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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430</atom:id><lastBuildDate>Thu, 26 Jan 2012 00:40:32 +0000</lastBuildDate><title>Pensando desde América</title><description /><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Ricardo)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>432</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/PensandoDesdeAmrica" /><feedburner:info xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" uri="pensandodesdeamrica" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><feedburner:emailServiceId xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0">PensandoDesdeAmrica</feedburner:emailServiceId><feedburner:feedburnerHostname xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0">http://feedburner.google.com</feedburner:feedburnerHostname><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-4872377688244830831</guid><pubDate>Wed, 25 Jan 2012 12:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-25T09:47:06.780-03:00</atom:updated><title>Concentración = Homogeneidad</title><description>Javier Ortiz comienza a sacar conclusiones sobre el proceso descrito. La importancia de lo que pone en evidencia, aunque no sean datos muy novedosos y mucho ya esté sabido, el orden sistemático de la exposición abre un caudal muy grande para desentrañar un tema muy enmarañado. Esto no es inocente, su complejidad está en razón directa de la dificultad de saber lo más importante sobre ellos. «Esta enorme concentración de las principales fuentes de información conduce necesariamente a una equivalente homologación de los periódicos que se elaboran con ellas. Y, si bien las grandes agencias acostumbran a utilizar un estilo de redacción aséptico, sin valoraciones explícitas ni adjetivaciones, es obvio para cualquier persona avisada que la propia selección de lo que se considera noticia y los aspectos que se resaltan dentro de ella constituyen un filtro condicionante de las valoraciones que cada periodista y cada medio de prensa en concreto, y finalmente cada persona que lee, pueden establecer con relación a los hechos relatados».&lt;br /&gt;Quien haya seguido estas notas recordará que al analizar el concepto de “objetividad” hice notar que en la simple selección de lo que se va a informar y lo que no lo merece hay ya criterios valorativos. Es lo que está diciendo nuestro conferencista. El proceso de filtrado que se lleva a cabo en las pocas agencias internacionales define qué es lo que se puede saber y qué no debe informarse. Esto nos permite comprender por qué pocas agencias de noticias —como TeleSur, en América del Sur, cadena de televisión que promueve la integración latinoamericana y el Caribe, transmitiendo las 24 horas, y Al Jazeera, principal canal de noticias del mundo árabe y uno de los más importantes del mundo—, informan de sucesos que no existen para las grandes agencias. &lt;br /&gt;Sin embargo, se ha dado otro paso que homogeneizan aun más el sistema informativo: «Hoy en día han cobrado gran importancia también los servicios llamados “sindicados”, que son agencias dedicadas a proporcionar, a los periódicos, pequeños artículos de análisis, columnas de opinión y hasta editoriales, por extraño que esto último pueda parecer. Un gran número de periódicos locales se abastecen así hoy en día de opinión homogénea servida desde los grandes centros opinantes».&lt;br /&gt;Por último, Ortiz pasa a revisar el proceso de la concentración de la propiedad, sobre el que ya hemos leído algo: «El proceso global de uniformización de la prensa diaria, y de los medios de comunicación, en general, viene dado por la importante concentración de la propiedad que ésta ha experimentado a partir de los años 70, pero muy especialmente en la década de los 90. En el mundo actual, la tendencia principal, en el terreno de los medios informativos, es la marcada por la constitución y el reforzamiento de los grandes emporios multimedia. Hablo de empresas que publican varios periódicos y revistas, que tienen canales de radio y televisión, productoras y distribuidoras de cine, editoriales de libros y sellos discográficos... Empresas que, en la actualidad, trabajan también en el mundo de la telefonía, de las comunicaciones por satélite, de la informática... Lo más frecuente es que esos poderosísimos tinglados se formen no por expansión del mercado, sino a través de un proceso de concentración de la propiedad previamente existente: las empresas mayores van absorbiendo empresas menores y se fusionan entre sí. Lo cual tiene dos efectos, y ambos extraordinariamente perversos».&lt;br /&gt;El mundo global se ha apoyado en la mercantilización de todo objeto que pasa, necesariamente, por el mercado. Esto ha convertido la información en una mercancía más que, como toda mercancía queda a disposición del “mejor postor”. Dice Ortiz: «De un lado, conduce a la reducción progresiva del pluralismo informativo y de la variedad de líneas de opinión. Estas empresas ponen a nuestra disposición, sin duda, una oferta enorme, pero sólo en cuanto al envoltorio: el contenido ideológico-político final es siempre el mismo. Es el mismo “autor último” el que se encarga de todo: de elaborar productos cultos para el público culto y productos basura para la gran masa; de dar deportes al que quiere deportes y cine al que desea cine... Incluso pueden escenificar un falso pluralismo: nada les impide, por ejemplo, elaborar mercancías de elevada religiosidad y, a la vez, porno duro. El mercado se compone de muy diversos sectores y ellos los van atendiendo uno a uno, sacando provecho de las necesidades de cada cual. Pero sus opciones ideológicas y políticas, explícitas o latentes, son invariablemente las mismas. Este efecto perverso se ve multiplicado por otro: la concentración de la propiedad conduce también inevitablemente a la oficialización de los grandes consorcios de la comunicación».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-4872377688244830831?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/concentracion-homogeneidad.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3525040514133818324</guid><pubDate>Sun, 22 Jan 2012 19:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-22T16:49:41.060-03:00</atom:updated><title>Las fuentes de información</title><description>En las notas precedentes hemos estado analizando los diferentes factores que inciden sobre el contenido posible de un periódico, aunque, como hemos visto, esto se repite en los otros medios: radio y televisión. Los periodistas, profesionales de la información, trabajan para un público que, en su gran mayoría, espera recibir un mensaje ideológicamente moderado. Son uno de los factores del condicionamiento, han aparecido también los anunciantes que ejercen su “poder de veto” sobre cierta información o sobre el modo de comunicarla. Pero hay más, nos dice Javier Ortiz. &lt;br /&gt;«Al referirme antes a las empresas de la comunicación, no he mencionado a los accionistas. Los accionistas, incluidos los minoritarios, también tienen influencia. Pondré un ejemplo referido al medio para el que trabajo. Uno de los grandes accionistas de El Mundo es Rizzoli, emporio italiano de la comunicación. El principal accionista de Rizzoli es Agnelli, propietario de la Fiat. Francamente, no imagino yo a la sección de automotores de El Mundo poniendo a crítica el último modelo puesto en la calle por la Fiat. Aunque –todo sea dicho– tampoco la veo haciendo lo propio con el último modelo de la Renault, la Opel o la Citröen, que proporcionan al periódico unos fantásticos anuncios de página entera que pagan a muy buen precio. Pero dejemos ya los condicionantes concretos de cada medio y elevemos un poco más el punto de mira, para ver de qué fuentes beben los periódicos».&lt;br /&gt;Aunque pudiera parecer que los factores influyentes ya han sido descritos, hay más. «La prensa diaria en el mundo presenta, como no podía ser menos, una gran variedad, dependiendo de las tradiciones de las diversas áreas culturales, e incluso de las de cada país, de su fortaleza económica, del nivel de alfabetización de las poblaciones respectivas, etcétera. No obstante, esa variedad es más aparente que real. Se refiere más a las formas que a los contenidos. Por un lado, la progresiva desideologización de la labor periodística –entendiendo por tal la adopción de patrones ideológicos equivalentes, si no idénticos, que entronizan los postulados formales de la ideología neoliberal– y, por otro, la estandarización de las técnicas de redacción de las noticias hacen que los contenidos de los periódicos se estén uniformizando cada vez más a lo largo y ancho del mundo». Aparece bajo otro manto la incidencia del pensamiento único que también incide en las formas de la comunicación.&lt;br /&gt;Javier Ortiz pasa a analizar un factor de alto poder de condicionamiento: «La labor de las grandes agencias de noticias. Sólo los rotativos más poderosos tienen una red de corresponsales propios que les permite cubrir la información potencialmente relevante a escala internacional. Esta red, de todos modos, y en el mejor de los casos, abarca únicamente las principales capitales de cada continente, lo que conlleva carencias fundamentales. Es cierto que, en casos extraordinarios, los periódicos desplazan a sus enviados especiales, pero éstos no les aseguran la cobertura del día a día. Así las cosas, todos los diarios del mundo deben nutrirse del material que les proporcionan las grandes agencias de noticias. En el mundo de hoy, hay muy pocas grandes agencias de prensa. Están Reuter, controlada por una comisión paraestatal de la Commonwealth; Asociated Press (AP), que es una cooperativa formada por los principales diarios de Nueva York; United Press International (UPI), que es de capital privado norteamericano, y France Press, de propiedad pública francesa. La vieja Tass soviética se ha fragmentado y ha perdido buena parte de la influencia que tuvo. En el ámbito internacional de habla española, la agencia española Efe cuenta con considerable acogida».&lt;br /&gt;La importancia de estas agencias y el papel que cumplen en la distribución de “la noticia” no pasó inadvertido para los grandes capitales concentrados. En los últimos treinta años, la mayor parte de esas agencias fueron “fusionándose”, expresión que oculta los mecanismos de la desaparición de muchas de ellas o, simplemente, fueron compradas por las más fuertes. De tal modo, hoy quedan funcionando las pocas que cita Javier Ortiz. Aunque no es nada sencillo obtener información de la estructura de estas súper-agencias, se puede calcular que unas dos mil personas trabajan diariamente en ellas. Pero la profesión periodística también ha padecido el proceso de la “tercerización”, por lo que se puede calcular que muchos miles más de periodistas suministran noticias a las agencias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3525040514133818324?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/las-fuentes-de-informacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6678359702228269249</guid><pubDate>Wed, 18 Jan 2012 11:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-18T08:28:18.044-03:00</atom:updated><title>El medio de comunicación y su público</title><description>Creo conveniente seguir la lectura del periodista Javier Ortiz por la autoridad que tiene de analizar la ideología de los medios de comunicación de masas, atravesados por la incidencia del concepto que eligió para definirla: el pensamiento único. Para mostrar en detalle cómo se ha producido el cambio que denuncia, dice: «Antes de abordar la actual situación de los medios de comunicación a escala internacional, y para poder entenderla, me parece necesario empezar por analizar cómo son los elementos que la constituyen, esto es, los medios de comunicación en concreto, y de qué modo estos crean una situación que enmarca y, en buena medida, condiciona la labor periodística. Lo haré ateniéndome a la realidad que mejor conozco: la de la prensa diaria escrita. Tanto la prensa que sigue otra periodicidad, como la radio y, sobre todo, la televisión, tienen sus propios problemas específicos, si bien es cierto que la gran mayoría de esos problemas reproducen y multiplican los del periodismo diario escrito. Iremos, pues, de lo particular a lo general; de la célula al cuerpo».&lt;br /&gt;Insisto en esta lectura porque es habitual acceder a los análisis de los investigadores, sobre lo que se ha escrito profusamente. Pero la palabra de quien ha padecido la influencia, la presión, la asfixia de esta ideología, adquiere un valor testimonial que arroja una luz muy intensa sobre el tema.   &lt;br /&gt;Para poder hablar con propiedad y en profundidad, se formula la siguiente pregunta: «¿Qué es un periódico?» y su respuesta coloca sobre la mesa de debate una definición que aclara con precisión de qué se trata: «Un periódico es, antes que nada, una empresa. Algunos periodistas y muchos lectores tienden a menospreciar esta realidad. Imperdonable error. Una empresa periodística próspera puede hacer un mal diario –burocrático, aburrido, sin chispa: ha ocurrido, ocasionalmente–, pero una empresa periodística deficiente jamás podrá sustentar un buen diario: algo antes o algo después, lo hundirá. De modo que la condición primera de un periódico –es decir, su primer condicionante– le viene dado por la prioridad que debe conceder a los criterios empresariales. Es cierto que ha habido y hay periódicos que ponen por delante otros criterios, diferentes de los empresariales. Las posibilidades de sacar hoy en día con éxito un diario independiente son mínimas, por no decir nulas».&lt;br /&gt;El mundo global ha colocado en el centro de su dispositivo la función de la empresa, cuyo objetivo mayor y excluyente es el lucro. Sin embargo, esta definición tan claramente expresada: un periódico es una empresa, es ocultada obsesivamente, y esto no es inocente. Si el público equiparara un periódico con la empresa Coca-Cola o la General Motors, no dudaría en pensar que lo que le dicen lo hace para vender más. Este concepto, expresado con claridad, desmoronaría la tan repetitiva consigna de “la objetividad de la noticia”. Esta se convertiría en un anuncio publicitario, como lo es en gran medida. &lt;br /&gt;Continúa diciendo Javier Ortiz: «Un periódico vive –cuando vive– de sus lectores y de la publicidad. Vistas las cosas superficialmente, podría decirse que vive sobre todo de la publicidad, dado que ésta proporciona ingresos más limpios que la venta en kioscos, que hay que repartir con el kiosquero, el distribuidor, etc. Pero la publicidad, con la parcial excepción de la institucional, en realidad también depende de los lectores: los anunciantes acuden más prestos a los periódicos que tienen más y mejores lectores (entendiendo por mejores los que lo son para los anunciantes, que prefieren lectores con mayor nivel adquisitivo). Lo anterior nos lleva a otras dos conclusiones: primera, que, como suelo decir de modo deliberadamente brusco, el periodismo es ese trabajo que se hace en los huecos que deja libre la publicidad; y segunda: que no tiene nada de sorprendente que los periódicos muestren una tendencia casi biológica a no contrariar excesivamente a los grandes anunciantes». La relación de los periódicos con los lectores es relativamente compleja, sobre todo la de los grandes periódicos.&lt;br /&gt;Los lectores condicionan también el periódico —aunque en menor medida de lo que lo hacen sus anunciantes—, pero éste no puede perder de vista la posibilidad de que su modo de comunicar le haga perder lectores. Cada periódico tiene un determinado público y está obligado no sólo a dirigirse a él, sino también, en términos generales, a contentarlo. Cada periódico sabe qué público es el suyo: a qué clases sociales pertenece y en qué proporciones; qué querencias ideológicas y políticas predominan en él, etc. El periódico influye sobre sus lectores, pero los lectores ponen también límites a su periódico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6678359702228269249?