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	<title>Escritora de ilusiones</title>
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	<description>Relato corto y artículos sobre videojuegos, cine, series y libros</description>
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	<title>Escritora de ilusiones</title>
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		<title>Yo solía ver</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ghibril]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 19:04:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relato Corto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ya no estoy segura en qué momento comenzó todo. ¿Hace diez años? ¿diez meses? ¿diez días? ¿diez horas? O quizá simplemente hayan sido diez minutos. No veo. No veo absolutamente nada. Pero yo recuerdo que solía ver. Quizá hace diez décadas o simplemente hace diez segundos. A lo mejor formaba parte del contrato que firmamos. [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Ya no estoy segura en qué momento comenzó todo. ¿Hace diez años? ¿diez meses? ¿diez días? ¿diez horas? O quizá simplemente hayan sido diez minutos. No veo. No veo absolutamente nada. Pero yo recuerdo que solía ver. Quizá hace diez décadas o simplemente hace diez segundos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo mejor formaba parte del contrato que firmamos. No lo sé. Recuerdo una sensación amarga antes de escribir mi nombre en ese papel. ¿Era amargura o era miedo? Uf, no recuerdo casi nada. Solo sé que ya no veo. Si abro los ojos solo veo oscuridad total. Pero también siento cierto alivio. Sin embargo, no estoy tranquila. Estoy algo inquieta. ¿Qué solía ver?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empiezo a ponerme nerviosa. ¿Por qué? De repente noto que alguien toca mi hombro con la punta del dedo dando dos toquecitos. No me lo esperaba y me sobresalté. Pero su voz me era familiar aunque no conseguía acertar quién era. </p>



<p class="wp-block-paragraph">«Perdona&#8230; sentía que había alguien aquí conmigo pero no veo absolutamente nada»</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Esa persona también estaba ciega como yo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Yo tampoco consigo ver nada. ¿Recuerdas haber firmado algo?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tardó varios segundos en responder. Aunque no lo viera notaba su duda en ese lapso de tiempo hasta que por fin habló:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Sí, pero no sé cuánto tiempo hace de eso. ¿Tú también?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sentí cierto amparo por no ser la única persona que no veía y que había firmado algo de lo que aún no se acordaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Yo recuerdo haber firmado algo. También tengo una sensación de haberme quitado un peso de encima. Pero&#8230;»</p>



<p class="wp-block-paragraph">La persona se puso delante de mí, era más alto que yo y mucho más corpulento. No olía a nada pero su presencia me inquietaba. No sé por qué. Yo solía ver. ¿Yo solía verlo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">«¿Quién eres tú?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quise decirle quién era al instante. Pero cuando abrí la boca para hablar me detuve. Más bien mi cerebro no me dejó avanzar y no recordaba mi nombre, ni dónde estaba, ni quién era. ¿Qué había firmado?</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Yo tampoco me acuerdo. Aunque yo solía saberlo y, sobre todo, solía ver»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el estómago una angustia recorrió mi cuerpo hasta llegar a la garganta. Sabía mi nombre, pero no me salía, no salía. Oí el ruido de un papel que se arrugaba y que venía de esa persona que parecía sujetarlo con una de sus manos. Quise arrebatárselo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«¿Qué haces?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Quiero ver qué es ese papel que tienes en la mano»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«No podemos ver nada. ¿O acaso tú sí?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Intenté arrebatárselo de nuevo pero me esquivó haciendo que me tropezara y me cayera al suelo. Ahora notaba su presencia mucho más grande e incluso divina. Me froté los ojos con fuerza sin éxito. No veía nada. Nada. Era un negro tan absoluto que me provocaba cada vez más vacío en mi interior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«¿Por qué quieres esto que tengo en la mano?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«No lo sé. Hay algo que me incita a quitártelo y romperlo en mil pedazos»</p>



<p class="wp-block-paragraph">La persona se quedó callada. Del silencio se oían las hojas de aquel papel que tanto ansiaba sostener, que tanto me desesperaba por romper. ¿Por qué?</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Yo he intentado romperlo antes. No he tenido éxito y entonces ha sido cuando he notado que había alguien más conmigo. También quiero acabar con él, pero está rígido como una piedra»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«¿Y por qué no me lo das?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Porque creo que yo antes solía verte y me da miedo que si consigues romperlo vuelva a hacerlo. Algo me dice que no quiero, que no debo, que no es lo mejor para mí»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me quedé sentada en el suelo pensando en las palabras que había dicho esa persona. Yo no recordaba nada. Yo solo quería romper ese papel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Quizá tenga que rendirme porque he firmado algo»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Quizá sea eso»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Pero si tú quieres romperlo y no puedes quizá es que tiene que hacerlo otra persona»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Eso creo, pero no puedo dártelo. No a ti»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«¿Pero por qué?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oí que la persona suspiraba y se le atragantaba la voz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«No lo sé. De verdad que no lo sé»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comencé a sentir pequeños sollozos entre suspiros mientras arrugaba más el papel que escuchaba quejarse en una de sus manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cogí esa mano y esta vez no se resistió. Soltó el papel y conseguí tenerlo conmigo. El papel quemaba. Ardía. Sin embargo, no me importaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Por favor. No lo hagas, no lo rompas. No puedo. No lo sé. No quiero ver más. No quiero verte más»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Notaba las llagas formándose en mis manos al tocar ese papel. Por un momento supe que ahí estaba mi firma. Era ese contrato. Un contrato que firmé cuando solía ver.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, de repente, un destello. Una luz blanca cegadora implosionó justo enfrente para dar paso a la claridad más absoluta. Lo primero que observé fueron mis manos con quemaduras de tercer grado y un papel intacto en el que aparecía mi firma y otra que me resultaba muy familiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y te vi. Por fin te vi. Llorabas desconsoladamente. Pero no tenías ojos, solo dos cuencas vacías y una sonrisa que se contraponía a las lágrimas que se arrastraban por tus mejillas desde un origen oscuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y te recordé.