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<subtitle type="text">Su blog mas espectacular</subtitle>

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<updated>2012-02-04T19:05:46Z</updated>
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		<author>
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		<published>2012-01-24T01:58:35Z</published>
		<updated>2012-01-24T02:03:36Z</updated>
		<title type="html">Ronin</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;No todos los días conoces a tus héroes. En el 2008 Murakami vino a Berkeley a presentar su libro &amp;#8220;What I talk about when I talk about running&amp;#8221;. Yo lo supe a última hora y por poco no consigo tiquetes para la charla y entrevista que le iban a hacer. El auditorio de la Universidad estaba lleno a reventar. Murakami casi nunca hace presentaciones en público, nadie se lo quería perder.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Había llegado muy temprano y me puse a andar por las calles cercanas a la universidad. Siempre he pensado que esa parte de Berkeley me recuerda a Medellín. No sé por qué. Será el desorden total. O el fuerte olor a incienso que a duras penas enmascara el de la marihuana. Me sentí andando en La Playa, deseando encontrar en cualquier momento algún emprendedor vendiendo arepas de queso y avena a quinientos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No todos los días conoces a tus héroes. Entré a una tienda de discos usados. A curiosear y a perder el tiempo. En la sección de Jazz había un hombre muy parecido a Murakami, acompañado por una mujer. El hombre muy tímido. Ella mantenía una distancia prudente, ni muy cerquita como para que se pudiera confundir con entrometimiento, ni muy lejos como para que se pudiera confundir con indiferencia. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El día después de la charla/entrevista, Murakami estuvo en una librería de San Francisco autografiando sus libros. Esto nunca pasa, pensé. Me fui a la librería. Me dijeron que Murakami firmaría máximo tres libros por persona. Uno de los libros tenía que ser el libro nuevo. Compré el libro. Hice la fila. No se permiten fotografías. O videos. Un empleado un ayudante pasa asegurándose de que los libros estén abiertos en la página que es, la del título. No hay tiempo que perder. También nos recuerda que no se permiten fotografías. El Autor (dice así, “el autor”) no gusta de ellas. Una voz comenta que es verdad, el autor ha salido de eventos así porque la gente ha insistido en tomarle fotos. ¿Pero por qué? Quiere saber alguien. Nadie ofrece respuesta.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Hay gente que le cae bien a todo el mundo. Hay gente que le cae mal a todo el mundo. Yo suelo caer en el segundo grupo. Hubo un tiempo en que consideraba esencial descifrar las razones de tan soberana injusticia. Acorralado por la ausencia de alternativa, uno deja de considerar las razones.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El escritor David Foster Wallace explicaba la timidez de la gente. Por ejemplo en un perfil que de él hicieron en Rolling Stone.&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;He was astonishingly good, quick company, making you feel both wide awake and as if your shoes had been tied together. He&amp;#8217;d say things like, &amp;#8220;There&amp;#8217;s good self-consciousness, and then there&amp;#8217;s toxic, paralyzing, raped-by-psychic-Bedouins self-consciousness.&amp;#8221; He talked about a kind of shyness that turned social life impossibly complicated. &amp;#8220;I think being shy basically means being self-absorbed to the point that it makes it difficult to be around other people. For instance, if I&amp;#8217;m hanging out with you, I can&amp;#8217;t even tell whether I like you or not because I&amp;#8217;m too worried about whether you like me&amp;#8221;&lt;/blockquote&gt;

&lt;blockquote&gt;Decía cosas como: &amp;#8220;Hay una buena auto-conciencia, y también hay la tóxica, paralizante, violada-por-psíquico-beduinos conciencia de sí mismo.&amp;#8221; Habló de una especie de timidez que hace la vida social en exceso complicada. &amp;#8220;Creo que la timidez, básicamente, significa estar absorto en sí mismo hasta el punto que hace que sea difícil estar con otras personas. Por ejemplo, si estoy saliendo contigo, no puedo decir si me gustas o no, porque estoy muy preocupado sobre si a ti te gusto o no&amp;#8221;&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;O algo así.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La primera persona que pasó del mundo virtual en el que vivo al mundo real en el que vivo fue Margarita Nomeacuerdoelapellido. Trabajaba en la compañía de discos que sacaba los discos de Darío Gómez. La conocí en irc y conectamos enseguida. Una cosa llevó a la otra hasta que la última cosa en esa fila de cosas fue ella preguntándome si quería tomar un café. ¿Contigo? Le pregunté aturdido. Conmigo, me respondió divertida. La espectacularidad es de principios humildes. Fuimos a ver One Fine Day. Le dije que ella podía ser mi Michelle Pfeiffer si así lo creía conveniente. Ella no creía que yo pudiera ser su George Clooney. Vimos la película, comimos algo y, la ironía, nunca llegamos a tomarnos el café. Nunca más la volví a ver.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El punto es Podría haber hablado del clima o de beisbol o de Radiohead o de correr o de la timidez que no deja se atraviesa no guarda la distancia perfecta entre uno y la otra persona pero no dije nada porque todo el tiempo estuve pensando en las cosas que decir para que este momento este breve instante imposible entre un samurái aprendiz sin maestro y otro samurái sea memorable tan memorable como la idealización de los momentos memorables que uno idealiza.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Así es que como uno va perdiendo sus héroes.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Posdata. Ahora respondo preguntas por doquier: &lt;a href="http://www.formspring.me/maxvega"&gt;en formspring&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
		</author>
		<published>2012-01-14T19:13:42Z</published>
		<updated>2012-02-04T19:05:45Z</updated>
