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	<title>Regeneración Libertaria</title>
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	<description>Regeneración Libertaria es un portal de tendencia anarquista revolucionaria, concretamente a una corriente especifista adaptada a la península ibérica.</description>
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		<title>Mateo Morral: Flores para su majestad y pólvora contra la Restauración</title>
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		<pubDate>Sun, 31 May 2026 07:37:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
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					<description><![CDATA[El 31 de mayo de 1906, las calles de Madrid amanecieron cubiertas de guirnaldas, banderas y retratos reales. La boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg pretendía representar la estabilidad de un régimen corroído por dentro. Apenas ocho años antes, el Estado español había perdido la guerra contra Estados Unidos, y con ello [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/GREMIAL-2.png" alt="" class="wp-image-16329"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El 31 de mayo de 1906, las calles de Madrid amanecieron cubiertas de guirnaldas, banderas y retratos reales. La boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg pretendía representar la estabilidad de un régimen corroído por dentro. Apenas ocho años antes, el Estado español había perdido la guerra contra Estados Unidos, y con ello las últimas colonias de ultramar, además la crisis del 98 había abierto una profunda herida política, moral y social. La monarquía intentaba recomponer su legitimidad a través del espectáculo patriótico, mientras bajo la superficie crecían las huelgas, el hambre, el republicanismo radical, el anarquismo obrero y una generación que ya no creía en la Restauración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquella mañana, entre la multitud que observaba el paso del cortejo nupcial, convivían dos clases irreconciliables. Una, la de las élites políticas, militares y eclesiásticas que se repartían el poder mediante el turnismo parlamentario y la represión sistemática de cualquier protesta social. Otra, la de las barriadas obreras, los talleres textiles, los ateneos libertarios y las sociedades obreras que comenzaban a tejer una nueva cultura política basada en la organización popular, la educación racionalista y la acción directa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la carroza real atravesaba la calle Mayor a la altura del número 84, una bomba oculta en un ramo de flores cayó desde un balcón. El estruendo sacudió Madrid. Alfonso XIII sobrevivió por un golpe de suerte, pero una quincena de militares y una decena de civiles murieron, y bastantes otros resultaron heridos. El responsable directo era Mateo Morral, un joven anarquista catalán vinculado a la Escuela Moderna de Francisco Ferrer i Guàrdia. Su nombre quedó desde entonces asociado a uno de los atentados más conocidos de la historia contemporánea española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, la historiografía oficial y la prensa burguesa construyeron sobre Morral la imagen de un fanático aislado, un perturbado incapaz de comprender el mundo que le rodeaba. Sin embargo, detrás de esa acción existía un contexto político concreto: el auge del movimiento obrero, la radicalización de amplios sectores populares y la percepción compartida entre muchos revolucionarios europeos de que el viejo orden atravesaba una crisis irreversible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A ciento veinte años de aquel atentado, recuperar la figura de Mateo Morral no implica glorificar la violencia individual ni convertir el magnicidio en una estrategia política válida. Implica comprender las tensiones de una época donde miles de trabajadores y trabajadoras empezaban a organizarse contra un régimen cimentado sobre la miseria, la explotación y el autoritarismo. Implica también rescatar la memoria de una generación que creyó posible derribar el orden existente y construir un mundo nuevo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El despertar obrero y el pensamiento político de Mateo Morral</h2>



<p class="wp-block-paragraph">A finales del siglo XIX, el Estado español vivía un proceso de transformación desigual y profundamente conflictivo por el avance de la burguesía liberal en la lucha de clases. La industrialización avanzaba especialmente en territorios como Catalunya, Euskadi, y algunos núcleos urbanos del Levante, mientras enormes masas campesinas continuaban atrapadas en condiciones de miseria extrema. Las jornadas laborales interminables, el trabajo infantil, los salarios de subsistencia y la ausencia total de derechos conformaban el paisaje cotidiano de la clase trabajadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Catalunya, el crecimiento industrial había generado una importante concentración obrera en ciudades como Barcelona, Sabadell o Terrassa. Allí empezaban a proliferar sociedades de resistencia, cooperativas, centros obreros y periódicos revolucionarios que articulaban una cultura política propia. El anarquismo, introducido décadas atrás a través de la Primera Internacional, encontró un terreno fértil entre un proletariado sometido a una explotación feroz y desconfiado tanto de la burguesía liberal como de las instituciones estatales que la representaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lejos de la caricatura del anarquista individualista y caótico, el movimiento libertario de la época desarrolló una inmensa red cultural y organizativa. Ateneos obreros, escuelas racionalistas, bibliotecas populares y universidades obreras surgían en barrios y pueblos como espacios de formación política y apoyo mutuo. La lectura colectiva, las conferencias, las excursiones pedagógicas y los debates sobre ciencia, sexualidad o emancipación social formaban parte de una auténtica contracultura obrera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto desempeñó un papel fundamental Francisco Ferrer i Guàrdia y su proyecto de la Escuela Moderna. Fundada en Barcelona en 1901, la Escuela Moderna buscaba romper con el monopolio educativo de la Iglesia y formar individuos libres mediante una pedagogía racionalista, científica y antiautoritaria. No era únicamente un proyecto educativo; era una herramienta para construir conciencia crítica entre las clases populares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mateo Morral Roca nació en Sabadell en 1879, en el seno de una familia acomodada vinculada a la industria textil. Su padre era un empresario republicano y su madre mantenía profundas convicciones católicas conservadoras. Aquella contradicción familiar marcaría parte de su juventud. A diferencia de muchos militantes obreros de la época, Morral recibió una formación relativamente privilegiada y viajó desde muy joven por distintos países europeos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante sus estancias en Francia y Alemania entró en contacto con el pensamiento libertario, el anticlericalismo radical y las corrientes neomalthusianas que circulaban por el movimiento anarquista internacional. Aprendió varios idiomas, leyó numerosa filosofía y participó en debates políticos que terminarían alejándolo definitivamente de la vida burguesa que su familia esperaba para él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A su regreso a Catalunya intentó incluso aproximarse a los trabajadores de la empresa familiar y participó en conflictos laborales. Aquella experiencia profundizó su ruptura con el entorno social del que provenía. Morral decidió abandonar los negocios familiares y acercarse al movimiento libertario barcelonés, donde encontró un espacio político y humano en plena ebullición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Barcelona de principios del siglo XX era una ciudad atravesada por la conflictividad social. Las huelgas se multiplicaban y la represión estatal respondía con encarcelamientos, cierres de periódicos y torturas policiales. Todavía pesaba sobre la memoria obrera el recuerdo de los Procesos de Montjuïc, desencadenados tras el atentado de la procesión del Corpus de 1896. Centenares de anarquistas fueron detenidos, torturados y condenados sin pruebas suficientes. Aquella brutalidad estatal alimentó todavía más el odio hacia la monarquía y el régimen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Morral comenzó a colaborar estrechamente con Ferrer i Guàrdia y pasó a trabajar como bibliotecario de la Escuela Moderna. Desde allí participó en la difusión de textos racionalistas y revolucionarios, además de relacionarse con algunos de los sectores más activos del anarquismo catalán, colaborando en diversos proyectos editoriales y publicaciones libertarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque posteriormente sería retratado como un hombre aislado y psicológicamente desequilibrado, lo cierto es que Mateo Morral estaba plenamente integrado en determinados círculos políticos de la época. Compartía debates, lecturas y perspectivas con una generación de militantes que percibían el agotamiento del régimen de la Restauración. La monarquía aparecía para muchos trabajadores como la expresión máxima de un sistema basado en la explotación y sostenido por la violencia estatal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En aquellos años, además, el movimiento obrero español comenzaba a experimentar un proceso de reorganización y crecimiento. Las sociedades obreras ampliaban su influencia y las huelgas generales empezaban a perfilarse como herramienta de combate político. Aún faltaban cuatro años para la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo, pero el tejido sindical y cultural que la haría posible ya estaba desarrollándose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro del anarquismo coexistían múltiples corrientes y estrategias. Mientras amplios sectores apostaban por el sindicalismo revolucionario y la organización de masas, otros seguían defendiendo la llamada «propaganda por el hecho»: acciones insurreccionales o atentados individuales destinados a golpear símbolos del poder y desencadenar procesos revolucionarios más amplios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mateo Morral se movía precisamente en esa tensión histórica. Entre la construcción paciente de un movimiento popular organizado y la convicción de que una acción espectacular podía precipitar el derrumbe de un régimen debilitado.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La bomba de la calle Mayor</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La boda de Alfonso XIII fue concebida como una gigantesca operación propagandística. El régimen monárquico necesitaba proyectar una imagen de fortaleza y continuidad tras años de crisis política y malestar social. Madrid se llenó de delegaciones extranjeras, militares, aristócratas y representantes de las élites europeas, en un acto de boato y escaparate de la clase dominante española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, Mateo Morral llevaba semanas preparando el atentado. Había viajado a Madrid bajo identidad falsa y alquilado una habitación en una pensión de la calle Mayor, muy cerca del recorrido previsto para la comitiva real. Desde el balcón del cuarto piso tendría una posición privilegiada para ejecutar el ataque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las investigaciones posteriores señalaron que Morral recibió apoyo logístico de contactos vinculados al movimiento libertario y republicano. Lejos de la imagen del «lobo solitario», existía una red de afinidad ideológica, refugios y complicidades que facilitaban los desplazamientos clandestinos y la protección de militantes perseguidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mañana del 31 de mayo de 1906, Madrid estaba completamente abarrotado. El cortejo regresaba desde la Iglesia de los Jerónimos hacia el Palacio Real cuando, a las 13:55h, Morral lanzó la bomba escondida en un ramo de flores. El artefacto, una bomba tipo Orsini, golpeó accidentalmente el tendido del tranvía y se desvió de la carroza real antes de explotar sobre la multitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La escena fue bastante sangrienta. Caballos despedazados, soldados y civiles ensangrentados sobre los adoquines de la calle Mayor. Murieron más de una veintena de personas y decenas quedaron heridas. Alfonso XIII y Victoria Eugenia sobrevivieron por escasos metros debido al fallo accidental que Morral no había previsto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El impacto político y mediático fue inmediato. La prensa conservadora exigió una represión ejemplar contra el anarquismo y el movimiento obrero. El atentado fue utilizado para justificar nuevas medidas policiales y reforzar el discurso que identificaba cualquier forma de protesta social con el terrorismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras el caos se apoderaba de Madrid, Mateo Morral consiguió escapar mezclándose entre la multitud. Cambió parcialmente su aspecto y se dirigió hacia la redacción de El Motín, periódico republicano dirigido por José Nakens. Nakens era una figura conocida por su anticlericalismo y sus posiciones ideológicas contra la monarquía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque inicialmente no conocía con exactitud la identidad de Morral, terminó ayudándole a ocultarse. El anarquista pasó la noche refugiado en casa de un tipógrafo vinculado al periódico. Aquella cadena de solidaridad clandestina reflejaba hasta qué punto existían redes políticas subterráneas capaces de proteger a perseguidos políticos incluso en un contexto de enorme presión represiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre quienes tuvieron contacto con Morral durante aquellas horas se encontraba el joven periodista Julio Camba, todavía cercano entonces a ambientes libertarios. La figura de Mateo Morral empezó rápidamente a circular entre cafés, imprentas y redacciones madrileñas, envuelta en rumores, admiraciones y condenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras abandonar Madrid, Morral emprendió la huida hacia Barcelona. Viajaba disfrazado con ropa humilde y trataba de evitar controles policiales en caminos principales mientras la prensa difundía su retrato por todo el país. El 2 de junio llegó a las inmediaciones de Torrejón de Ardoz y se detuvo en el Ventorro de los Jaraíces para comer algo antes de intentar continuar su trayecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su actitud levantó sospechas. Algunos presentes desconfiaron de aquel hombre culto y educado vestido como un simple obrero. También llamaron la atención sus manos vendadas y su acento catalán. Los venteros avisaron entonces al guarda de campo Fructuoso Vega.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La versión oficial sostuvo que Morral disparó al guarda y posteriormente se suicidó. Sin embargo, desde el primer momento surgieron enormes dudas sobre ese relato. Diversos análisis posteriores y testimonios de la época apuntaron a la posibilidad de una ejecución extrajudicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las fotografías tomadas al cadáver mostraban heridas incompatibles con un disparo autoinfligido a corta distancia. Además, resultaba difícil creer que las autoridades renunciaran a interrogar públicamente al hombre que acababa de protagonizar el atentado más grave contra la monarquía en décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La hipótesis más plausible es que Mateo Morral fuese asesinado sumariamente y sin garantías jurídicas tras ser detenido. El régimen necesitaba cerrar rápidamente el episodio vendiéndolo como una victoria y evitar un juicio que pudiera convertirse en plataforma política para el anarquismo o revelar la existencia de redes de apoyo más amplias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su cadáver fue exhibido públicamente en Torrejón de Ardoz entre insultos y gritos monárquicos alentados por las autoridades y la prensa conservadora. Posteriormente sería trasladado al Cementerio Civil de Madrid, donde acabaría en un osario común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, el intento de borrar su memoria nunca fue completo. En barrios obreros, círculos libertarios y determinados ambientes populares, la figura de Morral comenzó a transformarse en símbolo contradictorio de rebeldía, desesperación y enfrentamiento directo contra el poder.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Represión, propaganda por el hecho y crisis de la Restauración</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El atentado de la calle Mayor desencadenó una enorme operación represiva. La policía llevó a cabo registros masivos, detenciones, interrogatorios brutales y cierres de espacios vinculados a las clases populares y específicamente al movimiento libertario. Francisco Ferrer i Guàrdia fue encarcelado bajo acusaciones de complicidad, aunque finalmente resultó absuelto por falta de pruebas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">José Nakens también fue procesado y condenado por ayudar a Morral durante su huida. El juicio se convirtió en un acontecimiento político de primer orden y sirvió para alimentar una campaña de criminalización contra el anarquismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, el Estado reforzó sus mecanismos de control y vigilancia. Durante aquellos años se consolidaron estructuras policiales específicamente orientadas a la persecución del movimiento obrero y las organizaciones revolucionarias. La identificación entre conflicto social y amenaza criminal terrorista pasaría a convertirse en una constante de la política española contemporánea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El atentado de Morral no puede entenderse aisladamente del contexto europeo. A finales del siglo XIX y principios del XX se produjeron numerosos magnicidios y atentados protagonizados por anarquistas o individuos influenciados por el clima político libertario de la época. Reyes, presidentes y jefes de gobierno fueron asesinados en distintos países europeos y americanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquellas acciones respondían a la estrategia conocida como «propaganda por el hecho». Sus defensores consideraban que un atentado espectacular podía actuar como detonante revolucionario, despertando la conciencia popular y acelerando la caída del sistema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la experiencia histórica mostró los límites profundos de esa estrategia. Los magnicidios raramente provocaban procesos revolucionarios amplios y, en cambio, facilitaban enormes oleadas represivas contra sindicatos y organizaciones obreras. La violencia individual terminaba sustituyendo a la construcción colectiva y alejándose de los ritmos reales de la clase trabajadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buena parte del anarquismo organizado terminaría desarrollando precisamente una crítica a esas dinámicas insurreccionalistas desconectadas de las masas. El sindicalismo revolucionario, la organización obrera y la construcción paciente de poder de clase demostraron tener una capacidad mucho mayor para generar procesos de transformación reales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, reducir a Mateo Morral a la figura de un fanático aislado sería aceptar la lectura interesada construida por la prensa burguesa y el aparato estatal. Morral actuó dentro de un clima político marcado por la percepción de que la Restauración atravesaba una crisis terminal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las huelgas crecían, el republicanismo radical ganaba influencia y amplios sectores obreros consideraban imposible cualquier reforma democrática profunda bajo la monarquía. En ese contexto, algunos revolucionarios pensaban que la muerte del rey podía desencadenar una insurrección popular o una huelga general capaz de abrir una brecha histórica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea no surgía únicamente del delirio individual, sino de una lectura equivocada —pero políticamente compartida— sobre el momento histórico. Existía una convicción extendida en determinados sectores revolucionarios europeos de que el capitalismo y las monarquías liberales se encontraban al borde del colapso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propio movimiento obrero español viviría pocos años después episodios de enorme radicalización creciente: la Semana Trágica de 1909, las grandes huelgas revolucionarias, el pistolerismo patronal y finalmente la expansión de la CNT como gran organización anarcosindicalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cierto modo, Mateo Morral representó las contradicciones de una época de transición en la conformación de posiciones revolucionarias en la clase trabajadora. Formaba parte de un movimiento obrero que avanzaba hacia formas de organización más amplias y estratégicas, pero todavía arrastraba el peso de concepciones insurreccionales heredadas del siglo XIX. Su atentado expresó tanto la rabia acumulada contra el régimen como las limitaciones políticas de una estrategia incapaz de sustituir la fuerza organizada de las masas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Memoria, cultura popular y el hilo rojo de la historia</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La figura de Mateo Morral dejó una profunda huella en el imaginario político y cultural del primer tercio del siglo XX. Su nombre apareció en canciones populares, novelas, artículos periodísticos y conversaciones de café. Para unos era un monstruo sanguinario; para otros, un rebelde trágico enfrentado a un régimen brutal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pío Baroja lo conoció en los ambientes bohemios madrileños y dejó sobre él algunas reflexiones ambiguas y contradictorias. Ramón María del Valle-Inclán le dedicó versos y referencias literarias cargadas de simbolismo. Incluso la leyenda popular llegó a mezclar su figura con relatos casi míticos sobre conspiraciones, cafés clandestinos y revolucionarios errantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la Guerra y Revolución de 1936, sectores libertarios reivindicaron su memoria como ejemplo de combate contra la monarquía. Existen referencias a propuestas para renombrar espacios públicos en su honor, incluyendo iniciativas para dedicarle calles en Madrid como la mismísima calle Mayor que pasaría a llevar su nombre durante un corto periodo de tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el paso de las décadas, el franquismo y la historiografía oficial intentaron reducirlo nuevamente al estereotipo del terrorista irracional. Sin embargo, la recuperación contemporánea de la memoria obrera ha permitido observar su figura desde perspectivas más complejas y menos propagandísticas. Mateo Morral no fue únicamente el hombre que lanzó una bomba contra Alfonso XIII. Fue también producto de una generación atravesada por enormes esperanzas revolucionarias, por la expansión de la cultura obrera y por la convicción de que el mundo podía transformarse radicalmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordar hoy aquella historia no significa romantizar la violencia individual ni idealizar todos los errores estratégicos del pasado. La memoria histórica no puede convertirse en un santuario acrítico. Precisamente una de las enseñanzas fundamentales que deja la experiencia del movimiento libertario es la necesidad de conectar cualquier horizonte revolucionario con procesos reales de organización popular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las explosiones aisladas pueden generar impacto momentáneo, pero son incapaces de sustituir la construcción paciente de tejido obrero, sindical y comunitario. Allí donde el anarquismo logró arraigar profundamente —en sindicatos, cooperativas, ateneos, escuelas racionalistas o estructuras populares— consiguió abrir posibilidades históricas mucho más amplias que las ofrecidas por la acción individual desesperada a pesar de legítima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, también sería injusto mirar con desprecio a quienes entregaron su vida convencidos de que luchaban contra un sistema criminal y profundamente injusto. La historia de la clase trabajadora está llena de derrotas y contradicciones, pero también de un coraje inmenso frente a estructuras de dominación aparentemente invencibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe un hilo invisible que conecta a quienes levantaron escuelas obreras hace más de un siglo con quienes hoy organizan sindicatos de vivienda, cajas de resistencia, redes de apoyo mutuo o conflictos laborales. Las formas cambian, los contextos se transforman, pero permanece la necesidad de construir poder colectivo desde abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a la nostalgia vacía o el fetichismo de la violencia, recuperar figuras como la de Mateo Morral debería servirnos para extraer lecciones políticas útiles en el presente. El anarquismo aportó históricamente herramientas fundamentales: el apoyo mutuo, la autoorganización, el internacionalismo, la acción directa vinculada a las necesidades populares y la convicción de que la emancipación de la clase trabajadora debe ser obra de la propia clase trabajadora. Pero también mostró límites cuando sustituyó la estrategia colectiva por gestos aislados incapaces de sostener procesos revolucionarios duraderos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A ciento veinte años del atentado de la calle Mayor, quizá la mejor manera de honrar la memoria de quienes lucharon antes que nosotros no sea repetir mecánicamente sus formas de combate, sino recuperar su determinación organizativa, su voluntad de transformar la realidad y su compromiso absoluto con las oprimidas de su tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la historia obrera no es un museo de héroes muertos, es mucho más que eso. Es una cadena de experiencias, derrotas y aprendizajes que sigue atravesando el presente. Y en esa memoria colectiva continúa latiendo la misma pregunta que recorría las calles de Barcelona o Madrid a comienzos del siglo XX: cómo construir la fuerza necesaria para derribar un mundo basado en la explotación y levantar otro sustentado sobre la libertad, la igualdad y el apoyo mutuo. La respuesta la estamos construyendo en este mismo instante.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/mateo-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16330" style="width:330px;height:auto"/></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em><strong>Ángel Malatesta, militante de Liza Madrid.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Del Trotskismo al Anarquismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Colaboraciones]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 May 2026 08:01:50 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Un número significativo de revolucionarios ha pasado del trotskismo a diversas formas de socialismo libertario. ¿Qué les atrajo del trotskismo en primer lugar? ¿Por qué llegaron a rechazarlo? ¿Obtuvieron algo de valor del trotskismo? Estas son mis preguntas. Existe una superposición notable entre la amplia tradición del anarquismo de lucha de clases y la tradición [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/GREMIAL.png" alt="" class="wp-image-16298"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Un número significativo de revolucionarios ha pasado del trotskismo a diversas formas de socialismo libertario. ¿Qué les atrajo del trotskismo en primer lugar? ¿Por qué llegaron a rechazarlo? ¿Obtuvieron algo de valor del trotskismo? Estas son mis preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una superposición notable entre la amplia tradición del anarquismo de lucha de clases y la tradición minoritaria dentro del marxismo que es antiautoritaria, antiestatista y humanista (Schmidt y van der Walt, 2009). A esta última corriente se la suele denominar «marxismo libertario» o «marxismo autonomista» (Cleaver, 1999). Junto con algunas corrientes similares, como el socialismo gremial (Cole, 1920/1980) o el pareconismo (Albert, 2003), todas ellas suelen englobarse bajo la etiqueta de «socialismo libertario» o «comunismo libertario».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trotskismo no parece encajar, ni siquiera dentro del marxismo autonomista. El objetivo del trotskismo es crear un «partido de vanguardia» centralizado que derrocara el Estado capitalista para construir un «Estado obrero» centralizado, como una «dictadura del proletariado». El partido centralizado utilizaría el Estado centralizado para gestionar una economía centralizada y nacionalizada. Trotsky creía que la Unión Soviética de Stalin era un «estado obrero degenerado» en el que la clase trabajadora seguía siendo la clase dominante, no porque tuviera poder real (sabía que no lo tenía), sino porque la economía seguía nacionalizada. Todo ello dista mucho de ser libertario. No es difícil entender por qué los anarquistas y los marxistas antiestatistas han rechazado el trotskismo. Pero sigue sin resolverse la cuestión de por qué tantos se habían sumado a él en primer lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Socialistas libertarios que antes fueron trotskistas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Daniel Guérin se acercó al trotskismo en la década de 1930 en Francia (Guérin (1973) se considera un trotskista modélico). Se convirtió en anarquista después de la Segunda Guerra Mundial. También fue activista gay y partidario militante de la lucha de liberación nacional argelina. Identificándose como anarquista, buscó integrar el anarquismo con lo mejor del marxismo. Su legado sigue influyendo en la Alternative Libertaire y sus libros traducidos son muy conocidos en EE.UU. (p. ej., Guérin, 1998).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Grandizo Munis fue el líder del principal grupo trotskista en España durante la guerra civil/revolución. Entabló amistad con Jaime Balius, el principal escritor del grupo anarquista Amigos de Durruti. En el exilio en México, compartieron una casa. Abandonó tanto el partido de vanguardia como la tesis de Trotsky de que la Unión Soviética de Stalin seguía siendo un «estado obrero» (aunque «degenerado») en favor de una teoría del «capitalismo de Estado» (Guillamón, 1996; Hobson y Tabor, 1998). Era amigo de Natalia Sedova, la viuda de Trotsky. Probablemente influyó en ella para que abandonara la teoría del «Estado obrero degenerado» y rompiera con la Cuarta Internacional trotskista por su apoyo al Norte estalinista en la guerra de Corea. (Decir que la Unión Soviética era «capitalista» no es negar la existencia de una burocracia colectivizada al mando; es afirmar que su modo de producción se basa en la relación capital-trabajo).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras la Segunda Guerra Mundial, Cornelius Castoriadis, de origen griego, fue el miembro más influyente del grupo francés Socialisme ou Barbarie. Tras romper con los trotskistas, sustituyó el concepto de «Estado obrero» por la teoría del «capitalismo burocrático». Evolucionó hacia el marxismo libertario y, posteriormente, acabó abandonando el marxismo por completo. Sin autodenominarse nunca anarquista, Castoriadis utilizó la etiqueta de «socialista libertario» (Castoriadis, 1997).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contaba con compañeros afines en Gran Bretaña, que también se separaron del trotskismo británico. Tradujeron muchas de las obras de Castoriadis y realizaron trabajos originales propios. Se autodenominaban el Grupo Solidaridad, y su principal autor era Maurice Brinton (Brinton, 2004).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, los socialistas libertarios solían proceder del ala disidente del trotskismo, liderada por Max Shachtman (y que incluía a Hal Draper). En 1940, esto dividió en dos a la organización trotskista estadounidense (por entonces el Partido Socialista de los Trabajadores, sin relación con el actual SWP británico), dando lugar al Partido de los Trabajadores y, más tarde, a la Liga Socialista Internacional. Rechazaron el apoyo de los trotskistas a la Unión Soviética como un supuesto «Estado obrero degenerado» en la inminente guerra interimperialista. Sustituyeron esta teoría por el «colectivismo burocrático»: que la Unión Soviética no era ni de clase obrera ni capitalista, sino un nuevo tipo de sociedad de clases (similar a la reciente concepción pareconista del «coordinacionismo»; Albert, 2003). Sin embargo, aunque los shachtmanistas habían roto tanto con el propio Trotsky como con sus seguidores ortodoxos, seguían considerándose trotskistas. Continuaron defendiendo muchos objetivos trotskistas (por ejemplo, el partido de vanguardia y el Estado obrero). Pero en la década de los 50, el propio Shachtman había evolucionado hacia la derecha socialdemócrata proimperialista (Drucker, 1999).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, un grupo conocido como la «Corriente Johnson-Forest» también se había escindido de los trotskistas ortodoxos junto con Shachtman. Estaba liderado por C. L. R. James y Raya Dunayevskaya (así como por Grace Lee, más tarde Boggs). Como trotskista, James ya había desarrollado una brillante concepción del papel autónomo de los afroamericanos en la revolución estadounidense (James, 1996). El grupo elaboró una teoría marxista de la Unión Soviética como «capitalismo de Estado» (en mi opinión, el mejor tratamiento teórico hasta ese momento). Con el tiempo, tras diversos giros y vueltas, la tendencia rechazaría el trotskismo y adoptaría su propia perspectiva marxista libertaria (Dunayevskaya, 2000; James, 1994). Finalmente, Dunayevskaya organizaría el grupo News &amp; Letters, que aún existe, a pesar de recientes escisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dwight Macdonald fue un escritor que permaneció con los shachtmanistas cuando estos se separaron de Trotsky, pero pronto se independizó. Durante la Segunda Guerra Mundial, publicó una influyente revista unipersonal, anti-imperialista, <em>Politics</em>. Pasó de un trotskismo heterodoxo al pacifismo anarquista. Durante la Guerra Fría se convirtió en un liberal apolítico, pero se radicalizó de nuevo en los años 60, en respuesta a la guerra de Vietnam y a los tiempos que corrían (Wreszin, 1994).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los anarquistas estadounidenses más influyentes de los años sesenta y setenta, y hasta hoy, fue Murray Bookchin. Primero en el Partido Comunista, se convirtió en trotskista y fue seguidor de Shachtman durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, recibió la influencia de antiguos trotskistas. Desarrolló su propia versión del anarquismo, en la tradición del anarcocomunismo, pero rechazando una perspectiva de clase obrera. En su vejez, llegó a rechazar el anarquismo, al menos como etiqueta, aunque seguía aceptándolo como influencia (Bookchin, 1999).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo interesante es Stan Weir. Proveniente de la clase obrera, se unió a los shachtmanistas. Sin embargo, también recibió la influencia del grupo de C.L.R. James. En los años 60, se sumó al intento de revivir una versión más o menos revolucionaria del shachtmanismo, los Socialistas Internacionales, IS, (Hal Draper fue prácticamente el único otro exshachtmanista de su edad que también participó). Pero finalmente acabó abandonando la perspectiva del partido de vanguardia para enfatizar la importancia de los grupos de trabajadores de base. Se opuso cada vez más al modelo burocrático de sindicalismo (Weir, 2004).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro exmiembro de los Socialistas Internacionales fue Loren Goldner, quien se convirtió en un marxista libertario especializado en la crítica de la economía política. Su análisis de la relativa prosperidad del pasado y de la crisis actual resulta, a mi juicio, especialmente certero (véase su sitio web, Goldner).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estaba también el grupo del que yo formaba parte, la Liga Socialista Revolucionaria. Su líder más destacado era Ron Taber. Se desarrolló como una oposición dentro de Socialistas Internacionales —con base en la tradición del shachtmanismo, así como en la tradición británica que condujo al actual SWP del Reino Unido (sus descendientes organizativos en EE. UU. son hoy la Organización Socialista Internacional [ISO, por sus siglas en inglés] y Solidaridad [sin relación alguna con el antiguo grupo socialista libertario británico]). Nos separamos de los IS para constituirnos como socialistas revolucionarios. Al principio, creímos que esto podía lograrse convirtiéndonos en trotskistas ortodoxos, salvo que considerábamos a la Unión Soviética como un Estado capitalista (Hobson y Tabor, 1988). A lo largo de 12 años, nos volvimos cada vez más libertarios, rechazando el leninismo y, finalmente, abandonando el marxismo por el anarquismo revolucionario (Taber, 1988). Finalmente, la RSL se disolvió, la mayoría de los miembros se volvieron apolíticos y unos pocos se unieron a algunos anarquistas para formar la Federación Anarquista Revolucionaria Amor y Rabia, que duró nueve años. (En mi caso, debo añadir que, de adolescente, primero fui anarquista-pacifista, influenciado por la lectura de Dwight Macdonald. Entonces un trotskista me convenció de que era necesaria una revolución y de que el anarquismo pacifista no era un programa suficiente —lo cual sigo creyendo—. Así que me uní a la IS y luego pasé a la RSL, convirtiéndome finalmente en anarquista revolucionario. Mi propia historia podría titularse «Del anarquismo al trotskismo y de vuelta al anarquismo»; Price, 2009a.)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al relacionarme con jóvenes anarquistas, a menudo me encuentro con personas que han sido miembros de la ISO o cercanas a ella o a alguna otra organización trotskista. Teniendo en cuenta que la ISO es probablemente el grupo más grande de la izquierda, que tiene mucha rotación y que hay muchas otras agrupaciones trotskistas. Esto probablemente no debería sorprendernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A los trotskistas les gusta echar en cara a los anarquistas el ejemplo de Victor Serge, que pasó del anarquismo individualista al leninismo y luego al trotskismo (Price, 2007). Suelen omitir que criticó las políticas de Lenin y Trotsky, rechazó la teoría de Trotsky sobre el «Estado obrero degenerado» y tuvo una desagradable ruptura con Trotsky, por razones buenas y malas. Ha habido otros como él. Pero, aunque Serge es una persona interesante de estudiar, prefiero el ejemplo de Daniel Guérin y los demás revolucionarios que pasaron del trotskismo al socialismo libertario.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las preguntas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No quiero exagerar. La mayoría de los trotskistas no se convirtieron en socialistas libertarios y la mayoría de los socialistas libertarios nunca han sido trotskistas. El anarquismo tiene su propia historia, que comenzó al menos con Bakunin, independiente y opuesta a la mayor parte del marxismo. El marxismo libertario solo ha sido una corriente marginal y minoritaria entre los marxistas. Incluye tendencias que nunca se habían acercado al trotskismo, como los «comunistas de consejo» europeos, que rompieron con Lenin en los primeros días de la Tercera Internacional (Mattick, 1978/2007; Rachleff, 1976). Los «marxistas autonomistas» italianos de los años sesenta y setenta, y también de épocas posteriores, no procedían del trotskismo, sino que surgieron de los partidos comunistas y socialistas (Wright, 2002). Al igual que muchos de los extrotskistas, muchos de los teóricos autonomistas acabaron rechazando tanto a la clase obrera como a la revolución (p. ej., Hardt y Negri, 2000).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni los «anarquistas» ni los «marxistas libertarios» son tendencias unificadas, y mucho menos una sola tendencia unificada. Como debería desprenderse de las listas anteriores, hay diferentes tipos de trotskistas, mientras que los anarquistas difieren ampliamente entre sí y los marxistas autonomistas también discuten ampliamente entre ellos. Cada grupo tiene desacuerdos con los demás. Por lo tanto, no estamos ante un fenómeno sencillo (los «trotskistas» convirtiéndose en «socialistas libertarios»).</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, es un hecho que muchos radicales influyentes se convirtieron primero en trotskistas antes de pasar a ser algún tipo de socialista libertario. Lo cual me lleva a mis tres preguntas: ¿Qué fue lo que les atrajo inicialmente del trotskismo? ¿Qué fue lo que les llevó a rechazarlo finalmente? ¿Y hay algo en el trotskismo que aún pueda resultar útil para los socialistas libertarios?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las respuestas pueden parecer evidentes a primera vista. En primer lugar, los radicales se sintieron atraídos por el trotskismo porque defendía la revolución internacional de la clase obrera y sus aliados. Siguiendo la tradición de la revolución rusa, los trotskistas se oponían tanto al capitalismo occidental como a la burocracia gobernante de la Unión Soviética. En segundo lugar, los radicales libertarios abandonaron el trotskismo porque este traicionó la visión de una sociedad socialista libre al aceptar un Estado totalitario como si fuera, de alguna manera, un Estado de los trabajadores. Y, en tercer lugar, los mejores de los extrotskistas libertarios siguieron creyendo en una revolución internacional de la clase obrera para crear una sociedad sin clases y sin Estado (objetivos coherentes con los de Marx y Bakunin). Estas respuestas son correctas, pero no suficientes. Permítanme profundizar en ellas con más detalle.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué se unieron a los trotskistas?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los principales atractivos del trotskismo era el romanticismo de la vida de León Trotsky. Líder marxista ruso, independiente tanto de los mencheviques como de los leninistas, fue elegido presidente del consejo obrero de masas (soviet) de Petrogrado durante la fallida revolución rusa de 1905. Durante la revolución de 1917, se unió a los bolcheviques, convirtiéndose en socio de Lenin. Trotsky organizó las fuerzas que derrocaron al Gobierno Provisional burgués y establecieron el régimen soviético. Fue el principal negociador exterior del Gobierno comunista. En la guerra civil y las invasiones extranjeras que siguieron, Trotsky creó el Ejército Rojo desde cero y lo condujo a la victoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A medida que la burocracia represiva, liderada por Stalin, establecía su dominio, Trotsky luchó contra ella. Cuando casi todos los líderes comunistas capitularon ante Stalin, solo Trotsky siguió luchando (por muy bien o mal que lo hiciera). En consecuencia, fue destituido de todos sus cargos y expulsado de la Unión Soviética. Los gobiernos capitalistas le negaron el asilo. Sus seguidores en la Unión Soviética fueron exterminados (y muchos trotskistas en Europa fueron asesinados por los fascistas). Fue calumniado y denunciado por el Estado ruso. Sus cuatro hijos murieron, al menos dos de ellos directamente a manos de los agentes de Stalin. Aunque opuesto al régimen de Stalin, nunca prestó apoyo alguno al capitalismo occidental. En el exilio escribió varias obras importantes, entre ellas la gran <em>Historia de la Revolución Rusa</em> (que sigue mereciendo la pena leer para los socialistas libertarios; Trotsky, 1932-3/1967). Intentó crear una nueva y revolucionaria Cuarta Internacional prácticamente por pura fuerza de voluntad. Tras encontrar finalmente asilo en México, fue asesinado por un agente de Stalin (Segal, 1979).</p>



