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<subtitle type="text">Su blog mas espectacular</subtitle>

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<updated>2012-02-22T19:53:24Z</updated>
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2012-02-22T19:53:07Z</published>
		<updated>2012-02-22T19:53:07Z</updated>
		<title type="html">Prozac</title>
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		<content type="html">
&lt;p style="text-align:right;"&gt;She lives with a broken man,&lt;br /&gt;

A cracked polystyreneman&lt;br /&gt;

Who just crumbles and burns.&lt;br /&gt;

&amp;mdash; &lt;em&gt;Fake Plastic Trees&lt;/em&gt;, Radiohead&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Seguimos peleando por lo mismo. Soñando con lo mismo. Esta chica de dos cabezas que a veces escribe que a veces dibuja me hace pensar de pronto lo malo no es todo, si todavía hay gente que puede detener el mundo entonces seguro que mucho de esta duda es imaginada; toma nota y lo almacenas alfabeticamente en el cajón de lo aristotelicamente idealizado y lo corroboramos después. Mucho y no todo. Casi nada. Si tan solo la gente diera el paso, abandonara la duda, nos atacara de frente con sus fusiles.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Empecé a ver los cronocrimenes tres veces. A los diez minutos paraba y volvía a empezar. Como es una pelicula de viajeros en el tiempo hago una pausa para admirar la ironía. La quito, pongo Sports Night para que me arrulle, como hacía en aquel tiempo. Recuerdo lo bien que nos caía Jeremy. Jeremías. Y entonces decido llamarte Louise. Me preguntas Louise lo que se siente. Tengo más hidrocodona de la que necesito, y esta vaina nunca está de más necesitarla. Una píldora fantástica, te destruye el hígado pero te desaparece el dolor. Tengo el prozac que no es prozac, porque cuando esa vaina que uno tiene que te hace hacer lo que tu haces ya no existe entonces hay que prefabricarla farmaceuticamente. Todo está farmaceuticamente bien. ¿Cómo se siente, Louise? Como si tuvieras un burócrata atendiendo los pendientes en la cabeza. Presione uno para la corteza prefrontal, presione dos para la amígdala, nuestros números han cambiado por favor preste atención, la unidad de identificación visual se encuentra cerrada por inventario, el departamento de memorias episódicas está de vacaciones, disculpe la demora en las señales neuronales reflexivas es para servirle mejor, para que el sujeto no decida de improviso lanzarse a la autopista a caminar en pelota. Deje su mensaje y le responderemos a la mayor y más breve conveniencia.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La vaina con la depresión, con los que la ven desde afuera, es que todos buscan la razón primera. Tal vez una muerte en la familia. Tal vez algo menor en la escala trágica, la perdida de una casa, un divorcio, qué se yo. Pero nadie nunca se murió de amor, mucho menos del amor por la propiedad raíz. Entonces no, eso no debe ser. Uno lanza los brazos al aire, este hombre de poliestireno absurdamente descompuesto en pedacitos se tendrá que componer solo. No hay razón que justifique el problema, si no hay problema no hay solución posible. Y del otro lado estás tratando de explicar que esto que es lo otro. Las palabras salen balbuceadas incoherentes. Es que no se oye. Es como cuando estás en la playa o en la piscina y descubres que tienes agua en los oídos y te das golpecitos para que salga, más golpecitos, más golpecitos. Tratas del otro lado a ver si es un problema de inercia. Más golpecitos, más golpecitos. Y el agua no sale y dices tal vez está muy ocupada y no quiere salir, tendrá que resolver algunos asuntos primero. Y mientras esperas no puedes oir o lo que oyes lo haces como si estuvieras espiando a través de la pared al cuarto del vecino, o a través de una fluctuación al universo de al lado. Los puristas te dirán que el agua se sale sola. Eventualmente. Y lo único que queda es la sensación tibia del agua al recorrer. Un día esos puristas van a detener el mundo. Lo harán, pero no hoy.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2012-02-16T07:08:09Z</published>
		<updated>2012-02-16T07:28:52Z</updated>
		<title type="html">Coma</title>
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		<content type="html">
&lt;p style="text-align:right;"&gt;Somebody could walk into this room &lt;br /&gt;
And say your life is on fire &lt;br /&gt;
It&amp;#8217;s all over the evening news &lt;br /&gt;
All about the fire in your life &lt;br /&gt;
On the evening news &lt;br /&gt;
&amp;mdash; &lt;em&gt;Crazy Love II&lt;/em&gt; seg&amp;uacute;n Paul Simon&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Giada de doce años viendo un partido de fútbol sufre una hemorragia cerebral y cae en coma. Francesco desesperado y sin saber que hacer le pide ayuda urgente a Alessandro del Piero, delantero centro del Juventus de Turín e ídolo favorito de su hija. El héroe responde con la sonrisa que derritió mil corazones, Giada espero que te levantes. Y Giada se levanta y cuando lo hace pide con urgencia un poquito de helado de frambuesa o de lo que haya. Italia entera y toda junta no puede parar de llorar de la emoción tan grande.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Ya Wen de tres años despierta cinco días después del coma en que la dejó el ser arrollada por un auto. Gao la madre en desconcierto reporta que la niña ahora actúa como un adulto. Un día no mucho después la encuentra escondida fumando los cigarrillos del papá. Tres cervezas para ella son asunto normal por estos días, agrega. La familia se ha mudado con la esperanza de que el cambio geográfico le espante las adquiridas adicciones, y ha funcionado de momento, aún si la niña llora con anhelo cada vez que avista algún paquete de cigarrillos fuera de alcance.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Terry Wallis despierta diecinueve años después. La memoria estancada en 1984, el primer día del coma. La hija que no vió crecer lo saluda. Terry despierta y dice Pepsi y luego dice Leche. Explica a la insistencia que és lo que ha visto y es lo que quiere, Pepsi y luego leche. Cuando su madre le pregunta quién es el presidente, Terry contesta Ronald Reagan. Su padre coleccionista de estadísticas reporta que Terry cayó en coma un viernes 13, y ha vuelto en sí otro viernes 13. Me parece algo peculiar, agrega.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2012-02-15T01:25:13Z</published>
