<?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="no"?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><rss xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" version="2.0"><channel><title>Piquetero VIP</title><description>Que el bombo no te arruine la Lacoste</description><managingEditor>noreply@blogger.com (Unknown)</managingEditor><pubDate>Fri, 20 Mar 2026 00:11:08 -0700</pubDate><generator>Blogger http://www.blogger.com</generator><openSearch:totalResults xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">48</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">5</openSearch:itemsPerPage><link>http://piqueterovip.blogspot.com/</link><language>en-us</language><item><title>A hurtadillas</title><link>http://piqueterovip.blogspot.com/2009/08/hurtadillas.html</link><category>Miércoles</category><author>noreply@blogger.com (Unknown)</author><pubDate>Tue, 18 Aug 2009 00:01:00 -0700</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-56747907668266260.post-8702599515525393724</guid><description>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-style: normal; font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;&lt;span style="font-size:82%;"&gt;LA REVOLUTA – EPISODIO 50 (FINAL)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Desanduvo los pasos que le quedaban hasta el Fiat y se presentó al mecánico como su propietario. El secretario de El Senador, el ideólogo de la salida negociada devolviendo la energía al pueblo, allanó la resistencia inicial del hombre a entregar el coche a un desconocido. El auto tenía barro y suero resecos en la trompa y el parabrisas rajado. Se dio cuenta de que no olía a podrido. El mecánico lo corrigió: recién lo sabría cuando hubiera humedad. El agua o lo que sea siempre sacan la mierda a la luz.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Prasky guardó sus cosas y encendió el motor: fino y silencioso otra vez. Por los altoparlantes la voz de El Senador prometía agua y pavimento y señalizar el camino al pueblo. También un dispensario y una nueva escuela con cuatro grados y una segunda maestra. Una comisión vecinal sería el paso inmediato anterior a la nominación de un jefe de comuna. Los responsables de la semillera, remarcó, habían donado dinero para becar estudiantes y peones en el manejo de sojas de última generación que iban a ser presentadas para la prensa de todo el país en pocos días más. Los aplausos acompañaban cada afirmación terminante del político, que parecía montado a una cinta sinfín y seguía prometiendo seguridad social, jubilaciones, subsidios y cuanto sea necesario, pueblo querido, para devolver a la vida a la maravillosa Estación Alicia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;... y no quiero dejar de mencionar a El Chancho Rengo, ese héroe aliciano, que se fue pero siempre estuvo aquí. Gente como él es la importante: gente que se va, como haremos nosotros, pero que nunca dejará de estar presente. Ustedes estarán siempre para nosotros así la distancia ponga tiempo entre nosotros, pueblo querido. Como Florencio Tagliaferri, como aquel bien recordado que fue El Chancho Rengo, permaneceremos con nuestros corazones, con nuestras mentes, con nuestro espíritu y mirada, permanentemente atados a esta preciosa y necesitada Estación Alicia...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;La gente estalló en nuevos aplausos porque sí, porque les sorprendía escuchar el nombre del pueblo pronunciado en voz alta y con convicción. El Senador saludó moviendo los brazos e implantándose otra vez la elástica sonrisa de mármol. Prasky hizo una mueca entre fastidiada y resignada y decidió que ya era suficiente, que nada quedaba por hacer allí y que era tiempo de partir. Quiso pensar en el regreso a Buenos Aires, en la extraña locura vivida durante la semana en el caserío, en Ana y en Lopes, en los años ajados de Doña Margarita, en la peligrosidad fronteriza de Porchetito y la real de El Senador.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Pero no pudo concentrarse demasiado. En un golpe de ojos observó el montaje final: los operarios de la compañía eléctrica provincial impecablemente vestidos con overoles anaranjados y casos amarillos, pendían con arneses de la parte superior de los postes de luz. En algún momento de la noche o la mañana habían cableado a buen ritmo toda la placita, el corazón del pueblo. Vio algunos globos en manos de los niños y demasiadas camisetas de propaganda política. Arriba, dos metros por encima de la gente, la multitud de burócratas copiaba la sonrisa plástica de El Senador. Abajo, la gente fungía de invitado, excitada y expectante, lobotomizada por la atención excesiva.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Prasky consideró que ya el motor había tenido suficiente tiempo para moderar. Puso primera y aceleró. Avanzó lentamente, cruzando una dos, tres casitas, siempre mirando a su alrededor, despidiéndose de ese episodio único. Un último tramo y podría acelerar para salir al camino y volver a la vida. Estación Alicia había terminado. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Cambió a segunda sin apurar la carrera. No quería romper el clímax del pueblo, dejaba asentarse en el fondo de la memoria esos días revueltos, acumularse a otras capas de pasado, confundirse en la maraña de otros recuerdos para convertirse en historia y, finalmente, perderlos. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Levantó la vista y vio la casilla de electricidad, en desuso por tantos años. Estaba pintada a nuevo, con alambrado y una madeja de cables conectada a la red incipiente. Alguien había cortado el pasto. Un cartel la coronaba: &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: trebuchet ms;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:94%;"&gt;EMPRESA PROVINCIAL DE AGUA Y ENERGIA. PRIMER TRAMO PROYECTO RECUPERACION ENERGETICA ESTACION HALISIA Y ALEDAÑOS.”  &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="font-style: normal; font-weight: normal; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Aceleró. La salida recta, el mismo camino que lo había llevado hasta el pueblo en un solo tropiezo, se presentó todo uno ante sí. La casilla de luz se convirtió velozmente en un pequeño punto en el espejo retrovisor. