<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430</atom:id><lastBuildDate>Fri, 24 Feb 2012 11:58:42 +0000</lastBuildDate><title>Pensando desde América</title><description /><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Ricardo)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>439</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/PensandoDesdeAmrica" /><feedburner:info xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" uri="pensandodesdeamrica" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><feedburner:emailServiceId xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0">PensandoDesdeAmrica</feedburner:emailServiceId><feedburner:feedburnerHostname xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0">http://feedburner.google.com</feedburner:feedburnerHostname><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-1426017256985004070</guid><pubDate>Tue, 21 Feb 2012 15:45:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-21T12:46:45.018-03:00</atom:updated><title>¿Sólo el Gobierno contra Clarín?  V</title><description>Antes de seguir avanzando debemos incursionar en lo que Carlos Marx denominaba «el secreto mejor guardado de la economía» que me atrevo a expresar así: « ¿Por qué los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres?». Décadas atrás, si hubiéramos recurrido a algo que suena hoy a arqueología, al periodismo serio de izquierda, hubiéramos podido encontrar críticas al capitalismo. Pero hace ya tiempo este sistema parece haber sido “santificado” por la “Santa Sede de las Finanzas”,  por lo que cualquier crítica corre el peligro de la excomunión y el correspondiente infierno: quedar excluido de los negocios. &lt;br /&gt;Desde los inicios de la década de los ochenta, comenzó a percibirse una tendencia mundial hacia una distribución cada vez más injusta de la riqueza producida en el planeta. La brecha que se iba abriendo comenzó a ser medida por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que denunciaba que la distribución mostraba dos rasgos riesgosos: uno, era entre países ricos y países pobres; el otro, que esa brecha comenzaba a producirse en los países centrales entre clases ricas y clases pobres. El papa Juan Pablo II, en una denuncia de este fenómeno, lo denominó “la existencia de un cuarto mundo”. &lt;br /&gt;Los noventa, con la imposición del Consenso de Washington y su expansión, llamada luego “globalización” —que fue el dominio de una doctrina socioeconómica, el neoliberalismo—, se intentó demostrar  que “no había otro camino posible” y que “había un solo tipo de problemas y para ellos una única solución”: el “pensamiento único”. Este fue el período de la consolidación de un capitalismo financiero, concentrador y depredador, que centralizó en unas pocas manos el manejo de los asuntos del mundo. Este enorme poder se expandió sobre los medios de comunicación de masas para controlar el flujo de la información y sus contenidos, tema sobre el que ya he escrito antes.&lt;br /&gt;Creo que ahora, con lo expuesto, ya estamos en condiciones de comenzar a juntar todas las figuras de este enorme rompecabezas y plantearnos algunas respuestas. Sin embargo, vamos a dar un paso más: analicemos el resultado de la gran injusticia, que va en aumento; la polarización extrema en la distribución de la riqueza  ha tenido una derivación nueva: el movimiento "Occupy", que se está expresando en muchas grandes ciudades del globo. En los Estados Unidos, se ha definido como “el 99% de la gente que enfrenta al 1% de los multimillonarios”. Algunos estudios serios, publicados en las redes informales, dan cuenta de este fenómeno con investigaciones avaladas por metodologías científicas. &lt;br /&gt;Empecemos por el que realizó hace unos meses la Oficina de Presupuesto del Congreso de los Estados Unidos. Su objetivo fue analizar la profundización de «la brecha entre la selecta minoría de ultrarricos y el resto de la población norteamericana». Es importante basarnos en ese informe, porque aparece allí una muestra de una situación que desborda hacia gran parte del mundo de hoy y que de algún modo nos amenaza. El periodista Eduardo Anguita lo resume de este modo:&lt;br /&gt;«En Estados Unidos, desde 1982 hasta fines de 2010, los ingresos globales –deducidos los impuestos– crecieron un 62%. En el 20% más pobre de la población norteamericana, los ingresos crecieron un 18%, mientras que en el 1% más rico el incremento fue del 275%. El 19% más rico (corresponde al segmento siguiente de la escala) obtuvo un 65% de incremento de los ingresos. El famoso “americano medio” incrementó sus ingresos en un 37%. Es decir, el 80% de la riqueza producida fue a manos del 1% de supermillonarios». &lt;br /&gt;Estos datos se reflejan claramente en quiénes son los candidatos republicanos, todos pertenecientes a ese 1% de los supermillonarios. Mitt Romney, ya mencionado en la nota anterior, es un supermillonario, «su riqueza la hizo con fondos de inversión especulativa, y sus declaraciones juradas consignan que sólo contribuyó al fisco en el orden del 15%,  porque sus negocios son considerados “inversión” y no ganancias; que, en ese caso, debería haber tributado el 35%», un modo legal de evadir impuestos.&lt;br /&gt;Un segundo estudio de la Escuela Económica de París, un centro de investigación dirigido por personalidades como el indio Dr. Amartya Sen o el norteamericano Dr. Joseph Stiglitz, ambos académicos en Harvard y Columbia,  investigó los ingresos de los hombres y mujeres más ricos del planeta y llegó a resultados similares. Es decir, que mientras los supermillonarios incrementaron casi el 100% sus ingresos, nueve de cada diez del resto sólo mejoraron sus ingresos en menos del 20%.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-1426017256985004070?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/02/solo-el-gobierno-contra-clarin-v.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5252545744161098369</guid><pubDate>Wed, 15 Feb 2012 12:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-15T09:23:41.860-03:00</atom:updated><title>¿Sólo el Gobierno contra Clarín?  IV</title><description>Quiero abordar el tema de la omisión y el ocultamiento de información que ya fue tratado antes, para lo cual ahora acudo a la opinión de un personaje autorizado. Me refiero a Robert Reich, ex Ministro de Trabajo de Bill Clinton, profesor de la Universidad de California, lo cual ya define su perfil. Por lo pronto, no es un comunista. En plena campaña electoral de su país, sale al ruedo a denunciar algunos aspectos que no solo no se mencionan en los discursos políticos,  sino que tampoco aparecen en la prensa internacional ni en la de muchos países, incluido el nuestro.&lt;br /&gt;El debate de campaña en los Estados Unidos está planteado, según él, alrededor del tema de “la libre empresa” y el problema de “tomar riesgo para ganar”. Para el público estadounidense, según la información que recibe, no existe la crisis fenomenal que lo envuelve. Menciona entonces a Mitt Romney quien está lanzado a la campaña. Registra como antecedente que «siendo Gobernador de Massachusetts anunció su candidatura para la Presidencia de los  EE.UU. por el Partido Republicano, en 2008, y después la retiró. Ahora vuelve a presentarse sosteniendo la importancia de “la libre empresa”: «como el modo de alcanzar el éxito a través de “trabajar duro y asumir riesgos” [...]  asumir el riesgo es el modo de crear empleos, crear opciones y expandir la libertad». Este discurso es compartido por los candidatos de ambos partidos, lo que demuestra que para ellos es “una verdad indiscutible”, porque no puede dudarse de que en «esta economía, la cuestión es el riesgo. Si no se asumen riesgos, no se puede triunfar». &lt;br /&gt;Robert Reich quiere mostrar la hipocresía de ese discurso, fácilmente confrontable con la realidad socioeconómica actual de su país. El deterioro que padecen la clase media y la media baja (para no hablar de la clase baja) y que no tiene solución a la vista, es un problema grave. Las salidas propuestas son las mismas que llevaron a este estado de cosas. «Un momento —dice Reich—. ¿Quiénes creen ellos que están soportando el peso de los riesgos? Su cháchara acerca de la toma de riesgos en la libre empresa está patas arriba. Mientras más se sube en la economía, más fácil es hacer dinero sin correr riesgo financiero alguno a nivel personal. Mientras más se baja, mayores son los riesgos. Wall Street se ha convertido en el centro de la empresa libre (libre de riesgos). Los banqueros arriesgan el dinero de otros. Si el asunto sale mal, de todos modos cobran sus dividendos. Y si sucede lo peor, los banqueros e inversionistas más importantes serán rescatados por el Estado con el dinero de los contribuyentes… “porque son demasiado grandes para caer”». Es muy interesante lo que dice, sobre todo por quién lo dice.&lt;br /&gt;Pasa luego a denunciar hechos que deberían ser de público conocimiento y que los grandes medios ocultan deliberadamente, allá y acá. Los peores ejemplos de una empresa libre de riesgos «son los ejecutivos que amasan millones tras haber fracasado a lo grande». El tema es de tal gravedad, que asombra que no tome estado público. Esto demuestra la complicidad de los grandes medios con los altos empresarios y ejecutivos. Para hacer pública esta información, debe recurrir a su blog personal: robertreich.blogspot.com. Reproduzco sólo algunos de los casos que presenta.&lt;br /&gt;«1.- Hacia finales de 2007, Charles Prince dimitió como ejecutivo del Citigroup tras anunciar que el Banco necesitaría tomar una cifra de entre 8 y 11 billones de dólares para seguir funcionando. Se retiró con una espléndida pensión de 30 millones, premios y opciones en acciones, más una oficina, un auto y un chofer por cinco años. 2. La labor de cinco años de Stanley O’Neal, como ejecutivo de Merrill Lynch, terminó aproximadamente en la misma fecha, cuando se hizo claro que Merrill necesitaba decenas de billones o ser comprada a precio de remate por el Bank of America. Recibió como recompensa,  a pesar de su mala gestión, una liquidación equivalente a $U.S.162 millones. 3.- Philip Purcell, dejó Morgan Stanley, en  2005, tras una revuelta de accionistas en su contra, y se llevó una recompensa de $ U.S. 43.9 millones, más $ U.S. 250.000 al año de por vida».&lt;br /&gt;Es muy difícil de entender el pago extraordinario como recompensa, pese a haber realizado pésimas gestiones, que colocaron a sus empresas al borde de la quiebra,—el tema excede a estas notas—  y se extienden mucho más allá de Wall Street. «En un estudio que se hizo público hace poco, GMI, una prestigiosa firma de investigaciones que monitorea los pagos ejecutivos, analizó los mayores paquetes de liquidación recibidos por ex-ejecutivos fracasados desde el 2000». Reproducirlo haría muy extensa esta nota, pero los pocos ejemplos vistos, que pueden multiplicarse enormemente, hablan de un extraño pacto que hace suponer que quien se retira se lleva información confidencial que compromete al directorio y a sus accionistas. Entonces, lo que se paga es el precio del “silencio”. No se puede comprenderlo de otro modo. &lt;br /&gt;Surge la pregunta obvia ¿Por qué se oculta todo esto? ¿Por qué ningún medio  se encarga de hacerlo público? Arriesgo una respuesta: los intereses internacionales entrelazan empresas, Bancos, financieras, fondos de inversión y medios de comunicación, en un “pacto siniestro”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5252545744161098369?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/02/solo-el-gobierno-contra-clarin-iv.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-8028755173877064766</guid><pubDate>Sun, 12 Feb 2012 10:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-12T07:31:02.699-03:00</atom:updated><title>¿Sólo el Gobierno contra Clarín?  III</title><description>Hasta ahora, nos encontramos con que el espacio público está bastante lejos de ser el lugar de la “verdad” y que, por otra parte, la conciencia ciudadana de nuestro país está comenzando a recelar sobre los contenidos de la información masiva. Prueba de ello es la información que nos brinda el Instituto Verificador de Circulación: Clarín vendía, en 2004, un promedio de 411.000 ejemplares diarios; hoy, su venta descendió a 290.243. La caída de ventas de los grandes medios puede verse en otras partes del mundo, por lo menos en el occidental.  &lt;br /&gt;Retomemos el hilo anterior de la exposición. Si nos sumamos al debate respecto de la libertad de expresar ideas, el supuesto necesario es que esas ideas contengan verdad o verdades. Si este supuesto no fuera compartido, como hemos visto, todo el debate queda librado a un juego de engaños, más o menos ingeniosos, como para que el receptor los acepte, pero cuyo resultado sería necesariamente falso. Hoy, me atrevo a decir, hemos dado un gran paso en el sentido de exigir una información más veraz. &lt;br /&gt;Entonces, si aceptáramos, aunque más no sea provisoriamente, que la verdad es la concordancia entre lo que se dice de algo y ese algo como tal, estamos muy cerca del concepto de “objetividad”. La “verdad” como tal, como concepto, no es una expresión que sea utilizada habitualmente en la información pública. Se habla, por lo general, de “ser objetivo”, términos que aparecen en la expresión periodística como casi sinónimo. En la Argentina, hay todavía, de parte del periodismo de los medios concentrados, una resistencia a abandonar ese criterio de “hablar con objetividad”, tema  tratado anteriormente. &lt;br /&gt;Un artículo de un joven filósofo, periodista y docente de la UBA, nos propone algunas reflexiones que quiero incorporar a esta serie de notas. Me refiero a Dante Augusto Palma, que presenta como una contradicción el hecho de que «en las facultades de comunicación es acción habitual realizar ejercicios de deconstrucción de los discursos que dejan en evidencia los intereses ocultos detrás de la aparente neutralidad del periodista, los medios dominantes en la actualidad no renuncian a reivindicar para sí una épica de la opinión libre, desinteresada y amante de la verdad por la verdad misma». Equivale a decir que un estudiante de periodismo aprende que la objetividad es un logro altamente dificultoso; sin embargo, cuando entra a trabajar en uno de los grandes medios, se ve obligado a olvidar lo sabido y se coloca en la posición de “señor de la verdad”. Es evidente que mantener su trabajo lo exige, pero el problema no deja de ser problema.&lt;br /&gt;A pesar de que, como he señalado, hoy se enfrenta a un público que comienza a demandar otro tipo de información no se ha alterado el modo de informar. Esto no significa que deba exigírseles a los periodistas que sean objetivos, independientes, neutrales. Hasta no hace tanto tiempo, sostiene Palma,: «el clima de denuncia con nombre propio ha trastrocado aquel espacio de reserva moral indignada que el periodista supo ostentar en momentos de crisis de representación política». Lo que ha cambiado, parece, es: «que se ha ganado la batalla cultural y que ya nadie podrá volver a leer un diario con tanta ingenuidad».&lt;br /&gt;Entonces, asienta su posición: «Por mi parte, creo que no tiene sentido hablar sin más de neutralidad, independencia y objetividad. Si bien se trata de una problemática interesantísima, ha habido críticas demoledoras a la pretensión objetivista que las primeras décadas del siglo XX habían heredado del positivismo del siglo XIX. Si el hombre no puede aprehender hechos sociales completamente liberado de su subjetividad, evidentemente, el periodismo no debiera basar su legitimidad social en una supuesta asepsia desinteresada».&lt;br /&gt;Se interna luego en el debate que se ha dado hace poco entre el “periodismo militante” y el “periodismo independiente”, al que considera mal planteado, suponiendo que no haya malas intenciones. Sin entrar en ese debate — no es la intención de estas notas—, conviene rescatar su afirmación acerca de: «la imposibilidad de hablar desde un lugar de neutralidad y señalo que todo acercamiento a la realidad está teñido siempre por una carga ideológica y subjetiva».  