		<updated>2012-02-15T01:29:22Z</updated>
		<title type="html">Arco Iris</title>
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		<content type="html">
&lt;p style="text-align:right;"&gt;I can hear her heart beat for a thousand miles&lt;br /&gt;
&amp;mdash; &lt;em&gt;Crazy Love&lt;/em&gt; según Van Morrison&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No hubo reportes del clima hoy. Y a pesar de todo salió el sol. Las nubes andaron de un lado a otro esta vez sin disimular la pereza. Es decir: pasaron cosas. La tormenta tropical Giovanna llegó a Madagascar con vientos amenazantes y lluvia inagotable y fue quedándose sin energía llegando a Mozambique. Manhattan notó las nubes más bajas de lo acostumbrado pero nada como para perder la calma. Los lagos Eerie y Ontario continuaron sin congelarse del todo, desconcertando a propios y extraños pero tras una breve introspección todo el mundo concluyó que se trataba de un desconcierto similar al del día anterior, salvo pequeños matices aquí y allá pero tampoco algo así como para perder la calma. Es decir pasaron cosas pero en el esquema gigante de preocupaciones meteorológicas no hubo nada que reportar.&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;Sheila Fontaine: &amp;#8220;Is it true? That you make the weather? Because of me? The tornado in high school, snow at my wedding?&amp;#8221;&lt;br/&gt;
Holman Hardt: &amp;#8220;I&amp;#8217;m so sorry.&amp;#8221;&lt;br/&gt;
Sheila Fontaine: &amp;#8220;Daryl&amp;#8217;s rain?&amp;#8221;&lt;br/&gt;
Holman Hardt: &amp;#8220;Can&amp;#8217;t explain the logic of it. Yes. Some strange manifestation of guilt.&amp;#8221;&lt;br/&gt;
Sheila Fontaine: &amp;#8220;Even this rain? Because you love me?&amp;#8221;&lt;br/&gt;
Holman Hardt: &amp;#8220;Because&amp;#8230; I love you.&amp;#8221;&lt;br/&gt;
Sheila Fontaine: &amp;#8220;That is the most romantic thing I&amp;#8217;ve ever heard.&amp;#8221; [The rain stops]&lt;br/&gt;
&amp;mdash; &lt;em&gt;Rain King&lt;/em&gt;, The X Files, episodio 6&amp;#215;07&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Semanas atrás, una entidad oficial en Colombia navegó aguas turbias al tener que justificar la contratación por una suma no despreciable de dinero los servicios de un chamán, con el objetivo único y expreso de suspender las lluvias durante el tiempo del campeonato mundial de fútbol juvenil. Me hubiera gustado ser el abogado que redactó ese contrato. Una vocera de la entidad le hizo frente a las críticas con una defensa empírica que, sin embargo, no pareció convencer a nadie. &amp;#8220;La prueba está&amp;#8221;, declaró, &amp;#8220;en que llovió antes y después del evento pero no durante.&amp;#8221; Muy zen la cosa. Funciona porque funcionó y tal. En las redes sociales el pueblo enfurecido salió a gritar falta. Mira que despropósito es gastarse la platica en estas charlatanerías. Los que optaron por la vía sarcástica sugirieron cadenas de oración en lugar de chamanes para la próxima oportunidad, que son más efectivas y de poder menos concetrado y más democrático. Fue todo muy gracioso y muy triste a la vez.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Los hombres no tenemos tal poder, el de hacer llover. Todo el mundo sabe eso. La ciencia lo confirma por todos lados. La misma ciencia, dicho sea de paso, que ha demostrado que una partícula pueda estar en dos partes al mismo tiempo. Algo que todo el mundo sabe es imposible. No puedes estar aquí y mil millas más allá, aún si Schrodinger te lo permite. Así que de momento, no hagamos juicios tan valientes hasta que estas últimas dudas del último siglo se aclaren un poco. Pero de momento, tampoco nos hagamos los tontos, lo sospechoso de toda esta improbabilidad, es que si uno tuviera el poder y la responsabilidad de, digamos, hacer llover, y teniendo a mano muchas opciones y alternativas, ¿elegiría aparecer siempre con un gorrito de colores? Tal vez una gabardina de Hugo Boss, unos jeans de John Varvatos, una bufanda de cachemira. Algo que diga, si vos no podés hacer llover, algún defecto debe tener la lluvia.&lt;/p&gt;
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		<author>
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		<published>2012-02-13T03:54:40Z</published>
		<updated>2012-02-13T07:00:32Z</updated>
		<title type="html">Amores como el nuestro</title>
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&lt;p&gt;Elena dice que no puede ir conmigo a tomar café y a después quien sabe porque justo ese fin de semana se va a la Florida y luego a escalar la montaña. Yo temo una metáfora y le pregunto por detalles. Ella dice que no es el monte Elena. Nunca me gustaron las mujeres literales. Dos semanas en semi-retiro en una comunidad de Jacksonville. Luego un vuelo trasatlántico, luego un tren, luego un bote, luego otro bote y luego la montaña. ¿Tú no tienes novia?. Hay otras maneras, unas de requisitos cardiovasculares menos estrictos, de perder la cabeza. Me dice, tal vez haya un paisaje bonito, que inspire, que ilusione, tal vez incluso exista una epifanía, pero la única razón que uno tiene para subir montañas es para tenerlas que bajar.