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	<title>Televisión escrita</title>
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	<description>Periodismo en forma de opinión de Leonel Giacometto / publicadas en el diario El Ciudadano &#38; la gente</description>
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		<title>Televisión escrita</title>
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		<title>REINAS DE PUEBLO GRANDE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2011 20:10:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    A lo mejor es cierto que antes de morir es posible, si se quiere, dimensionar como exacto y hasta encajable el sentido unívoco de lo que quisimos en &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/05/09/reinas-de-pueblo-grande/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">REINAS DE PUEBLO&#160;GRANDE</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/05/09/reinas-de-pueblo-grande/mirtha_legrand-jpg_869080375/" rel="attachment wp-att-487"><img data-attachment-id="487" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/05/09/reinas-de-pueblo-grande/mirtha_legrand-jpg_869080375/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg" data-orig-size="624,468" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="mirtha_legrand.jpg_869080375" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg?w=624" class="aligncenter size-full wp-image-487" title="mirtha_legrand.jpg_869080375" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg?w=1024" alt=""   srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg?w=460&amp;h=345 460w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg?w=150&amp;h=113 150w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg?w=300&amp;h=225 300w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/05/mirtha_legrand_869080375.jpg 624w" sizes="(max-width: 460px) 100vw, 460px" /></a>    A</strong> lo mejor es cierto que antes de morir es posible, si se quiere, dimensionar como exacto y hasta encajable el sentido unívoco de lo que quisimos en virtud de lo que realizamos y conseguimos. Y a lo mejor es cierto que, ya teniéndola más cerca a fuerza de promedios de mortalidad al menos, sobre la lenta pero constante opacidad que ya parpadea intermedia con su brillo dilatado, Mirtha Legrand se va a dar cuenta que aquello que ambicionó más real y más habitual, su vida y la de su familia, no es ni apenas un desvelo de la duermevela que siempre quiso soñar como realizable. Y no tendrá a nadie a quien echarle la culpa, ni público a quien agradecer.</span></p>
<p style="text-align:right;" align="right"><span style="color:#000000;"><strong>La madre</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Todo empezó casi como un chiste de corte farandulero o una especie de rótulo mediático sobre su figura y sobre la impronta que siempre quiso para ella y para su familia. Y hasta se podría inferir que, después de todo, viniendo de donde viene, teniendo 85 años y con un falso aggiornamiento encima, habiendo transitado una época del cine argentino donde la industria era una palabra común bajo reproducciones de símil formato hollywoodense, y habiendo sido prácticamente la gallina de los huevos de oro para toda su descendencia una vez que pisó y se quedó en la televisión (incluso para su difunto marido, que en cine filmó lo que quiso pero el grueso de billetes venía de la televisión en la que Mirtha Legrand todos los días ponía la cara y el cuerpo), el sueño de ser reina a Mirtha Legrand siempre le resultó una amable y hasta posible sensación de realidad. Nadie discute con una reina, y menos por televisión. Mirtha no sólo quiso un linaje real sino una conducta y una norma preestablecida por esa estirpe y por los mandamientos del cristianismo que siempre impuso para ella y para toda su familia. Quiso imponer más bien y si se lo mira desde ahí, si se lo mira desde ese deseo tan imposible como seductor, desde esa posible cabeza y desde lo que existió y existe a su alrededor como familia, el sueño se le puso espeso. Fue gallina de huevos de oro pero no vaca sagrada dejó entrever siempre su familia. Siempre desde su familia (del costado femenino sobre todo) se apeló a demostrar ante las cámaras que, a pesar del amor, siempre había un gesto de más para hacerle ver a la teleaudiencia “cuán insoportable es la vieja”. Ahí es donde Mirtha está muy perdida de lo suyo o, por el contrario, está resuelta a morir reina (pero ella sola). Será por eso que como se dice le bajó la persiana (mediática) a su nieta hace unas semanas pero no a su yermo (Marcos Gastaldi) hace unos años, cuando salió muy resuelta de cuerpo y de boca a defenderlo de, prácticamente, meterse todo un banco en el bolsillo. Será que es mucho peor la deshonra del cuerpo que la del billete para Mirtha, será por eso o por vergüenza (y no por respeto) que silenció cuanto pudo la vida de su hijo hoy muerto, será por eso que se tragó orgullosa el “mierda, carajo” de Samuel Gelbrung porque atrás hay una cama infiel, o será que está cansada de que nadie le haga caso, o será que, si se buscan y revelan chimentos históricos de la farándula argentina, a Mirtha se le repite la historia en su descendencia mal criada y muy necesitada de satisfacción personal.</span></p>
<p style="text-align:right;" align="right"><span style="color:#000000;"><strong>La hija</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Hacer lo que se dice hacer, en realidad, nunca hizo nada relevante por televisión. Hace décadas fue una de las primeras periodistas (¿?) en ir a Cuba y entrevistar a Fidel Castro, tuvo dos o tres programas del tipo magazine y lo peor que le pudo pasar en la vida televisiva fue tener que reemplazar un tiempo (corto) a su madre en los almuerzos televisados. La madre la castigó desde su nacimiento poniéndole un nombre que no pega con el abolengo que incita a su creencia visual. No hay dónde poner una h en Marcela, y más que linda es intratable desde el vamos. Por lo que se traduce por la pantalla chica (la grande la pisa como espectadora nomás), como otras, sólo una cosa le hace bien de los hombres sin importar nada más que eso. Es ordinaria porque no hay otro adjetivo mejor para esa especie de soberbia aburrida que muestra, y subida siempre a una cartera Christian Dior, la imagen televisiva de Marcela Tinayre, obviamente, fue la medida de la sombra de su madre, casi como funciona la relación entre la ciudad de Rosario y la autónoma de Buenos Aires. Entre ese desbarajuste emocional se vio siempre por televisión a la hija de Mirtha. Simpática no fue nunca al aire y generaba menos empatía que su hija, Juana Viale, que de chiquita supo odiar a la prensa del corazón que le dicen, pero que desde los 14 años que viene siendo foto social en Punta del Este con cualquier varón al lado. En cine apareció en <em>La viuda de los jueves</em>, la versión de Marcelo Piñeiro de la novela homónima de Claudia Piñeiro, donde lo mejor que hace es poner cara de rica insatisfecha y dejarse hundir la cara en un plato de comida. En televisión, Adrián Suar le hizo el año pasado una telenovela a su medida a la que llamó <em>Malparida</em>, título que Marcela y Mirtha habrán amado, siempre teniendo en cuenta cómo, desde la ficción televisiva, los actores se pasan facturas unos con otros y siempre recuerdan la premisa que el que tiene plata hace la ficción que quiere, y con quien quiere y, sobre todo, puede manipular la vida de los actores en función de lo que sale al aire como ficción.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>La hija de la hija</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Casi con un hincapié que irremediablemente muta en parodia a la hora de hacer referencia a lo que un actor (o lo que sea) “hace” como ficción por la televisión y lo que ese actor “es” en realidad, todos los días que anda por ahí sin pantalla, lo que pasó a partir del video casero y las fotos en las que más o menos se puede ver a Juana Viale y Martín Lousteau chapando dentro de un auto, despertó la lengua de muchos que empezaron a despotricar los salmos biempensantes sobre mandatos a los que llaman (desde la tele) “moral”, dándole de lleno al poco e incómodo detalle que la que estaba chapando, además de ser la nieta de Mirtha Legrand y una chica proclive a exasperarse por la pantalla chica si no la tratan como a digamos Carolina de Mónaco, está casada y, lo peor de todo, que está embarazada de seis meses. Ahí el cómo reemplazó al qué y más allá de que es un bajón defender a Juana Viale, el dedo en la llaga fue cómo con semejante panza una mujer podía hacer “eso”. Eso, al parecer, Martín Lousteau ya lo venía haciendo en el linaje Legrand, ya que hace unos años el que estaba chapando con la nieta de Mirtha y que fue Ministro de economía hasta que Moreno le hizo un gesto con su dedo índice atravesándole el cuello, ése economista de rulos a lo Pantene muy amigo del matrimonio Darío Lopérfido/Esmeralda Mitre, ya se había dejado arrastrar por los efluvios amorosos de Valeria Gastaldi, una medio hermana de Juana Viale, que también por entonces estaba embarazada. Ensoñaciones eróticas diversas al parecer genera estudiar economía y juntarse con Lopérfido. En paralelo, Lousteau, hace unas semanas, presentó en la última feria del libro su flamante libro sobre economía y, por decir, vida cotidiana. Además de hacer público que, como Ben Stiller en <em>Loco por Mary</em>, la masturbación calma lo que vendrá, increíblemente (o no) todos los noticieros (todos, la <em>TV pública</em> también) mostraron y leyeron los mismos párrafos donde el economista da ejemplos prácticos sobre certezas, índices, indicadores de valores y de inflación y hace especial énfasis en las mujeres casadas, quienes estando embarazadas sólo ellas son dueñas de la verdad. La verdad, para Lousteau, es saber de quién es el hijo de la embarazada. La embarazada tiene una hija cuyo padre es hijo de Piero, que dicen está que arde con esta cuestión ya que no sabe, dijo, “cómo está la salud mental de su nieta Ámbar”. De ese color y más oscuro aún dicen que está el corazón del chileno Gonzalo Valenzuela, actor, casanova de la Patagonia y marido de Juana, que al parecer de tanto ponerla por ahí se la pusieron a él y ahora llora por los rincones (pero no deja de grabar, puntualmente, todos los días su participación en la serie que está desnivelando la astucia de Carla Peterson). Mientras tanto, Mirtha vio el casamiento del hijo de Lady Di por pantalla gigante. Pero esta vez no lloró.</span></p>
<p style="text-align:right;"><strong><span style="color:#000000;">Leonel Giacometto</span></strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 9 de mayo de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=209344"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=209344</span></a></span></p>
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		<title>SOBRE ANIMALES ENVEJECIDOS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Apr 2011 21:09:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Viviana Canosa fue comprada, lo que implica que ésta tenga que, como lo está haciendo hoy por hoy, lisa y llanamente cerrar la boca ante algunas cuestiones y, &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/04/17/sobre-animales-envejecidos/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">SOBRE ANIMALES ENVEJECIDOS</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg"><img data-attachment-id="339" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/04/17/sobre-animales-envejecidos/marcelo_tinelli-2/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg" data-orig-size="345,259" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="Marcelo_Tinelli" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg?w=345" class="size-full wp-image-339 aligncenter" title="Marcelo_Tinelli" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg?w=1024" alt=""   srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg 345w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg?w=150&amp;h=113 150w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/marcelo_tinelli1.jpg?w=300&amp;h=225 300w" sizes="(max-width: 345px) 100vw, 345px" /></a><span style="color:#000000;"><strong>    V</strong>iviana Canosa fue comprada, lo que implica que ésta tenga que, como lo está haciendo hoy por hoy, lisa y llanamente cerrar la boca ante algunas cuestiones y, de vez en cuando mirar a Camilo García con una mirada que al otro le hace acordar a su antiguo jefe, que decidió no prestarle atención por ahora a El Trece y navegar entre América y Telefé. Lo de Carla Peterson parece cool pero no se entiende cómo alguien escribió eso. Leticia Brédice (por suerte) gana terreno en <em>El elegido</em>. Volvió Karin Kohen, herida como se había ido. Patricia Bullrich sigue en la política y sigue apareciendo en la tele como si nunca hubiese escuchado hablar de algo llamado “pasado”. Gustavo Sylvestre sale más blanquito por América 24, y en TN apareció Graciela Camaño muy parecida a Vanessa Show, por el botox y el dibujo de las cejas arqueadas como la junta de pelos que Mónica Gutierrez tiene en la cabeza y ni mú dice al presentar las más terribles salideras bancarias, mientras de noche Roberto Pettinato ni siquiera hace lo que puede ya, y más de uno espera que Mariana Fabbiani, alguna vez, explote ante la catarata de pavadas que le toca presentar y que, se nota, no tiene ganas. Tortonese fue y el calzoncillo del hijo de Ernestina sigue sin ser noticia. Lo de Nora Dalmasso pasó de ser una novela de Claudia Piñeiro a una entrecruzada pugna de políticos y testaferros. Orlando Barone en <em>678</em> no entra (no entra) en sí mismo al verse como se ve, y Sandra Russo tiene desde hace meses la misma cara de poca bragueta que pareciera estar a punto de algo. Pero no. Desde rincones hasta opuestos dos personas envejecen y muestran que, como canta otro al que una María se le está apagando, con el tiempo esto se cae como una fruta vacía y nadie se encuentra con nadie en un punto y que aquello fue falsa alarma. Sergio Denis tiene una canción que a muchos les mete pilas pero a él no porque al parecer amagó con irse de entre los mortales, mientras que a Charly García lo muestran gordo como un sapo, desvencijado y sostenido como una marioneta, o como esas cosas que se llaman estrellas y que dicen que aún brillando ya están muertas. Todo eso (y más) sucede por la televisión argentina. Pero aún falta alguien.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>El águila de dos cabezas</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    En un mes aproximadamente se hace de cuerpo visible quien nunca se fue de la pantalla nacional. En menos de un mes vuelve la cabeza que refundió toda la posible galantería de ser, digamos, persona de la televisión y transformarlo todo en una especie de feria americana donde todos, mal que les pese, valen lo mismo. El valor (de ser artista y/o personaje) es una cuestión, al parecer, muy importante dentro del medio que hace la televisión pero Marcelo Tinelli les avisa que nadie vale nada y que a fin de cuentas, los millones que empezó a amasar desde que un peso era un dólar son, en realidad, el peso en cuestión. Pero esa cabeza que gestó ese imperio esconde otra cabeza que, por derecha y por izquierda, pareciera detestar a todo cuanto persona/personaje se le ponga al lado, pareciera esconder cierto enojo de rico sin abolengo, pareciera ser y no ser tilingo sino peor, pareciera decir que las mujeres sólo valen cuando suben a un supuesto cuarto piso del edificio de Ideas del Sur y se arrodillan para firmar el contrato, pareciera decir que sólo siendo esposa una mujer puede ser digamos tenida en cuenta como heredera y amarla por tal, pareciera decir que su sonrisa y afabilidad compinche con la teleaudiencia no es más que una postura que no hace más que juzgar lo que él mismo está generando, pero de lo que no está siendo parte bajo ningún concepto porque, como le dijo una vez a un jurado de su programa en relación a un cruce entre la que se acostaba con Massera y la tardía vieja loca desclasada de music hall: “Esos son problemas de ustedes”. Y hablaban de HIV con la misma soltura que pronunciaban la palabra “trayectoria”. Algo así también sucedió el año pasado cuando, en vivo, la frenó en seco a una Reina Reech desbocada que osó decir que él (Marcelo Hugo Tinelli, de Bolívar, provincia de Buenos Aires), aprobaba y hasta alentaba todo cuanto despelote y embarre se gestase ahí dentro, en, entre y por las galerías del set donde se emite y graba <em>Showmatch</em>. O cuando Carla Conte le dijo en la cara y en vivo que por qué no le cortaba las polleritas a sus hijas. Ahí fue que Marcelo Hugo, jocoso como siempre, dejó entrever un gesto de desidia, al menos, y guardó las tijeras en sus bolsillos llenos de plata fácil y gente que la imagen abandonó. Y hasta ganó Carla Conte ese año y hasta Tinelli la abrazó, emocionado casi, siempre. En un mes vuelve todo eso. Y más.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>La danza de los vampiros</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Partiendo de la base que nunca el baile fue lo importante, y eso estuvo más que claro desde el arranque y no tiene por qué ser un dato peyorativo sino más bien una postura frente a la intencionalidad de las cosas por las cuales se hace televisión, el invento mexicano de ese imperio llamado Televisa, <em>Bailando por un sueño</em>, Ideas del sur lo reconfiguró para Argentina hace más de siete años, y hoy por hoy da como resultado, en el masivo del público de la televisión que es mirada como puro suceder digamos, una polarización de contenidos donde ya quedan muy pocas cosas libradas al libre albedrio de un impulso mal colocado, y algunas cosas ya no sucederán. Acá vuelve Canosa comprada y mal teñida, y una Reina Reech que de jurado le pusieron a Flavio Mendoza al lado, y a éste a Marcelo Iripino, el gordito que sonreía y sonreía como desaforado cuando le hacía los musicales a Susana Giménez en los años noventa del siglo pasado. O sea, desde la tarde de todos los días ya desde enero está claro que este año será contundente en cuanto a quilombos pero medido en cuanto a opiniones. Este año será <em>Bailando</em> y será <em>Cantando por un sueño</em> y los nombres de los participantes aún van y vienen. Esto implica que toda esa gente en danza a la espera, o ya firmó y se hace la sota o la palabra “ensayo” en ese programa es apenas una imitación de un estado jamás conocido.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    La lista de los argentinos no le debe sumar mucha plata toda junta porque Tinelli apunta a tener a Mike Tyson y Pamela Anderson que, si bien ya tienen su lápida mediática, fuera de EEUU siguen siendo, al menos, Lepera. A los famosos también hay que sumarles el, la o lo que salga más carneable y carnoso de <em>Soñando por bailar</em>, un verdadero jardín de gatitos muy manoseados ya por el medio al que tanto aspiran con acceder.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Juvenilla</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Haciendo zapping, como al voleo, se lo pudo escuchar a Jorge Rial decir de su misma boca pero por dos cuestiones distintas que le podría pegar un tiro en la nuca a alguien, y que qué país hicimos para esta gente. Esta gente, en esa cuestión, eran los jóvenes que según él se reflejan en <em>Gran hermano </em>y en la misma gente que dice que sigue, apoya, alienta y vota a uno de los participantes, de sobrenombre “Cristian U.”, sin apellido y al parecer adicto a varias cosas de las que la producción de <em>Gran hermano</em> le alimenta la abstinencia de vez en cuando. Abstinencia es una palabra complicada que viene asociada generalmente a las drogas ilegales, a la cocaína específicamente y de la que la televisión casi siempre encubre con palabras tales como “picos de hipertensión” o “stress” o “depresión” o “ataques de pánico” cuando a lo mejor sería más fácil y menos por decir careta de parte de muchos hacerse cargo de estas cuestiones y no andar con cinco definiciones distintas de la palabra moral encima, despotricando contra todos los que la hicieron y hacen, como Moria Casán, que está “que sí que no que soy lo más emperatriz que hay”  para sumarse al jurado en <em>Bailando por un sueño</em>, y que la semana pasada, por la dudas, le dijo de todo lo más vulgar que hay para decirle a otro, Moria le dijo un poco a Carmen Barbieri, que la volvieron loca para que reventase su autoestima, dicen, el año pasado en Ideas del sur, y que ahora parece está acusada de discriminar a una travesti que, encima, al parecer tiene HIV y ése fue el motivo por el cual Carmen Barbieri la alejó de su compañía teatral. Todos le echan la culpa a Javier Faroni, un productor teatral que la mata callando (siempre). Todo un desmadre sin forma y sin gusto como viene sucediendo desde hace unos años por la pantalla argentina y, sobre todo, por la de El Trece (ex Canal 13), donde las ficciones de Adrián Suar, Polka y compañía sólo arrancan cuando Luciano Castro se saca la camisa. Pero nada más. El resto es de Tinelli.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Leonel Giacometto</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#333333;">Publicada en el diario El Ciudadano &amp; la gente el domingo 17 de abril de <em> </em>2011 (Rosario, Santa Fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=197342"><span style="color:#333333;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=197342</span></a></span></p>
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			<media:title type="html">NOTAS EN UN DIARIO</media:title>
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			<media:title type="html">Marcelo_Tinelli</media:title>
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		<title>SOBRE LA INDUSTRIA DE LA CARNE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Apr 2011 02:06:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[Aunque siempre a menor escala que el norte del continente, no tanto en cuestiones de calidad sino en cuestiones de producción y cantidad, inversión y quehacer, funcionalidad y posibilidades de &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/04/10/sobre-la-industria-de-la-carne/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">SOBRE LA INDUSTRIA DE LA&#160;CARNE</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/charlie-sheen-drunk-and-drug.jpg"><img data-attachment-id="331" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/04/10/sobre-la-industria-de-la-carne/two-and-a-half-men/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/04/charlie-sheen-drunk-and-drug.jpg" data-orig-size="1217,364" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;GREG GAYNE&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;Canon EOS 5D Mark II&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;\&quot;The Moustache Attachment\&quot; -- Chelsea (Jennifer Taylor) invites her beautiful college roommate, Gail (Tricia Helfer) to stay at the house while she gets over a bad breakup and Charlie (Charlie Sheen) dreams of threesomes, on TWO AND A HALF MEN, Monday, Nov 16 (9:00-9:31 PM, ET/PT) on the CBS Television Network.\nPhoto: Greg Gayne/WB\n\u00c2\u00a92009 Warner Bros. Television. All Rights Reserved.&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1255725772&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;\u00c2\u00a92009 WARNER BROS. TELEVISION. ALL RIGHTS RESERVED.&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;110&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;3200&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.008&quot;,&quot;title&quot;:&quot;Two and a Half Men&quot;}" data-image-title="Two and a Half Men" data-image-description="&lt;p&gt;«The Moustache Attachment» &amp;#8212; Chelsea (Jennifer Taylor) invites her beautiful college roommate, Gail (Tricia Helfer) to stay at the house while she gets over a bad breakup and Charlie (Charlie Sheen) dreams of threesomes, on TWO AND A HALF MEN, Monday, Nov 16 (9:00-9:31 PM, ET/PT) on the CBS Television Network.&lt;br /&gt;
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<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Sangre de tigre</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Fue <em>Apocalypse now</em> (Francis Ford Coppola, 1979) la película que literalmente hizo saltar a las grandes ligas que se dice la carrera de Martin Sheen (Ramón Antonio Gerardo Estévez, 71 años) y fue también, según sus propias palabras, una de las peores cosas que le pasaron en cuanto a actuación y cine. En el medio de la filmación, en una Malibú que simulaba Vietman, Martin Sheen sufrió un paro cardíaco por el que le llegaron a dar la extremaunción. Pero no murió y terminó la filmación. Invadida de anécdotas como éstas está la historia del cine universal pero, en este caso, a Martin Sheen este disparar en una película que marcó a más de uno y que según el país y el año tenía un final distinto, le posibilitó la categoría de “actor de cine”, ya que venía del teatro off y de apenas una o dos cositas en la televisión de los 70 del siglo pasado. Ya era padre. Y de cuatro varones a los que se llevó con él a la filmación de <em>Apocalypse now</em>. Pero no fue como la familia Baldwin donde todos quisieron y quieren la ficción de la cámara por ósmosis filiar digamos, sino que dos de esos cuatro hermanos siguieron los caminos del padre.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">A pesar de siempre dar una imagen de ser el mayor, Charlie Sheen es el menor de los cuatro y le sigue Emilio Estévez (49 años), que fue furor en los ochenta (<em>The Breakfast Club</em> en 1985 entre otras) para un sector del público entre pre, adolescente y pos, mientras que Charlie Sheen le daba duro con Oliver Stone en <em>Pelotón</em> y <em>Wall Street</em> (en 1986 y 1987 respectivamente). Después de ahí, ambos, fueron otros. Emilio Estévez se hizo guionista y director de cine y se sacó (o le sacaron) la imagen de “chico rebelde”, mientras que su hermano empezaba el despilfarro de sí mismo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>El alcohol es una solución temporal sólo si dejas de beber</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Aburrida como debe estar esa gente de a ratos, sosteniendo a la fuerza ciertos mandamientos que se reproducen más o menos bajos los mismos parámetros en todo Occidente al menos, con mucha plata encima, Charlie Sheen empezó a pasar más tiempo en su realidad millonaria que en la que la actuación le pedía. Se empezó a mandar un pato tras otro. Un pato es un decir. Se casó, tuvo hijos, se divorció, se volvió a casar dos veces, más hijos, más divorcios, denuncias y contradenuncias de violencia familiar, un disparo accidental en el brazo a una de sus esposas, drogas, actrices porno, festicholas, internaciones en clínicas de rehabilitación, fugas, Martin Sheen pidiendo disculpas públicas por su hijo, actrices porno, más drogas. De a poco, como pasó con muchos, promediaban los 90 del siglo pasado y Charlie Sheen ya no daba ni para promesa de lo que lo la industria cinematográfica norteamericana espera de un actor de primera línea: parámetros, conservadurismo, actitud “pingüinos de <em>Madagascar</em>” (“sonrían y saluden”), correlatividad entre la ficción y su vida pública, ser Catherine Zeta Jones por ejemplo, o Brad Pitt. Así Charlie Sheen, siempre con la billetera más o menos llena, empezó a de alguna manera “hacer” de sí mismo, a parodiarse, a correrse para otro costado. Hizo cameos y participaciones especiales en muchas películas y series de televisión (desde <em>Being John Malkovich</em>, de Spike Jonze en 1999, hasta la serie <em>Friends</em>). Con la participación en esas parodias de géneros que a veces bordean lo brillante y otras veces lo liso y estúpido<em> </em>(<em>Scary movie 3</em> y <em>4</em>) se llenó de plata otra vez, y supo darse para su propia actuación y para el producto un toque de humor poco frecuente en este tipo de actores. Con ése toque, leve pero toque al fin, apareció la televisión con mayúsculas para él. Y al destino trágico de otros también.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Asesino del Vaticano</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">Empezaba el siglo 21 cuando otro fulgor de la década del ochenta, devenido ya actor cómico en la televisión, se le hacía imposible disimular el Parkinson. La serie se llamaba <em>Spin city</em> y el actor era Michael J. Fox (<em>Back to the future</em> en 1985). El esfuerzo del cuerpo de ese actor por sostener la ficción a pesar de todo era más que evidente por la pantalla chica y Michael J. Fox hacía lo que podía. Mientras tanto, la CBS ya especulaba con quién sería el reemplazo de la cabeza de una serie que, obviamente, debía continuar. Y como el show debe seguir, Charlie Sheen fue el reemplazo. Tal como sucedió por estos pagos alguna vez entre Georgina Barbarrosa y Carmen Barbieri las críticas hacia Sheen cayeron como bolas de fuego pero, igual que Carmen, Sheen demostró que se la bancaba al aire, y que la teleaudiencia espera siempre lo peor del que está del otro lado. La serie disparó puntos muy altos de rating con Sheen y duró dos años más. Fue para 2003 entonces que la CBS le inventó una serie a su medida y apareció <em>Two and a Half Men</em> (<em>Dos hombres y medio</em>)<em>, </em>una comedia de situación (<em>sitcom</em>) en la que Charlie Sheen era Charlie Harper. La serie giraba en torno a la vida de dos hermanos treintones largos, en los que uno era un soltero fiestero (Sheen) y el otro su exacto polo opuesto (interpretado por Jon Cryer), que a su vez tenía un hijo preadolescente gordito y simpaticón (interpretado por el nene actor Angus T. Jone). Los tres vivían juntos y básicamente todo giraba en torno a los enredos amorosos de Sheen y las imposibilidades del otro para con el sexo opuesto.</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">A pesar que la serie no fue ni es de las mejores sitcoms norteamericanas y que ni las benditas risas que se escuchan siempre en esta series de fondo a veces ayudan, <em>Two and Half Men</em> duró 7 años y los contratos de todos los principales actores terminaban recién en 2012. Pero hace unos meses algo se disparó.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>El infierno es la imposibilidad de la razón</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">Aún no está del todo claro y quizás nunca se sabrá pero surgieron dos versiones por las cuales hace más o menos dos meses la CBS y la Warner Brothers (hermanas de una imagen) decidieron suspender las filmaciones de <em>Two and Half Men</em> y por consiguiente los cheques para todo el elenco, incluido el mismo Sheen, que era el centro de la cuestión y que ganaba un promedio de un millón de dólares por capítulo. Nadie (pero nadie) ganaba eso por capítulo en la televisión norteamericana de hace un rato. Una de las versiones dice que Charlie Sheen pidió tres en lugar de un millón por capítulo y todo se reduce a un desarreglo económico, más un rumor sobre la cadena Fox y su posible incorporación. La otra versión es más enrarecida y los medios norteamericanos se encargaron de elucubrar aún más sobre ésta. Al parecer (y no sería la primera vez que sucede) ni a la CBS ni a la Warner Brothers les pareció digamos oportuno tener por su pantalla a alguien tan políticamente incorrecto, que se la pasaba y pasa despilfarrando los millones que gana en mujeres y drogas y, sobre todo, que eso lo diga a boca de jarro como una virtud de su oficio. Así, dicen, las productoras con la suspensión de Sheen del aire le daban “un escarmiento” a todo lo que consideran inapropiado para su teleaudiencia media. Sheen, enardecido, habló de contratos basura y de esclavitud mediática y así, desbordado, empezó una especie de cruzada mediática entre paródica y patética bregando por su libertad personal y artística, siempre ido y con las pupilas como dos aceitunas negras. Pero aún nada parece del todo cierto.</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Se la pasó y se la pasa yendo a programas de televisión donde lo entrevistan señores y señoras del estilo Mariano Grondona y no Roberto Pettinatto y se la pasa burlándoseles en la cara. Se la pasa subiendo videos a <em>Youtube</em> donde dice literalmente cualquier cosa pero, en chiste o no, fue uno de los pocos actores de por decir “nombre” en tirar la posibilidad que el 11 de setiembre de 2001 haya sucedido otra cuestión en Nueva York. Hace un par de semanas se largó a una gira (teatral) por distintas ciudades de EEUU con un unipersonal que lleva por título <em>My Violent Torpedo of Truth: Defeat is Not an Option </em><em>(</em><em>Mi violento torpedo</em><em> </em><em>de</em><em> v</em><em>erdad</em><em>:</em><em> </em><em>La derrota</em><em> </em><em>no es una opción</em>). Empezó en Detroit y apenas pisó el escenario lo primero que dijo fue cuán fácil le había resultado comparar <em>crack</em> (paco) en esa ciudad. Eso parece que está mal para arrancar un monólogo y al parecer le empezaron los silbidos desde la platea. Entonces rumbeó para otro lado y al parecer quedó perdido en una nube de incoherencias varias. Igual sigue de gira juntando dólares y, al parecer, divirtiéndose a lo loco.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">El planeta tierra no tiene definición ni género en estos casos y como en Argentina, la teleaudiencia se divierte, enjuicia, sobredimensiona o desvaloriza a una persona que gana millones sólo mostrando o haciendo lo que no se debe. Nada más.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Leonel Giacometto</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el domingo 10 de abril de 2011 (Rosario, Santa fe, argentina) / <span style="color:#000000;"><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=193316"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=193316</span></a></span></p>
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		<title>MUJER DE PESO EN CUESTIÓN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 03 Apr 2011 21:03:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Aunque su nombre se menciona durante todo el año en todos los programas de no ficción de la televisión argentina, sobre el cuándo, el dónde y el cómo &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/04/03/mujer-de-peso-en-cuestion/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">MUJER DE PESO EN&#160;CUESTIÓN</span></a>]]></description>
