la Granja de Yaguey Abajo cuando supieron que los guanajeros se habían escapado ilegalmente del país. Cuando el padre de la amiga llegó al porche de uno de los edificios que el español aplatanado Vicente Martínez Ibor había construido en Cayo Hueso durante el boom tabacalero de la segunda mitad del siglo XIX en donde el matrimonio los esperaba la mujer, inmediatamente después de presentarse, de saludarlo y de agradecerle, le reguntó &quot;cuánto vale una pareja de guanajos en Boston&quot;. El padre de la amiga se coló en medio de los dos, le tiró sus brazos por encima de los hombros y respondió &quot;muy poco, eso está resuelto, ustedes saben que fue muy cerca de allí en donde comienza la historia de Acción de Gracias&quot;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida, Usa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Abril 21 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/7086210117932100070/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/grandes-fabuladores-guanajos-voladores.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/7086210117932100070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/7086210117932100070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/grandes-fabuladores-guanajos-voladores.html' title='Grandes fabuladores.- Guanajos voladores.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-7430605741025116355</id><published>2020-04-21T06:18:00.000-07:00</published><updated>2020-06-14T12:08:00.461-07:00</updated><title type='text'>Gritos en la noche. Tomado de Grandes Nostalgias.-</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;La siguiente &quot;nostalgia&quot; es, en realidad, una &quot;gran nostalgia&quot; de mi madre traspasada a mí en sus noches de historias de &quot;la primera casa&quot;. Siempre me gustó mucho la historia porque estaba impregnada de cierto halo de misterio. Tenía algo así como el toque macabro que le daba&amp;nbsp; Arthur Conan Doyle a sus novelas policíacas ambientadas en los páramos ingleses. Ya se sabe que hasta el año 1956 mis padres vivieron en la primera casa, la que estaba en el faldeo de la &quot;segunda&quot; loma, en el sector noroccidental de la finca de mi abuelo. Allí, frente a donde yo nací, estaba el Camino Real y unos metros mas allá el Pichón de Monte ovalado que, por algunos laberintos artificiales, llevaba hasta el barrio de Jagueyal. Para definir de una vez por todas al Camino Real diré que comenzaba, técnicamente, en Yaguey y que terminaba, técnicamente, en Cambao. Digo que &quot;comenzaba en Yaguey&quot; porque el Río Yaguey detenía su curso. Desde ese punto de encuentro se &quot;bajaba&quot; hasta Yaguey Abajo por un terraplén y se &quot;subía&quot; por otro hasta el camino agregado por donde luego pasaría la carretera. En Cambao ocurría exactamente lo mismo porque también había un Río Cambao que le detenía y un terraplén que también llevaba hasta la carretera y hasta las últimas casas del barrio casi en el alero de la costa. El Camino Real dejaba de ser importante en Yaguey y en Cambao porque la línea de ferrocarril de vía estrecha pasaba por el norte de ambos barrios. De no ser por el &quot;exhabrupto&quot; geológico del Pichón de Monte posiblemente nunca hubiera habido un Camino Real y sí toda una serie de caminos sobre el llano que llevarían hasta las &quot;paradas&quot; del Gascar que hacía su viaje diario desde Caibarién hasta Chambas en la provincia de Camaguey. Entre el Camino Real y el Pichón de Monte había una franja de tierra muy pequena que era &quot;terreno de nadie&quot; en algunos lugares en donde las fincas se paraban en aras de las medidas correctas. A veces ese terreno de nadie ocupaba algunos cordeles discontínuos y los ocupantes &quot;legales&quot; a veces los cultivaban o criaban animales. Eso es lo que pasaba al norte de la cerca recta que delimitaba la finca de mi abuelo. Y fue el sitio que eligió José Alberto &quot;Beto&quot; Navarro para edificar su casa campesina. Al Este de la casa de Beto había un solo ocupante legal - Leovigildo Lara y familia - porque el Pichón de Monte se inclinaba hacia el norte y las tierras eran parte de las fincas de Agustín de la Rosa, de Justino Martínez, de Román Barroso y del latifundista Fermín Braceras. Aunque Justino había tirado una cerca recta que dejaba a su hermano Emilio y a su hermana Lela en plena finca de Agustín. Ocurría que no había &quot;problemas&quot; porque la cosa quedaba en &quot;casa&quot;. Dominga, la esposa de Emilio y Julio, el esposo de Lela, eran hermanos. Al occidente de la casa de Beto Navarro también había &quot;unos cordeles&quot; que Los Gocéndez habían dejado sin ocupar y que fueron aprovechados por el Neno &quot;Fotingo&quot; Fernández para construír su casa. Hasta el Río Yaguey solo había tres propietarios:&amp;nbsp; mi tío Nene Fumero (parte de su finca), Los Aguilares y Lolo Rivero que&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;disponía de una pequeña parcela. Me parece que entre Lolo Rivero y el terraplén había un pequeño espacio libre de dueños, quizás dedicado a &quot;potrero de todos&quot;, sin ningun uso especial. El Camino Real no era un gran camino y mucho menos era real. Se trataba de una vía como de tres metros de ancho prácticamente intransitable en tiempos de lluvias y cuyo valor principal estaba dado porque llevaba a los lugareños hasta el camino que bajaba desde Yaguey hasta el Gascar de&amp;nbsp; vía estrecha en donde se trasladaban a las ciudadas y en donde podían montar sus mercancías y traer de vuelta sus artículos de consumo. A veces los campesinos de Plateros preferían llegar a caballo hasta Dolores en donde había otra parada del Gascar. Cuando los primeros fotingos comenzaron a pasar por el camino que después sería la carretera entonces dejaron a sus caballos pastando en los potreros y se movilizaron sobre ruedas. Toda la gente que vivía al norte del Camino Real era gente sin tierras, muy pobres. Por tanto no es nada anormal que algunos tuvieran que &quot;inventar&quot; para poder vivir. Sobre todo si no tenían un oficio y porque se trataba de épocas en que las familias eran muy numerosas. La casa de Beto Navarro y Nata Obregón estaba frente a la mía, ligeramente situada al Este. De modo que la amistad entre las familias Navarro/Obregón y González/Ferrer y especialmente entre Nata y mi mamá llegaría a ser antológica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando Beto se &quot;llevó&quot; a Nata ya la mujer tenía dos hijos. Me parece que Nata era nativa de un campo intramontano que estaba muy cerca del Caramelo. Uno de los hijos era un chica llamada Olga y el otro era un muchacho de nombre Belarmino. Como las informaciones de mi madre en este sentido nunca fueron tan explícitas - creo que con toda intención - pues debo volver al &quot;me parece&quot; con la posibilidad real de que la frase pueda convertirse en &quot;estoy seguro&quot; porque mis fuentes serían varias. Parece que Olga se quedó con el padre - que nadie nunca conoció - o con alguien de su familia y que la señora se trajo consigo a Vera - a cuyo padre tampoco nadie conoció - y muy pronto se lo &quot;cedió&quot; a mi madre para que lo siguiera criando hasta ver como se encaminaban en el Camino Real porque mi madre había perdido &quot;dos barrigas&quot; y se moría por tener un niño. Ya he hablado en alguna parte, ampliamente, de Vera Obregón y de su vida con mis padres hasta que yo nací y la madre decidió llevárselo con ella sin que ello quitara que el poeta Vera Obregón continuara siendo como un hijo para mi mamá durante el resto de su vida. Yo conocería a Olga muchos años después y recuerdo que era una mujer grande, casi gorda y descuidada con su físico e increíblemente muy parecida a &quot;los Navarro&quot;. Se decía que era una mujer &quot;liviana&quot; en asuntos de hombres pero que respetaba sus compromisos. También supe que tenía un hijo pelotero de calidad extra &quot;con posibilidades de llegar al Equipo de Remedios e incluso de llegar a La Nacional&quot;. Al fin un día jugué contra él en Plateros y en efecto se veía &quot;diferente&quot; en un campo de juego pero, en honor a la verdad, no me pareció nada del otro mundo. Se parecía a ella. Había un hombre solitario que vivía en Lomavalla, al sur de Dolores, que todos los días bajaba al barrio montado en su caballo. Era un hombre delgado, bajito, taciturno y daba la impresión de que todo el tiempo se debatía entre mostrar una sonrisa indefinida o mostrar una cara de llanto contenido. Tenía los ojos verde sanguíneo y a los muchachos nos daba la extraña sensación de que era un tipo poseído por algún demonio o de que tenía alguna relación oculta con el Diablo. El hombre de Lomavalla tenía la piel olivácea tirando a rojiza. La gente decía - casi todo el mundo - que era el &quot;papá de Vera&quot;. No sé si era verdad. Pero &quot;me parece&quot; que es posible. Porque eran idénticos. Solo me faltó oírle cantar décimas de Chanito Isidrón o verle jugar dominó. Pero eso sí que no ocurrio jamás. Y aunque en verdad nunca supe si era cantador o improvisador de décimas o &quot;ponedor de fichas &quot;empepinables&quot; como &quot;su hijo&quot; ello hubiera sido como poner la tapa al pomo. Debo decir que tampoco es imposible que el hombre de Lomavalla fuera el padre de los dos. Todos los hijos del matrimonio Navarro Obregón nacerian en la casa del faldeo de la loma. Si bien nunca se conoció casi nada de la familia de Natalia Obregón es verdad que de la familia de Beto Navarro se conocía todo. Beto era hijo del Viejo Navarro y hermano de una gran familia que nació y se crió alrededor de la Tienda de Plateros. Entre ellos, su hermano Bernardino, mi tío político, marido de Tíayella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;De modo que Beto Navarro, padre de una prole que casi cada nueve meses se incrementaba tuvo que &quot;inventar&quot;, que dar pendolá. Sembró unas &quot;maticas&quot; al Oeste de la casa, en el lindero de Neno Fotingo, crió &quot;algunos animalitos&quot; y a veces hizo algún horno de carbón en &quot;su&quot; pedazo de monte. Como a un kilómetro de su casa, monte arriba, había un espacio llano como de diz cordeles que alguna vez sembró de plátanos. Sus intenciones de campesino correcto siempre se quedaban cortas. Todo lo que hacía tenía que hacerlo en miniatura. En pequeña escala. No tenía tierras, muy poco dinero y una familia numerosa. Tenía hijos e hijas nacidos antes que yo. No le quedó otra alternativa que intentar meterse a negociante. Intentó vender de todo en un mercado saturado de productos del campo. Comprar y vender de todo. Solo que el dinero no alcanzaba para aumentar las ofertas y la demanda a veces no era suficiente. Técnicamente &quot;quebró&quot;. Sus hijos no estaban en edad laboral y había muy poco que ayudar en casa. Cuando Beto decidió que ya nada podría resolver sus problemas como padre de familia comenzó a robar. El problema de robar consistía en que robar antes de 1959 equivalía a robar a dueños legales y oficiales. El Estado no tenía nada en donde poder meter la mano a menos que fueras un profesional de las altas esferas. Beto era un analfabeto crónico. Pero dotado con esa rara capacidad intelectual que da la suspicacia y el valor para intentar hacer las cosas. Todo el mundo sabía que Beto estaba traficando &quot;cosas&quot; hacia Caibarién y que de alguna manera había conseguido una pequeña arria de yeguas y de caballos. También se sabía que uno de sus hermanos le acompañaba en el nuevo negocio. Todo el mundo callaba porque estaban convencidos de que lo que estaba haciendo lo hacía &quot;por necesidad&quot;. Por necesidad suprema. Toda la zona de Dolores era un emporio agrícola. También lo era la zona de Yaguey Abajo el Oeste de Jagueyal. Allí vivía mucha gente rica de nacionalidad española y de primera generación. Aunque había algunos jerarcas de la caña de azúcar - en donde algunos guajiros con tierra de Plateros ocupaban su tiempo muerto (los sin tierra tenían allí una fuente relativamente estable de trabajo muy mal renumerado) - generalmente el fuerte de la zona era la agricultura no cañera. Especialmente el plátano macho. Los plátanos que se daban allí eran como &quot;tarros de buey&quot; y los racimos casi que llegaban &quot;al suelo&quot;. El comercio del plátano traspasaba los mercados de Caibarién y el producto llegó a ser famoso en todo el país. El plátano siempre tenía demanda porque incluso cuando se maduraba los vendedores al por menor tenían un mercado asegurado para quienes les gustaba comprar el plátano maduro directo del mercado para no tener que madurarlo en casa. Beto se dio cuenta de lo que pasaba con el plátano vianda (también el negocio de plátano fruta era muy bueno pero en menor escala) y se lo participó al hermano &quot;cerebral&quot;. Y pusieron manos a la obra. Se decía que los hermanos eran capaces de llegar hasta la zona de El Caramelo en busca de sus serones de tarros de buey y hasta Remedios en la búsqueda de nuevos mercados. Entonces comenzaron a escucharse los gritos. Según mi madre los gritos eran sencillamente aterradores. Como salidos del infierno. Lúgubres, misteriosos, de tonalidades finas y agudas con intervalos de silencio desesperantes. Los gritos tenían dos orígenes y los vecinos consideraban que uno de ellos estaba poco después de la casa de Beto y el otro alrededor de la casa de Justino Martínez. Así que una de las fuentes estaba a la orilla de mi casa, un poquito mas arriba y mi madre casi que se cagaba cuando comenzaban alrededor de la media noche. En algún momento se dio cuenta de que los gritos cercanos salían desde algún lugar específico del Pichón de Monte y se lo dijo a mi papá. Mi padre - un tipo que tampoco le tenía miedo a nada pero que también estaba al tanto de gritos tan raros y misteriosos tan cerca de su casa - se levantó de la cama y salió al patio. Mi madre le siguió. Mi padre escuchó en silencio durante unos minutos. Se percató de que los gritos se escuchaban casi con el mismo intervalo y de que tenían dos orígenes muy bien marcados. Creo que no son gritos misteriosos para nada, Niña, ningún muerto está saliendo a gritar pidiendo algo ni regalando nada así que no hay necesidad de buscar a ningún curandero o santero - le dijo -, olvídate del miedo y deja que los &quot;pobres ladrones&quot; continúen en su negocio hasta que los cojan. Mi madre lo siguió hasta la cama. Crees de verdad que sean &quot;ellos&quot; - le preguntó. Sí, sabemos que los han detenido y advertido como tres o cuatro veces pero que como no los han apresado porque la Policía ha aceptado que los plátanos son de &quot;su finquita&quot; o comprados &quot;legalmente&quot; se creen que tienen vía libre y entonces han inventado un mecanismo de señales geniales a la media noche para que la gente piense que es algo sobrenatural y poder trabajar en silencio y solos...así que acuéstate y duerme y no digamos nada a nadie que hagan lo que hagan a esa pobre gente les hace falta - mi padre se viró en la cama y le metió un culazo en sus caderas. De todas formas esta noche ella no podría. Mi madre estaba en la etapa intelectual en la que solo escuchaba las novelas radiales de Félix B. Cagné y El derecho de nacer se llevaba las palmas. Aún no había leído a Arthur Conan Doyle pero estuvo a punto de decirle &quot;está bien, Sherlock Holmes&quot;. Los dos terminaron por acostumbrarse a los gritos. Pero les costó trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Muy pronto se acabaron las &quot;señales&quot; porque los hermanos supieron que habían sido descubiertos por los vecinos. Pero su trasiego continuó con altas y con bajas. Vale decir, detenciones cortas, advertencias y espaciamiento de las transacciones. La familia seguía creciendo pero la pobreza apenas se detenía para dejarlos sobrevivir. Entonces Fulgencio Batista dio un Golpe de Estado en 1952, Fidel Castro asaltó un Cuartel Militar en !953 y cumplió casi tres años en Isla de Pinos por ello hasta que una amnistía lo sacó de la carcel y se fue a México a preparar &quot;su&quot; Revolución. Comenzó su Revolución en 1956 - pocos meses después de mi nacimiento - y la llevó, vistoriosa, hasta el 1 de Enero de 1959. Durante los años en que Fidel Castro comandó su Revolución Beto Navarro no dejó su negocio, siempre en campañía de su hermano. Solo que tuvo que cambiar de residencia. Se perdió de la vida de Nata y de su familia. Casi nadie sabía en donde estaba. El acoso policial y la seguridad de que en la &quot;próxima terminaría en chirona&quot; le obligó a convertirse en un tipo clandestino y no le quedó otra alternativa que esconderse y que dejar de trabajar. Para entonces algunos muchachos habían crecido y junto a Vera se buscaban algunos kilos &quot;por ahí&quot; para ayudar a su mamá. Casi nadie sabía en donde estaba Beto Navarro. Excepto mi mamá. Ya nos habíamos mudado para el cocal pero las amigas del alma nunca dejaron de visitarse ni de quererse como hermanas y mi mamá continuó haciendo lo que podía para ayudarla a sobrellevar &quot;la situación&quot;. Beto estaba escondido en la cueva que había al noreste del Llano de la Palma. Una gran cueva que años mas tarde visitaríamos los niños en compañía de los mayores, llena de murciélagos y con un primer piso que formaba una gran roca/piso casi a la entrada. Sabríamos que la cueva continuaba hasta lo&amp;nbsp; mas profundo pero no nos dejarían ni asomarnos por allí. Beto sí lo hacía. Estaba bien abajo, en un lugar en donde solo su mujer podía encontrarlo. Mi mamá pensaba que en el fondo todos sabían que el marido de Nata estaba escondido en la cueva pero que nadie decía nada porque en el barrio nunca había habido una cultura de chivatos y porque, además, el trabajo de la Policía y del Ejército se había centrado en combatir la lucha clandestina en las ciudades y al &quot;mal ejemplo&quot; que seguían dando los hombres de Fidel desde la Sierra Maestra. Años después también visitaríamos la cueva con los maestros como parte de la enseñanza primaria - rama Geografía Física - y nos acostumbraríamos a llamarla &quot;la cueva del abono&quot; por la gran cantidad de guano de muerciélago que terminaría por convertirse en un fertilizante muy cotizado. Mi mamá me decía que en la cueva Beto &quot;le hizo a Nata como dos o tres muchachos mas durante los años de La Revolución&quot;. Uno de ellos es un poco menor que yo y el otro contemporáneo de dos de mis primos maternos. De modo que debieron ser &quot;esos&quot;. Tal vez haya una tercera que debió nacer en los albores del triunfo fidelista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Me parece que el socio hermano nunca se escondió definitivamente y que continuó haciendo fechorías en menor escala aprovechando el caos general que estaba provocando la Revolución de Fidel Castro. Descuido que también llevó a Beto Navarro a salir de su escondite y a volver a jugársela con la venta de plátanos. Solo que ahora trabajaban en la oscuridad. En silencio. Con mucho cuidado. Sin alaridos/señales espeluznantes de media noche. Pero con la Revolución aparecieron los &quot;colaboradores&quot; y los hombres y mujeres que &quot;velarían&quot; por la &quot;honradez&quot; del &quot;nuevo proceso que se estaba erigiendo desde las montañas orientales&quot;. Los chivatos, como le nombró el pueblo. Incluso el pueblo fidelista. Y una noche cazaron a Beto Navarro mientras protagonizaba otro de sus viajes a Caibarién. Lo cazó un &quot;chivatazo&quot; y sus captores se lo llevaron a la Loma Real, en donde los rebeldes se preparaban para la llegada del Comandadante Camilo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cienfuegos que había estado conduciendo su parte de La Invasión de manera magistral. Sus captores le conocían sobradamente porque lo estaban siguiendo. Parece que Beto no los conocía. El caso es que lo despojaron de su arria y solo le dejaron a su yegua guía. Cuando le preguntaron que para donde iba con tal carga de plátanos Beto dijo que &quot;para el Campamento de Camilo&quot; y el Jefe agregó &quot;Ah, sí, en serio?&quot;. Le taparon los ojos con una venda chapucera y le pidieron que se sujetara bien de las riendas porque el camino seria largo hacia el Este. Mi mamá pensaba que &quot;hacia el este&quot; quería decir con rumbo a La Caridad, cerca del pueblo de Meneses, en donde estaba el Campamento Rebelde que se ocupaba de los asuntos de la Revolución en el Municipio de Yaguajay. Beto no dijo nada y les siguió. Nunca se supo cuantos eran sus captores acompañantes. Beto pensaba que sería llevado a algún lugar en donde mandaran los revolucionarios y que si lo condenaban sería para pedirle que se les uniera a ellos o que se convirtiera en un informante o en un proveedor desde el llano. Tampoco se sabe que era lo que iba a decidir en caso de que la cosa se desarrollara de esa manera. Mas o menos una hora después la noche se convirtió en una boca de lobo y comenzaron a escucharse algunos truenos lejanos. La brisa soplaba fresca y casi húmeda. Que comenzara a llover sería cosa de tiempo. Beto sabía que siempre cabalgaría sobre terreno conocido. Al norte estaba la carretera casi concluida de Caibarién a Yaguajay y esa zona era &quot;tierra nostrum&quot;. Así que comenzó a elucubrar sobre la manera de escapar aprovechando las condiciones del tiempo. Sabía que sus posibilidades eran mínimas porque le tirarían con todos los hierros tratando de peinar el espacio por donde los rebeldes pensarían que huiría. Pero no le quedaba otra opción pues no sabía en realidad a donde lo llevaban ni para qué. Solo sabía que sería juzgado por &quot;otras autoridades&quot; y que su cargo muy bien podría ser &quot;ladrón reincidente&quot;. Pero eso solo serían dos palabras pronunciadas por &quot;un nuevo poder&quot;. Entonces la noche se acotejó una pizca y los captores detuvieron las cabalgaduras. Se desmontaron y le pidieron que también lo hiciera &quot;con cuidado&quot; mientras le ayudaban. En el suelo le quitaron la venda de los ojos. Uno de los hombres le pidió que mirara para la tierra. Acababa de prender un fósforo. Había una vieja pala y un pico casi nuevo. Le preguntó que si &quot;veía eso&quot;. Beto, tratando de simular ecuanimidad, dijo que sí. Muy bien, tú eres mucho mas reincidente que Nene Pasomalo pero nunca te han juzgado de verdad, ahora serás sometido a un Consejo Revolucionario de Robos y pasará lo que El CRR crea que tenga que pasar, si esta pala y este pico no tuvieran el uso que probablemente tendrán no hay problemas - agregó el que parecía ser el Jefe de los captores. Le ordenó que se subiera de nuevo a su cabalgadura y le colocó el pico y la pala delante de su cuerpo sobre el pescuezo de la bestia y otra vez le coloco la venda sobre los ojos como al descuido porque pensaba que la venda era un formalismo. Los aparejos de Beto no tenían pico delantero y estaban forrados de saco. Beto apenas podía contener el temblor de sus labios y de su estómago y se preparó para orinarse y para cagarse sobre el lomo del aparejo. Sabía que allí&amp;nbsp; no podría intentar la fuga y obedeció. Está claro - preguntó el Jefe. Beto logró responder &quot;sí&quot;, los demás subieron a sus caballos y continuaron la marcha. Beto calculó que irían a la altura de las casas de Los Curros, muy cerca de la altura de la suya. Comenzó a pedir a un dios desconocido que la noche se volviera a poner negra como ala de totí y que comenzara a llover. Como ello no ocurría y como no sabía hasta donde lo llevarían ni a que altura estaría el lugar de destino le vino a la mente el nombre que había pronunciado el tipo. Nene Pasomalo. Nene Pasomalo era un hombre de una familia de Jagueyal a la que llamaban Los Pasomalo. Se decía que todos eran ladrones incorregibles que se la pasaban detenidos o presos. Solo que eran ladrones amateurs, ladrones en pequeña escala, de poca monta. De modo que su fama de ladrones era mayor que el efecto real de sus fechorías. Sin embargo los trabajos de Nene le estaban ganando adeptos en el mundo del hampa local. Parecía que estaba a punto de convertirse en profesional. Un día estaba siendo juzgado en Caibarién por &quot;robo continuado&quot; y el Juez le dijo que sería condenado a seis meses de prisión. Nene Pasomalo se levantó de su silla y pavoneándose exclamó &quot;bah, eso lo pasa un grillo abajo e una piedra&quot;. El Juez, molesto por el desplante, agregó &quot;muy bien entonces cumplirá un año&quot;. Nene se sentó otra vez y bajó la cabeza. Coño, se jodió el grillo - dijo en voz alta. La salida provocó la risa de los asistentes. En un final Nene no llegó a cumplir ni siquiera la primera condena. Cuando Beto pensaba que su mala suerte estaba llegando al límite de su paciencia y cuando calculaba que el sol era capaz de salir sobre la media madrugada para impedir su fuga los truenos se volvieron a sentir, la noche se puso negra como culo de caldero de fogón de leña y las primeras gotas de agua comenzaron a caer. El Jefe dijo &quot;tranquilos, hay que seguir debajo del agua como si nada&quot;. Cuando dijo &quot;nada&quot; Beto - que no iba atado - cogió la pala en una mano y el pico en la otra y los lanzó contra quienes iban delante y contra quienes iban detrás. El calculaba que serían cuatro. Con la misma se tiró de la yegua y comenzó a correr a la desesperada hacia el norte. Nunca supo cuantos cargadores le vaciaron los rebeldes ni si hablaron algo durante la andanada cerrada. Beto corrió a monte travieza, en zig zags, tratando de no desviar el rumbo recto porque estaba casi seguro que iba hacia el barrio de Plateros. No sintió los golpes ni los arañazos en su cuerpo ni el sangramiento de los dedos de sus pies ni el de sus tobillos ni los ramajazos en sus brazos desnudos. Las piedras, los árboles, los troncos caídos, los maniguazos, las enredaderas, las espinas, se cebaron en su cuerpo relativamente joven y obeso. En un cuerpo que para el instante de llegar al llano ya iba completamente desnudo. Cuando llegó a casa de mi abuela y Tiacuka le abrió la puerta Beto se desplomó contra el piso de la sala y casi se rompe la mandíbula. Estaba amaneciendo y estaba completamente desnudo si descontamos la petrina del pantalón que todavía se sujetaba mediante el cinto de piel. Tiacuka despertó a la abuela y entre las dos le pusieron un pantalón de Antonio el Isleño y lo acostaron sobre la mesa del comedor. Tiakuka nunca supo como fue que le abrió la puerta a un desconocido en el fondo de la madrugada. Son las cosas de Dios - me dijo la ocasión en que trate de interrogarla. Una hora después todavía Beto no había podido pronunciar una sola palabra aunque estaba completamente despierto. Las dos mujeres esperaron a que quisiera explicar que era lo que le había pasado. Pero cuando Beto considero que su cuerpo estaba listo para seguir corriendo se tiró de la mesa, pasó entre las dos mujeres, abrió la puerta de la sala y se lanzó hacia el potrero. Mi tía y mi abuela solo supieron otra vez de él cuando terminó la Revolución y Beto pudo regresar de su segunda estancia en la cueva del abono. Las nuevas autoridades tenían cosas mucho mas importantes que resolover en 1959 y cerraron el Caso Beto Navarro. No tengo información relacionada con que si Beto reincidió en tiempos fidelistas. Pero me parece que no. Su antiguo cómplice, su hermano, si lo hizo. Pero para entonces era un tipo muy sofisticado, que prefería robar a su propia familia que a los personeros del Nuevo Poder. Sin embargo el Caso del cinematográfico escape de Beto Navarro de las garras de los rebeldes también tiene otra arista. Nata era muy amiga de Digna González, la esposa de Juan Ramos, un mulato de Plateros que era colaborador de los rebeldes y les abastecía de comida. El día posterior a la fuga de su marido Nata se llegó a la casa de Digna y le pidió que le ayudara a buscar a su marido. Le estaba pidiendo, en realidad, que intercediera por ella con los rebeldes en caso de que fuera necesario. Su esposo se ofreció para acompañarla él mismo y se metieron al monte dejando a Digna llena de hocicos porque su amiga era un &quot;poquito liviana de entrepiernas&quot;. Poco después regresaron sin noticias de Beto Navarro. Ahora bien, si Nata sabía que su marido se había escapado por qué lo estaba buscando al otro día?. Las fuentes mencionan dos posibilidades. La primera es que Beto pasó por su casa, le contó lo sucedido y le pidió que tratara de despistar a los rebeldes dando la impresión de que todavía estaba perdido en la Loma. Y los Ramos González eran gente de confianza que podrían ayudarlo a ganar tiempo. La segunda fuente plantea que Beto salió de casa de Enriqueta Ferrer y subió directamente al Pichón de Monte sin avisar a su mujer. Pero que le pidió a Queta y a Tíakuka que le dijeran a Nata que se había escapado pero que todavía estaba en peligro y no estaba seguro de salir ileso del intento de fuga. Mis padres no tenían esta información. Yo la tendría dácadas mas tarde. Incluso esta fuente asegura que ya Camilo estaba en La Caridad. Por tanto el episodio data de finales de 1958. Cada vez que subía a la loma con mi padre e incluso después, cuando lo hice solo, siempre pensaba en la fuga espectacular de Beto Navarro de las garras de los rebeldes locales. Y siempre volvía a mirar el camino por donde caminaba y a veces me metía en el monte cerrado para ver si podía encontrar algún guiñapo enredado o trabado entre los árboles. Cada una de las fuentes siempre tuvo una versión diferente pero los detalles apenas diferían. Mi primera y gran fuente fueron mis padres. Y como ellos - y como tantos lugareños - también fuimos bastantes cuidadosos al tratar de encontrar mas datos relativos. Siempre supimos que hay cosas que no deben salir a la luz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Muchos años después fui a ver a Nata Obregón al Hospital de Caibarién. Estaba ingresada desde hacía unos días y cuando llegué había dos de sus hijas con ella y como siempre comencé a bromear. Nata estaba enferma de algo que se me pasa pero al parecer no era nada complicado. Para entonces la vieja Nata estaba prácticamente ciega. Las hijas iban a a decirle quien había venido a verla cuando las detuve. No, esperen, déjenme hablarle a ver si me conoce por la voz - les dije. Los avatares de la vida y los años habían separado un tanto a las familias y ya no no nos veíamos como en los buenos tiempos de Plateros. Vivir en la ciudad no era gran cosa en ese sentido. Me acerqué a su oído y recité. &quot;Camilo tiene amarrado en el pescuezo un pañuelo y el aceite de su pelo le da un brillo exagerado arroja el sombrero a un lado se afloja la guayabera tose como si quisiera deshacerse de su murria y al compaz de la bandurria se expresa de esta manera&quot;. Entonces me acerqué mas y dije &quot;vieja puta, a que no sabes que décima es&quot;. Sonrió y dijo &quot;cómo no, una de Camilo y Estrella&quot;. Está bien, pero a que no sabes quien es el que te esta hablando - agregué. También lo sé, Luisito - aseguró. Asi que me separé de su rostro y dije &quot;estás de alta&quot;. Ojalá - expresó - y la Niña. Está bien, iremos por tu casa en cualquier momento - concluí. Durante mi primer viaje a Cuba en el año 2012, nos detuvimos en la casa de Beto Navarro en Cambaíto, un suburbio al Este de Caibarién, cuando regresábamos de &quot;nuestros campos&quot;. Recuerdo que logramos saludar a una de sus hijas que vivía con él y a Vera que, para entonces, estaba enfermo del corazón y que no soltaba su Biblia ni un segundo. Mi hermana sabía que Beto estaba postrado, mas gordo de la cuenta pero que su postración era debido a su ceguera terminal. De modo que le pedí a su hija que solo me dejara mirarlo sentado en su silla de la sala por la abertura de la puerta principal pero que no quería someterlo a la prueba&amp;nbsp; de mi voz porque le iba a ser muy difícil reconocerla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Siempre que pienso en esta historia de los gritos aterradores que se intercambiaban los hermanos como señales macabras en el alero de la media noche pienso que para entonces aún yo no había nacido. Pero - me pregunto - por qué diablos me parece que yo también la viví desde el interior de mi primera casa. O será porque uno siempre está vivo desde que sus padres se convierten en entes con capacidad reproductiva.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Abeil 19 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/7430605741025116355/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/gritos-en-la-noche-tomado-de-grandes.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/7430605741025116355'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/7430605741025116355'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/gritos-en-la-noche-tomado-de-grandes.html' title='Gritos en la noche. Tomado de Grandes Nostalgias.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-6287508478057652485</id><published>2020-04-16T16:10:00.001-07:00</published><updated>2020-12-03T07:51:28.558-08:00</updated><title type='text'>Bicicleta 22. Tomado de Grandes Nostalgias.</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Una tarde de verano mi madre me mandó a buscar un cubo de agua fresca al pozo de Miguel. Como siempre me recordó que tuviera &quot;mucho cuidado al pararme sobre el brocal del pozo&quot; y también que si me fuera posible &quot;no chocara tanto el cubo contra las piedras de la zapata porque se iba a seguir escachando&quot;. Yo no agregaba nada a su comentario porque me sabía el sermón de memoria y solo me limitaba a asentir con la cabeza. En realidad lo que mas ansiaba era que mi papá consiguiera una tinaja como la de María o como la de Abuela para que cupiera mas agua que en un cubo y para que el agua siempre estuviera fresca y no tener que estar yendo al pozo a cada rato para poder tomarnos una jarro de agua &quot;como de manantial&quot;. Demoraría algún tiempo en darme cuenta de que el agua de una tinaja - por muy buen barro que se hubiera empleado en su construcción - se ponía como &quot;un caldo&quot; podrido cuando pasaba el tiempo. Para entonces ya imitaba a mi papá colocando el Cubo #8 debajo de mi sobaco derecho. Leonardo Ellindo estaba lavando su bicicleta Toper de Luxe entre el pozo y la mata de limón. La tenía con las ruedas hacia arriba y al lado había una gran palangana con agua espumosa. Dentro de la palangana había un gran trapo, unn cepillo de fibras de coco de los que hacía su mamá, un estropajo de arique y al oeste del brocal del pozo había un Cubo #12 vacío con la soga colgando hacia su interior. Espera - me dijo Lyona - déjame sacar la soga del pozo. Dejé que lo hiciera porque sabía que no me lo permitiría porque todavía &quot;yo era un muchacho culicagao&quot;. Lyona sacó la soga utilizando sus dos manos como si estuviera braceando para adentro en la Poza de Rafael y puso el cubo del otro lado de la bicicleta. Las dos gomas estaban limpiecitas y las llantas y los rayos y los engranajes relucían en la tarde de Agosto. Sin embargo los guardafangos niquelados estaban churrosos y las hileras de agua sucia corrían por su interior y se detenían en el centro. Estás comiendo mierda, muchacho - dijo cuando le pregunté el motivo -, no te das cuenta de que los guardafangos hay que lavarlos con la bicicleta derecha. Con la misma cogió la bicicleta por la curva superior del caballo y por la catalina, la levantó y la volteó y le puso el burro para que no se cayera. Tuvo que acomodar el burro porque allí todo estaba cubierto de hierba fina. Entonces fue a buscar su cubo, lo lanzó al pozo y la sacó lleno de agua. Terminaría por sacar cuatro cubos y todos se los lanzó a la bicicleta. Ves, bobo, como se lavan los guardafangos - preguntó. No respondí. Entonces buscó un trapo seco en su casa y regresó para pasarlo por los dos guardafangos y por el resto de la Toper hasta dejar a su equipo como nuevo. Vació la palangana y la enjuagó con el quinto cubo, exprimió los trapos y los guardó en algún lugar secreto de su cuarto junto con el cartucho que contenía al detergente Fap. Finalmente llevó la bicicleta hasta el patio norte y después de ponerle el burro dijo &quot;un poco de sol y quedará nuevecita&quot;. Cuando yo saqué mi cubo de agua y me encaminaba hacia el camino todavía Leonardo Ellindo estaba mirando, embelezado, a su bicicleta recién lavada. La miraba y le sonreía como si fuera una muchacha quinceañera. Cualquiera hubiera pensado que se estaba volviendo loco. Hablar o sonreír solo era un magnífico síntoma de locura. O si no que le preguntaran a mi Tío Bura. Así que deposité el cubo sobre la tierra, solté el asa&amp;nbsp; y lo dejé sobre el camino. Por qué no te la ligas y así tienes dos novias - le pregunté. Lyona me observó de arriba abajo. Qué carajo quieres decir comerraspa - respondió. Leonardo Ellindo era un isleño más de esos que se mandaban tremendo genio pero su segundo apellido Lara le otorgaba cierto aire de persona tranquila y equilibrada. De modo que me pregunté que de donde estaría saliendo aquel genio tan inusual. Todo el mundo sabe que tu quieres mas a tu bicicleta que a toda tu familia. Sí, y qué. Nada, que todos lo saben. Y acaso tú no quieres mas a tus asquerosos casillos y a tu puerco tirapiedras y a tu anzuelo de mierda que a la tuya. Eso es mentira. De verdad que es mentira, mira, no me jodas. Los quiero igual. Ya salió el gracioso de Rafael.&amp;nbsp; Y tú, el limpiabicicletas de Miguel. Lyona se agachó como si fuera a coger una piedra para tirármela y yo levanté mi cubo con la mano derecha y continué por el camino hacia mi casa. Oye, anormal, cuál es mi otra novia - escuché la voz del exnovio de Aracely la Bella. Me detuve, recoloqué el cubo sobre el trillo y me volví. Discúlpame, compadre, es que había olvidado que te la dejaron en la uña - dije, y&amp;nbsp; volví a continuar mi camino. Nunca mas menciones ese nombre ni se te ocurre bromear con una cosa que nunca ha existido, me has escuchado - sentenció. Esta vez no me volví. Porque todavía - y lo haría durante toda la vida - Leonardo Ellindo seguía diciendo que &quot;jamás había tenido ningún tipo de relación con la hija de Pablo&quot; por lo que se cagaba en lo que decían todos los vecinos e incluso algunos de sus primos mas allegados. Lo último que se había conocido del affaire de la Bella de Los Gocéndez y del Bello de Los Ramos era que la familia ganadera había decidido enviar a su hija a la ciudad de Zuluetas en cuyos alrededores vivían gran parte de las dos ramas familiares para que se ovidara de un amor condenado al fracaso debido a la diferencia social del pretendiente. Los Ramos eran magníficos como amigos. Pero tenían que saber que no debían traspasar ciertas líneas de sangre. Por tanto yo pensaba que el lavador de bicicletas se había resignado a perder a la chica rica - &quot;rica&quot; en la dos acepciones de la palabra - y que el dolor lo estaba estrangulando y que ese dolor le provocaba una molestia descomunal. Yo sabía que la ida de Ara hacia Zuluetas también dejaría a Clemente Culocaliente sin la compañía de Mary - un segundo affaire solo relativamente importante - la del Central Adela y al barrio sin la belleza atormentadora de Blanca Emilia la hija de Felo Morales. Pero yo todavía necesitaba decirle algo a Lyona. Así que puse el cubo sobre el banco de la cocina y regresé corriendo a su casa. Ya no estaba contemplando a su novia niquelada. Le pregunté a Mury Cometierra por él y me dijo &quot;está ahí ti&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;rado en la cama&quot;. Atravecé la gran sala de piso de cocó en donde jugábamos balines y entré al cuarto que los hermanos compartían con el tío Pedrón. Lyona estaba acostado bocarriba en el lado sur de la cama y no se había quitado los zapatos. Tenía sus dos manos entrelazadas debajo de la cabeza, sobre la almohada barata personal y miraba al techo como si fuera un cadáver medio vivo. Esto es lo último que voy a decir de lo que no quieres que hable nunca más - expresé -, por tu culpa los muchachos nos vamos a perder los cuentos de la Tía Tata después de la comida de Los Gucende. Lyona no se movió de su posición de mediocadáver. Salí del cuarto. Detrás de mí la voz inquirió &quot;y qué culpa tengo yo&quot;. Me detuve pero no me volví. Todavía no estaba en el fondo de la sala. Dice la gente que se fue para Zuluetas porque tú no hiciste nada para evitarlo - sentencié. Cuando pasé sobre el durmiente de cemento oí la voz de La Gata que estaba buscando algo en su cuarto &quot;es verdad, este es un comemierda, así mismo le pasará con la pelota, tira mas duro que la ventolera de un ciclón pero a él no le importa y tú verás que se quedara pitcheando en esta pelotica de manigua&quot;. Entonces yo desconocía que La Gata tenía dotes de profeta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Me había convertido en un niño mayorcito viendo a Leonardo el de Miguel saliendo y llegando a su casa con su flamante bicicleta Toper de Luxe, luciéndola los domingos en el juego de pelota de turno,&amp;nbsp; luciéndola en la Tienda de Juanito, bajando y subiendo la ranfla del río a cuanto le daban los pedales, lavándola todo el tiempo con Fap a la orilla del pozo y hasta en el paso del río cuando había acabado de crecer y el agua se estaba poniendo limpiecita. Recuerdo que cuando yo quería significar que algo estaba&amp;nbsp; muy limpio, primero que a &quot;la casa de Tíaestela&quot; mencionaba a la &quot;bicicleta Toper de Leonardo&quot;. Era un pincel. La Toper de Leonardo no tenía dinamo ni foco ni tenía parrilla. Creo que a él le gustaba así porque las otras cosas le quitaban su autenticidad. Solo tenía un guardacadenas. E incluso me parece que el sillín y el manubrio estaban una pizca mas bajitos que lo normal para una bicicleta 26. Nunca supe en donde la había comprado ni con que dinero. Sí conocía que desde que &quot;los hijos de Miguel se habían convertido en hombrecitos&quot; echaban algunos jornales por el barrio y por los barrios adyacentes en donde se requiriera de trabajadores ocasionales. Eso, mientras el Servicio Militar no los requiriera. Su sueño siempre había sido tener una bicicleta y lo había cumplido. No se la prestaba a nadie a menos que fuera obligadamente necesario. Yo me moría por pedírsela aunque solo fuera para conducirla con la mano hasta mi casa pero no me atrevía. A veces &quot;coincidía&quot; con él en el camino que pasaba por debajo del cocal para que se detuviera y me dijera algo sobre mi habilidad para conducir el aro de hierro con un alambre con la punta en forma de C pero solo lograba que me dijera &quot;a ver, échate pallá para pasar&quot;. Y mis palabras se morían otra vez detrás de mis labios. Y como ya tenía mi tirapiedras, mis casillos y mis anzuelos pues un día me dije que alguna vez yo también tendría una bicicleta de guardafangos niquelados. Entonces comencé a pensar en que tenía que aprender a manejar una bicicleta para cuando esa ocasión tan importante llegara. En el barrio había algunas pocas bicicletas americanas pero fue durante mis viajes a los pueblos con mi papá que me tropecé con todo tipo de bicicletas americanas. Todavía no había llegado la invasión de bicicletas del &quot;campo socialista&quot; y la Fábrica que había inaugurado el Ché Guevara en Caibarién en 1964 apenas estaba preparando las condiciones para comenzar la producción en serie. Por cierto el Che había advertido que &quot;las pocas que se habían hecho como prototipo eran bonitas pero que a lo mejor se desarmaban cuando se montaran&quot; De todas los nombres que luego resultarían marcas los que se me quedaron pegados en la mente serían los nombres Toper y Niágara. Había montones de tipos de bicicletas Niágara en los puebos y en los campos. Eran muy fuertes, con gomas amplias y guardafangos como gomas de tractor. Algunas tenían un caballo muy grueso en la parte superior como si fuera un pequeño tanque de gasolina y otras tenían dos o tres tubos curvados y casi todas tenían una parrilla niquelada larga y delgada. La gente decía que no eran muy livianas pero que su capacidad de carga y su calidad lo compensaba con creces. Nadie había dicho jamás en Plateros que una bicicleta Niágara fuera superior a una Toper de Luxe pero yo pensaba que si Leonardo había decidido comprarse una Toper era por algo. Yo lo consideraba un gurú de las bicicletas. Sin embargo siempre pensé que mi primera bicicleta tendría que ser una bicicleta Niágara 22. Porque sabía que una bicicleta 28 era para gente muy alta como Tico, que las bicicletas 26 eran las stándar, que una 24 era para jovencitos y para personas pequeñas y que de la 22 para abajo eran para niños. También conocía que cualquier bicicleta - nueva o de uso - costaba mucho dinero y por tanto mi deseo de tener una todavía no pasaba por decírselo a mis padres. Ahora bien, nunca estuve interesado ni en velocípedos ni en bipatines con manubrio ni en aquellas bicicletas que tenían un saliente con dos ruedas más en el eje de la rueda de atrás. Pensaba que ahí aprendía &quot;cualquiera&quot; y que lo importante era darse algunos golpes de verdad por todo el cuerpo en bicicletas normales antes de aprender a montar. Elucubraba sobre cosas como esas una mañana en que Caraemuerto Cagatrillo Mayor pasó por mi casa para jugar balines. Te dije que no juego mas bolas contigo - le recordé - tú eres mas grande y siempre me ganas. Vamos a jugar de mentiritas entonces -&amp;nbsp; agregó. No, no tengo ganas - continué - yo les doy mis bolas a Clemente y él me las juega de verdad en la sala de su casa, cuando quieras jugar de verdad vete por allí. Eh, si yo voy siempre y siempre gano - aseguró. Me eché a reír. Cagatrillo casi nunca tenía balines y tampoco era un gran ganador. Oye - decidí cambiar el tema - cuando te van a comprar una bicicleta. Cagatrillo me miró. Mira que eres comepinga, compadre - dijo - para eso hay que ser mas rico que Pablogucende. Tenía razón. Fíjate si hay que ser rico como esos gallegos que ya le compraron una 22 a Pablito - agregó. Cuando - inquirí. No sé, creo que fue ayer porque ví que el Negro Jesús estaba sacando algo del maletero de su máquina que no pude ver bien desde mi casa. Me alegré por Pabli - era como dos años mas joven que yo - porque era un muchacho de tremendo corazón que nunca se las daba de niño de bien. Pero también me alegré porque con una bicicleta tan cerca en manos de un niño buenagente mis posibilidades de aprender a montar para cuando tuviera mi Niágara eran magníficas. Bueno, si no vamos a jugar balines entonces vamos para su casa, seguro que no las presta - dijo Cagatrillo Mayor. Lograr que Pablito te preste su bicicleta es mas dificil que pasar el Niágara en bicicleta - dijo una voz que salía del comedor de mi casa. La voz enseguida se nos unió en el patio norte. La voz era la voz de Ratón Comehilo. Vamos los tres - pedí - aunque yo sé que tú sabes montar, Ratón. Ratón Comehilo casi que se presignó y expresó &quot;muchacho, si me ven en esa casa me matan&quot;. Todo el mundo sabía que Ratón Comehilo era el gran confidente de Ara, el recadero de la relación recién truncada. El primo al que Leonardo sí le prestaba su bicicleta. Ratón tampoco admitía nada de nada en el affaire amoroso. Así que ni Cagatrillo ni yo le preguntamos &quot;por qué&quot;. Vayan ustedes - dijo Ratón Comehilo. Le pedí permiso a mi mamá y me fui con Cagatrillo Mayor para la casa de Adolfina a ver si Pablito nos prestaba su bicicleta nueva y nos permitía aprender a montar. Porque Cagatrillo tampoco sabía. Cuando ábamos a la altura de la mata de almácigo Cagatrillo me preguntó &quot;qué carajo será eso de pasar el niágara en bicicleta, siempre lo estoy oyendo&quot;. Yo también siempre lo estoy ayendo y tampoco sé ni cojones pero lo que sí sé es que eso siempre se dice cuando algo es muy difícil de conseguir - contesté. Desconocíamos si la bicicleta de Pably era una Niágara. Pasarían meses antes de que yo me empatara con la información que me hablaba de las famosas Cataratas del Niágara entre los Estados Unidos y Canadá. Y de lo difícil que debiera ser pasar tanto el río homónimo como las cataratas. En bicicleta. Cuando pasamos por la puerta de la cerca del solar de la casa de Gocéndez nos dimos cuenta de que Ventoso se estaba subiendo los pantalones recostado a la palma norte de la poza donde yo pescaba con mucha suerte. Cagatrillo se detuvo para decirle algo. Dale, no te detengas, su mierda tiene la misma peste que la de nosotros - le dije. Ni tan siquiera le remeneamos un gajo de ateje para bañarlo de atejitos rojos - preguntó. No, chico, sigue, que ya es casi la hora del almuerzo y si llegamos con la mesa puesta se &quot;jodió la bicicleta&quot;. Se &quot;jodió la bicicleta&quot; era otra frase célebre sin autor conocido que se usaba para denotar que algo se había echado a perder o que algo no se había logrado conseguir. De modo que continuamos el camino y vimos que Adolfina estaba aventando el arroz detrás de la mata de areca. Me preguntó por &quot;la niña&quot; y respondí &quot;bien&quot; y agregué &quot;y Pabli&quot;. Pablito está con el padre para la cerca que linda con Domingo el Isleño, fueron a coger unos juracos - informó. Ah... - dije, y le metí el codo en las costillas a Cagatrillo Mayor - después pasamos para verlo. De modo que seguimos hacia la casa de Pepe Ramos. Pero no continuamos por el camino que llevaba hasta la palma que conducía al otro lado del río. Vamos por el camino de la carretera - le dije. Por qué - indagé. A ver si aunque sea vemos la bicicleta en el portal. Ah...está bien..... La bicicleta no estaba en el portal. Ni recostada contra la pared occidental de la casa. Si es como Leonardo a lo mejor se la llevó en la rastra para no perderle ni pie ni pisada - agregué. Cagatrillo Mayor se echó a reír y dijo &quot;no tanto, compadre&quot;. Entonces hicimos un giro y atravezamos el potrero norte de Pablo y nos fuimos hasta la casa de Cagatrillo Mayor. Caridad estaba sola. Preparando el almuerzo. Esa noche, cuando Adolfina entró a la cocina para fregar la loza me di cuenta de lo mucho que iba a extrañar a los cuentos de sobremesa de Aracely. Sin ella la gran casa parecía vacía. Mas esta noche en que no había visitas porque el tiempo abarruntaba agua. Entonces escuché la voz aniñada de Pablito que me llegaba desde la saleta &quot;luisma, ven para que veas algo que tengo aquí&quot;. Me levanté de mi asiento en el banco de la terraza, traspasé la saleta y penetré en la sala. La bicicleta 22 estaba recostada contra la ventana enrejada del este de la casa. Tenía el manubrio metido entre dos tubos de hierro y Pabli lo sacó y le colocó el burro para que yo pudiera verla sin impedimentos. No es nueva ni sé que marca es pero está muy buena - explicó - me la compraron ayer, la trajo Jesús el Negro. Caminé a su alrededor, mirándola. En honor a la verdad recuerdo a la bicicleta de mi amigo de la infancia pero la recuerdo sin poder dar detalles. Es muy posible que, efectivamente, fuera una bicicleta 22 (quizás 20). Recuerdo su par de guardafangos, su amplio manubrio con soportes de goma en los extremos, sus pedales rectangulares, su amplio sillín y su guardacadena gigante. No recuerdo de que color era pero es muy posible que tuviera un color azul descascarado. Se veía potente. (Podría preguntarle al señor Pablo Gocéndez, en Cuba, pero ya dije que prefiero ceñirme a la memoria). Recuerdo que le quité el burro y la peseé, entre los muebles, por parte de la sala. Era muy liviana. No tenía las características toscas de una Niágara. Y ya aprendiste a montar - le pregunté. No, si ya sabía, aprendí en el Central Adela con mis amigos de allá. Ah...que bueno, y la cogerás para ir a la escuela?. No, mi papá no quiere que vaya en ella todavía, a lo mejor si a algún viajecito a la tienda. Está bien, y sabes cuanto le costó?. No, yo no le pregunto esas cosas, pero como no es nueva no creo que haya costado mucho. Te fijaste si te falta algo en la alcancía&quot;. Pabli me miró y esbozó una sonrisa. No me he fijado pero no creo que papi sea tan hijoeputa...oye, tú preguntas mas que Pepe Ramos y mira que Caraemango lo pregunta todo. Es que seré periodista - rematé. Pabli me invitó a salir al portal para conversar y cuando nos sentamos, recostados contra la pared, me dijo &quot;eso lo sabe todo el mundo&quot;. Esa noche, cuando nos fuimos, me llevé una invitación para el próximo sábado. Podría venir para que aprendiera a montar en bicicleta. Tú verás que facilito es - me dijo. Al otro día le dije a Cagatrillo Mayor que fuera por la casa de Pablo el próximo sábado porque yo estaría allí para aprender a montar en bicicleta. Pero si no me ha invitado - dijo. No te hagas el comemierda que tú te invitas solo a donde te da la gana. Pero no le hizo falta ninguna invitación. El sábado, cuando yo llegué como a las diez de la mañana, nos dimos cuenta de que los Hermanos Cagatrillo estaban en el patio occidental de su casa. Pablito los llamó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Pablito Gocéndez era, para su temprana edad, un buen ciclista. Sobre todo porque ya había practicado en las calles de la ciudad. Y porque - nos aseguró - nunca tuvo miedo cuando estaba aprendiendo. Así que nos dijo que solo oyéramos sus indicaciones y que tratáramos de seguirlas y mucho antes del medio día ya sabríamos montar &quot;igualitico que él&quot;. Comenzó por indicarnos que lo primero que uno tenía que hacer era sentarse en el sillín, sujetar el manubrio con las dos manos y apollar uno de los pies en el suelo. O sea, poner una nalga en el sillín y dejar la otra medio afuera para que el pie pudiera apoyarse bien en el suelo. Después había que colocar el pedal derecho (o el izquierdo si eras zurdo) en la parte superior del juego de pedales y afincar bien el zapato. Era razonable que el pedal estuviera un poquito adelantado a la línea normal de los pedales. Entonces - sin mirar &quot;jamás&quot; para abajo - se empujaba el pedal hacia delante, se colocaba el pie libre en el otro y se iniciaba el pedaleo. La bicicleta comenzaba a moverse y si uno era capaz de mantener los pies en los pedales y de sujetar bien el manubrio no había ninguna posibilidad de que el aprendíz se cayera. El camino que llevaba hasta la carretera era un camino amplio y generalmente tenía las dos marcas de las ruedas de los carros que bajaban constantemente por la ranfla hasta la casa familiar. Entre las marcas había una franja de hierba que casi siempre estaba pelada. Excepto en temporada de lluvias el camino era un plato, sin baches, excelente para dar vueltas en bicicleta. Los tres primos seguimos las indicaciones de Pablito. Todas. Pero nos valieron de poco. No podíamos cumplirlas y entre risas y caídas nos pasamos como media mañana. Hasta que dejamos de mirar hacia abajo. Pablito insistía en que si seguíamos haciéndolo nunca íbamos a aprender porque el asunto estaba en &quot;mirar para donde íbamos&quot; y no para el lugar &quot;en donde estaban los pedales y la catalina&quot;. Recalcaba que lo importante era mantener los pies firmes sobre los pedales y sujetar y dominar al manubrio para que la bicicleta fuera por y para donde nos diera la gana. Mirar hacia el suelo es el gran error de todo aprendiz de ciclista y al parecer nadie puede resolver ese problema hasta una o dos horas después de la primera lección. Se mira hacia abajo por reflejo. Como si en el piso debajo de los pies estuviera todo el secreto del aprendizaje. El secreto está al frente, en el lugar hacia donde uno va. Solo cuando se logra salir del bache del suelo es que uno puede dominar al manubrio y evitar que la bicicleta parezca un borracho en medio del camino. Cuando eso ocurre uno se da cuenta de que acaba de conquistar a la bicicleta, que la ha convertido en su novia y que ya nunca mas podra salirse con la suya. Que casi ha llegado al nivel de Leonardo. Cuando nos fuimos a almorzar los tres casi que sabíamos montar en bicicleta. Pero necesitaríamos algunas sesiones más para gaduarnos de ciclistas infantiles. Para entonces yo me consideraba el próximo Pipián Martínez, el primer Rey de las carreteras comunistas de Cuba. Jamás tuvimos problemas con el gran amigo Pablito. Siempre nos prestó su bicicleta y en ella pudimos pulir nuestro defectos. Llegó un momento en que medíamos el tiempo que nos llevaba ir y volver desde la hermosa mata de flamboyán que estaba a la derecha de la ranfla y algunas veces pudimos vencer al &quot;ciclón de Zuluetas&quot;. Pocos meses después los padres dejaron a Pablito conducir en la carretera &quot;si no venían carros&quot; y también él nos lo permitió. Para entonces otros muchachos del barrio habían aprendido con nosotros y él les dejaba dar su vuelta en la carretera. Generalmente las &quot;vueltas&quot; llegaban hasta frente a la casa de Tíacelia y hasta frente a la casa de Tíonene. Como medio kilómetro. Si bien nunca intentamos imitar al viejo Mayea - el tío de Luisa, la mujer de Tíonofre - en su gran performance de manejar de espaldas al manubrio por la cerretera incluso cuando había tráfico si logramos superar a Justino Martínez pues nos dábamos el gusto de mirar hacia la casa de Tíacelia cuando conducíamos, algo que no se atrevía a hacer Justino cuando conducía su bicicleta rusa y se nos parecía a un espantapájaros mirando al frente como si desviar la mirada la pudiera causar la muerte. Lo que hacía el viejo Mayea era verdaderamente antológico. Mayea era un viejo chiquito y flaco, canoso, medio encorvado y tenía fama de loco en el barrio. Vivía en Caibarién pero se la pasaba en Plateros porque en el barrio vivía su sobrina Luisa - mi tía política - y porque le encantaba forrajear. Contrabandeaba de todo. Lograba que los vecinos le regalaran cosas y él a veces les correspondía. Era ocurrente y decía y hacía cosas que tanto como el asombro provocaban la risa. Recuerdo que una vez salió de mi casa y cuando se metió al potrero de Pablo Gocéndez el buey Aviador - el viejo buey de Pablo que le tenía un odio visceral a mi papá y que casi lo mata una vez en que lo sorprendió en el faldeo de la loma y si no llega a ser porque logró subirse a un gajo horizontal de chirimolla (hasta que alguien acudió a sus gritos) lo hubiera traspasado con sus tarros - lo descubrió y le cayó atrás. Mayea se dio cuenta y llegó sin habla, con lo justo para salvarse, a la puerta de la cerca. Pasó del otro lado y cerró con urgencia. El buey estaba junto a él, en el límite del potrero, rebacando y bufeando. Al viejo Mayea se le había caído un jabón de baño casi al llegar a la cerca. Una persona - desconozco quién pues la historia la cuento de oídas -&amp;nbsp; que estaba cerca de allí le dijo que se le había caído un jabón de baño. Cuando Mayea notó que era verdad miró para el potrero. Detrás de Aviador estaba la pastilla de Nácar. Mayea se dio vuelta y siguió su camino. Qué va, déjala pa semilla - dijo. Sin embargo si soy testigo de, al menos, una de sus famosas piruetas en bicicleta. Cualquiera le prestaba su bicicleta para que realizara su número. El Viejo se sentaba en el sillín de espaldas al manubrio y cogía a este con sus dos manos. Como si fuera lo mas normal del mundo Mayea comenzaba a conducir la bicicleta e incluso giraba y comenzaba el camino de vuelta. No sé como se las arreglaba para mirar por el rabillo del ojo para saber si venía algún carro &quot;de frente&quot;. El Viejo Mayea podía demostrar que era un mago del pedal lo mismo en una bicicleta en perfectas condiciones que en una &quot;angarilla&quot;. Recuerdo que un día le pregunté a Tíonofre que si su pariente había tratabajado alguna vez en un circo. Claro...en el circo de Mazorra - me respondió. Mazorra era - y es - el famoso Hospital Siquiátrico de La Habana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Años mas tarde tendría mi primera bicicleta. Mi padre me la compró en Caibarién. La compró con el dinero que obtuvo de la venta de un quintal limpio de arroz. El día que la estrené recordé los tiempos en que Pablito me permitió montar y aprender en la suya. Mi bicicleta era una bicicleta Niágara. Tosca. Recuerdo que la cogí por el manubrio, que pasé mi pie derecho sobre el sillín y que coloqué mi zapato sobre el pedal derecho. Y recuerdo que arranqué. Recuerdo que estaba mirando para abajo. Pero recuerdo que no me&amp;nbsp; caí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Florida, Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Abril 16 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;A menos que fuera absolutamente necesario no deseo &quot;investigar&quot; para escribir estas Grandes Nostalgias. Deseo acudir a mi memoria. Solo a mi memoria. Una de las pocas cosas de las que aún puedo vanagloriarme. Sin embargo soy muy consciente de que mi portentosa memoria no siempre resolverá todos mis problemas. Por ejemplo, el &quot;problema del arroz&quot;. Una cosa es cierta: en mi casa tampoco podíamos comer &quot;sin arroz en la mesa&quot;. Ahora bien, lo que no puedo recordar es el año en que mi papá comenzó a sembrar arroz ni la cantidad de libras que daban por la Libreta de Racionamiento. Sin embargo entre una memoria magnífica y un &quot;me parece que&quot; la distancia es muy corta. Porque los &quot;me parece que&quot; generalmente se convierten en &quot;sí, se trata de eso, es posible&quot;. De modo que me parece que durante los primeros años que el Gobierno dio arroz por la Cuota entregaba diez o tal vez quince libras por persona. Digamos que fueran diez. Entonces nos tocaban treinta libras y cuarenta libras cuando nació mi hermana. Cuarenta libras eran ocho jarros de cinco libras, vale decir setenta y dos laticas de leche condensada. Y como el mes tenía treinta días&amp;nbsp; pues podíamos comernos cada día dos laticas y un poquito. Generalmente las dejaríamos para la tarde porque el almuerzo podía consistir en &quot;cualquier cosa&quot;. Dormirse con la barriga llena era la prioridad. Tal vez sobrara &quot;algún arroz&quot; para el día siguiente porque había muchas cosas sabrosas capaces de &quot;agrandar&quot; la comida. En ese caso tocaríamos a una fracción o para el caso de que alguien no quisiera pues entonces correspondería un poco mas. Por &quot;suerte&quot; mi hermana y yo continuamos creciendo y nos dimos cuenta de que nuestras barrigas nos pedían mas comida y entonces mi papá y su hermano tuvieron que comenzar a sembrar arroz para no sacar delicatessen tal de nuestras mesas. Es probable que en algún momento se entregaran quince libras por persona y entonces con eso sí alcanzaba incluso para comer durante almuerzo y comida. Pero el Gobierno fue acortando la Cuota hasta dejarla en cantidades de hambre y fue entonces cuando casi todos los cubanos tuvieron que empezar a &quot;inventar&quot; para no morirse de inanición. Ahora bien, en qué parte de la finca mi padre y su hermano decidirían sembrar el arroz?. Todo el terreno destinado a siembras tradicionales estaba ocupado. El resto era caña de azúcar. Y aunque el Gobierno aseguraba que le &quot;había dado la tierra a los campesinos&quot; en realidad solo le había dado un semifalso título de propiedad a cambio de que cultivara, sobre todo, caña de azúcar, que era lo que seguía haciendo aparentemente rentable al país. Los intentos de las nuevas autoridades por diversificar la economía todavía no habían estrucado al monocultivo. Creo que durante los primeros años de la Revolución aún era posible demoler ciertos pedazos de tierra sembrados de caña y cogerlos para plantar otras cultivos. El control estatal aún no era absoluto. Posiblemente eso fue lo que hicieron Los Hermanos cuando la escacés de arroz les obligó a cambiar el guión. Recuerdo que detrás del guayabal de la abuela estaba el potrero y al fondo una cerca que llegaba desde la guardarralla hasta la finca de Justino Martínez. Pero mirándolo bien es posible que todavía no hubiera una cerca como tal - quizás dos pelos de alambre sin mucha pretención - sino un campo de caña como de cuarenta cordeles que lindaba con la finca de Gaby el Isleño. En todo caso allí sí había como cinco a seis eucaliptos que mi padre había sembrado en fila, de este a oeste, y que habían alcanzado un tamaño considerable. Pero me parece que mi primer recuerdo de un campo de arroz en lo que tal vez pudo haber sido un campo de caña está relacionado con una cerca de verdad en el camino de los eucaliptos - creo que alguna vez los he mencionado y he dicho que me parece que mi papá los trajo del Vivero cuando allí comenzo el Sueño Forestal de los dirigentes provinciales - y con una lista estrecha de arroz que había sembrado Tíonene. Por qué considero a este mi primer recuerdo arrocero?. Por un simple motivo. Mi Tío me &quot;pagaba&quot; veinte centavos diarios porque le &quot;espantara&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;a los totices&quot;. Los totíes - y no totices - eran unos pájaros negros pocos mas chicos que una paloma rabiche que llegaban en bandadas y hacían mucho daño al arroz cuando estaba madurando y cuando se estaba secando. Era necesario pasarse todo el tiempo sacándolos del campo de arroz mediante gritos, palmadas contínuas y sobre todo golpeando el lomo de una yagua seca contra alguna palma real. Los malditos pájaros negros levantaban el vuelo enseguida pero se posaban en los bienvestidos de las cercas o en el copo y sobre los racimos de las palmas y al menor descuido se tiraban otra vez hacia el arrozal. Pero - me he estado preguntando - contra qué palma yo golpeaba el lomo de la yagua seca si por allí no había ni una sola palma. Haciendo un durísimo ejercicio de memoria he llegado a la conclusión de que me parece que sí había una palma barrigona y joven en la sección suroccidental del potrero, al lado de la guardarralla, o sea en donde comenzaba el campo de arroz que había sembrado Tíonene. Por demás ningún lomo de yagua hubiera sonado ni medianamente fuerte golpeado contra un tronco de eucalipto. El eucalipto es un pésimo conductor del sonido. Recuerdo a Tíonene montado sobre su caballo rojizo y cabecibajo pasar por el poniente de su campo cerciorándose de que yo me estaba ganando honradamente mis centavos. Por supuesto que yo le cuidaba el arroz por la tarde cuando regresaba de la escuela y durante los fines de semana. Tampoco cuidarle el arroz significaba estar preso a la orilla del campo dando gritos desgarradores, sonando a la palma o esperando porque los totíes se fueran o se hartaran de comer. Por ello mi salario era intermitente. Por cierto, no recuerdo a ningún bicho alado tan porfiado como a un totí con hambre de arroz. Utilizar mi tirapiedras de ligas coloradas del Taller de Tata hubiera sido una pérdida de tiempo. Mi mala puntería ya era antológica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Aceptemos entonces que mi padre y su hermano cogieron esos cuarenta cordeles para sembrar arroz. No le demos tanta importancia a si entonces era un potrero o era otro campo de caña. No obstante si nos obligaran a responder entonces aseguraríamos que &quot;era un campo de caña que se demolió&quot;. A partir de entonces mis recuerdos se mantienen bastantes estables. Me parece que se tiró una cerca oficial&amp;nbsp; de tres pelos de alambre por la línea de los eucaliptos para contener al ganado y que tal vez Tíonene no volviera a sembrar arroz. Teniendo en cuenta que mi abuela vivía entonces y que en realidad era la dueña de la finca no descarto que Tíonene le hubiera tenido que dar una parte de la cosecha. Entonces se acostumbraba a dar la &quot;tercera&quot; cuando el dueño solo ponía el terreno. Así que el nuevo campo destinado a la siembra de arroz se dividió en dos partes. La parte de mi abuela y la parte de Los Hermanos. Pero ocurría que la abuela no tenía quien le atendiera su parte.