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Estabamos viendo Sueños de Akira Kurosawa y estabamos, la ironía, todos dormidos. Ileana toma un cuaderno y escribe, despacio, que nunca se había reido como cuando se ríe conmigo. No está segura del todo pero sospecha, piensa, que ésta risa está más cerca de la felicidad. Tendrá ella más oportunidades para descubrirlo, se pregunta. Yo leo la nota, pienso en Kurosawa, vuelvo a leer la nota y decido que la leeré más tarde en un ambiente más reposado. Llego a la casa y por algún misterio del espacio-tiempo decido guardar el papel debajo del colchón en el que duermo. Minutos antes de partir a Medellín en lo que fue un viaje de una sola vía, y un año después del drama, mi hermana descubre el papel. Le cuento a Ileana mientras espera por el novio que acaba de llamar y que ya viene por ella.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Miriam enseña filosofía y por las noches escucha a Madonna. Tiene un equipo de sonido último modelo y un solo CD: True Blue. Si en la forma más básica de todas, estamos hechos de partículas cuánticas, nuestras neuronas tienen la obligación contractual de obedecer las leyes de la física, el límite de mi entendimiento aparece cuando ese mismo cerebro tenga la intención de estudiarse a sí mismo. La trato de impresionar con mi duda filosofal. No sé como será posible. Ella me habla de Descartes y de Schrodinger. Y de De Broglie y de la interpretación de Copenague. Yo tenía en fila una pregunta sobre espacios de Hilbert que estuvo a punto de salir coincidiendo con esa canción que habla del amor hace que el mundo gire y gire, pero ella se anticipó a mis intenciones. &amp;#8220;Tal vez si tuviera 15 años menos&amp;#8221;, me dijo. Yo reí, nervioso, sin saber que hacer.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Diana, reina de corazones, lee el periodico mural que hice para ella, y sin notarlo. Hay una historia del recién presentado logo de Pepsi y lo parecido que es a las niñas morenas de ojos negros grandes. Hay una historia sobre el grupo Roxette que concluye con la letra de su éxito &amp;#8220;Listen to your heart&amp;#8221; en el inglés original y acompañado de una traducción libre, al llegar a la frase &amp;#8220;The scent of magic&amp;#8221; se encuentra uno con que está subrayada y en negrilla, y más abajo en el papel  garabateado en lápiz con pulso subversivo para evitar la condena de los editores, la aclaración de que ese olor es el olor de fresa de tu champú de todos los días. Diana que leyó su periodico mural sin leerlo quiere desatrasarse de estas última decada y media a través de la maravilla de la red social. Cómo te va la vida, la mía va bien, gracias. Adjunta una foto, sonríe como siempre, sostiene una niña que por fortuna se parece más a ella que al papá, en un jardín de Londres donde vive con su esposo inglés.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Beatriz del barrio Novalito escribe en mi cuaderno de apuntes que no ve con malos ojos que yo sea su tom cruise. Yo me río sin entender el chiste. Estamos en Medellín pero ambos nos tenemos que ir, tal vez regresemos, tal vez no. Me escribe su dirección, me escribe su teléfono. Yo le escribo cartas, ella me responde algunas. Seis meses de la larga distancia me animan a saltar sin red. En una cajita empaco un libro de Jairo Anibal Niño y un cassette con canciones de Franco de Vita y Miguel Mateos. La carta que los acompaña termina en plan ambiguo. Sabes quien te quiere. Ella me pregunta después, mientras comemos alfajor en la cafetería de la upb si se me olvidó el signo de interrogación, y se ríe, convencida de que no voy a responder.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2012-02-05T17:32:35Z</published>
		<updated>2012-02-05T17:32:35Z</updated>
		<title type="html">Antares</title>
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&lt;p&gt;Entonces este tipo, un desconocido, tocó a la puerta. Mi hermana y yo lo habíamos visto dudar momentos antes, con esa desesperación callada del que lleva una mala noticia. Mi mamá escuchó atenta. Su sobrino ha muerto, dijo el hombre. Ha sido suicidio, por ahora no sabemos más. Mi tía entró a la casa, no se hablaba con mi mamá desde hacía tiempo ya, pero no hay nada como un desastre en desarrollo para poner las asperezas en perspectiva. Querían saber detalles. El hombre dijo no tenerlos. Ellas insistieron. El hombre tenía solo algunos. Ha sido con un arma. ¿Cómo la consiguió?. No sé, eso no está claro, solo sé que llegó, puso el equipo de sonido a todo volumen y luego hizo lo que hizo. ¿Quién lo encontró?. Un vecino ha escuchado un golpe seco y ha entrado en sospecha. Querían saber más detalles, cómo ha sido todo, cómo es que en las tantas posibilidades de alinear una vida nos encontramos con este orden tan trágico, tan brutal. Mi hermana y yo aprendimos el otro significado de la ruleta rusa.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Elkin era de amor fácil, se le habían conocido tantas novias como días al calendario. Rumbero, lenguaraz, simpático. Un hombre amable y feliz, el hermano mayor de una familia en la que hubo dos hijas y otro hijo más. Todos de la misma madre. Elkin era de un padre distinto, uno que no estaba, uno que según dicen dejó una huella tan amarga que mandó a la madre a una depresión crónica de la que no la salvó el alcohol y que complicó el cáncer. Pero cuando Elkin conoció a Genoveva dijo a todos que acababa de nacer un hombre distinto. Uno aplomado y responsable, uno de familia. Nadie le creyó. Se casaron, tuvieron un hijo primero y una hija después. Ya nadie se acordaba del Elkin original.