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/el-medio-de-comunicacion-y-su-publico.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5330870518535940051</guid><pubDate>Sun, 15 Jan 2012 11:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-15T08:08:43.057-03:00</atom:updated><title>Medios de comunicación y pensamiento único</title><description>En Valencia, España, el periodista Javier Ortiz (1948-2009) pronunció una conferencia titulada ¿Qué es eso del pensamiento único? y comenzó con esta afirmación: «No llevo ya la cuenta de las veces que he pronunciado esta conferencia en los últimos seis o siete años. Pero nunca ha sido exactamente la misma. A medida que ha ido transcurriendo el tiempo, me he visto obligado a corregirla para pintar la realidad con tintes más y más oscuros». Sus palabras comunican con mucha claridad cómo veía percibía lo que estaba sucediendo con el problema de los medios informativos, mientras avanzaba, como una peste que se extendía cada vez más, esa ola oscura que otro periodista, Ignacio Ramonet, Director de Le Monde Diplomatique y docente de la Universidad La Sorbona de París, había denominado “El pensamiento único”.&lt;br /&gt;Javier Ortiz había padecido la persecución franquista, pero nunca abandonó su modo de pensar, que expresó en diversos medios de su país. Refiriéndose a ese concepto, dijo: «Algunos damos ese nombre a la ideología del neoliberalismo económico. Una ideología que defiende no ya la supremacía de la propiedad privada, sino su superioridad moral; que es hostil por principio a la intervención del Estado y a la regulación de las relaciones sociales y que ve con entusiasmo y patrocina el actual proceso de globalización de la economía, de la que este concepto participa. Aunque sus consecuencias principales se expresen en los planos económico y social, el pensamiento único no sólo tiene recetas económicas: es toda una concepción del mundo, que entroniza el individualismo más exacerbado y recela de cualquier planteamiento colectivo».&lt;br /&gt;Su mayor esfuerzo estuvo encaminado a intentar poner en claro este mensaje, para evitar la expansión de un modo de pensar que se filtra subrepticiamente en la conciencia colectiva, que anula en gran parte la posibilidad de mirar críticamente la realidad global y sus consecuencias. Su experiencia en el periodismo le permitió advertir cómo se introducía en los medios de comunicación lo que estaba denunciando: «El pensamiento único es una ideología, un modo de ver la realidad política, económica y social, pero se niega a presentarse como tal. Aquellos que lo sustentan no creen que el suyo sea un modo de ver el mundo, sino el único modo sensato de verlo. Para ellos, quien no considera la realidad a su manera es, sencillamente, o un idiota o un insensato, si es que no un embaucador». &lt;br /&gt;Si antes dije “subrepticiamente” es porque se encuentra allí el mayor peligro que encierra. Se presenta como la verdadera manera de reflejar “la realidad” y no admite que haya otro modo aceptable de hacerlo; por ello subraya con firmeza cómo ven a los que simplemente difieren en su modo de pensar. Continúa: «Los medios de comunicación están, prácticamente en su totalidad y a escala internacional, dominados por el pensamiento único. Lo cual no quiere decir que sean clónicos, hay diferencias que los separan, en buena medida determinadas por sus diversos planteamientos empresariales. A lo que me refiero es a que su ideología de fondo ha alcanzado un grado de homogeneidad desconocido en el pasado. Una homogeneidad apenas separada no ya por intereses de clase contradictorios, sino incluso por intereses nacionales en conflicto. Pero, para llegar a la situación actual, ha sido necesario recorrer un largo camino. Para llegar a lo superlativo, ha habido que pasar previamente por lo grande».&lt;br /&gt;En otro trabajo, (www.ricardovicentelopez.com.ar), me he detenido en analizar este tipo de liberalismo que encarna el pensamiento único, cuyo origen debe ubicarse en los comienzos de la década de los setenta, pero adquiere su fuerza mayor una década después. Su capacidad para introducirse en diferentes dimensiones de la vida social se debió, sin duda, al proceso de concentración de los medios en pocas manos internacionales. La propiedad que se concentró en formas empresariales internacionales posibilitó el despliegue de una importante campaña publicitaria con la que se logró ganar esa patente de “verdad indubitable”. Esa campaña no perdonó los ámbitos universitarios del Primer Mundo, a partir de los cuales adquirió “valor científico”. Esta simultaneidad de su difusión fortaleció el propósito de manipular la conciencia colectiva, ganando así una batalla cultural que se mantiene en gran parte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5330870518535940051?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/medios-de-comunicacion-y-pensamiento.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6885185060517429718</guid><pubDate>Wed, 11 Jan 2012 12:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-11T09:42:47.463-03:00</atom:updated><title>Información o desinformación</title><description>Un notable pensador francés, Michel Foucault, sostenía hace más de treinta años, que “la mayoría de los observadores afirma que está aumentando la delincuencia, pero los que más lo afirman son los partidarios de la mano dura”. Lo decía respecto de Europa, pero bien podemos aceptarlo como una constante entre nosotros, debiendo decirse que es un fenómeno de la sociedad global. Insisto, una vez más, esto no significa que pueda o no haber aumentado el delito y que no constituya una enorme dificultad en la vida cotidiana. El problema es quién lo dice, cómo lo dice  y por qué.&lt;br /&gt;Lo que pretendo señalar es una íntima relación entre la publicación de los delitos y la sensación que nos provocan. Tiempo atrás, buscando material para escribir un libro, Los medios de comunicación en un mundo globalizado, descubrí una vieja obra  editada en 1922, La opinión pública, cuyo autor fue luego un prestigioso periodista norteamericano. Me refiero a Walter Lippmann (1889-1974), de quien ya hablé en otra oportunidad. Viene a cuento por el tema que estamos analizando. En ese trabajo expone, como ejemplo de la capacidad de condicionar la opinión del receptor de los medios, lo que el New York Times había logrado con sus lectores. &lt;br /&gt;Terminada la Primera Guerra Mundial, comenzó este periódico a publicar en sus editoriales la imagen del “Peligro Rojo” que acechaba al pueblo del Norte. Mostró en su libro, con cierto detalle, la campaña de desinformación sistemática desarrollada en esa época, y los éxitos conseguidos. El pueblo norteamericano quedó convencido del enorme peligro que significaba la existencia de la Unión Soviética, en la tercera década del siglo pasado. Lo que este autor muestra con todo detalle es que en esa época Rusia era un país semifeudal, devastado por la guerra, muy pobre, con un pueblo hambreado y en grave peligro de sucumbir. La Revolución Bolchevique estaba lejos de haber triunfado totalmente; varios frentes de conflicto estaban en pleno desarrollo, y la victoria final se lograría varios años después.&lt;br /&gt;La expresión “opinión pública” se puso de moda muy poco tiempo después y tiene origen en ese libro. Lo que resulta muy llamativo, y sobre esto debemos detenernos a pensar, es la inversión producida respecto del significado dado por Lippmann. Éste denominó con ese concepto, opinión pública, al resultado obtenido en la conciencia colectiva, lectora del New York Times, a partir de la prédica de los editoriales. La convicción del ciudadano medio respecto del inminente peligro comunista no tenía ningún asidero en los hechos reales de la Rusia de entonces. Por lo tanto, afirmaba este autor, opinión pública no es la opinión que el público se forma a partir de investigar, indagar, averiguar sobre un tema. Por el contrario, es el resultado de la intención de hacer creer algo a un público, desde la repetición machacona de la información de la campaña preparada por algún medio, con el objetivo de convencer de la existencia de una realidad ficticia; es decir, manipular la conciencia colectiva. Lo importante de esta afirmación es la autoridad periodística de quien escribió ese libro. Un egresado brillante de la Universidad de Harvard, que durante la Primera Guerra Mundial llegó a ser consejero del presidente Woodrow Wilson, fue luego un importante intelectual del liberalismo estadounidense, crítico de medios y filósofo, e intentó reconciliar la tensión existente entre libertad y democracia en el complejo mundo moderno. &lt;br /&gt;El uso posterior que ha tenido el concepto opinión pública no es ajeno a la necesidad de los grandes medios por hacer olvidar el sentido originario y el carácter de denuncia que tenía. Esto ocurrió, sobre todo, a partir de la Segunda Guerra Mundial, en la que se puso en evidencia que la propaganda nazi había partido de la consigna “Miente, miente…, que algo quedará”. Es precisamente entonces cuando comienza a hablarse de la “objetividad de la noticia” y del “periodista profesional”. Nos encontramos, entonces, ante un nuevo adoctrinamiento por parte de los medios. La distinción entre informar y editorializar hizo creer que el periodismo utilizaba dos modos de comunicación: a) poner en conocimiento los datos de un hecho desnudo de toda valorización, cuando se informaba y b) exponer la opinión del medio o del periodista, cuando lo hacía con carácter de editorial. Perdonen mis preguntas, pero vuelvo a hacerlo: ¿acaso hoy es realmente así?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6885185060517429718?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/informacion-o-desinformacion_11.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3050200960180650724</guid><pubDate>Sun, 08 Jan 2012 11:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-08T08:06:49.789-03:00</atom:updated><title>La necesidad de la verdad</title><description>Hace unos diez años, en oportunidad de presentar la candidatura del juez Baltasar Garzón para el Premio Nobel de la Paz, Ernesto Sábato leyó unas palabras, importantes para recordar. Si bien, a mi juicio, tienen ese tono ético, tan propio de él —por lo que, de modo distinto del expuesto, se ubica en el plano del “deber ser”—, no por ello pierden el valor de ser útiles para contraponer otro modelo de información pública de masas, tan necesaria en esta etapa. Sus palabras, por momentos, adquieren un tono muy crítico, son un llamado para el ejercicio de un periodismo responsable:&lt;br /&gt;«El hombre de este tiempo vive delante de lo que acontece en el mundo entero. Y lo hace a través de la mirada de los periodistas; ellos son los testigos, quienes nos narran los acontecimientos. De ellos depende el cariz con que interpretamos los hechos, el partido que asumamos frente a lo que nos pasa como humanidad. El periodista habrá de deponer su propia visión de las cosas para abrirse a lo que sucede, comprendiendo que son sus ojos y sus palabras las que llevarán a los demás hombres la realidad de la que son parte. El periodista es así testigo, mediador e intérprete. La suya es una tarea de suprema responsabilidad. A lo largo de los años en que fue gestándose mi obra ensayística y literaria, yo mismo he colaborado con los diarios de mi país y con importantes medios gráficos de todo el mundo».&lt;br /&gt;El escritor habla de su experiencia periodística y de las razones que lo llevaron a expresarse a través de la prensa: «Puede parecer contradictorio que un hombre habituado al silencio y la demora que requieren el ensayo y la literatura, sienta la necesidad, a su vez, de expresarse a través de esa palabra inmediata, del instante, que caracteriza a la escritura periodística. Así también lo han hecho Ortega, y otros genios, y el propio Gandhi que, desde las columnas de un humilde y precario periódico alentó su revolución espiritual, el verdadero despertar del alma de su pueblo sometido. Sucede que, ante determinados acontecimientos, todo intelectual auténtico debe postergar su obra personal en favor de la obra común, poniendo su voz al servicio de los hombres, para ayudarlos a construir una nueva fe, una débil pero genuina esperanza. Entonces, en el vertiginoso suceder de los acontecimientos, la palabra que surge en respuesta logra evadir su destino fugaz y perecedero».&lt;br /&gt;Ya creo haberme referido a la calidad de la participación de notables pensadores que aportaban su palabra docente, como guía de un pueblo necesitado de la palabra de los maestros. Al referirse a su experiencia, transmite un modo de comunicar responsablemente en momentos en que es necesario ver con más claridad: «En este sentido, quienes trabajamos con la palabra, escritores, filósofos, periodistas, pensadores, y quienes a través de sus imágenes hacen oír el clamor de tantas voces silenciadas, todos nosotros, digo, más que una función pedagógica, tenemos un deber ético con las sociedades. Debemos restaurar el sentido de las grandes palabras deterioradas por aquellos que intentan imponer un discurso único e irrevocable». La palabra de quien es poseedor de una mirada más profunda, que escarbe por debajo de la superficie de la realidad, es imprescindible, en ciertos momentos, puesto que brotan desde la autoridad de quien las pronuncia, autoridad bastante escasa hoy.&lt;br /&gt;«El periodismo es un formador de opinión pública que da un sentido crítico frente a los hechos de la vida. Hoy, el periodismo debe reconciliarse con sus mejores señas de identidad históricas por donde respire la libertad de opinión y la capacidad imaginativa de sus intelectuales. La prensa en estos últimos años ha adquirido una notable expansión social y política, jerarquizada por su labor en las áreas de investigación y cultura. Quienes tienen en su poder el funcionamiento de los grandes medios, han de permanentemente tomar conciencia de la gran transformación a la que pueden contribuir. Capacitados, como están, para intervenir en las graves necesidades a las que estos tiempos nos está enfrentando». &lt;br /&gt;Advierte que el poder informático puede ser utilizado bien o mal y respecto de ello llama la atención: «Por la magnitud de su alcance, este poder es a veces utilizado por quienes pretenden perpetuar la hegemonía de un modelo único, sin alternativa. Imponiéndonos el yugo de una obscena globalización que justifica el sufrimiento de millones de hombres y mujeres, a la vez que nos relegan en una sensación de impotencia perpetua e inevitable. La sociedad está a tal punto golpeada por la injusticia y el dolor; su espíritu ha sido corroído tan a menudo por la impunidad, que se vuelve casi imposible la transmisión de valores a las nuevas generaciones. Sin embargo, la enorme posibilidad de modificar el aciago rumbo que venimos llevando se halla presente en el alcance ilimitado que los medios de comunicación poseen sobre la formación de conciencia de niños, hombres y mujeres». Las palabras precedentes son un aporte importante para el tema tratado en estas notas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3050200960180650724?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/la-necesidad-de-la-verdad.