Así las cosas, sin embargo, «es todavía posible, desde allí, construir un espacio de especificidad de la labor periodística». Por lo menos sería exigible la veracidad: desde la honestidad, la buena fe y la sinceridad.&lt;br /&gt;La imposibilidad de objetividad se basa en: «una limitación de lo humano y, en tanto tal, completamente involuntaria, por la cual todo individuo debe tener conciencia de que aquello que considera real está atravesado por un conglomerado que incluye límites cognitivos, idiomáticos, ideológicos y religiosos, por mencionar sólo algunos de los niveles que constituyen a cada sujeto». Este es un buen punto de partida para sumarnos al debate planteado y poder tener buenas posibilidades de avanzar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-8028755173877064766?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/02/solo-el-gobierno-contra-clarin-iii.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-909589020035813667</guid><pubDate>Wed, 08 Feb 2012 11:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-08T08:32:22.870-03:00</atom:updated><title>¿Sólo Gobierno contra Clarín?  II</title><description>El argumento de la “objetividad” está estrechamente ligado a la formación de una “opinión pública acondicionada”, en el sentido que la Real Academia Española le da a este vocablo: «Atmósfera de un lugar o espacio cerrado, sometida artificialmente a determinadas condiciones de temperatura, humedad y presión, según sea deseado». Este acondicionamiento es el resultado de una larga tarea de décadas, que comenzó a dar frutos de los noventa en adelante. Entre los objetivos de este proceso estuvo el convertir lo informado por los medios en “verdad”. Esto se tradujo, durante años, en la expresión muy repetida de poner la fuente informativa como criterio de la veracidad: “Lo dijo la radio… o la TV… etc.”&lt;br /&gt;Los finales del siglo XX y comienzos del XXI mostraron en esta materia un abuso exagerado de la falacia, la mentira, la tergiversación, la verdad a medias, cuyo punto culminante puede ubicarse, aunque esto sea controvertible, en el derrumbe de las Torres Gemelas, de Nueva York. Una especie de sospecha comenzó a ganar espacio en la conciencia de mucha gente, que fue acompañada de las mentiras sobre las armas (inexistentes) de destrucción masiva en Irak, los resultados de la Guerra en Afganistán, etc. Este estilo de comunicar, basado en una manipulación descarada de la información, tuvo resultados no previstos por sus mismos autores.&lt;br /&gt;Un veterano columnista del diario La Vanguardia de Barcelona, Gregorio Morán, se pregunta sorprendido: «¿Hasta dónde llega la credulidad de la ciudadanía? ¿Dónde está el límite de las tragaderas de un lector? Es como una maldición que se repite con matemática regularidad». Pone como ejemplo de este abuso el siguiente comentario: «La prensa amarilla británica impresiona. No porque venda mucho, sino porque está muy bien hecha. Es verdad que parece basura, pero los reportajes están muy trabajados, hay mucha investigación detrás y además van muy bien escritos. El ex primer ministro Gordon Brown, que ha sufrido en carne propia los efectos de los tabloides ingleses, definió a esa parte notable del gremio periodístico con muy pocas palabras, casi como un titular: “Unos delincuentes sin escrúpulos”». La prensa amarilla, o el amarillismo en la prensa, dice, es un tema recurrente en el gremio periodístico, aunque tratado siempre de una manera peculiar: «Los “amarillos” siempre son los otros».&lt;br /&gt;Cuando busca una explicación de lo que sucede con la prensa, Morán dice algo que puede resultar sorprendente, pero entra en las consecuencias señaladas, el público masificado lee poco: «Algo que lleve letra impresa es difícil que sea de masas. Incluso los semanarios más leídos, lo son porque se componen de fotografías, y los textos se limitan a ilustrar las imágenes. Por eso triunfó la radio en su momento y por eso ahora arrasa la televisión. No exige ni el más mínimo esfuerzo; hasta el telecomando funciona con un dedo y sin moverse del sitio. En otras palabras, la prensa amarilla plantea algunos interrogantes que no pueden despacharse con frases hechas, y uno de ellos, fundamental, es el de la opinión pública».&lt;br /&gt;Formula una pregunta retórica: «¿Se puede manipular a la opinión pública de la misma manera, es decir, con la misma facilidad, desde una prensa amarilla que a través de una cadena televisiva?» La respuesta, según él, es “no”, por las especificidades de cada medio. Por eso dice: «Yo creo que el impacto de la pantalla es muy superior, y apenas si hay distancia entre lo que se ve y el impacto que produce. Si bien puede no haber ningún problema con la prensa basura de masas, sí lo hay con la televisión basura, y aquí es cuando entramos en el meollo del asunto. Si existe una prueba contundente de la fragilidad —por no decir inexistencia de opinión pública crítica— es la existencia de la televisión basura y las falsedades manifiestas en las informaciones, que luego se extienden a la prensa en general».&lt;br /&gt;Sin embargo, en Gran Bretaña se dio un caso esperanzador, claro que al precio de haber traspasado con holgura los límites de tolerancia del público: el empresario internacional Rupert Murdoch, magnate de los medios de comunicación, se vio obligado a cerrar el diario londinense News of The World por maniobras delictivas en el manejo de la información. La denuncia del diario The Guardian provocó un cambio de la opinión pública a partir de demostrar que los Murdoch habían traspasado los límites de la legalidad en la mayor de las impunidades, y todo se vino abajo. «El laborista Tom Watson, una de las víctimas favoritas de  los medios de comunicación británicos de Murdoch, lo expresó de manera contundente: “La repulsa de la ciudadanía es la que ha logrado el cierre del dominical. Una victoria para la gente decente”».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-909589020035813667?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/02/solo-gobierno-contra-clarin-ii.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-4786887514290514735</guid><pubDate>Sun, 05 Feb 2012 11:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-05T08:08:23.271-03:00</atom:updated><title>¿Sólo Gobierno contra Clarín?  I</title><description>En estas notas, ya he tratado un tema que ha adquirido una notable relevancia, a partir de los debates cruzados entre periodistas de los medios concentrados y quienes contraatacan, acusándolos de estar al servicio de los amos del capital. Es habitual oír decir que es una pelea del Gobierno contra Clarín, de parte de aquellos que se colocan a un supuesto costado de la contienda, dando a entender que “es un problema de ellos y que no vale la pena meterse en el medio”. Debo decir que no sé cuál es el medio, pero creo que es un deber de ciudadanía sumarse a ese debate. Aun aceptando ese modo de definir el problema como si fuera “meramente político” —cuando en realidad se quiere decir, supongo yo, politiquero o partidista— tomo posición y digo que es claramente político, en el sentido más amplio y etimológico del concepto: “todo lo que pertenece a la polis” y, en tanto tal, involucra a todos los habitantes de la polis. &lt;br /&gt;En consecuencia, repito, es un deber de la ciudadanía ser parte de ese debate, lo cual invierte el “derecho” a participar al convertirlo en una “obligación” de ciudadano pensante, votante y por ello elector. Se juega en ese debate un derecho que está en el fundamento de la libertad de ideas, la libertad de expresión, libertad que contiene la libertad de prensa, es decir la posibilidad de hacer conocer a la polis, al resto de los ciudadanos, nuestra opinión sobre los varios aspectos que constituyen la vida ciudadana. &lt;br /&gt;Se desprende de este juego libre de las ideas la importancia que adquieren sus contenidos, por su objeto, por su intención, por el modo y la claridad con que deben expresarse esas ideas. Pero todo ello debe quedar subordinado a un valor superior que es “la verdad”. Nos encontramos, entonces, con uno de los más viejos problemas del pensamiento filosófico, que aparece también en los Evangelios, cuando Pilato le pregunta a Jesús “¿Qué es la verdad?”. Sin que esto deba entenderse en un sentido religioso, quiero colocar el problema en el centro de nuestro asunto. Para ser más preciso, aunque pueda pecar de academicista, debo decir que nos encontramos en el terreno de la epistemología, que la Real Academia Española define como: «la doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico» y cuya etimología remite a las bases sobre las cuales se asientan los conocimientos.&lt;br /&gt;A pesar de que este juego pueda parecer superfluo, quiero decir que siempre es útil tener claro clarificar el origen de las palabras, para hacer un mejor uso de ellas. Veamos entonces. Platón distingue dos tipos fundamentales de conocimiento: la ciencia (episteme) y la opinión (doxa). Al primero le da el sentido más estricto de un saber debidamente fundamentado; este tipo de conocimiento no pertenece al manejo al que recurren los medios de comunicación, sino que es el que corresponde al terreno estrictamente científico, con todas las exigencias metodológicas propias.&lt;br /&gt;En cuanto al segundo, la opinión la refiere a las creencias o conjeturas. Este tipo de conocimiento se fundamenta en la percepción, se refiere al “mundo sensible”. Traduzcámoslo como el “mundo de la vida cotidiana”, es decir, el de las cosas terrenales que nos rodean, y se trata de un género de conocimiento inferior para el filósofo. &lt;br /&gt;Miles de años después  —medios de comunicación masivos mediante, sobre todo la televisión y la función de los “movileros”—, la palabra “opinión” pasó a significar lo que cualquier persona responde, “opina”, sin la menor versación sobre el tema que se pregunte, sosteniendo sus dichos en la más pura y crasa subjetividad. Esta actitud ha generado un “derecho” nuevo para este público masificado: poder decir cualquier cosa sobre lo que se le ocurra, también llamado “libertad de opinión”. Esto ha dado lugar a la aparición de una nueva disciplina la “opinología”: el «opinólogo es un término despectivo aplicado a personas que, generalmente en los medios de comunicación, opinan sobre cualquier tema como si fueran especialistas». &lt;br /&gt;Planteado en estos términos, lo dicho puede sonar a soberbio, despreciativo, con rasgos de desvalorización  sobre las ideas del “ciudadano de a pie”. Debo responder a estas posibles acusaciones. En primer lugar, para quienes tengan años suficientes, merece recordarse que este fenómeno no tiene más de dos o tres décadas, es contemporáneo con el proceso de concentración de los medios de comunicación, y esta no es una mera coincidencia. Ha habido una tarea sistemática sobre lo conocido como “opinión pública” —de esto ya he hablado en notas anteriores. Puede consultarse en www.ricardovicentelopez.com.ar mi trabajo “Sociedad, política y medios”—que se podría denominar: acondicionamiento de la opinión pública o manipulación de ella, cuyos logros están a la vista: achatamiento y banalización, pérdida de la valoración de la lectura seria, desprecio por el buen uso del lenguaje o su vulgarización, etc.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-4786887514290514735?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/02/solo-gobierno-contra-clarin-i.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5045781563401483049</guid><pubDate>Wed, 01 Feb 2012 13:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-02-01T10:53:51.608-03:00</atom:updated><title>La dudosa libertad de prensa II</title><description>El análisis que estoy ofreciendo apunta a informar, a un público no dedicado a este tipo de estudios, los métodos y técnicas con que los poderes internacionales manejan lo que llaman con toda naturalidad “El libre flujo de las informaciones”, a sabiendas de lo hipócrita y cínico del título. Debo agregar que, con diferentes características, modalidades adaptadas a cada país, y con diversas formas de camuflar estas operaciones, su influencia se extiende por todo el planeta, con las consabidas excepciones. &lt;br /&gt;El General Simon Worden no oculta las intensiones de la institución a su cargo, una de las directivas dice: «En situaciones de crisis las Operaciones de Información cumplirán una función disuasoria y flexible para comunicar nuestros intereses nacionales. Las IO (Information Operations) pueden aplicarse para conseguir resultados físicos y psicológicos de apoyo a los militares». Nada nuevo en el mundo, Comenta el Dr. Romano, hace casi doscientos años, el general alemán, teórico militar, Karl von Clausewitz (1780-1831), hizo hincapié en “los aspectos morales y políticos de la guerra” y dijo ya en su famoso tratado “De la guerra” que en tiempos de conflicto “la mayoría de las noticias son falsas”. No debe ignorarse que, por lo menos, a partir de la Segunda Guerra Mundial no hubo nunca en el mundo una paz completa y duradera, por lo cual para los Estados Unidos el conflicto es permanente, aun en momentos en que no se esté disparando ni una bala. De aquí debemos sacar como una primera conclusión que el denominado “libre flujo de las informaciones” está bajo la supervisión directa o indirecta del Pentágono.&lt;br /&gt;Dentro de este cuadro de situación es obligatorio, para una comprensión profunda del tema de la “información pública”, incorporar todo este tipo de datos que puede escandalizar al lector poco avisado de estos manejos. Agrega el Dr. Romano: «La Primera Guerra del Golfo iba a ser el primer conflicto bélico televisado y luego resultó ser invisible por la ausencia de imágenes del mismo. Hoy, la estrategia del Pentágono y de la Administración de George Busch, con respecto a la Segunda Guerra del Golfo ha cambiado. Haciendo gala de una prepotente sinceridad se han lanzado a la compra abierta de periodistas en distintos países para que den una versión favorable de sus tesis e intereses, sinceridad que es de agradecer. Más aún. Invitaron a 500 periodistas, elegidos por ellos, para que convivan con las tropas y presencien directamente los combates. Pero no podrán informar de todo. Se les proporcionarán 19 reglas de obligado cumplimiento periodístico. Entre ellas: *No informar de los lugares concretos donde se desarrollen las acciones. *No identificar las posiciones enemigas. *No informar de las bajas estadounidenses. *Los jefes de unidad podrán vetar o embargar los trabajos de prensa».&lt;br /&gt;Los grandes diarios de los Estados Unidos no son ajenos a este tipo de manipulación de la información pública, colaboran en esta campaña de desinformación y confusión con titulares sensacionalistas y falsos rumores. La vieja afirmación: “En tiempos de guerra la primera víctima es la verdad”, no debe hacernos caer en engaños. El problema radica en el concepto “en tiempos de guerra” que nos lleva a pensar en guerras convencionales. Pero los “dueños del mundo”, como señalé antes, consideran que estamos en guerra permanente en tanto pueda sospecharse de algunos que no acuerden sumisamente con su concepción de la política internacional y de la aplicación de sus directivas. La histeria que derraman por el mundo le sirvió a la Administración Bush para limitar todo tipo de información que no aprobaran los Servicios de Inteligencia.&lt;br /&gt;De lo expuesto se deduce que el tan publicitado “libre flujo de las informaciones y conocimientos” no deja de ser una cruel ironía. Viene bien recordar las palabras de Albert Einstein, su aguda inteligencia lo llevó a afirmar: «Bajo las condiciones actuales, los capitalistas privados controlan las principales fuentes de información (prensa, radio, enseñanza). Por eso es sumamente difícil y, a decir verdad, totalmente imposible en la mayoría de los casos, que el ciudadano individual llegue a conclusiones objetivas».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5045781563401483049?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/02/la-dudosa-libertad-de-prensa-ii.