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	<title>Blog de Alberto Garzón Espinosa</title>
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	<description>Reflexiones de Alberto Garzón Espinosa</description>
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	<title>Alberto Garzón</title>
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		<title>De la cumbre del clima y del tiempo perdido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 Dec 2023 06:51:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecosocialismo]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[cumbre del clima]]></category>
		<category><![CDATA[dióxido de carbono]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en eldiario.es La última cumbre del clima (COP28) acaba de finalizar con otro acuerdo celebrado entre aplausos y abrazos. Las expectativas previas no eran buenas, pues la cumbre ha tenido lugar en Emiratos Árabes Unidos, un Estado que es el séptimo productor mundial de petróleo. No obstante, por primera vez en casi treinta años [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right"><a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cumbre-tiempo-perdido_129_10765018.html?fbclid=IwAR2XAahTjtbjb9KCi-hdyobTjYuX_trsJsKTEvZvj5Lgx4584xfcV4SDKV0">Publicado en eldiario.es</a></p>



<p>La última cumbre del clima (COP28) acaba de finalizar con otro acuerdo celebrado entre aplausos y abrazos. Las expectativas previas no eran buenas, pues la cumbre ha tenido lugar en Emiratos Árabes Unidos, un Estado que es el séptimo productor mundial de petróleo. No obstante, por primera vez en casi treinta años una cumbre del clima ha terminado con una declaración que insta a reducir gradualmente los combustibles fósiles. En todas las ocasiones anteriores, veintisiete para ser exactos, los intentos de introducir una referencia tan directa habían fracasado. </p>



<p>Hay quien define este acuerdo como histórico. Sin duda, la novedad es sustantiva. Los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) son la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera y, por ello, son también los principales causantes del cambio climático. Igualmente son importantes los compromisos alcanzados para triplicar la capacidad de producción de energías renovables, la mejora sustancial de la eficiencia energética y la supresión de subvenciones a las energías contaminantes. Todos estos avances, aunque aún en la esfera declarativa y probablemente sin que sean suficientes para no rebasar los 1,5º C respecto a la era preindustrial, son positivos y necesarios.</p>



<p>La cuestión es que, si lo ponemos en perspectiva, el panorama es más lúgubre. La concentración de moléculas de dióxido de carbono en el aire fue medida por primera vez en 1958 por Charles Keeling. Unos años más tarde quedó claro que se estaba dando un crecimiento continuado de dicho gas en la atmósfera, y el propio Keeling sospechaba que la causa era la quema de combustibles fósiles. No obstante, las primeras alarmas en el foro público llegaron a finales de los ochenta, cuando el científico James Hansen informó al Congreso de los Estados Unidos acerca de las consecuencias que estas emisiones tenían sobre el clima. Con todo, la primera cumbre del clima tuvo lugar en 1995, el protocolo de Kioto en 1997 y los Acuerdos de París en 2015. Y ahora, gracias a este último acuerdo, la primera mención a reducir los combustibles fósiles ha tenido lugar en 2023. A todas luces hemos perdido un tiempo precioso. ¿Por qué?</p>



<p>Me parece que el retraso hay que explicarlo partiendo de dos elementos interrelacionados pero distintos: la lucha económica que tiene lugar en el tablero de la geopolítica internacional y la estructura cultural propia de un mundo constituido sobre el capital fósil.&nbsp;</p>



<p>En primer lugar, los principales países productores de petróleo, organizados actualmente en la OPEP, han acumulado grandes cuotas de poder e influencia desde hace más de un siglo. Alrededor del capital fósil se han tejido negocios sumamente lucrativos, especialmente en momentos de crisis internacional como la sucedida en los años setenta. Y aunque se sabe desde hace mucho tiempo que la escasez de combustibles fósiles aboca al sector a una inevitable desaparición, son muchos y muy poderosos los actores que se resisten a acelerar ese final. De hecho, el bloque de la OPEP, encabezado por Arabia Saudi, ha sido el más reacio a los compromisos más ambiciosos también en esta cumbre. La Unión Europea, presidida justo ahora por España, y sumamente dependiente de la importación de combustibles fósiles, se ha situado en una posición antagónica a la de la OPEP. Por otro lado, el papel de Estados Unidos, desde hace unos años también un gigante exportador de gas natural, ha sido mucho más ambiguo. La&nbsp;<em>oferta</em>, esto es, el negocio económico vinculado a la extracción, distribución, comercialización y venta de combustibles fósiles nos da un mapa muy útil para entender cuáles son los frenos que existen a la aceptación total de las recomendaciones científicas.</p>



