<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669</atom:id><lastBuildDate>Wed, 06 Nov 2024 03:04:06 +0000</lastBuildDate><title>Vagueaciones</title><description>Vagueaciones o divagaciones nacidas de esporádicas formas de pensar en los momentos de ocio.&#xa;&#xa;(Nos mudamos a: blogs.monografias.com/vagueaciones/)</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>28</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-1520049850116976674</guid><pubDate>Fri, 26 Mar 2010 20:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-03-26T15:31:16.460-05:00</atom:updated><title>La irrelevante peligrosidad de una pileta</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg8H_9VYkBc7gEf5PZdUCFs9GYYbslFsxBN_Zd7TtDOF5i33qIgSjyncemUdw4Kq-HQpnCibKk-JJSIriBhi5Emay2VaQoxKDMUmg2SpixrULIcdI_bb4By5h0YhNipUuTWcjWg_iAvh2k/s1600/Pileta+%5B50%25%5D.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; height=&quot;640&quot; nt=&quot;true&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg8H_9VYkBc7gEf5PZdUCFs9GYYbslFsxBN_Zd7TtDOF5i33qIgSjyncemUdw4Kq-HQpnCibKk-JJSIriBhi5Emay2VaQoxKDMUmg2SpixrULIcdI_bb4By5h0YhNipUuTWcjWg_iAvh2k/s640/Pileta+%5B50%25%5D.jpg&quot; width=&quot;483&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hay una pileta, en el lado norte de la ciudad, donde las cosas pasan porque pasan, que tiene una forma peculiar. A diferencia de la común ingeniería de piletas, ésta tiene una base ovoide. Y a pesar de sonar irrelevante, termina siendo un grave problema para aquél que quiera (o tenga) que sentarse cerca de esta enigmática caída de agua –las piletas constituyen el 90 por ciento de las cosas inexplicables que uno puede encontrar en esta ciudad–. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El viento, que es el nueve por ciento de cosas enigmáticas que se encuentra aquí, no se caracteriza precisamente por su constancia. Este jodido fenómeno natural se permite cambiar de dirección cuando se le da la gana. Y a nosotros, los mortales, no nos queda sino una sumisa adaptación –pero siempre creyendo que lo hacemos a nuestro albedrío– a su comodidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Es un grave problema, entonces, sentarse al costado de ese artefacto de piedra y metal, porque el agua cae, evidentemente, en un radio perfectamente circular. Eso quiere decir que caerá dentro de la base de piedra en dos costados; y en los otros dos lo hará raspando los bordes, en el mejor de los casos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Uno nunca sabe para dónde soplará el dichoso y hedonista viento; y de eso depende si resultamos, imperativamente, empapados o secos. Sentarse al costado de esta pileta resulta una actividad azarosa, un juego peligroso –olvidaba comentar que el uno por ciento de cosas misteriosas que ocurren en esta ciudad es que la gente padece de hidrofobia– que equivale a dispararse con un revólver cuyo tambor tiene un solo proyectil. Evidentemente, la Asociación de Madres Sobreprotectoras con sede en Ciudad del Lago han protestado con marchas, huelgas de hambre, cacerolazos y, como último recurso, miradas de desprecio hacia el alcalde. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El otro día, vi cómo un niño tenía la imperiosa necesidad de sentarse cuanto antes, por razones en las que no es conveniente ahondar, y todas las bancas de esa alameda estaban ocupadas. Nadie quería cederle el asiento, «¿dónde se ha visto que un niño le quite el asiento a los mayores? Un anciano, por razones éticas y morales, no le puede ceder el asiento a un joven». Todos los asientos estaban ocupados menos «ése», el que estaba al costado de la pileta. Al niño no le quedó otra opción que sentarse ahí. Había las mismas probabilidades de que el viento sople hacia él –y por consiguiente que le llueva agua de pileta– y de que no sea así. Fue un riesgo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aliviados todos, luego de que el niño se levantara para irse, volvieron a sus cosas hasta que una señora dio un grito desesperado. El chico se dio cuenta de que una brisa llevaba sus cabellos hacia delante. Volvió la cabeza pero ya era tarde. Un señor que se había levantado y corría hacia él se detuvo y agachó la cabeza. Siguieron convulsiones, gritos desesperados, una sirena aturdidora y, luego, silencio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Desde aquella vez, esa alameda está desértica. Pero nunca falta algún osado que demuestra su temeridad caminando cerca de ese aparato y acaricia la piedra. Desde luego, una vez que cae en su inconsciencia, apura el paso y se aleja disimulando su cara aspaventada. Se ha corrido el rumor de que, a veces, el viento sopla con tal fuerza que el agua no sólo llega hasta «esa banca». Por eso ya casi nadie pasa por ahí. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hoy me puse un impermeable y salí al encuentro con la muerte, mi probable muerte. Cuidé cubrirme hasta los tobillos y la cabeza. Fui a descubrir el enigma, ¿nadie se ha preguntado el porqué de nuestro «problema» con el agua? Cara a cara, me quedé absorto varios minutos. Ella me hablaba. Yo sólo entiendo español. Un pánico recorrió mi cuerpo cuando el agua que caía vino hacia mí. Trate de escapar. El chorro resbaló en el impermeable. «Estuvo cerca, inconsciente». &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;&quot;&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando me alejaba, note húmedas las manos. El impermeable no las cubría. ¡Increíble! Genial. «No soy hidrofóbico, entonces. Al menos no mis manos». Me quité el sobretodo y lo tiré. Medité en el camino a casa. «La gente no se ha dado cuenta que también se mojan cuando llueve». Qué idiotas. Habrá que avisarles, escribir un artículo, salir en la tele, hacer conferencias. «Qué flojera, que se jodan».&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2010/03/la-irrelevante-peligrosidad-de-una.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg8H_9VYkBc7gEf5PZdUCFs9GYYbslFsxBN_Zd7TtDOF5i33qIgSjyncemUdw4Kq-HQpnCibKk-JJSIriBhi5Emay2VaQoxKDMUmg2SpixrULIcdI_bb4By5h0YhNipUuTWcjWg_iAvh2k/s72-c/Pileta+%5B50%25%5D.jpg" height="72" width="72"/></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-6189779271927069903</guid><pubDate>Wed, 03 Feb 2010 15:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2010-02-03T10:56:43.376-05:00</atom:updated><title>Aproximación al entendimiento de una relación</title><description>&lt;div align=&quot;left&quot;&gt;Él es porque no puede estar; el descubrimiento de su insensibilidad lo ha dejado resignado a una vida circunscrita sólo a la existencia. Él sabe que las elecciones se le han limitado exponencialmente cada año cuasi vivido. A los veintitrés son sólo dos: “escribir que escribe” como el grafógrafo de Vargas Llosa; o esperar veintitrés más para tener el inverso de posibilidades y no escribir que no escribe ni esperar menos veintitrés menos. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot;&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot;&gt;Ella quiere estar porque no puede ser; y en la indecisión de ambas formas de existir se le va la vida. No se ha resignado ni a ser ni a existir; sólo es porque no tiene nada más que hacer. A los diecinueve se ha encontrado con veintitrés formas de no hacer nada, con veintitrés maneras de no leer a Vargas Llosa ni ser grafógrafo. Ella toma la vida por el cogote y la mira con furia, pero no sabe hacerle deño, no tiene más que decirle y la suelta. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot;&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;left&quot;&gt;Diecinueve y veintitrés son dos formas de sumar la vida. Diez más nueve; y veinte más tres. El segundo le dobla el primer número pero la primera le triplica el segundo. Diecinueve más veintitrés es una paradoja de la vida, una extravagancia que se permite un dios que no existe. Ella y él se restan y se suman y se vuelven a restar, siempre sumando. Dos vías, ambas inidóneas, de resolver esta cosa que se llama ser en unos tiempos en los que está de moda existir. El y ella son dos formas de no amar, pero, por leyes aritméticas que uno no se atreve a refutar, se aman al juntarse.&lt;/div&gt;</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2010/02/aproximacion-al-entendimiento-de-una.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-1128115082516442764</guid><pubDate>Sun, 25 Oct 2009 02:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-24T21:58:40.474-05:00</atom:updated><title>El poderoso caballero en la vida de Agustín Parra</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;Lo cierto es que el panorama había cambiado: el padre murió, la madre se quedó sin empleo, los abuelos sobrevivían a las justas, y a él, bueno le correspondía menos mensualidad de la madre. Lo poco que le daba apenas le alcanzaba para los gastos de la universidad; se había privado de comprar libros (tanto de derecho y de literatura, que eran los que más le gustaban), sería autodidacta. ¿Quién necesita lo que dice en los libros? Sólo repiten lo que uno ya sabe. Mentía, lo sabía. Los libros fueron todo en su vida; le hicieron ser lo que es ahora. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba solo, esto es que no tenía pareja, podía estar sin gastar un centavo por mucho tiempo, incluso perdía la cuenta de las semanas o meses. Esto le encantaba, creía que la felicidad, el edén, estaban en no utilizar el dinero para nada. Era una especie de liberación espiritual. Se sentía más libre, más humano, más hombre, cuando no gastaba nada da plata. Encontraba bonito caminar en vez de tomar el colectivo a donde tuviera que ir. A veces cruzaba la ciudad ida y vuelta y llegaba fatigado a casa, pero feliz. Cada centavo no gastado le hacía sentir realizado.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;El amor, ese de pareja, de noviazgo, es caro. Aunque uno se tiente a especular, se satisfaga (o consuele) de algún modo, pensando (y diciéndoselo uno mismo, una y otra vez para autoconvencerse) que es desinteresado, innecesario de dinero, “desmaterializado”, en el fondo está la vocecita ésa, que casi todos ignoramos, recordándonos que nada de lo que queremos creer es cierto. No sé si se dan cuenta que cuando hay problemas de dinero las parejas siempre pelean. ¿Casualidad? No, el dinero funciona como un “aceite” que hace que todo fluya con normalidad, que los engranajes del amor se deslicen, grasosos, suavemente. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Desenlace: véase el último párrafo.&lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Inexplicablemente nublada, pues nunca fue así, la tarde del día siguiente se le presentaba a través del balcón del estudio donde trabajaba ya casi un año. Ese sábado entró por la puerta angosta que conduce a unas escaleras en caracol hasta esa oficina melancólica decidido a no hablar ni una sola palabra. Sólo se limitaría a poner música y contestar las llamadas de la gente que pide sus canciones. Sólo eso, un trabajo relativamente fácil; claro, sin considerar que el teléfono está casi malogrado y tiene que adivinar el nombre de la canción que le gritan cuando pide que repitan “fuerte y claro”, o esperar a que el interlocutor cante una parte de la melodía porque no recuerda el nombre. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Ser locutor de radio no es precisamente una forma de ganarse la vida, pero ¿qué vocación la es? No se gana bien, vamos, no se gana nada; es algo sacrificado, se tiene que estar de buen humor aunque se esté de un humor de perros; es estresante; un poco monótono, bastante monótono; pero, al final, vale la pena. Tú decides, imperativamente, de manera despótica, que quizá sea lo único imperativo o despótico que hagas en tu vida, qué van a escuchar las personas que tienen una radio. De alguna forma estarás mandando en su vida, tendrás el control, aunque pasajero, de sus oídos, de un pedazo de su existencia, habrás dominado un poco de su tiempo de vida; aunque esto signifique que cambien de dial. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Aparte de todos esos “ajes de oficio”, no había nada más que lo perturbara en su decidido intento de psicoanálisis esa tarde. Estaba solo en ese piso antiguo cerca al centro de la ciudad con una cajetilla de cigarrillos en su mano izquierda y un balcón colonial apócrifo al frente. Se paró y avanzó para ver el cielo gris que sería su conversador esta vez. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;La sensación que le causa tener los bolsillos vacíos y pasarlo bien es fabulosa. Esas canciones se ponían cada vez mejor; al parecer había muchos melancólicos en esa ciudad, y la gente que llamaba pedía cosas suaves, enamoradas, declarativas, fumables. “Le pedí que se quedara pero ella no escuchó./ Se fue antes que tuviera la oportunidad de decir/ las palabras que enmendarían las cosas que se rompieron./ Pero ahora es demasiado tarde, se ha ido.” Maroon 5 estaba sin duda entre sus grupos favoritos ahora. Qué bueno que alguien más se tome el trabajo de decir las palabras que nos da flojera ingeniar, aunque estén en inglés. &lt;/div&gt;&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;br /&gt;Último párrafo: la enamorada lo dejó. Esto le dolió particularmente porque había pensado, tonto él, que todo lo que gastaba en ella era desinteresado y era así como lo asimilaba ella. Que si no gastaba era igual a si gastaba, que esto era secundario, que ella lo pasaba bien con él porque estaba con él. No, lo pasaba bien porque estaba de por medio el dinero de él. ¿Se imaginan el tremendo cambio de atmósfera que vivió este tipo? De la soledad espiritual, misia, encantadoramente austera, a la angustiante compañía con el trajín de hacer algo diferente cada día para que la “rutina” no acabe con la relación. &lt;/div&gt;</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/10/el-poderoso-caballero-en-la-vida-de.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-7374356223228600159</guid><pubDate>Fri, 09 Oct 2009 03:01:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-08T22:04:28.659-05:00</atom:updated><title>Souvenir</title><description>Érase una vez un niño en una ciudad llamada Penny Lane (no tiene nada que ver el nombre con el país donde vivía, pero… así son las cosas del amor). De visita y sin más conocidos que sus primos y tíos, llegó a pasar las vacaciones de verano en esa extraña, insospechadamente grande y bonita ciudad del sur. Su mejor amigo en la familia y él pasaron buenos momentos en su pueblo-ciudad de origen y era muy buena idea juntarse en ese verano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase una niña mimada, engreída, renegona, posesiva, tacaña e insoportablemente (y conmovedoramente) dulce y bella. Tenía un hermano menor, una sonrisa linda y una habitación amansionada e incógnita al conocimiento humano (aunque no tenga sentido). Vivía en el segundo piso de la casa en la que vivían los primos del niño visitante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase un encuentro nervioso, lento, infartante y colapsador en la sala del primer piso (todos los pisos tenían una) una mañana soleada, como siempre. Existían dos pares de ojos en aquella habitación; unos café claros y otros café oscuros, que se entrelazaban y acercaban cada vez más a sus sorprendidos poseyentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase una mejilla tan suave como un worlúnneo (animal rarísimo, casi mítico, que habitaba en Penny Lane y tenía la piel más suave que se pueda imaginar; de donde se dice que dios hace las alas de sus ángeles; pero que nadie nunca lo vio): era la de esa niña. Fueron minutos inacabables y gloriosos. Pero ninguno de los dos sabía de esta gloria; así que se separaron y cada uno se fue a un lado opuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase una sensación inexplicable, nunca vivida, del niño que recién conocía Penny Lane: quería quedarse para siempre en ese lugar, con esa sensación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase un beso apasionado, nunca se supo si enamorado, en la cama de los tíos de Penélope y Ulises. Ulises nuca supo si tendría una “odisea” y Penélope nunca supo si tenía un “Ulises”. Ninguno sabía nada, pero se besaban; se besaban y no importaba nada más. Se besaban en el pasillo, en el segundo piso, en el cuarto insospechado, en la terraza, en la cama. Éranse varios besos, muchos besos. Sangró una nariz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se besaron mucho (los besos son relativos).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase una despedida. Ninguno supo que se despedían. Fue una mañana, muy temprano, con maletas en la sala. No estaba Penélope; nunca comenzó una odisea. Pero Ulises se marchó con esas ganas de niño, que unas veces son y otras no son. Hubo una opresión en el pecho y un adiós a Penny Lane desde la ventana de un bus interprovincial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Érase un final que no se acaba. Y un Ulises (que se cambió de nombre, por si acaso… uno nunca sabe) que escribe en un blog que Penélope nunca leerá.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/10/souvenir.