		<title type="html">La Prosa Bogotana</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Le digo así pero no sé si esto tenga alguna dependencia geográfica, es más bien un decir.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La Prosa Bogotana es tal vez la más colombiana de nuestras prosas. La evolución lógica del costumbrismo y el realismo mágico. Un costumbrismo 2.0 sin los aspavientos mágicos de García Marquez, más reposada, menos local&amp;mdash; los protagonistas siguen siendo colombianos pero ahora están regados por todo el mundo. El narrador es casi siempre un viejito bonachón, que hace una crónica novelada de un drama que ocurrió hace muchos años. Es un abuelo contándote una historia. ¿A quién no le gustan las historias de los abuelos? La prosa coquetea todo el tiempo con la poesía, y por momentos se descarrila del todo en plan lírico, aunque suele corregir rápidamente, a veces bruscamente, como un conductor que se está quedando dormido frente al volante y es despertado por la bocina de un auto en dirección contraria.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Leí &lt;em&gt;La luz difícil&lt;/em&gt;, la novela más reciente del escritor Tomás González. Lo hice en una sola sentada, algo que es raro en mí, y lo hice todavía en Colombia, de vacaciones, algo que no acostumbro hacer, mi preferencia es por leer estas novelas que compro acá una vez esté de regreso a casa en gringolandia y sentir que mi estadía colombiana se alarga más y más. Pero el libro se veía cortico y más o menos inofensivo y había caído en cuenta que este Tomás González no es el mismo de &lt;em&gt;La vendedora de coronas&lt;/em&gt; y entonces me sentía mal con ambos tomases que decidí leer esto otro para saldar mi afrenta imaginaria inventada.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En el avión leí &lt;em&gt;Buda Blues&lt;/em&gt; de Mario Mendoza. Digo leí pero lo cierto es que no pude terminarla. Qué curioso esto. Hace unos años cuando era estudiante todavía, llegó a la universidad un académico colombiano de nombre improbable, Renato Pollagrande o algo así. Venía a hablar de la literatura colombiana después de García Marquez. Yo que pensaba que eso no era posible, asistí expectante. El auditorio, o bueno el salón de clases habilitado como auditorio estaba lleno, una mezcla de profesores aburridos y hipsters desubicados. La conferencia resultó un desastre. El conferencista no hablaba inglés pero creía hablarlo perfectamente, una combinación brutal. Los asistentes se fueron marchando uno a uno sin esperar el final. Yo apelé a mi solidaridad patriótica y esperé. Y tal vez animado por la ausencia de gente me animé a preguntar por exponentes de esta nueva camada de literatos. Me hablaron de Jorge Franco pero me advirtieron que me iba a desilusionar, me hablaron de Ricardo Silva, de Efraim Medina y me recomendaron especialmente a Mario Mendoza, particularmente a &lt;em&gt;Satanás&lt;/em&gt;, su novela ganadora de un premio importante que ya no me acuerdo cual fue.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Acá una partecita de &lt;em&gt;La Luz Difícil&lt;/em&gt;:&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;Busqué con la cara el cabello de Sara y aspiré su olor a limpio y cálida frescura, si se puede decir así, como buscando que me ayudara a paliar las llamaradas.&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Note el &lt;em&gt;si se puede decir así&lt;/em&gt;. Alguien que habla de paliar llamaradas ciertamente puede otorgarse la licencia de hablar de cálidas frescuras sin temor a ofender gramáticas de ninguna clase, que al fin y al cabo ya pasamos el umbral de como habla la gente en el diario. Y sin embargo el viejito bonachón quiere hacerte creer que no, que es un tipo normal, no un poeta, un hombre como tú y como yo. ¿Por qué diablos?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Eso me saca de quicio.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Me gustaba ese desespero de Mendoza. Me tragaba ese espejismo social tejido por los narradores. Que la gente buena es la gente humilde, que el dinero envilece, que los verdaderos intelectuales de Colombia son los que estudiaron en la Universidad Nacional y que no tenían manera de pagar por ella, y los médicos, los abogados, los que estudiaron en, qué se yo, Los Andes o La Javeriana, eran la putrefacción de toda la escoria de todo lo peor que tenemos que ofrecer. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Esas vainas ya no suenan como antes.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Serán los años.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2012-01-07T17:18:30Z</published>
		<updated>2012-01-07T18:02:34Z</updated>
		<title type="html">Cyborgs</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;Alejandro Gaviria escribe sobre la creciente popularidad de &lt;a href="http://agaviria.blogspot.com/2011/12/chicas-plasticas.html"&gt;las cirugías plásticas con fines vanidosos&lt;/a&gt; en nuestra población femenil:&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;Si los compañeros de oficina trabajan horas extras para impresionar al jefe, uno se ve forzado a hacer lo mismo. Si nuestros colegas acumulan títulos superfluos, un cartón adicional se vuelve casi un imperativo. Si unos cuantos hinchas deciden, por cualquier razón, pararse para ver el partido, todo el público termina de pie. De la misma manera, si las cirugías estéticas se generalizan, se convierten en una necesidad apremiante. La demanda de unos impulsa la demanda de otros.&lt;/blockquote&gt;

	&lt;p&gt;Yo estaba tratando de escribir sobre el mismo tema y me estaba encontrando una muralla pantaleónica. Escribí en tuiter para calmar los nervios.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&lt;blockquote class="twitter-tweet"&gt;&lt;p&gt;Hombres de mediana edad opinando sobre tetas y culos, con toque posmodernista intelectual progresivo.&lt;/p&gt;&amp;mdash; Maximiliano Vega (@vega) &lt;a href="https://twitter.com/vega/status/154254081148456961" data-datetime="2012-01-03T17:33:33+00:00"&gt;Enero 3, 2012&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
&lt;script src="//platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"&gt;&lt;/script&gt;&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El toque posmodernista era porque había empezado mi historia haciendo una referencia a Ray Kurzweil, hombre genio y querido mucho en esta casa, autor de, entre otros, &amp;#8220;The Age of Spiritual Machines&amp;#8221;, algo así como &amp;#8220;La Edad de las Máquinas Espirituales&amp;#8221;. Kurzweil ha vivido preocupado con el día en que las máquinas dejen de necesitarnos a nosotros, sus creadores, y nos conviertan en servidores o nos aniquilen o nos castiguen con algún otro final nada feliz. Yo me preguntaba si hay otros escenarios en donde eso es posible. Si, digamos, la belleza de la carne reemplazada por la belleza de la silicona, es uno de esos escenarios.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;¿Pero qué diablos tiene eso que ver con tetas y culos y la ajena lujuriosa realidad que uno vive en el diario vivir de mi querida Medellín, el valle de la Silicona, capital mundial de la grilla, sede oficial de querer ser todos bonitos?