<p>Ahora bien, si el asunto fuera simplemente sustituir las fuentes de energía procedentes de combustibles fósiles por fuentes de energía renovables o limpias, la cuestión adquiriría una dimensión básicamente técnica. En el proceso habría dificultades, como las comentadas respecto a los poderosos intereses que atraviesan la geopolítica, la falta de financiación o en algunos casos incluso la disponibilidad de tecnología adecuada, pero el problema tendría una&nbsp;<em>solución sencilla</em>: una de esas soluciones que pueden alcanzarse sobre el papel. Sin embargo, me temo que si ampliamos el foco encontramos&nbsp;<em>algo más&nbsp;</em>que convierte al problema en algo bastante más complejo.</p>



<p>Ese&nbsp;<em>algo más</em>&nbsp;tiene que ver con el hecho de que poner en tela de juicio los combustibles fósiles es también poner en tela de juicio las sociedades que hemos construido durante los últimos doscientos años. Al fin y al cabo, vivimos en un sistema económico caracterizado no sólo por la propiedad privada de los medios de producción sino también, y muy especialmente, por fundarse sobre una legión invisible de&nbsp;<em>esclavos energéticos</em>. Todo lo que hemos levantado a nuestro alrededor en los dos últimos siglos, desde las redes de transportes y comunicaciones hasta los edificios y otras infraestructuras físicas, se ha conseguido utilizando las reservas de energías acumuladas en el subsuelo durante millones de años. La inmensa mayoría de los bienes y servicios que hemos naturalizado, como que calentemos nuestro hogar o que tengamos electricidad en casa, dependen todavía hoy de manera abrumadora de esa energía para nosotros invisible. El espectacular incremento de la productividad económica durante los últimos dos siglos no es sólo debido a la conflictiva contribución del capital y el trabajo, sino también a esta dotación brutal de energía extraída esencialmente de los combustibles fósiles. Somos una civilización construida, física y culturalmente, sobre energía fosilizada por las fuerzas geológicas. De ahí que imaginar y construir una sociedad avanzada de alto consumo de energía -y sostenible al mismo tiempo- sea un ejercicio tan inmenso. Sobre todo, si el tiempo corre en nuestra contra.</p>



<p>Pero es que tal sistema económico no sólo produce impactos sobre el clima sino sobre el conjunto del Sistema-Tierra, lo cual afecta de manera mucho más compleja a los delicados equilibrios que hacen la vida posible. Y esto nos lleva a un terreno distinto del de la&nbsp;<em>simple</em>&nbsp;transición energética. Hasta donde sabemos, la Tierra es el único planeta que puede albergar la vida, y desestabilizar esos equilibrios es una muy mala idea. Sin embargo, esa es precisamente una de las descripciones posibles del Antropoceno: la del desequilibrio de las condiciones climáticas que hicieron del Holoceno una etapa fértil para el desarrollo de la civilización.&nbsp;La emergencia de la ciencia del Sistema Tierra -una herramienta transdisciplinar para las enseñanzas de la química, la biología, la física, la geología y tantas otras ciencias consideradas naturales- ha sido fundamental para comprender cómo funciona realmente nuestro mundo, lo que nos ha permitido conocer mejor también sus vulnerabilidades. Ello ha dado lugar a un marco conceptual como el de los&nbsp;<em>límites planetarios</em>, que ha identificado una serie de límites biofísicos que en caso de traspasarse ponen en peligro las condiciones para la vida en el planeta. La mala noticia es que muchos de esos límites se han traspasado ampliamente. La buena noticia es que se trata de trayectorias que pueden ser corregidas.</p>



<p>El problema es que la política y la ciencia económica son la mayor parte del tiempo totalmente ajenas a este avance científico. La ciencia económica es el principal sostén ideológico de las sociedades de mercado, pero al constituirse antes incluso de que tuvieran lugar los descubrimientos científicos centrales de la física y la química, como las leyes de la termodinámica, nació desconectada de las leyes naturales. De acuerdo con el esquema&nbsp;<em>economicista</em>&nbsp;básico, el bienestar humano depende de la producción, y la producción depende de los factores capital y trabajo. Toda nuestra sociedad -y toda nuestra política- se ha inspirado en este sistema de ideas que descarta cualquier papel para la energía y los recursos naturales. Como consecuencia, la cultura constituida en nuestras sociedades de mercado -nuestra forma de ver el mundo- es generalmente ciega ante los impactos ecológicos y los desequilibrios generados en el Sistema Tierra. Eso es lo que cada uno de nosotros hemos interiorizado durante siglos.</p>