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«No voy a romperlo. No voy a romper este contrato»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«¿Quién eres? ¿Quién soy?»</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Sé que debo mantener vigente este contrato para que deje de ser yo y tú vuelvas a ser tú»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me levanté con unas manos casi inservibles y le devolví el contrato a esa persona alta, corpulenta y totalmente desubicada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Lo siento»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo solía ver. Yo solía verte en algún momento pero te perdiste dentro de mí. Y ahora recuerdo cómo me convenciste para firmar este contrato que haría que nos olvidáramos el uno del otro. Yo no quería. No quería. Pero ahora entiendo que debía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te lo debo. Porque yo solía verte. Y quiero verte feliz. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Para siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin mí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Imagen de portada de Anna Shvets</em></p>
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		<title>Hércules</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ghibril]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 May 2022 17:24:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relato Corto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Despertó de golpe. Le tomó un tiempo recomponer sus palpitaciones. La agitación no formaba parte de una pesadilla, de eso estaba claro. Pero aún no lograba comprender qué es lo que había sucedido para volver a la consciencia tan de golpe. Se sintió mareada con tan solo intentar levantarse de la cama, por lo que [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Despertó de golpe. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Le tomó un tiempo recomponer sus palpitaciones. La agitación no formaba parte de una pesadilla, de eso estaba claro. Pero aún no lograba comprender qué es lo que había sucedido para volver a la consciencia tan de golpe. Se sintió mareada con tan solo intentar levantarse de la cama, por lo que prefirió pasar unos instantes sentada mirando a una pared oscura acompañaba de un pequeño halo de luz que entraba por la persiana a medio cerrar. </p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué hora era? </p>



<p class="wp-block-paragraph">Miró el reloj digital que reposaba sobre la mesita de noche. Los cuatro ceros parpadeaban al son de su corazón todavía acelerado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">¿En qué momento se habría ido la luz? </p>



<p class="wp-block-paragraph">Echo mano a su teléfono móvil y comprobó que se había quedado sin batería. Abrió con esfuerzo el cajón de la mesita de noche para hacerse con el cable y poner a cargar el dispositivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se quedó mirando la pared de nuevo. No recordaba absolutamente nada. Sin embargo, no debía haber dormido muchas horas porque se sentía exhausta, totalmente agotada. Era extraño porque, al mismo tiempo, percibía un paso del tiempo desmesurado como si la culpa fuera del reloj de su mesita que había corrido tanto que desató una subida de tensión. A saber&#8230;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Suspiró profundamente y cogió fuerzas para incorporarse del todo. Le temblaban las piernas. Se quejó de tener que soportar un peso de toneladas en sus pies posados en el suelo frío, pero aún era peor el que arrastraba sobre sus hombros. Casi no podía alzar la cabeza, así que optó por ir encorvada hacia el cuarto de baño. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tambaleándose consiguió dar los suficientes pasos para alcanzar la puerta. Abrió y antes de encender la luz se dejó caer sobre la taza del váter. A ciegas encontró el interruptor. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Miró enfrente. Delante de ella había un espejo, pero el espejo le devolvió la imagen de lo que había olvidado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuánto tiempo había pasado?</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Encandilaba con sus ojos curiosos que se encogían con sus medias sonrisas y que casi se escondían cuando explotaba en carcajadas. Olía a fresas y su piel tersa y blanca combinaban a la perfección con ese aroma afrutado. Eran tan solo instantes en los que esa complicidad surtía efecto. El hechizo se llevaba a cabo de manera inconsciente. Imperceptiblemente conquistaba almas y nunca comprendía por qué. Se estremecía al rememorar esas miradas que lo decían absolutamente todo. Rebuscaba en aquellos silencios plagados de cientos de mensajes hasta hallar con la resolución del enigma. Y en muchas ocasiones esa solución finalizaba con momentos que se quedaban impregnados en su recuerdo como su perfume en la memoria de las personas con las que los compartía.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro apagón de luz. Su corazón estaba a punto de escapar por la boca. Notaba cómo escalaba sin descanso a través de su garganta provocándole nauseas. A oscuras se sentó en el suelo, abrió la taza del váter y vomitó, vomitó, vomitó&#8230; </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuvo la sensación de haberse quedado vacía por dentro. Ya no le quedaban fuerzas, estaba al límite del desmayo. Pero el aroma del vómito la mantenía aún en la consciencia porque olía a fresas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volvió la luz. Su vista se nubló debido al esfuerzo y al casi infinito tiempo que había estado a oscuras. Cuando pudo volver a enfocar sus ojos hacia el interior del váter se dio cuenta de que ahí solo había agua, agua limpia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se sentó de nuevo en el inodoro y lanzó una mirada desafiante hacia el espejo. Y sonrió con los ojos bañados en lágrimas aún por el esfuerzo anterior. Acarició su rostro áspero, con marcas y pequeñas arrugas en la comisura de los labios que se acentuaban más en la zona de los ojos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo recordó todo. Absolutamente todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volvió a la cama para arreglar la hora de su reloj digital. Vio que su teléfono móvil ya tenía batería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la pantalla parpadeaban cuatro ceros que nunca pudo conseguir modificar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>La Máquina del Destino</title>
		<link>http://www.ghibril.com/la-maquina-del-destino/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ghibril]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 24 Dec 2020 12:29:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relato Corto]]></category>