<p class="wp-block-paragraph">(Conviene dejar claro que, en esta sección, omito deliberadamente el lado más oscuro de la vida de Trotsky. Todo lo que acabo de escribir es cierto, pero no es toda la verdad. Sin embargo, hay que recordar que la mayoría de los trotskistas no conocían ningún aspecto problemático, especialmente los nuevos trotskistas, como aquellos que más tarde se convirtieron en socialistas libertarios. El lado más oscuro se tratará en la siguiente sección).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consideremos los comentarios sobre Trotsky de Murray Bookchin, mucho después de que hubiera rechazado el trotskismo y el marxismo, e incluso la revolución de la clase obrera: «Trotsky tenía muchos defectos&#8230; Pero a finales de la década de 1930 se enfrentó a Stalin —el contrarrevolucionario por excelencia de la época— y lo hizo casi completamente solo. Todos los liberales de la época apoyaban a los estalinistas&#8230; Solo por su heroica postura como revolucionario anti-estalinista, Trotsky se ganó mi profunda admiración y mi apoyo ideológico» (Bookchin, 1999; p. 44).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, añade Bookchin: «Las ideas de Trotsky se volvieron cada vez más democráticas hacia el final de su vida&#8230;» (p. 46). La culminación del programa de Trotsky fue el <em>Programa de Transición</em> de 1938 (cuyo título más adecuado es <em>La agonía del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional</em>; Trotsky, 1977). En esta obra, abandona la dictadura de partido único. En su lugar, aboga porque el Estado burgués del capitalismo y el Estado burocrático del estalinismo sean sustituidos por un sistema de consejos (soviets) que sería pluralista. «Todas las corrientes políticas del proletariado pueden luchar por el liderazgo de los soviets sobre la base de la más amplia democracia» (p. 136). Los soviets surgirían de los comités de fábrica y otros consejos populares formados en la lucha contra el capitalismo. La planificación centralizada de la economía, escribió, debería equilibrarse con el control obrero de la producción y una cooperativa democrática de consumidores; las granjas colectivas serían autogestionadas (p. 146).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas son las bases de la democracia proletaria y los pasos hacia una democracia comunista sin clases. En el <em>Programa de Transición</em> y en otros lugares, también defendió luchas basadas en el programa tradicional de la democracia burguesa: tierra para los campesinos, autodeterminación para las naciones oprimidas, libertad de expresión y libertades civiles frente al Estado, los derechos de las mujeres, etc. Esto recuerda a la obra de Lenin <em>¿Qué hacer?</em>:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario sindical, sino el tribuno del pueblo capaz de reaccionar ante toda manifestación de tiranía y opresión, sin importar dónde aparezca, sin importar a qué estrato o clase del pueblo afecte: que sea capaz de generalizar todas estas manifestaciones y ofrecer una visión única de la violencia policial y la explotación capitalista; que sea capaz de aprovechar cada acontecimiento, por pequeño que sea, para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, con el fin de aclarar a todos y cada uno el significado histórico mundial de la lucha por la emancipación del proletariado». (Lenin, 1970; p. 183; énfasis de Lenin)</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el transcurso de esta obra, Lenin propone no solo la defensa por parte de los trabajadores de grandes grupos como los campesinos, las nacionalidades oprimidas o las mujeres, sino también de los estudiantes universitarios, los soldados rasos, los grupos religiosos minoritarios, los escritores censurados, etc. Esto aparece junto a los aspectos más autoritarios de<em> ¿Qué hacer?</em> como la afirmación de que la «conciencia socialista» solo puede llegar a los trabajadores «desde fuera» de la lucha de clases. Más tarde, Trotsky afirmaría que Lenin había abandonado esa concepción (Daum, 1990; pero véase Tabor, 1988).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trotsky argumentó que las fuerzas más revolucionarias se encontraban entre las personas en las que la explotación de clase se solapaba con la negación de los derechos democráticos burgueses, debido al género, la edad, la nacionalidad, la raza, etc. (hoy incluiríamos la orientación sexual). Eran estos sectores de la clase obrera los que tenían menos privilegios, los que «no tenían nada que perder salvo sus cadenas». El <em>Programa de Transición</em> afirma: «Las organizaciones oportunistas, por su propia naturaleza, concentran su atención principal en los principales actores de la clase obrera y, por lo tanto, ignoran tanto a la juventud como a la mujer trabajadora. La decadencia del capitalismo, sin embargo, asesta sus golpes más duros a la mujer como asalariada y como ama de casa. Los sectores de la Cuarta Internacional deben buscar bases de apoyo entre los sectores más explotados de la clase obrera, y por consiguiente entre las trabajadoras. Allí encontrarán reservas inagotables de devoción, abnegación y disposición al sacrificio» (1977; p. 151).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El pensamiento programático de Trotsky partía de la creencia de que el capitalismo se encontraba en una crisis fundamental (de ahí el título: <em>La agonía del capitalismo</em>). Basándose en el análisis de Marx de que el capitalismo acabaría llegando a un punto en el que ya no podría progresar, Trotsky, al igual que Lenin y Luxemburgo antes que él, concluyó que esta era la época de la decadencia capitalista, el parasitismo, el monopolio y el imperialismo (Price, 2009b). Se podían conseguir reformas aquí y allá, pero no duraderas. Lo mismo ocurría con los derechos democráticos burgueses de los pueblos oprimidos, que no podían conquistarse de forma duradera en esta época; requerían que la revolución socialista se estableciera firmemente (la idea central de la teoría de la «revolución permanente»). Los años comprendidos entre 1914 y 1945 lo confirmaron, mientras el mundo se tambaleaba a través de una guerra mundial, la Gran Depresión, revoluciones fallidas, el auge del fascismo y el estalinismo y, como Trotsky sabía, una inminente Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, los trabajadores, junto con todos los desdichados de la tierra, necesitaban una revolución internacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ganar esta revolución, dijo Trotsky, había que construir un partido revolucionario a escala internacional. La primera línea del<em> Programa de Transición</em> reza: «La situación política mundial en su conjunto se caracteriza principalmente por una crisis histórica de la dirección del proletariado» (1977; p. 111).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fueran cuales fueran sus limitaciones, este concepto al menos no culpaba a la clase obrera del fracaso de la revolución (como, por ejemplo, haría más tarde Bookchin). No tiene sentido culpar a los trabajadores, del mismo modo que no lo tiene idealizarlos. De vez en cuando, bajo la presión de la decadencia capitalista, los trabajadores se han lanzado a levantamientos revolucionarios, solo para ser engañados por las organizaciones y los individuos dirigentes en los que antes habían depositado su confianza. Estos, a su vez, se habían integrado en la sociedad capitalista, corrompidos por sus privilegios, y, como mucho, deseaban convertirse en los nuevos gobernantes, no crear una sociedad sin gobernantes y sin clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, dijo Trotsky, organicemos una nueva Internacional revolucionaria de partidos. No se basaría en todos los trabajadores, ya que estos tienen opiniones y condiciones de vida diferentes: algunos están atrapados en sus privilegios; otros están oprimidos hasta que se les muestra una salida. Pero hay una capa de trabajadores radicalizada, avanzada y militante, una minoría por ahora, a la que se puede ganar incluso durante los momentos de calma en la lucha de clases. Se les puede ganar para un programa revolucionario, pueden echar raíces en las masas y prepararse para los levantamientos que están por venir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si esta minoría iba a liderar una revolución (convirtiéndose en parte de una mayoría), tenía que ser astuta en sus tácticas y estrategia. No debía ser reformista, como los supuestos partidos revolucionarios que se unieron en coaliciones con partidos capitalistas, en Frentes Populares, para dirigir gobiernos capitalistas. Por desgracia, la principal organización anarquista española hizo precisamente eso, en la guerra/revolución de los años 30. Trotsky se opuso con vehemencia a la política de los anarquistas desde el principio (Trotsky, 1973), al igual que más tarde lo hizo el grupo Amigos de Durruti (Guillamón, 1996).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, Trotsky buscó formas de que sus seguidores evitaran convertirse en sectas aisladas. Las propias «reivindicaciones de transición» eran una de esas formas, al mostrar cómo los problemas actuales solo podían resolverse mediante elementos del programa socialista; por ejemplo, que el desempleo podía acabarse mediante un programa masivo de obras públicas, con puestos de trabajo para todos a salarios sindicales. O que las empresas que declaraban no poder permitirse pagar salarios dignos debían ser expropiadas y gestionadas por los trabajadores. La revolución permanente y la lucha por todos los derechos democráticos para todos los sectores de la sociedad formaban parte de la participación en las luchas de masas, al tiempo que se demostraba que sólo la democracia socialista podía garantizar plenos derechos democráticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En particular, defendió formas de frente único y de apoyo crítico. Hizo un llamamiento a sus seguidores para que se afiliaran a sindicatos de masas y colaboraran con los reformistas siempre que fuera posible, de manera no sectaria, sin ocultar sus propias políticas revolucionarias. Durante el auge del nazismo en Alemania, escribió extensos argumentos en los que instaba a los miembros del Partido Comunista a ofrecer una alianza con el Partido Socialdemócrata, de mayor tamaño, para defenderse de los nazis y expulsar a los fascistas de las calles (Price, 2009a). Esto fue ignorado por casi todo el mundo, con los resultados que ya conocemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, se podría interpretar que Trotsky proponía un programa socialista revolucionario-democrático, basado en un análisis realista de la etapa del capitalismo, con una estrategia para lograr una revolución internacional. Entonces, ¿por qué alguien rechazaría esto?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué rechazaron el trotskismo?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los radicales rechazaron el trotskismo por razones buenas y malas. Quienes se convirtieron en anarquistas y marxistas autonomistas lo hicieron, al menos en parte, debido a la conciencia del lado más oscuro y autoritario de éste.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trotsky fue el compañero de Lenin en la construcción del Estado policial de partido único, que fue el régimen comunista en sus inicios. Junto con Lenin, a más tardar en 1921, participó en la ilegalización de otros partidos socialistas, de los grupos de oposición dentro del único partido legal y de los sindicatos independientes. Reprimieron y asesinaron a los anarquistas rusos, reprimieron y masacraron a los marineros rebeldes de Kronstadt, traicionaron y aniquilaron al ejército partisano liderado por anarquistas de Makhno en Ucrania.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los trotskistas justifican estos crímenes señalando las presiones objetivas a las que se enfrentaba la Unión Soviética en sus inicios: la pobreza y el atraso del país, la mayoría campesina, la guerra civil y las invasiones extranjeras y, sobre todo, el fracaso de la revolución a la hora de extenderse con éxito. Todas estas presiones existían, pero no justifican el comportamiento autoritario de Lenin y Trotsky en respuesta a ellas. Había alternativas más democráticas posibles (como un frente único con otros partidos que apoyaban el sistema soviético), pero tomaron sus decisiones basándose en su política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso durante su conflicto con Stalin, Trotsky y su facción siguieron apoyando la dictadura de partido único de los comunistas. Me resulta incómodo decirlo, pero los trotskistas rusos fueron a la muerte defendiendo la dictadura de partido único. En el exilio, Trotsky siguió apoyándola hasta mediados de los años treinta, cuando la abandonó (pero nunca se disculpó por sus opiniones y actos pasados).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trotsky seguía considerando el régimen de Stalin como el Estado de la clase obrera, aunque lo describía como estructuralmente similar al Estado de Hitler. Era la continuación de la propiedad nacionalizada de la industria y la tierra, y la planificación económica, que él consideraba «conquistas de la revolución». Esto implicaba considerar la propiedad nacionalizada como más importante que la democracia obrera a la hora de definir el «Estado obrero». Como señalaron los trotskistas disidentes, el Estado era dueño de la economía, pero ¿quién «poseía» el Estado? ¡Obviamente no los trabajadores! Solo lo «poseía» (es decir, lo controlaba y utilizaba en su propio beneficio) la burocracia como organismo colectivo. Era «propiedad privada» colectiva, es decir, como grupo, poseían la propiedad por separado (en privado) de los trabajadores y los campesinos, como su propia propiedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Trotsky insistió en que la propiedad nacionalizada y colectivizada iba unida al gobierno de los trabajadores y sólo al gobierno de los trabajadores. El aparente gobierno de la burocracia colectiva era una especie de ilusión, que tenía que desmoronarse muy pronto, dijo. Al final de la inminente Segunda Guerra Mundial, o bien los trabajadores harían una revolución y recuperarían la propiedad nacionalizada, o bien la burocracia contrarrevolucionaria lo convertiría todo en propiedad privada tradicional. Esto era coherente con su objetivo de un Estado centralizado que gestionara una economía centralizada, que él y Lenin habían heredado de los marxistas socialdemócratas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto también se inscribía dentro de las predicciones erróneas de Trotsky. Al igual que estaba seguro de que el estalinismo terminaría, de una forma u otra, tras la guerra que se avecinaba, también estaba seguro de que el capitalismo había llegado a su catastrófico final, y de que el capitalismo de posguerra no haría más que prolongar la Gran Depresión (pero hay que señalar que la mayoría de los demás economistas marxistas y burgueses también predijeron esto). Estos dos errores iban de la mano, porque la fuerza del estalinismo de posguerra fue uno de los factores que mantuvo unido al capitalismo de posguerra, al frenar las revoluciones de la clase trabajadora en Europa Occidental y en otros lugares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Curiosamente, Trotsky ya había formulado un comentario, en 1928: «Ni siquiera se descarta un nuevo capítulo de progreso capitalista general&#8230; Pero para ello, el capitalismo&#8230; tendría que estrangular la revolución proletaria durante mucho tiempo; tendría que esclavizar completamente a China, derrocar a la república soviética, y así sucesivamente» (citado en Daum, 1990; p. 101). Que es esencialmente lo que ocurrió, aunque las revoluciones china y rusa fueran derrotadas a través de deformaciones capitalistas de Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La implicación de esta afirmación es que la derrota de las luchas de la clase obrera de los años treinta y cuarenta podría dar lugar a un período limitado de relativa prosperidad capitalista dentro de la época más amplia de decadencia capitalista. Con el tiempo, la prosperidad limitada y desigual del auge posterior a la Segunda Guerra Mundial se iría agotando y se produciría un retorno a las condiciones de declive económico de la época de decadencia —lo cual, de hecho, comenzó a suceder hacia 1970 y es cada vez más evidente—. Paralelamente, la clase dominante burocrática de la Unión Soviética logró mantenerse en el poder durante 60 años antes de volver a las formas tradicionales del capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, en la época del <em>Programa de Transición</em> de Trotsky, este ya no tenía en cuenta la posibilidad de un período de prosperidad limitada dentro de la época de decadencia. E insistió en que la burocracia estalinista no podría mantener la propiedad colectivizada más allá de la siguiente guerra mundial. Esto desorientó drásticamente a sus seguidores cuando se enfrentaron a la relativa prosperidad de la posguerra en los países imperialistas, mientras veían cómo los estalinistas no solo mantenían su sistema colectivizado, sino que creaban nuevas economías colectivizadas en un tercio de Europa y en China.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este error formaba parte del determinismo mecánico arraigado en gran parte del marxismo. Trotsky argumentó que la burocracia no podía ser una nueva clase dominante porque no estaba prevista en el esquema de desarrollo histórico de Marx; si fuera una nueva clase dominante, la revolución de la clase obrera ya no estaría en la agenda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los trotskistas quedaron completamente desorientados tras la guerra, a medida que se desarrollaba un relativo auge en EE.UU. y Europa Occidental y el estalinismo sobrevivía y se extendía. No podían explicar la aparente prosperidad: su principal teórico, Ernest Mandel, propuso una teoría del «neo-capitalismo». No podían explicar cómo el estalinismo, que se suponía contrarrevolucionario, parecía estar creando todas esas revoluciones. La mayoría declaró finalmente que los Estados estalinistas de Europa del Este, China, etc., eran «Estados obreros deformados», donde la clase obrera gobernaba aunque no lo hiciera, porque existía la propiedad nacionalizada. Y Cuba fue considerada un «Estado obrero sano», que no necesitaba una revolución para derrocar al régimen. En efecto, la mayoría abandonó el aspecto revolucionario-democrático del pensamiento de Trotsky (que las revoluciones de la clase obrera y los partidos revolucionarios eran necesarios y que el estalinismo era totalmente contrarrevolucionario). La mayoría pasó a ser conocida como «trotskistas ortodoxos» o «pablistas» (en referencia al líder de la Cuarta Internacional en aquel momento). Apoyaron a la Unión Soviética durante la Guerra Fría (aunque seguían estando formalmente a favor de las revoluciones obreras en los países estalinistas).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como se ha mencionado, hubo trotskistas disidentes que rechazaron las teorías de los «Estados obreros degenerados» y «deformados». Creían que la burocracia era una clase dominante y que el sistema era o bien capitalista de Estado o bien una nueva forma de economía de clases. Sin embargo, seguían siendo trotskistas, con el objetivo de que los partidos centralizados establecieran Estados centralizados para gestionar economías centralizadas —lo que inevitablemente crearía una opresión monstruosa e ineficiente—. Por ejemplo, uno de los mejores trotskistas (que cree que el estalinismo era «capitalismo estatizado») se refiere a «&#8230;el carácter altamente centralizado que un estado obrero necesitaría para garantizar el dominio de la clase trabajadora&#8230; Muchos opositores socialistas al estalinismo rechazan no solo la dictadura de Stalin, sino también la centralización&#8230; Su alternativa de descentralización y «democracia» supone un retorno a las normas de clase de la burguesía» (Daum, 1990; p. 123).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos trotskistas poco ortodoxos siguen defendiendo el Estado policial de partido único de Lenin y Trotsky tras la Revolución Rusa. Consideraban que la Unión Soviética siguió siendo un «Estado obrero» durante años después de que Stalin llegara al poder, hasta 1929 o finales de los años treinta (Price, 2009a). Así pues, coincidían con los «trotskistas ortodoxos» en que podía existir un «Estado obrero» sin que los trabajadores gobernaran realmente. La mayoría de ellos también se vieron desorientados por el relativo auge de la posguerra, negando en general que dicho auge fuera a terminar y que se volviera a una situación de crisis (convirtiéndose en reformistas en la práctica). Como se ha mencionado, por ejemplo, Shachtman acabó capitulando ante la burocracia sindical estadounidense y ante el imperialismo estadounidense, apoyando las invasiones de Cuba y Vietnam y abogando por el apoyo de los trabajadores a los demócratas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué podían aprender del trotskismo?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Está claro que los socialistas libertarios revolucionarios no pueden ser trotskistas. Pero, ¿no hay nada positivo que podamos aprender de Trotsky y del trotskismo? A menudo se acepta que los anarquistas pueden aprender de los marxistas autonomistas y de Rosa Luxemburg, así como de otras corrientes dentro del marxismo, como la Escuela de Frankfurt y otros «marxistas occidentales». Del mismo modo, los marxistas libertarios se han mostrado dispuestos a aprender de otros tipos de marxismo, especialmente en lo que respecta a sus teorías más abstractas. Por ejemplo, el comunista consejista Paul Mattick admiraba enormemente la teoría de la crisis capitalista desarrollada por Henryk Grossman, aunque Grossman fuera estalinista (Mattick, 1934). ¿Podría ser esto también cierto en el caso del trotskismo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paul Le Blanc cita al teórico marxista Perry Anderson (que no es trotskista como tal), quien afirma que «la tradición descendiente de Trotsky&#8230; proporciona uno de los elementos centrales para cualquier renacimiento del marxismo revolucionario a escala internacional». Contrastándola con el «marxismo occidental», políticamente pasivo pero académicamente prestigioso, Anderson señaló que «esta otra tradición —perseguida, vilipendiada, aislada, dividida— tendrá que ser estudiada en toda la diversidad de sus canales y corrientes clandestinas. Puede que sorprenda a los historiadores futuros con sus recursos» (de Introducción a James, 1994; p. 3). Cabe señalar que Anderson considera el trotskismo como «uno», pero presumiblemente no el único, «de los elementos centrales», y que no se fija en una única versión ortodoxa del trotskismo, sino que se interesa por todas sus formas «divididas» y diversas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabemos que la teoría económica marxista puede interpretarse como coherente con objetivos antiestatistas y de carácter anarquista, porque así lo hicieron varios marxistas libertarios. Los escritos de Trotsky y los trotskistas deben tenerse en cuenta en los debates sobre la economía marxista. En particular, la noción de la época de decadencia capitalista, con el auge posterior a la Segunda Guerra Mundial como un período dentro de esta época, es esencial para comprender nuestra situación actual (Price, 2009c). Deben debatirse las cuestiones de qué causa la época de estancamiento a largo plazo y qué causó el período de 20 años de prosperidad limitada. En mi opinión, el mejor análisis publicado actualmente sobre estas cuestiones lo ofrece un grupo trotskista que partió de la teoría elaborada inicialmente por Ron Tabor en la organización de la que yo formé parte (la RSL) y la ha desarrollado aún más (Daum, 1990; Daum y Richardson, 2010; pero véase la reciente declaración de Tabor; 2009).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los socialistas libertarios no podemos aceptar la concepción leninista-trotskista del partido de vanguardia «centralista democrático». No creemos en una organización gobernada desde el centro por una dirección que conoce las respuestas gracias a su conocimiento del «socialismo científico». Tampoco estamos a favor de un partido en el sentido de una organización que aspire a tomar el poder estatal, ya sea mediante elecciones o mediante el establecimiento de un nuevo Estado. Nuestro objetivo no es llevar a un partido al poder, sino llevar a la clase trabajadora y a los oprimidos al poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero podemos estar de acuerdo en que los revolucionarios que comparten un programa (libertario) deben organizarse para difundir sus ideas y oponerse a las organizaciones autoritarias. Nuestra organización, más reducida y políticamente más homogénea, participaría en organizaciones más amplias como sindicatos, grupos comunitarios y —en situaciones revolucionarias— en consejos obreros y populares. Esta visión de una organización democrática, federada y anarquista se solapa con el concepto de partido revolucionario, al tiempo que discrepa profundamente del enfoque leninista-trotskista. Estamos de acuerdo en que la mayoría no se unirá a nuestra organización en ningún momento antes de la revolución, y que esperamos llegar solo a la minoría de trabajadores en proceso de radicalización. Esta auto-organización de una minoría revolucionaria no se contrapone a la autoorganización de la clase trabajadora; es una parte esencial de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La organización ha sido objeto de un gran debate entre los socialistas libertarios. Muchos se han opuesto a cualquier tipo de organización y siguen haciéndolo, salvo en el caso de colectivos y proyectos locales. Pero desde hace tiempo existe una corriente pro-organizativa en el anarquismo y el marxismo autonomista, como los anarquistas plataformistas, los actuales especificistas sudamericanos, la FAI de España [sic.] (Ibérica) y otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia de los trotskistas, no abogamos por un «Estado obrero», sea lo que sea eso. En particular, los socialistas libertarios negamos que un partido, un individuo o una burocracia puedan gobernar un Estado «en nombre» de los trabajadores, «en representación» del pueblo. Rechazamos el «sustitucionismo». Algunos de nosotros nos identificamos con los Amigos de Durruti de España. Abogamos por sustituir el Estado por una federación de consejos de trabajadores y comunitarios, asociados a un pueblo armado (una milicia obrera). Esto no es un Estado porque no es una maquinaria burocrático-militar-policial separada del pueblo trabajador y por encima de él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que los anarquistas y otros pueden estar de acuerdo con Trotsky en la necesidad de apoyar a los sectores más oprimidos de la sociedad y de respaldar toda lucha por los derechos democráticos y contra la injusticia. Una vez más, hay socialistas libertarios que rechazan esta visión, argumentando que solo importa la lucha de clases y que todo lo demás es una distracción. Esto resulta irónico, ya que los marxistas han criticado tradicionalmente a los anarquistas por orientarse supuestamente no hacia la clase obrera, sino hacia los campesinos, los pobres urbanos, los presos, los sectores «desclasados» y «lumpen» de la sociedad. Este era supuestamente el programa de Bakunin. Y es cierto que los queremos en el movimiento, pero eso no contradice una orientación hacia la clase trabajadora. También hay anarquistas que, en lugar de defender la democracia proletaria, prefieren denunciar la «democracia» como tal. Yo prefiero ver el anarquismo como la democracia más extrema, radical y participativa. No debemos ceder un buen eslogan a nuestros enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos anarquistas aceptan una orientación hacia los más oprimidos, pero hacen una excepción a la hora de defender a las naciones oprimidas, oponiéndose a las reivindicaciones de liberación nacional y autodeterminación nacional. En este punto, creo que Lenin y Trotsky tenían razón. Debemos apoyar todas las luchas contra el imperialismo capitalista, incluidas las de las naciones oprimidas, al tiempo que argumentamos contra la ideología del nacionalismo que la revolución internacional de la clase obrera es la única solución real (Price, 2005). Excepto que Lenin entendía la autodeterminación nacional como un peldaño hacia un eventual Estado mundial centralizado, mientras que los anarquistas son descentralistas además de internacionalistas y realmente valoran las culturas locales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que los anarquistas y los marxistas autonomistas podrían aprender mucho de Trotsky —y de Lenin— sobre la necesidad de flexibilidad táctica y estratégica. O, dicho de otro modo, lo que Trotsky dijo sobre táctica y estrategia suele ser compatible con el socialismo libertario. Esta visión entra en conflicto con la de aquellos socialistas libertarios que adoptan una posición comunista de izquierda (la llamada «ultraizquierda») en materia de táctica. Por ejemplo, muchos de los que se convirtieron en comunistas de consejo rompieron primero con los comunistas no por el partido-Estado, sino por las exigencias de Lenin de frentes únicos con los reformistas. Los reformistas contaban con muchos más trabajadores que los radicales, pero los comunistas de izquierda no se unían a los sindicatos reformistas (que eran mucho más grandes que los sindicatos revolucionarios independientes), y así sucesivamente. Pero creo que los radicales tenían toda la razón al oponerse a las exigencias de Lenin de que participaran en la acción electoral (presentarse al parlamento, apoyar a los partidos reformistas en las elecciones, etc.). Sin embargo, se equivocaron al oponerse a los frentes únicos y a afiliarse a los sindicatos existentes, porque debemos encontrar formas de llegar a la mayoría de los trabajadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, en la Italia de los años 20, los fascistas atacaban y destruían locales de la clase trabajadora y periódicos socialistas. Los anarcosindicalistas organizaron coaliciones de trabajadores de izquierda para luchar contra los fascistas y expulsarlos. Esto funcionó en algunos lugares, pero el Partido Comunista estaba liderado por Amadeo Bordiga, quien más tarde fue expulsado y organizó una corriente comunista de izquierda que aún tiene cierta influencia entre los marxistas libertarios. Bordiga y sus seguidores rechazaban el frente único por principio y no querían colaborar con los anarquistas contra los fascistas. (Revista Anárquica, 1989; mientras tanto, el Partido Socialista firmó de hecho un «pacto» con los fascistas prometiendo la paz entre ellos —que los fascistas ignoraron, por supuesto—). Los anarquistas tenían razón; los comunistas de izquierda estaban terriblemente equivocados. Más tarde, cuando Trotsky luchó por una acción de frente único de los socialdemócratas y comunistas alemanes contra los nazis, defendía algo que era coherente con lo que habían hecho los anarcosindicalistas italianos (Trotsky, 1971).</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo pueden los socialistas libertarios tener algo en común con el trotskismo? Ya he repasado el lado democrático del legado de Trotsky. Sin embargo, debo estar de acuerdo con los críticos más severos de Trotsky en que todo ese discurso sobre los soviets democráticos acogiendo diversas tendencias, por muy sincero que fuera, tenía como objetivo servir de trampolín para llevar a su partido al poder. Él sí quería crear un partido, un Estado y una economía centralizados. Abogaba por una revolución obrera, pero creo que sus políticas habrían creado una nueva clase dominante burocrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero —y este es el punto importante— al igual que Lenin, Trotsky realmente quería una revolución obrera. Aunque sus objetivos son diferentes de los de los socialistas anti-estatistas, hasta cierto punto abogó sinceramente por medios similares. Estaba verdaderamente preocupado por la decadencia del capitalismo y pensaba que la única forma de resolver sus problemas era una revolución internacional de la clase obrera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto difiere bastante de lo que hicieron quienes vinieron después de Lenin y Trotsky. Los estalinistas no deseaban sinceramente revoluciones de la clase obrera. Allí donde la clase obrera era mayoritaria, por lo general defendieron políticas reformistas, como en Europa Occidental. Allí donde podían utilizar el peso del ejército ruso para aplastar a los trabajadores, establecían dictaduras del Partido Comunista, como hicieron en la mayor parte de Europa del Este. Allí donde podían organizar ejércitos basados en el campesinado y mantener pasiva a la clase obrera, hicieron revoluciones para poner a sus burocracias en el poder, como hicieron en China, Yugoslavia, Corea del Norte, Vietnam y Cuba. Nunca, jamás, movilizan a la clase obrera para derrocar a los capitalistas; eso sería demasiado peligroso para ellos. El estalinismo es leninismo, pero un leninismo moribundo y congelado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así pues, nuestros objetivos difieren de los de los trotskistas, pero nuestros medios pueden solaparse y, por lo tanto, podemos aprender de ellos en cuestiones prácticas e incluso teóricas. Ciertamente no tienen todas las respuestas, pero tampoco las tienen los anarquistas. Están divididos en muchas corrientes, al igual que los socialistas libertarios. Como se cita a Anderson, el trotskismo, en todas sus diversas formas, puede estudiarse de manera útil si lo consideramos solo como una de las diversas corrientes que pueden contribuir a un socialismo verdaderamente revolucionario-democrático y libertario.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><br><em><strong>Wayne Price, Economista y militante anarquista.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/Anarquizacion-cnt-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16301" style="width:383px;height:auto"/></figure>



