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		<title>Orsai Blog</title>
		<link>http://editorialorsai.com/blog/</link>
		<description>Cuentos, relatos, folletines, pequeñas obras de teatro, monólogos y reflexiones de <b>Hernán Casciari</b>, conocido como El Jorge o Cayota, que actualiza este blog desde febrero de 2004.</description>
		<language>es-ES</language>
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			<title>Colección Cayota</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/coleccion_cayota</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>El 1 de enero de este año volvieron a mí los derechos de mis dos primeras novelas, que estaban en poder de <i>Random House Mondadori</i>. Tanto «El pibe que arruinaba las fotos» como «Más respeto que soy tu madre» serán reeditadas por Orsai este año. Para festejar el regreso de estos hijos pródigos, los lectores que han comprado la suscripción de la revista antes del 10 de enero (es decir, los que confiaron sin saber) tendrán uno de esos libros de regalo.</p>
					<p>En realidad podrán elegir entre tres libros de la flamante (y aún no concluída) <i>Colección Cayota</i>. El nombre se me ocurrió ayer y es un homenaje a Comequechu, que me bautizó así hace mucho.</p><p>La <i>Colección Cayota</i> contendrá todos mis libros, los habidos y los por haber, y su logo será la silueta del simpático gordito con el banderín.</p><p>Quienes opten por el regalo recibirán un mail con un enlace que los llevará a esta página secreta:</p><p><img src="http://editorialorsai.com/i/blogs/distris/regalo1.jpg" /></p><p>Como ven, hay tres libros para elegir, y los escribí yo solito. Quien elija «Charlas» lo recibirá junto a la Orsai N13, quien elija «El pibe» junto a la Orsai N14, y quien elija «Más respeto» junto a la Orsai N15. Estos regalos no caducan: pueden elegirlos cuando quieran.</p><p>Los lectores que no hayan comprado su suscripción antes del 10 de enero, y de todos modos quieran uno de estos libros, pueden comprarlos en la <a href="http://editorialorsai.com/tienda/">Tienda</a>. Los tiempos de entrega son idénticos.</p><p>Como ya es costumbre, son ediciones limitadas: hay mil ejemplares para América, quinientos para Europa, y sanseacabó. Así que mejor se apuran.</p><p>Detalle para coleccionistas: «El pibe que arruinaba las fotos» es una versión aumentada respecto al editado por <i>Plaza & Janés</i>. Es decir, tiene más capítulos. </p><p>La reedición de «Más respeto que soy tu madre» es la versión original argentina. Muchos lectores de España y Mexico nunca pudieron leer este libro y tuvieron que conformarse con un engendro espantoso con mexicanismos o escenografías castizas.</p><p>Por lo demás, sé que lectores de muchos otros países de habla hispana jamás tuvieron la opción de conseguir ninguno de estos volúmenes, porque la industria editorial solo vende donde le conviene. </p><p>Así que la <i>Colección Cayota</i> es también el inicio de unas disculpas que debí dar hace mucho. Me equivoqué cuando me dejé editar con intermediarios. </p><p>Este es mi intento personal de pedirle disculpas al lector.</p>
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			<pubDate>Thu, 04 Apr 2013 18:55:05 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Seamos novios</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/proyecto_embudo</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Hace unos meses vino <a href="http://jfgv.blogspot.com.es/" target="_blank">Jorge González</a> a casa y me trajo de regalo <a href="http://www.rue89.com/rue89-culture/2012/10/09/chere-patagonie-entre-western-et-quete-didentite-une-sublime-bd-venue" target="_blank">«Chère Patagonie»</a>, su último libro editado en Francia. ¡Terrible libro! Si se te cae en el dedo gordo del pie no caminás nunca más. Los franceses son muy exquisitos con sus libros. Los miman, los llenan de detalles. No es solo el mimo de la encuadernación o el buen papel: es que se nota el amor y las ganas que le ponen. ¡Ah, que putos los franceses, cuánta envidia!</p>
					<p>También estaba <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Horacio_Altuna" target="_blank">Horacio Altuna</a> en casa, y <a href="http://orsaipad.com/" target="_blank">Fran Martín</a>. Conversábamos sobre el tema. ¿Por qué los lectores franceses tienen a su disposición montones de libros en tapa dura, ilustrados, con el lujo brillando del lomo a la contraportada? ¿Por qué nosotros no?</p><p>La respuesta nos pareció simple: porque ellos adoran los libros. </p><p>Pero nosotros también tenemos ese mismo amor, decíamos en esa charla, y sin embargo nadie apuesta con fuerza por la belleza, o por las temáticas arriesgadas.</p><p>Da la impresión de que las editoriales francesas estuvieran en el primer noviazgo con los libros que editan —les dije—, mientras que las nuestras mantienen un matrimonio sin amor con sus catálogos.</p><p>«Seamos novios, entonces», respondió Jorge González. Y creo que esas palabras fueron el inicio del <i>Proyecto Embudo</i>. </p><p><div class="post_h2">El embudo</div><div class="post_h3"></div></p><p>Éramos cuatro, pero embalamos y empezamos a hablar a la vez: parecíamos venticinco borrachos en una despedia de solteros. ¿Por qué no hacemos el intento de producir libros preciosos, a contramano del márqueting, con la calidad gráfica francesa? </p><p>¡Eso, eso! El libro que un gran autor, ilustrador o artista siempre soñó publicar, con el formato que a el se le antoje, con la temática más rocambolesca o íntima, y nunca pudo porque sus editores le piden ‘otra cosa’ o le dicen ‘esto es demasiado arriesgado’. ¿Por qué no hacemos una Colección Gráfica con ese objetivo?</p><p>Horacio, o Jorge, o Fran, no recuerdo quién de los tres, se refirió al asunto del siguiente modo: «Deberíamos hacerle realidad al autor el proyecto que toda la vida tuvo en la cabeza y nunca pudo editar». </p><p>Yo entonces les conté que —salvando las distancias— eso me había pasado con Orsai, con la revista, que ese era mi «proyecto embudo», eso en lo que no podés dejar de pensar y tenés que hacer sí o sí. </p><p>Y a los tres les gustó bautizar a la Colección con ese nombre.</p><p>Lo demás fue una catarata de verborrea y de trabajo que hoy ve su primera luz, después de meses de imprentas, de charlas con una docena de autores y de sueños soñados en voz baja. </p><p>Los primeros tres libros del «Proyecto Embudo» se ponen a la venta desde hoy en la flamante <a href="http://editorialorsai.com/tienda" target="_blank">TIENDA ORSAI</a> y estarán impresos a tiempo para que sus autores los firmen en la Feria del Libro de Buenos Aires, donde tendremos un stand.</p><p><div class="post_h2">Las cinco reglas del proyecto</div><div class="post_h3"></div></p><p>Después de varias sobremesas posteriores, entendimos que el Proyecto Embudo tendría cinco objetivos inamovibles:</p><p>1) Se invitará a participar a autores elegidos por Jorge González, Horacio Altuna, Fran Martín y yo, porque estábamos esa tarde en casa. Pero ustedes pueden recomendar, obviamente.</p><p>2) Cada libro será un objeto trascendente, mimado y cuidado. Tapa dura de cartulina 330 gramos, guardas interiores, papel de alto gramaje y una edición limitada a mil quinientos ejemplares.</p><p>3) Serán obras gráficas de alto impacto visual, que se pondrán en preventa durante un mes y medio o hasta agotar el stock. Solo se venderán desde la web y se enviarán por correo o a través la red de distribuidores Orsai.</p><p>4) Cada autor se llevará el cincuenta por ciento del precio de venta del libro (gastos de logística aparte) y serán dueños y señores de los derechos de la obra.</p><p>5) Cada libro será lo que el autor quiera que sea: en formato, en cantidad de páginas, en la elección del diseño y la maquetación. Será su sueño personal, nosotros solo daremos consejo y logística.</p><p><div class="post_h2">El primer triunvirato</div><div class="post_h3"></div></p><p>Ya tenemos a la primera docena de autores trabajando en su proyecto más personal. Si todo sale bien, los siguientes nueve libros saldrán a preventa en grupos de a tres, cada dos meses.</p><p>Como cada autor es una bestia peluda, creemos que cada uno agotará sin problemas una edición limitada de mil ejemplares en América y quinientos en Europa, pero de todos modos queremos empezar despacio, de a tres.</p><p>En este sencillo acto, que aquí acaba, les presento al primer triunvirato «Proyecto Embudo».</p><p><div class="separador"></div></p><p><div class="post_h2">Pedro y Jorge soñaron 60 sonetos ilustrados</div><div class="post_h3"><a href="http://editorialorsai.com/tienda/el_gran_surubi" target="_blank">«El gran surubí»</a>, Mairal & González</div></p><p><img src="http://editorialorsai.com/i/productos/210x210/el_gran_surubi.png" style="float:left;" />¿Cómo no íbamos a empezar así? Si asumimos la aventura de un libro excéntrico, una novela en sonetos es el riesgo más adecuado. La historia es alucinante: en una Argentina apocalíptica en la que ya no hay qué comer, el Ejército recluta a los varones mayores de dieciocho, los uniforma y los obliga a pescar. Entre ellos, el protagonista Ramón Paz y sus amigos escritores. «El gran surubí» (mezcla de Martín Fierro y Moby Dick) es el gran poema moderno que <a href="http://pedromairal.blogspot.com.es/" target="_blank">Pedro Mairal</a> y Jorge González —versos e imágenes— compusieron en forma de folletín para la revista Orsai en 2012. Reunir estos sesenta sonetos y sus dibujos en un solo libro, más que un gusto personal, es una obligación literaria.</p><p><a href="http://editorialorsai.com/tienda/el_gran_surubi" target="_blank"><img src="http://editorialorsai.com/i/productos/libroabierto/el_gran_surubi.jpg" style="border:0;" /></a></p><p><div class="separador"></div></p><p><div class="post_h2">Juan Matías soñó un libro romántico</div><div class="post_h3"><a href="http://editorialorsai.com/tienda/el_amor_es_un_perro_verde" target="_blank">«El amor es un perro verde»</a>, Tute</div></p><p><img src="http://editorialorsai.com/i/productos/210x210/el_amor_es_un_perro_verde.png" style="float:left;" />Cuando le preguntamos a <a href="http://www.tutehumor.com.ar/" target="_blank">Tute</a> cuál era el libro que más quería hacer en el mundo, no dudó ni medio minuto: «uno sobre las relaciones de pareja». El día que nos empezó a enviar originales entendimos que era más que eso: «El amor es un perro verde» es un viaje específico al desamor, a la soledad, a la rutina del matrimonio, a las pasiones desencontradas, a la cursilería del noviazgo y a todos los derivados de esas mariposas en el estómago que se convierten, con el tiempo, en gusanos tristes en la panza. También le preguntamos si soñaba algo más para su libro. Nos dijo: «quiero que el prólogo sea de Quino». Fue imposible no darle el gusto.</p><p><a href="http://editorialorsai.com/tienda/el_amor_es_un_perro_verde" target="_blank"><img src="http://editorialorsai.com/i/productos/libroabierto/el_amor_es_un_perro_verde.jpg" style="border:0;" /></a></p><p><div class="separador"></div></p><p><div class="post_h2">Alberto soñó publicar su <i>moleskine</i></div><div class="post_h3"><a href="http://editorialorsai.com/tienda/libreta_de_viaje" target="_blank">«Libreta de viaje»</a>, Montt</div></p><p><img src="http://editorialorsai.com/i/productos/210x210/libreta_de_viaje.png" style="float:left;" />Los fanáticos de <a href="http://www.dosisdiarias.com/" target="_blank">Alberto Montt</a> nunca entendimos cómo es capaz de crear chiste excelente todos los días, sin altibajos, en su blog Dosis Diarias. ¿Qué tiene dentro de su cabeza, cómo piensa? Su secreto es una libreta <i>moleskine</i> donde garabatea cuando espera un avión, cuando mata sus ratos muertos. Su elección de publicar esos trabajos personales nos maravilló, porque ya habíamos espiado esa libreta. Montt solía sacarle algunas fotos a esa <i>moleskine</i> y las publicaba en su Instagram, como hobbie. Sus seguidores le pedían a gritos que esos bocetos íntimos se convirtieran alguna vez en un libro. «Libreta de viaje» es, además de un gran libro de ilustraciones, la guía turística definitiva al cerebro de Montt, que nos abre la puerta al subconsciente de su talento. </p><p><a href="http://editorialorsai.com/tienda/libreta_de_viaje" target="_blank"><img src="http://editorialorsai.com/i/productos/libroabierto/libreta_de_viaje.jpg" style="border:0;" /></a></p><p><div class="separador"></div></p><p>Así estamos.</p><p>No hace falta que lo diga, pero tampoco está mal repetirlo: la Editorial Orsai no hará publicidad de estos libros en suplementos culturales, ni en vía pública, ni en radios ni en televisión; la pauta publicitaria representa el 5% de la inversión de un libro. Preferimos darle ese dinero al autor.</p><p>Los libros de la colección no estarán en centros comerciales, cadenas de librerías ni quioscos, porque estas plataformas se llevan el 35% del valor de tapa. Preferimos darle ese dinero al autor.</p><p>Solo tenemos este blog, y a sus lectores habituales. </p><p>La única manera de que más lectores conozcan la existencia de estos libros, y los compren, es que ustedes lo difundan en las redes sociales o en las sobremesas.</p><p>No hay intermediarios. No hay beneficios espurios ni letra pequeña en los contratos. Somos autores y lectores enamorados de lo mismo y sin nadie en el medio. </p><p>Aprovechemos, entonces, y seamos novios.</p>
				</div>
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			<pubDate>Wed, 20 Mar 2013 21:30:30 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Nueve años, etcétera</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/etcetera</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Este blog <a href="http://editorialorsai.com/blog/archivos/" target="_blank">cumplió nueve años</a> el viernes. En ese tiempo Orsai fue mutando a libro, a novela, a obra de teatro, a revista, a pizzería, a bar, a editorial, etcétera. La enumeración es intensa, pero lo que más me llama la atención es ese <i>etcétera</i> al final del resumen: cada vez me da más miedo. Ahora no me acuerdo qué día de 2012 empezamos a fantasear con que el siguiente paso <i>natural</i> de Orsai debía ser fundar una universidad. Pero algo es seguro: fue en una sobremesa de verano y lo propuso Chiri, que no estaba sobrio.</p>
					<p>A mí me pareció —lo confieso con vergüenza— que esta vez Chiri se estaba yendo al carajo. Es verdad que veníamos envalentonados con cinco o seis revistas en la calle y un bar a punto de inaugurarse, pero el olor a trasnoche aurora grundig de su frase fue demoledor:</p><p>—¿Sabés qué tenemos que hacer, Jorge? —dijo, y se midió—. No te digo este año, sino en 2013, en 2014...</p><p>—¿Qué tenemos que hacer?</p><p>—Poner una universidad —dijo.</p><p>—En 2014 no —le contesté—: hay mundial en Brasil.</p><p>—Entonces la ponemos en 2013 —cerró, y se fue a dormir.</p><p>Yo estaba de vacaciones en Argentina y me quedaba en su casa. Al día siguiente me desperté, puse el agua para el mate y cuando apareció Chiri, todo despeinado, no le saqué el tema. </p><p>Esto nos ha pasado mil veces: embalar de madrugada con ideas perfectas, realizables, geniales y todopoderosas, y después, con luz de día, avergonzarnos en secreto y no volver a hablar del asunto. </p><p>Sin embargo, con el primer mate en el cuerpo:</p><p>—Y te digo más —siguió Chiri, como si no hubieran pasado doce horas entre las dos frases—, vos tenés que ser el Rector porque sos gordo, y yo tengo que ser el Vicerrector porque tengo anteojos.</p><p>Entonces sí, supe que estaba hablando en serio.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Después transcurrió, enterito, el año 2012 y un puñado de asuntos hizo que la idea empezara a carretear. </p><p>Por ejemplo: cuando Chiri planteó la idea no teníamos un lugar físico, pero meses después abrimos <a href="http://editorialorsai.com/bar/" target="_blank">Orsai Bar</a>. Y atrás del bar apareció Comequechu diciéndonos a cada rato: «Cayota, Pajabrava, tienen que inventar algo para que podamos abrir a la mañana, así compro una cafetera y amaso medialunas».</p><p>También vimos —desde la redacción de la <a href="http://editorialorsai.com/revista/" target="_blank">revista</a>— que entre las muchas publicaciones de crónica narrativa de Iberoamérica, nos estábamos prestando todo el tiempo a los mismos autores. </p><p>Una vez conversamos con el Chino Chang y con Mario Jurisch (editores de la peruana <i>Etiqueta Negra</i> y la colombiana <i>El Malpensante</i>) sobre la necesidad de generar un semillero, una cantera, una masía. Algo, lo que sea, para que todas las historias no acaben siempre firmadas por los mismos veinte nombres.</p><p>En esa época Chiri empezó a recibir por mail cientos de propuestas de autores nuevos: crónicas, entrevistas, cuentos, historietas, ensayos, pero en los casos donde había talento, se notaba también que faltaba <i>algo</i>. Que el talento solo no era suficiente. Y una tarde entendimos que lo que suele faltarle al autor más joven es consejo y testeo.</p><p>Lo primero se consigue en muchos talleres de periodismo o literatura: se trata del seguimiento personalizado de un buen maestro. Lo segundo es más complicado: el autor debe aprender a escribir con la presión que dan muchos lectores mirándolo, sugiriéndole, enojándose y protegiéndolo. </p><p>Cuando entendimos esto, embalamos todavía más: la idea trasnochada de Chiri, fundar una universidad, empezaba a crecer. </p><p>Teníamos el <i>dónde</i>: un bar por las mañanas, el mejor sitio para aprender lo que sea. Teníamos un <i>porqué</i>: formar al nuevo staff de Orsai 2014 y abastecer a otras revistas culturales. Teníamos el <i>cómo</i>: una comunidad de lectores con ganas de leer a nuevos talentos, de convertirlos en <i>autores populares</i>, y con el espectáculo agregado de verlos formarse en directo. Teníamos el <i>cuándo</i>: el inicio lectivo del año 2013. Solamente nos faltaba el <i>quién</i>. </p><p><div class="separador"></div></p><p>O mejor, los <i>quiénes</i>.</p><p>Para el <a href="http://editorialorsai.com/masters/programas/gonzalo_garces" target="_blank">Master de Periodismo Cultural</a>, que va los lunes, <a href="http://editorialorsai.com/masters/profesores/gonzalo_garces" target="_blank">Gonzalo Garcés</a> se caía de maduro. A mí me llamó siempre la atención su franqueza al leer textos ajenos. Su palmarés como ensayista lo ubica, desde hace años, en los mejores medios de comunicación. De hecho, sigue ostentando el récord de haber sido el crítico literario más joven del centenario La Nación. Empezó a los dieciséis. ¿Quién más que él puede aconsejar sobre los ensayos que preferimos en Orsai?</p><p>Para el <a href="http://editorialorsai.com/masters/programas/josefina_licitra" target="_blank">Master de Crónica Periodística</a>, que va los martes, nos quedamos con la mejor: <a href="http://editorialorsai.com/masters/profesores/josefina_licitra" target="_blank">Josefina Licitra</a> ya nos había demostrado, en su crónica sobre el presidente Mujica en 2011, y en la de Francisco Salamone en 2012, cómo escribe; pero este año —que la fichamos como editora de Orsai— nos está demostrando por qué escribe así. Sus devoluciones a los autores son, sin exagerar, textos de lectura obligada. Si no aprendés a escribir una crónica con ella, no aprendés más. ¿Quién, sino ella?</p><p>Para el <a href="http://editorialorsai.com/masters/programas/pablo_perantuono" target="_blank">Master de Entrevista y Perfil</a>, que va los miércoles, no tuvimos que ser muy astutos. Según dijo Chiri en un tuit, «<a href="http://editorialorsai.com/masters/profesores/pablo_perantuono" target="_blank">Pablo Perantuono</a> inventó el reportaje polémico». Las dos últimas entrevistas de Perantuono fueron al Indio Solari en <i>Orsai</i>, y a Ricardo Darín en <i>Brando</i>. Con la primera consiguió que nos conociera medio mundo; con la segunda logró que la presidenta de un país le mandara una carta al entrevistado. ¿Quién, sino él, puede explicar cómo se desnuda a un entrevistado?</p><p>Para el <a href="http://editorialorsai.com/masters/programas/miguel_rep" target="_blank">Master de Dibujo y Novela Gráfica</a>, que va los jueves, la elección de <a href="http://editorialorsai.com/masters/profesores/miguel_rep" target="_blank">Miguel Rep</a> no tuvo que ver con su trazo ni con su experiencia bestial en <i>Página 12</i>, sino con su influencia cultural. Conversar una hora con Miguel, sobre cualquier cosa, te hace mejor persona. Imagínense entonces si ustedes son dibujantes en ciernes que hablan con él sobre arte, dos horas a la semana. Salís de ahí dibujando las paredes. ¿Quién mejor que él, entonces, para explicar de qué manera se encara una historieta o una portada de Orsai?</p><p>Y para el <a href="http://editorialorsai.com/masters/programas/pedro_mairal" target="_blank">Master de Literatura y Ficción</a>, que va los viernes, elegimos a <a href="http://editorialorsai.com/masters/profesores/pedro_mairal" target="_blank">Pedro Mairal</a>, el autor (entre otras muchas maravillas) de «El gran surubí». Lo elegimos por la forma en que comparte sus conocimientos. Es generoso y no se guarda nada. También conocíamos la leyenda de sus talleres de literatura, en donde a veces saca a sus alumnos a la calle, vendados, para que después puedan escribir un relato desde lo sensorial. ¿Quién mejor que él para explicarle a los alumnos qué cuentos queremos en Orsai?</p><p><div class="separador"></div></p><p>Cada uno de los cinco profesores trabajará únicamente con doce alumnos, que serán elegidos (durante marzo) entre todos <a href="http://editorialorsai.com/masters/inscripcion.php" target="_blank"> los que se inscriban</a> a los primeros cinco masters. La inscripción cierra el 30 de este mes.</p><p>En total, serán <a href="http://editorialorsai.com/masters/alumnado.php" target="_blank">sesenta conejitos de indias</a>, alumnos pioneros de la Universidad. (Algún día del año 2093, una foto amarillenta con sesenta rostros antiguos estará colgada en el bar con la leyenda: <i>«fundadores»</i> escrita en bronce.)</p><p>La elección de esos sesenta autores podrá verse en directo desde la web <a href="http://editorialorsai.com/masters/" target="_blank">Orsai Masters</a>, y ustedes, lectores, tendrán acceso a los blogs de cada alumno, para conocer sus trabajos anteriores y cómo van creciendo durante el año lectivo. </p><p>Y también para evaluarlos: la idea es que todos los alumnos tengan <i>feedback</i> permanente con una comunidad activa de más de veinte mil lectores. Para que se fogueen, para que sufran y para que aprendan a ganar seguridad.</p><p>Vamos a empezar despacio, para no caernos de alturas mortales. Los primeros <a href="http://editorialorsai.com/masters/" target="_blank">cinco Masters</a> tendrán una duración inicial de un trimestre, y si vemos que todo sale como queremos, retomaremos después de las vacaciones de invierno para completar el semestre inicial.</p><p>Si además de salir bien se genera mayor demanda de alumnos, iremos incorporando nuevas clases, nuevos profesores y nuevas actividades.</p><p>Por ahora solamente tenemos el quién, el dónde, el cómo, el cuándo, el porqué y una frase de Chiri que suena como un eco en la noche: </p><p>—¿Sabés qué tenemos que hacer, Jorge? —dijo hace un año, y no estaba sobrio—. Poner una universidad.</p><p>Etcétera.</p>
				</div>
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			<pubDate>Tue, 05 Mar 2013 18:41:11 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
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			<title>10.6 segundos</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/10_6_segundos</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Menos de once segundos antes, cuando el jugador argentino recibe el pase de un compañero, el reloj en México marca las trece horas, doce minutos y veinte segundos. En la escena central hay también dos británicos y un hombre algo mayor, de origen tunecino. El deporte al que juegan, el fútbol, no es muy popular en Túnez. Por eso el africano parece el único que no está en actitud de alarma atlética.</p>
					<p>Se llama Alí Bin Nasser y, mientras los otros corren, él camina despacio. Tiene cuarenta y dos años y está avergonzado: sabe que nunca más será llamado a arbitrar un partido oficial entre naciones. </p><p>También sabe que si, doce años antes, cuando se lesionó en la liga tunecina, le hubieran dicho que estaría en un Mundial, no lo habría creído. Tampoco la tarde en que se convirtió en juez: en Túnez no es necesario, para acceder al puesto, más que tener el mismo número de piernas que de pulmones. </p><p>Cuando dirigió su primer partido descubrió que sería un árbitro correcto. Fue más que eso: logró ser el primer juez de fútbol al que reconocían por las calles de la ciudad. Lo convocaron para las eliminatorias africanas de 1984 y su juicio resultó tan eficaz que, un año más tarde, fue llamado a dirigir un Mundial. </p><p>En México le pedían autógrafos, se sacaban fotos con él y dormía en el hotel más lujoso. Había arbitrado con éxito el Polonia-Portugal de la primera fase, y vigilado la línea izquierda en un Dinamarca-España en donde los daneses jugaron todo el segundo tiempo al achique; él no se equivocó ni una sola vez al levantar el banderín. </p><p>Cuando los organizadores le informaron que dirigiría un choque de cuartos —nunca un juez tunecino había llegado tan lejos—, Alí llamó a su casa desde el hotel, con cobro revertido, se lo contó a su padre y los dos lloraron. </p><p>Esa noche durmió con sofocones y soñó dos veces con el ridículo. En el primer sueño se torcía el tobillo y tenía que ser sustituido por el cuarto árbitro; en el sueño, el cuarto árbitro era su madre. En el segundo sueño saltaba al campo un espontáneo, le bajaba los pantalones y él quedaba con los genitales al aire frente a las televisiones del mundo. </p><p>De cada sueño se despertó con palpitaciones. Pero no soñó nunca, durante la víspera, en dar por válido un gol hecho con la mano. No soñó con que, en la jerga callejera de Túnez, su apellido se convertiría en metáfora jocosa de la ceguera. Por eso ahora dirige el segundo tiempo de ese partido con ganas de que todo acabe pronto.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Ahora el jugador argentino toca el balón con su pie izquierdo y lo aleja medio metro de la sombra. El calor supera los treinta grados y esa sombra, con forma de araña, es la única en muchos metros a la redonda. </p><p>Alrededor del campo, acaloradas, ciento quince mil personas siguen los movimientos del jugador pero solo dos, los más cercanos a la escena, pueden impedir el avance. </p><p>Se llaman Peter: Raid uno, Beardsley el otro; nacieron en el norte de Inglaterra, uno en el cauce y el otro en la desembocadura del río Tyne; los dos tuvieron, pocos años antes, un hijo varón al que llamaron Peter; los dos se divorciaron de su primera mujer antes de viajar a México; y los dos están convencidos, a las trece horas, doce minutos y veintiún segundos, que será fácil quitarle el balón al jugador argentino porque lo ha recibido a contrarié y ellos son dos: uno por el frente y el otro por la espalda. </p><p>No saben que, una década después, Peter Raid hijo y Peter Beardsley hijo serán amigos, tendrán quince y dieciséis años y estarán bailando en una rave de Londres. </p><p>Un escocés de apellido O’Connor —que más tarde será guionista del cómico Sacha Baron Cohen— los reconocerá y, en medio de la danza, los esquivará con una finta y un regate. Lo hará una vez, dos veces, tres veces, imitando el pase de baile que ahora, diez años antes, le practica a sus padres el jugador argentino. </p><p>Raid hijo y Beardsley hijo no entenderán la broma, entonces otros participantes de la rave se sumarán a la burla de O’Connor y se formará un bucle de bailarines que, en forma de tren humano, esquivará a los muchachos en dos tiempos. </p><p>Peter Raid hijo será el primero en comprender la mofa, y se lo dirá a su amigo: «Es por el video de nuestros padres, el de México ochenta y seis». </p><p>Peter Beardsley hijo hará un gesto de humillación y los dos amigos escaparán de la fiesta perseguidos por decenas de muchachos que gritarán, a coro, el apellido del jugador que diez años antes, ahora mismo, se escapa de sus padres con un quiebre de cintura. </p><p>Muy pronto Raid padre y Beardsley padre dejarán de perseguir al jugador: será el trabajo de otros compañeros intentar detenerlo. Ellos ahora permanecen congelados en medio de una cinta que el tiempo convierte, a cámara lenta, de VHS a Youtube. </p><p>Ahora sus hijos tienen cinco y seis años y no recordarán haber visto en directo el primer regate del jugador, pero al comienzo de la adolescencia lo verán mil veces en video y dejarán de sentir respeto por sus padres. </p><p>Peter Raid y Peter Beardsley, inmóviles aún en el centro del campo, todavía no saben exactamente qué ha pasado en sus vidas para que todo se quiebre.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Raudo y con pasos cortos, el jugador argentino traslada la escena al terreno contrario. Solo ha tocado el balón tres veces en su propio campo: una para recibirlo y burlar al primer Peter, la segunda para pisarlo con suavidad y desacomodar al segundo Peter, y una tercera para alejar el balón hacia la línea divisoria. </p><p>Cuando la pelota cruza la línea de cal el jugador ha recorrido diez de los cincuenta y dos metros que recorrerá y ha dado once de los cuarenta y cuatro pasos que tendrá que dar. </p><p>A las las trece horas, doce minutos y veintitrés segundos del mediodía un rumor de asombro baja desde las gradas y las nalgas de los locutores de las radios se despegan de los asientos en las cabinas de transmisión: el hueco libre que acaba de encontrar el jugador por la banda derecha, después del regate doble y la zancada, hace que todo el mundo comprenda el peligro. </p><p>Todos menos Kenny Sansom, que aparece por detrás de los dos Peter y persigue al jugador con una parsimonia que parece de otro deporte. Sansom acompaña al jugador argentino sin desespero, como si llevara a un hijo pequeño a dar su primera vuelta en bicicleta. </p><p>«Parecía que estuvieras en un entrenamiento, joder», le dirá el entrenador Bobby Robson dos horas después, en los vestuarios. «Ese no eras tú», le dirá su medio hermano Allan un año más tarde, borrachos los dos, en un pub de Dublin. </p><p>Kenny Sansom rebobinará mil veces el video en el futuro. Verá su paso desganado, casi un trote, mientras el jugador se le escapa. </p><p>Comenzará, en noviembre de ese año, a tener problemas con el juego y el alcohol. En la prensa sensacionalista lo apodarán «White» Sansom, por su afición al vino blanco. </p><p>Su único amigo de las épocas doradas será Terry Butcher, quizá porque ambos compartirán el eje de un trauma idéntico. </p><p>Butcher es el que ahora, cuando los relatores de radio y los espectadores en las gradas todavía están poniéndose de pie, le tira una patada fallida al jugador que avanza por su banda. Sin saber que su apellido, en el idioma del rival, significa carnicero, Butcher perseguirá enloquecido al jugador y le tirará una segunda patada, esta vez con ánimo mortal, en el vértice del área pequeña. </p><p>Terry Butcher tampoco superará nunca el fantasma de esos diez segundos en el mediodía mexicano. «Al resto de mis compañeros los regateó una sola vez, pero a mí dos..., pequeño bastardo», le dirá a la prensa muchos años después, con los ojos vidriosos. </p><p>Kenny Sansom y Terry Butcher no regresarán a México jamás, ni siquiera a playas turísticas alejadas del Distrito Federal. En el futuro, sin hijos ni parejas estables, tendrán por afición (con casi sesenta años cada uno) juntarse a tomar whisky los jueves por la noche e inventar nuevos insultos contra el jugador argentino que ahora, sin marca, entra al área grande con el balón pegado a los pies.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Antes del inicio de la jugada, un hombre da un mal pase. Con ese error empieza la historia. Podría haber jugado hacia atrás o a su derecha, pero decide entregar el balón al jugador menos libre. </p><p>Ese hombre se llama Héctor Enrique y se queda inmóvil después del pase, con las manos en la cintura. Después de ese partido nunca podrá separarse del jugador, como si el hilo invisible del pase vertical se transformara, con el tiempo, en un campo magnético. </p><p>Enrique todavía no lo sabe, pero volverá a participar de un Mundial de fútbol, veinticuatro años después y en tierra sudafricana. Será parte del cuerpo técnico de un entrenador que, más gordo y más viejo, tendrá el mismo rostro del hombre joven que ahora corre en zigzag. Y acabará su carrera todavía más lejos, en los Emiratos Árabes, de nuevo a la derecha del jugador al que, hace dos segundos, le ha dado un pase a contrarié. </p><p>Durante muchas noches del futuro, en un país extraño donde las mujeres tienen que ir en el asiento trasero de los coches, Enrique pensará qué habría ocurrido si, en lugar de esa mala entrega, le hubiera cedido el balón a Jorge Burruchaga, su segunda opción. </p><p>Burruchaga es el que ahora corre en paralelo al jugador, por el centro del campo. Son las trece horas, doce minutos y veinticuatro segundos: está convencido de que el jugador le dará el pase antes de entrar al área, que únicamente le está quitando las marcas para dejarlo solo frente a los tres palos. </p><p>Burruchaga corre y mira al jugador; con el gesto corporal le dice «estoy libre por el medio» y mientras espera el pase en vano no sabe que un día, algunos años después, aceptará un soborno en la liga francesa y será castigado por la Federación Internacional. Otra entrega a destiempo. Pero él, congelado en el presente, todavía corre y espera la cesión que no llega nunca. </p><p>Días más tarde hará el gol decisivo de la final, pero el mundo solo tendrá ojos y memoria para otro gol. Año tras año, homenaje tras homenaje, el suyo no será el más admirado. </p><p>Una noche Burruchaga llamará por teléfono a Arabia Saudita para conversar con su amigo Héctor Enrique, y lamentará, un poco en broma, un poco en serio, aquel gol ajeno que opacó el decisivo de la final. Entonces Enrique verá por la ventana una tormenta de arena y, sin pretenderlo, lo hará sonreír. «No fue para tanto aquel gol», le dirá, «el pase se lo di yo, si no lo hacía era para matarlo».</p><p><br /><div class="separador"></div></p><p>Dentro del campo de juego el viento sopla a doce kilómetros por hora. Si hubiera soplado a sesenta kilómetros por hora, como ocurrió en la Ciudad de México seis días más tarde, quizás la jugada no hubiera acabado bien. </p><p>El avance parece veloz por ilusión óptica, pero el jugador regula el ritmo, frena y engaña. Hay una geometría secreta en la precisión de ese zigzag, un rigor que se hubiera roto con un cambio en el viento o con el reflejo de un reloj pulsera desde las gradas. </p><p>Terry Fenwick piensa en las variables del azar mientras se ducha cabizbajo tras la derrota. Sobre todo en una, la menos descabellada. </p><p>Antes del partido, Fenwick le aconsejó a su entrenador Bobby Robson que lo mejor sería hacerle, al jugador rival, un marcaje hombre a hombre. Bobby respondió que la marca sería zonal, como en los anteriores partidos. </p><p>¿Qué habría ocurrido si Robson le hacía caso?, se preguntará Terry Fenwick desnudo, en la soledad del vestuario, con el agua reventándole las sienes. </p><p>En este momento, a las trece horas, doce minutos y veintiséis segundos del mediodía, es él quien ve llegar al jugador con el balón dominado; es él quien cree que dará un pase al centro del área. Fenwick piensa igual que Burruchaga, apoya todo el cuerpo en su pierna derecha para evitar el pase y deja sin candado el flanco izquierdo. El jugador, con un pequeño salto, entra entonces por el hueco libre, pisa el área y encuentra los tres palos. </p><p>«Mierda», le dirá a la prensa Terry Fenwick en 1989, «arruinó mi carrera en cuatro segundos». Dos años después del exabrupto, en 1991, Fenwick pasará cuatro meses en prisión por conducir borracho. Dirá, a mediados de la década siguiente, que no le daría la mano al jugador argentino si lo volviera a ver. </p><p>En esas mismas fechas una de sus hijas cumplirá dieciocho años. Durante la fiesta, Terry Fenwick la encontrará besándose con un argentino en una playa de Trinidad. Reconocerá la identidad del muchacho por una camiseta celeste y blanca con el número diez en la espalda. Fenwick aún no lo sabe, pero en su vejez dirigirá un ignoto equipo llamado «San Juan Jabloteh» en Trinidad y Tobago, un país que nunca jugó un Mundial, pero que tiene playas. </p><p>Fenwick se emborrachará cada día en la arena de esas playas. La tarde del encuentro de su hija con el argentino querrá acercarse al chico para golpearlo. El argentino hará el gesto salir para la izquierda y escapará por la derecha. Fenwick, de nuevo, se comerá el amague. </p><p><div class="separador"></div></p><p>Ocho pasos, de cuarenta y cuatro totales, dará el jugador dentro del área, y le bastarán para entender que el panorama no es favorable. </p><p>Hay un rival soplándole la nuca a su derecha, Terry Butcher; otro a su izquierda, Glenn Hoddle, le impide la cesión a Burruchaga; Fenwick se ha repuesto del amague y ahora cubre el posible pase atrás y, por delante, el portero Peter Shilton le cierra el primer palo. </p><p>El norte, el sur y el este están vedados para cualquier maniobra. Son las trece horas, doce minutos y veintisiete segundos del mediodía. Tres horas más en Buenos Aires. Seis horas más en Londres. </p><p>En cualquier ciudad del mundo, a cualquier hora del día o de la noche, intentar el disparo a puerta en medio de ese revoltijo de piernas es imposible, y el que mejor lo sabe es Jorge Valdano, que llega solo, muy solo, por la izquierda. </p><p>Nadie se percata de la existencia de Valdano, ni ahora en el área grande ni durante la escuela primaria, en el pueblo santafecino de Las Parejas. </p><p>Jorge Valdano se sentaba a leer novelas de Emilio Salgari mientras sus compañeros jugaban al fútbol en los recreos, arremolinados detrás de la pelota. El fútbol le parecía un juego básico a los nueve años, pero a los once ocurrió algo: entendió las reglas y supo, sin sorpresa, que los demás chicos no lo practicaban con inteligencia. </p><p>Empezó a jugar con ellos y, mientras el resto perseguía el balón sin estrategia, él se movía por los laterales buscando la geometría del deporte. </p><p>Y fue bueno. Integró dos clubes del pueblo y pronto lo llamaron de Rosario para las inferiores de Newell’s; debutó en primera antes de los dieciocho. A los veinte era campeón mundial juvenil en Toulon. A los veintidós ya había jugado en la selección absoluta. </p><p>Pero en esos años de vértigo nunca amó el juego por encima de todo. Si le daban a elegir entre un partido entre amigos o una buena novela, siempre elegía el libro. </p><p>Hasta ese momento de sus treinta años, Valdano no estaba seguro de haber elegido su verdadera vocación. Por eso ahora, que espera el pase, siente por fin que ese puede ser su destino, que quizá ha venido al mundo a tocar ese balón y colgarlo en la red. </p><p>Sabe que la única opción del jugador es el pase a la izquierda. No le queda otra salida. Mientras pisa el área piensa: «Si no me la da, largo todo y me hago escritor”. </p><p>Pero el jugador entra al área sin mirarlo. Tampoco Butcher, ni Fenwick, ni Hoddle, ni Shilton se enteran de su presencia. Ni siquiera el camarógrafo, que sigue la jugada en plano corto, lo distingue a tiempo. </p><p>En el video, Valdano es un fantasma que asoma el cuerpo completo recién cuando el balón está en el vértice del área pequeña. Jorge Valdano todavía no lo sabe, pero al final de ese torneo comenzará a escribir cuentos cortos.