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<p><em>El caracol y el tiempo</em> es el título de un tomo de poesía publicado recientemente por Carmen Alea de Paz, residente de Los Ángeles. Un titulo acertado. El caracol, entidad enrollada en sí mismo, se desenrolla a voluntad con el recuerdo. Mucho tiene que ver con el tiempo. Carmen es una exiliada cubana que continuamente rememora. En ella se esconden inquietudes trascendentes, bajo una apariencia más bien plácida. Aunque, al animarse en la con versación revela -hasta por los ojos centellantes- su temperamento apasionado. A pesar de obligaciones como el hogar bien atendido, el esposo bien amado y la carrera profesoral, halla tiempo para escuchar esa voz interior, la poesía, que siempre la ha asediado. La familia, la patria, los amigos y esa partícula de cosmos que ella siente ser, es su vivir completo. En el proemio ya introduce con arte lo que será el contenido del libro y su <em>leitmotiv</em>, o sea, la saludable renovación después de enfren-tarse con los recuerdos dulces y a la vez temibles.</p>
<p>En &#8220;Oquedad&#8221;, como en muchos otros poemas del libro, la poetisa crea frases muy felices por lo originales y graficas -incluso de cosas muy abstractas. Son frases claves:</p>
<blockquote><p>&#8220;Como vacío caracol abandonado sin eco, sin paisaje, sin océano&#8230;&#8221;.</p></blockquote>
<p>Su poesía exalta primordialmente tres temas: la familia, la pa­tria y la curiosidad metafísica. De esta última orientación, el poema &#8220;La morada&#8221; es quizás uno de los más sobresalientes:</p>
<blockquote><p>&#8220;&#8230;Voy hacia la montaña verdadera del Paraíso/&#8230;Voy hacia la cascada primigenia</p></blockquote>
<p>&#8220;Cascada&#8221; presupone agua, un elemento frecuentemente mencionado en el libro, y que en términos filosóficos corresponde a la verdad.</p>
<p>En varios de sus poemas, Car­men introduce el tema de la reencarnación: &#8220;el <em>profundo cansancio de otras vidas/ acaso de milenios&#8221;</em>. Esta Iínea de &#8220;rescate&#8221; compendia lo que finalmente sería la única meta de la reencarnación: aprendizaje, lección.</p>
<blockquote><p>&#8220;Integrada, rendida&#8221;.</p></blockquote>
<p>En &#8220;Arrurrú&#8221; la poetisa descubre ansias de maternidad, nostal­gia de cunas, de los rosados y azules de la infancia, de nanas no cantadas.</p>
<p>La segunda y la última estrofa de su poema &#8220;Año Nuevo&#8221; -edificante- tiene sabor a Omar khayam.</p>
<blockquote><p>&#8220;&#8230;No es el año, eres tú,/ quien debe transmutarse/ en alma nueva&#8221;.</p>
<p>&#8220;&#8230;Así será, hasta que bien aprendas/ que de ese barco inútil que es tu vida/ debes ser tú el hábil alfarero&#8221;.</p>
<p>Su poema &#8220;Tú en mí&#8221; es un bello epitalamio al esposo, igual que &#8220;La mesa&#8221; es un canto al hogar de todas las edades de Carmen, y sus símbolos.</p>
<p>El enigmático &#8220;Un húmedo recuerdo&#8221;, impresionante, ¿se refiere a la muerte?</p>
<p>&#8220;&#8230;Que va con nosotros/ desde siempre&#8221;.</p></blockquote>
<p>De la sección MIABALACU (anagrama de LA CUBA MIA), el poema &#8220;Óleo&#8221; contiene una preciosa evocación de la abuela:</p>
<blockquote><p>&#8220;&#8230;Estoy desempolvando sentimientos/ para abrigar el corazón/ en el invierno&#8221;.</p></blockquote>
<p>El poema &#8220;Añoranza&#8221; resu­me, sobre todo en la última y la penúltima estrofas, los sentimientos del expatriado:</p>
<blockquote><p>&#8220;&#8230;A un tibio sol/ en Malibú tendida/ mi oído busca tu rumor&#8221;.</p>
<p>&#8220;&#8230;Y en vano/ trata mi alma/ de aceptar la ofrenda/ de este extranjero mar que me acaricia&#8221;.</p></blockquote>
<p>También en esta sección son muy notables &#8220;En la ausencia&#8221; y el titulado &#8220;In memoriam&#8221; glorificando el amor filial y la esperanza de celestiales reuniones.</p>
<blockquote><p>&#8220;Para un azul que espera&#8221;, dedicado a Cuba, parece una lorquiana congoja de lejania.</p>
<p>&#8220;Tu dignidad antigua/ amurallada entre mis recuerdos./ Tu cinturón de agua humedece la frente/ tu salitre me nutre&#8221;.</p></blockquote>
<p>MIABALACU añora a Cuba en Iíneas tan impactantes como esta:</p>
<blockquote><p>&#8220;&#8230;Y como a un viejo amor/ me abrazo a tu bahía&#8221;.</p></blockquote>
<p>Aparte de sus sonetos, los demás versos de <em>El caracol y el tiempo</em> son versos libres. Por su musicalidad y por el profundo y emotivo contenido los juzgo muy buenos&#8230; Carmen Alea de Paz, haba­nera, escribe desde temprana edad. Sus poemas, cuentos y ensayos salieron publicados con frecuencia en los mejores periódicos y revistas de Cuba. Hay motivos para augurarle nuevos triunfos en este otro período de su ininterrumpida, aunque a veces silenciosa, vocación literaria.</p>
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<p>La literatura creada por Carmen Alea Paz es una expresión básicamente testimonial de un tiempo que se reevalúa desde la perspectiva crítica que quiere darle un valor a los hechos sin que prevalezca el interés ideológico por encima de la visión humana de la autora.</p>
<p>Indefectiblemente, Alea Paz es la voz de las mujeres de esa época de crisis que en la premura y ruptura abrupta de un estado político a otro fue dejando sin cotejar los procesos sociales, psicológico, cultural y humano que las mujeres de esos años iban determinando y protagonizando. <em>Casino Azul</em>(2004) no se aleja de esta perspectiva y va dirigida a un lector que, como en el caso de quienes se iban sensibilizando y aprendiendo de las historias y temas de interés de las mujeres como protagonistas del mundo en cambio que mostraban las revistas femeninas, es capaz de comprometerse y dejarse sorprender.</p>
<p><em>Casino azul</em> es la historia de una mujer cubana, cuya vida está marcada por la crisis. El mundo donde se desenvuelve la trama está sujeto al proceso de cambio que va transformando la ciudad de La Habana, de una comunidad provinciana en una urbe burguesa y moderna azotada por los remezones políticos del gobierno de Batista y la insurgencia de la revolución representada por Fidel Castro.</p>
<p>La historia, sin embargo, no es tan simple. El mundo personal que plantea la reflexión de Alba, la protagonista, no puede ser entendido sin ese reflejo social y la disquisición política que lo acompañan. En primera instancia, está el ámbito personal del desencanto y desarraigo de la protagonista que quiere dejar de ser objeto (cuerpo) para ser reconocida como un ser con conciencia (testimonio) y narra una tragedia que se anuncia desde el primer monólogo interior que comienza la novela en el que el interlocutor es el lector, espectador y confidente de lo que pasa:</p>
<p><em>&#8220;¿Cuándo se esconderá el sol? Yo, que siempre he amado su luz, hoy quiero que se apague para escapar&#8221;</em> (9). El mundo social que se revela es el de la mujer de los años 50 y principios de los 60, que estaba viviendo como género y como clase su propia revolución no sólo en el sentido cultural, sino en el ideológico. En ese momento las mujeres tenían acceso a las profesiones liberales, competían en el mundo laboral con el hombre y se liberaban del yugo masculino y los patrones impuestos por la ideología dominante. Se explica el entorno político de la conmoción de una dictadura cada vez más opresiva que iba minando la bonanza económica que experimentaba la isla y validando la necesidad de un cambio, representado aquí como la otra cara de la misma moneda en la que sólo se sustituyó el discurso para continuar la represión y el aniquilamiento de un proceso humano y cultural abortados.</p>
<p>Rey es el protagonista de la historia que cuenta Alba, logro narrativo en la novela cuya estructura es contar otra historia dentro de la propia. La unidad y sentido están determinados por el hecho central que es la vida y muerte de la antiheroína. El amante es un hombre de una posición económica sólida, un empresario y donjuán que aparentemente lo tiene todo, porque lo compra todo; es la figura central de la ciudad burguesa por ser el ideal de poder; detenta no sólo la capacidad económica, sino también el poder de seducción, la cultura y el encanto de un protagonista de telenovela, pero quien va siendo descubierto, des-configurando y revelado por la voz de la mujer madura que al revalorar su propia vida descubre al verdadero ser degradado, al verdadero antihéroe incapaz de superar la alienación, la pérdida de valores humanos, la degradación de la sociedad de cambio: no es un ideal, es un producto de la tragedia social del siglo XX: todo lo que toca lo compra, lo posee, lo usa, lo manipula y lo desecha. <em>&#8220;A Rey le importan más la posición y el dinero que el amor de una mujer&#8221;(18)</em>.</p>
<p>La novela plantea que no ha existido un espacio enriquecedor aún para la mujer ni antes ni después de la crisis, y que aún ella está luchando por crear un equilibrio entre su ser y su medio. La presencia de la ciudad es constante, la clase media es la que suscita la verdadera revolución de la década con sus ideales de &#8220;superación y progreso&#8221;(36). Revistas como <em>Romances</em> se ocupan de captar este cosmopolitismo haciendo alusión a otra intertextualidad: &#8220;Soñar tras la vitrina&#8221;, artículo que en realidad existe y que incluye la voz de otra narradora que valida la historia que se cuenta (36-37). El periódico y más tarde la revista de esos años de constantes cambios y masificación de la información son el reflejo de esa conciencia institucionalizada que iba evolucionando de acuerdo al proceso impuesto por la visión del mundo del grupo que representa. En los años 50 y 60, con la modernización y el ansia de progreso, ideales de la sociedad de consumo, y los medios de difusión masiva, la revista de tono intimista fue asumiendo un papel decisivo en el ámbito femenino.</p>
<p>La mujer ya era un elemento primordial en el mundo del consumo y a su vez existía la necesidad de permear este grupo que empezaba a sobresalir para convertirse en un eco de sus necesidades y sus anhelos. En Cuba revistas como <em>Vanidades</em>, <em>Romances</em> y <em>Colorama</em> iban creando su propio grupo de lectoras, y tenían que satisfacer esta demanda de intimismo y lograr el tono ideal de confidencia, con el propósito de convertirse en el reflejo del sentir y pensar de las lectoras.</p>
<p>Carmen Alea Paz era una joven escritora cuando incursiona en periódicos y revistas de La Habana, y su voz encaja en este afán de los medios de comunicación escritos por convertirse en un eco de las necesidades sentimentales de la mujer y también en guías de un comportamiento que cada vez entraba más en conflicto con los patrones impuestos por el statu quo que empezaba a ser revaluado.</p>
<p><em>Casino Azul</em> recoge este proceso captando una imagen de la época que no puede ser pasada por alto, porque apunta a la necesidad de este grupo social y cultural de las mujeres de la clase media, de establecer una identidad, de lograr una presencia social que las reflejara y de tener una voz para compartir ideas. Como dice Rosalba Campra refiriéndose a la historia de la literatura latinoamericana y el andamiaje donde se monta que hay &#8220;una fulgurante apropiación de la palabra -de la capacidad de mensaje-; una demanda al otro para que se reconozca&#8221;, en su obra <em>América Latina: la identidad y la máscara</em>. (Siglo XXI Editores, México,1987) (18).</p>
