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Esta vez, sin embargo, también dejó una pregunta que logró trascender las canchas: "¿Y si sí?".<br><br>Esta pregunta nació como un acto de confianza para desafiar el pesimismo que durante semanas repitió que México no tenía posibilidades frente a selecciones consideradas superiores. "Yo sé que no... pero ¿y si sí?", fue la respuesta de quienes decidieron creer que el resultado aún no estaba escrito.</p><p class="">Al final no ocurrió. México quedó eliminado. Pero no porque el sueño fuera imposible, sino porque así es el futbol, así son sus reglas y así está diseñado este campeonato: todos los participantes, excepto uno, serán eventualmente eliminados. Pero no todas las razones por las que un equipo llega y gana al final obedecen a una superioridad futbolística, muchas de ellas son eventos fortuitos que concurrentemente y en diferentes momentos le favorecieron: disparos que pegaron en el poste, penales fallados, resbalones, decisiones arbitrales, rebotes inesperados, jugadores lesionados, atajadas extraordinarias, o simplemente porque al rival se le acabó el tiempo.<br><br>Ganar o perder un torneo de esta naturaleza, en cualquiera de sus fases, no es una medida exacta de quién es mejor, ni determina la capacidad de los participantes. Tan es así, que selecciones con equipos mucho más costosos, e inclusive favoritos al título, son eliminados en las primeras etapas del torneo.<br><br>Por esto y muchas otras cosas más, la fuerza y la esperanza detrás de la pregunta inicial, ¿y si sí?, no deberían morir con la eliminación de México en este Mundial. Esa pregunta habrá de guardarse cuatro años, hasta el siguiente campeonato. Lo que debemos hacer es transformarla para que la energía que vimos, capaz de llenar calles y plazas para celebrar un triunfo deportivo, se utilice ahora para ser, exigir y lograr un país mejor. Digamos y preguntémonos, ¿y si ahora sí hacemos de México un país ejemplar? Yo sé que no, pero, ¿y si ahora sí, de veras?<br><br>Esta pregunta -al igual que la del "¿y si sí?- encierra un cambio de actitud hacia todo lo que ocurre y hacemos en México, tanto en contextos personales como públicos: Yo sé que no está bien lo que hice, pero ¿y si ahora sí, de veras, lo hago bien? Yo sé que violé la ley, pero ¿y si ahora sí, de veras la respeto? Yo sé que di o acepté una mordida, pero ¿y si ahora sí, de veras, dejo de hacerlo?<br><br>Yo sé que evadí mi responsabilidad, ¿y si ahora sí, de veras, la asumo? Yo sé que hice un daño, pero ¿y si ahora sí, de veras, lo reconozco y reparo? Yo sé que evado impuestos, pero ¿y si ahora sí, de veras, los pago? Yo sé que no hay medicamentos suficientes en hospitales, pero ¿y si ahora sí, de veras, hacemos algo para que los haya? Yo sé que no hay educación pública de calidad, ¿y si ahora sí, de veras, exigimos escuelas que realmente formen y abran oportunidades?<br><br>Yo sé que no hay seguridad para salir a la calle, trabajar y vivir en paz, pero ¿y si ahora sí, de veras, hacemos algo para recuperarla? Yo sé que el combate a la corrupción del gobierno es una farsa, pero ¿y si ahora sí, de veras, exigimos que quien robe al país responda por sus actos? Yo sé que no hay una administración pública eficiente, pero ¿y si ahora sí, de veras, exigimos transparencia y resultados o su salida del cargo?<br><br>Yo sé que los representantes populares representan más sus intereses y los de su partido que los de los ciudadanos, pero ¿y si ahora sí, de veras, les recordamos a quién le deben su mandato? Yo sé que no hay una justicia pronta, imparcial y accesible para todos, pero ¿y si ahora sí, de veras, exigimos jueces capaces, independientes y comprometidos con la ley?<br><br>Yo sé que no salgo a votar, pero ¿y si ahora sí, de veras, me informo y lo hago? Yo sé que no hay una oposición unida, pero ¿y si ahora sí, de veras, los partidos se unen y anteponen el futuro y bienestar de los mexicanos a las ambiciones de poder?...<br><br>Ninguna de estas preguntas encontrará respuesta si únicamente se quedan en pláticas de café. Las sociedades cambian cuando los ciudadanos participan. México cambiará el día que participemos y nos manifestemos como si hubiéramos ganado el Mundial. ¿Y si ahora sí, de veras, participamos? ¿Y si ahora sí, de veras?<br>&nbsp;<br>"El caos es la penitencia por el pecado de omisión ciudadana".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1783597836383-KXTBV3HG17SZJU3RBSL9/38D7A37B-B1FD-407F-9440-99FEF46A111B.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="844"><media:title type="plain">¿Y si ahora sí, de veras?</media:title></media:content></item><item><title>Aquí, ahora</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Sat, 04 Jul 2026 16:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/7/4/aqu-ahora</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a48eb3558dabf40d3fe1388</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">En medio de la algarabía del Mundial de Futbol y las celebraciones de los triunfos de la Selección Mexicana se observa el necesario y consciente protocolo de guardar un minuto de silencio al inicio de cada partido, en memoria de los fallecidos y afectados por los recientes terremotos en Venezuela, que han dejado escenas de devastación y angustia, con bomberos, cuerpos de protección civil, personal médico y voluntarios atendiendo víctimas, buscando sobrevivientes y auxiliando a quienes lo han perdido todo.<br><br>A estas tareas se ha sumado la solidaridad de distintos países y organizaciones internacionales, que han enviado equipos especializados, ayuda humanitaria y recursos para las labores de emergencia, mientras que las cifras oficiales de fallecidos, heridos, desaparecidos y daños materiales se van actualizando.<br><br>Tragedias como esta revelan la fragilidad de nuestra existencia. Vivimos con la ilusión de que el mañana está garantizado. Planeamos, construimos, acumulamos bienes y hacemos proyectos a largo plazo, dando por hecho que la rutina continuará intacta. Pero de tiempo en tiempo la naturaleza nos recuerda que las "certezas" sobre las que edificamos nuestra vida son mucho más débiles y efímeras de lo que creemos.<br><br>Frente a los desastres naturales, a los accidentes, guerras y enfermedades que no distinguen entre quienes tienen todo y quienes apenas poseen lo indispensable, las diferencias que parecen tan importantes en la vida cotidiana pierden sentido. Solo hay una sensación dominante para todos: impotencia.<br><br>Ninguna previsión humana puede garantizar seguridad absoluta; ninguna economía puede comprar la certeza del futuro; ningún poder político puede ordenar que la tierra permanezca inmóvil. En cuestión de segundos, miles de personas mueren, casas y edificios se derrumban, negocios y patrimonios se destruyen y vidas enteras cambian para siempre.<br><br>Quizá por eso las tragedias despiertan lo mejor de las personas. Vecinos que ayudan a vecinos, rescatistas que arriesgan su vida para salvar la de otros, médicos que trabajan sin descanso y ciudadanos anónimos que comparten alimento, refugio o compañía, porque cuando todo se derrumba, la solidaridad es el primer sostén.<br><br>Los terremotos de Venezuela hoy, como tantas otras catástrofes ocurridas en el mundo, nos recuerdan que habitamos un planeta tan fascinante como impredecible. Si aceptamos que no está en nuestras manos decidir cuánto tiempo viviremos ni las circunstancias que nos tocará enfrentar, la conclusión es obvia, aunque a menudo la olvidemos: el único momento que importa es el presente.<br><br>Este principio del "aquí y ahora" tiene una dimensión tanto filosófica como práctica. No significa ignorar el pasado ni renunciar a planear un futuro por definición incierto. El pasado sirve para aprender y el futuro para orientar las decisiones que tomamos todos los días para atender las circunstancias que tenemos enfrente, concentrando nuestra energía en las acciones necesarias para mejorarlas o remediarlas, y evitando así caer en la llamada "parálisis por análisis", que surge cuando nos preocupamos excesivamente por lo que pasó o por lo que podría llegar a pasar.<br><br>Séneca, el antiguo filósofo estoico, decía que "sufrimos más en la imaginación que en la realidad", por lo que debemos enfocar nuestros esfuerzos únicamente en aquello que depende de nosotros, y aceptar con serenidad lo que escapa a nuestro control.<br><br>De manera similar, tradiciones orientales como el budismo enseñan que buena parte del sufrimiento nace del apego al pasado o de la ansiedad por lo que aún no ocurre. En ese mismo sentido, filósofos existencialistas como Heidegger y Sartre han sostenido que la existencia humana se realiza en el presente, porque es allí donde elegimos, actuamos y damos forma a quienes somos.<br><br>Al final, de distintas maneras, las adversidades nos enseñan y recuerdan dos cosas: que la seguridad absoluta y permanente es una ilusión, y que todo es transitorio: si las cosas van mal, recordemos que todo pasa, y si van bien... recordemos que también pasa.<br><br>Por ello, tanto en los momentos de felicidad (¿y si sí?), como en los de desdicha (¿y si no?), lo sensato es vivir con mayor conciencia, valorar a quienes nos rodean, actuar con generosidad y aprovechar del mejor modo posible el tiempo que tenemos aquí y ahora.<br><br>"La certeza es un paréntesis<br>en la incertidumbre".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1783163816514-OOSO7VAFS5WHHOOOHO8K/4749C46D-C5CE-4FC9-90D8-07FBE1D9A7C9.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="750"><media:title type="plain">Aquí, ahora</media:title></media:content></item><item><title>El pato Merlín</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 26 Jun 2026 16:30:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/6/25/el-pato-merln</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a3d12ae2cee9e2a64bf0267</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Históricamente, los gobernantes han buscado siempre asociarse con figuras del deporte, el arte o el entretenimiento para, según ellos, así conectar con las masas, mejorar su imagen, o desviar la atención de los problemas de Estado.<br><br>Este oportunismo o uso de la fama ajena ha alcanzado niveles de caricatura. Los políticos ya no solo buscan la foto con el campeón del mundo de algún deporte, o con la estrella "pop" del momento; ahora están dispuestos a colgarse de la popularidad de cualquier fenómeno que domine las tendencias en las redes sociales, sin importar su naturaleza, con el único objetivo de obtener atención y cosechar un beneficio publicitario o que distraiga o maquille la realidad.</p><p class="">El ejemplo más reciente de esta práctica ocurrió hace unos días en la conferencia mañanera de la Presidenta. Un espacio que teóricamente debería estar destinado a la información, a la rendición de cuentas, a la transparencia y debate de la agenda nacional, se convirtió en el escenario para recibir a Merlín, un pato que cobró fama masiva en redes sociales y terminó siendo adoptado mediáticamente como mascota y "embajador" no oficial de la Copa Mundial de Futbol 2026.<br><br>El objetivo de invitar al pato Merlín a la conferencia mañanera es obvio: montarse en la inmensa ola de simpatía y en los millones de reproducciones que este pato arrastra consigo. Una burda operación propagandística para capitalizar un momento de exposición internacional, y literalmente hacerse "pato(a)" aunque sea por un rato, con los múltiples y serios problemas del país.<br><br>Sin embargo, esta ocurrencia acarreaba un problema: como el pato no habla ni puede ir solo, había que invitar obligadamente a su dueña, Karla Gómez, y buscar la manera de no hacerla sentir "usada" o menos importante que el animal, lo que obligó a la Presidenta a mostrar cierto interés por su realidad social y a ofrecerle ayuda especial directa, solo por ser la dueña del pato recién convertido en celebridad y haber prestado su fama a la Presidenta por un momento.<br><br>El problema de este tipo de montajes es que terminan por desmoronarse. En este caso la narrativa del gobierno del bienestar chocó con la realidad de la vida cotidiana. Frente a las cámaras de la "mañanera" apareció una madre soltera y vendedora ambulante -probablemente parte de la economía informal que no paga impuestos- y que personifica las carencias, la falta de oportunidades y las dificultades económicas que millones de mexicanos enfrentan todos los días para subsistir.