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<p style="text-align:right;"><strong>Shorthorn</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    En enero de este año la mostraron medio borracha y desordenada corporalmente saliendo de un pub en Punta del este mientras, tal como sucedió décadas atrás con su pareja de entonces (el basquetbolista Norberto Draghi), su último ex (Jorge Rama) era acusado de estafa y de haberle falsificado la firma a Susana para comprar con cheques jugadores de fútbol. En febrero la revista <em>Paparazzi</em> mostró sus tetas en la tapa y en marzo dijeron que dijo que el sexo anal, para ella, es buenísimo pero que dolía mucho. Sobre por qué no se habla mucho de la cuestión anal en beneficio de la experiencia placentera no es un tema menor pero sí complejo en el imaginario social argentino. En ese terreno donde por momentos parece todo simulado y premeditado hacia lugares incomprensibles y manipulables según la oferta y la demanda de la emoción que algo podría generar sobre un cúmulo de personas, por ahí y por imposición mediática está Susana Giménez, que salió a desmentir todo aquello de su traste y el placer. Que Susana Giménez desmienta algo que dicen que dijo o algo que dijo pero que “no lo pensó” es tan común en la televisión argentina como las veces en que la involucraron a algún tipo de, por decir, manganeta financiera. Sobre esta cuestión, que pesa alrededor de 150 millones de dólares y de los que es dueña, Susana tiene una frase que resume, a fin de cuentas, lo que pasa por su cabeza. “En este país hay que pagar peaje por el éxito”, dice cada dos por tres. El éxito, para Susana Giménez, es hacer plata. Y mucha. Cómo la hizo esa fortuna coincidió en tiempo y forma con su aparición en la televisión de una Argentina que se autoconvencía que el Primer Mundo podía ser rediseñado desde el sur.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Aberdeen Angus</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Apareció en la vida pública argentina a fines de la década del sesenta del siglo pasado gracias a su relación amorosa con el empresario y “hacedor de estrellas” Héctor Cavallero, que se las ingenió para diagramar la entrada al medio de la por entonces modelito de 20 años. Fue la revista <em>Gente</em> la que intervino en esta operación y le siguieron las publicidades del jabón <em>Cadum</em>, del champú al limón <em>Cadum</em>, de las camisas <em>Manhattan</em>, del yogur <em>La vascongada</em>, de la colonia <em>Valet</em> de <em>Gillette</em>, de la crema dental <em>Ultra brite</em> y de <em>Brava</em>, una pick-up de <em>Chevrolet</em>. Se multiplicaron así las tapas de revistas donde aparecía esa chica medio colorada, flaca de piernas complicadas y una mirada que con el tiempo se supo que no era intensidad sino estrabismo.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Hereford</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Descollar como se dice, Susana Giménez nunca descolló artísticamente en nada. Ni al lado de los mejores capocómicos argentinos pudo aprehender algún tipo de práctica sobre el humor. Y en cuanto a lo dramático, a la puesta del cuerpo como carne para la actuación digamos, y a pesar de haber participado en muchas películas, sólo en dos más o menos su impronta fue rediseñada por el ojo y el talento para la dirección de actores de Daniel Tinayre (en <em>La Mary</em>, en 1974), y de Mario David (en <em>La piel del amor</em>, en 1973).</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Criolla</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Pareja de tablas y comedias donde andaba sueltita de ropa hizo con Moria Casán en la década del 70, siendo la rubia de esa dupla femenina que volvía locos a, por ejemplo, Alberto Olmedo, a Jorge Porcel, a Gerardo Sofovich, a Pepe Parada y a todos aquellos que por entonces hacían y producían humor picante que le dicen, e iban y venían entre la televisión, el cine y el teatro de revistas. Hizo musicales en teatro (<em>La mujer del año</em>, <em>Sugar</em>, <em>La inhundible Molly Brown</em>) y siempre se recuerda su primera participación teatral, en 1971, junto a Rodolfo Bebán en <em>Las mariposas son libres</em>, pero nadie dice si sostenía algo parecido a la actuación. A la televisión entró para quedarse en 1987. Desde ahí empezó, primero de a poco y luego con una vertiginosa velocidad, a hacer plata y ganar popularidad. Se corrigió la mirada, también.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Holando Argentino</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Hay tres cosas que enloquecen a Susana Giménez, según ella misma: La timba, la plata y los machos. La primera es un metejón que hasta la emparenta con ser accionista de varios casinos. La segunda es una fortuna descomunal y hasta, si se la mira con atención, desmedida en cuanto al hecho de, por ejemplo, compartirla con su compañero de turno. Lo de compañero es un decir sobre la tercera de las cosas que la enloquecen. Qué cosa puede necesitar de un hombre una mujer millonaria y famosa no sólo es amor y ternura. Quiere más. Ahí se le puso complicada la cuestión y más o menos siempre le pasó lo mismo con los varones que tuvo como esposos: Plata de por medio, antes, durante y después del amor. Sobre todo desde que empezó a acumular dinero y decidir qué cosa haría con esa fortuna que iba amasando. Y, sobre todo, desde que apareció diariamente por la televisión con un programa calcado al que estaba haciendo Rafaella Carrá, pero en Italia y con más gracia. La televisión y sus derivaciones económicas y empresariales la llenaron de plata y no hubo una sola de sus operaciones financieras que, en determinado momento, no fuese al menos sospechada como fraudulenta o poco clara a la hora de justificarla fiscalmente. La más enrarecida y entrecruzada situación político-judicial-mediática la pegó a una maniobra fraudulenta entre su programa y la empresa que se dedicaba a la organización y administración de los concursos telefónicos que sostenía el deseo de sus televidentes. La empresa tenía tres socios mayoritarios: Jorge Rodríguez (alias “Corcho” y pareja por entonces de Susana), el ya muerto Roberto Galimberti y Jorge Born, que el mismo Galimberti había secuestrado cuando Montoneros necesitó financiamiento para armarse y operar sobre lo que ellos pensaban como el destino nacional. En el medio, mientras “Su” debatía su amor o desamor por el Corcho y Galimberti y Born posaban juntos para las revistas, unidos y reconciliados, se destapó otra trama entre el <em>Su llamado</em>, el origen y destino de los fondos que se recaudaban por cada llamado que la gente hacía para acceder a la posibilidad de ganar un millón de pesos, una Fundación de nombre <em>Felices los niños</em> que presidía el cura Julio César Grassi, que iba seguido al programa de Susana hasta que empezó un escándalo grosero de denuncias sobre abusos sexuales a menores por parte del cura, una cámara oculta en un programa que conducía por aquel entonces María Laura Santillán por Canal 13, un juicio al cura (que siempre dijo que la promesa de apoyo financiero de parte de la empresa del <em>Su llamado</em> nunca fue cumplida). Susana se mostró primero a favor y después en contra del cura, pero igual de embarrada como cuando en 1991 compró un Mercedes Benz importado a nombre de un discapacitado llamado Cayetano Ruggiero. Tuvo que pagar 10 mil dólares de fianza para no ir presa.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Jersey</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Una vez, al aire y en vivo, vio una moneda de un peso y dijo desconocerla. Cuando había plata en la televisión argentina, hacía traer de Las Vegas a cuanto freak se mostraba como espectáculo público de divertimento entre apuesta y apuesta. Cuando la producción se achicó empezó a buscar freaks argentinos. Su programa siempre estuvo sustentado en premios y concursos más una pasarela mediática por la que pasaron desde presidentes hasta un señor con dos penes. Se casó varias veces y cada vez que se separó armó un revuelo mediático donde siempre sobredimensionaba su impericia para “elegir” la pareja, digamos, adecuada. Tiene una hija de su primer matrimonio que poco sonríe para la prensa. Es abuela y muy pocas veces a Susana Giménez se la vio emocionada o con (al menos) leves gestos de congoja por algo o alguien. Nunca lloró por la tele, ni siquiera cuando hablaba del amor roto y cómo sus hombres le sacaron plata a cambio de afecto y compañía. Hizo un comentario sobre la existencia actual de los dinosaurios y, para no llamarla “ignorante”, lo que se llama el medio empezó a desplegar sobre ella cierta imagen de espontaneidad frente a las cámaras. No le importa absolutamente nada que tenga que ver con la política, a no ser que le convenga y pueda remontarse a la época donde el dólar era un peso y al presidente Menem le decía “Mi presi”. Entre 2001 y 2002 vivió más en Miami que en Argentina (infiérase por qué). Pidió la vuelta del servicio militar obligatorio, la pena de muerte como posibilidad de justicia y no tiene ni idea de quién es, por ejemplo, Lucrecia Martel. El difunto boxeador Carlos Monzón la hizo gozar como loca según ella misma, pero también en varias oportunidades le marcó el cuerpo a los golpes. Como muchas otras, se besó furtivamente con Carlos Calvo, Sergio Denis y Cacho Castaña. Siempre quiso estatura social, por eso se creyó el cuento de un polista que decía ser conde y se casó enamorada. Hizo de un cenicero un arma de defensa marital y se hizo la víctima con Mariano Grondona argumentando que los hombres la buscaban por sus millones. Aunque nunca respondió a ningún partido político ni causa social, su nombre apareció en una lista de, literalmente, chicas amigas del poder de turno. Los militares del Proceso de reorganización nacional fueron cholulos con ella y, al parecer, en cuestión afectiva lo mejor que le pasó se llama Ricardo Darín, quien no pisaba los 22 años cuando Susana, de treinta y muy largos, se enamoró de él. En una entrevista que hace muchos años que le hizo el ya fallecido periodista Néstor Romano, Ricardo Darín dijo de la que alguna vez fue su pareja: “Susana es tan ingenua que por su mente diría que tiene ocho años”. Ricardo Darín suele repetir esa frase de vez en cuando a la par de una sonrisa que parecería decir que lo de ingenua es un decir.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#808080;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 3 de abril de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina) /<a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=189155"><span style="color:#808080;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=189155</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;">
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		<title>LA RESISTENCIA DEL ESPECTADOR</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Mar 2011 19:27:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Si la palabra “cultura” es muy difícil de definir sin entrar en al menos en una controversia, la “opinión pública” es un delirio inclasificable y la palabra “fama” &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/03/27/la-resistencia-del-espectador/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">LA RESISTENCIA DEL&#160;ESPECTADOR</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="315" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/03/27/la-resistencia-del-espectador/pro-cache/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg" data-orig-size="526,296" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;2.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;NIKON D300S&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1297969818&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;80&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;2000&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.008&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="PRO cache" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg?w=526" class="aligncenter size-full wp-image-315" title="PRO cache" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg?w=1024" alt=""   srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg 526w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg?w=150&amp;h=84 150w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/pro-cache.jpg?w=300&amp;h=169 300w" sizes="(max-width: 526px) 100vw, 526px" /></a></span><strong>    S</strong>i la palabra “cultura” es muy difícil de definir sin entrar en al menos en una controversia, la “opinión pública” es un delirio inclasificable y la palabra “fama” es una materialización concreta sin género, sin edad, sin historia, sin forma, sin contorno (o con todo eso junto) de una imagen que se expone, más una catarata de rumores, diversas maneras de abordar la actuación, dos o tres escenas inventadas y una decisión y una seguridad que no contemplan jamás los espejos de la desesperación. La fama es la posibilidad siempre activa de que otros (sólo viendo) hagan sinapsis sobre “eso” que es siendo ahí (en vivo o grabado) y el espasmo de “sentir que se es” se haga verdadero en una imagen que desea pero que no encuadra la ambición al principio. Este tipo de sentido común sobre la fama aparece como motivación posible para toda esa gente que, siempre teniendo a la televisión como fuente de ingresos, historial y nivel de popularidad, un día se da cuenta que “los políticos perdieron credibilidad, y los personajes de los medios quizá generamos mayor crédito que muchos de esos que hoy están acá y mañana están allá, y son responsables de la debacle que sufrimos como país”. Esto lo dijo una vez, hace unos años ya, Claudio Morgado, hoy director del Inadi. Pero no fue el único y ejemplos verbales hay de sobra.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Pasen y vean</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong></strong>    Moria Casán candidata en su momento dijo como digamos plataforma política: “Quiero otra protección para la cultura, quiero defensa para el cine nacional, quiero que los teatros no estén gravados, quiero se creen más teatros, que se construya más quiero yo”. Ethel Rojo, ídem: “Quiero que la gente humilde pueda tener una heladera y un lavarropas”. A la que alguna vez por una propaganda de aceite apodaron “La lechuguita” también se candidateó en cierta época porque dijo tener vocación de servicio. Fue Zulma Faiad quien lo dijo, y agregó: “Como tengo una vida pública, no tengo prontuario. Tengo sentido común, que no está de moda, que no abunda en la política. Y los que nunca hicimos política sentimos la necesidad de llevar sentido humano al Congreso”. Pero quizás la más rara de las imágenes de toda esta gente surgió a partir del ingreso público-político, hace mucho, del ex corredor de Fórmula 1 y galán activo Carlos Alberto Reutemann, a quien le dicen “Lole” porque al parecer en su vida infantil jamás pronunciaba ese alguna ese cuando le preguntaban sobre dónde estaba su padre. Entre los lechones estaba el padre de Reutemann de chico pero, ya político, no se sabe si a favor o en contra, al Lole lo compararon con un personaje de ficción de una novela de JersY Kosinski (<em>B</em><em>eing there</em> / <em>Desde el jardín</em>, 1971), que después el cine hizo carne (<em>B</em><em>eing there </em>/<em> </em><em>Bienvenido Mr. Chance</em>, 1979) en el cuerpo de Peter Sellers, que hacía de un jardinero entre estúpido y alienado que llegaba a presidente de los EEUU casi sin proponérselo, y siempre rodeado de gente que de alguna manera, le sostenía el palo. A Reutemann lo besó Carolina de Mónaco pero lo bautizó Carlos Menen en la política argentina, como a Ramón “Palito” Ortega y a Daniel Scioli, entre varios más.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Yo me votaría</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Si bien la “cuestión Evita” enloqueció a más de una actriz, a algunos los buscan los mismos partidos políticos que ven en ellos el resultado de un deseo, una oportunidad del tipo timba, o un cholulismo auténtico. Otros en determinado momento de su vida siguen la línea paterna, y a más de uno les surge algo que ellos mismos emparentan como una devolución de afecto, como un “el amor de ustedes me enseñó el cómo” o “si ellos pueden, ¿por qué yo no?”. Más allá del que se será mencionado más abajo, en la cabeza retener la impronta de Eugenio “Nito” Artaza, Irma Roy, Luis Brandoni, el simplemente llamado “Soldado Chamamé”, Soledad Silveyra, Norman Briski, Susana Rinaldi, Zulma Faiad, “Larry de Clay”, Ethel Rojo, Nacha Guevara, Moria Casán, Palito ortega, Daniel Scioli y sigue la lista si nos vamos a las letras. “Florencia Peña en cualquier momento”, habría dicho Horangel. Pero cierto o no, este afecto que el actor/famoso/deportista/mediático/vedette/farandulero dice devolver a su público en formato de candidatura política es una de las formas más efectivas de alcanzar, aunque sea por un rato, una popularidad más poderosa. El poder necesita siempre algún tipo de medida pero puede venir de cualquier lado. En la política argentina viene de sostener cierta imagen sobre lo popular y la gente que come cuando puede. Esa gente que tanto le cuesta ver a esa otra gente que en 2005 se juntó y armó el PRO (Propuesta republicana), por alguna seducción enrarecida convenció a Miguel del Sel (Mi de Midachi) para que se candidatee por la gobernación de la provincia de Santa Fe, matando (o creyendo matar, eso se verá) varios pájaros de un solo tiro: Santa Fe está llena de peronistas, entre ellos el mismo Miguel del Sel, que ahora es él quien desde el PRO seduce a Reutemann y a todos esos políticos que forman el Partido Justicialista pero que, como siempre sucede entre ellos, volvieron a fracturar al partido más popular argentino.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Mi</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Miguel del Sel es todo lo que se espera de un cómico. Nada más y nada menos pisando ya los cincuenta años, y sumándole que es también productor agropecuario. Lo mejor que hizo en su carrera fue una imitación memorable de la difunta Mercedes Sosa y un personaje femenino de nombre “La Tota”, que resumía a fin de cuentas la clase medio alta venida de abajo de la sociedad santafesina. Prototipo de puntera política con cargo municipal La Tota se paseó por todos los canales, desfachatada como ninguna y dueña de una chispa que le permitió la subsistencia televisiva independiente de cualquier canal y/o conductor o conductora. Espontáneo y rápido para los remates como pocos en la televisión, Miguel del Sel también supo manejarse amistosamente con el sector político respondiendo siempre a un mandato digamos generacional que lo emparentó siempre al peronismo. A cuál de todos es una desorganización cultural casi su definición, pero cerca de los ex gobernadores santafesinos Jorge Obeid y Carlos Reutemann siempre anduvo. Hoy les pide votos.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Da</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Dady Brieva no lo podía creer y menos cuando lo decía por su propia boca, siempre sonriendo con la sonrisa compradora que tiene y lo salva. Pero, ni estando en una meseta ni en un franco declive sino más bien en una estabilidad que muy pocos grupos humorísticos lograron con el paso de los años, Miguel del Sel dijo basta con los Midachi y se desvirgó en las arenas movedizas y llenas de muertos de la política argentina. Si bien como pudo y puede vislumbrarse no es único ni el mejorcito de los ejemplos, tampoco pensar en Arnold Schwarzenegger aliviaría la cuestión. Pero sí habla de cuánto se especula sobre lo que se genera entre estas personas y las otras, las más reales, las que los inventan con sólo mirarlos.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Chi</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Chistes aparte, dijeron algunos, a principios de marzo Miguel (Torres) del Sel se sentó junto a Mauricio Macri y, cámaras mediantes, anunció su candidatura a gobernador de Santa fe por el PRO. Entre canchero y gracioso, largó una premisa fatal como deseo de gobernación. “Que los negritos se bañen con agua caliente y dejen de manguear”, deseó. “Así hablo yo”, respondió cuando la voz del Inadi a cargo del que una vez salía por la tele dado vuelta literalmente, disparaba las enmiendas de la reparación que origina la discriminación. La palabra “negro” es un problema. La palabra “negrito” peor. Hace un tiempo la presidenta fue y vino entre “gordito”, “negrito” y “yo un poco morocha soy”. A principios de marzo, Miguel del Sel, cómico y productor agropecuario, hizo lo mismo y el Inadi gritó. Pero tampoco hizo nada. La tolerancia es un mito sólido. Mejor dejar que la ironía lea la entrelínea de lo que se ve y se escucha por la televisión en esta cuestión, y que el zamarreo emocional no explique nada. Al menos a la hora de votar.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario El ciudadano &amp; la gente el 27 de marzo de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina).</p>
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		<title>EL FLEXIBLE MÚSCULO DE LA OPINIÓN PÚBLICA NACIONAL</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Mar 2011 18:20:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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<p style="text-align:right;"><strong>Tu misterioso alguien</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    ¿Qué imperiosa necesidad de qué cosa se le cruzó por la blonda cabeza al economista devenido político casi cincuentón (Hernán) Martín (Pérez) Redrado semanas después de haber terminado su gestión (con autoacuartelamiento incluido) a la cabeza del Banco Central en 2009? ¿Qué pensó ahí encerrado ese tiempito con toda la plata (real) por él custodiada? Se vio enorme y se vio por la tele. Y no fue el impresionante (porque impresiona) culo de la sobrina de Evangelina Salazar lo que vio, sino la posibilidad del todo que también incluía ese culo pero que ambicionaba más y casi que vio la posibilidad concreta Redrado de dejar de ser un político de rango operativo digamos, y transformarse por fin en un nombre y apellido de la política argentina al que se lo ama u odia con el mismo fervor con el que se ama u odia a sus jefes (Néstor Kirchner, Eduardo Duhalde, etc.). Por eso meses después de su ida del Banco Central empezaron los rumores sobre una supuesta relación amorosa entre él y Luciana Salazar. Lo de relación amorosa, entiéndase, no es lo que Moria Casán definió como <em>touch and go</em> (o sexo express), sino como la puerta de la casa que esa yunta comenzaría a construir, con jardín, perros e hijos incluidos, a lo Valeria Mazza digamos. Esta presunción funciona en algunos casos, siempre y cuando la cruza entre lo mediático y lo político respondiese (a la fuerza a veces) a por lo menos un interés común en cuanto a lo que, mediáticamente hablando, esa junta produciría para afuera. Adentro es otra cuestión y más aún cuando desde el arranque la cosa se impone como un simple “toco y me voy”. Ahí es otro cantar y no hay ni hubo rincón de la cama política que no haya sido dualmente deseado por una cámara de televisión. Pero el silencio vale más a veces, y sobre todo por la tele. En ese sentido (y en el otro también), la que mejor estaría jugando en ese terreno de la tele que vendrá y la política que vendría, es Pamela David, que asiste y es parte de la metamorfosis de Daniel Vila por, principalmente, Amércia tv. Pero Lulipop cara y actitud de soñar con eso nunca tuvo, aunque es probable que, después de todo, como Luciana Salazar sólo existe a través de su propia construcción personal hecha a partir de lo que el ojo masculino requería, así digamos, es probable que Lulipop haya tenido algún tipo de deseo sobre esa cuestión. Hoy al parecer ya no lo tiene y anda por EEUU, entre unas reparadoras vacaciones del corazón y la participación (como actriz) en la nueva película que Alejandro Agresti está filmando allá, con (entre otros) John Cusak, y que lleva por título <em>Dictablanda</em>. Mientras tanto, acá, por la tele, Redrado coquetea con ciertos periodistas políticos, quienes sólo cuarenta minutos después del reportaje, después que Redrado vomitó sus intenciones para con el país, sólo ahí, el periodista puede preguntar sobre el affaire. “Una cuestión menor”, responde él. Y todos contentos. Ella hizo su trabajo y siguió. Él también y ahora está en la tele. Los motivos para estar y permanecer en la televisión de parte de ciertos políticos no miden improntas ni vergüenzas ajenas: el acceso a la maquinaria del país bien vale ese sacrificio. Pero, al parecer, alguien se enojó. Y mucho. Tanto que, urgente, este alguien le dijo a su marido que o actuaba él o actuaba ella. Por eso fue el mismo Eduardo Duhalde quien habría hecho bajar dos escalones a Redrado con la argumentación que “esa chica” no le convenía, y que mejor la cabeza la pusiera en su precandidatura a la silla donde ahora se sienta Mauricio Macri. Chiche Duhalde es el termómetro moral de todo un movimiento y eso se nota muy bien en su descendencia: Una de sus hijas es monja.</p>
<p style="text-align:justify;"><strong>La nebulosa</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Calculado todo desde el vamos, o improvisando sobre el suceder de los acontecimientos y sucesos que se iban dando a medida que el tire y afloje de las versiones entrecruzadas, los rumores, los fotomontajes y un despilfarro de elucubraciones varias iban y venían, el affaire mediático entre Luciana Salazar y Martín Redrado pone y puso en evidencia, una vez más, el desatino de varios políticos a la hora de, estando en campaña electoral o similar, hacerse visible en el universo de lo mediático, imponiendo o tratando de imponer una construcción digamos acorde a lo que, supuestamente, la opinión pública “acepta” o “aceptaría” como idóneo para ser votado y así ser parte de quienes rigen los destinos legales, sociales, culturales y económicos de aquellas presunciones extrañas que forman esa nebulosa llamada “opinión pública”.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Contame cómo es Harvard</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Habiendo o no habiendo muchos intereses en juego, el affaire Redrado-Lulipop disparó para cualquier lado y rozó la intangible definición de lo que se llama “opinión pública”. Para algunos la opinión pública respondería a un puritanismo que, obviamente, esconde una aceptada doble vida, un machismo enorme y una fachada pública sobre la cual la política argentina, en conjunción con lo que se llama farándula (gente que aparece y vive en y de la televisión), manipula según el termómetro de “lo que dice o diría” la opinión pública. Qué cosa y cómo se mide la opinión pública, en una generalidad y haciendo foco en lo político y lo mediático, ante todo se divide en dos grandes franjas: una franja se llama “Ciudad autónoma de Buenos Aires”, y la otra tan sólo “El interior”, donde muchos presuponen de la misma manera que lo hizo una vez Sofía Loren antes de conocer el país: que todos andan correteando blandiendo al aire las boleadoras para cazar. Una injusticia más de la imagen que se forma.</p>
<p style="text-align:justify;">    De ahí las dos franjas se subdividen en varias más según peso, altura, edad, estudios declarados, situación patrimonial, gustos varios, sector habitacional, etc. Pero siempre se parte de la idea que la opinión pública es puritana, católica, monogámica, paternalista y, sobre todo, la opinión pública argentina es generosa, como su pueblo. Pero nunca se puede estar seguro sobre qué cosa hay de cierto en todo eso y por qué por ejemplo Carlos Menem, que había ingresado a su primera presidencia de la mano de su mujer de siempre (Zulema Yoma), a los meses literalmente la dejó en la calle de enfrente de Olivos y empezó el fulgor fiestero. Un sector de la opinión pública que se dice reivindica ese accionar, del mismo modo que se presumió que Redrado al “comerse a Lulipop” se haría, digamos, más popular. Un desbarajuste del sinsentido que no deja en claro nada sobre el qué quiere la opinión pública o si, después de todo, son más o menos 5 personas las que presuponen todo y experimentan sobre un país, que a veces le viene bien cualquier cosa.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el domingo 20 de marzo de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=180836"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=180836</span></a></p>
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		<title>LA MÁQUINA DE CORTAR BOLUDOS</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Mar 2011 01:27:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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<p style="text-align:justify;">    <strong>Q</strong>ue algo sucede ahora que antes no sucedía en la televisión argentina es evidente y, prácticamente, resume un cúmulo de intencionalidades varias, de niveles cuestionables, de doctrinas o algo similar o cercano, de posturas, de negociados, de manoseos donde hay algo que prevalece: La división que opina, navega, se despliega, se comunica, niega, oculta, difunde, silencia, twittea y manipula desde sendos costados y desde una cuestión que nació desde el gobierno, y que mezcló empresarios e ideologías, como siempre. Sólo que por este tiempo, entre la televisión, Internet, la radio, los diarios en papel, cierta no ficción publicada en libros, la publicidad callejera y demás canales de difusión, el procedimiento se hizo intención, la maquinaria más visible pero no por eso menos hostil. En el medio, entre la gente del medio y la del costado, un monopolio multimedio que habla de la defensa de una libertad de prensa que curiosamente acumula imagen y compra todo lo comprable, y un gobierno que también compra todo lo comprable pero que invierte en el cómo de esa compra con insistencias e imposiciones sobre reparaciones múltiples, chantajes emocionales y una voluntad mediática soberana por rubricar historia con el apellido, pero decidida y camuflada de progresismo. Por eso hoy todo en El Trece (ex Canal 13), toda la imagen de los programas digamos populares huelen a vulgaridad o, en otras palabras, a menemismo puro. A Menem le gustaban las putas, la noche, el despilfarro, el disfrute al borde del exceso, los dólares, el cholulismo más básico pero siempre deseado, el montaje de la imagen, el vale todo. Al gobierno del Bicentenario más uno le gusta más la mesura y el reaseguro a cualquier precio, los dólares, la actuación, el momento arreglado, los pequeños detalles de aparición mediática más o menos cholula. Jamás se habla de cholulismo sino de gusto, respeto y admiración mutua, en exceso a veces. Por ahí se les escapa un gesto pero recurren a una de las tres Marías que se está apagando y listo, que siga la reparación. Lo de Florencia Peña es ardor.</p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Adiós al zurdaje</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">    Embarrada de rumores, entredichos y cachetazos mediáticos, falsa hasta para la actuación, como siempre, Mirtha Legrand dijo que lo suyo no era un “adiós” sino un “hasta luego”. Que Mirtha Legrand se la haya pasado jugando durante años con volver o no volver a la pantalla chica (en vivo) cada vez que terminaba su ciclo anual no extraña a nadie ya. Mirtha agota, repite y se repite, es metida, medio lanzada a preguntarle “cualquier cosa a cualquiera” sin mirarse jamás ni arrepentirse de nada, y apelando siempre a una frase que suena, cuando menos, extraña: “Yo les di todo”, dice Mirtha a sus televidentes. En una época se acariciaba largo el rostro con una rosa durante minutos. En otra época, casi como lo hacía el <em>Club 700</em>, Mirtha enviaba efluvios por la tele pero es católica de la vieja escuela, esposa de ley y viuda silenciosa; madre homofóbica, abuela insoportable, mala actriz y se hace la sota en más de una ocasión. Pero tiene 84 años más o menos y no baja la guardia. No es poca cosa teniendo en cuenta que, en vivo y en directo, todos los días, salvo a Marcelo Tinelli, al resto de la tele se le nota el deterioro.</p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Una cuestión de negocios, rating y pautas publicitarias habrían sido los motivos por los cuales, por ahora, a Mirtha Legrand la corrieron del aire televisivo sin la posibilidad de jugar ella misma su propio juego de idas y vueltas. Esto se entrecruza con un año de elecciones generales y un divague sobre cómo el espacio televisivo que Mirtha Legrand (y ella misma) podría influir sobre el electorado. Quién votará a quién este año ya se verá, pero hay que tener en cuenta que papelones y situaciones complicadas de parte de la familia política se produjeron siempre en la mesa de sus almuerzos televisados (Menem bailó con una odalisca, Cristina tenía menos pelo y no sabía sonreír, Luis Brandoni estuvo al borde del cachetazo ante una pregunta de Mirtha, 6 diputadas a punto de irse a las manos, Duhalde rompió una copa y casi la deja tuerta a Mirtha, etc.). Un cotilleo enorme y posible que este último febrero la dejó afuera del aire, ahogada de golpe desde Mar del Plata, con un último programa visualmente complicado, técnicamente pobre y 30 invitados sentados en 3 o 4 tablones decorados donde, de todos esos 30, el más real en el apoyo hacia Mirtha Legrand fue Enrique Pinti, que parece seguir siendo fiel a su propia melancolía y, por suerte, a los 70 años, sigue abriendo la boca y haciendo reír. Esto último es un problema en la televisión de hoy.</span></p>
<p style="text-align:right;"> <strong>Barú Budú Budía</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    “Tengo confianza. Tengo confianza, por eso les digo a los políticos y a los funcionarios -no a todos los políticos ni a todos los funcionarios porque hay que preservar las instituciones- a algunos políticos y a algunos funcionarios que están ahí viéndome: Si siguen haciendo las cosas que están haciendo, yo voy a tratar de estar acá todo el tiempo posible para seguir jodiendo. Y para cuidarlos también. Y para preservarlos de la máquina de cortar boludos, porque si pusiéramos la máquina de cortar boludos dentro de la maquina del túnel tiempo, y se pusiera a cortar boludos históricos con retroactividad, otra hubiera sido la historieta hoy. Historieta que como país no creo que nos merezcamos. Esto lo dice mi libretista Santiago Varela, yo no estoy tan seguro. Un cacho de culpa tenemos también. Por eso les digo mis queridos Chichipios: A seguir laburando, vermú con papas fritas y Good show!”. Así cerraba su monólogo Tato Bores el día que en 1990 cumplía 30 años de televisión. Tato Bores fue único y supo como ninguno desplegar su actuación a la par y en correlación con, por ejemplo, Alberto Olmedo y Jorge Porcel, pero también reacondicionó la sátira televisiva para que la coyuntura pudiera, de algún modo, ser materia de análisis. El humor fue el canal de su análisis y el humor dignifica. Cuánto vale la palabra dignidad en la tele de estos días es una banalidad discutirlo, y Tato Bores murió el 11 de enero de 1996 y seguramente no tenía ni idea quiénes eran Néstor Kirchner ni Cristina Fernández. Pero sí sabía quiénes eran los otros y desde hacía 30 años que venía haciendo monólogos sobre la realidad política, sobre el estado de las cosas hablaba desde el humor, la ironía y un empeño de la imaginación por sortear dificultades varias cuando, por ejemplo, tenía su programa en épocas militares, cuando una parte del peronismo fue feroz y andaba armado, o cuando en 1992 la Jueza Federal María Romilda Servini de Cubría censuró la emisión de un fragmento de su programa en el que se la mencionaba. Cuatro meses después la Corte Suprema de Justicia revocó la censura y la por entonces fauna televisiva y mediática del momento (de Luis Alberto Spinetta a Bernardo Neustadt) inmortalizó una canción en apoyo a Tato que sólo decía: «La jueza Barú Budú Budía, la jueza Barú Budú Budía, la jueza Barú Budú Budía es lo más grande que hay».</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    De estar vivo hoy, Tato Bores sería un problema tanto para el delicado humor del gobierno como para la impunidad histórica del Grupo Clarín, y Tato no encontraría contención ni en América tv, donde están varios termómetros mediáticos sobre los que el gobierno y la oposición mira con ambiguo recelo en algunos casos (Mirtha Legrand), y con cuidado en otros (Jorge Rial). Y van y vienen entonces entre especulaciones varias, simulacros de afinidades y dispersiones varias de chequeras. De esta manera, a fin de cuentas, Jorge Rial tiene una medida de las opiniones más plausible de ser comprada y/u ofertada que, por ejemplo, Luis Majul, que vio la luz pública desde el periodismo político de investigación que se le dice, y hoy está devenido un literal petiso cholulo, un menemista tardío. El resto de los periodistas políticos que persisten con programas en la televisión y que no están ni en Canal 7 ni en el monopolio Clarín, van por cable. Algunos se pagan su propio espacio, a otros se los pagan y las dos figuras más reconocibles (y vivas) del periodismo político televisivo comparten canal: Jorge Lanata y Mariano Grondona, por el canal 26, propiedad de Alberto Pierri, de indefinible oficio entre la palabra empresario y la palabra político, sobre quien pesa el apodo de ser el “cuarto hombre” en la cuestión Papel Prensa y el gobierno, pero que opera de la misma forma que se operó durante la década menemista en la televisión: “Decí lo que quieras pero vamos y vamos”. Hoy la cosa cambió y quizás el reflejo más auténtico de la incerteza también estaría en ese canal pero sería una mujer. Y podría ser el tono el que se le fue deformando por la impotencia a esa mujer, quizás, de que los años pasaron y los motivos por los cuales le cerraron la boca aún siguen vigentes (a pesar que Guillermo Patricio Kelly se llevó a la tumba lo que sabía). La cuestión es que Liliana López Foresi es ésa mujer y hoy, así como está, así como suena su voz, así como se la ve y se la escucha por el 26 a la tarde, es el ejemplo vivo de un periodismo roto, masacrado mentalmente, resentido y desplazado a pesar del empuje y las (por llamarlas así) auténticas intenciones por tener algún tipo de acercamiento a lo que con abuso se llama verdad. «Que se calle Kelly», habría dicho Ernestina. «Que se calle Liliana», habría respondido Menem veinte años atrás. Esas dos líneas de diálogo aún le siguen perforando la duermevela.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Lo desaparecido</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Lo que más se extraña en la televisión argentina es el humor. Ya no hay programas de humor, y menos de humor político donde, créase o no, había gente dispuesta a hacer reír sin el compromiso de pertenecer a ésta o aquella empresa, sino más bien con la visión propia del que lo hacía en relación a su ideología. Cuál era la ideología de esta gente que hacía humor con el sector político viene y no viene al caso, era ficción después de todo y se gestaba desde la actuación y no desde el modelo que pide bando, que necesita sí o sí un enfrente callado, satisfecho con lo que hay gratis (el fútbol) y dueños de un país mejor que sólo ellos saben cómo hacerlo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    El gobierno mismo no tiene humor y la ironía la maneja corta, cercana a la paranoia. La medida de todo está sopesada, fundamentalmente, en el valor o desvalor de qué, con quién o qué hacía alguien de la televisión durante el menemismo y, sobre todo, entre 1976 y 1983, cuando sucedió la última dictadura militar, dejando siempre de lado los primeros 6 años de la década del 70 del siglo pasado, y apelando a una estrategia orquestada desde lo audiovisual, define y demarca la historia argentina reciente haciendo hincapié, sobre todo, en una generación que, al parecer, según el gobierno, necesita ideología y un líder para venerar.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Hijos sin humor</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Tal y como parece sucedía en los años 70 del siglo pasado en el país, como en todos lados, hay y había gente que le importaba y hay y había gente que no le importaba lo que sucediendo estaba, y se habitualizaba a determinados sucederes sin por decir preocuparse tanto. Hubo un mundial de fútbol en el corazón de la masacre (la AFA era de Julio Grondona ya), pero era habitual escuchar frases tales como “a nosotros nunca nada” o “en algo andaba” o “algo habrá hecho”. Más o menos igual hoy está dividida la cosa pero en democracia, ahora, hoy por hoy, hay que sumarle una generación más. Es la generación que está promediando la treintena la que está haciéndose visible como se dice en el panorama nacional. Es la generación que nació en los años en los que sus padres, aún, la mayoría, no llegaba a 30 años, y en algunos casos mucho menos. Mucha de esa gente está muerta, asesinada mediante la tortura física en su gran mayoría, a la que también, si estaba la oportunidad, las mujeres embarazadas parían secuestradas y sus hijos eran entregados a otras familias. Más de cien personas ya fueron anoticiadas de esto y, de golpe, la historia oficial de sus vidas cambiaba evidenciando lo peor: La forma en que fue adoptado no sólo fue ilegal, sino atroz. Aún se siguen buscando hijos que están dentro de la generación que está vislumbrando que es la que sigue. Atrás y ahora, los padres y abuelos hacen pico de estatura vital digamos y, o ya apostaron todo, o éste es el momento de hacerlo. Empiezan a medirse, a revolverse, a saldarse, a intentarlo. El gobierno fue pionero en mirar a estos hijos y se puso a la cabeza de la reparación histórica de un momento no vivido por los hijos, que de chiquitos escucharon, repitieron, hicieron lo que quisieron con lo que sus padres hicieron, o habían hecho, o estaban haciendo. Algunos cobraron, otros se indignaron, más de uno se calló la boca y muchos desearían ser parte de algo que, quizás, ardía en el corazón de sus padres pero que hoy está apagado, como el humor de Capuzotto. Así una división se establece donde todo acontecimiento necesita, sí o sí, una pared sólida donde apoyarse y blandir la ideología de la reparación, digamos, de lo que el gobierno está (o estaría) haciendo valer como verdad. Esta generación, centrada específicamente en una adolescencia menemista que después, y de golpe, salió como de un estado hipnótico, y hoy se esfuerza y hasta que se autoconvence por creer, por tener fe que, de una vez por todas, otra nación vendrá. Lástima que es imposible tener humor.</span></p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 14 de marzo de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina) /</span><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=176356" target="_blank"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=176356</span></a></p>