</p><p><div class="separador"></div></p><p>No hay enemigo mayor para un atacante que el portero. El resto de los rivales puede usar la zancadilla rastrera o las rodillas para el golpe en el muslo. No importa, son armas lícitas en un deporte de hombres y el agredido puede devolver la acción en la siguiente jugada. </p><p>Pero el portero, el guardavallas, el goalkeeper, el arquero (como el de Lucifer, sus nombres son infinitos) puede tocar el balón con las manos. </p><p>El portero es una anomalía, una excepción capaz de deshacer con las manos las mejores acrobacias que otros hombres hacen con los pies. Y hasta ese día ningún futbolista de campo había logrado devolver esa afrenta en un Mundial. </p><p>Por eso ahora, cuando el jugador pisa el área y mira a los ojos al portero Peter Shilton (camisa gris, guantes blancos), entiende el odio en la mirada del inglés. </p><p>Media hora antes el argentino había vengado a todos los atacantes de la historia del fútbol: había convertido un gol con la mano. La palma del atacante había llegado antes que el puño del guardameta. En el reglamento del fútbol esa acción está vedada, pero en las reglas de otro juego, más inhumano que el fútbol, se había hecho justicia. </p><p>Por eso en este momento culminante de la historia, a las trece horas, doce minutos y veintinueve segundos, Peter Shilton sabe que puede vengar la venganza. Sabe muy bien que está en sus manos desbaratar el mejor gol de todos los tiempos. Necesita hacerlo, además, para volver a su país como un héroe. </p><p>Shilton había nacido en Leicester, treinta y seis años antes de aquel mediodía mexicano. Ya era una leyenda viva, no le hacía falta llegar a su primer y tardío Mundial para demostrarlo. </p><p>Aún no lo sabe, pero jugará como profesional hasta los cuarenta y ocho años. Protagonizará en el futuro muchas paradas inolvidables que, sumadas a las del pasado, lo convertirán en el mejor goalkeeper inglés. </p><p>Sin embargo (y esto tampoco lo sabe) en el futuro existirá una enciclopedia, más famosa que la Britannica, que dirá sobre él: </p><p>«Shilton, Peter: guardameta ingles que recibió, el mismo día, los goles conocidos como ‘la mano de Dios’ y el ‘del Siglo’». </p><p>Ese será su karma y es mejor que no lo sepa, porque todavía sigue mirando a los ojos al jugador argentino que se acerca, y tapa su palo izquierdo como le enseñaron sus maestros. </p><p>Cree que Terry Butcher puede llegar a tiempo con la patada final. «Quizá sea córner», piensa. «Quizá pueda sacar el balón con la yema de los dedos». </p><p>Tampoco sabe que dos años más tarde se publicará en Gran Bretaña un videojuego con su nombre, titulado «Peter Shilton’s Handball», ni que sus hijos lo jugarán, a escondidas, en las vacaciones de 1992. </p><p>Mejor que no conozca el futuro ahora, porque debe decidir, ya mismo, cuál será el siguiente movimiento del jugador. Y lo decide: Shilton se juega a la izquierda, se tira al suelo y espera el zurdazo cruzado. El argentino, que sí conoce el futuro, elige seguir por la derecha.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Antes de tocar por última vez el balón con su pie izquierdo, a las trece horas, doce minutos y treinta segundos del mediodía mexicano, el jugador argentino ve que ha dejado atrás a Peter Shilton; ve que Jorge Valdano arrastra la marca de Terry Fenwick; ve que Peter Raid, Peter Beardsley y Glenn Hoddle han quedado en el camino; ve a Terry Butcher que se arroja a sus pies con los botines de punta; ve a Jorge Burruchaga que frena su carrera con resignación; ve a Héctor Enrique, todavía clavado en la mitad del campo, que cierra el puño de la mano derecha; ve a su entrenador que salta del banquillo como expulsado por un resorte y al otro entrenador, el rival, que baja la mirada para no ver el final del avance; ve a un hombre pelirrojo con una pipa humeante en la primera bandeja de las gradas; ve la línea de cal de la portería contraria y recuerda el rostro del empleado que, durante el entretiempo, la repasó con un rodillo; ve nítidamente a su hermano el Turco que, con siete años, le echa en cara un error que cometió en Wembley en un jugada parecida, ve los labios sucios de dulce de leche de su hermano cuando dice: </p><p>«La próxima vez no le pegues cruzado, boludito, mejor amagále al arquero y seguí por la derecha».</p><p>Ve el rostro de su hermano con la luz de la cocina donde ocurrió la escena, ve la picardía con que lo miraba; ve, detrás del arco, un cartel que dice Seiko en letras blancas sobre fondo rojo; ve las uñas pintadas de verde de su primera novia, el día que la conoció, y ve a esa misma chica, ya mujer, amamantando a una niña; ve una pelota desinflada y se ve a él mismo, con nueve años, que intenta dominarla; ve a su madre y a su padre que arrastran, con esfuerzo, un enorme bidón de kerosén por una calle de tierra en la que ha llovido; ve una taquilla, en un vestuario de La Paternal, que lleva su nombre y su apellido en letras flamantes, ve su orgullo adolescente al leer por primera vez su nombre y su apellido en la taquilla; ve un estadio, sus tablones de madera, y ve también que un día el estadio entero, y no solo la taquilla, llevará su nombre. </p><p>El jugador argentino ha controlado el aire de sus pulmones durante nueve segundos, y ahora está a punto de soltar todo el aire de un soplido. </p><p>Al revés que todos los rivales y compañeros que ha dejado atrás, él puede respirar con su pierna izquierda, y también puede intuir el futuro mientras avanza con el balón en los pies. </p><p>Ve, antes de tiempo, que Shilton se arrojará a la derecha; ve la intención segadora de Terry Butcher a sus espaldas, se ve a él mismo, muchos años más tarde, con un nieto en los brazos, visitando la entrada del Estadio Azteca donde se levanta una estatua de bronce sin nombre: solo un jugador joven con el pecho inflado, un balón en los pies y una fecha grabada en la base: 22 de junio de 1986; ve una rave en Londres donde dos chicos de quince años escapan de una multitud que se burla; ve un departamento en penumbras donde solo hay una mesa, dos amigos y un espejo sobre la mesa; ve a una muchacha en una playa del trópico que se deja besar por un chico que lleva puesta una camiseta argentina; ve un enjambre de periodistas y fotógrafos a la salida de todos los aeropuertos, de todas las terminales, de todos los estadios y de todos los centros comerciales del mundo; ve a un niño embobado con un videojuego en la ciudad de Leicester, mientras su hermano vigila por la ventana que no aparezca el padre; ve el cadáver de un hombre viejo que ha muerto en Ginebra ocho días antes de ese mediodía, un hombre que también ha visto todas las cosas del mundo en un único instante.</p><p>Ve Fiorito de día; ve Nápoles de tarde; ve Barcelona de noche.</p><p>Ve el estadio de Boca a reventar y él está en el medio del campo pero no lleva un balón en los pies, sino un micrófono en la mano; ve a un anciano en el aeropuerto de Cartago, que espera a su hijo en el último vuelo desde México, para abrazarlo y consolarlo; ve un tobillo inflamado; ve a una enfermera de la Cruz Roja, regordeta y sonriente; ve todos los goles que ha hecho y los que hará; ve todos los goles que ha gritado y los que gritará en su vida entera; se ve, con cincuenta y tres años, mirando desde el palco la final del mundo en el estadio Maracaná; ve el día que verá a su madre por última vez; ve la noche en que verá por última vez a su padre; ve crecer a todos los hijos de sus hijos; ve los dolores de parto de una mujer que está a punto de parir un niño zurdo en Rosario, un año y dos días más tarde de ese mediodía mexicano; ve un espacio mínimo, imposible, entre el poste derecho y el botín de Terry Butcher. </p><p>Cierra los ojos. Se deja caer hacia adelante, con el cuerpo inclinado, y se hace silencio en todo el mundo. </p><p>El jugador sabe que ha dado cuarenta y cuatro pasos y doce toques, todos con la zurda. Sabe que la jugada durará diez segundos y seis décimas. Entonces piensa que ya es hora de explicarle a todos quién es él, quién ha sido y quién será hasta el final de los tiempos.</p>
				</div>
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			<pubDate>Tue, 29 Jan 2013 15:47:28 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Leer en voz alta</title>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Hace un año estaba durmiendo con el teléfono cerca y cuando suena lo atiendo y era Pergolini. Yo tenía tres cuartos de cerebro todavía roncando: solamente un pedazo de mí entendía la realidad. Y como en toda mi vida solamente había escuchado a Pergolini por la FM <i>Rock & Pop</i>, durante el primer minuto todo lo que me dijo, para mi cerebro, fue escuchar la radio.</p>
					<p>En esa frontera rara del entendimiento, yo no había atendido un teléfono: yo había pulsado sin querer la aplicación de la <i>Rock & Pop</i> que tengo en el iPhone. Así que seguí durmiendo, tranquilo, mientras Pergolini decía por la radio que un hijo suyo había leído un libro mío, que después él había leído ese libro por recomendación del hijo suyo, y que ahora estaba armando un teatro con una radio adentro, y que quería que yo hiciera no sé qué cosa en su radio. Yo pensaba: </p><p>«Qué loco, Pergolini está haciendo un radioteatro en mi cabeza». </p><p>Entonces escucho que dice: </p><p>—Hernán, ¿estás ahí?</p><p>Y eso me despierta del todo y me hace saber que Pergolini <i>realmente</i> estaba hablando conmigo por teléfono. </p><p>Lo demás fue todavía más confuso y ya no fue por teléfono sino por Skype. Pergolini quería que leyera mis cosas en su programa matutino, en una especie de sección o de columna. Le dije que no me podía comprometer, porque estaba con la revista, a escribir nada nuevo. Me dijo que no le importaba si leía cosas viejas. Entonces le dije que probáramos un mes. Me dijo que no, que contrato semestral mínimo. Le dije que primero le mandaba algo, para ver si le parecía decente. Me dijo que bueno. </p><p>Entonces agarré un texto cualquiera, de las columnas que escribía en La Nación los domingos —porque era lo único que tenía con una extensión de más o menos tres minutos— y grabé el texto con el celular, mientras cagaba en el baño, y se lo mandé a su teléfono. Después le pregunté qué le parecía. </p><p>Me dijo que era eso lo que quería, justamente. Me pareció que sus expectativas eran bajas, pero no se lo dije. En cambio le pregunté si, cuando lo hiciera en serio, tenía que comprarme algún micrófono especial, o grabarlo de una manera específica. Me dijo:</p><p>—No, no, no: hacelos así, mandálos de tu celular a mi celular, como un mensaje de voz del teléfono. </p><p>Y yo pensé: </p><p>«O la tiene muy clara o le chupa un huevo». </p><p>Pero tampoco se lo dije. </p><p>Lo que hice, desde esa mañana, todos los lunes, los miércoles y los viernes temprano, fue mandar al celular de Pergolini ciento dieciséis mensajes de voz, de entre tres y cinco minutos cada uno. Y él los fue pasando en su programa de radio. Este, que estoy a punto de mandar ahora, es el ciento diecisiete, y también es el último. </p><p>Yo no pensaba que pudiera llegar ni a cubrir dos meses, porque no tenía demasiados textos de tres minutos. Pero con el tiempo fui modificando cuentos más largos, quitándole párrafos, rehaciendo historias o convirtiendo un cuento largo en dos más cortos, y hasta me divertí en el proceso de adaptación. </p><p>Hoy lo dejo, sobre todo, porque ya casi no me quedan cuentos para leer. Pero disfruté mucho de compartir esas lecturas con gente nueva. </p><p>Leer en voz alta una historia es la primera forma de la comunicación. Un grupo de gente, alrededor del fuego, escuchando a uno que habla, que cuenta algo; así fue el principio. </p><p>Después nos pusimos exquisitos, y ahora tuiteamos, blogueamos, podcasteamos, mandamos mensajes de voz de móvil a móvil, yo le dicto millones de bytes a un iPhone, Pergolini los abaraja con su Blackberry y los emite por frecuencia desde un satélite... Todo lo que quieran. Pero en realidad lo que hicimos este año, durante ciento diecisiete mediodías, fue sentarnos alrededor del fuego a escuchar historias. </p><p>Así empezó todo, y seguimos igual.</p><p>Fin de los mensajes.</p><p><div class="epigrafe"><b><a href="http://editorialorsai.com/blog/podcast">TODOS LOS AUDIOS</a>.</b> Acabo de colgar, en una nueva sección permanente que se llama «Podcast», los 117 mensajes de voz que leí durante 2012, incluido este último. Además de los audios completos, hay un enlace a cada uno de los textos originales, que son más extensos.<br /><br /><a href="http://editorialorsai.com/blog/podcast">editorialorsai.com/blog/podcast</a></div></p>
				</div>
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			<pubDate>Fri, 28 Dec 2012 17:19:34 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Mic</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/mic</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>La televisión te engorda cinco kilos, entonces cuando me invitan a la televisión primero bajo cinco kilos. Uso un método que se llama la cura del sirope. Hay que estar diez días sin comer, tomando agua mezclada con sirope y limón. No funciona como dieta sino como limpieza del cuerpo, pero deshincha bastante. A mí no me importa ni limpiarme ni adelgazar. Lo único que me importa es no verme en la televisión con papada. Por eso llegué al canal muerto de hambre.</p>
					<p>En el taxi que me llevó desde Luján a la Capital me quedé dormido y soñé con milanesas napolitanas, con sanguchitos de miga y con tartas de queso. Cuando sos gordo y estás diez días sin probar sólidos, podés escuchar a tu propia grasa desintegrarse, porque el cuerpo, alarmado, empieza a comerse a sí mismo. En ese viaje de setenta kilómetros oí con claridad cómo me iba desapareciendo la grasa del cuello: es un sonido inquietante.</p><p>Llegué a la televisión muy justo de tiempo y me mandaron a maquillar. En general me da muchísima vergüenza este proceso, pero esta vez lo aproveché para mirarme en el espejo del camarín y comprobar que el esfuerzo del sirope no había sido vano: si estiraba el cogote lo suficiente, como quien huele el perfume de una mujer que ya pasó, el óvalo de mi cara dejaba ver algo de hueso.</p><p>Mientras me ponían el micrófono —otro suplicio de la televisión, porque te meten la mano por abajo de la camisa— me sentí liviano y seguro. Para mayor suerte, el periodista que me haría la entrevista también era gordo; esa ilusión óptica también ayuda. Podía haber espectadores que, al vernos, dijeran: ah, estos dos señores no son gordos, es mi televisor que ensancha. Durante un rato pensé que todo saldría bien, que por una vez mi paso por la pantalla no me daría vergüenza al día siguiente. </p><p>Entonces dijeron ‘aire’ y todo se fue al carajo.</p><p>Yo no lo noté enseguida, porque la pantalla gigante estaba a mis espaldas. Tardé un par de minutos en ver la imagen. La producción había elegido poner una foto mía de fondo. Una foto horrible de un yo anterior, un yo sin sirope, un yo pálido y afeitado, con una papada descomunal que aparecía en primer plano cada vez que me enfocaban. </p><p>Era como si la papada gigantesca me susurrara al oído: este eres tú, el verdadero, esta es tu imagen de cada mañana, la que ven tu esposa y tu hija al desperar, no importa cuántos sacrificios hagas ni cuánto líquido absorbas, recuerda, Jorge: todos tus esfuerzos por caretear mentón han sido y serán inútiles.</p><p><img src="http://editorialorsai.com/i/blogs/blog/papada.jpg" class="fotoepi"><div class="epifoto">Momento exacto en que veo la papada en el monitor. —<a href="http://www.dailymotion.com/video/xvb52v_guia-de-libros-de-la-infancia-por-hernan-casciari_shortfilms" target="_blank">Video completo, acá</a></div></p><p>Estuve toda la charla mirando de reojo mi gigantografía fofa. Por suerte la conversación empezó a tomar un camino interesante de libros queridos, de infancia y de educación literaria; entonces, cuando promediaba la entrevista, dejé de pensar en la imagen que me apuñalaba por la espalda. En cierto modo fue peor. Porque mi cerebro, ya liberado del problema estético, de repente se acordó otra vez del hambre acumulado.</p><p>Hablábamos de Twain con admiración y yo pensaba en el huevo batido y crocante de un pastel de papas. Nombrábamos con cariño a Chesterton y yo fantaseaba con una porción de pascualina. Destacábamos la intensidad de Allan Poe y en mi cabeza solo había lugar para el arroz con pollo.</p><p>Tuve sin embargo un momento de enorme felicidad al final de la charla. Fue cuando el periodista, en forma de agasajo inesperado, me entregó una tarjeta. Un auspiciante del programa, un restaurante muy exclusivo de la Recoleta, me invitaba a almorzar o a cenar gratis. </p><p>“Me imagino que te gusta comer rico”, me dijo el entrevistador sin conocer mi drama interno, y yo pensé, mirándolo a los ojos, que solamente un gordo conoce las necesidades de otro gordo. Y me sentí hermanado y en deuda con él, como el león doliente cuando la pantera rosa le extirpa la tachuela del pie.</p><p>Ni bien se apagaron las cámaras no saludé a nadie y me fui. Ni siquiera me dejé desmaquillar en el camarín. Me calcé el morral y salí a la calle con paso firme. Llamé a un taxi. Me subí con la garganta seca, le mostré al conductor la tarjeta y le señalé la dirección del restaurante como lo hubiera hecho un sordomudo apurado.</p><p>Durante los veinte minutos en taxi, desde la calle Fitz Roy hasta Libertador al 1100, mi estómago se preparó para un combate desigual contra todo lo masticable de este mundo. Un gordo alimentado a líquidos durante días, con una tarjeta de comida gratis en la mano y toda la tarde por delante, se convierte en una máquina perfecta de segregar bilis y jugos gástricos.</p><p>Al llegar al restaurante, ya desde la vereda, supe que las cosas no estaban bien. Las sillas estaban patas arriba sobre las mesas, y dos camareros me miraron entrar negando con la cabeza. “Cerramos a las cuatro y media”, me dijo uno. Pregunté cuándo abrían de nuevo. “A las ocho”. Yo estaba en ese intermedio ridículo del mundo occidental, las cinco en punto de la tarde. Ese tiempo en donde la gente toma té o café o coge o trabaja o duerme la siesta o muere; pero nadie mastica.</p><p>Caminé por Ayacucho, buscando con los ojos un bar abierto, o un almacén, o una rotisería. Vi un local extraño sobre la esquina de Posadas y entré. En este punto tengo que hacer un paréntesis, porque lo que vi al meterme en ese sitio puso a mi hambre monumental en un segundo plano.</p><p>Había una barra al fondo, sí, y eso le daba categoría de bar. Pero al frente tenía una tabaquería, muy del estilo de lo que acá, en España, se llama un estanco. En el medio de la escena había silloncitos, un par de sofás, y mesas ratonas. Lo que me sorprendió no fue eso, sino un señor canoso, opulento, sentado en un sillón y fumando un puro.</p><p>Hace cuatro años ya que no se puede fumar en España bajo el techo de los bares. Dos años en Argentina. Yo ya empezaba a olvidarme de esa sensación maravillosa de los cafés antiguos, llenos de humo, donde se podía conversar, beber y fumar al mismo tiempo.</p><p>Me olvidé del hambre. Ahora solamente quería fumar sentado en uno de esos sillones, abrir mi portátil, leer mails, pedir algo con burbujas y volver a fumar. Elegí un silloncito de pana, no lejos del único parroquiano que me acompañaba con su puro inmenso. La camarera me trajo una tónica con hielo y limón. Saqué mi tabaco mirando para todos lados, con miedo a una represalia, y armé despacio. Encendí el cigarrillo. Nadie me dijo nada.</p><p>Durante media hora me sentí feliz. Leí mails, respondí consultas, bebí, fumé como un escuerzo, y entonces el hombre canoso, que estaba a mi derecha, empezó a hablar por su celular. No lo hacía en voz muy alta. Pero enseguida dijo una frase que me hizo parar la oreja. Dijo: “Duhalde ya está adentro”.</p><p>Para que el lector extranjero entienda, en Argentina hay dos Duhaldes. Uno es bueno, el otro es malo. Como el bueno se murió hace poco, el hombre del puro hablaba del otro, del expresidente del país. Y cuando un cincuentón de traje, con un puro en la boca, sentado en el sofá de un Cuban Club de Recoleta dice por teléfono la frase “Duhalde ya está adentro”, uno empieza a extrañar España.</p><p>Todo pudo haber terminado ahí, pero no terminó. Diez minutos más tarde se abrió la puerta y desde la calle Posadas entró el Adolfo. Bronceado, de impecable traje sport. Saludó al del puro, que se levantó de su silla y lo palmeó. El Adolfo dijo: “¿Seguro está adentro?”. El del puro asintió en silencio.</p><p>Para que el lector extranjero entienda, en Argentina solo a dos personajes se los reconoce con el nombre de Adolfo, a secas. Uno es bueno, el otro es malo. Como el bueno se murió hace un tiempo, el hombre que acababa de llegar era Rodríguez Saá, expresidente del país durante los siete días más largos del año 2001.</p><p>El Adolfo se sentó tan cerca de mí que tuve que mover la mesita ratona y reacomodar la portátil. Mantuvimos un brevísimo diálogo, muy amable. Yo le dije: “¿Te molesta la mesa?”. Él me dijo: “Si a vos no te molesta, a mí tampoco”. Y desde ese momento nuestros codos se tocaron durante una hora. Y mi oreja estuvo a treinta centímetros de su boca todo el tiempo.</p><p>Escuché, haciéndome el boludo, una conversación en clave de la que no entendí nada. “El que te dije”, “ahora no que hay sudestada”, “hay que mantenerlo aparte”, ese tipo de frases que solamente se entienden dentro de un contexto, y que únicamente dejan claro que son turbias. Esas frases que, dichas por ciertas bocas, hacen que el perro de pavlov que todos llevamos dentro empiece a temblar de nuevo.</p><p>Y allí fue, en ese momento, mientras el puzzle más rancio de la política argentina intentaba rearmar su estrategia, que descubrí el micrófono. </p><p>Primero me palpé el bolsillo y creí que era mi celular. Pero cuando lo saqué de su sitio noté que era más cuadrado y pesado, y que tenía una luz roja palpitante, y que tenía un visor con una frecuencia encendida, y que tenía un cable interno que seguía por debajo de mi camisa, un cable que terminaba en un corbatero abrochado en mi segundo ojal desde hacía horas. Justo un poco más abajo de mi papada. </p><p>De repente todo me pareció irreal. ¿Qué hacía yo, en un salón de puros de la Recoleta, codo a codo con un expresidente bronceado, tomando tónica y habilitando por mail a distribuidores holandeses de una revista, con un micrófono de C5N encendido a treinta centímetros de  una conversación que había empezado con la frase “Duhalde está adentro” y que sabe Dios cómo terminará? ¿Qué hacía yo ahí, y no en mi casa fumando un cuete? ¿Por qué bebí sirope de arce con límón durante diez días? ¿Por qué, a los cuarenta y un años de mi edad, me sigue importando tener papada?</p><p>Pagué lo más rápido que pude mi tónica con limón y me subí a un taxi. Tenía que devolver ese micrófono urgente. Horas más tarde mi mujer me diría que había sonado mi teléfono mil veces en Luján, que la gente del canal estaba desesperada y que me odiaron mucho, porque después de mi entrevista venía otra y tuvieron que salir a buscar corbateros a otro piso. </p><p>Pero yo entonces no sabía todo eso. Yo viajaba en taxi por Buenos Aires, de camino otra vez a la calle Fitz Roy, y pensaba, con sorpresa, que no me había sorprendido en absoluto la conversación engañosa entre esos dos hombres en el salón del Cuban Club. Me habría sorprendido, pensé, si uno de los dos hubiera dicho “tenemos que hacer algo por este país de una vez por todas” o alguna frase por el estilo. Me hubiera sorprendido eso.</p><p>Dejé el micrófono en la recepción del canal, avergonzado y sin pedir disculpas. Y con el mismo taxi me hice llevar al bar Orsai de San Telmo, que ya estaba empezando a abrir las puertas. </p><p>En el bar me esperaba Comequechu con sus pizzas. Pero, no sé por qué, se me había cerrado el estómago.</p>
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			<pubDate>Mon, 26 Nov 2012 14:41:38 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Algo para recordar</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/algo_para_recordar</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Lo que voy a contar pasó cuando todavía existían las pesetas, exactamente el día que me quedé sin ninguna. Con treinta años recién cumplidos, yo vivía en una pensión del barrio de Gràcia. Una cama, un escritorio, el baño afuera. Hacía poco que estaba en Barcelona y Cristina ya me había empezado a pagar los cigarros.</p>
					<p>Tengo cada vez menos recuerdos sobre esos meses: escribía, con falta de pasión, una novela malísima que nunca supe terminar, y me pasaba el resto del día preguntándome por qué no se me ocurría una buena historia si el contexto era ideal: Europa, pensión barata, pobreza y juventud. Pero lo cierto es que no avanzaba y me aburría, hasta la hora en que Cristina salía del trabajo y por fin podía hablar con alguien. </p><p>Aunque ya había perdido, adrede, el avión de regreso a Buenos Aires, me comportaba como si estuviera de vacaciones, despreocupado por el futuro, y así estuve hasta la tarde en que Cristina debió pagarme el mes entero de la pensión. A la mañana siguiente bajé a la calle con dos monedas de cincuenta pesetas y me compré el <i>Segundamano</i>. Me senté en el Barbarella, el único bar de Barcelona con bidé, y me dispuse a encontrar trabajo. </p><p>No lo hice por responsabilidad ni por culpa, sino para darle a entender a Cristina que yo no era un argentino vago. </p><p>Al segundo llamado telefónico conseguí una entrevista: el aviso buscaba a alguien que consiguiera publicidad para una revista de aparición inminente. Me bañé, me puse la camisa adentro del pantalón y me fui caminando hasta la avenida República Argentina. El nombre de la calle era una buena señal. </p><p>Llegué sin nervios, porque en esa época me creía inmortal, y subí por ascensor a la primera planta de lo que me pareció, más que una editorial, una casa antigua. Me abrió la puerta un mayordomo sesentón, vestido <i>realmente</i> de mayordomo. Me hizo pasar a una salita y me invitó a sentarme. </p><p>Al lado mío, en otra silla, había un muchacho alto, de pelo lacio, que también esperaba con un currículum en la mano. El mayordomo golpeó una puerta, la entreabrió con ceremonia y dijo: </p><p>—Niño, están aquí el modelo y el redactor. </p><p>¿Niño? El chico que estaba sentado a mi lado también se sorprendió con la palabra. Pasó un minuto. El mayordomo se mantuvo todo ese tiempo al lado de la puerta con la vista en alto. Entonces apareció, con cadencia de teatro griego, el ser humano más extraño que conocí en la vida. </p><p>Miró primero al chico de pelo lacio y le brillaron los ojos. Después me miró a mí, señaló mi cuerpo con el dedo meñique y adivinó con asco: </p><p>—Tú eres el redactor, sin duda. </p><p>Eso fue lo primero que me dijo Narcís Cardelús antes de hacerme pasar a su despacho. </p><p>Durante el primer minuto me sentí ofendido. No tanto porque yo no pudiera ser modelo, eso era obvio, sino porque el desprecio de las palabras “sin duda” venían de la boca de un chimpancé con facciones humanas, solamente un poco más alto que un enano, vestido con una bata de arabescos y con una gata siamesa entre los brazos. </p><p>Yo sé que estos detalles parecen insidiosos y pido perdón por el tópico, pero Narcís Cardelús era, realmente, un enano alto que hacía todos los esfuerzos del mundo por ser el estereotipo del gay: exageraba el seseo, el quiebre de la muñeca, el olor a talco. Todo su entorno era una producción minuciosa excepto la cara y la estatura. Si lo mirabas a los ojos y te olvidabas del resto, parecía un camionero rumano en miniatura. </p><p>Aunque había conseguido imitar, con mucha gimnasia de espejos, los movimientos y el aura de una bailarina, su genética era rústica, de una enorme mediocridad heterosexual. Pero yo no podía dejar de mirarlo. Tenía algo hipnótico. Después de unos segundos de desprecio, sin darme cuenta, pasé de repente a la fascinación.</p><p>Nunca había visto un gay enano, no sabía que podía existir esa cruza. Por eso cuando Narcís abría la boca, o cuando hacía un gesto, yo no sabía muy bien de qué tabú avergonzarme. Tenía la misma voz aflautada que usan los actores que no saben componer a un homosexual. </p><p>Y aunque su voz era increíble, su aventura editorial era mejor: planeaba una revista para los gays de Barcelona, con noticias para gays. Él ya tenía lo más importante, me decía: todos los empresarios del Eixample, el barrio gay barcelonés, eran sus amigos y estaban encantados de financiar la revista. Solamente faltaba redactar algunos publirreportajes y cobrarlos. </p><p>—¿Puedes encargarte tú de eso? —me preguntó. </p><p>Le dije que había dado con la persona indicada. No pareció muy convencido, pero como ningún otro candidato había respondido el aviso, me contrató en negro y con un sueldo mensual descabellado. </p><p>Yo supe desde el primer minuto que jamás cobraría ese dinero y que la revista no saldría nunca, pero acepté encantado. Estar allí era mejor que seguir buscando trabajo sin papeles, o que estar en la pensión todo el día peleándome con una novela sin futuro. </p><p>A los ojos de Cristina yo había conseguido empleo, eso era lo importante. A mis ojos, había conseguido algo para contarle a mis amigos de Mercedes. </p><p>Mi obligación era estar allí todos los días a las nueve en punto. Narcís no se levantaba nunca antes de las diez, aunque el mayordomo repetía, cada cinco minutos y en el mismo tono:</p><p>—Niño, que ha llegado el periodista. </p><p>Yo podía verlo en su habitación, de reojo. Narcís no dormía: miraba películas yanquis viejas, dobladas al español, y lloraba con un paquete de Kleenex al lado de la cama. Yo bajaba la cabeza y fingía estar muy ocupado en la computadora. </p><p>En esas horas muertas me hice un poco amigo de Ramón. Supe que durante décadas había sido el mayordomo de una familia compuesta por el duque de Cardelús i Monturiol, un personaje de abolengo dueño de dos teatros clásicos de Barcelona; su esposa Emma, famosa actriz de teatro ya retirada; y el único hijo de ambos, Narcís, que, en palabras de Ramón, siempre estuvo demasiado protegido por su madre a causa de ser canijo. Canijo es petiso, pero Narcís era más que eso. </p><p>El duque, un hombre de la alta sociedad barcelonesa, se avergonzó siempre de su hijo único, pero mientras estuvo a cargo de su madre lo soportó. El problema empezó en septiembre, me dijo el mayordomo, cuando falleció la señora Emma. El duque intentó convivir con su hijo pero le resultó imposible. Le irritaba que Narcís estuviera todo el día solo, vestido como un transexual y llorando la muerte de la madre. “¡Que tiene ya cuarenta años, coño!”, gritaba el duque y pasaba cada vez más tiempo fuera. </p><p>Una tarde, harto de no poder estar cómodo en su casa, el duque se alquiló un dúplex y se fue a vivir allí. Dejó a Ramón en la casa para que cuidara de Narcís, y le puso al hijo una paga mensual módica para que pudiera mantenerse, a cambio de no tener que verlo. Ramón no estaba feliz con la decisión, pero era leal al duque y hacía ya meses que cuidaba del niño. </p><p>—Este pringado jamás va a pagarte el sueldo... Vete ahora que no pierdes nada —me advertía el mayordomo. </p><p>Yo lo sabía, claro, pero esperaba con ansiedad que Narcís se levantara de la cama, cada día, y me llevara caminando al Eixample para cobrar las publicidades. No le importaban los pequeños textos que yo escribía por la mañana, sino mostrarme en el barrio y presentarme como “mi jefe comercial argentino”. </p><p>Descubrí pronto que todos los gays del barrio lo conocían y le escapaban: Narcís era una especie de tonto del pueblo, le prometían cualquier cosa con tal de sacárselo de encima. </p><p>Conocí el mundo gay barcelonés como la palma de mi mano. Entré a discotecas con luz de día, conocí peluquerías para gays que también le cortaban el pelo a caniches, estuve en agencias de viajes que ofrecían tours a San Francisco y otros destinos friendly, visité sex shops y me entretuve con una fauna de gente maravillosa. </p><p>Al principio iba con Narcís, pero algunas tardes en que mi jefe se quedaba en casa, deprimido y mirando películas, me mandaba a mí solo a hacer negocios. Al verme llegar sin compañía, los comerciantes gays me llevaban aparte y me avisaban lo mismo que el mayordomo Ramón: </p><p>—¿Tú sabes que estás perdiendo el tiempo, verdad? </p><p>Y cuando yo les respondía que sí, que estaba al tanto, me miraban con extrañeza. No podía explicarles el sentido de la experiencia, el valor que tenía para mí estar en esa casa, con Narcís y su mayordomo. Si hubiera tenido plata, habría pagado para que me dejaran meterme en sus vidas. </p><p>Cuando la pasaba a buscar a Cristina por su trabajo podía explicarle historias increíbles, también a Chiri y a mis padres por mail. Les contaba que un día me llevé el termo con el mate a la casa de Narcís, y que Ramón se interesó por el mecanismo de la infusión. Al día siguiente él mismo calentaba el agua y se hacía cargo de todo. </p><p>¿Qué importa no tener sueldo, pensaba yo, si un mayordomo, vestido realmente de mayordomo, te ceba mates toda la mañana? </p><p>Cada pequeña escena de aquel mes fue memorable: un acopio de anécdotas nutritivas. La mejor ocurrió el último día, cuando decidí que ya era hora de encontrar un trabajo de verdad. </p><p>Llegué tarde, cerca del mediodía. Narcís había empezado a escaparse de mí, porque era consciente de que me debía el sueldo. Me decía que cuando su padre le pagara la mensualidad, él me daría dinero. Yo sabía, por Ramón, que el duque le había dado su paga hacía ya una semana. Entonces le dije que lo dejaba, que una revista no podía hacerse sin un diseñador, sin una imprenta, sin fotógrafos o editores. Le dije todo lo que podía haber dicho el primer día. </p><p>Él se puso intenso, se le aflautó la voz más que nunca y dejó la gata en el suelo. Me dijo que yo no entendía nada del negocio, que lo estaba dejando en mitad del río, justo cuando aquello empezaba a funcionar. Pegaba grititos, se sentía estafado. Me decía que no esperara paga alguna si lo abandonaba. Quería pelea y yo no le daba el gusto. </p><p>Cuando supo que no había vuelta atrás dijo una frase que, durante mucho tiempo, Cristina repitió cada vez que fingía enojarse conmigo. Narcís me gritó, con todo el odio del mundo, “¡Vete a la pampa, guapa!” y se fue a su habitación llorando. Después prendió la tele y la puso a un volumen imposible. </p><p>Ramón, que había visto el escándalo, levantó las cejas y me palmeó la espalda. “Así acaba siempre”, me dijo el mayordomo y se despidió de mí con un apretón de manos firme, sin agregar palabra. </p><p>Caminé por el pasillo buscando la puerta de salida y, como tantas otras veces, vi a Narcís de reojo en su habitación. Lloraba y murmuraba una misma frase entrecortada, “tots em deixen”, que en catalán significa todos me dejan, y me partió el corazón. </p><p>Entré a su cuarto para hacer las paces (no era la primera vez que entraba) y me senté a su lado. Eso sí era la primera vez. Fingió no verme y siguió mirando la tele con los ojos en compota y la respiración entrecortada. </p><p>Sobre la cama había media docena de VHS con las películas viejas que Narcís miraba todo el día sin parar. Pude leer algunas carátulas: <i>Julio César</i>, <i>De aquí a la eternidad</i>, <i>Buenos días tristeza</i>. La que estaba puesta en la tele se llamaba <i>Tú y yo</i>. No reconocí el título hasta que vi las imágenes en la pantalla. Era <i>An Affair to Remember</i>. </p><p>—Esta la vi —le dije para decir algo—, en Argentina se llama <i>Algo para recordar</i>. </p><p>Él no respondió nada, estaba ofendido conmigo. </p><p>—¿Te gusta Cary Grant? —le pregunté. </p><p>Negó con la cabeza y señaló el televisor: </p><p>—Me gusta oírla a ella —dijo. </p><p>En la pantalla estaba el rostro de una mujer imponente. Descubrí que a las otras películas, las que estaban desparramadas sobre las sábanas, las protagonizaba la misma actriz, pero no tuve tiempo para sorprenderme, porque Narcís subió el volumen. </p><p>—Escucha su voz —me dijo—, es mi madre. </p><p>Y cerró los ojos. </p><p>El corazón me empezó a latir más fuerte. De repente supe que había estado en esa casa un mes entero para que llegara ese momento. </p><p>—Mamá dobló a Deborah Kerr en todas sus películas —dijo. </p><p>Y a mí me dio vergüenza la cantidad de horas que había pasado en la pensión, intentando escribir una historia falsa. </p><p>¿Cómo carajo se me iba a ocurrir, allí encerrado, el cuento de un mayordomo que cuida a un enano gay que oye la voz de su madre muerta en los doblajes de las películas? </p><p>Sentí pena, muchísima pena, por todos los escritores que buscamos sin suerte historias en la imaginación, y me acomodé en la cama junto a Narcís. </p><p>Él acurrucó la cabeza en mi pecho.</p>