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2258803197711366939</guid><pubDate>Sun, 01 Jan 2012 12:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-01T09:47:35.744-03:00</atom:updated><title>La crítica del periodista formador de periodistas</title><description>Atendiendo especialmente a la cantidad de trabajadores de los medios y, por tal razón, a su sustento de vida, uno de los ángulos que no se pueden pasar por alto —algo ya quedó dicho de aquellos prostituidos en la profesión— consiste en pensar la situación y la actitud del periodista dentro del cuadro que hemos venido analizando. Uno de ellos, docente de la Escuela de Periodismo del Círculo de la Prensa, Ernesto Martinchuk, adopta un punto de vista “profesional neutro”, según mi parecer, y nos ofrece algunas reflexiones interesantes. Sus definiciones apuntan hacia “un deber ser” que se desentiende de los problemas que he planteado. Pero es útil leer lo que escucha un estudiante de periodismo que, en su ingenuidad, acepta como la “verdad” de su futuro oficio:&lt;br /&gt;«Una de las condiciones para ser un eficaz periodista profesional es el sentido crítico. Un periodista es un crítico por naturaleza, y tiene que estar dotado por la naturaleza de un atributo que es la curiosidad. Todo lo demás es perfectamente suplantable con un buen aprendizaje. Conocer la técnica y aprender el oficio es una cosa, pero si el periodista no reúne básicamente una condición natural de curiosidad, es muy difícil que pueda llegar a ser eficaz en su oficio. El periodista primero debe buscar, observar lo encontrado y, luego, investigar lo observado, analizarlo y tomar nota. Luego debe redactar sobre todo lo acumulado, desarrollando su poder de síntesis».&lt;br /&gt;Lo que dice es compartible, aunque suene un tanto a definición de manual. No quiero decir que no sea útil, sino que subrayo el tono que se puede contraponer a la realidad cotidiana del periodista. Continúa:&lt;br /&gt;«Este sentido natural de la curiosidad por la noticia es el incentivo que lo invita a juzgar el tema. Si el tema es asignado por un jefe, existen otras connotaciones colaterales que deberá juzgar para obtener el mayor  caudal informativo posible, debe dar la información en la menor cantidad de palabras y la mayor cantidad de datos posibles. Este es el instrumento más difícil de este  oficio. Un instrumento cuyo manejo se adquiere lentamente a través de la práctica constante. Es necesario leer y releer lo escrito pensando en que quien recibe el mensaje debe entenderlo. Muchas veces la soberbia nos impide releer lo escrito». Se percibe el tono que trasmite una libertad muy grande en lo investigativo y en lo informado. Se parece en algo al estudiante de abogacía al que se le enseña a colaborar con el juez en la búsqueda de la verdad… &lt;br /&gt;«La experiencia y los años en la profesión autorizan a un periodista a emitir juicios. Pero si desarrolla el sentido de la crítica, también debe aprender a desarrollar la autocrítica, no sólo de su trabajo, sino también de su oficio». Lo que no dice, y sabrá él por qué, cuáles serán los condicionamientos que también aprenderá con el oficio. Luego hace referencia a algunas características del mundo actual de la información. &lt;br /&gt;«Hoy la información llega con una velocidad increíble a, y desde, cualquier punto del planeta. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Los mercados financieros no serían tan poderosos, si las órdenes de compra y venta no circularan por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Esta velocidad genera, por una parte, gran caudal de información, pero por otra el riesgo de que la opinión pública no disponga de tiempo para analizarla, por falta de contextualización». &lt;br /&gt;Parece una ingenuidad, y bien puede serlo, como les sucede a muchos periodistas de las generaciones anteriores, que advierte un riesgo atribuible a un tema técnico; sin embargo, arriesga una crítica. Aunque su escalpelo no llega al hueso, dice: «Existe un exceso de información que no es importante, y falta interpretación de las pocas cosas que realmente son importantes. Existe una invisibilidad, en muchos casos intencionada, del emisor. Ha llegado el momento de que los periodistas hagamos crítica y autocrítica de lo que hemos venido haciendo hasta ahora y separar lo que es la “empresa periodística” o “periodista empresario”, y lo que representa el verdadero ejercicio del periodismo. Hoy no nos asombran los “periodistas” que incursionan en el mundo de la publicidad. Suelen “vendernos” desde un seguro hasta una crema antiarrugas, con lo cual desacredita su profesión, aunque abulte sus bolsillos».&lt;br /&gt;Su crítica es de tono moralista, está planteada desde la ética personal del periodista, la existencia del imperio del concepto lucro, impuesto por la “empresa” periodística, no lo toma en cuenta. Por ello, predica: «El único capital de un periodista es su nombre y su credibilidad. Notamos a diario informaciones que no están bien redactadas y, fundamentalmente en televisión, individuos que al transmitir una información reflejan su total carencia de los mínimos conocimientos culturales que debe tener un periodista. Del mismo modo, los responsables de cada área deben exigir a sus periodistas que las informaciones sean revisadas, chequeadas y corregidas antes de emitirse. Es una obligación hacerlo, ya que en alguna medida están formando la cultura general del pueblo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2258803197711366939?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/la-critica-del-periodista-formador-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5268490390631842525</guid><pubDate>Wed, 28 Dec 2011 12:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-28T09:38:36.610-03:00</atom:updated><title>La verdad en los medios concentrados</title><description>La “verdad científica” se incorporó a la vida cotidiana, no como tal, sino en los modos de algunos términos que adquirieron carta de ciudadanía en nuestro lenguaje cotidiano: “hablar objetivamente”, por decir algo que se parezca un poco a la objetividad de lo comunicado; “hablar con precisión”, cuando se puede comprender, a poco que nos detengamos en ello, que lo máximo que se puede lograr es una aproximación con palabras cargadas de sentidos ambiguos; “describir con exactitud” cuando en la mayor parte de los casos eso es imposible. Claro está que quien lo solicita no es consciente de lo que está demandando y que, en realidad, pretende que lo que se le diga sea lo menos disparatado posible. &lt;br /&gt;Pero se agrega a ello que después de un siglo cargado de descubrimientos científicos y avances tecnológicos, el XIX, nos encontramos con las dos Grandes Guerras que desmoronaron el prestigio de la cultura europea, madre del modo de pensar de una gran parte del  mundo,  proceso que arrastró todos los valores en los que habíamos sido educados. Poco quedó para creer. Allí ubico el comienzo de esa caracterización de la conciencia de la segunda mitad del siglo XX: relativismo, escepticismo, cinismo, que adquirió un nombre académico que la vistió con mejor ropaje: la posmodernidad. Sin embargo, parece que en el mundo de las comunicaciones se dio un proceso inverso. Si desde el siglo anterior los medios eran la expresión de un grupo determinado, político, filosófico, artístico, la última mitad, la de la posguerra, inauguró la modalidad de la información profesional, que ya hemos analizado, y se vistió de “objetividad periodística”.&lt;br /&gt;La última década del XX empezó a develar lo que se escondía detrás de tal pretensión, analizado en notas anteriores. Por tal razón, recurrí a la cita de Stanley J. Grenz, que actualiza la pregunta de Pilato: ¿qué es la verdad? Ésta adquiere en este siglo XXI una virulencia, tal vez, demasiado fuerte para que el “ciudadano de a pie” se haga cargo de ella. Es demasiado pesada para la conciencia de ese hombre que vive corriendo sin saber de qué se está escapando, que prefiera “entretenerse” con liviandades, porque “la realidad es demasiado negra” para querer saber cómo es y qué está pasando. En esa condición de “hombre saturado”, prefiere no hacerse cargo de preguntas duras y pesadas. Si haber llegado a esa condición fue también resultado del modo de comunicar la información, los medios viraron inmediatamente hacia la mezcla de información con entretenimiento, el “infoentretenimiento”, del que ya algo quedó dicho.&lt;br /&gt;Se ha producido un efecto de retroalimentación entre los medios y los consumidores. Los medios fueron acondicionando la conciencia de un público masificado, y ese público demandó productos de fácil digestión. La nueva modalidad encuentra allí su justificación. Y, ante ese público “educado” en la modalidad del  “infoentretenimiento”, se argumenta, hipócritamente, que el consumidor tiene la “potestad” y la “libertad” de elegir el medio por el que se quiere informar, al ocultar la mediocre monocromía de la oferta. &lt;br /&gt;Tal vez, nuestra cultura haya adquirido una especie de antivirus, por lo que los propósitos de los grandes medios concentrados solo han llegado atenuadamente entre nosotros. Pero, para mirarnos en un espejo que nos devuelve la imagen de un futuro posible, de no tomar conciencia de todo esto y defendernos de esos ataques mediáticos, el público estadounidense es un ejemplo claro para estudiar. Repito algo ya  dicho en varias oportunidades: Homero Simpson es el ciudadano medio del Norte. &lt;br /&gt;Podemos ahora desarmar esa especie de cóctel que terminó siendo la conciencia del consumidor mediático, un poco de escepticismo que se traduce por “todo es lo mismo”; una buena dosis de cinismo que se presenta en un “qué me importa”; otro tanto de relativismo, que reduce todo a un sin-valor parejo y se expresa en un “me da igual”. No debe ser tomado esto como una descripción amarga. Es una aproximación investigativa sobre cómo se ha dado en el mundo globalizado la relación medios-consumidor y, al mismo tiempo, una advertencia de lo que se propone el poder internacional concentrado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5268490390631842525?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-verdad-en-los-medios-concentrados.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-7354945362774001936</guid><pubDate>Sun, 25 Dec 2011 12:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-25T09:20:13.008-03:00</atom:updated><title>El tema de la verdad</title><description>Tomando en cuenta todo lo que hemos venido analizando, aceptando que la información es siempre un recorte respecto de la totalidad, casi infinita, de los datos que ofrece la realidad; que ese recorte sacrifica una parte mucho mayor que no se informa; que el criterio con que se elige y se desecha es, en alguna medida arbitrario, se impone una pregunta: entonces, ¿la información verdadera no es posible?; ¿cuánto de ella queda mostrada? En los tiempos que corren, en los que el relativismo, el escepticismo, el cinismo, han ganado una parte de la conciencia colectiva, cuantificarlo es imposible. Parece que utilizar el concepto “verdad” contiene una pretensión un tanto exagerada y soberbia, puesto que deberíamos también preguntarnos quién y cómo es el portador de ella. &lt;br /&gt;La dificultad radica, según mi criterio, en el modo binario de presentar el problema: es “verdadero” o es “falso”. Es decir, se tiene toda la verdad o no se la tiene. De este modo de pensar es probable que hayamos desembocado en este tiempo cargado de incertidumbres que nos abisma en esa descripción  propuesta antes: el relativismo, el escepticismo, el cinismo. Ello, sin que la mayor parte de las personas tenga conciencia clara de que así se está dando nuestra relación con el mundo que nos rodea. Es más, esa mayoría o gran parte de ella rechazaría de plano tal caracterización. A pesar de ello, seguiré insistiendo en que mis análisis me llevan a afirmarlo.&lt;br /&gt;Vamos a escaparnos por una rama que nos alejará del tema, pero creo que nos lo iluminará. Intentemos abordar el problema desde otro ángulo. La primera pregunta y base de todo este planteo es ¿qué es la verdad? Si nos internamos en la historia del pensamiento, descubriremos que la pregunta es tan vieja, que se remonta a los orígenes de la filosofía, por lo menos a más de dos milenios. De esa historia, podemos rescatar un momento que me servirá como excusa para seguir ahondando en la investigación. Recurro a un especialista en estudios evangélicos para colocar un punto de partida que nos remita a este hoy. Stanley J. Grenz, profesor de Teología en Carey Theological College, Vancouver, que, partiendo de esa pregunta, dice: &lt;br /&gt;«“¿Qué es la verdad?", preguntó Pilato como respuesta a la afirmación de Jesús de que había venido al mundo a “testificar la verdad”. Muchas personas, especialmente los que se educaron antes del decenio de 1970, podrían descartar las nostálgicas palabras de Pilato como anticuadas maquinaciones de un escéptico premoderno. Una respuesta diferente recibiría hoy, sin duda, el gobernador romano ante los avances científicos modernos que han contribuido al descubrimiento de “muchas verdades” acerca del mundo, que se desconocían en el primer siglo. No obstante, en el momento que la comprensión científica de “la verdad” parece haber alcanzado indiscutible soberanía, la inquietante pregunta de Pilato —“¿qué es la verdad?”— ha resurgido con más fuerza».&lt;br /&gt;La reflexión me parece pertinente, porque nos remite a confrontar con modos diversos de plantearse la pregunta. La respuesta “científica” ha adquirido una legitimidad aceptada en la cultura moderna que, en su terreno, no admite competencia. La refutación posible de esa verdad por verificaciones posteriores no    deteriora esa legitimidad; por el contrario; la refuerza. Ahora bien, el tipo de verdad que se presenta con esa legitimidad paga un precio muy grande, inadvertido por muchísimas personas que lo aceptan. Ese precio es la negación del recorte que opera sobre la totalidad de la realidad reduciéndola a aquella parte que sea factible de cuantificar, puesto que es esto una imposición metodológica insoslayable para pretender el carácter de tal.&lt;br /&gt;Lo que quedó oculto durante siglos es que esa porción de la realidad material presenta ciertas características que corresponden a lo investigado, fundamentalmente, por la física y la química. Apartándose de esos territorios científicos, la certeza de las verdades enunciadas no logra el mismo grado de legitimidad.&lt;br /&gt;Ese otro territorio fue propiedad de las humanidades y de las ciencias sociales más recientemente. Es precisamente aquí donde debemos colocar la verdad de la información. Por lo tanto, fue necesario abrir el “problema de la verdad” para poder avanzar en la búsqueda que nos hemos propuesto. Dejamos señalado que, cuando hablábamos de “objetividad” periodística, esta se parapetaba detrás del modo científico de investigar, vedado para la información de temas sobre el hombre. En la próxima nota, me extenderé sobre esto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-7354945362774001936?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/el-tema-de-la-verdad.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-1985950425628491632</guid><pubDate>Wed, 21 Dec 2011 13:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-21T10:20:36.419-03:00</atom:updated><title>La realidad y la versión periodística</title><description>Espero que los análisis realizados hasta ahora hayan arrojado una luz suficiente sobre un tema altamente complejo. Sin embargo, creo que todavía persisten algunas oscuridades. Después de este avance de la conciencia colectiva, el periodismo ha comenzado a adaptarse al nuevo escenario y, como consecuencia de ello, la palabra “objetividad” no aparece con tanta frecuencia, ha sido reducida al ámbito de lo que se ha dado en llamar “la crónica de los hechos”.