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-6964626188810247896</guid><pubDate>Mon, 29 Jun 2009 23:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-29T18:30:02.271-05:00</atom:updated><title>I</title><description>Habían pasado ya varios meses, casi un año. Pero la pesadumbre aún le duraba, aunque eran esporádicas las veces que recordaba ese episodio duro en su vida, le parecía seguir sintiendo exactamente igual que aquella vez. No sabe explicar cómo siente, nunca en este tiempo supo hacerlo; una mezcla de decepción y temor, bochorno, vergüenza, dolor, tristeza y frío… sí, mucho frío. Esa corriente maligna le recorría todo el cuerpo. A pesar de que ya llevaba medio año en esta ciudad, Alonso seguía sintiendo el frío de su natal Puno, pero sólo cuando la recordaba: cuando se ponía a pensar en lo que había venido a olvidar. Ella, la causa de su éxodo, de nombre incierto, de edad desconocida, de todo dato que permita identificarla precario, al parecer, fue alguien muy importante y a la vez dañina en la vida del taciturno Alonso. Dañina en todo el sentido de la palabra, porque, además de ese tratamiento que se automedicó de alejarse de ella para olvidar todo, no muy tarde supo que tenía que ir también al médico por unos dolores extraños que a veces le venían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de que llegó, al poco tiempo, todos lo notaron por su particular forma de ser. Aunque él tenía la impresión de pasar desapercibido, por su parquedad en demostrar afecto, por sus pocas palabras, por sus muy de vez en cuando salidas y por su enclaustramiento que le hacían parecer un loco ermitaño, la verdad es que muchas de las chicas que vivían por allí –que son casi todas porque este pueblo no es que sea grande tampoco- se pasaban las tardes hablando entre sí y tratando de descifrarlo, de, como decían muy graciosamente, “resolverlo”. Tenían muchas teorías sobre el tema, desde una enfermedad incurable hasta pura “petulantada”, como bien lo definió Carla, una de las chicas que, aunque no quiera admitirlo, se moría por él. Así conocimos al Vallejo del barrio, todo un antisocial, eso sí, medio intelectualón, algo que las chicas de por acá encontraban “sexy”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que Alonso no quería nada con nadie, nada de nada, ni “eso”, nada. ¡Cómo que nada!, decían ellas. Vamos a ver si es capaz de rechazar este cuerpito dijo hace tiempo Brenda, una chica algo mayor que todos y que tenía la fama de andar con varios chicos a la vez, algo que a nadie le disgustaba (excepto a las enamoradas de algunos de ellos cuando se enteraban… el lío que se armaba). La sorpresa que me llevé y que se llevaron todos, y seguramente la que se llevó ella en especial, fue cuando salió del departamento del casi recién llegado a los pocos minutos echando chispas y tirándonos el pelo cuando le preguntamos que fue lo que pasó. Ya todos sabíamos qué había pasado. Aunque él mismo me dijo, con una cara muy seria y algo abatida por “los golpes de la vida”, que no tenía ganas de hacer nada, yo, que también soy hombre, no le creí mucho pero entendí que, de enamorarse, nada de nada el flaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca le entendí si le había sacado la vuelta, lo había abandonado porque sí, o no lo perdonó por algo que él hizo, o todas las cosas a la vez. Poco a poco iba hablando unos detalles más de lo que le duraba tanto tiempo. Flaquito, ya fue, ¡ya va ser un año! No te puedes pasar toda tu vida como estás ahora, le decía yo con ganas de animarlo. Sí, gordo, ya sé, me decía, quizá ya no es eso sino la nostalgia o la enfermedad, la familia se extraña y lo otro… debe ser brujería hermano. Al decir eso dibujó una especie de sonrisa sarcástica que hace tiempo no le veía. Estaba igualito que en el colegio, pero me preocupaba lo viejo que se había puesto por dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si yo no les contaba a los demás cómo era Alonso en nuestros tiempos de chiquillos, en el colegio, y ya al final, dejando la adolescencia, lo hubieran creído un magdalena incurable de la vida. Los chicos del pueblo son todos muy buena gente, por eso me quedé a vivir yo aquí hace mucho tiempo. Y no sé si él haría lo mismo y se quedaría a vivir acá como se lo propuse. Siempre se negó. Ya caerá. Aquí puede rehacer su vida, si eso es lo que quiere. En eso sigue siendo igual de terco, nunca admite una derrota, pero hasta que se le pase la dichosa “fase fénix de renacimiento”, seguro se muere de viejo y sin aceptar que esta vez su orgullo le salía sobrando y que era mejor comenzar de nuevo, perdonando, si era necesario. Es un cabeza dura que hace renegar. Yo también me pondré viejo si sigue así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las clases de francés que le voy dando ya casi un mes le han servido mucho por el interés que le despierta ese idioma. Me contó que quiso estudiarlo con ella allá en Puno, cosa a la que no accedió la chica porque estaba en el inglés y sus papás quizá no querrían y además no le gustaba el francés, y prefería el italiano, que se entiende más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya no hablemos de eso si no quieres –le dije intentando evadir otra posible crisis de melancolía, echando a perder lo ganado en la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, está bien gordo –me dijo- no me hace mal eso. Ella era dulce en esos aspectos, me gustaba verla imaginar cosas con los ojos brillosos, como en los animes que daban en la tele. –Y a él también le brillaron los ojos como en esos dibujos que daban en la tele- Eso me gustaba de ella, parecía un dibujito…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya, bueno, no te me salgas del tema que hoy no sales si no me dices los pronombres completos. –Le dije, viendo que se le venía la noche al recordarla como la recordaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya, ya… que jodido, -la sonrisa que le vi esta vez no era sincera, pero ya volvía de su recuerdo- je, tu, il, elle…</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/06/i.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-174407256912380782</guid><pubDate>Sat, 23 May 2009 15:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-23T10:26:55.516-05:00</atom:updated><title>22 de mayo, 7:02 pm.</title><description>&lt;span xmlns=&#39;&#39;&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;Permaneció sentado en el mismo lugar donde habían conversado esos temas tan difíciles que nadie se atreve a hablar por casi una hora. Aún recordaba sus ojos al despedirse, esos dos munditos inquietos y vivarachos pero que ahora se inundaban de tristeza, ¿o sería rabia?, por cosas que a veces uno inventa. Alonso no se explicaba por qué las cosas tienen que ser tan difíciles, por qué uno no puede hacer lo que quiere sin consecuencias, sin tener que medir una posible respuesta de algún karma ensañoso que seguramente lo sigue desde toda su vida. Gabryela (sí, así se escribe) a veces dice cosas sin sentido y se contradice otras no pocas. Él siempre fue tolerante, mucho, demasiado, y quizá por eso se aprovechaban algunas personas que le conocían ese defecto. &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;Como estudiante de leyes, y ahora sí le gustaba que se lo recordasen, le importaban más otros asuntos que estar prestando atención a las cosas que hace la gente, a esas intrascendencias que le gustaba ignorar. Una de ellas era que se burlen de su nariz; &quot;cosas de chiquillos&quot;, decía. Él siempre dijo que estaba por encima de todas esas inmadureces, incluida alguna que era marca en su vida y que su familia no le recordaba, hasta que, ebria, una de sus tías le entró, valiente, al tema. Alonso respondió lo que pensaba: &quot;Yo soy más que la suma de mi pasado y mi futuro. A estas alturas de mi vida me importan otras cosas que considero importantes: una es mi carrera y la otra es ir al baño.&quot; &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;La respuesta del &quot;montoncito&quot;, ahora un &quot;montón&quot;, ya crecido, le dejó un reconocimiento nunca antes escuchado y una admiración apologética, de su tía, llena de palabreos y redundancias. Celia no podía creer que ese tema le importara tan poco a su sobrino sufrido y medio huérfano. Primero sorprendida, y luego conmovida, se soltó a llorar y a decirle, inentendiblemente, quizá por el alcohol, quizá por el llanto, que su forma de pensar la vida y esos golpes que a uno le cuesta franquear (ya no a él) la llenaba de orgullo y le propuso que hablara con su hijo en unos años para que le cuente cómo superó eso que a ella se le hacía tan difícil. Diego, el primo de Alonso, viviría lo mismo en poco (si no lo había hecho ya) pues le empezaba a preguntar por su papá. El futuro abogado le dijo que encantado (por dentro también se sorprendía de lo fácil que le parecía no importarle su padre, que no lo vio crecer ni estuvo en sus momentos difíciles, ni lo llevó de vacaciones a la playa, ni fue a su graduación; momentos que sí había sufrido un poco en su momento; inexplicablemente no en su adolescencia), y se preguntó, abstraído, si no se había convertido en un insensible.  &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;Este capítulo, memorable, se le vino a la mente un poco antes de pararse y marcharse de aquel lugar, al frente de una iglesia híbrida (por lo que representaba y por lo que la gente que habitaba ese pueblo mítico creía que representaba), y caminar como le gustaba hacerlo: meditabundo. Sólo se le vino a la mente una canción de Alejandro Sanz, nada más, ninguna solución a su problema, y reconoció que en efecto es difícil sentir y vivir. ¿Por qué llegaban esas semi-peleas con Gabryela? ¿Acaso luchaba contra la corriente y era mejor dejarse de ver? Ella se lo había propuesto un par de veces, aunque de inmediato sus comportamientos hacían entrever que no hablaba en serio, que no lo quería así y que lo amaba como antes; como él la amaba a ella aunque no podía demostrarlo ¿o no estaba seguro si sentía eso en verdad? Creyó que nunca lo supo, que nadie lo sabe, que el amor es un invento, como dios.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;Era de locos el sólo hecho de pensar que algún día podría abandonar a Gabryela, la chica que le despertó tantas emociones, sentimientos, reacciones, sensaciones, y demás cursilerías que estaba encantado de sentir porque le demostraban que era humano, como los demás, y no un mueble que creyó ser toda su vida. Nunca la abandonaría; era como dejar de ser quien era, ¿qué sería después?, sólo vacío, espacio, un miedo infinito y angustia inexistente. Alonso no quería ser ni vacio ni espacio ni miedo ni angustia ni nada; sólo seguir siendo él y seguir, por lo tanto, estando con ella. Él casi nuca dice mentiras, mucho menos a ella; es por eso que cuando fluctúa no le afirma ni niega algo. No todo el mundo entiende que a veces no se tiene ganas de hablar, no se le puede reclamar eso a todos; el egoísta (así se llamaba Alonso) tenía que aprender de una vez a exigir a cada uno lo que puede dar, como el rey que habitaba uno de los planteas que visitó &quot;el Principito&quot;: el primer libro que leyó. &lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;Sólo necesitaba un tiempo, no mucho, para pensar en si lo que hacía estaba bien, sintió miedo. Se le vino el recuerdo de esas tantas ocasiones que le pareció sentir lo mismo. No podía ser, no con Gabryela. No había razón para que pasara, no le cabía en la cabeza esa posibilidad, estaba claro que sería una estupidez dejarla. Se sintió enfermo y sospechó que no tenía cura, el tiempo que se pensó sano había sido una ilusión, un espejismo que algunos llaman amor. Se odió y se insultó. Ese Mr. Hyde que tanto quiso ocultar, eliminar, desaparecer de su vida, amenazaba con aflorar, con destruir eso que había construido con ella. No era divertido tener dos personalidades, ser tan inconstante. &quot;No creo que lo entienda&quot;, se dijo, la comprendería si no. Ni él mismo comprendía lo que le pasaba en la cabeza… ¿la amaba y también no?, necesitaba un psiquiatra. Pero la amaba, más que nunca.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt; &lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;  &lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;&lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;   &lt;br /&gt; &lt;/p&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/05/22-de-mayo-702-pm.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-8668076439720777150</guid><pubDate>Sat, 09 May 2009 23:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-09T18:50:27.234-05:00</atom:updated><title>Un quiste necesario</title><description>&lt;span xmlns=&#39;&#39;&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;&lt;span style=&#39;color:black&#39;&gt;En la mesa de mi casa generalmente no se habla mucho a la hora del almuerzo, sólo a veces cuando hay visitas. Ayer vino a almorzar mi tío que trabaja en la Dirección Regional de Salud, y comentó algo que alteró los ánimos de afecto a mi perro, pero no los míos, yo nunca lo dejaré de querer. Se trataba de la hija del amigo de la vecina de un tío lejano del cuñado de la enamorada del hermano del amigo de mi primo; ¡conocidísima! No me cupieron dudas sobre su existencia, casi un familiar. En fin, dijo que la habían internado en el hospital porque le encontraron un quiste en no sé dónde (no sé mucho de anatomía) a causa de un cúmulo de pelos de perro, de sus perros, dentro suyo. No sé si esto sea posible, ¿pelos de tu perro dentro de tu cuerpo? Dijo que los tragó o los aspiró por pasar mucho tiempo con ellos o dormir con ellos, no me quedó claro. Todos lo pensaron dos veces al mirar a Xavier, mi perro. Ya se sentía un ambiente tenso y poco afectivo hacia él.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;&lt;span style=&#39;color:black&#39;&gt;¿Qué culpa tiene? ¿Nosotros nos descamamos (porque eso hacemos) voluntariamente acaso? Digamos que yo soy quien mejor trata a Xavi en la casa. Lo digo sobre todo por mi abuela, quien tiene una especial enemistad con él porque le deja sus faldas (que son todas negras y de un material que atrae naturalmente los pelos) llenas de una capa filamentosa de pelusa clara. Ella le dice: &quot;¡Anda a un rincón!&quot; y yo pienso: &quot;¿Por qué no se compra un florero y lo pone en un rincón?&quot; ¿Para qué es un perro?, yo considero que para acompañarme, para que me lama la cara cuando llego a casa, para que muerda mi mano si me duermo colgado de la cama, para que se orine en el centro de la sala de vez en cuando sólo por molestar, para que traiga la pelota cuando no se la pido y la lleve lejos cuando lo hago. Para eso es un perro, al menos yo pienso así, no para que esté en un rincón como una maceta, de adorno.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;&lt;span style=&#39;color:black&#39;&gt;Ahora todos, inconscientemente, se alejan de él por las dudas. &quot;Uno nunca sabe cuándo termine con un quiste como esa pobre chica que tuvo que ser operada.&quot; Yo no, yo sigo jugando con él como siempre y revolcándonos en el piso y rascándole, cuando me lo pide (porque lo hace), sus orejas. &quot;¡Deja al perro! Te llena de pelos&quot; me dicen. &quot;Quiero tener pelos de perro&quot; les digo, &quot;me queda bien&quot;. Xavi y yo hemos pasado muchas cosas, nos conocemos desde que tenía un par de meses o menos. Fue mi compañía cuando me quedé varado casi tres meses en la selva, cuando fui a visitar a mi hermana. Salíamos cada tarde y hacíamos un dúo muy útil: Caminaba en las noches por la ciudad con él en mis brazos (aún era muy chico) y conocíamos chicas muy bonitas. Pasear solo con un cachorro en tus brazos parece que es atractivo. Me decían que era idéntico al del comercial de un papel higiénico (Xavi, no yo, obviamente); era de la misma raza: Golden Retriever. Conseguí algunos números telefónicos (y otras cosas más) y aún los conservo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;&lt;span style=&#39;color:black&#39;&gt;Una vez se enfermó gravemente a causa de un posible envenenamiento. Era en enero, regresábamos de un viaje corto a Brasil y, en la noche, caminando de regreso a casa, tambaleó, vomitó un líquido blanquecino y se desmayó. Lo cargué en mis brazos lo más rápido que pude, era grande, ya había crecido, pesaba un poco. Tomé una moto (en la selva los taxis son así) y fui camino a la veterinaria. No me importaba que se manchara mi camiseta nueva, mis jeans nuevos, tal vez irremediablemente. Corrí al cruzar la avenida para llegar más rápido y no me importó morir atropellado, Xavi ya había perdido el conocimiento varios minutos y no controlaba su esfínter anal, me embarró todo, no me importaba. Sólo quería que él esté bien. Llegamos a tiempo, él agonizando y yo vomitado. Lo salvaron. Estuve a su cuidado toda la noche, tenía conectada una especie de algalia por donde le suministraban no sé qué para limpiarle la sangre. Él me miraba y volvía a dormirse, fue la noche más larga que tuve. En el período de su recuperación, sólo podía comer una dieta especial que me dio el veterinario.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&#39;text-align: justify&#39;&gt;&lt;span style=&#39;color:black&#39;&gt;Le cocinaba todos los días. Cocinaba desnudo por el calor que hacía allá, la vecina del piso de abajo me sorprendió un par de veces cuando subía a la azotea porque la ventana de mi cocina daba a las escaleras comunes. Se recuperó satisfactoriamente, estábamos juntos todo el día, nos llevábamos bien, aún lo hacemos. Se comprenderá, entonces, que mi perro no es cualquier perro para mí, no es una mascota más. Está sobre todos los prejuicios, mitos, recomendaciones y quistes que pueda haber en el mundo. Y si querer a mi mascota, que es mi amigo, produce quistes, está bien. Prefiero tener miles a no disfrutar mi tiempo con él; a no verlo dormido, como ahora, sobre su almohada en forma de hueso que recién le compraron; a que no salte y me derribe cuando llego de la universidad. A mí no me importa tener un millón de esos tumores dentro y morirme mañana si estoy con él, de algo tenemos que hacerlo algún día ¿no?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/05/un-quiste-necesario.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-5795317005541504716</guid><pubDate>Fri, 27 Mar 2009 18:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-29T15:41:11.587-05:00</atom:updated><title>Óscar y la gitana</title><description>Óscar andaba pensativo por el jirón Lima, por donde aún olía a colegiales jugando y corriendo, impertinentes, a la salida de sus mini-cárceles, felices. Miraba las extrañas figuras intercaladas en el piso que le daban un extraño aspecto, que nadie notaba, a esa calle. “Quizá ya no vaya a la Facultad” se dijo, “seguramente están en clases. No tendría qué hacer.” Se sentía algo frustrado; habían cerrado un solo curso en toda la carrera para el período vacacional y era justo el que él quería llevar. El único que quería, y podía, llevar. Como todas esas tardes semanales, acaso mensuales, en las que iba a retirar algo de dinero del mismo banco que había visitado desde hace ya un par de años, veía cómo se ocultaba el sol detrás del cerrito “testigo de amores”. No era nostalgia lo que sentía, sino cansancio, sí, era eso, no podía ser otra cosa. Después de todo, le habían pasado muchas cosas para sentirse feliz ¿no? Su hija pequeña le había dicho “papá” hace sólo un par de días. Qué felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin llegó. No había mucha gente. Mejor, para llegar temprano a casa. La puerta del cajero tenía un nuevo mecanismo; se abría sólo con la tarjeta electrónica que tenían los que ahorraban ahí. Mejor, así no le roban el dinero que lleva a casa. Después de recibir esos billetes de veinte soles que olían a nuevo, se le ocurrió una nueva ruta; esta vez bajará por la calle pequeñita, que tampoco le llama mucho la atención a nadie, en la que se apostan jipis, artesanos, tejedores y gitanas. ¿Gitanas? No recordaba haber visto gitanas en aquella calle. No recordaba haberlo hecho en toda la ciudad. Se preguntaba cómo serían. De chico quería que alguna le leyera la mano, por curiosidad. Caminó sereno, pero algo nervioso por dentro, “sólo hay que pasar sin que lo noten a uno y ya.” Pensó, o recordó, no sabía bien, pero lo repetía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hola, guapo… -ese acento de española perulera le conmocionó el cuerpo. De pronto, se había quedado quieto y no lo había notado-. ¡No te asustes chaval! Que sólo quiero que me hagas un favor. ¿Puedes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-S-sí… -estaba nervioso, no lo podía disimular- ¿Qué desea? –&quot;siempre tan educado Oscarín&quot;, se decía sonriendo disimuladamente, esta vez sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sólo una cosa, y no te va a costar, no te preocupes y ¡cambia esa cara pálida por dios! –le dijo, sonriendo, ella sí, descaradamente, tanto que él notó un diente de oro en el rincón de lo que mostraba la abertura de su bocaza-. Dime ¿dónde encuentro un internet aquí cerca?