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			<pubDate>Thu, 06 Sep 2012 19:09:10 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Los jefes y los empleados</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/los_jefes_los_empleados</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Este cuentito, un poco real y otro poco onírico, apareció hace unos días en las páginas <a href="http://issuu.com/revista_orsai/docs/orsai_n7/3" target="_blank">3</a>, <a href="http://issuu.com/revista_orsai/docs/orsai_n7/128" target="_blank">128 y 129</a> del número siete de Orsai. Pero si la revista no existiera formaría parte —sin duda— de la categoría <a href="http://editorialorsai.com/blog/secciones/?idCat1=4" target="_blank">Historias</a> de este blog. Así que también lo guardaré acá, para no perder la costumbre. El relato tiene dos partes: uno se llama «Los jefes» y el otro «Los empleados».</p>
					<p><div class="post_h2">Los jefes</div><div class="post_h3"></div></p><p>—¿Vos sos el jefe de Chiri? —me preguntó Nina. </p><p>—No. </p><p>—Entonces Chiri es tu jefe. </p><p>—Tampoco, pensamos la revista entre los dos. </p><p>—¿Y si no están de acuerdo en algo, quién gana? </p><p>Me quedé pensando, busqué algún caso en la memoria pero no encontré. Le dije asombrado: </p><p>—Siempre nos ponemos de acuerdo, dormite. </p><p>—¿Pero entonces quién es el jefe de los dos? </p><p>—Nadie —le contesté. </p><p>Nina se quedó callada, pensé que por fin se quedaba dormida, pero no. Dijo: </p><p>—Pero si un día se equivocan, ¿a quién hacen enojar?</p><p>Esa noche soñé, nítidamente, un recuerdo de mayo de 1982. En el sueño tengo once años y estoy en mi habitación desgrabando unas entrevistas que les hicimos a los vecinos, en la vereda, la tarde anterior. Les preguntábamos sobre Margaret Thatcher. Chiri está a punto de llegar, fue hasta lo de Guinot a hacer fotocopias del segundo pliego de la revista. </p><p>La revista que hacemos se llama <i>Las Cloacas</i> y la vendemos en la escuela, entre nuestros compañeros, sin demasiada algarabía por parte de ellos: solamente se ríen un poco con los dibujos, pero no con los textos. La revista tiene lema: abajo del logo dice, más chiquito, <i>aromas del Cairo</i>. </p><p>Son tres pliegos tamaño oficio doblados y grapados: doce páginas en total. La hacemos con mi flamante Lexicon 80, a dos columnas. Antes la hacíamos con la Olivetti portátil de la madre de Chiri, pero la nueva Lexicon que trajo Roberto a casa es de carro ancho, y podemos poner directamente la hoja apaisada. Es difícil hacer los originales a dos columnas y que te quede, cada línea, bien justificada a derecha, pero escribiendo despacio y pensando bien las frases, se puede. </p><p>En el sueño yo estoy ahí de manera rotunda; quiero decir, no tengo memoria del futuro. Soy realmente ese gordito, mis únicas preocupaciones son las de esa tarde. Son pocas, pero una me molesta: estoy un poco enojado con Chiri porque no nos ponemos de acuerdo en algo que, a mí, me parece simplísimo: las preguntas de la entrevista tienen que ir en rojo y las respuestas en negro, porque el lector va a entender mejor si la pregunta es de un color y la respuesta de otro. </p><p>Chiri dice que es al pedo, porque las fotocopias son en blanco y negro. Yo le digo que en las fotocopias el rojo se convierte en gris, por lo que el efecto se consigue igual. Chiri dice que no. Yo digo que sí. Creo que es la primera vez que nos peleamos. </p><p>Chiri se levanta, caliente como una pipa, agarra el original del segundo pliego y se va a lo de Guinot a hacer fotocopias. Yo estoy enojado porque Chiri cree que mis razones son otras. Estoy casi seguro. Él piensa que, como ahora tengo una máquina de escribir con doble tinta, quiero alardear. </p><p>Estoy enojado porque es verdad. Estoy enojado por ese instinto que tiene de saber mis verdaderas razones sobre las cosas. Le va a pedir a Guinot que haga las fotocopias con mucho contraste, para que no se note el rojo. Va a volver con esa cara que pone siempre cuando me descubre las intenciones. </p><p>En eso estoy pensando cuando Chiri entra a la habitación, con las fotocopias en la mano. No tiene la cara que yo me imaginaba, no está contento ni triste ni enojado. Me dice que afuera hay dos tipos que quieren hablar con nosotros. Lo vuelvo a mirar: está pálido, como si le hubiera pasado algo malo. </p><p>—¿Qué tipos? —le pregunto. </p><p>—Dos tipos: cuando volví con las fotocopias estaban a punto de tocar timbre. </p><p>—¿Y qué quieren? </p><p>—Dicen que son empleados nuestros, que ya terminaron la número siete y quieren que aprobemos los originales para entrar a imprenta. </p><p>—Será gente que pide —le digo. </p><p>—No, es muy raro: uno se parece bastante a mi tío Luis con anteojos; el otro es idéntico a tu abuelo Marcos más joven.</p><p><div class="post_h2">Los empleados</div><div class="post_h3"></div></p><p>Bajamos la escalera caracol con alarma. Chiri llevaba las fotocopias en la mano y los papeles le temblaban. Mi susto tenía más que ver con su cara de pánico que con mi propia inquietud. Entonces vi, por fin, a los dos hombres que nos estaban buscando; los vi en la vereda hablando entre ellos con tranquilidad, sin apuro. </p><p>Supe enseguida lo que Chiri no se animaba a decirme. Me quedé paralizado, mirándolos a través de la cortina. Yo no conocía al tío Luis Basilis, pero a mi abuelo Marcos sí lo conocía muy bien. Y uno de ellos era bastante parecido a mi abuelo: algo más joven, pero igual de serio y de gordo. Pero no era mi abuelo. Y el otro no era el tío Luis.</p><p>Miré a Chiri:</p><p>—Somos nosotros —le dije.</p><p>Él hizo que sí con la cabeza, sin mirarme:</p><p>—Somos nosotros, pero viejos.</p><p>Hicimos silencio. De repente Chiri dejó de estar asustado (lo supe porque suspiró) y eso me tranquilizó también a mí. Creo que tenía miedo de estar loco él solo, de que ni siquiera yo le creyera.</p><p>—¿Cuándo te diste cuenta?</p><p>—Enseguida, ni bien me hablaron —me dijo en voz baja—. Yo venía en la bici para tu casa y los vi en la esquina de la Treinta y Dos. El gordo se dio cuenta de que era yo el que venía y le avisó al canoso. De lejos no los reconocí, de cerca me parecieron conocidos, pero cuando me hablaron me di cuenta. No les dije nada, pero me di cuenta. Hablan igual que nosotros.</p><p>—Vos tenés canas y anteojos de puto.</p><p>—Vos sos gordísimo. Y usás cartera.</p><p>—No es una cartera, es un morral de hippie.</p><p>—No existen los hippies gordos.</p><p>Habíamos levantado la voz y nos oyeron. Los dos hombres miraron a la vez la puerta. El más gordo saludó con la mano. El canoso nos hizo señas para que saliéramos de una vez.</p><p>Abrimos la puerta despacio, caminamos hasta la vereda y nos quedamos, los cuatro, mirándonos. El canoso me señaló al verme y le dijo al gordo:</p><p>—Ya tenías tetas de chiquito.</p><p>Los dos se rieron. Yo me puse colorado y encorvé los hombros. Me dio muchísima bronca ver que Chiri también se reía y se ponía del lado de los mayores. El canoso miró la hora en un rectángulo negro, muy raro, que sacó del bolsillo.</p><p>—Boludo, apuremos que tenemos que entrar a imprenta —dijo. El más gordo se acercó y me preguntó:</p><p>—¿Hay alguien en casa?</p><p>Negué con la cabeza.</p><p>—¿A dónde están?</p><p>—En la Liga.</p><p>—Entonces vamos adentro —dijo, abriendo el morral—, tenemos que solucionar un asunto.</p><p>Estuvieron en casa media hora, no mucho más. En ningún momento se presentaron, ni nosotros les preguntamos los nombres. Había algo, más fuerte que las palabras, que nos unía y nos hacía entender quiénes eran. Mejor dicho: quiénes éramos los cuatro. </p><p>Nos reunimos en la cocina, ellos caminaban por mi casa sin confundir los pasillos ni las habitaciones. El canoso abrió la heladera sin permiso y sacó una botella de leche. El gordo puso cuatro vasos grandes en la mesa y les echó dos cucharadas soperas de Nesquik a cada uno, menos al suyo. A su vaso le puso seis. Chiri y yo lo mirabámos sin decir nada.</p><p>El canoso bebió un trago, entrecerró los ojos y suspiró con alegría:</p><p>—¡Ah, la chocolatada de esta época es mil veces mejor! —dijo.</p><p>El gordo se llevó el vaso a la boca pero no se detuvo. Bebió y bebió, sin respirar, hasta la última gota. Después se limpió la boca con el mantel.</p><p>Ya no me quedaban dudas: ese gordo era yo. Y lo peor es que yo era ese gordo porque nunca había dejado de tomar la leche de esa manera. Ni siquiera de viejo. Tenía razón el doctor al que me llevaba Chichita: el problema era el Nesquik. </p><p>—El asunto es así —se puso serio, de golpe, el canoso—. Estamos haciendo una revista, ya vamos por el número siete, y hasta hoy nunca habíamos tenido un desacuerdo entre nosotros. </p><p>—¿Una revista de qué? —pregunté, tratando de que no se me notara la cara de felicidad.</p><p>—Cuentos, crónicas —dijo el gordo.</p><p>—Historietas, sonetos —agregó el canoso.</p><p>Chiri y yo nos miramos y sonreímos. Una semana atrás habíamos tenido una conversación muy seria sobre nuestro futuro y habíamos decidido que nos íbamos a dedicar a hacer revistas. A escribirlas y dibujarlas.</p><p>—¿En serio trabajan en una revista? —preguntó Chiri— ¿Escriben o dibujan, o las dos cosas a la vez?</p><p>—La dirigimos —dijo el gordo—. Yo soy el editor responsable y él es el jefe de redacción.</p><p>—¿Ninguno de los dos dibuja? —pregunté.</p><p>—No —respondieron a la vez.</p><p>Chiri y yo nos miramos serios.</p><p>—¡Pero dirigimos! —dijo el gordo— Buscamos a los que escriben, a los que investigan, a los que dibujan. Pensamos los temas, hacemos garabatos en unas carpetas, llamamos por teléfono a los autores, los cagamos a pedo cuando se atrasan... Deberían estar contentos.</p><p>—¿Ustedes están contentos? —pregunté.</p><p>—Claro que estamos contentos, gordito infeliz —dijo el canoso, pero no me sonó como un insulto—. Estamos haciendo lo mismo que hacíamos a los doce años. ¿No te das cuenta? Mirá este pliego: es el pliego uno. Y este es el pliego ocho.</p><p>—¿Qué problema tienen? —preguntó Chiri.</p><p>El canoso le hizo una seña al gordo para que hablara él. El gordo levantó las cejas, como si ya hubiera explicado lo mismo mil veces:</p><p>—Se me ocurrió escribir una historia en la página tres, pero se me quedó corta la hoja —dijo, mirando al canoso con rabia—, y la quiero seguir en la página ciento veintiocho. Pero el pajerto no quiere saber nada.</p><p>—Es una reverenda pelotudez —dijo el canoso—. Hacemos una revista clásica, no somos vanguardistas, no experimentamos con boludeces.</p><p>Se notaba que la discusión venía de lejos. Se quedaron en silencio, mirándonos. Esperaban una solución por parte nuestra.</p><p>—¿Por qué tenemos que decidir nosotros?</p><p>Yo iba a hacer la misma pregunta, pero Chiri se me adelantó. El gordo grande dijo:</p><p>—Porque ustedes son los jefes y nosotros somos los empleados.</p><p>Nos quedamos en silencio.</p><p>—Quiero decir —siguió—, empezamos a hacer esta revista para cumplir un compromiso con ustedes. No estamos acá por casualidad. Ustedes tuvieron una conversación hace poco.</p><p>—En el patio —dijo el canoso—, en el segundo recreo. ¿Se acuerdan?</p><p>Asentimos, pálidos.</p><p>—Y se juraron algo.</p><p>—Sí.</p><p>—¿Juraron que iban a ser ricos?</p><p>—No.</p><p>—¿Que iban a ser famosos?</p><p>—No.</p><p>—Qué juraron.</p><p>Chiri tragó saliva:</p><p>—Que cuando fuéramos grandes íbamos a seguir siendo amigos.</p><p>—Y qué más —preguntó el gordo.</p><p>—Que íbamos a hacer una revista.</p><p>Lagrimeamos todos a la vez, como una coreografía de maricones en diferentes períodos de su sensibilidad.</p><p>—Nosotros —dijo el canoso— venimos a decirles que está todo bien, que lo que viene va a estar bueno. Porque ese juramento, para nosotros, fue una orden. </p><p>—Ustedes son los jefes —dijo el gordo—, los jefes son los que dan las órdenes. Nosotros, los grandes, solamente somos empleados. ¿Aprueban el cambio del editorial, entonces? Decidan rápido porque estamos entrando a imprenta mañana.</p><p>—Por mí sí, que vaya el cuento largo —dijo Chiri, y el canoso lo miró con bronca.</p><p>—Yo pienso lo mismo —dije—. Si el cuento está bueno, qué importa dónde termina.</p><p>—<i>Ese</i> es el problema —dijo el canoso, resignado—. Es uno de los peores cuentos que el Gordo escribió en su vida. Es infantil, está lleno de lugares comunes. ¿Saben cómo termina?</p><p>—Cómo.</p><p>Y entonces me desperté.</p><p><div class="epigrafe"><b>Aviso para comentaristas</b>. Ya se puede dejar comentarios, o conversar con otros lectores, en cada texto de las revistas. (A nosotros nos ayuda, además, chusmear sobre lo que se dice de cada contenido). Esta sección estuvo sin funcionar desde el N3, y ahora está recuperada y funcionando. Es decir: es "carne de pri", porque casi todos los posts están en cero. <br /><br /><a href="http://editorialorsai.com/revista/secciones/?idCat1=268">Comentar la revista N7</a> | <a href="http://editorialorsai.com/revista/secciones/?idCat1=267">Comentar la revista N6</a> | <a href="http://editorialorsai.com/revista/secciones/?idCat1=236">Comentar la revista N5</a></div></p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 21 Jun 2012 19:02:12 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Messi es un perro</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/messi_es_un_perro</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>La respuesta rápida es por mi hija, por mi esposa, porque tengo una familia catalana. Pero si me preguntan en serio por qué sigo acá, en Barcelona, en estas épocas horribles y aburridas, es porque estoy a cuarenta minutos en tren del mejor fútbol de la historia.</p>
					<p>Quiero decir: si mi esposa y mi hija decidieran irse a vivir a Argentina ahora mismo, yo me divorciaría y me quedaría acá por lo menos hasta la final de la Champions. Y es que nunca se vio algo parecido adentro de una cancha de fútbol, en ninguna época, y es muy posible que no ocurra más. </p><p>Es verdad, estoy escribiendo en caliente. Redacto esto la misma semana en que Messi hizo tres para Argentina, cinco para el Barça en Champions y dos para el Barça en Liga. Diez goles en tres partidos de tres competiciones diferentes. </p><p>La prensa catalana no habla de otra cosa. Durante un rato, la crisis económica no es el tema de inicio en los noticieros. Internet explota. Y en medio de todo esto a mí me acaba de pasar por la cabeza una teoría extraña, muy difícil de explicar. Justamente por eso intentaré escribirla, a ver si termino de darle vuelo. </p><p>Todo empezó esta mañana: estoy mirando sin parar goles de Messi en Youtube, lo hago con culpa porque estoy en mitad del cierre de la revista número seis. No debería estar haciendo esto. </p><p>De casualidad hago clic en una compilación de fragmentos que no había visto antes. Pienso que es un video más de miles, pero enseguida veo que no. No son goles de Messi, ni sus mejores jugadas, ni sus asistencias. Es un compilado extraño: el video muestra cientos de imágenes —de dos a tres segundos cada una— en las que Messi recibe faltas muy fuertes y no se cae. </p><p><iframe class="fotoblog" width="485" height="290" src="http://www.youtube.com/embed/I0gS5CshUDE" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p><p>No se tira ni se queja. No busca con astucia el tiro libre directo ni el penal. En cada fotograma, él sigue con los ojos en la pelota mientras encuentra equilibrio. Hace esfuerzos inhumanos para que aquello que le hicieron no sea falta, ni sea tampoco amarilla para el defensor contrario. </p><p>Son muchísimos pedacitos de patadas feroces, de obstrucciones, de pisotones y trampas, de zancadillas y agarrones traicioneros; nunca las había visto a todas juntas. Él va con la pelota y recibe un guadañazo en la tibia, pero sigue. Le pegan en los talones: trastabilla y sigue. Lo agarran de la camiseta: se revuelve, zafa, y sigue. </p><p>Me quedé, de repente, atónito, porque algo me resultaba familiar en esas imágenes. Puse cada fragmento en cámara lenta y entendí que los ojos de Messi están siempre concentrados en la pelota, pero no en el fútbol ni en el contexto. </p><p>El fútbol actual tiene una reglamentación muy clara por la que, muchas veces, caer al suelo es asegurar un penal, o conseguir que se amoneste al zaguero contrario es propicio para futuros contragolpes. En estos fragmentos, Messi parece no entender nada sobre el fútbol ni sobre la oportunidad. </p><p>Se lo ve como en trance, hipnotizado; solamente desea la pelota dentro del arco contrario, no le importa el deporte ni el resultado ni la legislación. Hay que mirarle bien los ojos para comprender esto: los pone estrábicos, como si le costara leer un subtítulo; enfoca el balón y no lo pierde de vista ni aunque lo apuñalen. </p><p>¿Dónde había visto yo esa mirada antes? ¿En quién? Me resultaba conocido ese gesto de introspección desmedida. Dejé el video en pausa. Hice zoom en sus ojos. Y entonces lo recordé: eran los ojos de Totín cuando perdía la razón por la esponja. </p><p><div class="separador"></div></p><p>Yo tenía un perro en la infancia que se llamaba Totín. Nada lo conmovía. No era un perro inteligente. Entraban ladrones y él los miraba llevarse el televisor. Sonaba el timbre y no parecía oírlo. Yo vomitaba y él no venía a lamer. </p><p>Sin embargo, cuando alguien (mi madre, mi hermana, yo mismo) agarraba una esponja —una determinada esponja amarilla de lavar los platos— Totín enloquecía. Quería esa esponja más que nada en el mundo, moría por llevarse ese rectángulo amarillo a la cucha. Yo se la mostraba en mi mano derecha y él la enfocaba. Yo la movía de un lado a otro y él nunca dejaba de mirarla. No podía dejar de mirarla. </p><p>No importaba a qué velocidad moviera yo la esponja: el cogote de Totín se trasladaba idéntico por el aire. Sus ojos se volvían japoneses, atentos, intelectuales. Como los ojos de Messi, que dejan de ser los de un preadolescente atolondrado y, por una fracción de segundo, se convierten en la mirada escrutadora de Sherlock Holmes. </p><p>Descubrí esta tarde, mirando ese video, que Messi es un perro. O un hombre perro. Esa es mi teoría, lamento que hayan llegado hasta acá con mejores expectativas. Messi es el primer perro que juega al fútbol. </p><p>Tiene mucho sentido que no comprenda las reglas. Los perros no fingen zancadillas cuando ven venir un Citroën, no se quejan con el árbitro cuando se les escapa un gato por la medianera, no buscan que le saquen doble amarilla al sodero. En los inicios del fútbol los humanos también eran así. Iban detrás de la pelota y nada más: no existían las tarjetas de colores, ni la posición adelantada, ni la suspensión después de cinco amarillas, ni los goles de visitante valían doble. Antes se jugaba como juegan Messi y Totín. Después el fútbol se volvió muy raro. </p><p>Ahora mismo, en este tiempo, a todo el mundo parece interesarle más la burocracia del deporte, sus leyes. Después de un partido importante, se habla una semana entera de legislación. </p><p>¿Se hizo amonestar Juan exprofeso para saltarse el siguiente partido y jugar el clásico? ¿Fingió realmente Pedro la falta dentro del área? ¿Dejarán jugar a Pancho acogiéndose a la cláusula 208 que indica que Ernesto está jugando el Sub-17? ¿El técnico local mandó a regar demasiado el césped para que los visitantes patinen y se rompan el cráneo? ¿Desaparecieron los recogepelotas cuando el partido se puso dos a uno, y volvieron a aparecer cuando se puso dos a dos? ¿Apelará el club la doble amarilla de Paco en el Tribunal Deportivo? <br />¿Descontó correctamente el árbitro los minutos que perdió Ricardo por protestar la sanción que recibió Ignacio a causa de la pérdida de tiempo de Luis al hacer el lateral? </p><p>No señor. Los perros no escuchan la radio, no leen la prensa deportiva, no entienden si un partido es amistoso e intrascendente o una final de copa. Los perros quieren llevarse siempre la esponja a la cucha, aunque estén  muertos de sueño o los estén matando las garrapatas. </p><p>Messi es un perro. Bate records de otras épocas porque solo hasta los años cincuenta jugaron al fútbol los hombres perro. Después la <span class="siglas">FIFA</span> nos invitó a todos a hablar de leyes y de artículos, y nos olvidamos que lo importante era la esponja. </p><p>Y entonces un día aparece un chico enfermo. Como en su día un mono enfermo se mantuvo erguido y empezó la historia del hombre. Esta vez ha sido un chico rosarino con capacidades diferentes. Inhabilitado para decir dos frases seguidas, visiblemente antisocial, incapaz de casi todo lo relacionado con la picaresca humana. Pero con un talento asombroso para mantener en su poder algo redondo e inflado y llevarlo hasta un tejido de red al final de una llanura verde. </p><p>Si lo dejaran, no haría otra cosa. Llevar esa esfera blanca a los tres palos todo el tiempo, como Sísifo. Una y otra vez. Guardiola dijo, después de los cinco goles en un solo partido: </p><p>—El día que él quiera hará seis. </p><p>No fue un elogio, fue la expresión objetiva del síntoma. Lionel Messi es un enfermo. Es una enfermedad rara que me emociona, porque yo amaba a Totín y ahora él es el último hombre perro. Y es por constatar en detalle esa enfermedad, por verla evolucionar cada sábado, que sigo en Barcelona aunque prefiera vivir en otra parte. </p><p>Cada vez que subo las escaleras internas del Camp Nou y de pronto veo el fulgor del pasto iluminado, en ese momento que siempre nos recuerda a la infancia, digo lo mismo para mis adentros: hay que tener mucha suerte, Jorge, para que te guste mucho un deporte y te toque ser contemporáneo de su mejor versión, y, trascartón, que la cancha te quede tan cerca. </p><p>Disfruto esta doble fortuna. La atesoro, tengo nostalgia del presente cada vez que juega Messi. Soy hincha fanático de este lugar en el mundo y de este tiempo histórico. Porque, me parece a mí, en el Juicio Final estaremos todos los humanos que han sido y seremos, y se formará un corro para hablar de fútbol, y uno dirá: yo estudié en Amsterdam en el 73, otro dirá: yo era arquitecto en São Paulo en el 62, y otro: yo ya era adolescente en Nápoles en el 87, y mi padre dirá: yo viajé a Montevideo en el 67, y uno más atrás: yo escuché el silencio del Maracaná en el 50. </p><p>Todos contarán sus batallas con orgullo hasta altas horas. Y cuando ya no quede nadie por hablar, me pondré de pie y diré despacio: yo vivía en Barcelona en los tiempos del hombre perro. Y no volará una mosca. Se hará silencio. Todos los demás bajarán la cabeza. Y aparecerá Dios, vestido de Juicio Final, y señalándome dirá: tú, el gordito, estás salvado. Todos los demás, a las duchas.</p>
				</div>
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			<pubDate>Mon, 11 Jun 2012 17:53:58 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Caretas</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/caretas</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Estoy leyendo mucho la prensa española estos días, porque Argentina está saliendo en la tapa de los diarios con letra grandota. La última vez que salimos en la tapa con letra grandota fue cuando renunció De la Rúa. Corralito. Cinco presidentes en una semana. Caos. Después hubo un gran silencio de nueve, diez años. No salimos más en la tapa. Y eso es bueno. Cuando Argentina no sale en la tapa de la prensa española, todo está tranquilo.</p>
					<p>El único argentino que sale en la tapa, casi todas las semanas, es Messi. Desde hace unos días fantaseo con algo imposible. Fantaseo con que mañana, en el clásico Madrid Barcelona, Messi haga un gol, se levante la camiseta frente a las cámaras y abajo haya un cartel que diga «YPF es Argentina». Y que después haga un gol Higuaín, el gol del empate, y se levante la camiseta y diga «YPF es Argentina». </p><p>Sería un problemón gigantesco para los que deciden las fotos de tapa de los diarios españoles. </p><p>Los diarios españoles ya son casi todos de derecha. El último diario de izquierda se llamaba Público y quebró hace dos o tres meses. El otro diario que no es abiertamente neoliberal se llama El País, pero es de una izquierda europea, es decir, de derecha. </p><p>España se está cayendo a pedazos pero no hay debate político. Nadie propone que el Estado intervenga. Los dos partidos mayoritarios piensan lo mismo, pero fingen pelearse en público, para que la gente no se duerma de aburrimiento. Pelean como Karadagián y como Peucelle, de mentira, pero con mucho espamento. </p><p>Desde hace varios años los dueños de España son seis o siete empresarios poderosos: banqueros, petroleros, dueños de telefónicas. Los políticos y los medios de comunicación son empleados de esta gente de corbata. Todos son <i>caretas</i>, en el sentido más argentino de la palabra. </p><p>Gente encorbatada, aburridísima, mayores de sesenta, incapaces de enviar un archivo adjunto sin equivocarse, gente que nunca aprendió inglés, gente que está en contra de descargarse una película pero que tampoco sabría cómo hacerlo. </p><p>A toda esta gente no le gusta lo que está pasando en Latinoamérica, del mismo modo que no le gusta lo que está pasando con los indignados en sus propias plazas. Para ellos las dos cosas son la misma cosa: tienen miedo de que las personas que no son caretas tomen la sartén por el mango. </p><p>Le tienen miedo, le tienen bronca, desprecian a los que no son caretas. A los que asumen el poder y, en vez de usar corbata, usan camisa o pulóver. A los que en los discursos hablan con normalidad, sin poner un casete, sin frases vacías. A los que se cagan en las falsas reglas de la economía global —que siempre patea para el mismo lado— y proponen otras reglas, a los que le pegan patadas a los tableros de ajedrez, a los que están hartos de siempre lo mismo. </p><p>Esta semana la prensa española le dedicó muchísimas páginas al tema YPF, pero casi ninguna explica los argumentos argentinos. Le da pánico explicar los argumentos argentinos, porque son los mismos argumentos de los indignados que ocupan las plazas. Sus propios hijos son los que están hartos. </p><p>Los caretas españoles creen que el enemigo es Argentina, creen que Repsol es patria y que Argentina les está robando la identidad. Pero en la calle son sus hijos los que no tienen trabajo, los que no tienen futuro, los que también están pidiendo a gritos que el Estado intervenga y se ponga del lado de la gente.</p><p><div class="epigrafe"><b>Audio.</b> Desde hace un mes leo algunos textos cortos de Orsai en una radio de Buenos Aires (<a href="http://vorterix.com/" target="_blank">Vorterix</a>). Lo hago los lunes, los miércoles y los viernes. En general son reflexiones que escribí hace tiempo en el blog, pero a veces (por ejemplo hoy) hago un paréntesis de actualidad rabiosa. En esos casos colgaré el texto en el blog al mismo tiempo, para no perder la costumbre.<br /><br /><object data="http://flash-mp3-player.net/medias/player_mp3_maxi.swf" width="200" height="20" type="application/x-shockwave-flash"><param value="http://flash-mp3-player.net/medias/player_mp3_maxi.swf" name="movie"/><param value="#F0F0F0" name="bgcolor"/><param value="mp3=http://dl.dropbox.com/u/53298740/vorterix/MDV_021_0420_caretas.mp3&showstop=1&showvolume=1" name="FlashVars"/></object><br /><div style="color:Gray; padding: 4px 0px;">Mensaje de Voz Número 21: Caretas</div></div></p>
				</div>
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			<pubDate>Fri, 20 Apr 2012 19:47:10 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Bienvenidos</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/bienvenidos</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Voy a usar por última vez mi espacio personal para comunicar una aventura. Después de eso, volveré a usarlo únicamente para escribir boludeces. El blog Orsai nació el 27 de febrero de 2004 con <a href="http://editorialorsai.com/blog/post/el_viejo_folletin_y_las_nuevas_tecnologias" target="_blank">un texto</a> en el que me di a conocer como autor. Durante años escribí aquí únicamente cuentos y reflexiones en un clima bastante sosegado. El 23 de septiembre de 2010 interrumpí ese tono para hablar de <a href="http://editorialorsai.com/blog/post/matar_la_crisis_a_volantazos" target="_blank">un proyecto</a>. Desde ese día, el proyecto se comió a todo lo demás.</p>
					<p>No ocurrió sin querer. Me gusta mucho escribir sobre lo que se me antoja, y durante el último año y medio se me antojó hablar del sueño de hacer una revista entre amigos, y después una redacción de trabajo, y después un bar en Buenos Aires. Contar cómo íbamos construyendo esos sueños fue mi literatura durante los últimos dieciocho meses. </p><p>Y ahora, que esos sueños están encaminados, quiero volver a mi blog amateur, a mi viejo y querido espacio de Lucas y Alex, del tataranieto Wuong, de anécdotas mejoradas y de cuentos breves. Y también participar de los nuevos proyectos, obviamente, pero sin mezclar los discursos ni enloquecer al lector, que ya aguantó bastante esta esquizofrenia. Desde ahora, cada tema en su propia casa.</p><p><a href="http://editorialorsai.com/" target="_blank">EditorialOrsai.com</a> es eso: una casa más grande, con muchas habitaciones nuevas. Una visión global del proyecto en el que el lector puede elegir qué leer, cómo hacerlo, e incluso recibir alertas de mail o <span class="siglas">RSS</span> específicas, y descartar otras.</p><p>Para eso es necesario que cada uno de ustedes configure sus alertas (se puede hacer <a href="http://editorialorsai.com/alertas/" target="_blank">desde aquí</a>). Ahora hay alertas para «Orsai blog», para «Orsai bar», para «Orsai redacción» y para «Orsai revista». Muy pronto las habrá también para los comentarios globales, para la flamante editorial y para los nuevos proyectos digitales.</p><p>En esta nueva versión también hay un <a href="http://editorialorsai.com/buscar/" target="_blank">buscador</a> fragmentado (con búsquedas separadas o conjuntas) y un <a href="http://editorialorsai.com/contacto/" target="_blank">formulario de contacto</a> para que los lectores se puedan comunicar con cada persona según el tema de su interés. De este modo no recibo todos los correos yo solo, porque ya me estaba empezando a volver loco. También hay un <a href="http://editorialorsai.com/redaccion/staff/" target="_blank">staff completo</a> y un <a href="http://editorialorsai.com/aviso_legal.php" target="_blank">aviso legal</a>, porque ahora somos burgueses.</p><p>En <a href="http://editorialorsai.com/bar/" target="_blank">Orsai Bar</a>, de a poquito, podrán enterarse de los nuevos eventos que se generen en San Telmo. Presentaciones, música, exposiciones, reseñas, fotos, videos, nuevas pizzas, etcétera. En ese rincón de Orsai escribirán Tonga, el gerente; Comequechu, el pizzero; Estrella, la camarera; y a veces también yo mismo, pero poco porque vivo lejos.</p><p>En <a href="http://editorialorsai.com/redaccion/" target="_blank">Orsai Redacción</a> escribirá casi siempre mi amigo Christian Basilis, el Jefe de Redacción, que ahora vive en Buenos Aires, aunque a veces meteré yo también la cuchara para ofrecer algún goteo desde España. Es un rincón donde hablaremos únicamente de la revista, del próximo número, de las nuevas ideas, de las noticias infames sobre distribución y otros chusmeríos varios.</p><p>En <a href="http://editorialorsai.com/revista/" target="_blank">Orsai Revista</a> estamos haciendo un trabajo fino: allí estarán en breve todos los pdf gratuitos, los textos planos de cada contenido, las historietas, las crónicas y los cuentos de todas las ediciones físicas de Orsai que han salido de imprenta. Es un lugar donde los lectores podrán debatir cada texto publicado, conversar con sus autores y poner pulgar arriba o pulgar abajo a cada página de la revista. Ahora parece bastante desmantelado porque no tuve tiempo de meterle datos duros, pero ya van a ver qué bueno se pone.</p><p>La pestaña <a href="http://editorialorsai.com/mi_orsai/" target="_blank">Mi Orsai</a>, por el momento, es la zona privada de cada suscriptor y distribuidor de la revista. Pero en no mucho tiempo será la página pública de cada lector. Allí podrán crear su propio espacio de debate y publicar entradas, compartir libros o discos, películas o series. Es algo que los más memoriosos recordarán: <i>El Lomo</i>. Un espacio de interactividad entre los lectores y nosotros.</p><p>Y por último este rincón: <a href="http://editorialorsai.com/blog/" target="_blank">Orsai Blog</a>. Lo primero que hice fue ordenar un poco el pasado por <a href="http://editorialorsai.com/blog/secciones/" target="_blank">secciones</a>, <a href="http://editorialorsai.com/blog/archivos/" target="_blank">épocas</a> y <a href="http://editorialorsai.com/blog/secciones/?cat=2" target="_blank">libros</a>. Después de eso, y ya más tranquilo, será mi rincón. Aquí estaré yo de nuevo solo con mi alma, una vez por semana si puedo, y si no puedo una vez cada tanto, con el objetivo de soltar la mano y escribir sobre lo que se me cruce por la cabeza. </p><p>En realidad, con el objetivo de no olvidarme de que Orsai es, antes que otra cosa, mi viejo y querido cuaderno. El que me acompaña desde que estoy fuera de casa. El que seguiré escribiendo siempre, hasta el último día, aunque del otro lado del monitor no haya nadie.</p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 19 Apr 2012 16:51:35 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Mónica pasión</title>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Para hacerlos desear un poquito más (porque las Orsai N6 empiezan a distribuirse esta semana) les dejo un trailer de dos minutos de Juan Sánz Valiente y Alfredo Casero trabajando en «Mónica Pasión», la segunda historieta imposible de dos artistas geniales. Y solamente porque es martes y llueve en Barcelona (es decir, porque estoy contento) les goteo también la primera página completa del nuevo trabajo del dúo.</p>
					<p><iframe src="http://player.vimeo.com/video/39590733?title=0&byline=0&portrait=0" width="500" height="280" frameborder="0" allowFullScreen></iframe><br /><div class="videoblog"><img src="http://editorialorsai.com/i/cc.jpg">Realización y musicalización: <a href="http://www.vimeo.com/soloideas" target="_blank">Andrés Locatelli</a>.<br />Música: <a href="http://www.jamendo.com/es/track/748113">Alpha Hydrae</a></div></p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7238/6918723320_924d80b386.jpg" class="fotoblog"></p>
				</div>
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			<pubDate>Tue, 03 Apr 2012 17:31:57 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
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			<title>Quatro histórias</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/quatro_historias</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Hace unos meses Chiri me dijo: «Brasil la debe estar rompiendo con la literatura, y nosotros ni idea». Desde entonces —llenos de culpa— estuvimos buscando y leyendo cuentos brasileños hasta que nos atragantamos. Buscamos gente surgida de internet, no a los de siempre, no a los conocidos por el público hispanohablante. Buscamos autores con gran participación en el mundo virtual. Y nos encontramos con una narrativa impresionante.</p>
					<p>Como somos perezosos, llamamos a Karina Salguero-Moya, nuestra editora estrella en Costa Rica, para que nos orientara en la búsqueda. Karina es un sabueso buscando nueva literatura, así que pedimos un rastreo brasileño completo: queríamos cuentos bestias, nunca traducidos al castellano, para publicarlos en Orsai y que al lector le explotara la cabeza.</p><p>Karina nos fue contando, mes a mes, la evolución de su búsqueda. Cada tanto recibíamos un correo con cuentos, con autores, con historias, y siempre había una postdata extraña: «Son hermosos —nos decía Karina—, pero no solamente en lo que escriben, los cabrones son bellos físicamente, ya me enamoré de dos».</p><p>Cuando tuvimos una buena preselección de cuentos, le pedimos a Jorge Trímboli que los tradujera a la velocidad de la luz. Y yo mismo me encargué, después, de darle a los cuentos una edición literaria. Fue un trabajo hermoso: me hundí en cada una de las cuatro historias, palabra por palabra, para encontrar argentinismos suaves y sinónimos sin ripios. Para dejar cada trama a punto caramelo. A cada rato interrumpía la edición: «¡Qué hijos de puta —decía yo mismo en voz alta—, cómo escribe esta gente, habría que matarlos».</p><p>Es raro: no debería sorprender tanto una cultura de la que somos limítrofes, pero en general la literatura brasileña (tan buena siempre) nos llega despacio por culpa del idioma.</p><p>Este goteo, en lo personal, es el que más me entusiasma del próximo número de Orsai. Porque lo venimos paladeando con Chiri y con Karina desde hace varios meses, y porque intentamos encontrar historias alucinantes, y autores de los que —seguro— ustedes van a querer leer más cosas en castellano.</p><p>En la próxima edición de Orsai, entonces, le damos la bienvenida a cuatro cuentistas muy bestias que la están rompiendo en Brasil. Son dos chicas y dos chicos. Los cuatro están en edad de merecer y cultivan prosas intensas y cercanas.</p><p><div class="post_h2">Sos mi Cristo Redentor</div><div class="post_h3">Santiago Nazarian</div></p><p>En «Sos mi Cristo Redentor», el primer cuento de dossier, hay sangre y tensión. Lo escribe, en primera persona, un asesino en serie de turistas extranjeras. Pero narra con tanto amor esos asesinatos que, casi casi, uno se pone de su lado. Trama genial y culposa.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7258/6918705938_2aaa34dbbb_z.jpg" class="fotoblog"></p><p><a href="http://pt.wikipedia.org/wiki/Santiago_Nazarian">Santiago Nazarian</a> (San Pablo, 1977) es uno de los más prolíficos narradores brasileños de su generación. Su primera novela, <em>Olívio</em> (Talento, 2003) fue premiada en un concurso de la Fundação Conrado Wessel. <em>Pornofantasma</em> (Record, 2011) es su último libro publicado hasta ahora.</p><p><div class="post_h2">Francisco no se da cuenta</div><div class="post_h3">Andréa del Fuego</div></p><p>«Francisco no se da cuenta» es un cuento maravilloso, con dosis perfectas de humor y tragedia. El protagonista es un pobre jubilado que solamente puede ver la mitad de su cuerpo. Se peina a medias, se alimenta a medias... Hasta que encuentra un cajero de banco y viven un romance <em>muy</em> raro.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7264/7064784057_f915294988_z.jpg" class="fotoblog"></p><p><a href="http://pt.wikipedia.org/wiki/Andréa_del_Fuego">Andréa del Fuego</a> (San Pablo, 1975) es autora de la trilogía de cuentos <em>Minto enquanto posso</em> (2004), <em>Nego tudo</em> (2005) y <em>Engano seu</em> (2007). Su primera novela, <em>Os Malaquias</em>, obtuvo el Premio José Saramago en 2011. Participó en diversas antologías y es columnista de tele. Tiene <a href="http://andreadelfuego.wordpress.com">blog</a>.</p><p><div class="post_h2">Carbón animal</div><div class="post_h3">Ana Paula Maia</div></p><p>«Carbón animal» empieza diciendo: "Al final, lo que queda son los dientes. Porque van a servir para identificarte". Y lo que sigue es la historia de dos bomberos que odian cortar fierros en accidentes. Cada dos párrafos, te quedás con la boca abierta.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5312/6918706322_d85b4353f1_z.jpg" class="fotoblog"></p><p><a href="http://pt.wikipedia.org/wiki/Ana_Paula_Maia">Ana Paula Maia</a> (Nova Iguaçú, 1977) empezó a publicar en internet una novela llamada <em>A guerra dos bastardos</em> y consiguió trascender de la nada. Es autora de la trilogía <em>A saga dos brutos. </em>El cuento que publicamos en Orsai es el primer capítulo de su nueva novela, <em>Carvão animal</em>.</p><p><div class="post_h2">Cada instante es un universo entero</div><div class="post_h3">Daniel Galera</div></p><p>Y el último se llama «Cada instante es un universo entero». Narra la historia de amor entre un científico (él sospecha que, si el tiempo no existe, el movimiento tampoco puede existir) y una bailarina que vive para sus movimientos. Lujo. Lujo.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7179/6918706600_4e8a53d5ff_z.jpg" class="fotoblog"></p><p><a href="http://pt.wikipedia.org/wiki/Daniel_Galera">Daniel Galera</a> (San Pablo, 1979 ) es escritor y traductor. Ha publicado cuatro libros: <em>Dentes Guardados</em> (Livros do Mal, 2001), <em>Até o Dia em que o Cão Morreu</em> (Livros do Mal, 2003), <em>Mãos de Cavalo</em> (Companhia das Letras, 2006) y <em>Cordilheira</em> (Companhia das Letras, 2008). También tiene <a href="http://ranchocarne.tumblr.com/">blog</a>.</p><p><div class="separador"></div></p><p>El próximo número de Orsai (y disculpen el tono de vendedor ambulante de Florianópolis) es <i>o melhor do mundo</i>.</p>