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Genoveva tratando de explicar la situación se refirió a todo aquello como &amp;#8220;la locura&amp;#8221;. Eso que ella tenía por dentro que no sabía que tenía hasta que Elkin encontró el catálisis inadvertido. Hay cosas que pasan, no es culpa de nadie, no fue ausencia de amor, no fue falta de amor. Elkin llegó borracho a la casa. Había dicho que venía más temprano pero alguien en el trabajo quería celebrar que tenía plata gastándosela toda. Tomen y beban que yo pago. Elkin tomó y bebió. Genoveva consideró la alternativa por un instante. Iba a tener que limpiar vómito ajeno, iba a tener un esposo inservible al día siguiente y eso estaba bien, ella lo aceptaba, era parte del paquete en esta colombina de mierda que es el matrimonio, pero que tal de los días venideros, ¿habrá que destruirlo todo para que todo vuelva a ser mejor?. La discusión se salió de control. El uno dijo una cosa, la otra dijo otra cosa más. En el punto más alto de la ira, Genoveva tomó el cuchillo que doña Alicia había afilado esa mañana para arreglar una gallina, y lo empujó hacia Elkin, tres veces, sin dañar ningún organo vital pero eliminando para siempre la posibilidad de una vida feliz entre los dos. Elkin se fue. Genoveva se quedó.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Hay que avisarle a Elkin, anunció mi mamá. No todos estaban seguros. Se consideraron razones, se examinaron cronologías, se evaluaron conjeturas. Alguien encontró la clarividencia en la tragedia. Hay que avisarle y que el destino decida. Una comitiva salió a la oficina de Telecom. Tu hijo se suicidó, le dijo mi papá, de las nueve noches, te quedan ocho. Son muchos ríos que cruzar, dijo Elkin. Son menos de los que tú crees, respondió mi papá.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No sé que decirte, Mónica, algo lo delató. Tal vez fue un párpado parpadeando a una velocidad menor, tal vez fue el corazón esquivando un latido. Ese día, viéndolo de pie frente a su hijo, el agua del hielo derretido que habíamos usado para conservar el cadaver mojándole los zapatos, todos perdimos algo. Hay un momento en que eso que uno tiene adentro, la mano que mece la cuna, el alma, el éter, la guevonada, te deja atrás, y quedas entonces en el limbo de no poder no estar vivo y no poder seguir viviendo. Los hijos tenemos la ventaja en la mano, supongo, vamos viviendo y cargando el bulto de lo que dejaron los otros y vamos en el camino encontrando otros padres, otros mejores, otros que no siempre son de carne y hueso pero otros al fin y al cabo. Al revés ya no tanto, los hijos somos la última trampa de la vida, son tu chance a la inmortalidad y tal, pueden crear bandas de rock y escribir canciones que treinta años más tarde todavía le enseñen a la gente el secreto de estar vivo, o pueden llegar a ser presidentes, o centrodelanteros, o escritores, o pueden un día decir que no quieren ninguna parte de este mundo y entonces no te quedan sino ríos que cruzar.&lt;/p&gt;
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			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2012-01-24T01:58:35Z</published>
		<updated>2012-01-24T02:03:36Z</updated>
		<title type="html">Ronin</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;No todos los días conoces a tus héroes. En el 2008 Murakami vino a Berkeley a presentar su libro &amp;#8220;What I talk about when I talk about running&amp;#8221;. Yo lo supe a última hora y por poco no consigo tiquetes para la charla y entrevista que le iban a hacer. El auditorio de la Universidad estaba lleno a reventar. Murakami casi nunca hace presentaciones en público, nadie se lo quería perder.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Había llegado muy temprano y me puse a andar por las calles cercanas a la universidad. Siempre he pensado que esa parte de Berkeley me recuerda a Medellín. No sé por qué. Será el desorden total. O el fuerte olor a incienso que a duras penas enmascara el de la marihuana. Me sentí andando en La Playa, deseando encontrar en cualquier momento algún emprendedor vendiendo arepas de queso y avena a quinientos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No todos los días conoces a tus héroes. Entré a una tienda de discos usados. A curiosear y a perder el tiempo. En la sección de Jazz había un hombre muy parecido a Murakami, acompañado por una mujer. El hombre muy tímido. Ella mantenía una distancia prudente, ni muy cerquita como para que se pudiera confundir con entrometimiento, ni muy lejos como para que se pudiera confundir con indiferencia. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El día después de la charla/entrevista, Murakami estuvo en una librería de San Francisco autografiando sus libros. Esto nunca pasa, pensé. Me fui a la librería. Me dijeron que Murakami firmaría máximo tres libros por persona. Uno de los libros tenía que ser el libro nuevo. Compré el libro. Hice la fila. No se permiten fotografías. O videos. Un empleado un ayudante pasa asegurándose de que los libros estén abiertos en la página que es, la del título. No hay tiempo que perder. También nos recuerda que no se permiten fotografías. El Autor (dice así, “el autor”) no gusta de ellas. Una voz comenta que es verdad, el autor ha salido de eventos así porque la gente ha insistido en tomarle fotos. ¿Pero por qué? Quiere saber alguien. Nadie ofrece respuesta.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Hay gente que le cae bien a todo el mundo. Hay gente que le cae mal a todo el mundo. Yo suelo caer en el segundo grupo. Hubo un tiempo en que consideraba esencial descifrar las razones de tan soberana injusticia. Acorralado por la ausencia de alternativa, uno deja de considerar las razones.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El escritor David Foster Wallace explicaba la timidez de la gente. Por ejemplo en un perfil que de él hicieron en Rolling Stone.&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;He was astonishingly good, quick company, making you feel both wide awake and as if your shoes had been tied together. He&amp;#8217;d say things like, &amp;#8220;There&amp;#8217;s good self-consciousness, and then there&amp;#8217;s toxic, paralyzing, raped-by-psychic-Bedouins self-consciousness.&amp;#8221; He talked about a kind of shyness that turned social life impossibly complicated. &amp;#8220;I think being shy basically means being self-absorbed to the point that it makes it difficult to be around other people. For instance, if I&amp;#8217;m hanging out with you, I can&amp;#8217;t even tell whether I like you or not because I&amp;#8217;m too worried about whether you like me&amp;#8221;&lt;/blockquote&gt;

