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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713</atom:id><lastBuildDate>Thu, 27 Oct 2011 19:37:23 +0000</lastBuildDate><category>musica</category><category>dibujo</category><category>cuento</category><category>vj</category><title>Freddy Vásquez - Cuentos y Relatos</title><description /><link>http://penultimafrontera.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>42</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/PenultimaFrontera" /><feedburner:info uri="penultimafrontera" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-7797812003466693647</guid><pubDate>Mon, 07 Jul 2008 16:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-07T14:19:56.976-04:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Unas palabras del caminante</title><description>&lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Caminaba encogido. Por alguna avenida de otoño gris, torcía la cabeza mirando sus pasos y caminaba. La esencia de su existir en tan simple gesto: Prefería enredarse en los pormenores de cada paso, en sus detalles laterales, en el esfuerzo insignificante que aquello le demandaba y evitaba mirar de frente, dar con la meta de un vistazo, y no sé por qué. Acaso encontraría que cada calle enturbia el destino, donde se planta una inefable esquina a todo su ancho, y una esquina que son como todas las esquinas, que no llevan a ninguna parte y se disfrazan siempre igual para parecer que el viaje es un extraño, largo e inescrutable laberinto. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Y siempre –como seguro diría él-, siempre conduce al mismo lugar. Más que un mareador ciclo laberíntico (“¿No estuve aquí antes?”), parece un río con muchos brazos que siempre decanta sus aguas tristes en el mismo lugar. En el mismo edificio teñido de rojos y verdes que pretenden aguantar las profundas grietas con que cuelgan las murallas. Ése es su hogar. O un intento de hogar, algo que finge terminadas las horas laborales y no encuentra más razones para quedarse afuera, y en vez de padecer los terribles fríos a intemperie, los prefiere sufrir en el interior, salvando la tarde con un café o bien mirar por la ventana a la quincuagenaria Almendra, que por culpa de la artritis apenas aguanta el cuerpo y se debe valer de dos muletas para dar los torpes pasos con que regresa del paseo a la plaza. Y este ritual que parece un calco –No, mejor un &lt;i style=""&gt;Deja Vú&lt;/i&gt;- del día anterior lo ha consumido por meses, y de los meses pasan a los años. Años que corren con energía, que se le monta encima, lo arrolla. Ni siquiera intenta pensar acerca del tiempo, porque ese es un tema que le amarga profundamente y a cambio abre bien sus ojos, agrega algún disco compacto recién comprado y se regresa el calor con las manos bien pegadas a su tazón de café, como si en ese enlozado azul existiese algo de vida, algo palpitante que vuelve para seguir pensando que su pequeña historia bien habrá valido la pena al menos para él. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Se esconde tras el ventanal, la gente pasa, va apurada, yendo a algún sitio del que no se ha enterado. Le parece poco importante. El sillón es más cómodo. Cruje como demonios a cada movimiento, pero aún así lo envuelve y protege, mientras él, con un volumen discreto y la mirada puesta en las fachadas muertas de otras construcciones, comienza a esbozar ciertos diálogos que nunca tuvo. Diálogos con algunas personas que vio durante el día, pero al cual no le cruzó palabra alguna. Ahora sí lo hacía. Extendía la conversación por horas, apreciaciones generales sobre cosas de poca importancia. Qué importaba el tema. Para él era lo mismo que conversar de a de veras, con la salvedad de hacerlo solo, pero de todas maneras echaba afuera sus inquietudes y descansaba de la soledad que le acechaba en cada momento. No sé. Yo no sé si hablaba solo para sanarse de la soledad, o es que ésta ya le había trastornado, y siendo así entonces estaba envuelto en un círculo del cual no podría salir. Otro laberinto en el que se topaba en la misma esquina y se perdía en el mismo rincón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-7797812003466693647?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/ttFuetNr0BY/unas-palabras-del-caminante.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/07/unas-palabras-del-caminante.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-1385224763635864010</guid><pubDate>Sat, 05 Jul 2008 16:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-05T12:40:01.837-04:00</atom:updated><title>Del pequeño secreto que domina un pueblo</title><description>La colonia sigue su curso. Destino: Desconocido. Bueno, para la mayoría. Tras seiscientas generaciones desde el comienzo de la gran travesía, los orígenes de éstas se enredan en leyendas, en mitos, y la veracidad histórica ha sido reducida a un minúsculo hilo de araña que pretende sostener todas las fábulas y comidillos con que se han alimentado libros desmemoriados. Lejanos intentos de establecer un mapa de lo que realmente sucedió. Y qué importa el origen, finalmente, si nuestros líderes siguen creyendo en aquellas historias quijotescas del hombre y su destino, de nuestra flota espacial y su destino, la lejana y –cada día más lejana- Arbel, el planeta tantas veces ilustrado y enseñado, y créanme, amigos, jamás hemos visto una imagen real, jamás su ubicación -¡ah! Dicen que tras las Nubes de Magallanes, pero &lt;span style="font-style: italic;"&gt;dicen&lt;/span&gt;- y lo peor es que nuestros hombres de ciencia tampoco se han referido a su posible inexistencia. Y nuestras naves marchan, rumbo fijo, anticipando coordenadas para los próximos cinco años, en asambleas muy celebradas por la tripulación –que somos todos los que habitamos la nave nodriza y sus pequeñas estaciones satélites- , pero ninguno, o al menos muy pocos, se han tomado en serio la pregunta de ¿quién nos ha entregado estas naves espaciales? ¿Fuimos capaces de construirlas nosotros mismos? Y la historia que se contamina otra vez, la historia rasgada, roída por intereses de poder; la historia que nos prohíbe preguntar. ¿Hay otros que observan nuestra colonia? ¿Qué hay en la nave nodriza, en la cápsula de resguardo, tan prohibida para nosotros? ¿Alguien? ¿Y quién es ese alguien? ¿Se relaciona con alguna otra civilización o seguimos tan solos como siempre hemos estado? ¿Cuál es el gran secreto de ese lugar? Amigos, mi conjetura no es válida, puedo estar equivocado, pero me anticipo a creer que no hay absolutamente nada, que es un ardid para mantener su poder y nuestro control y que en la cápsula de resguardo solo habrá un gran vacío que atormentará el corazón de toda una raza. Pero tenemos derecho a cuestionar, tenemos derecho a saber, y les digo hoy, como nuevo líder de esta fraternidad, que lo averiguaremos. ¡De pie! ¡Enfilen hacia el puente y marchen! Hoy la verdad será revelada al fin. ¡Fuerza y justicia! ¡A ellos!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-1385224763635864010?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/SL0tlLnAAiQ/del-pequeo-secreto-que-domina-una-raza.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/07/del-pequeo-secreto-que-domina-una-raza.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-638627020997941927</guid><pubDate>Sat, 05 Jul 2008 04:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-07-05T00:56:59.417-04:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Baúl</title><description>No sé qué hago acá. No sé por qué me trajeron ni cómo acepté probar. Parecía tan simple que no revestía ningún riesgo. Y qué riesgo si estaba entre amigos. Pero sigo acá, encerrado, a ciegas, sintiendo a cada respiro cómo le resto oxígeno a este baúl en el que estoy petrificado, inmovilizado por su pequeñez, tendido como un muerto. No sé, tal vez lo esté, tal vez este momento negro, asfixiante, sea estar muerto y si no fuera porque las manos se entumen por falta de irrigación, diría que efectivamente abandoné el cuerpo hace algún tiempo ya. E independiente del tiempo en que me hallo postrado, cuánto se me ha cruzado por la cabeza, los recuerdos de vida, exhibidos en una delgada línea que los une y les da sentido a eventos que no tienen el menor hilo. Pero ahora los entiendo, ahora cobran forma. (Quisiera compartirlos, hay tanto que decir, sí, todo tiene sentido…)&lt;br /&gt;¿Y mis amigos? Mis carceleros, los que prometieron una sensación inigualable, encogido en una tumba, helándome hasta los huesos, respirando a oscuras. En qué estaba pensando, por Dios, y luego de sentir la tierra sobre el ataúd, las risotadas, la estúpida sorna del ‘¿cómo te sientes?’ disfrutando mi encierro, y el silencio. El maldito silencio de mis amigos. ¿Dónde están? ¿Me oyen? ¡¿Me oyen?! Es hablarle a la nada. La broma fue simpática pero esto dejó de ser gracioso. Quiero que me saquen, porque me desespera, siento el cosquilleo, el ahogo de querer alzar mis brazos, de recoger las piernas, de mirar con los ojos bien abiertos y ver el cielo azul. ¿Acaso me han olvidado? Ay, Dios, ay…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-638627020997941927?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/SQrW6w5e3Wk/bal.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/07/bal.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-2613817066206037715</guid><pubDate>Mon, 25 Feb 2008 16:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-25T13:39:02.380-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Reflejo Instantáneo</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;&lt;br /&gt; Cuando el tren se escondió en la espesura del túnel, apareció sin avisar: La blanca muerte, sonriendo desde el reflejo del cristal. Por un instante que me pareció eterno, el frío intenso corrió por mis venas, heló el corazón. La Parca, con sus ojos saliendo de sus cuencas, parecía agradada ante mi rezo que brotó espontáneo: «Alma mía, afírmate con tus mejores uñas de este cuerpo, que todavía me falta por vivir». Sin terminar la prédica, el tren se detuvo y abrió sus puertas: Un pie afuera, un tropiezo y el final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-2613817066206037715?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/Vuwz44Y-S6M/reflejo-instantneo.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/02/reflejo-instantneo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-853206236199312805</guid><pubDate>Tue, 22 Jan 2008 02:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-21T23:16:45.632-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Curioso aparato</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;-Este aparatito puede guardarse en el desván, si no cruzamos los cables ni la encendemos adentro- Les prevenía el doctor Valle- porque si comunicamos el cable azul con el rojo y alguien tiene la imprudencia de oprimir “on”, la chispa será inevitable y los gases cumplirán con su voraz cometido. Ahora, si no tocamos los cabos e igualmente encendemos el aparato, la manifiesta radiación que expele se acentuará a niveles gravísimos, quedando atrapados en una marea activa que nos carcomerá hasta los huesos en cosa de instantes.  Si en cambio solo unimos los cables sin oprimir “on”, generará una estática que convertirá al aparato en un potentísimo imán que tendrá un radio de injerencia de diez kilómetros, cosa que suena apocalíptica y que en verdad lo es. Pero si somos cautos y no echamos mano ni a los cables ni al encendido, la máquina se convertirá en un motor nuclear que magnetizará todo el entorno, incluso exterior, dejando las tierras infértiles y desmineralizando las aguas. Entonces es claro: El aparatito bajo ningún motivo puede guardarse en el desván. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-853206236199312805?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/lqtVryOQBzw/curioso-aparato.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/01/curioso-aparato.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-4326559553310011908</guid><pubDate>Thu, 17 Jan 2008 22:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-17T19:40:03.266-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>El milagrero de Coyhaique</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;&lt;br /&gt; Un viejo bueno, santurrón y medio, de la ciudad de Coyhaique, pieza mecánica abandonada del todo, tuvo el infortunio de fallecer en medio de una noche álgida, de huesos carcomidos, que a su avanzada edad le traicionaron en un aviento a la carretera, y tan pronto como reconoció ese desvarío motor, una camioneta lo embistió a toda máquina, lanzándolo en una parábola perfecta decenas de metros más allá. Sin aliento, y menos hombre que nunca, el anciano –querido en todo Coyhaique- fue sepultado en la miseria de sus chauchas, con un seguro muy rebuscado que la caja de compensación le otorgó a regañadientes, pero con la furibunda voz de un pueblo en su contra, exigiendo más que un entierro de pájaros para el viejo. La congregación se apostó en pleno. Muchos tal vez no lo conocían o no le quisieron conocer, pero su bondadoso carisma, esa máscara que evade lo peor de cada cual, y la bonhomía con la que se expresaba le hicieron ganarse el amor de la gente. Allí estuvieron, gente que le conoció de toda la vida, que supieron de él cuando apenas iniciaba sus treinta años lustrando zapatos, o a los cincuenta y algo, cuando ya sin recursos inició la indigna procesión de alzar la mano por dinero y una sonrisa en una de las esquinas más concurridas. Una lágrima, tal vez dos. Algo que se vea y se note la pena, no de su muerte, sino la lástima de que jamás enderezó el rumbo a lo que otros llamaban “vida”. El cajón hundido en la loza, la prédica del padre de turno y las exequias que terminaron tan solitarias, miserables como su propia vida.&lt;br /&gt; Pero acá viene lo increíble, el hallazgo que lo hizo famoso por largo tiempo, y que de este hecho aún se habla con ciertas distorsiones propias del tiempo, exageraciones varias que por fin me permito, como primer y único investigador del mito, a transcribir sin puntos ni comas, para develarles la pura y santa verdad:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Se llamaba Casiano, de apellido desconocido. El anciano fue sepultado sin pompa y con un pálido recogimiento en su nombre, del que se lamenta pero no se siente. Se dejó con una losa fría que oficiaba de tapa de su nicho y pronto, abandonado. Coyhaique continuó en su abúlica vida de ciudad provincial, donde pequeños gestos son una maravilla y otros actos, valores patrios. La máquina giró sus ejes, movió sus engranajes por algún tiempo. Algunos dicen semanas, otros lo reducen a días. Otros fervientes dirán horas, pero tan poco tiempo es un tropiezo a la cordura y sensatez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Casiano regresó, dicen. Que deambula por la carretera, dicen. Que lo han visto conductores de madrugada, dicen. ¿Pero quién lo ha visto? ¿Quién de nosotros ha visto a Casiano? Yo no, ¿tú? Entonces quién. Las voces hablan y lo señalan, que sigamos su huella, que visitemos sus lugares. Busquémoslo en donde no pueda estar y encontrémoslo, con tanto deseo de verlo, tal vez lo veamos. Casiano deambula. Nos mira de lejos al pasar y se disfraza de otros hombres para que lo dejemos vivir en su vida libre de muerto. Dónde estás, viejo querido, por qué te escondes, le rogaban. Día a día visitaban el cementerio y mirando al cielo, la plegaria de que el finado descanse en paz. ¡Qué se aparece en los sueños! ¡Que visita enfermos y los sana! ¡Casiano, hombre, por qué no te muestras! &lt;br /&gt; Durante una tarde de flores que abrían sus bocas de colores, Casiano se apareció ante una multitud. Todos le miraron en ese paisaje bucólico, ornamentos cristalinos a pura agua, y verdes frescos agitando ramas. ¿El polen? El polen endulzaba el aire con un aroma de calor y buenaventura. Miró a los tantos que se hallaban petrificados ante la imagen espigada, ojos miel y muy sonriente. Una mariposa se posó en el hombre, después en sus manos, mostrándose como una pelusa amarilla que rápido emprendió el vuelo, y entonces alguien, arrebatado de sí mismo, se le acercó para tocar sus prendas. Al sentir la suave textura del lino, se arrodilló y abrió sus brazos.&lt;br /&gt; -¿Eres el Mesías?