<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	 xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" >

<channel>
	<title>Regeneración Libertaria</title>
	<atom:link href="https://regeneracionlibertaria.org/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://regeneracionlibertaria.org</link>
	<description>Regeneración Libertaria es un portal de tendencia anarquista revolucionaria, concretamente a una corriente especifista adaptada a la península ibérica.</description>
	<lastBuildDate>Mon, 11 May 2026 13:08:05 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2024/01/logoR.svg</url>
	<title>Regeneración Libertaria</title>
	<link>https://regeneracionlibertaria.org</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>El Socialismo Gremial: Orígenes, Teoría y Trayectoria</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/11/el-socialismo-gremial-origenes-teoria-y-trayectoria/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/11/el-socialismo-gremial-origenes-teoria-y-trayectoria/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Embat Organització Llibertària de Catalunya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2026 10:54:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[colectivismo]]></category>
		<category><![CDATA[Corporativismo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[IWW]]></category>
		<category><![CDATA[Organización]]></category>
		<category><![CDATA[Sindicalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16217</guid>

					<description><![CDATA[Volvemos con otro artículo didáctico, para entender cómo se funcionaba en otros tiempos y ver qué podemos aprender y aplicar a nuestra realidad cotidiana. Esta vez veremos el socialismo gremial, conocido en inglés como guild socialism. Se trata de una rama del socialismo muy denostada por diversas razones que veremos, que tuvo su mayor fuerza [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="362" src="http://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/e14cd552-587a-4a5d-b796-4a20ad172184.jpeg" alt="" class="wp-image-16239"/></figure>



<p>Volvemos con otro artículo didáctico, para entender cómo se funcionaba en otros tiempos y ver qué podemos aprender y aplicar a nuestra realidad cotidiana. Esta vez veremos el socialismo gremial, conocido en inglés como <em>guild socialism</em>. Se trata de una rama del socialismo muy denostada por diversas razones que veremos, que tuvo su mayor fuerza en Gran Bretaña durante las primeras décadas del siglo XX.</p>



<p>El Socialismo Gremial proponía el control obrero de la industria a través de gremios democráticos, independientes del estado. Surgió como una «tercera vía» entre el capitalismo de libre mercado y el colectivismo centrado en el Estado, defendido por la – también socialista – Sociedad Fabiana, inspirándose en una amalgama de sindicalismo, crítica marxiana, y un peculiar idealismo medievalista.</p>



<p>Por lo tanto estamos ante un modelo socialista a caballo entre el socialismo libertario y el laborismo británico, por encuadrarlo de alguna manera. El apelativo de «gremial» ya nos hace imaginar unos gremios medievales, que en Europa llegaron a funcionar hasta finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Este sistema entró en crisis por causas propias del modelo, y fue liquidado por el auge del liberalismo, que entendía los gremios como un obstáculo para el libre flujo de trabajadores y capitales. Estas ideas gremiales sobrevivieron y se adaptaron a los nuevos tiempos contribuyendo a las ideas de Owen, Fourier, Cabot y Proudhon y otros socialistas de la época de entre 1820 y 1850. Tuvieron impacto directo en el mutualismo, en el cooperativismo y las sociedades de socorros mutuos, que son las precursoras de «nuestro» estado del bienestar.</p>



<p>Contrario a su representación tradicional como una ideología monolítica y exclusivamente británica, un análisis profundo revela que el Socialismo Gremial funcionó como un «sistema de conocimiento» dinámico, institucionalizado por la Liga Nacional de Gremios (NGL) en 1915. Este sistema albergaba y gestionaba múltiples significados coexistentes y a menudo en tensión: una <strong>vertiente medievalista</strong> centrada en la artesanía y la calidad del trabajo; una <strong>vertiente corporativista</strong> que abogaba por una asociación entre los gremios y el Estado para equilibrar los intereses de productores y consumidores; y una <strong>vertiente sindicalista</strong> que defendía el control obrero democrático desde la base y se oponía al poder estatal.</p>



<p>El movimiento alcanzó una notable circulación global, yendo más allá del contexto británico a través de una red internacional de traductores, periodistas y sindicalistas que adaptaron sus ideas a contextos locales en Europa, América y Asia. Al fin y al cabo Gran Bretaña era la primera potencia mundial y esto también se reflejaba en las ideas sociales que exportaba.</p>



<p>Su apogeo llegó en el período de reconstrucción posterior a la Primera Guerra Mundial con el surgimiento de los Gremios de la Construcción, un ambicioso experimento de producción democrática, bajo control obrero. Sin embargo, la Liga Nacional de Gremios colapsó en 1923 debido a la crisis económica, la austeridad gubernamental, divisiones internas exacerbadas por debates sobre el bolchevismo y otras nuevas teorías económicas, así como debido a la presión externa de otros movimientos de la izquierda británica. Tras un breve resurgimiento, sus ideas se fragmentaron y fueron absorbidas por diversas corrientes dentro del Partido Laborista, movimientos federalistas e incluso círculos de derechas, dejando un recuerdo complejo sobre la democracia industrial.</p>



<p><strong>Contexto histórico</strong></p>



<p>Como acabamos de decir, el Socialismo Gremial emergió en el seno de la izquierda británica eduardiana. En este tiempo, la izquierda británica era un ecosistema intelectual definido por una tensión fundamental entre dos visiones contrapuestas del socialismo: el colectivismo y el control obrero.</p>



<p>Por un lado, tenemos el llamado <strong>c</strong><strong>olectivismo Fabiano</strong>, que fue la corriente dominante en la época. Estaba liderada por la Sociedad Fabiana, entre cuyos miembros estaban Sidney y Beatrice Webb y George Bernard Shaw. El colectivismo Fabiano proponía una transición gradual y pacífica al socialismo a través de la reforma parlamentaria. Su objetivo era la propiedad y el control estatal de los medios de producción, enfatizando la eficiencia, la planificación centralizada y la administración burocrática como vehículos para una distribución equitativa. Aquí podemos ver claramente el posterior laborismo político.</p>



<p>Por el otro lado, tenemos una corriente de base que proponía el control obrero. En oposición al colectivismo, diversas corrientes abogaban por que el poder económico residiera directamente en los trabajadores. Esta tradición se nutrió tanto del <strong><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2026/01/21/el-consejo-economico-del-trabajo-y-la-nacionalizacion-industrializada-en-francia/">Sindicalismo Francés</a>.<a href="#sdfootnote1sym" id="sdfootnote1anc"><sup>1</sup></a></strong> Como sabemos, era un movimiento inspirado a principios del siglo XX por la Confédération Générale du Travail (CGT), que promovía la acción directa, la huelga general y los sindicatos autónomos como la base fundamental de una nueva sociedad. Un punto diferencial: rechazaban la acción política parlamentaria. Y se nutrió también, aunque en menor medida, por el <strong>Industrial Unionism</strong> estadounidense. Este era un movimiento liderado por figuras como Daniel De Leon y organizaciones como los Industrial Workers of the World (IWW), y proponía la creación de «Un Gran Sindicato» (One Big Union) que abarcaría industrias enteras para tomar el control de la producción.</p>



<p>Este debate se intensificó durante el período de «Gran Agitación» (Great Unrest) justo antes de la Primera Guerra Mundial, un tiempo de una conflictividad laboral muy dura que desafió por unos años tanto al capitalismo como a las propuestas colectivistas del incipiente estado de bienestar británico.</p>



<p>Dentro de este contexto, tenemos cuatro figuras intelectuales fueron fundamentales para articular las ideas que conformarían el Socialismo Gremial:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Arthur J. Penty</strong>: Arquitecto influenciado por el movimiento <em>Arts and Crafts</em> de John Ruskin y William Morris (movimiento encuadrado en un socialismo libertario sui generis). En su obra <em>The Restoration of the Gild System</em> (1906), propuso una reactivación de los gremios medievales como una alternativa al industrialismo deshumanizante. Su visión era <strong>medievalista</strong>, anti-materialista y crítica con la eficiencia fabiana, abogando por la primacía de la artesanía y la calidad.</li>



<li><strong>Alfred R. Orage</strong>: Era editor de la influyente revista literaria <em>The New Age</em>, y gracias a ello proporcionó una plataforma crucial para el desarrollo y la difusión de las ideas gremiales, convirtiendo la publicación en un <strong>semillero de debate antifabiano</strong>.</li>



<li><strong>Samuel G. Hobson</strong>: Sistematizó las ideas iniciales en una teoría más coherente. En <em>National Guilds: An Inquiry into the Wage System </em>(1914), propuso un modelo actualizado de «Gremios Nacionales» que se desarrollarían a partir de los sindicatos existentes (es decir, a partir de las Trade Unions). Su contribución clave fue la concepción de una <strong>asociación dual entre los gremios</strong> (representando a los productores) <strong>y el Estado</strong> (que representaba a los consumidores), con el objetivo final de abolir el sistema salarial, al que consideraba una forma de «esclavitud».</li>



<li><strong>George D. H. Cole</strong>: Un joven académico de Oxford que inicialmente criticó la ambigüedad de la teoría, pero pronto se convirtió en su principal desarrollador. A través de obras como <em>The World of Labour</em> (1913) y <em>Guild Socialism Re-stated </em>(1920), Cole infundió a la teoría una <strong>base pluralista y antisoberanista</strong>, argumentando que el poder en la sociedad debía ser funcional y descentralizado, en lugar de concentrarse en un Estado omnipotente. Fue la figura instrumental en la creación de la <strong>Liga Nacional de Gremios</strong>.</li>
</ul>



<p><strong>La Liga Nacional de Gremios</strong></p>



<p>La fundación de la Liga Nacional de Gremios (NGL) en abril de 1915 marcó la institucionalización del movimiento. La Liga fue creada por un grupo de intelectuales, muchos de ellos disidentes de la Sociedad Fabiana, y no fue simplemente una organización política, sino que se veía a sí misma como un «sistema de conocimiento» que producía, gestionaba y difundía activamente múltiples interpretaciones del Socialismo Gremial.</p>



<p>En plena Primera Guerra Mundial, la Liga lanzó una potente campaña para difundir sus ideas, utilizando publicaciones como <em>The Guild Idea: An Appeal to the Public</em> y <em>National Guilds</em>: <em>An Appeal to Trade Unionists, </em>que fueron diseñadas para atraer a diferentes audiencias, desde la clase media hasta los sindicalistas. Tenían un periódico mensual, <em>The Guildsman</em> (más tarde <em>The Guild Socialist</em>), sirvió como foro central para el debate interno y la comunicación con una creciente red internacional que les seguía.</p>



<p>La Liga estableció sucursales y secretarías de correspondencia en todo el Reino Unido, creando una estructura organizativa muy descentralizada. Como hemos dicho, estaba teniendo lugar la Primera Guerra Mundial, y como consecuencia de ello, las libertades políticas estaban seriamente recortadas. Cualquier paso en falso y todo el movimiento quedaría ilegalizado.</p>



<p>Dentro de la Liga coexistían tres interpretaciones principales, a menudo en tensión, que reflejaban las diversas influencias intelectuales del movimiento:</p>



<p><strong>Corriente Medievalista</strong>: Heredera directa del pensamiento de Arthur Penty, esta corriente enfatizaba la artesanía de alta calidad y la dignidad del trabajo. Establecía una continuidad histórica con los gremios de la Edad Media, presentándolos como un modelo de producción comunal y de alta calidad que se oponía a la producción en masa barata y deshumanizante del capitalismo industrial.</p>



<p><strong>Corriente Corporativista</strong>: Basada en las ideas de S.G. Hobson, proponía una asociación estructurada entre los Gremios Nacionales y el Estado. En este modelo, los gremios controlarían la producción industrial, mientras que el Estado, como representante de los ciudadanos-consumidores, retendría la propiedad de los activos industriales y regularía los precios. Esta visión buscaba un equilibrio armónico entre los intereses de productores y consumidores dentro de un marco nacional.</p>



<p><strong>Corriente Sindicalista</strong>: Impulsada principalmente por G.D.H. Cole y sus seguidores, esta vertiente era la más radicalmente democrática y antiestatal. Concebía los gremios como la base para una democracia industrial autogestionada desde abajo, donde los trabajadores en el taller elegirían a sus propios gerentes. Rechazaba cualquier asociación con el Estado capitalista y entendía el control obrero no solo como un objetivo económico, sino como el prerrequisito para la libertad política.</p>



<p><strong>La teoría del Socialismo Gremial</strong></p>



<p>En su formulación más desarrollada, que se encuentra con más claridad en la obra de G. D. H. Cole, el Socialismo Gremial presentaba una visión detallada de una sociedad reorganizada sobre principios democráticos y funcionales, que eran los siguientes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Democracia </strong><strong>f</strong><strong>uncional</strong>: Sostenía que la verdadera representación no podía basarse en la geografía (distritos electorales), sino en la función social. Una persona tiene múltiples intereses en tanto que productora, consumidora, habitante de un barrio&#8230; y requiere diferentes formas de representación para cada cosa.</li>



<li><strong>Autogobierno en la </strong><strong>i</strong><strong>ndustria</strong>: El poder debía descentralizarse hasta la unidad más básica de producción: la fábrica, mina o taller. Allí, los trabajadores de todas las categorías («de mano y cerebro») gestionarían colectivamente su trabajo, eligiendo a sus supervisores y directivos.</li>



<li><strong>Abolición de la </strong><strong>e</strong><strong>sclavitud </strong><strong>s</strong><strong>alarial</strong>: El sistema de salarios, que trata el trabajo como una mercancía sujeta a las fluctuaciones del mercado, sería reemplazado por una remuneración continua para todos los miembros del gremio, independientemente de si estaban trabajando o no, como reconocimiento de su estatus de miembros de un servicio comunal.</li>
</ul>



<p>Ahora bien, ¿cómo sería una sociedad gremial?</p>



<p>Era una estructura de abajo a arriba, típica del modelo libertario, cuya <strong>parte elemental eran los gremios industriales y los </strong><strong>«</strong><strong>gremios cívicos</strong><strong>»</strong>. Los primeros organizarían todas las industrias (minería, transporte, alimentación, agricultura, etc.), y los segundos organizarían servicios que ahora están bajo control público, como la salud y la educación, pero que en aquella época no lo estaban. Todos estos gremios se tendrían que federar de abajo a arribar por sectores y luego entre ellos, llegando a un Gremio Nacional.</p>



<p>A diferencia del sindicalismo, este socialismo gremial le concedía un poder a los consumidores. Creían que <strong>productores y consumidores deberían estar equilibrados</strong>, ya que los consideraban las dos vertientes de una relación económica. Para organizar a los consumidores, proponían Consejos Cooperativos, que gestionarían bienes domésticos y personales, y se derivarían a partir del movimiento cooperativo existente; y Consejos de Servicios Colectivos, que gestionarían servicios públicos como el agua, la electricidad y el transporte local.</p>



<p>&nbsp;En lugar del Estado soberano, <strong>la coordinación final de la sociedad recaería en un sistema federal de Comunas</strong> (locales, regionales y nacionales). Estos organismos no serían elegidos por sufragio universal, sino que estarían compuestos por representantes de todos los cuerpos funcionales (gremios de productores, consejos de consumidores, consejos culturales, etc.). Se encargarían sobre todo de la coordinación financiera (elaboración de presupuestos), de la resolución de disputas entre los distintos cuerpos funcionales y de la gestión de asuntos como las relaciones exteriores y la aplicación de la ley.</p>



<p><strong>Influencia del Socialismo Gremial</strong></p>



<p>El Socialismo Gremial se extendió a través de una compleja red de comunicación global, donde sus ideas fueron recibidas, traducidas y adaptadas. En este aspecto destacarían figuras como Eva Schumann en Alemania y Ödön Pór en Italia, que fueron cruciales para introducir los textos gremiales a audiencias no anglófonas, a menudo relacionándolos con debates locales sobre sindicalismo y socialismo. También destacaron Murobuse Takanobu en Japón y Jessie Wallace Hughan en Estados Unidos, que utilizaron la prensa para difundir y debatir las ideas gremiales, conectándolas con movimientos estéticos (hubo interés por William Morris en Japón) o políticos (el unionismo industrial en EE. UU.).</p>



<p>Asimismo, hubo sindicalistas como Arthur McCarthy en Nueva Zelanda y Martin Wagner en Alemania que promovieron el Socialismo Gremial como un modelo práctico para la organización obrera, combinando los gremios con los sindicatos. Como vemos, el sindicalismo de muchos lugares tenía la ambición de sustituir al Estado, y buscaban constantemente nuevas ideas para hacerlo o, al menos, teorizarlo.</p>



<p>El éxito de su difusión a menudo dependió de lo que se llamó «sincronicidad intelectual», es decir, la similitud de las ideas gremiales con movimientos locales preexistentes. Por ejemplo, el Plan Plumb para la nacionalización de los ferrocarriles en EE.UU. y el movimiento de gremios de la construcción (Bauhütten-Bewegung) en Alemania, ambos vistos por la Liga Nacional de Gremios como manifestaciones de sus principios.</p>



<p>También lo hemos mencionado antes: la circulación de estas ideas estaba condicionada por la posición de Gran Bretaña en el mundo. El Imperio Británico proporcionó una infraestructura de comunicación (servicios postales, rutas marítimas) y un idioma común (el inglés) que facilitaron la difusión dentro de sus dominios (Nueva Zelanda o Sudáfrica). Por el contrario, el coste del franqueo, la inflación de la posguerra en Europa o la censura durante la guerra obstaculizaron la transmisión de estas ideas.</p>



<p><strong>Auge y caída en el período de postguerra y reconstrucción (1918-1923)</strong></p>



<p>El período inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial representó tanto la cúspide de la influencia del Socialismo Gremial como el inicio de su rápido declive. Así, la Liga se posicionó como una voz crítica en los debates sobre la reconstrucción de Gran Bretaña.</p>



<p>La Liga se oponía firmemente a los Consejos Whitley, que era una <a href="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/#a55019cd-d147-4749-8487-55bd036d080f">comisión tripartita</a> de empresarios,<a href="#sdfootnote2sym" id="sdfootnote2anc"><sup>2</sup></a> sindicatos (Trade Unions) y Estado de «control conjunto» para fijar salarios, términos y condiciones laborales, que el movimiento gremial consideraba una trampa para cooptar a los sindicatos. De esta manera, el gremialismo se decantó por una crítica a los grandes sindicatos y al Gobierno.</p>



<p>Por otro lado, apoyaba la nacionalización de industrias estratégicas como la minería, cosa que se estaba proponiendo desde las altas instancias, pero insistía en que debía ir acompañada de un control obrero democrático, y no caer bajo una gestión burocrática estatal. De nuevo su voz se oía contra las políticas gubernamentales.</p>



<p>Entre 1920 y 1922, el movimiento vivió su experimento práctico más famoso. Aprovechando la grave crisis de la vivienda y la financiación pública disponible, los sindicatos de la construcción, con el apoyo de la Liga de Gremios, formaron gremios locales y un Gremio Nacional de la Construcción para construir casas sin ánimo de lucro, en el pago justo del trabajo y trabajo de alta calidad. Sin embargo, el gobierno inició una política de austeridad en la postguerra, llamada la <em>Geddes Axe</em>, y se cortó todo tipo de financiación pública. Esto sumado a una mala gestión interna y a la oposición de la industria de la construcción privada capitalista, dinamitaron el Gremio Nacional de la Construcción.</p>



<p>Sin embargo, el movimiento entró en crisis a partir de 1920-21. Desde la irrupción de la Revolución Bolchevique en Rusia, el movimiento gremial se polarizó en una corriente de «derecha» y otra de «izquierda». La primera (Penty, Hobson), veian la Revolución Rusa como una forma peligrosa de colectivismo y comenzaron a asumir la necesidad de un Estado fuerte y de la propiedad privada. En cambio, la corriente de izquierda (Cole, Mellor) la veían como una inspiración y su postura anti-estatal se vio radicalizada, ganando finalmente el control de la Liga en 1920.</p>



<p>Además, el movimiento entraba en competencia con otras ideologías, que atraían a sus cuadros. Por ejemplo, el Douglasismo, que era una teoría de reforma monetaria basada en el crédito social, que ganó adeptos en <em>The New Age </em>y dividió a los gremialistas. Otro ejemplo sería el Partido Comunista de Gran Bretaña (CPGB), que atrajo a muchos de los miembros más radicales de la Liga tras su fundación en 1920. Y por último, el Partido Laborista y la Sociedad Fabiana comenzaron a incorporar selectivamente elementos del discurso del control obrero en sus programas, haciendo que el Socialismo Gremial pareciera cada vez más superfluo.</p>



<p>La Liga Nacional de Gremios se disolvió formalmente en junio de 1923.</p>



<p><strong>Legado y declive</strong></p>



<p>El fin de la Liga no supuso el fin inmediato de las ideas gremiales. Entre 1923 y 1926, se creó el Consejo Nacional de Gremios, un organismo que intentaba reavivar el movimiento. Logró establecer nuevos gremios locales en la construcción, la confección textil y la agricultura, y mantuvo viva la red académica internacional. Sin embargo, este resurgimiento efímero se desvaneció tras la derrota de la Huelga General de 1926.</p>



<p>Después de 1926, los antiguos gremialistas llevaron sus ideas a diversas organizaciones, donde se fusionaron con otras corrientes de pensamiento. Por ejemplo, G. D. H. Cole y otros se reincorporaron al Partido Laborista y a la Sociedad Fabiana, intentando influir desde dentro a favor de una mayor democracia industrial y control obrero. En cambio, Arthur Penty se desplazó hacia la derecha, encontrando afinidades entre su medievalismo y el corporativismo de movimientos fascistas emergentes. Otros miembros se involucraron en movimientos más pequeños como el New Britain Movement (un precursor del federalismo europeo) o la House of Industry League, que continuaron promoviendo formas de corporativismo democrático hasta la Segunda Guerra Mundial.</p>



<p>Por así decirlo, el Socialismo Gremial, como movimiento organizado, no sobrevivió a la década de 1920. Sin embargo, su crítica al poder centralizado, su defensa de la democracia en el lugar de trabajo y su análisis de la soberanía funcional dejaron una huella profunda en el pensamiento de la izquierda británica, influyendo posteriormente en debates sobre la nacionalización, la participación obrera y la teoría democrática, y sirviendo de inspiración para la Nueva Izquierda en la década de 1950.</p>



<p><strong>Años 50, de nuevo Cole</strong></p>



<p>Tras la Segunda Guerra Mundial hubo una gran afluencia a de trabajadores a los sindicatos y el Estado inició la reconstrucción en clave social. La influencia del laborismo creció como nunca antes, y se iniciaron grandes avances en el sector público. Fue entonces cuando se hablaba de la posibilidad de una sociedad híbrida entre el comunismo soviético y el capitalismo liberal norteamericano. Era una sociedad progresista de izquierdas, de corte keynesiano, con base en el laborismo británico y las distintas socialdemocracias europeas que por entonces dominaban el panorama político.</p>



<p>Entre las reflexiones del momento, se llegaba a la conclusión – falsa por lo que se verá dos décadas después – que la sociedad británica tenía una economía que caminaba hacia el colectivismo. G. D. H. Cole publicó su obra <em>The British Co-operative Movement in a Socialist Society </em>(1951), en la que examinó los elementos que podrían contribuir a este colectivismo. Aquí ya nos hemos salido del Socialismo Gremial, del artículo, pero no deja de resultar interesante lo que encontró Cole.</p>



<p>En el momento del análisis, el movimiento contaba con más de diez millones de miembros y una participación significativa en el comercio minorista, especialmente en alimentos. El movimiento cooperativista contaba con, aproximadamente, 1.030 sociedades cooperativas minoristas locales de consumidores. Estas variaban mucho de tamaño, destacando la London Co-operative Society, con casi un millón de personas socias, hasta las pequeñas tiendas de pueblo con unas pocas. En 1946, el movimiento operaba a través de unos 25.000 puntos de venta. El cooperativismo tenía una posición dominante en sectores clave del comercio minorista, aunque su crecimiento relativo se había estancado. Casi un tercio del comercio total de leche y productos lácteos, más o menos una sexta parte del pan, la confitería y los comestibles, y una octava parte de la carne. Entre una quinta y una sexta parte del comercio de carbón, una décima parte del calzado, un 8% del tabaco, un 6-7% de la ropa y el mobiliario, y un 6% en farmacia.</p>



