<?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="no"?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><rss xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" version="2.0"><channel><title>RedgedapS</title><description>Blog de RedGDPS / Blog de Mateu con resúmenes de estudios en diabetes de máximo impacto. Una manera rápida de estar actualizado en el manejo de la diabetes mellitus </description><managingEditor>noreply@blogger.com (Bruno)</managingEditor><pubDate>Sun, 20 Sep 2026 10:37:10 +0200</pubDate><generator>Blogger http://www.blogger.com</generator><openSearch:totalResults xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">1768</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/">25</openSearch:itemsPerPage><link>http://redgedaps.blogspot.com/</link><language>en-us</language><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:subtitle>Blog de RedGDPS / Blog de Mateu con resúmenes de estudios en diabetes de máximo impacto. Una manera rápida de estar actualizado en el manejo de la diabetes mellitus </itunes:subtitle><itunes:category text="Science &amp; Medicine"><itunes:category text="Medicine"/></itunes:category><itunes:category text="Health"><itunes:category text="Fitness &amp; Nutrition"/></itunes:category><itunes:owner><itunes:email>noreply@blogger.com</itunes:email></itunes:owner><item><title>La diabetes nos desborda mientras políticos y gestores siguen mirando a otro lado</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/09/la-diabetes-nos-desborda-mientras.html</link><category>obesidad infantil</category><category>Prediabetes</category><category>Prevención diabetes</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 17 Sep 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-7990450978984712797</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjP4VrIMQhgfarCbAT8LwRKbgR-DBC7gjTp9ji3Esmg4AOXYq0AjMMQ5SVdx9DB_DXR4XLPGWS_iYeSzgUWe2tcMM6eJu3rqZPuEVgB-V934v4RTIy7psVfUYYJln4BezZn8LbHXgFinSJWabEv5xp389HenRNF79zTNEwg09_I-yw8G7rCvBt-ASjClm8/s1672/ChatGPT%20Image%2016%20sept%202026,%2010_38_28.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjP4VrIMQhgfarCbAT8LwRKbgR-DBC7gjTp9ji3Esmg4AOXYq0AjMMQ5SVdx9DB_DXR4XLPGWS_iYeSzgUWe2tcMM6eJu3rqZPuEVgB-V934v4RTIy7psVfUYYJln4BezZn8LbHXgFinSJWabEv5xp389HenRNF79zTNEwg09_I-yw8G7rCvBt-ASjClm8/w400-h225/ChatGPT%20Image%2016%20sept%202026,%2010_38_28.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Enrique Carretero Anibarro (@Enriq_Carretero)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Es frustrante leer un artículo que recorre toda la historia natural de la DM2 y, sin embargo, seguir teniendo la sensación de que vamos siempre un paso por detrás.&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Desde la evidencia científica se nos recuerda con insistencia que estamos inmersos en una auténtica pandemia de DM2 y que esta situación se puede prevenir. &lt;b&gt;Presionados por la alarma social, los responsables políticos y gestores lanzan mensajes sobre la necesidad de mejorar las cifras. Sin embargo, estos mismos responsables no ponen en marcha las herramientas necesarias para lograrlo. Y ahí está la verdadera paradoja: se sabe lo que hay que hacer, pero quienes tienen el poder de actuar siguen sin hacerlo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El trabajo que comentamos &lt;b&gt;describe de forma detallada cómo prevenir la DM2 a lo largo de todas las etapas de la vida de una persona, desde la concepción hasta la vejez, pero deja una sensación constante de distancia entre la situación teórica que plantean los académicos, gestores y políticos frente a la práctica real a la que nos enfrentamos los sanitarios a diario. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/09/la-diabetes-nos-desborda-mientras.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Este artículo arranca en la &lt;b&gt;etapa prenatal&lt;/b&gt;, definiéndola como un &lt;b&gt;punto de partida clave&lt;/b&gt;. Expone que l&lt;b&gt;as condiciones metabólicas de la madre, sobrepeso, hiperglucemia, ya predisponen al hijo a la obesidad y la resistencia a la insulina&lt;/b&gt; (RI). No es una novedad, pero sí una evidencia que en la práctica se ignora sistemáticamente. A pesar del conocimiento acumulado, no se ha desplegado una estrategia de salud pública sólida que priorice el control metabólico y nutricional en mujeres en edad fértil. &lt;b&gt;Ni rastro de programas preventivos&lt;/b&gt;, ni rastro de voluntad estructural.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Pasamos después a la &lt;b&gt;infancia y adolescencia&lt;/b&gt;; la narrativa gira en torno a factores de riesgo conocidos: &lt;b&gt;alimentación desequilibrada, sedentarismo, mal sueño, estrés crónico, desigualdad social. Se menciona el papel del entorno urbano obesogénico y se proponen intervenciones educativas, comunitarias y fiscales. Pero en la práctica, esas propuestas son puro papel mojado&lt;/b&gt;. La realidad es otra: máquinas expendedoras de bollería en colegios, menús escolares de dudoso valor nutricional y ninguna medida fiscal eficaz para limitar el acceso a alimentos ultraprocesados. &lt;b&gt;Mientras tanto, las tasas de obesidad infantil no dejan de subir.&lt;/b&gt; El artículo lo reconoce, pero se queda en un diagnóstico sin soluciones estructurales contundentes.&lt;b&gt; Porque decir «necesitamos políticas fiscales para gravar los alimentos ultraprocesados» está muy bien, pero que eso llegue a la consulta, a la calle, es realmente dudoso.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Continúa con la &lt;b&gt;edad adulta&lt;/b&gt;; el foco pasa al cribado y a la i&lt;b&gt;ntervención sobre la prediabetes&lt;/b&gt;. Aquí también se cae en el mismo error: mucha evidencia sobre eficacia de intervenciones intensivas en estilo de vida, pero muy poco sobre cómo implementarlas. Varios programas citados, por ejemplo, el Programa de Prevención de la Diabetes (DPP), muestran remisiones notables, &lt;b&gt;pero ¿cuántos centros de salud cuentan con equipos multidisciplinares?&lt;/b&gt; En la práctica, hablar de revertir la prediabetes suena más a ilusión que a objetivo. &lt;b&gt;El artículo propone recuperar la normoglucemia como estándar de salud pública, algo deseable, pero que se torna casi utópico frente al sedentarismo estructural, el acceso casi obligado a comida basura y la falta de recursos. De nuevo, se delega en el profesional sanitario lo que debería ser una responsabilidad del sistema: crear las condiciones mínimas para que el cambio de hábitos sea posible.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Finaliza abordando la última etapa, l&lt;b&gt;as personas más mayores&lt;/b&gt;. Se señala con razón que el&lt;b&gt; balance entre beneficios y daños cambia. Este es un punto importante: en edades avanzadas quizá no sea prioritario revertir la prediabetes, sino más bien prevenir la fragilidad, preservar la funcionalidad, ajustar tratamientos.&lt;/b&gt; Aquí el artículo es más sensato, pero tampoco profundiza en cómo se ayuda a la toma de las decisiones clínicas adecuadas en la consulta diaria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En conjunto, se hace un &lt;b&gt;buen repaso fisiopatológico y epidemiológico&lt;/b&gt; de la DM2. Plantea un acertado enfoque que abarca de forma longitudinal todas las etapas de la vida. Pero se mueve en un plano excesivamente académico, de gestión sanitaria y de «política». Falla en lo esencial: &lt;b&gt;no ofrece herramientas prácticas ni propone acciones políticas viables que transformen esta visión en acción real&lt;/b&gt;. Mientras tanto, seguimos sin una política ambiciosa en la promoción de hábitos de vida saludables (alimentación equilibrada y actividad física), sin entornos urbanos que favorezcan el ejercicio y sin tiempo para hacer verdadera educación en salud.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La prevención de la DM2 es técnicamente posible. Pero seguimos atrapados en discursos teóricos que no se traducen en cambios tangibles. Mientras no haya un compromiso real por parte de quienes diseñan el sistema, la prevención seguirá siendo un discurso vacío. Y los profesionales, una vez más, seremos testigos impotentes de una enfermedad que sabemos evitar, pero no nos dejan prevenir.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Para quienes trabajamos a diario en este frente de batalla, el problema ya no es la falta de evidencia científica, sino la ausencia de una voluntad real de actuar por parte de quienes tienen la capacidad de tomar decisiones políticas y de liderar una gestión sanitaria valiente que afronte esta pandemia con la seriedad que merece.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhb96i1dHa1tPxLEFB_0pTVWOAZBqB-PGavadedQXo7dK2WsAOr6JBh4CyTW9YtfLwcsGi0Cu60VYURdRo_u8bP_rC9tm5U3WcnuQi4BaTQzWcaLgJZ3esWgMD4uH0cgsKb7-GOdu_XpOOzBMq9uFgg-5f-YsYoVLgKhjyPpgEAO7hd2IDBlARfk6MsmhM/s2752/Prevencio%CC%81n_de_Diabetes_Tipo_2.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1513" data-original-width="2752" height="352" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhb96i1dHa1tPxLEFB_0pTVWOAZBqB-PGavadedQXo7dK2WsAOr6JBh4CyTW9YtfLwcsGi0Cu60VYURdRo_u8bP_rC9tm5U3WcnuQi4BaTQzWcaLgJZ3esWgMD4uH0cgsKb7-GOdu_XpOOzBMq9uFgg-5f-YsYoVLgKhjyPpgEAO7hd2IDBlARfk6MsmhM/w640-h352/Prevencio%CC%81n_de_Diabetes_Tipo_2.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42575984/" target="_blank"&gt;Wang Y, Sargent JL, Mathieu C, Vazquez-Arreola E, Perreault L, Loos RJF, Lim LL, Sandforth L, Hanson RL, Kullmann S, Sbierski-Kind J, Brucker SY, Hrabé de Angelis M, Theiss F, Icks A, Mohebbi D, Stefan N, Mohan V, Wang T, Preissl H, Bergman M, Tuomilehto J, Hivert MF, Franks PW, Birkenfeld AL. Type 2 diabetes prevention across the life course. Nat Med. 2026;32(8):2757-2773. doi: 10.1038/s41591-026-04550-z.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;

&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjP4VrIMQhgfarCbAT8LwRKbgR-DBC7gjTp9ji3Esmg4AOXYq0AjMMQ5SVdx9DB_DXR4XLPGWS_iYeSzgUWe2tcMM6eJu3rqZPuEVgB-V934v4RTIy7psVfUYYJln4BezZn8LbHXgFinSJWabEv5xp389HenRNF79zTNEwg09_I-yw8G7rCvBt-ASjClm8/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2016%20sept%202026,%2010_38_28.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Finerenona en personas con enfermedad renal crónica sin diabetes.</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/09/finerenona-en-personas-con-enfermedad.html</link><category>FIDELIO-DKD</category><category>FIGARO-CKD</category><category>finerenona</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 10 Sep 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-4046250011295144659</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: x-large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg3pqnM1i4wQhrvUH6wrbDH48hqR38ZjQalX3r0wLyBcbZxC2XOKRpimv6mVNFiozNN4n9VsPTbBRF0zgQ4M7zrovo4bcWTcgGLU_O3ypatXoXsGvRadymPE9g0G38pT93TndfFL5NmJ8FOA9TYWDYT8OVj1CvlNDSfAARBzqOCgGn015PbDGesiHRpt4o/s1672/ChatGPT%20Image%208%20sept%202026,%2013_12_18.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg3pqnM1i4wQhrvUH6wrbDH48hqR38ZjQalX3r0wLyBcbZxC2XOKRpimv6mVNFiozNN4n9VsPTbBRF0zgQ4M7zrovo4bcWTcgGLU_O3ypatXoXsGvRadymPE9g0G38pT93TndfFL5NmJ8FOA9TYWDYT8OVj1CvlNDSfAARBzqOCgGn015PbDGesiHRpt4o/w400-h225/ChatGPT%20Image%208%20sept%202026,%2013_12_18.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;Analizamos un ensayo clínico fase 3, internacional, aleatorio, doble ciego y controlado con placebo, cuyo objetivo fue evaluar la eficacia y la seguridad de la finerenona en adultos con enfermedad renal crónica (ERC) sin diabetes. El objetivo fue &lt;b&gt;valorar si este antagonista no esteroideo del receptor mineralocorticoide puede ofrecer beneficios renales y cardiovasculares en un grupo de pacientes en el que hasta ahora la evidencia era limitada. El ensayo incluyó 1.584 participantes, de los cuales 793 recibieron finerenona &lt;/b&gt;(10 o 20 mg diarios) y 791, placebo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;Todos los pacientes presentaban ERC&lt;/b&gt;, tasa de filtración glomerular estimada (TFGe) de 25 a &amp;lt;90 ml/min/1,73 m² de superficie corporal, con una TFGe basal media de 46,8 ± 16,2 ml/min/1,73 m² y un &lt;b&gt;cociente albúmina-creatinina (CAC) de 200 a ≤3.500 mg/g. Además, todos estaban recibiendo tratamiento de base con bloqueo del sistema renina-angiotensina&lt;/b&gt; (un contexto terapéutico ya optimizado). &lt;b&gt;Una proporción de los participantes también recibió iSGLT2&lt;/b&gt;, situando a la finerenona como una posible herramienta complementaria dentro del tratamiento nefroprotector actual. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/09/finerenona-en-personas-con-enfermedad.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;El objetivo principal fue la pendiente total de la TFGe desde el valor basal al del mes 32.&lt;/b&gt; La pendiente de la TFGe permite captar la velocidad de progresión de la enfermedad renal con más sensibilidad que otros criterios tradicionales. &lt;b&gt;Mientras que la pérdida anual de filtrado fue de −3,3 ml/min/1,73 m² con finerenona, alcanzó −4,0 ml/min/1,73 m² con placebo, lo que supone una diferencia de 0,7 ml/min/1,73 m² por año a favor del tratamiento activo (p &amp;lt;0,001). Aunque esta cifra pueda parecer modesta, en la práctica clínica representa una preservación sostenida de la función renal, que puede traducirse en menos progresión hacia insuficiencia renal avanzada.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Existe una caída inicial de la TFGe en los primeros meses con finerenona (el máximo de −1,2 ml/min/1,73 m² se produce a los 3 meses), seguida después por una pendiente más favorable. Esta conducta es coherente con el perfil fisiológico de fármacos que modifican la hemodinámica glomerular; el descenso inicial no debe interpretarse como toxicidad, sino como un efecto transitorio esperado que precede al beneficio renal a medio plazo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En los desenlaces secundarios, &lt;b&gt;la finerenona redujo el riesgo del compuesto renal-cardiovascular frente a placebo; fue del 13,9% de los pacientes tratados con finerenona frente al 16,9% de los que recibieron placebo, lo que supone una reducción relativa del riesgo del 23% (HR 0,77; IC 95% 0,60-0,99). Este hallazgo refuerza la idea de que el beneficio del fármaco no se limita a un marcador de laboratorio, sino que tiene repercusión clínica relevante.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;A los seis meses, el CAC disminuyó un 41,3% con finerenona frente al 9,1% con placebo. Una reducción del 35,4% frente a placebo. &lt;b&gt;Más de la mitad de los pacientes tratados consiguieron una reducción de la albuminuria superior al 30%, frente a solo una cuarta parte de los tratados con placebo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En términos de seguridad, el evento adverso más frecuente fue la hiperpotasemia, 17,0% con finerenona, frente a 13,3% con placebo; este resultado era esperable, ya que el bloqueo mineralocorticoide puede alterar el equilibrio del potasio. Sin embargo, lo importante es que la mayoría de los episodios fueron leves o moderados, los casos graves fueron poco frecuentes y las hospitalizaciones o suspensiones permanentes por este motivo ocurrieron en un número reducido de pacientes. Además, la incidencia de lesión renal aguda, hipotensión sintomática, acontecimientos adversos graves y mortalidad fue prácticamente idéntica en ambos grupos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La discusión del estudio sitúa estos resultados en el contexto de la evidencia previa. En mi opinión, &lt;b&gt;uno de sus puntos fuertes es demostrar que el beneficio observado anteriormente en los ensayos FIDELIO-DKD y FIGARO-DKD no depende exclusivamente de la presencia de diabetes, sino que parece relacionarse con el mecanismo antifibrótico y antiinflamatorio propio de la finerenona.&lt;/b&gt; La magnitud del beneficio sobre la pendiente de la TFGe es prácticamente idéntica a la observada en personas con diabetes y comparable a la conseguida con los inhibidores del sistema renina-angiotensina y con los iSGLT2. Asimismo, &lt;b&gt;el estudio confirma que la eficacia se mantiene tanto en pacientes que recibían iSGLT2 como en aquellos que no los utilizaban, aunque no estaba diseñado para demostrar un efecto aditivo entre ambas estrategias terapéuticas.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Como conclusión, considero que FIND-CKD representa un avance importante en el tratamiento de la ERC sin diabetes. La finerenona consigue ralentizar de forma significativa la pérdida de función renal, reduce la albuminuria y disminuye el riesgo de eventos renales y cardiovasculares, manteniendo un perfil de seguridad aceptable. A mi juicio, estos resultados amplían de manera relevante el papel de la finerenona más allá de la nefropatía diabética y apoyan su incorporación como una nueva opción terapéutica para pacientes con enfermedad renal crónica no diabética y albuminuria importante, siempre con una adecuada monitorización del potasio sérico y de la función renal.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Cuídense y cuiden a los que quieren&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhhwYWDdG4SEvNHXxOurdD-a0EoO6k-jDFNm_7-1-kSaQ22K1VCZjVj25hKLzwViIjYZnmTmwZqvJrydAhMeFLMdLVB7bQS3ZHeMXSwNYz_kYc-zyEbTrXD-mgExZuvq4M3qpJcH3ZuDalixFtTy8XnbPovMRo-JwXgSR1jEWKVPs7hlK-DsCdixBgLFMc/s1536/infografia%20estudi%20FIND_CKD.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1024" data-original-width="1536" height="426" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhhwYWDdG4SEvNHXxOurdD-a0EoO6k-jDFNm_7-1-kSaQ22K1VCZjVj25hKLzwViIjYZnmTmwZqvJrydAhMeFLMdLVB7bQS3ZHeMXSwNYz_kYc-zyEbTrXD-mgExZuvq4M3qpJcH3ZuDalixFtTy8XnbPovMRo-JwXgSR1jEWKVPs7hlK-DsCdixBgLFMc/w640-h426/infografia%20estudi%20FIND_CKD.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42246672/" target="_blank"&gt;Heerspink HJL, Neuen BL, Agarwal R, Cherney DZI, Lam CSP, Tuttle KR, Wanner C, Sarafidis P, Jongs N, Smeijer JD, Brinker M, Rethemeier N, Schloemer P, Vesterinen P, Goldsbury D, Dizayee S, Mares JW, Perkovic V; FIND-CKD Investigators. Finerenone in persons with chronic kidney disease without diabetes. N Engl J Med. 2026;395(6):533-545. doi: 10.1056/NEJMoa2604625.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33264825/" target="_blank"&gt;Bakris GL, Agarwal R, Anker SD, Pitt B, Ruilope LM, Rossing P, Kolkhof P, Nowack C, Schloemer P, Joseph A, Filippatos G; FIDELIO-DKD Investigators. Effect of finerenone on chronic kidney disease outcomes in type 2 diabetes. N Engl J Med. 2020;383(23):2219-2229. doi: 10.1056/NEJMoa2025845.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33264825/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34449181/" target="_blank"&gt;Pitt B, Filippatos G, Agarwal R, Anker SD, Bakris GL, Rossing P, Joseph A, Kolkhof P, Nowack C, Schloemer P, Ruilope LM; FIGARO-DKD Investigators. Cardiovascular events with finerenone in kidney disease and type 2 diabetes. N Engl J Med. 2021;385(24):2252-2263. doi: 10.1056/NEJMoa2110956.&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg3pqnM1i4wQhrvUH6wrbDH48hqR38ZjQalX3r0wLyBcbZxC2XOKRpimv6mVNFiozNN4n9VsPTbBRF0zgQ4M7zrovo4bcWTcgGLU_O3ypatXoXsGvRadymPE9g0G38pT93TndfFL5NmJ8FOA9TYWDYT8OVj1CvlNDSfAARBzqOCgGn015PbDGesiHRpt4o/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%208%20sept%202026,%2013_12_18.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Monitorización continua de glucosa en atención primaria: situación actual y consenso Delphi</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/09/monitorizacion-continua-de-glucosa-en.html</link><category>Consensos</category><category>Sistemas de monitorización continua</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Sun, 6 Sep 2026 11:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-9019839173057780883</guid><description>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiiYuF-iLZJzCyW1WeVc48qNXZcJRuTQgJVvj26zOlegJB14aTPrwRYUAM6HBYhmmJmXYvGE3HTcKEaJ4c3ZPWLEXQ9-ihL8uzJviK8tG6MHZhql6LvPzlfAkneil_dR9c0I5lW9W35pjSTpfxd5imrJv7MIrxP7t3eUhThWJqnkMuKBZ5fYaEzl1vsKSY/s1672/ChatGPT%20Image%204%20sept%202026,%2014_02_02.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiiYuF-iLZJzCyW1WeVc48qNXZcJRuTQgJVvj26zOlegJB14aTPrwRYUAM6HBYhmmJmXYvGE3HTcKEaJ4c3ZPWLEXQ9-ihL8uzJviK8tG6MHZhql6LvPzlfAkneil_dR9c0I5lW9W35pjSTpfxd5imrJv7MIrxP7t3eUhThWJqnkMuKBZ5fYaEzl1vsKSY/w400-h225/ChatGPT%20Image%204%20sept%202026,%2014_02_02.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Como uno de los autores de este trabajo, me alegra compartir con vosotros un resumen de nuestro consenso, recién publicado en &lt;i&gt;Primary Care Diabetes&lt;/i&gt;.&lt;/b&gt; El objetivo era doble: por un lado, &lt;b&gt;retratar cómo se está usando realmente la monitorización continua de glucosa (MCG) en la atención primaria (AP) española y, por otro, acordar mediante un panel Delphi qué aspectos deberían recoger las futuras recomendaciones prácticas.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Combinamos una &lt;b&gt;encuesta de 29 preguntas&lt;/b&gt; sobre la situación actual con un consenso Delphi de dos rondas (metodología RAND/UCLA) sobre 131 criterios. Participaron 58 profesionales de AP (40 médicos y 18 enfermeras), con una tasa de respuesta del 56% y representación de la mayoría de las comunidades autónomas. De los 131 criterios evaluados, el panel acordó incluir 129 en las recomendaciones.&lt;br /&gt;Qué encontramos sobre la situación actual.&lt;b&gt; La fotografía es clara: percibimos la MCG como una herramienta útil, pero su implantación sigue siendo limitada. Entre las personas con DM2 que cumplen criterios de prescripción, solo el 40% de los profesionales referían que la usaba al menos un 30% de sus pacientes candidatos: una infrautilización evidente. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/09/monitorizacion-continua-de-glucosa-en.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Cuando usamos los datos, actuamos&lt;/b&gt;:&lt;b&gt; el 96,5% ajusta tratamientos, el 94,7% ofrece educación terapéutica estructurada y el 91,2% promueve estilos de vida saludables.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Las barreras que identificamos. La principal, con diferencia, fue &lt;b&gt;la falta de integración de los datos de MCG en la historia clínica electrónica (HCE) (73,7%), seguida del tiempo insuficiente por consulta, las necesidades de formación, el acceso limitado a dispositivos financiados y la escasa coordinación con endocrinología (casi el 57% declaró no tener un circuito establecido). Un dato que invita a la reflexión: muchos nos consideramos suficientemente formados y, a la vez, señalamos la formación como barrera, probablemente porque valoramos la capacitación del conjunto del equipo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Puntos fuertes del trabajo&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote style="border-color: currentcolor; border-image: none; border-style: none; border-width: medium; margin: 0px 0px 0px 40px; padding: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• Es la &lt;b&gt;primera descripción de la situación de la MCG en la AP española&lt;/b&gt; acompañada de un acuerdo Delphi sobre los temas que deben priorizarse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• Combina una visión nacional de &lt;b&gt;barreras y oportunidades&lt;/b&gt; con un proceso estructurado y profesionales con experiencia real en MCG.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• Es genuinamente &lt;b&gt;multidisciplinar (medicina y enfermería) y con amplia cobertura geográfica.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• Ofrece una &lt;b&gt;base sólida y consensuada&lt;/b&gt; para elaborar recomendaciones adaptadas a nuestra realidad asistencial.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: large;"&gt;Claves para llevaros a la consulta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;blockquote style="border-color: currentcolor; border-image: none; border-style: none; border-width: medium; margin: 0px 0px 0px 40px; padding: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• La &lt;b&gt;MCG es útil, pero está infrautilizada en quienes cumplen criterios; conviene revisar a quién no se la estamos ofreciendo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• El &lt;b&gt;cuello de botella número uno es tecnológico y organizativo: sin integración en la HCE, el potencial se pierde.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• &lt;b&gt;Necesitamos formación &lt;/b&gt;continuada, protocolos nacionales, tiempo de consulta y circuitos claros de coordinación con el hospital.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• El &lt;b&gt;papel de enfermería es cada vez más central en la revisión e interpretación de los datos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• El &lt;b&gt;tiempo extra de las primeras visitas es una inversión&lt;/b&gt;: menos ajustes, menos hipoglucemias y mejor adherencia a medio plazo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Quiero dar las gracias de corazón a todos los compañeros de AP que participasteis y al respaldo de las sociedades científicas que hicieron posible este consenso:&lt;/b&gt; Federación de Asociaciones de Enfermería Familiar y Comunitaria (FAECAP), Red de Grupos de Estudio de la Diabetes en Atención Primaria de la Salud (redGDPS), Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) y Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), junto con el Grupo de Estudio de la Diabetes en Atención Primaria de la Salud-Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (GEDAPS-CAMFiC) y el DAP_Cat.&lt;b&gt; Este resultado es vuestro: refleja lo que la primaria vive cada día y lo que necesita para dar el siguiente paso con la MCG.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgJgPlk8NtsDUzmfRnFOm4mmG4fia6MKvqlkB_tJCOxszt_b_eP_O_x85er6-YXbCw4n6rXd7qRDgU5hqzMfE2GGRiKSfuC_MwUDhuEl84SjSDtVn9xgGn5s7ITRAtUBK8qg3yWyx67ZFs36x1Hi0YvWUg6HIgjABoHB3kXXY3FOIvTA4-ZSWi4YBdFjH4/s2186/Captura%20de%20pantalla%202026-09-04%20a%20las%2014.07.37.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1230" data-original-width="2186" height="360" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgJgPlk8NtsDUzmfRnFOm4mmG4fia6MKvqlkB_tJCOxszt_b_eP_O_x85er6-YXbCw4n6rXd7qRDgU5hqzMfE2GGRiKSfuC_MwUDhuEl84SjSDtVn9xgGn5s7ITRAtUBK8qg3yWyx67ZFs36x1Hi0YvWUg6HIgjABoHB3kXXY3FOIvTA4-ZSWi4YBdFjH4/w640-h360/Captura%20de%20pantalla%202026-09-04%20a%20las%2014.07.37.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42436068/" target="_blank"&gt;Cebrián Cuenca AM, de la Cuadra-Grande A, Arranz Martínez E, Egocheaga Cabello MI, Mingorance Cruz N, Cuatrecasas Cambra G, Álvarez Hermida ÁB, Navarro J, Oyagüez I, Barrot de la Puente J; Consensus Group. Continuous glucose monitoring in Spanish primary care: current situation and Delphi consensus to inform clinical practice recommendations. Prim Care Diabetes. 2026;S1751-9918(26)00124-5. doi: 10.1016/j.pcd.2026.07.007.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiiYuF-iLZJzCyW1WeVc48qNXZcJRuTQgJVvj26zOlegJB14aTPrwRYUAM6HBYhmmJmXYvGE3HTcKEaJ4c3ZPWLEXQ9-ihL8uzJviK8tG6MHZhql6LvPzlfAkneil_dR9c0I5lW9W35pjSTpfxd5imrJv7MIrxP7t3eUhThWJqnkMuKBZ5fYaEzl1vsKSY/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%204%20sept%202026,%2014_02_02.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Insulina oral para prevenir la DM1: cuando una idea errónea nos aporta mucha información</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/09/insulina-oral-para-prevenir-la-dm1.html</link><category>Insulina</category><category>Prevención diabetes</category><category>tipos de diabetes</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 3 Sep 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-2509101843139578636</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhe-QayYSp4S669UNFhVZd4mciNZ6a1SjYmFQQe7NLB3MJS-l2td_OdwQVZ8FDbgKAMielVVFP-W_h-KYD_ah-TqxrCAA3hTwX9c8Yy-wnadlTw1zcgp-Hnaj_flzRvywkiU-XQLZy0-GNZ8AJjZDpGSZcX45O0DKo3DX2_MfOYfjGjdkA6FfD-nr7Q6W4/s1672/ChatGPT%20Image%202%20sept%202026,%2017_11_29.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhe-QayYSp4S669UNFhVZd4mciNZ6a1SjYmFQQe7NLB3MJS-l2td_OdwQVZ8FDbgKAMielVVFP-W_h-KYD_ah-TqxrCAA3hTwX9c8Yy-wnadlTw1zcgp-Hnaj_flzRvywkiU-XQLZy0-GNZ8AJjZDpGSZcX45O0DKo3DX2_MfOYfjGjdkA6FfD-nr7Q6W4/w400-h225/ChatGPT%20Image%202%20sept%202026,%2017_11_29.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Carlos Hernández Teixidó (@carlos_teixi)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La posibilidad de prevenir o retrasar la DM1 antes de que aparezca la hiperglucemia clínica es uno de los grandes objetivos actuales del campo.&lt;/b&gt;&amp;nbsp;Aunque la DM1 está quizá algo alejada de la Atención Primaria y puede que no sea uno de los focos de este Blog, nos hacemos eco de un comentario publicado en &lt;i&gt;Diabetes Care&lt;/i&gt; que bien puede servirnos de moraleja. Se trata de un&amp;nbsp;&lt;b&gt;comentario sobre el ensayo Fr1da, que evaluó insulina oral a dosis altas en niños con DM1 en estadio 1 detectados mediante cribado poblacional.&lt;/b&gt; &lt;b&gt;La hipótesis es conceptualmente atractiva: la insulina no se administra por vía oral para producir un efecto metabólico, sino como autoantígeno, con la intención de inducir tolerancia inmunológica y modificar la respuesta autoinmune frente a la célula beta.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, los resultados del ensayo original son bastante claros. &lt;b&gt;Fr1da fue un ensayo fase 2, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, en el que participaron 220 niños con diabetes tipo 1 en estadio 1. Recibieron insulina oral (7,5 mg/día durante tres meses y, posteriormente, 67,5 mg/día durante nueve meses) o placebo.&lt;/b&gt; La progresión a diabetes clínica se produjo en 46 niños tratados con insulina y en 41 del grupo placebo, sin diferencias significativas (HR 1,07; IC 95% 0,66- 1,73). Tampoco se observó una respuesta inmunológica frente a la insulina significativamente diferente entre grupos. &lt;b&gt;Es decir, no solo no se retrasó la enfermedad, sino que tampoco se demostró el mecanismo inmunológico que se pretendía inducir. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/09/insulina-oral-para-prevenir-la-dm1.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;A mi juicio, esto es especialmente relevante porque Fr1da no aparece en un vacío científico. La insulina oral lleva muchos años investigándose como estrategia preventiva y los resultados globales han sido persistentemente decepcionantes -&lt;i&gt;digámoslo así&lt;/i&gt;-. &lt;b&gt;Es verdad que algunos análisis de subgrupos han sugerido posibles señales de eficacia, pero cuando un tratamiento fracasa repetidamente en los objetivos primarios, estas observaciones exploratorias deben interpretarse con mucha prudencia.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Entonces, ¿por qué continúan estudiándolo? Porque existe una base biológica razonable&lt;/b&gt;. El estudio Pre-POINT había mostrado que dosis altas de insulina oral podían generar respuestas inmunológicas en niños genéticamente predispuestos, pero todavía negativos para autoanticuerpos. En concreto, cinco de seis niños expuestos a 67,5 mg mostraron alguna de las respuestas inmunológicas definidas por el estudio. &lt;b&gt;Aquello, que no demostraba nada, sino que era un proyecto piloto, proporcionaba una señal suficiente para justificar estudios posteriores&lt;/b&gt;. Fr1da ha permitido comprobar si esa señal inmunológica podía traducirse en beneficio clínico en una población mucho mayor, y la respuesta, al menos en niños que ya se encuentran en estadio 1, ha sido negativa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Aquí es donde el comentario de Lemos y Skyler resulta, en mi opinión, más interesante que el propio mensaje negativo del ensayo&lt;/b&gt;. &lt;b&gt;Los autores plantean que quizá estemos administrando el antígeno correcto en el momento equivocado.&lt;/b&gt; Cuando un niño alcanza el estadio 1 ya presenta autoanticuerpos contra los islotes y, por tanto, el proceso autoinmune está establecido. Intentar generar tolerancia frente a la insulina en ese momento podría llegar demasiado tarde. De ahí &lt;b&gt;surge la hipótesis de intervenir antes de la aparición de la autoinmunidad humoral o seleccionar individuos según genética, perfil de autoanticuerpos y estadio de la enfermedad. Es una propuesta biológicamente sugerente, pero sigue siendo una hipótesis &lt;/b&gt;y no puede utilizarse para reinterpretar un ensayo negativo como si escondiera una eficacia todavía no descubierta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Otro aspecto particularmente llamativo es el esfuerzo necesario para encontrar a estos niños. El programa de cribado poblacional en el que se desarrolló Fr1da necesitó examinar a más de 100.000 niños para poder reclutar a 220 participantes.&lt;/b&gt; El comentario utiliza este dato para plantear una cuestión que va más allá de la insulina oral: si queremos tratar la DM1 antes de que produzca síntomas, necesitaremos sistemas capaces de identificar a una población muy pequeña dentro de millones de niños sanos. Esto supone costes, organización y seguimiento a largo plazo. Aun así, que una intervención concreta fracase no invalida necesariamente el cribado, porque conocer precozmente la presencia de autoinmunidad permite vigilancia metabólica y puede disminuir la presentación con cetoacidosis. Quizá podamos prevenirla en un futuro, pero ¿será coste-efectivo?. De momento no sabemos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En conjunto el estudio Fr1da probablemente reduce bastante las expectativas de que la insulina oral, administrada sola y de manera indiscriminada a niños con DM1 en estadio 1, pueda convertirse en una estrategia preventiva eficaz. Pero eso no convierte el estudio en irrelevante; al contrario, ayuda a cerrar una vía tal como estaba planteada y obliga a formular preguntas más precisas.&lt;/b&gt; Quizá el futuro pase por intervenir antes, seleccionar mejor a los candidatos o combinar terapias inmunológicas con estrategias antigénicas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;Por ahora, sin embargo, conviene separar la elegancia de la hipótesis de la evidencia clínica disponible: la tolerancia oral a la insulina es una idea inmunológicamente atractiva, pero después de varios ensayos importantes todavía no ha demostrado prevenir de forma convincente la DM1.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgAmy-jNN6avaymXnzfN4fvz3Ba7lFBFSBvskA6OrAiQxz0ribffS_m3StSyyD16lL5BWYFGLjC-oLCNTQtsjPXcEKXoEOuI96xKA5ZpOCRWK83msuhg6xizNWil23Bl_3HFk2w03IY0LWbbE_-ouRPzINfIsHZAEdVAUw-EG3n_3xuTC5hVLRjz5gAuEg/s1536/Infografi%CC%81a%20insulina%20oral%20DM1.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1024" data-original-width="1536" height="426" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgAmy-jNN6avaymXnzfN4fvz3Ba7lFBFSBvskA6OrAiQxz0ribffS_m3StSyyD16lL5BWYFGLjC-oLCNTQtsjPXcEKXoEOuI96xKA5ZpOCRWK83msuhg6xizNWil23Bl_3HFk2w03IY0LWbbE_-ouRPzINfIsHZAEdVAUw-EG3n_3xuTC5hVLRjz5gAuEg/w640-h426/Infografi%CC%81a%20insulina%20oral%20DM1.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41563349/" target="_blank"&gt;Ziegler AG, Albeer A, Arnolds S, et al. Effect of high-dose oral insulin in children with stage 1 type 1 diabetes: the Fr1da Insulin Intervention randomized controlled trial. &lt;span data-end="254" data-start="237"&gt;Diabetes Care&lt;/span&gt;. 2026;49:746-754.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://diabetesjournals.org/care/article/49/5/715/164714/Oral-Insulin-for-Type-1-Diabetes-Prevention" target="_blank"&gt;Lemos JRN, Skyler JS. Oral insulin for type 1 diabetes prevention. &lt;span data-end="361" data-start="344"&gt;Diabetes Care&lt;/span&gt;. 2026;49:715-717. doi:10.2337/dci26-0026.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhe-QayYSp4S669UNFhVZd4mciNZ6a1SjYmFQQe7NLB3MJS-l2td_OdwQVZ8FDbgKAMielVVFP-W_h-KYD_ah-TqxrCAA3hTwX9c8Yy-wnadlTw1zcgp-Hnaj_flzRvywkiU-XQLZy0-GNZ8AJjZDpGSZcX45O0DKo3DX2_MfOYfjGjdkA6FfD-nr7Q6W4/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%202%20sept%202026,%2017_11_29.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Inhibidores SGLT2 y desigualdades en la mortalidad en la DM2: evidencia en una población multiétnica</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/08/inhibidores-sglt2-y-desigualdades-en-la.html</link><category>FRCV</category><category>inhibidores de SGLT2</category><category>raza</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 27 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-283505987654263497</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEidHgCv6ABa2HSQ3_q2ZmMZIGr111WCpISVs_0VdHYINHK6-0pE2U65jP6UgPyYnLpQjXQQQkOjgA7rRIMEwb72BOpLq6vPOLqf2a8x6KDLUC8Z0qA87cWAGlZE8rU1EVT67o4LaO_HvARmHNvdngfbBYDvRFOLeRgbh0WAKcQM-4pEQiKzZ05pjdINPSU/s1672/ChatGPT%20Image%2026%20ago%202026,%2021_50_32.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEidHgCv6ABa2HSQ3_q2ZmMZIGr111WCpISVs_0VdHYINHK6-0pE2U65jP6UgPyYnLpQjXQQQkOjgA7rRIMEwb72BOpLq6vPOLqf2a8x6KDLUC8Z0qA87cWAGlZE8rU1EVT67o4LaO_HvARmHNvdngfbBYDvRFOLeRgbh0WAKcQM-4pEQiKzZ05pjdINPSU/w400-h225/ChatGPT%20Image%2026%20ago%202026,%2021_50_32.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Los iSGLT2 han demostrado reducir la mortalidad cardiovascular y la mortalidad por cualquier causa en personas con DM2. Sin embargo, la evidencia sobre si este beneficio varía según el grupo étnico, especialmente en poblaciones indígenas, sigue siendo limitada.&lt;/b&gt; Este estudio evaluó la mortalidad en Nueva Zelanda tras la financiación pública de empagliflozina en febrero de 2021, una medida que priorizó el acceso para las &lt;b&gt;poblaciones maorí&lt;/b&gt; y de las islas del Pacífico, grupos que &lt;b&gt;presentan una carga de enfermedad desproporcionadamente elevada&lt;/b&gt;, caracterizada por un inicio más precoz de la DM2, una mayor incidencia de complicaciones cardiovasculares y renales, una menor esperanza de vida y persistentes barreras de acceso al tratamiento, junto con una elevada inercia terapéutica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Se llevó a cabo un &lt;b&gt;estudio de cohorte utilizando datos de atención primaria (AP)&lt;/b&gt; procedentes de las regiones de Auckland y Waikato, que incluyó a personas de 18 a 75 años con diagnóstico de DM2 (n = 59.505). Los registros clínicos se enlazaron con las bases nacionales de dispensación farmacéutica y mortalidad correspondientes al periodo 2021-2024. &lt;b&gt;Tras un emparejamiento mediante propensity score, se obtuvieron dos cohortes equilibradas de 12.792 participantes cada una. La asociación entre el tratamiento con iSGLT2 y la mortalidad se evaluó mediante modelos de riesgos proporcionales &lt;/b&gt;de Cox con covariables dependientes del tiempo, ajustados por etnia, edad, sexo, HbA1c basal, tratamiento farmacológico y presencia de enfermedad cardiovascular y/o renal (CVRD). El análisis incluyó personas de etnia maorí, de las islas del Pacífico y europea atendidas en AP de Nueva Zelanda. La población asiática fue excluida del modelo de Cox al no cumplir la asunción de riesgos proporcionales. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/08/inhibidores-sglt2-y-desigualdades-en-la.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La tasa de mortalidad fue significativamente superior en los pacientes que no recibían iSGLT2&lt;/b&gt;. En aquellos con CVRD, la mortalidad fue de 35,2 vs. 13,1 por 1.000 personas-año, mientras que en los pacientes sin CVRD fue de 7,7 vs. 3,6 por 1.000 personas-año.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tras el ajuste multivariable, el tratamiento con iSGLT2 se asoció con una reducción significativa de la mortalidad en todos los grupos étnicos, siendo el beneficio más pronunciado en la población maorí (HR 0,475), seguida de la población de las islas del Pacífico (HR 0,507) y la europea (HR 0,667)&lt;/b&gt; (todos p &amp;lt; 0,001).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El efecto protector de los iSGLT2 fue consistente independientemente de la presencia de CVRD&lt;/b&gt;, sin observarse interacción significativa entre el tratamiento y este factor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;En ausencia de tratamiento con iSGLT2, la población maorí presentó un riesgo de mortalidad casi dos veces superior al de la población europea (HR 1,96). Con el uso de iSGLT2, esta diferencia se redujo de forma relevante (HR 1,48). En la población de las islas del Pacífico, el exceso de riesgo observado respecto a la población europea desapareció prácticamente entre los usuarios de iSGLT2 (HR 0,96).&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;Entre las principales limitaciones del estudio destacan el elevado porcentaje de datos ausentes en algunas variables clínicas, la ausencia de ajuste por factores potencialmente relevantes como la duración de la diabetes, la cardiopatía isquémica o la insuficiencia cardíaca, y la posibilidad de confusión residual, ya que los usuarios de iSGLT2 podrían presentar una mayor adherencia terapéutica, un mejor acceso a la atención sanitaria o un menor grado de fragilidad. Asimismo, el desenlace analizado fue la mortalidad por cualquier causa, sin disponer de información sobre la causa específica del fallecimiento, a pesar de que el beneficio de los iSGLT2 está especialmente establecido para la mortalidad cardiovascular.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Este estudio de práctica clínica real (real-world data, RWD) aporta evidencia adicional de que los iSGLT2 pueden conferir un beneficio especialmente importante en pacientes con alto riesgo cardiovascular y renal y en poblaciones con importantes desigualdades en el acceso a la AP. En conjunto, los resultados respaldan que garantizar un acceso equitativo a estos fármacos podría contribuir a reducir las desigualdades en salud y mejorar el pronóstico de las personas con DM2.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhoUbxZ7DPxcx-_qIRyb3PkiqG2zPig9aY66yPj0Y80gMmmLdDGnszzMkdVSBy6zn9P_UCLdcfGGG3qEyZlktrNfNnUUJPi6ypcFk0mxfcPq5u-d-7Zag0l_5XtrNvshR2rIpV2yq3WGjrg5CjTwIN10ybL14EEkhkX1lktU5AKY3MNYv9OqBOJjonrCBY/s2188/Captura%20de%20pantalla%202026-08-26%20a%20las%2021.45.54.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1232" data-original-width="2188" height="360" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhoUbxZ7DPxcx-_qIRyb3PkiqG2zPig9aY66yPj0Y80gMmmLdDGnszzMkdVSBy6zn9P_UCLdcfGGG3qEyZlktrNfNnUUJPi6ypcFk0mxfcPq5u-d-7Zag0l_5XtrNvshR2rIpV2yq3WGjrg5CjTwIN10ybL14EEkhkX1lktU5AKY3MNYv9OqBOJjonrCBY/w640-h360/Captura%20de%20pantalla%202026-08-26%20a%20las%2021.45.54.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEicHwrJchNimmDj_1w_DEvX4nuooWc_upoACdBZUUeayFmIWuD6jP3GAhc-Eu_RPOnvhx-F57v_-UR2LrY1Zk8QAgxUXP4juJGsyrF449dK77uo89l6ZlJ9nYJFuJKlTjPbXtaT7yJRsojxVkrHz-u2S_TuInXciEjum4qq5l8phVvdeerpZ3jlNnx9Be8/s2188/Captura%20de%20pantalla%202026-08-26%20a%20las%2021.46.08.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1232" data-original-width="2188" height="360" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEicHwrJchNimmDj_1w_DEvX4nuooWc_upoACdBZUUeayFmIWuD6jP3GAhc-Eu_RPOnvhx-F57v_-UR2LrY1Zk8QAgxUXP4juJGsyrF449dK77uo89l6ZlJ9nYJFuJKlTjPbXtaT7yJRsojxVkrHz-u2S_TuInXciEjum4qq5l8phVvdeerpZ3jlNnx9Be8/w640-h360/Captura%20de%20pantalla%202026-08-26%20a%20las%2021.46.08.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42036458/" target="_blank"&gt;Chepulis L, Gan H, Simmons D, Rodrigues M, Keenan R, Murphy R, et al. SGLT2 inhibitor use and disparities in all-cause mortality in type 2 diabetes: insights from a multi-ethnic population. Diabetologia. 2026;69(8):2189-2199. doi: 10.1007/s00125-026-06733-2.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEidHgCv6ABa2HSQ3_q2ZmMZIGr111WCpISVs_0VdHYINHK6-0pE2U65jP6UgPyYnLpQjXQQQkOjgA7rRIMEwb72BOpLq6vPOLqf2a8x6KDLUC8Z0qA87cWAGlZE8rU1EVT67o4LaO_HvARmHNvdngfbBYDvRFOLeRgbh0WAKcQM-4pEQiKzZ05pjdINPSU/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2026%20ago%202026,%2021_50_32.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>El verdadero coste no es tratar la obesidad, sino seguir ignorándola</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/08/el-verdadero-coste-no-es-tratar-la.html</link><category>costes diabetes</category><category>obesidad</category><category>politica sanitaria</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 20 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-6173283390944314666</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjMjVV8nuvoQ2dKS8vlrPAlW3uUOZYMVg9pbptHiaPx9aJArVEx014tWmdG8zB23bFCX8gx9Zx0jdorICP4FDnz1URVfdagWJPzMpK6N2JqxUtrzi8p1QU7u7jIgY0JSYgxPloqYwiiC7kGq56vYA23AbgWyIItmfuFl5OtNuVoseoxr80q8FcJTSVXhWQ/s1672/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_46_31.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjMjVV8nuvoQ2dKS8vlrPAlW3uUOZYMVg9pbptHiaPx9aJArVEx014tWmdG8zB23bFCX8gx9Zx0jdorICP4FDnz1URVfdagWJPzMpK6N2JqxUtrzi8p1QU7u7jIgY0JSYgxPloqYwiiC7kGq56vYA23AbgWyIItmfuFl5OtNuVoseoxr80q8FcJTSVXhWQ/w400-h225/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_46_31.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Enrique Carretero Anibarro (@Enriq_Carretero)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La obesidad ha dejado de ser un simple factor de riesgo para convertirse en una enfermedad crónica con un enorme impacto sanitario, social y económico. Sin embargo, gran parte del debate sigue centrándose en el coste de los nuevos tratamientos, especialmente los arGLP-1 y los agonistas duales, mientras apenas se habla del coste de no tratar la enfermedad. Precisamente esa es la pregunta que aborda este interesante artículo: ¿qué consecuencias tiene para la sociedad seguir infratratando la obesidad?&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;El análisis se desarrolla en &lt;b&gt;Estados Unidos, donde más del 40% de los adultos estadounidenses presentan obesidad y aproximadamente uno de cada diez tiene obesidad mórbida&lt;/b&gt;. Esta situación se asocia a un incremento muy importante del riesgo de&lt;b&gt; DM2, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, insuficiencia cardíaca, apnea obstructiva del sueño, enfermedad renal crónica, esteatosis hepática metabólica y varios tipos de cáncer&lt;/b&gt;. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/08/el-verdadero-coste-no-es-tratar-la.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que &lt;b&gt;desplaza el foco desde el precio del tratamiento hacia el coste de la inacción&lt;/b&gt;. Tradicionalmente se ha discutido si los nuevos fármacos para la obesidad son demasiado caros, pero pocas veces se cuantifica &lt;b&gt;cuánto cuesta no utilizarlos&lt;/b&gt;. Los autores recuerdan que el &lt;b&gt;tratamiento de las complicaciones de la obesidad consume cientos de miles de millones de dólares anuales&lt;/b&gt;, tanto en costes sanitarios directos como en pérdidas de productividad laboral, incapacidades y mortalidad prematura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El artículo revisa numerosos estudios económicos que muestran que &lt;b&gt;la pérdida de peso sostenida produce beneficios clínicos muy superiores a la simple reducción del índice de masa corporal. Una reducción del 5-10% del peso mejora la glucemia, la presión arterial y los lípidos; pérdidas del 10-15% permiten incluso alcanzar remisiones parciales de la DM2 en algunos pacientes, mientras que reducciones superiores al 15-20%, hoy alcanzables con tirzepatida (TIRZE) o semaglutida a dosis altas, se asocian a mejoras significativas en insuficiencia cardiaca, enfermedad renal y calidad de vida.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El artículo recuerda además que ya no hablamos únicamente de pérdida de peso. Ensayos como &lt;b&gt;SELECT demostraron que la semaglutida reduce un 20% los eventos cardiovasculares mayores en personas con obesidad sin diabetes, mientras que estudios como STEP-HFpEF evidenciaron mejoras en síntomas, capacidad funcional y calidad de vida en pacientes con insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada y obesidad. &lt;/b&gt;En personas con diabetes, estudios previos como SUSTAIN-6 y LEADER ya habían demostrado beneficios cardiovasculares de los arGLP-1.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El trabajo también analiza el &lt;b&gt;impacto económico de las intervenciones preventivas.&lt;/b&gt; Recuerda los resultados históricos del Diabetes Prevention Program y del estudio finlandés de prevención de la diabetes, que demostraron que la pérdida de peso y los cambios en el estilo de vida reducen significativamente la incidencia de DM2 a largo plazo. Sin embargo, &lt;b&gt;los autores reconocen que mantener esos resultados únicamente con modificaciones del estilo de vida resulta muy difícil en la práctica clínica, motivo por el que defienden integrar precozmente tratamientos farmacológicos cuando estén indicados.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El artículo también insiste en que &lt;b&gt;el análisis económico no debe limitarse al precio del medicamento. Hay que considerar las hospitalizaciones evitadas, las complicaciones cardiovasculares prevenidas, la reducción de la discapacidad laboral y la mejora de la productividad.&lt;/b&gt; En otras palabras, el coste sanitario inmediato puede aumentar, pero el coste global para la sociedad puede disminuir considerablemente cuando se analiza a largo plazo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;No obstante, los propios autores reconocen que &lt;b&gt;muchos modelos económicos parten de supuestos que deberán confirmarse con datos de vida real&lt;/b&gt;, especialmente en relación con la adherencia prolongada a tratamientos farmacológicos y el mantenimiento de la pérdida de peso durante muchos años. Y también conviene evitar un entusiasmo exagerado por estos nuevos fármacos, no podemos pensar que resolverán por sí solos una enfermedad profundamente influida por factores sociales, ambientales y económicos. &lt;b&gt;Medicalizar la obesidad sin transformar el entorno alimentario y los hábitos de vida supondría cambiar una parte del problema por otra.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Desde nuestra perspectiva, &lt;b&gt;en España&lt;/b&gt; existe una elevada prevalencia de obesidad y sobrepeso. Además, la obesidad representa uno de los principales motores de la DM2 que atendemos diariamente en atención primaria. Sin embargo, &lt;b&gt;el acceso a tratamientos farmacológicos sigue siendo muy limitado, condicionado por criterios de financiación restrictivos y una importante desigualdad territorial. Nuestro problema no es solo económico, sino organizativo&lt;/b&gt;. Seguimos teniendo un sistema sanitario que reconoce la &lt;b&gt;obesidad como enfermedad crónica, pero continúa tratándola como un problema de responsabilidad individual&lt;/b&gt;. Mientras financiamos sin discusión tratamientos para hipertensión o dislipemia, seguimos poniendo enormes barreras para tratar farmacológicamente la obesidad, incluso en pacientes con muy alto riesgo cardiometabólico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Desde mi punto de vista, &lt;b&gt;uno de los mensajes más importantes es que la obesidad debe entenderse como una enfermedad progresiva. Cuanto más tiempo permanece sin tratar, mayor es la probabilidad de desarrollar DM2 y complicaciones cardiovasculares.&lt;/b&gt; Los autores comparan esta situación con otras enfermedades crónicas: nadie cuestionaría tratar precozmente la hipertensión arterial o la hipercolesterolemia esperando a que aparezca un infarto, pero con la obesidad seguimos actuando cuando las complicaciones ya están establecidas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El gran mérito de este artículo es cambiar la pregunta. Durante años hemos discutido cuánto cuesta tratar la obesidad, cuando quizá deberíamos preguntarnos cuánto nos cuesta seguir sin tratarla. Sin embargo, el trabajo también presenta una visión muy centrada en el contexto estadounidense, donde el acceso a los tratamientos depende en gran medida de aseguradoras y análisis de coste-efectividad diferentes a los europeos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En definitiva, el verdadero coste de la inacción no es únicamente económico; es aceptar que miles de personas desarrollen diabetes, enfermedad cardiovascular o insuficiencia renal cuando disponemos de herramientas capaces de reducir ese riesgo. La pregunta ya no es si podemos permitirnos tratar la obesidad, sino si podemos seguir permitiéndonos no hacerlo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIMApSwpTKhsBbx8jCIInSHSSjhu0vwflsLNBJkHSGtAukVooFI6eE7uu_9orrFnq1WSkCHj2akq1d6Y0oQKloUW3e_CoYatroq98ntpVW6-Re6FOmVvo58tJ0zawo9ycF4aZ2XzZZM6bq7AC8Ueu2F39_LEbgQsUJBAxIno2qB2KlIYGShRk-R-T0IQw/s2752/El_precio_de_la_inaccio%CC%81n.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1497" data-original-width="2752" height="348" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIMApSwpTKhsBbx8jCIInSHSSjhu0vwflsLNBJkHSGtAukVooFI6eE7uu_9orrFnq1WSkCHj2akq1d6Y0oQKloUW3e_CoYatroq98ntpVW6-Re6FOmVvo58tJ0zawo9ycF4aZ2XzZZM6bq7AC8Ueu2F39_LEbgQsUJBAxIno2qB2KlIYGShRk-R-T0IQw/w640-h348/El_precio_de_la_inaccio%CC%81n.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://diabetesjournals.org/docm-care/article/1/3/306/170057/The-Cost-of-Inaction-in-Treating-Obesity-in-the-U" target="_blank"&gt;Sapra T, Chen F, Dall TM, Hafida S, Moody A, Ferguson C, Livingston T, ElSayed NA, Bannuru RR. The Cost of Inaction in Treating Obesity in the U.S. &lt;em&gt;Diabetes, Obesity, and CardioMetabolic CARE&lt;/em&gt;. 2026;1(3):306-319. doi:10.2337/doci25-0011.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjMjVV8nuvoQ2dKS8vlrPAlW3uUOZYMVg9pbptHiaPx9aJArVEx014tWmdG8zB23bFCX8gx9Zx0jdorICP4FDnz1URVfdagWJPzMpK6N2JqxUtrzi8p1QU7u7jIgY0JSYgxPloqYwiiC7kGq56vYA23AbgWyIItmfuFl5OtNuVoseoxr80q8FcJTSVXhWQ/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_46_31.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Enlentecimiento del envejecimiento biológico en personas con diabetes. El estudio Look AHEAD sigue produciendo evidencias</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/08/enlentecimiento-del-envejecimiento.html</link><category>edad avanzada</category><category>Fragilidad</category><category>UKPDS</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 13 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-9094388082891233835</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh2ncSxic7v1FqDWI_iVr0OZ3Gtm2iv7bvC6p8cJrHDxzUBD7kPYJpvIyA-UFglcNQJOsqc4s0UKS6tirSWnW6sXMWKm9TABxgtGe0y4wCemrV2VoLlbAlrSGqu2cJ0utcHkvvwvZ9jdER7elHgAXibPxA7TUDlzUY-v4kFSXGQQ35YQ7DQGkkLLwHSyHM/s1672/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_22_20.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh2ncSxic7v1FqDWI_iVr0OZ3Gtm2iv7bvC6p8cJrHDxzUBD7kPYJpvIyA-UFglcNQJOsqc4s0UKS6tirSWnW6sXMWKm9TABxgtGe0y4wCemrV2VoLlbAlrSGqu2cJ0utcHkvvwvZ9jdER7elHgAXibPxA7TUDlzUY-v4kFSXGQQ35YQ7DQGkkLLwHSyHM/w400-h225/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_22_20.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Javier Díez Espino (@DiezEspino)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El estudio &lt;b&gt;Look AHEAD (Action for Health in Diabetes) fue diseñado en su origen con el fin de evaluar el impacto sobre eventos cardiovasculares de una intervención intensiva sobre estilos de vida&lt;/b&gt; (IIEV): restricción calórica, consejo nutricional, actividad física y monitorización cardiometabólica, en adultos con DM2 y obesidad. &lt;b&gt;Si bien no consiguió una reducción significativa de los eventos cardiovasculares primarios, sí lo hizo en otros múltiples aspectos que iban desde la apnea del sueño a la disfunción eréctil o la calidad de vida.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El presente artículo recoge, &lt;b&gt;desde el punto de vista de la gerociencia, las evidencias publicadas por el equipo investigador en diferentes trabajos que nos indican que los beneficios de la intervención podrían ir más allá de la finalización del estudio. En concreto, el análisis retrospectivo de los datos revela que ralentizan el envejecimiento biológico. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/08/enlentecimiento-del-envejecimiento.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La gerociencia plantea que el envejecimiento es un conjunto de procesos biológicos modificables, como la inflamación o la desregulación del metabolismo energético, que podrían retrasarse mediante la intervención. La DM2 y la obesidad son dos problemas de salud que pueden acelerar estos procesos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En los participantes del grupo de intervención se observó una «&lt;b&gt;ralentización del reloj biológico&lt;/b&gt;»; eran biológicamente más jóvenes que los del grupo control. En el año 10 de la intervención, la diferencia era de 0,7 años menos en multimorbilidad y 1,3 años en fragilidad, efectos que persistieron 8 años después de finalizada la intervención.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Esta intervención multidominio se tradujo en &lt;b&gt;múltiples beneficios &lt;/b&gt;en salud y calidad de vida:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;blockquote style="border-color: currentcolor; border-image: none; border-style: none; border-width: medium; margin: 0px 0px 0px 40px; padding: 0px; text-align: left;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• &lt;b&gt;Salud y funcionalidad&lt;/b&gt;: se observaron menos complicaciones por diabetes, menos hospitalizaciones y un aumento de entre 0,8 y 0,9 años de vida libre de discapacidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• &lt;b&gt;Reducción de fragilidad&lt;/b&gt;: la acumulación de déficits de salud (fragilidad) fue un 5% más lenta en quienes siguieron la intervención.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;•&lt;b&gt; Impacto económico y médico:&lt;/b&gt; hubo un 10% menos de costes en atención médica y un 6% menos de polifarmacia (uso de múltiples medicamentos).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;• &lt;b&gt;Multimorbilidad: &lt;/b&gt;el desarrollo de enfermedades crónicas relacionadas con la edad, como hipertensión, insuficiencia cardíaca o enfermedad renal crónica, fue significativamente más lento en el grupo de intervención.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En definitiva, este nuevo enfoque es muy pertinente y relevante. Quizá nos fijamos demasiado en los resultados en el corto espacio de tiempo en el que discurren los ensayos centrados en «eventos duros» con «intervenciones duras» (lo que está muy bien, ya que es lo más inmediato y las intervenciones se realizan por un tiempo limitado), y poco en las consecuencias beneficiosas a más largo plazo, más allá de la simple supervivencia o del retraso en la aparición de complicaciones, como, por ejemplo, la esperanza de vida libre de discapacidad, su impacto económico y la calidad de vida a largo plazo. Finalmente, un interrogante: ¿y si en las recomendaciones nutricionales se hubiera incluido un patrón de dieta mediterránea? No tenemos la respuesta… aún.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiyfPaKdnEo9o2xCdEFYte2VfH5i9PixDskPBGAkp9tL2f2TnghfY_KqhqtYnmadvBo-ndg_zJOx9WbcBXW5oCiOLjpXu6XRq-xyBv8z0HCUdjBtgvux3wW5seAHJdbv2s37jLuP-Tc6vBqy0W8FyYv3uws1IsTxi04nr-oWlEHxwFLCFRp5gy2_X0TjYg/s2752/Envejecimiento_biolo%CC%81gico_en_la_diabetes.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiyfPaKdnEo9o2xCdEFYte2VfH5i9PixDskPBGAkp9tL2f2TnghfY_KqhqtYnmadvBo-ndg_zJOx9WbcBXW5oCiOLjpXu6XRq-xyBv8z0HCUdjBtgvux3wW5seAHJdbv2s37jLuP-Tc6vBqy0W8FyYv3uws1IsTxi04nr-oWlEHxwFLCFRp5gy2_X0TjYg/w640-h358/Envejecimiento_biolo%CC%81gico_en_la_diabetes.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41575388/" target="_blank"&gt;&lt;br /&gt;Espeland MA, Semelka CT, Kritchevsky SB, Evans JK, Newman AB. The Look AHEAD Research Program: A 25-Year Retrospective From the Perspective of Geroscience. Diabetes Care. 2026;49(7):1159-1162. doi:10.2337/dci25-0126.