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Bienvenido a bordo...</description><language>en</language><managingEditor>noreply@blogger.com (Calo)</managingEditor><lastBuildDate>Wed, 15 Feb 2012 23:01:05 PST</lastBuildDate><generator>Blogger http://www.blogger.com</generator><openSearch:totalResults xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">33</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">25</openSearch:itemsPerPage><feedburner:info uri="pedazosdem-calo" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><itunes:owner><itunes:email>noreply@blogger.com</itunes:email></itunes:owner><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:subtitle>Este es el vagón a bordo del cual empiezo un nuevo viaje, con la esperanza de que un día, en alguna estación del camino, pueda verte subir y disfrutemos unos momentos juntos, por el tiempo que desees, las veces que desees. 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aquí compartiré contigo, todas mis publicaciones y mis obras.&#xD;
Gracias por acompañarme.&#xD;
Tu amigo. Carlos Campos.</feedburner:browserFriendly><item><title>En Tus Zapatos</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/kClg06S_WXQ/en-tus-zapatos.html</link><category>En tus zapatos</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 30 Jan 2012 11:48:07 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-8671517684505516662</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Una de las cosas que disfruto al correr es el encuentro con otros corredores o caminantes con quienes compartimos las rutas. El año que pasó no corrí mucho por diversas razones y, entre varias cosas que extrañé, eché mucho de menos cruzarme con esas personas. De algunas sé los nombres y hasta hemos podido conversar un poco. Hay de los muy disciplinados que casi sé que si salgo a correr a determinada hora entonces me los voy a cruzar e incluso puedo adivinar en qué parte de la ruta me los voy a encontrar. No soy como ellos y si se preguntan quién es el tipo que corre siempre con un polo amarrado en su muñeca de la mano izquierda tal y como me pregunto yo por ellos identificándolos por sus características individuales o estilos de correr, seguro pueden confirmar que no siempre me encuentran cuando y donde podrían suponerlo.&lt;br /&gt;Esta semana que estoy volviendo a las pistas luego de cierto tiempo estuve recordando algunos de esos encuentros que tuve con corredores por los malecones o playas de Miraflores, Barranco y Chorrillos, y lo que me dejaron. He tenido encuentros diversos y hubo uno que sin duda fue el más particular y especial de todos.&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5703511074726044994" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 181px; CURSOR: hand; HEIGHT: 196px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-9KpEt9S6O34/TybxGp2NZUI/AAAAAAAAANg/uq0RtE3uvhM/s320/pies%2Bdescalzos.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;“En tus zapatos”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Empieza a sonar el despertador muy despacio pero lo tengo cerca y es suficiente. Diablos. ¿Tenía que sonar ahora que estaba durmiendo tan bien? Son las seis y media de la mañana. ¿De qué me quejo? Hace unos años me levantaba antes de las cinco para salir a correr sin importar donde estuviera ni que clima hubiera.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Me levanto de la cama en el mayor silencio posible para no despertar a mi esposa y a nuestro bebé de apenas dos meses que aún duerme en su moisés al lado de nuestra cama. Están durmiendo dulcemente. Beso a mi esposa en la frente y apenas le toco una mano a mi hijo para no despertarlo. Me visto con mi short y polo de correr y salgo del cuarto.&lt;br /&gt;Entro al baño y abro la llave del lavadero. El agua esta muy fría. Me mojo la cara y me miro al espejo. “Regrésate a la cama, ¡ya estás viejo!” parece gritarme con sorna el tipo que me mira a los ojos desde el espejo. No sé si me veo tan viejo pero últimamente siento que el tiempo no sólo ha pasado muy rápido sino que ha dejado huellas claras. Bueno, son otras las cosas que me importan con respecto a la edad que la apariencia física así que me despido del tipo en el espejo diciéndole que empezaremos a vernos más seguido a la misma hora o un poco más temprano aunque eso le disguste.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Me calzo las zapatillas de correr en la sala de la casa y, a punto de salir, me vuelvo para pasar por el cuarto de mis dos hijas. Duermen plácidamente. Cubro con la sábana a la menor que siempre termina descubierta. Le doy un beso en la mano a la mayor que cuelga su brazo desde lo alto del camarote. Se van a levantar pronto así que mejor me apresuro en salir para volver temprano.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Aún no son las siete de la mañana pero ya he llegado al malecón y hecho calentamiento y estiramientos al lado del Faro de la Marina antes de empezar a correr. Es verano pero hoy hay neblina en Miraflores, para variar, pero contra lo que muchos opinan, a mí me encanta. No puede distinguirse el camino a la distancia y correr así es como ir redescubriendo la ruta. A pesar de la neblina que esta vez es tenue y seguro se disipará pronto, ya he comenzado a sudar así que es hora de empezar a correr.&lt;br /&gt;¿Qué ruta tomar? ¿Cuánto tiempo o cuánta distancia correr? Eso es lo que no ha cambiado. No hay plan de vuelo definido para correr. Puedo variarlo en cualquier momento si así lo deseo y esa sensación de libertad es la que me ha mantenido corriendo por años.&lt;br /&gt;Mi paso es lento, pausado. Estoy corriendo hacia el Puente Villena pasando al lado del Parque del Amor y voy rumbo a Barranco. A pesar de la neblina parece que el sol saldrá hoy. Prefiero el paisaje de las madrugadas pero por ahora correr a esta hora estará bien.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Estoy a mitad del puente y si fuera de madrugada seguro me cruzaría con un señor que podría estar cerca de los ochenta años y con quien siempre me encontraba aquí si es que eran las cinco y media de la mañana de no importara qué día. Era un hombre alto de cabello corto y completamente blanco y siempre dispuesto a sonreír saludando con voz grave pero muy amistosa mientras levantaba su mano. Por su mirada y apariencia siempre pensé que podría haber sido un sacerdote de origen europeo. Nunca lo supe. Siempre nos cruzábamos y luego de saludarnos cada uno seguía su camino deseándonos buen día. Es muy tarde para encontrarlo hoy pero, en su lugar, me cruzo con una pareja, hombre y mujer, a quienes puedo calcularles setenta años más o menos y están compartiendo un paseo conversando muy amenamente. Me da mucho gusto verlos así. Debe ser lindo llegar a esa edad con la compañía de toda la vida. No los conozco pero igual los saludo. Ellos me sonríen y corresponden mi saludo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Paso ahora delante de una estatua de la Virgen María que está en el malecón. Parece no importar la hora que sea siempre se encuentra gente rezándole. Me santiguo y ni bien la dejo atrás entro a unas curvas desde las cuales se tiene la vista de las playas de Miraflores, Barranco y Chorrillos hasta el Morro Solar. Ha pasado muy poco desde que partí pero la neblina casi se ha despejado por completo. Las olas del mar se ven como delgadas rayitas blancas que avanzan lento hasta llegar a la orilla para desvanecerse. Hay algunos botes de pescadores, algunos tablistas y muchos autos en las pistas de la Costa Verde que sigue sin ser lo verde que debería para hacer verdadero honor a su nombre.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Ya terminé las curvas pasando por el pequeño Parque Letonia que recuperó la municipalidad hace poco al que incluso le han instalado algunas máquinas para hacer ejercicio pero ya no encuentro placa alguna que recuerde el nombre del parquecito.&lt;br /&gt;Estoy por llegar a Larcomar. Un par de años antes de la llegada del siglo XXI si corría por aquí podía decir que estaba llegando al Parque Salazar. Aunque los diseñadores del moderno centro comercial que hoy es el punto de reunión de personas de todas las edades se esforzaron por dejar áreas verdes donde antes estaba el tradicional parque, la verdad es que no quedó ni huella del verdadero y antiguo parque miraflorino sino su antigua escultura que parece la cabeza de un cóndor y que es el monumento a un héroe de la aviación peruana en cuyo honor se le dio nombre al parque. Esa escultura se ha visto forzada a ceder protagonismo a tres enormes y horrorosas chimeneas que son los ductos de ventilación para los estacionamientos subterráneos del centro comercial.&lt;br /&gt;Siendo jueves y más de las siete de la mañana, ya hay mucha gente por aquí. Caminan ejecutivos hombres y mujeres con sus trajes apurando el paso para llegar a alguna reunión o desayuno de trabajo por ahí cerca. Soy de los pocos corredores que pasan por Larcomar en este instante. De madrugada era usual encontrar otros corredores aquí y no solo me cruzaba con deportistas sino que si era sábado entonces en las veredas del parque se agrupaban jóvenes que salían de la discoteca del centro comercial. Las chicas descalzas con sus zapatos de taco en la mano y andando como pueden esperando que alguno de sus amigos, probablemente el más sobrio o el menos ebrio, termine de negociar con el taxista de turno para poder partir rumbo a casa a descansar durante el día lo que significó una muy larga noche de juerga. Por supuesto que no faltaban los saludos o gritos e improperios de algunos al verme pasar corriendo a esa hora. Yo les sonreía y les saludaba igual. Al fin y al cabo lo real es que vemos la vida desde veredas distintas y cada quien se debe divertir a su manera.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;En ese tiempo también me cruzaba con grupos de numerosos corredores que siguen sus planes de entrenamiento en estas rutas. Yo prefiero no correr así pero es interesante ver esas decenas de corredores que se divierten compartiendo en un ambiente de camaradería especial. La mayoría parecían tomarse esto del correr muy en serio sea por el deporte en sí o para reunirse y conocer otras personas con la misma afición. Me cruzaban con ellos cuando corría rutas largas los fines de semana. Los saludaba, me saludaban. Seguro ellos se han preguntado por qué corro solo en vez de unirme a un grupo. Lo hice por una temporada de verano y comprobé que prefiero y disfruto mucho más la compañía reducida y también hacerlo solo.&lt;br /&gt;Aquí en Larcomar también me cruzaba a las seis de la mañana con un hombre de raza negra, un africano que lideraba (supongo que lo sigue haciendo) un grupo de corredores que empezaba su entrenamiento en este sitio. El atleta africano es muy conocido. Dicen que vino a correr al Perú y decidió quedarse. Lo saludaba y él me saludaba con su blanca y amistosa sonrisa mientras encabezaba al grupo que entrenaba. Nos cruzábamos al empezar y a veces nuevamente a las siete cuando él y su grupo terminaban en Larcomar. Hubo algunas veces que ese mismo día lo volvía a ver por la Costa Verde a las once de la mañana cuando yo conducía mi auto por ahí y él estaba solo y corriendo a un paso diferente y mucho más ágil del que llevaba cuando entrenaba en grupo. Seguro era su propio entrenamiento. El africano parece una gacela y sin duda debe competir por los primeros puestos en las carreras que se llevan a cabo anualmente.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Pasando Larcomar entro a esta parte de la ruta que me gusta mucho. El Parque Domodossola. Es un parque que con el tiempo se ha embellecido, a diferencia de su vecino el desaparecido Parque Salazar. Domodossola es la localidad italiana donde se estrelló el aviador Jorge Chavez en el primer cruce aéreo de los Alpes hace un siglo. Una vez hice una exposición sobre este ilustre aviador y me enteré, para mi sorpresa, que no nació en Perú sino en Francia aunque sus padres sí eran peruanos de nacimiento. Nunca visitó nuestras tierras y sólo hablaba francés pero no necesitó vivir aquí para amar nuestro país. En todas las competencias aéreas en las que participaba en el viejo continente él siempre se inscribía como piloto de nacionalidad peruana y llevaba pintada en las alas de sus pioneras máquinas voladoras la bandera del Perú.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Realmente me gusta pasar por detrás de la iglesia Virgen de Fátima y recorrer este parque y el resto del malecón acompañado de la impresionante vista al mar hasta llegar al puente de la bajada de Armendáriz que une Barranco con Miraflores. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Termino el malecón pero sigo de largo y no desciendo la quebrada de Armendáriz hacia la playa sino que sigo por arriba rumbo al puente. Ahí pasa un ciclista apurado, parece escapado de alguna carrera. Ahí pasa otro que va de paseo disfrutando música de su reproductor portátil y aislado completamente de lo que pasa a su alrededor. Su cuerpo esta aquí pero su mente con seguridad no. Termino el puente y la curva de entrada a Barranco y distingo sobre el asfalto una muy antigua marca hecha con pintura amarilla en la pista que dice “7 Km”. Llevo un poquito más de tres kilómetros recorridos desde donde partí. No hay personas cerca salvo por una mujer mayor que esta paseando un perro pequeño de colores blanco y motas marrones y que es de una raza que no reconozco. La verdad es que no soy bueno para eso y conozco muy pocas por nombre.&lt;br /&gt;En este lugar también me cruzaba con mucha frecuencia con una mujer que creo sería más o menos de mi edad y a quien se notaba que era muy deportista. Por su apariencia era fácil deducir que ella era de aquellas corredoras que definitivamente llevan mucho tiempo corriendo o al menos esa es la impresión que me daba. Si yo había partido cerca de las seis de la mañana, entonces con ella me cruzaba justo aquí. Ella corría acompañada de otro o de un par de corredores, hombres o mujeres que no siempre eran los mismos. De estatura mediana y cabello corto color castaño oscuro, lo que me llamaba la atención es que ella corría siempre con lentes para sol. Nunca la vi correr sin esos lentes aún cuando las mañanas fueran oscuras. Nos saludábamos, siempre cruzándonos, sonrisas amables y buenos deseos para ese día.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Ahora ya estoy corriendo en pleno distrito de Barranco y pasando por estos parques muy bien cuidados que adornan su malecón. A mi izquierda tengo un edificio que se construyó donde era la casa en la que vivió el escritor peruano Mario Vargas Llosa quien fuera galardonado con el premio nobel de literatura hace un par de años. Dicen que ocupa uno de los departamentos de ese edificio cuando visita Lima. Cuando yo estaba en cuarto año de secundaria fui obligado a elegir leer entre su novela “La guerra del fin del mundo” o “Cien años de soledad” del colombiano Gabriel García Márquez. Siendo completamente honesto, elegí la de García Márquez pero de los cien años sólo llegué a la página siete y no pude seguirla. Sé que esa novela es una referencia de la literatura hispanoamericana pero a mí no me gustó y no pude continuar a pesar de intentarlo un par de veces. Entonces no me quedó otra que leer las quinientas y pico páginas de la novela de don Mario. Yo leía mucho en esa época, pero creo que mi indisposición se debía a que se trataba de una tarea escolar y había que hacer todo un tedioso trabajo de análisis de fondo y forma de la novela. Años después volví a leer “La guerra del fin del mundo” ya por interés personal y llegué a disfrutarla. Volví también por “Cien años de soledad” pero volví a quedarme en la página siete. Mis disculpas a don Gabriel. Quizá más adelante vuelva a intentarlo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Escuché decir hace tiempo que para ser artista, músico o escritor hay que estar un poco loco. No lo sé. Creo que todos tenemos algo de locos cuando nos dejamos llevar menos por la cabeza y más por el corazón pero para ello no es indispensable o necesario dedicarse a las artes. Hablando de ello, si salía a correr a horas inusuales, pues ocurría algo inusual. Una vez salí a las cuatro de la madrugada pues no podía dormir y me crucé con un muchacho que estaría en sus veintes cuando yo ya me acercaba a los cuarentas. Él era muy delgado, típico cuerpo de atleta de fondo. Me parecía más un joven cantante de rock por sus largos cabellos rubios. Su mirada era la de quien parece tener la cabeza puesta en otra cosa que no en lo que esta haciendo o diciendo en ese mismo momento. Con él sí conversé. Claro, así como para mí era rarísimo encontrarme con alguien a esa hora seguro para él también ocurría lo mismo al verme a mí. Compartió conmigo que cuando empezó a correr tenía el sueño de traer la primera medalla de oro olímpico en atletismo representando al Perú en carreras de fondo pero que había entrenado tanto que se había vuelto un corredor compulsivo y se consideraba una especie de enfermo o adicto a correr lo cual le había afectado negativamente en su vida según me contaba ya que no lograba concentrarse en nada a menos que hubiera corrido lo suficiente, y lo suficiente cada vez se hacía más y más prolongado. Después su sueño era ir a Oregon en los Estados Unidos y correr por las rutas por las que lo hacía el legendario atleta norteamericano Steve Prefontaine, un corredor de esos que sin ganar una medalla olímpica se convirtió en leyenda por su manera tan frontal de correr, sin guardarse nada desde el disparo de partida hasta cruzar la meta. Escuchando la pasión con la que mi joven compañero hablaba no me pareció que fuera enfermo de correr pero sí un poco loco. De hecho esa madrugada seguí su extraña ruta que incluía trepar los acantilados de la cuesta de Armendáriz. Fue una experiencia muy especial y tan inusual como irrepetible en mi caso y es que correr entre ratas que se esconden por la maleza y arbustos húmedos no es la forma en la que me gusta disfrutar este deporte. Una siguiente madrugada de insomnio me crucé con él otra vez justamente aquí en esta parte del malecón de Barranco y él ya había cambiado las zapatillas de correr por los patines en línea. “Así puedo prolongar el ejercicio por más horas y calmar mi ansiedad y necesidad de sentir adrenalina…” me decía y creo que hay un poco de eso para mí también cuando corro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Todavía sigo por el malecón de Barranco y entro a esta recta que es larga y que termina casi en el Puente de los Suspiros, manteniendo la hermosa vista al mar a la derecha. Es increíble la cantidad de edificios que han construido por aquí ahora. Paso por delante de la residencia de la embajada de Australia. Ya hace un poco de calor y estoy sudando bastante. En otros tiempos recién estaría calentando a estas alturas pero ahora menos de cinco kilómetros son suficientes para ya hacerme sudar considerablemente. Ahí viene un corredor en sentido contrario y vaya que viene realmente rápido. Usa de esos relojes que tienen un controlador del ritmo cardíaco. Se puede saber eso porque se nota la cinta que lleva al pecho debajo del polo de correr y el pequeño transmisor negro que sobresale un poco al centro. También he usado estos aparatos pero aunque me pareció muy útil por un tiempo, terminé aburrido de hacerle caso a los bips del relojito que me decía cuando estaba corriendo demasiado rápido o demasiado lento. Me gusta correr y mucho, pero ya me di cuenta que no me gusta depender de aparatos para medir o controlar mi performance corriendo. Lo que sí me gusta es disfrutar de buena música si voy solo y la ruta es larga.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Cuando por alguna razón salía a correr un poco más tarde como ahora, a veces me cruzaba por aquí con una muchacha que corría usando una gorrita negra por sobre su largo cabello lacio y castaño que llevaba atado en una cola de caballo. Siempre la veía correr sola y a un ritmo bastante intenso. Cuando nos hemos cruzado ella pasa realmente muy rápido y la veo muy concentrada en lo suyo, abstraída del lugar y del entorno. En esos momentos no es necesario un saludo con voz. Una mirada y un leve asentir con la cabeza suele ser suficiente. Yo también me he sentido así muchas veces y disfruto ese al que llamo mi instante conmigo. Ahí está ella. Justo apareció de nuevo y me acaba de pasar muy rápido, como siempre. Ahora se esta alejando velozmente y me doy cuenta que voy muy lento y me provoca acelerar el paso. Ella bien podría ser como un venado que corre en el bosque que no parece rápido a lo lejos porque da la impresión de que no se estuviera esforzando pero una vez que pasa cerca se nota su rapidez y también se nota que mantener esa velocidad constante no le resulta complicado, casi como el correcaminos… pero a mi sí me cuesta ahora, casi como al coyote… Lo bueno es que ya he empezado a entrenar de nuevo aunque aún ande un poco lejos de volver a despertar leones corriendo y me encuentre más cerca de sólo despertar gatos techeros.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Fue corriendo por aquí una madrugada que tuve la idea de escribir “Despertando al león del sur”. Unos días antes se me había ocurrido correr hasta la playa “León Dormido” pero fue esa vez que me vino la idea de correr esos sesenta kilómetros y escribir sobre la experiencia.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;En estas correrías matutinas se me ocurren algunos pensamientos, frases, o ideas para escribir que me parecen interesantes. No siempre ocurre. A veces son cosas raras que no tienen ni pies ni cabeza pero les presto atención y otras veces simplemente no entiendo lo que pasó por mi cabeza y entonces descarto esos pensamientos. Una mañana hace más de un par de años hubo una frase popular que de repente despertó en mi mente al correr: &lt;em&gt;“Ponerme en los zapatos de los demás”&lt;/em&gt;. Nada nuevo con la frase cuyo significado me explicaron de pequeño que no quería decir literalmente pedirle prestado sus zapatos a alguna persona y ponérmelos a ver si me quedaban. A esa temprana edad yo lo tomaba de esa manera literal. Repetí la frase en voz alta y recordando lo que pensaba de niño ahora sí me lo quise tomar literal y me imaginé calzándome los zapatos de otras personas y que a lo mejor ni me gustarían, o que podían ser nuevos o viejos, formales, deportivos, casuales, limpios, sucios, gastados o que me quedarían chicos, grandes o exactamente a mi medida. Se me ocurrieron muchas cosas sobre los zapatos y las personas. Por ejemplo, pensé en la poca cantidad de zapatos que por lo general usamos los hombres, a veces dándole múltiple uso a un mismo calzado, y la, por lo general, casi innumerable cantidad de zapatos que tienen las mujeres y quizá hasta para uso exclusivo de determinado evento o situación para el cual además hay un atuendo específico para ese calzado. Se me ocurrió pensar en esas zapatillas deportivas de marca con alguna característica especial para desempeñarse en determinada disciplina deportiva pero que las personas sólo las compran por que son bonitas aunque paguen mucho más solo por el gusto de calzárselas. Resulta que una zapatilla que fue diseñada para correr un maratón termina siendo algo así como subutilizada igual que esos botines para escalar o hacer trekking que la gente usa para vestir una apariencia aventurera aunque sólo sea para quedarse con la apariencia ya que únicamente las utilizan para subir las escaleras eléctricas en algún centro comercial.&lt;br /&gt;La verdad suena tremendamente trivial escribir sobre zapatos pero es que así me venía una avalancha de pensamientos sobre eso y entonces me detuve en ello para imaginarme lo que sería que al “&lt;em&gt;ponerme en los zapatos de los demás&lt;/em&gt;” esos zapatos pudieran contarme sus experiencias por los diferentes suelos y caminos que han recorrido y pisado en determinadas circunstancias, y que me sintiera quizá identificado o relacionado o coincidiendo con la experiencia del dueño de esos zapatos. Entonces pensé en esta otra frase: “&lt;em&gt;Para comprender a otra persona hay que ponerse en sus zapatos… el problema es cuando esta persona anda descalza&lt;/em&gt;”. Me pareció una tontería y me reí de mí. Ya estoy pensando demasiada tontería, me dije. Y entonces ocurrió que a los pocos minutos después de pensar eso me crucé con un tipo que corría descalzo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Como ahora, yo estaba por llegar a la última curva antes del puente que conduce a la plaza principal de Barranco y él venía en sentido contrario. Antes de percatarme que venía descalzo me había llamado la atención porque lo veía correr sin polo y solo en short. Era un señor que pasaba los sesenta años definitivamente. Lo escuchaba como recitando salmos mientras corría descalzo por la pista a ritmo pausado y extendía sus brazos como si fueran alas y luego los elevaba al cielo junto con su mirada y seguía corriendo. Pasé por su lado y lo saludé&lt;br /&gt;- ¡Buen día señor!&lt;br /&gt;- ¡Buenos días jovencito! – me saludó efusivamente y con alegría contagiosa y ambos seguimos nuestro camino.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Esa vez seguí corriendo aunque me quedé pensando en él. Seguro era algún loco de esos que quedan por las calles sólo que a este le dio por correr en vez de beber, o robar o sabe Dios que otra cosa. Correr sin zapatos por al asfalto o el cemento de la vereda debe ser muy incómodo pero a él se le veía muy tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Bueno, ahora sigo corriendo por aquí donde lo vi esa primera vez y aunque no lo he visto en este momento sigo recordándolo y es que me crucé con este señor varias veces más y descubrí que corría desde algún punto de Barranco y hasta por lo menos los límites de San Isidro y Miraflores. Todas las veces lo vi descalzo y sin polo. Imaginé que sus pies deben tener ya una suela natural porque la distancia que debía estar recorriendo diariamente podría estar entre los diez y quince kilómetros con facilidad.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Cruzo el puente que lleva al parque principal de Barranco, paso por detrás del antiguo vagón de ferrocarril que es un restaurante y café cultural llamado “Expreso Virgen de Guadalupe” y sigo por esa calle hasta encontrar la marca pintada en el suelo que dice “9 Km”. Si vuelvo a casa desde aquí serán un poco más de diez kilómetros de recorrido y no esta mal para haber empezado a correr después de algún tiempo. Vuelvo tras mis pasos y voy recordando a este corredor descalzo y la manera en que lo conocí.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Era invierno y de madrugada todavía y el frío que hacía en Lima era increíble e inusual pero ese fue de los inviernos más duros que se han sentido en muchísimos años que yo recuerde. Salí a correr y casi me vuelvo las escaleras del edificio en el que vivo cuando estaba por empezar. El frío era excesivo. Me animó el que había una llovizna tenue y si hay algo que me gusta es correr y sentir que me moja la lluvia. Como en Lima prácticamente nunca llueve, tener la suerte de que hubiera esa llovizna me terminó de convencer de salir a correr y aguantar el frío.&lt;br /&gt;Entonces, corría por el malecón de Miraflores a la espalda de la iglesia Virgen de Fátima y, a un lado y apoyando sus manos sobre el muro de ladrillo del malecón, volví a ver al hombre con el torso desnudo y descalzo. Estaba contemplando el mar en silencio. Noté su espalda mojada y ni qué decir de sus pies. La llovizna mantenía el suelo mojado y con algunos charcos. Yo también estaba mojado por mi sudor y la llovizna y además la temperatura baja hacía necesario no detenerme y continuar para no enfriarme. Pero ahí estaba él. Me detuve al alcanzarlo y me acerqué:&lt;br /&gt;- Buenos días señor… - le dije con cierto temor de que estuviera interrumpiendo su meditación o su silencio. Pero él volteó y me miró feliz:&lt;br /&gt;- ¡Buenos días jovencito! ¡Mira esta maravilla! ¡Esto es un regalo! –decía efusivamente mientras inspiraba suave, larga y profundamente y luego exhalaba con energía. – ¡Esto es un regalo de Dios! Sólo hay una cosa mejor que esta vista del mar desde aquí.&lt;br /&gt;- ¿Qué cosa? – le pregunté&lt;br /&gt;- Un amanecer que vi en la playa la Herradura. Una vez corrí por allá muy temprano y cuando salía el sol, vi dos delfines saltando – decía con mucho entusiasmo mientras con su mano indicaba el número dos para enfatizar la cantidad de delfines que había visto.&lt;br /&gt;- Jovencito, cómo no empezar el día sintiéndome feliz si puedo disfrutar de esta vista del mar y de esta frescura que cae del cielo. – decía extendiendo los brazos como para que la llovizna lo abrazara.&lt;br /&gt;La felicidad que este hombre podía sentir no era grande o enorme, era simplemente gigantesca. Debe estar loco, seguramente. Dicen que los locos son muy felices. Él es de esos que comprueban el dicho, estoy seguro, pensé.&lt;br /&gt;- Mira, aquí tengo un polo para que te pongas. Hoy llueve y hace frío. ¿Por qué corres sin polo y sin zapatillas? Te puedes resfriar y enfermarte. – le dije preocupado mientras le daba el polo adicional que siempre llevo para cambiarme al terminar de correr..&lt;br /&gt;- No te preocupes jovencito. – me respondió prácticamente quitándole toda importancia a la posibilidad de enfermarse.&lt;br /&gt;Le insistí en que se quedara con mi polo y me lo recibió agradecido pero no se lo puso. Nos despedimos y yo seguí corriendo para volver a calentarme mientras él seguía de pie sobre la vereda mojada y observaba embelesado al horizonte con las gotas de la llovizna mojándole la espalda.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Pasaron algunas semanas y otra vez salí temprano, y otra vez el mismo clima, la misma llovizna… y otra vez me encontré con él en el mismo lugar. No llevaba el polo que le había regalado y seguía hablando en voz alta mientras avanzaba descalzo y sonriente por la vereda. Las personas lo saludaban y el respondía con su habitual alegría y optimismo diciendo “buenos días jovencito, buenos días jovencita” aunque muchas de esas personas, al igual que yo, hace rato que dejamos de ser jovencitos. Esa vez al saludarlo le pregunté su nombre:&lt;br /&gt;- Me llamo Carlos Zárate – me dijo con su voz particular debido a la notoria falta de muchos dientes. – ¿y tú como te llamas jovencito? – me preguntó inmediatamente y me sonreí por la coincidencia:&lt;br /&gt;-Yo también me llamo Carlos. Carlos Campos. – le respondí.&lt;br /&gt;- ¡Carlitos Campos! ¡Mucho gusto jovencito! ¡Eres mi tocayo!&lt;br /&gt;Le di la mano e intenté un abrazo y el me correspondió muy contento.&lt;br /&gt;- ¡Ese es mi tocayo! – decía Carlitos Zárate contento y yo estaba sorprendido de verlo así. – Te quiero pedir un favor – me dijo y de inmediato quise adivinar lo que iba a pedirme y me lamentaba de no haber llevado dinero que seguramente le haría falta pero yo estaba muy equivocado. Él me dijo:&lt;br /&gt;- Tocayo, tienes que apreciar este lugar. No solo tienes que mirarlo y ver que es un maravilloso regalo de Dios. Tienes que respirar este lugar. Mira, así como yo. – e inspiró profunda y largamente cerrando los ojos y elevando el rostro al cielo mientras mantenía el aire unos segundos y luego lo soltaba. Sorprendido una vez más, hice lo mismo pero con cierta timidez.&lt;br /&gt;- No pues, así no tocayo. Tienes que tomar el aire para que entre en todos los rincones de tu cuerpo, ¡así! – me dijo y repitió la acción anterior invitándome a imitarlo y esta vez sí lo hice. Expulsar el aire como lo había hecho él me produjo una sensación de tranquilidad, quizá hasta de cierta paz. No lo había hecho antes así.&lt;br /&gt;Nos despedimos nuevamente y cada uno siguió su rumbo. Mientras me alejaba yo me preguntaba cómo sería correr sin zapatos y sin polo. Este hombre va más allá de un simple tipo que quiere lucir extravagante. Él corre así porque así lo siente y es auténtico. Dicen que trabaja ayudando en la limpieza de una parroquia en Barranco y que con eso recibe lo que necesita para vivir. Él dice que la felicidad no se encuentra fuera sino dentro de uno mismo y esas son palabras que hoy se escuchan por montones por todas partes pero que pocas personas interiorizan mientras él es una muestra en carne y hueso de alguien que no tiene que repetir la frase en voz alta porque el la vive cada día. Nunca lo he visto serio, triste o preocupado. Siempre sonriente y feliz.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Otro día nos volvimos a cruzar después de mucho tiempo porque yo había dejado el Perú por casi medio año e incluso a mi vuelta no había estado corriendo mucho. Ese año estaba pasando por muchísimas complicaciones en lo personal, familiar, económico y de salud. Se había juntado todo aquello que recuerdo que quería evitar a principios de ese año y justamente todo eso ocurrió, tal cual. Todo lo que no quería que ocurriera ocurrió. Fue mi tormenta perfecta. Aún no aprendía que debo vivir para hacer que ocurran las cosas que quiero y no para evitar las que no quiero. Mi ánimo no era el mejor y esperaba que correr esa madrugada me diera ese espacio que necesitaba para no abrumarme con mis problemas al menos por el tiempo que hacía ejercicio. No soy de los que piensa que correr me ayudará para pensar en mis problemas y encontrar la solución. No me ocurre eso. Cuando corro pienso en un millón de cosas diferentes que no tienen nada que ver con buscar soluciones a problemas. Corro para sentir esa corrida con mi alma más que con mi cuerpo y me concentro en lo que veo alrededor, en mi respiración, mis pasos, la gente, la música que escucho… hasta que llega este instante que es como cruzar un umbral y estoy completamente desconectado de las cosas que ocurren en mi vida. Es como entrar a otra dimensión. Disfruto mucho esa sensación. Siento como que al llegar a esa instancia mi interior se limpia, se lava, se relaja y comulgo conmigo. Quizá es eso lo que busco cuando corro y me canso. Es gratificante sentir el cansancio físico a cambio de ese entusiasmo, satisfacción y gozo interior.&lt;br /&gt;Ese día corría largo y estaba molesto. Ese día a pesar de la llovizna no llegaba a sentirme tranquilo y disfrutar del momento. Estaba renegando de mi situación y no podía sacar de mi cabeza todos los problemas que tenía. Era de madrugada una vez más y veo a mi siempre descalzo amigo en ese mirador en el malecón de un parque al final de la avenida Pardo de Miraflores disfrutando de respirar el lugar y lo saludo.&lt;br /&gt;- ¡Carlitos Zárate del Perú y del mundo! – le grité contento de verlo de nuevo pero dudando que me recordara. Había pasado buen tiempo desde nuestro último encuentro. Para mi sorpresa me respondió:&lt;br /&gt;- ¡Ese es mi tocayo! ¡Carlitos Campos! ¡Has vuelto! ¡Has regresado de Francia!&lt;br /&gt;Lo abracé y el también. Me sorprendí que supiera incluso de donde había regresado y recordé que en mi ausencia mi esposa lo había visto un par de veces. Como yo se la había presentado entonces él le había preguntado por mi y ella le había contado lo de viaje.&lt;br /&gt;- Sigues sin abrigarte Carlitos – le comenté y él me dijo:&lt;br /&gt;- Dicen que estoy loco, pero a mi no me importa que digan eso. Prefiero que me vean loco porque estoy feliz a que me vean normal y triste como tantas personas que andan por ahí. Yo corro así porque quiero sentirlo todo.&lt;br /&gt;No pude sino sonreír contagiado por su desbordante entusiasmo que contrastaba tanto con mi ánimo y preocupación de ese día. Él quería sentirlo todo y yo quizá estaba queriendo evitar sentir y me hacía el duro para seguir adelante y pasar por encima de los problemas sin vivirlos. Luego de no haber conseguido trabajo por casi medio año ahora tenía uno que había aceptado porque no tenía otra alternativa pero me encontraba quebrado, endeudado y lo que ganaba era de lejos insuficiente para cubrir las necesidades básicas de mi familia. Estaba en la última lona como se suele decir. Pero no sólo estaba quebrado económicamente. Mi espíritu también lo estaba. En ese momento yo tenía calzadas mis zapatillas de correr y Carlos Zárate no, pero cómo deseaba poder ponerme en sus zapatos y sentir la enorme y profunda felicidad que sentía él. Me miró, no sé si dándose cuenta de lo que yo sentía, pero me dijo:&lt;br /&gt;- Tocayo, ¿no es una maravilla este sitio? Te hace falta sentirlo y respirarlo… - me dijo e inspiró como él sabe hacerlo, con el torso desnudo, descalzo, alzando los brazos y la mirada al cielo. Yo hice lo mismo, más de una vez. Mis problemas no se desvanecieron, pero me sentí realmente mucho mejor. Mientras hacía el ejercicio de la respiración, sin proponérmelo, pensé en mis muchas bendiciones, logros y sueños cumplidos. Mi increíble esposa, mis adoradas hijas, mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi salud y la de los míos, mis amigos, mi empleo, mi casa, la gente que me había ayudado, la gente que yo había podido ayudar, las cosas que había podido hacer en mi vida, los viajes por muchos países, correr maratones inventadas y hasta una ultra maratón, trepar montañas y sentarme en la cumbre, dormir en la nieve, saltar en paracaídas con Úrsula antes de casarnos cuando era mi enamorada, aprender a volar un aeroplano, haber publicado un primer libro… Dándome cuenta de todo ello di gracias al cielo y luego le estreché la mano a Carlitos Zárate diciéndole:&lt;br /&gt;- Gracias por estar aquí el día de hoy.&lt;br /&gt;- ¡De nada tocayo! ¡Que tengas un excelente día! – me respondió.&lt;br /&gt;- ¡Tú también! – le dije y reanudé mi carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estoy llegando otra vez al puente de la quebrada de Armendáriz para salir de Barranco y volver a Miraflores. Me siento un poco cansado pero estoy bien. Hoy terminaré estos diez kilómetros en un poquito más de una hora. Entro a Miraflores y estoy llegando al Parque Domodossola otra vez y ahí esta él, descalzo y con el torso desnudo disfrutando del paisaje. Parece que no soy el único que está saliendo tarde a correr estos días.&lt;br /&gt;- ¡Carlitos Zárate!&lt;br /&gt;- ¡Ese es mi amigo, mi tocayo… Carlos Campos!&lt;br /&gt;Me detengo, nos damos la mano y un abrazo y él me regala su amistosa y desdentada sonrisa mientras me pregunta:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;- ¿Ya respiraste este maravilloso lugar?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5703472250536772098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 287px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-e3JodFki3ow/TybNyyeKwgI/AAAAAAAAANU/NP7buWo7_xY/s320/Carlitos%2BZarate.JPG" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-8671517684505516662?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/-9KpEt9S6O34/TybxGp2NZUI/AAAAAAAAANg/uq0RtE3uvhM/s72-c/pies%2Bdescalzos.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2012/01/en-tus-zapatos.html</feedburner:origLink></item><item><title>Pasó un Ángel</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/C-7TPqCqIGo/paso-un-angel.html</link><category>Pasó un Ángel</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Wed, 21 Dec 2011 17:16:04 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-6453579218372125640</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El 10 de Noviembre nació mi tercer hijo. Úrsula y yo tenemos dos niñas menores de diez años y ahora llegó el nuevo rey de la casa trayendo más felicidad a nuestro hogar.&lt;br /&gt;Me preguntaba cómo sería ser padre de niño cuando me he acostumbrado a serlo de niñas. Me lo sigo preguntando ahora que mi hijo apenas tiene poco más de un mes de nacido porque aún es pequeñito, pero no dejo de imaginarme que compartir con un hombrecito debe ser diferente que hacerlo con mis mujercitas con quienes siempre disfruto tanto.&lt;br /&gt;Con el nacimiento de mi hijo he comenzado a recordar mucho mi propia infancia y como disfrutaba de niño tantas cosas, sobre todo de las sencillas. De mis hijas he aprendido muchísimo y a veces creo que como padre y adulto me empeño más en educar y enseñar que en aprender más de ellas. Siento que he dejado de prestar atención a algunas cosas que me ocurren con ellas y siento también que es hora de cambiar eso.&lt;br /&gt;¿Quisiera volver a ser niño? Sí, por supuesto. Compartir con los niños es volverse niño de nuevo y ahora agradezco al cielo por que tengo una tercera oportunidad para contagiarme más del entusiasmo de esos angelitos que son bendiciones de Dios en nuestro camino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5688753690522002866" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 209px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-vpCr-OQ_vjk/TvKDV1pBpbI/AAAAAAAAAM8/GXCkcDLU1TE/s320/Fogata%2Bcamping.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Pasó un Ángel&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún no se ponía el sol pero el fuego de la fogata ya ardía con vigor y calentaba confortablemente al grupo de hombres, mujeres, adolescentes y niños que estaban sentados alrededor de ella. El fuego se avivaba con las ráfagas de viento que por momentos soplaba en la playa y los leños crepitaban y se encendían iluminando y lanzando cenizas disparadas como si fueran centellas.&lt;br /&gt;Las personas que disfrutaban sentadas alrededor de la fogata conversaban de todo un poco, en parejas, en grupo, cantando alguna canción que conocía la mayoría y que una de las adolescentes llamada Lucía tocaba con su guitarra. También asaban salchichas o malvaviscos ensartados en palos de madera. Tomaban algún refresco o bebida preparada especialmente para la ocasión. Todos reían, jugaban y se gastaban bromas. El ánimo de fiesta era contagioso y es que vivían el último atardecer de Diciembre, la víspera del Año Nuevo.&lt;br /&gt;Inesperadamente se hizo el silencio completo, como si todos se hubieran puesto de acuerdo para no hablar ni moverse de sus sitios. Lucía terminó de tocar y cantar, e incluso los niños callaron. Por unos segundos sólo se escuchó el crujir de unos leños quemándose pero ninguna voz. En ese instante, Rodrigo, uno de los adultos, dijo:&lt;br /&gt;- Pasó un ángel.&lt;br /&gt;- ¿Dónde? – preguntó emocionada Mariana, una de las niñas de largos cabellos dorados y de rostro cubierto de pecas.