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="font-style: normal; font-weight: normal; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Apretó el acelerador una vez más. Antes de subir la ventanilla creyó escuchar la primera estrofa del himno nacional. Jamás distinguió la gorda figura del hijo de Saldaña entrando a hurtadillas en la casilla con ese alicate enorme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-style: normal; font-weight: normal;" align="center"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-style: normal; font-weight: normal;" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;FIN&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Leer el resto del texto en Piquetero VIP.&lt;/div&gt;</description></item><item><title>Una larga preparación para nada</title><link>http://piqueterovip.blogspot.com/2009/08/una-larga-preparacion-para-nada.html</link><category>Miércoles</category><author>noreply@blogger.com (Unknown)</author><pubDate>Wed, 5 Aug 2009 00:01:00 -0700</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-56747907668266260.post-2950442325407395081</guid><description>&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm;"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;LA REVOLUTA – EPISODIO 49&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Prasky retornó a la casa de Lopes a terminar la charla y despedirse. En el camino cruzó a Doña Margarita, que salía de la panadería. Se saludaron a la distancia, moviendo las manos. A unos metros de la casa de Lopes, en sentido contrario a La Estrella, descubrió la F-82 de Giusti, estacionada bajo unos árboles. Apoyados en ella, el bigotón y otros peones del estanciero. Llevaban sus clásicos anteojos oscuros aunque habían cambiado los vaqueros por trajes oscuros de un siglo cuando eran más delgados. Giusti no estaba con ellos; Prasky asumió que se encontraría aprovechando la profusión de funcionarios para acelerar negocios.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;span id="fullpost"&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Entró a la casa de Lopes echando una última mirada a la plaza. Los funcionarios comenzaban a subir al palco y los periodistas tomaban posiciones detrás de las cámaras. Algunos transmitían en vivo. La gente se agolpó frente al estrado a esperar los anuncios. Mejor, el anuncio: la luz.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Aunque lo vieron entrar, Ana y Lopes siguieron conversando como si sólo hubiera pasado una ráfaga de aire tibio. Prasky fue al cuarto y ordenó sus ropas. Se cambió el pantalón por uno que Doña Margarita le había planchado cuando ocupó la habitación en la hostería. También se puso camisa y calzoncillos limpios; hubiera querido tener las botas menos estropeadas. Vestido y con el equipaje en mano, regresó a la cocina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Bien...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Lopes se quitó los anteojos. El gato saltó de su falda para restregarse en la pierna del porteño como si previera la partida. Ana bajó la vista y dio media vuelta para buscar la pava en la cocinita. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Se nos va...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El deber llama, Lopes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El viejo entendía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;No se pierda, Prasky. No le pido que nos visite porque eso es imposible, o no tanto, pero quizá se encuentre con otro lío si viene. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Prometo escribirle y mandarle algunos libros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Serán bien recibidos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El viejo tendió la mano lentamente y Prasky la tomó con suavidad. Salió al patio, en dirección a la piecita que servía de depósito de libros, y el gato se escabulló tras él como una sombra. El periodista puso su bolso y el saco en una silla. Ana le daba la espalda, controlando el fuego sobre la hornalla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Y vos... ¿qué vas a hacer? &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Con? —la pava empezó a silbar y la chica cortó el gas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Con vos. ¿Te vas, te quedás?...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El tono de Prasky era interesado. La maestra giró y se apoyó en la mesada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;No tengo dónde, ya sabés —sonrió.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Si querés...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Shhh... ¿Buenos Aires? —intuyó ella sin esfuerzo—. No, gracias. No tengo nada qué hacer allá.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Prasky estuvo a punto de insistir pero ella volvió lo disuadió negando con la cabeza. El porteño buscó la próxima idea mirándose las manos, tomándose la nariz y volviendo hacia Ana, que se le adelantó. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Ya veremos qué me depara el futuro, che. Acá hay funcionarios, seguro que ponen una escuela... —quitó la pavita de la cocina y cebó— En fin, quién sabe...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Vas a tener que ponerte a estudiar —dijo él, y Ana volvió la cabeza al patio. Tragó.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Es evidente que vos y yo empezábamos y terminábamos con la revoluta, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Prasky achicó los ojos: no comprendió muy bien.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Una larga preparación para nada, un final trunco, rápido y sin sangre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Se rieron a carcajadas, liberando la tensión innecesaria e imanejable. Luego dejaron que el silencio caiga de a poco y lo cortaron cada tanto con los estertores de las risas, restos del recuerdo de la gracia. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Cuidate —dijo ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Se abrazaron con suavidad. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Cuando quieras... —insistió Prasky.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Lo sé. No te hagas ilusiones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Él retrocedió poco a poco. Con cada paso, sus manos se fueron deslizando desde los antebrazos a las manos y finalmente a los dedos de la maestra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Tratá de dormir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Ana dibujó una sonrisa tierna y lo dejó ir. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Prasky salió a la calle en el mismo instante en que El Senador hablaba del retorno de la luz al pueblo, otra de sus metáforas barrocas. Entonces recordó la proclama revolucionaria escrita por la maestra y descubrió varias similitudes de estilo. Al final, se río, la revolución y el Estado se dan la mano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Cruzó a la plaza y se detuvo ya en el centro para estudiar el cuadro del palco. Reconoció al comisario en la primera fila tras la impecable impostura del Senador. Vestía el uniforme de gala, que le ajustaba por todos los costados, y mojaba continuamente los labios con la punta de la lengua. Giusti ocupaba una silla en la hilera final y aun así sobresalía por su afinada estatura. El resto del escenario estaba ocupado por desconocidos en terno, gente seguramente venida pra comer de la mano de El Senador o capitalizar alguna miserable dádiva.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Más allá, bajo el dintel del barcito, divisó a Doña Margarita, el verdulero Raimundi y Osvaldito, el gangoso ex Comandante Lenin. Seguían el discurso concentrados. Pensó en cruzar la otra calle, despedirse de la señora y preguntarle por sus investigaciones a Raimundi. El viejo se merecía alguna atención. Si no fuera por él y sus amigos radioperadores, nadie habría tenido noticia de los alienígenas que llamaban a encender la pampa con una revolución marxista. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;No vio a Braulio ni a la mayoría de los peones. Debían estar confundido entre la multitud, que se congregaba en un número jamás visto en el caserío de Estación Alicia. Recordó a Carlitos horneando pan. Debía ser más que nunca dada la invasión de gente y finalmente dio, al fondo, por la esquina que tomó Dugoni con su John Deere, con un grupo grueso de compañeros de Braulio, preparando un asado con incontables chorizos, achuras y tres costillares de vaca más un par de lechones de los campos de Giusti.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Y entonces vio al líder del Ejército Rojo. Semioculto tras el palco, custodiado por guardias de infantería y con grilletes en tobillos y muñecas, el Comandante Porchetito Marx aguardaba la orden de El Senador para subir al palco. La exhibición debía provocar más temor que la bicha y ahogar toda pretensión de sublevación o mínimo reclamo en ese pueblo olvidado por el mundo. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Prasky sintió una profunda compasión por el panadero, como nunca antes. Apareado a esos soldados urbanos, Porchetito parecía aun más pequeño y raquítico. Recordó las palabras de Ana: una larga preparación para nada, un final trunco, rápido y sin sangre. Creyó sentir que el Comandante Marx lo miraba pero cuando fijó la vista, Porchetito tenía los ojos hundidos en la tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;SIGUIENTE ›› A HURTADILLAS (FIN)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;ANTERIOR ‹‹ TIENES QUE CONDUCIR CON MAS CUIDADO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Leer el resto del texto en Piquetero VIP.&lt;/div&gt;</description></item><item><title>Tienes que conducir con más cuidado</title><link>http://piqueterovip.blogspot.com/2009/07/tienes-que-conducir-con-mas-cuidado.html</link><category>Miércoles</category><author>noreply@blogger.com (Unknown)</author><pubDate>Fri, 31 Jul 2009 00:01:00 -0700</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-56747907668266260.post-7579832619825735918</guid><description>&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm;"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;LA REVOLUTA – EPISODIO 48&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;Al mediodía del miércoles, mientras el sol hincaba cuchillas en la tierra, Prasky abría los ojos en casa de Lopes. Había dormido ocho o diez horas y, por primera vez en casi una semana, se sentía descansado. Ya no había revolución, ni panadero estrambótico, ni discursos con guiones de Radiolandia 2000. Se desperezó un largo rato antes de vestirse y pasar a la cocina, donde el bibliotecario y Ana tomaban mate con flautitas. Se sentó en la cabecera de la mesa, como si fuera el dueño de casa. Ana presintió el &lt;i&gt;momento, yo les dije&lt;/i&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;span id="fullpost"&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Qué noche...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Ana no respondió; Lopes sonrió.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Por suerte, se acabó todo... —insistió.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Nadie dijo nada. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—...sino, no sé qué sería de esto hoy, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—¿Vos esperás que alguien te responda?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Ana cortó el desvarío de Prasky con evidente molestia. No más revolución, Porchetito ni discursos, pensó el periodista, pero aun queda Ana. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—No, sólo vos —reaccionó Prasky—, y acabás de hacerlo. Decime un poco, ¿por qué te metiste al final? Estabas...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Prasky... —Lopes cerró su libro, que seguía siendo Yourcenar, y cruzó las manos sobre él—: hay preguntas que no se hacen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Lopes, pasa que no entiendo...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Ana lo interrumpió:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Te lo resumo fácil: &lt;i&gt;tenía &lt;/i&gt;que hacerlo. Me dio lástima, me sentí mal por Porchetito. Eso. Punto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—¿Y por eso te ibas a condenar vos? —se sobresaltó Prasky— Sigo sin...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—...Sí, seguís sin entender... No lo vas a entender nunca. Hacé lo que te dice Lopes: no preguntes lo que no debés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Puta madre, ¿qué es lo que no entiendo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Que acá ya estábamos condenados de antemano, muchacho —Lopes se entrometió bruscamente aunque con una sonrisa amigable y buen tono—. Eso. Mire, ahora está excitado por todo esto, pero cuando se calme un poco lo va a ver claro. Es más, no dudo que quizá ya lo haya pensado. Olvídese, piense para adelante... Y hablando de eso, ¿ya vio afuera?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—No. ¿Qué hay?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Ah, la revolución...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—¡¿Cómo?!