<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535</id><updated>2024-10-25T00:28:27.080+02:00</updated><category term="Centinelas de la Noche"/><category term="Fan-Fic"/><category term="The Pokémon Revolution"/><category term="Mi historia"/><title type='text'>Sora ni Kotoba</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>12</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-8028627051789240304</id><published>2014-08-27T14:01:00.000+02:00</published><updated>2014-08-27T14:01:03.185+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Fan-Fic"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="The Pokémon Revolution"/><title type='text'>The Pokémon Revolution: Capítulo IV</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ya habían conseguido traspasar la frontera entre Kanto y
Johto y el Fearow decidió reducir el ritmo, en parte porque ya estarían a salvo
y, en parte, porque Rangelus se había quedado dormido sobre su espalda. Quizás,
ese fue su mayor error puesto que sus perseguidores consiguieron alcanzarles,
después de quedarse rezagados a la altura de Pueblo Paleta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El Fearow aún no se había dado cuenta de que un grupo de
Skarmory le había rodeado hasta que un Ataque Arena le nubló la vista. Con un
brusco movimiento hacia abajo, que casi hace caer a Rangelus, consiguió escapar
del círculo que habían formado los Skarmory, pero aquel ataque no había acabado
aún. El Fearow apenas podía ver mientras se movía de un lado para otro
intentando evitar los Tajos Aéreos de sus perseguidores.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Con tanto ajetreo, Rangelus se despertó y no fue unos
segundos más tarde hasta que se percató de la situación. Se agarró al cuello
del Fearow con fuerza e intentó pensar qué haría un buen entrenador en esa
situación, ¿qué haría su padre? No lo había visto luchar mucho, de hecho, jamás
lo había visto luchar en persona; pero había visto varios combates por
televisión, los había grabado y los había repetido hasta entender su
estrategia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Los Skarmory volvieron a lanzar un ataque todos a la vez,
esta vez era Rapidez. Era un movimiento inevitable, por muy rápido que se
moviera, las cientos de estrellas que se acercaban velozmente hacia ellos
acabarían dándoles y, si eso ocurría, sería su fin.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Rangelus llevaba todo el tiempo intentando recordar cada
movimiento, cada gesto de los combates de su padre. Un movimiento, el único
movimiento que podría asegurarles salir vivos de esa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
—Fearow, ¡usa Movimiento espejo!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El Fearow creó velozmente un portal mágico, se dio la vuelta
y absorbió cada una de las estrellas que se dirigían hacia ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
—Genial, ¡Para!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
El Fearow se detuvo en seco y todos los Skarmory les
adelantaron, mientras sus jinetes les miraban atónitos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
—¡Ahora!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Todas las estrellas empezaron a salir disparadas hacia
delante impactando en todos los Pokémon.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Aún se mantenían en el aire y esa estrategia no volvería a
funcionar, pero habían conseguido hacerles daño y ahora ellos eran los
perseguidores. Los Skarmory se dispersaron para intentar volver a su formación
de combate, pero Rangelus ordenó al Fearow que persiguiera a uno de ellos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Había contado diez enemigos y pensaba acabar con todos uno a
uno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
—¡Skarmory, Púas! —se oyó a lo lejos desde el Skarmory al
que estaban persiguiendo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
—¡Agilidad! —el Fearow consiguió esquivar todas las púas con
un preciso movimiento y ahora estaban más cerca de su presa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
—¡Pico Taladro! —El Pokémon se subió sobre el Skarmory,
tirando a su jinete y comenzó a taladrarle la espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al soltarlo, el Skarmory empezó a caer, debilitado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
—Uno menos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Uno menos, quedaban nueve y los nueve volvían a estar detrás
de ellos mucho más cerca.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Consiguieron alejarse un poco gracias a Agilidad. Se dio la
vuelta y se abrió paso entre los Skarmory con otro Pico Taladro. Volvieron a
intentar esa estrategia, y una vez más pero, a la cuarta vez, el Fearow estaba
muy cansado y más debilitado, ya que algunos Skarmory consiguieron acertar sus
ataques.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Los Skarmory volvieron a unir sus fuerzas para lanzar un Tajo
Aéreo que acabara con su objetivo de una vez por todas. Esta vez sí que sería
definitivo, al Fearow apenas le quedaban fuerzas para batir sus alas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Al encajar el golpe, el Fearow se quedó sin fuerzas y
comenzó a caer en picado. Rangelus también recibió parte del golpe, a pesar de
que el Fearow lo protegió con su cuerpo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Ambos se habían desmayado y caían sin remedio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/8028627051789240304/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/the-pokemon-revolution-capitulo-iv.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8028627051789240304'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8028627051789240304'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/the-pokemon-revolution-capitulo-iv.html' title='The Pokémon Revolution: Capítulo IV'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-5350615363655243338</id><published>2014-08-25T13:33:00.005+02:00</published><updated>2014-08-25T13:34:14.706+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Fan-Fic"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="The Pokémon Revolution"/><title type='text'>The Pokémon Revolution: Capítulo III</title><content type='html'>&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Rangelus pensó que Gabi le seguiría, que no permitiría que le pasara nada, pero no fue así. Miró hacia atrás, pero no estaba. Posiblemente se había dirigido al barco, era lo más sensato, no le culpaba. Volvía a estar solo y tenía que pensar rápido.&lt;/div&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Cientos de guardias por toda la ciudad. Algunos interrogaban a los habitantes, que si «has visto a este hombre», que «por dónde ha llegado el Fearow». También preguntaban por Rangelus; ya sabían que estaba allí, la pista del túnel era muy evidente. Otros guardias simplemente caminaban por las calles mirando de un lado a otro, como si no pudieran dejar de mover el cuello.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Estos eran fáciles de evitar. Si algo tiene Kanto, es que todas sus ciudades tienen rincones donde esconderse. Lo que realmente le preocupaba era un edificio en concreto: el antiguo gimnasio del famoso Lt. Surge.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Rangelus pudo ver como llevaban al Fearow allí y les siguió sin que se percataran de su presencia. El problema es que la puerta estaba custodiada por tres guardias y dentro habría un par de docenas. La definición gráfica de inexpugnable.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
No había estado nunca allí, digamos que no había tenido la suerte de visitar Ciudad Carmín en su máximo esplendor. De modo que no sabía si el gimnasio tenía alguna entrada alternativa.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
La única entrada conocida era inaccesible y no podía permitirse perder más tiempo si quería volver a ver al Fearow con vida, por esa razón no se dignó a pensar más tiempo y dio un rodeo al edificio. Por detrás habían muchos arbustos (un lugar perfecto para esconderse si vinieran los guardias) y una escalera que daba a una estrecha puerta de metal. Cerrada. Por encima había una serie de ventanas estrechas y rectangulares como las de algunas naves industriales. Con la misma cantidad de polvo que las naves industriales.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Rangelus se subió a la baranda de la escalera e intentó llegar a las ventanas. Apenas llegó a tocarlas, pero fue suficiente para comprobar que estaban cerradas.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Hizo un esfuerzo aún más grande, apoyando un pie sobre el estrecho marco de la puerta y dando un salto para agarrarse al borde del tejado. Flexionó los brazos y consiguió subir. Tomó un respiro tumbado sobre las planchas de metal antes de continuar gateando lentamente hasta encontrar alguna ventana con el cristal roto, o algún agujero producido por el óxido. Bingo. Desde aquel agujero podía ver varios guardias, pero los dos que le interesaban eran los que estaban apoyados en la pared junto a una puerta tras la que, presuntamente, estaría el Fearow. Antes de subir, había tomado la precaución de coger un par de piedras para crear una distracción. Se asomó por el agujero y lanzó una de ellas a unas cajas bastante alejadas de la puerta. Los guardias se alarmaron y uno de ellos fue a ver qué pasaba. Todavía había uno guardando la puerta, así que, su plan no había funcionado. Mientras intentaba pensar otra cosa, comenzó a oír ruidos (del Fearow, pensó) dentro de la habitación.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Pocos segundos después, el guardia que se quedó en la puerta, abandonó su posición ante la llamada de su compañero. Al parecer, Rangelus había tenido la suerte de tirar unas cuantas cosas valiosas y el guardia necesitaba ayuda para disimular el estropicio.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Era el momento perfecto. Rangelus bajó del tejado intentando no hacer mucho ruido, aunque no lo consiguió. Estaba demasiado alto y cayó bruscamente contra el suelo doblándose el tobillo. Intentó no gritar del dolor para no estropear más la situación, ya que su golpe contra el suelo no había sido suficiente para llamar la atención de los guardias.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Comenzó a andar intentando no apoyar mucho el pie y abrió unos centímetros la puerta.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Era una pequeña sala de generadores que, en su día, daban vida al entonces majestuoso gimnasio; y en su interior no había más que un pobre Pokémon casi debilitado atado con cadenas a unas tuberías de gas. No fue difícil desatarlo (solo un poco enrevesado), ya que no tenía candado. Estaba tan fuertemente atado que el Fearow no podía moverse, pero aún le quedaban fuerzas suficientes como para echar a volar y alejarlos de allí.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Salieron velozmente de la habitación y atravesaron el estrecho agujero que Rangelus había descubierto, aunque no consiguieron salir sin ser vistos.&lt;/div&gt;