&lt;br /&gt;Los adultos rieron. Para ellos era claro que Rodrigo usaba la frase de “Pasó un ángel” cuando ocurría que se hacía el silencio en el lugar donde estaban conversando y por eso la pregunta de Mariana les causó risa pero rieron más aún cuando escucharon la pregunta de otro de los niños:&lt;br /&gt;- Mariana, ¿acaso no viste al ángel? – le preguntó Santiago con la seguridad de que efectivamente él había visto pasar un ángel.&lt;br /&gt;- No Santiago. No lo vi. – respondió Mariana fastidiada y con pesar y su hermano Diego añadió con la frescura de sus siete años cumplidos:&lt;br /&gt;- Es que el ángel pasó muy rápido y yo tampoco pude verlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las personas mayores les parecía muy cómica la manera en la que se expresaban los niños a partir de la frase dicha por Rodrigo. Entonces, Felipe, el padre de Mariana, decidió intervenir para aclarar el tema y poner las cosas en un plano realista para simplificar las explicaciones pero su esposa Claudia le interrumpió. Ella, dirigiéndose a todos, preguntó con curiosidad esperando ver la reacción de los demás y sobre todo de los niños:&lt;br /&gt;- ¿Alguien más vio pasar un ángel por aquí? – y los niños restantes levantaron sus manitos como si estuvieran en un aula de clases y empezaron a decir que sí lo habían visto, que tenía alas muy grandes, otros decían que tenía una aureola muy luminosa, que inclusive sus ropas eran largas y blancas y muchos más detalles. Los adultos no paraban de sonreír ante las ocurrencias de los niños.&lt;br /&gt;- La imaginación de los niños es siempre tan sorprendente y maravillosa – dijo Nicolás, un adolescente, mientras pasaba su mano por la cabeza de Daniel, uno de los niños hijos de Rodrigo, revolviéndole con cariño los cabellos.&lt;br /&gt;- ¿Nicolás, tú crees que el ángel esta sólo en mi imaginación? – le preguntó Daniel.&lt;br /&gt;Rodrigo vio a su hijo de seis años preocupado de que Nicolás no le creyera e iba a intervenir pero antes de que eso sucediera Daniel se dirigió a él diciéndole:&lt;br /&gt;- Papá, tú sí viste el ángel, ¿verdad?&lt;br /&gt;Rodrigo no pensó mucho para responder y negó con la cabeza disponiéndose a explicarle a su hijo lo que él había querido decir con la frase “Pasó un ángel”, pero Daniel siguió:&lt;br /&gt;- No lo viste papá. Pero entonces, ¿lo sentiste? ¿Cierto?&lt;br /&gt;Giuliana, la madre de Daniel observó a Rodrigo, su esposo, y sólo mirándolo con ternura casi le suplicó que respondiera afirmativamente para no romper la ilusión de su hijo y de los demás niños.&lt;br /&gt;- Dani, hijo, tendría que explicarte algunas cosas… - empezó diciendo Rodrigo pero el momento era divertido y los adultos gozaban con las ocurrencias de los niños así que siguiendo la indicación de su esposa prefirió no decir nada más y sólo disfrutar el momento con todos ahí en la fogata.&lt;br /&gt;Entonces, la pequeña Lorena que estaba sentada al lado de Daniel y que hasta ese momento no había dicho nada, intervino:&lt;br /&gt;- Yo no vi al ángel ni tampoco lo sentí… pero sí lo escuché cuando me susurró al oído. – dijo en voz baja como compartiendo un secreto muy importante con todos los que estaban con ella en ese momento.&lt;br /&gt;- ¿Y qué te dijo? – le preguntó sorprendida Milagros, su mamá, animándola a seguir.&lt;br /&gt;- El ángel me dijo que los adultos no iban a creer que los niños lo habíamos visto. – terminó diciendo la pequeña como develando un gran misterio para todos. Milagros se acercó y rodeó con sus brazos a su hija y nuevamente todos se quedaron en silencio salvo Lorena quien siguió hablando casi de inmediato:&lt;br /&gt;- El ángel me dijo que los adultos siempre quieren que les prueben todo sino no creen en lo que los niños les cuentan.&lt;br /&gt;Ahora sí, a Rodrigo le pareció necesario dar una explicación pero Franco, su hijo mayor de diez años, siempre tan vivaz, intervino diciendo:&lt;br /&gt;- Papá, él ángel pasó por mi lado, ¡yo tengo una prueba! – todos observaban a Franco con gran expectativa. El niño extendió su puño derecho cerrado y cuando vio que había captado la atención de todos, abrió su mano lentamente para que todos pudieran ver lo que tenía allí.&lt;br /&gt;- Es una pluma de las alas del ángel. Se le cayó al pasar a mi lado.&lt;br /&gt;Los niños se asombraron y alborotaron y se acercaron a Franco para ver la pluma de cerca y tocarla. Los adultos y jóvenes volvían a reír viendo las caritas de esos niños emocionados que daban rienda suelta a su alegría. Franco se acercó a su padre con la pluma en la mano y le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Ahora sí nos crees papá?&lt;br /&gt;-Sí hijo, ahora sí. – respondió Rodrigo riendo y abrazando a Franco como para dar por terminado todo el momento generado por lo del ángel y luego siguieron las conversaciones y cantos alrededor de la fogata mientras atardecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Transcurría la tarde, los niños correteaban por la arena, algunos seguían asando malvaviscos con los mayores aprovechando el fuego de la fogata. Luego de un momento y cuando la última puesta del sol del año que terminaba estaba por ocurrir, Rodrigo y Giuliana se acercaron a la orilla a pasar un momento juntos, lejos de los niños, de los demás, abrazados y observando al sol ocultándose en alta mar.&lt;br /&gt;- Es increíble como pueden fantasear los niños. – dijo Rodrigo y Giuliana le respondió:&lt;br /&gt;- Y es por eso que son tan felices.&lt;br /&gt;- Sé que hay que poner los pies en la tierra pero sería lindo tener todavía toda esa imaginación de los niños y vivir contagiados y llenos de ese entusiasmo y libertad que ellos tienen.&lt;br /&gt;Giuliana sabía a qué se refería Rodrigo. Últimamente las preocupaciones y responsabilidades laborales y también familiares habían mermado sino agotado el entusiasmo de su esposo. Entonces le dijo:&lt;br /&gt;- Rodrigo, lo que necesitamos es no dejarnos abrumar por la realidad y dejar de buscar explicaciones y de querer entenderlo todo.&lt;br /&gt;Él observaba callado los hermosos ojos pardos de su esposa mientras ella le continuaba hablando.&lt;br /&gt;- Cuando estamos enamorados de lo que hacemos, del lugar en el que estamos, de la gente que nos rodea, cuando nos permitimos enamorarnos, sentir, y dejarnos llevar, allí ocurre que dejamos de querer explicarlo todo, de resolver todo lo que no entendemos. ¿Te acuerdas cuando me propusiste matrimonio Rodrigo?&lt;br /&gt;- Sí Giuliana. Claro que sí. Fue aquí en esta misma playa, en esta misma orilla, en un atardecer tan bello como el que estamos presenciando hoy. – respondió él y ella siguió:&lt;br /&gt;- Y me dijiste que tú no eras de los hombres que regalaban anillos de compromiso y que tenías algo mejor que eso…&lt;br /&gt;- Sí. Te dije que te había bajado una estrella del cielo…&lt;br /&gt;- …y me pediste que me casara contigo poniendo en mi mano con orgullo una linda estrellita de mar...&lt;br /&gt;Rodrigo se rió mucho recordando el episodio.&lt;br /&gt;- Nunca fui un romántico convencional Giuliana, pero quería pedirte matrimonio en ese mismo instante y no tenía un anillo para la ocasión, aunque te lo di después.&lt;br /&gt;- Sí. Yo igual fui muy feliz con lo de la estrella. Además no creo que a muchas mujeres les hayan pedido matrimonio de esa manera.&lt;br /&gt;Ambos rieron abrazados y Giuliana continuó:&lt;br /&gt;- Los enamorados somos como niños y actuamos con espontaneidad y nos dejamos llevar por lo que sentimos. Los niños están enamorados de la vida sin saber lo que eso significa y por eso la disfrutan tanto, por eso pueden sonreír al minuto siguiente de haber estado tristes, por eso encuentran diversión y alegría donde nosotros ni nos imaginamos.&lt;br /&gt;Observaron el sol ya casi a punto de desaparecer por completo en el horizonte.&lt;br /&gt;- Mañana no sólo será otro día, será otro año. ¿Cuál es tu deseo para el Año Nuevo? – le preguntó Rodrigo a su esposa y ella le respondió sonriente:&lt;br /&gt;- Mi deseo es que sigas creyendo que puedes bajar estrellas del cielo cada vez que las necesites.&lt;br /&gt;Rodrigo no respondió y estrechó a su mujer cariñosamente en sus brazos para darle un beso. Se quedaron callados unos segundos sin decir nada hasta que Rodrigo aparto sus labios de los de ella y dijo:&lt;br /&gt;- Pasó un ángel - Deja que sigan pasando… – añadió Giuliana mientras volvía a besarlo larga y tiernamente.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5688754030803293474" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-mTIKzGYk3Mw/TvKDppSaFSI/AAAAAAAAANI/Wgtxm-rTx2s/s320/Sunset.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#660000;"&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-6453579218372125640?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/-vpCr-OQ_vjk/TvKDV1pBpbI/AAAAAAAAAM8/GXCkcDLU1TE/s72-c/Fogata%2Bcamping.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/12/paso-un-angel.html</feedburner:origLink></item><item><title>A bordo de este vagón (Presentación)</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/WU8AHjsLy5A/bordo-de-este-vagon-presentacion.html</link><category>A bordo de este vagón (Presentación)</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Tue, 29 Nov 2011 19:35:02 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-8705756732241312367</guid><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El día martes 8 de Noviembre presentamos con Editorial SUMMA mi tercera obra titulada "A bordo de este vagón" en "La Noche" de Barranco. Fue una noche llena de reencuentros con muchas personas que hace mucho tiempo no veía y que nos acompañaron. Fue muy reconfortante sentir que en esta etapa del viaje a bordo de este vagón en el cual escribo tengo compañía tan grata y especial. Gracias a todos los que estuvieron físicamente allí, y los que nos acompañaron a la distancia con sus buenas vibras y deseos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Gracias también a Harold Alva y Addhemar Sierralta por sus generosas palabras y comentarios sobre mi obra durante la presentación. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-iF05ZItulI8/TtWcjP3xtkI/AAAAAAAAAMo/gvR7KWKasVk/s320/Presentacion%2BA%2Bbordo%2Bde%2Beste%2Bvagon.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5680618634367579714" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El libro se encuentra a la venta en las librerías de Zeta Bookstore y El Virrey (Miraflores y Lima)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aquí presento un video con una introducción a las historias que contiene la obra:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;iframe width="459" height="344" src="http://www.youtube.com/embed/YVCzK60Yl8I?fs=1" frameborder="0" allowfullscreen=""&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Soy un convencido de que nada se logra sin ayuda y que si miro bien a mi alrededor, encontraré personas que han estado cerca en momentos muy trascendentales de mi vida en el cual su apoyo ha sido fundamental. Por eso considero tan importante agradecer y es por lo que quiero compartir aquí el agradecimiento que escribí en el libro "A bordo de este vagón":&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;Agradezco por la publicación de esta obra a todas las personas que con su apoyo, aliento y críticas, han sido como el puente necesario para cruzar un río caudaloso, como la mano que se tiende para levantar al caído, como el hombro que necesitaba para llorar, como la sonrisa que necesitaba para reír, y como la estrella en el cielo que guía al navegante en la oscuridad. Espero un día llegar a ser para ustedes todo lo que han sido y son para mí.&lt;/b&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt;     &lt;/span&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-8705756732241312367?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/-iF05ZItulI8/TtWcjP3xtkI/AAAAAAAAAMo/gvR7KWKasVk/s72-c/Presentacion%2BA%2Bbordo%2Bde%2Beste%2Bvagon.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/11/bordo-de-este-vagon-presentacion.html</feedburner:origLink></item><item><title>A bordo de este vagón (Libro)</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/tPcElo9WHrQ/bordo-de-este-vagon-libro.html</link><category>A bordo de este vagón (libro)</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 07 Nov 2011 18:51:11 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-8394898892936938684</guid><description>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;Hace un año publiqué en este blog una entrada a la que titulé &lt;strong&gt;“A bordo de este vagón”&lt;/strong&gt;. Se trataba de la celebración por el primer aniversario de existencia del blog en sí. Para ese entonces hacía un par de meses que se encontraba de venta en librerías mi segunda novela “&lt;strong&gt;Contigo por el camino pero sin ti&lt;/strong&gt;” pero igual seguí escribiendo historias cortas para mantener actividad mensual en el blog.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este sitio en Internet es el vagón de un tren que recorre estaciones diversas, diferentes y que van componiendo mi recorrido de vida mientras escribo. Esa es la manera en la que lo veo. Las experiencias que vivo, directamente o muy de cerca, son las estaciones por las que las ruedas de mi vagón llegan viajando sobre rieles que a veces chirriando anticipan lo que puede ocurrir al llegar a ellas o al abandonarlas o se mantienen en silencio sin darme pista alguna y me sorprenden. Me detuve en muchas estaciones pero no en todas. Dejé pasar algunas y todavía se mantienen desconocidas. Volví a otras que ya había visitado porque sentía que tenía algo pendiente y saldé mi deuda, y también me queda volver a varias estaciones de las que pienso que me alejé antes de tiempo. Conocí más gente que subió a bordo y compartimos buenos momentos, experiencias duras, divertidas, tristes, alegres, reveladoras, pero todas enriquecedoras y por tanto maravillosas. Mientras avanza el tren y siento como se mueve este vagón, miro otra vez por la ventana y felizmente el paisaje sigue siendo propicio y lo mejor de todo es que ahora sé que cuento con compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal y como ocurrió en el primer año, si hoy miro adelante no sé cuánto me he acercado a lo que espero lograr escribiendo pero si miro en dirección opuesta entonces veo que el trayecto y las estaciones dejadas atrás en este viaje a bordo de este vagón ahora son parte de un camino recorrido que se está prolongando mientras escribo y eso me complace y me siento agradecido por vivirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para este segundo aniversario del blog, “&lt;strong&gt;A bordo de este vagón&lt;/strong&gt;” deja la virtualidad del Internet para manifestarse llenando las hojas de un libro que es una recopilación de once escritos que establecen un recorrido por igual número de estaciones para que el lector pueda viajar por ellas de una manera diferente...&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5672259638833891490" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 201px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-jG5-qZy5j18/TrfqFq56yKI/AAAAAAAAAMQ/WLWInzHaUNw/s400/A%2Bbordo%2Bde%2Beste%2Bvagon2.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em style="color: rgb(102, 0, 0); text-align: justify; "&gt;El libro editado por &lt;strong&gt;SUMMA&lt;/strong&gt; se presentará el Martes 8 de Noviembre en "La Noche" de Barranco y se venderá en &lt;strong&gt;librerías "El Virrey" de Miraflores y el centro de Lima&lt;/strong&gt;, y en las &lt;strong&gt;librerías de Zeta BookStore&lt;/strong&gt;.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em style="color: rgb(102, 0, 0); text-align: justify; "&gt;Una vez dije que no soy escritor pero escribo y hoy sigo diciendo lo mismo. Sólo soy un hombre que escribe para ayudarse en su búsqueda personal y, sin pretensión pero con un sincero deseo, ayudar a otros en sus búsquedas si eso es posible.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em style="color: rgb(102, 0, 0); text-align: justify; "&gt;Soy un hombre de los que cree que escribir no es sólo para contar una historia y entretener. Soy de los que cree que un escrito debe dejar algo que pueda motivar al lector a seguir en su búsqueda personal si es que ya la inició, o algo que le motive a iniciarla si aún no lo ha hecho. Por eso, si bien es mi deseo que las estaciones de “&lt;strong&gt;A bordo de este vagón&lt;/strong&gt;” sean del agrado de quienes las lean, mi deseo mayor es que al leerlas puedan encontrar en ellas algo que les sea útil en sus propias búsquedas, como siento que me son útiles en la mía.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;Una vez más… ¡bienvenido a bordo! ¡Que disfrutes el viaje! &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;Nos quedan muchas más estaciones por recorrer...&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;Gracias por tu compañía.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span&gt;&lt;em&gt;Calo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5672262068101518146" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 262px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-DUGukakd1Vo/TrfsTEodE0I/AAAAAAAAAMc/w5_8t_KMGlY/s400/railway.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-8394898892936938684?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/-jG5-qZy5j18/TrfqFq56yKI/AAAAAAAAAMQ/WLWInzHaUNw/s72-c/A%2Bbordo%2Bde%2Beste%2Bvagon2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/11/bordo-de-este-vagon-libro.html</feedburner:origLink></item><item><title>El Vuelo del Aguila Real</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/XSc5QLi-cb8/el-vuelo-del-aguila-real.html</link><category>El Vuelo del Aguila Real</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Thu, 03 Nov 2011 12:35:24 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-1184991348458342734</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Mi querida Ceci,&lt;br /&gt;Hace un par de semanas pasé por la puerta de tu casa y quise saber de ti, sentí ganas de visitarte. Entonces te llamé por teléfono y me dijeron que estabas descansando. No quise insistir. Sabía que la lucha que sostenías por casi un año contra ese “infiltrado” como lo llamabas tú era tan extenuante que no quería interrumpir tus horas de sueño.&lt;br /&gt;Hace unos días me encontraba fuera del país cuando recibí la noticia de que habías partido y que ya descansabas en paz. Al final le ganaste la batalla al “infiltrado”. Sí, ganaste porque nunca te entregaste y eso lo enseñaste siempre con el ejemplo.&lt;br /&gt;Hoy me senté a recordarte y me remonté a la época en que nos conocimos junto a esa bandada de gaviotas tan especial. Me sentí feliz de haber tenido la oportunidad de conocerte, de compartir contigo, de disfrutar tu compañía, de aprender de ti. Gracias por todo.&lt;br /&gt;Te quiero mucho.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:130%;"&gt;Calo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;strong&gt;El Vuelo del Águila Real&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una vez un águila que llevaba muchos años volando por diversos territorios, valles, montañas, desiertos, playas. Había volado en compañías de aves diferentes por distintos lugares hasta que un día llegó a la orilla de una playa por la que nunca antes había volado y que le era completamente desconocida. Ahí se encontró con una bandada de gaviotas que practicaban lecciones de vuelo apoyadas por otras gaviotas guías y entonces decidió unírseles.&lt;br /&gt;Mientras compartía el aire y el viento con aquellas gaviotas, el águila descubrió que entre esas aves marinas había mucha variedad según la manera en la que volaban. Había algunas gaviotas que al volar parecían danzar en el aire con elegancia. Otras bailaban con el viento con un delicado pero apasionado aleteo. Había gaviotas que parecían mover sus alas con la suavidad que lo hacen las mariposas. Otras volaban en completo silencio descubriendo que no necesitaban emitir sonido alguno para transmitir sus sentimientos y les bastaba con una mirada o un sencillo gesto de sus alas. También había otras gaviotas que pretendían ser halcones pero las gaviotas guías les ayudaron a descubrir que cuando volaban con autenticidad la bravura no era necesaria. Había gaviotas que volaban en busca del amor aunque lo negaban y el amor ya las había encontrado primero sólo que ellas no querían verlo. Y, como en toda bandada, no faltaban algunas gaviotas que volaban sin saber que en verdad eran gaviotas.&lt;br /&gt;El águila real voló intensamente con todas y cada una de las gaviotas y se volvió parte de la bandada. Compartió muchos vuelos en esa playa ya sea en grupo, en pareja o sola cuando así era necesario. Cuando eso último sucedía el águila quedaba al frente de las gaviotas sin que pareciera darse cuenta de que ellas se quedaban inmóviles casi hasta conteniendo la respiración para prestar atención al vuelo del águila, a sus palabras, a su gestos, a su sonrisa, a cada lágrima que no contenía cuando se emocionaba, a cada susurro cariñoso, a cada respiro, a cada silencio, a cada instante que cerraba sus ojos para luego abrirlos nuevamente y dejarlos brillar.&lt;br /&gt;- ¿Quién es ella? – se preguntaba asombrada una inexperta gaviota que se había unido tarde a la bandada mientras observaba la majestuosidad con la que volaba aquella ave que era tan diferente de todas las que había conocido.&lt;br /&gt;- Ella es un águila, un Águila Real – le respondió una experimentada y entusiasta gaviota de la bandada. – y lo que la hace real, especial y única no son sus ojos color cielo y ese mechón blanco que la distingue y que porta con su elegancia particular. No te confundas. Lo que la vuelve un ser único es que su vuelo es majestuoso porque lo hace siempre con sencillez. Su vuelo es magnífico y luce experimentado porque sigue manteniendo la inocencia y humildad que tiene un aprendiz aunque ella hace mucho que no lo es. Lo que hace única su manera de volar es que no son sus alas las que le permiten elevarse así sino su corazón y el amor que pone en cada cosa que hace, sea grande o pequeña, fácil o difícil, con conocidos o desconocidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un tiempo de volar juntas, las gaviotas abandonaron esa playa y el Águila Real también. De vez en cuando volvían a la playa y algunas de las aves se encontraban y compartían sus experiencias de vuelos y disfrutaban recordando los momentos vividos sin dejar de seguir apostando por la vida que cada una buscaba construir para sí.&lt;br /&gt;Esa inexperta gaviota que se había preguntado con asombro “¿Quién es ella?” refiriéndose al Águila Real, quiso un día conversar a solas con ella. Luego de una reunión en la playa con la bandada, la inexperta gaviota decidió acompañar al Águila Real de regreso a su hogar y ambas volaron juntas por un buen rato y ese rato se repitió otras veces para la felicidad de la inexperta gaviota. Ella quedaba maravillada de lo que el Águila Real le enseñaba cada vez aún cuando ella siempre tan humilde le insistía que no tenía nada que enseñar. En una de esas conversaciones el Águila Real le había dicho que el tiempo transcurre inexorable sin importar lo que se haga y por eso todos deben vivir cada día con entusiasmo auténtico y nunca entregar las armas cuando se presentan dificultades que parecen insalvables. La gaviota inexperta escuchó y memorizó las palabras del Águila Real y fue testigo de cómo éste magnífico ser alado vivía ejemplarmente cada una de sus palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo y llegó una mañana en la cual la bandada recibió la noticia de que el Águila Real estaba muy cerca de emprender ese último vuelo que todos los seres vivos hacen un día.&lt;br /&gt;La bandada que había sido testigo del cada vez más poderoso e inspirador vuelo del Águila Real se reunió en la orilla de esa playa a presenciar como ella levantaba vuelo irradiando paz e iluminándose mientras se elevaba en todo lo alto de un cielo tan celeste como los ojos de esta águila única y ejemplar y su vuelo fue tan elevado que poco a poco las gaviotas la fueron perdiendo de vista.&lt;br /&gt;En el mismo instante en el que el Águila Real desaparecía, apareció una pequeña gaviota de un brillante color blanco que vio a una de las gaviotas de la bandada que no podía contener las lágrimas al ver al águila partir y le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Por qué lloras?&lt;br /&gt;- Porque el Águila Real se ha alejado de nuestra playa. Me entristece saber que ésta fue la última vez que la vimos volar. – respondió con profunda tristeza la gaviota. Entonces la pequeña gaviota blanca le dijo:&lt;br /&gt;- Ella no se ha ido. Ella se ha acercado tanto que ahora la sentirás dentro de ti y entonces cada vez que vueles con sencillez, humildad y amor puedes tener la seguridad de que ella lo estará haciendo contigo.&lt;br /&gt;- ¿Por qué ella tuvo que irse? – le preguntó la gaviota a la pequeña gaviota blanca y ésta última le respondió mirando al cielo:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;- Porque ella es un ser celestial y ahora esta volviendo a su hogar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#990000;"&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5668284621430254226" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 148px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-l1zQDTl4m2A/TqnK1NIo6pI/AAAAAAAAAL4/khwIUVlBXqM/s320/vuelo-del-aguila.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-1184991348458342734?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/-l1zQDTl4m2A/TqnK1NIo6pI/AAAAAAAAAL4/khwIUVlBXqM/s72-c/vuelo-del-aguila.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/10/el-vuelo-del-aguila-real.html</feedburner:origLink></item><item><title>Cruce de río</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/o7W_h-lILYY/cruce-de-rio.html</link><category>Cruce de río</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Thu, 29 Sep 2011 09:43:23 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-2299683645608234931</guid><description>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:Arial;"&gt;“Las piedras en el camino” es la manera que usamos con frecuencia para referirnos a aquellos obstáculos que se presentan para impedir nuestro paso cuando avanzamos hacia un objetivo. Cuando hablamos de obstáculos entonces la palabra “problema” suele aparecer en escena casi enseguida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:Arial;"&gt;Es casi natural e instintivo querer &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:Arial;"&gt;evitar problemas y poder disfrutar así de un camino allanado y sin piedras que tengamos que sortear. ¿Quién no quisiera que eso ocurriera la mayoría de las veces?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="COLOR: rgb(0,0,238); -webkit-text-decorations-in-effect: underline"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:Arial;"&gt;Sin embargo, ocurren circunstancias en las cuales no parece ser posible rodear o retirar ese obstáculo que interfiere con nuestro avance y se nos agotan las opciones. Es probable que en ese momento nos hallemos en el instante inevitable y preciso donde necesitemos tomar otra decisión.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family:Arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="COLOR: rgb(0,0,238); -webkit-text-decorations-in-effect: underline"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5655929562149921698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: pointer; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-uPOwlpJhkCM/Tn3l-GqTo6I/AAAAAAAAALw/nrNirmLL_OA/s320/rio.JPG" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="font-size: 0px; text-indent: 0px; text-align: left; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 18pt; font-size: 12pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Cruce de río&lt;/b&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family: Arial; " &gt;&lt;i&gt;Un padre y su hijo de doce años habían salido de caminata por las montañas. Se encontraban de regreso y en su descenso divisaban un valle a la distancia. El padre conocía el lugar pero hacía mucho tiempo que no recorría esos caminos y se había desviado de la ruta planeada. Se lo comentó a su hijo quien se preocupó pero confiaba en que pronto encontrarían el camino correcto.&lt;!--?xml:namespace prefix = o /--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Después de mucho andar llegaron a un río. El padre se apuró hasta la orilla a beber y refrescarse. Sintió la fresca agua en sus manos al mojar su rostro y cabellos mientras observaba con detenimiento el río en sus dos direcciones y hacia el frente, a su otra orilla. Iban a necesitar cruzarlo. Como estaba cansado decidió recostarse en el pasto pero su hijo no quería beber agua ni descansar sino que tenía toda la intención de continuar la caminata. Él había visto que cruzando el río había un camino que se internaba por el valle y además se distinguía humo a lo lejos. Con seguridad habría personas ahí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¡Vamos papá! ¡Debemos seguir! ¡Parece que hay un poblado más allá! exclamó el hijo con entusiasmo e impaciencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Calma hijo. Hemos caminado demasiado. Es momento de descansar – respondió el padre cómodamente recostado sobre la hierba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Pero podremos descansar mejor si llegamos allá. Seguro hay alguna casa y la gente nos podría ayudar a encontrar el camino correcto. – insistió el hijo buscando convencer a su padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- No creo que puedas asegurar lo que dices aunque es posible. En cambio yo sí puedo asegurarte que esta hierba es realmente cómoda. – y diciendo esto el padre se echó completamente dispuesto a quedarse allí pero su hijo no ocultaba su enfado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;El clima era bueno, el viento era suave y ligero, y el sol calentaba agradablemente. Estaban perdidos pero el padre estaba más interesado en disfrutar de quedarse echado allí sin moverse y haciéndose parte de todo ese verdor en el que se encontraban. El hijo manifestaba su fastidio en silencio caminando de un lado a otro y mirando la otra orilla hasta que dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Pero papá, estamos perdidos y por allá podemos conseguir ayuda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Entonces el padre al verlo tan impaciente por continuar le preguntó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¿Qué te parece si hacemos un trato? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¿Un trato? – preguntó a su vez el hijo desconcertado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Sí. ¿Recuerdas cuando hoy más temprano te quedaste esperándome en esa peña mientras yo trataba de encontrar el camino hacia el abra que debíamos cruzar para dejar atrás aquel monte arcilloso? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Sí. Lo recuerdo. – respondió el hijo y su padre siguió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Muy bien. Ahora es mi turno de esperar. Voy a dormir una siesta mientras tú buscas cómo podemos cruzar el río. Si encuentras la manera de cruzarlo me puedes despertar y lo cruzamos juntos. Si no lo encuentras, tendrás que esperar a que yo despierte y te diga como lo haremos. ¿De acuerdo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;El hijo asintió. Su padre quería que ahora él se hiciera cargo de encontrar la manera de superar el obstáculo y él sentía que podía hacerlo. Le gustaban los retos que le proponía su padre.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Dejando a su padre recostado sobre la hierba, el hijo caminó por la orilla río abajo buscando un puente pero no lo encontró. Se alejó un poco más y entonces al pasar unos arbustos le dio la impresión de que había encontrado el puente que buscaba. Era cierto. Lo había encontrado pero no pudo alegrarse por ello. Había encontrado los restos de lo que alguna vez fue un puente. Apenas unos soportes rotos en la orilla y unos maderos que caían al agua. Del otro lado del río era lo mismo. El puente no servía para nada. Siguió caminando creyendo que debería haber otro puente cerca pero por más que avanzó no tuvo éxito y entonces decidió volver. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Cuando llegaba cerca del punto donde había dejado a su padre pensó que podría buscar otra manera de cruzar el río. Ya que no había puente podría ver si era posible utilizar las rocas que sobresalían a la superficie del agua. Desde la orilla intentó saltar por un par de rocas pero le dio miedo caerse al agua y entonces regresó. Observó con cuidado que hacían falta más rocas y que estuvieran más cercanas para que pudiese alcanzar la otra orilla. Volvió a avanzar por la orilla ahora buscando un tramo donde el ancho del río fuera más estrecho. No lo encontró ni río abajo ni río arriba. Vio un tronco muy largo y pesado que había caído cerca de la orilla pero harían falta muchas personas para poder moverlo y colocarlo en posición que fuera útil para cruzar el río. Habiendosele agotado sus ideas, el hijo regresó donde su padre.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;El padre ya se encontraba despierto y sentado observando a su hijo acercarse caminando lentamente, con desgano. Por la mirada y gesto de frustración de su hijo el padre supo que no había encontrado la manera de cruzar el río pero igual le preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Cuéntame, ¿qué encontraste para que crucemos el río?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Papá, no hay puente, salvo uno que esta roto y que no sirve. No hay por donde saltar, no hay rocas que permitan cruzar. Hay un tronco largo y pesado que tú y yo no podremos mover solos para hacer un puente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¿Quieres decir que no se puede cruzar el río? – preguntó el padre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- No se puede. – respondió el hijo en voz baja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¿Estás seguro? – insistió el padre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- No se me ocurre cómo. – respondió esta vez el hijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Muy bien. Vamos mejorando hijo. Decir “no se me ocurre” es muy diferente a decir “no se puede”. Entonces ¿sí se puede? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Sí, pero lo que pasa es que… - venía diciendo el hijo y su padre completó la frase:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- … pero lo que pasa es que todavía no sabes como. Ven conmigo a la orilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Ambos se acercaron al río y en cuclillas el padre introdujo su mano derecha en el agua y dejando que ésta corriera por entre sus dedos dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- El agua de este río corre con fuerza, ¿verdad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Sí. Se nota que corre con fuerza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Se nota, pero, ¿la has sentido? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- No. Pero se ve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Y el agua también está fría, ¿verdad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- No lo sé. No la he probado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Quizá debiste empezar por ahí. – dijo el padre y ambos se volvieron a poner de pie. Luego el padre hizo la siguiente una pregunta:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¿Cómo queremos superar un obstáculo sin conocer lo esencial de él? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;El hijo no contestó y su padre continuó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Has caminado al lado del río buscado un puente, rocas, un tronco… Todas ellas son formas que podrían haber funcionado si lo que buscas es solamente cruzar el río sin mojarte con su agua. Quizá hasta has pensado que podríamos regresar por donde vinimos. Todas esas son opciones sirven pero pensar así puede reducir las posibilidades de tu imaginación. Te voy a ayudar. Mira lo que voy a hacer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;El padre tomó su mochila y la de su hijo y las lanzó con fuerza suficiente para que cayeran en la otra orilla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¡Pero qué haces! - gritó el hijo a su padre al ver las mochilas salir disparadas por el aire y terminar cayendo al frente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Hijo, tal parece que ahora necesitamos encontrar como cruzar el río de todas maneras. No tenemos alternativa. – dijo el padre con buen humor mientras se quitaba los zapatos y cargando con ellos se remangó los pantalones y empezó a caminar metiendo los pies en el río. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Primero el agua le subió hasta las rodillas. Luego hasta los muslos pero podía mantener el equilibrio. Comprobó que el río no era tan profundo y que el agua corría con fuerza pero no lo suficiente para impedir avanzar ayudándose de algunas rocas. Al final, el padre consiguió cruzar hasta llegar a la otra orilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;El hijo vio a su padre sonriéndole desde el frente y animándolo a cruzar. Dudó unos instantes pero luego se animó a intentarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Había comenzado a avanzar por el agua siguiendo indicaciones de su padre sobre como mantener el equilibrio y se dio cuenta que el agua podría cubrirlo hasta por sobre la cintura. Su padre lo miraba con atención y notándolo asustado le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Hijo, no tienes que seguir mis pasos. Busca los tuyos. Usa otras rocas como apoyo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;Aunque con temor y dudas, el hijo fue cruzando el río sin resbalarse pero mojándose casi por completo. Se dio cuenta que la fuerza del agua no era como le había parecido desde la orilla pero igual no era fácil cruzar. Ponía un pie delante de otro con cuidado y arriesgando un poco sólo cuando tenía el agua por debajo de la cintura. Su padre seguía animándolo en cada metro que él avanzaba. Encontró una manera de apoyarse con las manos en algunas rocas y se sorprendió que casi sentía que podía agarrarse con los dedos de los pies para mantener el equilibrio. El miedo lo inmovilizaba por momentos pero su padre no paraba de alentarle a seguir hasta que al final consiguió cruzar y unirse a su padre en la orilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¡Muy bien hijo! ¡Eso estuvo excelente! – exclamó el padre feliz y orgulloso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- ¡Eso estuvo muy difícil papá! Por un momento creí que el agua del río me arrastraría. – respondió el hijo recordando su miedo pero también muy contento y satisfecho de su logro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Ven aquí. – dijo el padre abrazando a su hijo con cariño. - ¡Lo hiciste muy bien! Sabes hijo, es bueno recordar que hay obstáculos que no podemos evitar o rodear. Hay algunos que inevitablemente necesitamos atravesar para avanzar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;El hijo sonrió y fue por su mochila para sacar ropa seca y cambiarse ya que estaba completamente mojado. Su padre le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- Y ya que lo hiciste tan bien, ¡eso quiere decir que lo puedes hacer otras veces! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;" &gt;&lt;i&gt;- No papá. Esto no lo repito. – respondió el hijo ante el comentario de su padre pero éste le insistió:&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 18pt; text-align: justify; "&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;- &lt;span&gt;&lt;/span&gt;No digas eso hijo. Cuando haces algo así por primera vez ten la seguridad que lo harás otra vez. Y en tu caso, creo que al menos tendrás que repetir tu cruce un par de veces más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-INDENT: 18pt; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;- ¡No! Estás loco si crees que voy a repetirlo una vez más… - sentenció el hijo seguro de sí. Su padre se sentó a su lado y lanzando una piedra al río le dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="font-family: Arial; text-indent: 18pt; text-align: justify; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;- Bueno. No hay problema. Sentémonos a esperar que alguien lance esos zapatos que te sacaste y olvidaste en la otra orilla antes de cruzar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="font-family: Arial; text-indent: 18pt; text-align: center; " align="center"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span&gt;&lt;span style="font-family: Arial; "&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-2299683645608234931?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/-uPOwlpJhkCM/Tn3l-GqTo6I/AAAAAAAAALw/nrNirmLL_OA/s72-c/rio.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/09/cruce-de-rio.html</feedburner:origLink></item><item><title>Escalera Infinita</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/_YZblXkC36w/escalera-infinita.html</link><category>Escalera Infinita</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Tue, 23 Aug 2011 12:49:36 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-1397954394766465913</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Una vez me contaron esta historia para diferenciar la manera de pensar de las personas de la cultura oriental y de la occidental: &lt;em&gt;“Un profesor de pintura les contó a sus alumnos la historia de un monje que todos los días subía una montaña hasta llegar a la cumbre donde estaba el templo en el cual oraba y meditaba. Al terminar, el profesor les pidió a sus alumnos que hicieran una pintura inspirada en la historia. Los alumnos pintaron hermosos paisajes que eran dominados por la montaña coronada en su cumbre con un templo y con el monje situado en diferentes posiciones andando sobre el camino vistiendo sus sandalias y su túnica naranja. Pero había una pintura diferente a todas las demás. En esa pintura sólo había arbustos y el lienzo era dominado por el trecho de un camino de tierra que se perdía entre el follaje y la niebla. No había ningún monje, ningún templo, ninguna montaña. Esa pintura era obra de un alumno de origen oriental y la cultura oriental no se basa en lo evidente ni en lo externo. La cultura oriental invita a reflexionar, a procurar la conexión con el interior”&lt;/em&gt;.