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Como le digo, cuando los hombres de mediana edad escribimos sobre tetas y culos nos salen unos esperpentos abstractos, explicaciones académicas como las que propone Gaviria (le faltó hablar de influyentes y de redes y tal y del tamaño mínimo del núcleo impulsor necesario para que la demanda de la que habla pueda alcanzar el estado estable), fríos además y algo ingenuos si se quiere. Nuestro talento consiste en disimular nuestra ignorancia con augusto empeño, que es lo mismo que hacemos en cualquier otro tema que involucre una mujer. En eso vamos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;No sé cual es la causa de la creciente popularidad de la cirugía plástica en nuestra población femenil. Si es un problema de autoestima, de vanidad o de estricta supervivencia evolutiva. O cuan arraigado está el asunto en la población masculina. Si, digamos, podemos ya declarar que el porno de todos los días nos ha convencido a todos que no, que esta pinga mía de 1 pie, que parece una linterna de cinco pilas, es lo que quiere tener todo el mundo aun cuando es poco poquito o nada y que voy a tener que auxiliarla dimensionalmente con algún injerto prefabricado porque ya no hay consuelo siquiera en que lo importante es &lt;em&gt;la performance&lt;/em&gt; y la compatibilidad de dos almas que se aman y tal.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Está el viagra pero todavía no vamos tan allá. Lo que está claro es que algo pasa, porque las tetas y los culos siguen creciendo. Sin control.&lt;/p&gt;
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		<author>
			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2011-12-22T03:27:05Z</published>
		<updated>2011-12-22T03:38:34Z</updated>
		<title type="html">La industria editorial</title>
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		<content type="html">
&lt;p&gt;La escritora &lt;a href="http://www.abc.es/20111219/cultura-libros/abci-lucia-etxebarria-pirateria-deja-201112191824.html"&gt;Lucía Etxebarría dice que deja de publicar libros&lt;/a&gt; tras haber &amp;#8220;comprobado que se han descargado más copias ilegales de [su] novela que copias han sido compradas.&amp;#8221; Ella no ofrece mayores razones que esas y el asunto tiene un tinte melodramático desde el principio. ¿Cómo ha hecho para medir el número de copias piratas? &lt;a href="http://ivanthays.com.pe/post/14485327790"&gt;La gente, a su vez, reacciona a la noticia en tono irónico.&lt;/a&gt; ¿Existe otro en esta edad del copyleft?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Hernán Casciari, patrón del imperio Orsai, &lt;a href="http://orsai.bitacoras.com/2011/12/para-ti-lucia.php"&gt;se une al tema con una respuesta bastante lúcida.&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&lt;blockquote&gt;A nosotros nos ocurre lo mismo (…) Vendimos siete mil [ejemplares de la revista Orsai], se descargaron seiscientas mil.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Existe, cada vez más, un mundo flamante en el que el número de descargas virtuales y el número de ventas físicas se suma; sus autores dicen: «qué bueno, cuánta gente me lee». Pero todavía pervive un mundo viejo en el que ambas cifras se restan; sus autores dicen: «qué espanto, cuánta gente no me compra».&lt;br /&gt;
El viejo mundo se basa en control, contrato, exclusividad, confidencialidad, traba, representación y dividendo. Todo lo que ocurra por fuera de sus estándares, es cultura ilegal.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El mundo nuevo se basa en confianza, generosidad, libertad de acción, creatividad, pasión y entrega. Todo lo que ocurra por fuera y por dentro de sus parámetros es bueno, en tanto la gente disfrute con la cultura, pagando o sin pagar.&lt;/blockquote&gt;&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Yo estoy con Casciari en esto. Hay un mundo nuevo y un mundo viejo en el que hacer las cosas. De elegir, mejor elegir el mundo nuevo. Pero su argumento no me convence del todo. No me convence del todo desde el punto de vista financiero, el puramente capitalista.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Etxebarría cree que quienes de alguna manera piratearon sus libros lo hubieran comprado si no hubieran tenido manera de piratearlo. Eso es, creo yo, fundamentalmente falso.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Casciari cree que no importa, que la copia ilegal es positiva o a lo sumo irrelevante, porque la copia ilegal atrae también a posibles compradores y el efecto neto es positivo siempre, y lo es lo suficiente como para ofrecer el libro gratis. Eso puede ser o no ser cierto, pero asume, y esto es lo fundamental, que para que sea cierto Etxebarría y cualquier otro autor en sus condiciones debe hacer lo que hizo Casciari, despedir a su editorial y hacerlo todo ella, la edición, el mercadeo, más mercadeo, el diseño de los libros, la negociación con las librerías (o la administración de la tienda por internet), es decir toda la vaina que las editoriales hacen además de escribir el libro. A cambio está, por supuesto, la ventaja de una mayor parte en la distribución de regalías. Es decir, si el asunto es de plata, siendo independiente necesitas vender menos libros que necesitarías vender en una editorial para ganar la misma cantidad.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Se cae de maduro que lo que aconseja Casciari no le funcionará a todo el mundo. Y el consejo es un poco como si George Clooney te dijera que cualquiera puede ser estrella en Hollywood y que lo importante es empezar mudándose a Los Angeles: buen plan, pero fácil para él decirlo. No hay que olvidar que a Casciari le ha tomado un tiempo llegar hasta aquí, el éxito de la revista Orsai, formidable y todo, empezó con un blog hace ya más o menos diez años. Un blog tremendamente popular, de una popularidad que se antoja menos asequible en estos tiempos de mayor oferta, que lo ayudó luego a publicar con editoriales tradicionales y a consagrarse como autor. En ese tiempo, Casciari formó una audiencia increíblemente leal, fiel, que impulsó notablemente la idea de la revista. Estos no son simples visitantes a una página, son una comunidad que considera propia la revista. Esto es un bien muy valioso y muy difícil de alcanzar. Hay que verlo en las pequeñas cosas, cuántos de ellos posan para la foto con un ejemplar de la revista o acuerdan en los foros para comprar el paquete de revistas que llegue a un lugar en donde no hay distribuidor o, digamos, se apresuran a los comentarios nada más por el honor simbólico de gritar “primero!”. Dudo que Lucía Etxebarría, siendo popular y todo como es ahora, pueda lograr tal cosa de la noche a la mañana. Hay que empezar por alguna parte, sin embargo.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Si yo fuera un escritor novel, haría lo de Casciari. Es la ruta larga, supongo, pero es la ruta. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Si yo fuera un escritor consagrado, sin embargo, intentaría otras cosas antes. Y lo primero es presionar más a los que manejan el negocio. Esta industria editorial, casi que por completo, ha demostrado una ignorancia alarmante en los asuntos de internet y el nuevo comercio global que ya la cosa raya en lo negligente. La experiencia de comprar es un desastre, sitios mal diseñados que son poco más que una lista de títulos con una opción de &amp;#8220;añadir al carrito&amp;#8221;, muchos de los libros no ofrecen siquiera una muestra del libro, un primer capítulo, digamos, que permita al comprador decidir si le agrada la escritura que hay dentro. No hay maneras de interactuar con el autor. No hay maneras de interactuar con los otros lectores, de recomendar el libro a tus amigos. Si a eso vamos, en muchos casos no hay ni siquiera manera de acceder a una copia electrónica del libro para leerlo en el Kindle, iPad o el computador, aparaticos que hacen que la clientela potencial no sea ya un pais sino el mundo redondo y entero. En una época en que nos quejamos de que hay menos lectores y más cosas compitiendo por la atención de éstos, las editoriales miran hacia el otro lado, hacia el pasado, confiando firmemente en que lo que funcionó antes funcionará después. Que es, ironías de la vida, la misma actitud de la industria discográfica cuando se encontró con napster. Y ya todos sabemos que esa historia tuvo un final feliz.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Yo creo que hay una oportunidad aqu&amp;iacute;, en alguna parte.&lt;/p&gt;
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		<published>2011-12-19T00:14:01Z</published>
		<updated>2011-12-19T00:14:01Z</updated>
		<title type="html">La cara amable</title>
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&lt;p&gt;Cuando mis amigos colombianos me visitan en Estados Unidos se alarman por lo que ellos reconocen como la frialdad de la gente. En una ocasión en que fuimos a un supermercado me ofrecieron como ejemplo el que no había empacadores dispuestos a llevarle el mercado al carro a uno, de hecho, no los había tampoco para empacar el mercado y ha sido el mismo cajero el de la doble labor. Menos mal, pensé yo, que evité la sección de cajas auto-servicio en donde uno mismo se registra lo que compra, lo empaca y hace la transacción financiera con una máquina con voz de mujer robot.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El otro día fuimos a mercar en Medellín. Es de las primeras cosas que hacemos cuando venimos de vacaciones. Compramos frutas que no se consiguen allá, y mecato de diverso valor nutricional, y queso pera relleno de bocadillo. Y achiras. Entramos a un Carulla porque a mí me pareció, juzgando apenas por el nombre, más criollo que la alternativa: “El Euro”. Y mi parecer se equivocó, en su lugar nos topamos con un supermercado gringo, un supermarket y tal con productos “organicos” y ventas de sanduches en lugar de pastel de pollo o almojábanas. Las estanterías con amplia variedad de productos importados. Buscando otra cosa me topé con la sección de sopas enlatadas en donde vi el logo del supermercado local en California, esos productos genéricos que las cadenas de supermercados venden a menor precio. Eso me sorprendió un poco: por un lado yo entiendo que la gente quiera probar algo de lo de afuera y que no puede por otro medio; por otro lado se trata de una trampa moral porque no es eso lo mejor de lo de afuera, si acaso represente lo que comen allá lo de acá es mejor.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Pero el servicio es otra cosa. Te atienden las preguntas, te llevan el mercado a la casa, te tratan de “señor”, te ofrecen tinto o aromática mientras te registran la compra. La Chica aceptó la oferta y recibió una aromática de frutas. Al ver mi mirada de reproche, me respondió “hay que gomosear.”&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Yo sufro en Medellín con el concepto de servicio amable de la ciudad. Debe ser que con los años me he vuelto más gruñón y antipático, que me ha terminado por gustar el método gringo de usté defiéndase solo. Acá es imposible entrar a una tienda sin que te pregunten qué está buscando o en qué le puedo ayudar, y los almacenes más grandes están diseñados lo más confuso posible casi que sugiriendo que preguntes algo para que consigas lo que quieras. En el Parque Explora, que es una genialidad genial, hay empleados cada dos metros, recordándote no apoyarte en los vidrios o estar todo el tiempo detrás de la línea amarilla o dispuestos a recitarte lo que con toda seguridad debe ser un libreto sobre el pescadito en la vitrina o la atracción de turno. Ese vicio de preguntar. En Colombia lo preguntamos todo, incluso lo que nos dicen para asegurarnos que oímos bien. Lo grave es que no siempre tenemos las respuestas verdaderas. El otro día me fui a buscar una copia de Ejercito Enemigo, la novela de Alberto Olmos. Cuando me di por vencido buscándola yo mismo le pregunté a uno de los vendedores. ¿“Ejercito de un amigo” de Alberto Hoyos? me pregunta de vuelta. Yo le aclaro. Le pregunta a los gritos a un colega. El colega le pregunta que si Alberto Hoyos es colombiano. Yo me pregunto eso que tiene que ver. Y le digo que creo es español. Luego el colega se va a la sección de literatura universal que es donde yo he estado buscando antes sin éxito. El colega regresa con la noticia de que no tienen nada de Alberto Hoyos. Yo quiero corregirlo, que es Olmos, pero me absorbe la nostalgia y con un muchas gracias simplemente me voy.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;¿Son más eruditos los vendedores de libros en Estados Unidos? No, ellos simplemente usan el computador para investigar el catálogo.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Los restaurantes son la anomalía. En Estados Unidos, el juego está en mover mesas, la esencia del restaurante como negocio. Usté se sienta y el mesero de inmediato está preguntándote lo de tomar o lo del aperitivo. La comida es casi que inmediata. No recuerdo un restaurante en donde haya estado yo 15 minutos sin recibir la comida y sin preocuparme si me iban a atender. En esos casos, mucha gente simplemente se va. No hay paciencia para esas cosas. Lo que no es lo mismo que estar de afán o el cliché de que los gringos no saben divertirse. En un restaurante colombiano alguna vez pedí un jugo y me dijeron que el que hacía los jugos ya había cerrado su parte. Esto es un improperio contra el capitalismo en donde el cliente siempre tiene la razón. Pero aquí comer es distinto. Aquí comer me gusta más porque yo soy muy lento para esas cosas.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Usté no sabe lo que es presión hasta que vive en una casa en donde el grito de guerra es el que acabe primero le ayuda a su compañero. Yo aprendí todo lo contrario.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Un taxi en Medellín es una particularidad. Lo prudente es pedir uno por teléfono aunque no siempre y últimamente casi nunca se encuentran disponibles en horas pico. La aventura de tomarlo en la calle es una lotería, muchos taxistas al oír la dirección dicen simplemente que por allá no van. La suerte de uno es ir para donde el taxista vaya y que así lo lleve. Desconozco las razones de la costumbre, y lo que a uno se le antoja pensar es que el del taxi debe ser tan buen negocio que se permite uno escoger el cliente. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Así es que es bueno.&lt;/p&gt;