				</div>
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			<pubDate>Fri, 30 Mar 2012 20:16:33 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
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			<title>Dos de abril</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/dos_de_abril</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Salimos de imprenta hace algunas horas. La Orsai número 6 empieza a distribuirse la semana del dos de abril y, como sabíamos la fecha desde hacía meses, con Chiri nos pusimos a pensar en un especial sobre Malvinas. Nuestra idea fue buscar dos escritores admiradísimos: uno británico, otro argentino. Necesitábamos que fuesen (a nuestro gusto) los dos mejores escritores vivos de cada país. Tuvimos suerte, mucha suerte. Ian McEwan y Abelardo Castillo se dejaron entrevistar por Gonzalo Garcés.</p>
					<p>Atentos, porque tenemos un dossier Malvinas muy intenso:</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5446/6918687318_fc02949fa6_o.jpg"></p><p>Empezamos con «Malvinas a dos puntas», en donde Gonzalo Garcés se pregunta qué nos dejó la guerra de las Malvinas. Qué le debemos hoy, además de un montón de discursos patrioteros que el gobierno de turno, en Gran Bretaña como en la Argentina, pone en los altavoces cada vez que necesita subir en las encuestas.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5079/7064765417_811646b751.jpg"></p><p>Seguimos con «Un éxito incómodo», en el que el escritor británico Ian McEwan dice, entre otras cosas, que Argentina «tiene un historial terrible de colonialismo: a lo largo de su historia, ha desplazado a pueblos indígenas enteros. Y Gran Bretaña, evidentemente, también». </p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7083/7064765579_aba0c0fe5c.jpg"></p><p>Avanzamos con «Una guerra idiota», una entrevista en la que Abelardo Castillo asegura: «Soy argentino y puedo pensar que esas islas nos pertenecen desde 1816, pero si yo fuera kelper no querría ser argentino ni inglés ni uruguayo ni croata».</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7045/6918687968_5e90ae6f53.jpg"></p><p>Y cerramos con «Diario de un combatiente», una historieta en la que Miguel Rep imagina la biografía de un hombre que nació en Londres, se nacionalizó argentino, combatió en Malvinas y volvió a sus raíces. Una especie de «Juan López y John Ward» en versión dibujada.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5327/7064765915_179d286853.jpg"></p><p>Y como si esto fuera poco, hay un doble cierre en versión sobremesa, entre Chiri y yo. Porque esa es otra novedad de la Orsai número seis. A pedido del público (que casi nos lincha cuando descubrió la ausencia) volvemos a las sobremesas después de cada texto largo. Así lo indica sutilmente <i>Juancarlitos</i>, el niño que lee la prensa, sentado en un taburete, en la portada del próximo número:</p><p><img class="fotoblog" src="http://farm8.staticflickr.com/7051/6918688272_064ef6e55f.jpg"></p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 29 Mar 2012 15:30:55 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
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			<title>Liberen los libros</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/liberen_los_libros</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Vivo en España desde hace doce años. Y como a veces escribo en la prensa española, y saben que soy de Buenos Aires, cada vez que pasa algo más o menos dramático en Argentina me llaman por teléfono de una radio, o de un diario, y me pide que lo explique.</p>
					<p>—¿Por qué la gente no puede sacar su dinero del banco? ¿Por qué tal o cual político, después de haber robado tanto, es otra vez candidato? ¿Por qué teniendo tan buenos jugadores les va tan mal en este o en el otro mundial?</p><p>A los españoles les encanta cuando nos pasa algo choto. Por eso preguntan, quieren ver si un día nos quedamos sin respuestas. </p><p>—¿Por qué si antes teníais una red ferroviaria tan así, ahora vuestros trenes son tan asá? ¿Por qué si sois un país tan rico os ocurre tal o cual desgracia?</p><p>Y así siempre. </p><p>A mí me gustaría mandarlos a cagar cada vez que preguntan, pero prefiero defenderme atacando. Lo que hago es llevar el tema a donde más les duele, les hablo de la cultura. </p><p>Les cuento que a pesar de nuestras desgracias enquistadas, en la ciudad de Córdoba hay más estudiantes de cine que en toda Europa. Yo sé que es chovinismo, pero me da bronca y me sale así.</p><p>Les digo que en Buenos Aires la oferta teatral multiplica por veintitrés a la oferta teatral de Madrid y Barcelona juntas. Les digo que la educación universitaria es libre, gratuita y de enorme calidad; que escupimos científicos como España escupe toreros. </p><p>Les digo que tenemos librerías abiertas hasta tarde, donde no está el último bestseller en la vidriera, sino que hay libros de Camus, de Sartre, de Camilo Cela, de González Tuñón. Les digo que vemos las películas en versión original subtitulada, y que después nos vamos a comer pizza y a discutir de cine. Les cuento que El Ateneo es una de las librerías más hermosas del mundo, y les muestro <a href="http://4.bp.blogspot.com/_1tFt1PhCcH4/Sw1GOC5AikI/AAAAAAAAEUE/Sm2vbH4O3T0/s1600/el ateneo_jpg.jpg" target="_blank">fotos</a>, y se caen de culo. </p><p>A cada pregunta de mierda sobre coyuntura, sobre inseguridad, sobre ausencia de reglas de juego, les digo Quino, les contesto Milstein, les retruco Bioy Casares, que es mi forma de decirles calláte gallego, ¿por qué me llamás solamente cuando <em>mis</em> papas queman, si a vos también te están incendiando el rancho? Hace doce años que le agradezco a la cultura argentina no quedarme mudo cuando me preguntan sobre el lugar donde nací. </p><p><div class="separador"></div></p><p>Hoy lunes, muy temprano, me llamaron de una radio de Barcelona. Querían saber por qué, desde hoy, los argentinos no podemos recibir publicaciones literarias extranjeras, ni revistas científicas, ni novelas, ni ensayos, ni cualquier tipo de libro, en nuestros domicilios particulares, ni en nuestras universidades, ni en nuestros laboratorios. </p><p>Me preguntaron, esta mañana del siglo ventiuno, por qué los paquetes de DHL o de Fedex que adentro tienen libros o tienen publicaciones van a quedar confiscados en un aeropuerto. </p><p>Por qué un porteño va a tener que viajar treinta y cinco kilómetros para retirar ese paquete, pagando una especie de fianza de cincuenta euros adicionales. Miento: la pregunta fue todavía más hija de puta.</p><p>Me preguntaron por qué un científico tucumano que está suscrito a la revista <em>Nature</em> tendrá que viajar, cada mes, mil doscientos kilómetros para retirar su ejemplar de Ezeiza. </p><p>Me preguntaron cómo voy a hacer yo para mandarle un ejemplar de la última edición española de mis libros a mi mamá, que vive en Luján. </p><p>Me preguntaron cómo puede ser que nos esté pasando esto, si somos tan cultos. </p><p>Y así fue como hoy, después de muchos años de tener una respuesta para todo, me cerraron el orto.</p><p><div class="epigrafe"><b>Audio.</b> Desde hace un mes leo algunos textos cortos de Orsai en una radio de Buenos Aires (<a href="http://vorterix.com/" target="_blank">Vorterix</a>). Lo hago los lunes, los miércoles y los viernes. En general son reflexiones que escribí hace tiempo en el blog, pero a veces (por ejemplo hoy) hago un paréntesis de actualidad rabiosa. En esos casos colgaré el texto en el blog al mismo tiempo, para no perder la costumbre.<br /><br /><object data="http://flash-mp3-player.net/medias/player_mp3_maxi.swf" width="200" height="20" type="application/x-shockwave-flash"><param value="http://flash-mp3-player.net/medias/player_mp3_maxi.swf" name="movie"/><param value="#F0F0F0" name="bgcolor"/><param value="mp3=http://dl.dropbox.com/u/53298740/vorterix/MDV_010_0327_liberen_los_libros.mp3&showstop=1&showvolume=1" name="FlashVars"/></object><br /><div style="color:Gray; padding: 4px 0px;">Mensaje de Voz Número 10: #LiberenLosLibros</div></div></p>
				</div>
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			<pubDate>Mon, 26 Mar 2012 16:58:59 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Negar todo</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/negar_todo</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Hace cinco años la muerte de Fontanarrosa nos produjo la tristeza de una ausencia cotidiana. Los ídolos cuando mueren nos dejan el asombro de su obra. En cambio cuando mueren amigos queridos nos arrancan un futuro común. Ya no más una sobremesa o un viaje compartido. Con Fontanarrosa sentimos eso: ya no más domingos futuros con su historieta, no más mundiales de fútbol con su reseña, no más cuentos nuevos. No solamente lo queríamos. Sobre todo, lo queríamos más tiempo.</p>
					<p>Una vez hecho el duelo, confiamos en lo que nos quedaba: su obra. Y también su último libro, que debía aparecer publicado tras su muerte. Pero ocurrió algo, en estos cinco años sin él, que multiplica su ausencia. Meses después de su muerte dejaron de imprimirse libros de Fontanarrosa a causa de un litigio legal por sus derechos. </p><p>Al principio nosotros, sus lectores, sospechamos que no podía durar demasiado esta cuestión legal, pero fueron pasando los años. En ninguna librería del país, ni de otros países, hay libros de Fontanarrosa.</p><p>Y en medio de este conflicto hay un libro, su último libro, que sigue guardado en un cajón.</p><p>Ese libro se llama «Negar todo».</p><p>Fontanarrosa escribió ese libro entre 2005 y 2007, durante los dos últimos años de su vida, cuando ya era conciente de su muerte cercana. En esas páginas, encajonadas y en litigio, están las últimas palabras que tenía para decirle a sus lectores.</p><p>Con Chiri sospechamos, desde hace ya un par de años, que ahí hay una historia. Pero entonces no teníamos una revista y ahora sí. Para el próximo número de Orsai fuimos a buscar la trama de ese último libro (saber de qué se trata, al menos) y quisimos hablar con las personas que no se ponen de acuerdo para su publicación: su editor, su primera esposa, su segunda esposa, su hijo, sus amigos.</p><p>El epicentro de la crónica es Rosario. Y Alejandro Seselovsky es rosarino. Lo elegimos a él para que nos haga de detective. No solo porque conoce la ciudad de Fontanarrosa mejor que nadie, sino también porque es lector fervoroso de la obra del Negro. Seselovsky viajó a Rosario para averiguar los detalles del conflicto que nos está dejando, desde hace años, sin nuestro autor más popular.</p><p>El primer goteo de Orsai N6 es agridulce pero necesario. ¿Cuál es la razón por la que no podemos leer a Fontanarrosa? El resultado es parecido a un cuento suyo: una crónica en la que hablan, incluso, algunos viejos amigos de la mesa de los galanes, en el bar El Cairo. Una trama que involucra a un escritor cercano y querido del que no podemos tener sus últimas palabras.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5112/6918649488_b488cc0cd9.jpg"></p><p><div class="separador"></div></p><p>El 20 de julio de 2007 escribí en este blog el texto más corto de Orsai. Decía así: </p><p><blockquote>En Argentina no idolatramos por mayoría absoluta. No existe personaje adorado por muchos que no soporte un contrapeso importante de descrédito. Maradona, el Che, Eva Perón, Charly, Borges, Monzón, incluso Fangio. Cuando alguien los nombra con amor, siempre hay otro que salta con un pero. Nuestros ídolos suelen ir a ballotage; ganan nuestro corazón o lo pierden, pero siempre en segunda vuelta. Hasta anoche. Ayer, por fin, se nos ha muerto alguien por unanimidad.</blockquote></p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 22 Mar 2012 17:54:17 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>La cultura es libre</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/la_cultura_es_libre</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>La revista Orsai es gratuita en pdf gracias a quienes la compran en papel. La suscripción anual está a la venta en muchos países del mundo. Entrá a la <a href="http://editorialorsai.com">Editorial Orsai</a>, busca tu país y encontrá un distribuidor en tu zona. Ya no queda mucho tiempo para recibir nuevos suscriptores, porque solo imprimimos lo suficiente para pagar los honorarios de los colaboradores, los sueldos del staff, la imprenta y la distribución.</p>
					<p><object style="width:500px;height:350px" ><param name="movie" value="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf?mode=embed&layout=http://skin.issuu.com/v/color/layout.xml&backgroundColor=A4112B&logo=http://editorialorsai.com/i/productos/pdf/n5.png&logoOffsetX=80&logoOffsetY=80&documentId=120314144129-d5839807628b487caba7c241ecfddb7e&docName=orsai_n5&username=revista_orsai&loadingInfoText=Orsai Número 5&et=1340071577832&er=70" /><param name="allowfullscreen" value="true"/><param name="menu" value="false"/><embed src="http://static.issuu.com/webembed/viewers/style1/v1/IssuuViewer.swf" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" menu="false" style="width:500px;height:350px" flashvars="mode=embed&layout=http://skin.issuu.com/v/color/layout.xml&backgroundColor=A4112B&logo=http://editorialorsai.com/i/productos/pdf/n5.png&logoOffsetX=80&logoOffsetY=80&documentId=120314144129-d5839807628b487caba7c241ecfddb7e&docName=orsai_n5&username=revista_orsai&loadingInfoText=Orsai Número 5&et=1340071577832&er=70" /></object></p><p>Si no podes comprarla no te preocupes: cada bimestre habrá un nuevo pdf gratis. Nuestro objetivo no es que la compres. Queremos que la leas.</p>
				</div>
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			<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 16:17:47 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Valor y precio</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/valor_y_precio</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Acabo de actualizar el <a href="http://editorialorsai.com/">home de la editorial</a>; puse esto: «Conseguir revistas Orsai no es fácil. La suscripción es cara. Casi siempre nos atrasamos en la entrega. Imprimimos solo un número limitado de ejemplares. Etcétera. Si querés revistas baratas, fáciles de conseguir, en el kiosco de la esquina hay un montón». Lo escribí en caliente, cuando me cansé de esperar que las revistas salieran del puerto de Barcelona. Ahora ya están en camino a sus distribuidores europeos, pero fue una semana intensa. Me cansé mucho.</p>
					<p>Soy dos personas diferentes cuando dirijo la revista. Soy feliz cada vez que llega un texto, una historieta, cada vez que hay que escribir un copete o corregir un cuento. Y soy muy infeliz cuando la logística se traba, cuando los lectores no reciben los ejemplares a tiempo, cuando un país retiene las revistas en la aduana.</p><p>Hace tres días me llegó la nueva historieta de Sáenz Valiente y Alfredo Casero. ¡Ah, qué felicidad enorme! Media hora después Tonga me avisó que Correo Argentino aumentaba las tarifas de todos los envíos. ¡Ah, qué garcha más grande!</p><p>Imagino que esa ciclotimia de ánimos, ese vaivén, es el precio de coordinar un proyecto tan caprichoso. No me quejo (o intento quejarme poco) pero lo cierto es que a veces fantaseo con que todo marcha sobre ruedas y yo me levanto temprano, me hago un café caliente, y todo lo que tengo que hacer el resto del día es escribir y leer originales.</p><p>Por fuera de esta casa el prestigio de la revista crece. Lo noto en todas partes. Se habla del proyecto en los debates sobre el futuro de la industria, los diarios me mandan cuestionarios con preguntas raras que muy pocas veces contesto, recibo muchísimos mails de gente que vio por primera vez el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=_VEYn3bXz34" target="_blank">video del TEDx</a> y se sintió inspirada. </p><p>Supongo que se ve todo mucho más sólido desde afuera. Desde adentro es una pequeñísima empresa gestionada por dos familias. Mientras escribo esto, Cristina está abajo embalando dos toneladas de revistas y enviándolas a once países de Europa. En Argentina, Chiri y María cierran el número seis al mismo tiempo que se mudan. Diseñan y pintan paredes. Editan y transportan muebles. Si nos vieran trabajar, dudar, putear, coordinar las agendas con las actividades de los hijos, dormir poco y equivocarnos a cada rato, perderíamos el prestigio en dos minutos.</p><p>Ayer abrí otra vez las suscripciones, después de un mes de descanso necesario. Abrir las suscripciones significa responder —otra vez— cientos de correos de nuevos lectores que quieren que sea simple algo que es, desde la idea, bastante complejo. No me funciona la contraseña. Quiero cambiar de distribuidor. Te adjunto un cuento, leélo y decime algo. Quiero ilustrar en Orsai, te paso mi portfolio. No puedo pagar la suscripción completa, ¿te puedo pagar en mano?. No tengo Paypal, pero tengo microondas. Me gustaba más el método anterior, ahora sos un gordito capitalista.  El mes que viene me mudo, ¿qué hago con mis suscriptores?</p><p>Antes de abrir el registro de nuevo tuve que aumentar el precio base de la revista. Los nuevos registrados sufrirán un aumento en su suscripción, gran cagada para ellos, lo siento mucho. La razón es que Correo Argentino subió las tarifas de los envíos al país y al exterior. Con dolor, pero también con decencia, decidí mantener el valor antiguo para todos los que se registraron antes del 1 de marzo (aunque no hayan pagado todavía). Con los nuevos ya no podemos hacerlo. Esos son los malos tragos del día a día.</p><p>Pero también recibo, cada tarde, buenas noticias llenas de valor agregado. Aire fresco que me dice que el resto —lo aburrido— es un precio razonable.</p><p>Por ejemplo: los chicos de <a href="http://www.proyectoego.es/" target="_blank">Proyecto Ego</a> están trabajando desde hace meses en la versión de Orsai para tablets, que verá la luz en pocos días. La <em>Orsai N5 Digital</em> tendrá contenidos complementarios a la versión de papel (video, audio de los autores leyendo textos, etcétera). Están haciendo un trabajo alucinante.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7102/6918626762_a08ab2c159.jpg" class="fotoblog" /></a></p><p>Para celebrar este debut digital, los lectores de Orsai podrán conversar, vía twitter, con el ilustrador <a href="http://www.jorgeilustra.com/" target="_blank">Jorge González</a> (el autor gráfico de «El Gran Surubí») y la entrevista aparecerá en la versión Orsai para Ipad. El que quiera participar de esta charla debe agregar a <a href="https://twitter.com/#!/jorgeilustra" target="_blank">@JorgeIlustra</a> y a <a href="https://twitter.com/#!/proyectoego" target="_blank">@ProyectoEgo</a> al Twitter, y pueden preguntar desde ahora mismo y hasta el viernes. Hay un incentivo estético importante: Jorge González (posiblemente uno de los plásticos más prestigiosos del mundo, pero además una persona noble y generosa) sorteará dos bocetos originales entre todas las preguntas. Eso sí que no tiene precio. Tener un boceto de Jorge en casa es magia.</p><p>Jorge es el autor de la portada de la <a href="http://issuu.com/revista_orsai/docs/primera_parte" target="_blank">Orsai número uno</a>, y de los maravillosos sonetos de Mairal. A propósito de viejas Orsai: muchísimos suscriptores preguntan cómo y cuándo se podrán conseguir ejemplares de las cuatro revistas editadas en 2011. La respuesta es que todavía no, pero en algún momento de marzo se podrá. Las opciones estarán en la página personal de cada suscriptor, y solo habrá revistas que estén en stock en cada región. De la número uno ya no queda en casi ninguna parte del mundo.</p><p>Como decía, estas semanas fueron un ir y venir entre el valor y el precio. La literatura y la logística. El espíritu y la carne. Lo bueno del asunto es que, horas después de recibir las malas noticias del puerto de Barcelona (que ya fue solucionado) me llegó por correo también la nueva tapa de la Orsai número seis.</p><p>Puse las dos portadas juntas, y me di cuenta de que, a pesar del caos y los dolores de cabeza, no cambiaría esto por nada del mundo.</p><p><div class="separador"></div></p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7126/7064704899_da77d8307f.jpg" /></p>
				</div>
				]]>
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			<pubDate>Wed, 07 Mar 2012 19:19:18 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Nuevo blog de Chiri</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/nuevo_blog_de_chiri</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>El próximo  lunes empezará el goteo de la Orsai N6, se abrirá otra vez la suscripción anual y, durante la semana, publicaremos el pdf gratuito del N5, que mañana empieza a distribuirse en España y el resto de Europa. Yo estuve silencioso estos días, pero Chiri en su <a href="http://editorialorsai.com/redaccion">nuevo blog</a> no lo estuvo. Así que les propongo, como él no tiene comentarios, que revisen los <a href="http://editorialorsai.com/redaccion">contenidos allá</a> y los comentemos acá.</p>
					<p></p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 01 Mar 2012 10:49:16 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Extrapolable</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/extrapolable</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Hay que prestarle atención al pájaro de mal agüero porque, cuando dice "por ahí no se puede ir", suele señalar un camino divertido. Cuando empezamos con Orsai, el pájaro abrió las alas y cantó: "No puede funcionar". Cuando el proyecto funcionó, el pájaro cacareó más fuerte: "No se puede mantener". Y ahora, que el proyecto se mantiene, el pájaro tiene un nuevo hit: "No es extrapolable".</p>
					<p>La palabra <i>extrapolable</i> es horrible, pero el pájaro de mal agüero siempre usa palabras raras y feas, porque en general cacarea en conferencias, en salas de juntas de multinacionales de la cultura y en foros académicos donde las palabras cotidianas no son bien recibidas.</p><p>Lo que quiere decir el pájaro cuando dice que Orsai "no es extrapolable", es que el proyecto solamente funciona en virtud de las características personales de un autor. Le quitan el mérito a la comunidad. Y con eso, imagino, se quedan muy tranquilos. <i>No es extrapolable</i> quiere decir:</p><p>—No se preocupen, no volverá a pasar. </p><p>Al principio del año pasado, cuando el pájaro vaticinaba que la idea de prescindir de intermediarios <i>no podía funcionar</i>, ubicaba el pesimismo en la ausencia de una comunidad que pudiera financiar el proyecto. </p><p>Cuando la comunidad se hizo presente y el pájaro predijo que el proyecto <i>no se podía mantener en el tiempo</i>, presagiaba el desgaste de la comunidad. </p><p>Y ahora, cuando está claro que la comunidad persevera, da a entender que la idea puede existir solo en este blog, pero que no podría cuajar con éxito en otros ámbitos.</p><p><div class="separador"></div></p><p>La revista <a href="http://www.panenka.org/" target="_blank">Panenka</a> es mensual. La hacen periodistas deportivos hartos, muy hartos, de la mierda que les hacían escribir en la pésima prensa deportiva tradicional.</p><p>Hace algunos meses me llamó por teléfono quien después sería su director, Aitor Lagunas, y me contó la revista que querían hacer. Había pasión en sus palabras. </p><p>Aitor estaba convencido de que una literatura futbolística de calidad era necesaria en un mercado donde se trata al hincha de fútbol como un idiota. Y sobre todo, en un mercado donde los dueños de la prensa deportiva tradicional son mercaderes descerebrados.</p><p>Charlamos más de dos horas por teléfono. Aitor y sus amigos tenían todo tan claro que fue un monólogo enloquecido. A la semana me enviaron un .pdf del número cero. Allí había un manifiesto de once puntos; alucinante. Copio algunos, pero léanlos a <a href="http://www.panenka.org/manifiesto" target="_blank">todos</a>:</p><p><blockquote>01. A Panenka le gustan las historias de fútbol sin espacio en los medios: historias de seres humanos que ganan y pierden. Sobre todo, que pierden.<br /><br />04. Panenka no colabora con la dictadura de la actualidad, la agenda manida y los temas obvios, repetidos y políticamente correctos.<br /><br />06. Panenka no se esfuerza en disimular los bostezos en las ruedas de prensa banales o ante cuestionarios respondidos con el piloto automático.<br /><br />07. Panenka no forma parte de ningún grupo mediático. No nació en un rascacielos después de que un grupo de ejecutivos detectara un "nicho de mercado".<br /><br />10. Panenka supone una modesta locura compartida por varias docenas de periodistas, escritores, ilustradores, fotógrafos e infografistas. También por algunos futbolistas y entrenadores. La locura de creer que el fútbol merece otro lenguaje y otra estética.<br /><br />11. Panenka es el póster que vigiló nuestra infancia desde la pared. El futbolista que queríamos ser en el patio. El gol que metíamos en sueños. Panenka es una utopía que nos devuelve al espejismo del fútbol puro.</blockquote></p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7061/7064687743_5b8e4e472e.jpg" class="fotoblog"></p><p>A día de hoy, Panenka ya va por su exitosa edición número cinco. Se agota, mes a mes, en las librerías de España. Y el público que ama el fútbol adora esa revista.</p><p>Pregunta para el pájaro: </p><p>¿Es <i>extrapolable</i> la pasión de amar tu oficio?</p><p><div class="separador"></div></p><p><a href="http://www.micabeza.net/" target="_blank">Rafa Fernández</a> es un escritor canario que se hizo de abajo, pero de abajo en serio. Cuando escribe deja las tripas y es muy difícil poner otro ejemplo, mejor que él, cuando te toca definir a un escritor del siglo diecinueve incrustado en este siglo.</p><p>Rafa sufre cuando escribe, se involucra, se desgasta. Y entonces ocurre que sus páginas son de verdad.</p><p>Los lectores de Orsai lo recuerdan, sin duda, porque fue uno de los doce autores que invitamos al primer número de la revista. Convocar a Nick Hornby y a Rafa Fernández —en la misma edición de una revista literaria— fue una apuesta ideológica: eran los dos extremos de una soga larguísima. El más editado y el inédito. El más traducido y el que solo tenía su blog.</p><p>Rafa había golpeado docenas de editoriales con su primera novela. Pero nadie supo ver el valor real de sus historias. Todos fueron "no". En alguna editorial llegó al punto de firmar un pre-acuerdo, pero le imponían quitar algunos capítulos demasiado escandalosos.</p><p>Rafa les dio la espalda.</p><p>Es difícil explicar la personalidad de Rafa Fernández. Es un torbellino, mezcla de niño y adulto, pero sobre todo tiene una cabeza muy personal y única.</p><p>A nosotros nos causó muchísima ternura ver un video que él mismo grabó la tarde de invierno en que fue a buscar su ejemplar de la Orsai N1, donde participaba. Seguro les sirve a ustedes (si no lo conocen) para entender cuál es el motor de su fuerza arrolladora. </p><p>El video es del 2 de enero de 2011:</p><p><iframe width="500" height="300" src="http://www.youtube.com/embed/LmT3FPCiJbk" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p><p>A mediados de 2011 Rafa se casó y se fue a vivir a Madrid. Harto de esperar que otras editoriales (¡incluida la flamante Editorial Orsai!) le dieran luz verde para publicar sus libros, tomó una decisión arriesgada: puso sobre la mesa unos pequeños ahorros y montó la <a href="http://www.micabezaeditorial.com/" target="_blank">Editorial Mi Cabeza</a>. </p><p>Se lo dijo a sus lectores sin vueltas. Buscó imprenta, negoció financiación, maquetó, aprendió a usar programas de diseño, investigó las opciones de paypal para comercio electrónico: Preguntó en Correos sobre gastos de envío. Habló con sus lectores de a uno o de a diez. Corrigió. Reescribió.</p><p>Publicó.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5464/7064687879_d0556cbfd4.jpg" class="fotoblog"></p><p>Mientras escribo estas líneas Rafa Fernández vendió más de dos mil ejemplares de "20 polvos", su primera novela; acaba de alcanzar los mil ejemplares vendidos de los "Diarios de sexo y libertad"; y ya va por la página 125 de su próxima novela, "Un bebé", que está en preventa en su web.</p><p>Le repito la pregunta al pájaro: </p><p>¿Es <i>extrapolable</i> la pasión de amar tu oficio?</p><p><div class="separador"></div></p><p>Hay muchos otros proyectos que están funcionando muy bien, y que le hablan al lector a la cara, y que se cagan en los intermediarios. Y que no tienen nada que ver con Orsai, y que jamás fueron mencionados en Orsai. No quiero convertir este texto en una enumeración de enlaces, porque seguramente ustedes ya lo harán en los comentarios. Pero hay pistas: la revista Amazings, el proyecto Cha 3D Mubi, Piel de Foto... Busquen, busquen.</p><p>Solamente quería quitarle al pájaro de mal agüero la penúltima frase de la boca:</p><p>—No es <i>extrapolable</i>.</p><p>Sin duda ya se le ocurrirá otra frase nueva. Otra frase que empiece con "no". Y está bien, porque no se puede quedar sin letra: el pajarón tiene demasiadas conferencias que ofrecer, este año, y el año que viene, sobre el <i>incierto futuro</i> de la industria cultural.</p>
				</div>
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			<pubDate>Mon, 13 Feb 2012 16:40:50 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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		<item>
			<title>Siete apostillas</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/siete_apostillas</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Intento descomprimir, que el cerebro vuelva a tener espacio para escribir un cuento. Lo estoy consiguiendo de a poco. Mientras tanto, vuelvo a las anotaciones cortas. Los dejo con siete apostillas breves en las que informo o converso sobre varias cosas sin ton ni son. Esta es la primera, y la que más me gusta: Chiri <a href="http://editorialorsai.com/redaccion/" target="_blank">acaba de abrir un blog</a> para contar cosas sueltas sobre la redacción porteña de Orsai.</p>
					<p><div class="post_h3">II.</div></p><p>El lector Alejandro (suscriptor 980) está muy interesado en encontrar diez errores ortográficos en la Orsai N5, porque sabe que hay premio. Me dice que ya va por la página 24 y encontró tres: una en los dibujos de Liniers ('conección' en lugar de 'conexión'), y otras dos en las páginas 22: 'dejáte' y 'casáte' («las palabras grave terminada en n, s o vocal no llevas acento ortográfico», me dice). </p><p>Le respondí que las cartas de Liniers son documentos reales (cartas de verdad que envió a familiares y amigos) y por tanto sería una falta de respeto corregirlas. Respecto a las tildes, le recordé que es una decisión personal acentuar los verbos argentinos de ese modo. La explicación está en <a href="la_gramatica_necesita_vacaciones" target="_blank">este texto de 2004</a>. </p><p>A los demás lectores, espero que se sumen al juego. Las bases están en la postdata de la página 130.</p><p><div class="post_h3">III.</div></p><p>Quizá sea el verano. Hay un síndrome veraniego que provoca aglomeraciones sobre cualquier cosa que resulte gratuita. Recuerdo los veranos de Mar del Plata. En cada lugar donde dos promotoras regalaban algo, había cien viejas pegándose codazos por conseguirlo. No importa qué regalasen. Muestras de champú o filtros de aceite para Renault 12. Las viejas se pegaban, se mordían, se colaban y se arañaban.</p><p>Mi correo electrónico parece el bulevar marítimo marplatense. Todos quieren cajitas vacías. La mitad de la gente que quiere cajitas nunca compraron las cuatro revistas de 2011. Pero la piden igual, a las cajitas. A los gritos. Alguien me escribe esto: «¿Dónde puedo conseguir las revistas 1, 2 y 3? Y otra cosa: ¡por qué no vino mi cajita!» Le pregunté: «¿Y para qué querés la cajita?». Su respuesta: «Para mostrársela a mis amigos».</p><p>Es verdad lo que me dice un lector: en algún lugar dije que la cajita era gratis para todos los que suscribieran antes del 31 de enero. Debí agregar "para todos los que tengan qué poner adentro", pero no lo hice, y así se generó la confusión. ¡Perdón!</p><p>De todos modos, es necesario que sepan algo: cada cajita, en imprenta, nos cuesta casi lo mismo que una revista. El esfuerzo que hacemos para imprimirlas es enorme. </p><p>Distribuidores: entréguenlas sólo a quien pueda demostrar ser dueño de cuatro revistas de 2011. Intentaremos reimprimir durante el año.</p><p><div class="post_h3">IV.</div></p><p>Desde el 2 de febrero estoy contestando muy pocos correos electrónicos; necesitaba descansar. Por eso cerramos unos días la opción de registrarse y suscribirse a la revista, aunque todavía quedan mil y pico de suscripciones sin dueño. Como sabemos que llegaremos sin problemas a las cinco mil, decidí cerrar la persiana un rato para que la distribución de la número cinco funcionara sin problemas.</p><p>Durante enero (muchos de ustedes lo sabrán) respondí casi seis mil correos con consultas, dudas y sugerencias. Problemas de paypal, transferencias bancarias, cambios de dirección de entrega, etcétera. Guillermo (el programador) y yo necesitábamos dormir y pensar en otra cosa. Algunos lectores me decían que pusiéramos más programadores. A nosotros nos gusta así, familiar y amateur.</p><p>El 1 de marzo abriremos otra vez la suscripción. Los que todavía no tengan distribuidor, los que se quieran registrar, los que tengan algún pago pendiente, podrán hacerlo desde entonces.</p><p><div class="post_h3">V.</div></p><p>En medio del descanso me llegó un regalo muy especial de Pablo Albuerne, el amigo chef. Un remanso de felicidad que quiero compartir con ustedes.</p><p><iframe src="http://player.vimeo.com/video/36401607?title=0&byline=0&portrait=0" width="500" height="285" frameborder="0" webkitAllowFullScreen mozallowfullscreen allowFullScreen></iframe><br /><div class="videoblog"><img src="http://editorialorsai.com/i/cc.jpg">Realización y musicalización: <a href="http://www.vimeo.com/soloideas" target="_blank">Andrés Locatelli</a>.<br />Música: «Mélodie douce» de <a href="http://www.jamendo.com/es/track/785641">Löhstana David</a>.</div></p><p>Yo lo hice ayer y, como todo lo que aconseja Pablo, funciona. El olor es increíble, pero el sabor lo supera todo.</p><p><div class="post_h3">VI.</div></p><p>Me avisan esta mañana los encargados de la logística que ya salieron todos los envíos de Latinoamérica. En breve cada distribuidor recibirá por correo los tracks, para que puedan seguir online por dónde está cada paquete. En Argentina, Capital Federal ya está entregado al 95%. El resto de Argentina ya salió y cada distribuidor tendrá las revistas en breve (también recibirán un track, no sean ansiosos). España y Europa: viajando. Las revistas estarán con cada distribuidor la última semana de febrero.</p><p>Además, una gran noticia para uno de nuestros destinos más conflictivos: Uruguay. Me acaba de escribir Tonga, que preparó un sistema ilegal de envío mediante camioneta disfrazada:<br />«Cerca de la medianoche me encontré con mi contacto en el punto acordado: el obelisco porteño. A las 3 de la mañana la carga entró en ruta y a las 6 AM recibí la confirmación en forma de SMS: "Perro grande a perro chico: El Pajaro cruzo el charco. Repito: El Pájaro cruzo el charco". Cayota: nos hemos reivindicado con los hermanos charrúas.»</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5032/7064660801_c41d86d86b.jpg" class="fotoblog"></p><p>La de arriba es una foto de uno de los vehículos saliendo para Montevideo, anoche. Me da mucha alegría escribir esto: los hermanos orientales están recibiendo sus revistas mientras escribo. Por primera vez sin retrasos. Hoy mismo.</p><p><div class="post_h3">VII.</div></p><p>Los dibujos que publicamos de Spinetta en la número cuatro de Orsai eran, según él mismo, su manera de hacer otras cosas que no fuesen música y poesía:</p><p>«Desde hace años hago cuatro horas de sueño por día —decía Spinetta en un reportaje de 2008—. Y una vez que me despiertan los pajaritos o lo que sea... chau. Se prende todo, viste. Y ahí bajo: leo el diario, prendo la computadora y dibujo. Ya no puedo parar. Porque si viviera todo el tiempo haciendo poesía, música, me consumiría. Me preservo haciendo cosas que no sean las que me consumen.»</p><p>Me preguntaba hace un rato Chiri, por mail, si Spinetta habría recibido y leído la revista que le enviamos a su casa en octubre, con su colaboración ilustrada. Yo no lo sé. Ojalá que sí. </p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5280/7063015637_e74762e070.jpg"></p><p>Por alguna razón, desde anoche, deseamos que la haya tenido en las manos; es una sensación egoísta: la de desear que él haya tenido algo nuestro, para equilibrar en parte todo lo que nosotros tuvimos suyo desde los quince años.</p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 17:01:50 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>La historieta imposible</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/la_historieta_imposible</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>La última vez que estuve en Buenos Aires conocí por fin a <a href="http://juansaenzvaliente.blogspot.com/" target="_blank">Sáenz Valiente</a>, uno de los mejores dibujantes de historieta del universo. Con Juan habíamos trabajado juntos en mi cuento "La madre de todas las desgracias" que apareció en la Orsai N3. Fue un placer hacer cosas con él, a la distancia. Me enloqueció a preguntas para adaptar la historia, y eso es fantástico. Desde entonces supe que Juan volvería a estar en la revista. ¿Pero cómo? ¿Y haciendo qué?</p>