&amp;nbsp; Tío Cisco tenía unos veinticinco cordeles en la misma casa donde todavía vivía en la esquina noroccidental de la finca. No ovidemos que se trata de la casa en donde yo nací. Francisco nunca fue un hombre de trabajo y comenzo a dar su terreno a negocio a vecinos y a personas que quisieran cultivarlo. Posiblemente para entonces el ricachón de Yaguey Abajo, Tirso Cruz, fiuera uno de sus hombres aceptados. Tíocisco era un hombre loco por los negocios ligeros. Del tipo que fueran. Así que la abuela no podía contar con él. Tío Bura era una persona desequilibrada mentalmente y no podía hacer nada. Tiakuka todavía no se había juntado con Manuel de la Rosa. Los Hermanos tenían demasiado que hacer y optaron por decirle a la abuela que entregara su parte a alguna persona seria para que sembrara arroz &quot;a negocio&quot;. Estoy casi seguro de que el segundo sembrador de arroz ajeno a la familia González Ferrer fue mi Tío Pito, el hermano carnal de mi mamá. Lo recuerdo perfectamente - a él y a sus hijos - recogiendo una cosecha en su campo que terminaba a la orilla de la mata de mango que estaba en el lindero de las dos fincas. Creo que la primera siembra se realizó en dirección este oeste. Pero recuerdo que después la surquería fue de norte a sur y que Los Hermanos sembraban la parte de la tierra que estaba pegada a la finca de Justino Martínez. En verdad la tierra allí era un poquito mas fértil. En medio del campo había una ligera depresión que comenzaba casi en el potrero y desembocaba en el cañaveral de Gaby. No era tan ancha pero allí la tierra era un tanto arenosa y de poca masa y en verdad al arroz le costaba desarrollarse como en el resto del plan. Pero el motivo no fue ese. Fue una decisión espontánea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;El proceso de cultivar arroz es igual al proceso de cultivar maíz y frijoles hasta que llega el momento de tirar la semilla en el surco. A partir de entonces el Programa es otro. Cuando la tierra está preparada a mediados de Junio se espera por un aguacero de verdad que la empape, se esperan dos o tres días más para que oree y generalmente se decide que &quot;el próximo Lunes&quot; comenzará la siembra. Desconozco quien le prestó la primera semilla a Los Hermanos pero a partir de la primera cosecha se cuidaron muy bien de dejar sus dos latas de aceite de comer para ello. Digo dos latas de veinticinco libras (una por hermano) porque en los primeros años solo se sembraba arroz para consumo y para agregar al que daban por la Cuota. Nadie sabía el precio que tendría el arroz agregado. Pero nadie consideraba que sembrar arroz para negocio iba a resultar alguna vez un negocio redondo. Así que con unos diez cordeles sobraba. Y diez cordeles podían llevar medio quintal de arroz. En caso de que Tíopito también sembrara unos diez cordeles pues entonces todavía quedaban veinte cordeles que se mantenían sembrados de caña o en su defecto dedicados a sitio para amarrar a los bueyes y a las vacas que estuvieran paridas y dando leche mientras se decidía sembrar más arroz. La semilla de arroz requiere haber sido perfectamente aventada y sobre todo haber recibido, por lo menos, tres soles embembados (tres días al sol) sobre un telón. Solo entonces está lista para ser plantada. Sin embargo&amp;nbsp; todavía eso no basta. Porque no hay &quot;macho&quot; que sea capaz de eliminar todos los granos vanos de una lata de arroz. Por tanto mi papá rescataba su lata de arroz de semilla y la vertía en la batea llena de agua. Los granos vanos - y eran muchos más de los que uno pensaba - flotaban en el agua fría y la mano de mi papá (y la mía) se encargaban de halar el mazacote de paja sobre la superficie contra el borde de la batea para botarlos. Recuerdo que los frotábamos entre los dedos para comprobar que eran &quot;paja limpia&quot;. Las gallinas se encantaban con la paja mojada. Mi papá vaciaba el arroz mojado en el mismo saco y lo ponía a escurrir guindándolo de un gajo de aguacate o de alguna solera de la casa. Al otro día estaba todavía un poco húmedo pero muy &quot;suelto&quot; y podíamos notar &quot;como pesaba&quot; lo que indicaba que ahora sí que no había quedado ni un solo grano vano. Mi papá decía que sembrar el arroz medio mojado era un adelanto para su germinación. Porque era como el &quot;primer aguacerito&quot;.&amp;nbsp; Recuerdo que yo le preguntaba que por qué le llamaba &quot;grano&quot; a &quot;un grano sin corazón&quot; y que él me respondía &quot;no sé, siempre ha sido así, hijo&quot;. Generalmente el arroz no es atacado por insectos. Su principal enemigo son los guayabitos. Pero los guayabitos lo descascaran porque no les place la paja y solo se comen el grano limpio. De modo que si ocurre que los guayabitos se comen parte de la semilla sencillmente se vuelve a aventar y toda la paja que dejaron se va con el viento. También es posible asolearlo de nuevo para matar el orine y las heses que dejaron en el saco. Si acaso falta semilla se coge del arroz para consumo. Que también fue aventado y recibió sus soles correspondientes. Como ocurría con los frijoles y con el maíz en caso de que - por cualquier motivo - Los Hermanos se quedaran sin semillas siempre la resolvían de la misma manera que lo hacían con aquellos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;En los primeros años habían cuatro tipos de arroz. Tres&amp;nbsp; de ellos eran arroces excelentes para llevar a la mesa. Nadie se andaba ocupando entonces de altos rendimientos porque lo que importaba era que se tratara de arroz&amp;nbsp; muy bueno, muy rico, para ligar con frijoles o con carne en salsa. Recuerdo que estaba el arroz Borboné. Un arroz de grano largo stándar, amarillito y muy pesado. El arroz Nira, muy parecido al Borboné pero de grano una pizca mas largo y mas delgado. Y el Borboné 50, idéntico al Borboné pero con un grano amarillo fuerte tirando a naranja. El cuarto tipo era el arroz Piojoto. En honor a la verdad no recuerdo muy bien a este tipo de arroz porque prácticamente nadie lo sembraba. Mi mamá decía - y ella constituía mi mejor fuente - que era el arroz &quot;mas malo que hubiera comido en su vida&quot; y agregaba que era algo así &quot;como el equivalente de la harina: una especie de mata hambre&quot;. No se ablandaba totalmente, su grano era medio bolito y lleno de pinticas como el frijol ballito y sabía a paja - sostenía. Tengo un recuerdo muy vago en relación con este tipo de arroz. Pero no podría asegurar que fuera de antes de 1967. Una gran punta a la orilla de la finca de Gocéndez, pegado a la carretera, frente a la casa de Pepe Ramos. Recuerdo que había alcanzado una altura increíble pero que era &quot;un pajonal&quot; que se había &quot;ido en vicio&quot; y que no había parido porque lo cogió la seca en medio de la preñez. Tal vez esta punta de arroz fuera Piojoto porque a veces podía sembrarse por falta de semilla o con ánimos de vender a la gente del pueblo que &quot;no tenían paladar&quot;. O de usarlo para trueque con ellos mismos. Los Hermanos acostumbraban sembrar una lata de cada tipo e incluso podían sembrar arroz por surcos, de manera que la cosecha incluyera a las tres variedades. El Borboné 50 era el arroz mas deseado. Si se quería que el arroz desgranara como los dioses durante su cocción se priorizaba el Nira. Digamos que la primera cosecha de Los Hermanos fuera con arroz Borboné 50 &quot;el que se puede comer solo&quot;, como decía mi mamá. Igual que con los frijoles yo empecé muy pronto a ayudarles con la siembra, guataquea y recogida. Mi padre surcaba con el mismo arado criollo y la surquería la hacía a la misma distancia que para los frijoles y sus surcos conservaban el mínimo de chapucería de siempre. Y también esperábamos a que cogiera cierta ventaja para empezar a sembrar. Y también nos ayudaba cuando su ventaja era muy grande. Había dos formas de sembrar el arroz cuando la siembra se realizaba en un terreno de secano.&amp;nbsp; Regar la semilla por todo el surco como si estuviera cayendo de una regadera&amp;nbsp; y plantar la semilla por montoncitos separados a la misma distancia que los plantones de frijoles. Con el arroz pasa que no se planta por determinado número de granos. El arroz se planta por puñados. Se coge del recipiente un puñado, se tira al surco y se tapa muy bien porque los totíes pueden descubrir la siembra y comenzar a joder inmediatamente después de que se haya acabado de sembrar tratando de desenterrar los granos. También pueden hacerlo las aves de corral. Cada puñado tiene, mas o menos, la misma cantidad de granos. Como ninguno de los tres tipos de arroz mencionados eran arroces que parieran muchos hijos pues generalmente se aumentaba el tamaño del puñado. Los Hermanos preferían sembrar el arroz a puñados. No &quot;hijear&quot; era el principal motivo de que los arroces no fueran arroces de mucho rendimiento. Prácticamente cada mata paría una gran espiga hermosísima pero nada mas. Por tanto mientras más matas hubiera habría más espigas. Pero había que tener cuidado porque un exceso de granos podía hacer que las matas crecieran menos tipo pajonal y entonces sus espigas fueran mas pequeñas. Se requería de medidas lo mas exactas posibles. La siembra de arroz podía llevarnos un día y medio. A veces terminábamos de sembrar debajo de los aguaceros de Junio pero no nos importaba porque el arroz sí que es una planta de agua. Cien por ciento de agua. Y puede pasarse todo el tiempo metido dentro de ella. Lo malo del agua es que es demasiado abundante entre Junio y Noviembre - excepto a finales Julio y Agosto - y puede hacer que cualquier punta de arroz &quot;se pierda&quot; entre la hierba. La hierba crece mucho mas rápido que el arroz. Por eso el arroz necesita dos guataqueas y posiblemente de una mano de arranque cuando vaya a parir. Generalmente hay que priorizar al cuidado del arroz porque durante esos meses todos las tierras están sembradas y el arroz es el que puede &quot;perderse&quot;. Si bien un frijolal enyerbado puede limpiarse relativamente fácil por sus características un campo de arroz &quot;perdido&quot; es un verdadero rompecabezas para los dueños. La hierba se cuela entre los plantones - sobre todo el metebravo, una planta que se expande por toda la calle y que en su etapa temprana se parece mucho al arroz y que cuando crece es capaz de llevarse en sus raíces todo un plantón de arroz al que hay que resembrar si el terreno está suficientemente mojado -, los supera (la sancaraña) o lo abraca (la verdolaga). No creo que ninguno de los tres tipos de arroz superara al metro veinte de altura. Lo que no les salvaba de la furia de los huracanes. Recuerdo que el viento de los huracanes les tumbaba (sin partirlo) y que si ocurría que todavía no tenían sus espigas maduras pues el rendimiento se estrangulaba. En caso de ser derribado mientras secaba lo que ocurría era que las espigas podian comenzar a desgarnarse y los guayabitos se daban banquete. Ello hacía que se adelantara unos días la cosecha. Muchas veces había que coger el arroz solo &quot;medio maduro&quot;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Para la primera guataquea utilizábamos las mismas guatacas y el mismo cubo y porrón para el agua. Como ahora estábamos como a trescientos metros de la casa cuando deseábamos tomar sambumbia uno de los tres era el que iba por ella mientras los otros cogíamos un diez debajo de la mata de mango o debajo de las cañas del cañaveral de Gaby. Yo aprovechaba para comerme alguna caña pelándola con los dientes o para tratar de sorprender al primer mango maduro de Junio. Todavía mi padre era el que comandaba la guataquea. Tíoneno era el segundo hombre y yo cubría su retaguardia. Si ocurría que los aguaceros habían amainado guataquear arroz era una dilicia. Cortar la hierba de la calle y semiaporcar el plantón. El arroz no necesita de tanto aporque porque su plantón es muy grande de modo que procurábamos no echarle tanta tierra a unos troncos que lo que necesitan es crecer libre de tanta tierra. En caso de que la lluvia nos hubiera impedido dar la primera guataquea cuando lo deseábamos pues había que agachar el lomo, arrancar con la mano la hierba mala que no estuviera en la calle y meterla en el plantón para sacar las que se hubieran colado allí. Ello llevaba tiempo y mucha dedicación y no se podía ser chapucero porque el arroz es una planta que necesita mucha agua y cero hierba mala. Años después cundo Los Hermanos comenzaron a tener problemas de visión, mis primos y yo los fastidiábamos acusándolos de &quot;chapuceros&quot;. Para entonces yo comandaba la comitiva. Después de terminada la primera guataquea casi que nos persignábamos para que no lloviera. Porque la lluvia hacía que toda la yerba que habíamos arrancado con las manos se pegara de nuevo aunque la hubiéramos sacudido muy bien. Una semana de seca mataba a todas las hierbas y entonces un aguacero venía como anillo al dedo. Cuando las semillas malas que no habían germinado comenzaban a hacerlo ya el arroz estaba grande y era capaz de detener su crecimiento y su maldad. Igual nos preparábamos para la segunda guataquea y se repetía el ciclo. El secreto era dar la prmera mano a tiempo, que no lloviera en unos días y que el arroz comenzara a crecer. Porque por las características del arroz del momento nadie esperaba que fuera a cerrarse ni a detener a todas las hierbas. Incluso para la época de la cosecha podíamos ver la calle de principio a fin. Después de la segunda guataquea el arroz tomaba una coloración verde intensa y sus tallos engordaban muy pronto. De acuerdo al mes en que lo hubiéramos sembrado comenzaba a preñar. Podía ocurrir a finales de Octubre o a principios de Noviembre. El arroz que sembrábamos era un arroz de cinco meses. A los ciento cincuenta días estaba listo para la cosecha. Y era opcional el día en que comenzaríamos a recogerlo. Podía ocurrir a finales de Noviembre o durante todo el mes de Diciembre. Como entonces llovía &quot;como tenía que llover&quot; a veces los diluvios nos obligaban a demorar la recogida y ello nos atemorizaba porque entonces las espigas casi que se desgranaban solas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Cuando los tallos comenzaban a engordar y a ponerse verde pálido sabíamos que el arroz &quot;iba a preñar&quot;. Muy pronto parecían tataguayas preñadas - de aquellas a las que Ratón Comehilo había bautizado como &quot;la preñez&quot; - y los niños no perdíamos tiempo para meterles las uñas y romperlas. Adentro había un repunte de espiga movía que no se parecía a nada. Una especie de espuma que sabíamos se convertiría en una espiga fenomenal solo porque lo habíamos visto mucho otras veces. Hasta que las últimas hojas se rompían arriba (terminaban como si fueran un boniato frito con el culo bien apretado) y la espiga joven comenzaba a buscar la luz. Al principio la espiga - yo siempre la comparaba con la espiga de maíz - es un palito lleno de cositas que se parecen a granos, una pelusa blanca llena de espuma que va creciendo y produciendo una especie de leche blanquísima a medida que la espiga crece también y comienza a doblarse como si no pudiera contra la fuerza de la gravedad. Poco antes de doblar los granos han tomado la coloración de la mata, se han formado casi completamente y la paja adquiere una especie de punticos negros que luego desaparecerán con la madurez final. Entonces todo el campo es un eterno batir de espigas pintonas que bailan al son que les toque el viento. De nuevo podemos meternos dentro para arrancar alguna mala hierba que se haya quedado y que se vea desde afuera del campo. Durante la preñez eso estaba prohibido. Mi papá decía que no se podía porque el arroz &quot;se podía vanear&quot; (el grano no terminaba de formarse) y hasta perder su preñez. Si ocurría que la &quot;punta de arroz&quot; había crecido lo suficiente, sin necesidad de resembrar algunas lagunas que siempre aparecen en los terrenos, que se viera con mucha salud y que sus espigas fueran grandes y bien llenas de granos entonces llegaban los &quot;exhaltadores de arroz&quot; para celebrarlo y salir diciendo &quot;oiga mi compay, lo que tienen esos isleños ahí es un guasimal&quot; (palabras que hizo famosas Tito Alfaro, el hermano de Tía Yeya) o &quot;las espigas son como rabo de yegua&quot;. Esta frase parece que era muy vieja porque nunca pude encontrar a su autor. Casi siempre nos gustaba hacer alguna &quot;resiembra&quot;. Digamos que hubieran unos metros de tierra en donde el arroz nunca pudo partir bien y terminaba por morir. Mi papá decía que era porque ese pedacito de terreno &quot;no servía&quot; y que por tanto necesitaba de mucha agua para convertirse en terreno fértil. En un final no nos importaba el &quot;bachecito&quot; pero nos gustaba ver la punta de arroz &quot;parejita&quot; y además, una punta de arroz parejita evitaba el desarrollo de hierbas malas. Entonces, después de un aguacero tremendo, nos íbamos para el campo y arrancábamos algunos montoncitos de los montones mas abundantes, hacíamos un hueco con los dedos y plantábamos el nuevo montón. Ni se enteraba. Al otro día amanecía como si siempre hubiera estado allí. Años mas tarde utilizaríamos abono industrial para casos como esos y finalmente terminaríamos por abonar todo el arrozal. Tampoco faltaba el que calculara la cantidad de quintales &quot;que iba a dar el plan de los isleños&quot;. &quot;No se baja de veinte quintales o cuidado&quot;. Años después Pedrón sería uno de los grandes calculadores de rendimiento y yo, entre seriedad y bromas, siempre lo llevaba al campo para que me &quot;lo calculara&quot;. En realidad las variedades de arroz que entonces se sembraban no daban nunca mas de dos quintales por cordel. De modo que como generalmente Los Hermanos sembraban diez cordeles pues la cosecha era de veinte quintales - aventados y con tres soles -. Tal vez podía rendir un poco mas. O un poco menos. Teniendo en cuenta que un quintal de arroz listo para moler daba setenta libras limpias pues entonces en mi casa no había problemas para aguantar el año sobre todo con el agregado del que daban por la Cuota. Todavía no era necesario cambiar o vender el arroz de la Cuota porque ni a mi hermana ni a mí nos gustaba el arroz que daba el Gobierno. Aún repartían un arroz decente. El arroz malo de verdad comenzaría a llegar a la bodega mas tarde. Un arroz al que llamábamos &quot;arroz frugollo&quot; en honor a las Leyes no escritas que concibió Tíobura desde su mente atrofiada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Tras casi un mes espantando totíes - ahora el trabajo era de todos, incluyendo a Tíopito y a mis primos - y mirando como las espigas se doblaban definitivamente por el peso de sus granos naranjas casi rojos - Los Hermanos consideraban que el arroz ya estaba listo para &quot;trillar&quot;. Desde hacía días estaban pidiendo a sus santos paganos que no fuera a llover durante la trilla porque el agua es el amigo íntimo del arroz solo mientras se desarrolla. La trilla necesita de días de seca, con mucho sol para que el arroz seque parejo y pueda ser llevado a casa en perfectas condiciones. Si ocuría que comenzaba a llover cuando decidíamos trillarlo no quedaba mas remedio que detener la trilla hasta que saliera el sol. Ello podía provocar que el arroz se &quot;pasara&quot;, que las espigas comenzaran a quebrarse (caían al suelo y sus granos&amp;nbsp; &quot;se&quot; comenzaban a nacer) e incluso que las propias matas se fueran cayendo contra la tierra y entonces era el turno de los guayabitos y de algunos ratones que no se habían olvidado de que alguna vez también habian sido pequeños. Como no se podía dejar echar a perder todo el arroz había que cogerlo &quot;como fuera&quot;. Y ello equivalía a cargarlo mojado - y muy pesado, por tanto - para el telón, soportar las picadas de las hormigas bravas que habían cogido a las pilas como si fueran sus casas particulares y jugársela al llevarlo húmedo para la casa, cosa que podía hacer que se &quot;ardiera&quot; o que se llenara de manchas negras y moho hasta podrirse. A veces no había otra solución que colgar los mazos de matas de varas bajo techo hasta que parara de llover. Si el arroz se ardía (calentarse con la humedad permanente) no había quien se lo comiera después. También era casi imposible aventar el arroz mojado porque aunque hubiera aire suficiente la basura no se iba porque también estaba mojada. Pero ello pasaba solo como excepción. Porque siempre habían tres o cuatro días de buen sol para trillar el arroz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Ahora no se decía &quot;coger el arroz&quot;. Ni siquiera se decía &quot;vamos a coger la cosecha de arroz&quot;. Porque ahora se decía &quot;vamos a trillar el arroz&quot;. Trillar el arroz era un trabajo &quot;nuevo&quot;, diferente. Para el que se necesitaba un telón de sacos (generalmente era el mismo telón que el usado para la cosecha de frijoles si todavía estaba en buen estado), hoces, una zaranda de madera y de malla cuadriculada para sacar la paja gorda (zarandear) y una parrilla de madera. Una hoz es la hoz tradicional que todo el mundo conoce. Un cabo de madera redondo (a veces torneado y enchulado y personalizado) y una gran cuchilla curva con filo de serrucho en forma de medialuna gigante cuya punta termina poco después del nivel del cabo.&amp;nbsp; Una hoz es aquella misma hoz soviética que nos impusieron los comunistas después de haberla amaridado con el martillo. Recuerdan, &quot;la hoz y el martillo&quot;?. Al principio ninguno de Los Hermanos tenía hoces pero generalmente las hoces (escasas) se prestaban a los trilladores sin ningún problema. En caso de que las trillas coincidieran los campesinos cogían sus cuchillos matavaca y los afilaban bien y aunque no hacían el trabajo de una hoz podían resolver el problema. Había hoces de fábrica (Bellotas, sobre todo) y había hoces criollas. Lo importante era que su filo aserruchado cortara los plantones de arroz. Yo creo que, mas adelante, cuando todo el mundo se convirtió en cosechador de arroz, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) entregó algunas hoces a los campesinos. Me parece que Los Hermanos llegaron a tener una o dos propias. La zaranda de madera con malla cuadriculada era una especie de angarilla con cuatro mangos como a la distancia de un metro cada pareja y una especie de caja cuadrada con una malla metálica en el fondo. Los trilladores se metían entre sus mangos para zarandearla y limpiar &quot;el gordo&quot;. A veces los mangos de la zaranda eran de tubos de hierro, cosa que las hacía mas pesadas aún. La parrilla de madera era el apero mas importante durante la trilla de arroz. Al principio mucha gente usaba un tanque de cincuenta y cinco galones para trillar el arroz. Los mazos golpeaban contra el tanque acostado sobre el telón pero el arroz se regaba para todas partes y era capaz hasta de salirse del telón y a alguien se le ocurrió fabricar una casita de palos redondos con su techo sobresaliente sobre los trilladores forrada de saco para que el arroz tuviera que caer obligadamente sobre el telón después de que los mazos hubieran sido golpedos sobre un piso también de palos redondos que estaba como un metro y fracción del telón. Este piso de palos era muy parecido al &quot;techo&quot; de una parrilla de asar puercos. Vale decir, se tomaban cuatro varas gruesas. Las dos de alante eran mas altas. Como si se tratara de un rancho pequeño se colocaban los varales necesarios y las varas transversales que ayudaran a que fuera una construcción resistente. Después se colocaba la hilera de varas redondas a la distancia mencionada del telón y se forraba con sacos. Bien forrada. Como las varas superiores eran mas largas pues el saco hacía el papel de techo y ello&amp;nbsp; también garantizaba sombra para los trilladores. Que siempre eran dos. La parrilla estaba diseñada para que en ella trillara una pareja de hombres. Cada uno de estos utencilios estaba guardado en el rancho de desahogo de Tíoneno y sería trasladado al campo de arroz en la rastra de los bueyes o en el pescuezo de Perica. Si la parrilla era del año anterior - y todavía pudiera remendarse - se reusaba. De lo contrario se hacía una nueva en el propio campo o se trasladaba una prestada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Como ya he descrito una de las maneras de cortar el arroz cuando cité la anécdota de Pepe Marrero con Ventoso en el campo de Pablo Gocéndez no abundaré. Solo aclarar que cada hermano cortaba sus cuatro surcos de arroz&amp;nbsp; de manera individual e iba dejando una pila atrás cada cuatro o cinco metros. Generalmente las pilas se colocaban en contra de la dirección de los surcos para poder recogerlas mejor. Recuerdo que Los Hermanos nunca tenían prisa. Cortaban con calma con sus hoces de serrucho afilado y a veces se paraban para coger un diez. Al principio mi papá era el hombre punta aunque siempre padeció de reumatismo y a veces le dolían todos los huesos y la cintura. Cortar arroz es un trabajo duro. Es necesario tener una cintura de hierro para poder soportar dos días cortando arroz, mañana y tarde. A veces se cogían cinco surcos. Yo comencé ayudándoles, detrás, y cortaba los surcos que quisiera. No creo que me haya convertido en un cortador Superclase A - como lo sería años después cuando no tenía rival - antes de 1967. Era solo un ayudante al que lo que mas le gustaba era cargar las pilas de arroz y zarandearlo. De modo que cortábamos todo el día y el próximo preparábamos las condiciones para la trilla. Hay que tener mucho cuidado cuando se está cortando aroz. Generalmente existen dos maneras ortodoxas de hacerlo. Se coloca la mano del agarre del mazo de arroz con el pulgar hacia arriba, se captura todo lo que quepa en la mano y se corta de un tirón. O se coloca la mano con el pulgar hacia abajo y se hace lo mismo. Esta variante tal vez ayude a coger alguna mata de mas pero las posibiidades de que se produzca una cortada son mayores. Yo prefería la primera aunque años después, cuando competíamos los grandes cortadores, a veces utilizaba la segunda porque me parecía que me daba mayor posibilidad de agarre y por tanto de &quot;adelantar&quot;. El sonido que produce el corte de una hoz sobre los tallos de arroz es un sonido seco parecido al que pruduce una cuchilla sobre un cartón. Pero solo parecido. Y nunca pude nombrarlo. Porque la hierba tiene su propio decibel. Bien temprano se llevaban las cosas necesarias para el campo, se colocaba el telón bien estirado (a veces se hacía como con los frijoles y se levantaba clavando algunas estacas en sus esquinas y laterales), la parrilla mas cerca de uno de sus lados que del centro y comenzábamos a cargar las pilas de arroz hacia la parte frontal de la parrilla dejando espacio sificiente para que los trilladores pudieran trabajar sin dificultad. Cada cargador cogía cuantas pilas le cupieran entre sus brazos y se las echaban al hombro. Algunos las trasladaban sujetadas debajo de los sobacos y otros preferían amarrarlas con un arique enroscado o con un mecate y cargarlas apoyadas en sus espaldas. Yo - que me les daba de forzudo - las cargaba sobre mis hombros y trataba de echarme la mayor cantidad posible. En caso de que se cayeran muchas espigas en el camino al regreso las recogíamos. Años mas tarde - cuando necesitábamos de ayudantes o de trabajadores pagos - Amalio Abréus, el papá de la bella Migdolydia y de aquel muchacho gigante que jugaba con nosotros en la vaquería de Luis García cuando visitábamos&amp;nbsp; la casa de Tíaobdulia, sería el tipo que &quot;mas arroz cargaba sobre sus hombros en el mundo&quot;. Cuando había una pila respetable delante del telón Los Hermanos se preparaban para la trilla y yo volvía al campo a apilar las pilas para llevarlas al telón cuando la pila de allí comenzara a mermar. El algún momento los Hermanos me ayudaban. Era muy importante abastecer al telón para no tener que perder tiempo. Algunos campesinos tenían la calma suficiente como para utilizar una yunta de bueyes con su rastra y cargar&amp;nbsp; los mazos de arroz hasta el telón. Cada trillador cogía la cantidad de matas que cupieran en sus manos y comenzaban a golpear sobre la parrilla. Se podía escuchar el golpeteo del arroz trillado sobre el telón y después sobre la pila que se agrandaba. Cuando el trillador había golpeado su mazo lo suficiente sobre la parrilla lo escurría para que no le quedara ni un solo grano y lo botaba para la pila que iba haciendo a su lado. Cada cierto tiempo mi papá se arrodillaba sobre el arroz y le sacaba la paja que fuera quedándose de modo que la pila crecía bastante limpia y uno podía ver como ganaba altura como si fuera una montaña en miniatura. Una montaña naranja, casi roja. En caso de que la trilla no se acabara por la mañana se terminaba por la tarde en un ratico. Debo decir que a veces mi padre y mi tío me permitían trillar arroz pero tenían que advertirme todo el tiempo que &quot;no botara tan rápido los mazos porque estaba dejando arroz en ellos&quot;. Me costó trabajo hacerlo bien pero lo logré. Solo que para cuando lo logré ya el arroz se trillaba de otra manera. Cuando se está trillando arroz es imposible que algunos granos no se metan en el pelo. No importa que lleves una gorra de pelotero o un sombrero. Al final de la jornada se necesita un peine para liberar de ellos al pelo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Entonces se tumbaba la parrilla y se halaba hacia el campo para sacarla de arriba del telón, se estiraba bien este y comenzábamos a recoger toda la paja - arrodillados - que que se había quedado en la gran pila de arroz. Siempre sacudíamos muy bien la paja. Cuando considerábamos que el arroz estaba listo para el aventado mi papá hacía lo mismo que hacía para aventar frijoles. Un taburete, dos vacijas y esperar por el batir del viento. Siempre le teníamos una vacija lista para que no perdiera tiempo ni desaprovechara al viento. Cuando nos entregaba una ya tenía la otra. A veces, jodiendo, nos decía &quot;oigan, me piensan reventar o qué&quot;. Yo respondía &quot;te pensamos o qué&quot; y el entendía el chiste gastado y pésimo. Finalmente los tres aventábamos bajo su supervisión. El aventado se realizaba en un lado del telón para que los residuos mas pequeños cayeran en la tierra. Acto seguido buscábamos los sacos de a quintal y empezábamos a llenarlos. Cada saco llevaba cuatro latas de aceite de comer. La lata de aceite de comer podía ser la vieja y escachada y llena de tizne lata de hervir la ropa de mi mamá o alguna lata que se hubiera vaciado de carne o de manteca de puerco. Cada lata se llenaba con un sobrante en forma de montaña chica para tratar de que no perdiera su peso de veinticinco libras después de los soles requeridos. Los sacos eran amarrados por la moña con ariques mojados después de golpearlos contra la tierra para que el arroz se acomodara. Mi padre les llevaba los suyos a Tíoneno en la rastra y después tiraba los de nosotros. Creo que en algún lugar de la sala ponía dos tanques de cincuentaicinco galones y sobre ellos dos tablones y sobre los tablones colocaba el arroz para tratar de evitar la subida de los guayabitos. Como eran solo diez o doce quintales pues no había mucho problema con el espacio. El &quot;breve&quot; problema eran los tres soles que todavía le faltaban al arroz para guardarlo definitivamente. Así que mi papá tendía el telón cerca del cuarto de la casa - podía elegir diferentes lugares de los alrededores - al lado de la mata de mamey colorado y le echaba unos cuatro quintales. Arrodillado sobre el telón - yo siempre le ayudaba - le pasaba sus manos abiertas y lo regaba hasta que&amp;nbsp; todo el arroz llegara hasta el mismo borde del telón. Durante todo el día yo tenía el trabajo de espantar a las gallinas y a los totíes (que ahora no venían en bandadas) y hasta a los puercos sueltos que también eran adictos al arroz en cacalote. Mi madre me daba una mano cuando podía. Recuerdo a los terrones debajo del telón chocando contra mis rodillas y contra mis plantas descalzas cuando yo lo vovía a remenear (en ocasiones usábamos una escoba de palma) para que cogiera el sol parejo y recuerdo cuando mi papá decidía meterlo en sus cuatro sacos hasta el día siguiente. Tres días después el arroz había mermado pero como siempre le echábamos un poco mas a cada lata pues quedaba parejito en el borde y garantizaba las veinticinco libras. Años después, cuando Tionofre construyó la nueva casa - dos cuartos y una sala - el cuarto matrimonial se utilizaría como un verdadero cuarto de desahogo y lo que había sido la sala se convirtió en la cocina. Unos días después de que se recogiera el arroz mi papá quemaba los cuatro pilas de paja, devolvía la parrilla si era prestada o la paraba en una orilla del campo, a la sombra de los bienvestidos de la cerca de Justino o debajo de la mata de mango. La tierra era un gran manto verde y bajo las pilas quemadas se llenaba de palomas porque la candela no podía contra todos los granos de arroz que se habían quedado enredados entre la paja. Yo me moría de sufrimiento porque con tanto arroz regado por todo el campo ninguna paloma iba a ser tan comemierda que se fuera a equivocar con un puñadito de arroz debajo del casillo. De modo que me contentaba con verlas, hermosas y cebadas, desde debajo del cañaveral de Gaby o desde la mata de mango de la esquina de las fincas. A veces intentaba con mi tirapiedras de ligas coloradas del Taller de Tata. Pero ya he dicho cual era el valor real de mi puntería. Sin embargo las palomas tenían un enemigo mas mortal que mis casillos ausentes y que la puntería óptima de algunos muchachos entirapiedrados. Las escopetas de cartuchos. Cada año venían cazadores de Caibarién y hacían zafra con las palomas embulladas. Generalmente no les tiraban cuando estaban comiendo. Su técnica consistía en esperar que se tirara la mayor cantidad posible de palomas sobre la tierra quemada o sobre cualquier lugar del campo con buena concentración de granos que no hubieran germinado. Entonces provocaban un gran ruido con gritos o con una descarga de balines. Las palomas levantaban el vuelo casi al unísono y entonces - como si se tratara de tiro al plato - las masacraban. Admito que jamás estuve cerca de los cazadores pero sí les vi desde lejos e incluso a veces conocía a algunos. No recuerdo que me regalaran nunca ni siquiera una paloma fusilada y recuerdo que se las llevaban en sacos y a veces hacían una especie de ensartas como si fueran biajacas. Por suerte muchas de las palomas escapaban del polomicidio. Porque si no qué me hubiera hecho unos semanas después cuando el cardosantal estuviera esperando por ellas. No digo que mis casillos no fueran una trampa odiosa ni que yo también no estuviera cometiendo un palomicidio. Pero yo les daba el chance de elegir. Y podía contar con los dedos de mi mano los decesos diarios.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Me parece que todavía Lyodo Cordero - el hombre de clase media de Dolores - no tenía el molino de arroz que tendría después. Es posible que tampoco hubiera molino en Seibabo mas allá de que Seibabo era solo el lugar &quot;de la Sierra de aserrar madera&quot;. De modo que mi papá tenía que llevar el arroz a descascarar a Caibarién en donde sí había varios molinos eléctricos. Recuerdo que llevaba dos arrobas en la guagua o en las máquinas de alquiler a cuyos choferes conocía. Lo ideal era llevar un quintal porque regresaba con setenta libras y lo hacía cada vez que conseguía un transporte mayor en que hacerlo. Ya he dicho que para que un arroz no salga partido del molino tiene que haber recibido tres soles sonados y que estar perfectamente aventado. Recuerdo que muchas veces fui con mi papá a Caibarién y que me encantaba el sistema de descascare. Ahora no se decía ni siquiera descascarar. A veces se decía, otra vez, trillar. Pero las palabras normales eran &quot;voy a llevar el arroz al molino&quot;. Nunca fuimos a los molinos de Yaguajay a menos que ocurriera algo con los del Cayo. Pero no recuerdo ni un solo caso. Un molino es una máquina con un gran embudo, un sistema de correas, un motor, un depósito para acumular la paja y una salidero por donde cae el arroz descascarado sobre un recipente. El embudo generalmente era como una especie de barquillo de helado de metal pero no redondo sino con cuatro laterales. El motor hacía mucho ruido, tanto que apenas se podía conversar mientras estaba funcionando. No se podía evitar que la paja se esparciera por todo el sitio - una habitación relativamente pequeña - y a cada rato el molinero revisaba el arroz descascarado y si le parecía que todavía podia salir &quot;mas enterito&quot; ajustaba unos flejes de metal que había sobre el salidero para definir su amplitud y miraba a mi papá asintiendo con la cabeza como diciendo &quot;ahora sí, guajiro&quot;.&amp;nbsp;A veces mi papá pesaba su arroz para certificar el rendimiento y a veces cogía un poco de paja para echar a las gallinas o para mezclar con la comida de los puercos. Algunos molineros vendían la paja que no se llevaban los campesinos y recuerdo que era muy solicitada por los criadores de pájaros cantores, sobre todo cuando escaceaba el alpiste. Me gustaba el olor que despedía el arroz cuando caía en el recipiente. Nunca pude definir realmente a qué olía. Como salía caliente del molino pues ese calor agregado le daba un olor característico, balsámico y yo trataba de hacer como el molinero cuando cogía puñaditos y los miraba para ver como iba quedando la trilla. Era imposible salir limpio de polvo de paja del molino. Me parece que el molino que mas usaba mi papá estaba a unas casas de la Funeraria, en la salida para Remedios. Entonces el arroz tenía poco valor monetario y por eso los molineros no deseaban cobrar en especie. Pero era muy barato descascarar un quintal de arroz. Creo que costaba un peso veinte centavos. Recuerdo que cuando cualquier inconveniente impedía ir al molino y se había acabado el arroz de la Cuota había que trillar &quot;un poquito en el pilón&quot;. El pilón de arroz era el equivalente de las piedras para moler maíz. Un pilón de arroz - debe aceptarse que siempre hablo de las cosas que se usaban y de la manera de trabajar en Plateros, a menos que necesite ilustrar - es un gran pedazo de algún tronco seco pero sano y resistente al que se le abre un hueco redondo en la parte superior como de cincuenta centímetros cúbicos que se va estrechando hacia el fondo de manera que parezca un embudo especial. El tronco puede estar labrado y tener una cintura de mulata y estar cortado debajo formando una base perfecta para que no se mueva. Pero para que un pilón de arroz esté completo necesita dos macetas. Dos macetas son dos pedazos de madera dura labrados en forma de bate de beisbol pero mas gruesos. Las macetas simulan bastos de baraja española y son semiovalados en su extremo superior y mas estrechos y parejos en el inferior. No deben ser muy pesados porque trillar arroz en pilón es un trabajo duro y agotador. Cuando se llevaba arroz a un pilón sí se decía, generalmente, &quot;trillar&quot;. No podría asegurarlo pero me parece que en casa de la abuela no había pilón. Es muy posible que hubiera un pilón en casa de Justino o en casa de Beto Navarro. El caso es que fui alguna vez con mi mamá a trillar y que llegué a aprender y entonces me fui solo. Casi nunca se llevaba mucho arroz al pilón. Porque solo se trataba de una eventualidad. De un caso de urgencia. De modo que se calculaba cuanto arroz en cacalote (con su paja) se necesitaba para conseguir dos laticas limpias de leche condensada. Y eso es lo que se llevaba. Se vertía en el hueco mas o menos la mitad de lo que llevábamos y comenzábamos a golpearlo con la maceta. Golpe y golpe y más golpes. Muy pronto notábamos que dentro del arroz en cacalote comenzaban a aparecer los granos sin cáscaras, no tan blancos como queríamos porque el arroz necesita ser pulido en un molino para que salga blanquito de verdad. Metíamos la mano para removerlo y levantábamos el arroz y lo dejábamos caer para que se fuera aventando. Nunca pude explicarme como era posible que la maceta no partiera a los granos y los hiciera polvo. Porque en verdad eran muy pocos los que se quebraban. Lo que pasa - me decía mi mamá - es que la maceta golpea a un arroz que se está moviendo constantemente dentro del pilón de modo que el palo no puede meterle una cañona contra el fondo jorobado. Una respuesta que me convenció. Llegaba un momento en que parábamos de trillar. Nos percatábamos de que todavía quedaban algunos machos (granos son cáscara) - la cáscara hace que el arroz sea &quot;arroz en cacalote&quot; pero cuando no se trata de cantidad los granos aislados se llaman &quot;machos&quot; - pero entonces sí que podían hacerse polvo porque ya el arroz no se movía con la facilidad con que lo hacía cuando estaba &quot;vestido&quot;. De modo que lo aventábamos en el pilón, luego lo removíamos en una vacija para que saliera el polvillo y algunos machos y todavía en la casa lo sometíamos a la depuración del guayo. Entonces mi mamá lo escogía y lo lavaba bien y teníamos nuestra &quot;comidita de arroz&quot; hasta que &quot;Rafael llevara el arroz mañana al molino&quot;. Los mejores trilladores en molino de campo daban maceta con las dos manos. Como si estuvieran ordeñando a una vaca. Al final quedaban sin clavículas durante todo el día. Puedo atestiguarlo. Porque yo quería ser como los mayores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Cualquiera de los tres arroces que he citado eran una verdadera delicia para el paladar. Fáciles de cocinar, blanditos, impecablemente blancos, &quot;dulces&quot; ( decía mi mamá), listos para comer con frijoles de cualquier color, para hacer congrís, para comer con salsas o ligarlos con todo tipo de carnes y hasta para comer con &quot;una cucharada de manteca de puerco&quot; o sin nada agregado. Cuando llegó la época de la gran escacés de arroz, de las variedades importadas (mayor rendmiento pero pésima calidad), de la necesidad de sembrar mas para vender más (se dispararon los precios) y se perdieron las variedades tradicionales. Vaya, como si hubieran sido una especie en extinción que terminaron por hacerlo. Algunos campesinos conservaron semilla y siguieron sembrando hasta que el bajo rendimiento, ciertas enfermedades y las sequías insospechadas les vencieron. Sé que en algunos lugares del país todavía algunos agricultores continúan sembrando de aquellas variedades. Pero en el caso de mi padre y de los campesinos de Plateros debo decir que jamás volvieron a sembrar en aras de las necesidades económicas y porque de algua manera desaparecieron del espectro agrícola. Excepto, quizás, Pepe Ramos hasta que tuvo que tirar la toalla. Nunca he dejado de extrañarlos. Sé que no podré.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;La gran variedad de arroces con los que me he topado en Chile y en Estados Unidos y con los que me he encontrado cuando he visitado a Cuba SI tienen mucho que envidiarle al arroz Borboné, al arroz Borboné 50 y al arroz Nira. Y estoy incluyendo al Mahatma, al Riceland y hasta al famosímo arroz tailandés Jazmín. En serio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Abril 6 del 2020-.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/236721347016591839/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/la-cosecha-del-arroz.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/236721347016591839'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/236721347016591839'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/la-cosecha-del-arroz.html' title='La cosecha del arroz.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-1713785037328426877</id><published>2020-04-04T16:08:00.000-07:00</published><updated>2020-04-13T15:59:11.072-07:00</updated><title type='text'>Universal Greens Corp. en tiempo de Covid-19.</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando la Pandemia pase - sí es que lo hace - todo el mundo podrá bucear en los archivos (en todos los archivos) y enterarse perfectamemnte de la historia de este Covid-19 que tiene a la Humanidad patas arriba. Patas &quot;adelante&quot;, dirían algunos pesimistas del humor beige. Seguirlo paso a paso desde que comenzó como un simple resfrío hasta que mutó y - aseguran algunos conspiracionistas - fue ayudado con agregados de laboratorio en los cubículos chinoamericanos de Wohan. Según los muy solventes analistas italianos de la RAI quienes jugaron con el virus en la populosa ciudad asiática fueron sus propios connacionales. De modo que prefiero centrarme en la manera en que ha enfrentado al Monstruo la Compañía para la que trabajo desde Abril del año 2011. La Cía Universal&amp;nbsp; Greens Corp., cita en la ciudad de Doral, Miami.