<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;A0EBR3c6eSp7ImA9WhdVE0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672</id><updated>2011-09-18T14:00:56.911-07:00</updated><title>Policial argentino: el altillo del cuento y la novela</title><subtitle type="html">Cuando la acción transcurre en lugares inesperados</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/" /><link rel="next" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false&amp;v=2" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>38</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/PolicialArgentinoElAltillo" /><feedburner:info uri="policialargentinoelaltillo" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><entry gd:etag="W/&quot;A0IBR3c5fSp7ImA9WhZbE0w.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-4565792513603310582</id><published>2011-06-17T07:05:00.000-07:00</published><updated>2011-06-17T07:05:56.925-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-06-17T07:05:56.925-07:00</app:edited><title>AURELIO DIEZ</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-NTCTAlJBdlg/TfteUof5CSI/AAAAAAAABEY/CX9GKqOA2TI/s1600/Pedrito%2B077.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://1.bp.blogspot.com/-NTCTAlJBdlg/TfteUof5CSI/AAAAAAAABEY/CX9GKqOA2TI/s640/Pedrito%2B077.jpg" width="486" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
La noticia se les atragantó a todos, consiguiendo el dudoso milagro de hacerles callar la boca durante la eternidad de un minuto. Garfagnoli se quedó parado en el vano de la puerta, durito, sin respirar, con la misma expresión de aguantar la sentencia fatal que tendrían los mensajeros a los que les tocaba en suerte dar las malas noticias al emperador de turno. &lt;br /&gt;
Aurelio Diez... Cómo se habían reído la primera vez que lo habían escuchado. El nombre verdadero había quedado perdido en algún rincón del colegio, después que la sabiduría popular estudiantil lo rebautizara para siempre. ¡Si hasta a más de un regente se le escapó el “Aurelio” cuando quería decir “Pedrito”, que era como lo conocían las autoridades del cole!&lt;br /&gt;
Aurelio sabía de todo, pero de todo, ¿eh ? Había corrido todas las carreras con caballo ganador. Había tenido minas, guita, pinta, bulín, había bailado tango de salón y de arrabal, aunque nadie más que él conociera la sutil diferencia. Hablaba el lunfardo con la calidad y el desparpajo del que lo mamó desde la cuna, y se tomó el trabajo de enseñárselos a ellos, pobres giles pelandrunes que de la vida y de la gurda no manyaban nada, así, en lunfardo. &lt;br /&gt;
Los atrapó cuando les contó que originalmente había sido una jerga de presidio, casi un código secreto, y ante las ansias de conocimientos de Guglielminpietro, siempre tan preocupado por aprender algo nuevo, y de Cagna y Lapaglia, interesadísimos en todo lo que tuviera que ver con el delito y sus diferentes facetas, les enseñó lo que sabía, que era mucho. Un día, se trajo un librito de un tal Carlos de la Púa, amarillo y oloroso con aroma a viejo, lleno de poesía extraña y varonil y de términos que en su vida habían escuchado : casimba, camambuses, grela, esquenún, shofica, cotorro.&lt;br /&gt;
- ¿Cotorro?- gritó Lapaglia guarangamente - ¿Quién es, el marido de la cotorra? -&amp;nbsp;haciendo señas obscenas con las cejas.&lt;br /&gt;
- ¡No seas animal! - y lo llenaron de coscorrones.&lt;br /&gt;
A veces, Aurelio les contaba alguna anécdota de esa noche porteña que ya no existía más, en la que se había codeado con los “jailaife”. ¿Con los qué?, saltó Barticiotto, que se barruntó que allí agazapado había algo de inglés. El Barti había desarrollado un olfato de sabueso para detectar terminología anglosajona, basado principalmente en su supina ignorancia de la lengua de Yakespeáre y Bacón (así, pronunciados en castiza lengua castellana y a la mierda con la de inglés, que los echamos a patadas en el culo en las Invasiones, ja, se enorgullecía Barti y justificaba sus malas notas ante el padre, que no justificaba nada y lo cagaba consecuentemente a patadas) . &lt;br /&gt;
- Jailaife, pibe - sonrió de cotè Aurelio, - gente de bute,...- Barti lo miró sospechando que eso último no era inglés - ... niños bien.&lt;br /&gt;
- Aaah... - Barti abrió la boca y la dejó así durante un rato, absorbiendo ávidamente los conocimientos. &lt;br /&gt;
Aurelio se sabía de memoria todas las formaciones de todos los equipos de las décadas gloriosas del fulbo. A veces lo probaban preguntándole en dónde había jugado algún crack imaginario, pero Aurelio siempre estaba en guardia y los fregaba. Hasta Compagnucci, que hacía gala de escepticismo de pendejo avivado y con tíos jodones de alto vuelo, le había cobrado respeto a Aurelio porque presentía que las aventuras que contaba no eran verso.&lt;br /&gt;
- Quilombos eran los de antes, pibe - le palmeaba la cabeza Aurelio, cuando Compagnucci se envanecía de las correrías a los que sus tíos lo invitaban, y ahí mismo les soltaba “una de verdad, no de convoy”.&lt;br /&gt;
- ¿De “convoy” ? - atento el Barti.&lt;br /&gt;
- De convoy, de pistoleros, de tiros - Aurelio se encogía de hombros con el faso prendido de la comisura.&lt;br /&gt;
- Ah, de cáu-boys ... - alardeaba Barti, con la única palabra de la lengua inglesa que reconocía y se esforzaba en pronunciar, nada más que porque las de cowboys le gustaban.&lt;br /&gt;
El crack de la división, Cagna, aprendió en un mes más historia del fútbol con Aurelio que lo que aprendería durante el resto de su vida. Allí, en medio del relato de un antológico gol de chilena, surgió por primera vez la frase. &lt;br /&gt;
- ¿Quéee ?- se lo quedaron mirando mientras se reían a carcajadas. &lt;br /&gt;
- ¿Cómo qué ? - casi se ofuscó Aurelio.&lt;br /&gt;
- ¿Qué dijiste, Pedrito ?- se despatarraron de la risa.&lt;br /&gt;
- AU-RE-LIO-DIEZ - deletreó lleno de orgullo.&lt;br /&gt;
-¿Y quién es Aurelio Diez, otro crack ?- preguntó Lapaglia.&lt;br /&gt;
Les echo una ojeada sobradora.&lt;br /&gt;
- Miren que son poligriyos, ustedes. Un crá. Qué manga de giles de lechería que son... ¿Adónde aprendieron a jugar al fulbo ? ¿No saben que el fulbo es inglé, y que al principio todo se decía en inglé? Centrojás, guin, centrofoguar, fulbá - y siguió enumerando posiciones imposibles de pronunciar o de jugar - y el coach, antes de entrar a la cancha les preguntaba y todos gritaban.- y se encogió de hombros.&lt;br /&gt;
- Pedrito, qué les preguntaban ?- insistió Cagna, todos sus dedos largos y delgados hechos un ramillete interrogador.&lt;br /&gt;
- ¡Eso, pelandrún : ¿ Aurelio ? ¡ Diez ! - se ofendió.&lt;br /&gt;
Se lo quedaron mirando y no se animaron a preguntar más, para no pasar por demasiado boludos, pero la frase les daba vueltas y más vueltas.&lt;br /&gt;
Finalmente fue el Gugli el que desentrañó el misterio, gracias a sus amplios conocimientos de idiomas. &lt;br /&gt;
Llegó airoso a Taller, con la sonrisita canchera del que averiguó algo que los demás no saben. &lt;br /&gt;
- ¿Y ? - cabeceó Compagnucci.&lt;br /&gt;
- Ya está, boludo.&lt;br /&gt;
Los demás, las orejas siempre paradas para no perderse nada, saltaron enseguida. &lt;br /&gt;
- ¿Qué ? - Compagnucci sacudió la cabeza mientras separaba las manos.&lt;br /&gt;
- Ni te lo imaginás...&lt;br /&gt;
- ¡ Dale, forro, qué te hacés el misterioso ! ¡Cortala, boludo, largá ! - y otras intimaciones de diverso calibre. El Gugli se sacó el mechoncito rebelde de la cara, se acodó sobre el banco de carpintería y sonrió con la sonrisa de publicidad de dentífrico. &lt;br /&gt;
- All ready ? Yes ! &lt;br /&gt;
Se quedaron callados, se miraron entre ellos con cara de que qué le pasa al boludo este, y por fin el Garfa preguntó de nuevo.&lt;br /&gt;
- ¿Y ? &lt;br /&gt;
- ¿Y, qué ? - los relojeó incrédulo el Gugli.&lt;br /&gt;
- ¡ Y qué quiere decir, nabo! - aullaron enfurecidos.&lt;br /&gt;
- ¿Me están cargando ? &lt;br /&gt;
- ¡No, boludo ! ¿No nos dijiste que estuviéramos listos? - protestó Lapaglia - Y bueno, dale, largá ! &lt;br /&gt;
Lo que Gugli largó fue la carcajada. Casi lo cagan a trompadas.&lt;br /&gt;
-¡ Paren, che , había entendido mal ! - se los sacó de encima - Eso quiere decir AURELIO DIEZ : AURELIO : All ready ? DIEZ : Yes! ¿No se dan cuenta ? “ TODOS LISTOS ? ¡SI !” pero en inglés.&lt;br /&gt;
La toma de conciencia fue seguida de la tormenta de epítetos. Fue la ceremonia de bautismo del ayudante de bedelía, desde entonces y para todos nunca más Pedrito sino, cariñosamente, Aurelio Diez. &lt;br /&gt;
El apodo se convirtió en el grito de guerra de la división en los torneos intercolegiales, y al alarido de AURELIODIEZ atacaban sin compasión el arco enemigo. El original, mientras tanto, se enorgullecía de sus purretes goleadores y no paraba de enseñarle estrategias pasadas de moda a Cagna, a quien ni se le cruzaba por la cabeza insinuar que ya no se jugaba así al fútbol.&lt;br /&gt;
Aurelio Diez el jailaife, el taura, el rompedor de la noche, el bailarín, el burrero, el amigo entrañable, un cachito menos que un padre y un montón más que un hermano mayor o un tío piola y canchero.&lt;br /&gt;
En medio del silencio impresionante que se había posado en el aula, en medio de la clase de Estática, en medio de la desolación más grande, Garfagnoli repitió la noticia mientras se le caía un lagrimón gordo y desvergonzado, que le rodó por los jeans bombilla hasta las zapatillas negras medio basket. Se murió Aurelio Diez.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-4565792513603310582?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/4565792513603310582?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/4565792513603310582?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/ee77MItEKYc/aurelio-diez.html" title="AURELIO DIEZ" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-NTCTAlJBdlg/TfteUof5CSI/AAAAAAAABEY/CX9GKqOA2TI/s72-c/Pedrito%2B077.jpg" height="72" width="72" /><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2011/06/aurelio-diez.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkcBSHk5cSp7ImA9WhZbE0w.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-6501220522973852583</id><published>2011-06-17T06:40:00.000-07:00</published><updated>2011-06-17T06:40:59.729-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-06-17T06:40:59.729-07:00</app:edited><title>SUERTE</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/--5Jh47VKoBI/TftYniqbu5I/AAAAAAAABEQ/fMIj0QUDLIQ/s1600/Pap%25C3%25A0+al+militare.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" i$="true" src="http://3.bp.blogspot.com/--5Jh47VKoBI/TftYniqbu5I/AAAAAAAABEQ/fMIj0QUDLIQ/s640/Pap%25C3%25A0+al+militare.jpg" width="396" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;La metralla. De nuevo la metralla que desgarra el aire viciado de la cabina y los tímpanos. Pero detrás del traqueteo infernal, el zumbido ronco y tranquilizador de los motores le avisa que no los tocaron. Su compañero suelta una mano de la palanca para hacerle señas y él carga la ronda mientras la nariz del caza describe un arco que terminará en la cola del enemigo. Esta vez el ruido no lo sobresalta: él domina la máquina infernal y le dice adónde y a quién atacar. El bombardero grisverdoso cae describiendo una hélice de humo y fuego y un cráter negro devora la máquina. Por supuesto que hay hombres dentro de la máquina, pero uno jamás piensa en eso. Porque si pensara, no podría hacer lo que debe hacer. &lt;br /&gt;
El cielo está de un azul silencioso y sin señales de la mortandad que acaban de sembrar. Otra seña y el hocico negro del caza apunta a Ulm. Tampoco es cuestión de tentar tanto a la suerte. Se abandona a la sensación extática de la misión cumplida y no le importa que las manos todavía le tiemblen gracias a las anfetaminas que todos toman para mantenerse despiertos y alerta durante cuarenta o cincuenta horas, combate tras combate, sin parar, sin comer, sin pensar, sin que importen las bajas. &lt;br /&gt;
Aterrizan. Falta el otro caza. Nadie mira el cielo: todos saben que no regresará. Ninguno habla. La fortuna le sonríe a uno distinto cada vez pero el afortunado nunca alardea. Es de mal agüero pensar siquiera en la suerte. &lt;br /&gt;
Camina despacio hacia los pabellones cuando el aullido de la la sirena antiaérea le eriza el lomo. Los demás empiezan a correr hacia el bosque porque conocen la metodología del enemigo: bombardeo desde un kilómetro antes hasta un kilómetro después del objetivo. El bosque no es un blanco militar y ya lo usaron muchas veces como refugio. &lt;br /&gt;
"¡Vamos!" , le gritan los rezagados, pero a él por las venas todavía le corre la euforia química de las drogas. "Tengo sed, quiero una cerveza para festejar", grita eufórico mientras corre hasta el pabellón. Los demás insisten a los gritos mientras corren y al final lo dejan ir, loco, tiene ganas de hacerse matar, y corren a guarecerse bajo las ramas protectoras. La sirena enmudece y él cuenta los segundos de silencio mientras bebe del pico de la botella. Tengo tiempo si quiero ir al bosque, piensa, pero algo lo retiene. Esta vez no, y levanta la botella desafiante en un brindis que, ya sabe, siempre puede ser el último. Mira al cielo y comprende la enormidad de la tragedia que sin querer previó. Impotente, se mete en su pabellón mientras el escuadrón de la muerte erra el blanco y descarga su lluvia asesina en el lugar equivocado. El pecho se le agarrota con un dolor sordo y frío. &lt;br /&gt;
Ninguno volvió del bosque y él fue asignado a un escuadrón nuevo. Si alguno de sus compañeros sabe de su buena suerte, no lo comenta. Regresar a Ulm se convierte en una rutina de anfetaminas para poder manejar la artillería sin vacilaciones, mezcladas con alcohol para poder dormir sin soñar con el incendio y el olor de de la carne quemada mezclada con la resina de pino ardiente. &lt;br /&gt;
Un anochecer gris vuelve con un motor menos y la velocidad no alcanza para salvar al caza y a su compañero agonizante. Mira sin ver a los camilleros bajar el cuerpo inerte y ensangrentado. Tuviste suerte, murmura uno y sólo entonces ve las manchas en su propio uniforme. Camina hacia su pabellón en medio de un silencio antinatural, roto por un disparo que paraliza a todos. Römmel acaba de suicidarse. La ambulancia ruge inútil y los médicos corren sin esperanzas. Una camilla anónima lleva el cuerpo del mariscal cubierto con una manta.&lt;br /&gt;
El pecho le duele espantosamente pero no entiende porqué: ni la metralla ni los vidrios rotos lo rozaron. Se toca la cara mojada y no sabe si llora por su compañero, por el mariscal, por él o por todos. &lt;br /&gt;
— Papá... Viejo...¡Papá! &lt;br /&gt;
— ¿Eh? Sí, sí, vengo, vengo – un manotazo por la cara a tiempo evita preguntas indiscretas.&lt;br /&gt;
— ¡Dejá al perro! Vamos, papá.&lt;br /&gt;
— Ya voy. Pobre perrito. Papito enseguida vuelve. &lt;br /&gt;
Se sube al auto con la mirada ausente. Los ruidos de la calle le zumban suavemente por el audífono inútil, porque los ruidos que le atronan la cabeza están adentro, muy adentro. Mira por la ventanilla.&lt;br /&gt;
— Andá despacio. Non corras. ¿Qué queré, llegar en ambulancia?&lt;br /&gt;
— No corro, viejo. Me van a multar por entorpecer el tránsito— la mano filial le acaricia la nuca.&lt;br /&gt;
— Poné la’ do’ mano’ al volante, bambina.&lt;br /&gt;
El sol del atardecer pega de frente en el parabrisas y entrecierra los ojos como cuando regresaba a Ulm espiando el horizonte por encima del hombro del piloto. Trata de hacer memoria pero no recuerda el nombre. El del que murió el mismo día en que se suicidó Römmel.&lt;br /&gt;
— Pa, el audífono está silbando. Bajalo un poquito que te va a hacer mal.&lt;br /&gt;
— Mà no, si non escucho nada. No sé para qué lo uso.&lt;br /&gt;
La mano afectuosa le roza la mejilla pinchuda de la barba de la mañana.&lt;br /&gt;
— Vos escuchás lo que te conviene.&lt;br /&gt;
— Poné la’ do’ mano’ en el volante— reprende.&lt;br /&gt;
La secretaria del cardiólogo le sonríe mientras le entrega la ficha. &lt;br /&gt;
— Mirá que tenés suerte, ¿eh? – el cardiólogo le palmea la espalda enjuta y encorvada mientras desconecta el electrocardiógrafo–. Te pasaste el infarto de a pie. Vamos a hacer unos estudios más...— garabatea recetarios como para atragantar a la mitad de las obras sociales del planeta.&lt;br /&gt;
La hija aprieta los labios para aguantar las lágrimas y el médico le sonríe a ella y le habla a él mientras desparrama por el escritorio un muestrario medicamentoso de confites de colores.&lt;br /&gt;
— Con esto vas a andar bien. Pero la próxima vez que tengas dolor, no te hagás el chúcaro y llamá a las chicas, a tus yernos o a mí. ¿Estamos?&lt;br /&gt;
— Ma sí, dottore. Lo que pasa è que no me pareció un dolore fuerte. Era medio raro...&lt;br /&gt;
— Seguro. Pero en cuanto te vuelve a doler te tomás la sublingual, raro o no raro, ¿estamos? Y te venís o llamás.&lt;br /&gt;
Se pone la camisa gastada a sabiendas de que su hija va a protestar apenas salgan porque siempre anda con la misma porquería vieja. Si tiene los placards llenos de ropa nueva. Ropa que le compró su mujer, que murió demasiado pronto y lo dejó solo con demasiados recuerdos. Mientras ella estuvo, los ruidos no retumbaban tan a menudo como ahora y el dolor del pecho había sido soportable. Y cuando se perdía en algún recuerdo, ella esperaba a que él regresara de ese lugar perdido detrás de la nariz negra de un caza. Pero tenía adónde regresar. Ahora pasa mucho tiempo solo y entonces si se pierde no siente la necesidad de volver. Eso es lo más difícil: volver de la memoria.&lt;br /&gt;
— Ulm— dice.&lt;br /&gt;
— ¿Qué? – la hija volantea con habilidad en el tránsito endemoniado de Buenos Aires.&lt;br /&gt;
— Ulm. Römmel se suicidó en Ulm. Yo estaba ahí cuando se suicidó.&lt;br /&gt;
La luz roja pasa por amarillo y el verde habilita el paso.&lt;br /&gt;
— Nunca me contaste nada.&lt;br /&gt;
— Eh, qué te voy a contar – se frota el pecho con disimulo. Fue un día como hoy, piensa. &lt;br /&gt;
— ¿Te duele? &lt;br /&gt;
— No. Me rasco.&lt;br /&gt;
El que está rascando la puerta con desesperación es el perro, que gime con frenesí al percibir al amo del otro lado.&lt;br /&gt;
— ¡Eh, perrito! Papá ya volvió. &lt;br /&gt;
Muerta de celos, la hija piensa que le da más bola al perro que a ella. No sabe que el perro es un confidente discreto porque no pregunta. Mira la foto de su mujer, las de sus hijas. El perro lo mira con ojos acuosos y enormes y le lame la cara y las manos. &lt;br /&gt;
— ¿Ma qué clase de suerte tengo yo, me queré decir, perro?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-6501220522973852583?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/6501220522973852583?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/6501220522973852583?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/dNKQk0sjHbM/suerte.html" title="SUERTE" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/--5Jh47VKoBI/TftYniqbu5I/AAAAAAAABEQ/fMIj0QUDLIQ/s72-c/Pap%25C3%25A0+al+militare.jpg" height="72" width="72" /><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2011/06/suerte.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;A04DQHk7fyp7ImA9Wx9bEk4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-7148156562201895595</id><published>2011-02-20T14:10:00.000-08:00</published><updated>2011-02-20T14:12:51.707-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2011-02-20T14:12:51.707-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="prontuario" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="antecedentes" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia forense" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Policía Científica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cementerio" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="parque" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="artrosis" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="comisario mujer" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía gordo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="carterista" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="morgue" /><title>Un año en la vida de un policía gordo : MAYO</title><content type="html">&lt;b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-MfnAcjvV8Hk/TWGGrjELrDI/AAAAAAAABBI/pxWeGebq6Ls/s1600/bois-de-vincennes.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="267" src="http://1.bp.blogspot.com/-MfnAcjvV8Hk/TWGGrjELrDI/AAAAAAAABBI/pxWeGebq6Ls/s400/bois-de-vincennes.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El aire fino y punzante le acicateó la nariz. Respiró profundo y se llenó los pulmones y la boca del olor a verde recién nacido. Brotecitos tiernos asomaban en las ramas y en el suelo bajo sus zapatones de suela gruesa y el capitán meditó sobre la incongruencia del cadáver desenterrado en medio de un parterre recién sembrado. Con cuidado para no pisotear los plantines que sobrevivían intactos alrededor de la fosa improvisada,&amp;nbsp; se acercó al forense que tomaba fotos,&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El celular le cosquilleó en el bolsillo del pantalón. ¿Mensaje? No, alarma de la agenda. &lt;i&gt;¿Qué mierda…? &lt;/i&gt;“Turno con nutricionista. 08.30. Desactivar”. Clic. &lt;i&gt;Al carajo, estoy ocupado.&lt;/i&gt; Dos tipos de verde metieron el cuerpo en una bolsa negra y lo cargaron en la ambulancia.&amp;nbsp; El forense se subía al auto cuando él se acercó a preguntarle. El forense se encogió de hombros: el cuerpo no presentaba heridas pero el enterramiento podría estar ocultando otra evidencia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Tenga un poco de paciencia, capitán. Estamos tapados de trabajo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Le dio las gracias, no fuera cosa de ofenderlo y que dejara al finado archivado en un cajón de la heladera de la morgue. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;st1:personname productid="la Cient￭fica" w:st="on"&gt;La Científica&lt;/st1:personname&gt; estaba rastrillando la tierra con la esperanza de encontrar evidencia que los bichos no se hubieran comido. El capitán esperó un rato en silencio, observando el trabajo de hormiga de los oficiales metidos en monos que diez minutos atrás eran blancos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sabía, porque había asistido al curso de capacitación, que insectos, semillas, polen y otros detritos permitían establecer la fecha posible de muerte y se lo dijo al oficial que tenía más cerca. El tipo volteó, lo miró de reojo y asintió mientras metía una cucharada de tierra en una bolsita plástica.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El cosquilleo en el bolsillo volvió. “Turno con nutricionista. 08.30. Desactivar” ¿No lo había desactivado? Clic. &lt;i&gt;Hinchapelotas.&lt;/i&gt; Un uniformado le hizo señas para que se acercara. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán, éste es el encargado de jardinería del parque que descubrió el cuerpo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre estaba todavía pálido. Hacía una semana que había empezado a trabajar y acababa de encontrar su primer cadáver. Estaba removiendo la tierra para colocar plantines nuevos cuando golpeó algo con la pala. Creyó que era un tronco o algo así. Vio la ropa pero no se dio cuenta de que se trataba de un cuerpo hasta que descubrió la cara. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El de &lt;st1:personname productid="la Cient￭fica" w:st="on"&gt;la Científica&lt;/st1:personname&gt; se acercó con gesto severo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Y vomitó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Qué quiere? — protestó el hombre— ¡Soy jardinero, no sepulturero!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán se miró con los otros policías. &lt;i&gt;Mejor que empiece a acostumbrarse al parque. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El jardinero había encontrado el cuerpo a las 07.30. El llamado había entrado a la central a las 07.40. &lt;i&gt;Después de vomitar&lt;/i&gt;, pensó el capitán. Un patrullero llegó a las 07.45, a la misma hora en que él había recibido el aviso. &lt;st1:personname productid="la Cient￭fica" w:st="on"&gt;La Científica&lt;/st1:personname&gt; y el forense, cinco minutos después. No había mucho tiempo para cometer un asesinato, cavar la fosa y enterrar el cuerpo… salvo que lo hubiera matado antes y tuviera la fosa lista. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿A qué hora entra a trabajar? — le preguntó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— A las 06.30. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Dónde estuvo desde las 06.30 hasta las 07.30?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre lo miró como si le preguntaran si era marciano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Acá, en el parque. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿En este sector?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre vaciló.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Sí, empecé por allá— señaló a alguna parte a la derecha.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Vamos a ver.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El jardinero le mostró un sector con tierra recién removida y plantines nuevos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Estuvo con alguien antes de venir a este sector?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Con mi compañero de turno. Está a cargo del otro sector…por allá— señaló con vaguedad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán le indicó a un uniformado que trajera al otro jardinero, un hombre de algo más que mediana edad, que renqueaba un poco. El hombre miró la fosa vacía, miró a su compañero todavía desencajado, sacudió la cabeza y se quitó la gorra con movimientos torpes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán le preguntó si había visto a alguien en actitud sospechosa esos días. El jardinero se encogió de hombros y miró a su alrededor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Qué se yo, siempre hay dos o tres vagos durmiendo por acá…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Parejas que, bueno, ya saben, vienen a hacer sus cosas en el parque…—añadió el que había encontrado el cuerpo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Las chicas, todas, las de verdad y las otras…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Los travestis andan&amp;nbsp; del otro lado, donde hay menos luz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Se embarcaron en una digresión sobre la oferta sexual y los modus operandi, que el capitán interrumpió para&amp;nbsp; pedirles sus datos y advertirles que no salieran de la ciudad, aunque presentía que era inútil: ninguno de los dos parecía tener muchos lugares adónde ir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;***&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán se asomó al despacho de la comisario, que firmaba una montaña de expedientes con frenesí sospechoso y expresión neutra, más sospechosa todavía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y?— el monosílabo se coló entre firma y firma a velocidad supersónica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Esperamos al forense. El cuerpo no presentaba ninguna señal de violencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Pausa interrumpida por el estampido de carpetas acumulándose de cualquier forma en el suelo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Llámelo y rómpale un poco las pelotas— ladró la comi—. Necesitamos algo de información si queremos empezar a trabajar. Y llame al Archivo de Huellas para que ellos también muevan el culo— paf, otra carpeta al suelo de mala manera. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;Los expedientes la ponen de un malhumor insoportable.&lt;/i&gt;Decidido a preservar su integridad física, el capitán sacó el celular para llamar a la morgue y en ese momento, el artefacto se estremeció, vibró y sonó. Miró la pantallita y el nombre lo hizo sudar frío. &lt;i&gt;¿Qué hago? ¿Contesto?¿Corto?&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán, le suena el teléfono— aclaró la comisario, sin necesidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ah, sí…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El telefonito seguía sonando con el nombre fatídico en la pantalla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Responda o corte, pero haga algo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Obediente, el capitán apretó la tecla de responder y de inmediato cortó. Con dedos torpes por los nervios marcaba el número de la morgue cuando el artilugio demoníaco volvió a sonar, con el mismo nombre fatal en la pantalla. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán, el teléfono— la voz de terciopelo tenía un matiz homicida. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Yo… Sí, ya voy… Atiendo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Salió del despacho y cerró tras de sí antes de responder.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán, faltó a su cita de esta mañana— gruñó el médico nutricionista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Sí, disculpe, doctor, es que hubo… tuve que ir… Ud. ya sabe… Un cuerpo en el parque…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán, Ud trabaja en Homicidios, ¿cierto?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Sí…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Que yo sepa, por lo general los cuerpos se quedan en donde están hasta que llegan la ambulancia, los oficiales y el forense.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bueno, sí, pero… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿El cuerpo de hoy en particular, tenía tendencia a la fuga?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No, por supuesto pero…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Entonces, Ud podría haber concurrido a la consulta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Es que se me hizo tarde y pensé…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Puede venir en 20 minutos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Eh, bueno, creo que sí… — cualquier cosa con tal de cortar la comunicación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Lo espero —clic.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;¿Y ahora? &lt;/i&gt;Miraba el telefonito como si fuera un objeto alienígena cuando un sargento entró al despacho. Mientras el suboficial salía con una pila de expedientes, desde adentro dijeron:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Ya habló con el forense? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—N-no, estaba ocupado— mintió. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ah… ¿Y Huellas?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;¡Eso! &lt;/i&gt;Se agarró de la excusa como de un salvavidas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mejor voy directamente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Téngame al tanto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Salió casi corriendo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El nutricionista lo esperaba con cara de pitbull hambreado. Lo sometió a las espantosas humillaciones de pesarlo y medirle desde el cuello hasta los tobillos, pasando por el pecho, la cintura, las caderas — y él ni siquiera sabía que tenía caderas: ¡eso era de mujeres! — , el muslo, las pantorrillas, brazo, antebrazo y muñeca. Le metió el estetoscopio por todas partes, lo hizo toser, respirar, toser, respirar y toser hasta que se ahogó; le pinchó un dedo y no le salió sangre; le pinchó otro y otro y al final, le pinchó el lóbulo de la oreja derecha y lo hizo chillar y sangrar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El tipo empezó a teclear frenético en la computadora, mascullando quién sabe qué fórmula nigromántica. El capitán esperó en silencio la sentencia, que el tipo descargó como un mazazo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Su BMI (&lt;i&gt;qué mierda es el bmi, un banco&lt;/i&gt;)&lt;i&gt; &lt;/i&gt;estaba al tope del rango de obesidad morbosa &lt;i&gt;(Morboso? ¿Soy un morboso? ¿Me dijo “degenerado”?)&lt;/i&gt; ; estaba taquicárdico e hipertenso &lt;i&gt;(¿y qué quiere, con la corrida que me hizo hacer hoy?) &lt;/i&gt;&amp;nbsp;y con una glucemia que rayaba en la diabetes. Sin dirigirle una sola mirada, el Satánico Dr No empezó a garabatear recetarios mientras la impresora escupía una serie de hojas que resultaron ser una dieta digna de un campo de concentración. Un hombre de su contextura y altura no debía pesar más de 95 kilos. Debía empezar con el plan de actividad física de inmediato, junto con la dieta. Lo esperaba en dos semanas. Le recetó un complejo vitamínico, le sugirió &lt;i&gt;(¡mentira! ¡Me ordenó!)&lt;/i&gt; usar edulcorante artificial en reemplazo del azúcar, reducir la cantidad de café &lt;i&gt;(Se nota que este idiota no es policía&lt;/i&gt;), cero comidas rápidas, cero esto, cero lo otro, cero la vida. Salió del consultorio con una mezcla de sentimientos heridos y pulsiones asesinas. El celular le sacudió el bolsillo del pantalón. Estuvo a punto de tirarlo por la alcantarilla pero lo pensó mejor: la pantallita decía que quien llamaba era la comi. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Adónde está? Los de Huellas llamaron hace quince minutos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Eh, tuve que salir pero ya voy para allá. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—Apúrese.&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Gracias a Dios la comi cortó. &lt;i&gt;Sigue de mal humor. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Los de Huellas habían identificado al fiambre: un sin-techo de 77 años, fichado alguna vez por delitos menores. Hacía rato que no aparecía por las comisarías.&amp;nbsp; El informe estaba encima de la pila eterna de expedientes, pero él estaba ocupado con cosas más importantes para su integridad física. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Está distraído, ¿le pasa algo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La voz de la comisario lo sorprendió mientras releía la lista de alimentos permitidos y no permitidos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—¿Eh? Ah, no, leía…— sacudió los papeles.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Qué? — insistió ella. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ah, nada…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Para ser “nada” tiene bastante tesxto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Es.. es … la dieta— terminó casi con un susurro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella levantó la ceja y después frunció el ceño. El capitán se encontró en la penosa situación de explicarse ante su superior directo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Hoy fui a ver al médico. Al nutricionista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¡Cierto! —ella recordó con un chispazo en los ojos— ¿Cómo le fue?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bueno… tengo que bajar de peso, hacer actividad física, controlarme el colesterol, la glucemia y esas mierdas…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bien. Le hacía falta — sentenció la comi dando por terminado el tema. — ¿Novedades del forense?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Nada. Voy a verlo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Manténgame al tanto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Tiró la dieta encima del escritorio y se fue a la morgue. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El viejo había muerto de un infarto, producto de una condición cardiaca de larga data: había cicatrices en el percardio y el músculo cardíaco. No había otra cosa que destacar salvo la artrosis evidente en manos, rodillas y pies, comentó el forense con la boca curvada hacia abajo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿No es homicidio?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Salvo que lo hayan matado de un susto, este pobre tipo murió de un ataque cardíaco común y corriente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Fecha del deceso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Unas&amp;nbsp; 72 horas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/--tHu6Zxm66g/TWGRRgvnwMI/AAAAAAAABBQ/XF7BnGOAJsQ/s1600/Depardieu%2Bserio_bn.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://1.bp.blogspot.com/--tHu6Zxm66g/TWGRRgvnwMI/AAAAAAAABBQ/XF7BnGOAJsQ/s400/Depardieu%2Bserio_bn.jpg" width="295" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Tuvo que esperar al lunes después de mediodía para que &lt;st1:personname productid="la Científica" w:st="on"&gt;la  Científica&lt;/st1:personname&gt; confirmara que el cuerpo había estado enterrado menos de 30 horas. ¿Qué había pasado entre el momento de la muerte y el de la sepultura? ¿Qué estaba haciendo ese tipo al momento de morir para terminar enterrado en un parterre? Según la ficha policial, el finado había sido carterista de los buenos. No tenía muchas entradas pero había robado billeteras de sujetos importantes hasta unos veinte años atrás. Después de una seguidilla de arrestos había desaparecido del mercado. &lt;i&gt;&amp;nbsp;¿Por qué terminó en un agujero en el parque?&lt;/i&gt; Decidió que la mejor forma de pensar en el caso era volver al lugar del hecho y se fue para allá.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&amp;nbsp;&lt;/i&gt;Se sentó en un banco a pensar. Dos hombres con overoles con el logo de mantenimiento recorrían los senderos vaciando los papeleros. Se levantó de un salto y corrió tras los tipos, dandoles un susto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿En dónde puedo encontrar a los jardineros? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Esos están de mañana nada más. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Todos los días? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Los tipos se encogieron de hombros.&amp;nbsp; El capitán suspiró. &lt;i&gt;Mañana es martes: en una de esas, tengo suerte.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Al día siguiente llegó al parque a las 7.30. Encontró al jardinero que había desenterrado el cuerpo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-DhxOmU3cvc0/TWGEif-q5kI/AAAAAAAABBA/Q0bmSHgfbkM/s1600/Jardinero.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" height="397" src="http://3.bp.blogspot.com/-DhxOmU3cvc0/TWGEif-q5kI/AAAAAAAABBA/Q0bmSHgfbkM/s400/Jardinero.jpg" width="395" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Por dónde anda su compañero?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Hoy tiene franco. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y Ud.?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mañana. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán sacó las cuentas mentalmente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Entonces, Ud. encontró el cuerpo al volver de un franco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Dónde puedo localizar a su compañero?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ni idea.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿No tiene un número de teléfono, domicilio, algo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No. Nos conocemos de acá, del laburo, pero no somos íntimos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán no quería rendirse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Pero de vez en cuando frecuentan algún bar, un bolichito?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— A veces… A veces lo veo en lo de …— le dio el nombre de un barcito modesto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Mientras volvía al auto, el capitán continuó haciendo cuentas. Según el forense, el finado había muerto el lunes pasado. Los de &lt;st1:personname productid="la Cient￭fica" w:st="on"&gt;la  Científica&lt;/st1:personname&gt; fijaban como fecha de enterramiento el miércoles. ¿Dónde había estado el cuerpo mientras tanto? Llamó y le devolvieron el mensaje cuando entraba a la oficina: el cuerpo había estado en algún lugar cerrado. ¿Cerrado? Bajo techo, aclararon. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Llamó a los muchachos de Antecedentes y en 15 minutos le dejaron un prontuario sobre el escritorio. El jardinero mayor tenía antecedentes por robos menores, más una que otra temporadita corta a la sombra. Eso, hasta unos cinco años atrás. Desde entonces, el tipo mantenía conducta ejemplar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán — el sargento de Antecedentes abrió la puerta y se asomó — casi me olvido de dejarle éste— le dio otra carpeta más vieja y más sucia y se fue.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Los antecedentes penales del finado. Abrió ambas carpetas y algo le hizo clic en la cabeza. Después de cinco minutos las cerró, se las puso bajo el brazo y marchó derechito a la oficina de la comisario. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Necesito hablar con Ud — dijo mientras se sentaba. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella apartó unos formularios llenos de cuadraditos, cruces y gráficos de barra de un manotazo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—Lo escucho atentamente. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán expuso toda su teoría de un tirón. Mientras hablaba, el rostro de la comisario se distendió en una sonrisa felina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Me gusta su teoría. Demuéstrela. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Salió a toda velocidad hacia el parque, antes de que cerrara la administración, y la placa le consiguió el domicilio del jardinero con antecedentes. El juez de instrucción estaba de mejor humor que el habitual porque libró la citación sin rezongar demasiado. &lt;i&gt;Ahora, a esperar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Dos días después, el jardinero se presentó, serio como perro en bote. No lo hizo pasar a una sala de interrogatorio, que el hombre conocía demasiado bien como para quedarse tranquilo. En cambio, lo invitó a su oficina y le ofreció café, que el hombre aceptó. El capitán aprovechó para mirar las manos de nudillos enrojecidos y dedos retorcidos del jardinero. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Hábleme de su padre— soltó el capitán sin previo aviso. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El jardinero posó el vasito descartable con cuidado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ya lo sabe, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Lo deduje. Pero me gustaría escuchárselo a Ud. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre se restregó las manos, repasándose las articulaciones. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mi viejo era un maestro en lo suyo. Un artista. Me enseñó todo lo que sabía, pero nunca fui tan bueno como él…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No sea modesto— sacó el prontuario del jardinero y se lo puso delante. El hombre sonrió. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¡De verdad! Era un dandy del afano, mi viejo. No afanaba a cualquiera, no señor, todos tipos bien, con autos grandes y billeteras caras,&amp;nbsp; de esas con logotipo. Nunca a una mujer, nunca a un obrero, eso jamás. Mi viejo tenía códigos, jefe, y yo también. Pero cuando le empezó la artritis, bueno, ahí fue la seguidilla de entradas a la poli.Tuvo que largar y eso, a la larga, le hizo mal. No poder laburar, ¿entiende, jefe? Y uno no se jubila en este oficio, ¿vio?— estiró las manos nudosas por encima de la mesa —. Yo tuve más suerte: cuando me empezó la artrosis, me conseguí este laburito de jardinería. Ya no tendré mano para el bolsiqueo pero con las plantitas y la pala me las arreglo bastante bien. Y de paso tengo obra social y una jubilación. Pero el viejo, pobre, no tenía nada. Cuando mi vieja se enfermó y se murió, hace dos meses, nos gastamos todo lo que teníamos. Me lo llevé a vivir conmigo a la pensión, él ya andaba mal del bobo — el hombre se golpeó el pecho con sentimiento— y bueno, pasó lo que pasó.&amp;nbsp; Estuve un día y medio pensando qué iba a hacer, no tenía un mango y entonces… se me ocurrió lo del parque. ¡Justo este salame tenía que ir a revolver la tierra ahí, si yo le había plantado los plantines…!&amp;nbsp; No sé qué voy a hacer ahora… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán miró por encima del hombro del jardinero: la puerta estaba entreabierta y la comisario, apoyada contra el marco de la puerta, escuchaba con una sonrisa melancólica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Tengo una idea— dijo la comi mientras apartaba una silla y se sentaba junto al carterista devenido jardinero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;****&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La tarde era soleada y alegre, aún en el cementerio. El capitán, la comisario y el jardinero eran los únicos asistentes. Dos empleados bajaron el féretro modesto a la fosa y cada uno de los presentes dejó caer un puñado de tierra sobre el crucifijo. Los sepultureros terminaron de llenar la fosa, plantaron encima una cruz provisoria, se despidieron y los dejaron solos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El jardinero rezó un padrenuestro a media voz con la comisario haciéndole eco mientras el capitán trataba de recordar las oraciones de su madre para esas ocasiones. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El jardinero los miró y con torpeza les tendió la mano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Yo… les voy a devolver la plata…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La comisario negó con la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No es necesario: es un fondo especial del que disponemos para estos fines. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre se la quedó mirando sorprendido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No sabía…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Lo tenemos para estos casos. Hay un poco de papeleo después, pero nada muy complicado. Ud. no debe nada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre sonrió. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Entonces, le voy a mandar hacer una linda cruz. Y una lápida de mármol. No muy grande. Y le voy a poner florcitas, como las del parque. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Me parece muy bien. ¿Quiere que lo llevemos al centro?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No, está bien. Vivo cerca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Se alejaron caminando plácidamente, disfrutando del silencio y la mutua compañía. &lt;i&gt;No está tan mal venir al cementerio de vez en cuando, &lt;/i&gt;pensó el capitán mirando de reojo a la comi, que entrecerraba los ojos bajo el sol primaveral.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Qué es eso del fondo especial? — preguntó el capitán mientras se bajaban de su auto frente al edificio gris — Jefe, a Ud. no le sobra una moneda, lo mismo que a mí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Jy4zYe0Qqtk/TWGEP9nEq9I/AAAAAAAABA4/KDLnooMNs0E/s1600/escalera%2B_crop.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-Jy4zYe0Qqtk/TWGEP9nEq9I/AAAAAAAABA4/KDLnooMNs0E/s400/escalera%2B_crop.jpg" width="208" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ahí se equivoca. Ahora que lo pusieron a dieta, va a ahorrar un montón de plata en comida. El próximo finado sin fondos le toca a Ud. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La miró subir por las escaleras con sentimientos mezclados. &lt;i&gt;¿La mato acá mismo y me entrego o&amp;nbsp; la&amp;nbsp; estrangulo en algún callejón y hago desaparecer el cadáver? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-7148156562201895595?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7148156562201895595?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7148156562201895595?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/Q7addZ7XK7U/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="Un año en la vida de un policía gordo : MAYO" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-MfnAcjvV8Hk/TWGGrjELrDI/AAAAAAAABBI/pxWeGebq6Ls/s72-c/bois-de-vincennes.jpg" height="72" width="72" /><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2011/02/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEYHQ306eSp7ImA9Wx5bFUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-6528396844538335654</id><published>2010-10-31T14:55:00.000-07:00</published><updated>2010-10-31T14:55:32.311-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-10-31T14:55:32.311-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="contratación indebida" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="comisario mujer" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="estafa" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía gordo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="licitación" /><title>Un año en la vida de un policía gordo - ABRIL</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TMs2hhyK_OI/AAAAAAAAA8s/qb4xbJfawGs/s1600/440px-Cloak_hed_1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="266" nx="true" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TMs2hhyK_OI/AAAAAAAAA8s/qb4xbJfawGs/s320/440px-Cloak_hed_1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;El frío estaba en retirada aunque la derrota no estaba asegurada todavía. Pero la tregua se prolongaba, dando esperanza a los míseros mortales. No porque hubiera dejado de llover: eso habría sido motivo de festejos. Claro que la capa para servicio en vía pública incautada en el depósito de materiales cumpía con su cometido acabadamente, protegiéndolo de los meteoros hídricos. Y no le quedaba nada mal, no señor. De hecho, se veía (y se sentía) imponente, la estatua en bronce de un héroe de la revolución, la mirada perdida en el horizonte por donde amanecería la república, la capa ondeando al viento… Una exclamación y un insulto contenido interrumpieron sus pensamientos sublimes: alguien había resbalado en el charquito de agua que indefectiblemente dejaba la puta capa. Levantó el interno y llamó a los de la limpieza, no fuera cosa que alguno se accidentara. &lt;/div&gt;El murmullo general de la oficina subió y bajó. La comi acaba de llegar. Pasaron cinco minutos y el interno no sonaba. &lt;em&gt;¿No me va a llamar?&lt;/em&gt; Se incorporó a medias y espió por el vidrio de su pecera: la puerta del otro lado de la oficina estaba cerrada. Se sentó y continuó completando el informe, pero después de la tercera línea se impacientó. &lt;em&gt;¿Por qué mierda no me llama?&lt;/em&gt; Salió del cubículo con la intención aparente de servirse café y verificar si habían secado el piso. &lt;br /&gt;
— Buen día, capitán. &lt;br /&gt;
— Buen día, sargento. &lt;br /&gt;
— Parece que va a dejar de llover.&lt;br /&gt;
— Sería maravilloso&lt;br /&gt;
Y otras intrascendencias por el estilo. La puerta seguía cerrada y su malhumor, en aumento. &lt;br /&gt;
Volvió a su pecera, cerró la puerta, se sentó, agarró la lapicera, la soltó, cerró el expediente de un tortazo, se levantó y salió. ¿Quién se creía ella que era él, que no le daba ni la hora? De reojo, se acomodó la camisa dentro del pantalón y le puso gesto adusto al reflejo en el vidrio. Iba a paso firme hacia el despacho cuando la puerta se abrió. Casi se cayó de culo. ¿Qué hacía ese tipo ahí? &lt;br /&gt;
— Ah, capitán, estaba a punto de llamarlo. Pase. Siéntese.&lt;br /&gt;
&lt;em&gt;¿Para qué? ¿Quién carajo es este individuo? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;
El otro se sentó en el sillón de la comisario y abrió una carpeta. &lt;br /&gt;
— Capitán, su expediente personal deja un poco que desear últimamente…&lt;br /&gt;
¿Quién era ese imbécil para evaluar su expediente personal? No aguantó más.&lt;br /&gt;
— ¿Dónde está la comisario…?&lt;br /&gt;
El otro no lo dejó terminar. &lt;br /&gt;
— Ah, claro. Ud. también estuvo suspendido. La comisario fue transferida.&lt;br /&gt;
&lt;em&gt;¿Adónde? ¿De qué habla este tipo? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;
— Espero que tengamos una colaboración productiva y ordenada— dijo el tipo ese, sin ocuparse más de &lt;em&gt;su &lt;/em&gt;comisario. El tipo tenía un discurso calcado del jefe, con informes, partes, formularios, firmas, autorizaciones y circulares internas. Lo único que él pudo hacer fue asentir sin pronunciar palabra para que no se le escaparan todas las barbaridades que le estrangulaban el paso del aire.&lt;br /&gt;
— Ah, capitán, una cosa más— el tipo se puso doctoral—. Estamos preocupados por el estado físico de todos nuestros agentes. Consideramos que debe ser óptimo para cumplir óptimamente con nuestro trabajo, de fundamental importancia para la sociedad. Un equipo médico nos visitará para evaluar al personal. Mañana. Le sugiero puntualidad. Eso es todo.&lt;br /&gt;
Se levantó agarrándose de los brazos del sillón como si quisiera arrancarlos. Salió de la oficina como un zombie. Caminó hasta la máquina de café de memoria, sin saludar a los que lo cruzaban.&lt;br /&gt;
¿Para esto había hecho carrera en la policía? ¿Para llenar formularios, planillas y estadísticas? ¿Para que lo suspendieran por llegar tarde? ¿Para que le echaran en cara las manchas del pantalón? ¿Para que lo llamaran “gordo” así, sin descaro alguno? ¿Para que a ella la hubieran trasladado o transferido o lo que fuere sin que él supiera adónde? El café le salpicó la mano y la otra pernera del pantalón. Volvió a su cubículo atestado de papeles: encima de la pila más baja había un juego de formularios. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TMsyfqnMpmI/AAAAAAAAA8o/bUYTOiEDhXU/s1600/Expedientes_apilados_juzgado_Ciudad_Real%5B1%5D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="235" nx="true" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TMsyfqnMpmI/AAAAAAAAA8o/bUYTOiEDhXU/s320/Expedientes_apilados_juzgado_Ciudad_Real%5B1%5D.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Se atornilló al silloncito desvencijado y ni siquiera asomó la nariz para tomar un café. La furia le vino bien porque completó varios expedientes y los apiló en la bandeja de “archivo”. Estaba a punto de irse a su casa sin saludar a nadie cuando el cabo de los formularios entró. &lt;br /&gt;
— Capitán… — murmuró el pobre chico—, los… ¿formularios? — señaló apenas con la mirada los papeles impresos. &lt;br /&gt;
— ¿Qué quiere? — farfulló él.&lt;br /&gt;
— Necesito… llevarlos… completos. &lt;br /&gt;