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41575388/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23796131/" target="_blank"&gt;Look AHEAD Research Group, Wing RR, Bolin P, Brancati FL, Bray GA, Clark JM, et al. Cardiovascular effects of intensive lifestyle intervention in type 2 diabetes. N Engl J Med. 2013;369(2):145-154. doi:10.1056/NEJMoa1212914.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23796131/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29545462/" target="_blank"&gt;Gregg EW, Lin J, Bardenheier B, Chen H, Rejeski WJ, Zhuo X, et al. Impact of Intensive Lifestyle Intervention on Disability-Free Life Expectancy: The Look AHEAD Study. Diabetes Care. 2018;41(5):1040-1048. doi:10.2337/dc17-2110.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29545462/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31559418/" target="_blank"&gt;Simpson FR, Pajewski NM, Nicklas B, Kritchevsky S, Bertoni A, Ingram F, et al. Impact of Multidomain Lifestyle Intervention on Frailty Through the Lens of Deficit Accumulation in Adults with Type 2 Diabetes Mellitus. J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2020;75(10):1921-1927. doi:10.1093/gerona/glz197.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh2ncSxic7v1FqDWI_iVr0OZ3Gtm2iv7bvC6p8cJrHDxzUBD7kPYJpvIyA-UFglcNQJOsqc4s0UKS6tirSWnW6sXMWKm9TABxgtGe0y4wCemrV2VoLlbAlrSGqu2cJ0utcHkvvwvZ9jdER7elHgAXibPxA7TUDlzUY-v4kFSXGQQ35YQ7DQGkkLLwHSyHM/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_22_20.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>¿Qué es el GMI y por qué no siempre coincide con la HbA1c?</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/08/que-es-el-gmi-y-por-que-no-siempre.html</link><category>GMI</category><category>HbA1c</category><category>Sistemas de monitorizació continua</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 6 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-5841133453344570220</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjOOxzv6He2MJT8vpYvOEH3aHOVYh8KK6OoRyxQK_rDzxsZbzgYurqhB-gDErw4D1L1xjDT7Vplx_5_FtGKUcArpQI1RtDkKYez3C6bgNSrP9t5OpFbhDnFLKOTx-T55yDZnF9prk-CYXNvFg0JCbDXxZu0wKxZcWu1DBOQkurAI06TDolamdD9QvgjP-M/s1672/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_00_23.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjOOxzv6He2MJT8vpYvOEH3aHOVYh8KK6OoRyxQK_rDzxsZbzgYurqhB-gDErw4D1L1xjDT7Vplx_5_FtGKUcArpQI1RtDkKYez3C6bgNSrP9t5OpFbhDnFLKOTx-T55yDZnF9prk-CYXNvFg0JCbDXxZu0wKxZcWu1DBOQkurAI06TDolamdD9QvgjP-M/w400-h225/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_00_23.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Carlos Hernández Teixidó (@carlos_teixi)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La HbA1c ha sido durante décadas el principal indicador para evaluar el control glucémico en personas con diabetes&lt;/b&gt;. Sin embargo, la llegada de los sistemas de monitorización continua de glucosa (MCG) ha permitido disponer de nuevas métricas que ofrecen una visión mucho más completa del comportamiento de la glucosa. Una de ellas es el &lt;b&gt;indicador de gestión de la glucosa (GMI), un parámetro que estima cuál sería la HbA1c a partir de la glucosa media registrada por el sensor durante los últimos días. Es importante entender que el GMI no pretende sustituir a la HbA1c, sino aportar una perspectiva diferente&lt;/b&gt; y complementaria sobre el control glucémico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Durante años se asumió que &lt;b&gt;la HbA1c refleja de forma precisa la glucosa media de los últimos dos o tres meses. Estudios históricos como el Diabetes Control and Complications Trial (DCCT) y el United Kingdom Prospective Diabetes Study (UKPDS) demostraron que mantener una HbA1c más baja se asociaba con una reducción significativa del riesgo de complicaciones microvasculares y cardiovasculares&lt;/b&gt;, consolidando esta prueba como el patrón oro en el seguimiento de la diabetes. Sin embargo, la HbA1c también presenta &lt;b&gt;limitaciones importantes&lt;/b&gt;: no informa sobre la variabilidad glucémica, no detecta episodios de hipoglucemia y puede verse influida por factores ajenos a la glucosa, como alteraciones en la vida media de los glóbulos rojos, anemia, hemoglobinopatías o determinadas enfermedades. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/08/que-es-el-gmi-y-por-que-no-siempre.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Precisamente &lt;b&gt;para complementar estas limitaciones surgió el GMI. Esta métrica se calcula exclusivamente a partir de los datos obtenidos por el sensor de glucosa, habitualmente durante un periodo de al menos 14 días, y refleja la glucemia media reciente utilizando la misma escala porcentual que la HbA1c&lt;/b&gt;. Sin embargo, el artículo que comentamos hoy en El Blog de Mateu insiste en que &lt;b&gt;ambas cifras no tienen por qué coincidir, ya que el GMI depende únicamente de la glucosa registrada por el sensor, mientras que la HbA1c también está condicionada por características biológicas propias de cada individuo relacionadas con la glicación de la hemoglobina.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;De hecho, la discrepancia entre ambas mediciones es mucho más frecuente de lo que podría pensarse. La literatura indica que &lt;b&gt;únicamente alrededor del 19% de las personas presentan una diferencia inferior a ±0,1% entre la HbA1c y el GMI, mientras que en la mayoría existe una separación mayor. El 81% presenta discrepancias superiores a ±0,3% y un 50% tiene más de medio punto de diferencia&lt;/b&gt;. &lt;b&gt;Esta diferencia recibe el nombre de «glycation gap» y refleja que dos personas con la misma glucosa media pueden desarrollar valores distintos de HbA1c debido a diferencias individuales en la velocidad con la que la glucosa se une a la hemoglobina.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;Esta observación tiene consecuencias prácticas muy importantes. &lt;b&gt;Cuando la HbA1c es claramente superior al GMI, intensificar el tratamiento únicamente para reducir esa HbA1c puede hacer que la glucosa diaria descienda más de lo deseable, aumentando el riesgo de hipoglucemias. En cambio, cuando el GMI es superior a la HbA1c, existe un mayor margen para optimizar el tratamiento con menor probabilidad de provocar descensos excesivos de glucosa&lt;/b&gt;. Por este motivo, los autores proponen interpretar siempre ambas métricas de forma conjunta y valorar también otros parámetros que proporciona el sensor, siempre que esté disponible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En conjunto, el mensaje principal de esta revisión es claro: &lt;b&gt;el GMI no debe entenderse como &lt;i&gt;una HbA1c calculada&lt;/i&gt;, sino como una herramienta adicional para conocer mejor el control glucémico reciente y personalizar las decisiones terapéuticas. La HbA1c continúa siendo el mejor marcador validado para estimar el riesgo de complicaciones a largo plazo, mientras que el GMI aporta información inmediata sobre la glucosa media obtenida mediante MCG. La combinación de ambas mediciones, junto con el resto de métricas de la MCG, nos permite realizar una valoración mucho más completa y adaptada a las características de cada persona con diabetes, que es siempre lo que queremos como clínicos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgtaU2Egsk7cjanWAU48TOyjSw-fRtDduEpVTm1lynSLRRybT4h8sEGZyWwUIDpUnm3Idf98JdgFcdstoRlKjfWPXqNHBPQ4Dfv2ro8Hi2YUhaGGS4n47_Incy6ZKCiHLMRtaLbyRw7PbElw81fplBURIi6PXoLBNt6l7w-y2G_Yic-XYTmNM6ea8gsYGI/s2752/GMI_vs._HbA1c__Brecha_Glicacio%CC%81n.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgtaU2Egsk7cjanWAU48TOyjSw-fRtDduEpVTm1lynSLRRybT4h8sEGZyWwUIDpUnm3Idf98JdgFcdstoRlKjfWPXqNHBPQ4Dfv2ro8Hi2YUhaGGS4n47_Incy6ZKCiHLMRtaLbyRw7PbElw81fplBURIi6PXoLBNt6l7w-y2G_Yic-XYTmNM6ea8gsYGI/w640-h358/GMI_vs._HbA1c__Brecha_Glicacio%CC%81n.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34984825/" target="_blank"&gt;Gomez-Peralta F, Choudhary P, Cosson E, Irace C, Rami-Merhar B, Seibold A. Understanding the clinical implications of differences between glucose management indicator and glycated haemoglobin. Diabetes Obes Metab. 2022;24(4):599-608. doi:10.1111/dom.14638.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjOOxzv6He2MJT8vpYvOEH3aHOVYh8KK6OoRyxQK_rDzxsZbzgYurqhB-gDErw4D1L1xjDT7Vplx_5_FtGKUcArpQI1RtDkKYez3C6bgNSrP9t5OpFbhDnFLKOTx-T55yDZnF9prk-CYXNvFg0JCbDXxZu0wKxZcWu1DBOQkurAI06TDolamdD9QvgjP-M/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%204%20ago%202026,%2010_00_23.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Powerpenia como biomarcador del envejecimiento saludable.</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/07/powerpenia-como-biomarcador-del.html</link><category>edad avanzada</category><category>Fragilidad</category><category>sarcopenia</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 30 Jul 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-3657811791378629177</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgBcG7M9vpgaTQyKrI8E4YGsB9cnDF0M20vH4I90fck3le8f8GzNsAOWmo0M5l0zSYLlKzq7aph6rwNO24LVlS6Xrlmoi4fzlaW0TV0tiUOGxuW7_XsaZr2HvZS6W1t6oy7OWEzjxrPivnbTDdcUN69Idqa9yhnpmQPVUiIS9DySNtPmrsvr22cV_Jd04M/s1672/ChatGPT%20Image%2029%20jul%202026,%2021_10_27.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgBcG7M9vpgaTQyKrI8E4YGsB9cnDF0M20vH4I90fck3le8f8GzNsAOWmo0M5l0zSYLlKzq7aph6rwNO24LVlS6Xrlmoi4fzlaW0TV0tiUOGxuW7_XsaZr2HvZS6W1t6oy7OWEzjxrPivnbTDdcUN69Idqa9yhnpmQPVUiIS9DySNtPmrsvr22cV_Jd04M/w400-h225/ChatGPT%20Image%2029%20jul%202026,%2021_10_27.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Tras revisar este trabajo, mi impresión es que los autores plantean un cambio conceptual de gran interés para la medicina del envejecimiento. Su propuesta parte de una observación sencilla: &lt;b&gt;la pérdida de potencia muscular parece preceder y predecir mejor el deterioro funcional que la pérdida de fuerza (dinapenia) o de masa muscular (sarcopenia).&lt;/b&gt; Sin embargo, con el paso del tiempo ambos conceptos han terminado solapándose y, además, en el caso de la dinapenia, la evaluación clínica se ha centrado casi exclusivamente en la fuerza de prensión manual. &lt;b&gt;Sin embargo, mientras la sarcopenia y la dinapenia se han consolidado como términos de uso habitual, la potencia muscular continúa sin disponer de un concepto específico que la identifique como biomarcador independiente.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los autores revisaron 220 estudios publicados entre 2008 y 2023, y únicamente dos utilizaron una medida objetiva de potencia muscular para clasificar a los pacientes. Este dato evidencia que la potencia continúa siendo una variable infravalorada, pese a su relevancia funcional. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/07/powerpenia-como-biomarcador-del.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El argumento central del artículo es que fuerza y potencia no son sinónimos. La fuerza refleja la capacidad máxima de generar tensión muscular, mientras que la potencia incorpora, además, la velocidad con la que esa fuerza puede desarrollarse.&lt;/b&gt; Dos personas pueden presentar una fuerza similar y, sin embargo, mostrar una capacidad muy diferente para ejecutar movimientos rápidos y funcionales como levantarse de una silla, subir escaleras o recuperar el equilibrio tras un tropiezo, acciones que condicionan la independencia y el riesgo de caídas en las personas mayores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La potencia muscular disminuye antes y más rápidamente que la fuerza y que la masa muscular. Esta pérdida precoz no puede explicarse únicamente por la atrofia muscular, ya que intervienen mecanismos neuromusculares específicos relacionados con la activación rápida de las unidades motoras y con el control neural del movimiento.&lt;/b&gt; Desde esta perspectiva, evaluar únicamente la masa muscular o la fuerza ofrece una visión incompleta del verdadero estado funcional del paciente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El término powerpenia define específicamente la pérdida de potencia del músculo esquelético asociada al envejecimiento, las enfermedades crónicas o la inactividad física.&lt;/b&gt; Paralelamente, los autores pretenden redefinir la dinapenia para que haga referencia exclusivamente a la pérdida de fuerza. Esta diferenciación permitiría desarrollar criterios diagnósticos más precisos, orientar mejor la investigación y diseñar intervenciones terapéuticas específicas para cada alteración funcional.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Diversos estudios muestran que &lt;b&gt;la potencia predice mejor que la fuerza la capacidad funcional, la velocidad de la marcha, la prevención de caídas, la mortalidad y la calidad de vida&lt;/b&gt;. Incluso existen asociaciones con la salud ósea, determinados aspectos cognitivos, la motivación y otros indicadores globales de envejecimiento saludable. Todo ello refuerza la idea de que la potencia muscular podría convertirse en un biomarcador más sensible del deterioro funcional.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En patologías como la DM2, la enfermedad de Parkinson o la propia sarcopenia, el déficit de potencia resulta proporcionalmente mayor que el de fuerza. El sedentarismo afecta antes y con mayor intensidad a la capacidad para generar potencia que a la fuerza máxima.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Desde el punto de vista clínico, si aceptamos que la potencia muscular constituye una dimensión independiente, &lt;b&gt;será necesario incorporar pruebas específicas para evaluarla&lt;/b&gt;. No existe todavía un algoritmo diagnóstico consensuado y los autores reconocen que este será uno de los principales retos futuros. &lt;b&gt;La elección de las pruebas deberá adaptarse a la edad, el nivel funcional y las limitaciones físicas o cognitivas de cada individuo&lt;/b&gt;. En personas jóvenes pueden utilizarse saltos verticales o pruebas explosivas, mientras que en adultos mayores resultan más apropiadas maniobras sencillas como el test de levantarse cinco veces de la silla, que, además, ha demostrado una elevada capacidad predictiva de mortalidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El entrenamiento orientado a desarrollar potencia -mediante contracciones rápidas con cargas adecuadas- produce mayores beneficios funcionales que el entrenamiento tradicional basado únicamente en fuerza lenta. Este tipo de ejercicio mejora la velocidad de marcha, facilita las actividades de la vida diaria y reduce el riesgo de caídas, sin incrementar significativamente la incidencia de lesiones cuando se prescribe correctamente. En consecuencia, incorporar programas específicos de entrenamiento de potencia podría convertirse en una estrategia fundamental dentro del envejecimiento saludable.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;En definitiva, considero que este artículo aporta una &lt;b&gt;reflexión innovadora&lt;/b&gt; y bien fundamentada sobre la evaluación del envejecimiento muscular. &lt;b&gt;La propuesta de la powerpenia no pretende sustituir a la sarcopenia ni a la dinapenia, sino complementarlas para describir con mayor precisión un fenómeno fisiológico que condiciona de forma decisiva la autonomía de las personas. Si futuras investigaciones confirman su utilidad diagnóstica y pronóstica, la potencia muscular podría incorporarse como un nuevo biomarcador del envejecimiento saludable y convertirse en un objetivo prioritario tanto en la práctica clínica como en los programas de prevención y ejercicio físico dirigidos a la población mayor.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense y cuiden a los que quieren.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj6iKGHI3FVtFHZLtxEbYS4_PhtLpp53ue_3XxoT5LsAKghRfEc7Kh7o2s2V1MyjFqpdRQoXeMHu7c0_4hUMZUcukpl1tocnJfPEt3Xz-dOmuh86xgJ1KTiAwvnyfJknRcboX-qrGtz-icb83s01gCFnVZSp83fcPduA30pOWX2jPVVrmxunBq718YwAgc/s2752/Powerpenia__Biomarcador_del_Envejecimiento_Saludable.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj6iKGHI3FVtFHZLtxEbYS4_PhtLpp53ue_3XxoT5LsAKghRfEc7Kh7o2s2V1MyjFqpdRQoXeMHu7c0_4hUMZUcukpl1tocnJfPEt3Xz-dOmuh86xgJ1KTiAwvnyfJknRcboX-qrGtz-icb83s01gCFnVZSp83fcPduA30pOWX2jPVVrmxunBq718YwAgc/w640-h358/Powerpenia__Biomarcador_del_Envejecimiento_Saludable.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38523229/" target="_blank"&gt;Freitas SR, Cruz-Montecinos C, Ratel S, Pinto RS. Powerpenia Should be Considered a Biomarker of Healthy Aging. Sports Med Open. 2024;10(1):27. doi: 10.1186/s40798-024-00689-6.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgBcG7M9vpgaTQyKrI8E4YGsB9cnDF0M20vH4I90fck3le8f8GzNsAOWmo0M5l0zSYLlKzq7aph6rwNO24LVlS6Xrlmoi4fzlaW0TV0tiUOGxuW7_XsaZr2HvZS6W1t6oy7OWEzjxrPivnbTDdcUN69Idqa9yhnpmQPVUiIS9DySNtPmrsvr22cV_Jd04M/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2029%20jul%202026,%2021_10_27.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><title>Diabetes y pulmón: los factores metabólicos que modulan una relación compleja</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/07/diabetes-y-pulmon-los-factores.html</link><category>metabolismo</category><category>pulmón</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 23 Jul 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-4244115077460301061</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&amp;nbsp;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiaVaMQh8KSR59cirXTzOYmV0-qK7nGMps9SyIn8I3o7uLvWHNCVnESuTJvbNQ7gCtTSAy-7AOeTJPQmik1JyZjmDQC7t7FPwU6-3l_zGqRteab1PxfRAp-qv6-mtMYza0QLYw9hMxwuU2kounVZHJ9SDPYRdwb1NmttFylw5tW5bkTT9qpaVg61RUddr4/s1672/ChatGPT%20Image%2022%20jul%202026,%2021_46_11.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiaVaMQh8KSR59cirXTzOYmV0-qK7nGMps9SyIn8I3o7uLvWHNCVnESuTJvbNQ7gCtTSAy-7AOeTJPQmik1JyZjmDQC7t7FPwU6-3l_zGqRteab1PxfRAp-qv6-mtMYza0QLYw9hMxwuU2kounVZHJ9SDPYRdwb1NmttFylw5tW5bkTT9qpaVg61RUddr4/w400-h225/ChatGPT%20Image%2022%20jul%202026,%2021_46_11.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La diabetes y la enfermedad pulmonar suman una carga creciente de enfermedad crónica.&lt;/b&gt; Más allá de lo cardiovascular, la evidencia genética vincula una mayor glucemia con peor función pulmonar, y el pulmón aparece como órgano diana de la diabetes. &lt;b&gt;La diabetes se asocia a un mayor riesgo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) (HR 1,22), neumonía (HR 1,92) y fibrosis pulmonar -de magnitud comparable al tabaco-, además de disnea.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La DM1 y la DM2 se relacionan de forma variable con una reducción del FEV₁ y de la FVC frente a sujetos normoglucémicos, con un patrón obstructivo incluso en la DM2 recién diagnosticada.&lt;/b&gt; Los mecanismos propuestos son múltiples —hiperglucemia, resistencia a la insulina (INS), neuropatía autonómica, microangiopatía alveolar, disfunción muscular respiratoria y fibrosis por daño oxidativo del ADN—, &lt;b&gt;pero siguen sin aclararse por falta de estudios con fenotipado metabólico profundo. Estas alteraciones se ligan, además, a comorbilidades (ERC) y a una mayor mortalidad&lt;/b&gt;. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/07/diabetes-y-pulmon-los-factores.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;Dado que la diabetes es heterogénea (cinco subtipos con distinto riesgo de complicaciones), &lt;b&gt;el estudio analiza qué rasgos del metabolismo glucídico se asocian a la función pulmonar en la cohorte German Diabetes Study (DM1 y DM2 de reciente inicio y controles) y evalúa, mediante randomización mendeliana (MR), la causalidad entre la resistencia a la insulina y el deterioro pulmonar.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cohorte German Diabetes Study (GDS) con fenotipado metabólico de referencia (clamp de Botnia: sensibilidad [M value], secreción y aclaramiento de insulina) en DM1, DM2 y controles de reciente diagnóstico, más randomización mendeliana para evaluar causalidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La DM2, ya en fase reciente y bien controlada, se asocia a un patrón restrictivo (↓FEV₁, ↓FVC, ↓PEF, con índice de Tiffeneau conservado) frente a controles y DM1. En la DM1 de reciente inicio no hubo diferencias respecto a los controles.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;El punto más relevante para la consulta: &lt;b&gt;el motor no es la glucemia&lt;/b&gt;. Ni la HbA1c, ni la glucosa basal, ni la función β-celular se asociaron a la función pulmonar. &lt;b&gt;Lo que sí se asoció fue la resistencia a la INS, el menor aclaramiento de INS y, en conjunto, la hiperinsulinemia periférica&lt;/b&gt;. La MR apoya una relación causal: resistencia a la INS → ↓FEV₁ y ↓FVC.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Por subtipos, &lt;b&gt;SIRD y MARD son los de mayor riesgo pulmonar, independientemente de la edad, el sexo, el índice de masa corporal (IMC), el tabaquismo y la inflamación (reducción media del FEV₁: DM2 −5,8%, MARD −6,4%, SIRD −7,3%)&lt;/b&gt;. El dato práctico es que MARD no es tan «benigno» como se asumía. En la DM1, lo determinante no es la sensibilidad, sino la dosis diaria de INS (a mayor dosis, peor FEV₁). Además, la masa magra (músculo) se asoció a una mejor función pulmonar, y la asociación fue independiente de la inflamación (hs-CRP, leucocitos).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Puntos clave para recordar&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;ol style="text-align: left;"&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Sospechar deterioro pulmonar subclínico en pacientes con DM2 de riesgo, aunque el control glucémico sea bueno.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El objetivo modificable es la resistencia a la INS y la hiperinsulinemia (peso, ejercicio y elección de fármacos), no solo reducir la HbA1c.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;SIRD y MARD marcan un mayor riesgo; deben tenerse presentes al estratificar.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;En la DM1, vigilar a quienes requieren dosis altas de INS.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Considerar el cribado espirométrico en pacientes de mayor edad, con resistencia a la INS y en aquellos con DM1 que requieren dosis elevadas&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ol&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-weight: bold;"&gt;Matices a tener en consideración: diseño transversal (no establece causalidad longitudinal dentro de la cohorte), población étnicamente homogénea, ausencia de pletismografía y comorbilidad respiratoria recogida mediante cuestionario. Se trata de una señal fisiopatológica sólida, pendiente de confirmación en estudios longitudinales de seguimiento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: large; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgVmPUb8uMqIBFgq0IrqR0B7VbibaUy0iTa9ePvp1RegK7GohzXsksrN3_BsKhdqnWtp1TUHnpWm1yt_cMSOw11EIb0qUH1pKYMpskUAz7gEd2SYivh7anKZMLf2fqNR1L5Ri9YVzIAW1cDGTHlxKg-B5915vPRIEqv7WA-tAUlEQ9WUSAqVHjS10r_gwE/s2212/Captura%20de%20pantalla%202026-07-22%20a%20las%2021.43.17.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1248" data-original-width="2212" height="362" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgVmPUb8uMqIBFgq0IrqR0B7VbibaUy0iTa9ePvp1RegK7GohzXsksrN3_BsKhdqnWtp1TUHnpWm1yt_cMSOw11EIb0qUH1pKYMpskUAz7gEd2SYivh7anKZMLf2fqNR1L5Ri9YVzIAW1cDGTHlxKg-B5915vPRIEqv7WA-tAUlEQ9WUSAqVHjS10r_gwE/w640-h362/Captura%20de%20pantalla%202026-07-22%20a%20las%2021.43.17.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: large; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: large; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: large; font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41474454/" target="_blank"&gt;Di Marco M, Bódis KB, Li Z, et al.; GDS Group. Metabolic factors modulating the connection between diabetes and pulmonary alterations. Diabetes Care. 2026;49(3):426-434.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29503172/" target="_blank"&gt;Ahlqvist E, Storm P, Käräjämäki A, et al. Novel subgroups of adult-onset diabetes and their association with outcomes: a data-driven cluster analysis of six variables. Lancet Diabetes Endocrinol. 2018;6:361-369.&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31345776/" target="_blank"&gt;Zaharia OP, Strassburger K, Strom A, et al.; German Diabetes Study Group. Risk of diabetes-associated diseases in subgroups of patients with recent-onset diabetes: a 5-year follow-up study. Lancet Diabetes Endocrinol. 2019;7:684-694.&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiaVaMQh8KSR59cirXTzOYmV0-qK7nGMps9SyIn8I3o7uLvWHNCVnESuTJvbNQ7gCtTSAy-7AOeTJPQmik1JyZjmDQC7t7FPwU6-3l_zGqRteab1PxfRAp-qv6-mtMYza0QLYw9hMxwuU2kounVZHJ9SDPYRdwb1NmttFylw5tW5bkTT9qpaVg61RUddr4/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2022%20jul%202026,%2021_46_11.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Diabetes y salud mental: la asignatura pendiente</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/07/diabetes-y-salud-mental-la-asignatura.html</link><category>Depresión</category><category>psiquiatria</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 16 Jul 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-4762382957881569365</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjilgh0InsS9HlMQhyKqtYzVEY0rGooZHNkE5jOiNys-w_vqlXIZQk2uscOBolu1XRRa9_-XMu_jkvVCohaYHc1zVj-RX_dtv5_NwxrzBNtrj8y51SsHaBW4Au8_NzL8u9CQ0GORlpRVupsRcpbv79Qd7G8q3Yn0uhjjU4AqLOw8FGvVQHHUtkdqfLRFA4/s1672/Portada%20post%20julio.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjilgh0InsS9HlMQhyKqtYzVEY0rGooZHNkE5jOiNys-w_vqlXIZQk2uscOBolu1XRRa9_-XMu_jkvVCohaYHc1zVj-RX_dtv5_NwxrzBNtrj8y51SsHaBW4Au8_NzL8u9CQ0GORlpRVupsRcpbv79Qd7G8q3Yn0uhjjU4AqLOw8FGvVQHHUtkdqfLRFA4/w400-h225/Portada%20post%20julio.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Enrique Carretero Anibarro (@Enriq_Carretero)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El bienestar psicológico es un componente inseparable del pronóstico de las personas con diabetes (DM).&lt;/b&gt; Para los profesionales de atención primaria, que acompañan al paciente durante años, el mensaje es relevante: &lt;b&gt;cuidar la salud mental también es tratar la DM.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La revista &lt;em&gt;The Lancet Diabetes &amp;amp; Endocrinology&lt;/em&gt; analiza cinco grandes problemas de salud mental asociados a la DM: &lt;b&gt;el miedo a la hipoglucemia, el distrés relacionado con la DM, la depresión, los trastornos de la conducta alimentaria y las alteraciones del sueño.&lt;/b&gt; Todos ellos son mucho más frecuentes en personas con DM1, DM2 y DM gestacional que en la población general y, además, mantienen una relación bidireccional con la enfermedad: &lt;b&gt;la DM favorece estos trastornos y estos empeoran el control metabólico, la adherencia terapéutica, la calidad de vida y el riesgo de complicaciones.&lt;/b&gt; &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/07/diabetes-y-salud-mental-la-asignatura.html" target="_blank"&gt;&lt;b&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/b&gt;&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Uno de los conceptos más interesantes es el de &lt;b&gt;distrés diabético, que es un concepto diferente de la depresión. Este se define como el desgaste emocional que supone convivir cada día con una enfermedad que exige decisiones constantes sobre alimentación, ejercicio, medicación o monitorización glucémica. No es un trastorno psiquiátrico, pero tiene un enorme impacto clínico.&lt;/b&gt; El estudio DAWN2 mostró que el 45% de las personas con DM presentaban niveles elevados de distrés. En Europa occidental las cifras oscilan entre el 20 y el 30%, mientras que en países como España se sitúan entre el 50 y el 70%.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La depresión constituye otro de los grandes protagonistas de la revisión. &lt;b&gt;Las personas con DM1 presentan aproximadamente el doble de riesgo de padecer depresión que la población sin DM (OR 2,1), mientras que en la DM2 el riesgo aumenta un 80% (OR 1,8)&lt;/b&gt;. Además, la depresión se asocia a peor control glucémico, menor adherencia al tratamiento, mayor riesgo de complicaciones micro y macrovasculares y aumento de la mortalidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Otro aspecto poco abordado en la práctica clínica es &lt;b&gt;el miedo a la hipoglucemia&lt;/b&gt;. El estudio DAWN2 mostró que el 56% de las personas con DM manifestaban preocupación por sufrir una hipoglucemia. Este miedo &lt;b&gt;condiciona la vida cotidiana, favorece mantener glucemias deliberadamente elevadas y reduce la calidad de vida.&lt;/b&gt; Paradójicamente, muchas veces tratamos la hipoglucemia desde el punto de vista metabólico, cuando en realidad el problema principal es emocional.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los &lt;b&gt;trastornos de la conducta alimentaria también reciben una atención especial. En DM1 destacan la restricción intencionada de insulina (INS) para perder peso y la bulimia, mientras que en DM2 son más frecuentes la ingesta impulsiva y la ingesta nocturna&lt;/b&gt;. En personas con DM1 el riesgo de desarrollar un trastorno alimentario es aproximadamente 2,5 veces superior al de la población general, y alrededor del 10% utiliza la omisión de INS como estrategia para perder peso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El sueño completa este círculo. &lt;b&gt;El insomnio, la apnea obstructiva del sueño y otros trastornos del descanso se asocian con peor control glucémico, mayor distrés y peor calidad de vida, reforzando la idea de que todos estos problemas se potencian mutuamente.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La buena noticia es que &lt;b&gt;existen intervenciones eficaces&lt;/b&gt;. La terapia cognitivo-conductual, los programas escalonados (&lt;em&gt;stepped care&lt;/em&gt;) y determinadas intervenciones psicológicas reducen el distrés y los síntomas depresivos. Además, las intervenciones digitales comienzan a demostrar resultados prometedores y podrían ser especialmente útiles en sistemas sanitarios con escasez de psicólogos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La tecnología aplicada a la DM también desempeña un papel relevante.