<p style="text-align:justify;">
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2011 01:01:43 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/sandra_mihanovich_celeste_carballo.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="284" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/03/08/invisible-amor-hecho-a-mano/sandra_mihanovich_celeste_carballo/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/sandra_mihanovich_celeste_carballo.jpg" data-orig-size="875,600" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="Sandra_Mihanovich_Celeste_Carballo" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/sandra_mihanovich_celeste_carballo.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/sandra_mihanovich_celeste_carballo.jpg?w=875" class="aligncenter size-full wp-image-284" title="Sandra_Mihanovich_Celeste_Carballo" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/03/sandra_mihanovich_celeste_carballo.jpg?w=1024" alt=""   /></a><span style="color:#000000;"><strong>    P</strong>ara el año 2025 más o menos se espera el centenario de la primera emisión pública de televisión, que fue en Inglaterra y lo primero que se vio fue la cabeza de un maniquí. Pero recién el 17 de octubre de 2051 la televisión argentina cumplirá sus primeros cien años. Lo primero que se vio en Argentina fue un acto político y los diarios de la época no le dieron mucha trascendencia a la cuestión que hoy, mientras tanto, mientras es digamos, va generando su propia realidad redimensionando y refundiendo aquello que le da entidad, forma y contenido: la vida humana y su devenir diario en función de lo que esa vida misma vive y lo que la tele muestra o quiere mostrar, o directamente decide omitir. La voluntad no existe en la televisión, que está hecha de y por personas iguales en casi todo al resto pero con una dosis de irrealidad paga, y hasta tangible. En este caso de las personas, en el fondo y como en otros ámbitos y espacios, la televisión recoge y se alimenta del aliento de lo que se llama machismo y su dictadura sobre el imaginario y la realidad social, a pesar a veces de ir en contra de su propio negocio, el machismo articula los medios para seguir gestando poder, donde todo importa un pito con tal de tenerlo o de, al menos, sentirse dentro de algo que producen otros sobre uno porque uno, antes, produjo sobre ellos. Ellos ahí vale como uso ciego y el poder es un macho irresistible y peligroso, en el cuerpo y la cabeza de cualquiera a veces.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Desde mi abuela que estoy callada</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">   Invisible en lo mediático a no ser que estén dentro del marco “calentura masculina”, el amor entre mujeres pareciera ser el más retraído de todos los amores posibles ya sea por imposición machista o por un delicado cuidado de parte de sus protagonistas. A diferencia del amor entre varones, pocas veces en televisión las lesbianas aparecen dentro de un marco de ficción que no sea dramático, y manejan con solvencia las puertas del closet. Pero ser lesbiana por televisión es una imagen ausente que pudiendo estar amable en el terreno “de lo no dicho para qué”, nunca está presente y más de una vez las legitiman a partir de la violencia de género, o sea, como una consecuencia y no como una posibilidad de afecto humano y espontáneo, como sí le pasa al resto a la hora de amar. Eso dice su ausencia al menos desde acá. Jamás son parodiadas y se les atribuye poco sentido del humor y corta la paciencia para las relaciones sociales digamos. Por buena o mala suerte son 2 o 3 los estereotipos que circulan y circularon por la tele, y todos remiten a la reminiscencia masculina que podría tener una lesbiana dentro de la cabeza que justifica la rotulación por gestos y aptitud. María Eugenia Ritó podría ingresar en este párrafo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    El varón, el macho en este caso, no puede dimensionar un dúo de mujeres que se amen sin la necesidad masculina digamos, pero sí puede fantasear y desear con que esas dos podrían refregarse entre sí por el sólo hecho de estar, digamos, en la previa de lo que vendrá y las hará gozar a las dos como se debe. Así el machismo que se introduce como símbolo de poder y dominación por arremetida dentro de lo gay (masculino), es el mismo procedimiento de negación sobre el mundo del amor entre mujeres, haciendo de este modo imposible e impensado que dos semejantes, más allá de lo erótico (que siempre es perverso al principio en la tele), puedan ejercer la sensación, el efecto y la expresión de lo que se llama amor. A esto se suma cierto prejuicio de pensar que ésta o aquella lesbiana lo es por el sólo hecho de, digamos, no haber encontrado la medida justa del amor masculino que necesita. Esta acción, al revés, también sufre las improntas machistas y si un hombre fue abandonado y/o dejado por una mujer que encontró amor en otra mujer, este hombre es, lisa y llanamente, una especie de idiota que, dice el machismo, ni siquiera sabe cómo manejar a una mujer. Ross Geller, el personaje que interpretaba David Schwimmer en la serie norteamericana <em>Friends</em> es el ejemplo de esta impronta en la tele.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    En la Argentina que mira televisión no se sabe qué hacen dos mujeres juntas, ni para qué se juntaron, ni por qué las juntan dentro de lo gay, si varón-varón es lo mismo que mujer-mujer, y se prefiere, por defecto, la invisibilidad como estado de las cosas o son calladas porque no tienen nada para decir, o a una de las dos seguro el marido la fajó hasta el hastío, o no hablan de eso porque, sencillamente, no hay nada relevante que decir; o porque cada quien hace el amor como quiere si se libra de algunas cuestiones. Nada se sabe de eso viendo tele, pero en detalle y haciendo foco y a pesar de todo el palabrerío y la invisibilidad de lo lésbico como amor posible, si se mira con atención y si se mira para todos los costados (lo gay, lo lésbico, lo heterosexual, los culos, las tetas, los bultos, los pechos, los tamaños y lo que viene después) lo que es muy difícil de encontrar, ver, escuchar y sentir de y por televisión, y ya no sólo en la ficción sino en todos sus hacedores reales, son intenciones auténticas de afecto amoroso sin pasarlo antes por el filtro de la especulación mediática. Gente enamorada entre ella de verdad como se dice, casi no hay por la televisión, casi que no existe esa transmisión de sensación verdadera de amor entre dos por televisión. Todo parece armado. Sin embargo, sin remilgues ni desbordes afectados, sin salidas espectaculares de roperos de represión ni armarios que necesiten ser cuidadosamente comprendidos de parte del otro, ni siquiera simulando matrimonios o dejando siempre las cosas en un borde, el amor entre dos personas que habitan o hacen la televisión, por ejemplo en la televisión argentina, nunca fue tan real a la vista y a lo sensorial como fue el que duró lo que duró entre dos mujeres que casi audiovisualmente encontraron la misma forma de transmitir lo que no se puede nombrar, sin siquiera preocuparse por eso, de igual modo que lo hicieron, hace muchísimos años atrás, y sólo cantando, María Elena Walsh y Leda Valladares a la hora de mancomunar el amor mutuo y entregado al gesto artístico y real que lo produce.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"> <strong>Alucinando al gordito de gafas</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">     A Internet hay que agradecerle la posibilidad audiovisual del archivo dispuesto para ser visto y escuchado, manipulado o no, en el momento en que se quiera, cuando aparece en la cabeza una impronta visual de la tele por ejemplo, y ver cómo era, qué se hacía, quiénes estaban siendo imagen pública en otros años. En ese sentido, en Internet, hay videos de programas de la década del 80 del siglo pasado, donde todo pasaba por la música, donde alguien conducía y presentaba, mucho más diversos que ahora, cantantes y músicos que encontraban en la televisión un canal de enorme difusión. Sin dudas lo que hacia finales de los 80 generaron, juntas, Sandra Mihanovich y Celeste Carballo a la hora de imponerse, reales y decididas, a dejar salir libre por la tele el amor entre mujeres fue algo que muy pocas veces sucede por la pantalla chica. Eran distintas a todo y al mismo tiempo estaba absolutamente claro que una se la cantaba a la otra la canción de Mario Benedetti, y que desde entonces siempre las dejó bien amadas a las dos, entre ellas digamos. Entre 1988 y 1989 se pasearon por todos los programas como dúo de cantantes que cantaban canciones y hablaban de lo bien que se sentía estar juntas, como dúo. Nada más.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    “Chicas, gracias por venir. ¿Qué van a cantar?”, les preguntó Valeria Lynch en un programa que ella misma conducía en 1988. “Vamos a cantar la canción, creemos, sintetiza mejor todo lo que hacemos y que se llama Te quiero”, contestó Sandra y ahí Valeria fue directo a los ojos de Celeste Carballo y le dijo: “Me encanta”. Un segundo después las miró a las dos. “Son un montón”, dijo y tarareó a capella “somos mucho más que dos”. Celeste reía diciendo “increíble” (porque venía del rock y no podía creer que Valeria Lynch fuese copada) y Valeria salía contenta diciendo “Adiós, chau, las dejo solas” cuando los primeros sonidos de la canción empezaban a escucharse. Ahí se cantaron su amor mutuo. Y se notó, mucho. Desde entonces no sucedió jamás algo parecido a esa vibración real de amor de dos cantándose en un lugar tan hostil y recargado de variables desalentadoras como es, o podría ser la televisión con lo que se llama amor.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Deseo y después</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    El antojo del deseo de uno sobre el otro, viceversa y generalizando, es igual de irreverente entre mujeres con mujeres que entre varones y varones, que entre varones y mujeres, que entre mujeres y varones. Lo diverso, en realidad, reside específicamente ahí, en ir descartando de a poco el fenómeno de atribuir categorías y relaciones básicas, que median entre lo que se dice normal y lo otro, que expone demasiado deseo como para clasificarlo. Pero todo se hace ambivalente en y por la televisión, y lo sensato siempre es pensar que fue en la infancia donde algo le sucedió a lo que la misma gente llama “esa gente”. Más complicada aún se pone la cuestión cuando ingresan las y los travestis, las y los transexuales, que dicen ser una cosa y no la otra en algunos casos, que dicen no ser ni una cosa ni la otra, y que podría pensarse una identidad tercera si primero está, en el orden que se quiera, el varón y la mujer antes; que se puede nacer en un cuerpo equivocado y que, dicen algunas, la verdadera mujer es la que tiene pito y lo usa. Pero ésta es otra cuestión.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Leonel Giacometto</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 7 de marzo de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=172523"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=172523</span></a></p>
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		<title>EL MUNDO SEGÚN RICKY MARTIN</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Feb 2011 16:27:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Desde la tumba, los huesos de Marcel Proust llevan inscriptos otros tipos de ligues y gestos, otras asignaciones familiares, otras fulguraciones. Hoy es la televisión la que hace &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/02/27/el-mundo-segun-ricky-martin/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">EL MUNDO SEGÚN RICKY&#160;MARTIN</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/ricky-martin-son-first-bath-01.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="280" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/02/27/el-mundo-segun-ricky-martin/ricky-martin-son-first-bath-01/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/ricky-martin-son-first-bath-01.jpg" data-orig-size="1097,781" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="ricky-martin-son-first-bath-01" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/ricky-martin-son-first-bath-01.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/ricky-martin-son-first-bath-01.jpg?w=1024" class="size-large wp-image-280 aligncenter" title="ricky-martin-son-first-bath-01" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/ricky-martin-son-first-bath-01.jpg?w=1024&#038;h=853" alt=""   /></a><span style="color:#000000;"><strong>    D</strong>esde la tumba, los huesos de Marcel Proust llevan inscriptos otros tipos de ligues y gestos, otras asignaciones familiares, otras fulguraciones. Hoy es la televisión la que hace historia y, hasta si se lo piensa con cuidado, se podría llegar a imaginar (digamos) que hay una posibilidad veraz en aquello que, aunque esperado en otro momento y quizás bajos otras circunstancias, cuando lo que el otro público le reclamaba y le admiraba al mismo tiempo, cuando la impensada paz que se podría llegar a sentir siendo quién es y teniendo lo que se tiene, ahí entonces sí, es probable que Ricky Martín sea sincero al responder hoy por hoy a la pregunta de “por qué ahora”. “Porque me cansé”, dijo. Y es probable. A pesar de que el dinero es la mejor, la más perfecta, la menos ambigua, la más redimensionada, la más cruel y la más creíble de las ideas humanas, a pesar a favor y en contra, no se puede guardar tanto tiempo lo que, aunque leve en algunos, parece música que suena en lo neuronal. Pero es ruido lo que traduce el cuerpo, no sonido. Ruido es lo que repercute, arrítmico y casi desconcertante, inaudible en algunos, como una irrupción de eucaliptus de procedencia ajena en un edificio, donde habita otro estilo, donde la injuria sigue dando terror. Pero Ricky Martín es feliz dice ahora que dijo (confesó) que es el pene y los testículos lo que siempre deseó para después llamarlo amor, y que sus hijos de vientre alquilado anónimo le proporcionaron también esa dicha, ese estado, esa felicidad. El mundo ordenado de las costumbres ahora está equilibrado y Mitch (su supuesto amante argentino) está muerto, al igual que Juan Castro, que Fernando Peña y María Elena Walsh. Ser George Michael hoy queda mal. Y de Silvina Ocampo y de Adolfo Bioy Casares mejor no hablar. </span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Diversa</strong> </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    A Mariano Peluffo (que no es Jorge Rial, quien posiblemente entienda más de sexo y poder) se le descontrolan (por dentro) las terminaciones nerviosas a la hora de verlo a Alejandro, el tan anunciado de antemano participante 19 de <em>Gran Hermano 2011</em>, sobre quien en Telefé están desesperados porque muestre las tetitas o diga cabalmente cómo es eso que tiene entre las piernas, y que no sea tan grosero después de todo (es Telefé, nótese). Por Crónica tv se ve que se casan dos chicas que son policías, rubias y lindas, como una duermevela de Mauricio Macri. Ya nadie recuerda las lacrimosas escenas de Rafael H. H. Freda por el programa de Mauro Viale pidiendo por favor la obra social de los docentes para su pareja varón. Jamás nadie ingresará a la política desde el vamos de ser gay, a no ser que antes no haya pasado por ese anuncio y esa “lucha” (como Alex Freire, que va para diputado ahora –o quiere-). No queda bien que una abuela o bisabuela que mira tele, en Rosario por ejemplo, se entere que la construcción de lo que se llama un “periodista serio” no viva como ella, pero sí chupe lo que ella habrá chupado. Pablito Ruiz se va a casar con un modelito morochito de 18 años, a quien se le nota mucho el abuso de la autoestima. No sabemos qué es Zulma Lobatto pero tampoco sabemos en qué se convirtió Florencia Peña. Hay uno de <em>Gran Hermano 2011</em> (que salió y volvió a entrar y dijo que él creía ser el 19 por el sólo hecho de ser “gay”) que muestra lo que en la jerga se llama “musculoca”, término devenido, quizás, del deseo infantil de ser tan duro por afuera y tan blanda por dentro, como Supermán, como un X-Men, como Vin Diesel, como cualquiera de los que vieron de chiquitos y tomaron como real. Bill Bixie era más sexy que el Increíble Hulk pero estas musculocas resplandecen de ardor verde y se les dilatan todos los vasos sanguíneos. Y son varoncitos. En otro canal hay una verdadera masa de carne dispuesta y moldeada a todo con tal de desplegar lo que seguramente enriquece el vocabulario de psicólogos y sociólogos pero no alivia la cuestión. Varones y mujeres, sin distinción. Ni el manquito se salva de la venta en Ideas del Sur. José María Muscari bailará en <em>Bailando por un sueño 2011</em> con otro varón, pero trata de que nadie le pregunte la peor de las preguntas que se le puede hacer, al aire, a una loca: “¿Quién hace de mujer?”. Ricardo Fort no es de verdad. Entre tanto, la televisión opina y especula sobre lo que ella misma considera que es: Heterosexual, tolerante, comprensible, compasiva y, a pesar de todo (porque todo hay mostrarlo después de todo), familiar y progresista. En estas últimas dos palabras hay algo que ya ni improvisarse puede, pero que sin embargo sigue actuando, como parámetro del desborde que sería, por ejemplo, la redefinición real de la palabra familia. Qué sería real en este caso es un problema del que, por ahora, la televisión sólo muestra como quiere. </span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Diversidad</strong> </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Últimamente la televisión argentina (sino la general) muestra y rotula una diversidad que, si bien igualitariamente normalizada gracias al esfuerzo del cruce político con las organizaciones gays (GLTTB se llaman, y son una ensalada), destaca y pugna por una especie de identidad equitativa que parecería como negar el pasado, lo sucedido, lo extasiado bajo la represión, la fe en lo esquivo, lo encontrado en otros niveles y parecerse más a la otra, que la miró siempre de reojo, al menos. Y no sólo en la televisión esto sucede, el cine, la fotografía, la literatura, el teatro, el arte en general entra o entraría (si quiere) en una nueva subjetividad de lo que “era” con lo que “es” ahora, donde todo tiende a normalizarse. Esto es un decir, pero es en la televisión quizás donde entre lo que se ve, se escucha, se entiende, se hace como que se sabe, entre lo que se miente, se especula, se ficcionaliza, se dramatiza y se valoriza su procedencia, hay un dato que por ahora no le importa a nadie en realidad: La heterosexualidad, su forma, contenido y sustancia en contraposición con lo otro, lo que no tenía nombre hasta que un médico inventó esas dos palabras, esos dos patrones que, hoy, pugnando con la religión y hasta haciéndose compinches a veces, despliegan como chorreando un abanico más grande y florido que aquellos abanicos que le dieron identidad (digamos) a los <em>Locomía</em>. A eso le sumamos la familia y el valor de la carne humana, que por televisión valen mucho.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Normalizada</strong> </span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Al azar, un ejemplo donde el rótulo desborda. La cadena se engarza con Mariano Grondona, que hace unos años mientras tapaba con una Gisela Marziotta poniendo gustosa la cabeza por algo que nadie sabe, mostraba al aire un video (medio pixelado) donde se lo podía ver al juez Oyarbide junto a un, digamos, mastodonte de músculos enormes a punto de comenzar una plática sobre la <em>Poética</em> de Aristóteles, en un reducto que por entonces era de Luciano Garbellano, ex taxi boy y ahora socio de Moria Casán (ícono gay). Fue un acto extorsivo que hoy, prelavado, sigue con virulencia. En muchos ámbitos esto último sucede pero al presente el juez llegó con las causas judiciales nacionales más importantes y comprometidas a nivel político pero aún, desde algunos costados, la competencia o no sobre su capacidad como juez se la vincula directamente a un chisme sobre sus resoluciones efectuadas dentro de un jacuzzi en un sauna vip, digamos, en un piso de una torre en pleno Puerto Madero. O se infiere toda una parafernalia de rechazos y vida ausente y triste sobre “su condición” al chismosear que las últimas palabras de la madre del juez antes de morir fueron: “Me voy para que seas libre, hijo”. Ahí es donde, todo el enjambre de lo llamado de derecha y de izquierda hace centro en el medio de un estrecho orificio que, en lo social, sigue, por decir, siendo vil con el gremio. Lástima que el gremio también, a veces, intenta reproducir aquello y aquellos que y quienes por años fue y fueron motivo de su propio rechazo. Los prejuicios no mueren, sólo se trasplantan a otros injertos.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">  Si bien se podrían inferir otras intenciones en otros ámbitos más amables con el fin, otras calificaciones tan caducas como derecha o izquierda, la más jodida y recurrente injuria hacia otro es “puto”. Pero putos hay muchos y en sí la cuestión no dice nada y dice mucho al mismo tiempo. Ser puto no es una cuestión (propia, ajena o familiar) de una putez inducida por el ano o por la vagina, sino una cuestión de cabeza, de lo que hay adentro y lo que el devenir de esa cabeza pudo consigo misma, en ese cuerpo, en ese devenir algo digamos, por ahí, a mansalva de cualquiera. Nadie sabe que es puto hasta que alguno se lo gritó de chiquito y ahí empezó el problema. Ahí las aguas se trifurcan y, seamos claros, en la televisión argentina putos de derecha como se dice, hay bastantes. La lista sería un placer, pero como escribió uno por ahí “para qué ser tan perversa, tan mezquina  (tan derramada, tan abierta), y abrirle la puerta de calle al monstruo que mora en las esquinas, o sea el cielo como una explosión de vaselina, como un chisporroteo, como un tiro clavado en la nalguicie, por qué ser tan sentadora, tan bonita y los llamaremos por sus nombres cuando todos nos sienten (o sea, cuando nadie nos escucha), por qué ser tan pizpireta, charlatana, tan solterona, tan dementes”.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">   ¿Será posible, entonces, dentro del doble juego ficción y no ficción de la televisión que todos vemos, ahí, en esa zona que ingresa en cualquier lugar, en cualquier hogar, será posible un derrotero sobre el por llamarlo así dolor (o no dolor), la pena y el desgaste de la pérdida amorosa sin la premisa de una pareja varón-mujer? ¿Será posible generar el mismo digamos costado sensible a pesar de la diferencia que pugna por no serlo? ¿Será posible cierta intención legítima de reparación histórico-social-cultural sobre las equivalencias entre las sensaciones que son similares a pesar del género? “Las sensaciones habitan y abandonan cuerpos, no géneros”, dice uno. ¿Será posible que la novedad siempre bipolar entre la tragedia y la comedia que siempre implica un dúo amoroso hombre-hombre o mujer-mujer, no se geste desde la transgresión sino desde la inclusión de un mismo valor? ¿Quién fue el que dijo dos y no tres para juntarse? ¿Será posible hablar de travestis sin hablar de gays? ¿Y al revés? ¿O todo tiende a una decadente y tardía diversidad digamos normalizada?</span></p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario El Ciudadano &amp; la gente el 27 de febrero de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina).</p>
<p style="text-align:justify;">
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Feb 2011 13:12:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[Lo que no es cierto dentro del devenir constante, simultáneo y más o menos diverso en la televisión argentina, aquello que según el canal disfrutan (o disfrutaron) ya tres generaciones &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/02/20/displacer-de-la-ficcion-nacional/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">DISPLACER DE LA FICCIÓN&#160;NACIONAL</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><strong><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="273" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/02/20/displacer-de-la-ficcion-nacional/pablo-echarri-el-elegido-4/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg" data-orig-size="1600,1173" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="Pablo-Echarri-El-Elegido" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=1024" class="aligncenter size-large wp-image-273" title="Pablo-Echarri-El-Elegido" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=1024&#038;h=750" alt=""   srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=1024 1024w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=614 614w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=1228 1228w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=150 150w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=300 300w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/pablo-echarri-el-elegido3.jpg?w=768 768w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></a><span style="color:#000000;">L</span></strong><span style="color:#000000;">o que no es cierto dentro del devenir constante, simultáneo y más o menos diverso en la televisión argentina, aquello que según el canal disfrutan (o disfrutaron) ya tres generaciones de argentinos, aquello que se piensa de antemano entre productores, actores y guionistas, aquello que se actúa y luego se edita y se emite, aquello que quizás podría retomar algunos criterios de la actuación en vivo y en directo al menos, todo eso que se llama ficción en la televisión argentina, más bien, como siempre, se hace en Buenos Aires. Y así, hoy por hoy, esta cuestión parece una regla impositiva más que un problema de identidad que no sólo está en y por la televisión. Pero ésa es otra historia y, hasta que no desembarque el que alguna vez se tragaba alfajores enteros y tenía un caño al que le decía “tira goma”, lo que en televisión se llama “Prime time” (de 22 a 23 horas aunque esto también está partido casi en dos “sub prime time” y no siempre es de lunes a viernes) de los dos canales más importantes y populares (y gratuitos en Buenos Aires) se lo disputan <em>El elegido</em> (por Telefé) y <em>Herederos de una venganza</em> (por El Trece, ex Canal 13), las dos producciones de ficción que, por ahora, lisa y llanamente más dinero y proyección tienen e invierten, a pesar (y con) haber aparecido ahora <em>Los únicos</em>, que también entra en la cuestión pero con más explosiones y gestos idiotas de los actores.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>El displacer</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La actuación y la televisión, en Argentina, como dijo la justicia de Barreda y su nueva mujer, tienen una relación de displacer. Qué será de Barreda y su mujer es un problema de ellos pero, hoy por hoy, entre lo que es actuado en la pantalla chica y la televisión misma como que no se miran bien, como que se disgustan pero sin llegar al odio, porque eso implicaría que, de verdad, lo económico no le importaría a ninguno de sus hacedores, y que el público podría mirar distinto, que la gente querría disfrutar más de una historia y de no verle tanto la cara a Pablo Echarri. Ni hablar de la impronta que genera actuar en televisión a merced, siempre, de lo que en el momento de hacerlo no pueden (los actores) siquiera registrarlo. Pero sí intuirlo, y ahí hay otro displacer que algunos, muy pocos actores, sacan para afuera de vez cuando. Esto sucede sobre todo en la generación intermedia de actores, donde siempre actuar con Norma Aleandro y Alfredo Alcón es un lujo (y queda bien). En el actor de televisión que se crío en la televisión, desde el vamos, hay algo de la noción de “público” que comprende muy distinto al de cine, y ni pensar en el teatro. La televisión, fundamentalmente para el que la hace, es plata. Pero también es una imagen audiovisual del propio actor que va respondiendo (o no) a lo que el medio espera de él. Eso le debe gustar de una forma casi inclasificable como el medio mismo que lo vio nacer. El medio es un problema y el país es Argentina, tenerlo en cuenta.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    A esta altura, con un siglo de registro audiovisual que se conserva (más otro que se perdió para siempre), la actuación (en general) es una cuestión de fe. Ahí reina otra historia y a la hora de actuar, el actor hace, sólo hace algo que, según el caso, impacta de lleno en otro que lo está mirando y ahí la cosa se pose sobrenatural. Eso sucede en el teatro, que sabe un montón de cuerpos vivos y cuerpos muertos. Es el cine, con toda su máquina para hacer, el que sigue en vibración sensorial pero es sólo en la televisión donde, lo que se actúa, siempre responde a una tensión (casi diaria) que aglutina fines diversos, procedencias oportunas e inoportunas, oportunistas de la máscara, chispazos de elegancia actoral, reflujos del inconsciente, talentos crudos, gente que se fue apagando, miserias varias, y ganas reales de (podría decirse) “ser alguien” en la materialización casi extrema del presente que se genera en el cuerpo del que hace televisión. Pero ser alguien es una utopía que la televisión inventa como si fuera cierta (y palpable) esa posibilidad, y ahí es donde los actores de la televisión se ponen hostiles con el mismo medio que, siempre, tarde o temprano, antes o después, les dio y les da de comer. Algo de razón deben tener ya que, siempre, hay que tener en cuenta que los actores son personas haciendo de otras personas dentro de un lugar que asegura bolsillo y luminaria, pero también escarnio y remate público. A Luisa Kuliok, por ejemplo y sin ir más lejos, desde hacía un tiempo se le había dado por no recordar con demasiado afecto, melancolía y misticismo aquella telenovela que aún sigue en la retina y que marcó un hito (pop, para que nadie se enoje): <em>La extraña dama</em>. Pero después la empezó a rematar con el agradecimiento a su personaje (Gina/Sor Piedad/La extraña dama), su cuerpo se inquietaba leve pero incómodo y hablaba de las posibilidades que le dio después. Ahí se quedaba un poco tildada Luisa Kuliok en esas entrevistas por la tele y por un programa que conducía, digamos, Georgina Barabarrosa, medio que suspiraba, sonreía amplia y promocionaba su obra de teatro. En esa sonrisa pos suspiro, como respondiendo a un pedido hiato de la tele, Luisa Kuliok se reía como Gina enamorada, como Sor Piedad ante Marcelo Ricciardi, como la extraña dama frente a Fiama, su hija. Y eran apenas dos segundos de aquello, como impuesto, como el placer que viene del dolor lo hacía y después volvía a Georgina, como desligada de la ley.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Algo parecido a tener el corazón en la boca debe ser hacer una ficción diaria en Argentina. Eso vale para todo lo que la imagen genera en el campo sensorial, de un lado y del otro. Pero desde hace unos años la cuestión viene repitiendo fórmulas que, a pesar de apuntar a distintos targuet, muy pocos entregan lo que se espera que sea un actor, y algo parecido a una definición de “públicos” y no “actores” podría estar gestándose. Estos “públicos”, que pueden venir del teatro, el cine o de la misma televisión, a veces con ganas y a veces sin ganas, a la hora de promocionar(se) aceptan el juego de digamos exponerse desde el yo que hizo aquello que se va a ver, y no es real. Y más de uno habla de compromiso a pesar de todo, de ciertas proezas de su vida para llegar hasta ahí, y uno que otro especula con eso. Andrea del Boca parece nunca estar a la altura de sus actuaciones, nunca llegar a que lo inventado sea tan satisfactorio en la vida cotidiana donde el público le veneraba los inventos de su carne, donde no era ella. Y hasta hay uno escala montañas por el sólo hecho de llamarse como se llama. Pero el ejemplo que viene al caso (porque hay que empezar a discernir) es Leticia Brédice, que bordeando los cuarenta de vida y un poco más de 20 años de actuar en cine, televisión y teatro, su vida pública (actuar) siempre hace, al menos, correlación con lo suyo privado, que lo expone según el caso. Dicen que el año pasado, no pudiendo soportar la ardua tarea de hacer teatro y vivir como vive (con quilombos, como todos), plantó a todo un elenco a poco de estrenar. Este año, por estos días, evaluando ella quizás las diferencias económicas, los dialoguistas que escriben lo que los continuistas escriben de lo que los guionistas pergeñaron con la producción, el canal, el productor actor o el actor más popular, toda esa gente, como se dice, se apresta al estiramiento y la velocidad del cambio brusco pero (seudo) creíble. Ahí es donde empieza este cruce entre serie y telenovela que, de alguna manera, descoloca al actor que, la mayoría, vive en un encasillamiento de modos, formas y maneras de actuar que, a veces no queriendo o no pudiendo, a favor y en contra, pueden dar ejemplos airosos (Tina Serrano en <em>Resistiré</em>) o insalvables payasadas (Arnaldo André en <em>Los únicos</em>).</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Desde el rumor sobre el alejamiento de Leticia Brédice de <em>El elegido</em> por, dijeron, problemas personales derivados de un litigio legal con su ex marido, se sigue con la desmentida de ese rumor pero de suceder el chisme, <em>El elegido</em> se reasegura la posibilidad del cambio, del viro hacia algún otro terreno pasajero que no afecta a la cuestión mayor, la que viene de la serie con afán conspirativo y no de la historia de amor entre Pablo Echarri y Paola Krum, que por ahora mucho no pueden porque la Brédice aún está en <em>El elegido</em>, a pesar bandearse en la sobreactuación “desequilibrada”. De lejos, a lo mejor buscada, su imagen tiene una fragancia (visual) a Angie Dickinson en la película de Brian de Palma <em>Vestida para matar</em>, pero más loquita.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>La cuestión  </strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La cuestión, de haberla, son programas de ficción diaria que aún no se definen ni como telenovela ni como serie, cosa que apareció como consecuencia colateral y no siendo éste su fin específico sino más bien un corredero de especulaciones como en la Bolsa, no deja de flexibilizar de algún modo los cruces y contra cruces de lo que se quiere poner al aire con lo que finalmente se pone y se va poniendo. Las superproducciones de ficción de la televisión varían su solvencia según el país y según el devenir de los actores, que no es poco si lo flexible se hace laxo en la estructura de un guión y se descuida su continuo. Es decir, tomando siempre “prestadas” bases argumentales, resoluciones estéticas, formas de contar, colores y hasta vestuarios y simil escenografías que vienen de series norteamericanas (fundamentalmente de las cadenas Fox y Sony), la ficción nacional “de peso” viene perdiendo el resto, digamos, costumbrista por ejemplo que había alcanzado en algún momento años atrás (y de donde comieron varios directores de teatro). De todo lo que se copia, hasta se intenta ahora cierta copia de la actuación por formato, de simil visual de personaje pero no de contenido, como la Brédice siendo Angie Dickinson, como si fuera posible que a Lito Cruz le queda bien una sotana roja. Pero no. En estas series dramáticas la cosa siempre se pone digamos difícil en materia de guión y su correlativa forma de actuarlo, pero siempre también quedan peinadas con la raya al medio cuando aparece o “una gran actor” o “un gran tema” (Telefé es experto en esto). En las telenovelas la cosa se puso peor: Ya no hay ficción a la siesta y sólo aparecen cuando empieza la noche, donde lo galanes pueden andar un poco más en bolas y se ganan así tres teleaudiencias: La nieta (o el nieto), la madre (o el padre) y la abuela (o el abuelo, el tío o la tía).</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Como es imposible mantener los niveles de producción de las series norteamericanas (a veces porque se “toman” cosas de las series para los programas diarios y viceversa), pero como tampoco es muy difícil resistírseles a la hora de pensar una trama para la tele local, en estas ficciones argentinas de gran producción parece todo sistemática y visualmente organizado en un sólido guión, pero en realidad sólo parece ya que en cualquier momento lo que parece serie se hace telenovela hasta que no dé para más y todo confluya en algo parecido a lo que fue la explosión de Fabián Vena en <em>Resistiré</em>, que fue la primera y casi la mejor de estas ficciones de género entrecruzados que se van armando a medida que se va compitiendo. Y esto no es sólo un desafío para los autores, guionistas y escribas del programa, sino un dolor de cabeza también. De las tres que hoy se emiten, la que parece apostar desde varios flancos y niveles, la que apuesta digamos ya que en las otras está Adrián Suar (que abre y cierra puertas como quiere), es <em>El elegido</em>, donde la ambición de Pablo Echarri está actuada en un abogado, que se la pasa corriendo tratando de alcanzar las verdades ocultas de una conspiración que siempre deja un lugarcito para el amor. En el medio, los rumores diarios de los avatares cotidianos de los actores y el rating, que les baja a la tierra el sueño.</span></p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 9 de mayo de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina) /  <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=164878"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=164878</span></a></p>