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—No se asuste, que Porchetto está guardado. Es otra: vinieron de todos lados. Está la compañía eléctrica poniendo los cables para la luz, no sé cuántos burócratas repartiendo bolsones con comida y ropa, y medios, un montón de medios...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—¡¿Medios?! &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Prasky saltó dela silla y corrió a la entrada de la casa de Lopes. La resolana le astilló los ojos obligándolo a usar la palma de la mano como protección. Cuando acostumbró la vista, caminó despacio por la vereda, un paso a la vez, como si no pudiera creer dónde estaba ni cuanto veía. La panadería funcionaba con Carlitos al frente, que entregaba tanto flautas y bollos a las señoras y a los policías y funcionarios llegados de la ciudad como sonrisas a quien le saludara. Los dos peones que Porchetto había encomendado como ayudantes en la emergencia seguían allí, ahora asistiendo al ex Comandante Trotsky, que se había levantado más temprano que de costumbre con la simple misión de cambiar el pasado. (Su método fue un brochazo con alquitrán que halló en los fondos de la panadería: ahora en el cartel de La Espiga Roja sólo se leía La Espiga.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;El pueblo estaba revuelto, sí, pero sin Porchetito al frente de tanta movilización. La plaza había sido ocupada por camiones de exteriores, gazebos, trípodes de TV y carpas. El motor de un grupo electrógeno zumbaba a distancia de un set falso de noticiero. No muy lejos, varios periodistas conversaban, fumaban y revolvían sus cafés. Al frente, estacionado junto al bar de Doña Magarita, un trailer del Ministerio de Desarrollo Social repartía colchones, ropa, calzado y bolsas de comida a una fila de vecinos extensa, con más gente que cuanta habitaba en el pueblo. Habían montado un palco sobre la calle lateral de la plaza, la que llevaba directo a la panadería. De refulgente toldo azul, lo dominaba un micrófono de pie y estaba secundado por tres hileras de sillas de chapa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Prasky divisó al comisario cuando ya había andado unos pasos por la placita esquivando cables y desconocidos. El policía hablaba con pasión para las radios y las televisoras. Parecía estar recién bañado, pero no dejaba sus vicios posturales —pantalones al alza, mano-lengua peinadora. Miró las leyendas de los micrófonos y luego los ploteos de los camiones de exteriores: medios provinciales. Los de Buenos Aires no habían llegado pero no tardarían en hacerlo, calculó Prasky.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Unos metros más lejos del comisario, rodeado de muchachos y chicas bien vestidos, El Senador dialogaba con vecinos. Cerca de él y más cerca del palco, grupos de burócratas trajeados se apiñaban riendo y hablando alto. Eran subordinados de El Senador, subdirectores y subsecretarios de ministerio. Cinco adolescentes preciosas sobrevolaban el grupo envueltas en remeras blancas pegadas al cuerpo con la inscripción “Por un período más de trabajo, trabajo y trabajo”. Las niñas repartían volantes y calcomanías con el rostro de El Senador entre los alumnos de Ana y los vecinos viejos sentados frente al palco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Ya en el centro de la plaza, Prasky se plantó y giró en redondo, tomando una panorámica del montaje que había sucedido a la revolución, del vocinglerío que había roto, quizá para siempre, la armonía de Estación Alicia. Aun concentrado, no le costó identificar la voz de McManaman cuando sonó a sus espaldas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—¿&lt;i&gt;Comandente&lt;/i&gt;? ¿O debo decir... observador internacional?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;El gringo, impecablemente vestido, contrastaba con la vestimenta arrugada de Prasky. Llevaba su Perramus en el brazo y, chispeante y jovial, parecía estar despierto desde hacía varias horas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Ni uno ni otro —sonrió Prasky, sin ocultar el alivio de ver a su jefe—. Era observador nacional. ¿Qué hacés acá?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Bueno, digamos que vine a descubrir esta imitación sin sentido de la toma del Moncada. ¿Ustedes los argentinos no pueden hacer una cosa bien?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—No hagas de esto un asunto internacional. ¿Cómo supiste?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Tras la sorpresa inicial de sentir tu nombre mencionado en una proclama revolucionaria por radio —McManaman detuvo con un gesto a una jovencita que repartía café—, me puse a pensar cómo habías acabado aquí. Debo decir que vine con la duda de tu conversión al marxismo —tomó un vaso plástico para él y extendió otro a Prasky—. Oh, ¿o debo decir “marxianismo”? En fin, dudé hasta que llegué aquí y algunas buenas personas me contaron todo. Tienes que conducir con más cuidado —se burló.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Si sólo fuera eso... —pasó Prasky— O sea que al final resultó lo de la radio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—A su modo. Apareciste en medio de un discurso ridículo con un tipo diciendo que al pueblo lo habían tomado los marcianos. Ahora que lo digo no sonaba tan ridículo sino redundante: extraterrestres comunistas. Todas las radios pasaron eso. &lt;i&gt;You know&lt;/i&gt;, no podían perdérselo. Todavía están hablando del tema en Buenos Aires. Deben estar por llegar los de Crónica y TN en poco tiempo. Este país no deja de sorprenderme; tal parece que al final Argentina tuvo su propia revolución a medida. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—¿Y eso por qué? —quiso saber Prasky, más por diversión que afectado por el sarcasmo de McManaman.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Aislada, en el campo, fracasada. Ah, y liderada por un marciano —rieron ambos—. En fin, ¿te quedas a la manifestación populista? —indicó con la cabeza hacia el palco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Me quiero ir cuanto antes. ¿Viniste en auto?