<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2spanishfull.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:creativeCommons="http://backend.userland.com/creativeCommonsRssModule" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0"><channel><title>Palabra Abierta</title><link>http://hispanicla.com/palabra</link><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/PalabraAbierta" /><description>Suplemento cultural de Hispanic LA / Editor: Manuel Gayol Mecías; Director: Gabriel Lerner</description><language>en</language><lastBuildDate>Thu, 02 Sep 2010 23:34:56 PDT</lastBuildDate><generator>http://wordpress.org/?v=3.0.1</generator><sy:updatePeriod xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/">hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/">1</sy:updateFrequency><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/PalabraAbierta" /><feedburner:info uri="palabraabierta" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/</creativeCommons:license><feedburner:emailServiceId>PalabraAbierta</feedburner:emailServiceId><feedburner:feedburnerHostname>http://feedburner.google.com</feedburner:feedburnerHostname><feedburner:feedFlare href="http://add.my.yahoo.com/content?lg=es&amp;url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://eur.i1.yimg.com/eur.yimg.com/i/es/my/addto1.gif">Subscribe with My Yahoo!</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.feedness.com/alta/http://feeds.feedburner.com/PalabraAbierta" src="http://www.feedness.com/ayuda/wp-content/square_b_sh_feed.gif">Subscribe with Feedness</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.newsgator.com/ngs/subscriber/subext.aspx?url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.newsgator.com/images/ngsub1.gif">Subscribe with NewsGator</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.bloglines.com/sub/http://feeds.feedburner.com/PalabraAbierta" src="http://www.bloglines.com/images/sub_modern11.gif">Subscribe with Bloglines</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.netvibes.com/subscribe.php?url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.netvibes.com/img/add2netvibes.gif">Subscribe with Netvibes</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://fusion.google.com/add?feedurl=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://buttons.googlesyndication.com/fusion/add.gif">Subscribe with Google</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.pageflakes.com/subscribe.aspx?url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.pageflakes.com/ImageFile.ashx?instanceId=Static_4&amp;fileName=ATP_blu_91x17.gif">Subscribe with Pageflakes</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.plusmo.com/add?url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://plusmo.com/res/graphics/fbplusmo.gif">Subscribe with Plusmo</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.thefreedictionary.com/_/hp/AddRSS.aspx?http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://img.tfd.com/hp/addToTheFreeDictionary.gif">Subscribe with The Free Dictionary</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.bitty.com/manual/?contenttype=rssfeed&amp;contentvalue=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.bitty.com/img/bittychicklet_91x17.gif">Subscribe with Bitty Browser</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.live.com/?add=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://tkfiles.storage.msn.com/x1piYkpqHC_35nIp1gLE68-wvzLZO8iXl_JMledmJQXP-XTBOLfmQv4zhj4MhcWEJh_GtoBIiAl1Mjh-ndp9k47If7hTaFno0mxW9_i3p_5qQw">Subscribe with Live.com</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://mix.excite.eu/add?feedurl=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://image.excite.co.uk/mix/addtomix.gif">Subscribe with Excite MIX</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.webwag.com/wwgthis.php?url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.webwag.com/images/wwgthis.gif">Subscribe with Webwag</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.podcastready.com/oneclick_bookmark.php?url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.podcastready.com/images/podcastready_button.gif">Subscribe with Podcast Ready</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.wikio.com/subscribe?url=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.wikio.com/shared/img/add2wikio.gif">Subscribe with Wikio</feedburner:feedFlare><feedburner:feedFlare href="http://www.dailyrotation.com/index.php?feed=http%3A%2F%2Ffeeds.feedburner.com%2FPalabraAbierta" src="http://www.dailyrotation.com/rss-dr2.gif">Subscribe with Daily Rotation</feedburner:feedFlare><item><title>Editorial: La inmensidad del ensueño</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/81syp6Pol20/editorial-la-inmensidad-del-ensueno-7748</link><category>Editorial</category><category>boreal</category><category>crepuscular</category><category>experiencia</category><category>ideas</category><category>imaginante</category><category>imaginario</category><category>inmensidad</category><category>intuitivo</category><category>luz</category><category>Manuel Gayol</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Manuel Gayol Mecías</dc:creator><pubDate>Thu, 02 Sep 2010 23:28:34 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7748</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p style="text-align: center;"><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Bosch.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7954" title="Bosch" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Bosch.jpg" alt="" width="537" height="608" /></a></p>
	<p style="text-align: right;"><em>La inmensidad está en nosotros. Está adherida a una especie de expansión de ser que la vida reprime, que la prudencia detiene, pero que continúa en la soledad. En cuanto estamos inmóviles, estamos en otra parte; soñamos en un mundo inmenso&#8230;</em></p>
	<p style="text-align: right;">Gastón Bachelard: &#8220;La inmensidad íntima&#8221;*</p>
	<p>La literatura, tanto para el creador como para el lector, es un poder imaginante de primera magnitud, que hace de la experiencia vivida un camino de transformación en la inmensidad del ensueño, como podría decir Bachelard si hurgáramos en las esencias de su libro <em>La poética del espacio.</em></p>
	<p>Las experiencias del mundo exterior no pueden evitar convertirse en un movimiento fugaz de imágenes que es necesario atrapar en el espacio infinito de nuestras mentes. En el intento por atrapar las imágenes surge, por tanto, el ensueño que se abre como universo, y hasta más: como infinitas dimensiones de mundos paralelos. Así, el ensueño es espacio y movimiento invisible en la posibilidad rotunda de alcanzar lo imaginable magnificente… Y entonces… ¿qué puede ser lo imaginable?</p>
	<p>Lo imaginable empieza siendo una paradoja en cuanto a que tiene que ver con la necesaria tranquilidad de la soledad creadora, aparente inmovilidad de lo corpóreo, puesto que el autor debe suponer un cierto estado de reposo para crear, pero no así en su mente que se encuentra en ebullición por la incentivación que recibe de su propio mundo exterior y la sorpresiva vivencia de lo que se anida en su intimidad: ese vibrante mundo de las imágenes. Esta paradoja, de ser y no ser; o más bien, de ser uno y ser otro al mismo tiempo, es la primera potencialidad de la literatura.</p>
	<p>Un segundo nivel nos lo plantearía el hecho de cómo penetrar la inmensidad; de cómo empezar a dirigir nuestros pasos intuitivos<strong> </strong>en medio de una infinitud gloriosa de universos imaginarios; problema que se resuelve por sí mismo cuando de repente, vestido de luz, alguien o algo distante, desconocido, nos responde con sus imágenes inesperadas. Y es esa suerte de respuesta, aún incognoscible, la que nos abre el camino de las ideas, de las historias, de los ensueños.</p>
	<p>De este modo se presiente que es el ser-otro quien nos responde, a modo de un torbellino de sorpresas, de mitos entrelazados en imágenes profundas que surgen por sus propias fuerzas remotas. Es el caos de pasadas imágenes organizándose por ellas mismas para revelar el discurso ficcional de un nuevo hecho creativo. Ello se constituye en un sistema surrealista, imaginario, de cómo crear un tema que viene a ser propuesto mediante palabras y conceptos dirigidos desde el ámbito exterior. Es como si empezáramos recurriendo al recurso práctico de un <em>“brain storm”, </em>de una asociación de ideas que en realidad no es otra cosa sino la señal, el guiño, que le hacemos al ser-otro para que nos despierte una historia, o un poema, que ya está dado en el mundo invisible de la literatura y que por la imaginación y el símbolo gráfico se hace visible ante nuestros ojos.</p>
	<p>El nuevo nivel es cuando dejamos que el ensueño (la historia, el poema, la creación) se haga y re-haga por sí misma; cobre vida independientemente de nuestros intereses como autor (o incluso hasta como lector). Al decir de Bachelard: cada poeta, cada creador tiene su propio bosque, y ese bosque en su inmensidad responde con un espontáneo acierto de gratitud cuando se le deja ir en su fluida movilidad de ser-otro. El bosque es lo profundo de nosotros, y en todos es diferente porque pertenece al multiverso íntimo de la primera creación. Los mitos y el mito colectivo unificados por la energía de la imaginación, por ese ámbar de la Imago que es la fuerza primordial de lo creativo.</p>
	<p>El mundo físico, por tanto, se encuentra opuesto armónicamente al mundo imaginario. Ambos en un equilibrio de realidad cuántica, en la que lo onírico y lo experiencial se funden, digamos, realidad contrastante e intuitiva de lo corpóreo y lo imaginario que nos hace surgir, como por encanto, una y otra idea, uno y otro párrafo, en una sucesión que podría seguir infinitamente, pero que por la necesidad del límite (implícito en este mundo físico), el ser-otro hace complicidad con el ser humano y busca un final, que en esencia no es tal, sino una tregua para con el lector y establecer un nuevo comienzo. De esta manera, nos aclaramos que los libros, las historias, son todos los libros, todas las historias; o viceversa, en otras palabras, los libros son un solo libro, una sola historia, el único gran acontecimiento que se llama vida-ensueño**.</p>
	<p>Todo lo planteado vislumbra la inmensidad de la imaginación, esa insospechada zona sin fin que llevamos dentro y que nos permite las mayores aventuras, incluso la fascinación del horror, de la locura y de lo extraño; el ensueño imaginante donde el espacio inconmensurable es la prolongación íntima de nosotros, y el tiempo corporal y el tempo poético y narrativo se contraponen y deshacen dando lugar, a veces, a lo insólito, al torbellino de lo inexplicable que más que hacernos entender nos hace sentir.</p>
	<p>Es la fuerza de la inmensidad en su puro devenir espacial, que por su infinitud toma vida excelsa por sí misma, aceleración de luz en personajes y situaciones, en metáforas e imágenes que en su conjunto se identifican con su autor, cuando éste es el <em>nosotros de la creación.</em> En fin, es lo que <em>Palabra Abierta</em> intenta en sus presentaciones: la concertación de un espacio inmenso, culturalmente imaginativo, en una sola obra de muchas que se ramifican en el universo virtual. Un viaje, un ir, hacia el destino de cada lector, para entrar en sus mundos boreales y crepusculares.</p>
	<p><em>Palabra Abierta</em> aspira así a lograr fuerzas de atracción, aun cuando corra el riesgo del rechazo, o de la selectividad, pero con la convicción de que intentamos dar la novedosa y profunda belleza de la inmensidad del ensueño.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><em>*Gastón Bachelard: “La inmensidad íntima” [Capítulo VIII], en su libro </em><em>La poética del espacio, México, Fondo de Cultura Económica (Breviarios), 2005, pp. 220-249.</em></p>
	<p><em>**Recomiendo ir a </em><em>El Libro Total (<a href="http://www.ellibrototal.com/">www.ellibrototal.com</a>), página de la fundación homónima que hoy en día es ya un recurso fantástico en función de la investigación, la creación y la re-creación, así como de la consulta especializada. Este sitio </em><em>on line convierte en realidad el sueño de todo escritor y lector, de contar con un solo libro que contenga todos los libros, algo así como la Infinita Biblia de la Literatura.</em></p>
	<h1 style="text-align: center;">***</h1>
	<p><address><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/04/manuel-gayol-mecias.jpg"><img class="alignleft" title="Manuel Gayol Mecias" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/04/manuel-gayol-mecias.jpg" alt="" width="83" height="84" /></a><strong>Manuel Gayol Mecías</strong> es el editor de <em>Palabra Abierta.<br />
</em>Escritor y periodista cubano. Graduado de licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana en 1979. Fue investigador literario del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas (1979-1989). Posteriormente trabajó como especialista literario de la Casa de la Cultura de Plaza, en La Habana, y además fue miembro del Consejo de redacción de la revista <em>Vivarium,</em> auspiciado por el Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana. Ha publicado trabajos críticos, cuentos y poemas en diversas publicaciones periódicas de su país y del extranjero, y también ha obtenido varios premios literarios, entre ellos, el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) 1992. En el año 2004 ganó el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York, por &#8220;El otro sueño de Sísifo&#8221;.<br />
Trabajó como editor en la revista <em>Contacto,</em> en 1994 y 1995. Desde 1996 y hasta 2008 fue editor de estilo (Copy Editor), editor de cambios (Shift Editor) y coeditor en el periódico<em> La Opinión,</em> de Los Ángeles, California. Actualmente, reside en la ciudad de Corona, California. <strong>OBRAS PUBLICADAS:</strong> <em>Retablo de la fábula</em> (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 1989); <em>Valoración Múltiple sobre Andrés Bello</em> (Compilación, Editorial Casa de las Américas, 1989); <em>El jaguar es un sueño de ámbar</em> (Cuentos, Editorial del Centro Provincial del Libro de La Habana, 1990); <em>Retorno de la duda</em> (Poesía, Ediciones Vivarium, Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana, 1995).</address></p>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Manuel Gayol Mecías</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Editorial%3A+La+inmensidad+del+ensue%C3%B1o+http://xzo9n.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Editorial%3A+La+inmensidad+del+ensue%C3%B1o+http://xzo9n.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/73_tRqUwWF3xhfJBI9XT3ICYa_o/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/73_tRqUwWF3xhfJBI9XT3ICYa_o/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/73_tRqUwWF3xhfJBI9XT3ICYa_o/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/73_tRqUwWF3xhfJBI9XT3ICYa_o/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=81syp6Pol20:ggaqnats1Q8:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/81syp6Pol20" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Es la fuerza de la inmensidad en su puro devenir espacial, que por su infinitud toma vida excelsa por sí misma, aceleración de luz en personajes y situaciones, en metáforas e imágenes que en su conjunto se identifican con su autor, cuando éste es el nosotros de la creación. En fin, es lo que Palabra Abierta intenta en sus presentaciones: la concertación de un espacio inmenso, culturalmente imaginativo, en una sola obra de muchas que se ramifican en el universo virtual. Un viaje, un ir, hacia el destino de cada lector, para entrar en sus mundos boreales y crepusculares.</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/editorial-la-inmensidad-del-ensueno-7748/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/editorial-la-inmensidad-del-ensueno-7748</feedburner:origLink></item><item><title>El microrrelato: Ese arte pigmeo</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/InHe_zQSPpA/el-microrrelato-ese-arte-pigmeo-7721</link><category>Ensayo</category><category>articulismo</category><category>escritor</category><category>ficción</category><category>microrrelato</category><category>miniatura</category><category>minusculo</category><category>narrativa corta</category><category>Pedro de Miguel</category><category>relato</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Pedro de Miguel</dc:creator><pubDate>Thu, 02 Sep 2010 23:15:31 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7721</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Pluma.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7949" title="Pluma" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Pluma.jpg" alt="" width="400" height="296" /></a></p>
	<p>Microcuento, minicuento, cuento minúsculo, cuento en miniatura, incluso cuentículo&#8230; Existen demasiadas denominaciones para dar cuerpo al cuento brevísimo, entre las que parece imponerse la de &#8220;microrrelato&#8221;.</p>
	<p>Un fenómeno en absoluto nuevo en la literatura, que sin embargo parece ponerse de moda en el último medio siglo, de la mano de insignes cultivadores de la ficción hispanoamericana como Borges, Cortázar, García Márquez, Arreola, Denevi y Monterroso. Porque, aunque el microrrelato no es ajeno a todas las literaturas contemporáneas —basta recordar la extraña belleza de los cuentos breves de Kafka o el impagable humor de los de Slawomir Mrozek— parece haber irrumpido con mayor fuerza al otro lado del Atlántico, donde también se ha intentado dotarlo de base teórica y distinguirlo de especies afines. No faltan en nuestro país brillantes cultivadores del microrrelato, como Luis Mateo Díez, Max Aub o Antonio Pereira, y es raro el escritor que no haya perpetrado uno alguna vez.</p>
	<p>El microrrelato hunde sus raíces, como toda literatura, en la tradición oral, en forma de fábulas y apólogos, y va tomando cuerpo en la Edad Media a través de la literatura didáctica, que se sirve de leyendas, adivinanzas y parábolas. Algunos han visto el microrrelato como la versión en prosa del <em>haiku </em>oriental y otros lo han hecho derivar de la literatura lapidaria.</p>