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-1632192065296237102</guid><pubDate>Sun, 29 Jan 2012 13:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-29T10:57:10.658-03:00</atom:updated><title>La dudosa libertad de prensa I</title><description>Un tema que se ha manejado con una aparente ingenuidad, aunque poco creíble, es el que se refiere a la famosísima “libertad de prensa”. Quiero revisar este tema porque creo que esa “ingenuidad” ha encerrado propósitos muy poco plausibles. Si bien esta cuestión ya la he planteado, voy a darle ahora un sesgo diferente: relacionar el concepto “libertad de prensa” con este otro, estrechamente ligado al primero, “libertad de empresas”. Para ello voy a entrar en algunos temas conexos.&lt;br /&gt;El Dr. Vicente Romano, con sobrados pergaminos en la materia, reflexiona sobre el origen de esta aparente ambigüedad: «Es bien sabido que los Estados Unidos de América es el país de las libertades: de comercio, de mercado, de expresión, de circulación, tanto de ideas como de personas, etc. Al menos eso es lo que proclaman sus propagandistas y su Constitución, redactada frente a las limitaciones que los regímenes europeos imponían cuando las 13 colonias proclamaron su independencia de la monarquía británica. Una de esas libertades es el tan vapuleado y exigido libre flujo de las informaciones. La famosa Primera Enmienda de la Constitución afirma taxativamente que no se limitará la libre circulación de las ideas. Pues bien, he aquí en lo que últimamente se concreta este sacrosanto principio de la libertad de expresión». &lt;br /&gt;Se puede aceptar, como una condición de lo que se va a decir después, que lo afirmado correspondió a los primeros poco más de cien años de la historia de ese gran país del Norte. Ya he escrito sobre uno de los adalides del liberalismo estadounidense, Walter Lippmann (1889-1974), que expresó con toda claridad la  necesidad de tener un control muy férreo sobre la prensa para evitar que la “opinión pública” se “descarrile” (se puede consultar en www.ricardovicentelopez.com.ar mi trabajo “La democracia ante los medios de comunicación”).&lt;br /&gt;La tan publicitada libertad de opinión, nos recuerda nuestro investigador, quedó destrozada en la década de 1950 con el funcionamiento del tristemente recordado “Comité Senatorial de Actividades Antinorteamericanas”, que se convirtió en una "caza de brujas" bajo la conducción del senador Joseph Raymond McCarthy (1908–1957), por el delito de tener ideas diferentes a las del Comité. Ha quedado claro  el propósito posterior de olvidar todo lo que se refería a ese episodio, que duró desde 1950 a 1956, por brutal y burdo. Sin embargo, muchos de los políticos republicanos que lo apoyaron fueron después importantes figuras de la política de se país, tal es el caso del presidente Richard Nixon. Pero la necesidad del control sobre la información pública no desapareció, sólo se fue refinando, se hizo más sutil.&lt;br /&gt;Dice el Dr. Romano: «Pero hoy, desaparecida la guerra fría tras el derrumbe de la URSS y de la casi totalidad de los países comunistas, aparecen nuevas formas de restricción. Ante la poca credibilidad que el Gobierno de los EUA le merece a la opinión pública del orbe, los poderes fácticos del fascismo sin rostro amable, reaccionan con cínica sinceridad. Las frecuentes intervenciones de los soldados y marines yanquis en todo el mundo, y muy en particular las últimas de Afganistán e Iraq, han levantado una inquietante ola mundial de antiamericanismo. De ahí que el brazo armado del imperialismo, el Pentágono, haya orquestado una "ofensiva psicológica" para contrarrestarla».&lt;br /&gt;La necesidad del control informativo se presentó como una exigencia, tal como queda explicado, para neutralizar el deterioro de la imagen de los Estados Unidos. Las técnicas aplicadas se fueron filtrando de modo tal que muy pocas cosas, salvo las agencias de noticias no controladas, como vimos en notas anteriores, quedaron fuera de la manipulación informativa. Agrega Romano: «Por si fuera poco con sus emisoras de La Voz de América, sus agencias de noticias, su cadena de organismos e instituciones de exportación cultural del “american way of life”, sus numerosos instrumentos para el dominio y colonización de las conciencias (USIA, USICA, OIC, etc., etc.) el Pentágono agrega ahora la creación de las IO (Information Operations). Dirigidas por la Oficina de Influencia Estratégica, estas operaciones tienen la tarea de crear noticias falsas, mentir y desinformar a los medios y militares, amigos y enemigos». &lt;br /&gt;El Brigadier General de la Fuerza Aérea, Simon Worden, ha quedado al comando de todos estos especialistas en guerra psicológica y relaciones públicas. Ha comentado que pretende realizar “campañas negras de desinformación” y “blancas de información selectiva” para que se publique en todo el mundo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-1632192065296237102?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/la-dudosa-libertad-de-prensa-i.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-4872377688244830831</guid><pubDate>Wed, 25 Jan 2012 12:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-25T09:47:06.780-03:00</atom:updated><title>Concentración = Homogeneidad</title><description>Javier Ortiz comienza a sacar conclusiones sobre el proceso descrito. La importancia de lo que pone en evidencia, aunque no sean datos muy novedosos y mucho ya esté sabido, el orden sistemático de la exposición abre un caudal muy grande para desentrañar un tema muy enmarañado. Esto no es inocente, su complejidad está en razón directa de la dificultad de saber lo más importante sobre ellos. «Esta enorme concentración de las principales fuentes de información conduce necesariamente a una equivalente homologación de los periódicos que se elaboran con ellas. Y, si bien las grandes agencias acostumbran a utilizar un estilo de redacción aséptico, sin valoraciones explícitas ni adjetivaciones, es obvio para cualquier persona avisada que la propia selección de lo que se considera noticia y los aspectos que se resaltan dentro de ella constituyen un filtro condicionante de las valoraciones que cada periodista y cada medio de prensa en concreto, y finalmente cada persona que lee, pueden establecer con relación a los hechos relatados».&lt;br /&gt;Quien haya seguido estas notas recordará que al analizar el concepto de “objetividad” hice notar que en la simple selección de lo que se va a informar y lo que no lo merece hay ya criterios valorativos. Es lo que está diciendo nuestro conferencista. El proceso de filtrado que se lleva a cabo en las pocas agencias internacionales define qué es lo que se puede saber y qué no debe informarse. Esto nos permite comprender por qué pocas agencias de noticias —como TeleSur, en América del Sur, cadena de televisión que promueve la integración latinoamericana y el Caribe, transmitiendo las 24 horas, y Al Jazeera, principal canal de noticias del mundo árabe y uno de los más importantes del mundo—, informan de sucesos que no existen para las grandes agencias. &lt;br /&gt;Sin embargo, se ha dado otro paso que homogeneizan aun más el sistema informativo: «Hoy en día han cobrado gran importancia también los servicios llamados “sindicados”, que son agencias dedicadas a proporcionar, a los periódicos, pequeños artículos de análisis, columnas de opinión y hasta editoriales, por extraño que esto último pueda parecer. Un gran número de periódicos locales se abastecen así hoy en día de opinión homogénea servida desde los grandes centros opinantes».&lt;br /&gt;Por último, Ortiz pasa a revisar el proceso de la concentración de la propiedad, sobre el que ya hemos leído algo: «El proceso global de uniformización de la prensa diaria, y de los medios de comunicación, en general, viene dado por la importante concentración de la propiedad que ésta ha experimentado a partir de los años 70, pero muy especialmente en la década de los 90. En el mundo actual, la tendencia principal, en el terreno de los medios informativos, es la marcada por la constitución y el reforzamiento de los grandes emporios multimedia. Hablo de empresas que publican varios periódicos y revistas, que tienen canales de radio y televisión, productoras y distribuidoras de cine, editoriales de libros y sellos discográficos... Empresas que, en la actualidad, trabajan también en el mundo de la telefonía, de las comunicaciones por satélite, de la informática... Lo más frecuente es que esos poderosísimos tinglados se formen no por expansión del mercado, sino a través de un proceso de concentración de la propiedad previamente existente: las empresas mayores van absorbiendo empresas menores y se fusionan entre sí. Lo cual tiene dos efectos, y ambos extraordinariamente perversos».&lt;br /&gt;El mundo global se ha apoyado en la mercantilización de todo objeto que pasa, necesariamente, por el mercado. Esto ha convertido la información en una mercancía más que, como toda mercancía queda a disposición del “mejor postor”. Dice Ortiz: «De un lado, conduce a la reducción progresiva del pluralismo informativo y de la variedad de líneas de opinión. Estas empresas ponen a nuestra disposición, sin duda, una oferta enorme, pero sólo en cuanto al envoltorio: el contenido ideológico-político final es siempre el mismo. Es el mismo “autor último” el que se encarga de todo: de elaborar productos cultos para el público culto y productos basura para la gran masa; de dar deportes al que quiere deportes y cine al que desea cine... Incluso pueden escenificar un falso pluralismo: nada les impide, por ejemplo, elaborar mercancías de elevada religiosidad y, a la vez, porno duro. El mercado se compone de muy diversos sectores y ellos los van atendiendo uno a uno, sacando provecho de las necesidades de cada cual. Pero sus opciones ideológicas y políticas, explícitas o latentes, son invariablemente las mismas. Este efecto perverso se ve multiplicado por otro: la concentración de la propiedad conduce también inevitablemente a la oficialización de los grandes consorcios de la comunicación».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-4872377688244830831?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/concentracion-homogeneidad.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3525040514133818324</guid><pubDate>Sun, 22 Jan 2012 19:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-22T16:49:41.060-03:00</atom:updated><title>Las fuentes de información</title><description>En las notas precedentes hemos estado analizando los diferentes factores que inciden sobre el contenido posible de un periódico, aunque, como hemos visto, esto se repite en los otros medios: radio y televisión. Los periodistas, profesionales de la información, trabajan para un público que, en su gran mayoría, espera recibir un mensaje ideológicamente moderado. Son uno de los factores del condicionamiento, han aparecido también los anunciantes que ejercen su “poder de veto” sobre cierta información o sobre el modo de comunicarla. Pero hay más, nos dice Javier Ortiz. &lt;br /&gt;«Al referirme antes a las empresas de la comunicación, no he mencionado a los accionistas. Los accionistas, incluidos los minoritarios, también tienen influencia. Pondré un ejemplo referido al medio para el que trabajo. Uno de los grandes accionistas de El Mundo es Rizzoli, emporio italiano de la comunicación. El principal accionista de Rizzoli es Agnelli, propietario de la Fiat. Francamente, no imagino yo a la sección de automotores de El Mundo poniendo a crítica el último modelo puesto en la calle por la Fiat. Aunque –todo sea dicho– tampoco la veo haciendo lo propio con el último modelo de la Renault, la Opel o la Citröen, que proporcionan al periódico unos fantásticos anuncios de página entera que pagan a muy buen precio. Pero dejemos ya los condicionantes concretos de cada medio y elevemos un poco más el punto de mira, para ver de qué fuentes beben los periódicos».&lt;br /&gt;Aunque pudiera parecer que los factores influyentes ya han sido descritos, hay más. «La prensa diaria en el mundo presenta, como no podía ser menos, una gran variedad, dependiendo de las tradiciones de las diversas áreas culturales, e incluso de las de cada país, de su fortaleza económica, del nivel de alfabetización de las poblaciones respectivas, etcétera. No obstante, esa variedad es más aparente que real. Se refiere más a las formas que a los contenidos. Por un lado, la progresiva desideologización de la labor periodística –entendiendo por tal la adopción de patrones ideológicos equivalentes, si no idénticos, que entronizan los postulados formales de la ideología neoliberal– y, por otro, la estandarización de las técnicas de redacción de las noticias hacen que los contenidos de los periódicos se estén uniformizando cada vez más a lo largo y ancho del mundo». Aparece bajo otro manto la incidencia del pensamiento único que también incide en las formas de la comunicación.&lt;br /&gt;Javier Ortiz pasa a analizar un factor de alto poder de condicionamiento: «La labor de las grandes agencias de noticias. Sólo los rotativos más poderosos tienen una red de corresponsales propios que les permite cubrir la información potencialmente relevante a escala internacional. Esta red, de todos modos, y en el mejor de los casos, abarca únicamente las principales capitales de cada continente, lo que conlleva carencias fundamentales. Es cierto que, en casos extraordinarios, los periódicos desplazan a sus enviados especiales, pero éstos no les aseguran la cobertura del día a día. Así las cosas, todos los diarios del mundo deben nutrirse del material que les proporcionan las grandes agencias de noticias. En el mundo de hoy, hay muy pocas grandes agencias de prensa. Están Reuter, controlada por una comisión paraestatal de la Commonwealth; Asociated Press (AP), que es una cooperativa formada por los principales diarios de Nueva York; United Press International (UPI), que es de capital privado norteamericano, y France Press, de propiedad pública francesa. La vieja Tass soviética se ha fragmentado y ha perdido buena parte de la influencia que tuvo. En el ámbito internacional de habla española, la agencia española Efe cuenta con considerable acogida».&lt;br /&gt;La importancia de estas agencias y el papel que cumplen en la distribución de “la noticia” no pasó inadvertido para los grandes capitales concentrados. En los últimos treinta años, la mayor parte de esas agencias fueron “fusionándose”, expresión que oculta los mecanismos de la desaparición de muchas de ellas o, simplemente, fueron compradas por las más fuertes. De tal modo, hoy quedan funcionando las pocas que cita Javier Ortiz. Aunque no es nada sencillo obtener información de la estructura de estas súper-agencias, se puede calcular que unas dos mil personas trabajan diariamente en ellas. Pero la profesión periodística también ha padecido el proceso de la “tercerización”, por lo que se puede calcular que muchos miles más de periodistas suministran noticias a las agencias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3525040514133818324?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/las-fuentes-de-informacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6678359702228269249</guid><pubDate>Wed, 18 Jan 2012 11:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-18T08:28:18.044-03:00</atom:updated><title>El medio de comunicación y su público</title><description>Creo conveniente seguir la lectura del periodista Javier Ortiz por la autoridad que tiene de analizar la ideología de los medios de comunicación de masas, atravesados por la incidencia del concepto que eligió para definirla: el pensamiento único. Para mostrar en detalle cómo se ha producido el cambio que denuncia, dice: «Antes de abordar la actual situación de los medios de comunicación a escala internacional, y para poder entenderla, me parece necesario empezar por analizar cómo son los elementos que la constituyen, esto es, los medios de comunicación en concreto, y de qué modo estos crean una situación que enmarca y, en buena medida, condiciona la labor periodística. Lo haré ateniéndome a la realidad que mejor conozco: la de la prensa diaria escrita. Tanto la prensa que sigue otra periodicidad, como la radio y, sobre todo, la televisión, tienen sus propios problemas específicos, si bien es cierto que la gran mayoría de esos problemas reproducen y multiplican los del periodismo diario escrito. Iremos, pues, de lo particular a lo general; de la célula al cuerpo».