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			<name>Maximiliano Vega</name>
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		<published>2011-12-14T03:40:42Z</published>
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		<title type="html">Veneno Vil</title>
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&lt;p&gt;La historia es que este profesor universitario decide que ha visto suficiente de esta realidad y concluye que debe dar un paso al costado. Y no es nada que usté no haya visto antes, la gente va y viene todo el tiempo, y por distintas razones todas siempre válidas aunque a veces no tanto lógicas o sinceras. Antes de irse, sin embargo, decide otorgarse un último placer. Vivimos en la edad de la lujuria, después de todo, del narcisismo en traje filosofal. Escribe una carta, un manifiesto, un panfleto, un monumento a la estupidez. Lo hace público, como no. ¿Si un profesor universitario se queja de sus estudiantes en un bosque lejano y nadie lo puede oír, existe el profesor? ¿Existen los estudiantes?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-10906583.html"&gt;La historia luego la toma uno de los diarios más importantes de Colombia&lt;/a&gt; y lo que debió haber terminado en un simple gracias por sus servicios, termina en un torpe debate sobre si la educación está bien o está mal, sobre si los pelaos de hoy en día son zombies o no son zombies infectados por la última creación del diablo verde, las redes sociales que deshumanizan y destruyen y no hacen nada absolutamente nada bueno por nuestra sociedad.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Los científicos deberían inventarse una máquina del tiempo, indio que se queje de la gravedad del presente y promulguen el oscuro pronóstico del futuro, lo empacamos y lo mandamos al pasado y lo dejamos allá, a una época en donde no haya penicilina, ni radio, ni luz eléctrica. Si van a llorar, que lloren por algo.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Uno puede leer el panfleto y pensar: no hay nada aquí. El hombre no quiso hacer más lo que hacía y ya está.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Uno puede leer el panfleto y pensar: sus razones traen algo de cierto, la juventud vive muy distraída con tantas opciones que hemos creado para ellos. Solo piensan en dinero y en la vía fácil y este camino hay que recomponerlo. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Uno puede leer el panfleto y pensar: todo sería más eficiente si los autores escriben de una vez los libros resumidos y no el libro completo. Así todos felices y no perdemos el tiempo en discusiones estériles y bizantinas.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Uno puede leer el panfleto y pensar: el que lo escribió se ha vuelto obsoleto por la modernidad. El mundo ha cambiado, la gente con él. De este camino no hay regreso. Internet como el medio más democrático jamás inventado está aquí para quedarse con todas sus virtudes y defectos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Uno puede leer el panfleto y pensar: eso no es lo que el mancito dijo, sino esto otro o aquello más.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La primera reacción que tuve al leer el panfleto fue de ira. La expresé, irónicamente, en tuiter. Como profesional, que tal vez ha tenido más o mejores oportunidades que otros compatriotas, siento una responsabilidad por el que viene. No concibo la vida como una serie de exámenes que superar, no creo que las vicisitudes innecesarias autoimpuestas sean el método para fortalecer el carácter, creo que hay que edificar, que lo que hay, hay que mejorarlo siempre. No quiero ser colega del que escribió el panfleto, no quiero que mis hijos sean estudiantes de profesores que piensen como él, no quiero que Colombia tenga gente que piense como él. La vida es lo que hacemos de ella, dice el cliché, si renunciamos cuando el camino se empina, hacemos de la vida la disertación de los cobardes.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Mi terapista dice que debo acusar recibo de la ira, y luego pedirle que espere en el lobby. Y mientras eso ocurre permitirle a la parte dominante de mi cerebro tomar control.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Entonces me pregunto: ¿tiene el hombre la razón?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Por supuesto que no, el panfleto sigue siendo la definición de la estupidez vergonzosa.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Pero: ¿tiene la razón?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Colombia tiene esta relación sicótica con el dinero. Lo queremos, lo deseamos, sabemos que estaremos mejor si tenemos más de ello. Pero al mismo tiempo lo demonizamos. Encontrarse a algún personaje que gane mucho dinero y de una encontraras a sus críticos. Creemos que la gente que tiene dinero usa eso y solo eso para tomar todas las decisiones que tiene en la vida. Tal vez es que hay una diferencia enorme entre los pocos que ganan mucho y los muchos que ganan poco. Tal vez es que nuestro pasado religioso nos ha enseñado que el dinero envilece, que el único camino de una vida justa y decente pasa por no tener mucho, por vivir para sobrevivir, que el dinero es tentación, que el que lo consigue no es bendecido ni exitoso ni trabajador, es simplemente villano.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Usté va por el mundo y se da cuenta que la gente hace más, crea más, logra más, adelanta a la humanidad, cuando tiene acceso a ciertas comodidades. La adversidad enseña a la gente a apreciar cosas, pero no es el único camino, la vida no es el libro de Job. Habiendo crecido en una casa en donde no hubo mucho, no quiero eso para mis hijos. Hay que edificar. Llegué hasta aquí a pesar de las dificultades, no gracias a ellas. Y mi responsabilidad es al mismo tiempo esperar y exigir lo mejor de mi gente, sin excusas, sin traumas, sin culpas. Si haces lo mejor que pudiste, el mundo estará en paz, lo habrás cambiado para bien, ¿qué más puede uno pedirle a otro ser humano?