Imágenes de violencia extrema le cruzaron la mente. Se contuvo como pudo, manoteó un bolígrafo y empezó a escribir. &lt;br /&gt;
— Capitán, ¿no tiene una lapicera azul o negra? — murmuró el cabo, horrorizado. &lt;br /&gt;
— No.&lt;br /&gt;
Firmó con rúbrica enorme, megalómana y roja y deslizó los papeles por encima del escritorio. &lt;br /&gt;
— Ya está.&lt;br /&gt;
— Gracias. &lt;br /&gt;
Una idea lo asaltó.&lt;br /&gt;
—¡Cabo!&lt;br /&gt;
El chico se quedó paralizado en la puerta.&lt;br /&gt;
— ¿En qué sector está la comisario?&lt;br /&gt;
El otro lo miró durante décimas de segundo sin entender y después:&lt;br /&gt;
— Yo… la vi por el piso de abajo… —dijo el cabo antes de salir corriendo.&lt;br /&gt;
Voló por las escaleras con un mal sentimiento en el pecho. &lt;em&gt;¿Fichero general?¿Informaciones? ¿Finanzas y Presupuesto? No, no es posible…&lt;/em&gt; Entró a la oficina y dos administrativos con aires de superioridad lo miraron con algo muy parecido al desprecio. ¿A quién buscaba? Se los dijo y uno señaló una puerta a la izquierda. Abrió la puerta sin golpear ni preguntar. &lt;br /&gt;
La comisario se repantigó en un sillón que chilló por la falta de respeto. &lt;br /&gt;
— ¿Qué está haciendo acá? — él casi ladró.&lt;br /&gt;
— Tardó todo un día en encontrarme. ¿Está perdiendo el entrenamiento?&lt;br /&gt;
&lt;em&gt;Encima me toma el pelo.&lt;/em&gt; No sabía si alegrarse o acogotarla. Puso jeta y se sentó.&lt;br /&gt;
— Estuve todo el día completando expedientes y toneladas de formularios de mierda— gruñó. &lt;br /&gt;
— ¿Vio qué cantidad de formularios nuevos?— la comi se balanceó en su sillón con un brillito sospechoso en la mirada.&lt;br /&gt;
— Duplicado, triplicado, verdes, amarillos, numerados, con letras… ¡Por Dios! Lo de los expedientes, bueno, reconozco que soy un poco vago y… se me juntan en el escritorio, pero, ¿permisos de salida? ¿Apercibimientos por llegada tarde? ¿Qué mierda es esto, una escuela? ¡Como si ya no tuviéramos suficientes papeles! ¿Quién se ocupa de los delincuentes en este lugar? &lt;br /&gt;
La sonrisa de depredador de la comi lo inquietó.&lt;br /&gt;
— Nosotros.&lt;br /&gt;
El capitán casi saltó del sillón.&lt;br /&gt;
—¿Nosotros? ¡Ud está anclada en este sector de mierda y yo no paro de llenar papeles! ¡La gran…!&lt;br /&gt;
— Capitán— la voz sedosa lo detuvo—, le recuerdo que la defraudación también es un crimen.&lt;br /&gt;
—¿Y para qué están los de Delitos Económicos?&lt;br /&gt;
— Que por lo general se ocupan de delitos externos…&lt;br /&gt;
— ¿Qué quiere decir?&lt;br /&gt;
— ¿No se lo imagina?&lt;br /&gt;
Silencio. Cruce de miradas. Él levantó una ceja. “¿Acá?” Ella encogió un hombro. “¿Y por qué no?”.&lt;br /&gt;
El capitán acercó su silloncito al escritorio y bajó la voz.&lt;br /&gt;
— ¿De quién estamos…?&lt;br /&gt;
— Ud. lo dijo, capitán. Hay demasiados papeles nuevos dando vueltas. &lt;br /&gt;
La insinuación de la comisario le retorció el escroto.&lt;em&gt; Nos van a cortar la cabeza. Y algo más también. A mí por lo menos&lt;/em&gt;. El pulso de adrenalina le aceleró la respiración.&lt;br /&gt;
— ¿Qué hacemos? — susurró.&lt;br /&gt;
— Juntar papeles— respondió la comisario mientras se levantaba del sillón y rodeaba el escritorio — Vámonos. &lt;br /&gt;
Mientras salían, la comi le explicó qué tenía que hacer. &lt;br /&gt;
— Tenemos que reunir pruebas, capitán. &lt;br /&gt;
— Será un placer, jefe. &lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
Cuando llegó al día siguiente, una nota en su escritorio lo citaba en la oficina X de la planta baja, diez minutos atrás. Se sirvió un café y morosamente bajó las escaleras, saludando a cuanto ser viviente se cruzó, incluídas las arañas. Delante de la oficina X había una cola de cinco o seis oficiales conversando en voz baja. El capitán no acababa de dar los buenos días que la puerta se abrió y un sujeto con guardapolvo blanco asomó diciendo su nombre. El se identificó y el otro lo recriminó por llegar tarde. No fue la única humillación que le infligió el sujeto: le tomó el pulso y la presión; lo obligó a toser, a desvestirse y a subirse a la balanza. Llenó dos planillas sin mirarlo y le tendió un fajo de papeles, entre ellos un certificado que decía “PROVISORIO” en letras de neón. &lt;br /&gt;
— En una semana deberá presentarse con todos estos estudios al nutricionista para que le prepare una dieta adecuada más un plan de ejercicios— escupió el tipo, mirándolo con un dejo de desprecio—. El buen estado físico debería ser una prioridad para los oficiales de las brigadas.&lt;br /&gt;
Farfulló un saludo, le arrancó los papeles de la mano y salió. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
Dos días después, el capitán había extraviado el certificado y las órdenes para análisis y había reunido una pila de formularios&amp;nbsp;en varios colores, por duplicado y triplicado que le daría envidia a la Torre de Babel. No había sector, división, brigada o departamento que no hubiera sido favorecido con la asignación de por lo menos cinco formularios nuevos.&lt;br /&gt;
A las nueve menos cuarto de la noche del jueves el capitán depositó en el escritorio del segundo piso de la comisario, una caja de archivos a la que no podía cerrársele la tapa. La comi levantó una ceja, después levantó la tapa y sonrió como un gato de cacería.&lt;br /&gt;
Afuera no quedaba nadie, lo que no era de extrañar: el departamento de Finanzas y Presupuesto no resolvía casos fuera de horario. Se encerraron en el despacho a clasificar los papeles. Cuarenta y cinco minutos más tarde, los habían separado en tres pilas, correspondientes a tres proveedores diferentes. La comisario se volvió hacia su pc y abrió una pantalla que el capitán sólo conocía de vista pero a la que no tenía acceso, como la mayoría de los miembros de la fuerza. &lt;br /&gt;
— ¿Cómo es que puede acceder ahí? — preguntó el capitán.&lt;br /&gt;
— Bueno, todavía tengo amigos acá adentro — dijo ella mientras los deditos le volaban por encima del teclado. &lt;br /&gt;
El capitán se descubrió imaginando esos deditos tecleando sobre algunas partes de su anatomía y sacudió la cabeza para espantar los pensamientos. &lt;br /&gt;
— ¿Está cansado? — preguntó la comi sin despegar los ojos de la pantalla.&lt;br /&gt;
— ¡Eh? ¡Ah, no! Es que me quedé pensando…en …&lt;br /&gt;
La impresora lo salvó de dar más explicaciones. La comi le alcanzó las hojas y él casi se atragantó con su propia saliva mientras leía. &lt;br /&gt;
— Esto es…&lt;br /&gt;
— Un delito— ella terminó la frase con una sonrisa que él calificó de felicidad.&lt;br /&gt;
— ¿Cómo seguimos?&lt;br /&gt;
— Juntamos todo y nos vamos derechito al Ministerio del Interior.&lt;br /&gt;
— ¿A esta hora?&lt;br /&gt;
— Ajá.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
El secretario de Finanzas del Ministerio tenía una cara de culo que espantaba. &lt;br /&gt;
— Es mi aniversario de casados. Mi mujer me va a matar.&lt;br /&gt;
— Le prometo que va a estar de vuelta en menos de media hora — dijo la comi mientras le plantaba encima del escritorio la caja de archivo.&lt;br /&gt;
— ¡No pretenderá que revise todo esto!— ladró el tipo.&lt;br /&gt;
— El grueso es evidencia. Vea estas cinco páginas, nada más. &lt;br /&gt;
El secretario tomó los papeles y la cara le cambió a medida que leía. &lt;br /&gt;
— ¡Es inconcebible! ¡Nos tomaron por idiotas! &lt;br /&gt;
Ni el capitán ni la comisario osaron confirmar los dichos del secretario. &lt;em&gt;Tampoco es cuestión de ofenderlo&lt;/em&gt;. El hombre sacó un celular y le ladró a los cuatro o cinco incautos que respondieron a esa hora. En menos de diez minutos aparecieron dos de los convocados, jurando que otros dos estaban en camino. El secretario les pidió al capitán y a la comisario que esperaran fuera.&lt;br /&gt;
— Se les viene la filípica— comentó el capitán.&lt;br /&gt;
— Y algo más. A estos niños prodigio de las finanzas se les escapó la tortuga— aseguró la comisario. &lt;br /&gt;
La puerta se abrió y cuatro jóvenes funcionarios con un futuro dudoso salieron a toda velocidad, llevándose la evidencia incriminatoria. El secretario se asomó y les hizo señas para que entraran.&lt;br /&gt;
— Comisario, capitán, Acabo de hablar con el Ministro. Las cosas van a cambiar muy pronto. &lt;br /&gt;
Iban por el pasillo cuando el secretario salió de su despacho hablando por celular. Los sobrepasó a toda velocidad mientras juraba que en cinco minutos estaba en el restaurante. El capitán se quedó meditando sobre la eficiencia de los funcionarios públicos casados en ocasión de celebraciones conyugales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
El lunes, un ventarrón seco barrió todas las nubes y una circular del Ministerio del Interior barrió las cúpulas de varias brigadas y de algunas jefaturas, y devolvió a sus puestos a oficiales superiores que estaban vacacionando en departamentos tan diversos como Finanzas y Presupuesto, Recursos Humanos y Prensa y Relaciones Institucionales.&lt;br /&gt;
Por primera vez en varias semanas, el capitán llegó sin su equipo para la lluvia, aunque si ese día estuviera diluviando, no le habría importado demasiado. Apenas entró miró hacia el despacho principal: la puerta estaba abierta y había olor a café recién hecho. Entró, se sirvió un café y se sentó frente a la comi. &lt;br /&gt;
— Me debe una explicación. &lt;br /&gt;
— Todas las que quiera — dijo ella. &lt;br /&gt;
— ¿Cómo fue que se dio cuenta del operativo que habían montado estos tipos?&lt;br /&gt;
— ¿Sabe, capitán? Tuve suerte: me mandaron a Finanzas y Presupuesto pensando que como no tengo formación contable ni nada parecido, lo único que haría sería&amp;nbsp;llenar formularios que fueran necesarios y arrastrarme de rodillas para volver a mi brigada . El resto lo resolvió mi padre.&lt;br /&gt;
— No sabía que su padre era policía.&lt;br /&gt;
La comisario sonrió y esta vez era una sonrisa amorosa y no la de depredador a la que lo tenía acostumbrado.&lt;br /&gt;
— No. Papá es funcionario público jubilado de la Secretaría de Vivienda. Cuando le conté cómo nos habían tapado de papeles y burocracia nueva de la noche a la mañana, me explicó que ninguna repartición puede contratar a terceros por encima de determinados montos sin una licitación pública. Ni el Ministerio del Interior se salva de esa. Los proveedores deben estar identificados y autorizados y los pliegos de licitación, publicados en medios oficiales lo mismo que las adjudicaciones. Y que obviamente todo eso lleva tiempo; por lo general, meses. La contratación directa sólo es válida para montos pequeños que establece cada repartición. Busqué y no había rastros de licitación para la impresión de todos esos formularios: sólo un montón de pagos de facturas recientes de proveedores que nunca antes habían trabajado con el Ministerio o la policía. Si bien los montos no superaban cierto valor, el total para cada proveedor superaba el máximo permitido para contratación directa. Después fue cuestión de reunir el material, conseguir los comprobantes de los pagos y demostrar que se estaba cometiendo un ilícito.&lt;br /&gt;
— O sea que todo ese fárrago era nada más que la cobertura para la estafa. &lt;br /&gt;
La comisario se levantó a buscar más café y replicó:&lt;br /&gt;
— Exacto. Pero no creo que terminara ahí y nada más. &lt;br /&gt;
— ¿Cómo es eso?&lt;br /&gt;
— Los papeles ocupan mucho lugar. En cuanto empezáramos a archivar los benditos formularios, nos encontraríamos en la disyuntiva de echar gente para poner armarios, o mudarnos a un edificio más grande y con más capacidad de archivo…&lt;br /&gt;
— O construir un depósito, o un edificio de oficinas nuevo o… lo que fuese…¡Ah!&lt;br /&gt;
— ¿Lo ve?&lt;br /&gt;
— Más licitaciones, aunque esta vez fueran verdaderas, más proveedores…&lt;br /&gt;
— Seguramente algunos nuevos…&lt;br /&gt;
— Seguramente amigos de alguien con el poder de adjudicarles la obra…&lt;br /&gt;
Se quedaron callados y pensativos, saboreando café.&lt;br /&gt;
— Resta un solo interrogante— dijo él mientras dejaba la tacita sobre el escritorio— ¿Qué van a hacer ahora con todos esos papeles inútiles?&lt;br /&gt;
Ella lo miró con una ceja levantada.&lt;br /&gt;
— Esa es una muy buena pregunta.&lt;br /&gt;
— Mientras no llamen a licitación…&lt;br /&gt;
Se sonrieron con ferocidad. &lt;br /&gt;
— Ah, capitán… — la comisario lo detuvo justo cuando él cruzaba la oficina general rumbo a su escritorio—. Llamaron del servicio médico. Ud. faltó a una cita con el nutricionista. &lt;br /&gt;
— El nutricionista se puede ir a la …&lt;br /&gt;
— Nuevas directivas. El estado de salud de la oficialidad debe ser motivo de orgullo para la fuerza. &lt;br /&gt;
— ¡Nunca estuve más sano en mi puta vida!&lt;br /&gt;
La comi se levantó y le alcanzó un fax de un metro de largo con una chorrera de análisis clínicos.&lt;br /&gt;
— Me lo dejaron esta mañana en mi escritorio. Es mi responsabilidad velar por la salud de mis subordinados. Mañana, en ayunas. Lleve una muestra de orina. Y después vaya a ver al nutricionista. &lt;br /&gt;
Dio media vuelta y cerró la puerta de su despacho tras de sí y volvió a abrirla de inmediato. &lt;br /&gt;
— Es una orden. &lt;br /&gt;
Menos mal que volvió a cerrar, porque si le hubiera leído los labios lo habría mandado a la unidad de Ciclistas. &lt;em&gt;Perra. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="border-bottom: medium none; border-left: medium none; border-right: medium none; border-top: medium none;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-6528396844538335654?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/6528396844538335654/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=6528396844538335654" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/6528396844538335654?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/6528396844538335654?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/HKOoUMNlQwI/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="Un año en la vida de un policía gordo - ABRIL" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TMs2hhyK_OI/AAAAAAAAA8s/qb4xbJfawGs/s72-c/440px-Cloak_hed_1.JPG" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2010/10/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DE8NQ346fip7ImA9Wx5SEkQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-7025437446803123291</id><published>2010-08-08T12:48:00.000-07:00</published><updated>2010-08-08T12:48:12.016-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-08-08T12:48:12.016-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos negros" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="investigación policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="capítulos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="comisario mujer" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía gordo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>Un año en la vida de un policía gordo: MARZO</title><content type="html">&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF8J5QmEegI/AAAAAAAAA68/gjd-dZVqyVc/s1600/FotoSketcher+-+Depardieu_solo+bn.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF8J5QmEegI/AAAAAAAAA68/gjd-dZVqyVc/s320/FotoSketcher+-+Depardieu_solo+bn.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El traje nuevo no le entraba. La bragueta amenazaba con el escándalo público y los botones del saco prometían vaciamiento de órbitas oculares ajenas. Se miró al espejo con desesperación. Se lo había puesto dos veces. Lo había pagado una fortuna, al menos desde su punto de vista presupuestario, y ahora no podía ponérselo. Rebuscó y pescó un pantalón gris que le apretaba pero que lo eximiría de cargos por exhibición indecente. Camisa blanca, corbata azul, saco azul marino que podía llevar sin abotonar. Menos mal que la formalidad de la ocasión no requería del uso del uniforme porque tampoco hubiera podido ponérselo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Llegó temprano a pesar de los contratiempos estilísticos y pensó aprovechar para ordenar los expedientes amontonados en su escritorio cuando la oleada de saludos lo puso alerta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella llevaba un traje entallado negro con raya diplomática color tiza, que la hacía ver como una institutriz inglesa. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;¿Por qué todas esas brujas serán inglesas?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt; Tuvo que admitir que el aspecto brujeril no la desmerecía en absoluto. Los uniformados se habían lustrado las chapas y los botones dorados, todos peinaditos y sin olor a tabaco o a cosas peores.&amp;nbsp; La comi le dedicó una mirada demasiado neutra para su gusto. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Seguro esperaba verme con el traje nuevo. La puta madre, estoy meado por una jauría de mastines asesinos. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Un estampido hizo girar todas las cabezas hacia su pecera: los expedientes para el archivo habían organizado un movimiento de protesta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La llegada de la comitiva le ahorró más humillaciones. Los encargados de las erreerrepepé prodigaban sus modestos encantos al nuevo jefe, ocupado en componer su mejor cara de prócer. Él flanqueó en silencio a la comi dejando atrás al resto del personal. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Al fin y al cabo soy el segundo del sector, qué carajo. &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El prócer saludó al aire y dio inicio a la visita de reconocimiento. Al capitán no se le escapó la ojeada oscura del tipo en dirección de la comi, ni el vista al frente de ella. Sin percatarse del cruce funesto, los erreerrepepé los presentaron. El tipo inclinó la cabeza con una mueca y la comi calcó el gesto. El capitán miró de reojo a la concurrencia: nadie parecía haber notado nada. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;¿Me lo habré imaginado?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&amp;nbsp; El nuevo dio por concluída la visita al piso, dio media vuelta y enfiló para su despacho desde donde arengaría a la tropa que ya subía por las escaleras. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Cuando volvió a las oficinas, la puerta de la chapa dorada estaba cerrada. Abrió, asomó la cabeza y preguntó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Jefe, ¿se conocen con …?— cabeceó señalando el techo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella asintió con una sonrisa forzada. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Esto viene feo.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Yo… Si me necesita, estoy en mi pecera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Gracias — respondió ella sin despegar los ojos de la pantalla. — Capitán…Tiene una mancha en el pantalón. En la rodilla. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Por eso las miradas… &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;No tuvo tiempo de seguir compadeciéndose: el interno de la comi chirrió, ella levantó el auricular, respondió un “sí” seco y le dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Arriba. Quiere hablar con nosotros. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El jefe los esperaba detrás del escritorio monumental, sentado como si el sillón fuera un trono. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Los otros oficiales estaban llegando y se amontonaban en medio de un silencio incómodo. El discurso no fue nada del otro mundo: “vamos a trabajar duro”, “no voy a tolerar errores” y los demás lugares comunes de todos los nuevos en el día que asumen. Lo malo vino a continuación. Volvieron a sus escritorios en silencio. La comi cerró la puerta detrás de sí y él no tuvo más remedio que irse a su cubículo a recoger expedientes desparramados. El nuevo detestaba el desorden, el incumplimiento administrativo, los retrasos en los informes escritos y las manchas en los pantalones. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El peor lunes de su vida terminó sin más novedades y se fue a su casa sin que la puerta de la comi se abriera en toda la tarde. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El día siguiente no fue mejor.&amp;nbsp; La tropa sufría de un ataque virulento de burocracia y archivaba hasta los casos que no estaban cerrados. En su escritorio encontró un apercibimiento por llegada tarde. Furioso, agarró el papelucho y enfiló hacia el despacho principal. Entró sin golpear. La comi sostenía un papel sospechosamente parecido al suyo. Él dejó la nota sobre el escritorio, ella la tomó, la rompió junto con la suya y tiró el bollito al cesto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Vamos. Hay un cadáver esperando. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Trotó detrás de ella con una sonrisa de oreja a oreja. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF4QzTPsaGI/AAAAAAAAA6s/u9uh-f7ixAs/s1600/gare.de.l.est.hall.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" height="272" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF4QzTPsaGI/AAAAAAAAA6s/u9uh-f7ixAs/s400/gare.de.l.est.hall.jpg" width="400" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El cuerpo los esperaba en una de las terminales de tren, cuidadosamente acuchillado. Los auxiliares del forense ya estaban sacando fotografías del inodoro y las paredes embadurnadas de sangre y algunos otros fluidos más escatológicos. Cuando retiraron el cuerpo, la comi se agachó junto al sanitario y le hizo señas para que se acercara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mire, parecen letras — señaló unos trazos irregulares de color oscuro en las baldosas gastadas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Se inclinó por encima de la comi para ver mientras ella fotografiaba las manchas emborronadas con el celular y después las paredes del retrete.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Al jefe de estación no le va a gustar un carajo que le clausuremos el sanitario— dijo él. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Por tiempo indefinido —ella completó con una ceja levantada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Cuando salieron ya había gente reclamando frente al acordonamiento policial. Con disimulo, la comi sacó fotos de los protestones y de los alrededores. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Interrogaron al personal de vigilancia que en el momento del crimen estaba vigilando otra cosa, y a testigos que no habían presenciado ni oído nada que sirviera como testimonio. Al finado lo&amp;nbsp; habían cosido a puñaladas sin que nadie se diera cuenta, en el retrete de un baño de estación terminal de tren. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La comi llamó a la morgue: el óbito podía establecerse dentro de la última hora y media. Le enviarían el resto de los detalles junto con el informe, clic. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mi Dios, qué formales estamos— suspiró ella cerrando el teléfono. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— O sea que lo liquidaron a la hora pico— acotó él y en seguida: — Por eso nadie escuchó nada. Estaban todos ocupados en otra cosa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Vamos a averiguar quién era este sujeto— ella hizo un ademán invitándolo a seguirla. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No parecía un empleado rumbo a la oficina. Por lo que llevaba puesto, digo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Más bien, un operario de alguna fábrica o taller. Pero, ¿en este horario? — lo miró. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF8IzjuBQEI/AAAAAAAAA60/HJ-CXUu4XG8/s1600/FotoSketcher+-+apu%C3%B1alado.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF8IzjuBQEI/AAAAAAAAA60/HJ-CXUu4XG8/s320/FotoSketcher+-+apu%C3%B1alado.jpg" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El jefe de estación confirmó lo que sospechaban: el hombre dormía en la estación, como tantos otros sin-techo. A veces los corrían un poco, más que nada para cumplir con los reglamentos municipales, pero en invierno los dejaban en paz. Al fin y al cabo uno era un ser humano, ¿no? Por supuesto, asintieron.&amp;nbsp; El finado era limpio y no pedía limosna. Se sentaba en los bancos a leer los diarios o revistas que encontraba tirados, ayudaba a cargar bultos en los vagones o a llevarlos hasta los taxis y aceptaba lo que le dieran con un gesto correcto. Jamás pedía. Se bañaba en las duchas públicas. No era de los que se emborrachaban o robaban a los pasajeros. ¿A esos los tenían identificados? El jefe se encogió de hombros. Cada tanto los corrían, pasaban una o dos noches adentro y después volvían con alguna ropa nueva para camuflarse, pero ellos los tenían bien calados a todos. ¿Podían ver las grabaciones de vigilancia?, preguntó el capitán y y el jefe de estación los invitó a pasar a la oficina de monitoreo. Les mostró los borrachos y señaló dónde dormían; los carteristas se iban después de la última oleada del día y volvían al día siguiente, como los auténticos trabajadores que eran.&amp;nbsp; Los ladrones de verdad, bueno, esos tardaban en regresar.&amp;nbsp; Le pidieron una copia de las grabaciones y el capitán rezó mentalmente porque el programa de reconocimiento de imágenes estuviera funcionando.&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;De vuelta en su cubículo, se enteró de que Dios no había escuchado sus plegarias y que el jefe los había llamado varias veces a sus respectivos internos, sin respuesta. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Obvio, estábamos en un procedimiento. ¿Por qué no llamó a los celulares?¿Se cree que los fiambres vienen hasta acá para hacer la denuncia?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La comisario acabó con sus preguntas retóricas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— A partir de hoy, cada salida debe ser informada. Por escrito — sacudió un papel con membrete oficial y número de circular interna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Me está jodiendo? — se le escapó entre dientes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Yo no. Él — ella sacudió la cabeza señalando el techo — sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Me voy a ver las grabaciones de mierda. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Vamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Cuatro grabaciones más tarde, habían identificado a casi todos los desconocidos de siempre de la estación. Entre los dos armaron la lista y se repartieron los interrogatorios. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No se olvide de completar el formulario de salida de mañana— dijo ella mientras apagaba su pc. Él masculló algo ininteligible e insultante dirigido al piso superior.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La mañana siguiente se la pasaron entre el hall central y los andenes, interrogando borrachos y asustando carteristas. A mediodía se sentaron&amp;nbsp; ante dos cafés con leche y cuatro medialunas a intercambiar impresiones. Los carteristas recordaban al finado como uno que jamás tenía problemas con nadie. No podían imaginar quién querría cargárselo, ni el motivo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;A la hora de interrogar a los borrachos, por prudencia lo hicieron juntos. Uno de los pocos que estaban casi sobrios recordó que el finado había llegado a la estación hacía ocho meses. ¿Y por qué tanta precisión?, preguntó el capitán. Porque habían salido juntos de la cárcel de (***), habían tomado el tren y llegado a la terminal. ¿Y después? Después, él había intentado conseguir algún trabajito acá y allá pero claro, uno se pone viejo y n olo quieren en ningún lado. &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Y menos todavía con tus antecedentes, &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;meditó el capitán. ¿Y su compañero? Nada, él se había quedado en la estación. No había vuelto a salir a la calle. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Los de Huellas Digitales ya habían identificado el cuerpo y la comi verificó la versión del exconvicto. El informe forense estaba listo sobre el escritorio de la comi.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Cuánto tiempo estuvo este fulano adentro? — preguntó la comisario.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—&amp;nbsp; Entre todas las condenas, unos doce años. La última vez estuvo cinco adentro, por reincidente. Todos robos menores. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y el amigo borrachín?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Robo a mano armada. La última condena fue de quince años, también por reincidencia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La comisario sacó el celular de su bolso y lo conectó a la pc. Cliqueó acá y allá y giró la pantalla para mostrarle las imágenes tomadas en el baño donde había aparecido el cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— De verdad parecen letras — admitió él —, aunque… Espere. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Tomó una hoja, metió los dedos en un pocillo de café y dibujó varios trazos.&amp;nbsp; Ella mientras tanto, imprimió la fotografía. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Hágalo otra vez. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Obediente, se mojó los dedos en el café y repitio el dibujo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ahora, levante el dedo mayor— ordenó ella, tan entusiasmada que no se dio cuenta de que el café era el suyo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Acá está el listado de los que interrogamos hoy.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Lo revisaron juntos. Ella empujó su sillón con rueditas hacia atrás y resopló.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Podría no tener nada que ver. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Con probar no perdemos nada— replicó él, entusiasmado con el descubrimiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Quién va: Ud. o yo? Alguien tiene que quedarse a hacer el informe del día. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Yo voy, Ud. escribe, jefe. Tiene más linda letra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella le dedicó una ojeada asesina. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— El próximo lo hace Ud. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La verdad es que no quería que ella anduviera de nuevo entre borrachos y malandrines. Cuando llegó a la estación, los carteristas estaban tomando café en un mostrador y lo saludaron con un movimiento de cabeza. Preguntó por uno de los habituales y lo miraron como si preguntara por un ilegal vietnamita y tuvo que mostrarles la fotito del prontuario. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¡Ah! El Macana. Hoy no vino. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Hace unos tres o cuatro días que no viene— intervino su compañero entre sorbo y sorbo — . Está pasando una temporadita adentro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Los otros menearon la cabeza y se encogieron de hombros y el capitán descartó al Macana de la lista de los sospechosos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y… éste?— sacó otra foto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bombón. Acabo de verlo en el andén 5. Está por llegar un convoy. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y ustedes?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Jefe, hay trabajo para todos. Si todos vamos al mismo lugar, las cosas terminan mal.&amp;nbsp; Nos repartimos los andenes y los trenes buenos y nadie tiene quejas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La información le hizo cambiar la estrategia. Consiguió una grilla de horarios y volvió al bar. Bombón había reemplazado a uno de sus compañeros en el mostrador. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Dedos está en el 8 — aclaró Bombón con la boca llena de medialunas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Muchachos, ¿quién estaba trabajando y quién no cuando se cargaron al finado del baño? Traje un horario de trenes y…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Jefe — respondió Bombón—, nosotros trabajamos a mano limpia, ¿entiende? Nada de fierros ni púas. Nunca. Así, cuando nos toca ir adentro, salimos rapidito y sin problemas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Ninguno de ustedes…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No. No sería ético — respondió el hombre mirándolo a los ojos sin parpadear. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;A la mierda. Acabo de darme un porrazo contra la ética de los carteristas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y los borrachines?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Yo no pongo las manos en el fuego por ninguno — rezongó Dedos, que volvía de cumplir con sus tareas habituales. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No exageres— replicó el otro—. Son buena gente.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Pero cuando se pasan con el trago se ponen pesados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Y los sacan a patadas hasta el primer patrullero que pasa por la puerta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Alguna vez los vieron en una discusión, o sacando un arma?— el capitán interrumpió la disquisición.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Por lo general se van a las manos. Si tuvieran armas, los de vigilancia les habrían echado encima a la cana hace rato. Ninguno calza nada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Pero al tipo del baño lo apuñalaron— insistió el capitán.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ningún fijo de la estación, jefe — Dedos fue terminante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Podría haberse robado un cuchillo de algún bar — insinuó el capitán, aunque por la autopsia sabía que no se trataba de una hoja de cocina. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—La mayoría usa descartables y los que dan cubiertos de metal no dejan entrar indeseables— aseguró Bombón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y los sin-techo? Vi a unos cuantos escabulléndose en los baños— el capitán se negaba a darse por vencido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Esos son los que menos posibilidades tienen de cagarla. No tienen adónde ir. El jefe de acá es un buen tipo y se hace el que no los ve pero si alguno se pasa de la raya o molesta, adiós. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Se despidió de los muchachos cuando los altavoces anunciaban el ingreso de un convoy en el andén 2. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sentado en uno de los bancos del hall central, llamó a la comisario. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Estamos como al principio — gruñó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No— dijo ella—. Descartamos a unos cuantos sospechosos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¡Claro, y nos quedan todos los pasajeros que a la hora del crimen pasan por la estación!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Sólo los que fueron al baño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;¿Hoy te levantaste de buen humor, bruja? &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El pulso homicida le palpitó a la altura del plexo solar, pero la frase siguiente le apaciguó el ánimo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán, Ud. y yo vamos a darnos una panzada de cine. Pida copia de todos los videos de vigilancia de la semana del homicidio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;***&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Las manos le temblaron cuando cargó el video, no sabía si por cansancio o por exceso de cafeína. En el sillón de al lado, la comi se desperezaba como un gato.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Dios, me duelen los ojos, la cabeza, la espalda, me aprietan los zapatos, me molesta el reloj…— murmuró ella mientras se removía tratando de sobrellevar sus malestares. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;De reojo le pescó el gesto de estirar los breteles del corpiño y casi se ofreció a aliviar tanta tensión. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¡Ahí! Pare la película.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Saltó en su asiento lleno de pensamientos culpables.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Dónde?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Antes. Un poquito más… Ahí— el dedito acusador se posó en el lugar de la pantalla donde un hombre bien vestido pasaba junto al finado, todavía vivo gracias al viaje en el tiempo del video. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Qué hay? — rezongó él— No sé qué tiene de distinto ese. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mírelo bien. Ahora, adelante la película a baja velocidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Un cuadro. El tipo pasaba sin mirar. Otro. El finado giraba la cabeza. Un poco más. El tipo se detenía a encender un cigarrillo. El finado giraba más la cabeza mirando fijo. Otro poco. El finado en el instante de levantarse. El siguiente. El finado de pie detrás del tipo de sobretodo. El del sobretodo que volvía la cabeza. Otro más. Se miraban.&amp;nbsp; El del sobretodo se alejaba. El otro volvía al asiento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bueno, se miraron, ¿y qué?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—Vaya al compilado del día siguiente en ese mismo horario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El mismo tipo, con el mismo sobretodo, alejándose muy rápido del pasillo central. El finado se levantaba. Alcanzaba al del sobretodo. Caminaban juntos sin mirarse. El finado volvía a su asiento. Sin que la comi le dijera nada, el capitán buscó el video del día siguiente. Esta vez el finado se levantaba antes de que el tren terminara de detenerse y esperaba a la salida del andén. Montones de personas. El del sobretodo, con otro abrigo tan elegante como el primero. Se miraron con la comi y él pidió un acercamiento. El hombre bien vestido fumaba durante un minuto eterno frente al sin-techo. Después aplastaba el cigarrillo y se alejaba. El sin-techo volvía a su lugar. Diez minutos después se levantaba e iba a los baños, a la misma hora en que lo hacía habitualmente según se desprendía de los videos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Vea la expresión de odio de ese hombre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No le gustarán los sin-techo y éste le habrá pedido algo, un cigarrillo, quién sabe…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán, Ud. a veces me asombra — ella lo interrumpió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿De verdad? — preguntó ilusionado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella lo miró con ojos como cuchillos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ponga la cinta del día siguiente, ¿quiere?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Obedeció sin decir mu, no fuera cosa que de esa boquita pintada como un corazón brotaran insultos dignos de un camionero. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El andén se poblaba de hormigas vestidas para trabajo en oficina. El sin-techo estaba sentado en su banco habitual, leyendo un diario. El hombre del sobretodo se detuvo a su lado. Era obvio que hablaban pero el ruido de los altavoces de la estación tapaba cualquier conversación. El del maletín se iba. El otro esperaba, retomaba el diario y a la hora de siempre iba al baño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Un hombre de conducta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ahórreme la escatología y vaya al día del crimen. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¡Síseñora!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre del maletín pasaba de largo junto al banco del sin-techo, sin mirarlo. Caminaba algo más apurado que de costumbre y entraba a los sanitarios. El sin-techo doblaba el diario, se levantaba y también entraba a los baños. Las cámaras mostraban al hombre del maletín saliendo del baño rumbo a la entrada principal de la estación. El sin-techo ya no volvería a salir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Le afectó el cambio de horarios— bromeó el capitán. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mañana nos vamos a la estación bien tempranito a esperar a nuestro ejecutivo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Por si acaso voy al baño antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella ni siquiera se tomó la molestia de censurarle la humorada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Se encontraron en la entrada principal cuando el convoy entraba al andén. Tuvieron que correr hasta sus puestos de observación. Interceptaron al hombre cuando se detenía a encender un cigarrillo. Puso cara de nada cuando le mostraron la foto del&amp;nbsp; finado. La comisario abrió el bolso insondable y sacó un reproductor de DVD portátil. El capitán se amargó pensando en las sanciones que recibirían por retirar material sin autorización. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Mire —&amp;nbsp; la comi giró la pantallita hacia el hombre, que masticaba un cigarrillo— ¿Lo recuerda ahora?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre tragó saliva y asintió. La comi lo invitó a continuar la conversación en su despacho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Sí, su nombre y apellido empezaban con la misma inicial, ¿qué tenía de raro? Nada, respondió la comisario, mientras el capitán aguantaba un saltito al recordar las letras que había dibujado el muerto con su propia sangre. ¿De dónde conocía al occiso?, continuó la comi&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Había conocido al finado en prisión. Era su primera condena, había salido por buena conducta. Ahora tenía un buen empleo y por supuesto, no conocían sus antecedentes. Unos días atrás había sido abordado por un hombre que resultó ser su antiguo compañero de celda. El tipo vivía en la estación, sin empleo ni posibilidad de conseguirlo. Y él había tenido éxito, ¿no? Iba bien vestido y viajaba en el horario de los oficinistas de clase alta. Seguro trabajaba en un buen lugar y vivía bien.&amp;nbsp; ¿No quería ayudar a un amigo? Le consiguió la plata y se la había dado el día en que lo habían matado. En el baño. Él había salido primero y no lo había vuelto a ver.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El capitán le hizo una seña a la comisario y salieron de la sala de interrogatorios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Lo estoy pasando por el fichero para verificar la versión. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La sonrisa de gato esta vez fue para él solito. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bien, capitán, bien... Dejémoslo cocinándose un ratito más entonces. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Un cabo se les acercó agitando unos impresos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Comisario, capitán… — el pobre cabo vacilaba — Las… las salidas de hoy…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No salimos Ni siquiera vinimos esta mañana. Acabamos de llegar— interrumpió la comisario. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Eso también. O sea... Los formularios… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Ella tomó los papeles y los rompió sin mirarlos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Gracias, cabo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El pobre chico casi se atragantó del susto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Cabo, estamos esperando un informe del Servicio de Penitenciaría. ¿Me haría el favor…?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Ya mismo, señora. Ya voy. Voy— salió corriendo y volvió corriendo en menos de dos minutos con un fax. La comi se apartó para leerlo.&amp;nbsp; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Capitán— jadeó el cabo—, por favor, yo les entregué los formularios y si no los llevo firmados …&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No se preocupe, Ud. cumplió con su deber. Ahora el problema es nuestro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Volvió a la sala de interrogatorio y la comisario ya estaba sentada frente al tipo. Se paró detrás de ella, inexpresivo no por el posible asesino sentado del otro lado de la mesa sino porque se había visto en el reflejo del cristal y se había encontrado la mancha en la corbata. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Cuatro años por estafa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El tipo asintió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Pero esta foto no se le parece mucho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bueno, uno se corta el pelo, baja de peso…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Se hace una buena cirugía estética…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El tipo se removió incómodo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Me rompieron el tabique en prisión. Quisieron abusarme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Tuvo suerte de que fuera casi al final el intento. Por lo general les dan el primer día — retrucó ella en su tono más desagradable mientras sacudía el fax.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El tipo desvió la mirada. El capitán tomó las hojas y comparó la foto con el original en vivo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Y de paso, se arregló las orejas, las cejas, el mentón… Buen trabajo — comentó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No está prohibido, ¿no? — el otro se ofuscó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Para nada. Se consiguió una cara nueva, una vida nueva, casa. trabajo, amistades. Pero hay cosas de uno que no cambian nunca. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre lo espió desde debajo de las cejas. El capitán se encogió de hombros mientras enumeraba con los dedos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— La forma de caminar, de mirar, pararse, fumar. Hasta el modo en que uno enciende un cigarrillo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Transcurrió un silencio durante el cual la respiración del tipo se volvió pesada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No tenía derecho a venir a joderlo— dijo la comi suavemente— . Ud se esforzó, cambió, se hizo una vida y él estaba ahí, haciendo lo que mejor sabía: nada. Un inútil, inservible. Ni siquiera era un buen ladrón. Se pasó la vida en cana, entrando y saliendo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El tipo asentía con los ojos cerrados muy apretados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Y ese día&amp;nbsp; el destino los cruzó. A pesar de todo, él lo reconoció cuando Ud. encendió el cigarrillo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Vino a pedirme fuego. Ni siquiera fumaba pero se acercó y me dijo: “Te queda bien”. Por la nariz, claro. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;—Él&amp;nbsp; fue el que se la rompió, ¿no?— preguntó ella. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre asintió despacio. Transcurrió otra pausa densa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Con qué lo amenazó en el baño?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El hombre tragó saliva. Le costaba despegar los labios.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Creí que quería plata y nada más. Le hubiera dado lo que me hubiera pedido.&amp;nbsp; “Yo todavía me acuerdo”, me dijo. “Te gustaba. A mí también. Podemos retomar la relación. Te voy a buscar a la oficina, ¿qué te parece?” . Y sonreía. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Y el arma?— preguntó el capitán y le pareció que su propia voz venía desde muy lejos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF4Qmz4kQUI/AAAAAAAAA6k/cMS9r6P1UFQ/s1600/navaja-suiza-011208-02.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF4Qmz4kQUI/AAAAAAAAA6k/cMS9r6P1UFQ/s320/navaja-suiza-011208-02.jpg" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Una navaja suiza. Mía. Siempre había querido una y acababa de comprarla. &amp;nbsp;La tiré en un cesto de basura de la calle. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Golpearon a la puerta. Era el juez de instrucción de turno. La comi le ofreció al hombre llamar a un abogado y él aceptó. Ellos dos subieron a su piso mientras los otros se quedaban esperando. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;***&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Encima de la pila eterna de expedientes había una nota con membrete oficial y firmada por el jefe. Lo habían suspendido. Salió de su cubículo echando humo, nada más que para ver a la comi salir de su despacho con el bolso y el abrigo puesto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— ¿Adónde va? — ladró. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— A mi casa. Acaban de suspenderme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— A mí también. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Lo invito a tomar un café en algún lugar soleado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Excelente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Yo manejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— No joda, en su auto no entramos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Bueno, cada uno en su auto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;El cabo de los formularios entró a la carrera.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Comisario… Capitán… —jadeó — El … El jefe quiere que le entreguen las placas y las armas…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;La comi abrió el bolso y dejó sobre un escritorio una .38 corta y la placa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Buen día, cabo— sonrió la comi al pobrecito y después se volvió hacia él — ¿Vamos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Él dejó su &lt;/span&gt;&lt;st1:metricconverter productid="9 mm" w:st="on"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;9 mm&lt;/span&gt;&lt;/st1:metricconverter&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt; y su placa primorosamente acomodados junto a la .38 y la placa dorada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;— Después de Ud., jefe. Cabo, salude al comisario de mi parte. &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;o:p&gt;&amp;nbsp;&lt;/o:p&gt;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-7025437446803123291?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/7025437446803123291/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=7025437446803123291" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7025437446803123291?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7025437446803123291?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/Few0hw_6s8g/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="Un año en la vida de un policía gordo: MARZO" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/TF8J5QmEegI/AAAAAAAAA68/gjd-dZVqyVc/s72-c/FotoSketcher+-+Depardieu_solo+bn.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2010/08/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;Ak8FQXw4fCp7ImA9WxFSGEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-7086304701284880181</id><published>2010-04-20T19:49:00.000-07:00</published><updated>2010-04-21T12:40:10.234-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-04-21T12:40:10.234-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos policiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="celos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="resfrío" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesinato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="comisario mujer" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="gripe" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía gordo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="gigoló" /><title>Un año en la vida de un policía gordo - FEBRERO (final)</title><content type="html">&lt;div align="left"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S85vEjLV-mI/AAAAAAAAA10/489vMAIFBkA/s1600/La%2520neige%2520sur%2520Paris.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5462425521999968866" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S85vEjLV-mI/AAAAAAAAA10/489vMAIFBkA/s400/La%2520neige%2520sur%2520Paris.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juez de instrucción lo miró por encima de los lentes de marco grueso cuando él le pasó la lista de citaciones.&lt;br /&gt;— ¿Todas juntas? ¿Para mañana? — gruñó.&lt;br /&gt;— Todas.&lt;br /&gt;— ¿Su jefa se volvió loca?&lt;br /&gt;Él se encogió de hombros con expresión angélica. &lt;em&gt;No se volvió loca. Es loca. Y yo le sigo la corriente.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;— Ya sabe, ella es así — se limitó a decir.&lt;br /&gt;— Hinchapelotas. Tome— el juez le dio las órdenes — Trate de no volver en unos cuantos días, ¿quiere?&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;La mañana amenazaba con más nieve pero los borceguíes resistían a pie firme. El día anterior había rebuscado en el Depósito de Materiales y había encontrado una capa de servicio engomada y pesadísima y con la que parecía un submarino stealth pero que lo mantenía a salvo de las inclemencias meteorológicas. El único inconveniente era que la capa estaba diseñada para servicio en vía pública. Lo comprobó cuando al quitársela para colgarla en el perchero, dejó un charco del tamaño del Mar Muerto en la oficina y salpicó todos los escritorios en diez metros a la redonda. Nadie se atrevió a insultarlo por una cuestión de rango. Salió sin mirar a nadie, estornudando y dejando huellas barrosas por todas partes.&lt;br /&gt;El pasillo que llevaba a las salas de interrogatorio parecía una peluquería. Las damas estaban de lo más comunicativas y se habían arreglado con esmero, incluída la portera que lucía un tapado de piel algo pasado de moda y que le quedaba un poquito grande.&lt;br /&gt;— Ya llegaron todas— él le avisó a la comi —. Están muy tranquilas.&lt;br /&gt;— Vamos a ponerlas nerviosas entonces— dijo ella y le brillaron los ojos.&lt;br /&gt;El capitán se descubrió pensando en la manera de conseguir un poco de ese brillo para él solito y de inmediato razonó si no se estaría convirtiendo en un pelotudo masoquista. Esa mirada era la del depredador a punto de saltar sobre la víctima. &lt;em&gt;Menos mal que se decidió por la Policía. Si fuera asesina, sería imparable. Pero yo tendría un buen motivo para matarla sin ir en cana.