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<subtitle type="text">Su blog mas espectacular</subtitle>

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<updated>2013-04-11T06:21:39Z</updated>
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		<author>
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		<published>2013-04-11T05:55:11Z</published>
		<updated>2013-04-11T05:55:11Z</updated>
		<title type="html">Fantasmas</title>
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&lt;p&gt;Camino al trabajo escuché un episodio de Radiolab de hace varios años (!), titulado &lt;a href="http://www.radiolab.org/2006/may/05/"&gt;Where am I&lt;/a&gt; sobre lo que pasa cuando el cerebro y el cuerpo se desconectan con o sin razón. Dicen ellos (y Los Científicos) que esa vaina que uno llama &lt;em&gt;miedo&lt;/em&gt; es la vaina que le sigue, la interpretación de algo, de una reacción fisiológica. Uno primero se asusta y después se da cuenta que se asustó. Y a veces la interpretación se queda aunque la fisiología haya dejado de existir.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Lo que es sorprendente.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Lo que es preocupante.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En las épocas con mi terapista ella insistía que hiciera el esfuerzo en reconocer la reacción del cuerpo ante una situación. Sentías una corriente helada en la espalda. Sentías dolor en el pecho. Sentías mariposas en el estomago. Ese camino de lo abstracto a lo físico es para mí una cosa imposible de recorrer. Toma algo de práctica, supongo, tal vez ni eso, tal vez haya que volver a nacer.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El punto es que hoy estábamos hablando de nerds y alguien comentó que fulanito el del otro extremo de la oficina es un nerd que no es nerd. Que aunque ha decorado su cubículo con afiches de Star Wars y muñecos de cuanta vaina ha llegado del Japón, en realidad lo hace no por una convicción que viene desde adentro sino en busca de una confirmación que llegue desde afuera. Las razones que motiven tal cosa permanecen de momento poco claras.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Seré yo un nerd que no es nerd. O un nerd a secas. Después de todo no me he familiarizado lo suficiente con la ciencia ficción de la comunidad, ya no leo cómics, ya no juego frente a una pantalla (me retiré del tema con el Super Nintendo), no conozco muy bien a Tolkien, o a Star Wars, de hecho esas películas las vi ya cuando era estudiante en Medellín y no causaron mayor impresión y ya francamente ni me acuerdo de qué iban. Cuando me gradué, el asesor de mi tesis me regaló un vasito conmemorativo en el que habían grabado una pequeña frase: &amp;#8220;Live long and prosper&amp;#8221; que me ha tomado un tiempo muy largo y vergonzoso en atar a la serie Star Trek. El punto es que no soy un nerd. Pero todo lo que va por dentro y que sale cada vez menos indicia lo contrario, que si lo soy. Y entonces mi condición de nerd debe ser como esos brazos fantasmas que suelen mencionar los amputados, que están cuando no están. &lt;/p&gt;
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		<published>2013-04-09T04:52:03Z</published>
		<updated>2013-04-09T04:52:03Z</updated>
		<title type="html">Despertadores</title>
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&lt;p&gt;Cuando estaba en el pueblo era mi papá tomándose el primer café caminando por el patio hablando solo y a veces con &amp;#8220;la mencha&amp;#8221;, una chiva que compramos con la intención de hacer un asado decembrino y que una vez llegada a la casa mostró una familiaridad pasmosa con las peculiaridades de la familia que cuando llegó el momento festivo definitivo nadie tuvo alma para la ejecución y entonces se quedó viviendo como mascota entre nosotros hasta que se murió de vieja varios años después.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;También era mi mamá que entraba al cuarto en la madrugada a apagarme el radio que yo sintonizaba en las noches en la radio nacional o cielo despejado mediante en radio nederland porque en ese tiempo le tenía un pánico enorme a la soledad o a despertarme y no encontrar a nadie, un pánico que se intercambiaba con ansiedad sin aviso de ninguna clase y que yo lograba (apenas) mantener a raya teniendo a la mano alguna voz constante. Mi mamá esclava de los pragmatismos señalaba todo ese tema como un simple innecesario desperdicio de energía eléctrica. Que, usté sabe, no la regalan.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Luego fueron esos despertadores baratos que uno compra en la calle y que tienen un tono súper alto y que suenan con una urgencia francamente fuera de lugar, no con compasión de alguien que tiene que salir porque no tiene alternativa sino con la crueldad del que se burla por el mal ajeno ignorando karmas y otras posibilidades de revancha. El mercado de despertadores afónicos, roncos, tenores es al parecer inexistente. El mercado de despertadores que entren en sincronía emocional con el despertado es una utopía que algunos quisimos ver como realidad.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En otro tiempo era la mamá de El Heredero madrugando a planchar la ropa del diario y que nunca encontró el método para despertarme sin pegarme tremendo susto. Teorizando alguna vez concluímos que se debía a su similitud física con los personajes de las películas de terror que vinieron con fuerza de Japón y Corea. También una vez en el consultorio de un terapista tratando de salvar lo inevitable teorizamos con la presencia de una metáfora que nunca cristalizó.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Ahora es una manillita multifuncional que durante el día cuenta cuántos pasos doy y lleva la cuenta de cuántas calorías voy quemando y qué cara estoy haciendo mientras las quemo y que por la noche se ajusta a un nuevo modo no tan activo y que uno no cuadra con la hora destinada a levantarse sino más bien con un rango de posibilidades, un intervalo de lo posible, y la manillita por obra y gracia de algunos seres invisibles dentro de ella logra determinar el momento óptimo para traerme de esa realidad de mis sueños que me gusta tanto a esta otra en donde es mi destino vivir.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&lt;img src="http://santamaradona.org/images/60t.jpg" alt="" width="470" height="253" /&gt;&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2013-03-30T15:20:45Z</published>