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Sí, pero no creo que te haga falta. ¿Has visto el tuyo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Debe seguir en la cuneta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Pues no. Estos —McManaman apuntó otra vez al grupo del palco— son eficientes cuando quieren. &lt;i&gt;Tus&lt;/i&gt; funcionarios —puntualizó— hoy buscan dar buena imagen, así que, por alguna orden de alguien que no tengo el gusto de conocer, ya están terminando de repararlo. Mira allí, delante del camión donde están cazando votos, el del Ministerio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Prasky distinguió el Fiat estacionado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Puta, necesité una revolución para que me atiendan. La próxima te la hago a vos, así me das más pelota.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—No sueñes. Nosotros hemos resistido años cosas más organizadas que ésta. Cualquier tontería que hagas se queda corta. Aparte, seguro que te sale mal, je. Mira cómo terminó ésta. Eres argentino y basta. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—En fin, ¿te quedás?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—No, ya ví que estás vivo y que no te has vuelto marxista leninista, lo cual es un alivio porque al menos no te volviste demodé. Me vuelvo a Buenos Aires ahora. Ya me contarás todo en detalle.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Viajo cuando tengan listo el Fiat.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;Se dieron la mano y McManaman giró para irse; se detuvo unos pasos más adelante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;color:#000000;"&gt;—Oh, &lt;i&gt;listen&lt;/i&gt;, olvidé decirte que llamaron el viernes a la tarde los de la semillera: suspendieron el acto el mismo día porque no les llegaron unas peceras con soja que tenían que enviar de Buenos Aires. Una lástima. Nos vemos, observador nacional.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-style: normal;" align="left"&gt;&lt;span style="font-family: verdana;font-size:125%;color:#000000;"  &gt;Prasky no prestó suficiente atención a las palabras de McManaman: si lo hubiera hecho debería haberse preguntado acerca de qué había exhibido entonces en sus peceras. El inglés se subió a un coche de Avis y aceleró sin volver la vista a la plaza ni al pueblo, como si quisiera dejar atrás el lugar sin nada pegado a su piel.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:82%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-style: normal;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;SIGUIENTE ››  UNA LARGA PREPARACION PARA NADA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-style: normal;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;ANTERIOR ‹‹ ROSADA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Leer el resto del texto en Piquetero VIP.&lt;/div&gt;</description></item><item><title>Rosada</title><link>http://piqueterovip.blogspot.com/2009/07/rosada.html</link><category>Martes</category><author>noreply@blogger.com (Unknown)</author><pubDate>Sat, 25 Jul 2009 00:01:00 -0700</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-56747907668266260.post-8297917889281608305</guid><description>&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;LA REVOLUTA – EPISODIO 47&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El Senador dejó de atender la situación y fue con sus secretarios, que se habían apropiado del mostrador de La Espiga Roja Revolucionaria. En el reacomodo, dos de ellos tomaron una botella con un culito de caña abandonada en el mostrador y la vaciaron sobre dos vasos que apenas limpiaron con una corbata. El tercero quiso probar un mate a medio terminar. Acabó asqueado. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Vos no tenés pueblo, nene. Te falta calle —se burló El Senador antes de meterse en tema para medir la victoria en centímetros con voz queda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;span id="fullpost"&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Una vez que dos policías regresaron del cuarto con Porchetito esposado, el comisario ordenó encerrar allí a los peones. Prasky, Ana, el verdulero y Braulio pidieron permanecer en la salita: el Comandante Marx era una ampolla humana, una vejiga arrugada de llanto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Y ustedes por qué se quieren quedar? —avanzó el comisario—. De éste no tengo dudas: está adentro —dijo señalando a Braulio, que no mostraba signo alguno de preocupación—. Nos llenó de bosta a todos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Queremos acompañarlo a él —intervino Ana, señalando al panadero desvalido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Entonces se vienen con nosotros —ordenó el comisario.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Sin embargo, cuando los policías se disponían a echarle esposas improvisadas con soga chúcara, Porchetto intervino rápidamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Ellos no tienen nada que ver —dijo con apenas un suplicante hilo de voz—. No formaron parte de esto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Bueno, están acá, ¿no? ¿O me va a decir que también los tenía presos como a Giusti?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El panadero no podía sostener ninguna discusión:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;No, solamente... estaban. Nada más. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Entonces que me expliquen qué hacían. A ver, usted... —el comisario señaló al verdulero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Yo... yo... yo soy el dueño de la radio —titubeó Raimundi, buscando apoyo en los miembros de la pandilla dislocada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Y qué hacían con eso?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Nada —terció Ana, presta—. Él la trajo porque temió que sus policías se la rompieran.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;No veo por qué —se incomodó el policía—, si mis muchachos son gente seria y buena. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Como sea, tenía miedo... Es lo único que tiene —mintió la chica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Y usted qué? &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Yo... Yo fui la autora de los comunicados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Ana... —se metió Prasky.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Nada, Ezequiel, dejá... &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El comisario olió improvisación: quizás a El Senador se le escapó algo. Quizás era su oportunidad de tomar su parte en la derrota de esos subversivos sojeros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Qué comunicados? ¿Qué es eso? Hable, che...