&lt;blockquote&gt;Decía cosas como: &amp;#8220;Hay una buena auto-conciencia, y también hay la tóxica, paralizante, violada-por-psíquico-beduinos conciencia de sí mismo.&amp;#8221; Habló de una especie de timidez que hace la vida social en exceso complicada. &amp;#8220;Creo que la timidez, básicamente, significa estar absorto en sí mismo hasta el punto que hace que sea difícil estar con otras personas. Por ejemplo, si estoy saliendo contigo, no puedo decir si me gustas o no, porque estoy muy preocupado sobre si a ti te gusto o no&amp;#8221;&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;O algo así.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La primera persona que pasó del mundo virtual en el que vivo al mundo real en el que vivo fue Margarita Nomeacuerdoelapellido. Trabajaba en la compañía de discos que sacaba los discos de Darío Gómez. La conocí en irc y conectamos enseguida. Una cosa llevó a la otra hasta que la última cosa en esa fila de cosas fue ella preguntándome si quería tomar un café. ¿Contigo? Le pregunté aturdido. Conmigo, me respondió divertida. La espectacularidad es de principios humildes. Fuimos a ver One Fine Day. Le dije que ella podía ser mi Michelle Pfeiffer si así lo creía conveniente. Ella no creía que yo pudiera ser su George Clooney. Vimos la película, comimos algo y, la ironía, nunca llegamos a tomarnos el café. Nunca más la volví a ver.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El punto es Podría haber hablado del clima o de beisbol o de Radiohead o de correr o de la timidez que no deja se atraviesa no guarda la distancia perfecta entre uno y la otra persona pero no dije nada porque todo el tiempo estuve pensando en las cosas que decir para que este momento este breve instante imposible entre un samurái aprendiz sin maestro y otro samurái sea memorable tan memorable como la idealización de los momentos memorables que uno idealiza.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Así es que como uno va perdiendo sus héroes.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Posdata. Ahora respondo preguntas por doquier: &lt;a href="http://www.formspring.me/maxvega"&gt;en formspring&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2012-01-14T19:13:42Z</published>
		<updated>2012-02-04T19:05:45Z</updated>
		<title type="html">La Prosa Bogotana</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Le digo así pero no sé si esto tenga alguna dependencia geográfica, es más bien un decir.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La Prosa Bogotana es tal vez la más colombiana de nuestras prosas. La evolución lógica del costumbrismo y el realismo mágico. Un costumbrismo 2.0 sin los aspavientos mágicos de García Marquez, más reposada, menos local&amp;mdash; los protagonistas siguen siendo colombianos pero ahora están regados por todo el mundo. El narrador es casi siempre un viejito bonachón, que hace una crónica novelada de un drama que ocurrió hace muchos años. Es un abuelo contándote una historia. ¿A quién no le gustan las historias de los abuelos? La prosa coquetea todo el tiempo con la poesía, y por momentos se descarrila del todo en plan lírico, aunque suele corregir rápidamente, a veces bruscamente, como un conductor que se está quedando dormido frente al volante y es despertado por la bocina de un auto en dirección contraria.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Leí &lt;em&gt;La luz difícil&lt;/em&gt;, la novela más reciente del escritor Tomás González. Lo hice en una sola sentada, algo que es raro en mí, y lo hice todavía en Colombia, de vacaciones, algo que no acostumbro hacer, mi preferencia es por leer estas novelas que compro acá una vez esté de regreso a casa en gringolandia y sentir que mi estadía colombiana se alarga más y más. Pero el libro se veía cortico y más o menos inofensivo y había caído en cuenta que este Tomás González no es el mismo de &lt;em&gt;La vendedora de coronas&lt;/em&gt; y entonces me sentía mal con ambos tomases que decidí leer esto otro para saldar mi afrenta imaginaria inventada.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En el avión leí &lt;em&gt;Buda Blues&lt;/em&gt; de Mario Mendoza. Digo leí pero lo cierto es que no pude terminarla. Qué curioso esto. Hace unos años cuando era estudiante todavía, llegó a la universidad un académico colombiano de nombre improbable, Renato Pollagrande o algo así. Venía a hablar de la literatura colombiana después de García Marquez. Yo que pensaba que eso no era posible, asistí expectante. El auditorio, o bueno el salón de clases habilitado como auditorio estaba lleno, una mezcla de profesores aburridos y hipsters desubicados. La conferencia resultó un desastre. El conferencista no hablaba inglés pero creía hablarlo perfectamente, una combinación brutal. Los asistentes se fueron marchando uno a uno sin esperar el final. Yo apelé a mi solidaridad patriótica y esperé. Y tal vez animado por la ausencia de gente me animé a preguntar por exponentes de esta nueva camada de literatos. Me hablaron de Jorge Franco pero me advirtieron que me iba a desilusionar, me hablaron de Ricardo Silva, de Efraim Medina y me recomendaron especialmente a Mario Mendoza, particularmente a &lt;em&gt;Satanás&lt;/em&gt;, su novela ganadora de un premio importante que ya no me acuerdo cual fue.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Acá una partecita de &lt;em&gt;La Luz Difícil&lt;/em&gt;:&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;Busqué con la cara el cabello de Sara y aspiré su olor a limpio y cálida frescura, si se puede decir así, como buscando que me ayudara a paliar las llamaradas.