		<updated>2013-03-31T18:25:53Z</updated>
		<title type="html">Lo cotidiano no es parábola</title>
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&lt;p style="text-align:right"&gt;I&amp;#8217;m too busy to see you&lt;br /&gt;
You&amp;#8217;re too busy to wait&lt;br /&gt;
But I&amp;#8217;m okay, how are you?&lt;br /&gt;
Thanks for asking, thanks for asking&lt;br /&gt;
But I&amp;#8217;m okay, how are you?&lt;br /&gt;
I hope you&amp;#8217;re okay too&lt;br /&gt;
&amp;mdash; &lt;i&gt;Palo Alto&lt;/i&gt;, Radiohead&lt;br /&gt;
&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;1.&lt;br /&gt;
Los oficinistas vivían en desdicha, irascibles, se reunían a horas impredecibles en lugares predecibles a quejarse del orden mundial, monólogos repetitivos en el contenido y en el tedio sobre lo mal que anda todo, que nadie hace nada por arreglarlo, que de todas maneras ya es demasiado tarde para intentarlo. Cuando los acompañé, siempre escuché, nunca lancé uno de los monólogos míos. Cuando fue el momento de dejarlos y cambiar de trabajo le pregunté a uno de los asiduos de ese descontento, por qué seguían allí. Este es, después de todo, un período próspero, lo es por lo menos para ésta clase de oficinistas del servicio y acarreo de bytes, y el conseguir una nueva aventura no se antoja utópico. No eran quejas, me dijo, estaban siendo honestos a su verdad, su doctrina es la infelicidad, en ella son completos, y no se van porque aquí se tienen los unos a los otros.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;2.&lt;br /&gt;
La vecina golpeó a la puerta. En la mano tenía una pequeña pieza evidentemente separada con violencia de un carro. De su carro, me aclaró. Ha visto algo anormal, algún delincuente deambular en el barrio. Es lo que ha querido saber. Le dije no. Pero he visto la verdad. Estaba acá en la cocina, envuelto en la fabricación de una sopa de calabaza, cuando he oído algo retumbar, como un ruido de tambores afónicos, discúlpeme mis intentos por metáforas rebuscadas, es un defecto que traigo del pasado que es de dónde vengo, ¿usted también? qué curioso que vengamos de la misma parte y seamos tan diferentes, el retumbar fue el viento, no sé cómo explicarlo, un mini tornado en formación, fue una cosa maravillosa, levantó por los aires la mesa que tiene en el jardín, la rampa que usan los jóvenes para hacer maromas en sus patinetas, y toda la demás basura que usted mantiene frente a su casa y que ninguno de nosotros en la cuadra ve con buenos ojos. Es algo que los vecinos hemos discutido ampliamente. Fue la rampa la que una vez sin el soporte del viento ha caído en violenta libertad sobre su carro estacionado, ocasionándole heridas. No la culpo si decide no creerme.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;3.&lt;br /&gt;
No es fácil crear un movimiento culinario. La mayoría, al escuchar la propuesta, se muestra entusiasmada, se deshace en elogios, llega (tal vez) al extremo de expresar interés en participar. Participación sujeta, cómo no, &lt;em&gt;a encontrar el tiempo&lt;/em&gt;. No es fácil crear un movimiento culinario si antes hay que encontrar el tiempo. El colectivo de &lt;em&gt;La Cocina Irónica&lt;/em&gt; compensa los pocos números y el escepticismo general por estas cosas con una inusitada pasión por la expresión libre de la emoción en medio comestible. Se reúnen cada semana en una sede que se rota entre las residencias de los miembros. No se discute de arte, asuntos actuales, anécdotas que no tengan conexión directa con la esencia del movimiento, no se hace &amp;#8220;charla casual&amp;#8221; (de hecho, hacerlo conduce a la expulsión unilateral), solo se cocina. Me invitaron hace un par de meses y la semana pasada fui a mi primera sesión de prueba. Sirvieron bisque de bocachico, langosta sobre una cama de arroz con huevo, coq au vin presentado con guantes de plástico para que los comensales comieran con las manos, foie gras relleno con quinoa y un colombiano presentó una interpretación de la bandeja paisa con frijoles fava importados de Egipto, tofu, quinoa y chicharrón, por supuesto. La próxima reunión es en mi casa y ya sé lo que haré.&lt;/p&gt;
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		<author>
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		<published>2013-03-13T06:56:26Z</published>
		<updated>2013-03-31T18:21:28Z</updated>
		<title type="html">Proporción</title>
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&lt;p&gt;Estábamos hablando del problema que presupone una crisis ontológica de la edad adulta para un adulto que no confía en la existencia de alguna cosa después de la vida y alguien trajo a colación la idea de Foster Wallace de que no existe en realidad tal cosa, siendo la cosa en cuestión lo de no creer en nada, siendo la nada la ausencia de todo, y yo que pensaba que lo que dfw quería decir era otra cosa y no un ataque directo a, por lo menos, la idea de ser ateo sonreí un poco pero hice mucha fuerza para que la conversación avanzara hacia otro lado que no fuera ese.