<p>El tono intimista de la confidencia va a ser un elemento presente en el monólogo de Alba; su confesión llena de profundas reflexiones sobre la vida de la mujer y su sentido como ser en el mundo de los hombres está dirigida a un lector femenino; un lector que se solidarice y entienda el porqué de su decisión final y se haga eco por contraposición de la rebeldía implícita contra un mundo que niega a la mujer, que la transforma en el objeto del deseo masculino y que no le permite desarrollarse, ni trascender dentro del mundo que libremente ella quiera elegir.</p>
<p>El proceso de Alba es en términos generales el símil del devenir de una ciudad que se exilia de su propio proceso por una ruptura abrupta que la transforma a través de la fuerza y la violencia por lograr un orden nuevo que termina siendo la otra faceta de la tiranía: la revolución que cierra el cerco en aras del ideal y termina devorándose a sí misma y negando el ser que pretendía reivindicar. <em>&#8220;Esa era La Habana de su adolescencia y juventud, que Alba recordaba ahora en su distante exilio mexicano. Su Habana coqueta y cordial. Una ciudad luminosa, llena de encanto, belleza y alegría. ¿A dónde había ido a parar todo? ¿Sus sueños, las ilusiones, la esperanza, el porvenir? Ya nada de eso existía. La maldita Revolución había acabado con todo&#8221;</em>(37).</p>
<p>En el transcurrir de la historia de Alba (una mujer sin identidad, sin apellido) se va cerrando el círculo no sólo de la opresión social y psicológica, sino de la política. El lector testigo va comprendiendo a través de los datos políticos, que va creándose la crisis con la represión de los aparatos de estado y la policía de la dictadura de Batista, situación que afecta no sólo el curso de los negocios de Rey (símbolo de la libre empresa de la burguesía del momento), sino que también causa inestabilidad afectiva y emocional en la relación amorosa. Esta conmoción permanece y se exacerba cuando revienta de facto la revolución que ya se venía murmurando en el medio en el que se desenvuelve la protagonista: las voces que conforman la memoria de esta mujer relatan los hechos en segmentos que el lector debe organizar.</p>
<p>El último cerco que se estrecha hasta cerrarse es el de la revolución misma. Los personajes ya no sólo se sienten vigilados, sino que se ven perseguidos y expropiados, sin más alternativa que el exilio. Cuando Alba sale de Cuba queda excluida del nuevo proceso que va a dividir la identidad del cubano entre los de aquí y los de allá haciendo mucho más profundo el desencuentro.</p>
<p>La condición de poder económico, sin embargo, no puede dar a Alba una base cultural, emocional y psicológica que la haga sentir el arraigo a algo. Es una exiliada de su país, de su familia, de su sociedad en términos de ideales morales y éticos; es una exiliada de su relación desigual y negadora, y es una exiliada, en última instancia, de la vida que ella deseó y no pudo tener. Su frustración se equipara con la de su pueblo, Cuba está nombrada en la novela, están exorcizados sus fantasmas y están explicados los procesos de negación del ser que fue. Con la revolución se impone otro discurso que promete la reivindicación del ser humano y deviene otra forma de violencia y negación.</p>
<p>La obra de madurez literaria de Carmen Alea Paz se escribe en los años 90, sin embargo, ya había incursionado en el ámbito de la poesía y el cuento en La Habana donde publicaba en periódicos y revistas en los años 50.</p>
<p>Su obra se refiere a la época de la crisis y del cambio, pero desde la perspectiva del distanciamiento de los procesos decantados. Es inevitablemente una visión testimonial pero a su vez enmarcada en una conciencia crítica de los resultados de un proceso histórico ya concluido como propuesta social, política y cultural.</p>
<p>Sin embargo, no se puede enmarcar a la escritora en una ideología de izquierda o de derecha en un contexto dentro o fuera de la revolución, hecho ya superado por la misma realidad. Más bien debe ser revalorada como perteneciente a esa generación postmoderna que rescata el aspecto testimonial, el factor humano para hacer la autoevaluación del proceso histórico que se catalogó como revolución y se asume ahora como dictadura.</p>
<p>En su obra están implícitos y desenmascarados los discursos de esos dos mundos en conflicto y el rescate de lo humano negado en la palabra institucionalizada. Esto último hace que la palabra en la obra de Alea Paz sea un constante poner en claro y que su sentido sea la revelación. El tono íntimo, la confesión, la necesidad de dar un lugar a la mujer y a su entorno no es otra cosa que la tarea como intelectual y como creadora de apropiarse del sentido prohibido, del mundo negado y de la realidad en tanto hay <em>&#8220;una palabra impuesta, o bien palabra negada&#8230; para afirmar la palabra original. Para ganar un espesor, un cuerpo. Para pasar de la invisibilidad y el silencio a la presencia y la voz&#8221;</em> (Campra, op.cit. 104).</p>
<p>La novela es una visión testimonial desde la perspectiva de una mujer cubana; de allí la importancia de la re-visión histórica, social y política que se hace: en tanto reafirmación de una conciencia y apropiación de la imaginación. El hecho de mirar hacia atrás establece un proceso de distanciamiento que da valor a la propuesta crítica que se plantea.</p>
<p>En términos existenciales, es el cotejo del devenir del ser cubano: desarraigado por la palabra impuesta, aquí o allá, de su discurso y que se mira con desilusión porque el resultado no parece ser el triunfo del ser sobre el medio, sino la imposibilidad de ser en un estado supremo e inamovible, como si la historia se hubiese detenido: un suicidio existencial.</p>
<p align="right"><em>[Publicado por primera vez en</em> Contacto Magazine<em>, 18 de agosto de 2004]</em></p>
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<p><em>Fiel a mi propósito de dar a conocer a mis lectores, a destacadas figuras de la intelectualidad cubana, dedico este comentario a la reconocida escritora Carmen Alea Paz, residente junto a su esposo Carlos Paz, en Los Ángeles, California, desde su salida al destierro, en el año 1962.</em></p>
<p><em>Hablar de Carmen Alea Paz, y de su obra, me produce un gran regocijo, pues sé que estoy llevando a los que tienen la bondad de entrar en esta revista, y de leerlo, al contacto  con un ser humano excepcional. Al  catalogarla como tal, no me refiero sólo al  trabajo periodístico que realizó en Cuba, y que recordamos a través de periódicos y revistas tales como Carteles, El Mundo, Diario de la Marina, y El País , en cuyo semanario dominical &#8220;El País Gráfico&#8221; obtuvo gran popularidad con sus &#8220;Disquisiciones Femeninas&#8221;. Al decir excepcional, voy más allá de la cultura obtenida en las cátedras universitarias por ella frecuentadas, me refiero a ese sentido de profunda humanidad al que nos lleva el contacto y enfrentamiento con la vida misma.  Por eso la obra de Alea Paz, tanto la poética como la narrativa, lleva -además de la indispensable corrección del lenguaje-, una singular inspiración y una acendrada  calidad humana.</em></p>
<p><strong><em>Labios sellados</em> (2001)</strong></p>
<p>Avalada por el Premio Internacional de Novela Inédita &#8220;Alberto Gutiérrez de la Solana&#8221;, que patrocina el Círculo de Cultura Panamericano, se publica en Los Ángeles, California, la novela <em>Labios Sellados</em>, de la reconocida escritora cubana, Carmen Alea Paz. Preceden esta  entrega, <em>El caracol y el tiempo</em> (poesía, 1992), <em>El veranito de María Isabel</em> y <em>cuentos para insomnes rebeldes</em> (narrativa 1996).</p>
<p>Carmen Alea Paz recrea en <em>Labios Sellados</em> la vida de la comunidad de exiliados cubanos localizados en diversas ciudades del condado de Los Ángeles, en la década del 60. Tanto sus protagonistas: Evelio, Mariana y Vicky, como el resto de los componentes de la trama, llegan a este país en busca de la libertad perdida. Ya en los Estados Unidos, luchan denodadamente por recuperar, además de la libertad, una posición económica que les permita vivir con dignidad. Este deseo de superación, que los conduce a realizar extensas jornadas de trabajo, no venía solo sino acompañados de complejos, conflictos y profundos sentimientos de desarraigo y nostalgia, que en medio de un entorno ajeno afloran con más fuerza, para desarrollarse y culminar en finales no siempre halagüeños.</p>
<p>Con gran destreza la autora pinta la realidad, que se hace patente tanto en el choque entre dos culturas diferentes en idioma e idiosincrasia, como en el enfrentamiento entre las generaciones de padres e hijos, lo cual crea entre ellos un abismo, en ocasiones, insalvable. La lucha por el bienestar, la felicidad; las frustraciones -producto de los obstáculos con los que a diario se enfrentan- y los fallidos intentos por derrocar al régimen de Castro, agudizan la nostalgia por la ausencia de la tierra y la familia lejana, y desarrollan en muchas personas, conflictos psicológicos que, ocultos en la sociedad cubana, salían a la luz al contacto con un medio diferente. Con inigualable agudeza la autora los analiza y, a través de la descripción de los caracteres y el desarrollo de diálogos escritos con incisivo lenguaje, nos enfrenta, mano a mano, con la dura realidad vivida por los protagonistas, enfocados, siempre, con hondo sentido humano El desenlace de esta novela nos lleva a comprender cuán dañinas pueden ser, en muchos casos, ciertas costumbres características de sociedades tradicionales como la nuestra. Cuánto de felicidad se pierde, por ejemplo, en un ambiente en el cual el machismo y el &#8220;qué dirán&#8221; están por encima de la justicia, la comprensión y los derechos humanos de la mujer. Nos alerta del peligro, que puede acarrear el cambio brusco a otro medio, en el que no se considere un pecado liberarse de la opresión y desarrollar una conducta acorde con los sentimientos, y demuestra que estos cambios pueden suceder  sin que la mujer tenga, necesariamente, que prostituirse para hacer valer sus derechos y obtener la ansiada libertad.</p>
<p>En  esta obra, Alea Paz nos alerta sobre la necesidad de mantener la comunicación entre los miembros componentes de la pareja, ya que la infelicidad es un producto de la incomprensión  a la que se llega por los tenebrosos caminos del silencio.</p>
<p>En <em>Labios Sellados</em> encontrará el lector, además de la distracción, que la lectura de toda historia puede producir, una obra que por la fuerza de su argumento, frecuencia y carácter hondamente humano nos conduce, necesariamente, a la reflexión.</p>
<div id="attachment_233" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Carmen-Alea-Paz-y-Herminia-D.-Ibaceta-en-Casino-Azul.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-233" title="Carmen Alea Paz y Herminia D. Ibaceta en Casino Azul" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Carmen-Alea-Paz-y-Herminia-D.-Ibaceta-en-Casino-Azul-150x150.jpg" alt="Carmen Alea Paz y Herminia D. Ibaceta en Casino Azul" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Carmen Alea Paz y Herminia D. Ibaceta en Casino Azul</p></div>