&lt;br /&gt; Crónica es el tipo de texto que debería utilizar un periodista para trasmitir lo que ha sucedido, ubicándolo dentro de un desarrollo ordenado de los hechos, respetando el tiempo y el espacio adecuado sobre lo que se está narrando. Se supone que ha dejado de lado las conjeturas o análisis y sus opiniones al respecto. Esto podría entenderse como información. &lt;br /&gt;Una mirada atenta a lo que se nos ofrece como crónica nos permite detectar que se está encubriendo todo lo que se niega bajo la apariencia inocente de la crónica, aun aceptando la hipótesis de que el cronista crea que está prescindiendo de todo sesgo en la información. La palabra “crónica” tuvo un uso especial en la antigüedad, para referirse a los relatos que respetaban el orden temporal de los hechos, a pesar de que en ellas no faltaban las exageraciones y las fantasías. Parece que nuestros periodistas quedaron impresionados por la posibilidad que esto brindaba. Debe señalarse en este sentido, como para descargar del cronista parte de las culpas, que sus jefes piensan más en vender que en informar. De allí la importancia de la “primicia”, como si esto le otorgara mayor valor a la información, cuando sólo es la demostración de la competencia en el mercado entre empresas preocupadas por facturar.&lt;br /&gt;La falsa importancia de la “primicia” ha empujado al cronista a informar sin revisar la fuente de sus datos ni contraponerlas con otras fuentes. De este modo, se ha perdido confiabilidad en la veracidad de lo que se informa. El ritmo de la información por la “necesidad” de ser el primero, agregado al vértigo de la cascada de datos trasmitidos, han acostumbrado al consumidor, en muchos casos —aunque cada vez son menos— a no dar importancia a la “verdad de lo informado”, y a aceptar que lo que hoy es “urgente e importante”, horas después ha desaparecido del escenario sin la menor explicación, tapado por lo próximo “urgente e importante”. La evanescencia de las cosas significativas ha banalizado de tal modo el valor de la información que ésta va cayendo en un lento descrédito. Esto no ha provocado todavía la crítica y el rechazo público, pero alguna forma de incredulidad se va posesionando de la conciencia pública.&lt;br /&gt;Por la complejidad de la realidad actual, todo este juego se torna intrincado y de difícil acceso. La impronta mercantil de las empresas de información subordina el relato sobre los hechos a la necesidad de ser el que los muestra del modo más impactante posible. Tanto la prensa escrita como la radio y la televisión recurren a artilugios que atraigan la mirada del consumidor hacia aquello que impresiona en el momento, aunque poco después quede desvirtuado por otros datos que desmientan lo que se ha dicho. Tiene poca importancia ese resultado, porque se parte de la convicción de que ese público seguirá consumiendo lo que se ha convertido de información en entretenimiento. El mundo estadounidense ha creado una palabra para denominar a esta actividad: infoentertainment, ya aparecida en el léxico de los analistas en su traducción  castellana, “infoentretenimiento”.&lt;br /&gt;Como señala el profesor Javier del Rey, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.: «El entretenimiento como recurso mediático está caracterizado por una progresiva banalidad, cada vez más caótica en contenidos y formas, no se promueven los contenidos informativos sino la apariencia informativa, buscando sólo una recreación de la realidad, con un fin espectacular y lucrativo, ajeno al interés general. Asimismo, el afán de entretenimiento y de captación de audiencia de ciertos periodistas estrella puede provocar el abuso de fuentes anónimas (o insuficientemente identificadas) con informaciones basadas a veces en documentos inventados; en vez de verificar y contrastar y, por el contrario, fiarse de fuentes parciales, insuficientes o meramente manipuladoras».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-1985950425628491632?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-realidad-y-la-version-periodistica.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6362096366258599946</guid><pubDate>Sun, 18 Dec 2011 11:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-18T08:39:11.927-03:00</atom:updated><title>El complejo mundo de la información</title><description>Por lo ya expuesto, debemos entender  la necesidad de plantearnos, como consumidores de información, una selección sobre la oferta informativa, atendiendo a los criterios, ideologías, tendencias políticas, intereses que representan, y decidir por qué medios nos informaremos. Para que ello sea posible, corresponde imponer una exigencia a esos medios: que definan quién  está informando, cuál es su línea de pensamiento y, respecto al medio en el que trabaja, a qué intereses está ligado, etc. &lt;br /&gt;Hoy todo ese tipo de definición se oculta tras la ya analizada “objetividad”. Por tal razón, como esta tarea recae sobre nosotros, en nuestra condición de consumidores de la información, debemos asumir el averiguarlo y definir si coincidimos con ese modo de investigar e informar o no y, a partir de allí, tomar una decisión. Ha quedado atrás aquel periodismo, que apareció en nuestro país hace ya mucho tiempo, que se definía como un periodismo de opinión. Se sabía que la información correspondía al partido tal, a la iglesia X, al grupo de opinión Z, etc. O que quien escribía era de ideas claramente definidas y que no se ocultaban.&lt;br /&gt;La aparición del “periodismo profesional” dio la sensación, porque así se transmitió, de que hacía su tarea sin responder a ningún interés previo, de allí la defensa de la “objetividad”. Ese “periodismo profesional”, que impone el estilo estadounidense, fue la consecuencia de la mercantilización de la práctica informativa, de la aparición de “organizaciones para la producción y distribución de la información” como señala Gerbner, es decir, de haber transformado un servicio a la comunidad en un negocio a cargo de empresas que introdujeron en la actividad criterios comerciales como función fundamental.&lt;br /&gt;Por tal razón, por lo que hemos estado analizando, debemos hacernos cargo de un tema crucial de la sociedad actual, denominada no casualmente la “sociedad de la información”. Aunque esta denominación  es mucho más abarcadora, incluye todos los modos del fenómeno de la comunicación de masas. Este fenómeno, que lleva más de un siglo de existencia, pero que adquirió una presencia determinante en las últimas décadas, debe ser estudiado y analizado detenidamente por las importantes implicancias que tiene en estos tiempos como obstáculo para la consolidación de un cuerpo comunitario sano y sólido en el nivel nacional. &lt;br /&gt;Su importancia no debe ser minimizada, dado que ha logrado un grado de fascinación tan extremo, en el seno de la sociedad de masas, que no es sencillo poder despegarse de él para adquirir la distancia necesaria en su estudio. Por la misma razón, no es fácil hacerse escuchar respecto de las críticas imprescindibles  contra la utilización que se hace de ellos. Se ha logrado un efecto perverso que es necesario denunciar, aun a riesgo de ser tildado de antidemocrático, puesto que toda crítica que aparece sobre ellos es denostada como un intento de atacar la libertad de informar. El recurso tan utilizado es la defensa de la libertad de prensa, que encubre la libertad de empresas. A este argumento recurren las empresas de comunicación cuyos intereses desbordan, en demasía, lo meramente periodístico. Lo que se puede observar es que muchos comunicadores asumen la defensa de esa modalidad comercial: algunos por ingenuidad o ignorancia; otros, por haber sido formados dentro del criterio de que la información es un negocio como tantos otros y que debe practicarse como tal; otros, mercenariamente por las muy buenas remuneraciones que reciben. &lt;br /&gt;Como resultado de lo expuesto cabe hacernos la pregunta ¿qué comunican los medios de comunicación? Y la respuesta que nos demos definirá una posición adoptada ante este problema. Contamos hoy con una ventaja. Desde no hace mucho tiempo, pero cada vez con mayor intensidad, este tema  se ha convertido en un problema a debatir por una gran cantidad de personas, ha ido invadiendo los hogares, el ámbito educativo, las diversas conversaciones cotidianas. Lo que no hace tanto tiempo era sólo un debate áulico hoy ha “ganado la calle”. La cotidiana frecuentación de un diario, del noticiero en la televisión o de la radio, en la búsqueda de ese pan diario de la información, para saber qué está pasando, me parece que está dejando de ser una actividad ingenua. Aquello tan viejo de “lo dijo la radio” actualizado hoy por “lo dijo la televisión” ha dejado de ser un criterio de “verdad”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6362096366258599946?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/el-complejo-mundo-de-la-informacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-1862604537402460462</guid><pubDate>Wed, 14 Dec 2011 11:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-14T08:47:17.529-03:00</atom:updated><title>La construcción de públicos condicionados</title><description>Avanzando en el tema que hemos estado tratando, sigamos con el análisis de las consecuencias de la aparición de la comunicación masiva. Habíamos leído a George Gerbner, cuyas investigaciones debemos ubicar en el año 1973. Este dato adquiere particular relevancia para estas reflexiones, porque todavía ni siquiera se insinuaba el gran salto de la década posterior. Sobre fines de la década de los setenta y comienzo de los ochenta, se dan los primeros pasos hacia una concentración salvaje de medios en muy pocas manos, la gran mayoría de ellas proveniente de inversores de las multinacionales. Es éste un momento muy importante en la historia de la comunicación de masas por las consecuencias posteriores. Gerbner agudiza su análisis y nos informa:&lt;br /&gt;«La verdadera significación revolucionaria de las comunicaciones modernas de masa es su capacidad para “construir un público”. Esto significa la capacidad de formar bases históricamente nuevas para el pensamiento y la acción colectiva en forma rápida y penetrante a través de los anteriores límites. El enfoque institucionalizado de las comunicaciones de masa presenta a los medios como creadores de sistemas de mensajes producidos y transmitidos tecnológicamente, como nuevas formas de condicionar la cultura pública institucionalizada, así como a los transmisores comunes más importantes de la interacción social y de la formación de la política pública en las sociedades contemporáneas».&lt;br /&gt;Ruego detenernos en la afirmación sobre la “capacidad para construir público” y para “condicionar la cultura”. Vuelve sobre la idea de que público no es la presencia o asociación espontánea de gente que participa “naturalmente” de una forma de pensar, actuar y comunicarse entre sí. Es algo de mucha mayor trascendencia para el mundo social y político de las últimas décadas, sobre todo para el funcionamiento de la vida en democracia. Lo que estaba señalando este investigador, con sentido de advertencia, en una etapa tan temprana en la que la conciencia colectiva estaba lejos de percibirlo, es lo que se estaba preparando: el concepto de “público” y el concepto “cultura” ya no correspondía con la acepción del uso coloquial. &lt;br /&gt;Entonces, “público” es el resultado de una creación del medio que, en tanto “medio”, aunque suene tautológico, lo es porque se coloca en el medio, entre la realidad y el receptor. Esta realidad que pasa a través del cedazo del medio adquiere una forma redefinida por su interpretación. Una vez realizada esta operación, es recibida por una cantidad de personas que la consumen y, en la medida en que esto se convierte en una conducta habitual, se va “construyendo un público” que es el propio. No significa esto que la mente de esas personas que pasan a formar parte de ese público estén en blanco y sea el medio el que las moldea. Debe entenderse como el resultado de un modo de informar, es decir, como un modo de presentar la información a partir de un recorte previo, necesario, que de ella se hace. &lt;br /&gt;El problema radica en el modo de seleccionar los datos que se van a informar, lo cual produce un recorte de la realidad, ésta se convierte en una versión de ella. Pinta, por decirlo así, de un color definido todo lo que se informa. Este “recorte es necesario”, ya que es imposible prescindir de él, puesto que no se podría nunca transmitir la totalidad de los detalles de cualquier hecho, sería insoportablemente pesado y aburrido. Por lo que se presenta como “necesaria” una selección de todos esos datos para sintetizar los que serán definidos como realmente relevantes. Bien, es aquí donde se presenta el problema que debemos pensar. &lt;br /&gt;Habiendo aceptado como “necesario” el recorte, debemos preguntarnos: ¿quién define lo importante y lo secundario?; ¿con qué criterios lo hace? Suponiendo una gran ingenuidad de este informador, ¿no se filtran, muchas veces sin saberlo, pre-juicios, ideologías, sesgos religiosos, políticos, ignorancias, en esa selección? Una primera respuesta es: toda selección responde a criterios previos, por lo tanto, la tan argumentada y repetida “objetividad de la información” no es más que una falacia. Tal objetividad no es humanamente posible en el ámbito de la información, como tampoco lo es en cualquier otra dimensión de la actividad de los hombres. De aquí se desprende que la mayor honestidad debería consistir en expresar, dentro de lo posible, que la información fue recogida y analizada por alguien que piensa de una determinada manera. Y que encierra siempre una buena dosis de “opinión”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-1862604537402460462?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-construccion-de-publicos.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2462372168901234750</guid><pubDate>Sun, 11 Dec 2011 13:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-11T10:05:59.520-03:00</atom:updated><title>La concentración de medios</title><description>Hemos leído las opiniones de algunos investigadores; pasemos ahora a analizar qué dice alguien que está dedicado al periodismo, pero no deja de dar clases en la Universidad La Sorbona de París, me refiero al director del periódico Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet. Él nos permite entrar al mismo problema, pero desde otro ángulo que completa la información. Centra su análisis en lo que considera un problema en crecimiento: la concentración de la propiedad de los grandes medios en unas pocas manos de empresarios: «La disminución de la difusión de periódicos tiene como contrapartida su cada vez mayor concentración en un puñado de grupos industriales. Su mayor dependencia de los intereses económicos de esos grupos caracteriza a la prensa escrita actual —problema extensivo a todos los medios—. Un fabuloso desarrollo tecnológico pone a la información al alcance de un público cada vez más extenso y con mayor rapidez. Pero simultáneamente se incrementa un periodismo complaciente en menoscabo de un periodismo crítico, lo que pone en riesgo la noción misma de prensa libre y perjudica y degrada a la democracia».&lt;br /&gt;De este párrafo se pueden sacar varias conclusiones que intentaré presentar desde la línea de esta serie de notas.  