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Chris Hadfield, el astronauta canadiense que por estos días vive en la estación espacial, y que entretiene a todos con fotos espectaculares en tuiter hizo una sesión de &lt;a href="http://www.reddit.com/r/IAmA/comments/18pik4/i_am_astronaut_chris_hadfield_currently_orbiting/"&gt;&lt;em&gt;Pregúnteme lo que sea&lt;/em&gt;&lt;/a&gt; en Reddit y alguien le preguntó la pregunta obligada en este tipo de situaciones sobre cómo hace uno un simple mortal para llegar a ser tan exitoso y espectacular. Nadie le hace este tipo de preguntas a, digamos, un indigente, lo que no deja de ser algo pretensioso si uno acepta que en el universo de las probabilidades, está uno más cerca de &lt;em&gt;eso&lt;/em&gt; que de irse al espacio a tomar fotos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Y entonces alguien no el mismo que recordó lo de Foster Wallace hizo la conexión entre las dos cosas haciendo la pregunta hecha al astronauta a sabiendas de que todos éramos adultos con prejuicio ateo en encrucijada ontológica, apropiados autores en potencia para un hipotético &lt;em&gt;Manual para fracasar con estilo&lt;/em&gt;. El punto es que no puede uno responder la pregunta (¿Cómo ser humano?) sin darle la oportunidad al melodrama que es lo que he hecho yo a dos tiempos. Yo supongo, es lo que he dicho, que la vida es impredecible y lo único realmente útil para navegarla son la disciplina y la facilidad para la adaptación. Otras cosas que quise decir y no dije: el futuro es una banda de moebius, el destino es un unicornio que te sirve en bandeja donuts envueltas en tocino, la fe es la chica bon vivant que conociste antes de que todos la conocieran.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Entonces dije lo mismo otra vez, con dos historias. Y esta vez fui honesto. Un director técnico golpeado fuertemente por el mal rendimiento del equipo último en la tabla y una hinchada en armas y una prensa en modo imperdonable hizo una pausa para sorpresa de todos y se internó en un hospital de esos de reposo en donde durmió tres días seguidos de una forma profunda y desentendida que la cosa llegó a parecer un coma auto impuesto. Al despertar el equipo seguía en el último lugar. En 1984 un astronauta estadounidense en el espacio estelar con una mochilita a la espalda hizo lo que hasta ese momento no había hecho ningún ser humano. Caminar en el espacio sin atadura alguna. La mochilita era en realidad un dispositivo de transporte pero uno tiene que imaginarse las centésimas de segundo previas a soltarse por fin, qué tal si esta vaina no sirve, qué tal si no hay regreso. Uno puede bailar un poco con las palabras pero difícilmente pueda uno no decir que lo que sintió el man fue otra cosa que un &lt;em&gt;miedo ni el hijueputa&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La cosa es que a veces uno tiene la cabeza vuelta un aguacero y lo único sensato es irse a dormir. La cosa es que a veces uno tiene que ponerse una mochilita simpática y, digamos, dejarse ir. La otra cosa es que a veces puede uno ponerse en plan cursi y, digamos, escribir en un blog un asunto llamado &amp;#8220;Proporción.&amp;#8221;&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;Decide in your heart of hearts what really excites and challenges you, and start moving your life in that direction. Every decision you make, from what you eat to what you do with your time tonight, turns you into who you are tomorrow, and the day after that. Look at who you want to be, and start sculpting yourself into that person. You may not get exactly where you thought you’d be, but you will be doing things that suit you in a profession you believe in. Don’t let life randomly kick you into the adult you don’t want to become. &amp;mdash; &lt;a href="http://www.reddit.com/r/IAmA/comments/18pik4/i_am_astronaut_chris_hadfield_currently_orbiting/c8gvkki"&gt;Chris Hadfield&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2013-02-24T00:44:56Z</published>
		<updated>2013-02-24T00:44:56Z</updated>
		<title type="html">Zadie &amp;amp; Ira &amp;amp; David</title>
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&lt;p&gt;Estaba aquí haciendo tiempo. No tengo tema. Estoy haciendo tiempo.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En realidad estoy evadiendo responder un correo, pero me gusta la idea de decir que estoy haciendo tiempo, como si el tiempo se pudiera &lt;em&gt;hacer&lt;/em&gt;. Lo otro que estoy haciendo es encontrando un tema, que de momento no tengo. Este es uno de mis demonios, perder el tema, no saberlo encontrar.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La otra noche fui a ver a Ira Glass, un mancito que hace un programa de radio que vengo oyendo desde hace muchos años ya, y que vino a Berkeley a conversar de cosas varias. Fui solo, porque en general me gusta ir a estas cosas solo. No siempre fue así. Antes, cuando vivía en Colombia, de encontrarme solo me quedaba en la casa. Antes, cuando evitaba el uso frecuente de frases eufemísticas lamentaba simplemente no tener a nadie con quien ir a donde va uno con alguien que quiera ir a esas partes a las que uno también quiere ir. Si era cuestión de ir a cine, evitaba los viernes en la noche, o los sábados, o el fin de semana en general, que eran los días de preferencia por las parejas (entre otros). Pocas cosas tan inconvenientes como estar parado en la fila mientras te flanquean sendos amantes discutiendo qué tanto se quieren o lo insoportable que es la felicidad a veces. Antes no había teléfonos mágicos conectados a internet para disimular la vaina. Antes no había como ahora la oportunidad de comprar la entrada via cibernética y evitarse ese momento frente al vendedor de los tiquetes, las tripas propias en breve confusión, me vende una para &amp;#8220;Los Expedientes X&amp;#8221;. ¿una?. una.