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Hace un tiempo, cuando era un joven tratando de decidir si embarcarme en la aventura de un doctorado era una buena idea me topé con un artículo en la revista Wired titulado &amp;#8220;&lt;a href="http://www.wired.com/wired/archive/8.04/joy_pr.html"&gt;Why the future doesn’t need us&lt;/a&gt;&amp;#8220;, algo así como “Por qué el futuro no nos necesita”. Era una exploración sobre el avance descontrolado de nuestras creaciones tecnológicas que podrían (o podrán, según el tono del articulo) convertirnos en robots, producir híbridos entre humanos y robots, o simplemente iniciar la extinción de la raza humana. De vez en cuando aparecen artículos con el mismo tono, tal vez con conclusiones menos drásticas, pero siempre enviando un mensaje de alerta del peligro tecnológico. En estos últimos años el turno ha sido para las redes sociales. Que deshumanizan, que destruyen la posibilidad del contacto en vivo y en directo, de la interacción social de verdad verdad, que las construimos, que las hacemos, que trabajamos para ellas, gratis, y que a través de nuestro trabajo enriquecemos a unos pocos creadores de estos medios, quienes, a su vez, han logrado convencernos de que cosas como cuantos seguidores tiene uno o cuantos amigos o lo que sea son la verdadera medida del status social, del valor de la persona en el mundo. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Decir que lo que hacemos cuando tuiteamos o estamos en Facebook es solo para enriquecer a unos pocos es como decir que los humanos creamos el lenguaje para enriquecer a la gente que hace diccionarios. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Internet es mi religión. Siento una  fe profunda en la gente que la habita. En muchas ocasiones he insultado a otros, los he ofendido. Nunca ha habido mala intención. Lo he hecho como el capitán del equipo que grita a su compañero, porque solo si el otro es mejor, yo soy mejor. Yo crecí en un pueblo de pocos habitantes, donde la gente sobrevivía apenas y lo poco que conseguía era para gastarlo el fin de semana tomando. Crecí viendo futbol pero sin nadie que quisiera hablar del &lt;em&gt;catenaccio&lt;/em&gt; o de la virtud táctica de los que jugaron mejor el juego. Era todo superficial, sin esperanza. Como doscientos años atrás, la gente vivía como si el futuro ya estuviera escrito, vivido incluso. En otra parte me juzgaron por lo que yo podía hacer, por lo que había en mi cabeza, por lo que pensaba, internet amplificó eso en muchos niveles de magnitud. Encontré a mi gente. Mi gente me encontró a mí. Páginas en geocities, blogs, Facebook, twitter, redes, bytes, links, los caminos que conectan a mis hermanos en la fe. A mi gente. En donde hay quien también le unta mermelada de guayaba al sanduche de mantequilla de maní, en donde también hay quienes como yo cambiaron de carrera profesional, en donde hay quienes hablan de física cuántica con el mismo entusiasmo con que hablan de la táctica de Guardiola, en donde hay quienes leen a Harry Potter en las mañanas y a William Gaddis al atardecer. Pretender que lo único que hacemos es coleccionar seguidores para alimentar un imaginario ranking social es desconocer la esencia de lo que aquí hacemos, de lo que estamos construyendo. Pretender que lo único que hacemos es coleccionar seguidores es una interpretación perversa de lo que esto es. Y si no entiendes el medio, si no hablas el mismo idioma, ¿por qué esperas que el otro te entienda? ¿Si no hablas mandarín, te entenderían en la China? ¿Les dirías entonces, a los chinos, que deben aprender español o inglés porque es lo que tú hablas?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Internet es mi religión, la solución a mi soledad.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;¿Es posible carecer de interés? ¿Es posible simplemente ser sin &lt;em&gt;querer&lt;/em&gt; ser? Esta es la mejor época que la humanidad ha conocido. No hay duda. Pero es además una en la que es muy difícil estar vivo, ser feliz. Cuando era adolescente, leí emocionado las historias de De Broglie, Bohr, Planck, Schrodinger, Heisenberg. Una generación que construyó ella sola una de las teorías del universo más espectaculares que el hombre haya conocido. Se tardaron un cuarto de siglo, construyeron sobre los hombros de gigantes y tal, pero fueron ellos, tenían la ecuación y una visión distinta del mundo invisible. Nuestra generación, mi generación nunca vio algo semejante. Y cada vez será más difícil, supongo, a principios de siglo todo estaba por descubrirse, hoy te puedes pasar toda una vida sólo tratando de ponerte al día. Se hace cada vez más difícil dejar tu marca en el mundo. Se hace cada vez más difícil cambiar el mundo. Y sin embargo, escribí el otro día, los puristas le confirmarán que tu sola presencia cambia el mundo, lo cambia a diario, lo cambia siempre. Lo que hace falta es vivir, estar.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Debe ser difícil ser joven en esta época. Bufones diciendo que no pudieron &amp;#8220;conectar&amp;#8221; contigo. Bufones diciendo lo que hay que hacer. Esta es la forma, este es el método. Y todo cambia, todo el tiempo. Tuve un profesor universitario que una vez quiso proponer la vuelta de las reglas de cálculo, que el reencuentro con los números los hará más fuertes, mejor preparados para las batallas profesionales que se cruzarían en el camino, sin advertir siquiera que a las batallas íbamos armados de calculadoras científicas poderosas, que hacían gráficas, y resolvían ecuaciones diferenciales por doquier, y que tenían incluso un ojo mágico infrarrojo que servía para comunicarse con las otras calculadoras, tal vez para burlarse de la incapacidad de esta raza humana, tan preocupada por recordar, tan apta para olvidar.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Yo no sé de cierto si los estudiantes modernos saben o no saben redactar. O si prefieren una vida sin contratiempos o una vida de propósito. Yo fui afortunado, supongo. Tuve siempre profesores que se preocuparon por mí, que me enseñaron, ecuaciones y adverbios y geografías de lugares que nunca visité. Desconozco las razones, pero les agradezco la insistencia que tuvieron cuando me escapaba del salón de clase a seguir por radio la transmisión en vivo y en directo de Lucho Herrera pedaleando a toda velocidad por los Alpes franceses o a jugar f&amp;uacute;tbol creyéndome Willington Ortiz.  Me enseñaron a ser autodidacta, me enseñaron que aunque el talento es eso que te hace creer que se puede, cuando el camino se empina lo único que te ampara es la disciplina. Y cuando fallaron, tuvieron la decencia de intentarlo de nuevo. No fallaron siempre, de eso estoy seguro.&lt;/p&gt;