<p class="has-text-align-left wp-block-paragraph">Traducción – Embat OLC &#8211; Original en inglés: <a href="https://web.archive.org/web/20140226122515/https://zinelibrary.info/files/11_Trotskyism.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://web.archive.org/web/20140226122515/https://zinelibrary.info/files/11_Trotskyism.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>La transformació de la CNT en anarcosindicat (1898-1929)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Batzac - Joventuts Llibertàries]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 May 2026 07:31:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
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<p class="wp-block-paragraph">Des de fa uns anys l’Anarquisme Social i Organitzat creix a la Península Ibèrica. Tant per les seves referencies especifistes com per les plataformistes aquest advoca per la doble militància com a principi fonamental. Però, de forma diferent d’aquestes dues vessants, en aquesta península ja ha existit, històricament, una experiència d’organització específica que aposta per la doble militància: la Federació Anarquista Ibèrica (FAI) i les seves antecedents en la Federació Nacional de Grups Anarquistes (FNGA) i, encara de forma més primerenca, la Aliança per la Democràcia Socialista (ADS).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un dels fets diferencials entre les corrents organitzatives especifistes-plataformistes i la corrent en la que s’emmarca la FAI radica en que en les primeres la doble militància s’efectua en moviments socials i sindicats diversos, mentre que en la última la doble militància es realitza en un sindicat ideològicament anarquista. Fora d’això, els propòsits bàsics són els mateixos: la doble militància, la defensa dels processos i principis propis de l’espai on la militància s’insereix, l’enfortiment de la militància sindical i la generació d’un perfil militant abnegat i referencial des de l’organització específica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Per tal d’investigar sobre aquesta diferència abordarem el sorgiment d’aquest tret diferencial: l’anarquització de l’anarcosindicat CNT. Aquesta es dona en una temporalitat molt curta, del 1910 al 1918, com es veurà a l’article. Al voltant d’aquesta intervindran els grups anarquistes organitzats específicament, la influència dels quals serà decisòria a través de la doble militància dins la CNT. A partir de l’anarquització de la CNT els grups anarquistes teixiran organitzacions cada vegada més generals, fins la fundació de la FAI al 1929, fet que es recull a l’article.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del procés d’anarquització de la CNT en podem extreure, de forma indirecta, el rol de l’anarquisme específic cap a l’organització de base, fet extremadament rellevant al nostre dia a dia militant.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquest estudi es centrarà en la relació cap al sindicat per part dels grups anarquistes a l’època de la Restauració Borbònica, avançant per l’època del pistolerisme, el fervor revolucionari posterior a la Primera Guerra Mundial i la dictadura de Primo de Rivera, culminant en la fundació de la FAI. Són aquestes èpoques prèvies que donen forma a la FAI en la seva acció, com a predecessores i com a memòria que es porta a la pell de la militància anarquista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Com a precursora, la idea d’organització específica estretament lligada a l’organització sindical era una herència de la ja dissolta Aliança internacional de la Democràcia Socialista. Aquesta donava a l’organització específica la qualitat de nucli clandestí des d’on es podria reforjar l’organització obrera. Durant la repressió i il·legalització de l’Associació Internacional dels Treballadors a la dècada del 1870, les militants de l’ADS es fonen a la Federació de Treballadors Regional Espanyola (FTRE), donant fe d’aquest principi<a href="#_edn1" id="_ednref1">[1]</a>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">De la FTRE a la CNT</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Del 1888, de la dissolució de la FTRE, fins al 1910, fundació de la CNT, l’organització específica i l’obrera patien un grau alt de repressió, sobretot després de la fallida Vaga General del 1902. La primera mantindria la seva influència a través del treball de propaganda de l’extensíssima xarxa de revistes i publicacions anarquistes, mentre que la segona treballaria per reorganitzar-se a nivell nacional en diferents ocasions.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En aquest moment històric penetra a la península la posició del sindicalisme revolucionari francès, plasmada a la Carta d’Amiens, que transforma les llavors societats obreres en sindicats de treballadors. La noció del Sindicalisme Revolucionari (SR) marcaria els debats sobre la forma de la CNT en el període històric estudiat en aquest article. De forma resumida, la Carta d’Amiens<a href="#_edn2" id="_ednref2">[2]</a> postularia:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>El sindicat agrupa els treballadors conscients de la necessitat de transformació social econòmica, independentment de la seva escola política. Separa els conceptes d’economia i de política.</li>



<li>El sindicat fa una doble i unitària tasca: la obra reivindicativa per la millora de les condicions obreres, que prepara les forces obreres per l’expropiació capitalista integral a través de la vaga general. El sindicat té prou amb si mateix per la transformació social.</li>



<li>El sindicat és independent dels grups i partits polítics, no es preocupa per aquests i permet al seu afiliat participar d’aquests en llibertat, en tant que no introdueix al sindicat les idees del grup polític.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Al 1906 es funda la federació de societats obreres Solidaritat Obrera de Barcelona, que al 1908 creix al convertir-se en Solidaritat Obrera Regional de Catalunya, i que aviat al 1910 crida a un Congrés al Saló de Belles Arts de Barcelona per la formació d’una organització a nivell nacional, la CNT.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;El Congreso evitó la proclamación de grandes definiciones teóricas, pero fue concreto en lo esencial: el sindicalismo no fue definido como un fin en sí mismo sino como un medio de lucha y resistencia ante los antagonismos de clase. La finalidad, tan pronto como el sindicalismo, o sea, la asociación obrera se considerara bastante fuerte numéricamente y bastante capacitada intelectualmente, sería la expropiación de las clases poderosas y la consiguiente dirección de la producción por los trabajadores.<a href="#_edn3" id="_ednref3"><strong>[3]</strong></a></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Juan Gómez Casas ens indica que en el Congrés van participar tres corrents: els grups sindicalistes revolucionaris i anarquistes, una corrent socialista i una republicana-lerrouxista, les dues últimes molt menys importants que la primera. La voluntat d’incloure diferents corrents va portar a aquesta definició molt característica del SR. Això també s’expressa al Congrés de Sants de 1918:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">«Aunque anarquistas las diez y nueve vigésimas partes de la Asamblea, el congreso no se decidió por una franca declaración de los principios libertarios, si bien fueron muchos los que hablaron contra el Estado»<a href="#_edn4" id="_ednref4"><strong>[4]</strong></a></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La CNT va passar immediatament a la clandestinitat per la vaga general contra la guerra al Marroc del 1911, i no en va sortir fins al 1914. Ens diu Juan Gómez Casas que la clandestinitat suposa <em>una radicalización ideológica a tenor del predominio de los elementos libertarios en los puestos de mayor responsabilidad</em>, eliminant-se elements moderats. L’efecte de la propagada anarquista i aquesta radicalització aniria instal·lant a la CNT el seu tret diferencial: l’anarcosindicalisme.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La inserció anarquista en la CNT en l’època del pistolerisme</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En aquest període (1910-1918), en paral·lel al creixement meteòric de la CNT, es dona una gran activitat d’organització anarquista. Recordem que, fins al moment, la seva gran actuació ha estat la propaganda i la difusió de les idees anarquistes a través de les seves nombroses publicacions, exhibint una capacitat productiva notable. Aquesta és, fins al moment, dispersa, sent cada grup autònom i confiant en l’afinitat ideològica com a principi cohesiu.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En finalitzar el Congrés de Sants de la CNT (1918) es selecciona un Comitè Nacional de cinc militants, entre ells Manuel Buenacasa, que afirma<a href="#_edn5" id="_ednref5">[5]</a> que aquests cinc militants es van formar en Grup Anarquista. L’hivern del mateix any es convoca una Conferència Nacional Anarquista on Manuel Buenacasa intervé com a delegat del Consell Nacional de la CNT, on es planteja la intervenció anarquista en el moviment obrer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es veu en l’assistència del Comitè Nacional de la CNT, que a banda està constituït com a Grup Anarquista, la profunda interrelació entre els dos eixos organitzatius. Sobre la resolució d’aquesta Conferència i els seus efectes, citem al mateix Manuel Buenacasa, tal com apareix a <em>Historia de la FAI.</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">«Y la asamblea, oídas las explicaciones y deseos de la Confederación, decidió recomendar a todos los trabajadores libertarios de España su ingreso y participación inmediata y directa en las entidades de trabajadores. Hasta entonces habían sido muchos los anarquistas que se hallaban al margen de las organizaciones obreras, y muchos también los que, a pesar de pertenecer a ellas, estaban ausentes de las juntas y cargos de responsabilidad» Continúa afirmando Buenacasa que los resultados de la Conferencia de Barcelona fueron francamente favorables. «Meses más tarde todas las entidades de la CNT se encontraban perfectamente compenetradas con el espíritu y la idea anarquista. Con este espíritu y esta idea, aceptadas voluntariamente por cientos de miles de trabajadores, los sindicatos obreros lucharon con dignidad y entereza no igualada hasta entonces, ni superada más tarde»</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En aquest moment històric, passada la Vaga de la Canadenca i arribat el Congrés del Teatre de la Comèdia al 1919, l’anarquització de la CNT és completa<a href="#_edn6" id="_ednref6">[6]</a>, doncs en aquest Congrés es resol que la finalitat de la CNT és el Comunisme Llibertari<a href="#_edn7" id="_ednref7">[7]</a>. És un procés realment breu, indubtablement accelerat pel fervor revolucionari que es vivia en aquells moments i la situació de persecució política. Tot i això, el fet que accelera fins a la seva finalització en aquest procés és el treball militant d’inserció dels anarquistes en el cos sindical, fruit de la propaganda prèvia, i que es fa realment efectiu en la inserció general de la militància anarquista al sindicat. Salvador Seguí relata l’any següent aquest procés en un discurs a la Presó de la Mola de Maó<a href="#_edn8" id="_ednref8">[8]</a>:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">La missió dels anarquistes està en els Sindicats per vetllar per la seva vida i orientar-los.<br>No desemparant l’acció sindical més influència exerciran; més llibertàries seran les organitzacions; abans apressaran l’adveniment d’una societat nova. Els anarquistes han de fer pràctica de la concepció anarquista dins els Sindicats. L’allunyament dels anarquistes de les agrupacions professionals és un suïcidi. Tot pot i cal que es faci dins els Sindicats.<br>De cap manera no vol dir això que aquells dissolguin els grups que tinguessin constituïts. No; de cap manera. Al contrari, poden integrar els Sindicats. Quan més influència exerceixin, més Anarquisme i anarquistes faran. Avui no espanta, com en altre temps, l’anarquisme, i això es deu als treballs de convenciment realitzats. Gràcies a la influència exercida pels anarquistes, va poder donar-se el cas que l’organització sindicalista acceptés, en els Congressos Regional de Catalunya i Nacional dels anys 1918 i 1919 respectivament, la declaració concloent que ens dirigíem a la conquesta del comunisme llibertari, cosa que potser hauria estat rebutjada l’any 1914 per l’allunyament dels anarquistes de les organitzacions.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Aquest fragment expressa la concepció de dualisme militant de la època: grups anarquistes que, militant, a través del seu treball i personalitat pròpies i proporcionals, exerceixen influència al sindicat.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Immediatament després del Congrés de la Comèdia aterra la repressió patronal en la forma de pistolerisme, del 1919 al 1923. Com s’ha dit abans, la repressió radicalitza l’organització, i els militants anarquistes formen part en massa dels grups de defensa confederals, formant grups anarquistes de pocs militants però d’alta capacitat d’acció, que combaten els pistolers de la patronal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">És en el context del pistolerisme i la lluita contra el Sindicat Lliure<a href="#_edn9" id="_ednref9">[9]</a> que aquests grups van buscar federar-se en una entitat general, la Federación Nacional de Grupos Anarquistas (FNGA), i ho fan al 1923:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">«Estos militantes se reunían con un triple fin: «hacer frente al “pistolerismo”, mantener las estructuras sindicales de la CNT y poner en pie una federación anarquista que reuniera en su seno a todos los grupos ideológicamente afines, dispersos a través de la península».</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Finalment, si la repressió i el pistolerisme formen una cara de la moneda d’aquest moment històric de la CNT, l’intent de substitució dels continguts de la CNT per principis comunistes és l’altra cara de la moneda. Proposat per futurs militants del POUM (Joaquín Maurín i Andreu Nin) i del PCE (Óscar Perez Solís), aquests buscaven treure a la CNT dels “núvols de la filosofia anarquista”, que veien anti-científica i petit-burgesa, per portar a la CNT a la Internacional Sindical Roja fundada posteriorment a la Revolució Russa, al·legant que el sindicalisme era l’harmonització del marxisme i l’anarquisme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En aquesta lluita de tendències van jugar dos grans factors. Primer, el triomf de la Revolució Russa i la difusió de les idees bolxevics, que ja s’instauraven a la classe treballadora europea. Per l’altra, mentre els militants anarquistes combatien la reacció pistola en mà, part dels comunistes que buscaven la conquesta ideològica de la CNT no tenien acció militant prèvia i eren desconeguts per les autoritats, cosa que els permetia reunir-se en òrgans representatius de la CNT als quals els militants anarquistes, a raó de la repressió, tenien complicat accedir. Sota aquesta situació, per exemple, es llança un comunicat contra l’anarquisme des del sindicat de Sant Feliu de Guíxols, o es celebra un Ple a Lleida al 1921 que tria a, entre altres, Joaquín Maurín i Andreu Nin, futurs militants del POUM, per representar la CNT a la Unió Soviètica, Ple que és posteriorment desautoritzat.</p>