Los medios de comunicación en gran parte del mundo, que deberíamos llamar de información o, tal vez de desinformación, por lo que ya hemos visto, han sido comprados por un “puñado de grupos empresariales” (otro tanto ocurre en nuestro país). Estos capitales, que hasta no hace más de 25 años no se ocupaban de este negocio, han ingresado a él. La consolidación de los grandes conglomerados económicos permitió que dieran un paso hacia el control de la opinión pública, ahora planteado supuestamente dentro del marco de las reglas de la democracia. &lt;br /&gt;Pero la democracia ha sido reducida hoy al reino del mercado que le ha franqueado la vía de acceso: la compra de acciones de esos medios y la posibilidad de su concentración. Por tal razón, se puede comprender, aunque no justificar, que muchos de los trabajadores de esos medios, por la necesidad de conservar sus puestos de trabajo hayan aceptado el cambio de las condiciones en la relación trabajador-empresario. La  proliferación de situaciones similares ha dado lugar a la aparición de “un periodismo complaciente”. Paralelamente, como se desprende  de esta situación, se fue disolviendo el “periodismo crítico”. &lt;br /&gt;Esto nos coloca en la pista del proceso que se ha ido dando dentro de esos medios. La censura estatal en el mundo occidental ha prácticamente desaparecido. Ha sido reemplazada por la censura empresarial interna que campea hoy por las redacciones. Esta censura interna es más fácil de aplicar y, además, es invisible a los ojos del consumidor de esos medios. Cuando los periodistas han asumen, por una diversidad de situaciones comprensibles, los valores que los medios exhiben, nos encontramos con la famosa “prensa independiente”, lo que no se aclara independiente de quiénes, puesto que todos ellos quedan enmarcados dentro del claro objetivo de la mayor rentabilidad. &lt;br /&gt;Agreguemos ahora, entonces, la pregunta acerca de cómo y dónde se obtiene esa rentabilidad. La respuesta es sencilla: del mercado, por la venta de espacios publicitarios. Estos son definidos por las empresas y las agencias de publicidad, ambas regidas por objetivos comunes: llegar a la conciencia del mayor número posible de consumidores por los caminos más efectivos. Esta mercantilización penetra en los medios, que apelan a todo tipo de trucos para vender (CD, DVD, revistas, juegos con premios). Ramonet nos advierte: «Lo cual refuerza la confusión entre información y mercancía, con el riesgo de que los lectores ya no sepan qué es lo que compran. Así es como los diarios enturbian más su identidad, desvalorizan el título y ponen en marcha un engranaje diabólico que nadie sabe en qué acabará». &lt;br /&gt;Una propuesta para los medios concentrados, dentro del esquema internacional actual, de convertirlos en difusores de cultura es ridícula, inocente, irrealista o infantil. Debemos aceptar hoy su imposibilidad, hasta tanto no seamos capaces de convertirnos, al menos, en consumidores críticos y selectivos, que hagamos sentir las preferencias de un público que demanda bienes culturales y no camuflaje de mercado. Me pareció impactante la figura del “engranaje diabólico” utilizada por quien sabe mucho de ello, porque se encuentra en el corazón mismo de este proyecto devastador.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2462372168901234750?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-concentracion-de-medios.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3526496406119053963</guid><pubDate>Wed, 07 Dec 2011 12:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-07T09:13:08.604-03:00</atom:updated><title>El mensaje condiciona a la opinión pública</title><description>Debo, entonces, subrayar que el carácter estructural de la comunicación — en la etapa de la sociedad de masas, que ha producido los medios técnicos y la concentración empresarial— ha permitido una toma de decisión de carácter político y económico por parte de una minoría con poder, que define qué se informa y qué no. Por lo tanto, este modo de ordenar el proceso comunicativo (informacional) está al servicio de los centros de poder concentrado. Para que esto haya sido posible, debe entenderse que, antes de ello, la cultura moderna y su expresión económica, el capitalismo, habían sentado las bases de esa posibilidad. &lt;br /&gt;Una industria que se lanza a la producción masiva de mercancías requiere dos cosas: una masa de obreros masificada y un mercado masificado de demandas, que puede admitir cierta fragmentación sin perder su calidad de tal. Ese mercado debe haber realizado, a lo largo de un tiempo prudencial, una modificación en la psicología y las expectativas públicas a fin de hacerlas aptas para la recepción de esta modalidad. &lt;br /&gt;La masividad de la comunicación ha tenido, como paso previo, la conversión del receptor en masa. A esta transición la sociología alemana ha denominado el paso de la “comunidad” a la “sociedad”, caracterizando a la primera por la relación “cara-a-cara de las personas”, reconocidas como tales, y a la segunda, por las “relaciones neutras y anónimas de los individuos”.&lt;br /&gt;La sociología norteamericana es la que más atención prestó a este fenómeno de la masificación. Investigadores como el estadounidense George Gerbner (1919-2005), docente de la Universidad de Berkeley, han utilizado los resultados, en pos de esa transformación y los han puesto al servicio de la publicidad.  Este investigador muestra la prudencia o la ingenuidad propia de los norteamericanos para tratar temas relacionados con la política y el poder. Esto se muestra en el lenguaje pretendidamente aséptico y esencialmente técnico que utiliza. Leámoslo en extenso:&lt;br /&gt;«La comunicación de masas es la extensión de la aculturación pública institucionalizada más allá de los límites de la interacción cara a cara o de la realizada a través de cualquier otro tipo de mediación personal. Esto sólo resulta posible cuando se dispone de medios tecnológicos y surgen organizaciones sociales para la producción y distribución masiva de los mensajes... Pero los nuevos medios e instituciones de producción y distribución, los medios de masa, proporcionaron nuevas maneras de llegar a la gente. Estas nuevas maneras no diferían sólo tecnológicamente, sino en ocasiones también desde el punto de vista conceptual e ideológico, de los medios antiguos. Estaban vinculados con una época de transformación general de la base productiva de la sociedad, y en esa época surgieron. Produjeron su impacto acumulativo sobre el mundo occidental (...)  que iba a conmover los fundamentos del orden mundial y a introducir en el lenguaje los términos más comunes que se refieren a la sociedad, las comunicaciones y la industria. La continua transformación produjo no sólo concentraciones de personas sino también una concepción de las «masas» relacionada más con el movimiento de los mensajes que de las personas (...) La clave de la significación histórica de los medios de masa reside, entonces, en la asociación de la palabra “masa” con un proceso de producción y distribución. La comunicación masiva es la producción y distribución en masa, sobre una base tecnológica e institucional, del flujo continuo más ampliamente compartido de mensajes públicos en las sociedades industriales».&lt;br /&gt;Pocas páginas más adelante Gerbner hace esta notable apreciación, dicha con palabras que corroboran la candidez con la que aborda el tema: &lt;br /&gt;«La verdadera significación revolucionaria de las comunicaciones modernas de masa es su capacidad para “construir un público”. Esto significa la capacidad de formar bases históricamente nuevas para el pensamiento y la acción colectiva en forma rápida y penetrante a través de los anteriores límites, espacio y status (...) el enfoque institucionalizado de las comunicaciones de masa presenta a los medios de masa como creadores de sistemas de mensajes producidos y transmitidos tecnológicamente, como nuevas formas de aculturación pública institucionalizada, y como los transmisores comunes más importantes de la interacción social y de la formación de la política pública en las sociedades contemporáneas».&lt;br /&gt;Lo que afirma Gerbner es de una importancia fundamental para resolver tantos debates en los que nos vemos envueltos en este tiempo, debates que, de parte de los representantes de los medios concentrados, niegan lo que acabamos de leer: la capacidad de los grandes medios para condicionar la opinión pública.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3526496406119053963?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/el-mensaje-condiciona-la-opinion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5711007747008452482</guid><pubDate>Sun, 04 Dec 2011 14:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-04T11:27:25.038-03:00</atom:updated><title>¿Qué es la comunicación?</title><description>De lo que hemos leído salta inmediatamente a la vista que los ejes y los acentos de las definiciones de estos investigadores están colocados en aspectos diferentes del proceso comunicacional. El modo de pensar de los latinoamericanos coloca a la persona humana en el centro de la escena y, por ello, la exigencia es de un diálogo igualitario, que  está apuntando a una condición imprescindible de la “comunicación”.  Partiendo de la aceptación de esta definición, todo aquello que no responda a esas características obliga a buscar las causas de esas limitaciones, de esos impedimentos o carencias. &lt;br /&gt;Equivale a decir, lo político, entendido como la manifestación de los intereses sociales, hace acto de presencia y no se esconde tras definiciones técnicas. El ya mencionado Pasquali avanza en sus exigencias hacia la total reciprocidad comunicativa: «Comunicación es la relación comunitaria humana consistente en la emisión-recepción de mensajes entre interlocutores en estado de total reciprocidad, siendo por ello un factor esencial de convivencia y un elemento determinante de las formas que asume la sociabilidad».&lt;br /&gt;Pasquali define como información todo aquello que no responde a los requisitos de esta definición, según quedó señalado antes. Es la “información”, entonces, el proceso que tiende a petrificar, a cosificar, a la persona en su función pasiva de simple receptor y, por tanto, es una función “utilitarista” de la comunicación que no merece el nombre de tal. Ese tipo de comunicación deja de merecer ese nombre porque pretende, con su eficacia, manipular los actos del otro, u otros. De allí que la “libertad de información”, que tanto se pregona, esconde la verdad de que sólo es libertad para el emisor, ya que el receptor está negado en la posibilidad de actuar. Se debe percibir en estos modos de abordar el estudio de la comunicación una clara negación de los factores de poder que operan en dicho ámbito. Se percibe un ocultamiento, consciente o no, de la verticalidad del proceso de comunicación de masas, por el cual una elite dispone de los medios para hacer llegar sus mensajes a las personas, convertidas en “masa”, que recibe pasiva y acríticamente esos mensajes. &lt;br /&gt;Conviene, ahora, incluir aquí la definición que Umberto Eco nos propone de ese fenómeno que es la comunicación canalizada a través de los medios masivos, lo que convierte a la comunicación en un fenómeno  “de masas”: «Hay comunicación de masas cuando la fuente es única, centralizada, estructurada según los modos de la organización industrial: el canal es un expediente tecnológico que ejerce una influencia sobre la misma señal; y los destinatarios son la totalidad (o bien un grandísimo número) de los seres humanos en diferentes partes del globo... El universo de la comunicación de masas está lleno de interpretaciones discordantes; diría que la variabilidad de las interpretaciones es la ley constante de las comunicaciones de masas. Los mensajes parten de la fuente y llegan a situaciones sociológicas diferenciadas, donde actúan códigos diferentes».&lt;br /&gt;Entonces, debemos considerar los componentes de este tipo de comunicación para poder penetrar en la índole misma de la modalidad “de masas”. Aparecen fundamentalmente dos criterios que Eco resalta: «la mediación de los modos tecnológicos», y el «destinatario, convertido ahora en un público masivo y anónimo», pero diferenciado. Sin embargo, con el objeto de avanzar en el estudio de un fenómeno tan complejo, como el que estamos abordando, y retomando lo que venía diciendo, se podría aceptar definir la comunicación como un proceso de grados, que puede ser más o menos informativo o más o menos comunicativo. Lo vertical del mensaje y lo dialógico no se presentan, en la realidad comunicacional, en forma pura. Hay una gama muy grande de posibilidades para combinar esas dos dimensiones. Debemos aceptar, entonces, que encontraremos medios más informativos y medios más dialogales. &lt;br /&gt;Si bien es cierto que predomina una tendencia a imponerse los primeros por sobre los segundos. Tendencia mucho más acentuada a partir de la concentración de medios de comunicación (se debería decir de información) en pocas manos. Y cabe aclarar ahora que las participaciones de la audiencia, a través de llamados telefónicos, no alteran la verticalidad del mensaje, crea sólo una ficción de participación. Cuando hablo de “diálogo” estoy haciendo referencia a abrir el mensaje en un sentido dual, horizontal con ida y vuelta, que respete el contenido de ambas puntas. No simplemente preguntarle algo a alguien, sino escucharlo en lo que él tenga que decir, y en los temas que le preocupan. En este sentido hay una enorme tarea para modificar culturas periodísticas que entienden la comunicación de un solo modo. Cultura a la que aporta, y es además responsable, la formación que reciben los que estudian esas carreras profesionales.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5711007747008452482?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/que-es-la-comunicacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2908164021676466205</guid><pubDate>Wed, 30 Nov 2011 16:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-30T13:05:11.619-03:00</atom:updated><title>Qué son los medios de comunicación</title><description>Empecemos por preguntarnos, para nuestra investigación, ¿qué son los medios masivos de comunicación? Estos medios aparecieron como una aparatología, una cantidad de artefactos técnicos, que potenciaron la emisión de mensajes en las relaciones con las personas. Pero debemos reparar en que la comunicación humana es, por supuesto, anterior a esa aparición. No sólo anterior, sino que forma parte inescindible de la constitución de lo humano en cuanto tal. No hay sujeto humano posible sin el establecimiento de una comunicación inter-intra-humana que lo constituya. Esta cualidad esencial para la constitución de la persona, coloca en un primer plano la condición necesaria de una sana y fraterna relación social, para que ella adquiera la maduración personal necesaria, como la psicología lo ha mostrado con toda claridad. &lt;br /&gt;A partir del siglo XIX, esa comunicación se vio enriquecida y, al mismo tiempo, entorpecida por la aparición de un nuevo tipo que posibilitaba convertir el receptor en un sujeto colectivo. Debemos hacer, entonces, caracterizar previamente esa comunicación para introducirnos, con más elementos de juicio, al análisis del fenómeno en que se convirtió tiempo después. Prestemos atención a una diferenciación que establece el comunicador social venezolano, Antonio Pasquali (1929), entre “comunicación” e “información”. Necesaria, porque en esta época de fuerte presencia de los llamados “medios de comunicación de masas”, éstos se caracterizan por una comunicación unilateral y sin retorno. &lt;br /&gt;A esta forma de la comunicación este autor prefiere darle el nombre de “información” y reserva el término “comunicación” para aquella relación dialógica, en la que ambos términos del proceso comunicativo se alternan en su papel de emisor y receptor. Por otra parte, en la comunicación humana, los artefactos que intervienen, deben cumplir un papel lo más neutro posible y no interferir en los contenidos del mensaje, aunque esa interferencia sea meramente técnica. Es evidente que la irrupción de los multimedia, la articulación entre la radio, el televisor, la computadora y el teléfono, ha alterado y desequilibrado este juego de las comunicaciones. Para algunos autores, la aparición de los multimedia puede parangonarse con el invento de la imprenta por el alemán Johannes Gutenberg (1398–1468).