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		<category><![CDATA[destino]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>*Este relato está registrado y cualquier variante o modificación del mismo está prohibido. La imagen pertenece al corto «Destino». El 16 de diciembre del 2116 se firmó un Real Decreto en el que los gobernantes de los Tres Grandes Continentes debían entrar en la Maquina del Destino. Esta máquina mostraba dos realidades que tendrían lugar [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">*Este relato está registrado y cualquier variante o modificación del mismo está prohibido. La imagen pertenece al corto «Destino».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 16 de diciembre del 2116 se firmó un Real Decreto en el que los gobernantes de los Tres Grandes Continentes debían entrar en la Maquina del Destino. Esta máquina mostraba dos realidades que tendrían lugar en un plazo aproximado de 100 años. Ambas visiones eran totalmente certeras. Una vez elegida una de ellas por votación de los Tres Gobernantes se convertiría en el futuro y no se podría hacer nada para detenerlo. Debido al éxito acontecido en las últimas tres elecciones del Destino la mayoría de la población votó a favor de que tres representantes eligieran un nuevo futuro para la Humanidad. Sin embargo, en esta ocasión la visión sería mucho más lejana. Los Tres Gobernantes de los Tres Continentes decidirían cuál sería el destino y su evolución dentro de mil años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Katia parecía ser la única que estaba nerviosa. Le temblaban las piernas y las axilas le sudaban dejando un pequeño surco en la camisa de seda que le habían recomendado vestir desde Protocolo. Katia nunca quiso ser Gobernante, pero el Comité Mundial necesitaba la representación de una mujer de raza asiática. De lo contrario se rompería la Representación de Diversidad de Razas y Géneros firmada hace dos siglos. La mitad de la población la adoraba, la otra la detestaba. Algo parecido le ocurría a otro de los Gobernantes: Unon, un hombre de pelo lacio y canoso que contaba con más de 160 años y que había participado en la última elección del Destino. El otro era un muchacho en la veintena que, al contrario de lo que pasaba con Katia y Unon, su seguridad en sí mismo había transformado la desconfianza de la gente en una simpatía casi unánime hacia él. Su nombre era Breno, un nombre que era fácil de distinguir entre los vítores del público que estaba presente en la gigantesca Cúpula situada en el centro de la Gran Ciudad Futura. Además, el acontecimiento se retransmitiría por satélite interplanetario para que las colonias que empezaban a asentarse en la Luna y en Marte pudieran visionar la decisión más importante para el Planeta Tierra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era la primera vez que los Tres Gobernantes se encontraban en persona. Katia iba en medio mientras caminaban por una escalera de caracol que les conducía a la Máquina del Destino, un habitáculo cilíndrico de apenas 5 metros cuadrados. Antes de entrar en este espacio los Tres Gobernantes se detuvieron para observar a su público que se hallaba algo más abajo en una especie de grada circular. Era el momento del discurso. Era el momento que más odiaba Katia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primero que se atrevió fue Breno. Era la viva imagen de la persona joven que quiere comerse el mundo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">-«Quiero daros las gracias a todos vosotros porque sois los verdaderos representantes de la decisión más importante para nuestro planeta. Nosotros seremos vuestros ojos, vuestros oídos, vuestra piel, vuestro olfato, vuestro corazones. En pocas horas sabremos cuál va a ser el destino de nuestro planeta dentro de mil años. Confío en la Humanidad y sé que formaremos parte de algo muy, muy importante para la Tierra.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente volvió a aplaudir, a silbar y a vitorear al representante más joven. Nadie se dio cuenta de un proyectil de cristal afilado que rasgó en microsegundos parte de la piel de la mejilla de Breno. Los vítores se transformaron en gritos y en amenazas a un grupo de activistas que se habían colado en la Cúpula mientras cantaban hasta estallarles las gargantas un himno que ellos denominaban «Lag Lífsins». Este grupo se había formado hace más de 300 años haciéndose más fuertes y numerosos desde que se tomó la decisión de que el Destino elegido sería de mil años. Eran los mayores enemigos de Breno, detractores del más joven, narcisista e inexperto. Detestaban que él fuera el responsable de una elección tan importante como era el futuro del Planeta Tierra, como era el futuro de la Humanidad. La Seguridad de la Cúpula no tardó en actuar y los sacó violentamente del recinto. Katia observó la escena atónita y con cierto alivio porque significaba que su discurso se había cancelado. Breno taponaba la herida ensangrentada de su mejilla mientras calmaba a las masas que volvieron a alabarle. No obstante, algo en él había cambiado. Su voz temblaba y esa confianza que se agarraba a él comenzaba a despegarse poco a poco de su personalidad. Pronto le trajeron a Breno un componente sanitario. Se lo colocó en su mejilla cicatrizando la herida en pocos segundos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras el altercado de los Lífsins, como así se hacían llamar, la gente pedía a gritos que los Tres Gobernantes entraran en la Máquina del Destino. Era el momento. Era el 16 de diciembre del 2516 a las 18h de la tarde hora local. Era el momento de decidir el futuro de la Tierra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Katia se sentó a la izquierda, mientras que Breno se mantuvo a la derecha pensativo y ausente. Unon no aparentaba sus años. Como si fuera una tarea rutinaria se acomodó en el lugar central con gesto indiferente. Katia no era capaz de discernir los sentimientos del más veterano de los Gobernantes, algo que no lograba concebir si era algo bueno o algo malo. Se cerraron las puertas y la oscuridad más absoluta ocupó toda la estancia. Tampoco se escuchaba ningún sonido, ni tampoco el carraspeo nervioso de Katia. Unon les había avisado que cuando se activaba la Máquina del Destino el tiempo y el espacio tal y como lo conocíamos desaparecía por completo. Para ellos pueden pasar unos 5 minutos, pero para el resto de la Humanidad habrán sido 3 largas horas de espera. De repente el silencio se quebró con un un leve pitido y una luz cegadora les invadió en 360 grados. Se escuchó a lo lejos el estruendo de un trueno que retumbó por toda la estancia. Un enorme relámpago se disparó desde la nada cayendo frente a los Tres Gobernantes. Katia notaba cómo le faltaba el aire y una ola de calor arrasaba su piel hasta crearle llagas. La visibilidad era mala debido a una neblina espesa que le provocaba escozor en sus ojos. El picor de la nariz era mucho peor llegando a ser crítico en su garganta. Estaba sola.