<p>Tenemos mucho camino aún que recorrer para que nuestras sociedades asuman realmente la verdadera transición pendiente. No se trata sólo de una sustitución energética que cambie los combustibles fósiles por energías limpias. Esto es una parte necesaria de un conjunto mucho más amplio de tareas. Se trata, más en general, de acometer una transición ecológica que además de reducir también muchos otros impactos ecológicos -como la pérdida de biodiversidad, la acidificación de los océanos o la contaminación del aire, entre otros-, asuma para nuestras sociedades el único rol que es viable en el medio y largo plazo. Durante siglos el pensamiento occidental ha asumido la idea de que la naturaleza es el objeto, a controlar y explotar, y la sociedad humana el sujeto. Hoy sabemos que la única trayectoria posible es aquella que culmina con una sociedad humana plenamente integrada dentro de los límites del planeta.&nbsp;</p>



<p>Y si bien las cumbres del clima han necesitado casi treinta años para señalar al principal vector del cambio climático, no podemos permitirnos perder tanto tiempo al abordar todas las implicaciones, no sólo las climáticas, de habernos dotado de un sistema económico incompatible con la&nbsp;<em>sostenibilidad</em>&nbsp;del planeta. Por eso es hora de cumplir los acuerdos alcanzados y de ser, al mismo tiempo, más ambiciosos en las tareas pendientes. El tiempo corre.</p>
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		<title>Las peligrosas tentaciones de la izquierda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 30 Nov 2023 09:46:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[La izquierda a debate]]></category>
		<category><![CDATA[Política Española]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Publicado en eldiario.es Hasta la década de los noventa los resultados electorales de los partidos de extrema derecha europea eran por lo general muy modestos. En muy extraña ocasión alguno de los partidos asociados a esta familia ideológica superaba el 10% en elecciones nacionales o europeas. Sin embargo, desde entonces su dinámica de crecimiento ha [&#8230;]</p>
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<p class="has-text-align-right"><a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/peligrosas-tentaciones-izquierda_129_10727224.html">Publicado en eldiario.es</a></p>



<p>Hasta la década de los noventa los resultados electorales de los partidos de extrema derecha europea eran por lo general muy modestos. En muy extraña ocasión alguno de los partidos asociados a esta familia ideológica superaba el 10% en elecciones nacionales o europeas. Sin embargo, desde entonces su dinámica de crecimiento ha sido constante, y hoy en día algunos de esos partidos superan ampliamente el 20%, e incluso han alcanzado el control de sus gobiernos nacionales. </p>



<p>No se trata sólo de un problema cuantitativo. La creciente presencia e influencia de la extrema derecha es tal que presiona a los partidos conservadores tradicionales hacia posiciones radicalizadas. Esto ocurre especialmente en materias donde la extrema derecha es electoralmente más competitiva, como sucede en cuestiones de inmigración, identidad nacional o seguridad militar. Fruto de esta dinámica, y de las alianzas institucionales que suelen fraguarse entre ambas familias, la frontera entre los partidos conservadores tradicionales y los de extrema derecha se ha ido difuminando. El caso paradigmático es el de Fidesz, el partido del primer ministro húngaro Viktor Orbán, que tras su radicalización terminó abandonando el grupo conservador del parlamento europeo -donde está el PP-. Orbán fue, de hecho, uno de los invitados estrella de la reunión ultraderechista organizada por Vox en Madrid hace dos años. Además, la nueva posición pro-OTAN de la mayoría de la extrema derecha está permitiendo un reordenamiento estratégico de las derechas europeas, facilitando así esa mayor porosidad entre las familias conservadoras.</p>