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso –dijo al fin, con un aliento- hay uno aquí cerca, bajando por esta calle y doblando a la derecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Gracias guapo –decía el adjetivo como de obligación, como una regla o muletilla que &quot;segurito le enseñaban a las gitanas para dirigirse a la gente&quot;, pensó Óscar, mientras se disponía a marcharse-. Saca una carta, la que tú quieras –le mostró un trío boca abajo-. Sin compromiso, anda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella invitación lo dejó más intrigado aún. ¿Sería que la gitana le leyó la mente? De pronto notó que su corazón le daba más latidos de lo normal. ¿Sería una magia de aquella calé? Qué tonterías dices Oscarín, sólo estás nervioso, relájate. Vaciló en hacerle caso a la mirada profunda e incisiva que se le clavaba en el entrecejo. Al fin, con un respingo, tomó la del centro. La baraja era más vieja de lo que se veía. Se la mostró sin verla, por las dudas, &quot;no sería que apareciera la muerte o algo así&quot;. La gitana hizo una mueca, lo miró con extrañeza y él supo que sería algo malo lo que vio la mujer. El pecho se le oprimió y ella se dirigió a él muy resuelta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya… -movía la cabeza de un lado a otro, como queriendo ver mejor la figura que aparecía frente a ella, probando ángulos distintos- Sí que eres raro eh… Saca tu billetera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Saca tu billetera. ¿No oyes bien? –eso sí lo tomó por sorpresa, ¿para qué quería su billetera? Es un asalto, eso debe ser, “¡eres un tonto Oscar!” se recriminó a sí mismo-. ¡Apúrate!, que no tengo todo el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ver la negativa, por su modo de actuar –de no actuar, más bien-, la mujer le suavizó el pensamiento diciéndole que no se preocupara, que no era lo que parecía. Él le tenía que dar su billetera para bendecirla: “tú necesitas mucha bendición” le dijo, esta vez, con un aire maternal; ése del que uno no puede dudar. “Y yo tengo el deber de ayudarte, porque tú me has ayudado”. Si aquella hubiera sido otra situación, si hubiera sido otra mujer, si fuese otro chico que acababa de sacar dinero del banco, se decía Óscar, hubiera desconfiado desde el principio. Pero no podía, las palabras de aquella señora regordeta parecían tan sinceras que... Pero, por las dudas, examinó la situación: había mucha gente, así que no podía huir rápido sin que él la alcanzara; además, algunas personas se habían detenido a ver aquella pintoresca plática y advertirían, sin duda, algún intento de robo; también miró qué calzaba y notó que ese par de sandalias gastadas no le servirían de mucho en su intento de fuga, ni el faldón tan incómodo que le llegaba hasta los tobillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No traigo billetera –se animó a decirle-. Nuca cargo una.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No me vengas con eso pues! No tienes por qué dudar, me estás ofendiendo, yo sólo quiero ayudarte. -Y, de pronto, inquietando aun más el temor que se había enquistado en la médula espinal de Óscar, la gitana le dijo-: ¿Quieres orinar gusanos? ¡¿Eso quieres?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tragó abundante saliva de golpe y no pudo evitar estrechar los ojos por el dolor que le causó al pasar por su garganta. “¡Una amenaza!”, se le erizaron todos los vellos de su cuerpo entumecido, “y de una gitana por Diosito que me pasa lo que ella dice”; sabía que tenía que hacerle caso, ni loco se atrevía a jugar con esas cosas, a desobedecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Señora gitana –dijo con voz temblorosa, y pensó si era bueno decirle así. ¿A ellas les gusta que las llamen así? &quot;Ya no cometas ningún error&quot;, se mordió la lengua-, no tengo billetera, se lo juro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué es ese bulto que tienes en el bolsillo de tu casaca? –le agarró la chaqueta jean que tenía puesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Son mis documentos y algunos billetes que saqué del banco –no mintió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya pues, saca esos billetes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Son veinte soles nomás –dijo, tanteando el fondillo con la mano e intentando sacar un solo billete y confundir los demás con los papeles que había-. Aquí está, mire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No mientas, saca lo demás. Tú me dijiste que tenías billetes y solo me has dado uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Óscar supo que no tenía sentido ocultarlo más, había sido descubierto. Resignado, metió de nuevo la mano al bolsillo de su casaca y sacó un billete más de veinte soles. El otro lo dejó ahí, esperanzado de que la mujer no se lo quitara también. Tal vez no haya que desconfiar, quizá sólo quiera bendecirlos como dice. “Tal vez, quizá… son palabras vagas, ya no es tiempo de hacerse ilusiones, de imaginar cosas, hay que ser realistas; la gitana te está timando y tú caes como un tonto.” Óscar se reprendía tan duramente como podía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya, tome. Es todo lo que tengo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No te preocupes, no es para mí –dijo la gitana sobándolos uno contra otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella los examinó como viendo que no fueran falsos. Los olió. Sacó una botella plástica que contenía un raro líquido amarillento. La destapó, echó un chorro pequeño en su mano y con la otra apretó fuertemente un billete a la vez, haciéndolos bolas de papel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No! –gritó Óscar al ver que esa mujer juntó los billetes, uno sobre otro, y los estrujó contra el líquido que llevaba en la otra mano-. Por favor…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es para mí, es para ti, no es para mí… -repetía una y otra vez la calé con los ojos entrecerrados y conversando con algún ser imaginario-. ¡Calla chico! Me distraes –y siguió con esa parafernalia desconocida ante los ojos de Óscar, conjurando algunas palabras desconocidas en otro idioma. &quot;Latín&quot;, llegó a pensar él en un momento, pero luego desistió; era otra lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un momento, ella despegó las manos y le mostró las dos bolas de engrudo que se formaron luego de la operación. Su mirada era como de satisfacción, de quien ha hecho un buen trabajo. Uno estaba irreconocible: una especie de goma blanca y naranja que se deshacía con la gravedad. El otro estaba menos dañado; se distinguía que era dinero porque el líquido no había actuado directamente sobre él, era una bola algo consistente que tenía dibujado el número veinte en un par de lados. Óscar sintió que le brotaron un par de lágrimas, de rabia, resignación, ira. La mujer le entregó el menos dañado con una risita burlona. “No cuentes tu suerte a nadie” le dijo, “es sólo para ti”. Él se puso el billete remojado en el bolsillo de su pantalón y se fue lo más rápido que pudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No cuentes tu suerte! –gritó la gitana-. ¿No quieres orinar gusanos, verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Maldita bruja! –dijo él, pero bajito, no vaya a ser que lo oyeran.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/03/oscar-y-la-gitana.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-4918185530413498632</guid><pubDate>Sat, 07 Mar 2009 20:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-07T15:47:25.855-05:00</atom:updated><title>A day in the life</title><description>La habitación esta vez le parecía infinita, agotadora, impasible… no encontraba el adjetivo correcto, no sabía decir cómo se sentía. Tal vez esta vez era mejor no hacerlo, no había necesidad de explicar lo que le pasaba en su cabeza: estaba sola. Y le entró un temor que nunca antes había sentido. Esa canción sonaba en el megáfono una y otra vez, ¿o era que le parecía inacabable por lo repetitivo de los sonidos?, ésos que le arañaban el alma y sentía que roían sus huesos. De pronto, se le vino a la mente esa ocasión en la que quiso salir disparada de esa clase, cuando niña. Quiso correr a toda prisa por ese corredor por el que no quería pasar, pero era necesario. Quería salir cuanto antes de ese colegio estatal de pabellones con aulas destartaladas que se asemejaba a una cárcel, aunque nunca había estado en ninguna, pero sabía que serían así: aterradoras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La canción no había dejado de sonar. Ese fonógrafo le recordaba a la casa del abuelo, pero esta vez no era un lugar cálido en donde se encontraba. No era lo mismo. Le parecían inapropiados los discos de vinilo, no le gustaban, le traían un miedo inexplicable: como si algo malo fuese a suceder. Era del tono de esas melodías que deben sonar cuando la muerte se acerca demasiado, cuando una fuerza macabra prepara el escenario frívolamente en un ambiente adecuado para el terror que se debe sentir en el infierno. La angustia le sonaba en la cabeza como unas garras rechinando al arañar una pizarra. No lo soportaba, quería salir huyendo como aquella vez. Quería detener esa canción. Quería apagar ese gramófono. Mejor aún, quería destruir el disco y el tocadiscos, la habitación, la casa entera para que no pudiera recordarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no podía, sabía que aunque lo quisiera con todas sus ganas no lograría hacerlo. El que había preparado todo aquello sabía muy bien lo que hacía. Esa mente siniestra sabía, por ejemplo, que le aterraban los vinilos, sobre todo las canciones con melodías sugestivas. Las que causan esa sensación de pensamientos absurdos, como los cuadros surrealistas que evitaba cuando recorría esa pinacoteca que tanto visitaba. Todo era  obscuramente apropiado, como si estuviera construido sólo para ella.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/03/day-in-life.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-7840199439273890169</guid><pubDate>Mon, 16 Feb 2009 01:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-02-15T21:03:01.910-05:00</atom:updated><title>Te amo</title><description>Me pregunto si el Messenger le hace bien a una relación sentimental. Antes de que hubiera chat, de que se pudiera uno comunicar instantáneamente con otras personas, o con varias al mismo tiempo, de que hubiera mensajes de texto por celular, de que fuera tan fácil encontrarse con alguien en una ciudad no importa cuán grande sea, las personas tenían que conocerse lo suficiente como para estar seguros de entablar una relación seria con alguien, u algunos más (como suele suceder a menudo en esta época). Con Gabriela converso todos los días, como mínimo algo más o menos de dos horas, si acaso, porque también cuenta el celular -y eso es todo el día-. Me pregunto cuánto se conocían las personas antes. ¿Dos horas diarias estaba bien? Yo creo que era un poco mucho. Siendo realistas, casi nadie, por esos días, se hablaba con alguien por más de dos horas diarias, incluso ahora es poco probable. Yo hablo con Gabriela más que con cualquier familiar mío, creo que no conozco a nadie mejor que (o no hablo con nadie más tiempo que con) ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego me pregunto si es suficiente dos horas diarias de hablar para estar lo suficientemente seguro de querer pasar más tiempo con esa persona. Ella me dijo que me quiere mucho, pero que para amarme necesita estar más tiempo conmigo, “no sólo esos segundos cada día.” Para mí, el amor es una metáfora o una escusa para diferenciar el cariño que se tiene hacia tu chica, o chico, del que se tiene por las demás personas a las que se quiere también, como la familia o los amigos. Creo que me queda claro, y si me equivoco no importa, que puedo decir a la persona con la que salga, no importa si por sólo un par de días, que la amo. Claro, uno no lo hace porque es así, porque es la costumbre. No se le puede decir a alguien que se le ama de buenas a primeras, pensarían que estás loco, o peor aún, que mientes descaradamente, y esa persona se asustaría y huiría de ti. Y me pregunto si yo huiría también, y no sé si lo hice un par de veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una generación atrás, cuanto menos, a lo mucho que aspiraban las parejas era confiar y dar confianza al otro. Hablando claro, nuestros abuelos no conversaban dos horas diarias por el Messenger y de ahí recién decidían si se casaban. Pero mi relación con Gabriela está, si se le puede llamar así, y si cabe decirlo, y si ella piensa así (porque yo ya dije cómo pienso), en un período de prueba; estamos algo más que “saliendo”. Y, entonces, puedo llegar a la conclusión virtual de que no importa cuánto uno hable al día (y de ahí que pienso que nunca existe ese estado de: “conocerse lo suficiente”), y, por ende, entenderse, sino si es que aguantas a esa persona viéndola todos los días, despertarte con ella, ir de compras juntos, vivir juntos. Lo que llevaría a pensar que o el hablar con alguien no sirve para conocerse (que me parece falso), o que eso de conocerse para amar a alguien es un invento (que se nota más cuerdo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concluyendo, o no sé lo que es el amor (que creo posible), o la costumbre se equivoca y es la religión, y mucho más específicamente los religiosos, la o los que compele o compelen a toda la gente -a la que consideran, sin importar lo que piensan, sus “fieles”- a negarse a su naturaleza erótica, amatoria, ésa que, pienso yo, sirve mejor de fuente de felicidad que esos rituales histriónicos que viven todos los domingos, si no es diariamente, en los templos que llaman iglesias (lo que creo no tan improbable). Entonces, y a pesar de saber que ella leerá esto, o precisamente por eso, si no lo ha hecho aún, y sabiendo también que casi nadie lo leerá, o también precisamente por ello, diré lo que pienso: que esa idea de que una relación pasa por pasos (que no digo que sea una mentira absoluta) es algo tonta en algunos, sólo algunos, de sus aspectos. Por ejemplo, las categorías que supuestamente uno surca, cual explorador brioso, hasta llegar a la cima, que es el casamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me creo eso de pasar, como en un videojuego, por niveles como: salir, gustarse, quererse, amarse y casarse (si se puede considerar una forma más poderosa, o legal, o religiosa, de amar). Y no digo que es así como piensa Gabriela, yo estoy feliz y me parece maravilloso lo que estoy pasando con ella, y aprendí que con ella todo lleva su tiempo, está bien. Sólo que me parece una inutilidad negar lo que uno siente sólo por cumplir con esos “pasos” que están establecidos por no sé quién, pero que todos, o casi todos, respetan religiosamente. Por eso yo amo desde el comienzo, y si me equivoco, dejo de hacerlo y busco alguien más a quien amar (que quizá no suceda tan fácilmente). Y lo pienso: “Te amo”. Pero no se lo digo. Y esa persona quizá piensa: “Te amo”. Pero no me lo dice. Y así está bien, no me quejo.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/02/te-amo.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-8568612448423243931</guid><pubDate>Fri, 30 Jan 2009 19:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-02-03T17:44:33.670-05:00</atom:updated><title>Un quiste necesario</title><description>En la mesa de mi casa generalmente no se habla mucho a la hora del almuerzo, sólo a veces cuando hay visitas. Ayer vino a almorzar mi tío que trabaja en la Dirección Regional de Salud, y comentó algo que alteró los ánimos de afecto a mi perro, pero no los míos, yo nunca lo dejaré de querer. Se trataba de la hija del amigo de la vecina de un tío lejano del cuñado de la enamorada del hermano del amigo de mi primo; ¡conocidísima! No me cupieron dudas sobre su existencia, casi un familiar. En fin, dijo que la habían internado en el hospital porque le encontraron un quiste en no sé dónde (no sé mucho de anatomía) a causa de un cúmulo de pelos de perro, de sus perros, dentro suyo. No sé si esto sea posible, ¿pelos de tu perro dentro de tu cuerpo? Dijo que los tragó o los aspiró por pasar mucho tiempo con ellos o dormir con ellos, no me quedó claro. Todos lo pensaron dos veces al mirar a Xavier, mi perro. Ya se sentía un ambiente tenso y poco afectivo hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué culpa tiene? ¿Nosotros nos descamamos (porque eso hacemos) voluntariamente acaso? Digamos que yo soy quien mejor trata a Xavi en la casa. Lo digo sobre todo por mi abuela, quien tiene una especial enemistad con él porque le deja sus faldas (que son todas negras y de un material que atrae naturalmente los pelos) llenas de una capa filamentosa de pelusa clara. Ella le dice: “¡Anda a un rincón!” y yo pienso: “¿Por qué no se compra un florero y lo pone en un rincón?” ¿Para qué es un perro?, yo considero que para acompañarme, para que me lama la cara cuando llego a casa, para que muerda mi mano si me duermo colgado de la cama, para que se orine en el centro de la sala de vez en cuando sólo por molestar, para que traiga la pelota cuando no se la pido y la lleve lejos cuando lo hago. Para eso es un perro, al menos yo pienso así, no para que esté en un rincón como una maceta, de adorno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora todos, inconscientemente, se alejan de él por las dudas. “Uno nunca sabe cuándo termine con un quiste como esa pobre chica que tuvo que ser operada.” Yo no, yo sigo jugando con él como siempre y revolcándonos en el piso y rascándole, cuando me lo pide (porque lo hace), sus orejas. “¡Deja al perro! Te llena de pelos” me dicen. “Quiero tener pelos de perro” les digo, “me queda bien”. Xavi y yo hemos pasado muchas cosas, nos conocemos desde que tenía un par de meses o menos. Fue mi compañía cuando me quedé varado casi tres meses en la selva, cuando fui a visitar a mi hermana. Salíamos cada tarde y hacíamos un dúo muy útil: Caminaba en las noches por la ciudad con él en mis brazos (aún era muy chico) y conocíamos chicas muy bonitas. Pasear solo con un cachorro en tus brazos parece que es atractivo. Me decían que era idéntico al del comercial de un papel higiénico (Xavi, no yo, obviamente); era de la misma raza: Golden Retriever. Conseguí algunos números telefónicos (y otras cosas más) y aún los conservo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez se enfermó gravemente a causa de un posible envenenamiento. Era en enero, regresábamos de un viaje corto a Brasil y, en la noche, caminando de regreso a casa, tambaleó, vomitó un líquido blanquecino y se desmayó. Lo cargué en mis brazos lo más rápido que pude, era grande, ya había crecido, pesaba un poco. Tomé una moto (en la selva los taxis son así) y fui camino a la veterinaria. No me importaba que se manchara mi camiseta nueva, mis jeans nuevos, tal vez irremediablemente. Corrí al cruzar la avenida para llegar más rápido y no me importó morir atropellado, Xavi ya había perdido el conocimiento varios minutos y no controlaba su esfínter anal, me embarró todo, no me importaba. Sólo quería que él esté bien. Llegamos a tiempo, él agonizando y yo vomitado. Lo salvaron. Estuve a su cuidado toda la noche, tenía conectada una especie de algalia por donde le suministraban no sé qué para limpiarle la sangre. Él me miraba y volvía a dormirse, fue la noche más larga que tuve. En el período de su recuperación, sólo podía comer una dieta especial que me dio el veterinario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le cocinaba todos los días. Cocinaba desnudo por el calor que hacía allá, la vecina del piso de abajo me sorprendió un par de veces cuando subía a la azotea porque la ventana de mi cocina daba a las escaleras comunes. Se recuperó satisfactoriamente, estábamos juntos todo el día, nos llevábamos bien, aún lo hacemos. Se comprenderá, entonces, que mi perro no es cualquier perro para mí, no es una mascota más. Está sobre todos los prejuicios, mitos, recomendaciones y quistes que pueda haber en el mundo. Y si querer a mi mascota, que es mi amigo, produce quistes, está bien. Prefiero tener miles a no disfrutar mi tiempo con él; a no verlo dormido, como ahora, sobre su almohada en forma de hueso que recién le compraron; a que no salte y me derribe cuando llego de la universidad. A mí no me importa tener un millón de esos tumores dentro y morirme mañana si estoy con él, de algo tenemos que hacerlo algún día ¿no?</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/01/un-quiste-necesario.