	<p>Pero es en la época moderna, al nacer el cuento como género literario, cuando el microrrelato se populariza en la literatura en español gracias a la concurrencia de dos fenómenos de distinta índole: la explosión de las vanguardias con su renovación expresiva y la proliferación de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas culturales. Algunas de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna son verdaderos cuentos de apenas una línea, y también Rubén Darío y Vicente Huidobro publicaron minicuentos desde diversas estéticas. Junto a estos autores, la crítica señala también al mexicano Julio Torri y al argentino Leopoldo Lugones como decisivos precursores del actual microrrelato.</p>
	<p>En la segunda mitad del siglo XX el microrrelato llega a su madurez. Ya no se trata de un ejercicio de estilo, de una pirueta de agudeza o de un retazo más o menos misterioso de prosa poética. El microrrelato se presenta como una auténtica propuesta literaria, como el género idóneo para definir, parodiar o volver del revés la rapidez de los nuevos tiempos y la estética posmoderna. Algo que tiene que ver con Italo Calvino y sus &#8220;Seis propuestas para el próximo milenio&#8221;, con sus &#8220;hibridaciones multiculturales&#8221;, como ha señalado Enrique Yepes, uno de los estudiosos de este arte pigmeo. El cuento brevísimo es la arena ideal donde se bate la moda de la destrucción de los géneros, hasta el punto de que resulte imposible -e inútil- tratar de definirlo, distinguirlo o envolverlo de legalidad.</p>
	<p>Proliferan así estos &#8220;cuentos concentrados al máximo, bellos como teoremas&#8221; —según expresión del argentino David Lagmanovich— que, con su despojamiento, ponen a prueba &#8220;nuestras maneras rutinarias de leer&#8221;. Para diferenciarlos de los aforismos, las frases lapidarias o los miniensayos, deben cumplir los principios básicos de la narratividad, aunque de una forma extravagantemente concentrada. Son, casi siempre, ejercicios de reescritura, o minúsculo laboratorio de experimentación del lenguaje, o ambiciosa pretensión de encerrar en unas líneas una visión trascendente del mundo. Pero queda una sospecha: ¿no habrá en todo esto un poco de pereza? Con su humor de siempre, Augusto Monterroso parece sembrar la duda cuando escribe: &#8220;Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto&#8221;.</p>
	<p style="text-align: right;"><em>[Tomado de Ciudad Seva]</em></p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Pedro-de-Miguel.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-7948" title="Pedro de Miguel" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Pedro-de-Miguel-150x150.jpg" alt="" width="120" height="120" /></a>Pedro de Miguel,</strong> nacido en Vitoria el 19 de mayo de 1956, fallecido en Pamplona el 12 de agosto de 2007, víctima de un cáncer. Escritor y crítico literario. Conocido como &#8220;Peter de Miguel&#8221;, se autodefinía como: “Un veterano licenciado en Historia reconvertido al periodismo y afincado en Bilbao”. Impartió clases de Géneros Periodísticos y Periodismo Literario en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. En 1996 fue nombrado director de la revista <em>Nuestro Tiempo.</em> Especialmente interesado por los géneros breves (sobre todo el cuento), creó, junto con Joseluis González la editorial Hierbaola, especializada en este género. Sacó al mercado una docena de libros centrados en el relato corto, entre los que cabe destacar <em>Papeles sobre el cuento español contemporáneo</em> (1992); <em>Los que regresan,</em> de Esteban Padrós de Palacios (1993); o <em>Un error de bulto,</em> de Alberto Escudero (1994). Publicó <em>Guía de lecturas contemporáneas, Lecturas para el cambio de siglo</em> y <em>Articulismo español contemporáneo,</em> además de una novela, de estilo muy personal, <em>Yo que tú yo que tú ya no me moriría</em> (1999), con la que fue finalista del Premio Herralde de Novela. En los últimos años de su vida fue responsable de la sección de elmundolibro dedicada a enlaces literarios <em>(Letras en la Red).</em> Su<em> blog,</em> <em>Letras enredadas,</em> que creó animado por el periodista Leandro Pérez Miguel, presenta numerosos comentarios, breves y agudos, sobre temas de actualidad, además de los dedicados específicamente a la crítica literaria. Escribió su último texto el 14 de julio de 2007, sobre la presencia de Luis Aguilé en los sanfermines. Su muerte a edad joven dejó a la crítica literaria sin una voz personal, que —como muestran sus publicaciones— intentaba guiar a través de la innumerable producción literaria. OBRAS PUBLICADAS: <em>Guía de lecturas contemporáneas,</em> Ediciones Internacionales Universitarias, 1999; <em>Lecturas para el cambio de siglo,</em> 2004; <em>Articulismo español contemporáneo, </em>2005; <em>Yo que tú yo que tú ya no me moriría,</em> 1990.</p>
	<p style="text-align: right;">
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Pedro de Miguel</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+microrrelato%3A+Ese+arte+pigmeo+http://ymkre.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+microrrelato%3A+Ese+arte+pigmeo+http://ymkre.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/iUXZ08mNvLmx3MBYSUgsEL2QwQg/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/iUXZ08mNvLmx3MBYSUgsEL2QwQg/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/iUXZ08mNvLmx3MBYSUgsEL2QwQg/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/iUXZ08mNvLmx3MBYSUgsEL2QwQg/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=InHe_zQSPpA:WtVa2dmjy8A:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/InHe_zQSPpA" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Un fenómeno en absoluto nuevo en la literatura, que sin embargo parece ponerse de moda en el último medio siglo, de la mano de insignes cultivadores de la ficción hispanoamericana como Borges, Cortázar, García Márquez, Arreola, Denevi y Monterroso. Porque, aunque el microrrelato no es ajeno a todas las literaturas contemporáneas —basta recordar la extraña belleza de los cuentos breves de Kafka o el impagable humor de los de Slawomir Mrozek—, parece haber irrumpido con mayor fuerza al otro lado del Atlántico, donde también se ha intentado dotarlo de base teórica y distinguirlo de especies afines.</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/el-microrrelato-ese-arte-pigmeo-7721/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/el-microrrelato-ese-arte-pigmeo-7721</feedburner:origLink></item><item><title>Reseñas de Llover sobre Mojado</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/xMpn_qr7Ec0/resenas-de-llover-sobre-mojado-7693</link><category>Crítica</category><category>Carpentier</category><category>carretera</category><category>Julio Verne</category><category>luces</category><category>Maestro</category><category>mundo</category><category>Novela</category><category>obra</category><category>revoltoso</category><category>siglo</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Jose Antonio Velasco</dc:creator><pubDate>Thu, 02 Sep 2010 23:00:50 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7693</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<h2 style="text-align: left;">The Road</h2>
	<h3>Autor: Cormak McCarthy</h3>
	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/The-Road.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7939" title="The Road" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/The-Road.jpg" alt="" width="330" height="390" /></a></p>
	<p style="text-align: right;"><em>El hombre lo miró. ¿La vida real es muy mala?</em><em><br />
¿Tú, qué piensas?<br />
Pues, yo pienso que aún estamos aquí.<br />
Muchas cosas malas han pasado, pero aún estamos aquí.<br />
Sí.<br />
Tú no piensas<br />
que eso es muy bueno.<br />
Está bien.</em></p>
	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/Cormak-McCarthy.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-7938" title="Cormak McCarthy" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/Cormak-McCarthy-150x150.jpg" alt="" width="120" height="120" /></a>Cormak McCarthy publicó The Road en el 2006 y ganó el Premio Pulitzer y el Premio James Tai Black Memorial. La obra, simplemente, rompe el corazón. La idea es invencible: un hombre que tose sangre, camina con su hijo por un mundo apocalíptico —un mundo donde la gente prefiere suicidarse que vivir en él— buscando comida, huyendo del frío y protegiéndose de hombres desesperados que buscan lo mismo y están dispuestos, literalmente, a matar y comer del muerto.</p>
	<p>La novela se lee en un santiamén, es narrada en tercera persona y las palabras usadas son, igual al mundo que describen, lacónicas. El autor americano mantiene al lector amarrado al libro. Uno no sólo quiere saber qué va a pasar con el padre y el hijo, sino también qué pasó con el mundo, qué hizo que las cenizas ahora lo cubran todo, que no haya pájaros, que los árboles sólo sean cadáveres negros y muertos que recuerdan el daño.</p>
	<p>McCarthy, diestramente, pone al lector en ese mundo desolado y le impone la obligación de la moral, la lucha por la última luz humana en un mundo de caníbales. Frente a una realidad que quiere acabar con ellos, el padre se ve obligado a mostrar al niño, la casi extinta virtud de la bondad.</p>
	<p style="text-align: right;"><em>Pero no lo haríamos.<br />
No, no lo haríamos.<br />
No importa qué.<br />
No, no importa qué.<br />
Porque nosotros somos los buenos.<br />
Sí.<br />
Y nosotros cargamos la antorcha.<br />
Y nosotros cargamos la antorcha.<br />
Ok.</em></p>
	<p>En alguna parte se dijo que <strong>The Road</strong> puede ser una de las novelas ecológicas más importantes de este siglo. Hay que decir que el autor no hace referencia explícita a este punto, ni apologías ecológicas en ningún momento de la historia. Pero el mundo que nos trae, el mundo en el que nos mete es tan impactante, tan crudo y duele tanto que es imposible no sentir ese muerto dentro de uno. El padre, como si fuese su culpa, se cuida de nunca describirle al hijo el mundo en el que él vivió, un mundo hermoso que el niño nunca verá. Definitivamente, un libro para ser leído.</p>
	<p style="text-align: right;"><em>París, 28 de junio de 2010</em></p>
	<h2 style="text-align: center;"><em><span style="color: #ffffff;">***</span><br />
</em></h2>
	<h2 style="text-align: left;">Los revoltosos de la Bounty y El maestro Zacharius</h2>
	<p><span style="font-size: medium;"> </span></p>
	<h3>Autor: Julio Verne</h3>
	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/jules_verne.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-7940" title="jules_verne" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/jules_verne-150x150.jpg" alt="" width="120" height="120" /></a>En 1879, Julio Verne publicó <strong>Les révoltés de la Bounty, </strong>un pequeño relato sobre un barco comercial inglés cuya tripulación se amotinó a finales del siglo XVIII. Los revoltosos, hartos de los malos tratos del capitán, le dejaron en compañía de sus seguidores y los que no se amotinaron, flotando a su suerte en alguna parte cerca de Australia. Verne nos cuenta las dos historias —la de los rebeldes y la del capitán— queriendo dejar una reseña literaria sobre los hechos. El asunto fue bastante difundido en la época, ya que el capitán logró regresar con su tripulación, y el gobierno inglés logró capturar uno que otro insubordinado. Verne no fue el único que escribió al respecto.</p>
	<p><strong>Maître Zacharius</strong> es un gran cuento. En este relato, Julio Verne muestra su creatividad, su amor por la ciencia y su conocimiento del ser humano. Es un cuento sobre la codicia, el amor por el trabajo y hasta algo de religión. El maestro Zacharius es un viejo y célebre relojero que está en el proceso de crear su obra maestra: un reloj hecho con joyas. El hombre vive sus últimos años gozando de su reputación y del amor de su hija y de su aprendiz cuando un día, sin que él pueda descifrar cómo ni por qué, sus relojes, sus perfectos relojes, comienzan a fallar. Y así mismo, el viejo comienza a caer enfermo, a sentir como si cada reloj que parase fuese un poco del corazón que se le muere. El viejo, frustrado, se encierra en su taller a trabajar, a analizar la causa de la avería de sus creaciones. Él las desarma y las vuelve a armar: las piezas y el trabajo son perfectos, pero los relojes no corren. Intenta entonces hacer uno nuevo, el de las joyas, pero éste explota en sus manos. Al final, el viejo recibe una visita del diablo, que como el lector puede esperar, está dispuesto a solucionarle el problema a cambio de su joya más preciada. Todos los relojes del anciano siguen fallando, muriendo, y con ellos, con la muerte de su trabajo, él muere otro poco. Hasta que sólo queda uno. El anciano, con toda su sabiduría pero creyendo que este reloj es su alma, peca de orgullo.</p>
	<p>El cuento es corto, pero con varias capas de complejidad. Verne hace del viejo un reloj —¿no lo somos todos?—, y le da a su profesión la importancia del alma; nos dice, que lo queramos o no, nosotros somos lo que hacemos. Sin embargo, al final, el francés nos propone reflexionar sobre aquello que nos ha inculcado: ¿Hasta qué punto hay que llegar para proteger el orgullo sobre el trabajo hecho? Lo que hace o deja de hacer el maestro no importa. La pregunta queda.</p>
	<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;"><em><em>***</em></em></span></h2>
	<h2 style="text-align: left;">El siglo de las luces</h2>
	<h3>Autor: Alejo Carpentier</h3>
	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/06/Alejo-Carpentier.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-7154" title="Alejo Carpentier" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/06/Alejo-Carpentier-150x150.jpg" alt="" width="120" height="120" /></a>Cuando la Revolución le era presentada como un acontecimiento sublime, sin taras ni fallas, la Revolución se le hacía vulnerable y torcida. Pero ante un monárquico la hubiera defendido con los mismos argumentos que lo exasperaban cuando salían de boca de un Collot d’Herbois. Aborrecía la desaforada demagogia del Pére Duchesne, tanto como las monsergas apocalípticas de los emigrados. Se sentía cura frente a los anticuras, anticura, frente a los curas; monárquico cuando le decían que todos los reyes —¡un Jaime de Escocia, un Enrique IV, un Carlos de Suecia, dígame usted!— habían sido unos degenerados; antimonárquico, cuando oía alabar a ciertos Borbones de España. “Soy un discutidor —admitía, recordando lo que Víctor le había dicho unos días antes—. Pero discutidos conmigo mismo, que es peor.”</p>
	<p>Alejo Carpentier publicó <strong>El siglo de las luces </strong>en 1962 después de haber pasado una estadía de casi 10 años en Venezuela. Es una novela que hay que leer, una historia que atrapa, magistralmente narrada con el estilo barroco —lleno de adornos— que tanto caracterizó al autor cubano.</p>
	<p>El texto cuenta la historia de tres personajes a finales del siglo XVIII, que se ven atrapados en el Caribe en medio de los oleajes causados por la Revolución Francesa. Sofía y Esteban, dos primos de menos de veinte años, criados en un mismo hogar lleno de lujos y de los libros que en ese entonces llegaban a Cuba, conocen un día a Víctor Hugues, marsellés y comerciante que habitaba en ese tiempo lo que ahora es Haití. El marsellés, partidario inicialmente de todo lo que significaba la Revolución Francesa, sacó del tedio a los dos primos, mostrando lo que era el sexo a Sofía y llevando a Esteban a lugares donde la Revolución se estuviera dando. El resto de esta novela histórica se desarrolla en los acontecimientos vividos por los primos que, sin querer, giran alrededor de Hugues. Hugues, quién de verdad existió, va degenerándose a través de las páginas.</p>
	<p>En las hojas de este libro se vive —por unas descripciones del mismo estilo a las de García Márquez— un Caribe exótico, salvaje, que trata de alcanzar a Europa con torpes y dolorosos esfuerzos. Carpentier logra con sus tres personajes contar la historia de una revolución, una historia más bien triste y patética, pues la Revolución —palabra vieja, pero no gastable— acaba traicionada por los mismos que la incitaron. Carpentier nos mete entonces en barcos, en islas, en revueltas y motines. En su historia nos muestra una guillotina que desde lo alto avisa a los habitantes del pueblo lo fatal y no misericordioso de un castigo.</p>
	<p>El año 1963 fue el de la publicación de este gran libro, sólo tres años después de la Revolución Cubana. Carpentier murió en Paris en 1980, dejando un gran legado literario. Con seguridad para esta época él ya había hecho el paralelo entre la novela que escribió, la Revolución del país que lo vio morir y aquél que le vio nacer.</p>
	<p style="text-align: right;"><em>Paris, 9 de julio de 2010</em></p>
	<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h3>
	<h2 style="text-align: left;">La reina muerta</h2>
	<h3>Autor: Henry de Montherland</h3>
	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/Henry-de-Montherland.jpeg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-7942" title="Henry de Montherland" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/Henry-de-Montherland-150x150.jpg" alt="" width="120" height="120" /></a>¡O mi Dios! Que en este respiro que me queda, antes de que la arena me cubra y me aplaste, hagas que ella corte este horroroso nudo de contradicciones que yacen en mí, para que un instante antes de dejar de existir, sepa finalmente quien soy.</p>
	<p>En noviembre de 1942, recién empezada la Segunda Guerra Mundial, Henry de Montherland escribió <strong>La Reine morte</strong> a petición de un amigo que trabajaba en teatro. El francés la escribió en cinco semanas dejando así una de sus obras más conocidas.</p>
	<p><strong>La reina muerta </strong>tiene cuatro personajes principales: el rey Ferrante, el príncipe don Pedro, la Infante de Navarra e Inés de Castro. Los tres últimos son jóvenes haciendo del rey el único curtido en cuestiones de amor y gobierno.</p>
	<p>La trama es una de las más viejas del mundo, pero no por eso deja de ser interesante y dolorosa. El rey quiere casar a su hijo con una mujer dueña de otro reino que le pueda otorgar tierras, poder y dinero. El hijo, que con toda razón y sensatez se rehúsa a aceptar el sacrificio de su vida, se adelanta y se compromete con una mujer buena, pero de origen humilde.</p>