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Zadie Smith escribe sobre La Felicidad y La Alegría y cuenta las diferencias. Me gusta esta parte, por alguna razón. &lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;My other source of daily pleasure is—but I wish I had a better way of putting it—”other people’s faces.” A red-headed girl, with a marvelous large nose she probably hates, and green eyes and that sun-shy complexion composed more of freckles than skin. Or a heavyset grown man, smoking a cigarette in the rain, with a soggy mustache, above which, a surprise—the keen eyes, snub nose, and cherub mouth of his own eight-year-old self. Upon leaving the library at the end of the day I will walk a little more quickly to the apartment to tell my husband about an angular, cat-eyed teenager, in skinny jeans and stacked-heel boots, a perfectly ordinary gray sweatshirt, last night’s makeup, and a silky Pocahontas wig slightly askew over his own Afro. He was sashaying down the street, plaits flying, using the whole of Broadway as his personal catwalk. “Miss Thang, but off duty.” I add this for clarity, but my husband nods a little impatiently; there was no need for the addition. My husband is also a professional gawker&amp;#8221; [&lt;a href="http://www.nybooks.com/articles/archives/2013/jan/10/joy/"&gt;&lt;em&gt;Joy&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;, Zadie Smith]&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Comer era otra cosa. Entrar a un restaurante en solitario era una cosa nunca vista. Uno parado frente al maître d, a su vez debatiéndose entre el pesar y la prudencia, a su vez imaginando la complicación logística de sentar a uno sola persona sola en un universo diseñado para los acompañados; uno haciendo lo posible por ofrecer una imagen distinta, tal vez del empresario (bueno, del hijo del empresario) que hace tiempo mientras los demás se desocupan. ¿Yo solo? Es temporal. Es que de hecho me están esperando. Seguramente, en alguna parte.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Uno solo era en permanente evasión. La ausencia de la gente lo hacía todo a la vez más complicado y más inútil. Tal vez no inútil, tal vez más sinsentido. Cuál es el punto de ir a ver Los Expedientes X y no poder lamentar en compañía la absurda decisión de los productores de involucrar emocionalrománticamente a Mulder y a Scully.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El punto es que fui a ver a Ira Glass en Berkeley. Solo. A mi izquierda una pareja de viejos que se pasaron los diez minutos previos al evento rascándose alternadamente las respectivas espaldas (otra de las desventajas de andar por ahí en solitario) y a mi derecha ese santo grial del establecimiento socioafectivo moderno: un par de parejas en cita doble queriéndose por duplicado el doble que todos los demás.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Entonces Ira no decepcionó. Llegada la hora, finalizadas las presentaciones del caso y demás actos de protocolo. Las luces se apagaron. Y Ira empezó a hablar. Según dijo, él era, después de todo, un hombre de la radio. Contó un par de chistes, nos reímos. Contó una historia, y escuchamos. Y nos fuimos olvidando lentamente del escenario absurdo, cientos de personas oyendo a un man, sin poder ver a nadie. A uno se le olvidan estas cosas, es lo que quiero decir.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En los momentos más graves del año pasado le preguntaba de &lt;em&gt;estas cosas&lt;/em&gt; a mi terapista. Es una pregunta increíblemente adolescente. Qué le vamos a hacer. Por qué fue todo así. Por qué no de otro modo. Es como el chiste del man que va en contravía por la autopista y llama a la policía a reportar que hay un montón de locos manejando en la dirección contraria. En algún momento uno se pregunta qué era lo lamentable que uno tuvo y que lo hizo forastero en todas partes.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Es obvio que Zadie y Ira y David y yo hubiéramos sido los mejores amigos de haber coincidido en, digamos, el espacio tiempo. ¿Por qué no lo fuimos? ¿En dónde reporta uno estas obviedades?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Se suponía que esto iba a ser algo más gracioso y sospecho que ha salido un emodesastre. Digo sospecho, porque no pienso volver arriba a leer. Le deseo suerte a los párrafos y le pido perdón a usté que siempre me sorprende leyendo hasta el final.&lt;/p&gt;
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		<published>2013-01-15T23:58:18Z</published>
		<updated>2013-01-15T23:59:09Z</updated>
		<title type="html">Bocachico</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Mi papá asustó a todos en la casa con la queja de un dolor persistente en el costado izquierdo y la cosa pareció tan real que nadie tuvo tiempo de acordarse de las sospechas hipocondríacas de siempre. Incluso mi mamá, que considera que todo mal por grave que sea se cura con cantaleta, hizo una pausa en sus costumbres y le puso consternación al rostro. A urgencias fueron a parar y allí para alivio de todos el médico declaró con grado alto de certeza que el dolor era poco más que un viento encajado en una costilla de fácil resolución tomándose una coca cola de un solo golpe y luego esperar el eructo (o algo, las instrucciones se tornan difusas en este punto).&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La serie de exámenes, sin embargo y para renovada consternación general, reveló un problema de presión alta, atribuible básicamente a que los años no vienen solos y esta es una de las cosas que traen, y ahora el viejo tiene que tomarse una pastilla diaria para ese asunto, que se la toma con juicio y sin protestar mucho, y sin antes contar uno de esos chistes terribles que dejaron de ser graciosos cuando nosotros los hijos pasamos la barrera de los seis años. Ejemplo 1: &amp;#8220;una señora llega a la casa cansada, el marido le pregunta qué pasa y ella responde es que la medicina dice agítese antes de usar y entonces me fui a darle la vuelta a la manzana.&amp;#8221; Espere que hay más. Ejemplo 2: &amp;#8220;llega Juanito donde la mamá, mami mami en el colegio me dicen bocón. La mamá le dice, mijo no le hagas caso a esos envidiosos, ahora ve y trae la pala que te voy a dar el remedio&amp;#8221;. ¿Ve lo que le digo?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Y el asunto hubiera concluido ahí si no es porque un par de semanas después el paciente anunció un nuevo síntoma, atribuible, cómo no, a estas pastillas que son la manifestación de un embolate que habráse visto porque una cosa si te digo estas vainas &amp;#8220;en mi tiempo no se veían&amp;#8221; (hemos de asumir que &amp;#8220;éste&amp;#8221; no es el tiempo del paciente a pesar de que la evidencia en contra de tal teoría es sencillamente aplastante). ¿El síntoma? unas ganas irracionales de comer pescado.