<p><strong><em>Casino azul</em> (2004)</strong></p>
<p>Nuevamente, la pujante voz de la novelista cubana Carmen Alea Paz, se hace sentir con su más reciente novela, <em>Casino Azul</em>. En ella nos ofrece, con su acostumbrada intuición, reconocido humanismo y excelente narrativa, una historia de amor ubicada en La Habana de los años 50 y principios de la del 60.</p>
<p>El relato amoroso, tema central de <em>Casino Azul</em>, nos presenta la acerba lucha entre la pasión y el amor, la carne y el espíritu, devenidos tragedia. Sus protagonistas: Alba Vidal, mujer de un solo hombre, capaz de amar más allá de sí misma, y Raymundo Mendoza, hombre de muchas mujeres, que sólo veía en Alba a la hembra capaz de satisfacer sus apetencias carnales y su envilecido ego. Alba era la amante perfecta: bella, atractiva, tierna, obediente, leal, refinada, a quien podía exhibir como objeto de lujo y que, al mismo tiempo, lograría abrirle, como nos dice la autora: &#8220;Nuevas vías en el campo de los negocios y contribuir al aumento de su poder y su dinero&#8221;.</p>
<p>A través del desarrollo de la trama, Carmen Alea, testigo de la época, refleja con pulcritud los cambios sociales de una Habana, que en medio de su cotidianeidad, luchaba por sacudirse el polvo de rígidas tradiciones, y en la que la mujer cubana, ansiosa de cambios, se desperezaba tratando de marcar su paso, y alcanzar el reconocimiento de sus capacidades y de su derecho a obtener el lugar, que en la sociedad le correspondía.Todo esto, dentro de un escenario cambiante y abrupto.</p>
<p>Elemento importante a considerar en el desenvolvimiento de esta historia es la influencia del medio en la conducta del ser humano. Sabemos que el hombre no es un ente aislado y que su proceder es producto de la interacción entre sus capacidades innatas y el medio que lo rodea. Familia, comunidad, religión y ambiente social y político actúan, para moldear su carácter y determinar su lugar en la vida. La literatura castellana está colmada de obras literarias en las que esta verdad se pone de  manifiesto. Baste recordar <em>La Casa  de Bernarda Alba</em>, de Federico García Lorca. ¿A quién podría culparse del infortunio de Bernarda y de sus hijas, si no al oscurantismo de la época?; ¿aquella sociedad, que dominada por severas tradiciones y costumbres, ignoraba los complejos psicológicos, que las frustraciones y la infelicidad son capaces de acarrear al ser humano?. En esta como en aquella historia, podemos constatar la influencia del medio en la con-ducta de los seres humanos envueltos, principalmente en Alba, en la que crea estados mentales muy difíciles de superar por sí misma. La autora nos lo demuestra poniendo en la voz de la protagonista, en sus secretas introspecciones, la vida de los amantes, anticipando el final.</p>
<p>Desde su primer pálpito en el vientre materno, la vida de Alba estuvo condicionada por el adverso destino de su madre. Hija ilegítima, crece en la pobreza, extrañando la presencia paterna. Sin tiempo para sueños ni metas, pero con un alto sentido del deber, se convierte en provee-dora de toda su familia, sin alcanzar el reconocimiento, la comprensión ni el cariño que anhelaba de su progenitora. Si el ambiente hogareño no le fue propicio, tampoco lo fue el medio social. En aquella época ser mujer pobre y hermosa, significaba tener que defenderse con uñas y dientes de todos los que, a cambio de un empleo, exigían favores. Si a este ambiente social, sumamos la inestabilidad política de los últimos años del batistato y comienzos del castro-comunismo, tendremos el espectro del medio en el cual nuestra protagonista se debate.  Alba amó abnegadamente y sin reclamos, esperando en la sombra un rayo de luz. A través de sus secretas confidencias, descubrimos la madeja de amarguras, inseguridades y frustraciones que tejieron su infancia y adolescencia, reduciendo a ínfimos niveles su autoestima. El sufrimiento que provocaba en ella su papel de amante, la contradictoria actitud de su madre, la crueldad de la envidia y la male-dicencia pero, sobre todo, los juicios de su propia conciencia convertida en su más encarnizado fiscal. ¡Qué diferente hubiera sido su vida en los tiempos que corren! En una sociedad como la de hoy, más abierta y más humana, otros hubieran sido los términos y, por supuesto, otros los re-sultados. Rey, por su parte, fue también, un producto de su época.  Como hombre al fin, gozaba del reconocimiento de todos los derechos, no se le acusaba de ningún pecado, teniendo asegurados con su porte, bolsa y labia, los elementos necesarios, para disponer del corazón de una mujer sin comprometer el suyo.</p>
<p>No podríamos pasar por alto la influencia que la salida al exilio, debido a la implantación del comunismo en Cuba, tuvo para los personajes de la historia. Como elemento propiciador de nuevos factores negativos, contribuyó a enrarecer el medio y a agudizar la crisis en que se deba-tía nuestra protagonista. Los cubanos conocemos lo que es la vida de un exiliado. Aplastados por las injusticias y por una inmensa tristeza, nos vemos obligados a comenzar una nueva vida en otra sociedad que, aunque nos reciba con los brazos abiertos, es,  por su idiosincrasia, diferente a la nuestra. Nos sentimos solos, desposeídos, sin otro aliento que los recuerdos, en un incesante girar entre sueños y pesadillas. Se triunfa muchas veces, pero aún así, llevamos el alma abanderada y la mirada fija en el horizonte. El exilio con su secuela de traumas abrió para Alba Vidal las puertas de la más absoluta desesperanza.</p>
<p>Poner en la voz de la protagonista el relato de la historia permite a la autora cumplir diversos objetivos: Dar a la narración el dramatismo requerido; desarrollar a un tiempo la vida de los protagonistas, señalando su contrastante posición frente al amor (lucha entre la carne y el espiritu), señaladas al principio, y expresar su opinión y sus reclamos ante una sociedad, crecida a la sombra de la moral y el poder masculinos; una sociedad, que con el avance de los tiempos, requería el reconocimiento de los derechos de la mujer, así como su integración a la vida total del país.</p>
<p><em>Casino Azul</em> es una obra de peso, que a través de un drama profundamente humano, enfrenta al lector con una verdad absoluta: La necesidad de buscar la igualdad entre el hombre y la mujer, así como el balance entre el hombre y su medio, si se quiere lograr una sociedad equitativa y feliz.</p>
<p style="text-align: right;">© Herminia D. Ibaceta. <em>Todos los derechos reservados</em>.</p>
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</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/cqvSWvgQ1Aw" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Fiel a mi propósito de dar a conocer a mis lectores, a destacadas figuras de la intelectualidad cubana, dedico este comentario a la reconocida escritora Carmen Alea Paz, residente junto ...</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://palabrabierta.com/literatura/critica/carmen-alea-paz-y-sus-novelas-labios-sellados-y-casino-azul/feed/</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Como en un sueño. Edicion Especial en Homenaje a Carmen Alea Paz]]></series:name><feedburner:origLink>http://palabrabierta.com/literatura/critica/carmen-alea-paz-y-sus-novelas-labios-sellados-y-casino-azul/</feedburner:origLink></item><item><title>Carmen Alea Paz: desdoblamiento de un ojo inverosímil y algunos cuentos</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/qKjI6dfVk9s/</link><category>Critica</category><category>california</category><category>carmen alea paz</category><category>creación</category><category>crítica</category><category>cuba</category><category>juicio</category><category>lozanía</category><category>manuel gayol mecias</category><category>mujer vital</category><category>slider</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Manuel Gayol Mecías</dc:creator><pubDate>Tue, 17 Jan 2012 13:01:58 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">http://palabrabierta.com/?p=224</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[<blockquote><p>(Siempre me ha interesado lo que escriben las mujeres tan vitales como capaces de ser la creación misma; y me refiero a tener la vitalidad de la buena literatura. En este caso, la escritora cubana Carmen Alea Paz me provoca la real posibilidad de una pasión inteligente que ha transcurrido a través de varias épocas desde los años 50 hasta nuestros días; épocas de transición para muchos cubanos que aún no parecen terminar. Las historias y todos los escritos de Carmen conforman un caleidoscopio representativo de una Cuba que nunca ha dejado de ser universal. En esta ocasión, se trata de una breve novela y unos relatos, en un conjunto titulado <em>El veranito de María Isabel</em> y <em>cuentos para insomnes rebeldes</em>, del cual hice el prólogo en 1996, y que ahora, en diciembre de 2010, retomo no tanto en la perspectiva de saber si mis palabras están o no trasnochadas, como sí de estar seguro de que vale la pena proponer nuevamente, aun cuando hayan pasado alrededor de 14 años de su publicación, la lectura de esta novela que, a mi juicio, todavía cuenta con una muy larga lozanía).</p></blockquote>
<div id="attachment_226" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/La-cerradura-del-ojo.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-226" title="La cerradura del ojo" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/La-cerradura-del-ojo-150x150.jpg" alt="La cerradura del ojo" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">La cerradura del ojo</p></div>
<p>Hablar del mundo infinito de unos personajes novelescos, que es el mundo también de la dimensión invisible, deviene siempre un conjuro para sacar a la luz algo de las esencias humanas, entre ellas, la virtud de lo real-imaginario.</p>
<p>No importa que esta novela -que trata de las experiencias de una adolescente en un verano tan intenso como todos los impredecibles veranos- se pueda leer en el corto tiempo de 58 páginas. En este caso, la historia que narra la escritora cubana Carmen Alea Paz viene a ser un fragmento de la historia universal del hombre, y como tal es la proyección de lo posible que se encuentra oculto en cada uno de los lectores. Porque cada quien anda por sí mismo en el mundo, tiene sus caminos, hace y rehace sus lecturas (o mejor, sus aventuras) como partícipe de esa otra realidad de ausente apariencia que se halla dentro de nosotros y se manifiesta en el sortilegio de lo sorpresivo.</p>
<p><em>El veranito de María Isabel</em> resulta ser una novela -más allá de su clasificación de noveleta- que desborda la simple novedad de lo ingenuo y la frescura; aspectos no menos ciertos en su correlación vida-literatura.</p>
<p>Entre las variadas lecturas -desde mi perspectiva de lector privilegiado, por haber sido uno de los primeros que tuvo en sus manos los originales, que no pretendo ni voy a influir para nada en las futuras recepciones que otros mejores lectores hagan de este texto- encuentro aquí la proyección de ese eterno tema del <em>desdoblamiento</em> como resonancia de los recuerdos, de los sueños y hasta de la imaginación creadora; eco de ese otro mundo paralelo que surge, crece y muere con cada uno, para volver a nacer y reproducirse en otros, y así sucesivamente hasta el final de los tiempos.</p>