&lt;b&gt; La monitorización continua de glucosa (MCG) y los sistemas automatizados de administración de INS reducen el miedo a la hipoglucemia y el distrés en muchos pacientes.&lt;/b&gt; Sin embargo, también pueden generar nuevas fuentes de estrés, como la fatiga por alarmas o la sensación de pérdida de control.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Un aspecto especialmente práctico es la recomendación de realizar un &lt;b&gt;cribado sistemático&lt;/b&gt;. Las guías de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) y el consenso de la Asociación Americana de Diabetes/Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (ADA/EASD) recomiendan &lt;b&gt;evaluar al menos una vez al año el distrés diabético, la depresión, la ansiedad, el miedo a la hipoglucemia y los trastornos de la conducta alimentaria mediante cuestionarios validados.&lt;/b&gt; Sin embargo, estos problemas siguen detectándose muy poco. En un estudio holandés, se identificaron únicamente entre el 20 y el 29% de los pacientes con depresión o distrés elevado durante la consulta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Este artículo describe magníficamente un problema que todos intuimos, pero también pone de manifiesto una enorme contradicción. Sabemos desde hace años que la salud mental influye tanto en la evolución de la DM y sus comorbilidades, pero sigue tratándose como un aspecto secundario.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La recomendación de realizar cribados anuales de distrés o depresión es incuestionable, pero la presión asistencial, la escasez de profesionales de salud mental y la ausencia de circuitos específicos hacen muy difícil integrar la atención psicológica.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Una propuesta excelente es incorporar psicólogos a los equipos de atención al paciente con DM, pero es poco factible dada la realidad de nuestro sistema sanitario. Antes de hablar de «medicina de precisión en salud mental», quizá deberíamos garantizar algo mucho más básico: que cualquier paciente con DM y depresión pueda ser valorado por un profesional de salud mental en un plazo razonable.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;En definitiva, la revisión lanza un mensaje incuestionable: no existe una buena atención diabetológica sin atención psicológica. El problema es que conocemos perfectamente el diagnóstico del sistema, pero seguimos sin aplicar el tratamiento.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhtPteqb29B4275ImvhISYy413vymvowaxu2L3F9cNi1o_v3yF9gOAWho1lb4hSSu4niibo8v2uEt3ROca_DEFKLyVXjjq4YI9zDSXBbedCsNeRYteAW-5pEdP7A7cMh2qg4Lq6JrXTL381Yx_qGfBRBZHFCy6wdCjF3p8yVN1Hd0hgJtnslrL2QnYTERM/s2752/Diabetes_y_Salud_Mental.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1493" data-original-width="2752" height="348" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhtPteqb29B4275ImvhISYy413vymvowaxu2L3F9cNi1o_v3yF9gOAWho1lb4hSSu4niibo8v2uEt3ROca_DEFKLyVXjjq4YI9zDSXBbedCsNeRYteAW-5pEdP7A7cMh2qg4Lq6JrXTL381Yx_qGfBRBZHFCy6wdCjF3p8yVN1Hd0hgJtnslrL2QnYTERM/w640-h348/Diabetes_y_Salud_Mental.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41730813/" target="_blank"&gt;Pouwer F, Ehrmann D, Strandberg RB. Diabetes and mental health. Lancet Diabetes Endocrinol. 2026;14(4):337-355. doi:10.1016/S2213-8587(25)00397-3.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41730813/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23273515/" target="_blank"&gt;Peyrot M, Burns KK, Davies M, Forbes A. Diabetes Attitudes Wishes and Needs 2 (DAWN2): a multinational, multi-stakeholder study of psychosocial issues in diabetes and person-centred diabetes care. Diabetes Res Clin Pract. 2013;99(2):174-184. doi:10.1016/j.diabres.2012.11.016.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjilgh0InsS9HlMQhyKqtYzVEY0rGooZHNkE5jOiNys-w_vqlXIZQk2uscOBolu1XRRa9_-XMu_jkvVCohaYHc1zVj-RX_dtv5_NwxrzBNtrj8y51SsHaBW4Au8_NzL8u9CQ0GORlpRVupsRcpbv79Qd7G8q3Yn0uhjjU4AqLOw8FGvVQHHUtkdqfLRFA4/s72-w400-h225-c/Portada%20post%20julio.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Cambios en la masa magra con terapia con incretinas frente a intervención en el estilo de vida</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/07/cambios-en-la-masa-magra-con-terapia.html</link><category>análogos GLP-1</category><category>Incretinas</category><category>sarcopenia</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Sun, 12 Jul 2026 11:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-921833984482737469</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEggUrYjQC8U4w0d1eEiOmxCpDG4T5PmgGj13aaz64rovqZA9DrFkGrCmD7wKgueJrOfD3t_W-dTkWrbJyqK36nyhLdc3K7VPQZEe1DwzAOCTdG0LmtbAzDTwIclnoYqnH4q9iYa7LJYtzs8YrTPppBoFbagG-VHjtLPyhq5BuvppkBnhQQ6UaTXLxIsgSE/s1672/ChatGPT%20Image%209%20jul%202026,%2010_48_03.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEggUrYjQC8U4w0d1eEiOmxCpDG4T5PmgGj13aaz64rovqZA9DrFkGrCmD7wKgueJrOfD3t_W-dTkWrbJyqK36nyhLdc3K7VPQZEe1DwzAOCTdG0LmtbAzDTwIclnoYqnH4q9iYa7LJYtzs8YrTPppBoFbagG-VHjtLPyhq5BuvppkBnhQQ6UaTXLxIsgSE/w400-h225/ChatGPT%20Image%209%20jul%202026,%2010_48_03.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La discusión sobre los fármacos basados en incretinas suele centrarse en su impresionante capacidad para reducir peso. &lt;b&gt;Sin embargo, este metaanálisis plantea una pregunta mucho más relevante: ¿qué tipo de peso estamos perdiendo realmente?&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El estudio revisa &lt;b&gt;20 ensayos clínicos aleatorizados con más de 15.000 participantes y concluye que una parte significativa del peso perdido corresponde a masa magra, especialmente músculo. Y aunque esto también ocurre con las intervenciones tradicionales de dieta y ejercicio, el problema adquiere otra dimensión cuando la pérdida total de peso es mucho mayor, como sucede con las incretinas. No es lo mismo perder un 25% de masa magra dentro de una pérdida total de 5 kg que dentro de una pérdida de 25 kg; el porcentaje puede ser parecido, pero el impacto absoluto cambia radicalmente.&lt;/b&gt; Y eso sí tiene consecuencias clínicas reales, sobre todo en personas mayores, sedentarias o con riesgo de sarcopenia. &lt;b&gt;&lt;a href="Cambios en la masa magra con terapia con incretinas frente a intervención en el estilo de vida: revisión sistemática y metaanálisis" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Es decir, perder músculo durante una reducción de peso parece ser, hasta cierto punto, una consecuencia fisiológica normal del déficit energético (ver tabla 1).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhrXa1UxxlN2GgDhi5dzkJqM4sHEjVV8bIgFRlAmKvKBUzVQGTVKRScaJbV2zOF7rJzNFox3_7mfTBENG1aYz00k62YRa6nAtlf8giUwIo6seAgzsv2h66JQ5NM84pWvi_yHJi0OMFQw-cwl9JS2dLgS6Rc_lDhqKlPtborhkRZhoyJarbCB_dtN-tB4jQ/s2178/Captura%20de%20pantalla%202026-07-09%20a%20las%2010.41.42.png" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="668" data-original-width="2178" height="122" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhrXa1UxxlN2GgDhi5dzkJqM4sHEjVV8bIgFRlAmKvKBUzVQGTVKRScaJbV2zOF7rJzNFox3_7mfTBENG1aYz00k62YRa6nAtlf8giUwIo6seAgzsv2h66JQ5NM84pWvi_yHJi0OMFQw-cwl9JS2dLgS6Rc_lDhqKlPtborhkRZhoyJarbCB_dtN-tB4jQ/w400-h122/Captura%20de%20pantalla%202026-07-09%20a%20las%2010.41.42.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;Este punto debería recibir mucha más atención en la práctica clínica. Actualmente, gran parte de la conversación pública sobre obesidad sigue atrapada en una lógica puramente numérica. &lt;b&gt;Reducir peso a costa de perder músculo implica afectar al metabolismo basal, la fuerza, la funcionalidad e incluso aumentar el riesgo de recuperar el peso posteriormente. Paradójicamente, una estrategia muy eficaz para adelgazar puede terminar debilitando el sistema que ayuda a mantener esa pérdida a largo plazo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El análisis no demoniza la farmacoterapia, sino que señala claramente dónde está el verdadero problema: la ausencia de estrategias de preservación muscular. &lt;b&gt;Los resultados muestran que las intervenciones que incorporaban entrenamiento de resistencia lograban reducir de manera importante la pérdida de masa magra&lt;/b&gt;. Incluso el ensayo S-LiTE, que combinó liraglutida con ejercicio, mostró una reducción de masa magra mucho menor que la observada con el fármaco solo: un 12%.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En la práctica, muchísimos pacientes reciben estos medicamentos sin una planificación seria de entrenamiento de fuerza, sin evaluación nutricional adecuada y, en ocasiones, sin siquiera recomendaciones claras sobre aumentar la ingesta proteica. &lt;b&gt;Los agonistas incretínicos no deberían entenderse como sustitutos del estilo de vida, sino como herramientas que necesitan integrarse dentro de un enfoque más amplio.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;También me parece relevante la crítica implícita al modelo médico actual: existe una fascinación comprensible por los resultados espectaculares de estos fármacos, especialmente porque consiguen pérdidas de peso comparables a la cirugía bariátrica. Pero &lt;b&gt;el entusiasmo comercial y mediático puede hacer que minimicemos preguntas esenciales sobre calidad corporal, funcionalidad y sostenibilidad metabólica.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El estudio menciona una &lt;b&gt;limitación &lt;/b&gt;importante: la mayoría de los trabajos utilizan absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA), una técnica que mide la masa magra total, pero no diferencia bien entre músculo funcional y otros tejidos. Esto abre una cuestión aún más compleja: &lt;b&gt;quizás no toda pérdida de masa magra tenga el mismo significado biológico&lt;/b&gt;. Podría existir una reducción cuantitativa sin deterioro funcional significativo. Es un tema que todavía necesita mucha más investigación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En definitiva, este trabajo me parece valioso porque &lt;b&gt;introduce una mirada más madura y menos simplista sobre la obesidad y su tratamiento&lt;/b&gt;. Las incretinas representan un avance enorme, probablemente revolucionario, pero no son mágicas ni fisiológicamente neutras. El verdadero desafío ya no es solamente lograr que las personas pierdan peso, sino conseguir que lo hagan preservando la salud muscular, la autonomía funcional y la calidad metabólica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Y ahí, curiosamente, seguimos regresando a lo mismo de siempre: entrenamiento de fuerza, proteína suficiente y hábitos sostenibles. La farmacología puede acelerar el proceso, pero todavía no reemplaza los fundamentos biológicos básicos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense y cuiden a los que quieren.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjq0khNVMwFlp0pxWNBJNYi10LOMmp0M2qPjwcYCopYURpsElUCztFplhfd1zMoiytLiWryJfnUKI7XT_fWFOabiXO7Y-V_57MQUB6qvHzUFoekPFHJojvHYQQxoJleGPoFf7PdRSrAKyywfiSvEkN5I-RVA2_Fk0AHNoB_DEw7f5AErKJHH22c3hie-KA/s2752/Masa_magra_y_terapias_incretinas.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjq0khNVMwFlp0pxWNBJNYi10LOMmp0M2qPjwcYCopYURpsElUCztFplhfd1zMoiytLiWryJfnUKI7XT_fWFOabiXO7Y-V_57MQUB6qvHzUFoekPFHJojvHYQQxoJleGPoFf7PdRSrAKyywfiSvEkN5I-RVA2_Fk0AHNoB_DEw7f5AErKJHH22c3hie-KA/w640-h358/Masa_magra_y_terapias_incretinas.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41877354/" target="_blank"&gt;Eisa N, Barood O. Lean Mass Changes With Incretin Therapy Versus Lifestyle Intervention: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomised Controlled Trials. Diabetes Obes Metab. 2026;28(6):4818-4827. doi:10.1111/dom.70666.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEggUrYjQC8U4w0d1eEiOmxCpDG4T5PmgGj13aaz64rovqZA9DrFkGrCmD7wKgueJrOfD3t_W-dTkWrbJyqK36nyhLdc3K7VPQZEe1DwzAOCTdG0LmtbAzDTwIclnoYqnH4q9iYa7LJYtzs8YrTPppBoFbagG-VHjtLPyhq5BuvppkBnhQQ6UaTXLxIsgSE/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%209%20jul%202026,%2010_48_03.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>No todo es grasa: el riesgo de pérdida muscular con los arGLP-1</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/07/no-todo-es-grasa-el-riesgo-de-perdida.html</link><category>análogos GLP-1</category><category>musculoesquelético</category><category>sarcopenia</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 9 Jul 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-7683512404196544337</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhDSnLUa88xV1gjAHKFoqKyxZWJFuTaidt5iF6ASSUvb5chb6oU9OlSFlhqKzr05kqsRhS4Wauo7MTud21WdguagGw8lJkvVtEb-VSpSSWsYdEiflbv2iqUSEZPnzboljBBtQ81Fx0QqRMb1PJnepPJNSvFGCr3PS0WlkPd0xlmU6vCjfxJMfOuqrFVCkI/s1672/ChatGPT%20Image%209%20jul%202026,%2010_27_16.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhDSnLUa88xV1gjAHKFoqKyxZWJFuTaidt5iF6ASSUvb5chb6oU9OlSFlhqKzr05kqsRhS4Wauo7MTud21WdguagGw8lJkvVtEb-VSpSSWsYdEiflbv2iqUSEZPnzboljBBtQ81Fx0QqRMb1PJnepPJNSvFGCr3PS0WlkPd0xlmU6vCjfxJMfOuqrFVCkI/w400-h225/ChatGPT%20Image%209%20jul%202026,%2010_27_16.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La irrupción de los arGLP-1 ha supuesto un cambio de paradigma en el tratamiento de la obesidad y la DM2, gracias a su elevada eficacia para reducir el peso corporal y mejorar el riesgo cardiometabólico. &lt;b&gt;Sin embargo, más allá del número que refleja la básula, cada vez disponemos de más evidencia que pone el foco en la calidad de esa pérdida de peso y en sus posibles consecuencias sobre la composición corporal, especialmente en las personas de edad avanzada.&lt;/b&gt; Este trabajo revisa un aspecto de gran relevancia clínica: cuándo la pérdida de peso es beneficiosa y cuándo puede convertirse en un factor de riesgo por la pérdida de masa muscular y el desarrollo de fragilidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El artículo analiza el impacto de los arGLP-1 sobre la composición corporal y pone de manifiesto que el balance riesgo-beneficio de estos tratamientos no debe interpretarse de igual forma en todos los pacientes&lt;/b&gt;. La edad y el estado funcional condicionan de manera importante sus efectos y deben guiar la toma de decisiones. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/07/no-todo-es-grasa-el-riesgo-de-perdida.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;La &lt;b&gt;trayectoria ponderal constituye un elemento clave en los pacientes tratados con arGLP-1 y aporta mucha más información que el peso aislado.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;ul data-end="1989" data-start="1426"&gt;&lt;li data-end="1521" data-section-id="8ivnhc" data-start="1426"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;
Durante la pérdida de peso disminuye la grasa corporal, pero &lt;b&gt;también se pierde masa muscular.
&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;ul data-end="1989" data-start="1426"&gt;&lt;li data-end="1728" data-section-id="hvyixa" data-start="1522"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;
Tras la suspensión del tratamiento,&lt;/b&gt; el peso suele recuperarse, aunque predominantemente en forma de grasa, mientras que &lt;b&gt;la masa muscular se recupera de forma escasa&lt;/b&gt;, especialmente en las personas mayores.
&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;ul data-end="1989" data-start="1426"&gt;&lt;li data-end="1989" data-section-id="eu2sgf" data-start="1729"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;
Como consecuencia, &lt;b&gt;el paciente puede volver al mismo peso, o incluso superarlo, pero con una composición corporal más desfavorable&lt;/b&gt;: mayor proporción de grasa, menor masa muscular y peor capacidad funcional, favoreciendo el desarrollo de obesidad sarcopénica.
&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;En &lt;b&gt;adultos de mediana edad&lt;/b&gt; (≤65 años), sanos y con sobrepeso u obesidad, la pérdida de masa libre de grasa representa aproximadamente el 25% del peso total perdido, lo que se considera una respuesta fisiológica normal. &lt;b&gt;Aunque la masa muscular absoluta disminuye, la masa muscular relativa (en relación con el peso corporal total) mejora, traduciéndose generalmente en una mejoría de la fuerza y del rendimiento físico.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, &lt;b&gt;en los adultos mayores&lt;/b&gt; (&amp;gt;65 años), el escenario cambia de forma significativa debido al predominio de un estado catabólico y a la resistencia anabólica asociada al envejecimiento. En esta población,&lt;b&gt; una pérdida de peso superior al 5% incrementa de manera importante el riesgo de fragilidad, independientemente de que se consiga mediante tratamiento farmacológico o mediante cambios en el estilo de vida. El principal problema es que estos pacientes pierden masa muscular con facilidad durante el adelgazamiento y, a diferencia de los individuos más jóvenes, apenas consiguen recuperarla, incluso realizando entrenamiento de fuerza supervisado.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;Como conclusión, los autores recomiendan que, en los adultos mayores con riesgo de desnutrición o fragilidad, la pérdida de peso deje de ser el principal objetivo terapéutico. En estos pacientes debe &lt;b&gt;priorizarse una estrategia proanabólica basada en entrenamiento de fuerza progresivo y una ingesta adecuada de proteínas&lt;/b&gt; (1,2-1,6 g/kg/día), con el objetivo de preservar la función física y prevenir la discapacidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;En definitiva, el mismo fármaco puede requerir decisiones distintas según el perfil del paciente. En el adulto menor de 65 años, metabólicamente sano y con sobrepeso u obesidad, la pérdida de masa muscular no parece desproporcionada y los beneficios del tratamiento superan claramente este efecto. En cambio, en el paciente anciano y frágil, el músculo perdido difícilmente se recupera y la pérdida de fuerza progresa mucho más rápidamente que la reducción de masa muscular. En este contexto, conviene dejar de centrar la atención exclusivamente en la báscula y priorizar la preservación de la fuerza muscular junto con un adecuado aporte proteico. No debemos valorar únicamente el peso o el IMC; resulta imprescindible analizar la trayectoria ponderal y la composición corporal para individualizar las decisiones terapéuticas.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhLPnOmSNMvzJCyMd4R8LbGxvV0Pi8EWNBKRpcBp-sjiOOWCFm_VQXlui23qSlUuUc11vlC8YJT965QccxLuTrA8BQ7k2Bus2bqUTnZfAnDe6nvhUUf9OPbxbaC52PcFbekqhu7csRlhMb7VZAHTViBolwBZFLjA2aHSAUL7hWUWNBukCsNqd0TAR3Gdb8/s1284/Captura%20de%20pantalla%202026-07-09%20a%20las%2010.19.58.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1284" data-original-width="840" height="640" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhLPnOmSNMvzJCyMd4R8LbGxvV0Pi8EWNBKRpcBp-sjiOOWCFm_VQXlui23qSlUuUc11vlC8YJT965QccxLuTrA8BQ7k2Bus2bqUTnZfAnDe6nvhUUf9OPbxbaC52PcFbekqhu7csRlhMb7VZAHTViBolwBZFLjA2aHSAUL7hWUWNBukCsNqd0TAR3Gdb8/w418-h640/Captura%20de%20pantalla%202026-07-09%20a%20las%2010.19.58.png" width="418" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong data-end="4374" data-start="4341" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41981276/" target="_blank"&gt;Langer HT, Joshi AS, Müller-Werdan U, Norman K. Causes of sarcopenia and frailty in people taking GLP1RAs. Nat Rev Endocrinol. 2026 Apr 14. doi:10.1038/s41574-026-01254-9.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;










&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhDSnLUa88xV1gjAHKFoqKyxZWJFuTaidt5iF6ASSUvb5chb6oU9OlSFlhqKzr05kqsRhS4Wauo7MTud21WdguagGw8lJkvVtEb-VSpSSWsYdEiflbv2iqUSEZPnzboljBBtQ81Fx0QqRMb1PJnepPJNSvFGCr3PS0WlkPd0xlmU6vCjfxJMfOuqrFVCkI/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%209%20jul%202026,%2010_27_16.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>¿Somos capaces de predecir la respuesta a un arGLP-1 a la hora de perder peso?</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/07/somos-capaces-de-predecir-la-respuesta.html</link><category>análogos GLP-1</category><category>genética</category><category>obesidad</category><category>Tirzepatida</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 2 Jul 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-5550555396018917887</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhU0KFaalXLZjHzvaewFa8dPVvj5OwqR0eECBEV4v5LW2AvmK5WJrjw20gn_2xSK0B_XIIDqtDBuR3VEcHDEAHHzLLUPLkq01X8WdaozmrWUEIsW4ZhFDSz7uWJrhQagEpbxXln_jj2wbD0S7BCppkQFwRiQc12bYG4CHwjG2jIB9P0nJaSmILAehZpBiM/s1672/ChatGPT%20Image%201%20jul%202026,%2022_19_24.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhU0KFaalXLZjHzvaewFa8dPVvj5OwqR0eECBEV4v5LW2AvmK5WJrjw20gn_2xSK0B_XIIDqtDBuR3VEcHDEAHHzLLUPLkq01X8WdaozmrWUEIsW4ZhFDSz7uWJrhQagEpbxXln_jj2wbD0S7BCppkQFwRiQc12bYG4CHwjG2jIB9P0nJaSmILAehZpBiM/w400-h225/ChatGPT%20Image%201%20jul%202026,%2022_19_24.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Carlos Hernández Teixidó (@carlos_teixi)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Muchos de nuestros pacientes nos preguntan antes de iniciar un proceso farmacológico para tratar su obesidad si el fármaco les hará más o menos efecto. A esta pregunta, nosotros, como clínicos, no podemos más que encogernos de hombros y decir que no podemos saberlo&lt;/b&gt;. Pero… &lt;i&gt;¿Seguro que no podemos saber nada al respecto?&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El estudio que hoy comentamos es un &lt;a href="https://www.nature.com/articles/s41586-026-10330-z" target="_blank"&gt;artículo publicado en &lt;/a&gt;&lt;b&gt;&lt;a href="https://www.nature.com/articles/s41586-026-10330-z" target="_blank"&gt;&lt;em&gt;Nature&lt;/em&gt; &lt;/a&gt;que analiza la influencia de la genética en la respuesta a los arGLP-1 y a los agonistas duales GLP-1/GIP&lt;/b&gt;, principalmente semaglutida y tirzepatida, &lt;b&gt;tanto en la pérdida de peso como en la aparición de efectos adversos&lt;/b&gt;. Para ello, los autores realizaron un &lt;b&gt;estudio de asociación de genoma completo (GWAS) para analizar la relación entre variantes genéticas y la consecución de determinados objetivos, como la pérdida de peso, además de una encuesta que recogía información sobre la aparición de efectos adversos y los motivos para iniciar o suspender el tratamiento. &lt;/b&gt;El total de pacientes analizados fue de 27.885 personas, un dato nada desdeñable. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/07/somos-capaces-de-predecir-la-respuesta.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo…)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La pérdida de peso mediana fue de 11,3 kg (11,7% del peso corporal) tras una mediana de 8,3 meses de tratamiento, siendo superior con tirzepatida respecto a semaglutida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El análisis identificó una variante genética con cambio de aminoácido en el gen &lt;em&gt;GLP1R&lt;/em&gt; (rs10305420; p.Pro7Leu) asociada de forma muy significativa&lt;/b&gt; con una mayor eficacia del tratamiento. &lt;b&gt;Cada copia del alelo favorable se relacionó con una pérdida adicional aproximada de 0,76 kg&lt;/b&gt;. Esta asociación se reprodujo en la cohorte independiente &lt;em&gt;All of Us&lt;/em&gt;, lo que refuerza la solidez del hallazgo, aunque no pudo confirmarse en UK Biobank debido a limitaciones metodológicas y de potencia estadística.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En relación con la seguridad, los autores identificaron variantes en &lt;em&gt;GLP1R&lt;/em&gt; asociadas a un mayor riesgo de náuseas y vómitos durante el tratamiento. Además, en los pacientes tratados específicamente con tirzepatida encontraron una variante funcional en &lt;em&gt;GIPR&lt;/em&gt; (rs1800437; p.Glu354Gln) que incrementaba el riesgo de vómitos. &lt;b&gt;También observaron que los pacientes con mayor frecuencia de náuseas y vómitos tendían a experimentar una mayor pérdida de peso, lo que sugiere que ambos fenómenos comparten mecanismos biológicos relacionados con la respuesta al tratamiento.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los investigadores desarrollaron además un &lt;b&gt;modelo predictivo que combina variables clínicas, demográficas y genéticas para estimar la eficacia y el riesgo de efectos adversos. Este modelo explicó aproximadamente el 25% de la variabilidad en la pérdida de peso y mostró una capacidad &lt;i&gt;modesta&lt;/i&gt; para predecir náuseas y vómitos (AUC entre 0,65 y 0,68)&lt;/b&gt;. Aunque la contribución genética fue significativa, la mayor parte del poder predictivo procedía de factores clínicos como el tipo de fármaco, la dosis, la duración del tratamiento, el sexo o la presencia de DM2. &lt;b&gt;Es decir, que, aunque la genética aportaba información relevante, la mayor parte de la variabilidad podía predecirse con datos clínicos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Como médico de Atención Primaria, este estudio me parece especialmente interesante porque confirma algo que vemos con frecuencia en la consulta: pacientes muy similares responden de forma muy distinta a los arGLP-1. &lt;b&gt;Aunque los hallazgos genéticos todavía no tienen una aplicación práctica inmediata y no justifican solicitar pruebas genéticas antes de iniciar el tratamiento, sí refuerzan la idea de que la respuesta a estos fármacos depende, al menos en parte, de la biología de cada paciente. De momento, la selección del tratamiento debe seguir basándose en criterios clínicos y en los condicionantes y comorbilidades, pero es probable que, en los próximos años, la información genética se incorpore&lt;/b&gt; a modelos que ayuden a predecir quién perderá más peso o quién tendrá más riesgo de efectos adversos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;Aún lejos de la realidad…&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgHIRhNEBfVy8jIfTDOLhKGh7Ta4nPlXfpz1hDtsu1Ji9woE4zewy907xviLiRmb2RR1blkn1Uk6Qa4SrxvXjDMS4j8AnoJNUZgBKgN_QKtKClul7sGkpPdpN8mJMLBt0TY7nCq9Xawmlpb8IHydiXG6Us-nWBogwEKBr7-FZVgss1eVSLvOOeCdjecR1k/s2752/Gene%CC%81tica_y_tratamientos_de_peso.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgHIRhNEBfVy8jIfTDOLhKGh7Ta4nPlXfpz1hDtsu1Ji9woE4zewy907xviLiRmb2RR1blkn1Uk6Qa4SrxvXjDMS4j8AnoJNUZgBKgN_QKtKClul7sGkpPdpN8mJMLBt0TY7nCq9Xawmlpb8IHydiXG6Us-nWBogwEKBr7-FZVgss1eVSLvOOeCdjecR1k/w640-h358/Gene%CC%81tica_y_tratamientos_de_peso.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://www.nature.com/articles/s41586-026-10330-z" target="_blank"&gt;Su QJ, Ashenhurst JR, Xu W, Tran V, Wu RR, Weldon CH, et al. Genetic predictors of GLP1 receptor agonist weight loss and side effects. Nature. 2026. doi:10.1038/s41586-026-10330-z.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhU0KFaalXLZjHzvaewFa8dPVvj5OwqR0eECBEV4v5LW2AvmK5WJrjw20gn_2xSK0B_XIIDqtDBuR3VEcHDEAHHzLLUPLkq01X8WdaozmrWUEIsW4ZhFDSz7uWJrhQagEpbxXln_jj2wbD0S7BCppkQFwRiQc12bYG4CHwjG2jIB9P0nJaSmILAehZpBiM/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%201%20jul%202026,%2022_19_24.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>Neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica con liraglutida o semaglutida: ¿de la señal de alerta a la evidencia científica definitiva?</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/neuropatia-optica-isquemica-anterior-no.html</link><category>análogos GLP-1</category><category>retinografía</category><category>retinopatía diabética</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 25 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-2219942646442417418</guid><description>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhpE4Y2CdVGEG3SP2btEf4q3HU9ObuTdgaHjLOzxwypzS6U9uum0i64UL9WKTWK1sk-zIcXIh6F3A6t2HThRBydWFPAb5J6q8ULPFqOYX-hkihWcrfe8wHa95fq3OnGUTFlwBRfyBlPjLknGzJMvMAjrO4POfQbxXYqi86ZJYi3643O8sS8eUSeR6gbWSg/s1672/ChatGPT%20Image%2024%20jun%202026,%2022_53_54.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhpE4Y2CdVGEG3SP2btEf4q3HU9ObuTdgaHjLOzxwypzS6U9uum0i64UL9WKTWK1sk-zIcXIh6F3A6t2HThRBydWFPAb5J6q8ULPFqOYX-hkihWcrfe8wHa95fq3OnGUTFlwBRfyBlPjLknGzJMvMAjrO4POfQbxXYqi86ZJYi3643O8sS8eUSeR6gbWSg/w400-h225/ChatGPT%20Image%2024%20jun%202026,%2022_53_54.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La retina constituye un modelo privilegiado para el estudio de la enfermedad metabólica y vascular&lt;/b&gt;. En este contexto, la presentación de la profesora Tina Vilsbøll en la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) (comentada previamente en el blog del 3 de septiembre de 2025) reforzó la relevancia del debate sobre los arGLP-1, la retinopatía diabética y el posible riesgo de neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NOIA-NA), en coherencia con la evidencia previamente revisada en &lt;em&gt;Diabetes Práctica&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La publicación en el &lt;em&gt;British Journal of Ophthalmology&lt;/em&gt; aporta la evidencia más sólida hasta la fecha, con un análisis agrupado de 112 ensayos clínicos aleatorizados (fases II-IV), que incluye 96.829 participantes y más de 205.000 años-paciente de seguimiento. El objetivo fue evaluar la incidencia de NOIA-NA en tratamientos con liraglutida y semaglutida, ante la incertidumbre derivada de estudios observacionales previos. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/neuropatia-optica-isquemica-anterior-no.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La NOIA-NA es una neuropatía óptica isquémica producida por una hipoperfusión aguda de la cabeza del nervio óptico, que se manifiesta como pérdida visual monocular, súbita e indolora, habitualmente asociada a edema papilar.&lt;/b&gt; Sus factores de riesgo incluyen una predisposición anatómica (“disco en riesgo”) y comorbilidad vascular sistémica (hipertensión arterial, diabetes mellitus, obesidad, dislipidemia y apnea obstructiva del sueño).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Aunque estudios observacionales previos han sugerido una posible asociación entre semaglutida y NOIA-NA (4 estudios reportaron un aumento de riesgo asociado a semaglutida; 3 estudios indicaron que no existe tal asociación), los resultados son inconsistentes y limitados por sesgos de derivación, confusión residual (IMC, comorbilidad vascular) y variabilidad en la codificación diagnóstica (ICD-10).