- A lo cual Casiano volvió con la sonrisa más suave y delicada que hombre alguno había dedicado y acariciándole los cabellos le dijo.&lt;br /&gt; -He vencido a la muerte, hijo mío, y he regresado, la plenitud del Hombre se ha encarnado en un solo ser, y con él y en él convertiré al antigua prédica en verdad, y las palabras que se añejaban cobrarán otra vez vida. Pero te pido, Eloí, te pido que no me llames Mesías, porque Casiano Espiritual ahora es más que carne y concierne en materias de alma y misericordia, pero siempre como Hombre y no esa deidad infranqueable, anteposición conceptual con la que algunos juegan y se hacen de buena vida en su nombre. Casiano Espiritual te bendice, pero eso de Mesías ofende a mi inteligencia de Hombre.- Dicho esto, Eloí se levantó para contemplar su hálito sagrado, que no era más que un claro de los árboles por donde se colaba el único rayo de sol de ese atardecer. El vivo se volvió hacia sus pares y alzando su brazo gritó.&lt;br /&gt; -No trae palabras, no trae milagros, ni esperanza. No habla de Dios ni se hace llamar el Mesías, pero nos advierte de quienes se llenan la boca con el Señor para su propia conveniencia.- Casiano asintió satisfecho, su palabra era la verdad, pero Eloí agregó:&lt;br /&gt; -¡Es hijo del demonio! ¡Viene a confundirnos y engañarnos! ¡A él!- Casiano Espiritual, etéreo y todo, recibió feroz paliza y una pedrada que lo dejó con su ventaja postmortem por el piso. Ya no era nada, había mordido el polvo de la ira del Hombre lleno de fe y gracia, lleno de Espíritu Santo, bendito, influjo directo de un Dios  -quien con su acostumbrada irascibilidad registrada en mitos antiguos- le restregó por medio del Hombre todo su error. Qué importó que Casiano Espiritual haya resucitado, que conociera el insoportable misterio de la muerte, que se trataba de una persona superior por el solo hecho de haber vuelto. Que importó, si tocó las fibrillas más sensibles del hombre de fe. Amén por el hombre. Amén por la fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(13 de diciembre de 2006)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-4326559553310011908?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/w5cG9kCIhnc/el-milagrero-de-coyhaique.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/01/el-milagrero-de-coyhaique.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-4099352283215133528</guid><pubDate>Wed, 09 Jan 2008 20:36:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-09T17:37:39.247-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Lector a medias</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;&lt;br /&gt;Pese a la hora punta y a que los vagones desbordaban en capacidad, un lector empedernido se hizo el gallardo entre tanto gentío y calzando su cuerpo como mejor pudo alzó su mano de la que colgaba un libro. Estación a estación su lectura era interrumpida a pisotones, estrellones y una que otra mirada oblicua.&lt;br/&gt;&lt;br /&gt; En cierta detención de flujo capital, una señora imprudente lo empuja con fuerza y el lector que deja caer su preciado manuscrito. Y desde el piso, con sus mejores letras, el libro que conmina a su dueño y ofende a la vieja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-4099352283215133528?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/U4YBxjuhJQs/lector-medias.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/01/lector-medias.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-2658141714367645071</guid><pubDate>Wed, 02 Jan 2008 18:57:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-02T15:58:07.869-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Duendes trabajadores - 2da. parte y final.</title><description>&lt;p style="font:10px verdana, arial; text-transform:uppercase; text-align:center;"&gt;De «Ciertas etnias extintas de Chile»&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="cuento"&gt;Lo buscaron por mar y tierra, pero Amarillo no apareció. Lord Alexander Bishop no pudo contener la ira arrebatada en una barba cana, belicoso hombre de fábulas que clamaba por sus joyas traídas directamente del puerto de Southsampton. Pero las explicaciones siempre fueron las mismas, que el duende desapareció con la mercancía. La gente del puerto comenzó a mirar a los duendes con ciertas reticencias, como si ellos se protegieran y supieran la fortuna del supuesto fugado, y ni Azul ni Rojo pudieron zafarse de ingratos ojos. Los estibas, presionado por quienes gobernaban entonces, se sintieron en la obligación de despedir a esos traviesos duendes que en una tarde de jueves desaparecieron en la oscuridad triste del invierno porteño. No reían ni bailaban, solo inclinaban sus caras de caja hasta que nadie los volvió a ver en muchos años. Dicen que se escondían, otros aseguraban que dormían en la playa y se retiraban a eso de las cinco de la madrugada cuando los pescadores zarpaban con sus botes. Se hablaba de que Marcio Millas, hojalatero y cambista, los había despedazado y vendido sus partes en kilos, pero él siempre lo negó aduciendo su especial cariño por aquellas figuritas simpáticas que adornaban las mañanas en la bahía. Otros aseguraban que se habían lanzado al mar, luego de que un bote sufriera extraños golpes, llagas de proa a popa que no pudieron ser con la roca sino con un objeto más punzante y agudo, atribuido a las aristas metálicas de los duendes. Pero al cabo de un tiempo se descubrió realmente lo sucedido: Tres niños jugando en una quebrada encontraron los restos oxidados de Amarillo, despojado de sus miembros, entre matorrales y piedras que lo cubrieron –quien sabe- por años. Los peritos determinaron que fue acción humana y que el móvil fue el robo de las joyas. Amarillo era inocente, ahora de manera oficial, y los porteños que aún tenían la memoria fresca sobre estos duendes se empecinaron en su búsqueda. Dónde estarían los demás, Rojo y Azul, Verde también, escondidos en algún cerro, bajo las rocas, dónde. Otro largo tiempo transcurrió, décadas completas, cuando Valparaíso perdía importancia y las importaciones ahora provenían de otros lugares. Cuando los estibadores no eran necesarios en el vivir porteño, Amparo Rodríguez, dependiente de cierto emporio sin nombre, sintió unas toses detrás de la bodega. Golpeó con su mano descubriendo con solo oír la pared falsa que guardaba un nuevo espacio. Y ahí, bien apretados, muertos de frío, habían tres viejitos de hojalata, con sonrisa triste, rechinando sus articulaciones y sus colores desgajándose de la piel metálica. Eran ellos, los tres que faltaban. Ya no tenían pies ni piernas, y sus manos transformadas en apéndices tubulares muertos. La conmoción fue completa. Rojo, Azul y Verde sobrevivieron a los años, pero no a su paso. Valparaíso completo se revolucionó con el reencuentro y aunque no podían hablar supieron expresarse y entender su última voluntad: Con nuestros cuerpos fatigados ayudar a los que viven en el cerro. Cuántas veces subimos por escalas indomables de tanto esfuerzo, y nosotros más fuertes, mirábamos a los hombres que replicaban el mismo viaje, con caras extenuadas y cuerpos inclinados para descansar cualquier músculo que fuera posible. Pensamos y deseamos: ¿Por qué con lo que queda de nuestro cuerpo no ayudamos a los porteños? Si nos adhieren ruedas donde tuvimos patas y lo pasan por un riel, si nos envuelven con una correa que nos sostenga a todo dar, podemos servir como ascensores, ¿quieren? Estamos cansados, pero queremos ayudar. Los porteños hicieron campañas y obreros trabajaron gratis por ellos, tendiendo cables, remachando en rieles y probando la resistencia de los mecanismos. Muy pronto Valparaíso se adornó con duendes colgados en los cerros. Ellos aún viven. Rechinantes, descuadrados, quejumbrosos, sí, pero felices de poder servir aunque sea en el ocaso de sus vidas, mirando a las gentes, recibiéndolas en su estómago transparente. Son ellos, los que llevan y traen, felices. Son unos viejitos felices. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-2658141714367645071?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/9eLBnXaT62M/duendes-trabajadores-2da-parte-y-final.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2008/01/duendes-trabajadores-2da-parte-y-final.