<p>Pero ¡cuidado!, lo que quiero decir es que el <em>desdoblamiento</em> de Carmen-María Isabel no tiene que significar nada de biografía, sino de algo que la autora ha vivido en la dimensión imaginaria, que no es menos real que sus pasadas vivencias cotidianas.</p>
<p>A partir de su experiencia vivida, recordada y soñada la autora (que por supuesto no es María Isabel) propone una historia que toma cuerpo, solidez y movimiento por sí misma, y que luego, en el proceso social de la lectura, se independiza inevitablemente de la escritora que es Carmen Alea Paz (hablo naturalmente desde el punto de vista creativo y no legal; es decir, no de derecho de autor) y pasa a convertirse en la obra de todo aquel que la lea y la haga suya. Por tanto, esta novela, como todas las buenas narraciones, pide un lector activo (como siempre quiso Julio Cortázar) que, en la medida que se identifica con la narradora y reconoce a los demás personajes, siente que su ojo imaginativo crece para distanciarse y verse a sí mismo sumergido dentro del fenómeno narrativo del <em>desdoblamiento</em>.</p>
<p>Naturalmente que hay evocación y recuerdos, quizás de vivencias similares o cercanas, pero estos son los recursos de la memoria imaginaria con que cuenta cada escritor y lector acerca de la vida que ha vivido y que ahora sueña.</p>
<p>Que el discurso de la narración semeje ser local, colorido y sencillo -como si de cierta forma quisiera retrotraer la norma lingüística del habla cubana de las décadas de los años 30 ó 40-, no es otra manera más de envolver la historia subyacente (o intra historia) en una atmósfera de época dada. En fin, el hecho de comentar en palabras más llanas que en primera instancia tendríamos la impresión de que la narradora (María Isabel) nos lleva a un barrio de La Habana, a una calle y una cuadra específica, donde salpicada de sal y pimienta transcurre la acción, un verano, al comienzo de la década de los 40; una dinámica que parece apacible y en la que los protagonistas se mueven en un ámbito, hasta cierto punto, progresista y cosmopolita que rodeaba a la bullanguera capital de aquellos años.</p>
<p>Pero si la novela se quedara en esa sola impresión, vista únicamente así por un crítico epidérmico, muy dado con probabilidad al &#8220;sociologismo vulgar&#8221;, <em>El veranito de María Isabel</em> pudiera ser considerado entonces como cuadros costumbristas, una narración de otra época, estancada en un pasado que supuestamente muy poco tendría que decir a las nuevas generaciones. Pero que me perdone ese interpuesto crítico, a quien le digo que hoy en día la literatura (la narrativa en este caso) se nutre de todas las coordenadas conocidas dentro de la vida y de su propia historia, puesto que también es ya sabido que las mismas nuevas generaciones tienen que sacar del pasado sus más estimulantes perspectivas para fundirlas con las alternativas presentes. Dicho así, más escuetamente: el sentido dialéctico del conocimiento.</p>
<p>Por consiguiente, esta novela se nutre de coordenadas conocidas dentro de la historia de la literatura. Habría que ver si su narración no está de alguna manera ligada con el discurso intertextual de la telenovela de hoy en día, cuando alude al aspecto psicosocial del chisme, cuestión esta muy vigente en la característica popular de cualquier grupo humano; o asímismo ver si no anda por las fronteras de la plasticidad, en relación con lo pictórico y/o lo cinematográfico. Hay que señalar que la joven María Isabel se dedica a indagar con su mirada, &#8220;curiosa&#8221;, en la vida oculta de algunos vecinos, desde la azotea de la casa de las tías mellizas. De aquí, el mirón (o la mirona); o mejor, el ojo imaginario, inverosímil, que al observar re-crea; capta y transgrede la realidad objetiva para hacer la suya propia; lo mismo que hará, a su manera, el lector paciente y paradójicamente activo, o sea, creador.</p>
<p>Los personajes -las tías Otilia y Noila, mellizas desconcertantes; Enriqueta, la sirvienta que mueve los hilos del chisme; Violeta Ravissant, la francesa, a quien el novio dejó plantada en el altar, y que después ella y sus perros aparecen en la embriaguez de una secreta y lujuriosa &#8220;muerte&#8221; que no es tal; Marjalat, quien realiza una original calistenia con sus mujeres polacas; Hugo, el presunto gigoló del barrio, y otros- se presentan en cada uno de los capítulos como seres vivos en sus diferentes individualidades y, a la par, como prototipos de personas que existen siempre en toda época. Ellos entretejen la trama y disponen el logro feliz de esta obra. Es precisamente el intercambio entre ellos y la reacción inesperada de cada uno en distintos hechos y situaciones lo que lleva al lector a identificarse con la narración y, sin darse cuenta, a formar parte de la novela mediante la evocación y el recuerdo. Todos los capítulos ofrecen así el sabor, la vitalidad y el ámbito existencial de la calle habanera de aquel entonces.</p>
<p>El final de la novela es sencillamente lúcido y mágico, que es decir excelente. En él se conjuga la exactitud circular de la historia con la sorpresa de otro narrador que interrumpe sin avisar, quizás el narrador ausente, que ha estado todo el tiempo agazapado, muy metido dentro de los significados de las palabras. Una sola brevísima escena y una escueta frase última dan el cierre más actual que pudiéramos imaginar&#8230; Pero repito, ¿quién es este otro narrador que con unas cinco palabras termina la novela; al menos, que interrumpe la coherencia y la continuidad de la Novela Universal, ese conjunto de todas las historias que en el mundo han sido?</p>
<p align="center">***</p>
<p><em>Cuentos para insomnes rebeldes</em> también merecen un comentario, tan amplio como las potencialidades que encierran, pero por ahora baste decir que son apéndices versátiles del mismo contexto de la novela; variantes que continúan otro ciclo, fragmentario y paralelo, de esa diversa y compleja historia que es la vida.</p>
<p>Esta segunda parte del libro consta de cuatro cuentos, uno de ellos inédito: &#8220;Lalita y sus noctámbulos visitantes&#8221;; otro &#8220;Chopin a las tres&#8221;, fue publicado en el número 3 de la revista <em>on line Palabra Abierta</em>, el 3 de diciembre de 2009. El titulado &#8220;La noche de Minú&#8221; aparece en la antología <em>Narrativa y libertad (cuentos cubanos de la diáspora)</em>, publicado en 1996 en Miami; y &#8220;La eclosión del geranio&#8221;, que fue ganador en 1993 del Concurso Internacional &#8220;Enrique Labrador Ruiz&#8221;, auspiciado por el Círculo de Cultura Panamericano de New Jersey, y publicado en el volumen XXIII, en 1994, de la revista <em>Círculo</em>. También se publicó en la ya citada revista <em>on line Palabra Abierta</em>, en el número 1, el 12 de octubre de 2009.</p>
<p>En estos cuentos encontramos mucho de las complejidades de la vida; pero entre esas complejidades, de sentimientos y pasiones, resalta el sinsentido de la frustración como concepto existencial que une los relatos y los adhiere a la problemática de la novela comentada y que paradójicamente se revela como una experiencia de aprendizaje en extremo importante para la existencia.</p>
<p>Muchacha pobre y paralítica (&#8220;Lalita&#8230;&#8221;) ve sombras, encapuchados y a un ángel hermoso que le hace trucos de magia y la entretiene, pero que termina enamorándose de ella, y al final tiene que cumplir con su propio designio de frustrador frustrado.</p>
<p>Mujer mayor y solterona (Mimí Delré en &#8220;Chopin a las tres&#8221;) que ha vivido para la música. Sin embargo, su destino es depender de la suerte que la vida le depara en relación con su bella sobrina.</p>
<p>En &#8220;La noche de Minú&#8221;, una joven exiliada se reencuentra con el amor de su adolescencia. Pero la homosexualidad de su antiguo novio le juega de nuevo una mala pasada.</p>
<p>Calala, en &#8220;La eclosión del geranio&#8221;, acude a la santería para recobrar a su marido. Cuando los geranios florecen  la historia queda envuelta en el misterio y la soledad.</p>
<p>En resumen, este libro es la posibilidad de sentir la rebeldía contra la frustración, contra el dolor, el desarraigo y el desasosiego, pero justamente así es a su vez la posibilidad de sentir el poder de la experiencia existencial y la tranquilidad del renunciamiento.</p>
<p align="right">[Los Ángeles, California, otoño de 1996]</p>
<p><div class="wp-caption alignleft" style="width: 241px"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/DSCN01182.jpg"><img class=" wp-image-258" title="Manuel Gayol Mecías" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/DSCN01182-300x225.jpg" alt="Manuel Gayol Mecías" width="231" height="173" /></a> &nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;"><strong>Manuel Gayol Mecías </strong>es el director y editor de <em>Palabra Abierta (ggayol27@yahoo.com).</em><br />
Escritor y periodista cubano. Graduado de licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad de La Habana en 1979. Fue investigador literario del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas (1979-1989). Posteriormente trabajó como especialista literario de la Casa de la Cultura de Plaza, en La Habana, y además fue miembro del Consejo de redacción de la revista <em>Vivarium,</em> auspiciado por el Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana. Ha publicado trabajos críticos, cuentos y poemas en diversas publicaciones periódicas de su país y del extranjero, y también ha obtenido varios premios literarios, entre ellos, el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) 1992. En el año 2004 ganó el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano, de Nueva York, por “El otro sueño de Sísifo”. Trabajó como editor en la revista <em>Contacto</em>, en 1994 y 1995. Desde 1996 y hasta 2008 fue editor de estilo (Copy Editor), editor de cambios (Shift Editor) y coeditor en el periódico <em>La Opinión,</em> de Los Ángeles, California. Actualmente, reside en la ciudad de Corona, California. <strong>OBRAS PUBLICADAS: </strong><em>Retablo de la fábula</em> (Poesía, Editorial Letras Cubanas, 1989); <em>Valoración Múltiple sobre Andrés Bello</em> (Compilación, Editorial Casa de las Américas, 1989); <em>El jaguar es un sueño de ámbar</em> (Cuentos, Editorial del Centro Provincial del Libro de La Habana, 1990); <em>Retorno de la duda</em> (Poesía, Ediciones Vivarium, Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana, 1995); <em>La noche del Gran Godo</em> [Primer libro de las Crónicas Marjianas] (Cuentos, Neo Club Ediciones, 2011).</p>
<div class="mceTemp">
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<dt class="wp-caption-dt"><p class="wp-caption-text">Manuel Gayol Mecías</p></div></dt>