&lt;br /&gt;Insisto en esta lectura porque es habitual acceder a los análisis de los investigadores, sobre lo que se ha escrito profusamente. Pero la palabra de quien ha padecido la influencia, la presión, la asfixia de esta ideología, adquiere un valor testimonial que arroja una luz muy intensa sobre el tema.   &lt;br /&gt;Para poder hablar con propiedad y en profundidad, se formula la siguiente pregunta: «¿Qué es un periódico?» y su respuesta coloca sobre la mesa de debate una definición que aclara con precisión de qué se trata: «Un periódico es, antes que nada, una empresa. Algunos periodistas y muchos lectores tienden a menospreciar esta realidad. Imperdonable error. Una empresa periodística próspera puede hacer un mal diario –burocrático, aburrido, sin chispa: ha ocurrido, ocasionalmente–, pero una empresa periodística deficiente jamás podrá sustentar un buen diario: algo antes o algo después, lo hundirá. De modo que la condición primera de un periódico –es decir, su primer condicionante– le viene dado por la prioridad que debe conceder a los criterios empresariales. Es cierto que ha habido y hay periódicos que ponen por delante otros criterios, diferentes de los empresariales. Las posibilidades de sacar hoy en día con éxito un diario independiente son mínimas, por no decir nulas».&lt;br /&gt;El mundo global ha colocado en el centro de su dispositivo la función de la empresa, cuyo objetivo mayor y excluyente es el lucro. Sin embargo, esta definición tan claramente expresada: un periódico es una empresa, es ocultada obsesivamente, y esto no es inocente. Si el público equiparara un periódico con la empresa Coca-Cola o la General Motors, no dudaría en pensar que lo que le dicen lo hace para vender más. Este concepto, expresado con claridad, desmoronaría la tan repetitiva consigna de “la objetividad de la noticia”. Esta se convertiría en un anuncio publicitario, como lo es en gran medida. &lt;br /&gt;Continúa diciendo Javier Ortiz: «Un periódico vive –cuando vive– de sus lectores y de la publicidad. Vistas las cosas superficialmente, podría decirse que vive sobre todo de la publicidad, dado que ésta proporciona ingresos más limpios que la venta en kioscos, que hay que repartir con el kiosquero, el distribuidor, etc. Pero la publicidad, con la parcial excepción de la institucional, en realidad también depende de los lectores: los anunciantes acuden más prestos a los periódicos que tienen más y mejores lectores (entendiendo por mejores los que lo son para los anunciantes, que prefieren lectores con mayor nivel adquisitivo). Lo anterior nos lleva a otras dos conclusiones: primera, que, como suelo decir de modo deliberadamente brusco, el periodismo es ese trabajo que se hace en los huecos que deja libre la publicidad; y segunda: que no tiene nada de sorprendente que los periódicos muestren una tendencia casi biológica a no contrariar excesivamente a los grandes anunciantes». La relación de los periódicos con los lectores es relativamente compleja, sobre todo la de los grandes periódicos.&lt;br /&gt;Los lectores condicionan también el periódico —aunque en menor medida de lo que lo hacen sus anunciantes—, pero éste no puede perder de vista la posibilidad de que su modo de comunicar le haga perder lectores. Cada periódico tiene un determinado público y está obligado no sólo a dirigirse a él, sino también, en términos generales, a contentarlo. Cada periódico sabe qué público es el suyo: a qué clases sociales pertenece y en qué proporciones; qué querencias ideológicas y políticas predominan en él, etc. El periódico influye sobre sus lectores, pero los lectores ponen también límites a su periódico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6678359702228269249?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/el-medio-de-comunicacion-y-su-publico.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5330870518535940051</guid><pubDate>Sun, 15 Jan 2012 11:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-15T08:08:43.057-03:00</atom:updated><title>Medios de comunicación y pensamiento único</title><description>En Valencia, España, el periodista Javier Ortiz (1948-2009) pronunció una conferencia titulada ¿Qué es eso del pensamiento único? y comenzó con esta afirmación: «No llevo ya la cuenta de las veces que he pronunciado esta conferencia en los últimos seis o siete años. Pero nunca ha sido exactamente la misma. A medida que ha ido transcurriendo el tiempo, me he visto obligado a corregirla para pintar la realidad con tintes más y más oscuros». Sus palabras comunican con mucha claridad cómo veía percibía lo que estaba sucediendo con el problema de los medios informativos, mientras avanzaba, como una peste que se extendía cada vez más, esa ola oscura que otro periodista, Ignacio Ramonet, Director de Le Monde Diplomatique y docente de la Universidad La Sorbona de París, había denominado “El pensamiento único”.&lt;br /&gt;Javier Ortiz había padecido la persecución franquista, pero nunca abandonó su modo de pensar, que expresó en diversos medios de su país. Refiriéndose a ese concepto, dijo: «Algunos damos ese nombre a la ideología del neoliberalismo económico. Una ideología que defiende no ya la supremacía de la propiedad privada, sino su superioridad moral; que es hostil por principio a la intervención del Estado y a la regulación de las relaciones sociales y que ve con entusiasmo y patrocina el actual proceso de globalización de la economía, de la que este concepto participa. Aunque sus consecuencias principales se expresen en los planos económico y social, el pensamiento único no sólo tiene recetas económicas: es toda una concepción del mundo, que entroniza el individualismo más exacerbado y recela de cualquier planteamiento colectivo».&lt;br /&gt;Su mayor esfuerzo estuvo encaminado a intentar poner en claro este mensaje, para evitar la expansión de un modo de pensar que se filtra subrepticiamente en la conciencia colectiva, que anula en gran parte la posibilidad de mirar críticamente la realidad global y sus consecuencias. Su experiencia en el periodismo le permitió advertir cómo se introducía en los medios de comunicación lo que estaba denunciando: «El pensamiento único es una ideología, un modo de ver la realidad política, económica y social, pero se niega a presentarse como tal. Aquellos que lo sustentan no creen que el suyo sea un modo de ver el mundo, sino el único modo sensato de verlo. Para ellos, quien no considera la realidad a su manera es, sencillamente, o un idiota o un insensato, si es que no un embaucador». &lt;br /&gt;Si antes dije “subrepticiamente” es porque se encuentra allí el mayor peligro que encierra. Se presenta como la verdadera manera de reflejar “la realidad” y no admite que haya otro modo aceptable de hacerlo; por ello subraya con firmeza cómo ven a los que simplemente difieren en su modo de pensar. Continúa: «Los medios de comunicación están, prácticamente en su totalidad y a escala internacional, dominados por el pensamiento único. Lo cual no quiere decir que sean clónicos, hay diferencias que los separan, en buena medida determinadas por sus diversos planteamientos empresariales. A lo que me refiero es a que su ideología de fondo ha alcanzado un grado de homogeneidad desconocido en el pasado. Una homogeneidad apenas separada no ya por intereses de clase contradictorios, sino incluso por intereses nacionales en conflicto. Pero, para llegar a la situación actual, ha sido necesario recorrer un largo camino. Para llegar a lo superlativo, ha habido que pasar previamente por lo grande».&lt;br /&gt;En otro trabajo, (www.ricardovicentelopez.com.ar), me he detenido en analizar este tipo de liberalismo que encarna el pensamiento único, cuyo origen debe ubicarse en los comienzos de la década de los setenta, pero adquiere su fuerza mayor una década después. Su capacidad para introducirse en diferentes dimensiones de la vida social se debió, sin duda, al proceso de concentración de los medios en pocas manos internacionales. La propiedad que se concentró en formas empresariales internacionales posibilitó el despliegue de una importante campaña publicitaria con la que se logró ganar esa patente de “verdad indubitable”. Esa campaña no perdonó los ámbitos universitarios del Primer Mundo, a partir de los cuales adquirió “valor científico”. Esta simultaneidad de su difusión fortaleció el propósito de manipular la conciencia colectiva, ganando así una batalla cultural que se mantiene en gran parte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5330870518535940051?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/medios-de-comunicacion-y-pensamiento.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6885185060517429718</guid><pubDate>Wed, 11 Jan 2012 12:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-11T09:42:47.463-03:00</atom:updated><title>Información o desinformación</title><description>Un notable pensador francés, Michel Foucault, sostenía hace más de treinta años, que “la mayoría de los observadores afirma que está aumentando la delincuencia, pero los que más lo afirman son los partidarios de la mano dura”. Lo decía respecto de Europa, pero bien podemos aceptarlo como una constante entre nosotros, debiendo decirse que es un fenómeno de la sociedad global. Insisto, una vez más, esto no significa que pueda o no haber aumentado el delito y que no constituya una enorme dificultad en la vida cotidiana. El problema es quién lo dice, cómo lo dice  y por qué.&lt;br /&gt;Lo que pretendo señalar es una íntima relación entre la publicación de los delitos y la sensación que nos provocan. Tiempo atrás, buscando material para escribir un libro, Los medios de comunicación en un mundo globalizado, descubrí una vieja obra  editada en 1922, La opinión pública, cuyo autor fue luego un prestigioso periodista norteamericano. Me refiero a Walter Lippmann (1889-1974), de quien ya hablé en otra oportunidad. Viene a cuento por el tema que estamos analizando. En ese trabajo expone, como ejemplo de la capacidad de condicionar la opinión del receptor de los medios, lo que el New York Times había logrado con sus lectores. &lt;br /&gt;Terminada la Primera Guerra Mundial, comenzó este periódico a publicar en sus editoriales la imagen del “Peligro Rojo” que acechaba al pueblo del Norte. Mostró en su libro, con cierto detalle, la campaña de desinformación sistemática desarrollada en esa época, y los éxitos conseguidos. El pueblo norteamericano quedó convencido del enorme peligro que significaba la existencia de la Unión Soviética, en la tercera década del siglo pasado. Lo que este autor muestra con todo detalle es que en esa época Rusia era un país semifeudal, devastado por la guerra, muy pobre, con un pueblo hambreado y en grave peligro de sucumbir. La Revolución Bolchevique estaba lejos de haber triunfado totalmente; varios frentes de conflicto estaban en pleno desarrollo, y la victoria final se lograría varios años después.&lt;br /&gt;La expresión “opinión pública” se puso de moda muy poco tiempo después y tiene origen en ese libro. Lo que resulta muy llamativo, y sobre esto debemos detenernos a pensar, es la inversión producida respecto del significado dado por Lippmann. Éste denominó con ese concepto, opinión pública, al resultado obtenido en la conciencia colectiva, lectora del New York Times, a partir de la prédica de los editoriales. La convicción del ciudadano medio respecto del inminente peligro comunista no tenía ningún asidero en los hechos reales de la Rusia de entonces. Por lo tanto, afirmaba este autor, opinión pública no es la opinión que el público se forma a partir de investigar, indagar, averiguar sobre un tema. Por el contrario, es el resultado de la intención de hacer creer algo a un público, desde la repetición machacona de la información de la campaña preparada por algún medio, con el objetivo de convencer de la existencia de una realidad ficticia; es decir, manipular la conciencia colectiva. Lo importante de esta afirmación es la autoridad periodística de quien escribió ese libro. Un egresado brillante de la Universidad de Harvard, que durante la Primera Guerra Mundial llegó a ser consejero del presidente Woodrow Wilson, fue luego un importante intelectual del liberalismo estadounidense, crítico de medios y filósofo, e intentó reconciliar la tensión existente entre libertad y democracia en el complejo mundo moderno. &lt;br /&gt;El uso posterior que ha tenido el concepto opinión pública no es ajeno a la necesidad de los grandes medios por hacer olvidar el sentido originario y el carácter de denuncia que tenía. Esto ocurrió, sobre todo, a partir de la Segunda Guerra Mundial, en la que se puso en evidencia que la propaganda nazi había partido de la consigna “Miente, miente…, que algo quedará”. Es precisamente entonces cuando comienza a hablarse de la “objetividad de la noticia” y del “periodista profesional”. Nos encontramos, entonces, ante un nuevo adoctrinamiento por parte de los medios. La distinción entre informar y editorializar hizo creer que el periodismo utilizaba dos modos de comunicación: a) poner en conocimiento los datos de un hecho desnudo de toda valorización, cuando se informaba y b) exponer la opinión del medio o del periodista, cuando lo hacía con carácter de editorial. Perdonen mis preguntas, pero vuelvo a hacerlo: ¿acaso hoy es realmente así?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6885185060517429718?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/informacion-o-desinformacion_11.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3050200960180650724</guid><pubDate>Sun, 08 Jan 2012 11:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-08T08:06:49.789-03:00</atom:updated><title>La necesidad de la verdad</title><description>Hace unos diez años, en oportunidad de presentar la candidatura del juez Baltasar Garzón para el Premio Nobel de la Paz, Ernesto Sábato leyó unas palabras, importantes para recordar. Si bien, a mi juicio, tienen ese tono ético, tan propio de él —por lo que, de modo distinto del expuesto, se ubica en el plano del “deber ser”—, no por ello pierden el valor de ser útiles para contraponer otro modelo de información pública de masas, tan necesaria en esta etapa. Sus palabras, por momentos, adquieren un tono muy crítico, son un llamado para el ejercicio de un periodismo responsable:&lt;br /&gt;«El hombre de este tiempo vive delante de lo que acontece en el mundo entero. Y lo hace a través de la mirada de los periodistas; ellos son los testigos, quienes nos narran los acontecimientos. De ellos depende el cariz con que interpretamos los hechos, el partido que asumamos frente a lo que nos pasa como humanidad. El periodista habrá de deponer su propia visión de las cosas para abrirse a lo que sucede, comprendiendo que son sus ojos y sus palabras las que llevarán a los demás hombres la realidad de la que son parte. El periodista es así testigo, mediador e intérprete. La suya es una tarea de suprema responsabilidad. A lo largo de los años en que fue gestándose mi obra ensayística y literaria, yo mismo he colaborado con los diarios de mi país y con importantes medios gráficos de todo el mundo».&lt;br /&gt;El escritor habla de su experiencia periodística y de las razones que lo llevaron a expresarse a través de la prensa: «Puede parecer contradictorio que un hombre habituado al silencio y la demora que requieren el ensayo y la literatura, sienta la necesidad, a su vez, de expresarse a través de esa palabra inmediata, del instante, que caracteriza a la escritura periodística. Así también lo han hecho Ortega, y otros genios, y el propio Gandhi que, desde las columnas de un humilde y precario periódico alentó su revolución espiritual, el verdadero despertar del alma de su pueblo sometido. Sucede que, ante determinados acontecimientos, todo intelectual auténtico debe postergar su obra personal en favor de la obra común, poniendo su voz al servicio de los hombres, para ayudarlos a construir una nueva fe, una débil pero genuina esperanza. Entonces, en el vertiginoso suceder de los acontecimientos, la palabra que surge en respuesta logra evadir su destino fugaz y perecedero».