&lt;div class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;
Volaron en la dirección que el Fearow había sido ordenado sin percatarse de que varios Pokémon les perseguían.&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/5350615363655243338/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/rangelus-penso-que-gabi-le-seguiria-que.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/5350615363655243338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/5350615363655243338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/rangelus-penso-que-gabi-le-seguiria-que.html' title='The Pokémon Revolution: Capítulo III'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-7719441163125368196</id><published>2014-08-21T16:30:00.002+02:00</published><updated>2014-08-21T16:30:34.550+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Fan-Fic"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="The Pokémon Revolution"/><title type='text'>The Pokémon Revolution. Capítulo II</title><content type='html'>&lt;br /&gt;
Desde Ciudad Azafrán a Ciudad Carmín no hay mucha distancia y, en apenas dos horas, Rangelus ya veía la luz al final del túnel. El Darmanitan ya había salido y le ofreció su gran puño para ayudarle a subir a la superficie.&lt;br /&gt;
Estaban en Ciudad Carmín a pocos minutos al oeste de la cueva Diglett. No había ningún Pokémon sobrevolando su entrada. Quizás se había escondido dentro para no ser descubierto, pero no era así; dentro no había nada más que tierra y basura (los Diglett que solían vivir allí tuvieron que migrar por culpa de los humanos).&lt;br /&gt;
Rangelus no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo, pero sabía que tarde o temprano acabarían encontrándolo y quién sabe lo que le harían. Tenía que pensar rápido, encontrar al Fearow y salir de allí. Quizás con la ayuda del Darmanitan lo conseguiría. Rangelus se dio la vuelta para hablar con él, pero tampoco estaba allí. Su misión era llevarle a esa ciudad, lo hizo y se fue. Un Pokémon obediente y precavido, aunque no muy útil en aquella situación. Tendría que arreglárselas solo.&lt;br /&gt;
Se dirigió a la ciudad y se escondió detrás de unos árboles pocos metros antes de llegar al puerto, en el que había atracado un buque de carga.&lt;br /&gt;
Detrás de él solo había más árboles, pero, por un momento, le pareció oír un susurro, como si alguien le llamara. No le dio importancia pero el sonido seguía y era cada vez más fuerte, hasta que se asemejó a la voz de una persona. Rangelus decidió no moverse y pensar: podía ser una persona, podía ser alguien que le estuviera buscando igual que buscaban a su padre. Al final, le habían encontrado y sí que tendría problemas.&lt;br /&gt;
Todas estas ideas le vinieron a la cabeza como el agua de una presa desbordada e, inmerso en sus pensamientos, no le dio tiempo a reaccionar cuando aquella persona le asió del hombro y le empujó hacia atrás. Su primer instinto fue gritar, pero el chico (cuya cara le resultaba extremadamente familiar) le tapó la boca con la mano. En aquel momento pasaron cerca de ellos (aunque no lo suficiente para que los descubrieran) un par de hombres vestidos de negro.&lt;br /&gt;
—Por aquí lo encontramos.&lt;br /&gt;
—Más te vale que haya algo más, un Pokémon solo no nos sirve de nada.&lt;br /&gt;
—Oye, ¿has oído hablar de ese tal Sr. Negro?&lt;br /&gt;
Los hombres ya se habían alejado demasiado como para seguir oyendo su conversación más que un murmullo, pero esas palabras eran suficientes para que Rangelus sospechara que fueron ellos quienes atraparon al Fearow, y que tendría problemas si descubrían el túnel por el que había llegado a la ciudad.&lt;br /&gt;
Aunque no había pensado mucho en ello, pudo recordar quién era el chico que ahora estaba sentado a su lado.&lt;br /&gt;
—Tu padre me dijo que podrías necesitar ayuda.&lt;br /&gt;
—¿Ayuda para qué?&lt;br /&gt;
—Tu padre piensa que están pasando cosas muy malas y, por algún motivo, cree que tú puedes resolverlo.&lt;br /&gt;
—¿Qué insinúas?&lt;br /&gt;
—¡Vamos, mírate! No eres más que un niño y ni siquiera tienes un Pokémon.&lt;br /&gt;
Eso le recordó al Pokémon que tenía dos años antes, aunque solo estuvo con él unos meses, aunque ni siquiera fue capaz de derrotar a Misty para conseguir su primera medalla, separarse de su Fennekin fue lo más duro que tuvo que hacer jamás.&lt;br /&gt;
—No me malinterpretes, Rangelus, pero esto te viene grande. Están pasando cosas que ni siquiera eres capaz de comprender. Será mejor que te vayas lo más lejos posible. Si hace falta te acompañaré hasta que estés a salvo, pero…&lt;br /&gt;
Antes de terminar la frase, miró a través de los árboles hacia el camino para ver que los pasos que se escuchaban eran de cuatro hombres vestidos de negro.&lt;br /&gt;
—Ya saben que estás aquí. Será mejor que nos demos prisa. ¿Has visto el barco del puerto? Va a Hoenn, allí estarás a salvo.&lt;br /&gt;
—No, tengo que salvar a Fearow.&lt;br /&gt;
—¿Estás loco?&lt;br /&gt;
—Mi padre me dijo que volara con Fearow y es lo que voy a hacer. Mi padre confía en mí y no le defraudaré. Si no quieres acompañarme, me iré yo solo.&lt;br /&gt;
Rangelus Se levantó antes de que Gabi Berlitz (un antiguo vecino suyo) pudiera seguir rechistando y se dirigió rápidamente (aunque con sigilo) hacia la ciudad, donde habían cientos de hombres de negro… y el Fearow.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/7719441163125368196/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/the-pokemon-revolution-capitulo-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/7719441163125368196'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/7719441163125368196'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/the-pokemon-revolution-capitulo-ii.html' title='The Pokémon Revolution. Capítulo II'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-8375023427119818952</id><published>2014-08-19T09:45:00.001+02:00</published><updated>2014-08-19T09:45:05.634+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Fan-Fic"/><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="The Pokémon Revolution"/><title type='text'>The Pokémon Revolution</title><content type='html'>Me he dado cuenta de que la historia que estaba escribiendo, &lt;i&gt;Centinelas de la Noche&lt;/i&gt;, no tiene ningún futuro, me cuesta mucho trabajo continuar e intentar describir un mundo que no me convence. De modo que voy a abandonarla y a &amp;nbsp;trabajar en otra historia; mi intención es que esté relacionada con &lt;i&gt;Centinelas de la Noche&lt;/i&gt;, Éleon seguirá siendo el protagonista y narraré su vida como Guardián en la Tierra y también aparecerá Zere con un papel similar pero con otras circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras trabajo en esta nueva historia y para no dejar el blog abandonado, voy a empezar a publicar otra:&lt;br /&gt;
Esta es una historia que empezó a escribir un amigo y no pudo continuarla por culpa de los estudios. Se trata de un fan-fic de Pokémon, así que no tiene mucho que ver con lo que he estado publicando; pero él me pidió que se la publicara y voy a aprovechar este momento para hacerlo, espero que podáis disfrutarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este es el prólogo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;(Televisión)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
—Buenas tardes, hace ya dos años de los trágicos acontecimientos de Ciudad Fucsia y Ciudad Carmín y aún se siguen produciendo revueltas de los ciudadanos que se muestran en desacuerdo con las medidas tomadas por el Gobierno de Kanto. Esta misma mañana, la policía ha tenido que intervenir ante la violencia de cientos de personas en Ciudad Azulona, una de las ciudades más afectadas por la falta de Pokémon. Hoy precisamente, solía ser el día en el que, el desaparecido Profesor Oak, entregaba a los niños sus nuevos Pokémon.&lt;br /&gt;
»Por otro lado, hoy, el presidente Giovanni ha dado a conocer el nuevo plan…&lt;br /&gt;
»Tenemos una noticia de última hora: la policía ha interceptado a un grupo de traficantes con una carga de cientos de Poké Ball al este de Ciudad Celeste. La policía cree que los criminales podrían estar refugiados en la antigua central eléctrica, ahora abandonada. Se conoce que uno de los individuos es un antiguo criador Pokémon. Nada más por ahora. Les mantendremos informados.&lt;br /&gt;
»En cuanto al plan de economía…&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;div&gt;
La madre de Rangelus apagó la televisión como hacía todos los días cada vez que en las noticias dejaban de hablar de Pokémon y los dos siguieron comiendo en silencio.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
De repente, empezó a escucharse mucho ruido en la calle; Rangelus y su madre se miraron desconcertados cuando, apenas audible, llamaron a la puerta. La madre de Rangelus se levantó y se acercó lentamente a la puerta y, al abrirla unos centímetros, alguien desde el exterior golpeó la puerta con tal fuerza que asustó a la mujer, haciéndole dar un pequeño salto hacia atrás.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
—¡Cierra, corre!&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Era el padre de Rangelus, el último Campeón de la Liga Pokémon, antes de que se cerrara, y todos los altos mandos, incluido él, desaparecieran sin dejar rastro.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
—¡Estás vivo! —exclamó su esposa con una mezcla entre felicidad y desconcierto— ¿Cómo…?&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
—Lo siento, pero no hay tiempo para explicaciones, ¡tenemos que irnos ya! Hijo, prepara una maleta rápido, vas a hacer un viaje muy largo.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Rangelus le hizo caso sin decir una palabra, quizás porque aún no había asimilado la situación. Intentó coger lo más básico para un «viaje muy largo» y, aunque no estaba en condiciones de discernir qué necesitaría, consiguió hacer una maleta más que decente.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Pocos segundos después de que decidiera que ya había terminado, llegó su padre a su habitación.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
—¡Darmanitan! —El Pokémon salió de su Honor Ball—. Usa excavar y lleva a Rangelus a Ciudad Carmín. Hijo, sobre la entrada de la cueva Te… Diglett… te estará esperando un Fearow súbete a él. Cuando llegues a tierra, encontrarás a un amigo mío. Mucha suerte.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
El Darmanitan empezó a excavar en el suelo de la habitación y Rangelus le siguió sin decir nada.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