<br><br>La idea de aprovechar la fama de un pato terminó convirtiéndose en una forzada ayuda pública.<br><br>Ayudar a alguien por la conveniencia mediática que representa no es humanismo, como lo quiso presentar la Presidenta, es oportunismo. Es muestra de que la atención institucional está sesgada y pasa por el filtro de la fama.<br><br>Este apoyo especial, si bien ayuda mucho a una persona en particular (qué bueno por Karla), es injusta para los miles de ciudadanos que tienen reclamos profundos y devastadores, que todos los días piden ayuda de algún tipo, y reciben nada.<br><br>El mensaje que se envió desde la tribuna presidencial es perverso. Pareciera que para que el Estado mexicano escuche no basta tener una necesidad legítima o estar en situación de vulnerabilidad; lo que se requiere es tener un escaparate en las redes sociales y audiencia masiva.<br><br>Lo digo porque mientras la dueña del pato Merlín salía de Palacio Nacional con promesas de asistencia y soluciones personalizadas, colectivos de madres buscadoras, de pacientes que claman por medicamentos en los hospitales públicos y comunidades enteras afectadas por el crimen organizado pasan meses, e incluso años, solicitando una audiencia con el Ejecutivo sin recibir respuesta. Sus necesidades y demandas, a pesar de que son de vida o muerte, carecen de la ventaja competitiva de ser una tendencia viral o divertida en TikTok.<br><br>La justicia social no puede depender de likes en las redes sociales ni de los caprichos del departamento de Comunicación Social de la Presidencia.<br><br>Cuando la política privilegia la popularidad y el espectáculo sobre la atención de los problemas de fondo, lo que se termina construyendo es un gobierno en el que la sensibilidad y la compasión dependen más de los reflectores que de las necesidades reales de la población.<br>&nbsp;<br>"Las apariencias engañan...<br>si la mirada es ligera".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1782387588982-DZSX8HGSHU59PTEZ4030/5ACDB4E3-0708-43C5-B5DC-A66CD7782466.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="2250"><media:title type="plain">El pato Merlín</media:title></media:content></item><item><title>El precio del placer</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 19 Jun 2026 10:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/6/18/el-precio-del-placer</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a34765e3833a94373cee21f</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Los precios de los boletos para la Copa Mundial de la FIFA 2026 en México han generado preguntas que van más allá del entusiasmo futbolero: ¿hasta qué punto es razonable pagar para vivir una experiencia? ¿Cuánto es mucho?<br><br>Según la información general, los boletos para ver a la Selección Mexicana o partidos de fases más avanzadas del campeonato cuestan entre 35 mil y 240 mil pesos, dependiendo de la ubicación del asiento, la etapa del torneo, qué equipos juegan o si son reventas, además por supuesto de la oferta y demanda que ahora se explotan al extremo con las llamadas "tarifas dinámicas".</p><p class="">Estos precios nos obligan a preguntarnos: ¿hasta dónde puedo o hasta dónde estoy dispuesto a pagar? Establecer este límite no es fácil, pues involucra múltiples consideraciones. La primera, y más obvia, es la de la capacidad económica, y que se refiere no solo a la cifra absoluta, sino a su proporción dentro de un presupuesto de gastos mensuales o de ahorros disponibles, y los días, semanas o meses de trabajo que ese gasto representa.<br><br>Otra es la del nivel de satisfacción esperado, que cuestiona el valor de la experiencia, la intensidad de la emoción que se puede anticipar y si ese gozo es lo suficientemente importante y duradero para el esfuerzo económico que significa su compra.<br><br>Sin embargo hay otras consideraciones de tipo ético y educativo (para mí) igual o más importantes. Pienso que pagar precios exorbitantes por lo que sea -en este caso, para ver un partido de futbol- normaliza el abuso de los organizadores y de ciertas empresas involucradas, así como de miles de revendedores que se aprovechan de las emociones o de la escasez para obtener beneficios económicos desmedidos o indebidos; alimentan un sistema comercial sin escrúpulos, que opera sin restricción legal o ética, al cual se corregiría por sí mismo si el público consumidor simplemente decidiera establecer topes, porque mientras haya suficientes personas (¿tarugas?) dispuestas a pagar lo que sea, por lo que sea, los precios continuarán aumentando sin pudor.<br><br>Por otro lado está el mensaje educativo que hay detrás de todo exceso. Cuando no se establecen límites a la búsqueda de satisfacciones y disfrute, lo que se fomenta son sistemas de vida hedonistas en los que el placer y la ostentación son el criterio principal para tomar decisiones y evaluar lo que es bueno o valioso. En otras palabras: el que se pueda pagar algo no significa que se deba comprar. Esto es especialmente evidente en ciertas marcas de ropa y accesorios de lujo, que venden no productos, sino símbolos sociales a precios que no tienen relación con el valor real de las cosas.<br><br>La decisión de comprar lujos y placeres, después de todas estas consideraciones, es profundamente personal. No se trata de simples transacciones monetarias, sino de una filosofía de consumo, de principios universales de decisión que aplican a cualquier gasto, particularmente a los superfluos. Es más difícil abstenerse o renunciar voluntariamente a un placer o a un lujo que comprarlo. La abstención requiere madurez emocional y resistencia moral frente a los impulsos naturales y las presiones sociales, mientras que para comprar algo costoso, banal o prescindible lo único que se requiere es dinero.<br><br>Estas renuncias confrontan las normas culturales de consumo y mantienen coherencia con valores que priorizan el bien a largo plazo sobre la gratificación instantánea.<br><br>Decidir no pagar precios excesivos por nada enseña varias cosas: que el trabajo tiene valor, que ganar dinero cuesta horas de esfuerzo, estrés y sacrificio, y que usarlo de forma racional es un acto de respeto a ese trabajo; que el placer no es infinito: la satisfacción esperada disminuye en la medida que el costo aumenta; que la ética importa y no debemos normalizar el abuso de precios, la manipulación de la escasez o del ego.<br><br>La conciencia del consumo no es abstinencia absoluta, sino moderación razonada para disfrutar la vida de manera congruente con nuestra realidad y con el entorno, evitando caer en las garras del mercado o ser víctimas de la vanidad, del estatus social y la presunción.<br><br>"El valor de una persona es lo que queda luego de quitarle todo su dinero, atributos físicos y adornos".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1781823159573-QVYW1WH8BZ39BKKIWN7N/BBA46E8F-18D7-4B83-851A-6111D1C115F7.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="2250"><media:title type="plain">El precio del placer</media:title></media:content></item><item><title>Sancionar no es reprimir</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Sat, 13 Jun 2026 20:30:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/6/13/sancionar-no-es-reprimir</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a2d5d33c8f14d76341ad8f6</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha llevado a cabo, con lujo de violencia y total impunidad, múltiples manifestaciones, plantones y bloqueos carreteros en varias ciudades y estados del país, con la intención de presionar al gobierno federal para obtener respuesta a sus demandas.<br><br>Si bien la protesta es un derecho fundamental reconocido en la Constitución y en tratados internacionales, ésta tiene límites: no puede derivar en violencia, vandalismo, destrucción de infraestructura, saqueos o acciones que afecten derechos de terceros, como la movilidad, el comercio y los servicios públicos, entre otros.<br><br>Cuando la protesta se convierte en la comisión de delitos, pierde su protección democrática y el Estado tiene la facultad (y la obligación, diría yo) de aplicar la ley con proporción y transparencia. No hacerlo convierte los bienes públicos y los derechos de todos en moneda de cambio, en herramienta de presión política para exigir lo que sea.<br><br>La presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que los actos vandálicos durante las protestas de la CNTE son inaceptables, sin embargo, esas declaraciones no se han traducido en acciones de investigación y sanciones efectivas a los responsables del vandalismo.<br><br>El gobierno confunde la aplicación de la ley con represión. Esta confusión ha debilitado la legitimidad del Estado para proteger tanto lo común como lo privado y ha hecho que la violencia y la coacción sean ahora un eficaz y recurrente mecanismo de negociación.<br><br>En otras palabras: para no ser acusado de ser "represivo", el gobierno ha aceptado ser extorsionado, en este caso por la CNTE, una organización radical que nunca concilia, poco o nada tiene que ver con la calidad de la educación pública, y que condiciona la paz ciudadana, la movilidad y el funcionamiento de servicios públicos a la satisfacción de sus demandas. La CNTE le ha tomado la medida al gobierno. Sabe que provocar caos con garantía de impunidad es mucho más redituable que negociar civilizadamente.<br><br>Lo malo es que el método comienza a ser imitado por otras organizaciones, generando un costo enorme para el país y empobreciendo (aún mas) la vapuleada democracia. Aplicar la ley, y sancionar a quienes destruyen todo a su paso y afectan los derechos de otros, no significa reprimir. Reprimir es usar la fuerza de manera desproporcionada o ilegítima para acallar disidencia pacífica. Este miedo o resistencia a aplicar la ley tiene múltiples consecuencias.<br><br>Para empezar, mina la confianza en la capacidad del Estado para regular la convivencia. Si quienes rompen la ley no enfrentan consecuencias, quiere decir que las normas no rigen para todos. Cuando una manifestación se vuelve agresiva, las demandas o el mensaje político original se pierden y las agresiones se vuelven el foco del debate, reduciendo la posibilidad de generar acuerdos y reformas duraderas.<br><br>Por otro lado, tolerar manifestaciones violentas redefine la cultura cívica, ya que la solución de conflictos o la obtención de prebendas dependen de la fuerza callejera y no de razones y argumentos, lo que beneficia a grupos y personas que cuentan con recursos y capacidad de movilización.<br><br>En ningún caso se deben aceptar la violencia y destrucción como parte de un reclamo. Es como aceptar negociar con terroristas. La tarea es difícil, pero es necesario garantizar que los actos de violencia y vandalismo serán investigados y sancionados con justicia. Solo así se preserva lo común y se les da sentido y eficacia a las demandas legítimas que buscan transformar la sociedad.<br><br>Atendiendo al dicho popular que dice "sobre aviso, no hay engaño", y para que nadie confunda la aplicación de la ley con represión, lo que todos los niveles de gobierno debieran comunicar a la sociedad, y en particular a los grupos disidentes o inconformes, es que de ahora en adelante, quien destruya propiedad pública o privada, quien afecte los derechos de otros, provoque caos o utilice la violencia como herramienta política y método de presión para negociar cualquier asunto, será sancionado de manera proporcional conforme a la ley.<br><br>Esta es la única manera de defender, al mismo tiempo, el derecho constitucional a la protesta pacífica, los derechos de todos y de evitar la normalización de la violencia como método de negociación.<br><br>"El caos social es la penitencia<br>por el pecado de omisión ciudadana".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1781358318689-AELXKHJ25TVJBEOFUXS0/6190A2AA-6327-4635-8291-990A18DCAFBE.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="988"><media:title type="plain">Sancionar no es reprimir</media:title></media:content></item><item><title>Moralización de la crítica</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Sat, 06 Jun 2026 12:35:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/6/6/moralizacin-de-la-crtica</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a2405faada08a3c9fc8896a</guid><description><![CDATA[<p class=""><strong><em>Metas pobres, vidas pobres.</em></strong></p><p class="">La retórica de la Cuarta Transformación se ha convertido en un escudo ideológico que desactiva la crítica más básica y congela la posibilidad misma de mejorar.