&lt;br /&gt;Ya creo haberme referido a la calidad de la participación de notables pensadores que aportaban su palabra docente, como guía de un pueblo necesitado de la palabra de los maestros. Al referirse a su experiencia, transmite un modo de comunicar responsablemente en momentos en que es necesario ver con más claridad: «En este sentido, quienes trabajamos con la palabra, escritores, filósofos, periodistas, pensadores, y quienes a través de sus imágenes hacen oír el clamor de tantas voces silenciadas, todos nosotros, digo, más que una función pedagógica, tenemos un deber ético con las sociedades. Debemos restaurar el sentido de las grandes palabras deterioradas por aquellos que intentan imponer un discurso único e irrevocable». La palabra de quien es poseedor de una mirada más profunda, que escarbe por debajo de la superficie de la realidad, es imprescindible, en ciertos momentos, puesto que brotan desde la autoridad de quien las pronuncia, autoridad bastante escasa hoy.&lt;br /&gt;«El periodismo es un formador de opinión pública que da un sentido crítico frente a los hechos de la vida. Hoy, el periodismo debe reconciliarse con sus mejores señas de identidad históricas por donde respire la libertad de opinión y la capacidad imaginativa de sus intelectuales. La prensa en estos últimos años ha adquirido una notable expansión social y política, jerarquizada por su labor en las áreas de investigación y cultura. Quienes tienen en su poder el funcionamiento de los grandes medios, han de permanentemente tomar conciencia de la gran transformación a la que pueden contribuir. Capacitados, como están, para intervenir en las graves necesidades a las que estos tiempos nos está enfrentando». &lt;br /&gt;Advierte que el poder informático puede ser utilizado bien o mal y respecto de ello llama la atención: «Por la magnitud de su alcance, este poder es a veces utilizado por quienes pretenden perpetuar la hegemonía de un modelo único, sin alternativa. Imponiéndonos el yugo de una obscena globalización que justifica el sufrimiento de millones de hombres y mujeres, a la vez que nos relegan en una sensación de impotencia perpetua e inevitable. La sociedad está a tal punto golpeada por la injusticia y el dolor; su espíritu ha sido corroído tan a menudo por la impunidad, que se vuelve casi imposible la transmisión de valores a las nuevas generaciones. Sin embargo, la enorme posibilidad de modificar el aciago rumbo que venimos llevando se halla presente en el alcance ilimitado que los medios de comunicación poseen sobre la formación de conciencia de niños, hombres y mujeres». Las palabras precedentes son un aporte importante para el tema tratado en estas notas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3050200960180650724?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/la-necesidad-de-la-verdad.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2258803197711366939</guid><pubDate>Sun, 01 Jan 2012 12:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2012-01-01T09:47:35.744-03:00</atom:updated><title>La crítica del periodista formador de periodistas</title><description>Atendiendo especialmente a la cantidad de trabajadores de los medios y, por tal razón, a su sustento de vida, uno de los ángulos que no se pueden pasar por alto —algo ya quedó dicho de aquellos prostituidos en la profesión— consiste en pensar la situación y la actitud del periodista dentro del cuadro que hemos venido analizando. Uno de ellos, docente de la Escuela de Periodismo del Círculo de la Prensa, Ernesto Martinchuk, adopta un punto de vista “profesional neutro”, según mi parecer, y nos ofrece algunas reflexiones interesantes. Sus definiciones apuntan hacia “un deber ser” que se desentiende de los problemas que he planteado. Pero es útil leer lo que escucha un estudiante de periodismo que, en su ingenuidad, acepta como la “verdad” de su futuro oficio:&lt;br /&gt;«Una de las condiciones para ser un eficaz periodista profesional es el sentido crítico. Un periodista es un crítico por naturaleza, y tiene que estar dotado por la naturaleza de un atributo que es la curiosidad. Todo lo demás es perfectamente suplantable con un buen aprendizaje. Conocer la técnica y aprender el oficio es una cosa, pero si el periodista no reúne básicamente una condición natural de curiosidad, es muy difícil que pueda llegar a ser eficaz en su oficio. El periodista primero debe buscar, observar lo encontrado y, luego, investigar lo observado, analizarlo y tomar nota. Luego debe redactar sobre todo lo acumulado, desarrollando su poder de síntesis».&lt;br /&gt;Lo que dice es compartible, aunque suene un tanto a definición de manual. No quiero decir que no sea útil, sino que subrayo el tono que se puede contraponer a la realidad cotidiana del periodista. Continúa:&lt;br /&gt;«Este sentido natural de la curiosidad por la noticia es el incentivo que lo invita a juzgar el tema. Si el tema es asignado por un jefe, existen otras connotaciones colaterales que deberá juzgar para obtener el mayor  caudal informativo posible, debe dar la información en la menor cantidad de palabras y la mayor cantidad de datos posibles. Este es el instrumento más difícil de este  oficio. Un instrumento cuyo manejo se adquiere lentamente a través de la práctica constante. Es necesario leer y releer lo escrito pensando en que quien recibe el mensaje debe entenderlo. Muchas veces la soberbia nos impide releer lo escrito». Se percibe el tono que trasmite una libertad muy grande en lo investigativo y en lo informado. Se parece en algo al estudiante de abogacía al que se le enseña a colaborar con el juez en la búsqueda de la verdad… &lt;br /&gt;«La experiencia y los años en la profesión autorizan a un periodista a emitir juicios. Pero si desarrolla el sentido de la crítica, también debe aprender a desarrollar la autocrítica, no sólo de su trabajo, sino también de su oficio». Lo que no dice, y sabrá él por qué, cuáles serán los condicionamientos que también aprenderá con el oficio. Luego hace referencia a algunas características del mundo actual de la información. &lt;br /&gt;«Hoy la información llega con una velocidad increíble a, y desde, cualquier punto del planeta. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Los mercados financieros no serían tan poderosos, si las órdenes de compra y venta no circularan por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Esta velocidad genera, por una parte, gran caudal de información, pero por otra el riesgo de que la opinión pública no disponga de tiempo para analizarla, por falta de contextualización». &lt;br /&gt;Parece una ingenuidad, y bien puede serlo, como les sucede a muchos periodistas de las generaciones anteriores, que advierte un riesgo atribuible a un tema técnico; sin embargo, arriesga una crítica. Aunque su escalpelo no llega al hueso, dice: «Existe un exceso de información que no es importante, y falta interpretación de las pocas cosas que realmente son importantes. Existe una invisibilidad, en muchos casos intencionada, del emisor. Ha llegado el momento de que los periodistas hagamos crítica y autocrítica de lo que hemos venido haciendo hasta ahora y separar lo que es la “empresa periodística” o “periodista empresario”, y lo que representa el verdadero ejercicio del periodismo. Hoy no nos asombran los “periodistas” que incursionan en el mundo de la publicidad. Suelen “vendernos” desde un seguro hasta una crema antiarrugas, con lo cual desacredita su profesión, aunque abulte sus bolsillos».&lt;br /&gt;Su crítica es de tono moralista, está planteada desde la ética personal del periodista, la existencia del imperio del concepto lucro, impuesto por la “empresa” periodística, no lo toma en cuenta. Por ello, predica: «El único capital de un periodista es su nombre y su credibilidad. Notamos a diario informaciones que no están bien redactadas y, fundamentalmente en televisión, individuos que al transmitir una información reflejan su total carencia de los mínimos conocimientos culturales que debe tener un periodista. Del mismo modo, los responsables de cada área deben exigir a sus periodistas que las informaciones sean revisadas, chequeadas y corregidas antes de emitirse. Es una obligación hacerlo, ya que en alguna medida están formando la cultura general del pueblo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2258803197711366939?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2012/01/la-critica-del-periodista-formador-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5268490390631842525</guid><pubDate>Wed, 28 Dec 2011 12:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-28T09:38:36.610-03:00</atom:updated><title>La verdad en los medios concentrados</title><description>La “verdad científica” se incorporó a la vida cotidiana, no como tal, sino en los modos de algunos términos que adquirieron carta de ciudadanía en nuestro lenguaje cotidiano: “hablar objetivamente”, por decir algo que se parezca un poco a la objetividad de lo comunicado; “hablar con precisión”, cuando se puede comprender, a poco que nos detengamos en ello, que lo máximo que se puede lograr es una aproximación con palabras cargadas de sentidos ambiguos; “describir con exactitud” cuando en la mayor parte de los casos eso es imposible. Claro está que quien lo solicita no es consciente de lo que está demandando y que, en realidad, pretende que lo que se le diga sea lo menos disparatado posible. &lt;br /&gt;Pero se agrega a ello que después de un siglo cargado de descubrimientos científicos y avances tecnológicos, el XIX, nos encontramos con las dos Grandes Guerras que desmoronaron el prestigio de la cultura europea, madre del modo de pensar de una gran parte del  mundo,  proceso que arrastró todos los valores en los que habíamos sido educados. Poco quedó para creer. Allí ubico el comienzo de esa caracterización de la conciencia de la segunda mitad del siglo XX: relativismo, escepticismo, cinismo, que adquirió un nombre académico que la vistió con mejor ropaje: la posmodernidad. Sin embargo, parece que en el mundo de las comunicaciones se dio un proceso inverso. Si desde el siglo anterior los medios eran la expresión de un grupo determinado, político, filosófico, artístico, la última mitad, la de la posguerra, inauguró la modalidad de la información profesional, que ya hemos analizado, y se vistió de “objetividad periodística”.&lt;br /&gt;La última década del XX empezó a develar lo que se escondía detrás de tal pretensión, analizado en notas anteriores. Por tal razón, recurrí a la cita de Stanley J. Grenz, que actualiza la pregunta de Pilato: ¿qué es la verdad? Ésta adquiere en este siglo XXI una virulencia, tal vez, demasiado fuerte para que el “ciudadano de a pie” se haga cargo de ella. Es demasiado pesada para la conciencia de ese hombre que vive corriendo sin saber de qué se está escapando, que prefiera “entretenerse” con liviandades, porque “la realidad es demasiado negra” para querer saber cómo es y qué está pasando. En esa condición de “hombre saturado”, prefiere no hacerse cargo de preguntas duras y pesadas. Si haber llegado a esa condición fue también resultado del modo de comunicar la información, los medios viraron inmediatamente hacia la mezcla de información con entretenimiento, el “infoentretenimiento”, del que ya algo quedó dicho.&lt;br /&gt;Se ha producido un efecto de retroalimentación entre los medios y los consumidores. Los medios fueron acondicionando la conciencia de un público masificado, y ese público demandó productos de fácil digestión. La nueva modalidad encuentra allí su justificación. Y, ante ese público “educado” en la modalidad del  “infoentretenimiento”, se argumenta, hipócritamente, que el consumidor tiene la “potestad” y la “libertad” de elegir el medio por el que se quiere informar, al ocultar la mediocre monocromía de la oferta. &lt;br /&gt;Tal vez, nuestra cultura haya adquirido una especie de antivirus, por lo que los propósitos de los grandes medios concentrados solo han llegado atenuadamente entre nosotros. Pero, para mirarnos en un espejo que nos devuelve la imagen de un futuro posible, de no tomar conciencia de todo esto y defendernos de esos ataques mediáticos, el público estadounidense es un ejemplo claro para estudiar. Repito algo ya  dicho en varias oportunidades: Homero Simpson es el ciudadano medio del Norte. &lt;br /&gt;Podemos ahora desarmar esa especie de cóctel que terminó siendo la conciencia del consumidor mediático, un poco de escepticismo que se traduce por “todo es lo mismo”; una buena dosis de cinismo que se presenta en un “qué me importa”; otro tanto de relativismo, que reduce todo a un sin-valor parejo y se expresa en un “me da igual”. No debe ser tomado esto como una descripción amarga. Es una aproximación investigativa sobre cómo se ha dado en el mundo globalizado la relación medios-consumidor y, al mismo tiempo, una advertencia de lo que se propone el poder internacional concentrado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5268490390631842525?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-verdad-en-los-medios-concentrados.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-7354945362774001936</guid><pubDate>Sun, 25 Dec 2011 12:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-25T09:20:13.008-03:00</atom:updated><title>El tema de la verdad</title><description>Tomando en cuenta todo lo que hemos venido analizando, aceptando que la información es siempre un recorte respecto de la totalidad, casi infinita, de los datos que ofrece la realidad; que ese recorte sacrifica una parte mucho mayor que no se informa; que el criterio con que se elige y se desecha es, en alguna medida arbitrario, se impone una pregunta: entonces, ¿la información verdadera no es posible?; ¿cuánto de ella queda mostrada? En los tiempos que corren, en los que el relativismo, el escepticismo, el cinismo, han ganado una parte de la conciencia colectiva, cuantificarlo es imposible. Parece que utilizar el concepto “verdad” contiene una pretensión un tanto exagerada y soberbia, puesto que deberíamos también preguntarnos quién y cómo es el portador de ella. &lt;br /&gt;La dificultad radica, según mi criterio, en el modo binario de presentar el problema: es “verdadero” o es “falso”. Es decir, se tiene toda la verdad o no se la tiene. De este modo de pensar es probable que hayamos desembocado en este tiempo cargado de incertidumbres que nos abisma en esa descripción  propuesta antes: el relativismo, el escepticismo, el cinismo. Ello, sin que la mayor parte de las personas tenga conciencia clara de que así se está dando nuestra relación con el mundo que nos rodea. Es más, esa mayoría o gran parte de ella rechazaría de plano tal caracterización. A pesar de ello, seguiré insistiendo en que mis análisis me llevan a afirmarlo.&lt;br /&gt;Vamos a escaparnos por una rama que nos alejará del tema, pero creo que nos lo iluminará. Intentemos abordar el problema desde otro ángulo. La primera pregunta y base de todo este planteo es ¿qué es la verdad? Si nos internamos en la historia del pensamiento, descubriremos que la pregunta es tan vieja, que se remonta a los orígenes de la filosofía, por lo menos a más de dos milenios. De esa historia, podemos rescatar un momento que me servirá como excusa para seguir ahondando en la investigación. Recurro a un especialista en estudios evangélicos para colocar un punto de partida que nos remita a este hoy. Stanley J. Grenz, profesor de Teología en Carey Theological College, Vancouver, que, partiendo de esa pregunta, dice: &lt;br /&gt;«“¿Qué es la verdad?", preguntó Pilato como respuesta a la afirmación de Jesús de que había venido al mundo a “testificar la verdad”. Muchas personas, especialmente los que se educaron antes del decenio de 1970, podrían descartar las nostálgicas palabras de Pilato como anticuadas maquinaciones de un escéptico premoderno. Una respuesta diferente recibiría hoy, sin duda, el gobernador romano ante los avances científicos modernos que han contribuido al descubrimiento de “muchas verdades” acerca del mundo, que se desconocían en el primer siglo. No obstante, en el momento que la comprensión científica de “la verdad” parece haber alcanzado indiscutible soberanía, la inquietante pregunta de Pilato —“¿qué es la verdad?”