<p style="text-align:justify;">
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		<title>SÜLLERMANÍA O LA META VIDA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Feb 2011 14:02:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[    Como lo hacen muchos y muchas de la televisión argentina de edades y procedencias diversas (sólo que algunos más de una vez como se dice se hacen los &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/02/09/sullermania-o-la-meta-vida/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">SÜLLERMANÍA O LA META&#160;VIDA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="251" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/02/09/sullermania-o-la-meta-vida/suller2/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg" data-orig-size="321,400" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="SULLER2" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg?w=241" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg?w=321" class="alignleft size-medium wp-image-251" title="SULLER2" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg?w=240&#038;h=300" alt="" width="240" height="300" srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg?w=240 240w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg?w=120 120w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/suller2.jpg 321w" sizes="(max-width: 240px) 100vw, 240px" /></a></strong></span><strong>    C</strong>omo lo hacen muchos y muchas de la televisión argentina de edades y procedencias diversas (sólo que algunos más de una vez como se dice se hacen los sotas), desde hace un par de años la actividad principal de Silvia Süller (en lo económico) la desarrolla como (por decir) figura mediática de presencia viva en<em> Hippopótamus</em>, un night club en el barrio de Recoleta, en Buenos Aires, donde la gente (sobre todo los varones argentinos y extranjeros con billeteras solventes) se divierten con mujeres que van de aquí para allá, entre caños y tragos, mesas donde estar, una pista donde bailar, un vip oscuro, reserva y discreción según la conveniencia del momento, luces azules penumbrosas y bolas e hipopótamos de espejos que sobrevuelan el techo. <em>Hippopótamus</em> (como <em>Cocodrilo</em>, <em>Esperanto</em>, entre otros) es la comunión digamos moderna de los míticas boites de los años 60 y 70 (<em>Mau Mau</em>, por ejemplo) con las discos de los 90 (<em>Trumps</em>, <em>El cielo</em>, <em>Ku</em>, por ejemplo), donde siempre explota y/o se encubre un escándalo que salpica para todos lados (sobre todo a la gente de la televisión y la política argentina).</p>
<p style="text-align:justify;">    En una entrevista a Anabela Ascar el año pasado Silvia Süller dijo que, “como es profesora de inglés y conoce dos idiomas más”, en <em>Hippopótamus</em> es una especie de relaciones públicas donde ella comparte una copa de champagne sentada a la mesa de quien, por 100 dólares la copa, requiera su compañía. También le dijo a la Ascar que menos whisky la copa de champagne puede mutar en un vodka con jugo de naranja (destornillador) con <em>Speed</em> o con Melón, y que en <em>Hippopótamus </em>no hace shows y que de hacerlos, los hace en privado.</p>
<p style="text-align:right;"> <strong>Canción desesperada </strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Durante el primer menemismo Canal 7 no era la <em>Televisión púbica</em> sino ATC, <em>Ahora También Competimos</em>. Ahí, de noche, Antonio Gasalla hacía maravillas, las tardes eran de Nacha Guevara, Andrés Percivalle, Graciela Alfano y Mona Moncalvillo. Los mediodías eran de Mauro Viale, un pionero del enchastre actual aunque por entonces aún le faltaban unos años para su apogeo (que fue en Canal 2 –América-). Pero fue el mismo Mauro Viale quien le hizo una de las primeras entrevistas por decir “seria” a Silvia Süller. Aquella vez Mauro le preguntó: “Esto que usted hace, este papel que usted hace en las revistas, en los programas, qué sé yo, ¿esto es de verdad? ¿Ésta es usted o eso es un muñeco?”. Silvia, que es rubia de siempre pero andaba por entonces con peluca negra y corta (como su vestido), mal sentada a propósito en una butaca giratoria y maquillada en la transición del color de la línea recta al difusor entre los 80 y los 90, le respondió: “No, yo soy un personaje. Yo hago un personaje de televisión, en el teatro. O sea, soy un poquito así pero en televisión y teatro exagero más de lo que soy. O sea, tengo buen humor, tengo buen carácter, estoy siempre sonriente, siempre diez puntos, siempre esplendida pero en el escenario lo aumento, lo multiplico. Pero soy así, sí. Y yo no miento. Cuando hago una declaración la hago porque es verdad, sino no la hago”.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Silvia del Carmen muta</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Lo más roto que tiene Silvia del Carmen Süller es su corazón. Por eso es Silvia Süller desde hace más de 20 años. El próximo 10 de febrero cumplirá 53 años y, aunque tarde o temprano todo y todos en la televisión se entregan al hartazgo, a la especulación financiera, a la publicidad no tradicional (PNT), a las actuaciones planas, a la timba de los mensajes de texto, a la velocidad casi irrefrenable de lo que sucede, a las pomadas que borran las várices, a las cremas que alivian el dolor de las hemorroides, a los aparatos que contraen los músculos con afán endurecedor y moldeador, y a la repetición de ciertas fórmulas de desarrollo y continuo (en ficción y no ficción) que renegocian lo que fue visto con lo que se está viendo, Silvia Süller sobrevive y sobrevivió televisivamente gracias a ella misma, usando a favor y en contra todo lo que sucediendo le estaba, todo lo que le sucedió y todo lo que está en su vida y en su entorno. Ese entorno también incluye a su familia, a uno de sus hermanos sobre todo, de nombre Guido y de sobrenombre “Guido Su”, que es cuatro años menor que Silvia y que merece crónica aparte a esta altura.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>El corte y la quebrada</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    En los años 80 del siglo pasado Silvia Süller era (discontinua) modelo, y entre 1978 y 1986 estuvo casada con Jorge Graviotto y Miguel Ángel Zulli. Pero se separó de los dos y en 1987, recién salida del horno la ley de divorcio, quedó soltera de nuevo. Un año antes había nacido Marilyn, de padre con identidad confusa y de apellido materno entonces. Silvia ya participaba (serena, medio lánguida y sonriente siempre) como secretaria en <em>Grandes valores del tango</em>, programa ícono en cuanto a la difusión del tango y de sus mejores cantantes (todo el mundo recuerda a Jorge Falcón). El programa, conducido por Silvio Soldán iba Canal 9, propiedad de Alejandro Romay, a quien por esos tiempos le decían “el zar de televisión argentina”. Lo era y Soldán, por entonces, era una imagen televisiva digamos aceptada que formaba un trío (o cuarteto) con dos o tres conductores más del mismo canal que a mediados de los 80, cada uno en lo suyo y siempre haciendo mención a sus predecesores, marcaron una especie de estilo en cuanto a la actuación dentro del formato conducción de programas de audiencia masiva. Leonardo Simmons (<em>Finalísima</em>) y Héctor Larrea (<em>Seis para triunfar</em>) encabezaban con Soldán, pero Berugo Carámbula también se divertía a mares conduciendo en el 9 <em>Venga y atrévase a soñar. </em>Pero fue Silvio Soldán el que acaparó dos sectores de la teleaudiencia por entonces bastante dividida en cuanto a franjas, programas e intereses. Además de <em>Grandes valores del tango</em>, también, fue durante décadas el conductor de <em>Domingos para la juventud</em>, programa donde quintos años de la escuela secundaria se disputaban un viaje a Bariloche para todo el curso. Silvia Süller (28 años en 1986) era secretaria en ambos programas cuando el amor entre el conductor (75 años hoy) y ella se hizo público, jovial y carne en ambos y en la tele. Se casaron después de un año de noviazgo y tuvieron un hijo (Christian Soldán). El matrimonio vivió en la casa de Soldán, donde también vivía (y vive) Tita, la madre de Soldán, una literal bruja según contó Süller años después. Pero en 1992 algo sucedió y fue Silvio Soldán el que decidió romper para siempre (se dijeron tantas versiones sobre el motivo que ya no importa). Ahí nomás empezó una verdadera guerra mediático-judicial que le costó a Silvia la tenencia de Christian, y la llevó a ser otra Silvia Süller, a abrir la boca, cosa que había hecho poco hasta entonces. Pero no sólo la boca abrió Silvia.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Pizza, champagne y chizitos</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Afirmando siempre que Silvio Soldán fue el “gran” amor de su vida, a pesar que desde 1995 hasta 2005 estuvo en pareja con un tal Claudio Ponce, de paradero mediático desconocido hoy, y con quien no la pasó muy bien según ella misma contó (la quiso estrangular, al parecer), Silvia Süller dijo e hizo todo lo hizo para demostrarle quién sabe qué cosa a Soldán. El auge emocional del momento se podría llamar menemismo, la tendencia en la tele era lo festivo, la celebración de la risa idiota y la partuza como englobe general. Eso formó, deformó y hasta ayudó al personaje que Silvia empezaba a dejar ver. Lo hizo de golpe, a las risotadas y a los desbordes de llanto, desfachatada ante una farándula televisiva que, desde que no fueron más matrimonio con Soldán, la cobijó en casi todos sus programas, a toda hora, y que al principio la miró como víctima pero que siempre en el sentido único de la palabra y como dice de ella Jacobo Winograd (historia aparte), Silvia Süller es, fue y será una “flor de puta”. Pero entre la Süller y la televisión se generó un negocio que de alguna manera hoy, inundada la pantalla chica de expositores de una verdad que ni siquiera saben actuar, aún genera la inacción del zapping cuando aparece en la pantalla, aunque sea por un rato.</p>
<p style="text-align:justify;">    Más allá de lo económico, Silvia Süller nunca buscó como se dice “limpiar” o desmentir nada de todas las cuestiones y asuntos de los que habló y fue parte. Dijo ser la única en no acostarse con el ex presidente que dicen tenía un zoológico privado en Anillaco, dijo acostarse (un decir) con 8 de los 11 jugadores del club de fútbol San Lorenzo, que aceptó sexo por regalos, fue precursora en armar quilombo en vivo, llora y se le deshace la cara, fue la primera en mandar al frente a varios con una cuestión llamada “cocaína” y nunca se retractó de casi nada. Se quiso suicidar pero al parecer no fue cierto, almorzó con Mirtha, se sentó en el living de Susana, le dio besos secos a Repetto, se bajó a muchos, vive peleada y rejuntada con Rial y cía., no le interesa ni el teatro ni el cine y grabó un disco en 1997, <em>Süllermanía</em>, con 12 canciones (entre <em>El beso seco</em>, <em>El chizito de Jacobo</em> y <em>La banana del amor</em>, entre otras, hay una que se llama <em>Canción desesperada</em> y es para Soldán). Dijo verdades a medias, mintió al aire como se le dio la gana, más de uno la fajó, embarró gente sinsentido y a otros con razón y más que guasa es ordinaria a veces, pero también hay cierta dosis de descarga prejuiciosa sobre ella. Jamás desmintió ningún rumor sobre su persona y/o personaje porque fue y es ella misma la que se encarga de difundirlos. Así entró a las pantallas chicas argentinas a principios de la década del 90 del siglo pasado, cuando dejó de ser la enamorada esposa de su por entonces marido Silvio Soldán y pasó a ser, simplemente, Silvia Süller. Y fue una novedad ella por entonces, cuando despechada y desorientada por el fin del amor de Soldán para con ella, decidió contarlo todo al aire. A partir de allí su por llamarla carrera se puso en oferta al cualquier formato que derivase de la impronta de popularidad venida de la tele. Como hacen todos hoy, pero con menos gracia a veces. En televisión, una vez separada de Soldán, estuvo en <em>Matrimonios y algo más</em> (1996), <em>El Paparazzi, Increíble pero Rial </em>(1997), <em>Rumores</em> (2002), <em>Zap TV</em> (2003), <em>Odisea, en busca del escarabajo dorado</em> (2005), <em>Bailando por un sueño</em> (2007), <em>Gran Cuñado VIP</em> (2009), entre otros, donde en la mayoría hacía las veces de opinóloga, panelista y simple contadora de sus andanzas. En teatro, llenó salas enormes de la calle Corrientes en espectáculos cercanos a las revistas y derivados del café concert. Estuvo en <em>Tanga feroz</em> (1994), <em>La noche de las pistolas frías </em>(1995), <em>Ricos y fogosos</em> (1997), <em>Armatetón</em> (1998), <em>Corona al gobierno, Süller al poder </em>(1998), <em>Y dicen que somos aburridos, la joda continúa</em> (2000), entre otras. Mientras tanto, y no por Silvia Süller, Silvio Soldán se las vio negra cuando en 2001, un mes antes de que en el país explotase todo, su pareja de entonces, Giselle Rímolo, fue descubierta, desenmascarada y enjuiciada mediante una cámara oculta de un programa que conducía por Canal 13 María Laura Santillán (<em>Telenoche investiga</em>). Había quedado al descubierto que Rímolo ejercía la medicina sin el título habilitante, que recetaba, que alguien había muerto y que la clínica (de belleza) que tenía la había abierto con dinero venido del bolsillo de Soldán, quien en 2003 pasó 61 días preso, pero que después quedó sobreseído de la causa. Giselle Rímolo pasó 6 meses en la cárcel de Ezeiza y salió bajo fianza y después de desembolsillar 300 000 dólares. Es probable que Giselle Rímolo este año sea una de las participantes de <em>Bailando por un sueño</em>, pero es sólo un rumor que circula aún. Entre tanto, Silvia Süller sigue al aire, deteriorada pero auténtica, al menos en la meta ficción o meta vida que es ella al aire, por la pantalla del televisor, a merced de cualquiera.</p>
<p style="text-align:right;"><strong><span style="color:#000000;">Leonel Giacometto</span></strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente</em> el miércoles 9 de febrero de 2011 (Rosario, Santa fe, Argentina) </span></p>
<p style="text-align:justify;">
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		<title>LA TELERREALIDAD DEVALUADA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Feb 2011 12:33:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/cats1.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="244" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2011/02/07/la-telerrealidad-devaluada/cats-2/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/cats1.jpg" data-orig-size="432,432" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="GH" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/cats1.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/cats1.jpg?w=432" class="size-medium wp-image-244 aligncenter" title="GH" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/cats1.jpg?w=300&#038;h=200" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;">    <strong>E</strong>ntre <em>Gran Hermano 2011 </em>(por Telefé) y <em>Soñando por bailar</em> (por Canal 13) están casi todos los programas actuales del verano argentino. Pero cabe destacar que también hay un resto que sigue al aire y se dedica a otras cosas, a otros menesteres del saber informativo que se dice. Chiche Gelblung, por ejemplo, sigue al aire en la televisión del verano y destapó la olla sobre la posibilidad de que Hitler, Adolf, no se haya suicidado en el búnker berlinés en 1945, sino que se haya venido para acá con Eva Braum, al sur, donde al parecer en 1970, en una gira haciendo <em>Canciones para mirar</em>, de María Elena Walsh (que murió hace poco), China Zorrilla y Carlos Perciavalle (que dice que se murió hace unos años y que los extraterrestres lo reimplantaron) fueron invitados a un asado privado del dueño del hotel donde estaban parando, en Bariloche. Ahí dijo Chiche que Perciavalle y Zorrila lo vieron a Hitler, que por supuesto presidía y que aún tenía el bigotito, dijo Chiche Gelblung, que viene desde lejos en los medios gráficos y audiovisuales argentinos. Como Susana Giménez, que no está al aire pero cumplió 67 o 68 años en Punta del Este, y dijo que “no está saliendo con ningún bañero, que está bárbara como está, que no quiere a nadie y que Marley qué sé yo cuando mi cumpleaños, ehhh, nah, nada, nada, ni novio ni ebria esa vez que, ehhh, tampoco yo, bueno, tomo un vaso de vino tinto y me río de cualquier chiste”. No fue la revista <em>Gente</em> la que la fotografió más bien en tetas que haciendo toplees y la fotoyopeó de cintura ligera. Fue en (o para) la revista <em>Papparazzi</em>, propiedad intelectual de Luis Ventura (que ahora también actúa) y de Jorge Rial, que sigue al aire, como Mirtha Legrand y varios más que hacen malabares para entrar y no entrar, tragando saliva y demás fluidos siempre, en el aburrimiento total de estar, desde hace un año, mencionando siempre las palabras Ricardo Fort y Marcelo Tinelli. El primero sigue siendo la baronesa de un grupo de hijos de ricachones no peores que él, pero de menor contenido graso quizás. El segundo busca novia dientuda, serena y de ambición media por ahí, mientras aceita el engranaje de su reaparición en abril, y los hace laburar a todos a sol y sombra en una serie de programas, subprogramas, programas debate y galas todos devenidos de un formato engendro que simula lo que en el otro canal (Telefé) se degrada en su mismo errar como juego y pierde gracia: <em>Gran Hermano</em>.</p>
<p style="text-align:justify;"> <strong>Telerrealidad</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    Si es como se cuenta, y con el peso audiovisual acumulado de varias experiencias anteriores que se remontan hasta donde todo era en blanco y negro, fue el jueves 4 de noviembre de 1997 donde la televisión mundial quiso dar un paso más en la confusión y refundición de géneros, a lo que está pareciendo que se ve, a lo que se ve realmente y a lo que nunca jamás se tendrá acceso. Fue en los Países Bajos, país lejano pero potente en cuanto a sacarle provecho a la ventaja, lo creativo, el consumismo, el markenting, la desazón del presente, lo “progre”, las ganas de nada, el poder y las duales constantes de bordear límites que por ahora son puro teatro. En algo parecido a una sesión de lluvia de ideas (<em>brainstorm</em>), rediseñando algunos puntos de contacto con otros programas ya existentes (<em>Real World</em>, por MTV, por ejemplo), y después de una sarta de verborragia que pudo haber ido desde el Proyecto científico Biosfera 2, pasando por nociones varias sobre la catarata de elucubraciones digamos serias y no serias que se vendrían, sobre las especulaciones financieras, sobre la forma de la publicidad posible, sobre el guiño de tomar “el concepto” (visual) de la película <em>1984</em>, dirigida por Michael Radford exactamente en la misma época donde transcurre lo que imaginó George Orwell para su novela homónima, y así mojar orejas que se dice, hasta llegar a una cuestión que subsiste, y es real: ¿Qué hacer con cierta mano de obra joven que pulula y ronda por los canales como esperando que algo de ellos sea visto y dicho en la verdad de la tele? Así, cuatro productores de la parte “independiente” de Endemol armaron <em>Gran Hermano</em> y John de Mol, la cabeza de esa producción, se llenó de plata vendiéndole el formato al mundo entero. Endemol fue toda de él entonces, pero después de consumirse todo se la vendió a Telefónica. Pero John de Mol después volvió a comprarle una parte a Telefónica, pero no como él sino como una empresa italiana del mismísimo Silvio Berlusconi.</p>
<p style="text-align:justify;">    <em>Gran Hermano</em> llegó a la Argentina en marzo de 2001 y a diez años del primer <em>Gran Hermano</em> la cuestión se degradó un poco. Y no para terrenos casi esperados por la teleaudiencia y como sigue sucediendo en otros países: Sexo bizarro, embarazadas pariendo, abstinencias, enchastres, simil gore, simil furia, simil ingenuidad aunque sea pasajera, cierta orfandad. No. A no ser que sea parte de algún tipo de guión mejor armado, el programa especula sobre la propia especulación de los participantes, que también especulan desde el vamos sobre lo que la audiencia y, sobre todo la producción, podrían estar esperando de ellos. Los jugadores se hicieron de ambos lados más importantes que el juego mismo y todos manipulan lo que tienen a su antojo. Entonces no hacen nada, como que se dejan estar, como esperando ser retados para empezar a actuar y, de ese modo, no gastar demasiadas energías. Y se nota, mucho más que en los anteriores. El huevo de la serpiente no es una posibilidad en la televisión.</p>
<p style="text-align:justify;">    Ahora bien, si se cambia de canal, la cuestión se pone aún más vulgar, más desorganizada, más chata, más vacía pero más conspirativa y argentina.</p>
<p style="text-align:justify;">    Como si tuvieran la lluvia seca es la sensación del cómo en la producción de Ideas del Sur, y el capricho ambicioso de Marcelo Tinelli de, quizás, en algún momento sentirse parte del párrafo de John de Mol. <em>Soñando por bailar</em> es una especie de meta o sub o infra <em>Reality Show</em> (o <em>Telerrealidad</em>, que suena mejor) con dosis de “ver qué onda”, errores groseros, especulaciones varias sobre el futuro próximo de la televisión argentina, un casting de monigotes todos de mentira y Viviana Canosa, que, o dio el mal paso o Daniel Hadad al parecer lo va a lograr con ella esta vez: Ser la sucesora de Susana Giménez. O eso parece al menos, ya que como se nota, la que otrora fue una guerra descubierta y a boca de jarro entre Viviana Canosa (<em>Viviana</em>/<em>Soñando por bailar</em>) y Jorge Rial (<em>Intrusos</em>/<em>Gran Hermano</em>), hoy arremete con una espesa frialdad que daría indicios de otra cosa, cierta ambigüedad de ambos por, en algún momento, volver a ser lo que eran. Pero no. Canosa le pasó una factura a Rial desde el mismo costado donde el otro se quiere, digamos, limpiar. La vez anterior Hadad le había prestado el helicóptero para sobrevolar la ubicación real del anterior <em>Gran Hermano</em> y logró lo que nunca había pasado: La señal se interrumpió por unos minutos. Esta vez fue todo gracias a Ideas del Sur y fue más cruel (si se tiene en cuenta la palabra manoseo). Quién sabe cómo, quién sabe por qué, quién sabe cuán amigos son Tinelli y Hadad, qué cosa se piensa de Rial en off, qué piensa Suar de todo el engrase, quién sabe si fue casualidad, si justo alguien le fue a otro con la data, si se armó desde el vamos, si fue real la sorpresa de Canosa al aire el 31 de enero cuando volvió, lo cierto fue que encontraron a la persona que se prestó a una cámara oculta (el primero de todos los <em>realities</em>) que en su momento Rial había pergeñado para, literalmente, armar un despelote entre canales y personas: La cámara oculta al primer ganador de Gran Hermano, Marcelo Corazza, a quien Telefé había adornado de humildad, don de gente y actitudes masculinas positivas, y que según Rial andaba levantándose menores (varones) por ahí. Ése supuesto varón menor resulta hoy Julieta Bieca, travesti de profesión, a quien sospechosamente expulsaron de <em>Soñando por bailar</em> (y de Canal 13) una semana antes de, por decirlo así, escupirlo todo en la vuelta de Canosa. Lo más interesante de Jorge Rial es su capacidad para no saber disimular su sed de venganza, para no dejar quietos algunos músculos faciales. De igual modo, en la conducción de <em>Soñando por bailar</em>, a Viviana Canosa se le van los gestos (y no como en su programa), la exceden sus propios vestuarios, el color nuevo en el pelo le queda mal, no quiere ser más blanca, se para mal Viviana Canosa en el medio de los participantes. La venezolana que vino de la mano y gracias a Pablo Alarcón, Claribel Medina, conoce un poco más los resortes de la actuación en un lugar más hostil y peligroso: <em>Cuestión de peso</em>. Pero a Viviana Canosa nadie le avisa porque Ideas del Sur produce el minuto a minuto del rating, no lo espera sino que lo impone, lo desata a merced de cualquier cosa, sobre todo el buen gusto. A Jorge Rial lo sostienen ciertos criterios en la conducción de <em>Gran Hermano</em> que, a la fuerza, le contracturan el cuerpo entero y no lo dejan (nunca) a merced de él mismo y, sobre todo, de las fieras. Las fieras son la producción, esas personas que trabajan en pirámide y que están atrás de lo uno está viendo, escuchando y recibiendo. Lo que se recibe va perdiendo gracia este verano.</p>
<p style="text-align:justify;"> <strong>Devaluación</strong></p>
<p style="text-align:justify;">    O no pasa nada o se están llenando los bolsillos, o ya no saben qué hacer para llevarlo a uno a que lo vea, o está por explotar Pamela Sosa. Entre esas posibilidades estaría la situación de los artistas de la televisión que están haciendo teatro en Mar del Plata y Villa Carlos Paz. Los que más o menos transitan, empiezan a transitar, ya transitaron y ya se gastaron, los que se llaman actores, los bailarines, las vedettes, las modelos, las actrices que conducen, las que conducían las camas de los conductores, y toda la galería de farándula expositora de talento para el carisma, la empatía y cierta cuestión sobre qué cosa define realmente el querer dejar de ser espectador televisivo para ser parte de una comparsa que, si se la mira con atención, podría llegar a ser un partido político. Un decir sobre esa gente que hoy, en la televisión argentina del verano, aparece si hace falta y deja paso al libre albedrío de los productores y de una camada de no menos cincuenta jóvenes que, hoy por hoy, de la mañana a la noche, hace como que conoce el juego e intenta repetirlo a menor escala, como siendo parte de aquella otra comparsa, que ya pululaba en la tele cuando éstos chicos aún la miraban de reojo. La gente aprende.</p>
<p style="text-align:justify;">
<p><strong>LEONEL GIACOMETTO</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>PUBLICADA EN EL DIARIO</strong><strong> </strong><strong><em>EL CIUDADANO</em></strong><strong><em> </em></strong><strong>EL LUNES 7 DE FEBRERO DE 2011 (ROSARIO, SANTA FE, ARGENTINA)</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=163431">http://www.elciudadanoweb.com/?p=163431</a></strong></p>
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		<title>PESOS Y MEDIDAS ACERCA DE LA LEGITIMACIÓN MEDIÁTICA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Nov 2010 19:58:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Con el peso exacto incomprobable pero indudable de ser (junto con la radio) el medio más popular, la televisión, con menos de cien años de vida, domina el &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/11/16/pesos-y-medidas-acerca-de-la-legitimacion-mediatica/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">PESOS Y MEDIDAS ACERCA DE LA LEGITIMACIÓN&#160;MEDIÁTICA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/11/k.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="193" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/11/16/pesos-y-medidas-acerca-de-la-legitimacion-mediatica/k/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/11/k.jpg" data-orig-size="2200,1463" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="k" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/11/k.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/11/k.jpg?w=1024" class="size-medium wp-image-193 aligncenter" title="k" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/11/k.jpg?w=300&#038;h=180" alt=""   /></a></span><strong>    C</strong>on el peso exacto incomprobable pero indudable de ser (junto con la radio) el medio más popular, la televisión, con menos de cien años de vida, domina el por decir (controlado) campo audiovisual de todo el planeta (y más allá también). En Internet se dicen muchas cosas sobre lo que vendrá, sobre lo que fue y sobre lo que podría estar siendo mientras, en la tele, se quejan todos. Pero, en el grueso de la población que respira, Internet encuentra a través de la televisión un estatuto más real digamos (por tanto verdadero y ya juzgado) si toda la información y demás cuestiones que andan en lo virtual pasan a lo mediático. Lo mediático pareciera ser la balanza que legitima “de un modo amplio y popular” (tendencioso y manipulador, también) los distintos grados de verdades y mentiras que Internet dispara. Reescribe su propio criterio sobre la realidad virtual la televisión, que convence para comprar online, auspicia las redes sociales (y las denuncia también con el mismo énfasis), alienta al registro audiovisual o escrito de lo que pasa y a la hiperinformación digamos. También lo anula todo a veces y ni hablar si la noticia es sobre un videíto de esos que después traen, al menos, dolores de cabeza. <em>Twitter</em>, sin ir más lejos, gana adeptos gracias a la televisión y esa especie de retroalimentación entre filo paranoica, poética y buchona de comentarlo todo sobre todos en menos de 140 caracteres sin importar la fuente gana, también, la forma de hacer periodismo en la tele y con seguridad más de un productor de informe periodísticos se muerde los labios ante cierta virtual información. Lo de informar es un abuso semántico hoy por hoy que podría buscar, o al menos encontrar, otros canales de percepción. Será por eso que aún la tele espera para largar al aire, por ejemplo, la catarata de páginas y demás sitios virtuales que hablan de una conspiración entre fantasiosa y fantástica del rescate de los 33 mineros en Chile y, la televisión misma como portador y transmisor de un ritual de inducción pergeñado por poderosos que aseguran la venida del Anticristo. Será por eso que el 27 de octubre pasado ante el desamparo y el dolor inmediato de los que no murieron, la muerte súbita de una figura importante del hacer nacional despliega toda una mampostería que resguarda, al menos, la imagen de lo que vendrá y releva cómo, por televisión o por Internet, todo puede ser visto de otro modo.</p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>El hiperdolor</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Siempre, desde acá, se está como esperando un milagro más que un cambio de actitud legítima, o una postura frente a las posibilidades de un hacer medio perezoso. Es decir que se hace como que se entiende que la televisión argentina es la que se produce y se gesta en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. De eso no hay dudas. El interior audiovisual zozobra, es la hija boba de los multimedios y algún que otro cacique feudal, a la que siempre se mira con intenciones funestas pero políticamente incorrectas de ser realizadas. No impone nada, no inventa nada, no discute nada, no opina nada, no actúa nada, no muestra una sola teta siquiera con cierto afán que no sea intencional hacia allá, hacia Buenos Aires, donde hay cámaras con filtros y se hace la televisión que vemos todos. Así, y hasta el asesinato de Mariano Ferreyra el pasado 20 de octubre, esa televisión argentina y porteña era un universo habitado y financiado por dos mundos: el mundo Tinelli y el mundo que se diputan el gobierno y Clarín. El resto es una ficción medio descolocada de ritmo pero ésa semana en cuestión, el universo televisión llegaba a dos picos digamos de extrema tensión (una real, la otra no tanto) que, desde distintos costados, rozaban y se embarraban hacia lugares insospechados y ligeramente descontrolados: en <em>Showmatch </em>y derivados, entre gente mojada y gente pasada de horarios, se hablaba, se juzgaba, se jugaba y se ponía en evidencia, primero, que es al menos común que un hombre le pegue una trompada a una mujer que estando enamorada ella, incapaz está con su moral de discernir los grados del daño. Anejo y propio el daño porque, después, al parecer ese amor femenino fue más violento que el otro y ahí todos dejaron entrever, una vez más, lo que el machismo sigue generando en el cuerpo humano. Todo a medias y siempre especulando con más pero mientras tanto, en la calle, un civil había matado a otro civil en una disputa sindical y todo apuntaba a la cúpula de la confederación más real y más actualmente violenta del peronismo: La CGT. Sobre todo del Secretario de Ciencia, Cultura y Técnica (José Pedraza) de la Confederación General del Trabajo caía la sospecha de haber sido, al menos, una voz opinante para actuar después, otro, sobre el gatillo del revolver que disparó una bala y le dio en el costado derecho del cuerpo de Ferreyra y lo mató con 23 años apenas de haber estado vivo. En los dos mundos la cosa estaba caldeada. En ese momento, mientras el país se paralizaba por un día para saber cuántos somos más o menos en realidad, Néstor Kirchner ingresó de prepo a la inmortalidad y, televisivamente, lo sepultó todo por tres días.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    La televisación de su funeral fue un acontecimiento televisivo gestado desde el dolor (real de algunos, irrepresentable de otros), y desde la rapidez absoluta de un equipo que responde a un criterio audiovisual unívoco que desde hacía rato el gobierno venía poniendo en práctica. Por eso, inmediatamente después de, dicen, haber decidido Cristina que la despedida de su marido sería pública, a cajón cerrado y en la Rosada, la cabeza que gestó el desfile del Bicentenario, Javier Alberto Grosman, fue convocada junto con su cuerpo de acción: Fuerza Bruta, el grupo de teatro aéreo que le dicen. Todo se hizo rápido, entrecruzando la tecnología de la televisión pública con otra contratada, y con la austeridad del propio dolor que, aún así, no declina su trascendencia pero asume con el estoicismo pulcro que se debe tener en estos casos, digamos, cuando se es dolor y se es imagen, y eso deviene poder. La imagen que se vio por la televisión la ponía en el centro a Cristina, la secundaban sus dos hijos (el varón, sobre todo) y detrás, a los costados circulares, los dolientes, quienes junto con la presidenta custodiaron el dolor y el cajón, y recibían las condolencias emotivas de la gente. Por momentos Cristina dejaba su centro y se entregaba a las manos alzadas de la gente que le pedía llorando (a mares, algunos) soportar el dolor de un pueblo y reparación sobre todo, reparación histórica. Eso hacía contraste con el elenco concertado que se llama “oposición”. Al menos por televisión, para bien o para mal de lo que se llama “actuación nacional”, a nadie de la oposición se le cayó de la boca una frase (ni parecida siquiera, ni hay quién ose tampoco) a la que dijo Balbín en los minutos finales del funeral de Perón, con el país ya en un profundo carmesí: “Este viejo adversario viene a despedir a un amigo”. En cambio prefirieron ponerle más empeño a la elaboración escueta de frases recurrentes que reprimían ciertos gestos que desde la televisión se vieron, al menos, como desconcertantes y desconcertados. Un velorio nacional que ajustó su dolor y le dio un impacto visual de solemnidad parecida a los funerales de las grandes personalidades del mundo que ya no están, aunque a cajón cerrado, fue la transmisión de casi tres días de emisión ininterrumpida donde, como dijo Mirtha Legrand la semana pasada en su programa, “la gente humilde honró a su líder”.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>El dolor de la tele</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    A más de uno de la tele le dio cierto pavor al ver las 25 cuadras de personas y, seguramente, eso fue el aliento que lo llevó a abrazarse al dolor de Cristina. Otros decidieron no asistir y que esa ausencia se notase. Maradona fue correcto, Daniel Fanego tuvo mucha cámara, Nacha Guevara estuvo en el montón, Nancy Duplá y su marido hicieron un papelón, en lugar de Solita fue Chacho, Andrea del Boca pudo llorar este año ante millones de personas (como otrora), y Florencia Peña fue la única que se puso la camiseta de la decisión artística y la voluntad popular y dijo “nosotros” al hablar del gobierno. El resto esperó para volver. Hoy todo volvió a ser más o menos lo mismo en la tele: Luis Majul sigue siendo petiso y altanero, como un menemista tardío. El peronismo lo pone mucho en pantalla a Agustín Rossi, Internet está llena de pingüinos alados y elucubraciones siniestras sobre suicidio y extremaunción, el futbol sigue siendo para todos; TN ya no es Todo Noticias sino Todos Nosotros, Cristina tiene <em>Twitter</em>, <em>Facebook</em> y <em>Youtube</em>; Lanata es escuchable pero está cansado, avejentado o medio apagado; y Ricardo Fort al parecer para regocijo del buen gusto y la credibilidad mediática de Guido Suller (quien hace poco le dijo a Anabela Ascar que fue virgen de ano hasta los 40 años), ya no podría ocultar más cómo es tener un testículo (ajeno) en la boca y sentir placer. Graciela Alfano y otra (en otro canal) quedaron viudas de amante setententista: Murió Massera y murió demente. También empezó todo un revuelo sobre qué cosa se meten por las narices algunos en <em>Showmatch</em> y derivados. Pero eso durará poco, como siempre sucede en la tele.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>LEONEL GIACOMETTO</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>Publicada en el diario </strong><strong><em>EL CIUDADANO, </em>el martes 1</strong><strong>6 de noviembre de 2010 (Rosario, Santa Fe, Argentina).</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">