<p class="wp-block-paragraph">És aquest context, i la necessitat de posicionar-se respecte els òrgans internacionals que neixen a Moscou amb la Revolució Soviètica, el que acaba posant l’últim motiu per la declaració de la finalitat del Comunisme Llibertari citada anteriorment.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La Dictadura de Primo de Rivera</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El 1923, recentment fundada la FNGA, es dona el cop d’Estat de Primo de Rivera. Casi immediatament la CNT a Barcelona reacciona amb la Vaga General, que fracassa. Es dona, en el primer any de Dictadura, la col·laboració de la UGT amb el règim i els òrgans mixtos de resolució de conflictes sindicals que genera, mentre que la CNT és obligada a entrar en clandestinitat<a href="#_edn10" id="_ednref10">[10]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la clandestinitat s’aprofundeixen els debats teòrics i aflora, com en altres moments de repressió, la radicalitat. En aquesta moment s’inicia la lluita entre la concepció sindicalista d’Àngel Pestanya i l’anarcosindicalisme. De forma paral·lela es discuteix si la CNT s’adequa a les exigències del règim o passa a la clandestinitat, i la col·laboració amb altres forces polítiques en cas de la lluita contra la Dictadura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paral·lelament, els anarquistes a l’exili funden la Federació de Grups Anarquistes de Llengua Espanyola a un Congrés a Lyon al 1925, que formaran, junt amb les federacions espanyoles i portugueses, les constituents de la FAI al 1927.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al arribar al 1927 ens trobem a una CNT pràcticament extinta, clandestina, afeblida pels debats teòrics, a la que Joaquín Maurín i Andreu Nin anomenaven “fantasmal”, que ha passat per diversos intents revolucionaris per fer caure la Dictadura. La seva rival, la UGT, col·labora amb el sistema sindical de la Dictadura. Les anarquistes en organitzacions específiques segueixen difonent la propaganda anarquista, doncs veuen en la força del poble la clau per aconseguir la situació revolucionària. Al&nbsp; Congrés de Marsella del 1926 aquests anarquistes veuen la necessitat d’anar a la constitució d’una organització anarquista ibèrica, juntament amb la Unió Anarquista Portuguesa i la Federació de Grups Anarquistes de Llengua Espanyola de l’exili. Al 25 i 26 de Juliol de 1927 es dona la Conferència de Grups Anarquistes, a València, on es funda la FAI.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Fundació de la FAI</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Al arribar al moment de la fundació de la Federació Anarquista Ibèrica, la història de l’anarquització de la CNT ja està completa en escreix. Com hem vist, els elements anarquistes intervenen en la lluita de tendències contra el sindicalisme polític de Pestaña, per una banda, i contra l’intent de viratge cap al comunisme dels militants pro-soviètics, per l’altra, lluites on els anarquistes surten victoriosos. Ara bé, l’acta de la Conferència de fundació de la FAI deixa alguns elements que són molt interessants d’estudiar, ja no per aquest article, sinó per la militància anarquista en general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Exposem l’apartat 3B de la Conferència, doncs relata directament la relació amb la CNT que aprova orgànicament la FAI:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Debe tenderse a que la organización de sindicatos como medio también del anarquismo se trabe con la organización de grupos, conservando cada uno su autonomía y sus federaciones y consejos generales dentro del movimiento anarquista? Se entiende que no es posible la unidad de clase. <strong>Que el sindicalismo, dividiéndose, ha fracasado y que por ello hay que buscar la unidad anarquista.</strong> Que la organización obrera no sólo es para mejorar la clase que ha de labrar la emancipación, y ya que ésta es posible en Acracia, debe hacerse también medio del anarquismo. <strong>Que debe volver la organización obrera al anarquismo</strong>, tal como lo estuvo antes de disolverse la Federación Regional Española y crearse al margen la organización anarquista por grupos, <strong>procediendo a juntarse ambas organizaciones por el movimiento ácrata.</strong> Resuélvese propagarlo y que los grupos, sus federaciones y el CN inviten a la organización sindical y al Comité de la C.N.T. a la celebración de plenos y asambleas locales, comarcales y regionales de ambas organizaciones, proponiendo la organización de sindicatos en el movimiento anarquista y un enlace a la organización de grupos sin confundirse ni perder sus características, formando federaciones generales que sean la expresión de este amplio movimiento anarquista, con sus consejos generales, integrados por representantes de los sindicatos y de los grupos, cuyos consejos se dividen en Comisiones de Educación, Propaganda, Agitación y de los demás problemas que interesan por igual a ambas organizaciones.</em><a id="_ednref11" href="#_edn11"><strong>[11]</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cal tenir en compte que s’actua sobre una CNT clandestina i ferida, pràcticament dissolta, però es creu en la capacitat de recomposar-la des de la organització específica, com es volia fer des dels temps de l’ADS.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquesta resolució és una ratificació de l’actuació dels grups específics fins al moment; generalmente, las cuestiones sindicales predominaban en las actividades de los grupos; es decir, que el grupo se organizaba más bien para intervenir en los sindicatos mediante su influencia ácrata<a href="#_edn12" id="_ednref12"><em><strong>[12]</strong></em></a>. L’anarquisme específic ibèric, els grups anarquistes, son inseparables de la seva doble militància als sindicats, i aquesta ha sigut durant la seva existència la seva més important raó de ser: la propaganda anarquista va radicalitzar cap a l’anarquisme la CNT, van sagnar per defensar la CNT durant el pistolerisme, van propagar la insurrecció armada als camps andalusos tot organitzant-ne els camperols a la Federació Nacional d’Agricultors de la CNT, organitzen els intents revolucionaris durant la Dictadura de Primo de Rivera juntament amb la convocatòria de Vaga General de la CNT. En diversos moments històrics de la CNT s’ha mencionat l’argument de “la CNT té prou amb si sola”, idea pròpia del Sindicalisme Revolucionari, però l’anàlisi troba que l’anarquisme específic sempre ha existit i sempre ha acompanyat l’organització sindical, i que l’afirmació més correcta seria “l’anarquisme no és res sense el sindicat”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A més a més, la militància anarquista veu impossible la unitat de classe, apostant per la unitat anarquista dins un sol sindicat, la CNT. Es donen per rebutjades les propostes d’unitat sindical, com ara el “Congrés Pro-Unitat Sindical” proposat per comunistes<a href="#_edn13" id="_ednref13">[13]</a>, així com les propostes d’unió CNT-UGT, i s’aposta per contra per una força anarquista-sindicalista (és a dir, anarcosindicalista) pròpia on hi participa la totalitat de militància anarquista. L’anarquisme ha d’anar a l’organització obrera, i, en conseqüència, l’organització obrera ha de tornar a l’anarquisme.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Conclusions pel present</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El procés d’anarquització de la CNT, si n’excloem de la línia temporal els sindicats anteriors i fundadors de la CNT, succeeix de la seva fundació al 1910 fins a la resolució de finalitat del Comunisme Llibertari al 1919, al Congrés del Teatre de la Comèdia. S’ha de tenir en compte les influències anteriors de l’ADS fosa dins la FRE, i, evidentment, la inserció anarquista dins les diferents formes del sindicat Solidaridad Obrera. Per fer més clar el procés tal com l’hem vist a les fonts consultades, elaboro aquesta “recepta” d’anarquització de la CNT, que remena els següents “ingredients” en ordre cronològic:</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Influència prèvia de l’Aliança internacional per la Democràcia Socialista, fosa dins la Federació Regional Espanyola precursora de la CNT, que imprimeix a la última la importància del militant en l’activitat orgànica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Constant estat de repressió i oposició patronal-governamental, que radicalitza les posicions dins el sindicat i afavoreix la lluita de línies teòriques. Segons les fonts, la CNT va romandre en clandestinitat de 1911 al 1914 (en aquest període).</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; Propaganda efectiva i constant de les nombroses revistes i publicacions anarquistes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; Inserció total de la militància dels Grups Anarquistes a la CNT arrel de la resolució de la Conferència de Barcelona del 1918.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8211; Necessitat de posicionar-se com a anarcosindicat davant els òrgans sindicals procedents de la Revolució Soviètica, en el context de l’intent d’integrar a la CNT dins aquests per militants comunistes que en el futur integrarien el POUM i el PCE. Per l’altre extrem, la lluita de tendències contra el sindicalisme polític d’Ángel Pestaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En aquesta recepta falta un ingredient clau: una federació d’anarquistes a nivell general. En tot aquest procés no existeix ni la FAI ni la Federació Nacional de Grups Anarquistes. Emperò, els grups anarquistes es reuneixen en Conferències i Congressos des d’on s’efectuen acords vinculants i respectats al peu de la lletra; notòriament, la inserció anarquista dins la CNT a la Conferència de Barcelona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Per a l’organització anarquista en el present, aquest fet demostra la predominança del contingut per sobre la forma dins la tendència revolucionària: les militants anarquistes prenen acords consensuats, vinculants i respectats al llarg de la Península (contingut) independentment de l’existència d’una federació o organització a nivell peninsular que estructuri aquestes decisions (forma). Les anarquistes inserides en l’Anarquisme Social i Organitzat realitzem aquest principi: tot i no existir, en el moment, en una federació orgànica única, reconeixem uns principis tàctics i estratègics comuns des de la llibertat de cada organització, i adoptem de forma federalista i sota el principi del pacte associatiu unes formes d’actuar que permeten reconèixer-nos com a corrent política anarquista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Les anarquistes d’aquell moment van prioritzar el creixement a través de la propaganda, fent aquesta constant i multiplicativa, tant a dins com fora dels sindicats. Només després d’un llarg procés propagandístic van resoldre apostar per la seva inserció al sindicat, tancant el procés d’anarquització d’aquest, moment a partir del qual va ser potenciat de forma extraordinària. És després d’aprovar-se l’enllaç entre anarcosindicat i organització específica que aquesta última es posa al servei de la primera, actuant dins l’anarcosindicat per combatre les tendències que fan perillar l’hegemonia anarquista dins el sindicat, participant en els comitès de defensa durant el pistolerisme, i convocant i responsabilitzant-se de vagues generals i intents revolucionaris (com al gener del 1933) per salvaguardar l’anarcosindicat. La relació entre els dos grups mai va ser de control o dominació, sinó de col·laboració segons les aptituds de cada organització, sent el centre de gravetat d’aquesta relació l’anarcosindicat en tots els moments.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existia de forma ben clara en aquell moment la consciència d’aquesta separació entre organització de base i organització específica anarquista. De cadascuna s’esperaven unes actuacions diferents, d’acord amb la seva envergadura i caràcter. La CNT era el “mar” per on nadava la FAI com a “peix” en llibertat, però a la vegada la FAI era requerida sovint pel sector anarquista de la CNT al combat ideològic contra les altres tendències al cos confederal. Cal tenir en ment que la CNT sempre va estar situada en un grau de magnitud superior sobre la organització específica: al 1933 la FAI contava amb 10.173 afiliades respecte el més de mig milió d’afiliades de la CNT, és a dir, una militant de la FAI per cada 50 militants cenetistes<a href="#_edn14" id="_ednref14">[14]</a>, sent generoses, ràtio que seguint els càlculs de Juan Gómez Casas disminueix a 1 faista per cada 120 cenetistes al 1936<a href="#_edn15" id="_ednref15">[15]</a>, degut a la repressió. Manegant aquests nombres es ressalten com a especialment valentes les decisions de la FAI de responsabilitzar-se d’insurreccions i moviments revolucionaris, centralitzant els cops repressius al seu cos militant.</p>



<p class="wp-block-paragraph">D’aquestes dues formes organitzatives, dèiem, s’esperaven dos rols diferents. De la CNT s’esperava l’acció sindical en tots els fronts, que a mesura que avançava en el temps prenia cada vegada més forma d’acció política de descrèdit de les institucions i combat al govern dictatorial, enllaçant la lluita obrera amb el futur llibertari. De la FAI s’esperava una acció completament integrada dins la CNT, actuant en el seu si en contra de les corrents internes que atemptaven contra la hegemonia anarquista, defensant-la de la reacció pistolera, i emetent propaganda de les idees anarquistes cap a la població, que captava militants per ambdues organitzacions.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el context de la doble militància CNT-FAI, grans tasques s’esperaven d’una FAI minúscula respecte la CNT. Per realitzar-les, la FAI va actuar d’acord amb els principis revolucionaris anarquistes: les seves militants no van fer ús de la autoritat, el subterfugi i l’engany, sinó que exercien la seva influència a través de l’exemple i el carisma, amb la seva veu i vot proporcional, acceptant els rols representatius dins la CNT segons el seu reglament i la seva representativitat, sent sempre militants de la CNT a més a més de militants de la FAI. Aquesta és la pauta d’actuació en la inserció social que heretem i recollim com a militants de l’Anarquisme Social i Organitzat.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalment, al contrari que a altres països europeus, el moviment anarquista ibèric estava fermament enllaçat amb el moviment obrer, existint com a moviment anarcosindical ample i influent, factor que va ser decisiu en el seu relatiu èxit respecte els moviments anarquistes d’altres nacions. Aquest enllaç ha de ser el plànol amb el que s’aborda la doble militància com a tret diferencial i potenciador de l’anarquisme avui en dia. És només des d’aquestes coordenades que es pot generar una força encaminada cap a l’assoliment del comunisme llibertari.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/Anarquizacion-cnt-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16272" style="width:421px;height:auto"/></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Malfainer, militant de Batzac – Joventuts Llibertàries</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> La majoria de les referències d’aquest article provenen de “Historia de la FAI”, de Juan Gómez Casas, estudi exhaustiu de la organització anarquista. S’utilitza la versió digitalitzada de la Open Library.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a id="_edn2" href="#_ednref2">[2]</a> <a href="https://es.wikisource.org/wiki/Carta_de_Amiens" target="_blank" rel="noopener">https://es.wikisource.org/wiki/Carta_de_Amiens</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> Juan Gomez Casas, Historia de la FAI, pàgina 48</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[4]</a> Juan Gomez Casas, Historia de la FAI, pàgina 55</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[5]</a> <em>El movimiento obrero español. 1888-1926</em> (1928)</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6">[6]</a> Juan Gomez Casas, Historia de la FAI, pàgina 58</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref7" id="_edn7">[7]</a> <em>«Al congreso</em>:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los delegados que suscriben, teniendo en cuenta que la tendencia mayoritaria que se manifiesta con más fuerza en el seno de las organizaciones obreras de todos los países es la que camina a la completa, total y absoluta liberación de la humanidad en el orden moral, económico y político, y, considerando que este objetivo no podrá ser alcanzado mientras no sea socializada la tierra y los instrumentos de trabajo, de producción y de cambio y no desaparezca el poder absorbente del Estado, proponen al Congreso que, de acuerdo con la esencia de los postulados de la Primera Internacional de los Trabajadores declare que la finalidad que persigue la Confederación Nacional del Trabajo es el Comunismo Anárquico».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref8" id="_edn8">[8]</a> Llibertat.Cat. (s.&nbsp;f.). <em>Anarquisme i sindicalisme</em>. Llibertat.cat. https://www.llibertat.cat/2025/01/anarquisme-i-sindicalisme-57576</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref9" id="_edn9">[9]</a> Fundat a l’Ateneu Obrer Legitimista del carrer de la Tapineria per militants carlistes, amb el suport de la patronal, el Somatent català i la dictadura espanyola de Primo de Rivera.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref10" id="_edn10">[10]</a> L’Ordre Públic de la Dictadura obliga a tots els sindicats a informar dels seus nomenaments de càrrecs, altes i baixes, professions i domicilis dels seus afiliats, de forma periòdica. Simultàniament, a la CNT se li impedeix la recaptació de quotes, tipificada com a delicte d’estafa. La Confederació, dividida, acaba acceptant que la clandestinitat és l’únic camí que li permet sobreviure.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref11" id="_edn11">[11]</a> Negretes pròpies</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref12" id="_edn12">[12]</a> Testimoni de J. Llop, citat per Juan Gómez Casas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref13" id="_edn13">[13]</a> Juan Gómez Casas, Historia de la FAI, pag 97.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref14" id="_edn14">[14]</a> Juan Gómez Casas, Historia de la FAI, pag 150</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref15" id="_edn15">[15]</a> Juan Gómez Casas, Historia de la FAI, Pag 209</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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					<wfw:commentRss>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/21/la-transformacio-de-la-cnt-en-anarcosindicat-1898-1929/feed/</wfw:commentRss>
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		<title>En defensa de la subjetividad o no todo es teoría revolucionaria</title>
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		<pubDate>Mon, 18 May 2026 07:36:58 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Subjetividad]]></category>
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					<description><![CDATA[Pude escuchar la presentación del libro de Agustín Guillamón en el que presenta su último libro, publicado por la editorial Calumnia, Contra el Estado. Tesis sobre guerra, revolución y proletariado. No entraré en el fondo de sus planteamientos, quién haya leído o escuchado a Guillamón en sus conferencias los últimos años ya conocerá su planteamiento [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/subjetividad-1.png" alt="" class="wp-image-16259"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pude escuchar la presentación del libro de Agustín Guillamón en el que presenta su último libro, publicado por la editorial Calumnia, <em>Contra el Estado. Tesis sobre guerra, revolución y proletariado</em>. No entraré en el fondo de sus planteamientos, quién haya leído o escuchado a Guillamón en sus conferencias los últimos años ya conocerá su planteamiento (y, si no, puede leer el libro o escuchar su presentación).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Donde sí me quiero detener es en una cuestión que solemos pasar demasiado deprisa por alto. Al inicio de la exposición, Guillamón señala una cuestión que la mayoría de historiadores que pretenden acercarse a la revolución social de 1936 comentan, pero que los debates políticos sobre la guerra y la revolución —fuera esta traicionada o no, tampoco vamos a entrar ahora en esta cuestión— de las generaciones que no pudimos vivir ese momento acostumbramos a ignorar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace cinco años en Granollers organizamos diversos compañeros y compañeras un homenaje a la Columna del Vallès Oriental, columna de milicianos que partió de Granollers al frente el verano de 1936. En ese acto, se presentó una exposición sobre el movimiento obrero y revolucionario de la ciudad de Granollers desde finales del siglo XIX hasta antes del 19 de julio de 1936. Los compañeros que diseñaron la exposición hicieron esto aposta: detener la memoria antes de un momento por todos comentado extensamente. Porque no se puede explicar el 19 de julio de 1936 sin hablar, como dice Guillamón al inicio de su conferencia, de los 70 años previos. Y es que nos paramos poco a hablar de la cuestión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habrá otros espacios para debatir sobre la cuestión del poder y el anarquismo, pero es fácil dejarnos llevar por un debate abstracto o una teorización de la historia que nos lleve a hacer un balance. Es necesario —cierto—, pero a menudo me da la sensación que es más atractivo ese ejercicio que la reflexión en torno al cómo se llegó hasta al 19 de julio 1936.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="582" height="343" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/imagen.png" alt="" class="wp-image-16262" style="width:756px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption">En la imagen: Unió Liberal de Granollers, un Ateneo de la primera mitad del siglo XX de Granollers donde los anarquistas participaron junto a otras tendencias</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Decir que los 70 años de cultura libertaria educaron al proletariado es resumir, quizás, demasiado y nos hace dar por supuestas demasiadas cuestiones que, a mi modo de ver, son fundamentales. Porque de lo que estamos hablando es que una parte lo suficientemente significativa del proletariado pudo poner en marcha la transformación social más profunda que se ha conocido hasta el momento, y no podemos asumir que esto sea consecuencia ni de un programa ni de una forma de organización concretos, o no solamente, al menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí podemos discutir que, a pesar de las decisiones políticas que adoptaron los cuadros directores de la CNT y la FAI después el 19 de julio de 1936 llevaron al mayo de 1937, tuvieron lugar las colectivizaciones y otras experiencias autogestionarias, que si a día de hoy siguen siendo ejemplo es porque aquí se conformó un proletariado que quiso dejar de serlo y que, más allá de dirigentes o programas, la cultura y la subjetividad de este proletariado los llevó a constituirse en clase autónoma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo cierto es que las personas que llevaron a cabo esa revolución eran personas distintas a las de ahora, o al menos su subjetividad sí lo era. Para que el proletariado se constituya en clase, significa que su subjetividad es proletaria, los individuos que conforman esa masa social tienen una subjetividad no alienada, son conscientes de su situación de explotación, de las relaciones de clase y del programa revolucionario. Son el partido revolucionario, en tanto que son la parte de la clase que toma partido por la revolución en términos marxianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cuestión es: ¿cómo se llega a esto? Porque es fácil en nuestro contexto, con una casi nula lucha de clases, terminar por poner el foco de nuestro análisis en el balance histórico, el poder, o lo que queramos; fruto de las revoluciones pasadas. En otras palabras, corremos el riesgo de centrar nuestro análisis en una parte del final del proceso histórico, sus aciertos y errores políticos, pero eludimos la cuestión que nos interpela hoy para nuestra acción cotidiana: ¿cómo cambiar a la subjetividad proletaria? ¿Cómo llegamos a que una parte significativa de las clases desposeídas sean conscientes de su situación de explotación, de ser proletariado porque no tiene nada que perder y que, como no tiene nada que perder, solo tiene que ganar a través de su lucha?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí entramos en un campo complejo, en el que ha habido y sigue habiendo interesantes debates. Pero yo me inclino por el análisis materialista que define la subjetividad, la conciencia, como fruto de las relaciones sociales y de la práctica cotidiana. Aquello de que «los hechos preceden a las ideas», en definitiva. En este sentido, lo que apuntaba al inicio del texto cobra una gran relevancia. La cultura libertaria y proletaria, que Chris Ealham describe en su imprescindible obra <em>La lucha por Barcelona: clase, cultura y conflicto, 1898-1937</em>, construyó una vida al margen del Estado y el Capitalismo que permitieron una subjetividad proletaria que unida a la propaganda de la militancia revolucionaria dio lugar a un movimiento obrero revolucionario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el pasado, los barrios obreros estaban físicamente separados de la burguesía, la clase trabajadora vivía al margen de la sociedad burguesa de forma palpable y no existía la sociedad de consumo. La gente socializaba en términos de clase: su vida estaba en los barrios populares, lo cual hacía que tuvieran tradiciones y cultura popular independiente de las clases dominantes, se situaban en una situación de explotación formal, evidente. Las diferencias entre clases sociales no eran sólo a través del trabajo asalariado, sino que existía una separación también en términos de culturales, a la vez que el Estado y el Capital no estaba tan presente en la mediación de todas las relaciones sociales. Esto dio lugar a que el movimiento obrero con el paso del tiempo creara sus propias instituciones, tales como escuelas, cooperativas, cajas de resistencia, mutualidades, ateneos, etc. Permitían que la socialización de las clases trabajadoras fuera clasista, pues apenas había otros recursos a disposición de la población asalariada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy somos todos y todas conscientes que esto ha cambiado drásticamente y desde hace también muchas décadas, primero con la integración del movimiento obrero al Estado y el Capitalismo, a través de la paz social de posguerra, y luego con la ofensiva neoliberal contra los restos del movimiento obrero. Literatura hay de sobras sobre estas cuestiones. Y aunque asistimos a una proletarización de la clase media, cada vez más acelerada, por la caída de los salarios y el aumento de la carestía de la vida (en especial la vivienda), la subjetividad de la población asalariada actual no cambia, no se transforma a la misma velocidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Personalmente no creo que esto se pueda provocar a voluntad, es un proceso muy complejo, precisamente por ese análisis materialista de la realidad. Los hechos van antes que las ideas, por lo tanto, las condiciones en las que se desarrolle la experiencia humana a lo largo del tiempo van a ser las que determinen es «cambio de chip» de cada vez más personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuál puede ser este entorno que nos condicione el cambio de chip? En mi opinión estas condiciones van a venir dadas por el desarrollo de la lucha de clases, en las que el salario puede ser un factor mucho más relevante del que se pueda creer <em>a priori</em>, de una parte, y la otra en la que la participación masiva de las mujeres en esta lucha de clases puede modificar también la conciencia colectiva y las relaciones sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un contexto donde la socialización de la mayoría de la población no se da en términos de clase, salvo entre las clases dominantes, el trabajo asalariado sigue siendo no solo la mercancía sobre la que se erige el Capitalismo, sino que distingue objetivamente a la población en grandes términos entre población asalariada (lo sea efectivamente, en potencia o aspirante) y la que no. En un contexto de proletarización de cada vez más capas de la sociedad y en un contexto de desmoronamiento progresivo del Estado del bienestar, sostén de la clase media, es fundamental que la lucha por el salario y las condiciones de vida sean parte del debate de la militancia que aspira a la transformación radical de las relaciones sociales, pues es un prerrequisito para luchas futuras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras palabras, si la gente no es capaz de luchar por sus condiciones de vida más inmediatas, no podemos pretender que desarrollen una conciencia que vaya más allá. Y el problema es que actualmente la clase trabajadora no está aún en este momento del desarrollo de la lucha de clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me he referido antes a la participación masiva de las mujeres, es decir, de la otra mitad de la población, a esta lucha de clases. Esto considero que será fundamental para alcanzar una conciencia colectiva que implique también, como dijo Gerda Lerner, la capacidad de desarrollar un pensamiento abstracto donde la diferencia no signifique dominación. Si analizamos los distintos momentos de la historia de la lucha de clases descubriremos que, siempre, las mujeres han sido parte y sostén de las distintas luchas y revoluciones. La participación de las mujeres en la lucha de clases de nuestro tiempo nos llevará a una comprensión de toda la dimensión de las relaciones sociales y de la obsolescencia de un mundo basado en el trabajo asalariado, la mercancía y el Estado. Estoy convencido que hoy será un elemento fundamental en la construcción de esta subjetividad proletaria imprescindible para cambiar nuestro mundo en un sentido revolucionario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Soy de la opinión que, en el debate sobre nuestra acción militante, sobre estrategia o sobre teoría revolucionaria, se omiten estas cuestiones. Las condiciones objetivas para la revolución es el estado de la lucha de clases, no un determinado programa a priori. La estrategia es algo a debatir desde el punto del que se parte y a dónde se quiere llegar, es aquí donde mantengo que la estrategia es impulsar y reforzar la lucha sindicalista revolucionaria hoy y articular de nuevo aquellos espacios que nos permitan nuevamente socializar en términos de clase, pero no de forma aislada si no como parte de un movimiento real que supere y anule el estado de cosas presente&#8230;</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/subjetividad-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16257" style="width:410px;height:auto"/></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><br><em><strong>Genís Ferrero, militante de CNT Granollers</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><br></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>El Socialismo Gremial: Orígenes, Teoría y Trayectoria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Embat Organització Llibertària de Catalunya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2026 10:54:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[colectivismo]]></category>
		<category><![CDATA[Corporativismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Organización]]></category>
		<category><![CDATA[Sindicalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Volvemos con otro artículo didáctico, para entender cómo se funcionaba en otros tiempos y ver qué podemos aprender y aplicar a nuestra realidad cotidiana. Esta vez veremos el socialismo gremial, conocido en inglés como guild socialism. Se trata de una rama del socialismo muy denostada por diversas razones que veremos, que tuvo su mayor fuerza [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="http://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/e14cd552-587a-4a5d-b796-4a20ad172184.jpeg" alt="" class="wp-image-16239"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Volvemos con otro artículo didáctico, para entender cómo se funcionaba en otros tiempos y ver qué podemos aprender y aplicar a nuestra realidad cotidiana. Esta vez veremos el socialismo gremial, conocido en inglés como <em>guild socialism</em>. Se trata de una rama del socialismo muy denostada por diversas razones que veremos, que tuvo su mayor fuerza en Gran Bretaña durante las primeras décadas del siglo XX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Socialismo Gremial proponía el control obrero de la industria a través de gremios democráticos, independientes del estado. Surgió como una «tercera vía» entre el capitalismo de libre mercado y el colectivismo centrado en el Estado, defendido por la – también socialista – Sociedad Fabiana, inspirándose en una amalgama de sindicalismo, crítica marxiana, y un peculiar idealismo medievalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto estamos ante un modelo socialista a caballo entre el socialismo libertario y el laborismo británico, por encuadrarlo de alguna manera. El apelativo de «gremial» ya nos hace imaginar unos gremios medievales, que en Europa llegaron a funcionar hasta finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Este sistema entró en crisis por causas propias del modelo, y fue liquidado por el auge del liberalismo, que entendía los gremios como un obstáculo para el libre flujo de trabajadores y capitales. Estas ideas gremiales sobrevivieron y se adaptaron a los nuevos tiempos contribuyendo a las ideas de Owen, Fourier, Cabot y Proudhon y otros socialistas de la época de entre 1820 y 1850. Tuvieron impacto directo en el mutualismo, en el cooperativismo y las sociedades de socorros mutuos, que son las precursoras de «nuestro» estado del bienestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contrario a su representación tradicional como una ideología monolítica y exclusivamente británica, un análisis profundo revela que el Socialismo Gremial funcionó como un «sistema de conocimiento» dinámico, institucionalizado por la Liga Nacional de Gremios (NGL) en 1915. Este sistema albergaba y gestionaba múltiples significados coexistentes y a menudo en tensión: una <strong>vertiente medievalista</strong> centrada en la artesanía y la calidad del trabajo; una <strong>vertiente corporativista</strong> que abogaba por una asociación entre los gremios y el Estado para equilibrar los intereses de productores y consumidores; y una <strong>vertiente sindicalista</strong> que defendía el control obrero democrático desde la base y se oponía al poder estatal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El movimiento alcanzó una notable circulación global, yendo más allá del contexto británico a través de una red internacional de traductores, periodistas y sindicalistas que adaptaron sus ideas a contextos locales en Europa, América y Asia. Al fin y al cabo Gran Bretaña era la primera potencia mundial y esto también se reflejaba en las ideas sociales que exportaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su apogeo llegó en el período de reconstrucción posterior a la Primera Guerra Mundial con el surgimiento de los Gremios de la Construcción, un ambicioso experimento de producción democrática, bajo control obrero. Sin embargo, la Liga Nacional de Gremios colapsó en 1923 debido a la crisis económica, la austeridad gubernamental, divisiones internas exacerbadas por debates sobre el bolchevismo y otras nuevas teorías económicas, así como debido a la presión externa de otros movimientos de la izquierda británica. Tras un breve resurgimiento, sus ideas se fragmentaron y fueron absorbidas por diversas corrientes dentro del Partido Laborista, movimientos federalistas e incluso círculos de derechas, dejando un recuerdo complejo sobre la democracia industrial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Contexto histórico</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como acabamos de decir, el Socialismo Gremial emergió en el seno de la izquierda británica eduardiana. En este tiempo, la izquierda británica era un ecosistema intelectual definido por una tensión fundamental entre dos visiones contrapuestas del socialismo: el colectivismo y el control obrero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por un lado, tenemos el llamado <strong>c</strong><strong>olectivismo Fabiano</strong>, que fue la corriente dominante en la época. Estaba liderada por la Sociedad Fabiana, entre cuyos miembros estaban Sidney y Beatrice Webb y George Bernard Shaw. El colectivismo Fabiano proponía una transición gradual y pacífica al socialismo a través de la reforma parlamentaria. Su objetivo era la propiedad y el control estatal de los medios de producción, enfatizando la eficiencia, la planificación centralizada y la administración burocrática como vehículos para una distribución equitativa. Aquí podemos ver claramente el posterior laborismo político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por el otro lado, tenemos una corriente de base que proponía el control obrero. En oposición al colectivismo, diversas corrientes abogaban por que el poder económico residiera directamente en los trabajadores. Esta tradición se nutrió tanto del <strong><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2026/01/21/el-consejo-economico-del-trabajo-y-la-nacionalizacion-industrializada-en-francia/">Sindicalismo Francés</a>.<a href="#sdfootnote1sym" id="sdfootnote1anc"><sup>1</sup></a></strong> Como sabemos, era un movimiento inspirado a principios del siglo XX por la Confédération Générale du Travail (CGT), que promovía la acción directa, la huelga general y los sindicatos autónomos como la base fundamental de una nueva sociedad. Un punto diferencial: rechazaban la acción política parlamentaria. Y se nutrió también, aunque en menor medida, por el <strong>Industrial Unionism</strong> estadounidense. Este era un movimiento liderado por figuras como Daniel De Leon y organizaciones como los Industrial Workers of the World (IWW), y proponía la creación de «Un Gran Sindicato» (One Big Union) que abarcaría industrias enteras para tomar el control de la producción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este debate se intensificó durante el período de «Gran Agitación» (Great Unrest) justo antes de la Primera Guerra Mundial, un tiempo de una conflictividad laboral muy dura que desafió por unos años tanto al capitalismo como a las propuestas colectivistas del incipiente estado de bienestar británico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de este contexto, tenemos cuatro figuras intelectuales fueron fundamentales para articular las ideas que conformarían el Socialismo Gremial:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Arthur J. Penty</strong>: Arquitecto influenciado por el movimiento <em>Arts and Crafts</em> de John Ruskin y William Morris (movimiento encuadrado en un socialismo libertario sui generis). En su obra <em>The Restoration of the Gild System</em> (1906), propuso una reactivación de los gremios medievales como una alternativa al industrialismo deshumanizante. Su visión era <strong>medievalista</strong>, anti-materialista y crítica con la eficiencia fabiana, abogando por la primacía de la artesanía y la calidad.</li>