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-580596287322451387</guid><pubDate>Sat, 29 Dec 2007 17:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-29T14:16:09.995-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Duendes trabajadores - 1ra parte</title><description>&lt;p style="font:10px verdana, arial; text-transform:uppercase; text-align:center;"&gt;De «Ciertas etnias extintas de Chile»&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="cuento"&gt;Cuando el puerto era la capital comercial de Chile, donde todo pasaba por buques y grúas, existían unos curiosos animalejos cuadrados de sonrisa amplia y muy amables, hiperquinéticos, se quejan algunos, pero se quejan de lleno, pues los duendes hacían el trabajo de cien estibadores a la vez. Trabajo no faltaba, así que eran bienvenidos en las arduas faenas de sol y sombra, merodeando por las calles y también levantando grandes cargas cerros arriba. Era gracioso ver a estos seres no muy corpulentos redoblando sus esfuerzos en escalas con miles de peldaños, o descansando a la sombra de alguna figura conmemorativa. Como no hablaban ni tenían nombre, la gente de puerto simplemente los llamó “duendes”. Qué más podían ser apareciendo de madrugada con sus pasos rechinantes, todo escandaloso, y riendo pícaros esperando por la nueva descarga del barco de turno. Se peleaban el primer cajón con embustes metálicos y golpeando seguidamente sus cascos. Ya sabían que el amarillo, el más peleador, no debía llevarse la primera caja, porque su desbordante alegría solo había provocado desastres, con kilos de manzanas rodando cerro abajo o muebles ingleses despedazados entre sus manos de metal. Rojo parecía más calmado, pese a su color, y era a quien se le designaban los productos de mayor fragilidad. Lámparas, cristalería en general, que llevaba con gran cuidado por arterias que abrían el paso para tan ilustre trabajador. Azul, en cambio, era rápido y diligente, aunque no se podía confiar que toda la mercancía llegase en el perfecto estado en que se entregó. Sin embargo los feriantes ya calculaban el margen de pérdida (menos del diez por cien) que llegaba convertida en fruta molida y verduras deshojadas hasta lo irreconocible. Azul se había ganado la confianza de todos. Era que no. Entonces ¿qué le entregaban a Amarillo? Amarillo siempre acarreaba alhajas de plata y oro, joyas en general, que venían en celosas cajas inexpugnables ante los bríos de este duende que con dicha mercancía se transformaba en el más apetecido por bandidos y por ciudadanos que urdían la manera de apropiarse de esas joyas. Intentaban engañarlo, porque eran inocentes a colmar, y los llamaban desde esquinas para que acompañase a una dulce abuelita a cargar sacos de frutas por estrechos linderos hasta su casita en la punta de un cerro. Ah, el duende era amable y no se resistía a eso. Amarillo abría su boca sonriente y encerraba a la viejecilla en su estómago transparente, mientras que con un brazo mantenía en equilibrio los baúles sobre su cabeza y con el otro brazo las bolsas y sacos de la señora. Subía la cuesta, forzado trayecto por depresiones que luego se alzaban como subidas aún más pendientes y Amarillo con su mueca feliz destilando en aceites hacía el mejor de sus esfuerzos por alcanzar la casita que humeaba todavía lejos. Llegando al sitio, horas después, descansó sus brazos y sacó a la abuelita de su estómago. Ella muy amable agradeció el gesto y se despidió llena de agradecimientos hasta desaparecer tras la puerta. El duende miró el mar y vio que la distancia era demasiada. El sol marcaba las tres y la mercancía debía estar a las dos. No había excusa para el atraso y aunque ya no llegó a tiempo, peor lo haría si prolonga el atraso, así que puso los baúles en su cabeza y equilibrándolo con sus dos manos dio por iniciada su marcha de vuelta. En eso estaba, tal vez por una calle estrecha, cuando un empujón le hizo perder el equilibrio, y antes de que tomara conciencia de lo que sucedía ya estaba rodando calles abajo, preocupándose primero de los baúles que lo acompañaban un poco más atrás en este apuro forzado. El enrejado de madera volaba a su paso y las vecinas asomaban sus cabezas adornadas por pañolones para ver el extraño espectáculo de este duende desbocado. Tres calles y media más abajo un muro de ladrillos le puso freno a su aventón. El muro se desdentó ante tremendo golpe, pero igualmente puso atajo a Amarillo que se notaba mareado y fuera de sí tanteando por los baúles encomendados. Cuando los hubo apilado nuevamente y estaba presto a continuar, unos hombres de sospechoso hablar le invitaron a guiarlo hasta la avenida principal, que no faltaba mucho para llegar, y el buen Amarillo más ido que venido, aceptó la única invitación ofrecida por rincones que no resultaron muy honestos y que lo vadeaban hasta orillas del cerro desnudo, que observó con cierta suspicacia, aunque intentó creer que no era más que su mente atribulada y continuó. El camino se tornó hosco y profundo, cuando sus guías lo enviaron al piso y cortaron sus brazos y piernas, haciéndolo rodar cuesta abajo al estrellarse en unos roqueríos que lo esperaban con sus filos bien en alto. Los facinerosos se quedaron con las arcas y se olvidaron del duende que intentaba gritar por ayuda, pero su desmembrado cuerpo apenas le daba fuerzas para exhalar un resuello amargo llevado por el viento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-580596287322451387?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/nz4R5o3IX0o/duendes-trabajadores-1ra-parte.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/12/duendes-trabajadores-1ra-parte.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-635652409675881193</guid><pubDate>Thu, 27 Dec 2007 23:21:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-27T20:22:29.603-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">dibujo</category><title>El destierro del Viejo Pascuero</title><description>&lt;style type="text/css"&gt;.flickr-photo { border: solid 2px #000000; width:500px; height:auto;}.flickr-yourcomment { }.flickr-frame { text-align: left; padding: 3px; }.flickr-caption { font-size: 0.8em; margin-top: 0px; }&lt;/style&gt;&lt;div class="flickr-frame"&gt; &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/fvasquez/2142506664/" title="photo sharing"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2400/2142506664_22dcb3d13c.jpg" class="flickr-photo" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;span class="flickr-caption"&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/fvasquez/2142506664/"&gt;El destierro del Viejo Pascuero&lt;/a&gt;, originalmente cargada por &lt;a href="http://www.flickr.com/people/fvasquez/"&gt;freddy vasquez&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;    &lt;p class="cuento"&gt; Noel era un cuarentón altruista, que reconfortaba a todos los niños con regalos en navidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo, hasta que la Coca-Cola lo secuestró y envió a Astrakhán, URSS, donde lo encerró en un cuarto de 2x2 y una balalaika para su entretención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La empresa cambió la figura del Viejo Pascuero. En vez del fortachón Noel, lo cambió por un obeso y cachetón anciano con una capucha con el color institucional de la compañía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si van a Astrakhán, búsquenlo en las mazmorras de la prisión. Ahí está el verdadero Noel, algo "ido" después de tantos años, balbuseante, pero detrás de la patética figura sigue siendo él, el verdadero Viejo de Pascua.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-635652409675881193?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/o4THGuJ35KM/el-destierro-del-viejo-pascuero.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://farm3.static.flickr.com/2400/2142506664_22dcb3d13c_t.jpg" height="72" width="72" /><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/12/el-destierro-del-viejo-pascuero.