&lt;br /&gt;Cinco años atrás tomé una fotografía mientras subía una montaña en las afueras de una ciudad de la provincia de Guangdong en el sur China. Hace poco encontré la foto y cuando la vi recordé la historia del profesor de pintura así que me puse a escribir recordando esa montaña procurando mirar desde dentro, no desde fuera.
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5644128665029387714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 365px; CURSOR: hand; HEIGHT: 281px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/-y4pbdkQD2CA/TlP5HfGtJcI/AAAAAAAAALo/iBevmW-N8GY/s320/Escalera%2BInfinita%2B-%2BChina.JPG" border="0" /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Escalera Infinita &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/strong&gt;El pronóstico del clima informaba que aquel sería un día soleado pero en realidad no lo era en absoluto. La fuerte lluvia del amanecer había cesado y ahora se tenía una niebla tan densa y baja que hasta se podía decir que era fácil llevarla a los pulmones al respirar.
&lt;br /&gt;Después de un viaje en minibús por calles y carreteras mojadas y una breve caminata de media hora, Ariana y Tiago habían llegado a una amplia terraza donde se tomaban un descanso y se alistaban para trepar la montaña que habían ido a visitar en las afueras de esa ciudad al sur de China. El principal atractivo de escalar la montaña era disfrutar de la preciosa vista panorámica desde la cima pero el clima había ahuyentado a los visitantes. Ese día domingo Ariana y Tiago parecían ser los únicos interesados.
&lt;br /&gt;Haciéndose paso entre la densa neblina caminaron hasta un cartel de color azul que apenas se divisaba con dificultad. El cartel estaba escrito en chino y ellos no entendían nada. Sólo por la flecha dibujada en el cartel deducían que indicaba la ruta a seguir para el ascenso.
&lt;br /&gt;Para Ariana era la primera vez que iba a trepar una montaña. Ella siempre había preferido cómodos viajes en auto y conocer lugares naturales que proporcionaran descanso y relax sin mayor esfuerzo físico. Sin embargo, ésta vez había aceptado la propuesta de Tiago motivada por la idea de hacer algo diferente. Tiago en cambio sí tenía mucha experiencia en caminatas y escaladas. Estaba contento de que Ariana se decidiera a acompañarlo aunque sabía que el mal tiempo estaba haciéndola dudar.
&lt;br /&gt;- Se supone que tendremos una linda vista de la ciudad desde la cima pero con tanta neblina no vamos a poder ver nada. ¿Para qué vamos a subir? - preguntaba Ariana.
&lt;br /&gt;- Puede ocurrir que la neblina se disipe mientras vamos subiendo y luego tengamos un sol esplendoroso. - respondió Tiago dándole un matiz optimista a la situación.
&lt;br /&gt;- Tú sí que eres gracioso. Seamos realistas. Apenas si podemos ver unos metros delante de nosotros. Quieres que ocurra un milagro y yo no tengo ganas de esperar uno. Somos las únicas personas aquí. ¿No te das cuenta?
&lt;br /&gt;Tiago escuchaba las razones que daba Ariana para no subir la montaña y él quería encontrar otras para persuadirla de hacerlo.
&lt;br /&gt;- Está bien. Te propongo algo Ariana. Caminemos hasta esa roca grande al final de esta terraza y veamos cómo empieza el camino de ascenso para decidir qué hacemos. Si no vemos la cumbre y quieres regresar a la ciudad entonces regresamos. Prometo que no te voy a insistir. ¿De acuerdo?
&lt;br /&gt;- Muy bien. Vamos hasta ahí. – respondió Ariana mientras terminaba de sujetarse el cabello en una cola de caballo para caminar más cómoda.
&lt;br /&gt;Llegaron a la roca que ocultaba el inicio del camino de ascenso y unos pocos metros después quedaron de pie delante de una escalera construida de concreto cuyos escalones ofrecían un ascenso seguro. No tendrían que pisar sobre el lodo ni andar por caminos resbaladizos. Además, a ambos lados de la escalera había unos pasamanos formados de gruesas cadenas de hierro que colgaban sostenidas por sendos soportes de concreto que acompañaban de manera permanente todo el trayecto haciendo mucho más sencillo el ascenso. Ariana se alegró al notar que no iba a tener que caminar en el barro. No esperaba que una escalera apareciera ahí pero le encantaba la idea de contar con esa ayuda.
&lt;br /&gt;- ¡Esta escalera bajó del cielo! – exclamó muy contenta.
&lt;br /&gt;- Ahí tienes tu milagro. – dijo Tiago.
&lt;br /&gt;Contrario a la alegría que mostraba Ariana, Tiago sintió cierto desencanto inicial. Él se imaginaba una trepada con ciertas dificultades y esfuerzo para llegar a la cumbre de la montaña. Ver la escalera y las cadenas le hacia pensar que la subida sería fácil y eso atenuaba sus ganas. Ariana lo notó.
&lt;br /&gt;- ¿No estás feliz de que ésta escalera apareciera en medio de la nada?
&lt;br /&gt;- Sí, es sólo que me imaginé una trepada en un ambiente muy natural y ahora mira, tremenda escalera de concreto con soportes y cadenas. No es como el reto que habíamos pensado.
&lt;br /&gt;- Quizá para ti no lo sea pero para mí es genial. ¡Aprovechemos la escalera! – comentó Ariana con entusiasmo.
&lt;br /&gt;Eran varios los años que se conocían y que llevaban juntos. Ella pensaba que Tiago se tomaba las cosas demasiado en serio y que era como si tuviera una necesidad permanente de enfrentar dificultades y resolverlas. Cuando de pronto la situación se presentaba sencilla, en vez de disfrutarla tal cual, él mismo parecía que se inventaba los problemas.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;La neblina tan sólo permitía ver un poco más que un par de decenas de metros cuesta arriba y sin claridad. La vista hacia la cima era imposible y además había vegetación que sin ser abundante era lo suficiente para complicar un poco más la ya escasa visión pero la aparición de la escalera hizo que Ariana dejara de pensar en regresar.
&lt;br /&gt;Cargando sus pequeñas mochilas la pareja comenzó a subir los primeros peldaños de la escalera. Tiago veía a Ariana muy animada y eso le gustaba.
&lt;br /&gt;Subían entretenidos compartiendo anécdotas del viaje de vacaciones que venían haciendo por algunos países del continente asiático y que llegaba a su fin en China antes de que partieran de regreso a casa.
&lt;br /&gt;- Aún estoy esperando que me regales el sombrerito chino que me prometiste. – le recordó Ariana a Tiago.
&lt;br /&gt;- No me he olvidado. En dos días estaremos en Beijing y te compraré el sombrerito para tomarte tu foto cuando pongamos nuestros pies sobre la Gran Muralla china.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Minutos después Ariana sintió el esfuerzo del ascenso y se detuvo. No sabía si habían subido mucho o poco. Miró hacia abajo para hacerse una idea y sólo vio neblina. Se convenció de que no iban a poder ver nada del paisaje y que el esfuerzo del ascenso no valdría la pena.
&lt;br /&gt;- Tiago, ¿qué certeza tenemos de que ésta neblina se disipe?
&lt;br /&gt;- ¿La certeza de que pueden ocurrir dos milagros seguidos…? - respondió Tiago bromeando.
&lt;br /&gt;- Lo digo en serio. Ya tuvimos un milagro con la aparición de esta escalera. No creo que tengamos otro más como para que salga el sol. La neblina cubre toda la montaña y ni siquiera podemos ver más de veinte escalones arriba o debajo de nosotros. Mejor regresemos. Tú me lo prometiste.
&lt;br /&gt;Tiago asentía dándole la razón a Ariana pero en el fondo quería animarla para continuar. Ambos se sentaron en los escalones antes de iniciar el regreso. Tiago pasó su brazo sobre los hombros de ella y la abrazó. Le iba a dar un beso y ella le dijo:
&lt;br /&gt;- Sé bien que tus muestras de cariño tienen otro propósito. Te conozco muy bien Tiago. Así no me vas a convencer. – y sonrió mientras se hacía a un lado.
&lt;br /&gt;Entre la espesa neblina vieron la difusa silueta de una persona acercándose a ellos subiendo la escalera. Con la silueta a pocos escalones de ellos pudieron confirmar que en realidad se trataba de un hombre chino mayor que ellos. Ariana y Tiago se pusieron de pie y se hicieron a un lado para darle paso al señor y éste les agradeció en chino y sonriendo amistosamente.
&lt;br /&gt;- Xie Xie.
&lt;br /&gt;- Bu ke chi. – respondió Ariana recordando algunas frases del chino mandarín que había aprendido durante la estadía que llevaban en el inmenso y legendario país oriental.
&lt;br /&gt;El señor sonrió otra vez pero no volteó a mirarlos ni se detuvo. Mientras los dejaba atrás dando pasos pausados pero seguros en cada peldaño les preguntó si ellos subían o bajaban la escalera. Ariana y Tiago se quedaron mudos. No entendían chino. Tiago habló en inglés para decirle que ellos en realidad no hablaban su idioma. El señor hizo un gesto de despedida para continuar subiendo por la escalera y Ariana y Tiago retomaron su conversación.
&lt;br /&gt;- Regresemos Tiago. No sabemos cuánto falta y ni siquiera vemos la cumbre.
&lt;br /&gt;Tiago aún no había respondido cuando el chino, que ya estaba un par de escalones arriba, intervino en un inglés simple pero comprensible para ellos.
&lt;br /&gt;- No necesita ver la cumbre. Saber que está allá arriba es suficiente. La vista desde arriba y a lo largo de todo el camino es maravillosa.
&lt;br /&gt;- La vista puede ser maravillosa, no lo dudo, pero no con esta neblina. Además nos podemos perder. – insistió Ariana sin ocultar su sorpresa al igual que Tiago al escuchar al chino hablar en inglés.
&lt;br /&gt;El chino entendió perfectamente. Se volvió un poco sobre los gradas sin descender y dijo:
&lt;br /&gt;- La vista es maravillosa no sólo porque la puedes ver. Conozco bien éste camino. Síganme.
&lt;br /&gt;- Si lo conoce bien, ¿entonces cuánto falta? – preguntó Tiago.
&lt;br /&gt;- Todavía no es momento de responder esa pregunta. Te lo diré más arriba. – respondió el chino.
&lt;br /&gt;Tiago hizo un gesto a Ariana. Le parecía extraño como se expresaba el chino. Ariana estaba curiosa y le pidió a Tiago para que siguieran al viejo unos minutos a ver qué ocurría. Ambos reanudaron sus pasos subiendo por los escalones detrás del extraño señor.
&lt;br /&gt;- Me llamo Shen. Me da gusto conocerlos. – se presentó el chino sin dejar de caminar.
&lt;br /&gt;Shen subía los escalones con agilidad a pesar de la edad que parecía tener. Es verdad que no lo hacía rápido pero lo hacía sin pausas y con tranquilidad. Por ratos, a Ariana y Tiago se les hacía difícil seguirle el ritmo y estaban siempre un par de escalones detrás de él
&lt;br /&gt;La neblina seguía igual. Shen subía en silencio y sentía los pasos de la pareja detrás de él. Entonces se detuvo un momento y aspiró profundamente para luego expulsar muy lentamente el aire de sus pulmones. Al terminar de exhalar les dijo:
&lt;br /&gt;- El sentido de la vista es apenas una forma que tiene el ser humano para percibir lo que lo rodea. En un paseo como éste puedes apreciar mucho más que sólo con los ojos. Ciérralos y siente, escucha, respira éste lugar. Cuando quieres verlo todo, te pierdes de mucho.
&lt;br /&gt;A Ariana le agradaba lo que decía Shen y pensaba en esas palabras. Le hacían sentido. Era un tema de conversación recurrente que tenían con Tiago. Ella era siempre más reflexiva y él casi siempre prefería terminar dando paso a su practicidad y ver todo lo que era evidente, concreto y tangible.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Los tres continuaron subiendo al ritmo de Shen quien iba a la cabeza y en completo silencio. El paisaje no se aclaraba. La neblina seguía igual de densa y baja. Por momentos apenas si distinguían los arbustos, las cadenas y los soportes. Ariana resbaló un poco y trastabilló pero no cayó. Tiago la sostuvo a tiempo y entonces propusieron tomar un descanso.
&lt;br /&gt;Shen tomó asiento en el suelo y dirigiendo su mirada en dirección hacia la cumbre les preguntó:
&lt;br /&gt;- ¿Qué les parece ésta escalera?
&lt;br /&gt;- Larga y extenuante. – dijo Ariana visiblemente cansada.
&lt;br /&gt;- Y además al no ver nada no sabemos cuánto hemos avanzado ni cuánto nos falta para llegar. – añadió Tiago, queriendo recordarle a Shan que todavía no les decía lo que les restaba por subir.
&lt;br /&gt;- Aún no es momento de saber eso. Te lo diré más arriba. Cuando somos jóvenes queremos apurarnos, ver la cima y llegar a ella cuanto antes. Sólo miramos adelante, arriba. No sabemos que cuando estemos mayores y cerca de la cima vamos a querer volver a los primeros peldaños otra vez para disfrutar mejor esos paisajes que nos perdimos por andar mirando siempre adelante, siempre arriba. El vigor e ímpetu de la juventud a veces nos juega esa broma pero no nos damos cuenta hasta que somos mayores.
&lt;br /&gt;Ariana y Tiago sólo escuchaban. Shen les hablaba con los ojos cerrados como si estuviera meditando. A pesar de la neblina ellos podían distinguir que Shen sonreía y disfrutaba estar sentado ahí con ellos.
&lt;br /&gt;- Shen, usted parece muy tranquilo y sereno. No parece alguien mayor que quisiera volver sobre sus primeros pasos. – dijo Ariana sintiendo que comprendía a qué se refería Shen con su comentario anterior.
&lt;br /&gt;- Todos quisiéramos que eso ocurra, al menos por un instante. Yo también. – respondió Shen manteniendo su amable expresión.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Reanudaron su caminata. Por varios minutos no había pausas ni descansos entre los escalones y Ariana y Tiago se miraban como si intercambiaran pensamientos en silencio. Shen se mantenía callado hasta que llegaron a una pequeña plataforma de concreto y detuvieron la marcha para descansar otra vez.
&lt;br /&gt;- ¡Ésta parece verdaderamente una escalera infinita! – bromeó Tiago mientras tomaba asiento en el suelo apoyando su mochila contra uno de los soportes de las cadenas. Ariana hizo lo mismo y Shen se sentó esta vez dando la espalda a la cima y de cara a los escalones que ya habían subido. Entonces les preguntó:
&lt;br /&gt;- ¿Ven los primeros escalones de la escalera allá abajo?
&lt;br /&gt;- No es posible. La neblina no deja ver nada. – respondió Tiago. Shen añadió:
&lt;br /&gt;- Podemos mirar hacia abajo y quizá ya no podemos ver los primeros escalones que pisamos. Sólo sabemos que nuestros pies tuvieron que pasar por esos primeros peldaños para que estemos donde estamos en este momento, ¿verdad? - Ariana y Tiago escuchaban a Shen con atención.
&lt;br /&gt;- Cuéntenme de ustedes. ¿Cómo se conocieron? – les preguntó Shen y aunque a la pareja le pareció que eso no venía al caso, Ariana empezó recordando. Al principio le costó llegar a los detalles de cuando había conocido a Tiago. Luego poco a poco fue reconstruyendo sus recuerdos con ayuda de Tiago quien también recordaba otros detalles. Se divertían haciendo memoria sobre los momentos de cuando recién se conocieron y a Ariana le había parecido que Tiago era un hombre antipático y a él le había parecido que ella era una mujer superficial.
&lt;br /&gt;- ¿Cómo te sentiste cuando Tiago te besó por primera vez? – le preguntó Shen a Ariana. Conversar sobre ello les hizo evocar sentimientos muy especiales. Hasta recordaron la canción que estaban escuchando cuando sus labios se habían unido en ese primer beso. Hacía mucho que no se habían puesto a pensar en esos momentos del inicio de su historia juntos, de cuando se enamoraron.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Cuando volvieron a ponerse en marcha otra vez, Shen les pidió que hicieran esa parte del ascenso en silencio y que se dejaran experimentar sus pensamientos sobre el lugar según como vinieran.
&lt;br /&gt;Al principio tanto Ariana como Tiago no comprendieron bien. Se mantenían callados preguntándose porqué le hacían caso a un viejo chino. Ambos subían los peldaños pensando en qué es lo que el extraño señor se proponía con pedirles que subieran en silencio. Unos instantes después esos pensamientos quedaron de lado. Entonces Ariana se empezó a entretener con las siluetas de los arbustos tras la niebla tratando de imaginar como sería el arbusto realmente una vez que estuviera más cerca y pudiera verlo con menos neblina. Por su lado, en silencio Tiago trataba de descubrir cuántos sonidos diferentes podía reconocer. Había al menos seis tipos de ruidos de aves que no podía ver y otros de animales que seguro se escondían entre los arbustos o las rocas al lado de la escalera. Ariana avanzaba deslizando su mano sobre los eslabones de las cadenas y encontró que los soportes de las mismas estaban dispuestos cada cinco escalones. Después, aunque no contara los escalones, podía sentir la curvatura de la cadena y saber si faltaba poco para llegar al siguiente soporte. Por su lado, había momentos en los que Tiago sentía que el olor era diferente en el aire cuando pasaba cerca de cierto tipo de plantas que tenían flores que le eran desconocidas.
&lt;br /&gt;Shen sintió el silencio de Ariana y Tiago y supo que cada uno estaba muy inmerso en sus pasos y lo que percibían mientras subían la escalera. En ese momento se detuvo e interrumpió el silencio diciendo:
&lt;br /&gt;- Ya olvidaron que hay neblina y que no saben cuánto falta para terminar la escalera y llegar a la cima, ¿es cierto?
&lt;br /&gt;- Sí. – respondieron ambos casi a la misma vez.
&lt;br /&gt;- Ahora que han disfrutado subir la escalera sin ver la cumbre, es momento de responder la pregunta de Tiago. – manifestó Shen.
&lt;br /&gt;Ariana y Tiago vieron hacia arriba y la neblina seguía. Habían subido por casi dos horas y aún no se veía la cumbre. Tiago no pudo contener su curiosidad al darse cuenta de eso
&lt;br /&gt;- Shen ¿cuánto falta para que terminemos ésta escalera infinita y lleguemos a la cumbre?
&lt;br /&gt;- Desde aquí faltan cuarenta y nueve peldaños solamente. – respondió Shen con mucha seguridad pero Ariana estalló en una carcajada y dijo:
&lt;br /&gt;- ¡Está bromeando! ¿Cómo puede saber que falta exactamente esa cantidad de peldaños?
&lt;br /&gt;Shen volvió a mostrar su amigable sonrisa y le respondió:
&lt;br /&gt;- He subido ésta escalera muchas veces. Sé cuantos peldaños faltan porque me es útil contarlos al subir y al bajar. Soy ciego de nacimiento. Si me pierdo de contar un peldaño entonces la escalera sí me puede parecer infinita de verdad.
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;Calo.
&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-1397954394766465913?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/-y4pbdkQD2CA/TlP5HfGtJcI/AAAAAAAAALo/iBevmW-N8GY/s72-c/Escalera%2BInfinita%2B-%2BChina.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/08/escalera-infinita.html</feedburner:origLink></item><item><title>Hasta La Próxima Estación</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/4jHc203Hl5I/hasta-la-proxima-estacion.html</link><category>Hasta La Próxima Estación</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Thu, 09 Jun 2011 14:36:58 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-5097505953312659612</guid><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;Las etapas de la vida pueden compararse con las estaciones en las que se detiene un tren. Se puede ver la estación desde la ventanilla del vagón y elegir si bajar o quedarse a bordo. Se puede estar de pie en la estación y decidir si abordar el tren o no. Como en la vida, las etapas de un viaje en tren o la estadía en una estación pueden ser largas o cortas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;La vida es generosa y siempre ofrece alguna enseñanza en esas estaciones si es que permaneces en ellas el tiempo suficiente y te mantienes abierto a ello incluso cuando la estación sea diferente de la que esperabas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/-109ICONG--s/TfE491KUq4I/AAAAAAAAALg/EvTZeI7CYxg/s320/Rieles.JPG" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 241px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616332845201271682" /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Hasta La Próxima Estación&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Un joven halcón peregrino había empezado a volar y perdió el rumbo de regreso a su nido. En su intento por volver se fue alejando más hasta que llegó a una estación de ferrocarril. Desorientado y preocupado se posó sobre un poste y observó a las personas que estaban de pie en el andén esperando la llegada del tren. Este no tardó mucho en llegar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El tren se detuvo, abrió sus puertas y muchas personas salieron apuradas mientras otras se quedaron a bordo. Las personas que esperaban el tren abordaron los vagones y se acomodaron en sus asientos. Había niñas, niños, hombres y mujeres jóvenes, adultos y ancianos. Una niña pequeña gritó con entusiasmo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="PT-BR" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:PT-BR"&gt;- ¡Sube mamá! ¡Vamos a volver a casa!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family: Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;El halcón la escuchó y al verla tan contenta pensó en voz alta:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Quisiera ser como esa niña para poder subir al tren y volver a mi casa ahora que estoy perdido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Un águila real que también estaba en la estación y observaba la escena la escuchó y le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Y las personas quisieran ser como las aves para poder volar y no tener que subir a los trenes. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El halcón se volvió hacia el águila y le preguntó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Y cómo lo sabes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Llevo muchos años volando por estaciones diferentes y observando a las personas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Cuál es el tipo de personas que resulta más común ver en una estación? – preguntó el halcón con curiosidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- No sé si el más común pero he visto personas que cuando dejan una estación para ir a otra sólo están pensando en que quieren volver a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Pero es normal querer volver a casa. Yo quiero volver a la mía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Sí. La mayoría se apura en volver a casa pero a veces ni siquiera han partido y ya están queriendo regresar. Eso no les permite aprovechar su viaje.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Es cierto. - dijo el halcón. – ¿Qué otro grupo has encontrado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Hay otras personas que he visto dejar sus casas rumbo a un destino nuevo del cual no piensan regresar. Parten sólo ocupándose de porqué no quieren volver y no del porqué quieren quedarse para siempre donde esperan llegar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Eso es confuso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- La vida es confusa cuando se toma acción queriendo evitar en lugar de alcanzar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Debí seguir volando no pensando en que estaba perdido sino en que quería encontrar mi camino de regreso. – intervino el halcón considerando su situación actual, lejos de su nido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Y es muy fácil que nos ocurra eso. – dijo el águila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Qué otro grupo de personas encontraste en estas estaciones? – preguntó una vez más el halcón y el águila respondió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Hay otras personas que abandonan las estaciones sin saber realmente a dónde van. Sólo saben que no quieren quedarse donde están. Parece que intentan escapar tratando de dejar atrás lo que les&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;aflige, lo que les hace sentir mal. No eligen el destino al que se dirigen, simplemente quieren irse porque creen que al alejarse del lugar donde viven se alejaran también de sus problemas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El halcón y el águila guardaron silencio y observaron a las personas que terminaban de abordar el ferrocarril mientras ellas conversaban. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Segundos después se escuchaba el silbato de la locomotora y el tren se alistaba a partir para dejar la estación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Viste a esa joven pareja que subió al final?&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;- preguntó el águila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Sí – afirmó el halcón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Ellos son diferentes. – dijo el águila. - Abordan el tren con entusiasmo y apenas con lo necesario rumbo a un destino nuevo. Suben y bajan en las estaciones cargados de esperanzas y abordan otro tren sólo cuando saben que ha llegado el momento de partir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;-&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;¿Cómo saben cuando es el momento de partir?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Porque están predispuestos a sentir y lo sienten. Entienden que las estaciones de sus vidas son como las del clima. El otoño pasará y luego de un tiempo volverá. Si es otoño no interesa cuanto deseemos que sea primavera nuevamente. Primero tendremos que ver las hojas secarse y caer antes de que salga el sol y vuelvan a florecer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; line-height: 24px; "&gt;Notando que el águila real parecía saber mucho y recordando que seguía perdido, el joven halcón peregrino le preguntó:&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; line-height: 24px; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;-. ¿Qué debo hacer ahora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Cuál es la razón por la que crees que estás perdido? – le preguntó el águila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- No estoy seguro. Sólo sé que quiero volver a casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Y mientras vives este momento, te vas a dedicar sólo a eso?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- La verdad, sólo estoy pensando en volver. Supongo que la mayor parte del tiempo estaré buscando eso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Y el resto del tiempo? ¿Crees que podrías hacer algo más?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Sí. Creo que sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El halcón esperaba que el águila le hubiera dicho qué hacer pero ahora se cuestionaba. Pensó un momento y respondió sin estar muy seguro:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Podría aprender a vivir solo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El águila le ayudó a pensar más haciéndole otra pregunta:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Se te ocurre otra cosa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El halcón respondió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Podría conocer mejor este lugar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El águila miraba al halcón invitándolo a seguir y éste continuó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Podría hacer amigos y ya no sentirme solo. Podría aprovechar para volverme independiente. Creo que hasta podría quedarme a vivir un tiempo aquí mientras sigo buscando como volver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Y entonces habrás aprendido lo necesario en esta estación y podrás volar a la siguiente que hasta podría ser la de tu regreso a casa. Amigo mío, aunque no siempre sea cómodo, procura dejar atrás una estación sólo cuando hayas terminado de experimentar lo que te esperaba ahí. No te adelantes en partir, no te quedes más de lo necesario. – concluyó el águila.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; line-height: 24px; "&gt;El halcón ya no se sentía preocupado al terminar de conversar con el águila. Podía hacer mucho más que sólo buscar su camino de regreso a casa.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;Las ruedas del tren empezaron a desplazarse emitiendo su ruido metálico sobre los rieles. El águila real y el halcón peregrino vieron alejarse al tren y se despidieron para alzar vuelo tomando rumbos diferentes.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;Calo.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/-HKn422Iq7Cw/TfE4sLK-DeI/AAAAAAAAALY/XyEUl4xava4/s320/halcon.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5616332541871918562" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-5097505953312659612?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/-109ICONG--s/TfE491KUq4I/AAAAAAAAALg/EvTZeI7CYxg/s72-c/Rieles.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/06/hasta-la-proxima-estacion.html</feedburner:origLink></item><item><title>Guardianes del Haz de Luz</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/tRBXAkFIMAc/guardianes-del-haz-de-luz.html</link><category>Guardianes del Haz de Luz</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 09 May 2011 08:58:06 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-446539202817147420</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Pensando en las cosas que hago y la lista de las que quiero hacer pero todavía no he hecho, apareció la siguiente cita en unas hojas que leía: &lt;strong&gt;“Si lo puedes imaginar, lo puedes lograr; si lo puedes soñar, puedes convertirte en ello.”&lt;/strong&gt; No se indicaba a quien pertenecía la cita. Estaba seguro de haberla leído antes aunque no sabía de quién era. Una breve búsqueda en Internet me reveló a &lt;strong&gt;William Arthur Ward&lt;/strong&gt; como el autor. La verdad, no lo conocía y si me hubieran preguntado si había leído algo de él mi respuesta habría sido que no. Busqué un poco más y me paseé por algunas páginas donde encontré otras citas suyas. Para mi sorpresa varias me resultaron muy conocidas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay ideas que trascienden a las personas siempre que sean puestas en acción y se conviertan en obras. Quizá por eso existen obras que a lo largo del tiempo trascienden tanto a sus autores que a veces los vuelven anónimos.&lt;br /&gt;Dicen que una idea es como una luz en la oscuridad y la fuente que la genera no es lo más relevante. Mientras proporcione luz no interesa si la fuente es una antorcha aventurera, una sofisticada linterna, una mística vela o una cálida y alegre fogata. Si ilumina, con seguridad ayudará a las personas a encontrar sus caminos en la oscuridad. ¿Quién no tiene necesidad de una luz que le guíe?&lt;br /&gt;Seguí leyendo un poco más de las citas de William Arthur Ward y finalmente llegué al siguiente pensamiento que no conocía: &lt;strong&gt;“El pesimista se queja del viento; el optimista espera que el viento cambie; el realista ajusta las velas.”&lt;/strong&gt; Leyendo esto recordé la fotografía de un faro y me motivó mucho el hombre que trabaja en él para hacer posible que siempre proyecte su luz cuando los cielos se cubren de oscuridad y arrecian las tormentas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604741572289214770" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 261px; CURSOR: hand; HEIGHT: 151px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-TjqwgHMdR_E/TcgKw8opuTI/AAAAAAAAAKc/cDomcPoHH_E/s320/Luz%2Ben%2Bla%2BTormenta.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Guardianes del Haz de Luz&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Un hombre llegó un poco tarde a casa luego de su primer y último día en lo que fue un muy corto nuevo empleo. No había tenido un bien comienzo, en absoluto, y el final fue más rápido que el inicio en sí. No quería comer nada y sólo pensaba en ir directamente a acostarse. Su esposa lo recibió contenta y también sus hijos, dos niñas y un niño. Los rostros inocentes y alegres de los niños, el cariño y ternura de su esposa le hicieron olvidar el mal rato que había tenido en la oficina y que había terminado con su despido aunque él lo tomaba como renuncia. Era otra vez un desempleado y asumiendo que no podía cambiar nada esa noche decidió aprovechar para cenar con su familia, todos juntos.&lt;br /&gt;Durante la cena procuró mantener alejado de sí y de todos lo mal que se sentía. Veía el rostro comprensivo de su mujer, ella con toda seguridad sabía bien lo que le ocurría pero también veía a sus hijos, tan desentendidos, tan felices y eso era suficiente para él esa noche. No tenía porqué transmitirles su enojo y frustración.&lt;br /&gt;Al terminar la cena llegó el momento de acostarse y las niñas le pidieron a su padre que les leyera un cuento antes de ir a dormir. Las niñas y el niño se acostaron en la cama de sus padres como si fueran a pasar la noche allí y el padre se sentó a los pies de ellos junto con su esposa. Como ninguno tenía un libro en las manos, el niño corrió a su cuarto y trajo uno de su dormitorio.&lt;br /&gt;- Lee este papá. Este es un cuento nuevo y nunca nos lo has leído. – dijo con mucho entusiasmo el pequeño. El padre tomó el libro. Lo reconoció inmediatamente al ver la portada. Definitivamente no era un libro nuevo y tenía sus buenos años aunque estaba bien conservado.&lt;br /&gt;- Tienes razón hijo. Este cuento es nuevo porque nunca lo hemos leído. También es un poco largo. ¿Donde lo encontraste? – preguntó el padre pero nadie le respondió. Su esposa se limitó a mirarle y animarlo a que lo lea y él cerró los ojos un instante y luego empezó a leer en voz alta, sin poder ocultar su emoción:&lt;br /&gt;- Guardianes del haz de luz.&lt;br /&gt;Sus hijas y su hijo se acomodaron y empezaron a escuchar con atención:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Había una vez un antiguo faro que había sido construido sobre una gran roca de las innumerables que la naturaleza había dispuesto caprichosamente como islotes a lo largo de la costa de la región.&lt;br /&gt;Martín era un niño cuando visitaba la playa y desde allí veía el faro a la distancia. Cuando salía de paseo con sus padres por las noches podía ver el blanco haz luminoso que proyectaba el faro hacia el horizonte. Le fascinaba. Su padre había trabajado ahí por varios años. Le había explicado que desde tiempos antiguos los marinos utilizaban las estrellas del cielo para navegar y que los faros eran como otras estrellas creadas por los hombres para facilitar la navegación, alertar sobre la cercanía de las costas y convertirse en la luz que guía a una embarcación cuando se encuentra a la deriva o intentando capear un temporal.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando creció, Martín no dejaba de visitar la playa por las tardes y se quedaba a contemplar el faro. Esperaba la puesta del sol para observar el haz luminoso del faro en contraste con la oscuridad del cielo después del ocaso y recordaba cuando se maravillaba pensando que esa luz brillaba porque su padre estaba trabajando ahí dentro. Muchas veces Martín iba solo a la playa para ver el faro, otras veces con amigos y otras con Sofía. A la distancia, el faro fue testigo de la primera vez que Martín besó a Sofía, la mujer que luego se convertiría en su esposa.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los años pasaron, los padres de Martín y Sofía fallecieron, él y ella fueron padres también y un día vieron partir a bordo de un velero a su único hijo, Fernando, dispuesto a vivir la aventura de lanzarse a la mar y hacer su vida lejos de las costas donde había nacido. Se quedaron solos y extrañando mucho a Fernando. Algún día volvería, así lo había prometido al partir.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Martín y Sofía vivían con tranquilidad del negocio heredado del padre de Martín, una tienda de artículos para pesca que era casi tan antigua como el puerto mismo. Pero todo cambia y a veces las personas no siempre saben cómo asimilar y vivir el cambio o simplemente lo rechazan.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El puerto vivió unos años de bonanza y la pesca cobró más importancia en la región. Eso llevó a que aparecieran más establecimientos comerciales y, entre ellos, más tiendas de pesca. Martín pensó que podía mantener la tienda sólo por el hecho de que era casi tradicional en el puerto. Lamentablemente las cosas no salieron como él esperaba. Las nuevas tiendas vendían más artículos de pesca modernos y sofisticados a mejores precios y le fueron restando clientela poco a poco hasta que finalmente Martín se vio obligado a cerrar su tienda y se quedó sin empleo.&lt;br /&gt;Le fue muy difícil encontrar otra ocupación a pesar de ser muy conocido en el puerto. No sabía qué otras cosas podía hacer que no fuera relacionado a vender artículos de pesca pero no tenía oportunidades en las nuevas tiendas y mucho menos en otros oficios. Renegaba de su suerte y se iba gastando el poco dinero que le quedaba. Necesitaba trabajar.&lt;br /&gt;Una tarde lo buscaron unos hombres que eran autoridades del puerto y que habían conocido a su padre. Le ofrecieron temporalmente un empleo en el viejo faro que él tanto contemplaba desde su infancia. De niño se había imaginado trabajando allí, como su padre. Pero ese pensamiento quedó en el olvido conforme se volvió adulto y aunque siempre le agradó contemplar el faro nunca había considerado volverse un guardián de esa torre luminosa. Sin otra alternativa y necesitando urgente un empleo, Martín aceptó la propuesta de las autoridades recordándose que sería sólo por un tiempo y que él seguiría buscando otras alternativas.&lt;br /&gt;- Nunca hice algo muy diferente de pescar o vender artículos de pesca. No sé qué es lo que pueda hacer en ese faro. – le decía Martín a Sofía el primer día cuando se dirigía al muelle a abordar el bote que lo llevaría al faro.&lt;br /&gt;- Lo que necesites saber lo vas a aprender. Lo importante es que tienes un empleo nuevamente. Mírame a mí. Aprendí a preparar pasteles y postres que puedo vender a la panadería. No me imaginé dedicarme a esto y no se cuánto dure pero por ahora eso nos sirve. – respondía Sofía sonriente y animando a su esposo. Ella sabía que no lo vería sino hasta dentro de dos semanas cuando terminara el turno de quedarse en el faro pero lo aceptaba con buen ánimo con la seguridad de que vendrían tiempos mejores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que le tocó trabajar en el faro Martín no sabía de las labores que podría desempeñar alguien dentro de uno. A pesar de que su padre había trabajado por varios años allí y que le había contado mucho sobre ello cuando él era pequeño, nunca había visto un faro por dentro y todo era diferente de lo que se había imaginado. El lugar era estrecho y húmedo pero no incómodo. Había poco espacio para moverse y tenía que hacer turnos de guardia con otros dos hombres con quienes se repartían las labores en turnos. Tenían que limpiar los cristales del faro, la lámpara y sus mecanismos, mantener el combustible para que no se extinguiera la luz en la noche, el atardecer o el amanecer. Durante la noche velaban el buen funcionamiento del faro. Durante el día descansaban y limpiaban a menos que hubiera mal tiempo y neblina. Esos eran momentos en los cuales debían encender la luz nuevamente.&lt;br /&gt;Por la escalera que utilizaban para subir a la parte más alta de la torre a dar mantenimiento también podían llegar a una terraza intermedia que rodeaba al faro y desde donde se podía disfrutar de una magnífica vista de la costa o de alta mar. Dormir en el camarote no era sencillo al principio pero se fue acostumbrado a tener el ruido del mar y sus olas golpeando la estructura del faro así como a ser despertado por el ruido de las aves marinas. Cuando había tormentas y estaba de turno en el faro, Martín sentía un poco de temor. Pensaba que las crecidas olas del mar y el viento podrían en algún momento hacer colapsar la estructura del faro. En oportunidades el agua de mar llegaba a ingresar ligeramente al interior por una de las pequeñas ventanillas para ventilación que estaba rota y que no habían reparado pero no suponía peligro para los hombres que cumplían su turno dentro.&lt;br /&gt;Pasadas las dos semanas venían sus relevos, un nuevo trío de hombres que los reemplazarían para quedarse a cargo del faro por un tiempo similar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin darse cuenta, el trabajo que le ofrecieron y asumió como temporal se extendió por varios largos años. Martín y Sofía se acostumbraron a la rutina de verse cada quince días. A ella le iba bien vendiendo pasteles a la panadería y él se sentía a gusto compartiendo con los hombres que tenían el mismo turno de él.&lt;br /&gt;Una mañana mientras hacían la limpieza de los cristales en el faro, Andrés, otro de los guardafaros le decía a Martín.&lt;br /&gt;- ¿Sabes que nuestro empleo se encuentra en vías de extinción? Antes de venir escuché decir que a lo mejor éste es nuestro último turno.&lt;br /&gt;- ¿Porqué dices eso? – preguntaba Martín. Estaba haciendo un buen trabajo. Había aprendido bien a desempeñarse en el faro y estaba acostumbrado a vivir esas dos semanas apartado, compartiendo la soledad con sus otros dos compañeros. Andrés le explicó que la modernidad había llegado a la mayoría de los faros que existen y que ahora han sido automatizados así que ya no requieren de asistencia humana para funcionar. Estos faros modernos iluminan siempre, a toda hora, sin interrupciones que no fueran las que sus sistemas automáticos les permiten.&lt;br /&gt;- Hasta que fallan. Sí, porque un día también fallan. Y ese día su falla puede llegar a costarle mucho a un navegante, sino la vida. – intervino Jonás, el tercero de ellos y que contaba con la mayor experiencia en ese trabajo de cuidar faros. - Hasta que envíen alguien a repararlo ese faro automático sólo es una figura más del paisaje y la oscuridad. En cambio en faros como éste en el que trabajamos eso no ocurriría pues en el mismo momento en que se produjera algún desperfecto nosotros estamos listos para hacer las reparaciones necesarias y conseguir que esa luz no deje de iluminar.