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</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/qKjI6dfVk9s" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>(Siempre me ha interesado lo que escriben las mujeres tan vitales como capaces de ser la creación misma; y me refiero a tener la vitalidad de la buena literatura. En ...</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://palabrabierta.com/literatura/critica/carmen-alea-paz-desdoblamiento-de-un-ojo-inverosimil-y-algunos-cuentos/feed/</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Como en un sueño. Edicion Especial en Homenaje a Carmen Alea Paz]]></series:name><feedburner:origLink>http://palabrabierta.com/literatura/critica/carmen-alea-paz-desdoblamiento-de-un-ojo-inverosimil-y-algunos-cuentos/</feedburner:origLink></item><item><title>Carmen Alea Paz y sus “Labios sellados”</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/LSlxFkvxMaE/</link><category>Critica</category><category>california</category><category>carmen alea paz</category><category>crítica</category><category>cuba</category><category>exilio</category><category>labios sellados</category><category>los ángeles</category><category>novela</category><category>paría argelia vizcaíno</category><category>slider</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Maria Argelia Vizcaino</dc:creator><pubDate>Tue, 17 Jan 2012 12:40:50 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">http://palabrabierta.com/?p=215</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[<div id="attachment_217" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Labios-sellados.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-217" title="Labios sellados" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Labios-sellados-150x150.jpg" alt="Labios sellados" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Labios sellados</p></div>
<p>Ha manifestado con sabiduría el excelente escritor cubano Luis de la Paz (<em>Diario Las Américas</em> «Los cuentos de Carlos Victoria» 23 de noviembre de 1997) que «en la literatura cubana exiliada se ha hecho casi habitual que los autores sondeen de alguna manera el regreso a Cuba», y la novela <em>Labios Sellados</em> de Carmen Alea Paz no es la excepción aunque sí está fuera de la regla común, por la habilidad con que se mueve su creadora en un mar tan difícil de navegar como es la narrativa.</p>
<p>La novela transcurre en el año 1969, en la recién encaminada diáspora cubana en el condado de Los Ángeles, California; en la misma, la autora cruza con ingenio la línea entre la verdad y lo irreal. Nos sumerge en una atmósfera que reconocemos, pero que ella ha creado con complejos materiales que no sabríamos dividir entre lo histórico y lo imaginario.</p>
<p>El Dr. Carmelo Gariano, profesor emérito de CSUN escribió en el dorso de la portada que es «interesante, misteriosa y sorpresiva en su desenlace». También manifestó lo que dijo el crítico literario Dr. Manuel Gómez-Reinoso: «es una novela importante, seria y compleja por varias implicaciones culturales que presenta. Es un universo de vivencias inmerso en momentos de fantasía y tragedia; la vida con sus crueldades o ilusiones». Creo además que es una llamada de alerta, para mantener un estrecho y vigoroso contacto con esta parte de nuestra historia sobre el exilio cubano, que muy pocos quieren recordar y, sin embargo, no se puede esconder por ser una madeja más de lo que le ha tocado vivir al sufrido pueblo cubano.</p>
<p>La Sra. Carmen Alea Paz, licenciada en lengua y literatura española, nació en La Habana, Cuba y emigró hacia los Estados Unidos en enero de 1962, para radicar hasta este momento (feb/2002) en California. Por los datos que publican en su libro sabemos de sus antecedentes literarios en los principales diarios y revistas del país desde antes de 1959, como <em>El Mundo</em>, <em>Diario de la Marina</em>, <em>El País</em>, <em>Vanidades</em>, <em>Romances</em>, <em>Bazar</em>, <em>Coloramas</em>, entre otras. En el exilio ha colaborado para el <em>Diario Las Américas</em>, <em>La Voz Libre</em>, <em>La Opinión</em>, <em>Revista Contacto</em>, <em>Círculo de Cultura</em> y <em>Círculo Poético</em>, <em>Gaceta Literaria</em>, <em>Pensamiento</em>, etc. Es además una autora premiada en el certamen internacional de cuento Enrique Labrador Ruíz, 1993, y en el concurso internacional de novela inédita Dr. Alberto Gutiérrez de la Solana, 1999, ganado con esta obra que ahora nos ocupa. Ambos patrocinado por el Círculo de Cultura Panamericano de New Jersey.</p>
<p>He leído además de la autora su libro de poemas <em>El caracol y el tiempo</em>, editado en 1992 y el libro de cuentos <em>El veranito de María Isabel y cuentos para insomnes rebeldes</em>. En todas sus obras encontramos a una auténtica poeta con la gran virtud de dominar un lenguaje simple, desechando cursilerías y caminos demasiado trillados por otros. Así que jamás imaginaremos cuál será el final de su relato, por su originalidad, ni tendremos a cada instante que molestarnos en rebuscar en el diccionario. Con su novela al igual que con sus cuentos «toma Carmen -como escribió el siempre recordado Luis Cruz Ramírez en su &#8220;Silueta&#8221; publicada en <em>La Voz Libre</em> del 27 de junio de 1997- el hecho cotidiano, familiar, callejero, barriotero, popular, costumbrista y lo transforma en el más bello poema en prosa». Nadie como Cruz Ramírez para describir como Alea Paz maneja la narrativa al decir: «El esteriotipo adquiere en sus manos raudales de exquisiteces tales que acabamos por convivir con esos personajes tan fielmente arrancados a la vida, con el tacto finísimo de la autora, como seres con los que convivimos alguna vez y cuyas figuras no se desdibujan, pese a la distancia que nos separa de los acontecimientos sorpresivos que van hilvanándose como el sutil tejido que sabiamente maneja una artística mano creadora».</p>
<p>Labios Sellados me atrapó desde que comencé a leer el primer capítulo -de ahí este comentario-, eso me recordó aquellas primeras novelas que leí en mi adolescencia <em>Cumbres Borrascosas</em>, de Emely Bronté; <em>Odessa</em>, de Frederick Forsyth (el escritor de <em>El Chacal</em>), <em>El país de las sombras largas</em>, de Hans Ruesch, <em>Moll Flander</em>, de Robert Louis Stevenson, de donde me llegó la pasión por la lectura, y a las que agradezco a Dios tanta bendición.</p>
<p>No soy una crítica literaria ni pretendo competir con ellos, tampoco me considero escritora, solo una lectora que trasmite lo que encuentra, ni siquiera una lectora voraz, pero sí una amante de la buena lectura. Por eso recomiendo <em>Labios Sellados</em>.</p>
<p>Quizás para algunos podrá parecer por momentos controversial por las implicaciones de las acciones de los personajes basados en la vida real, hechos inevitables que ha tenido que pasar por suerte o por desgracia, el anticastrista exiliado en sus primeros diez años. Porque Alea Paz cuenta las diferentes realidades de aquella década que le tocó vivir, con un realismo poco usual, sin miedo a los retrógrados y sin caer en el erotismo chabacano que se ha popularizado últimamente y que por el abuso termina asqueando.</p>
<p>La novela <em>Labios Sellados</em> es como decía el admirado escritor Reynaldo Arenas «algo más que una trama interesante» que el lector actual debía exigir de una novela. ¡Adquiéralo y déjese llevar! Y si después le apetece, analice sin apasionamiento y mucho menos fanatismo el mensaje que nos envía su autora.</p>
<p>[Tomado de sus <em>Estampas de Cuba</em>, en la web: <a title="Sitio web de Maria Argelia Vizcaino" href="http://www.mariaargeliavizcaino.com/index.html" target="_blank">www.mariaargeliavizcaino.com</a>]</p>
<p style="text-align: right;">© María Argelia Vizcaíno. <em>Todos los derechos reservados</em>.</p>
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</div><img src="http://feeds.feedburner.com/~r/PalabraAbierta/~4/LSlxFkvxMaE" height="1" width="1"/>]]></content:encoded><description>Ha manifestado con sabiduría el excelente escritor cubano Luis de la Paz (Diario Las Américas «Los cuentos de Carlos Victoria» 23 de noviembre de 1997) que «en la literatura cubana ...</description><wfw:commentRss xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/">http://palabrabierta.com/literatura/critica/carmen-alea-paz-y-sus-labios-sellados/feed/</wfw:commentRss><slash:comments xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/">0</slash:comments><series:name xmlns:series="http://unfoldingneurons.com/"><![CDATA[Como en un sueño. Edicion Especial en Homenaje a Carmen Alea Paz]]></series:name><feedburner:origLink>http://palabrabierta.com/literatura/critica/carmen-alea-paz-y-sus-labios-sellados/</feedburner:origLink></item><item><title>El caracol, el tiempo y la esperanza</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PalabraAbierta/~3/OSJnSV1z6Jg/</link><category>Critica</category><category>caracol</category><category>carmen alea paz</category><category>cubano</category><category>dimensión poética</category><category>diversidad</category><category>estética femenina</category><category>libro</category><category>manuel gayol mecias</category><category>poesía</category><category>slider</category><category>totalitarismo</category><dc:creator xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/">Manuel Gayol Mecías</dc:creator><pubDate>Sun, 15 Jan 2012 10:45:08 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">http://palabrabierta.com/?p=205</guid><content:encoded xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"><![CDATA[<div id="attachment_208" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/El-caracol-el-tiempo-y-la-esperanza.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-208" title="El caracol, el tiempo y la esperanza" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/El-caracol-el-tiempo-y-la-esperanza-150x150.jpg" alt="El caracol, el tiempo y la esperanza" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">El caracol, el tiempo y la esperanza</p></div>
<p>La voz y las alas, el aire y la luz se conjugan en una sed insaciable por expresar lo que la vida reclama: el amor. Y para el amor, la esperanza. Junto a ello se puede alcanzar entonces el sueño insondable de la raíz intacta. Comienza el vuelo y la aventura hacia el origen, que es la brújula y el sentido de los &#8220;silencios rumorosos&#8221;. Una mística del alma, de la &#8220;noche sin ruidos&#8221; que se convoca en las palabras, el éxtasis de decir, o mejor, de traducir las esencias de un eco profundo, remoto, sólo tangible por la voz, que nos congrega como lectores asombrados de todo lo que se oculta dentro de un caracol. La enigmática fuente de lo primordial se derrama en nuestros ojos con otro tipo de tiempo -que muy bien puede venir de los rincones lezamianos del corazón- un tiempo fugaz y detenido en la palabra, delicada y luminosa, de esta poetisa cubana que es Carmen Alea Paz.<a href="#">[1]</a></p>
<p>Su libro <em>El caracol y el tiempo</em><a href="#">[2]</a> es, sencillamente, un hecho de amor a la vida, como viaje que trasciende del cuerpo al espíritu; es el ansia por &#8220;ser ala/ luz,/ fragancia,/ alba&#8221;. Es la &#8220;morada&#8221; que &#8220;des­flora las sombras/ hasta que ya no quede/ más que el silencio amigo&#8221;. Es la &#8220;meditación ante una rosa&#8221;, esa posibilidad de entrar en lo inefable de la creación, del Theos; la posibilidad de que el viaje que realiza este libro tome &#8220;rumbos&#8221; como quien lee no mil, sino infinitas biografías, y cruza las regiones cósmicas de un <em>aleph</em> que trasmuta el tiempo humano en un estrecho contacto perdurable. El cuerpo, lo físico, se descubre ante el espejo como un habitante extraño, como que va de esta realidad objetiva a la realidad imaginaria del espejo, una &#8220;máscara&#8221; que encierra un presente de nostalgia y futuro y &#8220;un peregrinar/ hacia lo cierto&#8221;.</p>