					<p>Cuando estuvimos juntos una tarde de octubre, en el bar todavía cerrado al público, descubrí que era capaz de dibujar cualquier cosa y convertirlo en una historia. Su mirada es dibujo puro, la percepción de los detalles es algo que tiene incorporado como nosotros, los mortales, tenemos incorporados los brazos al costado del tronco. Pero sobre todo, entendí que Juan es un fanático de los desafíos.</p><p>La idea surgió esa tarde. Y se fue concretando después, por mail. Juan tendría que ir, una vez cada dos meses, a la casa de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Casero" target="_blank">Alfredo Casero</a>, y pedirle una historia oral, sin papel, sin estructura. Una historia de esas que el actor es capaz de soltar sin redes, del cerebro a la boca, rauda y enloquecida.</p><p>Juan tendría que grabar con su teléfono la verborrea de Casero para no olvidarse de nada, y anotar en su libretita las pocas preguntas que pudiera meter dentro del monólogo. Y después, tranquilo, ir a su casa y dibujar una historieta con ese material. Sin elipsis, sin cortes, sin salirse de las palabras exactas del actor.</p><p>Cuando Sáenz Valiente me pasó el archivo de ese monólogo (que dura 16 minutos) supe que el dibujante fallaría en su empresa.</p><p>—Es imposible hacer una historieta con toda esa información —le dije a Chiri.</p><p>Él me respondió:</p><p>—Eso que decís es un evidente giro dramático, gordo puto.</p><p><div class="separador"></div></p><p>A las dos semanas Juan nos devolvió los primeros bocetos, y me tuve que comer las palabras. Las primeras siete páginas de «La Historieta Imposible» estarán en el número cinco de Orsai, porque son inmortales. El primer cuento se llama «Originalmente esta historia era acerca de un hombre que lo ataba todo», con guion oral de Alfredo Casero y dibujo de Juan Sáenz Valiente (me gusta repetirlo, una y mil veces). </p><p>Hay de todo en la trama: tías gordas desnudas, la poronga del cantante Chayanne que baja del cielo, un perro que se cree alemán, una subtrama de Segunda Guerra, especificaciones sobre el sistema respiratorio, explicación de cómo funciona el motor de un Fiat 125, y largos etcéteras. Todo, en siete páginas que tienen sentido. Aunque suene imposible de creer, tienen sentido.</p><p>¿Y saben qué es lo más lindo de todo esto? Los autores ya tuvieron su segunda sesión, que aparecerá en la Orsai N6. </p><p>Sí: habrá una Historieta Imposible cada dos meses. Y ustedes podrán ver pedacitos de las conversaciones entre Juan y Alfredo, en este mismo canal.</p><p>Señoritas, señores, este primer goteo-trailer de «La historieta Imposible» me llena de emoción.</p><p><div class="separador"></div></p><p><iframe src="http://player.vimeo.com/video/35754194?title=0&amp;byline=0&amp;portrait=0" width="500" height="280" frameborder="0" webkitAllowFullScreen mozallowfullscreen allowFullScreen></iframe><br /><div class="videoblog"><img src="http://editorialorsai.com/i/cc.jpg">Realización y musicalización: <a href="http://www.vimeo.com/soloideas" target="_blank">Andrés Locatelli</a>.<br />Música: «Railroad's Whiskey Co.» de <a href="http://www.jamendo.com/es/track/363327">Jahzzar</a>.</div></p>
				</div>
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			<pubDate>Fri, 27 Jan 2012 19:25:56 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Si fuera cocaína sería más fácil</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/si_fuera_cocaina_seria_mas_facil</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Esta mañana me llamaron de un programa de radio venezolano, imagino que muy oído en el país (porque empecé a recibir correos de oyentes casi de inmediato), y los presentadores me preguntaron por la experiencia Orsai, el «novedoso» método de distribución de la cultura, etcétera. Respondí con tristeza, porque Venezuela es una piedra en el zapato. Imposible distribuir cultura latinoamericana en ese país, por culpa de no sé qué ridiculez del mundo viejo.</p>
					<p>Las Orsai de 2011 llegaron con cuentagotas a Caracas, porque hay allí una especie de cupo para comprar productos fuera del país, o para adquirir libros con tarjeta, no sé bien. Es tan estúpido el asunto que ni me interesan los detalles. Lo que sí sé, lo que sí duele, es que tenemos muchísimos lectores venezolanos que hacen esfuerzos enormes por tener la revista. Y que no pueden tenerla.</p><p>Pero hoy pasó algo. Un lector de Orsai cordobés (de la Córdoba argentina) me dice que viaja a Venezuela por trabajo todos los meses, y se ofrece a llevar al menos veinticinco kilos de las nuevas Orsai cada bimestre. Ese peso son cincuenta revistas, es decir, cincuenta suscripciones anuales.</p><p>Si nosotros entregamos esas revistas en Argentina (y a costo argentino) significa que los lectores venezolanos podrán tenerlas a precio base, porque eliminamos el costosísimo correo, el abusivo franqueo y el ridiculísimo bloqueo. (Las palabras que terminan en «eo» son mundo viejo.) Nos estamos poniendo en marcha: este fin de semana Venezuela, a ojos del registro, tendrá precios de provincia argentina, y sus habitantes podrán pagar en mano, y en bolívares.</p><p>Es una noticia increíble, que apareció de carambola y que puede sentar precedentes. ¿Cuántos otros lectores de Orsai, o amigos de lectores de Orsai, viajan con frecuencia a países complicados? Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia... ¿Cuántos podrían llevar revistas en sus maletas? No lo sé. Díganme ustedes.</p><p>Cuando los gobiernos (incluso los del mismo perfil político, como es el caso de Argentina y Venezuela) no son capaces de hacer nada para que la cultura de sus pueblos circule libremente, es menester que lo intentemos nosotros. ¡Nos cuesta llegar a Uruguay, a Bolivia, a Perú, ni que decir a Paraguay, donde ni siquiera se permite el uso de banca electrónica! </p><p>¿De qué hablan los ministros de cultura de esos países cuando se reúnen y se abrazan? Son todos de izquierda, son todos grandes lectores del <i>boom</i>, todos sueñan con una Latinoamérica unida, pero los libros no pueden circular sin que aparezcan impuestos, retenciones, impedimentos y palabras de mierda terminadas en «eo».</p><p>Nuestro lector-distribuidor en Salta y Jujuy, en este momento, está buscando fletes, o colectivos, o camioncitos, o mulas, que lleven paquetes a La Paz o a Santa Cruz, en Bolivia, para que las Orsai tengan un precio decente entre los lectores bolivianos. Y que no cuesten lo que el correo y los impuestos imponen. También lo intentaremos con Paraguay. Tiene que haber un modo de que los costos de la cultura no sea solamente para ricos.</p><p>Ambos procedimientos (el del lector cordobés que viajará a Caracas cargado de Orsai, el del lector salteño que busca grietas en la frontera con Bolivia o Paraguay) son técnicamente ilegales. Es decir: si los descubren les incautan las revistas. En esas revistas hay cuentos, crónicas, sonetos y dibujos producidos por artistas de esos países. Cero publicidad y ni un gramo de cocaína.</p><p>No será ahora, porque demanda un enorme trabajo de sincronización. Pero yo creo que estos dos casos son el principio de un sistema que podemos coordinar entre todos. Ya nos convertimos en distribuidores y difusores de una revista literaria (nos costó un año entero, y está funcionando). El próximo paso es convertirnos en correo humano de nuestras propias decisiones culturales.</p><p>Si lo de Venezuela funciona (lo veremos este fin de semana) Orsai devolverá todo el dinero de gastos de envío de los lectores venezolanos que ya pagaron un dineral por su suscripción, y colocará a Venezuela en el registro con precio de provincia argentina. Esto es: el valor de la revista será un 57% más económica. </p><p>Otra piedra en el zapato es México y Centroamérica. El año pasado pudimos financiar —con muchísimo esfuerzo económico— todo el gasto de distribución y logística a los lectores de esa zona. Cada revista que llegó a un lector de Costa Rica (por ejemplo) a él le costó 10 dólares. A nosotros nos costó 21 dólares entregársela. Gracias a Dios Orsai no es demasiado popular en esa zona de América, porque si un día de 2011 un montón de centroamericanos se hubiera despertado con ganas de comprar una Orsai, yo habría tenido que hipotecar la casa. </p><p>Tres días atrás me llegó un mail que parecía venir del paraíso. La Universidad de Nuevo León, en México, me proponía imprimir 1.000 Orsai allí, sin costos. La condición, que quinientos ejemplares quedaran para distribución interna en bibliotecas y universidades; el resto las podíamos distribuir entre nuestros lectores mexicanos.</p><p>Salté en una pata de alegría, porque eso significaba revistas a un costo base para los mexicanos. Más tarde, cuando pedí detalles, supe que imprimían portadas en color, pero las páginas internas en blanco y negro. Les agradecí muchísimo, porque nació de ellos y tienen un corazón enorme, pero no pudimos seguir adelante.</p><p>Sin embargo pensé, ¿y si en los países complicados buscamos imprentas que se autogestionen con los lectores de esos países? Lo estamos intentando: mañana una lectora-distribuidora mexicana visitará una imprenta en el DF que gerencia el cuñado de un lector-autor mexicano (nuestro querido Rodrigo Solís). Si los precios y las condiciones son accesibles, en lugar de enviar por barco las revistas a México, las haremos allí, con impresión supervisada por los propios lectores.</p><p>Otra vez pienso en voz alta: ¿qué pasa si lo intentamos también en Perú, en Ecuador, en Colombia, en Costa Rica? </p><p>Yo pongo la primera piedra: no queremos nada a cambio. </p><p>Estoy convencido que llegaremos a los cinco mil lectores entre Argentina, Uruguay, España, resto de Europa y Chile. (Estos son los países donde el costo es más accesible.)</p><p>No queremos nada a cambio significa que, en el momento que lleguemos a las cinco mil suscripciones, no solamente regalaremos el PDF habitual, sino también el PDF-final de imprenta en alta calidad, el master original, a cualquier empresa seria de impresión en offset que nos asegure calidad y distribución, en los países más conflictivos de América latina. </p><p>No queremos nada a cambio significa: que el negocio lo hagan ellos, en tanto sea un negocio honesto. Queremos que las revistas lleguen a esos países, lo demás nos chupa un huevo. Avisen a las imprentas amigas, consulten precios. Posiblemente no sea hoy, pero quizá a mitad de año tengamos tres o cuatro puntos de impresión independientes, libres de impuestos, en diferentes lugares de América latina. Y no solo para distribuir Orsai a costo base, sino los libros que se vienen.</p><p>Ahora. Imaginen que esto, en vez de proponerlo y hacerlo nosotros, los autores y los lectores, lo propusieran y lo llevaran a cabo los ministerios de cultura de izquierda de cada país latinoamericano. </p><p>Imaginen, por un segundo, que nosotros pudiéramos dedicarnos solamente a leer, a dibujar y a escribir.</p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 20:10:26 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>El gran surubí</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/el_gran_surubi</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>La historia ocurre en una Argentina de pesadilla. El país se quedó sin carne y nadie tiene qué comer. En medio del caos, el Ejército recluta a los varones mayores de edad. Los saca de sus casas, de los bares, de donde sea. Los arrastra a empujones, los uniforma y los obliga a pescar. En los afluentes del río Paraná han crecido <a href="http://www.google.es/search?tbm=isch&hl=es&source=hp&biw=1497&bih=889&q=surubi&gbv=2&oq=surubi" target="_blank">surubíes</a> enormes que son atrapados por gomones de Gendarmería y suministrados a los habitantes hambreados del conurbano bonaerense.</p>
					<p>En las profundidades viscosas, además, existe un surubí gigante (una especie de Moby Dick) que todos los Regimientos quieren pescar como trofeo. Los soldados pasan hambre, frío, cogen entre ellos, pescan de noche, mueren ahogados, quieren escapar; el país, mientras tanto, se hunde en la miseria.</p><p>La obra, de la que acabo de contar este resumen, tiene seis capítulos. Se llama «El gran surubí». Aparecerá, en forma de folletín por entregas, durante las seis próximas ediciones de Orsai. </p><p>Estamos entre orgullosos y fascinados de ser nosotros los elegidos para publicar esta maravilla por primera vez.</p><p><div class="separador"></div></p><p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_Mairal" target="_blank">Pedro Mairal</a> está escribiendo lo que, a mi entender, será un clásico de la literatura argentina. Yo creo —y perdónenme la efusividad— que los hijos de mi hija tendrán que leer esta historia en la escuela, entre cuarto y quinto año. </p><p>Y si no ocurre será porque ya no habrá escuelas.</p><p>Con Chiri tuvimos la suerte tremenda de haber leído la historia casi completamente. En realidad, vamos por el capítulo quinto. Pedro, en este momento, está acabando de sacarle punta al episodio final, y nos estamos mordiendo las uñas por leerlo. Nos fue enviando cada uno, mientras los terminaba, desde hace un par de meses.</p><p>Yo esperé cada capítulo con fiebre y ansiedad. Los fuimos leyendo en voz alta con Chiri, desde el Skype. Algunas madrugadas le mandé a Mairal correos intensos, de lector fanático. Cuando acabé de leer el capítulo tres, le escribí: </p><p><blockquote>«Pedro, me siento el lineman de Argentina-Inglaterra, en el minuto que Maradona ya promedia la cabalgata hasta Shilton. Te sigo con la mirada y voy diciendo: <i>uy, esto va a ser Historia y yo era el juez de línea</i>».</blockquote></p><p>Chiri y yo no somos los únicos que estamos leyendo, en privado, «El gran surubí». También lo hace <a href="http://www.jorgeilustra.com/" target="_blank">Jorge González</a>, el ilustrador de la saga. </p><p>Fue muy divertido el modo en que lo convencimos.</p><p>Resulta que Jorge (el autor de la portada de la Orsai N1, y de la historieta «El Intermediario») se nos fue para arriba con merecimiento. Acaban de publicar sus dibujos en <i>The New Yorker</i>, edita en Francia, saca libros cada vez más bestias y casi no tiene tiempo para nada. Cuando lo llamé para que estuviera en la segunda época de Orsai me dijo que sí, porque tiene un corazón enorme, pero me adelantó que sería en «algún número de julio o septiembre», porque tenía la agenda atestada de trabajo.</p><p>Justo en esas fechas yo acababa de recibir el primer episodio de «El gran surubí» y estaba muy encaprichado con que tenía que ilustrarlo él, y nadie más que él. Pero Jorge había sido muy claro durante la conversación. Le dije por teléfono que no se preocupara, que en julio o septiembre lo volvería a llamar.</p><p>Cuando colgué, le mandé un mail. Sin rogarle, sin insistirle. Un mail vacío. Le adjunté el primer capítulo de «El gran surubí». </p><p>Me contestó a las dos horas: </p><p><blockquote>«Tu puta revista y la concha de tu madre. Increíble lo de Mairal. ¡Me cagaste! Estoy adentro. Un abrazo grande, Jorge».</blockquote></p><p><div class="separador"></div></p><p>Es que hay algo en «El gran surubí», algo que te deja con la boca abierta y que parece de otro mundo. Y no son solamente las imágenes poderosas de la trama, ni únicamente los diálogos, ni la historia en sí misma, que es profunda, divertida y desgarradora al mismo tiempo. Hay algo más. Y a ese <i>algo</i> lo estoy dejando para el final del goteo.</p><p>Lo diré ahora mismo, sin más preámbulos: Mairal eligió no contar «El gran surubí» en prosa, sino en sesenta sonetos.</p><p>Voy a repetir el párrafo en tipografía más grande, por las dudas que no me hayan escuchado bien al fondo de la sala: </p><p><h2>Mairal eligió no contar «El gran surubí» en prosa, sino en 60 sonetos.</h2></p><p>Cada capítulo, diez sonetos. Cada soneto, catorce versos de rima consonante. Cada verso, once puñaladas en el estómago. Con la mano en el corazón, hacía mucho tiempo que no leía algo tan alucinante.</p><p>Ustedes lo podrán disfrutar desde la semana que viene, con el número cinco de la revista Orsai <span forbidden="vertical-align:super;">(1)</span>.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7201/7064588961_e2bd477566_o.jpg"></p><p><div class="epigrafe">(1) <b>Mensaje al FBI.</b> La obra literaria «El gran surubí» (y el resto de los contenidos de la revista Orsai) se ofrece completamente gratis en PDF a más de un millón de lectores en todo el mundo, principalmente de habla hispana. Los autores e ilustradores cobran por su trabajo <i>antes</i> de cada publicación. Orsai no contiene publicidad (explícita o encubierta) ni está subsidiada por ministerios gubernamentales, fundaciones bancarias, industrias culturales ni otra entidad donde la gente usa corbata por obligación. La revista <i>Orsai, Nadie en el medio</i> está financiada íntegramente por cinco mil personas normales de clase media que descargan películas, series, música y libros. Y que después, si quiere, los compra.</div></p>
				</div>
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			<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 17:21:03 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Turismo verde</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/turismo_verde</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Le pedimos a nuestro gran amigo Franco Pastura (distribuidor de Orsai en Rio de Janeiro, y gran periodista) que nos recomiende lugares, que nos cuente trucos, que nos avise por dónde anda la policía y cuáles son los sitios liberados. Es decir, una crónica turística, pero muy enfocada al mundo cuete. Pero Franco fue más allá: también nos da un panorama histórico del porro en Rio desde la colonia hasta los problemas actuales del narcotráfico. En resumen, una crónica Orsai, desde la punta hasta la tuca.</p>
					<p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5235/7064588513_3f951594de.jpg"></p><p>Ojo, pero lo hacemos sin tecnicismos. Porque también estamos podridos de las revistas especializadas, que te tratan como si fueras un científico loco: «En esta zona podés comprar KGB basadas en campeonas como Hahs Plant y Ak 47». No señor. Somos gente normal, sin experiencia. Cuando salimos de viaje queremos saber lo básico.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5468/7064588707_3b31d9518f.jpg"></p><p><div class="separador"></div></p><p>Empezamos ayer con María Kodama y seguiremos mañana miércoles, y el jueves, y el viernes. Un goteo por día, para acompañar la última semana de suscripción antes de la salida del número cinco de Orsai. Los distribuidores siguen esperando el pago en mano de los más perezosos. ¡Y acabamos de llegar a 3.000 suscriptores!</p>
				</div>
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			<pubDate>Tue, 24 Jan 2012 16:57:52 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Kodama en Orsai</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/kodama_en_orsai</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>En un largo perfil firmado por la periodista Ana Prieto, María Kodama habla del extraño casamiento en Paraguay, de la herencia, de los derechos intelectuales, de los juicios que ganó y perdió y de su ambigua relación con internet («allí uno entra y encuentra cualquier cosa, hay cada error...»). Revela que duerme solo cuatro horas, que viaja sin descanso propagando el legado de su marido. Y aprieta los dientes cuando se le menciona a Bioy Casares («es un traidor, solo un cobarde hace lo que él hizo»).</p>
					<p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7084/6918510538_876b56e2a7.jpg"></p><p><div class="separador"></div></p><p>Así empieza un goteo marca cañón que seguirá mañana martes, y el miércoles, y el jueves, y el viernes. Uno por día, para acompañar la última semana de suscripción antes de la salida del número cinco de Orsai. Los distribuidores están esperando el pago en mano. ¡No se duerman!</p><p>Antes de que me lo pregunten. No. No es obligación confirmar la suscripción ahora, pero el que lo hace antes del 31 de enero recibe la revista N5 en la primera entrega de febrero. El que, por el contrario, decide esperar y confirmar la suscripción en febrero, recibirá la N5 y la N6 —juntitas— en la segunda entrega de abril.</p>
				</div>
				]]>
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			<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 16:11:57 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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		<item>
			<title>Goteo técnico</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/goteo_tecnico</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Las últimas dos semanas fueron las primeras con redacción en Argentina y yo solo en España. Y funcionó. No me sentí triste ni nostálgico. Skype prendido las veinticuatro horas, Dropbox trabajando en línea desde cuatro países, corrección de textos triangulados entre Mercedes, Sant Celoni y San José de Costa Rica, dibujos que venían de Lérida y de Rosario y de Madrid, pruebas de imprenta... Pero en realidad silencio absoluto en casa. Yo en piyama hablando solo. Sin miradas cruzadas ni ronda de mate. No sé. Fue raro, pero fue lindo.</p>
					<p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5343/6918494762_f66745ee06.jpg" /><br /><img src="http://farm8.staticflickr.com/7124/6918494980_f78321f1c7_o.jpg" /></p><p>¿A que no se imaginaban un goteo tan elegante, tan estadístico, tan airoso y aristocrático? ¿A que no preveían ver hoy, de sopetón y sin fanfarrias, la próxima tapa de Orsai? </p><p>Además, cada vez tengo menos mails que responder de suscriptores atascados en el paso ocho. Todo empieza a cuajar. </p><p>Desde el lunes, si se siguen portando bien, empezamos a hablar de los contenidos.</p>
				</div>
				]]>
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			<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 17:46:00 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Pónganle la firma</title>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Estamos de cierre hasta el domingo. Toda la redacción está en Buenos Aires menos yo, hundido en el invierno español. Conectado al Skype veinte horas al día y sin tiempo para actualizar. Pero es jueves, día de goteo. Y tenía ganas de contarles que el número cinco de Orsai no tiene gollete. Vemos páginas, recibimos textos e historietas. Tiras cómicas y entrevistas. Columnas y cuentos. Es la mejor revista de la historia. Pónganle la firma.</p>
					<p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7121/7064565951_9c3f8d9843.jpg" /></p>
				</div>
				]]>
			</content:encoded>
			<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 19:15:05 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Sr. Director, dos puntos</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/sr_director_dos_puntos</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Escribo esto justo cuando el contador llega a dos mil. Por lo tanto, mantenemos el ritmo a pesar de los días de turrones y petardos. Mientras nace el año yo sigo leyendo y respondiendo un millón de mails y comentarios con sugerencias, quejas, confusiones de distribuidor, pataleos de suscriptor, decepciones económicas y un montón de gente que no sabe qué hacer en el paso ocho. En medio de tanta carta, se me ocurrió algo.</p>
					<p>En realidad, la idea prosperó a raíz de que una amiga, a la que no nombraré, me dice que tengo demasiada paciencia con mis lectores. Que nunca me enojo a pesar de que —siempre según mi amiga— a algunos habría que matarlos o por lo menos dejarlos en ridículo por imbéciles. Cierro comillas.</p><p>Yo no estoy de acuerdo con esto. No porque sea sosegado, ni porque nunca haya tenido ganas de responder con bilis. (A veces tuve.) Hay una razón por la que nunca, desde 2003, respondí un comentario con agresividad: y es que soy un animalito de internet. Si aprendí algo en estos años virtuales es que los foros se comportan exactamente igual que su anfitrión.</p><p>Orsai es un blog muy raro por muchas cosas. La que a mí me pone más orgulloso es que no hay otro blog de los llamados «exitosos» o «prehistóricos» capaz de mantener quinientos comentarios por texto, sin moderación previa, y que nunca se haya teñido todo de crispación, de trolls y de spam. </p><p>Busquen. No hay.</p><p>Pero voy a ser sincero: me encantaría salir, a veces, con los tapones de punta. Como desahogo, sí, pero también como ejercicio literario. Es hermoso vomitar bronca, decir lo que uno piensa sin cuidado, llenar de epítetos cuatro líneas y quedarse, después, aburguesado de placer. </p><p>A veces me dan ganas, pero sé que hacerlo (máxime en la respuesta a un comentario) provocaría el desboque general y todo se volvería ríspido, ensangrentado, y nunca faltaría alguien que —en el fragor del anonimato— insultara a Chichita, por ejemplo, que es una vieja lectora del blog. O cosas peores que ni siquiera quiero mencionar porque me da pánico incluso intuirlas.</p><p>No señor. Nunca haría algo así en la semi oscuridad pegajosa de internet. A mí me encanta esta serenidad blanca del blog, disfruto de leer los comentarios, las conversaciones y los rifirrafes. Me gusta esa sensación real de camaradería, incluso en aquellos con los que no estoy de acuerdo o que se pasan de rompebolas.</p><p>Y mientras leía comentarios estos días, y respondía correos y quejas armándome de paciencia y buen ánimo, me pregunté, de repente: ¿Y en papel, Jorgito? ¿Responderías, en papel y sin asco, a un lector que te enviara un correo insumiso, prepotente o peleador?</p><p>La respuesta fue una sonrisa —paulatina y elástica— que empezó a crecerme en la cara.</p><p>¡Claro que lo haría —me respondí en voz alta— porque el papel no es internet! El papel está justamente para eso, para hablar con nombre y apellido y a calzón quitado. En las «Cartas al Director» de las viejas revistas había debates, insultos, quejas, impertinencias, discusiones e improperios. Los lectores antiguos empezaban diciendo «Sr. Director», dos puntos, y después soltaban toda su rabia y sus miserias. </p><p>Eso quiero. Ahí sí que me pongo los guantes.</p><p>Por lo tanto, queridos amigos decepcionados de los comentarios anteriores, quejosos de la cajita, piqueteros del me quedé afuera, llorones del pdf no me importa porque yo quiero papel, suspicaces del se vendió a la revista viva, adoradores del esto ya perdió la magia porque de repente los gastos de envío los pago yo, ahora tienen su espacio en papel. </p><p>Un ring de verdad en donde no habrá un Jorgito sumiso que pone la otra mejilla. ¡No no! Habrá un Jorge hijo de puta, sin miedo al qué dirán, sin la cortapisa del civismo y con la lengua peliaguda y montaraz.</p><p>Sin consultarlo ni con Chiri (que se conecta poco al Skype porque está trabajando mucho) decido en este sencillo acto incorporar seis páginas de «Cartas al Director» en la nueva revista Orsai, con tipografía mínima para que entren muchas respuestas, aunque tengan que leer con lupa.</p><p>¡Ah, cómo me voy a desahogar!</p><p><div class="separador"></div></p><p><div class="center"><a href="mailto:orsai.cartas@gmail.com"><img src="http://farm6.staticflickr.com/5332/6918474236_7fb01ae6c5.jpg" border="0"></a></div></p><p><div class="epigrafe"><b>Libro de estilo.</b> Las epístolas deben empezar siempre con "Sr. Director" y acabar con "Atentamente". Al pie, la firma y la Libreta de Enrolamiento, como las del diario <i>La Nación</i> o <i>La Vanguardia</i>. Se recomienda contundencia, brevedad y un deje de neoliberalismo. Se publicarán las mejores y serán respondidas con saña (si son en contra) y con adulaciones exageradas (si son a favor). En caso de adjuntar fotos que pretenden sean publicadas, por favor que sean en alta calidad. <b>Hay tiempo hasta el 12 de enero.</b></div></p><p><div class="separador"></div></p><p>Y antes de irme a seguir contestando pacientemente a todos los distribuidores y suscriptores empantanados en el paso cinco, dejaré que se me caigan aquí mismo, como al descuido, dos goteos de la revista Orsai que se viene. </p><p>No son dos temas, ni dos invitados del número cinco. Son dos flamantes incorporaciones al staff.</p><p>Si sos argentino, mirá este cartel.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7263/7064551953_2517c7ffb5.jpg"></p><p>Si eres español, mira este otro:</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5040/7064552021_4043d02294.jpg"></p><p>Y esto es solo el principio, así que repito: <a href="http://editorialorsai.com/" target="_blank">las suscripciones son limitadas</a>. </p><p>El PDF es gratis.</p>
				</div>
				]]>
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			<pubDate>Thu, 05 Jan 2012 05:14:22 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Que nos valga</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/que_nos_valga</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Si hace una semana empecé el texto diciendo que ya éramos mil suscriptores anuales a la nueva revista Orsai, hoy lo inicio con mejores noticias: ya somos casi mil quinientos. Esto indica una progresión constante, y nos obliga a tomar decisiones. Según los números, llegaremos al objetivo a finales de enero. Por lo tanto vamos a entrar a imprenta el 20 y la revista estará en el bar el 1 de febrero. Ya es hora, entonces, de ponernos a trabajar.</p>
					<p>Voy a unificar en este texto las 156.032 preguntas que ustedes me hicieron por mail, o en comentarios anteriores, y que respondí uno a uno por vía privada. Esas preguntas se pueden resumir en doce, y son estas:</p><p><div class="post_h3">1. ¿Se pueden pagar las revistas una a una, o en cuotas, o comprar solamente la número siete?</div></p><p>No señor. Este año no vendemos revistas, sino una suscripción anual. El «producto» es la suscripción, y cada revista es una sexta parte de un total. </p><p>Lo decidimos así por una razón que nos excita mucho: en la nueva etapa de Orsai los seis ejemplares estarán entrelazados, habrá historias que empiezan ahora y acaban en diciembre, historietas de largo desarrollo, secciones que funcionan por partes y una estética folletinesca muy siglo diecinueve. </p><p>¿Qué sentido tiene comprar la número siete, entonces? La experiencia Orsai 2012 se parece más a mirar una serie de tele inglesa de seis capítulos. Un episodio cada dos meses.</p><p><a name="dos"></a><div class="post_h3">2. ¿Y qué pasa si, a la mitad, la serie no me gusta? ¿Por qué tengo que pagar la serie completa?</div></p><p>Está contemplada esa opción. Y acá viene una noticia importante: nosotros vamos a imprimir únicamente seis mil suscripciones, es decir, seis mil revistas cada bimestre. Ese será nuestro tope. No habrá reedición de ningún número. </p><p>¿Está claro eso? Pondremos a la venta seis mil suscripciones durante todo el año y cada suscripción tendrá un destinatario con nombre y apellido. Llegará un momento en donde nadie podrá comprar una suscripción. Pero si vos tenés una comprada, y no te gusta la revista que estamos haciendo, tendrás un mercado de mucha gente que llegó tarde y que te recomprará la suscripción completa. </p><p>No solamente recuperarás el dinero de tu suscripción, sino que podrás ofrecerla a un valor más alto.</p><p><div class="post_h3">3. ¿Por qué estás tan seguro que habrá mucha gente que querrá la revista cuando ya no haya suscripciones a la venta?</div></p><p>Pensá un segundo: ahora mismo hay casi mil quinientas suscripciones vendidas y todavía no dije una sola palabra sobre los contenidos ni los nuevos autores. Cuando empiece a dar nombres, se van a caer todos de culo. </p><p>Y esta vez no serán autores que participen en un número, sino durante todo el año. Todavía no puedo adelantar nada, pero tengo la grilla frente a mis ojos, y puedo decir algo con la mano en el corazón: <span forbidden="font-size:90%;">NUNCA</span> hubo un staff tan impresionante en la historia de la gráfica en castellano. Te vas a hacer pis encima cuando veas la nueva Orsai.</p><p><div class="post_h3">4. Entonces, si soy distribuidor, ¿es recomendable que compre suscripciones para tener en stock?</div></p><p>¡No te quepan dudas! Repito: no vamos a imprimir ni una más que seis mil, en toda la vida de dios. Es inversión absoluta: porque vos podrás vender las de tu stock durante toda la eternidad. Ya hay una opción en la página personal de distribuidores para comprar suscripciones de stock.</p><p><div class="post_h3">5. Yo soy suscriptor, pero estoy detenido en el paso ocho del registro. ¿Hasta cuándo tengo tiempo para comprar mi suscripción?</div></p><p>Tenés todo el tiempo del mundo. Si lo hacés dentro de cuatro meses (y todavía el contador no llegó a seis mil) te llegarán las revistas atrasadas —todas juntas— y seguirás recibiendo las que faltan hasta completar el año. </p><p>Pero no te cuelgues. Si un día no hay más suscripciones a la venta y vos estás todavía en babia, te quedás sin nada.</p><p><div class="post_h3">6. ¿Por qué ahora hablás de seis mil? ¿No eran cinco mil?</div></p><p>Cinco mil son las suscripciones necesarias para poder pagarle los sueldos a todo el staff durante el año entero, imprenta, maquetación, corrección y todas las cosas que hacemos para que la revista tenga calidad. Pero al mismo tiempo hay suscripciones obsequio para todos los autores que participan, para difundirla en radios y periódicos, etcétera, y también un pequeño plus para que Cristina y yo (que no tenemos sueldo) nos llevemos algo a final de 2012.</p><p><div class="post_h3">7. ¿Por qué no aparece el precio de la revista al inicio del registro? Me da miedo entrar sin saber lo que cuesta la revista.</div></p><p>El registro es, en realidad, una serie de preguntas que define el precio en tu zona. No sabemos el valor final de la revista sin conocer primero de dónde sos, ni cómo la vas a comprar (en mano, o por correo). </p><p>Pero te lo pongo claro: el valor real de cada revista es de 10 dólares. Exactos. A eso tenés que agregarle los gastos de envío y la ganancia de tu distribuidor. Si vivís en un barrio de Buenos Aires, por ejemplo, vas al bar Orsai y comprás tu suscripción muy barata. Pero si vivís en Afganistán el precio del correo lo hace todo más caro.</p><p><div class="post_h3">8. Soy distribuidor, pero todavía no alcancé a tener diez suscriptores. ¿Qué pasa si sigo así cuando llegue la hora del primer envío?</div></p><p>A finales de enero vamos a revisar, caso por caso, a los distribuidores que no lleguen a diez ejemplares. Según la zona y otros detalles, tenemos muchas opciones: pasar esos suscriptores a otro distribuidor, enviar los ejemplares por correo invitando a pagar gastos de envío, o incluso devolver el dinero a quien no acepte ninguna de estas reformas.</p><p><div class="post_h3">9. Soy distribuidor y ya tengo un montón de gente que me pagó en mano. ¿Cómo y cuándo tengo que pagarles a ustedes esas suscripciones?</div></p><p>Por ahora guardá esa plata en un cajón con llave. Desde la primera semana de enero verás aparecer, en tu página personal, un nuevo botón llamado «Saldar suscripciones en mano». Allí podrás pagar (vía Paypal) la diferencia entre lo que vos tengas para nosotros, y lo que nosotros tenemos para vos. Si esa diferencia es a tu favor, seremos nosotros quienes enviemos dinero a tu Paypal. </p><p>Sea como sea, vas a tener, bimestralmente, tu ganancia completa en el bolsillo. </p><p><div class="post_h3">10. Tengo una buena cantidad de suscriptores que todavía no me pasaron a pagar. ¿Qué hago con ellos?</div></p><p>Desde enero tendrás la opción de enviarle mensajes personalizados. Pero no te preocupes mucho, porque hasta que no te paguen están en un limbo y no tienen su suscripción confirmada. </p><p>Cada uno de ellos verá, en breve, una cuenta regresiva con el tiempo que les queda para pagarte. Si lo hacen fuera de tiempo, recibirán dos ejemplares durante la próxima entrega (si es que aún no llegamos al tope de seis mil).</p><p><div class="post_h3">11. ¿Y si quiero tener las cajitas de luxe vacías de las ediciones 2011? ¿Y si quiero comprar revistas atrasadas, o nuevos libros, cómo hago?</div></p><p>Las cajas de luxe se enviarán, completamente gratis, a todos los lectores que hayan pagado su suscripción antes de la fecha límite del 31 de enero. Es decir: la cajita troquelada irá junto a la entrega de las Orsai N5, como ya prometí hace meses. </p><p>Respecto a las ediciones anteriores de Orsai, habrá —desde febrero— una tiendita en cada página personal. Lo que pidan (si hay stock en la zona) le llegará a cada suscriptor con el segundo pedido, o con el tercero, o con el cuarto, etcétera. </p><p>Lo mismo ocurrirá con los nuevos libros que editemos en 2012. Esos libros tendrán un precio oficial para todo el mundo, y un precio con gran descuento para suscriptores de Orsai (porque al enviar el libro con cada revista bajamos muchísimo el costo de correo).</p><p><div class="post_h3">12. ¿Y qué hacemos nosotros, los que no llegamos con la plata para comprar por adelantado, estamos fuera del sistema, gordo marketinero?</div></p><p><i>(Esta pregunta surge de los comentarios, y la respuesta se basa en ideas de los lectores)</i> Se puede hacer algo, estamos haciéndolo. Por lo pronto, salieron más de tres buenas ideas en menos de una hora de comentarios. En sintético: estamos buscando la forma de que los distribuidores <i>«prehistóricos»</i>, los de más confianza, puedan pagarnos ELLOS algunas suscripciones bimestre a bimestre, solo para suscriptores de su entera confianza.</p><p>Según me dicen por mail, hay una opción en Paypal para ese tipo de pagos diferidos. Así que posiblemente pongamos la opción tan pronto lleguemos a 3.000 suscriptores (que puede ser la semana que viene o a mediados de enero).</p><p><div class="post_h3">¿Ya está? Yo tengo muchas más preguntas...</div></p><p>Me lo imagino. Y para eso están los comentarios. Cuando lea una pregunta particular la contestaré allá abajo. Cuando crea que es una inquietud colectiva, actualizaré el post con la nueva respuesta.</p><p>Y otra vez, un año más, déjenme despedirme como corresponde:</p><p>¡Que la inocencia nos valga! </p><p>Y que cada vez nos valga más.</p>
