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&lt;div style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Alguna vez tenía que ser la primera que no tardara siglo y medio en leerme
un libro, y en este caso le ha tocado a &lt;i&gt;El
desierto de los tártaros&lt;/i&gt; de Dino Buzzati. No es que me haya vuelto
especialmente eficaz devorando literatura, ni que el libro me haya absorbido
tanto como para hacerme un traje con sus páginas, ni que haya tenido un acceso
de tiempo libre a costa de mi vida libertina. Simplemente he descubierto que
puedo leer mientras camino sin estamparme contra farolas y demás mobiliario
urbano y sin que me atropellen carritos de bebés, así que los 55 minutos que
dura la caminata entre mi casa y la facultad los empleo a partir de ahora en bucear
en mi lista de libros por leer, que se va dilatando a base de sabias
recomendaciones y regalos inesperados &lt;i&gt;[cof,
cof]&lt;/i&gt;. Ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda, que yo he venido aquí a
hablar de mi libro, a la mierda!!!!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El desierto de los
tártaros&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES"&gt; es la narración de una espera, la del teniente Giovanni Drogo. Destinado en
la Fortaleza Bastiani, un lugar incrustado entre desfiladeros y con vistas a un
gigantesco desierto batido por la neblina, a tiro de pájaro de la frontera con
el país del norte donde moran los tártaros, los días de Giovanni se desgastan
entre cambios de guardia, llegada de nuevos colegas, expediciones al Nuevo
Reducto, viajes aleatorios a la ciudad, y la tierna fe tozuda en una guerra
venidera, recompensa a su dedicación y tiempo invertidos. A nivel estilístico no
ha terminado de entusiasmarme (no sé si la traducción tendrá algo que ver ¬¬), lo
más complicado sea quizá el abundante vocabulario castrense referido a
fortificaciones, terminé pillando un plano para enterarme de dónde quedan los
glacis, los baluartes, los fosos, los revellines, y toda la parafernalia
técnica, porque si no me hacía un lío tremendo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Si bien el &lt;i&gt;cómo&lt;/i&gt; está escrito no
me ha llamado especialmente la atención, el &lt;i&gt;qué&lt;/i&gt;
está escrito me ha parecido la rehostia, todo un ejercicio de sincera lucidez
contemporánea, de una clarividencia que me ha dejado tiritando. El libro se
articula en torno a la espera, cuyo sustento primordial es una esperanza férrea
en una guerra vaga y difusa, razón primera y última de la existencia de Drogo. Pero
esa espera también se alimenta de sus ilusiones de juventud y de su tiempo.
Esto último es lo que más escalofríos me provoca &lt;i&gt;[ay, mi amigo el tiempo!]&lt;/i&gt;. El aplatanamiento progresivo de la
cotidianidad, la adictiva monotonía de la vida previsible, el descaste del
contacto social, el sentirse inútil haciendo algo teóricamente útil. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Y lo más grave aún, la postergación indefinida de la toma de decisiones.