<p>Sin embargo, su crecimiento relativo se había estancado, y sus líderes mostraban una postura conservadora, centrada en la defensa del <em>statu quo</em> cooperativista en lugar de la expansión a todos los campos de la vida. El dilema central que afrontaban es cómo un movimiento fundamentalmente voluntario, competitivo y descentralizado podría integrarse y prosperar dentro de una sociedad socialista caracterizada por la planificación económica y la nacionalización de industrias clave. Cole señalaba la falta de una estrategia a largo plazo entre el Partido Laborista y el movimiento cooperativo (notemos que aquí ya no tiene en cuenta los sindicatos), lo que generaba un riesgo de conflicto a medida que avanzasen las políticas socialistas.</p>



<p>El análisis de Cole concluía que el movimiento cooperativo debía abandonar su postura aislacionista y conservadora para forjar una asociación constructiva con el Estado de bienestar emergente. Solo a través de la innovación en sus estructuras y la adopción de un papel proactivo en la configuración de la nueva economía podrá el cooperativismo cumplir su potencial como pilar fundamental de una sociedad socialista democrática. De manera que Cole propuso lo siguiente:</p>



<p><strong>«Mutualización»del Comercio Minorista.</strong> En lugar de la nacionalización o municipalización del comercio minorista privado a gran escala, se proponía que el Estado adquiriera las grandes cadenas de tiendas y las convierta en «Mutuas». Estas operarían bajo principios cooperativos (como el dividendo sobre las compras) y competirían tanto entre sí como con las sociedades cooperativas existentes, evitando la creación de un monopolio estatal o cooperativo y fomentando la eficiencia a través de la competencia.</p>



<p><strong>Reorganización del Comercio Mayorista y de Producción.</strong> Se abogaba por una expansión significativa del cooperativismo de producción, considerándolo una alternativa diversa y democrática a la nacionalización de las industrias de bienes de consumo. Se sugería que el Estado financiase la creación de nuevas Sociedades Cooperativas de Producción, especialmente en asociación con los sindicatos.</p>



<p><strong>Renovación de los Ideales Cooperativos</strong>: El informe instaba a un retorno al espíritu original de asociación entre productores y consumidores, superando la filosofía del «control exclusivo del consumidor» que dominaba el movimiento cooperativista. Esto implicaba una mayor valoración y apoyo a las cooperativas de producción y una mejora en el estatus y la participación de los empleados.</p>



<p><strong>Modernización de la Gestión y las Relaciones Laborales</strong>: Se realizaba una crítica a la estructura de gestión del movimiento, caracterizada por el «control laico»de comités a tiempo parcial sobre gerentes profesionales. Se argumentaba que esto limitaba la eficiencia y la iniciativa. Se pedía una modernización de las relaciones laborales mediante la implantación de sistemas de consulta conjunta, mejores salarios y una mayor inversión en la formación de directivos del cooperativismo. Los empleados deberían tener una participación real en los asuntos del movimiento, asignándoles puestos representativos específicos en los Comités de Gestión.</p>



<p>Como vemos, estamos ante una impugnación de todo el modelo cooperativista británico, que era un movimiento enorme, pero que también estaba a expensas de los designios del Partido Laborista. Con el tiempo esto sería fatal, puesto que el movimiento carecía de autonomía política y de estrategia. Cuando llegaron las crisis económicas posteriores, se despolitizaría en buena medida.</p>



<p><strong>Conclusiones</strong></p>



<p>Ahora bien, ¿qué se puede aprender de esta experiencia? Podemos analizar los errores cometidos por el movimiento gremialista primero, y el cooperativista después, que básicamente es el mismo: acercarse demasiado a las propuestas de estado paternalista o estado del bienestar, encarnado por los laboristas en Gran Bretaña, y olvidarse de tener una estrategia propia, que pasara por hacer valer su enorme fuerza social. En este sentido el sindicalismo siempre fue por delante.</p>



<p>Tanto las Trade Unions más reformistas, como el sindicalismo revolucionario, siempre tuvieron claro que la fuerza del sindicato es clave en las negociaciones o en las disputas con el Estado. Algunos entendían que servían como mecanismo de organización de los trabajadores, para que tuvieran voz en los asuntos económicos, mientras que los más radicales entendían que el sindicato era la clave de la revolución, puesto que podría hacer funcionar la sociedad sin necesidad del Estado. La postura de Cole parece obvia en este aspecto.</p>



<p>Sin embargo, las Trade Unions y el Socialismo Gremial a duras penas convivieron, y no se realizaron programas político-sociales para proyectar su poder, dejando la cuestión política a los partidos obreros. Con esto se empobrecieron de cuadros militantes muy válidos y el movimiento se resquebrajó, alejándose de sus propios objetivos iniciales.</p>



<p>Esto se repite una y otra vez cuando un movimiento social o popular no se lee a sí mismo políticamente, perdiendo su potencialidad o cayendo bajo la influencia de un grupo partidista externo al movimiento social&#8230; o, peor aún, acabar formando parte de una red clientelar (por ejemplo, el peronismo argentino).</p>



<p>Dicho esto, nos puede venir a la cabeza la Economía Social y Solidaria actual en el estado español, en especial en Catalunya. Aunque cuenta con entidades y redes que pretenden tener una voz propia, con carácter de movimiento, como podría ser la Xarxa d’Economia Solidària de Catalunya, la Red Internacional de Democracia Comunal u otras redes que hablan de post-capitalismo, en clave de ecosocialismo, ecofeminismo o de transición ecosocial, lo cierto es que la dependencia estructural de muchas cooperativas de las contrataciones por parte de las administraciones públicas (siendo algunas incluso parte del entramado administrativo como los Ateneus Cooperatius de Catalunya o las Comunalitats Urbanes a pesar de que a veces operan al margen de ellas y mantienen discursos rupturistas), así como de las subvenciones, erosiona su potencial emancipador postcapitalista. ¿Qué alternativa ofreceremos si llega al gobierno alguien que ni paga ni contrata? Posiblemente eso será el fin de muchos proyectos económicos, no muy bien planteados.</p>



<p>Por eso, recuperar experiencias y saberes antiguos como estos del Socialismo Gremial debería servir de advertencia y de apoyo teórico para buscar las alianzas adecuadas para los objetivos emancipadores que deberían emanar del cooperativismo en acción&#8230; o, al menos, del cooperativismo que se mantiene fiel a la tradición de los Pioneros de Rochdale (1844). En fin, todo esto da para reflexionar.</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Blackspartak, militante de Embat.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="1024" src="http://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/47e1916c-2bcd-4b4d-926f-f841fadd6f69-1024x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-16240" style="width:443px;height:auto"/></figure>



<p>Bibliografía</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Carpenter, Niles. <em>Guild Socialism: An Historical and Critical Analysis</em>. Nueva York: Appleton, 1922.</li>



<li>Cole, G. D. H.
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Chaos and Order in Industry</em>. Londres: Methuen and Co., 1920.</li>



<li><em>Guild Socialism. Fabian Tract No. 192.</em> Londres: The Fabian Society, marzo de 1920.</li>



<li><em>Guild Socialism Re-Stated</em><strong>. </strong>Londres: Leonard Parsons, 1920 (republicado por Transaction Books, NJ, 1980).</li>



<li><em>Labour in the Commonwealth. </em>Londres: The Swarthmore Press, 1919.</li>



<li><em>Labour in War-Time</em>. Londres: G. Bell and Sons, 1915.</li>



<li><em>Self-Government in Industry</em>. Londres: G. Bell and Sons, 1917.</li>



<li><em>Social Theory</em>. Londres: Methuen and Co., 1920.</li>



<li><em>The Payment of Wages</em>. Londres: Labour Research Department, 1918.</li>



<li><em>The World of Labour.</em> Londres: G. Bell and Sons, 1913.</li>



<li>&#8230; y Arnot, R. Page. <em>Trade Unionism on the Railways.</em> Londres: Labour Research Department, 1917.</li>



<li>&#8230; y Mellor, W. <em>The Meaning of Industrial Freedom. </em>Londres: Daily Herald, 1919.</li>
</ul>
</li>



<li>Eisfeld, Rainer. «The Emergence and Meaning of Socialist Pluralism»<em>. International Political Science Review</em>, vol. 17, págs. 267-299, 1996.</li>



<li>Hobson, Samuel G. <em>National Guilds: An Inquiry into the Wage System and the Way Out.</em> Londres: G. Bell &amp; Sons, 1914.</li>



<li>Hobson, Samuel G. <em>National Guilds and the State</em>. Londres: G. Bell &amp; Sons, 1920.</li>



<li>Hutchinson, Frances y Burkitt, Brian. <em>The Political Economy of Social Credit and Guild Socialism. </em>Londres: Routledge, 1997.</li>



<li>Penty, Arthur J. <em>Guilds and the Social Crisis.</em> Londres: G. Allen &amp; Unwin, 1919.</li>



<li>Penty, Arthur J. <em>The Restoration of the Gild System</em>. Londres: Swan Sonnenschein &amp; Co., 1906.</li>



<li>Stears, Marc. «Guild Socialism and Ideological Diversity on the British Left, 1914-1926». <em>Journal of Political Ideology,</em> vol. 3, págs. 289-306, 1998.</li>
</ul>



<p><a id="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a> Sobre este tema, podéis leer la propuesta de la CGT francesa de nacionalizaciones y de creación del Consejo Económico del Trabajo, desarrollada en el artículo <em>El Consejo Económico del Trabajo y la nacionalización industrializada en Francia.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-regeneraci-n-libertaria wp-block-embed-regeneraci-n-libertaria"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="5yhdHB5jvi"><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2026/01/21/el-consejo-economico-del-trabajo-y-la-nacionalizacion-industrializada-en-francia/">El Consejo Económico del Trabajo y la Nacionalización industrializada en Francia</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«El Consejo Económico del Trabajo y la Nacionalización industrializada en Francia» — Regeneración Libertaria" src="https://regeneracionlibertaria.org/2026/01/21/el-consejo-economico-del-trabajo-y-la-nacionalizacion-industrializada-en-francia/embed/#?secret=OSZskkv2U1#?secret=5yhdHB5jvi" data-secret="5yhdHB5jvi" width="600" height="338" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p><a id="sdfootnote2sym" href="#sdfootnote2anc">2</a> Esta idea de las comisiones tripartitas se desarrolla ampliamente en el artículo <em>Explicando el modelo sindical de la CNT</em> (2025).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-regeneraci-n-libertaria wp-block-embed-regeneraci-n-libertaria"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="BO19NeVunK"><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/">Explicando el modelo sindical de la CNT</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«Explicando el modelo sindical de la CNT» — Regeneración Libertaria" src="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/embed/#?secret=RCQ1aEKm9T#?secret=BO19NeVunK" data-secret="BO19NeVunK" width="600" height="338" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/11/el-socialismo-gremial-origenes-teoria-y-trayectoria/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Plataformismo y especifismo</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/08/plataformismo-y-especifismo/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/08/plataformismo-y-especifismo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[liza]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 May 2026 07:36:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Especifismo]]></category>
		<category><![CDATA[Organización]]></category>
		<category><![CDATA[Plataformismo]]></category>
		<category><![CDATA[Poder popular]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16213</guid>

					<description><![CDATA[Dos tradiciones para un mismo problema estratégico En el debate contemporáneo del anarquismo organizado suelen aparecer dos términos que, a veces, se presentan como corrientes enfrentadas: el plataformismo y el especifismo. Sin embargo, una mirada histórica más detenida muestra que ambos nacen de una preocupación común: cómo dotar al anarquismo de organización política, coherencia estratégica [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/plat-y-esp.png" alt="" class="wp-image-16232"/></figure>



<p><em><strong>Dos tradiciones para un mismo problema estratégico</strong></em></p>



<p>En el debate contemporáneo del anarquismo organizado suelen aparecer dos términos que, a veces, se presentan como corrientes enfrentadas: el plataformismo y el especifismo. Sin embargo, una mirada histórica más detenida muestra que ambos nacen de una preocupación común: cómo dotar al anarquismo de organización política, coherencia estratégica e inserción real en las luchas de las clases explotadas. Más que dos mundos opuestos, son dos respuestas distintas —situadas en contextos históricos diferentes— a un mismo problema.</p>



<p><strong>La Plataforma y el problema de la organización</strong></p>



<p>La llamada “Plataforma organizativa de los comunistas libertarios” fue elaborada en 1926 por el grupo Dielo Truda, formado por militantes anarquistas rusos exiliados tras la derrota revolucionaria y la consolidación del poder bolchevique después de la Revolución rusa. El texto pretendía responder a una cuestión que los propios autores consideraban central: por qué el anarquismo había sido incapaz de intervenir con eficacia en un proceso revolucionario de enorme magnitud.</p>



<p>La respuesta que proponían no era doctrinal sino organizativa. La Plataforma defendía la construcción de una Unión General de los Anarquistas basada en algunos principios claros: unidad teórica, unidad táctica, responsabilidad colectiva y federalismo. Para sus autores, el principal problema del anarquismo de su tiempo no era la falta de militantes o de ideas, sino la dispersión organizativa y estratégica.</p>



<p>El documento provocó inmediatamente un debate intenso en el movimiento anarquista internacional. Figuras como Volin o Sébastien Faure respondieron proponiendo la llamada síntesis anarquista, que buscaba reunir en una misma organización a las distintas corrientes del anarquismo —comunistas libertarios, anarcosindicalistas e individualistas— sin exigir una línea política común.</p>



<p>El enfrentamiento fue áspero y el intento de crear una articulación internacional en torno a la Plataforma terminó frustrándose. Pero el debate dejó una huella duradera: instaló con claridad el problema de la organización política específica anarquista, un tema que reaparecería décadas más tarde en otros contextos.</p>



<p><strong>La experiencia latinoamericana del especifismo</strong></p>



<p>Treinta años después, en un escenario histórico muy distinto, surgió en Uruguay la Federación Anarquista Uruguaya, fundada en 1956. Aunque no nació conociendo la experiencia de la Plataforma, la FAU desarrolló una concepción organizativa con importantes puntos de contacto: la necesidad de una organización política anarquista coherente, con estrategia y programa, capaz de intervenir de forma organizada en los movimientos sociales.</p>



<p>A partir de su práctica en el movimiento obrero, estudiantil y territorial, la FAU elaboró una concepción estratégica que más tarde sería conocida como especifismo. Esta tradición se extendió posteriormente a otros países de América Latina y tuvo una influencia decisiva en el desarrollo del anarquismo organizado en Brasil.</p>



<p>Investigadores como Felipe Corrêa, vinculado al Instituto de Teoria e História Anarquista, han señalado que tanto el plataformismo como el especifismo pueden entenderse dentro de una misma familia histórica del anarquismo: la tradición que defiende el dualismo organizacional, es decir, la existencia de una organización política anarquista específica que interviene en los movimientos sociales sin sustituirlos.</p>



<p>En Brasil esta tradición cristalizó en organizaciones contemporáneas como la Organização Socialismo Libertário, que reivindican simultáneamente la herencia del especifismo latinoamericano y del plataformismo clásico.</p>



<p><strong>Dos experiencias que nacieron sin conocerse</strong></p>



<p>Este recorrido histórico permite entender algo importante: plataformismo y especifismo no surgieron como corrientes rivales. Nacieron en épocas distintas, en continentes distintos y en contextos sociales profundamente diferentes. Sus similitudes tienen que ver con el problema que intentaban resolver —la necesidad de organización política—, mientras que sus diferencias responden en gran medida a las condiciones históricas en las que se desarrollaron.</p>



<p>La Plataforma fue una reflexión surgida del fracaso revolucionario europeo de entreguerras. El especifismo uruguayo se formó en el contexto latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX, marcado por otras configuraciones sociales, otras tradiciones de lucha y otros escenarios políticos.</p>



<p>Comprender esto es importante para evitar un error frecuente en la historia de la izquierda: convertir las estrategias en recetas universales.</p>



<p><strong>Nuestro uso del término plataformismo</strong></p>



<p>En el caso de la Liza, la adopción del término plataformismo responde en parte a esta preocupación. Por un lado, existía la intuición de que era necesario recuperar la experiencia del grupo Dielo Truda y su crítica a la desorganización del anarquismo. Por otro, parecía problemático adoptar sin más la denominación de “especifismo” —nacida en América Latina y vinculada a una tradición concreta— y trasladarla directamente al contexto europeo.</p>



<p>Con el tiempo, el conocimiento más profundo de la experiencia latinoamericana ha reforzado esa cautela inicial. No se trata de negar las afinidades entre ambas tradiciones, sino de reconocer que cada una de ellas responde a contextos específicos.</p>



<p><strong>La advertencia de Mechoso</strong></p>



<p>En este punto resulta especialmente pertinente una reflexión de Juan Carlos Mechoso, militante histórico de la FAU. En una entrevista señalaba que en la izquierda latinoamericana habían sido frecuentes los intentos de trasladar modelos políticos de otras realidades “de manera más o menos mecánica”, sustituyendo el análisis concreto por esquemas importados.</p>



<p>La advertencia es simple pero profunda: no hay nada menos estratégico que copiar estrategias. Las ideas pueden viajar, pero solo tienen sentido cuando se reinterpretan en relación con las condiciones sociales y políticas concretas de cada lugar.</p>



<p><strong>El problema del Poder Popular en Europa</strong></p>



<p>Uno de los ejemplos más claros de estas diferencias aparece en el concepto de Poder Popular, que ocupa un lugar central en buena parte del especifismo latinoamericano.</p>



<p>En términos generales, el Poder Popular se refiere a la construcción de un poder social alternativo al del capital y al del Estado, basado en la autoorganización de los sectores explotados y oprimidos. En América Latina, esta idea suele vincularse a la articulación de distintos sujetos sociales: trabajadores urbanos, campesinado, trabajadores informales, comunidades indígenas, habitantes de barrios populares y otros sectores subalternos.</p>



<p>En esas condiciones, el concepto puede funcionar como una herramienta estratégica para orientar procesos de organización popular y construir bloques sociales capaces de disputar el poder.</p>



<p>Pero el contexto europeo es distinto. En gran parte de Europa occidental, las transformaciones sociales del último siglo han producido una homogeneización mucho mayor de las clases. El campesinado prácticamente ha desaparecido como actor político autónomo, los sectores indígenas no existen como categoría social, y amplias capas de la población han sido integradas durante décadas en las instituciones del Estado social.</p>



<p>En este escenario, el problema estratégico suele ser otro: recordar a la clase trabajadora que sigue siendo clase trabajadora, incluso cuando se percibe a sí misma como clase media.</p>



<p><strong>Fragmentación social y hegemonía</strong></p>



<p>A esto se suma otro factor importante. En Europa, muchas interpretaciones contemporáneas del concepto de Poder Popular han estado influenciadas por corrientes autonomistas o por ciertas lecturas de la interseccionalidad aplicadas a los movimientos sociales. El resultado ha sido a menudo una proliferación de luchas sectoriales, fragmentadas por temáticas o identidades, frecuentemente multiclasistas y sin un horizonte socialista claro.</p>



<p>En ese contexto, el concepto de Poder Popular corre el riesgo de funcionar no como herramienta para construir una hegemonía revolucionaria, sino como justificación de frentes sociales heterogéneos y políticamente indeterminados.</p>



<p>Cuando la cuestión de clase deja de ocupar el centro del análisis, las luchas tienden a limitarse al programa de los sectores más integrados o privilegiados dentro de esos movimientos.</p>



<p><em>Es interesante señalar que esta cuestión sobre los limites del Poder Popular en contextos occidentales es un debate abierto en la actualidad en nuestra tradición. Compañeros Plataformistas Australianos critican las posiciones, o mas bien los efectos que implican dichas posiciones, del Especifismo en EEUU. Y nosotras compartimos plenamente su argumentario, el uso de Poder Popular en sociedades como las occidentales lejos de permitirnos construir un sujeto revolucionario nos condena a los frentes multiclasistas donde el programa queda clausurado por los intereses de los sectores más privilegiados, pasando así de las demandas por la redistribución de los medios de decisión y de producción, al reconocimiento de la diferencia dentro de los márgenes del sistema burgués.</em></p>



<p><strong>Recuperar la tradición de lucha de nuestro contexto</strong></p>



<p>Desde esta perspectiva, la recuperación de la Plataforma puede tener hoy un significado específico en Europa. No se trata de repetir literalmente un documento escrito hace casi un siglo, sino de recuperar una tradición política que colocaba en el centro tres cuestiones fundamentales: organización, estrategia y lucha de clases.</p>



<p>La crítica que los militantes de Dielo Truda dirigieron al anarquismo de su tiempo —su dispersión organizativa, su falta de coherencia estratégica y su dificultad para intervenir de forma sostenida en la lucha de clases— sigue teniendo una sorprendente actualidad.</p>



<p>Recuperar esa tradición permite también volver a situar el problema estratégico en términos de Poder de Clase: la construcción de una hegemonía revolucionaria basada en la autoorganización de la clase trabajadora y orientada hacia un horizonte anticapitalista y comunista libertario.</p>



<p><strong>Dos tradiciones, una misma intuición</strong></p>



<p>Plataformismo y especifismo comparten, en última instancia, una intuición fundamental: sin organización política específica no hay estrategia revolucionaria posible.</p>



<p>Las diferencias entre ambas tradiciones tienen que ver sobre todo con los contextos en los que se desarrollaron y con las herramientas estratégicas que cada una elaboró para intervenir en ellos. Reconocer esto no debería ser motivo de polémica estéril, sino una oportunidad para aprender de ambas experiencias.</p>



<p>Al fin y al cabo, la pregunta estratégica sigue siendo la misma que planteaban los militantes de Dielo Truda hace un siglo y que retomaron más tarde los anarquistas latinoamericanos: cómo construir hoy una fuerza revolucionaria capaz de intervenir en las luchas reales de nuestra clase.</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Secretaría Política de Liza</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/plata-y-especi-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16231" style="width:423px;height:auto"/></figure>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/08/plataformismo-y-especifismo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Organización: Eficiencia vs Alienación militantista</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/05/la-organizacion-eficiencia-vs-alienacion-militantista/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/05/la-organizacion-eficiencia-vs-alienacion-militantista/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Hedra Anarquista]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2026 07:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Especifismo]]></category>
		<category><![CDATA[Estrategia]]></category>
		<category><![CDATA[Militancia]]></category>
		<category><![CDATA[Organización]]></category>
		<category><![CDATA[Plataformismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16193</guid>

					<description><![CDATA[Es muy común, en las distintas militancias, ver personas saturadas, sobrecargadas de trabajo y estrés acumulado. Al mismo tiempo, y por contra, se viven escenas de inactividad y sensaciones de tiempo perdido en largas asambleas y reuniones de las que se sale con la sensación de no haber avanzado, sin llegar a acuerdos claros, sin [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/eficiencia.png" alt="" class="wp-image-16227"/></figure>



<p>Es muy común, en las distintas militancias, ver personas saturadas, sobrecargadas de trabajo y estrés acumulado. Al mismo tiempo, y por contra, se viven escenas de inactividad y sensaciones de tiempo perdido en largas asambleas y reuniones de las que se sale con la sensación de no haber avanzado, sin llegar a acuerdos claros, sin tareas definidas de cara al futuro, poco espacio para intervenir o grupos de trabajo inoperantes. A lo largo de la historia se han repetido estos fenómenos en organizaciones políticas revolucionarias; situaciones que no solo desgastan y repelen a la potencial militancia, sino que frenan el avance de las organizaciones en el logro de sus objetivos.</p>