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mientras el Covid-19 se propagaba en Wohan y mataba a la gente el resto del mundo pensaba que eso era &quot;un asunto de los chinos&quot;, acostumbrados a comer todo tipo de bicho que sea capaz de vivir y de moverse mediante sus fibras cárnicas sin entrar a considerar las más mínimas condiciones sanitarias. No importa que los chinos lleven haciendo tal cosa desde mucho antes de Nuestra Era. El resto de la Humanidad suponía que los científicos de la Nueva Potencia resolverían el asunto en menos de lo que baila un dragón. A casi nadie le interesaba lo que se decía del peligro que conllevaba &quot;para todos&quot; porque era muy probable que saliera de China y copara hasta los lugares más aparentemente inaccesibles del Planeta Tierra. Los agoreros de la fuerza centrífuga del Virus tenían razón. En pocas semanas los infectados y los muertos se robaron todas las planas de los medios de información y el pánico comenzó a cundir como hacía años no lo hacía. Hoy mismo son contados los países a donde no ha llegado el maligno vector. Gran parte del mundo está en cuarentena, la economía se sigue deteniendo en un stop sin parangón histórico y los Gobiernos han tenido que sacar dinero de donde prácticamente no hay para ayudar a paliar la situación desesperante. El pánico exhacervado y el miedo innato a la muerte del ser humano son los nuevos amos del mundo. Incluso lo sufren y lo sienten hasta los que se consideran inmunes al flagelo: los jóvenes. El resto de los humanos que simulan no hacer caso a una fábula de &quot;conspiracionistas que están tratando de matar a los viejos para poder estabilizar demógraficamente a la Humanidad&quot; están haciendo exactamente eso: simular. Porque en verdad se están cagando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando el Occidente de los Estados Unidos comenzó a infectarse y aparecieron los primeros muertos muchos pensaron que ello era una excepción porque &quot;Occidente está más cerca de China&quot; y porque es por allí por donde &quot;primero entra todo lo que fabrica la nueva locomotora fabril del mundo&quot;. Todo lo que dice &quot;made in china&quot;. Enseguida el Monstruo se estableció en Manhattan con autovisa permanente y se expandió por toda el área metropolitana de la Gran Manzana. Desde allí continuó ganando terreno y en estos primeros días de Abril está posecionado de todo Estados Unidos. Es un inmigrante ilegal al que le importa una sanahoria las fronteras. El abrumador número de infectados y de muertos hizo que el Gobierno y sus mas solventes especialistas en Virología tomaran, al fin, las cosas con la seriedad que se merecían y comenzó el combate. Que todavía vamos perdiendo. Un informe macabro del Colegio Imperial de Londres aseguró en algún momento de Marzo que si Inglaterra y Estados Unidos no hacían las cosas (muy bien) &quot;se perderían 500000 vidas en Gran Bretaña y - nada menos - que 2 millones y medio en los Estados Unidos&quot;. En caso de que ambos países todopoderosos realizaran sus tareas antivirus simplemente (bien) el número de muertos caería hasta la mitad. Aunque para entonces ya Nueva York era una ciudad que &quot;sí dormía&quot; noticias de esta índole podrían haber logrado que no volviera a dormir jamás. El Presidente Donald Trump y su Equipo de Campaña asimilaron la información del CIL y entonces se pusieron para las cosas a tiempo completo. Poco después los sesudos del Colegio Imperial dijeron que no había que tomarlos &quot;al pie de la letra&quot; porque ellos siempre trabajaban con &quot;modelos de pronósticos&quot;. Cuando el Gran Virólogo de la Casa Blanca Antohny Fucci comenzó a ganar la batalla de la inestabilidad informativa al Presidente entonces se dijo que en la próxima quincena Estados Unidos &quot;podría perder entre 200 y 250000 vidas&quot;. Estamos a Viernes 3 de Abril - o sea casi en el fondo de la primera semana de la quincena - y aunque ya nos convertimos en el país en donde &quot;primero se ha llegado a mil muertes/día&quot; todavía estamos relativamente lejos de los países con mayor número de decesos. Ojalá que se trate también de modelos de pronósticos. Para Trump contener la morbilidad entre 200000 y 250000&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;al final de la quincena sería &quot;un magnífico trabajo&quot;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Finalmente - y como era de esperarse - el Vector llegó a La Florida. La gente del &quot;sur&quot; comenzó a maldecir a los avestruces asados, a los perros fritos y al fricacé de gato. Casi nadie quería hablar de los dragones imperiales. Escuchar oír mencionar al caótico Mercado de Huanan repleto de animales vivos (domésticos y exóticamente salvajes) - serpientes, cocodrilos, civetas, puercos espines, ratas de bambú, crías de lobos y pavos reales - en las calles de Wohan era como oír hablar de la Peste misma. Aunque no se sabía a ciencia cierta si en el Mercado también vendían muciélagos se continuaba aceptando la teoría que afirmaba que &quot;tal vez fueron los malditos murciélagos quienes habían traspasado el Virus a los animales vivos del Mercado y que sus socios del campo lo habían traspasado a los humanos&quot;. No se le hizo un boicot a los productos &quot;made in china&quot; porque hay cosas - de momento - verdaderamente imposibles. El Virus sorprendió entre noticias relacionadas con la &quot;información oculta del régimen de Pekín&quot; que había propiciado &quot;que el monstruo se saliera de control&quot; y las nuevas diatribas China/Usa que en un final pusieron una braza más al fuego comercial que vienen avivando desde hace meses. Mientras Europa Occidental e Irán cogían la batuta del infecte y de la muerte China aseguraba que estaba &quot;saliendo de eso&quot; y se ofreció para ayudar al resto del mundo. Europa la dejó bien atrás y todo el entramado del Virus se ralentizó (aseguraron) del otro lado del Camino de la Seda. Incluso cuando algunos solventísimos profesionales de Periodistas sin Fronteras lograron entrar a la ciudad &quot;exapestada&quot; de Wuham y le contaron al mundo que los siete jefes de las siete funerarias de la urbe futurista les habían asegurado &quot;que llevaban mucho rato saliendo de 500 ataúdes por día&quot; (para 3500 cadáveres) todavía los chinos continuaron asegurando que estaban &quot;casi fuera&quot; de la crisis viral. Para entonces el pánico se estaba apoderando de los Estados Unidos. Apoderando de verdad. Los melómanos desempolvaban los videos del Chapulín Colorado solo para escuchar &quot;que no panda el cúnico&quot;. Comenzaron las Conferencias de Prensa diarias desde la Casa Blanca - del Presidente y de su escudero el Virólogo Mayor -, nos enteramos de algunas falencias que tenía nuestro sistema de salud pública y el Presidente anunció un estratosférico Plan de Ayuda para las Empresas y para los ciudadanos que pensaba hacer efectivo en algún momento del mes de Abril. Algunas de sus declaraciones hacían referencia velada a los años de la Gran Depresión, a los suicidios de entonces y a que los Estados Unidos no habían sido fundados para ser &quot;parados&quot; alguna vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;En Universal Greens Corp. seguimos trabajando como si el Virus no nos fuera a afectar jamás. Al Oeste de la Avenida 87 &quot;no habría problemas&quot;. Pero lo teníamos muy cerca. Rematadamente cerca. Salió de los Condados adyacentes y se nos coló, avisando, en Dade County. Entonces comenzó la preocupación. Sobre todo, cuando los infectados se dispararon y las primeras muertes nos sorprendieron desde las páginas del Miami Herald, del Diario de las Américas y desde El Sentinel de Orlando. Nuestro Gobernador Ron de Santis le había pedido a Trump que nos declarara &quot;zona de desastre&quot;. Somos una ciudad de mar, dependiente del turismo y con la Base de Cruceros mas grande del mundo. Somos una ciudad metropolitana. West Palm Beach, en Palm Beach County - en donde el Presidente tiene propiedades de lujo - y Fort Lauderdale, en Browar County, son ciudades de otros Condados que, sin embargo forman rarte del Area Metropolitana de Miami. Son parte indisoluble del Gran Miami. Donal Trump demoró muchos días en digerir la palabra &quot;desastre&quot;. Universal Greens continuó trabajando. Con la mirada puesta en donde ya estaba doliendo. El negocio de la Flores y del Verde ha venido perdiendo terreno - aseguran algunos sesudos - en Miami en los últimos tiempos. Tal vez no tanto las flores de importación. Sí el Verde - también importado dese Guatemala&amp;nbsp; y México. Por demas soy testigo. Llevo nueve años trabajando&amp;nbsp; (y estudiando el Negocio) en la Cía y he podido ver como las ventas han caído en un por ciento considerable a través de los años. Sin recuperaciones notables. También lo he percibido en mi bolsillo. Porque para un salario relativamente pobre solo el overtime es capaz de nivelar el statu quo. Y, evidentemente, la ecuación resulta bien sencilla:&amp;nbsp; para caída de las ventas, caída del tiempo extra. Hay quien también culpa de la caída del Negocio a los proveedores centroamericanos que no pueden &quot;satisfacer la demanda&quot;. Los hay que se deciden por la &quot;fuerte competencia&quot; que tiene el sector en la ciudad. Y están los que consideran que con &quot;tanta cremación de cadáveres&quot; ya no se necesitan coronas mortuorias y que con la disminución de los viajes en Cruceros los juegos florales están a punto de tirar la toalla. Ciertas bocas que se las dan de &quot;muy bien informadas&quot; dicen que las demás Compañías del Ramo están &quot;acorralando a nuestro Dueño&quot;. Boicoteándolo, aclaran. Será muy difícil que ustedes vuelvan a levantar cabeza como en los buenos tiempos - matizan. Todo vale. Todo es posible. Estamos en la tierra de la competencia. De la competencia de verdad. Del te como o te me comes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando los clientes dejaron de venir a comprar la Gerencia se dio centa de que no se trataba de ventas bajas sino del Virus. Los clientes estaban comenzando a quedarse en sus casas y habían cerrado algunas factorías. La Ciudad de Miami - Miami es el Condado pero también es el nombre de una ciudad del mismo - y la ciudad de Coral Gables habían ordenado el Cierre Total. Excepto - como siempre - las actividades &quot;absolutamente necesarias&quot;. Mucha gente confundió ciudad de Miami con Miami County y llamó al Gerente para &quot;saber a qué atenerse&quot;. No, no hemos cerrado, así que vengan, como siempre - dijo el &quot;extranjero&quot;. Pocos días después las ventas se cayeron casi del todo. Universal Green parecía otra Zona Cero. Sin Cuerpo de Bomberos. Porque no había nada que a(pagar). Y la ciudad de Doral - en donde está enclavada la Compañía - también ordenó Cerrar Completamente. Excepto... Entonces los trabajadores pensamos que nos iban a mandar para la casa con salario mínimo - 80 horas/quincena - como se nos había dicho para el caso de que la Cía &quot;tuviera que acatar órdenes superiores&quot;. Falso. Tuvimos que continuar trabajando. Pero en las siguientes condiciones. En adelante solo trabajaríamos cuatro horas/día - &quot;hubiera o no hubiera trabajo&quot; - y la Cía nos iba a pagar ochenta horas/quincena. Hasta ver &quot;como sigue la cosa&quot;. La &quot;orden superior&quot; era que los clientes no podrían venir a la Cía y que esta debía llevarle sus pedidos en caso de que los solicitaran. Que teníamos que &quot;usar tapabocas&quot; y que había que mantener una distancia de &quot;metro y medio&quot; entre los trabajadores. O sea, mas o menos lo que se venía pidiendo en todo el mundo porque la distancia y el confinamiento en casa era el &quot;único antídoto conocido&quot; contra el Virus. De modo que no escuchamos al Alcalde de Doral y por tanto no nos mandaron una quincena para la casa que hubiera sido lo normal y que era lo que en realidad queríamos. Cuando se nos da esta orden ya estábamos por terminar la primera semana de la quincena e incluso habíamos hecho como siete u ocho horas extras. Además, la quincena tenía once días. No pensábamos que nos fueran a pagar nada mas que las ochenta horas. Casi nadie tenía (o usaba tapabocas) y como mas o menos la plantilla es muy joven (los demás andamos entre 55 y 65, excepto uno que tiene 70 años) y como todavía esto &quot;estaba empezando&quot; pues nadie le hizo mucho caso a las indicaciones que nos dio el Gerente. Algunos sí nos cuidamos un tanto de la distancia, de lavarnos las manos con jabón varias veces al día y en mi caso de meterme todo el tiempo en casa y de seguir yendo al Mercado mis tres veces por semana de costumbre. Bueno, y de mejorrar la higiene general un poco más. Como tantos, también tenía miedo, a veces me sentía nervioso y me decía &quot;tengo las mismas posibilidades de contagiarme que los otros, casi las mismas de morir (al principio se decía que las muertes eran entre pacientes de mas de sesenta y cinco años) que los otros ( después se dijo que la mayoría de los decesos estaban entre personas de 45 a 55 años) y tengo idénticas posibilidades de que me hagan una Prueba para saber si estoy contagiado en caso de que se convierta en Obligación de la persona&quot;. Por suerte para mí - ya se sabe de&amp;nbsp; mi pánico crónico al mundo médico - las Pruebas eran voluntarias y sobre todos para mayores de sesenta y cinco años. Excepto si había sintomatología y en ese caso se trataba de una Prueba muy sencilla. Mi hermana - que me conoce muy bien en este sentido - reactivó su teléfono celular y comenzamos a comunicarnos mucho más. La comunicación - fbconexión - cada tercer día desde el Aeropuerto de Los Cayos en Caibarién. Volvimos a hacer uso de los e mails. Además, como había dejado de publicar posts en Facebook desde Enero de este año, pues reanudé la comunicación con algunos de mis contactos a través de Messenger. Todo el mundo estaba saturado de las mismas informaciones y casi todos tenían mucho miedo. Les dije a todos que trataran de no dejar &quot;entrar el pánico&quot;. Porque el pánico era una autopista &quot;mucho mejor&quot; que las mucosas para que el virus se diera &quot;banquete en el conteo&quot;. Como siempre, yo dando consejos que apenas puedo cumplir. Vivo desde Abril del 2019 en una casa que renta un primo hermano a la señora del Dueño de Universal Green. Tengo dos habitaciones grandes, condiciones aceptables, excepto que tengo que compartir el comedor porque es el camino por donde ellos - su hijo joven y su mujer (que de momento está cuidando a una hija que tiene serios problemas de sobreobesidad y no está aquí) entran al Laundry y salen al portal posterior. Pero de mi convivencia no deseo hablar. Deseo ceñirme al Virus Principal.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Desde hace un tiempo quienes trabajamos en el &quot;Verde&quot; estamos haciendo el trabajo de una Compañía llamada Continental que poco antes era nuestro proveedor de urgencias. Ello ha implicado mas horas extras y cierto aumento de los cheques. El Virus también alejó a Continental. De modo que pensábamos que el cheque de la segunda quincena de Marzo estaría ceñido a las ochenta horas mínimas. Muy pobre. Nos equivocamos. Nos pagaron los once días y las pocas horas que habíamos hecho la semana anterior. Por tanto, bueno. Pero nadie sabía cómo trabajaríamos en Abril. El Gerente tampoco lo sabía. Para entonces sabíamos que &quot;desoír&quot; la orden del Alcalde del Doral había sido algo &quot;muy extraño y fuera de lugar&quot;. Porque habíamos trabajado muy poco. En realidad menos de cuatro horas y en dos ocasiones nos pidieron que no fuéramos a la Cía. De modo que el Miércoles 3 de Abril me llegué a UGC. Ese día me darían el segundo cheque de la quincena y nos dirían como sería &quot;la cosa a partir de aquí&quot;. Ocurre que ya &quot;sabíamos como sería la cosa&quot; a partir del Viernes a las 12 y 1 minutos de la madrugada. Ron Disantis había logrado que Trump considerara a La Florida zona de desastre. Pero no había podido hacerle bajar la cervíz en relación con el cierre total de la ciudad. Cuando los infectados se dispararon y las muertes comenzaron a subir le llamó por teléfono. Hablaron largo rato. Y el Presidente le dijo &quot;está bien, tienes razón, cierra tu Estado&quot;. Y el señor Ron dictó las disposiciones para cerrar el Estado. En realidad el Estado estaba casi cerrado. Eso era lo que quería la mayoría de los residentes en La Florida. Y sobre todo en Miami. Confinamiento era la única medicina efectiva contra el Virus. Y Ron había ordenado &quot;un mes&quot;. Para entonces Trump también había aceptado la sugerencia ( u orden?) de que &quot;no podían ser quince días, Presidente, sino treinta&quot;. De modo que llegué a la Cía buscando oír la nueva noticia que ahora sí debería decir &quot;muchachos, regresen a sus casas, cuídense, les avisaremos cuando volveremos a la normalidad&quot;. Todos esperábamos que nos dijeron qué pasaría con nuestros salarios. En el fondo calculábamos que treinta días sin trabajar implicaría muy poco dinero de parte de la Cía - tal vez el cincuenta por ciento - pero todos estábamos relativamente tranquilos porque el Gran Paquete Financiero que había firmado el Presidente incluía 1200 usd para cada ciudadano estadounidense en el mes de Abril. Se había hablado de que habría una segunda cantidad similar para el caso de que Mayo llegara sin cambios ostencibles. 1200 usd por persona - 2440 para matrimonios mas 500 por niño - era una cantidad casi ridícula pero sabíamos que estirándola podíamos lograr grandes cosas durante el mes. Además, se la sumábamos a lo que pudiera pagarnos la Cía. Así que nos dispusimos a escuchar al Gerente con cierta tranquilidad. Yo estoy de franco los martes. De modo que no había ido el día anterior. El Gerente ya había dado su primera &quot;conferencia nueva&quot;. Después me enteraría que la conferencia del Miércoles había sido un &quot;poquito diferente&quot;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;A partir de hoy - nos dijo a mi compañero del Miércoles y a una señora panameña que trabaja junto a nosotros con otro tipo de Verde (Kargan) en el mismo cubículo - vamos a trabajar seis horas, o sea de siete a una de la tarde, haya trabajo o no haya trabajo, la Compañía les pagará el 25 por ciento del salario, o sea treinta horas semanales, sesenta quicenales y 120 horas mensuales, el Gobierno pagará a la Cía una parte de ese dinero pero necesita que la Cía no nos mande para la casa para que no engrocemos el número de desempleados, esto es provisional hasta ver como sigue la cosa, la Cía es una Empresa sin gastos, el edificio está liquidado y la flota de camiones es de nosotros, así que no tenemos deudas y eso lo valora mucho el Gobierno, ello puede implicar que la ayuda sea mayor y que nos paguen un poquito más, otra cosa, aunque las ventas han sido casi cero en los últimos días, ya estamos viendo que se van reactivando de a poco, vender más equivale a más entradas &quot;verdes y rosa&quot; y eso también debe de influir en lo que ganemos hasta tanto pase el Virus. Me pareció una buena conferencia y se lo dije. Nos llevamos muy bien y es un tipo joven que posee cierta información y un mucho de criterio. Pero no quise entrar en detalles. Lo que había escuchado no era nuevo para mí. Hablar de que &quot;el Gobierno ayudará a la Empresa, de que la Empresa es solvente, de que nadie quiere mas desempleados&quot; equivalía a escuchar &quot;mantengan la plantilla, que todos firmen y marquen su tarjeta de entrada y de salida porque el Gobierno puede hacer Auditorías&quot;. Nunca olvidé mis estudios de Economía del Capitalismo. Ni los de Economía Política del Capitalismo. Tampoco olvidé jamás la visión marxista - leninista - engeliana de la Economía Socialista. Cuando el Gerente terminó de dar su miniconferencia agregó &quot;sesenta horas quincenales mas los 1200 usd del Gobierno creo que es algo muy bueno&quot;. No dije nada porque era verdad. Y nadie tenía la menor duda de que el Gobierno de los Estados Unidos colocaría en cada cuenta personal esa cantidad a mediados de Abril. Muy rápido saqué la cuenta en mi mente y en verdad la suma de los dos cheques hacía al mes de Abril &quot;aceptabilísimo&quot; para las condiciones que estábamos viviendo. Sin embargo tenía una pregunta que hacerle. La misma que seguro le harían tambien mi compañero y la panameña. La misma que le habrían hecho ayer. Yo había leído la noche antes en el diario El Sentinel que la Orden de cierre total del Estado estaba lastrada por la contraorden del &quot;excepto&quot; para &quot;actividades imprescindibles&quot;. Solo que...había mas de veinte actividades que se consideraban &quot;imprescindibles&quot; y muy pronto los lectores que opinan en los Foros de los Diarios comenzaron a asombrarse ante lo extraño de tal &quot;cierre total&quot;. También quedé un tanto pasmado. Hasta que recordé que Trump había dicho &quot;este es un país que no se diseñó para estar parado&quot;. Por supuesto que una elucubración voló sobre mi alma. Trabajar a toda costa en detrimento de la vida. Pero no le dejé entrar a mis neuronas. Porque mas allá de los porcientos que hablan de infectados, de salvados, de muertos, el Virus te mata sin cotemplación. Eso hay que asumirlo. Te mata. Por tanto le hice la pregunta que él estaba esperando. O sea, que nuestro trabajo - vender flores y verde - es una actividad imprescindible? . Sonrió y asintió con su cabeza. Ocurre que la Organización de Compradores y Vendedores de flores del Estado de La Florida considera que su trabajo sí es imprescindible, las flores son perecibles y se pierde mucho dinero en el negocio, mas allá de la caída relativa del negocio de las flores y del verde la ciudad factura mucho dinero y aporta al Presupuesto General con sus impuestos. Esto último no lo dijo - dijo. Lo pensé yo. Muy bien, entiendo, dije. Me miró, abrió sus ojos y volvió a semisonreír. Está casado, tiene dos niños y parte de su familia está aquí en los Estados Unidos. Si durante la primera prohibición algunos camiones y Vans violaban la orden y se llegaban a UGC. por sus necesidades ahora - cuando ya no hay temor porque su trabajo es imprescindible - se ha restablecido el trasiego en una época que incluye la sagrada Semana Santa. Y en verdad, aunque nos vamos &quot;sagradamente&quot; a la 1 de la tarde hemos vendido un poco más.&amp;nbsp; Nada mas que un poco más. Pero ello puede implicar que se reactive el negocio. Algunos trabajadores están usando tapabocas. Algunos se preocupan por mantener la distancia - ahora la llevaron a seis pies - y otros están tan saturados e indiferentes que al parecer no les importa nada. Yo estoy usando un tapabocas barato que me dio el Gerente y los nudos que les he hecho al elástico (se quiebra fácilmente) que se afirma detrás de mis orejas ya me las tiene &quot;al volar&quot;. Veré como lo reparo con una tira de hilo&amp;nbsp; que pase por detrás de la cabeza o consigo otro mejor. Sigo todas las recomendaciones hasta donde me es posile. Inculplirlas incluye el olvido, la rapidez de ejecucición de ciertas tareas, todo lo que hace que el ser humano sea perfectamente imperfecto. Por si la Policía nos detiene en las calles por violar &quot;el cierre total&quot; la Cía nos entregó una carta para demostrar que &quot;estamos trabajando porque nuestro negocio es imprescindible&quot; para la ciudad. Una carta en inglés.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Abril 3 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Florida, Miami.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/1713785037328426877/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/universal-green-flowers-en-tiempo-de.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/1713785037328426877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/1713785037328426877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/04/universal-green-flowers-en-tiempo-de.html' title='Universal Greens Corp. en tiempo de Covid-19.'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-2803260487405817667</id><published>2020-03-31T18:09:00.000-07:00</published><updated>2020-04-01T14:54:35.124-07:00</updated><title type='text'>La cosecha de maíz de agua.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Mientras no se demuestre lo contrario los cubanos no somos un pueblo consumidor de harina de maíz. Siempre que se ha disparado el consumo ha sido como excepción. Por situaciones fortuitas. Digamos durante las guerras por la independencia en el siglo XIX, durante el &quot;machadato&quot; - un período nefasto de la Historia de Cuba que coincidió con la Gran Depresión del mundo capitalista &quot;capitaneada&quot; por los Estados Unidos entre los años de 1929 y mediados de la próxima decada del Siglo XX cuando el Presidente de Cuba era un tipo de Santa Clara llamado Gerardo Machado - y sobre todo durante la inolvidable época del Período Especial para Tiempos de Paz que desvivió el país entre 1989 y 1995 a raíz de la debacle de la URSS y del resto del campo socialista. Fuera de momentos excepcionales, digo, el cubano pone harina de maíz como algo &quot;especial&quot; en su mesa, algo exótico en el menú de la semana. Y, evidentemente, lo hace en temporadas de maíz. También es verdad que los pobres crónicos la comen con un poco más de frecuencia debido a que la harina de maíz es un alimento &quot;matahambre&quot; por excelencia. Recuerdo que la gente de la Generación de mis padres decían, cuando el hambre les amenazaba, &quot;va a haber que comer mas harina que cuando el machadato&quot;. Y por carambola la gente de mi Generación diría después &quot;coño, agreguen&amp;nbsp; Período Especial al maldito machadato&quot;. El hambre atroz que padecimos durante el Período Especial no pudo doblegar mi pobre paladar. Sin embargo sí lo hizo con el selectivísimo paladar de mi hermana. No olvidaré jamás el día en que la vi comiendo harina de maíz por primera vez en su vida. Llevándose la cuchara a la boca lentamente y tratando de tragar el bocado casi sin respirar para amortigua el &quot;gusto&quot;. Y no sería la última. Confieso que se me aguaron los ojos. Mi madre, no. A mi madre le encantaba la harina de maíz. Solo que no le gustaba hacerla &quot;para ella sola&quot;. Mi papá tal vez se comiera un poquito cuando ella se decidía a hacerla &quot;para los dos&quot;, bien caliente y con potaje de frijoles negros &quot;hirviendo&quot;. Pero ella tenía la suerte de que cada vez que los familiares la cocinaban le mandaban un plato. Mi madre podía comerla todo el tiempo. Generalmente la mezclaba con leche, con frijoles, con manteca de puerco llena de buruguitas de carne e incluso con una o dos cucharadas de azúcar. La harina bien cocinada dejaba una especie de raspa en el fondo del caldero. La raspa de harina fue lo mas que yo pude &quot;pasar&quot; - en contadísimas ocasiones - a mi estómago del susodicho alimento. Para poder disfrutar de la harina y hacer uso de todas las bondades del maíz primero había que cosecharlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;He dicho por ahí que la finca del abuelo estaba destinada a la siembra de caña de azúcar, a potrero y al cultivo de frijoles, de maíz, mas tarde al de arroz y a algún que otro producto como excepción. También he comentado los motivos. Pero frijoles y maíz sí que se sembraban todos los años. La diferencia estribaba en que cuando mi padre decidía sembrar maíz de frío - el que se sembraba dentro de los frijoles de &quot;frío&quot; - a veces dejaba descansar el terreno y no sembraba maíz de agua. Sembrar maíz dentro de la frijolera llevaba otra técnica de sembrado y ello equivalía a la disminución de la cosecha. El maíz de agua era el que nacía con los primeros aguaceros de Abril y se volvía un &quot;monte&quot; con los aguaceros de Mayo. Era el que se sembraba de la manera ortodoxa y por tanto era el que mas rendía a la hora de la cosecha. La siembra de maíz de agua reducía muchisimo la temporada de palomas. Desde finales de Enero hasta mediados de Marzo. El resto de Marzo era para la aradura y para el sembrado. Cuando Marzo llegaba &quot;embembao&quot; y los aguaceros se adelantaban pues había que sembrar el maíz un poco mas tarde. Ello implicaba&amp;nbsp; tener que sembrar el frijol de frío también un poco mas tarde y por ende recolectar a finales de Diciembre. Es posible sembrar maíz en Abril y en Septiembre. El maíz es una planta muy adaptable porque sabe aprovechar mejor que otros cultivos el sol, el frío y el agua disponible. Sin embargo el maíz de agua es el óptimo de verdad. Mayo es su mes. Y uno podía notar muy bien la diferencia de salud entre las matas, en el color se sus hojas, en el tamaño de las espigas y en el tamaño de las mazorcas. Todo el proceso de romper la tierra, cruzarla y gradarla era el mismo que el proceso que antecede a la siembra de frijoles. Cuando se decidía el día en que se sembraría el maíz ya Los Hermanos tenían la semilla en un saco. La semilla seleccionada de las mejores mazorcas que habían separado para &quot;semilla&quot;. A pesar de todos los cuidados (los mismos que había que tener para el frijol)&amp;nbsp; muchas veces el maíz estaba cernido de gorgojos y entonces era necesario despajar otras mazorcas y tratar de encontrar granos respetables. Si el intento no resultaba no quedaba otro remedio que salir a buscar &quot;maíz de semilla&quot;. Podía ocurrir que cualquiera te regalara unas mazorcas. O que te las prestara. O que te las vendiera. Como pasaba con el frijol de semilla. Generalmente siempre se resolvía. Por supuesto a veces Los Hermanos eran quienes tenían que resolverles a otros agricultores. Entonces había tres tipos de maíz. El maíz criollo, de grandes mazorcas y granos impecablemente amarillos, con un gran cocote muy recio y muy largo, el maiz argentino y el maíz de pollo o maíz de rosita. El maíz argentino era un maíz mas estilizado. Mazorcas muy largas, parejitas, con poco cocote y con granos casi rojos y muy fáciles de desgranar con las manos. Sin embargo los campesinos nunca lo sembraban por separado. Porque ocurría que la semilla casi siempre estaba ligada y cada grano iba directo al surco. Como la proporción era mucho menor pues el maíz argentino siempre estaba en déficit. Es verdad que la mazorca argentina parece una mulata de cintura estrecha y vientre liso, que sus granos son muy bonitos yparejos y que se desgranan &quot;casi solos&quot; pero &quot;a mí dénme el maíz nuestro con sus granos inmensos y sus pajonales enormes y su cocote como vara de aguijón&quot;, decía mi padre. Cada vez que él pronunciaba esta frase yo recordaba la frase célebre de José Martí &quot;nuestro vino es agrio pero es nuestro vino&quot;. Y tenía que admitir que ambas frases poseían connotación nacionalista. Yo nunca discutí con él pero en verdad despajar una mazorca de maíz argentino, desgranarlo y ver aquella coloración sangre dentro del recipiente era una verdadera maravilla. El maíz de rosita era siempre una novedad. Algo exótico que no &quot;servía para nada&quot;. Matas &quot;enclenques, pálidas, paridoras de mazorcas pequeñas e insignificantes&quot;. Con la salvedad de que sus granos eran los únicos granos capaces de calentarse y de &quot;explotar&quot; y de convertirse en una hermosa rosita de maíz blanca que se consumía espolvoreada de sal. Prácticamente nadie lo sembraba en Plateros porque aunque servía para las aves de corral no era un maíz económico. Si acaso alguien sembraba algún surco para hacer rositas. La rosita de maíz es muy rica cundo está acabada de hacer y siempre es uno de los platos fuertes durante la época de Carnaval.&amp;nbsp; Una delicia para todos. Especialmente para los niños. Un cartucho de rositas de maíz siempre tuvo un precio respetable y como tenían un toque exacto de sal los tomadores de ron y de cerveza la consumían mucho como &quot;saladito&quot;. Admito que me gustaban - y todavía las como si me topo con ellas - pero no eran algo que me hacía tener sueños recurrentes. Igual con mi familia. Las gallinas, los pollos y el gallo no discriminaban, por cierto. En verdad no se necesitaba de mucha semilla para cubrir todo el campo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Así que un día cualquier de Abril o de Mayo Los Hermanos se preparaban para la siembra de maíz. Se repetía la misma liturgia que para la siembra de frijoles y entonces, y como siempre, Tioneno y yo esperábmos a que mi papá cogiera alguna ventaja para empezar a sembrar. A veces la surquería para maíz se realizaba de Oeste a Este. Cuando le preguntaba por qué él me respondía &quot;porque el cruce de la tierra&quot; lo hice de Norte a Sur. Pero el motivo podía ser un capricho al estilo de &quot;este año voy a surcar así porque me da la gana&quot;. Para el maíz los surcos van mas separados que para el frijol. Mas o menos a un metro de distancia. Y si es posible, la cantidad de granos a sembrar no debe exceder de dos. Si son dos siempre será mucho mejor. La distancia entre plantones de maíz de agua también es de un metro mas o menos. Las plantas de maíz crcen mucho - generalmente mas de dos metros las que alcanzan el tamano stándar - y sus hojas abarcan demasiado espacio. Como ocurre con el frijol es necesario que tengan suficiente&amp;nbsp; para crecer y desarrollarse. Con la semilla del maíz hay que tener mucho mas cuidado que con la de frijol cuando se tapa. Por la sencilla razón de que las aves de corral &quot;saben&quot; que están sembrando maíz y no se cuidan de tratar de seguir a los sembradores. De modo que hay que espantarlas continuamente. Incluso son capaces de escarbar cuando se ha terminado la siembra. Las hormigas también las atacan aunque estén tocadas con los químicos de rutina. A pesar de que ahora, con los surcos mas distanciados, los sembradores adelantábamos mucho, mi papá casi siempre continuaba sacándonos mucha ventaja y otra vez nos daba una mano cuando ello ocurría. Sembrar el maíz nos podía llevar un día y medio. La separación entre los surcos evitaba, hasta cierto punto, que la surquería de mi papá quedara tan chapucera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Como al cuarto día mi padre y yo repetíamos la costumbre de &quot;julgar&quot; en donde pensábamos que estaba el plantón de maíz. Para entonces ya el grano estaba hinchado y posiblemente pudiéramos ver el gusanito casi microscópico que se convertiría en una hojita verde claro muy parecida a la sota de basto de una baraja española. Así brotaba desde el fondo del surco y muy pronto la sota se abría en otras sotas verdeclaro y enseguida cada par de plantas sobrepasaba la altura del surco en donde fueron sepultadas y convertían al campo en una maravillosa llanura coloreada de verde redentor. Ver crecer al maíz cada día es una&amp;nbsp; gran oportunidad de comprobar lo que puede hacer la noche con las plantas. Cada mañana el maízal se apreciaba mas alto, las hojas se robustecían y parecía que se partían por la mitad y daban la impesión de que eran alas de gavilán planeando sobre una maná de pollitos en el potrero de la abuela. Me encantaba meterme adentro cuando ya me tapaba y tratar de adivinar cuando comenzarían a salir sus espigas y tratar de adivinar en que ángulo tronco/hoja comenzarían a nacer las mazorcas. En Junio - cuando el maízal tenía dos meses y fracción - mi papá decidía que ya tenía suficientes hierbas como para meterle el &quot;mixto&quot;. Ahora las hierbas eran maloja, escoba amarga, mastuerzo y las primeras sancarañas precoces. Porque el maíz no llevaba guataquea. Como los surcos eran muy anchos de lo que urgía era de un surco hondo y amplio que le matara casi toda la hierba de la calle. O de dos para el caso de que hubiera llovido mucho y el enhierbe fuera demasiado. El arado mixto de dos aletas rompía la tierra entre los surcos y la descargaba contra el tronco de las matas. Los bueyes caminaban del lado de cada surco y halaban el arado con un yugo mas largo muy parecido al que se usaba para hacer el mismo trabajo en los cañaverales nacientes. Y era muy posible que también fuera obra de Agustín de la Rosa. Ciertamente el yugo atropellaba a las coronas de las plantas de maíz y muchas veces las dañaba hasta el punto de que se quebraban y entonces ya eran incapaces de seguir creciendo. Tal vez por eso fue que alguien trajo de afuera otro sistema para &quot;guataquear al maíz con un arado mixto&quot;. No recuerdo quien fue el autor de la traída. Pero sé que fue una magnífica innovación a la que hubo que acostumbrarse. Y acostumbrar &quot;al buey&quot;. Se trataba de hacer el surco con un solo animal. De esa manera no se dañaba ni una sola planta. Solo que había que fabricar un yugo &quot;bueysonal&quot; - vale decir medio yugo - y ponerle dos narigones al buey para poder amarrar la guía. Esto se hizo cuando el animal aprendió&amp;nbsp; a trabajar sin su compañero porque en los inicios necesitaba de un narigonero que lo condujera a través de toda la calle. Mi tío y yo llegamos a fungir de narigoneros. Mi padre también lo haría alguna vez y entonces era Tíoneno el que rompía la calle. La innovación fue tan espectacular que en el futuro muy pocas veces volveríamos a romper la calle del maíz utilizando a la yunta de bueyes. El resto de los agricultores harían los mismo. No podría asegurarlo porque hasta he olvidado el nombre de uno de los bueyes de Florencio Expósito que trabajaba mi padre durante el tiempo muerto o cuando los necesitara de urgencia. Pero me parece que el buey seleccionado para trabajar solo fue Jovellanos, un viejo buey bermejo, aplastado y con mucha fuerza. Ahora bien, aunque el pase del arado mixto por entre los surcos de maíz podía considerarse un aporque no lo era en erealidad. Por la sencilla razón de que toda la tierra levantada no caía sobre los troncos de las matas. Ello obligaba, por tanto, a que mi tío y yo tuviéramos que terminar el trabajo con nuestras guatacas de siempre. Por suerte se trataba de un trabajo muy fácil. Consistía en terminar de halar la tierra contra las matas y en guataquear el espacio entre las matas y también aporcar un poco por esa vía. Teniendo en cuenta que el arado hacía casi todo el trabajo pues muy pronto terminábamos nuestro surco y cogíamos otro. Incluso cuando la lluvia había hecho crecer las hierbas malas el trabajo final de aporcar no era difícil. Agustín de la Rosa también terminó por convertirse en el rey de los fabricantes de &quot;yugos bueysonales&quot;. Repetí tanto el pésimo chiste que mi papá y Tíoneno no tuvieron otra alternativa que preguntarme que por qué le llamaba así al dichoso yugo. Porque - respondí - son para bueyes no para &quot;personas&quot;. Si fueran para Ventoso serían yugos personales pero como son para bueyes pues tienen que llamarse yugos &quot;buey... (ahí me detenía un instante) sonales.....&quot;. Demorarían algunos días en captar la intención del chiste pero en honor a la verdad no les provocó mucha risa. Un poco de mejor suerte tuvo mi segundo chiste de la temporada de maíz. Cada vez que veía a los hermanos tratando de enderezar alguna mata lastimada por el yugo largo pensaba en la manera de evitarlo. Hasta que se me abrieron las entendederas. Yo creo que lo que deben de hacer ustedes es tratar de conseguir una yunta de bueyes mas alta - dije - por lo menos del alto de Orlando el de Florencio. Tíoneno me miró y sonriendo dijo &quot;avemaría qué cosas se le ocurren a este muchacho&quot;. Mi papá ocultó su sonrisa pero dijo &quot;veremos, veremos&quot;. Inmediatamente después del aporque el maízal se disparaba hcia arriba. Los troncos de las matas engordaban una barbaridad y aparecían en ellos unas marquitas circulares como a veinte centímetros que nos hacían recordar a los canutos de caña. Las hojas también se disparaban y ahora no parecían partirse como ala de gavilán sino que se expandían hasta la mata de al lado. Adquirían un color casi negro. Las calles, sombreadas, apenas dejaban pasar al sol y por tanto cualquier intento de reventazón o de crecimiento de nuevas hierbas se estrellaba contra la hermosa frondosidad del maízal. Poco antes de que notáramos el nacimiento de las dos mazorcas que es capaz de parir cada mata nos dábamos cuenta de que la corniza del tallo comenzaba a abrirse y enseguida nos preparábamos para la explosión de las espigas. Una de las mazorcas que serán nace mas o menos en la mitad de la mata y al principio parece un largo embudo formado por hojas condenadas a la unión forzada. La otra nace unos centímetros mas arriba y aunque es idéntica muy pronto nos percatábamos que sus posibilidades de convertirse en una mazorca de verdad eran casi nulas. Porque casi siempre la segunda mazorca de una mata generalmente está condenada a ser un chilote. Como la rabuja de una puerca madre. Lo que no quita que en ocasiones una mata pueda parir&amp;nbsp; hasta tres mazorcas y que las tres tengan categoría A. Por cierto nunca tuve la dicha de escuchar discuciones en el barrio relativas a la cantidad de mazorcas que podía parir una mata de maíz. Parece que cuando se hablaba de cantidades de mazorcas de maíz todos los guajiros estaban de acuerdo. En un final no es fácil contar cincuenta cajetas de frijol de una hojeada. Algo que sí se puede hacer con dos a tres mazorcas de maíz. Las espigas de maíz parecen una aparición casi religiosa. Salen desde un estrecho tallo rosado claro que a su vez emerge desde las últimas dos hojas que echó la mata de maíz y se abren en ramas suaves y se curvan como si fueran filigranas de fuegos artificiales. Son como rosas diminutas hechas de polvo de estrellas. Muy delicadas. Cualquier contacto brusco con ellas es capaz de romperlas. Yo prefería observarlas. Ni siquiera mi Tíakuka - que estaba estrenando nueva congregación cristiana - podía explicarme aquella explosión de belleza divina. Cuando me pareció que me contestaría que eran tan lindas &quot;porque seguramente fueran cosa del diablo&quot; dejé de interrogarla. Yo sabía que el diablo era el mismo diablo para los católicos con altar de santos y para los Testigos de Jehová con libros del Nuevo Testamento. Sin embargo las bellísimas espigas duraban hasta el mismo día en que se recogiera la cosecha. Llegaban resecas y duras. Pero llegaban. Para entonces habían resistido el ataque de los insectos, la libación de las abejas de Cándido Perdomo, el sol, los aguaceros, la curiosidad de los niños y niñas y nuestras carreras a cuanto nos daban las patas entre sus calles oscuras para jugar a lo que jugábamos todos los niños. Recuerdo que a veces nos tirábamos, cansados de jugar, entre los surcos y que las pocas hierbas que aún se atrevían a crecer nos provocaban picazón en los brazos y en las piernas. Jugábamos al escondido y al abracado y a la velocidad. Competíamos por ganar la carrera &quot;mata de mamey / Río&quot; o la carrera &quot;potrero de Gucende / Río&quot;. A veces la carrera la realizábamos de ida y vuelta. Cuando estábamos de visita en las casas de los vecinos entonces los juegos se desplazaban hacia sus maízales. Para el instante en que todas las mazorcas estaban cien por ciento formadas y en que las espigas habían alcanzado su altura máxima la casa no se veía desde el otro lado del Río excepto su techo de guano. Me gustaba ir por allí y mirar hacia mi casa. Todo el paisaje - el cocal, las matas de mamey colorado y las de la pequeña arbolea, la cerca de bienvestido de Gocéndez - se veía solo de la mitad para arriba. No podía explicarme tal sensación óptica. Las matas tenían unos dos metros y fracción y la casa y los árboles del entorno eran objetos gigantes y el maízal era capaz de ocultarlo casi todo. Mi mente de niño trabajaba con mucha dificultad. Solo cuando me subí a un guamá del otro lado del Río y pude divisar sin muchos problemas la casa de Domingo Chipucia que estaba como a un kilómetro al oeste fue que comprendí un poco los misterios de las distancias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Aunque he hablado de la temporada de maíz tierno en otra parte de estas Grandes Nostalgias considero que no lo he hecho con suficiente amplitud. De la misma manera en que teníamos frijoles tiernos teníamos maíz tierno. La ternura de la planta arriba inmediatamente antes de que alcance la madurez. Como los niños. Como todo. Pero el frijol tierno no posee tantos azúcares como sí los posee el maíz tierno. Porque son dos plantas completamente diferentes a las que solo asemeja el hecho de que paren granos. Una mata de maíz es tan útil para el hombre como lo es, digamos, una palma real. Casi que se le puede aprovechar todo. Una mazorca de maíz plenamente desarrollada puede tener poco mas de veinticinco centímetros promedio. Estoy hablando del interior de una mazorca. De la tusa, el vástago en donde están soldados los granos. Cuando la mazorca está comenzando a formarse es una tusa blanca con las hileras de granos invisibles, apenas marcados, que después serán los granos tiernos. Antes de poder ser nombrados &quot;tiernos&quot; la granería pasa por una etapa en la cual los granos aún no han alcanzado su color amarillo rosa todavía y lo que contiene su interior es un jugo de vegetal que apenas está enseñando el dulzor de que hará gala más adelante. El bigote naranja tenue de la mazorca es una pelusa como pubis de mujer rubia, abundante, que sale desde dentro de la mazorca y comienza caminando por y entre los surcos de granos hasta desembocar en la punta de la tusa engranada. Al ganado le gusta mucho el sabor del maíz cuando está movido y cuando se agrega a eso la maravilla de las hojas medio tiernas - mejores que el cogollo de caña - pues se debe tener mucho cuidado con el ganado que haya amarrado cerca del maízal o con el ganado de algún vecino que se haya soltado y esté haciendo &quot;daño&quot;. Porque pueden dar cuenta de un buen pedazo de terreno en menos de lo que canta un gallo. Las abejas también pueden libar en la pelusa de rubia pero las abejas siempre serán bienvenidas. Ahora bien cuando los granos han crecido lo suficiente comienzan a ponerse mas sólidos y entonces todo su interior es un cofre de jugos dulzones que provoca que mucha gente - sobre todo los niños&amp;nbsp; que ya se habían comido algunas mazorcas movidas - ahora se den banquete con el maíz tierno. Debo reconocer que hice ambas cosas pero admito que en ningún caso me dejé dominar por la tentación. No&amp;nbsp; eran totalmente de mi agrado y ya había deslindado muy bien mis pasiones. Lo que me gustaba e interesaba tenía que ser &quot;gusto e interés total&quot;. No me gustan las partes y nunca fui bueno para lo intotal. Para las medias tintas. Además, algunas madres - entre ellas la mía - decían que el maíz crudo podía dar &quot;empacho y cagaleras&quot;. Lo primero que se hacía con una mazorca de maíz tierno era asarla. Las asábamos todo el tiempo. El asado de una mazorca de maíz se realiza mediante una acción sencilla y rápida. Se elije una buena mazorca del campo, se despaja, se le quitan los pelos interiores y se le arranca el pubis de rubia y se mete en el bracero del fogón. Sin un buen bracero no hay un buen asado. Por eso en casa - yo era el gran fanático del maíz asado -&amp;nbsp; siempre aprovechaba los instantes en que mi mamá estuviera cocinando para asar una mazorca. Muy pronto la mazorca comenzaba a tomar la coloración oscura que le producía el fuego, algunos granos explotaban como siquitraques y la iba volteando para que se fuera asando parejita. Podía hacerlo con la mano pero la posibilidad de que me quemara era del cien por ciento. Por ello casi simpre usaba la tenaza de mi mamá. Una tenaza de fogón es un fleje largo y estrecho de aluminio o lata con forma de U y manilla combada con cintura como de treintaicinco centímetros que tiene un uso muy variado en un fogón de leña. Se colocaba la mazorca entre sus puntas y se apretaban los flejes de metal entre el dedo pulgar y los restantes dedos y se apretaba mas la mazorca y se iba volteando hasta que se considerara que la mazorca estaba perfectamente asada. Ello ocurría cuando todo sus granos hubieran alcanzado la coloración dorada oscura que le produjo el bracero ardiente. Después recuerdo que comenzaba a comérmela estando muy caliente hasta que no podía mas y entonces la ponía sobre el fregadero y le echaba un poquito de agua para que se entibiara. Aún le faltaba algo. Un rociado de sal. Es necesario tener una buena dentadura de niño para meterle el diente a una mazorca de maíz. No importa que los granos estén tiernos y llenos de jugo. La candela los endurece un tanto y además, la mazorca se consume a mordida limpia. Una mazorca de maíz deslizándose en la boca de un consumidor es algo así como el deslizamiento de una filarmónica sobre los labios de un músico. Se coge por los extremos y se comienza a morder por tres o cuatro filas de granos, desplazándola a lo largo de los labios. Después se va volteando - como si fuéramos un guayabito - hasta que no queda nada, excepto el vástago interior: la tusa. El dulzor ahumado de una mazorca de maíz es una experiencia inolvidable para las papilas gustativas de todo niño. Porque todo el mundo comía maíz asado. Pero en realidad comer maíz asado era cosa de niños y de jóvenes. No olvido que en algunas otras casas la gente cogía un cubo lleno de mazorcas y se las comían de un tirón después de asarlas en un bracero que hacían debajo de las arboledas. Florencio Expósito, el isleño amigo predilecto de mi papá, asaba sus mazorcas en soledad y no las compartía con nadie. Mi padre le regalaba cada año un saco de mazorcas de maíz tierno que - aseguraba - el isleño se comía en dos tandas sentado en el portal de su casa. O sea, cincuenta y cincuenta. No fui testigo de hazaña tal pero él lo aseguraba con toda convicción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Uno de los platos que se confeccionaban con maíz tierno era la harina de maíz tierno. Como los granos no se podían moler en las &quot;piedras&quot; de la casa de la Abuela ni en los molinos eléctricos de Caibarién no quedaba otra opción que molerlos en los molinos tradicionales de moler café. Tantas veces vi como María le de Miguel lo hacía en su viejo molino de moler café. Recuerdo la masa amarillita - casi una mermelada de maíz - cayendo sobre un caldero bajito y ella dando manigueta en el molino mientras vertía los granos mojados en el embudo del molino. Después preparaba la harina casi igual a como se preparaba con harina seca con la diferencia de que también podía condimentarla. La harina revorboteaba sobre el fuego del fogón - María usaba mucho carbón vegetal que le regalaba Belillo, su cuñado -, formaba sus campanitas explosivas y hacía plaf plaf y después se asentaba como todas las harinas. Incluso la harina tierna podía ser capaz de hacer raspa si se le avivaba la candela. No recuerdo a mi mamá jamás haciendo harina tierna. Ella prefería mandarle algunas mazorcas a los vecinos y que ellos le regalaran un plato. Mi padre y mi hermana tampoco eran fanáticos de la harina tierna. Un plato de harina tierna parecía un pastel de maíz y aunque conservaba su dulzor no era de mi agrado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;En orden de importancia culinaria está el tamal. El famosísimo tamal de maíz tierno. El tamal internacional. Muy parecido en casi todos los países maíceros del mundo. Para mí un tamal de maíz - tampoco nos gustaba ni a mi padre ni a mi hermana - no era otra cosa que la misma harina tierna ahora perfectamente condimentada (muchas veces le echaban pedacitos de carne de puerco) pero envasada en estuches de hojas tiernas de maíz. Las hojas se limpiaban con delicadeza de quirófano, se le vertía la harina condimentada y se cerraba bien con la ayuda de algún arique o de alguna pita ligera. Un poco de cocción a fuego lento y el tamal queda listo ara consumir. Ahora la harina que había en su interior estaba dura y la gente se comía el tamal a mordida limpia. Ocurría con los tamales que la mayoría de las veces las amas de casa los hacían en cantidades sificientes como para que todo el que llegara comiera o para mandar a los vecinos. Yo seguía sin entender por qué me gustaba tanto el maíz asado y no pdía ni siquiera mirar el maíz molido y preparado. Admito que lo que sentía por él estaba en la frontera del asco. Mi mamá y mi papá aceptaban algún tamal de regalo pero en verdad tampoco era cosa que les quitara el sueño. Años después Pedro Luis Ferrer compondría e interpretaría su famoso tema Un tamal en cazuela. Porque ciertamente los tamales se echaban en una cazuela y estaban allí hasta que la señora de la casa gritaba &quot;listos&quot;. Una cazuela era el mismo caldero de cada día. Pero con un poquito mas de calidad y de estilo. Tal vez con una tapa propia que cerraba herméticamente. Muy parecida a lo que después serían las ollas de presión. El tamal de maíz tenía una versión culinaria que, sin embargo, nos encantaba. Se trataba de la &quot;fritura&quot; de maíz y también María era la especialistsa. María cogía la misma harina que usaba para el tamal pero la convertía en torticas como del tamaño de una tortica de dulce de coco. Ya las había condimentado con todos los sabores del &quot;especial&quot;. Entonces no las sometía a la cocción stándar. Sino que las freía con manteca de puerco y enseguida que comenzaba a voltearlas se ponían doraditas y semiduras y en verdad eran una verdadera delicia en nuestras bocas. Generalmente nos mandaba dos para cada miembro de la familia. Con las frituras de maíz terminé de comprender que mi problema con el maíz tenía que ver con el fuego. Si el fuego dominaba al maíz ( maíz asado) o si lo controlaba a través de la manteca de puerco o del aceite entonces me encantaba. Lo malo era cocinarlo de la manera tradicional. Por eso las cosas fritas siempre me han encantado. Una fritura de maíz puede hacerse con harina semiseca y si la cocinera es buena puede engañar al paladar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Y el atol de maíz. El &quot;atole&quot;, como le dicen en algunos pueblos de América Latina. El atol sí que era la verdadera debilidad de mi madre. Superaba a todos los delicatessen &quot;derivados&quot; del maíz con creces. Tampoco nos gustaba al resto de la familia. El atol es algo así como una mermelada de mango. Un jugo espeso de maíz que se obtiene muy parecido a como se obtiene el jugo de la yuca para hacer almidón. Nunca vi a ninguna señora hacer atol. Pero creo que mi mamá me decía que la harina tierna se combinaba con un poco de agua y se espurruñaba con las manos como si se estuviera haciendo pan sobre una tela y el jugo iba cayendo en alguna vacija limpia. Después el jugo era sometido al fuego y casi siempre se mezclaba con leche y sobre todo con mucha canela. Mi madre alucinaba con los jarros de cinco de libras que le mandaban las señoras de la familia. O con las latas de pera. Dependía de lo que le tocara a &quot;la Niña&quot;. El mejor destinatario de las mazorcas tiernas de mi mamá era la Tía Estela, la esposa de Tíonene y madre de Raúl. Muchas veces era yo mismo el que se las llevaba en una jaba de saco. Tíaestela - un verdadero dechado culinario - muy pronto le enviaba su jarro de cinco libras de atol y mi mamá tenía como para dos días. En verdad yo apenas soportaba aquel olor casi rancio en donde la leche y la canela se llevaban las palmas de los agregados de lujo. Y que por supuesto le dejaban aquel bigote forzado a mi mamá cuando terminaba de empinarse su ración estipulada de atol.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Llegaba un momento en que las mazorcas comenzaban&amp;nbsp; a perder su frescura verde a la par que las matas y muy pronto el maíz maduraba. Los granos se ponían&amp;nbsp; definitivamente duros y entonces no era posible comérselos crudos ni mucho menos asarlos. Porque el maíz empezaba a &quot;secarse&quot;. Entonces nadie mas se metía en el campo excepto los puercos de la casa y los puercos sueltos de la familia que eran capaces de percibir que el maíz se estaba secando y de hociquear el tronco de las matas hasta tumbarlas, despajar las mazorcas y comérselo. En algún momento de Agosto el maízal se había &quot;secado&quot;. Las espigas se mantenían casi invictas, secas también y bastante descocotadas. Algunas mazorcas se caían de sus bases en el cenrto de la mata y todavía se podían notar sus pubis que ahora se habían convertido en &quot;pubis de trigueña&quot;. Aunque el campo estaba limpio los aguaceros constantes habían provocado el crecmiento de algunas hierbas malas - digamos, el metebravo - que no iban a ser impedimento para recoger la cosecha. Poco antes de que ello ocuriera mi madre podía coger algunas mazorcas, despajarlas y desgranarlas con las manos para hacer su &quot;primera harina&quot; fresca. Una mazorca solo puede ser desgranada cuando está seca. Y aún no se trata de un trabajo fácil. Casi siempre se usaba un cuchillo para meterlo entre la paja de la punta y hacer la raja que permitiría a las manos abrir la mazorca hasta la tusa engranada. Teníamos que halar la paja dos o otres veces y después hacer fuerza para que el cocote se despegara de la base de la mazorca. El cocote incluía una punta larga y dura que era en donde se poyaba la mazorca contra la mata. Cuando se terminaba de limpiar todo su &quot;pubis de vieja&quot; entonces comenzaba el desgrane sobre una fuente o sobre una palangana de aluminio que se utilizaba para fregar la loza. Tal vez sobre el cubo número ocho si lo que se buscaba desgranar eran más mazorcas de la cuenta. Recuerdo que a veces la granería se rebelaba contra la magia de las manos y no había Dios que la hiciera salir y entonces era necesario presionar con un cuchillo uno o dos surcos para que los restantes se despegaran mas facilmente de la tusa debido al vacío que quedaba. Era como hacer una carretera por entre un pedregal. Después era muy fácil. Mis padres eran expertos desgranadores de maíz. Recuerdo que cogían la mazorca con una de sus manos y le colocaban la palma debajo. Entonces con la mano libre apoyaban la parte inferior en la parte inferior del tronco de la mazorca y comenzaban a desgranar con el dedo pulgar. Si ocurría que se trataba de una mazorca &quot;floja&quot; entonces el desgranado se realizaba en un minuto y la tusa quedaba pelada como pinga de chivo. El maíz seco no se podía moler en un molino como el de María la de Miguel. Su dureza podía descoyuntar las clavículas tratando de dar vueltas a la manigueta y era muy posible que se terminara por aflojar y por mellar el tirabuzón interior de las cuchillas del molino. De modo que había que llevarlo al molino eléctrico de Caibarién o de Yaguajay o a &quot;las piedras&quot; de la Abuela. Pero nadie llevaba unas pocas libras al molino del pueblo. Preferían molerlo en las piedras. Creo que también había piedras de moler maíz en alguna de las casas de los Rosa o de los Martínez y posiblemente en casa de Tio Cuso. Las piedras de moler maíz eran una verdadera novedad. Yo jamás hubiera imaginado que existieran piedras tan raras y tan parejitas y de color negro. Cuando las vi por primera vez en el rancho de desahogo de la Abuela quedé maravillado. Recuerdo que se trataba de dos piedras, una sobre otra, con un hueco en el centro y una vara que bajaba desde el techo y que estaba metida en una especie de semiherradura de caballo en donde se movía a medida que el moledor de maíz la zarandeaba sobre un huequito que tenía la piedra de arriba para meter una especie de puntilla en donde terminaba la vara. Era algo muy artesanal y primitivo pero también muy efectista. Las piedras descansaban sobre una especie de mesa pequeña apoyada en tres patas de palo sin labrar contra la pared suroccidental del rancho. Las piedras podían quedar mas o menos a la altura del ombligo. Y la de arriba podía tener mas de un huequito para meter el clavo porque a mayor profundidad era posible hacerlas girar con mayor velocidad. A veces se salían del huequito, la piedra superior se separaba de su compañera inferior y era necesario recomenzar el ciclo. Aunque me cansaba bastante el brazo derecho a mí me gustaba mucho moler maíz seco. Aprendí con mi mamá y después casi siempre era yo el que iba al molino de la Abuela. A veces tenía que hacer la cola porque había mucha gente esperando para moler su &quot;comidita de harina&quot;. La mesa de las piedras tenía un sobrante del lado sur. Era suficientemente ancha como para ello. Allí se ponía la fuente o el caldero o la palangana con el maíz. De modo que aunque no fuera derecho tenía que &quot;dar palo&quot; con esa mano porque la zurda estaba reservada para coger el maíz. Mientras dábamos palo cogíamos un puñado - relativamente pequeño para que el maíz no saliera muy gordo (arrollón) - y lo echábamos en el hueco central de las piedras. No era necesario detener el giro de estas si te habías convertido en un experto. La harina caía sobre un saco tendido debajo de las piedras como polvo de oro o en su defecto sobre un papel amarillo que a veces se ponía sobre el saco. Nos dábamos cuenta de que era imposible lograr que toda la harina saliera fina por lo que muchas veces volvíamos a moler lo molido. Cuando acabábamos tratábamos de recoger toda la harina posible, de limpiar las piedras y de prepararnos, al llegar a la casa, para pasarla por el guayo. Todavía no puedo precisar si la piedra de abajo tenía algún tapón que detuviera el cruce del maíz para que el grano siempre estuviera listo para ser molido por la piedra de arriba. Tampoco puedo definir de qué material estaban fabricadas las piedras. Porque eran, al menos, &quot;trabajadas&quot;. En caso de que fueran hechas a partir de cemento tenían que agregarle algo que las convirtiera en piedras negras o gris oscuro. Cuando mas tarde supe lo qe era el granito me pareció que tal vez las piedras de moler maíz estuvieran fabricadas con ese material. Tampoco descarté que se tratara de piedras de ese color que un buen artesano lítico redondeara perfectamente. En todo caso fue una investigación que se quedó en agenda. El guayo - una cuadrado de madera como de treinticinco por veinticinco centímetros, rectangular, con una plancha de lata llena de huecos pequeños por donde caía la harina fina cuando lo removíamos sobre una mantica de saco o sobre un papel amarillo de los de planchar la ropa. Una palangana de aluminio descontinuada, de las de fregar la loza, también podía convertirse en un guayo si se la hacían los huecos con una puntilla. La harina gorda se quedaba sobre el guayo y ya no tenía otra oportunidad de ser remolida. La harina gorda se llamaba arrollón (o rollón) y era la comida preferida de los pollitos que estaban comenzando a crecer. El cuarto de desahogo en donde estaba el molino de la Abuela era el mismo cuarto en donde estaba Tíobura la noche en que los curanderos amigos de Llyle Lara sacaron su &quot;daño&quot; del tronco de la madre de la cerca en la orilla de la carretera. Cuando la Abuela construyó la nueva casa unos pocos metros al oeste el rancho siguió invicto y pasó a formar parte de la vieja casa cuyo nuevo dueño sería Tíoneno. A veces íbamos a las piedras de abuela solo para hacer arrollón y casi siempre para ello utilizabámos el maíz de chilote. No era descartable que los primos o los amigos vinieran por casa a buscar un &quot;pquito de arrollón&quot; para una maná de pollitos que había acabado de &quot;sacar&quot; en su casa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Cuando el campo de maíz de agua parecía un extraño paisaje de cadáveres después de la batalla Los Hermanos se preparaban para coger el maíz. Para entonces ya no importaba que cayeran pencas de palma o de cocos sobre las plantas. Por supuesto que se necesitaban sacos otra vez y mi papá los conseguía de manera idéntica a como conseguía los destinados al envase de frijoles. También se necesitaban ariques mojados y un punzón de madera para hecerles los huecos por donde iban a pasar los ariques que le cerrarían la boca. Ahora no hacía falta un telón porque las mazorcas de maíz se tiraban para una pila sobre la tierra. Cuando la surquería iba desde la casa al Río no llevábamos agua hasta debajo del cocal. Preferíamos tomarla en la propia casa y de paso casi siempre conseguíamos un buen buche de sambumbia que iba seguido del eterno cigarro prendido de los mayores. Para la recogida de la cosecha de maíz generalmente no contábamos con ayudantes. Siempre digo &quot;ayudantes&quot; porque mi padre no pagaba a obreros para hacer el trabajo. Cuando alguien venía era &quot;sin interés&quot; y generalmente se devolvía la ayuda si el hombre también tuviera su campo de maíz listo. Era un trabajo que realizábamos con absoluta facilidad. Incluso cuando yo todavía no participaba. Digamos que se comenzaba recogiendo diez surcos. No era necesario seguir ningún orden. Cada quien quitaba las mazorca de la mata y las lanzaba para una pila en donde el resto de los recogedores también las iban tirando. El sitio de la pila era un espacio como de cinco metros de diámetro que mi papá desbrozaba con el machete para que las mazorcas cayeran en un lugar limpio. Cuando considerábamos que ya la pila nos quedaba demasiado lejos como para que las mazorcas no cayeran tan separadas nos desplazábamos hacia delante, mi papá desbrozaba otro círculo y comenzábamos la segunda pila. Igual hacíamos cuando habíamos llegado al Río con los diez surcos. Regresábamos con diez más. Con la cosecha de maíz no pasa como con la de frijoles. El maíz puede ser recogido por la tarde sin ninguna dificualtas aunque el sol esté rajando las piedras. De modo que en la tarde podíamos recoger unos veinte surcos y enseguida comenzábamos a organizar las pilas y a preparar el llenado de los sacos. Cada recogedor tiene su&amp;nbsp; propia manera de arrancar las mazorcas de la mata. Pero existe una manera casi inviolable. Uno se coloca al lado de la mata y la coge un poquito mas arriba o un poquito mas abajo de donde están las dos o tres mazorcas y la sujeta bien. Con la mano libre coge la mazorca por la punta y tira hacia abajo. La mazorca se desprende muy fácil de su base y se lanza hacia la pila. Ahora bien, ye he hablado del cocote de la mazorca. En su base está todo el comienzo de la paja que cubre la tusa y es ahí en donde está el duro vástago de donde nace. Generalmente cuando la mazorca se quita de la mata sale con el cocote y eso la hace muy larga, muy chapucera y será lo que después obligue al doble trabajo pues así no debe envasarse. Al principio yo no escarmentaba. Siempre me olvidaba de limpiarla y la tiraba con todo y cocote para la pila. Hasta que mi papá me dio la última lección y entonces aprendí al fin como descocotar las mazorcas para que quedaran bonitas con su coloración beige y aquellas líneas suaves que pasaban del lila al negro claro en su base. Con mi Viejo aprendí a descocotarlas en la propia mata. Era muy simple y solo se necesitaba un poco de atención y de calma. Se coge la mazorca por la punta con una mano y con la otra se coge por el cocote y entonces se da un tirón brusco hacia abajo como si se fuera a quebrar una yuca y todo el cocote con el pajonal sobrante sale como por arte de magia. Cuando la mata ha quedado libre de sus mazorcas se vuelca contra el suelo, se le planta el zapato por la mitad para tratar de quebrarla y se deja casi noqueada para que se desintegre y se pudra lo mas rápido posible. Como era imposible que todas las mazorcas cayeran en la pila pues dedicábamos unos minutos a rastrear sus orillas. De paso mi papá y Tíoneneo descocotaban algunas semidescocotadas, reorganizaban la pila y aún se tomaban el tiempo de separar el chilote para que no demorara el ensacado.