<br><br>Cuando las obras, inversiones y proyectos del gobierno son señalados, sea por su inviabilidad o por su mediocridad conceptual, técnica o estética, la respuesta oficial automática es personalizar y deslegitimar al crítico, etiquetándolo como "racista", "clasista", "neoliberal" o "enemigo del pueblo".<br><br>Criticar o señalar errores de la 4T ha dejado de ser un acto racional y se ha convertido en un examen de lealtad para saber si se está con ellos o contra ellos. En lugar de analizar el mensaje y actuar en consecuencia, atacan al mensajero. Da lo mismo si lo que se critica o compara es un tren o un aeropuerto, una línea aérea o una refinería; una universidad, un banco, una farmacia o unos libros de texto; o los candiles franceses en una estación del Metro, o ferias y espectáculos culturales que mediante la repetición de fórmulas mediocres se presentan como "populares".<br><br>El problema no es que existan opiniones, gustos o sensibilidades diferentes, el problema es la relativización moral que hacen de los datos, razonamientos y referencias que sustentan las críticas, y que la usen como coartada para anular estándares y evadir responsabilidades. "Lo que pides es para una élite", "es válido pensar diferente", "eso es democracia", "el pueblo tiene otros gustos y otros estándares"... son las respuestas que dan a las críticas y que utilizan para presentarse como demócratas defensores de la libertad de expresión y como luchadores sociales contra la desigualdad.<br><br>Lo malo de estas posturas es que en la práctica funcionan como un veto: prohíben comparar, suspenden el juicio técnico y criminalizan la exigencia de calidad. Son diálogos sordos que empobrecen la vida pública, impiden mejorar y mantienen al país siempre en los últimos lugares de cualquier índice de medición.<br><br>Si intentamos comparar lo que el gobierno mexicano hace con estándares internacionales o con buenas prácticas, dicen que la comparación no es válida porque "ese no es nuestro público", como si las necesidades y aspiraciones de los mexicanos fuesen diferentes a las del resto del mundo.<br><br>La 4T ha construido una especie de pedestal moral en torno al "pueblo" que transforma cualquier aspiración de mejora en traición: lo que el pueblo recibe por su conducto es siempre lo adecuado; cuestionarlo implica no respetar su identidad cultural o sus gustos, y nadie más que ellos tiene la autoridad moral para elevar las aspiraciones o la vara educativa, técnica o estética.<br><br>No me malinterpreten: está bien defender la cultura y el gusto popular, lo que no está bien es convertirlo en una excusa para negar estándares mínimos y aspiraciones de excelencia, o para entregar bienes colectivos mediocres, con ánimo asistencialista o criterios de remiendo. Aspirar a poco es decisión política y cultural. Se puede mejorar aún con pocos medios, pero eso exige pensamiento crítico, estándares y referentes claros. Lo que impide salir de la pobreza no son las carencias, sino la complacencia y el conformismo. Exigir calidad no es elitismo, ni es quitarle dignidad o identidad al pueblo, es intentar el logro de mejores condiciones para todos.<br><br>Y unos dirán que la calidad es subjetiva y distinta para unos y otros. Sí, en parte es cierto, pero debe haber estándares mínimos y referencias que marquen ideales por alcanzar. Y no se diga si aspiramos a ser líderes en todo lo que hacemos, y convertirnos en vanguardia y referentes de otros.<br><br>Necesitamos recuperar la posibilidad de criticar, evaluar y comparar sin que la respuesta sea una acusación de pertenecer a una supuesta "élite" privilegiada que conspira. Mejorar requiere además de metas ambiciosas, rigor técnico y cuidado estético, el establecimiento de estándares mínimos y debates en los que la evidencia, la responsabilidad y la búsqueda de la excelencia estén por encima de juicios morales.<br><br>Digo esto porque parece que lo que el oficialismo quiere es que los mexicanos reduzcamos nuestras aspiraciones, nos conformemos con lo que hay y normalicemos la mediocridad.<br>&nbsp;<br>"Metas pobres, vidas pobres".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1780746003682-FNZ1CIGDKP7OULBHPXVJ/4C43B6C6-37E1-4B8C-A55F-6AAB45B43256.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="844"><media:title type="plain">Moralización de la crítica</media:title></media:content></item><item><title>No es arte</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 29 May 2026 16:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/5/31/no-es-arte</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a1bcd07b4391578bda279f7</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Seguramente muchos de ustedes ya han escuchado música generada por la Inteligencia Artificial (IA).<br><br>La IA puede componer sinfonías, hacer arreglos musicales y reproducir voces con impresionantes rangos y estilos; puede pintar retratos perfectos y dar instrucciones a robots para esculpir mármol de manera impecable. Sin embargo todas estas obras, por más perfectas que sean, se sienten "huecas".<br><br>El mal llamado "arte" producido por la IA no gusta, no conecta, y no vale. No porque esté mal hecho, sino porque detrás de él no hay nadie, y ese es exactamente el problema.<br><br>Al contemplar, por ejemplo, una escultura de mármol tallada a mano por Miguel Ángel o Sanmartino, podemos mirar cada curva, cada pliegue sutil que parece respirar, y percibir la sensibilidad de quien la creó, las horas de dedicación, los intentos fallidos y la paciencia infinita hasta alcanzar la perfección.<br><br>Y lo mismo con la música. Podemos escuchar una canción ejecutada con precisión absoluta, donde cada nota parece estar en su lugar perfecto y cada matiz cuidadosamente calculado. Sin embargo, en el instante en que descubrimos que ha sido creada por un software generativo, algo pasa que la pieza pierde inmediatamente su valor. Se vuelve nada.<br><br>Da igual si se ve o se oye bien. Da igual si imita perfectamente un estilo. No hay historia, no hay intención, no hay conflicto. Es como admirar una emoción falsa, una simulación de algo que nunca ocurrió. Y eso, para mí, lejos de impresionar, incomoda.<br><br>Incomoda porque el arte no es el resultado, sino lo que lo precede: rastros de vida y procesos llenos de fricción. Y las cosas sin proceso son un truco, ilusiones baratas.<br><br>La música no vale por sus acordes y estrofas, sino por lo que costó escribirlas. Por las noches sin dormir, por las dudas, por las angustias, por lo que el artista se jugó al hacerla. La Inteligencia Artificial elimina todo eso. Produce sin pagar ningún costo, y sin costo no hay valor.<br><br>Una escultura hecha por un robot o una pieza musical creada por un software puede ser técnicamente impecable, pero es profundamente insignificante. No hay autor, no hay manos ni voces temblando, no hay decisiones difíciles, no hay errores convertidos en estilo. No hay sangre, sudor ni lágrimas. Es pura ejecución. Un ejercicio de precisión sin alma. Una mentira bien contada.<br><br>La IA no puede producir arte porque no siente vergüenza al fallar ni orgullo al acertar. No insiste, no se rompe. Solo calcula. Y el cálculo no es creación.<br><br>El arte real implica riesgo. Siempre hay algo que el artista pone en peligro. La IA, en cambio, no puede perder nada. Y si no puede perder, si no tiene nada en juego, nada de lo que haga importa, porque el arte no surge de una base de datos, sino de experiencias y necesidades humanas irrepetibles.<br><br>La IA puede imitar resultados, pero no el origen ni el propósito. Todo lo que hace es copia de la copia, de la copia..., mezclas sin sentido de las ideas y propósitos de otros.<br><br>Por otro lado, decir que una obra generada por la IA tiene el mismo valor que una creada por un ser humano no es progresista, es reductivo. Es aceptar que el arte no necesita humanidad: si todo puede producirse sin esfuerzo, sin historia y sin conciencia, entonces nada importa realmente. Da lo mismo lo que sea, como sea.<br><br>¿Es acaso lo mismo un diamante creado en unas semanas en un laboratorio que uno creado en el manto terrestre durante millones de años? Químicamente pueden ser idénticos, pero su significado es completamente diferente.<br><br>Y ahí está el conflicto: no es el hombre contra la máquina y la IA en términos de capacidad, sino en términos de significado. La IA puede hacer más, más rápido y más barato. Sí, pero no puede hacer algo que duela. No puede hacer algo que nazca de la necesidad. No puede crear desde el límite.<br><br>Para mí, el arte humano, con todas sus imperfecciones, sigue y seguirá siendo el único que tiene algo que perder, y precisamente por eso es el único que tiene algo que decir.<br><br>Y no es una cuestión de nostalgia. No es miedo al progreso.<br><br>La IA puede ser, para la vida cotidiana y el desarrollo económico, incluso más eficiente y precisa que la ejecución humana, pero si de arte se trata, hay que dejar una línea clara: si el arte no es humano, no es arte, ...punto.<br><br>"Es un arte vivir del arte".<br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1780207720665-B0YVVCYX58Z8XBMUNL7Y/6BFD279D-2F97-419D-8FFA-CE61DC3E16A2.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1875"><media:title type="plain">No es arte</media:title></media:content></item><item><title>Educar al educador</title><category>Educación</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Thu, 21 May 2026 16:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/5/22/educar-al-educador</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a10b21bcb4853764b814d1a</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Si la persona a cargo de la educación pública en México no comprende por qué cerrar escuelas y adelantar vacaciones escolares debido a "la ola de calor que afecta al país y a la realización del Mundial de Futbol 2026" son razones insostenibles, creo que lo que procede es educar al educador. Veamos cada uno de sus razonamientos.<br><br>"Por la ola de calor". Para empezar, no es lo mismo el clima en el desierto de Sonora que en la Ciudad de México, y si bien en algunas zonas del país hay escuelas con techos de lámina, poca o nula ventilación en las que las aulas pueden volverse "hornos", no es necesario cerrar todas, y en los casos extremos, ver la posibilidad de mover las clases temporalmente a lugares con mejores condiciones, además de comenzar a ver la solución de fondo: invertir en la construcción de escuelas adecuadas al tipo de clima de su ubicación, en lugar de en inútiles y caprichosas obras, como el Tren Maya, el AIFA, Dos Bocas, etcétera.<br><br>"Por el Mundial". Ningún tipo de entretenimiento, por más importante que sea (para algunos), es razón válida para suspender clases. Para un padre de familia responsable primero están los estudios y luego la diversión, y el Estado debe actuar siempre como "buen padre de familia", no como cómplice de alumnos (y maestros) que se quieren "hacer la pinta", y menos cuando la calidad educativa del país está por los suelos.<br><br>"En junio ya no hacen nada". El poco educado educador del país dijo que después del 15 de junio, las escuelas dejan de cumplir su función real: "Debemos ser honestos, tras la entrega de calificaciones hay una inercia en todo el ecosistema educativo; se cae en un periodo que en realidad se aprovecha para la descarga administrativa; la escuela pierde su propósito pedagógico y se convierte en una estancia forzada".<br><br>Si el propio secretario de Educación afirma lo anterior, lo que debería hacer no es quitar el último mes de clases (pues siempre habrá un último mes), sino ver que todos los días del ciclo escolar sean productivos.<br><br>"Las escuelas no son guarderías". Este fue uno de los puntos más polémicos. Delgado dijo que, "en la recta final del calendario oficial, los maestros dejan de enseñar y los padres de familia terminan utilizando los planteles simplemente como guarderías por conveniencia propia".<br><br>Esto es falta de sensibilidad y empatía para con los padres y madres que trabajan. Sí, el tiempo que un niño pasa en la escuela permite a la madre o al padre salir a trabajar sin preocupaciones. Cuando no hay clases la dinámica familiar y económica cambia por completo. Así es la vida y así nos organizamos todos.