	<p>Todo esto se sabe en las primeras páginas de la obra, pues no era esto de lo que el francés quería hablar. Entrando en lo que sería la Segunda Guerra Mundial, Montherland quiso tratar el tema del abismo humano. Por abismo debemos entender la tendencia de saber la decisión correcta y, a pesar de esto, tomar la errónea; estar cansados de todo, incluyendo la situación y la vida, incitándonos a mandar todo al carajo.</p>
	<p>El rey, tratando de hacer entrar a su hijo en razón, intenta utilizar la influencia de Inés —la mujer que su hijo ama— sobre éste. En el proceso, el monarca conoce su talante bueno y noble y admite en ella un ser digno de su admiración. Pero la salida, aparentemente fácil, es el asesinato. El rey debate con sus asesores y consigo mismo. Al final, echándole la culpa a sus obligaciones como gobernante, mata a la mujer matando también en sí, la última pizca de bondad que le mortificaba las entrañas.</p>
	<blockquote><p>Soy prisionero de lo que he sido. Una de las damas de honor de la Infanta me dijo que ella estaba siempre crucificada sobre ella misma. Yo también, de otra manera, estoy crucificado sobre mí mismo, sobre los deberes que para mí no son menos reales. Ya no estoy dentro de mi armadura de hierro. ¿Entonces en dónde estoy?</p></blockquote>
	<p>La edición sobre la cual se hace esta reseña tiene como valor agregado la narración de unos prisioneros de guerra que decidieron revivir la obra en medio de su reclusión. El relato es conmovedor. La obra fue puesta en escena en frente de soldados alemanes que quizás, como el monarca, se debatían en el dificilísimo campo de la moral.</p>
	<p style="text-align: right;"><em>Barcelona, España, 22 de julio de 2010</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><em><span style="color: #ffffff;">***</span></em></h1>
	<p style="text-align: center;">
	<p style="text-align: left;"><strong><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/06/JoseAntonioVelasco.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7228" title="JoseAntonioVelasco" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/06/JoseAntonioVelasco.jpg" alt="" width="120" height="100" /></a>José Antonio Velasco</strong> nació en Cali, Colombia, en 1978.   A los diecinueve años emigró a los Estados Unidos, donde completó sus  estudios en ingeniería y trabajó —como todo el mundo— para ganarse la  vida.  Años más tarde, el vicio de la lectura y las ganas de escribir  hicieron que siguiera estudios de literatura y periodismo. Ha escrito  cuentos, una novela pequeña y artículos de periodismo para varias  revistas.  Vivió en Nueva York por tres años, donde siguió su doble vida  de literato e ingeniero. Hoy hace lo mismo, pero en Paris, y publica su  blog <em>Llover sobre mojado.com.</em></p>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Jose Antonio Velasco</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Rese%C3%B1as+de+Llover+sobre+Mojado+http://3qnob.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Rese%C3%B1as+de+Llover+sobre+Mojado+http://3qnob.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HLuqFH3Z1XmPHtFH4NaTxulwKls/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HLuqFH3Z1XmPHtFH4NaTxulwKls/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HLuqFH3Z1XmPHtFH4NaTxulwKls/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/HLuqFH3Z1XmPHtFH4NaTxulwKls/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=xMpn_qr7Ec0:n0JgGAZ_dag:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/xMpn_qr7Ec0" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Cuando la Revolución le era presentada como un acontecimiento sublime, sin taras ni fallas, la Revolución se le hacía vulnerable y torcida. Pero ante un monárquico la hubiera defendido con los mismos argumentos que lo exasperaban cuando salían de boca de un Collot d’Herbois. Aborrecía la desaforada demagogia del Pére Duchesne, tanto como las monsergas apocalípticas de los emigrados. Se sentía cura frente a los anticuras, anticura, frente a los curas; monárquico cuando le decían que todos los reyes —¡un Jaime de Escocia, un Enrique IV, un Carlos de Suecia, dígame usted!— habían sido unos degenerados...</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/resenas-de-llover-sobre-mojado-7693/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/resenas-de-llover-sobre-mojado-7693</feedburner:origLink></item><item><title>El cementerio de los libros olvidados</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/i2nFyp_5RUs/el-cementerio-de-los-libros-olvidados-7702</link><category>Crítica</category><category>Carmen Garcia</category><category>cementerio</category><category>escribir</category><category>leer</category><category>libros</category><category>olvidados</category><category>Panamá</category><category>Ruiz</category><category>Ruiz Zafon</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Carmen Garcia Villalaz</dc:creator><pubDate>Thu, 02 Sep 2010 20:36:38 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7702</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/libros.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-7928" title="libros" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/libros.png" alt="" width="307" height="320" /></a></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Nadie se vuelve tonto<br />
hasta que deja de hacer preguntas.</em><br />
Steinmet</p>
	<p>No creo que exista algún amante de los libros, ya sea escritor o lector que no tenga el sueño de poseer una gran biblioteca, un espacio maravilloso exclusivamente dedicado a los libros.</p>
	<p>Tal como le indiqué en una ocasión a un buen amigo, mi gran deleite sería poseer paredes tapizadas de libros del piso hasta el techo, con escaleras rodantes, velas aromáticas de canela y manzanas, una mesa rústica rectangular con libros y papeles, una copa de excelente vino y mis pijamitas de franela (esto último es mi ideal practicado y rutinario para cada fin de año desde que tengo memoria). Creo que una tarde de lluvia en un lugar así sería como llegar al cielo estando aun en esta tierra. Sueños como éste se me antojan más apetecibles que cualquier objeto, por más maravilloso o valioso que pudiese ser. Entre un anillo de brillantes y un libro raro y difícil de encontrar, pues me inclino por el libro.</p>
	<p>El título del escrito se refiere a un especialísimo lugar mencionado en dos libros de Carlos Ruiz Zafón. Primero lo leí en el <em>Juego del ángel</em>; en él su descripción no fue tan detallada como en <em>La sombra del viento.</em> El leer nos da la libertad de imaginar lo leído y este sitio lo visualizo laberíntico y oscuro, con muros y góndolas repletas de libros raros que se convierten en auténticos hallazgos una vez leemos el título en los lomos que suelen ser de cuero ya gastados por el tiempo, hay escaleras que crujen y parece que no llevan a parte alguna y de repente nos encontramos con pisos, entrepisos, altillos y todo tipo de espacios repletos de libros y más libros, colocados sin orden ni concierto expuestos para ser tomados, lo veo oscuro con farolas de gas instaladas en pilastras ubicadas cada cuatro góndolas aumentando el misterio y exacerbando la expectativa. Bueno hasta aquí lo imaginado.</p>
	<p>Ruiz Zafón nos da una descripción no muy detallada y esto nos permite soñar, imaginar, desear ser personaje y letra de estas novelas o ser algún libro que protagonice algunas de las historias que se viven y se describen en la obra. Alegremente me hubiese metido en <em>La sombra del viento</em> sin ser vista ni aun por el escritor, hubiese deambulado a mis anchas por el cementerio de los libros olvidados, libros que no fueron apreciados y seres que con sentido de admiración y veneración por la literatura les dieron asilo perpetuo en este cementerio hasta tanto apareciese algún personaje que con santo y seña pudiese entrar y encontrar el libro que ya teniendo alma impregnaría también del alma de quien lo escogiera y lo cuidara con la vida.</p>
	<p>Las obras que he leído de Ruiz Zafón tienen la maravillosa característica que hablan de libros, y en muchos aspectos describen libros cuyos protagonistas suelen ser escritores que no tuvieron éxito o personas que soñaron con ser escritores. También se ambientan por los años de 1930 en Barcelona, la época es de suspenso sobrenatural y cautivante.</p>
	<p>La trama de sus obras es una combinación interesantísima para captar el interés de cualquier lector, pero volviendo al cementerio de los libros olvidados, frase que raya en lo espectacular y que me apetece tenerla grabada con arabescos y volutas de la Florencia renacentista en mi discreta biblioteca, para soñar que llegaré a poseer un espacio tan mágico y misterioso como este cementerio, sería como las indicaciones de <em>El Secreto,</em> mi sueño a realizar convertido en realidad por el poder del pensamiento. La única diferencia es que yo me declaro sin ningún tipo de vergüenza una auténtica egoísta con mis libros; simplemente no me gusta prestarlos, después de ser leídos se convierten en amigos íntimos cargados de notas y subrayados a varios tonos que tienen su propia codificación, creo que hay dos aspectos de mi personalidad que son de un egoísmo absoluto: mi tiempo y mis libros. Por un libro así cualquiera llega directo a nuestra alma, tal como lo indica Zafón, nuestro espíritu está en los libros que leemos, en las frases subrayadas y diría yo, que inclusive en los que no logramos terminar. Al entrar en alguna biblioteca podremos imaginar la esencia de su dueño y al leer algún libro preferido ya tendríamos una corroboración sin equívoco alguno del espíritu que anima al poseedor del libro en cuestión.</p>
	<p>Cuando descubro a un autor del cual me gusta su estilo, por lo general trato de leer lo más que pueda de su obra; es increíble como logramos conocer lo íntimo de quien escribe, hay frases, inquietudes, gestos y acciones de personajes que se repiten de libro a libro, suelen ser reflejos de almas soñadoras o espíritus atormentados, amantes de la historia, escritores crudos y realistas, didácticos o auténticos intelectuales. Inclusive en una ocasión me identifiqué tanto con un escritor que leí toda su obra, quedé arrobada y después perdidamente enamorada, sus frases recatadas, su fina prosa, su don de cronista y ciertos detalles que se repetían de libro a libro hicieron lo suyo en mi mente y en mi alma, el resultado: varios años de maravillosos sueños platónicamente dulces y un amor totalmente imposible.</p>
	<p>Recientemente he terminado de leer <em>Las luces de septiembre</em> y tal como lo indico anteriormente, en este libro Zafón no solo repite un nombre que aparece en <em>El juego del ángel</em> (Andreas Corelli) si no que nuevamente escribe sobre figuras de ángeles que tienen significados específicos, sin embargo, no se ambienta en Barcelona. Este libro aparte de ser de absoluto suspenso y según leí dirigido hacia una audiencia juvenil, tiene una triple historia de amor, como los anteriores que he leído, y son historias bellas y conmovedoras.</p>
	<p>El cementerio de los libros olvidados, ¡qué frase para soñar! En esta mi vida, que ya pasó el medio siglo aun me cuesta comprender como pueden existir personas que no les guste la lectura, como pueden existir libros en ciertas casas que nunca han sido abiertos, acariciados y cuyo olor no haya sido aspirado amorosa y expectantemente. Creo que siempre me haré la pregunta y definitivamente, dudo que encuentre la respuesta.</p>
	<p>Un libro es un mundo por conocer, un horizonte que se expande, un aroma, una lágrima, un deseo, es la luz y podría ser la oscuridad, es la guía y la respuesta. Es el amante fiel y el amigo comprensivo, es la soledad que nos da la paz y la bendición a todos nuestros males. Un libro es la vida, la esperanza y como dice Zafón es el alma del que lo escribe en combinación perfecta con el alma de quien lo lee.</p>
	<p>Nota:</p>
	<p>Recomiendo <em>La calle del espanto,</em> de Richard Brooks; allí también hay un lugar laberíntico (Salsipuedes) con libros olvidados, difíciles de encontrar, libros con alma deseosos de compartir sus secretos&#8230; ¡Al leer somos mejores!</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p style="text-align: right;">Tomado de <em>Libros y Letras </em>de Colombia,<br />
N° 5.384, lunes 26 de julio de 2010<br />
Nota enviada por Ricardo A. Ríos<br />
Ciudad de Panamá.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong> </strong></p>
	<p><strong> </strong></p>
	<p><strong><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/Carmen-García-Villalaz.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-7934" title="Carmen García Villalaz" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/09/Carmen-García-Villalaz-150x150.jpg" alt="" width="120" height="120" /></a>Carmen Garcia Villalaz.</strong> Decoradora y escritora. Nace el 10 de marzo de 1956 en la provincia de Los Santos, Panamá. Desde temprana edad viaja a diferentes ciudades donde vive por tiempo indefinido: México, New Orleans, Ecuador y Canadá. Tiene tres pasiones en su vida: Sus dos hijos, la literatura y la decoración, a la cual se dedica a tiempo completo en la actualidad. Ávida lectora desde temprana edad, siente un amor desmedido por la literatura. Ha viajado extensamente. Su aspiración es que en un futuro no muy lejano pueda escribir profesionalmente. Sus estudios los culmina en Canadá donde se perfecciona en arte, modelado en barro y decoración. Ha escrito artículos de opinión literaria en distintos diarios de Panamá y también ha colaborado con ensayos breves en el suplemento literario del &#8220;Dia D&#8221;, de diario <em>Panamá América.</em> Participa activamente los sábados en el programa radial <em>Tertulia Literaria,</em> en Radio Panamá 94.5 F, dirigido por el escritor y profesor Ricardo A. Ríos Torres, programa que ya lleva 10 ños en el aire. Es miembro del Círculo de Lectura Guillermo Andreve, y se considera una ávida lectora.</p>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Carmen Garcia Villalaz</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+cementerio+de+los+libros+olvidados+http://o3aid.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+cementerio+de+los+libros+olvidados+http://o3aid.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/m0os0WwzNize2mDfl55AxHi1edc/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/m0os0WwzNize2mDfl55AxHi1edc/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/m0os0WwzNize2mDfl55AxHi1edc/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/m0os0WwzNize2mDfl55AxHi1edc/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=i2nFyp_5RUs:vSnbqlG_UjI:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/i2nFyp_5RUs" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Tal como le indiqué en una ocasión a un buen amigo, mi gran deleite sería poseer paredes tapizadas de libros del piso hasta el techo, con escaleras rodantes, velas aromáticas de canela y manzanas, una mesa rústica rectangular con libros y papeles, una copa de excelente vino y mis pijamitas de franela (esto último es mi ideal practicado y rutinario para cada fin de año desde que tengo memoria). Creo que una tarde de lluvia en un lugar así sería como llegar al cielo estando aun en esta tierra.</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/el-cementerio-de-los-libros-olvidados-7702/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/el-cementerio-de-los-libros-olvidados-7702</feedburner:origLink></item><item><title>Milcíades Arévalo: 38 años de difusión cultural</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/SQgxcBOlhOc/milciades-arevalo-38-anos-de-difusion-cultural-7709</link><category>Entrevista</category><category>Caribe</category><category>Colombia</category><category>entrevista</category><category>literatura</category><category>Milciades</category><category>Puesto de Combate</category><category>reconocimiento</category><category>revistas</category><category>Roberto Montes</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Roberto Montes Mathieu</dc:creator><pubDate>Mon, 30 Aug 2010 21:21:21 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7709</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/milciades-arevalo2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7923" title="milciades arevalo2" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/milciades-arevalo2.jpg" alt="" width="450" height="300" /></a></p>
	<p>Desde la publicación en los años 20 de la revista<em> La Novela Semanal,</em> del dramaturgo bogotano Luis Enrique Osorio, que publicó a los escritores costeños de principios de siglo, ninguna otra publicación del interior del país se había ocupado de nuestros autores hasta que apareció <em>Puesto de Combate,</em> del narrador zipaquireño Milcíades Arévalo. En 38 años, desde su fundación, sus páginas han difundido cuentos, poesías, ensayos, entrevistas y reseñas de escritores de la región Caribe. Con esta entrevista <em>Magazín del Caribe</em> hace un reconocimiento a la magnífica labor del amigo y escritor Milcíades Arévalo.</p>
	<p><em>Palabra Abierta</em> se hace eco de este reconocimiento.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong>Roberto Montes Mathieu-</strong><em> ¿Cómo y cuándo apareció</em> Puesto de Combate?</p>
	<p><strong>Milcíades Arévalo:</strong> Desde muy joven me fui de la casa y empecé a navegar. En uno de los barcos, conocí al capitán Ariel Canzani, un poeta argentino que al puerto que llegara, procuraba ponerse en contacto con los poetas de allí, para publicarlos en su revista de poesía <em>Cormorán y Delfín.</em> Yo le prometí que cuando volviera a tierra haría una revista similar. Viví muchos años en la costa y al regresar a Bogotá, trabajé con la revista <em>Nadaísmo 70</em> como corrector y conocí a casi todos los nadaístas; allí publiqué mi primer texto, con seudónimo, naturalmente. En esa época era muy difícil que cualquier principiante publicara en los periódicos y casi todas las revistas eran contestatarias, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.</p>
	<p>Fue así como en 1972, apareció la primera entrega de <em>Puesto de Combate</em>. Se llamó así porque <em>Puesto</em> era un lugar, especialmente para los que comenzaban a hacer sus primeros pinitos en la literatura, y <em>Combate</em>, porque el combate era con las palabras. Comencé sacando cuatro entregas al año con mil ejemplares, después dos y finalmente las que se puedan hacer, dado que no hay quien apoye a estas revistas, mucho menos con un nombre contestatario como el nuestro, donde lo único que pedimos y hacemos es darle un espacio a la imaginación.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong>RMM</strong><em><strong>&#8211;</strong> ¿Ha contado con alguna ayuda oficial?</em></p>