<p>Estas situaciones, las emociones y dolores que suponen para los miembros de la organización son igual o más preocupantes que cuando se producen en el ámbito laboral dentro del sistema capitalista (y quizás las repliquemos porque estamos dentro del sistema capitalista). Debemos prestar atención a las distintas áreas de mejora que ha tenido y tiene el anarquismo a nivel organizativo para superarlas y crear organizaciones fuertes, amplias, eficientes y que alcancen sus objetivos siempre con cuidados hacia su militancia.</p>



<p>En 1972 se publica un punzante, autocrítico y hasta humorístico panfleto por la Organisation des Jeunes Travailleurs Revolutionnaires<em>, </em>traducido por Ediciones Esfuerzo en 2016. El artículo en español recibe el nombre de «La militancia, estadio supremo de la alienación» aunque la traducción literal sería «Militantismo, estadio supremo de la alienación» título con el que se busca remarcar el aspecto doctrinal de la militancia. En este crudo análisis de la militancia en organizaciones revolucionarias y políticas se habla sin tapujos de un masoquismo voluntario de los militantes ya que «el esfuerzo al que se compelen, y las dosis de aburrimiento que son capaces de aguantar, no deja lugar a dudas: estas personas son, en primer lugar, masoquistas». Al margen de los posibles debates que podrían derivar de la lectura detallada del artículo, no hay que dejar pasar la evidencia de que efectivamente hay dinámicas que repelen a potencial militancia y quema a actuales compañeras, porque un militante no debería ser «el tipo de persona para el cual las ocho o nueve horas de embrutecimiento diario no son suficientes» ni la militancia debería tener un «aspecto doctrinal» <em>per se</em>, como tiene en muchas ocasiones y expone el citado artículo.</p>



<p>El exceso de trabajo con su consiguiente estrés y la inactividad o sensación de tiempo perdido son dos de los principales males que se pueden dar en una organización, tan antagónicos y por momentos, tan simultáneos. La rigidez dogmática, falta de dinamismo, incapacidad para escuchar e integrar nuevas propuestas, la verticalidad y la consideración de la organización como algo inmutable son las características que rechazan y temen muchas personas militantes y que una organización libertaria, hoy día, debería superar si no quiere que el desgaste de sus miembros acabe por impedir su avance. Se hace urgente encontrar fórmulas organizativas que favorezcan la flexibilidad, participación y dinamismo al mismo tiempo que se consensúan objetivos y acciones a llevar a cabo, con los cuidados, corresponsabilidad y confianza necesarios entre sus miembros para no caer en la anteriormente descrita alienación militantista.</p>



<p>Estas deficiencias organizativas deben ser analizadas con perspectiva histórica y científica para tratar de evitarlas y sanear las organizaciones de cara a construir una militancia cohesionada que se sienta partícipe y cuidada al mismo tiempo que se avanza en posiciones y se obtienen resultados, lo cuál aumenta la motivación y anima a seguir en la lucha.</p>



<p>Para entender la atomización, falta de organización y derrotismo de la lucha anarquista actual recomiendo la lectura del artículo «La epidemia de rabia en España (1996-2007)». Sus autores analizan el fracaso de lo que se llamó «organización informal» que durante esos 90s y 00s primó en el movimiento libertario en torno al insurreccionalismo y el autonomismo. Al mismo tiempo, afirman no lamentar nada de lo llevado a cabo ni creen haber perdido el tiempo, lo cual es interesante porque pone el foco en los errores de las organizaciones previas al mismo tiempo que entienden las limitaciones de su estrategia. Sentencian que esa «falsa crítica olvida, por interés o ignorancia, los condicionantes que operaban entonces». Se torna pues, de vital importancia entender esos «condicionantes que operaban entonces» y extraer los errores cometidos en las distintas épocas de anarquismo ibérico, de los que da luz el citado artículo. Evidencian cómo el sectarismo del «anarquismo oficial» anterior a estas décadas, excesiva burocracia y la incapacidad por incluir nuevos militantes de forma activa o ampliar sus actividades, objetivos y estrategias choca de plano con lo que denominan «antagonismo juvenil» y que fuera de las organizaciones formales del anarquismo desplegó distintas prácticas como «okupaciones», fanzines, distribuidoras, actividades culturales o participación en movimientos como el antimilitarista, antirrepresivo, antifascista, antitaurino, antisexista, etc. Es decir, el «anarquismo oficial», que «en sus congresos estipulaba con gran delicadeza excluyente-incluyente, que el Movimiento Libertario estaba formado por la CNT, la FAI, la FIJL y Mujeres Libres» no supo acoger las nuevas y jóvenes fuerzas anarquistas que querían ser protagonistas de nuevas luchas. No existió un movimiento anarquista organizado capaz de acoger esas iniciativas, esas ganas y esas nuevas y amplias formas de entender la lucha por la emancipación.</p>



<p>Estas jóvenes anarquistas criticaron las dinámicas burocráticas, congresos, delegaciones, periodicidad de reuniones y demás obligaciones organizativas, dando prioridad a la acción concreta, sin aspiraciones de largo plazo ni de conquistar la hegemonía; se basaban y nutrían del compañerismo, la afinidad y la agilidad de discusión, del apoyo mutuo y la colaboración práctica. Permitían volver a pensar la organización como un medio y no como un fin, concebida para luchar, ganar y desaparecer.</p>



<p>En la organización informal no había lugar para la alienación militantista e impedía un fetichismo de la organización, como pudo ocurrir con las citadas y mitificadas organizaciones, pero tampoco quedaba lugar para una estrategia y objetivos de medio y largo plazo. En este punto entendemos cómo las organizaciones clásicas, al no prestar atención a las ineficiencias mencionadas se cargaron a su potencial militancia, descuidando tanto a las personas como a los objetivos, lo que dio lugar, junto con otros condicionantes, al actual estado de las cosas en cuanto a lucha libertaria. Por ello tenemos la misión de conformar organizaciones acogedoras al dinamismo que pedía el «antagonismo juvenil» y no caer en los errores del «anarquismo oficial» al mismo tiempo que se mantiene estructura y estrategia a largo plazo.</p>



<p>En el acertadísimo artículo <em><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/12/traballar-para-vivir-ou-vivir-para-militar/" data-type="link" data-id="https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/12/traballar-para-vivir-ou-vivir-para-militar/">Traballar para vivir ou vivir para militar?</a>,</em> escrito por Inés Kropo en esta misma revista se dice que «só unha militancia que se coida pode durar e só aquela que dura pode transformar», dejando claro que nuestras organizaciones no se pueden permitir reproducir una alienación militantista que desgaste con un reparto del trabajo de forma desequilibrada. En este mismo artículo se examina la militancia y se expone con claridad por qué debemos considerarla un trabajo aunque no en el sentido mercantilista del término.</p>



<p>«Estruturalmente, a militancia encaixa no traballo reprodutivo. Non produce mercadorías nin valor de cambio, pero produce algo fundamental: as condicións de posibilidade da propia política. Produce tempo colectivo, produce confianza, produce aprendizaxe, produce continuidade. Produce, en definitiva, suxeitos capaces de actuar politicamente de maneira sostida. Produce poder. Como o resto do traballo reprodutivo, adoita ser invisible cando funciona e só se volve evidente cando falla.»</p>



<p>Finalmente, el artículo habla de «o coidado da convivencia, os límites, a redistribución do traballo e do poder». Si bien lo hace desde una acertada perspectiva feminista, me interesa llevar la reflexión, en este punto, a analizar qué aspectos clave debemos tener presentes para desarrollar nuestras organizaciones, y más concretamente, organizaciones que buscan generar una estrategia con dinámicas que funcionen y alcancen resultados.</p>



<p>El trabajo en nuestras organizaciones no debe alienar (ni sobrecargar ni dar sensación de tiempo perdido), debe incluir y ser práctico, debe alcanzar objetivos y debe «durar para transformar». Es decir, debe estar organizado de forma que todas las personas puedan aportar según sus capacidades y de estas aportaciones colectivas obtener los mejores resultados. Debe ser un trabajo eficiente.</p>



<p>El punto óptimo, en el que se logra la eficiencia organizativa, en términos productivos, se da cuando se alcanza mayor producción con los menores recursos utilizados, y podemos extrapolarlo a nuestra organización política como la consecución de objetivos o el logro de mayor avance estratégico con el menor desgaste de los y las militantes, siempre respetando los principios básicos acordados.</p>



<p>Debemos entender la búsqueda de la eficiencia, no en un sentido capitalista que busca el aumento de la productividad para lograr mayor producción, ventas y margen de beneficios, sino en un sentido libertario que vaya alineado con un aumento de la libertad, capacidad de desarrollo y goce de las personas.</p>



<p>No se debería permitir que una organización que pretende impulsar un mundo mejor genere los mismos males que la peor y más inhumana cadena de producción u organización jerárquica al uso, que explota a los y las trabajadoras con el único fin de robarle el fruto de su trabajo y ampliar los beneficios empresariales. Es preocupante, que este fenómeno se de en organizaciones que buscan horizontalidad, sin un jefe supervisor que exige que aprietes 70 tuercas por minuto como Chaplin en <em>Tiempos modernos</em>. Y sin embargo, uno de los problemas fundamentales de la alienación militantista, del hartazgo, la frustración y desgana viene precisamente de que en ocasiones no hay un solo jefe supervisor que exige apretar 70 tuercas en una cadena de montaje, sino que podemos ser entre cinco y 20 militantes las que vamos tuerca por tuerca, todas juntas, supervisándonos unas a otras, «decidiendo» en asamblea quién es la que aprieta la siguiente y, por supuesto, discutiendo si se haría mejor con una llave inglesa, llave de tubo, llave de doble boca o una llave acodada. Es decir, podemos estar generándonos la misma o más presión entre nosotras mismas que el perro guardián del patrón industrial y, además, consiguiendo el efecto contrario al que busca el perro supervisor: ser mucho menos productivas.</p>



<p>Cuando se consensúan objetivos (qué hacer) y la acción está guiada por unos principios y valores acordados (cómo hacer), solo debe quedar la confianza en las compañeras que ejecutarán las tareas. En una organización sana las personas militantes deben actuar con libertad, confianza y de buen gusto, eligiendo sus propias herramientas, equivocándose y aprendiendo de las demás compañeras, el colectivo debe apoyar y aportar, deben ahorrarse discusiones y debates efímeros que no impulsan un avance, sino que frenan el trabajo. La organización debe ser eficiente para revalidar el argumento de que tres personas trabajando juntas hacen más que la suma de tres personas trabajando por separado.</p>



<p>De manera inversa al hecho de que organizaciones que se dicen horizontales replican efectos negativos similares a los producidos por organizaciones jerárquicas del sistema productivo capitalista, podemos explorar la vía de entender qué es lo que lleva a la productividad y eficiencia en estas organizaciones y tratar de llevarlo a nuestro terreno, bajo nuestros principios.</p>



<p>Con ánimo de provocar irritación en los intransigentes estómagos anarquistas de algunos lectores, voy a citar al economista clásico Adam Smith, que en su libro <em>La riqueza de las naciones</em> (1776) fue el primero en analizar cómo la división de un trabajo en distintas tareas aumentaba la productividad de los trabajadores. Poniendo de ejemplo talleres de fabricación de alfileres explicó cómo en ellos se dividían las distintas tareas: unos se encargaban de alisar el metal, otros operarios del corte, el siguiente grupo afilado y por último estaban los encargados de colocar la cabeza del alfiler y pulir las piezas . Repartirse el trabajo en distintas tareas propicia la especialización de los trabajadores en una tarea, que harán mejor y más rápido y permite una mejor organización espacio-temporal, lo que reduce tiempos.</p>



<p>Esta realidad observada por el economista liberal del siglo XVIII, le sirvió para acuñar el término de división del trabajo y defenderlo como vía para lograr una mayor productividad en las organizaciones. Como suele ocurrir, no hizo falta tiempo para que muchos empresarios de la época tomaran la palabra de Smith y llevasen a cabo transformaciones fatales en sus industrias. Estamos hablando del surgimiento de modelos industriales basados en buscar la máxima división del trabajo para aumentar productividad, producción y consecuente beneficio empresarial. Una división hasta el punto de que los operarios realizaban un único movimiento, exacto y medido, de forma repetida durante toda su jornada, todos los días del año, es decir, la perfecta alienación por definición. Todo esto, haciendo oídos sordos a la advertencia del propio Adam Smith, que en el mismo libro aclaraba que «un hombre que dedica toda su vida a ejecutar unas pocas operaciones sencillas no tiene ocasión de ejercitar su inteligencia o movilizar su inventiva. Por ello pierde naturalmente el hábito de ejercitarlas y en general se vuelve tan estúpido e ignorante como pueda volverse una criatura humana» (<em>La riqueza de las naciones</em>; p.717).</p>



<p>Autores anarquistas como Emma Goldman o Piotr Kropotkin alertan de los peligros y la alienación que supone esta división del trabajo. Por un lado se evidencia que genera jerarquías, ya que sitúa en distintos niveles las tareas intelectuales y las tareas manuales subordinando las unas a las otras y por otro la brutal alienación y deterioro intelectual, físico y mental del proletariado.</p>



<p>No obstante, aunque críticos, son conscientes de las ventajas que supone un buen reparto del trabajo. El propio Proudhon reconoce las bondades que pueden llegar de esta división del trabajo en su libro <em>Sistema de las contradicciones económicas</em> de 1846, advirtiendo que «es útil cuando el trabajador permanece dueño de sí mismo y de su obra». Por su parte, Kropotkin, en el capítulo XV dedicado a la división del trabajo en <em>La conquista del pan,</em> hace una dura crítica hacia el planteamiento capitalista de la misma y el embrutecimiento y alienación a la que da lugar sin menospreciar la búsqueda de productividad en sí misma, centra la crítica en los efectos sobre el individuo, afirmando que llegaría mayor productividad con la variedad de ocupaciones de las personas. Lo cuál no debería invalidar el proceso de análisis y división de las tareas a realizar para ser más eficientes sino que añade esa rotación que permite ampliar conocimientos, aportar en otras áreas y eliminar la alienación.</p>



<p>En el capítulo primero de <em>Campos, fábricas y talleres</em> (1899) se arremete de nuevo contra las consecuencias de la división del trabajo y en este caso sí las focaliza en su consecuente especialización y afirma que «mientras que una división temporal de funciones sigue siendo la más segura garantía de éxito en cada empresa particular, la división permanente está condenada a desaparecer, siendo sustituida por una variedad de ocupaciones intelectuales, industriales y agrícolas, correspondientes a las diferentes aptitudes del individuo, así como a la variedad de las mismas dentro de cada agregación de seres humanos» (<em>Campos, fábricas y talleres</em>, p.14).</p>



<p>De este análisis crítico, lo que debemos entender es que muchos de los problemas de saturación de las personas militantes vienen de estructuras organizativas que pueden mejorarse, en las que, a partir de unos objetivos, principios básicos y tareas a llevar a cabo consensuados, se realice una división del trabajo o reparto de tareas que permita que cada persona o grupo se ocupe de acciones concretas y alcanzables. Con el trabajo bien definido, repartido y consensuado no habrá militantes con exceso de carga ni militantes ociosas. Además, dejando claros los roles y las rotaciones en los mismos, teniendo en cuenta disponibilidades y capacidades se evitarán jerarquías formales e informales y se da respuesta a la necesidad de redistribución de la carga de trabajo invisible que se analiza en el artículo de Inés Kropo. Pero para todo ello se necesita un buen análisis de la organización y la creación de grupos y tareas de forma precisa. El resultado será una militancia más sana y con menos carga, lo cuál no debe cortar la libertad de acción de cada individuo ya que como defendía Emma Goldman, dentro de las organizaciones se debe respetar, por encima de todo, la voluntad y la iniciativa individual (<em>Anarquismo: lo que significa realmente</em>, p.9)</p>



<p>Esta división del trabajo no debe servir para jerarquizar la organización, debe servir simplemente para organizarse, definir roles y responsabilidades, para no interferir ni acumular trabajo ni poder. Debe servir para mejorar la coordinación, cooperación y colaboración. Debe servir para evitar las sobrecargas e ineficiencias generadas por la falta de debate previo en la formulación de objetivos y acciones a llevar a cabo. A partir de ahí, en una organización que se dice libertaria debería bastar con la confianza y el compromiso para que no se produzcan fallos ni desvíos importantes. Cuando una parte de la organización debe tomar una decisión de urgencia por algún contratiempo o evento inesperado, tan solo mirar los objetivos y los principios previamente establecidos debería bastar para guiar esa toma de decisiones, que pudiendo ser errónea debe hacerse desde la humildad y la confianza. Finalmente, cuando se revise la consecución de los objetivos se evaluará en grupo todo lo ocurrido, que en la mayoría de las ocasiones será mejorable. Pero dar libertad, revisar y proponer mejoras una vez hechos los avances siempre es mejor que no avanzar por por falta de definición de objetivos y acciones o por debates y burocracias que frenan la acción.</p>



<p>El fenómeno que ocurre cuando hay más personas de las necesarias realizando una tarea en economía se tiene muy estudiado. Se le llama ley de rendimientos decrecientes e ilustra muy bien ciertas deficiencias que se dan en espacios de militancia. Esta ley afirma en términos productivos, que a medida que se aumenta un factor (trabajadores), si no se aumenta el espacio de trabajo o la maquinaria, la producción resultante irá en inicio en aumento, pero cada vez este aumento será menor, hasta que comience a disminuir. Un ejemplo fácil sería imaginar preparar bocadillos. Pongamos que, en una hora, una persona es capaz de hacer diez bocadillos con todos sus ingredientes. Dos personas cooperando, con un reparto de tareas (división del trabajo) bien hecho, pueden hacer 25 bocadillos, que es más que la suma de dos personas por separado. En el caso de tres personas, pueden llegar a preparar 45 bocadillos, que es mucho más que tres por separado. Sin embargo, llegará un momento en que ese aumento de productividad descienda, por dos motivos: uno, no hay tantas tareas que realizar; dos, si el espacio es limitado comenzarán a estorbarse, de modo que no solo habrá personas ociosas, sino que pueden impedir el buen desempeño de las demás, llegando a impedir alcanzar el objetivo.Este hecho evidencia la falta de organización, de roles y responsabilidades definidas que lastran el buen hacer de las organizaciones, desmotivan a la militancia e impiden el avance en posiciones.</p>



<p>En las organizaciones capitalistas estudian este fenómeno al milímetro con el objetivo de reducir costes y no pagar trabajadores que resten productividad, en nuestro caso no buscamos eso, y si se producen ineficiencias por el natural desarrollo de las actividades, adelante; sin embargo sí que hay que ser conscientes de los perjuicios que puede suponer para compañeras que se ven frenadas en sus tareas y compañeras que sienten que no están aportando y que bien podrían estar realizando otras tareas de mayor provecho.</p>



<p>Debemos comprender que la horizontalidad y la cooperación no implican estar presentes todas las personas en todos los procesos. En ocasiones, tanto los egos como los miedos a liderazgos y jerarquías impulsan a las militantes a querer estar en todas las tomas de decisiones, todas las actividades y todos los procesos de la organización, dejando en algunos casos tareas «menos divertidas» por hacer o para quien se carga de ellas en la sombra.</p>



<p>Por todo lo anterior, podemos decir que el especifismo tiene por delante la difícil misión de crear organizaciones que rechacen el sectarismo y se abran a toda la sociedad y nuevas militancias, que no se estanquen en procesos burocráticos desgastando la motivación, que alcancen estructuras ágiles y dinámicas a la hora de consensuar objetivos y diseñar estrategias, que se basen en la confianza y compañerismo para crear grupos de trabajo y procesos que no saturen a unas pocas ni impidan la participación de otras y que sean lo suficientemente maduras y flexibles como para revisar dichos procesos y logros, modificando la estrategia las veces que sea necesario sin caer en un derrotismo fatalista —por complicaciones tácticas— que frustre e impida seguir avanzando hacia objetivos de medio y largo plazo. Solamente logrando organizaciones ágiles, con buen reparto de tareas, con principios, estructura y estrategia se podrá superar la dicotomía entre quienes se fosilizaron en el viejo, sectario y burocrático «anarquismo oficial» y la practicidad y fugacidad de las organizaciones informales, que tampoco consiguieron consolidar sus logros a nivel social, además de evitar sobrecargas y ociosidad. Pensar la fórmula organizativa, acordar unos principios y objetivos que enmarquen las acciones y facilitar así el reparto de tareas nos permitirá una militancia eficiente, inclusiva y equilibrada, evitando la alienación militantista y logrando la eficiencia en procesos y eficacia a la hora de lograr objetivos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/eficiencia-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16228" style="width:330px;height:auto"/></figure>



<p class="has-text-align-right"><br><em><strong>c. Militante de Hedra</strong></em></p>



<p>Bibliografía:</p>



<p>Adam Smith. <em>La riqueza de las naciones</em>. Alianza Editorial (2004)</p>



<p>Emma Goldman. <em>Anarquismo: lo que significa realmente</em> (2022) Ed. Edu Robsy Recuperado de:</p>



<p><a href="https://www.textos.info/emma-goldman/anarquismo-lo-que-significa-realmente/pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.textos.info/emma-goldman/anarquismo-lo-que-significa-realmente/pdf</a></p>



<p>Inés Kropo.“Traballar para vivir ou vivir para traballar?” Revista Regeneración Libertaria (2026)</p>



<p>Los tigres de Sutullena. «La epidemia de rabia en España (1996-2007)». <em>Revista resquicios</em>, números 4 y 5 (2007-08) Recuperado de:</p>



<p><a href="https://www.briega.org/es/historia/epidemia-rabia-espana-1996-2007" target="_blank" rel="noopener">https://www.briega.org/es/historia/epidemia-rabia-espana-1996-2007</a></p>



<p>Organisation des Jeunes Travailleurs Revolutionnaires. <em>La militancia: Estadio supremo de la alienación</em>. Ediciones Esfuerzo (2016) Recuperado de:</p>



<p><a href="https://esfuerzo.noblogs.org/files/2017/11/OJTR-La-militancia-estadio-superior-de-la-alienaci%C3%B3n-FOLLETO.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://esfuerzo.noblogs.org/files/2017/11/OJTR-La-militancia-estadio-superior-de-la-alienaci%C3%B3n-FOLLETO.pdf</a></p>



<p>Pierre Joseph Proudhon. <em>Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria </em>(1870) Recuperado de:</p>



<p><a href="https://www.marxists.org/espanol/proudhon/filosofia-de-la-miseria.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.marxists.org/espanol/proudhon/filosofia-de-la-miseria.pdf</a></p>



<p>Piotr Kropotkin. <em>La conquista del pan</em> (1900) Editorial B. Bauza Recuperado de:</p>



<p><a href="https://www.marxists.org/espanol/kropotkin/kropotkin-la-conquista-del-pan.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.marxists.org/espanol/kropotkin/kropotkin-la-conquista-del-pan.pdf</a></p>



<p>Piotr Kropotkin. <em>Campos, fábricas y talleres</em> (1898) Reeditado por Solidaridad Obrera Recuperado de:</p>



<p><a href="https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Piotr%20Kropotkin%20-%20Campos,%20fabricas%20y%20talleres.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Piotr%20Kropotkin%20-%20Campos,%20fabricas%20y%20talleres.pdf</a></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/05/la-organizacion-eficiencia-vs-alienacion-militantista/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Nuestra única guerra es la guerra de clases</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/01/nuestra-unica-guerra-es-la-guerra-de-clases/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/01/nuestra-unica-guerra-es-la-guerra-de-clases/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción Regeneración]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 May 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis y crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Coyuntura]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Poder popular]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16195</guid>

					<description><![CDATA[Hoy, primero de mayo, se cumplen 140 años desde que cientos de miles de trabajadoras estadounidenses salieron a la huelga para luchar por la jornada de ocho horas. Lo lograron. La todavía joven clase trabajadora, aupada por el esfuerzo inagotable de militantes comunistas y anarquistas, forjada en décadas de lucha, afiló sus armas y demostró [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/Azul_Texto-17.jpg" alt="" class="wp-image-16207"/></figure>