— ha resurgido con más fuerza».&lt;br /&gt;La reflexión me parece pertinente, porque nos remite a confrontar con modos diversos de plantearse la pregunta. La respuesta “científica” ha adquirido una legitimidad aceptada en la cultura moderna que, en su terreno, no admite competencia. La refutación posible de esa verdad por verificaciones posteriores no    deteriora esa legitimidad; por el contrario; la refuerza. Ahora bien, el tipo de verdad que se presenta con esa legitimidad paga un precio muy grande, inadvertido por muchísimas personas que lo aceptan. Ese precio es la negación del recorte que opera sobre la totalidad de la realidad reduciéndola a aquella parte que sea factible de cuantificar, puesto que es esto una imposición metodológica insoslayable para pretender el carácter de tal.&lt;br /&gt;Lo que quedó oculto durante siglos es que esa porción de la realidad material presenta ciertas características que corresponden a lo investigado, fundamentalmente, por la física y la química. Apartándose de esos territorios científicos, la certeza de las verdades enunciadas no logra el mismo grado de legitimidad.&lt;br /&gt;Ese otro territorio fue propiedad de las humanidades y de las ciencias sociales más recientemente. Es precisamente aquí donde debemos colocar la verdad de la información. Por lo tanto, fue necesario abrir el “problema de la verdad” para poder avanzar en la búsqueda que nos hemos propuesto. Dejamos señalado que, cuando hablábamos de “objetividad” periodística, esta se parapetaba detrás del modo científico de investigar, vedado para la información de temas sobre el hombre. En la próxima nota, me extenderé sobre esto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-7354945362774001936?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/el-tema-de-la-verdad.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-1985950425628491632</guid><pubDate>Wed, 21 Dec 2011 13:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-21T10:20:36.419-03:00</atom:updated><title>La realidad y la versión periodística</title><description>Espero que los análisis realizados hasta ahora hayan arrojado una luz suficiente sobre un tema altamente complejo. Sin embargo, creo que todavía persisten algunas oscuridades. Después de este avance de la conciencia colectiva, el periodismo ha comenzado a adaptarse al nuevo escenario y, como consecuencia de ello, la palabra “objetividad” no aparece con tanta frecuencia, ha sido reducida al ámbito de lo que se ha dado en llamar “la crónica de los hechos”.&lt;br /&gt; Crónica es el tipo de texto que debería utilizar un periodista para trasmitir lo que ha sucedido, ubicándolo dentro de un desarrollo ordenado de los hechos, respetando el tiempo y el espacio adecuado sobre lo que se está narrando. Se supone que ha dejado de lado las conjeturas o análisis y sus opiniones al respecto. Esto podría entenderse como información. &lt;br /&gt;Una mirada atenta a lo que se nos ofrece como crónica nos permite detectar que se está encubriendo todo lo que se niega bajo la apariencia inocente de la crónica, aun aceptando la hipótesis de que el cronista crea que está prescindiendo de todo sesgo en la información. La palabra “crónica” tuvo un uso especial en la antigüedad, para referirse a los relatos que respetaban el orden temporal de los hechos, a pesar de que en ellas no faltaban las exageraciones y las fantasías. Parece que nuestros periodistas quedaron impresionados por la posibilidad que esto brindaba. Debe señalarse en este sentido, como para descargar del cronista parte de las culpas, que sus jefes piensan más en vender que en informar. De allí la importancia de la “primicia”, como si esto le otorgara mayor valor a la información, cuando sólo es la demostración de la competencia en el mercado entre empresas preocupadas por facturar.&lt;br /&gt;La falsa importancia de la “primicia” ha empujado al cronista a informar sin revisar la fuente de sus datos ni contraponerlas con otras fuentes. De este modo, se ha perdido confiabilidad en la veracidad de lo que se informa. El ritmo de la información por la “necesidad” de ser el primero, agregado al vértigo de la cascada de datos trasmitidos, han acostumbrado al consumidor, en muchos casos —aunque cada vez son menos— a no dar importancia a la “verdad de lo informado”, y a aceptar que lo que hoy es “urgente e importante”, horas después ha desaparecido del escenario sin la menor explicación, tapado por lo próximo “urgente e importante”. La evanescencia de las cosas significativas ha banalizado de tal modo el valor de la información que ésta va cayendo en un lento descrédito. Esto no ha provocado todavía la crítica y el rechazo público, pero alguna forma de incredulidad se va posesionando de la conciencia pública.&lt;br /&gt;Por la complejidad de la realidad actual, todo este juego se torna intrincado y de difícil acceso. La impronta mercantil de las empresas de información subordina el relato sobre los hechos a la necesidad de ser el que los muestra del modo más impactante posible. Tanto la prensa escrita como la radio y la televisión recurren a artilugios que atraigan la mirada del consumidor hacia aquello que impresiona en el momento, aunque poco después quede desvirtuado por otros datos que desmientan lo que se ha dicho. Tiene poca importancia ese resultado, porque se parte de la convicción de que ese público seguirá consumiendo lo que se ha convertido de información en entretenimiento. El mundo estadounidense ha creado una palabra para denominar a esta actividad: infoentertainment, ya aparecida en el léxico de los analistas en su traducción  castellana, “infoentretenimiento”.&lt;br /&gt;Como señala el profesor Javier del Rey, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.: «El entretenimiento como recurso mediático está caracterizado por una progresiva banalidad, cada vez más caótica en contenidos y formas, no se promueven los contenidos informativos sino la apariencia informativa, buscando sólo una recreación de la realidad, con un fin espectacular y lucrativo, ajeno al interés general. Asimismo, el afán de entretenimiento y de captación de audiencia de ciertos periodistas estrella puede provocar el abuso de fuentes anónimas (o insuficientemente identificadas) con informaciones basadas a veces en documentos inventados; en vez de verificar y contrastar y, por el contrario, fiarse de fuentes parciales, insuficientes o meramente manipuladoras».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-1985950425628491632?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-realidad-y-la-version-periodistica.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6362096366258599946</guid><pubDate>Sun, 18 Dec 2011 11:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-18T08:39:11.927-03:00</atom:updated><title>El complejo mundo de la información</title><description>Por lo ya expuesto, debemos entender  la necesidad de plantearnos, como consumidores de información, una selección sobre la oferta informativa, atendiendo a los criterios, ideologías, tendencias políticas, intereses que representan, y decidir por qué medios nos informaremos. Para que ello sea posible, corresponde imponer una exigencia a esos medios: que definan quién  está informando, cuál es su línea de pensamiento y, respecto al medio en el que trabaja, a qué intereses está ligado, etc. &lt;br /&gt;Hoy todo ese tipo de definición se oculta tras la ya analizada “objetividad”. Por tal razón, como esta tarea recae sobre nosotros, en nuestra condición de consumidores de la información, debemos asumir el averiguarlo y definir si coincidimos con ese modo de investigar e informar o no y, a partir de allí, tomar una decisión. Ha quedado atrás aquel periodismo, que apareció en nuestro país hace ya mucho tiempo, que se definía como un periodismo de opinión. Se sabía que la información correspondía al partido tal, a la iglesia X, al grupo de opinión Z, etc. O que quien escribía era de ideas claramente definidas y que no se ocultaban.&lt;br /&gt;La aparición del “periodismo profesional” dio la sensación, porque así se transmitió, de que hacía su tarea sin responder a ningún interés previo, de allí la defensa de la “objetividad”. Ese “periodismo profesional”, que impone el estilo estadounidense, fue la consecuencia de la mercantilización de la práctica informativa, de la aparición de “organizaciones para la producción y distribución de la información” como señala Gerbner, es decir, de haber transformado un servicio a la comunidad en un negocio a cargo de empresas que introdujeron en la actividad criterios comerciales como función fundamental.&lt;br /&gt;Por tal razón, por lo que hemos estado analizando, debemos hacernos cargo de un tema crucial de la sociedad actual, denominada no casualmente la “sociedad de la información”. Aunque esta denominación  es mucho más abarcadora, incluye todos los modos del fenómeno de la comunicación de masas. Este fenómeno, que lleva más de un siglo de existencia, pero que adquirió una presencia determinante en las últimas décadas, debe ser estudiado y analizado detenidamente por las importantes implicancias que tiene en estos tiempos como obstáculo para la consolidación de un cuerpo comunitario sano y sólido en el nivel nacional. &lt;br /&gt;Su importancia no debe ser minimizada, dado que ha logrado un grado de fascinación tan extremo, en el seno de la sociedad de masas, que no es sencillo poder despegarse de él para adquirir la distancia necesaria en su estudio. Por la misma razón, no es fácil hacerse escuchar respecto de las críticas imprescindibles  contra la utilización que se hace de ellos. Se ha logrado un efecto perverso que es necesario denunciar, aun a riesgo de ser tildado de antidemocrático, puesto que toda crítica que aparece sobre ellos es denostada como un intento de atacar la libertad de informar. El recurso tan utilizado es la defensa de la libertad de prensa, que encubre la libertad de empresas. A este argumento recurren las empresas de comunicación cuyos intereses desbordan, en demasía, lo meramente periodístico. Lo que se puede observar es que muchos comunicadores asumen la defensa de esa modalidad comercial: algunos por ingenuidad o ignorancia; otros, por haber sido formados dentro del criterio de que la información es un negocio como tantos otros y que debe practicarse como tal; otros, mercenariamente por las muy buenas remuneraciones que reciben. &lt;br /&gt;Como resultado de lo expuesto cabe hacernos la pregunta ¿qué comunican los medios de comunicación? Y la respuesta que nos demos definirá una posición adoptada ante este problema. Contamos hoy con una ventaja. Desde no hace mucho tiempo, pero cada vez con mayor intensidad, este tema  se ha convertido en un problema a debatir por una gran cantidad de personas, ha ido invadiendo los hogares, el ámbito educativo, las diversas conversaciones cotidianas. Lo que no hace tanto tiempo era sólo un debate áulico hoy ha “ganado la calle”. La cotidiana frecuentación de un diario, del noticiero en la televisión o de la radio, en la búsqueda de ese pan diario de la información, para saber qué está pasando, me parece que está dejando de ser una actividad ingenua. Aquello tan viejo de “lo dijo la radio” actualizado hoy por “lo dijo la televisión” ha dejado de ser un criterio de “verdad”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6362096366258599946?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/el-complejo-mundo-de-la-informacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-1862604537402460462</guid><pubDate>Wed, 14 Dec 2011 11:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-14T08:47:17.529-03:00</atom:updated><title>La construcción de públicos condicionados</title><description>Avanzando en el tema que hemos estado tratando, sigamos con el análisis de las consecuencias de la aparición de la comunicación masiva. Habíamos leído a George Gerbner, cuyas investigaciones debemos ubicar en el año 1973. Este dato adquiere particular relevancia para estas reflexiones, porque todavía ni siquiera se insinuaba el gran salto de la década posterior. Sobre fines de la década de los setenta y comienzo de los ochenta, se dan los primeros pasos hacia una concentración salvaje de medios en muy pocas manos, la gran mayoría de ellas proveniente de inversores de las multinacionales. Es éste un momento muy importante en la historia de la comunicación de masas por las consecuencias posteriores. Gerbner agudiza su análisis y nos informa:&lt;br /&gt;«La verdadera significación revolucionaria de las comunicaciones modernas de masa es su capacidad para “construir un público”. Esto significa la capacidad de formar bases históricamente nuevas para el pensamiento y la acción colectiva en forma rápida y penetrante a través de los anteriores límites. El enfoque institucionalizado de las comunicaciones de masa presenta a los medios como creadores de sistemas de mensajes producidos y transmitidos tecnológicamente, como nuevas formas de condicionar la cultura pública institucionalizada, así como a los transmisores comunes más importantes de la interacción social y de la formación de la política pública en las sociedades contemporáneas».&lt;br /&gt;Ruego detenernos en la afirmación sobre la “capacidad para construir público” y para “condicionar la cultura”. Vuelve sobre la idea de que público no es la presencia o asociación espontánea de gente que participa “naturalmente” de una forma de pensar, actuar y comunicarse entre sí. Es algo de mucha mayor trascendencia para el mundo social y político de las últimas décadas, sobre todo para el funcionamiento de la vida en democracia. Lo que estaba señalando este investigador, con sentido de advertencia, en una etapa tan temprana en la que la conciencia colectiva estaba lejos de percibirlo, es lo que se estaba preparando: el concepto de “público” y el concepto “cultura” ya no correspondía con la acepción del uso coloquial. &lt;br /&gt;Entonces, “público” es el resultado de una creación del medio que, en tanto “medio”, aunque suene tautológico, lo es porque se coloca en el medio, entre la realidad y el receptor. Esta realidad que pasa a través del cedazo del medio adquiere una forma redefinida por su interpretación. Una vez realizada esta operación, es recibida por una cantidad de personas que la consumen y, en la medida en que esto se convierte en una conducta habitual, se va “construyendo un público” que es el propio. No significa esto que la mente de esas personas que pasan a formar parte de ese público estén en blanco y sea el medio el que las moldea. Debe entenderse como el resultado de un modo de informar, es decir, como un modo de presentar la información a partir de un recorte previo, necesario, que de ella se hace. &lt;br /&gt;El problema radica en el modo de seleccionar los datos que se van a informar, lo cual produce un recorte de la realidad, ésta se convierte en una versión de ella. Pinta, por decirlo así, de un color definido todo lo que se informa. Este “recorte es necesario”, ya que es imposible prescindir de él, puesto que no se podría nunca transmitir la totalidad de los detalles de cualquier hecho, sería insoportablemente pesado y aburrido. Por lo que se presenta como “necesaria” una selección de todos esos datos para sintetizar los que serán definidos como realmente relevantes. Bien, es aquí donde se presenta el problema que debemos pensar. &lt;br /&gt;Habiendo aceptado como “necesario” el recorte, debemos preguntarnos: ¿quién define lo importante y lo secundario?; ¿con qué criterios lo hace? Suponiendo una gran ingenuidad de este informador, ¿no se filtran, muchas veces sin saberlo, pre-juicios, ideologías, sesgos religiosos, políticos, ignorancias, en esa selección? Una primera respuesta es: toda selección responde a criterios previos, por lo tanto, la tan argumentada y repetida “objetividad de la información” no es más que una falacia. Tal objetividad no es humanamente posible en el ámbito de la información, como tampoco lo es en cualquier otra dimensión de la actividad de los hombres. De aquí se desprende que la mayor honestidad debería consistir en expresar, dentro de lo posible, que la información fue recogida y analizada por alguien que piensa de una determinada manera. Y que encierra siempre una buena dosis de “opinión”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-1862604537402460462?