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Si usté hubiera estado monitoreando la evolución de la socioeconomía del pueblo (y francamente no veo por qué no) se habría enterado que el año pasado, a principios, la cadena de supermercados Olímpica abrió allí una de sus sucursales (y la única en su clase) para delicia, sorpresa y angustia de todos los habitantes. El hecho no ocurrió sin controversia, por supuesto. Los comerciantes locales ya de por sí llevados de la jodidez percibieron todo el asunto como una amenaza a su bien vivir. Y lo de bien es en realidad un decir. Una propuesta que circuló ampliamente, y sobre la que hasta ahora ninguna autoridad competente se manifestó, pretendía limitar por ley lo que para muchos era una ventaja estratégica brutal e injusta: los horarios de atención. Con unos horarios más amplios y razonables la cadena empezó a robarle los clientes al comercio local, hasta ahí acostumbrados a abrir las puertas di tú a las cuatro de la mañana y a cerrar di tú después de almuerzo. Ese orden establecido ahora tan quebrantado estuvo muy bien para esta gente del común y del corriente acostumbrados a vivir sin afanes y sin las urgencias de, digamos, algún síntoma de carácter irracional que no respeta horarios o razones de ninguna clase. Gloria a dios por el capitalismo, si me preguntan a mí.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No venden bocachico en &lt;em&gt;ese&lt;/em&gt; mercado. Es lo que me ha dicho. Es más, continuó, lo único que venden es un pescado &lt;em&gt;ahí&lt;/em&gt; traído dizque del Vietnam (en efecto) y uno qué va a hacer con eso. Ni coroncoro venden, continuó en la indignación. Lo que no deja de sorprender; éste es, después de todo, el mismo hombre que no come huevo si detecta que la cáscara contiene algún residual minúsculo o de cualquier tamaño en realidad fecal de la gallina, y que ciertamente no es ajeno al patrón alimenticio del coroncoro, básicamente el pez local con el estándar más flexible para lo qué llevarse a la boca. Pero aquí estamos, preguntándonos si hay coroncoro en Vietnam, si valió la pena todo este capitalismo concedido y tanta indignidad entregada. De qué le sirve a uno que haya lo que uno no quiere que haya, me dijo. Y yo no supe qué decirle. De nada, supongo.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2013-01-07T17:05:48Z</published>
		<updated>2013-01-05T23:19:41Z</updated>
		<title type="html">Richard Semon en el final del mundo</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Richard Semon fue un sicólogo, zoologo, médico, alemán que a principios del siglo 20 publicó un par de libros sobre la vaina de la memoria. En uno de ellos, &lt;em&gt;Die Mneme&lt;/em&gt; defendió la tesis de que los mecanismos de la memoria siguen la línea de los mecanismos de la herencia. Su teoría, básicamente, era que &lt;em&gt;toda&lt;/em&gt; experiencia deja una huella en el cerebro (el &lt;em&gt;ngram&lt;/em&gt;), y en el acto de recordar era suficiente con parte de esa huella para tener acceso a la memoria completa.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Poéticamente, su teoría deja por fuera el concepto de olvidar. Todo deja una huella. Lo que no quiere decir que todo pueda ser recordado. Las memorias necesitando eso que usté llamaría su media naranja para manifestarse. Esto es, dicho sea de paso, importante en el contexto histórico. En ese tiempo, el debate entre si la memoria era un asunto físico o un asunto síquico, era de alto nivel. No todos pueden ser como usté, que va por la vida creyéndose 20% protoplasma.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Semon reúne todo para ser mi héroe: un científico valiente de teorías incorrectas, ignorado por el bulto, y visiblemente atormentado por esa indiferencia. Y, cómo no, con una historia de amor a cuestas.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Esto es por Daniel Schacter en &lt;em&gt;Searching For Memory: The Brain, The Mind, And The Past&lt;/em&gt;, que no me molestaré en traducir.&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;Semon was born in Berlin in 1859, the same year that Charles Darwin published Origin of Species. As a young man, Semon fell under the spell of this innovative approach to understanding evolution, and he went off to study at the University of Jena with the most famous German proponent of the new theory, the controversial biologist Ernst Haeckel. Semon received his Ph.D. and became a rising young professor at the University of Jena, a major European center for evolutionary research. Then, in 1897, he fell in love with the wife of an eminent colleague, Maria Krehl, who eventually left her husband to live with Semon. The two were vilified, Semon resigned his professorship, and the pair moved to Munich, where they were married. Semon, working on his own as private scholar, developed a theory of memory. In 1904, he published a monograph, &lt;em&gt;Die Mneme&lt;/em&gt;, that attempted to unite the biological analysis of heredity with the psychological and physiological analysis of memory. Semon argued that heredity and reproduction could be thought of as memory that preserves the effects of experience across generations. &lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;In 1909, Semon published a book [entitled] &lt;em&gt;Die Mnemischen Empfindungen&lt;/em&gt; (Muemic Psychology), it was entirely about everyday memory, leaving aside the contentious issues of heredity in &lt;em&gt;Die Mneme&lt;/em&gt;. Semon elaborated his theory of ecphory (retrieval processes) and applied it to a host of critical issues. Sadly for Semon, however, the new book aroused slight interest among researchers and had no detectable impact on the study of memory. Psychologists had little use for Semon&amp;#8217;s iconoclastic views on retrieval processes; in fact, they misunderstood his ideas. In addition, Semon&amp;#8217;s status as a scientific isolate, without prestigious institutional affiliations, did not enhance his cause. He was accorded the same kind of treatment given to flat-earth theorists, believers in perpetual-motion machines, and other cranks who exist at the fringes of science: he was ignored. In 1918, Semon&amp;#8217;s wife died of cancer. Later that year, he placed a German flag on his wife&amp;#8217;s bed and shot himself through the heart.