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-6916715895510366012</guid><pubDate>Sun, 11 Jan 2009 03:57:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-01-10T23:26:30.986-05:00</atom:updated><title>La gran fulla del año</title><description>Busco en internet una forma de trasplante de labios, una que no sea muy dolorosa porque ya no quiero sufrir más. Sé que suena duro, pero creo que es proporcional al daño que me causó. A situaciones drásticas, medidas drásticas. Mis labios se me hacen insoportables, ya no puedo convivir con ellos porque tocaron los suyos, porque besaron en exceso (y engañados, ingenuos) los labios de ella, porque desearon tanto el lugar de donde salían tantas mentiras. ¡Qué ingenuo! ¡Qué tarado! ¿Cómo mierda le creí todo lo que decía? No puedo creer que todo fue mentira, que todo lo que dijo era actuado, ¿por qué carajo dijo todo eso? ¿Qué ganaba engañándome? Pero ¿por qué no habría de creerle? No tenía motivos para desconfiar de ella, me vendió tanta magia…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dice que no mintió cuando dijo que me quería. No le creo. Me pide que la perdone por decir lo que dijo, “por haber dicho tantas estupideces.” No tengo de qué hacerlo; ¿sólo porque me dijo que no me quiere y que si lo dijo fue por que…”vamos, ¡era en las noches!”?, o que susurraba mi nombre cuando sus brazos me rodeaban y mi boca le besaba el cuello pero en realidad “sólo a veces sentía cosas cuando me abrazaba.” ¿Tengo que perdonarla por eso? Vamos, que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez hice del tonto del año. He sido un instrumento maleable y desechable. Yo sí sentía muchas cosas cuando la besaba, siempre. Y espero que no se le devuelva lo que está dando (que es una gran mentira, al final siempre vivimos de todo, y lo sé). Ahora no le respondo sus mensajes, violando lo que me prometí: contestarle siempre. Creo que no tengo nada que decirle. Aunque en estos casos siempre hay algo que decir y lo sabes: “Eres muy injusta, ¿por qué mierda me hiciste creer todo lo que al final me creí? ¿Qué carajo ganabas haciéndolo? ¿No se te vino una pizca de remordimiento cuando me decías que me querías mucho, que te habías enamorado de mí, que no podías esperar un poco para verme?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no lo hago, no le digo nada de eso porque creo que no serviría de nada. ¿Para qué? Decirle todo eso no me va a sanar, no me va a devolver lo que perdí. Reprocharle todo no va a hacer que me quiera. Quiero irme lejos, a algún lugar donde pueda encontrar eso tan difícil que en este mundo llaman amor. En la noche tuve un sueño, y que al final pareció ser premonitorio. Soñé con la primera mujer que me mintió casi igual que ella. Hay algo de lo que me he dado cuenta a lo largo de mi vida (que no es mucho tiempo); que en todas las relaciones siempre (y si no, es una suerte fabulosa, mítica) hay uno que entrega todo, que se enamora y que quiere más; y otro que simplemente se deja querer, y que no se entrega tanto, y que al final sufre menos. Yo he estado de ambos lados, unas veces sufrido y otras, indiferente. Esta vez me tocó estar del lado tormentoso, sin embargo comencé del otro. Pensé que esta vez sería, por fin en mi vida, algo equilibrado, una excepción a esta teoría perversa. No lo fue. Y no sé que hacer.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/01/t-de-qu-vas-s-es-el-ttulo-de-esa-cancin.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-734480717094625828</guid><pubDate>Fri, 09 Jan 2009 04:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-01-09T10:39:04.062-05:00</atom:updated><title>Sigue siendo ella</title><description>Me rehúso a escribir la entrada habitual cuando cosas como las que me pasan me pasan. Debería hacer un ensayo o más bien una novela sobre todo lo que me ocurre con ella. Pero no quiero hacerlo, ya no. Creo que influye también mi decisión algo esquiva y reciente de no escribir más, de no contar nada que me traiga problemas, ¿será mejor que la gente no me conozca? Digo las personas a las que me interesa caerles bien, con las que quiero estar. Como ella, a la que no debí mostrar nunca esta página, pues me condena a serle sincero siempre, no es que no lo haya sido alguna vez, sino que hay cosas que es mejor guardarse para uno. Cosa que no hago en este blog, aunque no todas (obviamente) son ciertas. Hace tiempo que no escribo y creo que lo noto en lo complejo que se me hace hacerlo ahora ¿o será que la verdad se me hace difícil? Quiero decir todo lo que pienso sin sonar como un desadaptado, un excéntrico (no creo que lo sea) ni un sentimental (que sí lo soy).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora escucho canciones que me la recuerdan, que son melancólicas y hablan de desamor, de pena. Todas se me hacen ajenas, aunque, como dice ella, probables, uno nunca sabe. Me siento un tonto, un intolerable, un idiota, un poseído y un enojón. Todas esas personalidades caben en mí. No me gusta discutir con ella, por eso cuando me irrito, cuando me da rabieta, no le hablo, porque sería peor, echaría a perder las cosas. Ella me dice que me quiere, y una vez me dijo que no pensaba dejarme (un gran logro de alguien hacia mí). Todas las personas que conozco quieren dejarme, al menos por un tiempo. Por eso me veo dos meses al año con mis amigos del colegio, por eso me alejo cada cuanto de mis amigos de ahora, por eso trato de no quedarme en casa. Yo la quiero de verdad, y creo que le creo cuando ella me dice con los ojos que también lo hace, cuando me besa (ahora lo hace más seguido, dos o tres veces cada vez es mucho) y lo repite, cuando estamos solos y no me esquiva. O cuando me dice “que la ayude con un dibujo por favor” y hace que sonría. Yo siempre le responderé, no importa cuan enojado esté, cuanta desazón guarde en mí, tal vez sin ninguna razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me he dado cuenta que nunca estoy muy ocupado para ella, incluso cuando no está conmigo, todo se posterga cuando, de un momento a otro, me pongo a pensar en ella. Me he pillado más de una vez oyendo palabras incomprensibles del profesor como Tongo escuchando una obra en latín. Veo que hace mímicas, levanta los brazos, gesticula palabras improbables, y camina de un lugar a otro, y yo miro pero no comprendo, estoy ausente, pienso en ella y en lo que pasó un viernes. Lo que no pasó y no quiere que recuerde, me pidió que lo olvide pero no puedo. Sé que ella también lo recuerda, sé que lo que pasamos se apodera de su mente y no puede escapar, igual que yo. Pero luego de conversarlo convenimos en que no debemos darle mucha importancia porque sí, porque esas son las cosas que se acuerdan en conversaciones de pareja. Ella lleva las cuentas. No me quejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora iré a dormir pensando en ella y en las cosas que vienen, aunque también quedamos en no pensar en el futuro, sino vivir el presente (que fue una proposición mía). Estoy seguro que volveré a soñar con ella y volveré también a olvidar mi sueño a los minutos en el desayuno. Conversando con ella me doy cuenta que algunas cosas no tienen mucha relevancia, y que a veces uno se hace un mundo de algo pequeño. Por eso la quiero, porque me muestra cosas que, solo, se me harían irrevelables. Y porque inventa, y me hace inventar, palabras coloquiales, frases divertidas y nuevas formas de decir las cosas, como cuando una vez le dije que ella era “inabandonable”.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2009/01/sigue-siendo-ella.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-4976762708486671225</guid><pubDate>Wed, 17 Dec 2008 19:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-12T14:46:17.591-05:00</atom:updated><title>Historia destitulada (parte I)</title><description>Es lunes y amanece nublado. Voy en busca de algo para tomar, abro la nevera y recuerdo, insomne, que olvidé ir de compras. No me perturbo, no quiero que nada en el día lo haga, mi cordura va a estar presente siempre. Hay café preparado, aunque no es lo que quiero, no hay otra cosa. Al menos podré, imaginándome un escritor constante, sentarme en la terraza con la taza en una mano y un lápiz en la otra y una hoja en la mesa. Así los que pasen por la calle me verán y pensarán que escribo, aunque no tenga nada de qué escribir. Recuerdo la noche anterior y me lleno de satisfacción. Sé, para buena suerte de mi ego, que todavía no he perdido el “toque” del que me jacto con las chicas. Normalmente cuando salimos de fiesta en las noches buscamos algunas incautas que seducir. No me puedo quejar, me fue bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde este balcón, que convenientemente es un poco más salido que otros, se puede ver casi todas las casas de la calle. Sentado aquí, me doy cuenta de que tengo una nueva vecina. En verdad, no conozco a casi nadie de mis vecinos, soy un ermitaño antisocial, no porque quiera, sino porque me cuesta mantener el saludo con las personas por mucho tiempo. Al principio la gente se me acerca o me saludan de lejos y poco a poco, con el pasar del tiempo, se van alejando, cada vez más, hasta dejar de saludarme en la calle. Dicen que es por mi culpa, porque parezco un desinteresado en conocerlos, en saludarlos y hablar de cosas que me parecen inútiles. Es cierto, no me interesa saber si el perro del vecino del costado mató a la gata de la estudiante universitaria de enfrente. Si la señora de la casa incolora al fin pudo divorciarse de su marido mujeriego. Si los hermanos colegiales de la casa amarilla llegaron borrachos de nuevo y armaron otro escándalo. No me interesa nada de eso. Y creo que el problema no está ahí, sino en que no puedo fingir. No soy como los demás que aparentan interesarse por las historias de quien sea que se les cruce por el camino. Todos simulan, todo es una mentira, un fraude; nadie se interesa, honestamente, en los problemas de otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aun así, sin percatarme de las cosas de los demás, conozco los rostros, al menos, de casi la mayoría. Y sé que esta chica, la que estoy viendo hacer ejercicios en su sala, no tiene más de dos semanas aquí. No me avergüenzo de verla así, en ropa ajustada haciendo esas contorciones que me parecen agotadoras, porque estoy con mi café y con mis hojas escribiendo historias irrelevantes, como todas las que tengo. Pienso: Si por alguna razón me ve desde su ventana, actuaré normal y aquí no pasó nada. A lo mucho se irá a otra parte de la habitación a continuar con su gimnasia o cerrará las cortinas. De pronto, la joven levanta su cuerpo atleta, gira su cuello para un lado y luego para el otro y me mira fijamente a través del vidrio exageradamente pulido que nos separa. La miro también y trato de sonreírle. “¿No era que simularías no verla?” Ya es muy tarde, me quedo abobado con los ojos fijos puestos en ella, en su ropa ajustada, en sus ojos gigantes. Y me recuerda la caricatura que veía sin razón en la sala de mi hermana, cuando la visitaba en Arequipa, que me miraba con los mismos ojos, y con la misma serenidad, circunspecta, que a la vez no me miraban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté, incómodo, como disgustado, y entré a la habitación con mi café pero sin mis hojas. Es linda, tiene buen cuerpo, se le nota inteligente, hace ejercicio, debe tener novio. Resulta casi imposible, en estos días cuando percibo una sobrepoblación de hombres, encontrar alguien así y libre. Por eso prefiero estar como estoy; sin buscar nada serio, teniendo aventuras, las veces que se presenten, con toda mujer que esté dispuesta a amarme 15 minutos. Hace tanto tiempo que no me enamoro que casi no recuerdo lo que se siente. Incluso no sé si fue amor la vez que me pareció sentirlo, hace tiempo ya, por una chica que conocí en la casa de mis tíos. Me cuesta recordar su rostro, sus gestos, su risa, las cosas importantes que se deben recordar, creo yo, por toda la vida. Por el simple hecho de haber compartido momentos juntos, por haber caminado muchas veces tomados de la mano, algunas bajo la lluvia, y de haber jurado cariño por siempre. Creo que soy un insensible, o más bien un insensibilizado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caigo en que ya es tarde para ir a la universidad, así que tomo un pan y me lo llevo a la boca mientras me visto y alisto mis cosas. En el camino me pongo a pensar en la chica de enfrente que conocí de vista hace unos minutos. Es algo mayor que yo, seguramente trabaja. El intolerable celular que me encadena al mundo socializado suena en mi bolsillo y sé que tengo que contestar, que si no lo hago, sonará una y otra vez hasta que lo haga. Es Jimena, con el argumento de siempre, que no sé por qué no me aburre ni me molesta (sólo algunas veces cuando tengo conversaciones más importantes, más espontáneas), diciéndome que se arrepiente de que ya no estemos juntos y que si me molestaría si salimos un día de estos para conversar de nosotros. Le respondo con frases algo frías que acostumbro mandarle, pero al final siempre pongo un: “si tú quieres” o “me parece genial” o “a mí también me gustaría”, que me hace parecer no tan descortés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo el mismo sonido me hace saber que recibí otro mensaje. No puedo creer la rapidez con que me respondió, esta vez debe estar realmente desesperada. Abro el mensaje y un texto parecido pero con otras frases me hace recordar que tengo una especie de enamorada por correspondencia, y me reprocha no haberle escrito desde hace días. No me gusta hablar con ella (ya no) porque sus preguntas y respuestas (que no son más que otras preguntas disimuladas) son demasiado melosas, empalagosas y, en algunos casos, insoportables. La he ignorado, como a sus preguntas, hace un par de semanas. Me he sentido vil, despreciable, descomedido. Pero creo que es la única forma de quitármela de encima, de que se aburra de mí y sea ella la que termine conmigo, que yo no tengo el valor ni la osadía de hacerlo. Nunca los tuve.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/12/es-lunes-y-amanece-nublado.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-3356368164492576868</guid><pubDate>Wed, 10 Dec 2008 16:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-10T11:34:37.814-05:00</atom:updated><title>Plan suicida</title><description>No sé si me equivoqué de nuevo. No sé si debí esperar más tiempo. No sé si ella me quiere o me quiso o si algún día lo hará, no lo sé. No sé si yo la quiero. No sé por qué estoy escribiendo a la una de la madrugada. No sé por qué escribo tantos “no sé”. Pasa que me fastidio de descubrir que todos los días tengo que empezar de cero, que cada vez que la veo tengo que conquistarla de nuevo, que tengo que robarle sus besos. Me cansé de que esté ausente cuando está conmigo. Cuando alcanzo algo en ella, cuando logro mirarla a los ojos y sentir que la quiero, cuando escucho un suspiro suyo, de ésos que me atan más (si acaso) a ella, y me siento entendido, cuando me dice que me quiere, y siento un avance, un paso más en lo nuestro; cuando pasa todo eso, me estrello con una verdad hiriente e inventada por ella al día siguiente cuando la veo tan lejos, tan ausente. Me cansé de despedirme de ella cada noche con un beso largo, con un abrazo, con miradas enamoradas y saludarla cada mañana como dos personas desconocidas, como extraños que recién se ven. Ya me cansé de hablarle a sus dos personalidades. Ella me abraza y me besa y me dice que me quiere. Su álter ego me quiere conocer pero me evita, me busca pero se aleja, me habla pero se calla. Me canso pero siento que la quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá no deba publicar esto, ella sabe la dirección de mi blog. Creo que ya no me importa que sepa qué siento, creo que ya no me importa que la gente lo sepa, que piensen lo que quieran de mí. He perdido totalmente el interés de agradarle a la gente, de que tengan un buen concepto de mí (que no sería más que fingir algo que no soy). Ahora escucho música melancólica y sé que me hace mal, que me hará pensar cosas que no quiero pensar. Pero creo que si aumento esta agonía, se acabará más pronto. Aunque lo que siento por ella no se acabará, ahora he perdido las riendas de mi corazón: voy sin frenos hacia un incógnito desenlace. Ya no puedo controlar esto, es muy tarde, pero sí puedo no involucrarla. Puedo seguir con esto yo solo, y si tengo que morir, moriré solo. Y si a alguien haré daño, será a mí mismo. Sé que tengo que irme pero la quiero cada vez más y, siendo un egoísta yo, me costará mucho alejarme de ella. Me iré que, como dice la canción, he quedado con mi alma para pensar en ella. No sé si pueda hacerlo, porque cada vez que la veo se hace cada vez más parte mía. Es muy probable que la vea y olvide lo que escribo ahora, que olvide todo, que la abrace y que siga muriendo (literalmente) por ella: &lt;em&gt;que me olvida y me recuerda&lt;/em&gt;.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/12/suicidio.