&amp;nbsp; El sol se encargaba de extraer toda el agua que le pudiera quedar a las mazorcas y de esa manera perdían muchísimo peso. Recuerdo que había un saco cuyo tamaño estaba entre la saca de azúcar y el saco de harina de trigo. Como de cientocincuenta libras. Era el saco idóneo para el envasado de maíz porque a mi papá le gustaba echarle doscientas mazorcas a cada saco, de modo que cada cinco sacos hubiera una anega. Vale decir, mil mazorcas. Como en otra parte de estas Grandes Nostalgias he descrito el proceso de envasado del maíz y he citado algunas de las interjecciones y palabras empleadas para ello no las repetiré. Excepto decir que en verdad no recuerdo en donde guardábamos en mi casa el maíz cosechado. Prácticamente la pequeña sala de mi casa era el comedor porque la sala como tal fungía de cuarto de desahogo y no &quot;veo&quot; ninguna gran cantidad de maíz por allí. Es verdad que mi papá vendía casi todo el maíz bueno por anegas - me parece que Domingo el Curro compraba algo y es posible que ya Mongo Sijú fuera el comprador de grandes cantidades. Años mas tarde yo mismo le vendería las anegas a sesenta pesos. De modo que es muy posible que en los años que precedieron al 1967 una anega de maíz valiera cincuenta pesos. Que era un buen precio, por cierto. Cuando acabábamos de envasar mi padre le llevaba su maíz a Tíoneno para su cuarto de desahogo y siempre me dejaba montar sobre el saco de alante, sobre la rastra, e incluso me dejaba conducir a los bueyes. El cuarto de desahogo era relativamente grande y estaba montado sobre horcones bajitos tipo rancho de varaentierra. Mas o menos a un metro de la tierra estaba el piso de tablas de palma que llegaba hasta el fondo y estaba cubierto por un techo de guano a dos aguas. A veces los pequeños horcones estaban recubiertos con cilindros de lata para que los guayabitos no pudieran subir. Allí también se guardaban algunos aperos agrícolas relacionados con el cultivo de la caña y con los cultivos tradicionales que a veces se sembraran en otras partes de la finca. Tíoneno descargaba el maíz a granel sobre el tablado y solo dejaba el chilote en sacos. Así que es posible que mi papá guardara, provisionalmente, su maíz en el cuarto de desahogo de su hermano y que solo dejara en casa la parte destinada para semilla, la parte destinada a regalos y el chilote para las gallinas y para los puercos. Como también he hablado extensamente de usos como estos y de como mi hermana y yo participábamos tampoco repetiré las historias. Excepto decir que recuerdo perfectamente - y estoy seguro de que no tendría mas de tres o cuatro años (son las memorias inexplicables, las ceñidas al cerebro como lapa endeleble) - cuando mi mamá se ponía debajo de la parte oriental de la mata de mamey colorado y apoyaba su batea contra el tronco y sobre taburetes y se pasaba horas desgranando maíz sobre ella para los diversos usos que se le fueran a dar. Recuerdo que ella tenía una manera especial de desgranar maíz. Lo hacía frotando una tusa sobre la mazorza nueva y le funcionaba perfectamente. Con su tusa frotadora no había grano de maíz que se resistiera. También he hablado del uso que la dábamos a la paja de maíz pero no creo que haya abundado sobre la tusa de maíz.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;La tusa es el vástago entral de la mazorca y tiene un largo como de veinte o veinticinco centímetros. Generalmente es de color blanco pero sus colores pueden variar del rojo vino al azulozo. La tusa argentina es casi roja y ya he dicho que sus granos desgranan casi solos de lo suave que están sobre la tusa. La forma de la tusa - un vástago largo, parejito y redondo - a veces tiene connotación fálica entre los hombres y recuerdo que algunas mujeres evitaban cogerlas de manera explícita. Una tusa tiene varios usos. Sirve para ser usada como leña cuando esta se acaba porque arde con relativa facilidad y aunque muy pronto se vuelve ceniza en verdad resuelve problemas de la cocina. También la usábamos como taco para &quot;jugar pelota&quot;. O sea, a veces las tusas son muy duras si ocurre que no están huecas o deterioradas por el agua o el sol. El tronco de la tusa y partes de su centro son muy resistentes y los muchachos lo partíamos en pedazos de unos cuatro centímetros para hacer una &quot;pelota&quot; y jugar &quot;al taco&quot;. Como el tronco es mas gordo y mas &quot;cuadrado&quot; pues nos era imposible lanzar &quot;curvas&quot; con él. Sin embargo la parte central - mas estrecha - posibilitaba lanzar curvas&amp;nbsp; tan tremendas como las de Changa Mederos. El juego de tacos era una de las variantes que usábamos los chicos para practicar la vista y el tacto durante la semana hasta que llegara el juego de verdad de los &quot;grandes&quot; el domingo. Por demás, no había que correr. Y era un juiego en el cada equipo tenía solo &quot;dos peloteros&quot;. Tan popular se hizo - debo decir que yo lo haría aún mas popular años después cuando durante el Preuniversitario aprendería otras maneras de hacer los tacos y de marcar los strikes contra las paredes - que hasta los peloteros del equipo Plateros jugaban con nosotros. Jugar taco era muy sencillo. Solo se necesitaba un &quot;bate&quot; de bienvestido seco, un taco de tusa y una pared para lanzar el taco contra ella de manera que - como no había cátcher - la pelota no se fuera muy lejos. También se necesitaba de una cerca imaginaria o real o de cualquier marca que definiera cuando el batazo era un hit o era un honrón. Había dos marcas en el &quot;terreno&quot;. Una de ellas señalaba el lugar desde donde cualquier batazo podía sobrepasarlo y eso significaba un hit. Un hit llevaba a un hombre a primera, otro hit lo llevaba a segunda y un tercero impulsaba al hombre de segunda y así sucesivamente. Un jonrón era un jonrón y equivalía a una carrera y como en la pelota de verdad impulsaba a todo el que estuvierra en base. Como el bateador se ponchaba con un solo swing fallado (no había bases por bolas) pues tenía todo el derecho de esperar el lanzamiento que eligiera y eso hacía casi interminable un turno al bate. Por ello ya se había decidido pasar de los tres stikes tradicionales para el ponche con el strike one. Conste que también se jugaba a tres outs. Cuando el juego se hizo un poco aburrido por ese motivo a alguien se le ocurrió marcar un cuadro en la pared (donde debía estar el catcher/home) con&amp;nbsp; jugo de hierba verde y cada vez que la tusa caía entre los extremos del cuadro era strike. En los inicios el cuadro sirvió para volver a coger bases por bolas (cuatro lanzamientos malos) pero, por suerte, muy pronto se regresó solo al ponche con un strike. Evidentemente el cuadro en la pared fue importado y yo lo perfeccionaría también años después desde los terrenos del Pre de Remedios y desde los de la Escuela al Campo. Las grandes discuciones entre pítcher y bateador relacionadas con el lugar exacto en donde aquel había chocado el lanzaniento demorarían meses en solucionarse. A veces hasta necesitábamos de un ampaya imparcial. Generalmente el ganador de un juego de taco era el que primero anotara diez &quot;carreras&quot;. Mi gran compañero en el juego de taco era Mury Cometierra. Mi primo Maurilio, el hijo de La Gata. Y el campo de pelota ideal para nosotros era el patio sur de su casa. El home estaba en la pared norte de la casa de Emilia y Manuel (que después sería la casa de Tite y de Lidya y el cuarto de baño) y el caballete de guano de la casa sería la marca del honrón. Como el box estaba relativamente cerca no se permitía lanzar a toda velocidad pero con las curvas de tirabuzón no había problema. No olvidaré jamás los honrones que conectábamos sobre el techo de guano de la casa, las veces en que el taco se quedaba hundido entre el guano de la cobija ni mucho menos los golpes que daba el taco cuando nuestros batazos golpeaban las paredes de la casa. Entonces era cuando La Gata se levantaba como una fiera si era la hora del reposo, nos insultaba y nos quería matar. Otras veces los fuols hacían que perdiéramos muchos tacos en el potrero del Oeste y en los árboles que rodeaban la casa pero eso no nos interesaba tanto porque teníamos una magnífica provisión de tusas durísimas. Las tusas también podían ser agregadas a la mierda de vaca cuando hacíamos fuego por las noches para espantar a los mosquitos. Y finalmente, las tusas tenían un uso higiénico. Y se lo daban, sobre todo, la gente de la generación de mis padres. La tusa, cuando es desgranada, conserva sus celdas en donde estuvieron los granos. Cuado se despojan de los granos las celdas se van poniendo relativamente débiles y pueden jorobarse con cierta facilidad. Ello hacía que muchos campesinos - sobre todo varones - las usaran como papel higiénico. Limpiarse el culo con una tusa es algo que hizo toda la gente de mi generación.&amp;nbsp; Y es muy sencillo. Solo pasarla un rato, suavemente, por todo el interior de la nalga hasta que &quot;no quede nada&quot;. Funciona muy bien incluso cuando el aseado tiene diarreas. Y como los servicios siempre estaban alejados de las casas pues las tusas perdían cualquier olor que les pudiera quedar con las aguas de lluvia y con el sol. O debajo de la tierra. Porque algunos usuarios hacían como los gatos cuando acababan de cagar. En nuestro caso el primer servicio estuvo debajo de la mata de guásima que había al noroeste de la Poza de Rafael. Por suerte para los cagadores de &quot;puertas afuera&quot; también se podían conseguir hojas de guásima, de plátano, de maloja y de otras plantas que no fueran &quot;tan agresivas&quot;. Por supuesto que, además,&amp;nbsp; se usaba el papel de cartucho de la Tienda o cualquier papel de envolver y cuando caía algún periódido o revista también se aprovechaba. Las mujeres incluían trapos viejos, usaban el tibor y sabian muy bien como &quot;botarlo&quot;. En mi caso cuando no tenía corcho para ponerle a la pita de pescar usaba un pedazo de tusa un poco mas pequeño que un taco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;La cosecha de maíz de agua acababa poco tiempo antes de que hubiera que comenzar a preparar la tierra para la siembra de frijoles. Mi padre comenzaba por soltar a todos los puercos y a la puerca madre y amarraba a los bueyes en el terreno para que fueran comiéndose toda la hierba verde que quedara y para que fueran desbaratando el resto de las matas de maíz. Muy pronto el terreno quedaba aplastado y entonces&amp;nbsp; le pasaba la grada y amontonaba el resto de las matas de maíz y las quemaba y&amp;nbsp; recomenzaba con la rutina de los yerros urgentes buscando tener el terreno listo para la primera semana de septiembre. Detrás de los surcos las garzas blancas me recordaban que la próxima temporada de palomas no estaba para nada al doblar de la esquina. Entretanto las aves de corral se alimentaban como ellas querían, el puerco de ceba se daba banquete en el corral&amp;nbsp; o en el bienvestido donde estaba atado por una de sus patas&amp;nbsp; y&amp;nbsp; en donde esperaba por el cuchillo infalible de Pedro Gcéndez y los gorgojos del maíz hacían malabares para ver como podían cernir al grano ya que los frijoes estaban a buen resguardo. El sol de Agosto rajaba las piedras. Pero yo trataba de rajar al sol entre las palmas del Río y sus depósitos de biajacas en el fondo de sus troncos sagrados.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Anexo. 1.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;La cosecha del maíz de frío.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Con bastante frecuencia Los Hermanos decidían sembrar maíz dentro de los frijoles de frío. Porque el maíz &quot;partía&quot; muy bien durante la época de finales de año.&amp;nbsp; Para ello solo había que seguir ciertas reglas no escritas. Primero: se sembraba cada cuarto surcos (en ocasiones podía hacerse cada tercero). Segundo; los plantones tenían que estar separados por mas de un metro. Esto se hacía no por el maíz sino por los frijoles. Menos maíz sembrado y con mayor separación no afectaba tanto el normal desarrollo de los frijoles y podía asegurarse una cosecha agregada a la cosecha de Abril o Mayo. Evidentemente las matas de maíz se desarrollaban como palos de ceiba y sus mazorcas parecían botellas de luz brillante. Un maízal dentro de un frijolal no es impedimento ni para la guataquea ni para la cosecha. Excepto que durante la recogida del frijol muchas de las guías se enredan en el tronco de las matas de maíz y es necesario hacer un ezfuercito extra para arrancarlas de ellas. Mas o menos un mes y medio después de haber cosechado los frijoles el maíz estaba seco y se comenzaba su propia cosecha. El sistema de recogida era idéntico al del maízal de agua solo que esta vez la temporada de palomas se reduce todavía mas. Excepto si ese año Los Hermanos optaban por no sembrar maíz de agua. Pero una cosa sí que era cierta. El maíz de frío rendia menos por los motivos expuestos. Pero las mazorcas que parían algunas matas eran muy superiores en tamaño y calidad. El maíz es una siembra de Mayo. Pero, cuidado, no hay que exagerar. Era una verdadera lástima que no se pudiera sembrar frijoles en Abril o Mayo para dejar la temporada oficial de maíz para la primera semana de septiembre. Pero ya lo dije. Se trata de las reglas no escritas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Anexo. 2.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;El pescador.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;La siguiente anécdota fue confirmada por más de un testigo y el protagonista nunca la desmintió. Porque el testigo principal se dejó ver. De todas formas pudiera dársele al acusado el beneficio de la duda.&amp;nbsp; Adolfina la Bella criaba unas manás de guanajos fantásticas. Los guanajos recorrían toda la finca y a veces se desplazaban fuera de ella. Comer detrás de la cerca que separaba la finca de Pablo de la de Cándido Perdomo era una manía que tenía el gran lote de guanajos. Pero la posibilidad de que los guanajos se metieran al campo de caña de Perdomo era casi nula. Excepto si una mente brillante tratara de inducirlos. Por aquellos años alguien de mi familia materna se casó en segundas nupcias con un hombre de Caibarién que era el puro retrato de Mahatma Gandhi. Muy pronto yo me enteraría de que el hombre había viajado por medio mundo ejerciendo su oficio de domador de fieras en algunos de los mejores circos de los Estados Unidos. En algún momento tuve acceso a sus historias fabulosas. Cuando le vi de cerca pude comprobar lo que decían los demás familiares y vecinos. Mahatma estaba hecho talco. Era un verdadero etcétera. Todos los dedos de sus manos estaban atrofiados y algunos eran muñones. Había cicatrices por doquiera hasta sus hombros. Incluso me enseñó parte de sus extremidades que también estaban muy lastimadas con&amp;nbsp; marcas espantosas. Fue en California, los leones casi me comen vivo - me dijo -, me salvé de milagro. Sus historias me hubieran parecido inventadas de no ser por lo que me acababa de mostrar. Su mujer y algunos amigos no tenían la menor duda de que el hombre hablaba en serio. Lo que no quiere decir que ni uno solo de ellos lo hubiera disfrutado jamás debajo de una carpa látigo en mano. El exdomador tenía fama de ser una excelente persona. Comedido, educado, de pocas palabras y muy servicial. Casi todos los días venía por Plateros para &quot;forrajear&quot; y generalmente conseguía cosas de comer de todo tipo. Las compraba, las cambiaba o se las regalaban. Nos visitaba con mucha frecuencia y a veces lo hacía con mi parienta y con la hija de ella que estaba criando. Mi parienta estaba encantada con su nuevo esposo y su hija alucinaba con su padrastro. En realidad había caído muy bien en toda la familia y los guajiros lo respetaban. Aunque mi padre simpatizaba con él a veces le miraba con cierta socarronería que yo interpretaba como &quot;mira que eres alcahuete, viejo&quot;. Hasta que un buen día Adolfina la de Pablo comienza a darse cuenta de que le están &quot;faltando guanajos&quot;. Pocos días después habían desaparecido los mejores pichones y la señora comenzó a volverse loca. Se comentaba de que posiblemente se tratara de un hurón asesino, tal vez de un perro jíbaro o de que algún moquillo de temporada los estuviera matando. Por desgracia tampoco se encontaban los cadáveres si ese fuera el caso. En una zona en donde siempre habían vivido ladrones de alta intencidad pues también fueron incluidos en las pesquizas. Adolfina estaba pensando en trancar a los guanajos que le quedaban en un pollero de yayas cuando un vecino se detuvo a conversar con el exdomador de circo que estaba sentado en la parte superior de la cuneta, entre la hierba, frente al cañaveral de Cándido Perdomo. El vecino se desmontó tratando de lograr una nueva historia circense y se sentó a su lado. El exdomador comenzó a mover sus manos de una manera extraña y cruzó sus piernas mientras trataba de controlar su nerviosismo evidente. El hombre del circo no pudo evitar que el vecino viera una larga pita de nylon que salía por debajo de las patas de sus pantalones. La pita se tendía sobre las hierbas de la cuneta de la carretera y se metía en el cañaveral. Por suerte para el artista la guagua de Morón asomó por la curva de Alfredo Navarro y,&amp;nbsp; poniéndose de pie, dijo que se iba para Caibarién. Allí no había Parada de Omnibus pero la guagua igual se detuvo y lo montó. El vecino siguió la ruta de la pita. Estaba metida como tres metros dentro del cañaveral y el anzuelo tenía un nuevo tipo de carnada que él jamás había visto. Dos granos de maíz. Mas allá de la trampa macabra una hilera de granos llegaba como hasta los dos metros y entonces doblaba y solo se detenía en la misma cerca en donde los guanajos acostumbraban comer hasta que el ex domador les había hecho cambiar sus costumbres. El esposo de mi parienta no regresó jamás por los alrededores del Río. Y por supuesto, el resto de los guanajos fue liberado de su encierro fortuito y la próxima maná pudo campear por su respeto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Nota.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Estoy seguro que esta anécdota es posterior a 1967. Pero consideré que valía la pena contarla como excepción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Enemigos del maíz y de los frijoles.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Aunque las siembras se realizaban en los meses en que las lluvias eran &quot;seguras&quot; y en que las semanas &quot;secas&quot; también lo eran había años en que la excepción de la regla &quot;casi escrita&quot; podía dar una sorpresa desagradable. Una sequía desocasional en tiempo de floración del frijol podía hacer bajar la producción de cajetas y por ende el resultado final de la cosecha. Una semana de lluvias imparables durante el mismo período podía tumbar una gran por ciento de las flores y además podía &quot;emborrachar&quot; a los frijoles que crecieran en la última emberga, la que lindaba con el potrero de Pablo Gocéndez. Por suerte se trataba del único pedazo &quot;bajo&quot; que tenía el campo de frijoles. Nuestras tierras eran tierras &quot;altas&quot; y por tanto el agua apenas podía hacer daño real como no fuera en los casos que cito. Con el maíz ocurría exactamente lo mismo e incluso en el terreno bajo las matas se quedaban fuñidas y pálidas si el agua caía con fuerza de diluvio y la única esperanza era coger algún chilote para no quedarse sin nada. Pero los huracanes sí que eran enemigos peligrosísimos. La temporada de huracaes terminaba en Octubre y a veces se extendía hasta Noviembre. Eran los meses en que el frijol y el maíz se estaban estirando definitivamente. El agua huracanada llegaba con el viento del ciclón y revolcaba a las plantas de frijol, les arrancaba gran parte de sus flores y las matas tenían que esperar a que el animal se fuera para tratar de enderezarse y de salvar parte de su parición. Por suerte un ciclón - de la intensidad que fuera - no podía arrancar ni una mata de maíz. Ellas aguantaban y lograban capear el temporal. El maíz sufría un poco más porque eran plantas muy altas y el viento fuerte las tumbaba con mucha facilidad. Solo que el maíz tiene raíces a flor de tierra e incluso una parte de ellas están fuera de la tierra. De modo que el viento, antes de partir la mata (que puede hacerlo también) lo que hace es tumbarla contra las otras y en ese caso solo las vira y cuando el ciclón pasa se las arregla para levantarse de nuevo y seguir como si nada hubiera ocurrido. En cualquier caso es un enemigo al que todos los campesinos le temen sobremanera. A veces se caen algunas palmas, muchísimas pencas (también de coco) y cuando ello ocurre entonces sí que la mata se parte y detiene su crecimiento y parición. Solo cuando el maíz está tierno y los frijoles están empezando a negrear es posible aprovecharlos después que pasa un ciclón. Yo tenía siete años y dos meses en Octubre de 1963 cuando el ciclón Flora arrazó con la provincia&amp;nbsp; de Oriente y después afectó a todo el territorio nacional. Lo recuerdo perfectamente. Los frijoles solo tenían un mes y aguantaron el vendabal y lograron empinarse cuando el monstruo pasó. En Octubre de ese año nació Florita, la hija mayor de Tite y de Lydia, y la mejor compañera de juegos de mi hermana. Florita fue bautizada Flora debido al huracán. Su segundo nombre es Ondina debido a que nació debajo &quot;del fin del mundo&quot; en la ONDI de Yaguajay. Casi siempre fui testigo de los revolcones que cogían nuestras siembras cuando un ciclón nos pasaba cerca o nos azotaba directamente. Cuando mi papá me dejaba me paraba en la puerta del comedor o de la sala para verlo azotar el cocal (la mata de la esquina del cuarto matrimonial casi que tocaba el techo cuando se doblaba) y el palmar, cagado de miedo, pero a la vez tranquilo porque él me decía cada vez que le preguntaba papi, tú tienes miedo &quot;calladito, yo no tego miedo&quot;. Casi siempre mi mamá y mi hermana se iban para la Escuela o para las casas de la familia en la orilla de la carretera por las noches porque el Gobierno se los exigía como medida de precaución. Mi papá y yo éramos porfiados y casi nunca nos íbamos como no fiuera&amp;nbsp; a &quot;dar una vuelta para ver como estaba la gente&quot;.&amp;nbsp; La porfiadera de mi padre también incluía ser rebelde ante las disposiciones de los comunistas. Ser porfiado ante situaciones extremas es otra de las cosas que heredé. Recuerdo que muchos campesino, mientras miraban como el tiempo se ponía &quot;embembao&quot; y sabían que el ciclón &quot;estaba ahí mismo&quot;, exclamaban &quot;este hijoeputa nos va a joder el &quot;mai&quot;. Decian &quot;mai&quot;, sin el acento de la &quot;i&quot; y sin la zeta. Como si fuera una palabra china. Mi papá tambien lo hacía a veces.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Usa,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: red; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
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</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/2803260487405817667/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/la-cosecha-de-maiz-de-agua.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2803260487405817667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2803260487405817667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/la-cosecha-de-maiz-de-agua.html' title='La cosecha de maíz de agua.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-3563858955815074872</id><published>2020-03-26T13:30:00.000-07:00</published><updated>2020-03-26T13:30:02.190-07:00</updated><title type='text'>La cosecha de frijoles.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;A finales de Agosto el &quot;terreno - que en realidad era el solar en donde estaba enclavada la casa familiar - de los frijoles&quot; quedaba listo para la cosecha. Entonces la tierra aplanada parecía una larga sabana oscura y compacta que esperaba porque mi padre le hiciera los surcos y le tiráramos las semillas. Ya se habían convertido en polvo el cardosantal, las matas descocotadas de maíz seco, las matas de sancaraña, las matas de escoba amarga y las matas de verdolaga. Toda esa mierda sirve como abono natural - decía mi papá -, por eso no boto ni una chinguita de basura. Todavía el patio frente a la casa que llegaba hasta la cerca de La Gata y el cordel de tierra que estaba detrás de la pequeña arboleda no se sembraba. El primero porque todavía no se había enfermado la gran mata de mamey colorado que un día hubo que cortar por el tronco y el segundo porque el discreto pedazo de tierra se destinaba a comida para puercos, aves de corral y para la yunta de bueyes. El resto - desde el camino que llevaba hasta la cerca de Gocéndez hasta la orilla oriental de la mata de mamey colorado - era &quot;tierra de frijoles&quot;. Durante unos tres meses la casa quedaba anjaulada entre la &quot;frijolera de agua&quot;. Los últimos meses del año eran suficientemente lluviosos como para nombrar a la siembra &quot;siembra de frijoles de agua&quot;. Algunos campesinos se atrevían a sembrar otra vez sus frijoles en Enero y Febrero y entonces las siembras pasaban a llamarse &quot;siembra de frijoles de frío&quot;. Pasarían muchos años antes de que los campesinos se acostumbraran a hacer dos cosechas de frijoles. Pero entonces para ello se requerían abonos artificiales, pesticidas y herbicidas y también había que jugar un poco con la suerte porque en tiempos de frío la lluvia escaceaba y en Plateros nunca hubo una verdadera cultura de regadío. Todo el mundo practicaba una agricultura de secano. Las nuevas generaciones intentarían aplicar el riego a partir de turbinas pero en realidad la productividad del frijol de frío era muy pobre y casi que no valía la pena intentarlo. Los intentos estaban dados porque se sembraba &quot;para negocio&quot;. Los precios llegaron a dispararse alguna vez en tiempos de escacez y cualquier cosa que se cosechara al final &quot;era bueno&quot;. Y rentable. Mi padre apenas lo intentó. Porque él prefería dejar descansar a la tierra hasta Abril que era el mes idóneo para la siembre de maíz de agua. Además, el frijol de frío generalmente salía &quot;duro&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mi papá siempre le daba dos &quot;yerros&quot; al terreno. El primero rompía la tierra llena de rastrojos y de malezas e incluía la quema después que le pasaba la grada. El segundo se lo daba &quot;cruzado&quot; y también incluía la quema del rastrojo que quedara después de la segunda &quot;mano&quot; de grada. Ello ocurría a mediados de Agosto y para finales de mes le daba otro pase de grada cruzado si es que había salido alguna &quot;reventazón&quot; y el terreno quedaba listo para la siembra después del primer aguacero de Septiembre. Entonces cogía unos diez o doce granos y los sembraba en la esquina noreste de la casa y marcaba el lugar con algún palito sembrado en la tierra. Se trataba de su &quot;prueba&quot; de cada año. Para saber si los frijoles &quot;nacían&quot;. Los granos provenían de un gran garrafón de cristal con tapa estrecha o de un saco bien cerrado en donde habían estado guardados, rociados con un polvo químico llamado Cordano desde la cosecha anterior para que no se &quot;picaran&quot; ni se llenaran de gorgojos. Rara vez los granos seleccionados no respondieron. Y cuando ello ocurría había que salir a conseguir 35 o 40 libras de frijoles de semilla en caso de que no se confiara en el frijol destinado para comer. Cuando al Tíoneno le ocurría lo mismo entonces se necesitaba de casi un quintal de frijoles para semilla. Porque podía ocurrir muy bien que los frijoles destinados para el consumo - a pesar de todos los cuidados requeridos para que no se picaran - también se echaran a perder. Nunca olvidaré los momentos en que mi madre descubría algún frijol &quot;picado&quot; mientras los estaba escogiendo sobre la mesa y exclamaba &quot;ey, ey, ya se jodieron los frijoles, yo no cocino esta mierda&quot;. Entonces se lamentaba por la posibilidad de que ya nos hubiéramos comido &quot;algún gorgojo&quot; y comenzaba a sacar latas de leche condensada del saco de ocasión solo para darse cuenta de que había montones de frijoles picados - &quot;cernidos&quot; - y de que no valía la pena escogerlos porque era imposible &quot;encontrarlos&quot; a todos. Los gorgojos negros y diminutos salían de sus madrigueras a paso doble y mi mamá y yo hacíamos muecas de asco mientras ella los botaba junto con los granos picados para el piso. Cuando eso ocurría sencillamente nos quedábamos sin frijoles para comer y había que salir con toda la urgencia del mundo a conseguir la cantidad que se necesitara mientras llegaba la cosecha.&amp;nbsp; Una mesa cubana sin frijoles negros no es una mesa&amp;nbsp; bien servida. Algunos campesinos decidían &quot;limpiar&quot; un poco sus frijoles picados y venderlos a la &quot;gente del pueblo&quot; que los consumían como si nada porque desconocían el asunto de la &quot;picasón&quot; y de esa manera hacían realidad aquello de &quot;ojo que no ve corazón que no siente&quot;. Sin embargo el hecho de que un frijol destinado para comer se picara no quería decir que no fuera capaz de nacer. Casi siempre nacían en una proporción de mas del sesenta por ciento y entonces lo que hacían los campesinos era cambiarlos por los destinados para semilla que casi siempre se conservaban inatctos. La única diferencia consistía en que - por si acaso - en casos como ese había que echar unos cuatro o cinco granos en el surco. Mi madre decía que los malditos gorgojos no siempre podían comerse la &quot;matríz&quot; de los granos y por eso nacían sin ninguna dificultad. El campo de frijoles tenía unos diez cordeles y generalmente se necesitaban unas setenta y cinco libras.&amp;nbsp; A los hermanos le gustaba sembrar la frijolera entre el 4 y el 8 de Septiembre de modo que la cosecha se realizara en la primera quincena de Diciembre. El aguacero necesario casi nunca fallaba. Muchas veces lo había predicho la cabañuela correspondiente al día 9 del año en curso. Si el aguacero había sido demasiado contundente, tipo diluvio, entonces había que esperar a que la tierra escurriera para que los bueyes y los trabajadores no se empantanaran sobre el terreno. Casi siempre se esperaba por el &quot;próximo&quot; lunes. Entonces mi Tío Neno llegaba poco después del amanecer con un saco de frijoles al hombro en donde traía la parte de semilla que le correspondía. Generalmente unas 35 libras. Traía, además, un jarro de aluminio de cinco libras o un caldero viejo para hechar la &quot;semilla&quot; que se iba a sembrar. Recuerdo que yo empecé muy pronto a ayudarles con la siembra. Así que como el Curso Escolar comenzaba el 3 de Septiembre pues mi colaboración se hacía efectiva el 4 y el 5 por la tarde. A menos que, como excepción, comenzáramos la siembra un sábado. La siembra se llevaba dos días y fracción porque generalmente la realizábamos Tío Neno y yo. También mi padre nos daba una mano cuando se &quot;adelantaba&quot; algunos surcos. Mientras mi mamá preparaba el desayuno mi papá enyugaba a los bueyes y les enganchaba el arado criollo. O sea el arado que tenía una sola aleta de hierro, suficiente para hacer el surco correcto. Porque el arado para romper la tierra tenía dos aletas, una puntera más profunda y se llamaba arado mixto. El &quot;mixto&quot;, como le decía mi Viejo. Algunos años después comenzaría a usarse el arado americano de dos aletas y de dos manillas de hierro. El arado criollo para surcar nunca tuvo sustitutos. La surquería comenzaba en el borde del Río. Tío Neno y yo esperábamos a que mi papá diera cuatro o cinco vueltas para comenzar a sembrar. Surcar para sembrar no incluye marcar una emberga. Como la tierra estaba muy húmeda y licesita, sin terrones, yo prefería sembrar descalzo hasta que el sol subiera por el oriente y entonces me ponía los tennis.&amp;nbsp; En ocasiones tampoco usaba camisa y ello me ganaba la advertencia de mi madre &quot;muchacho, ponte la camisa que tienes la espalda achicharrá como la de un negro, parece pellejo de puerco asado&quot; Yo prefería echar la semilla en un jarro de cinco libras. Como siempre fui un chico hiperquinético - algo que me perseguiría toda la vida con igual intencidad - generalmente le cogía &quot;alante&quot; a Tíoneno y él me dejaba seguir después de haber cambiado de surco. Sembrar frijoles de agua requiere de cierta disciplina. Es necesario que nunca caigan a la tierra mas de tres granos aunque preferiblemente se plantan dos. Cuatro matas de frijoles no crecen como es debido porque tienen que compartir toda la riqueza de la tierra y ello implica menos cajetas, cajetas más pequeñas y por tanto menos granos. Sin embargo, la orden de mi padre y del Tío era que en caso de que se me fueran tres granos no me preocupara ni me agachara para recogerlos porque, de todas formas, si uno quería podía arrancar una o dos matas cuando se estuviera guataqueando. Otro detalle incluía la obligación de tapar muy bien el espacio en donde cayera la semilla porque se corría el riesgo de que no germinara debajo de tanto sol o de que las hormigas o los grillos se la comieran. Finalmente estaba el espacio entre los granos. Un pies y medio mas o menos. Porque las plantas no debían crecer aglomeradas. Tenían que empinarse sin contratiempos, libres de impedimenta para que produjeran todo lo que de ellas se esperaba. Mi velocidad me impedía a veces cumplir con este requisito pero mi padre y mi tío se hacían de la vista gorda. Nunca olvidaré que pocos años después tuve que sembrar solo todo un nuevo campo que mi papá había elegido al norte de la carretera, muy cerca de la casa de Eliseo Cabrera. Por algún motivo mi Tío no pudo ayudarnos. El caso es que me esmeré al máximo en la siembra y casi siempre logré echar dos granos/plantón en el surco. Pero de nuevo mi velocidad crucero me traicionó. Me pasé del &quot;pies y medio mas o menos&quot; y cuando los primeros brotes comenzaron a dejarse ver mi papá se dio cuenta. No importa - me dijo - tú verás lo que es esas matas cercer, se pondrán como un monte y parirán cajetas como una curiela. Tenía razón. Según él nunca un campo de frijoles había &quot;rendido&quot; tanto como el campo que yo sembré &quot;a mas de un pies y medio mas o menos&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Como ya he dicho cuando mi papá se nos adelantaba con la surquería detenía a los bueyes debajo del cocal o les dejaba coger algún bocado de yerba a la orilla del Río en tanto se nos unía en la siembra. Recuerdo que le gustaba sembrar con una palangana vieja y en ocasiones, cuando aplacaba el sol, echaba los frijoles en su propio sombrero de guano porque ya los tiempos en que usaba sombreros de jipijapa habían pasado al olvido. Mi papá era el rey de los aradores y de los surcadores pero, sin embargo, no se carcacterizaba por ser un surcador curioso. También era un tanto hiperquinético y ya he dicho que yo habría de multiplicar esa característica hereditaria. Comenzaba la surquería bastante derechita como hasta el décimo surco. Entonces el final de los surcos se iba alejando del final del penúltimo surco y cuando nos íbamos a almorzar ya los surcos parecían un arco de flecha, muy abiertos en el borde del Río. Pero nadie le daba importancia. Los surcos se hacían muy pegados. Uno al lado del otro. Sin medida. La distancia no impedía el crecimiento del follaje porque con toda seguridad había mas de un &quot;pies y medio&quot;. Recuerdo que yo lo fastidiaba mencionándole a Agustín de la Rosa. Agustín tenía fama de ser tan curioso surcando como lo era Pepesiverio con el serrucho y con el cepillo. Se decía - después yo sería testigo al lado de los larguísimos surcos de caña en los campos que se sembrarían con nuevas variedades importadas - que sus surcos eran &quot;como velas&quot;, sin el mas mínimo desvío, perfectos. Cuando fui &quot;testigo&quot; pude ver como ponía una balisa al lado del último surco y luego quedarme paralizado cuando veía a su nuevo surco llegar, exactamente, hasta donde estaba la balisa detrás del centro del yugo de su yunta de bueyes. El Viejo estaba de acuerdo con la calidad de surcador de su amigo Agustín pero nunca me contestaba nada. Como yo conocía muy bien sus silencios imaginaba que me respondía &quot;sí, está bien, pero yo surco casi el doble&quot;. Poco después de las once y media mi padre paraba de surcar, soltaba y amarraba a los bueyes en el lecho del Río si estaba seco, Tíoneno se iba para su casa y nosotros nos disponíamos a almorzar. Mi padre se quitaba las polainas y los zapatos y se ponía su eterno par de chancletas criollas - una par de zapatos descontinuados, cortados hasta donde solo quedaban las punteras - después de poner la camisa manguilarga en el cordel. Detrás del almuerzo estaba el reposo de rutina en la cama matrimonial en tanto yo ni me daba cuenta de que estábamos descansando y regresaba a mis rutinas mediodíeras de niño campesino. Por la tarde se repetía el ciclo. Y así hasta que todo el &quot;plan&quot; quedaba sembrado. Unos cuatro días mas tarde los dos empezábamos a &quot;julgar&quot; los surcos para ver si los granos ya habían &quot;reventado&quot;.&amp;nbsp; Para el quinto día ya era posible ver las puntas de las primeras maticas - una plantica tipo bejuco jorobado con una imitación de frijol partido en dos - asomando desde debajo de la tierra y cuando apenas nos habíamos dado cuenta todo el plan estaba nacido y las planticas se empinaban con velocidad de espanto. Unos días mas tarde todo el frijolal había superado la altura del surco en donde había nacido y el campo se convertía en una perfecta sabana verde de diez cordeles. Por suerte los puercos que estaban sueltos no hacían daño a las plantas de frijol y tampoco las aves de corral. Tal vez alguna gallina curiosa picoteara los primeros brotes pero nada más. A veces Septiembre llegaba demasiado lluvioso y eso nos ponía nerviosos. Porque al frijol solo se le da una guataquea y tiene que ser de prisa para que puedan crecer y &quot;cerrarse&quot; a como dé lugar. Si las lluvias septembrinas no se detenían el campo se &quot;perdía&quot; de hierbas. Por suerte las semillas de cardosanto no germinaban hasta el fin de la cosecha. Las de verdolaga y las de maloja y las de escoba amarga sí germinaban pero con ralativa fuerza. La verdaderamente mala era la sancaraña, una mata que se nos parecía mucho al arroz, con hojas de peluzas picantes y que crecía de manera desmesurada. Le bastaban tres semanas de lluvia y su altura se disparaba, tanto que llegaba a ocultar a todo el campo de frijoles. De modo que si la tierra continuaba &quot;entripada&quot; no quedaba otra alternativa que &quot;escaldarla&quot;. Vale decir, inclinarse entre los surcos y arrancarla toda de raíz con la mano hasta que regresara el buen tiempo y entonces se guataqueaba y se &quot;aporcaba&quot;. Después de una mañana de escalde el sol casi que secaba a los mazos de sancaraña tendidos en la calle entre los surcos y las matas de frijol lucían muy altas y muy flacas como garsas descansando desesperadas por un aporque que les cubriera medio tronco con tierra fresca. En ambos casos - con y sin escalde - era muy fácil guataquear frijoles. Tirábamos la guataca en la &quot;calle&quot; y la halábamos contra nosotros una o dos veces tratando de ganar terreno. Entonces los próximos movimientos con la guataca consistían en aporcar a las plantas. Cuando las dejábamos atrás se veían lozanas y hermosas, sin aquellas patas flacas hijas del escalde. El aporque es algo tremendamente necesario para que la planta pueda crecer fuerte y firme y aumentar su follaje. Recuerdo que en mi casa había dos guatacas. Una marca Bellota - española - que llevaba mucho tiempo en manos de mi papá y otra, criolla, que era la que usaba yo cuando él estaba guataqueando. Bellota es una marca española de aperos de labranza muy solicitada por los campesinos cubanos. La Bellota de mi padre tenía un cabo medianamente largo - creo que de guabán - y un encabe perfecto que había hecho Agustín de la Rosa. Mas allá de su capacidad para surcar derechito y fabricar yugos de bueyes perfectos Agustín también era el rey de los encabadores de guataca. Gran parte de las guatacas del barrio estaban encabadas por él. Agustín había nacido para eso. Le daba la redondez perfecta a la parte del cabo que iba a introducir en el ojo de la guataca y cuando rajaba la madera para meter la cuña (tambien de madera) el cabo quedaba &quot;soldado&quot; para toda la vida. Jamás se aflojaba aunque le dieran mil soles. La guataca de mi padre duraría muchísimos años después de su muerte y nunca se aflojó como no fuera el aflojamiento natural que se resolvía metiéndola en un charco con agua para que la madera se &quot;hinchara&quot;. Tampoco se gastó tanto a pesar de los infinitos amueles a que fue&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;sometida durante el curso del tiempo. Pierdo la historia de la guataca inmediatamente después de que nos mudamos para Caibarién. Pero es muy posible que me la llevara a la ciudad y que la usara, mas tarde, para trabajar con ella preparando las mezclas con cemento y arena y hormigón durante la reconstrucción de la casa. Mi guataca era una guataca corriente de modo que estaba encabada por nosotros mismos y lo que buscábamos era que siempre tuviera muy buen filo y que la parte del cabo que se introducía en el hueco de la guataca tuviera aquella jorobita que aumentaba el ángulo respecto a la tierra. La de Neno también estaba encabada por su famoso cuñado y se la llevaba para su casa cada vez que se terminaba la guataquea. Cada guataqueador llevaba un fleje de hierro o algún cuchillo viejo en el bolsillo para limpiar la guataca cuando la tierra o el fango se le pegaban en el filo. Recuerdo que las amolábamos con limas también Bellotas. Las poníamos en el suelo y nos arrodillábamaos sobre su cabo y comenzábamos a limar el filo por la parte exterior, deslizando lentamente la lima. Cuando veíamos el despalme y al filo brillando como aceroníquel nos levantábamos y&amp;nbsp; entonces la colocábamos parada al lado de nosotros y volvíamos a agacharnos o a inclinarnos para pasar la lima por la parte interior, con menos insistencia porque ahora lo que buscábamos era &quot;asentar&quot; el filo. Las guatacas quedaban &quot;como una navaja&quot;. Que afeitaban. Debí esperar algún tiempo hasta que me dejaran amolarlas. Después también tendríamos guatacas y limas de producción nacional. De segunda categoría. Fueron los años en que las daban por &quot;cuota&quot;. Una por cada campesino. Lo que disparó la bolsa negra, por supuesto. Conseguir una guataca criolla o una lima que no &quot;amolaba&quot; ni un tubo de calabaza podía costar una fortuna. Sin embargo en el barrio había dos guatacas Bellotas muy famosas. Yo tendría la posibilidad, años mas tarde, de probarlas y de comprobar que no tenían &quot;comparación&quot;. Se trataba de las guatacas de Angelito Barrios, el tío materno de mi primo Raúl. Angelito mismo las había encabado y las cuidaba como si fueran parte de su propia familia. Sobre todo destacaba el amolado. Les hacía un amolado hermoso y parejo. Con la originalidad de que había logrado que el filo de sus guatacas formara una media luna en donde sus esquinas (gavilanes) eran un par de garfios que se metían en cualquier parte en donde hubiera malezas sin dañar a la planta. Recuerdo que su cabos largos (posiblemente de guásima) tenían la curvita necesaria, no pesaban casi nada y que también eran verdaderas navajas. Angelito Barrios era una especie de Agustín de la Rosa que encababa sus guatacas del &quot;otro lado&quot; del Río. Terminada la &quot;mano de guataca&quot; guardábamos los aperos de labranza y nos disponíamos a esperar que la frijolera creciera, se cerrara y comenzara a echar las guías.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Cuando las plantas estaban listas para comenzar la parición expandían su follage, alcanzaban su altura stándar - unos cuarenta o cincuenta centímetros - y las hermosas hojas adquirían un verde intenso. Todo el campo era una alfombra pareja en donde muy pronto comenzarían a elevarse unos bejucos verde claro que se curvaban sobre la mata y chocaban entre ellos, repletos de flores primero y después de algunas cajetas pequeñas que dejarían su lugar a las verdaderas cajetas de que se llenaría la planta cuando la floración lila les dejara su lugar. El campo de frijoles florecido, con sus guías superiores entrelazadas al manacer, era una verdadera sonrisa para la vista. Como el frijol es una planta que crece contra reloj porque tiene que estar lista sobre los noventa días pues muy pronto aquellas cajeticas minúsculas que salieron de las flores lilas alcanzan un tamaño como de ocho centímetros y los granos van llenando los escaques con los que han nacido diseñadas para albergarlos. Recuerdo que siempre comenzaba rompiendo las cajetas para ver como al principio solo había una baba gelatinosa en donde nadaba un repunte de grano blancuzco que a veces me echaba en la boca para sentir su sabor vegetal indefinido. Las rompía con las uñas de los dedos pulgares de cada mano. Pocos días después ya la baba se había esfumado y dentro de la cajeta los granos, perfectamente formados, casi blancos, comenzaban a crecer desmesuradamente hasta acabar de llenar sus cámaras y tomar una coloración gris azulada que enseguida daría paso al negro impecable. Porque lo que sembrábamos en casa era frijol negro. Raramente mi padre y mi tío sembraron frijol colorado o alguna otra variedad antes de 1967. Cuando los frijoles todavía no habían alcanzado su color definitivo mi madre se metía en el campo y arrancaba algunas matas y les quitaba las cajetas sobre la mesa del comedor. Allí las abríamos y echábamos los granos sobre el mantel de la mesa por si hubiera alguno imperfecto. Cuando llenábamos una lata y media de leche condensada mi madre decía que ya estaba lista su &quot;comida de frijoles tiernos&quot;. Ya he dicho que mi madre era famosa - entre otras cosas - por su capacidad profesional para hacer potaje de frijoles negros. Conservo en mi paladar el sabor del frijol tierno. No era el mismo sabor que el sabor de un potaje de frijol negro &quot;hecho y derecho&quot; porque sus granos aún no tenían la consistencia necesaria y por tanto uno podía sentir que todavía estaban medio &quot;movidos&quot; y que su caldo no se espesaba suficiente y por eso no llegaba a ser un potaje de verdad. Lo que le daba un sabor a hierba condimentada que en verdad no nos desagradaba. Recuerdo que la cantidad de frijoles necesaria para el &quot;día&quot; estaba alrededor de una lata o de una lata y media de leche condensada. Con eso teníamos para almuerzo y comida. Además, mi mamá sabía como hacerlas &quot;crecer&quot;. Excepto si alguien llegaba y se pegaba la &quot;gorra&quot; durante el almuerzo y resultaba que comía tanto &quot;como Juan Tomás&quot;. A mi mamá no le gustaba cocinar frijoles para la comida y como nadie se quejaba de consumir los de la mañana por la tarde pues eso nunca había cambiado. Además, otras veces se destinaban a hacer congrís y para hacer congrís - incluso los del día anterior - eran un &quot;batazo&quot;. Cuando mi hermana comenzó a comer como cualquiera de nosotros entonces sí fue necesario aumentar la cantidad y entonces mi mamá podía llegar hasta las dos latas para todo el día. Desde pequeña mi hermana fue una gran consumidora de potaje de frijoles negros. Hoy mismo puede prescindir tal vez del arroz: que jamás de los frijoles. En realidad mi madre no tenía nungún secreto especial para hacer el &quot;mejor potaje de frijoles negros del mundo&quot;. Si lo tenía nunca lo dijo. Sin embargo no le desagradaba que le dijeran que lo tenia y le encantaba que la gente disfrutara sus potajes pero no le daba importancia. Pasaba como con su famosa sambumbia con borras residuales de café. Recuerdo perfectamente su rutina de cocinar los frijoles cada mañana. Escogía la cantidad stándar al amanecer sobre el mantel de la mesa - el mantel podía ser un papel amarillo de los de palnchar o un saco ligero poco mas grande que la mesa -&amp;nbsp; y los lavaba dos veces en el fregadero. Luego los echaba en el caldero de &quot;toda la vida&quot;. Un caldero blanco de hierro &quot;irrompible&quot; con dos asas y sin tapa propia. Tav vez se tratara de un caldero de diez libras o poco más. Vertía en él los frijoles lavados y le echaba la cantidad de sal y agua que ella creía necesitaban y lo ponía sobre los flejes del fogón de leña a fuego total hasta que la leña se convertía en brazas. El potaje generalmente llevaba unos dos agregados de agua porque la candela la gastaba. Con la &quot;tercera agua&quot; ya los granos estaban blanditos e hinchados pero sin romperse todavía. De alguna manera ella sabía qué era la hora de hacer el sofrito. Para lo que cogía un viejo picador de madera de cedro y lo colocaba sobre la primera base del fogón encenizado o sobre la base del fregadero y comenzaba a picotear tomates de cocina (de los mas pequeños y cosechados en algún lugar orillero de la finca, ajíes pintones criollos, cebolla y ajo. Ajo en cantidad suficiente como para que alcanzaran aquel buquet inigualable que le daba su sabor único. Ella sabía que a mí no me gustaba el ají - sobre todo el ají pimentón cortado en grandes pedazos - pero se las arreglaba para &quot;engañarme&quot; picándolos casi hasta volverlos polvo de ají. Finalmente me acostumbré. También podía ocurrir que les echara una pizca de comino y tal vez un pedacito de canela. Por aquellos años el aceite que daba el Gobierno por la cuota no alcanzaba para el mes de modo que ella sabía exactamente la cantidad de manteca de cerdo que llevaban dos latas de leche condensada de frijoles para que la grasa no quedara &quot;nadando&quot; en la superficie del potaje. Incluso sobre el tomate picado vertía un poco de salsa de tomate, la suficiente como para que no &quot;aguara o endulzara al potaje&quot;. Todo ese menjunje mágico y olorosamente incomparable lo sometía al fuego metido en la vieja sarten de &quot;culo prieto por el fuego y el humo&quot; y lo removía con la espumadera como si tostara café y cuando estaba a punto lo echaba sobre los frijoles blanditos que para entonces ya se estaban rompiendo ligeramente. Tapaba la olla de hierro irrompible con la&amp;nbsp; vieja tapa escachada de aluminio de siempre y solo la sacaba para ir probando poco a poco con la punta de una cuchara hasta que los frijoles estaban en su sazón y entonces los apeaba del fogón justo antes de que fuéramos a almorzar para que no se &quot;enfriaran&quot;. Aún cuando ella no era muy amante de incluír papas en el potaje porque las papas &quot;lo aguaban&quot; a veces lo hacía con trozos grandes cuando venía papa a la Tienda. También lo hacía con calabaza. Sin embargo sí le encantaba usar malanga porque la malanga los apotajaba todavía más. Solo que Plateros nunca fue tierra para cultivar malanga. La malanga se cultivaba en Jagueyal en tierras &quot;blancas&quot;, había que ir a buscarla cuando fuera temporada y además siempre resultaba muy cara. Y finalmente lo último que mi mamá podía verter en una olla de frijoles negros eran chicharrones y huesos de puerco. Cuando nos sentábamos a la mesa muchas veces preferíamos comernos un plato de potaje solo antes de ligar el otro con el arroz y con las viandas. En verdad el sabor que había salido de aquella receta eterna y sin pretenciones era único. Nunca supimos cual era el secreto que permitía al caldero de frijoles salir del fogón perfectamente apotajado si los frijoles solo se hinchaban y aparecían casi intactos en nuestros platos. Mi mamá tampoco sabía. Me quedan así, no sé por qué, decía. Ahora bien es verdad que todo el menjunje se combinaba olímpicamente para ofrecer un buquet especial. Pero el profundo y a la vez sutil sabor del ajo era lo que ponía el toque de distinción inigualable a su potaje de frijoles. Años después, cuando era casi imposible conseguir &quot;de nada&quot; para condimentarlo todavía le quedaban excelentes. Cuando mi mamá le echaba a su potaje todos los agregados mencionados entonces el potaje &quot;crecía&quot; de verdad y fácilmente podían comer más de cuatro personas. En su defecto en ocasiones como esa con un &quot;jarrito&quot; sobraba. Recuerdo los montones de veces que los hijos de los familiares que vivían cerca de casa se llegaban a la hora de la comida con un jarrito y se paraban en la puerta sur del comedor, apenados, y decían &quot;Niña, dice (María o Caridad o Lydia) que le mande un poquito de frijoles&quot;. En todos los casos mi mamá se las arreglaba para complacer la petición. En contadísimas ocasiones mi hermana y yo lo haríamos. Por la sencilla razón de que no nos gustaba para nada lo que cocinaban otras mujeres. Tanto como por el sabor especial de &quot;los frijoles de La Niña&quot; los chicos también buscaban algo para &quot;mojar el arroz seco&quot;. Porque no todos se podían dar el gusto de tener un plato de frijoles que llevarse a la boca o porque su cosecha no llegó hasta la primera quincena de Diciembre. Podía ocurrir que a veces los frijoles que se habían dejado para el consumo no alcanzaran hasta el primer día de la cosecha y entonces había que seguir comiendo frijoles tiernos. Otras veces mi padre le pedía prestado un cubo número ocho a algún vecino que ya hubiera terminado la cosecha o que le quedara algún remanente del año anterior. Entonces una mañana nos dábamos cuenta de que las hojas de las matas estaban perdiendo su coloración verde intensa, que comenzaban a caerse de sus gajos y que el color pasaba a ser naranja oscuro. Unos días después toda la mata era un aguacero de hojas maduras y débiles, llena de cajetas secas, desnuda del follaje invicto de los buenos tiempos. Apenas se podían tocar a las cajetas porque el sol terminaba por ponerlas tostaditas y con el menor contacto se abrían y los frijoles, listos ya, caían sobre la tierra. Ahora sí el potaje de mi mamá alcanzaba el sabor que tendría durante todo el resto del año. A finales de Noviembre el campo de frijoles era un campo repleto de esqueletos de matas secas, llenas de cajetas secas y entonces yo trataba de gatear hasta mas o menos la mitad de alguna mata de coco para ver el campo desde arriba. A veces los cocos secos caídos durante la noche anterior provocaban un reguero de granos debajo de sus cajetas rotas. Para entonces, las gallinuelas - que habían estado ocasionalmente interesadas en la floración de las guías - habían abandonado los predios del campo de frijoles y habían regresado a sus espacios del Río. Mi papá decidía una noche de taburetes en el patio sur cuando íbamos a coger los frijoles. Esa noche - u otra cualquiera - tal vez hubiera visitantes en la casa y la conversación podía girar sobre el &quot;número de cajetas&quot; que era capaz de parir una mata. Algunos de los vecinos famosos por su capacidad para fabular - decir mentiras - aseguraban que habían contado hasta &quot;sesenta cajetas por mata&quot; en sus campos de frijoles. Otros bajaban un tanto las cifras. Nunca nadie admitía que sus matas habían parido &quot;menos de cuarenta cajetas&quot;. Mi padre les escuchaba con atención y sonreía para sí. Porque él muy bien podría haber asegurado que una de sus matas había parido &quot;cientos de cajetas&quot; y contar de cajetas con &quot;más de veinte granos&quot;. Y los visitantes le hubieran escuchado sin chistar e incluso algunos le hubieran creído. Pero no lo hacía. Tal vez porque las fábulas con frijoles no eran tan originales. Cuando le preguntaban contestaba que no las había &quot;contado&quot; pero que le parecía que tal vez pudieran tener &quot;cuarenta o cincuenta cajetas&quot;. Yo me ocupé de contarlas montones de veces. El campo de frijoles de mi familia tenía fama de ser un campo que daba frijoles blanditos todo el año, como &quot;seda&quot; y cuyas matas alcanzaban un tamaño considerable. Lo cual era muy cierto. Lo decían los propios vecinos. E incluso lo admitía La Gata, cuyo campo de frijoles estaba a menos de cuatroscientos metros del de nosotros. Jamás pude contar mas de treinta cajetas por mata. Tal vez un poco más. Tampoco lo logré en los campos vecinos. Pero es posible. Fábulas aparte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&quot;Coger los frijoles&quot; llevaba su tiempo de preparación. De entrada se necesitaba un &quot;telón&quot;. Un telón es una gran manta confeccionada con sacos de yute cosidos con pita o con ariques en donde se depositan las plantas de frijoles para &quot;trillarlas&quot;. Nunca resultó fácil conseguir los sacos en la Cuba de entonces. Generalmente se usaban los sacos de azúcar negra de a dos quintales. Los que le iban sobrando a Juanito el de la Tienda muchas veces ya tenían dueños y en verdad no se podía contar con ellos. De modo que mi papá tenía que hacer lo que siempre hacía. Se iba hasta el Puerto de Caibarién y hablaba con sus amigos de las patanas que llevaban las sacas de azúcar hasta el puerto de aguas profundas de Cayo Francés y ellos siempre le resolvían los sacos necesarios. Por supuesto que mi papá los recompensaba con productos del campo. También los tenderos del pueblo podían resolver el problema de los sacos para el telón. Un telón stándar podía contener 64 sacos. O sea ocho sacos cuadrados. Teniendo en cuenta que el telón va levantado en sus cuatro esquinas y en el centro de sus laterales - ajustado a postes clavados en la tierra - es posible trillar frijoles sobre un telón mas pequeño. Puede ocurrir, además, que no siempre haga falta conseguir sacos porque un telón bien conservado puede durar algunos años. Y ello incluye prestárselo a otros agricultores que, generalmente, se hacían los bobos en espera de que alguien terminara por cedérselos. Lo malo de guardar los telones era que ello los pone en las fauces de los ratones pequeños: los guayabitos. De modo que era necesario esconderlos bien lejos de su habitat porque si pueden descubrirlos lo desbaratan con sus dientes afilados y entonces hay que llenarlos de remiendos. La recogida de frijoles también necesita de trancas de madera para que los trilladores golpeen los mazos secos sobre el telón. Aunque a veces se usaban palos de bienvestido generalmente utilizábamos varas de guamá que eran mas derechas y mas pesadas y que conseguíamos en La Chorrera o al este de la Poza de Rafael. Cuando no teníamos ayuda necesitábamos tres trancas de guamá. Durante algunos años mi tranca fue mas pequeña mas allá de que yo me considerara un muchacho con &quot;mucha fuerza&quot; y tratara de demostrar a mi padre y a mi tío que tenía &quot;tanta potencia como ellos&quot;. Coger los frijoles solo eran tres palabras que se pronunciaban cuando hablábamos de los preparativos. Una vez que estuviéramos listos para cosechar la acción pasaba a llamarse &quot;la trilla de frijoles&quot;. O sea &quot;mañana vamos a trillar frijoles&quot;. Vale decir &quot;caerle a palo limpio&quot; a las matas depositadas sobre el telón hasta que consideráramos que no quedaba ni un solo grano en las cajetas. Nunca había apuro por acabar la trilla. Porque es necesario golpear el tiempo necesario, revolver muy bien las &quot;fritadas&quot; y finalmente removerlas con la mano para que no se escape ni un solo grano entre la gandofia. Mi papá era el hombre de las fritadas. Posiblemente fue él quien bautizó cada trilla como &quot;la fritada&quot;.