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		<title>EL DERROTERO DE LA SOMBRA RUBIA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 Oct 2010 17:53:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Ponerse a pensar en un por qué implicaría, al menos, empezar un cúmulo de deducciones más o menos intencionadas sobre el derrotero que podría tener cierta información a &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/10/17/el-derrotero-de-la-sombra-rubia/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">EL DERROTERO DE LA SOMBRA&#160;RUBIA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/10/marcelointentaelacercam1.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="71" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/10/17/el-derrotero-de-la-sombra-rubia/marcelointentaelacercam-2/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/10/marcelointentaelacercam1.jpg" data-orig-size="1456,969" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;4&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;NIKON D3&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1251056974&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;32&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;800&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.005&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="alfano" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/10/marcelointentaelacercam1.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/10/marcelointentaelacercam1.jpg?w=1024" class="size-medium wp-image-71 aligncenter" title="alfano" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/10/marcelointentaelacercam1.jpg?w=300&#038;h=150" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>    P</strong>onerse a pensar en un por qué implicaría, al menos, empezar un cúmulo de deducciones más o menos intencionadas sobre el derrotero que podría tener cierta información a la hora de darse a conocer, del modo que sea, en la televisión argentina. Pero, no habiendo un por qué no, algo se puede elucubrar.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>El factor Tinelli</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Con Carlos Menem fue fácil, Menem lo hizo. Con Fernando De la Rúa se divirtió un rato y con los Kirchner tiene un espejo empañado en el que por ahora no quiere verse (cerca). Por eso se tira de cabeza en una pileta mediática que compró llena de agua refulgente. Ahí nada Marcelo Tinelli, que por ahora se divierte con el oso Carolina (la Mole Moli) y todo un bestiario emocional que desde la tele sigue bregando, impune y bien pago, por una Argentina unicelular, porteña, berreta, exitista y sumamente sabia a la hora de gastar tanta plata mandando mensajitos de texto a un certamen que no es tal. Pero Tinelli, en sí, no debe saber qué hacer con los Kirchner. Ni con Clarín. Suar tampoco y Gastón Pauls cree que sí. Existieron extrañas intentonas de un lado y del otro (a favor y en contra: los Gran Cuñados Vip, la Corriente Clasista y Combativa bailando, etc.), pero algo se desconfían aún unos de otros con la misma desconfianza que se miran todos en la televisión, sea cierto o no lo de las sensaciones, aunque se apague o no el televisor.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    “Haber surgido televisivamente” (al medio y a los millones) durante el menemismo no es buen síntoma para La Rosada. Y más aún hoy, donde al parecer una opinión de parte de los que aún no lo hicieron, sobre determinada época, suceso o contingencia del devenir argentino de los últimos cuarenta años, por la tele, dispararía la automática puesta en marcha del por decirlo así “mecanismo bando” donde, por ejemplo, Marcelo Tinelli estaría a disposición del mejor postor en la también digámosle así contienda mercantil entre Clarín y el gobierno. Además de toda una generación desaparecida y otra desmembrada y traicionera, hay millones dando vueltas que nadie ve y todos quieren al parecer. Mucho barro para Tinelli eso sería y así, elucubrando y destiñendo tres generaciones televisivas, se llega a un punto digamos singular de la cuestión: Graciela Alfano.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>El factor Alfano</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Para felicidad de Aníbal Fernández &amp; asociados, el auge de Graciela Alfano, que en dos años cumplirá sesenta, fue entre 1977 y 1982. Tapas de revistas, un rostro soñado, concursos de belleza, dos tetitas perfectas, capocómicos, una cintura acorde a las circunstancias, empresarios, Mar del Plata, verde oliva y una intención por ser actriz que jamás le alcanzó. Participó en cuanta película mediocre de aquella época se produjo en el país, pero nada se comparó a <em>Los drogadictos</em>, de Enrique Carreras, en 1979, en la que Graciela se fuma un porro y le da una sobredosis. Pero quiso lavarse la imagen sobre el fin de la última dictadura y en 1982 produjo y protagonizó con plata de ella y de su por entonces marido dueño de un banco (Enrique Capozzolo) una película seria, digamos. El resultado fue <em>La invitación</em>, basada en la novela homónima de Beatriz Guido (de la que Alfano dijo ser íntima), y bajo la dirección de Manuel Antín, que se encarga siempre de decir que fue su única película donde trabajó bajo contrato y en donde las reuniones de producción se hacían en la gerencia del banco. Rodolfo Bebán, que protagonizaba con Alfano, también. Más que mala actriz, Graciela Alfano jamás entendió qué cosa se pone en juego a la hora de actuar y lo que mejor le salió es ser ella misma. Qué cosa es ser “ella misma” es alguien que como persona parece muy simulada, que lo que se dice actuar jamás le salió, que es lo que se ve y se vio por la televisión, siempre, una insufrible tilinga y acá Hebe de Bonafini debe tener algo de razón. Y hay más.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Gracielita y las abuelas</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Ya todas pasaron los cincuenta años y son pocas las que alguna vez no cenaron con Gerardo Sofovich. Algunas tuvieron de todo y hoy sólo les queda la resaca y una agenda antigua y vacía. Otras son abuelas pero se sienten hijas y se parecen todas entre sí como todas se parecieron alguna vez, no hace mucho, a Alejandra Pradón. Para ellas, Silvia Suller es grasa para tenerla al lado, Zulma Faiad es divina pero está loca, las vedettes muertas fueron geniales, Roberto Giordano fue una opción y Miguel(ito) Romano es eterno; Roberto Piazza es la esencia y Jorge Ibáñez la sorpresa, Miami es la ciudad, Punta del Este una fiesta, Teté es la muda, los gays son mariquitas, el público es la gente, el pueblo las eligió, los dólares son los dólares, las cirugías son retoques, Ludivica Squirru es lo más, Carlos Menem un amigo, Solita una luchadora, Nacha Guevara la amiga zurda, Carmen es y será Carmencita, Cacho Castaña una diversión, Sandro un secreto, Palito un amor de persona, Susana Giménez la más viva de todas y Graciela Alfano, lejos, la rubia más linda. Todas más o menos se conocen mutuamente la vida íntima y pública o la suponen mejor que nadie. Pero casi ninguna se mete a defender a la otra si salta algún dato en referencia a la última dictadura militar, el telón y la sábana. Ahí se abren todas y ninguna jamás admitió, siquiera, un regalo castrense (menos un arrime militar). Pero de Menem hablan todas y lo que siempre aparece sobre estas (por entonces) chicas del medio gráfico-audiovisual es la facilidad por estar siempre bajo sospecha de haberse acostado con un monstruo. Esto último (monstruo) puede ser de la profesión de índole que sea, pero la preferencia son los políticos, los empresarios, los industriales y, por entonces, los militares. En un decir general, los militares de aquella época eran más o igual de cholulos que Carlos Menem y Mauricio Macri juntos. Sobre el primero pesa el chisme de haber hurgado en las carnes de Alfano mucho antes de ser presidente. Sobre el padre del segundo es donde también hurguetea el chisme.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Si es como dicen, a Susana Giménez le gusta mucho la plata y el juego y a Graciela Alfano lo que le gusta es el poder. La primera es una empresa multimillonaria (también en disputa oficial) y la segunda, al parecer, hace lo que sea con tal de estar, al menos, cerca de su inmanencia. Para Graciela Alfano, tan Ingeniera Civil como Juan Carlos Blumberg y Jorge Telerman, el poder es cualquier cosa que la acerque, al menos, como en un chispazo, a lo único que supo hacer en su vida y le salió bien: Inducir a la masturbación nacional, ser posible para el argentino onanista promedio. Esto lo supo siempre ella y así anduvo desde entonces, destilando la posibilidad de ser, ella, siempre, la gran hembra que todo argentino machista quisiera tener al lado, al menos por un rato. Fue famosa en la tele por hablarle a las tostadas y andar sin bombacha, por enamorarse de un pibe siendo jovata y atrevida, por decirlo, por calentar a Chiche Gelbrung, por prestarse a todo usando siempre la cabeza. Se la acusó de bruja, de tener pactos de magia negra, de tener poderes paranormales, de mala persona, de mala mujer, de mala madre, de mal amiga, de mentirosa, de aburrida sexualmente, de estar en los books de los mejores hoteles a disposición de cualquiera (que pagase). Ella se dice inteligente, culta, abierta y, sobre todo, buena actriz. Dice poder reemplazar tranquilamente a “una Selva Aleman en <em>Malparida</em>”, alguna vez la bañaron entera en chocolate por la tele y hasta dijo ser lesbiana (o similar) con tal de estar y de seguir estando.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Es madre pero no parece, ni siquiera cuando hace unos años casi se le mata un hijo en un accidente automovilístico en México. Fue la primera en sacar provecho de esto en <em>Showmatch</em> y se la pasó dos semanas seguidas en los programas de televisión induciendo una especie de promesa metafísica invocada por ella misma para la salvación de su hijo. Pero hay dos temas que Graciela Alfano esquiva siempre con evasivas de nena caprichosa y que, singularmente, nadie hurguetea demasiado. Uno de los temas se llama Pablo Escobar Gaviria y el amor que fue en Cali (Colombia) a fines de los 80 del siglo pasado. Amor que, dicen, casi llega a desestabilizar la familia Escobar y ser Alfano, en el caso de haber sido, hoy, la viuda del más grande y famoso narcotraficante de cocaína del mundo. Impensable. El otro tema es de quién era la voz que amorosamente le decía “Gracielita”.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Graciela Alfano tuvo un padre sobre el que ella misma no puede o no quiere o no sabe admitir que no se suicidó sino que lo asesinaron en una compleja situación jamás esclarecida y que, tiempo después de perderlo, Graciela tuvo un padrastro al que aprendió a llamar “papá” y que fue Humberto Capelli, Ministro de Trabajo durante el auge mediático de Gracielita. Así dicen que le decía, digamos cariñosamente y en furtivos y secretísimos encuentros amorosos en departamentos de la capital, mientras (ellos no lo sabían) eran vigilados por agentes de la CIA que hacían de agentes chilenos que hacían de informantes en español ante el gobierno yanqui de las actividades públicas y privadas de la junta militar de la que Emilio Eduardo Massera, que dicen que le decía amorosamente “Gracielita” a la Alfano, fue parte. Todo esto saltó a mediados de julio de este año, en Chile, al desclasificar archivos de su dictadura. Ahí apareció un memo en el que el doble agente escribió: “Sobre más antecedentes de Graciela Alfano, la actual amante de Massera, puedo informar que ésta es actriz y modelo. Está con Massera desde hace 6 meses. Últimamente se ha sabido de costosos regalos que le fueron hechos (departamento, pieles, joyas, etc.). El padre de Alfano se está candidateando para ser el futuro Presidente del Club River Plate. Aclaro que estas elecciones son verdaderas carreras de gastos y demagogia. Se descuenta que tendrá el apoyo importante de Massera”. En realidad no fue River sino Racing el club y no fue el padre sino el padrastro. Esos errores del espía sirvieron para desmentir todo este año y seguir para adelante el show de la miseria decadente de un Bottom tap hiperventilado y enfermo que se la jugó entero a un melodrama tardío por un chisme burdo de la otra, de quien lo saben todo en <em>Showmatch.</em> Sobre todo Carmen Barbieri y Reina Reech (y una eventual y archi enemiga de Alfano: Moria Casán), que navegaron por las mismas aguas turbias que aún huelen feo y a las que Marcelo Tinelli, aún, prefiere no aventurarse.</span></p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#808080;">Publicada en el diario<em> El Ciudadano &amp; la gente</em> el domingo 17 de octubre de 2010 (Rosario, Santa Fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=114504"><span style="color:#808080;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=114504</span></a></span></p>
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		<title>CARMEN BARBIERI, ENCENDIDA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 Sep 2010 01:29:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[Para setiembre del año pasado también reventaba todo en Showmatch, y todo corría bajo la amenaza de romper (de una vez y para siempre) los límites de la inquieta moral &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/09/08/carmen-barbieri-encendida/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">CARMEN BARBIERI, ENCENDIDA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="65" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/09/08/carmen-barbieri-encendida/carmen-dolida/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg" data-orig-size="1280,856" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;3.2&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;J.LUENGO&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;NIKON D3&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1282715860&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;LUENGO&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;200&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;800&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.004&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="Carmen-dolida" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg?w=1024" class="size-medium wp-image-65 alignleft" title="Carmen-dolida" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg?w=300&#038;h=200" alt="" width="300" height="200" srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg?w=300 300w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg?w=600 600w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/carmen-dolida.jpg?w=150 150w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>P</strong>ara setiembre del año pasado también reventaba todo en <em>Showmatch</em>, y todo corría bajo la amenaza de romper (de una vez y para siempre) los límites de la inquieta moral de los televidentes y, digamos, desenmascararlo todo violentamente. Todo es la vida de los participantes y sus cruces en el campo emocional de un montaje televisivo cínico y real que, como este año, cuando falta no mucho para irse de vacaciones o facturar el verano (ellos), reavivó su potencia hacia el (real o fingido) oprobio del vecino pero -como quizás también sucederá en breve- silenció todo hacia octubre con un coral de chicos del norte argentino y un especial sobre el oficio de ser mamá que emocionó a todos. Sobre todo a ellos, todos los que participan, esa cruza multimedia de persona y personaje audiovisual, que a la semana volvieron a incendiarse. Este año, todos ellos, parece, van por más.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Encender la mecha</strong></p>
<p style="text-align:justify;">No se sabe quién fue (pero se intuye) el primero que, por decir, en una reunión de producción se le cruzó la idea de reemplazar, en <em>Showmatch</em>, a Paddy Jones (la bailarina inglesa de 75 años) por Rocío Marengo y darle en el centro al pánico de Carmen (Luz) Barbieri: caerse y volver, según sus propias palabras, “a la época de los boliches gays, de las giras por el interior para dos personas”, etc. Lo que sí se supo es que la treta fue urdida y aceptada de antes, que reventó en vivo (grabado) hace dos semanas y que puso en marcha y recalentó motores, todos dispares, todos y todas las ofertas, todos caros y siempre queriendo, al aire, de todo un poco más. La ligó Carmen Barbieri entonces esta vez, que muy bien no andaba parece, y a quien aún quizás le pesa (y le hacen pesar) las frases que Moria Casán una vez le escrutó, y que de sólo recordarlas el pánico la derrumba. A Carmen, que llora por el esfuerzo. Y se justifica. Siempre al aire.</p>
<p style="text-align:justify;">Además de decirle “Cara de pato con cuerpo de lavarropas» y “Cara de Patoruzú”, Moria Casán, una vez, la atacó donde más flaca tiene la vida Carmen: su seguridad. “Se victimiza de acuerdo a los dedos de (Federico) Hoppe, que va marcando el rating”, dijo Moria sobre la participación de Barbieri en <em>Showmatch</em>. Y agregó: “A los que manejan los hilos no les importa nada y el resto se muere por protagonismo. A Carmen le duele volver a la gira porque es muy sacrificada. Creo que tiene miedo a perder lo que consiguió. Cuando empezó me atacó a mí. Carmen jugaba a ser Moria. Y puede ser que el éxito de grande hace que sean más resentidos. Hay gente que es adicta al sufrimiento. El bienestar les molesta y empiezan a buscar el pelo al huevo”. Ahí Carmen es flaca y lo saben muchos. Hasta Tinelli. Pero a nadie le importa. Ni siquiera a la Carmen misma le importa el bienestar cuando el personaje empieza a engordar y a pedir ficción. Esa ficción Carmen la saca de su vida como legalizando, así, un letargo culpa del destino, que es real.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>La luz de Carmen</strong></p>
<p style="text-align:justify;">El fulgor de la Revista ya sonaba mítico, el año era 1986 y la televisión argentina estaba llena de telenovelas y programas de humor. Mirtha Legrand, según ella misma, estaba prohibida y hacía un programa para el interior del país que no salía en Buenos Aires. El noticiero era un monopolio que se llamaba <em>Nuevediario</em> y Jorge Lanata estaba a punto de aparecer. Alejandro Romay descubría y probaba talentos, Bernardo Neustadt y Mariano Grondona eran uno y asomaba, apenas, Antonio Gasalla. Alberto Olmedo estaba vivo y era inmenso por la pantalla chica y las, a ver, chicas de la tele tenían la misma ambición que ahora. Casi la misma intención salvaje de <em>Belle Époque</em> de las pampas, de <em>Dolce vita</em> real y desentendida tenían las chicas. Mostraban todo para una revista (la de papel y la otra) y más de una se volvió loca por el exceso. Los señores mayores del humor nacional las mataban de risa y ellas sólo se dejaban hacer, se paseaban en bolas, contentas. Pero las muchachas de entonces eran más calladas (o más estúpidas). Como (al voleo) Adriana Aguirre, Adriana Salgueiro, Susana Traverso, Noemí Alan, Mónica Guido, Sandra Villaruel, entre otras más jóvenes. O no tanto. Como Cris Morena, quien por entonces andaba como a la expectativa digamos, ya cansada de estar haciendo de ascensorista gritona en un programa que, con el tiempo, devino mito: <em>Mesa de noticias</em>. Carmen Barbieri y Santiago Bal eran parte del elenco por entonces, de un enorme y, por decir, variopinto elenco encabezado por el “Benemérito Señor Director” Juan Carlos Mesa y secundado por Gianni Lunadei, que hacía de De la Nata y le decía al gordo que le pertenecía. El programa tuvo una versión teatral paralela y fue allí, en una función de enero de 1986 más precisamente, donde Carmen Barbieri (con 30 años para 31) se volvía a enamorar de un hombre mucho mayor que ella y de una profesión parecida a la de su padre (Alfredo Barbieri).</p>
<p style="text-align:justify;">Carmen Barbieri siempre dijo que Jorge Porcel fue un hombre importante en su vida y lo demostró una vez, en un reportaje en la tele, cuando contó cómo ella en reiteradas oportunidades lo había bañado a Porcel ya que la obesidad de éste le impedía hacerlo solo. Un gesto de amor, dijo. El amor es un señor maduro para Carmen Barbieri y aquel verano de 1986, arriba de un escenario, se lo volvió a demostrar a sí misma. En una inerte escena donde ella sólo le tenía que pasar un papel en blanco a Santiago Bal (49 años por entonces), ahí, en ése papel en blanco y ése día en cuestión ella había escrito “Me estás gustando”. Y era para Santiago Bal el piropo nomás, quien adiestrado en actuar los objetos y tocar colas arriba de un escenario no vio el papel hasta tres días después. Fue entonces cuando le dijo a Carmen que no se hiciera ilusiones con él, que estaba grande y enfermo. Pero a Carmen, dicen, no le importó nada de eso y empezaron a salir. Santiago, tal cual había profetizado, tuvo cáncer y una deficiencia renal que le produjo un deterioro muy grave. En once meses lo operaron diez veces y Carmen, menos astuta que muchas de sus colegas por entonces menemistas, no daba pie con bola sobre el futuro de su profesión. Ahí fue cuando Carmen Barbieri, impedida de pantalla e impedida de asumir un rol que ya no era su presente, se convirtió en la primera en hacer visible la situación de las, digamos, vedettes (o cuasi) ya entradas en años que con más varieté, revistas y televisión que cintura, poco acomodadas ellas (pero más laxas de sentido) iban arribando a la televisión argentina para, literalmente, hacer lo que sea con tal de no desaparecer para siempre. De algunas no se sabe nada, otras se casaron “bien” (otras no), Silvia Pérez hizo una película extraña y triste, Graciela Alfano y Reina Reech son dos casos aparte y Carmen hizo de mamá por un tiempo en <em>Cebollitas</em>, el equipo de nenes que cantaba contento el hecho de salir segundos. Pero recién en 1997, un reemplazo al parecer pasajero le dio la señal de lo que vendría. O no tanto. La cuestión es que el programa fue <em>Movete</em>, que conducía Georgina Barbarrosa (otra sobreviviente) y a quien Carmen reemplazó para siempre, se vio después. Tanto, que al año siguiente, las dos competían con programas similares, a la misma hora y en distintos canales. Fue la peor época en cuanto a la salud de Santiago Bal. Pero Carmen, que hacía público todo su pesar económico y familiar, se empezaba a sentir cómoda con su cuerpo nunca flaco por la tele, ya cobrara sueldos altos y se hacía ilusiones de más. Entonces apareció Marcelo.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Movete Carmen</strong></p>
<p style="text-align:justify;">El 2006 arrancó la temporada televisiva con un <em>Showmatch</em> que inauguraba un nuevo segmento, formato derivado de los <em>realities</em> y pergeñado por los mexicanos de Televisa. Empezaba entonces la primera de las temporadas de <em>Bailando por un sueño</em> que con el tiempo se fue fagocitando todo el programa hasta transformarse en lo que hoy es <em>Showmatch</em>: un boliche bailable. De todas maneras, Carmen Barbieri, con ese cuerpo no flaco y la siempre mención a su esfuerzo, sacrificio y penurias varias, ganó el certamen y se fue a Mar del Plata a encabezar una revista con Miguel Angel Cherutti, que estaba recién divorciado de Nito Artaza (hoy Senador Nacional). Pero Carmen ahí quiso otra cosa, quiso más, quiso reparación histórica digamos, y se cortó sola armando su propia compañía teatral con su recién recuperadísimo marido a la cabeza, como director y autor, volvió otra vez a <em>Bailando por un sueño</em> (salió decima) y ahí Tinelli, desde entonces, la hizo jurado.</p>
<p style="text-align:justify;">Todos los años la hacen saltar por lo mismo y cada vez más hinchada, Carmen, siente la cercanía del borde. Pero después se le pasa y estrena una revista llena de gatos quilomberos que luego se disputarán la participación en un próximo <em>Bailando por un sueño</em>, donde las espera Marcelo Tinelli, entre <em>El Telo y la Tele</em>, como la ¿peculiar? película que escribió Ricardo Talesnik (<em>La fiaca</em>, <em>Cien veces no debo</em>) y dirigió Gerardo Sofovich (el padre y el abuelo putativo de muchas) en la que Carmen era más suelta de ropa y de ganas.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Se viene la quema</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Este año que ya promedió Marcelo Tinelli &amp; Cía. decidieron (supongamos que suceda esta acción) blanquear y sacarle provecho a lo que muchos ignoraban o se hacían los sotas desde hacía años: <em>Showmatch </em>sólo es en vivo y en directo dos días a la semana (lunes y martes) y el resto (jueves y viernes) se graba de un solo tirón el martes mismo y/o siguen los miércoles. Mientras, de día y por la tele, se especula sobre lo que se vio en vivo y se entregan y difunden y comentar y hasta defienden y descartan hechos desafortunados durante las grabaciones que aún, según el día de la semana, no sucedieron. De la tarde también se avivaron este año y hasta los programas satélites Tinelli quiere para sí. Hasta Telefé inventó una hora de <em>Zapping Diario</em> dedicado a <em>Showmatc</em>h, y la corrió a Solita y la mandó a hacer teatro con Javier Daulte para recuperarse.</p>
<p style="text-align:justify;"><em>Todo por un sueño</em> fue el título en español para <em>To Die For</em>, de Gus Van Sant, que termina con alguien de la tele congelado y una escena de patinaje sobre hielo. No se sabe quién fue el iluminado que decidió cambiar el título con un leve pero por demás toque de ironía, que tiñó de cierto guiño paródico a una película que no lo tenía. Pero estamos cerca de su suceder. Del guiño se habla acá, y ojo, lo de suceder es en la tele, donde todo es mentira.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;"><strong>LEONEL GIACOMETTO</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>PUBLICADA EN EL DIARIO</strong><strong> </strong><strong><em>EL CIUDADANO</em></strong><strong><em> </em></strong><strong>EL LUNES 6 DE SETIEMBRE DE 2010 (ROSARIO, SANTA FE, ARGENTINA)</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=96032"><span style="color:#c0c0c0;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=96032</span></a></strong></p>
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		<title>CRÓNICA DE LA TeVé IRACUNDA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 00:54:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[Al menos por contraste, la imagen, la intención y el canal de sentido de Crónica Tv marcó tendencia en su momento y empezó a delimitar (visualmente, aunque más no sea) &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/08/19/cronica-de-la-teve-iracunda/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">CRÓNICA DE LA TeVé&#160;IRACUNDA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="106" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/08/19/cronica-de-la-teve-iracunda/dsc_0007/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg" data-orig-size="1500,1043" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="DSC_0007" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg?w=1024" class="size-medium wp-image-106 alignright" title="DSC_0007" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg?w=300&#038;h=208" alt="" width="300" height="208" srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg?w=300 300w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg?w=600 600w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/dsc_0007.jpg?w=150 150w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><strong>A</strong>l menos por contraste, la imagen, la intención y el canal de sentido de Crónica Tv marcó tendencia en su momento y empezó a delimitar (visualmente, aunque más no sea) usos y abusos de lo que todos los días aparece en la televisión argentina como “información”. Y le pese a algunos y lo consideren un exceso otros, junto con una necesidad casi formativa y literal de “estar en todos lados”, el humor en Crónica Tv tuvo y tiene cierta autonomía, digamos, conceptual. O sea, es como si a Crónica Tv le importara tanto todo como al mismo tiempo le diera todo lo mismo: Los desastres naturales, Mauricio Macri, los partidos políticos, el Gobierno, el fantasma Sandro, los accidentes de tránsito, el fútbol, lo que se llama inseguridad, el estado del tiempo, la lotería, el turf, el pitufo Enrique, Jorge Asís, Comodoro Py, Fernando Burlando y Silvina Escudero, sin niveles, sin pesos, sin impedimentos morales, sin rutina pasa y pasa todo sin agotarse nunca (salvo cuando repiten y repiten recitales). No tienen género en Crónica Tv y aquí ingresa, alta y un poco desordenada, Anabela Ascar y su programa diario en vivo al atardecer (y repetido siempre, después, a toda hora, en todo momento, en todo canal).</p>
<p style="text-align:justify;">Su nombre es con doble ele pero ella se sacó una para lo mediático. Fue azafata de Aerolíneas Argentinas desde 1982 hasta 1991. Se fue a probar suerte a Canadá pero al año volvió. Estudió Turismo, Locución y Traductorado (literario) de inglés mientras era movilera de la por entonces nueva señal de cable Crónica Tv. Pasó a Presentadora de noticias, donde primero parecía medio estúpida frente a cámaras, siempre rematando las noticias dadas con algún chiste sombrío y sin gracia. Aprendió a soltarse y llegó a Productora ejecutiva de ese canal. Tiene una perra fea que se llama Dominga que aparece siempre por ahí, al aire. Estuvo en pareja mucho tiempo con el dueño del canal, Héctor Ricardo García, también dueño y fundador del diario Crónica, pero se separaron a fines del año pasado. Hace poco se la vinculó amorosamente con el gobernador puntano Alberto Rodríguez Saá pero todos saben en San Luis que eso no es cierto a pesar que, en breve, comenzará “Vamos adelante”, un magazine semanal en el Canal 13 de aquella provincia. Habla de “Los reinos” y de una búsqueda espiritual que viene de lejos. Sabe de vida extraterrestre y es defensora de los animales (caballos y perros, sobre todo). En varias entrevistas que le hicieron dijo que “la vida es un gran telar donde todos los hilos son necesarios, que todos en la televisión están dando una impronta energética y son un referente social necesario para la sociedad, que nadie está por casualidad en los medios de comunicación, y que la televisión es una gran espejo en donde todos los televidentes se pueden ver reflejados”. Decires de una mujer que parece contenta al aire y que dice no creer en la competencia. “Nadie puede hacer lo que vos viniste a hacer a este mundo, nadie. Solo Vos. Cada uno es único e irrepetible. Es cuestión de `ser´ lo que sos y punto. No hay nada extraordinario. Animarse a hacer lo que uno siente”, afirmó en una entrevista suelta de boca, y de mente, como parece.</p>
<p style="text-align:justify;">El pasado 9 de agosto cumplió 47 años y en Crónica Tv se lo festejaron en vivo y al aire, rodeada de toda su gente. Lo de gente se refiere a muchas de las personas que pasaron y pasan por su programa. “Hechos y protagonistas con Anabela Ascar” se llama el programa. Así nomás y viene apareciendo por Crónica Tv desde 2008. Desde entonces la gente que pasó por su programa fue más una fanfarria con liturgia que una galería de personajes freaks. Lo de freaks es muy discutible y la mayoría de los que pasan por el programa de Anabela Ascar no son personajes, sino personas. Como Zulma Lobato, que es una persona y que hace lo que puede con la cabeza como la debe tener y un pasado que en cualquier momento se hace presente y futuro. Desde ahí, desde Zulma, para arriba, para abajo, para atrás, para adelante y para los costados pasaron todos los que, o nunca tuvieron su momento para mostrarse y certifican su fe ahí, o los que pasaron y hoy quieren volver a la tele, aunque sea para criticarla. La lista es enorme y va en aumento. Pasó un hombre que dijo que su jefe le había implantado un microchip, pasó una obesa stripper y contenta, un escritor disfrazado de orangután, más de un esquizofrénico, algún vivo pasó, varias viudas e hijos de famosos muertos pasaron, dobles, travestis artistas, enanos cantores, gente incluida en otro tipo de realidad digamos, entre muchos otros. La bisagra de su popularidad fue la entrevista primera a la mencionada Zulma Lobato, que había ido en primera instancia para denunciar maltrato policial a las travestis de su zona. Pero, también, por su programa pasan actores en desuso que la televisión los convirtió en esa palabra una vez utilizados (mutuamente). Como Beatriz Bonet, que entrevistada por Anabela dijo, entre otras, que su carrera no avanzó por no querer desnudarse y que ahora la fama la mira desde otra vereda.</p>
<p style="text-align:justify;">A Anabela Ascar los medios audiovisuales y gráficos le dicen “La reina del periodismo bizarro” pero no es tan así. No por ella sino por el término mismo y lo que los mismos medios reclasifican a favor de unos y en contra de otros. Usado como se usa en la televisión actual, lo bizarro divide, de alguna manera, las clases sociales que habitan y hacen posible lo mediático con un afán que bordea lo discriminatorio. Por ejemplo: Una travesti de nombre La Giovanni que baila dando puras vueltas completas y que al girar se le escapan los testículos, ante la mirada de la tele, es bizarro. Pero Ricardo Fort es excéntrico y suena mejor. Aníbal Pachano, por supuesto, un artista.</p>
<p style="text-align:justify;">Para sostener un imperio, Adrián Suar y Marcelo Tinelli tuvieron y tienen (sobre todo el segundo) que acceder y rendirse al doble juego de “no querer queriendo” engrasarse hasta las medias para explotar una mina de oro que, descubrió Tinelli, le sale fácil y lo convierte en, por seguir un proceso histórico-televisivo, zar mediático sin mucho esfuerzo. A fin de cuentas sólo necesita “hacerse ver, estar y arrojar nafta al elenco para después apagar los focos y recomenzar” con la misma actitud cínica que ya había empleado años atrás con el digamos aparato político. Por eso, si para sostener a Marcelo Tinelli, éste (el mismo Marcelo Tinelli) tuvo que mostrar lo peor de sí lo más solapadamente posible camuflado en ser, por decirlo así, el resultado de lo que el público quiere ver y lo que todo aspirante a “artista televisivo” desea, entonces, Anabela Ascar es David Lynch y Chiche Gelblung, por decir, Ricardo Bartís, el director de teatro porteño. Lo bizarro también baila por un sueño, pero mal intencionado. Y Miami sigue siendo, para la troupe Tinelli, un lugar para habitar en el mundo.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces, llámeselo “mal menor” o tómeselo como viene, la personalidad que muestra Anabela Ascar hoy por hoy al aire escapa a la media habitual. Dejando de lado a Susana Giménez y a Mirtha Legrand (y a las de “Mañaneras” desde el vamos), sólo basta con tener cable y andar por ahí en los programas conducidos por mujeres de mediana edad, o simplemente verla a Liliana López Foressi, que volvió a la pantalla con un tono demasiado soberbio para la cuestión (y la cara deshecha de rencor). Anabela Ascar parece frontal, desenvuelta, abierta, compinche, firme y serena. Se ríe fácil y hasta parece que esconde algo. Pero el guiño más sobresaliente que tiene Anabela sobre la teleaudiencia es mirar a cámara, casi sonriendo apenas, cada dos por tres, mientras por decirlo así y generalizando, “el invitado” hace su gracia, como entre un Hola y un Adiós, como compartiendo una sensación mira Anabela, la de vastedad del mundo, la de amplitud frente al dilatado esfuerzo de muchos por, digamos, “ser” algo para otros desde una pantalla y tener algún tipo de redención, o algo así. Ahí Anabela Ascar puede afanarse de generar algo sobre el público. Lo de algo no tiene definición y ni ella, aún, sabe qué es. Pero se la banca.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;"><strong>LEONEL GIACOMETTO</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong> </strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>PUBLICADA EN EL DIARIO</strong><strong> </strong><strong></strong><strong><em>EL CIUDADANO</em></strong><strong><em> </em></strong><strong><em></em></strong><strong>EL LUNES 16 DE AGOSTO DE 2010 (ROSARIO, SANTA FE, ARGENTINA)</strong><strong> </strong></p>