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;— ¿Llegó todo lo que pedí al forense? — la voz de la comi a sus espaldas lo sobresaltó.&lt;br /&gt;—Sí, ya mandaron todo y lo dejé acomodado sobre la mesa de la sala Nº 1.&lt;br /&gt;Salieron juntos al corredor fatítico y la comi se adelantó a una de las salas mientras él se acercaba a la primera de la fila y con expresión de velorio le pedía que lo acompañara.&lt;br /&gt;Después de que la tercera entrara a declarar sin que las dos primeras hubieran vuelto a salir, las restantes empezaron a removerse incómodas. La portera se levantó y se acercó a golpear la puerta de la oficina. &lt;em&gt;Ya era hora. Estaba empezando a aburrirme.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Disculpe, ¿hay algún problema? — preguntó la mujer.&lt;br /&gt;— ¿Por qué lo pregunta, señora?&lt;br /&gt;— Bueno, no sale nadie…&lt;br /&gt;Antes de responderle, echó una mirada de reojo a las otras: estaban rígidas en sus sillas.&lt;br /&gt;— Deben estar declarando todavía— dio media vuelta para volver a su puesto de observación. Las otras se acercaron ansiosas a la portera para escuchar el parte.&lt;br /&gt;Media hora más tarde, la vecina del 5º B se acercó a la puerta vidriada.&lt;br /&gt;— ¿Falta mucho?&lt;br /&gt;— ¿Para qué, señora?&lt;br /&gt;— Para que nos llamen.&lt;br /&gt;— La comisario está a cargo de los interrogatorios y ella decide cuándo terminan.&lt;br /&gt;— ¿Interrogatorios? — chilló la mujer, horrorizada — ¡Pero si la citación decía… “declarar”!&lt;br /&gt;Él levantó las cejas y meneó la cabeza. La mujer retrocedió y tropezó con la silla. Las otras estaban encogidas en sus asientos y la portera revoleaba los ojos.&lt;br /&gt;El capitán fue hasta la sala Nº 2 y le hizo señas a la comisario para que saliera.&lt;br /&gt;— Están al borde de la histeria— susurró al oído de su jefa. Ella esbozó una sonrisita de felino que metía miedo.&lt;br /&gt;— Juntémoslas a todas.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S8574MOgztI/AAAAAAAAA18/yI_bAFKtatM/s1600/tutte+1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5462439603331976914" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 242px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S8574MOgztI/AAAAAAAAA18/yI_bAFKtatM/s400/tutte+1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Obediente, salió al corredor e invitó a las damas a pasar a la sala Nº 1, cosa que demoró porque ninguna quería ser la primera en entrar.&lt;br /&gt;En la sala, sobre la mesa había una exhibición de objetos sin relación entre sí: un paraguas negro, un palo de golf, unas tijeras de modista, un cuchillo de cocina no muy grande; un palo de amasar, un florero con el borde roto; una caja de bombones de madera, de esas que luego las señoras usan para costurero; un par de agujas de tejer.&lt;br /&gt;Contra la pared de la sala había ocho sillas alineadas. La comisario estaba de pie del otro lado de la mesa.&lt;br /&gt;— Señoras, tomen asiento por favor —pidió el capitán cortesmente y rodeó la mesa.&lt;br /&gt;La portera retomó su papel de portavoz.&lt;br /&gt;— Queremos saber de qué se nos acusa— dijo, acomodándose el tapado de piel.&lt;br /&gt;— Siéntense. Por favor— repitió la comi sin sombra de cortesía alguna—. Capitán, conecte la cámara y traiga a las demás.&lt;br /&gt;Él salió y volvió a entrar escoltando a las tres primeras y les señaló las sillas vacantes.&lt;br /&gt;— Señoras… — dijo la comi e hizo una pausa insoportable— . Como sabrán, su vecino del 5º “A” murió dos días atrás en circunstancias todavía no esclarecidas. El cadáver presentaba golpes y heridas de diverso origen e intensidad, que el forense estableció se hicieron con distintos elementos.&lt;br /&gt;Luego se acercó a la mesa, apoyó las manos y dejó ir la mirada desde los artículos exhibidos hasta cada una de las mujeres. Las tres primeras estaban pálidas y las otras cuatro las miraban asustadas. La portera estaba muy interesada en sus zapatos. Para la del 5º “B” fue demasiado porque se sentó entre sollozos. Las otras corrieron a consolarla.&lt;br /&gt;— No queríamos… Nunca… — hipaba la mujer mientras tomaba el cuchillo de cocina.&lt;br /&gt;— Él nos mintió. Nos engañó a todas— la del 3º “A” se adelantó furiosa a tomar el palo de golf—. Era un farsante, un estafador. Ni siquiera distinguía un wedge de un putter. Y yo lo llevé al club y lo presenté…&lt;br /&gt;— Es que era tan gentil — la del 4º “B” se acercó al paraguas —. Me acompañó con este paraguas hasta el banco, a cobrar la pensión. Me dijo que estaba en un problema pero no quería aceptar el dinero. Tuve que insistir…&lt;br /&gt;— Pero cocinaba maravillosamente— se apuró a aclarar la del 5º “B”—, y le gustaba demostrarlo. Preparaba un pollo al vino maravilloso…&lt;br /&gt;— Todo lo hacía para la escena— murmuró envenenada la del 2ª “A” —. Los ramos de flores, las botellas de vino caro, las velas. ¡Y pensar que amasé mis mejores pastas para él! Lo único que sabía cocinar era el maldito pollo al vino…&lt;br /&gt;&lt;em&gt;O sea que ésta es la del palo de amasar,&lt;/em&gt; razonó el capitán.&lt;em&gt; ¿Y a la portera, qué cuento le habrá metido?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S89OnqQ2CeI/AAAAAAAAA2E/vzAZ7kX2MtA/s1600/Objetos+contundentes.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5462671316290505186" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 340px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S89OnqQ2CeI/AAAAAAAAA2E/vzAZ7kX2MtA/s400/Objetos+contundentes.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— Cuando lo conocí, me elogió tanto lo que estaba tejiendo y me habló tanto de los pulóveres que le tejía su abuela que me conmovió y le tejí como cinco o seis. Todos con lana de primera calidad: cashmere, angora, todo fino, carísimo. Quiso pagarme el primero pero me negué, claro, y después, bueno, me decía “Gladys, sabe, vi un chaleco en Tal o en Cual, tan elegante, pero seguro que a Ud.le sale mejor” Y yo me iba a Tal y Cual y copiaba el modelo y se lo tejía…— la sesentona del 2º “B” se sentó con resignación.&lt;br /&gt;— ¡Te dije que lo estabas malcriando demasiado a ese sinvergüenza!— la solterona amargada del 4º”A” saltó indignada.&lt;br /&gt;— ¡Bah! ¿No le compraste un traje?— replicó la del 2º “B” —. Eso es bastante más caro que cinco pulóveres.&lt;br /&gt;— Por lo menos me di el gusto de cortárselo en tiritas— retrucó con rencor.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Así que la tijera es tuya, 4º “A”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;— Señoras, señoras — intervino la comisario— no están acá para echarse cosas en cara. Se trata de esclarecer un crimen.&lt;br /&gt;— ¡Nosotras no lo matamos! — chillaron.&lt;br /&gt;Él se acercó a la comisario, se cruzó de brazos y esbozó una sonrisita sarcástica.&lt;br /&gt;— Pero hicieron el intento— dijo.&lt;br /&gt;— ¡No, no!&lt;br /&gt;— ¡Queríamos asustarlo y nada más!&lt;br /&gt;— ¡Darle una lección!&lt;br /&gt;Gritaban todas al mismo tiempo, retorciéndose las manos y sujetando cada una el objeto con que habían ejecutado su venganza.&lt;br /&gt;La amargada del 2º “B” apoyó su tijera en la mesa y pidió silencio con un gesto.&lt;br /&gt;— Le dimos una buena paliza. Pero cuando lo dejamos estaba bien vivo.&lt;br /&gt;— Creo que lo que más herido tenía era el orgullo— suspiró la jugadora de golf —. Ya no iba a embaucarnos más y se lo dejamos bien claro.&lt;br /&gt;Un teniente abrió la puerta con un fajo de papel de fax en la mano. La comisario salió y demoró cinco largos minutos en volver, durante los que él no paró de estornudar. Las mujeres retrocedieron espantadas. El teniente volvió a entrar y a prudente distancia, le pidió que saliera a ver a la comisario.&lt;br /&gt;— Información nueva del forense— ella sacudió los papeles que traía en la mano— ¿Se resfrió otra vez?&lt;br /&gt;Él interpretó correctamente la mirada sombría de su jefa.&lt;br /&gt;— ¿No fue un infarto común y corriente? — obvió la pregunta respecto de su estado de salud.&lt;br /&gt;Ella negó con la cabeza.&lt;br /&gt;— ¿Entonces estamos como al principio?&lt;br /&gt;— Casi — le dio las hojas para que él también leyera — ¿Cuál de todas? — murmuró la comisario.&lt;br /&gt;— Hay una que no reclamó nada— acotó él con voz nasal por la congestión.&lt;br /&gt;— Tiene razón, capitán. ¿Por qué no se abriga? Está estornudando mucho.&lt;br /&gt;Fue inevitable que se regodeara durante las siguientes décimas de segundo.&lt;em&gt; Le importo aunque se muera antes de admitirlo. Está preocupada.&lt;/em&gt; Intentó toser para que ella le dijera algo más.&lt;br /&gt;— Vamos a interrogarla. Pero que las otras no se vayan todavía. Sáquela discretamente.&lt;br /&gt;Ella había vuelto a su preocupación primaria y él podía caerse muerto en ese mismo momento. Hubiera querido arrastrar a la tipa fuera de la sala de interrogatorios y acogotarla hasta que confesara para que no distrajera la preciosa atención de la comi con estupideces tales como el cadáver de un gigoló envejecido. Se guardó el rencor y entró a la sala.&lt;br /&gt;Las mujeres se habían agrupado de a dos y de a tres y la portera revoloteaba entre ellas. Él le hizo una seña y la portera se acercó.&lt;br /&gt;— La comisario quiere hablar dos palabras con Ud.&lt;br /&gt;La mujer asintió y lo siguió.&lt;br /&gt;La comi esperaba en su despacho, sentada en el sillón que le quedaba grande. La portera se sentó acomodándose el tapado de piel. Él se quedó de pie cerca de la puerta.&lt;br /&gt;— ¿Cuánto hace que Ud. es encargada del edificio?&lt;br /&gt;— Unos ocho años.&lt;br /&gt;— ¿Recuerda cuándo se mudó el caballero del 5º “A”?&lt;br /&gt;— No hace mucho— vaciló—. Un año, quizás menos.&lt;br /&gt;— ¿Cómo entabló relación con las vecinas?&lt;br /&gt;— Organizó una reunión en su departamento.&lt;br /&gt;— ¿Y las invitó así no más? ¿Puerta por puerta, “hola, qué tal, soy nuevo y tengo ganas de hacer amigos, por qué no vienen el viernes”?&lt;br /&gt;— Bueno, no. Pasó un tiempito y saludo va, saludo viene, terminó conociendo a todas las señoras.&lt;br /&gt;— ¿Ud. las conoce bien?&lt;br /&gt;— Lo que una conoce a los propietarios.&lt;br /&gt;— O sea que bastante bien.&lt;br /&gt;La mujer apretó los labios y se encogió de hombros.&lt;br /&gt;— Trabajo ahí, vivo ahí, todas están hace mucho…¿Qué quiere que haga? ¿O en su casa no hay encargado?&lt;br /&gt;La comisario sonrió de lado.&lt;br /&gt;— ¿Cuánto le pagó el vecino del 5º “A” por sus conocimientos?&lt;br /&gt;La portera abrió los ojos, enrojeció, entrecerró los ojos y palideció.&lt;br /&gt;— ¡Oiga, me está insultando!&lt;br /&gt;La comisario sacó del expediente una serie de facturas, tickets y comprobantes de tarjetas de crédito. Sin hacer caso de la indignación de la mujer, leyó en voz alta:&lt;br /&gt;— Un traje de hombre, ropa interior masculina; una, no: dos cajas de vino, mi Dios, qué precio; dos pulóveres de cachemira.. .Tres palos de golf, una bolsa y un juego de pelotitas y tees… ¿Qué más? Dos camisas, gemelos, un encendedor de oro… Más vino… cuatro corbatas y dos pañuelos de cuello— levantó la mirada hacia la portera—. Todos objetos masculinos que nuestro hombre recibió como regalo. Los comprobantes de tarjetas de crédito tienen a las vecinas como titulares. En otros casos, en la factura se indica que se trata de obsequio sujeto a cambios. Nuestro galán nunca pagó nada excepto…— rebuscó entre los papeles — esto: un tapado de visón, usado, talle 46. Un poco grande para alguien de talle 44 pero cómodo para usarlo con un traje debajo, o un par de suéters cuando hace mucho frío.&lt;br /&gt;La portera volvió a enrojecer y miró al suelo.&lt;br /&gt;— ¿Qué más? Un equipo de audio y DVD, usado… mmm, lo consiguió realmente barato. Acá hay una factura por reparación y rehabilitación de servicio de un BlackBerry. Pero nuestro hombre tenía un iPhone, regalado, por supuesto. Obsequio de la vecina del 3º “A”, por acá andan la factura y garantía. O sea que al BlackBerry lo hizo reparar para dárselo a alguien más.&lt;br /&gt;La comisario se acodó sobre el escritorio y miró a la portera. El capitán aguantó un estornudo.&lt;br /&gt;— En todas partes les hacen regalos a los porteros. No es delito aceptar— se defendió la mujer.&lt;br /&gt;— Un regalo dado a cambio de informacion confidencial, es soborno. Y exigir un regalo como pago por guardar silencio es extorsión— replicó con sospechosa suavidad la comisario.&lt;br /&gt;La mujer estaba encogida en el asiento. La comisario miró hacia donde él estaba y le hizo una seña para que ocupara el otro sillón. Era su turno de preguntar.&lt;br /&gt;— ¿Eso que él no le dio fue motivo suficiente para matarlo?&lt;br /&gt;— Yo no hice nada. Él quiso— replicó la portera sin mirar a nadie.&lt;br /&gt;— ¿Quiso qué? ¿Suicidarse?&lt;br /&gt;— Él quería… quería darme las gracias de otra manera, dijo. Quería demostrarme todo su agradecimiento. Ese fin de semana yo lo tenía libre y dije que me iba a lo de unos parientes. Nos íbamos a reunir en un hotelito en las afueras para pasar juntos un par de días. No tiene nada de malo, ¿no?, yo lo ayudé mucho.&lt;br /&gt;— Y él tomó Viagra justo antes de salir— agregó el capitán—. No contó con que sus vecinas se hubieran juramentado para darle un escarmiento. Las emociones fuertes y el sildenafil no se llevan bien.&lt;br /&gt;La portera asintió y se sonó la nariz.&lt;br /&gt;— Cuando volví y me enteré, me quedé helada, pero no podía hacer nada, ¿no?&lt;br /&gt;— Supongo que no— dijo el capitán.&lt;br /&gt;                                                                          ****&lt;br /&gt;Mientras el grupo de mujeres bajaba ruidosamente las escaleras interminables, algo, el susurro de una sospecha le recorrió la espalda. ¿Cómo se habían enterado las señoras de las actividades del festejante múltiple? Sin duda, el tipo mantendría en estricto secreto cada relación. ¿Quién…? Corrió al despacho de la comisario y abrió la puerta sin golpear.&lt;br /&gt;— ¿Qué pasa? — preguntó ella, levantando la vista de unos expedientes.&lt;br /&gt;— ¿Quién les contó a esas gallinas que el tipo hacía lo que hacía y que esa noche estaría solo?&lt;br /&gt;Ella dejó caer la lapicera.&lt;br /&gt;— ¡Que no se vaya ninguna!&lt;br /&gt;Las protestas subieron de volumen y no sólo porque había que volver a subir. Esta vez las separaron a todas y las interrogaron una por una.&lt;br /&gt;— Las dejé ir— suspiró la comi, cansada.&lt;br /&gt;— ¿A todas?— preguntó él con sorpresa.&lt;br /&gt;— ¡Claro que no! — ella ladró —. ¡Traiga a esa bruja para acá!&lt;br /&gt;Salió al galope y volvió a entrar.&lt;br /&gt;— ¡Se fue!&lt;br /&gt;— ¡Mande un móvil al domicilio!&lt;br /&gt;— ¡No! Mejor voy yo.&lt;br /&gt;Escuchó el “¡Abríguese!” con regocijo.&lt;em&gt; Le importo&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;La sirena enfurecida del patrullero obró el milagro de abrir paso más o menos rápidamente. Él no había parado de estornudar y toser, y el suboficial al volante se mantuvo apartado como si él tuviera peste, pero no le hizo caso, emocionado como estaba. &lt;em&gt;Se preocupa por mí, &lt;/em&gt;era el pensamiento monotemático que le ocupaba la cabeza.&lt;br /&gt;Un oficial en uniforme y equipo de lluvia esperaba en la puerta con la orden del juez. Entraron juntos y él golpeó a la puerta. Nadie respondió.&lt;br /&gt;— ¡Policía! Traigo una orden judicial. ¡Abra!&lt;br /&gt;La puerta se deslizó hacia adentro con timidez. Cuando entraron, escucharon ruidos en el baño. Él corrió y empujó la puerta vidriada cuando la portera descargaba el tanque del inodoro. Furioso, metió la mano en la taza. Cuando la sacó, tenía entre los dedos los restos semidisueltos de unos comprimidos celestes.&lt;br /&gt;— ¿Cuántos le hizo tomar? — le preguntó a la mujer sentada en un sofá de cretona gastada, mientras le mostraba la mano abierta y mojada.&lt;br /&gt;Ella suspiró y miró hacia otro lado.&lt;br /&gt;— Seis, siete. Se los metí en el termo de café que le dejaba preparado todas las mañanas, para todo el día. Él no tenía ni para café.&lt;br /&gt;— ¿Por qué?&lt;br /&gt;— Iba a casarse con la del 3º “A”, la del golf. Por la plata, más bien, ¿qué más? Son todas mucho más viejas que yo, algunas dan asco, me lo dijo él. Pero la del 3º “A” tiene guita y él empezó a encamársela regularmente. La vieja lo quería para ella sola. Así que compré el Viagra, se lo puse en el café y le dije que me iba a lo de mi hermana. Seguro que arreglaba con la vieja de mierda para encamarse, pero yo les avisé a todas las demás y se juntaron para darle la paliza que se merecía. La del 3º “A” se habrá dado un buen susto, pero bueno, tenía que hacer causa común con las otras, ¿no? Se les debe haber quedado seco ahí, después de la paliza— terminó con la voz ahogada de rencor.&lt;br /&gt;Alguien más había entrado al departamento. Sin mirar, el capitán supo que era la comisario.&lt;br /&gt;— La del 3º “A” confesó que se había acostado con él cuando llegaron las otras y se armó el escándalo— dijo la comi a media voz —. Creyeron que se había infartado por el disgusto.&lt;br /&gt;— Son todos iguales. Cerdos mentirosos— escupió la mujer con desprecio mientras se la llevaban. Antes de irse, revisaron el cesto de basura y encontraron el blíster vacío.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;                                                                        ****&lt;br /&gt;La seguidilla de estornudos de gato a sus espaldas lo hizo girar con tanta brusquedad que hizo volar los papeles de tres escritorios. En la puerta del despacho principal, la comisario se estremecía entre los primeros estertores del resfrío. Lo miró con odio.&lt;br /&gt;— Me contagió— susurró y no pudo seguir por los estornudos. Fruncía la naricita y la escondía detrás de pañuelitos descartables mientras se secaba los ojos llorosos. Salió del piso casi corriendo.&lt;br /&gt;Él se quedó mirando el pasillo. &lt;em&gt;La contagié y me odia&lt;/em&gt;. Se fue a su casa tarareando “Una furtiva lacrima”.&lt;br /&gt;&lt;object height="385" width="480"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Fh2Vh8jwyQA&amp;amp;hl=en_US&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/Fh2Vh8jwyQA&amp;hl=en_US&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="480" height="385"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-7086304701284880181?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/7086304701284880181/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=7086304701284880181" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7086304701284880181?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7086304701284880181?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/yCN86yCkmIE/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="Un año en la vida de un policía gordo - FEBRERO (final)" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S85vEjLV-mI/AAAAAAAAA10/489vMAIFBkA/s72-c/La%2520neige%2520sur%2520Paris.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2010/04/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkcBRXg7cSp7ImA9WxBbFkw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-5303794373829603859</id><published>2010-03-14T16:17:00.000-07:00</published><updated>2010-03-14T16:40:54.609-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-03-14T16:40:54.609-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos policiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Archivo de Huellas Dactilares" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="pericia forense" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesinato" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="seductor" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía gordo" /><title>Un año en la vida de un policía gordo- FEBRERO (1º PARTE)</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S51z_gP082I/AAAAAAAAA1M/sb_DfkzZaKM/s1600-h/neige+%C3%A0+Paris.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S51z_gP082I/AAAAAAAAA1M/sb_DfkzZaKM/s400/neige+%C3%A0+Paris.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448638659013440354" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba escrito que ese año el invierno se llevaría las palmas de enemigo público número uno. Si enero había sido una película al mejor estilo cine-catástrofe con lluvia, viento, frío y una gripe que lo había puesto al borde del colapso nervioso, febrero prometía escenas inolvidables del género "terror nival". La ciudad amortajada por un manto gélido y de un blanco engañosamente inocente eran el preludio de sus más negras pesadillas. &lt;br /&gt;Nunca había comprendido a esos idiotas del jetset que se sacan fotos en las estaciones de esquí, posando con caras de cirugía plástica y abrigos de pieles espléndidos, con equipos para la nieve más caros que su  miserable auto de clase media, con bronceados imposibles y morriones de piel dignos de un granadero inglés, todo delante de hoteles con tantas estrellas que no dejaban leer el cartel de la entrada. Un absoluta falsedad ideológica toda esa puesta en escena. Pura hipocresía climática. A ver si después de todo un día de trajinar arriba y abajo del auto emperrado en que le pusieran anticongelante además de nafta, en una ciudad enterrada bajo cuarenta centímetros de nieve sucia de basura y barro, con los pantalones mojados y todos los zapatos arruinados (incluídos los borceguíes que no usaba desde que había sido cadete en la Escuela de Policía), les quedaba un poquito así de glamour para posar para las pendejadas esas de las revistas del corazón. &lt;br /&gt;Y para colmo, el pronóstico del tiempo no auguraba un pronto final para sus males. No señor: el invierno había venido para quedarse y pensaba hacerlo hasta abril por lo menos, quizás principios de mayo. ¿&lt;em&gt;Y el calentamiento global, qué mierda está haciendo? ¿A quién calienta? ¿A los africanos? &lt;/em&gt;Añoraba con desesperación aquel verano maravilloso de 38°C, días esplendentes y noches tórridas, más aptas para el amor en la playa que para la prevención del delito. Bueno, cierto que ese año se habían muerto unos cuantos pobres viejos a causa del calor inesperado. ¡Si hasta en Estocolmo el termómetro les habia dado un buen susto a los suecos marcando 30°C! &lt;em&gt;Pensaron que se les derretía el Polo, ¿eh? &lt;/em&gt;Pero evocar el calor no hacía nada por la sensación térmica del día, que bajaba minuto a minuto. Apagó la radio para evitarse mayores sufrimientos.&lt;br /&gt;Resbaló en la vereda embarrada y los que entraban y salían se pusieron a reparo temiendo lo peor. Pudo mantener la dignidad y el equilibrio. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S51wvTDgulI/AAAAAAAAA00/rAT8HAL3HrI/s1600-h/36+Quai+des+Orfevres_6+con+lluvia.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 301px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S51wvTDgulI/AAAAAAAAA00/rAT8HAL3HrI/s400/36+Quai+des+Orfevres_6+con+lluvia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448635082059332178" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— ¿Capitán, se lastimó? &lt;br /&gt;— Unresbalónynadamás—  masculló sin mirar al comedido.&lt;br /&gt;En el tercer piso, la muchedumbre se abrió a su paso en silencioso homenaje a su volumen.  Y porque tengo el impermeable hecho una piltrafa empapada. &lt;br /&gt;— ¿La comisario ya llegó?— preguntó al aire. &lt;em&gt; Sin mirar a la tropa, para que aprendan a respetar a la superioridad. La dignidad ante todo. Porque la nieve moja y no se seca, aunque los idiotas del jetset se empeñen en ignorarlo y las mannequins se fotografíen en biquini y botas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Sí, capitán. Preguntó por usted — aclaró el cabo mientras aporreaba un teclado inocente en el intento estéril de completar sin errores los formularios de un expediente para el Archivo. &lt;br /&gt;Deberían tomarles examen de ortografía y sintaxis cuando ingresan a la Fuerza, pero los pensamientos deletéreos respecto de las capacidades lingüísticas del cabo se evaporaron frente a la otra evidencia&lt;em&gt;.¿Preguntó por mí? &lt;/em&gt;, casi se le escapó. Una sombra de esperanza le aleteó en el pecho durante menos de una décima de segundo, pero se recompuso antes de entrar al despacho.&lt;br /&gt;— Buen día, capitán. Me estaba preocupando por su tardanza.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Se preocupa. Dios existe y ha perdonado todos mis pecados. Hoshannah.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;— El auto no arrancaba y después los embotellamientos y la nieve... Bueno, ya sabe.&lt;br /&gt;— ¿Por qué no viene en el metro? Es más rápido. Y más calentito. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Obvio. Soy un idiota.&lt;/em&gt; Se miró los borceguíes embarrados y los pantalones salpicados. Ella lo invitó a sentarse con un gesto y abrió una carpeta nueva. Mientras él colgaba su impermeable comatoso junto al abrigo no muy nuevo pero de corte impecable de la comisario, ella se encargó de borrarle la sonrisa.&lt;br /&gt;— La gripe le dio un buen sacudón el mes pasado y pensé que había tenido una recaída. No estamos en condiciones de quedarnos sin personal. Abríguese.&lt;br /&gt;La declaración le heló el pecho. &lt;em&gt;Perra. Yo, mi salud, mi vida, no te importan, mi ausencia tiene relevancia nada más que debido a la escasez de personal&lt;/em&gt;. El pulso homicida recobró su intensidad habitual. &lt;br /&gt;— ¿Qué tenemos? — escupióentre dientes.&lt;br /&gt;Ella se removió en el sillón como un gato al estirarse y él tuvo que desviar la mirada del suéter negro de cuello alto. Si vuelve a hacer eso, la estrangulo. Ella se puso de pie y fue hasta el archivero para servir dos cafés de su cafetera eléctrica. &lt;br /&gt;— Tenemos algo raro...— le dijo mientras le alcanzaba un vasito. &lt;br /&gt;— ¿Raro? &lt;br /&gt;Ella bebió un sorbo antes de responder.&lt;br /&gt;— Masculino, cincuenta y ocho años, soltero, vivía solo. La mujer de la limpieza lo encontró muerto esta mañana con heridas de diverso tipo.&lt;br /&gt;— ¿ Qué tipo de heridas?&lt;br /&gt;— Contusiones y heridas cortantes. &lt;br /&gt;— ¿Robo?— se encogió de hombros mientras se tomaba el café antes de que se enfriara. Los fondos del Estado no daban para mantener la calefacción al máximo todo el día. Ni siquiera todo el turno. &lt;br /&gt;— No parece. Estaba todo en orden pero hasta que los peritos no terminen, no sabemos. &lt;br /&gt;— ¿Y la tipa de la limpieza?&lt;br /&gt;— Dijo que no creía que faltara nada pero estaba muy asustada cuando declaró. Le tomaron los datos, volveremos a llamarla. No hay que descartar a nadie todavía— la comisario se sirvió más café y le ofreció a él, que aceptó.&lt;br /&gt;El cabo con problemas de ortografía y sintaxis interrumpió la charla al entrar con un montón de papel termográfico con el sello de la oficina del forense. El informe preliminar decía que el finado había sido golpeado y apuñalado con elementos en apariencia bastante diversos: un elemento largo y delgado ‘como un palo de golf ‘ ;  puntazos con algo romo…&lt;br /&gt;—  ¿Un picahielos?— preguntó interesado.&lt;br /&gt;— El forense estima que podrían corresponderse con la punta metálica de un paraguas. Sigo: heridas cortantes hechas con trozos de vidrio, con arma blanca, “probablemente un cuchillo de cocina” dice, y con tijeras. Ninguna heridas por sí sola hubiera bastado para matarlo. &lt;br /&gt;—Pero el conjunto resultó bastante eficaz porque lo liquidaron. &lt;br /&gt;Ella meneó la cabeza mientras seguía leyendo. &lt;br /&gt;— Murió de un infarto. Acostado en su cama.&lt;br /&gt;—¿Entonces qué? ¿Homicidio preterintencional? ¿Lesiones seguidas de muerte? &lt;br /&gt;Se miraron y sin hablar se calzaron los impermeables. Gentilmente le cedió el paso y la dejó precederlo hasta las escaleras.&lt;br /&gt;— Ni se le ocurra usar el auto. Al metro — ordenó la comi.&lt;br /&gt;Ella tenía razón: la calle era una tundra monstruosa cubierta de reptiles de colores barrosos que se arrastraban al ritmo de semáforos indiferentes al clima. No tenía cambio para el pasaje pero ella le evitó la humillación de tener que pedírselo al sacar el abono magnético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                           ****&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S51zLuwRESI/AAAAAAAAA08/RK1SNclakWI/s1600-h/Depto+de+Marcel_living+2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S51zLuwRESI/AAAAAAAAA08/RK1SNclakWI/s400/Depto+de+Marcel_living+2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5448637769554399522" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El edificio estaba en un barrio de clase media con pretensiones y hacía honor a su ubicación. Mármol, bronces y espejos en la entrada, materiales bastante más vulgares en los pasillos. Ascensores decididamente anónimos.  &lt;br /&gt;El departamento del finado era un compendio de lo que las revistas llaman "estilo masculino". Muebles oscuros, madera y cromo; mucho cuero — aunque él no podría decir si era natural o "ecológico" — , cortinados dobles, alfombra gruesa y un bar muy bien provisto. La cocina estaba armada para la producción de un programa culinario. El baño con bañera de hidromasaje estaba escenográficamente decorado.  La cama era casi más grande que el dormitorio. &lt;br /&gt;Corrió la puerta del armario cubierta por espejos y aparecieron las estanterías repletas de ropa apilada o colgada con esmero, por color y por tipo de prenda e hileras de zapatos ordenados como para un eterna noche de Reyes. En los cajones reinaba el mismo orden cerrado. &lt;br /&gt;— ¿Algo de Huellas Digitales? — preguntó él.&lt;br /&gt;— Todavía es muy pronto. Hay montones de huellas distintas por toda la casa en el mobiliario, los marcos de las puertas, el baño… Me temo que no será fácil sacar algo en limpio.&lt;br /&gt;— ¿El agresor habrá usado guantes?&lt;br /&gt;— O los agresores. Las heridas tienen distinta intensidad. &lt;br /&gt;— Quien sabe se cansó de golpearlo con un palo y un paraguas o de apuñalarlo con la tijera y la cuchilla de cocina. Y el pedazo de vidrio, me olvidaba. Buscar tantas cosas debe ser agotador, je. &lt;br /&gt;Ella se lo quedó mirando con esa miradita que venía a significar "Hoy el frío te afectó las neuronas más de lo habitual" y que a continuación traía la sugerencia de transferirlo a Sustracción de Automotores o Robo en Casas de Familia.&lt;br /&gt;— Voy a interrogar a los vecinos— dijo y dio media vuelta seca. &lt;br /&gt;Él la siguió con la cola entre las patas. &lt;br /&gt;La población del edificio estaba compuesta exclusivamente por mujeres. Todas de mediana edad o el eufemismo empleado para significar la cuarentena dejada atrás y la cincuentena regularmente enfrentada. Algunas estaban sorteando el obstáculo de la fecha de nacimiento con más fortuna que otras, pero el futuro prometía a todas un porvenir solitario.  &lt;br /&gt;Lloviznaba cuando salieron del edificio. Cruzaron la calle para meterse en un bar y tomar algo caliente mientras intercambiaban información. &lt;br /&gt;— ¿Cómo le fue?— preguntó ella entre sorbo y sorbo de café con leche.&lt;br /&gt;— Las damas primero.&lt;br /&gt;Las historias no eran muy diferentes. Conocían al occiso más o menos según tomaran el ascensor o usaran la escalera; no, no sabían si recibía visitas; la noche de la muerte una había ido al cine, otra a lo de su hermana, la tercera miraba el final de una serie en la tele; dos habían ido a pasar el fin de semana en las afueras con sus respectivas familias. Todas habían hablado por teléfono con alguien – una prima, la madre, un sobrino – alrededor de la hora de los hechos. Coartadas anodinas de mujeres con vidas anodinas. &lt;br /&gt;Se miraron por encima de las tazas. &lt;br /&gt;— ¿Qué es lo que no le gustó? — preguntó él.&lt;br /&gt;— Qué prolijas las declaraciones, ¿no?&lt;br /&gt;— Ni que las hubieran ensayado. &lt;br /&gt;— Eso. &lt;br /&gt;— ¿Y el portero?&lt;br /&gt;— Portera. Tenía el franco semanal y volvió esta mañana. &lt;br /&gt;Se levantaron casi al mismo tiempo. &lt;br /&gt;—Yo interrogo a las suyas y viceversa — propuso él y la comi estuvo de acuerdo. &lt;br /&gt;De nuevo en la calle se dijeron todo con la mirada. &lt;br /&gt;— Se lo saben de memoria— rezongó él. &lt;br /&gt;— Todo el mundo a declarar, qué carajo— la comi ladró mientras corrían hasta la boca del Metro: la llovizna se estaba convirtiendo en aguanieve.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-5303794373829603859?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/5303794373829603859/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=5303794373829603859" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/5303794373829603859?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/5303794373829603859?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/SKv0it7LsHY/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="Un año en la vida de un policía gordo- FEBRERO (1º PARTE)" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S51z_gP082I/AAAAAAAAA1M/sb_DfkzZaKM/s72-c/neige+%C3%A0+Paris.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2010/03/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0YBQHkycCp7ImA9WxBWE0k.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-1140420025898317298</id><published>2010-02-02T15:39:00.000-08:00</published><updated>2010-02-04T19:39:11.798-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-02-04T19:39:11.798-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="falso" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos policiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="bruja." /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="pericia forense" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="gordo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos negros" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="lluvia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="investigación policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesino serial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="jefa" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="malhumorado" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="homicidios" /><title>Un año en la vida de un policía gordo: ENERO</title><content type="html">&lt;div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S2tjoDXu64I/AAAAAAAAAyM/5p-rBjt4xf0/s1600-h/pluie2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434546915103402882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 267px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S2tjoDXu64I/AAAAAAAAAyM/5p-rBjt4xf0/s400/pluie2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El frío lo ponía de mal humor. En particular, ese frío lluvioso y persistente que amortajaba la ciudad convirtiéndola en una procesión de fantasmas. Los que conocían su patología climatológica, se guardaban de molestarlo o simplemente de cruzársele en el camino durante los días que durase el mal tiempo.&lt;br /&gt;Por supuesto, a “ella” su aversión le era completamente indiferente. A “ella” el mal tiempo no sólo le gustaba: lo disfrutaba con placer sensual. La muy perra refulgía bajo la lluvia y más de una vez habían discutido porque a la señora comisario se le antojaba ir a pie bajo la llovizna hasta la morgue.&lt;br /&gt;— ¿Para qué viene, capitán? — le decía —. A usted no le gusta la lluvia.&lt;br /&gt;Y él la seguía, sintiéndose inmensamente miserable y oliendo igual que un perro mojado. Ella parecía no comprender su sacrificio y salía a recorrer con paso leve las calles envueltas en el halo pernicioso de la lluvia. La hubiera estrangulado gustoso.&lt;br /&gt;Hoy era “uno de esos días” en los que “ella” estaba particularmente taciturna y cuando eso ocurría, las perspectivas eran peores que malas. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Y para colmo, diluvia.&lt;/span&gt; Lo sabía por haber salido a comprar cigarillos, trámite que con semejante clima le insumía sus buenos cuarenta y cinco minutos de ponerse y sacarse el equipo antimotines con que se protegía de los meteoros hídricos. Se estaba sentando cuando la puerta del despacho se abrió y la comisario salió ajustándose el cinturón del impermeable y sin dirigir la mirada hacia su cubículo. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;¿Me va a dejar acá?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;— ¿Adónde fue? — ladró en medio de la oficina general.&lt;br /&gt;Dos de los empleados civiles lo miraron por encima de los anteojos y un suboficial se encogió de hombros sin darse la vuelta a mirarlo. Dio vueltas amenazadoras hacia un lado y el otro hasta que alguien gritó desde el otro extremo:&lt;br /&gt;— ¡Yo le pasé al forense!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y yo estoy meado por un gran danés.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Me voy a la morgue.&lt;br /&gt;— Llueve, capitán.&lt;br /&gt;— ¡Ya sé! — aulló y salió.&lt;br /&gt;Una idea brillante le iluminó el enojo: ¡el auto! Llegaría antes que ella y la traería de vuelta a bordo aunque tuviera que encerrarla en el baúl. Cuando estuvo en medio de los mugidos del tránsito comprendió que la idea no había sido la mejor del día.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S2uM_cnllOI/AAAAAAAAAyU/vvIHrj9rdkg/s1600-h/Morgue+de+Par%C3%ADs_invertido.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 220px; height: 337px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S2uM_cnllOI/AAAAAAAAAyU/vvIHrj9rdkg/s400/Morgue+de+Par%C3%ADs_invertido.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434592396994516194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El forense estaba de espaldas fumando uno de sus cigarros mefíticos cuando él entró.&lt;br /&gt;— La comisario ya estuvo.&lt;br /&gt;¿Le pareció o había un tono de reprimenda en la voz del viejo?&lt;br /&gt;— ¿Ya se fue?&lt;br /&gt;— Hace como veinte minutos. ¿Quiere verlo?&lt;br /&gt;— ¿A quién?&lt;br /&gt;El forense lo miró casi con lástima.&lt;br /&gt;— Al cuerpo.&lt;br /&gt;Siguió al viejo hasta las mesas de acero inoxidable e inconmovible.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; Por lo visto yo no soy de acero. &lt;/span&gt;La cara de cera parecía pertenecer a un cuerpo distinto del que yacía en la mesa de disección.&lt;br /&gt;— Es el mismo tipo...— murmuró y el forense sacudió la cabeza, haciendo caer la ceniza del cigarro.&lt;br /&gt;— Sí, es el mismo... Usó los mismos nudos. Pero esta vez se lo hizo en vida.&lt;br /&gt;Se quedó mirando en silencio el cuarto cuerpo en cuatro semanas. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;¿Quién es tan hijo de puta madre? &lt;/span&gt;Cuatro semanas de rastrillar la ciudad y los alrededores sin más resultados que los titulares casi insultantes de cuanto diario, semanario, pasquín o panfleto apareciera en los kioscos. Nunca el cuerpo forense había tenido tanta prensa ni había hecho declaraciones tan detalladas para el público ansioso de morbo: un loco que tortura cadáveres no es algo usual en la crónica policial. Esta vez había ido un poco más lejos.&lt;br /&gt;Un técnico enguantado se acercó con un ovillo de tiras negras y hebillas plateadas y lo metió en una bolsa plástica, anotó un número en la etiqueta de “EVIDENCIA” y dejó todo en una bandeja a un costado.&lt;br /&gt;— ¿Y eso? — preguntó él.&lt;br /&gt;— El arnés con que apareció colgada— respondió el técnico señalando al cadáver con uan sacudida del mentón.&lt;br /&gt;— ¿La comisario dijo adónde iba? — preguntó con la vista fija en el rostro maquillado de muerte y la respuesta del forense lo dejó mudo.&lt;br /&gt;Volvió al auto masticando rabia. En ese barrio, el auto era poco menos que inútil así que tuvo que bajarse y dejar que la lluvia implacable se le colara hasta dentro de los zapatos, mientras recorría local por local, placa en mano para evitar confusiones.&lt;br /&gt;— ¡Ya anduvieron por acá hace un rato! — gruñó el propietario del tercer tugurio— ¡Tengo todo en regla!&lt;br /&gt;— Usted no me interesa — rezongó él mostrándole los dientes— ¿Quién estuvo hace un rato?&lt;br /&gt;— ¡La tipa esa! ¡Se creen que me asustan con la placa! ¡Esto es todo legal!&lt;br /&gt;— ¿Y qué le pidió “la tipa esa”?&lt;br /&gt;El sujeto sonrió condescendiente.&lt;br /&gt;— Quería ver comics.&lt;br /&gt;— ¿Cuáles? — ladró.&lt;br /&gt;— Los del exhibidor del fondo — la sonrisa grosera se amplió.&lt;br /&gt;Ocupado en pasar las páginas, no escuchó los pasos del individuo&lt;br /&gt;— ¿Son buenos, eh? Bien duros, de lo mejor. No hay nada más duro en el mercado.&lt;br /&gt;Lo miró de reojo: el tipo le guiñaba un ojito confianzudo mientras seguía hablando.&lt;br /&gt;— Raro que a una tipa le guste esto. Ella debe ser muy especial — se pasó la lengua por los labios—. Siempre dije que los canas eran unos perversitos...&lt;br /&gt;Agarró al imbécil retrasado mental por el cogote y se lo puso a dos centímetros de la cara.&lt;br /&gt;— No te muelo la jeta a palos porque estamos en la semana de la no-violencia policial, pero el lunes vuelvo y te rompo todos los dientes. ¿Cuál se llevó?&lt;br /&gt;Con un poco más de respeto por las fuerzas del orden, la cucaracha señaló una tapa y él agarró la revista con una mano y sin soltarlo.&lt;br /&gt;— ¿Quién vende esta mierda por acá?&lt;br /&gt;— Todo el mundo.&lt;br /&gt;— Hablo de esto— señaló la foto de la tapa de la revista.&lt;br /&gt;— ¡Ah! Los arneses. Mi socio tiene un local cerca... — la cucaracha le dio las indicaciones con suma premura y él se lanzó a la calle — ¡La revista se la regalo!&lt;br /&gt;El tipo de los arneses le mostró los modelos sin ahorrarse la ojeada de circunstancias.&lt;br /&gt;— La que vino recién pidió ver éstos— le puso en la mano un montón de cuero en tiras con hebillas y ganchos que parecían para alpinismo.&lt;br /&gt;— ¿Se venden mucho?&lt;br /&gt;— Más o menos, no son los más baratos porque son de buena calidad y resisten bien el peso— el imbécil lo miró a los ojos— aunque, claro, no hacen magia.&lt;br /&gt;— No te pases de vivo.&lt;br /&gt;Salió del antro para sexópatas corriendo pero la lluvia le dio alcance. Cruzaba la avenida cuando distinguió el impermeable alejándose. Estiró el tranco y en el trámite de alcanzarla atropelló y derribó a tres o cuatro tipos que entraban y salían de esos antros. Alguien le gritó “¡Cuidado, gordo!”. Si no hubiera estado lloviendo de esa forma, se habría detenido y lo hubiera dormido de un tortazo. Se contentó con aullar “¡Policía!” y seguir corriendo. Tarde: ella había desaparecido. Volvió hasta su auto lo más rápido que pudo y tiró la revista húmeda en el asiento del acompañante. ¿Dónde carajo habría ido? Por las dudas, volvió a la morgue.&lt;br /&gt;El forense levantó la vista de unas fotocopias ampliadas.&lt;br /&gt;— Acaba de irse.&lt;br /&gt;Furibundo, sintió que el impulso asesino le envolvía la garganta y le quitaba el aliento. Cada uno de sus pasos dejaba un charquito lastimoso en el suelo frío y gris. El forense comentó con el cigarro pestilente entre los dientes:&lt;br /&gt;— Sabe, creo que ella tiene razón. Mire esto, capitán...&lt;br /&gt;Él dio media vuelta y se acercó: los pies le chapoteaban dentro de los zapatos. El forense señalaba las fotocopias.&lt;br /&gt;— Aquí... y aquí: el asesino las copió detalle por detalle.&lt;br /&gt;Se llevó las fotos de los otros cuerpos y al compararlas con la revista que tenía en el auto, empezó a comprender. Cuando entró a la oficina, la oleada de miradas socarronas le secó la ropa y le inflamó el ánimo. Fue directo hacia el despacho: estaba vacío. La sangre le zumbaba en los oídos.&lt;br /&gt;— La comisario ya se fue, capitán.&lt;br /&gt;— ¿Dijo adónde? — preguntó cuando se le despegaron las mandíbulas.&lt;br /&gt;— ¿Por qué no la llama al celular?&lt;br /&gt;La obviedad de la respuesta le provocó un estremecimiento que lo recorrió de pies a cabeza. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Deben ser las ansias de matar.&lt;/span&gt; Sus dedos demasiado grandes erraron a las teclitas miserables del telefonito de mierda y cuando le acertó al número, la voz acariciadora le respondió desde el correo de voz. Ladró el mensaje y se encerró en su cubículo a pensar en distintos métodos de eliminar superiores sin dejar rastros que pudieran incriminarlo. Otro escalofrío lo hizo sacudirse y estornudar y los papeles de su escritorio volaron hasta el suelo.&lt;br /&gt;El celular sonó y atendió con violencia: era ella. Trató de prestarle atención pero estornudó tantas veces que perdió el hilo de la conversación. No podía recordar qué había dicho la comisario acerca de la última víctima. ¿No era prostituta como las primeras tres? ¿Qué carajo hacía la comisario en una universidad hablando con los colegas de la víctima?&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Yo soy la víctima acá, carajo&lt;/span&gt;, estornudó y mojó las fotos y los vidrios de la ventana. Intentó concentrarse en los expedientes pero la atención se le incendiaba a la altura de las sienes. El café no trajo alivio a su malestar ni mejoró su poder de concentración. En algún momento se resignó ante lo inevitable y se fue a su casa sin avisar.&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S2uSMbfJkuI/AAAAAAAAAyc/EGvmUjRM01M/s1600-h/caro10.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 155px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S2uSMbfJkuI/AAAAAAAAAyc/EGvmUjRM01M/s400/caro10.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434598117587129058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-weight: bold; "&gt;&lt;i&gt;"Caroline Cholera" de Georges Pichard&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;****&lt;/div&gt;Amaneció como el clima: empeorando. El café apenas le pasaba por la garganta llena de alambre de púas. Cuando entró a su cubículo, notó que los expedientes no estaban en donde los había dejado y los reclamó con un rugido aguardentoso. La comisario se asomó con el impermeable todavía puesto, sobre el que brillaban incontables perlas húmedas; tenía los expedientes en la mano.&lt;br /&gt;— Tiene mala cara... ¿Ayer estuvo con el forense?&lt;br /&gt;— Dos veces, después que usted se fue— masculló entre dos accesos de tos.&lt;br /&gt;— ¿Vio los comics?&lt;br /&gt;Él asintió tosiendo, abrió el cajón del escritorio y sacó la revista pasada por agua.&lt;br /&gt;— El sujeto hace todo de acuerdo al reglamento. Tiene un modus operandi académico— dijo ella.&lt;br /&gt;Él le pidió piedad con la mirada y ella accedió graciosamente a explicarle.&lt;br /&gt;— Primero las mata y después arma la escenografía detalle por detalle. Me parece que quiere hacernos tragar el anzuelo del psicópata asesino serial para que apuntemos a otra parte. Muy astuto.&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Hoy está particularmente abstrusa y yo estoy particularmente hecho mierda. No entiendo ni jota.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;— Por favor, ilumíneme. No me siento a su altura— le pareció que tenía la garganta sembrada de vidrios rotos. El interno del despacho sonó y ella corrió a responder y después corrió hacia la puerta.&lt;br /&gt;— ¿Adónde va?&lt;br /&gt;— ¡A la sala de interrogatorio! — dijo ella mientras se alejaba por el pasillo.&lt;br /&gt;Salió detrás de ella mientras sentía latirle las venas en las sienes, no sabía si de furia asesina o de fiebre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;****&lt;/div&gt;El tipo en la sala de interrogatorios la medía con pasos largos y seguros. Apoyaba cada pie con firmeza, los brazos cruzados sobre el pecho y una virtuosa indignación dibujada en las facciones altaneras. La comisario rodeó la mesa y lo invitó a sentarse, hecha un modelo de humildad y buena educación. &lt;em&gt;Bruja farsante, &lt;/em&gt;pensó el capitán con amargura.&lt;br /&gt;— ¡No entiendo, comisario! ¿Acaso no la recibí en mi casa y en mi oficina? ¿No respondí a todas sus preguntas educadamente, hasta cuando sugirió delante de mi esposa que yo mantenía una relación amorosa con mi colega asesinada? ¡Y ahora esto! ¡Es... humillante! — el hombre miró a su alrededor con repugnancia.&lt;br /&gt;— Disculpe, profesor, es que están pintando mi oficina y bueno... ya sabe... Yo... Cuando estuve con usted ayer, me sorprendió su capacidad de análisis y la verdad es que pensé que podría... ayudarme— la vocecita de la comisario sonaba tan conmovedoramente tímida que el tipo meneó la cabeza y luego asintió&lt;br /&gt;— No tengo mucho tiempo: cité a una reunión pero si puedo colaborar en algo...&lt;br /&gt;— Usted es profesor de Matemáticas...&lt;br /&gt;— Filosofía de las Matemáticas — el tipo se pavoneó.&lt;br /&gt;—Impresionante— dijo ella sin rastros de ironía— ¿Enseña metodología del pensamiento y todo eso? — él asintió condescendiente—. Los policías deberíamos aprender algo de eso ¡Nos sería tan útil!&lt;br /&gt;— Comisario, si es tan gentil de ir al punto...&lt;br /&gt;— ¡Ah, sí! Estas cuatro mujeres no tenían relación alguna entre sí ni tenían a nadie en común pero murieron en circunstancias muy parecidas...&lt;br /&gt;— Eso es lo que suele hacer un asesino serial — aseveró él.&lt;br /&gt;— Sí pero la última muerte no encaja…&lt;br /&gt;— A veces cambian imprevistamente de conducta para despistar— la interrumpió—. Como el estrangulador de Boston, que comenzó asesinando mujeres mayores y ancianas y luego se dedicó a jovencitas— el profesor sonrió con suficiencia —. O como los primos Bianco, que mataban de forma diferente cada vez...&lt;br /&gt;— Veo que conoce del tema.&lt;br /&gt;— Me interesa desde un punto de vista intelectual. La crónica policial me parece de mal gusto— el hombre torció la boca en una mueca de cuidadoso desagrado.&lt;br /&gt;— Sí, mi trabajo suele ser de mal gusto— suspiró la comisario—. El asesino se ensañó de verdad con la última.&lt;br /&gt;— También lo hizo con las tres anteriores— él interrumpió.&lt;br /&gt;— El asesino no torturó a sus tres primeras víctimas.&lt;br /&gt;— ¡Cómo que no! ¡Cometió aberraciones con ellas!&lt;br /&gt;¿Le pareció a él o los ojos del tipo relampaguearon de gusto cuando dijo “aberraciones”? No sabía si era su ojo clínico policial o la fiebre que le hacía alucinar.&lt;br /&gt;— El concepto de tortura sólo es aplicable a un ser vivo— explicó la comisario—. En el caso de un cadáver, a lo sumo hay profanación. El asesino montó un circo sadomasoquista para el vulgo y nada más. Mató a las tres primeras mujeres como podría haber asesinado a otras cualesquiera: no le importaba quién o dónde, sino lo que haría después.&lt;br /&gt;— Entonces se trata de un necrófilo. Busquen en sus archivos, seguramente tengan alguno.&lt;br /&gt;— Ah, profesor, eso sería perfecto...&lt;br /&gt;— Comisario — el tipo miró el reloj—, realmente se me hace tarde.&lt;br /&gt;— ...si el asesino no hubiera cometido el último crimen—ella continuó sin hacerle caso—. A ella sí la torturó.&lt;br /&gt;— Habrá estado practicando con las tres primeras — casi se burló él.&lt;br /&gt;—Algo así... — ella dejó caer las palabras blandamente y el hombre se envaró — .Me pregunto porqué se ensañó sólo con la última. ¿A Ud. qué le parece?&lt;br /&gt;— No me parece nada— replicó el otro con desprecio y sin devolver la mirada.&lt;br /&gt;— Vamos, profesor, ¡debe haber un motivo! Razonemos, es su especialidad...¿El asesino y la víctima se conocían?&lt;br /&gt;— No lo creo. Usted aseguró que de acuerdo con el modus operandi, su asesino mata a desconocidas y después ¿cómo dijo? , “monta un circo SM”.&lt;br /&gt;— Y muy bien montado: no faltaba ni un solo detalle. ¿Sabe? Anduve por los sexshops buscando “literatura” ad hoc — el hombre la miró inexpresivo—, y encontré unas revistas gráficas muy explícitas en ese sentido. El forense llegó a la conclusión de que el asesino siguió los pasos de esos “Hágalo Ud. Mismo” del SM al pie de la letra. Muy académico.&lt;br /&gt;Del otro lado del cristal, el capitán dio el mismo saltito en el lugar que el digno profesor sentado frente a la mesa de interrogatorio. La voz aterciopelada de ella fluyó por los parlantes.&lt;br /&gt;— Supongo que si yo quisiera hacer algo parecido, bueno, no encontraría un manual mejor ni un sitio más adecuado donde asesorarme y comprar el equipamiento. Los de los sexshops lo llaman “arnés” — dejó transcurrir una pausa—. Con la última víctima hasta se permitió improvisar un poco.&lt;br /&gt;— No me parece que sea un improvisado— el hombre volvió a irritarse.&lt;br /&gt;— A mí tampoco. Creo que es muy inteligente. Demasiado para nosotros los policías. Por lo general estos criminales buscan reconocimiento: les gusta verse en los titulares, muchas veces se comunican con la Policía para dar pistas falsas o simplemente burlarse... Es muy común y eso permite establecer el patrón que buscamos para agarrarlo.&lt;br /&gt;— Se toparon con uno inteligente que sale de lo común y que no los llama ni quiere publicidad.&lt;br /&gt;— ¿Por qué dice eso?&lt;br /&gt;— ¿Que digo qué?&lt;br /&gt;— Que no se puso en contacto con la Policía.&lt;br /&gt;— ¡Usted lo dijo!&lt;br /&gt;— No dije eso— ella se encogió de hombros. La expresión del tipo se endureció durante unas décimas de segundo pero recuperó la compostura.&lt;br /&gt;— Pero él no se puso en contacto con ustedes — el tipo afirmó con tranquilidad.&lt;br /&gt;Ella esperó, sin mirarlo a los ojos todavía. Finalmente los levantó y preguntó:&lt;br /&gt;— ¿A él no le gusta la publicidad?&lt;br /&gt;— Quizás no le interese— retrucó el tipo de mala manera.&lt;br /&gt;— No es lo habitual.&lt;br /&gt;— Este hombre no es habitual .&lt;br /&gt;— Quizás lo que no quiera dar a publicidad sea algo más íntimo.&lt;br /&gt;— No entiendo.&lt;br /&gt;— Por ejemplo, que la última víctima tenía relación con él y lo había defraudado, herido en sus sentimientos. Hay mucho odio en ese último crimen.&lt;br /&gt;— Podría haberlo habido en cualquiera de los tres primeros...&lt;br /&gt;— Pero no lo hubo. Sólo la cuarta le interesaba: estaba furioso con ella, había masticado su rabia durante un tiempo largo. Eligió un leit-motiv y planificó su puesta en escena con meticulosidad. Se documentó con publicaciones adecuadas y buscó las víctimas adecuadas para cubrirse. ¿Quién podría sospechar de él con un posible asesino serial de prostitutas de por medio? Hay montones de teorías acerca de Jack el Destripador pero me inclino por la que apunta a que Jack quería cometer un solo crimen y utilizó los demás para cubrirse, lo mismo que nuestro hombre.&lt;br /&gt;Los ojos del hombre apuntaban obstinados hacia la mesa cuando meneó la cabeza.&lt;br /&gt;— La gente tiene motivos no siempre comprendidos.&lt;br /&gt;— ¿Jack el Destripador era un incomprendido?&lt;br /&gt;— Quise decir “incomprensibles”.