	<p><strong>MA&#8211; </strong>Cuando funcionaba Colcultura me gané una beca, que me la pagaron con tanta dificultad que no me sirvió de nada. Por tanta demora y tramitología se me complicó la vida. Desde entonces me cansé de pasar proyectos, de pedir ayuda, tanto que hoy en día la revista prácticamente vive de milagro.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong>RMM</strong><em><strong>&#8211;</strong> ¿Llegar al No. 75 y dar a conocer por casi 38 años a tantos escritores y poetas tiene algún sentido en este país?</em></p>
	<p><strong>MA&#8211;</strong> ¡No! En este país no tenemos historia, ni memoria, ni mucho menos apoyo para los que creemos en la verdadera literatura, no en esa de farándula y aeropuertos sino en la que se crea cada día, en cada pueblo, en cada rincón del país. Muchos de los escritores y poetas colombianos que han venido a enriquecer nuestra literatura, se dieron a conocer a través de las páginas de <em>Puesto de Combate.</em> Sería injusto de su parte no reconocer que fui yo quien primero creyó en ellos.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong>RMM </strong><em><strong>&#8211;</strong> ¿Al frente de la revista ha estado siempre el mismo grupo directivo o ha variado con los años?</em></p>
	<p><strong>MA&#8211;</strong> Ha colaborado varia gente bella, Yamil Tannus, Omar Morales Benítez, Fernando Hernández Vélez y otros. Unos han llegado con expectativas financieras y otros con su capacidad intelectual, nada más. Como grupo nunca hemos existido. Yo he sido el que finalmente me he encargado de que el producto exista, se conozca, se divulgue, se lea y se comente.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong>RMM </strong><em><strong>&#8211; </strong>Los escritores que han publicado en</em> Puesto de Combate <em>son de todo el país, ¿cómo han logrado esto?</em></p>
	<p><strong>MA&#8211; </strong>Siempre he creído en la Sociedad de la Imaginación, en esa sociedad anónima de escritores y poetas que hay en el país, y también en la capacidad de convocatoria que tiene radio bemba. ¿A quién no le interesa publicar en un medio donde lo único que importa es la calidad del texto en sí y no sus abolengos, sus recomendaciones, la cantidad de premios acumulados, los libros publicados, las conferencias dictadas, los seminarios a los que han asistido, los títulos obtenidos, el perfil económico, el partido político, la moral y toda esa cantidad de cháchara que exigen los medios para publicar cualquier pinche texto? Por eso es que en este país hay más publicistas de la literatura que escritores.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong>RMM&#8211;</strong> <em>Creo que todos los escritores costeños posteriores a García Márquez han tenido cabida en</em> Puesto de Combate, <em>¿tiene algún vínculo con la región Caribe?</em></p>
	<p><strong>MA&#8211;</strong> Al comienzo dije que lo primero que hice al salir de mi casa fue irme a navegar. Después regresé y viví en la costa hasta el año 1967. Recorrí toda su geografía vendiendo libros, cacharros, prendas de mujer, collares de fantasía… Todo el paisaje, su gente, su alegría, sus pueblos me invitaban a la poesía. Por eso no es extraño que, si no puedo recibirlos a todos en mi casa, les abro las páginas de una revista donde puedan publicar sus fantasías. Lo mismo hago con gente de otras regiones. Vivo enamorado de todo cuanto he conocido. La envidia pasa por debajo de mis narices sin hacerme daño. ¿Por qué habrían de envidiarme si yo no hice el mundo? Solo trato de sostener una revista lo mejor que puedo, sin vanagloriarme de mis glorias asombrosas.</p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong>RMM</strong><em><strong>&#8211;</strong> ¿Qué proyectos tienes para</em> Puesto de Combate?</p>
	<p><strong>MA&#8211;</strong> Muchos y ninguno. Que la vida me alcance para llegar al No. 80. Publicar una selección de cuentos y otra de poesía. Publicar algunos de los libros que he escrito. Seguir buceando en la biblioteca de mis escritores amados. Hacerle un homenaje a los que creyeron en ese sueño llamado <em>Puesto de Combate,</em> y si nada de esto puedo hacer, seguiré llamándome Milcíades Arévalo, un ser con todos los defectos y virtudes que le dio la vida.</p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Roberto-Montes-Mathieu.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7919" title="Roberto Montes Mathieu" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Roberto-Montes-Mathieu.jpg" alt="" width="122" height="152" /></a><strong>Roberto Montes Mathieu.</strong> Narrador y ensayista colombiano. Estudió Derecho y ciencias sociales en la Universidad Libre de Bogotá y es especialista en Derecho Administrativo, de la Universidad Santo Tomás. Ha sido profesor de Derecho Administrativo, Derecho Constitucional, Introducción al Derecho, Teoría del Estado, Procesal Administrativo en las universidades de Bogotá: Libre, Central, Manuela Beltrán y Autónoma de Colombia y ha dictado talleres de cuento y novela en la Biblioteca Nacional, Universidad Nacional y en las fundaciones Colombia Viva y América Mestiza. Es autor de libros como: <em>El cuarto bate,</em> cuentos, Editorial Plaza y Janes, Bogotá, 1985. <em>Tap tap,</em> minicuentos, Ediciones Cono Sur, Bogotá, 1991. <em>Nociones de Introducción al Derecho,</em> Moloz Ediciones, Bogotá, 2003. <em>Antología del cuento caribeño,</em> Ediciones Universidad del Magdalena, 2003. (compilador con Jairo Mercado Romero). <em>Para qué recordar,</em> novela. Ediciones Asecaribe, Bogotá, 2008.</p>
	<p>Ensayos y artículos suyos han sido publicados en periódicos y revistas, entre ellos: Suplemento literario de <em>El Siglo,</em> <em>Revista Letras Nacionales,</em> “Magazín Dominical” de <em>El Espectador, “</em>Lecturas Dominicales” de <em>El Tiempo,</em> <em>Gaceta </em>de Colcultura<em>,</em> Revista <em>Puesto de Combate,</em> revista<em> Coralibe,</em> revista <em>El Café Literario,</em> revista <em>Eco,</em> revista <em>UNE,</em> <em>Magazín del Caribe,</em> <em>Vanguardia Dominical,</em> suplemento de <em>Vanguardia Liberal,</em> Revista <em>El Gran Burundún Burundá,</em> “Suplemento Dominical” de <em>El Mundo, “</em>Suplemento del Caribe” del <em>Diario del Caribe,</em> “Revista Dominical” de <em>El Heraldo,</em> <em>Dominical de La Libertad,</em> <em>Cuadernos de Literatura del Caribe e Hispanoamérica,</em> publicación de la Universidad del Atlántico, “Dominical” de <em>El Universal,</em> revista <em>Aguaita,</em> revista <em>Mesosaurio,</em> revista <em>Cecar </em>y <em>El Meridiano Cultural.</em><em> </em>Cuentos suyos aparecen en la Antologías: <em>Nueva literatura de Sucre,</em> revista <em>Letras Nacionales </em>No. 38, Bogotá, 1978; <em>Narrativa colombiana contemporánea,</em> Ediciones Cámara de Comercio, Bogotá, 1984.</p>
	<p style="text-align: right;"><em>Datos biográficos de Montes Mathieu<br />
tomados de </em><em>El Espacio.com</em></p>
	<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h3>
	<p style="text-align: left;"><strong><strong><a href="http://www.hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/06/Milcíades-Arévalo.jpg"><img class="alignleft" title="Milcíades Arévalo" src="http://www.hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/06/Milcíades-Arévalo-150x150.jpg" alt="" width="105" height="105" /></a></strong>**Milcíades Arévalo.</strong> Nació en El Cruce de los Vientos (Zipaquirá, 1943). Periodista cultural, fotógrafo, narrador, dramaturgo, editor y director de la revista cultural <em>Puesto de Combate</em>, fundada en 1972. Entre sus libros publicados se destacan: <em>A la orilla del trópico</em> (Relatos, 1978), <em>Ciudad sin fábulas</em> (Cuentos, 1981), <em>El oficio de la Adoración</em> (Relatos, 1988 &#8211; Reeditada por la Universidad Autónoma de Bucaramanga, 2004)), <em>Inventario de Invierno</em> (Cuentos juveniles, 1995), <em>Cenizas en la Ducha</em> (Novela, 2001), <em>Manzanitas verdes al desayuno</em> (Cuentos eróticos, 2009). Tiene varios libros inéditos, entre ellos: <em>El Jardín Subterráneo</em> (Teatro), <em>Las otras muertes </em>(cuentos), <em>Galería de la memoria</em> (ensayos), <em>La loca poe</em>sía (Antología), <em>El caballo del viento y la muchacha desnuda</em> (Relatos Medievales), <em>La Lío y otras mujeres</em> (Guión) y <em>El oficio de la escritura</em> (Entrevistas a escritores y poetas). Sus cuentos, crónicas, entrevistas y ensayos figuran publicados en diferentes medios. Periódicos de Colombia: <em>El Tiempo, El Espectador, El Heraldo, Vanguardia Liberal, La Patria, El País,</em> <em>El Universal, La Prensa,</em> etc. Revistas: <em>Puro Cuento</em> (Argentina), dirigida por Mempo Giardinelli; <em>Casa de las Américas</em> (Cuba), dirigida por Roberto Fernández Retamar; <em>Plural,</em> de México; <em>El Cuento,</em> de México, y en las antologías: <em>Colombie a chuer ouvert, anthologie de la nouvelle latino-americaine</em> (Francia), de Olver Gilberto de León; <em>Racconti dal mundo</em> (Italia), de Danilo Manera, y <em>La otra revista</em> (México).</p>
	<p>Jurado de cuento, novela, teatro y poesía en más de cien eventos de esta naturaleza, y especialmente en los concursos de cuento: Ciudad de Barrancabermeja, Universidad Central, Secretaría de Cultura de Neiva, Secretaria de Cultura, Recreación y Deportes de Bogotá (SCRDB).</p>
	<p>Ha participado en diferentes encuentros, entre otros: &#8220;Conmemoración de los 10 años de la muerte de Pablo Neruda&#8221;, Universidad Autónoma de Santo Domingo (República Dominicana, 1983); &#8220;Viaje por la Literatura Colombiana&#8221;, realizado por el Banco de la República (1984); &#8220;Primer Encuentro Iberoamericano de Teatro&#8221; (Madrid, 1985), con presentación de su obra &#8220;EL JARDÍN SUBTERRÁNEO&#8221; en Madrid, Granada, Palma de Mallorca, Toledo. Realizador del 1o, 2º y 3º &#8220;Encuentro de Revistas y Suplementos Literarios&#8221;, en la Feria del Libro de Bogotá, durante los años 1988, 1989 y 1990. &#8220;Primer Encuentro de Revistas Culturales de América Latina y el Caribe&#8221;, invitado por Casa de las Américas (La Habana-Cuba, 1989). Durante su vida ha sido marinero, vendedor de libros, publicista, conferencista de literatura colombiana, editor de libros, corrector de estilo, periodista cultural, fotógrafo y dramaturgo. Estudió Español y Literatura, pero se considera autodidacta por naturaleza. Ha conocido muchas ciudades, puertos y gentes, lo cual le ha permitido hacer de su narrativa una experiencia.</p>
	<p><em><br />
</em></p>
	<p style="text-align: right;">Entrevista y datos biográficos<br />
de Milcíades Arévalo<br />
tomados de <em>Magazín del Caribe</em></p>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Roberto Montes Mathieu</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Milc%C3%ADades+Ar%C3%A9valo%3A+38+a%C3%B1os+de+difusi%C3%B3n+cultural+http://omy22.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Milc%C3%ADades+Ar%C3%A9valo%3A+38+a%C3%B1os+de+difusi%C3%B3n+cultural+http://omy22.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/EXJgomjmWm13OpCR6t_IGMKpTYk/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/EXJgomjmWm13OpCR6t_IGMKpTYk/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/EXJgomjmWm13OpCR6t_IGMKpTYk/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/EXJgomjmWm13OpCR6t_IGMKpTYk/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=SQgxcBOlhOc:qXGDSUt3qH4:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/SQgxcBOlhOc" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Desde muy joven me fui de la casa y empecé a navegar. En uno de los barcos, conocí al capitán Ariel Canzani, un poeta argentino que al puerto que llegara, procuraba ponerse en contacto con los poetas de allí, para publicarlos en su revista de poesía Cormorán y Delfín. Yo le prometí que cuando volviera a tierra haría una revista similar. Viví muchos años en la costa y al regresar a Bogotá, trabajé con la revista Nadaísmo 70 como corrector y conocí a casi todos los nadaístas</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/milciades-arevalo-38-anos-de-difusion-cultural-7709/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/milciades-arevalo-38-anos-de-difusion-cultural-7709</feedburner:origLink></item><item><title>Tribulaciones en una micro</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/Sm-UJzsdroo/tribulaciones-en-una-micro-7735</link><category>Estampa</category><category>asamblea</category><category>camaradas</category><category>compañeras</category><category>consejos</category><category>edificio</category><category>microbrigada</category><category>revolucion</category><category>vecinos</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Roberto Alvarez-Quinones</dc:creator><pubDate>Mon, 30 Aug 2010 20:56:45 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7735</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Conventillo-moderno.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7915" title="Conventillo moderno" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Conventillo-moderno.jpg" alt="" width="400" height="357" /></a></p>
	<p>—¡Felicidades, Aleida!—, le dice Lulo a su vecina del piso 6 en el edificio, con una sonrisa que denuncia la carencia de un cigarro frontal en la amarillenta cajetilla, mientras le entrega un pequeño sobre blanco.</p>
	<p>&#8211;¿Y felicidades por qué?—, pregunta ella intrigada.</p>
	<p>&#8211;Le llegó la visa para viajar a Estados Unidos…</p>
	<p>Ella no sabe si darle las gracias o insultarlo por haber violado la privacidad de su correspondencia. Pero opta por lo primero, pues sabe que tanto Lulo como Orfilio, Lawton y los otros vecinos que acostumbran a coger la correspondencia que deja el cartero en el <em>lobby,</em> abren las cartas y las leen, sobre todo Caridad, la encargada del edificio de 18 plantas y 142 apartamentos, en la barriada habanera del Vedado.</p>
	<p>Esa es una práctica no declarada que tiene el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) del edificio para tener bajo control a quienes se relacionan con gente que vive en las entrañas del “enemigo imperialista”.</p>
	<p>El inmueble —construido por una microbrigada (una “micro”), grupos de empleados sacados de sus oficinas y fábricas a la fuerza como “voluntarios” y que de construcción saben tanto como de física nuclear— al ser inaugurado, tenía en el lobby un buzón para cada dos apartamentos.</p>
	<p>Pero aquel sistema de que una mitad de los inquilinos vigilara a la otra mitad no era muy seguro, pues si ambos vecinos eran “gusanos tapiñaos” se guardaban el secreto entre ellos. Por eso los buzones fueron destrozados y arrancados. Desde entonces el cartero tira la correspondencia en un rincón y siempre aparece alguien dispuesto a repartirlos, luego de leerlos y de “tomar nota”.</p>
	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Apartamento-Malecon.jpg"><img class="size-full wp-image-7914 alignleft" title="Apartamento Malecon" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Apartamento-Malecon.jpg" alt="" width="256" height="192" /></a>En efecto, Aleida ha recibido una visa de EE.UU. para visitar a su hija y su nieto, que viven en Austin, Texas. Ella quería que sólo algunas amistades íntimas supieran de su viaje y ahora lo sabrán los 500 inquilinos del edificio, y de paso todo el Vedado y sus cayos adyacentes.</p>
	<p>Pero se resigna. A quién podría ella quejarse de que leen su correspondencia si el primero en hacerlo es el propio gobierno, que tiene un enorme departamento en el Ministerio de Comunicaciones (MINCOM), en el que personal selecto del Ministerio del Interior (MININT) se dedica precisamente a eso, a abrir las cartas procedentes del extranjero, en especial desde Estados Unidos, y luego sin sonrojarse le pone al sobre un cuño oficial que dice: “Este sobre ha sido abierto por la Oficina de Correos del Ministerio de Comunicaciones de Cuba”. Así dicen por fuera muchos de los sobres que ella recibe de su hermano en Miami, y de su hija y yerno en Texas.</p>
	<p>No los abren todos porque según le explicó Arístides, un amigo que es jefe de un departamento del MINCOM, lo que hace el MININT es abrir todos los sobres que vienen dirigidos a personas cuyos nombres están en “una lista”, pero al resto de la población le aplican el “método aleatorio”, o sea, los abren al azar: al que le tocó se puso fatal.</p>
	<p>Cuando Aleida se dirige al ascensor para subir a su apartamento en el piso 10, de pronto se empiezan a sentir unos gritos aterradores que vienen de muy alto.</p>
	<p>&#8211;¡Auxiliooo, auxilioooo, el elevador se trabóooo, auxilio, carajooo, sáquenme de aquí!… ¿Nadie me oye?</p>
	<p>Gritos desesperados como este emulan con los de un beduino en el desierto del Sahara. Ya nadie en el edificio se molesta en averiguar quién se quedó atrapado, pues ambos ascensores están más tiempo trabados que funcionando.</p>
	<p>Sólo se da por aludida Caridad, que de oficio está obligada a decirle al atrapado y sin salida que “tenga calma”, que ella va a llamar a los técnicos del consolidado.</p>
	<p>Esta vez le tocó al gordo Mauro, quien padece de claustrofobia y casi nunca coge el ascensor pese a que vive en el piso 12, pero que hoy se le ocurrió hacerlo. Ya se defecó y se orinó, y el golpeteo del corazón le zarandea la campanilla, mientras los sudores fríos lo bañan y sus ojos aterrorizados arañan la nada, pues como el ascensor nunca tiene luz propia al estar ahora cerrado no puede verse ni las manos.</p>
	<p>Con mucha suerte le esperan unas tres o cuatro horas de la mano del Dante recorriendo todos los círculos del infierno. Antes no llegarán sus salvadores, que no dan abasto con tantos elevadores de mierda rotos por toda la capital, como se quejan sin medias tintas. Si para solucionar el problema es necesario poner una pieza nueva, el ascensor va estar varias semanas fuera de servicio hasta que llegue la pieza desde la URSS, como ocurre cada cierto tiempo.</p>
	<p>A Mauro sólo lo pueden auxiliar técnicos profesionales, porque para “ahorrar energía y recursos” el gobierno estableció que en los edificios altos los ascensores paren sólo en los pisos impares. En los pisos pares ni siquiera hay acceso al ascensor, sino una pared de mampostería. La voluminosa víctima ha quedado presa en uno de eso pisos kafkianos, el 8, y desde el piso 7 Caridad le grita que ya llamó a los técnicos.</p>