—Xatu, síguele de lejos, que nadie te vea.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/8375023427119818952/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/the-pokemon-revolution.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8375023427119818952'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8375023427119818952'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/the-pokemon-revolution.html' title='The Pokémon Revolution'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-8927301406376239227</id><published>2014-08-14T12:50:00.003+02:00</published><updated>2014-08-14T12:50:53.244+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Centinelas de la Noche"/><title type='text'>Capítulo VI: Zere (II)</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Aún era temprano para estar en la calle, más aún un día sin entrenamiento. Las calles estrechas estaban a oscuras, prácticamente todo el&lt;i&gt; puerto&lt;/i&gt; lo estaba; tan solo la avenida principal, que conectaba el edificio de la tercera guardia y el campo de entrenamiento con la &lt;i&gt;catarata&lt;/i&gt; al oeste y el edificio principal de la Guardia al este, y algunas calles colindantes algo más anchas disfrutaban ya de la luz del sol.&lt;/div&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Éleon y Zere caminaban por la avenida después de haber dejado atrás la calle a la derecha de la Guardia con el sol de frente y la &lt;i&gt;catarata&lt;/i&gt; a la espalda.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Deberíamos dar un rodeo. —Éleon miró a un callejón oscuro a su izquierda.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Zere le dirigió también una mirada y luego la volvió hacia el ajetreado mercado a varios metros frente a ellos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Qué dices! Si es todo recto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Zere no espero una respuesta y prosiguió su camino a paso ligero. Éleon lo vio alejarse unos segundos y le siguió sin mucha prisa. A los pocos minutos se encontró envuelto entre diversos aromas, gritos ininteligibles y empujones. Continuó caminando a duras penas, intentando, sin éxito, esquivar codos, hombros y bolsas a reventar. A medio camino ya se encontraba casi más dolorido que en una batalla nocturna. Pasó una eternidad hasta que consiguió salir del bullicio y llegar a una zona que ya pertenecía a las zonas residenciales. Atrás quedó el &lt;i&gt;puerto&lt;/i&gt; y los puestos de ropa, comida y diferentes elaboraciones artesanales de poca calidad dieron paso a puestos de libros, pinturas y demás &lt;i&gt;obras de arte&lt;/i&gt; que no llamaban mucho la atención.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los pies de Éleon se movían casi mecanizados mientras su cabeza giraba de un lado a otro buscando al enano que le había metido en ese lío. Los edificios que cercaban la avenida parecían mucho más cuidados que los del &lt;i&gt;puerto&lt;/i&gt; y, a lo lejos, ya se podían ver edificios bastante altos. Las calles que convergían en la avenida eran más amplias e incluso se podían ver parques y jardines entre los edificios. Pero Éleon buscaba a un chico; miraba entre las pocas personas curiosas y los pobres &lt;i&gt;artistas&lt;/i&gt; que trataban de encasquetar sus trabajos a algún ingenuo. A su derecha vio fugazmente a una persona cubierta de pies a cabeza con un manto negro; de las sombras de la capucha sobresalía un mechón del color del cielo. A su izquierda, un pintor disfrazado de suciedad le miraba atentamente, pero su mente seguía viendo ese mechón de pelo. Volvió la mirada hasta la esquina del edificio donde ya no estaba aquella persona.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Siguió mirando un rato, con el color del cielo aún en la mente, y cayó al suelo al tropezarse con algo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Ay! ¡Mira por dónde vas!&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Zere, cómo no.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Éleon se levantó en seguida tratando de restar ridiculez a la situación.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Y tú que hacías ahí en medio?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El chico comenzó a reírse sentado en el suelo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Me quedé embobado intentando averiguar a qué mirabas —explicó acariciándose la nuca.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Zere le extendió la mano como petición de ayuda y Éleon se la negó, reanudando sus pasos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—No hemos tardado tanto, ¿eh? —El chico no tardó mucho en darle alcance—. ¿Por qué tenías tanto miedo?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Éleon lo miró de soslayo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Tengo una idea, ¿por qué no jugamos a un juego? El que esté más tiempo callado gana.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Ya lo pillo. —El chico trató de imitar su mirada, entrecerrando los ojos y apretando los labios.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Durante unas horas, Éleon pudo disfrutar del silencio que brindaban las calles residenciales, hasta llegar donde las viviendas volvían a ser bajas, aunque mucho más lujosas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
La &lt;i&gt;cima&lt;/i&gt;. Plagada de gente, aunque mucho más silenciosa que el mercado del &lt;i&gt;puerto&lt;/i&gt;. Pasaron docenas de tiendas de ropas y bares, varios restaurantes y alguna que otra sastrería y carpintería.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El centro de la &lt;i&gt;cima&lt;/i&gt; podía verse a decenas de metros; el edificio principal de la Guardia se alzaba con dos enormes torres y un reloj que marcaba las doce y siete sobre el portón de madera gris azulado. Una calle amplia lo rodeaba y de ella partían ocho grandes avenidas, que llevaban hacia ocho edificios de la Guardia y acababan en una &lt;i&gt;catarata&lt;/i&gt; de luz azul que descendían hasta el mundo mortal.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Zere contemplaba boquiabierto el gigantesco edificio de rocas albinas e impolutas. Incluso Éleon se impresionaba al verlo, aun habiéndolo visitado cada día durante muchos años (muchos menos de los que hubiera deseado).&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Es increíble… —susurró Zere inconscientemente— ¡Cachis! He perdido.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Éleon no pudo evitar que se le escapara una sonrisa.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Yo tengo que ir allí. —El chico indicó con el dedo índice de la mano derecha la avenida del suroeste. Luego miró a una calle más estrecha hacia el Norte—. ¿Y tú?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Tengo un amigo en la Guardia.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Uf! Menos mal, siempre me han dado miedo los alquimistas. —No podía apartar la mirada de la calle de luces moradas y blancas, que indicaban la localización de alquimistas y sanadores.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¿Quién ha dicho que vayas a acompañarme?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Zere le dedicó otra mala imitación de su mirada.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Se dirigieron en primer lugar a la calle que el cocinero de la tercera Guardia le había especificado a Zere. Allí se podía disfrutar de los deliciosos aromas que las frutas, verduras y especias ofrecían como carta de presentación. Compraron todo lo que indicaba un pequeño papel arrugado decorado con una caligrafía infantil y muy pequeña. No era gran cosa, pero el hecho de que el chico aburriera a cada dependiente con su parlamento, les retrasó un poco. Minutos antes de la una se encontraron subiendo los escalones que conducían al portón de la Gran Guardia. Recorrieron un pasillo al fondo a la izquierda del gran salón, donde se celebraban los acontecimientos más importantes con abundante comida y algún que otro espectáculo; bajaron unas escaleras; y cruzaron una puerta de madera oscura que les situó justo debajo del salón. La sala, que ocuparía algo menos de la mitad de la extensión del edificio, estaba provista de diez camillas inmaculadas a la izquierda y estanterías con libros y alacenas con pociones e ingredientes para estas a la derecha. Sentado frente a un escritorio provisto de artilugios que ninguno de los dos visitantes sabría nombrar, estaba Yielen.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—¡Hola, Éleon! —saludó efusivamente— ¿Qué me traes hoy?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Nada grave —respondió Éleon. Yielen se le acercó para darle un breve abrazo—. Ya sabes cómo es Werien.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—También sé cómo eres tú. —Luego se dirigió a Zere—: ¿Y tú que me traes, chavalín?&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Nada. Soy el guardaespaldas de Éleon. Me llamo Zere.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Zere, ¿eh? Pues si Éleon tiene que venir a mí, no eres muy buen guardaespaldas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Ambos empezaron a reírse. Éleon carraspeó para llamar la atención del sanador.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—Sí, sí. Túmbate. —Yielen le indicó la camilla más cercana a ellos.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Los tres se acercaron; Éleon se tumbó boca abajo y Yielen y Zere se colocaron a los lados. El sanador le levantó la camiseta blanca hasta los omóplatos, dejando al descubierto varios cortes pequeños en la parte alta de la espalda y dos grandes cicatrices sobre la cintura.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
—No es nada. —Yielen colocó las manos estiradas un par de centímetros sobre los cortes—. Estos no te dejarán cicatrices.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Sus manos comenzaron a irradiar una luz blanca sobre la espalda de Éleon. De algunos cortes salieron diminutos trozos de cristal, que se adhirieron a las manos de Yielen como un imán. Poco a poco los cortes se fueron cerrando hasta que solo quedaron unas pequeñas marcas de un color algo más oscuro que su piel.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Listo. —Yielen introdujo los cristales en un bote de y lo agitó, haciendo tintinear los trocitos contra las paredes de vidrio. Luego se los mostró a Éleon, que se había sentado sobre la camilla—. En pocos días se te quitarán las marcas.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Zere no pudo apartar la vista de las cicatrices. Hasta entonces, no se había percatado de otras más pequeñas en sus brazos, que acompañaban a la que le hizo el tigre de la tormenta en el hombro la noche que se conocieron.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/8927301406376239227/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-vi-zere-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8927301406376239227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8927301406376239227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-vi-zere-ii.html' title='Capítulo VI: Zere (II)'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-4525088332386983880</id><published>2014-08-11T13:07:00.003+02:00</published><updated>2014-08-11T16:17:09.999+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Centinelas de la Noche"/><title type='text'>Capítulo V: Zere</title><content type='html'>—¡Ey!, vas de fracaso en fracaso —le dijo una voz que identificó como la del joven Éleon, el Éleon que soñaba con ser Guardián y ser el mejor de todos.&lt;br /&gt;