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro rayo cayó a su lado. El cubículo cilíndrico había crecido y ya no había rastro de Unon y Breno. Entre lágrimas pudo avistar una enorme colmena luminosa. Se acercaba velozmente desde arriba hasta ser capaz de verificar que se trataba de una especie de ciudad sumergida entre montañas oscuras y apagadas protegidas por un halo de cristal. Dentro de ella habitaban edificios gigantescos. Se percató de que las calles estaban plagadas de personas. Apenas cabía un alma y los edificios parecían albergar miles y miles de pequeñas habitaciones. Katia levitaba frente a una ventana. Una luz tenue ofrecía una sombra danzante en la que se distinguían varias personas reunidas. Y en ese momento su oído registró un cóctel de llantos, risas, gritos, euforia y tristeza. Todo mezclado. Un nuevo trueno retumbó tan fuerte que Katia alzó la vista involuntariamente hacia el cielo. Y todo, absolutamente todo, era de tonalidades grises, no había rastro del Sol, ni de la Luna y ni mucho menos de las estrellas. Constantes relámpagos iluminaban una escena terrorífica en la que solo había polvo y niebla. Y del calor abrasador que quemaba su piel se pasó al frío más mortífero. Katia notó por todo su cuerpo decenas de cuchillos que se clavaban en ella hasta jugar con sus entrañas. Y entonces ella quiso llorar, reír y gritar. Y se sintió eufórica y al momento la tristeza la invadió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Silencio de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una brisa golpeó su rostro y curó al momento sus llagas, apagó su llanto y apaciguó sus lágrimas. Sus ojos rojos volvían a tornarse de su color blanco natural y una calidez comenzó a invadir todo su ser. Enfocó la vista para deleitarse con el paraíso. Ni el propio horizonte vencía a la belleza que inundaba todo el espacio. Katia observaba atónita y fascinada sintiéndose incapaz de ejercer ningún sonido o movimiento. El silencio se llenó del cantar de pájaros y aves que había visto alguna vez y de otras que eran totalmente nuevas para ella. Una especie de felino lamía la llaga que aún se estaba curando en su brazo. Katia se asustó, al contrario que el animal que la miraba intrigado. Acercó su hocico a la nariz de Katia. Notó su nariz húmeda y curiosa que trataba de descubrir qué extraño ser era ella. Cuando Katia alzó la mano para acariciar al felino éste salió corriendo hacia un valle de campos de fresas que se extendía hasta el infinito. El canto de los pájaros dio paso al sonido de una cascada que golpeaba violentamente contra las rocas. Katia miró al cielo y el Sol le cegó en microsegundos. Una pequeña nube tapó la fuerza del astro para permitirle disfrutar del cielo más azul que había visto nunca. Y respiró, respiró un aire que le devolvió las fuerzas que había perdido tan solo minutos atrás. Se rindió ante la belleza y se tumbó en la hierba. La olfateó tan intensamente que se sintió abrumada y mareada. El felino volvió a aparecer asustando de nuevo a Katia. Pero esta vez ella sonrió. El animal llevaba en la boca un osito de peluche al que le faltaba un brazo y una pata. El juguete aún sonreía, pero estaba prácticamente desintegrado. El felino corrió de nuevo hacia el otro lado. Katia sintió una punzada en el corazón. Lentamente giró su cara hacia el trayecto que había tomado el animalillo. Un enorme edificio se alzaba tras su espalda junto a otros dos totalmente derruidos. La hierba se había atrevido a abrazar a ese esqueleto de hierro y hormigón. Decenas de felinos descansaban en lo que parecía ser una ventana. Todos tenían las orejas hacia arriba y la mirada fija en Katia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De nuevo el silencio y la oscuridad más absoluta la devoró.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las puertas del cubículo se abrieron. Katia se percató de que no se había movido de la silla, pero notaba su cuerpo exhausto y pesado. Observó que Unon tenía exactamente la misma expresión y aspecto que cuando las luces se había apagado. Miró más a la izquierda y se fijó en Breno. Estaba pálido y se agarraba a su asiento como si no quisiera salir de allí, como si esa silla fuera la única cosa que le hacía sentirse seguro. Su expresión había cambiado, esa confianza en sí mismo se había disipado, se había despegado por completo de él. Tenía el aspecto de un niño perdido y sus ojos no parecían enfocarse a ningún punto en concreto. Primero entraron los médicos que realizaron varios chequeos a los Tres Gobernantes. Más tarde entró la Presidenta de la Gran Ciudad para acompañar a los Tres Gobernantes hacia la Sala de las Decisiones. Breno salió el primero casi tambaleándose con la mirada aún perdida, Unon le seguía como si no hubiera pasado nada y Katia iba en último lugar aún con la respiración agitada y picor en los ojos. Salieron por otra sala que les condujo hacia una mesa redonda custodiada por tres enormes sillas. Breno seguía con la mirada desubicada, aún así fue el primero en sentarse. Unon se quedó a la derecha y Katia no tuvo más remedio que colocarse en el centro. Era el momento más decisivo para todo el planeta, incluyendo las colonias lunares y marcianas. La Presidenta dio una orden. Ya estaban en el aire para toda existencia humana. Unon fue el primero en hablar casi sin pedir la palabra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-«Hemos visto los dos destinos posibles para nuestro planeta. Confiasteis en mí hace 100 años y espero haber tomado la mejor decisión para la Humanidad.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Unon dibujó en el espacio un círculo y el mensaje se envió automáticamente a la Máquina del Destino. Breno seguía disperso, distraído y su mano derecha temblaba. Hacía leves gestos queriendo dibujar un círculo, pero antes de finalizarlo se detenía y movía la cabeza. Unon miró con impaciencia a Katia y ésta entendió que era su turno. Katia no sabía qué hacer. Recordó la garganta seca y el picor de los ojos, pero también la humedad del hocico del felino y la pureza del aire. Otra punzada en el alma reavivó las miradas curiosas de la manada felina, al mismo tiempo que se estremecía con las colmenas de humanos que reían y lloraban. Levantó la mano temblorosa y, sin media palabra, dibujó una pequeña equis frente a ella. Notó la mirada penetrante y desafiante de Unon. Sin embargo, lo que más la alarmó fue la atención que Breno puso en ella en ese instante, justo en ese instante. Breno se levantó y salió disparado por la puerta seguido de la mirada de odio de Unon y la atónita de Katia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un voto circular y un voto en equis. El último voto era el definitivo. Katia se preguntaba sin cesar qué pasaría ahora. Nunca había ocurrido ésto. Siempre todos los Gobernantes habían estado cien por cien de acuerdo. Pasadas unas horas la población mundial y las colonias comenzaron a impacientarse. Exigían una respuesta inmediata. Hubieron altercados, manifestaciones y distintas revueltas para obtener un destino. Por temor a represalias hacia el Comité Mundial no salió a la luz que uno de los Gobernantes se había abstenido a votar. Por el contrario, los Lífsins no daban señales de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasó más de una semana desde el visionado de la Máquina del Destino y Breno no se había decidido aún. Se había encerrado en su búnker particular para evitar a la prensa y a la opinión pública. Katia se armó de valor para hablar con él. Era necesaria una respuesta o las repercusiones serían aún peores. Cuando se encontraba a apenas unos metros de su casa vio a Unon salir por la puerta principal. Esperó unos segundos a que Unon se alejara lo suficiente para acercarse a la entrada. Breno había salido de su búnker y se hallaba mirando por la ventana con esa mirada perdida que no podía quitarse de la cabeza. Y de repente la miró. Breno sonrió a Katia y se dio la vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al día siguiente se convocó a toda la población humana para conocer finalmente la decisión del futuro del Planeta Tierra. Katia y Unon se reunieron con la Presidenta de la Gran Ciudad en la Cúpula para descubrir el destino elegido junto con el resto de la población. No había rastro de Breno. Tampoco había rastro de los activistas Lífsins. Katia se giró para contemplar una sonrisa burlona y segura en el rostro de Unon. No era esa sonrisa de confianza en sí mismo que se tiene cuando uno es joven y quiere comerse el mundo, era más una sonrisa que denotaba que había conseguido lo que quería, lo que deseaba y le daba igual cualquier consecuencia posterior. Y el silencio volvió a golpear.