<p>Las causas que están detrás de este crecimiento de la extrema derecha son múltiples, y entre ellas pueden destacarse al menos tres: los efectos asimétricos que la globalización económica y el cambio tecnológico está provocando, tales como el incremento de la desigualdad y el empobrecimiento de las clases medias; la destrucción de los lazos sociales y comunitarios, especialmente en su forma institucionalizada de servicios públicos, los cuales juegan un rol muy importante en la cohesión social; y la reacción cultural ultraconservadora frente a las posiciones progresistas en temas tales como el feminismo o el ecologismo.</p>



<p>No subestimemos los riesgos que todo esto conlleva. Estamos hablando de una seria amenaza a la democracia liberal representativa y a los derechos sociales conquistados por el movimiento obrero socialista durante dos siglos de lucha. El riesgo evidente es el de retroceder a sistemas políticos estrictamente constitucionales, vaciados de todo contenido social, bunkerizados y vallados hacia fuera, y que en esas condiciones difícilmente podrían seguir siendo llamados democráticos. Al fin y al cabo, tras dos siglos de despliegue democrático ya debería ser claro que la democracia es bastante más que la carcasa legal que permite el funcionamiento del Estado liberal.</p>



<p>La respuesta de la izquierda ante esta dinámica está siendo dispar y, por lo general, confusa. Algunos partidos, como es el caso de los socialdemócratas alemanes y los nórdicos, han asumido partes notables de la agenda de extrema derecha, como en el caso de la inmigración. La izquierda radical, sobre todo en el este de Europa, también está desplegando una estrategia similar. El caso de Alemania es significativo, pues la escisión&nbsp;<em>rojiparda</em>&nbsp;de Die Linke está despuntando en las encuestas. Por otro lado, el discurso del temor a la extrema derecha parece encontrarse con límites notables. Esto no es algo que deba extrañarnos, pues la<em>Europa liberal antifascista</em>&nbsp;que se construyó tras la Segunda Guerra Mundial ya no tiene una generación que la recuerde, y las nuevas generaciones no tienen anticuerpos propios frente a formaciones políticas que, por otra parte, hacen grandes esfuerzos por no ser vinculadas simbólicamente a la ideología fascista del siglo pasado. Además, en muchos lugares ya se ha normalizado la presencia de estas fuerzas políticas en el gobierno, lo que neutraliza aún más el simple discurso apocalíptico.</p>



<p>Con todo, nuestro país ha estado al borde de ese abismo. Por muy poco España no es hoy gobernada por una alianza entre la extrema derecha y la derecha radicalizada, como sucede ya en muchas comunidades autónomas. Durante toda la campaña electoral este fue el escenario más probable según las principales empresas demoscópica y los analistas políticos. Por suerte, el pueblo español progresista respiró tranquilo la noche del 23 de julio y vio que, efectivamente, contaríamos con otra oportunidad. Pero los riesgos siguen estando ahí, y volverán acrecentados si no trabajamos bien.</p>



<p>En los tiempos en los que languidece la llama de los movimientos democráticos, como me temo está ocurriendo, es mucho más fácil, y quizás lo más inteligente, pasar a posiciones defensivas. Pero hay que andarse con mucho cuidado. El filósofo Manuel Sacristán recordaba que, en este tipo de momentos, en los cuales se perdía la confianza en una fase de avance social -en una fase revolucionaria-, se corría asimismo el riesgo de liquidación del movimiento democrático organizado. Apuntaba a dos posibilidades que creo que es oportuno recordar.</p>



<p>La primera es la pérdida total de confianza en que una transformación social radical fuera realmente viable. Sumidos en la melancolía de lo que pudo ser, pero no fue, hay quienes terminan promoviendo la vuelta al seno de las viejas fórmulas socialdemócratas. Sacristán interpretaba así la transformación del Partido Comunista Italiano, el que fuera el más poderoso de todos los partidos comunistas europeos, en un nuevo partido asimilable perfectamente a la familia socialdemócrata. Casi de la noche a la mañana, una organización que había intentado construir una sociedad alternativa al capitalismo, y que denunciaba los planteamientos de la socialdemocracia, rendía sus armas y se pasaba en masa a un proyecto de simple reforma del mismo sistema que habían combatido con tanto ahínco.</p>



<p>La segunda posibilidad es la puramente inmovilista. Al quedarse sin perspectivas de triunfo rápido, los dirigentes de izquierdas se aferran discursivamente a las viejas consignas, sin adaptar ni su discurso ni su organización al nuevo contexto, con la esperanza depositada en que cualquier accidente social pueda devolver las posibilidades revolucionarias. Algo así como «cuanto peor, mejor». Una vez se asumía la derrota, ningún objetivo intermedio o táctica sería ya legítimo, y sólo quedará el vacío grito del atrofiado izquierdista.&nbsp;</p>