&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Lo de la bandera ha sido interpretado como una tristeza enorme por la derrota de su Alemania querida en la primera guerra. Un gesto muy extraño si me pregunta a mí.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Hasta la fecha no he podido encontrar mayor información sobre el colega cornudo abandonado en la Universidad de Jena. El amor tiene cualquier cantidad de efectos colaterales, y a nadie importan mucho.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2013-01-05T13:45:15Z</published>
		<updated>2013-01-04T05:28:22Z</updated>
		<title type="html">El año en Highlights</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Nunca subrayé libros hasta que los libros se volvieron electrónicos, y cuando los libros se volvieron electrónicos, empecé a prestar libros en papel en la biblioteca pública local, que me sale más barato, si acaso no tan conveniente. Recorrer estos subrayados es un poco como un cronoviaje mental, como ir a París a tomarse una foto y luego solo recordar la foto. O recordar París precisamente porque ves la foto. De pronto no. De pronto esto es una tontería. No son buenos tiempos, me perdono las tonterías.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Según kindle, estas fueron las cosas que subrayé y que todavía ahora me siguen gustando.&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;I am vain, or once was, and one of my vanities was to feign that I was not.&amp;#8221; -We need to talk about Kevin&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;The lonely, like the fictive, love one-way watching. For lonely people are usually lonely not because of hideous deformity or odor or obnoxiousness—in fact there exist today support- and social groups for persons with precisely these attributes. Lonely people tend, rather, to be lonely because they decline to bear the psychic costs of being around other humans. They are allergic to people. People affect them too strongly.&amp;#8221; -A Supposedly Fun Thing I&amp;#8217;ll Never Do Again&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;La cosa con Foster Wallace es que cuando escribe estas cosas me escribe describe directamente, de una forma en que yo no podría jamás, y que solo me dejan ganas de abrazarlo.&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;all catharses were in vain for that man&amp;#8221; -Portnoy&amp;#8217;s complaint.&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Leí a Roth este año. Creo que no me gusta. Es un escritor demasiado &lt;em&gt;escritor&lt;/em&gt;. Su humanidad parece enteramente teórica.&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;What could be more useful than having the means of convincing oneself that one exists whenever the question should arise?&amp;#8221; -Properties of Light&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;Lo que descubre uno con treinta y cinco años es que todo lo había descubierto ya con treinta.&amp;#8221; -Ejército Enemigo&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;2012 fue el año en que cumplí treinta y cinco. &lt;a href="http://santamaradona.org/editorial/sabelotodo"&gt;Todos perdidos&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;You get towards the end of life—no, not life itself, but of something else: the end of any likelihood of change in that life. You are allowed a long moment of pause, time enough to ask the question: what else have I done wrong?&amp;#8221; -The sense of an ending&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Fue quizás mi libro favorito del año.&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;He had a sensation like he’d swallowed a hard cloud.&amp;#8221; -Blind Willow, Sleeping Woman&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Como me sentí todo el año.&lt;/p&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;When everything is new, the pleasures are skin-deep. I found it mysteriously satisfying to say her name aloud, to recite the colors of her body. Hair and eyes and hands. The new snow of her breasts. Absolutely nothing seemed trite. I wanted to make lists and classifications. Simple, basic, true. Her voice was soft and knowing. Her eyes were sad. Her left hand trembled at times. She was a woman who&amp;#8217;d had troubles in her life, a hauntingly bad marriage, perhaps, or the death of a dear friend. Her mouth was sensual. She let her head ease back when she listened. The brown of her hair was ordinary, with traces of gray, short strokes or flashes that seemed to come and go in varying light.&amp;#8221; -The Angel Esmeralda&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;He was able to dream the same dream again and again, with variations.&amp;#8221; -Genius: The Life and Science of Richard Feynman&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;blockquote&gt;
		&lt;p&gt;&amp;#8220;Positive thoughts, I stressed, positive thoughts, motherfucker!&amp;#8221; -The Brief Wondrous Life of Oscar Wao&lt;/p&gt;
	&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Mi propósito para este año. Además de aprender francés, aprender a tocar el violonchelo y adelgazar. Y quererte menos, que cuando te quise más tampoco funcionó.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2013-01-02T03:16:47Z</published>
		<updated>2013-01-02T03:16:47Z</updated>