<br><br>"Falta de flexibilidad laboral". El secretario recriminó a las empresas por su falta de flexibilidad laboral, señalando que el sistema económico presiona a las familias sin ofrecer alternativas mientras el Estado intenta ajustar los tiempos escolares (cómo hacemos sufrir al Estado).<br><br>Según el secretario, las empresas deberían permitir que los empleados con hijos pequeños falten al trabajo para quedarse a cuidarlos cuando no tienen clases. Si así fuera, en los periodos vacacionales el país dejaría de funcionar. El secretario debiera preguntarse más bien ¿por qué el propio AMLO cerró las estancias infantiles y afectó a las madres trabajadoras?, ¿por qué desaparecieron las escuelas de tiempo completo que beneficiaban a millones de niños en zonas marginadas, en las que muchos recibían su única comida caliente del día y contaban con un lugar seguro mientras sus padres salen a trabajar? ¿No que primero los pobres?<br><br>Culpar al sistema económico por la necesidad de contar con guarderías infantiles es parte de la ideología comunistoide y antiempresarial que rodea a la 4T, y con la que en lugar de asumir la responsabilidad que adquirieron de resolver los problemas del país, la evaden, culpando siempre a otros.<br><br>Delgado no solo dijo que "las aulas no deben fungir como espacios de resguardo por conveniencia del mercado", sino que atribuyó la crisis educativa a lo que denominó un "calendario tecnócrata".<br><br>Lo bueno al final es que a pesar de los intentos del secretario por defender lo indefendible, su decisión fue cancelada. Los maestros y alumnos mexicanos que quieran ver el Mundial, lo tendrán que hacer fuera del horario escolar, como siempre debió ser.<br><br>"Cuando la educación entra por la <br>puerta, la pobreza sale por la ventana".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1779570314899-CHAFGQQCNUMUKA1FSPDW/Men%27s+Black+Long-Sleeved+Top.jpg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1000"><media:title type="plain">Educar al educador</media:title></media:content></item><item><title>Acertijos en redes</title><category>tecnología </category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 15 May 2026 16:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/5/22/acertijos-en-redes</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:6a10b07c9dd3e96a096fa56b</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">En las redes sociales es común toparnos con publicaciones que nos invitan a resolver todo tipo de acertijos o desafíos, como: "Encuentra el área del recuadro rojo", "90% no encuentra el error", "Descubre las diferencias", etcétera, y cada vez que los veo me pregunto: ¿quién los hace, quién le dedica tiempo a pensarlos, diseñarlos y publicarlos, y para qué?<br><br>Me puse a investigar al respecto, y lo que encontré es que quienes los diseñan y publican no son aficionados casuales o desocupados que no tienen algo que hacer, sino que se trata de cuentas gestionadas por especialistas en marketing digital, agencias de publicidad o "granjas" que producen "contenido" automatizado y generado con herramientas de Inteligencia Artificial.<br><br>Pero, ¿para qué lo hacen?, ¿qué es lo que buscan realmente?<br><br>Su objetivo principal es generar interacción masiva.<br><br>Cada "like", cada comentario, cada respuesta o reenvío, así como el tiempo de permanencia intentando resolver el problema planteado o encontrar la respuesta formulada, cuenta como métrica valiosa para los algoritmos de las plataformas.<br><br>Muchas páginas usan estos juegos para ganar seguidores rápido: primero atrapan con contenido interesante para luego cambiar el contenido o monetizar la audiencia, además por supuesto de recopilar datos. Y no es que el acertijo en sí "robe datos", sino que al interactuar, ayudamos a las plataformas a perfilar intereses, a que "aprendan" el tipo de contenido que nos engancha, y usar esa información para una publicidad más dirigida.<br><br>Un simple acertijo puede disparar el nivel de interacción ("engagement") de la audiencia. Cuando la gente compite, discute soluciones y las reenvía a amigos, multiplica el alcance orgánico. Detrás de esto hay un negocio claro.<br><br>Una cuenta con alto "engagement" atrae patrocinios, anuncios de YouTube o ventas de todo tipo de productos físicos, así como de productos digitales (cursos, dietas, ejercicios...).<br><br>Pero hay otro objetivo más ambicioso detrás de estos acertijos que la simple comercialización de mercancías: el de retener nuestra atención el mayor tiempo posible.<br><br>Plataformas como Meta o TikTok premian el "time on site", y estos juegos son estímulos diseñados para activar la liberación de dopamina en el cerebro que generan adicción o retención.<br><br>Se conocen como "anzuelos dopamina", que activan el cerebro con recompensas rápidas, similares a las de un casino. Un estudio de la Universidad de Stanford reveló que el 70% de los usuarios de las redes sociales pasa más de 30 minutos diarios en este tipo de contenido "ligero".<br><br>Esto no es casual; es estratégico. Generan reenvíos virales, expandiendo la red de exposición. Una vez enganchados, los usuarios estamos expuestos a todo tipo de anuncios. Y peor aún, muchos enlaces llevan a sitios de estafadores ("phishing") para engañar a la audiencia y entonces sí robar contraseñas o información bancaria.<br><br>Veámoslo de otra manera: estos juegos, aparentemente inocentes, no son solo entretenimiento, son tácticas para bombardeos publicitarios personalizados o para todo tipo de estafas.<br><br>¿Qué podemos hacer para no ser utilizados? Para empezar, limitar el tiempo que interactuamos con las redes sociales, y si queremos entretenernos con algún juego o acertijo, hacerlo desconectados de las redes, sin comentar ni compartir, negando así datos al algoritmo.<br><br>Y para no ser víctimas de estafas, hay que aprender a distinguir un sitio real de uno falso. ¿Cómo? Para empezar, desconfiando, pensando en la forma como llegamos a esos sitios, si fue por medio de un enlace o de un correo electrónico y revisando a detalle la dirección del sitio (URL) o del remitente antes de escribir una contraseña, un usuario o proporcionar datos bancarios.<br><br>Hay muchas otras cosas que observar: los sitios legítimos no hablan de "premios" o de "cuentas bloqueadas", no tienen faltas graves de ortografía o letras cambiadas, como "faceb00k" o "instagarm". Todo se reduce a investigar antes de creer.<br><br>No se trata de satanizar la diversión y el entretenimiento, sino de evitar ser víctimas de fraudes y de recuperar el control, para que en el casino de estafas, publicidad y atención monetizada que vivimos, seamos los jugadores y no las fichas.<br><br>"La sospecha es la madre de la supervivencia".<br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1779478789813-TXF2EUJLHE55W0CANE5C/37178D08-541B-4DC5-BC08-62ABFBFB1649.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1000"><media:title type="plain">Acertijos en redes</media:title></media:content></item><item><title>México merece más</title><category>País</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Sat, 09 May 2026 15:36:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/5/9/mxico-merece-ms</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69ff548bc8fac459538dd57f</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">La solicitud de la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York para la detención provisional con fines de extradición del (hoy con licencia) gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; del senador Enrique Inzunza; del alcalde con licencia de Culiacán y otros funcionarios más, todos del partido Morena y acusados de tener nexos con el Cártel de Sinaloa, debiera ser suficiente por sí sola para que los mexicanos nos demos cuenta en manos de quién estamos, el tamaño de problema que tenemos y reflexionar seriamente sobre el futuro del país.<br><br>Pero desgraciadamente esto se suma a muchas otras cosas más que han metido a México en una profunda crisis de confianza en el gobierno y en sus instituciones.<br><br>La lista de abusos, delitos y barbaridades que la 4T ha hecho es larga, comenzando por el amañado control absoluto del Poder Legislativo con el que Morena y aliados han hecho reformas constitucionales que concentran todo el poder y nos dejan a los ciudadanos indefensos; la controvertida reforma judicial, que impone la elección popular de jueces y magistrados de dudosa capacidad y procedencia y garantiza fallos a modo; el control del INE; la desaparición de organismos autónomos; los monumentales actos de corrupción descubiertos, como el desvío de 15 mil millones de pesos en Segalmex; el Tren Maya, con sobrecostos de 500 mil millones de pesos y contratos directos a empresas sin licitación; el huachicol fiscal estimado en nada menos que en 600 mil millones de daño al erario; el "clan" de los hijos de AMLO, la liberación de Ovidio Guzmán, el cártel de La Barredora en Tabasco, la estúpida cancelación del NAIM y la inútil construcción del AIFA; el desmantelamiento del Sistema de Salud (Insabi); la megafarmacia... etcétera, etcétera, etcétera.<br><br>Ya no sé cómo decirlo, pero México merece más. No un gobierno que enriquece a los suyos mientras grita "primero los pobres" de la boca para afuera, manipulándolos con promesas vacías y programas sociales que con fines electorales perpetúan su pobreza.<br><br>Y todos estos señalamientos, denuncias críticas y legítimas exigencias son calificadas como ataques de una minoría "rapaz" que busca mantener privilegios, argumentando que no hay pruebas contundentes ni de corrupción, ni de ineptitud ni de ligas con el crimen organizado; que los anteriores fueron peores y ellos son la solución, nunca el problema.<br><br>Con la 4T está ocurriendo la ironía de la frase que describe gestiones políticas o económicas cuyas medidas empeoran drásticamente los problemas y que dice: "Estábamos al borde del precipicio, pero hemos dado un paso adelante".<br><br>Frente a precipicios, no hay que dar pasos adelante, ni construir segundos pisos para afianzar la ruina total. Lo que necesitamos es alejarnos del peligro y cambiar el rumbo, lo cual no significa regresar al pasado que nos puso donde estamos con sus propios errores y excesos, y como nos quieren hacerlo ver.<br><br>Cambiar el rumbo significa, más bien, transitar hacia un tipo de gobierno diferente, liderado por políticos-personas distintas, decentes, material e intelectualmente honestas, que respeten las leyes, defiendan el Estado de derecho, la separación de poderes y la rendición de cuentas como pilares intocables.<br><br>No se trata de preservar privilegios, ni de confrontaciones partidistas, sino de reconocer que los mexicanos no merecemos esta clase gobernante.<br><br>Es hora de reflexionar qué clase de país queremos y comenzar a construir nuevos liderazgos políticos, éticos, unificadores, capaces de forjar instituciones fuertes y de generar crecimiento y confianza.<br><br>Tenemos que empezar a pensar desde ya en movimientos ciudadanos y en candidatos viables para las próximas elecciones, y llegado el momento, votar con visión de futuro, no con resentimientos del pasado.<br><br>La innegable crisis de seguridad y confianza por la que atravesamos obliga a unirnos, no como oposición, sino como personas de bien que lo único que queremos es vivir y trabajar en paz, bajo un Estado de derecho y una auténtica democracia, y no bajo un partido hegemónico corrupto e inepto como el actual, y que ha resultado mucho peor que los que le precedieron.<br><br>El futuro de México no pertenece ni a un partido ni a un movimiento ideológico, sino a una nación unida bajo liderazgos capaces, honorables y decentes. Así de simple.<br>&nbsp;<br>"Oposición sin proposición<br>es obstrucción".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1778341260708-26AVSBUZ97EAPYDGU8DO/34C7CBF4-EFC0-4025-92CB-B6E951BA3DBE.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="2086"><media:title type="plain">México merece más</media:title></media:content></item><item><title>Titulares engañosos</title><category>Vida cotidiana</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 01 May 2026 16:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/4/30/o5ujmmumj0kwrsfo5xun49bvrh177y</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69f345d058be94648016e259</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Muchas personas no leen las noticias completas. Solo leen encabezados y se forman opinión con base en ellos, lo que abre la puerta a distorsiones de la realidad, sobre todo en esta era de información instantánea, en la que las noticias se consumen de manera superficial: un vistazo al titular basta para formar una opinión.