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El análisis de seguridad incluyó una revisión ciega por oftalmólogos expertos, clasificando los casos en definitivos, probables, improbables o no evaluables; únicamente los dos primeros se consideraron confirmados. Se identificaron 8 casos en total. &lt;b&gt;La incidencia fue extremadamente baja, sin diferencias relevantes entre grupos: aproximadamente 3 casos por 100.000 años-paciente en los grupos tratados con arGLP-1 frente a 6 casos por 100.000 años-paciente con placebo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En conjunto, estos datos no apoyan un aumento del riesgo de NOIA-NA asociado a liraglutida o semaglutida, reforzando su perfil de seguridad oftalmológica en el contexto de ensayos clínicos controlados.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La incidencia observada en este análisis es sustancialmente inferior a la descrita en estudios basados en registros poblacionales y bases de datos administrativas. Así, una cohorte danesa estimó una incidencia de 11 casos por 100.000 años-paciente en personas con diabetes tipo 2, mientras que un estudio en EE. UU. comunicó una incidencia anual de hasta 82 casos por 100.000 personas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En el presente análisis, la prueba exacta de Fisher no mostró asociación entre el uso de arGLP1 y la aparición de NOIA-NA, con un valor de p = 0,1189, lo que sugiere independencia estadística entre exposición y evento.&lt;b&gt; Todos los casos confirmados presentaban uno o más factores de riesgo cardiovascular preexistentes.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Entre los puntos fuertes del estudio destacan el &lt;b&gt;gran tamaño muestral&lt;/b&gt;, el diseño aleatorizado con equilibrio basal de factores de riesgo entre grupos y la revisión sistemática de los eventos por expertos oftalmólogos, lo que refuerza la validez interna del análisis.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;No obstante, deben considerarse limitaciones relevantes: el análisis es retrospectivo y los ensayos incluidos no estaban diseñados ni dimensionados específicamente para detectar NOIA-NA, un evento extremadamente infrecuente. Además, &lt;b&gt;puede existir sesgo de captura, ya que la identificación de casos dependía de la notificación de eventos adversos, con posible infrarregistro&lt;/b&gt; si no se documentaron explícitamente síntomas o términos compatibles con pérdida visual o sospecha diagnóstica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En conjunto, estos resultados difieren de algunos estudios observacionales previos, al no evidenciar una asociación causal ni un incremento del riesgo de NOIA-NA con el uso de arGLP-1, reforzando la interpretación de ausencia de señal de seguridad en este contexto.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhElv214kJaWjOXEXs0zZURuRVkoR-wZPZnspqqBxmkXEuzi5FPFQ1PZv0x3OOkxn3UTgeMyaHiJIuViFqZtn8JciWpRChaa_YG_FZRdZsUl6Gy1JLVCWrCgaiWbKqpJN5RzygAcffEZ2vmHbQjld2H2viJTmNuR9q5eNrfTqHyjNwCXF5yy_rVWZkn1VA/s2100/Captura%20de%20pantalla%202026-06-24%20a%20las%2022.42.42.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1174" data-original-width="2100" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhElv214kJaWjOXEXs0zZURuRVkoR-wZPZnspqqBxmkXEuzi5FPFQ1PZv0x3OOkxn3UTgeMyaHiJIuViFqZtn8JciWpRChaa_YG_FZRdZsUl6Gy1JLVCWrCgaiWbKqpJN5RzygAcffEZ2vmHbQjld2H2viJTmNuR9q5eNrfTqHyjNwCXF5yy_rVWZkn1VA/w640-h358/Captura%20de%20pantalla%202026-06-24%20a%20las%2022.42.42.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42049287/" target="_blank"&gt;Vilsbøll T, Arun Kumar D, Aiello LP, Rönnbäck C, Stellfeld M, Larsen LM. Non-arteritic anterior ischaemic optic neuropathy incidence in placebo-controlled clinical trials of liraglutide or semaglutide. Br J Ophthalmol. 2026 Apr 28:bjo-2025-328729.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2025/09/easd-2025-incidencia-de-neuropatia.html"&gt;https://redgedaps.blogspot.com/2025/09/easd-2025-incidencia-de-neuropatia.html&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2025/09/easd-2025-incidencia-de-neuropatia.html"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://diabetespractica.com/files/130/art3.pdf" target="_blank"&gt;Barrot J. Impacto de los agonistas del receptor GLP-1 en la progresión de la retinopatía diabética y el riesgo de neuropatía óptica isquémica no arterítica. &lt;em&gt;Diabetes Práctica&lt;/em&gt;. 2025;16(3):73-105. doi: 10.52102/diabet/pract.2025.3.art3.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhpE4Y2CdVGEG3SP2btEf4q3HU9ObuTdgaHjLOzxwypzS6U9uum0i64UL9WKTWK1sk-zIcXIh6F3A6t2HThRBydWFPAb5J6q8ULPFqOYX-hkihWcrfe8wHa95fq3OnGUTFlwBRfyBlPjLknGzJMvMAjrO4POfQbxXYqi86ZJYi3643O8sS8eUSeR6gbWSg/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2024%20jun%202026,%2022_53_54.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure length="769137" type="application/pdf" url="https://diabetespractica.com/files/130/art3.pdf"/><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:subtitle>&amp;nbsp;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot) La retina constituye un modelo privilegiado para el estudio de la enfermedad metabólica y vascular. En este contexto, la presentación de la profesora Tina Vilsbøll en la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) (comentada previamente en el blog del 3 de septiembre de 2025) reforzó la relevancia del debate sobre los arGLP-1, la retinopatía diabética y el posible riesgo de neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NOIA-NA), en coherencia con la evidencia previamente revisada en Diabetes Práctica. La publicación en el British Journal of Ophthalmology aporta la evidencia más sólida hasta la fecha, con un análisis agrupado de 112 ensayos clínicos aleatorizados (fases II-IV), que incluye 96.829 participantes y más de 205.000 años-paciente de seguimiento. El objetivo fue evaluar la incidencia de NOIA-NA en tratamientos con liraglutida y semaglutida, ante la incertidumbre derivada de estudios observacionales previos. (Sigue leyendo...) La NOIA-NA es una neuropatía óptica isquémica producida por una hipoperfusión aguda de la cabeza del nervio óptico, que se manifiesta como pérdida visual monocular, súbita e indolora, habitualmente asociada a edema papilar. Sus factores de riesgo incluyen una predisposición anatómica (“disco en riesgo”) y comorbilidad vascular sistémica (hipertensión arterial, diabetes mellitus, obesidad, dislipidemia y apnea obstructiva del sueño). Aunque estudios observacionales previos han sugerido una posible asociación entre semaglutida y NOIA-NA (4 estudios reportaron un aumento de riesgo asociado a semaglutida; 3 estudios indicaron que no existe tal asociación), los resultados son inconsistentes y limitados por sesgos de derivación, confusión residual (IMC, comorbilidad vascular) y variabilidad en la codificación diagnóstica (ICD-10). El análisis de seguridad incluyó una revisión ciega por oftalmólogos expertos, clasificando los casos en definitivos, probables, improbables o no evaluables; únicamente los dos primeros se consideraron confirmados. Se identificaron 8 casos en total. La incidencia fue extremadamente baja, sin diferencias relevantes entre grupos: aproximadamente 3 casos por 100.000 años-paciente en los grupos tratados con arGLP-1 frente a 6 casos por 100.000 años-paciente con placebo. En conjunto, estos datos no apoyan un aumento del riesgo de NOIA-NA asociado a liraglutida o semaglutida, reforzando su perfil de seguridad oftalmológica en el contexto de ensayos clínicos controlados. La incidencia observada en este análisis es sustancialmente inferior a la descrita en estudios basados en registros poblacionales y bases de datos administrativas. Así, una cohorte danesa estimó una incidencia de 11 casos por 100.000 años-paciente en personas con diabetes tipo 2, mientras que un estudio en EE. UU. comunicó una incidencia anual de hasta 82 casos por 100.000 personas. En el presente análisis, la prueba exacta de Fisher no mostró asociación entre el uso de arGLP1 y la aparición de NOIA-NA, con un valor de p = 0,1189, lo que sugiere independencia estadística entre exposición y evento. Todos los casos confirmados presentaban uno o más factores de riesgo cardiovascular preexistentes. Entre los puntos fuertes del estudio destacan el gran tamaño muestral, el diseño aleatorizado con equilibrio basal de factores de riesgo entre grupos y la revisión sistemática de los eventos por expertos oftalmólogos, lo que refuerza la validez interna del análisis. No obstante, deben considerarse limitaciones relevantes: el análisis es retrospectivo y los ensayos incluidos no estaban diseñados ni dimensionados específicamente para detectar NOIA-NA, un evento extremadamente infrecuente. Además, puede existir sesgo de captura, ya que la identificación de casos dependía de la notificación de eventos adversos, con posible infrarregistro si no se documentaron explícitamente síntomas o términos compatibles con pérdida visual o sospecha diagnóstica. En conjunto, estos resultados difieren de algunos estudios observacionales previos, al no evidenciar una asociación causal ni un incremento del riesgo de NOIA-NA con el uso de arGLP-1, reforzando la interpretación de ausencia de señal de seguridad en este contexto. Vilsbøll T, Arun Kumar D, Aiello LP, Rönnbäck C, Stellfeld M, Larsen LM. Non-arteritic anterior ischaemic optic neuropathy incidence in placebo-controlled clinical trials of liraglutide or semaglutide. Br J Ophthalmol. 2026 Apr 28:bjo-2025-328729. https://redgedaps.blogspot.com/2025/09/easd-2025-incidencia-de-neuropatia.html Barrot J. Impacto de los agonistas del receptor GLP-1 en la progresión de la retinopatía diabética y el riesgo de neuropatía óptica isquémica no arterítica. Diabetes Práctica. 2025;16(3):73-105. doi: 10.52102/diabet/pract.2025.3.art3.</itunes:subtitle><itunes:author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</itunes:author><itunes:summary>&amp;nbsp;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot) La retina constituye un modelo privilegiado para el estudio de la enfermedad metabólica y vascular. En este contexto, la presentación de la profesora Tina Vilsbøll en la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD) (comentada previamente en el blog del 3 de septiembre de 2025) reforzó la relevancia del debate sobre los arGLP-1, la retinopatía diabética y el posible riesgo de neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica (NOIA-NA), en coherencia con la evidencia previamente revisada en Diabetes Práctica. La publicación en el British Journal of Ophthalmology aporta la evidencia más sólida hasta la fecha, con un análisis agrupado de 112 ensayos clínicos aleatorizados (fases II-IV), que incluye 96.829 participantes y más de 205.000 años-paciente de seguimiento. El objetivo fue evaluar la incidencia de NOIA-NA en tratamientos con liraglutida y semaglutida, ante la incertidumbre derivada de estudios observacionales previos. (Sigue leyendo...) La NOIA-NA es una neuropatía óptica isquémica producida por una hipoperfusión aguda de la cabeza del nervio óptico, que se manifiesta como pérdida visual monocular, súbita e indolora, habitualmente asociada a edema papilar. Sus factores de riesgo incluyen una predisposición anatómica (“disco en riesgo”) y comorbilidad vascular sistémica (hipertensión arterial, diabetes mellitus, obesidad, dislipidemia y apnea obstructiva del sueño). Aunque estudios observacionales previos han sugerido una posible asociación entre semaglutida y NOIA-NA (4 estudios reportaron un aumento de riesgo asociado a semaglutida; 3 estudios indicaron que no existe tal asociación), los resultados son inconsistentes y limitados por sesgos de derivación, confusión residual (IMC, comorbilidad vascular) y variabilidad en la codificación diagnóstica (ICD-10). El análisis de seguridad incluyó una revisión ciega por oftalmólogos expertos, clasificando los casos en definitivos, probables, improbables o no evaluables; únicamente los dos primeros se consideraron confirmados. Se identificaron 8 casos en total. La incidencia fue extremadamente baja, sin diferencias relevantes entre grupos: aproximadamente 3 casos por 100.000 años-paciente en los grupos tratados con arGLP-1 frente a 6 casos por 100.000 años-paciente con placebo. En conjunto, estos datos no apoyan un aumento del riesgo de NOIA-NA asociado a liraglutida o semaglutida, reforzando su perfil de seguridad oftalmológica en el contexto de ensayos clínicos controlados. La incidencia observada en este análisis es sustancialmente inferior a la descrita en estudios basados en registros poblacionales y bases de datos administrativas. Así, una cohorte danesa estimó una incidencia de 11 casos por 100.000 años-paciente en personas con diabetes tipo 2, mientras que un estudio en EE. UU. comunicó una incidencia anual de hasta 82 casos por 100.000 personas. En el presente análisis, la prueba exacta de Fisher no mostró asociación entre el uso de arGLP1 y la aparición de NOIA-NA, con un valor de p = 0,1189, lo que sugiere independencia estadística entre exposición y evento. Todos los casos confirmados presentaban uno o más factores de riesgo cardiovascular preexistentes. Entre los puntos fuertes del estudio destacan el gran tamaño muestral, el diseño aleatorizado con equilibrio basal de factores de riesgo entre grupos y la revisión sistemática de los eventos por expertos oftalmólogos, lo que refuerza la validez interna del análisis. No obstante, deben considerarse limitaciones relevantes: el análisis es retrospectivo y los ensayos incluidos no estaban diseñados ni dimensionados específicamente para detectar NOIA-NA, un evento extremadamente infrecuente. Además, puede existir sesgo de captura, ya que la identificación de casos dependía de la notificación de eventos adversos, con posible infrarregistro si no se documentaron explícitamente síntomas o términos compatibles con pérdida visual o sospecha diagnóstica. En conjunto, estos resultados difieren de algunos estudios observacionales previos, al no evidenciar una asociación causal ni un incremento del riesgo de NOIA-NA con el uso de arGLP-1, reforzando la interpretación de ausencia de señal de seguridad en este contexto. Vilsbøll T, Arun Kumar D, Aiello LP, Rönnbäck C, Stellfeld M, Larsen LM. Non-arteritic anterior ischaemic optic neuropathy incidence in placebo-controlled clinical trials of liraglutide or semaglutide. Br J Ophthalmol. 2026 Apr 28:bjo-2025-328729. https://redgedaps.blogspot.com/2025/09/easd-2025-incidencia-de-neuropatia.html Barrot J. Impacto de los agonistas del receptor GLP-1 en la progresión de la retinopatía diabética y el riesgo de neuropatía óptica isquémica no arterítica. Diabetes Práctica. 2025;16(3):73-105. doi: 10.52102/diabet/pract.2025.3.art3.</itunes:summary><itunes:keywords>análogos GLP-1, retinografía, retinopatía diabética</itunes:keywords></item><item><title>ADA 2026.- Manejo de la diabetes a lo largo del proceso oncológico: desde el tratamiento hasta la supervivencia</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-manejo-de-la-diabetes-lo-largo.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>cáncer</category><category>sarcopenia</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Sun, 21 Jun 2026 11:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-1365855311016569488</guid><description>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEis4NAIUHQa_FwGtVdXPLkVutrbbUdmW2YcpRRSkWEzGEp5K_L3jVV0w20Zy2WDPoK57eVjpku_8LbyMKJyGBBKtu0UpXiKfFUYHa8GLtF-wfiGZnKM3uLMzA-bA96Nzax-XM9Z1i-MlEvmP8XqdUq7UecngsIq5WR6MMJCr6OYhmnLzlF0oD70Tgg_cG8/s1672/ChatGPT%20Image%2021%20jun%202026,%2008_19_39.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEis4NAIUHQa_FwGtVdXPLkVutrbbUdmW2YcpRRSkWEzGEp5K_L3jVV0w20Zy2WDPoK57eVjpku_8LbyMKJyGBBKtu0UpXiKfFUYHa8GLtF-wfiGZnKM3uLMzA-bA96Nzax-XM9Z1i-MlEvmP8XqdUq7UecngsIq5WR6MMJCr6OYhmnLzlF0oD70Tgg_cG8/w400-h225/ChatGPT%20Image%2021%20jun%202026,%2008_19_39.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tras la ponencia de la Dra. Sonali Toshani, ya desarrollada en la 1.ª parte de este simposio y &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-consecuencias-metabolicas-de.html" target="_blank"&gt;que comentamos hace unos días en el blog&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;, fue el turno del Dr. Aaron Nelson, de la división de endocrinología de Mass General Brigham, en Boston, Massachusetts. &lt;b&gt;Abordó el manejo de la diabetes durante y después del tratamiento del cáncer.&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El manejo de la diabetes en pacientes con cáncer representa un desafío clínico complejo que exige una estrecha colaboración entre oncólogos, endocrinólogos, pacientes y cuidadores. &lt;/span&gt;&lt;b style="font-family: arial;"&gt;El control adecuado de la glucemia no solo reduce el riesgo de infecciones y hospitalizaciones, sino que también mejora la calidad de vida, evita interrupciones en los tratamientos oncológicos y se asocia con una mayor supervivencia.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Los objetivos terapéuticos deben individualizarse teniendo en cuenta la expectativa de vida, la respuesta al tratamiento antineoplásico, el estado funcional y el apoyo social disponible. En este contexto, es esencial conocer el perfil metabólico de cada terapia oncológica.&lt;/b&gt; Los inhibidores de los puntos de control inmunitario, especialmente los dirigidos contra PD-1 y PD-L1, pueden desencadenar diabetes de aparición rápida con riesgo de cetoacidosis diabética, lo que hace imprescindible el tratamiento con insulina (INS). Por otro lado, los inhibidores de PI3 quinasa requieren estrategias específicas que prioricen fármacos como la metformina, evitando en lo posible la INS y las sulfonilureas. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-consecuencias-metabolicas-de.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La &lt;b&gt;hiperglucemia durante el tratamiento oncológico suele ser dinámica y multifactorial&lt;/b&gt;. Los cambios en el apetito, la función renal o hepática, los efectos adversos de los fármacos y, especialmente, &lt;b&gt;el uso de corticoides obligan a realizar ajustes frecuentes del tratamiento antidiabético.&lt;/b&gt; La educación terapéutica adquiere aquí un papel protagonista: los pacientes deben comprender las llamadas “reglas de los días de enfermedad”, mantener una hidratación adecuada y participar activamente en la monitorización glucémica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Asimismo, están emergiendo datos prometedores sobre el posible beneficio de algunos antidiabéticos, como los arGLP-1 y los iSGLT2, que podrían asociarse a mejores resultados clínicos y supervivencia en determinados pacientes oncológicos, aunque todavía se requieren estudios prospectivos que confirmen estos hallazgos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, &lt;b&gt;la atención no debe concluir con la remisión del cáncer.&lt;/b&gt; Los supervivientes, especialmente quienes recibieron radioterapia, trasplantes o determinados esquemas quimioterápicos, presentan un mayor riesgo de síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular y neuropatía incluso décadas después del tratamiento. Por ello, &lt;b&gt;el seguimiento a largo plazo y la vigilancia de las complicaciones metabólicas constituyen un componente esencial de una oncología moderna centrada en la supervivencia y la calidad de vida.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El tercer ponente, el Dr. Michael Jensen, de la Mayo Clinic,&lt;b&gt; abordó el manejo de pacientes con DM2 y caquexia asociada al cáncer.&amp;nbsp;&lt;/b&gt;Una situación &lt;b&gt;frecuente, especialmente en tumores de páncreas y colon.&lt;/b&gt; La caquexia se caracteriza por pérdida progresiva de peso y masa muscular, favorecida por la disminución de la ingesta debido a anorexia, efectos secundarios de los tratamientos oncológicos o dificultades mecánicas para alimentarse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El objetivo principal del soporte nutricional es &lt;b&gt;maximizar el aporte energético y proteico utilizando alimentos convencionales siempre que sea posible. Debido a la saciedad precoz que presentan estos pacientes, se recomienda priorizar alimentos con alta densidad calórica, consumidos en pequeñas cantidades y de forma frecuente. Los alimentos triturados o en puré pueden facilitar la ingesta cuando existen lesiones o estrechamientos del tracto digestivo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La preservación de la masa muscular requiere mantener una &lt;b&gt;ingesta adecuada de proteínas de alta calidad&lt;/b&gt;, preferentemente procedentes de huevos, pescado, aves, lácteos y carnes magras. Aunque el paciente reduzca su consumo global de alimentos, debe intentarse conservar un aporte proteico de aproximadamente 60-80 g diarios, ya que la inflamación, el reposo prolongado, los tratamientos oncológicos y los corticoides incrementan el catabolismo proteico. &lt;b&gt;Además, se recomienda asegurar un mínimo de 100 g de hidratos de carbono al día para cubrir las necesidades energéticas del sistema nervioso central.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La vía oral sigue siendo la estrategia preferente. Cuando esta no resulta viable, puede recurrirse a nutrición enteral mediante sonda y, en situaciones de fracaso intestinal u obstrucción digestiva, a nutrición parenteral. Sin embargo, en pacientes con DM2, la nutrición parenteral suele asociarse a hiperglucemia de difícil control e hipertrigliceridemia, lo que obliga a ajustar cuidadosamente el aporte calórico y las necesidades de INS.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La monitorización continua es esencial e incluye el seguimiento del peso corporal, la fuerza muscular, la capacidad funcional y los niveles de albúmina sérica como marcador indirecto de la eficacia del soporte nutricional. Paralelamente, debe prestarse especial atención al riesgo de hipoglucemia, frecuente por la variabilidad en la ingesta alimentaria. En este contexto, los análogos de INS de acción ultrarrápida administrados después de las comidas ofrecen una mayor flexibilidad terapéutica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Desde el punto de vista farmacológico, los tratamientos que reducen el apetito o favorecen la pérdida de peso, como los arGLP-1, la metformina o los iSGLT2, suelen evitarse. También es recomendable minimizar el uso de sulfonilureas por su riesgo de hipoglucemia prolongada. Se prefieren fármacos neutros respecto al peso o que puedan favorecer una ligera ganancia ponderal, junto con una pauta de INS flexible adaptada tanto a la ingesta como al tratamiento oncológico. En definitiva, los principios del soporte nutricional en la caquexia oncológica son plenamente aplicables a los pacientes con DM2 y constituyen una herramienta clave para preservar su estado funcional y calidad de vida.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense y cuiden a los que quieren.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgE0L7ufXQ0ahj2rJGyMcFSzRKuJ6Sq9bjP15NQaFuzx8HeSNkuyAYiTkPlXrKkykb6mW4QCWW1FevMagcqb7CxfsSwWQLB4TaaKMltR9HutW5CksvFnIxbprCjZ-uhRUckMqFUBjo_O8so2putQ0aTCAkVeeQjCJ_K4JoYYoTV0AZxR1C7d9kKxTK0daY/s2752/Dr%20Jensen%20infografia.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgE0L7ufXQ0ahj2rJGyMcFSzRKuJ6Sq9bjP15NQaFuzx8HeSNkuyAYiTkPlXrKkykb6mW4QCWW1FevMagcqb7CxfsSwWQLB4TaaKMltR9HutW5CksvFnIxbprCjZ-uhRUckMqFUBjo_O8so2putQ0aTCAkVeeQjCJ_K4JoYYoTV0AZxR1C7d9kKxTK0daY/s2752/Dr%20Jensen%20infografia.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgS1IMc1kIT1iqtgoQzBSn3P1Z5A_3sBhwiytguYIs4ub23M79QVMxWaJgY-1raFYxi6t6ow5gz6eGCXmuNvFd-CFetLO6CM3U8OjuAxtznpJIlY8grXShuzSqYdp-xmXOGiK-DtcfcQaoAHVVu-ut3KUWlgRHdtq4QdMBlZljGqvHahXLWVQoj46LO6ho/s2752/Dr%20Nelson%20infografia%20.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgS1IMc1kIT1iqtgoQzBSn3P1Z5A_3sBhwiytguYIs4ub23M79QVMxWaJgY-1raFYxi6t6ow5gz6eGCXmuNvFd-CFetLO6CM3U8OjuAxtznpJIlY8grXShuzSqYdp-xmXOGiK-DtcfcQaoAHVVu-ut3KUWlgRHdtq4QdMBlZljGqvHahXLWVQoj46LO6ho/w640-h358/Dr%20Nelson%20infografia%20.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgE0L7ufXQ0ahj2rJGyMcFSzRKuJ6Sq9bjP15NQaFuzx8HeSNkuyAYiTkPlXrKkykb6mW4QCWW1FevMagcqb7CxfsSwWQLB4TaaKMltR9HutW5CksvFnIxbprCjZ-uhRUckMqFUBjo_O8so2putQ0aTCAkVeeQjCJ_K4JoYYoTV0AZxR1C7d9kKxTK0daY/w640-h358/Dr%20Jensen%20infografia.png" width="640" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Ponencias del Dr. Nelson y del Dr. Jensen. Managing diabetes across the cancer continuum: From treatment to survivorship. 86.ª Sesiones Científicas de la Asociación Americana de Diabetes (ADA), 8 de junio de 2026.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEis4NAIUHQa_FwGtVdXPLkVutrbbUdmW2YcpRRSkWEzGEp5K_L3jVV0w20Zy2WDPoK57eVjpku_8LbyMKJyGBBKtu0UpXiKfFUYHa8GLtF-wfiGZnKM3uLMzA-bA96Nzax-XM9Z1i-MlEvmP8XqdUq7UecngsIq5WR6MMJCr6OYhmnLzlF0oD70Tgg_cG8/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2021%20jun%202026,%2008_19_39.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- De la pluma a la pastilla, que llega Orforglipron</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-de-la-pluma-la-pastilla-que.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>Orforglipron</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Sat, 20 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-8800085739294350643</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjhrerEia6L_cQxza0FfpZ3G9yKcUJ9pNKiMvNaEUaGnT1FQrmhxjtNxIzTclpAHN3twk2cC4YArII7ITXebW1vOnVWOg_xwP7AF4Yh5pCAcAlmXOYjjnYHxlvxhkoe99TSsSAuvz8RM0jPxLEsyMs36iJFfrdq46A9Mpm8UFfTHTgDiLY9N1VVK8odaFA/s1672/ChatGPT%20Image%2019%20jun%202026,%2022_40_47.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjhrerEia6L_cQxza0FfpZ3G9yKcUJ9pNKiMvNaEUaGnT1FQrmhxjtNxIzTclpAHN3twk2cC4YArII7ITXebW1vOnVWOg_xwP7AF4Yh5pCAcAlmXOYjjnYHxlvxhkoe99TSsSAuvz8RM0jPxLEsyMs36iJFfrdq46A9Mpm8UFfTHTgDiLY9N1VVK8odaFA/w400-h225/ChatGPT%20Image%2019%20jun%202026,%2022_40_47.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Carlos Hernández Teixidó (@carlos_teixi)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La llegada de los arGLP-1 ha supuesto un mejor control para las personas con DM2, mejorando el control glucémico y reduciendo el riesgo cardiorrenal. La mayoría de estos arGLP-1 tiene una base peptídica que hace que se requiera su administración subcutánea en la mayoría de los casos. Por el contrario, Orforglipron (&lt;b&gt;ORFO) es un arGLP-1 oral y no peptídico de pequeño tamaño que no está sujeto a la degradación gástrica y mantiene así más del 77% de biodisponibilidad. La llegada de ORFO supone que podamos administrar el arGLP-1 de forma oral sin restricciones en la ingesta.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Desde hace varios meses, estamos trayendo a este blog publicaciones en relación con ORFO y su uso como fármaco en DM2 y/o en obesidad. Sin embargo, en este Congreso de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) se ha querido hacer una &lt;b&gt;mesa resumen de todo el programa ACHIEVE (programa específico para DM2) y hemos considerado interesante comentarlo. A día de hoy, ORFO tiene estudios aprobados para obesidad en adultos y está bajo revisión regulatoria (llegará en pocos meses) para su uso en DM2. Sin embargo, la paleta de estudios que define a ORFO es más extensa. Tiene estudios en desarrollo en relación con la osteoartritis, la apnea del sueño, la hipertensión, la enfermedad arterial periférica, la incontinencia urinaria por estrés y, por supuesto, el estudio de beneficio cardiovascular (ATTAIN-CVOT). &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-de-la-pluma-la-pastilla-que.html"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En lo relativo a DM2, ORFO tiene &lt;b&gt;cinco ensayos ACHIEVE en fase 3. El 1 frente a placebo en monoterapia, el 2 frente a DAPA en combinación con MET, el 3 frente a SEMA oral en combinación con MET, el 4 de seguridad CV frente a insulina (INS) glargina y el 5 frente a placebo en combinación con INS.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El ensayo &lt;b&gt;ACHIEVE-2 (vs. DAPA)&lt;/b&gt; tuvo como objetivo el control glucémico en adultos con DM2 con HbA1c entre 7% y 10,5%. El paciente tipo fue un varón de 56 años con 8 años de evolución de la DM2 y una HbA1c del 8,1%. Su IMC medio fue de 32,6 kg/m².&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Tras 40 semanas, &lt;b&gt;ORFO consiguió una reducción de la HbA1c de 1,7% para sus dosis de 9 mg y de 17,2 mg, y de 1,3% para su dosis más baja (2,5 mg). Por el contrario, DAPA obtuvo una reducción de 0,8% en cuanto a HbA1c se refiere.&lt;/b&gt; Es interesante destacar que en las dos dosis más altas de ORFO, los pacientes acabaron con una HbA1c del 6,4%. El 80% de los pacientes con ORFO en altas dosis alcanzaron una HbA1c por debajo del 7%, y el 67% alcanzó el 6,5%. &lt;b&gt;Además, como objetivo secundario se estudió la variación de peso, donde se alcanzaron pérdidas del -7,3% para la dosis más alta de ORFO. Es interesante destacar que a las 40 semanas no se había alcanzado la meseta.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Este ensayo clínico ACHIEVE-5 evaluó la eficacia y seguridad de ORFO, añadido a INS glargina en 546 pacientes con DM2 insuficientemente controlada.&lt;/b&gt; Es decir, todos tenían glargina y a una parte se les añadió ORFO y a otra placebo. &lt;b&gt;Tras 40 semanas de tratamiento, los pacientes que recibieron ORFO lograron reducciones significativamente mayores de la HbA1c que los tratados con placebo: entre −1,58% y −1,88% según la dosis, frente a −0,79% con placebo. Además, entre el 57% y el 70% de los participantes alcanzaron una HbA1c &amp;lt;7%, comparado con el 25% del grupo placebo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;ORFO también produjo una pérdida de peso relevante (−2,6% a −5,4% frente a +0,2% con placebo) y permitió alcanzar un mejor control glucémico sin aumentar el riesgo de hipoglucemia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Por último, hubo &lt;b&gt;una cuarta ponencia de la Dra. Cheng sobre dónde iban a estar posicionados los arGLP-1 no peptídicos en los algoritmos. Comenzaba preguntándose cuál es el último objetivo a tener en cuenta con las personas con DM2. Bromeaba diciendo que, en última instancia, es que el paciente sea feliz y, a la vez, debe estar sano y ponérselo fácil.