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-6059933195614236034</guid><pubDate>Tue, 25 Dec 2007 00:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-25T00:47:22.762-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">dibujo</category><title>Cuando de nada sirve el espíritu navideño</title><description>&lt;style type="text/css"&gt;.flickr-photo { width:500px; height:auto;}.flickr-yourcomment { }.flickr-frame { text-align: left; padding: 3px; }.flickr-caption { font-size: 0.8em; margin-top: 0px; }&lt;/style&gt;&lt;div class="flickr-frame"&gt; &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/fvasquez/2133770177/" title="photo sharing"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2303/2133770177_bc5905b3df.jpg" class="flickr-photo" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;span class="flickr-caption"&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/fvasquez/2133770177/"&gt;Cuando de nada sirve el espíritu navideño&lt;/a&gt;, originalmente cargada por &lt;a href="http://www.flickr.com/people/fvasquez/"&gt;freddy vasquez&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;    &lt;p class="flickr-yourcomment"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-6059933195614236034?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/RZ95XVuht-k/cuando-de-nada-sirve-el-espritu-navideo.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://farm3.static.flickr.com/2303/2133770177_bc5905b3df_t.jpg" height="72" width="72" /><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/12/cuando-de-nada-sirve-el-espritu-navideo.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-365628019447394933</guid><pubDate>Wed, 19 Dec 2007 19:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-28T13:54:24.634-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>El último baile de Sandra</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Embarazoso pero necesario. Bailar en la fiesta de fin de año con Sandra, mi subordinada y por lejos la más hermosa de la empresa podría generar odiosidades y con razón. Palabrotas para mí o para ella, todas dichas con rabia, cierta envidia y hasta algo de celos. Pero no era grato tener en mis brazos a esa musa que además no perdía oportunidad de mirarme a los ojos y sonreírme, porque sabía que toda la galantería de la noche se diluiría el lunes, cuando le deba entregar el sobre azul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué tipo de animal soy, qué tipo de sanguijuela, vampiro chupasangre de segunda puedo llegar a ser con una orden de despido que no contravine y teniendo a la víctima en mis brazos. La urticaria se acentúa cuando recuerdo que Sandra será cesada de su labor por mi causa, por salvar mi pellejo. Cometió negligencias, cierto, pero el cerebro y corazón de las malas decisiones que colapsaron noviembre fui yo. Ella digitó cifras incorrectas, pulsó las teclas equivocadas, pero conocía el riesgo. Causal de despido. ¿Yo? Mala gestión, el negocio decae, el presupuesto colapsa. «No sé cómo salvar la situación», tomándome la cabeza desesperado. Sandra lo vio y se compadeció. Entonces blanqueó los libros, confió en que los números de noviembre podrían ayudar a que diciembre terminase con cifras azules. La mejor de sus intenciones. Pero Tesorería tenía cada peso de noviembre reinvertido y cuando tocaron fondo antes de tiempo, se dejó caer una rigurosa investigación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Riquelme y Segovia llegaron a mi oficina de improviso. No sabía de lo que me hablaban, aunque en realidad sí. Acusaba inocencia y en justicia, pues tampoco ordené la realización de tal transacción. Sandra aguardaba en la puerta, esperando que Riquelme y Segovia se marcharan. Luego de explicarle qué estaban buscando, desapareció unos días. Tonta. Un certificado médico no evitaría que todos los ojos estuvieran puestos en ella. Aún me recuerdo con la camisa arremangada y fumando nerviosamente un cigarrillo mientras Segovia se esmeraba en encontrar algo en el computador de Sandra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Seguro que no estás metido?- Susurraba Riquelme, tan nervioso como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tengo puta idea de lo que pudo haber hecho Sandra.- Pero sí sabía, insisto, porque me vio con mi peor cara, justo el día anterior a que la cifra de noviembre llegara a Tesorería. Cómo íbamos a saber que alguien adelantó el trámite en una semana. Tuve suerte de no pedirle explícitamente que falseara los números.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te pregunto otra vez, Subiabre, ¿Seguro que no estás metido?- Riquelme se había compuesto delante de Segovia, nuestro jefe, y ya no era el murmullo que me acompañó al cigarrillo, sino un vozarrón vigoroso, escrutándome de arriba a abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si no me crees, registra mi escritorio y mi computador.- Mi compañero secó su calva con un pañuelo y se sentó. Miró por la ventana, al cielo pálido del mediodía más caluroso que recuerde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cristian, hemos revisado todo, tus papeles, archivos, ¡todo! Estás limpio. Estás fuera del problema. Pero tu secretaria se va.- Castañeó sus dedos. –Escucha, no queremos entrar en terreno delicado, pero por ahí dicen que Sandra y tú tienen algo. No nos consta, pero ya sabes, si el río suena…, entonces cómo no encontrar extraño que te desentiendas con tanta facilidad del asunto cuando su falta buscaba ayudarte directamente, como jefe del departamento que eres. – Los ojos de Riquelme, de ese perrito faldero, eran dos fieras a punto de devorar una presa fácil. Debo decir que en cualquier otra ocasión hubiese admitido mi amorío con Sandra, pero no ese día, porque ese vínculo sería la excusa perfecta para expulsarnos a ambos. No iba a arriesgarme por ella. No ese caluroso mediodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Riquelme- le dije impávido, sin que se me moviera un pelo.- Si todos los rumores que circulan en el edificio fueran cierto, esto sería Gomorra.- Respiró profundo, resignado. Apostaría que asomó una sonrisa también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuándo llega Sandra? ¿El jueves? El jueves le entregas esta carta de despido.- Extendió el folio sobre el mesón y agregó su firma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero el viernes es la fiesta de fin de año. No se lo arruinemos. Dale un par de días y se lo entrego el lunes a primera hora.- Los inquisidores cruzaron una mirada de poco agrado, pero cedieron, claro que con una condición:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si la veo el martes, yo mismo se lo comunico. –Fue un trato, y desde ese día busqué las palabras para decírselo, que fue su error. No debió hacerlo. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Es una empresa seria, Sandra. Si me hubieras preguntado. Sí, sí, fue por protegerme, pero entiende.&lt;/span&gt; Pero entiende que ese día de depresión no fue por los números en rojo, sino por tu obsesiva idea de formalizar lo imposible, por hacerme elegir entre Laura y tú. Y por dios, mujer, las quiero a ambas, pero perderla a ella es perder a mi familia. Entiende que me presionaste y no debiste hacerlo, porque soy tu jefe después de todo. Que mal que me hayas visto al borde de la locura, y que mal que hayas alterado los papeles sin comunicármelo, pero que puedo decir. Fue mala suerte, Sandrita. Quien habría dicho que por única vez el balance del mes se adelantaría una semana. Y ahora que bailamos, te abrazo, respondo tu mirada y sonrisa, pienso que tal vez fui yo quien adelantó el balance o fui yo quien lo ordenó hacer. Pero no sé, Sandrita, he estado con tanto trabajo que las ideas se enredan entre sí y me confunden. El baile termina y te vas con tus amigas de oficina. Yo voy con Segovia, el silencioso Segovia, dándome un espaldarazo, un apoyo, no sé si por bailar con semejante modelo que eres o por mi lealtad a toda prueba para con la empresa, cosa que debiste considerar antes de decidir por ti misma. Antes de presionarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-365628019447394933?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/cRf5c3tUbUk/el-ltimo-baile-de-sandra.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/12/el-ltimo-baile-de-sandra.