&lt;br /&gt;Cuando a los medios de comunicación se les agrega la caracterización “de masas”, se está definiendo, con toda claridad, su carácter de no estrictamente “comunicativo”, sino “informativo”. Hay un emisor que se dirige al fenómeno de la “sociedad de masas”. Este concepto alude a la despersonalización del sujeto humano de la sociedad industrial, que lo ha convertido en un receptor, más o menos pasivo, de mensajes preparados para ser recibidos por ese “ser colectivizado”. Podemos acercarnos a algunas definiciones  propuestas para definir el proceso de la comunicación. &lt;br /&gt;Así, nos encontramos con una definición bastante clásica como la de los investigadores Hovland, C. I., Janis, I. L. y Kelly, H.H., de la Universidad de Yale: «Comunicación es el proceso por el cual un individuo (el comunicador) transmite estímulos (generalmente verbales), a fin de modificar el comportamiento de otros individuos (la audiencia)». Para Staats, A.W. y Staats, C. K.: «En términos bastantes generales, la comunicación puede ser considerada como lenguaje, escrito u oral, emitido por un individuo, que resulta del establecimiento de nuevos mecanismos estímulo-respuesta en otro individuo, en el condicionamiento de mecanismos estímulo-respuesta que fueron previamente adquiridos».&lt;br /&gt;Este tipo de definiciones, provenientes por lo general de la escuela estadounidense, tienden a ver la comunicación como un proceso de “ida”, que coloca el acento en el emisor. Se debe a que estos investigadores de los medios de comunicación extraen su experiencia de los medios masivos y de la publicidad. Por lo tanto, los intentos no expresados, respecto del receptor, están muy cerca de un concepto, que en aquel país ha sido muy estudiado: la “persuasión”. Gran parte de la investigación sobre medios masivos se ha concentrado en el mensaje y ha prestado muy poca atención al emisor y al receptor. La eficiencia del proceso comunicativo está en función de los logros obtenidos en ese intento por la vía del contenido del mensaje. &lt;br /&gt;Por ello, como reacción a ese modo característico de la concepción norteamericana, pretendidamente neutra, de pensar las comunicaciones, han salido de América Latina definiciones que intentan desnudar los mecanismos de este proceso. Encontramos, por ejemplo, a Luis Ramiro Beltrán, que dice: «La comunicación es el proceso de interacción social democrática que se basa en el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario, diálogo y participación».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2908164021676466205?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/que-son-los-medios-de-comunicacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5312705685172839139</guid><pubDate>Sun, 27 Nov 2011 10:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-27T07:40:36.751-03:00</atom:updated><title>La ciencia empresarial</title><description>Es necesario detenernos brevemente en un aspecto que, por lo general, pasa a un segundo plano en estos debates —y no creo que inocentemente—, para abordar luego el problema de la comunicación de masas. En la nota anterior opté por la denominación de ciencia de las ciencias es porque ésta se constituyó con el aporte de varias: la sociología, la psiquiatría, la psicología profunda, la psicología de masas, la psicología motivacional, las técnicas de la investigación social. Dijo Erich Fromm refiriéndose a este fenómeno, a fines de los sesenta: &lt;br /&gt;"La creciente complejidad de las empresas y del capital, hacen que sea de la mayor importancia conocer por adelantado los deseos del consumidor y no sólo conocerlos, sino también influir sobre ellos y manejarlos. Las inversiones de capital en las gigantescas empresas modernas no se hacen por presentimiento, sino después de un manipuleo y una investigación concienzuda del consumidor y de todo el mercado". &lt;br /&gt;Sus aportes invalorables, expresados en un aumento considerable de las utilidades, le otorgaron a esta ciencia un prestigio digno de mejores propósitos. Los éxitos empresariales fueron un punto de referencia insoslayable para el análisis de todo tipo de negocios. Aquí la palabra “negocio” adquiere la significación que el idioma inglés da a su equivalente business, que debiera ser traducida por “ocupación”. La generalización que la cultura anglosajona hizo de esta palabra colocó bajo un mismo paraguas todo tipo de ocupación, pero en aquella cultura se sobreentendía su referencia a las “utilidades”. Por tal razón, se generalizó la traducción como “negocios”. Esto no es ingenuo ni neutro, porque tiñó nuestro modo de entender las relaciones sociales como relaciones utilitarias. &lt;br /&gt;De la afirmación de Fromm: “Las aplicaciones de la psicología se han generalizado a partir del manejo del consumidor y del trabajador, al manejo de todo el mundo, incluida la política”. El conocimiento que ofrece esta ciencia posibilita un “manejo” utilitario de las relaciones con las otras personas, convirtiéndolas en “medios” para la obtención de ciertos fines: la utilidad. Sigue nuestro autor: “Mientras que la idea original de la democracia se basaba en el concepto del ciudadano responsable y con ideas claras, en la práctica esto se distorsiona cada vez más, por la utilización de los mismos métodos que se desarrollaron primero en la investigación de mercado”. Se puede ya adelantar que el “negocio” de la información se va a enmarcar en estos criterios.&lt;br /&gt;La distorsión fue convirtiendo la “libertad de prensa” en una “libertad de empresas”, libertad que no se ejerce en el interior de la empresa de medios, donde rige la disciplina empresarial. Es la libertad que tiene el empresario de la información, como parte de un conglomerado mayor, para transmitir lo que él crea que es conveniente y lucrativo. La tan mentada “línea editorial” es, muchas veces, un modo vergonzante de la censura. Si la información adquiere la forma de “noticia” y es noticia aquello que llame la atención del “consumidor de noticias”, el interés del “consumidor condicionado” pasa a ser el criterio de lo que puede ser noticia. La libertad de la que se habla se ejerce en el mercado con las “reglas del mercado”. Además, el “negocio” de la información está sostenido en gran parte por la publicidad. De allí que una parte importante de lo expresado está condicionada, a su vez, por la presión de los anunciantes. &lt;br /&gt;Esto pone de relieve la tarea de la “prensa alternativa”, que, partiendo de medios precarios, intenta cubrir, en la información pública, ese hueco, vacío, casi un “agujero negro que no llena los grandes medios. La prensa alternativa se mueve dificultosamente en la búsqueda de la necesaria publicidad que mantenga financieramente el medio en circulación. También hasta allí se hace sentir la presión de las grandes empresas, los grandes medios, las agencias de publicidad que intentan maniatar el contenido de los mensajes del medio en el que colocan publicidad. &lt;br /&gt;El otro riesgo que corre esta imprescindible libertad y diversidad de prensa, en una sociedad democrática, es la presión que se hace sentir desde los intereses partidarios, empresariales, profesionales sobre todo cuando ejercen el poder de sus instituciones. No pocas veces se confunde la crítica leal y honesta con campañas de difamación. Esto no significa que no existan, pero por verlas tantas veces provocan en el “consumidor avisado” el resultado de una paranoia que parece no poder evitarse cuando se ejerce el poder desde la distancia que lo separa de la gente. No debe callarse, entonces, que esa necesaria libertad de prensa es uno de los pilares sobre los que se debe construir —o reconstruir, como en nuestro caso— la salud institucional de la Nación y la defensa de la comunidad toda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5312705685172839139?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/la-ciencia-empresarial.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6263817360273752492</guid><pubDate>Thu, 24 Nov 2011 00:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-23T21:52:20.694-03:00</atom:updated><title>Medios - Un poco de historia</title><description>Nuestra Argentina se ha sumergido en un debate cruzado por mil incomprensiones, por distorsiones inconscientes o malintencionadas, por intereses mezquinos, por miopías y, tal vez, por varias razones más, que han distorsionado la importancia de sus contenidos. Es probable que deba decir: una parte de nuestra Argentina, pero aun siendo sólo eso, la restricción no deja de ser importante y obliga a saltar al ruedo con el propósito de aportar una mirada más, que aunque no muy novedosa, sin embargo propondrá iluminar un poco el escenario. Para ello voy a franquear los límites dentro de los cuales advierto que se plantea, para remontarme a una historia del problema que lleva más de un siglo. &lt;br /&gt;La importancia que los medios de comunicación masiva han ido adquiriendo progresivamente durante ese tiempo obliga a detenerse a investigar y pensar sobre su comportamiento social. Es el tema de la comunicación,  que, en el seno de la sociedad moderna capitalista, se convierte en el tema de los medios de comunicación. Es necesario comenzar diciendo que esos medios han sido víctimas del proceso de la concentración económica profundizada en la década de los setenta, aunque la película El Ciudadano Kane (1941), de Orson Welles, ya denunciaba al empresario estadounidense William Randolph Hearst, por sus prácticas monopólicas. &lt;br /&gt;Ello nos muestra que los medios fueron quedando subordinados a los intereses de grupos empresariales que, hasta ese entonces habían sido ajenos a la comunicación masiva. A partir de allí, muchos medios,  víctimas de este proceso, pasaron a convertirse en victimarios de un vasto público ávido de información. Por tal razón, esos medios que representaron, desde su aparición en los comienzos del siglo XIX, el control ciudadano sobre los otros tres poderes del Estado — y que por ello habían merecido el nombre de cuarto poder—, cuando su propiedad estaba en manos dispersas y variadas, pasaron a ser un instrumento poderoso dentro del juego político de los intereses concentrados.&lt;br /&gt;De este modo, por la tan necesaria y defendida libertad de prensa se fueron convirtiendo en la voz de los que no tenían voz. Fue la palabra que criticaba y denunciaba los abusos de los poderosos en defensa de los desprotegidos. Los ejemplos son muchos y sus portavoces, hombres distinguidos que, por regla general estuvieron a la altura de esa misión; para nombrar sólo a uno, nuestro Mariano Moreno. Esos precarios medios, fundamentalmente la prensa escrita a la que se le agregó la radio a comienzos del siglo XX, fueron un bastión inexpugnable que cumplió un importante papel en defensa de la democracia, al hacer transparente lo que se pretendía ocultar. &lt;br /&gt;La posguerra abrió un camino nuevo a este proceso. La lucha contra el totalitarismo nazi y las denuncias posteriores del manejo de la información durante el régimen alertaron a la conciencia ciudadana mundial sobre la importancia de una prensa libre, independiente y veraz. Posteriormente, la guerra fría puso de manifiesto otro totalitarismo, el soviético, que sobre este al respecto no fue muy diferente en el manejo comunicacional. Contra ello se erigió, como modelo “ejemplar”, la libertad de prensa occidental, paradigma de la democracia. Sin embargo, por debajo del juego público de la prensa de Occidente, comenzó a gestarse un nuevo modelo de gestión empresarial, sostenida por modelo de la empresa multinacional. Este modelo no era del todo novedoso, pero encontró, en el mercado internacional de posguerra, un campo propicio para su expansión y concentración. Ello le otorgó una capacidad económica y financiera temible para la competencia. &lt;br /&gt;El poder desmesurado que esas empresas mostraban — hacia el interior de ellas y en su relación exterior con la competencia— las fue arrastrando hacia un uso discrecional de ese poder. La empresa periodística internacional aprendió de esos juegos del poder y fue introduciéndose en ellos. Así, el manejo de la información fue quedando en manos poderosas que no resistieron la tentación de convertirla en un instrumento de sus intereses. La red de negocios de posguerra fue entrelazando diferentes tipos de negocios y la información pasó a ser uno más de ellos, con lo que adquirió paulatinamente una mayor importancia. El concepto de negocio impregnó toda la actividad empresarial, lo cual demandó la creación de una ciencia especializada para el manejo eficiente de los negocios. Apareció, entonces, el marketing: la ciencia de las ciencias del negocio empresarial.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6263817360273752492?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/medios-un-poco-de-historia.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-9027205647709019850</guid><pubDate>Sun, 20 Nov 2011 11:40:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-20T08:48:21.180-03:00</atom:updated><title>La libertad de los depredadores</title><description>Sobre la crisis financiera, mencionada en la nota anterior, ya he escrito varios trabajos. Sin embargo, mi insistencia en tratar temas relacionados tiene como propósito no dejarnos engañar en momentos en que las medidas que se están tomando apuntan a salvar a los más ricos, con olvido total de los más desfavorecidos y perjudicados por las crisis sucesivas del capitalismo en su versión salvaje, como fue correctamente bautizado. Mis trabajos mencionados pueden dar un panorama general de los acontecimientos. Revisarlos nos advierten acerca de cómo se llegó a ese estado en que se debaten las finanzas internacionales. Y ello es necesario porque, no sin estupor, podemos leer que en las altas cumbres de las finanzas se debaten propuestas que sólo repiten idénticos mecanismos que los desembocados en la crisis de la que todavía no hemos salido. Subrayo aquí, y volveré sobre ello, que la libertad enunciada requiere posibilidades materiales para su ejercicio, por lo que no se debe hablar en abstracto de ella.&lt;br /&gt;Al respecto dice Juan Francisco Martín Seco: «Mientras se celebraba otra gran conferencia económica para debatir la actual crisis de la economía internacional, organizada por el Institute for New Economic Thinking (Instituto de Pensamiento para la Nueva Economía), que tiene al liberal rey del hedge fund (Fondos de Inversión), George Soros, como su primer motor y provocador, el discurso de despedida de Keynes parecía inquietantemente profético: ‹‹han vuelto los dragones››. &lt;br /&gt;En Washington, un partido Republicano vuelto a su esplendor, según sienten sus miembros, puso al gobierno estadounidense a dos horas de cerrar en default, por falta de autoridad política para librar fondos, mientras imponía severísimos recortes del gasto federal. Al otro lado del Atlántico, una legión de hedge funds y Bancos de inversión han forzado a un debilitado gobierno portugués a recurrir al FMI y a la Unión Europea para un rescate multimillonario en euros. En Gran Bretaña, George Osborne se presenta como paladín de la imponente velocidad de su plan de reducción presupuestaria, diciendo que no jugará a la ruleta rusa con la economía británica. Se encuentran por doquier los ecos del lenguaje que Keynes trató de disipar en  Bretton Woods». &lt;br /&gt;Juan Francisco Seco nos está diciendo que, mientras la crisis no sale de su estancamiento, esos dragones avanzan como si nada hubiera pasado, como si ellos no tuvieran ninguna culpa de esos resultados, como si la codicia desenfrenada de ellos no fuera la causante de la situación actual. Más todavía, miran el escenario y están pensando y actuando como buitres para sacar el mayor provecho posible de la situación desastrosa de varios gobiernos  europeos. El estado de los dirigentes políticos de nivel internacional bascula entre su falta de ideas y su debilidad, que los lleva a someterse a los dictados de los dragones.