&amp;nbsp; O la &quot;fritá&quot;. Cuando recogíamos los frijoles - cada hombre llevaba dos surcos - apenas nos levantábamos de la calle y nos íbamos colocando las matas debajo del sobaco mientras las arrancábamos de raíz con la mano libre. Las matas estaban muy débiles para entonces y salían con relativa facilidad de la tierra. Recuerdo que como no tenían hojas las cajetas, las raíces y cada sobrante de la planta nos hincaban constantemente los laterales del pecho y por eso a veces usábamos un saco debajo de las axilas para contrarrestar la molestia. A mí me estorbaba el saco para trabajar así que usaba una camisa de corduroy u otra cualquiera de manga larga. Como los surcos eran muy largos - y se hacían mas largos a medida que nos íbamos acercando a la cerca de Gucende - pues los dejábamos mas o menos por la mitad y colocábamos los mazos de frijoles en un espacio destinado para ello en medio de la parte del campo que pensábamos recoger, con las puntas hacia arriba para que pudieran apoyarse y no se ladearan contra el terreno. Durante toda la mañana mi papá se ocupaba de removerlas y de estrujarlas para que perdieran el rocío que les pudiera quedar y cogieran todo el sol que pudieran para que se pusieran como &quot;galleticas tostadas&quot; y sus cajetas pinchudas se abrieran con el primer tablazo de guamá. Cuando terminábamos la jornada - solo recogíamos el frijol por la mañana porque después de las once y media el sol era capaz de desbaratar las cajetas en donde quiera que las sujetáramos - nos íbamos a almorzar. De modo que la trilla consistía en recoger por la mañana y en trillar por la tarde. Cada vez que terminábamos la mitad de los dos surcos y nos preparábamos para regresar por los otros dos la distancia aumentaba alrededor de medio metro y así, inevitablemente, hasta que al final del campo ya nos iba quedando muchísimo menos terreno por recoger. Igual ocurría durante la temporada de la guataquea. Cuando Tíoneno llegaba sobre la una y media de la tarde ya mi papá y yo teníamos el telón colocado muy cerca de la mata de coco del noreste, levantado sobre los postes de bienvestido y con las tres trancas de guamá sobre su base. A veces también llenábamos un porrón o un cubo de agua (con su jarrito) para no tener que regresar a la casa cuando nos diera sed y lo colocábamos debajo de cualquier árbol o manigua que les garantizara sombra. Tíoneno y yo tomábamos poseción de rompecajetas sobre la base del telón - podía ocurrir que algún amigo o familiar nos ayudara y entonces yo realizaba otras tareas - mientras mi papá preparaba su primera &quot;manta&quot; con las matas resecas de frijoles para tirarlas sobre el telón. Una manta para echar las matas de frijol podía ser una saca de azúcar prieta sin abrir o un saco mas pequeño abierto por los laterales o por el fondo. El le vertía todas las matas que pudiera y se la colocaba a un costado como si anduviera con un niño enjorquetado sobre una parte de su cuerpo. Caminaba hacia el telón y las tiraba sobre el borde superior entre un poste y otro poste. Regresaba y le veíamos recogiendo las matas que se le habían caído durante el viaje. Tíoneno y yo comenzábamos a golpear lentamente para irlas ablandando porque sabíamos que una fritá lleva por lo menos seis mantas. A veces le ayudábamos al Viejo durante la primera fritá porque para la segunda ya él había cogido ventaja y podía tener las cinco mantas listas. Entonces se metía al telón y nos ayudaba a trillar. Trillar frijoles tiene su diseño. Cuando lo hacen dos personas o más. Se necesita de mucha sincronía. Por eso antes de comenzar a golpear la fritá se establecen los turnos para tirar la tranca de guamá. Tú, tú y yo. Pero por mucho que los golpeadores se cuiden siempre habrá algún guamá que golpee el guamá del otro sobre la fritá y aquel perciba el cimbrear de su palo en todo su cuerpo. También puede ocurrir que si alguien se acerca demasiado a la fritá pueda golpear la mano o el zapato del que está enfrente. Todo el tiempo se puede escuchar &quot;ten cuidado, échate pallá, espera que te toque a ti que me vas a desgraciar la mano&quot;. Generalmente no pasa nada pero siempre ocurre algo. Durante mis primeros trabajos como golpeador de fritadas prefería dar palos al borde de la frita. En aquella parte no había problemas porque yo trillaba solo. Cuando se han dado suficentes trancasos a las fritadas entonces comienza el bamboleo. Se meten las trancas debajo de lo que va quedando y se levantan como hacen los actores de las películas cuando trabajan con el heno en los corrales del ganado. Ello hace posible que todos los granos enredados en la gandofia caigan sobre el telón. Y todavía el cuidado se extrema. Recuerdo que nos arrodillábamos sobre el telón y hacíamos lo mismo con las manos y cuando estábamos seguros de que no había quedado un solo grano entre la basura era que decidíamos botarla hacia uno de los lados del telón. El mecanismo era casi infalible. Digo &quot;casi&quot; porque cuando pasaban los días y mi papá quemaba todas las pilas de basura había montones de maticas germinadas y lo seguirían habiendo cuando en el lugar de la quema solo hubieran quedado cenizas. Cuando acabábamos la trilla del día nos volvíamos a agachar sobre el telón. Para recoger toda la basura posible y dejar la pila de frijoles negros bien limpia para iniciar el &quot;aventado&quot;. Recuerdo que pasábamos nuestras seis manos por sobre el borde de la pila de granos e íbamos rastrillando, recogiendo y botando y después las metíamos dentro y la revolcábamos y rehacíamos lo mismo. Cuando sobre el telón no había otra cosa que unos dos o tres quintales de frijoles mi papá se iba a la casa y traía un taburete y la palangana y pasaba por donde estaba el cubo número ocho ahora vacío y también lo agregaba. Lo metía todo en el telón y se subía sobre el asiento del taburete. Mi Tío y yo le íbamos alcanzando las vacijas llenas de frijoles y él las levantaba sobre su cabeza y comenzaba a dejar caer los granos sucios sobre el telón. Esperaba que hubiera suficiente brisa y se colocaba del lado que soplara el viento. A veces se detenía para esperar a que llegara la brisa y sujetaba la vacija sobre su cintura. Mientras aventaba mirábamos la cascada de frijoles negros hermosos y limpiecitos cayendo sobre el telón y cuando le teníamos la próxima vacija llena nos separábamos del sitio en donde estuviera cayendo la basura batida por el viento. Casi nunca podíamos evitar llenarnos de los residuos que caían sobre nuestras cabezas o sobre mi pecho desnudo. A veces mi Viejo se tiraba del taburete y batía su sombrero sobre la orilla exterior del aventado en el borde del telón para ayudar a la limpieza del frijol en tanto volviera la buena brisa. Yo no podía esperar a que acabáramos de trillar para quedarme sin camisa. Andar sin camisa es algo que también heredé. Hasta hoy. Siempre quedaba alrededor de un cubo número ocho sin aventar. Se trataba del &quot;rastrojo&quot; y estaba lleno de terrones que habían salido pegados a las raíces, de piedrecitas y de pedazos triturados de las matas de frijoles. Mi papá lo colocaba detrás del telón y cogía el jarro de aluminio de cinco libras y comenzaba a echar veinte jarros en cada saco. Los sacos de llenado podían ser del año anterior o conseguidos por las mismas vías empleadas para conseguir los que hicieron posible la confección del telón. Eran sacos mas pequeños - de azúcar blanca o de harina de trigo - y aguantaban unas cien libras. Recuerdo que mi papá los iba levantando con sus dos manos cogiéndolos por sus esquinas para que el grano se &quot;asentara&quot; con los golpes contra la tierra y que cuando tiraba el último jarro de cinco libras le daba las últimas sacudidas y comenzaba a unir la boca del saco eliminando espacio hacia el centro con sus dedos hasta que solo quedaba una moña. Entonces le daba los sacudones finales y le pedía a Tíoneno que amarrara la boca bien fuerte con los ariques húmedos que habían estado metidos en el agua de la batea desde por&amp;nbsp; la mañana. En ocasiones lo hacia él y a veces hasta me dejaban amarrar a mí. El Viejo cogía el arique con una de sus manos, lo batía al ire para que escurriera y comenzaba a enrollarlo tipo tirabuzón para que no se partiera. Un arique es muy duro y solo viendo como se amarra un saco lleno de frijoles es que uno llega a darse cuenta de los tirones que puede resistir. Generalmente se dan dos o tres vueltas vueltas a la moña, se mete la punta del arique entre la la última vuelta y se aprieta al máximo halando las dos puntas. A veces se hacía un segundo nudo sobre la moña para lograr mayor seguridad. Cien libras no es un peso tan grande y por eso ellos llevaban los sacos al hombro hasta la casa. A veces uno le ayudaba al otro a &quot;echárselo&quot; cogiéndolo por el culo y levantando. Podían ser trasladasos sobre uno de los hombros o sobre la espalda como hacían los estibadores. Yo tenía la &quot;posiblidad&quot; de llevar las vacijas y el saco incompleto en los primeros tiempos. Porque si te echas una barbaridad de esas te puedes quebrar y llegar a tener un &quot;guevo&quot; tan grande como el de Ventoso, recalcaba mi madre. Mi papá partía cada trillada mitad por mitad y los sacos se quedaban en la casa hasta que se terminaba la recogida. A veces mi Tío se llevaba el rastrojo para que Tialleya lo limpiara o se lo dejaba a mi mamá. Otras se le regalaba a alguien que nos estuviera ayudando o a quien no tuviera tierra para sembrar y pasara por allí. A mí me gustaba mucho sentarme a la mesa y ayudar a mi mamá a escoger el rastrojo. A mi mamá no le gustaba tanto mi ayuda porque decía que yo &quot;me apuraba y lo dejaba todo casi igual&quot; y entonces ella tenía que hacer &quot;doble trabajo&quot;. Desesperado como tu padre - terminaba riendo y separando una parte del rastrojo para que yo lo limpiara solo utilizando un guayo grande. Tres o cuatro días después la cosecha estaba lista, mi padre sacudía muy bien el telón y lo doblaba en cuadros perfectos y lo amarraba con una soga y a veces lo metía dentro de otro gran saco para evitar que los guayabitos lo picaran y lo ponía en la esquina suroriental de la sala sobre el tanque de cincuenta y cinco galones que conservaba a granel una parte de lo que nos tacara. Entonces ponía la parte de Tíoneno sobre la rastra y se la llevaba hasta su casa en caso de que el Río no tuviera agua.&amp;nbsp; De lo contrario el viaje se daba a caballo. Generalmente la cosecha de frijoles llegaba hasta los once o doce quintales - tal vez un poco más - si ningún contratiempo climático lo impedía. Recuerdo que el terreno se hacía &quot;bajo&quot; a la orilla de la cerca de Gocéndez. Y que allí la tierra era medio arenosa y relativamente poco fértil. Cuando llovía mucho el agua se encharcaba y ni con zanjas de urgencia era posible desviarla toda hacia el potrero y hacia la laguna de Pablo. Ello provocaba que las plantas crecieran debilitadas, medio &quot;emborrachadas&quot; y que produjeran menos. Por suerte se trataba de una lista de tierra casi insignificante. Después le daba candela a las fritadas trilladas y entonces se preparaba para la cosecha del arroz - que era nula o muy limitada antes de 1967 porque todavía el arroz era un producto que se podía conseguir en las &quot;tiendas del pueblo&quot; - o la del maíz en caso de que hubiera decidido sembrar maíz dentro de la frijolera. Pero antes del fuego veíamos como algunos de los moradores del barrio que no tenían tierra recorrían todo el campo de frijoles buscando alguna mata quedada con alguna cajeta o cajetas sueltas. Y lo mas interesante era que - a pesar de que pensábamos que lo habíamos recogido todo - siempre salían, por lo menos, con una &quot;comida&quot; debajo del brazo. Sembrar maíz dentro de los frijoles se hacía ocasionalmente. Por mi parte mi interés de niño estaba centrado en un punto especial. La quema del rastrojo de los frijoles y la germinación de las miles de semillas de cardosanto que esperaban su turno debajo de la tierra me garantizarían otra temporada magnífica de casillos y de palomas que bajarían desde la Loma para hartarse de las mágicas semillitas negras hasta tanto mis trampas tumbaran al casillo y ellas quedaran, indefensas, debajo de las tablillas de bienvestido enaricadas.Y me garantizarían, además, que cada día el potaje de frijoles negros &quot;nuevos&quot; de mi mamá quedara sencillamente irresistible.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;La &quot;temporada de frijoles&quot; terminaba definiendo el stok que necesitaríamos para el próximo año.&amp;nbsp; Guardando el medio quintal sagrado para semilla,&amp;nbsp; separando la parte destinada a la familia que no tenía tierras, la de regalos, la de trueques con la gente del pueblo que llegaba con sus cosas para &quot;cambiar&quot;, la destinada a las ventas de urgencia y la de la comercialización oficial. Mi papá tenía un cliente seguro. Y muy fiel. Se trataba de Domingo el Curro. Domingo llegaba inmediatamente después de terminada la cosecha y compraba un quintal de frijoles. Entonces el quintal valía cien pesos, tal vez un poco más, y era una buena cifra para los tiempos que corrían. Como ya he citado la visita de El Curro para comprar frijoles en detalles en otra parte de estas Nostalgias no abundaré. Solo agregar que El Curro ya no era &quot;un muchacho&quot; y que todavía no se había casado. Lo que haría muy pronto. Cuando el Viejo se estaba quedando sin efectivo cogía algunas libras de frijoles - generalmente una arroba - y las vendía a sus clientes en Caibarién. Me parece que la libra estaba sobre el peso en el pueblo. De modo que regresaba con veinticinco pesos y eso era casi una pequeña fortuna para una familia que solo necesitaba comprar lo esencial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mis padres guardaban una cantidad&amp;nbsp; casi exacta de libras de frijoles para el consumo del año. Un quintal tenía veinte jarros de cinco libras. Cada jarro de cinco libras tenía nueve latas de leche condensada. O sea, cada saco de cien libras tenía ciento ochenta latas de leche condensada. De modo que dos sacos de cien libras tenían trescientas sesenta latas de leche condensada. Vale decir, una lata para cada dia del año. Pero con la llegada de mi hermana hubo que agregar media lata más al consumo diario. Ese agregado mas los &quot;agregados&quot; que siempre iban a ser necesarios a lo largo del año les daban una cifra aproximada que nunca violarían. La cuenta era fácil: trescientos sesenta y cinco días por dos latas igual setecientas treinta latas igual cuatro quintales aproximadamente. De donde se descontaban las pocas ocasiones en que no se cocinaba frijoles porque la carne en salsa les sustituía, los frijoles que daban por la cuota o las visitas a las casas de los familiares. Por esos motivos era que siempre llegábamos bien ajustaditos a final de camino. Cuando me bequé y cuando mas tarde lo haría también mi hermana mis padres disminuyeron el consumo y entonces hubo mas frijoles para &quot;evolucionar&quot;. En caso de que ese año mi padre hubiera decidido sembrar maíz de agua 2 dentro de la frijolera - el verdadero maíz de agua es el que se siembra en Abril - teníamos que esperar a que el maíz terminara de secarse para cosecharlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme Gonzalez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Swetwater, Miami, Florida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/3563858955815074872/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/la-cosecha-de-frijoles.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/3563858955815074872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/3563858955815074872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/la-cosecha-de-frijoles.html' title='La cosecha de frijoles.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-708226325142321606</id><published>2020-03-20T08:35:00.000-07:00</published><updated>2020-03-20T08:52:33.218-07:00</updated><title type='text'>Educacion y la mudada de Tiaobdulia.</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;He hablado en otra parte de las maneras que tenía mi familia de ir a la casa de Tía Obdulia en Yaguey. Podíamos ir en la yegua Perica por la carretera hasta donde un camino bajaba frente a la casa del viejo Gerardo Carbajal y se metía por entre aguacatales y ocujales hasta la vaquería de Luis García. Posiblemente el gran campo de aguacates fuera de Gerardo aunque también pudiera ser que fuera propiedad de algún miembro de la familia Rivero. Casi siempre el camino estaba lleno de charcos de agua y de pantanos pestilentes porque el follaje tupido no dejaba pasar la luz del sol. El camino pasaba por la orilla&amp;nbsp; occidental del gran potrero del señor ganadero. Había un par de puertas que vencer. Una de ellas casi estaba en la cuneta de la carretera y la otra cuando se llegaba al solar en donde estaba la casa de Tía Obdulia, su marido Antonio Fuentes y sus hijos. Las puertas siempre estaban cerradas. De modo que para abrirlas había que repetir el ritual de &quot;abrir una puerta de cerca de campo&quot; sin desmontarse del caballo. Como los hombres que comandaban a las bestias no querían bajarse de sus lomos empañados o enmonturados pues tenían que ladearlas contra la cerca, inclinarse con cuidado y tratar de sacar el asa de alambre del primer poste de la puerta. Con el poste en la mano intentaban entrar y cuando estaban dentro se repetía la rutina, ahora para cerrarla, pasando el asa sobre la madre de la cerca cuando el asa no estaba clavada en la madre. Dejar una puerta de potrero abierta podía provocar un caos de animales sueltos en la carretera o en las fincas colindantes. Además, una puerta era la frontera oficial del territorio del dueño. Que no siempre se quedaba callado cuando &quot;algún comemierda le dejaba la puerta abierta&quot;. A veces íbamos a la casa de la Tía Obdulia por los caminos interiores. Pero no podíamos salir a través de la cerca de Gocéndez porque ni la cerca que estaba a la orilla de mi casa ni la que estaba pegada a la casa de Domingo Chipucia tenían puertas. De modo que había que coger por el lecho del río cuando estaba seco o por el camino que pasaba por su ladera oriental en la orilla del cañaveral de Gaby, subir a la carretera y bajar por el camino que pasaba por el medio de la finca de Cándido Perdomo. Al final estaba la primera puerta clásica de potrero. Era la puerta que daba entrada a la casa y a la finca de Domingo&amp;nbsp; &quot;el isleño&quot; Chipucia. Unos quinientos metros al sur había otra puerta que llevaba a las fincas de Los Curros. Desde ahí hasta la casa de Tía Obdulia había montones de puertas en las fincas o en los pequeños solares que albergaban a las casas de los residentes mas pobres. Porque Los Curros eran gente relativamente acomodada. También lo eran Agustincito González y Los Abréus, cuya finca se abría un poco hacia el sur en donde la Loma se curvaba al suroccidente.&amp;nbsp; Pero por allí - en un espacio de unos tres kilómetros cuadrados - también vivían Vitico González, el primo hermano de mi papá (sin tierras), Amalio Aroche (apenas un solar) y Olegario López (solar y fracción), un señor que era hermano de Martín López el de Santa Rosa, padre de Tía Celín, esposa de mi tío carnal Pedro Leyva. Olegario estaba casado con una mujer que era pariente de mi padre, cuyo nombre y rostro no recuerdo y por eso a gran parte de la familia &quot;le extrañó&quot; que Fela la de Belillo se casara con Jesus el hijo de Olegario porque eran &quot;primos&quot;. Olegario tenía dos hijas muy parecidas. Una de ellas destacaba por su color de piel aceituna y por sus facciones aindiadas. Esta mujer se pasaba la vida celebrándome. Siempre nos recordaba &quot;lo inteligente y lo bonito&quot; que yo era. Admito que a veces me creía lo de &quot;bonito&quot;. Su rostro era el rostro perfecto para que mi papá le encontrara algún parecido y por ende le endilgara un sobrenombre. Así que le &quot;puso&quot; el &quot;Indio Hatuey&quot;. Hatuey fue uno de los aborígenes del país - oriundo de La Española - que enfrentó a los españoles cuando estos acababan de llegar a Cuba. Es famoso por decirles en su propia cara, mientras lo preparaban para quemarlo en la hoguera en nombre de la Santa Inquisición, que si personas de su calaña &quot;estarían alguna vez en el cielo él no quería compartir el paraíso con ellos&quot;. Parte de la familia siempre se refirió a la chica López como &quot;el Indio Hatuey&#39;. A veces solo se le decía &quot;el indio&quot;. Después de la última puerta comenzaba el gran solar que era parte de un potrero en donde estaba la casa de Tía Obdulia. Recuerdo que al sureste estaba la gran vaquería con paredes de listones estrechos de madera, piso de tierra y techo de zinc a dos aguas en donde jugaba con los primos y a veces con el hijo gigantón de Amalio Abréus. Me encantaba visitar la casa y hacer el viaje por los caminos de las fincas interiores. Pero ya he hablado de ello.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tía Obdulia era la hermana más instruida de la familia. Y era una de las hijas mayores de Ramón Leyva y de Prudencia. Por tanto fue una de las medio hermanas que ayudó a mi madre a criar y a cuidar a la nueva familia. Mi mamá me contaba que Tía Obdulia era tan buena estudiante que &quot;el Gobierno de Batista la premió con una beca en La Habana&quot;. Sin lugar a dudas esta era una gran información. A la que nunca pude dar un &quot;terminado&quot; porque los datos de mi madre eran&amp;nbsp; relativamente truncos. Fulgencio Batista y Zaldívar alcanzó el poder en Cuba a finales de los años treinta a través de un Golpe de Estado y gobernó legalmente cuatro años después de las elecciones generales de 1940 hasta 1944. Me refiero a su primer gobierno. Mi mamá nació en 1920. Digamos que la Tía Obdulia nació en 1925. No tengo el dato aunque pudiera conseguirlo. O sea que tendría unos 15 o 16 años cuando se ganó la beca. De haber sido en otro gobierno &quot;legal&quot; antes de 1934 hubiera sido una niña y no la hubieran dejado marchar. Es posible, además, que la beca fuera otorgada por los sucesores de Batista - Ramón Grau San Martín o Carlos Prío Socarrás - y entonces quien viajara a la capital de la República fuera una mujer hecha y derecha. Desconozco en qué consistía la beca. Pero me parece que tenía que ver con la rama &quot;Oficios&quot;. Tampoco sé de su tiempo de duración ni si hubo un cetificado o diploma ni si la Tía regresó sin graduarse ni si trabajó en Caibarién antes de casarse con mi Tío Manolo. Ahora bien, en dónde estudió mi Tía sus primeros seis grados de la Enseñanza Primaria?. Según mi madre había solo una &quot;escuelita&quot; de barrio, pobrísima, en el terreno que después sería la arboleda de Pablo Gocéndez. Ella misma asistió allí porque le &quot;encantaba estudiar&quot;. Asistió el tiempo suficiente como para aprender a leer correctamente y a escribir con cierta solvencia. Recuerdo que me hablaba de una de sus maestras con especial devoción.&amp;nbsp; De Caridad Almanza. Era un dechado de pedagogía y de humanidad. No sé de donde saqué alguna vez que la maestra se llamaba María Luisa Potestá. Fue un nombre que simplemente, se me &quot;pegó&quot;. O porque tal vez haya sido otra maestra. Mi mamá se reía cuando yo hablaba de nombre tal y repetía &quot;no, chico, era Caridad Almanza&quot;. Estaría la escuela allí mismo cuando Tía Obdulia creció?. Fue a otra en Yaguey o en Cambao o en Caibarién?. No sé. Cuando hablábamos de que mi papá era un &quot;animal con ropa&quot; porque solo había aprendido a poner malamente &quot;su nombre y apellidos&quot; - y mas bien &quot;parecían una rúbrica&quot; - lo justificaba diciendo que &quot;nunca iba a la escuela y cuando lo hacía no atendía a la maestra&quot;. Teniendo en cuenta que todavía yo no era un gran investigador genealógico nunca llegué a saber si asistieron juntos a la escuelita de Caridad Almanza. Lo que es posible porque solo se &quot;llevan&quot; cuatro años. Ya he dicho de donde le vino la inteligencia natural de que hacía gala mi padre. El caso es que un buen día la Tia Obdulia se casó con mi Tío Manolo &quot;Ramos&quot; González y al parecer olvidada de sus tiempos capitalinos se metió, por amor, en los tremedales cercanos a Jagueyal entre manglares y cangrejos, en el alero del mar, en donde mi Tío regenteaba una barbería de pobre que atendía a los cortadores de caña durante la zafra y a los cultivadores durante el tiempo muerto. El sitio, entre Yaguey Abajo y Jagueyal, se llamaba La Arrocera. Mi mamá no sabía por qué pero le parecía que era porque que por allí algunos agricultores sembraban bastante arroz. La Barbería del Tío incluía un pequeño lugar adyacente en donde se servía almuerzo y meriendas a los trabajadores. Hubo un tiempo en que era tanta la demanda que el local exigió la contratación de ciertos trabajadores. Estamos hablando de un período entre 1945 y 1955. Durante el cual mi Tío le &quot;hizo&quot; cinco hijos a mi Tía. Entre los trabajadores que se &quot;colocaron&quot; en La Arrocera estaba mi madre. La relación con mi padre estaba tocando fondo por motivos rutinarios y ella - que ya había acabado de criar a sus medio hermanos - decidió aceptar la oferta del cuñado. Fue allí a hacer de todo. Como una mujer orquesta. Cuando mi padre se dio cuenta de que estaba perdiendo la batalla contra la hija de Prudencia - ya era un hombre maduro - comenzó a visitar a su &quot;hermano&quot; en La Arrocera. Según mi mamá se llegaba por allá cabizbajo y silencioso, con el pelo &quot;normal&quot;, sin hacer chistes, solo motivado por lo que ambos sabían. Su trabajo en La Arrocera duró muy poco. Mi padre la preñó y se la llevaría poco antes del primer parto malogrado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mi madre tenía una palabra para significar que un hombre era un &quot;vago&quot;, alguien que no hacía nada, que no disparaba ni un chícharo. La palabra era, más que &quot;vaqueta&quot;, &quot;pendolá&quot;. No &quot;dar pendolá&quot; era dejar que las cosas pasaran sin que importara un comino resolverlas. La palabra se hizo muy popular entre algunos de mis primos y siempre la usaríamos para significar lo que significaba en labios de mi madre. También nos causaba risa y a veces hasta llegábamos a ironizar mencionándola. Mis intentos filológicos para tratar de encontrar su origen siempre fracasaron. Ni aunque haya dado infinitas &quot;pendolades&quot; por lograrlo. Pues bien, parece que mi Tío Manolo no aspiraba a nada mas que a cortar el pelo a los que se aparecieran por su barbería y para de contar. Una esposa y cinco hijos era demasiado para un salario de mierda. Entonces a mi Tío se le ocurrió la idea de tratar de irse a vivir para La Habana - allí vivían algunos miembros de la familia - en donde seguramente un barbero &quot;bueno&quot; tenía mas chance de sobrevivir. Como Manolo no daba &quot;pendolá&quot; un día se pelearon y muy pronto el Tío se fue para La Habana a cortar pelos de capitalinos - entonces no decíamos &quot;cortar el pelo&quot; sino &quot;pelar&quot; - y la Tía se juntó con un hombre magnífico del barrio Yaguey Arriba llamado Antonio Fuentes cuyo trabajo estaba relacionado con la carpintería y con las vaquerías. Hasta donde llega mi memoria ya la casa estaba al otro lado de la cerca del potrero de Luis García, delante de la vaquería que cité y es muy posible que estuviera en terrenos cedidos por el dueño. Lejos de La Arrocera, al sur de la carretera, en otro ambiente laboral. La casa era la casa típica de campo con la diferencia de que tenía pisos de cemento, sus habitaciones eran mas grandes y tenía un portal hacia el norte con techo de zinc. Antonio Fuentes no tenía hijos. Se hizo cargo de los cinco de su mujer, le hizo dos mas a la Tía y sería tan querido por aquellos como querían a su propio padre. Toda la familia lo adoraba. Sus hijastros siempre le llamaron &quot;Fuentes&quot;. Antonio, le llamábamos los demás. Manolito. Arelys. Mirtha. Mignorys. Fermín. Joaquín y Daniel. Manolo también se volvió a casar en la capital con una señora española a la que la familia llamaba &quot;la gallega&quot;, mayor que él y que, tanto como su mujer, siempre fue la amiga que lo cuidó y que lo controló. Porque la gallega sí que daba pendolá. La gallega Guillermina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Entonces nos enteramos de que Antonio y Obdulia &quot;se mudaban para La Habana&quot;. Antonio tenía algunos familiares en Santiago de las Vegas, ciudad satélite al suroriente de la capital y le habían convencido de que allá había mucho trabajo de carpintería y mas futuro para sus hijos que ya eran hombrecitos y mujercitas. Así que fuimos invitados a la mudada. Que era, en realidad, una despedida. Antes de que el camión se llenara con las cosas de la casa hubo todo un día de fiesta. Otra vez la memoria no me lo regala todo. Lo único que recuerdo es a la familia ayudando a montar las cosas en un camión que estaba del lado occidental de la casa, en el potrero de Luis García. Me parece que el camión era uno de aquellos camiones chinos cuya marca no recuerdo, de pésimo diseño que ya cité en otra crónica nostálgica. Y recuerdo también a Joaquín - hijo de Antonio - tirándose rollings conmigo en el gran patio oriental de la casa. No recuerdo a un solo familiar de los muchos que estaban allí. Tampoco a los familiares de Fuentes. Incluso no puedo ver a mis primas y primos González Leyva. Todos eran - excepto Daniel - algunos años mayores que yo. Ocurría que visitábamos la casa de Tía Obdulia con mucha menos frecuencia que a las otras casas de la familia y por tanto el roce con esos primos no era permanente. Tampoco ellos nos visitaban tanto. Algo que cambiaría cien por ciento desde que llegaron a La Habana. Recuerdo también que esa noche regresamos por la carretera y que yo iba montado entre mis padres sobre el lomo de la yegua Perica. Que había luna lunera, que había un cielo naranja al oriente y que una o dos estrellas fugaces se desplazaron por el cielo hacia el sur y que tanto aspaviento espacial me seguía provocando pavor e interrogantes extrañas. Mi infancia no impedía que me maravillara - y asombrara - ante la inmensidad de la naturaleza. Desde entonces los viajes a los sitios occidentales de Plateros se realizarían por la carretera. Con algunas excepciones. La casa actual de los herederos en Santiago de las Vegas es la misma - con ciertos retoques - en la que comenzaron a vivir aquel lejano año de la década de los sesenta. En el 2018 estuve allí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Conservo solo dos recuerdos anteriores a 1967 relacionado con la familia Gonzaáez/Fuentes Leyva. Y no estoy completamente seguro de si se trata de antes o después de que se mudaran para La Habana. El caso es que Monolo jr - Manolito - era muy joven y estaba estudiando, becado, en alguna escuela fuera del municipio de Caibarién. Es posible que estudiara Magisterio en Topes de Collantes. Un día se vino por mi casa y recuerdo que me dio un repaso de Español en la mesa del comedor. Pero me trató como a un niño del que se decía era &quot;muy inteligente&quot;. Vale decir, no me dio el chance de &quot;comérmelo&quot;&amp;nbsp; a preguntas. Entonces era, también, un Ferrer puro. El segundo recuerdo también pudiera estar sesgado pero la posibilidad de que sea de antes de la fecha mencionada creo que es de mas del cincuenta por ciento. De modo que me atreveré a incluirlo. Yo solo había oido hablar de Manolo &quot;Ramos&quot;. Mi papá lo mencionaba siempre con mucha devoción. Manolo era mayor que él. Todavía yo no había analizado muy bien la colección de fotos familiares que había en mi casa. Por tanto la única foto suya que había era eso: solo una foto más. Una foto tipo carnet en donde está, color sepia, con el pelo peinado hacia atrás, semiladeado y con la pinta Ferrer. Manolo no era un visitante frecuente al barrio de Plateros. Mucho menos lo sería después que se mudó para La Habana. Sin embargo recuerdo perfectamente la primera vez que lo &quot;vi&quot;. Posiblemente vino de vacaciones o a ver a su mamá. El caso es que montó su barbería en el portal de Tíacelia y cortó el pelo de montones de amigos y de familiares. No podría asegurarlo pero imagino que trabajaría gratis. Fui uno de los &quot;pelados&quot;. Recuerdo el taburete mirando hacia la carretera y al tío de La Habana pelándome &quot;rebajadito&quot; y recuerdo aquel trapo blanco caído sobre mi pecho desde la base del pescuezo para que mis cabellos no cayeran sobre mi ropa. Tío Manolo siempre se refería a mi papá como al &quot;loco&quot; y ese día de la maratón peluquera también lo hizo. Y dónde está el loco, recuerdo que me preguntó. No respondí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Durante las vacaciones de algún año de la enseñanza secundaria en Remedios mi Tía Fela decidió visitar a la familia en La Habana en compañía de su hijo Gersy y me invitó. De esa manera fue que conocí la casa de Antonio y Tíaobdulia en Santiago de Las Vegas. Desde que terminé el Servicio Militar en el año 1980 y hasta el año 2001 la visité montones de veces.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Swetwater, Miami, Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme Gonzalez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Marzo 20 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/708226325142321606/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/educacion-y-la-mudada-de-tiaobdulia.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/708226325142321606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/708226325142321606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/educacion-y-la-mudada-de-tiaobdulia.html' title='Educacion y la mudada de Tiaobdulia.'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-690103763085091033</id><published>2020-03-07T18:38:00.000-08:00</published><updated>2020-04-18T19:10:28.020-07:00</updated><title type='text'>Juego de niños y maniobras militares.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;La casa de la Tía Celia - que también era la casa de Pepe Siverio - era, posiblemente, la casa que mas cerca estuviera de la carretera de Caibarién a Yaguajay. Incluso, mas cerca, que la de Lala Rivero en Yaguey. Ya he dicho por ahí que la &quot;nueva&quot; casa de Tíacelia había sido cortesía de la Compañía de Mendoza que era la Compañía que había ganado la licitación para construir la carretera a finales de los años cincuenta del siglo XX. Varias casas campesinas estaban en el camino de la Vía y como en todas partes del mundo, las autoridades competentes están obligadas a indemnizar a sus dueños en caso de que las carreteras no puedan desviarse y tengan que pasar por donde están las residencias. Indemnizar casi siempre equivale a un cheque que permita a los perjudicados adquirir los materiales para que construyan otra casa en terrenos libres. Si el terreno libre es parte de la finca familiar, enhorabuena. En 1959 ya habían nacido todos los hijos del isleño Pepe Siverio y de Tíacelia. La primera casa estaba en la porción occidental de la Finca del Abuelo Manuel, muy cerca de la Casona Familiar. Y debió haber sido otra de las típicas casas campesinas que construían las nuevas parejas para iniciar su vida de casados. Posiblemente la casa estuviera en el mismo camino que le estaba haciendo competencia al Camino Real que pasaba al norte de la Finca, en el alero del &quot;segundo monte&quot; o muy cerca. El caso es que la Compañía de Mendoza no tuvo mas alternativas que conversar con Pepesiverio y esposa para saber que era lo que deseaban. Pepesiverio era un isleño versado y no tuvo que pensarlo dos veces. Era un carpintero de excelencia y tenía trabajo asegurado todo el año en la Sierra de Cándido Perdomo y sus servicios profesionales no tenían parangón en los anales carpenteriles de los alrededores. No había una sola casa o familia que no tuviera algún objeto &quot;made in pepe&quot; en varios kilómetros a la redonda. De modo que Pepesiverio dijo &quot;entréguenme los materiales que yo mismo me hago la casa&quot;. Y fue así que en pocos meses el viejo isleño construyó una casa perfecta y bellísima unos metros mas al sur de donde había estado la primera casa campesina por donde pasaría la flamante carretera Caibarién / Yaguajay.&amp;nbsp; Al nuevo tipo de vivienda se le llamaba &quot;casa de tejas y piso de cemento&quot; y llegó para poner un toque de distinción a un paisaje campestre en donde imperaba la típica casa con techo de guano, paredes de tablas de palma y piso de tierra. Años después yo me daría cuenta de que las nuevas residencias tenían elementos de la arquitectura californiana - importados por los dueños americanos de los centrales azucareros - y de que casas similares serían erigidas por&amp;nbsp; gente acomodada cuando la Compañía de Mendoza no tuvo que hacer mas erogaciones en relación con los &quot;bajareques que estaban metidos en su maldito camino&quot;. También me daría cuenta de que otras pocas residencias - muy parecidas - habían aparecido a lo largo de la Vía por motivos similares. A todos nos gustaba mucho la casa de Tíacelia. Había dos caminos para bajar hacia ella desde la carretera. Si veníamos de Occidente lo hacíamos por la gran ranfla en donde comenzaba la guardarralla que dividía las fincas de los Hermanos Isleños y que llegaba hasta la Loma, pegada a la casa de Belillo. Donde las cercas se juntaban había una puerta amplia de potrero y desde allí un camino breve llegaba hasta el portal de la casa de Pepe. Ya he dicho que en una de las madres de esa puerta era en donde se detenía Tíobura a meditar y en cuyo subsuelo el famoso curandero que sugirió Llille Lara encontró la botija que contenía el tenebroso daño que lo había convertido en un vegetal. El camino terminaba debajo de la mata de ateje, de modo que teníamos que entrar al portal por el Poniente. Cuando veníamos desde el Este - generalmente de la Escuela o de la Tienda de Juanito - bajábamos por un trillo angosto, pasábamos sobre la hierba de la cuneta y después de vencer al jardín entrábamos a la casa por el centro del portal en donde estaba unos de los tres puntales que soportaba al techo. También he dicho que para el momento en que mi memoria comienza a hacerse relativamente efectiva es cuando el Gobierno Revolucionario le arrebata a la Compañía de Mendoza la conclusión de la Vía y casi que la pone a trabajar como a un ente asalariado más de las autoridades intervencionistas. Por sus basamentos de alta categoría ingenieril y por la manera profesional en que sorteó ríos y riachuelos y venció a los sumideros casi costeños la carretera de Caibarién a Yaguajay - 34 kilómetros - está considerada una de las mejores estructuras civiles construídas durante la Cuba Prerevolucionaria.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mirada desde la Carretera la casa de Tía Celia era un techo&amp;nbsp; de tejas francesas inclinado (mediagua) cayendo sobre un portal apoyado en tres puntales con capiteles de copa amplia sobre piso de cemento y una pared de tablas aserradas con dos ventanas y una puerta central. Había un pequeño cuadrado de cemento antes de llegar al portal que hacía el papel de escalón. Un poste alto de madera en la cuneta interrumpía un tanto la visión. Se trataba de un poste que soportaba la cablería del teléfono y de la electricidad. Recuerdo sus aislantes de porcelana, al ruido monótono de las comunicaciones y a los pájaros posados en los alambres. A la derecha la mata de ateje y detrás del ateje una edificación rústica que era la carpintería de Pepe. Si decidíamos llevar la vista hasta el fondo del solar que correspondía a toda la casa podíamos ver el servicio al fondo derecho, una mata de guayaba y un pequeño maniguazo que se enredaba en la cerca del potrero de Abuela Keta. Si la mirada nacía en la casa de la Abuela la Casa de Tíacelia era una larga pared con cuatro ventanas, la otra mitad del techo de tejas francesas y una cornisa desde la que caía el otro tejado sobre el resto de las habitaciones. Desde la tercera habitación hasta el fondo del solar había tres matas de naranja blanca y la continuación oriental del maniguazo. Después de la segunda mata de naranjas había un caminito estrecho que llevaba hasta la cerca y entraba al guayabal de la Abuela (había que pasar entre los pelos de alambre) y continuaba serpenteando debajo de las matas de guayaba hasta desembocar en la puerta sur de la casa de Keta. Sin embargo el camino principal que conducía a la casa de la Abuela pasaba por el norte. Salía desde el oriente del portal, llegaba hasta la cerca - en donde ahora sí había una puerta con asa de alambre - y se tendía sobre el potrero al norte del guayabal y penetraba en casa de la Abuela por la sección occidental del portal. Mirada desde el occidente la Casa de Tíacelia era una pared con dos ventanas debajo de la segunda agua del techo y un pasillo en L que nacía al final de la segunda habitación, doblaba debajo de la canal metálica y se extendía hasta el fondo de la casa. Creo que en algún lado de este pasillo - o tal vez en algún sitio del portal - había un clásico &quot;limpiapiés&quot; campesino. Vale decir un par de pequeños postes de madera clavados en el suelo y sobre ellos un machete viejo, sembrado, con el lomo hacia arriba en donde quienes llegaban con los zapatos sucios se quitaban la tierra (generalmente el fango posterior a la lluvia) pasando por allí la suela de los zapatos. El techo del pasillo descansaba sobre cuatro puntales con capiteles idénticos a los del portal. Donde el pasillo hacía su angulo de noventa grados había un tanque de cincuenta y cinco galones (patio sur franco) para recoger el agua de lluvia que caía desde la canal metálica. La casa tenía una sala, una saleta y cuatro habitaciones. Buceando en mi memoria - repito - encuentro que para entonces Pepito (el hijo mayor) vivía y trabajaba en La Habana y que Pepe Siverio moriría muy pronto. Tíacelia compartía el cuarto matrimonial con Luis Enrique y Milagros compartía el segundo cuarto con Imeldo. Después estaba el comedor y la cuarta habitación, mas pequeña, en donde había una especie de cuarto de desahogo y parte de la carpintería de Pepe. Tal vez esta habitación también fuera dormitorio cuando Pepito aún no se había ido para La Habana. Recuerdo que yo fastidiaba a mi papá cuando le decía que la Tíacelia también vivía &quot;marginada&quot; en otra especie de Camino Real porque toda la parte occidental de la cerca del potrero separaba a su casa del resto de la finca. El Viejo nunca me respondía pero siempre pensé que pensaba &quot;con esa casa de millonarios ellos son los que nos tienen marginados&quot;. Conste que también la cerca occidental oficial comenzaba en la madre de la puerta. De modo que la casa de Tía Celia estaba fuera de la finca. Completamente cercada. Mi padre y yo sabíamos que estábamos bromeando con el &quot;encierro&quot; de su hermana y familia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;En algún lado he dicho que los primos y amigos se juntaban en casa de Pepesiverio para jugar. Como yo era mas pequeño que todos generalmente llegaba para mirarlos jugar mientras esperaba mi turno de alcanzarlos. Había juegos que se convirtieron en juegos clásicos. Digamos el juego de balines en el patio occidental, debajo de la mata de ateje. El juego de tirarse rollings con una pelota de beisbol en la Guardarralla de Miguel y competir para ganar al que mas errores &quot;defensivos&quot; cometiera. Allí fue donde - cuando crecí - aprendí a capturar las primeras pelotas tiradas hacia mi guante. E incluso a veces lograba ganarle al zurdo Tico, el&amp;nbsp; gigantón novio de Milagros, que era el que menos perdía. Había otra manera de divertirse pero no creo que pudiera llamarse &quot;juego&quot;. Se trataba de un alarde de habilidad y otro tanto de cojones bien puestos. Una hamaca de soga colgaba del gajo sur de la mata de ateje. Alguien comenzaba a mecer la hamaca cuando el niño que estaba montado había completado todas sus autoposibilidades de mecimiento. Entonces el objetivo era llegar a un gajo que daba para el oeste de la mata, soltarse de las dos bandas de la soga de la hamaca y sujetarse, con los pies colgando al vacío, hasta que la hamaca pendulara y lo alcanzara de nuevo y entonces había que soltarse del gajo y sujetarse de las sogas de la hamaca en fracciones de segundo. A veces los muchachos se caían pero no pasaba nada mas allá de que el gajo no estuviera tan cerca del suelo. Los padres siempre estaban alertando del peligro que conllevaba &quot;ese jueguito&quot; pero siempre perdieron la pelea contra la precocidad atrevida de sus hijos. La mata de ateje también era famosa por otros motivos. En temporada de parición sus millones de frutos rojos eran consumidos por las galinas - de las tres casas de familia - que entonces ponían sus huevos con una yema tan roja que en verdad eran una soberana delicia. Recuerdo que nos subíamos a la mata cuando los tíos nos lo pedían y sacudíamos los gajos con mucha fuerza y veíamos la gran lluvia de bolitas rojas cayendo sobre la tierra enrojecida mientras las gallinas se hartaban hasta el empalagamiento. Cuando no estábamos los niños los mayores cogían una vara de madera y golpeaban los gajos. En uno de sus esos gajos fue que mi padre, cansado de los dolores que le provocaba una muela y decidiendo no ir a la casa del dentista de la familia Manolo Caraballo en Caibarién,&amp;nbsp; ató una cabulla de alambre fino por una punta y se ató la muela mortificante con la otra y dio un tirón. Milagros me contaba, entre la sonrisa y el asombro, que aquella muela pendulaba de la cabulla como si fuera &quot;un niño sietemesino que jugara a los juegos de los niños grandes&quot;. Y agregaba que &quot;Rafael no había echado ni una gotica de sangre&quot;. Milagros estaba casi segura de que mi papá había amarrado la cabulla del gajo en donde colgaba la &quot;hamaca de los peligros&quot;. Otras veces los muchachos nos subíamos a la mata simplemente para conversar. Los mas pequeños seguíamos esperando. Porque entre el follaje también se hablaba de las nuevas bondades de la pubertad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Siempre he pensado que los portales de las casas semicalifornianas se construían solo para &quot;bonito&quot;. Tal vez para evitar que el agua pudriera la pared frontal de la casa. O que le diera menos el sol. El caso es que los portales se usaban muy poco. Y cuando se usaban era durante el día. Entonces se sacaba algún taburete de la mesa del comedor, se traía algún banco de madera o la gente se sentaba sobre el piso de cemento o en las orillas donde había la posibilidad de apollar los pies en la tierra. Recuerdo que Milagros había preparado una escena de misterio para cuando los primos y amigos mas pequeños estuviéramos cogiendo fresco en el portal. De pronto escuchábamos un ruido salido de ciertos golpes en algún lugar de la casa. Ella comenzaba asombrándose, preocupada, y nos mandaba hacer silencio con su dedo índice sobre los labios y haciendo pssss psss. Hasta que se repetía el misterioso ruido. Nunca sabríamos el motivo ni el sitio de donde salía el dichoso ruido y ella siempre nos dejaba con la impresión de que podía ser una bruja o algo que &quot;salía&quot; en la casa. Muy pronto se nos quitaría el miedo. Pero tuvieron que pasar años hasta que comprendiéramos del todo su puesta en escena.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Ya se sabe que el isleño Pepe Siverio era el mejor carpintero que vivió jamás en Plateros. Pepe, además, era un hombre culto. De modo que no es de extrañar que sus hijos - Siverio primero y Ferrer de cuarto apellido - salieran tan &quot;diferentes&quot;. Buenas personas, decentes y muy disciplinados. Cuando Pepe muere alrededor de 1965 ya Pepito estaba trabajando en La Habana hacia donde - como tantos - se había lanzado a buscar fortuna. A partir de entonces Pepito se echó a la familia sobre sus hombros. Les mandaba dinero y venía frecuentemente. Pepito era un gran buscavidas y de paso era un &quot;bicho cubano&quot; que sabía hacer muy bien las cosas. Que se las sabía todas. Un buen día decidió llevarse a la familia para La Habana. Recuerdo que una vez vino con su elegante novia Gladys y que hicieron una gran fiesta en el patio occidental de la casa. Recuerdo la mesa servida debajo de la mata de ateje y recuerdo los grandes melones partidos en dos tapas que le había regalado Domingo el Isleño (padre adoptivo de Tico). La fiesta fue notable. Pero fue mas bien una fiesta íntima. Lo que no evitó que algunas lenguas de la propia familia la consideraran &quot;una fiesta de ricos&quot; sin invitados &quot;pobres&quot;. En otra ocasión yo llegué temprano en la mañana a la casa y la puerta de la saleta estaba abierta y había como tres muchachos levantándose de colchones tirados en el piso. No los conocía pero dos de ellos tenían pinta Ferrer. Se trataba del hermano de Pedro Luis Ferrer, Frank, del primo Raulito Ferrer y de un amigo de Pepe que los había acompañado. Y no sé por qué desde esa mañana sentí que me encantaba la manera informal de llegar a algún sitio y pasarla de la manera menos ortodoxa posible. Con desenfado. Por cierto, Pepito era quien nos traía, desde la capital, gran parte de los guantes, de los bates y de las pelotas con que jugábamos a tirarnos rollings en la Guardarralla de Miguel o a echar partidos en el potrero de mi Tío Nene bajo las órdenes de mi primo Raúl. Raúl era uno de los mejores amigos que tenía Pepito. Uno de los que también había estado viviendo y trabajando en La Habana hasta que decidió regresar. Primero Pepito se llevó a Luis Enrique. Después le tocó el turno&amp;nbsp; a Imeldo. Y finalmente - cuando Milagros y Tico decidieron poner fin a su eterna relación sentimental - terminó llevándose a las dos. Atesoro algunos recuerdos especiales de la vida diaria en la casa de Tía Celia. Generalmente la casa no era muy visitada por las noches como sí lo era la casa de Pablo Gocéndez. Angel &quot;Tico&quot; González, el novio de Milagros, era uno de los habituales. Tico visitaba a mi prima los domingos cuando no había juego de pelota y se sentaban en las dos butacas de mecederas que había contra la pared oeste de la casa. Eran de cedro con fondo y espaldar de pajilla. Formaban parte de los muebles de la sala que incluían dos butacas fijas y un sofá construidos con los mismos materiales y que evidentemente había hecho Pepe Siverio.&amp;nbsp; Tico se iba de la visita en el fondo de la tarde y regresaba sobre las ocho de la noche. Antes de yo atreverme a visitar solo la casa de Tíacelia por la noche lo hacía con alguno de los muchachos de Maikel que fueran &quot;hacia la carretera&quot; o con su hermano Pedrón y casi siempre jugábamos a la Machuca (con barajas), a la Lotería, al Parchís, a las Damas o al &quot;novedoso&quot; juego de Monopolio en la mesa de la saleta. De fondo escuchábamos el adorable programa musical Nocturno - que conducía magistralmente Juan Ramón González Ramos - en la radio de batería que había detrás del medio punto sobre una mesita elevada o el juego de pelota de turno. Jamás se me han olvidado algunos los nombres ilustres de los peloteros de los equipo Las Villas y Azucareros de entonces. Por citar algunos: Lázaro Pérez, Silvio Montejo, Emilio Madrazo y Enrique Oduardo de Caibarién. Otros como Antonio Muñoz, Juan Canillita Díaz, Diego Silé, Oscar Piedra y Carlos Gálvez. Todos en el barrio comentaban el &quot;profundo sacrificio&quot; que tenía que hacer de mi Tía Celia cada domingo durante la visita del novio. Eternamente sentada en la sala,&amp;nbsp; muy sola y aburrida, velando desde lejos un noviazgo &quot;mayor&quot; que no tenía para cuando terminar. Recuerdo que los muchachos pasábamos por delante de la sala sin mirar para dentro en donde los novios estarían haciendo cosas de novios.&amp;nbsp; Tico fue uno de mis grandes amigos. Milagros sigue siendo una de las primas favoritas. No conozco a nadie que sepa en realidad por qué fue que jamás se casaron. Mucho menos el motivo que los llevaría - y a toda la familia - a mantener una amistad sin mácula que perduró hasta que Tico falleció. Todos en la familia eran fanáticos de la sopa de pollo. Los recuerdo con su plato de fondo profundo lleno de fideos amarillos y de postas de plumífero y cada quien con su tapa de limón maduro vertiendo el jugo sobre la sopa. A veces yo pensaba - a mí no me gustaba la sopa - que comían tanta sopa porque &quot;no tenían otra comida que llevarse a la boca&quot;. Y lo asociaba al hecho de que la gente de Pepe &quot;no eran gente de trabajar la tierra&quot;. La familia vivía de lo que ganaba Pepe en su carpintería y en la sierra de Cándido y después con lo que enviaba Pepito desde La Habana. De modo que Tía Celia también debía de ser dueña de parte de la finca. Solo que nadie de su gente la trabajaba. Creo que tenían una vaca en el potrero que mi papá ordeñaba. Lo que sí es muy real y que tampoco nunca he olvidado es el hecho de que mi padre - siempre que terminaba determinada cosecha - le llevaba de regalo una magnífica porción de lo cosechado. Tía Celia era otra de las mujeres de la familia que algunas tardes se embullaban y se iban a &quot;casa de la Niña&quot;. Acompañada por Cuka la Isleña, Yeya la de Tíoneno y muchas veces por Ana la de Eliseo que, por cierto, siempre le decía Paulina. Me gustaba mucho verlas llegar y sentarse a conversar y enseguida preguntar a mi madre &quot;si ya estaba la lata montada&quot;. La hiperfamosa lata de sambumbia de mi mamá. En temporada de aguacate, de mamey colorado, de chirimolla o de maíz tierno las mujeres siempre se iban con las manos llenas. Recuerdo que también casi siempre se llevaban algunos cocos secos para hacer dulce y que jamás dejaban de mandarnos las correspondientes torticas hechas con azúcar negra. Aunque Tía Estela era la gran proveedora de atol para mi mamá, también las mujeres que se llevaban sus hermosas mazorcas podían mandarle un jarro repleto de atol. La pasión de mi mamá por el atol de maíz tierno era tan famosa como su emblemática sambumbia. La visita de las mujeres casi siempre incluía a la casa de María la de Miguel. Mis recuerdos de Pepe Siverio son muy reales pero lamentablemente también son&amp;nbsp; relativamente dispersos. Era un isleño de pequeña estatura y relativamente flaco. Muy serio y muy servicial. Tenía manos de dedos largos y antebrazos normales. Diestro. Recuerdo a Pepe haciendo sus magníficos trabajos en su carpintería y a los hijos ayudándolo y mas tarde imitándolo. Los tres saldrían carpinteros excelentes y siempre les decía que era una verdadera lástima que no se hubieran dedicado a tan digna profesión. Lo que mas recuerdo del interior de la carpintería era el olor. Siempre un olor a cedro fresco. Y aquellos tirabuzones de madera rojiza que caían, eternamente, desde debajo del cepillo, contra el piso de tierra. Virutas, les llamaba Pepe.