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-construccion-de-publicos.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2462372168901234750</guid><pubDate>Sun, 11 Dec 2011 13:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-11T10:05:59.520-03:00</atom:updated><title>La concentración de medios</title><description>Hemos leído las opiniones de algunos investigadores; pasemos ahora a analizar qué dice alguien que está dedicado al periodismo, pero no deja de dar clases en la Universidad La Sorbona de París, me refiero al director del periódico Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet. Él nos permite entrar al mismo problema, pero desde otro ángulo que completa la información. Centra su análisis en lo que considera un problema en crecimiento: la concentración de la propiedad de los grandes medios en unas pocas manos de empresarios: «La disminución de la difusión de periódicos tiene como contrapartida su cada vez mayor concentración en un puñado de grupos industriales. Su mayor dependencia de los intereses económicos de esos grupos caracteriza a la prensa escrita actual —problema extensivo a todos los medios—. Un fabuloso desarrollo tecnológico pone a la información al alcance de un público cada vez más extenso y con mayor rapidez. Pero simultáneamente se incrementa un periodismo complaciente en menoscabo de un periodismo crítico, lo que pone en riesgo la noción misma de prensa libre y perjudica y degrada a la democracia».&lt;br /&gt;De este párrafo se pueden sacar varias conclusiones que intentaré presentar desde la línea de esta serie de notas.  Los medios de comunicación en gran parte del mundo, que deberíamos llamar de información o, tal vez de desinformación, por lo que ya hemos visto, han sido comprados por un “puñado de grupos empresariales” (otro tanto ocurre en nuestro país). Estos capitales, que hasta no hace más de 25 años no se ocupaban de este negocio, han ingresado a él. La consolidación de los grandes conglomerados económicos permitió que dieran un paso hacia el control de la opinión pública, ahora planteado supuestamente dentro del marco de las reglas de la democracia. &lt;br /&gt;Pero la democracia ha sido reducida hoy al reino del mercado que le ha franqueado la vía de acceso: la compra de acciones de esos medios y la posibilidad de su concentración. Por tal razón, se puede comprender, aunque no justificar, que muchos de los trabajadores de esos medios, por la necesidad de conservar sus puestos de trabajo hayan aceptado el cambio de las condiciones en la relación trabajador-empresario. La  proliferación de situaciones similares ha dado lugar a la aparición de “un periodismo complaciente”. Paralelamente, como se desprende  de esta situación, se fue disolviendo el “periodismo crítico”. &lt;br /&gt;Esto nos coloca en la pista del proceso que se ha ido dando dentro de esos medios. La censura estatal en el mundo occidental ha prácticamente desaparecido. Ha sido reemplazada por la censura empresarial interna que campea hoy por las redacciones. Esta censura interna es más fácil de aplicar y, además, es invisible a los ojos del consumidor de esos medios. Cuando los periodistas han asumen, por una diversidad de situaciones comprensibles, los valores que los medios exhiben, nos encontramos con la famosa “prensa independiente”, lo que no se aclara independiente de quiénes, puesto que todos ellos quedan enmarcados dentro del claro objetivo de la mayor rentabilidad. &lt;br /&gt;Agreguemos ahora, entonces, la pregunta acerca de cómo y dónde se obtiene esa rentabilidad. La respuesta es sencilla: del mercado, por la venta de espacios publicitarios. Estos son definidos por las empresas y las agencias de publicidad, ambas regidas por objetivos comunes: llegar a la conciencia del mayor número posible de consumidores por los caminos más efectivos. Esta mercantilización penetra en los medios, que apelan a todo tipo de trucos para vender (CD, DVD, revistas, juegos con premios). Ramonet nos advierte: «Lo cual refuerza la confusión entre información y mercancía, con el riesgo de que los lectores ya no sepan qué es lo que compran. Así es como los diarios enturbian más su identidad, desvalorizan el título y ponen en marcha un engranaje diabólico que nadie sabe en qué acabará». &lt;br /&gt;Una propuesta para los medios concentrados, dentro del esquema internacional actual, de convertirlos en difusores de cultura es ridícula, inocente, irrealista o infantil. Debemos aceptar hoy su imposibilidad, hasta tanto no seamos capaces de convertirnos, al menos, en consumidores críticos y selectivos, que hagamos sentir las preferencias de un público que demanda bienes culturales y no camuflaje de mercado. Me pareció impactante la figura del “engranaje diabólico” utilizada por quien sabe mucho de ello, porque se encuentra en el corazón mismo de este proyecto devastador.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2462372168901234750?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/la-concentracion-de-medios.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-3526496406119053963</guid><pubDate>Wed, 07 Dec 2011 12:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-07T09:13:08.604-03:00</atom:updated><title>El mensaje condiciona a la opinión pública</title><description>Debo, entonces, subrayar que el carácter estructural de la comunicación — en la etapa de la sociedad de masas, que ha producido los medios técnicos y la concentración empresarial— ha permitido una toma de decisión de carácter político y económico por parte de una minoría con poder, que define qué se informa y qué no. Por lo tanto, este modo de ordenar el proceso comunicativo (informacional) está al servicio de los centros de poder concentrado. Para que esto haya sido posible, debe entenderse que, antes de ello, la cultura moderna y su expresión económica, el capitalismo, habían sentado las bases de esa posibilidad. &lt;br /&gt;Una industria que se lanza a la producción masiva de mercancías requiere dos cosas: una masa de obreros masificada y un mercado masificado de demandas, que puede admitir cierta fragmentación sin perder su calidad de tal. Ese mercado debe haber realizado, a lo largo de un tiempo prudencial, una modificación en la psicología y las expectativas públicas a fin de hacerlas aptas para la recepción de esta modalidad. &lt;br /&gt;La masividad de la comunicación ha tenido, como paso previo, la conversión del receptor en masa. A esta transición la sociología alemana ha denominado el paso de la “comunidad” a la “sociedad”, caracterizando a la primera por la relación “cara-a-cara de las personas”, reconocidas como tales, y a la segunda, por las “relaciones neutras y anónimas de los individuos”.&lt;br /&gt;La sociología norteamericana es la que más atención prestó a este fenómeno de la masificación. Investigadores como el estadounidense George Gerbner (1919-2005), docente de la Universidad de Berkeley, han utilizado los resultados, en pos de esa transformación y los han puesto al servicio de la publicidad.  Este investigador muestra la prudencia o la ingenuidad propia de los norteamericanos para tratar temas relacionados con la política y el poder. Esto se muestra en el lenguaje pretendidamente aséptico y esencialmente técnico que utiliza. Leámoslo en extenso:&lt;br /&gt;«La comunicación de masas es la extensión de la aculturación pública institucionalizada más allá de los límites de la interacción cara a cara o de la realizada a través de cualquier otro tipo de mediación personal. Esto sólo resulta posible cuando se dispone de medios tecnológicos y surgen organizaciones sociales para la producción y distribución masiva de los mensajes... Pero los nuevos medios e instituciones de producción y distribución, los medios de masa, proporcionaron nuevas maneras de llegar a la gente. Estas nuevas maneras no diferían sólo tecnológicamente, sino en ocasiones también desde el punto de vista conceptual e ideológico, de los medios antiguos. Estaban vinculados con una época de transformación general de la base productiva de la sociedad, y en esa época surgieron. Produjeron su impacto acumulativo sobre el mundo occidental (...)  que iba a conmover los fundamentos del orden mundial y a introducir en el lenguaje los términos más comunes que se refieren a la sociedad, las comunicaciones y la industria. La continua transformación produjo no sólo concentraciones de personas sino también una concepción de las «masas» relacionada más con el movimiento de los mensajes que de las personas (...) La clave de la significación histórica de los medios de masa reside, entonces, en la asociación de la palabra “masa” con un proceso de producción y distribución. La comunicación masiva es la producción y distribución en masa, sobre una base tecnológica e institucional, del flujo continuo más ampliamente compartido de mensajes públicos en las sociedades industriales».&lt;br /&gt;Pocas páginas más adelante Gerbner hace esta notable apreciación, dicha con palabras que corroboran la candidez con la que aborda el tema: &lt;br /&gt;«La verdadera significación revolucionaria de las comunicaciones modernas de masa es su capacidad para “construir un público”. Esto significa la capacidad de formar bases históricamente nuevas para el pensamiento y la acción colectiva en forma rápida y penetrante a través de los anteriores límites, espacio y status (...) el enfoque institucionalizado de las comunicaciones de masa presenta a los medios de masa como creadores de sistemas de mensajes producidos y transmitidos tecnológicamente, como nuevas formas de aculturación pública institucionalizada, y como los transmisores comunes más importantes de la interacción social y de la formación de la política pública en las sociedades contemporáneas».&lt;br /&gt;Lo que afirma Gerbner es de una importancia fundamental para resolver tantos debates en los que nos vemos envueltos en este tiempo, debates que, de parte de los representantes de los medios concentrados, niegan lo que acabamos de leer: la capacidad de los grandes medios para condicionar la opinión pública.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-3526496406119053963?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/el-mensaje-condiciona-la-opinion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5711007747008452482</guid><pubDate>Sun, 04 Dec 2011 14:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-04T11:27:25.038-03:00</atom:updated><title>¿Qué es la comunicación?</title><description>De lo que hemos leído salta inmediatamente a la vista que los ejes y los acentos de las definiciones de estos investigadores están colocados en aspectos diferentes del proceso comunicacional. El modo de pensar de los latinoamericanos coloca a la persona humana en el centro de la escena y, por ello, la exigencia es de un diálogo igualitario, que  está apuntando a una condición imprescindible de la “comunicación”.  Partiendo de la aceptación de esta definición, todo aquello que no responda a esas características obliga a buscar las causas de esas limitaciones, de esos impedimentos o carencias. &lt;br /&gt;Equivale a decir, lo político, entendido como la manifestación de los intereses sociales, hace acto de presencia y no se esconde tras definiciones técnicas. El ya mencionado Pasquali avanza en sus exigencias hacia la total reciprocidad comunicativa: «Comunicación es la relación comunitaria humana consistente en la emisión-recepción de mensajes entre interlocutores en estado de total reciprocidad, siendo por ello un factor esencial de convivencia y un elemento determinante de las formas que asume la sociabilidad».&lt;br /&gt;Pasquali define como información todo aquello que no responde a los requisitos de esta definición, según quedó señalado antes. Es la “información”, entonces, el proceso que tiende a petrificar, a cosificar, a la persona en su función pasiva de simple receptor y, por tanto, es una función “utilitarista” de la comunicación que no merece el nombre de tal. Ese tipo de comunicación deja de merecer ese nombre porque pretende, con su eficacia, manipular los actos del otro, u otros. De allí que la “libertad de información”, que tanto se pregona, esconde la verdad de que sólo es libertad para el emisor, ya que el receptor está negado en la posibilidad de actuar. Se debe percibir en estos modos de abordar el estudio de la comunicación una clara negación de los factores de poder que operan en dicho ámbito. Se percibe un ocultamiento, consciente o no, de la verticalidad del proceso de comunicación de masas, por el cual una elite dispone de los medios para hacer llegar sus mensajes a las personas, convertidas en “masa”, que recibe pasiva y acríticamente esos mensajes. &lt;br /&gt;Conviene, ahora, incluir aquí la definición que Umberto Eco nos propone de ese fenómeno que es la comunicación canalizada a través de los medios masivos, lo que convierte a la comunicación en un fenómeno  “de masas”: «Hay comunicación de masas cuando la fuente es única, centralizada, estructurada según los modos de la organización industrial: el canal es un expediente tecnológico que ejerce una influencia sobre la misma señal; y los destinatarios son la totalidad (o bien un grandísimo número) de los seres humanos en diferentes partes del globo... El universo de la comunicación de masas está lleno de interpretaciones discordantes; diría que la variabilidad de las interpretaciones es la ley constante de las comunicaciones de masas. Los mensajes parten de la fuente y llegan a situaciones sociológicas diferenciadas, donde actúan códigos diferentes».&lt;br /&gt;Entonces, debemos considerar los componentes de este tipo de comunicación para poder penetrar en la índole misma de la modalidad “de masas”. Aparecen fundamentalmente dos criterios que Eco resalta: «la mediación de los modos tecnológicos», y el «destinatario, convertido ahora en un público masivo y anónimo», pero diferenciado. Sin embargo, con el objeto de avanzar en el estudio de un fenómeno tan complejo, como el que estamos abordando, y retomando lo que venía diciendo, se podría aceptar definir la comunicación como un proceso de grados, que puede ser más o menos informativo o más o menos comunicativo. Lo vertical del mensaje y lo dialógico no se presentan, en la realidad comunicacional, en forma pura. Hay una gama muy grande de posibilidades para combinar esas dos dimensiones. Debemos aceptar, entonces, que encontraremos medios más informativos y medios más dialogales. &lt;br /&gt;Si bien es cierto que predomina una tendencia a imponerse los primeros por sobre los segundos. Tendencia mucho más acentuada a partir de la concentración de medios de comunicación (se debería decir de información) en pocas manos. Y cabe aclarar ahora que las participaciones de la audiencia, a través de llamados telefónicos, no alteran la verticalidad del mensaje, crea sólo una ficción de participación. Cuando hablo de “diálogo” estoy haciendo referencia a abrir el mensaje en un sentido dual, horizontal con ida y vuelta, que respete el contenido de ambas puntas. No simplemente preguntarle algo a alguien, sino escucharlo en lo que él tenga que decir, y en los temas que le preocupan. En este sentido hay una enorme tarea para modificar culturas periodísticas que entienden la comunicación de un solo modo. Cultura a la que aporta, y es además responsable, la formación que reciben los que estudian esas carreras profesionales.