&lt;br /&gt; Afirma Seco: «Por ejemplo, hasta los demócratas norteamericanos están de acuerdo con los activistas del Tea Party [la ultraderecha] en el seno del Partido Republicano en que si los EEUU repiten lo que hicieron en la primera década de este siglo, entonces la deuda pública se duplicará volviéndose insoportable. El argumento es si la respuesta debería consistir en dar un hachazo al gobierno federal norteamericano o si el gobierno, pese a las constricciones fiscales, forma parte de la solución, mediante su papel de estimulante de un crecimiento mayor y sostenible». Aunque los términos de la cuestión puedan no ser de fácil comprensión, traducidos a un lenguaje más simple, «si el gobierno debe usar los dineros públicos para generar trabajo o debe socorrer a los Bancos en quiebra». &lt;br /&gt;Uno de los problemas es que la economía y los economistas han sido demasiado débiles a la hora de establecer que la crisis tenía su origen en comportamientos privados más que públicos, o en demostrar «de qué modo el crecimiento y la generación de empleo son resultado de una compleja interacción entre las acciones, el gasto y el marco de los gobiernos y el dinamismo del sector privado». El gobierno es parte inevitablemente de la solución, es decir del apoyo a la creación de riquezas. Sin embargo, los dragones lo ponen como un obstáculo para el “libre juego” de la economía. Para el movimiento del Tea Party en todo el mundo, ya sea en el seno del partido Republicano, en el Tesoro o los hedge funds, ha resultado demasiado fácil «especular en contra de estados periféricos pertenecientes al euro, lisiándolos de un modo u otro para impedir que actuaran de forma creativa e inteligente como respuesta a una continuada crisis financiera y a niveles de deuda privada por las nubes».&lt;br /&gt;Podemos preguntarnos: entonces, ¿cuánto margen de libertad le queda al ciudadano?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-9027205647709019850?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/la-libertad-de-los-depredadores.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-8351416223006496936</guid><pubDate>Wed, 16 Nov 2011 12:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-16T09:31:16.956-03:00</atom:updated><title>La libertad de comprar</title><description>El tema que estamos analizando se presenta forzosamente con perfiles un tanto académicos, tal vez   demasiado profesional. Pido disculpas por ello, pero debo decir que no se puede eludir la necesidad de mirar por debajo de todo palabrerío con que se encubre el debate de la economía capitalista. Y ello, porque, avalada por el significativo concepto de “libertad de mercados” tiende al rechazo de toda crítica como atentatoria de la libertad de los ciudadanos. Tras el espejismo de la libertad del consumidor de elegir lo que desea, sin que nada se lo impida (salvo el dinero necesario), se esconde la verdad de que no elige; tan solo opta por las alternativas que se le presentan y que, en el supuesto “libre juego de la oferta y la demanda”, éste se da en medio de una disparidad de fuerzas evidente entre “oferentes” poderosos y concentrados y “demandantes” indefensos ante lo que la oferta propone. Sin tener en cuenta, además, el eficaz influjo de una publicidad que condiciona las preferencias del consumidor.&lt;br /&gt;Este supuesto “libre juego”, como ya vimos, precipitó en crisis de diferentes profundidades, pero todas ellas con costos importantes, sobre todo para los menos favorecidos por la injusta distribución de la riqueza. Esta injusticia quedó legitimada al ser entendida como la consecuencia de los menos capaces para moverse en un escenario de libertad, que exige una “competencia” y “madurez” entre los concurrentes. Los mejores preparados han sido los exitosos de la confrontación económica. Esta es otra de las “verdades” que se han clavado muy hondo en la conciencia de tantas personas. Sobre todo, cuando deben juzgar al desempleado, al carente de recursos, a quienes acusan de ser vagos o ineptos para “abrirse camino en la vida”. La mirada individualista, desprovista de una investigación consistente sobre los procesos sociales, es la base que sostiene ese modo de “ver y juzgar”, puesto que es incapaz de “ver y analizar” los condicionantes estructurales de una sociedad que coloca a cada nuevo componente en un punto de partida diferente, muchas veces muy lejanos unos de otro.&lt;br /&gt;El profesor e investigador, Juan Francisco Martín Seco, se ve obligado a subrayar que esa argumentación se encuentra en la base de gran parte de la crítica a Keynes y que se debe a que sus tesis «son planteamientos que hacen saltar por los aires el castillo construido en forma de excusa para defender la  acumulación capitalista. De ahí que las fuerzas políticas y económicas recurran a las políticas keynesianas cuando no tienen más remedio, porque la crisis los ha colocado al borde del abismo, pero huyen de ellas como de la peste tan pronto como pasa el peligro, y vuelven a enarbolar el discurso de la austeridad: reformas y ajustes, sangre, sudor y lágrimas… para los de siempre, claro». &lt;br /&gt;La crisis financiera de 2007 mostró un escenario casi olvidado para el Primer Mundo defensor del “libre mercado”. Los Estados de los países centrales debieron socorrer a grandes empresas, introduciendo miles de millones de dólares para salvarlas de la quiebra. Para ello, no hubo críticas contra la intervención estatal ni contra la estatización de grandes financieras y Bancos internacionales. Como dice Seco, «estaban al borde del abismo» y, en ese momento, a la doctrina de la libertad se la dejó de lado.&lt;br /&gt;Se entiende así el rechazo y el menosprecio por uno de los más grandes economistas del siglo XX, según el profesor británico Will Hutton, veterano e influyente periodista económico del periódico londinense The Guardian. El prolongado debate sobre teoría económica había colocado a Keynes como un gran opositor al juego de un mercado libre, sin controles, por los riesgos que ese libre juego permitía suponer, como la historia volvió a demostrar. Hutton sostiene que Keynes: «Había querido destruir la teoría propagada por economistas y políticos que predicaban equilibrios presupuestarios, austeridad pública, primacía de la soberanía nacional y libertades para las finanzas en casa y en el exterior. En cambio, él quería reglas que reconocieran la interdependencia entre países y crear instituciones globales y una moneda mundial que dejara espacio a los gobiernos para maniobrar actuando con inteligencia y creatividad a fin de estimular el empleo, el comercio y el crecimiento. Consiguió algo de lo que deseaba, pero no, lo bastante; y no es descabellado escuchar los ecos de su discurso de despedida, en el que avisaba de sus temores de que volvieran los dragones». Y los dragones (la derecha republicana) volvieron, más de una vez, pero los que los padecieron no aprendieron la lección.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-8351416223006496936?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/la-libertad-de-comprar.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3761681552208689415</guid><pubDate>Sun, 13 Nov 2011 10:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-13T07:57:15.764-03:00</atom:updated><title>El neoconservadurismo</title><description>Una corriente de pensamiento que fue perdiendo vigencia, pero que no ha desaparecido es la neoconservadora. Entre sus representantes, encontramos autores que demuestran tener una mayor “preocupación humanista”; dicho de otro modo, un mayor compromiso con la problemática humana y una mayor tendencia a la recuperación de los valores, pero con un sesgo elitista. A diferencia de los neoliberales, muchos de ellos son provenientes del campo de las ciencias sociales o las humanidades. Desde esta posición, afirman que los valores han quedado marginados por la excesiva mercantilización (obsérvese lo de “excesiva”) de las relaciones sociales que lleva a cabo el mercado. Éste, por sus características, no repara en la necesidad de defender «las virtudes de la tradición occidental». &lt;br /&gt;Uno de los casos más atrayentes por su formación filosófica es Daniel Bell (1919-2011), profesor emérito de la Universidad de Harvard, que giró desde posiciones de izquierda (defendió tesis marxistas hasta la década del cincuenta) y que formula un muy interesante planteo, inteligente y serio, sobre el modo de funcionamiento del sistema capitalista. Lo describe a partir de un esquema en el que divide el funcionamiento del sistema en tres esferas que, si bien están interrelacionadas, tienen una relativa autonomía. Estas son: la esfera de lo “tecno-económico”, en la que se organiza la producción y distribución de bienes, que constituye el sector de los mayores logros del capitalismo y cuya eficacia está fuera de toda duda. La esfera del “sistema político”, que es el ámbito de la justicia y del poder social de la que poco hay para modificar, dados los éxitos políticos alcanzados. Y, por último, la esfera de la “cultura” cuyo sistema muestra sus mayores fallas y carencias. Allí es donde aparece la descomposición del “sistema de valores” que ha dado lugar a la conflictividad que hoy se está padeciendo. El título de uno de sus libros, Las contradicciones culturales del capitalismo (1976), señala con claridad dónde están centradas sus preocupaciones. Con estas palabras, sintetiza Bell el problema:&lt;br /&gt;La ética protestante fue socavada, no por el modernismo, sino por el propio capitalismo. El más poderoso mecanismo que destruyó la ética protestante fue el pago en cuotas, o crédito inmediato. Antes, era menester ahorrar para poder comprar. Pero con las tarjetas de crédito se hizo posible lograr gratificaciones inmediatas. El sistema se transformó por la producción y el consumo masivos, por la creación de nuevas necesidades y nuevos medios de satisfacerlos.&lt;br /&gt;Obsérvese lo agudo de su planteo y cómo inserta el problema del consumismo en su crítica, idea digna de ser compartida. Sus referencias a las facilidades que otorga el crédito como fuente de corrupción de los valores también merecerían nuestra aprobación. Es significativo que no logre detectar ninguna dificultad en la esfera tecno-económica, por la concentración económica que ha ido produciendo en ella, incluso en los Estados Unidos. Por otra parte, en la esfera de lo político él no ve ningún problema en un país en que los derechos de las minorías son avasallados y se van perdiendo paulatinamente. Por otra parte, está muy seriamente cuestionada la representatividad de sus dirigentes políticos, lo que se expresa en la apatía electoral. Este acento, puesto en la esfera de la cultura, demuestra que su pensamiento es un fiel exponente de las clases altas. Le duele esa pérdida de valores, porque afecta el tipo de vida tradicional que defiende. Centrar el tema en las dificultades culturales del capitalismo no está mal, pero es deficiente y parcial, no llega a la raíz del problema. Sin embargo, puede entenderse esa mirada que representa la opinión de un sector de la sociedad noratlántica. El profesor José María Mardones (1943-2006), Profesor e investigador de la Universidad de Deusto comentando las tesis de Bell, afirma:&lt;br /&gt;Al final nos encontramos con este hecho: la ética puritana que había servido para limitar la acumulación suntuaria, pero no la del capital, quedó marginada de la sociedad burguesa capitalista. Quedó el afán de consumo y la tendencia al hedonismo. Se fue instaurando así una idea del placer como modo de vida. Es decir, el hedonismo pasó a ser la justificación cultural, si no moral, del capitalismo.&lt;br /&gt;Podemos hoy decir que esa cultura decadente [consultar “La cultura Homero Simpson” en www.ricardovicentelopez.com.ar] se ha ido extendiendo globalizadamente y que muchos sectores de la modernidad occidental la han adoptado como ideal y forma de vida. Si el tema que estamos analizando es la libertad, alcanza con ver cómo han sido socavadas las culturas de los pueblos, mediante un avasallamiento cultural impuesto por una publicidad machacona que trasunta consumismo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3761681552208689415?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/el-neoconservadurismo.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2363546500462665063</guid><pubDate>Wed, 09 Nov 2011 08:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-09T05:33:16.420-03:00</atom:updated><title>La libertad de morirse de hambre</title><description>Las consecuencias posteriores a la aplicación de las ideas de estos fundamentalistas del mercado, sobre todo a partir de la década de los noventa del siglo pasado, no han logrado hasta ahora revisiones o retractaciones de los contenidos de la doctrina neoliberal, a pesar de las crisis sucesivas producidas. Ya en plena segunda década del siglo XXI, se puede observar con qué grado de certeza las instituciones internacionales de crédito exigen, sin embargo, la aplicación de políticas correspondientes a esa ideario. A pesar de que estos hechos reales han precipitado la creación y posterior estallido de “burbujas” financieras, las advertencias de los neoliberales sobre los peligros que representa cualquier control del Estado sobre los mercados no se han modificado en nada. Los debates para encontrar mecanismos de regulación social tienen gran repercusión. Sin embargo, todavía el peso de las ideas de Hayek y Friedman, cuya argumentación acerca de que el llamado por ellos Estado “igualitario” es destructor de la libertad de los ciudadanos y de la vitalidad de la competencia, siguen teniendo vigencia entre los especialistas, dado que son considerados los dos factores fundamentales de los cuales depende la prosperidad general.&lt;br /&gt;Cabe señalar que tanto Hayek como Friedman ven en la desigualdad un valor positivo, imprescindible para el avance de cualquier sociedad. Encuentran en las desigualdades un incentivo para avanzar y crecer. Esto nos remite a las tesis del naturalista, filósofo, psicólogo y sociólogo británico Herbert Spencer (1820-1903), conocidas por sus postulados apoyadas en un darwinismo social aplicadas al capitalismo moderno. Es decir, aceptar la lucha de todos contra todos (las tesis del salvajismo y de la selección natural) en la cual sólo los más preparados, los mejores adaptados a las condiciones del mercado moderno pueden sobrevivir. &lt;br /&gt;Leamos qué dice Friedrich von Hayek: «Una sociedad libre requiere de ciertas morales que en última instancia se reducen a la manutención de vidas: no a la manutención de todas las vidas porque podría ser necesario sacrificar vidas individuales para preservar un número mayor de otras vidas. Por lo tanto las únicas reglas morales son las que llevan al 'cálculo de vidas': la propiedad y el contrato» (subrayado mío). Podemos preguntarnos ¿qué significa “sacrificar vidas individuales? ¿Para preservar qué número de otras vidas, quién selecciona a unos que se salvan y decide quiénes mueren?&lt;br /&gt;Friedrich von Hayek puede contestar sobre esto que no es necesario preocuparse por la forma en que se resuelven esas incógnitas, puesto que ello no depende de la voluntad humana. El funcionamiento del mercado, como “el mejor asignador de recursos” dispone de mecanismos automáticos, también denominados leyes del mercado, que solucionan las disparidades que se presenten. Leamos sus propias palabras: «Mostrar que, en este sentido, las acciones espontáneas de los individuos bajo condiciones que podemos describir (el mercado), llevan a una distribución de los medios que se puede interpretar de una manera tal, como si hubiera sido hecha según un plan único, a pesar de que nadie la ha planificado. Parece ser realmente la respuesta para el problema, que, a veces, se ha denominado, metafóricamente, 'razón colectiva'». El mercado actúa espontáneamente y toma decisiones automáticas por sobre la conducta de los concurrentes, sin que medie acción humana alguna en la resolución de los posibles conflictos. Se da una situación que parece como si hubiera sido planificada, pero no lo ha sido. &lt;br /&gt;Este modo de plantear el problema de la mejor distribución posible de bienes, siendo el automatismo del mercado el que resuelve, no da lugar a la posibilidad de que haya culpables de que algunas vidas puedan ser sacrificadas en beneficio de un número mayor. La libertad en el funcionamiento del mercado requiere ese costo de vidas para ajustar el resultado en beneficio del resto. Esta libertad tiene una gran semejanza con el funcionamiento del salvajismo natural, el matar para vivir es una ley necesaria para la preservación de la vida toda. La sociedad capitalista recupera para la vida social las leyes naturales de la supervivencia: los mejores sobrevivirán en beneficio de una vida que será cada vez mejor, porque irá descartando a los débiles que no son aptos para la vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2363546500462665063?