Éleon meditó aquella frase, meditó sobre la voz que la pronunció —podía incluso imaginar al Éleon adolescente de pie frente a él, avergonzándose del fracaso de hombre que aún no se había atrevido a levantar las manos del suelo—, y meditó lo que diría después.&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;—Ya… Por lo visto eso es lo que me toca ahora _respondió sin levantar la mirada del césped.&lt;br /&gt;
—¡Pero qué dices! Si no eres tan viejo, aún te quedarán un par de años buenos.&lt;br /&gt;
Esa otra voz hizo que se esfumara el joven Éleon y en su lugar apareciera un niñato insolente.&lt;br /&gt;
Éleon dirigió su mirada hacia arriba, ascendiendo por las botas de cuero marrón, el pantalón negro y la túnica blanca característicos de los centinelas, hasta llegar al niñato insolente, que se puso en cuclillas para estar a su altura.&lt;br /&gt;
Se le quedó mirando con una sonrisa estúpida. Éleon también lo miró, inexpresivo, durante unos segundos; luego se levantó con calma, se sacudió las manos y las rodillas —que soltaron pequeñas tiras de hierba— y respondió:&lt;br /&gt;
—¿Qué edad te crees que tengo, enano?&lt;br /&gt;
—Pues, no sé… unos cuarenta y tantos —contestó sin reparo.&lt;br /&gt;
—Muy gracioso…&lt;br /&gt;
Éleon se dio la vuelta, avanzó unos pasos y miró a la luna; agarró la cruz plateada que colgaba de su cuello y la levantó, colocándola en la trayectoria de su vista.&lt;br /&gt;
—Espera —musitó el chico.&lt;br /&gt;
Éleon bajó la cruz y giró la cabeza lo suficiente para verlo de reojo.&lt;br /&gt;
—¿Qué pasa? A los limpiadores no les gusta que sigamos por aquí cuando llegan.&lt;br /&gt;
—Nada… —Éleon volvió a mirar a la luna— es solo que, hoy me he tenido que enfrentar a unos perros y…&lt;br /&gt;
—¿Y qué, has tenido algún problema?&lt;br /&gt;
—¡Claro que no! —exclamó el chico como si realmente le hubiera ofendido— Yo no soy tan malo como tú.&lt;br /&gt;
«Eso duele…», pensó Éleon mientras lo miraba con todo el odio del mundo.&lt;br /&gt;
El chico bajó la cabeza.&lt;br /&gt;
—¿Tú recuerdas algo de tu vida? Ya sabes, antes de… morir —Su tono había cambiado radicalmente.&lt;br /&gt;
Éleon permaneció inmóvil durante unos segundos; la gente no solía hablar de esas cosas. Luego se giró para mirar al chico de frente. Éleon no se caracterizaba por su empatía precisamente —eso era cosa de Werien—, pero habría asegurado que algo le preocupaba. Entonces respondió:&lt;br /&gt;
Si no me lo hubieran dicho en la academia, ni siquiera sabría que tuve una vida mortal.&lt;br /&gt;
—Ya… —La voz del chico casi fue imperceptible.&lt;br /&gt;
¿Podemos irnos ya? —Intentó que sonara lo más amable posible, pero ni él mismo se lo creyó.&lt;br /&gt;
—Claro…&lt;br /&gt;
El chico sacó del bolsillo derecho del pantalón una cruz algo más pequeña que la de Éleon; se la quedó mirando un instante y luego se acercó a Éleon, que le había estado esperando con su cruz ya en alto. Al llegar a su lado, Éleon lo miró disimuladamente por encima del hombro; en aquel momento no parecía tan irritante. Un halo azul envolvió ambas piezas de plata y luego alcanzó a los dos centinelas, elevándolos en el aire a gran velocidad hasta que se perdieron entre las estrellas.&lt;br /&gt;
A lo lejos, desde el balcón, una niña pidió un deseo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El edificio de la Guardia ya estaba prácticamente vacío; tan solo los veteranos Bawon, Korol, Uuen, Orad y Nalron, centinelas de toda la vida —eso decían ellos—, permanecían allí bebiendo y riendo recordando sus buenos tiempos, cuando el Centinela de la Noche era un oficio digno y todos los jóvenes rebeldes querían llegar a ser uno de ellos. Orad presumía de lo popular que solía ser entre las chicas.&lt;br /&gt;
También estaba Werien allí, sentado a la mesa más cercana a la derecha del portón de madera con un vaso de tubo vacío. Miraba al vaso fijamente rodeándolo con las manos sin tocarlo, como si intentara moverlo con la mente. Al oír el crujido del viejo portón, volvió en sí y vio Éleon y al chico acercarse.&lt;br /&gt;
—Gracias por traerlo —le dijo al chico.&lt;br /&gt;
—De nada, jefe —le respondió enérgicamente.&lt;br /&gt;
Éleon miraba al suelo y Werien al chico, haciéndole gestos con la cabeza que tardó en comprender.&lt;br /&gt;
—Bueno… Yo ya me voy —dijo finalmente dirigiéndose a la derecha de la barra del bar, donde había una puerta que daba a la cocina y unas escaleras que subían a las habitaciones del personal.&lt;br /&gt;
—Espera… —Éleon levantó la cabeza por fin e interrumpió los pasos del chico.&lt;br /&gt;
El chico obedeció y se giró para escuchar lo que tuviera que decir.&lt;br /&gt;
—No pretenderás que te llame enano toda la vida.&lt;br /&gt;
—¿Qué?&lt;br /&gt;
—Tu nombre, enano, aún no me lo has dicho.&lt;br /&gt;
El chico comenzó a reírse a carcajadas. Cuando hubo acabado, se acercó a Éleon, le extendió la mano y dijo:&lt;br /&gt;
—Me llamo Zere, encantado.&lt;br /&gt;
Éleon miró la mano estirada a la altura de su cintura un segundo. Luego la despreció apartándola de un manotazo.&lt;br /&gt;
—¿Pero qué te has creído, enano?&lt;br /&gt;
—Sigues siendo un borde —rechistó con los mofletes inflados antes de reiniciar su camino hacia las escaleras.&lt;br /&gt;
—¿Por qué haces eso? —replicó Werien viéndolo desaparecer tras el muro que separaba el salón de las escaleras— Es un buen chico —Luego miró a Éleon.&lt;br /&gt;
—Solo me divierto un poco —respondió Éleon mirando aún hacia el fondo del salón.&lt;br /&gt;
—¿Y hoy te has divertido con Myall?&lt;br /&gt;
Éleon le dirigió la mirada a Werien&lt;br /&gt;
—Con respecto a eso, agradecería que no lo volvieras a hacer.&lt;br /&gt;
—Ya, realmente pensaba que eras mejor que él comentó Werien moviendo la cabeza a los lados en un gesto de desaprobación.&lt;br /&gt;
—¡Ja, ja! Y lo dice el que nombraron capitán porque era demasiado malo para el campo de batalla.&lt;br /&gt;
—Sabes bien que siempre he podido contigo.&lt;br /&gt;
—Claro que sí… —Werien pilló al vuelo su sarcasmo.&lt;br /&gt;
—Quizás deberías tomarte unos días de descanso —Werien retomó el tema indeseado acompañándolo con una expresión seria.&lt;br /&gt;
—Y tú deberías dejar de intentar resolver mis problemas —Éleon también adoptó un semblante serio con cierta rabia en su tono.&lt;br /&gt;
—Me conformo con que admitas que tienes problemas.&lt;br /&gt;
Éleon apartó la vista de su amigo cruzó los brazos.&lt;br /&gt;
Mira, Éleon —Era una expresión más que una orden, pero Éleon obedeció—. Intentas hacer las cosas rápido, te precipitas y te lanzas sin pensar en las consecuencias, y te ha salido bien… hasta ahora.&lt;br /&gt;
—Myall puso una bomba en la habitación del niño —le interrumpió.&lt;br /&gt;
—No seas infantil. Deberías intentar hacer las cosas bien a partir de ahora; inténtalo al menos. Sabes que puedes hacerlo, ya lo hacías antes de que…&lt;br /&gt;
—Ya…&lt;br /&gt;
Éleon volvió a apartar la mirada a un lado.&lt;br /&gt;
—Lo siento…&lt;br /&gt;
A Werien no le gustaba recordarle aquel tema, ni era su intención hacerlo en aquel momento, simplemente, salió. Ya solo esperaba que le ayudara a recapacitar, solo eso.&lt;br /&gt;
—Mañana no hay entrenamiento —Werien intentó cambiar de tema.&lt;br /&gt;
—Sé perfectamente cuando hay entrenamiento, no hace falta que me lo recuerdes siempre.&lt;br /&gt;
—Lo siento. Puedes irte a casa si quieres.&lt;br /&gt;
Éleon se marchó sin decir nada más, ante la atenta mirada de Werien, que resopló echando la cabeza hacia atrás cuando desapareció tras la puerta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Amaneció demasiado pronto pero, como cada día, Éleon abrió los ojos con el primer rayo de sol que asomó por la ventana abierta. Daba igual cuanto hubiera dormido la noche anterior, da igual si las pesadillas, de las que nadie aparecía para protegerlo, no le dejaban dormir tranquilo. Igualmente, él tampoco cerraba la persiana para ganar más tiempo de oscuridad. Eso lo odiaba aún más.&lt;br /&gt;
No tardó en aparecer el alboroto del animado grupo de guardianes.&lt;br /&gt;
Éleon se quedó un rato boca arriba, con los ojos entreabiertos, mirando, pero sin ver, la grieta que el casero aún no había arreglado. Tan solo pensaba, soñaba, ya que era el único momento que podía controlar que sus sueños fueran agradables.&lt;br /&gt;
No le duró mucho, sin embargo. El ruido de una respiración a su izquierda le devolvió a la realidad. Giró la cabeza y reconoció aquella sonrisa estúpida y aquellos ojos verdes abiertos como platos.&lt;br /&gt;
Éleon soltó un gruñido, sin el que se vio incapaz de pronunciar una palabra; volvió a mirar al techo y entonces si vio la grieta, y la imagen de su casero le termino de estropear la mañana.&lt;br /&gt;
—¿Qué haces aquí y cómo has entrado? —En realidad no quería saber la respuesta, le bastaba con que se fuera, pero la pregunta le pareció obligada.&lt;br /&gt;
—¿A cuál respondo primero? —preguntó Zere con su irritable simpatía.&lt;br /&gt;
—Me da igual. Puedes no responder ninguna y salir de mi casa.&lt;br /&gt;
El chico comenzó a reírse creyendo, o fingiendo creer, que era un chiste.&lt;br /&gt;
—Quería pedirte un favor…&lt;br /&gt;
—Mal empezamos… —le interrumpió&lt;br /&gt;
Zere volvió a reírse.&lt;br /&gt;
—No es nada, simplemente tengo que ir a la cima a comprar unas cosillas y Werien me ha dicho que tú tenías que ir al sanador y que podríamos ir juntos.&lt;br /&gt;
Éleon dio un profundo suspiro.&lt;br /&gt;
—Werien…&lt;br /&gt;
«Algún día le mato», se dijo a sí mismo sabiendo que eso no pasaría. Miró al chico, que no se había movido un centímetro y supo que su día sería horrible.</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/4525088332386983880/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-v-zere.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/4525088332386983880'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/4525088332386983880'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-v-zere.html' title='Capítulo V: Zere'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-203997372494164541</id><published>2014-08-08T08:30:00.000+02:00</published><updated>2014-08-08T08:30:01.471+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Centinelas de la Noche"/><title type='text'>Capítulo IV: Padre e Hijo (II)</title><content type='html'>Myall sintió cómo, de repente, sus pies se paraban y la garganta se empezaba a comprimir. Estuvo a punto de soltar su espada, pero consiguió aferrarla aun cuando sus pies dejaron de tocar el suelo. Con la otra intentó soltarse de lo que le estuviera presionando la garganta, pero no había nada; tan solo un diabólico niño a unos metros bajo él, disfrutando de la muerte de dos personas que ya murieron una vez.&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Myall dirigió un segundo la mirada a Éleon, que se rindió en su empeño por seguir sujetando su pesada espada. Él decidió que no quería acabar allí y, aprovechando la ligereza de su arma, la levantó sobre su hombro y la lanzó, en un último esfuerzo por sobrevivir, haciendo gala de su ya conocida puntería.&lt;br /&gt;