<p style="text-align:justify;"><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=82646"><strong><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=87407</span></strong></a></p>
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		<title>UNA POSIBILIDAD DE SER REAL</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Aug 2010 22:45:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    En el mediodía del 22 de julio pasado, en la localidad bonaerense de Pilar, en una sucursal del Banco Nación rodeada de dependencias policiales y locales comerciales, un &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/08/03/una-posibilidad-de-ser-real/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">UNA POSIBILIDAD DE SER&#160;REAL</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/pilar1.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="108" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/08/03/una-posibilidad-de-ser-real/pilar-2/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/pilar1.jpg" data-orig-size="976,1132" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="pilar" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/pilar1.jpg?w=259" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/pilar1.jpg?w=883" class="size-medium wp-image-108 alignleft" title="pilar" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/08/pilar1.jpg?w=194&#038;h=300" alt=""   /></a><span style="color:#000000;"><strong>    E</strong>n el mediodía del 22 de julio pasado, en la localidad bonaerense de Pilar, en una sucursal del Banco Nación rodeada de dependencias policiales y locales comerciales, un grupo de delincuentes ingresó y en decenas de segundos robó todo lo que pudo. Fueron segundos y huyeron. Intentaron hacerlo, más bien, porque en la puerta del Banco un tiroteo con la policía los obligó a dispersarse, arrojar el dinero a la vereda y rajar por donde pudieran. Pero uno no logró salir del banco y, rápido, tomó de rehenes a toda cuanta persona estaba dentro. Ahí comenzó todo.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Duró casi cinco horas y fue raro. Más raro aún que el de Ramallo en 1999, pero sin la violencia torpe, las imprecisiones impuestas, la sangre con implicancias políticas y demás cuestiones que estuvieron allá y aún no aparecieron aquí después de la toma de rehenes en Pilar el 22 de julio pasado. Tampoco se supo el monto que se intentó robar, ni qué fue de todos esos billetes que quedaron tirados en la calle mientras todo sucedía. Lo que sí se supo, más o menos, es la cifra de rehenes que este sólo delincuente mantuvo durante todo ese tiempo, y de la que la televisión no logró en ningún momento dar con un número exacto. Alrededor de sesenta personas fueron, entre empleados y clientela, los que estuvieron encerrados en las instalaciones del Banco Nación. Hasta un chico encerrado en un baño del segundo piso hubo, hijo del gerente, y del que el delincuente nunca se enteró. En comunicación directa con Guillermo Andino, decenas de minutos después de empezado todo, y por América TV, se supo que el delincuente se llamaba Jonathan Josué Coronel pero “Decime Cheto” le dijo a Andino, que hacía rato no respiraba y se le había hinchado la cara. En Telefé, mientras tanto, hablaban de dos delincuentes dentro del Banco que se llamarían “El Cheto” y “El Chilenito” pero que después se supo que era uno solo con dos apodos.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Dijo tener veinte años, dijo tener HIV, dijo estar jugado y tener una bomba. Pidió un coche, pidió cámaras para salir, pidió ser enfocado, pidió alejar a los policías que estaba viendo por la tele dentro del Banco (les decía “Cobanis” y más de un conductor sonreía con esa palabra), pidió pizzas, pidió que en todas las pantallas de todos los televisores pudiera leerse “Leyla te amo y Jessica te amo”, sembró empatía con una jubilada rehén que según le dijo El Cheto se parecía a su abuela, y armó un porro con un billete de cien pesos. Todo esto le confirió una personalidad mediática que más de un periodista empezaba a encadenar livianamente con la rutina de traer a la memoria la película <em>Tarde de perros</em> cada vez que hay una toma de rehenes. Habría que recordar una película posterior de Sidney Lumet, de 1976, <em>Network</em>, en la que un conductor de noticieros gritaba desesperado a las cámaras su despido por bajo rating gritando “Estoy trastornado como el infierno, y no voy a soportarlo más”, y que después hacía una religión mediática con esa frase, reclutaba espectadores fanáticos, rearmaba su propio show con eso y moría baleado y traicionado, en vivo y en directo en quince segundos por televisión y no en horario central. Pero El Cheto se entregó fácil por lo que se vio por la tele, a pesar que todas las comunicaciones telefónicas que se vieron y escucharon fueron violentas y algo absurdas. Pero ya pasó.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Podrían ser las dos acciones juntas que se retroalimentan de golpe pero, o todo delincuente que se apresta a un asalto de estas dimensiones lleva consigo, además del instrumental para el robo en sí, un papelito con los números de los canales de televisión anotados por “las dudas”; o cada vez que se asalta y se toma rehenes en lugares oficiales y/o públicos los productores, los periodistas y los conductores de los noticieros sienten, de algún modo, la necesidad en “entrar” al hecho de forma explícita y así, de algún otro modo, poder “hacer algo” de manera concreta sobre el curso de las posibilidades. Esto último es la vida de las personas (nada menos) y no sólo implicaría eso sino, también, que la maquinaria que impulsa la televisión se sirviera directamente de la, digamos, real realidad para sus propios fines. O sea, hacer plata sin pagarle a nadie y manipular el rating con el mismo ritmo del minuto a minuto con el que, por ejemplo, especula Marcelo Tinelli todo el tiempo (en vivo y grabado). Los noticieros especulan con la construcción de una narración que intenta desplegar los engranajes de la moral, por decirlo así, casi a la manera de los cuentos con moralejas, como las fábulas de Esopo, como definiendo y demarcando el bien y el mal, como ciertos cuentos infantiles, como las religiones, como las investigaciones de tenor canallesco de Facundo Pastor, como la seriedad impuesta y medio abúlica de Luis Novaresio, como el traje enrome que tenía El Cheto, y como esos zapatos náuticos marrones que calzaba y las cejas afinadas que tenía. Todo puede ser tan válido como intrascendente en la televisión y a veces no basta con cambiar de canal.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Pero, además de informar (situación un tanto degradada y sin forma sustancial en cuanto a que alguien se entere concretamente de algo), ¿qué cosa se pone en juego dentro de un noticiero cuando aparece un asalto con toma de rehenes? La posibilidad de ser real, el medio por el cual la televisión podría directamente accionar sobre el acontecer real de un suceso con devenir confuso y enredado, en el cual todo (absolutamente todo) podría suceder. Y hacerlo ficción, proporcionarle personajes, situaciones, continuos, <em>scherzos</em>, protagonistas, héroes, villanos, relatores, jueces, victimas, extras, tirar siempre para el lado de la tragedia. Pero es el grotesco el género nacional y habría que explicar eso alguna vez.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Como sucedió otras veces, el pasado 22 de julio, la televisión intervino y, como siempre sucedió también, nadie quedó conforme con su accionar. Nadie es un decir. Desde la tele, los protagonistas directos, los conductores de los noticieros, las caras que se ven en la tele hoy “miran todo de otro modo a pesar del mal rato”. “Pero valió la pena”, dijo Guillermo Andino sentado a la mesa de Mirtha Legrand la semana pasada. Ramón Andino, hace mucho, fue el conductor estrella del noticiero del por entonces Canal 11 y una vez (y para siempre) en uno de los cortes publicitarios del noticiero se fue al baño y borró la línea que lo separaba con el más allá. Lo sucedió su hijo menor, Guillermo, quien desde entonces mantiene como ninguno el estereotipo de lo que se debería ser siendo rubio, pulcro y accionado siempre sobre lo “bienpensante del sentido común”. A eso dice que apeló en las comunicaciones con El Cheto y es casi imposible detectar si Andino, que seguramente no toma la gaseosa que promociona, cuando escuchó el sonido del seguro de la 9 mm que tenía el delincuente, ahí, decía, no se puede saber si Andino cerró los ojos como maldiciéndose a sí mismo por estar ahí en ese momento siendo el que es (“No soy mediador, soy Guillermo Andino”, le dijo a El Cheto por teléfono), o porque sabe tanto de televisión que encontró, con esos gestos, redimirse a sí mismo y entender el sentido de la vida (sobre todo de la propia). No importa. Ya pasó.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    “No tengo que decirles que las cosas están mal. Todo el mundo sabe que están mal. El dólar cuesta monedas, los bancos están quebrando, los vendedores guardan un arma bajo el mostrador, los punks corretean salvajemente por las calles, y no hay nadie en ningún sito que sepa qué hacer. No hay fin para esto. Sabemos que el aire no es apto para respirarlo y que la comida no es apta para ser comida. Nos sentamos mirando nuestra TV mientras algún locutor local nos dice que hoy ha habido quince homicidios, sesenta y tres crímenes violentos, como si esa fuera la forma en que debe ser. Sabemos que las cosas están mal, peor que mal. Es una locura, es como si todo en todos lados estuviera enloqueciendo. Así que no salimos más. Nos sentamos en la casa y lentamente el mundo en que vivimos se vuelve más pequeño, y todo lo que decimos es: `Por favor, al menos dejanos tranquilos en nuestra sala de estar. Déjenme tener mi tostadora, mi TV, mi radio y no diré nada… sólo déjennos tranquilos´. Bueno, no voy a dejarlos tranquilos. Quiero hacerlos enojar. No quiero que protesten, no quiero que escriban a los miembros del congreso, porque no sé qué decirles que escriban. No sé qué hacer sobre la depresión, la inflación y los rusos. Y el crimen en las calles. Todo lo que sé es que primero deben enojarse y tienen que decir: Soy un ser humano, maldita sea, mi vida tiene valor”. Eso pregonaba al aire el conductor de la película <em>Network</em> cuando lo despidieron del canal pero le permitieron un último adiós con su público. Y parecía real cuando lo decía. Pero no. La televisión es una ilusión verdadera. Hay que tener ojo, a veces.</span></p>
<p style="text-align:right;"><strong> Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario El Ciudadano &amp; la gente el lunes 2 de agosto de 2010 (Rosario, Santa fe, Argentina) /<a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=82646"><span style="color:#000000;"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=82646</span></span></a></p>
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		<title>LA MUTACIÓN ROJO CANOSA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 23:09:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[    La mutación se puede heredar o se puede transmitir. En la televisión argentina, donde todo sucede a ritmos velocísimos, quienes la hacen, la comentan, la producen, la visitan, &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/07/24/la-mutacion-rojo-canosa/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">LA MUTACIÓN ROJO&#160;CANOSA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/07/canosa1.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="46" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/07/24/la-mutacion-rojo-canosa/canosa-2/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/07/canosa1.jpg" data-orig-size="500,432" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="canosa" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/07/canosa1.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/07/canosa1.jpg?w=500" class="size-medium wp-image-46 aligncenter" title="canosa" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/07/canosa1.jpg?w=300&#038;h=225" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>    L</strong>a mutación se puede heredar o se puede transmitir. En la televisión argentina, donde todo sucede a ritmos velocísimos, quienes la hacen, la comentan, la producen, la visitan, la hablan, la pagan y la actúan deben presentar, de alguna manera, una predisposición genética para, súbitamente casi, cambiar y alterarlo todo siempre al amparo de estar, digamos, respondiendo a necesidades propias y personales en función del otro que está mirando del otro lado de la pantalla. Esto es tan cierto como falso pero, con más o menos cinismo, la persona de la tele que muta acciona, primero, sobre el por qué de ese cambio dando, a veces, justificaciones y argumentos que, según el caso, manipulan a sabiendas de lo que el motivo por el cual se produjo esa mutación pudiera representar en términos de rating y popularidad más adelante. Esto debe leerse, más bien, en términos económicos. Pero esta especulación sobre el cambio, también, responde a respuestas y contra respuestas de las acciones o mutaciones de otros que están en la tele, sobre todo si están a la misma hora, pero en otro canal. La televisión no es un medio, es un mundo (habitado).</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Viviana Canosa, que en marzo de 2011 cumplirá 40 años, empezó en la televisión argentina como locutora, pasó de periodista a panelista y luego a conductora. Es dueña de una cabellera roja, artificial y llamativa, que una marca argentina de pinturas, una vez, como lo hizo también con Raúl Lavié, supo aprovechar (Lavié era el negro de esa marca, Canosa el rojo y, entre otros, un actor ya fallecido -Héctor Malamud- era el verde). De la mano de Gerardo Sofovich hace unos años hizo teatro (un decir) formando parte del elenco de “Una familia poco normal”, con autoría y dirección del propio Sofovich. Condujo y conduce radio, también, pero en marzo de 2010, arrancó una nueva temporada de su programa televisivo (“Los profesionales de siempre”) mutándole el nombre y conjurando una intención. Hoy, cuatro meses después, sólo queda el nombre nuevo y si no volvía rápido a mutar, las consecuencias podrían haber afectado su existencia (televisiva).</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    La presencia de Viviana Canosa en la tele se remonta a mediados de la década del 90 del siglo pasado, por Canal 9, formando parte del staff de periodistas-panelistas-noteros de Samuel Chiche Gelblung en “Memoria”, programa (hoy marca registrada casi) que arrancó con la conducción del propio Chiche y Silvia Fernández Barrios, aquella periodista que, cubriendo en vivo el desastre de escombros entre vivos y muertos que había dejado, en Buenos Aires, el atentando a la Embajada de Israel (el 17 de marzo de 1992), proclamó a todo el que quisiera escucharla (ahí y por la tele) que alguien le había tocado la cola. Viviana Canosa, por entonces, medía su cinismo con sarcasmo y una apariencia de, por decir, “seria, metida e informada”. Pero quería más, parece, y así, en 2001, pasó a formar parte de “Intrusos en el espectáculo”, programa ideado por Jorge Rial quien ya hacía unos años se había distanciado de Lucho Avilés y venía con (muchas) ganas de monopolizar todo el, digamos, mercado del chimento televisivo. Por ahí, en aquellos años, pero en otro canal, andaban Susana Rocasalvo y Carlos Monti, entre chismes y “trencitos” pero ésa es otra historia, con final parecido, pero más berreta.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Algo sucedió en 2002 entre Viviana Canosa y Jorge Rial (se le suma Luis Ventura, que sería Polonio de ser Hamlet Rial) que provocó una contienda televisiva feroz, grosera y entretenidísima que aún hoy persiste. Los motivos por los cuales Viviana Canosa mutó reproduciendo el modelo “muerdo la mano del que me da de comer” que Rial había implementado años antes con Avilés, por arriba, tuvieron el mismo factor determinante: discrepancias entre ciertos contenidos de ciertas notas que salieron al aire en su momento. En el caso de Rial con Avilés, fue una nota que le hizo el propio Rial enviado (a la fuerza, parece) por Avilés al (hoy muerto) hermano de Susana Giménez que por entonces vivía (otro decir) en un neuropsiquiátrico (público). Canosa, dice ella en su versión, se vio violentada en su moral cuando Rial, supuestamente, le “montó una cama” con cámaras ocultas al primer ganador del Gran Hermano, Marcelo Corazza, para demostrar que, no sólo éste era gay sino que también andaba con menores de edad. A pesar que la moral, siendo parte o siendo espectador, no viene al caso en la televisión, Viviana Canosa, entonces, decidió alejarse. Lo que no le dijo a Rial en su momento fue lo que corría por debajo, en off, y que desató la furia incontenible del conductor: desde hacía meses tenía firmado un contrato con Daniel Hadad (por entonces dueño de Canal 9) para un programa similar en el que la colorada sería la conductora estrella. Y, más o menos, así fue. Pero dicen que Hadad (más rápido que Majul, Chiche, Rial y Ventura juntos) quiso, con Canosa, reinventar el mito Susana Giménez. Pero no le salió y, por alguna cuestión, “Los profesionales de siempre” duró sólo un año. Arreglos mediante, destinos comparados, informaciones cruzadas y solapadas astucias, en 2006, reapareció Viviana Canosa en la pantalla del 9 hasta fines del año pasado dándole batalla a Rial, y pregonando siempre una distancia casi conceptual del hecho de ser, por decir, chimentero.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    En 2007, mientras Jorge Rial había mutado y en paralelo conducía “Intrusos en el espectáculo” por América TV y “Gran Hermano” por Telefé, Canosa se subió al helicóptero de Hadad y sobrevoló la casa de Gran Hermano, en un golpe de efecto que nadie, ni siquiera Rial, se esperaba. Fue la primera vez, mundial casi, que por unos minutos se suspendió la emisión directa de “Gran Hermano”. Esto posibilitó a Canosa, por decir, un descargo televisivo en el que, de algún modo, actuación mediante, se despachó contra todo el mecanismo televisivo y, convencida desde el vivo y directo de la tele, pisar fuerte. “Me levanto a las 5 para ir a la radio y me voy de acá a las 10 de la noche. Todos los días. Y no hago ningún favorcito de ningún tipo, ¿eh? Me rompo bien el culo laburando, cosa que muchos no saben. Yo no consigo revistas llamando, amenazando a la gente, ¿ok? Yo no estoy en un canal porque extorsiono a la gente que me contrata. Yo no. Yo no. ¿Cuántos pueden decir lo mismo? Muy pocos, ¿ok? Yo no digo que es un experimento nazi y después lo conduzco. Claudio (Villaruel), ¿no te da vergüenza? A Susana Giménez te la hizo mierda durante todo un año y lo tenés en tu pantalla. Asco debería darte. Asco, señores, asco debería darles. Tener en cámara a un tipo que te despedazó a la figura más importante de la televisión. Asco. Pero no importa. Ésta es la televisión. Es un medio fabuloso. Somos todos una gran familia, ¿ok?”. Le hablaba directamente al por entonces gerente de programación de Telefé, Claudio Villaruel, quien ya años antes se daba de mordidas mutuas con Marcelo Tinelli cuando éste estaba en el canal de la pelotitas. Fue en setiembre de 2007 y, para el final de su descargo, arremetió directamente contra Rial, de quien dice ella que aprendió lo mejor y lo peor. “Yo no tengo sexo con la gente que me contrata. No tengo. Nunca tuve. No sé de qué se trata. ¿Cuántas pueden decir lo mismo? ¿Cuántas? Yo no me llamo ni 30 Lucas, ni 80 Lucas, ni 200 Lucas, ¿ok? Nunca me cagué de hambre, por suerte. Pero me podría haber cagado de hambre porque todos me cerraban las puertas. ¿Y qué? (…) A mi no me importa que mañana me echen. No me importa nada. ¿Sabés que no me importa nada? ¿Viste cuando estás en eje en la vida? Cuando decís: Todo me chupa un huevo. Si no laburo en la tele, laburaré, no sé, puedo limpiar casas, puedo trabajar en la radio, ¿qué más puedo hacer? Porque mirá que me prohibieron todo durante 2 años, todo me prohibieron. ¡Todo! Me cagaron porque el otro los amenazaba. ¡Todo me prohibieron! No me importa un carajo, ¿ok? Tampoco me importas vos (Jorge) Rial. No me importás más. Te perdí el miedo y te perdí el respeto. Al otro Chirola también le perdí el respeto. Porque les tuve miedo durante mucho tiempo, porque eran capaces de cualquier cosa. Me llamaban a mi casa: `Sabemos cómo estás vestida, sabemos dónde estás´. Guardias en la puerta de mi casa, autos que me perseguían. Hice la denuncia en la comisaria también. No les tengo miedo, chicos. ¿Saben qué? Me voy a la concha de la lora a trabajar. No me importa nada. Es un lugar de lindo. No le tengo miedo a nadie. A nadie. Ya voy, ya voy. Tobal, no me molestes”. Lo de Chirola es por Luis Ventura y Tobal (Daniel Tobal) fue su pareja por más de doce años y la produjo televisivamente hasta fines del año pasado, cuando Canosa decidió separarse sentimentalmente y contratar a Alejandro Korol como productor del programa. Y cambiar.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Si bien, por el humor y sus comentarios que por ahí exceden el mero chimento, siempre tuvo y tiene un plantel de panelistas que están tres escalones más arriba de la media de panelistas de otros programas, la apuesta de Viviana Canosa en marzo de este año había sido “correr” todo lo referido a la divulgación de información personal y derivados de la tele, para hacer un programa donde el formato estuviese enfocado a lo que, dijo ella, más le interesaba. Como estaba fresco el terremoto de Haití, y aún más fresco el de Chile, Canosa se tomó un avión directo a Haití para enfocar sus primeros programas de este año en las consecuencias del desastre y en las posibilidades de ayuda. “Ayudar”, eso dijo. Hasta dicen que empezó los trámites de adopción de un nenito haitiano que ella mostró en cámara y del que, dice ella, se enamoró al verlo ahí, dijo, con olor a muerto por todos lados. Así, cambiada ella, “Los profesionales de siempre” pasó a ser, simplemente, “Viviana Canosa” como queriendo, a su modo, reinventar su propia mutación. Le salió a medias todo esto y de a poco fue virando otra vez al chimento y su lucha por conseguir un, digamos, enroque entre el chimento medio extorsivo de Rial y compañía y las ganas de desenmascarar a más de uno. Más no tiene por ahora.</span></p>
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Leonel Giacometto</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#333333;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 19 de julio de 2010 (Rosario, Santa fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=78186"><span style="color:#333333;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=78186</span></a></span></p>
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		<title>EL SOBERBIO DESDÉN DE SOLITA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 22:18:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Los que pasan por la televisión actuada y conducida, el cine berreta y el otro, el teatro (por capricho, a veces), la publicidad para erradicar las várices, las &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/06/29/el-soberbio-desden-de-solita/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">EL SOBERBIO DESDÉN DE&#160;SOLITA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/06/soledad_silveyra-3-1.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="41" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/06/29/el-soberbio-desden-de-solita/soledad_silveyra-3-1/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/06/soledad_silveyra-3-1.jpg" data-orig-size="3008,2000" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;25&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;NIKON D100&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1106073179&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;60&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.00625&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="Soledad_Silveyra 3 (1)" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/06/soledad_silveyra-3-1.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/06/soledad_silveyra-3-1.jpg?w=1024" class="size-medium wp-image-41 aligncenter" title="Soledad_Silveyra 3 (1)" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/06/soledad_silveyra-3-1.jpg?w=300&#038;h=180" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>    L</strong>os que pasan por la televisión actuada y conducida, el cine berreta y el otro, el teatro (por capricho, a veces), la publicidad para erradicar las várices, las revistas de chimentos y las otras, la actuación en general; la, digamos, posibilidad mística y social de “hacer algo” y la actuación que hace de actuación, hoy se llaman, la mayoría, “actores” (con más o menos trayectoria, eso no importa hoy por hoy). Pero quizás, con el tiempo, el término más correcto será, simplemente, “públicos”. El siglo XX conjuró el soporte audiovisual y su propia carne, y hay algo de su propio adentro que los hace salir afuera, haciendo ilusión ajena la intimidad propia y dándole una verosimilitud, casi increíble, a aquello que, una vez y para siempre, asumieron como actitud exterior. La actitud, a veces, tiene más empuje que la capacidad pero igual vale en el universo mediático y por ahí vendría más sonriente que llorona, pero siempre con problemas económicos y amorosos, Lía Soledad Silveyra Urien, más conocida como Soledad Silveyra o, con casi sesenta años, simplemente, “Solita”.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Si se la mira con atención, si se piensa que, por ejemplo, Susana Giménez se pudrirá antes que sus millones, que María del Carmen Valenzuela se equivocó al doblar la esquina de su propio “renacer”, que la pobre Andrea del Boca otra vez la pifió y ahora vende botellones de gaseosa casi con la forma de su cuerpo y su desamor, que Carolina Papaleo y su madre pasaron fin de año con Ricardo Fort, y que Marcelo Tinelli no es lo que sus ojos intentan decir cuando mira a la pantalla, Soledad Silveyra no se parece a ninguno de estos “públicos” sino, más bien, representa una irrefrenable intención sobreexpuesta por, digamos, ser “útil”, de alguna manera, por el sólo hecho de hacer sido, dice ella, bendecida con esta profesión sin la ambición de dinero que, casi, todos ostentan en la televisión argentina. Hay algo, por decir, obscenamente real en ella y es su historia. Y habrá que creerle nomás, siempre teniendo en cuenta lo inevitable del conjuro, la caricatura a la que devienen todos estos “públicos”, la confusión del estar con el ser y demás vericuetos de las estaciones mentales de todos.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    “Le he conocido muchas, muchas parejas”, dijo una vez su amiga Ana María Picchio, que cuando las dos eran más veloces, se tapaban mutuamente las historietas sexuales y las venganzas amorosas. “Evidentemente no tiene un modelo de hombre”, comentó también esa vez su madre putativa de la ficción China Zorrilla, que le guardaba ella misma, cuenta Zorrilla, las recaudaciones de las giras nacionales que hacían con obras de teatro porque Soledad gastaba mucho. En qué gastaba muy bien nunca se supo pero Soledad, entre vicios y desmanes etílicos, desde chiquita que banca todo. En estos “públicos” lo ficticio no corre en carriles paralelos a lo real, tapa agujeros más bien, sostiene fragilidades y enmascara perezas varias. Pero, si hay que creerle, Soledad Silveyra sólo se metió en el espectáculo argentino para poder mantener a su familia fracturada y enferma. Dicen que el actor Zelmar Gueñol (amigo de la madre) fue el primero que la metió en algo, en “El amor tiene cara de mujer” más precisamente, con Nené Cascallar y María Aurelia Bisutti a los doce años de edad. Desde ahí no paró y aún, como pocas, sigue en la vigencia de ser una persona pública totalmente reconocible y hasta de generar, como pocas, hecha personaje ya, una empatía que no cesa de fluctuar entre la soberbia y el desdén. Esto se sabrá después y como actriz, Soledad, los métodos y lo fingido valen dos o tres gestos que supo reforzar y hasta reformular a través de los años, como más de una. El resto de Soledad es una mujer.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Condujo “Gran Hermano”; el uno, dos y el tres. Telenovelas hizo un montón (de “Rolando Rivas, taxista”, en 1972, “Pobre Diabla”, en el ´73; “Mi hombre sin noche”, en el ´74; hasta “Campeones de la vida”, en 1999; “El deseo”, en 2004; “Amor en custodia”, en 2005; “La ley del amor” en 2006 y 2007; “Vidas robadas” en 2008, entre muchas otras). Películas, también, y quizás las mejores hayan sido: “La malavida” (1973), “Últimos días de la víctima” (1982), “Flores robadas en los jardines de Quilmes” (1985), la memorable “La clínica del Doctor Cureta” (1987), “Dios los cría” (1991) y “Siempre es difícil volver a casa” (1992). Por causas naturales, fue pareja artística de Arnaldo André pero más pareja que artística fue su relación con Sandro, con Claudio García Satur (dijo Migré), con Federico Luppi, con Osvaldo Laport (comentan) y hasta con un taxista de nombre Héctor que la llamaba “mi veterana”, y con un iluminador, de apellido Franco y de nombre Mariano, de 23 años, que la iluminaba mientras ella era Evita en la obra “Eva y Victoria”. Y aquí, a pesar que aún faltan nombres, hay otra Soledad Silveyra, otro intento de ser, digamos, un poco menos pobre. Lo de pobre no es una cuestión meramente de bolsillo y quizás, con menos resentimiento o menos suerte que Eva Duarte, Soledad Silveyra intuyó, erradamente o no, que “había que hacer algo” por el país. Cuándo se le cruzó esa idea es un misterio, pero se le cruzó muy joven y muy pública ya cuando se la vinculó a esa cosa llamada peronismo de izquierda, y hasta de que fue una de las impulsoras argentinas de subirlo a Perón en un avión y traerlo desde España. Sin llegar a ser peronista nunca, le dijo que no al ya muerto y socialista Alfredo Bravo pero cayó de rodillas ante el encandilamiento ambiguo de Elisa Carrió, y formó parte de una sus listas hace unos años. Pero perdió y lo hizo, según sus hijos, que son dos terribles “cuidas” al parecer, porque “mamá supo hacer muchos enemigos todo este tiempo por hacer pública su convicción política”. Toda una verdad (a medias, claro está) sobre la inestabilidad argumental y el caretaje del medio artístico argentino, pero “todo este tiempo” es mucho tiempo en la vida de esta gente que no pasa, a veces, de cinco temporadas al aire. Pero Soledad Silveyra viene desde lejos, sigue viva y hoy por hoy, todos los días a las dos de la tarde por la pantalla de TELEFÉ, deja el costado político y social por un rato, olvida con razón los embretes en los que se metió “robando vidas” y se enciende otra vez ante los flirteos de Adrián Navarro en “Secretos de amor”, la nueva telenovela que la tiene a la cabeza y le calma el bolsillo. Arturo Puig hace de su marido, que en la vida real fue sólo uno, José Jaramillo y fue, según Alberto Migré, más compañero que amor. Puig, que antes de “Grande, pá” era otro actor y su sonrisa no era tan autómata sino más bien irresistiblemente humana, hace algo así como un marido jovato y ricachón, que juega al golf casi sin moverse y conduce su automóvil mientras habla por teléfono celular, con mucho pasado oscuro que Solita seguro desconoce y, de cajón, el pasado será presente justo cuando ella se entregue a los brazos semi jóvenes de Navarro, que no parece, por momentos en estas primeras semanas, estar a la altura de la situación. La situación es Soledad Silveyra y su lista casi bizarra de amores más o menos extensos y pasajeros. De Claudio García Satur (su galán en “Rolando Rivas”) a Chacho Álvarez (alguna vez vicepresidente de la Nación) con un medio de nombres que van de Carlos Calvo, Pablo Rago, Andrés Calamaro, pasando por los escritores Vicente Zito Lima y David Viñas, a quien, dicen, los hijos de Soledad no aceptaron desde la primera vez que ella lo presentó. “Solamente a mamá se le puede ocurrir salir con un señor como Viñas”, dijo una vez Baltazar Jaramillo, uno de los hijos de Soledad. China Zorrilla, evidentemente, sabe de mujeres y la lista de amores de Solita continúa con el intento fallido de formar una pareja con casa, hijos, perros y mucama con Hernán Lombardi (ex Ministro de De la Rúa y hoy amiguito de Macri) ya que, parece, ella no pudo darle lo que él tanto quería. De lo que jamás habla Solita es de una relación particularmente, digamos, especial con Miguel Ángel Solá, hace mucho, entregados los dos al parecer al arte de la actuación, al alcohol, sus derivados, a las piñas y a la pasión destructiva de un amor destapado en plena década del ochenta del siglo pasado. Y hay más.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Solita pasó por todos y por todo. La vergüenza ajena no le es ajena muchas veces, pero tampoco la desdicha real de no poder, aún queriendo, hacer lo que dicta “eso” que se lleva dentro. Lo que se ve de ella desde la pantalla es alguien que siempre intentó algo pero nunca le salió del todo pero que aún aspira y que hoy, reconstruida quirúrgicamente, vuelve a la ficción de las telenovelas de la tarde, su esencia mediática casi, donde siempre su actuación sobrevuela entre entregarse ya a todo, y estar sorprendida (primero) e indecisa (después) frente a las negociaciones del corazón que otro le propone sin vueltas. En blanco y negro, antes, Solita tenía un gesto casi auténtico al tener que besar a su galán, como un desliz humano ante el artificio tenía, y como que se perdía Solita ante la cercanía de, por ejemplo, Satur, quien, como pocos, fue un galán de sólida construcción, sin mucho cuerpo para mostrar pero con la actuación masculina al hombro. Satur se le acercaba y Solita, que lloraba, siempre, sabía que se venía el beso. Entonces no sabía hacia cuál de los dos ojos de su galán mirar y saltaba de un ojo al otro, medio estúpida, mientras los labios dispuestos del otro, por fin, le calmaban la ansiedad del amor. Ojalá Adrián Navarro pueda.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">    Y una más. Además de saber de antemano el poco peligro que significaba pero, a la vez, convencida de que daba un tiro por elevación, no fue nada casual que la presidenta le haya concedido a Soledad Silveyra la única entrevista más o menos extensa que nadie le haya realizado jamás. Fue en 2008 en el programa “Un tiempo después”, que Soledad Silveyra conducía por TELEFÉ. Casi con la misma conducta sobre la apropiación de los derechos humanos en beneficio personal, Cristina vio en Soledad Silveyra, como muchos, la imagen del empuje de una mujer audaz y despierta (a veces) que, a pesar de todo sigue hacia adelante sin importarle nunca las consecuencias y convencida con sus propios, digamos, ideales de existencia. Como tampoco fue casual que, hace mucho, a principios de la década del ochenta del siglo pasado, una dramaturga argentina le haya dedicado la mejor didascalia sobre la impresión de la persona en el personaje que sería. Las didascalias son las acotaciones de acción que se hacen en la obras de teatro y la dramaturga fue Griselda Gambaro, a quien Soledad convocó para que le escribiese una obra. La obra fue “La malasangre” y la dirigió Laura Yusem en 1982. El personaje de Soledad, Dolores, ingresaba mucho después de la primera escena y permanecía largo rato en silencio. En ese primer ingresar de Dolores, La Gambaro le puso como acotación que lo hacía con “soberbio desdén”. La obra, dicen, fue escrita a partir de improvisaciones a las que asistía la dramaturga, y la soberbia es una forma discutible de pedir afecto y darse a entender (habría que ver cada caso). Pero el desdén, hoy por hoy, lamentablemente, es una forma de comunicarse. Solita lucha con eso, aún.</span></p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el 28 de junio de 2010 (Rosario, Santa fe, argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=72556"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=72556</span></a></p>