<br><br>Frecuentemente medios de comunicación impresos diseñan encabezados para captar la atención, sacrificando la verdad y la precisión por el impacto sensacionalista. En medios digitales esta práctica conocida como ciberanzuelo ("clickbait") se utiliza para provocar clics masivos mediante la curiosidad o el morbo, generando así tráfico inmediato que maximiza ingresos publicitarios.</p><p class="">Vivimos ya en medio de titulares engañosos, escandalosos o sesgados que deforman la verdad. Unos relacionados a asuntos tontos o irrelevantes como "¿Sabías que esta fruta cambiará tu vida?" o "Haz clic para ver la imagen completa", pero otros abordando temas serios y trascendentes, como política, salud pública o seguridad, utilizando narrativas alarmantes o tendenciosas que desvirtúan o sacan de contexto la información, polarizan, generan desconfianza y miedo, o amplifican mitos que influyen en la opinión pública y en el ánimo y creencias de la sociedad.<br><br>Ejemplos hay muchos: "Se oculta el peligro de las vacunas", titular basado en casos aislados, que alimenta teorías de conspiración y omite evidencia científica abrumadora que demuestra la seguridad estadística y eficacia de las vacunas; "Se perderán 1.6 millones de empleos por los robots", omitiendo decir que el mismo estudio que arrojó ese dato pronostica la creación de más de 2 millones de empleos gracias a la misma tecnología.<br><br>El domingo pasado, el encabezado de una noticia que leí decía: "Pide Netanyahu atacar Hezbolá", cuando el contenido de la nota era exactamente al revés de lo que el encabezado infería: en medio de la tregua, el grupo terrorista y proiraní Hezbolá atacó con cohetes y drones el norte de Israel y a tropas terrestres israelíes en el sur del Líbano. El encabezado sin sesgo debió haber sido algo como: "Hezbolá ataca; Israel responde". Misma información, diferente percepción.<br><br>Los mecanismos de sesgo en las noticias operan en favor o en contra de gobiernos, instituciones, empresas y personas, en unos casos por mera ignorancia o prejuicios de quienes las redactan o difunden, y en los más, por los intereses políticos, ideológicos o económicos que hay detrás de ellos.<br><br>Estas prácticas no se apegan a los códigos de ética periodística que exigen precisión, integridad y búsqueda de la verdad, separando hechos de opiniones.<br><br>Lo que buscan (y logran) es manipular percepciones colectivas dejando a la sociedad (a nosotros) a merced de quien produzca la posverdad más "convincente" o más frecuente.<br><br>Cuando en las actividades periodísticas, y en el marketing político y comercial falta la ética, la sociedad queda reducida a una masa de personas-objeto influenciables a la que se le puede sacar rédito económico, político o ideológico, y mantener engañada en lugar de informada.<br><br>Ya no podemos creer a la primera lo que leemos, y ni siquiera lo que "vemos". Estamos expuestos a millones de "noticias" adulteradas, y de imágenes y videos editados o fabricados con inteligencia artificial.<br><br>Para no ser víctimas de la desinformación y manipulación deliberada, antes de aceptar y dar por cierto lo que el titular de una noticia (o un anuncio comercial) infiere, la recomendación sería: leer el artículo completo para verificar si el contenido respalda el encabezado; consultar fuentes diversas para validar datos o contrastar perspectivas; investigar el origen de la noticia y el historial del medio, y luego, reflexionar y decidir si la información responde a eventos verificables o solo sirve para engañar o difamar, para avivar tensiones sociales o para impulsar agendas políticas o ideológicas.<br><br>Ni modo: la falta de ética y escrúpulos de muchos medios y de muchos políticos y comerciantes nos obliga a dudar y a pensar dos veces antes de creer todo lo que nos dicen. Si la frase bíblica decía "ver para creer", su equivalente actual sería: "Investigar para creer".<br>&nbsp;<br>"Definición de influencer:<br>sustituto de la opinión propia".</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1777551092714-S1RX56K4KYGQUMYF1HUM/64E81658-724C-4DB8-B707-02CCC568F25B.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1875"><media:title type="plain">Titulares engañosos</media:title></media:content></item><item><title>Las niñas son niñas</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Sat, 25 Apr 2026 20:44:07 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/4/25/las-nias-son-nias</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69ed2797d2401d40d56e2a56</guid><description><![CDATA[<p class="">¡Bravo, Giorgia Meloni!<br><br><br></p><p class="">Hay puntos de no retorno en los avances de la civilización, umbrales éticos y racionales que, una vez cruzados, no admiten retrocesos sin renunciar a lo que nos define como sociedad civilizada que protege la vida y la integridad de todos, que reconoce derechos y libertades individuales y que no admite prácticas que, aunque en otros tiempos hayan sido consideradas normales o aceptadas, hoy resultan inadmisibles, no por capricho o imposición cultural, sino porque hemos construido estándares más altos de dignidad, conocimiento y justicia, conquistas de la humanidad que delimitan lo que ya no puede volver a justificarse, como la esclavitud, los combates a muerte como espectáculo, la ablación, los matrimonios forzados, la negación del derecho al voto de las mujeres, etcétera.<br><br>Lo anterior viene a colación porque hace unas semanas, un imán pakistaní llamado Ali Kashif, radicado en Brescia, Italia, salió en la televisión nacional italiana defendiendo abiertamente, sin vergüenza ni pudor alguno, que "los hombres musulmanes tienen derecho a casarse con niñas de 9 años".<br><br>Dijo textualmente que una niña de 9 años, después de su primera regla, ya puede considerarse "adulta" y por lo tanto es "correcto" casarla.<br><br>Al día siguiente, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ordenó su deportación inmediata y lo enviaron de regreso a Pakistán. ¡Bravo Giorgia!, fue lo primero que me nació decir. Este imbécil y retrógrada individuo justificó el derecho de un hombre a casarse con una niña como la cosa más normal de mundo.<br><br>Algunos sectores del islam justifican el matrimonio infantil basados en ciertos hadices (registros narrativos de dichos y acciones del profeta Mahoma) considerados enseñanzas o aprobaciones tácitas, y que constituyen una segunda fuente de legislación islámica, para aclarar o contextualizar el Corán.<br><br>Uno de estos hadices hace referencia al matrimonio del profeta Mahoma con Aisha, quien habría sido comprometida a una edad muy temprana y cuyo matrimonio se habría consumado cuando aún era menor, lo cual es debatido inclusive dentro del propio mundo islámico, donde numerosos estudiosos y corrientes teológicas cuestionan tanto la lectura literal como su aplicación a contextos contemporáneos.<br><br>El hecho de que en el Siglo 7, en el medioevo o incluso en épocas más recientes ciertas prácticas hayan sido parte de tradiciones, usos y costumbres o creencias religiosas de un pueblo, no hace que hoy sean aceptables.<br><br>El avance de la civilización ha consistido precisamente en cuestionar y superar esas prácticas, reconociendo la dignidad y los derechos de todas las personas.<br><br>Luego de la deportación del imán pakistaní, algunos sectores expresaron "preocupación" por la medida del gobierno italiano, pero su preocupación no es por las niñas que son entregadas en matrimonio a adultos, sino porque, según ellos, la medida representa una amenaza a la libertad de expresión y al debido proceso.<br><br>Creo que quienes critican la deportación de una persona que hace apología del matrimonio infantil dejan que sus fobias y filias políticas o religiosas les nublen el juicio hasta el punto de desdibujar la línea entre lo aceptable y lo inaceptable.<br><br>En su afán por oponerse a posturas o gobiernos, terminan relativizando algo que no admite matices: la protección de las niñas.<br><br>Cuando la crítica política se antepone a principios básicos, el debate deja de ser racional y se pierde de vista lo esencial: valores que no son negociables y cuya defensa no debería depender de afinidades ideológicas.<br><br>Las niñas son niñas, no son mercancía, no pueden ser consideradas esposas en potencia bajo ningún pretexto.<br><br>Por ello, deportar a individuos como este no debe ser materia de debate teológico o político, ni de una discusión cultural sujeta a interpretaciones. Se trata, como dije, de una línea roja civilizatoria, de una frontera moral que no puede cruzarse.<br><br>Para mí, nadie que justifique o promueva el matrimonio infantil -o cualquier forma de abuso disfrazado de costumbre, tradición o creencia religiosa- puede encontrar legitimidad ni espacio en una sociedad civilizada.<br><br>No es censura, es coherencia. No es intolerancia, es claridad moral; es establecer límites y defender un mínimo ético común.<br>&nbsp;<br>"Callar atropellos<br>envalentona abusadores".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1777150083753-VFC0J79V5U6BUSEBRGRF/ADAB7288-F6D2-4A98-85F4-B8B9EE3B56A7.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="2000"><media:title type="plain">Las niñas son niñas</media:title></media:content></item><item><title>Volver a La Tierra</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 17 Apr 2026 12:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/4/17/volver-a-la-tierra</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69e212ee4409870e04125bf2</guid><description><![CDATA[<p class="">Para volver, hay que irse.</p><p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Como si fuera una película de ciencia ficción, el viernes pasado seguí, perplejo, el regreso de la nave Artemis II a la Tierra.<br><br>Su entrada a la atmósfera, calculada con una precisión milimétrica, la cápsula envuelta en fuego al atravesar el aire a velocidades inimaginables, el despliegue de los paracaídas y el amerizaje en el punto previsto fue un espectáculo de ingeniería y una demostración asombrosa de lo que la ciencia y la capacidad humana pueden lograr cuando se alinean con rigor y propósito.<br><br>Por la noche vi y escuché con mucha atención la conferencia de prensa que los tripulantes ofrecieron, en la que lo técnico dio paso a reflexiones profundamente humanas sobre lo que significa ir al espacio sideral y... volver, volver, volver a la Tierra otra vez.<br><br>Es difícil dimensionar lo que significa alejarse 400 mil kilómetros de la Tierra, rodear la luna y viajar a una velocidad de 40 mil kilómetros por hora. Para hacer esto un poco más comprensible: la distancia viajada equivale a 10 vueltas completas a la Tierra, o recorrer 10 km diarios durante 100 años sin parar. La velocidad alcanzada equivale a 11 kilómetros por segundo, como cruzar una ciudad de lado a lado cada segundo. Digamos que un segundo estás en tu casa, y al otro segundo estás en el aeropuerto.<br><br>Pero más allá del asombro por la dimensión técnica y científica de la misión, lo más relevante es lo que como humanos podemos extraer de ella y aplicar a nuestra efímera existencia, como la reflexión y analogía que la astronauta Christina Koch hizo al ver la Tierra desde la nave espacial y desde su posición y responsabilidades como tripulante.<br><br>Comenzó hablando de la idea que todos tenemos de lo que es una tripulación (crew, en inglés), y que se refiere al conjunto de personas que se encargan de la operación y conducción de un vehículo tripulado (barco, avión, submarino, etcétera) en el sentido de las responsabilidades, tareas y objetivos compartidos entre ellos y en los que cada decisión, cada acción y cada omisión afecta a todos, lo cual en el caso de una nave espacial adquiere un grado superlativo.<br><br>Luego hizo una significativa analogía: comparando la nave en la que viajaba con la Tierra que veía desde lejos, y diciendo que el concepto de tripulación -tan claro y evidente en una misión espacial- debería aplicarse a los seres humanos, vernos como la tripulación del planeta en el que habitamos y actuar con ese mismo sentido de compromiso compartido y responsabilidad por los demás.<br><br>La analogía es perfecta. Compartimos un mismo sistema, una misma casa, un destino común. No hay un "afuera" al que podamos escapar si algo falla. Y, sin embargo, actuamos muchas veces como si no estuviéramos en la misma nave.