	<p>—¡Qué técnicos ni un carajo, coño, me c… en la madre de Jorge Enrique Mendoza y en la de su gran jefe…!, grita el gordo en shock.</p>
	<p>A Caridad lo del “gran jefe” la asusta. Mauro trabajó en la micro que construyó el edificio y fue testigo de algo crucial: cuando 12 años atrás todo estaba listo para la instalación de los ascensores japoneses, Dito (Armandito), el chaparrito jefe de la microbrigada, les informó: “Compañeros, ya no se van a poner los elevadores Hitachi, esos que están ahí. Hace un rato me dijo Mendoza —director de <em>Granma,</em> organismo que corre a cargo de la construcción— que ayer Fidel le ordenó que envíe esos dos elevadores para Santiago de Cuba, donde se está terminando de construir un edificio igual a este nuestro en saludo al 26 de Julio, que como ustedes saben va a tener lugar allí en Santiago. En sustitución nos van a traer dos elevadores soviéticos”.</p>
	<p>—Coño, Dito, eso no es justo, esos Hitachi eran para nosotros y ahora vamos a tener que jamarnos dos elevadores rusos con tecnología de la época de la corneta…— reclamó entonces Mauro, y algunos microbrigradistas más. Pero todo quedó como un “refunfuño”, que no protesta, pues se trataba de terreno minado.</p>
	<p>Mientras Caridad trata de comunicarse con el desquiciado Mauro, se le acerca Elmer, vecino del piso 5, muy indignado.</p>
	<p>—Oye Caridad, ya no aguanto más—, protesta indignado —hoy ya me han entrado por el patinejo al patiecito un cotex de mujer lleno de sangre prieta con una peste insoportable, varios mojoncitos de perro, o de gato, no sé, con más peste todavía, y una mierdolina espesa y nauseabunda que parece vómito de bebé.</p>
	<p>—¿Y qué tú quieres que yo haga si en este edificio vive gente tan puerca?— responde la encargada.</p>
	<p>—Además, ¿cómo yo voy a saber quién tira desperdicios pa’ abajo?— le aclara Caridad, que agrega: —Mira, la culpa la tienen los arquitectos imbéciles esos que hicieron este edificio y pusieron ese patinejo para ventilación de los apartamentos, pero que en realidad es el basurero de todo el mundo y la que se tiene que joder soy yo limpiando en el sótano la mierda que tira todo el mundo.</p>
	<p>De todas formas, Caridad le recuerda a Elmer que al siguiente día va a darse una asamblea de vecinos y que exponga allí su queja.</p>
	<p>Cayendo ya la tarde, Mauro al fin es rescatado medio desmayado, tan pálido y frío que se lo llevan para el hospital.</p>
	<p><strong>‘Yo me alumbro con el televisor…’</strong></p>
	<p>A la noche siguiente los vecinos se reúnen en el <em>lobby.</em> Josefina, conocida como Fina, la blonda presidenta del Consejo de Vecinos, quien desde que años atrás regresó de vivir en Moscú es aún más mala persona y comecandela que antes, comienza anunciando que en saludo al Primero de Mayo se va a hacer un trabajo “voluntario” de limpieza general en las áreas comunes, verdes y cementadas, y en el parquecito.</p>
	<p>—Qué va, conmigo no cuenten. Hace un mes que no tengo ni un bombillo en mi casa y cuando cae la noche me tengo que alumbrar con el televisor soviético Caribe, de mil años, que ni imagen tiene ya. En las ferreterías no hay bombillos y ya me cansé, o me dan bombillos o no hago ni trabajo voluntario ni una guardia más del CDR—, dice Eloy, del piso 2.</p>
	<p>Fina lo regaña duramente por poner sus intereses personales por encima de las tareas de la Revolución. En eso levanta la mano Conchita, del piso 5, y le dice a Eloy que ella va a quitar el bombillo a su patiecito y se lo va a dar a él. A Eloy se le aguan los ojos y le da un abrazo a su vecina salvadora.</p>
	<p>—Yo lo que quiero saber, Fina, es si este edificio nunca va a tener gas— pregunta Pancho, del piso 9. Su esposa es alérgica al kerosene, y por tener que cocinar con ese combustible tan contaminante y apestoso, en una “Pike”, ella está cada vez peor del asma y yendo al hospital casi a diario a darse aerosol.</p>
	<p>La ojiazul presidenta le recuerda al mecánico automotriz que a todas las familias que le entregaron viviendas, allí le informaron que el edificio no tendría nunca gas, ni agua caliente, ni cocinas, ni closets en las habitaciones, ni falso techo, ni corriente de 220 voltios para conectar cocinas eléctricas, ni tapas para los inodoros, ni sistema para botar la basura, ni intercomunicadores, ni se podría usar el sótano como parqueo porque pusieron las tuberías por fuera y no caben los automóviles. —Y debemos agradecerle a la Revolución que nos dio estos apartamentos—  finaliza la sargenta de cuerpo espectacular.</p>
	<p>—Perdón, Fina— interrumpe Domingo, quien como Mauro integró la micro que levantó el inmueble. —A este edificio sí se le instalaron las tuberías para poner el gas cuando el país tuviese recursos. Lo que pasa es que al parecer el país no va a tener recursos jamás de los jamases…</p>
	<p>El lamento de Irene, traductora de inglés del piso 15, es que la gente pone los receptores de radio con música a todo volumen, y al entrar por el patinejo esa bulla le cincela los tímpanos y no la deja traducir, ni vivir. Además, Macholo, el vecino de encima, que es “merolico”, se pasa todo el día martillando en el piso tarecos de madera que hace para venderlos, y usa chancletas de palo que estremecen su apartamento. Como los apartamentos no tienen falso techo para amortiguar los ruidos, cada golpe en el piso de arriba suena como San Pedro jugando a los bolos.</p>
	<p>Ricardo, del piso 9, se queja de que tuvo que tapar con periódicos<em> Granma</em> todos los huecos del patinejo para que no le entren desperdicios de comida, ni heces fecales ni ruidos, y para que los vecinos chismosos (léase chivatos) no se enteren de lo que él habla en privado. —Pero ahora, mi mujer y yo nos ahogamos de calor, y no tenemos ventilador, eso no es justo— afirma.</p>
	<p>Adelaida, del piso 14, se queja de que tres días atrás, durante el apagón, la puerta de su apartamento fue embadurnada de mierda de arriba abajo, y que por mucho que la ha limpiado todavía apesta un horror.</p>
	<p>Josefina explica, en tono amenazante, que eso fue un “atentado contrarrevolucionario”, ya informado al MININT para que investigue.</p>
	<p>—Fue un atentado— precisa —porque todos aquí sabemos que Adelaida es “compañera sentimental” del coronel Paulino, jefe de la escolta del Comandante en Jefe, que viene mucho a ese apartamento. Eso fue obra de la gusanera que tenemos aquí agazapada. Por eso, una de las cosas que debemos acordar hoy aquí es redoblar la guardia del CDR.</p>
	<p>En tanto, Reyes, del piso 11, plantea que el apartamento de encima tiene salideros y el agua se filtra para el suyo, que la pared de su cocina y la del patiecito ya tienen moho y se hacen charcos en el piso. Agapito, el vecino aludido, se defiende:</p>
	<p>—Yo no tengo la culpa de que hace años en ninguna ferretería hay las piezas para hacer esos arreglos.</p>
	<p>El rosario de quejas continúa. Pero Josefina, cuyo esposo anda de viaje de trabajo por China, ve que llega al parqueo Rodolfo, dirigente municipal del Partido Comunista.</p>
	<p>—Compañeros— dice la hermosa rubia, que con su minifalda regala una panorámica de sus firmes muslos a los varones presentes —tenemos que terminar la asamblea, pues el compañero Rodolfo nos trae nuevas orientaciones políticas y debo reunirme ahora con él. Los asuntos pendientes deben ser planteados en la próxima asamblea.</p>
	<p>Los asistentes se miran con sorna dejando leer en sus ojos: <em>“Sí, Josefina, ya te visualizamos horizontal recibiendo gustosísima las “orientaciones del partido”. Cuidado: no se te manche la sábana, ja, ja”.</em></p>
	<p>Antes de que se retiren los asistentes, Caridad suelta la bomba que tenía guardada:</p>
	<p>—Compañeros, desde mañana sólo va a haber agua 45 minutos al mediodía, de 12:00 a 12;45 p.m., y luego por la tarde de 5:00 a 5:45 p.m. El problema es que está entrando muy poca agua a la cisterna porque las tuberías de las calles están tan malas y el agua se pierde por el camino, y ni el acueducto ni el país tienen recursos para hacer los arreglos.</p>
	<p style="text-align: center;"><strong><span style="font-size: small;"> </span></strong></p>
	<h3 style="text-align: left;">Cubanismos</h3>
	<p><em><strong>Cigarro:</strong> popularmente se usa también como sinónimo de diente</em></p>
	<p><em><strong>Cajetilla:</strong> dentadura natural</em></p>
	<p><em><strong>Gusano tapiñao:</strong> persona desafecta al régimen, pero que simula ser castrista</em></p>
	<p><em><strong>Patinejo:</strong> espacio en medio de edificios altos que sirve para la ventilación de los apartamentos</em></p>
	<p><em><strong>Chancleta:</strong> mujer muy vulgar; sandalia</em></p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p><strong> </strong><strong><a href="http://www.hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2009/11/Roberto-Alvarez-3.JPG"><img class="alignleft" title="Roberto Alvarez" src="http://www.hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2009/11/Roberto-Alvarez-3-150x150.jpg" alt="" width="120" height="120" /></a>Roberto Álvarez Quiñones</strong> (Cuba). Periodista, economista y licenciado en Historia. Cuenta con 40 años de experiencia como columnista, primero en Cuba en el periódico <em>Granma</em> (1968-1995), en el que era columnista económico y cronista histórico. Simultáneamente trabajaba en la TV Cubana como comentarista económico en la <em>Revista de la Mañana. </em>Autor de seis libros, publicados en La Habana y en Caracas, que son ensayos e investigaciones económicas e históricas, y crónicas. Ha obtenido 11 premios nacionales de periodismo y ha integrado jurados en concursos literarios y periodísticos. Vino para Estados Unidos en 1995. Desde junio de 1996 trabajó en el diario <em>La Opinión,</em> de Los Ángeles, hasta agosto de 2008. Allí fue editor y columnista de las secciones de Latinoamérica, El Mundo, El País, Negocios y Tu Casa (bienes raíces). Fundó y tuvo a su cargo las columnas “Macroeconomía”, “El arte de comerciar”, “Ventana al Sur” y “Ecos del mercado”. Es analista económico de Telemundo (TV), y escribe para medios de EE.UU. y España. Fue profesor de periodismo en la Universidad de La Habana y en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí; y de historia de las doctrinas económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en universidades e instituciones de varios países de Europa, y en México, Venezuela y Nicaragua. Reside en California, Estados Unidos.</p>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Roberto Alvarez-Quinones</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Tribulaciones+en+una+micro+http://r7dz4.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Tribulaciones+en+una+micro+http://r7dz4.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/UsRoDagE7T07lSm2QT0pjL-76nU/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/UsRoDagE7T07lSm2QT0pjL-76nU/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/UsRoDagE7T07lSm2QT0pjL-76nU/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/UsRoDagE7T07lSm2QT0pjL-76nU/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=Sm-UJzsdroo:R_xLcQeewcM:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/Sm-UJzsdroo" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>La ojiazul presidenta le recuerda al mecánico automotriz que a todas las familias que le entregaron viviendas, allí le informaron que el edificio no tendría nunca gas, ni agua caliente, ni cocinas, ni closets en las habitaciones, ni falso techo, ni corriente de 220 voltios para conectar cocinas eléctricas, ni tapas para los inodoros, ni sistema para botar la basura, ni intercomunicadores, ni se podría usar el sótano como parqueo porque pusieron las tuberías por fuera y no caben los automóviles, etc. —Y debemos agradecerle a la Revolución que nos dio estos apartamentos—, finaliza la sargenta de cuerpo espectacular.</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/tribulaciones-en-una-micro-7735/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">1</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/tribulaciones-en-una-micro-7735</feedburner:origLink></item><item><title>Resultados del I Concurso de Cuento Mínimo – Libros y Letras, de Colombia</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/hi__Y3Y05ow/concurso-de-cuento-minimo-7683</link><category>Relato</category><category>Colombia</category><category>finalistas</category><category>letras</category><category>libros</category><category>magia</category><category>minimos</category><category>relatos</category><category>sobrevivientes</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Jorge Consuegra</dc:creator><pubDate>Sat, 28 Aug 2010 16:50:58 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7683</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<h1><span style="color: #888888;">Ganador</span></h1>
	<p><span style="color: #888888;"><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Mago-2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7902" title="Mago 2" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Mago-2.jpg" alt="" width="357" height="400" /></a><br />
</span></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #888888;"><span style="color: #ffffff;">***</span><br />
</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">Mágico</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">El show de magia iba a iniciar. El mago se desconcentró y la audiencia desapareció.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Andrés Felipe Paris</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h1><span style="color: #888888;">Finalistas</span></h1>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">El último sobreviviente</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Luego de la hecatombe universal sólo un hombre sobrevivió a la gran matanza. Y ese hombre solitario balanceándose triste en su mecedora, contempla la desolación infinita y escucha el intenso silencio que ahora ocupa el mundo. Suena el teléfono.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Jesús Alberto Sepúlveda</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">Prueba de amor</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Cuando la gitana recibió la oreja en la casa pública número uno de la Rue du But d’Arles como muestra del amor de Van Gogh, después de un entendible desmayo, le aseguró a la policía que si de verdad la amara le hubiera enviado la mano que pinta girasoles.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor:jcortes1869</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">La última metáfora del poeta</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">La bala le entró, profana, por la sien derecha; saliéndole, por la izquierda, convertida en un pájaro.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Gabriel Bevilaqua</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">Gótico</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Esta mañana sobrevoló la muerte en el piso superior. Arrastró los pies y se podó las alas. Era imposible dormir, como difícil escribir sin el papel delante. Agotado, tomé el ascensor y aceptando la convocatoria trasnochada toqué el timbre en el piso de arriba. Ella no atendió pese a mi insistencia. ¿A quién se le ocurre forzar a una dama de madrugada, cuando se tiene todo para perder?</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">No volvió a hacer ruido en todo el día. Pero dudo si tomará a bien lo que escribo. Es probable que al leerlo golpee piso y cielorraso hasta enloquecerme.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Carlos Enrique Cartolano</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">Sesión redonda</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Hoy estuvimos tan lúcidos los dos. Yo, suelta, despierta, le saqué chispas al diván. Y él, tan elocuente, tan oportuno con sus intervenciones. Fue una sesión redonda. Salí del consultorio encantadísima. Creo que, al fin, yo lo dejé pensando a él.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Raquel María Saralegui</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">La cita</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">La silueta de la mujer se recortaba detrás de los cristales, .Sus cabellos caían como cascada sobre sus hombros. Observaba caer la lluvia. El fulgor de los relámpagos se reflejaba en sus ojos color miel. Esa misma lluvia había ahogado su cita a ciegas. Y estaba triste. Además de sentirse sola, hubiese estado feliz de encontrarse con ese extraño, de compartir un café escuchando el sonido de su voz. Con la lluvia había perdido la oportunidad de tener a alguien a quien amar, y junto a ese amor tener también quien empujara su silla de ruedas.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Luciano Bentancor</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">Soñar&#8230;</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Camilo, un vagabundo bogotano, rumiando su destino, busca abrigo cerca de las llantas humeantes que se retratan en el río Bogotá. Se envolvió en la cobija que lo acompañaba. Ya el sueño lo alejaba de la realidad. De repente una bella mujer se le acercó y lo invitó a pasar la noche en su casa. En la mansión, se sintió limpió y bien comido. La limpieza de la cama lo acogió. La dueña de la casa se le acercó:</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">- ¿Está usted cómodo?</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">- Sí, la cama es acogedora.</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">- Usted necesita compañía. Córrase un poquito.</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Camilo se corrió, y cayó directo al río.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Uriel Bautista Gambo</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">O “La tragona”</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Allá, en el norte, donde viven los amos, justo en la ciudad de las letras, habitaban las vocales. Eran las más solicitadas en la nación del lenguaje. Dominaban y formaban cuanta palabra surgía. Eran imprescindibles, indispensables. La i se reía de la pobreza de otros, con su carcajadita ignominiosa; la e aparentaba soluciones que jamás llegaron; la a presidía la dictadura en el gobierno del alfabeto y la u engañaba a la población, con falsas esperanzas de desarrollo. De repente, la gorda o que no paraba de tragar, llegó y de una, se nos comió el cuento.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Wilfrido Franco García</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">Las anécdotas</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Aún se conserva la vieja casa donde se dieron cita las anécdotas que conforman el patrimonio retórico de la humanidad, una vez que el tiempo decidió reclutarlas para que sirvieran como testimonio de la inefable dicha, la trémula angustia y la lóbrega tristeza, con las cuales el Supremo quiso amasar la salud emocional de sus criaturas, todas ellas elaboradas con extracto de caprichosa imaginación, justamente para que el derrotero de la existencia no resultara constreñido por los rigores del aburrimiento. Ahí permanecerán esas anécdotas en franca promiscuidad, hasta que el silencio resuelva sepultarlas en la tumba del olvido.</span></p>