&lt;br /&gt;A Martín no le gustaba la idea de quedarse sin empleo otra vez y aunque estaba de acuerdo en lo que decía Jonás, le parecía que lo que manifestaba Andrés era muy lógico. En un futuro cercano nadie va a querer emplear hombres para ese trabajo. El empleo de guardián de faros será un recuerdo así como lo era su antigua tienda de artículos de pesca. Siguió limpiando el cristal de la lámpara y recordó una conversación con su padre cuando él le preguntó porqué le parecía importante su trabajo en el faro. Le había extrañado que su padre no hubiera podido responderle rápidamente y tuviera que pensar un poco para hacerlo. Era como si nunca se hubiera hecho esa pregunta. Martín se dio cuenta en ese entonces que parecía que las personas mayores trabajaban sin preguntarse porqué era importante lo que hacían. Su padre luego de meditar un momento pareció encontrar una respuesta y sonriendo satisfecho y aliviado le había dicho:&lt;br /&gt;- “Hijo, piensa en un faro como aquel en el que trabajo, de esos que se encuentran en los peñascos alejados de las costas e internados en el mar y que parecen desafiar las mareas embravecidas para cumplir con su función primordial: iluminar y mostrar el camino al navegante. Durante una tormenta el faro parecerá erguirse como una torre sobre las olas ofreciéndonos un paisaje magnifico y casi épico al sostenerse recio mientras es golpeado incesantemente por masas violentas de agua que se estrellan contra él y aparentando un intento por derribarlo. El faro puede ser fuerte y sobrevivir una, dos, muchas y todas las tormentas pero, aún cuando no llegue a caer, si no puede sostener y aportar la luz en su batalla su lucha será inútil e intrascendente. Esa es la razón de su existencia y la razón del trabajo de los que los cuidamos. Si no hay un guardián entonces se apaga la luz. Si se apaga su luz la existencia del faro es innecesaria, su batalla ganada a la tormenta es en vano, su misión de servir a los navegantes y guiarlos no se cumple. Por eso mi trabajo es importante, por eso somos importantes los guardianes de los faros.”&lt;br /&gt;Martín estaba seguro que la modernidad de la que hablaba Andrés reemplazaría pronto la romántica manera de ver la importancia del trabajo de un guardián de faros que tenía su padre pero se sintió contento al recordar esa conversación y entonces les preguntó a sus compañeros:&lt;br /&gt;- ¿Porqué creen que este trabajo que hacemos es importante?&lt;br /&gt;Jonás respondió casi de inmediato adelantándose:&lt;br /&gt;- Nuestro trabajo es el más importante que puede existir y por eso debemos cumplirlo a cabalidad siempre. Cuando no lo cumplimos con dedicación y responsabilidad, la luz se apaga y eso afecta nuestra vida y la de otras personas.&lt;br /&gt;Andrés no estaba de acuerdo y también intervino, con cierta ironía:&lt;br /&gt;- ¿El trabajo de guardián de faros es el más importante? ¡Vamos! No seamos ilusos ¿No ves que trabajamos en el único faro que no esta automatizado en esta región? ¡Ya no quedan faros como este! Nuestro trabajo pronto será anecdótico, para contarlo a nuestros hijos o nietos y quedaremos desempleados. Cuidar un faro hoy ya no es importante como lo era antes.&lt;br /&gt;Jonás miró a Martín y luego a Andrés para añadir con tranquilidad:&lt;br /&gt;- Andrés, es necesario aprender a no escuchar sólo lo que quieres escuchar. ¿Mencioné acaso el trabajo de guardián de faros? No. Fui genérico. No somos guardianes de faros, nos dedicamos a ello. Es diferente. Mañana quizá cambiemos de oficio pero seguimos siendo seres humanos, eso no cambia, y como seres humanos nuestro trabajo es iluminar, guiar. Sea cual sea el papel que vivamos si no cumplimos como hombres, mujeres, esposos, hijos, hermanos, amigos… si no lo cumplimos con dedicación y a cabalidad entonces apagamos la luz por la que cada uno tiene responsabilidad en cada camino o rincón por el que transita en este mundo.&lt;br /&gt;- Viejo, discúlpame pero yo ya estoy crecido para tus discursos. Gracias. – respondió Andrés y se apartó del lugar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El tiempo le dio la razón a Andrés y poco después finalmente llegó el día en el que debían abandonar el faro. Este no podía ser automatizado y se había construido otro más alto y moderno en la costa, no en las rocas.&lt;br /&gt;En esa última noche a Martín le tocó hacer guardia con Jonás. El mar estaba calmado y sereno. El cielo despejado y podían verse las estrellas y una luna que entraba en creciente. Se sentaron en la parte más alta posible por debajo de la lámpara del faro y observaban como el haz iluminaba al horizonte de manera intermitente. Era la última vez que verían el paisaje desde ahí.&lt;br /&gt;- ¿Qué es lo que más desearías en este momento Martín? – le preguntó Jonás. Martín perdía su mirada en el vaivén del agua del mar y respondía:&lt;br /&gt;- Algo que he deseado cada día que miraba al mar desde el primer instante en el que empecé a trabajar aquí y veía entrar al puerto barcos, veleros, embarcaciones de todo tipo. Guardaba la esperanza de que eso que deseaba ocurriera mientras trabajaba de guardián de este faro y me imaginaba viendo llegar ese velero especial. Quisiera verlo de nuevo, quisiera ver a mi hijo volviendo en él. Ha pasado mucho desde que se fue y aunque hemos recibido correspondencia, esta se ha ido haciendo muy esporádica los últimos años. Sentía que desde aquí un día podría servirle para iluminar su camino y que vuelva pero ahora sé que eso ya no ocurrirá.&lt;br /&gt;- Martín, sé como los niños, no pierdas esa ilusión. No dejes que se apague la luz. Nuestro trabajo de guardián de faros no termina esta noche. – le dijo Jonás con tanta seguridad que Martín por un momento llegó a pensar que quizá la decisión de las autoridades de poner el faro fuera de operación había cambiado.&lt;br /&gt;Al amanecer apagaron la luz del faro y luego una pequeña embarcación los recogía a los tres para llevarlos de regreso. Ya no había relevos. El faro quedó abandonado. Los tres se despidieron en el muelle. Habían compartido mucho viviendo juntos tantos años y estaban seguros que les iba a ser difícil cambiar la rutina.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El faro estuvo abandonado y apagado por semanas esperando ser desmantelado.&lt;br /&gt;Una tarde hubo una tormenta que provocó un fallo general de electricidad en el pequeño pueblo costero que lo dejó en completa oscuridad.&lt;br /&gt;Horas después, ya de noche, alguien tocaba a la puerta de la casa de Martín. Sofía abrió la puerta y eran Jonás y Andrés con los rostros empapados por la lluvia a pesar de los impermeables que llevaban puestos. Las autoridades le habían pedido a Jonás que fuera en busca de sus compañeros para encender la luz del viejo faro ya que el nuevo había fallado y tardarían al menos un día en repararlo. Los tres hombres volvieron a su antiguo puesto una vez más. Debido a la lluvia, la marea y el viento, no les fue fácil llegar en la pequeña embarcación pero lo consiguieron y pudieron prender la luz y mantenerla encendida durante la tormenta. Fue la única luz que sirvió de guía para las embarcaciones esa noche ya que el pueblo estaba en penumbras.&lt;br /&gt;- ¡Siempre hay trabajo para un viejo guardián de faros…! - exclamaba feliz Jonás y contagiaba con su entusiasmo a Martín y Andrés.&lt;br /&gt;No podían ver al horizonte y encontrar alguna embarcación a la cual le sirviera la luz que ellos estaban alimentando pero no necesitaban saberlo. Habían ido a cumplir con su trabajo, a cabalidad, como decía Jonás y se mantuvieron toda la noche allí hasta que la tormenta pasó y volvió la calma.&lt;br /&gt;Al amanecer, antes de abandonar el faro, Jonás y Andrés se preparaban para apagar la luz y Martín les propuso:&lt;br /&gt;- Aún no sabemos si han reparado el nuevo faro… ¿qué les parece si dejamos la luz prendida esta vez hasta que consuma el combustible que quedaba?&lt;br /&gt;Jonás y Andrés estuvieron de acuerdo. Que el faro se apagara por sí solo esa vez les pareció un buen gesto de despedida. Así, los tres hombres abandonaron el faro y volvieron a sus hogares con la satisfacción de haber sido útiles una vez más.&lt;br /&gt;Martín llegó a su casa y durmió hasta el mediodía. Por la tarde, mientras almorzaba con Sofía, llamaron nuevamente a la puerta de su casa. Sofía fue a abrir y como tardaba en volver al comedor Martín fue a buscarla. Al llegar vio que su esposa sollozaba mientras abrazaba a un hombre joven. Casi no pudo creer quien era hasta que el hombre dejó de abrazar a Sofía y corrió a abrazarlo a él. Su hijo Fernando había regresado.&lt;br /&gt;- ¡Papá! Llegué esta mañana en mi velero. Esperaba llegar ayer pero hubo una tormenta anoche que había afectado la iluminación en el puerto según me dijeron en el muelle cuando llegué. Esta mañana estaba nublado y no había luces excepto por ese viejo faro del que tanto me hablabas donde había trabajado el abuelo. Pensé que ya lo habían puesto fuera de servicio.&lt;br /&gt;- Sí hijo mío. Esta fuera de servicio y lo van a desmantelar.&lt;br /&gt;- ¿Y entonces cómo es que funcionó anoche?&lt;br /&gt;Martín sólo sonrió junto con Sofía y ambos estrecharon a su hijo en sus brazos y lo besaron.&lt;br /&gt;Fernando les puso al día de lo ocurrido con su vida. Habían pasado algunos años sin saber mucho de él y es que por los sitios por los que había viajado no siempre tenía la posibilidad de enviar correspondencia. A partir de sus viajes y sus experiencias se había vuelto escritor e incluso ya tenía algunas publicaciones. Le dio a su padre un ejemplar de su más reciente libro publicado.&lt;br /&gt;- Se titula “Guardianes del haz de luz”. Escribí este libro inspirándome en la vida de mi abuelo, de los antiguos guardianes de faros.&lt;br /&gt;Martín se emocionó mucho mientras contemplaba el libro y pasó rápidamente por algunas hojas hasta que sus ojos se detuvieron en un párrafo de la última página y que leyó en voz alta:&lt;br /&gt;- “… Así es Pedro. Somos como los guardianes de los faros encargados de que esas torres iluminen a los navegantes en tiempos de calma y sobre todo en tiempos de tormenta. Todos proyectamos luz con nuestras acciones, no importa lo pequeña que ésta te parezca. Tú proporcionas luz, esa luz que se genera por tu esencia, tus convicciones, tus principios. Es una luz que guiará e inspirará a otros mientras te mantengas siempre haciendo lo necesario para servir a los demás.”&lt;br /&gt;Fernando vio a su padre y a su madre muy emocionados y les dijo:&lt;br /&gt;- Sé que cerraron la tienda de artículos de pesca hace años pero no sé lo que han estado haciendo desde entonces. Por favor disculpen mi prolongada ausencia. No me fue bien al principio pero seguí y afortunadamente todo mejoró y al final me ha ido mucho mejor de lo que esperaba. Por eso he regresado para estar cerca de ustedes, hacer mi vida aquí y que reiniciemos el negocio del abuelo.&lt;br /&gt;Abrazados a su hijo, Martín y Sofía llevaron contentos a Fernando al comedor para almorzar y seguir conversando de los planes futuros. Esa noche…”&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El padre dejó de leer. Faltaba mucho para terminar el libro, él lo sabía muy bien. Vio a sus hijas y su hijo profundamente dormidos. Ahora le tocaba llevarlos uno a uno cargados a sus camas. También vio a su esposa al lado observándolo atenta y entonces le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿De dónde lo sacaste? Creí que ya no quedaba ninguno de estos libros.&lt;br /&gt;- Este fue el primer libro tuyo que tuviste en tus manos, el que me regalaste cuando lo publicaron... – respondió la mujer queriendo hacerle recordar a su esposo aquel momento que los había hecho tan felices.&lt;br /&gt;- Han pasado demasiados años. Casi había olvidado esto. – respondió el hombre a su mujer.&lt;br /&gt;- Tú lo has dicho. Casi. – añadió su mujer. Él cerró el libro y le dijo.&lt;br /&gt;- ¿Sabes que hoy perdí mi empleo?&lt;br /&gt;- Lo intuía por la manera cómo llegaste hoy pero eso no me preocupa. Me preocupa que te olvides de ti. Tú decías en ese entonces cuando escribías: “La luz no se apaga a menos que uno deje que eso ocurra.” No importa que no tengas empleo mañana, agradece que puedas buscar otro y cuando lo encuentres agradece el doble y dedícale tu esmero pero no apagues la luz y vuelve a hacer lo que te gusta. Vuelve a escribir y nunca más dejes de hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5604740492328889714" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 213px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-wG57staHMnY/TcgJyFeC7XI/AAAAAAAAAKU/CciuC4vJCho/s320/Jean%2BGuichard%2B-%2BLa%2BJument.jpg" border="0" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;NOTA: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Faro “La Jument”, Bretaña, Francia, 21 de Diciembre de 1989&lt;br /&gt;Foto de Jean Guichard, 2do Premio de World Press Photo de 1989.&lt;br /&gt;El guardián del faro era Théodore Malgorne. Sorprendido por la llegada de un helicóptero en plena tormenta salió pensando que se trataba de un rescate. No se dio cuenta de la enorme ola que envolvía el faro pero pudo reingresar a tiempo y se salvó apenas de ser engullido por el mar.&lt;br /&gt;Más información en el siguiente enlace:&lt;br /&gt;“La historia tras la foto”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.xatakafoto.com/fotografos/jean-guichard-y-la-jument-la-historia-tras-la-foto"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;http://www.xatakafoto.com/fotografos/jean-guichard-y-la-jument-la-historia-tras-la-foto&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-446539202817147420?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/-TjqwgHMdR_E/TcgKw8opuTI/AAAAAAAAAKc/cDomcPoHH_E/s72-c/Luz%2Ben%2Bla%2BTormenta.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/05/guardianes-del-haz-de-luz.html</feedburner:origLink></item><item><title>Alguien que vino de Cirene</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/Q_Ki7_Usgnc/alguien-que-vino-de-cirene.html</link><category>Alguien que vino de Cirene</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Thu, 17 Mar 2011 05:04:19 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-123858326590334050</guid><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; line-height: 24px; "&gt;Hace unos días me reuní con Carlos, un hombre &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; line-height: 24px; "&gt;a quien admiro y aprecio mucho. Éramos desconoci&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; line-height: 24px; "&gt;dos cuando él me tendió una mano en uno de los momentos más complicados que hasta ahora me ha tocado vivir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Compartí con él mi inquietud sobre un pe&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;rsonaje con el que de manera recurrente me he estado topando últimamente. Este personaje y lo que representa me generaron reflexiones que intenté plasmar en algún escrito en varias oportunidades. Ensayaba con entusiasmo las primeras líneas y párrafos pero llegaba a un punto donde me desviaba y lo que escribía tomaba un giro diferente. Me frustraba querer escribir sobre él y no poder. Me quedaba el consuelo de que esos giros diferentes terminaban convirtiéndose en nuevos escritos, distintos, no relacionados con él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;A mi amigo Carlos le conté lo que me estaba ocurriendo y le pregunté qué era lo que este personaje representaba para él. Con su franca sonrisa primero me dijo que le alegraba mucho que eso me estuviera pasando y luego me respondió que este personaje le suscitaba un sentimiento de despertar, de reaccionar, de encaminarse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Me quedé con esas tres palabras y empecé por enésima vez a escribir sobre aquel personaje que no ha cesado de cruzarse en mi camino. Hoy terminé de escribir sobre él. Puede ser que no le haya hecho justicia con mi escrito a lo que me hace sentir pero al terminar de escribir me he quedado con una sensación de calma y tranquilidad diferente. No es la tranquilidad que se siente al haber podido finalmente terminar de escribir lo que quería. Es la tranquilidad de saber que finalmente encontré un punto donde empezar otra vez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/-RyNe9s285J8/TYH4fp-3F7I/AAAAAAAAAKM/lgUIhQxqrSY/s320/Manos.JPG" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 188px; height: 178px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5585018235645269938" /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;Alguien que vino&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-size:14.0pt; line-height:150%;font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt; de Cirene&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(153, 0, 0); font-family: Arial; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Un hombre de mediana edad llegaba a su casa luego de trabajar en el campo. El calor de aquel día le había hecho parecer que la jornada hubiera sido más larga de lo usual. Al ingresar a su hogar se encontró con su esposa que lo esperaba con el almuerzo listo. Tenían dos hijos jóvenes pero esa tarde no se encontraban con ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Hace varios días que te noto preocupado. – dijo la mujer a su esposo mientras le servía un plato con comida caliente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- No es nada mujer. – le respondió él aunque recordaba bien que con ella ese tipo de respuesta solo podía servir para prolongar una conversación, nunca para terminarla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Andas pensativo últimamente pero puedo notar que tienes una preocupación mayor de la usual. ¿Quieres hablar de ello? – insistió la mujer acariciándole el rostro a su esposo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Ocurrió algo hace unas semanas algo tan intenso como inesperado que hasta ahora no acabo de entender. – dijo el esposo y su mujer se sentó en una silla al lado de él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Por qué no has compartido conmigo eso que sientes? ¿No crees que pueda ayudarte o es que prefieres que no lo sepa? -&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;preguntó ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Mujer, no es así. Primero he querido comprender lo ocurrido, como otras veces, pero en esta oportunidad aún sigo confundido, más aún con las noticias que circulan estos últimos días. – manifestó él y ella añadió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Hablas sobre el galileo de quien dicen que ha resucitado? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Sí. – respondió él y ambos recordaron lo mucho que se hablaba de ese hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Es posible que no pueda ofrecerte la explicación o el consejo que necesitas, pero de repente el simple hecho de contar lo que te ocurrió te podría ayudar. ¿No lo crees? – insistió ella animando a su esposo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Entonces él la miró a los ojos y le sonrió. Seguro su mujer tenía razón, como tantas otras veces. Le respondió afirmativamente con un gesto y se decidió a contarle aquello que le había ocurrido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Recuerdas cuando partí de aquí y te dejé temporalmente con nuestros dos hijos porque necesitaba volver donde mis padres ya que mi padre se encontraba enfermo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Sí. Lo recuerdo bien. Estuve de acuerdo porque habías dejado pasar demasiado tiempo en visitarles, tanto que mientras deseabas ir y postergabas el viaje supimos que tu padre había enfermado gravemente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Él recordó esos momentos con tristeza y guardó silencio unos segundos antes de proseguir:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Pasaron muchas cosas durante mi estadía allá, mi viaje de retorno y los días posteriores. Pero quiero contarte desde el principio.&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;“Cuando te dejé para volver a mi pueblo natal casi ni recordaba que para llegar debía cruzar al otro lado del delta del río más importante de la región. En pleno viaje hacia el hogar de mis padres reconocí que en verdad había dejado pasar demasiado tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Aquí, en esta gran ciudad donde vivimos, algunos todavía me llaman extranjero. Conocen bien que no soy de aquí. Cuando volví a mi pueblo me sorprendí que aunque la gente me reconociera como alguien del lugar era yo quien me sentía extranjero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Mi estadía en la tierra donde había nacido me devolvió recuerdos olvidados de mi infancia. La agricultura y la pesca eran las actividades más comunes y recordé a mi padre cuando me enseñaba a trabajar la tierra aunque a mi me gustaba mucho más el mar. Desde ese entonces las labores del campo fueron parte de mi vida y el ejercicio constante de la agricultura dio como resultado que adquiriera un buen conocimiento de la naturaleza,&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;los climas, las tierras, las semillas, el agua y todo lo necesario para asegurar una buena siembra que, a su vez, resulte en una buena cosecha. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Durante el otoño y el comienzo del invierno permanecí en la casa con mis padres. Ella gozaba de buena salud pero él padecía una desconocida enfermedad que se lo iba llevando de a pocos. Los médicos no habían conseguido que se recuperase y lo habían desahuciado. Me quedé acompañándolo y aún sintiéndome extranjero en mi tierra ayudé organizando los trabajos del campo. Pasó un período de semanas en los cuales el cielo se mantenía gris hasta que llegó el día en el cual nuevamente salió el sol pero ese fue el día en el que mi padre ya no amaneció. Su pérdida me causó mucho dolor y lo lloré más de lo que nunca hubiera podido imaginar. Con enorme tristeza agradecí la oportunidad de estar presente para vivir sus últimos días y fue después de ello que me prometí realizar el largo peregrinaje a pie de regreso aquí, a esta gran ciudad.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Su mujer lo escuchaba con atención. Notaba que su esposo iba hilando los momentos y sentimientos que había tenido y prefirió no intervenir. Él continuó hablando:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;“Dejé mi pueblo y caminé por más de un mes, casi dos. El recorrido era extenso y agotador sobre todo por el clima de la región que es un territorio mayormente desértico. Dejé atrás tierras ajenas, poblados, ciudades y conocí personas que me ayudaron y otras que no. Incluso sufrí un asalto en el cual fui golpeado duramente pero del cual pude recuperarme y continuar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;La noche anterior al último día de caminata del peregrinaje la pasé en un pequeño campamento con otros hombres que también se dirigían a la ciudad. Yo me levanté al alba para partir temprano mientras los demás aún dormían en la tienda. Calculé que la caminata de ese último tramo podía tomar entre cuatro y cinco horas. Los gallos habían cantado cuando me asomé afuera y noté que el cielo no estaba tan oscuro así que me apresuré en partir antes del amanecer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;A los pocos minutos miré al horizonte en la dirección sobre la que venía caminando. Los todavía débiles rayos solares iban ganando intensidad e iluminaban el cielo descubriendo la posición del sol tras las montañas mientras yo avanzaba. Fue un hermoso amanecer, casi como aquel que ya no vio mi padre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Caminé solo y media hora después me encontré con un viejo pastor que andaba en dirección opuesta a la mía. Conducía un rebaño de ovejas. Era extraño que el pastor estuviera caminando hacia el campamento a esa hora. Me saludó amistosamente y yo le correspondí. Me dijo que había partido con sus ovejas hacia la ciudad antes del amanecer pero en el camino se le extravió una y estaba volviendo buscándola. Le pregunté si pensaba regresar todo el recorrido sólo por una oveja y me asintió sonriente. Como yo no me había cruzado con oveja alguna en mi camino le dije que su regreso iba a ser en vano y él me respondió: “¿Quién puede saberlo? Prefiero recorrer el camino otra vez para encontrarla. Quizá usted pueda ayudarme”. No tenía ganas de ayudarle ya que eso podía retrasarme. Me quedé callado sin ofrecerle mi ayuda y me preguntó si podía hacerme cargo de su rebaño mientras él iba en busca de su oveja perdida. De pastoreo yo no sé nada y hasta era posible que se perdieran otras ovejas si me quedaba yo a cargo. Se lo hice saber pero curiosamente el viejo pastor no hizo comentarios sobre esto y me volvió a sonreír amistosamente. Todavía recuerdo su mirada cuando se despidió diciéndome que no tardaría y sin darme cuenta me encontré rodeado de ovejas mientras el pastor partía en busca de la que se había perdido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Terminé haciendo lo que no quería por ayudar a un viejo pastor. Ese viejo pastor no me conocía y sin embargo había dejado su rebaño a mi cuidado. Los pastores que había conocido siempre eran muy celosos con sus ovejas. ¿Cómo podría este pastor saber que yo no era un ladrón? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Ahí estuve detenido sentado en la grama mientras el sol se elevaba y el calor iba en aumento. Observé a las ovejas que se mantenían detenidas sobre el sitio arrancando con sus dientes el pasto verde amarillento del lugar. Comían tranquilas y parecía no importarles que su pastor no estuviera más con ellas y que las hubieran dejado con un extraño como yo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Pasó casi una hora y yo ya estaba pensando en abandonar el rebaño cuando el viejo pastor volvió.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Al tenerlo cerca y comprobar que venía solo, le pregunté por su oveja perdida. Me respondió que todavía no la había encontrado e hizo hincapié cuando pronunció “todavía”. Parece que notó mi fastidio por haber perdido tiempo ahí esperándolo porque me miró nuevamente y me dijo: “Puede estar seguro de que su espera no fue en vano. Todos llegamos a donde se nos espera, ni tarde ni temprano, llegamos en el momento justo.” Yo no quise discutir nada y estaba por despedirme cuando el pastor me extendió su mano con un pedazo de pan agradeciéndome por mi ayuda. Luego se despidió sonriendo amablemente una vez más. Le agradecí yo también sin dejar de sentirme fastidiado por haber perdido el tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Continué mi andar sin cruzarme con nadie más y apurando el paso cada vez que podía. Tenía sed pero sabía que pronto debía pasar por un riachuelo así que eso no me preocupaba. Superé una loma de suave pendiente y encontré la corriente de agua que esperaba. Me acerqué a refrescarme. Mojé mi rostro y cuello con esa agua fría y cristalina. Fue muy agradable. Quise encontrar mi recipiente y llenarlo de agua para el camino pero no lo tenía. Seguro lo dejé en el campamento. Terminé de comer lo que me quedaba del pan que me dio el pastor y volví al camino hacia la ciudad. Ya podía distinguirla a lo lejos.”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El hombre hizo una pausa en su relato. Su esposa lo contemplaba. El encuentro con un viejo pastor que había confiado en un extraño no le parecía sino algo raro pero nada más. Mirando a su mujer el hombre dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Quería llegar a la ciudad lo más pronto posible y se apareció ese viejo pastor para retrasarme…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;La mujer conocía que su esposo era un poco impaciente y se imaginaba que en el último día de caminata y a punto de terminar el camino lo único que quería era llegar a la ciudad y no retrasarse innecesariamente. Asintió ante el comentario de su esposo y él siguió:&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;“Luego del riachuelo seguí mi avance y fui haciendo memoria sobre cómo había empezado la caminata. La inicié acompañado de otros paisanos que también decidieron hacer el peregrinaje. Partimos juntos, algunos se retrasaron, otros se adelantaron y ahora en el último día me encontraba sin compañía. Prefiero no andar solo pero siendo que tenía prisa me venía bien ya que podía avanzar más rápido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Pasé otra loma y a unos cientos de metros por delante de mí divisé otras personas en el camino. No estaba seguro de cuántas eran. Al menos parecía que fueran dos y que se movían muy lentamente. Incluso me parecía que se hubieran detenido. Lo primero que sentí fue temor. En un encuentro parecido me habían atacado tres asaltantes cuando recién había comenzado el peregrinaje. Pensé en las palabras del pastor, eso de que todos llegamos a donde se nos espera en el momento justo. Lo recordé y sentí molestia puesto que debido al retraso por su oveja perdida ahora yo quedaba expuesto nuevamente a un asalto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;No estaba seguro de qué hacer y me lamentaba de mi suerte. Si quería seguir avanzando debía caminar hacia esas personas. Si me apartaba podría alejarme o esperar un poco más pero los supuestos asaltantes igual podrían alcanzarme. Al final decidí acercarme para ver mejor de quienes se trataba y si confirmaba mi sospecha entonces buscaría la manera de evitarlos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Cuando estuve más cerca pude ver que esas dos personas no eran asaltantes sino una pareja de esposos que además llevaban un burro. Con mayor tranquilidad me acerqué más y observé como el esposo terminaba de cargar a su mujer y la montaba en el animal. Por el semblante demacrado y pálido de la mujer podía decir que estaba enferma. Saludé al hombre e intenté adelantarlos sin dar pie a una conversación. Quería evitarlos y seguir de largo pero el hombre evidentemente consternado por la salud de su esposa necesitaba encontrar ayuda. Me dijo que su esposa estaba muy enferma y que le urgía llegar a la ciudad para ser curada. Habían salido muy temprano rumbo a la ciudad y él esperaba que ella pudiera resistir el viaje pero la fiebre había aumentado. Además, se habían quedado sin agua y me preguntó si es que yo tenía un poco para darles. Estaban a más de la mitad de camino en dirección al pueblo y era más conveniente continuar hacia la ciudad que ya se divisaba a la distancia, aunque era riesgoso para la salud de la mujer. Sin agua les sería muy difícil y la pareja tardaría mucho en ir al riachuelo. Miré una vez más a la mujer montada en el burro. Yacía inmóvil recogida sobre el lomo del animal. Sabiendo que esto me iba a ocasionar un nuevo retraso le pedí al hombre que me diera un recipiente para agua y me ofrecí a regresar al riachuelo a recargarlo. Ir y volver me tomó algo más de lo que creía. Cuando llegué le di al hombre el recipiente de agua y éste lo recibió e intentó darle de beber a su esposa. Ella apenas bebió derramando algunas gotas sobre sus labios resecos. Su esposo le chorreó un poco de agua en los cabellos para refrescarle la cabeza y con suavidad le limpiaba y acariciaba el rostro pasando sus dedos sobre lo párpados cerrados. Me agradeció por ayudarle. Me dijo que esa agua sería suficiente para llegar a la ciudad. Nos despedimos y continué mi caminata apresurado.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Empecé a tener un poco de hambre y también de sed pero ya estaba muy cerca. Mi larga caminata llegaba a su fin y yo agradecía a Dios por llegar sano y salvo. Los grandes muros de la ciudad ya estaban a mi alcance. Esta gran ciudad donde vivimos, desordenada, bulliciosa, y aunque algunos me sigan llamando extranjero, es donde vivo y me sentía contento de regresar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Llegué a casa y me recibiste con alegría. Me sentí feliz de volver a verte a ti y a nuestros hijos. Descansé de todo lo que había caminado y un par de días después volví a mi rutina diaria, a mis quehaceres en el campo, como siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Pasaron una o dos semanas y así fue que uno de esos días salí a trabajar muy temprano. Tuve una jornada muy intensa en el campo y quería volver a casa antes del mediodía. Me apuré en terminar y luego volví por mi camino a nuestra casa, como de costumbre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Caminaba por las calles de la ciudad, llenas de polvo como siempre, y me pareció extraño no ver mucha gente. De repente vi que algunas personas corrían por unas callejuelas y parecían esconderse mientras otras gritaban y hacían señas como indicando el camino a seguir a otro grupo de gente. Algo raro estaba ocurriendo. Había disturbios. Quería evitar problemas pero también tenía curiosidad de saber qué era lo que estaba sucediendo. Me acerqué a unas personas que estaban interesadas en seguir a un grupo mayor. Entre ellas había varias mujeres con aspecto asustado vistiendo mantos oscuros y que procuraban abrirse paso hacia una calle principal donde ahora sí podía notar que había una regular cantidad de gente apostada a los lados como si asistieran a un desfile. Pero era diferente. Podía escuchar gritos del gentío sólo que estos gritos eran insultos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Las mujeres se alejaban calle abajo y las perdí de vista. Tomé dirección opuesta y en seguida llegué a una corta calle que me dejó detrás de&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;un grupo de hombres justamente delante de una calle principal. Aún no podía distinguir lo que ocurría. Mi sentido común me decía que era mejor irme de allí así que decidí apartarme. Iba a alejarme cuando un repentino tumulto acompañado de gritos hizo apartarse a mucha gente que estaba de pie delante de mí casi formando un cerco e impidiéndome la visión de lo que ocurría en esa calle. El desorden se acentuó hubo empujones entre las personas y de pronto me encontraba de pie delante de toda la gente y con un guardia armado que me señalaba ordenándome enérgicamente, casi gritando: “¡Tú! ¡Acércate!””&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¿Qué quería ese guardia? ¿Qué te hizo? – le preguntó su esposa preocupada. El hombre cerró los ojos un instante buscando recuperar imágenes de lo ocurrido esa mañana que le parecía lejana y cercana a la vez.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- El guardia me obligó a hacer algo que no quería. Es una de las razones por la que estoy tan confundido. Voy a contarte lo que ocurrió – dijo el hombre que se mostraba algo afectado con el recuerdo y continuó:&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;“Estaba sorprendido y asustado e intenté apartarme pero la gente me lo impidió mientras otro guardia trataba de sostenerme del brazo. El miedo me paralizó un instante y no entendía nada. Ante mí había unos guardias que forzaban a ponerse de pie a un hombre. Al lado de éste yacía en el suelo un madero manchado de sangre. El hombre debía ser un ladrón, un delincuente, un condenado, pensé. A primera vista se notaba que había sido objeto de una paliza atroz e implacable. Con el cuerpo y rostro ensangrentados el condenado apenas si podía sostenerse sobre sus piernas. Dolía verlo. La visión era desgarradora y era peor cuando se podía escuchar los gritos e insultos acompañados de escupitajos que algunas personas del público lanzaban al sujeto y parecían gozar con todo eso. Pude ver delante a otros dos condenados que parecían encabezar el grupo. Cada uno cargaba un madero. La gente los trataba de ladrones, agitadores, delincuentes. Recordé a los ladrones que me asaltaron y pensé que seguro un día pagarían sus crímenes igual que estos. Los dos que aquí caminaban delante debían haber hecho algo suficientemente malo como para merecer la muerte pero no podía imaginarme la razón por la que aquel tercer reo delante de mí debía haber sido condenado. Para haber sido torturado tan salvajemente y que la gente le insultara y desafiara sin duda debía ser responsable de haber cometido un crimen terrible. Yo miraba como el condenado era levantado de mala forma por unos guardias cuando uno de ellos me volvió a gritar y en ese momento reaccioné e intenté apartarme gritándoles que me dejaran ir que yo era un hombre inocente. Se me acercaron amenazantes diciéndome: “¿No ves que éste hombre no puede solo? ¡Vamos! ¡A cargar ese madero!” Los gritos y gestos agresivos de los guardias me hicieron pensar que si desobedecía seguramente me golpearían. Resignado, con miedo y enojo me dejé empujar al centro y fui obligado a levantar del suelo el madero manchado de sangre y a subirlo sobre mis hombros como si fuese un delincuente más.”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El hombre recordó el momento mientras lo narraba a su esposa y casi era como que volvía a sentir lo mismo que en esos instantes. Su ira y enojo eran inmensos. Se había sentido humillado, vejado. Lo habían obligado a ponerse en el lugar de un condenado. Lo habían obligado a mancharse con la sangre de un reo. Su esposa estaba muy asombrada por lo que él le contaba. Lo ocurrido era algo terrible y ella se preguntaba porqué no se lo había dicho antes. Vio como él quería evitar derramar unas lágrimas recordando el instante y ella también trato de contener su llanto. Procuró calmarse y le dijo a su esposo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Pero no importa lo que la gente haya visto y creído de ti. Tú sabes que no eres un delincuente. ¡Esos guardias pudieron haber elegido a cualquier otro y tampoco habría podido negarse!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- En parte es eso mujer, pero no lo entiendo... ¡Me eligieron a mí! ¡A mi! – exclamó el hombre consternado, reclamando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- No te entiendo. ¿Qué más ocurrió? – pidió la mujer que ya se sentía confundida y el hombre siguió su narración:&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;“No podía creer que estuviera ocurriendo todo eso y ni siquiera sabía cuando me iban a dejar libre. Un latigazo en una de mis piernas terminó por someterme. Contuve mi ira y empecé a andar con el madero a cuestas deseando no encontrar entre el gentío a personas que me conocieran.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El peso del madero no me permitía levantar la cabeza ni erguirme y tuve que avanzar caminando lentamente apenas mirando al suelo y lanzando una temerosa mirada al público que seguía ensañándose con el condenado que caminaba delante. Los insultos continuaban y a veces me parecía que eran para mí. No pude contenerme y grité que yo no era un delincuente y que me estaban obligando a cargar el madero de ese condenado. Grité que yo no había hecho nada malo y una persona me respondió gritándome a su vez: “¡Seguro que nada bueno tampoco!”. Sus palabras me dolieron. Nunca me había sentido tan humillado e indefenso. Todo eso era un error. Yo no debía estar ahí. Quise responder algo pero observé que el reo de quien llevaba el madero y que a duras penas caminaba unos pasos delante caía pesadamente al suelo. Uno de los soldados se acercó y con gritos le ordenaba que se levantara. Yo estaba ahí detenido viendo la escena con el madero a cuestas. Podía escuchar las risas, burlas y gritos con las que algunos hombres del público se dirigían al ensangrentado hombre que movía lentamente una pierna y los brazos como buscando un punto de apoyo invisible. Algunas pocas personas querían acercarse a ayudar pero los guardias los rechazaban y más bien seguían retando al reo a ponerse de pie. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;No estaba seguro de qué es lo que yo debía hacer y me quedé inmóvil. Vi que el caído consiguió apoyarse sobre una rodilla y pude verle el rostro. No sabía quien era. No lo conocía y estaba tan golpeado y manchado de sangre que igual hubiera sido muy difícil reconocerlo. Su aspecto era imposible de describir. El dolor, las heridas, la sangre, nunca había visto a alguien tan maltratado. ¿Qué podía haber hecho ese hombre para merecer tanta tortura? Sí las autoridades habían decidido que pague sus crímenes con su vida, ¿a qué se debía tanto ensañamiento? Y sin embargo, a pesar de todo, el hombre se ponía de pie y seguía su marcha entregándose. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Me quedé en silencio inmerso en mis pensamientos con cada paso que daba mientras cargaba el madero del condenado, un desconocido en mi vida y a quien estaba ayudando por obligación sin posibilidad alguna de elección. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Una vez más el condenado trastabilló y cayó de bruces. Sus lastimados brazos y manos poco pudieron hacer para evitar el golpe del cuerpo contra el suelo. Apoyando la cabeza sobre las rocas del camino el condenado intentaba incorporarse. Me volví a quedar inmóvil observando la escena y no tardaron los gritos, insultos, burlas. Algunas personas querían acercarse a ayudar pero los guardias los repelían. Había gente que observaba impávida y también podía escuchar los llantos de mujeres que estaban arrodilladas en un rincón entre el cordón humano formado por los que presenciaban la escena. Miré hacia las mujeres que lloraban desconsoladas y en ese instante escuché que el condenado intentaba decir algo dirigiéndose a ellas mientras trataba de &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; ponerse de pie&lt;/span&gt;.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;El ruido de la gente no me permitió entender todo pero alcancé a comprender algo así como: -“….no lloren por mi, lloren por ustedes y por sus hijos…”, y aunque no podía escucharle con claridad luego alcancé a entender la última frase que les dirigió a esas mujeres que lamentaban mucho verlo así, entregado a su muerte: “…si así tratan al árbol verde, ¿qué harán con el seco?”. Lo observaba sin entender. Me preguntaba quién era él que le hablaba a la gente de esa manera cuando estaba pasando por tanto dolor y sufrimiento mientras caminaba al encuentro de su muerte. ¿Qué es lo que quería decir?”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El hombre hizo una nueva pausa y le dijo a su mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Si hubieras estado allí… Tendrías que haberlo escuchado o visto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Ella lo escuchó y guardó silencio. Él prosiguió:&lt;/span&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;“Los guardias tuvieron que ayudar al condenado a ponerse de pie para reanudar la marcha y no se ahorraron insultos para ello. Finalmente salíamos de la ciudad y los guardias nos encaminaron al monte en el cual las autoridades tenían por costumbre ejecutar a los condenados y dejarlos a la vista del pueblo como advertencia para causarles temor de ir contra las leyes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Tuve mucho miedo mientras subíamos. Mi cuerpo se estremecía y creí que podía caerme. Cuando finalmente pude quitarme el madero de encima me sentí aliviado. Había terminado mi humillación y la gente ahí reunida podía ver que los guardias me liberaban y que efectivamente yo no era un delincuente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;A pesar de sentir alivio al ser liberado una serie de sensaciones se apoderaron de mí. Sentí tristeza, pena, frustración, dolor. Recordaba el dolor del condenado al que había ayudado, cómo se esforzaba por avanzar con su ensangrentado y torturado cuerpo, sus palabras a esas mujeres, la gente insultándolo. Era demasiado. Sólo quería irme de allí y no intentar entender la razón por la cual me había ocurrido todo esto, por la cual debí presenciar tanto martirio y ser testigo de tanta sangre, tanto dolor. No quería pensar más en la razón por la que aparecí en ese instante en ese lugar entre la turba y esos guardias me señalaron y terminé cargando un madero ensangrentado a la sombra de aquel hombre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Conocía bien lo que les tocaría vivir a esos condenados y yo no quería presenciar el final así que me alejé de allí lo más rápido que podía y descendí del monte. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Cuando reingresé a la ciudad algunas personas me miraban y me evitaban. No sé porqué pero me parecía que se preguntaban qué podría haber ocurrido para que los guardias me hubieran perdonado la vida. Comenzaron a hablar de mí pero no quise escucharlos. Quise correr, salir de la ciudad, que nadie me reconociera. Me escondí en una las calles desiertas pensando mucho en lo ocurrido y no pude contener el llanto. Me senté en un rincón, me cubrí la cabeza y el rostro con un manto para ocultarme con la esperanza de pasar desapercibido y entonces me quedé dormido de cansancio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El ruido de personas corriendo y gritando me despertó. No sabía cuanto habría dormido. Todavía asustado volví a correr por las calles y me topé con un hombre que venía tirando de un burro y que llevaba a alguien en el lomo del animal. Al cruzarme con él me preguntó: “¿Sabe donde lo podemos encontrar?”. No entendí su pregunta y entonces fui yo quien preguntó a quien quería encontrar. El hombre me quedó mirando como si me conociera de algún lado y dijo que había llegado con su esposa para traerla ante un señor que cura a los enfermos, hace andar a los inválidos, ver a los ciegos, y que él tenía la esperanza de que este señor pudiera concederle el milagro de curar a su mujer. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;En ese momento recordé que había oído hablar de ese señor pero no sabía quien era. Decían muchas cosas de él. Decían que era un maestro, que obraba milagros, que predicaba y que, sobre todo, impartía enseñazas sobre una manera diferente de vivir basada en el amor al prójimo. Le dije la verdad. Yo no conocía a ese señor y no tenía idea de donde podría encontrarlo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Entonces un anciano que pasaba cerca y que nos había escuchado hablar dijo con evidente tristeza que ya era muy tarde para encontrar al maestro, así lo llamó él. Que ya nada podía hacer para curar a su esposa porque lo habían matado. Al escuchar la noticia el hombre no pudo contener su desilusión. Se le veía visiblemente afectado al sentir que se le había esfumado la última esperanza de que su mujer pudiera ser curada. El anciano asintió con pena. Señaló hacia el monte donde yo había sido conducido con los condenados para su ejecución y dijo que ahí podrían encontrarlo. Me sobresalté y de inmediato le pregunté a ese anciano si el señor aquel del que estaban hablando era uno de los condenados. Su respuesta me dejó atónito. Con profunda tristeza me dijo lo siguiente: “Sí. Lo torturaron con excesiva crueldad. Nadie lo defendió. Tenía muchos seguidores, un grupo muy cercano, ¡pero todos desaparecieron! Lo dejaron sólo y estaba tan lastimado que ni siquiera pudo cargar su madero y los guardias tuvieron que obligar a otro a que lo haga por él.” &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;Noté como al hombre se le salían las lágrimas al escuchar hablar al anciano y casi no podía articular palabras hasta que entre sollozos preguntó: “¿Cómo pudieron desampararlo? ¿Quién fue obligado a ayudarlo?” y esas preguntas me asustaron mucho, me sobrecogieron, recién estaba entendiendo y no terminaba de reaccionar. Mientras yo me hacía mil preguntas que no podía responder el anciano concluyó respondiendo al hombre: “Escuché decir a algunas personas que vieron a quien le ayudó y le conocen. Dicen que se trata de un extranjero, un hombre que vino de Cirene”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;No pude contenerme. Me cubrí con la manta y sin despedirme del anciano ni del hombre partí corriendo por entre las calles hasta perderlos de vista.”&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;El hombre terminó de hablar y su esposa se puso de pie y lo abrazó por la espalda cariñosamente mientras él seguía sentado sollozando y sumergido en todos esos recuerdos. Apenas habían pasado algunas semanas desde que todo eso había ocurrido y ahora corrían las noticias de que ese señor que predicaba el amor había resucitado. Decían que su grupo de seguidores se había vuelto a reunir y que estaban preparándose para llevar y transmitir sus enseñanzas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Mujer, ¿sabes a quién ayudé, sintiéndome obligado, forzado, humillado? ¿Sabes de quién se trataba? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Sí. Sé de quién me hablas y ahora te comprendo. – respondió su esposa también muy sentida al caer en la cuenta de la magnitud de la experiencia que había vivido su esposo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- ¡Y mira cómo lo hice! ¡No sabía quién era! ¡No lo sabía! ¿Por qué me eligieron a mí? – dijo el hombre sin contener el llanto y su esposa lo acariciaba consolándolo y recordando lo que había escuchado sobre ese maestro. Luego de un momento de silencio, ella le dijo a su esposo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;- Creo que si piensas en lo que aquel viejo pastor al que se le había perdido una oveja te dijo, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;que nadie llega ni tarde ni temprano a donde se le espera sino en el momento justo&lt;/i&gt;, podrías comprender mejor todo lo que te ocurrió esa mañana y seguro sabrás qué es lo que debes hacer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%; "&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Nota del Autor:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;line-height:150%"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;span style="font-family:Arial"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small; "&gt;Simón de Cirene fue un hombre de origen africano que según los evangelios del Nuevo Testamento fue obligado a ayudar a Jesús a cargar su cruz en el camino hacia su crucifixión. Se dice también que sus hijos Alejandro y Rufo fueron miembros de importancia dentro de las primeras comunidades cristianas que existieron en los orígenes del cristianismo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-123858326590334050?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/-RyNe9s285J8/TYH4fp-3F7I/AAAAAAAAAKM/lgUIhQxqrSY/s72-c/Manos.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/03/alguien-que-vino-de-cirene.html</feedburner:origLink></item><item><title>Viviendo La Promesa</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/U7419YqLGKg/viviendo-la-promesa.html</link><category>Viviendo La Promesa</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Fri, 04 Feb 2011 10:26:44 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-9078647640927586399</guid><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;“Correr es ponerme en marcha sobre un camino que se hace paso a paso no para medir la fortaleza física, aunque pueda fácilmente confundirse con ello, pero sí para ejercitar y fortalecer el espíritu. En ese camino he partido, avanzado, caído, levantado, aprendido, seguido y alcanzado algunas metas… y también me he quedado un par de veces a mitad del trayecto en lo que luego llamé “un buen intento”. Es muy parecido a todo lo que ocurre desde que salí del vientre materno: he nacido, gateado, aprendido a caminar, caído, levantado, vuelto a aprender, seguido, alcanzando la primera meta que eran los brazos extendidos de mi mamá o mi papá y que terminaba con un abrazo lleno de amor y una cargada especial…”&lt;/span&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;br /&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;img src="http://1.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TUxAVTuV8_I/AAAAAAAAAJ0/efMmuOs-bA4/s320/Viviendo%2Bla%2BPromesa.JPG" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 241px; height: 320px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5569897573966541810" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;Cuando empecé mi blog “Pedazos de Mí” pensé en no publicar aquí los escritos que tengo sobre mi pasión por correr. Por esa razón le di un rincón especial a mi obra “Despertando al León del Sur”, un libro que primero fue corrido antes que escrito. Pero es precisamente cuando corro que siento la mayor inspiración para escribir. Es durante esos trotes cuando aparecen ideas aisladas que se alborotarse en mi mente y luego se van uniendo y toman forma entregándome lo que necesito para escribir. El día de hoy, en la víspera de hacerme un año mayor, quiero compartir cómo fue que correr por mi cumpleaños fue una promesa que me hice y que ya se ha convertido en algo así como un ritual para mí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;Viviendo la Promesa&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Durante el verano de 1985 conocí a un señor de cabello cano que por la edad que aparentaba en aquel entonces ya podría decir que era contemporáneo de mi abuelo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Nos cruzamos en las arenas de la playa “La Herradura”, lugar en el que pasé los veranos más hermosos de mi infancia cuando ésta playa todavía tenía esa amplia franja de arena que ahora el tiempo ha reemplazado con piedras. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;No recuerdo él nombre del señor, pero sí su apellido: Benítez. Según nos contó a mi hermano Raúl y a mí cuando conversamos con él la primera vez, él era un ex futbolista paraguayo. Algunas tardes al finalizar el domingo en la playa, el señor Benítez se paseaba por la orilla pateando su pelota y llamando a los jóvenes que encontraba a su paso para reunir un grupo y jugar un partido de fútbol donde él era protagonista a pesar de lo que se podría pensar por su aparente edad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Un domingo cuando ya había terminado ese verano me encontraba corriendo por la orilla de “La Herradura”. Me divertía trotando y mojándome con el mar. Todavía hacía un poco de calor y me quedaba con mi madre en la playa hasta que él sol desaparecía en el horizonte. La playa estaba desierta salvo por las gaviotas que ya a esa hora de la tarde se posaban en la arena y parecían observar el mar. Mientras trotaba, encontré al señor Benítez unos metros por delante de mi. Estaba solo y entreteniéndose con su pelota de fútbol. Lo saludé sin detener mi paso y él me correspondió  sonriendo y pateando la pelota en mi dirección invitándome a jugar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;- ¡Hola muchacho! ¿Andas solo? – me preguntó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Con únicamente las gaviotas de espectadoras y mi madre a cierta distancia, peloteamos unos minutos en la orilla hablando de fútbol y del campeonato mundial que al año siguiente se llevaría a cabo en México y donde él esperaba ver competir a Paraguay. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Conversábamos amenamente y entonces me dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;- Hoy es mi último día de playa. El verano terminó y el clima empieza a cambiar así que es momento de cuidarse. A tu edad muchacho, no tienes de qué preocuparte pero cuando llegues a donde yo estoy, si dejas que se te meta un resfriado, sacarlo de encima no es fácil. Pero eso no quiere decir que no pueda hacer lo que quiera. Es sólo que debo cuidarme un poco más.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Antes de despedirse el señor Benítez me preguntó si me gustaba correr. Le dije que sí, que me gustaba mucho. Le conté incluso que el año anterior había visto toda la maratón de las olimpiadas de Los Ángeles 84 por televisión y había quedado fascinado con la llegada de los atletas al estadio, especialmente del ganador de aquella versión, el portugués Carlos Lópes. Cuando concluí mi comentario me dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;- A mi también me gusta correr. Lo disfruto mucho. Para mantenerme en buena forma corro distancias largas a diario desde ya hace varios años.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;No me parecía que estuviera fanfarroneando y entonces me dio curiosidad conocer cuantos años tenía. Aunque con cierto temor de incomodarle, le pregunté su edad. El no se sorprendió ni disgustó sino que sonrió para responder gustoso una pregunta que se la debían de haber hecho muchas veces.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;- Tengo sólo setenta y dos años y cada primero de Mayo éste cuerpo viejo todavía puede llevarme desde mi casa hasta esta playa para recordarme lo joven que estoy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Mi expresión de sorpresa era elocuente y entonces el señor Benítez continuó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;- Así es muchacho. Cada primero de Mayo desde hace una cantidad de años mayor de la que puedo recordar, salgo temprano desde mi casa por el edifico “El Dorado” en Lince y corro hasta aquí, esta hermosa playa “La Herradura”. Corro largo en el día de mi cumpleaños para regalarme la satisfacción de saber que todavía puedo hacerlo. Es mi promesa, es mi ritual. Corro porque me merezco el placer de hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;Fue así que el señor Benítez se convirtió en mi inspiración. Al año siguiente cuando cumplí 17 años inicié mi propio ritual cumpleañero emulando a ese joven-anciano paraguayo de 72 años, un ejemplo de lo que se puede alcanzar con constancia y determinación. Nunca más me volví a cruzar con él pero siempre lo recuerdo en cada una de mis carreras cumpleañeras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span lang="ES-PE" style="font-family:Arial;mso-ansi-language:ES-PE"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;Han pasado muchos febreros desde que yo también prometí regalarme carreras largas por mis cumpleaños sin pensar en cuantos años podría prolongarlo... y ya puedo contar 25. Este año el señor Benítez, mi joven-anciano amigo cumple 99 años, no sé si Dios ya lo ha llevado a su lado…y yo mañana cumplo 42, agradecido y recordándolo, y listo para regalarme una distancia en kilómetros que sea equivalente al número de velas que me toca apagar… me merezco el gusto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:18.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-9078647640927586399?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TUxAVTuV8_I/AAAAAAAAAJ0/efMmuOs-bA4/s72-c/Viviendo%2Bla%2BPromesa.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2011/02/viviendo-la-promesa.html</feedburner:origLink></item><item><title>Toma las riendas</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/dQvWtIofyzI/toma-las-riendas_13.html</link><category>Toma las riendas</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 13 Dec 2010 14:58:48 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-3471400404280925999</guid><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:#333333"&gt;“El Rodeo” es un sitio al sur de Lima y cercano a los “Pantanos de Villa” donde se puede montar a caballo. Un domingo fuimos a visitar “El Rodeo” con mi esposa e hijas y conocí a “Paris” (bautizado como el príncipe troyano de la mitología griega que raptó a Helena de Esparta), un caballo inquieto si se le compara con los otros del lugar pero en realidad muy tranquilo y acostumbrado a pasear niños y adultos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;color:black"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TQaf0zD4VQI/AAAAAAAAAJc/Vhv2PHpUHOs/s320/runawayhorses1.JPG" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 183px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5550299320189211906" /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial; color:#333333"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:auto; text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#333333"&gt;Desde que yo era pequeño y hasta hace poco he montado much&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; color: rgb(51, 51, 51); "&gt;os caballos de paseo pero “Paris” fue el primero con el que hice algo diferente que sólo dejarme &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; color: rgb(51, 51, 51); "&gt;pa&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial; color: rgb(51, 51, 51); "&gt;sear y así descubrí algunas cosas sobre su carácter: no le agrada seguir a los demás caballos; siempre va buscando el espacio libre avanzando, nunca quedándose atrás; y como sabiendo de memoria la ruta de los paseos familiares, “Paris” ofrece resistencia al jinete que quiere forzarle a cambiar de recorrido. Él esta determinado a llevar a su pasajero de turno según lo hace en cada paseo y sin variación alguna. Cuando quien lo monta decide tomar las riendas, “Paris” ya no es tan dócil y&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;manifiesta su molestia con relinchos, resoplidos y&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;hasta encabritándose un poco queriendo tomar el control. Le he provocado varias molestias a “Paris” sobre todo cuando empecé a montarlo y con mi inexperiencia en las riendas trataba de llevarlo hacia donde yo quería. He ido aprendiendo y últimamente nos comprendemos mucho mejor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:auto; text-align:justify"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:auto; text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#333333"&gt;Es en verdad muy cómodo ser pasajero, soltar las riendas, dejarse pasear y permitir que el caballo nos conduzca hacia donde él quiera, como él quiera, aunque a veces no nos lleve a lugar alguno y sólo repita la misma ruta de ida y vuelta de todos los paseos que los pasajeros están dispuestos a aceptar sin preguntarse nada.&lt;/span&gt;&lt;span style="color:black"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:auto; text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#333333"&gt;Tal y como ocurre en la vida, tomar las riendas no va a ser tarea fácil después de haber sido pasajero por mucho tiempo sin intentar ser jinete, pero si el caballo siente nuestra confianza y determinación entonces empieza a ceder y con seguridad terminaremos disfrutando cabalgando, alcanzando y cruzando los lugares que probablemente sólo habíamos recorrido sobre la silla de montar de nuestra imaginación...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="mso-margin-top-alt:auto;mso-margin-bottom-alt:auto; text-align:justify"&gt;&lt;span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;span&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;span&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;Toma las riendas&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;Es temprano hoy por la mañana y un hombre ha llegado al corral para enseñarle a su hija a montar a caballo. Días atrás ya habían realizado sus primeros intentos que ciertamente no pasaron de ser sólo un paseo con la niña montada y con el hombre andando a pie tomando las riendas y tirando de “Lucio”, el caballo mayor y más tranquilo de los dos de este corral.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;La niña sonríe contenta pero también nerviosa. Su padre revisa la silla de montar y ajusta unos amarres. Parece que cuenta con experiencia en esto. Los observo y escucho que el hombre le explica a su hija cosas como que a los caballos se les debe montar por su lado izquierdo porque así han sido enseñados la mayoría y si alguien los quiere montar subiendo por su derecha entonces los caballos pueden confundirse y ponerse nerviosos.&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;Antes de subir a su hija al lomo de “Lucio”, escucho al padre indicándole a la niña que el jinete debe mantener la espalda recta pero relajada una vez que se encuentra sobre el caballo; que debe sostener las riendas con los codos cerca al cuerpo; procurar mantener una buena posición sobre la montura con los pies en los estribos y guardando flexibilidad en los tobillos y rodillas; que debe golpear al caballo usando los talones con firmeza y hacerle sentir con las riendas tirando de ellas para indicarle que avance o se detenga. “El caballo debe saber quien manda así que debes ser firme con él…”, terminó diciendo. Eso se lo he escuchado repetir a tantos otros como si fuera lo más importante para montar. Yo pienso diferente. No porque la mayoría lo dice debe tomarse como cierto.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;Tanto escuché lo que el padre le decía a su hija que no sé si la niña llegará a recordar todo eso cada vez que monte. Sería más fácil si antes de ayudarla a sentarse en la silla de montar su padre le dijera: “Hija, ven, acércate al caballo por el lado y no de frente. No puede verte si te pones de pie delante de él. Si lo haces por el lado le será más fácil mirarte ya que su visión no es igual a la de los seres humanos. Luego, suavemente y con cariño posa tu mano sobre su cuello y acarícialo. Observa su reacción y sabrás si el caballo quiere relacionarse o tiene miedo de hacerlo. Antes de montarlo, gánate su confianza y permite que él se gane la tuya. Eso es lo primero.”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;Ahí va de nuevo. El padre&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;ya ayudó a la niña a subirse al lomo de “Lucio” y le vuelve a dar indicaciones. Esta vez le dice que él no tirará del caballo así que le acerca las riendas. La niña las toma con sus manos por un momento sin hacer nada. Luego sacude las riendas un poco pero “Lucio” no se mueve, ni se inmuta. La niña vuelve a repetir la acción con más de fuerza y “Lucio” apenas mueve la cabeza pero no avanza. El padre le indica que golpee al caballo con los talones. La niña lo hace y “Lucio” finalmente reacciona y empieza a avanzar. La sonrisa de la niña es elocuente. Esta montando un caballo ella sola y esta feliz. Su padre gesticula con alegría. Luego el padre le enseña que si quiere indicarle al caballo que cambie de dirección debe tirar las riendas de ese lado hacia ella. La niña lo intenta sobre la derecha y “Lucio” obedece empezando a andar en esa dirección. Luego la niña prueba hacia&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;la izquierda y “Lucio” nuevamente obedece. En seguida el padre le dice a la niña que tire de las riendas hacia ella con firmeza para que el caballo se detenga. La niña hace lo que su padre le indica y así ocurre. El caballo se detiene. “Lucio” se deja llevar con docilidad por la niña que no tiene que hacer mayor esfuerzo con las riendas y dan unas vueltas paseando dentro del corral por varios minutos mientras el padre camina atento y cerca.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;El paseo ya terminó. Puedo notar felicidad en el rostro de la niña y puedo escuchar lo que va diciendo mientras su padre la ayuda a desmontar.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;- ¡Papá ya sé montar a caballo! ¡Hice que avance, gire a la derecha y a la izquierda y que se detenga!&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;- ¡Así es! ¡Lo has hecho muy bien! ¡Te felicito!&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;Mientras escucho la conversación y los observo casi puedo leer la mente del padre diciendo “Hija, esto recién empieza, montar a caballo es mucho más que lo que acabas de hacer”, pero puedo apostar a que no lo va a decir para que su hija se lleve consigo la alegría del momento de sentir su logro. Eso esta muy bien. Ahora parece que el padre va a añadir otro comentario:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;- Cuando practiques más podrás montar el otro caballo del corral. Ese es más joven, le gusta correr y es un poco inquieto lo cual lo hace impredecible a veces y puede resultar peligroso. Podrías caerte y hacerte daño. Para montarlo deberás practicar y prepararte más y así llegará el momento en el que puedas montarlo. - termina su comentario el padre. Su hija le esta mirando pero con la intención de decirle algo:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;- No papá. Yo no me quiero caer. Me gusta montar a “Lucio”. Sólo quiero montarlo a él.&lt;/span&gt;&lt;u1:p&gt;&lt;/u1:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;Escuchar eso me da pena y niego con mi cabeza. Oigo que el padre empieza a dar explicaciones a su hija pero no consigo entender ya que se alejan caminando hacia la puerta del corral mientras&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;conversan. Ya salieron y han asegurado la tranca dejándome aquí con “Lucio” , mi padre, para quien no ha pasado desapercibida mi desazón al escuchar que la niña me teme y no me quiere montar.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;- No te preocupes “Destino”. – me dice mi padre. – Un día esa niña volverá y podrás demostrarle que si bien eres inquieto y a veces un poco impredecible, eso no te hace peligroso. Comprenderá que si ella toma tus riendas con confianza y decisión entonces aprenderá a montarte y, aún cuando se caiga, tú le permitirás intentarlo de nuevo hasta que disfrute cabalgar contigo por&lt;span class="apple-converted-space"&gt; &lt;/span&gt;los lugares que deba recorrer.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; color: rgb(51, 51, 51); font-family: Arial; "&gt;&lt;span style="color:#990000"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Arial;color:#990000"&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-3471400404280925999?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TQaf0zD4VQI/AAAAAAAAAJc/Vhv2PHpUHOs/s72-c/runawayhorses1.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/12/toma-las-riendas_13.html</feedburner:origLink></item><item><title>A bordo de este vagón (1er Aniversario)</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/Pu-mNBRb63I/bordo-de-este-vagon-1er-aniversario.html</link><category>A bordo de este vagón (1er Aniversario del blog)</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 07 Nov 2011 11:48:55 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-7395958413568574052</guid><description>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;bbLos últimos días del mes de septiembre había estado pensando que pronto era el primer aniversario de este blog... y mientras pensaba, llegó el aniversario e incluso se me pasaron un par de días. Aunque "Pedazos de Mí" fue creado en octubre del año pasado la verdad es que sólo un mes más tarde lo hice público así que, en cierto modo, todavía estoy a tiempo para celebrar y agradecer.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;"Pedazos de mi" ya cumplió un poquito más de 365 días en internet y he procurado mantenerlo activo con escritos nuevos cada mes. Debo decir que al empezar no sabía cómo iba a mantenerlo en actividad pero &lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;el camino se descubre sólo cuando uno se echa a andar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; y eso es lo que ocurrió y seguira ocurriendo, espero, por mucho tiempo más. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;i&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5525384253686113010" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 227px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TK4btDh_YvI/AAAAAAAAAIY/J04Ku7DJr4o/s320/Landofhopeanddreams.JPG" border="0" /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Cuando miro por la ventana de mi vagón a esa parte del cami&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;no y las estaciones ya recorridas, veo que el recorrido aún es corto pero me alegra mucho, me gratifica y me siento agradecido. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Te he visto subir a mi vagón a veces más de una vez, quedándote conmigo un poquito más de lo &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;q&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;ue esperabas y me hiciste sonreír... y en algunas oportunidades nos volvimos a encontrar en otras estaciones y aprendí de ti.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Vi a otros que subieron para un breve viaje y quizá no encontraron lo que esperaban en este tren... de ellos también aprendí y sonreí porque dejaron espacio para que después suban otros y porque estoy seguro que nuestros caminos se volveran a cruzar ; quizá esa nueva vez decidan quedarse más tiempo a bordo. Siempre seran bienvenidos.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ya transcurrió un año desde el primer día de este viaje, pero &lt;span class="Apple-style-span" style="FONT-STYLE: normal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;para que eso haya ocurrido ha sido necesario decidirse a empezar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. En ese punto de partida hubieron personas que permitieron que este vagón llegué hoy a esta estación de aniversario. Lo que sigue es mi reflexión y agradecimiento a ellos:&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;"Existen varias épocas en la vida de cada persona y siempre se pueden tener buenos recuerdos de cada una de ellas. Cuando el tiempo ha pasado es interesante poder buscar qué nombres se repiten en tus momentos más felices así como en los más tristes y bajo qué condiciones. Es entonces cuando descubrimos que a través de los años hemos elegido amigos que han durado toda nuestra vida o al menos una muy buena parte de ella. Si puedes contar al menos uno, alégrate pues eres una persona muy afortunada porque los amigos de toda la vida son un único y verdadero tesoro. Con los amigos se estrecha una hermandad especial pues no es sanguínea pero sí muy espiritual. Es por eso que cada vez que puedes llamar amigo a tu hermano y hermano a tu amigo, has encontrado un tesoro.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Soy un hombre afortunado. Tengo más que un puñado de amigos y hermanos extraordinarios. Gracias a todos y cada uno de ustedes por estar ahí y por permitirme estar ahí." &lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Y luego de un año, éste sigue siendo el vagón a bordo del cual continuo el viaje, con la esperanza de que un día, en alguna estación del camino, pueda verte subir y disfrutemos unos momentos juntos, por el tiempo que desees, las veces que desees. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Bienvenido a bordo... nuevamente.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Calo&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-7395958413568574052?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TK4btDh_YvI/AAAAAAAAAIY/J04Ku7DJr4o/s72-c/Landofhopeanddreams.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/10/bordo-de-este-vagon-1er-aniversario.html</feedburner:origLink></item><item><title>Contigo por el camino, pero sin ti (Presentación)</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/W68WhQQI5bs/contigo-por-el-camino-pero-sin-ti.html</link><category>Presentacion "Contigo por el camino"</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 20 Sep 2010 18:16:46 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-5747763976080566888</guid><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Hace casi un mes en el local de "La Noche" de Barranco, presentamos con Editorial Casatomada mi novela &lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;"Contigo por el camino, pero sin ti"&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Muchas gracias a todos los que acogieron con cariño a este nuevo hijo de papel, sea con su compañía esa noche o a la distancia. ¡Que lo disfruten!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;La obra se encuentra en venta y disponible en las siguiente librerías en Lima:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;b&gt;Crisol &lt;/b&gt;(Ovalo Gutierrez - Miraflores)&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;b&gt;Contracultura &lt;/b&gt;(Av. Larco 986 - Miraflores)&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;b&gt;La Casa Verde &lt;/b&gt;(Av. Miguel Dasso 111 - San Isidro)&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;b&gt;Dédalo &lt;/b&gt;(Paseo Saenz Peña 295 - Barranco)&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;b&gt;El Virrey &lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;(Av. Miguel Dasso 147 - San Isidro y en Psje. Los Escribanos 107-115 Centro Histórico de Lima)&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;b&gt;Epoca &lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;(Jr. de la Unión 272 - Lima)&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;b&gt;Ibero&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; (Av. Larco 199 - Miraflores *proximamente)&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Pronto también se encontrará disponible vía internet en:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Libros Peruanos : &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.librosperuanos.com/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;www.librosperuanos.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Peru BookStore : &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.perubookstore.com/"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;www.perubookstore.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Aquí comparto con todos ustedes unos instantes del evento...&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;img src="http://2.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TJf-5MTMeYI/AAAAAAAAAII/1WOSgTYswJw/s320/Portada+-+Contigo+por+el+camino.JPG" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 227px; height: 320px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5519160126873565570" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TJf_OlCIDKI/AAAAAAAAAIQ/qNUiqg3WS7A/s320/00+Entrada.JPG" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 275px; height: 320px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5519160494290111650" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;object width="500" height="405"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/XPZhJtV1SSE?fs=1&amp;amp;hl=en_US&amp;amp;rel=0&amp;amp;border=1"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/XPZhJtV1SSE?fs=1&amp;amp;hl=en_US&amp;amp;rel=0&amp;amp;border=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="500" height="405"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;object width="500" height="405"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/EoP-6gqFBck?fs=1&amp;amp;hl=en_US&amp;amp;rel=0&amp;amp;border=1"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" 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url="http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~5/QIwwaFjpthU/XPZhJtV1SSE" fileSize="986" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:subtitle>Hace casi un mes en el local de "La Noche" de Barranco, presentamos con Editorial Casatomada mi novela "Contigo por el camino, pero sin ti".Muchas gracias a todos los que acogieron con cariño a este nuevo hijo de papel, sea con su compañía esa noche o a l</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (Calo)</itunes:author><itunes:summary>Hace casi un mes en el local de "La Noche" de Barranco, presentamos con Editorial Casatomada mi novela "Contigo por el camino, pero sin ti".Muchas gracias a todos los que acogieron con cariño a este nuevo hijo de papel, sea con su compañía esa noche o a la distancia. ¡Que lo disfruten!La obra se encuentra en venta y disponible en las siguiente librerías en Lima:Crisol (Ovalo Gutierrez - Miraflores)Contracultura (Av. Larco 986 - Miraflores)La Casa Verde (Av. Miguel Dasso 111 - San Isidro)Dédalo (Paseo Saenz Peña 295 - Barranco)El Virrey (Av. Miguel Dasso 147 - San Isidro y en Psje. Los Escribanos 107-115 Centro Histórico de Lima)Epoca (Jr. de la Unión 272 - Lima)Ibero (Av. Larco 199 - Miraflores *proximamente)Pronto también se encontrará disponible vía internet en:Libros Peruanos : www.librosperuanos.comPeru BookStore : www.perubookstore.comAquí comparto con todos ustedes unos instantes del evento... </itunes:summary><itunes:keywords>Presentacion "Contigo por el camino"</itunes:keywords><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/09/contigo-por-el-camino-pero-sin-ti.html</feedburner:origLink><enclosure url="http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~5/QIwwaFjpthU/XPZhJtV1SSE" length="986" type="application/x-shockwave-flash" /><feedburner:origEnclosureLink>http://www.youtube.com/v/XPZhJtV1SSE?fs=1&amp;amp;hl=en_US&amp;amp;rel=0&amp;amp;border=1</feedburner:origEnclosureLink></item><item><title>Contigo por el camino pero sin ti</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/6AcVDn_LjaM/contigo-por-el-camino-pero-sin-ti.html</link><category>Contigo por el camino pero sin ti</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 23 Aug 2010 16:06:38 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-1596412131609540074</guid><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Creo que existen diferentes maneras en las que podemos ver nuestra vida y una de ellas es verla como un camino. Podríamos ver un camino corto o largo que hemos dejado atrás pero nunca podremos saber con certeza cuánto resta para transitar por los lugares que todavía anhelamos, cuánto hace falta para arribar a esos otros sitios donde aún conservamos la esperanza de un día llegar. Podemos intuir, suponer, seguir corazonadas, y podemos arriesgarnos a continuar o podemos decidir no avanzar más y cambiar el rumbo. En el trayecto podemos notar los caminos con los que el nuestro se encuentra de manera recurrente o por única vez. Si prestamos atención es posible descubrir alternativas de elección que no hemos imaginado y que nos son mostradas o reveladas por el conjunto de personas, lugares y entornos en los cuales ocurren estos encuentros. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asumo mi vida como una búsqueda constante y así llega mi segunda obra. "Contigo por el camino, pero sin ti" nació en los tiempos donde esa búsqueda personal fue muy intensa, donde no sé si la cantidad de cruces de caminos fue mayor o quizá fue que procuré observar mi camino con más detenimiento y sin dejar de andar. Las páginas de esta obra no fueron escritas originalmente pensando en una novela, fue un escrito que se fue nutriendo a lo largo del tiempo con experiencias recogidas de varios caminos, ajenos, propios, algunos vividos y otros por vivir y que hoy disfruto compartiendo con ustedes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Calo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/THKciFJXg7I/AAAAAAAAAHo/bSYRXeWTGDs/s1600/Portada+-+Contigo+-+Calo.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 227px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/THKciFJXg7I/AAAAAAAAAHo/bSYRXeWTGDs/s320/Portada+-+Contigo+-+Calo.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5508637403538490290" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  line-height: 15px; font-family:arial, helvetica, clean, sans-serif;font-size:13px;"&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- text-align: center; color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia, serif;color:#990000;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="line-height: 21px; font-size:large;"&gt;&lt;i&gt;______________________________________________&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- text-align: center; color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- text-align: center; color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#333333;"&gt;Nota de Prensa: Editorial Casatomada&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- text-align: center; color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- text-align: center; color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- text-align: center; color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;Hay novelas que se quedan definitivamente, en el alma del lector...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- text-align: center; color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote class="yiv283192115gmail_quote" style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0.8ex; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 1ex; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; display: block; border-left-color: rgb(204, 204, 204); border-left-width: 1px; border-left-style: solid; "&gt;&lt;div  style="text-align: justify;margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;Emprender un viaje implica enfrentarse a un mundo nuevo, con lugares y personas que pasarán a formar parte de nuestros recuerdos más personales, queridos o contrariados. Pero ¿qué pasaría si además de esa carga tuvieras que afrontar el terrible peso que significa dejar a quien amas?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="text-align: justify;margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:Georgia;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;&lt;b&gt;Contigo por el camino, pero sin ti&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt; es una novela donde el amor y la nostalgia se cruzan incesantemente para dejar en el lector la emoción perdurable de las grandes travesías: aquellas donde en cada lugar se abandona un pedazo del corazón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff6600;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="text-align: justify;margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff6600;"&gt;Editorial Casatomada&lt;/span&gt; se complace en presentar la nueva novela del escritor &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;peruano Carlos Campos "&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;Calo&lt;/span&gt;", &lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;"Contigo por el camino, pero sin ti"&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;. Calo es autor &lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;además de la novela motivacional "Despertando al león del sur". &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="text-align: justify;margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;Los &lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;comentarios&lt;/span&gt; estarán a cargo del escritor y periodista &lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;Gabriel Rimachi Sialer&lt;/span&gt;, la&lt;span class="Apple-style-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;poeta &lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;Melissa Patiño&lt;/span&gt; y el autor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="text-align: justify;margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;Dónde:&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; Bar La Noche de Barranco. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;em  style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;Cuándo:&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; miércoles 25 de agosto de 2010. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;em color="initial" style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- "&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; color:#ff0000;"&gt;Hora:&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; 7:30 pm. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="margin-top: 0px; margin-right: 0px; margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; padding-top: 0px; padding-right: 0px; padding-bottom: 0px; padding-left: 0px; line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- color:initial;"&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:initial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline-color: initial; font-family:georgia,serif;font-size:130%;color:#ff6600;"&gt;&lt;strong color="initial" style="line-height: 1.2em; outline-style: none; outline-width: initial; outline- "&gt;INGRESO LIBRE&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-1596412131609540074?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/THKciFJXg7I/AAAAAAAAAHo/bSYRXeWTGDs/s72-c/Portada+-+Contigo+-+Calo.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/08/contigo-por-el-camino-pero-sin-ti.html</feedburner:origLink></item><item><title>En la Orilla de aquel Lago</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/aR0aXvVv4IM/en-la-orilla-de-aquel-lago.html</link><category>En la orilla de aquel Lago</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Sat, 07 Aug 2010 00:28:20 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-6636773729430925433</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#666666;"&gt;¿Cuál es la misión de cada uno de nosotros en la vida? ¿Te lo has preguntado? Tu existencia no es casualidad. Entonces, ¿para qué estas aquí? Tu existencia estará siempre relacionada con la vida de otras personas y aquello que hagas o dejes de hacer impactará o dejará de impactar en ellas. Existir es una responsabilidad que es necesario asumir, y esa responsabilidad tiene mucho que ver con el servir a otros a través de aquello por lo que nos sentimos plenamente realizados.&lt;br /&gt;Siempre estamos al servicio de los que nos rodean, queriéndolo o no. Podemos convertirnos en ejemplo a seguir o ejemplo a evitar desde la manera en la que nos dedicamos a cualquier actividad que elijamos.&lt;br /&gt;Asumamos nuestra responsabilidad de existir explotando nuestros talentos y poniéndolos al servicio de los demás. Que no se ponga el sol el día de hoy sin que hayas reflexionado al menos unos minutos sobre si te encuentras avanzando hacia lo que esperas y deseas de ti para embarcarte en tu misión.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;En la Orilla de aquel Lago&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño miraba con atención a su padre mientras éste sostenía un rudimentario martillo y clavaba con precisión unos gruesos clavos sobre la última tabla con la que terminaba de dar forma a la mesa de madera que estaba construyendo.&lt;br /&gt;- Listo hijo mío. Ahora es momento de cepillarla por última vez. La dejaremos muy lisa y luego podremos decir que hemos terminado nuestra labor. ¿Quieres ayudarme?&lt;br /&gt;El niño se acercó feliz y con entusiasmo. Tomó la herramienta que le extendía su padre. No era la primera vez que iba a trabajar con él. Había aprendido detalles de carpintería gracias a observar con detenimiento a su padre quien también se había tomado el tiempo de enseñarle, con paciencia, a utilizar las herramientas. El padre veía a su hijo cepillar los maderos con afán y destreza y se alegraba de que encontrara gozo en el oficio que por toda su vida él había desempeñado.&lt;br /&gt;Al terminar, el niño volteó satisfecho a mostrarle el acabado de la mesa a su padre y éste sonriendo le dijo:&lt;br /&gt;- Gracias hijo. Has realizado un excelente trabajo. Verás que la paciencia que has adquirido para trabajar la madera te será útil también para desempeñarte en cualquier otra actividad que decidas hacer en tu vida.&lt;br /&gt;Se tomaban un descanso para comer unas manzanas y unos trozos de pan cuando el niño preguntó:&lt;br /&gt;- Papá, ¿por qué eres carpintero?&lt;br /&gt;El padre sonrío ante la pregunta de su hijo. En el fondo no recordaba cuál había sido la razón por la que se inició en ese oficio.&lt;br /&gt;- La verdad, cuando era niño soñaba con viajar mucho, conocer otros países, cruzar desiertos y mares, pero no pasaba por mi mente ser carpintero. Tu abuelo siempre decía que todos tenemos una misión que cumplir en nuestra vida. Quizá mi misión tenía que ver con la carpintería porque al final no viajé ni navegué demasiado pero empecé muy joven a trabajar con la madera. Así fue que me hice carpintero y he seguido hasta ahora porque disfruto mucho este oficio.&lt;br /&gt;- ¿Por qué disfrutas tanto de la carpintería? – quiso el niño saber más.&lt;br /&gt;- Hay algo que la hace especial. Con paciencia y dedicación un trozo de madera puede ser tomado por las manos de un carpintero y convertido luego en algo útil para los demás. Un simple madero puede ser transformado en diferentes objetos y me gratifica poder ser parte de ese proceso de transformación.&lt;br /&gt;- Cuando sea grande yo también quiero ser carpintero. – afirmó el niño con seguridad.&lt;br /&gt;- Si esa es tu misión en la vida, dedícate con esmero y así será. – dijo su padre. El niño insistió:&lt;br /&gt;- Un día yo creceré y seré tan buen carpintero como tú.&lt;br /&gt;- No hijo. Si cumplo bien mi papel de padre, tú serás mejor. El resultado de la labor de un carpintero depende en buena medida de la calidad de la madera con la que cuenta y contigo ya tengo la mejor posible.&lt;br /&gt;El padre abrazó cariñosamente a su hijo y luego lo llevó de la mano para ir en busca de su mujer que había terminado de cocinar y estaba llamándoles para almorzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días más tarde, padre e hijo paseaban por el campo. Ambos disfrutaban de imaginar qué es lo que podrían hacer con los troncos y ramas de los árboles que veían.&lt;br /&gt;- Este podría servir para hacer… ¡una mesa nueva para la cocina! Tu madre la necesita, ya me la pidió. Pero quizá me haga falta un par de árboles más. – dijo el padre y luego animó a su hijo a elegir un árbol y expresar su idea.&lt;br /&gt;- ¡Este serviría para hacer una gran embarcación! – exclamaba el niño emocionado señalando uno de los árboles más grandes y altos.&lt;br /&gt;- ¡Y este otro es tan grande que podría servir para hacer una casa! – siguió el niño. Luego su padre encontró un árbol cuyo tronco no era recto y le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Crees que valga la pena cortar este árbol?&lt;br /&gt;- No estoy seguro. Tiene el tronco torcido. – respondió el niño y su padre agregó:&lt;br /&gt;- Los maderos que de él puedas hacer quizá no serán muy largos pero eso no quiere decir que no puedan ser útiles. Nunca los descartes por eso. Ese tronco torcido sólo requiere que le dediques un poco más esfuerzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño creció dedicándole tiempo a la carpintería cada vez que podía y disfrutando de ello hasta que, aún siendo niño, conoció el dolor de perder a un ser querido cuando quedó huérfano de padre. Se entristeció mucho y a partir de ese momento vivió acompañado únicamente de su madre.&lt;br /&gt;Se hizo mayor y fue ejerciendo el oficio de carpintero que había aprendido de su padre, armando muebles, herramientas, objetos diversos, sirviendo a los demás con esmero. Se convirtió en un buen carpintero.&lt;br /&gt;Tiempo después, cuando ya era un hombre maduro, sintió la necesidad de abandonar las herramientas que por tantos años había utilizado. Seguía encontrando gozo en la carpintería y sus clientes siempre estaban satisfechos pero él sentía que necesitaba hacer algo diferente. Quería dejar su hogar y buscar cuál era su misión, cual era el propósito de su existencia y así iniciar una vida diferente, una vida en la que él pudiera servir a las personas de una manera distinta.&lt;br /&gt;Dejó la carpintería a un lado y, para iniciar su búsqueda personal, decidió cruzar un desierto en solitario. Apartado de todo, tan sólo acompañado de la arena, el viento, el sol y la luna, la experiencia lo ayudó a encontrarse con él mismo y convencerse de lo que en el fondo de su ser él sabía que debía y quería hacer. Entonces, dejó las arenas de ese desierto y caminando llegó a la orilla de un lago al que por su gran extensión los pobladores del lugar le llamaban mar. Se detuvo a refrescar sus pies en la fría agua dulce del lago mientras observaba a algunas personas que andaban cerca de ahí. Sus ojos se posaron sobre dos pescadores que lanzaban sus redes y tuvo la sensación de que debía acercarse a hablar con ellos. El momento había llegado; su misión estaba a punto de empezar… &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5502564792291812658" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 275px; CURSOR: hand; HEIGHT: 280px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TF0JhlYf5TI/AAAAAAAAAHg/0dJEA2IqpJ0/s320/lago.JPG" border="0" /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-6636773729430925433?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TF0JhlYf5TI/AAAAAAAAAHg/0dJEA2IqpJ0/s72-c/lago.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/08/en-la-orilla-de-aquel-lago.html</feedburner:origLink></item><item><title>El Nido Caído</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/NjEYVyT5hb8/el-nido-caido.html</link><category>El Nido Caído</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 05 Jul 2010 15:32:03 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-1733897719948948405</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Puede ser que ayudemos; puede ser que nos ayuden. Estas dos situaciones ocurren todo el tiempo, ya sea de manera consciente o inconsciente. Lo importante en el primero de los casos es conocer cual es el impulso que genera la intención de ayudar. Si ayudamos, que éste impulso no encubra un ánimo de protagonismo y procuremos ser como el suave e invisible viento que proporciona el oxígeno necesario para mantener encendida una llama en la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El Nido Caído&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una mañana soleada. Una niña y su padre caminaban de regreso a casa por la orilla de un lago. Conversaban amenamente cuando llegaron hasta un árbol dispuestos a disfrutar de la frescura de su sombra y descansar del sofocante calor. Al pie de éste árbol, en el suelo, se encontraba un nido que había caído de las ramas. La niña se acercó al nido y observó que al lado había dos huevos pequeños que estaban rotos. Dentro del nido sólo quedaba un huevo entero.&lt;br /&gt;- Mira papá, sólo se ha salvado uno. – comentó la niña reflejando tristeza en sus palabras mientras miraba el nido cuyas ramitas apenas si sostenían al único huevo que quedaba. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;Notándola preocupada su padre le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Hija, ¿qué crees que puedes hacer con este nido? &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TDJTaWtaboI/AAAAAAAAAHQ/TLniptbxtEA/s1600/nido2.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490542607955816066" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 225px; CURSOR: hand; HEIGHT: 133px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TDJTaWtaboI/AAAAAAAAAHQ/TLniptbxtEA/s320/nido2.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;La niña quedó pensativa unos segundos con expresión de incertidumbre, entonces su padre le dijo:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Puedes decidir dejarlo ahí, tal cual lo encontraste, o puedes ayudarlo y decidir subirlo a las ramas del árbol nuevamente. Quizá venga su madre y todavía se encuentre a tiempo para cuidar del huevo y que nazca el ave que debía extender sus alas y alzar vuelo desde ahí. – la niña mostró su entusiasmo con la idea hasta que su padre añadió:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Pero, si decides subir el nido a las ramas del árbol debes tener cuidado y fijarte bien donde lo pones porque es posible que se caiga y esta vez el huevo no se salve de romperse.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;La niña se preocupó al pensar que el nido podría volver a caer si ella no conseguía acomodarlo bien en las ramas:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Papá, creo que mejor lo dejo donde está. No quiero que sea mi culpa si se vuelve a caer y se rompe.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;El padre se dio cuenta que su comentario había afectado el entusiasmo de su hija. Se agachó a su lado y buscando su atención con la mirada le preguntó:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Hija, ¿por qué crees que te has encontrado con este nido caído?&lt;br /&gt;- No lo sé papá. Pero no quiero que le pase nada malo.&lt;br /&gt;- &lt;/em&gt;“No quiero que le pase nada malo”&lt;em&gt;. – repitió despacio el padre queriendo que su hija escuchara cada palabra de la frase que acababa de decir y luego continuó:&lt;br /&gt;- Hijita mía, se trata de saber "&lt;/em&gt;qué es lo que quieres que ocurra"&lt;em&gt;, no de lo contrario. ¿Qué es lo que quieres?&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;Al escuchar la pregunta de su padre la niña no tuvo que pensar mucho para responder:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Quiero que de ese huevo nazca un ave y vuele. – afirmó la niña aunque sin dejar de sentirse preocupada. Su padre le hizo una nueva pregunta.&lt;br /&gt;- Muy bien pequeña, y ¿crees tú que lo que quieres que ocurra puede pasar si dejas el nido abandonado allí en el suelo?&lt;br /&gt;- No papá. Alguien puede pasar y pisarlo. Pero si lo subo al árbol y luego se cae, el huevo se romperá y será mi culpa. – dijo la niña dirigiendo su mirada al suelo. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;El padre tomó a su hija por el rostro con ambas manos para levantar su mirada y encontrarse con la suya. Mirándola con ternura le dijo:&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Podemos seguir caminando y dejar el nido tal y como lo encontraste a pesar de lo que te gustaría que ocurra con él. Sin embargo eso es pretender que nunca lo viste. Es ignorarlo. Es como si tú y yo no hubiésemos pasado por aquí.&lt;br /&gt;- Papá, pero voy a necesitar subir alto en ese árbol para encontrar un lugar muy seguro para que el nido no se caiga de nuevo. - intervino la niña consternada. Ante ello, su padre replicó con entusiasmo:&lt;br /&gt;- Recuerda que si vas ayudar es más importante pensar en qué es lo que quieres que ocurra y no qué es lo que quieres evitar. El lugar seguro que buscas no es para evitar que el nido caiga. Es para que de ese huevo nazca un ave, ¿cierto?&lt;br /&gt;- Sí papá. Esta bien. Pero, ¿si me caigo? – preguntó la niña y su padre le respondió extendiendo los brazos hacia ella con una amplia sonrisa:&lt;br /&gt;- Mírame. ¿Crees que soy capaz de sostenerte?&lt;br /&gt;La niña se entusiasmó nuevamente, tomó el nido con cuidado y subió al árbol con la ayuda de su padre. Cuando estuvo a cierta altura su padre ya no podía sostenerla pero ella siguió subiendo un poco más. Encontró entre las ramas un lugar donde había otras ramitas similares a las del nido. No cabía duda que había caído desde ahí. Acomodó el nido lo mejor que pudo añadiendo otras ramas gruesas hasta que quedó convencida de que el lugar era seguro. Al empezar su descenso tuvo miedo de caerse pero su padre la animó orientándola donde pisar y cómo sostenerse. Poco a poco fue bajando hasta que su padre pudo tomarla con sus brazos con seguridad. Al poner sus pies en el suelo la niña sonreía satisfecha y feliz:&lt;br /&gt;- ¡Listo papá! El nido está seguro y ese huevito va a estar muy bien hasta que llegue su mamá.&lt;br /&gt;- ¡Muy bien hija! Has hecho un gran trabajo en ese árbol. Estoy orgulloso de ti. – dijo el padre mientras levantaba a su hija en brazos.&lt;br /&gt;El padre subió a su alegre hija sobre sus hombros y reanudaron su paseo por la orilla del lago rumbo a casa. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;- Papá, podremos ver cuando nazca el ave de ese nido? – preguntó la niña con curiosidad y su padre le respondió:&lt;br /&gt;- Puedes volver mañana, pero aunque no la veas volar, eso no cambia lo que has hecho por ella. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt; &lt;/p&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;Calo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5490543105172177058" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 293px; CURSOR: hand; HEIGHT: 212px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TDJT3S_CAKI/AAAAAAAAAHY/OdxS7XtMoIU/s320/Arbol.JPG" border="0" /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-1733897719948948405?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TDJTaWtaboI/AAAAAAAAAHQ/TLniptbxtEA/s72-c/nido2.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">3</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/07/el-nido-caido.html</feedburner:origLink></item><item><title>Arquero, Arco y Flecha</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/_xbo5O0zmm0/arquero-arco-y-flecha.html</link><category>Arquero Arco y Flecha</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Fri, 18 Jun 2010 18:13:19 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-1328737585414921411</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Arquero, arco y flecha. En el instante previo a un disparo de arco el arquero es el protagonista mientras sostiene al arco y a la flecha y apunta al blanco que ha elegido como objetivo. El arco también sostiene a la flecha por unos momentos y se pone al servicio para contribuir a impulsarla. En un instante asume el rol principal al soportar la tensión provocada por el arquero, tensión necesaria para el disparo. La flecha, lista para iniciar su vuelo, sabe que cargará con ella la esperanza de acertar del arquero. Mientras surca el aire y por el tiempo que le tome llegar a su destino, la flecha es la protagonista. A punto del disparo, arquero, arco y flecha se encuentran más unidos que nunca y aunque se separen como parte del disparo en sí, deberían mantenerse unidos por el intento de acertar en el blanco hasta que la flecha concluya su vuelo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Arquero, arco y flecha pueden también ser roles que cumplimos en nuestras relaciones personales. ¿Cuál es tu papel? ¿Apoyas o te apoyan? ¿Sostienes o te sostienen? ¿Impulsas o te impulsan? ¿Te ocupas de ser siempre el mejor arquero para ti y para quien lo requiera de ti? ¿Puedes convertirte en arco y ser instrumento para servir a otros? ¿Eres la mejor flecha y asumes el protagonismo necesario después del disparo sin caer en la soberbia al acertar, sin caer en la búsqueda de culpables al fallar? Sea cual fuere tu papel, ¿lo desempeñas con entrega y compromiso hasta el final?&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484284437433905554" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 207px; CURSOR: hand; HEIGHT: 229px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TBwXo4xzcZI/AAAAAAAAAG4/JV21kRAior0/s320/Arco.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Arquero, arco y flecha&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Una mujer y un hombre practicaban el tiro con arco en un bosque haciendo disparos hacia blancos difíciles ubicados entre los árboles. La mujer era más experimentada y orientaba al hombre sobre las mejores técnicas y principios en el uso del arco. Habían acertado y errado en diversos tiros y ahora se encontraban ante aquel blanco al que nunca antes le habían podido acertar debido a la distancia, los obstáculos y la fuerza del viento. Ante los resultados con ese último blanco, cada vez que llegaba el momento de dispararle, el hombre daba por descontado la imposibilidad de acertar.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;A la indicación de la mujer, el hombre se alistó para su disparo al último blanco y se preparó con mucho cuidado. Su mano izquierda sujetaba firmemente la empuñadura del arco mientras lo inclinaba inicialmente hacia el suelo y con la mano derecha apoyaba la flecha en posición y luego sostenía la cuerda con los tres dedos que serían los encargados de tirar de ella.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;Una vez listo, el arquero levanta el arco y lo abre con la mano derecha tensando la cuerda hasta conseguir que la punta de acero que corona la flecha apenas sobresalga lo suficiente para que permita un limpio impulso.&lt;br /&gt;El arco cargado con la flecha permanece estático en posición vertical. El arquero escudriña atento entre los obstáculos que se levantan al frente suyo en ese frondoso bosque y finalmente sus ojos detienen su búsqueda al distinguir el blanco en el cual desea clavar su flecha. Le ha disparado muchas veces antes y le ha errado todas ellas. Sabe que la distancia hasta el blanco es bastante larga y puede intuir que al menor descuido su flecha pueda no cubrir la distancia con la fuerza necesaria y termine en un nuevo tiro fallido. El arco soporta la tensión y el arquero la hace suya para mantener firme esa combinación de fuerza y puntería necesarias. El arquero se concentra y lleva su vista al objetivo afinando su puntería sin moverse ni pestañear. Aspira lentamente y contiene la respiración un instante para luego liberar la tensión soltando la cuerda del arco. Apenas puede apreciar, como si fuera un destello, el instante exacto en el que la flecha impulsada con fuerza empieza el recorrido de su trayectoria esperada. El arco, exigido en su estructura segundos antes, instantáneamente recupera su forma original luego de sentirse liberado de la tensión y de haber transmitido eficientemente todo el impulso del que era capaz. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;Ahora la flecha vuela, veloz, cortando el viento con un silbido agudo. Avanza con recuerdos fugaces de esos instantes en los que se encontraba cómoda en el sujetador del arco, o nerviosa sintiendo la tensión de la cuerda hasta que fue disparada. Todo pasa muy rápido y apenas puede percibir los numerosos árboles y arbustos que parecen extender sus ramas para interponerse entre ella y el blanco. Pero el arquero ha sabido maniobrar el arco y darle a su disparo la puntería, el ángulo y la fuerza necesaria para evitar los obstáculos y el viento que puedan alterar la trayectoria. La flecha se siente segura de cumplir con su misión y ahora que se ha acercado lo suficiente como para distinguir el blanco con total claridad, sonríe con confianza lista para acertar. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;En la última fracción de segundo antes del impacto el arquero duda y piensa que el disparo que acaba de realizar no ha sido uno que hará la diferencia. Piensa que quizá el viento era muy fuerte, que no esperó el momento adecuado o que apuntó sin precisión. Con la casi total seguridad de que ha realizado un nuevo tiro fallido baja el arco que aún empuñaba. En ese mismo instante la flecha se sintió pesada, cansada, y su trayectoria cambió errando el blanco, terminando clavada en el suelo.&lt;br /&gt;- ¡Erraste! – exclamó la mujer.&lt;br /&gt;- Sí. Una vez más. – afirmó el hombre, sin mostrar sorpresa. – Ye te lo había dicho. Es en vano. Ni tú que tienes más experiencia has podido. Es tu turno.- Continuó invitando a la mujer a realizar su disparo.&lt;br /&gt;- Da la impresión de que en realidad esperabas fallar nuevamente. – comentó la mujer mientras tomaba una flecha para acomodarla en su arco y preparar su disparo. El hombre le dijo:&lt;br /&gt;- Fallar siempre es una de las posibilidades. Podría encontrar diversas causas por las cuales mi tiro fue errado. El viento, el arco, la flecha, la distancia. Hice todo lo mejor que sé con el arco y la flecha hasta que solté la cuerda, tal y como me enseñaste. Lo que venía después ya no dependía de mí. La flecha no dio en el blanco pero me quedo tranquilo porque hice lo mejor que podía, lo mejor que sé para disparar. Tú y yo ya sabemos que ese blanco es imposible. – concluyó el hombre.&lt;br /&gt;- Algunos dicen que todo lo nuevo es imposible hasta que alguien lo termina haciendo por primera vez. – intervino la mujer aprestándose a asumir la postura de disparo y buscando el blanco con la vista. Luego continuó hablando mientras seguía alistando el arma:&lt;br /&gt;- Hay algo que me faltó enseñarte.&lt;br /&gt;- ¿Qué es? – preguntó el hombre aún convencido de haber hecho su mejor trabajo y la mujer le contestó:&lt;br /&gt;- El disparo no termina en el instante en el que liberamos la cuerda. La acción del arquero no concluye cuando la flecha sale disparada sino cuando termina su vuelo y, sin embargo, tú bajaste el arco antes de que eso ocurriera. La flecha que disparaste merecía que tú creyeras que podía acertar. Todas las flechas disparadas lo merecen, sin excepción. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;La mujer tensó la cuerda de su arco mientras apuntaba y seguía hablando.&lt;br /&gt;- Cada vez que disparas un arco no sólo lanzas una flecha a un blanco sino que también lanzas todo lo que esperas que ocurra con ella. Todo. Debes ser consciente de qué es lo que estás entregando desde lo profundo de ti cuando lanzas tu flecha y hasta el último instante de su vuelo.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;Dicho esto, la mujer contuvo la respiración unos segundos y dio una última mirada al objetivo lista para soltar la cuerda y desafiar con su flecha a ese blanco que todavía parecía imposible.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5484284781616823234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 122px; CURSOR: hand; HEIGHT: 258px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TBwX869Z-8I/AAAAAAAAAHA/UUJ_H3SGjU4/s320/Arquero.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Calo.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-1328737585414921411?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TBwXo4xzcZI/AAAAAAAAAG4/JV21kRAior0/s72-c/Arco.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/06/arquero-arco-y-flecha.html</feedburner:origLink></item><item><title>El Angel de la Guarda</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/A3OO1PxQ__c/el-angel-de-la-guarda.html</link><category>El Angel de la Guarda</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Mon, 31 May 2010 21:07:17 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-2824606966347404679</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;“Arcángel Uriel, a ti acudo para que me des el valor que necesito en momentos de angustia, para que me des la fortaleza para hacer frente a cualquier reto o enemigo que se me presente a lo largo de mi jornada.” &lt;span style="font-size:78%;"&gt;(oración tomada de fuente anónima)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5477651831344862082" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 225px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TASHUZqUE4I/AAAAAAAAAGw/aW0Tn5w2_hI/s320/Pluma.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El Ángel de la Guarda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“…no me desampares ni de noche ni de día, angelito bueno, se mi guía. Amén.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel era un niño que tenía nueve años. Ya no rezaba el “Ángel de la Guarda”. Cuando era un poco más pequeño le había preguntado a su mamá cómo eran los ángeles pero las descripciones que ella le había dado o las ilustraciones que él había visto en algunos libros no lo convencían y conforme creció un poco llegó a la conclusión de que no existían. ¿Cómo se podía explicar el por qué ocurrían accidentes a tantos niños pequeños si es que verdaderamente el ángel escuchaba la plegaria y no los desamparaba ni de noche ni de día?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era verano y hacía un calor realmente intenso ese día. Miguel había dejado de jugar en la arena construyendo castillo y decidió ir al mar a bañarse.&lt;br /&gt;- Ten cuidado hijo, mira que el mar es bravo y los salvavidas han puesto la bandera amarilla. No te alejes mucho. – le recomendaba su madre mientras lo observaba alejarse corriendo rumbo a la orilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ariel era un joven muchacho de diecinueve años. Había llegado a la playa con varios amigos, como todos los sábados de verano, y estaban con muchas ganas de nadar y correr olas. Para ellos el mar estaba perfecto. La bandera amarilla izada al lado de la torre del salvavidas era un buen indicador de lo que él, buen conocedor del mar, sabía que podía encontrar en ese oleaje. Tendrían sus períodos o rachas de olas inesperadas y consecutivas pero también algunos momentos de descanso mientras esperarían la siguiente racha que nunca defraudaba y siempre llegaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su posición en la torre de salvavidas, Mariana, una atlética mujer que recién había cumplido veintinueve años observaba con atención la parte de la playa que le correspondía cuidar. El día recién empezaba. Acababa de izar la bandera amarilla y se preguntaba si sería mejor cambiarla por la bandera roja para que menos personas ingresaran al mar y así evitar accidentes que justamente ocurren porque las personas se confían cuando el oleaje aparece calmo por momentos. Mariana se detenía mirando a los bañistas para asegurarse que estuvieran bien. Luego miró hacia el lado de gran morro rocoso algo lejos a su derecha y donde termina la playa. Vio que un hombre llegaba por allí y que empezaba a acomodarse con su familia. Estaba prohibido bañarse en esa zona así que Mariana decidió acercarse al hombre para advertirle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martín era un hombre mayor que contaba con treinta y nueve años. El lugar que había elegido para instalarse en la playa con su familia era bastante apartado de donde tenían costumbre de hacerlo cada vez que acudían a veranear allí. Nunca se habían ubicado en ese lugar al frente de las rocas pero era muy agradable y además eran los únicos. No había notado el cartel que decía que estaba prohibido bañarse en esa zona cuando vio que se acercaba trotando hacia ellos una mujer salvavidas.&lt;br /&gt;- ¡Buenos días! Pueden quedarse en este lado de la playa pero esta prohibido nadar aquí – dijo cortésmente la mujer salvavidas señalando el cartel.&lt;br /&gt;Luego de leerlo, Martín le agradeció a la mujer salvavidas diciéndole que no se preocupara que cuando fueran al mar ellos se acercarían a la zona que ella cuidaba. Luego se lamentó un poco por haberse instalado en ese lugar ya que tendría que caminar casi unos cien metros para poder bañarse. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Al llegar a la orilla del mar Miguel se mojó los pies y sintió el agua muy fría. Estaba dudando para entrar al mar cuando pasaron por su lado unos muchachos que ingresaban corriendo y saltando y lo mojaron. Un poco fastidiado, Miguel se quedó parado en la orilla mientras veía como esos muchachos llegaban a las olas y comenzaban a nadar y a correrlas. No corrían olas con tablas pero lo hacían nadando, con mucho estilo y destreza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de intentar ingresar al tubo de la ola más grande que había corrido hasta ese momento, Ariel se zambulló y, luego de una contorsión bajo el agua, volvió a la superficie para buscar no perderse la siguiente ola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arriba, desde su torre de salvavidas, Mariana no dejaba de observar a los muchachos que corrían olas. Ya había tenido que rescatar a varios en lo que iba de ese verano. Algunos eran demasiado imprudentes y les resultaba muy difícil volver a sostenerse a flote después de terminar bajo las tremendas espumas de las olas grandes que suelen levantarse en esa playa de vez en cuando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martín jugaba con sus hijas en la orilla, cerca de las rocas. Les explicaba que ingresar al mar en esa zona era peligroso y que tendrían que ir a bañarse cerca de la zona segura que les había indicado la mujer salvavidas ya que ahí no había rocas.&lt;br /&gt;- Papá, ¿que es una mujer salvavidas? – le preguntó una de sus hijas con curiosidad.&lt;br /&gt;- Es una persona que sabe nadar muy bien y que rescata a la gente para que no se ahogue cuando están nadando y tienen problemas.&lt;br /&gt;- ¿Y la salvavidas es muy valiente y no tiene miedo?&lt;br /&gt;- Claro que es muy valiente y no tiene miedo.&lt;br /&gt;- ¡Igual que tú! ¿Tú también puedes ser salvavidas papá?&lt;br /&gt;Martín no respondió y se limitó a sonreírle a su hija mientras recordaba cómo en una oportunidad hacía ya muchos años había estado a punto de morir ahogado. Desde ese momento nadar en el mar ya no era lo mismo para él. Su hija le insistió y entonces él le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Tú crees que puedo ser salvavidas?&lt;br /&gt;- ¡Por supuesto que sí! – respondió su hija muy entusiasta y hasta con orgullo. Martín también sonrió aunque en el fondo deseaba nunca tener que demostrarle a su hija que la verdad era todo lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la cresta de la ola que venía descendiendo, Ariel vio en el mar a un niño algunos metros delante de él en dirección hacia la orilla. La ola no era tan grande pero observó que el niño tuvo algunos problemas al evitar querer meter la cabeza bajo el agua para pasar la ola. Hacía un rato que el oleaje se había calmado así que Ariel y sus amigos decidieron salir del mar a descansar. Habían nadado bastante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martín había dejado a sus hijas con su esposa y se dirigió hacia la parte de la playa donde se podía nadar con seguridad. Vio a unos jóvenes corriendo olas y recordó cuando el tenía esa edad y también corría olas nadando con sus hermanos. Recordaba mucho cómo a pesar de que el mar de la playa a la que iban tenía fama de ser muy bravo y peligroso ellos se habían acostumbrado tanto a ese oleaje que no tenían problemas para bañarse y correr olas. Siempre tenía presente esos instantes en que aparentemente de la nada se levantaba una ola inmensa en el momento justo en que acababan de terminar de correr la anterior. Mientras veían que los bañistas retrocedían para salir esforzándose por alejarse de la enorme ola que venía, Martín y sus hermanos no dudaban un segundo y volvían adentro exigiéndose por llegar a la cresta de la ola y correrla para después contar con orgullo que habían hecho un tubo, que habían podido bajarla, que el revolcón había sido espectacular…, y en seguida volvían a buscar otra ola más. Pensando en todo esto Martín entraba lentamente al mar y vio salir a los jóvenes que habían estado corriendo olas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariana observó que los corredores de olas estaban tomando sol y no había nadie más haciendo piruetas en el mar así que se sintió más tranquila. Luego vio un hombre mayor que a lo lejos reconoció ser aquel que había llegado con su familia al sitio apartado y rocoso de la playa. Se alegró que le hubiera hecho caso y no se estuviera bañando en el lado prohibido pero no se alegró tanto cuando vio que el hombre empezó a nadar hacia adentro e intentaba correr algunas olas. Le prestó atención por un rato y luego se tranquilizó al notar que el hombre parecía respetar mucho al mar pues se retiraba cuando las olas eran más grandes de lo normal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dudas le ganaban a Miguel. Seguía intentando meterse bajo una ola pero sin éxito. Sabía nadar en una piscina pero aún no terminaba de tomarle confianza al mar. Después de haber visto a varios muchachos nadar y correr olas, él también quería hacerlo. Además ahora también había un señor que estaba corriendo algunas olas medianas y parecía divertirse mucho. Miguel sabía que tarde o temprano él también iba aprender a deslizarse sobre las olas y que se iba a divertir mucho. Un poco distraído subió una ola que le pareció un poco más grande de lo esperado y vio pasar al señor corriendo esa ola y apenas esquivándolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martín se divertía. El revolcón bajo el agua al intentar volver a ponerse de pie para tratar de incorporarse y ver las siguientes olas lo hizo reírse pues no lo había podido hacer bien, como hacía tantos años atrás. Volvió a las olas y justo se encontró con un niño que le daba la espalda al mar y que estaba en el lugar donde la siguiente ola lo aplastaría si no intentaba ganarla o salir. Martín sabía por experiencia que en esas situaciones lo mejor era entrar y ganar la ola. Él estaba a cierta distancia y podía salir, sin embargo la posición del niño sí era muy mala y parecía no atinar a decidir que hacer. Martín iba a gritarle para que se meta debajo de la ola pero antes de que pudiera hacerlo el niño fue presa del miedo y optó por intentar salir lo cual era mucho más difícil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ariel conversaba con sus amigos en la orilla cuando vieron la ola y se lamentaban por no estar en el mar en ese instante. Conversaban entre ellos sobre el señor que estaba más cerca de la ola y que debía haberla corrido pero no lo había hecho. Cuando pasó la espuma de la ola lo vieron salir y les dio ganas de entrar al mar. Sin embargo, después que se levantaron fueron a caminar con una pelota de fútbol por la orilla sin prestar atención al mar. No vieron al niño que había salido varios metros por delante del señor, ni la siguiente ola que se levantaba detrás de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al pasar la ola Martín buscó preocupado al niño y felizmente lo encontró. Era evidente el miedo del niño pero también era muy evidente el miedo del propio Martín. Intentó acercarse al niño pero antes le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Te encuentras bien? ¿Puedes salir?&lt;br /&gt;- Si… - respondió el niño y aunque era la respuesta que Martín quería escuchar, sabía por la mirada del niño que en realidad le estaba mintiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariana acababa de bajar de la torre cuando había visto la ola grande pasar y luego de mirar al mar y comprobar que los bañistas estaban fuera de peligro observó al grupo de jóvenes que habían estado corriendo olas y que ahora estaban jugando fútbol en la orilla. Estando prohibido los juegos de pelota en la orilla de la playa, Mariana se les acercó a pedirles que fueran a jugar a las áreas destinadas para ello en otra zona apartada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel tenía mucho miedo pero había respondido que se encontraba bien sólo por no querer aceptar que tenía miedo y buscó rápidamente la torre de salvavidas en la playa y la vio vacía. Apenas tenía piso en ese instante en el que el mar se retiraba con tanta fuerza que terminó prácticamente arrastrándolo hacía adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martín sintió la resaca y sabía que la ola que venía sería muy grande y así fue. Miró otra vez al niño. El pobre estaba aterrado y quiso enfrentar la ola tapándose la nariz mientras trataba de contener la respiración. Era claro que el niño no saldría sólo de ahí y que necesitaba ayuda. Aún viendo levantarse la ola y al niño con rostro desesperado, Martín dudaba si entrar y acercarse al niño o salir. Sabía que dudar en esa posición era muy peligroso pero el sólo hecho de pensar que por intentar ayudar al niño de pronto él mismo podría terminar ahogado lo llenó de un miedo enorme. Pensó en sus hijas, en su esposa, en la falta que les haría si se ahogaba… el miedo era terrible pero para cuando se dio cuenta ya había tomado de una mano al niño y pasado la ola apenas y ya venía otra más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel quería llorar. Tenía mucho miedo y cuando el señor le había dado la mano no sabía si era un salvavidas o algo así pero trató de aferrarse al cuerpo del hombre como fuera. Este evitó el abrazo desesperado de Miguel y luego lo volteó en una posición incómoda pero que lo mantenía a flote. Miguel miraba la orilla y no quería ver las olas, sólo quería que el señor lo sacara de ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariana notó que algunas personas empezaban a señalar hacia el mar pero no estaba segura de lo que ocurría hasta que vio a un hombre que intentaba correr una ola protegiendo a un niño con su cuerpo y recibiendo la ola con fuerza para después de unos segundos salir a la superficie y tratando con mucho esfuerzo de avanzar contra la resaca para sacar al niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martín estaba agotado. Soportar el revolcón de la ola tratando de no soltar al niño para no perderlo lo había dejado felizmente en posición de poder caminar y casi cargándolo se esforzaba por salir del agua. Cuando ya todo estaba bajo control Martín no podía más, se sentía extenuado. Bajó de sus brazos al niño y ni bien éste pudo sentir la arena empezó a correr rumbo a la orilla a buscar a sus padres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel no pudo decir nada. Cuando se sintió seguro y sus pues tocaron arena se soltó del señor y salió del mar velozmente. Estaba asustado pero feliz de que el peligro y el mal rato ya hubiesen terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Martín respiró profundamente para recobrar el aliento pero no se detuvo y empezó a correr a buscar a su familia. No sabía porque corría pero así lo hizo. Mientras se alejaba escuchó que alguien decía:&lt;br /&gt;- ¡Que bueno que ese hombre estaba ahí y se dio cuenta a tiempo!