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Katia notó otra vez esa brisa familiar que la transportaba al paraíso, reconoció al felino que le traía el juguete hecho trizas y volvió a encogérsele el corazón al descubrir que solo quedaban restos inanimados de la propia raza humana a la que ella pertenecía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El visionado finalizó y, de repente, explotaron gritos, llantos, risas, euforia y tristeza. A Unon le había cambiado completamente el rostro a un gesto inamovible de terror. Katia se percató de que no había conseguido lo que quería. Y el terror pasó a la frustración, a la desesperación y la población se volvió loca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Katia fue asesinada días después por varios activistas pro ser humano, se hacían llamar Lífsins. La encontraron tirada en el suelo junto a su gatita que seguía ronroneando y lamiendo un corte de su brazo. Unon se suicidó meses más tarde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca se supo nada más de Breno.</p>
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		<title>Gambito de Dama</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2020 16:18:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hace mucho que no escribo y mucho menos un artículo como tal. Ni siquiera sé sobre ajedrez. Antaño conocía algo sobre shogi (algo así como el ajedrez a lo japonés), pero hace tanto tiempo que no juego que ni reconocería una sola ficha. Evidentemente voy a hablaros de la reciente serie de Netflix Gambito de [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Hace mucho que no escribo y mucho menos un artículo como tal. Ni siquiera sé sobre ajedrez. Antaño conocía algo sobre<em> shogi </em>(algo así como el ajedrez a lo japonés), pero hace tanto tiempo que no juego que ni reconocería una sola ficha. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Evidentemente voy a hablaros de la reciente serie de Netflix <strong>Gambito de Dama</strong> que tanto ha dado que hablar. Sin embargo, no pretendo hacer un resumen ni tampoco poneros en contexto, ni siquiera os voy a hablar sobre el papel de la mujer en los 60 y mucho menos en la sociedad actual. Podría escribir miles de palabras sobre ello aunque mi intención es transmitiros los sentimientos que han florecido en mí tras visionar una serie como ésta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ajedrez nunca ha sido santo de mi devoción pero esta miniserie de la productora de origen americano provocó en mí un gran interés. Ya no solo en conocer algo más de un juego medieval que esconde muchos misterios. El primero de ellos es el de su origen. ¿Quién fue la primera persona que ejecutó el jaque mate? Pensé en cómo me encontraba yo actualmente, en cómo se hallaba mi destreza mental, en cómo me sentía en el ingenio y en la estrategia sobre la vida. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá no lo sepan muchos (yo hasta que no investigué sobre el tema tampoco). La historia de <strong>Beth Harmon</strong> está basada en una novela del año 1983 del escritor Walter Tevis. Y Scott Frank y Allan Scott la han transformado en una historia cautivadora para la pequeña pantalla. Hay que destacar la mirada fulminante de la actriz <strong>Anya Taylor-Joy</strong>, sobre la que creo que fue una decisión acertada contar con ella para el personaje protagonista. No hay demasiado que destacar sobre la historia en sí quitando que el ajedrez es el contexto férreo de toda la trama, algo poco inusual en la televisión. Es el recorrido de una niña huérfana para convertirse en la mejor ajedrecista mientras le derrumban los traumas del pasado. Una niña que crece con un objetivo claro en un mundo lleno de hombres. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Gambito de Dama</strong> o <strong>Queen&#8217;s Gambit</strong> puede provocar un rechazo o una fascinación, no tiene un punto medio. ¿Ajedrez? ¿A quién se le ocurre a día de hoy hacer una serie sobre el ajedrez cuando estamos devastados por vídeos chorras de TikTok o filtros que tapan la realidad? Como comentaba anteriormente tengo mucho que agradecer a una serie como ésta a nivel personal. Mi cerebro llevaba muchos años adormilado, desentrenado, escondido ante un mundo que se transforma en incultura y estupidez. ¿Estaba sucumbiéndome a este mundo atroz? El personaje de Beth me ha demostrado algo que se me estaba olvidando: una mente espabilada, un cerebro activo, un alma ávida de conocimientos es lo que necesita este mundo para no caer en el olvido. Y recordé cómo me enamoraban los paseos acompañada únicamente de la música y de los pensamientos, cómo atesoraba ese olor a libro que va moldeándose cuando te metes de lleno en la historia. Mi vista echa en falta la belleza de las pequeñas y las grandes cosas. Pero sobre todo mi alma añora su mundo interior perdido. Quizá no pueda salvar este mundo, pero al menos puedo salvarle a él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sé, sé que no es la mejor serie escrita, sé que no es la historia cautivadora que transforma las almas. Hay series o historias mejores, ni siquiera se ha convertido en mi serie favorita. No obstante, ha llegado en el momento indicado en el que despierto, en el que respiro y en el que debo seguir luchando para no ser uno más.</p>
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		<title>Eres rara. Estás loca.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ghibril]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 21 Nov 2020 19:59:05 +0000</pubDate>