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;La maestra no mencionó las lecturas por la radio para evitar comprometer a Osvaldito o echar más leña al fuego de una caldera que debía caminar al enfriamiento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El que leímos en la plaza. El de la revolución.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;O sea que usted también es parte. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;‘Tonce&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt; se viene con nosotros —el comisario llamó con un gesto de la mano a un par de agentes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Ana, ¿por qué no te...? —se quejó Prasky.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Ella tampoco tiene nada que ver —volvió a intervenir Porchetito, ahora con más decisión—. Yo la forcé a escribirlo. Yo... Si no lo hacía, sí, iba a terminar presa... Es así. Punto. Los otros —indicó a Raimundi y Osvaldito— tampoco tienen nada que ver. Yo los obligué a todos. Tampoco los peones. Ni Braulio... Ni él —dijo finalmente, apuntando a Prasky con la barbilla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Usted es el del auto en el camino, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El mismo, comisario. Y... Sí, como dice Porchetto, no tengo nada que ver.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El panadero lo miró con la escasa furia que el agobio le dejaba reunir. No le gustó la respuesta: había excluido a todos y el silencio debía ser el modo de agradecerle. Cuando Prasky se deslindó a sí mismo, el Comandante Marx confirmado la traición que previó llegaría. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El comisario se sacó la gorra y acomodó un par de pelos con las manos. Luego volvió a calzarse el birrete y se acomodó los pantalones. Bufó. El asunto tomaba demasiado tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Mire, che, se me hace difícil de creer todo esto, así que me parece que todos se van a venir conmigo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Comisario... —El Senador, que seguía la conversación con medio oído, abandonó la charla con sus secretarios y volvió al centro de la escena— No voy a interferir en su trabajo, pero déjeme preguntarle: ¿qué pruebas tiene contra todos ellos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El petiso se volvió, afectado. ¿No era que la aplicación de la ley era su propiedad inalienable? ¿Acaso ese tipo pensaba robarle también este último momento? &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Estaban acá, con eso alcanza, señor —respondió. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Usted habló con alguno antes? ¿Alguno se identificó como parte del lío? —insistió el político.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;No, solamente éste... —señaló a Porchetto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Entonces todo lo que tiene es presencia circunstancial —resolvió El Senador, poco dispuesto a una cacería—. No sabemos qué hicieron, y aunque los acusáramos tendríamos que buscar elementos para incriminarlos. Eso tomaría tiempo y no me veo con voluntad de perderlo en Tribunales. Esto es una tontería. Ya todo está resuelto; déjelo ahí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El comisario se revolvió incómodo, pero El Senador también supo prever eso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Antes que diga nada: ya tiene a uno, al jefe, al cabecilla. Ese es el que importa. Que todo quede como estaba, lléveselo a él y deje a esta gente tranquila. También libere al señor del tractor. No tiene sentido detenerlo. Esto fue una tontería. ¿O acaso les ve cara de delincuentes?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Delincuentes hay en todos lados y hasta la mosquita más muerta puede serlo. Además, están los de ahí atrás, que son como quince pendencieros...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Comisario —se afirmó El Senador—: ya. Basta. Caso cerrado. Con el jefe de este lío encerrado le alcanza para ganarse un ascenso. Me comprometo solemnemente a gestionarlo. Me veo en la honesta obligación de decirle —Prasky levantó la vista: vio venir el lengüetazo— que también recordaré su labor ante los medios, que, por lo que me informan, ha sido clave. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;span lang="en-US"&gt;Llévese a Porchetto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;No hace falta más. Tómelo como una orden superior...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El policía pareció dudar un primer segundo pero optó por volverse práctico al siguiente, cuando las palabras de El Senador terminaron de caerle en la fosa cerebral. Ascenso. Foto. Diarios. Salir del pueblo. Destino: ciudad más grande. ¿Quizá la capital provincial? En un abrir y cerrar de ojos borró toda inquisición. Gritó cuatro órdenes para que todos lo escucharan: ordenó llevar al panadero, liberar a los peones del fondo, desalojar la zona y terminar la requisa. Luego volvió a su gesto usual: subirse los pantalones, recorrer la mollera con la mano como peineta. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Cuando Porchetito pasó a su lado, el comisario le tocó el trasero y se rió mirando a El Senador para compartir la chanza. El otro dio vuelta la cara, como si oliera una porquiza y el policía, ofendido, procuró recomponerse gritando una nueva orden de desalojo. A su voz, Prasky, la maestra, Braulio y el verdulero Raimundi desocuparon La Espiga Roja. Tras ellos y sin mucha demora, salieron el comisario y los secretarios de El Senador. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El político se reservó la marcha de cierre de la victoria. De pie a un lado de la puerta, echó una mirada indiferente a la panadería.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Qué ganas de perder el tiempo, carajo —dijo entre dientes—. Este país está lleno de pelotudos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Luego se acomodó la corbata y estiró el cuello y espalda. Para completar la preparación, friccionó los dientes con un dedo y acabó de darles lustre deslizando la lengua. Cuando finalmente traspuso la puerta, la sonrisa de marfil esculpido retornó disparada por los músculos. Otro resorte automático le elevó los brazos a media asta, como recordaba que lo hacía el General Perón. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Luego se reiría de su ingenuidad pero al poner el primer pie sobre la vereda de La Espiga Roja, El Senador sintió que así debía sentirse una jornada patriótica en el balcón de la Rosada, especialmente cuando escuchó a la plaza aplaudir y corear a viva voz:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-style: normal;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¡La luz! ¡La luz! ¡La luz!&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:82%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-style: normal;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;SIGUIENTE ›› TIENES QUE CONDUCIR CON MAS CUIDADO&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-style: normal;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms, serif;"&gt;ANTERIOR ‹‹ EL ORDEN INSTITUCIONAL&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Leer el resto del texto en Piquetero VIP.&lt;/div&gt;</description></item><item><title>El orden institucional</title><link>http://piqueterovip.blogspot.com/2009/07/el-orden-institucional.html</link><category>Martes</category><author>noreply@blogger.com (Unknown)</author><pubDate>Tue, 7 Jul 2009 00:01:00 -0700</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-56747907668266260.post-5258347392091575585</guid><description>&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; page-break-before: always; font-family: trebuchet ms;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;LA REVOLUTA – EPISODIO 46&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;En el campo hay dos chillidos odiosos: cuando matan a un chancho o a un chivito. Uno revienta los tímpanos y patalea como cristiano mientras se le vacía el cuerpo por el cogote tajeado. El otro parte el corazón: llora como niño. Los chillidos de Porchetito, aislado en la piecita del fondo de la panadería, eran una extraña mezcla de ambos. Cerdo y chivo, el Comandante soltaba los gramos finales de la culpa irredenta. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;span id="fullpost"&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Todos deseaban hacerlo callar pero nadie movió un músculo hacia la pieza trasera. Braulio había depositado toda su humanidad contra la puerta para impedir que la compasión animara a gente de carácter rosado como Ana. De paso, atajaba las últimas furias del panadero. Los puñetazos de Porchetito sobre la madera y los gritos porcinos, que llenaban el aire de la sala, se intercambiaban con el llanto expiatorio. El Comandante había cedido paso veloz a Porchetto, el panadero, y ambos al pequeño Primo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El Senador dejó correr varias tandas de quejas y gimoteos sin soltar una frase. Hacía el papel a la perfección, tomándose la frente con los dedos de una mano y manteniendo la cabeza gacha, como si estuviera realmente afectado. De vez en cuando daba un suspiro profundo, se mordía el labio o juntaba las manos sobre el pecho, en una oración irreal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Qué lástima, qué verdadera lástima... Pobre hombre... &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El tono era idéntico al que usaría en la confianza de un funeral frente a los amigos del muerto. Y encajaba sin distorsionar allí, donde se velaba la revolución de Estación Alicia. Finalmente, cuando Porchetito se silenció, por cansancio o tras descubrir que nada obtendría, El Senador miró a la concurrencia y les mostró ambas palmas, como un César a punto de entregar al Cristo o Herodes pidiendo la bandeja argentina. La voz determinante  enfiló a la duramadre de la peonada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Bueno, ¿qué dicen, muchachos? Arreglemos esto. Díganme qué necesitan. Vamos, soy todo oídos... Aprovéchenme: pocas personas tienen la oportunidad de hablar directamente con un enviado del gobernador... No lo desperdicien. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Aun en la puerta, Braulio, el subcomandante revolucionario más breve de la historia, el bruto traidor, tomó la palabra para acabar por entregar la cabeza de su efímero patrón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Qué &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;no&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt; va a dar, don?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El Senador no dudó:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;La luz para el pueblo está antes que todo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;Nosotro vivimo &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;en &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;lo campo —&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;aclaró Braulio—&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;; eso &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;‘tá bien pa’ lo diacá &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;pero a &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;nosotro &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;no &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;no&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt; sirve &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;demasiao&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El político no regatearía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Es sencillo, hombre, dígame qué necesitan allí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El peón buscó el asentimiento de los demás, que no necesitaron decir nada para reconocerle autoridad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;Queremo &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;no &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;paguen &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;má&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt; guita... —encaró.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Ahá... Aunque eso depende de Giusti creo que puedo convencerlo. No hay problema. ¿Qué más?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Una ruta. Otra. De &lt;span style="font-style:italic;"&gt;macadán&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Se puede construir, claro que sí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Y que Giusti &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;no&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt; mejore &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;la condicione &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;de laburo —se entusiasmó—. Una casita mejor, que &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;no&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt; pague la jubilación, &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;quiacá naides &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;tiene. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;Queremo vacacione &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;y ropa nueva, también. Y &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;nasta pa’ lo tractore&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;, y un camión nuevo...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Otra vez depende de Giusti, pero veré de hablarlo seria, honestamente, con él. Quiero asegurarles mi mayor esfuerzo en esto —El Senador cerró un puño y apretó los dientes mientras declamaba—. Les digo más, y esto es una garantía que firmo aquí —cruzó los dedos sobre los labios—, un inspector del Ministerio de Trabajo vendrá a los campos a ver en qué condiciones trabajan. Si los emplean mal, hablarán con sus patrones para que las condiciones mejoren. Promesa. La jubilación y la ropa se las arregla la Provincia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;La laguna... —retomó Braulio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Qué pasa con ella? &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El Senador sonó menos amistoso: ¿acaso no era suficiente lo ofrecido? Prasky notó el cambio de tono, pero no intervino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Hay &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;inundacione &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;cada &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;dó &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;por &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;tré&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;, señor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Todo el sur tiene problemas de crecientes, amigo —empezó a atajarse—. A la laguna vamos a incluirla en un plan sistemático de atención general del sistema hídrico del sur para reducir el impacto de anegamientos potenciales —Prasky sonrió—. Esto, espero que entienda, no puede ser abordado caso por caso, de lo contrario estaríamos cometiendo el error de malgastar recursos —Prasky volvió a sonreír—. Todo lo anterior puede ser inmediato pero el trabajo en las lagunas va a tomar algún tiempo... Estudios, ingenieros, remover terrenos, todas esas cosas son indispensables para realizar un trabajo acorde a las necesidades y con el objeto de dar la solución más cercana a lo definitivo por los próximos tres o cuatro años —Prasky agachó la cabeza para ocultar la sonrisa, cada vez más amplia—. Lo atenderemos, seguro, pero necesito que me presten parte de su paciencia para administrar los recursos con propiedad, en tiempo y en forma. Al final, les garantizo que el problema de la laguna tendrá debida atención —Prasky miró por la ventana, mordiéndose labio y lengua—. Palabra de honor, ¿o alguna vez les he fallado?... En fin, ¿algo más? &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Braulio buscó a los demás con la vista. Los peones no parpadeaban. Daban el paquete por completo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿Nada? Bien, entonces vamos a hacer entrar a los policías para que se lleven las armas. Les prometo que no habrá represalias con ninguno de ustedes hasta que la situación esté aclarada plenamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;¿No &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;vamo &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;a &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;&lt;i&gt;í preso&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Esa pregunta no estaba en el menú de El Senador, que pensaba dejar que el comisario se ensuciara las manos con la resolución administrativa. Sin embargo, sopesó iluminado, una respuesta directa que pusiera a los peones tras las rejas podía complicar el fin de la crisis. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Mire, amigo Braulio —improvisó—, en algún aspecto ustedes han quebrado el orden institucional. Pero debo decir también que eso es una entelequia considerando el lugar en el que están. Confieso que no conocía de la existencia del pueblo, y mire que conozco la provincia, amigo. Me lamento por ello. Ya veremos qué pasa con todo eso. Por lo pronto, dejemos entrar a la policía y terminemos con esto, ¿sí?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Los peones aceptaron; tenían más promesas que años por vivir. Prasky, ya de regreso a su descanso en la pared con las manos en los bolsillos, ya no sonreía: la revuelta había sido desarmada con poco más que promesas de segunda. Se preguntó qué pensaría Porchetito tras la puerta custodiada por el corpachón de Braulio. Dio una mirada general a la sala. Un aire triste había recalado en los ojos de Ana y los peones que no se cruzaban de brazos habían vuelto a tallar el naipe para una escoba de quince. El único atado de nervios era el verdulero Raimundi, atemorizado porque alguien descubriera su radio, comenzaran las preguntas y sus respuestas delataran su logia de cazadores de objetos voladores. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;El Senador fue a la puerta y ordenó al comisario enviar a su gente, que todo estaba arreglado. Los policías salieron al trote, acicateados por los gritos del jefe. Giusti pretendió avanzar pero El Senador le indicó esperar tras la camioneta hasta evacuar el lugar. Los vecinos siguieron las instrucciones de pie, desconcertados por el desenlace. Quienes sí se acercaron, prestos, fueron los tres asistentes del político. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:125%;"&gt;Cuchillos, barras y revólveres pasaron a manos de un gozoso comisario, que distribuía comandos y órdenes parado junto a El Senador, con los brazos en jarra. Imperceptible para los demás, comparaba su estatura con el político. ¿Era su idea o no era tan alto como parecía? Hombre, quizás no saldría nada mal en las fotos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: trebuchet ms;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;SIGUIENTE ›› ROSADA&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm; font-family: trebuchet ms;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;color:#666666;"&gt;ANTERIOR ‹‹ VOS NO&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0.2cm;" align="right"&gt;&lt;span style="font-size:82%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Leer el resto del texto en Piquetero VIP.&lt;/div&gt;</description></item></channel></rss>