&lt;br /&gt;Martín no miró a nadie y se fue rápido de ahí. Combatir su miedo a ahogarse lo había agotado más que el mismo esfuerzo por sacar al niño del mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariana vio al niño correr. Estaba bien. Había sido un buen susto. También vio correr al hombre mayor por la orilla rumbo a la zona donde estaba su familia cerca de las rocas. Por un momento pensó en que había tenido suerte que el hombre hubiera seguido su consejo de no bañarse en la zona de rocas pues al haber ido al lugar donde ella estaba, había estado en el lugar adecuado y en el momento exacto para poder rescatar al niño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Miguel contaba a su mamá lo ocurrido ella le preguntaba por el salvavidas que lo había rescatado. Miguel le explicaba que quien lo había rescatado no era un salvavidas y se puso a buscar al señor por la orilla pero no lo encontró. Era como si hubiera desaparecido. Su mamá estaba contenta de que estuviera a salvo pero lo regañaba por haber sido tan descuidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con su esposa sentada a su lado, Martín descansaba en la orilla echado completamente en la arena y contándole lo ocurrido. Aún temblaba de miedo y todavía se preguntaba como habían ocurrido las cosas cuando su miedo al mar era tan grande.&lt;br /&gt;- Tenía pánico. Más del que te puedes imaginar. No se cómo o qué me hizo poder ayudar a ese niño… - le decía a su esposa mientras hablaba con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;- Tú mismo siempre dices que todos somos instrumentos de ayuda, de una manera u otra. Esta vez te toco a ti. – le recordó ella.&lt;br /&gt;Martín pensó un poco y continuó:&lt;br /&gt;- Pero mira qué instrumento cobarde le tocó a ese pobre niño…- se expresó Martín y su esposa le replicó mientras le daba un cariñoso beso:&lt;br /&gt;- Esa persona lo salvó y ahora ese niño te va a recordar por ello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa tarde Ariel volvió a nadar al mar, a correr olas y continuó una tras otra hasta que el sol se puso.&lt;br /&gt;Esa tarde Miguel volvió a casa y le dijo a su mamá que ya no quería ir a la playa sino que era mejor ir a la piscina al día siguiente.&lt;br /&gt;Esa tarde al terminar el día Mariana había rescatado a más de un par de bañistas y sabía que la cuenta continuaría durante el verano.&lt;br /&gt;Esa tarde Martín volvió a casa y esa misma noche después de rezar el “Ángel de la Guarda” con sus hijas, lo rezó otra vez, pero para él. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Calo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-2824606966347404679?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/TASHUZqUE4I/AAAAAAAAAGw/aW0Tn5w2_hI/s72-c/Pluma.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/05/el-angel-de-la-guarda.html</feedburner:origLink></item><item><title>Vuelo Lento</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/LUYtf4-5kKo/vuelo-lento.html</link><category>Vuelo Lento</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Fri, 14 May 2010 12:35:29 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-2551344218783301293</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El 13 de Mayo es un día especial. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hace catorce años viví semanas de días que por su duración parecieron meses. Días donde el hospital fue el lugar donde pasé más horas que en casa. Días en los cuales compartí y conocí más a Guti, mi abuelo, hasta esa mañana donde por vez primera presencié el momento en el que se apaga una vida como si fuera una vela que ya ardió todo lo que le era posible y llega entonces esa visita que parece inesperada para soplar la frágil llama mientras recoge el último aliento de un cuerpo cansado.&lt;br /&gt;Guti se nos adelantó un 13 de Mayo, como ayer, y pensando en muchas cosas que compartimos él y yo, recuerdo las caminatas en las que lo acompañé para asegurarme que su avanzado parkinson no le jugara una mala pasada y le hiciera perder el equilibrio. Las distancias recorridas de esas caminatas se iban reduciendo de un par de cuadras en la calle a sólo una o menos. Más tarde terminaron siendo caminatas de sólo algunos metros desde su dormitorio hasta la puerta de la casa desde donde se quedaba de pie para observar la calle. Lo recuerdo ahí de pie, inmóvil, como queriendo impregnarse de lo que su vista todavía alcanzaba y que sus piernas ya no. Las siguientes caminatas apenas le permitían llegar al sofá de la sala una o dos veces al día. Sus pasos lentos no eran seguros pero él los daba. Se tomaba su tiempo para poner un pie delante del otro, a veces arrastrándolo y apoyándose en un andador porque un bastón ya no era suficiente. Su andar podía ser lento e inseguro pero era decidido. Guti avanzaba despacio, concentrándose en cada paso, uno a uno, y yo a veces lo dejaba y lo observaba desde otro sofá mientras el llegaba al suyo, sonriente, y se dejaba caer con un suspiro cuando tenía la seguridad de que ya podía sentarse sin problemas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Guti, hoy pensaba en ti y en tu lento caminar, en esas veces que tuve la suerte de poder acompañarte, cuando los segundos se volvían minutos con tu andar. Entonces retomé uno de mis escritos anteriores, &lt;a href="http://www.pedazosdemi-calo.com/2009/11/el-batir-de-tus-alas.html"&gt;“El batir de tus alas”&lt;/a&gt;, y decidí volver a ver esa joven e inquieta gaviota que volaba veloz y me imaginé que ya había crecido, que había envejecido, que la velocidad ya no era importante. Este "Vuelo lento" es para ti Guti, con todo mi agradecimiento.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 218px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5471164987873832658" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S-17kanGLtI/AAAAAAAAAF8/Hmv_M_zOiB0/s320/Vuelo+Lento.JPG" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;Vuelo Lento&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo transcurre inexorable, para todos. La que alguna vez fue una joven e inquieta gaviota se había echado a volar tanto que dejó atrás su juventud hasta que se hizo adulta e incluso algo más que ello. Envejeció, ganó experiencia, dejó de ser joven, pero procuró no calmar su inquietud. Había volado sola, acompañada, escoltando gaviotas, e incluso siendo líder de su bandada a veces. Siguió el consejo que una vez le ofreció una gaviota guía cuando ella era joven y así había ejercitado sus alas por cielos que le eran desconocidos hasta que dejaron de serlo; se ejercitó por climas no adecuados para el vuelo, hasta que se volvieron adecuados; batió sus alas en altitudes insospechadas hasta que esos vuelos a gran altitud se convirtieron en su día a día. Claro que todo ello no ocurrió sin esfuerzo ni problemas. Se dio cuenta que al haber ejercitado sus alas en condiciones diversas había conseguido fortalecerlas más que cuando sólo se dedicaba a lo que le era más cómodo hacer. No había defraudado a esa gaviota guía y, lo más importante, no se había defraudado a sí misma. Con su vuelo había inspirado a otras gaviotas y esas mismas gaviotas con las que había volado también la inspiraron a ella y le enseñaron muchas cosas. Algunas lo hicieron con el firme propósito de enseñar y otras simplemente por estar ahí disfrutando su vuelo, permitiendo que las demás las observen y aprendan.&lt;br /&gt;Una tarde cuando volaba a la cabeza de la bandada sentía un cansancio distinto. En ese momento se le acercó una gaviota joven que le hizo recordar cuando ella misma lo era. La gaviota joven le preguntó con curiosidad: &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;- ¿Cuál es el secreto para que a pesar de tu edad todavía sigas volando así?&lt;br /&gt;- ¿Así? ¿A qué te refieres?&lt;br /&gt;- Es decir, te veo feliz volando de cualquier manera que lo hagamos aunque se nota que ya te resulta difícil volar alto, o rápido, o rasante pero participas con nosotras. Las otras gaviotas de tu edad sólo vuelan lo justo, lo que les resulta necesario cada día.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La veterana gaviota sonrió a la joven recordándose a sí misma y, mientras ambas volaban liderando a las demás, le respondió:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Pequeña, no existe secreto para ello.&lt;br /&gt;- No soy pequeña. Sólo soy menor. Es diferente. – intervino la joven gaviota con ánimo de aclarar el término. Entonces la gaviota veterana se corrigió:&lt;br /&gt;- Tienes razón. No eres pequeña, sólo eres menor que yo. Y yo tampoco soy más grande que tú, sólo soy un poco mayor.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La joven gaviota sonrió y la veterana continuó su comentario anterior mientras volaban:&lt;br /&gt;- No tengo secreto para volar. Mis alas y mis plumas ya están algo viejas y han acumulado tantas horas de vuelo que me pesan, pero todavía puedo extenderlas y me permiten pasearme por el cielo. Cada vez que me elevo sonrío para celebrar el regalo de todavía poder hacer ciertas maniobras y vuelos gracias a que seguí el consejo de una gaviota que fue guía de nuestra bandada pero que hoy ya no se encuentra entre nosotras. No he dejado de poner entusiasmo en cada vuelo, aunque me resulte incómodo, aunque me resulte muy difícil. Antes de llegar a mi edad otras gaviotas ya han dejado de hacer ello. Se especializan en algún tipo de vuelo, generalmente en aquel que les resulta más cómodo, en aquel que sienten que hacen mejor. Luego, cuando el tiempo pasa, se dan cuenta que solo pueden volar de esa única manera y es mucho más complicado intentar volar de manera diferente. Es mucho más difícil que le pongan entusiasmo a volar de manera distinta a lo que ya se han acostumbrado. Lo malo es que con el tiempo luego ocurren situaciones que les impide hacer ese vuelo de la forma que querían, de la forma en que lo hacían. Como no se han preocupado en volar de otra manera, ya de mayores prefieren no intentar algo diferente y sólo quieren recordar lo bien que lo hacían cuando eran jóvenes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La joven gaviota había escuchado con atención. Batió sus alas con más vigor y adelantó a la veterana por un momento diciendo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Yo soy muy rápida y me gusta sentir el viento fuerte cuando avanzo. Me encanta darme cuenta que puedo atravesar vientos cada vez más intensos. Es lo que más disfruto al volar y aunque también hago otros tipos de vuelos, volar rápido es lo que más practico. Soy joven y quiero aprovechar eso para descubrir que tan rápido puedo llegar a volar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La veterana gaviota realizó una maniobra con mucha armonía para descender con un suave cambio de dirección de sus alas. Se apartó de la bandada por un momento invitando a la joven gaviota a que la siguiera. De inmediato otra gaviota tomó la posición de guía para dirigir a la bandada mientras las otras dos se alejaban y se posaban en las rocas de unas peñas que sobresalían del mar, cerca de la orilla de la playa donde las olas se estrellaban con fuerza en las rocas deshaciéndose en millones de gotas de agua salada cada vez.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- ¿Por qué me traes aquí? – preguntó la joven gaviota.&lt;br /&gt;- Tú ya eres la gaviota más rápida de nuestra bandada. Eso lo sabes. Pero ser la más rápida es un título adjudicado por comparación con las demás. Quizá exista otra gaviota en otra bandada que vuele más rápido que tú.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La joven gaviota respondió con cierta pretensión:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- No lo creo. Si en verdad existe esa gaviota y la llego a conocer, entonces me esforzaré para volar más rápido aún.&lt;br /&gt;La veterana gaviota le dijo:&lt;br /&gt;- No limites tus esfuerzos sólo para destacarte de entre las demás. Aparta de ti esa idea comparativa para definir tus posibilidades. Eres una gaviota que puede volar lo más rápido, alto o bajo que quiera si en cada oportunidad y sin importar el tipo de vuelo que elijas hacer, realmente dejas que tus plumas sientan que están cargando todo tu entusiasmo, toda tu fuerza, toda tu alma. Si a cambio esperas que tus alas sean comparadas con otras, te habrás auto impuesto un límite. No depende de cuantas gaviotas lo hagan más o menos rápido que tú. Si vuelas dejando de imponerte un límite comparativo entonces alcanzarás plenitud en tus posibilidades y serás feliz porque encontrarás entusiasmo y satisfacción en cada oportunidad que vueles, sea como sea que decidas hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La joven gaviota pensó unos segundos y mientras veía una enorme ola reventar contra las peñas, también observó que un halcón pasaba veloz delante de ellas. La gaviota veterana le dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Ahí tienes un ave de la que dicen ser la del vuelo más rápido del mundo pero quizá entre todos los halcones, ese sea el más lento de todos. No lo sabes. No intentes volar como el halcón, no te impongas un patrón. Observa y aprende de los que vuelan a tu alrededor, pero no te limites a compararte con los demás y así verás a las demás gaviotas y otras aves no como tus competidoras sino como fuente de inspiración y como seres a quienes puedes apoyar a que también se embarquen en la aventura de realizarse sacando a relucir lo mejor de ellas mismas cada vez.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las dos gaviotas se quedaron observando el mar y a su bandada que pescaba un poco lejos de las peñas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Te invito a hacer un ejercicio antes de volver a la bandada. – dijo la gaviota veterana.&lt;br /&gt;- ¿Un ejercicio de velocidad? – preguntó con mucho entusiasmo la joven gaviota.&lt;br /&gt;- Sí. Te puedo asegurar que no sabrás ser más rápida sino sabes que es lo contrario.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La veterana gaviota la invitó a realizar un vuelo lento, tan lento que desafiara la gravedad suspendiéndose en una misma posición sin aletear, exponiéndose a las olas que reventaban cerca en las rocas. La joven pensó que eso era para gaviotas que no podían volar rápido como ella y que sería muy sencillo. Sin embargo, al intentarlo comprobó que volar lento podía ser tan difícil como cuando quería volar muy rápido. No pudo sostenerse en el aire por mucho tiempo sin aletear y tuvo que volver a las peñas para no perder el control del vuelo mientras la veterana gaviota parecía suspendida en el aire, en el mismo lugar, sin desplazarse y sin mover un músculo de sus alas. Desde esa posición dijo:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Todo depende de cómo percibes el viento y orientas tus alas abriéndolas lo necesario para que puedas mantenerte en armonía con el viento de este momento y sostenerte aquí, sin moverte ni aletear. El desafío es conseguir hacerte parte del instante. Verás luego que así como el viento puede balancearte y suspenderte mientras vuelas lento con él y no contra él, de la misma forma puedes también volar más rápido.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entonces la joven gaviota alzó vuelo nuevamente y se acercó a la veterana que se mantenía suspendida e inmóvil sobre las rocas. Luego de varios intentos fallidos donde estuvo a punto de caer al mar, encontró la manera de comulgar con el viento y volar sin mover sus alas. Ambas se sostuvieron allí desafiando la inmovilidad hasta que dejó de ser un desafío.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;- Resulta más difícil volar lento. Requiere mas fuerza en las alas. – comentó sorprendida la joven gaviota y la veterana respondió:&lt;br /&gt;- No es por fuerza. Para disfrutar del vuelo necesitas pensar un poco para encontrar como extender tus alas según la fuerza y dirección con la que sopla el viento. Sólo eso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Segundos más tarde, cuando ambas gaviotas reanudaban el vuelo rumbo a la bandada, la gaviota veterana sintió nuevamente ese cansancio distinto de antes y supo que para ella ya había llegado el momento de partir. La joven gaviota notó a la veterana apartarse de ella con un gesto de despedida acompañado de una sonrisa y comprendió que no podría seguirla. Vio como la veterana gaviota no voló para unirse a las demás sino para alejarse mar adentro batiendo en paz y con calma sus cansadas y esforzadas alas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;Calo&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-2551344218783301293?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S-17kanGLtI/AAAAAAAAAF8/Hmv_M_zOiB0/s72-c/Vuelo+Lento.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/05/vuelo-lento.html</feedburner:origLink></item><item><title>Cuando lances tu red</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/zOlqHvgnG5Y/cuando-lances-tu-red.html</link><category>Cuando lances tu red</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Thu, 29 Apr 2010 20:03:59 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-1195998993671433689</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Estaba escribiendo una corta historia sin saber que rumbo tomaría, quienes serían los personajes, cuál sería el fondo. La historia quedó incompleta por varios días luego de empezarla.&lt;br /&gt;Una mañana mientras salía a correr por la orilla del mar me encontré con un hombre solitario que sentado en la arena miraba las olas y parecía estar meditando. Las siguientes dos mañanas lo volví a encontrar en el mismo lugar. Noté que llevaba un cuaderno de notas y que por ratos escribía algo en él.&lt;br /&gt;Un par de días más tarde volví a correr a la playa pero ya no lo encontré; su lugar en la arena estaba vacío. Mientras trotaba por la orilla pasé al lado de un pescador. Lo saludé y me respondió amistosamente. Seguí mi camino y cuando me alejaba se me ocurrió que el pescador y el hombre que había visto los días anteriores se podrían haber cruzado en esas arenas. Me imaginé lo que habrían conversado y fue así que al final ambos se convirtieron en personajes de la historia que terminé de escribir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5465759449207898626" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S9pHQp3FggI/AAAAAAAAAF0/dDsg5HbVX0I/s320/Pescando.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Cuando Lances Tu Red&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la orilla del mar se encontraba sentado un hombre mayor. Sostenía un lápiz en una mano y unas hojas de papel en la otra. Su mirada vacía se perdía al horizonte. Un anciano pescador pasó caminando descalzo delante de él mojando sus pies en el mar y cargando su equipo de pesca en un par de bultos que traía acomodados al hombro. Saludó al hombre pero como este no respondió entonces se le acercó y le preguntó cordialmente:&lt;br /&gt;- Disculpe señor, ¿qué le atormenta tanto que quienes pasamos delante le parecemos invisibles?&lt;br /&gt;Como saliendo de un trance el hombre reaccionó y alzó la mirada para ver al pescador y responderle:&lt;br /&gt;- Lamento no haberlo visto llegar.&lt;br /&gt;- Parece tener un problema serio. ¿Puedo ofrecerle mi ayuda?&lt;br /&gt;- Se lo agradezco pero no es necesario. Tengo un problema pero ya estoy trabajando en él.&lt;br /&gt;El pescador insistió queriendo saber un poco más. El hombre intentó evasivas al principio hasta que luego hizo unos cuestionamientos:&lt;br /&gt;- ¿Qué es un pintor que no pinta? ¿Qué es una bailarina que no baila? ¿Qué es un músico que no compone? – Las preguntas vinieron acompañadas de una pausa que el pescador no intentó romper esperando ver si el hombre continuaba y así fue.&lt;br /&gt;- ¿Qué es un escritor que no escribe? Soy escritor pero me he quedado sin inspiración. No se qué escribir. Otras veces me ha ocurrido esto pero el período de sequía cuando no puedo escribir nada que me deje satisfecho jamás ha sido tan prolongado como en esta oportunidad. Como último recurso he vuelto a esta playa que siempre fue mi lugar ideal para encontrar inspiración, sea por ella misma, sea por los recuerdos que me trae o sea por lo que me muestra cuando vengo pero aAhora ni siquiera me resulta venir aquí. Tengo algunas ideas pero no consigo ordenarlas. Siento que no estoy siendo capaz de volver a poner en el papel algo que valga la pena ser escrito. Llevo sentado aquí horas sin conseguir armar frase alguna.&lt;br /&gt;El pescador se sentó en la arena al lado del hombre y con una sonrisa amistosa le dijo:&lt;br /&gt;- Aunque yo sólo sea un viejo pescador quizá pueda darle algunas ideas, si usted me lo permite.&lt;br /&gt;El hombre observó al anciano pescador y se detuvo un poco en su descuidada apariencia. Andaba descalzo, portaba viejos pantalones y camisa que de tanto uso resultaba imposible saber el color que alguna vez tuvieron. La exposición prolongada a los rayos solares y al mar había curtido la piel de su rostro, de sus brazos tatuados con figuras irreconocibles, y de sus grandes y toscas manos típicas de quien realiza trabajo manual duro desde muy temprana edad. Algo en la mirada del pescador provocó en el hombre la inquietud de escucharlo y entonces dejó su lápiz y sus hojas sobre la arena. El pescador notó la expectativa que había despertado en el hombre y le preguntó:&lt;br /&gt;- Mire a su alrededor, en la arena. ¿Qué puede ver?&lt;br /&gt;El hombre miró rápidamente a su alrededor sin encontrar objeto alguno que destacara así que respondió que no había nada. Sin embargo el anciano le hizo notar una botella de vidrio azul semienterrada justo detrás de ellos. Mostrándose un poco incómodo el hombre se acercó al lugar que señalaba el pescador y tomó la botella. Luego volvió con el pescador y éste le pidió que volviera a mirar alrededor con atención. El hombre lo hizo nuevamente de manera rápida y con desgano. Se podría decir que esperaba terminar pronto para que el pescador dijera lo que quisiera y luego lo dejara.&lt;br /&gt;- ¿Qué pudo ver ahora además de la botella?&lt;br /&gt;- Nada. No pude ver nada más.&lt;br /&gt;Señalando hacia uno de los lados a varios metros de ellos el anciano pescador hizo notar una pequeña pluma de gaviota clavada en la arena seca. La recogió y luego volvió a sentarse cerca del hombre diciéndole:&lt;br /&gt;- La botella y la pluma son dos objetos notorios a simple vista sobre la arena pero para usted pasaron desapercibidos. Como yo cuando pasaba por aquí delante de usted y lo saludé.&lt;br /&gt;El hombre observaba al pescador recoger arena en una de sus manos y dejándola caer por entre sus dedos mientras parecía tomar tiempo para pensar antes de volver a decir algo. Cuando los últimos granos de arena cayeron de sus manos, el anciano pescador continuó:&lt;br /&gt;- No soy escritor, soy pescador. Casi ni sé escribir. Mis dedos se las arreglan mejor poniendo carnada en un anzuelo que tomando un lápiz. Mi padre me enseñó a pescar. Fue lo primero que me enseñó y creo que lo único que aprendí bien. Lo sé porque nunca he dejado de conseguir peces. Cuando me hago a la mar y estoy remando en mi bote no puedo ver los peces que quiero pescar y ni siquiera puedo asegurar si mi carnada los atraerá. Pero sé que mientras navego hay peces nadando allí debajo de mi bote. Si preparo adecuadamente mi cordel, mi anzuelo, mi carnada y presto atención a lo que ocurre a mi alrededor con la marea, el clima, los vientos y las corrientes marinas, entonces estoy seguro que me conducirán al lugar donde encontraré los peces que quiero y terminaré obteniendo algo de las aguas del mar para poner en mi canasta de pesca.&lt;br /&gt;El hombre intervino luego de escuchar al pescador:&lt;br /&gt;- Como escritor yo necesito mirar dentro de mí para extraer lo que quiero expresar, lo que siento, lo que necesito decir. Ayúdeme a comprender qué tiene que ver conmigo todo lo que usted esta diciendo.&lt;br /&gt;El pescador volvió a tomar un puñado de arena y fue dejando caer los diminutos granos por entre sus dedos observándolos con detenimiento. Finalmente dijo.&lt;br /&gt;- Lo que usted necesita es aprender a pescar. Aprenda a observar bien lo que hay fuera de usted para que pueda descubrir lo que hay dentro. Un buen pescador necesita ser también un buen observador. Nunca sostiene su cordel o lanza su red esperando pescar el gran pez sin prestar atención a su entorno. No empuñe su lápiz esperando ver nacer esa gran idea y tenerla plasmada de inmediato en el papel. Su obsesión por encontrar algo que desde el primer momento reluzca y brille como un tesoro ocasiona que deje de prestar atención a todo lo importante que va sucediendo cerca de usted. Mire a su alrededor con atención, sienta su entorno, deje que algunas cosas simples le llamen la atención y deténgase en ellas. Luego lance su red y permítase recoger con paciencia lo que ella le alcance. Si los peces que su red atrapó no son lo que esperaba, sonría y vuelva a lanzarla recordando que los dos primeros pescados de la mañana siempre serán necesarios para poder llegar a pescar el tercero.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-1195998993671433689?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S9pHQp3FggI/AAAAAAAAAF0/dDsg5HbVX0I/s72-c/Pescando.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">6</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/04/cuando-lances-tu-red.html</feedburner:origLink></item><item><title>La Próxima Ola</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/UVy5iL0EF9o/la-proxima-ola.html</link><category>La Próxima Ola</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Fri, 16 Apr 2010 21:00:56 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-367117762205566833</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Cuando desde las arenas de una playa observamos el mar hacia el horizonte podemos tener la sensación de que es ilimitado, infinito, aunque sepamos bien que no es así. No podemos contar todas las gotas de agua que lo componen, pero eso no cambia el hecho de que son finitas. Con la vida es igual. Somos conscientes de que nuestra existencia es limitada pero con frecuencia&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S8irIraxnhI/AAAAAAAAAFc/BXDiWmRUxB4/s1600/El+Horizonte+4.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460802713769057810" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S8irIraxnhI/AAAAAAAAAFc/BXDiWmRUxB4/s320/El+Horizonte+4.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; olvidamos que sólo estamos de paso en este mundo y que aún cuando no sepamos la cantidad de días que viviremos esa es una cantidad finita y que tarde o temprano llegará un día que empezaremos pero que no terminaremos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hemos escuchado decir que cada día es un regalo. ¿Qué hacemos con ese regalo? ¿Nos acostumbramos a un día a día que queremos sentir cómodo aunque no lo sea, aunque nos regale poco o nada de lo que esperábamos o deseábamos de la vida para cada uno de nosotros, para la gente que amamos? ¿Despertamos cada día agradecidos y nos tomamos unos minutos para reflexionar si las acciones que tomaremos nos conducen o aproximan a sentirnos en verdad realizados?&lt;br /&gt;El resultado de esta reflexión puede hacernos pensar que necesitamos un cambio y que este debe empezar por nosotros pero es más fácil quedarse a esperar que cambien las circunstancias, que cambie el entorno que sentimos no favorable y en esa espera vamos desperdiciando el tiempo, vamos quemando nuestros valiosos días finitos. Si te sientes insatisfecho y tienes el deseo de cambiar algo en tu vida, ya has dado un buen primer paso puesto que todo empieza por desear. Pero el deseo debe ser acompañado de la acción.&lt;br /&gt;Si te embarcas en la tarea de cambiar para buscar un horizonte nuevo, compárala con lanzarte a navegar al mar dispuesto a enfrentar tempestades, corrientes, olas enormes y amenazantes que por seguro aparecerán listas para zarandear tu embarcación. Y cuando aparezcan, no desees que la tormenta pase ni que las olas dejen de venir, o al menos no lo hagas sin pensar también en qué actitud tomarás para afrontar esa próxima ola, esa que parece levantarse de la nada de forma inesperada dispuesta a tragarte. Sea que la sobrepases o no, si luego de esa ola vuelves a ver un amanecer, agradece y disfruta de esa nueva oportunidad de poder seguir navegando un día más y toma conciencia de que si aún no has llegado a ese horizonte soñado, debes seguir preparándote porque probablemente lo encuentres tras esa próxima ola que ya esta formándose allí en alta mar. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;em&gt;La Próxima Ola&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres náufragos se encontraban en una isla desierta. Habían encontrado la manera de sobrevivir por varios años acostumbrándose a aprovechar lo que la isla y el mar podían ofrecerles. Cuando recién habían sido arrojados por el mar a esas playas, todos los días, sin dejar pasar uno, miraban al horizonte esperando encontrar una embarcación que fuera en su rescate. El tiempo pasó y los años se encargaron de que la esperanza de ser rescatados fuera desvaneciéndose poco a poco.&lt;br /&gt;Un día el menor de esos náufragos miraba al horizonte y ya no lo observaba con la esperanza de encontrar algo sino que lo hacía para asegurarse de que ese día tampoco iba a encontrar embarcación alguna. La perspectiva de su búsqueda había cambiado. Ahora miraba al horizonte esperando no encontrar nada para así poder confirmar su desgracia. Sintió una tristeza muy profunda y amarga.&lt;br /&gt;Esa tarde habló con los otros dos náufragos para decirles que él ya no estaba dispuesto a quedarse más tiempo en la isla. Quiso persuadirlos de que podrían construir una balsa lo suficientemente resistente para hacerse a la mar y tratar de ser ellos los que salgan rumbo al horizonte en busca de ser encontrados y no sólo seguir esperando a que el horizonte les regale su rescate sólo por contemplarlo con esperanza. Uno de los que lo escuchaba, el mayor de los tres, no estaba de acuerdo y comentó con firmeza que él prefería seguir en la isla. Harían más señales de fuego desde la playa para que alguna embarcación o aeronave pudiera verlos, lanzarían al mar mensajes en botellas que aún les quedaban para que alguien pudiese encontrarlos y seguirían viviendo en la isla mientras la ayuda llegaba porque él era optimista y estaba convencido de que así iba a ser. Para él lo bueno de todo era que ya habían encontrado la manera de sobrevivir en la isla y eso les permitiría continuar allí por mucho más tiempo hasta que llegaran a rescatarlos. El otro náufrago dudaba. No estaba de acuerdo con el mayor ni con el menor. No quería quedarse en la isla pero no estaba seguro de que pudieran construir una balsa tan resistente como para desafiar al mar y pensaba que lo más probable era que las olas se encargarían de destruir su embarcación y hasta morirían ahogados antes de que pudieran ser rescatados o al menos ser devueltos a la misma playa desde la que habían intentado salir. Cuando el menor de los náufragos se dio cuenta de que no podía convencer a sus compañeros a construir la balsa, se propuso hacerlo solo.&lt;br /&gt;Pasaron las semanas y el menor de los náufragos trabajaba con los troncos que había cortado de árboles de la playa para construir la balsa. De tanto en tanto los otros dos participaban un poco en la construcción. El mayor de los tres ayudaba pero no perdía la oportunidad de dejar en claro que él no subiría a bordo y que se quedaría en la isla. El segundo seguía dubitativo y mantenía silencio pero conforme veía que la balsa iba adquiriendo forma se dedicó más tiempo a trabajar en ella. Mientras más se dedicaba a ayudar más le iba pareciendo que la balsa no se veía tan precaria después de todo y que quizás el intento de cruzar el mar podía no ser tan riesgoso. Llegó a sentirse muy optimista respecto a zarpar. No cabía duda que el entusiasmo del menor de los náufragos lo había contagiado.&lt;br /&gt;Cuando la balsa estuvo finalmente lista, tener al alcance de sus manos la embarcación con la que podrían intentar dejar la isla y navegar hacia el horizonte provocó diversas sensaciones en cada uno de los tres náufragos. El mayor de los tres sintió por primera vez que quizá la idea de la balsa no era tan mala y que podrían hacer el intento pero no quería dar marcha atrás con lo que él ya había dicho antes. Se cerró en su idea y manifestó reiteradas veces su deseo firme de quedarse en la isla. Así lo había dicho mientras construían la balsa y ahora que estaba terminada él no cambiaría de parecer e incluso siguió intentando desalentar a los otros dos diciéndoles que era una locura y que terminarían ahogados antes de que alguien pudiera rescatarlos. A pesar de esos comentarios, el náufrago que dudaba se sintió muy motivado al notar que habían sido capaces de construir una embarcación y confiaba en que podía llevarles lejos, quizá lo suficiente como para poder encontrar otras orillas u otra embarcación que pudiera rescatarlos. Y el tercero, el menor de los tres, estaba más que nunca decidido a partir. No veía la balsa como una embarcación tan segura y no apostaría a que podrían en verdad llegar tan lejos navegando en ella, pero eso no era tan importante para él. Lo importante era que ahora tenían su balsa y que se encontraban en condiciones de intentar algo que antes sólo tenían que esperar a que ocurriera. Ahora ellos mismos podían ser la embarcación que esperaban ver en el horizonte y el sólo pensar en eso lo hacía sonreír causando que su entusiasmo y optimismo siguiera en aumento.&lt;br /&gt;Llegó el día en que finalmente se harían a la mar. Dos náufragos partían y uno se quedaba.&lt;br /&gt;El mayor de los tres no cambió de parecer aún cuando la balsa había sido construida para tres personas. Se despidió con enojo y frustración de no haber podido persuadir a los otros de que podían seguir esperando en la isla con él, que la supervivencia estaría asegurada, que tenían refugio y comida, que habían aprendido a vivir con lo que la naturaleza les ofrecía y que eso les daría fuerzas para continuar la espera hasta que llegara un rescate. Ahora se había quedado solo y veía como los otros dos empezaban a superar las primeras olas a bordo de la balsa.&lt;br /&gt;Mientras cruzaban el mar y la fragilidad de la embarcación era desnudada por el oleaje que por momentos parecía estar a punto de volcarla, la seguridad del náufrago que al principio había dudado desapareció. Sus dudas y temores volvieron y el miedo lo invadió completamente. Miró a la costa de la playa que habían abandonado y no le pareció tan lejana como para intentar regresar. Notaba que el entusiasmo del menor de los náufragos parecía crecer más con cada ola que superaban y se afanaba en hablarle ya no de lo muy lejos que podían llegar sino de que estaban avanzando, de que con cada ola que pasaban era una más que quedaba atrás y una menos que tendrían que pasar para llegar al lugar que el horizonte les reservaba. Pero para el náufrago lleno de temor y que veía la playa alejarse esos discursos ya no le servían de nada y decidió no apartarse más de la costa que lo había alojado por tanto tiempo y en la que además no estaría sólo ya que uno de sus compañeros se había quedado allí. Se sentía con fuerzas suficientes para nadar de regreso hasta la orilla. Conocía la playa pero no conocía lo que las olas podían estarle ocultando. Se sentía seguro de poder llegar a la isla y entonces se lanzó al mar y empezó a bracear con fuerza rumbo a la playa, a su orilla segura y conocida.&lt;br /&gt;El menor de los náufragos quedó solo a bordo de la balsa y vio a su compañero aprovechar el oleaje del mar para acercarse más y más a la playa y alejarse más y más de él. Se lamentó de continuar la travesía en solitario pero también comprobó con alegría que la embarcación que había construido había superado sus expectativas a pesar de su fragilidad. Decidió continuar su avance hasta superar el fuerte oleaje que le permitiera llegar a una zona de aguas más tranquilas desde donde pudiera observar un horizonte diferente del que había visto por años desde la playa de esa isla. Probablemente incluso podría llegar a divisar otra isla o quizá otra embarcación.&lt;br /&gt;Siguió remando con vigor, con energía y empezó a encontrar la manera de superar ciertas olas con menor dificultad pero el fuerte oleaje no cesó sino que empeoró. Pronto la balsa se vio envuelta en unas olas que fueron demasiado para ella y llegaron a volcarla y partirla. El náufrago se vio en el agua y pudo ser testigo de cómo las olas se engullían a pedazos su precaria embarcación hasta que no quedaron sino algunos maderos esparcidos y flotando a su alrededor. Se aferró a uno de ellos que le sirvió para sostenerse a flote y continuar bregando para sobrevivir al mar. Ya anocheciendo, las fuertes corrientes marinas se encargaron de devolverlo a la orilla de la misma playa de la que había zarpado. Llegó apenas respirando, exhausto, sin fuerzas para caminar se tiró en la orilla y se quedó dormido.&lt;br /&gt;Al amanecer los otros dos náufragos salieron a pescar y lo encontraron echado en la playa. Pensaron que había muerto ahogado y así pagaba su locura. Al darse cuenta de que aún respiraba, lo levantaron de la arena y lo llevaron al refugio. Cuando estuvo recuperado, los tres se reunieron y conversaron.&lt;br /&gt;El mayor de los náufragos fue el que más habló sintiéndose con toda la autoridad que el resultado de los hechos le daba y reforzó su plan de quedarse en la isla y seguir los intentos de construir señales o lanzar al mar botellas con mensajes hasta que alguien los encontrara.&lt;br /&gt;El náufrago que había decidido saltar de la balsa y volver a la playa habló menos. Había experimentado el intento y la renuncia y sentía que había sido suficiente. Se cuestionaba cómo el entusiasmo de otro lo había conducido a la insensatez de creer que cruzar el mar en una balsa era posible. Manifestó su acuerdo de quedarse y ayudar con las señales y las botellas. Con los recursos que tenían en la isla podían con seguridad esperar más tiempo y tarde o temprano ese plan podía funcionar.&lt;br /&gt;El menor de los náufragos, el que había sido devuelto casi ahogado por el mar, no dijo nada. Sentado en la arena escondió su cabeza entre sus rodillas mientras un par de lágrimas surcaron su rostro y los otros dos náufragos tuvieron algunos gestos de consuelo con él.&lt;br /&gt;En la mañana siguiente, mientras los dos náufragos mayores reunían leños y troncos secos para armar una nueva señal de fuego y esperar un rescate, vieron al náufrago menor que se acercaba a ayudarles muy animado aunque arrastrando con dificultad un largo y grueso tronco que había cortado. El mayor de los náufragos se dirigió a él con autoridad:&lt;br /&gt;- Ese tronco es demasiado grande y verde para nuestra señal de fuego. Si vas a ayudarnos entonces trae otro. – y al terminar de hablar le miró con desdén. Entonces, el menor le respondió.&lt;br /&gt;- Este tronco no es para quemarlo, es para aprovecharlo y poder construir otra balsa más resistente.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5460802422067892418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S8iq3svzEMI/AAAAAAAAAFU/q1Zfh0fvxAQ/s320/La+Proxima+Ola.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-367117762205566833?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S8irIraxnhI/AAAAAAAAAFc/BXDiWmRUxB4/s72-c/El+Horizonte+4.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/04/la-proxima-ola.html</feedburner:origLink></item><item><title>El Hombre y la Montaña</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/o_n-bosQK-Y/el-hombre-y-la-montana.html</link><category>El Hombre y La Montaña</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Fri, 16 Apr 2010 21:00:41 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-7265493985383347844</guid><description>&lt;div align="justify"&gt;Era domingo y me encontraba en otro país, muy lejos de mi hogar. Regresaba completamente mojado al hotel mientras finalizaba mi trote a paso acelerado bajo la intensa lluvia de una tormenta que duraba ya tanto como el día. Antes de llegar al hotel y mientras todavía cruzaba el camino de piedras que apenas sobresalían del agua de la laguna, me sonreía al reconocer que no sabía realmente porqué había salido a correr con ese clima y que sólo me había dejado llevar por mis impulsos. Todavía se escuchaban algunos truenos cuando entré a mi habitación y al notar que las ventanas estaban abiertas me apuré hasta ellas. Antes de cerrarlas me quedé ahí de pie contemplando el verde y húmedo paisaje tras la transparente cortina de agua que seguía mojándolo todo. Observaba con calma al exterior. Recorría con la vista la ruta que me había llevado en mi trote por los alrededores de la laguna y fue así que de pronto sentí la necesidad de escribir. Cuando empecé no sabía por qué y cuando dejé de hacerlo estaba seguro que no había terminado pero me fue imposible seguir. Aunque luego intenté muchas veces continuarlo, no pude. Era como si faltara algo; como cuando no se encuentra la pieza del rompecabezas que hace falta para proseguir.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El Hombre y la Montaña &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;“No puedo explicar bien lo que me impulsó a salir esta vez. Se supone que siempre existe un motivo pero no lo encontraba. Esta mañana después de caminar un largo trecho por la desierta carretera con mi pequeña mochila a cuestas había vuelto a un punto de partida que ya conocía. ¿Qué me había traído aquí en esta nueva oportunidad?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Recuerdo haber despertado muy temprano por la mañana y sentir simplemente que tenía que volver a visitar este lugar. Era como haber recibido una invitación imposible de eludir o postergar.&lt;br /&gt;El frío viento acariciaba mi rostro descubierto mientras observaba el camino que me esperaba. El punto de partida era conocido y el punto de llegada también sería el de otras veces. La montaña me invitaba una vez más a su cumbre y yo tenía la certeza de que había preparado algo para mí. &lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5454435403145439330" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 275px; CURSOR: hand; HEIGHT: 211px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S7IMGa7MaGI/AAAAAAAAAFE/nn4hbNzc2Yc/s320/La+Monta%C3%B1a+2.JPG" border="0" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Me encontraba solo. Éramos la montaña y yo. Ahí esta ella, ahí ha estado siempre y ahí seguirá. Es testigo de sabe Dios cuantas cosas y sigue invitando a quien la quiera escuchar. Así como puede brindarnos mucho, también puede quitarnos todo. Tiene para nosotros lo que nosotros mismos llevemos, pero se las ingenia para extraer de nuestro interior algunas compañías insospechadas para hacerlas andar a nuestro lado. ¿Soledad?, ¿silencio?, ¿emoción?, ¿alegría?, ¿tristeza?, ¿valor?, ¿miedo?... Estaba empezando solo pero mientras estuviera escalando encontraría la compañía que ella conseguiría de mi interior para esta ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cielo lucía muy celeste pero parcialmente cubierto por nubes que parecían competir entre ellas por destacar como la más inmóvil. El pedregoso sendero por el que caminaba era también muy arcilloso y aunque tenía diversas bifurcaciones se notaba claramente un camino principal así que seguí por aquel.