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Posicionándolo dentro del consenso ADA/EASD, la ponente se refería a la facilidad de la que hablaba antes como fácil de tomar, fácil de tolerar, fácil de prescribir y de fácil acceso. &lt;b&gt;Habló primero de SEMA oral, que en sus dosis de DM2 cumple con los cuatro pilares del consenso (control glucémico, control de peso, control de FRCV y protección cardiorrenal). Sin embargo, indicaba que no era sencillo de tomar, no era sencillo de tolerar (discontinuaciones del 4% al 15%) y no tenía un fácil acceso; pero sí era fácil de prescribir.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Así, introdujo el ACHIEVE-3 que comparaba ORFO con SEMA oral añadido a MET. En él, se demostró que ORFO conseguía reducciones de HbA1c del 2,2% para sus dosis más altas frente al 1,4% para SEMA 14 mg. En cuanto al peso, redujo un 9,2% del peso en dosis de ORFO más altas frente al 5,3% con SEMA 14 mg. Además, trajo datos del ACHIEVE-3 en los que se presentaba una mejora en las cifras de PA y de no-HDL muy similares o mayores que el grupo comparador. Con respecto a la parte CV, el ACHIEVE-4 demostró seguridad CV; sin embargo, aún no tenemos datos de superioridad CV, que llegarán con ECA posteriores.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a la facilidad de toma, lo resumió en una frase: &lt;b&gt;«Es más fácil de tomar».&lt;/b&gt; Para ser justos, hizo un repaso a las interacciones conocidas para ORFO sobre el CYP3A4. Veremos qué acaba incluyéndose en la ficha técnica. La tolerancia en el ACHIEVE-3 fue peor para el grupo de ORFO que para SEMA, mostrando más discontinuación en el grupo del estudio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Acabó la ponencia con una diapo que dejaba poco a la imaginación. Traduzco literalmente: &lt;i&gt;&lt;b&gt;«Tratamiento antihiperglucemiante oral más eficaz para la reducción de glucosa y peso, con una seguridad comparable y una tolerabilidad similar o peor que otras terapias basadas en GLP-1, y sin restricciones de comida ni agua. Seguridad cardiovascular demostrada, aunque sigue en marcha un gran estudio de resultados cardiovasculares».&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;Y, acabando con la pregunta que se hacía al principio, ¿dónde se posicionará en las GPC? No lo sabemos, pero la Dra. Cheng le augura una buena posición en el tratamiento temprano y prevé que aumentará el uso de arGLP-1 en las personas con DM2&lt;/b&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Mucho por venir....&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgrJS5Senivi0-7LN9CHz1KyIz9lJCshJMZrdp8A0g8RE8kgJY5LpWu-Ou7bdJEm9onWelh_z2bDe4Z0T_-GAG0z2dI_aRVwBw-VmOoHPDZM6-4TJAs25lwSu36Jdzyjxve0ge37Hx50wTbIEI59-ox7-Ry7NhjvW9jfYUvXB91cuW3_2BDNoSK2uraKRY/s2752/Orforglipron_para_Diabetes_Tipo_2.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgrJS5Senivi0-7LN9CHz1KyIz9lJCshJMZrdp8A0g8RE8kgJY5LpWu-Ou7bdJEm9onWelh_z2bDe4Z0T_-GAG0z2dI_aRVwBw-VmOoHPDZM6-4TJAs25lwSu36Jdzyjxve0ge37Hx50wTbIEI59-ox7-Ry7NhjvW9jfYUvXB91cuW3_2BDNoSK2uraKRY/w640-h358/Orforglipron_para_Diabetes_Tipo_2.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42259339/" target="_blank"&gt;Welch M, Forst T, Jia W, et al. Orforglipron compared with dapagliflozin in adults with type 2 diabetes and inadequate glycaemic control with metformin (ACHIEVE-2): a multicentre, randomised, non-inferiority, open-label, phase 3 trial. Lancet. 2026;0.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42251769/" target="_blank"&gt;Giorgino F, D'Souza S, Ludwig L, Kiyosue A, Ibriga H, Rha H, Denning M, Wu WS, Fernández Landó L, Tobian J. Orforglipron Added to Titrated Insulin Glargine in Type 2 Diabetes: The ACHIEVE-5 Randomized Clinical Trial. JAMA. 2026;e269512. doi:10.1001/jama.2026.9512&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42251769/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41765029/" target="_blank"&gt;Rosenstock J, Yabe D, Cox D, et al. Efficacy and safety of once-daily oral orforglipron compared with oral semaglutide in adults with type 2 diabetes (ACHIEVE-3): a multinational, multicentre, non-inferiority, open-label, randomised, phase 3 trial. Lancet. 2026;407:1147-1160.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjhrerEia6L_cQxza0FfpZ3G9yKcUJ9pNKiMvNaEUaGnT1FQrmhxjtNxIzTclpAHN3twk2cC4YArII7ITXebW1vOnVWOg_xwP7AF4Yh5pCAcAlmXOYjjnYHxlvxhkoe99TSsSAuvz8RM0jPxLEsyMs36iJFfrdq46A9Mpm8UFfTHTgDiLY9N1VVK8odaFA/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2019%20jun%202026,%2022_40_47.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- Preservación de masa magra durante el uso de terapias basadas en GLP1</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-preservacion-de-masa-magra.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>análogos GLP-1</category><category>sarcopenia</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Fri, 19 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-4678537904880444896</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgqPROTisM2BbjBRqJG8STFcLwdcnxZlB7i16NPSBWsk9ekHQnEcEO-J83dD9P2Yx5d4ibJy1iSIkcB0MwGWAsIKsWwwKiNm_lz_xnzMcLRUu7dPdfyPln6ov3ZngnLv-R-CS3mhLjUrIr_1oAHC4i2VcrXRpNq9zdzJt_dmtPDv0rJq_elpEPLuRxLmVc/s1672/ChatGPT%20Image%2017%20jun%202026,%2021_50_37.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgqPROTisM2BbjBRqJG8STFcLwdcnxZlB7i16NPSBWsk9ekHQnEcEO-J83dD9P2Yx5d4ibJy1iSIkcB0MwGWAsIKsWwwKiNm_lz_xnzMcLRUu7dPdfyPln6ov3ZngnLv-R-CS3mhLjUrIr_1oAHC4i2VcrXRpNq9zdzJt_dmtPDv0rJq_elpEPLuRxLmVc/w400-h225/ChatGPT%20Image%2017%20jun%202026,%2021_50_37.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Se trata de una presentación de Ian J. Neeland (el mismo autor del primer artículo), titulada “Preserving Lean Body Mass while on GLP-1-Based Therapies”, fechada el 8 de junio de 2026.&amp;nbsp;&lt;b&gt;El uso de arGLP-1 y de agonistas duales como tirzepatida (TIRZE) está creciendo rápidamente, y gran parte de su seguimiento corresponde a Atención Primaria&lt;/b&gt;. Una de las principales preocupaciones es la&lt;b&gt; calidad de la pérdida de peso conseguida, especialmente el posible impacto sobre la masa muscular.&lt;/b&gt; La conferencia del Dr. Neeland sintetiza la evidencia disponible y traza una hoja de ruta clínica que encaja perfectamente con el papel preventivo y educativo de la Atención Primaria.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La evidencia disponible muestra que &lt;b&gt;toda pérdida de peso, ya sea inducida por dieta, fármacos, cirugía o enfermedad, se acompaña de cierta pérdida de masa magra.&lt;/b&gt; Tradicionalmente se ha estimado que aproximadamente un 25% del peso perdido corresponde a masa libre de grasa, aunque esta proporción es muy variable según las características del paciente, el tratamiento utilizado y las intervenciones sobre el estilo de vida. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-preservacion-de-masa-magra.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La preservación de la masa muscular tiene relevancia clínica y metabólica. Cada kilogramo de músculo perdido reduce el gasto energético basal en unas 13 kcal/día, mientras que cada kilogramo de grasa supone aproximadamente 4 kcal/día. Mantener la masa muscular favorece, por tanto, la pérdida de peso sostenida y ayuda a prevenir la recuperación ponderal.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Un aspecto importante es que la masa magra medida mediante DXA no equivale exclusivamente a músculo, ya que también incluye órganos, hueso y agua corporal. &lt;b&gt;Por ello, una reducción de la masa magra observada en los estudios no implica necesariamente una pérdida significativa de tejido muscular.&lt;/b&gt; Las técnicas más precisas, como la resonancia magnética (RM), permiten valorar directamente el volumen muscular y su calidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Los estudios con RM de liraglutida (subanálisis de Neeland/Pandey) y de TIRZE (SURPASS-3 MRI) muestran que la reducción de volumen muscular es esperable para el grado de pérdida de peso alcanzado y que ambas terapias reducen la infiltración grasa del músculo (mejor calidad muscular), justo lo contrario del aumento de grasa intramuscular que ocurre con el envejecimiento.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Esto importa porque la «composición muscular adversa» (poco volumen muscular + mucha grasa infiltrada) se asocia a mayor mortalidad y comorbilidad cardiometabólica. &lt;b&gt;La mejoría de la calidad muscular reduce la probabilidad de pérdida de fuerza y función&lt;/b&gt;, reforzando la idea de un proceso adaptativo más que perjudicial.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Las estrategias no farmacológicas —especialmente ejercicio de fuerza y adecuada ingesta proteica— son clave para optimizar el tratamiento con arGLP-1.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En condiciones generales se recomiendan 0,8 g/kg/día de proteína, &lt;b&gt;pero en déficit energético moderado pueden requerirse hasta 1,6 g/kg/día para preservar masa magra.&lt;/b&gt; Este efecto se reduce con déficits muy elevados (&amp;gt;40%), donde los aminoácidos se utilizan como energía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La suplementación proteica es especialmente eficaz combinada con entrenamiento de fuerza (estudio de Mertz et al.: la proteína de suero con entrenamiento intenso mejoró el área de sección del cuádriceps y la fuerza).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Relevante con arGLP-1: puede producirse un desplazamiento de las preferencias alimentarias hacia una menor ingesta de proteína de calidad, por lo que conviene reforzar este punto en la consulta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Con la evidencia actual, el balance de los arGLP-1 sobre el músculo es tranquilizador: la pérdida de masa magra es, en su mayor parte, proporcional al peso perdido y se acompaña de una mejor calidad muscular. La tarea de la Atención Primaria es anticiparse: identificar a los pacientes vulnerables a la sarcopenia, recomendar de forma proactiva ejercicio de fuerza y aporte proteico adecuado, y vigilar la función más que el peso de la báscula. El futuro próximo, con combinaciones farmacológicas que preserven o aumenten el músculo, promete hacer aún más sostenible y saludable la pérdida de peso.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Antes de iniciar el tratamiento es recomendable valorar los hábitos alimentarios y el nivel de actividad física, descartar posibles trastornos de la conducta alimentaria (SCOFF o ESP: ≥2, derivar), evaluar la salud mental y estimar el riesgo de sarcopenia u osteopenia, especialmente en personas mayores.&lt;/b&gt; También es importante identificar barreras sociales o económicas que puedan dificultar la adherencia y establecer objetivos realistas y consensuados con el paciente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Qué hacer con la dieta&lt;/b&gt; durante el tratamiento:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;ul style="text-align: left;"&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;b&gt;Priorizar la densidad nutricional sobre las calorías.&lt;/b&gt; Fomentar frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, lácteos, proteína magra, frutos secos y aceites saludables. Minimizar carbohidratos refinados, azúcares, bebidas azucaradas, carnes procesadas, ultraprocesados y alcohol.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;b&gt;Proteína suficiente. &lt;/b&gt;Durante la fase de pérdida: 1,2-1,5 g/kg/día (o ~25-30% de la energía en una dieta de 1600 kcal, u 80-120 g/día). En mantenimiento: ≥0,8 g/kg/día, algo más en mayores. Consumir la proteína primero en la comida si hay poco apetito.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;La proteína sola no basta: &lt;b&gt;debe acompañarse de entrenamiento de fuerza &lt;/b&gt;(≥2-3 sesiones/semana) más ≥150 min/semana de actividad aeróbica para preservar músculo y hueso.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;b&gt;Comidas pequeñas y frecuentes&lt;/b&gt;, a horas regulares, evitando ayunos prolongados que favorecen la reganancia de hambre y los antojos de azúcar y refinados.&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;b&gt;Hidratación adecuada &lt;/b&gt;(2-4 L/día) y fibra (≥25 g en mujeres, ≥30 g en hombres, ≥35 g en diabetes).&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Considerar suplementos (vitamina D, calcio, vitamina B12 o multivitamínico) si la ingesta es muy baja (&amp;lt;1200 kcal en mujeres, &amp;lt;1800 kcal en hombres).&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;Los efectos digestivos son frecuentes, especialmente al inicio del tratamiento. Las náuseas suelen mejorar con comidas pequeñas y frecuentes y evitando alimentos grasos; el estreñimiento responde habitualmente al aumento de fibra, líquidos y actividad física; y la diarrea puede controlarse limitando las comidas copiosas o ricas en grasas. &lt;b&gt;En todos los casos es importante vigilar el riesgo de deshidratación.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Tras la suspensión del tratamiento, mantener los hábitos dietéticos y de actividad física adquiridos es esencial para reducir la recuperación ponderal.&lt;/b&gt; El apoyo conductual continuado y, cuando sea posible, la colaboración con dietistas-nutricionistas pueden contribuir de forma significativa a consolidar los resultados obtenidos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En definitiva, los GLP-1 son un excelente adyuvante para el tratamiento de la obesidad, pero no sustituyen los pilares fundamentales del manejo a largo plazo: una alimentación saludable, el ejercicio —especialmente el entrenamiento de fuerza— y un seguimiento continuado e individualizado desde Atención Primaria.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgI9H1NMcYzp01_Ml85pMISS68k_2gvz-6QciCOQy4RADjjPRgKksO9gTZ5KKMNC0STukWlYFctnjvmLQVWP0TUPjJ6o-gu3QXWzl82C9X6gTF8rzySnFvumg3_Y0A5kM-0wTnVkjb3-afBrYjo2WdeSbSl2H-H2CfBmwZDX4a6wPkMDoBjD0lxJ8_Hias/s2190/Captura%20de%20pantalla%202026-06-17%20a%20las%2021.43.44.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1228" data-original-width="2190" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgI9H1NMcYzp01_Ml85pMISS68k_2gvz-6QciCOQy4RADjjPRgKksO9gTZ5KKMNC0STukWlYFctnjvmLQVWP0TUPjJ6o-gu3QXWzl82C9X6gTF8rzySnFvumg3_Y0A5kM-0wTnVkjb3-afBrYjo2WdeSbSl2H-H2CfBmwZDX4a6wPkMDoBjD0lxJ8_Hias/w640-h358/Captura%20de%20pantalla%202026-06-17%20a%20las%2021.43.44.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjKt1sO16K4179AbJXcPjzGb0WgdArXuiacyP4h5teuN5h7qgfML96Rz2h4BwXt1flZgdnKlQbzJ9cltbcch_qIFAzS4E7lAab7iIuwiliTbZ1teo_mfcv2pIxDoQYIlDXRNjQzMyiMSxudRg-BgwoeKYzAKTKlkTCsSrBPViP3J-8afClVsxgQ0dsaM8k/s1952/Captura%20de%20pantalla%202026-06-17%20a%20las%2021.44.08.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1850" data-original-width="1952" height="606" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjKt1sO16K4179AbJXcPjzGb0WgdArXuiacyP4h5teuN5h7qgfML96Rz2h4BwXt1flZgdnKlQbzJ9cltbcch_qIFAzS4E7lAab7iIuwiliTbZ1teo_mfcv2pIxDoQYIlDXRNjQzMyiMSxudRg-BgwoeKYzAKTKlkTCsSrBPViP3J-8afClVsxgQ0dsaM8k/w640-h606/Captura%20de%20pantalla%202026-06-17%20a%20las%2021.44.08.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38937282/" target="_blank"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38937282/" target="_blank"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38937282/" target="_blank"&gt;Neeland IJ, Linge J, Birkenfeld AL. Changes in lean body mass with glucagon-like peptide-1-based therapies and mitigation strategies. Diabetes Obes Metab. 2024;26(Supl. 4):16-27. doi:10.1111/dom.15614.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38990027/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40658429/" target="_blank"&gt;Mehrtash F, Dushay J, Manson JE. I am taking a GLP-1 weight-loss medication—what should I know? JAMA Intern Med. 2025;185(9):1180. doi:10.1001/jamainternmed.2025.2086.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40445127/" target="_blank"&gt;&lt;br /&gt;Mozaffarian D, Agarwal M, Aggarwal M, et al. Nutritional priorities to support GLP-1 therapy for obesity: A joint advisory from the American College of Lifestyle Medicine, the American Society for Nutrition, the Obesity Medicine Association, and The Obesity Society. Obesity (Silver Spring). 2025;33(8):1475-1503. doi:10.1002/oby.24249.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40421897/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41502845/" target="_blank"&gt;Sievenpiper JL, Ard J, Blüher M, Chen W, Dixon JB, Fitch A, et al. Nutritional and lifestyle supportive care recommendations for management of obesity with GLP-1-based therapies: An expert consensus statement using a modified Delphi approach. Obes Pillars. 2025;17:100228. doi:10.1016/j.obpill.2025.100228.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgqPROTisM2BbjBRqJG8STFcLwdcnxZlB7i16NPSBWsk9ekHQnEcEO-J83dD9P2Yx5d4ibJy1iSIkcB0MwGWAsIKsWwwKiNm_lz_xnzMcLRUu7dPdfyPln6ov3ZngnLv-R-CS3mhLjUrIr_1oAHC4i2VcrXRpNq9zdzJt_dmtPDv0rJq_elpEPLuRxLmVc/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2017%20jun%202026,%2021_50_37.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- La amilina reclama protagonismo: la nueva frontera en el tratamiento de la diabetes y la obesidad</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-la-amilina-reclama.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>análogo de amilina</category><category>obesidad</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Thu, 18 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-4414421230387127902</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgXGkVV5vq_RCQrHFwyU2qUs8XoR0wHWMLwypcariZGnDf79dd9D6bwYCSCRs0AsCqSJA3QanURk3iHmOH8UxBSXW7j7Phl8DckfKhBXeElIObu8qwaDwVnGeBbe9OZmaAwm46AOsi1EKOBGd1xP3gpvNGaU8S9cfSnPLbrcXXDiTMUpjizBRpu5EBgpDw/s1672/La%20amilina%20reclama%20protagonismo..png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgXGkVV5vq_RCQrHFwyU2qUs8XoR0wHWMLwypcariZGnDf79dd9D6bwYCSCRs0AsCqSJA3QanURk3iHmOH8UxBSXW7j7Phl8DckfKhBXeElIObu8qwaDwVnGeBbe9OZmaAwm46AOsi1EKOBGd1xP3gpvNGaU8S9cfSnPLbrcXXDiTMUpjizBRpu5EBgpDw/w400-h225/La%20amilina%20reclama%20protagonismo..png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Enrique Carretero Anibarro (@Enriq_Carretero)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los últimos años, el tratamiento de la obesidad se ha centrado en los arGLP1 y las terapias incretínicas combinadas. Sin embargo, en los últimos tiempos ha emergido una nueva vía terapéutica: &lt;b&gt;la amilina, que podría convertirse en un componente clave de la próxima generación de tratamientos para la DM2 y la obesidad.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La amilina es una hormona peptídica producida por las células beta pancreáticas y secretada conjuntamente con la insulina (INS) en respuesta a la ingesta de alimentos&lt;/b&gt;. Su papel fisiológico es complementar la acción de la INS mediante varios mecanismos: ralentiza el vaciamiento gástrico, disminuye la secreción posprandial de glucagón y actúa sobre centros cerebrales implicados en la regulación del apetito y la saciedad. &lt;b&gt;En condiciones normales, contribuye al control de la glucemia y a la regulación del balance energético. Sin embargo, en pacientes con DM1 y en estadios avanzados de DM2 existe un déficit relativo o absoluto de amilina, lo que favorece alteraciones del control glucémico y del comportamiento alimentario. &lt;/b&gt;Además, parece asociarse a una menor incidencia de náuseas y vómitos que algunos arGLP-1, lo que podría traducirse en una mejor tolerabilidad para determinados pacientes. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-la-amilina-reclama.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La primera formulación clínica de esta vía fue la pramlintida, un análogo de amilina aprobado hace años como tratamiento complementario a la INS. Aunque demostró beneficios en el control glucémico y produjo reducciones modestas del peso corporal, su utilización fue limitada debido a la necesidad de múltiples inyecciones y a la baja adherencia terapéutica. No obstante, &lt;b&gt;la experiencia acumulada con pramlintida confirmó que la activación del receptor de amilina constituye una estrategia eficaz para mejorar parámetros metabólicos relevantes&lt;/b&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Insistiendo en este camino, se han conseguido desarrollar nuevos agonistas de acción prolongada capaces de superar muchas de las limitaciones previas. Estos nuevos fármacos muestran perfiles farmacocinéticos más favorables, administraciones semanales y generan una activación sostenida de las vías centrales de saciedad. Diversos estudios están evaluando estos compuestos tanto en monoterapia como en combinación con agonistas de otros receptores metabólicos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Además, la evidencia actual demuestra que los efectos de la amilina y los de los arGLP-1 son complementarios más que redundantes. Ambas hormonas participan en la señalización de la saciedad, pero actúan mediante circuitos fisiológicos parcialmente diferentes&lt;/b&gt;. Esta complementariedad ha impulsado el desarrollo de estrategias combinadas capaces de potenciar la pérdida de peso y mejorar simultáneamente el control glucémico. &lt;b&gt;Los datos procedentes del programa REDEFINE sugieren que la adición de un agonista amilínico a semaglutida permite obtener reducciones de peso superiores a las alcanzadas con GLP-1 en monoterapia sin incrementar significativamente los efectos adversos gastrointestinales.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Entre estos nuevos agonistas duales que combinan en una única molécula actividad sobre los receptores de GLP-1 y amilina destaca &lt;b&gt;amycretin,&lt;/b&gt; también denominado zenagamtide. &lt;b&gt;Los resultados clínicos indican reducciones de peso muy importantes, junto con mejorías significativas del control glucémico en personas con DM2.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;También es destacable la importancia de la amilina en el contexto de la medicina personalizada, ya que sabemos que no todos los pacientes responden de igual manera a los tratamientos incretínicos. &lt;b&gt;La disponibilidad futura de agonistas amilínicos en monoterapia o en combinación podría ampliar las opciones terapéuticas y permitir una selección más individualizada &lt;/b&gt;según las características clínicas, el perfil metabólico y la tolerabilidad de cada persona.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Pero no es oro todo lo que reluce; &lt;b&gt;aún quedan interrogantes por resolver. Será necesario definir el papel exacto de los agonistas amilínicos frente a los arGLP-1, los agonistas duales GIP/GLP-1 y los futuros agonistas múltiples. También será importante evaluar su seguridad a largo plazo, su impacto cardiovascular, renal y hepático, así como su coste-efectividad en la práctica clínica real. Sin embargo, el consenso general parece ser que la amilina ha dejado de ser una vía terapéutica secundaria para convertirse en uno de los pilares más prometedores del desarrollo farmacológico en obesidad y DM.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Nos quedamos con un mensaje claro: la próxima revolución en el tratamiento de la obesidad y la DM podría no depender exclusivamente de las incretinas. La amilina, una hormona conocida desde hace décadas, pero relativamente infrautilizada, está resurgiendo como una herramienta terapéutica de gran interés. Los nuevos agonistas de acción prolongada y las moléculas duales GLP-1/amilina podrían ampliar significativamente las opciones disponibles en los próximos años y contribuir a una atención más eficaz y personalizada de los pacientes con enfermedad metabólica.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEif3FdY02BEuTTqVJFEF0BA6RIhVCxZwaK0OC5iFs3pi7bvY7fWM9RwH_ham4tPqE4asOGOxVQPyRT-FDekZPnfxr-G-oqs7_f3x79kfp0E5FAhumefWSzI3lklX5jruBm9o1P8HfLXvzqFVQbYaR0d26rtBTvcxwOH7TXDZL6PnXi3UI-1N91QzDzE8Tc/s2752/Amilina_contra_Diabetes_y_Obesidad.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEif3FdY02BEuTTqVJFEF0BA6RIhVCxZwaK0OC5iFs3pi7bvY7fWM9RwH_ham4tPqE4asOGOxVQPyRT-FDekZPnfxr-G-oqs7_f3x79kfp0E5FAhumefWSzI3lklX5jruBm9o1P8HfLXvzqFVQbYaR0d26rtBTvcxwOH7TXDZL6PnXi3UI-1N91QzDzE8Tc/w640-h358/Amilina_contra_Diabetes_y_Obesidad.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40544432/" target="_blank"&gt;Davies MJ, Bajaj HS, Broholm C, et al. Cagrilintide-semaglutide in adults with overweight or obesity and type 2 diabetes. N Engl J Med. 2025. doi:10.1056/NEJMoa2502082.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgXGkVV5vq_RCQrHFwyU2qUs8XoR0wHWMLwypcariZGnDf79dd9D6bwYCSCRs0AsCqSJA3QanURk3iHmOH8UxBSXW7j7Phl8DckfKhBXeElIObu8qwaDwVnGeBbe9OZmaAwm46AOsi1EKOBGd1xP3gpvNGaU8S9cfSnPLbrcXXDiTMUpjizBRpu5EBgpDw/s72-w400-h225-c/La%20amilina%20reclama%20protagonismo..png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- Consecuencias metabólicas de los tratamientos de cáncer</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-consecuencias-metabolicas-de.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>cáncer</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Wed, 17 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-5274875258941753422</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHFMtm1qfT4qPbJBKCksFOSbRrzMVDmGHbeRMtg1f6hAl3mHhbEwES5ndFRUbJbUKy_2IUEfDtTDIjAAlPh41nQ9R9y12T-7w9EdYPhAO5MdxG6KVWHLzcKC9qeZnLn_y_qZez1E-9awZwMI2RPeVS2C_LQMjj7_W7e-gslFZRgujQTruv9GCO-0PbYfE/s1672/ChatGPT%20Image%2015%20jun%202026,%2022_23_32.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHFMtm1qfT4qPbJBKCksFOSbRrzMVDmGHbeRMtg1f6hAl3mHhbEwES5ndFRUbJbUKy_2IUEfDtTDIjAAlPh41nQ9R9y12T-7w9EdYPhAO5MdxG6KVWHLzcKC9qeZnLn_y_qZez1E-9awZwMI2RPeVS2C_LQMjj7_W7e-gslFZRgujQTruv9GCO-0PbYfE/w400-h225/ChatGPT%20Image%2015%20jun%202026,%2022_23_32.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La ponencia de la Dra. Sonali Toshani, profesora asociada del MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas, comenzó recordando que &lt;b&gt;obesidad, inflamación crónica y resistencia a la insulina (INS) constituyen mecanismos patogénicos comunes a ambas enfermedades&lt;/b&gt;. La &lt;b&gt;hiperinsulinemia y la hiperglucemia generan un entorno metabólico que favorece el crecimiento tumoral, mientras que el propio cáncer y sus tratamientos pueden desencadenar alteraciones metabólicas significativas.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Hasta el 50% de quienes reciben tratamiento sistémico contra el cáncer desarrollan hiperglucemia, situación que puede comprometer la continuidad del tratamiento oncológico, obligar a reducir dosis e incrementar el riesgo de infecciones, sepsis, hospitalizaciones no programadas o emergencias hiperglucémicas&lt;/b&gt;. Además, la enfermedad cardiovascular constituye la principal causa de muerte en pacientes con diabetes y cáncer, lo que añade complejidad al manejo clínico.&lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-consecuencias-metabolicas-de.html" target="_blank"&gt; (Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los datos epidemiológicos refuerzan esta relación bidireccional. Un estudio coreano con cerca de 500.000 participantes demostró que &lt;b&gt;los pacientes con cáncer presentaban un riesgo significativamente mayor de desarrollar diabetes durante el seguimiento&lt;/b&gt;. Otros trabajos mostraron que el diagnóstico de &lt;b&gt;diabetes se multiplicaba por 2,5 durante el primer año tras el diagnóstico oncológico.&lt;/b&gt; Además, en una cohorte de 7.300 pacientes sin diabetes previa, el 23% desarrolló diabetes o prediabetes tras el diagnóstico de cáncer, circunstancia que se asoció con una peor supervivencia global.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La resistencia a la INS parece desempeñar un papel central. &lt;/b&gt;Un metaanálisis danés que incluyó 15 estudios con pinzamiento euglucémico demostró que la captación media de glucosa estimulada por INS era de 7,5 mg/kg/min en sujetos sanos, frente a 4,7 mg/kg/min en pacientes con cáncer sin diabetes, una resistencia a la INS comparable o incluso superior a la observada en personas con DM2.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Recordó que el tratamiento quirúrgico del cáncer puede condicionar alteraciones endocrino-metabólicas relevantes. Así, la pancreatectomía parcial o total puede desarrollar una deficiencia parcial o completa de INS, acompañada de insuficiencia exocrina pancreática. La nefrectomía (carcinoma renal) incrementa el riesgo de enfermedad renal crónica, una situación estrechamente relacionada con la resistencia a la INS. La gastrectomía total (cáncer gástrico) puede presentar hipoglucemias posprandiales similares a las descritas tras algunas técnicas de cirugía bariátrica.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;El mensaje más relevante fue comprender que muchas de estas complicaciones metabólicas son consecuencia directa de los tratamientos oncológicos.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Los corticoides, ampliamente utilizados en oncología, inducen hiperglucemia al disminuir la sensibilidad a la INS, aumentar la gluconeogénesis hepática e inhibir la secreción pancreática de INS.&lt;/b&gt; Hasta el 56-86% de los pacientes hospitalizados que reciben corticoides presentan elevaciones glucémicas, incluso sin antecedentes previos de diabetes. Las guías recomiendan monitorizar estrechamente la glucosa, especialmente en pacientes con diabetes conocida o cuando se emplean dosis equivalentes a más de 20 mg de prednisona.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Los inhibidores de puntos de control inmunitario: &lt;/b&gt;la diabetes inducida por estos tratamientos es poco frecuente (incidencia del 0,5-1,4%), pero reviste una gran gravedad. El 90% de los pacientes debuta con cetoacidosis diabética (CAD) y más de la mitad presenta autoanticuerpos pancreáticos, especialmente GAD-65. &lt;b&gt;La destrucción de las células beta es irreversible y obliga a instaurar insulinoterapia de por vida.