<br><br>Nos dividimos, competimos, nos enfrentamos por ideologías, por palabras, o por cosas. Olvidamos que cualquier fractura en el sistema -ambiental, social, político- termina afectándonos a todos.<br><br>Parece que, al salir al espacio, esa conciencia es inmediata; en la Tierra, parece difusa, como si la cercanía y lo mundano nos ofuscara.<br><br>Otro de los comentarios que me llamó la atención en esa conferencia de prensa fue el del astronauta Jeremy Hansen cuando dijo que lo que realmente impacta al ver la Tierra desde el espacio, no es la Tierra en sí, sino el verla suspendida en el vacío negro que la rodea, la inmensidad silenciosa del universo.<br><br>Creo que hablar y pensar en esto es útil. Reconfigura perspectivas y ayuda a darnos cuenta de que, frente a la escala del universo, resulta ridículo y pierde todo sentido el desgastarnos, fragmentarnos y desperdiciar tiempo y energía en conflictos banales e intrascendentes.<br><br>Las misiones espaciales, como Artemis II, no solo sirven para alcanzar hazañas como viajar alrededor de la Luna o para generar datos para nuevos avances científicos y tecnológicos; nos ofrecen también la oportunidad de revisar nuestra conducta como especie y entender que estamos en la misma nave, que dependemos unos de otros y que no existe alternativa fuera de este sistema compartido, sobre todo cuando vemos que el sentimiento y deseo común de los astronautas luego de haber estado tan lejos era solo uno: volver.<br><br>Volver a este pequeño punto azul del universo, a este espacio imperfecto, pero vivo; a esta red de relaciones que llamamos humanidad.<br><br>&nbsp;<br>"Para volver, hay que irse".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1776423806297-5TCHEIZMFSH5UVMXE5B0/937636AD-5464-4679-83B9-07586A7CC332.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1499"><media:title type="plain">Volver a La Tierra</media:title></media:content></item><item><title>Actualizar la historia</title><category>Religión</category><category>Vida cotidiana</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 10 Apr 2026 16:02:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/4/9/actualizar-la-historia</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69d78c0b80de92706689c86a</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Para mí, la historia, y todas las celebraciones y tradiciones tienen valor solo cuando somos capaces de encontrar en ellas lecciones y significados que orientan, cuestionan y enriquecen la manera en que entendemos y vivimos nuestro tiempo. De otro modo, se reducen a ceremonias o rituales repetidos mecánicamente, vaciados de sentido, que se cumplen por inercia o por obligación.<br><br>Hoy que estamos en el periodo de lo que solemos llamar vacaciones de Semana Santa y Pascua, más allá de la práctica religiosa y al margen de cualquier creencia, creo que vale la pena preguntarse qué hay detrás de estas fechas y cómo reinterpretar su sentido y adaptarlo al momento presente.</p><p class="">La Semana Santa cristiana y la Pascua judía (Pésaj) comparten y entrelazan un origen histórico y simbólico común: la liberación. En un caso, la liberación del pecado y la muerte y que culmina en la resurrección, y en otro, la liberación de la esclavitud (el éxodo). No es casualidad, además, que la Última Cena haya sido interpretada como la tradicional cena pascual judía (Seder).<br><br>Las tiranías de hace 2 mil años y las de hoy son distintas en forma, pero iguales en esencia. Entonces el poder absoluto convertía a pueblos enteros en esclavos; hoy, bajo dictaduras militares o regímenes religiosos o antidemocráticos persiste la misma lógica: control, sometimiento y restricción de libertades.<br><br>Con relación a esto, llegó a mis manos un texto escrito por el Dr. Daniel Fainstein, amigo de hace muchos años y Decano de Estudios Judaicos de la Universidad Hebraica de México, en el que habla precisamente de la posibilidad y responsabilidad que tenemos de no ser sólo espectadores de la historia, sino también sus intérpretes, sobre todo hoy que en México y en general en el mundo, nos enfrentamos a diferentes formas de injusticia, manipulación y abusos de poder que se repiten con nuevas caras.<br><br>A continuación, y con su autorización, transcribo unas partes su escrito, titulado "Entre la Ventana y el Seder: Cómo Mirar la Historia sin Perder el Sentido", y que me parece una útil reflexión para el momento actual:<br>&nbsp;<br>"Cuenta George Steiner, el crítico literario y testigo lúcido de la cultura occidental, que cuando era niño, en París, una manifestación estalló frente a su casa. Su madre, alarmada, mandó cerrar todas las ventanas, como si así pudiera mantener a raya el ruido, la tensión, la historia misma. Pero cuando llegó su padre, hizo lo contrario: ordenó abrirlas, lo acercó y le dijo: 'Mira, George, esto es la historia'. Años más tarde, Steiner diría que ese momento pudo haber cambiado su vida. No sólo porque vio una manifestación, sino porque aprendió que la historia no es algo que ocurre lejos, en los libros o en el pasado, sino algo que irrumpe, que interpela, que exige ser mirado.<br><br>"Hoy también estamos frente a ventanas abiertas. Ya no son de madera ni de vidrio: son pantallas. Las redes sociales se han convertido en un umbral constante hacia lo que ocurre en el mundo. Pero lo que entra por esas ventanas es distinto, fragmentado, muchas veces ensordecedor. Oleadas de sinsentido, de antisemitismo, de opiniones rápidas y superficiales de quienes no comprenden, pero igual hablan. Y, al mismo tiempo, el impacto mudo, casi insoportable, de las imágenes: dolor, violencia y angustia condensados en segundos que no dan tiempo a procesar.<br><br>"La guerra (in)necesaria, dependiendo de la mirada, que involucra a Irán, Israel, Estados Unidos y el Medio Oriente, y su impacto de destrucción, cambio e incertidumbre, que se suma a estos años complejos.<br><br>"(...) Hoy, más que nunca, necesitamos abrir las ventanas -como el padre de Steiner- para no vivir ajenos a lo que sucede, pero también saber que mirar no es suficiente. Que hace falta interpretar, narrar, dar forma.<br><br>"Pésaj (la Pascua judía) no nos pide que ignoremos la historia. Nos pide que no quedemos atrapados en ella sin herramientas. Que podamos, incluso en medio de la confusión, preguntarnos: ¿qué estamos viendo?, ¿qué significa?, ¿qué exige de nosotros?<br><br>"(...) Se juega algo esencial: no ser sólo espectadores de la historia, sino también sus intérpretes, los testigos del tiempo que nos tocó vivir y la responsabilidad de actuar para transformarlo".<br><br>A estas reflexiones agregaría una sola cosa: evitar que la historia se repita comienza por no normalizar lo que está mal.<br><br>"Ver una injusticia genera<br>la obligación moral de impedirla".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1775733857638-2ZH0CXERK9G3GX3KI043/42BDB4AA-5163-4518-B2EA-3C1942475897.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="2254"><media:title type="plain">Actualizar la historia</media:title></media:content></item><item><title>No pasa nada</title><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 03 Apr 2026 11:18:54 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/4/3/no-pasa-nada</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69cfa21e03a1081ed7f46ec0</guid><description><![CDATA[<p class="">Para que los pobres sean<br>primero, los políticos<br>deben ser los últimos.</p><p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Este lunes, abrí el periódico y lo primero que leí fue:<br>&nbsp;<br>"Recibe PT 66 millones de pesos de contratista de la 4T". Qué novedad, me dije, haciendo dos preguntas con la ironía de sus obvias respuestas: ¿por qué razón un contratista daría esa cantidad de dinero a un partido político? R: para obtener contratos cuyas utilidades superen con creces el "donativo"; ¿por qué frente a las evidencias, las autoridades no investigan, aplican la ley y castigan al contratista, al partido político y a sus dirigentes; por qué no pasa nada? R: porque al mismo tiempo son juez, parte y cómplices.<br><br>Los detalles de la nota, basada en una investigación hecha por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (a quien el SAT "casualmente" le revocó la categoría de Donataria Autorizada), confirmaban las sospechas: el contratista que transfirió al menos 65.8 millones a empresas fantasma administradas por César Adrián Gamboa Montejo, operador financiero del PT en Quintana Roo para las campañas de la ahora Gobernadora Mara Lezama y de la actual Presidenta Claudia Sheinbaum, fue Grupo Tecno, empresa que en julio de 2020, durante el gobierno de AMLO, obtuvo un contrato con la Secretaría de Relaciones Exteriores, entonces a cargo de Marcelo Ebrard, para producir los pasaportes en el periodo de 2021 a 2026 por nada menos que 3 mil 800 millones de pesos.<br><br>El reportaje mostraba además fotografías de las oficinas de las supuestas "empresas" que recibieron las millonarias transferencias, tratándose de humildes viviendas de obreros y empleadas cuyas identificaciones fueron usadas para darlos de alta como "socios-accionistas" de esas empresas, y lo que en estos casos nunca falta: fotografías del operador financiero del PT disfrutando la vida en París y Venecia.<br><br>El esquema de corrupción e impunidad que caracteriza a Morena es burdo y ofensivo: empresas "fantasma" creadas al amparo del gobierno, adjudicaciones directas, en muchos casos a compañías sin experiencia y con sobreprecios para poder subcontratar todo; ocultamiento de información bajo el argumento de "seguridad nacional" o de "protección de datos personales"; moches, subvaluaciones, alteración de documentos y hasta reclasificaciones aduanales, como la del famoso "huachicol fiscal", con el que han robado al erario cientos de miles de millones de pesos sin que hasta ahora haya algún detenido de alto perfil.<br><br>Todo ligado siempre a compinches, familiares y amigos del clan de la 4T, un movimiento político que llegó a obtener el gobierno con dos únicos y bien escondidos fines: desviar recursos públicos y mantenerse en el poder para seguir desviando recursos, en un perverso círculo vicioso que difícilmente se podrá romper, toda vez que Morena y sus aliados mañosamente secuestraron la democracia, eliminaron de facto la separación de poderes, cooptaron a todos los organismos autónomos y amenazan la existencia y viabilidad de los partidos de oposición y de las organizaciones de la sociedad civil.<br><br>Ante la obviedad de este círculo de corrupción y poder, resulta difícil entender por qué millones de personas continúan apoyando a Morena, un partido que en los hechos ha demostrado ser lo contrario a su bandera fundacional de honestidad, transparencia y combate frontal a la corrupción.<br><br>Hoy esos argumentos morales que sirvieron para ganar votos frente a los excesos del pasado entran en contradicción con la realidad.<br><br>La información que se difunde de los múltiples actos de corrupción no son rumores aislados ni ataques sin sustento de una oposición que busca "mantener privilegios", como el gobierno en su defensa afirma; son trabajos que presentan documentos, contratos, videos, fotografías, vínculos empresariales y patrones que, cuando menos, deberían detonar investigaciones formales e independientes.<br><br>Sin embargo, a pesar de las evidencias, no pasa nada. La respuesta institucional es la negación. El discurso oficial se limita a descalificar, minimizar o desviar la atención, y le pide a la sociedad civil que "presente pruebas", como si la carga de investigar correspondiera a los ciudadanos y no al Estado.<br><br>No se trata de una discusión ideológica, como la 4T interpreta cualquier señalamiento de corrupción o abuso de poder en sus filas, sino de defender los principios básicos de la democracia, la solidez de las instituciones y la posibilidad real de combatir la corrupción que se prometió erradicar.<br><br>"Para que los pobres seanprimero, los políticosdeben ser los últimos".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1775215399072-X28Z06KQXAOAY1VW9WM4/BDC34031-CE81-411C-81F9-8E42B28C3421.