<p>Hoy, primero de mayo, se cumplen 140 años desde que cientos de miles de trabajadoras estadounidenses salieron a la huelga para luchar por la jornada de ocho horas. Lo lograron. La todavía joven clase trabajadora, aupada por el esfuerzo inagotable de militantes comunistas y anarquistas, forjada en décadas de lucha, afiló sus armas y demostró al mundo entero de qué era capaz.</p>



<p>La burguesía, naturalmente, no iba a permanecer en silencio: tres días después, en Chicago, la policía abriría fuego indiscriminadamente contra los obreros en protesta; la prensa burguesa calumniaría a los huelguistas y espolearía la represión; y un juicio amañado se saldaría con la ejecución de militantes anarquistas. La burguesía respondió con todo lo que tenía y no fue suficiente.</p>



<p>Pese a la barbarie, pese a un capital ya desenmascarado, dispuesto a utilizar todos los medios a su alcance para vencer, arrasar y exterminar, la clase trabajadora de ayer nos demostró su potencia como fuerza social.</p>



<p>Poco pudo hacer la burguesía contra una clase consciente de sí misma, que logró imponerse e imponer la jornada de ocho horas. Esa victoria es nuestra herencia.</p>



<p>Dos siglos después, este primero de mayo, renovamos de nuevo el compromiso de todas aquellas que lucharon por la dignidad de la clase obrera. Hoy más que nunca, con nuestra clase en proceso de reorganización, buscando su camino, recordamos y hacemos nuestra la historia de todas aquellas que pusieron su esfuerzo y, en ocasiones incluso su vida al servicio de la lucha de todas.</p>



<p>Porque, aunque las formas cambian, la opresión contra nuestra clase continua. La descubrimos en nuestras vidas, cada vez más precarizadas e inseguras, forzadas a existir en un sistema que pone en jaque la posibilidad de acceder a una vivienda digna, de llegar a fin de mes a pesar de tener un empleo. Nombrarla es el primer paso para hacerle frente.</p>



<p>Un año más denunciamos la explotación laboral, las condicionales de trabajo que nos enferman física y psicológicamente, los salarios insuficientes para cubrir las necesidades básicas, los contratos basura y la creciente dificultad de conciliar el empleo con el descanso y con nuestras vidas; que se ceba especialmente con los sectores más precarizados de nuestra clase.</p>



<p>Contra el auge de la extrema derecha y contra el fascismo, que penetra en la sociedad a través del miedo,del desencanto y de la sensación de que nada tiene sentido. Se disuelve en las redes y se cristaliza en las instituciones del Estado burgués para defender los intereses de quienes realmente son sus amos: los capitalistas. Frente al miedo que paraliza, oponemos la organización que libera.</p>



<p>Nuestra clase no es homogénea. Vivimos atravesadas por diferentes opresiones y violencias que forman parte intrínseca del capitalismo y que lo sostienen, como el colonialismo, el imperialismo, el racismo, el machismo o la discriminación a las disidencias sexuales y de género. La unidad no nos viene dada, la construimos día a día, sumando luchas y personas de clase trabajadora expulsades a los márgenes. Cada suma, una victoria.</p>



<p>Somos internacionalistas y, por tanto, realizamos una lectura global del capitalismo, que deriva en solidaridad con los pueblos oprimidos. Las fronteras no son más que instrumentos de clase. Rechazamos todas las instituciones del estado burgués creadas para su defensa, desde los CIEs hasta Frontex.</p>



<p>Impulsamos una lectura del ecologismo desde la clase, denunciando el saqueo y destrucción de nuestros recursos, el neocolonialismo económico y la desolación del territorio provocada por la acumulación capitalista y a la falsa teoría de crecimiento infinito.</p>



<p>La crisis climática y energética, agudizada por un reparto desigual, debe entenderse desde este marco. Será la clase trabajadora, especialmente aquella en el sur global, la que pague con su sangre las consecuencias de la lucha por los recursos y con su sustento las de las sequías y temporales.</p>



<p>Contra el rearme imperialista, la guerra y los genocidios, puestos en marcha para defender los intereses dela clase capitalista occidental, y que lleva años asolando el sur global. Guerras capitalistas, imperialistas y criminales que se cobran las vidas de la clase trabajadores para la defensa de los intereses de unos pocos que jamás vivirán la experiencia desgarradora de pisar una zona de guerra. Nuestra solidaridad no tiene fronteras porque nuestra lucha tampoco las tiene. Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases.</p>



<p><em>La clase trabajadora atraviesa un momento de recomposición, sin un programa político revolucionario está condenada a una lucha de resistencia, donde la victoria no es avance, sino frenar el retroceso de las victorias que ya ganamos ayer; es contenida por unos sindicatos copados por y para el capital, que limitan y traicionan sus luchas.</em></p>



<p>No ha llegado todavía el fin de la historia, ni mucho menos el fin de la historia de nuestra clase, todavía crecen briznas de esperanza allí donde otros solo ven silencio. Cada asamblea convocada, cada huelga sostenida, cada compañera que da un paso hacia delante lleva dentro de sí el potencial de una grieta que quizás podrá derribar el muro.</p>



<p>Hoy se nos brinda la oportunidad de reorganizar y construir una organización revolucionaria y libertaria fuerte, capaz de hacerle frente a burocracias, a desvíos oportunistas o autoritarios. Una organización que no solo resista, sino que nos acerque al mundo que queremos: horizontal, solidario, vivo.</p>



<p>No partimos de cero. Partimos de 140 años de luchas ganadas a pulso, de memorias que nos sostienen, de compañeras que antes que nosotras creyeron que era posible y tenían razón. El único camino que tenemos como clase es la revolución.</p>



<p>Hoy, ayer y mañana, nuestra guerra es una sola, la guerra de clases.</p>



<p><em><strong>Batzac &#8211; Hedra &#8211; Liza &#8211; Xesta &#8211; Embat</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="580" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/imatge-580x1024.png" alt="" class="wp-image-16201" style="width:381px;height:auto"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/Crema-cuadrado-18-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-16209" style="width:319px;height:auto"/></figure>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/01/nuestra-unica-guerra-es-la-guerra-de-clases/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Como adormecer a bravura dun pobo: da forza popular á forza parlamentaria.</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/24/como-adormecer-a-bravura-dun-pobo-da-forza-popular-a-forza-parlamentaria/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/24/como-adormecer-a-bravura-dun-pobo-da-forza-popular-a-forza-parlamentaria/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xesta Organización Anarquista Galega]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2026 09:49:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[BNG]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Galiza]]></category>
		<category><![CDATA[Poder popular]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16133</guid>

					<description><![CDATA[O pobo xa aprendeu a arder. Ardeu co chapapote nas mans, co fume nos pulmóns, coa auga no corazón; ergueuse cando todo indicaba que debía calar. Organizouse, tomou as rúas, creou redes e respondeu con dignidade e forza. Pero, mentres esa enerxía colectiva medraba, foi aparecendo unha dinámica paralela, invisíbel para quen non quere ver: [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/todo-por-hacer-4.png" alt="" class="wp-image-16148"/></figure>



<p>O pobo xa aprendeu a arder. Ardeu co chapapote nas mans, co fume nos pulmóns, coa auga no corazón; ergueuse cando todo indicaba que debía calar. Organizouse, tomou as rúas, creou redes e respondeu con dignidade e forza. Pero, mentres esa enerxía colectiva medraba, foi aparecendo unha dinámica paralela, invisíbel para quen non quere ver: transformar a mobilización en xestión, a protesta en trámite, a organización popular en plataforma controlada. O que nace desde abaixo acaba medido, moderado e reconducido cara a marcos institucionais que non cuestionan nada de fondo. Véndese como responsabilidade e madurez política, pero o efecto real é outro: menos autonomía, menos capacidade de decisión propia, máis dependencia de quen fala no noso nome. E aí está a pregunta central deste artigo: como se pasou dunha forza popular brava a unha forza parlamentaria que adormece ao pobo que di representar?</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="470" height="313" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/chapapote.jpg" alt="" class="wp-image-16134"/><figcaption class="wp-element-caption">Brigadas de voluntarias na limpeza de &#8216;chapapote&#8217;</figcaption></figure>
</div>


<p><strong>Traxectoria dun movemento</strong></p>



<p>Se queremos entender onde estamos, cómpre mirar atrás. O nacionalismo galego organizado arredor da UPG naceu cun discurso explicitamente de clase e cunha inspiración marxista que falaba de ruptura, anticapitalismo e autodeterminación. Durante anos, esa tradición presentouse como expresión política dun pobo en movemento. Mais co paso do tempo, o proceso de “normalización” institucional e a adaptación ao réxime do 78 foron mudando o ADN do proxecto: o horizonte de confrontación co estado e co capital foi substituído por unha estratexia de xestión e presenza estable nas institucións. O que antes pretendía combater o poder rematou asumindo as regras do xogo e xogando a ser a mellor versión posible da administración do existente. Así, o BNG converteuse nunha forza parlamentaria que non só canaliza o descontento, senón que o administra e frecuentemente o desactiva, convertendo os conflitos sociais en problemas de trámite político. Porén, esta non foi a única vía tomada polo independentismo galego nestes anos. Houbo unha recua de persoeiros que se manifestaron contrarios á constitución e mesmo escisións que optaron pola loita armada.</p>



<p>A consolidación electoral do BNG, lonxe de traducirse nun fortalecemento do movemento obreiro autónomo, adoita coincidir co seu enfracamento cualitativo: unha atenuación da radicalidade do discurso e unha crecente subordinación da produción de sentidos comúns á mediación institucional. É a vella lóxica socialdemócrata repetida unha vez máis: prometer cambios estruturais e entregar reformas limitadas; falar en nome da clase traballadora mentres se reduce a capacidade da propia clase para decidir e actuar por si mesma. Aquí entran os conceptos chave que percorre este artigo: capitalización e fagocitación. Non falamos de represión aberta, senón dun mecanismo moito máis sofisticado: integrar, absorber e neutralizar as loitas sociais introducíndoas en marcos institucionais e electorais que as desactivan politicamente. Constrúese así unha hexemonía pactista avelaíña, amable e inofensiva: un discurso inclusivo, unha radicalidade simbólica que non compromete o esencial e unha práctica xestora que administra o existente. Un modelo que non empurra á clase traballadora a organizarse como suxeito autónomo, político e revolucionario, senón a delegar a súa forza nunha representación que fala dela, pero raramente lle devolve poder real. Unha lóxica que lonxe de cambiar a súa realidade material, move os marcos do sentido común cara á dereita, vendéndose como a única alternativa de esquerdas e deixando, polo tanto, outras alternativas radicais nas marxes.</p>



<p>Mais esta crítica non pode dirixirse só cara a fóra: tamén nos interpela como movemento libertario. Nas últimas décadas vimos como partidos de esquerda ían virando progresivamente os seus marcos políticos cara a políticas cada vez máis neoliberais, asumindo a lóxica do mercado, a gobernabilidade e a xestión “responsábel” como límites insuperábeis. O ciclo do 15M –só como exemplo– acabou reconducido á “nova política” institucional, que recolocou toda aquela enerxía no terreo do estado e en propostas puramente reformistas. Esta oportunidade, como moitas outras abertas en momentos de tensión e contradición do capitalismo, foron desperdiciadas polo movemento libertario a consecuencia da nosa orfandade estratéxica: non fomos quen de ofrecer unha alternativa críbel de transformación, unha proposta organizada de institucionalidade libertaria, de modelo político e social que puidese disputar hexemonía ás marxes do estado e do capital. Os tradicionais partidos de esquerdas, máis os partidos-movemento posteriores, impuxeron unha axenda fronte á carencia dunha alternativa revolucionaria organizada. E esa é unha responsabilidade que nos toca asumir se queremos estar á altura do que vén.</p>



<p><strong>A estratexia (re)partida</strong></p>



<p>Esta deriva do BNG non é accidental nin improvisada: responde a unha estratexia política moi concreta. En lugar de promover organizacións populares autónomas, con capacidade real de decisión e conflito, constrúese arredor do nacionalismo institucional unha constelación de plataformas, coordinadoras e espazos “unitarios” que serven para hexemonizar un sentido común socialdemócrata, quedo e aparentemente plural, pero totalmente baleiro de contido transformador. A súa estratexia pasa pola capitalización dalgunhas loitas e, por tanto, a fagotización destas convértese na súa táctica central: estar só nas mobilizacións que máis rendemento político e electoral lle poidan ofrecer, e non necesariamente nas que máis cren, nin nas que supoñen un maior nivel de confrontación real. Non buscan crear movementos para cambiar a correlación de forzas desde abaixo, senón unha xestión keynesiana do conflito: crear estruturas que permitan administrar o conflito, encadralo, facelo previsíbel, domesticado e, finalmente, facelo inofensivo.</p>



<p>Estas plataformas adoitan compartir trazos moi recoñecíbeis. En primeiro lugar, contan cunhas dirixencias politizadas, vinculadas orgánica ou ideoloxicamente ao BNG, que funcionan como correas de transmisión entre a base social e os intereses institucionais do partido, interpretando e moderando as demandas sociais unilateralmente. En segundo lugar, operan dentro de marcos de reivindicación deliberadamente limitados, que evitan cuestionar o sistema no seu conxunto e reducen os conflitos a demandas técnicas ou de mellora parcial. En terceiro lugar, practican a evitación sistemática do conflito estrutural: non se aposta pola ruptura nin pola acumulación de forza popular autoxestionaria, senón por negociacións, xestos simbólicos e presión controlada. Finalmente, prodúcese unha substitución da organización de clase real por unha “marca movementista”: en lugar de sindicatos combativos, asembleas territoriais fortes ou estruturas comunitarias con vida propia, temos “plataformas” e “coordinadoras” verticais, dependentes e efémeras, que atenden a intereses alleos aos da propia causa que defenden.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/lumes-Casaio-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-16135"/><figcaption class="wp-element-caption">Lumes en Casaio</figcaption></figure>



<p>O resultado é evidente: participación sen poder, xente convocada pero non organizada, mobilización que non xera autonomía nin independencia de clase. Loitar convértese nun exercicio seguro e controlado; protestar, nun ritual cívico que non cuestiona a lóxica do poder. O que podería ser espazo de acumulación de forza popular transfórmase, así, nun mecanismo de contención política perfectamente funcional ao sistema. Unha desobediencia útil para un sistema adaptativo como é o capitalismo, capaz de aprender de cada unha desas pequenas rebeldías e ir tecendo respostas, defensas e contraofensivas.</p>



<p>Isto é exactamente o contrario da construción de poder popular, de clase e autoxestionario. Porque crea dependencia política: a xente aprende a delegar nun partido, nunha dirección, nunha estrutura allea, antes que en si mesma e nas súas propias capacidades colectivas. Porque elimina a autonomía: movementos formalmente activos, pero sen capacidade real de decisión, sen estratexia propia, subordinados a ritmos e intereses institucionais. Porque rebaixa o horizonte político: do conflito social e da transformación estrutural pásase ao posibilismo máis estéril, á xestión do malestar, ás melloras parciais que non alteran as relacións de poder. Porque substitúe organización por representación: non fai falta que a clase traballadora se organice, porque xa hai quen fala por ela; non fai falta que loite como suxeito, porque xa hai quen capitaliza politicamente a súa dor, a súa rabia e as súas necesidades.</p>



<p>Para que isto non quede en teoría, abondan algúns exemplos. O caso do Prestige é quizais o máis paradigmático. <em>Nunca Máis</em> e <em>Burla Negra</em> concentraron unha forza popular inmensa, unha capacidade de mobilización masiva, transversal e chea de dignidade. Había rabia, convertida en organización colectiva. Mais aquel potencial acabou reconducido a un marco fundamentalmente moral e simbólico: a indignación transformouse en relato, a forza social en xestión cultural e política do trauma. Non se consolidaron estruturas autónomas, nin organización popular estable, nin vontade de dualidade de poder. O “nunca máis” que debía ter significado de ruptura e aprendizaxe colectiva converteuse, co tempo, nunha memoria política neutralizada, útil para construír identidade nacional e lexitimidade institucional, pero non para fortalecer ao pobo como actor político autónomo.</p>



<p>Algo semellante ocorre no internacionalismo con Palestina e espazos como a <em>Coordinadora Galega de Solidariedade con Palestina</em>. O que podería ser unha escola política de solidariedade anticolonial e anticapitalista queda reducido, na práctica, a solidariedade humanitaria e simbólica, chea de ética, pero escasa de política real. Invisibilízanse deliberadamente as dimensións revolucionarias, clasistas e estratéxicas da loita palestina; desaparece a reflexión sobre imperialismo, sobre resistencia armada, sobre poder popular internacionalista. No canto de construír organización popular e conciencia política profunda, predomina o protagonismo institucional, os xestos públicos, os actos “responsábeis” e un internacionalismo de xesto máis que de combate.</p>



<p>No campo da vivenda, a <em>Plataforma Galega Vivenda Xa</em> é outro exemplo claro. A retórica é social, contundente e necesaria. Mais non só falla o que fai, senón tamén como nace: xa existen na Galiza movementos e organizacións específicas de vivenda, con experiencia, práctica e implantación real, e apenas se contou con elas para levantar esta plataforma. Preferiuse crear unha estrutura nova, controlábel e politicamente aliñada, antes que fortalecer o que xa existía desde abaixo. Cando despois observamos a práctica nos concellos gobernados polo BNG, a contradición faise aínda máis evidente: políticas urbanísticas continuístas, ausencia de confrontación co mercado inmobiliario, de novo, xestión máis que transformación. A loita pola vivenda non se impulsa como movemento de combate de clase con capacidade de presión real, senón como unha especie de lobby social suave, ordenado, asumíbel polo sistema. E, mentres tanto, continúan ausentes ferramentas fundamentais: sindicatos de inquilinas fortes, defensa comunitaria fronte aos desafiuzamentos, okupación organizada, espazos de autoxestión habitacional. Un despotismo ilustrado característico da socialdemocracia herdeira daqueles marxismos reformistas.</p>



<p>O conflito de Altri e a <em>Plataforma Ulloa Viva</em> amosa, en tempo presente, o mesmo patrón. A oposición ao macroproxecto naceu como un espazo popular forte, con lexitimidade social e capacidade real de disputa e transgresión. Mais, cando un movemento así ameaza con desbordar os límites do “politicamente controlábel”, chegan as manobras: tentativas de captación, introdución de dinámicas de moderación e presións para reconducir o conflito a marcos asumíbeis polas institucións. O proceso de cambios de direccións e orientacións non cae do ceo: responde á necesidade de evitar que o pobo tome o protagonismo e que a loita ultrapase o que certas forzas están dispostas a permitir. O obxectivo non é gañar forza popular, senón impedir que esta se volva perigosa para a orde existente.</p>



<p><strong>O poder popular e de clase: refugallo do BNG</strong></p>



<p>Aquí é onde cómpre dicilo con claridade: o poder popular, de clase e autoxestionario non é unha consigna bonita, nin unha palabra grande para adornar discursos. <em>Galiza ceibe, poder popular</em> é (ou debería ser) unha estratexia concreta de construción de forza desde abaixo. Significa entender o pobo, ás traballadoras, como suxeito político autónomo, revolucionario, non como masa que apoia nin como base electoral que lexitima. Supón unha acumulación consciente e sostida de forzas a través de ferramentas reais e materiais: sindicatos combativos que defendan os intereses de clase; cooperativas e espazos de autoxestión que empecen a crear outra economía; movementos de vivenda, feministas ou ecoloxistas con independencia política e capacidade de presión; organizacións revolucionarias que dean coherencia estratéxica a ese conxunto.</p>



<p>O poder popular implica tamén unha idea de dualidade de poderes: non esperar o día providencial de “asaltar o estado”, senón ir construíndo, no presente, outro poder que rivalice co existente e o vaia substituíndo. Onde o estado manda, organizarnos; onde o capital decide, autoxestionar; onde hai delegación, practicar democracia directa. É unha aposta pola organización fronte á representación, colectivización fronte á privatización da participación, polo federalismo, pola acción directa e por unha democracia real que non se limita a votar de cando en vez, senón que decide, xestiona e crea acotío. Ese é o camiño que constrúe unha clase forte; todo o demais, por moi progresista que se vista, só serve para que o pobo continúe sen mandar (nin aprender a mandar) sobre a súa propia vida.</p>



<p>Se esta é a diagnose, a conclusión é clara: non abonda con denunciar a capitalización e fagocitación institucional; cómpre participar nos movementos sociais reais, estar neles, formar parte deles e fomentar que sexan máis fortes, máis autónomos e máis combativos. Non para controlalos, non para substituílos, senón para contribuír a que desenvolvan todo o seu potencial. Aquí entra o papel da militancia revolucionaria e o que, dende Xesta e o Anarquismo Social e Organizado, chamamos dualismo organizativo: organizarse especificamente nun proxecto político consciente e, ao mesmo tempo, participar nas organizacións de base. Iso significa aclarar algo fundamental: non é dirixismo. Non estamos nos movementos para mandar, nin para impor liñas, nin para convertelos en correas de transmisión, pois é xusto o que estamos a criticar aquí. Estamos para participar desde dentro e á mesma altura que o resto, colaborando a que haxa máis autonomía, máis capacidade de decisión colectiva, máis radicalidade política e máis forza organizativa real.</p>



<p>O obxectivo non é copar espazos, senón fortalecelos, facelos máis difíciles de neutralizar, máis resistentes á captura institucional e máis útiles para a loita de clases. Trátase de construír poder, comunidade, arraigo, tecido social vivo; crear estruturas que permanezan cando pasan as campañas, cando cambian os gobernos e cando se apagan os focos. Porque o lume, o chapapote e a contaminación dos ríos sófrense desde abaixo, na pel e na vida cotiá da clase traballadora. Os paraugas nas prazas, os berros nas rúas e mesmo as detencións tamén os pon a clase traballadora. Desde Xesta, Organización Anarquista Galega, loitamos para erguer ese pobo, para que recupere a súa voz e o seu poder de clase, mentres outros veñen só para deitalo e devolvelo á orde. Non queremos un pobo agradecido: queremos un pobo que ordene.</p>



<p class="has-text-align-right"><br><strong><em>Inés Kropo, militante de Xesta</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/BNG-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16146" style="width:362px;height:auto"/></figure>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/24/como-adormecer-a-bravura-dun-pobo-da-forza-popular-a-forza-parlamentaria/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El Unionismo Industrial: de la Revolución Proletaria al Declive</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/20/el-unionismo-industrial-de-la-revolucion-proletaria-al-declive/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/20/el-unionismo-industrial-de-la-revolucion-proletaria-al-declive/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Embat Organització Llibertària de Catalunya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 10:44:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[IWW]]></category>
		<category><![CDATA[Sindicalismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16167</guid>

					<description><![CDATA[El sindicato se organiza no para conciliar, sino para luchar contra la clase capitalista&#8230; para que los trabajadores se conviertan en los dueños de las herramientas con las que trabajan. Eugene V. Debs, 1905 En Estados Unidos, el Industrial Unionism (unionismo industrial, en castellano), surge como una respuesta estructural y sistémica a las limitaciones del [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>El sindicato se organiza no para conciliar, sino para luchar contra la clase capitalista&#8230; para que los trabajadores se conviertan en los dueños de las herramientas con las que trabajan.</p>



<p class="has-text-align-right">Eugene V. Debs, 1905</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/IWW-1.png" alt="" class="wp-image-16177"/></figure>



<p>En Estados Unidos, el Industrial Unionism (unionismo industrial, en castellano), surge como una respuesta estructural y sistémica a las limitaciones del sindicalismo de oficio. A diferencia de las organizaciones de artesanos calificados, el modelo industrial busca unir a todos los trabajadores de una industria —tanto cualificados como no cualificados— para maximizar su poder de negociación colectiva y, en sus ramas más revolucionarias, como los Industrial Workers of the World (IWW), para abolir el trabajo asalariado y el capitalismo.</p>