<li><strong>Alfred R. Orage</strong>: Era editor de la influyente revista literaria <em>The New Age</em>, y gracias a ello proporcionó una plataforma crucial para el desarrollo y la difusión de las ideas gremiales, convirtiendo la publicación en un <strong>semillero de debate antifabiano</strong>.</li>



<li><strong>Samuel G. Hobson</strong>: Sistematizó las ideas iniciales en una teoría más coherente. En <em>National Guilds: An Inquiry into the Wage System </em>(1914), propuso un modelo actualizado de «Gremios Nacionales» que se desarrollarían a partir de los sindicatos existentes (es decir, a partir de las Trade Unions). Su contribución clave fue la concepción de una <strong>asociación dual entre los gremios</strong> (representando a los productores) <strong>y el Estado</strong> (que representaba a los consumidores), con el objetivo final de abolir el sistema salarial, al que consideraba una forma de «esclavitud».</li>



<li><strong>George D. H. Cole</strong>: Un joven académico de Oxford que inicialmente criticó la ambigüedad de la teoría, pero pronto se convirtió en su principal desarrollador. A través de obras como <em>The World of Labour</em> (1913) y <em>Guild Socialism Re-stated </em>(1920), Cole infundió a la teoría una <strong>base pluralista y antisoberanista</strong>, argumentando que el poder en la sociedad debía ser funcional y descentralizado, en lugar de concentrarse en un Estado omnipotente. Fue la figura instrumental en la creación de la <strong>Liga Nacional de Gremios</strong>.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Liga Nacional de Gremios</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La fundación de la Liga Nacional de Gremios (NGL) en abril de 1915 marcó la institucionalización del movimiento. La Liga fue creada por un grupo de intelectuales, muchos de ellos disidentes de la Sociedad Fabiana, y no fue simplemente una organización política, sino que se veía a sí misma como un «sistema de conocimiento» que producía, gestionaba y difundía activamente múltiples interpretaciones del Socialismo Gremial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En plena Primera Guerra Mundial, la Liga lanzó una potente campaña para difundir sus ideas, utilizando publicaciones como <em>The Guild Idea: An Appeal to the Public</em> y <em>National Guilds</em>: <em>An Appeal to Trade Unionists, </em>que fueron diseñadas para atraer a diferentes audiencias, desde la clase media hasta los sindicalistas. Tenían un periódico mensual, <em>The Guildsman</em> (más tarde <em>The Guild Socialist</em>), sirvió como foro central para el debate interno y la comunicación con una creciente red internacional que les seguía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Liga estableció sucursales y secretarías de correspondencia en todo el Reino Unido, creando una estructura organizativa muy descentralizada. Como hemos dicho, estaba teniendo lugar la Primera Guerra Mundial, y como consecuencia de ello, las libertades políticas estaban seriamente recortadas. Cualquier paso en falso y todo el movimiento quedaría ilegalizado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de la Liga coexistían tres interpretaciones principales, a menudo en tensión, que reflejaban las diversas influencias intelectuales del movimiento:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Corriente Medievalista</strong>: Heredera directa del pensamiento de Arthur Penty, esta corriente enfatizaba la artesanía de alta calidad y la dignidad del trabajo. Establecía una continuidad histórica con los gremios de la Edad Media, presentándolos como un modelo de producción comunal y de alta calidad que se oponía a la producción en masa barata y deshumanizante del capitalismo industrial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Corriente Corporativista</strong>: Basada en las ideas de S.G. Hobson, proponía una asociación estructurada entre los Gremios Nacionales y el Estado. En este modelo, los gremios controlarían la producción industrial, mientras que el Estado, como representante de los ciudadanos-consumidores, retendría la propiedad de los activos industriales y regularía los precios. Esta visión buscaba un equilibrio armónico entre los intereses de productores y consumidores dentro de un marco nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Corriente Sindicalista</strong>: Impulsada principalmente por G.D.H. Cole y sus seguidores, esta vertiente era la más radicalmente democrática y antiestatal. Concebía los gremios como la base para una democracia industrial autogestionada desde abajo, donde los trabajadores en el taller elegirían a sus propios gerentes. Rechazaba cualquier asociación con el Estado capitalista y entendía el control obrero no solo como un objetivo económico, sino como el prerrequisito para la libertad política.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La teoría del Socialismo Gremial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su formulación más desarrollada, que se encuentra con más claridad en la obra de G. D. H. Cole, el Socialismo Gremial presentaba una visión detallada de una sociedad reorganizada sobre principios democráticos y funcionales, que eran los siguientes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Democracia </strong><strong>f</strong><strong>uncional</strong>: Sostenía que la verdadera representación no podía basarse en la geografía (distritos electorales), sino en la función social. Una persona tiene múltiples intereses en tanto que productora, consumidora, habitante de un barrio&#8230; y requiere diferentes formas de representación para cada cosa.</li>



<li><strong>Autogobierno en la </strong><strong>i</strong><strong>ndustria</strong>: El poder debía descentralizarse hasta la unidad más básica de producción: la fábrica, mina o taller. Allí, los trabajadores de todas las categorías («de mano y cerebro») gestionarían colectivamente su trabajo, eligiendo a sus supervisores y directivos.</li>



<li><strong>Abolición de la </strong><strong>e</strong><strong>sclavitud </strong><strong>s</strong><strong>alarial</strong>: El sistema de salarios, que trata el trabajo como una mercancía sujeta a las fluctuaciones del mercado, sería reemplazado por una remuneración continua para todos los miembros del gremio, independientemente de si estaban trabajando o no, como reconocimiento de su estatus de miembros de un servicio comunal.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, ¿cómo sería una sociedad gremial?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era una estructura de abajo a arriba, típica del modelo libertario, cuya <strong>parte elemental eran los gremios industriales y los </strong><strong>«</strong><strong>gremios cívicos</strong><strong>»</strong>. Los primeros organizarían todas las industrias (minería, transporte, alimentación, agricultura, etc.), y los segundos organizarían servicios que ahora están bajo control público, como la salud y la educación, pero que en aquella época no lo estaban. Todos estos gremios se tendrían que federar de abajo a arribar por sectores y luego entre ellos, llegando a un Gremio Nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A diferencia del sindicalismo, este socialismo gremial le concedía un poder a los consumidores. Creían que <strong>productores y consumidores deberían estar equilibrados</strong>, ya que los consideraban las dos vertientes de una relación económica. Para organizar a los consumidores, proponían Consejos Cooperativos, que gestionarían bienes domésticos y personales, y se derivarían a partir del movimiento cooperativo existente; y Consejos de Servicios Colectivos, que gestionarían servicios públicos como el agua, la electricidad y el transporte local.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;En lugar del Estado soberano, <strong>la coordinación final de la sociedad recaería en un sistema federal de Comunas</strong> (locales, regionales y nacionales). Estos organismos no serían elegidos por sufragio universal, sino que estarían compuestos por representantes de todos los cuerpos funcionales (gremios de productores, consejos de consumidores, consejos culturales, etc.). Se encargarían sobre todo de la coordinación financiera (elaboración de presupuestos), de la resolución de disputas entre los distintos cuerpos funcionales y de la gestión de asuntos como las relaciones exteriores y la aplicación de la ley.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Influencia del Socialismo Gremial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Socialismo Gremial se extendió a través de una compleja red de comunicación global, donde sus ideas fueron recibidas, traducidas y adaptadas. En este aspecto destacarían figuras como Eva Schumann en Alemania y Ödön Pór en Italia, que fueron cruciales para introducir los textos gremiales a audiencias no anglófonas, a menudo relacionándolos con debates locales sobre sindicalismo y socialismo. También destacaron Murobuse Takanobu en Japón y Jessie Wallace Hughan en Estados Unidos, que utilizaron la prensa para difundir y debatir las ideas gremiales, conectándolas con movimientos estéticos (hubo interés por William Morris en Japón) o políticos (el unionismo industrial en EE. UU.).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Asimismo, hubo sindicalistas como Arthur McCarthy en Nueva Zelanda y Martin Wagner en Alemania que promovieron el Socialismo Gremial como un modelo práctico para la organización obrera, combinando los gremios con los sindicatos. Como vemos, el sindicalismo de muchos lugares tenía la ambición de sustituir al Estado, y buscaban constantemente nuevas ideas para hacerlo o, al menos, teorizarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El éxito de su difusión a menudo dependió de lo que se llamó «sincronicidad intelectual», es decir, la similitud de las ideas gremiales con movimientos locales preexistentes. Por ejemplo, el Plan Plumb para la nacionalización de los ferrocarriles en EE.UU. y el movimiento de gremios de la construcción (Bauhütten-Bewegung) en Alemania, ambos vistos por la Liga Nacional de Gremios como manifestaciones de sus principios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También lo hemos mencionado antes: la circulación de estas ideas estaba condicionada por la posición de Gran Bretaña en el mundo. El Imperio Británico proporcionó una infraestructura de comunicación (servicios postales, rutas marítimas) y un idioma común (el inglés) que facilitaron la difusión dentro de sus dominios (Nueva Zelanda o Sudáfrica). Por el contrario, el coste del franqueo, la inflación de la posguerra en Europa o la censura durante la guerra obstaculizaron la transmisión de estas ideas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Auge y caída en el período de postguerra y reconstrucción (1918-1923)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El período inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial representó tanto la cúspide de la influencia del Socialismo Gremial como el inicio de su rápido declive. Así, la Liga se posicionó como una voz crítica en los debates sobre la reconstrucción de Gran Bretaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Liga se oponía firmemente a los Consejos Whitley, que era una <a href="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/#a55019cd-d147-4749-8487-55bd036d080f">comisión tripartita</a> de empresarios,<a href="#sdfootnote2sym" id="sdfootnote2anc"><sup>2</sup></a> sindicatos (Trade Unions) y Estado de «control conjunto» para fijar salarios, términos y condiciones laborales, que el movimiento gremial consideraba una trampa para cooptar a los sindicatos. De esta manera, el gremialismo se decantó por una crítica a los grandes sindicatos y al Gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, apoyaba la nacionalización de industrias estratégicas como la minería, cosa que se estaba proponiendo desde las altas instancias, pero insistía en que debía ir acompañada de un control obrero democrático, y no caer bajo una gestión burocrática estatal. De nuevo su voz se oía contra las políticas gubernamentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre 1920 y 1922, el movimiento vivió su experimento práctico más famoso. Aprovechando la grave crisis de la vivienda y la financiación pública disponible, los sindicatos de la construcción, con el apoyo de la Liga de Gremios, formaron gremios locales y un Gremio Nacional de la Construcción para construir casas sin ánimo de lucro, en el pago justo del trabajo y trabajo de alta calidad. Sin embargo, el gobierno inició una política de austeridad en la postguerra, llamada la <em>Geddes Axe</em>, y se cortó todo tipo de financiación pública. Esto sumado a una mala gestión interna y a la oposición de la industria de la construcción privada capitalista, dinamitaron el Gremio Nacional de la Construcción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el movimiento entró en crisis a partir de 1920-21. Desde la irrupción de la Revolución Bolchevique en Rusia, el movimiento gremial se polarizó en una corriente de «derecha» y otra de «izquierda». La primera (Penty, Hobson), veian la Revolución Rusa como una forma peligrosa de colectivismo y comenzaron a asumir la necesidad de un Estado fuerte y de la propiedad privada. En cambio, la corriente de izquierda (Cole, Mellor) la veían como una inspiración y su postura anti-estatal se vio radicalizada, ganando finalmente el control de la Liga en 1920.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, el movimiento entraba en competencia con otras ideologías, que atraían a sus cuadros. Por ejemplo, el Douglasismo, que era una teoría de reforma monetaria basada en el crédito social, que ganó adeptos en <em>The New Age </em>y dividió a los gremialistas. Otro ejemplo sería el Partido Comunista de Gran Bretaña (CPGB), que atrajo a muchos de los miembros más radicales de la Liga tras su fundación en 1920. Y por último, el Partido Laborista y la Sociedad Fabiana comenzaron a incorporar selectivamente elementos del discurso del control obrero en sus programas, haciendo que el Socialismo Gremial pareciera cada vez más superfluo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Liga Nacional de Gremios se disolvió formalmente en junio de 1923.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Legado y declive</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El fin de la Liga no supuso el fin inmediato de las ideas gremiales. Entre 1923 y 1926, se creó el Consejo Nacional de Gremios, un organismo que intentaba reavivar el movimiento. Logró establecer nuevos gremios locales en la construcción, la confección textil y la agricultura, y mantuvo viva la red académica internacional. Sin embargo, este resurgimiento efímero se desvaneció tras la derrota de la Huelga General de 1926.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de 1926, los antiguos gremialistas llevaron sus ideas a diversas organizaciones, donde se fusionaron con otras corrientes de pensamiento. Por ejemplo, G. D. H. Cole y otros se reincorporaron al Partido Laborista y a la Sociedad Fabiana, intentando influir desde dentro a favor de una mayor democracia industrial y control obrero. En cambio, Arthur Penty se desplazó hacia la derecha, encontrando afinidades entre su medievalismo y el corporativismo de movimientos fascistas emergentes. Otros miembros se involucraron en movimientos más pequeños como el New Britain Movement (un precursor del federalismo europeo) o la House of Industry League, que continuaron promoviendo formas de corporativismo democrático hasta la Segunda Guerra Mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por así decirlo, el Socialismo Gremial, como movimiento organizado, no sobrevivió a la década de 1920. Sin embargo, su crítica al poder centralizado, su defensa de la democracia en el lugar de trabajo y su análisis de la soberanía funcional dejaron una huella profunda en el pensamiento de la izquierda británica, influyendo posteriormente en debates sobre la nacionalización, la participación obrera y la teoría democrática, y sirviendo de inspiración para la Nueva Izquierda en la década de 1950.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Años 50, de nuevo Cole</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras la Segunda Guerra Mundial hubo una gran afluencia a de trabajadores a los sindicatos y el Estado inició la reconstrucción en clave social. La influencia del laborismo creció como nunca antes, y se iniciaron grandes avances en el sector público. Fue entonces cuando se hablaba de la posibilidad de una sociedad híbrida entre el comunismo soviético y el capitalismo liberal norteamericano. Era una sociedad progresista de izquierdas, de corte keynesiano, con base en el laborismo británico y las distintas socialdemocracias europeas que por entonces dominaban el panorama político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las reflexiones del momento, se llegaba a la conclusión – falsa por lo que se verá dos décadas después – que la sociedad británica tenía una economía que caminaba hacia el colectivismo. G. D. H. Cole publicó su obra <em>The British Co-operative Movement in a Socialist Society </em>(1951), en la que examinó los elementos que podrían contribuir a este colectivismo. Aquí ya nos hemos salido del Socialismo Gremial, del artículo, pero no deja de resultar interesante lo que encontró Cole.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el momento del análisis, el movimiento contaba con más de diez millones de miembros y una participación significativa en el comercio minorista, especialmente en alimentos. El movimiento cooperativista contaba con, aproximadamente, 1.030 sociedades cooperativas minoristas locales de consumidores. Estas variaban mucho de tamaño, destacando la London Co-operative Society, con casi un millón de personas socias, hasta las pequeñas tiendas de pueblo con unas pocas. En 1946, el movimiento operaba a través de unos 25.000 puntos de venta. El cooperativismo tenía una posición dominante en sectores clave del comercio minorista, aunque su crecimiento relativo se había estancado. Casi un tercio del comercio total de leche y productos lácteos, más o menos una sexta parte del pan, la confitería y los comestibles, y una octava parte de la carne. Entre una quinta y una sexta parte del comercio de carbón, una décima parte del calzado, un 8% del tabaco, un 6-7% de la ropa y el mobiliario, y un 6% en farmacia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, su crecimiento relativo se había estancado, y sus líderes mostraban una postura conservadora, centrada en la defensa del <em>statu quo</em> cooperativista en lugar de la expansión a todos los campos de la vida. El dilema central que afrontaban es cómo un movimiento fundamentalmente voluntario, competitivo y descentralizado podría integrarse y prosperar dentro de una sociedad socialista caracterizada por la planificación económica y la nacionalización de industrias clave. Cole señalaba la falta de una estrategia a largo plazo entre el Partido Laborista y el movimiento cooperativo (notemos que aquí ya no tiene en cuenta los sindicatos), lo que generaba un riesgo de conflicto a medida que avanzasen las políticas socialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El análisis de Cole concluía que el movimiento cooperativo debía abandonar su postura aislacionista y conservadora para forjar una asociación constructiva con el Estado de bienestar emergente. Solo a través de la innovación en sus estructuras y la adopción de un papel proactivo en la configuración de la nueva economía podrá el cooperativismo cumplir su potencial como pilar fundamental de una sociedad socialista democrática. De manera que Cole propuso lo siguiente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Mutualización»del Comercio Minorista.</strong> En lugar de la nacionalización o municipalización del comercio minorista privado a gran escala, se proponía que el Estado adquiriera las grandes cadenas de tiendas y las convierta en «Mutuas». Estas operarían bajo principios cooperativos (como el dividendo sobre las compras) y competirían tanto entre sí como con las sociedades cooperativas existentes, evitando la creación de un monopolio estatal o cooperativo y fomentando la eficiencia a través de la competencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Reorganización del Comercio Mayorista y de Producción.</strong> Se abogaba por una expansión significativa del cooperativismo de producción, considerándolo una alternativa diversa y democrática a la nacionalización de las industrias de bienes de consumo. Se sugería que el Estado financiase la creación de nuevas Sociedades Cooperativas de Producción, especialmente en asociación con los sindicatos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Renovación de los Ideales Cooperativos</strong>: El informe instaba a un retorno al espíritu original de asociación entre productores y consumidores, superando la filosofía del «control exclusivo del consumidor» que dominaba el movimiento cooperativista. Esto implicaba una mayor valoración y apoyo a las cooperativas de producción y una mejora en el estatus y la participación de los empleados.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Modernización de la Gestión y las Relaciones Laborales</strong>: Se realizaba una crítica a la estructura de gestión del movimiento, caracterizada por el «control laico»de comités a tiempo parcial sobre gerentes profesionales. Se argumentaba que esto limitaba la eficiencia y la iniciativa. Se pedía una modernización de las relaciones laborales mediante la implantación de sistemas de consulta conjunta, mejores salarios y una mayor inversión en la formación de directivos del cooperativismo. Los empleados deberían tener una participación real en los asuntos del movimiento, asignándoles puestos representativos específicos en los Comités de Gestión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como vemos, estamos ante una impugnación de todo el modelo cooperativista británico, que era un movimiento enorme, pero que también estaba a expensas de los designios del Partido Laborista. Con el tiempo esto sería fatal, puesto que el movimiento carecía de autonomía política y de estrategia. Cuando llegaron las crisis económicas posteriores, se despolitizaría en buena medida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Conclusiones</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, ¿qué se puede aprender de esta experiencia? Podemos analizar los errores cometidos por el movimiento gremialista primero, y el cooperativista después, que básicamente es el mismo: acercarse demasiado a las propuestas de estado paternalista o estado del bienestar, encarnado por los laboristas en Gran Bretaña, y olvidarse de tener una estrategia propia, que pasara por hacer valer su enorme fuerza social. En este sentido el sindicalismo siempre fue por delante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto las Trade Unions más reformistas, como el sindicalismo revolucionario, siempre tuvieron claro que la fuerza del sindicato es clave en las negociaciones o en las disputas con el Estado. Algunos entendían que servían como mecanismo de organización de los trabajadores, para que tuvieran voz en los asuntos económicos, mientras que los más radicales entendían que el sindicato era la clave de la revolución, puesto que podría hacer funcionar la sociedad sin necesidad del Estado. La postura de Cole parece obvia en este aspecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, las Trade Unions y el Socialismo Gremial a duras penas convivieron, y no se realizaron programas político-sociales para proyectar su poder, dejando la cuestión política a los partidos obreros. Con esto se empobrecieron de cuadros militantes muy válidos y el movimiento se resquebrajó, alejándose de sus propios objetivos iniciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto se repite una y otra vez cuando un movimiento social o popular no se lee a sí mismo políticamente, perdiendo su potencialidad o cayendo bajo la influencia de un grupo partidista externo al movimiento social&#8230; o, peor aún, acabar formando parte de una red clientelar (por ejemplo, el peronismo argentino).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicho esto, nos puede venir a la cabeza la Economía Social y Solidaria actual en el estado español, en especial en Catalunya. Aunque cuenta con entidades y redes que pretenden tener una voz propia, con carácter de movimiento, como podría ser la Xarxa d’Economia Solidària de Catalunya, la Red Internacional de Democracia Comunal u otras redes que hablan de post-capitalismo, en clave de ecosocialismo, ecofeminismo o de transición ecosocial, lo cierto es que la dependencia estructural de muchas cooperativas de las contrataciones por parte de las administraciones públicas (siendo algunas incluso parte del entramado administrativo como los Ateneus Cooperatius de Catalunya o las Comunalitats Urbanes a pesar de que a veces operan al margen de ellas y mantienen discursos rupturistas), así como de las subvenciones, erosiona su potencial emancipador postcapitalista. ¿Qué alternativa ofreceremos si llega al gobierno alguien que ni paga ni contrata? Posiblemente eso será el fin de muchos proyectos económicos, no muy bien planteados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, recuperar experiencias y saberes antiguos como estos del Socialismo Gremial debería servir de advertencia y de apoyo teórico para buscar las alianzas adecuadas para los objetivos emancipadores que deberían emanar del cooperativismo en acción&#8230; o, al menos, del cooperativismo que se mantiene fiel a la tradición de los Pioneros de Rochdale (1844). En fin, todo esto da para reflexionar.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em><strong>Blackspartak, militante de Embat.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="http://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/47e1916c-2bcd-4b4d-926f-f841fadd6f69-1024x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-16240" style="width:443px;height:auto"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Bibliografía</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Carpenter, Niles. <em>Guild Socialism: An Historical and Critical Analysis</em>. Nueva York: Appleton, 1922.</li>