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-2963995967708327548</guid><pubDate>Tue, 09 Dec 2008 17:25:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-01-02T16:47:42.244-05:00</atom:updated><title>No hablo cuando como</title><description>Mi abuelo me mira del otro extremo de la mesa como preguntándose si es que me robaron la lengua o si no quiero hablar con él. “Éste no va a decir nada” se dice, “mejor le pregunto algo para ver si rompe este silencio sepulcral”. “¿Cómo te fue en la universidad?” me pregunta. “Bien”, le respondo. Me mira y se lleva a la boca un tenedor henchido de arroz. “¿Están avanzando normal?, las universidades públicas pierden mucho tiempo en huelgas y esas cosas” me pregunta (y se responde solo) de nuevo. “Sí, todo normal” le digo. Se rinde, “éste no tiene cura” piensa. Continuamos sentados en la mesa, almorzando, por unos minutos inacabables más. Termina de comer, se levanta y me dice “provecho doctor”, como suele decirme no sé si por aprecio, respeto, augurio o sarcasmo. “Provecho &lt;em&gt;papapa&lt;/em&gt;” le respondo (me he quedado con la forma de Jaime Bayly de llamar a su abuelo desde que leí una hoja perdida de uno de sus libro en mi niñez). “Lo siento, no hablo cuando como” murmuro para mis adentros, no se lo digo por que no lo entendería, pensaría que es una excusa tonta. Pero es verdad, es una manía, o más bien una no-manía; creo que lo anormal es hablar cuando comes. Pero díselo a la gente; me pensarían un loco, un excéntrico, un desadaptado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llego de la universidad a la una de la tarde, como siempre. Todos están en la mesa almorzando. Saludo, voy a lavarme las manos y me siento. Mamá me mira y no deja de hacerlo. Me incomoda. “Tienes que cortarte el pelo” me dice. “No”, le digo, “Así está bien” (aunque sé que no es cierto. No me llevo bien con mi cabello, está muy grande pero no me lo corto, es un acto de sublevación, además no me gusta que me digan lo que tengo que hacer. Hago lo que pienso aunque al final casi siempre me equivoque). Hojeo el periódico y molesto sigo creyendo que ese diario va de mal en peor, no debieron descentralizar las ediciones. Ella sigue viendo su novela en la televisión que tampoco me agrada. Las telenovelas brasileñas deberían prohibirse, retardan la mente de las personas, todas las telenovelas lo hacen, pero pienso que las brasileñas lo hacen más. “Mi hijo no habla” piensa, “es un mudo incurable”. “No hablo cuando como” pienso y respondo su abstracción. No se lo digo porque no lo entendería, nadie lo haría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi hermana llega de visita con su novio para una fiesta de no sé qué. Hoy no tuve clases en la universidad, así que estoy sentenciado a poner la mesa y a pasar los platos y a ser el anfitrión en el comedor porque todos están el la cocina y no sé qué hacen, pero hacen algo. Me siento, él, que vino con su hermano, también lo hace, ambos se sientan. “¿Estudias en la universidad? Me pregunta. “Sí” le digo, “Derecho”, haciendo algo no común en mí: tratando de extender mi respuesta. “Hay muchos abogados ahora” me dice y repite lo que casi todos me responden cuando les digo lo que estudio (los que no lo hacen lo piensan, pero no lo dicen por comedimiento, yo diría que hasta por pena). “Sí pues, hay muchos” digo y mi hermana y mi madre dicen: “Christian no habla” al unísono. “Es que no hablo cuando como” respondo. Lo dije ahora, seguramente para no quedar mal. Todos me miran, se hace un silencio lastimoso, compasivo. Sus miradas conmiseradas me hunden. Se vuelven a sus platos y siguen comiendo. No lo entienden, nadie lo hace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He faltado a mis clases por acompañar a mamá a que se haga unos análisis y vea un médico porque la noche anterior se sintió mala. En realidad no he faltado a nada porque los profesores están en huelga y nadie hace clases. Pero me gusta que mi mamá piense que sí, que he faltado por ella. Llegamos a casa y encontramos a mi abuelo en la sala hablando con dos sujetos extraños, con voces chillonas y modales exóticos. Me resultan familiares, se me hacen conocidos. “¿Es Christian?” gritan. “¡Cómo ha crecido! Ya es un caballero” (no sé por qué usan esa palabra, y me quedo pensando en lo que significa). “Son tus tíos” me dice mi abuelo. Los saludo prudentemente, por si se les ocurre pellizcarme las mejillas o algo peor: uno nunca sabe. De nuevo, como ya es costumbre cuando hay visitas en la casa, todos entran a la cocina y se vive adentro una parafernalia culinaria en la que todos sienten que colaboran. Aunque uno nunca sabe lo que hacen, pero ellos piensan que hacen algo, que son útiles existiendo en la cocina. Yo, resignado, me siento en la sala y converso con mis tíos desconocidos y sus voces arequipeñas retumban en las paredes y opacan la música. Apago el radio. Hablamos de política y digo lo que se me viene a la mente, que es lo que hacen generalmente los políticos, y la tertulia es fluida. Mi abuela nos llama a la mesa y, previsiblemente, sus sobrinos se hacen de rogar un rato arguyendo que ya comieron y que no quieren molestar. Pero no se van, y luego se sientan a la mesa y quieren seguir la conversación. “¿Qué estudias Christian?” me preguntan. “Derecho” les digo. “Hay muchos abogados” me dicen, “Las carreras técnicas son las más rentables en estos tiempos”. “Me gusta Derecho” les respondo. Se me quedan mirando, como queriendo curarme de una enfermedad que ellos inventan que tengo. Sigo comiendo. “Se ha molestado” piensan. Pero es sólo que no hablo mientras como y no lo entenderían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy en la noche se casa mi tía. Han llegado mis tíos (ahora sí conocidos), mis primos y mi hermana y su novio. Me ayudan a poner la mesa, faltan sillas, armamos una mesa de campo en el centro de la sala. Nos sentamos a comer y empieza la conversación entre todos. Me limito a escuchar. Mi tío, cargante como siempre, lanza ironías por mi mudez permanente. Es que casi sólo convivimos en el almuerzo y no me ven hablar. Creo que ya no me importa que piensen que soy como piensan que soy. “Habla algo pues &lt;em&gt;christianito&lt;/em&gt;” me dice mi tía recordándome mi apodo arequipeño de verano en mi niñez. “Es que no hablo cuando como” le digo, “es una manía, perdón”. Me miran igual que todos los que pasaron por esa mesa y escucharon lo que han escuchado. “Lo siento, no puedo evitarlo, es algo con lo que naces” aumento y escucho una risa ligera de mi primo. “Creo que ya lo solucioné” pienso. “Este &lt;em&gt;christianito&lt;/em&gt; no habla” dice. “Déjalo, así es” dicen mi hermana y mi mamá, defendiéndome tan bien que no se nota. Estoy resignado, no creo que lleguen a entenderlo. Extrañamente no me miran con la compasión con la que todos lo hacen cuando saben de mi “defecto reservado”. Pero sí lo hacen cuando, para mala suerte mía, suelto una risa cuando mi prima dice que es domingo y hay que ir a misa. En serio pensé que era de broma, todos me miraron incisivamente. Me había olvidado que son muy católicos. Mi madre desvela mi posición frente a la religión (en realidad ella tampoco lo entiende y me piensa ateo, lo que no es completamente cierto: sólo me considero no-católico, por ahora). “No quiero hablar de eso” digo, “no hablo cuando como&quot;.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/12/no-hablo-cuando-como.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-7986858337366799571</guid><pubDate>Sun, 23 Nov 2008 16:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-08T10:55:54.953-05:00</atom:updated><title>Sometido por dos sentimientos</title><description>De un lado está ella: Grecia. La conozco de vista desde hace como un año, antes no me gustaba, no tanto. Comenzó como un juego; yo estaba decidido a buscar y encontrar alguien que me diera cierta seguridad, constancia, estabilidad emocional; ésa que ya hacía falta en la vida tan desordenada e impredecible que llevo. En la búsqueda la empecé a ver de una forma que no lo había hecho: no había notado esa ternura en su rostro. Estaba ahí, y yo, como un tonto, me pasaba de largo. Ahora lo lamento. Pasa que me canso de ser un inconstante, un vivalavida, hago el repaso de mis relaciones y, haciendo las cuentas, caigo en que en ningún caso duré más de tres meses (fueron raras las veces). Ya no quiero esta vida, ya no es para mí, al menos por un tiempo. Grecia es el tipo de mujer que le gustaría a cualquiera, o al menos cualquiera como yo: algo pasible, loco irracional, intelectual huachafo, idiota ególatra, ermitaño resignado, dependiente de amigos, alegre, triste… Ella encaja en todo, con todos. No es como yo, que me siento extraño a donde vaya, con quien esté. Me gusta su forma de ser, su mirada, su voz, su sonrisa; tanto cuando me mira, me habla o me sonríe como cuando no, cuando sus ojos me esquivan, cuando simulan no verme. No sé explicar qué me atrae de ella, tiene un no sé qué que me llena de ganas de mirarla por horas, de dibujarla con una rosa, de buscar la explicación de su rostro con las manos, de retratarla y guardarla, como a una escultura hecha de una sustancia inventada sólo para ella, en una vitrina por si se me deshace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De otro lado está Ana Claudia; es un poco menor que yo, un poco más de lo normal, es muy linda y no sé por qué parece que le intereso. La conozco de vista también desde hace un año, siempre me llamó la atención, siempre me interesó y soñé una vez con ella. Era una ilusión, un platonismo; de ésos de colegio. Era mi salida ideal a la monotonía que llevaba, al aburrido fin de semana acostumbrado, al poco tino de encontrar alguien con quien pasarlo bien, a la mira fallada y poco efectiva que tenía y que se desgastaba, la que en mejores tiempos me dio esa vida promiscua que todos buscan y que los que la tienen se cansan. Ella es del tipo de chica que algunos dirían que no tienes que pensarlo tanto e ir y seguirla. Es todo lo anterior y un poco más. Pero hay algo que siento dentro que no es solamente lo anterior, hay algo más; creo que también me gusta mucho, no sólo físicamente, sino también espiritualmente; ella me da una paz y a la vez un nerviosismo que no creo haber sentido antes. Ella es ella y un poco más. Ana Claudia me mira cada vez que nos cruzamos por la calle y sus ojos me derriten y me llenan de ganas de ir corriendo a su encuentro y abrazarla y besarla hasta el hastío. Aunque sé que nunca pasará, nunca me cansaré ni de verla ni de besarla. Es un amor prohibido y quizá es eso lo que más lo alimenta. Estar con Ana Claudia sería grandioso, pero, a la vez, una gran congoja por no estar con Grecia: por tener que elegir entre una de las dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Grecia y yo salimos ya una vez. Fue una noche inolvidable. Las primeras citas normales están llenas de preguntas, de información intercambiada sobre la vida de cada uno. La mía con ella fue un poco más simple: fuimos a una tocada con unos amigos y amigas más. Recuerdo que ese día estaba resignado a no verla, la había esperado por casi una hora en la puerta por donde sabía que pasaría. El cielo nublado, y la atmósfera gris que propiciaba en las calles, y el horizonte perdido y nostálgico que se vislumbraba como receloso ayudaban a la inminente tristeza que me llenaría al no verla llegar. Esa tarde le diría por primera vez un hola pausado, mirándola a los ojos y esperando una conversación improvisada. Le diría que me interesa mucho pero con la mirada solamente; no quiero que piense que muero por ella, no aún. Sería el primer gran paso; de saludarla apenas al cruzarnos en algún lugar insospechado a darle un beso en la mejilla y oler su perfume a diario. Una gran empresa, una que debe ser bien planeada, que tiene que salir bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde se entraba e intuía una tormenta aproximarse. Soplaba mucho el viento y hacía insoportable la armonía que conseguí con mi pelo al menos por cinco minutos. El intento de peinado que me hago todas las mañanas se pierde de inmediato al salir de mi casa con el inhóspito e intolerable viento que hace en esta ciudad. Ya empezaba a ponerme de mal humor. De pronto, la veo llegar, pero no está sola, un tipo no tan alto, de aspecto bobalicón y múltiples agujeros en el rostro que revelan una muy grasosa adolescencia, la acompaña. No pude contener mi desagrado, mi ofuscación. ¿Qué hacía Grecia acompañada por un tipejo que, a leguas, se nota que busca más que una simple amistad? Me sorprendió más al verla irse con él no sé a dónde. Luego de unos minutos yo también me fui por el camino donde los vi perderse, aunque estaba convencido de las pocas probabilidades que tenía de encontrarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jugaba en mi mente con las formas en que podría deshacerme de él: llegar y darle un mochilazo en la cabeza y desmayarlo o decirle que su casa se está incendiando o escupirle hasta que se vaya o decirle a la gordita desesperada de la esquina que él está enamorado de ella y que, como es tímido, quiere que ella se le acerque o contratar una chica para que le haga un escándalo en la calle simulando ser su novia o decirle al policía gorilón que vi caminando que este esperpento dijo que era gay porque su pantalón militar le ajustaba la entrepierna. Todas son tontas, irreales. Me pregunto si podré madurar. De pronto, al llegar a una esquina, la veo conversando con aquel adefesio. Mis amigas me instigan a acercármele pero mi lado cobarde es más fuerte. Ellos rodean la vereda, nosotros los seguimos, ya estaba resuelto: nos encontraríamos del otro lado y le diríamos si quiere ir al concierto de la noche con nosotros. No creo que acepte. La vemos, Romina se acerca, no logro escuchar la conversación, ¿Qué hago aquí, no soy yo el interesado? Me acerco, la saludo. “¿Tienes planes para la noche?” le pregunto. “No, nada” dice. “¿Quieres ir al concierto con nosotros?”, no era precisamente lo que tenía en mente decirle, fue algo apresurado. Contuve el aliento, cuando dijo que sí lo solté. No pude creerlo, aceptó así de sencillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la noche llegamos al lugar, encontramos un sitio cerca al escenario y, en menos de una hora, estaba repleto de gente. Estábamos muy cerca por el poco espacio que había (las personas en los conciertos suelen convertirse en salvajes bríos de reducir a empujones a los que puedan, es un deporte). Así pasamos horas: pegados, hablándonos al oído (por la bulla que había), y me puse a pensar en ambos, en si estaba bien. La noche despejada y sin luna era mi cómplice en esto. Y sentí que la conocía mejor, que ella era a la que andaba buscando y que podría ser mi complemento perfecto. Hace tiempo que no sentía eso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ana Claudia y yo también hablamos una vez. Ella se me acercó en el lugar más insospechado que puede haber, pero, extrañamente, en el que sabía, certeramente, que hablaríamos por primera vez. Fue en los videojuegos de la esquina de la calle Lima. Yo estaba jugando, como acostumbro cuando no tengo nada que hacer, en una máquina del fondo. Había otras libres pero me gustaba ésa en particular, por la soledad que brinda. Había visto pasar a Ana Claudia con su hermana un par de veces por aquella calle y estaba ordenando mis ideas y pensando en ella en voz alta. De pronto, alguien salta de la oscuridad detrás de mí e irrumpe aquella tranquilidad y se instala a mi izquierda. Era ella, y casi me da un paro cardíaco, ¿cómo llegó y cuándo? Estaba con su hermana. La miré nervioso y me sonrió alegre, radiante. En ese instante me quedé callado y no supe qué hacer, mi cerebro se retorcía y convulsionaba en mi cabeza. Volví la mirada a la pantalla y me enteré de algo que no debía haber pasado, algo que me pondría en ridículo y que me obligaría a irme: la máquina me había ganado y estaba proyectando en la pantalla un “game over” gigantesco y lleno de mofa. El aparato inmutable se burlaba de mí repitiendo una y otra vez los últimos instantes que me costaron diez centavos y una retirada resignada de aquel lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui a comprar otra ficha para seguir jugando, no perdería aquella oportunidad, no de nuevo. Regreso y tengo que esperar un minuto, está jugando con su hermana. Pierde, me mira de nuevo, meto la ficha y juego con su hermana, me habla y me pongo más nervioso. Estuvimos conversando un rato y me dijo: “¿Tú pasas siempre por esta calle y entras aquí verdad?”. “Ehmm… s-sí” le respondí, preguntándome qué le pasaba a mi lengua que se trababa. “Siempre te veo pasar, te miro” me dijo, y yo no supe qué responder, pero hablamos de más, sin saber qué hablar. Luego se me acercaba más y más, probablemente por el poco espacio que había o porque quería ver cómo jugaba. Yo sudaba más y más, probablemente por sentir su cuerpo o por el exceso de camisetas que me puse pensando en burlar el frío de la noche. Se fue a las ocho, la hora límite que le dan sus padres, seguramente, para llegar a casa. Nos despedimos, su hermana la llamaba de la puerta, me hizo un cariño a la altura de mi cintura y me estremeció hasta los dedos. Le dije adiós y se marchó. Lo había logrado (y sin hacer nada); ahora la conocía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el lunes y no me la encontré, tampoco el martes ni el miércoles ni el jueves. Estaba rendido, no la volvería a ver. Quizá huyó de la ciudad para ya no cruzarse conmigo y no tener que saludarme ni hablarme. “Es un aburrido” piensa, “no me preguntó ni mi nombre, perdí mi tiempo”. Pequeño detalle que no percibí. Como en las cartas: P. S.: se me olvidaba, no me presenté. El viernes salí a caminar y pensar, como acostumbro, y pasé por esa calle, tal vez con la esperanza inconsciente de encontrarla y ver qué pasaba. Y así fue, estaba allí, con su hermana, y me vio. Agitó su mano y me sonrió inclinando la cabeza, me mató. Yo también la saludé pero no me atreví a más. Su mirada me derrite, casi tanto como su sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un amigo me dio su correo electrónico. Estuve deliberando todo el día si la agregaba a mi lista de contactos o no; hablarle por el Messenger o no. Lo hice, ella se conectó en la noche, esperé unos minutos para ver si se daba cuenta que tenía alguien que no conocía y que estaba conectado en su lista de contactos. No pasó nada. Le hablé. Le dije que un amigo me había dado su correo y me describí, esperando que me recordara. Me costó un poco, no soy bueno para describirme. Hablamos no mucho pero sí con nervios, yo los tenía y noté que ella también en su forma de hablar. Le pregunté si salía a fiestas o discotecas. “Ay, obvio que sí” me dijo con el acento adolescente que se apodera de su edad. “Bueno, pero es que no te veo nunca… vas a Domino’s supongo ¿no? (que es casi como si fuera la única discoteca decente de esta ciudad)” le dije, y me respondió ya bajando el tono: “Es que no salgo mucho y no conozco todas las discotecas, pero si tú me llevas…”. Sé que no es verdad lo que me dijo, que su pubertad la hace decir cosas para parecer mayor. Yo le sigo el juego fingiendo creerle, me gusta verla feliz. “Yo sé que sales, sales todos los fines de semana. Eres juerguista” le digo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora pienso en las dos, en si mi destino está condicionado por un karma maligno que tengo que pagar por sabe dios qué cosas en una supuesta vida anterior. Si existe eso, que no lo creo tanto. Ellas dos son la mayor indecisión que he tenido en mi vida, son mi suplicio. Sé que tengo que escoger una de ellas, sé que me puedo equivocar, que si elijo una y no le intereso, perderé también a la otra. Que la vida da pruebas, pero a mí me da multas, castigos. La vida se venga de mí quizá por vivirla mal, por ir en su contra y por no importarme sus dizque reglas de conducta. Después de un tiempo de haber escrito esto, y ahora que puedo publicarlo, creo que he resuelto mi duda, creo que tengo la respuesta pero ahora es mucho más complicado. Cuando creo estar seguro de la decisión, pasa algo que me vuelve a cero, que me retrocede y me confunde, si acaso, aún más. Como dice Román, un amigo que lo sabe todo, “Tú harías eyacular a una estudiante de psicoanálisis. ¡Decídete hombre!, que ya tienes la respuesta”.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/11/sometido-por-dos-sentimientos.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-5413013487886749542</guid><pubDate>Wed, 12 Nov 2008 03:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-11-12T21:49:10.649-05:00</atom:updated><title>Corazón relator</title><description>Hoy de nuevo pasé por la calle en pendiente, miré hacia abajo como buscándola con la luna llena en mi frente y sangré. Y se me vino la insoportable tristeza de saberla perdida, que reprocha mi soledad y que me hiere y aun en el suelo me hiere. Estoy de acuerdo con el teorema que dice que el sufrimiento te mata, pero si yo muero, sé que mi pena aún vivirá y que seguirá dolorida por ella; es que la quiero tanto, pero sé que no la quiero. A veces la miro y me hundo en sus ojos, a veces la extraño y quisiera besarla. La siento ausente en mis tardes pensativas: ésas que con el sol muriendo me hacen llorar y me hablan de congoja y de soledad. A veces me gusta y otras no. Como dice Neruda: el fuego tiene una mitad de frío. Pero mi vida tiene dos vidas para amarla; por eso no la amo todavía. No la amo para comenzar a amarla; para comenzar el infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy en la tarde la he buscado y vagueante exploré por todos lados; ella me hablaba de cosas, cosas buenas que, al fin, no son tales porque hieren. He aprendido esta tarde a dejar de averiguar muchas cosas, a conformarme con lo que me dicen y a no investigar por mi parte si es cierto o no. ¿Qué vale más? ¿Vivir sufriendo o morir sabiendo?, ¿vivir ingenuo pero feliz o estar triste por saber la verdad? En el amor todos buscan la felicidad, ¿qué vale más? ¿el amor o la mentira?, ¿la felicidad o la verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo propongo una teoría, aunque casi obvia; que el corazón herido es el mejor poeta. Y ya pienso que el mío, más que latir, sirve para eso: para herirlo y hacerlo escribir. A veces lo simple y de apariencia inofensiva resulta ser, inexplicablemente, lo más dañoso, resulta que las cosas pequeñas son las que hacen más daño. Ella me rompió el corazón antes de moldármelo; es esa sensación que debe sentir quien dice que enviudó antes de casarse o de saberse perdido antes de enrumbar: es un exofrasis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo mío también es un exofrasis; es que los hay buenos como los hay hirientes, los que te destrozan, que martirizan y que matan. Estos últimos son los que te acaban, los que te envenenan. El resultado es desastroso, pues me siento insanable; a no ser que la vea de nuevo, que me hable de nuevo y que me sonría como sólo ella sabe hacerlo. Es que es mi verduga y mi salvación; y no es que yo sea una especie de masoquista, yo sostengo que cuando uno ama, odia y ama. Y que del odio nace más amor, y que si odias es porque amas. Ella es, en efecto, eso; mi odio y mi amor, que me busca y que me olvida. Aunque aún no estemos juntos y aunque no sepa si alguna vez lo estemos.