La katana fue directa a la nuca del niño, que se regocijaba de la expresión de agonía de Éleon. No tardó mucho en percatarse del movimiento de Myall, pero fue suficiente para que no pudiera parar la espada a tiempo y le atravesara la mano con la que trató de controlar el arma, al igual que había estado haciendo con los dos Centuriones, que habían caído al césped mientras el niño centraba su atención en la sangre que brotaba de su mano entre el frío acero y soltaba agudos gritos de dolor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Myall se levantó jadeando, sin plantearse recuperar el aliento, agarró el mango de la katana y la empujó con fuerza, atravesándole la cabeza a través del ojo derecho; tiró de ella con la misma fuerza, el ojo se deslizó sobre la hoja hasta caer entre la hierba partido en dos, y, con un veloz movimiento, le rebanó el cuello. La cabeza rodó hasta su pie izquierdo; el único ojo que tenía —ahora con un iris verdoso y una enorme apertura— parecía estar mirándole, parpadeó y se paró, con la mirada aún fija en él; la cuenca vacía derramaba sangre sobre su bota.&lt;br /&gt;
El cuerpo inerte permaneció de pie unos segundos expulsando intermitentes chorros de sangre y cayó de rodillas antes de desplomarse por completo; el chorro de sangre intermitente se volvió continuo y más intenso, y en poco tiempo empapó el cabello castaño de la cabeza y las suelas de las botas de Myall.&lt;br /&gt;
Con la katana pintada de rojo, iba dejando un rastro de gotas sobre el césped, regado por el rocío, mientras caminaba, con paso firme pese a que aún le costaba respirar, hacia el monstruo que fingía ser padre. Aún se mantenía en pie, pero era incapaz de dar dos pasos seguidos sin bañar el suelo con la sangre que le brotaba del vientre.&lt;br /&gt;
A pocos metros de él, el padre levantó el pie con suma dificultad y lo dejó caer unos centímetros más adelante, luego trató de repetir el movimiento con el otro pie y casi pierde el equilibrio. Mientras tanto, Myall seguía acercándose lentamente, meditando sus próximos movimientos. Cada vez se oían más fuertes los resoplidos con los que, en un intento de respirar, el monstruo hacía volar mocos y gotas de sangre que se le acumulaban bajo la nariz respingona.&lt;br /&gt;
Volvió a intentar mover el pie retrasado y esta vez consiguió volver a poner los dos en línea. Myall se colocó justo delante de él, a pocos centímetros, con el vientre respirándole en la cara; olía a putrefacción.&lt;br /&gt;
El grandullón trató de agarrarlo con sus gruesos brazos, pero solo consiguió que la herida se le abriera de par en par, expulsando más sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras un grito de dolor, relajó los brazos, que cayeron como plomo en los costados, pero, antes de que la herida se cerrara más que unos milímetros, Myall agarró las paredes con las manos. Intentó abrirla aún más, acompañando el tremendo esfuerzo con un gruñido que se vio eclipsado por un nuevo rugido, mucho más fuerte, del monstruo, que no era capaz de mover los brazos sin recibir más dolor.&lt;br /&gt;
El corazón, negro como el resto de sus órganos y más grande que la cabeza de Myall, le latía con violencia y sonaba como una sinfonía de portazos perfectamente sincronizados. Myall se vio obligado a meter la mitad superior del cuerpo en la abertura para atravesar el corazón con la katana. Al arrancar la espada, el corazón explotó bañando a Myall en sangre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En seguida cesaron los gritos del monstruo, todo su interior se paralizó; el vientre ya no respiraba. Con un simple empujoncito, Myall lo plantó de espaldas sobre el césped; la casa entera tembló. La barriga escupió el último esputo de sangre.&lt;br /&gt;
Éleon aún trataba de recuperar el aliento y ponerse en pie, aunque sus brazos aún no tenían fuerza suficiente para levantar las manos del suelo. Myall se le acercó al oído y le susurró:&lt;br /&gt;
—Siempre he sido mejor que tú, estrellita.&lt;br /&gt;
Y le pintó la cara de sangre con los dedos mientras se erguía. Y se fue.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/203997372494164541/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-iv-padre-e-hijo-ii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/203997372494164541'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/203997372494164541'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-iv-padre-e-hijo-ii.html' title='Capítulo IV: Padre e Hijo (II)'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-6852002376179300113</id><published>2014-08-07T08:30:00.000+02:00</published><updated>2014-08-11T16:15:24.367+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Centinelas de la Noche"/><title type='text'>Capítulo III: Padre e Hijo</title><content type='html'>Un chalé a las afueras de la ciudad, sin otras viviendas cercanas, es decir, donde no había más niños a los que proteger y, por tanto, más Centinelas a los que mandar. Allí habían acabado Éleon y Myall con el objetivo de defender al único niño de la casa de un peligro que desconocían pero que «podría ser más difícil de lo que parece»; era la única información que les había facilitado Werien sobre la amenaza.&lt;br /&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
De modo que allí se encontraban los dos, de pie en mitad de la habitación del niño; juntos, pero sin dirigirse una palabra, ni siquiera una mirada. Solo compartían un pensamiento: «que se acabe lo antes posible». Pero aún quedaban un par de horas para que el niño, que no tendría más de ocho años y era pequeño para su edad, se quedara profundamente dormido y pudieran ver su mente y conocer al mal que le atormentaba cada noche.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
Aún quedaba tiempo para eso y Myall decidió dejarse caer en una silla de escritorio disfrazada de galán y amenizar la espera agitando la pierna con leves, pero incansables pisoteos en el suelo, como gotitas de agua en la frente.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Éleon le pisó el pie inquieto ordenándole con la mirada que cesara. Myall se levantó con un chasquido de desaprobación y se dirigió hacia la puerta que conectaba la habitación del niño con el estrecho pasillo de la casa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;—¿A dónde crees que vas? —Éleon le apoyó la mano en el hombro, interrumpiendo su marcha.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;—Me aburro. Solo voy a investigar un poco —Myall se dio la vuelta y continuó caminando hacia atrás mientras hablaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;—No podemos dejar nuestro puesto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Myall dio un paso, que fue como un saltito, para traspasar el marco de la puerta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;—Pues quédate tú ahí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Y así hizo, mientras veía desaparecer a Myall entre la oscuridad. Un breve instante más tarde, optó por seguir sus pasos, que le llevaron hasta el salón, cuya gran ventana iluminaba el desorden que allí se encontraron. Sillas por los suelos, cristales rotos, papeles por todos lados, ropa, y una mujer, de unos cuarenta años, arrodillada junto a una estantería con un denso montón de cristales frente a ella y un trozo de papel en sus mano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;—Myall… —Éleon susurró a su compañero, que se había internado en el salón, como si la mujer pudiera escucharlos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Myall siguió avanzando hacia ella sin atender a las voces a sus espaldas y Éleon le siguió, tratando esquivar los obstáculos y los cristales del suelo. Otra costumbre que aún no&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;había perdido. Dejó de hacerlo cuando vio las piernas de Myall atravesar una silla con una pata rota y recordó que ya no era un Guardián.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;—Mira esto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Myall había llegado hasta la mujer y se agachó a su lado para observar mejor el papel que la mujer manchaba con sus lágrimas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Éleon estudió el infantil dibujo incompleto subtitulado «PAPA» y reparó en otra porción de papel que parecía contener la parte superior del dibujo. Éleon lo señaló para que Myall también lo viera. Tenía algunas facciones humanas, como un hombre muy gordo; aunque con colmillos y uñas largas y ojos aterradores.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;La mujer se secó las lágrimas —que no tardaron en aparecer de nuevo— y depositó con la mano temblorosa el trozo de papel en una bolsa negra de plástico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Myall y Éleon la dejaron acabar su tarea y continuaron investigando, esta vez al otro lado del pasillo, desde donde surgían los ronquidos propios de un hombre mayúsculo. La puerta estaba cerrada y el interior totalmente a oscuras, así que volvieron a la habitación, donde reiniciaron la espera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Unos cuarenta y seis resoplidos de Myall después (según contó Éleon), vieron al niño buscar la sábana al tacto y cubrirse con ella hasta el cuello. Eso solo significaba una cosa:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;—La pesadilla… —musitó Éleon, apartando por primera vez la vista del niño para dirigirla a Myall. Luego susurró al oído del niño palabras de consuelo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Myall, tras oírlo, miró al exterior por una de las rendijas de la persiana, donde había un amplio jardín. Todo estaba tranquilo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Luego se unió a Éleon, que aguardaba frente a la puerta con la mano izquierda abierta preparado para la batalla.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;span style=&quot;text-indent: 36px;&quot;&gt;Tras unos minutos de tensión, se escuchó al fondo del pasillo un bramido que, quizás, pretendiera significar algo. Varios pisotones en el suelo. Silencio. Y una mano enorme, con garras en lugar de uñas, que agarró el marco de la puerta con un golpe tan fuerte que resquebrajó la pared. Tras esa mano apareció la criatura, pues, de ningún modo era humano, del dibujo que habían visto. Otros dos gritos: uno totalmente incomprensible y el segundo casi parecía decir hijo. Tras ellos, el monstruo, que había ignorado por completo a los dos individuos desconocidos, trató de acercarse a la cama, donde el niño había empezado a temblar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Myall hizo aparecer una de sus katanas y, con un rápido movimiento de pies, se lanzó contra el enemigo, al que no costó gran esfuerzo estamparlo de un manotazo contra la estantería junto a la ventana.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