&lt;br /&gt;— Pero dijo “incomprendidos”.&lt;br /&gt;— No veo qué relación tiene mi equivocación con todo esto. Esta conversación no nos conduce a ninguna parte y yo…&lt;br /&gt;— Tiene razón— ella lo interrumpió. El profesor se permitió una sonrisita de suficiencia que la comisario se encargó de borrar con la siguiente pregunta—¿Cuánto hace que su amante lo dejó? ¿Cuatro meses? ¿Cinco?&lt;br /&gt;— Ya le dije que no tengo amante— el rostro del hombre se deformó en una mueca de desprecio.&lt;br /&gt;— No en este momento, así que no mintió delante de su mujer. Pero si se lo hubiera preguntado hace seis meses me hubiera respondido otra cosa.&lt;br /&gt;Transcurrió un silencio incómodo hasta que el hombre asintió.&lt;br /&gt;— Fue algo breve.Una aventura, nada trascendente.&lt;br /&gt;— Algunos de sus colegas no opinan lo mismo.&lt;br /&gt;— No me interesa la opinión ajena…&lt;br /&gt;— Si no le importara, no se preocuparía tanto por su curriculum académico.&lt;br /&gt;— Me refiero a temas personales— siseó el tipo.&lt;br /&gt;— Pero su aventura ocurrió dentro del ámbito académico que tanto le importa.&lt;br /&gt;— ¡Fue un error, lo admito!&lt;br /&gt;Ella se lo quedó mirando en silencio, expectante.&lt;br /&gt;—¿Cuál fue el error: la aventura o haber compartido una publicación académica con ella?&lt;br /&gt;— Las dos cosas.&lt;br /&gt;— ¿Cómo terminaron su relación?&lt;br /&gt;—Terminamos.&lt;br /&gt;— ¿Ella lo dejó o fue Ud. porque se enteró de que era bisexual?&lt;br /&gt;El profesor la espió desde debajo de las cejas.&lt;br /&gt;— No recuerdo. Además, ¿qué importa eso ahora? ¡Está muerta, déjeme en paz!&lt;br /&gt;— Cierto, está muerta. No podrá ser la amante de nadie más ni insultar su virilidad reemplazándolo por una mujer. El asesino le hizo un favor a su ego, profesor, ¿no cree?&lt;br /&gt;— ¡Lo que creo, comisario, es que si estuviera en la calle buscando a su criminal en lugar de hacerme perder el tiempo preguntándome acerca de pornografía y los cinco arneses SM, habría podido evitar más muertes! ¡Me voy! — se levantó de un salto y fue hacia la puerta.&lt;br /&gt;— Profesor, no puede irse. Está arrestado.&lt;br /&gt;El hombre se acercó a ella en dos zancadas.&lt;br /&gt;— ¡Usted está completamente loca!!No tiene nada, imbécil, ¡absolutamente nada!&lt;br /&gt;— No lo tenía hasta que usted mismo me lo dijo. Todo el tiempo hablamos de cuatro muertes. ¿Para qué querría usted el quinto arnés sino para matar también a la nueva pareja de su ex amante?&lt;br /&gt;El hombre retrocedió como si lo hubieran golpeado.&lt;br /&gt;Un teniente llegó corriendo y entró a la sala. En ese momento el capitán se dio cuenta de que el tipo de pie junto a él era el juez de instrucción. La comisario se acercó al teniente y ambos se fueron a un rincón. El teniente salió y ella suspiró mientras ponía las manos sobre la mesa, meneando la cabeza.&lt;br /&gt;— Encontraron el quinto cuerpo — lo miró a los ojos con frialdad. El hombre se sentó muy lentamente—. Si lo desea, puede llamar a su abogado.&lt;br /&gt;Dos uniformados esperaban junto al juez. Ella les hizo señas.&lt;br /&gt;— Sáquenlo de mi vista— mumuró entre dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: center"&gt;****&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cuando pasó a su lado ella dijo algo, pero los oídos le zumbaban tanto que él asintió sin saber a qué mierda estaba diciendo que sí. Los uniformados sacaban esposado al otrora digno profesor. Con un esfuerzo inaudito logró poner un pie delante del otro para volver a su cubículo.&lt;br /&gt;— ¿Por qué no se va a casa? — el cabo asomó la cabeza y sugirió solícito.&lt;br /&gt;&lt;i&gt;¿Por qué no se va a la mierda y se mete en sus asuntos?&lt;/i&gt; Se lo hubiera dicho si no estuviera estornudando. &lt;i&gt;¿Qué hago ahora? ¿Qué me dijo: que fuera o que me quedara?&lt;/i&gt; Por más que se esforzaba no podía recordarlo. Los ojos le ardían y los cerró un instante, apoyando la frente transpirada en la mano.&lt;br /&gt;— Capitán... ¡Capitán! — abrió los ojos: delante de su escritorio, la comisario se inclinaba hacia él llamándolo.&lt;br /&gt;— ¿Qué está haciendo acá?&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Te esperaba para estrangularte&lt;/i&gt;, pensó pero no pudo articular. Una mano fría le alcanzó la frente&lt;br /&gt;—Está volando de fiebre. Si será tozudo... Vamos.&lt;br /&gt;Se levantó obediente y la siguió hasta el auto de ella.&lt;br /&gt;— ¿Vamos a la morgue? — preguntó.&lt;br /&gt;— No lo veo tan mal como para eso— respondió ella con un poquitín de sarcasmo—. Lo llevo a su casa.&lt;br /&gt;Subieron a su departamento y él se derrumbó en el sofá.&lt;br /&gt;— Métase en la cama— ella lo amonestó y tuvo que hacerle caso.&lt;br /&gt;Ni siquiera reparó en la ironía: ella estaba en su departamento, él estaba semidesnudo, le llevaba casi medio metro de altura y unos cincuenta kilos; podría estar violándola, sodomizándola o asesinándola por haberlo obligado a correr detrás de ella bajo la lluvia y en cambio, agonizaba con una gripe espantosa que lo dejaba más desvalido que un recién nacido mientras ella preparaba té en la cocina. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-1140420025898317298?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/1140420025898317298/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=1140420025898317298" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/1140420025898317298?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/1140420025898317298?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/ut6hxuWBU6c/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="Un año en la vida de un policía gordo: ENERO" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S2tjoDXu64I/AAAAAAAAAyM/5p-rBjt4xf0/s72-c/pluie2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2010/02/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DU8AQX06fip7ImA9WxBSEEg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-654156061708204294</id><published>2009-12-15T11:17:00.000-08:00</published><updated>2009-12-17T05:50:40.316-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-12-17T05:50:40.316-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos negros" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="pruebas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="accidente" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sin-techo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="homicidios" /><title>UN AÑO EN LA VIDA DE UN POLICÍA GORDO: DICIEMBRE</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syfwte3WoyI/AAAAAAAAAwM/Y0AivQziELg/s1600-h/paris-sous-neige-france-sous-neige_222623.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415561741106324258" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syfwte3WoyI/AAAAAAAAAwM/Y0AivQziELg/s400/paris-sous-neige-france-sous-neige_222623.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Hacía frío. Aún para él, cuyo mastodóntico tamaño le proveía también abrigo la mayor parte del año. El verano era una tortura, menos mal que duraba poco. &lt;em&gt;No hay nada peor que andar de servicio sudado&lt;/em&gt;. Aunque en ese día de frío terrible casi añoró el verano metropolitano, súbito y fugaz. &lt;em&gt;En cualquier momento se congela el río,&lt;/em&gt; pensó.&lt;br /&gt;Colgó el sombrero que le quedaba apenas chico, bastante ridículo y muy anacrónico y el sobretodo-impermeable-compañero de desazones e injusticias y miró de reojo las huellas húmedas sobre el pavimento gastado de las oficinas. &lt;em&gt;Los de Limpieza van a bufar cuando los llame. &lt;/em&gt;Mientras acomodaba a su alrededor el mobiliario, espió la puerta con placa dorada. Cerrada. &lt;em&gt;Seguro que hoy no vino&lt;/em&gt;. No había hecho más que sentarse y estaba encendiendo un bien ganado cigarrillo — hoy no había nadie que le rompiera las pelotas con la prohibición de fumar— cuando la puerta fatídica se abrió.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SyfsTxmVvtI/AAAAAAAAAwE/lJO3TSYJvjA/s1600-h/comisario_1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415556901412126418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 207px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SyfsTxmVvtI/AAAAAAAAAwE/lJO3TSYJvjA/s400/comisario_1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La figura pequeña y bien formada se delineó a contraluz en el marco. Durante las décimas de segundo previas al llamado se concentró en la imagen para conservarla en la memoria. Se levantó haciendo ruido con el sillón viejo y familiar y cruzó la oficina completamente vacía excepto por ellos dos. Un olor ajeno y desagradable se le entrometió en los sentidos. &lt;em&gt;¿Qué mierda…? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Entró y ella ya estaba parapetada detrás del escritorio que le quedaba grande, como una nenita que jugase en el escritorio de papá. No pudo evitar que la sonrisa se le colara entre los labios. Como siempre, ella le pescó el gesto pero no le dedicó la ojeada gélida habitual. Tenía motivos: del otro lado del escritorio, junto a “su” sillón, estaba el origen del mal olor. De edad indefinida, la barba y el pelo enredados en la misma maraña y los ojitos oscuros brillando debajo de todo ese matorral como los de un animalito. Envuelto en capas parduzcas de prendas no identificables, tanta era la mugre que tenían.&lt;br /&gt;La comi le había servido un café al sujeto.&lt;em&gt; Menos mal que no se lo sirvió en mi taza&lt;/em&gt;, y para prevenir el posible lapsus, tomó &lt;em&gt;su&lt;/em&gt; jarro cascado de encima del archivero y se sirvió una buena ración de café caliente y perfumado. Cuando se volvió hacia el escritorio con la nariz fruncida, era el turno de la comisario de contener una sonrisita irónica mientras sus ojos iban y venían entre el hombre en el sillón y él.&lt;br /&gt;—Jefe, pensé que hoy no venía —se repantigó en el sillón restante, alejándose todo lo que podía del otro sin parecer muy grosero.&lt;br /&gt;— No veo porqué no debería venir.&lt;br /&gt;Se encogió de hombros: no tenía ganas de empezar el día discutiendo. Además, estaba el hecho evidente de la presencia de ese tipo.&lt;br /&gt;— ¿El… señor? — aventuró.&lt;br /&gt;— El señor vino a hacer una denuncia y no querían tomársela.&lt;br /&gt;El aludido sacudió la cabeza y en medio de la maraña de pelos apareció una sonrisa desdentada.&lt;br /&gt;— Pero la señora comisario me recibió. Es muy gentil.&lt;br /&gt;Ella también sonrió y durante el lapso de un segundo le pareció que había salido el sol. &lt;em&gt;Lo único que te falta, tarado: frases de novelita romántica&lt;/em&gt;. Mantuvo la compostura policial correspondiente a su rango componiendo su mejor cara de bulldog.&lt;br /&gt;— El señor informa que uno de sus compañeros fue secuestrado hace cinco días— decía la comi.&lt;br /&gt;Casi se atragantó con el café. ¿Secuestrado? ¿Quién querría secuestrar a un vago semejante? Y con ese olor…&lt;br /&gt;— Se lo llevaron en un auto caro y no volvió más— explicó el hombre.&lt;br /&gt;— Se lo llevaron… — repitió él.&lt;br /&gt;— Yo ya había visto el auto dando vueltas por el bosque y el otro día, bueno, pararon y se lo llevaron.&lt;br /&gt;— ¿Recuerda cómo fue? — preguntó.&lt;br /&gt;El hombre abrió y cerró la boca un par de veces.&lt;br /&gt;— Yo me estaba preparando para dormir. Él andaba cerca de los tachos buscando diarios.&lt;br /&gt;— ¿Para taparse?&lt;br /&gt;— No: le gustaba leer los diarios.&lt;br /&gt;Se quedó mirando al sujeto con incredulidad. &lt;em&gt;¿Un sin-techo que lee los diarios?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y entonces?&lt;br /&gt;— Entonces llegó el auto ese que yo había visto rondando, se paró al lado del tacho y bajó un tipo… — se tomó el último sorbo de café y se quedó mirando a su alrededor como si tratara de atrapar la imagen del desconocido.&lt;br /&gt;— ¿Y cómo era ese tipo del auto? — preguntó él después de unos instantes de silencio incómodo.&lt;br /&gt;— No sé… Ya estaba medio oscuro…&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Paciencia. No pierdas la paciencia.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— ¿Y su amigo, qué hizo?&lt;br /&gt;El hombre lo miró como si no entendiera.&lt;br /&gt;— Digo, ¿se resistió a subir, hizo algún intento de escapar?&lt;br /&gt;— Se fue sin despedirse…&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Este boludo me está jodiendo.&lt;/em&gt; Las palabrotas debieron notársele en la cara porque la comi lo acuchilló con la mirada.&lt;br /&gt;— ¿A qué se refiere con que su amigo no se despidió?— preguntó ella con amabilidad.&lt;br /&gt;— Mi amigo, sabe, es un hombre educado… Un caballero… Nunca se hubiera ido sin saludarme ni decirme que se iba…No… No puede ser. Esa gente se lo llevó.&lt;br /&gt;El celular de la comisario empezó a reptar por el escritorio presa de un ataque epiléptico. Ella leyó el mensaje y se levantó a ponerse el abrigo y tomar el bolso.&lt;br /&gt;— Nos esperan en la morgue.&lt;br /&gt;— ¿Hoy?&lt;br /&gt;— Capitán, deje de decir “hoy” como si fuera el día del Juicio Final.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Se está irritando. No preguntes más boludeces.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Quise decir, ¿por qué?&lt;br /&gt;—Para identificar el cuerpo congelado que apareció ayer en uno de los amarraderos, ¿ya se lo olvidó? Señores…&lt;br /&gt;Trotó tras ella y el apestoso hasta la calle y se metieron los tres en un auto oficial. Menos mal, porque en el autito de juguete de la comisario él no tenía modo de acomodar su humanidad. Abrió las ventanillas para que el frío le embotara el olfato.&lt;br /&gt;Las calles estaban semivacías. El cielo amenazaba con más frío en estado sólido o líquido, que a los efectos prácticos era la misma calamidad. No le había dedicado mucha atención al último finado: en esa época del año, los sin-techo eran los primeros en caer.&lt;br /&gt;Los pasillos de la morgue olían a antisépticos que apenas disfrazaban el olor de la muerte. Casi prefirió el hedor del tipo. El encargado los llevó hasta las heladeras y abrió una de las puertas metálicas. Cuando el encargado descubrió el rostro del cadáver, el hombre contuvo un sollozo.&lt;br /&gt;— Yo sabía… Yo sabía… Él nunca se hubiera ido así, sin saludarme… — extendió una mano y rozó el cuerpo—. Adiós, mi amigo.&lt;br /&gt;Algo muy adentro se le quebró: ese hombre acababa de perder todo lo que tenía. Dio media vuelta para que la comi no le viera la expresión acongojada. &lt;em&gt;Mierda, estoy hecho un pelotudo sentimental. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Es… era… Un poco ido, sabe… No le andaba bien la cabeza… De vez en cuando se mareaba y se desmayaba, ¿sabe? Menos mal que yo siempre me guardo un caramelito, je, y se lo daba… Enseguida se ponía bien… Y a veces hablaba del velero. Je, un velero. Yo le decía que sí y él se ponía contento, pobre…&lt;br /&gt;— Si le parece bien lo llevamos a un refugio— dijo la comi.&lt;br /&gt;— Yo, la verdad, no… pero, bueno, sí, mejor… Mejor no pasarla solo hoy… ¿Puedo ir a buscar mis cosas?&lt;br /&gt;Las “cosas” del tipo constituían un bulto mugroso de regulares dimensiones que cargó en el baúl del auto oficial. &lt;em&gt;Y que se arreglen los de Mantenimiento con el tufo&lt;/em&gt;, pensó él mientras aguantaba la respiración.&lt;br /&gt;—¿Ven? — el hombre les señaló una pila de diarios — Leía los diarios todos los días.&lt;br /&gt;Encima de la pila había un periódico prolijamente doblado que mostraba la fotografía de un velero en una regata.&lt;br /&gt;— ¿Qué les dije? Le gustaban los barcos.&lt;br /&gt;Dejaron al tipo en un refugio urbano y le prometieron que le informarían lo que pudieran averiguar.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syf2VeehSeI/AAAAAAAAAwk/B6BVnZQHoqs/s1600-h/clochard_1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415567925755070946" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 94px; CURSOR: hand; HEIGHT: 141px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syf2VeehSeI/AAAAAAAAAwk/B6BVnZQHoqs/s400/clochard_1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se sentó de nuevo al volante: la comi tenía una particular vocación suicida por la alta velocidad en espacios urbanos y él no tenía ganas de matarse en un slalom automovilístico en las calles grises de nieve. Ni siquiera sentado al lado de ella. Pero era evidente que la comi estaba entretenida en otra cosa porque si no, hubiera protestado y le hubiera exigido las llaves del auto.&lt;br /&gt;— ¿Tenemos algún dato de identidad? — preguntó mientras encendía un cigarrillo.&lt;br /&gt;—Todavía nada— respondió ella mientras guardaba el diario con la foto del velero en el agujero negro que cargaba en el hombro a modo de bolso. Alguien alguna vez le había mandado de regalo una cartera preciosa y a escala de su tamaño. La comi había sonreído, había agradecido la atención, había archivado la carterita encantadora entre el termo y las resmas de papel y el bolso informe continuó triunfal su carrera en la policía.&lt;br /&gt;El zumbido del celular de la comi interrumpió la conversación. Ella respondió seca y anotó en el dorso de la carpeta del informe forense que traía en el bolso. Cuando cortó, enarcó las cejas y lo miró de reojo.&lt;br /&gt;—¿Quiere reírse un rato? Este tipo fue dado por muerto hace tres años.&lt;br /&gt;—El cadáver se hizo esperar— comentó con el cigarrillo colgado de la comisura.&lt;br /&gt;—Nuestro muerto viviente murió de un coma alcohólico. Lo habrán conservado en alcohol— acotó ella con un humor negro feroz—. Aunque... — abrió el informe y leyó en silencio hasta que él preguntó intrigado:&lt;br /&gt;— ¿Qué más?&lt;br /&gt;— Era diabético.&lt;br /&gt;— Los diabéticos no se emborrachan: es suicida— algo se le encendió en algún lugar de la cabeza —. Oiga, jefe, si el tipo era diabético y como quiera que sea sobrevivió tres años a su defunción, tiene que haber recibido algún tipo de atención médica o por lo menos seguir alguna dieta, ¿no?&lt;br /&gt;Ella lo miró con una ceja levantada.&lt;br /&gt;— No creo que tuviera una dieta rica en grasas y azúcares viviendo en el parque.&lt;br /&gt;— Hum, sí, bueno... ¿El que acabamos de dejar será alcohólico?&lt;br /&gt;— No me pareció. No olía a alcohol.&lt;br /&gt;— No: a mugre — murmuró él.&lt;br /&gt;— Lo que no quiere decir que de vez en cuando...&lt;br /&gt;— Un traguito no mata a nadie.&lt;br /&gt;— Y el alcohol en pequeñas cantidades mantiene los niveles de azúcar bajo control.Pero muchos traguitos...— ella cerró la carpeta y lo miró—. Tenemos el último domicilio.&lt;br /&gt;—Vamos entonces.&lt;br /&gt;El barrio del finado múltiple era de los elegantes. El edificio también. Mientras subían en el ascensor, luego de identificarse ante un portero con más humos que el duque de Windsor, se miraron socarronamente el uno al otro. &lt;em&gt;Sí, la verdad es que los sueldos no dan para vestirse con ropa de primera clase. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La mucama que abrió la puerta bien podría haber sido la duquesa de Windsor. Lanzó la nariz al aire.&lt;br /&gt;—Ya colaboramos...&lt;br /&gt;—Policía. Y todavía no colaboraron. ¿La señora...? —el tono y la placa dorada de la comisario no admitían réplicas.&lt;br /&gt;La duquesa entrecerró la puerta con el morro fruncido, diciendo que avisaría a "madame".&lt;br /&gt;Dos segundos más tarde, una muñeca rubia y vestida como para ir a una gala en la ópera abrió la puerta.&lt;br /&gt;—¿Policía? —preguntó "madame" con ligero horror.&lt;br /&gt;La comisario exhibió una sonrisa candorosa.&lt;br /&gt;—Señora, le ruego disculpe semejante intromisión... Realmente lo lamentamos...&lt;br /&gt;Detrás de ella, él asintió con expresión preocupada. &lt;em&gt;La jefe está poniendo el numerito&lt;/em&gt;. Ya sabía lo que tenía que hacer.&lt;br /&gt;—Si Ud. fuera tan gentil— insistió la comi con esa vocecita engañosa que él ya le conocía— , necesitaríamos hacerle unas preguntas.&lt;br /&gt;"Madame" les franqueó el paso a un piso insoportablemente elegante. Junto al ventanal un hombre alto fumaba, tan perfumado que el aroma le llenó las fosas nasales, desalojando el recuerdo de los antisépticos de la morgue y el aroma que había quedado en el auto.&lt;br /&gt;—Querido...—llamó la muñeca rubia —los señores son policías.&lt;br /&gt;"Querido" los miró indiferente.&lt;br /&gt;—¿Algún problema? —preguntó con voz ronca.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;"Querido" parece un actor de telenovela italiana, de esas que le gustan a mi madre.&lt;/em&gt; La comisario se llevó a "madame" a un extremo de la habitación y "querido" las siguió sin perderles pisada. &lt;em&gt;Bien, tengo el campo libre.&lt;/em&gt; Comenzó a observar, dando pasitos cortos y deslizándose hacia los pasillos interiores, al tiempo que paraba las orejas.&lt;br /&gt;—Señora, la verdad es que...lo lamentamos. Encontramos a su esposo... esta madrugada... muerto.&lt;br /&gt;—¿Mi esposo, muerto? Comisario, ¡qué tontería! Mi esposo murió hace tres años —la rubia agitó el pelo.&lt;br /&gt;La escuchó rebuscar en el bolso la Polaroid que habían sacado en la morgue. Casi podía imaginar la carita de inocencia del jefe: los ojos muy abiertos, la boca apenas entreabierta. Toda una colegiala.&lt;br /&gt;—Disculpe, señora... —le dio la Polaroid —. Éste es el hombre. La identificación de las huellas fue positiva. El... occiso —lo pronunció casi con vergüenza— tenía domicilio aquí, figuraba como casado... con Ud.&lt;br /&gt;La mujer tomó la foto, la miró y la devolvió con indiferencia suprema.&lt;br /&gt;—No pongo en duda nada de lo que diga el Departamento de Policía y su división de Identificaciones, pero mi marido desapareció hace tres años y se lo dio por muerto— la rubia estaba muy convencida.&lt;br /&gt;— Yo... disculpe... pero, ¿podría acompañarnos para identificar el cuerpo?&lt;br /&gt;— ¿Hoy? — la mujer la miró con disgusto—. La verdad, comisario, es que si pudiera ir en otro momento, no sé, mañana o pasado... ¿No basta con la foto?&lt;br /&gt;— Es el procedimiento, señora.&lt;br /&gt;Él se metió en varios cuartos: no había nada fuera de lo usual, si lo usual en esa casa era el confort suntuoso. En una habitación que parecía el estudio había una foto de un velero, y fotos de la rubia y “querido” muy abrazados y sonrientes a bordo.&lt;br /&gt;Volvió al salón cuando la rubia relataba las circunstancias de la desaparición de su marido.&lt;br /&gt;—... se soltó una de las velas, lo golpeó y cayó por la borda. La tormenta era tremenda pero buscamos con helicópteros, buzos, de todo. Finalmente lo dieron por desaparecido y bueno, Ud. ya sabe, en caso de accidente marítimo, después de un plazo...&lt;br /&gt;—Por supuesto. Comprendo perfectamente— la comisario se puso de pie tímidamente—Pero... podría ser que... no sé, se hubiera salvado, lo hubieran rescatado desde algún otro barco...&lt;br /&gt;—Velero—corrigió “querido” con suficiencia— Era una regata.&lt;br /&gt;—Velero—asintió la comisario—. Digo, si lo rescataron, y él no recordaba... A veces pasa...&lt;br /&gt;—No lo sé, comisario. Todo esto es muy extraño. Muy extraño. Mi marido desapareció... y ahora... reaparece asesinado. No sé.&lt;br /&gt;—Sí, es muy extraño. Bien, señora, señor, ya no los molestamos más. Necesitaríamos nada más que reconociera el cadáver pero, bueno, podemos esperar hasta mañana. &lt;br /&gt;— Se lo agradezco, comisario— intervino "querido" y la rubia sacudió la cabeza.&lt;br /&gt;— ¿Vamos, capitán?&lt;br /&gt;Él se apresuró a saludar y se fueron casi corriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syf2K_kvcgI/AAAAAAAAAwc/pXQ5h9Rogoo/s1600-h/edificio+elegante.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415567745660973570" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 332px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syf2K_kvcgI/AAAAAAAAAwc/pXQ5h9Rogoo/s400/edificio+elegante.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En el auto, la comi tenía una expresión dura.&lt;br /&gt;—¿Qué encontró?— ella preguntó.&lt;br /&gt;—Nada aparte de esto— le dio una foto que se habia robado del estudio—. Después me escurrí hasta la cocina y ni basura había. Todo tan impecable...&lt;br /&gt;La comi abrió el bolso.&lt;br /&gt;— Mire— puso la foto junto a la del diario.&lt;br /&gt;— Es el mismo barco.&lt;br /&gt;— “Velero” — lo corrigió ella imitando la voz de “querido”.&lt;br /&gt;Se estaban sentando en el auto cuando tuvo una idea y manoteó su celular. En menos de diez minutos la descripción del muerto circulaba por los hospitales de la zona. Ella lo aprobó. A punto de arrancar, ella lo detuvo con una manita sobre su brazo.&lt;br /&gt;—Todavía no.&lt;br /&gt;—¿En qué está pensando, jefe?&lt;br /&gt;—Esperemos a que llamen de algún hospital.&lt;br /&gt;—Podrían no llamar...&lt;br /&gt;Pero esperaron con el motor en marcha para mantener la calefacción funcionando, mientras la comi le contaba lo que habían hablado con la rubia. Después de un silencio largo y pesado, durante el cual ambos masticaron las declaraciones, sonó su celular.&lt;br /&gt;Cuando cortó, la comisario lo miraba con una intensidad que sabía no le estaba destinada a él.&lt;br /&gt;— Al hospital— dijo y arrancó.&lt;br /&gt;Una asistente social los esperaba. Le mostraron la Polaroid del cadáver y la mujer asintió. Unos diez días atrás, el hombre había ingresado a la guardia del hospital con un cuadro de hipoglucemia leve. Mientras le pasaban suero, el tipo no paraba de hablar de un velero. Tanto insistía que una de las enfermeras recordó que había un velero en la tapa de uno de los diarios y se lo mostró. El hombre se emocionó tanto que no pudieron sacarle nada coherente. Lo dejaron solo en la sala porque entraron dos accidentados y cuando volvieron, el tipo se había ido llevándose el diario. Ella pensó que quizás el hombre tuviera algo que ver con los propietarios del velero, los localizó y se comunicó con alguien que se identificó como un empleado de la familia. El hombre se presentó en el hospital, admitió que la embarcación pertenecía a sus patrones que estaban fuera del país en ese momento y negó cualquier relación con el sin-techo. Dejó un domicilio en una localidad a 50 kilómetros de la ciudad. La descripción del tipo se ajustaba a la perfección a la de “querido”.&lt;br /&gt;Le dieron las gracias a la mujer y de vuelta en el auto, él llamó a la delegación policial de la localidad para pedir la verificación del domicilio pero no fue necesaria demasiada investigación: era la dirección del hospital regional. Estaba arrancando el auto cuando la comisario saltó en el asiento como si le hubieran puesto un resorte.&lt;br /&gt;— Llame a la asistente social y pregúntele si al sin-techo le dieron un baño.&lt;br /&gt;— ¿Qué?&lt;br /&gt;—¡Llámela!&lt;br /&gt;No, no lo habían bañado. No habían tenido tiempo. La comi volvió al reporte forense.&lt;br /&gt;— El cadáver estaba limpio y llevaba ropa limpia.&lt;br /&gt;Se miraron durante unos segundos.&lt;br /&gt;— Así que en lo de “madame” no había basura...— murmuró ella.&lt;br /&gt;Él miró el reloj.&lt;br /&gt;— ¡Vamos antes que el portero la saque!— arrancó y salieron a toda velocidad, sin importar la nieve.&lt;br /&gt;Corrieron hasta la entrada de servicio: el portero, no tan regio como cuando les había abierto la puerta, fruncía el morro con los desperdicios.&lt;br /&gt;Esta vez no hubo contemplaciones: las dos placas hicieron que el ex duque de Windsor abriera las bolsas. Afortunadamente, sólo había pisos completos en el edificio, así que eran pocas bolsas.&lt;br /&gt;—¿Cuál es la del cuarto piso? —preguntó imperioso.&lt;br /&gt;—¿Y yo qué sé? —rezongó el portero.&lt;br /&gt;—Mejor que sepa porque si no tendrá que abrirlas y vaciarlas a todas, una por una.&lt;br /&gt;El tipo lo pensó mejor y eligió. Desparramaron el contenido con los pies.&lt;br /&gt;—¡No toque nada! — aulló él cuando el portero trató de meter mano.&lt;br /&gt;La comisario ya tenía puestos los guantes de polietileno cuando metió las manos para recoger lo que buscaban.&lt;br /&gt;Se demoraron el tiempo suficiente para pedir una patrulla y subieron. "Madame" y "querido" estaban a punto de salir.&lt;br /&gt;—Señora, señor, necesitamos hacerles unas preguntas— la voz de la comisario ya no era candorosa ni amable.&lt;br /&gt;Los tipos los dejaron pasar, pero ya no se veían tan glamorosos como la primera vez.&lt;br /&gt;Él y la comisario ocuparon las posiciones acostumbradas: ella sentada; él de pie detrás, los hombros cuadrados y sin expresión. La comi, enfundada en su habitual trajecito negro, transmitía una ominosidad inquietante: una reina severa a punto de castigar a sus súbditos mientras él, su ministro de confianza, se aprontaba a ejecutar la sentencia. &lt;em&gt;Estoy leyendo demasiada novela histórica&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;—Señora —decía la comi —acabo de recibir un reporte de uno de los hospitales de la ciudad. Un hombre ingresó hace diez días con hipoglucemia. Ese hombre apareció muerto ayer, congelado en un amarradero y fue identificado como su marido. ¿Tiene algo que decir al respecto?&lt;br /&gt;—No, comisario, no tengo nada que decir. Ya se lo expliqué: dimos por muerto a mi marido hace tres años.&lt;br /&gt;—Pero estaba vivo. Y se mantuvo vivo durante esos tres años para venir a morir aquí. Murió de un coma alcohólico.&lt;br /&gt;—No sabía que bebiera— la mujer torció la boca y desvió la mirada—. Nunca bebió mientras estuvo conmigo.&lt;br /&gt;—Le creo, señora. La autopsia también determinó que su marido era diabético.&lt;br /&gt;— Es cierto — el gesto de impaciencia torció la boca maravillosamente maquillada—. No necesitaba insulina, tenía un cuadro leve.&lt;br /&gt;—Tan leve que sobrevivió su enfermedad durante todo este tiempo para volver a casa y morir de un coma alcohólico. El alcohol es fatal para un diabético.&lt;br /&gt;—¿Y qué? —la rubia la enfrentó abiertamente.&lt;br /&gt;— Que tengo una teoría. A ver qué le parece. Su marido se cayó del velero en circunstancias que no pudieron comprobarse...&lt;br /&gt;— Fue un accidente— siseó la rubia.&lt;br /&gt;— No puedo discutirle una sola palabra de eso, señora— la comi la interrumpió tan sibilina que la rubia retrocedió como si la hubiera mordido—. Permítame continuar. Su marido fue rescatado pero había perdido la memoria. Sobrevivió estos tres años seguramente porque viviendo como un sin-techo mantuvo una dieta estricta a la fuerza. Pero tanta dieta puede tener efectos negativos: cada tanto, le daba hipoglucemia, se mareaba y se desmayaba y sus compañeros de infortunio en el parque le conseguían algún caramelito. La última vez terminó en un hospital del barrio, de donde regresó al parque que conocía como su hogar. Pero en el hospital había identificado algo de su pasado que hizo que ese pasado volviera a buscarlo a él. Dos días después de haber salido del hospital, un auto comenzó a rondar el sector del parque en donde habitualmente se instalan los sin-techo. Unos días más tarde, su marido subió a ese auto y no fue vuelto a ver por sus compañeros hasta que apareció tirado en un muelle, intoxicado de alcohol hasta morir, esta vez definitivamente. Convengamos que el frío hizo su parte.&lt;br /&gt;—¿Y nosotros qué tenemos que ver con todo esto? —insistió la rubia, con un tono de voz apenas agudo.&lt;br /&gt;—Capitán...&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ahora me toca a mí.&lt;/em&gt; Fue hasta la puerta de entrada, salió al pasillo y volvió aguantando la respiración. La rubia y "querido" se quedaron mudos y en ese momento, tocaron el timbre.&lt;br /&gt;La duquesa de Windsor abrió sin decir ni mu y tres uniformados entraron haciendo venias ceremoniosas.&lt;br /&gt;— Por otra parte, señora— la comisario siguió después de saludar a los de uniforme—, en nuestra primera visita jamás mencioné que su marido hubiera sido asesinado. Eso corrió por su cuenta.&lt;br /&gt;La mujer perdió el control.&lt;br /&gt;—¡Ese hijo de puta! ¡Tenía que venir a arruinarnos la vida! ¡Estaba muerto, muerto! ¡Estuvo muerto tres años, por qué mierda tenía que aparecer! ¡Dios mío, no es justo! ¡Maldito enfermo, maldito hijo de puta, maldito cornudo hijo de puta madre!&lt;br /&gt;Mientras dos de los uniformados esposaban a la pareja, él llamó al tercero y le entregó la bolsa de polietileno llena de la ropa apestosa y maltrecha del pobre finado, mezclada con basura y borra de café.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syf4s0CHaOI/AAAAAAAAAws/KVpJb2EErvo/s1600-h/ropa_sucia-1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5415570525701761250" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 284px; CURSOR: hand; HEIGHT: 239px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syf4s0CHaOI/AAAAAAAAAws/KVpJb2EErvo/s400/ropa_sucia-1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez entraron juntos al despacho de ella y se sentaron uno a cada lado del escritorio enorme.&lt;br /&gt;—Váyase a casa —murmuró la comisario.&lt;br /&gt;—¿Piensa quedarse sola?&lt;br /&gt;Antes de responderle, se encogió de hombros.&lt;br /&gt;— Es una noche muy especial. Váyase a casa.&lt;br /&gt;—Soy judío, ¿no se acuerda? Y ya celebré Januká ayer.&lt;br /&gt;Ella le echó una ojeada reprobadora y después lanzó uno de sus dardos de ácido.&lt;br /&gt;—Bueno, después de todo, hoy se celebra el cumpleaños de un judío famoso.&lt;br /&gt;—Tiene razón. Feliz Navidad, jefe.&lt;br /&gt;—Feliz Navidad, capitán.&lt;br /&gt;Se quedaron juntos hasta que llegó el relevo a las seis.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-654156061708204294?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/654156061708204294/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=654156061708204294" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/654156061708204294?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/654156061708204294?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/f0d3G_Ea6AM/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="UN AÑO EN LA VIDA DE UN POLICÍA GORDO: DICIEMBRE" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Syfwte3WoyI/AAAAAAAAAwM/Y0AivQziELg/s72-c/paris-sous-neige-france-sous-neige_222623.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/12/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUUASXs7cSp7ImA9WxNbEkw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-2500759126141270483</id><published>2009-11-08T18:15:00.000-08:00</published><updated>2009-11-14T07:40:48.509-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-14T07:40:48.509-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos policiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="puentes" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="suicidas" /><title>UN AÑO EN LA VIDA DE UN POLICÍA GORDO: NOVIEMBRE</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sv7O66UQnWI/AAAAAAAAAvY/uPp8esl10QA/s1600-h/Fat+cop+BN.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 397px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sv7O66UQnWI/AAAAAAAAAvY/uPp8esl10QA/s400/Fat+cop+BN.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403984114373139810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Avanzó entre la multitud a fuerza de imponer nada gentilmente sus dos metros de altura por otro tanto de circunferencia.  El público acusó el impacto de su arribo de paquebote a todo vapor con diversos grados de incomodidad que iban desde el simple gruñido hasta auténticos quejidos de dolor y uno que otro traquido de huesos maltratados. Los uniformados, ya habituados y sobre aviso, se limitaron a abrirle paso, prudentes y alineados como  corresponde a las fuerzas del orden. &lt;br /&gt;"¡Con cuidado, gordo!", aulló un curioso sin saber que arriesgaba la vida con el apelativo, por muy epitético que fuera. &lt;br /&gt;Desde su altura privilegiada, sus ojos muy azules apreciaron la situación de un vistazo. &lt;em&gt;Carajo, no es ella&lt;/em&gt;, masculló por lo bajo y dio media vuelta decidida encarando el puente hacia la avenida.&lt;br /&gt;- ¡Capitán !- jadeó uno de los uniformados. &lt;br /&gt;El curioso gritón lo miró sorprendido y una mirada de hielo bastó para acabar con las veleidades de flaco del sujeto.&lt;br /&gt;- ¡Creímos que venía a darnos una mano!- insistió el hombre, señalando al centro del puente.&lt;br /&gt;Lo miró con odio. &lt;em&gt;La mano te la daría en medio de la jeta, cretino&lt;/em&gt;. Volteó apenas la cabeza y concluyó que el pobre sargento tenía razón. &lt;em&gt;No puedo irme así como así. ¡Carajo, pendejita de mierda, qué tiene que estar haciendo ahí en medio del puto puente!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La multitud se cerró detrás de él como un mar de ropajes invernales. De los murmullos chismosos recogió las distintas versiones del hecho a un mismo tiempo. Mientras las procesaba, su propia secreta investigación le retorcía las entrañas y los testículos: hacía dos días que la buscaba por cielo y tierra. No había dejado agujero sin husmear; más de cuarenta y ocho horas en las que “dormir” era nada más que una palabra en el diccionario. &lt;br /&gt;Otro curioso lo miró de arriba abajo y volvió la cabeza con un gesto de asco. &lt;em&gt;Ya sé, tengo mal aspecto y debo oler a establo: lo lamento, hace dos días que no piso mi casa, mucho menos una ducha.&lt;/em&gt; La barba le raspó la palma de la mano cuando se frotó la cara para despejarse un poco. &lt;br /&gt;Le dolía la cabeza de estrujarse las meninges pensando en dónde podría haberse metido la muy perra. Desde esa madrugada, en la que se había resignado a dar parte al escuadrón de buzos para que buscaran, también le dolía el estómago. Trató de paliar el espasmo con comida y lo único que consiguió fue acidez. El café le dio nauseas y se las aguantó nada más que porque estaba en el auto y no quería hacer un estropicio con los tapizados.&lt;br /&gt;- ¡Capitán! - rogó una voz masculina - ¡No entiende razones! ¡No podemos bajarla de ahí! &lt;br /&gt;Masculló un “ya voy” de mala gana. &lt;em&gt;Dios santo, tengo que ir a buscar en otro puente. ¿Nena, no podías matarte tirándote a las vías del Metro?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Los chillidos de la mocosa hicieron retroceder a todo el mundo. Menos mal porque entonces la vio: media cabeza por debajo de la media, el tapado gris oscuro al viento, avanzando entre la gente con la seguridad y la tranquilidad que da el oficio. &lt;br /&gt;Uno de los uniformes se acercó belicoso a la carrera y un gesto de la manita blanca lo congeló. Si él no estuviera tan acostumbrado a ese gesto también habría corrido hasta el centro del puente pero el destello de la placa en esa mano fue inconfundible.&lt;br /&gt;Casi se largó a reir a carcajadas de puro alivio y hubiera besado al que le había gritado “gordo”. En voz baja dio la orden de retroceder y la hizo circular al personal del otro lado del puente. Lentamente y de mala gana por perderse el espectáculo, la marea humana reculó y los uniformes pudieron acordonar los dos accesos. &lt;br /&gt;Mientras tanto, la mujer de gris avanzaba decidida hasta el centro del puente. Tal era su calma que la mocosita trepada al parapeto dejó de chillar y  le prestó atención a esa desconocida. &lt;br /&gt;- ¡No me voy a bajar!- gritó previsora y se acurrucó en la baranda. &lt;br /&gt;La multitud histérica acompañó con los correspondientes grititos de ansiedad el gesto. &lt;br /&gt;Rugió un “¡Silencio!” y sacudió los brazos como aspas.&lt;em&gt; Me parece que retroceden por la falta de baño y no por mi autoridad&lt;/em&gt;, se descorazonó, pero se recuperó de inmediato. &lt;em&gt;Tengo cosas más importantes en qué pensar&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;La mujer ni se dignó siquiera a darle una ojeada a su circunstancial compañera de baranda y comenzó a desvestirse. Dejó el bolsito gastado sobre el suelo y tiró el abrigo al descuido sobre el parapeto del puente. Como si estuviera haciendo la cosa más natural del mundo, se desprendió la blusa y la pollera y las dejó caídas en el suelo, suaves pétalos de una flor oscura.  &lt;br /&gt;Se quedó con unas enaguas de seda que poco podían hacer por paliar el rigor del invierno; se quitó los zapatos de taco alto y con cuidado para no romper las medias, se trepó a la baranda y se acomodó, las piernas hacia el lado del río. El viento le arremolinó los cabellos oscuros alrededor de la cara y entonces sacudió la cabeza para despejar la visión.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sv38URlKiGI/AAAAAAAAAvI/G8LmW0B6678/s1600-h/POnt.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 301px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sv38URlKiGI/AAAAAAAAAvI/G8LmW0B6678/s400/POnt.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403752553161328738" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La mocosa se la quedó mirando con la boca abierta cuando la otra le ladró:&lt;br /&gt;- ¿Qué mierda estás haciendo en “mi” puente? ¡Fuera! &lt;br /&gt;La cría abrió los ojos como platos.&lt;br /&gt;- ¿Su puente?...&lt;br /&gt;- ¡Fuera, dije! ¡Este puente es mío! ¡Nadie tiene derecho a tirarse desde acá más que yo!- y gesticuló ampulosamente con una mano.&lt;br /&gt;- ¡Oiga! ¡Cómo que el puente es suyo!- retrucó la chica, a medias indignada. &lt;br /&gt;- ¡Te dije que te buscaras otro puente! ¿Estás sorda o lo tuyo es cretinismo liso y llano? ¡Desde este puente me mato yo y nadie más! &lt;br /&gt;Durante unos momentos interminables hubo silencio, tanto que podía oírse al río susurrar allá abajo.  El viento agitó los cabellos rojos de la mocosita.&lt;br /&gt;- ¿Se quiere matar?- la pregunta tímida fue casi inaudible.&lt;br /&gt;- ¿Y qué te importa?- respondió la mujer, seca como un latigazo y sin mirarla. &lt;br /&gt;La chica se encogió en el lugar. La otra miraba hacia adelante, a ninguna parte, respirando profundamente, saboreando el aire como si cada inspiración fuera la última.  Después de una eternidad hecha de viento, la mujer se volvió hacia la chica, que no le había desprendido los ojos.&lt;br /&gt;- Vengo todos los años, en esta misma fecha. Todos, ¿escuchaste?, desde hace diez años. No falté ni una vez... y no pude. Siempre fallé lastimosamente pero hoy es “el día”. Esta vez lo planeé a la perfección, nadie me va a impedir que haga lo que vengo a hacer, mucho menos una mocosa estúpida que llora por alguna pavada! &lt;br /&gt;- ¡Qué sabe Ud. de lo que me pasa!- se enfurruño la chica, ahora más ocupada en discutir que en suicidarse. &lt;br /&gt;- ¡Bah! ¿Qué puede pasarte ? A tu edad, yo era feliz. El mundo era mío, tenía todo para hacer y cambiar. No había nada contra lo que yo no pudiera pelear. ¡Hubiera podido hacer una revolución si hubiera querido! ¡Ja! Teníamos la vida por delante...&lt;br /&gt;- Sí, pero a veces no se puede...- balbuceó la cría.&lt;br /&gt;- ¿No poder ? ¿Qué es “no poder”? ¡A  tu edad se puede todo! ¡Los que no pueden con nosotros son los demás, los viejos de espíritu, los que no entienden que la sangre corre más rápido por las venas, más caliente, más cargada de ideales que nunca!- la mujer se apasionó-. A tu edad lo más importante que se tiene es la vida misma y las ansias de vida que ella tiene... Mi padre me recitaba: “Tus hijos no son tus hijos/ Son los hijos de las ansias de vida/ que tiene la Vida... “ No me acuerdo del resto. Es de un poeta árabe- continuó, bajando la voz hasta perderla entre los susurros del viento.&lt;br /&gt;Pasó un buen rato antes de que la pelirroja preguntara tímida:&lt;br /&gt;- ¿Y entonces, por qué viene... al puente? &lt;br /&gt;La mujer no la miró. &lt;br /&gt;- Porque perdí todo eso de una sola vez y de un solo golpe, en este mismo puente- meneó la cabeza-. Detesto Todos Los Santos, es un día de mierda... ¡y detesto este maldito puente y el río y la plaza del otro lado y los curiosos que se juntan a ver cómo se mata la gente!- miró furibunda a los extremos del puente.&lt;br /&gt;La pelirroja también miró, como si acabara de comprender que tenían público. Hubo otro silencio y la mujer que se quitó un mechón oscuro que le aleteaba alrededor de la cara. &lt;br /&gt;- ¿Qué te pasa?- la voz ya no era un trallazo sino una invitación-. Alguien con ese color de pelo debería estar escapándose de los pretendientes, no subida a la baranda de un puente. &lt;br /&gt;Dos lágrimas enormes rodaron por la piel de crema.&lt;br /&gt;-¿Problemas en casa?- insistió la mujer.&lt;br /&gt;La cabeza pelirroja asintió apenas y una mano pecosa subió a atajar los mocos. Imperceptiblemente la mujer se deslizó hacia la chica hasta quedar a menos de una extensión del brazo de distancia. Se apoyó en una mano, subió la pierna izquierda al parapeto y echó la cabeza hacia atrás. Parecía que estuviera disfrutando de una mañana de sol en el campo. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hace un frío insoportable&lt;/em&gt;, pensó el capitán y se arrebujó en el impermeable maltratado por las circunstancias y la profesión. &lt;em&gt;¿Cómo aguantará estar sentada ahí?&lt;/em&gt; Ambas mujeres habían bajado demasiado la voz y ya no podía escucharlas, tan sólo verlas gesticular, así que reguló el amplificador.&lt;br /&gt; -  ¡No sé qué hacer...!- sollozó la mocosa-. ¿Qué va a pasar ahora? ¡Y él! - hipó incontenible - ¡Él...! ¿Cómo le digo a mis viejos?  ¡No puedo!  &lt;br /&gt; La mujer meneó la cabeza y acarició las guedejas rojas mientras una sonrisa fantasmal le bailaba en los labios. &lt;br /&gt;- Y el puente fue lo mejor que se te ocurrió...&lt;br /&gt;La otra asintió subiéndose los mocos.&lt;br /&gt;- ¿Se lo dijiste a él?&lt;br /&gt;Otro asentimiento lleno de lágrimas&lt;br /&gt;- Bien, él se lo pierde- apoyó una mano en el vientre de la otra-. Ya te lo dije “son las ansias de vida...” &lt;br /&gt;- “... que tiene la Vida” - sonrió la mocosa por primera vez - Me gusta eso. &lt;br /&gt;Con el rabillo del ojo, el capitán vio un impecable sobretodo de pelo de camello pasar a toda velocidad hacia el puente. Estiró el brazo sin mirar y manoteó el cuello del sobretodo. Cuando el sujeto se dio vuelta, le estampó la placa en medio de la cara enrojecida por el frío y el amor propio mancillado.&lt;br /&gt;- ¡Por favor, oficial! ¡Es nuestra hija! - clamócon voz virtuosa la mujer que venía detrás del elegante, su cuidadoso peinado arruinándose al viento. Casi se alegró de que la tipa se despeinara, tan elegante, tan perfumadita. &lt;br /&gt;- Esperen. Está con una oficial.&lt;br /&gt;- ¿Una oficial esa...?- la mujer apenas pudo contener su lapidaria opinión acerca de los representantes del orden.&lt;br /&gt;- Tiene una gran experiencia en casos de suicidio, créanme- le aseguró a los padres ostentosamente preocupados que miraban a la loca en ropa interior que abrazaba a su princesita. &lt;br /&gt;Una cabeza rubia sobresalió por encima de las demás, gritando el nombre de la pelirroja. La chica abrió los ojos enormes y verdes y miró primero a la mujer a su lado y luego al rubiecito imberbe; saltó del parapeto a la calle y corrió a abrazarse con el estúpido mientras los padres corrían y gritaban tan estúpidamente como el otro. &lt;em&gt;Una reunión estúpida de estúpidos&lt;/em&gt;, pensó aliviado. &lt;br /&gt;El público aplaudió obediente ante la culminación de la representación. &lt;em&gt;Váyanse todos a la mierda&lt;/em&gt;, pensó mientras caminaba por el puente, después de haber ladrado la orden de despejar la avenida y la plaza. Después de unos pasos se sintió estúpidamente feliz él también.&lt;br /&gt; La mujer continuaba sentada, las piernas para el lado del río.&lt;br /&gt;- ¿Cómo se enteró? Tenía el radio y el celular apagados y...&lt;br /&gt;- Existe una cosa que se llama televisión- lo interrumpió de mal modo. &lt;br /&gt;Pero no se alejó y eso era una buena señal.&lt;br /&gt;- ¿Por dónde anduvo, jefe ?- preguntó intentando hacer las paces mientras se acodaba a su lado-.La busqué por todos lados... - la recriminó.&lt;br /&gt;- No esperará que lo recomiende para un ascenso por eso. &lt;br /&gt;Hubo un silencio mortuorio durante el que pensó seriamente en empujarla del parapeto y terminar con la tortura de una puta vez por todas. Entonces, se asomaría a ver cómo caía al río, bello fantasma de una flor deshecha y arrastrada por la corriente oscura. Y él lloraría y sus lágrimas amargas se mezclarían con el agua negra en una oda funeraria líquida. Luego vendrían los otros de azul y sin entender nada, lo arrestarían y un juez despiadado lo condenaría a toda una eternidad de recordar su crimen... &lt;br /&gt;- Estuve todo el tiempo en casa- dijo ella después de un rato, interrumpiéndole el placer necrofílico de imaginársela muerta. &lt;br /&gt;- ¡Pero fui a su casa anoche...! &lt;br /&gt;- Desconecté el timbre y el teléfono- el tonito irónico comenzó a causarle molestias sexuales. &lt;em&gt;Me estás llenando la paciencia, jefe&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;- Si hubiera sabido que estuvo todo este tiempo en su casa...- masculló con rabia.&lt;br /&gt;- Podría haberme tirado por el balcón, si es eso lo que lo preocupaba- restalló ella, cortándole la frase.&lt;br /&gt;Casi dio un salto en el lugar y se atragantó con su propia saliva.&lt;br /&gt;- ¿Qué, no se le ocurrió?  La gente no salta nada más que desde los puentes- ella lo fustigó de mala manera.&lt;br /&gt;Inspiró para bajar el nudo de la garganta. &lt;em&gt;Te mataría por hacerme esto pero te daría demasiado gusto.&lt;/em&gt; Decidió usar la carta de triunfo que tenía guardada en la manga. &lt;em&gt;Conste que no quería hacerlo, jefe: me obligaste. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- Hoy no es Todos Los Santos- le informó didáctico-.  Es Todos Los Muertos. Los Fieles Difuntos.&lt;br /&gt;Ella le clavó la mirada oscura y furiosa y él desvió la suya ociosamente.&lt;br /&gt;- ¿Los Fieles Difuntos?  &lt;br /&gt;- Ajá- respondió saboreando la victoria. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Es peligroso mirarla cuando está de tan mal humor: indefectiblemente me dan ganas de darle una buena azotaina en el culo por caprichosa y después...&lt;/em&gt; Se reservó los pensamientos del “después”. &lt;em&gt;Es un superior. No hay “después” con un superior.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;- Mierda- susurró ella-.¿Estuve borracha dos dias? &lt;br /&gt;Por si acaso y nada más que por eso, pasó el brazo por la cintura frágil y la bajó del parapeto como si bajara a una criatura. Ella lo dejó hacer sin protestar. De pronto el día estaba mejorando. &lt;em&gt;Hasta podría irme a casa a bañarme y a dormir&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;- ¿Por qué habla en pasado? Todavía huele a alcohol.  &lt;br /&gt;- Sáqueme las patas de encima. Está suspendido- ella se sulfuró.&lt;br /&gt;- Voy a llevarla a su casa- le informó mientras le ponía el tapado sobre los hombros.&lt;br /&gt;- Puedo areglármelas sola. Estoy bien- respondió seca, pero se apartó para recoger la ropa y trastabilló medio milímetro antes de que él la sostuviera y la enderezara.&lt;br /&gt;- Bien borracha. No pienso correr riesgos hasta que esté sobria.  &lt;br /&gt;- ¡Está suspendido!&lt;br /&gt;- Mejor, así puedo quedarme con usted. Hago buena cocina casera kasher y soy abstemio.&lt;br /&gt;- ¡Es un imbécil y mañana vuelve a patrullar, de uniforme!&lt;br /&gt;- No me joda, jefe- masculló, irritado otra vez y le puso el abrigo de mala manera. &lt;br /&gt;Los uniformados estaban alejando a los últimos curiosos. Un suboficial se acercó aunque manteniendo prudente distancia. &lt;em&gt;Me conocen demasiado bien y a ella también&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;- Capitán, quiere un patrullero para llevarla? &lt;br /&gt;- Tengo mi auto, gracias. Sargento, hágame un favor, avise a la Brigada que encontramos a la comisario. Que los buzos que no busquen más- lanzó una ojeada reprobadora a la mujer que temblaba de frío y desviaba la mirada culpable-. Está bien. Un poco borracha y a punto de pescarse una pulmonía, pero bien.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-2500759126141270483?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/2500759126141270483/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=2500759126141270483" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/2500759126141270483?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/2500759126141270483?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/tT3F0tsJydY/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html" title="UN AÑO EN LA VIDA DE UN POLICÍA GORDO: NOVIEMBRE" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sv7O66UQnWI/AAAAAAAAAvY/uPp8esl10QA/s72-c/Fat+cop+BN.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/11/un-ano-en-la-vida-de-un-policia-gordo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkcMSXo6cSp7ImA9WxNWGU0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-5530390336742338713</id><published>2009-10-18T16:07:00.000-07:00</published><updated>2009-10-18T16:21:28.419-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-10-18T16:21:28.419-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesino de chicos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos negros" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="hermanos" /><title>LOS DE LA VEREDA DE ENFRENTE</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuiwNg4otI/AAAAAAAAAuY/elk398r7XQI/s1600-h/Chagall_Ca%C3%ADn+y+Abel.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 304px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuiwNg4otI/AAAAAAAAAuY/elk398r7XQI/s400/Chagall_Ca%C3%ADn+y+Abel.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394083927851311826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Marc Chagall: Caín y Abel&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me lo contaron cuando yo era chico y al principio no les creí. ¿Qué se piensan, que soy gil?  De veras, repitió el Cholo, tan serio que al final murmuré un “msee” , como para terminar con el asunto. Y resultó que era cierto.  Quién lo hubiera dicho. Tantos años viviendo en el barrio y nunca me había dado cuenta. &lt;br /&gt;Me acuerdo de la madre: ¡era tan linda! Qué linda mina, no parecía del barrio, para nada. Fina, flaca, muy pálida y de manos largas. Lo que más me llamaba la atención eran los ojos: la mirada siempre como perdida. A veces, mientras jugábamos en la vereda de enfrente y la veíamos barrer la tierrita eterna de la vereda,  las hojitas amarillas y los revientacaballos, nos parecía que se había vuelto vieja de repente: la piel transparente y  estirada sobre los huesos, los ojos hundidos y sombríos, las manos como garras en el palo de la escoba, el cogote tan flaco que pareciera que tenía cordones que se lo ataban a los huesos del escote. Se paraba en medio de la calle adoquinada y miraba, nunca supimos adónde o a quién. Más miraba, más huesudas se le volvían las manos blancas y largas y era como si los ojos se le aguaran y algo le agujereara el pecho, como cuando te duele algo que nunca va a dejar de doler.