				</div>
				]]>
			</content:encoded>
			<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 20:57:56 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Para ti, Lucía</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/para_ti_lucia</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>El contador de suscripciones anuales a la nueva revista Orsai acaba de llegar a mil. En nueve días, y sin noticias sobre los contenidos o la cantidad de páginas, mil lectores ya compraron las seis revistas del año próximo. Y eso que todos saben que habrá una versión en .pdf, gratuita, el mismo día que cada revista llegue a sus casas. Repito: acabamos de vender seis mil revistas. Seiscientas sesenta y cinco por día. Veintiocho por hora.</p>
					<p>Al mismo tiempo, una escritora española acaba de informar que dejará de publicar. «Dado que que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio que no voy a volver a publicar libros», <a href="http://www.abc.es/20111219/cultura-libros/abci-lucia-etxebarria-pirateria-deja-201112191824.html" target="_blank">dijo ayer Lucía Etxebarría</a>. La prensa tradicional se hizo eco de sus palabras y la industria editorial la arropó: «Pobrecita, miren lo que internet le está haciendo a los autores».</p><p>A nosotros nos ocurre lo mismo. Durante 2011 editamos cuatro revistas Orsai. Vendimos una media de siete mil ejemplares de cada una, y con ese dinero le pagamos (extremadamente bien) a todos los autores. Los <a href="http://issuu.com/revista_orsai" target="_blank">.pdf gratuitos</a> de esas cuatro ediciones alcanzaron las seiscientas mil descargas o visualizaciones en internet.</p><p>Vendimos siete mil, se descargaron seiscientas mil.</p><p>Si los casos de Lucía Etxebarría y de Orsai son idénticos, y ocurren en el mismo mercado cultural, ¿por qué a nosotros nos causan alegría esos números y a ella le provocan desazón?</p><p>La respuesta, quizá, es que se trata del mismo mercado pero no del mismo mundo. </p><p>Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: «qué bueno, cuánta gente me lee». Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: «qué espanto, cuánta gente no me compra».</p><p>El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.</p><p>El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar. </p><p>Dicho de otro modo: no es responsabilidad de los lectores que no pagan que Lucía sea pobre, sino del modo en que sus editores reparten las ganancias de los lectores que sí pagan. Mundo viejo, mundo nuevo. Hace un par de semanas viví un caso muy clarito de lo que ocurre cuando estos dos mundos se cruzan. Se lo voy a contar a Lucía, y a ustedes, porque es divertido:</p><p>Me llama por teléfono una editora de Alfaguara (Grupo Santillana, Madrid); me dice que están preparando una <i>Antologia de la Crónica Latinoamericana Actual</i>. Y que quieren un cuento mío que aparece en mi último libro, «un cuento que se llama tal y tal, que nos gusta mucho».</p><p>Le digo que por supuesto, que agarre el cuento que quiera. Me dice que me enviará un mail para solicitar la autorización formal. Le digo que bueno.</p><p>A la semana me llega el mail, con un archivo adjunto:</p><p><blockquote>Estimado Hernán, te explico lo que te adelanté por teléfono: Alfaguara editará próximamente una antología de bla bla bla cuya selección y prólogo está a cargo de Fulanito de Tal. Él ha querido incluir tu cuento Equis. Si estás de acuerdo con el contrato que te adjunto, envíame dos copias en papel con todas las páginas firmadas a la siguiente dirección. (Y pone la dirección de Prisa Ediciones, Alfaguara.)</blockquote></p><p>Abro el archivo adjunto, leo el contrato. Me fascina la lectura de contratos del mundo viejo. No se molestan en lo más mínimo en disfrazar sus corbatas. </p><p>Al cuento que me piden lo llaman LA APORTACIÓN. En la cláusula cuatro dice que «el EDITOR podrá efectuar cuantas ediciones estime convenientes hasta un máximo de cien mil (100.000)». En la cláusula cinco, ponen: «Como remuneración por la cesión de derechos de la APORTACIÓN, el EDITOR abonará al AUTOR cien euros brutos, sobre la que se girarán los impuestos y se practicarán las retenciones que correspondan».</p><p>Pensé en los otros autores que componen la antología, los que seguramente sí firman contratos así. Cien euros menos impuestos y retenciones son sesenta y tres euros, y a eso hay que quitarle el quince por ciento que se lleva el agente o representante (todos tienen uno), o sea que al autor le quedan cincuenta y tres euros limpios. No importa que la editorial venda dos mil libros, o cien mil libros. El autor <i>siempre</i> se llevará cincuenta y tres euros. ¿Firmará Lucía Etxebarría contratos así?</p><p>Esa misma tarde le respondí el mail a la editora de Alfaguara:</p><p><blockquote>Hola Laura, el cuento que querés aparece en mi último libro, que se distribuye bajo una licencia <i>Creative Commons Reconocimiento 3.0 Unported</i>, que es la más generosa. Es decir, podés compartir, copiar, distribuir, ejecutar, hacer obras derivadas e <u>incluso usos comerciales</u> de cualquiera de los cuentos, siempre que digas quién es el autor. Te regalo el texto para que hagas con él lo que quieras, y que sirva este mail como comprobante. Pero no puedo firmar esa porquería legal espantosa. Un beso.</blockquote></p><p>La respuesta llegó unos días después; ya no era ella la que me hablaba, sino otra persona:</p><p><blockquote>Hernán: entendemos esto, pero el departamento legal necesita que firmes el contrato para que no tengamos problemas en el futuro. Saludos!</blockquote></p><p>Y ya no respondí más nada. ¿Para qué seguir la cadena de mails?</p><p>La anécdota es esa, no es gran cosa. Pero quiero decir, al narrarla, que no hay que luchar contra el mundo viejo, ni siquiera hay que debatir con él. Hay que dejarlo morir en paz, sin molestarlo. No tenemos que ver al mundo viejo como aquel padre castrador que fue en sus buenos tiempos, sino como un abuelito con alzheimer.</p><p>—¿Me das eso? —dice el abuelito.</p><p>—Sí, abuelo, tomá.</p><p>—No, así no. Firmáme este papel donde decís que me das eso y yo a cambio te escupo.</p><p>—No hace falta, abuelo, te lo doy. Es gratis.</p><p>—¡Necesito que me firmes este papel, no lo puedo aceptar gratis!</p><p>—¿Pero por qué, abuelo?</p><p>—Porque si no te cago de alguna manera, no soy feliz.</p><p>—Bueno, abuelo, otro día hablamos... Te quiero mucho.</p><p>Y de verdad lo queremos mucho al abuelo. Hace veinte, treinta años, ese hombre que ahora está gagá, nos enseñó a leer, puso libros hermosos en nuestras manos.</p><p>No hay que debatir con él, porque gastaríamos energía en el lugar incorrecto. Hay que usar esa energía para hacer libros y revistas de otra manera; hay que volver a apasionarse con leer y escribir; hay que defender a muerte la cultura para que no esté en manos de abuelos gagá. Pero no hay que perder el tiempo luchando contra el abuelo. Tenemos que hablar únicamente con nuestros lectores.</p><p>Lucía: tenés un montón de lectores. Sos una escritora con suerte. El demonio no son tus lectores; ni los que compran tus novelas ni los que se descargan tus historias en la red. </p><p>No hay demonios, en realidad. Lo que hay son dos mundos. Dos maneras diferentes de hacer las cosas. </p><p>Está en vos, en nosotros, en cada autor, seguir firmando contratos absurdos con viejos dementes, o empezar a escribir una historia nueva y que la pueda leer todo el mundo.</p>
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			<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 16:17:48 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
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			<title>Una lengua común</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/una_lengua_comun</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Necesitamos cinco mil suscriptores para que Orsai se convierta en una experiencia cultural inédita. Cinco mil lectores que compren, por adelantado, media docena de revistas. Cinco mil hispanoamericanos, entre cuatrocientos millones, que confíen en algo cada vez más poderoso: nuestro idioma. Esa cifra de lectores pioneros, cinco mil, es lo que nos separa de un proyecto cultural colectivo que no tiene precedentes en ninguna otra lengua.</p>
					<p>Primero les cuento el sueño. Lo que me imagino que puede pasar de acá a seis o siete meses. Y después hablamos del cómo.</p><p>Imagínense una editorial sin la intermediación de editores ni cazadores de talentos. Sin que haya ni uno solo de esos tipos que leen originales y deciden qué se publica y qué no.</p><p>Imagínense una editorial con departamento de diseño, correctores de estilo, administración, imprenta, etcétera, pero sin empleados que lean los montones de propuestas que llegan.</p><p>—¿Qué publicaría esa editorial? —dirán ustedes—. ¡Sería un caos!</p><p>Hasta este punto sí. Pero faltan detalles.</p><p>Imagínense que esa editorial no nació del modo tradicional, sino al revés. Normalmente, primero aparece la empresa y después se estimula a los clientes potenciales. En esta editorial los lectores son anteriores al proyecto. Estaban ahí cuando no había nada. Fueron ellos quienes estimularon la empresa, no al contrario.</p><p>Y no solamente eso: los lectores de esta editorial son muchos y están conectados, saben leer muy bien y tienen gustos similares. Pueden decidir, o al menos promediar sus decisiones. Pueden debatir qué se publica y qué no. Y exponer sus razones, y elegir lo que quieren que les llegue a su casa en forma de libro.</p><p>Imagínense, en este escenario, al autor de una novela. O de un libro de fotografía. O de un volumen de cuentos. O de un libro de divulgación. Lo que sea. El tipo entra a la web de esta editorial hipotética y redacta la contratapa de su libro. Es decir, cuenta el resumen de la historia, dice por qué hay que leerla, etcétera. En la jerga de la editorial, este autor entra a octavos de final.</p><p>Entonces ocurre algo fabuloso: los miles y miles de lectores de la editorial se convierten en «masa ilustrada» y ocupan el lugar vacante del antiguo empleado que leía originales. Los lectores debaten los pro y los contra de esa contratapa y, si hay consenso, si la historia los atrapa, le dan puntos. Digamos, quinientos puntos. Es decir, hay quinientos lectores interesados en ese resumen.</p><p>Cuando esos quinientos puntos ocurren, aparecen las primeras quince páginas del libro a la vista de la «masa ilustrada». Allí empiezan las semifinales del autor. Ya no es un resumen lo que los lectores evaluarán, sino el estilo, la energía, el ritmo, la estructura inicial de la trama. Esas quince primeras páginas tienen que ser alucinantes en serio, porque son los lectores, y no un intermediario, quienes miden la potencia de la historia.</p><p>Supongamos que este autor es de los buenos, y los muchos lectores que han leído las quince páginas se mueren por tener ese libro en las manos. Los puntos a favor de la obra crecen, y crecen tanto (digamos, mil puntos) que el libro pasa a la gran final.</p><p>De repente, ya no hay quince páginas sino una portada. Es la tapa del libro, preciosa, en preventa. Para que se publique, la obra debe conseguir mil quinientos ejemplares vendidos. Hay un mes de tiempo y el precio es más accesible que en cualquier librería.</p><p>Los lectores, que ya estaban babeando por ese libro y lo puntuaron durante semanas, piden que el libro les llegue junto al próximo ejemplar de la revista (ah, es que la editorial publica una revista bimestral, eso no lo había dicho).</p><p>Durante todo el mes, el dinero de los lectores que compran el libro entra en un limbo. Si al cabo de treinta días el libro no consiguió mil quinientos ejemplares vendidos, se devuelve el dinero a cada lector y la obra pasa, otra vez, a octavos de final.</p><p>Pero ese escenario es ilógico, porque son tantos los lectores que hicieron fuerza para que el libro llegara a semifinales primero, y a la final después, que la compra del ejemplar, para esos lectores persistentes, se convierte en un triunfo colectivo entre ellos y el autor.</p><p>Lo interesantísimo del asunto es que, en el exacto momento que la preventa del libro llega a los mil quinientos ejemplares, el autor recibe en su cuenta bancaria el 50% del precio de tapa. Inmediatamente. La otra mitad es para diseño, maquetación, corrección e imprenta. Logística y gastos de envío no hay, porque el libro llega junto a la dichosa revista bimestral, que cada lector ya pagó a principio del año.</p><p>Dejo el sueño en este punto. Hay mucho más que contar sobre el proyecto, muchos detalles que convierten el proceso en una experiencia divertida, pero con esto creo que se pueden hacer un croquis del asunto.</p><p>Ya lo sé. La idea es tan simple, a primera vista, que genera una pregunta inmediata: si es tan fácil, ¿por qué no se había hecho nunca?</p><p>Y la respuesta, me parece a mí, es la siguiente: solo en estos tiempos comienzan a florecer las comunidades virtuales maduras, capaces de convertirse en inversoras económicas de sueños propios colectivos. Lo descubrimos entre todos, y casi sin querer, el año pasado.</p><p>Hay muy pocas comunidades virtuales (de gran número de usuarios, y de un target amplio en edad y geografía) que hayan practicado la confianza y la honestidad del modo en que lo hicieron los lectores de Orsai en 2011. Fue una entrega demoledora, y en muchos momentos emocionante, rara, inusual.</p><p>Para ponérselo claro al que recién entra a este blog: el 1 de enero de 2011 esta comunidad de lectores nos entregó 150 mil dólares, en efectivo, sin conocer los contenidos básicos del producto que estaban comprando.</p><p>No señor. No hay muchas comunidades virtuales así.</p><p>Este año pasó algo, algo extraño, y nos dimos cuenta enseguida todos los que participamos del asunto (cada quién tiene una anécdota para contar sobre inocencia y confianza). A todos nos sopló un viento en la nuca. A Chiri y a mí ese ventarrón nos excedió por completo. No sabemos bien qué es, ni cómo explicarlo, pero no queremos cerrar la ventana porque nos parece un viento genuino.</p><p>Todo aquello que conté ahí arriba, sobre la editorial sin intermediarios, no se puede llevar a cabo si la comunidad implicada es tramposa, o está infectada por tipos que generan diez contraseñas para votar diez veces al mismo autor, ni si está minada de trolls o de pedantes, o de advenedizos.</p><p>Solamente puede ocurrir entre seres humanos tirando a sanitos, con un nombre y un apellido real, con gustos parecidos y embarcados en un proyecto en el que creen de verdad.</p><p>¿Cuántos lectores de esas características se necesitan para empezar a soñar? Por lo menos cinco mil. ¿Por qué esa cifra y no otra? Porque esa cantidad de suscriptores anuales (ese capital inicial) nos asegura que podremos pagarle, puntualmente, a todos los narradores e ilustradores de la revista, y generar fuentes de trabajo para otro montón de narradores e ilustradores talentosos y desconocidos de nuestros países.</p><p>Y ahora me callo, porque me está saliendo muy largo. Solamente voy a repetir, textual, el primer párrafo de este texto, porque estoy seguro de que ahora podrán leerlo de otra manera.</p><p>Escuchen esto:</p><p>Necesitamos cinco mil suscriptores para que Orsai se convierta en una experiencia cultural inédita.</p><p>Cinco mil lectores que compren, por adelantado, media docena de revistas. Cinco mil hispanoamericanos, entre cuatrocientos millones, que confíen en algo cada vez más poderoso: nuestro idioma.</p><p>Esa cifra de lectores pioneros, cinco mil, es lo que nos separa de un proyecto cultural colectivo que no tiene precedentes en ninguna otra lengua.</p>
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			<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 23:53:58 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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		<item>
			<title>Última sobremesa</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/ultima_sobremesa</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Chiri ya no está en España. Yo no percibo todavía su ausencia, no todo el tiempo. Me doy cuenta después de las seis de la tarde, cuando solíamos juntarnos para planear la revista; y los sábados, que es cuando juega el Barcelona. Con el tiempo me irán cayendo otras fichas (los póquer de los lunes o las cenas familiares), pero no tengo todavía la ausencia instalada. Tampoco la tuve durante la última sobremesa, aun sabiendo que era la última.</p>
					<p>Chiri tenía pasaje a Argentina para el 1 de diciembre. El 30 de noviembre al mediodía fue el último día soleado del invierno ibérico. Nos fuimos al patio de casa, abrimos dos latas de cerveza con limón, prendimos un fuego con leña y nos sentamos a esperar a que un chef profesional nos viniera a cocinar. </p><p>Como no lo teníamos a Comequechu cerca, manipulamos a un cocinero que se llama <a href="http://www.lne.es/oviedo/2011/07/19/hay-comida-cocinar-haga-falta-verano/1104439.html" target="_blank">Pablo Albuerne</a>. Nosotros no lo conocíamos. Bastante más tarde nos enteramos que era un cocinero que hace o hacía <a href="http://www.antena3.com/programas/comerbeberamar/programa/come-bebe-ama-verano-malagueno_2011071900162.html" target="_blank">un programa</a> en Antena 3. </p><p>Resulta que a principios de noviembre este chef me llama y me propone una entrevista para <a href="http://republicagastronomica.tumblr.com/" target="_blank">su videoblog</a> de gastronomía. </p><p>«Mira, la idea es que yo vaya a tu casa y me hables un poco de la revista, mientras yo te cocino algo. Lo grabo y subo el video a mi blog. No hace falta que compres nada, yo llevo todos los ingredientes y el vino, tú solo pones los fogones», me dijo al teléfono. </p><p>Como soy un poco fóbico de meter gente nueva a mi casa, le dije que le contestaría por mail, que es mi manera de decir «no» en diferido y con excusas creíbles.</p><p>Pero cuando corté, por pura curiosidad, googleé un poco al tal Pablo Albuerne y lo que vi me gustó. No era el típico chef de diseño, de esos que te dan de comer cositas chiquitas con nombres poéticos y te cagás de hambre, ni tampoco era el chef televisivo que se quiere hacer todo el tiempo el gracioso y te deja la cabeza como un tambor.</p><p>Descubrí en internet que, si bien este chef había trabajado un par de años en «Can Fabes» (uno de los <a href="http://www.nomadea.com/escapadas/gastronomicas/restaurantes-espanoles-con-3-estrellas-michelin-2010/" target="_blank">siete restaurantes</a> españoles con tres estrellas Michelin, que además queda cerca de casa) era capaz de enseñarte en <a href="http://republicagastronomica.tumblr.com/day/2011/11/28/" target="_blank">un video</a> lo mal que se come en los McDonalds de España y por qué. Y también vi que, a pesar de ser un chef con sección propia en un canal nacional, podía hacer <a href="http://republicagastronomica.tumblr.com/post/13269537984/que-demonios-come-un-dictador-de-clase-media-un" target="_blank">otro video</a> desde una biblioteca, investigando qué comía el dictador Franco cuando gobernaba.</p><p>Con Chiri nos quedamos viendo esos videos del chef toda una tarde. Y muy a pesar nuestro, incluso con bronca, nos cayó simpático. Yo, sin embargo, todavía dudaba.</p><p>—No seas boludo, decile que venga —me dijo Chiri a principios de noviembre—. Me parece que va a estar todo bien.</p><p>—Pero mirá que tiene que cocinar, prender el horno, picar verdura... El tipo va a estar dos o tres horas metido acá adentro... ¿Qué hacemos con un desconocido toda la tarde?</p><p>—¡Es un chef profesional que quiere venir a tu casa a cocinarte, hijo de puta, y vos serás fóbico a la gente y muchas otras cosas, pero principalmente sos un gordo! —Chiri me abofeteó, para mostrarme la realidad— ¿Qué carajo vas a hacer mientras cocina? ¡Comer!</p><p>—No lo había pensado de ese modo —dije pensativo.</p><p>—Además yo quiero estar ahí. Nunca me cocinó un chef de verdad. </p><p>—¿Cómo que no? —le digo— ¿Y Comequechu? </p><p>—A Comequechu lo conocemos desde hace mil años. Nos sabemos todos sus repulgues de memoria. Este es nuevo, tiene el valor agregado de la infidelidad. </p><p>—¿Vos decís que Comequechu es nuestro cocinero-esposa? </p><p>—Por supuesto. Y tenemos que aprovechar que está de viaje y tener una aventura extramatrimonial. Este chef nuevo es más joven, tiene mundo, usa sombrero. Nos merecemos un cocinero-amante.</p><p>—Entonces no le podemos decir nada a Comequechu sobre este asunto.</p><p>—¡Ni se te ocurra! —me dice Chiri, admonitorio.</p><p>Me quedé callado, de repente triste.</p><p>—¿Qué te pasa? —me pregunta.</p><p>—Nada... Me acordaba de cuando teníamos diecisiete, dieciocho años, que le hacíamos canciones de amor a Comequechu cada vez que se mandaba mudar, porque no podíamos vivir sin sus manjares... Y ahora estamos a punto de traicionarlo con otro chef. ¿En qué fallamos?</p><p>—No fallamos en nada. Es la rutina, saber que te sentás a la mesa con él y siempre vas a conseguir ese sabor, y no otro. Además, esas canciones fueron hace mucho, a quién le importan —me dice Chiri, pero se le llenan los ojos de lágrimas y finge que busca algo en el cenicero. Pero él también recuerda esas canciones. </p><p>A finales de los ochenta, Comequechu se iba mucho a Brasil y a Mar del Plata. Largas temporadas de dos o tres meses. Nosotros lo extrañábamos como chanchos en esos intervalos y, como en esa época éramos compositores, le escribíamos elegías tristes en un idioma al que habíamos bautizado con las siglas «MAO», porque había que hablar con el Músculo Abductor Obturado. Es una mezcla de inglés, italiano y mercedino.</p><p>Una de esas canciones decía así:</p><p><blockquote>Pofavó, chachá mbé-mbé ambuora<br />oh mai darlin hazlo formí.<br />Pofavó, buestragno Poncharelo<br />conchadelavac ambuora.<br />Buél no vavolvé, buél no vavolvé, ¡hec!<br />conchadelavac ambuora.</blockquote></p><p>Que es castellano significa:</p><p><blockquote>Por favor, regresa aquí ahora mismo,<br />oh, mi amado, hazlo por mí.<br />Por favor, te echo en falta Comequechu,<br />que me parta un rayo ahora mismo.<br />Ya no volverás, ya no volverás, ¡ay!<br />que me parta un rayo ahora mismo.</blockquote></p><p>—Hagamos una cosa —le propongo a Chiri, yo también un poco imbuido en los recuerdos—. Digámosle que sí a este chef, pero no ahora. Ni esta semana, ni la otra. Invitémoslo el 30 de noviembre, justo la tarde antes de que vos te vayas a Argentina. </p><p>—¿Por qué ese día?</p><p>—Porque va a ser la última sobremesa en Sant Celoni, insensible hijo de una puta —le recuerdo—. ¡Cómo se nota que te vas a un lugar lleno de amigos y me dejás acá solo! Vamos a estar por última vez vos y yo, en este patio que vio crecer la revista, por última vez viendo caer el sol, y con un chef internacional que nos cocine como a dos reyes. </p><p>—Un rey que se va a la guerra, y otro que se queda a causa de su cobardía —dice Chiri para reforzar la idea.</p><p>—No. Yo diría que es un rey que se escapa al veranito de un continente en alza, mientras que el otro se queda en una región dominada por el neoliberalismo y lucha hasta destruirlo.</p><p>—O quizás —me dice Chiri—, un rey al que le encantaría acompañar al otro rey al continente en alza, pero que tiene una reina que no lo deja, porque es un rey pollerudo como el doce de copas.</p><p>—¿De qué estábamos hablando antes del tema reyes?</p><p>—De manipular a un chef para que se crea que te está haciendo un reportaje cuando en realidad está cocinando para la despedida de nuestra amistad—me dice Chiri. </p><p>—Ok. Ya me acordé de todo.</p><p>—¿Y qué pasa si el chef no puede ese día? Mirá que cae miércoles.</p><p>—Si no puede mala suerte —le digo—. Pero si puede, podremos contarle a nuestros nietos que una tarde fuimos reyes. Y que esa tarde, además, no era cualquier tarde. Era la tarde en que se separaban nuestros destinos.</p><p>—Muy bien Jorgito —dice Chiri, y levanta un índice al cielo, como quien justifica un pecado ante Dios—: si le vamos a meter los cuernos a Comequechu con otro cocinero, ¡que sea por un motivo que nos llene de amargura!</p><p>Y teníamos razón: fue una tarde sibarita, inolvidable.</p><p><div class="separador"></div></p><p><iframe src="http://player.vimeo.com/video/33373708?title=0&byline=0&portrait=0" width="500" height="285" frameborder="0" webkitAllowFullScreen mozallowfullscreen allowFullScreen></iframe><br /><div class="videoblog"><img src="http://editorialorsai.com/i/cc.jpg">Realización y musicalización: <a href="http://www.vimeo.com/soloideas" target="_blank">Andrés Locatelli</a>.<br />Música: <a href="http://www.jamendo.com/es/album/5005">Music is Love</a> y un fragmento de «Poncharelo y el mar» (Basilis/Casciari).</div></p><p><div class="epigrafe"><br /><div class="post_h2">La receta, a pedido del público</div><div class="post_h3">Por Pablo Albuerne</div><br /><b>Geopapas</b><br />Que sean patatas nuevas. Son melosas y tienen un toque dulce que baila de maravilla la música de la panceta ibérica y la albahaca. Aluminio, un chorro de oliva virgen, paciencia, buena brasa y sal (al que le parezca) una vez servida.<br /><br /><b>Salsa de mostaza, cebolla morada y yogourt </b><br />Cebolla morada, unas ramas de cilantro, oliva virgen y sal. Todo envuelto con cariño en aluminio; de ahí al fuego hasta que —cuando las toques— parezcan mantequilla. Aún caliente la pelas, la cortas y,aprovechando el aceite y todo el caldo que suelte, la pasas a un bol. Las mezclas con un yogourt cremoso (sin azúcar), un par de cucharaditas de mostaza en grano, dos o tres cucharadas de una buena mayonesa, pimienta molida, unas hojas de menta picada y el zumo de media lima. Búscale el punto de sal. Cuando lo encuentres, está lista.<br /><br /><b>Solomillo a la sal y yerbas</b><br />Un solomillo de cerdo, sal parrillera (a ojo de tuerto, un kilo y medio) una clara de huevo, un chorrito de cerveza, ramas de perejil, albahaca, cilantro y romero (¡frescos!) recién picados. Mézclalo todo y prepara una tumba confortable para revivir al solomillo a base de fuego, no mas de veinte minutos: recuerda que si no se cocina en el horno puede ser que se le pegue algo de sal. Si es así, acláralo en un bol con agua tibia justo antes de servirlo.<br /><br /><b>Manzanas asadas, granada y stracciatella de mascarpone</b><br />Para cuatro personas. Dos manzanas, una rama de canela, oliva virgen y tomillo seco. Trajecito de aluminio y al fuego hasta que sean una seda. Para la stracciatella mezcla la yema que sobró del huevo con cinco cucharadas de azúcar y bátelo hasta que empiece tomar un color pálido y textura cremosa; añade un bote de mascarpone (más o menos doscientos gramos) y seis cucharadas de nata montada. Ralla cuatro o cinco onzas de buen chocolate (que se noten los trocitos) y tírale los granos de la granada. Si no hay armamento pueden ser uvas, higos, fresas... ¡Ya casi está! Sirve la carne de la manzana asada en el fondo de un vaso y la stracciatella de sombrero. <br /><br />Si no has trunfado con esto, ¡me la corto y me hago monja!</div></p>
				</div>
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			<pubDate>Fri, 09 Dec 2011 04:11:57 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
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			<title>Podríamos</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/podriamos</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Podríamos hacer esta revista en China, a un costo mucho más accesible, pero las imprentas chinas utilizan a menores de edad para la composición de los fotolitos, con un sueldo de hambre: 9,08 yuanes por semestre. Podríamos imprimir esta revista con papel Abset-221, que es mucho más económico, pero su celulosa se extrae de la Amazonia, lo cual dejaría a los indígenas sin sombra.</p>
					<p>Podríamos usar tinta Axcis 691, menos costosa y más endeble, pero sus fabricantes utilizan pingÌinos empetrolados para matizar los tonos pantone. Podríamos reservar el treinta y cinco por ciento de las páginas para incluir publicidad de fundaciones bancarias, pero no tendríamos permitido decir que las fundaciones bancarias dan limosnas a la sociedad para limpiar las culpas de su codicia. </p><p>Podríamos ser un poco menos <i>hippies</i> y un poco más <i>entrepeneurs</i>, total las dos palabras son extranjeras y están pasadas de moda; pero habría que bañarse todos los días y salir a almorzar con gente.</p><p>Podríamos quejarnos por las más de quinientas mil descargas que los lectores hacen de los PDF de la revista, e intentar hacerle juicio penal a <i>Taringa.net</i> o a <i>Vagos.es</i> por escanear nuestros contenidos y ofrecerlos gratis, pero somos nosotros los que publicamos el PDF en alta calidad una vez que la revista sale a la venta.</p><p>En suma: podríamos ganar dinero con este proyecto si modificáramos algunos caprichos. Y no lo digo yo, lo dice mi mujer. En realidad no me lo dice, me lo implora. </p><p>Pero lo hicimos todo al revés, y funcionó.</p><p>Lo hicimos como se supone que no hay que hacerlo, y nos divertimos.</p><p>La revista Orsai es un proyecto editorial de gran calidad gráfica, sin publicidad ni subsidios, sin distribución mafiosa, que pudo sobrevivir durante todo 2011 en papel gracias a más de diez mil lectores y cien autores, y que además ofrece un PDF completo de todos sus ejemplares.</p><p>Con ustedes nuestro trabajo de 2011, libre y gratuito:</p><p><br /><a href="http://issuu.com/revista_orsai/docs/orsai_n4" target="_blank"><img src="http://farm8.staticflickr.com/7092/6917064820_e2aa55813c.jpg" border="0"></a></p>
				</div>
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			<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 16:30:10 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Desde casa</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/desde_casa</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Si no tuviera una familia extremadamente catalana, volvería a vivir a Argentina ahora mismo. No me había pasado nunca en estos once años de vivir afuera. Pero resulta que ahora el contraste es inmenso. España se prepara para cuatro años horribles (no hablo de crisis económica, sino de aburrimiento monumental, de ausencia de ideas, de gente con corbata tomando decisiones en todas partes) y Argentina en cambio está explotando de pibes con los ojos brillosos.</p>
					<p>Me costó mucho irme de Buenos Aires esta vez. Me costó en serio. Lo pensé durante las cuatro noches de inauguración del bar. «Cómo hago ahora para volver a la montaña —me preguntaba— si Orsai es esto, toda esta gente tomando cerveza, comiendo salame mercedino, conversando y dibujando». </p><p>Volver al principio del invierno. </p><p>Volver a este continente asustado por la crisis. </p><p>En la década larga que llevo en España nunca me había costado tanto subirme al avión para pegar la vuelta.</p><p>La culpa, creo, la tuvo el bar.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Abrimos el <i>Bar Orsai</i> en San Telmo hace un par de jueves y supe, recién entonces, que el proyecto de la revista y los libros había florecido de una manera bestial. No solo entre los lectores, sino también entre los narradores y los ilustradores que pasaron por allí a tomar cerveza y comer picadita.</p><p>Yo no conocía a casi ningún autor cara a cara (solo por mail) y fue conmovedor conversar con ellos y escuchar, de sus bocas, que confían en Orsai, que se sintieron cómodos este año, que quieren formar parte de lo que viene.</p><p>Yo no tenía muy clara cuál era la fuerza del proyecto. Ni la importancia que el proyecto tenía en los demás. A ustedes les podrá parecer falsa modestia, pero no: hicimos la revista desde un pueblo de quince mil habitantes en una montaña, no nos dimos cuenta de nada. </p><p>Hoy día, en España, la cultura debe estar en el puesto ciento dieciocho entre las conversaciones habituales de las sobremesas. No hay ningún tipo de energía de la que beber. La energía de este año (la interpersonal, quiero decir) la fuimos generando entre nosotros mismos, pero no la recibimos desde el entorno. Trabajamos un año entero desde el patio de casa, intentando hacer una revista global, hispanoamericana, con equilibrio geográfico, etcétera, pero toda esa fuerza explotó muy lejos de nosotros. </p><p>Explotó hace dos semanas, en el corazón de Buenos Aires.</p><p><div class="separador"></div></p><p>La revista mengua sus ventas en España (es comprensible cuando el setenta por ciento de los menores de cuarenta está sin trabajo), y también se caen las ventas en Centroamérica (porque nunca conseguimos sortear la burocracia de las aduanas, los impuestos y las mierdas fronterizas) pero las ventas no pararon nunca de crecer en Argentina y en Uruguay.</p><p>Uruguay es un caso increíble: cada vez nos resulta más difícil entregar las revistas en un país que queda a 340 kilómetros de la imprenta. No puede haber trabas tan intensas entre dos pueblos que comparten gustos culturales. Pero los hay. Los lectores charrúas todavía están esperando el número cuatro, pero no se cansan nunca de poner el hombro, de proponer, de tener paciencia. Y de seguir apostando con la compra una vez más.</p><p>Pero no es solo una cuestión de ventas. Y eso también lo descubrí en el bar. Entre los lectores rioplatenses hay, además, un fervor que me emociona. En cada charla del Bar Orsai (durante esos cuatro días en los que estuve) levantabas una baldosa y aparecía alguien con una guitarra o un guión de cine. Gente con ganas de trabajar y de hacer algo nuevo. Gente con el abrazo dispuesto.  </p><p>Descubrí la dimensión del proyecto en la generosidad de los lectores y de los autores. Los vi interactuar, conversar y compartir la cerveza. Vi a Miguel Rep, a Horacio Altuna, a Tute, a muchos, dibujar toda la noche para cada lector. No se cansaron nunca. Entendí, de un modo empírico, eso de «nadie en el medio».</p><p>Vi a mi hija Nina, sentada en el suelo, entre las patas de Rep, dibujando con crayones. Pude decirle a Alberto Montt que lo admiro profundamente. Vi a Juan Sáenz Valiente y a Max Aguirre, los autores de las dos últimas portadas, y supe que son gente maravillosa. </p><p>Me reí hasta morir con Mairal y con Playo. Conversé, después de mucho tiempo, con Xtian, con Caro Aguirre, con Seselovsky, con Erlich. Le pregunté el apellido a cada distribuidor para reconocerlo, para darle las gracias por el esfuerzo. Charlé con lectores que habían venido desde muchas partes. </p><p>Para peor, las camareras no me querían cobrar los whiskis porque pensaban que yo era el dueño.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Cada una de las cuatro noches fue un sueño cumplido. Hacía muchísimo tiempo que no me sentía tan cómodo en un lugar con gente. Entendía todo lo que estaba pasando: sabía por qué una pareja entraba al bar con un inodoro en los brazos, sabía que en los ojos de Comequechu había cansancio y alegría, y que Tonga y Leo tenían cara de «tarea cumplida» y también de susto. </p><p>De verdad entendía todo, y eso es muy extraño porque yo, entre la multitud y la música fuerte, suelo no entender nada y acovacharme o irme. Pero en este caso era todo tan mercedino (el salame, la galleta, la barra del bar que llegó desde el pueblo, los viejos amigos que aparecieron la madrugada del jueves y del sábado) que podía, por fin, sentirme parte.</p><p>Y en medio de toda esa marabunta de caras y de abrazos, de regalos y de charlas, sentí que Orsai estaba ahí con más fuerza que en ningún otro sitio, que su lugar en el mundo era Buenos Aires. Que no podría llevarme, ya nunca más, el epicentro de esa energía a mi casa de Cataluña. </p><p>Que esta vez me volvería solo.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Después, todo ocurrió con naturalidad.</p><p>Comequechu ya está allá. Chiri (el jefe de redacción) y su esposa María (la diseñadora de la revista) están haciendo ahora mismo las valijas: vuelven a vivir a Argentina el 1 de diciembre. David (el pizzero de «Estilo Argentino») y su esposa Florencia (la correctora de la revista) también preparan maletas: vuelven a Argentina. Matías Tolsà, uno de los directores de arte, ya está en Buenos Aires. Guillermo Harosteguy (el webmaster de Orsai, y mi primo) ya se alquiló una quinta en Mercedes, llega el 29 de diciembre. Yo mismo estaré en Buenos Aires, al menos cuatro o cinco veces al año.</p><p>Sant Celoni, el pueblo catalán desde donde escribo estas líneas,  quedará despoblado de mercedinos más o menos cuando empiece el invierno europeo. Cerramos la redacción y la pizzería en dos semanas. </p><p>Antes del final de noviembre esta web dejará de estar alojada en un sitio .es (de España). Ya les avisaré dónde estaremos. Desde el próximo año el Proyecto Orsai se hará desde Buenos Aires. Las revistas y los libros se imprimirán allí, se pensarán allí, se diseñarán allí. Se exportará desde Argentina. </p><p>El Bar Orsai será el centro de todas las reuniones, las charlas y las ideas. El centro de lo que cada lector, autor, distribuidor, dibujante o editor tenga ganas de hacer.</p><p>Abrimos la redacción en Buenos Aires antes de fin de año.</p><p>Vamos a trabajar desde casa.</p><p><div class="epigrafe"><b>¿Bar Orsai? Quiero ir.</b> El Bar Orsai está en Humberto Primo 471, en la ciudad de Buenos Aires. Abrimos de miércoles a sábados desde las 6 de la tarde, y los domingos desde las 11 de la mañana.<br /><br />Adentro siempre pasan cosas, pero para enterarte lo mejor es vigilar su <a href="http://www.facebook.com/OrsaiBar" target="_blank">página en Facebook</a> o en su <a href="https://twitter.com/#!/OrsaiBar" target="_blank">página en Twitter</a>. No hace falta reserva para ir, Comequechu te hace un lugar aunque esté lleno.<br /><br />Si querés tocar con tu banda, exponer fotos o cuadros, cantar, hacer estriptís, recitar versos satánicos o presentar tu nuevo libro, proponélo en <a href="mailto:bar.orsai@gmail.com">bar.orsai@gmail.com</a>.</div></p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 10 Nov 2011 18:48:06 +0100</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Debe haber sido increíble</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/debe_haber_sido_increible</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Los que nacimos en Latinoamérica fantaseamos, desde la adolescencia, con visitar alguna vez Europa. Es una obsesión con la que nacemos. Lo extraño es que al europeo le pasa lo mismo. Por ejemplo a Cristina, mi mujer catalana. Ella soñó siempre, desde chica, con viajar alguna vez a la Patagonia, a las Cataratas, al Glaciar Perito Moreno... Son viajes raros para ellos, lugares exóticos del fin del mundo. Sin embargo, mi mujer ya vino cinco veces a la Argentina y solamente conoce la casa de mi hermana en la Plata, y la casa de mi mamá en Mercedes.</p>