<li>Cole, G. D. H.
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Chaos and Order in Industry</em>. Londres: Methuen and Co., 1920.</li>



<li><em>Guild Socialism. Fabian Tract No. 192.</em> Londres: The Fabian Society, marzo de 1920.</li>



<li><em>Guild Socialism Re-Stated</em><strong>. </strong>Londres: Leonard Parsons, 1920 (republicado por Transaction Books, NJ, 1980).</li>



<li><em>Labour in the Commonwealth. </em>Londres: The Swarthmore Press, 1919.</li>



<li><em>Labour in War-Time</em>. Londres: G. Bell and Sons, 1915.</li>



<li><em>Self-Government in Industry</em>. Londres: G. Bell and Sons, 1917.</li>



<li><em>Social Theory</em>. Londres: Methuen and Co., 1920.</li>



<li><em>The Payment of Wages</em>. Londres: Labour Research Department, 1918.</li>



<li><em>The World of Labour.</em> Londres: G. Bell and Sons, 1913.</li>



<li>&#8230; y Arnot, R. Page. <em>Trade Unionism on the Railways.</em> Londres: Labour Research Department, 1917.</li>



<li>&#8230; y Mellor, W. <em>The Meaning of Industrial Freedom. </em>Londres: Daily Herald, 1919.</li>
</ul>
</li>



<li>Eisfeld, Rainer. «The Emergence and Meaning of Socialist Pluralism»<em>. International Political Science Review</em>, vol. 17, págs. 267-299, 1996.</li>



<li>Hobson, Samuel G. <em>National Guilds: An Inquiry into the Wage System and the Way Out.</em> Londres: G. Bell &amp; Sons, 1914.</li>



<li>Hobson, Samuel G. <em>National Guilds and the State</em>. Londres: G. Bell &amp; Sons, 1920.</li>



<li>Hutchinson, Frances y Burkitt, Brian. <em>The Political Economy of Social Credit and Guild Socialism. </em>Londres: Routledge, 1997.</li>



<li>Penty, Arthur J. <em>Guilds and the Social Crisis.</em> Londres: G. Allen &amp; Unwin, 1919.</li>



<li>Penty, Arthur J. <em>The Restoration of the Gild System</em>. Londres: Swan Sonnenschein &amp; Co., 1906.</li>



<li>Stears, Marc. «Guild Socialism and Ideological Diversity on the British Left, 1914-1926». <em>Journal of Political Ideology,</em> vol. 3, págs. 289-306, 1998.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><a id="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a> Sobre este tema, podéis leer la propuesta de la CGT francesa de nacionalizaciones y de creación del Consejo Económico del Trabajo, desarrollada en el artículo <em>El Consejo Económico del Trabajo y la nacionalización industrializada en Francia.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-regeneraci-n-libertaria wp-block-embed-regeneraci-n-libertaria"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="5yhdHB5jvi"><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2026/01/21/el-consejo-economico-del-trabajo-y-la-nacionalizacion-industrializada-en-francia/">El Consejo Económico del Trabajo y la Nacionalización industrializada en Francia</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«El Consejo Económico del Trabajo y la Nacionalización industrializada en Francia» — Regeneración Libertaria" src="https://regeneracionlibertaria.org/2026/01/21/el-consejo-economico-del-trabajo-y-la-nacionalizacion-industrializada-en-francia/embed/#?secret=OSZskkv2U1#?secret=5yhdHB5jvi" data-secret="5yhdHB5jvi" width="600" height="338" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"><a id="sdfootnote2sym" href="#sdfootnote2anc">2</a> Esta idea de las comisiones tripartitas se desarrolla ampliamente en el artículo <em>Explicando el modelo sindical de la CNT</em> (2025).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-regeneraci-n-libertaria wp-block-embed-regeneraci-n-libertaria"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="BO19NeVunK"><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/">Explicando el modelo sindical de la CNT</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted"  title="«Explicando el modelo sindical de la CNT» — Regeneración Libertaria" src="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/embed/#?secret=RCQ1aEKm9T#?secret=BO19NeVunK" data-secret="BO19NeVunK" width="600" height="338" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Plataformismo y especifismo</title>
		<link>https://regeneracionlibertaria.org/2026/05/08/plataformismo-y-especifismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[liza]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 May 2026 07:36:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Especifismo]]></category>
		<category><![CDATA[Organización]]></category>
		<category><![CDATA[Plataformismo]]></category>
		<category><![CDATA[Poder popular]]></category>
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					<description><![CDATA[Dos tradiciones para un mismo problema estratégico En el debate contemporáneo del anarquismo organizado suelen aparecer dos términos que, a veces, se presentan como corrientes enfrentadas: el plataformismo y el especifismo. Sin embargo, una mirada histórica más detenida muestra que ambos nacen de una preocupación común: cómo dotar al anarquismo de organización política, coherencia estratégica [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/plat-y-esp.png" alt="" class="wp-image-16232"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Dos tradiciones para un mismo problema estratégico</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el debate contemporáneo del anarquismo organizado suelen aparecer dos términos que, a veces, se presentan como corrientes enfrentadas: el plataformismo y el especifismo. Sin embargo, una mirada histórica más detenida muestra que ambos nacen de una preocupación común: cómo dotar al anarquismo de organización política, coherencia estratégica e inserción real en las luchas de las clases explotadas. Más que dos mundos opuestos, son dos respuestas distintas —situadas en contextos históricos diferentes— a un mismo problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Plataforma y el problema de la organización</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La llamada “Plataforma organizativa de los comunistas libertarios” fue elaborada en 1926 por el grupo Dielo Truda, formado por militantes anarquistas rusos exiliados tras la derrota revolucionaria y la consolidación del poder bolchevique después de la Revolución rusa. El texto pretendía responder a una cuestión que los propios autores consideraban central: por qué el anarquismo había sido incapaz de intervenir con eficacia en un proceso revolucionario de enorme magnitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta que proponían no era doctrinal sino organizativa. La Plataforma defendía la construcción de una Unión General de los Anarquistas basada en algunos principios claros: unidad teórica, unidad táctica, responsabilidad colectiva y federalismo. Para sus autores, el principal problema del anarquismo de su tiempo no era la falta de militantes o de ideas, sino la dispersión organizativa y estratégica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El documento provocó inmediatamente un debate intenso en el movimiento anarquista internacional. Figuras como Volin o Sébastien Faure respondieron proponiendo la llamada síntesis anarquista, que buscaba reunir en una misma organización a las distintas corrientes del anarquismo —comunistas libertarios, anarcosindicalistas e individualistas— sin exigir una línea política común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El enfrentamiento fue áspero y el intento de crear una articulación internacional en torno a la Plataforma terminó frustrándose. Pero el debate dejó una huella duradera: instaló con claridad el problema de la organización política específica anarquista, un tema que reaparecería décadas más tarde en otros contextos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La experiencia latinoamericana del especifismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Treinta años después, en un escenario histórico muy distinto, surgió en Uruguay la Federación Anarquista Uruguaya, fundada en 1956. Aunque no nació conociendo la experiencia de la Plataforma, la FAU desarrolló una concepción organizativa con importantes puntos de contacto: la necesidad de una organización política anarquista coherente, con estrategia y programa, capaz de intervenir de forma organizada en los movimientos sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de su práctica en el movimiento obrero, estudiantil y territorial, la FAU elaboró una concepción estratégica que más tarde sería conocida como especifismo. Esta tradición se extendió posteriormente a otros países de América Latina y tuvo una influencia decisiva en el desarrollo del anarquismo organizado en Brasil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Investigadores como Felipe Corrêa, vinculado al Instituto de Teoria e História Anarquista, han señalado que tanto el plataformismo como el especifismo pueden entenderse dentro de una misma familia histórica del anarquismo: la tradición que defiende el dualismo organizacional, es decir, la existencia de una organización política anarquista específica que interviene en los movimientos sociales sin sustituirlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Brasil esta tradición cristalizó en organizaciones contemporáneas como la Organização Socialismo Libertário, que reivindican simultáneamente la herencia del especifismo latinoamericano y del plataformismo clásico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dos experiencias que nacieron sin conocerse</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este recorrido histórico permite entender algo importante: plataformismo y especifismo no surgieron como corrientes rivales. Nacieron en épocas distintas, en continentes distintos y en contextos sociales profundamente diferentes. Sus similitudes tienen que ver con el problema que intentaban resolver —la necesidad de organización política—, mientras que sus diferencias responden en gran medida a las condiciones históricas en las que se desarrollaron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Plataforma fue una reflexión surgida del fracaso revolucionario europeo de entreguerras. El especifismo uruguayo se formó en el contexto latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX, marcado por otras configuraciones sociales, otras tradiciones de lucha y otros escenarios políticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comprender esto es importante para evitar un error frecuente en la historia de la izquierda: convertir las estrategias en recetas universales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nuestro uso del término plataformismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de la Liza, la adopción del término plataformismo responde en parte a esta preocupación. Por un lado, existía la intuición de que era necesario recuperar la experiencia del grupo Dielo Truda y su crítica a la desorganización del anarquismo. Por otro, parecía problemático adoptar sin más la denominación de “especifismo” —nacida en América Latina y vinculada a una tradición concreta— y trasladarla directamente al contexto europeo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, el conocimiento más profundo de la experiencia latinoamericana ha reforzado esa cautela inicial. No se trata de negar las afinidades entre ambas tradiciones, sino de reconocer que cada una de ellas responde a contextos específicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La advertencia de Mechoso</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto resulta especialmente pertinente una reflexión de Juan Carlos Mechoso, militante histórico de la FAU. En una entrevista señalaba que en la izquierda latinoamericana habían sido frecuentes los intentos de trasladar modelos políticos de otras realidades “de manera más o menos mecánica”, sustituyendo el análisis concreto por esquemas importados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La advertencia es simple pero profunda: no hay nada menos estratégico que copiar estrategias. Las ideas pueden viajar, pero solo tienen sentido cuando se reinterpretan en relación con las condiciones sociales y políticas concretas de cada lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El problema del Poder Popular en Europa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejemplos más claros de estas diferencias aparece en el concepto de Poder Popular, que ocupa un lugar central en buena parte del especifismo latinoamericano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En términos generales, el Poder Popular se refiere a la construcción de un poder social alternativo al del capital y al del Estado, basado en la autoorganización de los sectores explotados y oprimidos. En América Latina, esta idea suele vincularse a la articulación de distintos sujetos sociales: trabajadores urbanos, campesinado, trabajadores informales, comunidades indígenas, habitantes de barrios populares y otros sectores subalternos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esas condiciones, el concepto puede funcionar como una herramienta estratégica para orientar procesos de organización popular y construir bloques sociales capaces de disputar el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el contexto europeo es distinto. En gran parte de Europa occidental, las transformaciones sociales del último siglo han producido una homogeneización mucho mayor de las clases. El campesinado prácticamente ha desaparecido como actor político autónomo, los sectores indígenas no existen como categoría social, y amplias capas de la población han sido integradas durante décadas en las instituciones del Estado social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este escenario, el problema estratégico suele ser otro: recordar a la clase trabajadora que sigue siendo clase trabajadora, incluso cuando se percibe a sí misma como clase media.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fragmentación social y hegemonía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A esto se suma otro factor importante. En Europa, muchas interpretaciones contemporáneas del concepto de Poder Popular han estado influenciadas por corrientes autonomistas o por ciertas lecturas de la interseccionalidad aplicadas a los movimientos sociales. El resultado ha sido a menudo una proliferación de luchas sectoriales, fragmentadas por temáticas o identidades, frecuentemente multiclasistas y sin un horizonte socialista claro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto, el concepto de Poder Popular corre el riesgo de funcionar no como herramienta para construir una hegemonía revolucionaria, sino como justificación de frentes sociales heterogéneos y políticamente indeterminados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando la cuestión de clase deja de ocupar el centro del análisis, las luchas tienden a limitarse al programa de los sectores más integrados o privilegiados dentro de esos movimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Es interesante señalar que esta cuestión sobre los limites del Poder Popular en contextos occidentales es un debate abierto en la actualidad en nuestra tradición. Compañeros Plataformistas Australianos critican las posiciones, o mas bien los efectos que implican dichas posiciones, del Especifismo en EEUU. Y nosotras compartimos plenamente su argumentario, el uso de Poder Popular en sociedades como las occidentales lejos de permitirnos construir un sujeto revolucionario nos condena a los frentes multiclasistas donde el programa queda clausurado por los intereses de los sectores más privilegiados, pasando así de las demandas por la redistribución de los medios de decisión y de producción, al reconocimiento de la diferencia dentro de los márgenes del sistema burgués.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Recuperar la tradición de lucha de nuestro contexto</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la recuperación de la Plataforma puede tener hoy un significado específico en Europa. No se trata de repetir literalmente un documento escrito hace casi un siglo, sino de recuperar una tradición política que colocaba en el centro tres cuestiones fundamentales: organización, estrategia y lucha de clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La crítica que los militantes de Dielo Truda dirigieron al anarquismo de su tiempo —su dispersión organizativa, su falta de coherencia estratégica y su dificultad para intervenir de forma sostenida en la lucha de clases— sigue teniendo una sorprendente actualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuperar esa tradición permite también volver a situar el problema estratégico en términos de Poder de Clase: la construcción de una hegemonía revolucionaria basada en la autoorganización de la clase trabajadora y orientada hacia un horizonte anticapitalista y comunista libertario.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dos tradiciones, una misma intuición</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Plataformismo y especifismo comparten, en última instancia, una intuición fundamental: sin organización política específica no hay estrategia revolucionaria posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las diferencias entre ambas tradiciones tienen que ver sobre todo con los contextos en los que se desarrollaron y con las herramientas estratégicas que cada una elaboró para intervenir en ellos. Reconocer esto no debería ser motivo de polémica estéril, sino una oportunidad para aprender de ambas experiencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al fin y al cabo, la pregunta estratégica sigue siendo la misma que planteaban los militantes de Dielo Truda hace un siglo y que retomaron más tarde los anarquistas latinoamericanos: cómo construir hoy una fuerza revolucionaria capaz de intervenir en las luchas reales de nuestra clase.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em><strong>Secretaría Política de Liza</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/plata-y-especi-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16231" style="width:423px;height:auto"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>La Organización: Eficiencia vs Alienación militantista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hedra Anarquista]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2026 07:25:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Especifismo]]></category>
		<category><![CDATA[Estrategia]]></category>
		<category><![CDATA[Militancia]]></category>
		<category><![CDATA[Organización]]></category>
		<category><![CDATA[Plataformismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Es muy común, en las distintas militancias, ver personas saturadas, sobrecargadas de trabajo y estrés acumulado. Al mismo tiempo, y por contra, se viven escenas de inactividad y sensaciones de tiempo perdido en largas asambleas y reuniones de las que se sale con la sensación de no haber avanzado, sin llegar a acuerdos claros, sin [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/eficiencia.png" alt="" class="wp-image-16227"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Es muy común, en las distintas militancias, ver personas saturadas, sobrecargadas de trabajo y estrés acumulado. Al mismo tiempo, y por contra, se viven escenas de inactividad y sensaciones de tiempo perdido en largas asambleas y reuniones de las que se sale con la sensación de no haber avanzado, sin llegar a acuerdos claros, sin tareas definidas de cara al futuro, poco espacio para intervenir o grupos de trabajo inoperantes. A lo largo de la historia se han repetido estos fenómenos en organizaciones políticas revolucionarias; situaciones que no solo desgastan y repelen a la potencial militancia, sino que frenan el avance de las organizaciones en el logro de sus objetivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas situaciones, las emociones y dolores que suponen para los miembros de la organización son igual o más preocupantes que cuando se producen en el ámbito laboral dentro del sistema capitalista (y quizás las repliquemos porque estamos dentro del sistema capitalista). Debemos prestar atención a las distintas áreas de mejora que ha tenido y tiene el anarquismo a nivel organizativo para superarlas y crear organizaciones fuertes, amplias, eficientes y que alcancen sus objetivos siempre con cuidados hacia su militancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1972 se publica un punzante, autocrítico y hasta humorístico panfleto por la Organisation des Jeunes Travailleurs Revolutionnaires<em>, </em>traducido por Ediciones Esfuerzo en 2016. El artículo en español recibe el nombre de «La militancia, estadio supremo de la alienación» aunque la traducción literal sería «Militantismo, estadio supremo de la alienación» título con el que se busca remarcar el aspecto doctrinal de la militancia. En este crudo análisis de la militancia en organizaciones revolucionarias y políticas se habla sin tapujos de un masoquismo voluntario de los militantes ya que «el esfuerzo al que se compelen, y las dosis de aburrimiento que son capaces de aguantar, no deja lugar a dudas: estas personas son, en primer lugar, masoquistas». Al margen de los posibles debates que podrían derivar de la lectura detallada del artículo, no hay que dejar pasar la evidencia de que efectivamente hay dinámicas que repelen a potencial militancia y quema a actuales compañeras, porque un militante no debería ser «el tipo de persona para el cual las ocho o nueve horas de embrutecimiento diario no son suficientes» ni la militancia debería tener un «aspecto doctrinal» <em>per se</em>, como tiene en muchas ocasiones y expone el citado artículo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El exceso de trabajo con su consiguiente estrés y la inactividad o sensación de tiempo perdido son dos de los principales males que se pueden dar en una organización, tan antagónicos y por momentos, tan simultáneos. La rigidez dogmática, falta de dinamismo, incapacidad para escuchar e integrar nuevas propuestas, la verticalidad y la consideración de la organización como algo inmutable son las características que rechazan y temen muchas personas militantes y que una organización libertaria, hoy día, debería superar si no quiere que el desgaste de sus miembros acabe por impedir su avance. Se hace urgente encontrar fórmulas organizativas que favorezcan la flexibilidad, participación y dinamismo al mismo tiempo que se consensúan objetivos y acciones a llevar a cabo, con los cuidados, corresponsabilidad y confianza necesarios entre sus miembros para no caer en la anteriormente descrita alienación militantista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas deficiencias organizativas deben ser analizadas con perspectiva histórica y científica para tratar de evitarlas y sanear las organizaciones de cara a construir una militancia cohesionada que se sienta partícipe y cuidada al mismo tiempo que se avanza en posiciones y se obtienen resultados, lo cuál aumenta la motivación y anima a seguir en la lucha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para entender la atomización, falta de organización y derrotismo de la lucha anarquista actual recomiendo la lectura del artículo «La epidemia de rabia en España (1996-2007)». Sus autores analizan el fracaso de lo que se llamó «organización informal» que durante esos 90s y 00s primó en el movimiento libertario en torno al insurreccionalismo y el autonomismo. Al mismo tiempo, afirman no lamentar nada de lo llevado a cabo ni creen haber perdido el tiempo, lo cual es interesante porque pone el foco en los errores de las organizaciones previas al mismo tiempo que entienden las limitaciones de su estrategia. Sentencian que esa «falsa crítica olvida, por interés o ignorancia, los condicionantes que operaban entonces». Se torna pues, de vital importancia entender esos «condicionantes que operaban entonces» y extraer los errores cometidos en las distintas épocas de anarquismo ibérico, de los que da luz el citado artículo. Evidencian cómo el sectarismo del «anarquismo oficial» anterior a estas décadas, excesiva burocracia y la incapacidad por incluir nuevos militantes de forma activa o ampliar sus actividades, objetivos y estrategias choca de plano con lo que denominan «antagonismo juvenil» y que fuera de las organizaciones formales del anarquismo desplegó distintas prácticas como «okupaciones», fanzines, distribuidoras, actividades culturales o participación en movimientos como el antimilitarista, antirrepresivo, antifascista, antitaurino, antisexista, etc. Es decir, el «anarquismo oficial», que «en sus congresos estipulaba con gran delicadeza excluyente-incluyente, que el Movimiento Libertario estaba formado por la CNT, la FAI, la FIJL y Mujeres Libres» no supo acoger las nuevas y jóvenes fuerzas anarquistas que querían ser protagonistas de nuevas luchas. No existió un movimiento anarquista organizado capaz de acoger esas iniciativas, esas ganas y esas nuevas y amplias formas de entender la lucha por la emancipación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas jóvenes anarquistas criticaron las dinámicas burocráticas, congresos, delegaciones, periodicidad de reuniones y demás obligaciones organizativas, dando prioridad a la acción concreta, sin aspiraciones de largo plazo ni de conquistar la hegemonía; se basaban y nutrían del compañerismo, la afinidad y la agilidad de discusión, del apoyo mutuo y la colaboración práctica. Permitían volver a pensar la organización como un medio y no como un fin, concebida para luchar, ganar y desaparecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la organización informal no había lugar para la alienación militantista e impedía un fetichismo de la organización, como pudo ocurrir con las citadas y mitificadas organizaciones, pero tampoco quedaba lugar para una estrategia y objetivos de medio y largo plazo. En este punto entendemos cómo las organizaciones clásicas, al no prestar atención a las ineficiencias mencionadas se cargaron a su potencial militancia, descuidando tanto a las personas como a los objetivos, lo que dio lugar, junto con otros condicionantes, al actual estado de las cosas en cuanto a lucha libertaria. Por ello tenemos la misión de conformar organizaciones acogedoras al dinamismo que pedía el «antagonismo juvenil» y no caer en los errores del «anarquismo oficial» al mismo tiempo que se mantiene estructura y estrategia a largo plazo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el acertadísimo artículo <em><a href="https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/12/traballar-para-vivir-ou-vivir-para-militar/" data-type="link" data-id="https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/12/traballar-para-vivir-ou-vivir-para-militar/">Traballar para vivir ou vivir para militar?</a>,</em> escrito por Inés Kropo en esta misma revista se dice que «só unha militancia que se coida pode durar e só aquela que dura pode transformar», dejando claro que nuestras organizaciones no se pueden permitir reproducir una alienación militantista que desgaste con un reparto del trabajo de forma desequilibrada. En este mismo artículo se examina la militancia y se expone con claridad por qué debemos considerarla un trabajo aunque no en el sentido mercantilista del término.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Estruturalmente, a militancia encaixa no traballo reprodutivo. Non produce mercadorías nin valor de cambio, pero produce algo fundamental: as condicións de posibilidade da propia política. Produce tempo colectivo, produce confianza, produce aprendizaxe, produce continuidade. Produce, en definitiva, suxeitos capaces de actuar politicamente de maneira sostida. Produce poder. Como o resto do traballo reprodutivo, adoita ser invisible cando funciona e só se volve evidente cando falla.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, el artículo habla de «o coidado da convivencia, os límites, a redistribución do traballo e do poder». Si bien lo hace desde una acertada perspectiva feminista, me interesa llevar la reflexión, en este punto, a analizar qué aspectos clave debemos tener presentes para desarrollar nuestras organizaciones, y más concretamente, organizaciones que buscan generar una estrategia con dinámicas que funcionen y alcancen resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo en nuestras organizaciones no debe alienar (ni sobrecargar ni dar sensación de tiempo perdido), debe incluir y ser práctico, debe alcanzar objetivos y debe «durar para transformar». Es decir, debe estar organizado de forma que todas las personas puedan aportar según sus capacidades y de estas aportaciones colectivas obtener los mejores resultados. Debe ser un trabajo eficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El punto óptimo, en el que se logra la eficiencia organizativa, en términos productivos, se da cuando se alcanza mayor producción con los menores recursos utilizados, y podemos extrapolarlo a nuestra organización política como la consecución de objetivos o el logro de mayor avance estratégico con el menor desgaste de los y las militantes, siempre respetando los principios básicos acordados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debemos entender la búsqueda de la eficiencia, no en un sentido capitalista que busca el aumento de la productividad para lograr mayor producción, ventas y margen de beneficios, sino en un sentido libertario que vaya alineado con un aumento de la libertad, capacidad de desarrollo y goce de las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se debería permitir que una organización que pretende impulsar un mundo mejor genere los mismos males que la peor y más inhumana cadena de producción u organización jerárquica al uso, que explota a los y las trabajadoras con el único fin de robarle el fruto de su trabajo y ampliar los beneficios empresariales. Es preocupante, que este fenómeno se de en organizaciones que buscan horizontalidad, sin un jefe supervisor que exige que aprietes 70 tuercas por minuto como Chaplin en <em>Tiempos modernos</em>. Y sin embargo, uno de los problemas fundamentales de la alienación militantista, del hartazgo, la frustración y desgana viene precisamente de que en ocasiones no hay un solo jefe supervisor que exige apretar 70 tuercas en una cadena de montaje, sino que podemos ser entre cinco y 20 militantes las que vamos tuerca por tuerca, todas juntas, supervisándonos unas a otras, «decidiendo» en asamblea quién es la que aprieta la siguiente y, por supuesto, discutiendo si se haría mejor con una llave inglesa, llave de tubo, llave de doble boca o una llave acodada. Es decir, podemos estar generándonos la misma o más presión entre nosotras mismas que el perro guardián del patrón industrial y, además, consiguiendo el efecto contrario al que busca el perro supervisor: ser mucho menos productivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se consensúan objetivos (qué hacer) y la acción está guiada por unos principios y valores acordados (cómo hacer), solo debe quedar la confianza en las compañeras que ejecutarán las tareas. En una organización sana las personas militantes deben actuar con libertad, confianza y de buen gusto, eligiendo sus propias herramientas, equivocándose y aprendiendo de las demás compañeras, el colectivo debe apoyar y aportar, deben ahorrarse discusiones y debates efímeros que no impulsan un avance, sino que frenan el trabajo. La organización debe ser eficiente para revalidar el argumento de que tres personas trabajando juntas hacen más que la suma de tres personas trabajando por separado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera inversa al hecho de que organizaciones que se dicen horizontales replican efectos negativos similares a los producidos por organizaciones jerárquicas del sistema productivo capitalista, podemos explorar la vía de entender qué es lo que lleva a la productividad y eficiencia en estas organizaciones y tratar de llevarlo a nuestro terreno, bajo nuestros principios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con ánimo de provocar irritación en los intransigentes estómagos anarquistas de algunos lectores, voy a citar al economista clásico Adam Smith, que en su libro <em>La riqueza de las naciones</em> (1776) fue el primero en analizar cómo la división de un trabajo en distintas tareas aumentaba la productividad de los trabajadores. Poniendo de ejemplo talleres de fabricación de alfileres explicó cómo en ellos se dividían las distintas tareas: unos se encargaban de alisar el metal, otros operarios del corte, el siguiente grupo afilado y por último estaban los encargados de colocar la cabeza del alfiler y pulir las piezas . Repartirse el trabajo en distintas tareas propicia la especialización de los trabajadores en una tarea, que harán mejor y más rápido y permite una mejor organización espacio-temporal, lo que reduce tiempos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta realidad observada por el economista liberal del siglo XVIII, le sirvió para acuñar el término de división del trabajo y defenderlo como vía para lograr una mayor productividad en las organizaciones. Como suele ocurrir, no hizo falta tiempo para que muchos empresarios de la época tomaran la palabra de Smith y llevasen a cabo transformaciones fatales en sus industrias. Estamos hablando del surgimiento de modelos industriales basados en buscar la máxima división del trabajo para aumentar productividad, producción y consecuente beneficio empresarial. Una división hasta el punto de que los operarios realizaban un único movimiento, exacto y medido, de forma repetida durante toda su jornada, todos los días del año, es decir, la perfecta alienación por definición. Todo esto, haciendo oídos sordos a la advertencia del propio Adam Smith, que en el mismo libro aclaraba que «un hombre que dedica toda su vida a ejecutar unas pocas operaciones sencillas no tiene ocasión de ejercitar su inteligencia o movilizar su inventiva. Por ello pierde naturalmente el hábito de ejercitarlas y en general se vuelve tan estúpido e ignorante como pueda volverse una criatura humana» (<em>La riqueza de las naciones</em>; p.717).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Autores anarquistas como Emma Goldman o Piotr Kropotkin alertan de los peligros y la alienación que supone esta división del trabajo. Por un lado se evidencia que genera jerarquías, ya que sitúa en distintos niveles las tareas intelectuales y las tareas manuales subordinando las unas a las otras y por otro la brutal alienación y deterioro intelectual, físico y mental del proletariado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, aunque críticos, son conscientes de las ventajas que supone un buen reparto del trabajo. El propio Proudhon reconoce las bondades que pueden llegar de esta división del trabajo en su libro <em>Sistema de las contradicciones económicas</em> de 1846, advirtiendo que «es útil cuando el trabajador permanece dueño de sí mismo y de su obra». Por su parte, Kropotkin, en el capítulo XV dedicado a la división del trabajo en <em>La conquista del pan,</em> hace una dura crítica hacia el planteamiento capitalista de la misma y el embrutecimiento y alienación a la que da lugar sin menospreciar la búsqueda de productividad en sí misma, centra la crítica en los efectos sobre el individuo, afirmando que llegaría mayor productividad con la variedad de ocupaciones de las personas. Lo cuál no debería invalidar el proceso de análisis y división de las tareas a realizar para ser más eficientes sino que añade esa rotación que permite ampliar conocimientos, aportar en otras áreas y eliminar la alienación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el capítulo primero de <em>Campos, fábricas y talleres</em> (1899) se arremete de nuevo contra las consecuencias de la división del trabajo y en este caso sí las focaliza en su consecuente especialización y afirma que «mientras que una división temporal de funciones sigue siendo la más segura garantía de éxito en cada empresa particular, la división permanente está condenada a desaparecer, siendo sustituida por una variedad de ocupaciones intelectuales, industriales y agrícolas, correspondientes a las diferentes aptitudes del individuo, así como a la variedad de las mismas dentro de cada agregación de seres humanos» (<em>Campos, fábricas y talleres</em>, p.14).</p>