<p>El artículo buscará sintetizar la evolución histórica de este movimiento, desde las proclamas socialistas revolucionarias de Eugene V. Debs y Daniel De Leon a principios del siglo XX, que veían en la organización industrial la estructura necesaria para una futura especie de «república cooperativa», hasta análisis más contemporáneo sobre el «declive» de este modelo debido a la desindustrialización y el ascenso de la economía de servicios.</p>



<p>Utilizaremos el término unionismo industrial y no sindicalismo industrial para no provocar confusiones, aunque vendría a ser lo mismo. En los estados español y francés se utilizó el término Sindicalismo de Industria, que sería este unionismo industrial típico de Norteamérica.</p>



<p><strong>Las bases teóricas</strong></p>



<p>Al analizar la evolución del sindicalismo, podemos identificar dos modelos principales con bases de acción distintas: el de oficio y el industrial. El primero es de carácter gremial. Centra su existencia en el dominio de un <strong>oficio o </strong><strong>una </strong><strong>habilidad técnica específica, </strong>lo que le confiere un cierto carácter <strong>excluyente</strong> reservado solo para <strong>trabajadores calificados</strong>.</p>



<p>En cambio, el unionismo industrial surge como respuesta a la producción en masa, y se organiza horizontalmente toda la fuerza laboral de un sector, integrando así a <strong>trabajadores de distintas c</strong><strong>u</strong><strong>alificaciones </strong><strong>(independientemente de su oficio o nivel de habilidad</strong><strong>es técnicas</strong><strong>)</strong> bajo un mismo paraguas organizativo.</p>



<p>Esta diferencia en la composición determina sus respectivas estrategias de presión social. Mientras que el sindicalismo de oficio ejerce presión gracias al control estratégico que le otorga la <strong>escasez de su mano de obra especializada </strong><strong>(se sienten una élite laboral)</strong>, el unionismo industrial apela a la fuerza del número y a la <strong>solidaridad </strong><strong>popular</strong>, buscando ejercer un poder de veto total sobre la producción mediante la <strong>paralización completa</strong> de la industria: la huelga.</p>



<p>Finalmente, sus objetivos reflejan sus orígenes y composición. El sindicalismo de oficio tiende a ser economicista, enfocándose en <strong>mejoras salariales y de condiciones laborales inmediatas</strong> para sus agremiados/afiliados. Y, por su parte, el industrial, al abarcar un espectro más amplio de la cadena productiva, a menudo persigue metas que van más allá de lo meramente salarial, buscando mayor <strong>control sobre el proceso de trabajo</strong> e, incluso, planteándose como meta la transformación de la estructura productiva mediante el control de los medios de producción. De ahi, que este sindicalismo encajase perfectamente con los ideales socialistas.</p>



<p><strong>Recorrido histórico</strong></p>



<p>La fundación de los Industrial Workers of the World (IWW) en Chicago en 1905 representó la culminación del unionismo industrial revolucionario en Estados Unidos. Entre sus fundadores hubo varias figuras vinculadas con el anarquismo como Lucy Parsons o Mother Jones, otras con el sindicalismo revolucionario, como Big Bill Haywood o Ralf Chaplin, y otras con el socialismo, tales como Eugene V. Debs y Daniel De Leon. Entre todos ellos, y muchos más, impulsaron la IWW bajo la premisa de que para combatir eficazmente al capitalismo moderno, la estructura sindical debía reflejar la estructura de la gran industria.</p>



<p>Debs desarrolló una crítica profunda al sistema: denunció que en el capitalismo el trabajador se convierte en una simple «mercancía humana» que, al no poseer los medios de producción, se ve obligado a vender su fuerza vital al capitalista explotador. Frente a esto, Debs señalaba la insuficiencia de los sindicatos de oficio, a los que acusaba de dividir a la clase trabajadora y permitir que unos obreros actuaran como «esquiroles» contra los otros. Para él, el objetivo final no era la mera mejora de las condiciones, sino la «emancipación completa de la esclavitud de los salarios» mediante la toma de los medios de producción. Debs ironizaba sobre iniciativas de aquellos días como la Civic Federation, describiéndola como un «congreso de paz entre el zorro y el ganso», y denunciaba cómo los contratos en el sindicalismo de oficio solían usarse como cadenas de hierro que anteponían la «santidad del contrato» a la solidaridad entre trabajadores.</p>



<p>Por su parte, Daniel De Leon estableció una distinción clave entre el sindicalismo europeo y el unionismo industrial estadounidense. Mientras el primero enfatizaba la función del derrocamiento físico del capitalismo (por la fuerza revolucionaria), el unionismo industrial se centraba en la estructura, preparando el «molde organizativo» que permitiría a los trabajadores gestionar la sociedad una vez superado el capitalismo. Esta visión implicaba un rechazo total a cualquier forma de colaboración de clases.</p>



<p>La evolución histórica del sindicalismo en Estados Unidos refleja esta tensión o disputa entre modelos. Tras el efímero intento del National Labor Union (NLU) en la década de 1860, la escena quedó dominada, desde finales de siglo, por la American Federation of Labor (AFL), de corte oficialista y enfocada a los trabajadores calificados, que ignoraba a las masas no cualificadas de la producción industrial.</p>



<p>Frente a ello, la IWW ganó prominencia en sectores de baja cualificación como la minería y la madera. Debido a su orientación revolucionaria y antimilitarista sufrió una feroz represión gubernamental por su oposición a la Primera Guerra Mundial.</p>



<p>Derivado del unionismo industrial, desde IWW se acuñó un nuevo concepto similiar, el «One Big Union» (un gran sindicato). Se trataba de una propuesta a unificar toda la clase trabajadora bajo una misma organización. Se buscaba superar la fragmentación existente en el sindicalismo de oficios, promovimiento la solidaridad de clase. Se entendía que si todos los trabajadores estuvieran en un mismo cuerpo sindical, el conflicto de un solo sector podría paralizar toda la industria mediante huelgas de solidaridad en otros sectores. Así lograrían un poder de negociación nunca antes visto. La lógica es sencilla: un frente unido es mucho más difícil de derrotar o ignorar por parte de los empleadores que una multitud de pequeños gremios actuando por separado.</p>



<p>Sin embargo, el «One Big Union» no pretendía reformar el capitalismo, sino que aspiraba a superarlo. Su objetivo final, descrito en los panfletos como la «solución final al problema laboral», era una transformación profunda de la sociedad que pasaba por la «emancipación» de los bajos salarios, y la superación del conflicto inherente al capitalismo: los despidos, las ordenanzas judiciales contra los trabajadores, los maltratos físicos y el enfrentamiento entre los propios obreros (el esquirolaje). La pretensión última era que, con el control total de la producción en manos de los trabajadores organizados, la lucha de clases y sus consecuencias dejarían de tener razón de ser.</p>



<p>Sin embargo, a principios de los años 20, IWW entró en crisis y sufrió escisiones (la más importante sería la promovida por el Partido Comunista) y fugas hacia el sindicalismo tradicional. Esto minó el proyecto y, a partir de los años 30, IWW sería una organización minoritaria entre la izquierda norteamericana.</p>



<p><strong>Congress of Industrial Organizations</strong></p>



<p>El legado del unionismo industrial, a pesar de todo, quedó en varias federaciones sindicales de industria. En la crisis de los años 30, la Gran Depresión, resurgió un sindicalismo combativo con intenciones de reorganizar la clase trabajadora. Se llamaría Congreso de Organizaciones Industriales o CIO, según sus siglas.</p>



<p>Fue una gran confederación sindical estadounidense que entre 1935 y 1955 organizó a los trabajadores no calificados de la gran industria. Nació como un comité interno de la American Federation of Labor (AFL) impulsado por John L. Lewis, líder de los mineros, puesto que la AFL no quería organizar por industria a los obreros de sectores como el acero o el automóvil. Mientras la AFL agrupaba a trabajadores por oficios específicos (carpinteros, electricistas), el CIO proponía que los sindicatos incluyeran a todos los empleados de una empresa, independientemente de su cualificación (a veces en las empresas conviven distintos ramos, y no por ello son menos trabajadores). Esta disputa llevó a la expulsión de los sindicatos del CIO en 1936 y a su constitución como federación rival en 1938.</p>



<p>El CIO logró sus primeros triunfos con tácticas innovadoras y arriesgadas, como la huelga de brazos caídos (llamadas sit-down strikes). La más famosa fue la ocupación, durante 44 días en 1937, de las plantas de la General Motors en Flint, Michigan, que forzó a la compañía a negociar con el sindicato del automóvil (UAW). Ese mismo año, el comité organizador del acero (SWOC) logró un acuerdo con U.S. Steel, la mayor siderúrgica del país. Estos éxitos atrajeron a millones de afiliados y extendieron la sindicalización a industrias enteras. El CIO apoyó a Franklin D. Roosevelt y el New Deal, y mantuvo una política más abierta que la AFL hacia trabajadores afroamericanos, como había hecho anteriormente IWW.</p>



<p>La rivalidad con la AFL fue intensa y marcó el panorama laboral durante dos décadas. Sin embargo, factores como la presión anticomunista (se forzó la expulsión de sindicatos con líderes comunistas del CIO) y el desgaste de la competencia llevaron a ambas centrales a buscar la reunificación. En 1955, el CIO se reincorporó a la AFL, dando origen a la AFL-CIO, la principal federación sindical de Estados Unidos hasta la actualidad.</p>



<p><strong>La diferencia con Europa</strong></p>



<p>El sindicalismo europeo de concertación ofrece un contraste con el sindicalismo estadounidense, al haber desarrollado lo que el sociólogo Jelle Visser bautizó como «sindicalismo político-industrial». Este modelo se remonta a las grandes centrales sindicales de comienzos del siglo XX, que estaban en la órbita de la socialdemocracia. Algunos sindicatos no eran más que correas de transmisión de los partidos, mientras que otros mantenían algún grado de autonomía, pero pretendían influir en la legislación a través de contactos políticos. Dicho en corto, ese modelo no concibe la acción sindical como una actividad separada de la política, sino que la integra en una estrategia que combina la representación en los centros de trabajo con la influencia que puedan conseguir en las instituciones del Estado. Este modelo <a href="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/">no tiene nada que ver con el sindicalismo revolucionario ni con el anarcosindicalismo</a>, que iban por otros derroteros.</p>



<p>En el contexto europeo de posguerra, esta simbiosis entre sindicatos y partidos resultó crucial para la construcción del Estado de bienestar. Los partidos socialdemócratas y demócrata-cristianos (las dos caras de la misma moneda) impulsaban en el parlamento las leyes que los sindicatos habían demandado desde las fábricas, y estos, a su vez, les proporcionaban un buen caudal de votos y la movilización necesaria para sostener a aquellos gobiernos que legislaban en su favor. Esta relación, aunque no estaba exenta de tensiones, dotaba al movimiento obrero europeo de una capacidad de incidencia institucional desconocida en otros contextos y, como vemos, es un modelo aún vigente.</p>



<p>Un segundo pilar del modelo es la <strong>negociación sectorial</strong>, que opera como un mecanismo de defensa colectiva frente a la lógica disgregadora del mercado. Al fijarse salarios y condiciones por ramo de actividad, los convenios sectoriales impiden, supuestamente, que las empresas utilicen la precarización laboral como ventaja competitiva. Esta estandarización tiene una función protectora, puesto que garantiza que trabajadores de distintas empresas dentro del mismo sector tengan condiciones equiparables, mientras que establece un suelo de derechos que las empresas no pueden vulnerar sin exponerse a sanciones gubernamentales. Se trata, en definitiva, de sacar el trabajo de la lógica de la mercancía, sacándolo de la competencia del mercado.</p>



<p>El nivel más profundo de esta integración lo constituye el <strong>corporatismo </strong><strong>o corporativismo</strong>, que entendemos como la incorporación de los sindicatos a los mecanismos de gobernanza económica. En países como Alemania, los países nórdicos, Austria u Holanda, los sindicatos no solo negocian salarios y condiciones laborales, sino que participan en la administración de los fondos de desempleo, en la gestión de los sistemas de formación profesional, en los consejos de administración de las empresas (mediante la cogestión) y en los órganos consultivos que diseñan las políticas macroeconómicas.</p>



<p>No todo es oro lo que reluce. Esta participación institucional implica, sin embargo, una contrapartida: los sindicatos asumen una responsabilidad sobre el sistema económico, lo que modera sus demandas y los obliga a hacer equilibrismos entre la defensa de sus afiliados y velar por la bonanza económica del país. Esta dinámica ha permitido altos niveles de paz social y es criticada por quienes vemos en ella una forma de integración que termina diluyendo el conflicto de clases en la gestión tecnocrática del capitalismo.</p>



<p><strong>Declive y los Desafíos Contemporáneos</strong></p>



<p>La crisis del unionismo industrial no es un fenómeno reciente ni circunstancial, sino el resultado de transformaciones estructurales que han remodelado el capitalismo desde la década de 1970. El diagnóstico de Jelle Visser, en su obra de 2012, identifica con precisión las causas de esta erosión. Son procesos que han operado de manera combinada para debilitar la capacidad organizativa y la influencia política de los sindicatos en las economías avanzadas. Por ello, vemos una caída constante en la tasa de sindicación en todo Occidente.</p>



<p>El primero de estos factores es la <strong>desindustrialización.</strong> Por así decirlo, ha sido toda una mutación sociológica de primera magnitud. El desplome del empleo industrial en países como Estados Unidos, el Reino Unido o Francia —donde apenas representa un quinto de la población ocupada— ha minado el sustrato material sobre el que se edificó el sindicalismo de masas a principios del siglo XX. La fábrica, como espacio de concentración obrera y de socialización en la cultura de clase, ha dejado de ser el epicentro de la experiencia laboral. Esta desaparición no es solo cuantitativa, sino cualitativa: con ella se han erosionado también las formas de sociabilidad, los rituales de solidaridad y las identidades colectivas que sostenían la militancia sindical.</p>



<p>El auge <strong>del sector servicios</strong> ha venido a ocupar ese vacío, pero sobre un terreno mucho más adverso para la organización colectiva. Los centros de trabajo son mucho más dispersos, las condiciones laborales son mucho más precarias, la fuerza de trabajo se ha feminizado y han proliferado formas nuevas de empleo, como la economía de plataforma, que dificultan enormemente la adopción de los métodos sindicales tradicionales en este nuevo ámbito. Los trabajadores de «cuello blanco», además, suelen desarrollar una identidad profesional que los alejan de la imagen clásica del proletariado y los llevan hacia formas de asociación más cercanas al colegio profesional que al sindicato de clase. El resultado es una fragmentación del mundo del trabajo que reproduce, a escala ampliada, las divisiones del viejo sindicalismo de oficio.</p>



<p>La <strong>fragmentación y descentralización</strong> de la negociación colectiva constituye el tercer gran factor de erosión. Bajo la presión de la competitividad global, las empresas han impulsado un desplazamiento desde los convenios sectoriales de ámbito nacional —que garantizaban condiciones homogéneas para amplios colectivos de la misma industria o sector — hacia negociaciones descentralizadas a nivel de empresa o incluso de centro de trabajo. Esta deriva tiene efectos desmovilizadores: atomiza la capacidad de presión de los trabajadores, somete las condiciones laborales a la situación particular de cada empresa y dificulta la construcción de solidaridades que trasciendan el ámbito inmediato del centro de trabajo. La estandarización que había sido el gran logro del sindicalismo industrial se desvanece en favor de una flexibilidad que beneficia casi exclusivamente a la parte empresarial.</p>



<p>Por verle algo positivo a esto, la erosión de los grandes sindicatos de concertación, que dominaban las relaciones laborales, le abre la puerta a los sindicatos revolucionarios, que pueden ser capaces de operar empresa por empresa y que, por ahora, tienen casi vetada la negociación colectiva sectorial.</p>



<p>Por último, la <strong>globalización</strong> ha modificado sustancialmente la propia lógica del conflicto laboral. Cuando el capital puede desplazarse con facilidad a otros países con salarios bajos y regulaciones laxas, la huelga pierde gran parte de su efectividad como arma de presión. Los trabajadores de los países occidentales se ven atrapados en una competencia a la baja con sus compañeros de otras regiones, mientras que las empresas utilizan la amenaza de la deslocalización como instrumento de disciplinamiento laboral: «si hay huelgas que nos hacen tener pérdidas, nos llevaremos la empresa a otra parte». Este nuevo escenario global exige respuestas que el sindicalismo de base nacional no está preparado para ofrecer, y nos plantea un desafío organizativo y estratégico importantísimo.</p>



<p><strong>Perspectivas y Futuro</strong></p>



<p>El diagnóstico del declive no nos debe conducir a una conclusión derrotista. El legado del unionismo industrial, con sus luces y sus sombras, ofrece ideas para pensar una renovación del movimiento obrero adaptada a las condiciones del siglo XXI. La noción de un «sindicato postindustrial» pretende justamente articular ese legado con el mercado laboral desregularizado actual.</p>



<p>Del unionismo industrial debe heredarse, ante todo, su <strong>espíritu igualitario e inclusivo</strong>. Frente a la fragmentación y la precarización que caracterizan al mercado laboral contemporáneo, la vocación de organizar a todos los trabajadores de un sector o territorio —sin distinciones de calificación, tipo de contrato o condición migratoria— sigue siendo el principal antídoto contra la división de la clase trabajadora. Esta inclusividad no es solo un principio ético, sino una necesidad estratégica: solo la solidaridad puede contrarrestar el poder de un capital cada vez más concentrado y globalizado.</p>



<p>Habría otras propuestas, que se han ido haciendo a lo largo de los años desde el sindicalismo. Desde definir los currículums formativos en relación con el desarrollo formativo personal, hasta cogestionar el servicio del desempleo o las pensiones, el sindicalismo ha intervenido activamente en todo tipo de espacios, normalmente vinculados a las instituciones. No creemos que la fuerza del sindicalismo esté aquí, sino en la confrontación y en la autogestión, que es lo que genera una conciencia de clase fuerte.</p>



<p>El mundo ha cambiado, las herramientas son otras y los trabajadores son más diversos que entonces. Pero la aspiración de fondo —la emancipación del trabajo respecto del capital; la toma de los medios de producción— sigue siendo el horizonte que da sentido a la acción sindical. Nuestro reto consiste en conseguir los medios para alcanzar este fin.</p>



<p><em>There can be no peace so long as hunger and want</em><br><em>are found among millions of working people, and</em><br><em>the few who make up the employing class have all</em><br><em>the good things of life.</em></p>



<p><em>No puede haber paz en tanto que el hambre y la necesidad</em><br><em>se encuentren entre millones de personas trabajadoras, y</em><br><em>los pocos que forman la clase empleadora tengan todas</em><br><em>las cosas buenas de la vida.</em><br>The road to Freedom, 1913</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Blackspartak, militante de Embat.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/todo-por-hacer-6-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16179" style="width:278px;height:auto"/></figure>



<p><strong>Bibliografía</strong></p>



<p>Verity Burgmann (1995). Revolutionary Industrial Unionism. The Industrial Workers of the World in Australia. Cambridge Univerity Press.</p>



<p>Eugene V. Debbs (1905). Industrial Unionism. De <em>Industrial Unionism,</em> CHARLES H. KERR &amp; COMPANY Co-operative. Written for Editors&#8217; American Encyclopedia, perhaps never published. Republished as &#8220;Industrial Unionism&#8221; in Industrial Union Bulletin [Chicago], vol. 1, no. 36 (Nov. 2, 1907), p. 5. Reprinted under the same title in International Socialist Review, vol. 10, no. 6 (Dec. 1908), pp. 505-508. <a href="https://www.marxists.org/archive/debs/works/1905/industrial.htm" target="_blank" rel="noopener">https://www.marxists.org/archive/debs/works/1905/industrial.htm</a></p>



<p>Daniel De Leon (1909). “Industrial Unionism”. Daily People, vol. 10 n.º 41. New York, 10/08/1909.</p>



<p>Joseph J. Ettor (1913). Industrial Unionism. The road to freedom. IWW (panfleto)</p>



<p>William Z. Fosters (1936). Industrial Unionism. Workers Library Publishers, Inc. New York</p>



<p>Marion Dutton Savage (1922). Industrial Unionism in America. The Ronald Press Company, Nueva York.</p>



<p>Jelle Visser (2012). The rise and fall of industrial unionism. Amsterdam Institute for Advanced Labour Studies AIAS. University of Amsterdam.</p>



<p>Liss Waters Hyde &amp; Jaime Caro (2020). Industrials unions and the IWW explained. Industrial Worker</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/20/el-unionismo-industrial-de-la-revolucion-proletaria-al-declive/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La palabra impresa como trinchera</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/17/la-palabra-impresa-como-trinchera/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/17/la-palabra-impresa-como-trinchera/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[liza]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Apr 2026 05:22:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Movimientos Sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo militante]]></category>
		<category><![CDATA[Poder popular]]></category>
		<category><![CDATA[Todo por Hacer]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16121</guid>

					<description><![CDATA[A modo de palabras previas Este artículo escrito originalmente en el número 180 del Todo Por Hacer —el último de su tirada—, queda humildemente recogido en Regeneración como reconocimiento y homenaje a las compañeras por su labor realizada durante estos últimos quince años. Terminar con un proyecto de semejante magnitud, calado y envergadura como ha [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/todo-por-hacer-1.png" alt="" class="wp-image-16127"/></figure>



<p><strong>A modo de palabras previas</strong></p>



<p><a href="https://www.todoporhacer.org/erase-una-vez-un-periodico-anarquista/" target="_blank" rel="noopener">Este artículo escrito originalmente en el número 180 del <em><strong>Todo Por Hacer</strong></em> </a>—el último de su tirada—, queda humildemente recogido en <em>Regeneración</em> como reconocimiento y homenaje a las compañeras por su labor realizada durante estos últimos quince años. Terminar con un proyecto de semejante magnitud, calado y envergadura como ha sido el <em>Todo Por Hacer</em>, puede dejar un vacío sustancial entre quienes disfrutábamos mensualmente de la buena calidad del contenido que se escribía entre sus páginas.</p>



<p>A lo largo de sus 180 números, <em>Todo Por Hacer</em> ha supuesto un ejemplo a seguir en cuanto a lo que periodismo militante se refiere. Creando escuela y orgullo de clase a partes iguales, somos conscientes de que el esfuerzo depositado para sacar esta publicación mes a mes ha sido más que titánico. Con una cobertura desde Madrid de los distintos movimientos sociales, autoorganizados y libertarios, publicándose tanto digital como físicamente en espacios afines a la Idea desde 2011, su puesta en valor enfocada en generar conciencia y combatir relatos que más que informar sirven de propaganda, nos ha servido a muchas para poder ver más allá, siendo conscientes de que no todo está perdido, de que el mañana puede construirse trabajando desde el ahora. Que jamás prevaleció la derrota.</p>



<p>Es desde luego el fin de una importante etapa, pero esta siempre va seguida del inicio de una nueva. Por ello decimos, el mejor tributo: continuar la lucha. La palabra siempre trascenderá a los hechos si el legado que dejamos es digno de ser recogido.</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Redacción de Regeneración.</strong></em></p>



<p><strong>Introducción</strong></p>



<p>El anarquismo como corriente revolucionaria de lucha de la clase dominada, nace a mediados del siglo XIX, y desde sus inicios, el periodismo obrero militante surgió como una herramienta esencial de organización, educación y propaganda entre los sectores populares. Frente a una prensa burguesa que defendía los intereses del capital, los trabajadores comenzaron a crear sus propios órganos de expresión, donde el pensamiento crítico, la denuncia social y la pedagogía política se unían para impulsar la conciencia de clase. En este contexto, el anarquismo desempeñó un papel protagónico: periódicos como <em>Le Révolté</em>, <em>La Solidaridad</em>, <em>Tierra y Libertad, Freedom, Umanitá Nova</em> o <em>La Protesta</em> se convirtieron en verdaderas escuelas de pensamiento libertario, combinando análisis teóricos con la realidad cotidiana de fábricas, talleres y barrios obreros.</p>