&lt;blockquote&gt;&amp;#8220;God is just what happens when humanity is connected. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;

The truth is, we all have this same cross to bear. I needed a couple extra &lt;span class="caps"&gt;DNA&lt;/span&gt;s to really get it. But everything we achieve is built on the sacrifices of others. Whether it&amp;#8217;s the freedom we enjoy because of the soldiers who fight for our country, or the scientists who invent the cures that keep us healthy. We are all connected, we are all in debt to each other, we all owe every moment of our lives to countless people we will never meet. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;

The internet gives us the opportunity to pay back a small part of that debt. As a child, I believed in Creationism, that the universe was created in 6 days. Now we are the creators. Every one of us has our own unique skills and talents to contribute to creating the kingdom of God. We serve God best when we do what we love for the greatest cause we can imagine.&amp;#8221;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;

&amp;mdash; &lt;a href="http://www.internetismyreligion.com/transcript"&gt;Jim Gilliam&lt;/a&gt;
&lt;/blockquote&gt;
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		<published>2011-11-22T20:27:18Z</published>
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		<title type="html">En diferido</title>
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&lt;p&gt;Los días de fútbol son los más difíciles. Me tengo que esconder, evitar internet, las redes sociales y tal. Porque cuando hay un evento la gente quiere hablar del tema apenas ocurre, que hubo gol, que le lanzaron un botellazo a no sé quién. Y así. Pero yo trabajo en el día y no me es posible ver los juegos en directo, en su lugar los grabo y los veo en la noche, después de la cena familiar, de leer los cuentos, de conversar con los viejos, de pagar las deudas, después, cuando todo el mundo duerme. Me siento en el sofá de la sala, arrastro la mesita para poner ahí los pies, me sirvo algo de tomar y empiezo a verlo. En diferido. ¿Por qué diablos? Me preguntan. ¿Qué sentido tiene verlo con el resultado puesto? Yo soy un fan, suelo explicar, me gusta el fútbol por el fútbol, no por ganar o perder. Lo que es una contradicción, concluirán los más puristas, después de todo, si el fútbol es el medio y el resultado, saber cómo va el partido es irrelevante, no tiene nada que ver. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Tal vez. &lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Vivir en diferido es simplemente la consecuencia de una traslación de marcos de referencia. El partido no es a las dos, es a las diez. La serie de TV no la pasan el Lunes, la pasan el Viernes en la noche. Y así. Uno colecciona marcos de referencia por montones cuando va viviendo. En unos uno se mueve más rápido y el tiempo se dilata. En otros todo lo contrario. Lo importante es rodearse de gente cuyos marcos se encuentren en sincronía con los de uno. Tal vez un poquito movidos, pero esencialmente sincrónicos. No es fácil. Hay gente que vive toda la vida con marcos que no tienen par, singulares. Hay gente que trata de forzar traslaciones y rotaciones para ajustarse a otros marcos. Nunca funciona, y todos los involucrados terminan en cansancio, vencidos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Va ganando el Madrid 3-0 me dicen. Putos.&lt;/p&gt;
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		<published>2011-10-28T20:12:31Z</published>
		<updated>2011-10-28T20:44:51Z</updated>
		<title type="html">De hinchas y padres</title>
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&lt;p&gt;¿Cómo nace un hincha? ¿Qué lo inclina por el Real Madrid o del Barcelona, de River o de Boca? &lt;a href="http://www.npr.org/blogs/krulwich/2011/10/24/141649929/how-we-become-sports-fans-the-tyranny-of-fathers"&gt;Una nota en &lt;span class="caps"&gt;NPR&lt;/span&gt; encuentra la causa en la tiran&amp;iacute;a de los padres.&lt;/a&gt; Uno es hincha de lo que era hincha el viejo. La explicación es que los niños encuentran en eso la vía para conectar emocionalmente con el padre. No hay mención de quienes crecieron sin la presencia paternal, ¿no se supone que somos una sociedad matriarcal por omisión? No obstante el razonamiento lo lleva al mismo camino, porque uno se hace hincha también para que los amigos lo quieran más.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El viejo, mi viejo, no veía fútbol. Tampoco lo hace ahora. No era fanático de deporte alguno. Yo me hice hincha por una coincidencia, un día cualquiera me encontré viendo al América de Cali perder una de las tantas finales de la Copa Libertadores que perdió, y de una forma tan absurda, tan brutal, tan fuera del patrón sensible de los humanos que era imposible pensar que eso se podía, o que se pudiera sin la intervención oportuna de un poder mayor, algo sobrenatural, un extraterrestre, una deuda karmica. Me hice hincha para ver el final de la historia.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Es una responsabilidad que pesa. La pasión debe administrarse para evitar la imprudencia de decir al descendiente este es tu equipo. Esas son decisiones mejor tomadas en primera persona. Una manera de verlo es que el equipo lo escoge a uno. Mientras llega, mejor visitar el arsenal de recuerdos. Socrates eliminado de un mundial que iba camino a ganar, Maradona a toda velocidad en tierras mexicanas, Falcioni sin tiempo de llorar, los bajitos de España imponiendo su ley en Europa, Zidane en Glasgow y el balón en una trayectoria sucinta, inverosímil. Otra manera de verlo es que el equipo es lo de menos.&lt;/p&gt;
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		<published>2011-10-19T20:49:28Z</published>
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		<title type="html">Abandonos</title>