					<p>La culpa la tengo yo. Solamente venimos cuando me toca presentar un libro, o una revista, o el debut de una obra de teatro. Siempre con el tiempo justo y con una agenda apretada. Nunca venimos porque sí. </p><p>Mientras yo hago mi trabajo, ella y Nina van y vienen como valija de loco de Mercedes a Luján, de San Isidro a La Plata. Todos mis parientes la esperan con ganas, pero ella solamente quisiera estar en un sitio donde se pudiera sacar fotos exóticas.</p><p>Cuando Cristina vuelve a Barcelona, sus amigos le preguntan cómo es Argentina, esa obsesión turística, y ella les cuenta que en el baño de mi hermana hay un bidet muy raro,  y que en todas las habitaciones se aparecen parientes míos. Sus amigos la miran con lástima. </p><p>—¿Y no fuiste a Ushuaia, no paseaste por San Juan, no te llevaron a Puerto Madryn? </p><p>Cristina baja la cabeza y dice que no. No ha visto nunca una montaña, un lobo marino, una ballena pariendo, un deshielo, un salto de agua de ciento veinte metros, un amanecer nevado. Cristina ha visto demasiadas veces a mi cuñado en calzoncillos, pero nunca un Aconcagua.</p><p>Sin embargo nunca se resigna. Siempre que venimos intenta encontrar un hueco para que nos escapemos de los parientes y de las agendas; para que podamos irnos los tres, en familia, a alguna parte. Hasta la semana pasada, no había encontrado nunca esos días en blanco. Yo siempre tenía algo que hacer en Buenos Aires.</p><p>Pero el miércoles pasado, por la tarde, ocurrió algo nefasto. </p><p><div class="separador"></div></p><p>Fue el día en que nos llegó la Circular, cuando supimos que las revistas no saldrían del puerto. Para mí fue una puñalada en la zona lumbar, porque todo lo que estábamos preparando se venía abajo. El trabajo de un año entero sin broche de oro. Una cagada inmensa. Llamé a mucha gente esa tarde y esa noche. Todos me decían, con una claridad elocuente, que no se podía hacer nada hasta después de las elecciones. Que el Secretario de Comercio era un señor muy pertinaz, y que no había nadie que pudiera revertir la situación.</p><p>Para Cristina esa noticia fue providencial: </p><p>—Vámonos ahora mismo a alguna parte —me dijo, con la mirada del que ve por primera vez una luz al fondo del túnel. </p><p>Intenté decirle que no, que justo ahora que las cosas estaban así yo no podía relajarme. </p><p>—¿Puedes hacer algo hasta el lunes? —me preguntó. </p><p>Yo me sabía acorralado y sin argumentos.</p><p>—Tengo que estar acá.</p><p>—Dime algo urgente que tengas que hacer de aquí al lunes. El bar no puede abrir porque hay elecciones. Te han dicho que las revistas no saldrán del puerto. ¿Qué nos impide irnos ahora mismo a la Patagonia cuatro días?</p><p>Pensé. Mi cabeza hervía. Me aferré a la soga climática:</p><p>—Las cenizas volcánicas —dije—. No podemos arriesgarnos a quedar varados en el sur.</p><p>Cristina me miró fijo a los ojos. Estaba a punto de explotar.</p><p>—¿Y qué nos impide ir al Norte?</p><p>Me quedé en blanco. No supe qué decir. Ah, cómo odié en ese segundo la existencia de un Norte. </p><p>Ella entendió el jaque mate enseguida. Dijo:</p><p>—Me voy ya mismo a una agencia de viajes. Mañana tú, la niña y yo estamos en las Cataratas del Iguazú. ¡Desde los doce años quiero ver en persona esa maravilla! </p><p>—Yo una vez estuve —quise minimizar— y no es para tanto. Además te mojan. Hay un video muy lindo en YouTube, está en HD...</p><p>—¡A las Cataratas, o me vuelvo a Barcelona! —me conminó—. A ver si te olvidas un fin de semana de tu revista, de tu bar, de quedar con gente, de contestar el teléfono a cada minuto, y te acuerdas un poco más que tienes una familia.</p><p>Y se fue dando un portazo. </p><p>Mi cuñado, en calzoncillos, me miró con cara de circunstancias:</p><p>—Qué carácter, la catalana —dijo como para sí.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Dos horas después Cristina había vuelto con pasajes, hotel en la parte brasileña de Iguazú, excursiones turísticas de esas que hay que levantarse a las siete de la mañana para caminar y caminar y caminar, paseos en catamaranes, opción de ver flamencos y pájaros de colores, posiblemente con un guía de esos que quieren ser graciosos, probablemente con parejitas en luna de miel o viejitos alemanes en el asiento de al lado. </p><p>Si en ese momento de la tarde no metí la cabeza en el horno con el gas prendido, fue porque <i>realmente</i> no tenía nada que hacer hasta el lunes. Nada más que sufrir porque las Orsai estaban trabadas en el puerto. </p><p>El problema es que sufrir en medio de una excursión turística es una tortura doble. Es como si a la mitad de la silla eléctrica te pegaran un tiro en la panza.</p><p>Pero como en el fondo soy bueno, hicimos la mochila y nos preparamos para el viaje. Antes de salir para Aeroparque hice lo último que podía hacer. Escribí un post en caliente, le puse de título "Liberen Orsai" y lo colgué en el blog. No voy a decir que lo hice sin expectativas. Pero sí diré que redacté ese texto con la ilusión de que el lunes, al volver de la excursión a la selva, alguna de todas las calamidades pudiera solucionarse.</p><p>Cuando estábamos haciendo la cola de embarque me empezó a sonar el teléfono. Eran radios, o gente que me contaba que un ministro había mencionado el tema, otros que me explicaban que en twitter se estaba hablando del asunto.</p><p>Estaba pasando algo. Y yo con una mochila llena de ropa de verano, subiéndome a un avión sin wifi. Estaba pasando algo, y yo yéndome a lugares donde no tendría conexión, donde además me querrían dar cervezas y caipiriñas, donde todo el mundo trataría de relajarme y hacerme sentir bien. </p><p>Eso, y no otra cosa, es el infierno para un gordo sedentario.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Fueron tres días insoportables de descanso, paisajes increíbles y carteles en el teléfono que decían "no hay cobertura". Cada vez que alguien lograba mandarme un mensaje de texto, o hacerme un llamado corto, era para informarme cosas alucinantes que estaban pasando en Buenos Aires, donde yo no estaba. Mi hija me miraba y sonreía, yo no sabía por qué. Cuando le pregunté, me dijo: "Estás en la calle".</p><p>Cuando las revistas se liberaron yo estaba paseando en catamarán por la parte paraguaya del río Iguazú. Me llamaban por teléfono los periodistas y yo estaba en la frontera con Brasil en una combi que me llevaba a ver faisanes y flamencos. No escuchaba lo que me decían, se me cortaba el teléfono. Una noche, cenando en el hotel con música de falsos mariachis, me llamó el Secretario de Comercio, el señor pertinaz, y casi no pude escuchar lo que me dijo.</p><p>La página de Orsai estaba caída por culpa del tráfico. Y yo no podía hacer nada. Nuestro agente exportador llamaba para preguntarme sobre nuestra posición arancelaria.  Y yo en pantalón corto. Los chicos, en el bar, retomaban la actividad después de las buenas noticias, y yo mirando unas iguanas en un parque natural.</p><p>Cuando el lunes a la noche volví a Buenos Aires, con los cachetes colorados de haber estado demasiado tiempo al sol, pude reconstruir un poco todo lo que había pasado. </p><p>Vi la impresionante difusión que los lectores le dieron al asunto del puerto. Vi cómo se habían hecho eco los diarios, las radios y algunos medios de España. También vi de qué modo se habían politizado los comentarios del blog a causa de la intervención gubernamental. Pero sobre todo vi a mi mujer, sentada en el living de la casa de mi hermana, mandándole fotos de las Cataratas a sus padres y sus amigos, y vi a Nina contarle a sus primos que había estado en un paraíso donde había mariposas gigantes y un río que se caía para abajo y te mojaba.</p><p>No tuve manera de agradecer, en directo y mientras ocurría, a todos los que se movilizaron para que esta semana podamos tener las fiestas del bar con revistas y libros. Tampoco tuve tiempo para darle la bienvenida a todos los que llegaron a esta página por primera vez, sin saber qué es Orsai. Sé que son muchos; los reconozco porque hacen preguntas del tipo "y por qué no imprimen en Argentina", o porque tienen la necesidad de saber si tenemos una bandería política. Supongo que navegando un poco por los textos anteriores encontrarán las respuestas a todas esas inquietudes.</p><p>Fue una semana muy intensa en la que pasaron cosas nuevas. Entre ellas, un enorme grupo de lectores explicando un problema en las redes. Y otro grupo, menor, escuchando el problema y actuando. </p><p>Yo no estuve allí para verlo porque justo en ese momento estaba mirando a un tucán.</p><p>Pero, según me cuentan, debe haber sido increíble.</p>
				</div>
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			<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 23:23:10 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Liberen Orsai</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/liberen_orsai</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>"Las revistas no salen de la Aduana", nos dijeron, "ni se molesten en mandar el flete para ir a buscarlas al puerto". Nos quedamos mirando el barco, en apariencia tan cerca. Adentro de ese barco hay dos toneladas y media de revistas hechas a pulmón por un grupo de argentinos.  Las pensamos y las hicimos durante todo este año, por fuera de la industria y perdiendo plata. O, para decirlo con más propiedad: invirtiendo plata en un proyecto editorial a futuro.</p>
					<p>Esas revistas, las bloqueadas, fueron distribuidas y pagadas, de antemano, por miles de lectores argentinos que quieren leerla y que, hasta hoy, la recibieron con alegría.</p><p>Las tres primeras ediciones se imprimieron en Buenos Aires. Las siguientes ediciones (si es que podemos seguir haciéndola, ahora improbable) las imprimiríamos en Buenos Aires. La cuarta no, porque quisimos que llegaran por barco, desde España, el 12 de octubre. Un guiño para cerrar un círculo de vaivenes.</p><p>Para presentar este número de la revista bloqueada montamos un bar en San Telmo que se llama Orsai. Invertimos otra vez: habilitaciones, sueldos, camareros, puestos de trabajo. A contra reloj, para poder hacer la fiesta completa. </p><p>En las páginas de esa revista, la bloqueada, hay textos de Guillermo Martínez, de Luis Pescetti, de Marcelo Birmajer, de Ana María Shúa. Hay ilustraciones de Luis Alberto Spinetta, de Max Aguirre, de Miguel Rep. </p><p>Cuando preguntamos por qué no podíamos sacar las revistas del barco, la respuesta vino en forma de circular desde la Secretaría de Comercio Interior del gobierno argentino: </p><p>"Porque estamos defendiendo la industria y la cultura nacional".  </p><p>Yo estoy convencido de que si los que toman decisiones supieran qué es Orsai, se pondrían colorados por el malentendido. Nosotros también, desde nuestro pequeño ámbito, defendemos la industria y la cultura nacional. Es decir: estamos del mismo lado.</p><p>Esta es la parte poética del asunto. La parte práctica es bastante más brutal: como no somos una multinacional de la industria, como no tenemos resto, como somos una empresa familiar, como hacemos esto solamente por amor al arte, si las revistas no salen del puerto, quebramos. </p><p>Sin ironías: estoy seguro, en serio, que se trata de un malentendido.</p><p>Si el próximo jueves inauguramos el bar sin revistas, será porque los que toman decisiones siguen sin enterarse del error. </p><p>Si después de la inauguración del bar (que haremos de todas formas) seguimos sin revistas, Paypal nos obliga a devolver el dinero a los distribuidores y nos quedamos con una deuda que nos deja en la lona durante, al menos, cuatro meses. Adiós al segundo año de la revista y a la editorial.</p><p>No conozco a los que toman decisiones. No sé cómo comunicarme con ellos para explicarles qué es Orsai. No sé cómo decirles que estamos peleando por lo mismo.</p><p>Se me ocurre solamente una manera. Que cada uno de nosotros nos convirtamos, estos días, en un medio de comunicación. Un puente entre nosotros y ellos. </p><p>La palabra clave es <a href="http://twitter.com/#!/search/realtime/liberenorsai" target="_blank">#LiberenOrsai</a>. Con un poco de suerte, nos escuchan. Con otro poco de suerte, nos entienden.</p><p><div class="epigrafe"><b>Actualización.</b> Las revistas Orsai Número 4, los "Cuadernos secretos" de Altuna, y las "Charlas con mi hemisferio derecho" salieron del puerto ayer viernes a las 17, y ya están en nuestros depósitos en Buenos Aires. La ayuda de los lectores, a través de Twitter, fue providencial. ¡Gracias a todos!</div></p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 20 Oct 2011 23:59:49 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>¡Revistas en el puerto!</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/revistas_en_el_puerto</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Las Orsai número cuatro tocaron tierras americanas el mismo día que Cristóbal Colón, pero quinientos diecinueve años después. Ambos barcos llegaron a destino a tiempo y, por suerte, ninguno se hundió.</p>
					<p>Desde Veracruz las noticias son excelentes: todo está en orden y los paquetes se podrán descargar en los tiempos previstos. En Argentina el barco acaba de llegar y tendremos noticias del desbloqueo entre el viernes y el lunes. Cruzamos los dedos para que todos los paquetes estén en el «Bar Orsai» la semana próxima, y podamos empezar el reparto sin falta.</p><p>Antes de dejarles los tres últimos goteos del año, les aviso a los lectores porteños (y de estaciones intermedias) que se reserven la semana del 24 al 30 de octubre, porque el «Bar Orsai» (Humberto Primo 471, San Telmo) abrirá sus puertas en algún momento entre esos días. No tienen la menor idea de lo hermoso que está quedando ese lugar. Se van a caer de culo.</p><p>Haré una comunicación oficial la semana que viene sobre las fechas exactas (serán más de una, para que entremos todos). Una vez publicadas las fechas, se abrirán las reservas para los que quieran ir.</p><p>Hablando de viajes raros, ¿habrá llegado <a href="http://www.albertcasals.cat/" target="_blank">Albert Casals</a> a las antípodas?</p><p><div class="post_h2">Albert Casals</div><div class="post_h3">Final del viaje</div></p><p>Desde el primer número de Orsai venimos siguiendo de cerca el periplo de <a href="http://www.albertcasals.cat/" target="_blank">Albert Casals</a>, que tuvo la idea de dar la media vuelta al mundo para llegar a una granja australiana que queda, exactamente, en las antípodas de su casa. </p><p>En el último número de Orsai tenemos un broche de oro: es el mismísimo Albert quien escribe el final de su aventura. Imperdible.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7082/6917029308_ca9cb1f2ec.jpg"></p><p><div class="post_h2">Sonia Budassi</div><div class="post_h3">Comunicación de crisis</div></p><p>¿Quieren más ficción, además de Bellatin, Maslíah, Martínez, Gumucio, Birmajer y Shúa? ¡Ah, insaciables! Convencimos para que nos escriba un cuento una de las mejores escritoras de nuestra generación: <a href="http://enmediodelcampo.blogspot.com/" target="_blank">Sonia Budassi</a> nos mete de cabeza en las relaciones con los que no conocemos (las personas a las que le alquilamos una casa, por ejemplo, o unos vecinos nuevos) y también en las relaciones con quienes creemos conocer. En el fondo, nos dice, la convivencia parece el síntoma de una crisis sorda en donde no sabemos más que una cosa: estamos solos.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7088/7063110901_872a2c8726.jpg"></p><p><div class="post_h2">Xtián Rodríguez</div><div class="post_h3">Delicias del Hawai</div></p><p>Y para el final, un amigo de la casa.</p><p><a href="http://www.putoyaparte.com/" target="_blank">Puto y aparte</a> es uno de los primeros blogs escritos en castellano. Su autor es asiduo lector y comentarista de este blog, y además un hermano de grandes batallas literarias. Él fue el traductor del cuento de Nick Hornby que publicamos en el número uno. Y también quien nos consiguió al autor (porque es el único integrante del staff que sabe escribir mails en inglés).</p><p><a href="http://www.putoyaparte.com/?page_id=2" target="_blank">Xtian Rodríguez</a>, que de él estoy hablando, inauguró en 2001 la temática gay en la red, y lo hizo poniendo el pecho (peludo). Nos pone orgullosos publicar este relato autobiográfico, mezcla de crónica y reflexión, sobre aquellas personas que se sienten raras, en orsai, no importa en dónde estén.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7249/6917029448_be80b2c21b.jpg"></p><p><div class="separador"></div></p><p>Amigos, compañeros de viaje, lectores, estamos a punto de poder decir <i>tarea cumplida</i>. Hace un año empezamos todo esto y ahora solamente nos falta una luz verde de aduana para poder dejarles el trabajo completo. Sabíamos que, en este punto de la historia, íbamos a necesitar un lugar para festejar. Por eso apuramos la construcción de un bar, a contrarreloj, y casi sin margen de tiempo.</p><p>La última semana de octubre, si el gobierno argentino y las aduanas quieren, brindaremos en ese bar flamante. Brindaremos por lo que logramos entre todos, y volveremos a brindar más tarde por lo que se viene, que es todavía mejor, más raro y más imposible.</p><p>¡Nos vemos ahí!</p>
				</div>
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			<pubDate>Wed, 12 Oct 2011 20:12:54 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Valijas</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/valijas</link>
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				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Acá estoy: con las valijas armadas y a punto de salir para Buenos Aires. Estaré en la primavera porteña invitado por la gente del <a href="http://www.tedxriodelaplata.org/" target="_blank">TED Río de la Plata</a> para dar una charla el 1 de noviembre; pero también, por supuesto, para certificar la apertura del Bar Orsai y presentar (si las aduanas nos lo permiten) la edición Número 4 de la revista.</p>
					<p>Seguiré escribiendo desde allí, espero, pero mientras tanto les dejo el penúltimo goteo. Acuérdense que pueden seguir reservando hasta el 12 de octubre como distribuidores, y sin fecha límite como compradores minoristas, en la Tienda Orsai.</p><p><div class="post_h2">Guido Carelli</div><div class="post_h3">Celosos digitales</div></p><p>Eran mejores los tiempos en que no sabíamos dónde estaba nuestra pareja, ni con quién, ni haciendo qué. Todo el mundo era cornudo (como siempre) pero la tecnología no te metía el dedo en la llaga.</p><p><a href="http://twitter.com/#!/guidocarelli" target="_blank">Guido Carelli Lynch</a>, el autor de este ensayo a pedido de Orsai, padece una nueva patología del amor: su novia tiene un galán en Twitter y él no puede evitar ser fisgón de sus conversaciones. Por suerte, lo ayudan las viñetas del cubano <a href="http://www.martirena.com/" target="_blank">Alfredo Martirena</a>, experto en tomarse los celos con humor.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7097/7063087269_f24e41d613.jpg"></p><p><div class="post_h2">René Lavand</div><div class="post_h3">El mundo en una mano</div></p><p><h3 forbidden="color: gray; font-family: helvetica; font-weight: normal;">René Lavand, el mundo en una mano</h3><br />En el invierno de 1935 un niño quería ser mago. Estudiaba frente al espejo los trucos de barajas y monedas; le gustaba el oficio. Dos años después, durante un carnaval, un accidente de coche le reventó el antebrazo derecho. Lo más fácil, en esos casos, hubiera sido desistir. Pero René hizo lo más difícil: se convirtió, con una sola mano, en el mejor mago de naipes del mundo.</p><p>No podíamos dejar de contar su historia en la revista, porque adoramos a este hombre (ya lo nombrábamos, con admiración en el Número 1). Así que nos fuimos a su casa de Tandil. Ya verán el resultado.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7238/6917006578_74925c6366.jpg"></p><p><div class="post_h2">Luis Pescetti</div><div class="post_h3">Cinco cartas</div></p><p>«Queridos alumnos —dice <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Pescetti" target="_blank">Luis Pescetti</a> en una de sus cartas—, déjenme que les pida una cosa. En estos días van a retomar la escuela. Todavía están a tiempo: ¡huyan! Escóndanse. La escuela es de las experiencias más peligrosas del mundo. Vienen los terremotos, los huracanes, el viaje a las estrellas y después: ¡la escuela!».</p><p>Esta es la sección, habitual en la revista, en donde nos preguntamos qué leerle a nuestros hijos. Las cinco cartas de Pescetti son una lectura obligatoria. Además, ilustradas de un modo impecable por <a href="http://gustavoaimar.blogspot.com/" target="_blank">Gustavo Aimar</a>.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7206/7063087761_ee596d1874.jpg"></p><p><div class="separador"></div></p><p>Señores, señoritas, todavía queda un último goteo, que seguramente redactaré desde Buenos Aires. También les dejaré coordenadas y fechas concretas de la apertura del bar y la presentación de la revista.</p><p>¡Nos vemos allí!</p>
				</div>
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			<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 17:12:25 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Gotas del número cuatro</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/gotas_del_numero_cuatro</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Hoy es jueves seis de octubre, día de goteo. Las revistas se acercan en barco a Buenos Aires. Tenemos noticias muy confusas respecto a la entrada del número cuatro a Argentina, porque hay una especie de bloqueo a la producción de libros de editoriales extranjeras, pero somos optimistas. Mayormente porque ni somos extranjeros ni las revistas son libros. De todos modos estaré en Buenos Aires desde la semana que viene, cruzando los dedos para que todo esté en orden.</p>
					<p>Tonga y Comequechu están pintando el bar, así que seguramente estaré ayudando un poco a que quede todo precioso. Por lo que me cuentan, es bastante improbable que las puertas de «Orsai Bar» se abran antes de las elecciones del 23 de octubre. </p><p>La presentación de la revista, entonces, dependerá de la aduana y de la habilitación definitiva del local de San Telmo. No sabemos la fecha aún, pero será en algún momento entre el lunes 24 y fin de mes. Lo confirmaré el próximo jueves, ya desde Buenos Aires y con más información confirmada.</p><p>Por como viene la mano, es probable que las revistas (esta vez) lleguen primero a manos mexicanas y centroamericanas. Los lectores de México, Guatemala, Costa Rica, Dominicana, Islas Vírgenes, Aruba, Estados Unidos y Canadá se lo merecen y mucho, por todas las esperas que han sufrido en los números anteriores. En España y el resto Europa el reparto comenzará la semana próxima.</p><p>Mientras todo esto ocurre en tiempo real, mientras hacemos llamados telefónicos y coordinamos los tiempos para que todo ocurra sin fisuras, les adelanto tres temas más de la mejor edición de Orsai que hemos hecho hasta el momento (esta última frase es 20% marketing y 80% la puta verdad).</p><p>Miren si no:</p><p><div class="post_h2">Marcelo Birmajer</div><div class="post_h3">Y el procrastineo</div></p><p>Hijos en edad escolar, llamados telefónicos a deshoras, cierres de edición, invitaciones a conferencias lejanas, timbres, ruidos, bocinazos. La imagen idílica del escritor en su estudio, pensando en silencio sus nuevas tramas, está a kilómetros de distancia de la realidad. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marcelo_Birmajer" target="_blank">Marcelo Birmajer</a>, uno de los más exitosos narradores argentinos, se confiesa en un ensayo íntimo: escribir es la última cosa que uno hace en el día.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7270/7063071651_ddded4d7c8.jpg"></p><p><div class="post_h2">Diego Fonseca</div><div class="post_h3">Y la crisis yanqui</div></p><p><a href="http://www.diegofonseca.com/" target="_blank">Diego Fonseca</a>, nuestro corresponsal invitado en Washington, juega con la idea de un Estados Unidos como «Belindia»: la riqueza y la modernidad de Bélgica para los más educados, la pobreza y la ignorancia de la India para las masas. Esta crónica nos da una visión ácida de la derecha yanqui más obtusa, complementadas con las magistrales ilustraciones de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ángel_Boligán_Corvo"target="_blank">Ángel Boligán</a>, un dibujante mexicano que está más cerca de Estados Unidos que de Dios.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7039/6916991234_48ebd5b514.jpg"></p><p><div class="post_h2">Ana María Shúa</div><div class="post_h3">Y su amigo extraterrestre</div></p><p><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ana_María_Shua" target="_blank">Ana María Shúa</a>, además de escribir los mejores micro relatos que existen, tiene un amigo extraterrestre que se llama Pluf. El hombrecito siente una enorme curiosidad por nosotros, los humanos de tierra adentro. Como en su planeta todas las cosas vivas son inmortales, no entiende algunas costumbres terrestres y se las pregunta siempre a Shúa. A veces no son preguntas fáciles de responder.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5080/6916991334_e0516b826a.jpg"></p><p><div class="separador"></div></p><p>Y sigo diciendo lo mismo al acabar cada goteo: todavía hay mucho más, que iré contando aquí mismo antes de salir corriendo a Buenos Aires.</p><p>¿Cómo entran tantas cosas en 212 páginas? Es uno de los secretos mejor guardados de Orsai.</p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 06 Oct 2011 17:32:05 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Los mejores inéditos</title>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>El objetivo principal fue, siempre, publicar textos inéditos: que no estuvieran en internet ni en ningún libro. Y lo fuimos logrando. Pero en el número cuatro la cantidad de joyas literarias es inmensa; por lo tanto, me pasaré esta semana alardeando de firmas y de temas. Hoy voy con tres. En la Orsai que estará en la calle a mediados de mes tenemos a <a href="http://www.tusquetseditores.com/autor/leila-guerriero" target="_blank">Leila Guerriero</a>, a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Gumucio" target="_blank">Rafael Gumucio</a> y a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_Martínez_(escritor)" target="_blank">Guillermo Martínez</a>. Todos, con textos exclusivos para Orsai.</p>
					<p><div class="post_h2">Leila</div><div class="post_h3">Su diario</div></p><p>Leila Guerriero es una de las más destacadas cronistas narrativas en castellano. Comenzó su carrera en Página 30. Es redactora de la revista del diario La Nación y colabora con Rolling Stone, Letras Libres, El País, El Universal y diversas publicaciones de todo el mundo. Pero nunca había publicado, en ningún medio, un diario personal. El año pasado estuvo en Madrid por trabajo y escribió, en una libretita, una serie de apuntes que no tenía previsto publicar nunca. Cuando lo leímos, le rogamos que lo hiciera con nosotros.</p><p>Los apuntes de Leila son alucinantes por muchos motivos: su calidad literaria, su visión latinoamericana de una España en crisis, pero sobre todo, porque nos muestra qué escribe un periodista cuando no escribe para nadie. Un lujo.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7261/7063064327_4a9c78ce9c.jpg"></p><p><div class="post_h2">Rafael</div><div class="post_h3">Su juventud</div></p><p>Rafael Gumucio es una estrella literaria en Chile. Nació en Santiago en 1970. Es escritor y humorista. Ha escrito para La Nación, El Mercurio, El País y New York Times, entre otros muchos medios. Pero también ha sido animador, realizador y guionista de programas de televisión inteligentes y populares. Cuando preparábamos la cuarta edición de Orsai, Chile era un hervidero estudiantil contra el gobierno de Sebastián Piñera. Todavía lo es, porque cada vez más los estudiantes chilenos le están dando una lección al mundo. </p><p>Le pedimos entonces a Gumucio una mirada de su etapa estudiantil con Pinochet aún rondando, para contrastar las diferencias entre este modelo (encarnado por la bella <a href="http://www.google.es/search?gcx=c&q=Camila Vallejo&um=1&ie=UTF-8&hl=es&tbm=isch&source=og&sa=N&tab=wi&biw=1537&bih=879" target="_blank">Camila Vallejo</a>) y nuestras épocas de vagancia y falsas universidades. La respuesta de Gumucio son sus memorias de juventud en París, en los años noventa. Un relato íntimo, escrito mientras en Santiago resuenan todavía las manifestaciones.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7189/7063064401_fa9d7d5833.jpg"></p><p><div class="post_h2">Guillermo</div><div class="post_h3">Su espanto</div></p><p>Guillermo Martínez es un enorme escritor, pero también un gran matemático. En la última década su literatura explotó y se convirtió en un best seller. Álex de la Iglesia dirigió la película Los crímenes de Oxford, basada en su maravillosa novela "Crímenes imperceptibles". Veníamos buscando un cuento suyo, inédito, desde el principio del proyecto Orsai, porque es una de las plumas más prestigiosas de la narrativa argentina.</p><p>Chiri tomó un café con él en Buenos Aires, hace unos meses, y Guillermo le prometió un cuento inédito. Cruzábamos los dedos para que llegara a tiempo y entrara en la última edición del año. Cuando llegó su relato nos sentimos privilegiados, porque el cuento es de los que nos gustan, los clásicos, de esos que sirven para cerrar la revista. Empieza con un matemático argentino que se aloja en un hotel de Eslovaquia. Es joven y está solo. Una mañana, en el lobby, una mujer de ojos claros se acerca y le pide ayuda en inglés, con gesto de angustia.</p><p>Una maravilla en ocho páginas que no se pueden dejar de leer.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5155/7063064469_d2a9c3ec28.jpg"></p><p><div class="separador"></div></p><p>Y aunque parezca mentira, todavía falta mucho más. El N4 no es solo Bellatin, Spinetta, Rep, Maslíah, Martínez, Leila y Gumucio... No sé cómo hicimos para hacer entrar todo en 212 páginas, pero siguen las firmas. Las iré goteando durante la semana. </p><p>El próximo número de Orsai viene en barco, ya está navegando por el océano Atlántico, y está lleno de sorpresas.</p>
				</div>
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			<pubDate>Mon, 03 Oct 2011 14:40:37 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>La hermana del amigo</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/la_hermana_del_amigo</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Quizá conozcan a Rodrigo Solís como «Pildorita de la felicidad», porque es así como firma en los comentarios de este blog. Rodrigo es mexicano y ha realizado, por voluntad propia, un <a href="http://pildoritadelafelicidad.blogspot.com/2011/02/sobremesa-de-la-sobremesa-de-orsai.html" target="_blank">minucioso</a> <a href="http://pildoritadelafelicidad.blogspot.com/2011/06/sobremesa-de-la-sobremesa-orsai-n2.html" target="_blank">trabajo</a> de enlaces con las sobremesas de la revista. Rodrigo también es un muy buen escritor. Y un gran amigo virtual. Pero hay algo en él que destaca sobre el resto: la hermana de Rodrigo (a la que él llama «Bicho») es una de las mujeres más hermosas del mundo.</p>
					<p>Yo no conozco en persona a Rodrigo Solís, tampoco a su hermana «Bicho», pero sigo la historia desde hace un par de años.</p><p>Rodrigo es uno de esos lectores virtuales que, a base de mails y charlas online, se convierte en alguien de tu familia. Hiperactivo, entregado a sus obsesiones, afecto a los correos larguísimos en donde te cuenta todo lo que le pasa por la cabeza, con gracia y con ritmo de metralleta.</p><p>Por lo que me ha contado en muchos mails, Rodrigo siempre ha hecho muchos esfuerzos por convertirse en un narrador profesional. Escribe algunas columnas en periódicos mexicanos e intenta, todavía sin suerte, publicar su primera novela.</p><p>En medio de sus sacrificios literarios y desde hace años, Rodrigo ha visto cómo, en su propia casa, su hermana ha comenzado a convertirse en una especie de celebridad sin hacer nada. A base de belleza. «Bicho» y él son de esos hermanos con códigos, que se pelean y se reconcilian, pero que siempre, al final de la noche, tienen una ternura última para regalarle al otro.</p><p>Cuando conocí a Rodrigo un poco mejor, a través de correos y chats, su hermana Anabel acababa de ser galardonada como Miss Yucatán. Y a Rodrigo ya entonces no le gustaba mucho ese camino, porque para él «Bicho» era muchísimo más que eso que veían los otros en ella.</p><p>Un año después, cuando el hermano seguía golpeando puertas de editoriales y peleando con su familia para que no convirtieran a «Bicho» en un mueble hermoso, ella ascendió todavía más y fue elegida Miss México; ya empezaba a aparecer en las revistas y en la televisión.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7076/7063042555_ecb23ca1b2.jpg" /></p><p>Rodrigo se pasaba el día aconsejando a su hermana en otros ámbitos, en otros lujos y placeres alejados de la belleza.</p><p>Temía por ella, por la sombra de la bulimia, por los sacrificios de su hermana en las dietas, por la presión familiar para que ella llegara a coronarse Miss Mundo. Rodrigo, en las tardes muertas y cuando nadie los veía, intentaba inculcarle a «Bicho» otros valores.</p><p>En esa época Anabel me mandó un par de videos, uno hecho en su casa y otro en medio de una de sus giras de Belleza. Había leído uno de mis libros (siempre por insistencia de su hermano) y me agradecía esa lectura.</p><p>Yo, por supuesto, le mostré a Chiri que Miss México me mandaba videítos (siempre es bueno alardear con tus amigos hombres) y también una noche dejé mi portátil abierta para que Cristina descubriese que yo, su marido gordo, tenía esa clase de relaciones virtuales con chicas que viajan a China para convertirse en Miss Mundo, que me tiran besos al final del mensaje.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5120/7063042637_5f350537e0.jpg" /></p><p>Fue justo entonces, en esas fechas, cuando ocurrió algo.</p><p>En una de sus columnas semanales, a un par de semanas de la elección de Miss Mundo en Pekín, Rodrigo se cansó de pelear dentro de las cuatro paredes de su casa y escribió un artículo en la prensa mexicana. Un artículo demoledor en el que aseguraba que su familia había metido a Anabel en un quirófano, en secreto, para quitarle grasa. Y que su hermana, ya en China para representar la belleza mexicana, padecía de bulimia.</p><p>«Mi único consejo desde siempre —decía Rodrigo en su columna— había sido el que mi hermana desistiera de ser una Reina de Belleza, convencerla de que la belleza era efímera y lo único seguro, lo que en verdad prevalecía, era la inteligencia, que los concursos de belleza no eran muy distintos de las ferias ganaderas donde se exponían y calificaban a las reses.»</p><p>La reacción de la prensa fue inmediata:</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5450/7063042683_4e445a4146.jpg" /></p><p>Fue en ese momento cuando, con Chiri, empezamos a pensar en la crónica para Orsai N4. La historia de dos hermanos que se adoran, y que están en dos extremos diferentes de lo que cada uno llama su carrera. O quizás, dos visiones maniqueas del sacrificio. O únicamente una historia de amor y fraternidad.</p><p>Aquello parecía un cuento, pero estaba insertado de algún modo en la realidad de la prensa, de los correos, e incluso de nuestra vida privada.</p><p>Hablamos con Rodrigo sobre el tema, porque no queríamos forzarlo a hacer un relato que perjudicara a Anabel. A él le pareció adecuado hablar del asunto, por única vez, en Orsai. Despojarse, entregar las tripas.</p><p>Al mes recibimos su crónica. Recuerdo que la leí por la noche, en el patio de casa, hace ahora un mes.</p><p>Releí las dos últimas páginas llorando, porque Rodrigo había conseguido algo con ese texto, algo tan lleno de verdad y de amor, que lo convertía en lectura entretenida, profunda y necesaria. Era mucho más de lo que le habíamos pedido. Era mejor incluso que la literatura. Era verdad.</p><p>Yo estoy convencido de algo. «Bicho» (así se llama el relato) es una de las crónicas personales más hermosas que se publicaron en la primera etapa de Orsai, y uno de los textos sobre hermanos más hermosos que leí en la vida.</p><p>Estamos muy orgullosos de tener esas diez páginas en el próximo número.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5463/7063042751_0e794e7243.jpg" /></p><p>Y sabemos que cuando «Bicho» lea las palabras de su hermano (y por supuesto que las leerá) entenderá todo.</p>
				</div>