	<p style="text-align: right;"><em>Autor: Mauricio Bernal</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h2 style="text-align: center;">Prefijos para el amor</h2>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Ella insiste: “Lo nuestro no prosperará. En poco tiempo mi fealdad te resultará intolerable.”</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">¿Fealdad? ¡Qué disparate! Es, a lo sumo, desbelleza. Enuncio, entonces, los postulados de una neoestética que resalten su ultraoriginalidad facial.</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Le declaro mi amor. Proclamo la llegada de la plusfelicidad.</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Ella, incrédula, pronostica que —en caso de no abandonarla— le seré infiel. Combato su infraconfianza. Prometo no valerme de un viceamor, ironizando incluso con la posibilidad de ingerir una archidosis de comprimidos antitraición, infalibles ante superpasiones rupturistas.</span></p>
	<p style="padding-left: 60px;"><span style="font-size: medium;">Aplicaré la micropercepción, la antinitidez, la subvisión de lo real. Todo, con tal de escaparle a la soledad.</span></p>
	<p style="text-align: right; padding-left: 60px;"><em>Autor: Fernando Figueras</em></p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<p style="text-align: right;"><em>De Libros y Letras, de Colombia, boletín N° 5,373; jueves 15 de julio de 2010</em></p>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Jorge Consuegra</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Resultados+del+I+Concurso+de+Cuento+M%C3%ADnimo+%E2%80%93+Libros+y+Letras%2C+de+Colombia+http://ttnr5.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Resultados+del+I+Concurso+de+Cuento+M%C3%ADnimo+%E2%80%93+Libros+y+Letras%2C+de+Colombia+http://ttnr5.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0NgUQcHhTrFhBXvempGBHSraEU0/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0NgUQcHhTrFhBXvempGBHSraEU0/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0NgUQcHhTrFhBXvempGBHSraEU0/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0NgUQcHhTrFhBXvempGBHSraEU0/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=hi__Y3Y05ow:5Qr0Qwy5Inc:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/hi__Y3Y05ow" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Esta mañana sobrevoló la muerte en el piso superior. Arrastró los pies y se podó las alas. Era imposible dormir, como difícil escribir sin el papel delante. Agotado, tomé el ascensor y aceptando la convocatoria trasnochada toqué el timbre en el piso de arriba. Ella no atendió pese a mi insistencia. ¿A quién se le ocurre forzar a una dama de madrugada, cuando se tiene todo para perder?</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/concurso-de-cuento-minimo-7683/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/concurso-de-cuento-minimo-7683</feedburner:origLink></item><item><title>Bernarda y la lujuria</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/8TJnmP8hJ7Y/bernarda-y-la-lujuria-7726</link><category>Relato</category><category>amor</category><category>anonas</category><category>Bernarda</category><category>Luis</category><category>Lujuria</category><category>milagro</category><category>padre</category><category>Piedades</category><category>Rafael</category><category>sexo</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Luis Munoz</dc:creator><pubDate>Sat, 28 Aug 2010 15:45:59 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7726</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p style="text-align: center;"><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Murcielagos.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-7886" title="Murcielagos" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Murcielagos.png" alt="" width="490" height="303" /></a></p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p>Piedades de Santa Ana era un puñado de viviendas llenas de niños semidesnudos, perros flacos, carretas olvidadas con bueyes invisibles y canastos de café vacíos. Frente a las casas de piso de tierra y techo de tejas, los viejos se sentaban a saludar con sus bastones de rama de güitite a todo aquel que pasara por enfrente. Escolares agarradas de la mano llenaban las aceras sobre un fondo de girasoles y veraneras en flor. Calles enmarcadas por frondosos árboles de jocote y carao guiaban jinetes a su destino.</p>
	<p>Yo tenía siete años cuando fui a Piedades por primera vez. Era un domingo de cielo despejado. Ese día habíamos planeado un paseo a nuestra finca donde por primera vez yo iba a montar a caballo. No podía dejar de pensar en ello. Los caballos a menudo ocupaban mi imaginación. Mi interés por ellos había surgido de las películas de vaqueros de Glenn Ford y Jeff Chandler que iba a ver al cine Aranjuez. Los había estudiado a fondo en las fotos de mi padre jugando polo en la Sabana con los Ortuño, los González, o con don Teodoro Picado y don Idígoras Fuentes, presidentes de Costa Rica y Guatemala en aquel entonces. Los había admirado en las revistas cómicas del Llanero Solitario y de Red Ryder que compraba todas las semanas. En las ilustraciones de la Biblia. En las formas que las nubes tomaban durante las tardes de invierno en San José. Pero nunca antes había visto uno de verdad. Mi madre había empezado a hacer los preparativos para el viaje desde la noche anterior. Salí de mi habitación y me encontré con ella en la cocina, alistando unos emparedados con la carne sudada que mi abuela Otilia había traído. Gallos de torta de huevo, queso tierno, frijoles negros, naranjada y tamal asado complementaban el almuerzo ya preparado. Eran las 6:30 de la mañana y me fui a bañar.</p>
	<p>Para cuando dieron las 9:00, ya íbamos a medio camino rumbo a Piedades. El Plymouth verde oliva de papá susurraba serenamente mientras cruzábamos el puente sobre el río Los Anonos camino a Escazú. Sentado en el asiento delantero a un lado de mi padre, yo continuaba pensando en caballos. Papá manejaba lentamente, con pereza, como si no quisiera nunca llegar a su destino Por fin llegamos al pueblo, y papá parqueó el Plymouth frente al restaurante &#8220;La Esperanza&#8221;, donde un hombre cuarentón de cuello colorado y barriga de ballena nos dio la bienvenida. Su piel tenía el color de la tristeza. Era Rafael Sandí, dueño del establecimiento y viejo amigo de papá. Se habían conocido durante la campaña presidencial de 1944. Mi padre, que en ese tiempo era diputado, había estado haciendo campaña política arduamente en esa zona del país. Se había enamorado del pueblo desde su primera visita y quería comprar terreno. Los Sandí tenían algunas fincas a la venta. Años después, luego de un corto regateo, Papá terminó comprando varias manzanas. La propiedad tenía una casa blanca de adobe rodeada de árboles de anona, níspero, guanábana y naranja con sus troncos pintados de cal. Detrás de la casa había un galerón podrido y una caballeriza. Más atrás, había un potrero donde pastaban los cinco caballos de papá, única reliquia aún existente de su pasado como integrante de la selección nacional de polo de Costa Rica durante los años 50.</p>
	<p>En medio del potrero había un árbol moribundo cubierto de hoyos. Era un poró gigantesco que botaba sabia por los huecos como desangrándose. Como parte del trato de venta, Rafael, que para entonces vivía a un lado de nuestra finca, iba a continuar con el cuidado de la tierra y las bestias. El menor de diez hermanos, Rafael, había construido la casa para su nueva esposa, Milagro, donde vivieron felices aunque solos por doce años: él cuidando de las tierras de la familia y ella soñando con la compañía de aquella criatura tan deseada que no habían podido hasta ahora concebir. Cuando Milagro por fin quedó embarazada, Rafael pintó la casa color cielo en un solo día y espantó a todos los murciélagos que vivían en el techo de la misma. El día que Bernarda, &#8220;mi pedacito de luna&#8221;, nació, Rafael plantó seis árboles de anona, la fruta favorita de la nueva madre alrededor de la casa. Milagro lo daba todo por Bernarda y con gusto. Ambos eran felices. La vida de Milagro pronto se convirtió en cuidar de Bernarda, comer anona y nada más. Ninguna otra actividad le parecía más importante que pasar tiempo con su hija, compartiendo con ella cada momento de su existencia. Lo único que ella necesitaba era que Rafael le siguiera trayendo anonas. Conforme pasó el tiempo, Milagro poco a poco dejó de comer excepto por su preciada fruta. &#8220;El amor de Bernarda me alimenta&#8221;, decía. Se quejaba de que el &#8220;gallo pinto&#8221; le daba dolor de estómago y ganas de vomitar; de que el chayote la mareaba y la olla de carne la deprimía. Todo le empezó a caer mal menos la anona.</p>
	<p>Pronto Milagro acabó con toda la fruta de Piedades y Rafael tuvo que empezar a ir a otros pueblos a comprarla. &#8220;No quiero volverte a ver hasta que encuentres fruta&#8221;, decía Milagro, ya obsesionada por el manjar. Los sábados, temprano en la mañana, Rafael ensillaba su caballo y salía en su búsqueda, para regresar hasta tarde por la noche con su dulce cargamento. Bernarda crecía rápidamente. Milagro enflaqueció. Si no había anona, Milagro no comía. Desgraciadamente ese año hubo una gran sequía en el país y la anona se hizo todavía más escasa. Rafael ahora tenía que ir hasta San José dos veces por semana a conseguir la fruta. Empezó a desesperarse y la misma desesperación que sentía le estaba envejeciendo la piel prematuramente. Los murciélagos habían regresado a anidar en el techo de los Sandí, comiéndose toda la primera cosecha que los árboles de la casa habían dado. Pero Rafael estaba más preocupado en conseguir las anonas de Milagro que en espantar animales. Esa misma preocupación, junto con el ruido de los murciélagos por la noche, lo tenían desvelado por semanas. Milagro se enfermó. Trataron de hacerla comer pero todo fue en vano. Llegó el momento en que tuvieron que separar y llevarse a Bernarda a otra casa, pues pasaba pegada a las tetas de su madre día y noche sacándole hasta la última gota de nutrición que le quedaba. De vez en cuando, algún buen samaritano que había escuchado la historia de Milagro llegaba a Piedades desde algún pueblo lejano con una anona ya medio podrida como regalo. Pero la falta constante de alimento y el no poder ver más a su hija habían hecho que Milagro empeorara. La noche antes del segundo cumpleaños de Bernarda todos los murciélagos salieron en bandada de la casa de los Sandí para nunca más regresar. &#8220;Lo siento Rafael, pero sin la criatura me hubiera muerto tres años antes&#8221;. A la mañana siguiente, Milagro no despertó.</p>
	<p>Después de tomarnos un refresco en la soda, Rafael nos guió a papá y a mí hacia el potrero mientras que Julio se quedaba con mamá descargando las cosas del auto. El olor a chorizo proveniente de la cocina del restaurante, combinado con el de dulce de caña del trapiche de los Sandí, saturaba el aire y despertaba el apetito. Cruzamos el patio trasero del restaurante espantando chanchos y gallinas. Bernarda quien era tres años mayor que yo nos acompañaba. Sucia de pies a cabeza, Bernarda pasaba por charrales, charcos y piedras como &#8220;Pedro por su casa&#8221;. Un vestido que tiempo atrás fuera de &#8220;domingo&#8221;, y que ahora era nada más que un trapo ajado y descolorido, le cubría su cuerpo invadido por una pubertad temprana. Caminaba en frente de nosotros, chupando un pedazo de melcocha que había cogido al pasar por el trapiche. Iba brincando como si jugara rayuela sobre la boñiga de vaca que cubría el trillo. Parada sobre la caca del animal, estripándola con sus pies descalzos, Bernarda se volteaba a mirarme coquetamente con ojos tan grandes como semillas de guapinol. Su pelo rubio era una enredadera de colochos que le cubría los hombros y le escondía el rostro. Al voltearse, Bernarda sostenía sus rizos con ambas manos a los lados de su cara, y restregaba su mirada sobre mí, empezando por los pies y continuando despacio hacia arriba, pulgada por pulgada, hasta adherirla a mis pupilas desvergonzadamente. El dulce de la melcocha le hacía brillar los labios. Yo continuaba caminando, tratando de evitar su mirada, y de no ensuciar mis botas vaqueras en la boñiga fresca que ella ya había aplastado. Sus ojos seguían adheridos a los míos. Al yo llegar hasta donde estaba ella, Bernarda se volvía a meter la melcocha a la boca y sonreía; volvía a esconderse bajo sus colochos y reanudaba su correteo rumbo al potrero. Al principio, su mirada me incomodaba, haciéndome sentir como bicho bajo lente de microscopio.</p>
	<p>Pero poco a poco me fui acostumbrando a aquella criatura, a aquel animalito extraño que se me quedaba viendo. Pronto la dulzura de su cara hizo que yo pudiera devolverle esa mirada, y más adelante la sonrisa. Caminamos otros doscientos metros sumergidos en nuestro juego. Nos faltaban doscientos más para llegar hasta donde estaban los caballos. Yo ya no evadía su atisbo. Ahora lo deseaba. Tan pronto como ella empezaba a correr hacia adelante, yo empezaba a esperar a que parara y se volteara a verme para poder sentir esa extraña sensación que sus ojos creaban en mi panza. Ya no pensaba en caballos. Ahora pensaba en Bernarda, en fijar mi vista en ella abiertamente, en lavarle esos pies de campo, en peinarle y desenmarañarle los colochos, en desnudarle la espalda y buscarle alas en los omoplatos, en agarrar su enmelada mano con mi mano temblorosa y asustada&#8230; &#8220;Agáchese más y cuidado con el alambre de púas&#8221;, me decía. Bernarda había cruzado la cerca y me esperaba al otro lado levantando el alambre para que yo pasara. Ella empezó a correr campo abierto y yo la seguí hasta llegar al poró que enmarcaba exactamente el centro del potrero.</p>
	<p>Nos recostamos contra el árbol. El zacate estaba cubierto de &#8220;diente de león&#8221;. Parches de hongos brotaban de la boñiga seca y una lluvia de florecillas rojas caía del poró sobre nosotros. La savia del árbol herido formaba cristales que resplandecían como chispas bajo el sol del medio día. Descansamos bajo la sombra en silencio por un largo rato. &#8220;¿Usted es hijo de don Julio Veda?&#8221;, y sin esperar respuesta Bernarda se rio. Su reacción me confundió. Bernarda se paró y a carcajada abierta empezó a correr hacia el otro extremo del campo hasta desaparecer tras la colina. El potrero ahora permanecía mudo. Pájaros, grillos, riachuelo, viento, corazón, callaban como en espera de algo. Yo cerré mis ojos y empecé a sumirme en los recuerdos de lo que había sucedido con Bernarda, tratando de revivir y disfrutar de cada momento una vez más. El silencio era interrumpido únicamente por el ruido de los mosquitos que volaban alrededor de mi cabeza. El suelo empezó a vibrar bajo mis piernas. Primero me pareció que el zumbido de los moscos aumentaba, pero pronto lo que sonaba como un zumbido se convirtió en retumbo. El ruido me despertó de mi estupor y me hizo levantarme apenas a tiempo para poder ver a un grupo de unos veinticinco caballos aparecer tras el cerro. Los animales galopaban rápidamente, sus patas martillando el césped bajo una nube de polvo anaranjado. En frente de la manada iba una yegua azabache con una mancha colorada entre los ojos. Bernarda, montada a pelo sobre ella y gritando, animaba a los animales a correr más rápido. A toda velocidad, la manada continuó su carrera hacia donde yo estaba parado, hasta pasar a sólo un par de metros en frente de mí. Bajo el estruendo de los cascos y los gritos de Bernarda, y cubierto de tierra, permanecí inmóvil. Un instante más tarde los animales desaparecían al otro lado del potrero. La risa de Bernarda aún se oía en el horizonte. &#8220;Luisillo, venga para acá y tenga cuidado con esos animales&#8221;. Rafael se acercaba con papá. Cargaba algo en su mano izquierda en donde el sol se reflejaba mandando un chorro de luz hacia mi rostro. Yo me dirigí hacia donde estaban ellos y me di cuenta de que lo que tenía era una pistola pequeña de cacha de carey oscuro y cañón plateado. Rafael la empuñaba con orgullo y luego de escupir en un pañuelo, empezó a limpiarla, acariciándola lentamente. Disfrutando del restregar de cada grieta y cada curvatura del revólver, Rafael le sacaba brillo al metal en total comunión, como si estuviera envuelto en una conversación telepática e íntima con la pistola. Una vez que terminó de limpiarla, Rafael sacó un puñado de balas de su bolsillo y la cargó. Con el arma en mano, Rafael se veía libre de aquella tristeza que anteriormente lo cubría. Su cuerpo lucía más energético, como si el arma le diera la fuerza, voluntad y valentía necesarias para poder encarar la vida, una vida que después de la muerta de Milagro había perdido todo sentido. Pero fue un cambio momentáneo, pues tan pronto como levantó la cabeza y dirigió su mirada hacia el poró, su rostro se le cubrió de amargura una vez más. Sonreía como pariendo la sonrisa mientras veía al árbol acribillado. &#8220;¡Este árbol hijo de puta no se quiere morir!&#8221;, exclamaba.</p>