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<p class="wp-block-paragraph"><em>«Creo que &#8216;loco&#8217; es una palabra que la gente se ha inventado para desanimar a la gente interesante».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un impulso me llevó a pausar la escena. Lorna, uno de los personajes secundarios de la serie Orange is the New Black, había dicho algo que me había llevado a detener la imagen de forma involuntaria. Me quedé mirando la pantalla sin movimiento. Justo detuve la reproducción en una mueca graciosa de este mismo personaje, pero yo ya no veía lo que tenía delante. Mi mirada se estaba perdiendo en aquellas palabras que se arrastraban violentamente como un tsunami junto a las neuronas de mi cerebro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Loco, loco, loco». Esa palabra resonaba en mi cabeza como un tambor inquieto sin dejar que otras reflexiones se escaparan entre los impulsos nerviosos. Y, por fin, mi cerebro logró reaccionar y sonreí burlona. Postré la cabeza sobre el sofá y noté que el tiempo jugaba con los minutos y con los segundos. Entonces recordé la de veces que me habían dicho «Eres rara. Estás loca». Solté un sonoro «¡Já!» que aceleró los segundos que se habían detenido, no así la reproducción que seguía pausada en la misma pose cómica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensé: «esta frase me la guardo para cuando vuelvan a decirme algo similar». Hace unos años me diagnosticaron síndrome de Asperger, también lo llaman «autismo leve» o, para los políticamente correctos, algo así como TEA, el Trastorno del Espectro Autista. Yo opino que son unas siglas para quedar bien y no tacharme de discapacitada. ¡Oh! Lorna, Lorna… has conseguido algo de paz en este cerebro que no para de preguntarse cientos de cosas, que se obsesiona con el orden, que se asegura una media de diez veces si ha bajado las persianas, si ha apilado bien los libros por orden alfabético en mi estantería después de usarlos o si ha cerrado diez veces la puerta con llave antes de salir. Has logrado que mi alma se sienta menos solitaria y mucho más fuerte al escuchar palabras que salen de esas personas que se consideran «normales».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo siempre me he preguntado: «¿qué es ser normal?». ¿Ser normal es que no te importe el orden de los libros, no asegurarse de si se ha cerrado la puerta con llave al salir o que no se revise si las persianas están correctamente bajadas? Quizá es que esas personas «normales» no se han percatado del tiempo que se ahorrarían al encontrar el libro que buscaban al tener esa estantería bien ordenada, de que no les entraría nadie a robar por habérseles olvidado echar la llave y de que el Sol no fabricaría un horno en esa habitación en la que la persiana hubiera sido una gran aliada en estos sofocantes días de verano. Lorna… ¡gracias! ¡Gracias! Soy consciente de que eres una actriz y que a quien tendría que alabar es al guionista que ha escrito esta frase para ti, ¡pero me da igual! Observo de nuevo tu imagen cómica y suelto una risa nerviosa. Cojo el mando y echo para atrás unos segundos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>«Creo que &#8216;loco&#8217; es una palabra que la gente se ha inventado para desanimar a la gente interesante».</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y de nuevo pulso el botón de «pause». Esta vez la expresión de Lorna es menos graciosa que la anterior. ¡Esto es maravilloso! ¿Quiere decir que soy una persona interesante? ¡Oh! ¡Entonces siempre he tenido razón! ¿Por qué entonces me llaman loca o rara? ¿Es que ellos no son interesantes?</p>



<p class="wp-block-paragraph">No terminé de ver el episodio. Salí por la puerta no sin antes ordenar mis libros en la estantería por un estricto orden alfabético y repasarlo unas 10 veces, subí y bajé la persiana otra media de 10 y mientras que llegaba a la décima vez que echaba la llave en la puerta de casa no dejaba de decirme a mí misma:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Eres rara. Estás loca. Pero eres muy interesante». Y me fui sonriendo a hacer los recados del día sin ni siquiera darme cuenta de que solo había cerrado nueve veces con llave.</p>
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		<title>Little Fires Everywhere</title>
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		<pubDate>Sun, 02 Aug 2020 15:54:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>«Creía que ansiaba estar hecha de cosas de niña. De bailes de fin de curso, de besos en la puerta de casa, de yemas de los dedos que casi se tocan. Creía que ansiaba estar hecha de tus promesas. Las que sabían a marfil, fresas y hasta chocolate. Creía que ansiaba estar hecha de finales [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"><em>«Creía que ansiaba estar hecha de cosas de niña. De bailes de fin de curso, de besos en la puerta de casa, de yemas de los dedos que casi se tocan. Creía que ansiaba estar hecha de tus promesas. Las que sabían a marfil, fresas y hasta chocolate. Creía que ansiaba estar hecha de finales de cuentos de hadas, donde no sabría distinguir la realidad de los sueños. Así que soñé que te pertenecía porque sabía que me protegerías de las cosas de niñas mayores. De las arañas gigantes, los desastres naturales  y también los artificiales. Nunca me había sentido tan segura como contigo en esa jaula. Pero cuando abrí los ojos, vi las rejas doradas que nos rodeaban y no recordaba qué pasaba en el sueño.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Era yo el pájaro o la jaula?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Era yo misma o una de mis madres?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¿Estaba segura o me estaba asfixiando?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Porque el pájaro está en una jaula y la jaula en una cuidad y la ciudad es de harina blanca pura y mentiras preciosas. Y quizá no podamos huir de lo que soñamos igual que no podemos huir de lo que estamos hechas o quizá sí. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si logramos al fin ver las mentiras y la ciudad y la jaula en la que vivimos podemos ver muchas cosas más. Podemos ver la puerta. La salida. Y podemos salir volando.»</em></p>
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		<title>Nosotras no estamos hechas para este mundo</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Jun 2020 10:55:26 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Antes de comenzar la lectura os invito a escuchar mientras tanto una de las canciones dentro de la OST de Life is Strange. Un juego, una historia que tiene mucho significado para mí y para la persona a la que van dedicadas estas palabras: Estás destrozada por dentro. Sé lo que es. Sé lo que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Antes de comenzar la lectura os invito a escuchar mientras tanto una de las canciones dentro de la OST de Life is Strange. Un juego, una historia que tiene mucho significado para mí y para la persona a la que van dedicadas estas palabras:</p>



<iframe allow="autoplay *; encrypted-media *;" frameborder="0" height="150" style="width:100%;max-width:660px;overflow:hidden;background:transparent;" sandbox="allow-forms allow-popups allow-same-origin allow-scripts allow-storage-access-by-user-activation allow-top-navigation-by-user-activation" src="https://embed.music.apple.com/es/album/to-all-of-you-from-life-is-strange/1104513662?i=1104513665"></iframe>