&amp;nbsp; A veces Pepe se sentaba en la saleta, al lado de la puerta que daba al pasillo y cruzaba un pie sobre la rodilla del otro. Puedo verlo con una camisa manguilarga de cuadros y un sombrerito gris de badana y ala delantera caída sobre la frente, como los sombreros que usaban los mafiosos en las películas americanas. Pepe se sentaba allí porque posiblemente le gustara mirar hacia su sitio de trabajo, hacia el cañaveral de su amigo Gaby y hacia la guardarralla que llegaba, por entre las fincas, hasta la Loma. Pero hay del muchacho que cruzara por delante de su pies cruzado. Nada podría salvarlo de la &quot;patá por el culo&quot;. Algo que siempre me recordaba un gesto idéntico de Gaby. Ya he dicho por ahí que Pepe y mi abuela Prudencia se enfermeron de cáncer terminal mas o o menos por la misma época. 1965 o tal vez 1966.&amp;nbsp; Y que mi abuela siempre preguntaba por él y terminaba lamentándose de &quot;eso que le había caído a una persona tan buena&quot;. Recuerdo a Luis Enrique, desolado, recostado contra el puntal occidental del pasillo posterior, después de que la familia regresó del Cementerio de Caibarién. Sentí mucha lástima por él pero no pude decirle nada. Pepe Siverio era mucho mayor que mi Tía Celia y todo el mundo decía que Luis Enrique era &quot;su vivo retrato&quot;. Creo que solo recuerdo dos fotos de Pepe. Una en donde está de pie, vestido de la misma manera en que lo veo listo para dar el puntapié en el culo de los muchachos y otra de perfil, muy joven, tamaño carnet, sepia, en donde tiene el pelo peinado como los jóvenes de hoy - rabajado en los laterales y con una mata de pelo levantada, engominada y rebeldemente organizada. Está muy serio y no aparenta mas de veinte años. Esa es la foto de la que Luis &quot;es cagado&quot;. En honor a la verdad nunca pude encontrarle el parecido. Luis Enrique tiene casi setenta años, le vi hace poco en su casa de La Habana y volví a recordar la foto de su padre. Estuve a punto de pedir que me la enseñaran porque sé que la conservan. Lamentablemente sigo sin encontrarle el parecido. Mas allá de que en todo lo demás el hijo parece ser &quot;su clon&quot;. Si tuviera que elegir el gen predominante en mis primos Siverio González diría que Pepito e Imeldo eran González, que Milagros es Ferrer pura y que Luis Enrique es un ejemplar tan organizado y con tanta disciplina y ecuanimidad que el parecido físico con sus padres siempre ha quedado en un segundo plano. Mi papá tenía la manía de joder con algunos sobrinos y con algunos muchachos del barrio. Recuerdo que cuando lo fastidiaban se agachaba y simulaba coger un palo o una piedra y amenazaba con tirárselos por la cabeza. Cuando Imeldo se dio cuenta de que nunca lanzaba el objeto comenzó a burlarse de él al ritmo de Rafael &quot;amaga y no tira&quot;. Todos los hijos de Tía Celia lo veneraban. Creo haber dicho que Pepito me dijo una vez en La Habana que &quot;tenía un cuaderno escrito sobre las cosas de mi papá&quot; llamado Mi Tío Rafael y he dicho, además, que nunca he tenido valor para preguntar por él. La familia es magnífica pero es tremendamente hermética. Cuántas cosas habrá ahí que desconozco. Pepe Siverio tenía una pequeña colección de revistas norteamericanas. Algunas redactadas en inglés. Muy pronto quedé fascinado por la revista Selecciones del Readers Digest. Que estaba en español. Literalmente me &quot;comí&quot; todas las revistas de Pepe. Después me caerían algunos otros ejemplares de Selecciones que coleccionaban Tico y Raúl. Creo que había algunos del año sesenta, probabemente el año en que dejaron de llegar&amp;nbsp; a Cuba. Todavía yo no podía apreciar la gran literatura condensada que se hacía en la famosa revista americana. Ni mucho menos valorar los comerciales ni el fino humor seleccionado que contenía. Pero yo devoraba de punta a cabo toda la publicación y disfrutaba como un loco lo que yo pensaba era el summun de todas las publicaciones. Imeldo y Luis Enrique también las habían hojeado. Pero ellos eran mas selectivos. Se interesaban por temas puntuales. Digamos, por los automóviles. Los &quot;carros americanos&quot;. Porque Selecciones traía ilustraciones y fotos magníficas de los autos que salían cada año al mercado. Recuerdo que a veces eran presentados por los hombres de los Dealers y que otras eran mostrados al lado de adorables mujeres americanas. Lo mas interesante era que muchos de aquellos autos los veíamos pasar todos los días por la carretera y los veíamos circulando en Yaguajay y en Caibarién. Llegó un momento en que nos conocíamos cada marca de carro desde que Henry Ford comenzó la producción en serie. Y podíamos identificarlos sin ninguna dificultad. Lo hacíamos desde el portal. Y ello era un &quot;trabajo&quot; especialísimo de Luis Manuel, de Imeldo y de Luis Enrique. A veces se nos unía Tico. Pero con él no valía. Porque él era mas viejo. Y entonces a alguno de mis dos primos se le ocurrió jugar al juego del &quot;paso de los carros&quot;. Corrían tiempos en que no había escacez de combustible porque ya la URSS estaba abasteciendo al país a traves de un grifo &quot;rojo&quot; indetenible. Si bien las &quot;máquinas&quot; americanas continuaban llenando las carreteras cubanas muy pronto serían los camiones y los yipis &quot;rusos&quot; los que se llevarían el gato al agua. Las magníficas y nuevas relaciones con el &quot;campo socialista&quot; hicieron que también llegaran camiones de otras partes del área &quot;antimperialista&quot;. De esa manera muy pronto conoceríamos a los camiones Gazz (gacitos), Zil, KP3, Skoda checos y un camión chino de pésimo diseño cuya marca no recuerdo. Entonces existía mucha actividad agrícola privada en toda la Región de Caibarién, cierta infraestructura industrial en la ciudad cabecera y sobre toda una fortísima industria azucarera esparcida por todo el territorio. La carretera hizo posible que todo el mundo viajara fácilmente a las ciudades y de esa manera el transporte de pasajeros se disparó. Había un tráfico permanente entre Yaguajay y Caibarién. Los ómnibus que nacían en Caibarién - las populares &quot;Camberras&quot; de GMC - llegaban hasta Mayajigua y hasta Morón en la antigua provincia de Camaguey y muy pronto se desviarían en Yaguajay para alcanzar las territorios del sur del Municipio. Yaguajay tenia su propia distribuidora de transporte. Con la carretera se consolidó en Caibarién la famosa ANCHAR (Asociación Nacional de Choferes de Alquiler). Asociación que nunca dejaría de ser privada incluso cuando perdió el nombre. De modo que yo llegaba a la casa de Tía Celia y enseguida pasábamos a sentarnos en el portal. El juego consistía en fijar un número determinado para los carros que pasaran en ambas direcciones. Digamos veinticinco. Y cada quien escogía la dirección que estimara conveniente. De esa manera si yo le &quot;iba&quot; a los carros que pasaran para Yaguajay ganaba el juego en caso de que los primeros veinticinco carros circularan en esa dirección. Y viceversa. Generalmente uno de los hermanos nos ayudaba a contar los carros hasta que para el segundo juego él se batiera con el que había ganado. El tráfico era bastante parejo. Pero sabíamos que al caer la tarde podía aumentar en dirección a Yaguajay porque los carros regresaban del Regional Caibarién y de Santa Clara. Por las mañanas estábamos en la Escuela. Contar los carros también equivalía a nombrarlos. Nos sabíamos de memoria las marcas de los camiones americanos que en el tiempo muerto se dedicaban a circular realizando otros trabajos. Porque durante la zafra habían estado tirando la caña de los colonos hacia el central Narcisa. Por ahí he citado al viejo Ford de Bicho y al hermoso Fargo de Legarreta. También al International de Chimbe, el amigo de Pablo Gocéndez, que era de la zona de Zuluetas en el Municipio de Remedios. Casi nunca decíamos &quot;ese carro es mío&quot; porque preferíamos decir Chraisler, Ford, Chevorolet, Plymouth, Cola de pato Impala, Buick, entre otros. Nombres que estaban en las páginas de los comerciales automotrices de la revista Selecciones. Recuerdo que sabíamos que la máquina que se había comprado Juanito el de la Tienda era un Chevrolet &quot;del 55&quot;, que la guaguita de Cachaco el del carro fúnebre de Yaguajay era un Ford &quot;de los viejos de verdad&quot;, que la máquina de Jesús el Negro era un Plymouth, que el &quot;cacharro&quot; de Walterio era un anciano Chevorolet de los &quot;cuarenta&quot; y que La Perseguidora (la patrulla) era un Ford del 59. Pero nunca supimos - tampoco lo sabía Tico - que marca era aquel minicarricoche crema de Cándido Perdomo en donde solo &quot;cabían dos&quot;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Un sábado por la mañana estabámos jugando a los &quot;carros&quot; aprovechando el día de asueto en la Escuela. Yo elegí &quot;carros que van hacia Yaguajay&quot;. Imeldo era mi contrincante y Luis el ayudante que contaba con nosotros. De pronto se aparece un camión Zil verde olivo de seis ruedas con la cama cubierta por una lona de igual color. Cuando pasó&amp;nbsp; frente al portal nos dimos cuenta de que llevaba soldados con ropa de camuflaje y boinas metálicas, de que iban armados y de que viajaba a muy poca velocidad. Recordé enseguida a aquellos &quot;milicianos comunistas&quot; que trataban de cazar a los Alzados en la Loma hacía muy pocos años y al helicóptero que se tiraba en el potrero de Tíonene. El camión militar era, hasta ese momento, solo un punto a mi favor. Durante el resto del sábado, durante todo el domingo y durante parte de la próxima semana continuaron pasando &quot;hacia Yaguajay&quot; camiones y yipis rusos de todas las marcas llenos de soldados armados hasta los dientes, seguidos de armamento convencional que los tíos y los vecinos llamaban &quot;cuatro bocas, cañones y cañones antiaéreos&quot;. A veces nos dábamos cuenta de que los camiones eran pipas de combustible, talleres mecánicos rodantes o de que llevaban parte de la impedimenta de la tropa. Hacían un ruido monótono como el de los aguaceros que se acercaban desde Mochócolo en las tardes de Mayo. Los soldados iban sentados en sus bancos de madera laterales o de pie recostados contra las barandas. Impasibles aunque a veces contestaban con sus manos el adiós que les dirigíamos con las nuestras. La eterna caravana de los camiones militares detuvo nuestro juego de los carros porque los tres primos queríamos jugar &quot;hacia Yaguajay&quot;. Van para Camaguey, son las &quot;maniobras comunistas&quot; que preparan a los &quot;soldados de la Revolución&quot; para enfrentar a los &quot;imperialistas norteamericanos&quot; - dijo mi padre cuando el tráfico castrense se estaba espaciando. Me di cuenta de la gran carga de ironía y de sarcasmo que llevaba su información. Despues prendió un Veguero y agregó &quot;este cuento lo veremos hasta el fin de los tiempos....o hasta el fin del comunismo...maldita metralla&quot;. La gente que nos acompañaba en el portal casi que se santiguó y nos dejó solos. Alguien dijo &quot;caballeros, que lengua tiene este isleño&quot;. Como era muy posible que la gran caravana regresara algún día nos dispusimos otra vez para verla pasar. Pero estuvimos de acuerdo en algo. Cuando apereciera el primer camión detendríamos el juego. Porque lo mas probable era que todos quisiéramos jugar &quot;hacia Caibarién&quot;. En efecto, la caravana regresó de Camaguey cuando se acabaron las maniobras. Pero regresó incompleta. Lo que pasa - nos acalaró Eliseo Cabrera - es que los que regresan por aquí son los soldados de la Cuarta División de Remedios en donde está el Capitán Miguel Herrera el de Cambao, el resto regresa por la Carretera Central. Faltarían muchos años para que yo fuera parte de otras caravanas mas exiguas mientras pasaba el Servicio Militrar en Ciego de Avila y nos desplazáramos hasta el norte de Morón para realizar la Preparación Combativa de rutina. La ida de Luis Enrique para La Habana y la entrada de Imeldo a la Secundaria Básica de Caibarién le dieron el golpe de nokaut al Juego de los Carros. Al juego colectivo. Porque a veces yo me sentaba solo en el portal de Tíacelia y jugábamos yo contra mí. En ocasiones ganaba mí. En 1967, desde detrás de la cerca de malla puzle que custodiaba al Hogar de Centeno por el sur vería otra de las Caravanas Militares que viajaban para hacer maniobras antimperialistas hasta la provincia de Camaguey. Pero para entonces yo también me habia convertido en un pequeño soldado que. más que carros, contaba días.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Swetwater. Miami.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Florida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Marzo 7 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/690103763085091033/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/juego-de-ninos-y-maniobras-militares.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/690103763085091033'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/690103763085091033'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/03/juego-de-ninos-y-maniobras-militares.html' title='Juego de niños y maniobras militares.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-2518569215401013537</id><published>2020-02-29T16:53:00.000-08:00</published><updated>2020-06-27T09:08:02.962-07:00</updated><title type='text'>Romper el cascarón.-</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;En Junio de 1967 terminé el quinto grado con notas de excelencia en la Escuela Félix Varela de Plateros, Municipio de Yaguajay. Las pruebas finales del Curso fueron ordenadas por el Ministerio de Educación Municipal en la Escuela de Cambao, a unos tres kilómetros al Este de Plateros. Para entonces el sexto grado se hacía allí porque la matrícula continuaba disminuyendo en Plateros a pesar de que el número de chicos aumentaba en las familias. Todavía se arrastraba el estigma de &quot;no asistir a la escuela, para qué&quot;. Recuerdo que la prueba de Matemáticas contenía un ejercicio muy difícil y que fue mi amigo Osnel Lara Salado quien logró resolverlo al fin y le sopló la respuesta a todo el mundo. Osnel no continuaría sus estudios pero jamás olvidó aquel atisbo de genialidad y siempre me lo recordaba cuando hablábamos de los tiempos en que habíamos sido felices. Por supuesto que ya yo sospechaba que las Letras acabarían por aplastar, definitivamente, a los Números en mi concepción vocacional. Porque yo era un muchacho de &quot;composiciones&quot;, de grandes &quot;análisis históricos&quot; y de respuestas &quot;bonitas&quot; mas que de Quebrados y de Aritmética. El famoso ejercicio no iba a decidir aprobar o no aprobar la prueba final y por ende pasar de grado. Pero, ciertamente, sirvió para redondear la nota. Miguel &quot;eldemilio&quot; Martínez y Ausberto &quot;cotorrón&quot; Martínez habían acabado el sexto grado en Cambao y serían los últimos en hacerlo. Ya lo habían hecho mi primo hermano Imeldo Siverio, Mirtha &quot;lademilio&quot; Martínez y Célida &quot;ladeagustín&quot; de La Rosa. Su hermano Luis Enrique Siverio fue el último que venció el sexto grado en la Escuela Félix Varela de Plateros. Creo que le acompañaron entonces María Julia &quot;ledeliseo&quot; Cabrera, Aleida &quot;ladepito&quot; Fumero y Armando &quot;eldemilio&quot; Martínez. Amaury Cabrera y yo seríamos los primeros en hacer el Sexo Grado becados.&amp;nbsp; En verdad no había suficientes alumnos con interés de estudiar - ni padres que los motivaran - y ningún progenitor &quot;diferente&quot; quería que sus hijos tuvieran que viajar solos a las ciudades de Yaguajay o de Caibarién que estaban a dieciciete&amp;nbsp; y a quince kilómetros respectivamente. Plateros pertenecía al Municipio de Yaguajay aunque Caibarién era la ciudad más cercana y la que más visitábamos porque tanto como por su importancia global era la ciudad &quot;regional&quot; en donde todo se resolvía si descontábamos a la capital de la&amp;nbsp; provincia de Las Villas, Santa Clara. Así que mis padres se prepararon para &quot;tener que becar&quot; al hijo en donde lo decidiera &quot;la Revolución&quot;. Se hablaba de que el lugar sería &quot;el Hogar de Centeno&quot;, una escuela enclavada en pleno campo, a cuatro kilómetros al oriente de Yaguajay y en donde se trataba de hacer realidad el gran postulado martiano que hablaba de &quot;combinar el trabajo con el estudio&quot;. El Hogar de Centeno era una escuela que había sidio edificada antes de la Revolución con ínfulas de Escuela Técnico Profesional. Cumpliría once años en Agosto y jamás había salido de &quot;debajo de la zaya de mi mamá&quot;. Era un niño de &quot;puertas adentro&#39; al cien por ciento. Pero había asumido que no teníamos alternativas, que la &quot;beca&quot; era la palabra de moda en la Cuba de entonces. Incluso la beca también era una solución para las familias de la ciudad cuya situación económica no era tan solvente. Por nada del mundo mi padre dejaría de hacer todo lo humanamente posible porque yo siguiera estudiando y no tuviera que dedicarme &quot;a lo mismo a lo que él se había dedicado toda la vida&quot;. Mi madre le secundaba pero tendría que hacer de tripas corazón entre el dolor de verme fuera de la casa y los deseos de tenerme cerca. Recuerdo que yo estaba muy ansioso. Por supuesto que no quería becarme. No tenía ni la menor idea de como lo iba a resolver. Pero también era verdad que me encantaba estudiar y estudiar el sexto grado pasaba por tener que dejar el campo. A mis padres jamás se les ocurriría ni siquiera pensar que yo pudiera viajar cada día, solo, a las escuelas de las ciudades más cercanas. Entonces comenzaron los preparativos. Porque si no hay opción la única opción es la única opción.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;En 1967 se habían &quot;acabado&quot; algunas cosas. La &quot;Revolución&quot; había terminado con los &quot;bandidos&quot; que intentaron levantarse contra ella&amp;nbsp; a principios de los años sesenta y por tanto ya no había guerra en las montañas. La Campaña de Alfabetización había convertido a Cuba en &quot;el primer territorio de América Latina libre de analfabetismo&quot; y el período había cerrado con aquel edulcorado himno a todo tren &quot;somos la Brigada Conrado Benítez, somos la vanguardia de la Revolución, con el brazo en alto cumplimos una meta, llevar a toda Cuba la alfabetización&quot;. Todavía quedaban algunos oasis de propiedad privada pero el &quot;proceso&quot; continuaba a marcha forzada la etapa de las nacionalizaciones e intervenciones buscando hacer del &quot;pueblo&quot; el verdadero dueño &quot;de los medios de producción y de la riqueza nacional&quot;. Los &quot;rusos&quot; habían suplantado, definitivamente, a los americanos en el subconciente popular. Nadie los veía nunca pero todos sabían que estaban por &quot;ahí&quot;. Los primos y los vecinos mayores se habían casado o tenían novias. Las primas y las vecinas mayores también se habían casado o tenían novios. Habían llegado nuevos hijos. Los mas pequeños habían dejado la escuela en el quinto grado o antes y se dedicaban a perder el tiempo o a trabajar ocasionalmente. Algunos habían sido llamados al Servicio Militar Obligatorio y en verdad ello era mucho peor que estar becados porque la palabra &quot;militar&quot; implicaba otras cosas mas serias e implicaba también estar muy lejos y prolongar la ogonía familiar. Los vecinos se estaban poniendo viejos y ello implicaba que la rutina de la hermosa vida casi bucólica del ayer estaba cambiando a pasos agigantados. Algunos comenzaron a morirse de manera alarmante. Todo era consecuencia infalible de nuestro crecimiento. Mientras pescaba en el Río de mi Infancia y trataba de coger a las últimas palomas de temporada antes de que mi padre arara la tierra para la cosecha de frijoles pensaba que mis días felices se estaban acabando. La beca se llevaría en la golilla a maestras del calibre de Elia &quot;ladelvivero&quot;, de Gladys &quot;lamulata&quot; Mayea Siverio y de mi &quot;novia&quot; Belkis &quot;labelladenarcisa&quot;. Se llevaría también a los primos y a los amigos para sustituirlos por nuevas caras y comportamientos de manera forzada. Nos obligaría a desayunar y a merendar y a comer cosas nuevas sin que nadie contara con nosotros para saber si lo deseábamos. Nos obligaría a dormir entre desconocidos y a percibir otros olores, a bañarnos en bandadas, a usar servicios diferentes, a soportar nuevas órdenes, a respetar nuevos maestros, a morirnos de nostalgia y de dolor mientras llegaba el domingo de la visita porque todos sabíamos ya que los &quot;pases&quot; serían cada quince días. Todo el mundo hablaba de que una beca &quot;era poco menos que una cárcel&quot; y&amp;nbsp; agregaban que si uno &quot;no lograba acostumbrarse a ella muy pronto terminaría por rajarse&quot; y regresaría a casa para engrozar el grupo de los guajiritos analfabetos. Pero lo que mas preocupaba a la familia era el peliagudo asunto de la comida. Se aseguraba que lo que daban de jama en la beca &quot;era una chinga&quot;, que mas que comida debía de llamarse &quot;salcocho&quot; y que no había &quot;quien le metiera el diente&quot;. Mis padres estaban muy concientes de que yo había nacido diseñado para ser eternamente un &quot;quimicoso&quot; al que no le gustaba casi nada con el agravante de que, además, lo poco que me gustaba tenía que ser cocinado por mi madre. Algunos miembros de la familia me auguraban un futuro negro y aseguraban que me pondría como &quot;una lombriz de flaco&quot; y no descartaban que después del primer pase me quedaría en la casa. Nadie pensaba que yo dejaría de ser el &quot;niño lindo de los isleños&quot; por el simple hecho de que alguien intentara cambiar mis hábitos de comida. Sin embargo yo había oído decir que algunos muchachos mayores hijos de vecinos habían estudiado en el Hogar de Centeno y que consideraban a la Escuela en el Campo un centro de excelencia. También había asisitido, obnubilado, al primer pase de mi primo Germán Fumero, el hijo de Tío Pito, que estaba becado en Jinaguayabo, otra escuela en el Campo en el Municipio de Remedios (la casona del millonario Capestanni reconvertida en escuela) que, válido es decirlo, no tenía las características &quot;martianas&quot; de las de Centeno. Germa había regresado para el primer pase de su beca con un uniforme verde claro con vivo rojos en las mangas de la camisa y en los laterales del pantalón y con un kepi de iguales colores y toda la familia dijo que se veía &quot;monísimo&quot; con su nuevo atuendo. Yo no deseaba becarme ni aspiraba a vestir uniformes aparentemente vistosos. Las noticias de la beca eran, por demás, muy contradictorias. Pero sabía que al final del camino tenía que morder el cordobán y por tanto no dije nada porque había oído que algunos familiares me catalogaban ya como &quot;un hombresito&quot;. Igual tendría que esperar. Todavía mis lágrimas eran vírgenes de ausencias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Eliseo Cabrera tenía hermanos en Caibarién. Y deseaba que su hija María Julia estudiara allí. No era tarea fácil hacer traslados de esa índole pero él lo consiguio. Porque el macanismo de la palanca se consolidó en tiempos de Revolución. Estudiar y vivir en Caibarién hizo de María Julia una &quot;poblana&quot; y por ende alguien que poco a poco se fue esfumando de la memoria de los guajiros de Plateros. Pero Eliseo y su esposa Ana Pablo tenían un segundo proyecto educativo. Caibarién era Caibarién, era &quot;la Regional&quot; y era el pueblo grande que estaba mas cerca de la gran ciudad de Santa Clara. Para él - como para tantos - Yaguajay solo era &quot;el culo del mundo&quot;. Todos se sabían la cuarteta que hablaba de cierto pueblo que era &quot;el culo del mundo&quot; y la repetían solo cambiando el nombre del pueblo real por el nombre de Yaguajay. Yaguajay, pueblo oscuro que tiene calles muy largas si el mundo tuviera nalgas Yaguajay fuera su culo. De modo que hizo las gestiones pertinentes para que su hijo Amaury también estudiara en El Cayo. Y también lo logró. A Eliseo Cabrera no se le ocurrió preguntar a mi papá si estábamos interesados en que nos tirara un cabo con sus contactos de Caibarién para tratar de que su hijo y yo continuáramos juntos los estudios.&amp;nbsp; Amaury y yo éramos muy amigos. Llevábamos bregando entre las aulas por cinco años. Y se nos consideraba unos chicos &quot;muy aplicados e inteligentes&quot;, con gran futuro por delante. Amaury era mayor que yo pero estábamos en el mismo grado porque él había suspendido un curso por algún motivo que no preciso. Amaury tenía un mote: Tocino. También le decían &quot;tocinete&quot;. No le gustaba que se lo dijeran pero en el fondo no tenía problemas con el apodo. Nunca le llamé así. No porque fuera mi amigo. Sino porque simplemente no me gustaba mucho nombrar a la gente que conocía por sus apodos. Yo mismo tenía un par de apodos que, por suerte, solo eran pronunciados en muy contadas ocasiones. Ya se sabe que Gabriel el Isleño me había puesto el mote de &quot;pato&quot; por mi manía de llegar a su casa y enseguida dirigirme hacia la tinaja para tomar agua. Algunas pocas gentes decían que yo caminaba con las piernas un poco abiertas, como mi padre, y por ello me decían &quot;carrancheta&quot;. De modo que en medio de las vacaciones nos enteramos de que mi amigo haría el sexto grado en Caibarién. Para entonces todavía no habían avisado a mi padre de que fuera a matricularme a Yaguajay. Pero él no estaba preocupado porque Centeno era &quot;el lugar seguro en donde harían el sexto grado los hijos de los campesinos del Municipio de Yaguajay&quot;. Sabíamos que allí muchachos de toda la provincia hcían la enseñanza secundaria y que los mayimbes del Educación estaban adecuando el plantel para que también pudieran estudiar los alumnos de sexto grado. En realidad todavía faltarían algunos años para que aparecieran los miles de maestros graduados y los montones de Secundarias Básicas en el Campo por toda la geografía del país. Dos anécdotas marcaron mi amistad con Amaury durante los cinco años en que estudiamos en la misma escuela. Estábamos enamorados de dos muchachas. De las mismas dos muchachas. Con ese amor enfermiso que solo busca ser reconocido y tenido en cuenta para después, en la soledad de la cama, dar rienda suelta al llanto extraño y a la satisfacción incomprensible. Una de las chicas era mucho mayor que nosotros y tenía fama de ser &quot;la muchacha más linda de las aulas&quot;. La otra era de mi edad, por tanto contemporánea con ambos. Todavía esta no había decidido enamorarse de un chico de otro barrio que estudiaba en otra escuela y que cada mañana pasaba en su caballo, desmelenado, hacia Yaguey. El chico eran aún mayor que Amaury. Y por eso no tendría competencia en el futuro de un par de simples vecinos culicagaos. Un mediodía, cuando habíamos terminado la jornada escolar y volvíamos a casa, comenzamos a discutir a la altura de la cantarilla del arrollo de Tío Pito. Ibamos solos por la carretera. Para ambos las dos muchachas estaban enamoradas de uno de nosotros. El decía que él era el afortunado. Yo no tenía dudas de que el afortunado era yo. De la discusión a los primeros puñetazos no pasó ni un minuto. No había nadie que nos desapartara. La pelea estuvo pareja hasta que &quot;el niño&quot; me tiró un gancho a la barriga y lo colocó en el lugar exacto. Todavía yo no sabía que el golpe se llamaba uppercut. El caso es que me sacó del pleíto, medio que me doblé por la cintura, apreté los labios y seguí solo y cabisbajo hacia mi casa. Al otro día no habíamos cambiado la percepción que teníamos del amor que nos profesaban las muchachas pero muy pronto olvidamos la bronca de la cantarilla y continuamos viviendo de ilusiones. Amaury y yo nos sentábamos juntos. Tal vez en el pupitre tres que estaba en el lado izquierdo de la primera aula. Yo me sentaba contra la pared. Quizás estuviéramos en cuarto grado y la mulata Gladys Mayea Siverio, de Santa Clara, fuera la maestra. A media mañana comienza a percibirse un ligero olor a mierda. Todos los alumnos comenzaron a mirar debajo de los pupitres y en la suela de sus zapatos. El olor se hizo casi insoportable y la maestra recorrió toda el aula e incluso se fue hasta el aula del fondo en donde estudiaban los alumnos de los grados inferiores. Imposible encontrar el origen de la peste. Cuando el mal olor se había apoderado de toda el aula la maestra pidió que - por favor - si algún alumno se había &quot;hecho&quot; porque le dio pena pedir permiso para ir al servicio o porque no le había dado tiempo que lo dijera, que no le pasaría nada. Para entonces yo estaba seguro de quien era el que se había cagado. Amaury estaba con el mentón casi metido en su pescuezo y no escuchaba lo que decía la maestra. La peste me estaba mareando. Los alumnos que se sentaban cerca comenzaron a observarnos. Pero se dieron cuenta muy pronto de quien era el cagón. Amaury se movió sobre la silla hacia la derecha y cuando miré el espacio que dejaron sus nalgas una diarrea de color marrón se estaba esparciendo sobre el fondo. Amaury se paró, llorando, y salió del aula hacia el pasillo que llevaba a la carretera. La maestra no le dijo nada y nos ordenó salir del aula para limpiar la cagazón. Las risas llegaron poco después. Pero en honor a la verdad nadie gozó con el percance. Tal vez porque descubrir al culpable demoró demasiado y para entonces ya los olfatos estaban saturados. Por suerte para Tocino. Porque ya se sabe que a esa edad no se perdona. La maestra nos dio una charla relacionada con &quot;los peligros de aguantar los deseos y con la necesidad de pedir permiso cuando fuera necesario&quot;. Porque Amaury se había cagado en la silla por el simple motivo de que le dio pena pedir permiso para ir al servicio - que estaba al Este de la escuela, frente a la casa de&amp;nbsp; Tío Cuso - y cuando vino a ver se estaba chorreando. El tema de &quot;Tocino fo fo Tocino se cagó&quot;&amp;nbsp; duro muy poco tiempo aún cuando el recuerdo del acontecimiento aflorara de vez en cuando durante el transcurso del año escolar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;En Agosto mi padre recibió una ingrata noticia. El Hogar de Centeno todavía no estaba listo para albergar a los alumnos que cursarían el sexto grado. Las autoridades de Educación Municipal seguían trabajando en ello y le mantendrían informado. De modo que mis vacaciones se prolongarían hasta nuevo aviso. Nadie estaba preocupado. Era cuestión de tiempo. Amaury comenzó el año en Caibarién y cuando no se quedaba en casa de su familia junto a su hermana venía a Plateros y no salía mucho de la casa. Los amores de infancia de los hermanos Cabrera Pablo desaparecieron por efecto hormonas y efecto almanaque. Muy pronto comenzó a sentirse también un tipo poblano y como era mayor que yo sus intereses comenzaron a cambiar. Nuestra amistad fue coartada por la distancia. De modo que continué haciendo lo que siempre había hecho en el campo. Pero me sentía&amp;nbsp; un poco solo. Los primos y amigos menores estaban en la escuela y mi hermana se la pasaba jugando con la prima tercera Florita en el alero de los cuatro años. Mi madre estaba encantada de que a Luisín &quot;no se lo hubieran llevado todavía para la beca&quot;. Pero cuando pasaron tres meses y llegó Diciembre y todavía no se sabía nada del inicio del curso para quienes estudiarían en Centeno mi padre comenzó a desesperarse. Ni siquiera el compromiso de las autoridades municipales con los alumnos que no habían comenzado el curso lo dejaba tranquilo. Una mañana estábamos en casa de la Tía Celia. De pronto escuchamos que un carro se había detenido en la carretera. Cuando mi padre miró hacia la máquina de alquiler enseguida reconoció a Lidia Jacomino, un cuadro de Educación Municipal - y además, pintora de prestigio - que iba para una reunión en la Regional Caibarién. Lidia lo llamó. Me fui con él. No tuvo que bajarse. Desde su asiento de la derecha le dijo a mi papá que &quot;el asunto estaba resuelto&quot;. En Enero comenzaba el Curso. Y le explicó los trámites de matrícula y demás y le sugirió que el primer día me llevara personalmente. El Viejo habló consigo mismo y dijo &quot;ñok, al fin&quot;. Miré como la máquina de alquiler aceleraba y continuaba hacia El Cayo. Creo que también llevaba a otros pasajeros. Todavía puedo recordar a la mujer inclinando la cabeza por detrás del chofer, de media edad, con una mata de pelo oscuro, canoso, dando la noticia a mi padre. Me quedé en silencio. De pronto asumí que ahora sí que se me habían acabado las largas vacaciones forzadas y que la maldita beca acababa de ganar la pelea. Y asumí también que una parte de mi vida - la gran parte de mi vida- estaba por concluir. De modo que le dí la espalda a mi padre y cogí por la guardarralla para dirigirme a la casa. Una vieja que iba para Caibarién en una máquina le dijo a mi papá que en Enero tengo que irme para Centeno - le dije a mi mamá que estaba probando unas yucas recién cocinadas embadurnadas con manteca de puerco frente al fogón. Mi madre dejó de masticar y miró por la ventana del fregadero hacia el potrero de Gocéndez. Escupió el bocado de yuca hacia la zanja del fogón. Bueno... - dijo. Porque existen noticias terminales de alta categoría familiar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mi padre mandó a hacer un maletín. Cuando lo trajo me di cuenta&amp;nbsp; de que estaba fabricado con una especie de lona donde predominaba el color azul. Tenía un par de asas largas y al parecer era suficiente para meter mis pocas cosas de becado. Desde que lo vi supe que jamás me gustarían los maletines. Porque a mí lo que me gustaba era colgarme las cosas del hombro. Todavía desconocía la&amp;nbsp; existencia de la palabra &quot;mochila&quot; en su sentido correcto porque la palabra mochila solo era empleada por mi padre para referirse a la gran hernia testicular del gallego José Ventoso. Tampoco conocía la palabra &quot;comando&quot; porque la palabra comando solo era mencionada para designar a los cuatro camiones que había traído Tirso Cruz desde los Estados Unidos después de que se acabó la Segunda Guerra Mundial y que el ricachón de Yaguey Abajo usaría para el tiro de caña de azúcar hacia los centrales azucareros. Los padres que habían tenido hijos becados nos ayudaron con la impedimenta que habría de llevar. De esa manera se agregó un juego de pijamas - que muy pronto dejaría de usar en favor del calzoncillo, como hacía mi padre -, cosas para aseo y dos mudas de ropa aunque todos nos habían dicho que en la beca &quot;no hacía falta de nada porque todo lo daban regalado&quot;. Estaba hipnotizado. no podía asumir que me iba de la casa. No sospechaba ni por asomo los tantos años que estaría fuera. A principios de Enero estuvimos listos. Me despedí de mi madre y de mi hermana y nos fuimos hasta la Parada de Tío Nene por el camino del potrero de Pablo Gocéndez. Adolfina la Bella me despidió con su sonrisa perfecta. Esperamos la Camberra de Morón para no tener que hacer escala en Yaguajay. Poco mas de una hora después nos desmontamos en la Parada del Hogar de Centeno. Al Este de la línea de ferrocarril de Narcisa. Caminamos el breve terraplén que corría entre la línea y la cerca de maya puzzle que separaba los prados interiores de la Escuela del exterior. Doblamos al norte por debajo del arco de hierro identificativo de la puerta principal. Caminamos por la banda derecha del breve parque rectangular elevado equipado con bancos de madera&amp;nbsp; que llevaba hasta el edificio central. Allí alguien nos indicó el lugar en donde debíamos presentarnos. Había otros padres con sus hijos. Mi padre me acompañó todo el tiempo. Hasta que me dejó instalado en una de las naves que fungía de dormitorio. Mi cama estaba muy cerca de las camas de Ausberto y de Miguel Martínez. Me quedé solo. Rematadamente solo al Este del culo del mundo. Las lágrimas estarían listas para la noche de esa noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Anexos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Osnel Lara Salado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Uno de mis grandes amigos de toda la vida. Hijo de Leovigildo y de Delfa y sobrino de María Lademiguel. Nació para ser un hombre de trabajo que no para estudiar. Nunca le dio importancia a la gran solución de aquel ejercicio de Matemática en la Escuela de Cambao. Posiblemente mas de la mitad de su vida la dedicó a trabajar en la Empresa Pecuaria de Yaguajay como montero en jefe. Fue dirigente pecuario de sus primos y de sus amigos de la infancia que un día decidieron trabajar en la chapea de monte porque &quot;ahí se ganaba bien sin tener que trabajar mucho&quot;. Algún día del año 2017 me enteré de que había tenido un problema muy serio con Sergio Ramos. Sergio era otro de los amigos de la infancia. Había vivido en los Estados Unidos por mas de treinta años y de buenas a primeras regresó a Cuba para quedarse. Se quedó y comenzó a realizar trabajos informales. Todavía arrastraba ciertos problemas neurológicos amanecidos en la niñez. El caso es que esperó a Osnel en un descampado del monte y le dio una serie de planazos con un machete y algunas cortadas de gravedad en uno de sus brazos.&amp;nbsp; Así, de sorpresa, sin mediar siquiera una palabra. Después de recopilar información de varias fuentes aquí en los Estados Unidos y en Cuba - algunas muy fiables - llegué a la siguiente conclusión. Alguien le pidió a Sergio Ramos que le diera &quot;un escarmiento&quot; a Osnel &quot;pillapoco&quot; porque el montero &quot;se estaba propasando con su enamorada&quot;. Es posible.&amp;nbsp; Mas allá de que Osnel nunca fue conocido por enredarse de verdad en asuntos de faldas. En el año 2018 le vi en la calle Alonso en Caibarién. Estaba por entrar en la casa de su hermana Felicita. Nos saludamos efusivamente. Hacía casi veinte años que no lo veía. Le encontré muy bien, con la piel muy blanca y se notaba que tenía mas de sesenta años. Idéntico a su padre. Tuve que llevar mi mirada a su brazo cicatrizado. Le dije que estaba enterado. Se mordió los labios, bajó la cabeza e hizo que sí con ella sin decir nada. Prometí regresar una tarde o una noche y conversar detalladamente. No pude hacerlo y no le volví a ver. El año pasado murió de repente. Un infarto al corazón lo mató. Poco antes había fallecido su hermano Marino &quot;elruso&quot; por igual motivo. Elruso era tan amigo mío como él. Tenía mi edad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Miguel Martínez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Hijo de Emilio&amp;nbsp; y de Dominga. Migue abandonó los estudios muy pronto. Comenzó a trabajar en la ciudad de Yaguajay. Aunque le veía menos siempre estuvimos en contacto. Terminó viviendo en Caibarién, se casó con una enfermera mulata &quot;adelantada&quot; y cuando salí de Cuba estaba manejando una ambulancia. Tiene hijos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Ausberto &quot;cotorrón&quot; Martínez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Hijo adoptivo de Justino y de Ofelia. Cotorrón fue uno de los cuatro &quot;vagos&quot; de Plateros que el Gobierno consideró &quot;indeseables&quot; y envió por la fuerza a los Estados Unidos a raíz de los sucesos del Mariel en 1980. Los otros fueron mi primo Guillermo González y Sergio y Bernardo Ramos. Berto se fue molestísimo con sus padres adoptivos (debieron cortarle el flujo de efectivo a raíz de sus francachelas desmesuradas con amigos que él financiaba) y solo supimos de él cuando Guillermo - después de mucho tiempo - dio fe de vida. Durante años vivieron muy cerca en Nueva York en donde &quot;Lacotica tenía un cuarto tipo corral de puerco y en donde solo se dedicaba a ver películas porno, a hacerse pajas y a pedirme dinero&quot; (que siempre le pagaba religiosamente). Era ascensorista en un edificio. Guillermo perdió el contacto cuando se marchó de Nueva York y se mudó para Atlanta, Georgia. Mis intentos por pedirle que insistiera para ver si lo recontactaba fracasaron. Guille moriría de un infarto cerebral en el 2016. Es muy posible que Berto continúe vivo. Con su tren de vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Mirtha Martínez.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Hermana de Miguel y de Armando. Bellísima. La chica por la que nos peleamos Amaury y yo en la carretera un mediodía de sol abrazador. Mirtha también dejaría sus estudios y comenzaría a trabajar en los trabajos estatales que iban apareciendo en los barrios adyacentes. No éramos amigos porque era mayor que yo. Cuando yo estaba en el Pre de Remedios ella estaba trabajando en la Tienda del Pueblo de Plateros. Y volví a enamorarme de ella. Pero seguía siendo mayor que yo y para entonces estaba enredada con un chofer de guagua de Apellido Sarduy (un gran tipo, amigo de todo el mundo) que estaba casado. Mirtha terminó juntándose con Sarduy y pocos años después murió de un cáncer terminal del interior que la hizo sufrir como si se tratara de un castigo. No creo que nunca sospechara de mis sentimientos. Saludé a Sarduy en casa de Tío Cuso durante uno de mis viajes a Cuba.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Célida de la Rosa Alfaro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Hija de Agustín y de Berta. Hermana de Rosa. Una de las mujeres Alfaro de las que alguna vez dije &quot;que me sacaban de quisio&quot;. Célida era de la promoción de mi primo Imeldo y se sentaba al fondo del aula al lado de Mirtha. Tenía un cuerpo exhuberante para su edad, sin muchas curvas. Tenía la piel de manzana anochecida y unos ojos verdosos sobre una boca golosa que eran un sueño. Era muy abierta, deslenguada y simpática. Nos teníamos confianza porque nos veíamos mucho ya que era sobrina de mi tía política Yeya, la mujer de Tío Neno. Años después me diría que siempre había creído que yo estuve enamorado de ella durante la escuela primaria. Sonriendo le dije que no. Entonces era de Mirta, maricón?. No respondí así que mi respuesta aún está en veremos, con la sonrisa detenida. Célida se enamoró de un tipo de Cambao de apellido Prida. Recuerdo que sus padres no estaban de acuerdo porque Luis &quot;estaba divorciado&quot; y se decía que &quot;era un mujeriego&quot;. Se casaron finalmente y tuvieron un hijo. Como casi todos los guajiros terminaron viviendo en Caibarién cuando parecía que Plateros nunca iba a tener la corriente eléctrica necesaria capaz de sacar un poco a los vecinos del subdesarrollo. En el año 2016 Luis Prida se cayó del pescante del carretón cuando el caballo en donde iba hacia Plateros se encabritó y se mató. Cuando estuve en su casa en el año 2017 - la charla del amor infantil fue entonces - estaba destrozada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Armando Martínez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Armando era mucho mayor que yo pero hicimos muy buenas migas en la escuela porque estábamos en el mismo grado. Dejó la escuela muy pronto y comenzó a trabajar en trabajos informales. Aunque dejé de verlo siempre sabía de su vida. Llegó a tener cargos dirigentes de bajo perfil. Se juntaría con Isabelita Aguila (viuda de Changa, ex compañero de Pre), la hija de Olga Guzmán (nuestra profesora de Historia del Preuniversitario) y de mi amigo Aguila (el &quot;retranquero pelotero&quot; de Yaguajay), hermana de Bertica y compañera de Pre. Armando ya había estado casado con una chica de las Tuero de Cambao y tenía un hijo. La mujer era hermana de la mujer de mi primo hermano Fide Fumero. Antes de salir de Cuba ya se comentaba que la pasión de Armando por el ron era enfermiza. Se decía &quot;que no valía nada&quot; y que era un rastrojo por culpa del trago. Murió en algún momento de los últimos diez años. Su ex Tuero y su hermana - la&amp;nbsp; también ex de mi primo - son ciudadanas españolas gracias a la Ley de la Memoria Histórica implementada por Madrid y ahora mismo están viajando con fines mercantilistas a donde les da la gana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;María Julia Cabrera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&quot;La Niña&quot; para sus padres. Siempre fue muy bonita y estaba adelantada a su edad. Excelente alumna. Se decía que estaba enamorada perdidamente de mi primo Luis Enrique. Nunca, sin ambargo, pasó nada entre ellos. Tal vez porque después del Sexto Grado ambos cogieron caminos tan diferentes que no los acercarían jamás. La Niña estudió en Caibarién y muy pronto realizaría un Curso Emergente de Magisterio que después la llevó a graduarse de Maestra. Se decía que era una profesional de altos kilates. Se enamoró de un chico llamado Felo que también era maestro. Muchos aseguran que fue el único amor de su vida. Felo era un tipo muy serio pero también era bonachón y todos lo conocían en Plateros porque venía casi todos los fines de semana. A ver a su novia y a trabajar en la Finca de Eliseo. Lo haría durante muchos años. Hasta que Eliseo decidió entregar la Finca al Estado a cambio de una magra jubilación y mudarse definitivamente para Caibarién. La seguí viendo ocasionalmente. Se casaron y tuvieron una hija. María Julia - ya lo he dicho por ahí - fue la maestra que consiguió que yo regresara desde Topes de Collantes para hacer el Octavo grado en Remedios junto con mi amigo Amaury. Creo que para los tiempos en que el famoso Ministerio de Educación Cubano cayó en desgracia decidieron retirarse del Ramo y también se jubilaron. La Niña murió hace pocos años. Relativamente joven. Creo que debido a un problema óseo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Aleida Fumero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Después de terminar el sexto grado Aleida dejó los estudios. Poco mas tarde la familia se mudó para Yaguey a través de una permuta con mi Tío Onofre. Mi prima tuvo que resignarse a que Leonardo &quot;ellindo&quot; era propiedad de Aracely y cuando la relación no funcionó se dio cuenta que ya era demasiado tarde para ella. En Yaguey comenzó a trabajar en las naves que primero fueron&amp;nbsp; La Conejera y despué serían&amp;nbsp; La Pollera. Allí conoció a Manolito Rojas, que tenía tanta fama de galán como Leonardo, se casó con él y tuvieron una hija. La familia nunca aceptó el noviazgo y después de la separación la enemistad los desvincularía para toda la vida. Mi amigo Manolito reactivó muy pronto su vida sentimental y la elegida fue la rubia Isidra de Yaguey Abajo, una vieja amiga de los tiempos de mi primer Centeno. Aleida tuvo un affaire con un vecino de Yaguey pariente de Los Lara de Plateros que no prosperó y&amp;nbsp; entonces solo se dedicaría a trabajar y a criar a Niovita. Después se mudaron para Caibarién mediante otra permuta con una señora que había sido esposa de un pariente fallecido de mi Tío Pito y de mi madre, desde donde venía cada día a la Pollera. Tuvo un accidente en la zona frontal que estuvo a punto de sacarle un ojo pero se recuperó y al final apenas le quedó la cicatriz. Recuerdo que fui a verla al Hospital de Santa Clara. Con sus ahorros y con la ayuda de sus hermanos desde los Estados Unidos Aleida se compró una casita y la decoró fantásticamente. Para entonces ya trabajaba en el Organopónico - un espacio al Este del pueblo que apareció en los momentos mas álgidos del Período Especial que buscaba paliar el hambre y conseguir nuevos puestos de trabajo - en donde se cosechaba todo tipo de hortalizas. Yo siempre había pensado que ella también estuvo enamorada de Luis Enrique y he citado sus broncas a palabrota limpia con María Julia cuando salían del turno de la mañana. Cada vez que se lo decía ella solo sonreía y no lo negaba. Un día llevé a Luis Enrique a su casa en donde su yerno tenía unas neveras llenas de pescado de calidad que vendía de contrabando. No le dije nada. Luis sí lo sabía. Llegamos y se lo presenté como &quot;a un amigo&quot; de La Habana que quería comprar pescado. Habían pasado muchos años pero todavía no eran personas mayores. Se reconocieron al instante. Y me pareció ver en sus miradas la misma intensidad que debieron tener en los años sesenta. Luis compró pargos y cuberetas, le pagó al yerno y nos fuimos. Aleida volvió a sonreír cuando regresé a su casa y le pregunté que cómo había encontrado a su exenamorado. Luis había hecho lo mismo cuando lo fastidié dentro de su Lada 1600. Aleida vino a los Estados Unidos en el año 2015 invitada por sus hermanos. Tenía algunas amigas en el país y de esa forma recorrió algunos lugares. La llevé a mi pequeño apartamento. Una de las amiga la invitó a Louisville, Kentucky, su ahijada Taymy la invitó a Naples, Florida y su hermano Felipito la llevó a Las Vegas, Nevada. En realidad quería quedarse en los Estados Unidos. Era muy fácil hacerlo porque las leyes estadounidenses lo permitían para los cubanos. Todos le pedimos&amp;nbsp; encarecidamente que lo hiciera porque las cosas &quot;podían cambiar y era posible que en el futuro ni siquiera pudiera regresar de visita&quot;. Lo pensó varias veces. Pero sus nietas y sobre todo el cumpleaños quince de la hija de Niovita le ganó la batalla. Las cosas, efectivamente, cambiaron para los cubanos que no fueran ciudadanos españoles. Fue denegada en su próximo intento y jamás ha insistido. Finalmente pudo superar la frustración. Vive de su pobre jubilación, de un pequeño negocito de venta de chucherías que tiene en la casa y de la ayuda - ahora reducida - de sus hermanos. También colaboro cuando me es posible. Está muy vinculada a mi hermana en Cuba. Hace poco se mudó para muy cerca de la casa &quot;de Tery&quot;. Durante mi viaje a Cuba volvimos a conversar sobre los tiempos de la infancia. Es mi fans incondicional cuando logro hacer el humor que me gusta. Me quedé pasmado cuando me dijo que ella nunca había estado enamorada de Luis Enrique. Que de quien había estado enamorada hasta los tuétanos era de Leonardo ellindo. Pero como Ara era su amiga del alma ni por todo lo que tiene el mundo hubiera intentado nada. Terminamos riendo porque ella sabía que no le creí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Amaury Cabrera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Tengo una laguna histórica en relación con la vida de Amaury Cabrera. No recuerdo que haya estado conmigo durante el séptimo grado en Centeno. Sin embargo sí estaba en Topes de Collantes, Trinidad, durante ese año en que fuimos trasladados desde Centeno en el 1968. Evidentemente no se adaptó a vivir con los tíos y sus padres no querían que viajara cada día a Caibarién y movieron otra vez sus contactos para becar al hijo en Topes. El caso es que hicimos el séptimo grado en &quot;casa del carajo&quot; y que sus padres, como los míos, sufrieron el&amp;nbsp; gran efecto distancia y las tremendas dificultades que había que sortear para poder viajar hasta allá los domingos con el objetivo de vernos y llevarnos cosas de comer. Nunca mas volveríamos a ser los amigos de antes. Era mayor y tenía otros intereses. Incluso tuvimos algunas discusiones serias que no llegaron a los golpes. Para entonces yo era un poco &quot;mejor estudiante y mas disciplinado&quot;. Yo agregaba &quot;un poco mas niño y un poco mas tímido&quot;. Durante dos años estuvimos en Remedios, becados, en donde vencimos el octavo y el noveno grados. Recuerdo que se empató, brevemente, con una mulata espectacular llamada Caridad Jover, de Remedios y que sus padres se pusieron culecos porque ya &quot;el niño tenía novia&quot;. No sé por qué Amaury dijo que yo también tenía novia - era falso - y de esa manera nos convertimos en los &quot;dos últimos mujeriegos&quot; del barrio que buscaban jevas &quot;fuera de Plateros&quot;. Sin embargo la fama mayor que alcanzó Amaury en el albergue de Remedios fue la de ser un pajero empedernido. Se masturbaba todo el tiempo y muchas veces lo hacía delante de todo el mundo. Mas que pajero le pusieron el mote de &quot;pajusángulo&quot;. Como su hermana, Amaury consideró que estaba demasiado viejo para hacer el Pre y después la Universidad. Necesitaba un salario con urgencia. De modo que como ella, optó por seguir un Curso Emergente para maestros primarios del que se graduó muy pronto. Nunca sospeché que tuviera madera de cuadro. Pero me equivoqué. Amaury pasó veloz por todas las etapas del magisterio infantil antes de convertirse en cuadro dirigente de Educación Municipal. Muy pronto tocaría la cima del Poder. Se casó con mi prima lejana Julita Fumero, tuvieron una hija bellísima y se mudaron para Caibarién. En verdad no nos veíamos mucho. Pero cuando lo hacíamos nos tratábamos como personas mayores. El sabía que yo iría a la Universidad alguna vez. Pero yo debía saber que ya él era un trabajador que se ganaba su propia plata y que tenía una familia formada. Un día oímos decir que &quot;Cabrera&quot; se había convertido en &quot;un hijo de puta, en un chivato y que se aprovechaba de su cargo para acostarse con mujeres necesitadas de trabajo&quot;. Era la peste en la ciudad. No tengo pruebas. Tampoco me interesaba. Era lo que se decía. Cuando yo abandono la Universidad Central - en donde estudiaba Física Pura por error: debí &quot;suspender suficientes asignaturas&quot; para que me dieran de baja - Amaury se enteró y me mandó buscar. Me dijo que si quería podía convertirme en maestro de Secundaria, asignatura Inglés, porque estar graduado de Pre era una condición privilegiada que nadie objetaría en el Mined. Mas tarde podría impartir otra asignatura que me interesara más. Yo no sabía nada de inglés - los cursos aprobados desde el noveno grado apenas nos habían enseñado a decir &quot;love&quot;, &quot;mother&quot;, &quot;Paul is a boy&quot; y &quot;Mary is a girl&quot; y tal vez a hablar cierto ingleñol que provocaba mas risa que necesidad de información. Además, ya mi miedo escénico era proverbial. Agradecido rechacé su oferta. Si cambias de opinión, ya sabes - me dijo. Yo sabía que no cambiaría de opinión ni aunque las ofertas hubieran incluido Literatura o Historia. Conste que vincularse a Educación era un antídoto infalible contra el Servicio Militar. Fuera de la Universidad, sin saber qué hacer, preferí vegetar un tiempo en casa hasta ver que rumbo tomaba una vida de apenas diecenueve años. Cuando los comentarios sobre el accionar de Amaury se estaban convirtiendo en virales lo enviaron a cumplir Misión a Nicaragua. Misión como maestro y como cuadro pedagógico. Para el regreso ya se sabía que estaba en la lista negra de los que querían desbancarlo de su poltrona de pincho y además empezó a comentarse que Julita le estaba pegando los tarros. Agregaban que le estaba dando al ron en la costura y que había perdido el interés vocacional. Entonces preparó una salida ilegal del país y lo cogieron durante los preparativos. Ello le costó el trabajo, su casa bonita (que terminaría permutando) y casi que el matrimonio. Terminó por separarse de su mujer. Julita se juntó con el hombre que se mencionaba como posible tarreador y un día se fue con él y su hija, legal, hacia los Estados Unidos. No puedo precisar si lo hicieron a través del Bombo de Visas,&amp;nbsp; mediante reclamacion o de manera ilegal. Un día me enteré en Chile que Amaury estaba en los Estados Unidos. Ya no me impresionaba por nada. Si bien siempre se dijo que su padre, Eliseo, era comunista (que yo sepa nunca estuvo en la lista de los Alzados como posible candidato a la soga) no creo que su hijo lo fuera jamás. Amaury fue lo que yo nunca pude ser: un vividor a costa de la Revolución que solo esperaba su momento para salir del armario. Tampoco puedo precisar si llegó a los Estados Unidos mediante el dichoso Bombo, si se fue clandestino o si su hija le hizo una reclamación familiar. El caso es que después de bregar por los mas disímiles trabajos post pedagógicos se apareció en la ciudad floridana de Tampa en donde comenzó a vivir en la casa de su ex, con su hija y con el nuevo esposo de su ex, que, por cierto, casi que era su amigo. Aunque lo vi en Cuba en el año 2017 lo único que pude saber de su vida en Tampa y de su regreso definitivo a Cuba fue &quot;que va, no pude acostumbrarme, no lo soportaba&quot;. Por cierto, apenas se tomó tres tragos del Havana Club que le brindé porque era casi medio día y el caballo carretonero con el que trabajaba se estaba ahogando al sol. No dejes de ir a ver a mami, está muy jodida - me dijo al partir. En uno de mis viajes anteriores ya lo había hecho. Recuerdo que vivían al final de la calle Narciso López, casi en el mangle, para donde sus padres habían permutado. Entonces la casa era una gran casa de mampostería y estaba perfectamente amueblada con artículos &quot;imperialistas&quot;. Eliseo se estaba muriendo y aunque dijo sí con su cabeza cuando Ana le preguntó que si me recordaba no le creí. Sufría de problemas neurológicos severos y sus posibilidades motoras eran casi nulas. Ana me contó que el Niño estuvo viviendo en la casa del hombre que le pegó los tarros y que no pudo seguir haciéndolo &quot;porque tenía que irse de allí&quot; y de contra &quot;los alquileres estaban muy caros&quot;. Que sin embargo, cada mes llegaban contenedores con todo lo necesario para arreglar la casa y convertirla en una gran residencia amueblada. Me la enseñó y tenía bastante razón. Pero que el Niño &quot;los extrañaba mucho&quot; - aparte de María Julia había otro hijo mas pequeño que era militar - y no pudo evitar regresar para quedarse. Ana me contó que el Niño había hecho mucho dinero &quot;chocando carros y cobrando el seguro&quot;.&amp;nbsp; Lo tomé como un juego de palabras, hijas del desconocimiento. Otras fuentes después corroborarian a medias esta información. Tal vez puedas cobrar un seguro post accidente automovilístico. Pero es casi imposible que cobres un segundo y si lo logras caerás en desgracia con todos los Dealears y las compañías aseguradoras. Otras fuentes aseguran que lo que en verdad pasó fue que el nuevo esposo de su ex tuvo que echarlo de su casa porque no quería trabajar y con el pretexto de estar cerca de su hija lo que hacía en realidad era &quot;huelerle el culo a su señora&quot;. Como nunca me lo dijo no puedo asegurarlo. Sin embargo las fuentes lo dan por seguro al cien por ciento. Eliseo moriría poco después de mi visita. Desconozco si Ana vive aún. Y me parece que Amaury todavía trabaja de carretonero en Caibarién.