Porque no es que Drogo no &lt;i&gt;tenga&lt;/i&gt; otra
opción, es que la asunción de que en algún momento la guerra ocurrirá sumada a
su síndrome institucional lo convierten en mártir por comodidad: una vez el
sentido de su vida tejido en base a factores externos, cualquier esfuerzo por buscar
una directriz fuera de esas cuatro paredes mentales que le asfixian está
condenado a una negación razonada seguida de un aplazamiento en el tiempo. En
otras palabras, y como Alaska, &lt;i&gt;mira la
vida pasar&lt;/i&gt;. Y no hace casi nada para dejar de ser un mero espectador.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES"&gt;[…] La conversación
con el general, abajo, en la ciudad, le había dejado pocas esperanzas de
traslado y carrera brillante, pero Giovanni comprendía también que no podría
pasar toda la vida entre los muros de la Fortaleza. Tarde o temprano, algo
habría de decidir. Después los hábitos lo embarcaban de nuevo en el ritmo
habitual y Drogo dejaba de pensar en los otros, en los compañeros que habían huido
a tiempo, en los viejos amigos que se hacían ricos y famosos, se consolaba con
la vista de los oficiales que vivían como él, en el mismo exilio, sin pensar
que podrían ser los débiles o los vencidos, el último ejemplo a seguir.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES"&gt;De día en día, Drogo
aplazaba la decisión, se sentía, por lo demás, aún joven: tan sólo veinticinco
años. Sin embargo, aquella ansiedad sutil lo perseguía sin descanso y, […]&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;El libro es muy gris y deprimente. Como si a punto de morir alguien te
preguntara &lt;i&gt;¿qué has hecho en tu vida que te
haya hecho feliz?&lt;/i&gt; y tú sólo pudieras contestar &lt;i&gt;nada&lt;/i&gt;, en un alarde mediocridad. &lt;i&gt;¿Pero
lo intentaste?&lt;/i&gt; ; &lt;i&gt;No, algo me lo
impedía&lt;/i&gt;. Pocas formas tan rastreras hay de cortarle la lengua al deseo como
no decidirse nunca a tomar una decisión. Si hay algo que he aprendido es que
nunca es tarde para agarrar la vida por los cuernos, y tengo en mi familia uno
de los mejores ejemplos, mi abuela. Con los hijos criadísimos, los nietos creciendo
al ritmo que las golosinas dejaban de costar una peseta para costar cinco, los
biznietos llamando a la puerta, mis abuelos se separaron. Se habían casado en
un momento en que las parejas eran para toda la vida porque sí, y cuando ya
parecía que no les quedaba más por hacer que dedicarse a disfrutar, se
encontraron con que tenían que empezar de nuevo. El caso es que a raíz de
echarse novio mi abuela estuvo una temporada en que apenas se la veía el pelo
entre viaje y viaje. &lt;i&gt;Cooper, estoy
viviendo mi juventud ahora con setenta años, &lt;/i&gt;recuerdo que me soltó un buen
día mientras yo me terminaba una ensalada de tomate. Y esa frase se me quedó
grabada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Siempre digo que todos tenemos nuestra cinética, pero que mientras queden
agallas para lanzarse a pelear con la vida queda la posibilidad de darle otra
vuelta de tuerca. La única pega es que cuanto más posponemos esa batalla más
probable es que nos encontremos como Max en &lt;i&gt;En
la ciudad sin límites&lt;/i&gt;, postrado en la cama de un hospital y buceando entre
intervalos de cordura con la intención de &lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=FuIJmJ6x_ZM"&gt;&lt;span style="background-attachment: scroll; background-color: white; background-image: none; background-position: 0% 0%; background-repeat: repeat repeat;"&gt;dar sentido&lt;/span&gt;&lt;/a&gt; &lt;i&gt;[atención
spoiler!]&lt;/i&gt;, en su último aliento, a toda una vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Próximo libro, &lt;i&gt;Nieve roja sobre
Frontera&lt;/i&gt;, de Santiago González Sacristán.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif;"&gt;
&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;Y en breve, dos relatos de viajes, que ya tienen su versión alternativa
para los que quieran ir abriendo boca: a la &lt;a href="http://improvingmyself-nz.blogspot.co.nz/2012/04/travelling-around.html" style="background-color: white;"&gt;&lt;span style="background-attachment: scroll; background-clip: border-box; background-image: none; background-origin: padding-box; background-position: 0% 0%; background-repeat: repeat repeat; background-size: auto;"&gt;península de Coromandel&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="background-color: white;"&gt; &lt;/span&gt;y al &lt;a href="http://blog.travelpod.com/travel-blog-entries/cagonu/18/1336957732/tpod.html"&gt;&lt;span style="background-attachment: scroll; background-color: white; background-image: none; background-position: 0% 0%; background-repeat: repeat repeat;"&gt;lejano Norte&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. Y también puede
que alguna noticia sobre mi vida, que ya toca, ¿no? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2672871321759148703-3972782662299693518?l=porencimadetc.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="feedflare"&gt;
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