<p class="wp-block-paragraph">Estás destrozada por dentro. Sé lo que es. Sé lo que se siente. Sé que crees que nadie puede comprenderte. Cuando pasas más de un segundo mirándote al espejo las lágrimas empiezan a brotar sin sentido alguno. En ese momento dejas que se derramen. Litros y litros de agua que se traducen en sequía para el resto de tu ser. Pero te da exactamente igual porque tienes la sensación de que no existes. Y, de repente, una angustia recorre todo tu cuerpo al intentar razonar el por qué de esas lágrimas. Entonces llega la desesperación por no encontrar ningún motivo y sentirte brutalmente estúpida por llorar sin razón alguna. Blanda, floja, sensible de mierda, eres una penas y das muchísimo asco. Inconscientemente estas palabras se repiten en tu cerebro martilleándote con una sensación de soledad que te engulle y te hace chiquitita, minúscula, un átomo sería 100 veces más grande que tú. A mí me costó encontrar el motivo pero finalmente lo alcancé. Las lágrimas eran en realidad el terror de no verme reflejada en el espejo, el pavor de haber desaparecido por completo, de que mi esencia se había esfumado y tan solo era un cuerpo lleno de grasa y huesos que no servía para nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que nadie te engañe conque esto se cura porque no es así, pero sí se puede soportar. No tienes que sentirte culpable por llorar o estar triste y mucho menos por disfrutar de un momento de gozo a pesar de que al día siguiente puedas estrellarte. Eres alguien especial y el ser especial no siempre es positivo. Eres diferente a los demás y en el fondo lo sabes. Eso te enerva por dentro y deseas ser como el resto de seres humanos que disfrutan del tiempo sin total preocupación teniendo la vida resuelta. ¿De verdad quieres ser así? Si rebuscas más en tu fuero interno tú deseas ser diferente porque no te gusta el mundo en el que vives. Y créeme que eso no es tan malo. Pero requiere de mucho esfuerzo comprender que para una persona como tú soportar el mundo es mucho más difícil que para los demás. Tiene cosas bonitas, muy bonitas y sé que lo sabes. Y es a eso a lo que tienes que aferrarte para soportar el momento en el que se presentan las cosas malas. Un chiste malo, una sonrisa, un olor que reconoces, el café a media mañana, a media tarde o por la noche, cuando te pruebas un vestido que te queda como anillo al dedo, cuando te miras al espejo e imitas un beso con ese labial que te encanta, cuando saboreas el chocolate que, curiosamente, hoy sabe mejor que ayer, cuando recibes un mensaje inesperado, cuando tu gatita o tu perrita te miran con eses ojos que desatan toda la ternura que la humanidad parece haber olvidado, cuando al día siguiente de resaca le dices a tu amiga que no piensas beber más, cuando ves tu película favorita con ella u os reís al ver una película mala con unas cuantas copas de más e incluso cuando miras el tatuaje de tu brazo y te das cuenta de que 1000 kilómetros, 50 mil u 80 millones de años luz no son nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá es que este mundo no está hecho para nosotras y no nosotras para él. Al final llegué a comprender que existen miles de mundos y que, en contadas ocasiones, los compartes con esas personas especiales. ¡Que le jodan al resto de mundos! El nuestro a veces está triste, agonizante pero en cuanto rebosa de vida es el más envidiable de todos. Y sé que lo sabes. Y sé que te vas a volver a encontrar porque no vas a desaparecer.</p>
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		<title>Existir</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Oct 2019 11:39:13 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿Qué ocurre cuando te miras al espejo y no te reconoces? ¿Qué ocurre cuando hablas y no tiene nada que ver con lo que piensas? ¿Qué ocurre cuando sabes dónde está la salida pero estás situado en una habitación de medio metro cuadrado con muros a cada lado? Intentas dar un paso y te das [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">¿Qué ocurre cuando te miras al espejo y no te reconoces? ¿Qué ocurre cuando hablas y no tiene nada que ver con lo que piensas? ¿Qué ocurre cuando sabes dónde está la salida pero estás situado en una habitación de medio metro cuadrado con muros a cada lado? Intentas dar un paso y te das de bruces con el hormigón. Aunque saques todas tus fuerzas te es imposible echarlo abajo para poder escapar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ésa es la existencia de Aya. Y creo que coincide con la de muchos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo peor es saber que no está fabricada para el mundo que le rodea. El momento que tiene claro quién y cómo es y que no existe solución para ella. Y, obviamente, el mundo no va a amoldarse a sus pensamientos o a su forma de ver la vida. El mundo sigue adelante sin tener en cuenta las almas que se lleva a su paso. No se refiere al mundo como «la Tierra». Ella, como astro, como planeta, como organismo vivo no tiene la culpa de nada. Quizá ella es la menos amparada, la menos comprendida de un mundo con intenciones conscientes de destruirla. No de golpe, sino torturándola hasta agonizar. Habla del mundo como ente que hemos fabricado con sus dogmas de mierda, sus criterios sin sentido, su psicología irresponsable y de alma autodestructiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existen momentos, hechos en los que recupera la esperanza y ve luz a través de los muros. Pero rápidamente se construyen fervientemente para taparla y que no vea absolutamente nada. En esos momentos siente un nudo en la garganta y un pellizco en el pecho. Le consuela pensar que en ese momento ha conectado con otras almas que están en sintonía con la suya. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces tiene la sensación que es la única a su alrededor que tiene los ojos abiertos. Observa los actos y las conversaciones de muchos y no las comprende. No da crédito a lo que salen por sus bocas y piensa&#8230; «¿será lo que de verdad están pensando o solo intentan amoldarse al mundo que nos ha tocado vivir?» En algunas ocasiones se ha sentido valiente para expresar lo que siente y, lo que recibe a cambio, son miradas atónitas o de desprecio. Le han llamado loca, amargada, flipada, utópica, altruista, egoísta, negativa, positiva, ilusa, imbécil y hasta atemporal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aún así no puede escribir todo lo que se le pasa por la cabeza. Uno es por miedo y dos, porque su cabeza está hecha un lío y solo halla nubarrones que no le dejan expresarse, ni siquiera a través de relatos o textos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si algo se está llevando su esencia, la herramienta que tenía para poder escapar y amoldarse mejor a este mundo, ¿qué puede hacer ahora? Quizá lo que muchos han hecho: rendirse al contexto actual, amoldarse y dejar de existir. Ser un ente vivo que sigue esos dogmas de mierda, esos criterios sin sentido, tener una psicología irresponsable y autodestruirse por dentro. Será eso. Tendrá que dejar de existir, ¿no crees?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué más da escribirlo todo aquí si nadie la va a leer.</p>
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		<title>Coraza</title>