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/11/corazn-relator.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-7108792294431476572</guid><pubDate>Sat, 18 Oct 2008 22:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-17T14:28:17.440-05:00</atom:updated><title>Encuentros de biblioteca</title><description>Debo aclarar, antes de empezara a narrar esta historia, que lo que voy a contar es una etapa de mi vida perdida en el tiempo, no le pongo ni le invento alguna fecha por razones personales, porque me gusta recordarla así: difusa. No se podrá, entonces, saber ni sospechar que fue ayer, la semana pasada, hace un mes o años atrás. Es más, ni siquiera puedo asegurar que es mi historia, que la he vivido, ya no lo sé. Y no tiene, como muchas cosas en mi vida (como todas), ningún inicio específico, así que trataré de darle un aspecto, en la medida de mis posibilidades, crónico: de hechos sucesivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella no vendrá hoy, en la mañana tampoco la vi; desde hace un par de semanas que no lo hago, excepto ayer, que la encontré fugazmente (de ordinario acostumbramos permanecer mucho tiempo aquí) y nos quedamos viendo unos largos, intensos, aparatosos y nerviosos tres segundos; llenos de preguntas, llenos de nostalgia; la nostalgia inexistente de la que hablé en mi “divagación sobre la esencia del amor”. Pero en verdad no sé si nos miramos como dije, en verdad no sé si me miró. Sólo sé que su sonrisa de asentimiento me duró tanto tiempo como cuando miras una estrella fugaz: lo suficiente. Estuve todo lo que duró la “convivencia” detrás de ella; dándole la espalda como ella a mí. A ratos volteaba para ver lo que hacía, a ratos lo hacía ella no sé por qué. Todo ese tiempo fue, en verdad, tortuoso; me arrepentí de no cargar la carta que tantas veces quise darle, que hablaba de ella y de mí; que quise darle a otra chica, que se la daría a esa “ella” que nos persigue incansable. La misma carta pero con diferentes palabras, la que debería estar poniendo en su bolso que ahora está en el espaldar de su silla y que me es fácil de alcanzar. Una oportunidad perfecta para entregársela y largarme; y quizá algún día encontrarla de nuevo y mirarla a los ojos con las preguntas de siempre, con la nostalgia de siempre; sólo que esta vez ella lo entenderá, sabrá cómo la miro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ahora no, ahora me quedo con mis preguntas y con mi nostalgia; esta vez no pude prever lo que sucedería, no se me pasó por la mente encontrarla. Es extraño, mucho en mí, yo que pienso todo, que planeo todo, que casi escribo un guión para hablarle, que busqué palabras y técnicas para enamorarla. Pero la oportunidad está perdida. Sobre todo por cómo le cerré la puerta de mi casa aquella vez, por cómo me comporté, en realidad por cómo no me comporté, por lo que dejé de hacer, por no hablarle, por no mirarla siquiera (sin preguntas, sin nostalgia). La conocí una tarde de otoño, una de ésas que no se olvidan; fue un encuentro casual, sin importancia, al menos yo lo sentí así. Katy es de esas chicas que ves por la calle y te preguntas ¿tendrá enamorado? Y seguramente, y es lo más lógico, la respuesta es un contundente “ojalá que no”; aunque por dentro sabes que es mentira, que te ilusiona pensar que no: que es Blanca Nieves y que vive en un mundo de fantasía e ilusión. Que en su mente no entran esas cosas ¡ni hablar!, juegas con pensar que serás el primero en su vida; qué ingenua forma de mantener tu ilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de pensar tanto en ella la vi un par de veces; las veces que iba al trabajo de mi mamá y ella también lo hacía. No la hubiera conocido más que de vista si no ocurría ese penoso y comprometedor suceso que no quiero recordar pero me obligo a hacerlo. Esa ocasión en la que estuvimos uno al lado del otro por más de tres horas… ¡demasiado! Aunque hubiera querido conversar con ella, aunque hubiera tenido algo de qué hablar, yo sé que no lo hubiéramos hecho por tres horas ¿quién habla tres horas? Por eso fue penoso, incómodo, silente. Recuerdo que yo no quería ir; mi hermana y mi mamá me obligaron, aún no sé cómo lograron convencerme; supongo que lo hice por comedimiento. No, creo que fue por débil, ese defecto que no me deja en paz ante la insistencia. Tal vez también porque mamá me dijo que Katy ya estaba lista, que ya había conseguido su traje, que estaba entusiasmada. – ¡Pero no la conozco! –la conocerás&amp;shy;&amp;shy;&amp;shy;… Fue su respuesta, y la de mi hermana, y la de los ojos incisivos de todos los que estaban en aquella habitación. Por eso esa vez fue comprometedora, recluyente*.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que no hablamos mucho, casi nada. Yo estaba más ocupado en tratar de que no me viera nadie conocido, en pasar desapercibido. A ella se le notaba el ánimo de conversar, yo fui total y pedantemente apático. Me comporté como un tonto, como un chiquillo mimado; fui mala compañía. Aun así ella se preocupó por mí cuando me corté un dedo con una hoja de lata que quise mover; me atendió y puso una banda improvisada de papel alrededor de la herida. Fue sumamente tierno de su parte, pero no recuerdo si me sonrojé, seguramente ahora lo haría si vuelve a hacerlo. Mi pantalón blanco se tiñó de sangre, ella lo cubrió con su faldón, y me dio una sensación de confianza, y lo hizo todo el tiempo que duró el martirio. Ahora es cuando quisiera darle las gracias por todo, por todo lo que me aguantó, por estar conmigo tres horas sin salir corriendo espantada por mi inmodesta forma de ser, por quererme. Aunque no sé si lo hizo en verdad, no sé si mi imaginación me engaña, si estoy inventando cosas sólo por querer recordarla amable, por avivar alguna esperanza dentro de mí; alguna que quizá no exista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de eso no la vi por mucho, mucho tiempo. Eran esporádicas las veces que la veía pasar por la calle, a lo lejos, intentando que ella no me viera. Yo pienso, no sé por qué, que ella también actuaba igual; intentábamos no vernos pero no por que nos caigamos mal (por lo menos no de mi parte), sino porque llenaríamos de nerviosismo y silencio nuestro saludo. Yo, por lo menos, no sabría qué decir. Lo único que sabía de ella era en qué colegio estudiaba, calculaba más o menos en qué año, su nombre (aunque tenía dudas) y su casa. A menudo, cuando ya estaba obsesionado y sobreinteresado en ella, que no sé cómo ni cuándo pasó, encontraba alguna excusa para pasar por su puerta: con la esperanza de encontrarla “de causalidad” y hablarle de algo y conocerla mejor. Quería borrar la mala imagen que se llevó de mí y empezar a agradarle. Luego me di cuenta que ella estaba estudiando por las noches en la misma academia de inglés a la que yo iba. Averigüé en qué horario y me cambié a ése. Y ahora que lo escribo me resulta un tanto tenebroso, era como perseguir enfermamente a alguien; propio de una desviación patológica de la personalidad. Pero mis intenciones eran buenas; sólo quería conocerla mejor y no sabía cómo acercármele, y como no había otras excusas, la “casualidad” se me mostró como mi mejor aliada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un mes de incertidumbres, ¿tendría enamorado?, ¿esas miradas fugaces a las salidas eran de interés o sólo de cortesía?, ¿cómo acercármele? Había avanzado algo: nos saludábamos, ahora sí, cuando nos veíamos en la calle; ya no huíamos cuando nos percatamos que el otro venía por la misma vereda hacia uno. Hasta había sonrisas cómplices, volvíamos la cabeza instintivamente y con curiosa sincronía cuando nos quedábamos detrás al caminar. Una vez me armé de valor (no el que te da el licor, sino el que te da la adrenalina, los nervios de mirarla a los ojos, la angustia de quedar en ridículo) y me acerqué ya ni me acuerdo para qué, pero fue otro gran paso. Es importante que haga todo esto antes de que la chica que me guste me interese más porque luego es mucho, en extremo, más difícil comenzar a hablarle e invitarla a salir. Esa vez caminé estratégicamente por la calle por donde sabía que pasaría; a la hora que sabía, también, que pasaría. Todo formaba parte de un plan tan bien estructurado como una emboscada en tiempos de guerra; un plan napoleónico. Esperé el tiempo justo que demoraría en pasar todo el jirón Lima hacia la plaza de armas, ella voltearía por la esquina del Club Kuntur hacia abajo y luego hacia la derecha; ahí es donde me debía aparecer yo, fingiendo salir de los videojuegos. El tiempo estaba calculado, yo esperé nervioso gastando mi reloj de tanto mirarlo. Pasó por esa esquina con unos minutos de retraso, no muchos, y yo, que ya no podía echar marcha atrás, contuve el aliento y enrumbé hacia ella con todo lo planeado en mente. La acompañé hacia su casa, hablamos de todo un poco, aunque mi pretexto era poco creíble y tonto, ella fingió creerlo y caminamos juntos unas cuadras. En todo ese tiempo no pude recordar la conversación planeada (ahora me parece contraproducente hacerlo tan exageradamente como lo hacía) pero creo que me fue bien en la improvisación. No llegamos hasta su casa porque tuvo que quedarse en la de su amiga por un trabajo de su colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;***********************************Falta algún texto**********************************&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pasó mucho después de eso. Paradójicamente sentí más nervios de hablarle; una incomprensible inseguridad. Al poco tiempo viajé lejos por unos meses y creo que me olvidé de ella al volver a ver a alguien que marcó, también, fugazmente mi vida en la niñez. Aquel viaje que me movió los aún endebles cimientos sentimentales que había logrado, la poca seguridad que había alcanzado luego de tanto tiempo, justo cuando creía que mi vida se arreglaba. Luego, cuando regresé, ya había perdido su rastro y creo que no me afectaba. La vi una vez y nos saludamos como antes, desde lejos; sin duda había retrocedido y perdido lo poco que logré con ella. Pero mi mente estaba en otro lado, estaba confundido. Ésa fue la última vez que la vi, la última antes de escribir esto, antes de que me viera interesado peligrosamente de nuevo en ella, antes de que me vuelva a gustar con exageración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ¿por qué esta historia se titula “encuentros de biblioteca”? al pensar en qué nombre ponerle y al no ocurrírseme ninguno, decidí hacerlo considerando cómo lo escribí y en dónde. La escribí en la biblioteca municipal; nunca antes había ido tan constantemente, al principio fue porque necesitaba un ambiente pacífico para leer un libro que nos dejó un profesor de la universidad para un examen y tan sólo tenía un par de semanas. Y en esos días, de casualidad, la encontré luego de tanto tiempo; Katy estaba sentada al lado de una ventana, el sol debilitado le proporcionaba una atmósfera de un color cálido y extraordinario, que jugaba con su pelo y hacía de ese rincón un paisaje espléndido, protagonizado por tan fabulosa criatura. Me quedé contemplando ese milagro unos segundos incansables, hasta que, o era mi imaginación o mis oídos no mentían y ella me decía algo en un idioma extraño, en el que deben hablar los ángeles. –hola… Sonaba algo así. En el lenguaje común es un saludo, pero en el de ella significa mucho más, significa un montón de preguntas y de nostalgia, una vida resumida en cuatro letras. También la saludé; cuando la ilusión es tan espectacular uno no se atreve a desobedecer. Fue en ese entonces que, como dije, me volvió a gustar con exageración, que regresó esa obsesión, esa incertidumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Katy iba a la biblioteca todos los días, se sentaba en el mismo lugar, y el sol cumplía también con la cita sin falta. Yo también iba sin falta, como quien no se atreve a perderse un solo capítulo de tan fantasioso fenómeno. Al terminar de leer el libro para mi examen, seguí yendo pero esta vez para escribir todo esto. ¿Quién mejor que ella para hacerme recordar toda esta historia perdida en mi memoria? Fue una terapia interesante, llena de enseñanzas y de preguntas; más preguntas. Cada día escribía una parte. Digo “escribía” porque ella ya no va a la biblioteca todos los días; ya ni sé cuándo va. Yo también he dejado de ir porque creo que ya no tengo nada que hacer ahí. Estoy seguro de que si aún nos encontráramos, este cuento se extendería mucho más, por eso se nota algo resumido, por eso se corta tan repentinamente. Deberían ir las otras cosas que pasamos en el lugar que dice: &quot;falta algún texo&quot;; que es una manera fría de dejar constado que esto está inconcluso, pero siento que si no la tengo enfrente no podré continuar en la forma que quiero (aunque también es por galbana). De todos modos, si algún día la vuelvo a ver, seguiré escribiendo, lo dejo así para recordar que hay aún un capítulo de mi vida que no se ha cerrado. Ahora lo termino en mi casa, aunque con la misma puesta de sol que me recuerda a ella, pero ya no como antes, creo que me ha dejado de gustar de nuevo. Esto confirma la teoría de Jimena: soy un inconstante. ¿Es un defecto? De todas maneras es parte de mi vida y, mientras no se maximice, conviviremos como con otros tantos que tengo y que me acompañan.&lt;br /&gt;____________________________&lt;br /&gt;*Metaplasmo claro; de los que uso cuando quiero decir algo y no sé cómo. Se refiere a que la situación fue de carácter obligatorio (hablando con hipérbole).</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/10/encuentros-de-biblioteca.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-7411629071156134064</guid><pubDate>Thu, 25 Sep 2008 18:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-17T14:27:53.201-05:00</atom:updated><title>La mochila de mi compañera</title><description>Hace un tiempo ya, vi algo extrañamente cómico, que merece (y no la encuentro) una explicación. Tengo una compañera de mi facultad que una vez fue a clases con una mochila  insólita; más que la mochila, era la marca: “Piel”. Para el común de las gentes, y hay que tomar en cuenta que hay más mujeres que hombres, esto no significa nada ¿verdad? Pero para el enterado, eso en la espalda de una chica caminando ahí por la calle, es graciosísimo (e intrigante). Aunque creo que ya no lo tengo que explicar tanto; todos los que leen esto o lo leerán, si alguna vez alguien lo hace (no porque sea desastroso, sino porque… ¿cómo se hace para que tu blog se pueda ver o sea de fácil acceso para la gente?, aunque todavía no lo deseo, algún día querré que alguien lea las sandeces que escribo -una manifestación del ego-), tienen una mente enferma, con el debido respeto, alterada, malsana, próxima a la desviación sexual. Todos tienen (¿o tenemos?) una parafilia escondida, estrujada, que queremos ocultar. Y seguro, si ya entendiste la causa de mi mofa, también estás incluido(a). Pero el conocer una marca de preservativos no lo considero una perversión, ni mucho menos, ¿hay algo de malo?, al contrario; es parte de la educación sexual que tanto ayuda a la planificación familiar y otras vainas que son relevantes. Como ven, la contradicción es parte de mi personalidad. Entonces, lo medular de esto es; sí, que mi compañera tiene una mochila de la marca de un condón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo llegó ella a tener una mochila de ésas, creo que ni al usuario más regular de ese preservativo le dan una mochila ¡una mochila Piel!, piensa… ¿cuántos condones tienes que comprar para que te regalen una de ésas?, ¿habrá otros regalos como cartucheras, globos, polos o gorros con esa marca?, ¿acaso fue un pedido grandioso el que ella hizo? Es probable que pidiera una o varias cajas por si acaso, quién sabe. Ya sabemos, gracias al comercial de Movistar, que todo al por mayor sale más barato, y, claro, resulta provechoso cuando vas a consumir un producto en cantidad; tú solo o entre varias personas al mismo tiempo. Lo que me hace pensar es que si pasa lo mismo con los condones, si una persona, sólo una, puede usar toda la caja antes de que se venza, si una chica puede hacerlo… ¿alguien puede? ¿Cuántos profilácticos vienen en una caja?, muchas relaciones al día ¿verdad? A no ser que haya entrado en combina con otras u otros, pero eso implicaría una fiesta bacanal, una orgía manifiesta, la que, conociéndola, no creo que haya organizado ni participado. Es una chica tranquila, ¿inocente?, bueno, al menos lo parece. Tan impensable como ampayar a María Pía en escenas eróticas con Tongo. No sé, pero me divierte pensarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta situación, como muchas otras, abre una gran cuestión que ya tiene un lugar en mi mural de preguntas junto con otras: ¿Existe vida en otros planetas? ¿El hombre en verdad desciende íntegramente del mono? ¿Qué piensan las mujeres? ¿En verdad existe un dios? ¿Qué quiere decir el Dr. Mariscal en su clase sobre acto jurídico y negocio jurídico? ¿De dónde sacó Domitila una mochila marca de un condón? Mi espíritu investigador y mi afán de llegar siempre a una verdad, aunque no absoluta, me joderán durante un buen tiempo. La manera más fácil de descubrirla (preguntarle de dónde la sacó) es muy simple y falto de emoción para mí… bueno, la verdad es que no me atrevo. Tampoco preguntar como loco en todas las farmacias si regalan mochilas Piel si compro varios condones. Creo que me quedaré un buen tiempo intentando averiguarlo, ojalá pueda hacerlo, para avanzar en mi búsqueda de la verdad, en mi camino hacia la luz (tranquilo pues intelectual huachafo).</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/09/la-mochila-de-mi-compaera.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-2111479036632173815</guid><pubDate>Sat, 06 Sep 2008 23:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-17T14:27:57.360-05:00</atom:updated><title>Crónica de una muerte enunciada</title><description>&lt;strong&gt;“El acelerador de partículas LHC entrará en funcionamiento el 10 de septiembre”&lt;/strong&gt;… reza un titular en la página web de ADN, un diario español que no sé si sea de renombre, pero por lo menos así hace parecer su portal e información. Visité ese sitio de casualidad: una antigua “amiga” me pidió que le buscara noticias sobre ciencia y en el omnipotente google salió primera en la lista ADN.es. Debajo del título, la información dice más o menos así: “El Gran Colisionador de Hadrones (LHC, en sus siglas inglesas), el proyecto de investigación en física cuántica más ambicioso de la historia, ya tiene fecha de arranque: el 10 de septiembre de 2008. Ese día, el laboratorio en el que el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) ha invertido unos 5.000 millones de euros, recibirá su primer rayo de protones y empezará a funcionar”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A primera vista dije: ehmm qué tal coincidencia… bueno, es algo bueno. Recuerdo que leí algo del CERN en el libro pseudorealista (o al menos así lo intentó el autor) “Ángeles y demonios” que, pienso, casi todos han leído, o por lo menos así lo delatan los perfiles de casi cualquier persona que veo en el hi5 y tiene más de 400 visitas (todos “admiran” la literatura de, o han leído a, o su autor favorito es Dan Brown, J. K. Rowlling o, en un asomo de buena lectura, Cuauhtémoc Sánchez -todos ellos con algún best seller, ¿curioso no?