&lt;br /&gt;Y después daba media vuelta, volvía hasta el umbral gastado de la casa y era joven otra vez, linda, tan linda, el pelo tan largo, los ojos tan grandes. Nosotros dejábamos de jugar y de gritar y correr como desaforados atrás de la pelota para mirarla y en ese momento, todos queríamos que fuera nuestra madre, aunque nos llamara a los gritos  tal como llamaba a sus pibes. Total, si todas las viejas te llaman a los gritos: vení a ponerte algo que refrescó, vení a tomar la leche, vení comer, vení que llegó tu padre, y si no ibas, te tocaba el ya vas a ver cuando aparezcas, desgraciado.&lt;br /&gt;Ella, al que más le gritaba era al mayor. Y casi siempre por el menor. No sé, parece que el más chico era una sabandija, porque el mayor venía arrastrando los pies, mirando el suelo, la cabeza medio hundida entre los hombros para aguantar el coscorrón. ¿Adónde está tu hermano?, gritaba ella, la escoba en una mano y con la otra acomodándose los mechones largos que se le escapaban con el vientito de la tarde. El mayor la miraba de reojo, se encogía de hombros y meneaba la cabeza y la madre también meneaba la cabeza con desesperación, resignación o quién sabe qué, daba media vuelta y entraba arrastrando la escoba. El mayor se la quedaba mirando desolado, igualito que nosotros cuando la veíamos barrer, tan linda a la luz del sol que se ponía en el horizonte polvoriento de la calle. Después daba media vuelta  y se iba de nuevo.&lt;br /&gt;Al rato aparecía con el menor. Era lindo el menor, a mí me parece que demasiado, no sé, tan lindo para ser varón que todos decíamos que era marica, pero ahora me parece que de pura envidia no más.&lt;br /&gt;Apenas lo veía, la madre corría y gritaba dónde estuviste, porqué no te quedaste con tu hermano, me van a volver loca y se retorcía las manos en el delantal. Pero ni bien él sonreía, ella lo abrazaba y le besaba los rulos y entraban juntos a la casa.  Y nosotros nos moríamos de celos porque nuestras viejas nos besaran igual la cabeza, porque a nosotros nos parecía que los besos de ella eran distintos, como si nadie te hubiese abrazado nunca si ella no lo había hecho primero.&lt;br /&gt;La verdad es que nuestras viejas nos besaban y nos abrazaban pero no muy seguido porque siempre andábamos haciendo alguna perrería: peléandonos a piedrazos con la barra de la esquina de Bruix, trenzados en alguna de cowboys con los mellizos de Lacarra o desapareciendo en alguna escondida eterna y descomunal que llegaba hasta el parque Avellaneda. &lt;br /&gt;Todavía me acuerdo cómo me dio mi vieja una vez. Volví de noche a casa y libré a todos mis compañeros. Fui el héroe de la jornada hasta que la vieja, los ojos hinchados de tanto llorar, corriendo delante de Saverio el vigilante y sin preguntar qué había pasado porque seguramente ya sabría, me llevó para casa a cachetazo limpio. Fue la única vez que me fajó mi viejo. Con los años entendí que me fajaban porque se habían jaboneado. Mamá lloraba y me daba coscorrones. ¡Mirá si te pasaba lo del chico de enfrente!, y los sollozos le sacudían el batón de entrecasa.&lt;br /&gt;Y claro, con lo que le pasó al más chico de los de enfrente, el barrio quedó marcado. Ya les dije que la madre siempre se peleaba con el mayor por eso de cuidar al hermano. Pobre pibe, a veces venía a jugar a la pelota con nosotros y cuando te querías acordar, ¡paf!, el chiquilín  había rajado y el mayor salía como un loco, llamándolo con una voz desesperada y terrible. La voz del mayor nos daba impresión cuando lo llamaba así. Y parecía que la madre presentía lo que había pasado (las madres siempre sabemos, decía mi vieja con esa sabiduría fatal y un poco mentirosa con la  que las viejas te ataban a la pollera para que no te escaparas de noche al parque Avellaneda).  Entonces ella salía y se quedaba mirando hasta que volvían. El padre estaba poco en casa, laburaba todo el día. Un tipo callado, iba y venía casi sin que nadie lo notara en el barrio. Un tipo pintón, ¿eh? pero silencioso, saludaba si lo saludaban y te devolvía el "buenas" con voz baja y grave y una sonrisa deshilachada y si no pasaba de largo como si no quisiera molestar. Trabajaba en una panadería. &lt;br /&gt;A veces, cuando ella salía a esperar a los chicos, él salía detrás y la abrazaba y ella lo miraba, cerraba los ojos y movía la cabeza; él le besaba la frente y esperaban juntos. Cuando los pibes llegaban, entraban todos a la casa en silencio y nosotros dejábamos de gritar y de patear pelotazos como chivos para no interrumpir ese momento extraño, en el que nos parecía que ellos no eran del barrio.&lt;br /&gt;Un día de verano, de esos en que se calientan hasta los adoquines y el aire parece hecho de alquitrán,  un verano de moscas gordas y zumbonas, lentas pero inalcanzables, de esos en que las viejas nos dejaban andar descalzos y jugar al carnaval en diciembre de puro calor insoportable y nos hacían refrescar la cabeza y dormir la siesta a la fuerza,  pasó.&lt;br /&gt;Habíamos estado jugando desde las cinco de la tarde a la guerra de baldazos de vereda a vereda. El mayor vino a jugar en nuestro bando, contra los de la barra de Bruix. El agua caía sobre los adoquines y se secaba casi al instante y en las veredas de baldosas desparejas los charcos duraban menos que el tiempo de volver a tirar un baldazo. Adentro en las casas, las madres y las abuelas se abanicaban bajo las parras o los toldos de lona, las persianas bien cerradas para no dejar entrar a las moscas ni al calor. &lt;br /&gt;Jugamos hasta que se hizo de noche, cuando los viejos ya habían vuelto de los laburos y habían sacado las sillas a la vereda antes de comer, para que las mujeres abrieran las ventanas y las puertas y el calor se mudara a otra parte de la casa.&lt;br /&gt;No sé por qué, pero hicimos silencio. El calor, digo yo. El cielo estaba muy azul y las estrellas se trepaban por encima de los techos. Al final de la calle, el parque Avellaneda se envolvía en una bruma tibia con olor a pasto y las nubes resplandecían rojas. Mañana va a ser peor. Dios Santo, cuándo lloverá de una buena vez. ¿No escuchó las chicharras? Tenemos calor para rato. Así no se aguanta y nadie dijo más nada. Ahí nos dimos cuenta de que el mayor no estaba. Habrá ido a buscar al hermano, comentó alguien. ¿Se rajó otra vez? preguntó uno sentado en el cordón de la vereda, mientras se ataba las zapatillas. Siempre se las toma el pibito, los vuelve locos a todos, comentó un viejo en camiseta y pantalón del pijama sentado en la silla de mimbre, las patas delanteras de la silla y las de él en el aire.&lt;br /&gt;Entonces salió ella, más linda que nunca, los ojos brillantes, el pelo suelto larguísimo. Y gritó, gritó, gritó y cada grito era una súplica que te acuchillaba las tripas  y te apretaba de miedo el corazón. En el silencio pesado de la noche húmeda y sin viento, los gritos de ella se escucharían hasta del otro lado del parque. El mayor llegó corriendo. Estaba oscuro, así que no pudimos ver bien pero nos pareció que traía la ropa toda manchada. Cuando quiso hablarle a la madre, ella repitió ¿adónde está tu hermano? y él se volvió loco. &lt;br /&gt;¿Qué soy yo, el vigilante, el guardián de mi hermano?, gritaba y lloraba y quería agarrarle las manos y el vestido, como si quisiera explicarle algo. Se miraron a los ojos un rato muy largo. ¿Qué pasó? ¿Qué hiciste?, preguntó ella en un susurro y el mayor se levantó, dejó caer los brazos, dio media vuelta y se fue corriendo. Ella quedó clavada en medio de la calle, sin mirar hacia dónde corría su hijo mayor. Nosotros sí miramos y él corría y corría y cruzó la avenida Directorio y siguió corriendo y después no lo vimos más. Nunca más.&lt;br /&gt;Por el lado del parque venía el padre, caminando despacio. Traía al menor en brazos. Sin esfuerzo, como si el mocoso flotara en el aire. Él también parecía flotar. Cuando pasaron debajo del farol de mitad de cuadra, vimos que el chiquito tenía manchas oscuras en la ropa, en la cara y el cuello. Las lágrimas del padre caían por la carita del pibe y un brazo demasiado blanco colgaba y se zarandeaba mientras el padre lo traía. Entonces ella gritó y fue un alarido que le nacía en las entrañas, que le desgarraba la carne desde el sitio mismo en donde lo había gestado, un alarido de parto y de muerte que hizo que los paraísos de las dos veredas se estremecieran y nosotros con ellos. &lt;br /&gt;Tiempo después del velorio, ella quedó embarazada otra vez. Tuvieron un pibito pero nosotros ya éramos grandes así que jugaba con los más chicos de la vecina de al lado, que tendrían más o menos la misma edad.  Los padres se sentaban a la noche en la vereda: ahora sí salían, y se agarraban de la mano y no hablaban con nadie pero saludaban y miraban jugar al nene. Nosotros nos juntábamos en la esquina del almacén del gallego a fumar medio a escondidas y los espiábamos. &lt;br /&gt;Nunca volvimos a hablar del mayor ni de cómo había muerto el más chico. Nunca supimos quién lo mató pero las vecinas viejas decían que había sido el hermano, loco por los gritos de la madre. Si hubiera sido él, la policía ya lo habría agarrado, aseguró mi viejo, ¿no se acuerdan cómo vino todo manchado de sangre? No, al pibe lo mató algún degenerado en el parque y el hermano se escapó por el remordimiento de haberlo dejado solo.  Después de un tiempo los comentarios se apaciguaron y la muerte del pibe y la fuga del hermano mayor pasaron a ser una anécdota más del barrio. &lt;br /&gt;Y un día, mientras mi señora bajaba del auto y tocaba el timbre en casa de mi vieja, los vi sentados en la vereda, de la mano. Había unos mocositos jugando, se ve que eran los nietos. Ella me miró y yo no lo podía creer: tan linda, los ojos tan brillantes, las manos largas. Como si nunca hubiera pasado el tiempo. Cierto que era nochecita y estaba medio oscuro. Él se levantó para alzar a uno de los chicos y se le subió la camiseta. ¿Y saben una cosa? El tipo no tenía ombligo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-5530390336742338713?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/5530390336742338713/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=5530390336742338713" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/5530390336742338713?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/5530390336742338713?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/NzeY-6CpEfU/los-de-la-vereda-de-enfrente.html" title="LOS DE LA VEREDA DE ENFRENTE" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuiwNg4otI/AAAAAAAAAuY/elk398r7XQI/s72-c/Chagall_Ca%C3%ADn+y+Abel.bmp" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/10/los-de-la-vereda-de-enfrente.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkAHRnk8fCp7ImA9WxNXFE4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-367495892351673302</id><published>2009-10-01T15:30:00.000-07:00</published><updated>2009-10-01T16:12:17.774-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-10-01T16:12:17.774-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Paolo e Francesca" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos negros" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="amantes" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="fantasmas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="venganza" /><title>EL LOCO DEL BAROLO</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SsUxPyLY0qI/AAAAAAAAAtI/JhYiBQX7dj4/s1600-h/barolo-verticalgrande.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 207px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SsUxPyLY0qI/AAAAAAAAAtI/JhYiBQX7dj4/s400/barolo-verticalgrande.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5387766676456002210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.pbarolo.com.ar/home.htm"&gt;Palacio Barolo&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— Este diseño representa los nueve círculos del Infierno — el guía señaló el dibujo intrincado del pavimento—. Observen las gárgolas y los dragones que adornan las columnas de la planta baja,... &lt;br /&gt;MIentras los turistas caminaban, algunos cabizbajos examinando atentos el suelo, y otros señalando las monumentales lámparas de bronce, el ojo habituado del guía distinguió entre la gente, el andar desigual del hombre. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Será posible que no pueda sacármelo de encima &lt;/em&gt; pensó con disgusto y cuando se volvió hacia el público, tuvo que esforzarse por quitarse la mueca de la cara. Algunos repararon en el gesto y se alejaron, metiéndose entre otros que pugnaban por conseguir la primera fila. &lt;br /&gt; — El edificio tiene cien metros de altura, para lo cual los constructores tuvieron que solicitar un permiso especial al municipio. Al momento de la inauguración, fue la construcción más alta de la ciudad. La cantidad de metros se corresponde exactamente con la cantidad de Cantos...&lt;br /&gt;Cuando le habían ofrecido el puesto, pensó que tocaba el cielo con las manos. ¡El Barolo! Una joya arquitectónica de la ciudad, un Danteum hasta el más mínimo de los detalles. Había corrido a la biblioteca de la facultad a buscar información; se había metido de cabeza en la obra literaria y sus posibles significados esotéricos, y a investigar sobre los conocimientos alquímicos del autor y de los creadores del edificio. Noches enteras sin dormir, escudriñando verso tras verso, canto por canto, para localizar su ubicación en la estructura. &lt;br /&gt;Sin embargo, eran los versos mismos los que habia llegado a amar; los había hecho suyos a fuerza de recitarlos. Cantos enteros con el ritmo y la pronunciación adecuados, que sonaban en sus oídos como música divina. ¡Cuántas veces había caído en ensueños mientras los leía en voz alta, paseando por los corredores interminables!  &lt;br /&gt;El soliloquio del rengo le interrumpió el hilo de los pensamientos. &lt;br /&gt;— Yo no quería matarla...A ella, no... — el hombre avanzaba entre la gente sin mirar—.Pero cuando los encontré juntos... me cegaron los celos... &lt;br /&gt;— Está loco de remate... — el guía no pudo evitar el comentario. Cuando se dio cuenta de que hablaba en voz alta,  forzó una sonrisa de los dientes para afuera y concentró su atención en las preguntas de los visitantes, algo desconcertados por la situación. Un turista preguntó por los masones y se agarró a la pregunta como a una tabla de salvación.&lt;br /&gt;— Así es, señor, los constructores también pertenecían a la logia "Fede Santa", pero, bueno, a principios del siglo XX, las logias masónicas estaban muy de moda todavía...  &lt;br /&gt;Sonrisas y murmullos de complicidad entre los concurrentes.&lt;br /&gt;— Los círculos del Paraíso se identifican con los ocho planetas conocidos en la Edad Media... &lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SsUxnh5r-nI/AAAAAAAAAtY/BpaURWzE2Z0/s1600-h/galeriagrande.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 230px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SsUxnh5r-nI/AAAAAAAAAtY/BpaURWzE2Z0/s320/galeriagrande.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5387767084403653234" /&gt;&lt;/a&gt;Una dama entrada en carnes se agarraba de a un dedo por planeta y decía que faltaba uno.  Educadamente el guía le aclaró que se trataba de la Luna.&lt;br /&gt;— ¡Qué ignorantes! — sentenció la señora y miró a su alrededor buscando aprobación.&lt;br /&gt;— Es que todavía se creía que la Luna era un planeta — acotó un estudioso, que aprovechó para meter baza con la teoría geocéntrica del universo, lo cual le dio tiempo al guía de verificar que el rengo no anduviese molestando a los turistas. &lt;br /&gt;Nunca lo había visto pedir limosna, pero con esa clase de gente, nunca se sabía. De hecho, al único al que seguía con persistencia de perro abandonado era a él. &lt;br /&gt;¿Cuándo lo había visto por primera vez? No podía recordarlo con precisión. Quizás durante alguna de sus primeros recorridos solo, para familiarizarse con el edificio, con el libro bajo el brazo y repitiendo las estrofas.  Un recuerdo borroso le susurró algo al oído, pero cuando intentó atraparlo, alguien repitió una pregunta y se apresuró a responder, no fuera cosa que se dieran cuenta de que estaba distraído. &lt;br /&gt;— No, no, las siete terrazas del Purgatorio están representadas por los pisos 1° al 14°,... Claro que divididos por dos — risas por la obviedad. &lt;br /&gt;Algunos propusieron salir a la calle y contar los balcones. La idea le pareció buena, sobre todo porque el hombre recorría con desesperación los círculos dibujados en el suelo, arriesgandose a que un turista tropezara con su pierna inútil. &lt;br /&gt;— Mi propio infierno— farfullaba y esquivaba a la gente—...Francesca, Francesca mía...Condenado para toda la eternidad... &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y yo estoy condenado a que este tipo me rompa las...  &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— ¡ Hay once balcones! — chilló la señora de los planetas, emocionada por su descubrimiento.&lt;br /&gt; La interrupción lo apartó de los negros pensamientos relativos a esa parte tan importante de su anatomía. Le sonrió y la felicitó. Los demás se arremolinaban en la vereda, deseosos de comprobar por sí mismos la cantidad cabalística.&lt;br /&gt;— Si me acompañan, apreciaremos las nueve bóvedas que componen la entrada.&lt;br /&gt;El rengo se había puesto de pie y avanzaba hacia ellos, retomando el soliloquio monótono. El guía tragó saliva. Miró por encima del hombro: los turistas estaban volviendo. Tuvo una idea salvadora.&lt;br /&gt;— Pero antes, vamos a los ascensores, a visitar el faro. &lt;br /&gt;Algunos lo miraron con sorpresa y uno levantó un folleto intentando protestar, pero él  le sonrió sin hacerle caso. Ya había comprobado que el truquito resultaba, porque jamás se había cruzado al rengo en los pisos superiores. &lt;em&gt;Se ve que le tiene miedo a los ascensores. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Mientras los visitantes esperaban con paciencia su turno para subir y ver de cerca el faro que había anunciado la derrota de Firpo a manos de Dempsey, el guía miró de reojo. Ahí estaba, acurrucado al pie de la escalera. &lt;em&gt;Dios santo, ¿por qué nadie lo echa a patadas a la calle? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Los ojos llorosos del hombre se cruzaron con los suyos. &lt;br /&gt;— Yo no quería matarla... Ella se interpuso entre los dos y yo... yo... No quería, no quería... Ahora está muerta, ¿quién podrá perdonarme? &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Si de verdad fuera un asesino, no andaría suelto por ahí&lt;/em&gt;, razonó. Y de inmediato: &lt;em&gt;¿Y si cumplió la condena y lo largaron? &lt;/em&gt;La posibilidad nunca se le había ocurrido hasta ese momento. Sin dejar de vigilarlo, se metió al ascensor con la última tanda de visitantes. &lt;br /&gt;Ni siquiera recordaba lo que le dijo al grupo apretujado en la cúpula. Tendría que hablar con el administrador del edificio. ¿Si el tipo volvía a las andadas? ¿Si confundía a alguna turista con esa Francesca que nombraba a cada rato? No quería pensar en la posibilidad. &lt;em&gt;Ese mismo día iría a ver al administrador. La presencia del hombre era inadmisible. Una cosa es tener compasión de un pobre vago que no tiene en dónde dormir, y otra, albergar a un posible homicida. Y para colmo, con un par de tuercas de menos. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;De nuevo en la planta baja, se dirigió al grupo señalando al techo para apartar su atención del tipo, que andaba en círculos con su deambular sincopado. No pudo evitar seguirlo con la mirada mientras repetía para la audiencia vaya uno a saber qué estupidez respecto de la cantidad de bóvedas y del número nueve. &lt;br /&gt;El loco recitaba unos versos con cadencia inigualable e inconfundible. ¡Sus versos! ¿Qué derecho tenía el tipo...? El Canto V. El quinto círculo del Infierno. Se quedó rígido, atornillado al piso, al borde del dibujo monumental del pavimento mientras el loco arrastraba su pena, su pierna y su locura por el quinto círculo del suelo, alrededor de los turistas ocupados en contar las bóvedas. De milagro no tropezaba con ninguno. &lt;br /&gt;— Ni en la muerte puedo alcanzarte...&lt;br /&gt;Cuando pasó frente a él, lo miró directo a los ojos&lt;br /&gt;— Caín me espera — le dijo—, pero ella no. &lt;br /&gt;— ¡Basta! — el guía susurró furioso y trató de empujarlo, pero no lo alcanzó. El grupo se alejó un poco de él, en dirección a la entrada principal. Algunos lo miraron con algo que, de haber estado más tranquilo, hubiera definido como desconfianza. En ese momento, nada más le pareció que la gente estaba cansada del paseo y de sus desencuentros con el loco. Tenía que distraerlos con algo, pero no se le ocurría con qué. &lt;br /&gt;Frente a la placa con los nombres de los constructores del edificio, un visitante señaló un par de apellidos ennegrecidos. Le respondió casi sin darle tiempo a terminar la pregunta.&lt;br /&gt; — Malatesta, Giovanni y Paolo. &lt;br /&gt;— ¿Eran parientes? — preguntó el curioso.&lt;br /&gt;— Hermanos. &lt;br /&gt;Hizo el siguiente comentario desesperado por desviar la atención del público de su conducta un poco errática.&lt;br /&gt;— Giovanni se suicidó poco después de inaugurado el edificio. El hermano menor, Paolo, había muerto un tiempo antes, para la época en que falleció la esposa de Giovanni. No quedó nadie de esa familia. &lt;br /&gt;— Qué barbaridad— se condolían algunas señoras. &lt;br /&gt;— ... encerrado eternamente en el infierno que yo mismo construí...— la voz del hombre le llegaba con inusual claridad, por encima del murmullo generalizado del público. &lt;br /&gt;Le lanzó una ojeada furiosa, pero el tipo no acusaba recibo de sus indirectas.&lt;br /&gt;— ¿Por qué no se va al sótano, a dormir la mona un ratito? — le dijo de mala manera, y luego se dirigió al grupo, que se había quedado en silencio—. Está chiflado. Se cree un fantasma— aclaró y mostró los dientes en una sonrisa de circunstancias.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Por qué habré dicho semejante gansada?&lt;/em&gt; Antes de que pudiera reaccionar, los visitantes lo miraron sin expresión y siguieron hasta la salida. Dos o tres amagaron a saludarlo, pero los que los acompañaban les tironearon de las mangas y se los llevaron. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me tiene harto. Ya mismo voy a ver al administrador. Esto es insoportable, así no se puede trabajar&lt;/em&gt;. Con decisión granítica, pulsó el botón del ascensor.&lt;br /&gt;Detrás de él, sentado al pie de la escalera que se enroscaba hacia el primer piso como una serpiente eternizada en mármol de Carrara, estaba el loco recitando en su desvarío.&lt;br /&gt;— Te van a echar a la mierda. Ya vas a ver— lo amenazó, pero  el otro sollozaba. &lt;br /&gt;— &lt;em&gt;Amor condusse noi ad una morte:Caina attende chi a vita ci spense &lt;/em&gt; (1)— recitaba con voz temblorosa. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Cómo se atreve?¡Mis versos! ¿Quién se cree que es?&lt;/em&gt; . El ascensor llegó, trayendo al administrador consigo. &lt;br /&gt;— ¡Cómo está! — lo saludó con efusividad que el administrador retribuyó más medidamente—. Tengo un problemita del que quisiera charlar.&lt;br /&gt;— ¿No podría ser mañana por la mañana? Tengo una reunión con el contador y...&lt;br /&gt;— Es un minuto nada más. Usted entiende, no podemos seguir recibiendo turistas con ... esto... — y señaló al loco con un ademán— en estas condiciones. &lt;br /&gt;El administrador miró en la dirección en la que él señalaba y meneó la cabeza.&lt;br /&gt;— Tiene razón. Esas escaleras tienen que limpiarse con más frecuencia. Y los ascensores, también. El Barolo tiene que estar reluciente. Mañana mismo hablo con los encargados para que se ocupen. ¿Algún otro problema?&lt;br /&gt;Se quedó mirándolo, mudo de sorpresa, y negó con la cabeza. El hombre se despidió con una sonrisa y salió apurado, a buscar un taxi, y el guía se quedó frente al loco, con la horrible convicción de ser el único en verlo y oir constantemente los versos que repetía. &lt;em&gt;...quel giorno più non vi leggemmo avante&lt;/em&gt; (2)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SsU0qG46R2I/AAAAAAAAAto/sf1pt2-RHLU/s1600-h/16medesimi.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 313px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SsU0qG46R2I/AAAAAAAAAto/sf1pt2-RHLU/s400/16medesimi.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5387770427227129698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Ilustración: &lt;a href="http://www.mediasoft.it/dante/"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;La Divina Commedia, Dante Alighieri&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1)El amor nos condujo a una sola muerte; Caín espera a quien nos apagó la vida- La Divina Comedia, Canto V, Paolo Malatesta y Francesca da Rimini&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(2) ... y ya no leímos más aquel día  - La Divina Comedia, Canto V, Paolo Malatesta y Francesca da Rimini&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-367495892351673302?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/367495892351673302/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=367495892351673302" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/367495892351673302?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/367495892351673302?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/YEPywbYhKnU/el-loco-del-barolo.html" title="EL LOCO DEL BAROLO" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SsUxPyLY0qI/AAAAAAAAAtI/JhYiBQX7dj4/s72-c/barolo-verticalgrande.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/10/el-loco-del-barolo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUcBQX4_eip7ImA9WxJaE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-8854407305093042491</id><published>2009-08-01T14:08:00.002-07:00</published><updated>2009-08-03T13:57:30.042-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-08-03T13:57:30.042-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos crueles" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesino serial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="vecina sexy" /><title>MUDANZAS</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SndOZ1STs-I/AAAAAAAAAqI/fd2v3AHF6eY/s1600-h/Rubia+con+rulos.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 323px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SndOZ1STs-I/AAAAAAAAAqI/fd2v3AHF6eY/s400/Rubia+con+rulos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5365843686742799330" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La noticia enfervorizó al consorcio durante un mes y revolucionó a la cuadra durante una semana. La señora del 4° H, ¡la Shirley, esa rubia tan simpática!, apareció estrangulada y apuñalada. Los vecinos se mueren por saber cuántas, la policía no deja correr trascendidos, el forense sacó el cuerpo debidamente cubierto para generar más intriga. La portera jura que le dieron como doce o catorce puñaladas.  &lt;br /&gt;Silvia, su amiga y  vecina del 4° F, estaba en la kermesse del colegio de los mellizos y llega en medio de ambulancias y patrulleros. Nadie escuchó nada, nadie forzó la puerta. Yoryi, el marido de la rubia, es el primer sospechoso y su coartada es mala, muy mala. &lt;br /&gt;— La mucama la encontró tirada en la cama y vestida con ropa de 'esa', ¿se imagina?— la portera revolea los ojos mientras le detalla a quien quiera oirla, la lencería erótica de la finada.&lt;br /&gt;Las vecinas dan por sentada la culpabilidad del viudo.&lt;br /&gt;— Viste, te dije que el tipo tenía una amante, ¿no ves que la usó de coartada? Mirálo vos, con esa cara de boludo— comenta venenosa la del 6° C, codeando a la del 6° D.&lt;br /&gt;—¿Y quién te dice que ella no?— retruca la del 6° D —. Si tenía una pinta, nena, con esos rulos, ¡y las remeras que se ponía! ¡Pero dejáme de joder!&lt;br /&gt;Las pericias confirmaron los rumores: había tenido relaciones. &lt;br /&gt;— ¿Vieron? La tipa estaba de jarana— sentencia la portera— Seguro que el marido la pescó y bueno, ya se sabe...&lt;br /&gt;Todos se miran sabiendo lo que no se sabe pero se sospecha: dos cornudos mutuos que se ajustan cuentas.&lt;br /&gt;— Fue un crimen pasional: vas a ver que en menos de dos años lo largan al marido— asegura el diariero, imbuido de sabiduría judicial popular. &lt;br /&gt;En medio del Maelström de cuernos y puñaladas, los del 4° F se están mudando. Silvia recorre todo el edificio despidiéndose de sus vecinas del alma con besos llenos de mocos.&lt;br /&gt;Mientras la empresa de mudanzas carga el bargueño, Ricardo carga a los mellizos en el auto y pacientemente aprieta cada uno de los botones del colosal portero eléctrico buscando a su mujer. &lt;br /&gt;Silvia sale abrazada a la portera. &lt;br /&gt;-¡Cuánto la voy a extrañar a Shirley!!Pobrecita!— solloza. La portera menea la cabeza. &lt;br /&gt;Silvia se sube al auto y todos juntos, con la historia de sus vidas cargada en un camión, parten hacia un nuevo destino: depto. luminoso, amplio, todo el sol, balcón terraza.&lt;br /&gt;Mientras maneja, Ricardo evoca su primer día en el departamento que acaban de dejar. &lt;br /&gt;Parado en medio del living, hace equilibrio entre cajas a medio abrir, canastos y muebles tirados de cualquier manera. &lt;em&gt;Otra mudanza y van... &lt;/em&gt;Ya no quiere contarlas más. Departamentos de toda forma, color, calidad  y cantidad de ambientes desfilaron por sus vidas, desde el día en que Silvia y él se conocieron.El depto de soltero de Cabildo, que Silvita terminó invadiendo con sus muñequitos de peluche, los móviles étnicos y las alfombras tejidas a mano por los indios matacos... El pañuelito de 36 metros cuadrados, una cajita de bombones, juró el de la inmobiliaria, donde pasaron como pudieron la noche de bodas y el primer año de casados; el dos ambientes a estrenar en el que festejaron la graduación de él, junto a toda la familia y amigos más íntimos, a saber, sesenta y cinco invitados apretujados con porciones de tarta de jamón y queso, choclo o zapallitos, para celebrar su título de contador. Después, el tres ambientes que tuvieron que alquilar a las apuradas cuando se enteraron que Silvia esperaba mellizos; el de cuatro con dep.de serv., detalles de pintura, inmejorable ubicación, al que se mudaron cuando la mamá de Silvia se instaló con ellos para ayudarlos con los chicos. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ya pasé por tantos consorcios que perdí la cuenta,&lt;/em&gt; evoca Ricardo mientras se rasca concienzudamente la pelada incipiente y mira el descontrol de la mudanza. Uno de los mellizos lo empuja y casi lo manda adentro de un canasto: se están peleando por ver quién saca primero sus juguetes. Poco a poco la casa se transforma en un en un desparramo digno del Big Bang, en el que, en lugar de materia cósmica protoestelar, hubieran repartido hacia los rincones más remotos del universo pulóveres, juegos de mesa y revistas viejas. Ricardo cierra los ojos y se desploma en el sofá, peligrosamente en equilibrio sobre la skateboard de Facundo.&lt;br /&gt;- ¿Dónde está mamá ?- ruega.&lt;br /&gt;Tiene que preguntar dos o tres veces para conseguir una respuesta.  Juan Cruz se apiada y entre castañazo y castañazo con el hermano por un home-video de los Power Rangers, le informa.&lt;br /&gt;- ¡Está en el pasillo, charlando con una vecina! &lt;br /&gt;Ricardo suspira. &lt;br /&gt;Silvia es es clase de persona que siempre cae bien: servicial, buena conversadora, no duda en compartir recetas de cocina, teléfonos de pediatra o ginecólogo con sus recién habidas amistades. La mayor habilidad la despliega con las vecinas. Hay que reconocerlo, Silvita es encantadora y voluntariosa, ¡tan dispuesta a sacrificarse por los demás!  Es la primera del grupo de madres de la escuela en ofrecerse para la obra de teatro de fin de año, en cocinar las tartas para las kermesses de beneficencia, hacer la colecta para el regalo del Día del Maestro o cuidar la cría de los vecinos del piso de abajo porque los mencionados se van a celebrar el aniversario de egresados del secundario. &lt;br /&gt;Desde que la mamá de Silvia murió el año pasado, más de una vez Ricardo se ha encontrado a su propia madre velando el sueño angelical de los mellizos, porque su mujer está acompañando a una vecina en algún trance doloroso, desde una operación de juanetes hasta el velorio de un pariente colateral en tercer grado. &lt;br /&gt;Silvia siempre lo sorprende con fiestas sorpresa, cumpleaños temáticos y celebraciones del Día del Amigo, con la casa llena de compañeras de trabajo simpáticas y algo tomadoras, algún amigo suyo de la infancia o de la facultad y las infaltables vecinas-amigas-niñeras-cocineras-consultoras sentimentales, que van y vienen de las cocinas del consorcio con empanadas, tartas y sandwichitos de matambre.&lt;br /&gt;Ricardo se siente un poco miserable, un poco hosco, un poquito así de ogro. Le cuesta compartir su vida con los vecinos, los padres de compañeritos de los mellizos, las amigas de la peluquería y los colegas del trabajo de su mujer. Silvia es tan popular que él no puede evitar sentir un levísimo dejo de envidia por esa personalidad avasalladora. En definitiva, la ama, la eligió para el resto de su vida. ¿No dicen que los polos opuestos se atraen?&lt;br /&gt;Se asoma al pasillo y con disimulo echa una ojeada apreciativa a la nueva amiga del alma de Silvia. Rubia teñida con permanente, pelo largo, buenos pechos debajo de la polera naranja y marrón.&lt;br /&gt;—¿Te gustan los colores étnicos ?— pregunta Silvia casi sin aliento por la velocidad de la charla y la otra asiente y engancha otro tema a Mach 2. &lt;br /&gt;La vecina se asoma un poquito en el vano de la puerta y lo mira. No, no lo mira: lo encara con premeditación y alevosía. Ricardito sonríe con sonrisa de compromiso Carrefour y se esconde prudentemente.&lt;em&gt; Tiene buen culo pero una pinta de atorranta... &lt;/em&gt;piensa y escucha el comentario de la vecina-bomba sexy acerca de que él y Yoryi, su marido, se van a llevar bárbaro. &lt;br /&gt;—¡Yoryi es di-vi-no!— aclara la voz algo chillona de la vecina. &lt;br /&gt;Silvia lo llama&lt;br /&gt;- Dale, no seas huraño— lo reprende y lo presenta. &lt;br /&gt;—Shirley— dice la rubia. &lt;br /&gt;Él tiende la mano y Shirley se la agarra, le da un tirón y le estampa un beso en la mejilla y las tetas en medio del pecho. &lt;br /&gt;—Tienen que venir a comer a casa un día de estos— asegura Shirley  y Yoryi asiente y sonríe. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Yoryi tiene una cara de Cornelio que no se puede creer&lt;/em&gt;¸ piensa Ricardo. Sonríe, vuelve la grupa y se atrinchera en el baño con un pensamiento pertinaz que lo persigue: &lt;em&gt;empezamos de nuevo&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;La vorágine de imágenes lo arrincona entre el bidet y la bañera, ahí donde va la balanza, instrumento de tortura y autoflagelación de Silvia.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Otra vez lo mismo&lt;/em&gt;, y el aire le pasa entrecortado por la garganta y el pecho. Delante del espejo se saca los lentes de marco oscuro y  se escudriña analítico. Ve lo de siempre : los ojos apenas tristes porque los tiene un poquito caídos, el pelo en retirada, la pancita. La estampa cabal del hombre de familia serio y profesional medio boludo de tan intachable. &lt;em&gt;¿Por qué a mí? ¿Qué hice para merecer este castigo? Nunca lo pedí, nunca...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Resignado, vuelve al living a desatrancar el desbarajuste en el que se convirtió la mudanza. Shirley y Yoryi están ayudando a Silvia. Shirley le dedica una sonrisa espléndida. &lt;em&gt;Siempre terminamos igual&lt;/em&gt;, se lamenta Ricardo y se agacha a sacar la skateboard de Facu de debajo del sofá. &lt;br /&gt;Él quería alquilar una casita en las afueras, con un lindo terrenito y vecinos menos conspicuos, pero Silvia prefiere los departamentos con buena ubicación: le quedan cómodos por el trabajo, el colegio de los chicos, la hermana, la suegra que vive lo suficientemente lejos para que no joda y lo suficientemente cerca para joderla de vez en cuando... &lt;br /&gt;La voz de Silvia interrumpe el silencio mayúsculo que reina en el auto. &lt;br /&gt;- ¿Por qué, Ricardo, por qué ?- contiene un  sollozo.&lt;br /&gt;Ricardo aprieta las manos en el volante y sigue manejando sin responder.&lt;br /&gt;- Alguna vez tiene que parar...- insiste Silvia y se seca los mocos-. No podemos vivir mudándonos...&lt;br /&gt;Él menea la cabeza: &lt;em&gt;Tiene razón, no hay nada que hacer&lt;/em&gt;.. &lt;br /&gt;- No puedo más... Algún día se van a dar cuenta ...- murmura Silvita mientras hipa-. ¿Pensaste en los chicos? &lt;br /&gt;Él suelta una mano y le acaricia el pelo. &lt;em&gt; Más bien que pienso en los chicos.  Y en vos también. Yo te quiero, claro que te quiero. Somos tan distintos, debe ser por eso. No puedo hacerte lo que les hago a ellas, ¿entendés? Me darían por lo menos veinticinco años de cana y entonces, ¿quién carajo cuida a los pibes?&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-8854407305093042491?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/8854407305093042491/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=8854407305093042491" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8854407305093042491?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8854407305093042491?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/EYm5dzodMbw/mudanzas.html" title="MUDANZAS" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SndOZ1STs-I/AAAAAAAAAqI/fd2v3AHF6eY/s72-c/Rubia+con+rulos.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/08/mudanzas.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;Ck8DQXgzfip7ImA9WxJbEEk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-1335134652215875105</id><published>2009-07-19T14:42:00.000-07:00</published><updated>2009-07-19T15:01:10.686-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-07-19T15:01:10.686-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crimen" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos policiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos crueles" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="violencia familiar" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos negros" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="impunidad" /><title>EL TELEVISOR NUEVO</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmOXe56g7LI/AAAAAAAAApI/BmxD2uhrZHI/s1600-h/televisor.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 339px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmOXe56g7LI/AAAAAAAAApI/BmxD2uhrZHI/s400/televisor.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5360294538699140274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Miró a su marido en éxtasis frente al televisor nuevo que les había costado poco menos que una hipoteca. Los parlantes estereofónicos hacían temblar los vidrios del cristalero heredado, único mueble con historia en esa casa que era su prisión desde hacía un cuarto de siglo. No necesitaba ver el contenido para describirlo: cinco platos playos y cuatro hondos de lo que había sido un juego para doce personas; tres copitas de licor de color azul y dos, verdes; una tetera de porcelana con el pico roto; ocho copas para vino tinto de distinto tamaño y origen; seis compoteras de vidrio con florcitas pintadas; una sopera sin la tapa. Algún portarretratos, adornos baratos y una mala imitación de un Lladró. El mueble resumía su vida y cómo le había ido en ella. Ella hubiera querido comprar uno nuevo, con cajones y puertas para preservar el deterioro de la vajilla de miradas indiscretas. O el lavarropas automático, sueño inalcanzable que las puyas maritales habían convertido en caprichos de una mente enloquecida por la ambición. Tan ensimismada estaba que su marido tuvo que aullar dos veces pidiendo el mate. Se lo alcanzó y él tanteó el aire para agarrarlo, sin despegar los ojos de la pantalla monstruosa que transmitía la previa al partido. &lt;br /&gt;— Está frío— se lo devolvió brusco.&lt;br /&gt;— Bueno, voy a calentar el agua.&lt;br /&gt;El gruñó y se acomodó en el sofá veterano de varias campañas. Podrían haber comprado un juego de sillones. Un sofá y dos silloncitos lindos con tapizado floreado, como los de la mueblería de la avenida. ¿Hacía falta un televisor tan grande? Él se había puesto furioso. &lt;br /&gt;— ¡El mundial se juega cada cuatro años y la tipa quiere verlo en un televisorcito de mierda!&lt;br /&gt;La discusión había subido de tono hasta el clímax habitual. Ella se había quedado en casa con hielo en el ojo y él se había ido a comprarse el televisor. Ni siquiera esperó a que se lo mandaran y contrató un flete para traerlo. Bajarlo de la camioneta junto con el fletero renuente, fue una hazaña homérica. Resollaba como un buey cuando se desparramó en el sofá desvencijado. Le había pedido la sublingual a los gritos y ella había corrido solícita con la tira de pastillas. Él tomó una y después otra y ella se asustó; le preguntó si se sentía bien y él le contestó que no le rompiera las pelotas y lo ayudara a acomodar el televisor. Ella corrió a sacar el aparato de miserables veinte pulgadas. Desembalaron la maravilla tecnológica y la pusieron en la mesita del televisor defenestrado, que asomaba ridícula debajo de la mole faraónica. En un gesto de generosidad, él le dijo que se llevara la tele vieja al dormitorio.&lt;br /&gt;Cambió la yerba al mate y puso agua fresca en la pava. Mientras esperaba, miró las cajas de medicamentos alineadas en la mesada. El hipotensor, el betabloqueante, la sublingual, el miorrelajante, el sedante. En la alacena, escondidos detrás de la lata de pan rallado, estaban sus antidepresivos. Si él se enteraba, la molía a palos. ¿Para qué mierda los quería? ¡Si estaba más sana que un toro! Los tomaba para joderle la vida, porque le gustaba estar enferma y como no sabía de qué, inventaba. Sufrir del corazón, ¡eso era estar enfermo! Y que revisara bien la fecha de vencimiento, como le había dicho el cardiólogo, que ella era medio pelotuda y por ahí le daba un comprimido pasado. "Un medicamento vencido no tiene efectos terapéuticos, así que revise bien cuando los compre, señora". Obediente, ella revisaba las fechas y las anotaba, para no equivocarse.&lt;br /&gt;— ¿Y…?¿El mate? ¡Dale que está por empezar!&lt;br /&gt;— Ya voy. &lt;br /&gt;Rezó un padrenuestro, dos, tres. El himno nacional brotó por los parlantes estereofónicos,  ella se persignó y apagó la hornalla. Él estaba de pie, tembloroso, mientras modulaba las estrofas patrias. Ella se asombró de los milagros del fútbol y por las dudas se quedó parada, no fuera cosa de ligar un sopapo por falta de fervor patriótico-futbolero. &lt;br /&gt;El primer tiempo transcurrió sin más sobresaltos que los que generaba el relator, ansioso por un poco de emoción. &lt;br /&gt;— ¡Es la final, muchachos, pongan sangre, carajo!—  su marido se desgañitaba como un poseso— ¡Metan pata, maricones!&lt;br /&gt;Ella cebaba mate con la cabeza gacha. Casi a los cuarenta y cinco minutos, después de una gambeta magistral, la pelota pasó a medio centímetro del travesaño. El público del estadio rugió, el relator se ahogó de la emoción y su marido saltó del sofá gritando el gol que no había sido e insultando a familiares y deudos del jugador en cuestión. Cuando se sentó, jadeaba y se agarraba el costado izquierdo. &lt;br /&gt;— ¡Qué pedazo de hijo de puta, podés creer, errarle así, así!—  y separaba un centímetro el pulgar del índice—. ¡Así, así!— gritaba sin soltarse el costado. Ella desvió la mirada.&lt;br /&gt;— ¿Caliento más agua?&lt;br /&gt;— No, que me da ganas de mear. Traé los bizcochitos.&lt;br /&gt;— Bueno…&lt;br /&gt;Se peparó una taza de té y volvió a su puesto cuando empezaba el segundo tiempo. Los bizcochitos desaparecían en progresión aritmética y las puteadas crecían en progresión geométrica a medida que pasaban los minutos sin señales de vocación goleadora albiceleste. A los treinta y tres minutos, un Aquiles nativo inscribió su nombre en la gloria con un gol. La pantalla del televisor se cubrió de papelitos, el barrio entero estalló y su marido saltó encima del sofá para gritar mejor mientras se agarraba con las dos manos. &lt;br /&gt;— Sentáte que te va a hacer mal.&lt;br /&gt;— ¡Calláte, lechuza de mierda! ¡Andáte a la cocina, querés!&lt;br /&gt;La prudencia aconsejaba retroceder pero se quedó, vigilante. A los cuarenta y cinco minutos treinta segundos, un gol de los contrarios planchó las esperanzas de treinta y ocho millones de argentinos desesperados por ser los primeros del mundo en algo más que inflación, corrupción y desempleo. &lt;br /&gt;—No lo puedo creer— murmuraba él, agónico—. Qué manga de pelotudos, pero dónde estaba ese arquero de mierda, no lo puedo creer…&lt;br /&gt;El árbitro, implacable, adamantino, pitó el final del partido y el inicio de la segunda parte de la sesión de tortura. Dos tiempos de quince minutos y después, los penales. La posibilidad de los penales la hizo estremecer. &lt;br /&gt;El primer tiempo del alargue transcurrió entre ansiedades y puteadas y sin goles, igualito al segundo. Las patadas parecían calcadas y los expulsados de cada equipo, también. &lt;br /&gt;— ¡Se vienen los penales!—  anunció el relator con voz estrangulada por la emoción. &lt;br /&gt;Ella lo espió sin levantar demasiado la cabeza: estaba rojo; la vena de la frente le culebreaba desde el nacimiento de la pelambre exigua hasta las cejas tupidas; el cuello de toro estaba hinchado y por la camisa entreabierta asomaban los pelos ralos y blancos del pecho brilloso de sudor. Casi cedió al impulso de preguntarle si no quería la sublingual, pero su instinto de supervivencia le cerró la boca y la mantuvo sentada en su lugar. &lt;br /&gt;Para no tentarse, clavó la mirada en el piso de parquet astillado. Podríamos haber pulido el piso y arreglado las sillas del comedor con lo que gastamos en ese televisor. Y hubiera sobrado plata. La voz seca del relator le informó que del otro lado del planeta festejaban "su" primer penal. Quién sabe, podríamos haber pintado. Apretó los dientes para no llorar.  Sus pensamientos decorativos quedaron ahogados por los festejos del primer penal argentino. Otro penal convertido, otro alarido cósmico. Y el tercero. De "ellos" y de los "otros". Tres a tres y faltan dos, contabilizó. Se obró el milagro: los "otros" erraron el tiro. &lt;br /&gt;— ¡Dios es argentino, carajo, vamos todavía!— él resopló y ella se escondió detrás de la taza vacía. El grito de desesperación la hizo saltar. Se asomó para verlo llorar, putear y retorcerse de rabia y de dolor. &lt;br /&gt;— ¡Ese pelotudo erró el penal, podés creer, no, si es un paralítico, habría que cortarle las piernas!— lo vio vacilar, frotarse el brazo y el hombro izquierdos, pararse y volver a sentarse, abrir la boca en una mueca sardónica, los tendones del cuello como elásticos a punto de romperse. La taza le tembló en la mano. Los "otros" se preparaban para el quinto penal. El arquero argentino voló hacia el ángulo exacto en el momento preciso y detuvo el objeto infernal, anatemizando el gol. &lt;br /&gt;— ¡Qué grande que sos, papá! ¡Maestro, ídolo, te van a hacer un monumento!— pero él ya no tenía más voz y las palabras le siseaban entre los dientes. Ella no podía, no quería mirar y apretó los ojos hasta que vio estrellitas. &lt;br /&gt;El universo se llenó de voces que gritaron el gol que les compraba la gloria hasta el siguiente campeonato. Abrió los ojos para ver que ese gol también le compraba la libertad. En la pantalla y en la calle, nevaban papelitos. Él la miró y ella le vio la muerte en los ojos enormes, en la boca abierta y muda; en las manos que agarraban el costado izquierdo inútil y traidor. Él intentó levantarse pero se escurrió de cara al suelo con un ruido blando. Una mancha le oscureció los pantalones gastados.&lt;br /&gt;Sin atreverse a respirar, corrió hasta el teléfono y llamó al SAME.&lt;br /&gt;Los hombres de verde se miraron y negaron con la cabeza. &lt;br /&gt;— No hay nada que hacer— dijo uno y enarcó las cejas.&lt;br /&gt;— ¿Estaba tomando medicación?— preguntó el otro y ella le llevó todas las cajitas—. Ah, bueno, el hombre tenía un cuadro severo.&lt;br /&gt;— Y sí, doctor, hace ya como seis años que se trata. Que se trataba — y aguantó un sollozo.&lt;br /&gt;Los hombres de verde fueron gentiles: le hicieron el certificado de defunción —  “causa de la muerte: infarto masivo de miocardio”— , y la ayudaron a llamar a una empresa de pompas fúnebres. Una vecina la acompañó a hacer los trámites.&lt;br /&gt;Dos días después, juntó todos los comprimidos, inclusive los nuevos, que escondía desde hacía un año detrás de la lata del pan rallado. Tiró todo por el inodoro aunque le dio pena, porque alguien podría haberlos aprovechado.  Después, llamó a la casa de electrodomésticos para negociar el cambio del televisor por un lavarropas. No muy grande, total era para ella sola.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-1335134652215875105?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/1335134652215875105/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=1335134652215875105" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/1335134652215875105?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/1335134652215875105?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/SNvgiG8yHE4/el-televisor-nuevo.html" title="EL TELEVISOR NUEVO" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmOXe56g7LI/AAAAAAAAApI/BmxD2uhrZHI/s72-c/televisor.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/07/el-televisor-nuevo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkMMQng8eCp7ImA9WxJbEE4.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-4684008837531387166</id><published>2009-07-19T14:14:00.000-07:00</published><updated>2009-07-19T14:21:23.670-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-07-19T14:21:23.670-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crimen" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos policiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuentos negros" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesinato" /><title>LA ESFINGE</title><content type="html">La miro y me devuelve la mirada con indiferencia de esfinge. No la esfinge egipcia, faraónica y viril, sino la tebana, femenina y devoradora de hombres. Su belleza me conmueve. Su crueldad, también. Su languidez engaña. Su pereza es sólo fingida. Simplemente, espera el momento de actuar con la confianza en sí misma que la caracteriza. &lt;br /&gt;Nunca ha fallado. Es eficaz y certera. No se ensaña inútilmente y la admiro por eso. Podría ser mucho más violenta: conozco sus instintos. Pero sabe refrenarlos al momento de los hechos. Es perfecta. Le sonrío. Ella sabe porqué. Vuelve a mirarme y sus ojos me dicen que será pronto. Ya quisiera yo tener su arte. Por eso la elegí: por su perfeccionismo. Sé que disfruta del instante supremo de matar y eso me da escalofríos. A veces me cuestiono los porqués de no hacer yo mismo su tarea. ¿Cobardía? ¿Asco? ¿Miedo? Sólo sé que prefiero que ella se encargue. Es lo mejor para los dos. Ella mata por mí, yo pago por sus servicios. Es un buen arreglo. Ah, ya se apresta. Cada músculo de su bello cuerpo es parte de una sinfonía negra. Allá va. Espera. Acecha. Mata. Regresa. Mi gata negra.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmOOIxCEyqI/AAAAAAAAAow/tCb6xMRhqWY/s1600-h/La+esfinge.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 304px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmOOIxCEyqI/AAAAAAAAAow/tCb6xMRhqWY/s400/La+esfinge.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5360284262753159842" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-4684008837531387166?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/4684008837531387166/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=4684008837531387166" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/4684008837531387166?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/4684008837531387166?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/ZFvp5eFJ6NQ/la-esfinge.html" title="LA ESFINGE" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmOOIxCEyqI/AAAAAAAAAow/tCb6xMRhqWY/s72-c/La+esfinge.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/07/la-esfinge.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;C04MRXk_eyp7ImA9WxVbEUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-2453133730015270506</id><published>2009-03-26T10:50:00.000-07:00</published><updated>2009-03-27T12:26:24.743-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-03-27T12:26:24.743-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia forense" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía federal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="casos sin resolver" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="folletín negro" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="abuso de menores" /><title>El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 23</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0g8i3HOwI/AAAAAAAAAjo/AEJKilgpkXw/s1600-h/361px-Illustration_Conium_maculatum0.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 241px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0g8i3HOwI/AAAAAAAAAjo/AEJKilgpkXw/s400/361px-Illustration_Conium_maculatum0.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317942959516629762" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Cicuta&lt;/em&gt; - &lt;a href="http://http://es.wikipedia.org/wiki/Conium_maculatum"&gt;Conium maculatum&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Coniína" había dicho el forense de la Morgue Judicial porteña. "Cicuta. En una dosis suficiente para matar a una vaca. Por eso fue tan rápido. "&lt;br /&gt;No había dudas sobre el suicidio: las huellas de Magda estaban por todas partes: la pava, la taza, el frasco con las hojas, raíces, tallos y flores. También estaban en la habitación del hotel de Martello, en su bolso, las esposas, la reglamentaria... Pero ni rastro del juego de cuchillas de acero inoxidable sueco que estaba guardado en un estuche de cuero, con el resto del instrumental de cocina profesional que Héctor, el ex-mozo de "El Belvedere" declaró haber visto siempre en la cocina del restaurante, y del que Martello sospechaba que alguna de las hojas se correspondía con las heridas de Gaudet. Sabía que la verificación sólo hubiera tenido sentido para él: las cuchillas de cocina no tenían una marca característica como las armas de fuego. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0iVdmmKrI/AAAAAAAAAjw/ASLbsirAW4c/s1600-h/polic%C3%ADa.bmp"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 174px; height: 128px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0iVdmmKrI/AAAAAAAAAjw/ASLbsirAW4c/s400/polic%C3%ADa.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317944487113534130" /&gt;&lt;/a&gt;Tampoco se encontraron la peluca ni la ropa que vestía Magda la noche del crimen. Martello suponía que todo había sido quemado en el horno de barro del restaurante. El análisis de las cenizas no dio ninguna prueba concluyente. &lt;br /&gt;Tal como Magda había dicho, su ADN y el de María Salomé eran casi idénticos. El laboratorio no podía establecer diferencias sin hacer pruebas más refinadas, que no estaban contempladas en los procedimientos habituales. Un estudio de esas características podía llevar meses. Para llegar a un resultado concluyente había que recurrir a laboratorios del exterior, probablemente alguno que se ocupara de estudios antropológicos.&lt;br /&gt;El caso Gaudet se cerraba con otra muerte&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marinelli le pasó un brazo por los hombros.&lt;br /&gt;— Loco... Loquito... Dale, che...&lt;br /&gt;Martello apretó los dientes hasta que le dolieron las mandíbulas. No quería hablar y que le temblara la voz. &lt;br /&gt;— Salió todo bien... — insistió su amigo.&lt;br /&gt;— ¿Todo bien? ¡Carajo! ¡Magda se suicidó!— golpeó la mesa con el puño.&lt;br /&gt;— No fue tu responsabilidad, no podías hacer nada...&lt;br /&gt;— Me dominó como... como a un principiante...&lt;br /&gt;— No la esperabas. No sabías que ella estaba ahí.&lt;br /&gt;— Fui un boludo. Debí haber ido con vos.&lt;br /&gt;— Y posiblemente no la hubiéramos agarrado. Ella conocía el edificio y nosotros, no.&lt;br /&gt;Martello meneó la cabeza.&lt;br /&gt;— Dios, qué imbécil fui... — se pasó la mano por la cara y el pelo, y los ojos se le llenaron de lágrimas.— Yo no iba a hacer nada, ya había tomado la decisión. Magda tenía razón y ese hijo de puta no merecía otra cosa.&lt;br /&gt;— Estás razonando por el lado equivocado. El tipo era una mierda, pero eso no justifica hacer justicia por mano propia.&lt;br /&gt;— ¿Viste los videos? ¿Tenés idea de la basura que compraba?¿De las porquerías que hacía? ¿Lo que le hizo a su familia?...&lt;br /&gt;— Pará, Loquito— Marinelli lo encaró con serenidad—. Vos ya sabías todo eso cuando volviste a Buenos Aires. Inclusive, estabas convencido de quién era la culpable. Querías estar completamente seguro, te conozco, sos un perro de presa. No ibas a parar hasta que Magda te confesara la verdad.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Y qué gané con eso?&lt;/em&gt; pensó. &lt;em&gt;Perderla...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Magda tenía tomadas sus decisiones desde hacía mucho, Hugo, ¿no te diste cuenta? ¿Cómo iba a poder vivir con esa muerte en la conciencia? ¿Cómo iba a mirar a María Salomé a la cara? Ella tenía muy claro lo que iba a hacer. Quiso la puta casualidad que te le cruzaras en el camino.&lt;br /&gt;Martello miró a Marinelli durante un rato largo, sin hablar. &lt;br /&gt;— Si yo hubiera sabido, habría podido ayudarla.&lt;br /&gt;— Pero no sabías. No te eches la culpa de nada. &lt;br /&gt;Marinelli conocía su historia con Laura. Había sido el primero en darle apoyo y contención después del suicidio y había hecho lo imposible para que se quedara en Buenos Aires, y él, tozudamente, había largado todo y se había ido al interior a empezar de nuevo, carrera policial incluída. &lt;em&gt;Y acá estoy, de vuelta en Buenos Aires y con la vida hecha pelota.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Decíme, hermano, ¿yo me las busco así?— lo miró desconsolado.&lt;br /&gt;— No seas pelotudo. Con Laura, eras un pendejo. ¿Cómo mierda ibas a manejar semejante grado de neurosis? Y a Magda apenas la conociste, ¿o no? ¿No fueron media docena de encamadas?&lt;br /&gt;La dureza de las palabras lo cacheteó. Marinelli era un buen enfermero: no tenía piedad de las heridas.&lt;br /&gt;— Pasó que estabas más solo que la una y te aferraste a una relación que no existía— machacó. &lt;br /&gt;— ¡Sí, existió! Magda me lo dijo. Fui... algo especial para ella.&lt;br /&gt;Marinelli suspiró, se levantó, dio unos pasos y volvió a sentarse.&lt;br /&gt;— Escucháme— le dijo como quien le habla a un chico encaprichado—. Te enganchaste con una mina que no estaba del todo en sus cabales, y te juro que entiendo porqué.  Ni vos ni ella pensaron que pasaría, y pasó. Pero lo que ella hizo se interpondría siempre entre los dos, aún cuando vos nunca lo supieras. Era una asesina y lo sabía. Todo ese cuento de la justicia no la justificaba ante sí misma, porque su propia vida le resultaba injustificable. Quería matarse, pero antes iba a vengar a toda su familia, y resarcirla por haber existido. &lt;br /&gt;— Ahora resulta que sos perito psiquiátrico— retrucó Martello con amargura.&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0i7T4KizI/AAAAAAAAAj4/vi9Knz8Dvyw/s1600-h/cafe+de+los+angelitos.bmp"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 234px; height: 127px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0i7T4KizI/AAAAAAAAAj4/vi9Knz8Dvyw/s400/cafe+de+los+angelitos.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317945137337895730" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— Andá al carajo. Estoy tratando de hacerte ver las cosas como son.&lt;br /&gt;— Ya sé— le palmeó la mano—. Tenés razón y yo soy un soberbio pelotudo. Lo que pasa es que... No sé... Ya no sé...&lt;br /&gt;Marinelli dejó transcurrir un silencio. &lt;br /&gt;— Vení. Vamos a tomar un café. ¿Viste que reinauguraron el "Café de Los Angelitos"? Dale, quiero ver qué tal quedó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0jd4zDwFI/AAAAAAAAAkA/vrUtGzbujt8/s1600-h/BUEHIHH_Hilton_Buenos_Aires_home_left.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 201px; height: 218px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0jd4zDwFI/AAAAAAAAAkA/vrUtGzbujt8/s400/BUEHIHH_Hilton_Buenos_Aires_home_left.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317945731364143186" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El conserje lo saludó con una sonrisa y le pidió que esperara en el bar del primer piso. Se sentó en la misma mesa que la primera vez, mirando por la ventana, pero en esta ocasión se permitió un whisky. No estaba de servicio. &lt;br /&gt;— Comisario Martello... — casi susurraron a sus espaldas.&lt;br /&gt;María Salomé estaba de pie junto a la mesa. Se levantó para saludarla y correrle la silla.&lt;br /&gt;— Yo... quisiera disculparme... y darle las gracias por — la mujer miró a su alrededor— ser tan discreto. Yo... me habría quedado sin trabajo si...&lt;br /&gt;— No quería escándalos, quería la verdad— la interrumpió—; Ud. es inocente, no había motivos para involucrarla. Siendo Magda su hija, ni siquiera hubiéramos podido obligarla a declarar en un juicio.&lt;br /&gt;— Ya lo sé — murmuró ella, mientras ponía sobre la mesa un cuaderno —. Esto era... de Malenita — apretó los labios pero no pudo contener una lágrima ni controlar la voz—. Lo encontré entre las cosas que tenía en una valija cerrada...que había traído cuando volvió...&lt;br /&gt;La pausa fue más larga hasta que María Salomé pudo volver a hablar, aferrada al cuaderno como a un salvavidas.&lt;br /&gt;— Cuando ella se fue al interior, yo pensé que... que se iba porque ya no podía seguir viviendo conmigo. Sufrió mucho cuando... mis abuelos murieron. Era muy pegada a ellos.... Claro, yo también, pero, bueno, Ud. entiende, ellos fueron como... sus padres.&lt;br /&gt;Hizo una pausa medio ahogada y él no la interrumpió.&lt;br /&gt;— Me llamaba, de vez en cuando... Me mandaba e-mails y me contaba cómo le iba... Que más o menos, que el lugar era una mierda — dijo la grosería poniéndose colorada—... Yo sabía que ella lo estaba buscando. Lo que no sabía era que lo había encontrado. No lo supe hasta que volvió. Nunca... nunca pensé... No creí que pudiera hacer algo así... Estaba llena de odio— suspiró.— No pude evitar transmitirle toda esa amargura, no supe— la mirada se le perdió, aguachenta.&lt;br /&gt;— ¿Cuándo conoció Magda la historia familiar? &lt;br /&gt;— La historia completa la supo cuando murió mi abuelo. Pero a mí me parece que ella ya sospechaba algo desde muy chiquita...&lt;br /&gt;Martello asintió mientras recordaba las últimas palabras de Magda. "Los vi morirse de pena..."&lt;br /&gt;Martello tenía que hacer la siguiente pregunta y la sacó a empujones de la lengua. &lt;br /&gt;— ¿El juez de instrucción le informó el resultado de la autopsia... y de la malformación?&lt;br /&gt;María Salomé asintió sin mirarlo.&lt;br /&gt;— Yo ya lo sabía— dijo después de un silencio —. Era congénita, lo supimos cuando ella cumplió los catorce. Magda no tenía útero formado. Tenía nada más que los ovarios, pero nunca menstruó porque no había canal de salida para los óvulos, ni endometrio. Una vez, discutiendo, me dijo que le importaba una mierda, que así era mejor porque no pensaba dejar hijos que sufrieran como ella y yo sufríamos. &lt;br /&gt;Cruzaron miradas durante menos de medio latido.&lt;br /&gt;— Yo... tego que seguir trabajando — María Salomé empujó el cuaderno hacia él y se levantó.—Es lo único que tengo ahora. Mi trabajo. &lt;br /&gt;— La entiendo. A mí me pasa lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0mRwn49sI/AAAAAAAAAkY/9CfmRS2tJb4/s1600-h/fotodegrade.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 266px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0mRwn49sI/AAAAAAAAAkY/9CfmRS2tJb4/s400/fotodegrade.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317948821546268354" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— ¿Qué vas a hacer ahora?— preguntó Marinelli, sentado con los pies sobre el escritorio de su cubículo.&lt;br /&gt;— Volver, cerrar el expediente, mandarlo al archivo, esperar el próximo traslado o irme al carajo y poner un kiosko— Martello se encogió de hombros mientras se hamacaba en el sillón giratorio medio venido a menos.&lt;br /&gt;— Volvé a Buenos Aires — Marinelli se incorporó de golpe y su sillón crujió por la impertinencia—. Mandálos a la mierda y volvé para acá.&lt;br /&gt;— No... — meneó la cabeza.&lt;br /&gt;— A Interpol. Están reclutando gente. Tenés una foja de servicios impecable y te estás desperdiciando en esos pueblitos de morondanga. En la Interpol tenés un montón de oportunidades, capacitación, viajes...&lt;br /&gt;— ¿Te pasaste a Recursos Humanos? ¿O te dedicás también a reinserción laboral?&lt;br /&gt;— ¡No seas boludo! Necesitan gente con buen nivel para las operaciones en América Latina. &lt;br /&gt;— No, droga no. No me lo banco. La droga termina ensuciando a todos los que la tocan...&lt;br /&gt;— Tráfico de menores. Peor que la droga. Quieren gente con buenos antecedentes, de carrera, limpia— Marinelli bajó la voz—: por eso no quieren a nadie de Narcóticos. Pensálo. &lt;br /&gt;Martello meneó la cabeza.&lt;br /&gt;— No está tan mal... Un cambio de aire, ¿eh?&lt;br /&gt;Marinelli sonrió y sacó unos formularios de un cajón del escritorio.&lt;br /&gt;— Tomá. Llenalos y traémelos cuanto antes. &lt;br /&gt;— Entonces es en serio que estás en RRHH.&lt;br /&gt;— No levantes la perdiz.&lt;br /&gt;— Me perdí de mucho desde que me fui, ¿no?&lt;br /&gt;— No tanto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguirre lo felicitó de corazón. El personal subalterno lo miraba como si fuera el Maradona de las fuerzas del Orden. Interpol siempre suena rimbombante.&lt;br /&gt;Estaba juntando las cosas de su despacho cuando Litvik asomó por la puerta entreabierta.&lt;br /&gt;— Lo vamos a extrañar, comisario.&lt;br /&gt;— Aguirre se va a encargar de que no se aburra, Señoría.&lt;br /&gt;— Por favor, déjenme aburrirme un poquito. Y Lynch está pidiendo vacaciones&lt;br /&gt;La pregunta se le escapó antes de que tuviera tiempo de pensar dos veces.&lt;br /&gt;— ¿Cómo es que Lynch vino a parar a esta morgue?&lt;br /&gt;Litvik torció la boca a un lado en una media sonrisa.&lt;br /&gt;— Trabajar con los vivos es bastante más complejo de lo que uno cree. Se dedicaba a anatomía patológica y tenía una cátedra en la facultad de Medicina de la UBA. Un día erró un diagnóstico y a la paciente la operaron de un cáncer que no tenía: histerectomía total, ovarios incluídos, en una mujer de treinta y cinco años. Fin de la carrera de anátomopatólogo de vivos, bienvenido a la patología de los muertos.  La morgue judicial de la provincia, bien lejos de las luces del centro, es un sitio poco conspicuo cuando uno carga con un pasado. &lt;br /&gt;Martello silbó. Litvik se acomodó en el silloncito, ya en plan de confidencias.&lt;br /&gt;— ¿Siente que tomó la decisión correcta? &lt;br /&gt;— Bueno, Interpol es un paso adelante...&lt;br /&gt;— No me refería a Interpol— Litvik lo miró directo a los ojos y Martello entendió lo que el juez preguntaba.&lt;br /&gt;— En realidad, no me dieron tiempo para elegir: decidieron por mí. No fue lo que yo hubiera querido. &lt;br /&gt;— Los caminos del Señor son infinitos, lo mismo que Su misericordia. &lt;br /&gt;— Para ser judío, Señoría, su fe en la misericordia divina parece casi cristiana.&lt;br /&gt;— Pero yo no creo que con la confesión de los domingos alcance para que nos perdonen nuestros pecados. Ni que nadie haya pagado por ellos en nuestro lugar. &lt;br /&gt;— Suena razonable— meneó la cabeza —. Pero entonces, ¿no hay perdón para los criminales?&lt;br /&gt;Litvik lo miró durante un rato largo. &lt;br /&gt;— Tomar la vida de otro en nuestras manos es una carga muy pesada para llevarla solo. Por eso necesitamos de la misericordia de Dios. &lt;br /&gt;Se hizo un silencio íntimo, lleno de confidencias no pronunciadas en voz alta. &lt;br /&gt;— No les envidio el trabajo — dijo por fin Martello y Litvik levantó las cejas —. Ni al de Arriba ni a Ud. &lt;br /&gt;— Y por lo general, El tiene un porcentaje de aciertos mucho mejor que el mío. Mi Dios, eso es blasfemia.  &lt;br /&gt;Se levantaron al mismo tiempo para darse la mano. &lt;br /&gt;— No se olvide de los pobres cuando se junte con la élite internacional. Fue un placer trabajar con Ud., comisario. &lt;br /&gt;— Lo mismo digo, doctor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0nozLApaI/AAAAAAAAAkg/JoxRBdEHRSA/s1600-h/BsAs.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0nozLApaI/AAAAAAAAAkg/JoxRBdEHRSA/s400/BsAs.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317950316879062434" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Buenos Aires - Foto: &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/eternalmiracle/2212801681/ "&gt;Flickr- eternalmiracle&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detuvo el auto en un parador al que la presencia de varios camiones delataba como proveedor de viandas adecuadas en calidad y cantidad. La carta era sencilla y la comida, sustanciosa. &lt;br /&gt;El día anterior, la empresa de mudanzas había terminado de cargar sus escasos muebles y pertenencias que no podía transportar en el auto. En el baúl llevaba un bolso de mano y una valija. En la guantera iban sus CD preferidos. &lt;br /&gt;Reconfortado por el almuerzo y el café, volvió al auto para cargar nafta y seguir. En el asiento del acompañante estaba el cuaderno que María Salomé le había entregado y que no se había atrevido a hojear. Extendió la mano derecha y lo rozó, sin abrirlo. Todavía no, se dijo. Todavía estaba demasiado cerca. Cuando llegue a Buenos Aires. Cuando la ciudad me aturda lo suficiente como para que no me duela tanto. Condujo acompañado por la música, hasta que los ruidos de la Panamericana se impusieron con su ritmo vespertino: había llegado casi sin darse cuenta, entre tangos de Piazzolla y conciertos de Chopin. Marinelli le había ofrecido quedarse en su casa, pero él había preferido la soledad y el anonimato de un hotel de buena categoría. Tampoco quería quedarse entre paredes vacías y llenas de ecos hasta que llegaran sus muebles y pudiera montar el departamento que había alquilado, en dos o tres días más. &lt;br /&gt;Desarmó el bolso y la valija; colgó los trajes y las camisas con meticulosidad y acomodó los artículos de tocador en orden riguroso, en el estante de vidrio del baño amplio y con hidromasaje. Se afeitó y se dio un baño sibarítico que le dio hambre. Se vistió y salió a buscar un lugar donde comer. &lt;br /&gt;Los porteños sufrirían de los mismos inconvenientes que todos los habitantes de grandes ciudades del mundo, pero eso no les había quitado el placer de la reunión frente a una buena comida. Los restaurantes estaban llenos, como correspondía a la noche del sábado. Los mozos, siempre apurados, eran corteses pero austeros; el público se concentraba en sus propios asuntos, más o menos ruidosos de acuerdo con lo que se celebrara con la cena. Nadie lo miró demasiado cuando se sentó solo. No hubiera sido de buena educación. &lt;br /&gt;La comida era más pretenciosa que buena, pero no estaba mal. No quería pensar en cómo Magda la hubiera preparado. Pagó y salió a caminar. Nadie lo saludó, pero lo extraño hubiera sido lo contrario. &lt;br /&gt;Se dio cuenta de lo fácil que sería fundirse en ese anonimato que Buenos Aires ofrecía. Pasar inadvertido era lo corriente. Era lo que necesitaba en ese momento de su vida: tiempo y espacio para lamerse las heridas. &lt;br /&gt;De vuelta en el hotel, se tiró en la cama. En la mesita, esperaba el cuaderno. Lo tomó y lo abrió en la primera página. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;"La ciudad es un dibujo de Escher: parece tener tres dimensiones pero es nada más que una ilusión óptica fabricada por la mano de un artista de mente sinuosa..."&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se quedó leyendo hasta tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                      &lt;strong&gt;   FIN   &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Conium_maculatum"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-2453133730015270506?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/2453133730015270506/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=2453133730015270506" title="1 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/2453133730015270506?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/2453133730015270506?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/_flfMTZDXFw/el-folletin-del-crimen-triste-capitulo_26.html" title="El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 23" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0g8i3HOwI/AAAAAAAAAjo/AEJKilgpkXw/s72-c/361px-Illustration_Conium_maculatum0.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/03/el-folletin-del-crimen-triste-capitulo_26.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CkQDSXk7cSp7ImA9WxVVGUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-8757472714385616123</id><published>2009-03-13T08:04:00.000-07:00</published><updated>2009-03-13T09:06:18.709-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-03-13T09:06:18.709-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ADN" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía federal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="folletín" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="evidencia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="pruebas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="corrupción de menores" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="homicidios" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="abuso de menores" /><title>El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 22</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SbqBjeu5m5I/AAAAAAAAAio/N-Z12aLahwQ/s1600-h/bar-el-federal-people.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 192px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SbqBjeu5m5I/AAAAAAAAAio/N-Z12aLahwQ/s400/bar-el-federal-people.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312701156982102930" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.buenostours.com/bar-el-federal"&gt;Bar "El Federal"&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó un rato sin rumbo, tratando de ordenar los pensamientos. Se sentó en un bar junto a una ventana, pidió un café doble, sacó una lapicera y empezó a garabatear las servilletas de papel. Palabras sueltas, sin sentido. Nombres. Monigotes con pelo largo y pelo corto. María Salomé lo había echado de su casa cuando él había acusado a Magda. A María Magdalena Castel, se corrigió. &lt;em&gt;¿Todavía creés que son dos personas distintas? Mientras no se pruebe lo contrario...¿Qué carajo estás defendiendo, boludo?&lt;/em&gt;, se insultó mientras colateralmente intentaba encaminar sus pensamientos. &lt;br /&gt;¿Qué relación había entre esas dos mujeres para que una encubriera a la otra, que obviamente la había usado como pantalla para confundir sus huellas? Se esforzó por recordar todas las expresiones de María Salomé desde que la conociera en el hotel. Si odiaba tanto a su padre, ¿por qué se le llenaron los ojos de lágrimas al ver las fotos? Había dicho: "Dios, cómo es posible..."&lt;br /&gt; &lt;em&gt;¿Cómo es posible qué? ¿Morir así? ¿O matar así? ¿Es el verdugo el que te merece piedad? ¿Quién te preocupa tanto para que te desesperes por lo que hizo?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Volvió a los nombres. La madre había muerto hacía treinta y seis años y él no había encontrado otra partida de nacimiento más que la del hermano fallecido. Si Gaudet tenía otra hija, ¿cuándo la había engendrado, y con quién? ¿Cómo había hecho esa hija para llegar a María Salomé? "Hola, soy tu medio hermana. Papá abusó de mamá y vengo a unirme al club". No tenía respuestas para esas preguntas, posiblemente porque no había hecho las preguntas suficientes. Desalentado, pidió otro café. Las perspectivas no eran muy halagüeñas: podía volver al Registro Nacional de las Personas y pedir información sobre todas las María Magdalena Castel nacidas entre treinta y treinta y cinco años atrás, y aguantarse las caras de culo de los empleados del Registro a los que les tocara en gracia la búsqueda. Necesitaba una orden judicial para eso, pero no quería esperar. Sentía que si dejaba pasar un solo día, el caso se le escurriría de las manos. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Pensá, Martello!&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Anotó las fechas de nacimiento de los abuelos, la de María Salomé, y una probable para María Magdalena. Junto a cada fecha anotó los nombres completos. María Magdalena llevaba el apellido de los abuelos de María Salomé. ¿Sería posible que hubieran tenido una "hija de la vejez"? Después de todo, tendrían alrededor de cincuenta años cuando... El ADN le hizo pelota la teoría: &lt;em&gt;debía&lt;/em&gt; ser hija de Antonio Gaudet. ¿Entonces, por qué esos nombres y ese apellido...? Se le ocurrió una posibilidad atroz. &lt;em&gt;Atroz pero asquerosamente razonable&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Se puteó por no haber leído a fondo la sentencia judicial con la condena de Gaudet. De hecho, no había pasado de la primera página. ¿En dónde más podría haber registro de esa "hija de la vejez" de los Castel? &lt;em&gt;¡En la escribanía, boludo! &lt;/em&gt;Si María Magdalena figuraba como hija de los Castel, era heredera de los abuelos de María Salomé junto con ella y por lo tanto, debía figurar en la escritura de compra-venta. Se levantó de la mesa del bar con la decisión tomada y el alma hecha pedazos, a tomar un taxi rumbo a la escribanía Arias Campbell. &lt;br /&gt;Mercedes lo recordaba. Lo que le pedía no era algo usual pero, considerando las circunstancias, estaba dispuesta a hacerle el favor. Si podía pasar después de las seis, cuando se iba todo el mundo... Martello lanzó una ojeada por el escritorio y descubrió una novela de respetables proporciones, con un señalador dentro. Tomó nota mental del autor y el título. Ya sabía cómo devolverle las atenciones a la mujer.&lt;br /&gt;Si María Magdalena Castel figuraba en la escritura, también estaría su número de documento. Con eso podía pedir una orden de captura a nivel nacional. O internacional:¿quién le aseguraba que no hubiera salido del país? Había tenido tiempo suficiente... Pero hasta que tuviera una identificación, y siempre que el juez de instrucción considerara relevante la evidencia, no podría hacer nada más. La burocracia judicial muchas veces hacía más por los reos que los abogados defensores, meditó con desaliento. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sbp-eoac73I/AAAAAAAAAig/nUgA5v0QIac/s1600-h/libreria+gandhi.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sbp-eoac73I/AAAAAAAAAig/nUgA5v0QIac/s400/libreria+gandhi.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312697775146463090" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Anduvo por el centro sin rumbo, como un fantasma. Entró a un "bar literario", como se llamaban ahora las librerías con rubros alternativos — por lo general, gastronómicos — adentro. Preguntó por el autor del libro de Mercedes y compró un título nuevo, con notable detrimento de su economía personal. Mientras se lo envolvían para regalo lanzó una mirada a las mesas de café, llenas de señoras y señores bien vestidos que charlaban de asuntos personales, de espaldas a la literatura.  Al fondo, entre las estanterías de "Clásicos", "Teatro" y  "Filosofía", dos o tres fanáticos identificables por ese nosequé de innata desprolijidad que envuelve a los chiflados por los libros, hojeaban ejemplares con el mismo cuidado con que se manipula una ojiva nuclear. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Seguramente vienen todos los días a leer unas páginas más del mismo libro inalcanzable, hasta que algún empleado se acerca a preguntarles qué buscan. Entonces, disimularán citando a un autor que, ya saben, no figura en el catálogo de la librería.&lt;/em&gt; Mentiritas blancas que él también había dicho alguna vez.  &lt;br /&gt;Salió a la avenida con el paquete bajo el brazo. En otro momento, se hubiera metido de cabeza en las librerías de ofertas a revolver en las pilas de libros, buscando un tesoro oculto entre las baratijas. O estaría tomando un café con algún amigo. Se sintió más solo y perdido que nunca. Quizá fuera por eso que respondió al chirrido del celular con más ansiedad de la debida.&lt;br /&gt;— ¡Turro! ¿Estás de vuelta en Buenos Aires y no fuiste capaz de llamar? — aulló Marinelli. — ¡Me tuve que enterar por tu subcomisario! ¿Ahora que tenés personal subalterno calificado no das bola? ¿En dónde estás?&lt;br /&gt;Le dijo la altura de avenida Corrientes y en menos de cinco minutos, el auto de Marinelli dobló por la esquina de Uruguay.&lt;br /&gt;— Si serás pelotudo. ¿Por qué no me llamaste para pedir apoyo?&lt;br /&gt;— Si ahora estás en Sustracción de Automotores, chanta...&lt;br /&gt;— Pero algún contacto en Homicidios me queda— su amigo sonrió con suficiencia.&lt;br /&gt;— ¿Y qué les voy a decir? "Muchachos, ando buscando a una mujer de la que no sé dónde vive ni dónde trabaja, ni tengo datos sobre su filiación..."&lt;br /&gt;— Si tus sospechas son firmes, deberías mandar a tomar huellas digitales en el restaurante. &lt;br /&gt;— ¿Sin más evidencia que la que tengo? Tiene que intervenir el juez de instrucción, hay que llamar a los peritos, ...&lt;br /&gt;— Sí, ya sé: demasiado tiempo. Pero no perdés nada haciéndolo.&lt;br /&gt;Marinelli tenía razón. Llamó a Aguirre para pedirle que se ocupara de lo de las huellas. &lt;br /&gt;— ¿Qué vas a hacer hasta las seis de la tarde?&lt;br /&gt;— No sé...&lt;br /&gt;— Te quedás conmigo y me contás todo el asunto, bien detalladito. Después, yo te llevo hasta la escribanía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SbqC-kJ5drI/AAAAAAAAAiw/2OcEmEwbopY/s1600-h/escritura.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 299px; height: 371px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SbqC-kJ5drI/AAAAAAAAAiw/2OcEmEwbopY/s400/escritura.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312702721805612722" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El estudio Arias Campbell estaba vacío. Mercedes lo esperaba con cara de conspiración y le entregó un sobre de plástico opaco.&lt;br /&gt;— Tenía razón, comisario: en la escritura están todos los datos — los ojos de la mujer brillaban de excitación. Se debe sentir Agatha Christie. &lt;br /&gt;Le temblaban las manos cuando sacó las fotocopias. Ahí estaba: "... y en representación de María Magdalena Castel, menor de edad, D.N.I. N°..." . La entonces menor figuraba como co-heredera de los difuntos Fernán Castel Mora y Ana Luisa Ruiz Casau, en tanto su hija. María Salomé Gaudet Castel, nieta de Fernán y Ana y con quien María Magdalena compartía el legado, se constituía en curadora de los bienes de la menor hasta su mayoría de edad. &lt;br /&gt;Cuando levantó las vista, Mercedes lo miraba con ansiedad. &lt;br /&gt;— Se lo agradezco infinitamente. Me es de gran utilidad. &lt;br /&gt;Ella sonrió henchida de orgullo profesional. Martello le dio el libro y Mercedes se quedó congelada. Atinó a tenderle la mano cuando él se despedía. Tenía los ojos empañados. &lt;br /&gt;Marinelli lo esperaba en el auto, excitado como un chico. &lt;br /&gt;— ¿Y ahora? ¿Al hotel?&lt;br /&gt;— No. A la casa. Ya les di demasiado tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La espera fue larga. Martello trató de convencer a Marinelli para que lo dejara solo, sin resultados. &lt;br /&gt;— Ni loco. Esto no me lo pierdo.&lt;br /&gt;— ¿Y el laburo?&lt;br /&gt;— La tropa puede trabajar sola de vez en cuando. Y si me necesitan, me llaman— palmeó la Motorola del tablero y el celular enganchado en su cinturón.&lt;br /&gt;— Deberías haberte quedado en Homicidios.&lt;br /&gt;— No vayas a creer que en Automotores no liquidan a nadie...&lt;br /&gt;— Entonces les estás dando dos comisarios al precio de uno... ¡Ahí está!&lt;br /&gt;— ¿Esa quién es?&lt;br /&gt;— María Salomé. &lt;br /&gt;Se bajó del auto a tiempo para poner el pie en la puerta que se cerraba. Corrió hasta el ascensor. La mujer estaba a punto de tomarlo y cerró la puerta al verlo.&lt;br /&gt;— ¿Y ahora qué quiere?— masculló con hostilidad.&lt;br /&gt;— Charlar con Ud. acerca de una escritura de compra-venta — él le mostró el sobre de plástico.&lt;br /&gt;Ella frunció el ceño y reaccionó una décima de segundo después.&lt;br /&gt;— No tengo nada que decirle. Si vuelve a molestarme, lo voy a denunciar.&lt;br /&gt;— Como guste. Y si prefiere ir a la Central de  Policía a hacer la denuncia, tengo un auto esperándome enfrente— señaló hacia la puerta.&lt;br /&gt;El celular de la mujer vibró y ella leyó un mensaje que borró. El ascensor subió. &lt;br /&gt;— Váyase— susurró la mujer, repentinamente nerviosa.  &lt;br /&gt;— Ésta— sacudió el sobre— es la copia de la escritura de compra-venta de la casa de Devoto en la que Ud. vivió con sus abuelos. Y con María Magdalena Castel, de la que Ud. era curadora al momento de la venta. ¿Insiste en que no la conoce? ¿Es realmente hija de sus abuelos?&lt;br /&gt;— No voy a hablar sin un abogado presente. Mándeme una citación judicial... &lt;br /&gt;—En el acta de nacimiento de María Magdalena Castel, Ana Luisa y Fernán figuran como los padres, pero eso no es verdad — inspiró profundo antes de decir lo que seguía—. El padre de María Magdalena era Antonio Gaudet. Ud. es la madre. Por eso Gaudet fue a la cárcel y le prohibieron volver a verla. Por eso Uds. se vinieron a Buenos Aires y Gaudet nunca supo qué había pasado con el hijo que había engendrado de su propia hija de doce años— le temblaban las manos mientras hablaba—. Sus abuelos ocultaron su desgracia y todos convivieron con una chiquita inocente, que era su hija y su hermana al mismo tiempo. ¿Quién de las dos tuvo la idea de buscar a Gaudet y asesinarlo? ¿O se enteraron de que se había librado de una nueva condena por corrupción y decidieron hacer justicia por su propia mano?&lt;br /&gt;La puerta del ascensor se abrió a sus espaldas. Él se apartó a un lado sin volverse, para dejar pasar a quien bajaba. Por eso el golpe lo tomó desprevenido. Alcanzó a girar cuando otro golpe magníficamente aplicado a la altura del bazo lo dejó sin aliento, doblado sobre el estómago. Otro más, y perdió la conciencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SbqED9MxnSI/AAAAAAAAAi4/2DsAi-D7TVg/s1600-h/pistola.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 266px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SbqED9MxnSI/AAAAAAAAAi4/2DsAi-D7TVg/s400/pistola.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5312703913939541282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvió en sí, estaba sentado y esposado a una silla. Frente a él estaba sentada Magda, con un arma que le resultó familiar. Más atrás, de pie, María Salomé lloraba en silencio. &lt;br /&gt;— ¿Por qué viniste, Hugo?— murmuró Magda. &lt;br /&gt;— Ya deberías saber — le dolía tanto la cabeza que las palabras le retumbaron.&lt;br /&gt;— Malenita, andáte— susurró María Salomé entre dos hipos.&lt;br /&gt;—  Calláte — dijo Magda sin volverse. Y después a él: — ¿Buscás justicia para ese hijo de puta? &lt;br /&gt;— Yo no hago la ley ni dicto sentencias. &lt;br /&gt;— Seguro que no. Sos nada más que un perro guardián. &lt;br /&gt;— ¿Creíste que no te iba a encontrar? — dijo Martello.&lt;br /&gt;— Tardaste bastante. &lt;br /&gt;— Pero llegué.&lt;br /&gt;— ¿Adónde? Cuando le hagan el estudio de ADN a María, van a comprobar que el que encontraron en el cuerpo de Gaudet es muy similar al de ella, pero no el mismo. Y María tiene pruebas fehacientes de que no estaba en el lugar del hecho. ¿Cómo encaja eso en el homicidio?&lt;br /&gt;— Está tu ADN. &lt;br /&gt;— Casi idéntico al de María. Tan parecido que llevaría muchísimo tiempo poder encontrar las diferencias, que te aseguro, son mínimas. Inclusive un genetista dudaría, y lo sé porque me hice los estudios para asegurarme. Soy una curiosidad científica— sonrió siniestra—. ¿Qué más tenés? No hay huellas en el cuerpo ni en el auto o la casa de Gaudet. &lt;br /&gt;— Tengo tu confesión. &lt;br /&gt;— No tenés nada, Hugo. Estuve en tu habitación en el hotel, buscando. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Así que de ahí conozco el arma... Seguro que las esposas también me son familiares. &lt;/em&gt;El pensamiento no colaboró con su dolor de cabeza. &lt;br /&gt;— No sos tan hijo de puta como para acusar a una inocente por un crimen que no cometió. Descubriste a la asesina de Sandra Bermúdez, y sin embargo te tomaste el trabajo de librarla de la sospecha de haber asesinado también a su marido. Sí, las cosas corren rápido en los pueblos. No tenés nada más que una escritura que lo único que prueba es que soy hija de Fernán y Ana y pariente de María. &lt;br /&gt;— Un buen fiscal podría encontrar los motivos y la oportunidad y convencer al jurado o los jueces.&lt;br /&gt;— Y un buen penalista me sacaría en andas de ese mismo tribunal. &lt;br /&gt;— Entonces, ¿por qué estoy esposado a una silla y vos me apuntás con mi propia arma, mientras tu madre te suplica que te vayas?&lt;br /&gt;Magda se volvió hacia María Salomé.&lt;br /&gt;— Andáte afuera. &lt;br /&gt;— ¿Qué vas a hacer? — replicó la otra, asustada.&lt;br /&gt;— Andáte, te dije. Dejános solos. &lt;br /&gt;María Salomé abrió los ojos enormes.&lt;br /&gt;— ¡Me dijiste que no le ibas a hacer nada! ¡Malenita, por Dios, andáte mientras lo retengo acá! ¡No hagas locuras, por el amor de Dios!&lt;br /&gt;—Dejálo a Dios en paz. Bastante tiempo nos abandonó. ¡Andáte!— se levantó, se metió la pistola en la cintura del pantalón, y sacó a María Salomé a empujones del departamento.  Cerró con llave y fue hasta la cocina. La escuchó llenar la pava y ponerla al fuego antes de volver a sentarse frente a él.&lt;br /&gt;— ¿Por qué te tomaste tanto trabajo para matarlo? Le hubieras pegado un tiro en la ruta y nadie habría sospechado nada. &lt;br /&gt;— No entendés, ¿no, Hugo?, no podés entender cuánto mal hizo ese hombre, y a cuánta gente. Cuando me enteré de lo que le había hecho a esos chicos, supe que era hora de que pagara por todo. Si la justicia no lo alcanzaba, yo sí. Planeé todo menos el encontrarte.&lt;br /&gt;— ¿Fui tu único error?&lt;br /&gt;Magda sonrió con pena.&lt;br /&gt;— Un error del que no me arrepiento. &lt;br /&gt;— ¿Acostarte conmigo fue parte de tu estrategia?— él preguntó en voz baja, sin poder disimular del todo el dolor. &lt;br /&gt;— No eras parte de nada. No tenía pensado involucrarme con nadie. &lt;br /&gt;— Nada más que un trabajo limpio— dijo él con sarcasmo y Magda cerró los ojos un instante.&lt;br /&gt;— Sé que no voy a convencerte, pero fuiste lo único limpio que tuve en mi vida — estiró una mano y le acarició la cara —. Ojalá te hubiera conocido antes. Quién sabe, me hubieras hecho cambiar de opinión... No — meneó la cabeza—, te hubiera envenenado la vida...&lt;br /&gt;— ¿Y esto que me hiciste, qué es? — preguntó entre dientes.&lt;br /&gt; El silbido del agua hiriviendo hizo que Magda fuera a la cocina. Él intentó llegar al bolsillo del pantalón, pero Magda volvió con una taza llena de té cuando sus dedos rozaban el llavero. Magda bebió lentamente sin despegarle los ojos de ámbar líquido. El rostro se le deformó en un rictus mientras tomaba el contenido de la taza sin pausa. Apoyó la taza con un estremecimiento que le sacudió el cuerpo.  &lt;br /&gt;— ¿Qué te hice? El amor— dijo mirándolo a los ojos—. Sos el único tipo en toda mi vida al que se lo hice. Me viste como mujer y no como un pedazo de carne al que montarse y anotar en la lista; nadie más llegó hasta donde vos llegaste. &lt;br /&gt;Algo en él quería creerle desesperadamente, mientras la parte uniformada de su conciencia le decía que estaba sentado delante de una asesina que había premeditado todas sus acciones, y que estaba en situación de matarlo también a él. Magda siguió hablando. &lt;br /&gt;—Gaudet era un perverso y le seguí el juego. 'Me hacés acordar a alguien que conocí' me decía el miserable. Y yo sabía a quiénes había conocido y cómo las había destruído. Quería que pagara, y que sufriera mientras pagaba.&lt;br /&gt;— ¿Te acostaste con él desde el principio?— preguntó, con las entrañas desgarradas.&lt;br /&gt;— No. Era tan bocón que hubiera desparramado su hazaña por toda la ciudad. Lo mantuve a raya; el cerdo creía que era un jueguito retorcido. Hasta el último fin de semana, cuando apareció con esos contadores, empujándolos a comprar el restaurante, tal como yo se lo había pedido. Entonces le agradecí debidamente. El hijo de puta exultaba cuando le pedí que me mostrara los videos. ¡Dios! No... Me niego a describirlos... Fueron el impulso final para hacer lo que me había propuesto... — la mirada se le perdió por la habitación—. Me preparé durante mucho tiempo. Soy muy fuerte para ser una mujer, ya te diste cuenta. Y soy muy buena cocinera, hago maravillas con las cuchillas de cocina — sonrió como una loba y los ojos le brillaron amarillos. Martello se estremeció de horror. &lt;br /&gt;— Me tomé el tiempo de estudiarlo a él y al lugar que había elegido para vivir, tan lleno de hipócritas inmorales como él. Supe que nadie lo lloraría porque era un canalla entre canallas. Ese pueblo de mierda estaba esperando la oportunidad para empezar a cobrar deudas, y yo les hice el favor de dar el puntapié inicial. ¿O no te diste cuenta de cómo se fueron sucediendo las cosas? Necesitaban nada más que un empujoncito para vomitarse el odio unos a otros. ¿No lo viste? No, porque no los conociste como yo. No sabías de cómo Grünebaum escupía impunemente su "orgullo de raza" en la cara del prójimo, ni de las actividades solapadas de Saguie, ni de los cuernos que lleva la mitad del pueblo, regalados por la otra mitad, igualmente cornuda, hipócrita y culpable. Tuviste que aprender a fuerza de horror, pobrecito... Sos inteligente y sagaz, pero básicamente bueno. Como yo hubiera querido que fuera mi padre, o el hombre para tener al lado toda la vida. Pero no puedo. Soy una monstruosidad. No debieron haberme permitido vivir. Lo único que puedo tener en mi interior es odio. ¿Entendés ahora por qué no...?&lt;br /&gt;Mientras Magda hablaba, dejó caer la pistola. Las manos se le deslizaron despacio de la mesa y cayeron a los costados de su cuerpo, inertes. &lt;br /&gt;— Magda...&lt;br /&gt;— ¡No! Dejame hablar mien-tras pue-da... Estoy maldita desde antes de nacer. Vi morirse a mis abuelos de pena, lentamente, cada vez que... me miraban y veían en mí el recordatorio de lo que Gaudet les había hecho a... su hija y a su...nie-ta. Me qui-sieron, lo mismo que M-maría, pero yo... me da-ba cuen...ta de cuánto sufrí..an...— la voz se le extinguía por momentos.&lt;br /&gt;Una sospecha lo sacudió.&lt;br /&gt;— ¡Soltáme, carajo! ¡Qué hiciste, Magda...! &lt;br /&gt;— A...sí ... es...  me...jor... — ella dejó caer la cabeza hacia atrás, como una muñeca de trapo.&lt;br /&gt;Oyó gritos provenientes del pasillo. Gritos desesperados como los suyos, mientras Magda se deslizaba hasta el suelo, incapaz de sostenerse en la silla. Cuando María Salomé y Marinelli consiguieron abrir, él estaba junto a Magda, sosteniéndole la cabeza con la mano que había conseguido soltar de las esposas. &lt;br /&gt;Magda casi no respiraba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-8757472714385616123?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/8757472714385616123/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=8757472714385616123" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8757472714385616123?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8757472714385616123?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/kEYz4d2wA68/el-folletin-del-crimen-triste-capitulo.html" title="El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 22" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SbqBjeu5m5I/AAAAAAAAAio/N-Z12aLahwQ/s72-c/bar-el-federal-people.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/03/el-folletin-del-crimen-triste-capitulo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUQHRHo8eSp7ImA9WxVXE0U.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-8766357669776648757</id><published>2009-02-10T14:36:00.000-08:00</published><updated>2009-02-11T12:15:35.471-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-02-11T12:15:35.471-08:00</app:edited><title>El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 21</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMq42kaw9I/AAAAAAAAAhA/pze_75rhv1w/s1600-h/Cenci.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 304px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMq42kaw9I/AAAAAAAAAhA/pze_75rhv1w/s400/Cenci.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301628342554510290" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Beatrice Cenci, retrato por Elisabetta Sirani (c. 1662)&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.museocriminologico.it/cenci.htm"&gt;El suplicio de Beatriz Cenci - Museo Criminológico Italiano&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;A lo largo de la Historia, el parricidio ha sido condenado con las penas más grandes.¡Ay de aquél que se atreva a levantar la mano contra su padre! Porque el padre representa el orden social, la ley y la moral. No en vano se equipararon el parricidio y el regicidio, en tanto el rey era padre de su pueblo. Semejante delito mereció los suplicios más atroces, con el objeto de someter al criminal a una agonía prolongada hasta el infinito. Mil muertes en una sola muerte para el parricida. En tiempos más piadosos, se les cortaba la mano con la que habían cometido su crimen antes de ajusticiarlos. &lt;br /&gt;El padre, al igual que el rey, tiene poder de vida y muerte sobre su descendencia. Así lo afirma el derecho romano. Así lo confirmaron reyes, emperadores, zares y sultanes, al ejecutar a su progenie rebelde. Así lo quiso el Dios de los hebreos, castigando una y otra vez a su pueblo elegido cuando éste se rebelaba a Sus designios. El mismo Abraham accedió a sacrificar a su único hijo Isaac, nada más que para probar su obediencia al Padre más severo de todos.  Sólo el angel enviado por el mismo dios que ordenó el sacrificio detuvo la mano homicida. ¿Acaso Yahveh le hubiera ordenado a Isaac matar a su padre? Absalón lo intentó y David lo condenó entre lágrimas. La Historia está poblada de filicidas sin castigo: Constantino, Ivan el Terrible, Pedro el Grande. Los parricidas nunca obtienen el perdón. &lt;br /&gt;"Honrarás a tu padre y a tu madre". ¿En qué parte de la Biblia dice que también deberías honrar a tus hijos?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMrrG3uljI/AAAAAAAAAhQ/B1xLbcolgA8/s1600-h/beatrice_cenci.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 266px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMrrG3uljI/AAAAAAAAAhQ/B1xLbcolgA8/s400/beatrice_cenci.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301629205923927602" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Ejecución de Beatrice Cenci, grabado romano&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a la Regional y se encerró en su despacho. Cáceres se asomó, obsequioso, a ofrecerle café, y el tono ahogado con que respondió hizo que el cabo saliera al galope, volviera de inmediato con la bebida requerida y desapareciera a velocidad supersónica, no fuera cosa de ser objeto inocente de la injustificada furia de su superior. &lt;br /&gt;Desparramó el expediente, sus anotaciones y el mapa encima del escritorio. Se tomó el café de un trago y pidió otro, que fue depositado en medio de un silencio reverente. Dio las gracias entre dientes, sin mirar quién lo había traído. Arrancó una hoja en blanco y empezó a escribir fechas, horarios y nombres. Buscó los puntos comunes entre las declaraciones de la mucama, las de los empleados y sus anotaciones de la conversación con Koppf. No podían ser más que coincidencias sin sentido... Debía haber una explicación razonable y él tenía que encontrarla. Después de todo, el que el camino desembocara en una calle sin salida que llevaba a "El Belvedere" no significaba nada. Completamente circunstancial. &lt;em&gt;¿Y las otras "casualidades"? Nada más que eso.&lt;/em&gt; ¿Cuántas veces las investigaciones desembocaban en paradojas? ¿Cuántas veces la justicia se equivocaba frente a evidencia circunstancial? "Suavecito, con gustito a café. Como una espumita", había dicho Florentina del postre que había probado en lo de su patrón. &lt;em&gt;Mousse de café...&lt;/em&gt;  El café le dejó la boca amarga. La teoría que estaba elaborando no podía ser posible. Si Magda era la asesina, entonces Gaudet la conocía en tanto hija suya. ¿Qué sentido tenía la puesta en escena del restaurante? ¿Por qué no limitarse a liquidarlo limpiamente y sin gastos extra? Y si verdaderamente lo había matado, ¿por qué querría quedarse tanto tiempo después del homicidio? &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Nada de esto tiene lógica&lt;/em&gt;, se dijo. &lt;br /&gt;¿Y los supuestos clientes de Gaudet? ¿Serían compradores o le habrían tendido una trampa? Empezó a garabatear nuevas hipótesis. ¿Estarían relacionados con Magda? ¿Qué tipo de relación? Debía verificar los nombres que le había dado Koppf: ellos tampoco estaban libres de sospecha por el momento.  &lt;br /&gt;Alcira le confirmó los apellidos después de consultar con una agenda de tapas desgastadas en la que se anotaban las citas y  visitas a propiedades.&lt;br /&gt;¿Quién había llevado adelante las negociaciones? El señor Gaudet, respondió Alcira mirándolo como si él fuera deficiente mental. &lt;em&gt;Lógico, no iba a dejar en manos de estos perejiles una operación de envergadura.&lt;/em&gt;  ¿Habían vuelto a comunicarse después de la muerte de su patrón? No, Alcira se encogió de hombros. ¿Ella sabía que estaban interesados en "El Belvedere"? No, no sabía; creía que venían por unos terrenos cercanos al antiguo campo de golf. ¿Tenía algún teléfono de esa gente? La mujer le facilitó dos números de Buenos Aires: uno, de teléfono celular y  el otro, de teléfono fijo. &lt;br /&gt;Marcó el número fijo desde su celular y le respondió el contestador de un estudio contable. Volvió a la Regional y buscó en Internet las Páginas Amarillas. Ahí estaba el estudio, y los apellidos que figuraban en la razón social eran los clientes de Gaudet. Anotó el domicilio, a sabiendas de que no le dirían nada por teléfono: si quería información, tendría que ir personalmente. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Y para qué? ¿Qué es lo que estoy buscando?, &lt;/em&gt;se preguntó. La razón le decía que difícilmente un homicida deje sus datos auténticos a los empleados de la víctima. Pero siempre era una posibilidad.&lt;br /&gt;Llamó a Aguirre a su celular.&lt;br /&gt;— Necesito pedirte un favor.&lt;br /&gt;— Lo que sea, siempre que sea legal. Si no, dejáme ver el tarifario.&lt;br /&gt;— Tengo que ir a ver al juez de instrucción. Después te cuento.&lt;br /&gt;— Andá tranquilo y no apagues el celular. Por las dudas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El secretario del juzgado salía haciendo equilibrio con una respetable pila de expedientes, pero se las arregló para dejarlo pasar al despacho de Litvik.&lt;br /&gt;El juez lo escuchó sin interrumpirlo. &lt;br /&gt;— ¿Qué es lo que necesita, comisario? &lt;br /&gt;— Asesoramiento... — suspiró. &lt;br /&gt;— No. Ud. sabe perfectamente lo que tiene que hacer. Yo puedo extender las órdenes judiciales pertinentes en diez minutos. &lt;br /&gt;— Pero y si...&lt;br /&gt;— Si está equivocado, habrá descartado una hipótesis a la que parecían apuntar las evidencias circunstanciales y deberá tomar otro camino. &lt;br /&gt;Martello asintió despacio.&lt;br /&gt;— Creo que lo que lo preocupa es no estar equivocado— agregó Litvik a media voz. &lt;br /&gt;El comisario paseó la mirada por la pared detrás del escritorio del juez, sin abrir la boca, y Litvik se recostó en su sillón.&lt;br /&gt;— No voy a preguntar por las razones de su renuencia, pero le sugiero que termine con sus dudas lo antes posible. Y el mejor modo que conozco— dijo Litvik—, es haciendo las preguntas pertinentes a quien  corresponda. Después, Ud. decidirá qué hace con las respuestas. &lt;br /&gt;Martello lo miró, sorprendido.&lt;br /&gt;— ¿Por qué se asombra? Soy juez, no Dios. Alguna vez, todos nos enfrentamos a nuestro deber y tenemos que elegir cómo cumplirlo... o cómo no hacerlo.&lt;br /&gt;Se miraron a los ojos y Martello asintió antes de preguntar:&lt;br /&gt;— ¿Cuándo puedo tener las órdenes? &lt;br /&gt;— Lo que demore en tomarse un café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aguirre lo estaba esperando con mate, una docena de medialunas y un sobre de papel madera con el sello de un juzgado de la provincia de Buenos Aires: la copia de la sentencia judicial que había mandado a Gaudet a Olmos durante seis años. Martello la leyó a las apuradas. &lt;br /&gt;— Qué hijo de puta era este tipo...— masculló mientras revoleaba los papeles en el escritorio.&lt;br /&gt;— Nadie lo va a llorar. Ahora contáme.&lt;br /&gt;Trató de exponer los hechos y la evidencia recogida de la forma más impersonal posible. &lt;br /&gt;— Debería volver a Buenos Aires y ...&lt;br /&gt;— ¿Y qué estás esperando? — Aguirre se conectó a Internet mientras le respondía —. A ver... el Amadeus... — tecleó los códigos de origen y destino y la fecha de salida—. Hay un vuelo que sale en tres horas. Tenés tiempo de pasar por tu casa y recoger un bolsito con ropa. ¿Reservo el pasaje? &lt;br /&gt;Sentado en el avión, repasó sus notas con cuidado tratando de planificar cada movimiento, pero el vuelo llegó al "Jorge Newbery" antes de que él hubiera tomado una decisión. Pasó por el hotel en donde se había alojado la primera vez y pidió una habitación. Dejó el bolso y salió a buscar un taxi. Su subconsciente tomó las riendas, dándole al chofer la dirección del hotel en donde trabajaba Magda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMeNXU0RvI/AAAAAAAAAg4/x-VbTuo7L6Y/s1600-h/BUEHIHH_Hilton_Buenos_Aires_home_right.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 340px; height: 218px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMeNXU0RvI/AAAAAAAAAg4/x-VbTuo7L6Y/s400/BUEHIHH_Hilton_Buenos_Aires_home_right.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301614401293666034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el lobby reinaba ese ronroneo mezcla de música de fondo y voces educadas, característico de los hoteles de primera categoría. El conserje detrás del mostrador en acero y madera oscura parecía el capitán de un crucero de lujo. &lt;br /&gt;Martello se identificó en forma discreta, gesto que el conserje agradeció debidamente ofreciéndole esperar en el bar del primer piso mientras enviaba por el gerente. Una empleada de recepción lo acompañó hasta una mesa junto a las ventanas panorámicas que mostraban el despliegue de riqueza de Puerto Madero, y le avisó al maître que los gastos iban por cuenta del hotel. El hombre le ofreció bebidas alcohólicas pero el comisario aceptó un cappuccino. &lt;br /&gt;Un cuarentón de traje oscuro de buen corte y corbata discreta y carísima, salió del ascensor vidriado y se dirigió al maître, que le señaló su mesa. Martello se puso de pie para recibirlo. Volvió a sacar sus credenciales y le explicó el motivo de su visita: un empresario de su ciudad había muerto en circunstancias dudosas, originando la investigación policial. En la búsqueda de familiares, había surgido el nombre de la persona que, según las referencias que obraban en poder de la policía, se desempeñaba como chef ejecutivo del hotel. Necesitaba tomar contacto con ella para verificar el parentesco y en caso de identificación positiva, ponerla al tanto de la situación. Martello se sentía una cucaracha de alcantarilla mientras hablaba con la impersonalidad de un oficial de los cuadros superiores de las fuerzas del orden y mentía como un marrano.&lt;br /&gt;El gerente puso cara de "mi más sentido pésame". No tenía problemas en colaborar y suponía que María tampoco. Martello sintió que el nudo en el pecho le apretaba hasta ahogarlo: acababa de dar por cierto que María Salomé y Magda eran una misma persona. Ya era tarde para arrepentirse. "Todos nos enfrentamos a nuestro deber y tenemos que elegir cómo cumplirlo... o cómo no hacerlo". ¿Cómo mierda iba a cumplir con su deber ahora...?&lt;br /&gt;— Ya la hago llamar.