		<link>http://www.ghibril.com/coraza/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Ghibril]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Aug 2019 17:52:50 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando nacemos, nacemos totalmente desnudos. A los minutos de vida ya nos visten, ya deciden por nosotros que, tapados, es como debemos enfrentarnos al mundo. Al nacer no poseemos eso que llaman «coraza». Es algo artificial que vamos construyendo a medida que crecemos. No existe una coraza igual, todas son diferentes, marcadas por la experiencia. [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Cuando nacemos, nacemos totalmente desnudos. A los minutos de vida ya nos visten, ya deciden por nosotros que, tapados, es como debemos enfrentarnos al mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al nacer no poseemos eso que llaman «coraza». Es algo artificial que vamos construyendo a medida que crecemos. No existe una coraza igual, todas son diferentes, marcadas por la experiencia. Al principio naces con una luz propia, con un halo brillante de un color característico que casi puedes palpar. Sin embargo, la coraza va poco a poco elevando un muro tan opaco que no permite que se escape esa luz. Pero ella sigue ahí, aguantando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gusta creer que hubo algún tiempo pasado en el que esa luz era visible, en el que existieron personas a las que no les daba miedo mostrarla en todo su esplendor. Me reconforta imaginarme un mundo lleno de seres humanos que exponían al mundo tantas gamas de colores como personas existen en el planeta. Seguro que no hay un verde igual que otro, ni un violeta que se parezca en lo más mínimo al de su lado y ya no digamos  las tonalidades de potentes amarillos que podrían existir. Me encanta imaginarme la vida así, plagada de colores. Y la veo. Pero la veo cuando cierro los ojos en el más puro silencio. La observo mientras tengo la mirada perdida en el momento que reina el caos a mi alrededor. La siento cuando elevo la vista hacia arriba y me topo con la Luna llena mostrándome ese característico tono planteado que solo ella sabe ofrecer. Pero sé que no es real, que realmente no están ahí. Y noto como otro ladrillo más se posa en mi propia coraza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vagas en la realidad observando las corazas de todas las personas con las que te cruzas. Todas poseen el mismo tono, algunas parecen más reforzadas que otras. Seguramente hayan sufrido daños, la luz haya intentado escapar y se haya enmendado lo más rápido posible para que no se filtrara, para que no la descubrieran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso he podido observar absorta mi propia coraza. Tan solo tienes que mirarte al espejo y esperar un rato hasta que dejes de juzgar la imagen que te devuelve. Poco a poco va emergiendo una especie de halo alrededor de todo mi cuerpo. Puedo tocarlo. Su tacto es frío y rugoso, como una roca que acaba de ser bañada por el agua del mar dejando un cierto gusto a salitre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He probado mil maneras de intentar romper esta coraza. La he limado durante horas, la he golpeado, he intentado fundirla&#8230; pero nunca he tenido éxito. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo una ocasión en la que conocí a alguien que había podido ver su propia luz, su color único, pero solo fue un instante, un efímero segundo que le permitió creer en algo más de lo que le ofrecía la monotonía de su día a día. Me contó que, pasadas horas mirándose al espejo, tocó su reflejo y, simplemente, sonrió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, de repente, todo a su alrededor comenzó a temblar, su corazón se aceleró hasta llevarlo casi al colapso, pero aguantó, aguantó aunque su garganta se tornara seca hasta dejarlo mudo. Mientras tanto la coraza comenzó a fundirse, se derramaba por todo su cuerpo notando cómo le producía quemaduras y llagas en la mayor parte de su piel. Pero resistió, no apartó en ningún momento la vista de su reflejo, aún notando la sangre palpitando bajo su piel y una vista que se nublaba acercándolo al más puro vacío. Me confesó que el truco era no apartar la vista y, mucho menos, dejar de sonreír.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí estaba. Ahí estaba su aura. Pura, como si acabara de nacer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde su confesión he probado a descubrir cuál es mi luz tantas y tantas veces que he perdido la cuenta. Por más que me miro fijamente al espejo, por más que le sonrío, la coraza sigue ahí, reconstruyéndose, reforzándose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ojalá vuelva a encontrarme de nuevo con esa persona. A veces pienso que me falta algo para poder hallar mi luz. Y otras veces me gustaría encontrármelo para pegarle una paliza por embustero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero dicen sus más allegados que ahí sigue, sin despegar su mirada del espejo. Sin dejar de sonreír.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Heaven only Knows</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ghibril]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Feb 2019 09:49:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relato Corto]]></category>
		<category><![CDATA[bob moses]]></category>
		<category><![CDATA[heaven only knows]]></category>
		<category><![CDATA[relato corto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Shhh, silencio. ¿Oyes los cánticos angelicales? Solo podrás oírlos cuando dejes de justificar cada palabra, cada gesto, cada acto. Solo podrás alcanzarlos cuando no te sientas culpable por caminar con paso firme. Sólo podrás deleitarte con sus voces cuando no te tiemble la voz al expresar lo que verdaderamente sientes. La vida misma es el [&#8230;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">Shhh, silencio. ¿Oyes los cánticos angelicales? Solo podrás oírlos cuando dejes de justificar cada palabra, cada gesto, cada acto. Solo podrás alcanzarlos cuando no te sientas culpable por caminar con paso firme. Sólo podrás deleitarte con sus voces cuando no te tiemble la voz al expresar lo que verdaderamente sientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida misma es el purgatorio y los únicos pecados más atroces que puedes cometer es no ser fiel a ti mismo, no sentir lo que quieres sentir y no abrir los ojos de par en par a la realidad que tengas delante, aunque creas que es un sueño precioso que no debe estar ocurriéndote, aunque creas que es la pesadilla más atroz que no te mereces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Deja de echarte la culpa por todo. Solo eres un ser que vive. Solo eres un ser humano. Tú no tienes el derecho de decidir qué está bien o qué está mal para el mundo, pero sí qué está bien o qué está mal para ti. </p>



<p class="wp-block-paragraph">De vez en cuando relájate y deja que el silencio te acompañe, aunque te encuentres en la ciudad más ruidosa del mundo. Es entonces cuando escucharás las voces que hay al otro lado, en aquél lugar que algunas religiones llaman el Cielo y otras el Paraíso. Incluso podrás desgarrarte con los gritos de socorro de los que habitan en el Infierno o los que se han perdido en el Nirvana. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá ese silencio no dure para siempre, pero sé que sonreirás, sé que te sentirás fuerte para continuar tu camino. Y, aunque sea por unos días, serás tú mismo, te sentirás indestructible, tarearás canciones que no son de este planeta y no sucumbirás a la monotonía. Durante esos días cuando la brisa sople la notarás como una caricia, cuando escuches una risa será como una  melodía para ti y cuando una mirada se cruce con la tuya estallarán fuegos artificiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sacrifícate por sentir lo que quieres sentir. Sacrifícate por acercarte a otro plano de la realidad. No tienes que justificarte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Total. Solo el Cielo lo sabe.</p>
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