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="846"><media:title type="plain">No pasa nada</media:title></media:content></item><item><title>Parque Revolución</title><category>Ciudad</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Sat, 28 Mar 2026 00:11:09 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/3/27/parque-revolucin</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69c71b34ad9a3b3ddf9989e2</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">La reciente remodelación del Parque de la Revolución, conocido popularmente como Parque Rojo, ha generado un debate público que va desde el monto de la inversión y el tiempo que llevó hacer la obra, hasta decisiones específicas de los materiales y colores utilizados.<br><br>Sin embargo, centrar la discusión únicamente en estos elementos, sobre todo cuando no hay nada grave al respecto, para mí, es perder de vista lo esencial.<br><br>Es comprensible que exista pluralidad de enfoques, y la arquitectura, especialmente aquella con valor histórico o simbólico, siempre será objeto de críticas y lecturas diversas.<br><br>Habrá quienes consideren que la intervención al parque no respetó cabalmente el diseño original de los hermanos Barragán, y otros que argumenten que toda obra debe adaptarse a las necesidades contemporáneas, incluso si eso implica una reinterpretación.<br><br>Pero más allá de debatir entre arquitectos y académicos teorías del diseño -un terreno inevitablemente atravesado por la subjetividad- me parece que la conversación debe centrarse más en el propósito último del parque como espacio público, y menos en su materialidad.<br><br>Durante años, el Parque Revolución dejó de ser un punto de encuentro seguro y accesible para la comunidad. La falta de mantenimiento, la inseguridad y la presencia de actividades ilícitas lo alejaron de la vocación original de cualquier parque o plaza pública: ser un lugar de encuentro, de convivencia, de expresión cultural y cohesión social.<br><br>Por ello, la remodelación y reapertura del parque va mucho más allá de la discusión estética. Lo verdaderamente importante es que el espacio vuelve a estar disponible para la gente; que niños, jóvenes, familias y transeúntes puedan apropiarse nuevamente de él, y sobre todo, que haya vida, actividad y presencia constante para que esa ocupación cotidiana convierta el espacio físico en un lugar significativo que inhiba conductas negativas.<br><br>Los cuestionamientos que los ciudadanos debemos hacer no son si el color rojo utilizado debió ser más fiel al original o si el acabado de las bancas y pavimentos debió ser otro, sino ¿qué tipo de actividades va a haber o queremos que ocurran en el parque?, ¿cómo podemos fomentar su uso y de qué manera este rehabilitado espacio puede contribuir al bienestar colectivo?<br><br>Lo digo porque para mí, como persona, como ciudadano y como arquitecto que soy, la arquitectura no existe para sí misma ni para ser contemplada como un objeto aislado: su fin último es servir a las personas y crear condiciones para el pleno desarrollo de la vida humana.<br><br>La arquitectura no son los edificios o los espacios físicos, sino la manera como se resuelven necesidades, se organizan funciones y se protege del clima; son los elementos que diseñamos, usamos o combinamos para facilitar el encuentro, el trabajo, el descanso, la convivencia y la expresión cultural, es decir, dar forma a todo lo que se necesita para que la vida ocurra.<br><br>Si no es así, no estamos hablando de arquitectura, sino de espacios habitables -o inhabitables-, que en unos casos (los menos) pueden llegar a ser considerados más como obras escultóricas que obras de arquitectura, y en otros casos, adefesios, monumentos al ego o simples e irrelevantes negocios hechos con ladrillos.<br><br>Bajo este concepto, la arquitectura y recursos invertidos en la remodelación del Parque Revolución habrán cumplido su propósito en la medida en que más personas lo usen, cuiden y lo sientan suyo. Y si las bancas fueron más o menos rojas de lo que en opinión de algunos debieron ser, habremos de ver el asunto como una consideración secundaria, porque la arquitectura no se legitima únicamente por su forma, su originalidad o su impacto visual, su verdadero valor radica en la capacidad para resolver necesidades, ordenar la vida cotidiana y propiciar relaciones humanas, siempre a la luz del impacto que las decisiones que tomamos tienen para los ecosistemas y las generaciones futuras.<br><br>Cuando estos valores están ausentes, lo que queda son objetos construidos que pueden impresionar, pero que no necesariamente sirven; artefactos vacíos que al no responder ni a los usuarios ni al contexto, terminan siendo una carga para quienes los habitan, los mantienen o los rodean.<br><br>"Hacer arquitectura es resolver<br>la vida con belleza".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1774656690491-T98A0DGXH01VU37OSEJR/D1D04103-EC9F-4877-8F1A-3DB288147DF5.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="2258"><media:title type="plain">Parque Revolución</media:title></media:content></item><item><title>Ayuda a Cuba</title><category>Mundo</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 20 Mar 2026 09:30:28 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/3/20/ayuda-a-cuba</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69bd132c03564e536110fd79</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Para que una asociación civil (AC) en México pueda expedir recibos de donativos deducibles de impuestos debe obtener la autorización como Donataria Autorizada ante el SAT. El proceso exige documentación exhaustiva, auditorías rigurosas y cumplimiento impecable de requisitos fiscales, lo que puede demorar años. Cientos de asociaciones civiles que combaten la pobreza, atienden enfermos, niños de la calle, a migrantes o preservan el patrimonio cultural son ignoradas por el gobierno u hostigadas por el SAT.<br><br>Pero esto no es el caso de la recién creada Humanidad con América Latina AC, la cual obtuvo su autorización como donataria en unos cuantos días y ha sido promovida públicamente por el ex presidente López Obrador.<br><br>El objetivo de esta nueva asociación es, principalmente, enviar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina (ayuda humanitaria) a Cuba. Llama la atención que el objeto social incluya el envío de petróleo y gasolina.<br><br>El cuestionamiento que hago a esta asociación no es por mezquindad o falta de nobleza y solidaridad con el pueblo cubano. El cuestionamiento es porque no suena lógico que una asociación civil se dedique a comprar petróleo y gasolina para enviarlo a otro país.<br><br>Eso cuesta cientos o miles de millones de dólares al año que nunca llegarán a juntarse de donativos del pueblo, y requiere una logística y presupuestos operativos fuera del alcance de una simple agrupación de personas de buena voluntad.<br><br>Es imposible que una AC recién formada cuente con la organización, voluntariado, experiencia y controles necesarios para organizar las compras, el acopio, el envío y llevar a cabo la entrega de todos esos bienes a los beneficiarios finales, de manera eficiente y sin corrupción.<br><br>Además, resulta sospechoso, por decir lo menos, que AMLO y la presidenta Sheinbaum pidan a los mexicanos hacer donativos a esta nueva AC, cuando el propio gobierno ya usó nuestro dinero, el que pagamos de impuestos, para enviar barcos completos cargados con alimentos y petróleo (que la propia Presidenta etiquetó como "ayuda humanitaria") y sin tener un reporte detallado del uso y destino de esa ayuda.<br><br>Los mexicanos ya cooperamos: se estima que de 2023 a la fecha México ha enviado a Cuba más de 4 mil millones de dólares en petróleo y combustibles bajo mecanismos de "regalo" o subsidio; ha pagado 105 millones de dólares para la contratación de médicos cubanos (cuyos sueldos se entregan no a los médicos directamente, sino al gobierno de Cuba); en febrero y marzo de este año, se han enviado al menos tres embarcaciones con más de 3 mil toneladas de alimentos básicos y productos de higiene. ¿Para qué crear y apoyar una AC que intentará hacer lo mismo que ya hace el gobierno? Suena más bien a un juego de geopolítica barata o a tapadera para lavado de dinero y corrupción.<br><br>La Presidenta califica de "mezquina" a la oposición por no apoyar la ayuda a Cuba. Pero lo que se cuestiona no es la ayuda, sino la forma como se ayuda. Lo que se critica es la opacidad y la ausencia de mecanismos independientes para verificar que la ayuda llegue realmente a los cubanos de a pie, no a las élites del gobierno y sea distribuida gratuitamente.<br><br>Me parece bien donar dinero para ayuda humanitaria a quien la necesite. Pero este tipo de ayudas internacionales, por más buena voluntad que se tenga, no se deben hacer a través de una improvisada asociación civil, sino por medio de organismos internacionales, como el World Food Programme (WFP),UNICEF, o la OMS y tantas otras que cuentan con la capacidad económica, de logística, supervisión y transparencia para asegurar que la ayuda llegue a su destino: el pueblo cubano.<br><br>Y esto último lo digo porque para mí Cuba tiene tres caras: la de los turistas en Varadero, que funciona como una "burbuja" de lujo diseñada para la entrada de divisas; la del gobierno, con funcionarios que viajan en jets y comen langosta, y la de los cubanos, que viven en la escasez y el racionamiento de comida y medicinas.<br><br>Sí, la ayuda humanitaria de emergencia es necesaria y puede mitigar temporalmente las carencias del pueblo cubano, pero si queremos ayudarlos para siempre, la manera de hacerlo es otra: exigiendo democracia, elecciones libres y el fin de la dictadura que los sumió en la miseria, en lugar de subsidiar su perpetuación.<br><br>Si vamos a ayudar, hagámoslo bien... y de una vez por todas.</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1773999034770-0S3AXCY27GQ6721HRB20/A9E5D1DE-6BF4-4FF4-9700-D1DED2FE21AF.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1000"><media:title type="plain">Ayuda a Cuba</media:title></media:content></item><item><title>¿Iconoclasia?</title><category>Leyes</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 13 Mar 2026 16:00:00 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/3/12/iconoclasia</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69b382c0e4d185088d35f121</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Nuevamente tengo que volver a decir que los propósitos del Día Internacional de la Mujer, de reflexionar y reclamar igualdad de derechos, de denunciar la violencia contra ellas y mantener presentes las demandas de justicia y equidad, se han distorsionado. El 8 de marzo se ha convertido en un día de agresión y vandalismo que nada tienen que ver con la causa original.<br><br>Entiendo que es necesario hacer visible lo que durante décadas se mantuvo invisible, pero el derecho a protestar no incluye el derecho a destruir. Las libertades en una democracia siempre conviven con responsabilidades.</p><p class="">Cualquier persona debe poder marchar, gritar consignas, exigir justicia o denunciar agravios. Pero ninguna causa -por justa que sea- otorga licencia para dañar bienes que pertenecen a todos o para afectar el patrimonio de terceros que nada tienen que ver con el motivo de la protesta.<br><br>Esto va a parar cuando las autoridades hagan algo muy simple: aplicar la ley y sancionar el vandalismo cuando ocurra.<br><br>Manifestarse es un derecho; destruir propiedad pública o privada es un delito. No se trata de impedir las marchas ni de silenciar demandas legítimas, sino de dejar claro que la destrucción de bienes públicos y privados tendrá consecuencias.<br><br>Hablar de vandalismo contra bienes públicos, es hablar de iconoclasia -del griego "eikón" (imagen) y "klastés" (romper)- término que se refiere a la acción de destruir o intervenir imágenes, monumentos o símbolos que representan una autoridad, una narrativa histórica cuestionada, una ideología o un orden social que se considera injusto u opresivo.<br><br>La idea de iconoclasia se ha invocado para amparar y dejar impunes intervenciones o daños a monumentos que se consideran símbolos de un orden social patriarcal o de una historia que invisibilizó a las mujeres. Desde esa perspectiva, vandalizar una estatua o un edificio público puede verse como un acto simbólico de protesta contra estructuras de poder. Sin embargo, una cosa es cuestionar o reinterpretar símbolos históricos -algo que forma parte normal de las sociedades democráticas- y otra muy distinta es el vandalismo generalizado, destrozar por destrozar. Romper vidrios, vandalizar comercios o dañar mobiliario urbano nada tiene que ver con la idea original de iconoclasia. En esos casos ya no se trata de un acto simbólico dirigido a un emblema específico, sino de daño material que afecta a terceros y al patrimonio colectivo.