&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Note el &lt;em&gt;si se puede decir así&lt;/em&gt;. Alguien que habla de paliar llamaradas ciertamente puede otorgarse la licencia de hablar de cálidas frescuras sin temor a ofender gramáticas de ninguna clase, que al fin y al cabo ya pasamos el umbral de como habla la gente en el diario. Y sin embargo el viejito bonachón quiere hacerte creer que no, que es un tipo normal, no un poeta, un hombre como tú y como yo. ¿Por qué diablos?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Eso me saca de quicio.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Me gustaba ese desespero de Mendoza. Me tragaba ese espejismo social tejido por los narradores. Que la gente buena es la gente humilde, que el dinero envilece, que los verdaderos intelectuales de Colombia son los que estudiaron en la Universidad Nacional y que no tenían manera de pagar por ella, y los médicos, los abogados, los que estudiaron en, qué se yo, Los Andes o La Javeriana, eran la putrefacción de toda la escoria de todo lo peor que tenemos que ofrecer. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Esas vainas ya no suenan como antes.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Serán los años.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2012-01-07T17:18:30Z</published>
		<updated>2012-01-07T18:02:34Z</updated>
		<title type="html">Cyborgs</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Alejandro Gaviria escribe sobre la creciente popularidad de &lt;a href="http://agaviria.blogspot.com/2011/12/chicas-plasticas.html"&gt;las cirugías plásticas con fines vanidosos&lt;/a&gt; en nuestra población femenil:&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;Si los compañeros de oficina trabajan horas extras para impresionar al jefe, uno se ve forzado a hacer lo mismo. Si nuestros colegas acumulan títulos superfluos, un cartón adicional se vuelve casi un imperativo. Si unos cuantos hinchas deciden, por cualquier razón, pararse para ver el partido, todo el público termina de pie. De la misma manera, si las cirugías estéticas se generalizan, se convierten en una necesidad apremiante. La demanda de unos impulsa la demanda de otros.&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Yo estaba tratando de escribir sobre el mismo tema y me estaba encontrando una muralla pantaleónica. Escribí en tuiter para calmar los nervios.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&lt;blockquote class="twitter-tweet"&gt;&lt;p&gt;Hombres de mediana edad opinando sobre tetas y culos, con toque posmodernista intelectual progresivo.&lt;/p&gt;&amp;mdash; Maximiliano Vega (@vega) &lt;a href="https://twitter.com/vega/status/154254081148456961" data-datetime="2012-01-03T17:33:33+00:00"&gt;Enero 3, 2012&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
&lt;script src="//platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"&gt;&lt;/script&gt;&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El toque posmodernista era porque había empezado mi historia haciendo una referencia a Ray Kurzweil, hombre genio y querido mucho en esta casa, autor de, entre otros, &amp;#8220;The Age of Spiritual Machines&amp;#8221;, algo así como &amp;#8220;La Edad de las Máquinas Espirituales&amp;#8221;. Kurzweil ha vivido preocupado con el día en que las máquinas dejen de necesitarnos a nosotros, sus creadores, y nos conviertan en servidores o nos aniquilen o nos castiguen con algún otro final nada feliz. Yo me preguntaba si hay otros escenarios en donde eso es posible. Si, digamos, la belleza de la carne reemplazada por la belleza de la silicona, es uno de esos escenarios.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;¿Pero qué diablos tiene eso que ver con tetas y culos y la ajena lujuriosa realidad que uno vive en el diario vivir de mi querida Medellín, el valle de la Silicona, capital mundial de la grilla, sede oficial de querer ser todos bonitos?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Como le digo, cuando los hombres de mediana edad escribimos sobre tetas y culos nos salen unos esperpentos abstractos, explicaciones académicas como las que propone Gaviria (le faltó hablar de influyentes y de redes y tal y del tamaño mínimo del núcleo impulsor necesario para que la demanda de la que habla pueda alcanzar el estado estable), fríos además y algo ingenuos si se quiere. Nuestro talento consiste en disimular nuestra ignorancia con augusto empeño, que es lo mismo que hacemos en cualquier otro tema que involucre una mujer. En eso vamos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No sé cual es la causa de la creciente popularidad de la cirugía plástica en nuestra población femenil. Si es un problema de autoestima, de vanidad o de estricta supervivencia evolutiva. O cuan arraigado está el asunto en la población masculina. Si, digamos, podemos ya declarar que el porno de todos los días nos ha convencido a todos que no, que esta pinga mía de 1 pie, que parece una linterna de cinco pilas, es lo que quiere tener todo el mundo aun cuando es poco poquito o nada y que voy a tener que auxiliarla dimensionalmente con algún injerto prefabricado porque ya no hay consuelo siquiera en que lo importante es &lt;em&gt;la performance&lt;/em&gt; y la compatibilidad de dos almas que se aman y tal.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Está el viagra pero todavía no vamos tan allá. Lo que está claro es que algo pasa, porque las tetas y los culos siguen creciendo. Sin control.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2011-12-22T03:27:05Z</published>
		<updated>2011-12-22T03:38:34Z</updated>