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/la-libertad-de-morirse-de-hambre.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-814951852009882767</guid><pubDate>Sun, 06 Nov 2011 12:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-06T10:01:57.544-03:00</atom:updated><title>Se replantea el liberalismo: el liberalismo económico</title><description>Un breve relato nos colocará en la perspectiva histórica dentro de la cual aparece con fuerza lo que se conoció más tarde como neoliberalismo. El prefijo “neo” está dando a entender que alguna diferencia tiene con el liberalismo clásico, sobre el que algo ya quedó dicho. Es, precisamente, el carácter de “neo” lo que reclama un análisis de sus diferencias. &lt;br /&gt;El economista chileno Marco Antonio Moreno, en noviembre de 2007, cuando se cumplían sesenta años de un acontecimiento casi fundante de esta corriente de pensamiento, nos cuenta: «En abril de 1947, a las faldas del Mont Pèlerin, en los Alpes Suizos, Friedrich von Hayek  [1899-1992] y Milton Friedman  [1912-2006] reunieron a un nutrido grupo de intelectuales de derecha para expresar su repudio al New Deal  y al keynesianismo  que, en ese momento, dominaba el mundo económico. El objetivo de Hayek, Friedman y la treintena de empresarios y políticos convocados, entre los que se contaba Karl Popper  [1902-1994] -quien acababa de publicar La Sociedad Abierta y sus Enemigos-, era sentar las bases ideológicas para una reducción del aparato estatal que, con la revolución del economista británico John Maynard Keynes  [1883-1946] había cobrado un nuevo ímpetu en el liderazgo del desempeño económico. A Hayek le molestaba la presencia del keynesianismo por su posibilidad de llegar a establecer y legitimar el  socialismo, lo que constituiría un verdadero “camino de servidumbre”. Ello dio origen al neoliberalismo, movimiento ideológico que crea y desarrolla  –a través de los think tanks - modelos de ataque contra toda limitación impuesta por el Estado a los mecanismos del mercado».&lt;br /&gt;Ubiquemos el encuentro en los años inmediatos al final de la Segunda Guerra Mundial,  momento en que el Premier británico Winston Churchill  (1874-1965) levanta “la Cortina de Hierro” para dividir en dos a Europa: la llamada  “Libre”, al oeste de la frontera ocupada por la Unión Soviética, y la otra, tras esa frontera hacia el este. Hayek intuye, y por ello sostiene, que el decisivo protagonismo del Estado —que permitió la recuperación de los Estados Unidos de la Depresión de los años treinta— podía convertirse en un modelo. El riesgo que temían los liberales era la validación de las ideas de Keynes, por el miedo de que arrastrara a los países que lo practicaran al mismo desastre en el que se precipitó el nazismo germano. Por tal razón, titula su libro —que actuó de allí en más como carta fundacional del neoliberalismo— Camino de servidumbre (1944), que se convertiría en la “biblia” de los procesos instaurados en Gran Bretaña por Margaret Thatcher (1979) y, en los Estados Unidos, por Ronald Reagan (1981).&lt;br /&gt;Richard Cockett , en su libro Pensando lo imposible, documenta en detalle cómo y por quiénes fue ideada la denominada «contrarrevolución económica para contrarrestar el impacto de las ideas keynesianas». Se refiere a ese grupo de intelectuales como una secta creada en 1941 con el objetivo de derribar los argumentos de Keynes. Para financiar las operaciones de “la secta”, recurrieron al apoyo de industriales, banqueros y a la famosa Fundación Rockefeller , cuyo fin era convertir a una importante generación de intelectuales al credo del liberalismo pregonado por Adam Smith, ahora repensado sesgadamente desde la situación del mundo capitalista del siglo XX, cuyo objetivo fundamental era la prédica de un anticomunismo cerrado. Nuestro autor escribe con entusiasmo: «Hayek y la Sociedad del Monte Peregrino fueron al siglo XX lo que Karl Marx y la Primera Internacional fueron al siglo XIX».&lt;br /&gt;Otro economista, Mark Hartwell, miembro de “la secta” señaló que ésta «produjo en todo el mundo instituciones que propagaron el liberalismo económico contribuyendo al cambio de políticas en los gobiernos mediante el papel de sus miembros como asesores directos o creadores de políticas internas». Quedaba así fundada una institución que declaraba su “guerra” a toda posibilidad de intervención del Estado como instrumento de corrección de las desviaciones que producía el libre juego del mercado. Afirma Marco Antonio Moreno que «este grupo de fundamentalistas ideológicos se consagró a las divulgación de las tesis neoliberales para combatir el keynesianismo y toda forma de Estado Social y a preparar las bases teóricas de un capitalismo duro y un libre mercado exento de toda regla ética y social».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-814951852009882767?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/se-replantea-el-liberalismo-el.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2111610265317850456</guid><pubDate>Wed, 02 Nov 2011 12:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-02T09:24:55.633-03:00</atom:updated><title>El mercado libre atenta contra la libertad del ciudadano</title><description>La consulta de importantes investigadores de prestigio internacional nos permite pronunciarnos con mayores certezas sobre el análisis que estamos realizando. Sus palabras nos dan ciertas garantías sobre los pasos que hemos dado acerca de un tema de tan difícil comprensión. En este caso, leamos a Ulrich Beck — Sociólogo alemán, profesor de la Universidad de Munich y de la London School of Economics— y notaremos que percibe peligros parecidos a lo señalado en notas anteriores:&lt;br /&gt;Cuando el capitalismo global de los países más desarrollados destruye el nervio vital de la sociedad del trabajo, se resquebraja también la alianza histórica entre capitalismo, Estado asistencial y democracia... El trabajo remunerado sostiene y fundamenta constantemente no sólo la existencia privada, sino también la propia política. Y no se trata “sólo” de millones de parados, ni tampoco del Estado asistencial ni de cómo evitar la pobreza, ni de que reine la justicia. Se trata de todos y cada uno de nosotros. Se trata de la libertad política y de la democracia...&lt;br /&gt;Prestemos especial atención a su advertencia: lo que está en juego es el futuro de los mismos beneficiarios  del sistema. Entonces, nos encontramos tanto con las consecuencias del libre juego de las fuerzas del mercado global como con las consecuencias que provoca ese tipo de conductas fuera de todo control. Aparece una necesidad de poner un «control político sobre el mercado». El capitalismo, como sistema de producción para un mercado libre, sólo puede funcionar aceptablemente, si se ejerce sobre él un control político que impida sus desbordes, cuestión que exige el fortalecimiento de las instituciones políticas y sociales. Por otra parte, y esto no debe olvidarse, el capitalismo tenderá siempre, por su propia dinámica de mercado, a la «concentración económica y la exclusión social». Son estos dos aspectos del sistema los que provocan sus consecuencias más perversas.&lt;br /&gt;No radica, entonces, sólo en la «eficiencia técnica y económica» la calidad del sistema capitalista, puesto que ella, por sí, no garantiza la equidad. Lo que debe ser situado en primer término es la «eficacia en la  atención de la problemática social», porque allí radica la posibilidad de administrar una distribución más equitativa que aleje las posibilidades de los estallidos sociales, siempre costosos y siempre a cargo de los más débiles. El mercado libre, por el contrario, no sólo no garantiza esa eficacia, sino que, librado a su propia dinámica provocará desequilibrios como los ya provocados, polarizando la distribución entre unos pocos con mucho y muchos con poco o casi nada.&lt;br /&gt;Las polémicas referidas —que por imperio de una chata visión del problema se han limitado a un debate muy restringido— han encontrado, entre los intelectuales de los países desarrollados, un abanico de posiciones que podemos agrupar en dos bandos. Los  identificaremos, para no quedar entrampados en discusiones estériles, en neoliberales y neoconservadores. Por ello voy a detenerme, brevemente, en la caracterización de estos sectores, puesto que observo allí los posibles desvíos de un debate que puede quedar sepultado bajo un tipo de discusión ideológica que debemos evitar. Los comienzos del siglo XXI, a pesar de las consecuencias de la crisis que se extendió sobre el planeta, todavía no han despejado las dudas que aparecen respecto de la estabilidad del sistema. Por el contrario, las soluciones que se proponen, como su superación, se apoyan en los mismos viejos argumentos salvadores que la produjeron que. Se repite obstinadamente volver a recorrer caminos fracasados.&lt;br /&gt;Definiremos a los “neoliberales”, que son, en su gran mayoría, economistas o intelectuales cercanos a esa disciplina. Éstos colocan el nudo de la solución, de todos los males sociales, en las bondades del libre juego de mercado y en la no intervención estatal. En la medida, dicen, en que el mercado libre se vaya haciendo cargo de la totalidad de las actividades, tanto de las económicas como de las de servicios, se irán resolviendo todas las dificultades que esta sociedad muestra. El interés privado y la búsqueda egoísta de la maximización del beneficio individual han demostrado ser el mejor instrumento de “equilibrio”, en el juego de los intereses contrapuestos. De allí que, por las bondades de la competencia, que lleva a otorgar el “triunfo a los mejores”, el juego libre garantiza el beneficio colectivo. Son las intervenciones exteriores al mercado las que impiden su natural desenvolvimiento, y reside allí la fuente de todos los conflictos. Son sus voces tradicionales personalidades como Friedrich Von Hayek, Milton Friedman y Ludvig Von Mises, representantes de la ortodoxia liberal. Hoy muchas de las facultades de Economía de las universidades de América Latina responden a la ortodoxia de estos planteos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2111610265317850456?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/el-mercado-libre-atenta-contra-la.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3152932285424081116</guid><pubDate>Sun, 30 Oct 2011 11:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-10-30T08:23:09.392-03:00</atom:updated><title>La violación de la libertad en nombre de la democracia</title><description>He propuesto, como tema de esta serie de notas, un análisis del tema de la libertad, para lo cual nos hemos remontado, en la búsqueda de la palabra de sus teóricos más importantes, hasta la Inglaterra del siglo XVIII. Hemos contrapuesto las consideraciones teóricas —muy importantes por ser fundantes del Derecho, hasta el presente— con la historia de sus aplicaciones prácticas, sobre todo en el escenario internacional, sin dejar de lado el nacional, en el que, desde el comienzo, aparecen contradictoriamente respecto de sus planes imperiales. Ahora sólo quiero agregar algunas de las violaciones flagrantes que señalan la poca estima que demuestran cuando la ley se interpone en el reaseguro de sus intereses, sobre todo en los Estados Unidos.&lt;br /&gt;En las últimas notas me he apoyado en las opiniones del Dr. Paul Craig Roberts por ser un miembro  destacado de la derecha republicana, razón por la cual habla desde el riñón mismo del establishment de ese país. Encuentro allí un fundamento de mayor peso en cuanto sus críticas parecen intentar el rescate de los valores republicanos, en una etapa en que es mucho más lo que se vocifera que lo que se los respeta. Veamos sus palabras: «El régimen de Obama, como el de Bush/Cheney, es un régimen que no quiere ser limitado por la ley. Y tampoco lo querrá su sucesor. Los que luchan por defender el vigor de la ley, el mayor logro de la humanidad, se verán asimilados a los oponentes del régimen y tratados como tales. Este gran peligro que se cierne sobre EE.UU. no es reconocido por la mayoría de la gente. Cuando Obama anunció ante una reunión militar su éxito en el asesinato de un ciudadano estadounidense, hubo vítores. El régimen de Obama y los medios presentaron el evento como una repetición del (supuesto) asesinato de Osama bin Laden. Dos “enemigos del pueblo” han sido triunfalmente liquidados. Que el presidente de EE.UU. haya proclamado orgullosamente ante una audiencia entusiasta, que había jurado defender la Constitución, que es un asesino y que también había asesinado la Constitución de EE.UU. es evidencia extraordinaria de que los estadounidenses son incapaces de reconocer la amenaza para su libertad».&lt;br /&gt;Agrega el siguiente comentario, muy útil para nuestra comprensión de este fenómeno político, ante la necesidad de comprender cuál es el estado del derecho en el capitalismo que hoy se practica: «Emocionalmente, la gente ha aceptado los nuevos poderes del presidente. Si el presidente puede hacer que  se asesine a ciudadanos estadounidenses, no es tan terrible que se les torture. Amnistía Internacional ha publicado un alerta de que el Senado de EE.UU. se prepara a aprobar legislación que mantendría abierta indefinidamente la Prisión de Guantánamo y que el senador Kelly Ayotte (republicano de Nueva Hampshire) podría introducir una provisión que legalizaría “técnicas realzadas de interrogatorio”, un eufemismo para tortura. En lugar de ver el peligro, la mayoría de los estadounidenses solo concluirá que el gobierno se está poniendo duro contra los terroristas, y eso recibirá su aprobación». &lt;br /&gt;Es notable que, a pesar de que los estadounidenses tienen «evidencia abrumadora de las noticias y de vídeos en YouTube sobre el abuso brutal de la policía contra mujeres, niños y ancianos, del trato brutal y asesinato de prisioneros no solo en Abu Ghraib, Guantánamo, y las prisiones secretas de la CIA en el extranjero, sino también en prisiones estatales y federales en EE.UU. El poder sobre los indefensos atrae a gente de una inclinación brutal y maligna». Se puede advertir en estas palabras una sugerencia sobre alguna limitación de la democracia cuando la opinión pública es siendo condicionada por los grandes medios de comunicación.&lt;br /&gt; Y un último señalamiento acerca de la ideología de las fuerzas represoras —que habla también de cómo se los prepara—: «Una inclinación brutal infecta ahora a los militares de EE.UU. El vídeo filtrado de soldados estadounidenses que se deleitan, como revelan sus palabras y acciones, al asesinar desde el aire a civiles y a camarógrafos de los servicios noticiosos que caminan inocentemente por la calle de una ciudad muestra a soldados y oficiales carentes de humanidad y disciplina militar. Excitados por la emoción del asesinato, nuestros soldados repitieron su crimen cuando un padre y dos pequeños se detuvieron para ayudar a los heridos, y fueron ametrallados».&lt;br /&gt;Quiero suponer que John Locke no habrá llegado hasta este punto, pero las conductas de los colonos ingleses en tierras americanas y en la India mostraron la distancia que hubo desde el comienzo entre lo que se escribe y lo que se hace. No debemos olvidarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3152932285424081116?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/10/la-violacion-de-la-libertad-en-nombre.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item></channel></rss>