<br><br>El derecho a manifestarse es fundamental y debe protegerse, pero tolerar la destrucción como parte normal de una manifestación no solo debilita la causa sino genera rechazo social y abre la puerta a la impunidad y a la escalada de violencia.<br><br>No debemos confundir conceptos. Castigar a quienes causan destrozos no es represión, es proteger a la comunidad y preservar el orden público.<br><br>Reprimir es impedir que la gente se exprese, perseguir opiniones o limitar arbitrariamente el derecho a protestar.<br><br>Las marchas y las demandas pueden y deben expresarse. Pero destruir la Ciudad no es una forma legítima de protesta. Quien destruya propiedad pública o privada debe asumir las consecuencias de sus actos.<br><br>Repito lo que cada año he venido diciendo en este espacio, luego del vandalismo asociado a las marchas feministas de cada 8 de marzo:<br>&nbsp;<br>Hay que diferenciar el válido, justo y necesario movimiento feminista original, que postula el "principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre", de este "pseudofeminismo" violento que cuando se manifiesta, embiste y destruye todo a su paso y obliga a autoridades y particulares a poner barreras para protegerse de sus arremetes.<br><br>Si lo que busca el movimiento feminista es que ningún ser humano sea privado de bien o derecho alguno a causa de su sexo, poner fin a los estereotipos y roles sexuales, que las mujeres tengan iguales libertades que los hombres y eliminar la violencia contra la mujer, me declaro feminista.<br><br>Pero si para conmemorar estos principios queman edificios, rompen vidrios, vandalizan comercios y destruyen mobiliario urbano, me declaro defensor del derecho ajeno y abogo por la aplicación de sanciones, no porque esté en contra de la causa, sino porque creo que la defensa de los derechos de unos puede y debe convivir con el respeto al derecho de los demás, a la ley y a los bienes que nos pertenecen a todos.<br><br>"Las leyes defienden personas, cuando <br>las personas defienden las leyes".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1773373043831-7SNCL3QK29DQHYPVZ5XD/4F101025-AE7F-4F34-8EFB-8157E30DB14D.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="2201"><media:title type="plain">¿Iconoclasia?</media:title></media:content></item><item><title>Diminutivos</title><category>Vida cotidiana</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 06 Mar 2026 11:13:36 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/3/5/diminutivos</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69a975197d2541300efe73b0</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Para aunque sea solo por un rato dejar de hablar de política, de inseguridad o de guerras -asuntos, sin duda, importantes, pero sobre los cuales los ciudadanos comunes poco podemos hacer más allá de manifestar de distintas maneras nuestra opinión-, decidí abordar un tema aparentemente trivial: me refiero al uso de los diminutivos en las conversaciones y su papel en la forma en que asumimos, o más bien, eludimos responsabilidades.<br><br>En México, el diminutivo no es solo un recurso lingüístico afectivo; es una especie de estrategia social. Decimos chilito (que hace la comida sabrosa) en lugar de chile (que la hace enchilosa); favorcito, en lugar de favor; azulito en lugar de azul..., todo para, en apariencia, suavizar el tono y hacer la conversación más amable y cercana, pero muchas veces para, simplemente, no comprometernos a nada.</p><p class="">Tomemos el caso clásico del "ahorita". En teoría significa en este momento, ahora mismo, pero en la práctica puede ser dentro de cinco minutos, en una hora, mañana, o nunca. Esa elasticidad semántica es cómoda: permite no quedar mal del todo si no cumplimos, porque nunca se fijó un momento preciso.<br><br>Lo mismo cuando al hablar de costos y tiempos de entrega de un producto o servicio, en lugar de ofrecernos un determinado descuento nos dicen que harán un ajustito al precio, y nosotros lo aceptamos con la condición de que lo hagan rapidito. ¿Cuánto es un ajustito, cuándo o qué tan rápido es rapidito?<br><br>Este lenguaje genera malentendidos, retrasos y frustración.<br><br>Los diminutivos, como los eufemismos, funcionan como amortiguadores emocionales. En lugar de decir no, decimos está medio complicado, déjame checarlo tantito, lo veo al ratito. Son formas de evitar el rechazo frontal, de no incomodar al otro. Preferimos dejar la puerta entreabierta antes que cerrarla con firmeza. El problema es que esa cortesía diluida muchas veces termina siendo deshonesta, pues quien la escucha interpreta posibilidad donde quizá solo había intención de evadir.<br><br>En ámbitos empresariales y profesionales, los diminutivos tienen otro tipo de usos y consecuencias.<br><br>Cuando alguien propone hacer un cambiecito o una modificacioncita a un contrato, lo que busca con ese lenguaje es minimizar el impacto real del asunto. Un cambio pequeñito puede afectar cadenas de producción, alterar costos y asumir o evadir responsabilidades. El diminutivo suaviza, pero también disfraza.<br><br>El lenguaje evasivo o ambigüedad intencional (uso calculado de términos imprecisos para no comprometerse) es un recurso que, al igual que los diminutivos, evitan la claridad. Tal vez el mejor ejemplo de lenguaje evasivo es cuando al final de negociaciones complejas se pregunta a la contraparte: ¿están entonces de acuerdo, vamos para adelante?, y en lugar de responder con un sí o un no, nos dicen: en principio, sí. ¿Qué significa eso?<br><br>Decir que en principio se está de acuerdo con algo, es lo mismo que decir tal vez, a lo mejor o quién sabe. Es un sí tentativo que deja abierta la posibilidad para retractarse, para retirarse de un compromiso, o para "rajarse" como coloquialmente se dice.<br><br>Los diminutivos y eufemismos que emanan de la reducción verbal parecen reducir la gravedad moral o legal de las cosas. Sin embargo, el tamaño de un sufijo no cambia la dimensión de un hecho. Una mentirita sigue siendo una mentira; un pequeño error no deja de ser error; en principio sí, es no. Las palabras no disminuyen ni cambian la realidad.<br><br>La sociedad mexicana valora la cordialidad, la armonía y busca siempre evitar el conflicto directo. Piensa que ser asertivo, decir las cosas de manera frontal puede percibirse como grosería. Pero si bien los diminutivos hacen por un lado más amable la convivencia, por otro lado, restan claridad y diluyen responsabilidad.<br><br>Ser asertivos no implica ser agresivos. Decir ahora, en lugar de "ahorita"; o no es posible, en lugar de ahí vemos, fortalece la confianza. La precisión genera certeza y credibilidad.<br><br>Es mejor hablar claro que aparentar estar de acuerdo con algo y dar esperanzas sobre algo que sabemos no ocurrirá.<br><br>Nos conviene a todos llamar las cosas por su nombre y tamaño verdadero, y acostumbrarnos a no dar ni aceptar falsas esperanzas. Las palabras importan, afectan e influyen en cómo entendemos los acuerdos, las intenciones y hasta la verdad de los hechos.<br><br>"Las falsas esperanzas<br>son verdaderas mentiras".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1772795622732-0VTXQ7LLNKGKZ2JSO6N8/3B26DAD2-BFD4-4434-9523-EA9FA3CFAFD4.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1000"><media:title type="plain">Diminutivos</media:title></media:content></item><item><title>¿Fin de los abrazos?</title><category>Seguridad</category><dc:creator>Ricardo Elias</dc:creator><pubDate>Fri, 27 Feb 2026 12:54:26 +0000</pubDate><link>https://ricardoelias.com/blog/2026/2/26/fin-de-los-abrazos</link><guid isPermaLink="false">5a36ba000100272fc50b298e:5a36bfb9f29efebeab224351:69a04bd5152b237249dc8ccc</guid><description><![CDATA[<p data-rte-preserve-empty="true" class=""></p><p class="">Luego del operativo que abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), encabezado por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), con apoyo de fuerzas especiales del Ejército, aeronaves de la Fuerza Aérea, la Guardia Nacional y tras meses de inteligencia coordinada entre autoridades federales, estatales e incluso de EU, la pregunta que todos nos estamos haciendo ahora es si este hecho significa el fin de la política de "abrazos, no balazos" y el comienzo de un nuevo o diferente tipo de guerra contra el narco.<br><br>Responder esta pregunta me parece fundamental porque pone en evidencia las contradicciones inherentes a esa política iniciada por López Obrador, quien ordenó una contención casi absoluta de confrontaciones directas con capos y cárteles, propiciando un crecimiento exponencial del crimen organizado. Todo bajo la idea falaz de que los programas sociales atacarían el origen, "las causas" de la violencia.</p><p class="">Es innegable que la estrategia de abrazos resultó en un repunte brutal de la violencia y de delitos de alto impacto, que al compararlos con los de la llamada "guerra de Calderón" (etiquetada por la 4T como la peor tragedia) aplicaría el dicho que dice "estábamos mejor cuando estábamos peor".<br><br>Los datos no mienten. El sexenio de AMLO es considerado el más violento en la historia moderna de México: en el periodo de AMLO hubo más de 190 mil homicidios dolosos; las extorsiones alcanzaron máximos históricos; los decomisos de drogas se redujeron; los desvíos de recursos públicos y el llamado "huachicol fiscal" llegaron a niveles sin precedentes; la corrupción, las complicidades institucionales y la interferencia electoral del narco se volvieron más evidentes que nunca.<br><br>Con el operativo que abatió a El Mencho pareciera que la nueva estrategia de seguridad en México es distinta, no sé si por convicción propia o por presión externa. Se ve ahora pragmática, de "balazos selectivos" y operaciones quirúrgicas de alto impacto, evitando guerras totales y reduciendo la impunidad que hasta hoy venían gozando los delincuentes. Habrá que ver si la nueva estrategia tocará a la clase política, los protegen o fue solo un espectacular y aislado operativo militar.<br><br>El abatimiento de El Mencho por sí solo no arregla nada. Si bien representa un importante golpe simbólico y moral al CJNG y un quiebre con la política anterior de "abrazos, no balazos", su impacto será efímero si no se acompaña de una estrategia integral y sostenida de acciones concretas, que incluyan capturas de capos de otros cárteles, operativos inteligentes de fuerza pública contra las múltiples células y redes criminales que existen en el país, así como la investigación y enjuiciamiento de funcionarios públicos coludidos en todos los niveles de gobierno.<br><br>De no ser así, el vacío dejado por El Mencho será rápidamente llenado, perpetuando y tal vez hasta agravando el ciclo de violencia y extorsión que asfixia al país.<br><br>No soy experto en seguridad o inteligencia militar, pero como ciudadano común me parece acertada una estrategia que utilice sin titubeos la fuerza pública y las leyes para proteger a la población de actividades criminales, desarticular redes de protección política y reducir la impunidad.<br><br>Pienso que una estrategia híbrida de fuerza inteligente, justicia ciega y depuración política podría estabilizar al país sin desatar baños de sangre, y enviaría el mensaje a los mexicanos y al mundo entero que el combate frontal al crimen organizado y a la corrupción en México va en serio.<br><br>Lo único que los ciudadanos anhelamos y esperamos del gobierno es la certeza de un Estado de derecho que nos protege a todos.<br><br>Pero esto solo es posible si contamos con fiscalías realmente autónomas y se lleva a cabo una depuración profunda de las instituciones para erradicar la corrupción que alimenta la comisión de delitos.<br><br>El golpe dado al CJNG podría inaugurar el Estado de derecho en México, marcar el principio del fin a la impunidad, a la corrupción y a la protección de narcopolíticos que enriquecidos y protegidos por sus fueros viven libres, mientras los ciudadanos vivimos encerrados en el miedo.<br>&nbsp;<br>"Impunidad selectiva<br>es crimen organizado".<br><br>Yo</p>]]></description><media:content type="image/jpeg" url="https://images.squarespace-cdn.com/content/v1/5a36ba000100272fc50b298e/1772113078818-N0PLLIV25Z88IY68CMSJ/0402A45A-31F2-43D7-B19A-8BD33E31C9E4.jpeg?format=1500w" medium="image" isDefault="true" width="1500" height="1000"><media:title type="plain">¿Fin de los abrazos?</media:title></media:content></item></channel></rss>