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Rosa de la Rosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Rosita es dos o tres meses mayor que yo. Desconozco por qué también fue de las alumnas que perdió algún año durante la Enseñanza Primaria. De modo que se quedó en Plateros cuando me fui a Centeno. Era una&amp;nbsp; niña trigueña muy bonita. No se parecía para nada a su hermana Célida. Tenía un cuerpo muy bien formado para su corta edad y se peinaba al medio con el pelo recio tocando sus hombros. Tenía varios enamorados. Pero Amaury y yo, al parecer, éramos los candidatos mas serios para conquistarla. Entonces yo era tan tímido que para qué lo cuento y Amaury todavia no se las daba de ligador de chicas. Recuerdo que a veces íbamos a su casa para repasar lecciones un poco antes de los exámenes parciales y que su mamá Berta nos fastidiaba en relación con amores escondidos. Ninguno de los dos nunca le dijo nada y ella se cansó de esperar al menos un piropo desabrido que se cayera sobre sus oídos de niña linda. No éramos amigos como lo éramos de las otras muchachas porque no se puede ser amigo de la chica de la que estás enamorado como un estúpido. La gente decía que uno de los dos la &quot;tumbaríamos&quot; pero no recuerdo a nadie decir que ella estuviera enamorada de alguno de nosotros. Para entonces un muchacho mucho mayor&amp;nbsp; pasaba todos los días en su caballo hacia la escuela de Yaguey en donde su madre había querido que estudiara porque el barrio de Plateros &quot;era una cueva de comunistas&quot;. Román Barroso y su esposa Chucha Rodríguez eran unos anticomunistas convencidos y consideraban que en Yaguey la gente &quot;era menos comemecandela y menos comemierda&quot;. La próxima vez que volví a ver a Rosita fue en Yaguajay. Se estaba conmemorando alguna fecha importante y nos trajeron desde Centeno. También llevaron a algunos estudiantes seleccionados de las escuelas campesinas. Recuerdo a Rosita desfilando al son de tambores y pailas, en medio de un grupo de muchachos, por la Calle Real, con un vestido corto en donde predominaba el azul y una especie de bandera pendulante en una de sus manos. Se trata de un recuerdo trunco e incluso a veces he pensado si acaso el desfile no fue durante el último trimestre del año cuando estuvimos como tres meses en Centeno antes de irnos para Topes de Collantes y era Octubre o Diciembre, dos fechas muy importantes relacionadas con Camilo Cienfuegos el héroe de Yaguajay. Lo que es muy posible porque me parece recordar que el próximo curso de sexto grado se hizo en Yaguajay y no en Centeno. El caso es que no tuve valor para saludarla y que se me encogió el alma al pensar que la había perdido para siempre en el falso juego de la &quot;última vez&quot;. Poco después Rosita también dejó la escuela y se comprometió con el chico de los padres &quot;gusanos&quot; que pasaba desmelenado en su caballo para la escuela de Yaguey. Juanito &quot;elderromán&quot; también abandonó los estudios y se dedicó a trabajar con el padre en la magnífica finca que tenían en Santa Rosa. Todos en el barrio hablaban de la imposibilidad de que el noviazgo funcionara debido a la posición radical en materia política de las dos familias. Se decía que la Chucha - quien llevaba los pantalones dentro de la casa - no aprobaba la relación y que a los La Rosa no le importaba tanto más allá de los resquemores de rutina. Era algo así como una versión mikimaus de la historia de Romeo y Julieta. Prácticamente las becas continuadas me hicieron abandonar Plateros y por desgracia las vacaciones se acababn enseguida. Rosa y Juanito se casaron, se fueron a vivir para la casa de sus padres - poco después se construirían una casa rústica propia en el alero occidental de la finca - y tuvieron un hijo llamado Jeanny. Juanito era muy bonachón, tenía cirto sentido del humor y era amigo de todo el mundo. Muy pronto se convirtió en un muchacho &quot;de dinero&quot; a costa de la cría y venta de puercos. Con el paso de los años llegaría a ser un cuadro de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Cuando Román murió de un infarto al corazón ya estaban construyendo una gran casa en Caibarién. A veces veía a Rosa y nos saludábamos como viejos amigos del barrio y de la escuela. Rosa siempre fue mas seria que Célida. Se puso muy gorda y destacaba por sus amplias caderas y por su gran trasero. Tenía ahora el cuerpo de su mamá y la cara de su papá. Era la única chica Alfaro que me sacaba de quisio sin tener el corte auténtico de las Alfaro que me sacaban de quisio. De madre no estaba tan bonita. Finalmente se mudaron para Caibarién y los hombres de la casa hicieron lo que hacían todos los hombres de las familias que se trasladaban para el pueblo. Regresaban cada día al campo para trabajar y solo regresaban en la noche a la ciudad. Así, toda la semana. Recuerdo que la gente decía &quot;porque quienes se mudaron fueron sus mujeres&quot;. Jeanny haría exactamente lo contario. Se quedó en el campo a tiempo completo y todavía hoy mismo&amp;nbsp; sigue siendo un guajiro casado y con hijos que ha triunfado como lo hizo el padre - diversificando, incluso, los negocios - y no hay Dios que lo haga abandonar el campo. En la ciudad nos veíamos un poco más y un día Rosa salió embarazada de nuevo y parió una hija. Como hasta los doce años la muchachita era su clon. Siempre que la veía la celebraba y se lo decía. Me la recordaba tanto de los años felices. Hasta que me fui de Cuba. Regresé doce años después y ya había oído hablar de que el &quot;matrimonio se estaba rompiendo&quot;. Rosa &quot;no se adaptaba a vivir en casa de su suegra, Juanito se había convirtido en un borracho y tenía ínfuluas públicas de &quot;mujeriego fácil&quot;. Habían decidido divorciarse y Rosa pasó a vivir en una pieza muy pequeña cercana al Parque de la Guira. Cuando murió La Chucha esperaba que le tocara parte de la casa. La Ley le dijo que no. La casa era &quot;de todos los hijos&quot;. Ella solo era la &quot;madre de los nietos&quot;. Creo que la vi en mi segundo viaje a Cuba en el 2015. Fue a visitarme a mi casa y me dijo, fastidiando, que era la &quot;única manera de verme porque al parecer yo me había olvidado de los viejos vecinos&quot;. Era una mujer madura con las características físicas que mencioné. La noté muy familiar. Prometí devolverle la visita.&amp;nbsp; Lo hice en el 2017 y la visita fue en casa de su hermana Célida. Para entonces Luis Prida había muerto. Recuerdo que fue una tarde en que pensé pasar rápido a saludar a Celida pero ella estaba allí con su hija. La charla se prolongaría casi hasta el anochecer. En Miami siempre se saben todos los chismes de la gente que queda en Plateros y de los que viven ahora en Caibarién. De modo que yo sabía que Rosa había intentado una relación con el Chino de Catalina - vecino de Plateros, contemporáneo nuestro, y un muchacho excelente en todos los sentidos - que no funcionó porque el Chino también &quot;se había convertido en un borracho perdido&quot;. Mientras conversábamos yo no me cansaba de mirar a su hija, ahora como de veintitantos años. No se parecía en nada a la niña bonita del pasado. Había perdido el cuerpo &quot;alfaro&quot; que tanto prometía, su rostro había mutado hacia el gen Barroso y tenía tendencia a gorda. Había estudiado Gastronomía y estaba trabajando en Los Cayos de mesera. Era muy locuaz y muy pronto entramos en confianza. Me di cuenta de que tenía cierta información global y de que parecía una muchacha muy liberal. Célida introdujo el tema de los &quot;enamoramientos de la infancia&quot; y me dijo que le dijera la verdad en relación a si yo había estado enamorado de ella o no. Le dije que me gustaban mucho &quot;tus labios y tus ojos verdes&quot; pero que como &quot;eras mucho mayor&quot; que yo siempre me dio mucho miedo &quot;a decírtelo o a enamorarme&quot;. Entonces de quién estaban enamorados tú y Amaury - preguntó. Acaso de Mirtha ? - agregó. Me eché a reír. En todo caso de Rosita, que era de nuestra edad - dije. Rosa me miró seria, esbozó una sonrisa ausente y se quedó callada. Porque creo que nunca sospechó, ni por asomo, de lo que yo sentí alguna vez por ella. Nunca se lo dije a nadie. Entonces hablé de &quot;aquel muchacho mayor que nosotros&quot; que todos los días pasaba en su caballo para la escuela de Yaguey del que &quot;tú hermana se enamoró&quot;. Agregué que el muchacho ya era un hombresito comparado con Amaury y conmigo y que además era de &quot;familia con dinero&quot;. Esto lo agregué por joder y estuve a punto de recordar que &quot;tampoco era comunista&quot;. Rosa saltó como un resorte liberado. Pero no fue por eso - dijo. Me di cuenta de que no había sido una frase afortunada y aprecié que ella dijo &quot;no fue por eso&quot; para referirse a que no lo aceptó por ser &quot;alguien de dinero&quot;. Entonces aclaré que lo que quise decir en realidad era que no &quot;podíamos competir&quot; con alguien que ya era casi un hombre. El tono de mis palabras sonaba muy serio y Rosa cerró su boca y miró hacia ningún lugar y me pareció que solo entonces había asumido que tal vez fuera verdad que tuvo otro pretendiente en aquellos años inolvidables. Después confirmaría el motivo de su ruptura con el Chino, el gran cambio que había dado Juanito &quot;después de viejo&quot; y terminó por hablarme del &quot;marido de su hija&quot;. Me pidió que no dijera nada porque casi nadie lo sabía y que me lo iba a contar porque también necesitaba escuchar mi opinión. Un turista hondureño que residía en Otawa, Canadá, mucho mayor que ella, la había conocido una noche mientras se tomaba unos tragos en la barra de un hotel en Cayo Santa María. Quedó hipnotizado. Amor a primera vista. Muy pronto la conquistó y comenzó a venir a Cuba con mas asiduidad, siempre cargado de cosas materiales para ella y para la familia. Pedirle matrimionio fue cosa de tiempo. Ella aceptó. De modo que estaban casados en secreto para que nadie se enterara ni en su trabajo ni en la familia. Me enseñó algunas bicicletas deportivas y otros regalos mas costosos y me enseñó también algunas fotos compartidas y la foto del &quot;hunduriense&quot; en primer plano. Un señor de piel color café, realmente mayor.&amp;nbsp; &amp;nbsp;La chica me dijo que tenía &quot;mas de cincuenta&quot; pero que no se habia casado &quot;por interés&quot;. Ella tenía 27. Después de una retahila de bromas - que ella asimiló perfectamente - me aseguró que solo se había acostado con él &quot;después de la firma de los papeles&quot; pero que &quot;no estaba tan segura&quot; de irse con él para Canadá aunque eso fuera lo que él mas quisiera. No pudo explicarme en qué trabajaba realmente el hombre y ni siquiera mirando una foto en una especie de warehow pude descubrirlo. Entonces, con la confianza que me entregó y con la confianza que le tengo a su madre y a su tía les di mi opinión. Les seré sincero - dije - pero mis palabras no tienen por qué alarmarlas. Si no te arriesgas nunca conocerás a las personas. Dije que Canadá era uno de los países en donde mas matrimonios de este tipo se realizaban y cité algunos casos con mujeres chilenas que terminaron convertidas en prostitutas, violadas o dejadas solas después de ser utilizadas. Sugerí que si finalmente decidía viajar (y debía hacerlo como esposa legal) no dejara de poner al tanto a cualquier amiga que viviera en Canadá y que tampoco dejara de darle su teléfono y dirección así como también recibir sus señas. Descontado que también haría los mismo con sus padres. Pero mi sugerencia mas determinante fue pedirle a Rosa que se fuera con ella y que solo regresara cuando estuviera bien segura del sitio en donde se quedaría su hija con su yerno y cuando creyera que lo conocía lo sificiente como para volver tranquila. Terminé diciendo que probablemente el hombre fuera un gran tipo al que solo le gustaban las chicas cubanas jóvenes y que seguramente tendría magníficas intenciones. Internet y el mundo de los hoteles habían logrado el &quot;milagro&quot; de conseguir matrimonios internacionales fallidos pero también había montones de ejemplos en donde se habían unido parejas para toda la vida. La barra de un hotel también podía ser un buen sitio - concluí. Madre e hija me agradecieron la &quot;disertación&quot; y prometieron continuar pensándolo. Poco después alguien me enseñaría el diminuto cuartico - recién pintado - en donde vivían la madre y la hija. Nadie les ha ayudado, ese cuarto lo ha construido ella sola con los dólares que se busca en el Cayo - sentenció &quot;alguien&quot; y agregó &quot;quizás también el viejo canadiense con el que se casó en secreto....un secreto a voces&quot;. En efecto, las mujeres no habían podido evitar que la noticia de la boda &quot;de la hija de Juanito&quot; se expandiera como pólvora seca. Cuando regresé a Cuba en el 2018 no pude ver a las hermanas De la Rosa Alfaro. Pero me dijeron que todavía la chica estaba en Cuba y que vivía con su madre en el mismo lugar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Maestra Elia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Ya la he citado en alguna crónica sobre Grandes Nostalgias. Fue mi maestra de Primer Grado y en verdad fuera de que creo era de Yaguajay y de que me dio algunos halones de oreja en el aula a raíz del asesinato del pollito de la Negra Cuca mientras jugaba con mi amigo Marcial a dar vueltas alrededor del patio de la nave del Vivero en donde estaba la edificación que albergaba a la escuela y a la &quot;casa de los negros&quot; no atesoro grandes recuerdos de ella. La imagino con unos treinta años, trigueña clara, muy seria y muy recta y tal vez con una personalidad ascética y poco femenina. Se daba cuenta de que yo estaba un poco adelantado a mi grado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Gladys Mayea Siverio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Durante años la recordé muy bien. Fotográficamente. Era la mulata típica del pelo lacio peinado hacia atrás y recogido en moño. Piel canela y rostro bonito. No diría que fuera muy alta ni que tuviera la cintura de avispa de su raza pero ciertamente poseía los atributos de la clásica mulata cubana. Era dulce sin dejar de ser circunspecta. Tenía un gran dominio de la pedagogía y fue la maestra de varias promociones de guajiritos de Platero. La pienso en los cuarenta años. Muy querida en el Barrio, todos hablaban de sus &quot;grandes sacrificios&quot;. Porque vivía en Santa Clara - poco mas de setenta kilómetros de Plateros - y tenía que levantarse muy temprano para poder coger la guagua de Caibarién y hacer trasbordo hacia la de Morón o hacia la de Yaguajay de manera que pudiera estar en la escuela a las 8 de la mañana. Generalmente siempre lo lograba. Regresar a su casa conllevaba los mismos sacrificios.&amp;nbsp; Es cierto qe tenía preferencias en las Terminales de Omnibus o en los sitios en donde esperara a la guagua. Todos los choferes la recogían sin excusas ni pretextos. Mucha gente le achacaba amoríos muy pasionales con algunos de los choferes de ómnibus. Cada hogar la acogía como si fuera una mas de la familia y ella se dejaba querer. Era algo así como una &quot;maestras adoptada&quot;. Creo que Gladys me dio clases desde el segundo hasta el cuarto grado y el único recuerdo que tengo de su concepto de la disciplina y de los escarmientos fue cuando me retorció la oreja izquierda frente a la pizarra durante un ejercicio de matemáticas que yo estaba resolviendo con cierta dificultad. Tal vez el motivo fuera otro. Gladys dejó sue huella en mi personalidad de niño. Pero acaso no la dejó en todos?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Belkys.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;No recuerdo su apellido pero pudiera ser González. Me parece que Belkys fue mi maestra de Quinto grado. Tengo cierta duda de si comenzó a serlo o no en el Cuarto. Yo tenía diez años cuando la &quot;Bella de Narcisa&quot; se apareció en Plateros. Para entonces&amp;nbsp; yo era un alumno de excelencia al que se le auguraba un gran porvenir. Belkis llegó para impartir, sobre todo, Humanidades. Su fuerte era la Historia de Cuba. También la Historia de Cuba era mi fuerte. La impronta de mi padre, las lecturas adelantadas a mi edad y sobre todo haberme leído aquel libro - Historia de Cuba - empastado de gris, ilustrado y lleno de fotos de héroes y de batallas de las guerras libertarias de Cuba escrito por los Doctores Marbán y Leyva que me había regalado mi Tía Estela, me habían convertido en un precoz &quot;Licenciado&quot; en Historia de Cuba. El libro llegaba hasta el gobierno de Mario García Menocal - las dos primeras décadas del Siglo XX - y puedo asegurar que me lo aprendí de memoria. Todavía hoy puedo ver cada página escrita sobre papel bond, cada ilustración y cada fotografía, cada pie de foto e incluso puedo recordar frases completas. De modo que las hermosas clases de Belkys solo eran &quot;repetición&quot; de lo que yo sabía y por tanto cada respuesta mía a alguna de sus preguntas o la resolución de las tareas se convertían en lectura obligada para todos los oídos del aula y en una sarta de elogios que me sacaban los colores a la cara porque yo consideraba que solo era un muchacho normal como otro cualquiera al que le encantaba leer. Belkys cometió el error de celebrarme demasiado, de darme el cargo de monitor, de abrazarme por cualquier motivo y de decir cosas maravillosas sobre mí a mis padres y a los vecinos. Fui premiado con tres libros de las Obras Completas de José Martí ( su Periodismo Diverso me marcaría para toda la vida) - que me leí de un tirón -, con una camisa fantástica - cara para la época - de barras de colores vivos en forma de uve y con más elogios. Por si todo ello no fuera suficiente Belkys me llevó a su casa del Central Narcisa para que me vacunara y para que pasara el fin de semana con ella y con sus padres. Me llevó acompañado de Amaury - que también tenía su nivel de admiración - y ambos nos quedábamos en su casa. Solo que era yo el que iba con mas frecuencia. Con diez años ya habíamos dejado de tomar el caramelo vacuna contra las enfermedades que estaban prácticamente eradicadas y habíamos pasado a la fase inyección en el mollero. Mi temor visceral a los pinchazos era compensado con la cercanía de mi maestra bonita. Recuerdo que el lugar en donde nos vacunaban estaba al noreste del Central, en una edificación larga de una planta con portal. Recuerdo incluso al vacunador. Un hombre como en los cuarenta, bajo y medio calvo, muy profesional, que se la pasaba jodiendo mientras preparaba el inyector delante de nosotros. He olvidado su nombre pero posiblemente tuviera un apodo al estilo de Bicho. Mi padre lo conocía porque como buen colono del Central, como pariente de los Ferrer y debido a su manera de ser, prácticamente conocía a todo el mundo en Narcisa. La casa de Belkys estaba al oeste del central y era una casa sencilla, de madera aserrada, tejas españolas y piso de mosaicos ribeteados. Tenía un portal que daba contra la calle y se me parecía bastante a la casa de mi Tía Celia. Recuerdo que había un cuarto al sur de la sala, detrás del portal y que era allí donde yo dormía. Sus padres eran relativamente jóvenes y eran un verdadero amor. Yo comía la comida que hacía su madre sin miramientos. Con diez años ya había sentido el famoso cosquilleo en mis genitales mientras pescaba en el río y estaba apoyado contra la palma real que había al sur de la finca de Gocéndez. Por culpa de mi maestra Belkys los cosquilleos se convirtieron en pandemia y sentí - oh, también - los malditos grillos azules en el estómago. Belkys era muy joven. Era extremadamente bonita y tenía unos labios llenos y golosos que todavía recuerdo como si los estuviera sintiendo en mi mejilla. Sus labios eran mas notables que los de Célida y si pudiera compararlos con otros labios dijera que siempre que he visto a Angelina Jolie actuando en la pantalla los he recordado con&amp;nbsp; suma deleitación. No era muy alta pero su cuerpo esbelto se dibujaba por debajo de su ropa. Llevaba el pelo muy parecido a como lo llevaba Rosita pero lo tenía un poco mas castaño. Yo vivía para que me diera el beso de llegada y el beso de despedida, para que llegara el turno de sus clases de Historia, para que me invitara a su casa del ingenio aunque no fuera tiempo de vacunas, para dormir en mi cama de su cuarto y regresar con el olor extrañamente perturbador que se esparcía desde cada pedazo de su habitación de hembra joven. No puedo asegurarlo pero me parece que Belkys sí era una maestra profesional. No dudo que tal vez haya sido de las graduadas en Minas del Frío, Oriente, o de las de Topes de Cololantes en donde también había una gran escuela formadora de Maestros Primarios. Dejar de ver a Belkys fue uno de los grandes martirios que me asotaron en el fondo de mi infancia. Evidentemente ella se dio cuenta de lo que provocaba en mi mente infantil pero jamás traspasó los límites. Solo fue la maestra que trató de destacar a un niño diferente del que se &quot;esperaba mucho&quot;. Al que mimó en exceso. El niño no pudo hacer nada como no fuera sufrir en su infancia inconclusa, acostumbrarse a las cosquillas genitales y pensar todo el tiempo en aquella boca de fruta madura y en aquel olor intoxicante que todavía lo persigue. Nunca pude olvidarla. Porque nunca pueden olvidarse las viles seducciones sanas. Jamás la vi aunque sabía que continuaba dando clases. Me moría por verla porque poco después supe que tendría el valor para saludarla y conocer de su vida post Plateros. Incluso para decirle lo que me habia provocado. La oportunidad se daría alrededor de 1990 cuando era profesor de Historia de Cuba en la Secundaria Básica Camilo Cienfuegos de Yaguajay. Allí, los profesores y trabajadores administrativos la conocían muy bien. Lamentablemente he olvidado el motivo exacto por el que estaba pasando momentos difíciles. Sé que tenía que ver con su marido. Probablemente hubiera fallecido en un accidente automovilístico. O tal vez hubiera quedado paralítico, como un vegetal. O quizás estuviera preso. Entonces yo tenía 33 años. Belkys podría andar por 43 o 44, quizás menos. La gente me aseguró que la vería algún día porque &quot;Narcisa era Yaguajay&quot; y ella siempre estaba en los dos lugares. Yo no tenía la menor duda de que la reconocería sin necesidad de ayudantes identificadores. Todavía era muy joven y los cuarenta apenas hacen cambiar a los rostros de las personas. Y la vi. Recuerdo que estaba en el Bar que había en la calle Central, al lado de la Terminal de Omnibus. Pasó cerca de la calle, caminando hacia el oeste de manera que pude ver su cara de medio perfil. Por algún motivo se volvió un instante hacia el Bar y la descubrí. La misma boca obsena, la misma piel y el mismo peinado. Caminó hacia la entrada con pasos largos y apurados y enseguida giró otra vez hacia el oeste. Me quedé paralizado. Iba sola y le dejé ir. Jamás pregunté por ella. Jamás le vi de nuevo en el pueblo ni en el Ingenio. Belkys mi maestra novia se esfumó desde la calle Central, frente al Bar, en Yaguajay, un día cualquiera del año 1990 del Siglo XX. Algunos de los grillos que nunca han abandonado a mi estómago tienen que ser aquellos grillos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Germán Fumero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Hijo de Tío Pito y de Tía Juanita. Hermano de Fidencio, de Mario, de Felipito y de Aleida. No creo que mi primo Germán haya terminado sus estudios en la Escuela de Jinaguayabo. Como todos, abandonó las aulas y comenzó a trabajar. Un intento de salida ilegal del país en unión de sus hermanos le complicó la vida. Por ello cumplió cárcel en unión de Mario. Solo se pudo escapar el hermano mayor, Fidencio. Entonces una salida ilegal del país hacia los Estados Unidos era considerada una acción política. De modo que los dos hermanos tuvieron su Número de Causa y fueron catalogados como &quot;presos políticos&quot;. Recuerdo haber visitado a los hermanos en la cárcel de Remedios junto con Tía Juanita. Pero en honor a la verdad solo recuerdo a Tía Juanita y familia llorando mientras duraba la visita y al que veo es a Mario. Posiblemente la juventud extrema de Germán lo hubiera metido en algún correccional para menores. Obtuvieron la libertad muy pronto y Germán se olvidó de reintentar llegar a los Estados Unidos y se integró al proceso revolucionario. Germán era un mujeriego nato. Era alto, tenía los ojos verdes y un encanto especial, decían, para seducir mujeres. Entre amorío y amorío tuvo dos matrimonios de los que nacieron cuatro hijos geniales. Germán anduvo trabajando en los mas disímiles trabajos manuales y técnicos por gran parte del país. En verdad le vi muy poco hasta los años noventa en que el nefasto Período Especial le obligó a regresar a Caibarién y a vivir con su madre. Debo decir que a pesar de la condición anticomunista de la familia Fumero Martínez alguna vez pensé que Germa se había vinculado tanto a los comunistas que tal vez pensara un poco como ellos. A veces venía al pueblo en motocicletas con sidecar o en pizicorres estatales. En casa de Tiajuanita se dedicó a vivir del invento y del trueque por los campos. Como tantos. Finalmente terminó&amp;nbsp; por enrollar gigantescos carreteles de hijo en carretes mas pequeños que luego vendía o cambiaba por comida. Fue la época en que más nos relacionamos. Yo visitaba mucho la casa familiar y como siempre seguíamos muy vinculados. Su posición política se hizo mas radical y ahora le encantaba enjuiciar al &quot;sistema de mierda&quot;. Un día se aparece por mi casa con ánimos de &quot;hablar contigo&quot;. Sabe que es un expreso político, que tiene una causa con número y que en la embajada americana conseguiría una Visa de Refugiado al seguro. Me maravillo con la noticia, lo estimulo y le digo &quot;wao, vamos allá&quot;. El sabe que me dedico a ayudar a expresos como él y que mis gestiones generalmente tienen éxito. Enseguida se me ocurre que pudiera intentar agregarme a su núcleo familiar porque la Embajada visa a todos los miembros de una familia que deseen emigrar y me preparo para ver si encuentro el valor para decírselo. De modo que preparamos la carta de petición de entrevista. Germán no tiene mujer ahora y piensa viajar solo y después reclamar a la parte de la familia que esté interesada en salir del país. Mi hermano se irá conmigo - me dice. Su hermano es Felipito que en verdad vive casado en la mitad de la casa de su madre, tiene un hijo y trabaja en una pincha que lo tiene aburrido hasta la médula. Felipito es técnico medio en alguna especialidad agrícola y es uno de los miles de cubanos que estudió en el Bloque Comunista de Europa (Alemania), de donde trajo montones de cosas &quot;casi capitalistas&quot;. Incluir a Felipito en su núcleo familiar coartó mi posible sugerencia. Hice silencio. Muy pronto la Embajada les citó y les aprobó y pudieron viajar legalmente a los Estados Unidos. Rechazaron la ayuda federal porque Felipito le convenció de quedarse en Miami y comenzar la aventura en la casa de una de las hermanas de su mujer. Ello le traería demasiados dolores de cabeza a Germán pero los superó cuando pudo independizarse y comenzar a trabajar como handyman, especialidad mecánica automotriz que en verdad era su verdadero fuerte. Germán estaba feliz. Enviaba cartas, fotos y videos y alababa&amp;nbsp; la tecnología americana. Hasta que un problema en el estómago comenzo a fastidiarlo. El problema se incubó finalmente en el esófago y muy pronto los médicos diagnosticaron cáncer terminal. La famila entró en shok. Cuando Germán estaba siendo sometido a torturas relacionadas con la manera de alimentarlo mediante tubos y otros adminículos decidió visitar Cuba. Su objetivo - sabríamos después - era morir en el país. Recuerdo su estancia. Me partía el alma. Todavía no estaba tan flaco pero la cantidad escalofriante de medicamentos que traía y que tenía que meterse en el estómago cada día era proverbial. El mismo se lo hacía todo. Una de sus &quot;novias especiales&quot; había venido desde Camaguey y lo atendía como si nunca hubieran terminado. Yo iba a verlo y a conversar con él casi todos los días. Lachy, tengo el cangrejo - me dijo una tarde. El sabía que todos lo sabían porque en Estados Unidos no se le oculta un cáncer a nadie y en Cuba, excepto algún familiar ingenuo, al final todo el mundo se entera. Me quedé callado y luego respondí &quot;estás en Estados Unidos y estás vivo, tranquilo&quot;. Germán tuvo que ser llevado al Hospital de Caibarién varias veces - por suerte estaba a dos cuadras de la casa - y una de ellas fue en mi presencia. Comenzó a retorcerse en el sofá donde descansaba a veces, a quejarse mucho y nos pareció que estaba convulcionando. De pronto comenzó a vomitar sangre. Logró recuperarse. Sus hermanos, sus amigos y la propia familia de Cuba lo convencieron para que regresara a los Estados Unidos. USA era la mata de la ciencia y el que no se salvaba allí no lo hacía en ningún lugar del mundo. Además, él sabía que allá se había barajado la posibilidad de hacer un esófago sucedáneo&amp;nbsp; a partir de materiales especiales e injertarlo. Recuerdo la escena casi de terror cuando nos despedimos. La dificultad para montar en el auto que lo llevaría hasta La Habana, las lágrimas escondidas de su madre y hermanos, mi desolación. Realmente dudaba de que pudiera soportar el viaje hasta La Habana. Mucho menos en un avión durante 45 minutos hasta el Aeropuerto de Miami y el posterior traslado hasta la casa de Felipito. Nunca pregunté que pasó durante el largo viaje Caibarién Hialeah. Ni siquiera me lo imagino. La información relativa al avance incontenible de la enfermedad se mantuvo ininterrumpida hasta que Germán Fumero Martínez murió. Esa noche Tiajuanita y familia hicieron un velatorio en su casa. Estuve allí hasta por la madrugada. Ya lo he dicho: soy como &quot;el otro hermano&quot;. Había un silencio de claustro y tal ensimismamiento que nadie vertió una sola lágrima. Germán deseaba ser enterrado en Cuba y sus hermanos habrían de cumplir ese deseo. El diferendo entre Cuba y los Estados Unidos también toca el traslado de cadáveres. La burocracia puede matarte también. Germán estuvo durante largos meses en las cámaras congeladas de la Morgue de Hialeah mientras esperaba que las autoridades de ambos lados del Estrecho dieran luz verde. Incontables fueron las veces que nos preparamos para recibir al cadáver y ello incluía conseguir las flores para fabricar las coronas y los juegos florales. En el país no había de nada. Y mucho menos flores. El jardín del Cementerio era un campo raso en donde las pocas flores mustias que intentaban crecer se las comían los rumiantes antes de alcanzar su tamaño stándar. De modo que Fide conseguía un tractor con una carreta y nos íbamos hasta Dolores en donde un muchacho de la Familia Concepción tenía un campo de azucenas que no daba abasto para los pedidos de deudos enlutados. Siempre que fuimos a su casa Concepción nos decía &quot;no vale nada, Fide, Luis, nada, para Germán lo que haga falta&quot;. Hasta que un día arribó el féretro, le velamos en la Funeraria y le enterramos en una bóveda en el alero suroeste del Cementerio Municipal. Tantos meses de congelamiento habían hecho del cuerpo de Germán una tabla deshidratada en medio de las cuatro paredes de la caja americana. Tenía cuarenta y siete años. Nunca he preguntado lo que gastaron los hermanos en materia de cámaras congelantes en la morgue de Hialeah. Pero lo imagino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Conrado Benítez.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Uno de los muertos del martirologio. Fue linchado por los Alzados que lucharon contra el Gobierno de Fidel Castro en los primeros años de la Revolución. Un negro de dieciocho años. Maestro joven que se fue a los montes a enseñar a los campesinos a salir del analfabetismo. Los Alzados lo consideraron un comunista de mierda. Junto con el también imberbe Manuel Ascunce Domenech son los grandes mártires de la Campaña de Alfabetización.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Sweetwater. Miami. Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;Febrero 29 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;color: blue; font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/2518569215401013537/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/02/romper-el-cascaron.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2518569215401013537'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2518569215401013537'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/02/romper-el-cascaron.html' title='Romper el cascarón.-'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-4403105437714188746</id><published>2020-02-16T09:08:00.001-08:00</published><updated>2020-03-08T11:24:36.106-07:00</updated><title type='text'>El Caramelo: Mini Frente y familia.</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Tomado de Grandes Nostalgias.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;En el año 1992 yo trabajaba en el Museo Municipal María Escobar Laredo de Caibarién. Me estaba preparando para dirigir el Museo Fotográfico que contenía una de las mas grandes colecciones de negativos de cristal de América Latina así como gran cantidad de fotos en celuloide y en cartón. También estaba haciendo algunas colaboraciones generales en la Emisora de Radio Local CMHS y casi que era el encargado de la confección de guiones y de la dirección de espectáculos culturales en la ciudad. El Museo era un Museo Histórico con valiosos documentos que hablaban de la historia de Caibarién. Uno de sus almacenes guardaba material espeleológico a pesar de que en la ciudad también había un Museo dedicado a la Espeleología. La gran colección fotográfica era parte de la obra del fotógrafo emérito de Caibarién Manuel Martínez Otero y por entonces estaba al cuidado de una de las mecenas de la cultura local, la señora Hilda, una mujer tan celosa de lo que atesoraba que en ocasiones era capaz de sacar de quisio al más ecuánime investigador. Cada lunes escuchábamos el Plan de Trabajo que nos presentaba la Directora del Museo, Alina Vázquez Curdi. Uno de esos lunes nos dijo que &quot;a mediados de la presente semana iríamos al Campamento del Caramelo&quot;. Que iríamos todos los trabajadores del Museo mas la sobrina nieta de Martínez Otero que era especialista en caracoles de monte. La sobrina vivía con Jorge Martínez sobrino, en el centro de la ciudad, en la misma casa que había sido el sitio en donde vivió y trabajó el gran hombre del lente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Así que un Jueves soleado de verano abordamos la guagua de Dolores y cuando nos desmontamos en el barrio - casi un suburbio a unos diez kilómetros de la ciudad - comenzamos a caminar por el camino de La Tenaza (el camino era todavía una precarretera que llevaba&amp;nbsp; a la ciudad de Remedios) y en algún momento detuvimos a un guajiro que venía montado a caballo para que nos ayudara con la ubicación. El hombre nos indicó el camino que podía llevarnos hasta El Caramelo. Después de sortear algunos potreros y maniguazos llegamos al faldeo de la Loma. La misma Loma que pasaba por Plateros y en donde yo me había criado. Como habíamos decidido no llevar ningún guía comenzamos a subir por la vereda que nos habían sugerido. La sobrina nieta de Martínez Otero enseguida encontró una gran colonia de ligus (caracoles pequeños con forma de tirabuzón, muy bonitos, rayados como cebras) y los guardó en su mochila de campaña. Como yo era el excampesino pues comandaba la comitiva. Recuerdo que me seguía el filólogo Arnaldo de Castro, después Alina la historiadora, detrás Bertica Aguila la profesora de Historia y cerraba la fila india la&amp;nbsp; Ingeniera y ligurista del apellido ilustre. La referencia que teníamos del Campamento de El Caramelo era que se trataba de un sitio llano con mucho diente de perro, algunas palmas reales y una buena cantidad de cedros y de otras maderas interesantes. También se nos había dicho que había un pequeño bohío pues todavía el último de los Rodríguez iba cada día a su finca a trabajar como en los buenos tiempos. Como muy pronto nos topamos con el grueso de las referencias no tuvimos dudas de que estábamos en el mismo Campamento Rebelde de El Caramelo. Sin embargo, como Eliodoro Rodríguez no estaba ese día no pudimos encontrar ni un solo vestigio que nos indicara en donde había estado la Comandancia de El Caramelo. Tampoco pudimos dar cuenta de ningún racimo de plátanos porque el platanal del señor Rodríguez recién estaba botando los frutos de sus tetas y además, se trataba de plátanos machos. Los documentos del Museo hablaban del Campamento de El Caramelo como de un Campamento &quot;de apoyo a los rebeldes de la Sierra Maestra que integraban miembros del Partido Socialista así como de participantes en células de acción rápida contra la Dictadura de Fulgencio Batista&quot;. Uno de los líderes rebeldes era Emil Rodríguez, hermano de Eliodoro y padre de mi querida amiga Olga Lidia, una chica muy activa en la Cultura Local sobre todo en el canto tradicional campesino. El Campamento fue abortado por el Ejército y aunque sus hazañas nunca fueron consideradas dignas de&amp;nbsp; quedar en el bronce histórico mayor es cierto que sus hombres siempre fueron venerados después de que triunfó la Revolución. Cuando regresamos al llano y mientras Alina y Arnaldo se bañaban en una poza del Río Aguaslindas recordé casi perfectamente que ya yo había estado allí en los predios del Campamento y recordé, además, que posiblemente ese recuerdo fuera el primer recuerdo oficial que tuve de niño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;He dicho por ahí que mi padre tenía tres hermanas. Celia, Consuelo y Cristina. He citado a Tía Celia como a la madre de Milagros, Pepito, Luis Enrique e Imeldo y sobre todo como la mujer del isleño y genial carpintero Pepe Siverio. De Cristina he dicho que le decíamos Cuka &quot;la isleña&quot;, que no se parecía al resto de la familia porque, posiblemente fuera, junto con el hermano Enrique - Bura - hijo de Antonio el Carpintero, que era muy religiosa y que había cambiado varias veces de congregación y que parece había tenido un affaire amoroso de juventud con Pedro Gocéndez. De Consuelo creo que solo he dicho que la llamaban Consuelo la Bella. No le he mencionado tanto porque Consuelo vivía un poco alejada de la familia, en El Caramelo, en donde su marido, Felipe Rodríguez mantenía una pequeña finca en pleno monte. En honor a la verdad no la recuerdo. Para nada. Excepto su calificativo &quot;bella&quot;. No la recuerdo viniendo a casa de Keta, su madre, ni la recuerdo en nuestros viajes al Caramelo. No recuerdo su cara ni su cuerpo pero sí recuerdo su nombre y su fama de bella y de &quot;curiela paridora&quot;. Tengo un solo recuerdo de la casa de El Caramelo. Uno solo. y es trunco y casi detallista. Y jamás se me ha borrado. Desconozco el por qué si descontamos el gran misterio que se aloja en el cerebro humano y ese peliagudo asunto que es la memoria selectiva e involuntaria. Mis padres querían a Consuelo con especial devoción. Incluso aparecen los tres en algunas pocas fotos especiales. También aparecen las dos. De modo que puedo asegurar que fuimos muchas veces al Caramelo cuando yo tenía menos de cinco años. Como siempre íbamos a caballo. En la yegua Perica. Recuerdo que mi mamá iba montada detrás, de lado, y yo podía viajar muy bien delante de mi padre, casi en el pescuezo de la yegua, o colado entre los dos. Cogíamos por la cuneta de la carretera o por la franja de tierra que había a su lado cuando era imposible viajar por debajo y doblábamos hacia el sur por el camino que pasaba por frente a la &quot;larga casa&quot; del ganadero Luis García. A veces nos deteníamos para saludar a la familia pero seguíamos muy pronto porque el tramo restante era extenso. Entonces pasábamos el Río Dolores - era posible pasarlo a caballo aunque siempre tenía agua - y enfilábamos el camino de Remedios. Posiblemente mi padre conociera algún camino más expedito que hiciera el viaje más corto y después de algunos minutos llegábamos a la casa de Tíaconsuelo. Antes de 1961 - yo estaba por cumplir cinco años - todos los hijos habían nacido, excepto el último. Repito, sé que hice el viaje varias veces pero solo recuerdo uno de ellos y muy puntual. La cocina comedor, de techo de guano y piso de tierra y la pared este solo cerrada hasta la mitad con tablas de palma, sin terminar. Me veo mirando hacia adentro desde el exterior, encaramado sobre algún tronco o alguna piedra y veo a mi prima Rosa, poco mayor que yo, del otro lado de la mesa, crecida y bonita y con el pelo abultado y rebelde como si fiuera el pelo de una mulata, mirándome abstraída. Nada más. Nada más. La escena, única que atesoro del Caramelo y de la casa del Caramelo. Y que, insisto, jamás se me ha borrado de la memoria. Porque por allí debieron estar los otros hermanos y hermanas, la tía y el tío, el perro y el gato, otros parientes. Y así debió de ser en cada uno de los viajes. Después de 1961, cuando la casa fue abandonada y la familia se mudó para Caibarién, me enteré por mi madre de ciertos detalles que me ayudaron a formarme una idea mas clara de la familia Rodríguez González. Consuelo era una Ferrer de pura sangre. Era alta, esbelta, enigmática y dulce. Tenía una gran mata de pelo negro que lo peinaba hacia atrás dejando una gran concha sobre la frente.&amp;nbsp; Creo que solo he visto tres fotos suyas. En ninguna sonríe. Mi tío Felipe Fumero - Tiopito - se enamoró de Consuelo como un poseso perdido. Pero Consuelo, muy precoz, ya había conocido a Felipe Rodríguez y casi que se había comprometido. De modo que tuvo que rechazarlo a pesar de que generalmente los vecinos se casaban entre sí. Felipe era de un barrio relativamente alejado pero ella lo había elegido y ella sí que &quot;era una hija de Manuel González&quot;. La enemistad entre el &quot;tipo de la loma&quot; y el guajiro &quot;bruto&quot; del llano comenzó el mismo día en que Tíaconsuelo había optado por quedarse con Felipe. Felipe era un hombre de estatura promedio tirando a baja, muy serio y dubitativo y se decía que muy valiente y que por tanto no le temía &quot;ni al Diablo&quot;. Mi padre me diría años mas tarde que &quot;era capaz de enroscarse un gran majá alrededor del pescuezo y pasearse con él para que todos lo vieran&quot;. Posiblemnente Tíaconsuelo tuvo sueños muy húmedos ante la posibilidad de abrazos similares. Una noche, en un baile campesino, coincidieron el enamorado frustrado y el amante requerido. De las primeras miradas encendidas al cuchilleo entre amigos y al exhabrupto no transcurieron ni cinco minutos. Tíopito - que también tenía fama de guapetón - le metió el cuchillo en la ingle derecha y mandó a Felipe al hospital. Felipe se salvó porque la herida no fue para tanto y Tíopito debió cumplir un año de cárcel. Pero de todas formas Consuelo se casó con&amp;nbsp; el primer Felipe, se fue a vivir con él para El Caramelo y según mi madre &quot;ese animal le hizo un hijo cada año a esa pobre mujer metida sola&amp;nbsp; en grima y pariendo sola en ese monte de mierda&quot; hasta que murió de parto en 1961. Para la familia &quot;morir de parto en 1961&quot; era como decir &quot;de milagros no había muerto antes&quot;. José Miguel se salvó y fue dado en adopción a una mujer de Caibarién que lo quiso como una madre y decidió mantener el vínculo con la familia. La amistad de mi padre con Tíopito era antológica. Pero también lo era con Felipe, cos sus padres y con sus hermanos. Y jamás una cosa interfirió con la otra. También mi madre, pese a sus opiniones de &quot;madre&quot; lo respetaba y lo estimaba muchísimo. Debo admitir que también soy así. Generalmente me bandeo muy bien entre dos aguas encrespadas y siempre sorteo con habilidad las grandes crecidas. Cuando Felipe se mudó para Caibarién, poco después, ya algunos muchachos eran hombres pero no regresaron al Caramelo. Excepto Eliodoro, que mantuvo la finca y continuó cosechando aquellos plátanos machos &quot;como tarros de buey&quot;, monumentales, que mi papá siguió buscando durante varios años. De modo que el Campamento de El Caramelo debió estar muy cerca de la casona familiar. Pero no había nadie que nos ayudara el día en que fuimos a visitarlo. Recuerdo que meses más tarde Eliodoro me aseguró que de eso &quot;no había quedado nada&quot;. Olga Lidia me contaría luego - aquí en los Estados Unidos - que la casa de sus padres fue quemada por los batistianos y que ello le provocó a ella (una niña) y a su madre tal estado depresivo del que apenas se recuperaron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Poco después de 1994, cuando había perdido todas las esperanzas de trabajar en asuntos profesionales en mi ciudad y en mi país tuve que volver a los trabajos campesinos. El marido de mi prima Guersy, Miguelito, tenía una finca en Dolores, que atendía junto con su padre Michy. Así que me dijo que me fuera &quot;para allá con ellos&quot;, que trabajara ocho horas, que almorzara en su casa de campo y que veríamos qué pasaría en el futuro. Comencé a trabajar en Dolores. Viajaba en bicicleta y me pagaban diez pesos diarios. No me quejaba, sobre todo porque se trataba de un &quot;trabajo provisional&quot;. Aún no había perdido las esperanzas de poder viajar a los Estados Unidos o al menos salir del país. En la finca hacía de todo. Una mañana Michy me dice que &quot;hoy vamos a subir a la loma porque necesito unas barías derechitas para reparar el techo de la casa de campo&quot;. Fue la desbordada abundancia de diente de perro lo que me recordó enseguida al Caramelo. Mientras bajábamos, al hombro, las barías derechitas le pregunté a Michy, por decir algo retrospectivo, que si acaso El Caramelo &quot;no estaba por ahí cerca&quot;, al oeste. Si señor, me respondió &quot;al cantío de un gallo&quot;. Fue la última vez que estuve en sus alrrededores. Aunque siempre, cuando jugábamos pelota en La Tenaza y cuando viajaba a Remedios, miraba hacia la Loma y recordaba al barrio del Caramelo. Que no era ningún barrio propiamente dicho porque la casa mas cercana estaba en San Cayetano. Lo que no impedía que tuvieran hasta un equipo de pelota. Ojalá que la Loma del Caramelo no haya sido pasto de los carboneros que estuvieron a punto de deforestar Plateros en los tiempos del Período Especial para tiempos de paz. Aunque el Ejército de Batista logró quemar la casa de Emil Rodríguez y causar un trauma casi irreversible en la&amp;nbsp; mente infantil de mi amiga Olga Lidia, la única muerte conocida en El Caramelo en la época revolucionaria fue la de mi tía Consuelo &quot;la bella&quot; González Ferrer. De parto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Anexos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+ María Escobar Laredo fue una mujer de clase alta, filántropa y&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;muy patriota que ayudó a los mambises a combatir al Ejército&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Español durante la Segunda Guerra por la Independencia. Lo hizo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;mientras su marido cumplía un exilio voluntario. Recibió en su&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;casa al Generalísimo Máximo Gómez cuando este visitó la ciudad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;poco después del fin de la Guerra. El Generalísimo le impuso los&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;grados de Coronela y es así como se le conoce en la ciudad. El&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Museo estaba en la que fue su casa, a una cuadra del mar, en&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;cuya orilla todavía había algunos almacenes y el Puesto de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Guardafronteras. La residencia - una casa típica de madera, techo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;de tejas&amp;nbsp; y piso de mosaicos&amp;nbsp; con herrería en ventanales hasta el&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;piso - estaba bastante deteriorada para la época, así como&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;algunas de las propiedades de la Coronela que se habían logrado&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;preservar. Su cama matrimonial, por ejemplo. Años después la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Casa de la Coronela tocó fondo y el Museo fue trasladado para&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;el emblemático edificio del Café Liceo, frente al parque, en el&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;centro de la ciudad.&amp;nbsp; Allí visité a mi querida Bertica&amp;nbsp; en el año&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;2017 en momentos en que estaban tratando de remodelar todo el&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;segundo piso del inmueble. Todavía en el 2018 no habían&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;acabado, de modo que tuve que visitarla en una buhardilla que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;estaba detrás de la Escuela de Economía en el ángulo suroeste&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;del Parque. Tengo entendido que ya está listo. En el segundo piso&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;de un edificio histórico cuya primera planta estará destinada al&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;servicio del alto turismo. He oído decir. En sus colecciones&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;existen algunos pocos manuscritos de obritas que escribí por&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;encargo&amp;nbsp; - tambien algunas editadas -y que son, dicen, bastante&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;consultadas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+ La Gran Colección de negativos en cristal estaba en cajas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;rectangulares de cartón y en verdad necesitaban de mucho&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;cuidado. También lo necesitaban los negativos en celuloide y el&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;resto de las fotos. Allí, bajo la mirada dictatorial de Hilda, estaba&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;casi toda la Historia de Caibarién. Por no decir &quot;toda&quot;. Así que,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;aunque era yo el Director del Museo, toda la tropa del Museo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Mayor se movilizaba cada día para liberarlos&amp;nbsp; del polvo y de las&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;manchas y describirlos en documentos ordenados. En verdad nos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;encantábamos mirando personas, carruajes, edificios, locaciones,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;marinas, personalidades foráneas y todo un mosaico brotado del&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;lente de uno de los fotógrafos más importantes de Cuba. Nos&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;parecía, sin embargo, que no sabíamos lo que en verdad había que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;saber sobre conservación de negativos en cristal. Hasta que se&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; abrió una ventana en mi flora neuronal. Una señora llamada&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Nenita Caso estaba viajando con frecuencia a México en donde&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; tenía amigos y algún que otro familiar. Nenita fue invitada al&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Museo una tarde y me fascinó su conversación culta y modulada,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; así como su desinterés en ayudarnos si de sus viajes dependía.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Esa misma tarde me enteraría de que Nenita era amiga del famoso&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; pianista caibarienense residente en México Juan Bruno Tarraza.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Juan Bruno se había ido con Toña la Negra cuando la famosa&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; charra lo oyó tocar el piano. Se fue no - decían los cangrejeros -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; ello se lo llevó. Juan Bruno no había regresado jamás a la ciudad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; y tenía un local en México DF&amp;nbsp; en donde descargaba cada noche&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; para un público selectivo y fiel. Nenita lo disfrutaba en cada viaje.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Cuando Nenita se marchó nos habíamos quedado con la promesa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; de que haría lo que estuviera a su alcance para tratar de conseguir&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; asesoramiento profesional allá en relación con la conservación de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; negativos de cristal. También accedió a llevar una carta mía para&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Juan Bruno Terraza en donde, después de saludarlo y celebrarlo,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; le pedía que me enviara algo de lo último que&amp;nbsp; hacía en&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;materia musical pues yo estaba escribiendo algunos guiones&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; musicales para la radio local y me encantaría difundir su obra.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Debo admitir que desde entonces fue que yo me convertí en un&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; gran conocedor de la obra pianística del coterráneo. Incluso les&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; fui presentado a sus familiares en el pueblo y muy amablemente&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; accedieron a mis entrevistas y me prestaron viejos discos de su&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; época dorada pre Toña la Negra. Misma música que me sirvió&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; para escribir una serie de guiones que fueron radiados con&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; prioridad y cuya aceptación popular jamás olvidaré. Debo decir,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; además, que el interés por pedir información profesional a México&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; estaba dado porque en México estaba el Primer Archivo de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Negativos en Cristal de América Latina. Nenita regresó a México,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; llevó mi carta a Juan Bruno e hizo las gestiones pertinentes.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Cuando regresó traía un gran paquete con contenido técnico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Desde México nos enviaban bolsas rectangulares de nylon para&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; guardar y conservar, bibliografía relativa y tubos con material para&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; limpieza. Eso sí, el conjunto era una especie de &quot;donación&quot; y una&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; carta muy amable adjunta aclaraba que cualquier interés futuro en&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; otros materiales &quot;pasaría por la compra&quot;. Sabíamos que ello sería&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; imposible pero me preparé para la carta de agradecimiento y muy&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; pronto comenzamos a estuchar negativos de cristal sin que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; pudiéramos usar los tubos con material para limpieza porque no&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; éramos capaces todavía de entender las indicaciones. Por su parte&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; el gran Juan Bruno me envió un cassette con música instrumental&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;que incluía acompañamientos para Guadalupe Pineda. De mas&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;está decir que muy pronto escribiría nuevos guiones y radiaríamos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;lo último que estaba haciendo el compatriota al que no le pasaba&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;por la mente la idea de regresar a su pueblo natal. Cuando&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;abandoné el Museo y todo mi trabajo artístico intelectual en el año&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;1994 la sección Negativos de Cristal estaba cayendo en picada y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;nunca ms habíamos tenido contacto con México ni con Juan&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;Bruno. Vivíamos en el corazón del Período Especial para Tiempos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;de Paz y la situación era prácticamente insoportable. En cada uno&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;de mis viajes a Cuba pude constatar el desinterés y la apatía que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;existen en la actualidad por cosas que no estén relacionadas con el&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;turismo, una de las tablas de salvación que está manteniendo al&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;pueblo un poco a flote. Hay menos personal en el Museo y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;muchos de los profesionales de entonces hicieron mutis en busca&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;del eldorado de los billetes verdes.&amp;nbsp; Como todos, un día la señora&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;Hilda y el pianista Juan Bruno Tarraza también se murieron.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;Alguna vez sabría que Juan Bruno era &quot;gay&quot;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+Alina Vázquez Curdi. Mi amiga Alina. Mi gran amiga. Primero&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; fue Profesora de Historia. Después trabajó en la Emisora Local&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; como Directora de Programas. Hasta que pasó a dirigir el Museo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Municipal. Alina era de la región oriental en donde su familia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; había sido gente importante durante el curso de la Revolución.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Lo que no le valió para que las autoridades del Gobierno Local&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; la despidieran del Ministerio de Cultura alegando &quot;errores&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; imperdonables para una revolucionaria&quot;. No conozco tales errores&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; porque la información me llegó es de otras fuentes y cuando&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; hablamos por teléfono en el año 2017 no me pudo explicar la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; verdad. Sin embargo Alina se fue para La Habana y allá&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; consiguió un trabajo de cuadro en una Emisora de Radio&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; importante. Donde también hace arte. Alina cree que le tendieron&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; una trampa. Que le hicieron una &quot;cama&quot; para eliminarla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+Arnaldo de Castro, el gran filólogo y clarinetista de la Banda&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Municipal trabaja como Guía de los&amp;nbsp; turistas que visitan Los&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Cayos. Por diferentes motivos no lo he podido ver cuando he&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; viajado a Cuba. Tampoco sé nada de las chica de los caracoles&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; rayados. De Castro es otro de los talentos puros echados a&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; perder entre la opresiva red de los avatares de la Revolución.