		<title type="html">La industria editorial</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;La escritora &lt;a href="http://www.abc.es/20111219/cultura-libros/abci-lucia-etxebarria-pirateria-deja-201112191824.html"&gt;Lucía Etxebarría dice que deja de publicar libros&lt;/a&gt; tras haber &amp;#8220;comprobado que se han descargado más copias ilegales de [su] novela que copias han sido compradas.&amp;#8221; Ella no ofrece mayores razones que esas y el asunto tiene un tinte melodramático desde el principio. ¿Cómo ha hecho para medir el número de copias piratas? &lt;a href="http://ivanthays.com.pe/post/14485327790"&gt;La gente, a su vez, reacciona a la noticia en tono irónico.&lt;/a&gt; ¿Existe otro en esta edad del copyleft?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Hernán Casciari, patrón del imperio Orsai, &lt;a href="http://orsai.bitacoras.com/2011/12/para-ti-lucia.php"&gt;se une al tema con una respuesta bastante lúcida.&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&lt;blockquote&gt;A nosotros nos ocurre lo mismo (…) Vendimos siete mil [ejemplares de la revista Orsai], se descargaron seiscientas mil.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: «qué bueno, cuánta gente me lee». Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: «qué espanto, cuánta gente no me compra».&lt;br /&gt;
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.&lt;/blockquote&gt;&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Yo estoy con Casciari en esto. Hay un mundo nuevo y un mundo viejo en el que hacer las cosas. De elegir, mejor elegir el mundo nuevo. Pero su argumento no me convence del todo. No me convence del todo desde el punto de vista financiero, el puramente capitalista.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Etxebarría cree que quienes de alguna manera piratearon sus libros lo hubieran comprado si no hubieran tenido manera de piratearlo. Eso es, creo yo, fundamentalmente falso.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Casciari cree que no importa, que la copia ilegal es positiva o a lo sumo irrelevante, porque la copia ilegal atrae también a posibles compradores y el efecto neto es positivo siempre, y lo es lo suficiente como para ofrecer el libro gratis. Eso puede ser o no ser cierto, pero asume, y esto es lo fundamental, que para que sea cierto Etxebarría y cualquier otro autor en sus condiciones debe hacer lo que hizo Casciari, despedir a su editorial y hacerlo todo ella, la edición, el mercadeo, más mercadeo, el diseño de los libros, la negociación con las librerías (o la administración de la tienda por internet), es decir toda la vaina que las editoriales hacen además de escribir el libro. A cambio está, por supuesto, la ventaja de una mayor parte en la distribución de regalías. Es decir, si el asunto es de plata, siendo independiente necesitas vender menos libros que necesitarías vender en una editorial para ganar la misma cantidad.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Se cae de maduro que lo que aconseja Casciari no le funcionará a todo el mundo. Y el consejo es un poco como si George Clooney te dijera que cualquiera puede ser estrella en Hollywood y que lo importante es empezar mudándose a Los Angeles: buen plan, pero fácil para él decirlo. No hay que olvidar que a Casciari le ha tomado un tiempo llegar hasta aquí, el éxito de la revista Orsai, formidable y todo, empezó con un blog hace ya más o menos diez años. Un blog tremendamente popular, de una popularidad que se antoja menos asequible en estos tiempos de mayor oferta, que lo ayudó luego a publicar con editoriales tradicionales y a consagrarse como autor. En ese tiempo, Casciari formó una audiencia increíblemente leal, fiel, que impulsó notablemente la idea de la revista. Estos no son simples visitantes a una página, son una comunidad que considera propia la revista. Esto es un bien muy valioso y muy difícil de alcanzar. Hay que verlo en las pequeñas cosas, cuántos de ellos posan para la foto con un ejemplar de la revista o acuerdan en los foros para comprar el paquete de revistas que llegue a un lugar en donde no hay distribuidor o, digamos, se apresuran a los comentarios nada más por el honor simbólico de gritar “primero!”. Dudo que Lucía Etxebarría, siendo popular y todo como es ahora, pueda lograr tal cosa de la noche a la mañana. Hay que empezar por alguna parte, sin embargo.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Si yo fuera un escritor novel, haría lo de Casciari. Es la ruta larga, supongo, pero es la ruta. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Si yo fuera un escritor consagrado, sin embargo, intentaría otras cosas antes. Y lo primero es presionar más a los que manejan el negocio. Esta industria editorial, casi que por completo, ha demostrado una ignorancia alarmante en los asuntos de internet y el nuevo comercio global que ya la cosa raya en lo negligente. La experiencia de comprar es un desastre, sitios mal diseñados que son poco más que una lista de títulos con una opción de &amp;#8220;añadir al carrito&amp;#8221;, muchos de los libros no ofrecen siquiera una muestra del libro, un primer capítulo, digamos, que permita al comprador decidir si le agrada la escritura que hay dentro. No hay maneras de interactuar con el autor. No hay maneras de interactuar con los otros lectores, de recomendar el libro a tus amigos. Si a eso vamos, en muchos casos no hay ni siquiera manera de acceder a una copia electrónica del libro para leerlo en el Kindle, iPad o el computador, aparaticos que hacen que la clientela potencial no sea ya un pais sino el mundo redondo y entero. En una época en que nos quejamos de que hay menos lectores y más cosas compitiendo por la atención de éstos, las editoriales miran hacia el otro lado, hacia el pasado, confiando firmemente en que lo que funcionó antes funcionará después. Que es, ironías de la vida, la misma actitud de la industria discográfica cuando se encontró con napster. Y ya todos sabemos que esa historia tuvo un final feliz.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Yo creo que hay una oportunidad aqu&amp;iacute;, en alguna parte.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2011-12-19T00:14:01Z</published>