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-17851221465807810</guid><pubDate>Tue, 18 Dec 2007 14:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-18T11:47:37.624-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">vj</category><title>Video: Ding dong Ding dong</title><description>&lt;object width="425" height="355"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/GcfaCbCesmM&amp;rel=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/GcfaCbCesmM&amp;rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Feliz navidad de &lt;a href="http://www.georgeharrison.com" target="_blank"&gt;George&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-17851221465807810?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/O4LO-rHInpw/video-ding-dong-ding-dong.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/12/video-ding-dong-ding-dong.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-3673607893957454758</guid><pubDate>Thu, 13 Dec 2007 23:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-13T20:54:00.946-03:00</atom:updated><title>Algo sobre historia</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;La Historia es un circuito cuya distancia aumenta en cada giro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-3673607893957454758?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/00cqKf70SLs/algo-sobre-historia.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/12/algo-sobre-historia.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-4901324890623122110</guid><pubDate>Wed, 05 Dec 2007 23:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-12-05T20:42:13.155-03:00</atom:updated><title>¿Vendrá el sol?</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;A veces hay mucho que decir pero las palabras se quedan adentro. Las manos y la voluntad fluyen a su debida manera, tiesos, momificados por el largo tiempo de espera. Como el trazo que cae en la mano, la melodía que rompe el silencio, las letras que merodean mis sueños. Latentes, vivos del todo, me persiguen aunque arranque. Las ideas, las seductoras, las de aroma ajeno extendiendo sus manos para que las coja y las vierta (o las pervierta) con mi mecanizada manera de expresarme. Cuánto quisiera que a veces llegaran como un poco de oxígeno que alivie esa inquietud que exprime las vísceras. Cómo quisiera que se ordenaran entre la cabeza y el antebrazo, cosa que cuando pasen de la mano al lápiz o a las letras, todas esas palabras estén en su lugar y sean el espejo de los pensamientos. Qué difícil me parece todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-4901324890623122110?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/K0Z7BYUY8hs/vendr-el-sol.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/12/vendr-el-sol.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-1985889765838912375</guid><pubDate>Wed, 28 Nov 2007 23:08:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-11-28T20:09:04.274-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Lolita</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Lolita era mi perra chiguagüeña. La quería mucho y la cuidaba como la perrita fina que era. Sin embargo, el percance: En su cuarto celo, llegó Lopy, el grandanés del vecino, un mastodonte cobrizo hambriento por un poco de aventuras y juergas con mi lolita. Y mi perrita fue dél. De haber estado ahí lo hubiera impedido, por los chillidos que se escucharon a dos manzanas a la redonda. Hasta los carabineros de ronda llegaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía miedo que Lolita falleciera en el parto. Ya me imaginaba el tamaño de las crías, pero conforme avanzaron los meses, noté que su panza no se abultaba. Suspiré aliviado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta llegado el tiempo, cuando la creía a salvo, desperté de súbito con mi conciencia puesta en ella. Lolita estaba en el patio, de pie, tiritando, con las venas hinchándole los ojos. Sus bigotes bailaban de arriba a abajo, hasta que ante mis ojos impactados, vi como su cuero de perra se rajaba en distintas partes, manando copiosa sangre, pero que al cabo de unos instantes, cedió ante el pelaje sano y novel de un perro nuevo. Matías, el hijo de Lolita se había desarrollado por entre la carne y los huesos de mi querida y nació de pie, en la misma posición que Lolita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde la enterraría?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-1985889765838912375?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/NMs_HFkji6U/lolita.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/11/lolita.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-1414540432594431225</guid><pubDate>Sun, 25 Nov 2007 15:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-11-25T12:16:50.867-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>La Neuroinfancia en mi maletín</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Abro el portafolio a requerimiento del aduanero. Con mucho gusto. Dice que mi nombre y mi apariencia me hacen sospechoso. Pamplinas. Ni siquiera es necesario que traigan aquellos mastines bien sujetos para desgarrarme las carnes en busca de droga. Destrabo con el número 651 y la neuroinfancia picada en una bolsita plástica transparente, con una etiqueta roja bien notoria, con dos ribetes negros y entre ellos dice “Neuroinfancia N°3, abrir con cuidado”. Con el mayor cuidado. El interior lo conforman trozos de papel desperdigados como si hubieran pertenecido a un pliego cuidadosamente recortado en frases y oraciones. Letras forjadas al golpe de brazos metálicos de una antigua máquina de escribir, un rompecabezas literario del cual debía participar llegando a mi apartamento, aunque las sospechas del aduanero se hicieron evidentes en el llamado en clave y el pronto arribo de otros inspectores del paso. Tal vez acá son más quisquillosos que en mi querido país, donde las letras están permitidas. Me llevaron a un cuarto privado y la señorita muy gentil me explicó que mantienen un estricto control y un esfuerzo sublime por alzar lo más posible la tasa de ignorancia per cápita. Que el tráfico y micro tráfico de letras es de total prohibición, aún cuando sea de consumo privado. Se disculpó haciéndome entender que este era un país secuestrado por la dictadura de las armas y que poco o nada puede hacer un escritor con sus escritos. No soy escritor ni esos son mis escritos, son mis traumas infantiles: Palizas del pasado, golpes de los que aprendí, señorita, y vine a sepultarlos junto a sus muertos, de esos que esparcen sus vísceras por los caminos de tierra entre las selvas, para que se lleven mis males junto a ellos. Quemarlos no, de ningún modo, que mucho me ha costado recordarlos. Prefiero que alguien los pueda leer de a puñados cuando su cuerpo se pudra y su espíritu logre comprender lo que falta en el papel y escriba la historia completa, que luego me la dicte en un sueño y de este modo las tendré de vuelta. Mero ritual señorita, no es mucho, pero me parece más apropiado que tenerlos en el cajón del bufé esperando que alguien los descubra ¿Entiende usted? Mero ritual.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="cuento"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="cuento"&gt;Algunos perros olfatearon el maletín, tal vez embriagados por la espesura del aroma a cuero y no dejaron de echar narices al interior, mojando papeles en blanco y lápices a tinta. La señorita tomó uno de estos pliegos y lo miró a contraluz, a través del papel y luego con luz angulada, palpando la superficie, descartando letras escondidas bajo las fibras o acuñadas en seco -viejo ardid que conocía desde joven- devolviendo luego las láminas y entregándome el portafolio a regañadientes, girando ávida el número clave, para que no hubiera peligros de aperturas accidentales. Les dejé el nombre del hotel y el número de teléfono. Los sabuesos lejos y un buena suerte que respondí en reciprocidad. Se quedaron con mi neuroinfancia, la quemarían en el peor de los casos. Pero a medida que abandonaba el aeropuerto, menos me importaba, porque la verdadera -la auténtica- la llevaba a cuestas en mi doble fondo, que no estaba en el maletín, sino acá, en mi cabeza. Debajo de mis pensamientos rutinarios, de mis reflejos adquiridos. Bajo el dolor y la alegría inexplicable, la semilla neuroinfantil, de tiempos hermosos, de construcción y crecimiento. Gran construcción como este aeropuerto. Sí señor, gran construcción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-1414540432594431225?