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&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.thisamericanlife.org/radio-archives/episode/256/living-without"&gt;Ira Glass hablaba de abandonos&lt;/a&gt; , de vivir sin algo, de abandonar cosas, vicios, de dejar a un lado defectos, de cambiar. El prologo contaba la historia del drama de alguien muy apegado al chupo cuando niño y las tribulaciones de sus padres para lograr que por fin lo dejara. Yo no he tenido vicios, a veces quisiera tener más, aunque tal vez la manera más precisa de decirlo es que tengo el peor vicio de todos que es el de ser adicto a una vida normal. Pero el tema es dejar algo, abandonar un comportamiento, una forma de actuar. Lo más fuerte en mi caso fue algo bien tonto. Cuando niño yo le tenía particular pavor a la oscuridad, a los fantasmas, vivía asustado con las historias de brujas y apariciones y de gente que hablaba con muertos. Todas estas supersticiones eran y son parte de la idiosincrasia costeña. Creer en ellas era diferente a no temerles. Para hacerle frente al miedo en las noches yo ponía un radiecito que me había regalado mi papá para que escuchara las transmisiones de la Vuelta a España o el Tour de Francia incluso cuando estuviera en el colegio. El radiecito no tenía mucho alcance, pero recibía las cadenas básicas de Caracol y &lt;span class="caps"&gt;RCN&lt;/span&gt;, las emisoras de tradición en Colombia. En las noches más claras incluso recibía la señal de radio Nederland, algo que para mí bordeaba lo mágico sintiéndome como me sentía tan remoto. Eso que empezó como un ataque al miedo se convirtió en una costumbre y luego en una dependencia. Mi mamá solía entrar al cuarto a apagarme el radio tarde en la noche preocupada con la cuenta de la luz. Despareció como vino, sin intervención mía. Algo absurdo en mi creencia es que las apariciones y los muertos y las brujas solo viven en los pueblos, en el monte, liberado de esa presencia en las ciudades el radio, por fin, llegó a apagarse.&lt;/p&gt;
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		<published>2011-10-17T19:30:56Z</published>
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		<title type="html">Nuestro héroe renta un porno</title>
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&lt;p&gt;En el pueblo había una tienda de alquiler de videos y luego había dos. Una manera de verlo es que el pueblo no podía sostener dos ofertas de esta clase. Otra manera de verlo, y la manera en que lo vio el proponente de la segunda oferta, es que la gente tiene una mente abierta a diversas propuestas de valor que pueden traducirse en el disfrute y el entretenimiento conscientes todos de que al morirse uno nada se lleva y que lo más importante es el aprovechamiento del breve instante en que estamos de este lado de la existencia para la búsqueda de la felicidad. Y en lugares como éste, al que la gente descarta tan lejano como decir que es allá donde el diablo tiene la cueva, ese tipo de aprovechamiento se traduce a su vez en liberar la imaginación para compensar lo que la realidad física de todos los días no alcanza a satisfacer.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Lo más importante a tener en cuenta es que en esta segunda tienda tenían un catálogo respetable de porno.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;El protocolo establecido era, uno pedía el catálogo que era uno de esos álbum de fotos solo que en lugar de recuerdos de otro tiempo uno encontraba la carátula frontal y el teaser posterior de tal o cual película. Este sistema se cuenta entre los muchos ejemplos de la atención al detalle que le garantizó al dueño el éxito en el negocio. La portada le da a uno la idea de quienes son los protagonistas, una idea de qué clase de fetichismo persigue el filme, y la contra carátula es el gancho final lo que convence al futuro vidente de que tiene muchas opciones para su escogencia pero ninguno que estimule el aparato visual orgásmico como el que tiene en sus manos. El hombre tardó un poco en escoger. No suele muy a menudo, una manera de verlo es que hay gente que sabe de antemano  lo que le mueve el bote y no teme ir por ello, otra manera de verlo es que el porno ochentero no ostentaba la versatilidad que usted y yo podemos admirar hoy en día. Antes tenía uno suerte si encontraba la exploración interracial, la sodomía y el bukkake en un solo ofrecimiento. De no haber sido por esta dicotomía, no hubiera tenido la oportunidad de enterarme de las oportunidades que me estaba perdiendo, y no hubiera querido en consecuencia echar un vistazo y si es posible llevarme una a casa. El único problema era, existía en ese tiempo como ahora el prejuicio total a no permitirle acceso a estas cosas a quienes por pura anécdota cronológica se cuentan menores que el arbitrario límite de la adultez.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Le dije, tengo la misión de escribir un ensayo, nada del otro mundo 500 palabras, sobre la influencia de la lúdica en la reproducción en el reino animal.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Le dije, lúdica se refiere en términos generales al juego, a jugar, ha notado que ya nadie juega por jugar?&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Le dije, el reino animal de los animales lo tengo cubierto, me falta entonces el animal más famoso de todos.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Me dijo, el problema es que eres menor de edad. Tal vez si traes una carta del colegio explicando la necesidad de lo que pides yo puedo hablar con el dueño a ver que dice. Lo otro que puedes hacer es venir con tu papá.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;La relación con mi padre es de por sí disfuncional, pensé, sin haber necesitado compartir decisiones en el campo de la auto-lujuria.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Le dije, tal vez lo que necesito es hablar con el dueño directamente. Después de todo yo soy un hombre de acción, se cae de maduro que urja hablar en plata blanca con gente que comparta mi visión pragmática del mundo, cosa que encuentro dificil que ust&amp;eacute; comparta.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Me dijo, de momento no está, no sé cuándo volverá.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Algo que uno nota es que en Colombia la gente de acción con visión pragmática del mundo se la pasa en reuniones o haciendo vueltas.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En la encrucijada, hice lo que cualquier persona con sangre roja por dentro hubiera hecho: mecanografié la carta como imagino la hubiera escrito algún personaje razonable en el Colegio de haber entendido el mundo desde un punto de vista pragmático en el que la lúdica en la reproducción animal son accesibles a través de lo que hemos ido plasmando en los diversos medios de expresión artística, como el cine en todas sus versiones.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;En el enredo preliminar perdí de vista la preparación para la decisión final una vez tuviera acceso al catálogo. Me decidí por Emanuelle. Lamenté tanta vaina y tanto sudor para tanta ausencia de situaciones explicitas. Es una versión poética de lo que realmente sucede. Como si el director hubiera hecho la película que algún ser razonable haría de ver el mundo desde un punto de vista romántico y lleno de emoción y no desde el pragmatismo accionario de esta edad de la lujuria.&lt;/p&gt;

	&lt;p&gt;Volví por otra, expliqué, algo anda mal con esta película, me ha ensuciado los cabezotes del betamax.&lt;/p&gt;
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