&lt;br /&gt;Nunca supo cómo había continuado la conversación con ese hombre elegante y educado, preparado para hablar de cualquier tema intrascendente que sirviera para entretener a un huésped. El pulso le tamborileaba en los oídos y en las sienes cuando el gerente, sentado de frente al ascensor dijo:&lt;br /&gt;— Ahí está. &lt;br /&gt;Se levantó de la silla con rodillas flojas y se volvió mientras el gerente los presentaba.&lt;br /&gt;— El comisario Hugo Martello, la señora María Salomé Gaudet Castel, nuestra chef ejecutiva. &lt;br /&gt;Martello tendió la mano hacia una mujer de mediana estatura y cabello rubio recogido en un rodete. No podía pronunciar palabra, tal era su sorpresa. &lt;em&gt;¿Y Magda? ¿En dónde está Magda? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La mujer se sentó en una silla que acercó el gerente. &lt;br /&gt;— Lo escucho, comisario. ¿En qué le puedo ser útil?&lt;br /&gt;¿Quién carajo era esa tipa prematuramente envejecida? A mitad de camino entre la sorpresa y el alivio, trató de comportarse como un profesional.&lt;br /&gt;— En primer lugar, debo hacer una constatación. ¿En dónde se encontraba Ud. entre los días viernes 19 y lunes 22 del pasado mes de mayo?&lt;br /&gt;— Trabajando aquí en el hotel. Hubo una convención muy importante, unos cuatrocientos participantes de toda América Latina que desayunaron, almorzaron y tuvieron coffee-breaks desde el viernes por la noche hasta el lunes por la mañana. Mi trabajo es supervisar todas las cocinas del hotel y no podía descuidar la cocina principal. &lt;br /&gt;— ¿Tiene testigos?&lt;br /&gt;La mujer lo miró como si le estuviera preguntando si necesitaba respirar para mantenerse viva. &lt;br /&gt;— Por supuesto. Rick — señaló al gerente, que esbozó una sonrisa —, el personal de la cocina, los sub-chefs, los maîtres de salón... Inclusive me quedé alojada en el hotel, en el sector para personal. Era más fácil quedarme para supervisar que irme a mi casa. &lt;br /&gt;Las teorías de Martello se cayeron como un castillo de naipes.&lt;em&gt; ¿Y ahora? ¿Qué carajo sigue? ¡Pensá en algo, pelotudo!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— ¿Vive sola?&lt;br /&gt;— Sí. Soy soltera y vivo sola. &lt;br /&gt;— ¿Desde cuándo trabaja en el hotel?&lt;br /&gt;— Dos años y medio. Comisario, ¿sería tan gentil de explicarme de qué se trata esto?&lt;br /&gt;Martello puso cara de póker y sacó del portafolios las copias de los documentos junto a la serie menos ofensiva de fotografías forenses.  María Salomé palideció y abrió enormes los ojos rodeados de arruguitas como telarañas y sólo entonces Martello supo que eran de color ámbar.&lt;br /&gt;— ¿Conoce a este hombre?&lt;br /&gt;— Dios mío... Es... es mi... padre... &lt;br /&gt;Martello se dirigió al gerente.&lt;br /&gt;— ¿Habrá algún lugar en donde pueda hablar en privado con la señora? &lt;br /&gt;El hombre los acompañó hasta una salita en el mismo piso y salió, cerrando la puerta. La mujer estaba agitada. &lt;br /&gt;— Señora, su padre fue asesinado. &lt;br /&gt;María Salomé se sentó, cubriéndose la boca con las manos.&lt;br /&gt;— ¿Tengo que... ir a identificar el... cadáver...?— dijo cuando recuperó el habla.&lt;br /&gt;— No es necesario. Pero de las pericias forenses surge que al momento de su muerte, Gaudet se encontraba con un consanguíneo. Ud. me asegura que estaba en Buenos Aires en esos momentos. Para descartarla definitivamente de la escena del crimen, debo solicitarle que se someta a un análisis de ADN. &lt;br /&gt;— Entiendo... &lt;br /&gt;— Traje las órdenes judiciales para que en cualquier hospital público le hagan una extracción de sangre y envíen la muestra para el estudio— le tendió los papeles. &lt;br /&gt;— ¿Y... mientras tanto?&lt;br /&gt;— Hasta tanto no estén los resultados del análisis, no puede abandonar el país o la ciudad sin solicitar autorización judicial. &lt;br /&gt;La mujer estiró la mano y tomó las fotografías. Las imágenes la horrorizaron.&lt;br /&gt;— Dios mío... Dios... cómo es posible... — los ojos se le llenaron de lágrimas.&lt;br /&gt;— ¿Su padre tenía hermanos o hermanas, sobrinos...?&lt;br /&gt;Tuvo que repetir la pregunta porque la mujer pasaba una y otra vez las fotos, articulando palabras que no se atrevía a pronunciar.&lt;br /&gt;— No sé... Yo no conocí a ninguno. Creo que no tenía a nadie más.&lt;br /&gt;— Y Ud. no tiene noticias de un segundo matrimonio...&lt;br /&gt;— No sé... No volví a verlo desde... que tenía doce años— terminó en un murmullo, alejando las fotos hacia el centro de la mesa, pero sin poder despegar los ojos de esas imágenes atroces.&lt;br /&gt;— ¿El nombre de Magda le dice algo? &lt;br /&gt;La mujer se volvió hacia él con la mirada vacía. &lt;br /&gt;— Yo...voy a hacerme esos análisis cuanto antes. Dígame qué tengo que hacer.&lt;br /&gt;María Salomé se puso de pie. Él le pidió su domicilio y un teléfono y ella se los dio sin mirarlo, ni siquiera cuando le dijo que la pasaría a buscar para acompañarla a hacerse la extracción de sangre. Le dio su número de celular anotado en la tarjeta del hotel en donde se alojaba. Ella asintió, se guardó la tarjeta y se fue. &lt;br /&gt;No eran el momento ni el lugar para avanzar con más preguntas. Como por ejemplo, quiénes sabían que ella trabajaba allí. Porque Magda debía saberlo, ¿o había arrojado el nombre del hotel como podía haber mencionado cualquier otro? No, no le parecía. Recordó la escueta conversación telefónica: Magda lo había guiado hasta ahí. ¿Por qué? ¿Quién era Magda? Se dio cuenta que no sabía casi nada de ella.&lt;br /&gt;Apenas salió María Salomé, Martello marcó el número de celular de Magda. La computadora del sistema le informó que ese número no correspondía a ningún abonado en servicio. Casi estrelló el aparatito de mierda contra el suelo, pero recordó que era material del Estado provincial y que si lo deterioraba intencionalmente, se lo iban a descontar del sueldo.&lt;br /&gt;¿Y ahora? Un último recurso: ir a ver a los clientes de Gaudet que querían comprar "El Belvedere", con la esperanza de que tuvieran algún dato de Magda. Pero el reloj del lobby le informó que ningún estudio contable estaba abierto a esas horas. Habría que esperar al día siguiente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó demasiado temprano porque no había podido dormir. Cada vez que conciliaba el sueño, algo, una frase dicha por alguien, lo perseguía hasta desvelarlo. No podía recordar ni las palabras ni a quien las había dicho, sólo que era algo que él había dejado pasar.   &lt;br /&gt;Ni siquiera era la hora del desayuno en el bar del hotel cuando salió rumbo al departamento de María Salomé. La acompañó hasta el hospital público más cercano para que se hiciera la extracción de sangre. &lt;br /&gt;— Ya está— la mujer salió del laboratorio bajándose la manga del suéter — ¿Cuánto demoran los estudios? — preguntó en medio de un bostezo. Todavía tenía los ojos hinchados de sueño. &lt;br /&gt;— Dos semanas, a partir del momento de recepción de las muestras.&lt;br /&gt;La mujer lanzó una ojeada descorazonada hacia la puerta del laboratorio y él la tranquilizó. &lt;br /&gt;— Pedí dos muestras testigo para agilizar los trámites. Así, si el hospital demora en enviar la primera muestra, tenemos otra de repuesto. &lt;br /&gt;— ¿Me informarán los resultados?&lt;br /&gt;— Por supuesto. &lt;br /&gt;— Entonces me queda nada más que esperar. Bueno, me... me voy. A...adios — le tendió una mano fría y se alejó casi corriendo por los pasillos atestados de gente. &lt;br /&gt;— ¿Comisario Hugo Martello?— alguien preguntó a sus espaldas y él se volvió. Era el laboratorista, que le tendía un sobre con membrete del hospital—. Las muestras testigo. La otra se despacha con el correo de hoy. &lt;br /&gt;Le dio las gracias y salió a buscar un bar en donde desayunar algo decente. &lt;br /&gt;Mientras paliaba el hambre con unas medialunas de grasa de antología, la frase que no lo había dejado dormir le arañó los bordes de la conciencia. Se dijo que lo que le faltaba era combustible y pidió otro café doble y tres medialunas más. Con la mente abierta y el estómago lleno, se relajó contra el respaldo de la silla sin pensar en nada. Ya era la hora de los oficinistas y había colas en las paradas de colectivo. Leyó los carteles de los ómnibus. "Congreso", "Correo Central", eran los más concurridos. Los que iban a "Devoto" y "Cementerio de la Chacarita" tenían menos público, bastante lógico a esa hora en que todos iban hacia el centro. Estaba recordando ocioso todos los chistes obvios que conocía relacionados con el cementerio cuando las palabras llegaron nítidas: "¿Tengo que ir a identificar el cadáver?". María Salomé nunca había preguntado "dónde". Ni "cuándo" había ocurrido la muerte.  Podría ser fruto del shock... Aunque tampoco preguntó después. ¿Qué más dijo? "No volvi a verlo... ". ¿Sabía en dónde estaba su padre aunque no hubiera vuelto a verlo? Tenía que verla y preguntarle. E insistir con lo de Magda. La alarma del celular le avisó que era una hora prudente para visitar el estudio contable Berro, Jakim &amp; Asociados. &lt;br /&gt;Era un lugar respetablemente aburrido, lleno de asistentes, contadores y contadoras juniors y cadetes concentrados en sus respectivas tareas.&lt;em&gt; Se ve que tienen buena clientela&lt;/em&gt;. Los doctores  estaban en reuniones con clientes, informó la recepcionista, repitiendo con petulancia las instrucciones diarias de no pasar llamados ni admitir visitas por parte de cualquier perejil que no tuviera cita previamente concertada. Cuando Martello le explicó someramente el motivo de su visita, la chica abrió la boca, la cerró, le pidió que esperara y salió disparada hacia el interior del estudio. Volvió en menos de tres minutos: el doctor Berro había salido de su reunión y lo esperaba en su despacho. &lt;br /&gt;Berro lo recibió en su oficina oscura y atestada de apostillas y actualizaciones de legislación impositiva. Sus socios estaban buscando propiedades para invertir y Gaudet les había mostrado, entre otras, "El Belvedere". Se enteraron de la muerte del empresario cuando retomaron el contacto con la agencia inmobiliaria. &lt;br /&gt;Martello le preguntó si habían vuelto a comunicarse con la propietaria. &lt;br /&gt;— Queríamos ver la posibilidad de hacer una operación conjunta con los terrenos aledaños, y quedamos en informarle nuestra decisión. Después, surgieron otras cosas y decidimos posponer el proyecto y así se lo comunicamos a la señora Castel. &lt;br /&gt;— ¿La señora Gaudet Castel?— preguntó, con un pinchazo en la base de la espalda.&lt;br /&gt;—La propietaria... A ver... — Berro sacó una agenda electrónica y empezó a buscar.&lt;br /&gt;¿La señora Castel propietaria de "El Belvedere", era María Salomé Gaudet Castel? Eso empezaba a explicar algunas cosas. Con expresión neutra le preguntó si tenía algún número telefónico de la señora Castel.&lt;br /&gt;— Acá está: María Magdalena Castel. &lt;br /&gt;El hombre tenía un número de celular: el mismo que Martello tenía de Magda, y que ya estaba fuera de servicio. &lt;br /&gt;Sintió un pulso violento subirle hasta la garganta y tuvo que hacer un esfuerzo para no saltar del asiento. Mantuvo la compostura e hizo cuatro o cinco preguntas más del catálogo policial: si el occiso había recibido llamadas telefónicas sospechosas durante sus encuentros con ellos; si le parecía que el occiso estaba nervioso o preocupado; si habían concertado alguna cita posterior de la que el occiso se hubiera disculpado o no hubiera acudido y en ese caso, cuándo. Berro le dio las respuestas anodinas que Martello esperaba y que de hecho, ni siquiera le interesaban.  &lt;br /&gt;Salió del estudio con la impotencia agarrándole los testículos. Marcó el número del hotel y pidió con la señora Gaudet Castel mientras le hacía señas a un taxi. Le informaron que habitualmente, la señora no llegaba sino hasta después de las dos de la tarde. Detuvo el taxi y llamó a la casa de María Salomé. &lt;br /&gt;Hubiera jurado que la voz de la mujer se había endurecido cuando él se identificó.&lt;br /&gt;— Pensé que ya se había ido.&lt;br /&gt;— Necesito hablar con Ud. &lt;br /&gt;— No sé de qué...&lt;br /&gt;— Estoy camino de su departamento — la interrumpió—. Son cinco minutos nada más— mintió.&lt;br /&gt;María Salomé lo esperaba nerviosa. El departamento no parecía muy grande, pero estaba decorado con buen gusto femenino. Sobre una mesita frente al sofá, había portarretratos. Uno mostraba la foto de un matrimonio mayor junto a una adolescente, en una toma no muy buena: estaba algo descentrada y el fotógrafo aficionado había enfocado a sus modelos hasta las rodillas. &lt;em&gt;Típica foto sacada por un chico&lt;/em&gt;, pensó descuidado. Otro portarretratos llevaba una foto igual a la que Martello había encontrado en la cajafuerte de la inmobiliaria: María Magdalena, la madre de María Salomé. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMwl2yC5BI/AAAAAAAAAhY/WEjlaprZuQE/s1600-h/Biancamaria.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMwl2yC5BI/AAAAAAAAAhY/WEjlaprZuQE/s400/Biancamaria.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301634613263918098" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;María Salomé tenía la palidez de los recién bañados y llevaba el cabello húmedo todavía suelto, como un halo dorado alrededor del rostro de facciones redondeadas y frente apenas abombada. La luz que entraba por la ventana a sus espaldas le daba el aspecto entre antiguo e infantil de una Madonna renacentista. &lt;br /&gt;Lo invitó a sentarse en el sofá y ella hizo lo propio en el borde de un silloncito.&lt;br /&gt;— Cuando nos vimos ayer en el hotel, no me preguntó en qué circunstancias murió su padre. &lt;br /&gt;— Preferiría no conocer los detalles — respondió ella con calma.&lt;br /&gt;— No vine a dárselos. Sólo a informarle que estaba manteniendo relaciones sexuales cuando lo asesinaron. &lt;br /&gt;La mirada de la mujer se volvió impenetrable. Martello continuó.&lt;br /&gt;— La policía tiene indicios ciertos de que la persona con la que estaba manteniendo relaciones podría ser el homicida. Ese es el motivo por el cual requerimos los estudios de ADN.&lt;br /&gt;Ella miró a otra parte, susurrando "Dios mío, Dios mío". &lt;br /&gt;— Ud. no tiene noticias de un segundo matrimonio o pareja de su padre o de...&lt;br /&gt;—Ya le dije que nunca lo volví a ver. &lt;br /&gt;— Tampoco me preguntó dónde murió. Ni cuándo. &lt;br /&gt;— Me... enteré por el diario — replicó ella con voz neutra. &lt;br /&gt;— ¿Cuál?&lt;br /&gt;— No sé, no me acuerdo. Debo haberlo leído en alguno de los diarios que llegan al hotel.&lt;br /&gt;— ¿Reciben diarios del interior? &lt;br /&gt;— Del interior, del exterior... De todas partes. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Tengo que darle el beneficio de la duda.&lt;/em&gt; Sabía que la noticia no había pasado del principal diario provincial, aunque era posible que un periódico capitalino hubiera publicado algún suelto en "Policiales". &lt;em&gt;Algo más para verificar...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— ¿Quién es María Magdalena Castel?&lt;br /&gt;Ella desvió la mirada y encogió un hombro. &lt;br /&gt;— Era mi madre. &lt;br /&gt;Tuvo la convicción granítica de que la mujer mentía y manoteó el portarretrato.&lt;br /&gt;— No me refiero a esta María Magdalena— la enfrentó—. Estoy hablando de una mujer de unos treinta años, propietaria de un restaurante en la localidad en la que Gaudet vivía y fue asesinado. Ella me dio la dirección del hotel en donde Ud. trabaja, diciéndome que le habían ofrecido el puesto que actualmente Ud. ocupa. ¿Por qué esa mujer, que se llama igual que su madre, querría involucrarla a Ud. en el homicidio de su padre? ¿De dónde sacó la información sobre Ud.?&lt;br /&gt;—No sé de qué habla. &lt;br /&gt;—Tenemos evidencia de que la asesina de Gaudet llevaba una peluca rubia y ondulada — señaló con el mentón el cabello suelto de María Salomé—. Ahora que la conozco a Ud., entiendo los un poco mejor los motivos. ¿Por qué esa mujer querría empujar a la policía a semejante equívoco?&lt;br /&gt;Se descubrió temblando de coraje. ¿Creía eso de Magda o lo había dicho para sacarle una verdad &lt;br /&gt;distinta a María Salomé? ¿Cuál verdad? ¿Una que me guste a mí?, se preguntó.&lt;br /&gt;El rostro femenino perdió el halo virginal y se volvió duro y frío en el contraluz. &lt;br /&gt;— ¿De qué me acusa, comisario?&lt;br /&gt;— De encubrir a quien está tratando de incriminarla.&lt;br /&gt;—Nadie puede incriminarme de algo que no hice— dijo ella entre dientes. &lt;br /&gt;— Tengo copia de la sentencia judicial que mandó a Antonio Gaudet seis años a Olmos por abuso reiterado de menor, agravado por el vínculo. No hace falta imaginar...&lt;br /&gt;— ¡No — restalló la mujer, con los ojos arrasados—, no se lo puede imaginar! ¡Nadie se lo imagina!&lt;br /&gt;Martello nunca había interrogado a víctimas de abuso infantil y estaba viviendo una experiencia desagradable. &lt;em&gt;Ser cana puede ser una experiencia desagradable&lt;/em&gt;. Pero tenía que seguir golpeando si quería la verdad.&lt;br /&gt;— No tengo dudas acerca de qué es lo que la afecta de su relación con su padre. Nadie las tendría. ¿De verdad cree que un tribunal no lo consideraría causa suficiente para cometer homicidio? — aseveró.&lt;br /&gt;— Yo no lo maté. Quise morirme muchas veces; quise verlo muerto muchas veces, pero no lo maté— se secó los ojos de un manotazo.&lt;br /&gt;—Entonces, alguien que la conoce bien se ocupó de armar evidencia en su contra. ¿Todavía quiere proteger a esa persona? &lt;br /&gt;—Váyase.&lt;br /&gt;— Escúcheme...&lt;br /&gt;— Váyase o llamo a la policía— corrió hasta la puerta y la abrió— ¡Si no se va ya mismo, empiezo a gritar!&lt;br /&gt;Derrotado por las circunstancias, salió del departamento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-8766357669776648757?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/8766357669776648757/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=8766357669776648757" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8766357669776648757?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8766357669776648757?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/i5WPYgaVI7M/el-folletin-del-crimen-triste-capitulo.html" title="El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 21" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZMq42kaw9I/AAAAAAAAAhA/pze_75rhv1w/s72-c/Cenci.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/02/el-folletin-del-crimen-triste-capitulo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DkANRns7fyp7ImA9WxVRFEs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-7328291766419512395</id><published>2009-01-20T06:05:00.000-08:00</published><updated>2009-01-20T07:19:57.507-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-01-20T07:19:57.507-08:00</app:edited><title>El folletín del Crimen Triste - CAPITULO 20</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXXpefQYo8I/AAAAAAAAAfU/ZaIkfCifuhM/s1600-h/bar_BN.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 313px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXXpefQYo8I/AAAAAAAAAfU/ZaIkfCifuhM/s400/bar_BN.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293393647039456194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Con la conciencia tranquila y la planificación terminada, Martello decidió hacer la última visita del día y rumbeó para la confitería en la que Koppf tenía su "escritorio". Cuando entraba, un hombre abandonaba la mesa con expresión de alivio. &lt;em&gt;¿Le habrán concedido una prórroga?&lt;/em&gt; Saludó a Koppf, que pescó al vuelo que venía a verlo a él y apartó una silla para invitarlo a sentarse. &lt;br /&gt;— ¿Cómo anda, comisario? &lt;br /&gt;— Trabajando. &lt;br /&gt;— Horas extra.&lt;br /&gt;Martello soltó una sonrisa resignada y acercó la silla. &lt;br /&gt;— Cómo le va, comisario — lo saludó Héctor, el ex-mozo de "El Belvedere", cuando le dejó un café—. Cargado, como le gusta a Ud. &lt;br /&gt;Le dio las gracias y se volvió hacia Koppf, que cruzó las manos sobre el regazo con expresión de patriarca. &lt;br /&gt;— ¿En qué lo puedo ayudar? &lt;br /&gt;— Diciéndome la verdad, para empezar— Martello lo miró con total intencionalidad.&lt;br /&gt;— No recuerdo haberle mentido...&lt;br /&gt;— Yo sí me acuerdo. ¿O ya se olvidó de González y el accidente que le costó la vida?&lt;br /&gt;Koppf meneó la cabeza.&lt;br /&gt;— Había que proteger la reputación de dos damas.&lt;br /&gt;— No me diga. &lt;br /&gt;— Pero le di información que le permitió avanzar mucho en la investigación, si no me equivoco. Y Ud. es un hombre muy inteligente que supo llegar a las conclusiones adecuadas.&lt;br /&gt;— El falso testimonio y el encubrimiento son delitos penados por la ley. &lt;br /&gt;— Soy un hombre viejo, a veces me olvido o me confundo respecto de algunas situaciones. Le puede pasar a cualquiera.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Te está ganando uno a cero, Martello. Sacá bandera blanca si querés sacarle información.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Es cierto, le puede pasar a cualquiera. De todos modos, vine a verlo en relación con la muerte de Gaudet. &lt;br /&gt;— Ud. dirá— Koppf relajó apenas los hombros y le dedicó toda su atención.&lt;br /&gt;— Estuve hablando con los empleados de la inmobiliaria, y coinciden en que la noche del sábado anterior a su muerte, Gaudet se encontró con Ud. para una cena de negocios. &lt;br /&gt;— Cierto. Había invitado a unos clientes que buscaban terrenos para construir una hostería de lujo y  necesitaban financiamiento adicional. &lt;br /&gt;— ¿Recuerda los nombres de esos clientes?&lt;br /&gt;Koppf le dio un par de apellidos. Gente de Buenos Aires, dijo.&lt;br /&gt;— Comimos en "El Belvedere". Gaudet estaba encaprichado con el restaurante, pero me parece que más encaprichado estaba con la dueña — soltó esa risita que parecía un ladrido. &lt;br /&gt;— Conociendo los gustos de Gaudet, me parece raro — acotó Martello con sarcasmo.  &lt;br /&gt;Koppf no dijo nada pero entrecerró los ojitos como un animal de presa. &lt;br /&gt;— Que yo sepa, fue la única vez que Gaudet no cobró su comisión por una operación inmobiliaria. Le presentó los vendedores a esa chica, Magda. La compra-venta fue directa. ¿No le parece un favor demasiado grande tratándose de Gaudet? &lt;br /&gt;¿Qué quería decir el viejo? ¿Que Gaudet se había cobrado el favor en especie? Magda lo detestaba. &lt;br /&gt;—¿Cómo supo que no había habido comisiones?&lt;br /&gt;— Yo era amigo de los anteriores propietarios. Un matrimonio de la colectividad alemana que había venido antes de la guerra, espantados por el tío Adolf. No todos los que vinieron para estos pagos eran nazis. Antes de que pregunte, se volvieron a Duseldorf, tienen los hijos allá.&lt;br /&gt;De nuevo esa mirada de predador aburrido que considera la posibilidad de comerse una presa demasiado pequeña para su apetito.&lt;em&gt; Entonces, también sabías de Grünebaum. ¿O te lo habrá contado tu amigote Saguie? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Esa chica sí que hizo un buen negocio— agregó Koppf—. Va a hacer una buena diferencia. &lt;br /&gt;— Por lo que sé, estaba perdiendo mucha plata con el restaurante. &lt;br /&gt;— La va a recuperar — Koppf se inclinó hacia él—: esa propiedad vale oro. Está en una ubicación privilegiada y la construcción es ideal para un hotel-boutique como el que querían montar los tipos que cenaron con Gaudet y conmigo aquella noche. La tontería fue poner el restaurante. &lt;br /&gt;— La habrán asesorado mal, entonces— retrucó el comisario, más molesto de lo que estaba dispuesto a admitir.&lt;br /&gt;— El asesor fue Gaudet, que sabría mucho de propiedades pero cero de gastronomía y gustos locales— el viejo levantó una ceja—. "El Belvedere" es demasiado sofisticado para la gente de acá. Difícil que prosperara. Quién sabe, si hubiera cambiado el estilo... No sé. &lt;br /&gt;Koppf pidió otra vuelta de café mientras saludaba a unos parroquianos que se estaban sentando a dos mesas de respetuosa distancia. Nadie era tan osado como para escuchar las conversaciones del "padrino", razonó el comisario. Después de que el mozo trajo los cafés, Koppf continuó. &lt;br /&gt;— A mí me parece que Gaudet llevó a esos tipos a cenar ahí esa noche porque quería venderles la propiedad. Nunca daba puntada sin hilo— dijo, pocillo en mano. &lt;br /&gt;— ¿Los clientes hablaron de dinero con Ud.?&lt;br /&gt;— En realidad, si la operación se hacía sólo con "El Belvedere", no necesitaban el financiamiento extra. Si insistían con los otros terrenos, sí, porque tenían que construir. &lt;br /&gt;— ¿Y Ud., qué sensación tuvo?&lt;br /&gt;— Que los tipos iban a comprar "El Belvedere" y Gaudet no les iba a hacer el favor de no cobrarles la comisión. Viendo las cosas a la distancia, creo que me usó para tratar de empujarlos a esa compra — se bebió el resto —. Seguramente estaba al tanto de que el negocio no funcionaba bien y le quería dar una mano a la chica. &lt;br /&gt;Martello bebió en silencio, evaluando la información. Esta vez, Koppf no tenía motivos para encubrir a nadie. Era obvio que no sentía gran simpatía por el finado: apenas un contacto comercial como otros tantos, con el que hacía ocasionales negocios. &lt;br /&gt;— Una última pregunta. Durante la comida, ¿Gaudet recibió alguna llamada? &lt;br /&gt;— No. Y ya que lo comenta, me llamó la atención que comiéramos tan tranquilos. &lt;br /&gt;Le dio las gracias y se fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXXqXQlyROI/AAAAAAAAAfc/fHYBKZhVHrk/s1600-h/comisaria_t2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 178px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXXqXQlyROI/AAAAAAAAAfc/fHYBKZhVHrk/s320/comisaria_t2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293394622355227874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El sentido del deber lo hizo pasar por la Regional antes de volver a su casa. Álvarez le entregó las listas de pasajeros que había pedido.  &lt;br /&gt;Sentado delante del televisor, sacó el anotador y empezó a pasar en limpio toda la información recogida. Trató de concentrarse en el caso, pero su antención volvía una y otra vez a Magda. ¿Realmente había habido algo entre Gaudet y ella? Su experiencia le decía que Koppf era un muy buen juez de las actitudes de su prójimo: debía serlo para elegir a quiénes prestar su dinero. Los comentarios ácidos del viejo se le habían clavado entre las costillas. ¿Y si llamaba a Magda y le preguntaba? Ya se imaginaba la respuesta. ¿Con qué derecho se metía él en su vida? Clic, fin de la comunicación. &lt;br /&gt;Bueno, la excusa podría ser la investigación del homicidio... Sí, y en cuanto avanzara hacia terreno más íntimo, Magda lo mandaría perentoriamente a la mierda. No se debían fidelidad, recordó. &lt;em&gt;Pero la puta madre, las veces que estuvimos juntos... &lt;/em&gt;Reparó en el enunciado: no "mientras estuvimos juntos", sino en cuántas oportunidades. &lt;em&gt;Entendelo de una vez, macho: no tuviste una relación sino una serie de encamadas.&lt;/em&gt; Lo mismo le dolía. &lt;em&gt;Qué pelotudo sos, Martello. Sos peor que una mina.&lt;/em&gt; ¿Qué carajo le estaba pasando? ¿Era la conciencia de pasar de los cuarenta y seguir solo como un perro lo que lo había hecho aferrarse a esa relación agarrada con alfileres? &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Ponéte a laburar, salame!&lt;/em&gt; Punto número uno: anotar los nombres de los clientes para consultar sobre ellos en la inmobiliaria; dos: ¿las listas de huéspedes? Todos hombres, más una pareja mayor: él, sesenta y cinco; ella, sesenta y dos; un matrimonio con tres chicos entre cuatro y siete años. ¿Tenía que buscar en los hoteles que había descartado? Suspiró resignado. ¿Y si se había alojado en otra localidad? En las ciudades vecinas había más hoteles sindicales que otra cosa y fuera de temporada, estaban cerrados. Había que recorrer veinte kilómetros hasta la otra ciudad turísticamente importante del valle, para encontrar hoteles de buena categoría. Podría ser... Empezó a jugar con la hipótesis hasta que un detalle la tiró al tacho de basura: si la mujer era la asesina y no tenía un cómplice, lo más probable era que se hubiera ido a pie desde el barranco en donde había matado a Gaudet, ergo, no podía haber ido demasiado lejos. ¿O tendría un auto escondido cerca? En ese caso, ¿cuándo lo había llevado hasta allí? ¿Ese mismo día? Si el empresario la había pasado a buscar por su hotel, la mujer debía haber ido a dejar su auto, volver al hotel y esperar a su víctima. Le pareció una movida demasiado complicada como para no haber dejado rastros. No sonaba razonable para alguien que había planificado sus acciones con tanto cuidado. La mujer tenía que estar en la ciudad. ¿Pero dónde, si no era en un hotel? Una sensación de vacío interestelar a la altura del diafragma le recordó que sin combustible, el cerebro deja de funcionar adecuadamente. Volvió de la cocina con tres sandwiches XL, una botella de cerveza y una lata de duraznos en almíbar. &lt;br /&gt;En paz con su estómago, revisó sus notas de las entrevistas en la inmobiliaria: había habido llamados de mujer el sábado y el domingo. Por lo que parecía, la misma mujer, o eso había creído Elenita. Pero la "novia oficial" no se había molestado en llamar a Gaudet. Dibujó un monigote con pelo largo y enrulado, hablando por un teléfono conectado al de otro monigote de pelitos cortitos y parados y amplia sonrisa. Debajo, dibujó al monigote de pelo largo con un delantal de cocina. Más monigotes, esta vez componiendo un kama-sutra casero.&lt;br /&gt;En un plano, marcó la ubicación de la casa de Gaudet, la inmobiliaria y el barranco en donde había aparecido el cuerpo. Empezó a trazar líneas de posibles recorridos. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;La va a buscar, pasan la noche del domingo juntos. ¿Y la del sábado? Digamos que también: se encontraron después de la cena Ni él ni ella quieren que los vean juntos, por eso no estuvo en la comida. Ella se va el lunes por la mañana, o él la lleva hasta donde ella se aloja y después va a la oficina. Pasa a buscarla a la tarde, van al barranco, se encaman; ella lo mata y vuelve a pie... ¿adónde? ¿No tiene ni una mancha encima? En el auto había sangre, semen, saliva... ¿Dónde se cambia de ropa? No en casa de Gaudet: estaba demasiado lejos para ir a pie. Y Florentina hubiera encontrado ropa de mujer el lunes por la mañana.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Las líneas sobre el plano empezaban a parecerse a una telaraña. Volvió al círculo que señalaba el barranco, ubicado sobre un camino secundario y sin pavimentar, que cruzaba hacia el valle del otro lado de las montañas. Por allí pasaba la traza de una futura ruta asfaltada como Dios manda, que estaba esperando que concluyeran los enfrentamientos partidarios entre intendentes para hacerse realidad.  Pasó el lápiz por encima de la línea de rayas gruesas y cortas hasta el punto en que se convertían en una línea continua, más fina: el acceso noreste de la ciudad. Intentó seguir en dirección a la oficina de Gaudet, pero el sueño y la cerveza lo estaban traicionando y las coordenadas de referencia del plano se estaban empezando a mover demasiado para su gusto. &lt;br /&gt;Dobló el plano y se prometió que al día siguiente, lo primero que haría sería recorrer en auto los caminos que había trazado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXXrCgprDBI/AAAAAAAAAfk/MfGhTsqgqRQ/s1600-h/barranco.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXXrCgprDBI/AAAAAAAAAfk/MfGhTsqgqRQ/s320/barranco.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293395365400874002" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Foto: &lt;a href="http://www.flickr.com/photos/liferfe/2088444174/"&gt;Flicker&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El barranco se veía más desolado que la tarde en que habían hallado el cuerpo torturado de Gaudet. Quizás fuera por la hora temprana y el frío que le cortaba el aliento y se lo convertía en vapor. &lt;em&gt;En un rato más, cae una helada de antología y quema todos los brotes nuevos. El clima se está volviendo loco.&lt;/em&gt; Todavía colgaban de los arbustos, restos de la funesta cinta plástica con que se acordonan las "escenas del crimen". Con cuidado bajó hasta el tala que había sostenido el cadáver y lo señaló con un pedazo de cinta que acababa de desatar. Siguió bajando hasta el lugar en que había quedado el auto y ató otra cinta. Volvió sobre sus pasos hasta el camino y comprobó que desde ninguna ubicación podía verse porque el terreno se remetía un poco debajo del terraplén. Unos veinte metros antes, el camino se ensanchaba a lo largo de unos ciento cincuenta metros cuesta arriba, con amplias banquinas hasta la curva siguiente. Los muchachos de la Regional la llamaban la "ruta de los enamorados": el lugar al que las parejas furtivas y no tanto de la ciudad concurrían a violar el octavo mandamiento, por lo general los viernes y sábados por la noche. &lt;br /&gt;No se habían encontrado rastros de sangre que atravesaran el camino, por lo que suponían que Gaudet había detenido el auto del lado del barranco. Martello volvió a su vehículo y ascendió la cuesta hasta la curva desde la que se balconeaba al valle debajo. No había espacio para esconder un auto, ni vegetación que pudiera ocultarlo de observadores más abajo. Descendió a baja velocidad, buscando posibles escondrijos y no encontró ninguno: el camino se estrechaba para pasar entre dos farallones de piedra desnuda. La pendiente se suavizaba cuando se avistaban los límites de la ciudad, con sus casonas desperdigadas por las cuestas entre cipreses, pinos y cedros plantados para protegerlas de ojos curiosos. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pasaron junto al auto estacionado en la banquina y Gaudet no le prestó atención, creyendo que se trataba de una pareja... No, imposible.&lt;/em&gt; El auto de Gaudet era escandalosamente conspicuo y el tipo no se hubiera arriesgado a que lo vieran revolcándose con alguien, como un pendejo. Si  hubiera habido otro vehículo, Gaudet no se habría detenido. Ergo, las posibilidades del segundo auto para la fuga disminuían rápidamente. &lt;br /&gt;El empresario había sido asesinado entre las ocho y las nueve de la noche, así que si la mujer tenía la ropa manchada, probablemente no fuera fácil distinguir el tipo de manchas. &lt;em&gt;O llevaba ropa para cambiarse... ¿Y adónde fue? ¿Se llevó con ella el arma homicida?&lt;/em&gt; La autopsia había confirmado que los cortes menores y heridas habían sido hechos con una hoja de cuchillo y que la mutilación se correspondía también con ese tipo de arma.  No había terminado de formularse las preguntas cuando desembocó en una bifurcación. La rama principal descendía, convertida en calle con alumbrado público. Sobre ambas veredas aparecían chalets de dos plantas con tejas esmaltadas y los respectivos mastines de raza que ladraban ante el paso de cualquiera que osara perturbar la tranquilidad del lugar — &lt;em&gt;sin desmedro alguno de la perturbación que ellos mismos causan a todo el vecindario&lt;/em&gt;,  rumió —. &lt;br /&gt;Mientras Martello vacilaba, un vecino en equipo de gimnasia pasó al trote. Los perros ladraron furiosos pero el tipo ni mosqueó. Desde uno de los jardines, alguien gritó un "Buenos días" que el hombre devolvió con vivacidad. &lt;em&gt;Demasiada gente atenta a lo que pasa afuera,&lt;/em&gt; pensó el comisario.&lt;br /&gt;¿Y la otra? Una callecita estrecha, poceada y sin pavimentar. En lugar de bajar, subía, pasando por terrenos vacíos y con los alambrados rotos, a la espera de inversionistas que los consideraran "una oportunidad única en la mejor zona de la ciudad". Unos trescientos metros más adelante, destacaba una construcción magnífica, rodeada de una arboleda casi centenaria. Excitado, Martello pisó el acelerador, nada más que para llegar al final de la calle, señalado por la tranquera trasera cerrada de una mansión que le resultaba extrañamente conocida. &lt;br /&gt;Sacó el mapa: tenía que retroceder hasta la bifurcación porque no había forma de rodear esos terrenos en los que la traza de las calles se había perdido entre la maleza. Regresó a la calle habitada, recorrió unos trescientos metros más cuesta abajo hasta encontrar una salida lateral que trepaba hacia donde suponía estaba la mansión. La pendiente era bastante pronunciada y su autito modelo '97 tuvo que hacer ingentes esfuerzos por superarla. Ya podía ver la casa de tres plantas recostada en la colina, con el parque frondoso como telón de fondo. La callecita de tierra rodeaba el conjunto por el este y desembocaba a un acceso pavimentado. Cuando llegó a la entrada principal, descubrió el porqué de la familiaridad: era "El Belvedere".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-7328291766419512395?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/7328291766419512395/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=7328291766419512395" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7328291766419512395?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/7328291766419512395?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/NodiF2UOB2o/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo_20.html" title="El folletín del Crimen Triste - CAPITULO 20" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXXpefQYo8I/AAAAAAAAAfU/ZaIkfCifuhM/s72-c/bar_BN.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/01/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo_20.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEEESH85fip7ImA9WxVSE04.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-8590299666543912667</id><published>2009-01-03T08:47:00.000-08:00</published><updated>2009-01-07T05:56:49.126-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-01-07T05:56:49.126-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ADN" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crimen" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia forense" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="folletín" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="incesto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="venganza" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="corrupción de menores" /><title>El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 19</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SWSxxXczCcI/AAAAAAAAAe0/czUkD2hL_mg/s1600-h/Cazador+furtivo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 150px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SWSxxXczCcI/AAAAAAAAAe0/czUkD2hL_mg/s200/Cazador+furtivo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288547324106312130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Había dormido mal: en el sueño rondaba un cazador furtivo. Y la presa era él. No tenía sentido. &lt;em&gt;Yo soy el cazador, ¿quién podría perseguirme a mí?&lt;/em&gt; Miró la hora: demasiado temprano para bajar a desayunar o emprender cualquier actividad. Se quedó sentado en la cama, con todos los papeles desparramados a su alrededor. &lt;br /&gt;Si Gaudet había mantenido relaciones sexuales con su propia hija en los momentos previos a su muerte, tal como lo denunciaba la evidencia forense, no quedaban muchas más posibilidades: debía ser la asesina. Debía haber planeado todo con muchísimo cuidado: acercarse nuevamente a su padre, después de años sin verse; guantes para no dejar huellas en el auto o en el cuerpo; la desaparición del arma homicida. Seguramente había tenido en cuenta los análisis de ADN pero confiaba en volverse invisible para la policía y la justicia. Hasta ahora, lo había conseguido.&lt;br /&gt;De pronto comprendió que estaba buscando en el lugar equivocado. María Salomé no podía haber hecho lo que había hecho sin dejar rastro. La planificación había sido cuidadosa pero tenía que tener alguna falla. Inclusive, podía haber un cómplice. ¿Por qué no? El autor material del crimen, que esperaba en el lugar del hecho para cumplir con su parte. ¿Quién? ¿Alguien que aborreciera lo suficiente a Gaudet como para implicarse? ¿Un sicario pagado por María Salomé? ¿Una pareja de la mujer? En cualquier caso, si ese tercero existía, era una grieta en el plan.&lt;em&gt; Tengo que volver ya mismo. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Hizo una lista de gente a la que debía volver a interrogar: la mucama; los empleados de la inmobiliaria; los efectivos que habían encontrado el cuerpo. ¿Quiénes más tendrían algún tipo de relación con Gaudet? Tres de ellos, Grünebaum, González del Río y Saguie, estaban muertos. De los conocidos, quedaba Koppf. &lt;em&gt;Pongámoslo en la lista a él también. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Saltó de la cama para preparar el bolso. Seguro que si se apuraba, llegaba a Retiro a tiempo para tomar el servicio de las 10:30. Eso le daba unas cuantas horas para ordenar los pensamientos y los datos. &lt;br /&gt;A mitad de camino recordó que la noche anterior se había prometido ir a ver a Magda al hotel. Pensó en llamarla al celular. ¿&lt;em&gt;Y qué le digo? "Estuve en Buenos Aires y no tuve tiempo de pasar a verte".&lt;/em&gt; La verdad era que se había olvidado.&lt;em&gt; Bueno, tengo una buena excusa... Siempre tenés la misma, ¿eh, boludo? El oficio te puede&lt;/em&gt;, se puteó a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SWSyRI1YCeI/AAAAAAAAAe8/cA2DM9bSibc/s1600-h/rally.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 171px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SWSyRI1YCeI/AAAAAAAAAe8/cA2DM9bSibc/s200/rally.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288547869938682338" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Rally Argentina 2008- Fuente&lt;/em&gt;: &lt;a href="http://www.todosports.com"&gt;Todosports&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En la Regional reinaban la paz y el orden; Aguirre hacía marchar a los muchachos a buen paso. Mientras compartían un café en el bar favorito de Martello, Aguirre lo puso al tanto de la situación: dos arrestos por posesión y tráfico de drogas. Cinco sobrecitos de blanca de segunda calidad, diez porros, diez pakos. Todo destinado a los barrios más humildes de la ciudad. Martello asintió: para los barrios elegantes, la merca se traía de la capital provincial y los dealers conducían autos de reconocida marca alemana.  &lt;br /&gt;— Menores de edad — suspiró Aguirre—. En un par de meses están en la calle.&lt;br /&gt;— ¿Por qué tanto?&lt;br /&gt;— Son reincidentes. ¿Cómo te fue?&lt;br /&gt;Le contó de sus peripecias urbanas y del motivo de su pronto regreso. Aguirre asintió despacio.&lt;br /&gt;— Mejor que empieces cuanto antes, entonces. En la Regional está todo tranquilo, aprovechá. En quince días tenemos el rally...&lt;br /&gt;— ¿Cómo que quince días? ¡Si se hace en mayo!&lt;br /&gt;— Ese es la fecha mundial. Este rally es para promocionar una categoría nacional. La provincia le ganó de mano a otras dos que peleaban por organizarlo. &lt;br /&gt;Martello cerró los ojos insultando para sus adentros al rally, a la categoría, al gobierno provincial y al planeta Tierra. Más planificación, más efectivos de plantón en caminos de montaña que nadie recorría salvo durante el putísimo rally, convocando gente que se moría — a veces literalmente —, por ver el torbellino de tierra que los autos de carrera dejaban detrás. Más los hombres necesarios para cuidar que los enfervorecidos hinchas de tal o cual marca no se cagaran a trompadas en medio de la ruta justo cuando pasaba el equipo de sus amores; o que el papá fanático que había llevado al benjamín de la familia a ver la carrera, no lo soltara de la mano en el momento preciso como para provocar una tragedia. Más los infaltables borrachos: los habituales, con provisión propia y los eventuales, que paliaban el frío matinal con ginebra comprada a vendedores clandestinos. &lt;br /&gt;— Bueno, por lo menos el calorcito no los hará tomar ginebra — dijo en voz alta, a modo de consuelo.&lt;br /&gt;— No. Van a tomar cerveza. Otra que la Oktoberfest — acotó Aguirre—. No te desanimes: preparo un esquema y después lo revisás. Ya hice algunos y me los aprobaron— sonrió de lado. &lt;br /&gt;Martello sabía de qué hablaba el subcomisario: el comi de turno le había cargado el laburo pesado y después se había lucido con la superioridad. Ya había hecho su propia amarga experiencia.&lt;br /&gt;— No quiero largarte solo con ese despelote... Voy a ver a algunos de los que tengo en la lista y cuando vuelvo, nos sentamos a trabajar. &lt;br /&gt;— Ya adelanté un poquito: la circular llegó ayer. &lt;br /&gt;Le dio las gracias a Aguirre, pagó los cafés y salieron. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SWS0fE5lr2I/AAAAAAAAAfE/bez9UpRKMwI/s1600-h/barrio+marginal.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 130px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SWS0fE5lr2I/AAAAAAAAAfE/bez9UpRKMwI/s200/barrio+marginal.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288550308424036194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El barrio de Florentina Almada era uno de los menos recomendables. Barrio obrero en sus orígenes, había sido copado por el lumpenaje local dedicado al alcohol barato, el descuidismo y más recientemente, al consumo y comercialización de drogas de calidad adecuada al mercado emergente.&lt;em&gt; Encima, la frula ni siquiera es de segunda y quedan "quemados" la segunda o tercera vez que consumen&lt;/em&gt;,  pensó el comisario mientras estacionaba y le ponía la alarma al auto. La droga los volvía suficientemente audaces como para intentar empresas más importantes: robo de automotores, asalto a mano armada en locales comerciales y en casas de familia. Necesitaban los fondos para seguir consumiendo.&lt;br /&gt;Florentina lo hizo pasar con cara de susto: creyó que venía por algún problema con sus hijos. Casi suspiró de alivio cuando le dijo el motivo de su visita, aunque se sentó rígida, en la punta de una silla que le se perdía bajo las caderas.&lt;br /&gt;— Quiero repasar con usted algunas notas que tomé el día que la interrogué en casa de Gaudet—. Se arrepintió de haber usado el verbo "interrogar", pero era tarde. Sacó su anotador y empezó.&lt;br /&gt;¿Qué había encontrado en el dormitorio cuando entró a limpiar? Nada, la cama revuelta, ropa, respondió sonrojándose... ¿Ropa de quién, además de la de Gaudet? Si estaba acostumbrada, no tenía motivos para ponerse colorada.Bueno, ropa, nada más que la del patrón. Cosas. ¿Qué cosas? Martello se las imaginaba, pero quería la confirmación. &lt;br /&gt;—Cosa' d'esa'— tartamudeó Florentina —, medio... medio asquerosa'. Había... uno abajo la cama.&lt;br /&gt;— ¿Qué hizo con el consolador? — preguntó con irritación. Había una prueba que no habían detectado.&lt;br /&gt;— Le agarré y le guardé... ahí donde el patrón guardaba... esa' cosa'. &lt;br /&gt;¿Cómo era? ¿De qué color? La mujer tuvo un acceso de asma pero Martello consiguió la información. ¿Lo había lavado? Lo miró con horror. ¡Si le daba impresión tocarlo! ¡Mire si lo iba a lavar! ¿Qué más había? Pelos, muchos pelos largos y rubios. Gruesos, difíciles de sacar. La peluca. &lt;br /&gt;— Había pelo' de eso' por tóa la casa. Hasta en la cocina. Se ve que ella anduvo cocinandolé al patrón. &lt;br /&gt;— ¿Cuántos platos lavó el lunes?&lt;br /&gt;— Cuatro chico', do' grande'. Do' copa' de vino, otra' do' má grande',  do' compoterita'... Habrán comido el postre en la' compoterita'.&lt;br /&gt;Cena para dos: entrada, plato y postre.&lt;br /&gt;— ¿Había restos de comida o de bebida?&lt;br /&gt;— No, ná má que del postre. Era de rico...— evocó la mujer—. Suavecito, con gustito a café. Como una espumita.  Cuando me quise dar cuenta, me lo había comido todo. Pensé: "qué egoísta, no le llevé a lo' chico' ", pero la verdad... &lt;br /&gt;— ¿Se da cuenta de que ocultó información importante? — casi estalló.&lt;br /&gt;La mujer se puso violentamente roja y se ahogó con la tos. ¡Cristo, lo único que me falta es que se me muera, la puta que me parió! Le alcanzó un vaso de agua y la tranquilizó: no le iba a pasar nada. No quería asustarla, le pedía disculpas. Su colaboración era de veras importante y le estaba agradecido. La mujer se recompuso aunque no dejaba de hipar. &lt;br /&gt;— Si se acuerda de algo más, lo que sea, venga a verme a la Regional o me llama al celular — le dio una tarjetita con el número—. Para usted, estoy disponible las veinticuatro horas.&lt;br /&gt;— Acá pasan tanta' cosa'... No sabe cómo la roban a la gente... — Florentina aprovechó la puerta que le abrían.&lt;br /&gt;— Llámeme.&lt;br /&gt;Sentado en el auto, Martello recapituló la información. Gaudet y la mujer habían pasado la noche del domingo juntos. Ella le había cocinado y se habían ido a la cama. Probablemente ella se había ido temprano, después de acordar una cita para ese día. Él la había recogido con su auto  — "¿dónde?", anotó y le dibujó un círculo alrededor — y se habían ido por el camino de montaña hasta el barranco. El resto era historia conocida. &lt;br /&gt;Si María Salomé era la asesina — y tenía que admitir que su perfil profesional coincidía con el de la posible homicida—, debió haberse alojado en algún hotel de la zona — uno cercano, pensó— poco antes del crimen, y haberse ido inmediatamente después de cometerlo, o casi. &lt;br /&gt;Rebuscó en la guantera hasta encontrar un mapa turístico de la ciudad. ¿Cuántos lugares de alojamiento estaban cerca de la casa de Gaudet? Descartó los hoteles sobre la avenida: eran demasiado obvios. Cualquiera podría haberlos visto a ambos entrar o salir. Buscó ubicaciones más discretas y descartó los hoteluchos de mala muerte y los de segunda categoría — la mayoría —, más que nada teniendo en cuenta las ínfulas sociales del finado, que jamás se hubiera dejado ver en semejantes sitios. Quedaban tres aceptables. Llamó a la Regional y pidió que averiguaran si era posible identificar a todos los pasajeros alojados en los días previos al asesinato y hasta el día del hecho. &lt;br /&gt;Mientras conseguían la información, fue hasta la casa de Gaudet a buscar la evidencia. Recogió el vibrador y lo metió en una bolsita para despacharlo a lo del forense. En una de esas tengo suerte y todavía hay huellas digitales. No quería albergar demasiadas esperanzas. Por las dudas, confiscó el resto del material "erótico" y lo guardó por separado. Más trabajo para el forense.&lt;br /&gt;¿Y ahora? A la inmobiliaria, carrera march.&lt;br /&gt;Los tres ex-empleados de Gaudet estaban tomando café. Los escritorios escrupulosamente ordenados hablaban de las escasas operaciones inmobiliarias de esos días. Alcira, la mayor de las mujeres, corrió a abrirle la puerta y le ofreció café. Martello declinó amablemente en vista del artefacto eléctrico subversivo que entrevió en la cocinita de la oficina. &lt;br /&gt;Ese lunes, Gaudet había llegado al horario habitual y se había ido alrededor de las siete, porque tenía que ver a unos clientes. Nunca les dijo el nombre de esos clientes, y Martello sospechaba que no existían: habían sido la excusa para encontrarse con la mujer. ¿Cómo había estado ese fin de semana? Los otros tres se miraron entre sí y coincidieron en que su finado jefe había estado de buen humor. El sábado había tenido una cena en "El Belvedere", recordó Elenita, la empleada más joven. &lt;br /&gt;¿Con quién había cenado? Tardaron en ponerse de acuerdo pero coincidieron en que uno de los comensales era Otto Koppf. ¿Era una comida de negocios? Alcira se encogió de hombros, dando a entender que Gaudet sólo celebraba ese tipo de agasajos. ¿Alguna mujer lo había llamado durante los días previos a su muerte? La novia lo había llamado el sábado y el domingo, respondió Elenita con un no sé qué de irritación, que hizo que el comisario se tomara el trabajo de estudiarla analíticamente. Menuda, con un cuerpo casi infantil por lo delgado y carita idem, casi se podía apostar a qué se dedicaba Gaudet en las horas muertas de la siesta, cuando no tenía nada mejor que hacer. ¿Gaudet estaba en la inmobiliaria los domingos?, preguntó sorprendido. Sólo si había una operación prospectiva importante. Si no, ellos se turnaban para hacer guardias. ¿Y ese domingo? Sí, había estado ahí, con Elenita atendiendo el teléfono. Por eso sabía lo de la novia.&lt;br /&gt;¿Estaba segura de que era la novia?, preguntó Martello y Elenita se mordió el labio. Bueno, la tipa llamaba, debía ser ella, ¿no? Ellos no le conocían otra. ¿No conocieron a ninguna otra? Bueno, sí, a las anteriores. Juan Manuel, el único hombre — aunque de vocación dudosa, reconoció Martello—, se acordaba perfectamente de las anteriores y le dio los nombres y descripciones, junto a algunas apreciaciones personales sobre la elegancia de la agraciada de turno. La última acompañante oficial del finado era la viuda Gregor, propietaria de una conocida empresa de transporte de carga. "Una linda señora, muy fina", agregó Juan Manuel. &lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;Hilda Wald viuda de Gregor era una atractiva mujer que parecía rondar los cuarenta y cinco años. Martello sabía que tenía casi sesenta. Sí, había mantenido una relación con Gaudet. Nada demasiado comprometido: alguna salida, una que otra cena. ¿Dormían juntos? Hilda volvió a sonreir: una o dos veces se había quedado en casa del empresario. Ella prefería tener la opción de irse cuando le diera la gana. De la expresión de la mujer, Martello dedujo que Gaudet no tenía grandes performances en la cama. No con adultos, por lo menos. ¿Lo había visto el fin de semana previo a su muerte? No, respondió ella con naturalidad: había viajado a la capital para asistir a unas jornadas de capacitación empresarial el viernes y el sábado, en un hotel importante. Se había alojado allí.  El domingo había tenido lugar el almuerzo de despedida y después, ella se había ido de compras y había cenado con unas amigas. Había vuelto el lunes después de mediodía. No había tenido tiempo de llamar a Gaudet y no había sabido nada de él hasta que se conoció la noticia de su muerte. "Algo terrible", dijo con sentimiento de pena que sonaba auténtico.&lt;br /&gt;Martello se comunicó con el hotel, se identificó como policía y le dio el teléfono de la Regional al empleado de Reservas, pidiéndole que lo llamara para constatar que la señora Gregor se había alojado en el hotel durante un seminario. Cinco minutos más tarde, el empleado le devolvía la llamada, confirmando que la viuda había dicho la verdad. Ergo, queda descartada de los llamados. Podemos ponerle unas fichas más a María Salomé. ¿La mujer estaría en la ciudad desde el sábado, o lo había llamado para avisar que llegaba? Suspiró: más pedidos de informes de cruces telefónicos. Llamó a Bustos para que le pasara a Litvik para pedirle que librara la orden a la empresa telefónica. &lt;br /&gt;Aguirre asomó la cabeza.