<p>España cuenta con varios ejemplos de ambas tentaciones. Por lo general es bastante conocido que, ante las derrotas sociales y electorales de la izquierda comunista, como ocurrió entre 1977 y 1982, importantes sectores se han pasado a la socialdemocracia, ya fuera como votantes o como cuadros políticos. La historia de la izquierda radical en España está salpicada de procesos similares, con derrotas políticas y electorales a las que seguían escisiones&nbsp;<em>por la derecha</em>. Pero son bastante menos conocidos los casos contrarios, que hoy traigo a colación.</p>



<p>Precisamente en las elecciones de 1982 Santiago Carrillo tuvo que dejar la Secretaría General del Partido Comunista de España tras unos malos resultados. El histórico líder comunista había sido durante la década anterior el principal partidario de la corriente eurocomunista en España, y sus movimientos tácticos, entre ellos todo el proceso de Transición y los Pactos de la Moncloa, habían desconcertado a la militancia comunista. Sin embargo, quien fuera el máximo defensor de esos regates cortos, fundó en 1986 un nuevo partido comunista de intransigencia doctrinaria y radicalismo discursivo. Una vez que el secretario general ya no veía posibilidades de ganar, se retiró a sus viejas proposiciones ortodoxas en las que se sentía cómodo -aun sabiendo probablemente de su inutilidad práctica-. Quien ya había pasado a la historia como padre de la recuperada democracia constitucional española ocupó su tiempo durante aquellos años en defender explícitamente la dictadura del proletariado a la vez que acusaba a la recién fundada Izquierda Unida de ser la liquidación del comunismo español. Aquella actitud le duró poco, porque su partido apenas pasó del 1% y pronto se disolvieron. Curiosamente la mayoría de sus activos pasaron a engrosar las filas del PSOE, si bien no el propio Carrillo.&nbsp;</p>



<p>También desde hace unos meses, y previamente a las últimas elecciones generales, había una sensación parecida en el ecosistema de la izquierda española. El diagnóstico que se trasladaba era que había llegado el tiempo de los reaccionarios también en España, y que lo que tocaba era pasar a las trincheras defensivas de la inocuidad política. Así, lo que hasta ahora había sido vendido como inteligentes movimientos tácticos, incluso de cesiones estratégicas en discursos y prácticas en beneficio de futuros réditos políticos, ahora de repente se convertía todo ello en expresión de la máxima traición a la causa. Este giro de los acontecimientos no es, a pesar de todo, una transformación irracional. Se trata sencillamente de una posible -pero no la única- conclusión lógica ante un pésimo diagnóstico: que está todo ya perdido.</p>



<p>Creo, honestamente, que la izquierda debe trabajar por evitar ambas tentaciones. En ambos casos se trata de una claudicación, aunque con formas diferentes. El escenario político europeo y mundial es de máximo peligro, pero nuestro país tiene por delante una oportunidad crucial, si bien no exenta de riesgos, que debemos aprovechar. España es un país vanguardia en muchas dimensiones, como ocurre respecto a los derechos LGTBI, la legislación laboral, la sanidad pública, el pacifismo y la solidaridad internacional y la lucha contra el cambio climático, entre otros. España es, no lo olvidemos, una referencia que se alza en contraste con las derechas más reaccionarias del continente. Proteger y ampliar todo ello debería ser es el objetivo central de las izquierdas en este ciclo.</p>



<p>Atendiendo a lo ya expresado, creo que nuestro camino pasa por emplear todas las herramientas para erradicar las causas de la dislocación social por la que atravesamos. Por eso es tan sumamente importante el blindaje y ampliación de los derechos y servicios públicos, así como de cualquier otra institución que proteja a los sectores populares. Una estrategia, con sus tácticas correspondientes, de naturaleza constructiva y optimista. Una estrategia con un horizonte que no sea el de contener el aliento presas del miedo.</p>