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los &lt;b&gt;análogos de somatostatina&lt;/b&gt;: la hiperglucemia suele aparecer durante los primeros meses de tratamiento y puede afectar hasta al 73% de los pacientes, por un potente efecto inhibidor sobre GLP-1 y GIP.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los &lt;b&gt;inhibidores de PI3 quinasa:&lt;/b&gt; hasta el 60% de los pacientes desarrolla hiperglucemia, mientras que un 36% presenta hiperglucemia grave, con glucemias en ayunas entre 250 y 500 mg/dL. La mediana de aparición es de apenas 13 días y estos tratamientos se asocian con una odds ratio de 9,8 para desarrollar CAD.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los &lt;b&gt;inhibidores de mTOR&lt;/b&gt;: hasta el 71% de los pacientes desarrolla hipertrigliceridemia y el 76% hipercolesterolemia, aumentando el riesgo de pancreatitis potencialmente mortal. Afortunadamente, &lt;b&gt;estas alteraciones suelen revertir tras la suspensión del tratamiento.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Los nuevos &lt;b&gt;inhibidores de AKT&lt;/b&gt; se asocian con hiperglucemia en hasta el 16,3% de los pacientes, y aproximadamente el 0,6% desarrolla CAD potencialmente mortal. &lt;b&gt;Algunos pacientes llegan a requerir dosis extraordinariamente elevadas de INS intravenosa, superiores a 130 unidades por hora, debido a una resistencia extrema a la INS.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Pero incluso después de finalizar el tratamiento oncológico, el riesgo persiste. &lt;b&gt;Hasta el 39% de los supervivientes expuestos a quimioterapia y radioterapia, y entre el 31 y el 53% de quienes reciben trasplante de progenitores hematopoyéticos, desarrollan síndrome metabólico. &lt;/b&gt;En esta población, la dislipidemia puede alcanzar el 80%, mientras que el riesgo de eventos cardiovasculares aumenta casi cuatro veces (OR 3,69). En pacientes que han recibido irradiación corporal total observamos obesidad sarcopénica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Pasó a revisar la &lt;b&gt;caquexia asociada al cáncer&lt;/b&gt;, que se caracteriza por una pérdida importante de peso, desgaste muscular y pérdida del apetito. La progresión de la caquexia está impulsada por la inflamación y por alteraciones metabólicas profundas, como son un aumento del gasto energético, un incremento del catabolismo y un empeoramiento de la resistencia a la INS, existiendo un aumento de la gluconeogénesis hepática. Es una condición muy compleja de tratar y requiere un abordaje multimodal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La Dra. Sonali Toshani destacó que, &lt;b&gt;por primera vez, los Estándares de Atención de la Asociación Americana de Diabetes (ADA) 2026 incorporan una sección específica dedicada a la diabetes inducida por terapias oncológicas.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La ponencia concluyó con tres mensajes que considero fundamentales:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;ol style="text-align: left;"&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;El cribado de las complicaciones metabólicas debe ser proactivo y adaptado al tipo de tratamiento recibido.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;El manejo de la hiperglucemia debe individualizarse según el mecanismo fisiopatológico responsable.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;Endocrinólogos, oncólogos y (opinión personal) médicos de atención primaria debemos trabajar de manera coordinada para ofrecer una atención verdaderamente integral.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ol&gt;&lt;b&gt;Después de escuchar esta revisión, me quedó una idea muy clara: el éxito del tratamiento oncológico no depende únicamente del control del tumor. Identificar precozmente las complicaciones metabólicas y abordarlas adecuadamente puede marcar la diferencia en la calidad de vida, la supervivencia y el pronóstico cardiovascular de nuestros pacientes.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense y cuiden a los que quieren.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHsdLGkeYdwacmJriaHkYoFLUhEbVX2gwJ3p-kaQwvoyLlpgsUvmS3_agzRwqjD1x4A1UR-YEoOzRAWFnQJ-iMyvnJOu7DX42VvZiXVNyHxI9gWGU3tJiIfEfIQdd1nPjp1bw5_EMmIS4l8ImfDo5kB3zNzyLyWcoweaEEP0p1-R_agv4DcibAVaphIl0/s1536/Unknown.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1024" data-original-width="1536" height="426" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHsdLGkeYdwacmJriaHkYoFLUhEbVX2gwJ3p-kaQwvoyLlpgsUvmS3_agzRwqjD1x4A1UR-YEoOzRAWFnQJ-iMyvnJOu7DX42VvZiXVNyHxI9gWGU3tJiIfEfIQdd1nPjp1bw5_EMmIS4l8ImfDo5kB3zNzyLyWcoweaEEP0p1-R_agv4DcibAVaphIl0/w640-h426/Unknown.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;Ponencia de la Dra. Sonali Thosani. Managing diabetes across the cancer continuum: From treatment to survivorship. 86.ª Sesiones Científicas de la Asociación Americana de Diabetes (ADA), 8 de junio de 2026.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHFMtm1qfT4qPbJBKCksFOSbRrzMVDmGHbeRMtg1f6hAl3mHhbEwES5ndFRUbJbUKy_2IUEfDtTDIjAAlPh41nQ9R9y12T-7w9EdYPhAO5MdxG6KVWHLzcKC9qeZnLn_y_qZez1E-9awZwMI2RPeVS2C_LQMjj7_W7e-gslFZRgujQTruv9GCO-0PbYfE/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2015%20jun%202026,%2022_23_32.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- Retatrutida, el triple agonista que conecta diabetes y obesidad</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-retatrutida-el-triple-agonista.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>obesidad</category><category>Retatrutide</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Tue, 16 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-7145160498435135478</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiqB_hYnnOm_LXUN12YEcSSvLUXyIq4igAlPo1i2M4Awj05rEhT4KdkmRoqyRvdrshKTwRNaUPSPLk6qug1yE2HfElfUnFRJnpndiPYf58_EfibWF-EymKoKyR9_9725gRjSl0VMoMsCeD0y52OYoC4TQRmSUZF8VBdlSYQHYxS7UV1Inbir_dKvxCfNOc/s1672/ChatGPT%20Image%2015%20jun%202026,%2021_57_48.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiqB_hYnnOm_LXUN12YEcSSvLUXyIq4igAlPo1i2M4Awj05rEhT4KdkmRoqyRvdrshKTwRNaUPSPLk6qug1yE2HfElfUnFRJnpndiPYf58_EfibWF-EymKoKyR9_9725gRjSl0VMoMsCeD0y52OYoC4TQRmSUZF8VBdlSYQHYxS7UV1Inbir_dKvxCfNOc/w400-h225/ChatGPT%20Image%2015%20jun%202026,%2021_57_48.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;Comentario del Dr. Joan Barrot de la Puente (@JoanBarrot)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;La ADA 2026 ha situado a la retatrutida como una de las moléculas más llamativas de la nueva generación incretínica.&lt;/b&gt; Su interés no procede solo de la &lt;b&gt;intensidad de la pérdida ponderal, sino de la posibilidad de unir en una misma estrategia terapéutica el control glucémico, el abordaje del peso y la mejora de factores de riesgo cardiometabólico&lt;/b&gt;. Los datos del programa TRANSCEND-T2D-1, en DM2 precoz, y de TRIUMPH-1, en obesidad o sobrepeso sin diabetes, permiten leer la misma idea desde dos escenarios clínicos distintos: &lt;b&gt;el agonismo triple GIP, GLP-1 y glucagón podría redefinir qué esperamos de los tratamientos metabólicos en los próximos años.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuando observo el panorama terapéutico actual de la DM2, tengo la sensación de haber entrado en una etapa distinta. La retatrutida es un agonista triple sobre los receptores de GIP, GLP-1 y glucagón. La incorporación de un ácido graso diácido C-20 favorece la unión a la albúmina y prolonga su semivida hasta unos seis días, lo que permite su administración por vía subcutánea una vez por semana. &lt;b&gt;La novedad conceptual reside en la incorporación del componente glucagón: a la mejora glucémica y la reducción ponderal propias de los incretínicos se le suma un efecto sobre el apetito, el metabolismo hepático y el gasto energético. Era una pieza que faltaba, porque en las personas con diabetes la pérdida de peso que conseguimos con los fármacos disponibles suele ser menor que en quienes no la padecen. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-retatrutida-el-triple-agonista.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El &lt;b&gt;TRANSCEND-T2D-1&lt;/b&gt; es un ensayo fase 3, doble ciego, de 40 semanas, realizado en 537 (55% mujeres) adultos con una DM2 de unos 2,5 años de evolución, no controlada con dieta y ejercicio y sin tratamiento farmacológico previo. Se aleatorizaron a placebo o a r&lt;b&gt;etatrutida 4, 9 o 12 mg semanales. Los resultados me parecen contundentes. La HbA1c descendió hasta cerca de 1,9%, partiendo de 7,9% de base, situándose entre el 5,9% y el 6,2%, frente al ~7,2% del placebo&lt;/b&gt;. Hasta el 85% de los tratados alcanzó una HbA1c ≤6,5% y un 46% entró en rango de normoglucemia (&amp;lt;5,7%). &lt;b&gt;En peso, la reducción media llegó al 16,8% —alrededor de 16,6 kg—, sin meseta a las 40 semanas. Y, lo que clínicamente más interesa: hasta el 64% logró de forma simultánea una HbA1c ≤6,5% y una pérdida ponderal ≥10%.&lt;/b&gt; A ello se sumaron mejoras en perímetro de cintura, presión arterial (hasta 12,3 mmHg) y perfil lipídico (reducciones de TG del 41% y del colesterol no-HDL del 24%).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a la seguridad, los efectos adversos fueron mayoritariamente gastrointestinales —náuseas, diarrea y vómitos—, leves o moderados y concentrados en la fase de escalado de dosis, en consonancia con otras terapias basadas en incretinas. No se registraron hipoglucemias graves. Los autores concluyen que, de aprobarse, la retatrutida podría plantearse como monoterapia de primera línea en la DM2 precoz, ofreciendo control glucémico, pérdida de peso clínicamente relevante y mejoría de los factores de riesgo cardiovascular sin hipoglucemias graves. &lt;b&gt;Quedará por confirmar la durabilidad de estos hallazgos a más largo plazo y en poblaciones más amplias, pero el mensaje es esperanzador: controlar la glucemia y el peso han dejado de ser objetivos separados.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;La retatrutida actúa como agonista triple de los receptores de GIP, GLP-1 y glucagón, con un agonismo especialmente potente sobre el receptor de GIP -unas 8,9 veces el del ligando nativo- y una actividad más equilibrada sobre los de GLP-1 y glucagón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;TRIUMPH-1&lt;/b&gt; es un ensayo fase 3, multicéntrico (13 países), doble ciego y controlado con placebo, que incluyó a 2.339 adultos con obesidad o sobrepeso sin DM2, tratados durante 80 semanas, con una extensión preespecificada hasta las 104 semanas en quienes partían de un IMC ≥35 kg/m². &lt;b&gt;Según los resultados preliminares («topline») comunicados por el promotor, con la dosis de 12 mg la pérdida de peso media fue del 28,3% (-31,9 kg) frente a un 2,2% con placebo; la dosis de 4 mg, alcanzada con un único escalado, ya logró un 19% (-21,4 kg), y la extensión a 104 semanas alcanzó hasta el 30,3% (-38,5 kg)&lt;/b&gt;. &lt;b&gt;Hasta el 45,3% de los tratados con 12 mg consiguió una pérdida ≥30% (magnitud habitualmente asociada a la cirugía bariátrica), y el 65,3% bajó de un IMC de 30 kg/m², saliendo del rango de obesidad&lt;/b&gt;. Se describieron además mejorías en colesterol no-HDL, triglicéridos y presión arterial sistólica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Incluye subestudios de apnea obstructiva del sueño moderada-grave (OSA) y artrosis de rodilla (OA). En cuanto a la seguridad, los efectos adversos fueron mayoritariamente gastrointestinales (náuseas, diarrea, estreñimiento y vómitos), en consonancia con la clase.&lt;b&gt; Las tasas de discontinuación por efectos adversos oscilaron entre el 4,1% y el 11,3% según la dosis, frente al 4,9% del placebo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;Creo que estos datos sitúan a la retatrutida en un nivel de eficacia sobre el peso difícil de igualar con las opciones farmacológicas actuales. Conviene, no obstante, una cautela importante: las cifras de eficacia proceden de una nota de prensa y no de una publicación revisada por pares; la referencia de Diabetes, Obesity and Metabolism corresponde al diseño del ensayo. Cuando se publiquen los resultados completos habrá que actualizar las cifras y la cita, y quedará por confirmar la durabilidad del efecto y los desenlaces cardiovasculares a largo plazo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEine4IwkYRiyhyN7_60t5N3-B71rg0As4gtl4UISooPCPhydc0N8QZs7XiyEkC6G5x_Chf9l4BUwBKApH0ErKZfub9oqf1tayzcx2fjU-jUWcwQvr5ssjTDqjQl9_e_izhYpHss4okOfs0knzjGKZOgaIvL18QNOmMWSzEGJ1vmHLLZhBGpJFdgOdFSy1M/s2212/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.37.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEine4IwkYRiyhyN7_60t5N3-B71rg0As4gtl4UISooPCPhydc0N8QZs7XiyEkC6G5x_Chf9l4BUwBKApH0ErKZfub9oqf1tayzcx2fjU-jUWcwQvr5ssjTDqjQl9_e_izhYpHss4okOfs0knzjGKZOgaIvL18QNOmMWSzEGJ1vmHLLZhBGpJFdgOdFSy1M/s2212/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.37.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEizoC1z0vBUtG7dLPXo1LtyqiWZY5J3fb1q4efT-2jtugPMxliXWt_FcDdzW9dPZezGHtXSlNz2oaPSPTSObVeOsm3kh9g6kKd0qPq_4j0R15rJqS3JoVXF0R9apE0j51oIOcTbJ5WrolIiUiv2pTEgE8VIH7tQ4H_ROpPtHToqtqJFlKXBkuDambTDmPs/s2216/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.28.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEizoC1z0vBUtG7dLPXo1LtyqiWZY5J3fb1q4efT-2jtugPMxliXWt_FcDdzW9dPZezGHtXSlNz2oaPSPTSObVeOsm3kh9g6kKd0qPq_4j0R15rJqS3JoVXF0R9apE0j51oIOcTbJ5WrolIiUiv2pTEgE8VIH7tQ4H_ROpPtHToqtqJFlKXBkuDambTDmPs/s2216/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.28.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg_vJ8xBgXhAOZZNqgAyuY41d6TQKm2VdqGl-0q90gSAa0JAqyb-JA05BQ1q3IC6CFtXjCjslTo1JXwgUOEEVRvCIPN-NLSffZ7JIn3GX5WKPALJxKoT_56IC966OsB5VPhiUWEeZjpc7PRBSpThI6zxitMaKecR-oDLFQYKK0Ly9OoietEixiFc3hCO8Y/s2212/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.19.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1246" data-original-width="2212" height="360" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg_vJ8xBgXhAOZZNqgAyuY41d6TQKm2VdqGl-0q90gSAa0JAqyb-JA05BQ1q3IC6CFtXjCjslTo1JXwgUOEEVRvCIPN-NLSffZ7JIn3GX5WKPALJxKoT_56IC966OsB5VPhiUWEeZjpc7PRBSpThI6zxitMaKecR-oDLFQYKK0Ly9OoietEixiFc3hCO8Y/w640-h360/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.19.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1248" data-original-width="2216" height="360" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEizoC1z0vBUtG7dLPXo1LtyqiWZY5J3fb1q4efT-2jtugPMxliXWt_FcDdzW9dPZezGHtXSlNz2oaPSPTSObVeOsm3kh9g6kKd0qPq_4j0R15rJqS3JoVXF0R9apE0j51oIOcTbJ5WrolIiUiv2pTEgE8VIH7tQ4H_ROpPtHToqtqJFlKXBkuDambTDmPs/w640-h360/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.28.png" width="640" /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgHL6olYG6Il5oTNdzF7HZR7JXbD9EztzuoohnIuKSB95lbDO2KwSRHO-xP3yrz82b-376e83vf3Mlkpm2GDozjOIvQbVQ-Vp0QLeg92llyo4ADhxysIP5bJO475fhCv0CpA_VUNICstqdJb_JQm5DP1pRz7QjArVKFyFyi-tMz7zUnYR0CcxCEIi4yhyY/s2214/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.44.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1244" data-original-width="2212" height="360" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEine4IwkYRiyhyN7_60t5N3-B71rg0As4gtl4UISooPCPhydc0N8QZs7XiyEkC6G5x_Chf9l4BUwBKApH0ErKZfub9oqf1tayzcx2fjU-jUWcwQvr5ssjTDqjQl9_e_izhYpHss4okOfs0knzjGKZOgaIvL18QNOmMWSzEGJ1vmHLLZhBGpJFdgOdFSy1M/w640-h360/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.37.png" width="640" /&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1246" data-original-width="2214" height="360" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgHL6olYG6Il5oTNdzF7HZR7JXbD9EztzuoohnIuKSB95lbDO2KwSRHO-xP3yrz82b-376e83vf3Mlkpm2GDozjOIvQbVQ-Vp0QLeg92llyo4ADhxysIP5bJO475fhCv0CpA_VUNICstqdJb_JQm5DP1pRz7QjArVKFyFyi-tMz7zUnYR0CcxCEIi4yhyY/w640-h360/Captura%20de%20pantalla%202026-06-15%20a%20las%2021.47.44.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href=" https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42250575/" target="_blank"&gt;Bajaj HS, Welch M, Shah P, Luna E, Jaouimaa FZ, Liu B, et al. Efficacy and safety of retatrutide, a GIP, GLP-1, and glucagon receptor agonist, in people with type 2 diabetes and inadequate glycemic control with diet and exercise (TRANSCEND-T2D-1): a double-blind, randomised, phase 3 trial. Lancet. 2026;407(10546):2402-2413. doi:10.1016/S0140-6736(26)00967-0.&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42250575/"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36997003/" target="_blank"&gt;Novikoff A, Müller TD. The molecular pharmacology of glucagon agonists in diabetes and obesity. Peptides. 2023;165:171003. doi:10.1016/j.peptides.2023.171003.&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35370987/" target="_blank"&gt;Conceição-Furber E, Coskun T, Sloop KW, Samms RJ. Is glucagon receptor activation the thermogenic solution for treating obesity? Front Endocrinol (Lausanne). 2022;13:868037. doi:10.3389/fendo.2022.868037.&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35370987/"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=" https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36007534/" target="_blank"&gt;Coskun T, Sloop KW, Loghin C, et al. LY3437943, a novel triple glucagon, GIP, and GLP-1 receptor agonist for glycemic control and weight loss: from discovery to clinical proof of concept. Cell Metab. 2022;34(9):1234-1247.e9. doi:10.1016/j.cmet.2022.08.005.&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36403407/" target="_blank"&gt;Urva S, Coskun T, Loh MT, et al. LY3437943, a novel triple GIP, GLP-1, and glucagon receptor agonist in people with type 2 diabetes: a phase 1b, multicentre, double-blind, placebo-controlled, randomised, multiple-ascending dose trial. Lancet. 2022;400(10366):1869-1881. doi:10.1016/S0140-6736(22)02033-5.&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36403407/"&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;Giblin K, et al. TRIUMPH-1 trial design. Diabetes Obes Metab. 2026;28(1):83-93. No he podido verificar esta referencia en PubMed con los datos aportados.&lt;br /&gt;Eli Lilly and Company. Lilly’s triple agonist, retatrutide, delivered powerful weight loss in pivotal Phase 3 obesity trial [nota de prensa]. 21 de mayo de 2026. Disponible en: &lt;a href="https://investor.lilly.com/"&gt;https://investor.lilly.com&lt;/a&gt;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiqB_hYnnOm_LXUN12YEcSSvLUXyIq4igAlPo1i2M4Awj05rEhT4KdkmRoqyRvdrshKTwRNaUPSPLk6qug1yE2HfElfUnFRJnpndiPYf58_EfibWF-EymKoKyR9_9725gRjSl0VMoMsCeD0y52OYoC4TQRmSUZF8VBdlSYQHYxS7UV1Inbir_dKvxCfNOc/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2015%20jun%202026,%2021_57_48.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- ¿Sigue siendo válido el IMC para diagnosticar la obesidad?</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-sigue-siendo-valido-el-imc.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>IMC</category><category>obesidad</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Mon, 15 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-3698622614790892102</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: x-large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhxTVhojMbCa9FiOkoqF8O1qasKybb5tIQ8TzBDNcnZ2mjbIVGtB9r25NyONhbv8oM35NMPS5p6zh9TkxpH-qyeAWMLq5Lj750BRsWHFZQDn8AXeQ_EuAQYzU7irssoziSMIGxvGgCpKDnHCC_4vG1P7NRXe0kNbyn6ahTFYtJKKhhblZzvl87Vc0u-VYk/s1672/dcf0165e-20dc-4208-839c-60b36f66afc3.png" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhxTVhojMbCa9FiOkoqF8O1qasKybb5tIQ8TzBDNcnZ2mjbIVGtB9r25NyONhbv8oM35NMPS5p6zh9TkxpH-qyeAWMLq5Lj750BRsWHFZQDn8AXeQ_EuAQYzU7irssoziSMIGxvGgCpKDnHCC_4vG1P7NRXe0kNbyn6ahTFYtJKKhhblZzvl87Vc0u-VYk/w400-h225/dcf0165e-20dc-4208-839c-60b36f66afc3.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Enrique Carretero Anibarro (@Enriq_Carretero)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;Nunca hemos sabido tanto sobre la obesidad ni hemos contado con herramientas terapéuticas tan eficaces para tratarla. &lt;b&gt;Sin embargo, seguimos basando su definición en el IMC, una medida concebida hace casi 200 años&lt;/b&gt;. En una era de medicina de precisión y conocimiento profundo de la composición corporal, cabe preguntarse si ha llegado el momento de superar el IMC y &lt;b&gt;redefinir qué entendemos realmente por obesidad.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El IMC ha perdurado como medida de referencia para clasificar el sobrepeso y la obesidad debido a su sencillez, reproductibilidad y utilidad epidemiológica. Sin embargo, presenta muchas carencias y se trata de una medida indirecta de la adiposidad. &lt;b&gt;El IMC únicamente relaciona el peso con la talla, pero no proporciona información sobre la cantidad real de grasa corporal ni sobre su distribución. &lt;/b&gt;Este es uno de los argumentos centrales en contra del IMC: no distingue entre masa grasa y masa muscular. Esto puede llevar a clasificar erróneamente como obesas a personas con una elevada masa muscular, mientras que algunos individuos con un IMC considerado normal pueden presentar un exceso significativo de grasa corporal y un riesgo cardiometabólico elevado. &lt;b&gt;Otro aspecto a tener en cuenta es que la interpretación del IMC varía según la edad, el sexo y el origen étnico, lo que limita su precisión como herramienta diagnóstica universal. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-sigue-siendo-valido-el-imc.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cada vez estamos más convencidos de que la distribución de la grasa corporal es un determinante mucho más importante del riesgo metabólico que el peso corporal total. &lt;b&gt;En particular, la grasa visceral y la acumulación de tejido adiposo abdominal se asocian estrechamente con resistencia a la insulina, DM2, enfermedad cardiovascular, esteatosis hepática asociada a disfunción metabólica y mortalidad prematura.&lt;/b&gt; Por ello, una persona con un IMC moderadamente elevado, pero con escasa grasa visceral, puede tener un riesgo cardiovascular inferior al de otra con un IMC normal y una marcada adiposidad abdominal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En esta línea se ha abierto un interesante debate sobre la redefinición de la obesidad. &lt;b&gt;La Comisión de la revista The Lancet ha realizado recientemente una propuesta que plantea diferenciar entre obesidad preclínica y obesidad clínica. La obesidad preclínica se definiría como la presencia de exceso de adiposidad sin evidencia actual de daño orgánico o limitación funcional. En cambio, la obesidad clínica se definiría por la existencia de alteraciones fisiopatológicas, síntomas, limitaciones funcionales o enfermedades atribuibles al exceso de grasa corporal.&lt;/b&gt; Este enfoque pretende considerar la obesidad no solo como una característica antropométrica, sino como una enfermedad cuya relevancia depende también de sus consecuencias biológicas y clínicas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;En el momento actual, la mayoría de los expertos no proponen abandonar completamente el IMC. Más bien, plantean utilizarlo como una herramienta inicial de cribado dentro de una evaluación más completa. &lt;b&gt;Entre las medidas complementarias que reciben mayor apoyo destacan el perímetro de cintura, la relación cintura-talla y otros métodos de valoración de la composición corporal, como la bioimpedancia o la absorciometría dual de rayos X (DEXA), cuando están disponibles.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, el perímetro de cintura destaca como una de las herramientas más útiles para definir la obesidad y el sobrepeso. Es sencilla, económica, fácilmente reproducible y proporciona información relevante sobre la adiposidad central. Desde varios grupos de expertos y varias sociedades científicas se defiende que su medición debería incorporarse de forma rutinaria a la valoración de pacientes con sobrepeso, obesidad o riesgo cardiometabólico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En la sesión que comentamos se incidió en el enfoque de la obesidad en pacientes con DM2. La obesidad continúa siendo uno de los principales factores causales de DM2 y una de las dianas terapéuticas más importantes. Sin embargo, el riesgo de desarrollar DM2 no depende exclusivamente del IMC. Algunos pacientes con valores inferiores a los umbrales clásicos de obesidad presentan una elevada acumulación de grasa visceral y desarrollan DM2, mientras que otros con IMC superiores pueden mostrar un perfil metabólico relativamente favorable.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Otro aspecto destacado fue &lt;b&gt;el impacto que una redefinición de la obesidad podría tener sobre el acceso a los tratamientos&lt;/b&gt;. La aparición de nuevos fármacos para la obesidad, especialmente los arGLP-1 y los agonistas duales GIP/GLP-1, ha modificado profundamente el abordaje terapéutico de esta enfermedad. &lt;b&gt;Si la obesidad se define en función de la adiposidad y de sus consecuencias clínicas, algunos pacientes actualmente excluidos por no alcanzar determinados puntos de corte de IMC podrían beneficiarse de tratamientos intensivos.&lt;/b&gt; Del mismo modo, podría evitarse la medicalización innecesaria de personas con IMC elevado, pero sin evidencia significativa de enfermedad relacionada con la adiposidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Para nosotros, desde una perspectiva de atención primaria, &lt;b&gt;el principal mensaje práctico fue que el IMC sigue siendo útil, pero ya no debería interpretarse de forma aislada. La valoración integral del paciente debe incluir la distribución de la grasa corporal, la presencia de comorbilidades, la función física, la calidad de vida y el impacto clínico del exceso de adiposidad.&lt;/b&gt; En este sentido, la obesidad se entiende cada vez más como una enfermedad heterogénea y compleja, que requiere una evaluación individualizada más allá de una simple cifra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En conclusión, se está produciendo un cambio conceptual importante respecto a la obesidad. El IMC continúa siendo una herramienta práctica para el cribado poblacional y la clasificación inicial, pero existe un consenso creciente en que no es suficiente para definir por sí solo la obesidad. La tendencia futura apunta hacia modelos diagnósticos que integren medidas directas o indirectas de adiposidad, distribución de la grasa y repercusión clínica, con el objetivo de identificar mejor a los pacientes con mayor riesgo y optimizar las decisiones terapéuticas en la práctica diaria.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj11n7qbuns_K6noD82gpwrbcicRTOzk3EZXkN1vCgzBLjFKup7QsyOjc2Li6NyW-UFFYDKKa9RJmHkBTGtux0Kddc4M6grLFCUM8Wjmcn3ZN3jX6raoUiMKczGOacbLQRfigoM43TKk4cikFH30UqzBQ6vd3V8irxnNVod1dxefRlOGq1z5I6ln-zw8OE/s2752/Redefiniendo_el_diagno%CC%81stico_de_obesidad.png" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj11n7qbuns_K6noD82gpwrbcicRTOzk3EZXkN1vCgzBLjFKup7QsyOjc2Li6NyW-UFFYDKKa9RJmHkBTGtux0Kddc4M6grLFCUM8Wjmcn3ZN3jX6raoUiMKczGOacbLQRfigoM43TKk4cikFH30UqzBQ6vd3V8irxnNVod1dxefRlOGq1z5I6ln-zw8OE/w640-h358/Redefiniendo_el_diagno%CC%81stico_de_obesidad.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39824205/" target="_blank"&gt;Rubino F, Cummings DE, Eckel RH, Cohen RV, Wilding JPH, Brown WA, et al. Definition and diagnostic criteria of clinical obesity. Lancet Diabetes Endocrinol. 2025;13(3):221-262. doi:10.1016/S2213-8587(24)00316-4.&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhxTVhojMbCa9FiOkoqF8O1qasKybb5tIQ8TzBDNcnZ2mjbIVGtB9r25NyONhbv8oM35NMPS5p6zh9TkxpH-qyeAWMLq5Lj750BRsWHFZQDn8AXeQ_EuAQYzU7irssoziSMIGxvGgCpKDnHCC_4vG1P7NRXe0kNbyn6ahTFYtJKKhhblZzvl87Vc0u-VYk/s72-w400-h225-c/dcf0165e-20dc-4208-839c-60b36f66afc3.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- Complicaciones No Clásicas de la diabetes</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-complicaciones-no-clasicas-de.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>complicaciones DM</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Sun, 14 Jun 2026 11:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-4480780180527211439</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjvGfwP2nB2lb0SHnk70RGCwagq91BLgb8eYV-41LkWstEeKMGIaXIlgoE89HeZt5ZXiaTCqS1pH8kceyS7xFXFhX7PKQRchD4V9ygR54s1tV_YhNEhhuXdIoTZ4G-ftmPWOFDKSa11F4uKHuvv_qrqpAYAh3QPnuI-K9dPrGNWGr0-cTSyMBLMDetwRP8/s1672/ChatGPT%20Image%2013%20jun%202026,%2011_09_14.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjvGfwP2nB2lb0SHnk70RGCwagq91BLgb8eYV-41LkWstEeKMGIaXIlgoE89HeZt5ZXiaTCqS1pH8kceyS7xFXFhX7PKQRchD4V9ygR54s1tV_YhNEhhuXdIoTZ4G-ftmPWOFDKSa11F4uKHuvv_qrqpAYAh3QPnuI-K9dPrGNWGr0-cTSyMBLMDetwRP8/w400-h225/ChatGPT%20Image%2013%20jun%202026,%2011_09_14.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Más allá de las manifestaciones micro y macrovasculares clásicas, &lt;b&gt;la diabetes constituye una enfermedad sistémica capaz de afectar al hígado, el corazón, el sistema inmunitario y el riesgo oncológico. Muchas de estas complicaciones comparten mecanismos fisiopatológicos comunes y requieren una aproximación cada vez más multidisciplinar.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;El primer ponente fue el Dr. Norbert Stefan, de la Universidad de Tübingen, quien abordó la &lt;b&gt;relación entre diabetes y enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD)&lt;/b&gt;. Para ilustrar las consecuencias de la enfermedad, aportó los siguientes datos: &lt;b&gt;una mujer de sesenta y tantos años con diabetes recién diagnosticada pierde aproximadamente cuatro años de vida. Si padece diabetes durante 10 años, pierde unos siete años. Si la diabetes está presente durante 20 años, pierde 11 años, y si está presente durante 30 años, pierde 14 años de vida.