<p>Estos medios no solo difundieron ideas, sino que forjaron redes internacionales de solidaridad, impulsaron huelgas, debates y campañas políticas, y contribuyeron decisivamente a la construcción de organizaciones sindicales y revolucionarias. La prensa anarquista articuló un discurso de emancipación integral —económica, política y social— que otorgó al anarquismo un peso hegemónico en amplias regiones de Europa, América y parte de Asia durante las primeras décadas del siglo XX.</p>



<p>A lo largo del tiempo, pese a la represión, el exilio y la censura, esta tradición periodística se reinventó: pasó de los periódicos clandestinos y los panfletos a las revistas culturales, los boletines sindicales, y hoy a los medios digitales y redes de contrainformación. Su esencia permanece como tratamos de hacer siempre en este medio de nuestra corriente: ser una prensa combativa, crítica del sistema de dominación y profundamente ligada a las luchas sociales. En ella pervive la idea de que escribir y difundir pensamiento libre no es solo un acto cultural, sino una práctica revolucionaria. En un momento en que algunos proyectos históricos cierran su ciclo y otros nuevos nacen, resulta especialmente pertinente mirar hacia atrás y repasar la tinta rojinegra que ha acompañado al anarquismo desde sus orígenes hasta hoy.</p>



<p><strong>Le Revolté (Francia)</strong></p>



<p>Fundado en Ginebra en 1879 por Kropotkin, con el apoyo posteriormente de Élisée Reclus y Jean Grave, fue uno de los primeros periódicos anarcocomunistas de gran reconocimiento. Introdujo un marco teórico estratégico para el comunismo libertario, combinando análisis económicos, crítica a la propiedad privada y propuestas de organización social. Tuvo fuerte impacto en Francia, Suiza y Bélgica, pese a su tirada relativamente modesta. Sufrió una fuerte represión estatal, incluida la expulsión de Kropotkin de Suiza, por lo que la publicación continuó desde París en 1885, pasando de ser bimestral a un semanario. Tan solo un par de años más tarde cambió de nombre por <em>La Revolté </em>para evitar una sanción económica. Posteriormente derivó en el periódico <em>Les Temps Nouveaux, </em>que se editó hasta 1921 en Francia. Se convirtió en uno de los más influyentes vehículos de difusión del pensamiento libertario en su época; es clave para entender la evolución de los debates internos del anarquismo europeo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p><strong>Freedom (Reino Unido)</strong></p>



<p>Fundado en 1886 por Kropotkin y otros libertarios londinenses, entre las que destacaba la anarquista Charlotte Wilson, quien fuese editora hasta casi una década después. Es uno de los periódicos anarquistas en lengua inglesa más antiguos aún en activo. Ha servido como plataforma para debates sobre anarquismo comunista, antimilitarismo, cooperativismo y movimientos sociales británicos. Su estilo combina análisis teórico, campañas locales y crónicas internacionales. Se imprimía hasta 1888 en el taller de la Liga Socialista, debido a las redes de William Morris. Durante la Primera Guerra Mundial rompió con Kropotkin por su apoyo a los Aliados, y su carácter antibélico le valió que allanasen sus oficinas y detuvieran a su director, Thomas Keell. Ha resistido guerras, crisis financieras y represión, manteniéndose como un archivo histórico vivo hasta la actualidad y siendo un barómetro de las transformaciones del anarquismo anglófono.</p>



<p><strong>Tierra y Libertad (España y México)</strong></p>



<p>Seguramente el periódico anarquista más relevante del mundo hispanohablante. Fundado en 1888 en Barcelona, posteriormente se editó en Madrid como suplemento de la <em>Revista Blanca,</em> y después dirigida de manera independiente por el anarquista Federico Urales. Adquirió su relevancia más conocida como diario a partir de 1903, alcanzando tiradas masivas entre trabajadores, ateneos y sindicatos en Catalunya. Suprimida en 1919, y posteriormente en la Dictadura de Primo de Rivera, sale nuevamente a escena en 1930 como órgano de la FAI. Desempeñó un rol central en la difusión del anarquismo en el ciclo previo a la fundación de la CNT primeramente, pero también fue muy notable su influencia durante la Revolución Social de 1936. Ofrecía análisis, crónicas obreras, campañas anticlericales y debates estratégicos. En el Franquismo continuó en el exilio mexicano entre 1944 y 1988, y luego volvió a editarse en España tras la Transición. Es clave para estudiar el imaginario libertario ibérico y sus redes culturales.</p>



<p><strong>La Protesta (Argentina)</strong></p>



<p>Publicación que ha llegado hasta la actualidad siendo la más longeva en el ideario político anarquista argentino. Fundada en junio de 1897 en Buenos Aires, e inicialmente conocida como «La Protesta Humana». Surgió impulsado por trabajadores migrantes y nativos de diversos gremios, con el catalán Gregorio Inglán Lafarga como su primer director, quien también había escrito en el periódico «El Perseguido», y había fundado en 1896 la publicación «La Revolución Social». Desde su comienzo fue vocero del movimiento anarquista, influyendo notablemente en luchas obreras y en la necesidad de la organización sindical; y entre sus líneas revolucionarias escribían tanto trabajadores y sindicalistas de base como pensadores anarquistas de distintos países. Aunque comenzó como publicación quincenal, con el tiempo pasó a ser semanario y, posteriormente, un diario matutino desde 1904. En los momentos de mayor difusión tuvo grandes tiradas que no solamente se movían en Argentina, sino con gran impacto en países de América Latina. Actuó más adelante como órgano de difusión de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), y sus talleres y publicaciones sufrieron requisas, clausuras y continuada represión en distintas etapas de su historia. A lo largo del tiempo participó de debates internos del movimiento anarquista entre distintas corrientes, y su archivo hasta la actualidad refleja la complejidad del movimiento anarquista argentino.</p>



<p><strong>Regeneración (México)</strong></p>



<p>Fue el principal periódico del anarquismo mexicano de comienzos del siglo XX y el órgano de difusión del magonismo, impulsado por los hermanos Flores Magón. Fundado en 1900, evolucionó desde una crítica liberal al porfiriato hacia una posición abiertamente anarquista y revolucionaria. Desde sus páginas denunció la dictadura de Porfirio Díaz, la represión estatal, la explotación obrera y el despojo de tierras a comunidades campesinas e indígenas. El periódico tuvo un papel clave en la organización y propaganda del Partido Liberal Mexicano del que fue su medio de difusión. Fue publicado tanto en México como en el exilio en Estados Unidos; a ambos lados de la frontera sufrió censura, persecución y constantes clausuras. «<em>Regeneración»</em> difundió ideas de acción directa, apoyo mutuo y comunismo libertario, influyendo en huelgas y levantamientos previos a la Revolución Mexicana. Las denuncias al capitalismo estadounidense y las reflexiones estratégicas sobre la revolución social con un estilo directo y combativo le hicieron muy popular. Su legado lo sitúa como una de las experiencias más importantes del anarquismo en América Latina y un referente del periodismo militante revolucionario mundial.</p>



<p><strong>Heimin Shinbun (Japón)</strong></p>



<p>Este «periódico de los comuneros», que sería su traducción original, fue fundado en Tokio en 1903, siendo uno de los primeros periódicos de carácter socialista y anarquista en Japón. Impulsado por figuras como el anarquista nipón Kōtoku Shūsui y el socialista Sakai Toshihiko, surgido en un contexto de industrialización y autoritarismo estatal, nace oponiéndose al crecimiento del militarismo y a la guerra ruso-japonesa. A pesar de su breve existencia, fue la primera en influenciar ideas anarquistas organizadas a través de textos de Piotr Kropotkin y otros internacionalistas. Su represión y clausura temprana marcaron el inicio de una dura persecución del anarquismo japonés, siendo esta publicación la clave en la formación del anarquismo socialista no solamente en Japón, sino en su proyección hacia Corea y China a través del exilio y las redes militantes asiáticas. Su influencia articuló el anarquismo asiático con un fuerte énfasis en el antiimperialismo, el antinacionalismo y la solidaridad entre pueblos oprimidos.</p>



<p><strong>Mother Earth (Estados Unidos)</strong></p>



<p>Fue una influyente revista anarquista publicada en Estados Unidos entre 1906 y 1917, fundada y dirigida por Emma Goldman junto a su compañero Alexander Berkman. Surgió como un espacio de difusión del anarquismo revolucionario en un contexto marcado por la industrialización pre-fordista, la represión estatal y los conflictos obreros. La publicación abordaba temas como la lucha de clases, el antimilitarismo, la libertad de expresión, el feminismo y el amor libre. A lo largo de una década, «<em>Mother Earth»</em> integró debates entre anarquismo, socialismo y sindicalismo revolucionario, conectando el movimiento libertario estadounidense con el magonismo mexicano y con corrientes europeas. La revista dio voz a intelectuales y militantes internacionales, convirtiéndose en un nodo central del anarquismo en lengua anglosajona. Su postura clara contra el militarismo creciente de la Primera Guerra Mundial provocó su clausura por la Ley de Espionaje y la persecución de sus editores. <em>Sin embargo,</em> dejó una profunda huella ideológica en la izquierda revolucionaria de EE. UU., consolidando y renovando una tradición anarquista combativa, cultural y política.</p>



<p><strong>Solidaridad Obrera (España)</strong></p>



<p>Esta publicación nace en 1907 en Barcelona como periódico de la federación obrera del mismo nombre y se convirtió poco después en el órgano de expresión de la CNT. Desde sus inicios fue una herramienta clave de propaganda, formación y coordinación del naciente movimiento anarcosindicalista español. Difundió las ideas de acción directa, sindicalismo revolucionario y anticapitalismo, en estrecha relación con los conflictos laborales y las huelgas obreras del momento en que crecía la estrategia del anarcosindicalismo. Durante la Segunda República y la Revolución de 1936 alcanzó una enorme influencia, reflejando debates clave sobre las colectivizaciones, el poder popular y el protagonismo de la clase trabajadora organizada. Fue duramente reprimida durante el Franquismo, pasando a la clandestinidad y al exilio. Con la reorganización de la CNT en la Transición, «<em>Solidaridad Obrera»</em> reapareció como voz del anarcosindicalismo contemporáneo. Hasta hoy sigue siendo un referente histórico y político, manteniendo viva la tradición crítica, combativa y autogestionaria del sindicalismo anarquista.</p>



<p><strong>Umanitá Nova (Italia)</strong></p>



<p>Publicación fundada en 1920 en Milán con la participación de Errico Malatesta, convirtiéndose en el periódico más relevante del anarquismo italiano. Durante el denominado «Bienio Rosso», alcanzó una difusión masiva, conectando con la realidad de las fábricas ocupadas, sindicatos y círculos anarquistas. En sus artículos se defendía el comunismo libertario, el federalismo obrero y la necesidad de la organización frente a las individualidades anarquistas dispersas. Sin embargo, la irrupción del fascismo italiano en el poder provocó su clausura y la persecución brutal de sus editores, incluido el propio Malatesta. Reapareció posteriormente en el exilio e incluso en la posguerra mundial. Ha continuado publicándose, aunque con interrupciones, como órgano de la Federazione Anarchica Italiana (FAI), y su archivo permite comprobar la evolución compleja del movimiento anarquista italiano frente al fascismo, republicanismo y neoliberalismo actual.</p>



<p><strong>Dielo Truda (Europa, exilio ruso)</strong></p>



<p>Revista que salió a la luz por primera vez en París a finales de 1925, editada por anarquistas rusos como Néstor Mahkno, Gregori Maksímov o Ida Mett que estaban exiliados tras la experiencia revolucionaria colectivista de Ucrania barrida por el Partido Bolchevique. Fue una publicación bimensual clave para revisar la revolución rusa y la guerra civil desde una perspectiva anarquista, que acabaría concluyendo sobre la necesidad de una mejor unidad estratégica e ideológica. Su contribución más relevante fue la Unión General de Anarquistas, una plataforma que quería corregir las desviaciones que impidieron hacer frente organizativamente a la URSS burocratizada, analizando el papel de los sóviets y la autonomía obrera. Tuvo un impacto doctrinal profundo que ha dado como resultado la corriente plataformista, con gran proyección en la actualidad. Tras la muerte de Néstor Makhno, cambió su sede a Chicago, donde se publicaría hasta 1939, fusionándose después con una revista anarcosindicalista, publicada hasta 1950 por Gregori Maksímov.</p>



<p><strong>Black Flag (Reino Unido)</strong></p>



<p>Periódico fundado en 1970 por Albert Meltzer y, sobre todo, Stuart Christie, figura clave del anarquismo británico, vinculándose desde sus inicios a corrientes insurreccionalistas y de apoyo a presos anarquistas internacionales. Tenía un tono directo y combativo, dedicándose a cubrir luchas obreras, antifascistas y anticarcelarias en el Reino Unido y otros países. Su contenido combinaba el análisis e investigaciones políticas con campañas de solidaridad internacional, fundamentalmente de la «Cruz Negra Anarquista». Jamás fue un periódico de masas, pero sí un referente relevante en la militancia juvenil anarquista autónoma. Ha tenido varios periodos de interrupción de su publicación sin continuidad hasta el día de hoy, su legado pervive como referencia histórica y política del anarquismo británico, influyendo culturalmente en generaciones posteriores del anarcopunk, el autonomismo anglosajón y en proyectos editoriales afines.</p>



<p><strong>Todo Por Hacer (España)</strong></p>



<p>Y, por último, finalizamos con una publicación a la que queremos rendir un emotivo homenaje tras haber puesto definitivamente fin a su andadura en estas fechas recientes. Nacido como un monográfico en el contexto de la huelga general del 2010, y como publicación periódica anarquista en papel ininterrumpidamente durante quince años hasta la actualidad desde febrero de 2011. Siempre fue un periódico independiente, gratuito y accesible más allá de la militancia anarquista, de análisis y crítica social desde Madrid, donde estaba enraizado en los movimientos sociales. Ha representado, sin duda, una nueva generación de medios anarquistas no vinculados a estructuras orgánicas tradicionales, y combinando la investigación periodística con las crónicas de la lucha social desde enfoques antipunitivistas, feministas, ecologistas y, por supuesto, anticapitalistas y de clase. Apoyados en redes autónomas de centros sociales, colectivos y suscripciones en España, Europa y América, se sumaron al acceso digital sin perder la esencia del periódico mensual en papel.</p>



<p>Aunque de tirada modesta, han llegado a multitud de espacios militantes y lograron ser altavoz de luchas tanto locales como internacionales. Su archivo quedará para quien desee utilizarlo de referencia en las luchas actuales, y las que están por venir, que el anarquismo estratégicamente deberá abordar. Otros proyectos continúan o nacen nuevos, y es que para que algo surja y tome fuerza abriendo brechas, en ocasiones, hay que dejar morir lo viejo. Todo está aún por hacer, pero se ha dejado un legado relevante aportando cada mes con la palabra impresa a la trinchera de las letras revolucionarias.</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Ángel Malatesta, militante de Liza Madrid.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/todo-por-hacer-2-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16128" style="width:310px;height:auto"/></figure>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/17/la-palabra-impresa-como-trinchera/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Estratexia e organización na historia do anarquismo galego (1975-2025)</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/13/estratexia-e-organizacion-na-historia-do-anarquismo-galego-1975-2025/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/13/estratexia-e-organizacion-na-historia-do-anarquismo-galego-1975-2025/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Xesta Organización Anarquista Galega]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Apr 2026 08:02:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Galiza]]></category>
		<category><![CDATA[Movimiento anarquista]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16130</guid>

					<description><![CDATA[A enorme represión exercida sobre as organizacións e militantes anarquistas durante a ditadura franquista, xunto á descomposición orgánica sufrida pola CNT durante este período de clandestinidade, facilitou a hexemonización do campo obreiro por parte dos partidos marxistas. As anarcosindicalistas mantivéronse fieis aos seus principios, rexeitando estratexias posibilistas, como foi a do Partido Comunista de España [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/Cultura-Historia-Entrevistas-1-1.png" alt="" class="wp-image-16141"/></figure>



<p>A enorme represión exercida sobre as organizacións e militantes anarquistas durante a ditadura franquista, xunto á descomposición orgánica sufrida pola CNT durante este período de clandestinidade, facilitou a hexemonización do campo obreiro por parte dos partidos marxistas. As anarcosindicalistas mantivéronse fieis aos seus principios, rexeitando estratexias posibilistas, como foi a do Partido Comunista de España (PCE) de participar nas estruturas sindicalistas do Réxime, coa intención de erosionalo dende o seu interior. Ademais as liortas internas entre diferentes correntes impediron que dende as ringleiras anarquistas se organizara unha acción unitaria de loita contra o Réxime. Catro décadas de represión e resistencia, e a falta dun plan estratéxico unificado levaron á CNT a un progresivo afastamento respecto das masas traballadoras.</p>



<p>A descomposición do Réxime franquista unha vez morto o ditador, e a legalización dos sindicatos e partidos políticos, supuxo un rexurdir do movemento libertario a finais dos anos 70. Un rexurdir que asentaba os seus alicerces no contexto da loita antifranquista no que xurdiran colectivos como Vangardas Ácratas Galegas ou Colectivo Denuncia. Xunto á refundación da CNT galega en marzo de 1977, un nutrido número de grupos anarquistas agromaron polo país adiante. Pero ocorría isto nun contexto moi diferente ao de pre-guerra, no que o sistema capitalista complexizara o seu modelo de explotación, xerando novas relacións de produción, novos empregos e tamén novas subxectividades. Subxectividades en virtude das cales o cidadán e o consumidor pasaban a ocupar espazos simbólicos antes cubertos pola clase obreira. Unha reconversión sistémica que fixo que as loitas laborais, e con elas o sindicalismo, perderan peso no movemento revolucionario, reducindo a pasos axigantados as bases sociais dos sindicatos, á vez que moitos dos seus potenciais militantes pasaban a engrosar as fileiras de organizacións veciñais, ecoloxistas, ou culturais, entre outras moitas.</p>



<p>Acorde a este novo contexto ao longo da Península Ibérica víñanse fundando novos colectivos libertarios que estaban a achegar visións estratéxicas renovadoras ao anarquismo ibérico. En palabras de Mikel “Tar” Orrantía, un dos fundadores do colectivo libertario vasco Askatasuna, do que se trataba entón era de lograr a «superación das limitacións de organización nun só campo, sexa este o laboral, o cidadán, ou calquera outro que non ataque frontalmente dende unha única organización anticapitalista todos os aspectos da loita revolucionaria alternativa»<sup><a href="#sdfootnote1sym" id="sdfootnote1anc"><sup>1</sup></a></sup>. Askatasuna traía a primeira liña do debate libertario a necesidade de levar a cabo unha loita “global” contra todas as dinámicas de explotación do capital, e non só contra as que ocorren no eido laboral, ademais da necesidade da unión das diversas correntes revolucionarias nesta loita, seguindo o espírito da I Internacional. Pero, ademáis disto, Askatasuna viña a reabrir dous vellos debates no anarquismo ibérico. Por unha banda o que ten que ver coa cuestión organizativa, avogando por un esquema dual, no que por unha banda estarían as organizacións de clase, integradas por todos os traballadores e cidadáns dun ámbito concreto, e pola outra o movemento asembleario autónomo, integrado por grupos, organizacións e militantes revolucionarias que apostaran por modelos horizontais de organización. Esta aposta polo dualismo non era unha concepción <em>ex novo</em>, senón un modelo organizativo clásico do anarquismo, xa formulado por Bakunin en 1868 para a súa Alianza, e que tivera diversas liñas de continuidade en Europa e América. Por outra banda Askatasuna reabriu no seo do movemento libertario o debate sobre a cuestión nacional, acreditando na independencia de Euskal Herria e converténdose nun dos primeiros colectivos anarcoindependentistas da Península Ibérica.</p>



<p>De entre os colectivos fundados na Galiza que se reivindicaban do medio anarquista no tránsito das décadas dos 60, 70 e 80 foron varios os que, na liña de Askatasuna, asumiron a centralidade da cuestión nacional a través dunha militancia marxista previa. Foi o caso das Vangardas Ácratas Galegas (1967/68), o Grupo Anarquista Campesiño (1976/77) e os colectivos libertarios Arco da Vella (1980/82) e Zona Aberta (1981/82), alicerces pola súa parte da Federación Anarco-Comunista Galega xa nos primeiros oitenta do século XX. Porén ningún destes colectivos parece ter desenvolvido unha liña teórico-estratéxica ou un programa de intervención na sociedade galega, como si fixeran os anarquistas vascos. Por unha banda Arco da Vella, tras a súa fundación en 1979 como organización anarcocomunista, parece ter esgotado todos os seus folgos nos seguintes anos na edición dunha revista homónima que, carente dunha liña política concreta, funcionou máis como un continente da cultura libertaria galega que como unha organización política. No entanto o colectivo libertario Zona Aberta, fundado en 1981, si desenvolveu un discurso político propio, centrado na necesidade dunha “praxe social” de superación da división entre marxistas e anarquistas. Se cadra o máis semellante a un posicionamento estratéxico por parte destes grupos foi o manifesto publicado en 1976 no que o Grupo Anarquista Campesiño avogaba pola participación dos seus militantes en dous niveis de loita no país, un económico, incorporándose aos refugallos do sindicalismo vertical labrego, co fin de fundar un sindicato campesiño galego de orientación anarcosindicalista, e outro cultural, coa formación de clubs e sociedades que defenderan a lingua e a cultura galega. Porén non consta que estas propostas, desenvolvidas na prensa nacionalista da altura, chegaran a sobrepasar o ámbito do discurso e remataran por se transformar nunha estratexia, e menos aínda nun programa de intervención sobre a realidade social galega.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="784" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/Anna-Turbau.-Ortigueira-1978-Museo-Reina-Sofia-1024x784.webp" alt="" class="wp-image-16131"/><figcaption class="wp-element-caption">Foto de Anna Turbau. Ortigueira, 1978 (Pódese ver no Museo Reina Sofía de Madrid)</figcaption></figure>



<p>Ocorría isto nun contexto de consolidación da transición política ao Réxime do 78, no que os Pactos da Moncloa e o Caso Scala cortaban ás a un movemento libertario en dinámica ascendente. Na Galiza o ciclo de loitas sociais e pola defensa da terra que tiveran no ano 1977 o seu punto álxido -con conflitos como o da AP-9, As Encrobas, a central nuclear de Xove ou o areal de Baldaio- estaba a se esgotar. Os partidos marxistas (nomeadamente a Unión do Povo Galego e o Partido Socialista Galego) que actuaran nestas frontes de loita de forma organizada, aproveitaron estes conflitos para aumentar a súa base social e para estruturar as súas organizacións no territorio. Unha intervención que infelizmente levaría ao que deu en chamarse <em>movemento nacional-popular galego</em> a encallar no eido electoral-institucional.</p>



<p>Unha estratexia das organizacións anarquistas para participar nestas frontes de loita de forma organizada, e non coma individuos, podería quizais ter evitado que toda aquela forza social fora canalizada polos partidos marxistas cara obxectivos reformistas. Pero é que ademais esta carencia de estratexia deixaría ás cativas organizacións anarquistas galegas da altura á mercé da iniciativa dos partidos, que acabarían por lles marcar incluso a súa axenda política. Así tanto Arco da Vella como Zona Aberta participarían no ano 1982 no proceso de constitución dunha organización unitaria do nacionalismo galego que, aínda que nun comezo se formulara por algúns dos seus grupos promotores como “unha ampla plataforma antiautoritaria na que a soberanía debería recaer nos colectivos”, rematou por se fundar como unha “fronte unitaria patriótica”, se ben xa sen a participación dos dous colectivos anarquistas. Unha fronte interclasista que antepuxo a cuestión nacional á loita de clases e que axiña se integraría no sistema galego de partidos baixo a denominación de Bloque Nacionalista Galego (BNG).</p>