—¡Tenemos que sacarlo de aquí! —gritó Éleon tras interponerse entre la cama y el monstruo.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
—¡Muy bien… listo! —respondió Myall con cierta dificultad, levantándose del suelo— ¡Empieza!&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Éleon propinó un golpe con el canto de su mandoble al brazo derecho del padre, lo que le hizo tambalearse un par de pasos hacia la ventana. Aprovechando que el monstruo miraba a Éleon, Myall le clavó la katana en la parte inferior de la espalda provocándole bruscos movimientos y fuertes alaridos. Éleon, por su parte, comenzó a lanzar ataques frontales sobre los brazos, que trataban de cubrir su enorme y calva cabeza, haciéndolo retroceder poco a poco, aún con la espada clavada en el cuerpo, ya que Myall no había conseguido extraerla.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
—¡Aparta!&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Myall se abalanzó sobre Éleon, tirándolo al suelo. Antes de que pudiera maldecirlo, la pared que daba al jardín explotó. Fragmentos de ladrillos y cristales volaron en todas direcciones, impactando en las paredes restantes y la espalda del padre, que les sirvió de escudo.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
&lt;br /&gt;
—¿Estás loco? ¡No puedes poner bombas en las habitaciones! —Éleon se quitó a Myall de encima y se puso en pie para comprobar el estado del niño.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Myall también se levantó.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
—No le ha pasado nada. Y ahora…&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Con su otra katana por delante, embistió al padre, aún conmocionado, y lo arrastró con gran mérito hacia fuera. Finalizada la tarea, trató de sacar la katana, lo cual le resultó más difícil. Aun tirando con las dos manos, solo consiguió sacarle un grito de dolor a la criatura, que sacudió las manos e impactó con una de ellas en la cara de Myall, lanzándolo por los aires. Luego Éleon se lanzó contra el monstruo y le golpeó, de nuevo con el canto de su arma, en la cabeza, aunque sólo consiguió hacerle un arañazo en la frente y aturdirlo el tiempo suficiente para que Myall se recobrara e intentara recuperar su espada de nuevo.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Esta vez la agarró con fuerza con ambas manos y con los pies apoyados sobre la barriga del monstruo. Al sacarla, liberó con ella cantidades inhumanas de sangre y vísceras. Myall acompañó las arcadas de Éleon con aullidos y carcajadas de entusiasmo. Luego se dirigió hacia su otra espada para tratar de sacarla.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
—Vamos, pégale otra vez —Le exigió a Éleon al comprobar que el padre volvía en sí.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Éleon agarró su arma con las dos manos a la altura de la cintura y avanzó con velocidad hacia su enemigo, pero su ofensiva se vio interrumpida por unos cristales que cruzaron junto a él y otros que se clavaron en su espalda. Éleon lanzó un grito al aire e inmediatamente, aunque sin prisa, se dio la vuelta para encontrarse con un niño cerca de la pared derrumbada. Tenía cierta semejanza con el niño que dormía aterrado. En realidad, la única diferencia física entre ellos era la cara endemoniada del que le miraba, con una sonrisa poblada de dientes negros y afilados que le cubría toda la cara y unos ojos blancos y brillantes, exentos de iris y pupilas.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
A su alrededor levitaron restos de cristales y ladrillos y se proyectaron hacia Éleon. Los esquivó con un salto hacia un lado, pero, antes de poder preparase para atacar, el niño ya se encontraba junto a él y, levantando la mano derecha, lo elevó, asfixiándolo como si le estuviera presionando la garganta. Éleon miró a Myall, quien observaba atónito el espectáculo, con los ojos entrecerrados antes de verse obligado a cerrarlos en un gesto de agonía.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Myall reaccionó y corrió a atacar al niño en un intento de ayudar a su indeseado compañero, pero se vio en la misma tesitura cuando el niño utilizó su otra mano para atraparlo y dejarle sin aliento. Éleon ya casi se había quedado sin fuerzas y había tenido que soltar su espada, que se había vuelto insoportable.&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div 36px=&quot;&quot; align=&quot;“justify”&quot;&gt;
Myall aún trataba de aferrarse a la suya, aunque no duraría mucho tiempo.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/6852002376179300113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-iii-padre-e-hijo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/6852002376179300113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/6852002376179300113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-iii-padre-e-hijo.html' title='Capítulo III: Padre e Hijo'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-7784260330858722810</id><published>2014-08-06T08:30:00.000+02:00</published><updated>2014-08-11T16:13:53.076+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Centinelas de la Noche"/><title type='text'>Capítulo II: Myall</title><content type='html'>Finalizado el trabajo, Éleon regresó al cuartel de la guardia, donde le esperaba Werien como siempre había hecho, aunque, esta vez, era diferente; Werien parecía tranquilo, eso no era una novedad, siempre lo estaba, y aún más cuando debería estar alterado (como haría cualquier persona). Era Éleon el que apareció de un modo distinto: no había discusiones con Myall, ni peleas, ni siquiera caminaba junto al grupo que también volvía; simplemente avanzaba cabizbajo, sin percatarse de que había ignorado totalmente a su amigo al cruzar el portón del edifico de piedra.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Werien le asió del hombro y pronunció su nombre, aunque a Éleon tan solo le pareció un murmullo. Al darse la vuelta, observó la jarra que Werien le ofrecía antes de alzar la cabeza para mirar su rostro aún tranquilo.&lt;br /&gt;
—¿Qué ha hecho Myall esta vez?&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
Antes de permitirle responder, le ofreció asiento junto a una de las mesas que los Guardianes solían utilizar para jugar a las cartas mientras esperaban a que sus protegidos despertaran.&lt;br /&gt;
—¿Y bien?&lt;br /&gt;
Éleon miró hacia la entrada, donde aún seguía el grupo rememorando entre risas los mejores momentos de la noche, pero no encontró a Myall.&lt;br /&gt;
—No lo sé —respondió por fin—. Nada, supongo.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Su voz le recordó, por un momento, al Éleon que un día llegó a casa avergonzado por haber suspendido la prueba del arco en el colegio. Una voz que solo había escuchado dos veces, y la última aún trataba de olvidarla.&lt;br /&gt;
—¿Y tú? Dime, Éleon, ¿qué ha pasado? —Ahora sí parecía preocupado.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
Éleon se pensó la respuesta unos segundos.&lt;br /&gt;
—Nada, solo estoy un poco cansado. La tormenta ha sido un poco más fuerte de lo que esperaba.&lt;br /&gt;
Werien le miró dubitativo, pero no insistió; sabía perfectamente que si no quería contarle la verdad, no podría convencerlo.&lt;br /&gt;
—Entonces vete a dormir. Mañana toca entrenamiento.&lt;br /&gt;
Éleon no dijo nada, tan solo se levantó y se marchó ante la mirada de Werien.&lt;br /&gt;
No podía dejar de pensar en cómo habría sido esa conversación si aquel chico no hubiera aparecido para acabar con la última bestia. Aquel chico, tampoco podía dejar de pensar en él. Éleon se había ido sin decirle nada, ni un mísero gracias, ni un…&lt;br /&gt;
—Ni un «me has salvado la vida, te estaré eternamente agradecido».&lt;br /&gt;
Esa voz no provenía de su cabeza, sino de un rincón de la calle que conectaba su casa con el edificio de la Guardia. Una farola iluminaba el montón de cajas de cartón apiladas junto a la entrada lateral del edificio de piedra, que daba al almacén de la cocina; y, sentado sobre ellas, también iluminaba a un chico que no había podido reconocer, aunque llevaba todo el rato merodeando en su cabeza, ya que en la habitación no había llegado a verlo con tanta claridad.&lt;br /&gt;
—Lo siento.&lt;br /&gt;
Fue lo único que dijo Éleon al verlo, y siguió su camino.&lt;br /&gt;
—No era eso lo que quería oír.&lt;br /&gt;
El chico había dado un salto y caminaba algo más deprisa para tratar de colocarse a su lado. Éleon lo miró de reojo y no dijo nada.&lt;br /&gt;
—Podrías darme las gracias al menos. El último al que se le escapó una pesadilla está ahora fregando platos en un albergue.&lt;br /&gt;
Éleon se mantuvo en su silencio.&lt;br /&gt;
—Se llama Stile y es bastante torpe, no sé cómo llegó a ser Centinela; y un poco borde, pero no tanto como tú. Si le hubiera salvado la vida, seguro que me lo había agradecido.&lt;br /&gt;
El chico dejó de hablar un instante y clavó su mirada en Éleon, quien dio un respingo al observar que, al contrario de lo que había deducido por el silencio, el chico seguía allí a su lado con una mirada de inocente curiosidad. Entonces Éleon no pudo evitar dirigirle la palabra, aunque con el único fin de librarse de él, puesto que no lo había conseguido con su silencio.&lt;br /&gt;
—No creo que haya sido para tanto.&lt;br /&gt;
El chico no se inmutó.&lt;br /&gt;
—He hecho cosas peores que fregar platos —Entonces dirigió su mirada al frente. El suelo ya había perdido todo su interés.&lt;br /&gt;
—Entonces, ¿qué te preocupa tanto?&lt;br /&gt;
Éleon volvió a mirarle sorprendido ante una pregunta tan directa.&lt;br /&gt;
—N-No me preocupa nada… solo estoy cansado.&lt;br /&gt;
—Vale, vale —Esta vez, el chico apartó la mirada de Éleon y la dirigió a sus botas de cuero marrón—. Pero yo sí estaría preocupado —murmuró.&lt;br /&gt;
Éleon se paró junto a la puerta del edificio a su izquierda y el chico hizo lo mismo. Luego suspiró y le respondió pensando en lo que le haría si volvía a dirigírsele con tanta insolencia.&lt;br /&gt;
—Mira, me habían herido y no pude llegar a tiempo al último que quedaba. Tú acabaste con él y eso está muy bien, pero ese es tu trabajo y no vas a obtener ninguna recompensa por ello.&lt;br /&gt;
—Yo ya había hecho mi trabajo, ese era el tuyo.&lt;br /&gt;