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/85AENZxPGbE/la-neuroinfancia-en-mi-maletn.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/11/la-neuroinfancia-en-mi-maletn.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-8134971691082945487</guid><pubDate>Thu, 22 Nov 2007 12:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-01-28T14:00:59.802-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Verte otra vez, que bella estás ¿lo sabías?</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Extendí mis brazos. La sonrisa completa de verla de nuevo después de muchos años, de hermosos recuerdos de juventud, cuando apenas nacía y ya era hombre, del motor que movió mis hilos por su amor, por ella completa. Seguía siendo quien era, la misma de mirada triste y boquita inocente que conocí por años, el mismo recuerdo de una vida que se lavó y reescribió tantas veces, pero que mantuvo su imagen celestial, ese aura divina de la mujer que ahora regresaba a estos brazos que la desearon y aún desean cobijar con todo amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella me mira y sonríe. Sabe quien soy, pero de su abrigo no nace la idea de un abrazo tibio de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;tantos años, qué ha sido de ti&lt;/span&gt;. Pasa por mi lado con la mueca petrificada y pronto desaparece entre los demás. No fue ingratitud, me parece, pero con tantos años para buscarla, para esperar este reencuentro, la esculpí a mi propia perfección, pero no era ella. Ella no. Ahora se va, se pierde entre la multitud impávida y azaroza. Mis brazos extendidos como el espectro de una fantasía de años que se diluyó en un breve gesto de segundos. Ya no más. Ya no era más ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-8134971691082945487?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/XIswokyY0jw/verte-otra-vez-que-bella-ests-lo-sabas.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/11/verte-otra-vez-que-bella-ests-lo-sabas.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-5984692542613840102</guid><pubDate>Mon, 19 Nov 2007 20:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-11-19T17:04:51.422-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Súpercinerama</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Era el estreno y el cine había colmado su capacidad. ¡Gran expectativa!, todas las personas bien sentadas en sus butacas no hallaban el momento de que comenzara la función. Pasó un ratito, sobre la hora, mas nada alteraba el respetuoso silencio de esa gente atenta al telón. Una hora y alguien confirma el retraso con su reloj. A la siguiente hora, impaciente, me puse a reclamar. «Guarde usted silencio, no interrumpa, que la función va a comenzar», me aconsejó alguien queriendo hablar por todos. El resto del tiempo, no más que un largo instante de mucho esperar. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-5984692542613840102?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/866E6322hnU/spercineraman.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/11/spercineraman.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-2428621530820958112</guid><pubDate>Mon, 05 Nov 2007 23:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-11-05T20:07:49.757-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Vals</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Eran sus ojitos. Si hubiera estado ahí, por Dios. Sus ojitos que jamás perdieron la juventud que el cuerpo sí perdió. Nada más brillante y etéreo colmando ese salón sin medida, iluminado solo para el reencuentro de esas dos personas que bailan con la lentitud de un vals. Ella lo miraba con tanta emoción, como si ya no estuviera aquí, como una concesión de alguien que escuchó sus rezos. &lt;br /&gt; Esa habitación era su carita blanca, radiante de una felicidad apenas expresada en una mueca sobria. Era la respuesta a lo imposible. Las lágrimas se contenían hasta que el suave movimiento del baile las desbordaban. Lo miraba a todo su alto, al cielo mismo, y respondía a lo que la sombra le contestaba: Una sonrisa quebrada, un llanto contenido. &lt;br /&gt; Un baile de amor. Un baile al que no le importó la pobreza de sus ropas, la singracia de un rostro sin mayores adornos, con un pañuelo azul recogiendo su cabello negro, largo. No importaba. El hombre, la sombra que la acompañaba, la giraba al ritmo del vals, caminaban por toda esa pista imaginaria y la luz brillando desde lejos hasta seguir la piel blanca de la bailarina. Bajaba su carita para volverlo a creer, pero no hacía falta: Las manos grandes envolviendo las suyas, la silueta de su rostro, el baile, tan buen baile. Cerró sus ojos por primera vez y se apoyó en su hombro para sentir el aroma dulce con que lo recordaba. Era él. Era. Apagó el ardor del llanto que la tenía en vilo y se dejó llevar por la música. Así de simple, así de entregada. Sus ojos cerrados, sabiendo quien era, agradeciendo este último baile que tanto, tanto había deseado tener.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-2428621530820958112?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/g9cOdthlEBI/vals.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/11/vals.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-5689518445267999243</guid><pubDate>Thu, 01 Nov 2007 22:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-11-01T19:31:25.155-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Barco (2da.versión)</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Cuando abrió los ojos, el paisaje azul maravilloso rodeaba el viento que ululaba entre los mástiles y juanetes. Era una carabela hermosa, adornada en cada centímetro de su borde con pañolones blancos y tantas flores de tantos colores como los ojos le permitían ver. Sonrió y con el pañuelo de su chaqueta se secó la frente, dejando caer su bolso sobre el enmaderado. El capitán invitó a su tripulación a cuadrarse delante del invitado, parte de la ceremonia de bienvenida, mientras que en el muelle, atiborrado como deslave humano de los cerros de la ciudad, centenares y casi un millar de personas acompañando al hombre que se mecía al vaivén de una carabela pronta a partir. Allí los vio a todos, a tantas personas que dejaron huellas mientras estuvo, que significaban tanto y que leía en sus lágrimas un “quisiera que te quedaras”. Un abrazo a la distancia y una leve mueca, una sonrisa que les reconfortara. Todos, niños, adultos, hombres, mujeres, viejos. Todos estaban ahí, hasta el individuo que vio pasar dos o tres veces por la calle de los almacenes y jamás saludó. Respiró profundo en pequeños espasmos que reverberaban en su garganta, conteniendo el aire, diluyendo la pena. Dejaba a tantos pero volvería a ver a tantos más que era una partida necesaria, pese al dolor y el placer de haber estado junto a ellos, escuchándoles de sus vidas, sin pretender juzgarlos, escuchando y siendo testigo de los procesos bellos de cada una de esas personas que podía distinguir al borde del muelle, pese a la distancia, con colores alegres, con pañuelos blancos, como un racimo de hermosas flores que se quedaban en tierra.&lt;br /&gt; El capitán envió a cada uno a sus lugares ¡Elevando anclas! Las cadenas parecían estrangular los cabrestantes hasta que el remezón del navío completo les puso al tanto de que el armatoste estaba ya en su lugar. El pasajero miró por última vez a todas esas personas, despidiéndose de todos, agitando sus brazos y una sonrisa, gran sonrisa. &lt;br /&gt;  El regalo último, el verdadero e inesperado, llegó al izar las velas, desplegándose con fragor, azotando los rincones del aire, telones macizos, gruesos, añejos, y en todos ellos, una colmena de letras y palabras, frases completas desperdigadas en toda dirección, escritas especialmente para el pasajero, de aquellos que lo veían disminuirse junto a la carabela que ya partía con rumbo desconocido. Tantas letras, palabritas, testamentos, vidas completas retratadas en síntesis y el hombre con su maleta en mano leyendo cada uno, con vista envidiable, cada tinta encumbrada a los cielos, hasta el sol grande que les abrigaba. Sus ojos eran dos órbitas entregadas en cada signo, una sonrisa y un placer, la vida misma transcrita en telones que empujaban la embarcación. Cayo, playa o isla, el destino que fuere, tantas personas viéndolo partir y él desapareciendo junto al navío tras el siguiente risco, en el adiós por siempre, en el hasta siempre amigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-5689518445267999243?