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+Mi tía Celia murió relativamente joven en La Habana, en donde&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; vivía con la familia. Pepito había terminado por llevárselos a&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; todos. Un cáncer fulminante de hígado la mató. Cuka llegó a vivir&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; muchos años. No pude verla en los últimos veinte porque&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; nunca pude ir a La Habana. Pero sí la pude ver en el 2001 cuando&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; salí para Chile. No tuvo hijos y dos matrimonios tardíos nunca&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; llegaron a funcionar. Para una familia que muere joven creo que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; su longevidad está dada por su &quot;otra genética&quot;.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;En el 2017&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Milagros me enseñó el ánfora que contien sus cenizas. Imeldo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; murió con solo 47 años detrás de una enfermedad crónica de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; riñón. También lo haría José Pepito Siverio el periodista y poeta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; debido a un cáncer agresivo de colon. El hijo mayor de Imeldo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; - José Imeldo - también se nos fue muy joven. Estaba comenzando&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; a triunfar en el mundo del teatro y de la música cuando la herencia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; maldita del riñón lo destrozó. Tengo otra versión de su muerte sin&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; confirmar. Milagros y Luis viven en la misma casa que Pepito&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; permutó por el cuarto de Calle Apodaca. Milagros está &quot;junta&quot; con&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; un vejete que le ayuda a &quot;no estar sola&quot; y nunca tuvo hijos. Luis&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Enrique y Xiomara &quot;la holguinera&quot; tienen una hija talentosa que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; es Licenciada en Química y está casada. Me complació mucho&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; ayudarle a redactar la introducción de la Tesis de su Maestría.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Imeldo tuvo otro hijo con una enfermera que conocí de pequeño.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Cuando me enteré que estaba con su madre en Estados Unidos - la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; madre formó parte de las disidentes Damas de Blanco de La&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Habana - traté de ponerme en contacto con ellos mediante&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Facebook. Cuando José Imeldo me contestó dijo no recordarme y&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; decidió no decir nada a su mamá Josefa. De modo que perdimos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; el contacto. Está casado. Es idéntico a Imeldo y también tiene&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; razgos de su madre aindiada. Mi padre y el tío Cisco murieron&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; relativamente jóvenes debido a problemas terminales de pulmón.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; El tío Pedrito se fue detrás de una izquemia cerebral que lo fue&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; matando poco a poco. El tío Manolo murió también con&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; problemas pulmonares. y el tío Enrique - Bura - murió muy joven&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; después de pasarse la vida luchando con problemas&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; neurológicos y siquiátricos. Excepto Manolo y Pedro - y no tanto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; - todos los isleños Gonzalez Ferrer han muerto jóvenes. Cuka fue&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; una &quot;excepción&quot; por los motivos expuestos. Por eso siempre digo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; que &quot;no me hago falsas ilusiones&quot;. A menos que mi genética esté&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; dominada por el gen Fumero. Que, al parecer, vive un poco más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+Genealogía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Estos son los hijos de Consuelo la bella. Nacidos todos antes de 1961.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-Anacario (Maco). No tuvo hijos y está casado. Vive en La Habana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-Digno. Tiene dos hijas y varios nietos. Cumplió el sueño vocacional. Contra viento y marea se hizo narrador deportivo y periodista. Ha viajado medio mundo en tales menesteres. También ha estado de visita en Miami. Vive en Cienfuegos, está casado y todavía trabaja en la Emisora Provincial Radio Ciudad del Mar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-Orlando. Murió en un accidente de tránsito relativamente joven. Tuvo un hijo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-José Luis. Cumplió &quot;misión internacionalista&quot; en el Congo, Africa. Vive en Miami. Está casado. No tuvo hijos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Orlando y José Luis estuvieron en la Escuela Nacional de Polo Acuático y llegaron a integrar un equipo juvenil que estuvo en un Torneo en Ibagué, Colombia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-Carlos. Estuvo preso por asuntos que el Gobientno catalogó de &quot;políticos&quot;. Se fugó de la cárcel - su escondite fue en El Caramelo - y logró salir de manera ilegal en el mismo barco que su hermano José Miguel. En el mismo barco que yo no &quot;cupe&quot;. Vive en Miami, está casado con una colombiana y tiene dos hijas y una nieta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-José Miguel. Vive en Miami. Tiene dos hijos. Es muy religioso, asegura.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-Rosa. Casada con Ramón Comas (Ramos) un hombre de Caibarién que siempre cayó muy bien en la familia. Dos hijos y nietos. El varón murió recientemente en un accidente eléctrico mientras reparaba un motor. Rosa ha estado de visita en Miami, invitada por sus hermanos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-Magalys. Separada. Vive en Cuba, en la casa en donde vivió Felipe con una de sus esposas. Tiene tres hijos y varios nietos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;-Rogelia. Murió relativamente joven. Paralítica inferior. Siempre vivió en un sillón de ruedas. Tenía la dulzura de su madre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Felipe murio hace unos tres años. Le ví muy grave en uno de mis viajes, en casa de Rosa. Parece que la causa principal fue la gran longevidad. Creo que tampoco viven ya ninguno de sus hermanos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Felipe tuvo un hijo &quot;tardío&quot; de una relación extemporánea. Vive en&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Estados Unidos y sus hermanos tienen contacto con él. Recuerdo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;una vez, en Cuba, que se corrió que había muerto durante un&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;intento de salida ilegal del país. Felipe pasó por mi casa a contarnoslo, destrozado. Según sus hermanos, el chico fue muy &quot;mala cabeza&quot; hasta que enmendó su vida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+El equipo de beisbol del Caramelo estaba formado por Felipe,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Maco, Digno y seis peloteros de los alrededores. O sea, un team&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &quot;familiar con refuerzos&quot;, apenas con equipamiento. Conocedores&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; del gran trabuco que tenía Plateros se atrevieron a contratar un&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; juego con sus &quot;primos y amigos&quot; del Barrio. Yo era muy chiquito&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; pero estuve en el partido y aunque no podría enumerar detalles&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; excepto la reacción de los &quot;carameleros&quot; cuando terminó el juego,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; sí puedo expresar que el resultado marcaría un instante inolvidable&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;para Maco, que fue el lanzador aquel domingo. Maco tenía un&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;agudo problema de visión que muchas veces estuvo a punto de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;costarle la vista y de hecho hoy mismo está casi ciego. Su&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;velocidad estaba por debajo del promedio aunque contaba con&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;una curva decente. Felipe era un jardinero muy mediocre y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;Digno estaba jugando una segunda base de muchos altibajos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;El gran Anacario &quot;nos&quot; paró durante nueve inings y una sola&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;carrera bastó al Caramelo para propinar &quot;nueve ceros&quot; al equipo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;&quot;semiprofesional&quot; de Plateros. Maco jamás lo olvidó y cada vez&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;que hablábamos de pelota él lo mencionaba.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;No podría asegurarlo pero&amp;nbsp; se jactaba de que le había ganado &quot;a&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Leonardo&quot;. el primo de ambos, que para entonces era casi un niño&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; y tenía una velocidad aterradora. Por cierto, aún cuando Leonardo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; llegó a jugar Primera Categoría con Yaguajay el beisbol no era su&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; pasión y dejó pasar todas las oportunidades que le dieron para&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; que se convirtiera en un lanzador de élite.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+A veces me junto con José Luis aquí en Miami y como siempre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; las charlas versan sobre el pasado de la familia. Nuestras familias&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; jamás perdieron el contacto de los viejos tiempos. Somos muy&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; allegados. Cuando le conté la anécdota del pleíto entre su papá y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; mi tío Pito me juró que no lo sabía. El cree que ninguno de sus&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; hermanos lo sabe. No está seguro, sin embargo, porque él no es&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; de los mayores. Por mi parte nunca he hablado del tema con los&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; otros. Para la época en que el gran equipo de Plateros se deshizo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; y entraron nuevos peloteros Digno comenzó a venir los domingos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; desde Caibarién para jugar en la segunda base.&amp;nbsp; Entonces ya&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; no era aquel pelotero insignificante del año de la Hazaña Mayor&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; y era capaz de jugar con cierta solovencia de segunda categoría.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Digno medio que se enamoró de mi prima Aleida la de Pito y&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; y aunque nunca le dijo nada yo estaba preparado para escribir&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; las décimas que se me salían de la cabeza sobre &quot;el hijo del&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; apuñalado empatado con la hija del cuchillero&quot;. Aleida siempre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; termina riendo cuando le cuento la historia y me repite &quot;pues&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; fue un comemierda porque entonces yo no tenía novio&quot;. Digno&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; también sonríe pero asegura que no se acuerda de aquel su amor&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; de juventud. De lo que si se acuerda es de sus intentos por&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; convertirse en narrador de beisbol que ya le estaban obligando a&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &quot;narrar&quot; todos los juegos en los que participaba o veía. A casi todo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; el mundo le provocaba risa la manera en que &quot;narraba&quot; los&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; acontecimientos beisboleros. A mí no. Siempre le apoyé y&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; cuando comenzó a hacer sus primeros pininos en la Emisora&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; CMHW de Santa Clara le ponía como ejemplo de superación y lo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; citaba con orgullo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+ Sobre la puerta de entrada al primer cuarto de la casa de la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Abuela ( mi segunda casa) había un cuadro famoso. Tenía un&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;marco labrado de madera carmelita oscuro y podía medir como&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;cincuenta por treinta centímetros. Detrás del cristal Consuelo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;la Bella está, de frente, en el centro, con su mirada adusta y su&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;mata de pelo peinada hacia atrás con la concha frontal&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;imponente. Tiene una blusa blanca con descote. Mi padre está&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;a la izquierda, también serio, con camisa blanca y corbata.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Mi madre a la derecha, de lado, mirando a ambos, con una blusa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;blanca de cuello alto y con su característico peinado con raya&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;lateral a la derecha. Cuando mi padre murió quité la foto de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;su lugar en medio de una terrible crisis de desespero y casi&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;todas sus cosas (pensaba que no podría ver nada suyo que me&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;lo recordara) y las que no quemé las guarde en diversos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;lugares de la casa. La foto la coloqué debajo del colchón de la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;cama matrimonial. Recuerdo que ya estaba siendo lastimada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;por la traza en los bordes y que en algún momento hablamos con&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;mi hermana de tratar de restaurarla. No lo hicimos porque no&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;podíamos verla. Terminé por envolverla en un gran pedazo de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;papel amarillo. Aquí comienza a fallarme un poco la memoria.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Me da la impresión de que tal vez haya sido Cuka o alguien de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;la familia Rodríguez quien nos la pidió como un valioso&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;recuerdo si es que nosotros &quot;no la queríamos exponer&quot;. Para&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;entonces estaba bastante deteriorada y nos daba pena tocar la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;cartulina que casi se deshacía entre nuestras manos. En honor&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;a la verdad no recuerdo que hicimos con la foto. Me parece que&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;no la entregamos porque corríamos el riesgo de verla cuando&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;visitáramos&amp;nbsp; a la familia o porque deseábamos conservarla.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;El caso es que le pierdo la pista en !987 cuando nos mudamos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;para Caibarién. Cada uno de mis viajes a Cuba ha estado&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;motivado por asuntos relacionados con mis padres y no&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;recuerdo haber hablado sobre la foto. Lo haré la práxima vez.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Siempre he lamentado haber salido de las pocas cosas de mi&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;padre por temor al dolor que me causarían. Ahora daría mi vida&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;por recuperarlas. Por suerte, recordar estas cosas es parte de ello.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+El 12 de Junio del 2016 Digno Rodríguez me mandó via e mail un&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; correo de valor incalculable. Una foto encontrada entre sus&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; papeles históricos.Consuelo la Bella y Paulina &quot;el pedazo de carne&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; con ojos&quot;. De cuerpo entero. Mi madre está a la izquierda frontal.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Lleva un vestido largo, aparentemente blanco con figuritas y faja&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; en la cintura. Le llega hasta debajo de las rodillas. La parte&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; superior tiene tres botones blancos. Mangas abombachadas hasta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; mitad del codo. Lleva medias hasta la casi la mitad del pie y los&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; zapatos son de puntera redonda y parece que no tienen ojales&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; para cordones sino unas tiras de material superior para&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; sujetarlos. Sus manos caen hasta mitad de los muslos y lleva algo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; en la derecha, quizás un pañuelo o una ramita con flores. Parece&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; llevar un arete en la oreja derecha y da la impresión de que su pelo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; cae debajo de los hombros. Tiene las piernas gruesas y se ve seria.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Consuelo la Bella es más alta, está peinada hacia atrás, sin la&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; concha clásica. Lleva un vestido largo, posiblemente gris, hasta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; las rodillas. Descotado y con mangas abombachadas. Va con&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; medias un poco mas cortas y sus zapatos son de puntera fina&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; y continúan tipo sandalias. Su pelo le llega hasta los hombros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; Su mano derecha descansa sobre el hombro derecho de mi&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; madre y la izquierda cae hasta la mitad del muslo izquierdo. Está&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; seria. Las veo muy jóvenes. Tal vez en los veinte cortos. Mi madre&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; - y en ello concido con Tery - no &quot;se parece tanto&quot;...hasta que nos&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; fijamos bien y notamos su mirada y la boca maternal de los&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &quot;otros&quot; Rodríguez. De modo que parece que ambas mujeres eran&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; amigas desde mucho antes de enamorarse. Aunque no se ve la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; firma de Martínez Otero ni la foto parece una foto de estudio no&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; dudo de que sea obra del Genio del Lente en cualquier locación.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; La foto es una joya.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Swetwater, Miami. Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme Gonzalez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Febrero 16&amp;nbsp; del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/4403105437714188746/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/02/el-caramelo-mini-frente-y-familia.html#comment-form' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/4403105437714188746'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/4403105437714188746'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/02/el-caramelo-mini-frente-y-familia.html' title='El Caramelo: Mini Frente y familia.'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-932576071287337518.post-2105097201479885372</id><published>2020-02-02T14:57:00.002-08:00</published><updated>2020-12-01T17:05:19.659-08:00</updated><title type='text'>Mi personaje inolvidable. Virgilio Barrios.  Tomado de Grandes Nostalgias.</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Conocí a Virgilio Barrios antes de cumplir seis años. Mi padre me llevaba a cortarme el pelo - a &quot;pelarme&quot; -&amp;nbsp; a la&amp;nbsp; barbería en donde trabajaba el máster de los barberos de Yaguajay, Andresito Caravieja e inevitablemente seguíamos hacia el Central Victoria en donde vivía y trabajaba Virgilio Barrios Beltrán, uno de los grandes amigos de mi padre. Así que cogíamos una máquina de alquiler, enrumbábamos por la carretera de Mayajigua, doblábamos al norte y salíamos del pueblo después de volver a traspasar otra línea de vía estrecha por donde corrían las locomotoras del Ingenio Narcisa, las chispas de la reparación y el gascar Caibarién - Chambas. Todavía yo podía percibir las esencias que me echaba Andresito en la cara y en el pelo - ahora &quot;rabajadito&quot;- cuando entrábamos al Bar de Virgilio. Faltarían algunos años para que mi papá me señalara al Cuartel Militar que estaba al oeste de la carretera del Central y me informara que &quot;ahí Camilo Cienfuegos y el Chino Abon Lee se habían batido muchísimos días a fines de 1958 hasta que Camilo rindió al Chino por hambre&quot;. Recuerdo que a veces hablaba consigo mismo para terminar diciendo &quot;coño, a lo mejor si el Chino no pierde esa batalla no tuviéramos este comunismo de mierda&quot;. El Bar de Virgilo estaba&amp;nbsp; a la izquierda de la calle principal de Victoria - Victoria también se lamaba el batey del Central - y para entrar teníamos que abrir una puerta de madera que formaba parte de una baranda también de madera que demarcaba al establecimiento. Entre la baranda y la entrada del Bar había un portal de piso de cemento. Se trataba de un Bar bastante grande y en la parte sur el Bar era una tienda comercial como otra tienda cualquiera. Las mesas del Bar estaban en la seccion norte. Recuerdo que los amigos del alma se saludaban entre risas y que poco despues pasaban atras en donde Virgilio tenia una especie de apartamento agregado. Visitar el Bar de Virgilo eran tener siempre garantizado un refresco de marca, grandes caramelos de aquellos extraídos de los grandes pomos como tinajones de cristal, algún dulce criollo y sobre todo dos o tres lápices amarillos, esbeltos y con goma. Y también escuchar &quot;coño, qué grande está este muchacho&quot; pero que lástima que sea tan &quot;feo&quot; - las mismas palabras que pronunciaba el isleño Florencio Expósito cuando pasábamos a caballo por su casa camino de Tío Pedro. Virgilio y mi papá recordaban los viejos cuentos de su temprana juventud, hablaban del barrio Plateros y de los otros barrios, de los progresos del sobrino Raúl en la purga del azúcar y de su novia Mayra, de su amiga amante Teresita y finalmente charlaban sobre su hermano Justo y su esposa Piedad y del hijo adoptivo de ambos, Raúl Vergara. A donde mi padre iría sin excusas ni pretextos. Virgilio Barrios era un hombre &quot;fino&quot;. Parecía un político y también parecía un abogado. Culto y de hablar pausado. Podía tener un metro setenta y dos centímetros y tenía la delgadez proporcionada del futuro Canciller fidelista Raúl Roa Kourí. Lucía un bigotico fino estilo años cuarenta. Lo recuerdo vestido con pantalón ancho de bajo inferior y pinzas debajo de los bolsillos y con una camisa rayada por encima del pantalón y casi siempre con el botón superior alejado de su ojal. Jamás le ví con sombrero hasta algunos años después cando la historia le cambió drásticamente. Para el instante en que yo pensaba que la conversación no me incumbía y había terminado de observar todo el mobiliario y estanterías mixtas del Bar salía al portal para mirar los grandes espacios en donde estaban los surtidores que enfriaban el agua que necesitaba el Central, las grandes naves en donde se producía el azúcar, la altísima torre circular por donde salía el humo que se veía desde tan lejos y sobre todo el trasiego de los vagones del tren cañero descargando la caña en el tanden desde uno de sus laterales de hierro y los camiones americanos que volteaban por orden de llegada. Yo había visto la misma escena en el Central Narcisa e incluso alguna vez me quedé montado en el camión Fargo de Legarreta cuando la grúa hidráulica lo elevó sobre la rampa para que descargara las tres tongas de caña - y el balcón - hacia el tanden. Como yo ya conocía la poesía del pariente de mi papá Raúl Ferrer &quot;Romance de la niña mala&quot; (primero de los labios lectores de mi madre) y sabía que su historia se desarrollaba en el Central Narcisa - para entonces ya se llamaba Obdulio Morales gracias al afán de martirologio de las nuevas autoridades - me prometí que alguna vez escribiría una poesía similar que se llamara &quot;Romance de la niña buena&quot; cuya historia se desarrollaría en el Central Victoria - que ahora se llamaba Simón Bolívar gracias al mismo afán martirológico de la Revolución que ara capaz incluso de incluír muertos ilustres de otras nacionalidades en sus nomenclaturas oficiales. Unas dos horas después nos despedíamos de Virgilio por primera vez. Y nos íbamos caminando para pasar por delante del tanden del central hasta la casa de Justo Barrios. Ahora podíamos mirar de cerca la larga hilera de carros del tren, los viejos camiones americanos, los obreros trabajando - había muchos negros -, sentir el olor penetrante del guarapo y de la cachaza y escuchar muy fuerte el ruido de la maquinaria del Central. No recuerdo jamás haber tomado guarapo acabado de salir de las trituradoras de caña en Victoria. Cosa que sí hacíamos siempre en Narcisa. Mi padre me decía que él era &quot;un colono&quot; del Narcisa y como casi nunca podíamos ver a Justo que trabajaba en los interiores, pues el guarapo fresco había que dejarlo para el viaje al otro Central. Justo tenía una casa modesta y decente con un gran patio enjardinado y mobiliario de pobre. Su esposa Piedad era una señora mayor que él y era tan bondadosa que no tengo palabras para hablar sobre ello. Se deshacía en cumplidos para conmigo y no encontraba la manera correcta de agazajarnos. Como siempre mi padre &quot;criticaba&quot; el café que nos brindaba - a mí todavía me daban zambumbia (café endulzado) y lo nombraba &quot;café culecón&quot; mientras Piedad sonreía y le prometía otra taza culecona para el regreso. Justo tenía algunas grullas aclimatadas al llano que se la pasaban picoteando en el patio y a veces volaban sobre la cerca del patio y salían a la calle. Eran unos bichos grises, gordos y muy lentos que caminaban balanceándose y al parecer no les imprtaba que nadie los observara. Aunque trataba de encontrarle algún parecido con los gansos de Adolfina y con las corúas del Río no podía. Eran aves diferentes y terminé por asociarlas con codornices gigantes debido a su color. A mi papá lo que le más le gustaba de las grullas de Justo era su nombre. Le encantaba pronunciar la palabra &quot;grulla&quot; y lo haría hasta el fin de sus días con cualquier prtexto. Casi nunca veíamos a Justo ni a Vergara cuando íbamos al Central. Porque lo hacíamos en horario de trabajo. Pero yo conocía muy bien a Justo y a su hijo adoptivo. Les veía mucho en casa de Tionene los domingos. Justo era algo así como un clon de Virgilio, tal vez un pelín más alto y más grueso pero sin el bigote. Siempre tenía una media sonrisa en los labios y mi papá decía que era socarrón sobre todo cuando buscaba la ironía y la mordacidad. Su amistad no tenía nada que envidiarle a su amistad con el hermano del Bar. Raúl Vergara era un joven muy alto, muy familiar y recuerdo que necesitaba usar espejuelos. Generalmente no aceptábamos almorzar y regresábamos para despedirnos de Virgilio, retomar otra máquina de alquiler y llegar a&amp;nbsp; la Terminal de Yaguajay en donde abordábamos la Camberra de Caibarién. Para entonces mis cabellos no olían a nada, tenía deseos de acostarme un rato cuando llegara a la casa y otra vez buscaba un asiento en la parte izquierda de la guagua para mirar hacia la Loma - que todavía no asumía se llamaba Cordillera del Norte de Las Villas - y en donde los Alzados le habrían de sacar muy pronto un peo a los comunistas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Como he escrito en otras ocasiones la inesperada muerte de mi padre me impidió repetir y mejorar las entrevistas relativas a su pasado y al pasado de la gente con las que se relacionó. De modo que algunas cosas no&amp;nbsp; llegué a saberlas nunca y algunas pocas otras las he olvidado lamentablemente. No todas, por suerte. La amistad de mi mi papá con Los Barrios siempre fue antológica. Por no decir perfecta. Los Barrios lo adoraban, lo consideraban un hombre integral y las mujeres de la familia se morían de la risa con sus &quot;ocurrencias&quot;. Desconozco de donde eran nativos Los Barrios. Tampoco Los Beltrán, que era su apellido materno. Si tuviera que responder a esa pregunta por obligación diría que eran de la zona de Yaguey sur, vale decir de la zona en donde años después vivirían Los Curros y Agustincito González. Pero no tengo ningún asidero real para afirmarlo. El caso es que mi papá tenía muchas amistades por esa zona, con apellidos que después saldrían del espectro. Los Barrios eran tres hermanas y cuatro hermanos. La hermana Tula - tal vez la mayor - que se casaría con Wenceslao Larriba, el hermano de Chelo Larriba y que era un contador público muy solvente. Los recuerdo muy bien a ambos porque mi papá me llevaba a su casa en el Este del Río Yaguey, al sur de la careretera, cuando íbamos a buscar la carne de res por la cuota a Dolores o de paso al Caramelo en donde vivía su hermana Consuelo La Bella. Recuerdo que tenían un hijo muy buena persona llamado Enriquito y que en el patio de la modesta casa campesina había una mata de ciruelas &quot;extranjeras&quot; moradas mucho más carnosas, dulces y sabrosas que las domésticas. Coge y cómete todas las que quieras - me decía Tula, una señora canosa, de piel clara y delgada para la época. A mí se me antojaba que Tula no se parecía a sus hermanos. No tenía el color cetrino de la familia. Ella y Tiaestela - la mujer de Tionene - parecían hijas de otra genética. Tiaestela se enorgullecía cuando me enseñaba sus bellísimas fotos de juventud. Pero lo que marcaba a Tiaestela era su pulcritud. Limpia en extremo. Casi que era maniática de la limpieza y de la organización. Lo que llevaría a mi Tío Nene a sufrir durante toda su vida esa su característica compulsiva. Cuando alguien &quot;salía&quot; limpia y organizada en alguna familia le decían &quot;estas peor que Estela Barrios&quot;.&amp;nbsp; Estela Barrios era relmente bella. Parecía una castaña sanguínea. Los Barrios eran de piel cartucho, oscura, casi carmelita, como Los Perdomo. Sin embargo Luz Marina - la gran amiga de mi padre - era una Barrios purasangre. Tenía el color típico y la mirada ausente y pícara de los demás.&amp;nbsp; Luz se había casado con un señor viudo llamado Armando Cruz y vivía en Caibarién y creo que no tenían hijos porque ella no podía. Armando - otro gran hombre según el criterio de mi papá - sí tenía una hija. Recuerdo que algunas veces mi papá me llevó a su casa en Calle Cuba esquina Goucuría. Años después la visitaría mucho más por otros motivos. El tercer hombre de la famila era Angelito. Para entonces un hombre trabajador en extremo que vivía en Caibarién y que todos los días venía a Plateros, a casa de su hermana Estela, para trabajar en la finca de Tionene y para cazar algún jornal en las fincas de los alrededores. Angelito era muy chistoso y un perfecto imitador de los viejos de &quot;antes&quot;. Usaba un bastón porque cojeaba del pie derecho y se decía que tenía una tranca gigantesca, la cual lucía en público en su juventud. Famosa era la historia que contaban los primos de mi padre relativa a su instrumento. Parece que su número favorito consistía en colocar diez grandes galletas de agua, una sobre otra, sobre el mostrador de la tienda de Juanito y golpearlas con el yerro sarazón. Los primos aseguraban que siempre &quot;hacía polvo&quot; a todas las galletas. Angelito Barrios - siempre le llamaban así: agregando el apellido - vivía con su hija Mercedes que estaba separada del padre de sus dos hijas pequeñas. La ex mujer de Angelito se llamaba Caruca Fumero y era parienta de mi madre. Por tanto desconozco cómo fue que Virgilio consiguió el dinero para comprar el Bar en Victoria, para llevarse a Raúl con él y encaminarlo en la purga de azúcar y para ayudar a todos sus hermanos. Virgilio venía mucho por la casa de su hermana Estela. Se quedaba allí, incluso. Fue él quien le echó piso de cemento, quien tiró la acera hasta el pozo del brocal del pino, quien le compró la radio de pilas y quien fabricó una cuarto al fondo norte - tablas aserradas, piso de mosaicos y tejas - para su uso personal. Virgilio era un gran mecenas para toda su familia. También sé que muchos amigos tenían que agradecerle gestos inolvidables. El cuarto hermano era Jorge Barrios. También era amigo de mi padre. Pero Jorge vivía en Caibarién, tenía su propia familia y apenas venía por Plateros. Era el otro hombre de dinero en la familia y su fuerte eran las casillas de carne de res. Es un tipo muy controlador - decía mi padre. Tal vez lo hubiera visto alguna vez durante alguna visita al pueblo. De todas formas era del tipo racial&amp;nbsp; mas &quot;claro&quot;, como Tula y como Estela. También, cuando fue intervenido por la Revolución, decidió irse para los Estados Unidos. Pero lo haría solo. Recuerdo que su hijo mayor, Humberto - padre de una de las mujeres mas hermosas de Caibarién - se quedaría trabajando con la &quot;Revolucion&quot; en una de las casillas intervenidas de su padre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Atesoro algunas anécdotas que mi padre compartió con Los Barrios. Casi todas estaban en el borrador de mi libro Petición fiscal que un temporal de Mayo se llevó cuando yo estaba en Chile y mi hermana, que estaba sola en la casa, no pudo salvarlo porque debió priorizar al refrigerador. El color cetrino de Los Barrios hacía que mucha gente pensara que tenían algo de &quot;negro&quot;. Porque debo agregar que la &quot;bemba de toro&quot; de Raúl era heredada. También lo pensaban gente como Justo Barrios. Mas allá de que se tratara de una broma a Justo le encantaba decir, en voz alta, que iba a visitar &quot;a sus primas&quot;. Lo decía delante de sus hermanos &quot;purasangre&quot; para joderlos. Porque las primas eran negras retintas. Una noche mi papá y Justo fueron a visitar a un viejo amigo de otra generación que convalecía en el Hospital de Caibarien. El viejo era el famoso Sebastián - Sastián -, un hombre que comía tanto que parecía no tener fondo. Se aseguraba que daba cuenta de un racimo de plátanos maduros de un tirón e incluía a las&amp;nbsp; cáscaras. Recuerdo que mi papá decía que una vez una gallina con todos sus pollitos se había quedado atascada en otra de sus grandes plastas de mierda. Sastián tenía una especie de tic nervioso en uno de sus ojos y cuando hablaba no podía evitar guiñarlo. Aunque Angelito era su mejor imitador mi papá hizo muy popular en el barrio una de las advertencias de Sastián a Margarita, la abuela materna de Los Barrios. Cuando el yucal de Sastián comenzó a parir llamó a la vieja y le advirtió &quot;oye, magarita, ve a ver si amarra su pueca que la yuca ya está pariendo&quot;. Mi papá hacía todas las muecas de rigor y tenía que repetir la anécdota montones de veces. Antes de pasar a la sala de cuidados intensivos en donde estaba Sastián se detuvieron en la sala mayor para disfrutar de la controversia verbal de dos vejetes que se estaban robando la película en la hora de la visita. Los ancianos estaban en camas muy alejadas. Uno de ellos era muy jactancioso y le encantaba contar sus hazañas eróticas de juventud. El otro se burlaba en voz muy alta cada vez que terminaba de contar una. &quot;Porque yo siempre fui un tipo de hembras&quot;. &quot;Sí, hembras, pero...de plátanos&quot;. &quot;Los que me conocen saben que fui un tipo corrido&quot;. &quot;Claro.....corrido pero por la policía&quot;. &quot;Durante mi juventud era un hombre de plumas&quot;. &quot;Como no...de plumas pero de gallina&quot;. Contaba mi papá que hubo que aguantar al viejo verde contra el colchón de su cama porque terminó por insultar y desafiar al otro que no paraba de repetir sus respuestas y casi que se moría de la risa. Sastián todavía estaba conciente y conversaba como un loro. Esa noche no tenía visitas familiares y se alegró sobremanera cuando vio a Justo y a mi papá. Después de agotar los temas cotidianos les aseguró que su próximo plan era sembrar una arboleda con todos los árboles maderables y frutales existentes y comenzar a vivir de ellos cuando comenzaran a&amp;nbsp; madurar y a parir. Sí señor, eso es lo que voy a hacer cuando salga de este hospital de mierda - repitió. Justo miró a mi papá, apretó sus labios, abrió los ojos y no dijo nada. Hasta que llegaron a la calle. Chico - le dijo - pero este viejo no se dará cuenta de que lleva la caja a remolque. La frase &quot;lleva la caja a remolque&quot; - arrastrar el propio ataúd - fue, desde entonces, una frase célebre en boca de mi padre y fueron muchas las ocasiones en que tuvo que recontar la anécdota. Que, por supuesto, incluía a la pelea de los ancianos en la Sala Grande. Todavía hoy, los niños de entonces la recuerdan (y la citan) cuando alguien se está muriendo. A las ocurencias de Justo había que agregar cierta vena poética. Existen algunas décimas - o pedazos - relativas a su familia y mi papá me decía que las habia compuesto Justo aún cuando a veces la familia no salía my bien parada. Se trataba de décimas incompletas y debo admitir que las cuartetas que estaban terminadas ahora no puedo recordarlas bien. Una cuarteta criticaba a los guajiros que se mudaban para el pueblo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; Se van para Caibarién&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; pero se van a freír&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; como huevo en el sartén.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Había un grupo de décimas que incluía a la famila Barrios y a vecinos muy queridos y famosos por algún motivo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Cuando la máquina pita&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;que va subiendo la loma&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Justo Barrios es la paloma&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Y Nene la bijirita.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;.......&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Olimpio será el zorzal&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;que como décima pasa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;................la torzaca&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; y Raúl....carpintero real.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;.......&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; Para seguir el renglón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; con mis frases agradables.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; Manolo Vega es el cable&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; y Bonifacio que brilla&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; Ramón Ferrer la morcilla&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; y Carlillo el miserable.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; Aquel de la loma enfrente&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; se titula Frank Carillo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; el del terraplén, Palillo,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; y el hermano Mierda Seca.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; Goyo Manso se llevó&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; a Nereida Motrejón&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; en tan mala situación&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; que en el suelo la acostó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Raúl me contaba que Virgilio también se botaba su decimita de vez en cuando. Pero él prefería recordar una frase que usó una vez para resolver el problema de una rima que no le salía. Una frase no, un verso - recalcaba -. Imagínate que el verso era &quot;que peste a diminutivo&quot;, o sea una barbaridad originalísima.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;El equipo de Pelota de Plateros era tan famoso para la época que sus dirigentes fueron capaces de contratar juegos en lugares muy alejados. Venían peloteros que incluso habían llegado a jugar en las Series Nacionales. Los domingos los hogares se vaciaban para acudir al juego de turno y cuando tocaba jugar de visitante los fanáticos no cabían en el camión contratado. Recuerdo que se construyeron casetas de madera y guano tipo gradas pegadas a la cerca y que los comerciantes avispados comenzaron a vender refrescos de limón y sandwiches de puerco asado. El negocio les fue tan bien que muy pronto comenzaron a rifar un gran muslo de cerdo. Virgilio reunió al gran equipo del Central Victoria y les convenció para topar con Plateros. Ustedes verán como los hacemos leña, qué se creen estos guajiros - fastidiaba. Para entonces la Pelota en los centrales azucareros tenía altísima categoría. Por la influencia de los dueños americanos y por ende en los ingenios que tuvieran dueños cubanos. Victoria tenía un verdadero trabuco. Recuerdo que el partido se promocionó como si fuera una final olímpica. Lamentablemente no puedo recordar todos los detalles. Era demasiado pequeño. Mi papá no era un gran fanático de la Pelota - lo sería años después desde la radio - así que me dejaban ir con Tico el novio de mi prima Milagros y Primera Base del Plateros o con Aleida la de Tío Pito que tenía un grupo femenino de fans llamado Las Muchachitas. De modo que no puedo recordar en que viajaron los &quot;profesionales&quot; de Virgilio. Sí recuerdo perfectamente que con ellos vino un hombre muy flaco, cincuentón, que no se cansaba de hacer chistes y que trajo una vocina y un pequeño equipo de audio para narrar el juego. Se trataba del famoso Huesito. También recuerdo a la Primera Base del Victoria. Un tipo joven llamado Wichy, casi enano, pero con una velocidad, un poder de salto y una calidad del nivel de Armandito Pitirre. Ese domingo se lució bateando y saltando en Primera con los tiros altos. No puedo recordar el marcador final. Pero estoy casi seguro de que ganó Victoria porque las imágenes que me llegan son las de Virgilio sonriendo y diciendo &quot;no se los decia, ustedes no son peo que rompe calzoncillos&quot;. Tampoco recuerdo si Platero devolvió la visita. Aunque me parece que no.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Virgilio era un solterón empedernido. Teresita era mucho mas joven que él y significaba su amiga íntima y confidente especial. Mi papá la consideraba &quot;su mujer&quot;. Pero admitía que el comportamiento era casi como el de una &quot;querida&quot;. Sin embargo era una relación realmente sólida. Le ví pocas veces. Pero la recuerdo con el pelo recortado de época, trigueña, muy bonita, con la cara redondeada y relativamente baja. No tan dulce. Pero sí suficientemente femenina para una solterona que tenía una amante amigo eterno.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;El establecimiento de Virgilio duró en sus manos lo que duró la propiedad privada en manos de los dueños cubanos. Un buen día - un mal día? - &quot;la Revolución&quot; decidió dar el uúimo golpe de nocaut y cerró el proceso intervencionista. El Bar de Virgilio Barrios fue intervenido y pasó a &quot;manos del pueblo&quot;. Virgilio llegó a pensar que harían una excepción con él - o que por lo menos alargarían el período para intervenírselo - porque era público que había sido un colaborador convencido de Camilo Cienfuegos. Otro mas de los que había caído en la tarmpa de que &quot;esta Revolución será tan verde como las palmas&quot; y de que &quot;no sería jamás una revolución comunista&quot;. Virgilio Barrios tiró la toalla, dejó que su sobrino Raúl se fuera a buscar fortuna a La Habana, casi que se comprometió con Teresita, se vino a vivir a su apartamentico de Plateros y comenzó a preparar los papeles para emigrar a los Estados Unidos. Nadie sabía nada del dinero que había atesorado durante tantos años en el negocio ni si la forzada conversión monetaria le habría afectado. Su vida se derrumbó y no le quedó otra alternativa que esperar por la macabra madeja burocrática de la &quot;Revolución&quot; que lo iba dejar salir del país pero a costa de un calvario inenarrable. Tenía un gran amigo en los Estados Unidos - me parece que alguien llamado Anguito - que se encargó de preparar los documentos de la reclamación. Durante ese período fue que yo pude asimilar de verdad el tipo de persona que era Virgilio Barrios.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;El Gobierno castigaba a los &quot;traidores&quot; que se iban a vivir a la &quot;casa imperialista&quot; con trabajos casi forzados en el macabro lugar que decidieran. Incluso eran capaces de demorar las salidas aunque las visas americanas estuvieran listas. No podría asegurarlo ahora pero creo que Virgilio tuvo que trabajar en una conejera que habían construido entre Dolores y Yaguey. Para entonces tenía una bicicleta muy poco parecida a las clásicas bicicletas americanas. Recuerdo que tenía el caballo triangular, una parrilla corta y un manubrio recto, deportivo. Creo que era de fabricación checa y en verdad la gente hablaba maravillas de ellas. Virgilio se la pasaba pedaleando por la carretera y recuerdo también que se detenía en las casas de los vecinos y les pedía &quot;la libreta&quot; para traerles el pan o cualquier mandado que necesitaran. La gente lo conocía poco pues prácticamente vivia en el Central aunque sabía de su probada catadura moral como la de todo Barrios de alcurnia. Ahora terminó de conocerlo mejor mientras purgaba el castigo que el Gobierno que ayudó a consolidar le imponía por el delito de abandonar la Patria. Algo que, para ellos, era una traición. Virgilio apenas visitaba a los vecinos. Les veía y saludaba en la carretera o en casa de su hermana Estela. Yo pude verle bastante durante su espera porque mi padre me llevaba y muchas veces íbamas la familia entera, que ahora incluía a mi hermana Tery, nacida en 1963. Nadie sabía en donde Virgilio tenía el dinero que había ganado en su Bar ni si lo había enviado a los Estados Unidos. Pero varias veces escuché que &quot;ese Barrio estaba podrido en plata&quot;. Creo que Anguito era solo su amigo. Entonces una reclamación no exigía que la persona fuera un familiar allegado. Bastaba un afidavit. Mi papá conocía a Anguito y siempre hablaba de que eran amigos inseparables. Pero aclaraba que &quot;Anguito no había esperado a que lo botaran como esperó Virgilio&quot;. No estoy seguro pero creo que Virgilio Barrios Beltrán viajó a los Estados Unidos alrededor de 1967. Para entonces las visitas de su hermana Luz Marina se multiplicaron a casa de su hermana Estela a manera de predespedida. Luz - como le decía mi papá - casi siempre nos visitaba y otra vez volvía a morirse de la risa con las ocurrencias suyas.&amp;nbsp; Esta risa desbordada y limpia de algunas mujeres cuando mi papá se desbocaba a contar historias me llevó a pensar que algunas estaban enamoradas de él. Se lo dije varias veces delante de mi madre. En broma. Pero no tanto. Mi madre se reía y movía la cabeza y llegué a pensar que estaba celosa. Pero no: eran mujeres excelentes muy poco acostumbradas a relacionarse con hombres que llevaran el apellido Ferrer. Con Luz Marina venía una niña rubia natural, de piel de manzana y grandes ojazos avellana. Era la hija de su sobrina Mercedes, la hija de Angelito, a la que estaba criando como si la hubiera adoptado. La niña se sentaba en un taburete con las piernas muy juntas, apenas hablaba y me miraba de una manera lánguida y angelical. Yo hacía lo mismo. Pero mi timidez me hacía cambiar a veces la mirada. La niña se llamaba Margarita. Pero esa es otra historia. Un buen día Virgilio voló a los Estados Unidos y la gente de Narcisa y de Victoria - la Revolución no pudo jamás obligar a los vecinos de los centrales azucareros a que renombraran a sus bateyes con los nombre del martirologio - y de Yaguajay y de Plateros y de medio mundo tuvo que acostumbrarse a su partida. Compensada con sus cartas, con sus presentes y con el apretón de manos y el abrazo recibido cuando regresó de visita a Cuba pocos años después. No podría asegurarlo pero creo que Vigilio partió solo y que mas tarde fue que Teresita se le unió en Miami. A partir de entonces la información que tengo es la relacionada con lo que me contaba mi primo Raúl. Porque las decenas de cartas que le escribió a mi padre no hablaban de su vida de hombre de negocios en la ciudad floridana. Eran cartas cortas, perfectamente redactadas a máquina en folios amplios y casi protocolares. Cada carta incluía una o dos cuchillas de afeitar Gillete o postales en fechas de aniversario. Siempre era yo el lector. Y quien las respondía cuando el viejo me lo pedía. Las cartas venían a nombre de Rafael González Ferrer pero en el encabezado interior siempre decía &quot;para mi amigo Perico Lobatón&quot;. Perico Lobatón. Así le decia a mi padre. El sobrenombre tenía que ver, creo recordar, con una marca de tabaco. Virgilio se dedicó al negocio inmobiliario en Miami y le fue estupendamente bien. Se decía que tenía muchísimas viviendas arrendadas.&amp;nbsp; Que recuerde vino una solo vez a Cuba y su estancia en casa de su hermana Estela fue en verdad complicada por la gran cantidad de gente que fue a saludarlo. Mi padre lo haría también pero no pudieron tener un aparte de verdad como en los buenos tiempos. Por algún motivo yo no le acompañé. No es que mi padre regresara decepcionado de casa de Estela. El sabia que habían pasado los años y que un viaje&amp;nbsp; siempre tenía fecha de regreso, velocidades ajustables y mucha gente a la que atender. Sin embargo, Teresita sí venía con mas frecuencia. Teresita era una mujer de su familia. Vivía para ella. No estoy seguro de si se casaron en Cuba antes de partir o lo hicieron después en Estados Unidos. Pero creo que alguna vez oficializaron su unión. Teresita venía a Victoria pero no a Plateros. Raúl se quejaba de su indiferencia para con él y sobre todo se quejaba de que sus &quot;regalos&quot; eran poco menos que ridículos. La señora de Virgilio había tomado su nueva categoría muy a pecho. Cuando Virgilio murió mi padre se sintió como si el occiso hubiera sido un hermano suyo. Y como pasa con la muerte - sobre todo si se produce lejos - un día Virgilio cayó en el olvido natural y mi padre solo lo mencionaba cuando quería poner un ejemplo de hombre íntegro y bueno.&amp;nbsp; Pero lo mencionaba bastante, por cierto. La viuda Teresita quedó &quot;rica&quot;. Según Raúl, no cumplió la última voluntad del tío favorito. Raúl me aseguró que supo, de buena tinta, que Virgilio le había dejado una suma suculenta en el testamento y que su esposa no se la había entregado. Alrededor del año 2014 me puse en contacto con Rayza Vicens a través de los datos que me dio Raúl cuando viajé a A Cuba. Rayza - que la conocía pefectamente - me contó de su actitud &quot;rara y mezquina&quot; cuando la visitó en Miami acabada de llegar. Me dijo que aún mantenía el Imperio Inmobiliario, que tenía una mansión fenomenal y que estaba muy vieja. Teniendo en cuenta la notable diferencia de edad que había entre ella y su marido posiblemente aún viva. Estas opiniones no quitan para nada de su condición de gran amiga, de mejor amante y de señora fiel de un hombre integral. Solamente son puntos de vista de ciertas personas que no estaban preparados para enfrentar ciertas actitudes. Ahora que Raúl ha muerto, que prácticamente no conozco a sus primos, que los contemporáneos también han muerto no sé con quién hablar sobre Virgilio Barrios Beltrán cuando regrese a Cuba. Tampoco puedo visitar su tumba aquí en caso de que no haya sido cremado porque no soy amigo de Teresita. Así que tendré que hablar con su memoria.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Yo sé de eso.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Por suerte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Anexos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+ Justo Barrios se suicidó algún año del último cuarto del Siglo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;XX. Ahorcamiento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;+ Raúl Bembaetoro. Había un agregado relativo a mi primo Raúl en&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;el Barrio. La familia de Los Perdomo - apicultores de fama muy&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;bien ganada - vivía frente a la casa de Tionene, del otro lado de la&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;carretera. También eran muy cetrinos. Cándido Perdomo jr. - hijo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;de &quot;mi personaje inolvidable&quot; Cándido Perdomo sr. - era el&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;apicultor mayor y había formado una gran familia con sus&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;características idiosincráticas (reserva, discreción y respeto).&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;Cándido tenía los labios muy gruesos y casi el mismo color de&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;piel que Los Barrios. Los vecinos &quot;enemigos&quot; del &quot;técnico&quot;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;aseguraban que &quot;Estela se había acostado con él y por ese motivo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;era que Raúl teniá la bemba tan pronunciada&quot;. Cuando yo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;escuchaba este tipo de conversación en casa de mis primos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;isleños no podía dejar de recordar que, en efecto, Los Barrios&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;eran gente de boca fina. Pero tampoco olvidaba que padre e hijo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;caminaban de manera idéntica y que aquellas manos derechas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;pendulando al lado del muslo derecho eran tan famosas como&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp;la miel de las abejas de Cándido. Se decía lo que se decía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Luis Eme González.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Swetwater, Miami.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Usa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;Febreo 6 del 2020.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: large;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://calle8marazul.blogspot.com/feeds/2105097201479885372/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/02/mi-personaje-inolvidable-virgilio.html#comment-form' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2105097201479885372'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/932576071287337518/posts/default/2105097201479885372'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://calle8marazul.blogspot.com/2020/02/mi-personaje-inolvidable-virgilio.html' title='Mi personaje inolvidable. Virgilio Barrios.  Tomado de Grandes Nostalgias.'/><author><name>calle8marazul</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18033610128862775264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEia0lYAi0auJn3qrj438vQi2t3RjOQaiX7zgSGWw7nFiasZUDjVJ9O96axUYFTNvdpTAs9JJnF8Hh-UDmOVI_vcakkgxem5U_GP_ktI0nRaYvePilLF4Lls3qxJO6Ry6A/s220/GetAttachment+%2887%29.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>