		<title type="html">Manual de comportamiento, Volumen 2</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Hace unos meses le pedí a algunos de mis personajes favoritos seguirme la corriente en la fabricación de un manual de auto-ayuda para la juventud desenfrenada moderna y para los que dieran lo que fuera por volver a ella. El resultado es el &lt;a href="http://santamaradona.org/manual/2"&gt;Manual de comportamiento para gente formidable, volumen 2&lt;/a&gt; y es una vaina espectacular.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Te lo dejo aquí, porque qué más.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2012-12-10T06:42:34Z</published>
		<updated>2012-12-10T06:42:34Z</updated>
		<title type="html">Cómo decir adiós</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Tal vez sea como dices, Mafe, y todos los males sean un mal de muchos. Hace mucho que no sé de Antonio, ¿será un lugar común decir que me alegra saber que está bien? da igual, supongo, él le pertenece al pasado y hace mucho tiempo que decidí dejar el pasado tranquilo. Nunca te conté el final de esa historia y para hacerlo podría escoger peores momentos que estos de ahora. Ese final empieza, por supuesto, con una mujer. Antonio siempre habló de ella con una fascinación de esas que no alcanzan consuelo, que es, si uno lo piensa bien, como algunas personas hablan del suicidio. O como hablan de irse a París a tomarse una foto, dirías tú. También para mí ella fue una confusión platónica. Era la época, qué le íbamos a hacer. Ella llegó al pueblo poco después de que te fuiste. Es bogotana, como tú, y llegó acá con 25 años (los mismos de ese amigo que mencionas, eso fue lo que me trajo el recuerdo). Era muy diferente a todos, y fue toda una revelación haberla tenido con nosotros. Sofisticada sin serlo. Inolvidable de esa forma en que lo es, digamos, una primera maldad. Le caía bien incluso a quienes les caía mal.  Al hablar con ella, tenía ésta manera de hacerme sentir que en ese momento yo era lo más importante que estaba ocurriendo sobre la tierra. ¿Te ha pasado? cuando alguien te hace sentir que tienes toda su completa indivisible atención. En fin: genial. Hablé con ella por última vez hace unos cinco años, y ya no quedaba mucho de lo que antes fue, pero igual el recuerdo queda y quedó. (Tú dirías que tal vez fui yo el que cambió, tú tendrías la razón.)&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Cuando te fuiste, me quedé sin amigos. Nunca tuve muchos, ya lo sabes. El año siguiente el colegio contrató un nuevo rector, un hombre culto y de buenas maneras, que impulsó muchos experimentos alrededor. Era del opus dei, si lo puedes creer. Uno de esos experimentos fuimos Antonio y yo. El experimento consistía en que él y yo pertenecíamos a ningún grado en particular; asistíamos a clases de matemática y ciencias grados superiores, teníamos un currículum especial para otras cosas como inglés y física y química que no alineaban del todo con el oficial. Él hacía unas cosas adicionales, yo hacía otras. Él hacía unas cosas con computadores, yo participaba en olimpiadas de matemática. Te puede parecer una admisión de arrogancia; pero no lo es, no lo era; en el fondo no era algo del otro mundo: en lugar de un salón de clases íbamos a otro. Apenas una pequeña distracción de formas en lo que era una normalidad espantosa y adolescente: él seguía siendo popular e infalible con las chicas, tal vez más que siempre, y yo seguía estoicamente atormentado por la batalla dermatológica de primer nivel que se jugaba en mi propio campo, y soñando todos los escenarios posibles en los que Dianita Olmos, de mis sueños, descubría por fin el fantástico tipo que yo sería en cuestión de tiempo y que aún no tanto.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Ella era profesora de biología y además nuestra tutora de química. Ella sabía muchas cosas. Del mundo, por ejemplo. Nos invitaba a almorzar en el club de empleados, y nos conseguía pases para entrar a la piscina. Hablábamos mucho de literatura y de filosofía y de ciencia. Ella fue quien me presentó a toda esa generación del quantum y ya sabes cómo me ha obsesionado todo ese cuento. Fue una amistad que nació de la nada y creció a toda prisa, sin ninguna razón aparente para lo uno o para lo otro. Si es como dices que la vida de uno es apenas una secuencia de equivocaciones y casualidades, el principio de la mía fueron esos días en su apartamento hablando de Borges y de De Broglie al ritmo de Madonna y Roxette. Fue en una de esas noches, en que ese mal de muchos que mencionas se convirtió en el mal de Antonio, y yo fui el observador desprevenido viendo los platos rotos sin querer limpiarlos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En Antonio eran comunes esos estados de rareza atribuibles sin mucho pensar a algún desequilibrio hormonal adolescente. Déjame sólo que igual se me pasa pero no me dejes sólo que entonces no se me pasa nunca. Pensándolo ahora, creo que él quería hablar con alguien de esos tormentos pero no sabía por dónde empezar. Es como dices tú, uno se pasa la vida tratando de encontrarle el comienzo a las cosas. En el día éste del que te hablo, él y yo habíamos estado jugando tenis mientras ella, espectadora, leía, y luego, ella había estado nadando mientras él y yo hacíamos lo posible por no mirarle el culo en vestido de baño. Luego los tres volvimos al apartamento a recoger unos vídeos de Cosmos que ella me había grabado, y una cosa llevó a la otra. Era muy tarde. Tarde es un decir, te acuerdas lo sano que era el pueblo en ese tiempo que podíamos andar funcionando por ahí sin temores de ninguna clase. Ahora te roban, te violan, te matan, o las tres cosas al tiempo. Igual yo ya estaba pensando que era hora de irnos. Y es entonces cuando ella me dice, Óscar, me perdonarás pero tengo algo que hablar con él, podrías esperar afuera. Una pregunta sin interrogante al final, que lo era, apenas, en teoría. Seguramente yo lucía mi expresión de no entender nada porque me dijo otra vez, ahora con menor ambigüedad, que saliera. Entonces yo esperé afuera. No sé cuánto tiempo pasó, Mafe. Lo suficiente, dirías tú. Caminamos en silencio de regreso a casa. Yo aún por decidir si convertir el incidente en una ofensa personal o dejarlo pasar. Peores cosas se han perdido, me dije. Cada vez que Antonio quiso hablar se detuvo a tiempo. No dijo mucho, no dijo más. &amp;#8220;Después hablamos.