El chico se fue corriendo deshaciendo sus pasos hasta la Guardia y dejó a Éleon con la palabra en la boca, aunque, en realidad, no sabía que decir.&lt;br /&gt;
Cruzó la puerta y subió a su habitación y no volvió a salir de ella hasta que los gritos de los guardianes en la calle lo desvelaron. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al llegar al campo de entrenamiento de la Guardia, ya estaban prácticamente todos allí: Myall, presumiendo de sus habilidades ante su grupo personal de lameculos; un gran grupo de hombres y muy pocas mujeres calentando; y el chico solo, extrayendo varias flechas de una de las dianas. Aún no había llegado Werien.&lt;br /&gt;
—¿Qué tal anoche, Éleon? —Le preguntó Myall con su característico tono fanfarrón y las risitas de sus amigos a su espalda.&lt;br /&gt;
—Vete a la mierda.&lt;br /&gt;
—¡Ja! Ahí es a donde te vas a ir tú, estrellita. Me han dicho que tuviste problemas con unos gatitos.&lt;br /&gt;
Conforme Myall se le iba acercando, el resto del grupo iba formando un semicírculo bastante irregular a varios metros frente a Éleon.&lt;br /&gt;
—¿Por qué no me dejas y te preocupas de tus cosas? —Éleon lo apartó de un empujón y se dirigió a la esquina este del campo, donde guardaban todas las armas de entrenamiento.&lt;br /&gt;
—Tranquilo —Myall volvió a caminar hacia él—, ya lo hago; con el de anoche conseguí completar doscientos ochenta y dos trabajos y ya mismo conseguiré ser Defensor. Así podré salvar a los niños de las pesadillas cuando tú la cagues.&lt;br /&gt;
Interrumpió su discurso con unas carcajadas, imitadas por sus compinches con unos segundos de retraso.&lt;br /&gt;
—Aún sigo por delante de ti, ¿recuerdas? Llegaré a ser Defensor antes que tú, te lo aseguro.&lt;br /&gt;
—¡¿Tú?! —Comenzó a andar más rápido— ¡Tú deberías estar pudriéndote en el infierno!&lt;br /&gt;
Ya casi le había alcanzado cuando una flecha, rozando su nariz, le obligó a detenerse. A su izquierda estaba el chico con el arco de nuevo cargado y apuntando hacia él. Salió corriendo y Myall trató de perseguirlo, pero Éleon lo agarró de los hombros y lo tiró al suelo.&lt;br /&gt;
Antes de que pudiera levantarse, Éleon se puso de rodillas sobre él y cargó el puño. Uno de los seguidores de Myall se sujetó el brazo, impidiéndole bajarlo y dándole la oportunidad a Myall de levantarse. El chico dejó de correr al ver que nadie le perseguía y se volvió para mirar cómo Éleon, agarrado por dos secuaces, le lanzaba una patada al aire para evitar que Myall se le acercara.&lt;br /&gt;
El chico volvió deprisa para tratar de ayudarle, pero antes que él apareció Werien, poniendo fin a la pelea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El entrenamiento, trató que se desarrollara con la mayor normalidad posible, para lo que alejó a Myall y Éleon todo lo que la amplitud del campo le permitió. Antes de dar por finalizado el entrenamiento, Werien se llevó a Éleon a un rincón apartado del resto del grupo, aunque con ello no pudo evitar las miradas curiosas del resto.&lt;br /&gt;
—Mira, Éleon. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y sé que no eres mal luchador, al contrario, eres un gran guerrero, pero, anoche cometiste un error. Tu trabajo actual es el de Centinela y, como tal, no puedes abandonar tu posición a la ligera y dejar a un niño desprotegido. Así que, he tomado la decisión de que, a partir de ahora, vas a trabajar con un compañero.&lt;br /&gt;
Los gritos de enfado que profirió Éleon pudieron escucharse casi con total claridad desde donde se encontraba el resto del grupo.&lt;br /&gt;
—¡Éleon! —Este grito sí que se escuchó alto y claro y provocó unas risitas en casi todos los mirones— Solo lo hago por tu bien, no puedes permitirte perder este trabajo ahora que estás tan cerca.&lt;br /&gt;
—Fregar platos no es tan malo.&lt;br /&gt;
—No seas idiota, sabes que no tendrás esa suerte si vuelves a fallar.&lt;br /&gt;
—¿A quién tengo que aguantar?&lt;br /&gt;
Miró hacia el grupo, que intentó disimular al darse cuenta; pero su mirada iba dirigida exclusivamente al chico.&lt;br /&gt;
—Recuerda que lo hago por tu bien, así que… entenderás que si os pongo juntos, mantendrás tu ventaja…&lt;br /&gt;
La mirada que Éleon le dedicó podría haberlo matado.&lt;br /&gt;
—¿A quién tengo que aguantar? —repitió apretando los dientes.&lt;br /&gt;
—A Myall…&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/7784260330858722810/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-ii-myall.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/7784260330858722810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/7784260330858722810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-ii-myall.html' title='Capítulo II: Myall'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-8759646359681185348</id><published>2014-08-05T08:30:00.000+02:00</published><updated>2014-08-11T16:12:05.660+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Centinelas de la Noche"/><title type='text'>Capítulo I: Tigres de Tormenta</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;i&gt;Hoy va a haber tormenta, pero no temas, yo estoy aquí para protegerte; esta noche dormirás tranquilo. El gato negro de ojos azul eléctrico que miran a través de la ventana no te hará nada, esta vez no; aunque no es a él al que temes, lo sé, es a la manada que llega después. Aunque la tormenta es una de las pesadillas más débiles, incluso más que la oscuridad, que está en todas partes y no puedes huir de ella, puede llegar a ser aterradora.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
El gato que trataba de arañar el cristal empezaba a conseguirlo a medida que sus uñas se convertían en garras y todo su cuerpo se distorsionaba y crecía, crecía mucho. De repente, solo era una gran mancha oscura, como una nube a punto de estallar, pero los ojos brillantes seguían allí y no apartaban la vista de tembloroso niño. La nube empezó a adoptar de nuevo la forma de un felino, pero mucho mayor que un gato, mucho mayor que un tigre; apenas cabía por la ventana, cuyo cristal ya había conseguido destrozar. Asomó la cabeza y, con su rugido, se iluminaron los relámpagos que cubrían todo su cuerpo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;i&gt;La pesadilla ha comenzado.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;De un salto se abalanzó sobre&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon al tiempo que este hacía aparecer su mandoble bajo su mano izquierda. El&amp;nbsp;fulgor que envolvía a la espada al materializarse casi podía confundirse con los rayos de los que nacían más bestias. En los pocos segundos que duró el admirable salto del animal,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon tuvo tiempo suficiente para&amp;nbsp;interponer el arma y atravesar el pecho del felino, que se deshizo casi inmediatamente en la nube que antes había sido, de nuevo, acompañada de un trueno.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon la atravesó de camino al exterior por el hueco de la&amp;nbsp;ventana, donde vio que ya se había formado una numerosa manada de feroces tormentas. Se aferró con ambas manos a su gran espada esperando un ataque que no tardó en producirse; esta vez, de cuatro al mismo tiempo, aunque con una sola estocada consiguió repelerlos. Con una más acabó con un quinto que apareció enseguida y, posteriormente, decidió lanzar él una ofensiva. Impulsándose con el lomo de la bestia antes de que desapareciera, voló hacia un grupo de fieras que habían estado esperando su momento para atacar, aunque solo una de ellas consiguió reaccionar antes de ser atravesada por el mandoble, y su zarpa derecha alcanzó el hombro izquierdo de&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon, que comenzó a sangrar.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Al recomponerse, se encontró rodeado por un grupo aún más numeroso. Unos cuantos decidieron atacar al mismo tiempo por diferentes flancos y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon tuvo que esforzarse con un golpe de trescientos sesenta grados,&amp;nbsp;con el que acabó con algo más de la mitad de los atacantes, los que no fueron lo suficientemente rápidos para retroceder. Ninguno le había alcanzado, aunque se resintió de la herida del hombro. Las bestias volvieron a intentarlo y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon descendió hasta el suelo para esquivarlos. Al reincorporarse, vio cómo la&amp;nbsp;tormenta de felinos que antes le rodeaban, se acercaban velozmente hacia él formando un enorme rayo. Agarró una vez más su arma con fuerza y, cuando lo alcanzaron, comenzó a realizar unos movimientos con una agilidad inverosímil para un arma de semejante tamaño y peso, con los que fue eliminando a las bestias una a una.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Su último movimiento fue para hincar la espada en el suelo y evitar desplomarse. Lo consiguió, pero no tuvo tiempo para recuperar el aliento cuando un relámpago lo cegó y un trueno rugió desde la ventana del niño que rezó por su protección. Con un gran esfuerzo consiguió ponerse en pie y, con otro tanto, dejar de tambalearse. Aún con el arma apoyada en el asfalto, se impulsó para alcanzar lo que quedaba de la ventana del tercer piso antes que la bestia —mucho mayor que las anteriores— que acababa de aparecer. No había recorrido ni la mitad del camino cuando se dio cuenta de que no lo lograría y, con un giro sobre sí mismo y un grito de dolor por el hombro, lanzó la espada, que fue imitando repetidamente el movimiento de su portador, con la esperanza infundada de que impactara en el animal antes de que atravesara la ventana, pero este ya asomaba la cabeza por la apertura de la pared y no esperaría demasiado para cruzar por completo.&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;El mandoble seguía girando y&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon lo perseguía lo más rápido que le era posible —&lt;i&gt;pero no es suficiente&lt;/i&gt;—. La oscuridad que reinaba en la habitación del niño indefenso y tembloroso había estado reteniendo al enorme tigre en el exterior.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon estaba cada vez más cerca —y aún más su espada, a la que la fiera dedicó&amp;nbsp;una mirada y un silencioso gruñido— y lo único en lo que podía pensar era en que no se produjera ningún relámpago que permitiera a la bestia ver, aunque solo un segundo, dónde se encontraba su aterrorizada presa.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;La espada llegó a clavarse en la porción de pared que había ocupado la bestia antes de apartarse de un salto; no había acertado el ataque pero, al menos, había ganado algo de tiempo. Ese fue el pensamiento que le cruzó la mente justo antes de ser, otra vez, cegado por el relámpago que tanto había temido.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;«Ya está», pensó con la vista aún en blanco. «Otro error más».