&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;El Dr. Stefan destacó que la prevalencia mundial de MASLD se sitúa actualmente en torno al 38% de la población adulta, frente al 25-30% descrito hace apenas unas décadas. Incluso entre personas con peso normal y prediabetes, un 11% presenta ya enfermedad hepática esteatósica, una frecuencia tres veces superior a la observada en individuos normopeso sin alteraciones glucémicas. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-complicaciones-no-clasicas-de.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En los pacientes con DM2, la magnitud del problema es aún mayor: entre el 55% y el 70% presentan MASLD, entre el 30% y el 40% desarrollan esteatohepatitis, y entre el 12% y el 20% presentan fibrosis avanzada&lt;/b&gt;. Además, la coexistencia de diabetes incrementa notablemente el riesgo de progresión hepática. En comparación con personas con MASLD sin diabetes, quienes presentan ambas patologías tienen un riesgo tres veces superior de descompensación hepática y un riesgo siete u ocho veces mayor de carcinoma hepatocelular, incluso tras ajustar por el grado de fibrosis. Estos hallazgos sugieren que el entorno metabólico diabético favorece el daño hepático y la carcinogénesis desde fases precoces.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;La segunda ponencia correspondió al Dr. John Ussher, de la Universidad de Alberta, quien revisó el concepto de &lt;b&gt;miocardiopatía diabética&lt;/b&gt;. &lt;b&gt;Tradicionalmente definida como la presencia de disfunción ventricular en ausencia de enfermedad coronaria o hipertensión, el ponente defendió la necesidad de actualizar esta definición a la luz del conocimiento actual.&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Los mecanismos implicados incluyen alteraciones del metabolismo energético cardíaco, inflamación, fibrosis miocárdica, remodelado extracelular, disfunción microvascular y trastornos en el manejo intracelular del calcio, todos ellos capaces de conducir a disfunción diastólica. Diversos estudios muestran que personas con &lt;b&gt;DM2 sin enfermedad cardiovascular establecida presentan ya alteraciones compatibles con este fenotipo&lt;/b&gt;. De hecho, la prevalencia de disfunción diastólica oscila entre el 45% y el 80% en las series publicadas. Incluso en individuos diagnosticados antes de los 40 años y con una duración media de diabetes de tan solo 3,1 años, se han detectado anomalías ecocardiográficas sugestivas de disfunción diastólica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;El interrogante que planteó el Dr. Ussher resulta especialmente atractivo desde el punto de vista clínico: &lt;b&gt;si identificamos precozmente estas alteraciones, ¿podríamos prevenir la evolución hacia insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada? Aunque todavía faltan estudios longitudinales que lo confirmen, las implicaciones potenciales serían enormes&lt;/b&gt;. (&lt;i&gt;En el apartado de preguntas, el Dr. Javier Escalada hizo una pregunta sobre la utilidad del biomarcador NT-proBNP para esta identificación, contestando el ponente negativamente a esta posibilidad).&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;La tercera intervención, a cargo de la Dra. Julia Critchley, del St. George's University Hospitals de Londres, se centró en las &lt;b&gt;infecciones como complicación emergente de la diabetes&lt;/b&gt;. Utilizando datos del Clinical Practice Research Datalink británico, analizaron más de 30.000 personas con DM1, más de 500.000 con DM2 y más de 270.000 con prediabetes, comparándolas con más de un millón de controles sin diabetes.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Los resultados mostraron un incremento significativo del riesgo infeccioso a lo largo de todo el espectro de alteración glucémica. &lt;b&gt;El riesgo de infecciones tratadas en atención primaria fue 1,8 veces mayor en DM1, 1,5 veces mayor en DM2 y 1,35 veces superior en prediabetes. En cuanto a las infecciones que requirieron hospitalización, el riesgo fue más de tres veces superior en diabetes tipo 1, casi dos veces superior en DM2 y 1,3 veces mayor en prediabetes.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;Quizá el dato más sorprendente fue comprobar que &lt;b&gt;las infecciones constituyen actualmente la tercera causa de muerte en personas con DM2,&lt;/b&gt; &lt;b&gt;con un cociente de riesgos de 1,82, muy próximo al observado para enfermedad cardiovascular (2,0)&lt;/b&gt;. La neumonía fue la principal causa infecciosa de mortalidad en términos absolutos, mientras que las infecciones osteoarticulares mostraron el mayor incremento relativo del riesgo. &lt;b&gt;Asimismo, la variabilidad de la HbA1c emergió como un factor independiente asociado a mayor susceptibilidad infecciosa, especialmente en DM2.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La sesión concluyó con la ponencia de la Dra. Lorraine Lipscombe, de la Universidad de Toronto, dedicada a la &lt;b&gt;relación entre diabetes y cáncer&lt;/b&gt;. Gracias a la reducción progresiva de la mortalidad cardiovascular, el cáncer se ha convertido en la principal causa de muerte en las personas con diabetes. &lt;b&gt;Los datos epidemiológicos confirman asociaciones especialmente sólidas entre DM2 y cáncer colorrectal, pancreático, hepatocelular, endometrial y de mama.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Además de una mayor incidencia, la diabetes condiciona un peor pronóstico oncológico&lt;/b&gt;. Un metaanálisis de 97 estudios prospectivos mostró un 25% de exceso de mortalidad específica por cáncer en pacientes con diabetes, mientras que otros análisis describieron aproximadamente un 40% más de mortalidad global en comparación con pacientes oncológicos sin diabetes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Revisó los posibles mecanismos implicados, entre ellos la hiperglucemia, la hiperinsulinemia secundaria a la resistencia a la insulina y la adiposidad visceral. Aunque parte de estas asociaciones puede explicarse por factores de riesgo compartidos o por sesgos epidemiológicos, existe una creciente evidencia de que las alteraciones metabólicas propias de la diabetes participan activamente en la promoción tumoral.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En conclusión, la&amp;nbsp;diabetes debe entenderse como una enfermedad sistémica cuyas repercusiones trascienden ampliamente el control glucémico. La identificación precoz del daño hepático, la detección de alteraciones cardíacas subclínicas, la prevención de infecciones y la adecuada vigilancia oncológica representan nuevos retos asistenciales que, probablemente, definirán la diabetología de los próximos años.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Cuídense y cuiden a los que quieren.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEie17nPX4W5-am8jXWigyRzeiCRaZ7gpPbt6EY5AjuuRbdsQtNf18aoVamwyRen81tMqmhjkqBD1Kp86Jona9q4f6pwpSHaxqqV14JQAxP9uy2pkL0gYi07koUZ1-Z0ONW4orWX4ggP19pxSVMpTdCEP90sMERQ9U9sckVS3CMGsf3TF_jQB88CrwNXAh8/s2752/Complicaciones_no_cla%CC%81sicas_de_diabetes.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEie17nPX4W5-am8jXWigyRzeiCRaZ7gpPbt6EY5AjuuRbdsQtNf18aoVamwyRen81tMqmhjkqBD1Kp86Jona9q4f6pwpSHaxqqV14JQAxP9uy2pkL0gYi07koUZ1-Z0ONW4orWX4ggP19pxSVMpTdCEP90sMERQ9U9sckVS3CMGsf3TF_jQB88CrwNXAh8/w640-h358/Complicaciones_no_cla%CC%81sicas_de_diabetes.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Davis DB. Non-Classical Complications of Diabetes—Epidemiology, Mechanism, Treatment. ADA Diabetes Journal Symposium; 2026 Jun 6; New Orleans, LA. Sessions, from June 10–August 10.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjvGfwP2nB2lb0SHnk70RGCwagq91BLgb8eYV-41LkWstEeKMGIaXIlgoE89HeZt5ZXiaTCqS1pH8kceyS7xFXFhX7PKQRchD4V9ygR54s1tV_YhNEhhuXdIoTZ4G-ftmPWOFDKSa11F4uKHuvv_qrqpAYAh3QPnuI-K9dPrGNWGr0-cTSyMBLMDetwRP8/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2013%20jun%202026,%2011_09_14.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- Nuevo Consenso ADA/EASD 2026. Definitivamente más allá de la glucemia</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-nuevo-consenso-adaeasd-2026.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>Consensos</category><category>EASD</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Sat, 13 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-3769674790274504622</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjlqg9VMoF33CUuxmPxvH5FseC5pRDZOZ71v63Sdb_Z-L4ptXW-7N5HyoROwMu7Mf0PD5MCJWWIAqO5YlUtzHe4Zd6cgtu9Afy99jsmrgcXlT3rpcV04sgwnrb7WC-PsUTepuYpPFt9ytZsSYd_svvu-WN606GEXeVmfz4b3vHKP0PHghBtiaRfE-HKmrU/s1672/ChatGPT%20Image%2013%20jun%202026,%2010_49_32.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjlqg9VMoF33CUuxmPxvH5FseC5pRDZOZ71v63Sdb_Z-L4ptXW-7N5HyoROwMu7Mf0PD5MCJWWIAqO5YlUtzHe4Zd6cgtu9Afy99jsmrgcXlT3rpcV04sgwnrb7WC-PsUTepuYpPFt9ytZsSYd_svvu-WN606GEXeVmfz4b3vHKP0PHghBtiaRfE-HKmrU/w400-h225/ChatGPT%20Image%2013%20jun%202026,%2010_49_32.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Carlos Hernández Teixidó (@carlos_teixi)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El Congreso ADA 2026 ha servido como escenario para presentar la nueva propuesta de consenso ADA/EASD sobre el manejo de la DM2, bajo el título completo de la sesión: &lt;b&gt;“ADA EASD Consensus Statement on Management of Type 2 Diabetes: Management of Hyperglycemia in Type 2 Diabetes”. La sesión fue presidida por John B. Buse y Melanie J. Davies&lt;/b&gt;. &lt;i&gt;Por alguna razón, la sesión no está disponible grabada en el congreso online, pero la repercusión ha sido tal que pensábamos que era importante comentarla en el Blog.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Conviene empezar con una advertencia: no estamos todavía ante el documento definitivo.&lt;/b&gt; Su versión final se presentará en el congreso de la EASD en Milán en octubre de 2026. La propia presentación insiste en que se trata de una propuesta en revisión. Es el mismo proceso que ocurrió en 2021, cuando se presentó el boceto del actual consenso ADA/EASD de 2022. Dicho esto, el mensaje general parece claro: &lt;b&gt;el consenso ADA/EASD 2026 profundiza una línea ya iniciada en 2022, pero con un giro aún más explícito hacia una atención anticipatoria, integrada, centrada en la persona y orientada a complicaciones y condiciones crónicas asociadas. &lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-nuevo-consenso-adaeasd-2026.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La DM2 deja de presentarse como una enfermedad cuyo eje principal sea únicamente la HbA1c. &lt;b&gt;El nuevo consenso amplía el foco desde el “manejo de la hiperglucemia” hacia el manejo holístico de la DM2 y del riesgo de múltiples comorbilidades asociadas. Los objetivos de cuidado deben ir más allá del control glucémico e incluir protección cardiorrenal, manejo del peso, función física, bienestar y calidad de vida. Este enfoque no supone abandonar la glucemia, sino recolocarla.&lt;/b&gt; La HbA1c sigue siendo importante, pero ya no parece suficiente como brújula única para decidir el tratamiento. En la práctica, esto significa que el clínico debe preguntarse desde el inicio: ¿qué riesgo cardiovascular tiene esta persona?, ¿hay enfermedad renal?, ¿insuficiencia cardiaca?, ¿obesidad?, ¿MASLD/MASH?, ¿apnea del sueño?, ¿fragilidad?, ¿riesgo de hipoglucemia?, ¿qué barreras sociales o personales condicionan la adherencia y la implementación?.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Uno de los puntos más relevantes de la propuesta es la &lt;b&gt;defensa de un uso más temprano de los iSGLT2 y/o de las terapias basadas en GLP-1, potencialmente desde el diagnóstico, con el objetivo de modificar el riesgo de enfermedad y complicaciones a largo plazo&lt;/b&gt;. Este punto tiene implicaciones muy importantes. Como todos saben, durante años, la metformina ocupó el papel casi automático de primer escalón farmacológico. &lt;b&gt;El consenso ADA/EASD 2022 ya había relativizado ese dogma en pacientes con enfermedad CV, IC o ERC. La propuesta de 2026 parece ir un paso más allá: no se trata solo de “añadir” estos fármacos cuando aparece la complicación, sino de pensar antes en protección de órgano, riesgo absoluto y el futuro del paciente&lt;/b&gt;. Además, la combinación de ambas familias podría considerarse en pacientes de alto riesgo o con enfermedad cardiovascular o renal establecida, incluso independientemente de los niveles de HbA1c.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La propuesta refuerza el lugar de los iSGLT2 como base de protección en insuficiencia cardiaca y enfermedad renal crónica. En personas con ERC, las diapositivas recomiendan iniciar un iSGLT2 con beneficio demostrado para mejorar resultados renales, insuficiencia cardiaca y eventos cardiovasculares, y mantenerlo hasta que esté indicada la terapia renal sustitutiva. También se destaca el papel de las terapias basadas en GLP-1 con beneficio demostrado, incluyendo semaglutida para reducir el riesgo de progresión de ERC, y la posibilidad de añadir finerenona en ERC albuminúrica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;En insuficiencia cardiaca, los iSGLT2 continúan siendo prioritarios para mejorar resultados de insuficiencia cardiaca y renales. Pero aparece también un mensaje muy actual: en personas con obesidad e insuficiencia cardiaca con fracción de eyección preservada, semaglutida o tirzepatida deberían utilizarse para mejorar síntomas y resultados. Este punto ilustra bien cómo el documento conecta diabetes, obesidad, insuficiencia cardiaca y calidad de vida, no&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&amp;nbsp;como compartimentos aislados, sino como partes de una misma trayectoria clínica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;Otra novedad relevante es la incorporación más explícita de condiciones asociadas a la obesidad y a la DM2, como la &lt;b&gt;MASLD/MASH y la apnea obstructiva del sueño&lt;/b&gt;. En &lt;b&gt;MASLD, el documento sitúa la pérdida de peso como objetivo terapéutico principal&lt;/b&gt; y mantiene el estilo de vida como base. En personas con obesidad, DM2 y MASLD, &lt;b&gt;se prioriza una terapia basada en GLP-1 con beneficio demostrado. En MASH confirmada por biopsia, se prefiere una terapia basada en GLP-1 con beneficio demostrado (semaglutida),&lt;/b&gt; mientras que pioglitazona o tirzepatida podrían considerarse. También se menciona la derivación a hepatología en fibrosis moderada o avanzada para valorar tratamientos específicos. &lt;b&gt;En apnea obstructiva del sueño, la propuesta sugiere priorizar tirzepatida&lt;/b&gt; o un agonista del receptor GLP-1 con beneficio demostrado en personas con obesidad, DM2 y OSA. En cambio, en deterioro cognitivo, el mensaje es prudente: no existe todavía evidencia suficiente para preferir ningún fármaco hipoglucemiante por resultados cognitivos, por lo que deben priorizarse la seguridad y la simplicidad terapéutica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Como en 2022, este consenso no se limita a fármacos. &lt;b&gt;Una de las partes más interesantes es la recomendación de las llamadas 5S&lt;/b&gt;: aumentar el tiempo de estar de pie (&lt;b&gt;Standing&lt;/b&gt;), aumentar los pasos (&lt;b&gt;Stepping&lt;/b&gt;), incorporar actividad aeróbica que haga “sudar” (&lt;b&gt;Sweating&lt;/b&gt;), añadir ejercicio de fuerza (&lt;b&gt;Strengthening&lt;/b&gt;) y cuidar el sueño (&lt;b&gt;Sleep&lt;/b&gt;). La recomendación mantiene el clásico objetivo de al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica moderada-vigorosa, o 75 minutos vigorosa, repartidos en al menos tres días por semana, junto con ejercicio de resistencia 2-3 veces por semana. Pero el mensaje práctico es más amplio: no basta con “mandar caminar”,&amp;nbsp;&lt;b&gt;hay que reducir el sedentarismo&lt;/b&gt;, aumentar el movimiento diario, incorporar fuerza y cuidar el sueño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Una idea clave de Melanie Davies fue que, aunque ahora hay más evidencia sobre fármacos, protección de órgano, autocuidado y comportamientos físicos de 24 horas, &lt;b&gt;el reto es integrarlo todo de una forma significativa para las personas que viven con diabetes&lt;/b&gt;. Esta quizá sea la parte más importante para Atención Primaria. El consenso no solo nos dice qué fármacos usar, sino que obliga a reorganizar la mirada clínica: &lt;b&gt;detectar mejor, estratificar antes, revisar comorbilidades, consensuar objetivos, reevaluar periódicamente y trabajar con equipo&lt;/b&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;En conjunto, la propuesta de consenso ADA/EASD 2026 parece consolidar una evolución histórica: de la diabetes como enfermedad de la glucemia, a la diabetes como enfermedad cardiovascular, metabólica y social. El control glucémico sigue importando, pero ya no basta. El tratamiento de la DM2 se adelanta, se combina, se personaliza y se orienta a prevenir complicaciones a largo plazo. Queda por conocer el texto final, las matizaciones tras el proceso de revisión y cómo se trasladará todo esto a sistemas sanitarios con diferentes recursos, financiación y acceso farmacológico. Pero el mensaje de fondo ya está sobre la mesa: la DM2 debe abordarse antes, de forma más integrada y con objetivos que vayan mucho más allá de la HbA1c.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh0m_WIhX8zE99lx_Kxp8ukA8nPgyLws6x1_7TutXoMpTfpkh9snKV8ZQQ8SfexwDrIAjmRnrh5zH8m-nvyt4JN0gwttUitTBzP7RORSguGxEGS__JblIyVJsoAw03pz2T9EJIK19x8HVunXMSl7JjMnuBAKgnmfW2037hKCrtIIOK3SpMjLdOBX_Pf3iM/s2752/Consenso_Manejo_Diabetes_Tipo_2.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh0m_WIhX8zE99lx_Kxp8ukA8nPgyLws6x1_7TutXoMpTfpkh9snKV8ZQQ8SfexwDrIAjmRnrh5zH8m-nvyt4JN0gwttUitTBzP7RORSguGxEGS__JblIyVJsoAw03pz2T9EJIK19x8HVunXMSl7JjMnuBAKgnmfW2037hKCrtIIOK3SpMjLdOBX_Pf3iM/w640-h358/Consenso_Manejo_Diabetes_Tipo_2.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Toda la información de este post ha sido obtenida de las diapositivas de la sesión, de la propuesta de consenso y de ADA Meeting News. No se ha podido valorar la sesión online al no estar disponible on demand.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjlqg9VMoF33CUuxmPxvH5FseC5pRDZOZ71v63Sdb_Z-L4ptXW-7N5HyoROwMu7Mf0PD5MCJWWIAqO5YlUtzHe4Zd6cgtu9Afy99jsmrgcXlT3rpcV04sgwnrb7WC-PsUTepuYpPFt9ytZsSYd_svvu-WN606GEXeVmfz4b3vHKP0PHghBtiaRfE-HKmrU/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2013%20jun%202026,%2010_49_32.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><title>ADA 2026.- Survodutide, llega el nuevo dual GLP1/Glucagón. Perspectivas de los estudios SYNCHRONIZE.</title><link>http://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-survodutide-llega-el-nuevo.html</link><category>ADA</category><category>ADA 2026</category><category>análogos GLP-1</category><category>glucagón</category><category>survodutida</category><author>noreply@blogger.com (Carlos Hdez Teixidó)</author><pubDate>Fri, 12 Jun 2026 12:00:00 +0200</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3522833644506239270.post-8709195104716582258</guid><description>&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;strong data-end="250" data-start="83" style="font-size: large;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; font-size: large; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjxUAyGW2vzcE6TP7yma02GD-KScNwB4_e9rMGGC0ST5Z0wgt25m0J3_OUaUfWe4Sj4Dgm1pUH0PloOWpRIB0KDgKJJ7vzOeRFuJyr1HEIXkrvNQElXzA_Q5YcWrj7tDfsSkc5qzw5z6HkBFmyvb5q1KT3T9w8ChbXVXGgR61wog3cdz8Lt6CnYuv3utIE/s1672/ChatGPT%20Image%2011%20jun%202026,%2020_41_31.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="941" data-original-width="1672" height="225" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjxUAyGW2vzcE6TP7yma02GD-KScNwB4_e9rMGGC0ST5Z0wgt25m0J3_OUaUfWe4Sj4Dgm1pUH0PloOWpRIB0KDgKJJ7vzOeRFuJyr1HEIXkrvNQElXzA_Q5YcWrj7tDfsSkc5qzw5z6HkBFmyvb5q1KT3T9w8ChbXVXGgR61wog3cdz8Lt6CnYuv3utIE/w400-h225/ChatGPT%20Image%2011%20jun%202026,%2020_41_31.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;Comentario del Dr. Manuel Ruiz Quintero (@maruizquintero)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Pocas veces tenemos la oportunidad de seguir el recorrido completo de una innovación terapéutica, desde la investigación básica hasta la evidencia clínica de fase III. Las ponencias dedicadas a &lt;b&gt;Survodutida y al programa SYNCHRONIZE mostraron cómo una hipótesis fisiopatológica desarrollada durante más de dos décadas comienza a traducirse en beneficios clínicos reales para las personas con obesidad.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;La sesión comenzó con la intervención del profesor Matthias Tschöp, quien repasó el trabajo desarrollado en el campo de los poliagonistas intestinales. Durante años, &lt;b&gt;el glucagón fue considerado exclusivamente una hormona hiperglucemiante; sin embargo, también incrementa el gasto energético, favorece la termogénesis, estimula la lipólisis y contribuye a la regulación de la saciedad. La idea de combinar estos efectos con la acción anorexígena del GLP-1 dio origen a los agonistas duales glucagón/GLP-1.&lt;/b&gt; Los estudios preclínicos demostraron que cuanto mayor era el componente glucagonérgico de estas moléculas, mayor era la pérdida de peso obtenida, sin deteriorar el control glucémico. Este recorrido culminó con el desarrollo de survodutida, un agonista dual GLP-1/glucagón actualmente en fase III de investigación clínica. &lt;b&gt;&lt;a href="https://redgedaps.blogspot.com/2026/06/ada-2026-survodutide-llega-el-nuevo.html" target="_blank"&gt;(Sigue leyendo...)&lt;/a&gt;&lt;/b&gt;&lt;span&gt;&lt;a name='more'&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;A continuación, la profesora Ania Jastreboff presentó el programa de fase III SYNCHRONIZE, recordándonos que &lt;b&gt;el objetivo del tratamiento de la obesidad no es únicamente reducir el peso corporal, sino mejorar la salud global del paciente y prevenir las más de 200 complicaciones asociadas a esta enfermedad&lt;/b&gt;. El programa incluye más de 7.000 personas distribuidas en diferentes escenarios clínicos: obesidad sin DM2 (SYNCHRONIZE-1), obesidad con DM2 (SYNCHRONIZE-2), obesidad asociada a enfermedad hepática metabólica (SYNCHRONIZE-MASLD) y obesidad con elevado riesgo cardiovascular o renal (SYNCHRONIZE-CVOT).&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;Los resultados de &lt;b&gt;SYNCHRONIZE-1&lt;/b&gt;, desarrollados posteriormente por el profesor Carel le Roux, aportan evidencia sólida sobre la eficacia de survodutida en personas con obesidad sin diabetes. Este ensayo incluyó 725 adultos, con una edad media de 47 años, un IMC basal de 37,9 kg/m² y un peso medio de 108,8 kg.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;Aproximadamente el 40,6% eran hombres, una proporción superior a la observada en otros estudios de obesidad. &lt;b&gt;Tras 76 semanas de tratamiento, la pérdida media de peso fue del 12,2% con survodutida 3,6 mg y del 13,0% con la dosis de 6 mg, frente al 5,4% observado con placebo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;Más allá de la pérdida ponderal media, resulta especialmente útil analizar cuántos pacientes alcanzan objetivos clínicamente significativos. En este estudio, &lt;b&gt;el 72,6% de los pacientes tratados con 3,6 mg y el 71,9% de quienes recibieron 6 mg lograron perder al menos un 5% de su peso inicial&lt;/b&gt;, frente al 46,3% del grupo placebo. Asimismo, &lt;b&gt;más de la mitad de los pacientes tratados alcanzaron pérdidas superiores al 10%, mientras que las reducciones iguales o superiores al 20% se observaron en el 24,9% y el 28,5% de los pacientes tratados con survodutida, frente al 6,6% del grupo placebo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;El estudio también mostró &lt;b&gt;mejoras en diversos parámetros cardiometabólicos,&lt;/b&gt; incluyendo reducciones de la circunferencia abdominal, la glucemia en ayunas, la insulina plasmática y determinados parámetros lipídicos. En el subestudio de composición corporal, la dosis de 6 mg consiguió disminuir un 27,8% la grasa corporal total, un 34,0% la grasa visceral y un 63,1% la grasa hepática. Estos datos sugieren que los beneficios podrían extenderse más allá del simple descenso ponderal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La siguiente ponencia, presentada por el profesor Lee Kaplan, profundizó precisamente en este aspecto mediante los &lt;b&gt;resultados del ensayo SYNCHRONIZE-MASLD&lt;/b&gt;. Este estudio incluyó 216 pacientes con obesidad y enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica con riesgo de progresión. Tras 48 semanas de tratamiento con &lt;b&gt;survodutida 6 mg, el 84,2% de los pacientes consiguió reducir al menos un 30% el contenido graso hepático, frente al 24,3% del grupo placebo. Además, el 61,0% normalizó el contenido graso hepático por debajo del 5%, frente al 5,7% de los pacientes tratados con placebo.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;La pérdida media de peso alcanzó el 12,2%, comparada con el 1,0% del placebo. Asimismo, se observaron mejoras en otros indicadores relevantes: reducción del volumen hepático, disminución del 28,7% en la rigidez hepática evaluada mediante elastografía transitoria, descenso de ALT y AST, reducción de 11,1 cm en la circunferencia abdominal y una disminución de la presión arterial sistólica de 7,4 mmHg respecto a placebo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Respecto a la seguridad, el perfil observado fue consistente con el descrito para otros tratamientos basados en GLP-1. Los efectos adversos más frecuentes fueron las náuseas, los vómitos, la diarrea y el estreñimiento, predominantemente leves o moderados y concentrados durante el periodo de escalada de dosis. No se identificaron nuevas señales de seguridad relevantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, el Dr. Jamie Almandoz, profesor de Medicina de la Universidad de Texas Southwestern, aportó una valiosa visión independiente sobre el significado clínico de estos hallazgos. Su reflexión me pareció especialmente pertinente: &lt;b&gt;estamos avanzando hacia una medicina más personalizada en obesidad, en la que la elección del tratamiento deberá considerar no solo la magnitud de la pérdida de peso, sino también el perfil metabólico, hepático y cardiovascular de cada paciente.&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;b&gt;Hemos pasado de discutir si la obesidad debía tratarse farmacológicamente a preguntarnos cuál es el tratamiento más adecuado para cada persona. Survodutida representa un ejemplo de cómo la comprensión de los mecanismos fisiopatológicos puede traducirse en nuevas opciones terapéuticas capaces de abordar simultáneamente el exceso de adiposidad y algunas de sus complicaciones más relevantes. Queda camino por recorrer, pero los datos actuales invitan a un optimismo prudente y, sobre todo, a seguir avanzando hacia una atención cada vez más integral y personalizada de nuestros pacientes con obesidad.&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;Cuídense y cuiden a los que quieren.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh1Rbw-YSinRj3FTs5CsaOCFfs9QwLTupXhckk5mE52ccWhtS-NQ2ydrIJQHKDmFZg4cKngJBnS7VP2ChHWnwhNMkl7tdcM_NJWm0UPKZUTNWAHNbhWxrLWDvx7ErAASnCFUFd1ocWCuimch9PxaUb3eZ01Zvr2-9AIPxT932hwHEE6nZTOOmZL-2RTnTI/s2752/Survodutida__Tratamiento_contra_la_obesidad.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh1Rbw-YSinRj3FTs5CsaOCFfs9QwLTupXhckk5mE52ccWhtS-NQ2ydrIJQHKDmFZg4cKngJBnS7VP2ChHWnwhNMkl7tdcM_NJWm0UPKZUTNWAHNbhWxrLWDvx7ErAASnCFUFd1ocWCuimch9PxaUb3eZ01Zvr2-9AIPxT932hwHEE6nZTOOmZL-2RTnTI/w640-h358/Survodutida__Tratamiento_contra_la_obesidad.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjGWEcSyJV3_oyTpXjOPqexugvxqt613-DuTtJYer3o0oXZtn5IusqLRhjZZ78VnjNfZd9vhUzj_0b6QID2b1Nc18AT2G5fl8iXIcRBVPdIwKadMcUVrlaqIYZKmFoifTAZoNehGJqIyq3CJ7kngiIkooC5sirGhMqRiXbXeNpvDr-Mon4_bh2m8d2o8bM/s2752/Survodutida_contra_obesidad_e_hi%CC%81gado.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" data-original-height="1536" data-original-width="2752" height="358" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjGWEcSyJV3_oyTpXjOPqexugvxqt613-DuTtJYer3o0oXZtn5IusqLRhjZZ78VnjNfZd9vhUzj_0b6QID2b1Nc18AT2G5fl8iXIcRBVPdIwKadMcUVrlaqIYZKmFoifTAZoNehGJqIyq3CJ7kngiIkooC5sirGhMqRiXbXeNpvDr-Mon4_bh2m8d2o8bM/w640-h358/Survodutida_contra_obesidad_e_hi%CC%81gado.png" width="640" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial; font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42253238/" target="_blank"&gt;Le Roux CW, Wharton S, Startseva E, Kloer IM, Hussain SA, Unseld A, et al.; SYNCHRONIZE-1 Investigators. Survodutide Once Weekly for the Treatment of Adults with Obesity. N Engl J Med. 2026; doi:10.1056/NEJMoa2600751. PMID: 42253238.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a class="decorated-link cursor-pointer" data-end="6661" data-start="6620" rel="noopener" target="_new"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42252333/" target="_blank"&gt;Kaplan LM, Startseva E, le Roux CW, Wharton S, Bozkurt B, Mazo DF, et al.; SYNCHRONIZE-MASLD Investigators. Survodutide in adults with obesity and metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease: SYNCHRONIZE-MASLD, a randomized, double-blind, placebo-controlled phase 3 trial. Nat Med. 2026; doi:10.1038/s41591-026-04479-3. PMID: 42252333.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a class="decorated-link" data-end="7066" data-start="7025" href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42252333/" rel="noopener" target="_new"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39453356/" target="_blank"&gt;Kosiborod MN, Platz E, Wharton S, le Roux CW, Brueckmann M, Hussain SA, et al.; SYNCHRONIZE-CVOT Trial Committees and Investigators. Survodutide for the Treatment of Obesity: Rationale and Design of the SYNCHRONIZE Cardiovascular Outcomes Trial. JACC Heart Fail. 2024;12(12):2101-2109. doi:10.1016/j.jchf.2024.09.004.&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjxUAyGW2vzcE6TP7yma02GD-KScNwB4_e9rMGGC0ST5Z0wgt25m0J3_OUaUfWe4Sj4Dgm1pUH0PloOWpRIB0KDgKJJ7vzOeRFuJyr1HEIXkrvNQElXzA_Q5YcWrj7tDfsSkc5qzw5z6HkBFmyvb5q1KT3T9w8ChbXVXGgR61wog3cdz8Lt6CnYuv3utIE/s72-w400-h225-c/ChatGPT%20Image%2011%20jun%202026,%2020_41_31.png" width="72"/><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item></channel></rss>