&amp;#8221; &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Esa noche dormí sin dormir. Tampoco lo hice en las que siguieron. Como en esas películas que haces tú, en esta parte de la historia podría uno incluir una canción de esas que sugieren al espectador lo que sentir, mientras en la imagen ocurren cosas, a toda prisa, inconexas, coherentes. Una de Paul Simon o una de Otis Redding. Antonio me habla poco, poco le habla a todos. Yo me refugio en mis clases de taekwondo. Quería pasar el examen de cinturón amarillo, ese mismo que había fallado ya dos veces al encontrar insuperable la rutina de quebrar tablas y baldosas. El tiempo pasa, la canción sigue. Hay una feria en Bogotá, no recuerdo cómo se llama, la feria internacional, creo. El hermano de ella trabajará en eso haciendo algo muy tremendo, qué sé yo, algo fantástico con pixeles. Yo no estaba presente, esto es, no fui testigo, de que ella le dice y pregunta, a él, que si quiere ir. Esto es, con ella. Será en las vacaciones de mitad de año, será divertido, será emocionante. Él dice no. ¿No?. No. ¿Por qué?. Algo sobre ir a escalar una montaña. Entonces ella me pregunta a mí. Yo digo: mi reino por ir a Bogotá. Me voy. Nos vamos. Monserrate, el museo del oro, el canon turístico capitalino, bla bla bla, Vamos a comosellama, Nemocón tal vez, en un tren, a Sogamoso después y vemos un puente en donde antes hubo una batalla imposible de ganar. Luego la feria, luego otras cosas. Luego la vida, dirías tú. Y luego él llama a esa casa y yo por una de esas coincidencias de las cosas contesto y hay uno de esos silencios incómodos al ambos darnos cuenta que ni él sabía que yo estaba allí y que ni yo sabía que había tomado su lugar. Y es la coincidencia lo que hace que la amistad se rompa. La canción sigue, abandona el segundo acto. El experimento continúa. Yo paso el examen de taekwondo, me meto a un asunto de estudio de cerámica indígena (no me acuerdo el nombre oficial) garantizándole otro lugar a mi mente. Luego ella me convence que estudiemos juntos la genética de Mendel y pasamos la mayor parte de un año en medio de las leyes de la herencia. Él se separa de nosotros dos. Todo sigue. Ella renuncia y se va a Medellín, algo sobre seguir un sueño. Más tiempo aún. Mi familia alarmada por mi desidia insiste en que haga un curso de preparación para los exámenes de admisión universitaria. Es en Medellín y ella ofrece su apartamento para mi estadía. Yo voy. Yo regreso. Él también va. Él también regresa. Mis problemas de perspectiva se hacen más grandes y los cambio por otros. La canción termina, porque la película tiene que terminar.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Para los dos, ese tiempo en Medellín fue como retomar donde habíamos dejado, sin mucho espacio para actualizarnos en cronologías. Y, sin embargo, también fue diferente. Ya no era infatuación. Quién sabe. Ya no tenía nombre. Seguía siendo algo platónico que aprieta fuerte, pero más relajado de las obligaciones de lo posible. Por primera vez la vi llorar. Por primera vez habló de ella, en primera persona, de las inseguridades y las virtudes y las promesas sin cumplir y todo eso. Por primera vez le conocí a un pretendiente, un profesor de matemática en una escuela cercana y dueño de una tienda de antigüedades, y que le trajo serenata tres veces en el mes que estuve ahí. Al terminar la serenata, cuando los músicos querían complacerla con alguna canción favorita, ella confesaba, conteniendo a toda costa la sonrisa, no tener ninguna    Ella tampoco sabía qué hacer con la felicidad que estaba sintiendo. El día antes de regresar, mientras la esperaba para salir a nuestra comida de despedida, entré a su cuarto y fui directo al armario de la ropa interior, y con lo primero que agarré y el corazón en la mano, me masturbé con la furia de cinco años perdidos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Te busqué en Bogotá. Daniel, que te recuerda mucho, me dio pistas sobre dónde podrías estar. Aunque yo sospeché que era inútil. Esa es una ciudad muy grande, y nosotros éramos muy pequeños, casi invisibles, para encontrarnos. Cuando nos graduamos, ella llamó a felicitarme. Muy bien, chino, que orgullosa me siento. Por la ocasión me regaló un libro y escribió a manera de dedicatoria una invitación a las armas: chino, no deje de sonreír. Y ese debió ser el final de la historia. Debió ser, digo, hasta que salí desesperadamente a buscarle otro. No sé por qué lo hice, Mafe, pero años después, cuando ya estaba acá en Medellín dando tumbos estudiando una cosa que no me quería estudiar a mí, decidí hacerle una visita sorpresa. Llegué a su casa, toqué tres veces y estaba a punto de darme por vencido cuando Antonio abrió la puerta. En ese instante pensé que todo termina como empieza: yo esperando afuera. Me invitaron a entrar, pero a mí me venció la alternativa. Sonreí y dije no, mejor no, que esto ya lo hemos vivido.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Diciembre, 2012&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&amp;#8212;-&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Una nota y un favor:&lt;/strong&gt; El texto de arriba lo escribí con la intención de incluirlo en el &lt;em&gt;Manual de Comportamiento&lt;/em&gt;, un pequeño proyecto personal. Tal y como está el texto no me satisface. Sin embargo, tras releerlo y mucho pensar, no he podido dar con la razón de mi satisfacción. Entonces se me ocurre preguntar acá a los lectores que no sé si existen. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Si ha leído el texto sería tan amable de responder dos preguntas en los &lt;em&gt;Comentarios&lt;/em&gt;: 1. qué le gustó (o qué funciona en el texto). 2. qué no le gustó (o qué no funciona en el texto).&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No sería más, saludos por la casa.&lt;/p&gt;
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