<p>Y lo cierto también es que este libro constituye una muestra más de que la sensibilidad femenina cubana -desde Gertrudis Gómez de Avellaneda hasta Dulce María Loynaz- continúa insertándose de manera profundamente vital en la proyección histórica de <em>lo cubano</em>.</p>
<p>La conmoción del totalitarismo en la Isla, que ha dado lugar al desgarramiento del exilio, no ha podido (ni puede) evitar que la literatura -en este caso me refiero a la buena literatura, con todas sus implicaciones estéticas- sea una sola y misma expresión de esa <em>diversidad de lo cubano</em>. Asumiendo que en esta diversidad, asimismo, se presenta la femenina dimensión poética de <em>lo hispanoamericano</em>. Esa aspiración, digamos, por develar lo mágico (quizás metafísicamente) de la intimidad del ser, el uso de una imagen luminosa -metafórica muchas veces y en ocasiones filosófica- en la que se amalgama un cálido invierno tropical, una brillante floresta, la magnificencia de las montañas y los fuegos restallantes del sol, reflejándose en un mar que es hondo y azul, y presencia del origen.</p>
<p>En <em>El caracol y el tiempo</em> lo cubano y lo hispanoamericano se confunden, se integran en las espirales de la imaginación como un río de horas que se niegan y rehacen sucesivamente. El tiempo se convierte aquí en ritmo, en cadencia legítima que recompone el espacio otro de <em>lo imaginario</em>.</p>
<p>En su libro encontramos esa audacia que tiene Carmen de retomar a Sor Juana Inés de la Cruz como símbolo de la esperanza, aún en estos años finiseculares de posmodernidad, y en el que la musicalidad del soneto y la fineza y sutileza de sus versos logran hacerse un solo cuerpo de contenido y forma, fiel al sentir de aquella figura inolvidable que ha sido la poetisa y monja mexicana.</p>
<p>Pero el lenguaje de Carmen no viene a ser exclusivamente femenino, sino universal, porque para ella la palabra es Dios y es la esperanza. Y la vida misma deviene un viaje, repito, que va del cuerpo hacia el espíritu. El alma está guardada y se desborda en la palabra. Ese origen paradisiaco de la espiritualidad y la imaginación, ese intento por recomponer las piezas del mundo, perdidas en la dimensión originaria del ser humano, ha sido también un interés fundamental de los postulados del gran poeta cubano José Lezama Lima. Aquella voz mistérica que le dictaba a Lezama sus poemas y escritos tiene mucho que ver con el sentido de trascendencia que se advierte en los versos de <em>El caracol y el tiempo</em>. Hay así un asomo de la magnitud mágica del hombre en su cosmogénesis; eso que resulta ser <em>lo ausente</em>, y es el pasado y el futuro: la vuelta a la reconstrucción imaginaria (no menos real) de lo angélico que fue el hombre.</p>
<p>Los sufrimientos de la vida, o la patria bajo lo innoble, o la alienación del consumo, ¿qué pueden ser ante el instante de un poema? Cuba, Hispanoamérica y el mundo permanecen en la fugaz eternidad del poema que somos cuando fijamos nuestras mejores esencias con la voz del espíritu que viene de tiempos antiguos. Y es entonces que los objetos se humanizan, en su función de apoyo toman la afectividad que recorre nuestras venas, nuestras manos. Un poema como <em>La mesa</em> se transfigura en un sensible homenaje a lo humano desde una perspectiva plenamente espiritual.</p>
<p>Entre tantas cosas, aquí también se habla no del tiempo cronológico, sino del amor como un estado temporal. El amor que rompe las coordenadas espaciales y el tiempo conocido; resulta así un estado del ser que viaja en lo infinito de otro tiempo (¿o es intemporal), saltando los espacios vacíos, en una ubicuidad de movimiento y éxtasis. Y junto a todo, en el éxtasis, queda la Isla detenida, como un flujo de recuerdos.</p>
<p>Al leer <em>El caracol y el tiempo</em>, me pregunto -sin importarme ningún pueril  impresionismo-, ¿cómo no sentir entonces la sinfonía del alma, en su elegía a Cuba, al destierro, a la mujer y al hombre, con una mezcla de tristeza y de ese placer inmenso que da el vuelo de la esperanza si al terminar el poemario, más allá de lo reflexivo, gracias a la intuición, aún me queda el aletear de &#8220;una canción para el mañana&#8221;?</p>
<p style="text-align: right;">(Bell, California, 2000)</p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<ol>
<li>Carmen Alea Paz nació en La Habana, y en 1962 emigró a Esta­dos Unidos. Publicó poemas, artículos y ensayos en numerosas publicaciones periódicas cubanas, como fueron <em>Lux</em>, <em>Carteles</em>, <em>Vanida­des</em>, <em>Colorama</em>, <em>Patria</em>, <em>Bazar</em> y otras, y en los diarios <em>Avance</em>, <em>El País</em>, <em>El Mundo</em> y <em>Diario de la Marina</em>. Durante años mantuvo su sección &#8220;Dis­quisiciones femeninas&#8221; en <em>El País Gráfico</em>, y fue colaboradora de la popular revista habanera <em>Romances</em>. Ha sido profesora de literatura y español de la Universidad de Northridge, en California, ciudad donde ella reside.</li>
<li>Northridge, California, 1992.</li>
</ol>
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<p><strong>Domínguez, Pablo</strong> -<em>El capitán de la Estrella</em> (Cuentos y relatos,  Tip. Vargas. Caracas. 1957.- Cada libro, en su acento íntimo, descubre inadvertidamente las características esenciales de quien lo ha creado. De ahí que al solo contacto con el prologo de <em>El Capitán de la Es­trella</em>, presumimos la verticalidad literaria de su autor.</p>
<p>Pablo Domínguez, en sus 16 cuentos y relatos, nos adentra en la entraña psicológica de su pue­blo de antaño. &#8220;Retratos de mi pue­blo&#8221;, podría llamarse el libro también, porque en sus ciento y pico de paginas, describe el sentir del venezolano, <em>sus</em> costumbres <em>y</em> tipicidades en lo cotidiano.</p>
<p>Un libro sencillo en su aspecto y sencillo en su contenido, pero cabe en su sencillez la espontaneidad y franqueza de quien, como el mismo apunta, &#8220;reúne sus hijos y se retrata en medio de ellos&#8221; con sano orgullo de padre.</p>
<div id="attachment_199" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/A-punto-del-abismo.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-199 " title="Como cae un hombre" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/A-punto-del-abismo-150x150.jpg" alt="Como cae un hombre" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Como cae un hombre</p></div>
<p><strong>Gigsby, Howard</strong> -<em>Como cae un hombre</em>. Editorial Constancia, México, 1956, 187 páginas-. Interesante y extraña en cada página debido a la compleja personalidad del protagonista, <em>Como cae un hombre</em>, es de ese tipo de novelas que dominan la voluntad del lector hasta el desenlace final, con puntos y co­mas.</p>
<p>En cada capítulo va en aumento la curiosidad por lo que va ocurrir, y sucede que&#8230; el lector ha permanecido un largo rato embargado por la trama, viviendo intensamente las agonías interiores de Henry Scudder.</p>
<p>Una novela muy de nuestra época, que describe magníficamente cómo los conflictos inter­nos de un individuo pueden llevarlo hasta cavar su propia tumba.</p>
<div id="attachment_200" class="wp-caption alignleft" style="width: 146px"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Concha-Linares-Becerra-2.jpg"><img class="size-full wp-image-200" title="Maridos de lujo" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Concha-Linares-Becerra-2.jpg" alt="Maridos de lujo" width="136" height="136" /></a><p class="wp-caption-text">Maridos de lujo</p></div>
<p><strong>Linares Becerra, Concha</strong> -<em>Maridos de lujo</em>. Edito­rial Constancia, S. A. México, 1956, 232 páginas-.  Concha Li­nares Becerra no necesita presentación. Pertenece al grupo de escritores privilegiados que no pasan de moda, y que lejos de caer en ese peligro. lo superan con ca­da nueva obra.</p>
<p>Muestra de lo antes dicho es su novela <em>Maridos de lujo</em>. Simpática, movida, amena; plena de situaciones y desenlaces inesperados, capta la atención del lec­tor y lo lleva en alas de la imaginación, a través de maravillosos paisajes españoles que nunca antes fueron tan románticanmente descritos.</p>
<p>Argumento original, personajes encantadores, en fin. Un eslabón más en la larga cadena de triunfos literarios de la autora, tan admirada en América.</p>
<p style="text-align: right;">© Carmen Alea Paz. <em>Todos los derechos reservados</em>.</p>
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<dl id="attachment_302" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px;">
<dt class="wp-caption-dt"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Quê-es-la-psicología.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-302" title="Quê es la psicología" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Quê-es-la-psicología-150x150.jpg" alt="Quê es la psicología" width="150" height="150" /></a></dt>
</dl>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la firma donde me <a id="FALINK_1_0_0" href="http://anterior.palabrabierta.com/critica/tres-libras-de-psicologia/#">empleo</a>, tuve  la oportunidad de conocer a un talentoso escritor cubano, que tenía relaciones comerciales con la casa. El personaje en referencia fue ese día a cancelar cierta operación, que precisamente me había sido confiada, por cuyo motivo él tenía imprescindiblemente que tratar todos los pormenores de su negocio conmigo, a lo que se opuso resueltamente apenas se lo comuniqué, aludiendo bastante apenado, que deploraba tratar de intereses con las damas, pues su caballerosidad se lo impedía. “Dirá usted, señorita, que estoy chapado a la <a id="FALINK_3_0_2" href="http://anterior.palabrabierta.com/critica/tres-libras-de-psicologia/#">antigua</a> —me explicó—, pero yo sólo concibo a la mujer, tal como la inmortalizaran los poetas de antaño. La mujer se hizo para el amor, para el arte, para todo lo hermoso y sutil de la vida. Yo puedo hablar con usted de música, pintura, poesía; de flores, de cualquier cosa bonita, pero no de negocios. No sé por qué —continuó— la mujer se ha empeñado en ser comerciante, abogado, político. Siquiera sus actividades no la apartaran de todas esas sutilezas que la mujer de ayer sabía usar con tal gracia, que uno no podía menos que desear tenerla eternamente a su lado, porque ella significaba el remanso, la alegría y dulzura de vivir. Pero la mujer moderna está olvidando su verdadero lugar, lamentablemente para la sociedad….”.</p>
<p>De más está decirles que mi interlocutor se marchó sin resolver el particular que allí le llevara, y que volvió varias veces más, sin tener la suerte de encontrar al dueño de la empresa,  por lo que al <a id="FALINK_2_0_1" href="http://anterior.palabrabierta.com/critica/tres-libras-de-psicologia/#">cabo</a> de tres semanas, tal vez ya convencido de que perdía el tiempo, no tuvo más remedio que aceptar mi intervención en el asunto.</p>
<p>Por mi parte, y para tratar de calmar un tanto el agobio que tal solución le causaba —creo que fue un poco exagerado— , le expresé mi comprensión acerca de sus conceptos.</p>