&lt;br /&gt;A varios miles de metros sobre el nivel del mar el aire es muy frío y raro, especialmente si el sol apenas esta intentando tímidamente asomarse por sobre estos picos nevados. Unos viejos y oxidados rieles cruzan el camino por el que voy dejando mis huellas y me desvío para seguirlos por un momento. No hay gente en la pequeña estructura de madera que seguro hace muchos años fungía de precaria estación ferroviaria. Había pensado que podría encontrar a alguien ahí pero ahora sabía que el único ser humano alrededor del lugar era yo; entonces comprendí que la invitación de la montaña había sido en verdad algo personal.&lt;br /&gt;La vista hacia la cima era clara desde esa posición, sin embargo, daba la impresión de existir muchos caminos posibles para alcanzarla. Observé con cuidado y me dispuse a iniciar mi ascenso con la emoción del desafío en solitario. Tengo la costumbre de encomendarme al cielo cada vez que estoy frente a un evento relevante en mi vida así que me santigüé y oré. Rogué que se me permitiera rescatar enseñanzas de esta experiencia y que si las cosas no salían bien y me tocara fallar, que la magnitud de mi error no me niegue la posibilidad de volverlo a intentar en una siguiente oportunidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La montaña no perdona cuando uno la subestima y cuando decidí mi ataque a la cumbre pensé en aquellas veces cuando al empezar una tarea que se presentaba fácil, terminaba cometiendo el error de tomarla sin el cuidado y respeto que todo se merece. ¿Acaso no es verdad que descuidamos algo justo cuando nos sentimos más seguros o lo vemos fácil de realizar? Cuando recién aprendía a montar bicicleta tenía miedo de caerme y ponía mucha atención en como llevar el timón con seguridad sujetándolo con las dos manos. Me caí muchas veces pero siempre pude volver a subirme a ella y continuar hasta que aprendí. Pero un tiempo más tarde ya manejaba sólo con una mano o hasta sin ellas y cuando tuve una siguiente caída esta fue tan aparatosa como espectacular. Quedé fuera de circulación por casi un mes y agradeciendo no haberme fracturado una pierna.&lt;br /&gt;El tiempo transcurrió y esas ruedas de bicicleta se transformaron en las alas de un aeroplano. En una oportunidad, después de haber realizado mi primer vuelo solo y estar preparando maniobras de emergencia para practicar diversos procedimientos de vuelo, conversaba sobre los accidentes de aviación con mi instructor y recuerdo muy bien sus palabras: "Siempre que ocurren accidentes de aviación se terminan encontrando diversas razones para explicarlos, sin embargo, casi siempre escucharás que fue un “error humano” pues aún cuando sea la máquina la que falle se concluirá que el piloto no resolvió la situación de una mejor manera porque falló en sus procedimientos de emergencia. Como piloto, lo único importante es que cada vuelo que hagas debe ser como tu primer vuelo solo. Esa vez tú y el avión eran uno. Todos tus sentidos estaban a punto y estabas listo para cualquier cosa. Sabías y podías tomar las decisiones correctas casi instintivamente para enfrentar cualquier inconveniente. Cuando las cosas salen mal siempre habrá manera de encontrar una gran excusa pero la única verdad es que con el tiempo uno pierde el interés y el cuidado de los pequeños detalles y muchas veces son ellos justamente la razón principal de que los resultados obtenidos no sean los esperados. Ten esto presente y volarás seguro siempre."&lt;br /&gt;Los detalles. ¿Cuántas veces hemos escuchado a las personas hablar de los pequeños pero grandes detalles? La vida va pasando y es curioso como nos descuidamos. Tratar de evitar descuidarse no es muy fácil cuando uno se involucra demasiado en la forma de vida actual con su vertiginosa velocidad. Apenas queda tiempo para algunas de las cosas que llamamos “las que tenemos que hacer” y es por esa razón que pensar en los detalles no está en la lista. Parece que no existiera el freno para la parada completa, no. Algunas veces apenas sobreparamos pero en realidad eso no es suficiente y a veces sólo ocurre los domingos. ¿Cuántos momentos de domingo podemos incluir en el resto de días de nuestra semana?&lt;br /&gt;Ha empezado a granizar y todavía no estoy ni a la mitad de camino hacia la cumbre de esta montaña. La granizada puede convertirse en nevada. Ha ocurrido antes. Sin embargo, sé que la montaña no me esta rechazando: me sigue invitando. Será mejor no hacerla esperar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Pasó el tiempo y recordando esto que escribí un día, años más tarde volví varias veces a esa montaña que se ha vuelto uno de mis lugares predilectos para ponerme en contacto con la naturaleza cuando decido no estar cerca del mar. Respirar su frio aliento a un poco más de cinco mil metros de altitud o dejarla cubrir mi carpa de nieve hasta que parezca convertirse en un iglú; sentir el latir de mi corazón en cada paso sobre la blanca alfombra que la montaña me extiende con su inmaculado glaciar para darme la bienvenida cada vez, o dejarme mirar su cielo, sea de noche o de día y sentirme gratificado por la oportunidad de ser parte de sus paisajes maravillosos. La montaña me acoge cada vez, vaya solo o acompañado (¡y vaya que he disfrutado de compañías realmente especiales!), y se esfuerza en hacermelo pasar diferente en cada oportunidad y yo me entrego para escucharla, sentirla y aprender. Quizá un día premie mi persistencia y se complazca en entregarme la pieza del rompecabezas que me hace falta. Mientras tanto, disfrutare cada visita, y dejare que me disfrute.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Calo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5454434409901259234" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 277px; CURSOR: hand; HEIGHT: 202px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S7ILMmzU-eI/AAAAAAAAAE8/NGrRSmoP_e4/s320/La+Monta%C3%B1a+-+Calo.JPG" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-7265493985383347844?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S7IMGa7MaGI/AAAAAAAAAFE/nn4hbNzc2Yc/s72-c/La+Monta%C3%B1a+2.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">3</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/03/el-hombre-y-la-montana.html</feedburner:origLink></item><item><title>El Salto</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/8b0IYlf-_Ow/el-salto.html</link><category>El Salto</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Thu, 04 Mar 2010 16:11:03 PST</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-5911363559741368185</guid><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S5BK-fqo2gI/AAAAAAAAAEs/LPWDxZkbpw4/s1600-h/El+Salto+1.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444934387003611650" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 211px; CURSOR: hand; HEIGHT: 193px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S5BK-fqo2gI/AAAAAAAAAEs/LPWDxZkbpw4/s200/El+Salto+1.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;¿Qué puede motivar a un ser humano a saltar desde un avión y entregarse a una caída vertical hacia el suelo confiando en un sistema de cuerdas y telas que le deberían ayudar a tener un aterrizaje seguro? Las respuestas pueden ser varias. Las respuestas pueden ser preguntas a su vez: ¿Sentir el viento allá arriba? ¿Ver el mundo desde lo alto sin tener que asomarse por una ventana sino desde la amplitud e inmensidad que sólo el mismo cielo es capaz de ofrecer? ¿Cuán diferente puede ser todo desde la perspectiva de las nubes?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#333333;"&gt;Un salto en paracaídas esta compuesto de diversas acciones pero la principal es el momento de la crucial decisión para abandonar el avión arrojándose de él. Esa decisión es el gatillo. Una vez el paracaidista se lanzó al aire ya no hay marcha atrás. No existe manera de volver a ese avión. Al paracaidista le espera el suelo. La manera en la que lleve su decisión de saltar mientras desciende es muy importante para resolver las situaciones que se le puedan presentar o para disfrutar el trayecto hasta que termine posando sus pies en tierra firme. Así también ocurre en la vida con muchas de nuestras decisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A diario nos encontramos ante situaciones retadoras y entonces decidimos dar un paso atrás o lanzarnos con el temor de un salto al vacío o con el entusiasmo de querer alcanzar el cielo. La toma de cada decisión importante es comparable con el instante de encontrarse de pie ante la puerta abierta de un avión y estar a punto de decidir si saltar o no. Nos puede invadir el temor del posible desenlace fatal torturando nuestra mente o podemos sentirnos plenos de confianza de que el velamen del paracaídas se extenderá perfecto para que nos acompañe en esa experiencia de atravesar el cielo hasta que volvamos a andar en la superficie terrestre. Todo esto es muy parecido a lo que ocurre a lo largo de nuestra existencia en cada decisión tomada, en cada decisión no tomada. Como paracaidistas, cuando nos encontramos de pie ante el umbral de esa puerta abierta sobrevolando una zona de salto y decidimos no lanzarnos, el avión se aleja de la zona y nos lleva por una ruta desde la cual ya no es posible saltar y hemos perdido la oportunidad. Podemos esperar a que el piloto del avión vuelva a llevarnos a la zona de salto incluso durante ese mismo vuelo. Pero no debemos olvidar que en el paralelo de la vida si no saltamos cuando se presenta la oportunidad, no existe ni piloto ni maquina tal que nos pueda llevar a la misma zona de salto otra vez. Con nuestra indecisión muy probablemente nos habremos privado de la ocasión de probar un pedacito del cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una decisión importante en la vida es casi siempre como un salto en paracaídas. Hoy me encuentro en plena caída libre. Acabo de saltar de mi avión abordando un proyecto diferente en el cual el velamen de mi paracaídas aún no se ha extendido pero estoy confiado y optimista. Es un buen momento para recargar el entusiasmo y la confianza recordando lo que significa “saltar”. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;strong&gt;El Salto&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el primer vuelo del día. La avioneta estaba alcanzando la altitud esperada según el plan de vuelo. Con la puerta de la avioneta abierta el maestro de salto observa a sus cuatro jóvenes alumnos paracaidistas, tres hombres y una mujer, sentados en el suelo de la aeronave. Puede ver el rostro del que se encuentra más cerca de él pero no es necesario. Puede adivinar sus pensamientos, puede oler su nerviosismo, su temor, la ansiedad de la que es presa cada uno de sus alumnos aunque se esfuercen por demostrar lo contrario. Después de casi medio millar de saltos propios y de haber sido maestro de más de doscientos alumnos, al maestro de salto, más que ver a sus alumnos de turno, había aprendido a sentirlos.&lt;br /&gt;Desde la cabina el piloto dirige una rápida mirada hacia atrás al compartimiento de pasajeros del cual han retirado los asientos para hacer espacio a los paracaidistas. Observa la imagen del maestro de salto que se encuentra de pie y de espaldas a él sujetándose de un pequeño tirador que cuelga del techo y que le permite mantener el equilibrio durante el vuelo. Lo observa mirando a los jóvenes alumnos que subieron para realizar su primer salto de paracidismo. Qué seguro se siente él como piloto por estar sentado al mando de la aeronave, conocedor del resultado de cada mínimo movimiento que puede hacer con los controles, conocedor de cómo interpretar y utilizar cada dato que los instrumentos, agujas y luces del panel le ofrecen para tener un vuelo seguro. Vuelve su vista a los controles y siente gran tranquilidad al confirmar que todo indica un vuelo sin contratiempos. Piensa en los jóvenes alumnos que pronto van a lanzarse al vacío y se alegra de no ser uno de ellos. No los comprende. La única forma en la que él podría saltar de su avioneta sería en caso tuviera lugar alguna emergencia de vuelo pero jamás por el puro gusto.&lt;br /&gt;- Paracaidista número uno, ¡en posición! – indica a viva voz el maestro de salto y el alumno paracaidista que tiene al frente y que se ubica más próximo a la puerta abierta empieza a incorporarse.&lt;br /&gt;El rostro del joven muchacho evidencia desconcierto, ansiedad, miedo. Quiere camuflar todo lo que siente con una sonrisa confiada pero no da resultados. Se pone de pie y apoya ambas manos en los bordes de la puerta de la avioneta y siente el frío y fuerte viento en la cara. Mira hacia el frente y luego al suelo y puede notar lo pequeñas que se ven las casas, las carreteras, los campos. Los detalles que al transitar en la superficie son evidentes ahora son imperceptibles. La sensación de vértigo le produce un malestar estomacal intenso. Cierra los ojos y quiere arrepentirse de saltar pero piensa que ya es demasiado tarde. Si no salta quedaría como un cobarde ante los demás. Los nervios le quieren ganar. Él sabe que está poniendo su vida en juego y traga saliva cuando el maestro de salto le pregunta gritando:&lt;br /&gt;- Paracaidista número uno, ¿listo?&lt;br /&gt;Ahora los nervios sí le ganan y no puede responder. Entonces el maestro, al notar lo que le ocurre a su alumno, repite elevando su voz aún más.&lt;br /&gt;- ¡Paracaidista número uno! ¡¿Listo?!&lt;br /&gt;El muchacho no abre los ojos, aspira profundamente, se recompone y responde gritando para darse ánimo, para romper el miedo, para sentirse capaz:&lt;br /&gt;- ¡Listo!&lt;br /&gt;Enseguida el maestro grita dando la última voz para el salto:&lt;br /&gt;- ¡Ya!&lt;br /&gt;El alumno abre los ojos, vuelve a tener el cielo al frente y contesta gritando de igual manera. El grito le dio el coraje suficiente para no paralizarse de miedo. Cerró los ojos otra vez y una fracción de segundo después ya había desaparecido del umbral de la puerta y se encontraba en caída libre hacia tierra. El maestro hizo un comentario mientras volvía a mirar a los dos alumnos restantes.&lt;br /&gt;- Ahí va el primero de cuatro. Lo hizo bien pero lo hará mejor cuando decida saltar por él y no para evitar escuchar lo que los demás le digan. Paracaidista número dos, ¡en posición!&lt;br /&gt;El segundo alumno se muestra extrañamente serio considerando la circunstancia de que estaba por saltar en paracaídas por primera vez. Es notorio que su intención es mostrarse como si fuera un experimentado paracaidista para quien un salto más no hace la diferencia. Se acomoda con rapidez delante de la puerta manteniendo su expresión seria y hasta proyectando indiferencia. Era consciente de que en el fondo crecía su incomodidad y temor y quería ocultarlo terminando con el salto de una vez. Se quería dar confianza diciéndose que saltar de un avión no era un verdadero reto para él y buscaba minimizar la acción buscando convencerse de que él estaba para retos más exigentes. Cuando el maestro le preguntó si estaba listo el alumno volvió su mirada asintiendo sin pronunciar palabra. El maestro ya se había topado con alumnos semejantes. Incluso le recordó a él mismo en su primer salto. Qué parecido. Y también recordó lo que le dijera la mujer que fuera su maestra en el momento de su primer salto: “¿Porqué ese ánimo de querer parecer indiferente ante un momento tan intenso como este? ¿A qué se debe tu afán de pretender valentía evitando sentimientos? La valentía no es la ausencia del miedo, sino la capacidad de dar el siguiente paso adelante a pesar de sentir temor”. El maestro miró a su alumno y gritó para hacerle notar que no iba a aceptar un gesto por respuesta. :&lt;br /&gt;- Paracaidista número dos, ¡responde! ¿Estás listo?&lt;br /&gt;- Listo. – respondió el alumno manteniéndose inalterado, insistiendo en controlar sus emociones. Pero su control se debilitó cuando miró hacia abajo y vio la punta de sus pies sobresalir del borde de la puerta así que no quiso darse más tiempo y adelantándose a cumplir con el procedimiento y sin esperar a que el maestro le diera la orden, se lanzó por la puerta. El maestro negó con la cabeza mientras miraba al exterior diciendo:&lt;br /&gt;- Van dos de cuatro aunque probablemente éste no debería contarlo. Este alumno no sólo quería pasar desapercibido. En realidad parecía no querer percibir nada.&lt;br /&gt;El piloto hizo virar la avioneta mientras la alumna paracaidista que era la siguiente en turno para saltar se acomodaba cerca de la puerta, sentada, manteniendo la posición. Una vez que la avioneta volaba nuevamente sobre la zona de salto el maestro miró por la puerta abierta hacia el exterior, hacia abajo, y comprobó que dos paracaídas, uno azul y uno rojo con rayas azules, descendían con seguridad como globos hacia la zona de aterrizaje. Con tranquilidad se dirigió a la alumna que estaba a punto de saltar.&lt;br /&gt;- El primero de tus amigos no quería saltar, se le notaba en los ojos, pero saltó resignado. Saltó por que no quería que lo vieran acobardarse en el último segundo. El segundo saltó queriendo que todo ese momento pasara sin una pequeña pausa. Los dos saltaron, es cierto, pero ninguno de ellos lo ha hecho convencido del porqué subió aquí para saltar. ¿Qué vas a hacer tú?&lt;br /&gt;La joven alumna quería intentar una respuesta pero antes de que pudiera decir nada el maestro ya empezaba con el procedimiento para el salto probablemente para no dejarla pensar.&lt;br /&gt;- Paracaidista número tres, en posición.&lt;br /&gt;La muchacha se incorporó y aún se preguntaba sobre lo que había hablado el maestro. Ella siempre había querido probar algo así pero temía que todo fuera mal, que hubiera una emergencia con el velamen de su paracaídas, que no se abriera, que terminara aplastando la tierra abajo con toda su humanidad. A pesar de ello se puso en posición apoyando ambas manos en los bordes de la puerta. El maestro de salto le preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Lista?&lt;br /&gt;- No – respondió ella con voz débil, algo quebrada, como la de quien sabe que su destino esta sellado, que no le queda otra que cumplirlo, que no puede hacer nada para evitarlo, que morirá en ese salto y que haga lo que haga nada impedirá que así sea.&lt;br /&gt;Al sentir su franqueza y excesivo pesimismo el maestro intentó darle coraje&lt;br /&gt;- Se necesita mucha valentía para responder negativamente con tanta honestidad. Se necesita valentía para haberse imaginado estar de pie aquí arriba pero esto no es tu imaginación. Puedes pellizcarte para darte cuenta de que es real, que has llegado hasta aquí. Estas aquí arriba desafiándote. No te has quedado abajo imaginándote esta situación. Te has aventurado a vivirla. Has tenido el coraje de llegar hasta aquí y eso por sí sólo ya es un gran logro. Ahora, puedes decidir saltar o no pero no olvides que llegaste hasta aquí y para eso has necesitado un coraje y valor que muchos no tienen. Sólo te pido una cosa: si saltas, no lo hagas por el simple hecho de terminar algo que empezaste. No querrás llegar abajo sin recordar cada segundo de lo que vivas en este salto así que si vas a hacerlo, hazlo con entusiasmo.&lt;br /&gt;La muchacha miraba hacia abajo mientras escuchaba la voz del maestro pegado a su oído y la lucha desatada en su interior entre sus temores y su emoción parecía lejos de terminar.&lt;br /&gt;- ¿Lista? – preguntó el maestro otra vez y para su sorpresa la alumna respondió positivamente esta vez.&lt;br /&gt;- ¡Ya! – gritó el maestro al ver a la alumna salir de su trance negativo. La vio concentrarse en el último segundo hasta que un grito salio expulsado de su garganta y, abriendo los ojos con confianza y seguridad, saltó.&lt;br /&gt;El maestro vio que la caída libre de la paracaidista se estaba prolongando un poco más de lo calculado y eso le preocupó. Un segundo después notó desplegarse el paracaídas pero de una manera extraña. Era evidente que estaba enredado y que no le serviría. Entonces, el maestro rogó porque el miedo no paralizara a la muchacha y ésta pudiera usar el paracaídas de emergencia. Después de dos segundos que le parecieron largos minutos al maestro y a la paracaidista, el velamen enredado se alejaba dejando su lugar a un velamen circular blanco, inflado completamente. Con seguridad el paracaídas de emergencia llevaría a la muchacha a tierra firme sin problemas. El maestro sonrió. Su alumna había controlado una muy difícil situación.&lt;br /&gt;El último alumno paracaidista notó los cambios de expresión del maestro y preguntó&lt;br /&gt;- ¿Todo bien?&lt;br /&gt;- Sí. Una emergencia con su paracaídas principal pero la muchacha lo resolvió bien.&lt;br /&gt;- ¿Y si me ocurre a mí también?&lt;br /&gt;- No te preocupes de eso.&lt;br /&gt;- Pero ¿y si no se abre mi paracaídas?&lt;br /&gt;- Abres el de emergencia, como ella.&lt;br /&gt;- ¿Y si falla el de emergencia?&lt;br /&gt;- La apertura automática por presión atmosférica hará que tu paracaídas se abra aunque te encuentres inconsciente o paralizado de miedo.&lt;br /&gt;- ¿Y si tampoco funciona eso? – preguntó una vez más el alumno y el maestro, queriendo cortar la andanada de cuestionamientos fue cortante en su respuesta.&lt;br /&gt;- Ruega entonces porque puedas encontrar la manera de aprender a volar en los últimos mil pies de altitud que te quedaran antes de que te vuelvas parte del pavimento.&lt;br /&gt;Esta última respuesta del maestro asustó al alumno y ante las indicaciones del piloto de que estaban por pasarse la zona de salto, preguntó nervioso:&lt;br /&gt;- ¿Cuál es la probabilidad de tener dos emergencias en un mismo vuelo?&lt;br /&gt;- ¿Probabilidad? ¿Quieres saber qué es probabilidad? Es uno de los mejores inventos del hombre para darle explicación a ciertas cosas y sentir que puede predecir eventos o comportamientos. Esto puede ser útil en muchos casos pero yo no utilizo las probabilidades cuando hablo del ser humano y su capacidad para avanzar tras sus objetivos.&lt;br /&gt;- Pero es evidente que las probabilidades ayudan a tomar decisiones para avanzar y alcanzar esos objetivos. – replicó el joven alumno.&lt;br /&gt;- Sí, pero también ayudan a generar mediocridad porque ante una gran probabilidad a favor entonces pierdes la motivación para exigirte más o ante una gran probabilidad negativa pierdes la motivación para ponerte en acción.&lt;br /&gt;El muchacho no preguntó nada más. Pensó en las ocasiones en las que ese tipo de actitudes habían sido parte de su vida y se dio cuenta de que no habían sido pocas. El maestro tenía razón. Entonces empezaron con el procedimiento de salto y al cabo de unos segundos el cuarto alumno paracaidista se lanzaba fuera de la avioneta extendiendo sus brazos sin necesidad de desafiar sus probabilidades sino creándose posibilidades.&lt;br /&gt;- Cuatro de cuatro. – dijo para sí el maestro de salto con satisfacción al comprobar el paracaídas de su último alumno abierto plenamente y luego le hizo señas al piloto para que ascendiera a mayor altitud para que él pudiera realizar su salto.El piloto se entretuvo con los mandos y la radio por unos minutos hasta que su altímetro indicó la altitud requerida por el maestro y en ese momento le hizo una seña para que supiera que era momento de saltar. El maestro se preparó y cuando se sintió listo se ajustó bien las gafas y se zambulló al cielo a entregarse a las nubes que parecían estáticas y prestas a recibirlo. Con las piernas y brazos extendidos inició su caída libre queriendo desafiar la gravedad para prolongar su descenso, esperando el momento de tirar la manilla que interrumpiría su vuelo abriendo el paracaídas principal. Abajo lo espera el suelo, como siempre, y tarde o temprano va a llegar allí así que ya aprendió que no es momento de pensar en ello. Tiene cuarenta y cuatro segundos de caída libre y luego un par de minutos para volar con el paracaídas extendido hasta tocar tierra. Si dura más o dura menos no es importante. Estará atento, claro que sí, pero es momento de disfrutar.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5444892428747426434" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 192px; CURSOR: hand; HEIGHT: 271px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S5Ak0M-0SoI/AAAAAAAAAEk/i3aXcK726KY/s320/El+Salto.JPG" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S5AkIJ1l9sI/AAAAAAAAAEU/CZNjRpfg2_c/s1600-h/El+Salto.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-5911363559741368185?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S5BK-fqo2gI/AAAAAAAAAEs/LPWDxZkbpw4/s72-c/El+Salto+1.JPG" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/03/el-salto.html</feedburner:origLink></item><item><title>Solo Allá Arriba - (El Penúltimo Vuelo)</title><link>http://feedproxy.google.com/~r/PedazosDeM-Calo/~3/lnkrOpFRH1I/solo-alla-arriba-el-penultimo-vuelo.html</link><category>Sólo Allá Arriba (El Penúltimo Vuelo)</category><author>noreply@blogger.com (Calo)</author><pubDate>Fri, 16 Apr 2010 20:59:43 PDT</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5910050350637865300.post-8670466335206616358</guid><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S10RJeeDSNI/AAAAAAAAAEM/e435MbZSb8A/s1600-h/piper+&amp;amp;+calo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430515580174289106" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 216px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S10RJeeDSNI/AAAAAAAAAEM/e435MbZSb8A/s320/piper+%26+calo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;A los cinco años quería volar como las aves. Un par de años más tarde ya sabía la respuesta a una de las preguntas típicas que los adultos hacen a los niños: “¿Qué quieres ser cuando seas grande?” “Voy a pilotear aviones” afirmaba con la hermosa seguridad e inocencia de un niño que no piensa en los obstáculos que podría encontrar para concretar el deseo, convencido de que si lo quiero, lo puedo. ¿Por qué no? A esa edad el análisis es mínimo y el entusiasmo es máximo. ¿Qué impedimento existía para poder hacer que las alas de esos artefactos se convirtieran en las mías? Ni siquiera sabía que existían impedimentos pero mientras me “hacía grande” mi mente analizaba y al cabo de un tiempo mi análisis y mis años ya conseguían hacer aparecer varios obstáculos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Encontrándome por terminar la secundaria, dependiendo de mis padres y sin dinero suficiente para que pudiera estudiar la carrera de piloto, pensé en ingresar a la Fuerza Aérea. Podía ser piloto allí y luego pedir mi baja para convertirme en piloto civil pero nunca consideré que podría encajar en una formación militar. No me sentía identificado con ello. Decidí tomar el camino más largo y elegí estudiar ingeniería electrónica. Me prometí que una vez me graduara y estuviese trabajando, ahorraría dinero para poder estudiar pilotaje por mis propios medios.&lt;br /&gt;Pasó el tiempo y recordaba mi promesa eventualmente. También recordaba que era una promesa basada en una inquietud de niño y mientras me volvía más adulto, menos importancia le daba. A veces pensaba que la idea de volar era sólo un sueño de infancia que bien podía quedarse allí. ¿Qué sabe un niño de cinco años de las complicaciones de la vida adulta? A pesar que traté de olvidarme de volar, siempre terminaba ocurriendo algo que me lo traía al presente. Cuándo escuchaba algún comentario de un familiar diciendo “¿Calito quería ser piloto cuando era niño?” me provocaba incomodidad. Volví a pensar seriamente en volar pero no encontraba cómo. El trabajo que tenía casi no me dejaba tiempo libre y tomé conciencia de lo sumergido que estaba en ello. Cuando cumplí veintisiete años, saturado de la rutina laboral extenuante, renuncié a mi empleo. Se me habían pasado más de tres años en él pero sentía que hubiesen sido diez. Necesitaba un respiro. Reuní cierta cantidad de dinero y ya que no tenía empleo y contaba con tiempo libre, decidí inscribirme en el Aero Club de Collique para finalmente honrar mi palabra, mi promesa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El día que llegué a volar descubrí que el camino para alcanzar mis sueños suele ser más largo de lo esperado y siempre esta lleno de sorpresas de todo tipo; pero la sensación de saberme encaminado a pesar de las dificultades me genera un entusiasmo enorme, imparable. Por eso, volar fue una experiencia que sentí con cada célula de mi cuerpo cada vez que lo hice. Cuando dejaba la tierra para desplegar mis alas a bordo de una avioneta y me elevaba a las alturas vivía la magia de ir aprendiendo poco a poco a desenvolverme ahí arriba, en el lugar reservado para las aves y donde el hombre consiguió un espacio gracias a su ingenio e inquietud de no conformarse con su naturaleza terrestre. ¿Por qué quería volar? No lo puedo explicar. Creo que en muchos aspectos de la vida las personas se sienten motivadas a llevar a cabo ciertos actos para alcanzar sus sueños, y algunas hasta han dejado sus vidas para realizarlos. Esas personas se han preguntado la razón por la cual intentan conseguir eso que los inquieta y aunque tratan de elaborar alguna explicación, no les resulta posible. Al final sólo terminan confirmando que tienen una motivación para querer realizarlo pero no una razón. Esa convicción de querer hacer algo que aún es difícil de explicar acercan al hombre con el objetivo principal de su vida y ese objetivo muchas veces no se descubre por completo a menos que se siga lo que el corazón reclama. Más allá de los resultados que se puedan alcanzar, la sensación de encontrarse transitando en ese trayecto de la vida es absolutamente maravillosa.&lt;br /&gt;Volé por tres años hasta que el aeroclub quebró. Fue clausurado y luego de eso ya no volví a volar. Había invertido considerable tiempo y dinero y, aunque no llegué a trabajar como piloto, aprendí mucho, disfruté cada segundo, cumplí mi promesa y fui muy feliz con todo ello. Después de haberme esforzado tanto acepté que los aviones y yo necesitábamos una tregua así que dejé la aviación aunque sabía y sé que sólo será temporal. Estaba seguro que volvería a volar y lo sigo estando ahora, pero será en otras circunstancias: volar no será un trabajo, será un placer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde el momento de mi primer vuelo solo a bordo de esa Piper Cherokee me volví un inquilino más del azul cielo y no voy a dejar de serlo. Es cierto que hace mucho mis alas no visitan esas nubes y seguro podrán decir que me faltan muchas horas de vuelo. Lo acepto, pero ¿sabes una cosa? quédate atento que pronto llegará el día en que podrás verme nuevamente allá arriba gozando de la libertad de las aves como otros arriesgados hermanos pilotos que sólo tienen volando un poco más tiempo que yo y, si te animas, te invitaré a acompañarme.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;El Penúltimo Vuelo&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;“El último vuelo”. Según el contexto, si digo “último” quiere decir que estoy sentenciando un hecho a que no ocurra más. Si es algo que deseo, que quiero volver a hacer, la sentencia no es justa. Por eso prefiero referirme a este hecho de otra manera. Si digo “penúltimo” es porque abrigo la esperanza de que ocurra una vez más. Entonces puedo referirme a este vuelo que hice una década atrás como “mi penúltimo vuelo” de tal manera que cuando llegue el día en que vuele otra vez lo diré de nuevo y en realidad estaré sentenciando la continuidad de mis vuelos de manera indefinida y eso es dejar la puerta abierta a las posibilidades.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Sábado. Faltan diez minutos para las cuatro de la tarde. Llevo cinco horas en el aeroclub esperando que el cielo se despeje y ahora ha empezado a lloviznar. Los dos pilotos que quedaban conmigo ya se retiraron diciéndome que no se trataba de un tema de optimismo o pesimismo meteorológico sino de un simple balance que arroja el resultado de ya haber perdido más de un par de horas allí, al pie de la pista del aeródromo. Ellos decían que volverían mañana domingo y yo decía que todavía no había terminado el sábado y nadie podía asegurar que en verdad el domingo sería mejor. Ellos insistieron en su posición ¿Basados en qué? ¿En la misma esperanza que me hace quedarme en esta banca para ver que quizás esta nublada tarde de sábado todavía puede darme una sorpresa y me regale una ventana de tiempo para volar? En dos horas más no habrá luz natural suficiente para realizar un vuelo en este aeródromo. No me iré. Yo creo que todavía queda tiempo. ¿Porqué no darle una oportunidad al sábado de darme una oportunidad a mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuatro y treinta y dos de la tarde. Juan, el responsable de la oficina de planeamiento de vuelos me dice que ya se retira, que no tiene caso seguir esperando. No entiende que yo vine a volar y que el sábado aún no termina. Me explica que la visibilidad no permite hacer los patrones de tráfico estándar (vuelos alrededor del aeródromo con virajes por izquierda) por la cercanía de los cerros. Pienso. Se me ocurre decirle que podría hacer vuelos con virajes “por derecha”, aunque eso no sea tráfico estándar, y me indica que es posible pero es necesario pedir autorización a la torre de control. Le pido que no se vaya que yo mismo voy a hablar con la torre de control para conseguir el permiso necesario.&lt;br /&gt;La llovizna no es fuerte pero la siento sobre mi rostro mientras camino desde la rampa hasta la torre de control para hablar con el controlador aéreo y llevarle mi plan de vuelo. Podría haber llamado por radio o por teléfono pero así le resultaría fácil negarse a mi pedido de vuelo especial. Yo quiero volar hoy. Mañana no sé si podré venir y ya he estado aquí todo el día. Voy a conseguir que mi espera haya valido la pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resultó. Son las cinco de la tarde y acabo de volver donde Juan con la autorización. Sólo podré hacer un vuelo “por derecha” y debo reportar el estado del tiempo y la visibilidad a manera de un vuelo de prueba. Juan no dijo nada. Sólo me ha entregado el micrófono y las llaves de la avioneta. Lo he visto revisando la bitácora de la Piper Cherokee de matrícula OB-881 que voy a volar. Conozco la historia de esta avioneta según me la contó un mecánico. Cuando la otra Piper, la OB-869, entró en mantenimiento y no quedaba avioneta disponible para volar, muchas de sus partes en buen estado, así como piezas importantes del motor, fueron a reemplazar las partes gastadas de la OB-881 para reactivarla y que pudiera volar nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminé la inspección de la avioneta y ya me encuentro listo para mi vuelo de prueba. Me gusta como suena decir que voy a ser un “piloto de pruebas”. Es hacer algo verdaderamente diferente para mí en esta práctica de vuelo aunque sólo sea por veinte minutos.&lt;br /&gt;Mi reloj indica las cinco de la tarde y veinte minutos. Debo apurarme. Antes de las seis de la tarde ya no habrá visibilidad. El sábado me esta regalando una pequeña ventanita y aunque haya esperado mas de seis horas para volar veinte minutos, ¿no es magnífico? Será un vuelo especial. Estoy seguro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La llovizna no ha cesado. La torre ya me indicó que el viento viene de los 2-2-0 grados con 10 nudos y me ha autorizado a despegar. Este es un momento hermoso. Puedo ver como la pista de despegue se extiende ante mis ojos reduciéndose en perspectiva hacia el horizonte y algunas gotas de lluvia dejan mojada la mica de la cabina. La avioneta vibra mientras acelero a fondo hasta que el motor llegue a su máxima potencia y mantengo presión en los frenos. A pesar de que ya tengo casi cincuenta horas como piloto y ésta podría ser mi trigésima hora de vuelo solo, no dejo de emocionarme y todavía recuerdo la primera vez que estuve aquí mismo, solo. Voy a soltar los frenos y empezará la carrera de despegue. ¡Ahí vamos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me estoy elevando con tranquilidad. Se nota que la visibilidad no es buena por sobre los 1500 pies. Reporto a la torre que voy a iniciar el tráfico con viraje por derecha y el controlador me autoriza. Me ha preguntado ya dos veces si es que puedo ver la pista sin problemas y le he respondido de manera afirmativa sin embargo el controlador me hace el favor de encender la luz de balizaje de la pista. Esa vista es nueva para mí y me encanta. Las luces medio anaranjadas destacan como líneas punteadas en el terreno a ambos lados a lo largo de la pista definiendo claramente sus límites y el resplandor de cada reflector mezclado con la tenue bruma provocada por la humedad de la llovizna que parece haber terminado completan una bella imagen. En los tres años que llevo volando es la primera vez que veo estas luces encendidas. Un solo aterrizaje no será suficiente para disfrutar este vuelo. ¿Puedo hacer algo que vuelva más especial este vuelo? ¡Claro que sí! Voy a pedirle un favor más a la torre.&lt;br /&gt;- Collique torre, 8-8-1&lt;br /&gt;- Adelante 8-8-1&lt;br /&gt;- 8-8-1 en base solicita autorización para toque y despegue – es la manera en la que usando el lenguaje de los pilotos le pido a la torre que me dejé aterrizar, tocar la pista y luego volver a despegar inmediatamente. El controlador se ha quedado callado unos segundos así que insistiré. Ya estoy entrando al tramo final de la aproximación antes de aterrizar y sigo descendiendo. Necesito su respuesta.&lt;br /&gt;- Collique torre,8-8-1 en final. Solicito autorización para toque y despegue.&lt;br /&gt;- 8-8-1 autorizado para último tráfico por derecha antes de realizar aterrizaje completo.&lt;br /&gt;¡Me lo concedió! ¡Que buena suerte la mía! ¡Qué hermosa vista! La pista 2-0 luce su iluminación de manera espectacular.&lt;br /&gt;Me voy acercando, ya casi estoy planeando sobre la cabecera. Ahora la avioneta parece volar como un planeador en descenso controlado pero me estoy demorando en tocar la pista. Debo apresurarme para poder contar con suficiente tiempo para acelerar una vez que las ruedas hayan hecho contacto o me va a quedar corta la distancia por recorrer hasta que pueda levantar vuelo otra vez...&lt;br /&gt;¡Listo! ¡Ya estoy en la pista! Ahora, ¡acelerador a fondo! Escucho el potente rugido del motor. Voy ganando velocidad y voy viendo las luces de balizaje correr a mis lados pero también veo adelante y, comparado con otras veces, noto demasiado cercanas las últimas luces que indican el final de la pista. Me ha costado unas buenas decenas de metros aterrizar volando por derecha y voy a despegar apenas antes de que se termine la pista… ¡tengo que despegar!&lt;br /&gt;¡Ya! ¡Eso! Es un despegue exacto, un poco tardío dentro de lo acostumbrado. En este momento siempre recuerdo a Antonio, mi instructor, cuando hablábamos de emergencias. Si tuviera un problema aquí, en este punto, no podría volver a la pista y tendría que tirarme con avión y todo a la chacra que hay un poco más adelante. Aunque me haya imaginado esa situación varias veces y he deseado que nunca me ocurra, en realidad la emergencia podría ocurrir y si así fuese, me tomaría por sorpresa. ¿Cómo reaccionaría cuando llegue el día en que no sea una simulación? ¿Si no practico emergencias cómo espero estar listo para cuando llegue el momento? Simular emergencias es también exponerse a que ocurran. Claro que sí. Por eso es importante practicar. Creo que aunque no estoy tan alto he ganado suficiente altura y tengo la pista a mi espalda. ¿Y si abuso un poco del regalo que ya me ha dado este día sábado? ¿Por qué no? Si tuviera una emergencia en este instante tendría que aterrizar en sentido contrario a la pista 2-0. Vamos a ver que me dice la torre...&lt;br /&gt;- Collique Torre, 8-8-1 solicita autorización para aterrizaje completo en pista 0-2.&lt;br /&gt;- 8-8-1 autorizado para completo en pista 0-2 – ¡me respondió la torre! ¡Ahí voy! ¡Motor a la mínima potencia y a buscar la pista! ¡Voy a aterrizar en sentido contrario y voy a poder tener la visión de la pista y sus luces una vez más pero desde otro ángulo!&lt;br /&gt;Estoy virando por derecha de manera muy escarpada y la pista ha aparecido pero todavía no estoy alineado a ella y tengo poca altura. Veo rápidamente los controles en el panel y la luz roja de pérdida de sustentación ha parpadeado acompañada del sonido típico de alarma. Esto no me gusta. Es una mala señal ¿Habré calculado mal? ¿Tendré suficiente altura para aterrizar? Esa luz roja no se apaga y el ruido de la alarma no cesa. Diablos. Siento un vacío en el estómago...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son casi las seis de la tarde y acabo de apagar el motor. Ahora respiro hondo, muy hondo. Ya dejé de sudar y de sentir los latidos de mi corazón en las sienes. Voy a abrir la puerta de la cabina para descender. Esta sí que fue una buena práctica de vuelo aunque debo reconocer que fue un poco llevada al límite para la Piper y para mí. Hacemos un buen equipo. Quería un vuelo especial y lo fue. Voy a dejarle las llaves y el micrófono de la radio a Juan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Carlos, eres el último en volar la 8-8-1. Acabo de revisar su control y con tu vuelo se han cumplido las horas de vuelo necesarias para que ingrese a mantenimiento. Ya que no tenemos otra avioneta por ahora, nadie podra volar sino hasta dentro de un mes. – me acaba de decir Juan y he pensado en los dos pilotos que se fueron a sus casas. Cuando vengan mañana podrán hacer derroche de todo el optimismo posible esperando un cielo despejado para poder volar y aunque el sol brille en todo lo alto tendrán el clima esperado y propicio para volar, pero no tendrán el avión. Bueno, yo vine a volar y ya volé. Ahora sí es momento de volver a casa.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;La sentencia de Juan fue poderosa pero sus cálculos se quedaron cortos. Después de un mes la avioneta todavía no estaba lista para volar. Al cabo de un tiempo más el aeroclub fue declarado en quiebra y clausurado así que podemos decir que ese en realidad fue el último vuelo no sólo de la Piper Cherokee Ocho Ocho Uno sino también el último vuelo del aeroclub. ¿Mi último vuelo también? No. Esa tarde de sábado me regaló un hermoso penúltimo vuelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5910050350637865300-8670466335206616358?l=www.pedazosdemi-calo.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/__PC8ydghhcs/S10RJeeDSNI/AAAAAAAAAEM/e435MbZSb8A/s72-c/piper+%26+calo.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><feedburner:origLink>http://www.pedazosdemi-calo.com/2010/01/solo-alla-arriba-el-penultimo-vuelo.html</feedburner:origLink></item><media:rating>nonadult</media:rating></channel></rss>