<p>Pero se nos anos 80 os colectivos anarquistas galegos non atenderon ás propostas teóricas e estratéxicas que emanaban de organizacións anarquistas doutras nacións do territorio ibérico, o seu foco na cuestión nacional si produciu efecto, e un cambio de perspectiva no anarquismo galego respecto da ortodoxia internacionalista que o movemento tivera ata aquel entón. Para esta nova xeración de militantes, a Galiza, e xa non o territorio do estado español, era o marco político de referencia. Isto tería resonancias en todo o anarquismo posterior, e ata os nosos días. Dende entón foron varios os intentos de artellar un movemento anarquista galego, coa Federación Irmandinha a mediados dos anos 90, Xuntanza Libertaria no ano 2000, ou a Federación Anarquista Galega, que estaría activa entre os anos 2004 e 2006<sup><a href="#sdfootnote2sym" id="sdfootnote2anc"><sup>2</sup></a></sup>. Mesmo houbo lugar para unha experiencia novidosa por canto respostaba á irrupción dun novo sentir nos movementos sociais de Galiza, atravesados asemade pola cuestión nacional, como foi a coordinadora Loita Autônoma mediada a década dos 90, representada por colectivos de A Guarda, Vigo, Compostela, A Coruña e Ourense. Con todo, na Galiza nunca se recompuxo un movemento libertario de masas con capacidade de incidencia real sobre a sociedade. Unha vez pechada a transición o anarquismo ficou limitado ao ámbito sindical, cultural ou a loitas parciais como a anticarceraria, a insubmisión ou a okupación, e toda a súa ambición consistiu en federar ou coordinar os colectivos libertarios que actuaban nestes campos ou colectivos específicos que se organizaban de forma autónoma.</p>



<p>Hoxe en día somos moitas as persoas que no país nos identificamos coa tradición e os principios do anarquismo. Porén as anarquistas seguimos atomizadas, participando nos movementos en defensa da terra, nas asociacións veciñais, nos centros sociais, nos sindicatos e nas asociacións culturais sen unha organización nin unha estratexia que vincule as nosas accións e as dote dunha orientación global. Pero, se nas últimas décadas e nos últimos anos puidemos extraer algunha conclusión das loitas sociais que no país se deron é que, sen unha cohesión estratéxica e un horizonte revolucionario, os movementos sociais rematan por se esgotar na impotencia do mero asistencialismo, ou por abocarse a vías reformistas, cando non en desviacións autoritarias.</p>



<p>Nun contexto como o actual, no que a esquerda institucional atópase vencida e entregada ao proxecto capitalista, no que a depredación da natureza e do territorio está a empurrar a veciñas de todo o país a autoorganizarse en plataformas de loita en defensa das súas vilas e comarcas, no que as dinámicas especulativas están a expulsar ás veciñas das súas casas e dos seus barrios, e no que a ultradereita vai gañando terreo nas institucións, nos medios e nas rúas ¿Que podemos facer como anarquistas?</p>



<p>Para tratar de dar resposta colectiva a esta pregunta xurdida durante a primeira edición do Seminario de Estudos Libertarios Galegos (2024), algunhas militantes anarquistas vimos de fundar Xesta, Organización Anarquista Galega, que este mes de marzo celebrou o seu primeiro congreso. Unha ferramenta para superar o actual estado de illamento das anarquistas nas diferentes frontes de loita do país, e coa que dotarmo-nos dunha teoría e unha práctica revolucionarias. Trátase de seguir presentes nas organizacións de barrio, nos centros de traballo, nos colectivos de defensa da terra, nas asociacións veciñais e demais institucións populares, pero tendo na organización específica anarquista un espazo de coordinación para alimentar estas loitas, para axudar a conectalas entre si e para impulsalas cara a superación do sistema capitalista nun sentido socialista libertario.</p>



<p>Se nos anos 80 o movemento libertario galego non foi quen de protexer a independencia política da clase traballadora diante do liderado duns partidos marxistas que antepuxeron a alianza coa burguesía nacional á cuestión proletaria, quizais fora porque as organizacións específicas anarquistas estaban máis centradas na contracultura que en xerar un proxecto revolucionario no país. Se daquela os partidos marxistas lograron desviar o ciclo de mobilizacións sociais das rúas ás institucións burguesas, substituíndo a acción directa pola delegación, quizais fora por unha falta de coordinación entre as anarquistas que participaron naqueles movementos de masas como individuais e non dunha forma organizada e cunha visión estratéxica.</p>



<p>Quizais as anarquistas galegas levemos xa demasiado tempo participando individualmente, e non coma colectivo, nas loitas do pobo galego. Quizais as organizacións específicas galegas levemos xa demasiado tempo afastadas dos intereses do pobo galego. Quizais sexa o momento de facer un movemento semellante ao levado a cabo polos anarquistas galegos a finais do XIX<sup><a href="#sdfootnote3sym" id="sdfootnote3anc"><sup>3</sup></a></sup>, e que tan bo resultado lles deu, e volver a implicarnos nas loitas populares dunha forma organizada. Xesta nace coa intención de servir de ferramenta para este fin.</p>



<p class="has-text-align-right"><br><em><strong>Dani Palleiro</strong></em>, <em><strong><em><strong>militante de Xesta</strong></em> &#8211; Organización Anarquista Galega</strong></em>.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/todo-por-hacer-3-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16142" style="width:304px;height:auto"/></figure>



<p><a href="#sdfootnote1anc" id="sdfootnote1sym">1</a>Orrantia, Mikel (1978). <em>Por una alternativa libertaria y global</em>. Madrid: Zero Zyx.</p>



<p><a href="#sdfootnote2anc" id="sdfootnote2sym">2</a>Cebrián Gorozarri, Brais (2024). Unha ollada ó pasado recente de coordinación libertaria en Galiza. En <em>Anarquismo e Organización: Apuntes para o territorio galego</em>. Seminario de Estudos Libertarios Galegos.</p>



<p><a href="#sdfootnote3anc" id="sdfootnote3sym">3</a> https://regeneracionlibertaria.org/2025/11/21/estratexia-e-organizacion-na-historia-do-anarquismo-galego-1871-1936/</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/13/estratexia-e-organizacion-na-historia-do-anarquismo-galego-1975-2025/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La revolución española, sus errores y posibles correcciones</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/31/la-revolucion-espanola-sus-errores-y-posibles-correcciones/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/31/la-revolucion-espanola-sus-errores-y-posibles-correcciones/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[liza]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2026 08:55:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Makhno]]></category>
		<category><![CDATA[revolución española]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=15976</guid>

					<description><![CDATA[Néstor Makhno, exiliado en París, estaba en contacto con anarquistas españoles y «esperaba que aprendieran de la experiencia makhnovista […] “Makhno nunca ha rehuido una lucha; si sigo con vida cuando comencéis la vuestra, estaré con vosotros”»1. Dos textos sobre España aparecen en La lucha contra el Estado y otros ensayos. Primera parte Nuestro amigo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/02/Cultura-Historia-Entrevistas-1-1.png" alt="" class="wp-image-15977" style="aspect-ratio:2.82876987543769;width:717px;height:auto"/></figure>



<p>Néstor Makhno, exiliado en París, estaba en contacto con anarquistas españoles y «esperaba que aprendieran de la experiencia makhnovista […] “Makhno nunca ha rehuido una lucha; si sigo con vida cuando comencéis la vuestra, estaré con vosotros”»<sup data-fn="2022bf1e-2834-4e21-87fc-872bcbc2f036" class="fn"><a id="2022bf1e-2834-4e21-87fc-872bcbc2f036-link" href="#2022bf1e-2834-4e21-87fc-872bcbc2f036">1</a></sup>.<sup> </sup>Dos textos sobre España aparecen en <em>La lucha contra el Estado y otros ensayos.</em></p>



<p><strong>Primera parte</strong></p>



<p><em>Nuestro amigo Néstor Makhno, cuyas actividades insurgentes en Ucrania, demasiado bien conocidas en estos ámbitos como para necesitar ser repetidas, garabateó hace algunos meses unas notas relativas a la revolución española desde su empobrecido exilio en Francia y nos las remitió para que los anarquistas españoles las tengan en cuenta. Habrá un texto de continuación en la próxima edición.</em></p>



<p>En los últimos meses, el carácter y la forma de la revolución española han sido determinados en parte por las presiones de las masas revolucionarias del proletariado y en parte por los deseos de la burguesía liberal en cuanto tal, que se decidió de una vez por todas a romper con la monarquía constitucional y asegurar (respaldar) una República, que se ajustaba mejor a sus intereses.</p>



<p>Téngase en cuenta que la revolución española comenzó con un compromiso novedoso (oculto a las masas, por supuesto) alcanzado entre el rey y la burguesía liberal. Todos sabemos que dicha burguesía, tras derrotar a los monárquicos en las elecciones municipales, percibió que tenía el dominio político sobre las fuerzas políticas del país, ejerció unas presiones que, desde su punto de vista, estaban ya preparadas sobre las tropas y el rey Alfonso XIII se asustó. Es también de dominio público que los monárquicos, tras algún tipo de negociaciones con la burguesía liberal, se aseguraron de que al rey verdugo Alfonso XIII se le permitiera abandonar el país sin trabas y sin afrontar castigo alguno. Además, se marchó con todo su séquito, llevándose consigo los medios para una vida de lujo. El rey se reservó el derecho a regresar al trono y a nombrar a un sucesor que ocupase su lugar. Todo ello nos muestra que la burguesía liberal, al rescatar al rey de la justicia del pueblo y trasladarlo al territorio de otro Estado, era consciente de que el rey podía resultarle útil para asustar al pueblo, justo cuando este se disponía a arrancar más libertad de la que la burguesía estaba dispuesta a concederle.</p>



<p>La burguesía hizo bien sus cálculos. Es evidente que las figuras dirigentes del liberalismo español tomaron cuidadosa nota de los errores cometidos por sus homólogos en la revolución rusa en relación con la gente trabajadora, que está despertando, y los liberales se comportan como fieles guardianes del principio de la esclavitud forjado en España a lo largo de los siglos. Esa esclavitud servía a los fines del rey, de su séquito y de sus admiradores, pero el pueblo apenas figuraba en la historia, el gran pueblo a costa del cual vivían el rey y sus cortesanos. Y, de manera vergonzosa, los liberales de hoy vuelven a recurrir a ese pueblo, ahora que han cerrado su trato con los monárquicos respecto a la salida sin obstáculos del rey criminal. Surge una pregunta, por necesidad: ¿dónde estaban los verdaderos amigos del pueblo en aquel momento, esos revolucionarios de toda índole? ¿Dónde estaban, esas personas que tan a menudo habían orquestado atentados contra la vida del rey criminal? ¿Se habían enfriado las ideas que impulsaron a los mejores hijos de España a actos de heroísmo? Pues no puede sostenerse que no existieran tales elementos en España en ese momento. Tampoco puede afirmarse que llegaran a algún acuerdo con los liberales para dejar marchar al rey. La única explicación aceptable es que los revolucionarios españoles, tras asegurar la libertad de expresión y el derecho de organización, estaban ocupados en reagrupar todas sus fuerzas y en elaborar planes de acción práctica, de modo que el pueblo trabajador pudiera comprenderlos mejor y estar en condiciones de ayudarles en la lucha por la liberación. Y si este último punto es correcto, ¿qué resultados han producido sus reuniones? Pues no hay rastro alguno de ellos en el campo revolucionario: los socialistas están al servicio de los liberales, y en cuanto a los sindicalistas y anarquistas, parece que aún no ha llegado el momento de aplicar e incrustar sus ideales en la vida del pueblo: con toda probabilidad, están esperando a que lleguen tiempos mejores. Los bolcheviques (comunistas de Estado) se limitan, como siempre, a manifestaciones callejeras, sin asumir responsabilidad alguna a los ojos de la gente trabajadora. Mientras tanto, los dirigentes liberales se sienten valientes y dictan audazmente a su partido y al Gobierno los medios por los cuales deben avanzar hacia el «poder fuerte» y el «orden restablecido». Eso es lo que los liberales quieren de la revolución española. Con tales apetitos en funcionamiento y sin más dilación, van introduciendo en la vida del país todo aquello que no entra en conflicto con sus intereses de clase.</p>



<p>Así es como la burguesía liberal ha alcanzado las cumbres del Poder y se apresura a colocar al país nuevas cadenas. Además, hacen todo esto con la certeza de que los socialistas les apoyarán en esta batalla y de que aplastarán a los extremistas en cuanto intenten levantar al pueblo contra ellos.</p>



<p>Todo ello hace comprensible que ni la burguesía liberal ni el gobierno teman las manifestaciones callejeras de los bolcheviques, ni las huelgas generales de los trabajadores que se convocan con tanta frecuencia en toda España bajo la supervisión de los sindicalistas revolucionarios y anarquistas y que, pese a hacerse sentir tan dolorosamente, casi siempre terminan en un fracaso sangriento. La burguesía liberal puede estar tranquila, pues sus dirigentes velan por su bienestar: gracias a la agilidad política y a las tácticas astutas de sus líderes, la burguesía puede calibrar con precisión su fuerza, medirla frente a la de sus enemigos y orientarse en relación con sus adversarios más peligrosos de izquierda y, gracias a ello, la burguesía sabe cuándo y en qué medida deben emplearse sus fuerzas armadas contra sus enemigos. Mientras tanto, los dirigentes de la izquierda no advierten, o se niegan a advertir, lo que la burguesía está instaurando en el país. En cualquier caso, el comportamiento de los dirigentes nos dice con certeza que en todo el frente de izquierdas hay algo de confusión que parece derivarse del hecho de que los dirigentes ocupan cargos de clase trabajadora para los que no están capacitados ni por su carácter ni por su determinación, o bien de su creencia de que las masas son incapaces de llevar a la práctica sus ideas sin la tutela del Estado. Desde la distancia, resulta difícil ponerle una etiqueta a esto. Pero una cosa es clara y, a mi entender, no está en discusión, y es que en las filas de la izquierda existe una confusión profundamente arraigada. De otro modo no habría aparecido el <a href="https://es.wikisource.org/wiki/Manifiesto_de_los_Treinta" target="_blank" rel="noopener">Manifiesto de «<em>Los Treinta</em>»</a><sup data-fn="e1c34723-05ce-4b8d-8f90-7d32c621a40b" class="fn"><a id="e1c34723-05ce-4b8d-8f90-7d32c621a40b-link" href="#e1c34723-05ce-4b8d-8f90-7d32c621a40b">2</a></sup>, que es muy perjudicial para la revolución española y para el movimiento anarquista. Ese manifiesto, aun procediendo de militantes veteranos, de alto rango y bienintencionados, puede resultar mortal para el proyecto revolucionario. Sus consecuencias pueden ser aún mayores si tenemos en cuenta que la revolución española padece muchas carencias, dado que, incluso hoy, no tiene un rumbo definido de acción práctica, ni dispone de recursos suficientes para la acción social, en cuya ausencia las revoluciones quedan siempre impotentes. La revolución española será impotente a menos que se muestre capaz de seguir avanzando por su camino, sin que la burguesía ni los bolcheviques en connivencia con ella estén a punto de detenerla en seco.</p>



<p><strong>Segunda parte</strong></p>



<p>Me atrevería a sostener una vez más que, gracias a la ausencia de líneas definidas de acción directa, así como a la ausencia de recursos adecuados para la acción social, ahora se ha publicado un manifiesto por treinta camaradas; algo similar podría suceder mañana y, a causa de ello, el frente revolucionario se está estrechando y la revolución sufriendo más. A la luz de esto, no puede descartarse la posibilidad de que la burguesía termine apoderándose de la revolución y de que la reacción abierta se agrave. Pero entonces ya será demasiado tarde para trabajar en la conformación de un frente auténticamente revolucionario y encauzar la revolución hacia una expansión victoriosa. Mientras las masas trabajadoras en España no estén cansadas y aún alberguen esperanzas de lograr algo en términos de conquista de la libertad y el bienestar, y mientras la burguesía liberal quiera ser una burguesía de izquierdas —un día proclamando una República burguesa y al día siguiente una República obrera—, se puede hacer mucho para reforzar la revolución y ponerla en el camino de un desarrollo fructífero. Pero tales cosas tienen un coste. Exigen el máximo esfuerzo, no tanto de individuos o grupos aislados como de los trabajadores en su conjunto, en estrecha concertación ideológica y táctica, libres de complacencia, trabajadores que sepan lo que quieren y que inviertan toda su iniciativa intelectual en hacerlo realidad. La verdad es que nuestra comunidad anarquista aún no está acostumbrada a las acciones colectivas. Históricamente, su práctica ha sido aleatoria y, casi nunca y en ninguna revolución, ha producido el impacto al que los anarquistas aspiraban, ni ha logrado ganarse a las masas. Pero el mensaje imperativo de la época es que debemos olvidar ese enfoque y organizar nuestras fuerzas, organizando a las masas trabajadoras y armándolas con los recursos para la acción social que les permitan defenderse de la sociedad burguesa capitalista. Además: que puedan salir victoriosas de sus luchas contra ella.</p>



<p>El hecho es que, hasta la fecha, tales nociones han estado fuera de lugar en el pensamiento anarquista, pero su ausencia fue notable en la revolución rusa y causó un daño enorme a los anarquistas. Y también se percibe una ausencia dañina en la revolución española.</p>



<p>Cuando se observa la revolución española y se ve que, dentro del campo de la izquierda, la fuerza predominante pertenece a los anarquistas, no se puede evitar la emoción. No se pueden contemplar despreocupadamente los errores cuya causa más probable es la confusión que se ha apoderado de las personas más destacadas: en lugar de capitalizar los desarrollos históricos que solo se presentan muy de vez en cuando, el movimiento asistió a la aparición de grietas en sus propias filas. Y todo esto ocurrió en un momento en que el calendario revolucionario exigía el máximo esfuerzo del movimiento y la iniciativa de sus grupos para ayudar al país a organizar sus recursos laborales con el fin de crear sus órganos de producción. También existía la necesidad de empezar a establecer comités para la defensa de la revolución, mediante los cuales el país pudiera verse rápidamente liberado, en el plano político, de la opresión de la burocracia; en el económico, del explotador patronal; y en el mental, de toda esclavitud pasada. Entonces podría dedicar sus esfuerzos a la construcción del nuevo orden de la sociedad libre y de una vida completamente nueva. Todo ello se lograría sin ninguna tutela del Estado, de la Iglesia o del capital financiero.</p>



<p>No es que piense que todo esté perdido todavía: el pueblo español aún alberga la esperanza de no sucumbir ante la burguesía y considera que es perfectamente capaz de fijar el rumbo de la revolución mediante el cual podrá realizar sus ambiciones seculares: ser libre e independiente de la burguesía y de cualquier orden que esta imponga. En consecuencia, los anarquistas revolucionarios deben hacer su propia evaluación independiente de las fuerzas de vanguardia de la revolución y no dejarse distraer por «frentes unidos» y otras abstracciones sobre el futuro, sino vivir en el aquí y ahora y trabajar con la vista puesta en el presente. Debe existir un programa esbozado de acción práctica, breve pero claro para todos sus partidarios, que puedan estar dispersos por el país, y que sea fácilmente comprensible para las amplias masas de trabajadores.</p>



<p>En ese programa, los anarquistas deben afirmar que todos los medios de producción pertenecen a la naciente sociedad basada en el trabajo y deben estar bajo la gestión de los sindicatos obreros. Debe declararse que toda la tierra pertenece a la nueva sociedad y debe estar bajo la gestión de las sociedades campesinas, las comunas y sus uniones. Que las finanzas, la educación y otros ámbitos de la vida social deben pertenecer a asociaciones de trabajadores libres de sanciones por parte de las autoridades del Estado.</p>



<p>Al hacer propaganda sobre estas cuestiones, los anarquistas deben actuar teniendo en cuenta el nuevo sistema republicano de explotación. La burguesía debe ser despojada por la fuerza de la tierra, las fábricas, las minas y los medios de transporte. Una vez que la burguesía oponga resistencia a estas conquistas, debe colocársela en una situación en la que no tenga tiempo para defender los bienes acumulados mediante el trabajo ajeno, pero sí el suficiente para salvar sus vidas.</p>



<p>La lucha organizada e intransigente atraerá a la mayoría de los trabajadores revolucionarios a la órbita de los anarquistas. En tal caso, no quedará nadie para mantenerse al margen, ni firmantes del «Manifiesto de los Treinta», y mucho menos sus seguidores. Todas las fuerzas vitales de la revolución, atraídas por la ideología anarquista y guiadas por sus organizaciones y su estrategia, se pondrán a atacar las fortalezas de la burguesía, el Gobierno y sus mercenarios. El pueblo trabajador vencerá y su sueño secular de Libertad y Equidad basadas en el trabajo libre será un hecho consumado.</p>



<p><strong>Nestor&nbsp;Makhno</strong></p>



<p>De&nbsp;<em>Tierra y Libertad</em>&nbsp;(Barcelona) Viernes, 27 de Abril de 1934 y Viernes 4 de Mayo 1934.</p>



<p><strong>La muerte de Makhno y los camaradas españoles</strong></p>



<p>¿De dónde procede el artículo de Makhno reproducido más arriba y a través de quién llegó?</p>



<p> Atendiendo únicamente a <em>Tierra y Libertad</em>:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>El 30 de junio de 1934 apareció un llamamiento a la «Solidaridad con Néstor Makhno, gravemente enfermo», en el que se afirmaba que llevaba cinco meses en ese estado. «Su restablecimiento será largo». Las donaciones debían dirigirse a Madame A. Faucier, en París.</li>



<li>El 9 de agosto de 1934 se publicó un artículo en portada sobre Makhno, en el que se registraba su fallecimiento el 27 de julio. Un texto más breve señalaba que, tras su muerte, la agencia United Press en París había difundido un despacho telegráfico, publicado por un periódico de Barcelona el 29 de julio, que <em>Tierra y Libertad</em> consideró difamatorio y calumnioso contra Makhno.</li>



<li>El 16 de agosto de 1934 <em>Tierra y Libertad</em> incluyó en la página 4 un artículo de Ángel Calvo titulado «Ha muerto el camarada Makhno». Decía: «A las seis de la mañana del día 25 de julio ha fallecido el valeroso revolucionario ruso y principal fuerza motriz de la revolución ucraniana, Néstor Makhno. ÁNGEL CALVO».</li>
</ul>



<p>Calvo cuenta con una entrada en el <em>Dictionnaire international des militants anarchistes</em>:</p>



<p><strong>“Angel CALVO</strong></p>



<p>Nacido el 16 de octubre de 1899 en Remolins (Tortosa) – alicatador – FAI-CNT-Drancy (Seine-Saint Denis)</p>