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			<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 17:28:49 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Inocencia y descubrimiento</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/inocencia_y_descubrimiento</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Las ideas trasnochadas son peligrosas. Al día siguiente, nadie se acuerda en qué parte de la charla el absurdo tomó forma. ¿En qué momento una fantasía de borrachos se convierte en una necesidad? Nadie lo sabe. ¿Fue Chiri o fui yo el que pensó primero en la posibilidad de los barcos? Ahora no nos acordamos. Solo sabemos que, esta mañana, cuatro toneladas de revistas están viajando al Puerto de Palos, en Cádiz. Y que de allí cruzarán el Atlántico. Y que llegarán a América, <i>exactamente</i>, el 12 de octubre.</p>
					<p>El germen de la idea, me parece, fueron otra vez las simetrías. Aquella noche pensamos que si el primer número de la revista <a href="el_picnic" target="_blank">ocurrió</a> un 28 de diciembre, día de los Inocentes, debíamos buscar otro momento clave para el número final. Y nos pareció que el 12 de octubre, día del descubrimiento de América, era una fecha perfecta para cerrar el círculo.</p><p>Inocencia y Descubrimiento. No estaba mal.</p><p>Hasta ahí la idea no era del todo trasnochada, incluso se nos podía haber ocurrido de día, sobrios y recién bañados. Pero entonces avanzó la madrugada y quisimos saber qué día salió Cristóbal Colón del Puerto de Palos. Después quisimos saber cuánto se tardaría ahora, con mejores barcos. Después indagamos sobre cuánta marihuana cabe en un carguero. Una cosa llevó a la otra, y a las cuatro de la mañana estábamos navegando (nunca mejor dicho) en páginas de exportadores marítimos.</p><p>Esa noche se nos ocurrieron metáforas alucinantes. Chiri llegó a decir que «era necesario» que las revistas llegaran «exactamente» el 12 de octubre al nuevo continente, porque de eso dependía «nuestro destino americano». Las comillas son literales. Yo me escuché decir que «teníamos que hacerlo por nuestros hermanos, los indios, y nuestros primos, los genoveses». Chiri dijo, en un alarde de creatividad, que «las Orsai, como los argentinos, descendemos de los barcos». Cada vez que descubríamos una nueva conexión —por más falsa o arbitraria que fuera— abríamos grandes los ojos y hacíamos gestos ampulosos con los brazos.</p><p>Hay una adrenalina muy intensa en el momento que se piensa una pelotudez y luego —con la idea ya en estado de obsesión— se le da un sentido. Nosotros habíamos llegado a ese punto. La idea era ridícula, pero anotábamos sus detalles en una libreta, como si se tratara de una vacuna contra el herpes. </p><p>—¡Tenemos que imprimir todo en Barcelona, dividir las ocho toneladas en tres partes, y mandar cuatro al Puerto de Palos, por vía terrestre! —gritaba Chiri, señalando el horizonte con el dedo índice.</p><p>—Y de allí —gritaba yo, más fuerte—, tenemos que contratar dos buques interoceánicos, mandar uno al puerto de Veracruz, y el otro hacia el puerto de Buenos Aires! —y levantaba todavía más la voz—: ¡Cristina, comunicate ya mismo con la Administración General de Aduanas!</p><p>Cristina se despertó por culpa de los alaridos. Más que nada para que dejáramos de gritar a esas horas, se dejó contar la idea y después nos obligó a hacer un listado de pros y contras.</p><p>—A ver, poned un segundo los pies sobre la tierra —dijo— ¿Qué perdéis con esto?</p><p>—¡Nada! ¡Es perfecto!</p><p>—Tenéis que conseguir empresas importadoras y exportadoras en Argentina, México y España —anotó ella—; tenéis que hacer el cierre de la revista algunas semanas antes; tendréis que retrasar la fecha de entrega de la revista algunos días, porque imagino que los pallets estarán en la aduana de esos países algunos días; tendreís que rellenar formularios complicadísimos de sanidad portuaria, tendreís que aprender palabras como «asignación de espacio en picking» y, quizá, tendréis que soportar que alguno de los barcos se hunda. </p><p>—Sí, puede ser —dije. </p><p>—¿Y qué ganáis? —preguntó Cristina. </p><p>—¡Que las revistas lleguen un 12 de octubre —gritó Chiri—, y podamos cerrar un círculo!</p><p>—¡Inocencia y Descubrimiento! —dije yo.</p><p>Cristina se volvió a dormir, porque ya faltaba poco para que amaneciera. Nosotros nos quedamos en silencio. </p><p>Unos segundos después, Chiri dijo:</p><p>—Es impresionante... Una idea perfecta. No tiene contras.</p><p>Justo cuando asentí con la cabeza, salió el primer rayo de sol por la montaña.</p><p><div class="separador"></div></p><p>Ahora ya pasó más de un mes desde aquella idea trasnochada. Cristina tenía razón: hubo que hacer más trámites que cuando te morís en un país extranjero para contratar esos barcos. Burocracia y formularios hasta el agotamiento. También tuvimos que hacer el cierre de la revista mucho antes, es verdad. Pero, por alguna razón, estamos contentos de que haya sido así. Fue imponente ver salir ayer de la imprenta tal cantidad de revistas hacia el puerto de Cádiz.</p><p>Allí estarán esos inmensos paquetones toda esta semana, esperando dos barcos con fecha exacta. El lunes 26  por la mañana saldrá el primero, con dirección Veracruz; el mismo lunes por la tarde el otro, con dirección Buenos Aires. En ellos viajarán todas las revistas número cuatro del continente americano. Y estarán en destino a la vez, el día del Descubrimiento.</p><p><img class="fotoblog" src="http://farm6.staticflickr.com/5235/7063034321_5e694e01a3.jpg" /></p><p>Esto quiere decir que la preventa de revistas no tiene fecha de cierre esta vez, sino liquidación de stock. Cuando se acabe lo que haya en cada región, se cierra el formulario de compra para distribuidores de cada zona.</p><p>Para eso, habilitamos la opción de comprar ejemplares sueltos, pero solo para aquellos distribuidores que ya hayan comprado packs completos. De este modo podrán abastecer a los lectores de cada región. </p><p>Por supuesto, los mexicanos y los argentinos tendrán más suerte esta vez, porque los puertos quedan más cerca. Más o menos como ocurría hace dos siglos, cuando llegaban los libros por barco desde Europa y los lectores se acercaban al puerto a preguntarle a los marineros: «¡Ey! ¿Ha muerto Estela?». </p><p>Yo viajaré a Buenos Aires en avión, para la presentación del bar y la última revista del año. Pero sobre todo porque quiero ser uno de esos lectores del siglo diecinueve. El próximo doce de octubre, bien temprano y bien peinado, estaré en el puerto de Buenos Aires, ansioso, divisando la llegada de los buques de carga, mirando las banderitas, hasta que por fin aparezca el barco que trae, desde Europa, las últimas revistas Orsai.</p><p>Inocencia primero; y después, descubrimiento.</p>
				</div>
				]]>
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			<pubDate>Wed, 21 Sep 2011 17:00:49 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Signos de admiración</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/signos_de_admiracion</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Cuando hace un año fantaseábamos con invitar a artistas admirados, redactamos una lista de personas que nos hicieron la vida más intensa y mejor. La revista todavía no existía, pero ahí estaban esos tres apellidos. Crecimos con ellos desde la adolescencia. Nos reventaron la cabeza a fuerza de talento. Ahora los admiramos todavía más. </p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5343/7063015573_aedc0cedd1.jpg"></p>
					<p><div class="post_h2">I.</div><div class="post_h3">Luis Alberto, Ilustrador</div></p><p>De Spinetta creíamos saberlo todo. Con Chiri escuchamos sus discos desde la infancia. Lo que no sabíamos (y no teníamos por qué saber) es que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Alberto_Spinetta" target="_blank">Spinetta</a> dibuja en sus ratos libres. Nos contó esto un amigo en común, hace un par de meses: «El Flaco hace unas esferas alucinantes con Photoshop», nos dijo, y desde ese mismo minuto quisimos tener esas esferas en Orsai.</p><p>Una tarde de algunos días después nos llegaron dos regalos desde Buenos Aires: Spinetta nos mandaba sus ilustraciones inéditas y una caja con su obra más ambiciosa: <em><a href="http://www.spinettaylasbandaseternas.com/" target="_blank">Spinetta y las bandas eternas</a></em>, un pack de libros fotográficos, DVDs y CDs con su concierto de 2009. Oír otra vez su música, mirando a la vez sus dibujos, fue para nosotros un viaje increíble.</p><p>En el número cuatro de Orsai se dará, por primera vez, un encuentro monumental: un cuento inédito del enorme escritor mexicano <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Bellatin" target="_blank">Mario Bellatin</a>, ilustrado por uno de los músicos fundamentales de Argentina. El cuento de Bellatin (exclusivo para Orsai) son en realidad treinta y tres escenas oníricas, autoconclusivas, de una prosa exquisita. Como dice el copete de la apertura, «no es bueno ilustrar los sueños: mejor musicalizarlos». Esas doce páginas son de las más hermosas de todos los números de Orsai.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5280/7063015637_e74762e070.jpg"></p><p><div class="post_h2">II.</div><div class="post_h3">Leo, Narrador</div></p><p>A <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Leo_Maslíah" target="_blank">Leo Maslíah</a> siempre lo tuvimos en nuestra libreta de «admirados», porque escuchar sus canciones raras es uno de esos placeres rioplatenses que uno tiene desde el principio de los tiempos. La capacidad literaria de Leo para la rima verborrágica es, posiblemente, única en el mundo, y su humor, además de inteligente y absurdo, tiene la frescura justa. </p><p>Pero, por alguna razón (quizá el bigote tupido), nos parecía que Leo era una figurita difícil, y nunca nos habíamos atrevido a invitarlo. Hasta que una tarde dijimos «bueno, que sea lo que Dios quiera» y nos dispusimos a conseguir un contacto. Yo pensé: «¿Qué uruguayo conocido nos puede dar su teléfono, o su mail, para empezar una conversación?». Por supuesto, enseguida pensé en nuestra amiga, la cantante uruguaya <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Laura_Canoura" target="_blank">Laura Canoura</a>. Le mandé un mail rápido, preguntándole si tenía algún dato de Maslíah. Me contestó a los pocos segundos: "Claro. Mi novio es su primo, ahora le digo que te llame". Un rato después teníamos su cuento inédito en la casilla de mail.</p><p>Y después me preguntan por qué quiero ser uruguayo. Entre otras muchas cosas, por estas anécdotas felices.</p><p>El cuento de Leo se llama «La Central» y está ilustrado por la española <a href="http://inavhera.blogspot.com/" target="_blank">Verónica Rubio Diarte</a>. ¡Pobre Verónica, tuvo que dibujar papanoeles, dinosaurios y asesinatos! Porque el cuento de Leo no es normal. Es como una canción de las suyas, pero en seis mil palabras. Un lujo.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5448/6916934784_2282d9fe6e.jpg"></p><p><div class="post_h2">III.</div><div class="post_h3">Miguel, Cuentista</div></p><p>Y quiero dejar para el final a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Rep" target="_blank">Miguel Rep</a>, para poder sacarme el sombrero a gusto. Nuestra admiración nace el mismo día que nació el diario <i>Página 12</i>: en mayo de 1987. En esa época Rep tenía veintiséis años y empezaba a hacer el chiste de contratapa. Nosotros teníamos diez años menos y hacíamos planes para estudiar periodismo en Buenos Aires.</p><p>Sus viñetas nos acompañaron siempre, hasta el día de hoy. Sin conocerlo en persona, lo quisimos desde el primer día y lo fuimos admirando cada vez más. Hace un par de meses supimos que Rep estaría en Madrid <a href="http://miguelrep.blogspot.com/2011/07/mural-del-quijote-en-alcala-de-henares.html" target="_blank">haciendo un mural</a> del Quijote. Averiguamos dónde se hospedaba y le enviamos los tres primeros números de Orsai. Solo eso, sin pedirle nada.</p><p>Una tarde me llegó un mail de Buenos Aires: «Llegué a Buenos Aires hace seis horas. Las leí en el avión. Es la mejor revista que leí en siglos. Posta. Impresionante». Nosotros no podíamos cerrar la boca por culpa del asombro y la alegría. Le gustaba lo que hacíamos: no hay premio mejor que ese. Y desde ahí empezamos a pensar la idea. Miguel quería escribir cinco anécdotas personales, y además dibujarlas. </p><p>Fue un proceso intenso. Rep escribió y dibujó durante un mes entero. Más de cuatro mil palabras de texto y catorce dibujos: una bestialidad. Cuenta cómo conoció a sus referentes: a Breccia, a Pratt y a Oesterheld. Cuenta también la tarde de sus diez años en que descubrió la literatura. Cuenta la mañana de 1983 en que nació la democracia en Argentina y él, junto a su hermano, se colaron en la casa de gobierno. Son dieciséis páginas que amamos, y que empiezan así:</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5458/7063015835_dafe3a34ee.jpg"></p><p>Para nosotros, Orsai son estos meses inolvidables de fascinación y sorpresa. La gente que más queremos, los que más admiramos siempre, trabajando con nosotros con energía y buen humor.</p><p>Cuando Miguel nos entregó el último de sus muchos dibujos, nos escribió un mail hermoso: «No lo puedo creer —nos dijo— ¡Catorce páginas! Nunca trabajé tanto, con tanta constancia y cumpliendo fechas. Estoy envejeciendo. Espero que les guste».</p><p>Quería empezar con ellos este goteo del número cuatro. Con ellos tres. Ahí están los admirados, los que nos enseñaron a querer lo que hacíamos desde hace millones de años. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Alberto_Spinetta" target="_blank">Luis Alberto Spinetta</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miguel_Rep" target="_blank">Miguel Rep</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Leo_Maslíah" target="_blank">Leo Maslíah</a>. </p><p>Tres signos de admiración en el último número de Orsai.</p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 18:19:39 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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		<item>
			<title>Un año después</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/un_ano_despues</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Parece que haya pasado mucho tiempo, pero fue hace solamente un año cuando renuncié a mis trabajos en la prensa, y a las editoriales donde publicaba, para dedicarme al proyecto Orsai. Era septiembre como ahora, el mismo clima. Nos pasábamos las noches conversando en el patio, con Chiri, sobre cómo hacer una revista imposible. Fantaseamos mucho en esas sobremesas. Pero ni por casualidad se nos ocurrió fantasear con lo que iba a ocurrir.</p>
					<p>Aquellas eran —vistas con los ojos de hoy— ilusiones de poca monta. Soñábamos con dos o tres mil lectores, con poder llegar al final del proyecto, con que algunos autores admirados nos dijeran que sí. Pero no fantaseábamos con tener tan pronto una editorial propia. No soñábamos con una pizzería en Sant Celoni. Ni con un bar en Buenos Aires. No fantaseábamos con aparecer en los suplementos culturales de los periódicos. </p><p>Digo esto porque esta semana mandamos a imprenta la <em>Cajita De Luxe</em>. Y ahí fue cuando tomamos conciencia del trabajo del año. Se nos ocurrió imprimir, en la caja, las fotos de todos los escritores, periodistas, ilustradores y fotógrafos que invitamos a participar en los cuatro números. Y fue increíble verlos a todos juntos. Son exactamente cien. Cien artistas de trece países. Nosotros, hace un año, no fuimos capaces de soñar tanto.</p><p><img class="fotoblog" src="http://farm6.staticflickr.com/5450/6916924236_b4a5ea54e8.jpg"></p><p>Es muy fuerte, para nosotros, ver esta caja. Representa el símbolo de que lo logramos, de que la sobremesa trasnochada de hace un año llegó a buen puerto. Estamos muy ansiosos por ver la última revista, la número cuatro, para juntarla con sus tres hermanas anteriores y meter las cuatro en la cajita. Serán 844 páginas. Serán más de tres kilos y medio de literatura y periodismo. Y serán, sobre todo, el archivo en papel de un año maravilloso. Todo eso nos provoca la cajita.</p><p>Caramba. Ahora descubro que, al mostrarles el diseño de la <em>Cajita De Luxe</em>, les estoy mostrando también (sin querer queriendo) un poco de la portada del número cuatro. Pero ya es tiempo de goteo, así que no importa.</p><p>La portada del N4 lleva la firma de <a href="http://www.maxaguirre.com.ar/">Max Aguirre</a> y, como siempre, está basada en un cuento mío. En este caso es <a href="http://orsai.bitacoras.com/2007/04/canelones.php">Canelones</a>. Les dejo, a modo de primer goteo oficial, las dos primeras páginas.</p><p><img src="http://farm8.staticflickr.com/7201/6916919284_60f8ca5791.jpg"></p><p>Y para terminar, voy a dejarles una ampliación de la contraportada de la Caja de Luxe donde aparecen los cien autores de los cuatro números. Allí están, mezclados y revueltos, los artistas invitados del próximo número de Orsai.</p><p>¿A ver a cuántos descubren?</p><p><img class="fotoblog" src="http://farm8.staticflickr.com/7081/7063000377_a53c5ab4f8.jpg"></p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 08 Sep 2011 18:20:10 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Verde, naranja y azul</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/verde_naranja_y_azul</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>El primer número de Orsai tuvo 206 mil descargas en pdf. El segundo, 320 mil. Debe ser por eso que recibo tantos correos de lectores que preguntan cuándo estará el pdf gratuito de la tercera edición. En general cuelgo la revista completa unos días después de la salida a la venta, pero esta vez tuvimos tantos problemas de logística con la edición en papel que me pareció fuera de lugar que existiera una versión gratuita mientras los que han pagado no tenían aún la suya en las manos.</p>
					<p>Ahora, según me dicen, el noventa por ciento de las entregas están hechas. Siento un alivio triste. El diez por ciento restante de las revistas está ya en los países de destino y saliendo de las aduanas. Con viento a favor, llegarán a los lectores entre mañana viernes y el próximo lunes. Esta vez tuvimos tremendos problemas aduaneros en Uruguay, México, Guatemala, República Dominicana y Chile.</p><p>Cruzo los dedos para que estos lectores, que todavía no tienen la revista,  entiendan la necesidad de que hoy cuelgue el pdf gratuito (sobre todo espero que mi amigo guatemalteco José Joaquín no quiera venir a Barcelona a pegarme con un palo).</p><p>Con ustedes, el número tres de Orsai, gratis para todo el mundo. Y abajo, los dos anteriores. Cada uno con su color de origen.</p><p><a href="http://issuu.com/revista_orsai/docs/orsai_n1" target="_blank"><img src="http://farm6.staticflickr.com/5272/7062553925_70a5539589.jpg" border="0"></a></p><p><a href="http://issuu.com/revista_orsai/docs/orsai_n2" target="_blank"><img src="http://farm8.staticflickr.com/7244/6916471556_44f4fe36f6.jpg" border="0"></a></p><p><a href="http://issuu.com/revista_orsai/docs/orsai_n3" target="_blank"><img src="http://farm8.staticflickr.com/7100/7062554349_b369a41da1.jpg" border="0"></a></p><p>Que los disfruten.</p>
				</div>
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			<pubDate>Thu, 18 Aug 2011 21:50:58 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Libro nuevo</title>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Hoy empieza formalmente la cuenta atrás para muchas cosas, y el sábado quince de octubre será la fecha señalada. Esa noche de primavera porteña, si los vientos soplan a favor, habrá un bar en Buenos Aires llamado <i>Orsai</i> y nosotros estaremos allí presentando el último número de la revista (el N4). También daremos a conocer el nuevo proyecto editorial para 2012 (cruzamos los dedos para que todo salga bien) y yo presentaré algo más que me venía guardando, y que ya es hora de comentar.</p>
					<p>El año pasado, cuando le dije <a href="renuncio" target="_blank">buenas noches</a> a las editoriales que publicaban mis libros, el salto al vacío fue grande. Si bien estaba la fantasía de una publicación trimestral con muchos autores, en ese momento yo no tenía ningún sitio para publicar en solitario; pero en el fondo deseaba que todo fuera bien con la revista y que, con el tiempo, pudiera autoeditarme.</p><p>Después pasaron cosas que ustedes ya conocen. Es más: que ustedes propiciaron e hicieron realidad. La revista se puso en marcha, conocimos a Horacio Altuna, preparamos con él el primer volumen de la <i>Editorial Orsai</i> y, la semana pasada, el <a href="adios_industria_editorial" target="_blank">libro de Horacio</a> se agotó. (Estamos preparando la segunda edición.)</p><p>Las cosas ocurrieron a una velocidad muy diferente a como estaban previstas, e incluso más rápido que cualquier fantasía anterior. Desde 2007 yo publicaba con Mondadori un libro por año, siempre en octubre. «Más respeto que soy tu madre», en octubre de 2007. «España decí alpiste», en octubre de 2008. «El pibe que arruinaba las fotos», en octubre de 2009. Y «El nuevo paraíso de los tontos», en octubre de 2010.</p><p>¿Cómo iba a sospechar que, menos de un año después de mi renuncia, ya contaría con una editorial para no perder el ritmo de publicación? No. No estaba en mis planes inmediatos. Pero de algún modo ocurrió.</p><p><div class="post_h3">El nuevo libro</div></p><p>Mi próximo libro ya está en etapa de corrección y tiene nombre. Se llama «Charlas con mi hemisferio derecho» y saldrá, como sus hermanos anteriores, en octubre de 2011. Pero ya no será un volumen de Mondadori, ni de Sudamericana, ni de Grijalbo. Será el primer libro de la <i>Colección Narrativa</i> de la Editorial Orsai. </p><p>Las diferencias son bastantes. Para empezar, no tendrá el símbolo de copyright por ninguna parte; estará en países que las empresas multinacionales no abarcan; no recibiré mails de lectores diciendo «no lo encuentro por ningún sitio»; nunca nadie le hará una portada infame sin consultarme primero; jamás intentarán cambiarle al texto la jerga original por otros regionalismos; las liquidaciones no serán semestrales ni por montos que no podré confirmar nunca; jamás estará en la sección «Autoayuda» de ningún supermercado... </p><p>Podría seguir hasta que me canse, pero lo dejo acá.</p><p>Mi nuevo libro, al igual que el próximo número de la revista, está en preventa desde hoy en la web (para distribuidores) y en la Tienda Orsai (para los lectores que quieran comprarlo). No hablaré hoy sobre la temática del libro porque tengo otras cosas para presentar y no quiero hacer este texto demasiado largo.</p><p><img src="http://farm6.staticflickr.com/5232/6916892524_d7d18e2362_z.jpg" class="fotoblog"></p><p><div class="post_h3">Novedades</div></p><p>Desde octubre, además de la Orsai N4 y el libro «Charlas con mi hemisferio derecho», se entregará también una edición limitada de <i>Orsai 2011 De Luxe</i>: las cuatro ediciones juntas, en una simpática cajita firmada por Chiri y por mí. Serán pocos estos packs de lujo, porque usaremos para completarlos las N1 que nos quedaron en la pizzería (sigue en pie la promesa de no reimprimir nunca el N1). El que quiera este pack de cuatro, lujoso y en extinción, que se lo pida a su distribuidor. El precio no varía.</p><p>Y la última novedad del día: desde la semana que viene les iré contando cómo crece, de a poco, el Bar Orsai en Buenos Aires. Comequechu y Tonga tienen ganas de poner una webcam permanente para que yo pueda verlos pintar, poner muebles, colocar luces y hacer el casting de las camareras. Yo, que no soy egoísta, prefiero que la webcam esté abierta para todos.</p><p>Siempre quise saber cómo se arma un bar en directo.</p>
				</div>
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			<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 12:50:32 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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		<item>
			<title>Cenizas</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/cenizas</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Como algunos de ustedes saben, y padecen, la ceniza volcánica nos cagó buena parte de la logística de Orsai N3 y los libros de Horacio Altuna en Latinoamérica. Los paquetes, que debían empezar a distribuirse el 9 de julio, comenzaron a salir recién el viernes y todavía se están enviando. Este texto es, más que nada, para tranquilizar a los lectores y responder algunas consultas.</p>
					<p>Los libros de Horacio se imprimieron en Barcelona, y fueron enviados a Buenos Aires por avión. Los enviamos a tiempo, pero el volcán de la Patagonia bufó un rato y los vuelos se demoraron casi ocho días. La aduana se colapsó y tardamos mucho en sacarlos.</p><p>Por tanto, los lectores que pidieron paquetes de revistas y libros han tenido que esperar más tiempo del habitual. Es por eso, por ejemplo, que algunos de ustedes recibieron ya las revistas pero no los libros, y otros todavía están esperando ambos envíos.</p><p>Estamos trabajando a contrarreloj para que esta semana estén todos los paquetes ubicados. Hasta el momento llevamos un 80% de los pedidos realizados, pero hay zonas de América donde el retraso es mayor.</p><p>A raíz de este contratiempo, decidí no publicar el PDF gratuito de la revista hasta saber que todos los lectores de papel tienen el ejemplar en sus manos. Del mismo modo, cerré estos días los comentarios a Orsai N3, y esta mañana volví a ponerlos online, porque ya hay lectores deseosos de dejar su impresión de cada texto.</p><p>Las ediciones digitales del nuevo número de Orsai ya están a la venta, tanto la <a href="http://itunes.apple.com/us/app/orsai/id415336817?mt=8">versión para iPads</a> como para teléfonos y eBooks (<a href="http://www.amazon.com/Revista-Orsai-2011-Spanish-ebook/dp/B005CQ0JWQ/ref=pd_sim_kinc_2?ie=UTF8&m=A317O7WZ1CN6AQ">Kindle</a>); según me dicen, se está vendiendo cada vez mejor. En España y Europa (donde por suerte no ha explotado ningún volcán), la distribución en papel no ha tenido inconvenientes y ya todos tienen su ejemplar en casa.</p><p>Y por supuesto, las revistas siguen en venta directa desde aquí.</p><p>Según nuestras previsiones, de aquí al viernes todos podrán oler la Orsai número tres. Por eso ya pusimos online el Fotomatón, para que nos certifiquen la llegada con una foto, que aparecerá en las páginas 2 y 211 del próximo número. Los que ya tengan la revista en sus manos pueden hacerlo desde la web.</p><p>A propósito de las próximas ediciones de Orsai (ya estamos trabajando en la N4), tengo ciertas grandes novedades para contar, pero me morderé la lengua unos días más, así puedo volver a la rutina de dar buenas noticias los jueves.</p><p>¿Que Orsai se acaba para siempre en el número cuatro? ¿Que los intermediarios han ganado la partida? ¿Que no se pueden hacer las cosas de otra forma?</p><p>El jueves, las respuestas.</p>
				</div>
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			<pubDate>Tue, 26 Jul 2011 16:31:47 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
		</item>
		<item>
			<title>Tres tristes tweets</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/tres_tristes_tweets</link>
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				<![CDATA[
				<div style="text-align:left; clear:both; width:98%; overflow:auto; padding:5px;">
					<p>Ayer alguien, en una radio, me preguntaba por qué <a href="http://twitter.com/casciari" target="_blank">mi cuenta</a> de Twitter solamente tiene "tres números misteriosos". Yo le expliqué que no son misteriosos en absoluto: son los títulos de los editoriales de la revista (hago un tweet cada vez que escribo uno). El periodista me preguntó, curioso, dónde podía leer esos editoriales, y yo entonces descubrí que nunca los había publicado en texto plano. Así que lo hago ahora, veloces como tres tweets.</p>
					<p><div class="post_h2">10.080</div><div class="post_h3">Editorial del N1</div></p><p>Ya nadie necesita una revista de papel. Hay Internet y hay Youtube; además los libros no se venden y las revistas literarias no son rentables. Pero acá tenés una y está en tus manos. Mirala bien: es un objeto de papel encuadernado, tiene un lomo y pesa un poco más de medio kilo. Te costó quince periódicos del sábado. Ahora el objeto es tuyo. Lo compraste sin saber qué habría dentro. Lo compraste sin necesidad, porque sabías que hay un PDF gratis dando vueltas por la Red.</p><p>En el fondo, y con la mano en el corazón, no tiene sentido que hayas comprado esta revista. Pero ya que hiciste el esfuerzo, que te sirva para algo: acercá la nariz y pasá el pulgar por sus páginas. Si el aire te devuelve un olor, mezcla de celulosa y de tinta, prestá atención a ese olor. La primera o segunda vez que huelas la revista no vas a sentir nada, ninguna emoción.</p><p>No te preocupes, dejá que pase un tiempo. En tres, en cinco, en diez años, el aroma será más concentrado y reconocible. Este olor, que ahora no te dice nada, un día te va a hacer acordar la cara del tipo al que se la compraste, lo contentos que estaban los dos cuando llegó el pack y lo que te pasó por la cabeza cuando la tuviste en las manos. Ese olor te recordará este tiempo.</p><p>Es muy improbable que te hayas topado con la revista en un kiosco, o que la hayas comprado por impulso en un Carrefour, o que hayas sabido de ella por una publicidad. Tu relación con esta revista es íntima. Se imprimieron diez mil ochenta ejemplares en el mundo, y uno era tuyo. El olor te hará acordar de una tarde en la que le diste plata a un desconocido, confiando a ciegas, y que te gustó.</p><p>Hay una historia entre el objeto y vos. Una historia que ahora conocés al detalle, pero que un día será este olor. Esto no es nuevo ni está pasando por primera vez. Tus abuelos olían sus libros y sus revistas antes de leerlos; era lo primero que hacían cuando un objeto encuadernado llegaba a sus casas. Hace muchos años, cuando no había Internet ni bombardeos de publicidad, cuando no existía el intermediario de la industria del ocio, los objetos de papel se esperaban con ganas. Se esperaban en serio. Y los lectores buscaban el olor, primero que nada, porque en el aroma de las cosas que se desean estará, más tarde, el ADN de una sensación placentera.</p><p>Ojalá que cuando pase el tiempo y huelas estas páginas —que estarán ajadas y viejas— el olor te recuerde que había una cierta honestidad en el aire, y que se podía soñar con una revista. Que te recuerde una época, muy intensa y rara, en la que diez mil ochenta lectores y veinticuatro autores se comunicaron con alegría. Sin nadie en el medio.</p><p><div class="post_h2">40</div><div class="post_h3">Editorial del N2</div></p><p>No elegí por casualidad esta hora de la noche, ni este día, para escribir el editorial. Fue a propósito: es medianoche en Buenos Aires (y las cuatro de la madrugada aquí en Barcelona) del 16 de marzo de 2011. En este preciso momento cumplo cuarenta años.</p><p>Pienso, sin opción a pensar en otra cosa, que todas mis primeras versiones (el gordito de diez años, el pajarón de veinte, el inmigrante de treinta) soñaron con que la madurez llegara de este modo: en medio de un proyecto loco y bueno, en el que estén los viejos amigos.</p><p>Me acuerdo de muy antiguas charlas con Chiri en las que fantaseábamos con los cuarenta. ¿Nos dejaría la vida hacer lo que se nos antojara? ¿Se podría seguir conversando de discos, de libros, de películas, cuando llegara por fin la madurez? ¿Nos estaría permitido divagar abajo de una parra, o disfrutar con ideas trasnochadas, cuando viniera el tren bala de los hijos y las deudas?</p><p>La amistad masculina es una larguísima sobremesa que solamente se desactiva cuando hay fútbol. Nosotros, en esa charla interminable, siempre usamos el comodín de "los cuarenta" como metáfora de peaje. Los cuarenta siempre fueron la edad crítica, la gran muralla, el límite. Si a esa edad algo se ha roto, decíamos, se habrá roto para siempre. Pero acá estamos: nada se quebró.</p><p>Hace un par de meses, cuando nos sentamos a fantasear los contenidos de este número de Orsai, nos resultó muy extraño que una idea tan absurda, tan poco seria, tan frágil y adolescente, haya tenido tantos y tan alegres lectores en todas partes. A mí, y eso que soy optimista, me parece una bendición que Orsai tenga un número dos.</p><p>Quizá sea por eso que toda esta edición de la revista, sus 212 páginas, hablan de segundas veces, de nuevas oportunidades. Nietos que acaban el trabajo inconcluso de sus abuelos, ídolos del rock que se caen y se levantan, viejos amigos que van en busca de flamantes carnavales, presos que se convierten en presidentes, guerras que buscan nuevos tiempos, ciudades que duran una semana y resurgen. Todas son revanchas.</p><p>En un viejo cuento que escribí hace mucho (y que ahora es la historieta y la portada de esta edición) conté que en 1995 estuve a punto de matar a mi sobrina haciendo marcha atrás con el auto. De haberlo hecho, me habría escondido en Finlandia, ya no habría podido escribir, ni estar nunca más con la gente querida.</p><p>Bienvenidos entonces los cuarenta. Y las canas en la barba. Y los miedos nuevos. Bienvenida esta crisis que siempre quise vislumbrar sin amargura y que llegó esta noche, por fin, trayendo revanchas dulces y el segundo número de Orsai.</p><p><div class="post_h2">3</div><div class="post_h3">Editorial del N4</div></p><p>Cuando hay cuatro oportunidades, la tercera es siempre la más relajada y melancólica. ¿Cuatro días en la playa? Solo se disfruta el tercero. El primero es llegar, el segundo instalarse y el cuarto volver. Únicamente el tercer día nos sentimos cómodos, nos metemos al agua sin pensar en nada y ganamos en el casino. Un matrimonio tiene cuatro hijos: el tercero es el que logra hacer lo que se le antoja; los demás cargan con sus traumas.</p><p>Dice la experiencia que la primera ocasión es inexperta, la segunda es caos y la cuarta es definitiva y, por tanto, crucial. En cambio la tercera oportunidad es la más rica en distensión, la menos controlada. Digo esto porque la edición que ustedes tienen en sus manos es la tercera revista Orsai. La tres de cuatro. La penúltima.</p><p>Y durante su concepción nos pasó lo que indica el tópico: por una parte notamos que ya aprendimos a hacerla, y por otra parte sabemos que estamos llegando al final. Serenidad y melancolía. Así estuvimos estos dos meses, entre la educación y lo efímero. Y por eso los textos de este número transitan ambos caminos. Nos dio por conversar sobre la enseñanza, los cambios, la vejez y la muerte.</p><p>Nos pareció muy conveniente enfocar los sucesos que están ocurriendo en España (y en otros países europeos) al cierre de esta edición. Escribo estas líneas el 19 de junio de 2011, domingo; miles y miles de jóvenes han tomado las calles para pedir la muerte de una democracia caduca y el inicio de una revolución limpia, en donde cada cual haga lo que mejor sabe hacer, sin molestar a nadie.</p><p>En este número, un profesor universitario intenta explicar por qué se suicidan sus alumnos y, en la búsqueda, siente deseos suicidas. Una periodista encuentra, en su interior, la fuerza necesaria para asumirse efímera. Un titiritero cuenta nueve historias de su vejez optimista. Un humorista italiano explica la dignidad democrática de los campos de exterminio. Un profesor de química descubre que tiene cáncer y, recién entonces, se decide a vivir una aventura. Una escritora desempleada, durante un viaje en tren, imagina la saga de siete libros que la convertirán en un clásico. Un grupo de músicos, sin estar de acuerdo, le pone ritmo a una época. Un joven lector de blogonovelas muere de un ataque al corazón para que el autor escriba su historia. Un dibujante se sienta cada mañana e ilustra la política de un país envuelto en el caos.</p><p>Y detrás de esas historias, unos cuarentones sueñan con una revista, aprenden a hacerla, se relajan, y descubren que están llegando al final. Mientras componíamos esta edición, la número tres, mucha gente en las calles pedía, con las manos en alto, que de una vez por todas cada quien haga lo que más le gusta y lo que mejor sabe hacer.</p><p>Nosotros sabemos hacer esto, ojalá lo disfruten.</p>
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			<pubDate>Mon, 18 Jul 2011 14:06:17 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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			<title>Una semana de retraso</title>
			<link>http://editorialorsai.com/blog/post/una_semana_de_retraso</link>
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					<p>El número tres de Orsai se hará desear siete días más. Teníamos pensado empezar con la distribución el sábado 9 de julio, pero tuvimos algunos problemas con la logística y los lectores deberán hacer acopio de paciencia, por lo que les pido muchas disculpas anticipadas. La distribución del N3 y el libro de Horacio Altuna empezará con siete días de retraso, es decir, el 16 de julio. Por favor, no atosiguen a sus distribuidores, que no tienen la culpa de nada.</p>
					<p>La venta de la versión digital, en cambio ya está en marcha. El número tres ya está disponible para <a href="http://itunes.apple.com/us/app/orsai/id415336817?mt=8">iPads</a> y esta semana también verá la luz la versión para Kindle.</p><p>A raíz de este retraso en la edición en papel, la versión gratuita en PDF también se retrasará unos días y estará online el 1 de agosto.</p><p>Mientras tanto, ya se pueden ver todas las temáticas de la revista en la sección Número Tres, en donde los lectores que vayan recibiendo los ejemplares ya pueden dejar comentarios.</p><p>Desde esta web se pueden seguir haciendo pedidos de packs para distribuidores, tripacks y ejemplares únicos. Todos los pedidos que se hagan esta semana entrarán en la primera entrega de la semana próxima, y sigue abierto el descuento del 30% para distribuidores.</p><p>Los nuevos lectores pueden revisar el listado de sitios que tienen en venta la revista, desde aquí.</p><p>Los distribuidores que tengan dudas, o quieran dejar sus quejas y pataleos por este retraso, pueden hacerlo aquí mismo en los comentarios; intentaré calmarlos uno a uno con palabras dulces, mimos y cuentos.</p>
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			<pubDate>Tue, 12 Jul 2011 17:08:55 +0200</pubDate>
			<author>Hernan Casciari</author>
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