-). En ese libro de ficción disimulada, el mencionado laboratorio europeo intentaba recrear “La Gran Explosión” que dio, según muchos, origen al universo. También se creó, en la novela, la antimateria, que es la contraparte de la materia y que ambas se destruyen si tienen contacto; la que usarían los Illiminati, una sociedad secreta revivida por el autor, para destruir el Vaticano y, con esto, la religión católica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo ello, sacado de una historia dantesca y bárbara (no por los vati-curas, sino por el impacto social), pareciese que fuere improbable de suceder. O al menos así lo pensaba hasta ahora, ya que rápidamente vaciló en mi cabeza luego de reparar en otro titular: &lt;strong&gt;“El laboratorio LHC tiene un 75% de probabilidad de extinguir la Tierra:&lt;/strong&gt; dos científicos denunciaron ante un tribunal de Hawai las actividades del mega acelerador de partículas Large Hadron Collider porque dicen que puede acabar con la humanidad.” La razón de su afirmación, señala el español Luis Sancho, un estudioso, dice, del universo, es que &lt;strong&gt;“el CERN busca crear materia de máxima masa para estudiar los tres horizontes evolutivos de masa en el universo: nuestra masa, la masa extraña (más pesada y componente de las estrellas de neutrones) y la masa tau (probable componente de los agujeros negros). El problema es que la masa extraña y la masa tau se alimentan de la materia radiante de nuestro universo, convirtiéndola en materia oscura: en unos segundos la tierra se convertirá en una nova.”&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, desde aquí quiero expresarles a los señores científicos que trabajan en el proyecto: gracias por lo que me toca. ¿Era necesario que, de los 366 días del 2008, tuvieran que elegir justamente el 10 de septiembre? ¿Alguna vez dejará de suceder algo el día de mi cumpleaños o en sus flancos? Si no es la destrucción de las Torres Gemelas el 11/09/01, el anuncio de Schumacher de retirarse como piloto el 10/09/06 o la muerte del físico Felix Bloch, Premio Nobel de Física por &quot;el desarrollo de nuevos métodos en la medición precisa de efectos nucleares magnéticos&quot; (que, oscuramente, está muy relacionado con lo del experimento en mención) el 10/09/83; son cosas que tienen relación con algo malo como el Muro de Berlín, que si bien su caída entre el 9 y 10 de septiembre de 1989 fue algo bueno, representó algo en esencia desastroso para Alemania y las familias de los que murieron intentando franquearla. O también está presente (ese día) en la vida de personas como Luis IV, rey de Francia, que nació y murió el mismo 10 de septiembre a los 34 años (que fue, al parecer, la edad en que murió Jesús de Nazaret; ya que está casi claro que el conteo a partir de su nacimiento -calendario gregoriano- está retrasado en tres o cuatro años). ¿Coincidencia? No es tan asombroso; tuve que buscar durante un buen rato qué cosas pasaron los 10 de septiembre en la historia, “que no panda el cúnico”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, ¿será el día de mi cumpleaños el Apocalipsis? Sin bien los muchos científicos del centro europeo están de acuerdo en que tal experimento no representa, casi, ningún riesgo para la humanidad ni parte del universo como lo afirma el español Sancho, está, aunque pequeña, la contingencia. Como lo dice el científico Juan José Gómez Cadenas: &lt;strong&gt;“la posibilidad de que esto pase es menor que la de que un meteorito termine con nuestra especie”&lt;/strong&gt;, pero, ¿no lo hizo uno con los dinosaurios? Sólo me queda, o mejor dicho nos queda esperar ese día; porque este evento es de especial importancia, algo que no se da cualquier día del año, algo que es de implicancias universales, en fin, algo que nos atañe a todos… estoy hablando de mi cumpleaños. ¡Dos décadas! Es un tiempo de vida considerable… y ¿qué he hecho hasta ahora? Bueno, tengo muchas cosa que no hice ¿no basta? Sería una coincidencia desfavorable que llegue el fin del mundo el día de mi cumpleaños, ¿estará mi muerte (y la de toda la humanidad) pactada para ese día?, siendo así, me tocará la suerte de Luis IV; pero nadie lo recordará porque ya no vivirá nadie quien lo haga. Al menos si pasa eso, todos morirán junto conmigo; como un extraño emperador cuasidivino que se lleva consigo a todo su pueblo. A todos alguna vez nos ha pasado (porque somos egoístas) que queremos que los demás vivan nuestras desgracias... bueno, esta vez será literalmente así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La probabilidad es muy pequeña, es cierto. ¿Pero no la fue también de que Lex Luthor, amigo de Clark, se convierta en su archienemigo?, ¿que Dos Caras, que también era amigo de Bruno Díaz, se volviera su enemigo al desfigurarle el rostro un ácido?, ¿que el Hombre de Arena y el Dr. Octopus se volvieran villanos? Estos ejemplos infantiles y sin ningún apoyo científico, que son, al extremo, tontos y susceptibles de insultos y chifles, maltratos y linchamientos como el del alcalde de Ilave (que es probable que diera también algunos de ésos para explicar algo y que fue el porqué del enojo de la gente, como el del que lea esto), tienen un asidero no más bobo: que la gente sigue viviendo lo suyo, pensando en sus “cosas importantes”, yendo de prisa por la ciudad, desando morir si sus parejas los dejan, mortificándose al pensar en qué ropa ponerse, etcétera; y no saben del peligro de destrucción de la Tierra. No saben que en cuatro días ocurrirá este grandioso evento, que se hará, posiblemente, uno de los mayores descubrimientos de la física, que si no sale bien se destruirá el planeta, que será mi cumpleaños. Pero ¿habrá ahora un superhéroe que lo impida? Superman, Batman ni el Hombre Araña existen. Entonces, como dije, sólo nos queda hacer tiempo y las cosas que no hicimos pero siempre quisimos hacer… empezar a respondernos qué haríamos si mañana se acaba el mundo. Como dijo Horacio: &lt;em&gt;carpe diem quam minimum credula postero&lt;/em&gt; (aprovecha el día, no confíes en el mañana).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PS. También el miércoles 10 Perú juega contra Argentina; no vi el partido de este último contra Paraguay pero sí la expulsión de Tévez (¡bien carajo!). Entonces, como ya vimos que lo impensado puede pasar, ¿se logrará ganarle a Argentina? Si los planetas se alinean… puede ser un empate. Y si no, ¿se cumplirá la máxima popular que dice que el día que Perú le gane a Argentina (luego de un montón de años) será el fin del mundo? Uno nunca sabe.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/09/crnica-de-una-muerte-enunciada.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-8875839373980740676</guid><pubDate>Thu, 04 Sep 2008 04:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-17T14:27:30.831-05:00</atom:updated><title>Mi amiga irreversible</title><description>A veces la inocencia se acaba. Y es inevitable… inminente; todas las cosas que creemos que son como las pensamos terminan siendo total y asombrosamente distintas. Hace poco menos de una hora, vi a una de mis más caras amigas saliendo de un hostal, bueno, hospedería, ya que en un hostal también te dan comida (le diría hotel, pero no sé si sus habitaciones son cómodas, no lo creo; pero...). Fue una sensación extraña, incómoda y… extraña. Iba caminado meditabundo, como acostumbro (por eso si me conoces y no te saludo en la calle, aunque estés a dos centímetros de mí, no es porque no quiera; sino porque mi enajenamiento es tal, que no me percataría si estoy mal arreglado, desnudo o con la ropa puesta al revés… ayudan también mis ojos cada vez más miopes), cuando de pronto la vi bajar los escalones que daban a la calle, lo cual no es muy conveniente si decides entrar a uno de esos lugares. Yo, indudablemente, preferiría uno más o menos discreto. He ahí el problema al momento de elegir un hostal inocuo para la imagen que la gente tiene de ti (más aun si vives, como yo, en una ciudad pequeña), claro que uno diría: ¿qué le importa a la gente lo que haga o deje de hacer? Efectivamente, y ahí está lo malo, le importa, y mucho. Es irremediable; la gente (y estamos incluidos todos) tiene una frenética pasión por saber la vida (y obra) de la mayor cantidad de personas que conozcan, y de las que no también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imagen que proyectas a veces lo es todo. Y no lo digo por narcisismo, sino porque si he aprendido algo en mi vida tan despreocupada, insensata y, a veces, egoísta, es que el prejuicio público es más fuerte y hasta más verídico, creíble que la propia verdad; tu verdad, la que sabes que es y no la que ellos piensan. Pero ese no es el punto, que al fin y al cabo no sé si alguien más la vio. El meollo acá es que yo, precisamente yo, la advertí. ¿Por qué?, no lo sé, y es, estoy exagerando, la marca de un antes y un después. A. v. s. H. (antes de verla saliendo del hotel) y D. v. s. H. Estoy escribiendo esto no por criticarla ni porque reproche lo que hizo; al contrario, soy la persona que está más fanáticamente de acuerdo con el sexo casual, prematrimonial (para las mujeres aún conservadoras), y hasta amical, que me parece uno de los mejores; sino porque no pensé que llegara el momento de descubrir que ella hacía esas “cositas”. Es como cuando (felizmente no me pasó) te dicen cuando niño que Papá Noel no existe, o el ratón de los dientes, o tu hada madrina o el amigo imaginario que te acompañó tanto tiempo. Supongo que se debe sentir así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda me he quedado imbécil del impacto psicológico que me causó el imaginármela en la habitación del hotel con algún sujeto que espero no conocer porque mi idiocia sería mayor; un trastorno irreversible (obviamente estoy exagerando, y demasiado. A veces me critican por hacerlo tanto, pero así soy ¿qué puedo hacer?, la hipérbole es parte de mi vida). Lo embarazoso y penoso vendrá luego; no sé cómo hablarle la próxima vez que la vea, porque, al salir, ella también me vio y supongo que debe estar más enredada que yo. ¿Fingiremos que no pasó ni vimos nada?, ¿le diré que no sé de qué me habla si me pregunta si vi algo?, ¿hará lo mismo si yo se lo pregunto? No sé qué sucederá, pero me quedaré con este trauma, al parecer, toda la vida.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/09/mi-amiga-irreversible.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-5891443172111601991</guid><pubDate>Wed, 27 Aug 2008 19:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-17T14:28:01.469-05:00</atom:updated><title>Divagación sobre la esencia del amor</title><description>A veces las cosas pasan tan deprisa… Y no sé si esto sea bueno o malo; depende de cómo las mires y qué sea lo que pase. A este sinfín de momentos y situaciones (porque, pienso, son todas las cosas que vivimos) no escapa el amor, que lo considero situación. Para mí, todo se reduce a esos dos aspectos: momentos y situaciones, y no sé si mi teoría es producto de un análisis y síntesis concienzudos de estudios, que es -a mi parecer- la manera correcta de lanzar una, o de un simple arranque repentino de decir algo para tener en qué sostener una propuesta impensada; quizá por una genialidad oculta en el sabio potencial que duerme en mi ello o por una casualidad lapicero-mano ayudada y condicionada por una hoja de estilo antiguo que me regaló mi abuelo y el lapicero del “Sheraton Lima” que apareció de pronto en mi escritorio. Pero a veces lo impensado resulta ser tan cuerdo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso al amor, a diferencia de muchas otras personas (que son casi todas las que conozco), como una situación que puede durar mucho o poco, y en el fondo eso no importa; que puede ser intensa o vana; que puede ser espontánea o nacida de asiduas repeticiones de pensar en la otra persona no gustándote al principio; que puede ser sana o morbosa; en fin, que puede ser buena o mala, o ¿mala o buena?; depende si el morbo es del agrado del señor lector. Depende, en suma, exclusivamente de la subjetividad cuál de las dos sea. Sí, pienso al amor como algo nunca íntegramente bueno; que, como casi todas las cosas de la vida (digo casi porque no las conozco todas, y ante la duda es bueno el indeterminado), esconde un lado oscuro o en algunos casos un lado bueno; en el supuesto de que se manifieste penumbroso, que es como lo hacen las obsesiones extremas, fanáticas. El amor es una suerte de Míster Hyde impersonal (el primer nombre lo escribo en español, siendo la frase susceptible de pronunciarse “míster jide”; que no es correcto, pero muy pocas veces escribo en inglés), porque nunca sabrás cuándo estallará ese lado perjudicial que quieres esconder; que intentas ignorar, y cuando aflore, controlará todo; sea para bien o para mal. Y en ambos casos da miedo; nuestro desasosiego ante el cambio es innato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amor es, también, todo lo que pienses que es. Así, si piensas que es una porquería, lo es. Y si piensas, como yo, que es esa relación pasajera que viviste hace sólo unos días y que no la considerabas tal, también lo es. Según lo dicho anteriormente, las pasiones, aventuras, agarres, maní-fugas (que deriva del choque-fuga; teoría inspirada en joder a un amigo de la promoción: “Maní”), trampas y demás peruanismos, serían amor. Y es que yo ya no sé lo que significan las palabras, de las innumerables formas en que puedes emplearlas, de lo difícil que es seleccionar cuál usar en qué casos. Prometo algún día explicar lo anterior con más tiempo, porque a pesar de que parezca que la razón de esa incertidumbre es la falta de un diccionario, aseguro que no la es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomando el tema principal; ¿qué es el amor?, y trataré de no irme por otros lados, es que es una debilidad; hablo, leo o escribo acerca de alguna cosa y termino por otra, quizá por una curiosidad extralimitada sobre todo lo que existe (relativamente hablando) o por una manía aún no descubierta… ¡carajo!, lo estoy haciendo de nuevo. Ya, ahora sí; decía que a pesar de mi incertidumbre léxica, sigo creyendo con firmeza que el amor es cualquier ínfima relación (de pareja, de acercamiento, sexual o como quieras llamarla), estrictamente voluntaria, claro está, que tengamos con otras personas; preferentemente con el sexo opuesto, a no ser que tengas gustos homosexuales, lo cual tampoco es malo, pero no es mi caso (obviamente me estoy refiriendo al amor de pareja, no al amor en su totalidad; no te preocupes si amas a tu papá o tu mamá, este es otro tipo de amor, no hablo de ése).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo he tenido, por decirlo así, varias experiencias con el amor; claro que no muchas son triunfantes. Y puedo decir que cada vez que comienzo una nueva, pareciese que la anterior no era amor, que sólo esperaba ésta, la actual, y que sería la última (bueno, no todas las veces fue así; sólo en las más o menos serias). Pero también puedo decir que el amor es diferente en cada situación; ojo, no en cada momento. El momento es (lo entiendo) sincrónico; mientras que la situación es diacrónica. Digo que el amor puede ser diferente en cada relación y que esto no significa que en la anterior no lo hubo; es sólo que existen, ahora, diferentes factores que alteran el producto. De las dos posibilidades anteriores, me quedo con la segunda, quiero creer que es la segunda, porque no puedo pensar en que todas las relaciones que he tenido fueron un engaño, una mentira. Me resisto a pensar que mis recuerdos, muchos de ellos los mejores de mi vida, no sean de verdad, que son una ilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque cualquier persona pensaría que el tener numerosos enamoramientos o amoríos es muy bueno porque te dan experiencia, no es del todo cierto; lo que te dan es mayor fluctuación. Claro que no en todo sentido, el tener experiencia en el amor está bien, lo malo es tomártelo muy en serio y creer que lo sabes todo; que todas(os) son iguales y que puedes manejar a tu pareja actual como lo hiciste con la anterior y que todo irá bien, que no tienes por qué preocuparte porque, al fin y al cabo, sabes los trucos necesarios. Al final te das cuenta que esos tus trucos no sirven, caducaron, finito, chao. Cada persona es un mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el amor no hay formas, y todos tus conocimientos se ven preocupantemente limitados y te encuentras, como decía Heidegger, “yecto”; arrojado a una realidad que no conoces ni manejas. Es una atmósfera penumbrosa, engañosa. Yo, ciertamente, he vivido cosas así. Mis relaciones sentimentales, en las que están incluidos los peruanismos que mencioné, han sido, de una u otra forma, tortuosas. Desde mi primera enamorada en un verano de mi niñez hasta mi último acercamiento con una chica que no conocía mucho, el que parecía andar mal pero ahora que converso con ella me doy cuenta que no, he conocido numerosas personalidades, formas de pensar, de vestir, de hablar, de besar, de todo. Pero hay algo siempre presente; no se qué es. Será lo que dice una canción algo conocida (o ya no mucho): “…y la encontraré de nuevo; pero con otro rostro y otro nombre diferente y otro cuerpo, pero sigue siendo ella…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que para todos nosotros siempre hay y habrá esa “ella”, que, como a mí, nos perseguirá toda la vida, que estará presente donde menos nos la esperemos, y aunque nos pasemos de largo y no la tomemos en cuenta, regresará a torturarnos con recuerdos que no tenemos, con nostalgia inexistente. Esa “ella” es la esencia de nuestras relaciones, un flogisto amatorio del que no podemos escapar, a no ser que yo sea un Becher y algún Lamonosov o Lavoisier me desmienta y haga entender que estoy errado. Lo que consideraría muy provechoso para mi salud mental, para ponerle fin a esta quimera que me mata. Y si alguien piensa o sabe que ese amor fantástico, perfecto, que aparece en las películas, cuentos, fábulas y demás mentiras, existe, que me diga cómo encontrarlo; que, al parecer (utilizando una frase Bayliana con un pequeño cambio) renegó de mí por dudar de su dudosa existencia. En todo caso, agradezco cualquier ayuda.</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/08/qu-es-el-amor-divagaciones-sobre-su.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-63980260902977830</guid><pubDate>Thu, 26 Jun 2008 16:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-17T14:28:12.836-05:00</atom:updated><title>Pregúntale al &quot;webo&quot;</title><description>Voy a mi casa, estoy algo aturdido; no, más bien intrigado. Cosas como la que viví hace un momento no suceden a diario. Es una emoción bastante halagadora, sin duda eso me alimenta el ego tan maltratado y a la vez triunfante que tengo. Es de cambios repentinos pero sin llegar a maníaco-depresivo como mi amigo “don diablo” que seguramente, ojalá, no leerá esto, como mucha gente de la que escribo (aunque no doy sus nombres).