&lt;br /&gt;— ¿Tenés ganas de darle una miradita a esto? — sacudió unas planillas y Martello le dio la bienvenida a la interrupción.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-8590299666543912667?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/8590299666543912667/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=8590299666543912667" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8590299666543912667?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/8590299666543912667?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/dITxG29y-y0/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo.html" title="El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 19" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SWSxxXczCcI/AAAAAAAAAe0/czUkD2hL_mg/s72-c/Cazador+furtivo.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2009/01/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE8HSH85eSp7ImA9WxRaGUU.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-5811162040331117350</id><published>2008-12-22T12:29:00.000-08:00</published><updated>2008-12-22T13:53:59.121-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-12-22T13:53:59.121-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="policía federal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="folletín" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="investigación policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Registro Nacional de las Personas" /><title>El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 18</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SU__68UBqvI/AAAAAAAAAds/KieOZugo9uU/s1600-h/Caos+en+el+tr%C3%A1nsito.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 231px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SU__68UBqvI/AAAAAAAAAds/KieOZugo9uU/s400/Caos+en+el+tr%C3%A1nsito.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5282722276016499442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fuente: &lt;a href="http://www.lavoz.com.ar"&gt;La Voz del Interior&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buenos Aires seguía aturdiéndolo con sus ruidos crueles. Bocinazos, puteadas, frenazos; escapes de colectivo que roncaban el malhumor de su conductor; gritos de gente que se peleaba a los idem de auto a auto y por cualquier cosa; vendedores ambulantes que vendían lo que el contrabandista de turno hubiera traído desde el Paraguay, Bolivia o Taiwan. Las terminales de ómnibus no solían ser el mejor lugar para juzgar a una ciudad y Martello lo sabía, así que se apuró a conseguir un taxi que lo llevara hasta el hotel para dejar el bolso y empezar con el city-tour. &lt;em&gt;Alla voy, Registro Nacional de las Personas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Previendo la reacción de los empleados del Registro, había concurrido provisto de las correspondientes autorizaciones judiciales. Lo hicieron pasar a una pecerita de aluminio y madera terciada y le mostraron una máquina expendedora de café. Se acercó con desconfianza y decidió arriesgar una moneda para probar la calidad de la cafeína local. El perfume y el sabor lo sorprendieron y se animó a una segunda ronda. &lt;br /&gt;Juntó varios vasitos encima de la mesa de madera algo venida a menos por el uso, hasta que el empleado volvió con los datos. Fernán Castel Morá y Ana Luisa Ruiz Casau había muerto, el hombre en 1987 y la mujer en 1995. María Salomé Gaudet Castel ya no tenía a nadie en el mundo. El hombre le facilitó también el último domicilio del matrimonio, que también figuraba como domicilio de María Salomé. &lt;br /&gt;Se embarcó en un taxi hacia el barrio de Devoto. Tocó el timbre del portero eléctrico en la dirección que le habían dado en el Registro, y le respondió una voz de mujer que alimentó sus esperanzas durante el tiempo que demoró en enterarlo de que ella no era la persona que él buscaba. Cuando consiguió que la mujer abriera la puerta, le explicó que era policía y que estaba tratando de localizar a la anterior propietaria por un grave asunto familiar. Ella se ablandó un poco ante la identificación y le informó que le habían comprado la propiedad a un dentista que tenía allí su consultorio. Tuvo la gentileza de darle el nombre del tipo. &lt;br /&gt;Nuevo éxito-fracaso: el dentista era un hombre respetuoso de la ley y sus representantes y quería colaborar, pero no tenía idea del paradero de María Salomé. Sí le proporcionó los datos de la escribanía en donde habían firmado la escritura de compra-venta. Con un dejo de desazón, llamó al estudio Arias Campbell, para enterarse de que el horario de atención había caducado hacía quince minutos. Primera actividad de mañana, anotó mentalmente. &lt;br /&gt;Tomó conciencia de que el estómago le dolía de hambre. Mejor me vuelvo al hotel, me baño, como algo y me voy a dormir. El cansancio y la sensación de futilidad estaban empezando a pesarle. &lt;br /&gt;La ducha le devolvió un poco de buen ánimo y el hambre terminó de espolearlo. ¿Y si llamaba a Magda? "El celular al que Ud. llama está apagado o fuera de servicio", le informó la voz de la computadora. &lt;em&gt;Debe estar laburando a full. La llamo mañana. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escribanía Arias Campbell tenía la pertinente aura de seriedad y la correspondiente secretaria entrada en años y amargura. La vieja inspeccionó con cara de sabueso de Interpol, cada papel sellado que Martello le puso delante. Lo mismo había hecho con su identificación oficial. &lt;br /&gt;— Voy a consultar con el doctor— dijo la vieja y se levantó con aires de emperatriz viuda. &lt;br /&gt;Mientras el comisario esperaba, se entretuvo observando el movimiento del personal, en particular el de una señorita con una espalda interesantísima que iba y venía de las tripas de la escribanía con pilas de fotocopias, folios y libros encuadernados en azul oscuro. La secretaria senior salió del despacho principal, le dedicó una mirada cargada de desprecio mayestático a la espalda interesantísima, e invitó a Martello a pasar. &lt;br /&gt;Apenas el escribano abrió la boca, quedó instantáneamente calificado como perteneciente al grupo "Ramírez Lynch" de la escala social de Martello. Mientras lo invitaba a sentarse, entró la señorita de la espalda a dejar una respetable cantidad de folios cargados de sellos y el doctor le dedicó una ojeada que Martello juzgó tan lujuriosa como la que él mismo le había dispensado momentos antes. &lt;em&gt;No hay como un buen culo para emparejar las diferencias de clases.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Un vistazo a los títulos enmarcados repartidos por las paredes forradas en madera, le confirmó que Nicanor Arias Campbell era abogado y se había dedicado a la escribanía para no descuidar la tercera generación del negocio familiar.  &lt;br /&gt;Componiendo su mejor perfil de representante de la ley y el orden, explicó los motivos de su visita. Arias — el "Campbell" irremediablemente perdido desde el punto de vista de Martello —, prometió buscar la información que tuviera disponible. ¿Podía volver por la tarde? Por supuesto, dijo Martello y se despidió del escribano después de acordar la hora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SVAJ3TF5udI/AAAAAAAAAd0/4bg0KGkKVyU/s1600-h/Departamento+Central+de+Polic%C3%ADa_2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 200px; height: 307px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SVAJ3TF5udI/AAAAAAAAAd0/4bg0KGkKVyU/s400/Departamento+Central+de+Polic%C3%ADa_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5282733208528075218" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Entrada al Departamento Central de Policía Federal. Fuente&lt;/em&gt;: &lt;a href="http://www.pagina12.com.ar"&gt;Página 12&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Para pasar el tiempo hasta las cuatro y media, se fue al Departamento Central de Policía a visitar a viejos conocidos. Los muchachos lo recibieron con afecto. &lt;br /&gt;— La debés estar pasando bomba en el interior, turro — el comisario Marinelli, transferido a Sustracción de Automotores por decisión propia, le palmeó el hombro casi hasta sacárselo de lugar —. ¿Seguís jugando al fútbol? Si te quedás el fin de semana, te venís el sábado con nosotros y después del partido, nos comemos un asadito.&lt;br /&gt;No podía quedarse hasta el fin de semana y lo lamentó. Aparecieron otros ex-compañeros que lo saludaron, algunos con un leve dejo de envidia por su posición privilegiada, lejos del minuto a minuto de Buenos Aires. &lt;br /&gt;— No sabés lo que es esto, "Loquito"— masculló el recientemente ascendido comisario Suárez, división Homicidios—. No tenemos paz. La gente está cada día más loca. Mirá— y le alcanzó el expediente de la violación y homicidio de una nena de nueve años a manos de su padrastro—. Allá no pasan estas cosas, ¿no?&lt;br /&gt;— No vayas a creer. También tenemos lo nuestro— les contó el motivo de su viaje a Buenos Aires. Un silencio frío pasó por la habitación. &lt;br /&gt;Se fue a almorzar con "los muchachos" — &lt;em&gt;aunque de 'muchachos' nos está quedando poco,&lt;/em&gt;  meditó mientras miraba con disimulo las peladas y las pancitas —, en una pausa bienvenida. Le prometió a Marinelli que haría lo posible por ir a comer a su casa antes de volverse al pago. &lt;br /&gt;En la escribanía, la secretaria senior lo esperaba con cara de culo y con la escasa información reunida. El doctor tenía una firma de hipoteca en un banco y ya se había ido. Martello hizo memoria: los bancos en Buenos Aires cerraban a las tres de la tarde. La ausencia de la señorita de la espalda esplendorosa aumentó las sospechas del comisario.&lt;br /&gt;— Me imagino que el trabajo de buscar los datos es todo mérito suyo, así que se lo agradezco... No sé su nombre — le sonrió. &lt;br /&gt;— Mercedes— la vieja desarrugó un poco la jeta, lo suficiente como para devolverle una sonrisa. "¿Ven? Yo sí sirvo para trabajar", decía el gesto acre. &lt;br /&gt;En un ángulo del escritorio, había una foto blanco y negro en un marco de plata. Un grupo atildado a la moda de treinta años atrás le sonreía a la cámara. La única mujer no podía ser otra que la emperatriz viuda, con unos cuantos años menos y sin la decepción de la vida marcada en la boca. Un hombre que era la versión original del actual titular de la escribanía, tenía un brazo perdido por detrás de la espalda de ella.  &lt;br /&gt;La mujer lo vio observar la fotografía y apretó los labios, desviando la mirada. Martello se dedicó a leer la información: dos números telefónicos y un domicilio que se indicaba como laboral.&lt;br /&gt;— Espero no haberle complicado demasiado el día, Mercedes.&lt;br /&gt;— No es nada. Algo para salir de la rutina. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y tu vida debe estar llena nada más que de rutina desde hace mucho.&lt;/em&gt; Se despidió dándole las gracias nuevamente.&lt;br /&gt;En la calle, marcó el primer número sin demasiadas esperanzas. Nadie respondió, ni siquiera el contestador de la empresa telefónica. Con el segundo número tuvo más suerte. La amable grabación del pre-atendedor de un restaurante de Recoleta le pedía que marcara el número tal para reservas, el número cual para proveedores, o cero para que lo atendieran en recepción. Sólo entonces reconoció el domicilio, que se correspondía con el número. Cortó y apenas consiguió un taxi, salió para el restaurante. &lt;br /&gt;El recepcionista era nuevo y no conocía a nadie llamada María Salomé Gaudet Castel. LLamó al encargado, un hombre cerca de la cincuentena que lo miró con desconfianza hasta que Martello le mostró la chapa. Sí, María Salomé había trabajado en el restaurante, hasta hacía unos tres años, primero como sub-chef y después como chef ejecutivo. Una excelente profesional. ¿Por qué había dejado el puesto? El encargado se encogió de hombros. Ella había dicho nada más que se iba. Como no habían tenido más novedades, suponían que se había ido de Buenos Aires. ¿Al exterior?, preguntó Martello con un pinchazo a la altura del escroto. Nuevo encogimiento de hombros y al comisario se le cayeron el alma y las pistas al suelo.&lt;br /&gt;— ¡Espere! Me parece que una de las chefs ayudantes tiene una dirección de correo electrónico— el encargado se fue y volvió un par de minutos más tarde, dejando entretanto a Martello hundido en el mar de las dudas. ¿Y si se había ido del país? Bueno, eso la dejaba afuera del caso. No, no, hacía tres años de eso. ¿Y si había vuelto? &lt;em&gt;En tanto tiempo pueden pasar tantas cosas...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Acá tiene— el encargado le tendió un papelito con una dirección de Hotmail. María Salomé podría estar en una isla de la Micronesia y tener una casilla en Hotmail. Pero todavía había una lucecita al final del túnel y Martello le agradeció al encargado por la información. &lt;br /&gt;¿Qué hacía ahora? ¿Le mandaba un e-mail? "Estimada señorita Gaudet, estamos investigando la muerte de su padre. ¿Tiene coartada para la fecha en que fue asesinado?". &lt;br /&gt;El celular le vibró en el interior del saco. Lo abrió esperando que fuera Magda.&lt;br /&gt;— "Loquito", habla Marinelli. ¿No te venís a comer esta noche a casa? Ale preparó goulasch con spatzle. &lt;br /&gt;— Me rompiste el corazón, hermano. ¿A qué hora?&lt;br /&gt;Camino de la casa de Marinelli, intentó con el celular de Magda. Idem de idem anterior. Mañana paso por el hotel y listo. &lt;br /&gt;El goulasch de Alejandra Goldberg de Marinelli era algo para recordar. Los spatzle eran diminutos, sutiles, cremosos, casi etéreos en su delicadeza al deshacerse en la boca y acompañaban de maravillas la textura y los aromas de la carne. Cumpliendo con sus deberes de invitado, Martello contribuyó con dos botellas de Merlot de buena cuna y flores para la dueña de casa. &lt;br /&gt;— Te pasaste, "Colorada" — Marinelli le palmeó el traste a su mujer, que le devolvió un beso en medio de la frente en la que escaseaba la otrora varonil melena — ¿Hay postre?&lt;br /&gt;— No, por favor. No puedo comer más nada— suplicó Martello.&lt;br /&gt;— Preparé apfelstrudel  — Alejandra sonrió angelical. &lt;br /&gt;— ¿Tibiecito y con crema? — casi sollozó Marinelli.&lt;br /&gt;Mientras se comía su porción, Marinelli miraba a su mujer con ojos de carnero degollado, y ella le correspondía con mimos gastronómicos y de los otros. Los chicos saludaron con besos pegajosos de crema y se fueron corriendo al dormitorio a mirar San Lorenzo-Vélez. Alejandra trajo café y se fue a acomodar la cocina.&lt;br /&gt;En un rincón del corazón, Martello sintió el pinchacito de la envidia. Una familia normal, una casa normal. Una cena preparada amorosamente y devorada más amorosamente todavía. ¿Estaré a tiempo para algo así? &lt;br /&gt;— ¿Y? ¿Averiguaste algo más? — preguntó Marinelli mientras encendía un cigarrillo.&lt;br /&gt;Le contó de sus laberínticos recorridos por la ciudad, rastreando a una mujer que parecía inencontrable. &lt;br /&gt;— ¿Por  qué estuvo en cana el padre?&lt;br /&gt;Martello se sirvió un poco más de vino antes de responder.&lt;br /&gt;— Estoy esperando el informe del juzgado... Pero el zorro pierde el pelo pero no las mañas. Debe haber sido un quilombo con menores — con su propia hija, admitió para sí mismo por primera vez en forma consciente. Se quedó mirando el vino rojo oscuro girar dentro del cristal. &lt;em&gt;Y eso basta y sobra para generar el odio suficiente para no dejarte vivir hasta terminar con tu pasado. Aunque ese pasado sea tu padre. &lt;/em&gt;Levantó los ojos y Marinelli le estaba leyendo la mente a través del humo. &lt;br /&gt;— Ella también debe odiarse a sí misma. No debe tener paz.&lt;br /&gt;— ¿Por qué mierda te fuiste de Homicidios?— preguntó Martello a media voz.&lt;br /&gt;Marinelli no respondió pero cabeceó hacia el interior del departamento. &lt;br /&gt;— No tengo más estómago. Cuando tenés pibes, ¿viste?, ciertas cosas se vuelven difíciles. &lt;br /&gt;— Lo querían en Narcóticos — dijo Alejandra, volviendo de la cocina—, y yo quiero que disfrute de la jubilación y de la familia. El año que viene cumple los venticinco de servicio y se retira. &lt;br /&gt;Marinelli bajó la cabeza.&lt;br /&gt;— Me lo prometiste... — la "Colorada" fulguró y Marinelli asintió, derrotado—. Mi viejo te ofreció la dirección de la fábrica miles de veces. Sos licenciado en Administración de Empresas, ¡dejate de joder!   &lt;br /&gt;— Ale tiene razón, hermano. Mandá esto a la mierda en cuanto puedas. &lt;br /&gt;— Se lo dicen todos — Alejandra tenía apoyo logístico y no iba a desperdiciarlo. &lt;br /&gt;— Ya le dije que sí al zeide. Y cuando uno le promete algo a tu viejo, mejor irse a la Legión Extranjera que no cumplir.&lt;br /&gt;— ¡Papá te adora! Te hace caso con la fábrica...&lt;br /&gt;— Me entregó a la nena... Les hicimos el briss a los chicos... — otra palmada en el traste. &lt;br /&gt;Se hacía tarde y Martello se despidió de Marinelli y de su mujer, con mutuas promesas de futuras visitas. &lt;br /&gt;Mientras volvía al hotel,  pensó que nunca se le había cruzado por la cabeza el retirarse o hacer otra cosa que no fuera ser policía. Ni siquiera cuando estaba con Laura. Algo le dolió en alguna parte del cuerpo entre la garganta y el estómago, pero no quiso darse por aludido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-5811162040331117350?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/5811162040331117350/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=5811162040331117350" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/5811162040331117350?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/5811162040331117350?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/4t5x22anczY/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo_22.html" title="El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 18" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SU__68UBqvI/AAAAAAAAAds/KieOZugo9uU/s72-c/Caos+en+el+tr%C3%A1nsito.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2008/12/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo_22.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CU8BRXc6eCp7ImA9WxRaEU0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-1684107302117240222</id><published>2008-12-07T14:00:00.000-08:00</published><updated>2008-12-12T09:44:14.910-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-12-12T09:44:14.910-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ciencia forense" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Policía Científica" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="folletín" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="casos sin resolver" /><title>El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 17</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SUKO32q7j0I/AAAAAAAAAcc/TGCR-Kj7Cs4/s1600-h/URD_Punilla.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 217px; height: 169px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SUKO32q7j0I/AAAAAAAAAcc/TGCR-Kj7Cs4/s400/URD_Punilla.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5278938803451170626" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La última semana lo había dejado con una sensación incómoda a la que no podía definir por completo como amargura. &lt;br /&gt;El comisario inspector general Herrera se había encargado de señalar la falta de progresos en el caso Gaudet, con un énfasis desagradable en la voz y el vocabulario. &lt;br /&gt;— ¿Qué carajo pasa en esa Regional, Martello? ¿Está rodeado de pelotudos o se basta solito para mandarse las cagadas?&lt;br /&gt;El aludido se había tragado la hiel de su primera e impulsiva respuesta y le había explicado a su superior — después de esperar a que terminara de ladrar para la concurrencia que seguramente hacía de coro griego a Herrera —, el motivo de la demora en los estudios de ADN y las nuevas búsquedas que éstos habían generado. Con voz contenida, detalló su hallazgo de la documentación personal del occiso, escondida en un doble fondo de la cajafuerte de la oficina inmobiliaria.&lt;em&gt; Y de paso, palos para la Científica, que se comió algo tan obvio. Qué carajo, no me voy a llevar puestas todas las patadas en el culo yo solo. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Cuando el nivel sonoro de los aullidos de Herrera disminuyó a un nivel tolerable, Martello continuó con la relación de los datos encontrados en la partida de nacimiento y libreta de enrolamiento de Gaudet. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SUKUfL_VpFI/AAAAAAAAAcs/7w-40Wr-s4o/s1600-h/c%C3%A1rcel+olmos.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 130px; height: 103px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SUKUfL_VpFI/AAAAAAAAAcs/7w-40Wr-s4o/s400/c%C3%A1rcel+olmos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5278944976746947666" /&gt;&lt;/a&gt;De la primera, surgía que el occiso era diez años mayor de lo que la documentación personal en poder de la policía señalaba. La libreta de enrolamiento cargaba además con el sello infamante del penal de Olmos, donde Gaudet había pasado seis años. Ambas circunstancias habían desembocado en el duplicado de DNI utilizado por la víctima al momento de su deceso, con la fecha de nacimiento alterada y sin rastros del paso de su titular por la penitenciaría.&lt;br /&gt;Gaudet era viudo. La finada esposa, María Magdalena Castel Ruiz, era diez años más joven, y menor de edad en el momento del matrimonio, debidamente certificado con el acta correspondiente. El padre de la menor, Fernán Castel Mora, había dado el permiso a su hija para contraer nupcias. La pareja había tenido dos hijos: María Salomé Gaudet Castel, nacida en 1964, y Fernando Gaudet Castel, cinco años menor y fallecido tres días después de su nacimiento, junto a su madre. &lt;br /&gt;En la requisa había secuestrado videos y DVDs que todavía no había visto, más una serie de fotografías que suponía, correspondían a Gaudet, su mujer y su hija. Había solicitado la colaboración de la Científica para analizar las fotos y el material fílmico. Tendría que recurrir a registros civiles, de cementerios, penales y judiciales para reconstruir el pasado de Gaudet. &lt;br /&gt;En tono hosco pero sin rastros de violencia verbal, Herrera le dijo que lo mantuviera al tanto de las novedades y cortó la comunicación: Martello se había conseguido un indulto provisorio.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=696995"&gt;Penal de Olmos: la cárcel más grande del país. Fuente: La Nación&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.26noticias.com.ar/desde-la-carcel-pedofilo-contactaba-menores-por-correo-electronico-79424.html"&gt;Pedófilo contactaba menores desde la cárcel. Fuente: 26noticias.com.ar&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había pensado en premiarse con una cena en "El Belvedere" y si la oportunidad cuadraba, con algo más.  Ya en el estacionamiento del restaurante, lo habían sorprendido las ventanas a oscuras. Se había bajado del auto para encontrar la puerta cerrada, aunque no era miércoles. En lo de Magda nadie respondía a los timbrazos. Dio la vuelta al chalet y le resultó evidente que no había nadie. En una de las casas vecinas, se encendió una luz indagadora.&lt;em&gt; Mejor me voy. A ver si algún vecino comedido denuncia a un merodeador...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Medio triste, medio contrariado, había conducido despacio camino a su chalet mientras llamaba inútilmente por el celular. Mientras esperaba la pizza, le había mandado un mensaje de texto y el servicio de telefonía celular se empeñó en avisarle que el mensaje no podía enviarse. Se había ido a dormir de malhumor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día siguiente no fue alentador para sus relaciones personales. Un encuentro fortuito con el mozo de "El Belvedere" lo puso al tanto de las novedades: Magda había puesto en venta el restaurante — "hace una semana, más o menos", aclaró Héctor — y había viajado a Buenos Aires.  &lt;br /&gt;Martello admitió para sí que la decisión no debería sorprenderlo. Magda se lo había avisado: estaba perdiendo plata y no tenía muchos más recursos económicos. Era lo razonable. ¿Entonces, por qué esa desazón? ¿Por qué el sentimiento de abandono? &lt;em&gt;No nos prometimos nada&lt;/em&gt;, se repitió sin convencerse. Compuso la mejor cara de póker que pudo y le preguntó al mozo si había conseguido trabajo. El hombre le dijo que empezaba el fin de semana en una de las confiterías más importantes de la ciudad. Le deseó suerte. &lt;em&gt;La que parece que yo espanto&lt;/em&gt;, se compadeció de sí mismo.&lt;br /&gt;No había terminado de poner el pie — derecho, por si las moscas —, en la Regional, que la agente Méndez le avisó que le pasaban un llamado de la Central. Levantó el auricular pensando que alguien en el infierno lo tenía muy presente, pero por una vez, no llamaban para tirarle de las pelotas: el asistente de Herrera le informaba que habían asignado al subcomisario Juan Alberto Aguirre a su Regional, y que entraría en funciones la semana siguiente. Agradeció debidamente la gentileza de su superior y se sentó a meditar la medida, café de por medio. &lt;br /&gt;Semejante regalo del Cielo bien podía ser un presente griego. Conocía a Aguirre, un buen elemento que venía de una localidad al sur de la capital provincial. Un tipo al que le gustaba su trabajo. También cabía la posibilidad de que Aguirre fuera el preludio de su reemplazo y que el siguiente destino del comisario Hugo O. Martello fuera un pueblo perdido a mitad de camino entre la nada y el vacío interestelar. Había que esperar la comunicación oficial de Personal. &lt;br /&gt;El zumbido del celular le provocó un saltito entre dos latidos, pero cuando miró la pantalla, leyó el nombre de Sívori. Se le notaba en la voz que esperaba el llamado de alguien más y Sívori se lo dijo. Después de preguntarle cómo andaba, y de que él le contestara que para qué carajo preguntaba si ya sabía, Sívori se rió entre dientes y le sugirió tocar algunos timbres que le aceleraran un poquito los pedidos de informes. &lt;em&gt;El diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo&lt;/em&gt;, fue la conclusión de Martello mientras llamaba a Gabriel Peralta a la sede partidaria. &lt;br /&gt;En un intento por tratar de alejar el malestar sin nombre que lo aquejaba, y que prefirió identificar como hambre, salió a comer algo. En la Regional reinaba la calma chicha, confirmada por las ruedas de mate y los comentarios del partido de la noche anterior. &lt;br /&gt;Se acomodó en una mesa lejos de la entrada vidriada, atestada de viandantes en exhibición. No terminaba de explicarse de qué vivía esa gente que se la pasaba sentada en las confiterías tradicionales de la ciudad, sin más ocupación aparente que la de estar ahí mostrándose para regocijo o envidia del prójimo, según correspondiera.  &lt;br /&gt;Apuró los sandwiches y se fue a caminar. El día estaba dulce; el final del invierno los estaba tratando bien. Se encaminó hacia la parte alta de la ciudad por una calle secundaria. A medida que subía, las viviendas cambiaban de chalecito de clase media de construcción más o menos reciente y de regular calidad, a casas espectaculares de dos y tres plantas, con todo el confort moderno y tejas esmaltadas, prueba del buen pasar de sus propietarios. Había que subir todavía un poco más para alcanzar las mansiones más antiguas de piedra y maderas nobles, construídas en la belle epoque, en un país en el que los argentinos se iban a Europa con la vaca a bordo para que no les faltara el vaso de leche diario. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SUKitFxTwGI/AAAAAAAAAdE/LDOHSPSihfc/s1600-h/Casonas.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SUKitFxTwGI/AAAAAAAAAdE/LDOHSPSihfc/s400/Casonas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5278960608758448226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Bajo el sol tibio y el cielo despejado, la ciudad tenía un falso aspecto de calma y prosperidad. La lluvia había reverdecido los jardines polvorientos y amarillos de sequía y algunos vecinos ya estaban cortando el pasto. Todos los autos que vio, relucían lustrosos. Pero sus propietarios los usaban nada más que para dar la vuelta del perro, bien despacito, para asegurarse de que sus vecinos-enemigos-de-toda-la-vida se enteraran de que habían cambiado el modelo. Ninguno confesaba que cargaba gas en lugar de nafta en su cuatro por cuatro japonesa y no por motivos ecológicos. &lt;br /&gt;La ciudad y su gente se le antojaron una escenografía en cartón pintado. La encontró repentinamente vacía de sentido; en cuanto se rascaba un poco la superficie aparecían las miserias, los agujeros en la camiseta debajo de la camisa de moda. Los crímenes cometidos hablaban de ríos subterráneos de odio, envidia y resentimiento, que desmentían duramente y sin pudor, la pretendida apariencia señorial y benevolente. &lt;br /&gt;Regresó a la Regional de humor sombrío y se encerró en su despacho a releer los informes del forense del caso Gaudet. Se recordó que aún no había visto los videos y DVD y se prometió que esa noche haría el esfuerzo.&lt;br /&gt;Miró el reloj: las siete de la tarde. A mitad de camino entre el aburrimiento del papeleo y la desazón interior que lo había dominado todo el día,  pensó que era una buena hora para irse a casa. Durante el camino, el celular empezó a sonarle en el bolsillo del saco. Respetuoso de la ley vial,detuvo el auto                                                                                                                                                                                                                                &lt;br /&gt;— Martello...&lt;br /&gt;— Hola, soy Magda.&lt;br /&gt;Se hizo un silencio enorme, tanto que Martello pensó que ella había cortado. &lt;br /&gt;— ¿Co-como estás? No sabía que te habías ido a Buenos Aires. &lt;br /&gt;— Lo que  pasa es que... recibí una oferta de trabajo... Muy buena&lt;br /&gt;Otro silencio eterno durante el cual empezó a dolerle la cabeza.&lt;br /&gt;— ¿Es... un puesto interesante? — se puteó por no preguntar nada más inteligente.&lt;br /&gt;— En un hotel cinco estrellas. No lo podía dejar pasar, ¿entendés? Si me va bien acá, quién sabe, en unos años, puedo... tener algo mío otra vez.&lt;br /&gt;— Claro... Hiciste bien. Es... es lo mejor. Lo mejor — repitió para convencerse—. ¿En dónde estás trabajando?&lt;br /&gt;Ella le dijo el nombre de una cadena internacional. Él le aseguró que le iba a ir muy bien porque ella era talentosa. Ella se lo agradeció. Se dijeron un par de estupideces más y Magda se despidió.&lt;br /&gt;— Me voy a trabajar. Me escapé de la cocina para llamarte.&lt;br /&gt;— Gracias. Un beso.&lt;br /&gt;— Un beso. Chau.&lt;br /&gt;Clic. Magda cortó la llamada antes de que él pudiera decir algo más, algo que le había quedado atragantado a mitad del pecho. &lt;em&gt;Mejor así. Cortar por lo sano&lt;/em&gt;. Pero no podía convencer a sus entrañas ni a la sensación de angustia que le apretaba el costado. &lt;em&gt;Soy un pelotudo, no aprendo más. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los contactos de Peralta abrían más puertas de lo que Martello hubiera imaginado. &lt;em&gt;Si me viera Sívori, se cagaría de la risa&lt;/em&gt;. En menos de diez días había reunido los retazos de información que completaban la historia negra de Gaudet. Martello revoleó con asco los papeles dentro de la carpeta, que estaba cobrando proporciones alarmantes. Había juntado coraje para ver los DVD y videos secretos. Era un material que podía comprarse por Internet, si es que uno sabía dónde: no eran sitios que pusieran banners en Yahoo. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Eras un hijo de puta, Gaudet.&lt;/em&gt; Recordó la compasión que le habían causado las fotos del cadáver, pero era un sentimiento que ya no podía recuperar: los antecedentes del tipo lo impedían. Habían hecho justicia por mano propia de un modo terrible. ¿Quién era él, Hugo Martello, para juzgar a quien lo había hecho? &lt;em&gt;Pero yo no estoy para juzgar: mi papel es hacer que se cumpla la ley y detener a los que la infringen. La justicia la administran otros&lt;/em&gt;. A su pesar, tenía que encontrar al asesino. &lt;em&gt;Para eso me pagan. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Volvió a los papeles de mierda. Ya tenía una punta por donde empezar a buscar: la hija de Gaudet, María Salomé, había quedado bajo la tutela de sus abuelos maternos. Se habían mudado a Buenos Aires cuando la chica tenía doce años. &lt;em&gt;Cuando el padre fue la cárcel&lt;/em&gt;. El juzgado de menores interviniente había prohibido a Antonio Gaudet mantener contacto con su hija. Martello había ordenado publicar en los diarios el pedido de paradero de María Salomé Gaudet Castel, argentina, de cuarenta y tres años, último domicilio conocido.... Era el procedimiento, aunque no tenía muchas esperanzas en cuanto al resultado. &lt;em&gt;Lo más probable es que tenga que ir personalmente a Buenos Aires... ¡Como si fuera tan fácil!&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Álvarez entró con la correspondencia y la dejó acomodada por riguroso orden de tamaño, en una punta del escritorio. Le dio las gracias y para distraerse, se puso a revisar los sobres. Uno tenía el sello de la Central y lo abrió en primer lugar con un poquito así de aprensión, pero el contenido de la nota lo tranquilizó. Convocó a la tropa para darle las novedades oficializadas: el subcomisario Aguirre entraría en funciones en pocos días. &lt;br /&gt;Alguien hizo la pregunta del millón: Bustos, en honor a su calidad de efectivo con mayor antigüedad de la Regional.&lt;br /&gt;— ¿Y Ud., comisario?— que venía a significar: "¿Le dan el pase o sigue con nosotros?"&lt;br /&gt;Interpretando correctamente la pregunta, Martello respondió que Aguirre formaba parte del personal que había requerido a Central cuando se había hecho cargo de la Regional y que él continuaba al frente. Le reconfortó ver que la mayoría suspiraba, aliviada. &lt;em&gt;No me odian tanto, entonces.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas terminadas las presentaciones, se encerró con Aguirre en su oficina, para ponerlo al tanto del estado de situación. Aguirre conocía a fondo el paño de las Regionales, por haber circulado ya por dos o tres como oficial en ascenso, así que no se asustó de nada. Tampoco se había hecho demasiadas ilusiones: era un hombre realista. &lt;br /&gt;Martello pidió otra ronda de café, mientras pasaba al caso Gaudet.&lt;br /&gt;— ¿Y si te vas a Buenos Aires, a ver si encontrás a la hija?— sugirió Aguirre. &lt;br /&gt;— Lo había pensado, pero no podía dejar la Regional ...— no terminó la frase pero cabeceó hacia la puerta y el otro sonrió de costado.&lt;br /&gt;— Pero ahora estoy yo para darles contención afectiva a los muchachos.&lt;br /&gt;Se rieron a carcajadas. &lt;br /&gt;Sí, era una buena idea. Un poco de papeleo para no hacer las cosas de contrabando y se iba tres o cuatro días, a constatar los datos que tenía. Con un poco de suerte, hasta le daban bola los de la Federal. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Y en una de esas, puedo ir a ver a Magda, se entusiasmó como un chico.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1482157142710645672-1684107302117240222?l=elaltillodelpolicial.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/feeds/1684107302117240222/comments/default" title="Comentarios de la entrada" /><link rel="replies" type="text/html" href="http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1482157142710645672&amp;postID=1684107302117240222" title="0 Comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/1684107302117240222?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/1482157142710645672/posts/default/1684107302117240222?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://feedproxy.google.com/~r/PolicialArgentinoElAltillo/~3/QLHVE0w9uog/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo.html" title="El Folletín del Crimen Triste - CAPITULO 17" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SUKO32q7j0I/AAAAAAAAAcc/TGCR-Kj7Cs4/s72-c/URD_Punilla.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://elaltillodelpolicial.blogspot.com/2008/12/el-folletn-del-crimen-triste-capitulo.html</feedburner:origLink></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE8CQH87fip7ImA9WxRUFkg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-1482157142710645672.post-6098538515413887395</id><published>2008-11-25T14:01:00.000-08:00</published><updated>2008-11-25T14:41:01.106-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-11-25T14:41:01.106-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ADN" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="folletín" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="investigación policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="campaña política" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="pericias forenses" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="homicidios" /><title>El folletín del crimen triste - CAPITULO 16</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SSx7RR5ypXI/AAAAAAAAAbk/rE3Qrz7MJWY/s1600-h/persecuci%C3%B3n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 297px; height: 193px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SSx7RR5ypXI/AAAAAAAAAbk/rE3Qrz7MJWY/s400/persecuci%C3%B3n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272724800537798002" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;La ruta estaba despejada y Martello no tenía apuro en llegar, aunque estaba oscureciendo. No hacía calor pero cerró las ventanillas y encendió el aire acondicionado en mínimo, para no seguir tragando tierra. El viento, que a esas alturas del año ya debiera estar arrastrando semillas para verdear la primavera, sólo traía sequía. Si no llovía pronto, iban a terminar todos como en un cuento de García Márquez, hundiéndose para el resto de la eternidad en remolinos de polvo.  &lt;br /&gt;Quería aprovechar el viaje para pensar. Le habían cerrado una puerta en la cara, pero eso no significaba que no buscaría al homicida. Y al autor intelectual. La política le importaba un carajo y si tenía que limpiar a algún capitoste, a limpiar se ha dicho. &lt;em&gt;No pregunto cuántos son... &lt;/em&gt;El rugido de un motor acelerado a fondo le atravesó los pensamientos y un Peugeot 505 con vidrios polarizados lo sobrepasó a velocidad suicida. Las luces rojas desaparecieron en la curva siguiente. &lt;em&gt;Boludo de mierda. &lt;/em&gt;Era un auto demasiado viejo como para hacer ese tipo de maniobras. &lt;br /&gt;El celular le vibró en el bolsillo y levantó el pie del acelerador para responder. &lt;br /&gt;— ¿El comisario Martello?&lt;br /&gt;— Él habla. ¿Quién es?— mientras preguntaba tomó la curva y vio al 505 a menos de cincuenta metros delante. ¿Se te pasó el apuro? &lt;br /&gt;— ¿Martello?— repitieron, y no supo porqué le sonó a burla. &lt;br /&gt;— ¿Quién habla?— insistió.&lt;br /&gt;Cortaron. Molesto, tiró el celular al asiento del acompañante, mientras maniobraba para sobrepasar al Peugeot. Puso tercera, aceleró y cuando iba a tomar la mano contraria, el otro se abrió, cerrándole el paso. &lt;br /&gt;— ¡La reputa madre que te parió!— aulló al aire y volanteó, pisando el freno y volviendo a su carril.&lt;br /&gt;Las luces traseras del Peugeot se enfurecieron, obligándolo a tirarse a la banquina y parar. El otro auto se detuvo unos veinte metros delante y bajaron dos hombres. Uno de los tipos sacó algo que relumbró a la luz de los faros de su auto.&lt;br /&gt;— ¡Policía!— gritó el hombre. &lt;br /&gt;Martello dedujo que lo que brillaba en la mano del tipo era la placa. El comisario tanteó su identificación en el bolsillo interior del saco y bajó del auto. &lt;em&gt;¿Qué carajo les pasa a éstos? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;— Soy el comisario Hugo Martello...&lt;br /&gt;— Ya sabemos— dijo el de la placa y sin avisar, le tiró un gancho al hígado que lo dobló en dos. &lt;br /&gt;Entre los dos le dieron una paliza memorable. Trató de defenderse pero los tipos sabían lo que hacían y lo hicieron a conciencia. Primero en la base de los pulmones, para dejarlo sin aire ni capacidad de reacción; después, el estómago. Los rodillazos en los cuadriceps no lo inutilizaron, pero le aflojaron las piernas. Cuando cayó, le patearon la espalda y los costados. Ni un golpe en la cara. &lt;br /&gt;Todavía doblado en el suelo, escuchó que su celular sonaba y que uno de los tipos respondía. &lt;br /&gt;— ¿Quién?— ladró el mandamás de la placa.&lt;br /&gt;— Sívori— respondió el otro—. ¿Qué le digo?&lt;br /&gt;Hubo un silencio breve pero pesado. &lt;br /&gt;— La puta que lo parió— masculló el tipo—. Decí que ya va. &lt;br /&gt;Alguien lo enderezó y lo sostuvo contra la puerta de su auto. Otro le alcanzó el celular. El de la chapa le hizo señas para que contestara la llamada. &lt;br /&gt;— Lo llamo en cinco minutos— pudo articular. Por suerte, resultó convincente y Sívori le dijo que lo llamara sin falta. Se lo prometió y cortó. &lt;br /&gt;— Te salvó la campana, Martello— dijo en voz alta el mandamás—. Esto es nada más que un avisito. Volvé a tu Regional y ocupate de tus asuntos, ¿entendiste?— lo agarró de las solapas y le puso la boca pegada a su oreja: — Olvidate del viejo y de los videos— farfulló—. Yo no tengo nada contra vos, nada más me mandan. Dejate de joder. &lt;br /&gt;Se subieron al 505, dieron vuelta en "U" y desaparecieron a velocidad demencial rumbo a la capital. &lt;br /&gt;Martello se sentó al volante, incapaz de poner el auto o el cerebro en marcha. "Te salvó la campana", le habían dicho. Lo había salvado el llamado de Sïvori. Manoteó el celular y buscó el número del comisario. &lt;br /&gt;— Nene, ¿en dónde te metiste? &lt;br /&gt;— Me parece que en un quilombo.&lt;br /&gt;— ¿Quién atendió el teléfono? No era tu gente.&lt;br /&gt;— Le puedo jurar que no— no pudo evitar un gruñido de dolor.&lt;br /&gt;— ¿Andás en algo raro? &lt;br /&gt;— Yo pensé que no, pero parece que sí.&lt;br /&gt;— ¡No te hagas el gracioso! Hay mucha gente preguntando por vos. ¿En qué te metiste?&lt;br /&gt;Casi se lo dijo, pero una sospecha le trabó la lengua. ¿Y si los estaban escuchando? Vaciló tanto en responder que Sívori gritó.&lt;br /&gt;— ¿Estás ahí o te pasa algo?&lt;br /&gt;— Estoy, estoy...¡Ugh! — se le escapó un quejido.&lt;br /&gt;— Decíme en dónde — y como él tardaba en responder—: ¡Decíme, carajo!&lt;br /&gt;Delante, a unos diez metros, había una señal vial. Encendió las luces altas para poder leer la indicación. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SSx-ltlKQTI/AAAAAAAAAb0/ohV4fInuulE/s1600-h/paliza.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 306px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SSx-ltlKQTI/AAAAAAAAAb0/ohV4fInuulE/s400/paliza.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272728450099724594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;— No te muevas de ahí— le dijo Sívori—. Llego en quince minutos. Poné las balizas.&lt;br /&gt;Le hizo caso al consejo y encendió las balizas. Tenía nauseas, le dolía todo el cuerpo y también la cabeza. Se tocó con cuidado y se encontró unos cuantos chichones en erupción. Durante un rato, mantuvo la atención sobre el espejo retrovisor. Varios autos, una o dos motos y dos ómnibus de pasajeros pasaron sin novedad. Empezaba a distraerse cuando un par de faros se quedaron fijos detrás de él. Se puteó por enésima vez por no haber llevado el arma, trabó las puertas y puso el auto en marcha, por las dudas. &lt;br /&gt;— Soy yo, nene— Sívori le golpeó el vidrio de la ventanilla. &lt;br /&gt;Apagó el motor y cuando bajó del auto, las piernas se le habían enfriado y le dolían tanto que no podía estirarlas. Casi se cayó al suelo y Sívori lo sostuvo. El viejo le inspeccionó la cara y le palpó las costillas. Martello no pudo contener un quejido.&lt;br /&gt;— La putísima madre— masculló—. Vení, te llevo con mi auto. Así no podés manejar.&lt;br /&gt;— ¿Y qué hago con el mío? &lt;br /&gt;— Llamamos al auxilio, boludo.&lt;br /&gt;Esperaron a que llegara la grúa y Sívori inventó vaya a saber qué gansada acerca de la batería. &lt;br /&gt;— Lo van a dejar en la Regional. Vamos y me contás en el viaje.&lt;br /&gt;— No: primero me cuenta usted por qué me llamó. &lt;br /&gt;— Por como te dejaron, debería haber llamado antes— Sívori lo miró de reojo—. ¿Qué fuiste a hacer a la capital?&lt;br /&gt;Le contó de la visita y de los resultados. &lt;br /&gt;— No quiso hablar. Me la banqué. ¿Será tan hijo de puta de haberme mandado a esos monos?&lt;br /&gt;— No. Los monos te los mandaron de otro lado. &lt;br /&gt;— ¿Para quién trabajaba Saguie?— preguntó Martello. &lt;br /&gt;Sívori tardó en responder.&lt;br /&gt;— Para los servicios. &lt;br /&gt;No hablaron durante tres o cuatro kilómetros. &lt;br /&gt;— Saguie era de los servicios— Martello afirmó sin preguntar y Sívori asintió—. Yo le hablé de él cuando le comenté lo de González. ¿Por qué no me dijo nada?&lt;br /&gt;— ¿Y qué te iba a decir? Es gente de la que es preferible no saber nada.&lt;br /&gt;— ¡Pero yo lo tenía ahí! ¡Un vecino emérito, respetable...!&lt;br /&gt;Sívori soltó una risita amarga.&lt;br /&gt;— Respetable... ¿Sabés a qué se dedicaba Saguie en los setenta? ¿A quiénes entrenó?&lt;br /&gt;— Me imagino. Vi la plaquetita de "ses copains et amis" de Argelia— retrucó con amargura—. Lo mismo podría haberme dicho algo.&lt;br /&gt;— Claro, y entonces, cuando encontraras el cadáver, te hacías el boludo y listo, ¿no? — el viejo le dedicó una ojeada oscura—. Te conozco. Habrías hecho lo que estás haciendo ahora, y te habrían cagado a palos lo mismo. Sos cana de alma. Querés seguir buscando al que liquidó a esa cucaracha y si te dejan, querés colgar de las pelotas al que lo mandó liquidar. Pero esta vez no es así. Dejalo correr. &lt;br /&gt;— Hay un asesino suelto.&lt;br /&gt;— Hay un ajuste de cuentas entre gente de los servicios. No tienen nada que ver con nosotros. Abrite. &lt;br /&gt;Se le hizo un nudo en el estómago que le subió hasta la garganta, y no hablaron más hasta la entrada a la ciudad. Llegaron a su casa en menos de cinco minutos. Cuando estaba a punto de bajarse, preguntó en un susurro:&lt;br /&gt;— ¿Y a usted, quién lo mandó, comi?&lt;br /&gt;Sívori apretó las manos sobre el volante.&lt;br /&gt;— Conozco al tipo al que fuiste a ver hoy— respondió a media voz. &lt;br /&gt;Una lucecita se encendió en la cabeza de Martello. &lt;br /&gt;— ¿Fue usted el que le pasó mi legajo?&lt;br /&gt;— Copia. Los originales no salen de Central. &lt;br /&gt;— ¿Por qué?&lt;br /&gt;— Me llamó para preguntarme. Ahí me enteré de lo de Saguie. Tendría que haberte llamado antes, por lo menos para ahorrarte el viaje y la paliza. &lt;br /&gt;— No entiendo un carajo.&lt;br /&gt;Sívori se volvió hacia él.&lt;br /&gt;— Ya sé que a vos no te gusta la política y menos cuando se mezcla con la policía, pero a veces es muy útil. El hombre es el futuro gobernador. No es ningún nene de pecho y conoce el paño. Le caíste bien porque tuviste las pelotas para decirle que le habían hecho una chanchada. Pero el tipo juega fuerte y se la banca. Prefirió guardarse la información para una ocasión más oportuna. ¿El secretario, ese Peralta, no te dijo nada?&lt;br /&gt;— ¡Pero, carajo! Si ese Peralta estaba al tanto de quién era Saguie, ¿por qué dejó que su jefe fuera derechito a meter la cabeza en la boca del lobo?&lt;br /&gt;Sívori esbozó una mueca despectiva.&lt;br /&gt;— Quién sabe, Peralta es un turro muy convincente y nuestro hombre se tragó el cuento. Quién sabe, pensarían usar a Saguie en beneficio de ellos y la competencia se les adelantó a liquidarlo, por si acaso.Todas conjeturas posibles cuando se trata de política. &lt;br /&gt;Martello se sentía un soberano pelotudo. Todos estaban enterados menos él. Asintió de un cabezazo. &lt;br /&gt;— Perdonáme, nene— Sívori soltó una mano del volante y le palmeó el brazo—.  Yo sé que en este momento sentís que te traicioné, pero cuando se te enfríe un poco el mate, te vas a dar cuenta de que lo hice por tu bien. &lt;br /&gt;Martello apretó los dientes, lo que hizo que los chichones le dolieran más de lo debido. No pudo ocultar la mueca de dolor, pero juntó coraje para preguntar con el sarcasmo suficiente.&lt;br /&gt;— ¿Y ahora, qué tengo que hacer?&lt;br /&gt;— La Científica también está sobre aviso. No van a encontrar nada raro. No hubo robo, no hay testigos. &lt;br /&gt;— Lynch estableció que la muerte fue por una sobredosis de insulina mezclada con un beta-bloqueante.&lt;br /&gt;— Suicidio. &lt;br /&gt;— Pero...&lt;br /&gt;— Lynch estableció qué lo mató, no quién ni el motivo. Creéme: lo mejor que podés hacer es cerrar el caso como suicidio. Era viejo, estaba solo y enfermo, y adiós. &lt;br /&gt;Martello se quedó mirando fijo a ninguna parte. Lo que quería preguntar le quemaba la lengua.&lt;br /&gt;— ¿Alguna vez hizo algo parecido?— largó por fin.&lt;br /&gt;— ¿Comerme un apriete de los servicios? ¿Cerrar un caso porque te lo mandan de arriba?— el viejo quería ser irónico pero sonaba amargo.&lt;br /&gt;El celular de Martello sonó en ese momento. De la Regional le avisaban que había llegado la grúa con su auto. Cortó, se guardó el teléfono en el bolsillo y abrió la puerta para bajarse.&lt;br /&gt;— Gracias por los consejos— murmuró.&lt;br /&gt;— Cuidate.&lt;br /&gt;— Seguro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ducha caliente le reavivó todos los dolores corporales. Se tomó dos analgésicos juntos con un jarro de café. No tenía nada en el botiquín para la desazón interior. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Después de todo, ¿quién carajo va a llorar a Saguie? ¿A quién le importa por qué lo liquidaron? A vos, pelotudo,&lt;/em&gt; le dijo al espejo. &lt;em&gt;Bueno, ya lo averiguaste&lt;/em&gt;, le contestó el del otro lado. &lt;em&gt;¿También querés los nombres?&lt;/em&gt; Se vistió con cuidado: todavía le dolían las piernas y la espalda. &lt;br /&gt;Cuando llegó a la Regional, Álvarez le preguntó si quería que le llevara el auto a algún taller.&lt;br /&gt;— Gracias, yo me ocupo después. Es una pavada con la batería, seguro que la tengo que cambiar. &lt;br /&gt;Bustos asomó mate en mano y le dio los buenos días. &lt;br /&gt;— Ayer, después de que usted se fue, llamó el doctor Ramírez Lynch. Dejó dicho que lo llame sin falta. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Espero que no tenga nada que ver con Saguie&lt;/em&gt;, rezó. Tenía que sentarse a pensar cómo mierda iba a armar el "suicidio" sin ensuciarse demasiado las manos. Sacó el anotador y repasó sus notas. No había hablado con nadie acerca de la desaparición de los videos. Nada más se había limitado a investigar el asunto de la insulina. No parecía tan difícil: sin testigos ni evidencia contundente, a lo sumo podía calificarse como "muerte dudosa". &lt;em&gt;¿Y si...? &lt;/em&gt;Recapacitó: no era lo que le habían mandado decir con Sívori. &lt;br /&gt;Lo que más le dolía era el papel que habían obligado a desempeñar al comisario en todo ese asunto. "Yo sé que sentís que te traicioné...". ¿Ese era el precio que se pagaba por las promesas de un político? Sacudió la cabeza y apartó el anotador. Ya se le ocurriría algo para cerrar el puto expediente.&lt;em&gt; Mejor lo llamo a Lynch y de paso tanteo el terreno.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El forense todavía no había llegado. El auxiliar que había atendido, no sabía de qué quería hablarle su jefe. Le pidió que le avisaran que lo había llamado. &lt;br /&gt;Cuando volvía del baño, escuchó a Cáceres pasar el informativo matutino.&lt;br /&gt;— ... y ahora lo alquilan. Deben pedir unos cuantos mangos, ahí en la avenida. Dicen que el banco andaba atrás de ese local hace rato...&lt;br /&gt;— ¡ Primero van a tener que desalojar las pulgas! — Bustos se rió, guaso.&lt;br /&gt;— ¿De quién es?— preguntó Menéndez, muy interesada.&lt;br /&gt;Cáceres mencionó un apellido que Martello desconocía. &lt;br /&gt;— Es dueño de la mitad de los locales sobre la avenida— aseveró Bustos y Cáceres asintió. &lt;br /&gt;Cuando lo vieron interesarse en la conversación, lo incorporaron al círculo y le completaron la información faltante. &lt;br /&gt;— La veterinaria de Wassermann. Se fue y ahora el local está para alquilar.&lt;br /&gt;— ¿Se fue? ¿Cuándo?— preguntó el comisario con toda la indiferencia de que fue capaz.  &lt;br /&gt;No se pusieron de acuerdo: ¿dos días, la semana pasada, el viernes? &lt;br /&gt;— Hay gente que no se acostumbra a esta vida tranquila— sentenció Álvarez—. Necesita el ajetreo de la gran ciudad— concluyó muy orondo con una frase sacada de los diarios. &lt;br /&gt;— Parece que la señora extrañaba mucho a los hijos— agregó Cáceres.&lt;br /&gt;— Y él tenía a la mamá en Buenos Aires— completó Bustos—. Muy mayor, la viejita, para estar sola. &lt;br /&gt;Siempre sorprendido por el nivel de información de sus subalternos, Martello volvió a su despacho masticando las novedades. Sentado delante del expediente Saguie, se recordó a sí mismo que había mandado el de Grünebaum al archivo sin más. ¿Cuáles eran las diferencias entre ambos casos? Wasserman con una sola ene era culpable de homicidio, y sabía que el comisario Hugo O. Martello lo sabía. Inclusive el juez de instrucción Litvik lo sabía. Y la mujer de Wasserman, la madre de Wasserman, los sobrinos de Litvik... Sin embargo, el comisario Hugo O. Martello se había callado la boca. ¿Y ahora? ¿Cuál es la diferencia?&lt;br /&gt;Llamó a la Científica más que nada para cumplir con la burocracia policial. Un oficial joven, el teniente Vázquez de la Policía Científica, le informó que no se habían detectado huellas de ningún tipo que evidenciaran una intrusión para robar o atentar contra la vida del occiso. Hasta le evitó la incomodidad de saltearse la pregunta del millón: se había encontrado una jeringa con restos de insulina y un beta-bloqueante, con las huellas de Saguie en ella. También sin que tuviera necesidad de preguntar, Vázquez aclaró que la mencionada jeringa había sido hallada bajo el sillón junto al cual había sido encontrado el cuerpo. Con relación a la posibilidad de que el occiso hubiera efectuado personalmente la mezcla letal, el equipo técnico opinaba que un hecho semejante era del todo factible, lo que apoyaba la hipótesis del suicidio. Le pasarían copia del informe final luego de remitírselo al juez de instrucción. &lt;br /&gt;Martello cortó mientras pensaba que jamás había mencionado la "hipótesis del suicidio" al teniente Vázquez de la Científica. &lt;em&gt;Asi que ellos ya tienen la letra y ahora esperan que yo haga la música. Bueno, pero primero quiero hablar con el juez, así nos ponemos todos de acuerdo con la part