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5711007747008452482?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/12/que-es-la-comunicacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-2908164021676466205</guid><pubDate>Wed, 30 Nov 2011 16:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-30T13:05:11.619-03:00</atom:updated><title>Qué son los medios de comunicación</title><description>Empecemos por preguntarnos, para nuestra investigación, ¿qué son los medios masivos de comunicación? Estos medios aparecieron como una aparatología, una cantidad de artefactos técnicos, que potenciaron la emisión de mensajes en las relaciones con las personas. Pero debemos reparar en que la comunicación humana es, por supuesto, anterior a esa aparición. No sólo anterior, sino que forma parte inescindible de la constitución de lo humano en cuanto tal. No hay sujeto humano posible sin el establecimiento de una comunicación inter-intra-humana que lo constituya. Esta cualidad esencial para la constitución de la persona, coloca en un primer plano la condición necesaria de una sana y fraterna relación social, para que ella adquiera la maduración personal necesaria, como la psicología lo ha mostrado con toda claridad. &lt;br /&gt;A partir del siglo XIX, esa comunicación se vio enriquecida y, al mismo tiempo, entorpecida por la aparición de un nuevo tipo que posibilitaba convertir el receptor en un sujeto colectivo. Debemos hacer, entonces, caracterizar previamente esa comunicación para introducirnos, con más elementos de juicio, al análisis del fenómeno en que se convirtió tiempo después. Prestemos atención a una diferenciación que establece el comunicador social venezolano, Antonio Pasquali (1929), entre “comunicación” e “información”. Necesaria, porque en esta época de fuerte presencia de los llamados “medios de comunicación de masas”, éstos se caracterizan por una comunicación unilateral y sin retorno. &lt;br /&gt;A esta forma de la comunicación este autor prefiere darle el nombre de “información” y reserva el término “comunicación” para aquella relación dialógica, en la que ambos términos del proceso comunicativo se alternan en su papel de emisor y receptor. Por otra parte, en la comunicación humana, los artefactos que intervienen, deben cumplir un papel lo más neutro posible y no interferir en los contenidos del mensaje, aunque esa interferencia sea meramente técnica. Es evidente que la irrupción de los multimedia, la articulación entre la radio, el televisor, la computadora y el teléfono, ha alterado y desequilibrado este juego de las comunicaciones. Para algunos autores, la aparición de los multimedia puede parangonarse con el invento de la imprenta por el alemán Johannes Gutenberg (1398–1468).&lt;br /&gt;Cuando a los medios de comunicación se les agrega la caracterización “de masas”, se está definiendo, con toda claridad, su carácter de no estrictamente “comunicativo”, sino “informativo”. Hay un emisor que se dirige al fenómeno de la “sociedad de masas”. Este concepto alude a la despersonalización del sujeto humano de la sociedad industrial, que lo ha convertido en un receptor, más o menos pasivo, de mensajes preparados para ser recibidos por ese “ser colectivizado”. Podemos acercarnos a algunas definiciones  propuestas para definir el proceso de la comunicación. &lt;br /&gt;Así, nos encontramos con una definición bastante clásica como la de los investigadores Hovland, C. I., Janis, I. L. y Kelly, H.H., de la Universidad de Yale: «Comunicación es el proceso por el cual un individuo (el comunicador) transmite estímulos (generalmente verbales), a fin de modificar el comportamiento de otros individuos (la audiencia)». Para Staats, A.W. y Staats, C. K.: «En términos bastantes generales, la comunicación puede ser considerada como lenguaje, escrito u oral, emitido por un individuo, que resulta del establecimiento de nuevos mecanismos estímulo-respuesta en otro individuo, en el condicionamiento de mecanismos estímulo-respuesta que fueron previamente adquiridos».&lt;br /&gt;Este tipo de definiciones, provenientes por lo general de la escuela estadounidense, tienden a ver la comunicación como un proceso de “ida”, que coloca el acento en el emisor. Se debe a que estos investigadores de los medios de comunicación extraen su experiencia de los medios masivos y de la publicidad. Por lo tanto, los intentos no expresados, respecto del receptor, están muy cerca de un concepto, que en aquel país ha sido muy estudiado: la “persuasión”. Gran parte de la investigación sobre medios masivos se ha concentrado en el mensaje y ha prestado muy poca atención al emisor y al receptor. La eficiencia del proceso comunicativo está en función de los logros obtenidos en ese intento por la vía del contenido del mensaje. &lt;br /&gt;Por ello, como reacción a ese modo característico de la concepción norteamericana, pretendidamente neutra, de pensar las comunicaciones, han salido de América Latina definiciones que intentan desnudar los mecanismos de este proceso. Encontramos, por ejemplo, a Luis Ramiro Beltrán, que dice: «La comunicación es el proceso de interacción social democrática que se basa en el intercambio de símbolos por los cuales los seres humanos comparten voluntariamente sus experiencias bajo condiciones de acceso libre e igualitario, diálogo y participación».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-2908164021676466205?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/que-son-los-medios-de-comunicacion.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-5312705685172839139</guid><pubDate>Sun, 27 Nov 2011 10:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-27T07:40:36.751-03:00</atom:updated><title>La ciencia empresarial</title><description>Es necesario detenernos brevemente en un aspecto que, por lo general, pasa a un segundo plano en estos debates —y no creo que inocentemente—, para abordar luego el problema de la comunicación de masas. En la nota anterior opté por la denominación de ciencia de las ciencias es porque ésta se constituyó con el aporte de varias: la sociología, la psiquiatría, la psicología profunda, la psicología de masas, la psicología motivacional, las técnicas de la investigación social. Dijo Erich Fromm refiriéndose a este fenómeno, a fines de los sesenta: &lt;br /&gt;"La creciente complejidad de las empresas y del capital, hacen que sea de la mayor importancia conocer por adelantado los deseos del consumidor y no sólo conocerlos, sino también influir sobre ellos y manejarlos. Las inversiones de capital en las gigantescas empresas modernas no se hacen por presentimiento, sino después de un manipuleo y una investigación concienzuda del consumidor y de todo el mercado". &lt;br /&gt;Sus aportes invalorables, expresados en un aumento considerable de las utilidades, le otorgaron a esta ciencia un prestigio digno de mejores propósitos. Los éxitos empresariales fueron un punto de referencia insoslayable para el análisis de todo tipo de negocios. Aquí la palabra “negocio” adquiere la significación que el idioma inglés da a su equivalente business, que debiera ser traducida por “ocupación”. La generalización que la cultura anglosajona hizo de esta palabra colocó bajo un mismo paraguas todo tipo de ocupación, pero en aquella cultura se sobreentendía su referencia a las “utilidades”. Por tal razón, se generalizó la traducción como “negocios”. Esto no es ingenuo ni neutro, porque tiñó nuestro modo de entender las relaciones sociales como relaciones utilitarias. &lt;br /&gt;De la afirmación de Fromm: “Las aplicaciones de la psicología se han generalizado a partir del manejo del consumidor y del trabajador, al manejo de todo el mundo, incluida la política”. El conocimiento que ofrece esta ciencia posibilita un “manejo” utilitario de las relaciones con las otras personas, convirtiéndolas en “medios” para la obtención de ciertos fines: la utilidad. Sigue nuestro autor: “Mientras que la idea original de la democracia se basaba en el concepto del ciudadano responsable y con ideas claras, en la práctica esto se distorsiona cada vez más, por la utilización de los mismos métodos que se desarrollaron primero en la investigación de mercado”. Se puede ya adelantar que el “negocio” de la información se va a enmarcar en estos criterios.&lt;br /&gt;La distorsión fue convirtiendo la “libertad de prensa” en una “libertad de empresas”, libertad que no se ejerce en el interior de la empresa de medios, donde rige la disciplina empresarial. Es la libertad que tiene el empresario de la información, como parte de un conglomerado mayor, para transmitir lo que él crea que es conveniente y lucrativo. La tan mentada “línea editorial” es, muchas veces, un modo vergonzante de la censura. Si la información adquiere la forma de “noticia” y es noticia aquello que llame la atención del “consumidor de noticias”, el interés del “consumidor condicionado” pasa a ser el criterio de lo que puede ser noticia. La libertad de la que se habla se ejerce en el mercado con las “reglas del mercado”. Además, el “negocio” de la información está sostenido en gran parte por la publicidad. De allí que una parte importante de lo expresado está condicionada, a su vez, por la presión de los anunciantes. &lt;br /&gt;Esto pone de relieve la tarea de la “prensa alternativa”, que, partiendo de medios precarios, intenta cubrir, en la información pública, ese hueco, vacío, casi un “agujero negro que no llena los grandes medios. La prensa alternativa se mueve dificultosamente en la búsqueda de la necesaria publicidad que mantenga financieramente el medio en circulación. También hasta allí se hace sentir la presión de las grandes empresas, los grandes medios, las agencias de publicidad que intentan maniatar el contenido de los mensajes del medio en el que colocan publicidad. &lt;br /&gt;El otro riesgo que corre esta imprescindible libertad y diversidad de prensa, en una sociedad democrática, es la presión que se hace sentir desde los intereses partidarios, empresariales, profesionales sobre todo cuando ejercen el poder de sus instituciones. No pocas veces se confunde la crítica leal y honesta con campañas de difamación. Esto no significa que no existan, pero por verlas tantas veces provocan en el “consumidor avisado” el resultado de una paranoia que parece no poder evitarse cuando se ejerce el poder desde la distancia que lo separa de la gente. No debe callarse, entonces, que esa necesaria libertad de prensa es uno de los pilares sobre los que se debe construir —o reconstruir, como en nuestro caso— la salud institucional de la Nación y la defensa de la comunidad toda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-5312705685172839139?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/la-ciencia-empresarial.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-7693201245498174430.post-6263817360273752492</guid><pubDate>Thu, 24 Nov 2011 00:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-23T21:52:20.694-03:00</atom:updated><title>Medios - Un poco de historia</title><description>Nuestra Argentina se ha sumergido en un debate cruzado por mil incomprensiones, por distorsiones inconscientes o malintencionadas, por intereses mezquinos, por miopías y, tal vez, por varias razones más, que han distorsionado la importancia de sus contenidos. Es probable que deba decir: una parte de nuestra Argentina, pero aun siendo sólo eso, la restricción no deja de ser importante y obliga a saltar al ruedo con el propósito de aportar una mirada más, que aunque no muy novedosa, sin embargo propondrá iluminar un poco el escenario. Para ello voy a franquear los límites dentro de los cuales advierto que se plantea, para remontarme a una historia del problema que lleva más de un siglo. &lt;br /&gt;La importancia que los medios de comunicación masiva han ido adquiriendo progresivamente durante ese tiempo obliga a detenerse a investigar y pensar sobre su comportamiento social. Es el tema de la comunicación,  que, en el seno de la sociedad moderna capitalista, se convierte en el tema de los medios de comunicación. Es necesario comenzar diciendo que esos medios han sido víctimas del proceso de la concentración económica profundizada en la década de los setenta, aunque la película El Ciudadano Kane (1941), de Orson Welles, ya denunciaba al empresario estadounidense William Randolph Hearst, por sus prácticas monopólicas. &lt;br /&gt;Ello nos muestra que los medios fueron quedando subordinados a los intereses de grupos empresariales que, hasta ese entonces habían sido ajenos a la comunicación masiva. A partir de allí, muchos medios,  víctimas de este proceso, pasaron a convertirse en victimarios de un vasto público ávido de información. Por tal razón, esos medios que representaron, desde su aparición en los comienzos del siglo XIX, el control ciudadano sobre los otros tres poderes del Estado — y que por ello habían merecido el nombre de cuarto poder—, cuando su propiedad estaba en manos dispersas y variadas, pasaron a ser un instrumento poderoso dentro del juego político de los intereses concentrados.&lt;br /&gt;De este modo, por la tan necesaria y defendida libertad de prensa se fueron convirtiendo en la voz de los que no tenían voz. Fue la palabra que criticaba y denunciaba los abusos de los poderosos en defensa de los desprotegidos. Los ejemplos son muchos y sus portavoces, hombres distinguidos que, por regla general estuvieron a la altura de esa misión; para nombrar sólo a uno, nuestro Mariano Moreno. Esos precarios medios, fundamentalmente la prensa escrita a la que se le agregó la radio a comienzos del siglo XX, fueron un bastión inexpugnable que cumplió un importante papel en defensa de la democracia, al hacer transparente lo que se pretendía ocultar. &lt;br /&gt;La posguerra abrió un camino nuevo a este proceso. La lucha contra el totalitarismo nazi y las denuncias posteriores del manejo de la información durante el régimen alertaron a la conciencia ciudadana mundial sobre la importancia de una prensa libre, independiente y veraz. Posteriormente, la guerra fría puso de manifiesto otro totalitarismo, el soviético, que sobre este al respecto no fue muy diferente en el manejo comunicacional. Contra ello se erigió, como modelo “ejemplar”, la libertad de prensa occidental, paradigma de la democracia. Sin embargo, por debajo del juego público de la prensa de Occidente, comenzó a gestarse un nuevo modelo de gestión empresarial, sostenida por modelo de la empresa multinacional. Este modelo no era del todo novedoso, pero encontró, en el mercado internacional de posguerra, un campo propicio para su expansión y concentración. Ello le otorgó una capacidad económica y financiera temible para la competencia. &lt;br /&gt;El poder desmesurado que esas empresas mostraban — hacia el interior de ellas y en su relación exterior con la competencia— las fue arrastrando hacia un uso discrecional de ese poder. La empresa periodística internacional aprendió de esos juegos del poder y fue introduciéndose en ellos. Así, el manejo de la información fue quedando en manos poderosas que no resistieron la tentación de convertirla en un instrumento de sus intereses. La red de negocios de posguerra fue entrelazando diferentes tipos de negocios y la información pasó a ser uno más de ellos, con lo que adquirió paulatinamente una mayor importancia. El concepto de negocio impregnó toda la actividad empresarial, lo cual demandó la creación de una ciencia especializada para el manejo eficiente de los negocios. Apareció, entonces, el marketing: la ciencia de las ciencias del negocio empresarial.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7693201245498174430-6263817360273752492?l=pensandodesdeamerica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://pensandodesdeamerica.blogspot.com/2011/11/medios-un-poco-de-historia.html</link><author>noreply@blogger.com (Ricardo)</author><thr:total>0</thr:total></item></channel></rss>