<p class="wp-block-paragraph">De este análisis crítico, lo que debemos entender es que muchos de los problemas de saturación de las personas militantes vienen de estructuras organizativas que pueden mejorarse, en las que, a partir de unos objetivos, principios básicos y tareas a llevar a cabo consensuados, se realice una división del trabajo o reparto de tareas que permita que cada persona o grupo se ocupe de acciones concretas y alcanzables. Con el trabajo bien definido, repartido y consensuado no habrá militantes con exceso de carga ni militantes ociosas. Además, dejando claros los roles y las rotaciones en los mismos, teniendo en cuenta disponibilidades y capacidades se evitarán jerarquías formales e informales y se da respuesta a la necesidad de redistribución de la carga de trabajo invisible que se analiza en el artículo de Inés Kropo. Pero para todo ello se necesita un buen análisis de la organización y la creación de grupos y tareas de forma precisa. El resultado será una militancia más sana y con menos carga, lo cuál no debe cortar la libertad de acción de cada individuo ya que como defendía Emma Goldman, dentro de las organizaciones se debe respetar, por encima de todo, la voluntad y la iniciativa individual (<em>Anarquismo: lo que significa realmente</em>, p.9)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta división del trabajo no debe servir para jerarquizar la organización, debe servir simplemente para organizarse, definir roles y responsabilidades, para no interferir ni acumular trabajo ni poder. Debe servir para mejorar la coordinación, cooperación y colaboración. Debe servir para evitar las sobrecargas e ineficiencias generadas por la falta de debate previo en la formulación de objetivos y acciones a llevar a cabo. A partir de ahí, en una organización que se dice libertaria debería bastar con la confianza y el compromiso para que no se produzcan fallos ni desvíos importantes. Cuando una parte de la organización debe tomar una decisión de urgencia por algún contratiempo o evento inesperado, tan solo mirar los objetivos y los principios previamente establecidos debería bastar para guiar esa toma de decisiones, que pudiendo ser errónea debe hacerse desde la humildad y la confianza. Finalmente, cuando se revise la consecución de los objetivos se evaluará en grupo todo lo ocurrido, que en la mayoría de las ocasiones será mejorable. Pero dar libertad, revisar y proponer mejoras una vez hechos los avances siempre es mejor que no avanzar por por falta de definición de objetivos y acciones o por debates y burocracias que frenan la acción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fenómeno que ocurre cuando hay más personas de las necesarias realizando una tarea en economía se tiene muy estudiado. Se le llama ley de rendimientos decrecientes e ilustra muy bien ciertas deficiencias que se dan en espacios de militancia. Esta ley afirma en términos productivos, que a medida que se aumenta un factor (trabajadores), si no se aumenta el espacio de trabajo o la maquinaria, la producción resultante irá en inicio en aumento, pero cada vez este aumento será menor, hasta que comience a disminuir. Un ejemplo fácil sería imaginar preparar bocadillos. Pongamos que, en una hora, una persona es capaz de hacer diez bocadillos con todos sus ingredientes. Dos personas cooperando, con un reparto de tareas (división del trabajo) bien hecho, pueden hacer 25 bocadillos, que es más que la suma de dos personas por separado. En el caso de tres personas, pueden llegar a preparar 45 bocadillos, que es mucho más que tres por separado. Sin embargo, llegará un momento en que ese aumento de productividad descienda, por dos motivos: uno, no hay tantas tareas que realizar; dos, si el espacio es limitado comenzarán a estorbarse, de modo que no solo habrá personas ociosas, sino que pueden impedir el buen desempeño de las demás, llegando a impedir alcanzar el objetivo.Este hecho evidencia la falta de organización, de roles y responsabilidades definidas que lastran el buen hacer de las organizaciones, desmotivan a la militancia e impiden el avance en posiciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las organizaciones capitalistas estudian este fenómeno al milímetro con el objetivo de reducir costes y no pagar trabajadores que resten productividad, en nuestro caso no buscamos eso, y si se producen ineficiencias por el natural desarrollo de las actividades, adelante; sin embargo sí que hay que ser conscientes de los perjuicios que puede suponer para compañeras que se ven frenadas en sus tareas y compañeras que sienten que no están aportando y que bien podrían estar realizando otras tareas de mayor provecho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debemos comprender que la horizontalidad y la cooperación no implican estar presentes todas las personas en todos los procesos. En ocasiones, tanto los egos como los miedos a liderazgos y jerarquías impulsan a las militantes a querer estar en todas las tomas de decisiones, todas las actividades y todos los procesos de la organización, dejando en algunos casos tareas «menos divertidas» por hacer o para quien se carga de ellas en la sombra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por todo lo anterior, podemos decir que el especifismo tiene por delante la difícil misión de crear organizaciones que rechacen el sectarismo y se abran a toda la sociedad y nuevas militancias, que no se estanquen en procesos burocráticos desgastando la motivación, que alcancen estructuras ágiles y dinámicas a la hora de consensuar objetivos y diseñar estrategias, que se basen en la confianza y compañerismo para crear grupos de trabajo y procesos que no saturen a unas pocas ni impidan la participación de otras y que sean lo suficientemente maduras y flexibles como para revisar dichos procesos y logros, modificando la estrategia las veces que sea necesario sin caer en un derrotismo fatalista —por complicaciones tácticas— que frustre e impida seguir avanzando hacia objetivos de medio y largo plazo. Solamente logrando organizaciones ágiles, con buen reparto de tareas, con principios, estructura y estrategia se podrá superar la dicotomía entre quienes se fosilizaron en el viejo, sectario y burocrático «anarquismo oficial» y la practicidad y fugacidad de las organizaciones informales, que tampoco consiguieron consolidar sus logros a nivel social, además de evitar sobrecargas y ociosidad. Pensar la fórmula organizativa, acordar unos principios y objetivos que enmarquen las acciones y facilitar así el reparto de tareas nos permitirá una militancia eficiente, inclusiva y equilibrada, evitando la alienación militantista y logrando la eficiencia en procesos y eficacia a la hora de lograr objetivos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/05/eficiencia-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16228" style="width:330px;height:auto"/></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><br><em><strong>c. Militante de Hedra</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bibliografía:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Adam Smith. <em>La riqueza de las naciones</em>. Alianza Editorial (2004)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Emma Goldman. <em>Anarquismo: lo que significa realmente</em> (2022) Ed. Edu Robsy Recuperado de:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.textos.info/emma-goldman/anarquismo-lo-que-significa-realmente/pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.textos.info/emma-goldman/anarquismo-lo-que-significa-realmente/pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Inés Kropo.“Traballar para vivir ou vivir para traballar?” Revista Regeneración Libertaria (2026)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los tigres de Sutullena. «La epidemia de rabia en España (1996-2007)». <em>Revista resquicios</em>, números 4 y 5 (2007-08) Recuperado de:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.briega.org/es/historia/epidemia-rabia-espana-1996-2007" target="_blank" rel="noopener">https://www.briega.org/es/historia/epidemia-rabia-espana-1996-2007</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Organisation des Jeunes Travailleurs Revolutionnaires. <em>La militancia: Estadio supremo de la alienación</em>. Ediciones Esfuerzo (2016) Recuperado de:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://esfuerzo.noblogs.org/files/2017/11/OJTR-La-militancia-estadio-superior-de-la-alienaci%C3%B3n-FOLLETO.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://esfuerzo.noblogs.org/files/2017/11/OJTR-La-militancia-estadio-superior-de-la-alienaci%C3%B3n-FOLLETO.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pierre Joseph Proudhon. <em>Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria </em>(1870) Recuperado de:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.marxists.org/espanol/proudhon/filosofia-de-la-miseria.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.marxists.org/espanol/proudhon/filosofia-de-la-miseria.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Piotr Kropotkin. <em>La conquista del pan</em> (1900) Editorial B. Bauza Recuperado de:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.marxists.org/espanol/kropotkin/kropotkin-la-conquista-del-pan.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.marxists.org/espanol/kropotkin/kropotkin-la-conquista-del-pan.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Piotr Kropotkin. <em>Campos, fábricas y talleres</em> (1898) Reeditado por Solidaridad Obrera Recuperado de:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Piotr%20Kropotkin%20-%20Campos,%20fabricas%20y%20talleres.pdf" target="_blank" rel="noopener">https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Piotr%20Kropotkin%20-%20Campos,%20fabricas%20y%20talleres.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Nuestra única guerra es la guerra de clases</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción Regeneración]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 May 2026 08:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis y crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Coyuntura]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Poder popular]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy, primero de mayo, se cumplen 140 años desde que cientos de miles de trabajadoras estadounidenses salieron a la huelga para luchar por la jornada de ocho horas. Lo lograron. La todavía joven clase trabajadora, aupada por el esfuerzo inagotable de militantes comunistas y anarquistas, forjada en décadas de lucha, afiló sus armas y demostró [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/Azul_Texto-17.jpg" alt="" class="wp-image-16207"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, primero de mayo, se cumplen 140 años desde que cientos de miles de trabajadoras estadounidenses salieron a la huelga para luchar por la jornada de ocho horas. Lo lograron. La todavía joven clase trabajadora, aupada por el esfuerzo inagotable de militantes comunistas y anarquistas, forjada en décadas de lucha, afiló sus armas y demostró al mundo entero de qué era capaz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La burguesía, naturalmente, no iba a permanecer en silencio: tres días después, en Chicago, la policía abriría fuego indiscriminadamente contra los obreros en protesta; la prensa burguesa calumniaría a los huelguistas y espolearía la represión; y un juicio amañado se saldaría con la ejecución de militantes anarquistas. La burguesía respondió con todo lo que tenía y no fue suficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a la barbarie, pese a un capital ya desenmascarado, dispuesto a utilizar todos los medios a su alcance para vencer, arrasar y exterminar, la clase trabajadora de ayer nos demostró su potencia como fuerza social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco pudo hacer la burguesía contra una clase consciente de sí misma, que logró imponerse e imponer la jornada de ocho horas. Esa victoria es nuestra herencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos siglos después, este primero de mayo, renovamos de nuevo el compromiso de todas aquellas que lucharon por la dignidad de la clase obrera. Hoy más que nunca, con nuestra clase en proceso de reorganización, buscando su camino, recordamos y hacemos nuestra la historia de todas aquellas que pusieron su esfuerzo y, en ocasiones incluso su vida al servicio de la lucha de todas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, aunque las formas cambian, la opresión contra nuestra clase continua. La descubrimos en nuestras vidas, cada vez más precarizadas e inseguras, forzadas a existir en un sistema que pone en jaque la posibilidad de acceder a una vivienda digna, de llegar a fin de mes a pesar de tener un empleo. Nombrarla es el primer paso para hacerle frente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un año más denunciamos la explotación laboral, las condicionales de trabajo que nos enferman física y psicológicamente, los salarios insuficientes para cubrir las necesidades básicas, los contratos basura y la creciente dificultad de conciliar el empleo con el descanso y con nuestras vidas; que se ceba especialmente con los sectores más precarizados de nuestra clase.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contra el auge de la extrema derecha y contra el fascismo, que penetra en la sociedad a través del miedo,del desencanto y de la sensación de que nada tiene sentido. Se disuelve en las redes y se cristaliza en las instituciones del Estado burgués para defender los intereses de quienes realmente son sus amos: los capitalistas. Frente al miedo que paraliza, oponemos la organización que libera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra clase no es homogénea. Vivimos atravesadas por diferentes opresiones y violencias que forman parte intrínseca del capitalismo y que lo sostienen, como el colonialismo, el imperialismo, el racismo, el machismo o la discriminación a las disidencias sexuales y de género. La unidad no nos viene dada, la construimos día a día, sumando luchas y personas de clase trabajadora expulsades a los márgenes. Cada suma, una victoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Somos internacionalistas y, por tanto, realizamos una lectura global del capitalismo, que deriva en solidaridad con los pueblos oprimidos. Las fronteras no son más que instrumentos de clase. Rechazamos todas las instituciones del estado burgués creadas para su defensa, desde los CIEs hasta Frontex.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Impulsamos una lectura del ecologismo desde la clase, denunciando el saqueo y destrucción de nuestros recursos, el neocolonialismo económico y la desolación del territorio provocada por la acumulación capitalista y a la falsa teoría de crecimiento infinito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La crisis climática y energética, agudizada por un reparto desigual, debe entenderse desde este marco. Será la clase trabajadora, especialmente aquella en el sur global, la que pague con su sangre las consecuencias de la lucha por los recursos y con su sustento las de las sequías y temporales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contra el rearme imperialista, la guerra y los genocidios, puestos en marcha para defender los intereses dela clase capitalista occidental, y que lleva años asolando el sur global. Guerras capitalistas, imperialistas y criminales que se cobran las vidas de la clase trabajadores para la defensa de los intereses de unos pocos que jamás vivirán la experiencia desgarradora de pisar una zona de guerra. Nuestra solidaridad no tiene fronteras porque nuestra lucha tampoco las tiene. Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La clase trabajadora atraviesa un momento de recomposición, sin un programa político revolucionario está condenada a una lucha de resistencia, donde la victoria no es avance, sino frenar el retroceso de las victorias que ya ganamos ayer; es contenida por unos sindicatos copados por y para el capital, que limitan y traicionan sus luchas.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">No ha llegado todavía el fin de la historia, ni mucho menos el fin de la historia de nuestra clase, todavía crecen briznas de esperanza allí donde otros solo ven silencio. Cada asamblea convocada, cada huelga sostenida, cada compañera que da un paso hacia delante lleva dentro de sí el potencial de una grieta que quizás podrá derribar el muro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy se nos brinda la oportunidad de reorganizar y construir una organización revolucionaria y libertaria fuerte, capaz de hacerle frente a burocracias, a desvíos oportunistas o autoritarios. Una organización que no solo resista, sino que nos acerque al mundo que queremos: horizontal, solidario, vivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No partimos de cero. Partimos de 140 años de luchas ganadas a pulso, de memorias que nos sostienen, de compañeras que antes que nosotras creyeron que era posible y tenían razón. El único camino que tenemos como clase es la revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, ayer y mañana, nuestra guerra es una sola, la guerra de clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Batzac &#8211; Hedra &#8211; Liza &#8211; Xesta &#8211; Embat</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="580" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/imatge-580x1024.png" alt="" class="wp-image-16201" style="width:381px;height:auto"/></figure>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/Crema-cuadrado-18-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-16209" style="width:319px;height:auto"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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			</item>
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		<title>Como adormecer a bravura dun pobo: da forza popular á forza parlamentaria.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Xesta Organización Anarquista Galega]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2026 09:49:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Estrategia y pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[BNG]]></category>
		<category><![CDATA[Destacada]]></category>
		<category><![CDATA[Galiza]]></category>
		<category><![CDATA[Poder popular]]></category>
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					<description><![CDATA[O pobo xa aprendeu a arder. Ardeu co chapapote nas mans, co fume nos pulmóns, coa auga no corazón; ergueuse cando todo indicaba que debía calar. Organizouse, tomou as rúas, creou redes e respondeu con dignidade e forza. Pero, mentres esa enerxía colectiva medraba, foi aparecendo unha dinámica paralela, invisíbel para quen non quere ver: [&#8230;]]]></description>
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<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/todo-por-hacer-4.png" alt="" class="wp-image-16148"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">O pobo xa aprendeu a arder. Ardeu co chapapote nas mans, co fume nos pulmóns, coa auga no corazón; ergueuse cando todo indicaba que debía calar. Organizouse, tomou as rúas, creou redes e respondeu con dignidade e forza. Pero, mentres esa enerxía colectiva medraba, foi aparecendo unha dinámica paralela, invisíbel para quen non quere ver: transformar a mobilización en xestión, a protesta en trámite, a organización popular en plataforma controlada. O que nace desde abaixo acaba medido, moderado e reconducido cara a marcos institucionais que non cuestionan nada de fondo. Véndese como responsabilidade e madurez política, pero o efecto real é outro: menos autonomía, menos capacidade de decisión propia, máis dependencia de quen fala no noso nome. E aí está a pregunta central deste artigo: como se pasou dunha forza popular brava a unha forza parlamentaria que adormece ao pobo que di representar?</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="470" height="313" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/chapapote.jpg" alt="" class="wp-image-16134"/><figcaption class="wp-element-caption">Brigadas de voluntarias na limpeza de &#8216;chapapote&#8217;</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><strong>Traxectoria dun movemento</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se queremos entender onde estamos, cómpre mirar atrás. O nacionalismo galego organizado arredor da UPG naceu cun discurso explicitamente de clase e cunha inspiración marxista que falaba de ruptura, anticapitalismo e autodeterminación. Durante anos, esa tradición presentouse como expresión política dun pobo en movemento. Mais co paso do tempo, o proceso de “normalización” institucional e a adaptación ao réxime do 78 foron mudando o ADN do proxecto: o horizonte de confrontación co estado e co capital foi substituído por unha estratexia de xestión e presenza estable nas institucións. O que antes pretendía combater o poder rematou asumindo as regras do xogo e xogando a ser a mellor versión posible da administración do existente. Así, o BNG converteuse nunha forza parlamentaria que non só canaliza o descontento, senón que o administra e frecuentemente o desactiva, convertendo os conflitos sociais en problemas de trámite político. Porén, esta non foi a única vía tomada polo independentismo galego nestes anos. Houbo unha recua de persoeiros que se manifestaron contrarios á constitución e mesmo escisións que optaron pola loita armada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A consolidación electoral do BNG, lonxe de traducirse nun fortalecemento do movemento obreiro autónomo, adoita coincidir co seu enfracamento cualitativo: unha atenuación da radicalidade do discurso e unha crecente subordinación da produción de sentidos comúns á mediación institucional. É a vella lóxica socialdemócrata repetida unha vez máis: prometer cambios estruturais e entregar reformas limitadas; falar en nome da clase traballadora mentres se reduce a capacidade da propia clase para decidir e actuar por si mesma. Aquí entran os conceptos chave que percorre este artigo: capitalización e fagocitación. Non falamos de represión aberta, senón dun mecanismo moito máis sofisticado: integrar, absorber e neutralizar as loitas sociais introducíndoas en marcos institucionais e electorais que as desactivan politicamente. Constrúese así unha hexemonía pactista avelaíña, amable e inofensiva: un discurso inclusivo, unha radicalidade simbólica que non compromete o esencial e unha práctica xestora que administra o existente. Un modelo que non empurra á clase traballadora a organizarse como suxeito autónomo, político e revolucionario, senón a delegar a súa forza nunha representación que fala dela, pero raramente lle devolve poder real. Unha lóxica que lonxe de cambiar a súa realidade material, move os marcos do sentido común cara á dereita, vendéndose como a única alternativa de esquerdas e deixando, polo tanto, outras alternativas radicais nas marxes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mais esta crítica non pode dirixirse só cara a fóra: tamén nos interpela como movemento libertario. Nas últimas décadas vimos como partidos de esquerda ían virando progresivamente os seus marcos políticos cara a políticas cada vez máis neoliberais, asumindo a lóxica do mercado, a gobernabilidade e a xestión “responsábel” como límites insuperábeis. O ciclo do 15M –só como exemplo– acabou reconducido á “nova política” institucional, que recolocou toda aquela enerxía no terreo do estado e en propostas puramente reformistas. Esta oportunidade, como moitas outras abertas en momentos de tensión e contradición do capitalismo, foron desperdiciadas polo movemento libertario a consecuencia da nosa orfandade estratéxica: non fomos quen de ofrecer unha alternativa críbel de transformación, unha proposta organizada de institucionalidade libertaria, de modelo político e social que puidese disputar hexemonía ás marxes do estado e do capital. Os tradicionais partidos de esquerdas, máis os partidos-movemento posteriores, impuxeron unha axenda fronte á carencia dunha alternativa revolucionaria organizada. E esa é unha responsabilidade que nos toca asumir se queremos estar á altura do que vén.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>A estratexia (re)partida</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta deriva do BNG non é accidental nin improvisada: responde a unha estratexia política moi concreta. En lugar de promover organizacións populares autónomas, con capacidade real de decisión e conflito, constrúese arredor do nacionalismo institucional unha constelación de plataformas, coordinadoras e espazos “unitarios” que serven para hexemonizar un sentido común socialdemócrata, quedo e aparentemente plural, pero totalmente baleiro de contido transformador. A súa estratexia pasa pola capitalización dalgunhas loitas e, por tanto, a fagotización destas convértese na súa táctica central: estar só nas mobilizacións que máis rendemento político e electoral lle poidan ofrecer, e non necesariamente nas que máis cren, nin nas que supoñen un maior nivel de confrontación real. Non buscan crear movementos para cambiar a correlación de forzas desde abaixo, senón unha xestión keynesiana do conflito: crear estruturas que permitan administrar o conflito, encadralo, facelo previsíbel, domesticado e, finalmente, facelo inofensivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas plataformas adoitan compartir trazos moi recoñecíbeis. En primeiro lugar, contan cunhas dirixencias politizadas, vinculadas orgánica ou ideoloxicamente ao BNG, que funcionan como correas de transmisión entre a base social e os intereses institucionais do partido, interpretando e moderando as demandas sociais unilateralmente. En segundo lugar, operan dentro de marcos de reivindicación deliberadamente limitados, que evitan cuestionar o sistema no seu conxunto e reducen os conflitos a demandas técnicas ou de mellora parcial. En terceiro lugar, practican a evitación sistemática do conflito estrutural: non se aposta pola ruptura nin pola acumulación de forza popular autoxestionaria, senón por negociacións, xestos simbólicos e presión controlada. Finalmente, prodúcese unha substitución da organización de clase real por unha “marca movementista”: en lugar de sindicatos combativos, asembleas territoriais fortes ou estruturas comunitarias con vida propia, temos “plataformas” e “coordinadoras” verticais, dependentes e efémeras, que atenden a intereses alleos aos da propia causa que defenden.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/lumes-Casaio-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-16135"/><figcaption class="wp-element-caption">Lumes en Casaio</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">O resultado é evidente: participación sen poder, xente convocada pero non organizada, mobilización que non xera autonomía nin independencia de clase. Loitar convértese nun exercicio seguro e controlado; protestar, nun ritual cívico que non cuestiona a lóxica do poder. O que podería ser espazo de acumulación de forza popular transfórmase, así, nun mecanismo de contención política perfectamente funcional ao sistema. Unha desobediencia útil para un sistema adaptativo como é o capitalismo, capaz de aprender de cada unha desas pequenas rebeldías e ir tecendo respostas, defensas e contraofensivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Isto é exactamente o contrario da construción de poder popular, de clase e autoxestionario. Porque crea dependencia política: a xente aprende a delegar nun partido, nunha dirección, nunha estrutura allea, antes que en si mesma e nas súas propias capacidades colectivas. Porque elimina a autonomía: movementos formalmente activos, pero sen capacidade real de decisión, sen estratexia propia, subordinados a ritmos e intereses institucionais. Porque rebaixa o horizonte político: do conflito social e da transformación estrutural pásase ao posibilismo máis estéril, á xestión do malestar, ás melloras parciais que non alteran as relacións de poder. Porque substitúe organización por representación: non fai falta que a clase traballadora se organice, porque xa hai quen fala por ela; non fai falta que loite como suxeito, porque xa hai quen capitaliza politicamente a súa dor, a súa rabia e as súas necesidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para que isto non quede en teoría, abondan algúns exemplos. O caso do Prestige é quizais o máis paradigmático. <em>Nunca Máis</em> e <em>Burla Negra</em> concentraron unha forza popular inmensa, unha capacidade de mobilización masiva, transversal e chea de dignidade. Había rabia, convertida en organización colectiva. Mais aquel potencial acabou reconducido a un marco fundamentalmente moral e simbólico: a indignación transformouse en relato, a forza social en xestión cultural e política do trauma. Non se consolidaron estruturas autónomas, nin organización popular estable, nin vontade de dualidade de poder. O “nunca máis” que debía ter significado de ruptura e aprendizaxe colectiva converteuse, co tempo, nunha memoria política neutralizada, útil para construír identidade nacional e lexitimidade institucional, pero non para fortalecer ao pobo como actor político autónomo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo semellante ocorre no internacionalismo con Palestina e espazos como a <em>Coordinadora Galega de Solidariedade con Palestina</em>. O que podería ser unha escola política de solidariedade anticolonial e anticapitalista queda reducido, na práctica, a solidariedade humanitaria e simbólica, chea de ética, pero escasa de política real. Invisibilízanse deliberadamente as dimensións revolucionarias, clasistas e estratéxicas da loita palestina; desaparece a reflexión sobre imperialismo, sobre resistencia armada, sobre poder popular internacionalista. No canto de construír organización popular e conciencia política profunda, predomina o protagonismo institucional, os xestos públicos, os actos “responsábeis” e un internacionalismo de xesto máis que de combate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No campo da vivenda, a <em>Plataforma Galega Vivenda Xa</em> é outro exemplo claro. A retórica é social, contundente e necesaria. Mais non só falla o que fai, senón tamén como nace: xa existen na Galiza movementos e organizacións específicas de vivenda, con experiencia, práctica e implantación real, e apenas se contou con elas para levantar esta plataforma. Preferiuse crear unha estrutura nova, controlábel e politicamente aliñada, antes que fortalecer o que xa existía desde abaixo. Cando despois observamos a práctica nos concellos gobernados polo BNG, a contradición faise aínda máis evidente: políticas urbanísticas continuístas, ausencia de confrontación co mercado inmobiliario, de novo, xestión máis que transformación. A loita pola vivenda non se impulsa como movemento de combate de clase con capacidade de presión real, senón como unha especie de lobby social suave, ordenado, asumíbel polo sistema. E, mentres tanto, continúan ausentes ferramentas fundamentais: sindicatos de inquilinas fortes, defensa comunitaria fronte aos desafiuzamentos, okupación organizada, espazos de autoxestión habitacional. Un despotismo ilustrado característico da socialdemocracia herdeira daqueles marxismos reformistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O conflito de Altri e a <em>Plataforma Ulloa Viva</em> amosa, en tempo presente, o mesmo patrón. A oposición ao macroproxecto naceu como un espazo popular forte, con lexitimidade social e capacidade real de disputa e transgresión. Mais, cando un movemento así ameaza con desbordar os límites do “politicamente controlábel”, chegan as manobras: tentativas de captación, introdución de dinámicas de moderación e presións para reconducir o conflito a marcos asumíbeis polas institucións. O proceso de cambios de direccións e orientacións non cae do ceo: responde á necesidade de evitar que o pobo tome o protagonismo e que a loita ultrapase o que certas forzas están dispostas a permitir. O obxectivo non é gañar forza popular, senón impedir que esta se volva perigosa para a orde existente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>O poder popular e de clase: refugallo do BNG</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí é onde cómpre dicilo con claridade: o poder popular, de clase e autoxestionario non é unha consigna bonita, nin unha palabra grande para adornar discursos. <em>Galiza ceibe, poder popular</em> é (ou debería ser) unha estratexia concreta de construción de forza desde abaixo. Significa entender o pobo, ás traballadoras, como suxeito político autónomo, revolucionario, non como masa que apoia nin como base electoral que lexitima. Supón unha acumulación consciente e sostida de forzas a través de ferramentas reais e materiais: sindicatos combativos que defendan os intereses de clase; cooperativas e espazos de autoxestión que empecen a crear outra economía; movementos de vivenda, feministas ou ecoloxistas con independencia política e capacidade de presión; organizacións revolucionarias que dean coherencia estratéxica a ese conxunto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O poder popular implica tamén unha idea de dualidade de poderes: non esperar o día providencial de “asaltar o estado”, senón ir construíndo, no presente, outro poder que rivalice co existente e o vaia substituíndo. Onde o estado manda, organizarnos; onde o capital decide, autoxestionar; onde hai delegación, practicar democracia directa. É unha aposta pola organización fronte á representación, colectivización fronte á privatización da participación, polo federalismo, pola acción directa e por unha democracia real que non se limita a votar de cando en vez, senón que decide, xestiona e crea acotío. Ese é o camiño que constrúe unha clase forte; todo o demais, por moi progresista que se vista, só serve para que o pobo continúe sen mandar (nin aprender a mandar) sobre a súa propia vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se esta é a diagnose, a conclusión é clara: non abonda con denunciar a capitalización e fagocitación institucional; cómpre participar nos movementos sociais reais, estar neles, formar parte deles e fomentar que sexan máis fortes, máis autónomos e máis combativos. Non para controlalos, non para substituílos, senón para contribuír a que desenvolvan todo o seu potencial. Aquí entra o papel da militancia revolucionaria e o que, dende Xesta e o Anarquismo Social e Organizado, chamamos dualismo organizativo: organizarse especificamente nun proxecto político consciente e, ao mesmo tempo, participar nas organizacións de base. Iso significa aclarar algo fundamental: non é dirixismo. Non estamos nos movementos para mandar, nin para impor liñas, nin para convertelos en correas de transmisión, pois é xusto o que estamos a criticar aquí. Estamos para participar desde dentro e á mesma altura que o resto, colaborando a que haxa máis autonomía, máis capacidade de decisión colectiva, máis radicalidade política e máis forza organizativa real.