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		<title>LA BATALLA CELESTE DE ANDREA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Feb 2010 03:21:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Actuar no es fácil. Más bien es algo heroico y algo maligno que se conjuran, simultáneos, en alguien a cualquier edad y con la ambición casi idéntica y &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/15/la-batalla-celeste-de-andrea/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">LA BATALLA CELESTE DE&#160;ANDREA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/andrea_del_boca.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="36" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/15/la-batalla-celeste-de-andrea/andrea_del_boca/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/andrea_del_boca.jpg" data-orig-size="332,500" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="+andrea_del_boca" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/andrea_del_boca.jpg?w=199" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/andrea_del_boca.jpg?w=332" class="size-medium wp-image-36 aligncenter" title="+andrea_del_boca" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/andrea_del_boca.jpg?w=300&#038;h=300" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>    A</strong>ctuar no es fácil. Más bien es algo heroico y algo maligno que se conjuran, simultáneos, en alguien a cualquier edad y con la ambición casi idéntica y desmesuradamente infantil (peligrosa es un decir) de “ser otro siendo uno” y que eso dé de comer en la vida ordinaria. Vengan de donde vengan, sean quienes sean, vayan hacia donde vayan, con más o menos plata, con la infancia destruida o la pubertad ilusa, con más o menos repercusión y con la reputación algo perecedera, siempre, entregados a cierta operatividad caníbal de la ficción televisiva o literalmente muertos de hambre en algún teatro de alguna provincia, los actores están siempre en una zona intermedia entre este hoy que vivimos todos (juntos) y otro espacio, casi delineado personalmente por ellos mismos. Un arte realmente humano que ellos, los actores, van gestando a partir de su propia entrega, de lo que creen que están entregando y que construye, a fin de cuentas, lo que ellos desean como certeza de su fe. Otra no hay para actuar, y hay que dejar de lado aquí a los que dicen actuar y sólo andan a “la caza de tus ojos”, pero nada más.</p>
<p style="text-align:justify;">    Los actores de televisión son una especie, al menos, extraña porque jamás sabiendo exactamente qué es lo que la gente ve en ellos pero siempre recibiendo una especie de empatía que ellos mismos llaman “afecto”, no pudiendo actuar casi para nadie, salvo para los técnicos y un director (las más de las veces) desatento al gesto, encerrados horas dentro de un juego televisivo del que abusan y del que son abusados, los actores de la televisión comienzan a creerse, para sí, aquello que les hacen creer a la gente. Ahí es donde, por dinero o vaya a saber por qué, algunos padecen ceguera. Y así esa nueva creencia que excede la actuación corre por el mismo cauce heroico y maligno por la cual fue gestada, reduciendo las posibilidades, digamos, mágicas del asunto. Esto último es lo actuado y, seamos claros, todo se vuelve más chato, más literal, más previsible y hay actores que la adaptación a la realidad la ven como poco saludable y aspiran a construir aquello que entregaron en forma de personaje. A cualquier precio, a veces, viendo sin ver, haciendo como si. Será por eso, entonces, que Andrea del Boca, en algún momento de su carrera vio y sintió un desfasaje entre lo que era su vida y lo que había afuera, donde la gente la amaba (y la ama). Y será por eso que, desde entonces, no pega una con su vida amorosa y hoy por hoy, desde la televisión, prepara un nuevo conjuro.</p>
<p style="text-align:justify;">    El primero de los intentos de Andrea del Boca por, de alguna manera, expurgar a través de la actuación la cruel circunstancia de una realidad a la que no logró adaptarse del todo, fue fallido y fue una telenovela en 2005. Sálvame, María se llamaba y ahí su salvador era Juan Palomino. Hoy por hoy conjura el segundo exorcismo actoral y lo hace en Alguien que me quiera, la nueva tira hipercostumbrista de Polka. Aquí Palomino no es redentor sino motivo para que ella pueda, a su modo, lograr darle forma desde la ficción a su propia realidad, ser la otra que no puede y quiere ser, digamos. Al parámetro real es al que Andrea del Boca le tiene miedo, como todos, y por eso se inventa de nuevo en el personaje de una mujer que, “ya en edad”, estando enamorada, sufre la agresión (verbal, física y moral) de su propio amor y escapa hacia otra realidad, lejos del mal (siempre acechante) y cerca de Osvaldo Laport, que alguna vez anduvo semidesnudo en las pantallitas de todos los hogares argentinos y hoy anda de cafetero, haciendo de deslucido y mal entrazado, como queriendo encontrar un nuevo motivo para erotizarse, a pesar del paso del tiempo (y los cirujanos).</p>
<p style="text-align:justify;">Dicho sea de paso, no hay que olvidar, después todo, que este nuevo y renovado intento de Andrea del Boca sucede en una tira de Adrián Suar y, si no llora como lo esperan todos y como lo hizo en el primer programa, es posible que Laport se deprima y Susú Pecoraro gane terreno y tenga su escena de amor con Miguel Ángel Rodríguez encerrados en la cámara frigorífica de esa carnicería dentro de ese mercado inventado y tan poco creíble, aún.</p>
<p style="text-align:justify;">    Andrea del Boca, este año, en octubre, cumplirá 45 años y su edad coincide casi con su carrera, con su actuación. Está vigente, si ésta es la palabra y, a pesar de la poca vida mediática que tienen las heroínas de telenovelas (¿Dónde estará Grecia Colmenares?), Andrea del Boca, con todo y vida personal mediante y a cuestas, sigue queriendo la querencia de un hombre que la bese y la ame hasta el hartazgo.</p>
<p style="text-align:justify;">    Aún no tenía un año y ya estaba en los brazos de una actriz dentro de un estudio de grabación de un canal de televisión haciendo de bebé varón. Desde entonces no supo hacer otra cosa que actuar frente a cámaras, que no es poco. De nena (nenita) huérfana, pasando a muchacha pueblerina (también huérfana), siempre, como en todas las telenovelas, un problema familiar se cruzaba con el descubrimiento del amor (no correspondido al principio, correspondido al final). Y siempre llorando Andrea del Boca. Sus lágrimas corrían libres de las ataduras de la impostura que a veces exige la actuación y la velocidad de los impulsos en la televisión, del género medio híbrido del tono de las telenovelas. Pocas lloraban como Andrea del Boca. Se le llenaba la cara de lágrimas con una verosimilitud pocas veces vista en la tele. Recursos no le faltaron nunca, a pesar de que, a veces, hoy por hoy, hace fuerzas por retener un humor que la esquiva. Pero, a “ése” algo que siempre ilumina y condena a ciertas personas con el llamado “don” de la actuación, se le suma, en Andrea del Boca, una familia (padre director y productor de casi todo su pasado, hermana vestuarista y cuñado libretista) que, desde el vamos, desde el nacimiento, tuvo la premisa de convertir a su hija en un producto televisivo sensible, es decir, en una máquina de producción sentimental. Andrea del Boca era hermosa llorando y riendo y hasta cierta edad se la vio en la pantalla con una especie de aureola de, digamos, inocencia romántica, de poca contención pero de ilusiones espontáneas y enormes. Hasta que algo sucedió.</p>
<p style="text-align:justify;">    Tuvo muchos galanes pero ninguno la enloqueció tanto de amor como Silvestre, en los ochenta del siglo pasado. Lo de enloqueció es un decir, un estado de las hormonas de Andrea del Boca que, después, bajo presiones parece, tuvo que reprimir y dejar al cantante actor para, unos años después, enrolarse en las filas de las jóvenes actrices con señores mayores. Entonces se enamoró del director de cine Raúl de la Torre y hasta, quizás, Andrea, en alguna ensoñación medio construida desde un guión, creyó que con De la Torre encontraría lo que encontraban sus heroínas de la tele: redención a través del amor, consumación de estados, deseos de telenovela, ardor en las posibilidades. Pero no funcionó mucho la relación y se desilusionó otra vez. Apareció un financista norteamericano que le prometió, dicen, amor y carrera en Hollywood. A Estados Unidos entonces se fue Andrea del Boca a perfeccionar lo que mejor sabe hacer: actuar. Se metió con la mujer de Lee Strasberg y hasta, dicen, anduvo de reuniones con el ex presidente Menem por una versión de la todavía no filmada por entonces ópera rock Evita. Hasta dicen que Robert Redford la iba a dirigir. Pero tampoco funcionó nada de eso y se volvió a vivir a la Argentina, donde siguió su carrera. Se la vinculó amorosamente con Gerardo Sofovich y con Alberto Rodríguez Saá (el hermano del que fue secuestrado y sodomizado extorsivamente) pero, recién empezado el 2000, Andrea del Boca, ya treintona, en el horizonte mediático, no sólo era famosa por sus telenovelas (Estrellita mía, Perla negra, Celeste, Zíngara, entre otras) y uno que otro hit musical (canta, también), sino por su (reiterada) mala suerte con el amor. Y eso, quizás en la construcción que se hizo de sí misma ella, tan confiada siempre en sus ficciones pero un poco cacheteada ya, empezó a pesarle un poco.</p>
<p style="text-align:justify;">    Qué se le cruzó por la cabeza, qué goce estético se le mezcló, con qué exageración de lo propio, qué apuro se le presentó ahí, voraz, para, en un abrir y cerrar de ojos, dicen, sacarle el novio a su mejor amiga (Lucía Galán, otra maltratada por la vida amorosa), enamorarse (o creérselo), quedar embarazada, separarse abruptamente y comenzar, desde entonces, una vida que, seguramente, no entró jamás dentro de sus posibilidades. Nunca lo sabremos pero ahí fue cuando, tal vez, dejó de creer un poco en su origen, en su familia y sus telenovelas y empezó a ver la vida tal como lo que es. Apurada, entonces, se reinventó. Hizo lo que pudo, actuaba raro, lloraba poco en la ficción y mostraba moretones con forma de Groenlandia en los programas amigos (Susana Giménez).</p>
<p style="text-align:justify;">Las cosas se le mezclaron, eso se veía por la tele, la suerte le jugó pasadas raras afuera y adentro de la televisión, y hasta tuvo que conducir programas donde el eje disparador fue su desdicha amorosa (real). Había siempre, en ella, una sensación de estar actuando siempre y de dejar en claro, también, cuán real era lo que le estaba sucediendo, por entonces, con el padre de su hija, que la obligó a ser madre soltera, no por deseo sino por amor errado.</p>
<p style="text-align:justify;">    Con todo, lo que se ve en la tele es a una Andrea del Boca sobreviviente de ella misma, actuando con algún resplandor perenne, empeñada casi en reconstruir algo que nunca pudo tener, perdida en algún marasmo romántico de su niñez y adolescencia televisiva, en algún pasaje de alguna de sus telenovelas y transformada en un personaje que escapa de algo horrible, con el cuerpo más desacomodado pero la mirada intacta, esa mirada tan falsa y tan real que su familia le enseñó a construir para la televisión, y que ella ostenta, junto con sus lágrimas, como una batalla que aún no termina para ella, y de la que ciertamente no conoce el final.</p>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente</em> el miércoles 15 de febrero de 2010 (Rosario, Santa fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=32842"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=32842</span></a></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong><br />
</strong></span></p>
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		<title>VIVIENDO LA VIDA MÁS LOCA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 18:47:29 +0000</pubDate>
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<p style="text-align:justify;"><strong>    C</strong>uando Buenos Aires le dé la espalda, igualmente, habrá Ricardo Fort para rato. Admitámoslo: quedarán las provincias, eso que se llama “el interior” y que, en mayor o menor medida, más al norte, más al sur, más al este o más al oeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y sus dos o tres cajeros automáticos de verano (Mar del Plata, Villa Carlos Paz y San Luis), comprarán la misma ilusión (cara pero berreta) que vienen comprando hoy por hoy con otros envases, con otras rutinas, otros cuerpos, otras presentaciones, con más o menos siliconas, con mucha prensa, con más o menos soberbia estéril, con otros desfiles, con otros escándalos frugales (y no tanto), con otras obras de teatro (un decir), con otras revistas, con otros nombres y otros apellidos. Pero si todavía la televisión argentina (porteña) no le dio la espalda a Fort, y ni siquiera la tele mostró sus garras ni sacó a la luz lo que sabe (o creen saber los productores y demás hacedores de la televisión) sobre su vida privada es por una única, enorme y simple razón: el vil metal. Y Ricardo Fort tiene mucho (eso dice y eso ostenta).</p>
<p style="text-align:justify;">    Tiene 41 años, o sea, es joven pero no tanto. Es muy gestual con las manos, vive sudado, en pose casi junto con una colección de tatuajes en demasía, se rasca mucho la nariz, tiene el ego tan mal puesto como sus labios hinchados y una mandíbula (real pero operada) de súper héroe que le hace juego con sus marcados músculos, producidos gracias a obsesivas rutinas de gimnasio, pastillas nutricionales (y de las otras) y casi treinta operaciones estéticas varias que dieron por resultado, digamos, un aspecto de súper macho de revista gay de los años noventa del siglo pasado. Justamente de esa época que, para el más avivado, de algún modo viene circulando su nombre y su dinero en círculos, ambientes, saunas y boliches para varones que tienen sexo con varones (lo de “Chocoloca” no es invento de Matías Alé y viene de Miami, adonde Fort va seguido con su novia y su ejército de chonguitos-modelos-amigotes).</p>
<p style="text-align:justify;">    Pero, al parecer, después de abortar su carrera musical ensombrecido por un incipiente Ricky Martin, por entonces en ascenso en los noventa, decidió dedicarse a disfrutar los millones que le dejó su padre recién muerto, Felipe Fort, el creador de la marca de chocolates y sus derivados que, si se mira con atención, estuvieron y están presentes en todas las tandas publicitarias de programas de chimentos y faranduleros desde la época de Menem hasta la actualidad. Pero ésa es otra historia y Fort, decidido, hace unos meses gastó un dineral en sí mismo e ingresó a la televisión por la puerta grande que pudo pagar y le dio la bienvenida.</p>
<p style="text-align:justify;">    Todavía no almorzó con Mirtha Legrand ni se sentó con Susana Giménez, ni lo entrevistó Luis Majul, pero ni al más reaccionario de los conductores de televisión, ni a la más grotesca de las vedettes, Ricardo Fort le cae en gracia. Y se nota. Y mucho. Sin embargo, guardan, metaforizan, ocultan, camuflan y respiran unos segundos antes de contestarle algo que delate cuán vacío está ese cuerpo lleno de músculos armados y cuán resignificable puede ser, hoy por hoy, el término “menemismo”. Hay un ejemplo, al menos, penoso: Zulma Lobatto, que fue un producto no de Jorge Rial y compañía, sino de Viviana Canosa y Crónica TV; todo 2009 y lo que va de 2010, la pobre travesti desorganizada mentalmente fue receptora y protagonista de las más bajas y crudas verdades y, hoy por hoy, anda deslucida y de comisaría en comisaría, como antes de aparecer en la tele.</p>
<p style="text-align:justify;">    Pero Ricardo Fort, en una especie de autoreivindicación de su propio, digamos, “arte”, le hace frente a todos con la impunidad de su dinero heredado. O, dicho de otro modo, lo pone en oferta y demanda para todos, ya que aún no está claro qué cosa quiere Fort en la televisión y con quién se siente, digamos, cómodo trabajando. Marcelo Tinelli, rápido como una botinera, lo contrató en los últimos meses de Showmatch el año pasado, y hoy desde Punta del Este, entre chica y chica, poco le importa la lista de injurias y contraprestaciones que Fort descarga sobre él. Total, sirvió en su momento. Como le sirve a Rial y a tantos otros.</p>
<p style="text-align:justify;">    Como a Carolina Papaleo, por ejemplo, a quien alguna vez en una película de Arturo Ripstein se la tragaba una tormenta de tierra y que ahora actúa junto a Fort, Adriana Salgueiro y otros más en Fortuna, que se estrenó semanas atrás en Mar del Plata después de un pequeño escándalo que involucró a un no tan salpicado Carlos Moreno y a un embarrado como Gino Reni. El primero dirigía la obra y el segundo actuaba en ella y los dos decidieron retirarse antes de estrenar declarando, lisa y llanamente, “que no les gustaba robarle la plata a la gente”. Cabe destacar que Fortuna, de autor desconocido, es muy parecida a una comedia de enredos que aún hoy se sigue representando en Argentina y en el mundo: Boieng, Boieng, de Marc Camoletti, y que, según declaraciones del propio Ricardo Fort, todo el elenco se aprendió la letra en un solo ensayo.</p>
<p style="text-align:justify;">    De todos los adjetivos calificativos (y despectivos) que pudieran escribirse y decirse sobre Ricardo Fort el peor podría ser el de “conservador”. Lo más paradójico de su conducta frente a cámara es, justamente, tratar de sostener, dentro de su gusto por la noche, el disfrute y los excesos, cierta alegoría sobre lo que vendría a ser la normal vida de todos cuando se alcanza lo que se desea. Lo de normal es una discusión banal si se la aplica a Fort y, con plata, Ricardo Fort es artista, impulsivo, pasional, buen mozo, libre de las drogas de diseño y, sobre todo, amante de sus dos hijos y, aún más, de las mujeres. A sus dos hijos los tuvo como Ricky Martin, alquilando un vientre y alejando a la madre,  a pesar de que, según él mismo, le gustan mucho las mujeres, ama a su novia (Virginia Gallardo) y, dice, que al pueblo (que lo ama) no le importa si es verdad o no “ese problema”.</p>
<p style="text-align:justify;">    Lo de “ese problema”, moderno como dice ser, lo aplicó en una respuesta a Jorge Rial refiriéndose a que no es homosexual. Y ahí, fuera de las metáforas, se enterró sólo. Hay un lugar de incomodidad sobre la cuestión gay en Ricardo Fort que lo hace sudar mucho y pone en evidencia el miedo a dejar de ser ese conservador que dice no ser, o a que, digamos, la gente “piense otra cosa”. No es el único, seamos claros, que con más o menos plata, desde la televisión oculta lo inocultable, se marea con el deseo y se transforma, cuando menos, en víctima de las extorsiones más viles sobre los varones que aman varones. Porque a alguien debe amar Fort, o a alguien debió amar en algún momento. Lástima que a Guido Suller lo callaron rápido, parece.</p>
<p style="text-align:justify;">    El pasado de Ricardo Fort, según él, no incluye privaciones económicas sino afectivas, y dio también cierto indicio de padre abusador, tal como dejó entrever en una entrevista. Quizás no sea tan cierto esto último, quizás sólo sea uno de los herederos de la fortuna que Felt Fort cosechó y cosecha en el país, como tantas otras empresas. Pero, por ostentoso, Ricardo Fort es la reina de una comparsa de ostentación de la que muchos padres, hijos y nietos de ricos vienen, por decir, presentando y desarrollando en la pista de baile de la vida social argentina. Fort es muchos, a pesar de unos pocos, que ojalá sean muchos y, de representar algo, teniendo en cuenta lo inocultable, Ricardo Fort representa cierto costado del, por decir, estilo de vida gay que tanto se promociona y que tanto gusta a las agencias de marketing, de moda, de diseño y de turismo (y de la que tan atrás están el mercado y la política).</p>
<p style="text-align:justify;">    A ver: para afuera, las lesbianas son invisibles y hay gays y gays, hay gente en tránsito (siempre), hay locas y tapados insufribles; hay, digamos, bisexuales y hay gays que se dicen putos y putos a los que les gritan y siguen pegando por la calle y en sus casas, por gusto, a veces. Pero este estilo de vida gay (de entre 20 y 45 años) es un presente continuo, una eterna juventud mal entendida (mal extendida), una alegría brasileña, carnavalesca, un esfuerzo por aparentar y casi imitar en físico y actitud a los muchachones que molestaban y a los que burlaban en la niñez; un hoy “electrónico” sin demasiadas preocupaciones económicas ni cargas sociales o familiares. Profesionales, artistas, emprendedores o empleados rasos integran este estilo, el cual no necesita (para sí) ni un análisis ni repercute en el pasado (lleno de injuria, la peor de las ofensas) o en el futuro (arriba de un crucero dando la vuelta al mundo con pareja o buscando siempre, o dedicándose al “dame todo”) y que deja al descubierto, quizás, para ellos, los de ese estilo, un reajuste sobre tantos años de debilidad y encubrimiento. Hay tan poco amor en el mundo que ellos se la pasan bailando, como Ricardo Fort que, en una de las tantas entrevistas que dio a los medios audiovisuales, gráficos y digitales argentinos en estos últimos cuatro o cinco meses, en los que irrumpió con toda su fortuna y obscenidad, dijo: “Lo único que existe es el hoy. Del pasado se podrá aprender, pero no podés vivir en él. El Ricardo del pasado ya no existe. No tengo fotos de cuando era joven, porque las voy tirando. Me mudo y las tiro. El pueblo argentino ama eso de mí”.</p>
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p><span style="color:#000000;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente</em> el miércoles 8 de febrero de 2010 (Rosario, Santa fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=30097"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=30097</span></a></span></p>
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		<title>EL MONOPOLIO DEL CHISME</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 18:40:44 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="30" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/14/el-monopolio-del-chisme/jorge-rial/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg" data-orig-size="314,400" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="JORGE RIAL" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg?w=236" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg?w=314" class="aligncenter size-medium wp-image-30" title="JORGE RIAL" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg?w=235&#038;h=300" alt="" width="235" height="300" srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg?w=235 235w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg?w=118 118w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/jorge-rial.jpg 314w" sizes="(max-width: 235px) 100vw, 235px" /></a></p>
<p style="text-align:justify;">«Qué me haga un juicio y nos vemos todos en Tribunales”, dijo Jacobo Winograd la semana pasada, desde Mar del Plata, en Intrusos del espectáculo. Hablaba de Gerardo Sofovich y lo dijo en el programa de Jorge Rial. Estos personajes (que son personas) están unidos por una red bastante oscura de favores y contra favores de todo tipo que van desde lo económico a lo sexual y que siempre tienen guardadas historias y anécdotas que implican, ya no sólo tener familiares locos, divorciarse, cornearse, con-sumir drogas y prostitutas, sino comercializar, lavar y distribuir muchas cosas que, según ellos, de salir a la luz, aterrarían al público. La pregunta es por qué el público no está aterrado aún y sigue pagando.</p>
<p style="text-align:justify;">Esos chismes, que disparan un mecanismo, son puestos en la palestra televisiva y se despliegan dando como resultado, siempre, peleas, cartas documentos, reconciliaciones, frustraciones, intentos de suicidio, teatro, amenazas de juicios, pleitos que terminan años después (en silencio a veces), llantos, risotadas, ironía, mordacidad y rating.</p>
<p style="text-align:justify;">La televisión argentina es extorsiva y, arrancado el primer mes del 2010, Intrusos en el espectáculo, el programa de Jorge Rial, se adueñó de todo lo que no pudo durante el año pasado y se transformó en el, digamos, eje extorsivo de toda la televisión argentina (porteña). Sin Viviana Canosa (Los profesionales de siempre) y con programas de chimentos menores en el cable (Minuto a Minuto, por ejemplo, en el canal 26, conducido por Lía Salgado –sí, volvió– en reemplazo de Susana Roccasalvo – que ya había vuelto en el 2009–), sin otros programas al aire de gran producción, mucha gente, mucho poder y mucha plata, atrás y adelante (Showmatch, por ejemplo) Intrusos en el espectáculo ingresó al 2010 cumpliendo 10 años ininterrumpidos por América 2, con los ofuscados y medio resentidos panelistas de siempre (menos Marcelo Polino) y con dos conductores no sólo cubriendo el acontecer, digamos, teatral del verano oficial sino, también, siendo parte, arriba, abajo y adentro del escenario. Lo de teatral es un decir, chato, sobre pararse arriba de un escenario y abrir la boca con los reflectores encendidos. Jorge Rial anda dando vueltas entre su programa diario, la Costa Atlántica y San Luis (la nueva maquinita de hacer plata con público fácil) con <em>El ángel y el</em> <em>demonio del espectáculo</em>, una especie de talk-reality producido por Javier Faroni en el que la gente puede verlo y escucharlo a Rial mientras éste, según dicen, lava plata negra. Luis Ventura, la mano derecha (con cadenita suelta de oro) de Rial (en la tele, en la revista<em>Paparazzi</em> y en la página web de la misma revista), hace lo mismo que su jefe pero en Uruguay, y hace de él mismo en <em>Alegría ortomolecular</em> producido por Moria Casán y Luciano Garbellano, en Villa Carlos Paz, Córdoba. A esa ciudad cordobesa, precisamente, todavía no fue Rial con su espectáculo porque, parece, hubo una maniobra para que así fuera. Esta maniobra, según Jacobo Winograd y otros, parece que fue urdida y gestada por Gerardo Sofovich y fue el disparador veraniego de una nueva batalla de la guerra entre Jorge Rial y Gerardo Sofovich, un mercenario y un pirata, respectivamente, por donde se los mire. Lo de Jacobo es otra historia.</p>
<p style="text-align:justify;">Gerardo Andrés Sofovich tiene casi 72 años y Jorge Ricardo Rial casi 50. Al primero le falta una pierna y el segundo repite y repite que tiene dos hijas adoptadas, Rocío y Morena (antes decía “del corazón” pero parece que la terapia le ayudó estos años con las palabras y las cosas –no con las personas–), a pesar que ya fueron varios los que develaron lo que para él, para Rial, era un secreto a guardar. Diego Maradona, a quien cada dos por tres le salta un hijo en alguna parte del mundo donde estuvo, fue uno de ellos y le dijo “huevo duro”. Lo que sí es un secreto es el por qué de una pierna menos en Sofovich. Pero hay versiones. Dos. Una habla de un tranvía que le pasó por encima siendo un nene de 10 u 11 años, y la otra de un balazo en esa pierna que ya no está, por deudas de juego (la versión incluye a su hermano como autor del disparo). A Sofovich, como a Susana Giménez y a varios más, le gusta mucho (repito: mucho) el juego, los casinos, apostar, la adrenalina de perder o ganar en un instante y tentar todo aquello donde el azar pueda derivar en soporte dinero (siempre). A Rial lo que le gusta es la plata, decirse “camaleón heroico”, y bregar por una especie de extraña moral que implica “no casarse con nadie” y tener, en lugar de algo llamado ideología, una impunidad verbal reaccionaria, fascista y delirante en su ser “veleta”. Un decir nacional, digamos.</p>
<p style="text-align:justify;">Jorge Ricardo Rial se entrega a todo y a todos para después extorsionar (al aire y en privado) con develaciones y secretos íntimos que tarde o temprano serán expuestos, ya sea en tono mafioso o cualquier otro que venga al caso, mediante videos, fotos, escuchas, seguimientos, disfrazando mentiras de verdades o viceversa, aprietes, ofreciendo pruebas de embarazo en vivo, mensajes crípticos en primera persona a la persona objeto del chimento, etc. Eso dice Viviana Canosa que hace Rial, pero eso también hace Viviana Canosa con la gente del medio, lo que, dicho sea de paso, aclara un punto sobre la pelea entre Rial y Canosa: son lo mismo, los une la misma traición pero Canosa es mujer, cosa que Rial, machista como se dice, de barrio, de Munro más precisamente, no puede soportar. Sofovich tampoco y los ejemplos sobran.</p>
<p style="text-align:justify;">Gerardo Sofovich es, dentro del mundo del espectáculo, para bien de algunos y para mal de otros, el creador de muchos programas de televisión (<em>Operación Ja Ja</em>, <em>La peluquería de Don Mateo</em>, <em>La noche del Domingo</em>, etc.), películas (<em>La noche</em> <em>viene movida</em>, <em>Las muñecas que hacen ¡Pum</em>!, <em>La guerra de los sostenes</em>,<em>Los vampiros los prefieren gorditos</em>, <em>Los doctores las prefieren desnudas</em>, entre otras) y obras de teatro (<em>El champán las pone mimosas</em>, <em>Más pinas que las gallutas</em>) que desde principios de la década del 60 del siglo pasado recaudaron y recaudan millones. Argentores (la Sociedad de Autores de la Argentina) le debe mucho (los tapizados, el personal de limpieza las 24 horas y el mármol de su paqueta sede, por ejemplo) y lo de millones no es un decir: salió del bolsillo del público (recuérdese) que paga, siempre, para ver lo que le gusta (recuérdese, también). Durante las presidencias de Carlos Saúl Menen fue interventor de Canal 7 (ex ATC), tuvo a su cargo el zoológico de Buenos Aires y hasta tuvo un diario (El Expreso), que duró poco pero, más allá y más acá de sus triquiñuelas políticas (no menores), Gerardo Sofovich (sobreseído por los cargos de corrupción en su contra), al principio junto a su difunto hermano Hugo, marcó y delineó las carreras artísticas (y no tanto) de muchas figuras y actores de toda la historia de la televisión argentina que aún hoy, siguen comiendo fácil: de, por ejemplo, Juan Carlos Altavista, Jorge Porcel, Juan Carlos Calabró y Alberto Olmedo, pasando por Moria Casán y Susana Giménez, hasta Luisa Albinoni, René Beltrán y Mariano Iúdica. En estos últimos cinco años fue el factótum de Nazarena Vélez y Florencia de la V (antes de la Vega) y supo tener de aliado mediático y comercial a Jorge Rial, que ya hacía unos años le había mordido la mano a su padre televisivo (Lucho Avilés, el pionero) y se había “cortado solo”. Pero algo pasó y comenzó una especie de guerra mediática (y comercial) entre Jorge Rial y Gerardo Sofovich que, de alguna manera, salpicó y salpica a muchos personajes y personas del medio televisivo. Sobre todo a las chicas de cuerpos lindos y dispuestos, que Rial y Sofovich suben y bajan como quieren desde la pantalla de lo mediático. Las razones, seamos claros, tienen una base netamente económica y se desprenden de lo que hoy por hoy rinde más en televisión (y de lo que estas dos personas son parte accionaria, digamos): los llamados telefónicos, los mensajes de texto, la timba de los espectadores que se dejan seducir por ganar premios que van desde una máquina de fotos a medio millón de dólares. Otro decir nacional.</p>
<p style="text-align:justify;">Dicen que la intimidad, la vida privada, lo que sucede puertas adentro, es el más fundamental de los derechos. Pero a la intimidad la dan por muerta cada dos por tres y se la vende como un bien deseable y a conseguir, si quien la proclama es público. Público es famoso, acá, en la televisión. Y famoso es un decir, pero cuando la intimidad está en juego en la promoción de esa propia fama, se trate de quien se trate, la cosa se pone espesa, a veces, peligrosa. Pensar solamente y sin ir muy lejos en la coartada de Rodrigo “La Hiena” Barrios, que no se quedó a socorrer a la mujer embarazada que atropelló semanas atrás porque, adujo, “no quería más problemas con su imagen pública”. La imagen pública, entonces, la fama televisiva, la que aparece en la tele, de alguna manera ya no actúa en el mundo del espectáculo e, incontinente, comienza a develar su propio fracaso en la realidad misma. Y la tevé, se sabe, arrasa con la a veces delagada línea que divide las aguas entre espectáculo (siempre ficción) y realidad (a veces espectáculo). Lástima que sea la gente la que sigue pagando.</p>
<p style="text-align:justify;"> </p>
<p style="text-align:justify;"><strong>LEONEL GIACOMETTO<br />
PUBLICADA EN EL DIARIO <em>EL CIUDADANO</em> EL MIÉRCOLES 3 DE FEBRERO DE 2010 (ROSARIO, SANTA FE, ARGENTINA)</strong></p>
<p style="text-align:justify;"><strong><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=28406">http://www.elciudadanoweb.com/?p=28406</a></strong></p>
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		<title>MONUMENTAL DECADENCIA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 18:02:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[    Hacía más o menos diez años que no volvía con un programa propio. Por entonces decía “si querés llorar, llorá” y le salía mejor que ahora. En realidad, &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/14/monumental-decadencia/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">MONUMENTAL DECADENCIA</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="24" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/14/monumental-decadencia/moriaa/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg" data-orig-size="495,300" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="moriaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg?w=495" class="size-medium wp-image-24 aligncenter" title="moriaa" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg?w=300&#038;h=181" alt="" width="300" height="181" srcset="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg?w=300 300w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg?w=150 150w, https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/moriaa.jpg 495w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>    H</strong>acía más o menos diez años que no volvía con un programa propio. Por entonces decía “si querés llorar, llorá” y le salía mejor que ahora. En realidad, nunca se fue del aire televisivo que atraviesa de un modo u otro todos los hogares (y no hogares) argentinos pero, el año pasado, dejó deslizar (entre otras) que pesaba sobre ella “cierta prohibición” que le impedía volver (de donde nunca se fue, seamos claros). Sin embargo, el domingo 3 de enero, a las 13.30, por la pantalla de América, Moria Casán volvió con ¡Si querés reir, reí!, un programa de humor de, por ahora, doce emisiones todos los domingos. Va por el cuarto y lo de humor es un decir.<br />
¡Si querés reír, reí! es una producción de Betaplus (equipamiento técnico de alta definición) y Luciano Garbellano. Ex taxi boy, ex dueño de Spartacus (un burdel de hombres en Buenos Aires), ex extorsionador de placeres ocultos (pero filmados) de jueces y periodistas políticos claves y, entre otras veleidades, ex de Nazarena Vélez y de la mismísima Moria Casán, Luciano Garbellano es el socio de Moria en varios emprendimientos económicos (plata fácil, que le dicen): su Restó (Moria Resto y Más), una obra en Carlos Paz (Alegría ortomolecular) y su Escuela de Arte (¿qué decir?). En ¡Si querés reír, reí!, Garbellano tiene una breve aparición como, digamos, actor pero, fundamentalmente Moria, más allá de dos o tres “gatos”, es secundada por Facundo Ramírez, actor imitador mendocino que saltó a la televisión porteña (y nacional) el año pasado en ShowMatch, y que también está a cargo del guión (o de imprimir la rutina, que es casi lo mismo).<br />
Moria Casán, en el programa, despliega todo lo que tiene y navega en el océano del humor para ahogarse apenas “pone un pie” en el agua. Ni los flotadores la salvan.<br />
¡Si querés reír, reí! es, básicamente, un programa de sketchs como los que había en la televisión argentina en las décadas del 80 y 90 del siglo pasado (De Hiperhumor a La Tota y la Porota, entre otros): una serie de segmentos con personajes más o menos fijos en los que primaba, en aquellos, la capacidad de improvisación de los actores, su velocidad intuitiva, la chispa, “eso” frente a las cámaras con un guión medio chato o meramente situacional (recordar que algunos, hace mucho, iban en vivo o grabados sin la posibilidad de cortes). En ¡Si querés reír, reí! todo carece de ritmo, el humor es morisqueta, los personajes hacen acordar a otros personajes, a otros programas, a otros actores. Pero hacen acordar, nada más, ni siquiera son recuerdos. Moria hace de Moria pero a veces se calza una (otra) peluca y hace, como ya hizo una vez, de nena caprichosa que ve la realidad (Edda Díaz y Zulma Faiad deben estar dichosas por el homenaje), o de señora de barrio que baldea la vereda, o de atorranta. Ni el último le sale gracioso.<br />
Según Nacha Guevara, Moria Casán no es una artista sino “una mujer del espectáculo”. El espectáculo, que abarca un mundo (dentro de éste), está habitado por personas (hombres, mujeres, chicos, chicas, animales, empresarios, periodistas, fanáticos y muñecos) dedicados a entretener a un público que paga por ver y escuchar todo lo que tienen para ofrecer estas personas. La televisión no es gratis, entiéndase, y lo que ofrecen las personas del espectáculo, generalmente, empieza en la cabeza y en el cuerpo con billetera de un empresario y/o productor de la televisión (o derivado), pasa al teatro (no al género sino, más bien, a los edificios llamados teatros), sobrevuelan siempre las marcas y productos para después volver (siempre) a la televisión a seguir entreteniendo a ése público que, pagando tarde o temprano, sostiene la entidad y la realidad, digamos, pública de estas personas. Y ser público, estar muchas horas promedio al aire en el vivo de la tele, y meterse en cuestiones políticas y sociales, y meterse tanto, no es chiste. Es decir: lo entretenido, a veces, no es tan gracioso ni tan pasajero como para ignorar lo que hay detrás. Y lo que hay detrás es desconcertante, al menos. Y Moria Casán, casi como ninguna, es desconcertante por donde se la mire.<br />