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/YsaRlIqNYo0/barco-2daversin.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/11/barco-2daversin.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-8487416357476905871</guid><pubDate>Tue, 30 Oct 2007 22:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-10-30T19:57:05.079-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">cuento</category><title>Fósforos</title><description>&lt;p class="cuento"&gt;Alberto, viejo calvo y anteojos oscuros, leía el periódico acompañando su tentempié en el Café Samoiedo. Equilibrando las hojas y la taza podía con ambos ni derramando una gota ni que las hojas se plegaran como una flor triste tras el fajo bien tomado con su mano izquierda. Y la mirada pendiente en el periódico sin siquiera leerlo: Regresaba a esa mañana cuando trasladaba los fósforos de una caja grande a una chica, usando esta última para tenerlo a mano cerca del calefón. El crucigrama no era más que un tejido lineal que le devolvían hacia aquellos fósforos, bajo el método infalible de arrojarlos a la mesa, volver todas las cabezas al mismo sentido y luego echarlos a la caja pequeña. Una breve sacudida y las que estaban mal alineadas se hermanarían indefectibles frente al resto. Pero pensaba y pensaba. Palpaba la caja pequeña con etiqueta cordillerana y la removía escuchando un golpecito seco, evidencia de que estaba llena. Recuerda que la abrió antes de marcharse, pero no recuerda si todos los fósforos tenían sus cabezas en el mismo sentido. La primera línea y la segunda bien, pero en la tercera ya le parecía que había una en sentido opuesto. No estaba seguro, era solo un tal vez. Un tal vez que significaría salir del momento grato de una taza de café y hacer la llamada. Qué dudas podían caber ante la inseguridad de haber desarmonizado la habitación con ese pequeño defecto. El calefón estallaría, o el agua fría como hielo picado. Un agüero de males en ese descuido. Dejar el café, el crucigrama que no pretendió leer. Vamos Alberto, no te quedes ahí. Un billete a la mesa y se largó. &lt;br /&gt; Qué prisa y la gente tan lenta. El fósforo invertido ensucia la caja, que desarmoniza la habitación y la casa, la manzana, el barrio entero, con una reverberación que se expande como un río hacia toda la ciudad, el país, el mundo. El mundo de Alberto. Alberto no lo puede permitir y aunque siente que el aire está más denso y las personas miran distintas sabe que pronto pasará. &lt;br /&gt;Ya voy, ya voy, que se tranquilicen. Estarán bien.&lt;br /&gt;Alberto secó el sudor de su frente y por fin estaba frente a la casa. Ese cielo rojizo volvería a azul, esos autos que patinaban en el asfalto volverían a andar. Es cosa de instantes, que arreglo esto. Dejó una estela hasta el baño. Tomó la caja de fósforos con prisa y la abrió. Hurgó con sus dedos. Buscó pero no encontraba al rebelde. Los nervios le precipitaron hasta mandar todos los fósforos al piso, desordenados, vueltos a su modo. Alberto se tomó la cabeza y respiró profundo su angustia: Ahora cómo descubriría cuál era el fósforo que buscaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-8487416357476905871?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/e8EXYp1QTLY/fsforos.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/10/fsforos.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-6814949472812608167</guid><pubDate>Tue, 30 Oct 2007 01:41:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-10-29T22:41:45.453-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">dibujo</category><title>Diálogo entre el Altisimo y su creación</title><description>&lt;style type="text/css"&gt;.flickr-photo { border: solid 2px #000000; width:500px; height:auto;}.flickr-yourcomment { }.flickr-frame { text-align: left; padding: 3px; }.flickr-caption { font-size: 0.8em; margin-top: 0px; }&lt;/style&gt;&lt;div class="flickr-frame"&gt; &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/fvasquez/1801926974/" title="photo sharing"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2413/1801926974_1f5ce1dbee.jpg" class="flickr-photo" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;span class="flickr-caption"&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/fvasquez/1801926974/"&gt;Diálogo entre el Altisimo y su creación&lt;/a&gt;, originalmente cargada por &lt;a href="http://www.flickr.com/people/fvasquez/"&gt;freddy vasquez&lt;/a&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;    &lt;p class="flickr-yourcomment"&gt; Portada de la revista Laberinto del diario El Milenio de Veracruz, periódico mexicano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La idea es interactuar con el formato pudiendo conseguir una larguísima e interminable (o bien una tan breve) discusión como el lector desee.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez ahorré el trabajo de girar el notebook, el monitor o la cabeza, publicando la imagen girada también, siendo el original el superior (lo notarán por la firma)&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-6814949472812608167?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/834RIn40_fM/dilogo-entre-el-altisimo-y-su-creacin.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://farm3.static.flickr.com/2413/1801926974_1f5ce1dbee_t.jpg" height="72" width="72" /><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/10/dilogo-entre-el-altisimo-y-su-creacin.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-5063465976313426713.post-8405487258504501161</guid><pubDate>Sat, 27 Oct 2007 23:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-10-27T21:01:16.221-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">musica</category><title>Dale alegría a mi corazón - Fito Paez</title><description>&lt;table bgcolor="#000000" cellpadding="0" cellspacing="0"&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;embed quality="high" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" type="application/x-shockwave-flash" bgcolor="#000" width="328" height="94" src="http://res0.esnips.com/escentral/images/widgets/flash/esnips_player.swf" flashvars="theTheme=blue&amp;amp;autoPlay=no&amp;amp;theFile=http://www.esnips.com//nsdoc/33e365ce-c3dd-429f-a8f5-d96efe2e02bc&amp;amp;theName=dale alegria&amp;amp;thePlayerURL=http://res0.esnips.com/escentral/images/widgets/flash/mp3WidgetPlayer.swf"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/td&gt;&lt;/tr&gt;&lt;tr&gt;&lt;td&gt;&lt;table cellpadding="2" style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif; 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Y en ese mediodía de sol abrasante, fue un milagro encontrar un bar-restaurant entre esas calles miserables y polvorientas. Entré receloso a «El Barbudo», un sitio en penumbras donde dos borrachos intentaban bailar una canción de Michael Jackson acompañados de sus cervezas y un par de meseras que les celebraban los espasmos sin ritmo. Intenté hacerme escuchar, mas la cortina de ruido distraía la atención de las señoritas. Afortunadamente, una voz bienintencionada me ayudó diciendo «Atiendan al cabro» pero con un aliento terrible, nauseabundo. Hice una soberana arcada, y de almorzar, nada por una semana.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5063465976313426713-7487932869926181416?l=penultimafrontera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/PenultimaFrontera/~3/LnggsF0VIC4/dios-da-y-dios-quita-en-el-bar.html</link><author>noreply@blogger.com (FreddyVasquez)</author><feedburner:origLink>http://penultimafrontera.blogspot.com/2007/10/dios-da-y-dios-quita-en-el-bar.html</feedburner:origLink></item></channel></rss>