<p>En definitiva, no creo que sea suficiente con una izquierda que se presente proféticamente como antítesis del caos presente o venidero. Si bien las diferentes izquierdas tienen que colaborar y tejer alianzas, tampoco me parece útil una izquierda incapaz de elevar un proyecto político indistinguible de otras fórmulas ya existentes. Y mucho menos es de utilidad alguna encerrarse en posiciones políticas que a lo máximo que pueden aspirar es a tener razón -la razón más pesimista- pero nunca a tener el poder para construir algo bello.&nbsp;</p>
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		<title>Carta a la militancia de IU – Despedida como coordinador</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Nov 2023 09:39:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Izquierda Unida]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Querido/a compañero/a, Hace unos meses anuncié públicamente que no volvería a ser diputado en el Congreso, tras 12 años representando allí a Izquierda Unida y a Unidas Podemos. Manifesté que continuaba, no obstante, con mis funciones como ministro y como coordinador de IU. Teníamos por delante unas difíciles elecciones generales y era mi responsabilidad continuar [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Querido/a compañero/a,</p>



<p>Hace unos meses anuncié públicamente que no volvería a ser diputado en el Congreso, tras 12 años representando allí a Izquierda Unida y a Unidas Podemos. Manifesté que continuaba, no obstante, con mis funciones como ministro y como coordinador de IU. Teníamos por delante unas difíciles elecciones generales y era mi responsabilidad continuar dedicando mi energía a lograr el mejor resultado posible para Sumar y para volver a constituir un gobierno de coalición progresista.</p>



<p>A pesar de las dificultades, finalmente lo hemos logrado. Disipamos la amenaza de un gobierno reaccionario la misma noche electoral, pero lo que quedaba por delante era una complicada negociación que, afortunadamente, ha terminado bien. Ahora la política española pasa a una nueva fase, con un nuevo gobierno y con muchos retos que abordar.</p>



<p>Con este cambio de fase quiero completar el&nbsp;<em>paso al lado&nbsp;</em>que anuncié en junio. Eso significa que no solo cederé el testigo dentro del Consejo de Ministros, sino que también cesaré mi responsabilidad como coordinador de Izquierda Unida. Se trata de una decisión muy meditada y que formaba parte de la hoja de ruta que personalmente asumí hace tiempo. He esperado a este momento para sincronizar mi decisión final con el cambio de fase política.</p>



<p>Quiero volver a trasladar el agradecimiento más absoluto a todas las personas que me han acompañado a lo largo de todos estos años. No puedo nombrarlas a todas ellas, porque son demasiadas, pero seguro que saben que yo no hubiera podido abordar mis tareas sin su abrigo y cariño. Son también muchas las experiencias que he vivido en este tiempo, y espero haber contribuido al menos modestamente a mejorar la vida de las familias trabajadoras de nuestro país.</p>



<p>Ha sido un gran honor poder representar a una organización como IU, que me ha brindado la oportunidad de conocer a personas maravillosas. Cuando me afilié con 18 años lo hice con la convicción de que había que sumar manos y mentes a la tarea de transformar nuestras sociedades. Aunque en mi corazón ya latía la rabia por las injusticias cometidas en todas partes del mundo, la decisión específica de militar en IU vino empujada por el ejemplo de quienes estaban luchando, asumiendo un gran coste personal, contra una burbuja inmobiliaria que a comienzos de siglo atropellaba las vidas y la naturaleza de la costa malagueña. Pronto comencé a conocer muchos otros ejemplos similares por toda la geografía española. Esas luchas rojiverdes alimentan mi espíritu militante todavía hoy.</p>



<p>Para ser honesto, nunca hubiera imaginado que llegaría el día que asumiría la coordinación general. Una responsabilidad que habían aceptado antes que yo otras personas que eran para mí una referencia con mayúsculas, como el compañero, y luego amigo, Julio Anguita. Ser coordinador vino de manera atropellada y, antes de eso, ya había asumido la responsabilidad de presentarme a unas elecciones generales que muchos hubieran querido que fueran las últimas para IU. Creo que cada una de nosotras todavía vibra cuando recordamos cómo abordamos aquellos determinantes días de finales de 2015. Desde entonces hemos pasado juntas momentos muy difíciles, y tuvimos que asumir tareas que parecían imposibles. Reconozco que he visto el abismo muchas veces durante todos estos largos e intensos años, como os habrá pasado a la mayoría. Sin embargo, en cada uno de esos momentos hemos sido capaces de reponernos y de construir algo útil y bello al mismo tiempo.</p>