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo las dos entradas a la fiesta en el bolsillo. Algo, extrañamente, me dice que no vaya; las ganas se me van pero regresan cuando mi lado espontáneo (mismo comercial de Barena) me dice que vaya. Estoy en un pleito intenso con mi álter ego:&lt;br /&gt;-¡vamos!-&lt;br /&gt;-¿pero sólo nosotros?-&lt;br /&gt;-¡¿solo nosotros?!- dándome de cachetadas y todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya son las diez de la noche, el “webo” debe estar esperándome en la plaza. La noche se ve como cómplice de la mala suerte; la luna llena y crecida se asoma a la ventana de mi habitación lúgubre, una rama antropomorfa golpea una y otra vez contra el vidrio brilloso y pálido, tan impredecible pero a la vez con ritmo y un cuervo de ojos bermejos me mira sin verme, como esperando algo extraordinario… (Más exagerado). Sólo estaba oscuro: un poste de luz se malogró allá afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la puerta de la fiesta nos animamos a vender los boletos. Veinte soles más para el trago. ¿Quiénes son esos?; la acera estaba llena de revendedores y una de ellos se nos acercó.&lt;br /&gt;-amigos, ¿no quieren entradas?-&lt;br /&gt;-no sé… ¿cuanto están?- tanteando el precio para ver por cuánto venderíamos las nuestras.&lt;br /&gt;-cinco soles; están a diez pero yo ya me quiero ir a mi casa-&lt;br /&gt;-¿podemos entrar así?, ¿no es con terno?-&lt;br /&gt;-¡no mi amoooor! ¡Así están bien!- recordándome a la “choco”; una amiga “bartolezca” de mi promoción del colegio.&lt;br /&gt;-gracias, así somos desde pequeños- y percibí un aire de burla en su mirada.&lt;br /&gt;-ya, en serio pues amigos, cómprenlas, miren que está haciendo friíto (sabe que el diminutivo siempre ablanda) y quiero irme a mi casita…-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de su tan tenaz intento de persuasión, le ofrecimos que compre también nuestras entradas y las revenda. Ella se fue maldiciendo no sé con qué palabras porque le hicimos perder su tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya adentro (no nos quedó de otra), nos tomamos tres cervezas mientras esperábamos el inicio de la fiesta. Nos encontramos con dos amigos más de nuestra promoción. Compramos otras tres cervezas y la última botella la usamos como “matrícula” para estar en un grupo que tenía una caja en el piso (más conchudos…) y nuestros dos amigos se fueron a bailar… qué gais, ¿los dos? No, con sus parejas… ¡mujeres! Todo suena gay en estos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un pequeño pleito; uno de la nueva “mancha” nos quiso echar del grupo porque, según él, estábamos tomando gratis. ¡Qué tal concha!, ¿nosotros?, ¿es eso posible? ¡Para nada! Pero nada que no se pueda arreglar con un buen chamullo. Luego el sublevado se marchó con una botella en su brazo, que era lo máximo que su equilibrio afectado por el alcohol podía aguantar. Y así vinieron más y más cervezas y la gente estaba extasiada, subsumida en un ambiente bacanal que cada quien armaba en su imaginación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy al baño, quizá más por eludir la “chancha” para comprar más “chelas” que por necesidad fisiológica, y el “webo” en un arranque de exaltación repentina da un golpe a la puerta de uno de los retretes con la intención de romperla, pero la dejó rajada, y me reta a hacerlo. No lo pensé mucho y lo hice, o como él me sugirió que escriba (literalmente): “yo acepté gustoso la sugerencia de mi pata evo; sólo pude pestañear y estaba con mi mano dañada por tan grande conflicto que tuve con una puerta”… Traspasé el madero y me sentí bien, como satisfecho.&lt;br /&gt;-Nah!… tenemos que estar en iguales condiciones; probemos con otras dos-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún me pregunto por qué lo hice, ¡en qué pensaba! Pero estas cosas no las vives todos los días. Fue comiquísimo, claro, cuando lo recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de romper aquellas portezuelas, sin que nos dieran tiempo siquiera para saber qué pasaba, entró el equipo de seguridad y violentamente nos arrinconaron de cara contra la pared y con las manos atrás. Fue impresionante; nos esposaron, algunos hablaban por sus radios, otros apuntaban con sus armas, revisaban cada rincón, se escuchaban las sirenas de los patrulleros afuera, un helicóptero nos cegaba con una luz iridiscente desde arriba, agentes especiales bajaban por una cuerda de no sé qué lugares y había un ruido aturdidor… Tal vez esté exagerando un poco, pero sí nos detuvieron… de película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la cabeza gacha y las manos sujetadas, nos miramos como preguntándonos qué íbamos a hacer. Sólo atiné a decirle: -webo, hazte el borracho; quizá nos dejen ir- deseándolo aunque era poco probable. Luego sucedió lo inesperado; extrañamente ya no nos sujetaban y caminamos tambaleándonos, intencionalmente, hasta los urinarios. Nadie nos vigilaba, sólo uno en la puerta. Salimos para perdernos en la multitud, sentí que lo interceptaron afuera, yo seguí andando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo zafó pero ya en la pista de baile me miró y dijo: -vayámonos; antes que nos encuentren-. Miramos al mismo tiempo la salida, la única, y estaba extraordinariamente repleta de guardianes mirando hacia todos lados. Sería imposible escapar.&lt;br /&gt;-¡mierda! Nos cagamos…- me intimidó el tono.&lt;br /&gt;-quizá se vayan… se aburrirán-&lt;br /&gt;-que no nos vean-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó poco más de una hora. Nuestros centinelas no se marcharán. Pensemos en algo. De pronto, un chico racionalmente sano (a comparación de los demás) me grita un nombre que no era el mío. Miro a mis costados y sólo estaba yo, se dirige a mí…&lt;br /&gt;-¡Bryan!- me abraza.&lt;br /&gt;Confuso moví la cabeza como saludándolo y no al mismo tiempo.&lt;br /&gt;-ahora vengo- me dijo el “webo” y se marchó.&lt;br /&gt;-¡Bryan!, ¡primo!, ¿ya no te acuerdas de mí? Soy ‘F’ tu mamá me operó ¿ves?- mostrándome un corte en la parte baja del abdomen.&lt;br /&gt;-¡claro!- respondí no sé por qué -¿Cómo has estado?- fingiendo recordarlo.&lt;br /&gt;-¡bien! ¿Cuándo llegaste? ¿Viniste solo?-&lt;br /&gt;-ehmm… vine con un pata, está por allá- quizá conversar un poco con él me salve de ser arrestado por los guardias.&lt;br /&gt;-tómate unas “chelas” con nosotros- me señaló su grupo (al que supuestamente yo conocía).&lt;br /&gt;-bu-bueno… sólo unas…- no tardaré mucho tiempo, pensé.&lt;br /&gt;-¡oigan es Bryan!- eufórico -¿te acuerdas de tus primos no?- me preguntó.&lt;br /&gt;-S-sí- ojalá todos me confundan con el que me confunde este.&lt;br /&gt;-¿Bryan? ¿Eres tú? (se me acercó uno)- ¡no hue…! ¡Soy Timoteo!&lt;br /&gt;-sí, qué ¿ya no te acuerdas de tus primos? Ja, ja, ja-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un buen rato de preguntas extrañas e inquisidoras, escapé de nuevo al baño, lo había hecho un par de veces para evitar responder cosas que, obviamente, no sabía. Cada vez que corría el riesgo de ser descubierto fingía ganas de vomitar y me iba corriendo al baño (sí, ya sé; medio baboso, pero ¿qué más podía hacer?).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡nos están buscando!- el “webo” sonaba exaltado -están preguntando a todos por nosotros-&lt;br /&gt;-tenemos que buscar otra salida- pensé en las ventanas, pero estaban enrejadas. Luego recordé que hay una puerta que va de la calle al segundo piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a las gradas que van al segundo piso. Como siempre, están bloqueadas a medio camino por una reja. Era nuestra única esperanza. Traté de abrir la puerta de rejas de todas las formas que se me ocurrieron. Resignado a quedar atrapado, bajé y le dije al “webo” que no se podía, era imposible. La gente iba saliendo y el local poco a poco estaba quedando vacío. Era cuestión de tiempo que los de seguridad nos encontraran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡ya está!- miré hacia las escaleras, pudo abrir un espacio suficiente para pasar a gatas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subimos rápidamente y nos encontramos en un laberinto de habitaciones, subidas y bajadas totalmente a oscuras. Tratamos de hallar las gradas que daban a la otra puerta que salía a la calle, siempre corriendo. Ya bastante golpeados por los obstáculos que habían en el segundo piso (paredes, puertas y… paredes) vimos la luz. Bajamos emocionados y… estaba cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡carajo!- y escuché ruidos del otro lado del pasillo.&lt;br /&gt;-¡regresa!, ¡nos encontraron!- el “webo” ya estaba arriba. -¡espérame conch…!-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emprendimos una carrera desesperada. Me sentí el personaje de algún videojuego adictivo, manejado por un adolescente asiático drogado; corriendo hacia todas las direcciones, sin saber a dónde iba. Al fin, llegamos de nuevo a la fiesta, la gente que andaba por ahí nos miraban confusos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-dame tu casaca- el “webo” sonaba convencido. Tiene un plan.&lt;br /&gt;-¿para qué?-&lt;br /&gt;-intercambiemos nuestra ropa, así no nos reconocerán. Sal tú primero y luego yo-&lt;br /&gt;-no, primero tú- quitándome la casaca y una bufanda que tenía puesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo vi acercarse a la puerta… ¿saldrá?, no, lo reconocieron. Le están doblando el brazo (chistosísimo, bueno, para él no), seguro le están preguntando por mí. No hablará. Voy donde un amigo, le cuento todo, se ríe, le pido ayuda, acepta. Voy con él a la puerta, no esta el “webo” (y ya me cansé de escribir su nombre y seguro ustedes también de leerlo). Dejan salir a mi amigo, a mí no. Se repite la escena; me preguntan con violencia por mi ‘cómplice’, no digo nada, el “webo” me mira del otro extremo, se ríe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de un rato me dejan ir. Yo, como al comienzo, me dirijo a la fiesta zigzagueando como emborrachado. El “webo” lo intentará de nuevo, esta vez con una casaca de cuero y unos lentes que se prestó de no sé quien. No lo creo, lo dejaron salir. ¡Maricón! Haré lo mismo. Cambio mi apariencia (según yo) y voy descaradamente hacia la puerta. Como es de suponer, me reconocieron. Esta vez no me dejaron ir, llamaron al ‘jefe’; el encargado de la fiesta. Supongo que es el director de la carrera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cambio de personalidad, como el antiguo comercial de Brahma: ¡sale! actitud: “soy un borrachín sinvergüenza que ha roto las puertas de los baños y quiere escapar haciéndose el loco”, ¡entra! actitud: “¡pero que está pasando aquí!, me están confundiendo… ¡¡¿que los baños qué?!! Oiga, no sé de que habla…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Converso con el director, los de seguridad me miran asombrados. -¡¿No estaba borracho éste?!- utilizo todas las armas léxicas que poseo, intento convencerlo de que su seguridad está equivocada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡qué barbaridad!, ¿como pueden confundir a la gente así? Y luego los verdaderos culpables caminan por ahí como si nada…-.&lt;br /&gt;-¿pero tú no rompiste los baños?- dijo baños, yo no rompí los baños, sólo las puertas.&lt;br /&gt;-¡¿baños?! ¿Cómo una persona normal puede romper los baños?, necesitaría una herramienta o algo… y aun así tomaría un buen tiempo, ¿sólo con mis manos?, es absurdo- creo que tomaré clases de actuación, podría graduarme muy pronto.&lt;br /&gt;-sí, es verdad. ¿Pero entonces tú no fuiste? Me dijeron que estabas con un amigo tuyo, que fueron los dos-&lt;br /&gt;-mis amigos están en la fiesta y estuvimos ahí todo el tiempo, tengo testigos…-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego de eso me dejó ir. Debo agradecer enormemente al “bombero”, un compañero de mi facultad, que sin importar el pleito en el que estábamos, fingió ser el amigo que estuvo conmigo todo el tiempo. Le di las gracias, pero seguimos peleados, algún día arreglaremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, fue una noche cansada y difícil. Ya es muy tarde y voy a casa. Mamá se sorprenderá al verme llegar de madrugada, sano y con otra ropa…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡no mamá! Au, me duele…no te estoy mintiendo, pregúntale al “webo” au…</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/06/pregntale-al-webo_26.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-3970600197740730669.post-5438387586471904464</guid><pubDate>Mon, 02 Jun 2008 21:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-12-17T14:28:05.397-05:00</atom:updated><title>Fue ayer y sí me acuerdo</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot;&gt;&lt;a name=&quot;OLE_LINK2&quot;&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name=&quot;OLE_LINK1&quot;&gt;Bueno, de vuelta a escribir después de un tiempo abrumador de exámenes y trabajos inacabables. Últimamente me han pasado cosas dignas de un programa de Laura Bozo, esas historias que sólo se veía en el remedo de talk-show (porque de hablar, sólo el nombre) que tenía. La mía es como ésas, sólo que sin golpes ni gritos ni carritos sangucheros, lo de amantes… ahora les cuento. ¡Que pase la…!&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la anterior entrada ya hablé sobre mi enamorada (si es que se la podía llamar así, que es lo que dije) y de cómo tuve un pleito con ella y que quizá ni la consideraba mi verdadera pareja. Lo de nosotros es un juego mutuo; hablamos las pocas veces que nos vemos, juega mucho con su lengua cuando está conmigo y practica sus tocamientos indebidos, que a mí me parecen bien debidos, si nos encontramos en uno de esos huecos que dicen que hasta la luz se traga (muy a lo Sanz).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí me parece que ella también lo tomaba así, y que en el fondo quería pensar que era algo más o menos serio. Este tiempo no me impedía, en lo absoluto, mirar a otras chicas, hablarles o tocarlas (aunque esto último no es posible si quieres conservar tus mejillas del mismo color e indoloras). Las últimas llamadas para vernos me insinuaban que este juego se acababa; al hecho de que soy un chico muy ocupado, aunque no lo parezca (no creo que lo sea, no en serio), se sumaban sus “hoy no puedo” cada vez más seguidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer tenía que llamarla pero no lo hice, quizá por pereza o simplemente porque no quería. La salida frustrada con unos amigos de mi clase me tenía colgado un viernes sin saber qué hacer. Supongo que daré mi examen de inglés y me iré a casa. Dormir bien un viernes no está de más. Mientras esperaba que llegue mi profesora se me acerca una chica, literalmente (lo de chica), para venderme los pases que tenía para su fiesta de cachimbos, que era esa noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-amigo, colabórame con estos pases pes-. Me recordó al loco jeringa y no pude contener la sonrisa.&lt;br /&gt;-ehmm… no sé… ¿de qué es?, ¿cuánto está?, ¿quieres pan?&lt;br /&gt;-mi fiesta de cachimbo. Diez soles. No.&lt;br /&gt;-¡diez! (con tono sarcástico). Si quieres te doy tres lucas.&lt;br /&gt;-bueno… pero me compras tres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan simple como eso, la conversación siguió en torno al mismo tema. Cuando empezaba a perder el control de la situación; estaba a punto de convencerme de comprarle las entradas (no sé por qué cedo muy fácilmente ante la insistencia, es un defecto), me refugié en una amiga que pasó por ahí en ese momento. Le pedí por favor que fingiera hablar de algo importante conmigo. La chica extraña y persuasiva me gritó, desde las escaleras, que me esperaría. Yo, aunque le había dicho eso para sacármela de encima, no le creí y asentí con la cabeza deseando que se fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorpresivamente, la encontré al salir de mi examen, en el mismo lugar y no creí que estuvo esperando una hora y media. Eso es considerable para mí, yo normalmente espero unos minutos y me voy. No pude evitar sentirme mal conmigo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿ya vendiste tus entradas?- le grité algo esperanzado de que fuera así.&lt;br /&gt;-¡no! Te estuve esperando- no me quedó otra que acercarme a ver qué hacía.&lt;br /&gt;-ahora estoy yendo a mi facultad, si quieres me esperas en la puerta de tu fiesta y yo convenzo a mis amigos para ir y comprarte las entradas- era poco probable que pase, pero no sabía qué más decirle luego de que me esperara tanto tiempo.&lt;br /&gt;-mejor te acompaño, ¿qué dices? ¿Puedo?&lt;br /&gt;-(piensa algo para evitarla, ¡dile que no!) S-si… vamos (D’oh!)- tengo un claro conflicto con mi subconsciente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No encontré a nadie en mi facultad. Todos se habían ido. Y, ¿qué hago con ella? Quise llamar a alguno de mis amigos pero ella no me lo permitió y me preguntó si quería ir con ella y ser su pareja. La cosa se puso peor, quizá mi más grande defecto es que no sé cómo decirle no a una mujer. Esto me trae muchos problemas. Le hablé de mi conflicto con los ternos y trajes de gala, que no me gusta usarlos y menos para una fiesta. Al parecer lo entendió y me tomó del brazo preguntándome si me molestaba. Le dije que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa chica extraña, de quien no recordaba el nombre, ni ella el mío, empezaba a acercárseme, peligrosamente, cada vez más. Me preguntó si tenía enamorada. No supe qué responderle; la verdad es que yo no me puse a pensar seriamente en eso. ¿Tenía enamorada? Aunque no la consideraba así, estaba saliendo con alguien. Resolví que no. A punto de decirle eso, veo pasar a mi enamorada apócrifa con un tipo alto de aspecto desaliñado y agarrados de la mano. No supe qué sentir y descubrí que no tienes que saber qué sentir sino sentir lo que sientes. Y no sentí nada. Nos miramos, yo con una mirada sarcástica y ella con una risa nerviosa. Pasamos uno al lado del otro sin volver la cabeza, al menos yo no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No. Estoy libre, no tengo enamorada-&lt;br /&gt;-Ah que bueno. ¿Estás libre mañana en la tarde? ¿Tienes clases?&lt;br /&gt;-No, sólo en la mañana, ¿Por qué?&lt;br /&gt;-yo también estoy libre mañana en la tarde- Supe que ella quería que la invitara a salir (a veces soy tan poco perceptivo).&lt;br /&gt;-Ya pues hacemos algo. ¿A qué hora tienes tiempo?&lt;br /&gt;-Qué tal a las tres y media… te doy mi número, 951…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la puerta de su casa me abrazó y rodeó su cintura, y algo más, con mis manos. No es precisamente mi tipo, pero tampoco la rechacé, no sé por qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino a casa me di cuenta que se olvidó sus entradas en mi mochila. Bueno, veinte soles no se pueden desperdiciar así. Llamé al &quot;webo&quot; para ir a la fiesta esa. La pasamos bien con dos amigos más, un primo falso y diez tíos de seguridad que nos buscaban ferozmente por problemas que pasan cuando le haces caso a las &quot;webadas&quot; sin sentido que te invita a hacer el &quot;webo&quot;. Aunque esto es parte de otra historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son las tres de la tarde, iré a buscar a esa chica misteriosa para ver qué pasa, me mata la curiosidad. Extrañamente no tengo resaca; todo pasa por algo, me lo dijo mamá. &lt;/div&gt;</description><link>http://vagueaciones.blogspot.com/2008/06/fue-ayer-y-s-me-acuerdo.html</link><author>noreply@blogger.com (Christian Guzmán)</author><thr:total>0</thr:total></item></channel></rss>