	<p>En ese momento Bernarda regresó agitada. Había ido a guardar los caballos al establo tal y como se lo había ordenado su padre. Rafael, al ver que Bernarda corría hacia nosotros, hizo un movimiento súbito tratando de esconder la pistola de la mirada de su hija, pero su esfuerzo fue tardío. &#8220;Papá, por favor, no hagas eso más que al árbol le duele y a mí también&#8221;. Rafael levantó el revólver y lo apuntó hacia el poró. &#8220;Cállate, muchacha de Dios&#8221;, y disparó. El primer disparo la enmudeció. Una bandada de pericos levantó vuelo. Yo retrocedí. El segundo disparo le arrancó un gran pedazo al tronco del árbol mientras yo me alejaba todavía más de la pistola. Rafael disparó cuatro balazos más que se anidaron profundamente en el tronco del árbol. &#8220;Venga, Luisillo, a las armas no hay que temerles, sólo hay que respetarlas&#8221;, dijo Rafael. Bernarda, sollozando y con el vestido mojado de savia, se agarraba ahora al árbol como no queriendo soltarlo nunca. &#8220;Quítate mocosa, que todavía no hemos terminado&#8221;, dijo el padre. Bernarda no se movió. Rafael le sacó los cartuchos vacíos a la pistola y la volvió a llenar de balas. Bernarda cubría el poró con su cuerpo. &#8220;Perdóneme, don Julio, pero es que Bernarda está como enamorada de ese maldito árbol&#8221;. Papá se le quedó viendo sin decir una sola palabra y después bajó la cabeza. &#8220;¡Vámonos, Bernarda, que con usted qué va!&#8221;, volvió a exclamar el padre. Rafael se dio media vuelta, guardó la pistola en su cinturón, se restregó la cara con ambas manos y empezó a caminar con papá rumbo al pueblo. Cuando llegamos a la orilla del potrero y luego de cruzar la cerca, volví a ver hacia atrás. Bernarda aún permanecía abrazada al árbol&#8230;</p>
	<p>Los años pasaron y yo continué yendo a Piedades. Bernarda empezó a trabajar en &#8220;La Esperanza&#8221;, ayudándole a su papá con los quehaceres del restaurante. A veces yo la veía ahí y conversábamos. Otras veces nos íbamos al trapiche a comer dulce, o a recoger fruta, a andar a caballo, a caminar por los potreros o plantaciones de café buscando pájaros. Pero conforme pasó el tiempo, mis viajes al pueblo fueron menos frecuentes hasta que dejé de ir por completo. La casa quedó deshabitada por mucho tiempo. Finalmente, diez años después de la muerte de Milagro, los murciélagos regresaron a anidar en la vivienda, para posesionarse de la misma indefinidamente.</p>
	<p>Una noche de abril, después de varios años de no haber visto a Bernarda, yo llegué a Piedades acompañado de cuatro amigos. Íbamos a pasar el fin de semana en el pueblo en celebración de mi décimo quinto cumpleaños. El pueblo había cambiado bastante. Las casas de adobe y tejas habían sido reemplazadas en su mayoría por viviendas modernas de ladrillo y cemento, con ventanales cubiertos de enrejados protectores. Enormes mallas metálicas con portones de hierro o acero las rodeaban. Una existencia de aislamiento y desconfianza parecía reinar en el vecindario. Las puertas permanecían cerradas, los patios y corredores en silencio. Fuera de las casas había un ir y venir de autobuses de pasajeros, carros, motocicletas y camiones que repartían mercadería en las diferentes cantinas y mercados abundantes en el pueblo, por lo que eran pocos los jinetes que se aventuraban a cabalgar en las carreteras. Las carretas de bueyes habían desaparecido por completo. Al llegar a la casa, nos acomodamos en la habitación más grande, cada uno escogiendo un rincón donde colocar sus pertenencias. Luego nos sentamos en el centro del cuarto alrededor de unas candelas.</p>
	<p>Mis amigos estaban dispuestos a acabar con cuatro botellas de ron lo más pronto posible. Yo tenía otros planes en mente. Quería ver a Bernarda. Sentía una extraña curiosidad por saber de ella. El aire dulce de la noche invitaba a caminar y me dirigí hacia &#8220;La Esperanza&#8221;, donde sabía que encontraría a Bernarda. Conforme me acerqué al restaurante empecé a escuchar el bullicio de la rockola que tocaba La Virgen Negra incesantemente. El lugar estaba repleto. Al entrar me encontré con una multitud sudorosa y hambrienta, que parecía dispuesta a ordeñarle toda gota de placer y diversión a una noche que recién empezaba. Me senté a tomarme una cerveza. Busqué a Bernarda por toda la habitación pero no la hallé. Decidí quedarme y esperar un rato. Había una sensación de impaciencia e inquietud en la muchedumbre. Todos parecían estar en espera de algo nuevo y diferente que los pudiera transportar a otra realidad menos monótona. Con el pasar de las horas, la turba se hacía cada vez más bulliciosa creando un torbellino de risas y alaridos, conversaciones confusas y desordenadas y lamentos en canciones. Las meseras correteaban desorientadas de un lado a otro tratando de satisfacer las demandas de los clientes que pedían más y más alcohol para quitarse la sed y el vacío. Los hombres se hablaban en voz alta, casi a gritos, escupiéndose los rostros al tratar de comunicar sus indescifrables mensajes de ebriedad bajo el estruendoso mantra de &#8220;La Virgen Negra&#8221; que continuaba sonando sin cesar. Algunas parejas bailaban lascivamente al ritmo de la repetitiva canción sobre un piso cubierto de pedazos de chicharrón, costilla y pollo asado que caían de las mesas. Nadie entendía a nadie porque nadie escuchaba a nadie. Era un ambiente crudo, de una pasividad frágil donde el diálogo fácilmente terminaba en puñetazos, puñetazos en abrazos, insultos en cumplidos y carcajadas en tristeza silenciosa. &#8220;La Esperanza&#8221;, irónicamente parecía existir bajo una burbuja sofocante de soledad.</p>
	<p>En medio de toda la confusión vi que Bernarda entraba por la puerta de atrás. Alguien más la reconoció e inmediatamente gritó su nombre. La multitud al estar consciente de su presencia en el restaurante estalló en un alarido ensordecedor seguido por un canto rítmico y reinsistente de “¡Bernarda!, ¡Bernarda!” que duró por más de diez minutos. Bernarda había cambiado. Ella era ahora una mujer, y como ninguna otra que yo había visto antes. Se había transformado en una especie de pantera-diosa de exótica belleza y cuerpo amazónico que exudaba elegancia y gracia, en un ser tan deliciosamente femenino y tan tentadoramente sensual que era prácticamente imposible mirarla sin que la lujuria y el deseo se posesionaran de uno. Caminaba lentamente como bailando al ritmo de un apasionado tango interno que guiaba cada paso de sus pies, cada meneo tembloroso de sus nalgas, cada suspiro, cada pestañeo. Todos la admirábamos, mientras Bernarda se deslizaba seductoramente de una mesa a otra como obsequiando algún elixir divino o afrodisíaco embriagante que emanaba de los poros de su piel de amapolas y marfil. Hechicera, Bernarda era una creación perfecta del universo, rodeada de una jauría de hienas en celo. Sus ojos eran el señuelo, sus pechos la carnada en medio de un cardumen de pirañas. Bernarda era el vórtice de un huracán y todos permanecíamos asombrados, indefensos ante la fuerza de la tormenta. Ella continuó con su coqueteo de un lado a otro del restaurante bajo el grito continuo de la muchedumbre, hasta llegar cerca de donde yo estaba sentado. Aún no me había visto, pues se encontraba de espaldas hacia mí. Indeciso, me paré y caminé hasta tenerla directamente en frente mío. Su pelo era una estela de colochos rubios que cubría sus hombros y jugueteaba con sus caderas.</p>
	<p>Me disponía a agarrarla del codo cuando de pronto ella se volteó. No me dijo nada, luego sonrió. &#8220;Luis, váyase a la casa y espéreme que ya llego&#8221;. Yo caminé despacio hasta la puerta principal. Al salir de &#8220;La Esperanza&#8221; empecé a correr hasta llegar a la casa. Me senté en el higuerón del patio del frente, sin aliento, comiéndome las uñas en anticipación a la venida de Bernarda. Las anonas colgaban en abundancia como armadillos verdes, apelotonados bajo la cresta de los árboles. Podía escuchar a mis amigos que reían borrachos adentro de la vivienda. Por fin, vi que Bernarda se acercaba. Al llegar junto a mí, me paré para recibirla. Nos miramos en silencio. Ella puso sus manos sobre mi pecho. El corazón me reventaba. Inhalé el vaho de su boca. &#8220;Luis, yo sé que usted me desea y yo quiero ser suya, pero aquí no; vamos al potrero, al mismo lugar en donde me dieron a mí la vida; debajo del poró, que por ahí no pasa nadie a esta hora.&#8221;</p>
	<p>Nos dirigimos hacia el potrero, tomando el mismo camino por donde habíamos pasado siete años atrás. El aire aún olía a miel. Bernarda se agarró de mi mano. Cruzamos la cerca y caminamos cuesta arriba en silencio hasta llegar al centro del potrero. El poró estaba en flor. Bernarda se levantó el vestido por encima de su cabeza quedando totalmente desnuda. La luz de luna se reflejaba en su cuerpo de carbunco albino, en sus colochos de girasol, en su pubis, en sus uñas de mercurio. &#8220;¿Luis, a usted no le importa lo que dice la gente de nosotros?&#8221;.</p>
	<p>&#8220;¿Y qué dice la gente?&#8221;.</p>
	<p>&#8220;Ah, no se haga el tonto que usted ya sabe. Esto es un pecado muy grande, pero si a usted no le importa, a mí tampoco. Hágase pa&#8217;cá&#8221;.</p>
	<p>Yo me le acerqué. Bernarda se volvió a agarrar de mis manos y cubrió mi boca con la suya. Y con ese primer beso una mariposa nocturna se poso en su pecho y empezó a tejer un capullo hermético de estrellas y planetas a nuestro alrededor, que nos aisló y escondió del mundo exterior. &#8220;¡Haga lo que quiera conmigo!&#8221;. Bernarda, rana de bosque, musgo oscuro y lechoso, se adhirió a mí como una orquídea y me llenó de besos. Me impregnó con el aroma de su sexo de azucena carnívora, me amarró con cola de cometas, con rizos de medusa y aguamar y yo crecí. Y crecimos y babeamos y nos transformamos en algo desconocido, y los grillos cantaron más fuerte, como tratando de ahogar nuestros ruidos de lujuria. Y nos dijimos poemas y mentiras, y cubiertos en rocío respiramos precisados, inhalando todo el aire húmedo y nocturno de ese abril hasta quedar dormidos bajo el poró&#8230;</p>
	<p>Pasaron seis meses y no volví a ver a Bernarda, aunque a menudo pensaba en ella. Echaba de menos su mirada, sus pechos, sus muslos aterciopelados y pegajosos, su ternura. Sin embargo algo me había impedido regresar a Piedades. Por fin, un día me decidí a ir a verla y se lo mencioné a mi padre durante el almuerzo. Papá me pidió que fuera a verlo esa misma tarde a su oficina, pues quería que le hiciera un favor. Era una tarde de diluvio. El &#8220;Pasaje La Parra,&#8221; un callejón en el centro de San José que albergaba las oficinas de varios viejos abogados y notarios —la de mi padre siendo una de ellas— se estaba inundando. El agua corría de un bufete a otro ahogando el ruido incesante de teléfonos y máquinas de escribir que usualmente se escuchaba salir de las oficinas. Escrituras y contratos flotaban como pescados de origami. Al entrar a su bufete, vi a papá sentado frente a su escritorio con el agua hasta las pantorrillas, inmóvil. Al verme, inmediatamente se paró. Sacando un pañuelo de su bolsillo se secó la frente y se vino a sentar a mi lado. &#8220;Luis, vos has ido muchas veces a Piedades, y ya sabés cómo es la gente de habladora en ese pueblo. Por eso te voy a contar algo antes de que lo averigüés de otra forma. Es acerca de Bernarda, la muchachita de Rafael. Acabo de enterarme de que está embarazada y quiero que la próxima vez que la veas, le des este dinero y una ropilla que voy a comprar para su bebé&#8230; ¡Vos sabés cómo son las cosas, que a veces pasan tan inesperadamente!</p>
	<p>Figúrate que hace mucho tiempo, veinte años atrás para ser exacto, durante una noche de verano, yo estaba en Piedades y pasé a saludar a Rafael. El se había venido para San José esa mañana y sólo se encontraba Milagro, su esposa. Nos sentamos un rato a platicar, ella en una hamaca y yo a su lado, en un tronco de higuerón. Y mientras el viento la mecía y le alborotaba el cabello, me contó muchas cosas: que adoraba a Rafael y que estaba contenta en Piedades, pero que a veces el campo la asfixiaba, que se sentía sola y los murciélagos la atemorizaban; que estaba desesperada por tener hijos. ¡Vos sabés cómo es la vida, Luis! Esa noche ella estaba muy inquieta e insistió en que la llevara al potrero. Quería ir a oler la miel del trapiche&#8230; cazar carbuncos bajo la luz de la luna&#8230; sentarse debajo del poró para bañarse en flores&#8230;&#8221;.</p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<p><strong> </strong></p>
	<p><strong><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Luis-Muñoz.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7885" title="Luis Muñoz" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Luis-Muñoz.jpg" alt="" width="126" height="118" /></a>Luis Muñoz.</strong> Compositor y narrador costarricense. Ha desarrollado su carrera artística en los Estados Unidos, tocando en festivales de Jazz, tanto dentro como fuera del país. Estudió composición musical en el conservatorio de la Universidad Nacional en San José, Costa Rica, y en UCSB. Es autor de varias narraciones. Su sitio web oficial es: www.luismunoz.net. Actualmente está bajo contrato con un sello disquero estadounidense para quienes ha grabado numerosos CDs. Su más reciente producción discográfica, titulada <em>Invisible</em>, salió al mercado internacional tan sólo hace dos meses.</p>
	<p>[La foto de este autor fue tomada por el fotógrafo Agustín Vicente Fallas]</p>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Luis Munoz</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Bernarda+y+la+lujuria+http://wgytk.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Bernarda+y+la+lujuria+http://wgytk.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ojN6NfYkoGeWnsa3HOPboCrkVnY/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ojN6NfYkoGeWnsa3HOPboCrkVnY/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ojN6NfYkoGeWnsa3HOPboCrkVnY/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/ojN6NfYkoGeWnsa3HOPboCrkVnY/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=8TJnmP8hJ7Y:rp2rySgJVck:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/8TJnmP8hJ7Y" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Pero poco a poco me fui acostumbrando a aquella criatura, a aquel animalito extraño que se me quedaba viendo. Pronto la dulzura de su cara hizo que yo pudiera devolverle esa mirada, y más adelante la sonrisa. Caminamos otros doscientos metros sumergidos en nuestro juego. Nos faltaban doscientos más para llegar hasta donde estaban los caballos. Yo ya no evadía su atisbo. Ahora lo deseaba. Tan pronto como ella empezaba a correr hacia adelante, yo empezaba a esperar a que parara y se volteara a verme para poder sentir esa extraña sensación que sus ojos creaban en mi...</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/bernarda-y-la-lujuria-7726/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/bernarda-y-la-lujuria-7726</feedburner:origLink></item><item><title>El sostén maravilla, los chocolates, el Xanax y el Prozac</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/A_AbRBbK6yY/el-sosten-maravilla-los-chocolates-el-xanax-y-el-prozac-7864</link><category>Relato</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Liza Rosas Bustos</dc:creator><pubDate>Sat, 28 Aug 2010 09:16:03 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7864</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/wonderbra_billboard.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7876" title="wonderbra_billboard" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/wonderbra_billboard.jpg" alt="" width="568" height="349" /></a></p>
	<p>El otro día, desprovista de deseo, de camisolas de seda del Victoria Secret y de las mayas de aerobics me enfrenté por primera vez con mi cuerpo a través del espejo que acabo de heredar de mi difunta madre. El <em>Super</em>, que cojea porque le falta una pierna, me lo acaba de instalar en el baño. Juan lo quería en el techo del cuarto la verdad, pero fue imposible encaramarlo allá en lo alto. Yo sentí alivio al verlo pegado a la parte de atrás de la puerta del baño y no sobre mi cabeza. Estaba el placer de vernos repetidos, la novedad del viejo nuevo aparato. Pero pudo más el temor a la probable caída de un tremendo vidrio, los cortes, el escándalo que pudiese producir el suceso en el hospital, los diarios, etc.</p>
	<p>La cosa es que el espejo me ofreció un espectáculo que conocía por partes, pero que jamás había escudriñado por completo, así en bruto. Más de alguna vez me había tocado los pechos a pedido de mis médicos, que me auguraban el cáncer mamario que se llevó a mi madre (además de uno que otro pedido de alguno de mis amantes más atrevidos). Esta vez el examen visual fue un verdadero encuentro. Desprovisto del envoltorio de viscosa o seda, mis senos me miraban fijamente a través del vidrio que se iba desempañando del vapor de la ducha y el espectáculo fue revelador. Noté por primera vez que mi seno izquierdo era más grande. El pezón derecho, que daba a la puerta del baño, miraba hacia mi este, mientras que el pezón izquierdo me miraba fijamente, como un ojo desafiante. Si los senos fueran ojos, pensé, sería bizca, bizca de mamas. De la estupefacción a lo cómico, de lo cómico al asombro, me di cuenta de que en mis treinta y tantos años de vida jamás me había percatado de esta característica tan especial mía, que podría haber sido defectuosa para otros. “Es por eso que Juan perdió la erección la semana pasada”, pensé. Aunque en los mares instintivos del sexo es fácil perder la cuenta de, entre otras cosas, los defectos de la gente. Los miré por mucho rato y hasta se me hizo tarde por lo que me tuve que vestir rápido. Eran las 9:00 de la mañana y Juan estaba por llegar.</p>