De origen “muchacha que estudiaba derecho y fue descubierta de casualidad por un empresario del teatro de revistas”, Moria Casán se llama Ana María Casanova, mide un metro setenta y dos, tiene y tuvo forma y boca enormes y nació en Buenos Aires el 16 de agosto de 1944. Este año cumple 66, y desde la década del 70 del siglo pasado que forma parte del mundo del espectáculo. De capocómicos de primera línea nacional fue la vedette morocha (la rubia era Susana Giménez). De Alberto Olmedo, Jorge Porcel, Tato Bores y José Marrone, hasta de los menos graciosos y ofuscados como Juan Carlos Calabró y Nito Artaza. Hizo cine del peor (Los caballeros de la cama redonda, Los doctores las prefieren desnudas, Encuentros muy cercanos con señoras de cualquier tipo, Con mi mujer no puedo, Expertos en pinchazos, Así no hay cama que aguante, El telo y la tele, entre muchas otras) casi siempre dirigida (un decir) por Gerardo Sofovich o Hugo Sofovich, hermano del primero, más talentoso (otro decir) y muerto hace rato. Lo último que hizo para la pantalla grande fue, en 1993, bajo las órdenes de Raúl de La Torre, Funes, un gran amor. Hizo de puta ahí. Ahora está en teatro, otra vez, en Mar del Plata con Brujas, un engendro pretensioso y, al menos, filo lesbofóbico. Ahí también hace de puta, profesión con la que, según ella misma, le gusta identificarse dando a entender (así, siempre entretenidamente) que ser puta es algo poderoso, sexy y sumamente gratificante. Televisión hizo siempre y de todo tipo. En 2005 se metió literalmente en política cuando se presentó como candidata a diputada nacional por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por un partido creado casi para ella: El Movimiento Federal del Centro. La apoyaban Menem y Patti, Carlos Saúl y Luis Abelardo, sobre quienes pesan rumores y chismografías de favores sexuales de y sobre la vedette. Ella no niega y habla de regalos, como tantas otras. Perdió como diputada, pero nunca se sabrá si fue gracias a la gente o a una conspiración política. La segunda podría ser más acertada si Moria piensa que el público y el pueblo son la misma cosa. El segundo es un afán y al primero lo están afanando.<br />
Desde hace unos años viene montada en una especie de, digamos, cruzada de desenmascaramiento del mundo del espectáculo contra toda la hipocresía que, según ella, hay en el medio (“medio artístico”, dice Moria). Quizás tenga razón con lo de la hipocresía (es evidente que tiene razón) pero el eje principal de lo que dice Moria Casán traspasa impunemente las barreras del espectáculo y, como otros, dado su “trayectoria” (palabra hiper usada en la tele) consolida una posición de opinión (supuestamente, esperemos) firme frente a la coyuntura nacional (al pasado y al futuro también) que, envuelta y cubierta de una soberbia mal habitada, de alguna manera, cierta parte de lo que se llama público acepta (y paga). Y por tal, de un modo bastante tradicional en Argentina, acepta que Moria Casán no está cubierta de ninguna banderola social. Es más, casi anda desnuda con su fascismo y dice: “Soy humana y de derecha”, o “todo lo que entra tiene que salir” o “por supuesto, cuando en la Facultad de Derecho leí a Marx y a Engels dije «esto no es para mí». No tuve ni siquiera un coté izquierdoso en la facultad que todo el mundo lo tiene. O sea que la izquierda, «is not for me»”, o “mi espejo es mi gran compañero”, o “yo me encapsulo en mi Mercedes Benz con vidrios polarizados y me hago autista”, y acepta también ese público: “En el gobierno de Menem me sentí bien. Me sentí como respaldada por algo económico”, y “me encanta que me digan puta. Con el único militar que me acosté es con mi papá (se supone que es metáfora). Igual me encantan los militares. Y los gays. Quisiera que mi nieto sea militar y gay”. Todo eso se le acepta, y hasta se paga por verla y escucharla decir esas cosas. Tiene una hija, también. Y es abuela. Por lo que se ve en la pantalla de la tele, no se quieren mucho entre sí. Sobre todo Sofía Gala, su hija, es la que refuerza la certeza del poco amor. Igual, a Moria, no le importa nada de nada. “El tiempo dirá”, leyó una vez en la Facultad. Pero, ya lo dijo: “Is not for me”.</p>
<p><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p>Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 25 de enero de 2010 (Rosario, Santa fe, argentina) / <strong><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=25198">http://www.elciudadanoweb.com/?p=25198</a></strong></p>
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		<title>EL COSTADO DEL HUMOR OFICIAL</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 18:00:19 +0000</pubDate>
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<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>T</strong>eniendo en cuenta lo que se sabe y lo que no se sabe sobre la, digamos, pelea de Clarín con el gobierno y suponiendo que, como dicen y como nunca antes, hay, en la tele, conspiraciones económicas y mediáticas que juegan a favor y en contra de una contienda que tiene a toda la gente, personas y personajes, figuras y famosos, de Mex Urtizberea al chico de ojos claros que habla del tiempo en TN, repito, toda la gente de los medios audiovisuales está, por convicción o por el sueldo (tener en cuenta la segunda) en dos literales veredas opuestas. Teniendo en cuenta eso, volvemos a decir, lo que parece conspiración ya es un laberinto lleno de gatos embolsados donde, mirando con atención, no está para nada claro quién manipula la información, ni cómo se jactan algunos de seguir abriendo la boca, ni cómo otros la cierran antes algunas situaciones, ni quién denigra por divertimento, ni quién se da frente contra el gobierno sin importarle nada. Pero si se hace caso a la conspiración lo de Botnia no parece tan ecologista, ni Telefé tan comprometido con los derechos humanos, ni TN va a desaparecer, ni Los profesionales de siempre tan banal, ni Susana Giménez tan perezosa, ni Adrián Suar tan generoso, ni Majul tan en la cornisa. En ese laberinto mediático conspirativo, atravesado de punta a punta por los intereses económicos y hasta por un resentimiento nacido del adueñamiento exclusivo del pasado (y del peronismo, por ahora, hasta que vuelvan a juntarse) del matrimonio K, que juega y jugó un doble juego de “no me importa pero me importa”, los periodistas especializados en política, los comentadores “serios”, los periodistas en general, los analistas políticos van redefiniendo su propia identidad mediática conforme la vereda en la que se encuentren. En las dos veredas hay cajeros automáticos. Nada nuevo si se piensa que la fiesta menemista no cambió sino que tiene otro nombre y otro humor.<br />
De PNP (“Perdona nuestros pecados”) a CQC (“Caiga quien caiga”), sin olvidarse de “Las patas de la mentira” y de un pionero, “La noticia rebelde”, pasando por “Indomables”, “Duro de Domar”, “Duro de acostar”, TVR (“Televisión registrada”), RSM (“Resumen de los medios”), “Zapping”, “Un mundo Perfecto” y hasta “Bendita TV” todos los programas de archivo con panelistas e informes sobre la coyuntura de los demás programas de televisión y medios de comunicación (gráficos, virtuales y audiovisuales) hicieron y hacen hincapié en el humor como base de su propia esencia. Con mayor o menor gusto, dedicándose al espectáculo solamente o haciendo una mezcla de muchos temas en uno, el sentido del humor y el remate mordaz construyeron la, digamos, personalidad de estos programas. También los criterios de edición, los informes con sentido en sí mismos, las mezclas de imágenes, los impresionantes archivos, la fila extensa de productores, la contraposición de comentarios, el doble y triple sentido de una misma situación, la verdad absoluta que “nadie resiste un archivo”, los conductores y hasta los tonos y los textos que los locutores dicen en cada informe marcó y marca la tendencia de ese sentido del humor que, a veces, resulta forzado, doblemente irónico, o sea, sin chispa, impuesto sin ganas, no tanto por, digamos, oficialista o no, sino por tendencioso, o malicioso según el objetivo del dardo disparado. El ejemplo oficial de ese humor egocéntrico y relamido por un poder conquistado, por una verdad ganada al fin (o esa ilusión), a veces casi como un reflejo del humor de Cristina, es “678”, o “6 en el 7 a las 8”.<br />
Producido por Diego Gvirtz (“Indomables”, “TVR”, etc.), que tiene una productora llamada “Pensado para televisión” (PPT), zar de la televisión en y sobre la televisión y monstruo de varias cabezas, el programa arrancó en marzo del año pasado de lunes a viernes de 20 a 21 horas por la TV pública (Canal 7) con 5 panelistas (Orlando Barone, Carla Czudnowsky, Cabito Masa Alcántara y Luciano Galande), una conductora medio coordinadora (María Julia Oliván); luego se sumó al panel Sandra Russo, y sobre el final de 2009 cambió y estiró su horario para entrar, digamos, al Prime time nacional: de 21 a 22.30 horas. En cualquier momento, coherentes con son con su programa, cambian el nombre.<br />
Es uno de los programas de más, digamos, éxito de Canal 7, es decir, uno de los más vistos “realmente” en todo el país, y tiene una increíble difusión boca a boca. Todos los días hay un invitado distinto, generalmente alguien K o con ese olor y varias secciones propias (“La patria zocalera”, “En esta estoy con el malo”, “Lo obvio y lo sutil”, “La radio ataca” y “Con distinta vara”, entre otras) que luego los panelistas debaten. Un decir. Versiones lustradas de los formatos de los informes de “Indomables” y “TVR”, que en su momento marcaron criterios, digamos, de construcción de narración televisiva donde el humor funcionaba como eje y no como guiño, estos informes son narrados por un locutor que intenta conseguir un tono acorde y canchero pero queda a mitad de camino (junto con el de “Bendita TV”), y son los disparadores para que, después, cada uno de los panelistas no debata ni reflexione, sino que opine por el contrario, siempre con un gesto de “Dios mío” y con más preguntas que argumentos. Así funciona. Los informes parecen más limpios. Pero el problema sigue siendo el humor.<br />
Casi como una afrenta que, digamos, le juega a favor (a veces y gracias al gobierno, entiéndase), el programa posee cierto formalismo en su estructura y concepción que, de alguna manera, marca una diferencia con el resto, sobre todo con el resto de programas de ideó y creó Diego Gvirtz, donde los panelistas, si bien más iluminados en sus apreciaciones (algunos), a veces, más expuestos al rating, siempre, se dejaban ganar por el desorden y el caos reinaba, y todos hablaban al mismo tiempo (hasta el conductor). Pero acá todos se respetan los tiempos para hablar, se miran poco entre ellos (o estiran la cabeza para verse), discuten lo mínimo entre ellos, usan mucho la palabra “vulgar” (todos), se hacen chistes entre ellos pero nunca sobre los trabajos anteriores de ellos, sino, por ejemplo, una vez, una catarata de jocosidades sobre las disímiles visiones del ego gracioso de Aníbal Fernández frente a los disparos de Jorge Lanata cuando éste lo entrevistó en su programa DDT (“Después de todo”) el año pasado. Pero nada más.<br />
Tildado de oficialista extremo, de que los sueldos de algunos llegan a 90000 pesos, que Carla Czudnowsky, ya que está en un canal del gobierno y que a veces tiene los ojos muy abiertos y otros días muy cerraditos, podría hacerse algunas preguntas sobre la muerte de su amigo e inventor (el difunto Juan Castro), que Sandra Russo tiene cara de “en cualquier momento me levanto y me voy”, que Cabito tiene de stand up lo que los Kirchner de plurales, que cuesta 20000 por programa y de ultra kirchnerista, en realidad, “678” es un programa crítico casi exclusivo de la oposición donde las quejas al gobiernos son chistes livianos, casi al pasar, los temas de espectáculos aparecen muy de vez en cuando y son, por ejemplo, Chachi Tedesco hablando de la muerte de Alfonsín; Jorge Rial tildando de cocainómano a Camilo García, un panelista de Viviana Canosa y ex pichón de Rial, y cosas así que, dejan ver, cómo resignifica el acontecer político la farándula berreta argentina. Algo parecido al paroxismo del mal gusto, el servilismo y la represión de emociones fue el reportaje (el único) que Diego Maradona le dio al programa, el año, cuando aquel pidió succión nacional.<br />
En su formalismo, también a diferencia de otros, aparece un objetivo claro y expuesto, que en “678” lo hacen público en todo reportaje y página de Internet: “Desenmascarar cómo operan y manipulan los medios de comunicación la información del modo que más les conviene, con un seguimiento ágil y preciso sobre la actualidad política y social de la Argentina y del mundo”. Ojalá sea cierto eso pero en “678” también dudan, como todos, de esa acción operativa, tan liberal de parte del gobierno, tan limpia y navegan en cierta confusión, como todos, como Carla Czudnowsky hace unas semanas cuando sobre el, por decir, conflicto entre el Poder Ejecutivo y el Banco Central, muy blanca y muy rubia como está ahora, clavó los ojitos cerca de sus manos y largó: “A mí… (Resopla bajito) Me sigue haciendo ruido esto de que todo el tiempo tenemos que tratar de interpretar lo que se dice con lo que significa, la disociación de lo que pasa con el significado que realmente tiene”. “Será que con el tiempo esto se cae como una fruta vacía, será que estoy despierto y vos dormido, la casa estaba en orden y no encontré motivo, señal que te he perdido”, canta Calamaro.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><br />
</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>LEONEL GIACOMETTO</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>PUBLICADA EN EL DIARIO <em>EL CIUDADANO</em> EL LUNES 18 DE ENERO DE 2010 (ROSARIO, SANTA FE, ARGENTINA)</strong></span></p>
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		<title>EL HAMBRE DE MIRTHA LEGRAND</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 17:55:48 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[    “Y eso que Mar del Plata explota”, dijo Mirtha Legrand la semana pasada, medio enojada porque hay un solo vuelo por día desde esa ciudad a Buenos Aires. &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/14/18/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">EL HAMBRE DE MIRTHA&#160;LEGRAND</span></a>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/mirtaaaaaaaaa.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="17" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/14/18/mirtaaaaaaaaa/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/mirtaaaaaaaaa.jpg" data-orig-size="495,300" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="mirtaaaaaaaaa" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/mirtaaaaaaaaa.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/mirtaaaaaaaaa.jpg?w=495" class="size-medium wp-image-17 aligncenter" title="mirtaaaaaaaaa" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/mirtaaaaaaaaa.jpg?w=300&#038;h=120" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;"><strong>    “</strong>Y eso que Mar del Plata explota”, dijo Mirtha Legrand la semana pasada, medio enojada porque hay un solo vuelo por día desde esa ciudad a Buenos Aires. Y muy triste, también, por la muerte de Sandro y en la misma conversación telefónica con Susana Giménez que, dijo, al aire, venir a darle el adiós a Sandro y “volverse ya” (A Miami, Punta del Este, da lo mismo, Susana parece siempre vuelta de otro lado). Así, y con Antonio Gasalla y su elenco teatral almorzando con pocas ganas un día antes, Mirtha volvió. Y sudará su vuelta, otra vez, desde Mar del Plata hasta que se termine el veraneo oficial y ella, otra vez, vuelva a Buenos Aires a seguir almorzando, otra vez, con una rutina estética que no cambia nunca, como siempre, a pesar de todo y de todos, una vez más.<br />
De los doscientos años que cumple la Argentina este año, Mirtha Legrand estuvo, casi ininterrumpidamente, cuarenta dos por el aire de la televisión, siempre televisión abierta (y porteña) salvo cuando los radicales, dijo ella, la censuraron en los ochenta y se fue al cable. Pero, igual, partido político que reine o militar que imponga, todos los días (hábiles) y, salvo dos o tres excepciones por año (viajecitos a París y Miami), Mirtha Legrand siempre estuvo al aire y en vivo (hasta de noche, en algunos años). La mitad de su vida, casi. Antes había sido una actriz, como o más o menos todas las actrices de la época en que el cine argentino acumulaba mujeres en tránsito de ser diva. Diva fue Zully Moreno o Delia Garcés. Mirtha actuaba y, como hoy, se le notaba mucho la postura de lo que, por entonces, todavía no era. Hasta que se casó y fue feliz.<br />
Tiene una hermana gemela, un hermano director de cine, joyas, un marido francés director de cine, ropa, Elba y Elvira, más joyas, dos hijos, más ropa, tres nietos (uno la produce y vive de ella, la otra literalmente vive a costa de su parentesco y el tercero, según Mirtha, tiene un nombre horrible), un biznieto, un yerno con problemas político-judiciales y otro del que no habla. El marido se le murió abruptamente y el hijo también. Lloró, al aire y en vivo, esas dos muertes, de negro (por supuesto) y flanqueó con falsa pero útil convicción la lluvia de rumores sobre sus dos Danieles. Pero la semana pasada se negó a sí misma a ir al funeral de Sandro, argumentando no poder resistir verlo así, muerto. Como la viuda de Sandro, Olga, no permitió imágenes, Mirtha no iba a poder transmitir, al aire, el dolor que ella siente o sentiría ahí, con Sandro muerto, a solas y sin que nadie la mirase. O quizás porque el calor era insoportable y la cuestión de los vuelos diarios la enojó de veras. O quizás porque Mirtha sólo existe y resiste por el sólo hecho de ser vista (para ser mirada solamente ella quiere vivir). Da lo mismo, ella tiene una respuesta para todo lo que acontece. Y preguntas, ya que desde hace algunos años se la pasa preguntando todo a todos como queriendo, así, hacer énfasis en que las preguntas son el espejo de su compromiso (ante todo). Entre el pueblo, la gente y el público hay una diferencia que ella no entiende o se niega a entender por, digamos, desalentadora. Pero no es la única y así estamos.<br />
Cuando se puso a hablar de la inseguridad, apenas llegada de Miami, el año pasado, “donde es otro mundo”, dijo, “acá tenés que mirar para atrás”, ¿intentó? convocar a una concentración de personas a favor de no sabía muy bien qué, pero hablaba del cansancio del pueblo. Después se echó para atrás porque, dijo, “las condiciones no estaban dadas”. En un reportaje al paso, en el Hotel Plaza, después de una cena beneficio, le sentenció al notero del programa Los profesionales: “¿Qué nos reprochan? ¿Que seamos conocidos? Mire, tiene más merito ser conocido, ser exitoso, ser famoso, tener dinero y ocuparte de estas cosas. Lo peor es la indiferencia. Este, cómo se llama, no, no, el que está al lado de Viviana (Canosa), ¿eh? (Adrián) Pallares. Dijo y estos que hablan, no sé qué, y después se ponen a comer, no sé qué, unos tilingos. Yo de tilinga no tengo nada, así que se calle la boca”.<br />
Se la acusa casi siempre de lo mismo: de andar con Dios y con el Diablo, de no tener bandera dijo una, de metida, de “derechona gorilaza”, dijo Federico Luppi, que ahora es K; de que antes escuchaba más y hablaba menos; de hiper conservadora; de impostada en una situación bastante peligrosa; de no ser ella misma. Todo es verdad si se tiene en cuenta que Mirtha, desde que dejó de actuar y se transformó en lo que se transformó gracias y por la tele (“y por ustedes”, siempre espeta), Mirtha es una actriz transformada algo parecido a un símbolo, medio chato, que ella misma alimenta y construye: ella es lo que toda persona, artista o no, según ella, “debería ser”: Ser católico, venerar a los muertos (los propios), ser sano física, psíquica y moralmente, democrático (siempre), fiel, con esperanzas en el futuro, agradecidos hasta el hartazgo por el ser “artista” (o similar) y jamás sentir miedo (salvo que la inseguridad le haga decir al aire y en vivo “Nos están matando a todos, a todos”), ni hambre, dejar el cigarrillo, ser rubia por dentro y las drogas son un flagelo. No es la única, claro está, eso es ser actor famoso hoy por hoy. Pero Mirtha tiene las convicciones muy fuertes en eso, tanto que, posiblemente, se crea absolutamente todas sus propias tretas (que lee todo, que ve todo, que sabe todo y que Cristina es una actriz frustrada).<br />
En sus cuarenta años de televisión casi ininterrumpida, Mirtha Legrand pasó por todas las vicisitudes políticas, sociales y culturales que alimentan la televisión. O hizo qué, lo cual es lo mismo en su planeta. Sólo dos o tres personas de proyección mediática le negaron un almuerzo. El resto va siempre, algunos pagan y muchos tienen récords. Se le levantó menos gente de la hubiera querido y jamás echó a nadie de la mesa a pesar de ella misma (siempre). Su verdad cruda trata de cocinarla para alimentar el hambre desmedido llamado ego que, hoy por hoy, resulta una parodia de sí mismo. Será que el destino deviene parodia si no se lo mira con atención (al menos un rato), o será que Fernando Peña tenía razón cuando, en vida, almorzó con ella y le regaló unas palabras manuscritas. En ese almuerzo, en 2008, una hora antes del regalo, Mirtha le había preguntado a Peña por qué quería venir al programa. “Porque te amo”, le respondió. El papelito decía: “Jamás conocí a nadie que se ame tanto. Y ésa es la base para ser feliz». Eso es Mirtha Legrand, es quererse demasiado, amarse tanto a pesar del talento y sólo con la voluntad, hacer magia. Como actriz no descolló y vivió a la sombra de actrices verdaderas, sobre todo de Egle Martin, la verdadera musa <span style="color:#000000;">de las mejores películas de Daniel Tinayre, su difunto marido (Amelia Bence fue un divertimento, entendámonos). Pero Fernando Peña, en aquel almuerzo, después del regalo que Mirtha no “agarró del todo”, sacó un revólver y le apuntó diciéndole: “Bueno, y ahora te voy a matar”. Mirtha helada. Fueron segundos, sólo segundos de una latencia jamás vista quizás en televisión. Pero no disparó porque en televisión todo es mentira y porque Fernando Peña no era Mark David Chapman, ni Mirtha John Lennon.</span></p>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:right;"><span style="color:#000000;"><strong>Leonel Giacometto</strong></span></p>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:justify;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 11 de enero de 2010 (Rosario, Santa fe, Argentina) / <a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=19934">http://www.elciudadanoweb.com/?p=19934</a></p>
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		<title>TODOS CON MUNICIÓN GRUESA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2010 17:50:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><a href="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/tv_caja_boba_nota1.jpg"><img loading="lazy" data-attachment-id="14" data-permalink="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/14/todos-con-municion-gruesa/tv_caja_boba_nota-2/" data-orig-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/tv_caja_boba_nota1.jpg" data-orig-size="400,250" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}" data-image-title="TV_CAJA_BOBA_nota" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/tv_caja_boba_nota1.jpg?w=300" data-large-file="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/tv_caja_boba_nota1.jpg?w=400" class="size-medium wp-image-14 aligncenter" title="TV_CAJA_BOBA_nota" src="https://notasenundiario.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/02/tv_caja_boba_nota1.jpg?w=300&#038;h=180" alt=""   /></a></p>
<p style="text-align:justify;">    <strong>¿</strong>Qué es mirar televisión? Una pregunta estúpida. Por qué la miramos, también. Pero, hacerse unas preguntas sobre lo se está mirando y escuchando, más o menos, todos los días, sin obligación, más bien como rutina, no parece tan estúpido como preguntarse qué televisión hay que ver. La que se vio durante todo el año que apenas se fue, nomás, y la que nos merecemos, parece, y la que seguiremos viendo durante este año, fue pura timba y pelea. Cabe destacar que cuando se habla, dice o escribe sobre la televisión argentina, se está hablando, diciendo, escribiendo y escuchando sobre la televisión producida en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El resto es silencio (y Carmen Yazalde puede dar testimonio).</p>
<p style="text-align:justify;">    Entre la televisión y el, digamos, aparato político sobrevuela el mismo olor, la misma sensación aparece y se resume en poder y dinero, en su búsqueda desmedida, en su pesada exposición de vacío que simula llenar algo que en realidad es otra cosa. Toda una cuestión de táctica y estrategia económica social sería lo anterior si esos dos mundos no existieran y, de alguna manera, no fueran constitutivos de otro mundo: el de la gente.</p>
<p style="text-align:justify;">    Hay gente estúpida y gente no estúpida pero, también, hay gente que ve a la gente como estúpida y especula sobre esa estupidez. Así, con una idea hoy totalmente desmembrada de participación del espectador en la imagen, hoy por hoy, y siempre, la gente es llamada a participar (a veces literalmente, como esos mensajes grabados por la voz de Susana Giménez que llegan por el teléfono) y participa timbeando, viendo “la posibilidad” en la posibilidad de un azar medio caprichoso que la televisión ofrece a, más o menos, $3.75 más IVA el mensaje de texto. Antes eran cartas pero, de igual manera, a cambio, peleas, pases de facturas, identidades simuladas, verdades aparentes, llamamientos morales, cívicos, civiles, incitación al buchoneo, omisiones deliberadas, Zulma Lobatto, políticos politiqueando (y pagando, más de uno), auspiciantes entre comillas, “tingui, tingui”, blanqueo de capital negro en teatros fuera de la Ciudad Autónoma, “one, two, three, Fort” y escoria, mucha escoria.</p>
<p style="text-align:justify;">    De Carmen Barbieri a Julio Chávez, de Aníbal Fernández a Aníbal Pachano, del funeral PRO de Fernando Peña a la impresionante performance de los gestos y aptitudes de la presidenta en el adiós a Mercedes Sosa, pasando siempre por Jorge Rial y Viviana Canosa (siempre), haciendo pie (como se pueda) entre las chocolatadas, las chechonas, el ortomolecular y las quince caras de Florencia Peña, todos y todas, prácticamente todas las personas que aparecieron en la televisión del 2009 lo hicieron para enfrentarse a alguien (o algo). En una erradicación casi obscena de los significantes que, digamos, deberían construir esto que llamamos realidad, o al menos citar alguna fuente de vez en cuando, la televisión inventó (y reinventa a cada momento) distintos niveles de no ficción con personas que dicen ser personajes, que dicen ser figuras, que dicen ser famosos, que dicen ser políticos, que dicen estar embarazadas, que dicen ser padres, que dicen ser hijos, que dicen amar y odiar a otros que dicen no ser lo que son. De hecho, lo son y son todo eso que dicen pero siempre amparados en el marco de la televisión, que, además de darles mucho (mucho) dinero, canje y empatía, los hace protagonistas de una verdad televisiva que siempre, al parecer, pide más porque la gente así lo quiere. Si no apagaríamos. O veríamos a Cecilia Dopazo presentar eventos culturales en Canal a, o cómo inseminan a una elefanta en San Diego, o Virgen a los 40 por séptima vez. Sin embargo, con los objetivos cada más expuestos, las personas en la tele argentina del 2009 se dieron con todo, y con munición gruesa. Lo de gruesa es una delgada línea (roja) entre lo obsceno y, digamos, otra cosa que no tiene nombre (como el accidente de los Pomar). Amenazas extorsivas, siempre; enfermedades infecto contagiosas y secretos negros, cada dos por tres; devoluciones, intereses, contrapréstramos y recordatorios sobre usos y abusos de décadas pasadas (incluidos amiguismos y ex amiguismos, desaparecidos y antisemitismo), varias veces; “develaciones” de varones que no les gustan las mujeres, más uno; ganas de suicidarse de Nazarena Velez, muchas. Así, durante todo el año pasado, la especulación sobre la vida o no vida del otro estuvo siempre en función y en escena a medida que “el minuto a minuto” así lo requería. Se le sumó la Ley de Radiodifusión y su despliegue oficial y no oficial que terminó por partirlo todo en dos. Como el Titanic, como el país, hoy por hoy, y hace doscientos años, una mitad arriba y otra muy sumergida. Todo tiene un precio en la televisión y todo puede ser negocio y negociable. Hasta lo de arriba. Sólo que en el Titanic lo de arriba se hundía. Acá flotan todos, como los amigos del interior y siempre, ahora empezado el Bicentenario más aún, amenazan por más.</p>
<p style="text-align:justify;">
<p style="text-align:right;"><strong>Leonel Giacometto</strong></p>
<p style="text-align:justify;">
<p><span style="color:#000000;">Publicada en el diario <em>El Ciudadano &amp; la gente </em>el lunes 8 de enero de 2010 (Rosario, Santa fe, Argentina) /<a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=18996" rel="nofollow" target="_blank"><span style="color:#000000;">http://www.elciudadanoweb.com/?p=18996</span></a></span></p>
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		<title>MIENTRAS TINELLI MIRA A CÁMARA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Leonel Giacometto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Feb 2010 04:15:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Televisión escrita]]></category>
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					<description><![CDATA[De lo que se puede tener cierta certeza al ver y escuchar televisión argentina es que, en la mayoría de los casos, no puede saberse qué es cierto y qué &#8230; <a href="https://notasenundiario.wordpress.com/2010/02/12/mientras-tinelli-mira-a-camara/" class="more-link">Continúa leyendo <span class="screen-reader-text">MIENTRAS TINELLI MIRA A&#160;CÁMARA</span></a>]]></description>
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<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><strong>D</strong>e lo que se puede tener cierta certeza al ver y escuchar televisión argentina es que, en la mayoría de los casos, no puede saberse qué es cierto y qué no porque opera con leyes propias, reinventándolas día a día, reclasificando valores, enterrando disensos, contaminándose y nutriéndose de todo lo que encuentra a su alrededor sin preocuparse por los conceptos, por las nociones y los límites entre lo real y lo fingido, entre el espectáculo y la patología, entre lo que está vivo y lo que tiene hambre, entre lo que mata y lo que es matado. Todo vale tanto más cuanto que nada importa y, sobre esa duda (o certeza, si hablamos claro), sobre esa tensión que le importa a muchos y a otros, según la época, no tanto, pasa, hoy por hoy, la forma de, digamos, analizar qué es y qué sucede con lo que está del otro lado de la pantalla, con lo que se hace del otro lado.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La televisión argentina, casi al filo del 2010, sobrevive crisis, gobiernos, contiendas partidarias y empresariales, catástrofes y malarias porque se alimenta y retroalimenta de los sucederes de un país amnésico que casi la mira sin ver, que casi la oye sin oír. Pero sobre quién mira y quién oye, y sobre quién ni mira ni oye y sólo ve, sobre eso, ponerse a pensar, la televisión ni piensa y eso carece de real importancia, así como las nociones de pluralidad y multiplicidad resultan un perenne contrasentido. El zapping es una gran mentira que no se debate.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">La televisión argentina, camino al Bicentenario, tiene nombre y apellido: Marcelo Tinelli. Más allá del resto, Tinelli domina, construye y mantiene en cierto sentido, toda una realidad que parecería operar con reglas propias y que no está del todo clara cuánta de esa realidad incide en la otra, en la que estamos todos y vivimos todos de manera diversa. Este año el programa de Tinelli, el factótum de su imperio audiovisual, SHOWMATCH, cumplió veinte años y, delicias de un destino escrito bajo la sombra y el amparo del menemismo, puso en práctica un cúmulo de modificaciones que se fueron dando conforme el rating parecía pedirlo. A ver, el rating, como la realidad, como la opinión pública, como el público, como el pueblo, como la inseguridad, como Majul, genera una ficción intrínseca de sentido que, en la tele, funciona como caja, como formador de dinero, como ganancia o como pérdida. Es decir, no sabiendo nunca casi nada del otro que mira y escucha del otro lado, la televisión especula sobre gustos y costumbres y apuesta con lo que, sigue especulando la tele, el rating indica que la gente quiere ver. Esto fue así siempre pero hoy por hoy sus mecanismos están más expuestos ya que la televisión se transformó en una especie de hipertelevisión que aprendió a hablar de sí misma, a bajo costo, recodificando el concepto de ficción y logrando así independencia total de los demás medios audiovisuales. Ni el cine logró conjurar el hechizo y cayó rendido a los pies de las cámaras sucias y desprolijas de los noticieros.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Por eso, y porque quizás es más barato y porque ya no importa tanto, a la altura de Tinelli ganar más plata sino tenerla más larga y más grande, ser más grande Tinelli parece que quiere ser y a principios de año, desplegó toda una artillería que se ancló en una vuelta del programa al humor de años atrás (cámaras ocultas, sketchs, participaciones especiales, Pablo Granados, Pachu Peña, entre otros) pero que, rápidamente mutó a un certamen de talentos de chicos que duró poco y se lo cedió a Luis María Listorti, que hizo lo que pudo con esa cara, con esos gestos y con esos chicos. Terminó rápido y ya nadie recuerda eso.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">De los chicos a la segunda versión del “Gran Cuñado”, basándose en la coyuntura y en las elecciones del 28 de junio que estaban por llegar. Durante semanas, toda la televisión y medios gráficos argentinos, operaron sobre la ficción de Tinelli y debatieron, serios o más o menos, cómo podía un programa de televisión que se burlaba de los candidatos, voltear a uno y subir a otro, cómo ya Tinelli perdía patria y bandera, y si era verdad que Fransisco De Narváez había puesto plata en el programa. Aparecía entonces toda aquella historia de las participaciones del entonces presidente Fernando De La Rúa en SHOWMATCH (por entonces VIDEOMATCH y por TELEFÉ) y, una vez más, casi con un reduccionismo espantoso, dejando a eso que se llama opinión pública con el sabor de la idiotez, se dijo que el principio del fin de De La Rúa había comenzado con Tinelli, quien seguía llenándose los bolsillos del mismo modo que, años atrás, se tragaba alfajores enteros en cámara.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Casi olvidados, los imitadores de políticos dejaron paso a lo que, al parecer, disfruta más Tinelli y su público: el enfrentamiento verdadero con protagonistas verdaderos. O casi. Como una mixtura berreta y ordinaria de Bailando por un sueño y Cantando por un sueño, apareció El musical de tus sueños, donde ahora los famosos (o casi, pero famosos al fin) competían y compiten bailando y cantando junto a un grupo de bailarines y cantantes más o menos expertos. Como las licencias de los grandes musicales (Léase EL FANTASMA DE LA ÓPERA, CATS, CHICAGO, HAIRSPRAY, EVITA, entre otras) resultaron caras para la producción de Ideas del Sur, se prefirió otra hermosa y delicada mixtura entre recreaciones de videoclips y canciones, digamos, teatralizadas. El jurado, integrado por, y perdónese la tristeza, la decadencia misma, purgó y purga historias personales que conoce todo el mundo, con un Aníbal Pachano que salió del closet pero aún no vendió el ropero, una Reina Reech que vive de glorias pasadas y, Valeria Lynch, que alguna vez fue la mujer araña y hoy rasquetea entre canjes y publicidades para sus shows en el teatro Gran Rex.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;">Como tampoco está claro qué quiere decir en televisión ser un artista, ser una figura, ser un personaje y ser un problema, todos se proclaman artistas (de Graciela Alfano a “La enana” Feudale) y, como se les terminó el guión personal (o se los terminaron, para el caso da lo mismo), como lo obsceno en esos autoproclamados artistas empezaba a oler a chiquero real, a tarro con lombrices, esperaron que llegase el día de la madre, en octubre pasado, y todos lloraron. Ahí los productores de Tinelli se dieron cuenta que “los grandes temas” siempre funcionaron y que había que llorar. Entonces volvieron los chicos, esta vez bajo la forma de los sueños de los famosos, que aprendieron y aprenden a llorar más rápido que un recién nacido y recrean grandes escenas de la ficción universal donde, siempre, los chicos son privilegiados. Y todos lloran al compás de gente necesitada, gente real que necesita algo de alguien y que la televisión se lo ofrece en un formato en el que ganan otros. Mientras tanto Tinelli mira a cámara. Cada vez más seguido.</span></p>
<p style="text-align:justify;"><span style="color:#000000;"><br />
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<p><span style="color:#000000;"><strong>LEONEL GIACOMETTO</strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong>PUBLICADA EN EL DIARIO <em>EL CIUDADANO</em> EL MARTES 17 DE NOVIEMBRE DE 2009 (ROSARIO, SANTA FE, ARGENTINA)</strong></span></p>
<p><span style="color:#000000;"><strong><a href="http://www.elciudadanoweb.com/?p=3365">http://www.elciudadanoweb.com/?p=3365</a></strong></span></p>
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