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O obxectivo non é copar espazos, senón fortalecelos, facelos máis difíciles de neutralizar, máis resistentes á captura institucional e máis útiles para a loita de clases. Trátase de construír poder, comunidade, arraigo, tecido social vivo; crear estruturas que permanezan cando pasan as campañas, cando cambian os gobernos e cando se apagan os focos. Porque o lume, o chapapote e a contaminación dos ríos sófrense desde abaixo, na pel e na vida cotiá da clase traballadora. Os paraugas nas prazas, os berros nas rúas e mesmo as detencións tamén os pon a clase traballadora. Desde Xesta, Organización Anarquista Galega, loitamos para erguer ese pobo, para que recupere a súa voz e o seu poder de clase, mentres outros veñen só para deitalo e devolvelo á orde. Non queremos un pobo agradecido: queremos un pobo que ordene.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><br><strong><em>Inés Kropo, militante de Xesta</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/03/BNG-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16146" style="width:362px;height:auto"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>El Unionismo Industrial: de la Revolución Proletaria al Declive</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Embat Organització Llibertària de Catalunya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Apr 2026 10:44:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Internacional]]></category>
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		<category><![CDATA[Sindicalismo]]></category>
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					<description><![CDATA[El sindicato se organiza no para conciliar, sino para luchar contra la clase capitalista&#8230; para que los trabajadores se conviertan en los dueños de las herramientas con las que trabajan. Eugene V. Debs, 1905 En Estados Unidos, el Industrial Unionism (unionismo industrial, en castellano), surge como una respuesta estructural y sistémica a las limitaciones del [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">El sindicato se organiza no para conciliar, sino para luchar contra la clase capitalista&#8230; para que los trabajadores se conviertan en los dueños de las herramientas con las que trabajan.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Eugene V. Debs, 1905</p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="362" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/IWW-1.png" alt="" class="wp-image-16177"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, el Industrial Unionism (unionismo industrial, en castellano), surge como una respuesta estructural y sistémica a las limitaciones del sindicalismo de oficio. A diferencia de las organizaciones de artesanos calificados, el modelo industrial busca unir a todos los trabajadores de una industria —tanto cualificados como no cualificados— para maximizar su poder de negociación colectiva y, en sus ramas más revolucionarias, como los Industrial Workers of the World (IWW), para abolir el trabajo asalariado y el capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo buscará sintetizar la evolución histórica de este movimiento, desde las proclamas socialistas revolucionarias de Eugene V. Debs y Daniel De Leon a principios del siglo XX, que veían en la organización industrial la estructura necesaria para una futura especie de «república cooperativa», hasta análisis más contemporáneo sobre el «declive» de este modelo debido a la desindustrialización y el ascenso de la economía de servicios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Utilizaremos el término unionismo industrial y no sindicalismo industrial para no provocar confusiones, aunque vendría a ser lo mismo. En los estados español y francés se utilizó el término Sindicalismo de Industria, que sería este unionismo industrial típico de Norteamérica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las bases teóricas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al analizar la evolución del sindicalismo, podemos identificar dos modelos principales con bases de acción distintas: el de oficio y el industrial. El primero es de carácter gremial. Centra su existencia en el dominio de un <strong>oficio o </strong><strong>una </strong><strong>habilidad técnica específica, </strong>lo que le confiere un cierto carácter <strong>excluyente</strong> reservado solo para <strong>trabajadores calificados</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cambio, el unionismo industrial surge como respuesta a la producción en masa, y se organiza horizontalmente toda la fuerza laboral de un sector, integrando así a <strong>trabajadores de distintas c</strong><strong>u</strong><strong>alificaciones </strong><strong>(independientemente de su oficio o nivel de habilidad</strong><strong>es técnicas</strong><strong>)</strong> bajo un mismo paraguas organizativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta diferencia en la composición determina sus respectivas estrategias de presión social. Mientras que el sindicalismo de oficio ejerce presión gracias al control estratégico que le otorga la <strong>escasez de su mano de obra especializada </strong><strong>(se sienten una élite laboral)</strong>, el unionismo industrial apela a la fuerza del número y a la <strong>solidaridad </strong><strong>popular</strong>, buscando ejercer un poder de veto total sobre la producción mediante la <strong>paralización completa</strong> de la industria: la huelga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, sus objetivos reflejan sus orígenes y composición. El sindicalismo de oficio tiende a ser economicista, enfocándose en <strong>mejoras salariales y de condiciones laborales inmediatas</strong> para sus agremiados/afiliados. Y, por su parte, el industrial, al abarcar un espectro más amplio de la cadena productiva, a menudo persigue metas que van más allá de lo meramente salarial, buscando mayor <strong>control sobre el proceso de trabajo</strong> e, incluso, planteándose como meta la transformación de la estructura productiva mediante el control de los medios de producción. De ahi, que este sindicalismo encajase perfectamente con los ideales socialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Recorrido histórico</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La fundación de los Industrial Workers of the World (IWW) en Chicago en 1905 representó la culminación del unionismo industrial revolucionario en Estados Unidos. Entre sus fundadores hubo varias figuras vinculadas con el anarquismo como Lucy Parsons o Mother Jones, otras con el sindicalismo revolucionario, como Big Bill Haywood o Ralf Chaplin, y otras con el socialismo, tales como Eugene V. Debs y Daniel De Leon. Entre todos ellos, y muchos más, impulsaron la IWW bajo la premisa de que para combatir eficazmente al capitalismo moderno, la estructura sindical debía reflejar la estructura de la gran industria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debs desarrolló una crítica profunda al sistema: denunció que en el capitalismo el trabajador se convierte en una simple «mercancía humana» que, al no poseer los medios de producción, se ve obligado a vender su fuerza vital al capitalista explotador. Frente a esto, Debs señalaba la insuficiencia de los sindicatos de oficio, a los que acusaba de dividir a la clase trabajadora y permitir que unos obreros actuaran como «esquiroles» contra los otros. Para él, el objetivo final no era la mera mejora de las condiciones, sino la «emancipación completa de la esclavitud de los salarios» mediante la toma de los medios de producción. Debs ironizaba sobre iniciativas de aquellos días como la Civic Federation, describiéndola como un «congreso de paz entre el zorro y el ganso», y denunciaba cómo los contratos en el sindicalismo de oficio solían usarse como cadenas de hierro que anteponían la «santidad del contrato» a la solidaridad entre trabajadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, Daniel De Leon estableció una distinción clave entre el sindicalismo europeo y el unionismo industrial estadounidense. Mientras el primero enfatizaba la función del derrocamiento físico del capitalismo (por la fuerza revolucionaria), el unionismo industrial se centraba en la estructura, preparando el «molde organizativo» que permitiría a los trabajadores gestionar la sociedad una vez superado el capitalismo. Esta visión implicaba un rechazo total a cualquier forma de colaboración de clases.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evolución histórica del sindicalismo en Estados Unidos refleja esta tensión o disputa entre modelos. Tras el efímero intento del National Labor Union (NLU) en la década de 1860, la escena quedó dominada, desde finales de siglo, por la American Federation of Labor (AFL), de corte oficialista y enfocada a los trabajadores calificados, que ignoraba a las masas no cualificadas de la producción industrial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a ello, la IWW ganó prominencia en sectores de baja cualificación como la minería y la madera. Debido a su orientación revolucionaria y antimilitarista sufrió una feroz represión gubernamental por su oposición a la Primera Guerra Mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Derivado del unionismo industrial, desde IWW se acuñó un nuevo concepto similiar, el «One Big Union» (un gran sindicato). Se trataba de una propuesta a unificar toda la clase trabajadora bajo una misma organización. Se buscaba superar la fragmentación existente en el sindicalismo de oficios, promovimiento la solidaridad de clase. Se entendía que si todos los trabajadores estuvieran en un mismo cuerpo sindical, el conflicto de un solo sector podría paralizar toda la industria mediante huelgas de solidaridad en otros sectores. Así lograrían un poder de negociación nunca antes visto. La lógica es sencilla: un frente unido es mucho más difícil de derrotar o ignorar por parte de los empleadores que una multitud de pequeños gremios actuando por separado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el «One Big Union» no pretendía reformar el capitalismo, sino que aspiraba a superarlo. Su objetivo final, descrito en los panfletos como la «solución final al problema laboral», era una transformación profunda de la sociedad que pasaba por la «emancipación» de los bajos salarios, y la superación del conflicto inherente al capitalismo: los despidos, las ordenanzas judiciales contra los trabajadores, los maltratos físicos y el enfrentamiento entre los propios obreros (el esquirolaje). La pretensión última era que, con el control total de la producción en manos de los trabajadores organizados, la lucha de clases y sus consecuencias dejarían de tener razón de ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, a principios de los años 20, IWW entró en crisis y sufrió escisiones (la más importante sería la promovida por el Partido Comunista) y fugas hacia el sindicalismo tradicional. Esto minó el proyecto y, a partir de los años 30, IWW sería una organización minoritaria entre la izquierda norteamericana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Congress of Industrial Organizations</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El legado del unionismo industrial, a pesar de todo, quedó en varias federaciones sindicales de industria. En la crisis de los años 30, la Gran Depresión, resurgió un sindicalismo combativo con intenciones de reorganizar la clase trabajadora. Se llamaría Congreso de Organizaciones Industriales o CIO, según sus siglas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue una gran confederación sindical estadounidense que entre 1935 y 1955 organizó a los trabajadores no calificados de la gran industria. Nació como un comité interno de la American Federation of Labor (AFL) impulsado por John L. Lewis, líder de los mineros, puesto que la AFL no quería organizar por industria a los obreros de sectores como el acero o el automóvil. Mientras la AFL agrupaba a trabajadores por oficios específicos (carpinteros, electricistas), el CIO proponía que los sindicatos incluyeran a todos los empleados de una empresa, independientemente de su cualificación (a veces en las empresas conviven distintos ramos, y no por ello son menos trabajadores). Esta disputa llevó a la expulsión de los sindicatos del CIO en 1936 y a su constitución como federación rival en 1938.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El CIO logró sus primeros triunfos con tácticas innovadoras y arriesgadas, como la huelga de brazos caídos (llamadas sit-down strikes). La más famosa fue la ocupación, durante 44 días en 1937, de las plantas de la General Motors en Flint, Michigan, que forzó a la compañía a negociar con el sindicato del automóvil (UAW). Ese mismo año, el comité organizador del acero (SWOC) logró un acuerdo con U.S. Steel, la mayor siderúrgica del país. Estos éxitos atrajeron a millones de afiliados y extendieron la sindicalización a industrias enteras. El CIO apoyó a Franklin D. Roosevelt y el New Deal, y mantuvo una política más abierta que la AFL hacia trabajadores afroamericanos, como había hecho anteriormente IWW.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La rivalidad con la AFL fue intensa y marcó el panorama laboral durante dos décadas. Sin embargo, factores como la presión anticomunista (se forzó la expulsión de sindicatos con líderes comunistas del CIO) y el desgaste de la competencia llevaron a ambas centrales a buscar la reunificación. En 1955, el CIO se reincorporó a la AFL, dando origen a la AFL-CIO, la principal federación sindical de Estados Unidos hasta la actualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La diferencia con Europa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El sindicalismo europeo de concertación ofrece un contraste con el sindicalismo estadounidense, al haber desarrollado lo que el sociólogo Jelle Visser bautizó como «sindicalismo político-industrial». Este modelo se remonta a las grandes centrales sindicales de comienzos del siglo XX, que estaban en la órbita de la socialdemocracia. Algunos sindicatos no eran más que correas de transmisión de los partidos, mientras que otros mantenían algún grado de autonomía, pero pretendían influir en la legislación a través de contactos políticos. Dicho en corto, ese modelo no concibe la acción sindical como una actividad separada de la política, sino que la integra en una estrategia que combina la representación en los centros de trabajo con la influencia que puedan conseguir en las instituciones del Estado. Este modelo <a href="https://regeneracionlibertaria.org/2025/03/18/explicando-el-modelo-sindical-de-la-cnt/">no tiene nada que ver con el sindicalismo revolucionario ni con el anarcosindicalismo</a>, que iban por otros derroteros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el contexto europeo de posguerra, esta simbiosis entre sindicatos y partidos resultó crucial para la construcción del Estado de bienestar. Los partidos socialdemócratas y demócrata-cristianos (las dos caras de la misma moneda) impulsaban en el parlamento las leyes que los sindicatos habían demandado desde las fábricas, y estos, a su vez, les proporcionaban un buen caudal de votos y la movilización necesaria para sostener a aquellos gobiernos que legislaban en su favor. Esta relación, aunque no estaba exenta de tensiones, dotaba al movimiento obrero europeo de una capacidad de incidencia institucional desconocida en otros contextos y, como vemos, es un modelo aún vigente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un segundo pilar del modelo es la <strong>negociación sectorial</strong>, que opera como un mecanismo de defensa colectiva frente a la lógica disgregadora del mercado. Al fijarse salarios y condiciones por ramo de actividad, los convenios sectoriales impiden, supuestamente, que las empresas utilicen la precarización laboral como ventaja competitiva. Esta estandarización tiene una función protectora, puesto que garantiza que trabajadores de distintas empresas dentro del mismo sector tengan condiciones equiparables, mientras que establece un suelo de derechos que las empresas no pueden vulnerar sin exponerse a sanciones gubernamentales. Se trata, en definitiva, de sacar el trabajo de la lógica de la mercancía, sacándolo de la competencia del mercado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El nivel más profundo de esta integración lo constituye el <strong>corporatismo </strong><strong>o corporativismo</strong>, que entendemos como la incorporación de los sindicatos a los mecanismos de gobernanza económica. En países como Alemania, los países nórdicos, Austria u Holanda, los sindicatos no solo negocian salarios y condiciones laborales, sino que participan en la administración de los fondos de desempleo, en la gestión de los sistemas de formación profesional, en los consejos de administración de las empresas (mediante la cogestión) y en los órganos consultivos que diseñan las políticas macroeconómicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No todo es oro lo que reluce. Esta participación institucional implica, sin embargo, una contrapartida: los sindicatos asumen una responsabilidad sobre el sistema económico, lo que modera sus demandas y los obliga a hacer equilibrismos entre la defensa de sus afiliados y velar por la bonanza económica del país. Esta dinámica ha permitido altos niveles de paz social y es criticada por quienes vemos en ella una forma de integración que termina diluyendo el conflicto de clases en la gestión tecnocrática del capitalismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Declive y los Desafíos Contemporáneos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La crisis del unionismo industrial no es un fenómeno reciente ni circunstancial, sino el resultado de transformaciones estructurales que han remodelado el capitalismo desde la década de 1970. El diagnóstico de Jelle Visser, en su obra de 2012, identifica con precisión las causas de esta erosión. Son procesos que han operado de manera combinada para debilitar la capacidad organizativa y la influencia política de los sindicatos en las economías avanzadas. Por ello, vemos una caída constante en la tasa de sindicación en todo Occidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primero de estos factores es la <strong>desindustrialización.</strong> Por así decirlo, ha sido toda una mutación sociológica de primera magnitud. El desplome del empleo industrial en países como Estados Unidos, el Reino Unido o Francia —donde apenas representa un quinto de la población ocupada— ha minado el sustrato material sobre el que se edificó el sindicalismo de masas a principios del siglo XX. La fábrica, como espacio de concentración obrera y de socialización en la cultura de clase, ha dejado de ser el epicentro de la experiencia laboral. Esta desaparición no es solo cuantitativa, sino cualitativa: con ella se han erosionado también las formas de sociabilidad, los rituales de solidaridad y las identidades colectivas que sostenían la militancia sindical.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El auge <strong>del sector servicios</strong> ha venido a ocupar ese vacío, pero sobre un terreno mucho más adverso para la organización colectiva. Los centros de trabajo son mucho más dispersos, las condiciones laborales son mucho más precarias, la fuerza de trabajo se ha feminizado y han proliferado formas nuevas de empleo, como la economía de plataforma, que dificultan enormemente la adopción de los métodos sindicales tradicionales en este nuevo ámbito. Los trabajadores de «cuello blanco», además, suelen desarrollar una identidad profesional que los alejan de la imagen clásica del proletariado y los llevan hacia formas de asociación más cercanas al colegio profesional que al sindicato de clase. El resultado es una fragmentación del mundo del trabajo que reproduce, a escala ampliada, las divisiones del viejo sindicalismo de oficio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <strong>fragmentación y descentralización</strong> de la negociación colectiva constituye el tercer gran factor de erosión. Bajo la presión de la competitividad global, las empresas han impulsado un desplazamiento desde los convenios sectoriales de ámbito nacional —que garantizaban condiciones homogéneas para amplios colectivos de la misma industria o sector — hacia negociaciones descentralizadas a nivel de empresa o incluso de centro de trabajo. Esta deriva tiene efectos desmovilizadores: atomiza la capacidad de presión de los trabajadores, somete las condiciones laborales a la situación particular de cada empresa y dificulta la construcción de solidaridades que trasciendan el ámbito inmediato del centro de trabajo. La estandarización que había sido el gran logro del sindicalismo industrial se desvanece en favor de una flexibilidad que beneficia casi exclusivamente a la parte empresarial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por verle algo positivo a esto, la erosión de los grandes sindicatos de concertación, que dominaban las relaciones laborales, le abre la puerta a los sindicatos revolucionarios, que pueden ser capaces de operar empresa por empresa y que, por ahora, tienen casi vetada la negociación colectiva sectorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, la <strong>globalización</strong> ha modificado sustancialmente la propia lógica del conflicto laboral. Cuando el capital puede desplazarse con facilidad a otros países con salarios bajos y regulaciones laxas, la huelga pierde gran parte de su efectividad como arma de presión. Los trabajadores de los países occidentales se ven atrapados en una competencia a la baja con sus compañeros de otras regiones, mientras que las empresas utilizan la amenaza de la deslocalización como instrumento de disciplinamiento laboral: «si hay huelgas que nos hacen tener pérdidas, nos llevaremos la empresa a otra parte». Este nuevo escenario global exige respuestas que el sindicalismo de base nacional no está preparado para ofrecer, y nos plantea un desafío organizativo y estratégico importantísimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Perspectivas y Futuro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El diagnóstico del declive no nos debe conducir a una conclusión derrotista. El legado del unionismo industrial, con sus luces y sus sombras, ofrece ideas para pensar una renovación del movimiento obrero adaptada a las condiciones del siglo XXI. La noción de un «sindicato postindustrial» pretende justamente articular ese legado con el mercado laboral desregularizado actual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del unionismo industrial debe heredarse, ante todo, su <strong>espíritu igualitario e inclusivo</strong>. Frente a la fragmentación y la precarización que caracterizan al mercado laboral contemporáneo, la vocación de organizar a todos los trabajadores de un sector o territorio —sin distinciones de calificación, tipo de contrato o condición migratoria— sigue siendo el principal antídoto contra la división de la clase trabajadora. Esta inclusividad no es solo un principio ético, sino una necesidad estratégica: solo la solidaridad puede contrarrestar el poder de un capital cada vez más concentrado y globalizado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habría otras propuestas, que se han ido haciendo a lo largo de los años desde el sindicalismo. Desde definir los currículums formativos en relación con el desarrollo formativo personal, hasta cogestionar el servicio del desempleo o las pensiones, el sindicalismo ha intervenido activamente en todo tipo de espacios, normalmente vinculados a las instituciones. No creemos que la fuerza del sindicalismo esté aquí, sino en la confrontación y en la autogestión, que es lo que genera una conciencia de clase fuerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo ha cambiado, las herramientas son otras y los trabajadores son más diversos que entonces. Pero la aspiración de fondo —la emancipación del trabajo respecto del capital; la toma de los medios de producción— sigue siendo el horizonte que da sentido a la acción sindical. Nuestro reto consiste en conseguir los medios para alcanzar este fin.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>There can be no peace so long as hunger and want</em><br><em>are found among millions of working people, and</em><br><em>the few who make up the employing class have all</em><br><em>the good things of life.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>No puede haber paz en tanto que el hambre y la necesidad</em><br><em>se encuentren entre millones de personas trabajadoras, y</em><br><em>los pocos que forman la clase empleadora tengan todas</em><br><em>las cosas buenas de la vida.</em><br>The road to Freedom, 1913</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em><strong>Blackspartak, militante de Embat.</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://regeneracionlibertaria.org/wp-content/uploads/2026/04/todo-por-hacer-6-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-16179" style="width:278px;height:auto"/></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Verity Burgmann (1995). Revolutionary Industrial Unionism. The Industrial Workers of the World in Australia. Cambridge Univerity Press.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eugene V. Debbs (1905). Industrial Unionism. De <em>Industrial Unionism,</em> CHARLES H. KERR &amp; COMPANY Co-operative. Written for Editors&#8217; American Encyclopedia, perhaps never published. Republished as &#8220;Industrial Unionism&#8221; in Industrial Union Bulletin [Chicago], vol. 1, no. 36 (Nov. 2, 1907), p. 5. Reprinted under the same title in International Socialist Review, vol. 10, no. 6 (Dec. 1908), pp. 505-508. <a href="https://www.marxists.org/archive/debs/works/1905/industrial.htm" target="_blank" rel="noopener">https://www.marxists.org/archive/debs/works/1905/industrial.htm</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Daniel De Leon (1909). “Industrial Unionism”. Daily People, vol. 10 n.º 41. New York, 10/08/1909.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Joseph J. Ettor (1913). Industrial Unionism. The road to freedom. IWW (panfleto)</p>



<p class="wp-block-paragraph">William Z. Fosters (1936). Industrial Unionism. Workers Library Publishers, Inc. New York</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marion Dutton Savage (1922). Industrial Unionism in America. The Ronald Press Company, Nueva York.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jelle Visser (2012). The rise and fall of industrial unionism. Amsterdam Institute for Advanced Labour Studies AIAS. University of Amsterdam.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Liss Waters Hyde &amp; Jaime Caro (2020). Industrials unions and the IWW explained. Industrial Worker</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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