<p>Fue, como deben ustedes suponer, una charla interesante y gratísima, cuya agradable impresión el tiempo no ha podido borrar de mi corazón de mujer, en plena solidaridad con la defensa de la Belleza en todos los aspectos de la existencia.</p>
<p>Precisamente he recordado esta anécdota de mi vida, porque el otro día presencié, en una librería, una escena que el señor antes mencionado, no habría soportado  en silencio sin demostrar  su desacuerdo.  Fueron sus protagonistas, una señora, como de 40 años más o menos y una jovencita de 14 ó 15 años. La señora, a todas luces se observaba, no quería entrar y discutían ambas la decisión. Por fin venció el interés de la adolescente en adquirir un libro, pues quería algo para leer durante las vacaciones, según le oí decir.</p>
<p>Inmediatamente que la señora y la muchacha entraron, se les acercó una amable empleada para ofrecerles su atención, y la niña, como quien lo tiene pensado de antemano, preguntó si tenían las <em>Rimas de Bécquer.</em> Palabra que yo no había vuelto el rostro para mirar a la señora, si su voz no me hubiese obligado. Saltó como movida por un resorte, para decir a la criatura: “¡Eso no fue lo que me dijiste que ibas a comprar! “. La muchachita, con voz entrecortada, repuso que, efectivamente, no era lo que deseaba comprar, pero que la profesora de español, conociendo su vocación poética, le había recomendado leer versos y, entre ellos, estaban los de Bécquer. Tras esa explicación y delante de la empleada, la madre se negó a comprar el pequeño tomo, que apenas costaba unos centavos, diciendo entre otras cosas, que “en esta época ya no se usaba leer versos; que la poesía era cosa de niñas cursis y románticas; que eso no conducía a nada, y que era más práctico leer libros de psicología, “pues es lo que está de moda, lo que da dinero”.</p>
<p>La muchachita, un poco amoscada, se alejó hacia un estante cercano, mientras la madre seguía informando a la empleada que su hija, en lugar de aprender  cosas útiles, sentía pasión por la música, que le gustaban los versos y que leía cuanto libro le caía a la mano, especialmente novelas. Total, que la consideraba una tonta completa.</p>
<p>No pude marcharme de allí. Me dolió aquella manifestación perfilada de ira contra el arte, y, ¿por qué no decirlo?, contra el alma tierna de la muchachita. Pensé en los momentos de amargura que le aguardaban al lado de un espíritu tan poco comprensivo, si pensaría en tan delicadas aficiones.</p>
<p>Antes era natural que toda mujer guardara bajo su almohada, junto al Devocionario y el rosario, un tomo de versos, que eran perfume, luz y rocío espiritual para su corazón. Hoy eso no es así; preferimos las lecturas morbosas, aun cuando éstas afectan nuestra sensibilidad y ensombrecen nuestro jardín interior.</p>
<p>“Que lea mucha psicología…”.</p>
<p>No quiero ni puedo olvidar la actitud de aquella señora. Por cada una de sus palabras, yo diré, cien, mil más. Porque apenas dijo nada, pero en pocas frases negó la belleza y sentí que sus palabras negaban a Dios también.</p>
<p>Es bueno que se preocupe de las lecturas de su hija, lo cual es deber de toda madre inteligente, y en este caso, sería a ella, a quien yo habría regalado un libro de psicología, para que aprenda a orientarla sin lastimar tan puro corazón.</p>
<p>¿Por qué desestimar la poesía? El arte presupone el vencimiento de la materia. El poeta, con el corazón abierto a la más sencilla y recóndita manifestación de<em> </em>Belleza, recoge el misterioso guiño de las estrellas en la noche, descubre el suspiro que lanza la violeta, se acerca infinitamente a Dios y recibe su bendición en la contemplación del paisaje, cuya impresión nos regala después, porque esa es su misión: ver, comprender y dar al mundo, a las almas ciegas, el mensaje de luz que lleva dentro de sí, y que ellas fueron incapaces de captar.</p>
<p>Soy moderna; acepto que uno debe marchar al compás de la época que le toca vivir, pero ello no quiere decir exactamente, que debemos permitir que nos arrastre la corriente de la vida, sobre todo, si ella carece de valores espirituales.</p>
<p>Pienso en aquella señora y en la niña, y comprendo el interés de la última. Cuando se tienen 14 años, casi acabamos de nacer por nues­tra inocencia. La fe se mantiene viva, ardiente, poderosa en el corazón sin mácula. Se busca, se anhela la belleza en todas partes. Vemos la vida bajo el tono feliz de nuestra pureza espiritual, porque aún no hemos avistado la entraña del dolor, y entonces, para qué apresurar su encuentro.</p>
<p>Por otra parte, creo que la señora hace muy bien en desear que su niña estudie algo práctico, que represente en el futuro su estabilidad económica. Por lo menos, algo que le permita una vida decorosa. Pero no es adecuado el método que usa para convencer a su hija de que la Psicología paga buenos dividendos; reconocemos el auge que  ha tornado esta materia, pero esto no implica que por fuerza nos veamos obligados a ser psicólogos, ya que aparte de los estudios que el verdadero conocimiento de ella requiere, hay que tener cierta aptitud, es decir, una disposición natural, para cuestión tan compleja como es el profundizar en el alma humana.</p>
<p>Tal vez la señora de mi preocupación piense que con dos o tres manualitos prácticos, de esos que se compran en los puestos de revistas por un par de monedas, ya estamos listos para ofrecernos a resolver los problemas de la humanidad, y lo peor de todo es que, con idénticos conceptos, hay muchas gentes por ahí, tomándoles el pelo a los incautos y haciendo dinero, como si la psicología, amigos lectores, pudiera comprarse por libras, según la necesidad de cada individuo, con la misma facilidad que se compran tres libras de frijoles en la tienda de víveres.</p>
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<dl id="attachment_306" class="wp-caption alignleft" style="width: 120px;">
<dt class="wp-caption-dt"><a href="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Empleadas-de-tiendas.jpg"><img class="size-full wp-image-306" title="Empleadas de tiendas" src="http://palabrabierta.com/wp-content/uploads/2012/01/Empleadas-de-tiendas.jpg" alt="Empleadas de tiendas. Cuba 1950" width="110" height="150" /></a></dt>
</dl>
</div>
<p>Cuando apenas faltan 10 ó 15 minutos para las 2:00 de la tarde, hora en que abren sus puertas casi todos los establecimientos comerciales de nuestra ciudad para cubrir la jornada de la tarde, nuestras principales calles se colman de un atractivo enjambre que bajo el sol o la lluvia, en invierno o <a id="FALINK_1_0_0" href="http://anterior.palabrabierta.com/periodismo-2/cronica/sonar-tras-la-vitrina/#">verano</a>, van a ocupar sus puestos tras la vidriera, para ofrecer al público su amable atención.</p>
<p>Admira contemplar esa caravana de mujeres vestidas impecablemente de blanco en verano y de negro en invierno, siempre elegantes dentro de su moderna y obligada indumentaria, que marchan apresuradamente, con el ritmo que impone el tiempo no justo sino escaso de dos horas para llegar a casa, ingerir alimentos, arreglarse de nuevo y emprender la vuelta.</p>
<p>Contarlas sería alcanzar una cifra considerable hasta el cansancio. Un poco más y no queda una mujer en casa, diríamos exageradamente. Primaverales, otoñales, abuelas muchas; realmente es una legión encantadora. Si usted, querida lectora,  se queda por unos minutos a esta hora en Galeano, San Rafael, Neptuno, etc, etc, se asombrará como nosotros. Por todas las esquinas surgen en grupos o separadamente y es de notar sus rostros sonrientes y agradables, como si fuesen de <a id="FALINK_3_0_2" href="http://anterior.palabrabierta.com/periodismo-2/cronica/sonar-tras-la-vitrina/#">paseo</a> y no a rendir la dura tarea que les espera tras el mostrador durante cuatro largas horas.</p>
<p>Cuando el minutero llega a la media, ya están todas en sus departamentos correspondientes y aunque usted no esté nada más que “revolviendo” —defecto capital en las mujeres que van de tiendas—, la empleada sonreirá comprensiva y desplegará la misma cortesía que si fuésemos a comprar el establecimiento completo.</p>
<p>Es curioso y nos atrae más que los nuevos géneros, las fantasías novedosas o la “ganga” del momento, el tráfago incesante de las dependientas. Todo el día de pie, como un ejército, sin un gesto de desfallecimiento. Casi siempre atendiendo cuatro clientes o más a la vez, que reclaman preferencia. Una remisión tras otra, y un correr de acá para allá sin tregua, porque así lo <a id="FALINK_2_0_1" href="http://anterior.palabrabierta.com/periodismo-2/cronica/sonar-tras-la-vitrina/#">exige</a> la impaciencia del público. Regularmente, un público que no tiene que hacer nada en casa y sale de tiendas para matar el ocio, o por escapar del calor que hace reverberar la calle, en el clima maravilloso del aire acondicionado. ¡Como que el fresco es gratis!</p>
<p>¡Cuánto trabajar a veces con un solo cliente! Y cómo cada uno exige tacto, delicadeza, cierta psicología y un grande, enorme deseo de cumplir a cabalidad sus funciones. ¡Hay cada uno!</p>
<p>Pobres resultan nuestras palabras para destacar la extraordinaria labor de este núcleo de esforzadas mujeres que representan las empleadas de las tiendas, y en ellas, a todas las mujeres que trabajan, en estas líneas el homenaje de nuestra comprensión, llevando al público el sentir de sus corazones, porque ¿verdad, lectora amiga, que nunca habías pensado en estas mujeres que a diario nos sacan de apuros al ayudarnos a seleccionar el regalito de compromiso, bueno y barato; que nos sugieren el tono que conviene a nuestra tez o el perfume que puede hacernos más atractivas? ¿Verdad que no se te había ocurrido pensar que también ellas tienen un alma que sueña, que anhela, que busca su destino; un corazón sensible por el que pasa la vida con todas sus aflicciones y alegrías?</p>
<p>Dejando de mirarlas como entes mecánicos y ahondando indiscretamente en sus  vidas, descubrimos un mundo de bellezas espirituales que no podíamos imaginar.</p>
<p>¿Saben que una gran mayoría de empleadas de las tiendas son bachilleres, profesionales, estudiantes avanzadas en distintas carreras? Naturalmente que no todas están conformes con la labor que realizan, aunque no por ello dejan de esmerarse en su trato con el público; y a pesar del cansancio del día, ocupan la noche y todas las horas libres en ampliar sus conocimientos, con miras a un futuro más cómodo y brillante que el del mostrador.</p>
<p>Sin embargo, hay excepciones que nos llaman la atención. Silvia Pena, por ejemplo, que está enamorada de su trabajo actual. Da gusto oírla hablar de su “orgullo de vendedora” y de lo mucho que le encanta tratar con el público; sobre todo, con el cliente que por sus majaderías resulta difícil de convencer, lo que ella logra por el interés que pone en cada caso.</p>
<p>En Zoila Berdeal hay un hermoso ejemplo de voluntad y sacrificio. Esta joven cursa 4to. año de Medicina, pese a las múltiples dificultades que ha debido sortear. Pero desea ardientemente ser médico y no repara en sacrificios con tal de alcanzar la dorada cumbre de sus aspiraciones, tan alta para sus aspiraciones, tan alta para sus posibilidades e incompatible con su empleo. Estamos seguros que lo logrará, porque en sus ojos arde la luz de un espíritu superado.</p>