&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Ya era inútil pensar en lo que le ocurriría al chico. Lo importante era las consecuencias que aquello tendría para&amp;nbsp;Éleon. Por una negligencia ya lo expulsaron de la Guardia y otra negligencia arruinaría la segunda&amp;nbsp;oportunidad que tanto trabajo le había costado conseguir. «No más errores», las palabras de Werien resonaban en su cabeza; «No sabes cuánto me ha costado convencer al jefe de que te dé otra oportunidad. Vas a empezar desde abajo, muy abajo, pero acuérdate de lo que le pasó al último que la cagó tanto e igual te sientes afortunado. Así que grábatelo en la memoria, que no se te olvide nunca: no más errores», esas fueron sus palabras exactas, las cuales, por algún motivo, recordaba perfectamente.&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;No estaba muriendo, pero sentía cómo veía pasar su vida ante sus ojos; quizás, con la vista totalmente en blanco, sus ojos buscaban, en su memoria, ver algo, y eso que veía no era más que todo el tiempo que había empleado ascendiendo en oficios que ningún estudiante de su nivel habría conocido jamás. Y ya le quedaba poco, muy poco, para alcanzar una posición que pudiera considerar digna, y lo habría conseguido de no ser por… «otro error más». Un error que ni siquiera consideraba tan importante. «¿Qué más da que un niño tenga una simple pesadilla? ¿Qué más da, si miles de niños las tienen cada día?»;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon podía imaginar la voz&amp;nbsp;de Werien explicándole detalladamente lo estúpido que era por no comprender lo realmente importante que era, pero qué más daba si ya había desperdiciado su última oportunidad.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
Le parecía que la luz albina duraría para siempre cuando sintió que algo lo empujaba hacia atrás. Abrió los ojos —los había tenido cerrados todo el tiempo sin saberlo— para descubrir que aquello que lo arrastraba de nuevo a tierra era, ni más ni menos, que el animal que debía haber atacado al niño; se libró de él, no sin antes reparar en la flecha que tenía clavada en el cuello, la cual, al tiempo que el tigre se deshizo en una nube oscura, desapareció envuelta en la misma luz azul que había hecho aparecer su arma.&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;En la habitación con la ventana rota,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;É&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;leon encontró a un chico más joven que él, aunque no tanto como el&amp;nbsp;niño que ya no temblaba en su cama.&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;
&lt;i&gt;El cielo ya está despejado y la luna vuelve a brillar. Puedes dormir tranquilo pues, ahora, ella te protege.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/8759646359681185348/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-i-tigres-de-tormenta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8759646359681185348'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8759646359681185348'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/capitulo-i-tigres-de-tormenta.html' title='Capítulo I: Tigres de Tormenta'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-8449280821572754435</id><published>2014-08-05T08:00:00.000+02:00</published><updated>2014-08-05T08:00:05.454+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Centinelas de la Noche"/><title type='text'>Sobre Centinelas de la Noche</title><content type='html'>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Bueno, como ya se puede deducir de mi primera entrada, no he creado este blog para hablar de mí, de temas de actualidad o escribir artículos sobre literatura, sino para reflejar los mundos que habitan en mi mente, como es el caso de la primera historia (que espero poder llamar algún día &lt;em&gt;novela&lt;/em&gt;) que empezaré a publicar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Antes de subir el primer capítulo (o la primera parte del capítulo), me gustaría hablaros un poco sobre él:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;La idea, sinceramente, no recuerdo como me vino a la mente (con tantas cosas que se me ocurren y teniendo en cuenta que la mayoría de las veces no recuerdo lo que comí el día anterior, no es ninguna sorpresa), de modo que no puedo describiros ese momento milagroso como tanto le gusta hacer a Stephen King, pero sí os diré que se me presentó en forma de frase un tanto poética que decidí utilizar a modo de introducción. A partir de ahí, comencé a lucubrar añadiendo, como no, mi toque de fantasía y magia, que reconoceréis en todas mis obras. Con una idea ya relativamente firme (suelo cambiar muchas cosas con el tiempo), empecé, como siempre hago, a imaginarme al protagonista y sus posibles amigos (acompañantes, ayudantes, socios, etc.) y, especialmente, enemigos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Ahora que me he parado a pensar en todo lo que tengo para escribir en el blog, me he dado cuenta de que la mayoría de las veces, mi protagonista es masculino, y siempre con un perfil similar: son hombres que hacen, o tratan de hacer el bien, o eso creen; pero no son buenas personas, ya sea por tener un oscuro pasado (del que se arrepienten), malas influencias o, sencillamente, no les salen las cosas bien; y este protagonista no iba a ser diferente, pero no os revelaré ningún detalle sobre él ya que me gusta presentar a los personajes poco a poco.&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Además, suelen tener una compañera femenina, pero no una dama en apuros, las mujeres son fuertes. En este caso, no será una compañera, sino un compañero, un joven que tiene mucho que aprender del protagonista, sobre todo de sus errores.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Bueno, me he ido un poco por las ramas. Centrándonos en la historia, os diré que puede considerarse de un modo metafórico o de manera literal y entenderla como un relato de acción y aventuras. El contexto es de un mundo paralelo al nuestro (un mundo que podríamos llamar &lt;em&gt;Cielo&lt;/em&gt;, y a sus habitantes,&amp;nbsp;&lt;em&gt;ángeles;&lt;/em&gt;&amp;nbsp;aunque en el relato nunca los llamo así), en el que habitan las almas de las personas fallecidas y realizan diferentes oficios (e incluso estudian) centrados en la protección de las vidas mortales. Uno de esos oficios es el de &lt;em&gt;Centinelas de la Noche&lt;/em&gt; (oficio que da nombre a la obra, también llamada &lt;em&gt;Knightmares&lt;/em&gt;, para los más internacionales). Es un mundo muy complejo (o así trato de crearlo) pero con muchas similitudes a nuestra sociedad, y podréis conocer mucho más de él a medida que avance la historia; más que nada porque, como en todos mis relatos, el protagonista y sus sucesos y aventuras no son más que un medio para presentaros este gran mundo (uno de los muchos que habitan en mi imaginación).&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Espero que lo disfrutéis tanto como yo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Lucine Darelsen&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/8449280821572754435/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/sobre-centinelas-de-la-noche.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8449280821572754435'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8449280821572754435'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/sobre-centinelas-de-la-noche.html' title='Sobre Centinelas de la Noche'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3983789973878858535.post-8516425299057342083</id><published>2014-08-04T08:00:00.000+02:00</published><updated>2014-08-04T11:21:20.641+02:00</updated><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mi historia"/><title type='text'>Mi historia</title><content type='html'>&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Como ya aclaro en mi breve presentación (aquí a mi izquierda) no soy más que una escritora novata y no tengo grandes aspiraciones, no pretendo ser famosa y ganar mucho dinero con mis escritos (si pensara así estaría muy equivocada); por eso mismo siempre he recha&lt;span style=&quot;background-color: white;&quot;&gt;zado la id&lt;/span&gt;ea de publicar mis historias en&amp;nbsp;Internet&amp;nbsp;(blog,&amp;nbsp;Twitter, Facebook, etc.), con el pensamiento de escribir solo por placer, de alejarme de cualquier responsabilidad que acabara convirtiendo la escritura en una obligación y, por tanto, algo aburrido. Pero me he dado cuenta de que escribir para mí sola acaba siendo igual de aburrido y de que, así, nunca conseguiría mejorar y no llegaría a escribir todas las ideas que cada día me vienen a la cabeza (buenas o malas, aún no lo sé).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a name=&#39;more&#39;&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Por eso he creado este blog, por eso me atreveré a compartir mis historias, locuras, pensamientos (al fin y al cabo, todos son lo mismo), para que las leáis y me conozcáis a través de ellas, para que las disfrutéis, me digáis si son buenas o, sobre todo, si son malas, para que me ayudéis a mejorar y a crear, con un papel como base, todo el mundo (o incluso universo) que habita en mi cabeza; y para que me ayudéis a cumplir mi único objetivo: publicar un libro (sí, solo uno, ya he dicho que no soy ambiciosa), una historia que lleva deambulando por mi cabeza desde que la concebí como una simple historia corta para un concurso en el que participé sólo por aburrimiento, que se ha ido nutriendo de mis experiencias, mis sueños y mis otros pensamientos hasta llegar a ser tan grande que yo misma me asusté y la consideré demasiado compleja para escribirla con tan poca experiencia y tan poco conocimiento, obligándome a guardarla en un rincón especial de mi mente hasta que consiguiera ser tan buena como creo que es la historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Por culpa (o gracias) a esta historia estoy aquí y ahora, escribiendo esto y lo que llegará, y os agradecería que lo leyerais con la misma ilusión que yo, aunque sé que es mucho pedir. Lo que sí espero, es que, los que empecéis, sintáis el deseo de continuar todo el viaje conmigo, sea breve o eterno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Lucine Darelsen&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://soranikotoba.blogspot.com/feeds/8516425299057342083/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/mi-historia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8516425299057342083'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3983789973878858535/posts/default/8516425299057342083'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://soranikotoba.blogspot.com/2014/08/mi-historia.html' title='Mi historia'/><author><name>Anonymous</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13005637368216402446</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='https://img1.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>