		<updated>2011-12-19T00:14:01Z</updated>
		<title type="html">La cara amable</title>
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&lt;p&gt;Cuando mis amigos colombianos me visitan en Estados Unidos se alarman por lo que ellos reconocen como la frialdad de la gente. En una ocasión en que fuimos a un supermercado me ofrecieron como ejemplo el que no había empacadores dispuestos a llevarle el mercado al carro a uno, de hecho, no los había tampoco para empacar el mercado y ha sido el mismo cajero el de la doble labor. Menos mal, pensé yo, que evité la sección de cajas auto-servicio en donde uno mismo se registra lo que compra, lo empaca y hace la transacción financiera con una máquina con voz de mujer robot.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El otro día fuimos a mercar en Medellín. Es de las primeras cosas que hacemos cuando venimos de vacaciones. Compramos frutas que no se consiguen allá, y mecato de diverso valor nutricional, y queso pera relleno de bocadillo. Y achiras. Entramos a un Carulla porque a mí me pareció, juzgando apenas por el nombre, más criollo que la alternativa: “El Euro”. Y mi parecer se equivocó, en su lugar nos topamos con un supermercado gringo, un supermarket y tal con productos “organicos” y ventas de sanduches en lugar de pastel de pollo o almojábanas. Las estanterías con amplia variedad de productos importados. Buscando otra cosa me topé con la sección de sopas enlatadas en donde vi el logo del supermercado local en California, esos productos genéricos que las cadenas de supermercados venden a menor precio. Eso me sorprendió un poco: por un lado yo entiendo que la gente quiera probar algo de lo de afuera y que no puede por otro medio; por otro lado se trata de una trampa moral porque no es eso lo mejor de lo de afuera, si acaso represente lo que comen allá lo de acá es mejor.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Pero el servicio es otra cosa. Te atienden las preguntas, te llevan el mercado a la casa, te tratan de “señor”, te ofrecen tinto o aromática mientras te registran la compra. La Chica aceptó la oferta y recibió una aromática de frutas. Al ver mi mirada de reproche, me respondió “hay que gomosear.”&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Yo sufro en Medellín con el concepto de servicio amable de la ciudad. Debe ser que con los años me he vuelto más gruñón y antipático, que me ha terminado por gustar el método gringo de usté defiéndase solo. Acá es imposible entrar a una tienda sin que te pregunten qué está buscando o en qué le puedo ayudar, y los almacenes más grandes están diseñados lo más confuso posible casi que sugiriendo que preguntes algo para que consigas lo que quieras. En el Parque Explora, que es una genialidad genial, hay empleados cada dos metros, recordándote no apoyarte en los vidrios o estar todo el tiempo detrás de la línea amarilla o dispuestos a recitarte lo que con toda seguridad debe ser un libreto sobre el pescadito en la vitrina o la atracción de turno. Ese vicio de preguntar. En Colombia lo preguntamos todo, incluso lo que nos dicen para asegurarnos que oímos bien. Lo grave es que no siempre tenemos las respuestas verdaderas. El otro día me fui a buscar una copia de Ejercito Enemigo, la novela de Alberto Olmos. Cuando me di por vencido buscándola yo mismo le pregunté a uno de los vendedores. ¿“Ejercito de un amigo” de Alberto Hoyos? me pregunta de vuelta. Yo le aclaro. Le pregunta a los gritos a un colega. El colega le pregunta que si Alberto Hoyos es colombiano. Yo me pregunto eso que tiene que ver. Y le digo que creo es español. Luego el colega se va a la sección de literatura universal que es donde yo he estado buscando antes sin éxito. El colega regresa con la noticia de que no tienen nada de Alberto Hoyos. Yo quiero corregirlo, que es Olmos, pero me absorbe la nostalgia y con un muchas gracias simplemente me voy.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;¿Son más eruditos los vendedores de libros en Estados Unidos? No, ellos simplemente usan el computador para investigar el catálogo.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Los restaurantes son la anomalía. En Estados Unidos, el juego está en mover mesas, la esencia del restaurante como negocio. Usté se sienta y el mesero de inmediato está preguntándote lo de tomar o lo del aperitivo. La comida es casi que inmediata. No recuerdo un restaurante en donde haya estado yo 15 minutos sin recibir la comida y sin preocuparme si me iban a atender. En esos casos, mucha gente simplemente se va. No hay paciencia para esas cosas. Lo que no es lo mismo que estar de afán o el cliché de que los gringos no saben divertirse. En un restaurante colombiano alguna vez pedí un jugo y me dijeron que el que hacía los jugos ya había cerrado su parte. Esto es un improperio contra el capitalismo en donde el cliente siempre tiene la razón. Pero aquí comer es distinto. Aquí comer me gusta más porque yo soy muy lento para esas cosas.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Usté no sabe lo que es presión hasta que vive en una casa en donde el grito de guerra es el que acabe primero le ayuda a su compañero. Yo aprendí todo lo contrario.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Un taxi en Medellín es una particularidad. Lo prudente es pedir uno por teléfono aunque no siempre y últimamente casi nunca se encuentran disponibles en horas pico. La aventura de tomarlo en la calle es una lotería, muchos taxistas al oír la dirección dicen simplemente que por allá no van. La suerte de uno es ir para donde el taxista vaya y que así lo lleve. Desconozco las razones de la costumbre, y lo que a uno se le antoja pensar es que el del taxi debe ser tan buen negocio que se permite uno escoger el cliente. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Así es que es bueno.&lt;/p&gt;
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