	<p>Cuando ese día  Juan perdió la erección por segunda vez, no me gustó para nada, especialmente después de mi descubrimiento en el espejo. Me sentí miserable. Tomamos café mientras decidía que me dedicaría a hacer pilates solamente. Nada de correr. Después del gimnasio fui a comprar uno de esos sostenes maravilla o <em>wonderbra.</em> Era como estar comprando anteojos para el cuerpo. Al día siguiente, antes de que Juan llegara, volví a escudriñarme el cuerpo deseando que los pechos hubieran sido sólo una ilusión producto de la inseguridad cotidiana que nos ataca al vernos hinchadas y soñolientas, nada de parecida a las modelos de catálogos, cada mañana. Tuve un vacío que ocupé con la satisfacción de la compra del día anterior, me puse la falda de cuero y los sostenes maravilla que no me sacaría para nada. Juan no llegó sino hasta las 11:00. Su mujer le pidió que dejara a los niños en la escuela, según dijo. Estaría poco porque tenía prisa. Yo estaba lista para sacarme la blusa, pero comenzó a acariciarme tomando los atajos correspondientes para llegar al meollo del asunto. Entonces me dio vuelta, levantó la minifalda y me invadió por detrás mientras yo no podía verlo. Mis senos no estuvieron en el acto&#8230; fue la idea de mis senos la que estaba en mi mente. Juan acabó, me dio un beso de estampilla y salió por donde vino. Afuera llovía. Cuando llamé a la consulta de parte del<strong> </strong>lavaseco<strong>,</strong> claro está, preguntando por el doctor Juan Peláez Johnson, la secretaria me dijo que estaba libre ese día. No supe qué hacer. Pensé en tomar el papel de mujer sospechosa, pero no me cabía. Despechada decidí culpar a mi seno bizco de todo lo que me pasaba. Si no estaba con su mujer, ni conmigo ni en la consulta, ¿dónde se habría metido? Pensé en pedirle a Juan que le pidiera a algún cirujano que me ayudara a arreglar mis pechos. Pero en Estados Unidos eso no se hace, según dijo. Le costaría el trabajo. Decidí no complicar el asunto y salí a la calle llevando mis <em>wonderbra, </em>buscando la admiración del mundo, más exactamente de los empleados de la construcción de Park Avenue y uno que otro mexicano encaramado en un andamio que hoy están tan de moda como los frenos de los adolescentes. Juan no me decía bella como antes. Tampoco me decía salvaje, audaz. Se sumaba lo de aquel día y la mentira. Era preciso buscar escapes, recolectar fuerza a través de algún piropo. Al salir del ascensor me topé con el traductor del piso 10 que trabaja de turno en la ONU, y que por cierto no está nada de mal. &#8220;Uno de estos días, podríamos juntar su tiempo libre y el mío e irnos por ahí a entretenernos&#8221;, le había dicho. Haríamos linda pareja, total. Esas orejitas enormes y esa carita de perro recién bañado&#8230; mmm. Pero parece que o es muy tímido o tiene novia, porque de lejos saludó y hasta se sonrojó. Llamé otra vez al consultorio y la secretaria me dijo que tampoco vendría al día siguiente. Entonces me pensé tan tonta, solo tenía que esperar a verlo llegar por la puerta al día siguiente. Seguramente estaría, como es rutinario, tratando de zafarse de la mujer.</p>
	<p>Anteayer no vino Juan. No dejó mensaje ni nada. A tientas, llamé al <em>Super</em> para ver si todo estaba en orden y Juan había pagado los gastos comunes. Estaba. Me mantuve firme en la decisión de no mirarme al espejo ya más. Culpé a mi madre, mi seno bizco, los sostenes maravilla. Me tomé un Xanax y un Prozac con Coca Cola y chocolate para alimentar el ánimo y estuve escuchando a través de la puerta, a ver si salía el vecino para atraparlo en el camino. Los hombres tímidos me vuelven loca. Pero el traductor no llegó, sino hasta la noche. Durante ese día, pensé en llamar al hospital pero me arrepentí. Juro que sentí el motor de su Audi tres veces. Cuando me asomé por la ventana, nada, no hay noticias de Juan.</p>
	<p>Ayer en la mañana cuando me asomaba vi a Juan a través de las persianas caminando por la vereda de enfrente sin auto. Corrí a ponerme la ropa de siempre, los sostenes maravilla, la falda de cuero y dejé la puerta entreabierta. Pero Juan jamás se materializó. Lo llamé al vacío de los escalones, nada. No debí haber gritado tan fuerte. Sentí el portazo de mi vecino, el traductor guapo, que por cierto debe haberse indignado. A ese tampoco lo vi salir el resto del día. Pero de Juan, nada. Ni una llamada ni un telefonazo. Volví a llamar a mi <em>Super.</em> La renta está asegurada, dijo, por el resto del año si salía una de estas noches con él y probábamos el famoso espejo. &#8220;Ahí veremos&#8221;, contesté.</p>
	<p>Hoy es el último día que espero a Juan. Es más, ni siquiera me importa. Debo confesar, eso sí, que esta mañana al sentir mis tetas entrando en la coraza de mi sostén maravilla, tuve por ellos un cariño entrañable, una cercanía casi cómplice que debe haber sentido Moisés cuando lo mandaron a sacrificar a su hijo, porque si quiere usar el espejo y yo quiero sexo vertical, el <em>Super</em> me va a tener que pagar la cirugía, me la va a tener que pagar. Traté de besar mi teta como beso todo lo que siento mío, pero me fue imposible besar mi seno bizco. Después del traqueteo al que lo expuse, el pobre volvió a su posición original, medio inclinado, tiritando, dudoso por la brusquedad de la que había sido víctima. Sentí la pena que se debe tener por los hijos cuando se les castiga y decidí darles su merecido descanso y sacarme el sostén. Me coloqué una camisa y salí caminando por la calle con tetas al aire y camisa de algodón. Los empleados de la construcción serbios de Park Avenue me silbaron tres veces. Los mexicanos me chiflaron cinco desde los andamios de Lexington y un par de policías se rascaron la cabeza y miraron disimuladamente, los vi. Me faltó pasar por la estación de bomberos, pero estaba muy lejos. No fui ni al gimnasio ni a la peluquería. De Juan, nada. Del vecino del piso 10 tampoco. Cuando llegué a casa, el <em>Super,</em> que no despegaba la vista de mis pezones, me entregó un <em>bouquet </em>de rosas rojas. Me supe feliz de que por el momento sólo fueran rosas, porque mi pelo era un espanto.</p>
	<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h2>
	<h4><a title="Posts by Liza Rosas Bustos" href="http://www.hispanicla.com/author/liza-rosas-bustos/"></a><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Liza-Rosas-Bustos.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7875" title="Liza Rosas Bustos" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Liza-Rosas-Bustos.jpg" alt="" width="91" height="96" /></a>Liza Rosas Bustos. Profesora chilena (Valparaíso, 1970). Reside en Nueva York (EUA) desde hace doce años. Ha colaborado para el periódico literario <em>Puente Latino,</em> <em>Hoy</em> de Nueva York. Forma parte del Espacio de Escritores del Bronx Writer’s Corps. Cuentos suyos han aparecido en las revistas <em>Hybrido</em> y <em>Conciencia.</em> Sus poemas, ensayos, artículos y cuentos han sido publicados por la revista virtual <em>Letralia </em>de Venezuela. Sus poemas aparecen en las publicaciones mexicanas <em>La Mujer Rota</em> y la revista virtual <em>Letrambulario,</em> además de <em>Centro Poetico,</em> publicación virtual española. Actualmente se desempeña como profesora de español de segunda lengua en Frederick Douglass Academy II, de Harlem, y realiza estudios de Doctorado en Literatura Hispánica y Luso Brasileña en Graduate Center, City University of New York.</h4>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Liza Rosas Bustos</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+sost%C3%A9n+maravilla%2C+los+chocolates%2C+el+Xanax+y+el+Prozac+http://b8y75.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=El+sost%C3%A9n+maravilla%2C+los+chocolates%2C+el+Xanax+y+el+Prozac+http://b8y75.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0O9_e0ia2KM2MNKpy7Cdys16z7k/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0O9_e0ia2KM2MNKpy7Cdys16z7k/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0O9_e0ia2KM2MNKpy7Cdys16z7k/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/0O9_e0ia2KM2MNKpy7Cdys16z7k/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=A_AbRBbK6yY:TxES-IRc358:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/A_AbRBbK6yY" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Me coloqué una camisa y salí caminando por la calle con tetas al aire y camisa de algodón. Los empleados de la construcción serbios de Park Avenue me silbaron tres veces. Los mexicanos me chiflaron cinco desde los andamios de Lexington y un par de policías se rascaron la cabeza y miraron disimuladamente, los vi. Me faltó pasar por la estación de bomberos, pero estaba muy lejos. No fui ni al gimnasio ni a la peluquería. De Juan, nada. Del vecino del piso 10 tampoco. Cuando llegué a casa, el Super, que no despegaba la vista de mis pezones, me entregó un bouquet de rosas rojas.</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/el-sosten-maravilla-los-chocolates-el-xanax-y-el-prozac-7864/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">1</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/el-sosten-maravilla-los-chocolates-el-xanax-y-el-prozac-7864</feedburner:origLink></item><item><title>Extraña descripción de un cuadro</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/C3Y32IrSqgc/extrana-descripcion-de-un-cuadro-7680</link><category>Relato</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Rosa Marina Gonzalez-Quevedo</dc:creator><pubDate>Wed, 25 Aug 2010 21:03:29 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">http://hispanicla.com/palabra/?p=7680</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[	<p style="text-align: center;"><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Pequeño-duende-muerto.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-7859" title="Pequeño duende muerto" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2010/08/Pequeño-duende-muerto.jpg" alt="" width="453" height="500" /></a></p>
	<p style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></p>
	<p>La vieja dama imperturbable sabe que sus días están contados. En un arranque de locura Amelia mató al duende de la lluvia. A partir de entonces, en un rincón del baño yace un bulto diminuto. Ella se mira al espejo y conversa con su imagen, que es mucho más joven que su cuerpo. Prevalece el claroscuro. Y el reflejo de la luz sobre el cristal le permite recordar la imagen que su cuerpo ha saltado.</p>
	<p>Su casa no tiene ni jardín ni patio trasero. Es simple, sin espacios exteriores. Afuera sólo hay una calle que araña la fachada. La fachada tiene la cara llena de marcas y todos la conocen. Y la calle es estrecha y llena de baches. Fea calle ésta de Amelia. Sin parques ni árboles. Sin cines. Nada de extraordinario podemos ver en su calle. Y si entramos, no encontramos más que una salita con cuatro butacas descosidas, una cocina sin ventanas, un cuarto y un baño donde ahora hay un duende muerto en un rincón. Causa de la muerte del duende: ensuciaba el piso cada vez que entraba con los pies mojados y Amelia no lo soportaba.</p>
	<p>El espejo, estrecho como la calle, pincha el torso de la vieja dama. El torso, mucho más robusto que su cuerpo real, la reprende y le dice: “Nadie te mandó a cometer un crimen”. Y Amelia —que no tiene rostro porque está de espaldas y no lo podemos describir— sonríe. Digo yo que sonríe. A lo mejor no es verdad. En la cocina hay un pato que se sacude las alas mojadas por la lluvia. Pienso que el pobre animal será la próxima víctima. Está ensuciando el piso con las gotas de agua que caen de sus alas. Claro que los patos, si se matan, por lo menos se comen. Los duendes no. No sabríamos nunca qué hacer con el cuerpo de un duende muerto.</p>
	<p>Si queréis saber mi opinión, yo creo en los duendes porque en su mayor parte son pequeños y frágiles. Los he visto de todos los colores, pero prefiero los de color índigo como son esos niños raros que, según dicen, pertenecen a una nueva especie humana. ¿De qué color era éste que mató Amelia? ¿Verde? Porque su cadáver no se ve bien, está envuelto en trapos&#8230; (el pato que está en la cocina es, sin embargo, blanco. Nada nuevo esto de tener patos blancos en cocinas mustias). La salita está en penumbras y por eso no podemos describirla. Las cuatro butacas forman una fila de frente a una pared donde quizás hay un televisor; no estoy segura, ¡es todo tan lúgubre!&#8230; Todo a excepción del haz de luz que atraviesa la cocina y llega hasta el espejo del baño.</p>
	<p>¿Que por qué se llama Amelia? No lo sè. En alguna parte leí «Amelia y el duende». No recuerdo bien si en el catálogo que daban a la entrada de esta exposición. Y si me preguntasen por qué he comprado algo así, tan patético&#8230; Bueno, tal vez haya sido por analogía. Y es que mi calle también es estrecha y en ella no hay ni parques ni árboles ni cines. Mi casa es pequeña y tiene solamente una salita con cuatro butacas viejas, una pared y un televisor que apenas enciendo. Lo demás, una cocina, un dormitorio y un baño. En mi cocina hay un pato, pero está en el horno listo para la cena. El pato era blanco como el del cuadro de Amelia. Lo sé, porque antes de comprarlo estaba vivo y le vi las plumas. Sépase, entre paréntesis, que yo no mato patos. Los compro ya muertos y descabezados. Los cocino, los como y basta. Me gusta el pato al horno con patatas. Por otra parte, del espejo que tenía en el baño puedo decir que lo rompí sin querer hace dos días. Mala suerte dicen. Me esperan siete años de desgracias. ¡Veremos! Pero yo, a diferencia de Amelia, estoy libre de pecados. Y poco me importa tener o no tener manchas en el piso. Y el pato lo compré ya muerto y sin cabeza para no mirarle a los ojos.</p>
	<p>Me gusta el olor de la lluvia. Cuando llueve, abro la ventana de mi cocina —que tiene una ventana— y dejo entrar la luz. Y lo mejor de todo es que no he matado a mi duende, que sin dudas es índigo como son esos niños raros con capacidades especiales. Mi slogan es: «NO MATEMOS NI A LOS DUENDES NI A LOS PATOS, QUE PUEDEN SERVIRNOS PARA ROMPER CRESPONES» Y a mí, ¿quién sabe?&#8230; Mi duende de la lluvia me ayudará a escapar de este lienzo y a saltar por la ventana abierta al jardín, donde me espera la imagen que saltó mi cuerpo.</p>
	<h1 style="text-align: center;"><span style="color: #ffffff;">***</span></h1>
	<h6><a href="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2009/11/RosaMarina.jpg"><img class="alignleft" title="RosaMarina" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/uploads/2009/11/RosaMarina.jpg" alt="RosaMarina" width="132" height="124" /></a><span style="font-size: x-small;">Rosa Marina González-Quevedo Valhuerdi (Matanzas, Cuba). Ensayista y narradora. Licenciada en Filosofía por la Universidad de La Habana (1984) con la tesis <em>La filosofía de Baruch Spinoza y las ciencias del siglo XVII</em>, y Licenciada en Lengua y Literatura Románica y Latinoamericana por la Università degli Studi “L’Orientale”, de Nápoles (2009), con la tesis  <em>Il “Libre dels tres Reys d’Orient” nella tradizione agiografica spagnola di carattere giullaresco.</em> Profesora de Historia de la Filosofía en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana desde 1984 hasta 1993. Fue miembro del Centro Arquidiocesano de Estudios del Arzobispado de La Habana y del consejo de redacción de la revista <em>Vivarium</em>, órgano del mismo. Ha sido profesora de español en el Instituto Cervantes de Nápoles, así como en diferentes institutos superiores estatales italianos. Entre sus publicaciones están: <em>Antología del positivismo en México</em> (Universidad de La Habana, 1992); <em>Teilhard y Lezama: teología poética</em> (Ediciones Vivarium, La Habana, 1996); <em>San Manuel Bueno, mártir: leyendo con Unamuno</em> (IF Press, Roma, 2008), así como los cuentos “Ojos incrédulos” (Revista <em>Vivarium</em>, n. XIII, dic. 1995) y “Desdoblamiento” (Revista <em>Vivarium</em>, n. XXII, junio 2000). Desde septiembre de 1997 reside en Nápoles, Italia.</span></h6>
	<p style='text-align:left'>&copy; 2010, <a href='http://hispanicla.com/palabra'>Rosa Marina Gonzalez-Quevedo</a>. All rights reserved. </p>
<p align="left"><a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Extra%C3%B1a+descripci%C3%B3n+de+un+cuadro+http://rest8.th8.us" title="Enviar a Twitter"><img class="nothumb" src="http://hispanicla.com/palabra/wp-content/plugins/tweet-this/icons/tt-twitter.png" alt="Post to Twitter" /></a> <a target="_blank" class="tt" href="http://twitter.com/home/?status=Extra%C3%B1a+descripci%C3%B3n+de+un+cuadro+http://rest8.th8.us" title="Enviar a Twitter">Tweet This Post</a></p>
<p><a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MIuQej8X1-aXvQnT_SK1Nww3eIA/0/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MIuQej8X1-aXvQnT_SK1Nww3eIA/0/di" border="0" ismap="true"></img></a><br/>
<a href="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MIuQej8X1-aXvQnT_SK1Nww3eIA/1/da"><img src="http://feedads.g.doubleclick.net/~a/MIuQej8X1-aXvQnT_SK1Nww3eIA/1/di" border="0" ismap="true"></img></a></p><div class="feedflare">
<a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:yIl2AUoC8zA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=yIl2AUoC8zA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:dnMXMwOfBR0"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=dnMXMwOfBR0" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:7Q72WNTAKBA"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=7Q72WNTAKBA" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:V_sGLiPBpWU"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:V_sGLiPBpWU" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:qj6IDK7rITs"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=qj6IDK7rITs" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:TzevzKxY174"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?d=TzevzKxY174" border="0"></img></a> <a href="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?a=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:gIN9vFwOqvQ"><img src="http://feeds.feedburner.com/~ff/PalabraAbierta?i=C3Y32IrSqgc:QT8MQmdRT6M:gIN9vFwOqvQ" border="0"></img></a>
</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/C3Y32IrSqgc" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>El espejo, estrecho como la calle, pincha el torso de la vieja dama. El torso, mucho más robusto que su cuerpo real, la reprende y le dice: “Nadie te mandó a cometer un crimen”. Y Amelia —que no tiene rostro porque está de espaldas y no lo podemos describir— sonríe. Digo yo que sonríe. A lo mejor no es verdad. En la cocina hay un pato que se sacude las alas mojadas por la lluvia. Pienso que el pobre animal será la próxima víctima. Está ensuciando el piso con las gotas de agua que caen de sus alas. Claro que los patos, si se matan, por lo menos se comen. Los duendes no. No sabríamos nunca qué hacer con el cuerpo de un duende muerto.</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://hispanicla.com/palabra/extrana-descripcion-de-un-cuadro-7680/feed</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">1</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Numero 9, agosto 2010]]></series:name><feedburner:origLink>http://hispanicla.com/palabra/extrana-descripcion-de-un-cuadro-7680</feedburner:origLink></item></channel></rss>