<p>Hay muchas que por circunstancias de la vida se vieron obligadas a dejar la cerrera pero que confían volver a ella para triunfar. En este caso está Juanita Moscoso, estudiante de Filosofía y Letras, cuya aspiración futura es ocupar una cátedra.</p>
<p>Graduada de la Escuela Normal para Maestros de la Habana, Magda García habla de sus frustraciones en cada gestión que realizó para obtener un aula. Los cuatro años que lleva como dependienta —el mismo tiempo que de graduada— le han hecho ver la necesidad de aprender algo más productivo que su profesión y actualmente estudia secretariado con la esperanza de obtener empleo en un banco.</p>
<p>Todas sueñan, todas aspiran a mejorar sus vidas. Es humano. Tal vez les alienta el deseo de poder lucir ellas también, encajes, sedas, pieles, joyas, todo ese conjunto de sutilezas con que la mujer se adorna, y que día tras día ven pasar por sus manos, sin que sus medios le permitan adquirirlas. “Vivimos en una completa tentación”, dice una, “de cometer una barbaridad gastándonos la paga en una chuchería que halague nuestra vanidad femenina. Aunque la realidad, por suerte, siempre se impone; de otro modo, mal nos veríamos”.</p>
<p>Todas, todas aguardan la hora luminosa; sueñan, trabajan, aman, esperan. Y la señora Avelina Díaz nos habla de la suprema aspiración: la de la madre que trabaja y aguarda con infinita fe, el día que pueda quedarse en casa con sus hijos, atenderlos, vigilar su educación, verlos crecer bajo su calor y ternura. Nos conmueve sinceramente su comentario. Es como si hablara en nombre de todas las madres que trabajan. Tal vez porque ella tiene la experiencia de 20 años de ardua brega, durante los que día tras día ha dejado en manos extrañas su hogar, su familia; su hija enferma muchas veces, mientras le atormentaba el recuerdo de la criatura, reclamando su presencia y ocultaba las lágrimas para que el público no comprendiera su tristeza.</p>
<p>Así es en realidad. Tras el rostro aparentemente feliz, sonriente y sereno, cuántas veces el dolor de haber perdido a un ser querido; la preocupación de un enfermo grave en la familia; la desolación de un corazón sin amor; ilusiones fallidas; esperanzas elevadas al cielo. Mundo de sentimientos, callado, oculto, tras la gentil sonrisa de la empleada que celosa de su deber, no deja traslucir su vida interior ni su cansancio, que sólo ahora, mirándolas como a seres humanos, podemos percibir y comprender, sinceramente admirados de su grandeza.</p>
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<h4>“No fue ocurrencia del exilio trasladarse. En 1962 las autoridades floridanas trataban desesperadamente de situar a cada nuevo grupo de refugiados que arribaba diariamente a Miami absolutamente desposeídos” (capítulo 2, p. 18).</h4>
<p>[…].</p>
<p>“Para los refugiados la más consoladora y atractiva ubicación por aquellos días era California. En primer lugar, se conseguía <a id="FALINK_1_0_0" href="http://anterior.palabrabierta.com/novela/labios-sellados-fragmentos-de-una-novela/#">empleo</a> y los sueldos eran superiores a los de la Florida y otros estados. Además, el clima y el idioma no eran barreras; en Los Ángeles ya había una gran colonia hispana” (cap. 2, p. 19).</p>
<p>[…].</p>
<p>“La ciudad de <a id="FALINK_2_0_1" href="http://anterior.palabrabierta.com/novela/labios-sellados-fragmentos-de-una-novela/#">Culver City</a>, en otro tiempo activo centro de producción de grandes empresas cinematográficas fue escogida como lugar de residencia por un gran número de exiliados. Allí encontraron la relativa seguridad del dólar en el bolsillo, pero, ¿se sentían conformes? Evelio nunca hubiera emigrado, pero… (cap. 2, p. 20).</p>
<p>[…].</p>
<p>“Si de esta reunión pudiera salir algo en firme”, musitó Carredo saliendo de la cocina con su deliciosa y aromática carga de café. Pero era difícil poner al exilio de común acuerdo. Hasta ese momento no se había logrado (cap. 2, p. 28).</p>
<p>[…].</p>
<p>Mariana miró el reloj de la cocina. Eran las 9:10 de la noche. ¿Dónde estará esa chiquilla? se interrogó a sí misma. De repente oyó el “mugido”, como le llamaba Viki a aquel ya familiar sonido de la sirena del muelle de Santa Mónica que orientaba a las embarcaciones surcando de noche la espesa niebla del Pacífico. “Con tal de que Viki no esté en el muelle…”. (cap. 7, p. 61).</p>
<p>[…].</p>
<p>Mariana no pudo evitar la efusión de sentimientos reprimidos… Estaba cansada de sufrir, de los malos ratos, de su vida sin alicientes. De su existencia sin amor (capítulo 7, p .75).</p>
<p>[…].</p>
<p>—Mami, <em>what’s the matter? Why are you crying?</em></p>
<p>Mariana se volvió desprevenida. No había oído entrar a Viki. Secándose las lágrimas, le respondió:</p>
<p>—Es que estaba pensando… (cap. 7, p. 7).</p>
<p>[…].</p>
<p>—<em>Please, tell me mami, what’s wrong? I’d never seen you cry</em>—, insistió Viki —<em>I don’t understand you, mami. Come on, tell me what happened.</em></p>
<p>—Hija, ¿por qué me hablas en inglés? ¿No te hemos pedido que en casa hables español? ¿No habíamos quedado en eso?</p>
<p>—<em>OK</em>, mami. Yo sé que éste es territorio libre e independiente, como dice papi. ¿Te das cuenta de que tengo razón? ¡Ya no se puede vivir en esta casa! <em>See,</em> mami, <em>you’re like him. Your body is here, but your mind is over there, in Havana. Why don’t you leave the past alone? Let it go. Let the past go. You will be happier</em> (cap .7, p. 76).</p>
<p>[…].</p>
<p>—Claro que no los entiendo. Mientras están allá tienen la obsesión de venir para acá. Llegan aquí y a las pocas semanas ya el país no sirve. Entonces quieren hacer una revolución para regresar. Los cubanos están locos, todos están locos, y mi padre es el peor de ellos (cap. 7, p. 78).</p>
<p><em>Stop the war! Make love</em></p>
<p>(Dicho popular en los años 60)</p>
<p><strong>15 de octubre de 1969 (9:00 a.m.)</strong></p>
<p>—<em>Shit</em>—, exclamó Viki al volver a su dormitorio. “Mami <em>has spoiled my day. I am so tired of feeling guilty…”.</em> Era imposible vivir así, pensaba ella.</p>
<p>—¡Coño, yo soy la única virgen que queda en Los Ángeles—, vociferó súbitamente, lanzando una de las zapatillas de casa al espejo de la cómoda. —¡La única virgen!—, repitió con furia. Ya estaba cansada de ser prisionera de la tan cacareada virginidad, de su castidad en desuso dentro del ambiente americano en que se movía (cap.15, p. 150-155).</p>
<p>[…]</p>
<p>El recinto universitario parecía una colmena. Había mucha gente que no era de allí. Un grupo enorme, evidentemente de trabajadores de la agricultura, vestidos con ropa de labor y pañuelos rojos y negros atados alrededor de la cabeza, al estilo de los piscadores, como para llamar la atención. Abundaban los cartelones de protestas por todos lados: <em>¡OUT OF VIETNAM NOW! ¡PEACE NOW! AMERICA, LOVE IT OR LEAVE IT! ¡CUBA SI, YANKI S NO! </em>Reporteros y camarógrafos con equipos listos para reseñar el acto corrían de un extremo a otro tras la noticia. Negros, asiáticos, mestizos y blancos cooperaban pacíficamente en el propósito de condenar la guerra en Asia. Viki había oído decir a su amiga Annette: <em>“We are going to have the largest demonstration of Moratorium Day in the West coast! We must stop the Vietnam War!</em></p>
<p>Annette era una de las organizadoras de la protesta que tendría lugar en la plaza Janss Steps, de la UCLA, esa noche. Proyectaban una ceremonia con velas y discursos por personajes del cine y la televisión. Harry Belafonte, Candy Bergen, Burt Lancaster y figuras políticas, entre ellos el representante republicano George Brown, habían prometido asistir. Viki también había prometido cooperar, pero tenía que regresar a su casa antes de las 9:00 de la noche. Si llegaba cinco minutos pasada la hora señalada, tendría una batalla verbal con sus padres, pensó molesta. “Coño, ¡qué atrasados están estos cubanos! Lo único que les interesa es que se caiga Fidel, y que no le destapen el agujerito de la sabrosura a sus niñas”. ¡Ah, cuánta lucha, cuántas contradicciones! No era fácil sacarse de la conciencia las enseñanzas de su madre (cap. 15, p. 157).</p>
<p>[…]</p>
<p>Aunque ella no podía asistir regularmente a las conferencias semanales de la Dra. Gisela Barajas, secretamente Mariana escapaba de vez en cuando algún sábado, sólo por el bien que le hacían los consejos de esta inteligente mujer. No era sólo ella quien tenía tabúes y complejos de los cuales librarse. Las asistentes intercambiaban libros, pero se cuidaban de traerlos forrados con papel grueso y oscuro como para que nadie pudiera enterarse de lo que leían. Así pasó de mano en mano el famoso libro de Betty Friedan, <em>The Femenine Mystique,</em> y otros de Simone de Beauvoir, Karen Horney, Margaret Mead; y uno, por cierto muy bien escrito, aunque poco conocido, <em>La mujer y su nicho de santidad</em>, de una autora hispana cuyo nombre no recordaba.</p>
<p>La Dra .Gisela no enseñaba a conseguir hombres, sino a cómo vivir con ellos. “La generalidad de las asistentes a mis conferencias”, decía ella, “temen estar haciendo algo ilícito por el mero hecho de desear ampliar sus conocimientos y perder el miedo a la vida”.</p>
<p>La mujer hispana, con raras excepciones, carga un terrible complejo de culpa, y se considera a sí misma perversa y pecadora cuando por su deseo lógico de superarse, se atreve a contravenir o desviarse de las normas de conducta y dictados familiares. El temor a traspasar los límites intelectuales impuestos durante el proceso de la crianza, y a rechazar la tabla de valores de la familia, se convierten en derecho autorizado para que sus padres y hermanos mayores tuerzan su voluntad, oscurezcan su inteligencia y ejerzan un control pernicioso sobre su existencia (cap. 16, pp. 176-178).</p>
<p>[…]</p>
<p>Mariana no podría decir las veces que había mirado el reloj esa noche. La inquietud la consumía. “Es muy tarde. Algo terrible tiene que haberle ocurrido a Viki. Tendría que despertar a Evelio”, pensó.</p>
<p>—Evelio, despierta. Necesito hablarte. Espabílate, por favor. Tienes que salir a buscar a Viki.</p>
<p>—Viki, ¿qué le pasa a Viki?—, preguntó Evelio, todavía atontado.</p>
<p>—Espero que nada malo, pero no ha vuelto desde que salió para la universidad esta mañana.</p>
<p>—Ah, cabrona, y ¿qué hace esa chiquilla en la calle a estas horas? ¿Llamaste a sus amigas?</p>
<p>—Si, pero no estaba con ellas. Por favor, Evelio, llégate a la universidad, a ver si está allí.</p>
<p>—No seas estúpida Mariana. ¡A estas horas en la universidad!</p>
<p>—Pues sí, es posible. Esta noche han hecho allí una protesta acerca de la guerra en Vietnam, y probablemente se quedó para ayudar a las amigas.</p>
<p>—Era lo único que nos faltaba, que ande metida en esas protestas de los comunistas. La culpa es tuya, por consentirla.</p>
<p>—Anda, Evelio, apúrate. Ve a buscar a Viki (cap. 16, pp. 180-182).</p>
<p>***</p>
<p><em>[Fragmentos de </em>Labios sellados,<em> de Carmen Alea Paz, Premio Internacional de Novela “Ðr. Alberto Gutiérrez de la Solana”, 1999. Concurso patrocinado por el Círculo de Cultura Panamericano de Verona, New Jersey].</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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