<p>Tras huir a Francia, Ángel Calvo, alicatador que trabajaba en Drancy, ejerció como secretario del grupo Voluntad en 1934; este estaba activo en la zona de París y afiliado a la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Participó muy activamente en 1935 en la campaña por el derecho de asilo junto con otros miembros del grupo de Drancy, entre ellos Heriberto Ramos, alias Juan Robles y Robles, Fabriciano Carrasco, Manuel Estrada y Pelayo López. La FAI contaba entonces con numerosos grupos en Francia […] Calvo vivía por aquel entonces en el nº 17 de la Rue Jules Verne, en Drancy, con Fabriciano Carrasco, y su nombre figuraba en una lista de direcciones anarquistas a comprobar en la zona de París”.</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Traducción hecha por Liza.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/02/Cultura-Historia-Entrevistas-3-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-15979" style="width:403px;height:auto"/></figure>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="2022bf1e-2834-4e21-87fc-872bcbc2f036">1. Alexandre Skirda, <em>Nestor Makhno: Anarchy’s Cossack</em>, p. 277. <a href="#2022bf1e-2834-4e21-87fc-872bcbc2f036-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 1"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li><li id="e1c34723-05ce-4b8d-8f90-7d32c621a40b">2. El Manifiesto de los Treinta, denominado así por sus 30 firmantes originales, fue redactado en agosto de 1931 por miembros destacados de los comités de la CNT y del consejo de redacción de <em>Solidaridad Obrera</em>. Estaba concebido para frenar el proceso por el cual la CNT estaba teniendo que soportar las consecuencias de las revueltas e insurrecciones inspiradas por la FAI. En las represiones posteriores a dichos episodios, la CNT se enfrentaba al cierre de sus locales y sindicatos, a detenciones masivas y al coste de financiar las defensas legales y el sustento de las familias de los detenidos, muertos o deportados. El gobierno alentó a los Treinta (los llamados <em>treintistas</em>) como una oposición más moderada. Debe señalarse que en años anteriores algunos de estos supuestos «reformistas» habían pertenecido al ala más radical del movimiento anarcosindicalista. <a href="#e1c34723-05ce-4b8d-8f90-7d32c621a40b-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 2"><img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/21a9.png" alt="↩" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />︎</a></li></ol>]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/31/la-revolucion-espanola-sus-errores-y-posibles-correcciones/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Metapolítica y Anarquismo</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/27/metapolitica-y-anarquismo/</link>
					<comments>https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/27/metapolitica-y-anarquismo/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[liza]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Mar 2026 08:03:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Gramsci]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Estrategia]]></category>
		<category><![CDATA[Hegemonía]]></category>
		<category><![CDATA[Ideas]]></category>
		<category><![CDATA[Metapolítica]]></category>
		<category><![CDATA[Pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Sentidos comunes]]></category>
		<category><![CDATA[Significados]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://regeneracionlibertaria.org/?p=16094</guid>

					<description><![CDATA[«Por metapolítica entiendo los efectos que una filosofía puede obtener, en sí misma y por sí misma, del hecho de que las políticas reales son pensamientos.»— Alain Badiou, Abrégé de métapolitique, Éditions du Seuil, 1998. ¿Qué es la metapolítica? La metapolítica nombra el nivel donde se fijan las premisas que hacen posible y legítima la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/metapolitica-2.png" alt="" class="wp-image-16108"/></figure>



<p>«Por metapolítica entiendo los efectos que una filosofía puede obtener, en sí misma y por sí misma, del hecho de que las políticas reales son pensamientos.»<br>— Alain Badiou, <em>Abrégé de métapolitique</em>, Éditions du Seuil, 1998.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Qué es la metapolítica?</h2>



<p>La metapolítica nombra el nivel donde se fijan las premisas que hacen posible y legítima la política de una época. No es un simple «discurso sobre la política», ni una técnica de propaganda: es la lucha por el marco previo que decide qué cuenta como problema, qué cuenta como solución y qué cuenta como sentido común.</p>



<p>En su acepción moderna más temprana, el término se formula por analogía con la metafísica: del mismo modo que la metafísica pretende ir más allá de la física, la metapolítica apunta a lo que excede la política ordinaria; es decir, a los principios sobre la naturaleza humana, la sociabilidad, el derecho y la legitimidad que condicionan el campo político. Esta definición inicial importa porque impide reducir la metapolítica a una moda contemporánea: nombra, desde su origen, la dimensión prepolítica donde se fabrican las categorías que después parecen naturales.</p>



<p>En la práctica, eso significa que la metapolítica actúa allí donde se produce y organiza la percepción social. Se ve cuando una sociedad aprende a llamar «seguridad» a la expansión punitiva y «libertad» a la desregulación; cuando la precariedad se traduce en «falta de empleabilidad» y no en explotación; cuando el conflicto social se reescribe como «orden público» y no como antagonismo material; cuando el racismo se camufla como «cultura» y el patriarcado como «familia». Esos desplazamientos semánticos no son un debate académico: determinan qué políticas aparecerán como razonables y cuáles como impensables. La metapolítica opera en la escuela y en el trabajo, en la prensa y en el entretenimiento, en el púlpito y en la plataforma, porque ahí se estabiliza el vocabulario con el que la gente interpreta su vida.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Orígenes y usos histórico-políticos</h3>



<p>La genealogía del término es más larga y conflictiva de lo que sugiere su circulación reciente. El rótulo «metapolítica» aparece ya en un manuscrito inédito atribuido a Juan Caramuel (siglo XVII): dato que no permite hablar de una tradición continua, pero sí rompe la idea de un nacimiento único y tardío.</p>



<p>Su consolidación moderna llega en el último cuarto del siglo XVIII como analogía explícita de la metafísica aplicada a la política. En 1784, Jean-Louis de Lolme propone <em>metapolitics</em> para nombrar una rama aún inexplorada que, en lugar de limitarse a la ciencia política corriente, interroga los principios sobre la naturaleza humana y los asuntos humanos que permiten comprender el gobierno. En 1785, Gottlieb (Amadeus) Hufeland introduce <em>Metapolitik</em> en alemán como un conjunto de proposiciones previas que preparan determinaciones sobre derechos e instituciones antes de presuponer el Estado. Poco después, Schlözer fija la metapolítica como un «abstracto» del derecho natural y una investigación del ser humano «antes del Estado», anterior al derecho público general y a la teoría de las formas de gobierno.</p>



<p>Desde este primer ciclo, el término arrastra una ambivalencia que no desaparece: puede ser reflexión crítica de fundamentos o puede convertirse en legitimación doctrinal del orden.</p>



<p>En el siglo XIX la palabra circula de modo intermitente y polémico, y su oscilación se vuelve visible. Joseph de Maistre la emplea como «metafísica de la política» en clave contrarrevolucionaria, pretendiendo elevar el problema del poder a una ciencia de lo sustancial y lo fundamental en la constitución de los imperios. En España, Ramón Salas (1821) habla de una «metapolítica como metafísica» para impugnar teorías abstractas sin base empírica y reivindicar una ciencia política fundada en la experiencia. En ambos casos se ve el núcleo del conflicto: la metapolítica como crítica del formalismo o como coartada filosófica para naturalizar jerarquías.</p>



<p>En el siglo XX, el término reaparece con sentidos divergentes y, finalmente, sufre una mutación estratégica. En algunos usos se carga de trascendencia histórica y se asocia a doctrinas del Estado; en otros, se eleva a un plano filosófico donde se definen categorías «meta» de la política liberal. Pero la transformación decisiva es que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, «metapolítica» pasa a nombrar una intervención prolongada sobre cultura, educación, medios y mentalidades destinada a preparar desplazamientos políticos futuros. Esa torsión cristaliza cuando la derecha radical europea, tras 1968, convierte la batalla cultural en programa: el término se vuelve consigna para conquistar primero el sentido común y después el aparato institucional.</p>



<p>En paralelo, la reapropiación desde la izquierda filosófica invierte el gesto. En Badiou, metapolítica no significa una doctrina soberana sobre el Estado, sino la relación por la cual la filosofía extrae consecuencias del hecho de que las políticas reales son pensamientos: verdades en acto. Así, la historia de la palabra queda marcada por una disputa: entre un uso que pretende fundar y justificar el orden y otro que busca comprender y potenciar secuencias emancipatorias sin hablar desde fuera de ellas. La metapolítica es, por tanto, un nombre en conflicto porque nombra un terreno en conflicto: el lugar donde se decide qué mundo es imaginable.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Metapolítica y Hegemonía</h2>



<h3 class="wp-block-heading">Gramsci, metapolítica y hegemonía</h3>



<p>Gramsci permite entender por qué la metapolítica no es un adorno intelectual, sino un terreno material donde se organiza el poder. La hegemonía no equivale a «liderazgo cultural» ni a una propaganda más eficaz, sino a la capacidad de un bloque social para convertir su visión del mundo en sentido común; para hacer que intereses particulares se vivan como universales; y para producir consentimiento allí donde la coerción, por sí sola, sería frágil e inestable. Gobernar no significa únicamente mandar, sino fabricar una normalidad moral y afectiva que vuelve aceptable el mando. Esa normalidad se deposita en la sociedad civil, en sus instituciones y rutinas, en su vocabulario, en sus expectativas de vida y en sus jerarquías de dignidad. El dominio se vuelve más sólido cuando deja de sentirse como dominación.</p>



<p>De esa definición se desprende una consecuencia estratégica: la política no se decide únicamente en el escenario institucional, porque la institución llega tarde a un combate que ya ocurrió en la cultura. La batalla cultural no es el «entorno» de la economía ni un suplemento de la política: es una fábrica de percepción y legitimidad. Quien fija las palabras con las que una sociedad interpreta sus problemas fija, en gran medida, el perímetro de sus soluciones. Metapolítica nombra precisamente esa intervención consciente y sostenida sobre el marco: una estrategia de largo aliento orientada a reordenar el sentido común, no a ganar un debate puntual.</p>



<p>La extrema derecha contemporánea ha entendido esta lógica con disciplina y paciencia. Su eficacia no se explica solo por su rendimiento electoral, sino por su capacidad para desplazar los límites de lo decible y reconfigurar el consenso antes de disputar gobiernos. Opera metapolíticamente cuando convierte el marco antiinmigración en «realismo» y no en tecnología de chivo expiatorio; cuando hace de la gramática securitaria (control, fronteras, defensa, etc) una moral pública; cuando presenta conspiraciones como sospechas legítimas; cuando traduce el malestar material en miedo identitario. El efecto decisivo no es que todo el mundo crea cada consigna, sino que el vocabulario del adversario empiece a organizar la conversación pública. En ese punto, la extrema derecha gobierna parcialmente incluso desde la oposición y desde espacios marginales/minoritarios, porque empuja a la política institucional a moverse dentro de su marco.</p>



<p>Introducir a Carlo Gambescia en este punto sirve para evitar dos errores simétricos: confundir metapolítica con propaganda y fetichizarla como si fuera una fórmula mágica. Su apuesta es tratarla como un punto de vista sobre el poder, atento a regularidades, límites y formas concretas de legitimidad. Metapolítica, en este sentido, es una disciplina que estudia cómo se conquista, se mantiene y se pierde el poder; qué medios sociales lo sostienen y por qué ciertos fines colectivos se vuelven creíbles o se derrumban. Al distinguir entre una metapolítica de la teoría y una metapolítica de la acción, Gambescia permite ver cómo iglesias, fundaciones, redes informales y aparatos mediáticos operan metapolíticamente al organizar moral, gusto y sentido común, incluso cuando no se presentan como «políticos».</p>



<p>La batalla cultural no se gana con indignación performativa ni con argumentos sueltos. Se gana construyendo poder social organizado: creando estructuras que den continuidad y generen confianza, usando lenguajes que conecten con la experiencia cotidiana y desarrollando prácticas capaces de instituir otra normalidad. Porque no es una batalla meramente simbólica, sino material: se disputa en las condiciones concretas de existencia.</p>



<h3 class="wp-block-heading">El crecimiento de la derecha radical moderna por la metapolítica</h3>



<p>El ascenso contemporáneo de la derecha radical no puede entenderse solo como un giro electoral: es el resultado de una estrategia metapolítica coherente, formulada explícitamente desde finales de los años sesenta por Alain de Benoist y el entorno de GRECE &#8211; <em>Groupement de recherche et d&#8217;études pour la civilisation européenne</em>&nbsp;(Grupo de Investigación y Estudios para la civilización europea). Su diagnóstico fue que la política institucional es un efecto tardío de una victoria previa en el terreno cultural. De ahí su apuesta por una «guerra de posiciones» reaccionaria: intervenir en ideas, educación, medios, estética y moral cotidiana para hacer que determinadas jerarquías y exclusiones parezcan razonables antes de reclamarlas como ley.</p>



<p>Ese método se percibe con claridad en la normalización del discurso antiinmigración. Conceptos como «invasión», «sustitución demográfica», «pérdida de identidad» o el imperativo de «volver a la tradición» fueron instalados gradualmente como lenguaje común mediante medios alternativos, producción cultural, pseudoanálisis académicos y una estética deliberadamente provocadora que buscaba romper tabúes y desplazar el límite de lo aceptable. Teorías conspirativas como la del «gran reemplazo» entraron como un relato cultural capaz de reorganizar el malestar social bajo un lógica identitaria y racial, desplazando el conflicto desde estructuras materiales hacia enemigos construidos bajo su narrativa. Cuando estos marcos llegan al parlamento, llegan ya legitimados por un trabajo metapolítico prolongado que los ha convertido en sentido común para sectores significativos de la población. De esto se puede explicar el ascenso político y cultural de la extrema derecha populista por el mundo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Metapolítica y Anarquismo</h2>



<p>Aunque el término <em>metapolítica</em> no haya sido central en el vocabulario histórico del anarquismo, la práctica que nombra ha estado siempre en el corazón de una política libertaria con ambición revolucionaria. La razón es material, no terminológica: la dominación no se agota en el Estado, sino que se reproduce en dispositivos cotidianos de autoridad, en normas morales, en el trabajo precarizado y disciplinario, en el racismo y el patriarcado, en la gestión mediática del miedo y en la subjetividad entrenada para delegar, competir y obedecer. La metapolítica importa porque es el plano donde esos mecanismos se vuelven «sentido común»: donde ciertas jerarquías parecen inevitables y ciertas alternativas parecen infantiles, peligrosas o simplemente impensables.</p>



<p>Autores contemporáneos permiten afinar esta intuición sin convertirla en eslogan. Abensour ayuda a pensar la «an-arquía» como una fuerza que desestabiliza el principio de mando antes incluso de su cristalización institucional, señalando que la lucha contra la dominación empieza en el rechazo práctico de la autoridad como fundamento. Critchley formula una metapolítica anárquica como ética de resistencia que produce sujetos no reconciliados con el orden existente, y que sostiene la desobediencia no como gesto individual sino como compromiso colectivo con la justicia. Nappalos, por su parte, insiste en una metapolítica de la motivación: el trabajo organizado sobre disposiciones, expectativas y aprendizajes que hacen posible la acción colectiva sostenida, especialmente cuando el presente pesa como fatalidad y el futuro emancipador parece irreal.</p>



<p>La consecuencia estratégica es implacable. Una sociedad comunista libertaria no puede surgir únicamente del enfrentamiento directo con el poder político si las mayorías siguen identificando «orden» con mando, «seguridad» con castigo, «libertad» con competencia y «democracia» con Estado parlamentario. En ese escenario, incluso una ruptura puede ser rellenada por soluciones autoritarias, burocráticas o punitivas, porque el imaginario dominante ya ofrece esas salidas como las únicas «realistas». La metapolítica anarquista es, entonces, una tarea revolucionaria: disputar qué se percibe como normal, justo y deseable, y hacerlo mediante organización, cultura y prácticas que acumulen legitimidad para la autogestión. No se trata de reemplazar la lucha material por relatos, sino de producir las condiciones subjetivas y sociales sin las cuales la lucha material no se sostiene ni se traduce en emancipación.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Metapolítica en una estrategia revolucionaria</h2>



<p>La metapolítica debe integrarse en la estrategia revolucionaria como un conjunto de campos de intervención que se cruzan, se solapan y se refuerzan, sin sustituir la organización ni el conflicto material. No es un itinerario lineal ni una palanca decisiva por sí sola: es una dimensión que amplía el campo de lo posible, disputa legitimidades y reduce la capacidad del orden para presentarse como natural.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Campo de la percepción pública y el sentido común:</strong> identificar qué relatos ordenan la experiencia social y dónde colisionan con la vida real. Aquí se buscan contradicciones útiles —cuando el «mérito» no explica la precariedad, cuando la «seguridad» encubre violencia, cuando la «libertad» significa sometimiento económico— y se interviene con análisis situado, materiales pedagógicos, discusión pública local y campañas que conecten hechos concretos con marcos emancipatorios. La medida de eficacia no es la viralidad, sino el desplazamiento del marco interpretativo.</li>



<li><strong>Campo de las prácticas sociales y las instituciones de base:</strong> la metapolítica no ocurre solo en lo que se dice, sino en lo que se vuelve normal por repetición. Espacios autogestionados, redes de apoyo mutuo, cooperativas, centros sociales y cajas de resistencia operan metapolíticamente cuando producen capacidad colectiva sostenida y rompen la asociación entre «orden» y mando. Aquí las tácticas son organizativas: fabricar experiencia de cooperación eficaz.</li>



<li><strong>Campo del lenguaje y los significantes morales:</strong> hay palabras que gobiernan sin parecerlo porque fijan lo legítimo. «Delincuencia», «familia», «nación», «radical», «legitimidad» y «democracia» delimitan el perímetro de lo aceptable. Disputarlas no es un juego semántico: es impedir que el enemigo decida el diccionario del conflicto. Las tácticas pueden ir de glosarios y formación interna a resignificaciones públicas que anclen el lenguaje en experiencia concreta.</li>



<li><strong>Campo estético-afectivo y de memoria:</strong> la política no avanza solo por razones; también organiza deseos, miedos y pertenencias, y ayuda a comprender que eso que muchas veces se vive como un problema «personal» no es simplemente resultado de cómo una persona es o actúa, sino la expresión de un problema colectivo y sistémico. Aquí se decide si la emancipación aparece como una vida deseable y compartible o como un sacrificio gris. Arte, diseño, música, narrativas, rituales, hospitalidad de los espacios y memoria de las luchas son importantes cuando producen identificación, dignidad y horizonte, y cuando permiten traducir el malestar individual en conciencia colectiva. Las tácticas pueden incluir ciclos culturales, piezas audiovisuales, intervenciones en el espacio público y recuperación de historias locales.</li>



<li><strong>Campo digital como mediación y vulnerabilidad:</strong> no basta con «estar en redes»; hay que partir de que internet ya no es un espacio separado de la vida social, sino una dimensión plenamente integrada que articula el llamado «mundo real», moldea vínculos, percepciones, conflictos y formas de organización. Por eso, es necesario combinar una presencia táctica en plataformas con formas de coordinación que no dependan del algoritmo. Canales compartidos, redes de afinidad, infraestructura propia cuando sea viable y una cultura sostenida de seguridad y autocuidado digital son condiciones materiales de continuidad.</li>



<li><strong>Campo de la contra-manipulación:</strong> hacer legibles las operaciones que fabrican consenso sin replicarlas como técnicas de control. La metapolítica emancipadora se define por un límite ético: no puede basarse en producir obediencia. Sus tácticas pasan por alfabetización mediática, lectura crítica de pánicos morales, desmontaje de estadísticas y marcos securitarios, y una contrapropaganda explícita en su intención política, orientada a la autonomía crítica y la capacidad de juicio.</li>
</ul>



<p>Finalmente, estos frentes solo tienen sentido si se articulan con luchas materiales y con organización revolucionaria real. La metapolítica no sustituye la confrontación con el poder ni la acumulación de fuerza: las acompaña, las prepara y las sostiene, reduciendo el riesgo de que el conflicto sea absorbido por los marcos del enemigo. En una estrategia libertaria, su función no es garantizar el desenlace, sino aumentar la plausibilidad social de la autogestión y debilitar las legitimidades cotidianas de la dominación. Eso, en política real, ya es mucho.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Conclusiones estratégicas</h2>



<p>La metapolítica no es el sustituto de la estrategia revolucionaria, pero sí una de sus condiciones de posibilidad. Funciona como termómetro y como palanca auxiliar: indica qué límites de legitimidad impone el orden y permite ensancharlos, sin caer en la fantasía de que el cambio cultural, por sí mismo, derriba relaciones materiales de dominación. Integrada con organización, conflicto y acumulación de fuerza, la metapolítica reduce la capacidad del adversario para presentarse como sentido común y aumenta la plausibilidad social de la autogestión.</p>



<p>El avance de la derecha radical confirma una lección incómoda: se puede perder en las urnas y aun así ganar terreno si se logra gobernar el vocabulario, la moral pública y el régimen de afectos. Por eso, la respuesta no puede limitarse a la corrección de datos ni a la indignación. Hace falta disputar los mecanismos reales de legitimación, atacar los marcos que convierten la exclusión en «realismo» y el castigo en «seguridad», y construir espacios donde otra normalidad se experimente como eficaz.</p>



<p>Para una política libertaria con ambición revolucionaria, la conclusión es estricta. Si las mayorías siguen asociando orden con mando, libertad con competencia y democracia con Estado, cualquier ruptura queda expuesta a la restauración burocrática o punitiva, incluso con retórica emancipadora. La tarea estratégica consiste en producir sujetos, hábitos y capacidades colectivas compatibles con la vida sin autoridad: formas de cooperación sostenibles, lenguajes propios anclados en experiencia y una memoria activa que impida que el presente se viva como destino.</p>



<p>En términos operativos, esto implica dos criterios. Primero, que la metapolítica solo tiene valor revolucionario cuando se encarna en prácticas que aumentan poder social desde abajo, y no cuando deriva en una subcultura autocontenida. Segundo, que su eficacia se mide por efectos concretos: por la ampliación de lo decible; por la deslegitimación de jerarquías cotidianas; por la capacidad de sostener organización bajo presión; y por la creación de instituciones de base que vuelvan practicable la autogestión.</p>



<p>La metapolítica, así entendida, no promete garantías. Pero sí permite algo decisivo: que la revolución deje de depender de momentos excepcionales y se convierta en un proceso acumulativo, donde el sentido común del mando pierde terreno mientras crecen, en la vida real, las condiciones sociales para vivir sin él.</p>



<p class="has-text-align-right"><em><strong>Don Diego de la Vega, militante de Liza</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/metapolitica-1-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16109" style="width:330px;height:auto"/></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Bibliografia</h2>



<p>Abensour, Miguel. <em>La démocratie contre l’État: Marx et le moment machiavélien</em>. París: Éditions du Félin, 2004.</p>



<p>Badiou, Alain. <em>Abrégé de métapolitique</em>. París: Éditions du Seuil, 1998.</p>



<p>Badiou, Alain. «Dos ensayos de metapolítica» (1998). En <em>Acontecimiento</em>, nº 17 (1999).</p>



<p>Benoist, Alain de. <em>Vu de droite: Anthologie critique des idées contemporaines</em>. París: Copernic, 1977.</p>



<p>Critchley, Simon. <em>Infinitely Demanding: Ethics of Commitment, Politics of Resistance</em>. Londres / Nueva York: Verso, 2007.</p>



<p>Gambescia, Carlo. <em>Metapolitica: La otra mirada del poder</em>. Roma: Rubbettino, 2018.</p>



<p>Gramsci, Antonio. <em>Cuadernos de la cárcel</em>. Edición crítica de Valentino Gerratana. Turín: Einaudi, 1975.</p>



<p>Hufeland, Gottlieb (Amadeus). <em>Ueber den Naturzustand</em> (contiene el uso de «Metapolitik»). Jena, 1785.</p>



<p>Lolme, Jean-Louis de. <em>The Constitution of England; or, An Account of the English Government</em> (nota sobre «metapolitics»). Londres, 1784.</p>



<p>Maistre, Joseph de. <em>Considérations sur la France</em>. Lyon, 1797. (Uso posterior del término en escritos de 1814, según compilaciones de genealogía del término).</p>



<p>Nappalos, Scott Nicholas. «Emergence and Anarchism.» 2013.</p>



<p>Panunzio, Sergio. <em>Lezioni di dottrina dello Stato</em>. Roma, 1930.</p>



<p>Riedel, Manfred. <em>Metaphysik und Metapolitik: Studien zu Aristoteles und zur politischen Sprache der Neuzeit</em>. Frankfurt am Main: Suhrkamp, 1975.</p>



<p>Salas, Ramón. <em>Lecciones de Derecho Público Constitucional para las escuelas de España</em>. Madrid, 1821.</p>



<p>Schlözer, August Ludwig von. Referencias a «Metapolitik» (1793) recogidas en genealogías del término.</p>



<p>Taguieff, Pierre-André. <em>Sur la Nouvelle Droite: Jalons d’une analyse critique</em>. París: Descartes &amp; Cie, 1994.</p>



<p>Teitelbaum, Benjamin R. <em>War for Eternity: The Return of Traditionalism and the Rise of the Populist Right</em>. Londres: Allen Lane / Penguin, 2020.</p>



<p>«Metapolítica» (entradas y genealogía del término). <em>Filosofía en español (filosofia.org)</em>, consultado en 2026.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/27/metapolitica-y-anarquismo/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