<p>Soy consciente de que yo he sido una consecuencia de esos momentos tan agitados en la política nacional. Con toda seguridad sin las movilizaciones del 15-M y sin la ruptura del tradicional sistema de partidos en 2014, las cosas hubieran sido muy distintas. Aquellos acontecimientos pusieron a IU en un inmenso aprieto, porque nuestra fuerza política encarnaba en gran medida los valores y principios que querían abrirse paso en nuestra sociedad, sobre todo en las generaciones más jóvenes, pero no éramos nosotros como fuerza política quienes rentabilizábamos electoralmente esas nuevas aspiraciones.</p>



<p>Reflexionando sobre este hecho, alguna vez he recurrido a una metáfora que Otto Neurath diseñó para explicar cómo funciona la ciencia, y que yo extrapolo a nuestro propio campo. Rápidamente se entenderá el por qué, pues Neurath decía lo siguiente:</p>



<p><em>“Imaginemos que somos como marineros que en alta mar tienen que cambiar la forma de su embarcación para hacer frente a los destrozos de la tempestad. Para transformar la quilla de su nave tendrán que usar maderos a la deriva o tal vez tablas de la vieja estructura. No podrán, sin embargo, llevar la nave a puerto para reconstruirla de nuevo. Y mientras trabajan tendrán que permanecer sobre la vieja estructura de la nave y luchar contra el temporal, las olas desbocadas y los vientos desatados”.</em></p>



<p>Toda la militancia de IU ha sido durante años esa tripulación de marineros y de marineras. Nuestra nave ha tenido que ser reparada en alta mar, con menos recursos y más dificultades que otras embarcaciones que, además, parecían ser siempre mucho más atractivas y poderosas. No nos ha faltado pericia ni voluntad, pero la situación siempre ha sido sumamente complicada.</p>



<p>Y, sin embargo, gracias a nuestros esfuerzos colectivos la situación hoy dista mucho de parecerse a la de hace diez años. Nuestra nave está prácticamente reparada y sigue navegando con soltura siguiendo la brújula que apunta al socialismo. IU está hoy no sólo consolidada, sino que es una fuerza con un capital político imprescindible para el futuro de este país. La seriedad, la experiencia y la responsabilidad de IU es una garantía para nuestra sociedad, pero también es una herramienta fundamental para ensamblar nuestro tan complejo ecosistema de fuerzas de izquierdas. Ojalá todas estas fuerzas no olviden en lo venidero la importancia de una unidad bien construida. Y, a ser posible, tejida sobre la fraternidad y no sobre la simple y bruta correlación de fuerzas.</p>



<p>Será por supuesto la militancia de IU quien tenga que valorar mi gestión al frente de la organización durante estos siete años. Sólo añadiré que personalmente estoy muy orgulloso del trabajo realizado, el cual se ha inspirado en los valores republicanos de diálogo, fraternidad y democracia radical. He intentado que los conflictos, consustanciales a la política, pudieran abordarse desde el diálogo y que, especialmente cuando las diferencias eran grandes, nunca se amenazara al proyecto político. IU había vivido en su historia demasiadas disputas fratricidas, y uno de mis objetivos ha sido siempre preservar la paz interna sobre la base del respeto mutuo. Espero que incluso aquellos que nunca han votado favorablemente mis posiciones políticas puedan al menos compartir este punto. No obstante, no puedo dejar de reconocer que sé que he cometido errores. Algunos de ellos los conozco ya, pues he tenido tiempo para meditarlos, pero otros probablemente los descubriré con el paso del tiempo. Solo espero que sean muchos más los aciertos y que el saldo final permita a la militancia reconocer una contribución positiva de mi paso por la coordinación.</p>



<p>Quiero terminar apuntando a que mi contribución personal a todo esto no ha estado exenta de costes, y ello también ha influido de manera determinante en mi decisión. La militancia es muy sacrificada, y la primera línea de la política no es sino su versión exponencial. Durante todos estos años he visto lo mejor y lo peor de la política, y ambas cosas me han atravesado implacablemente. He empleado demasiado tiempo en tratar con gentes que no cuidan a sus semejantes y para los cuales la política es sólo una forma de aplastar al que piensa diferente. No es esa mi concepción de la política. Por eso creo que uno de nuestros retos para el futuro será el de construir espacios que integren las enseñanzas feministas de manera integral, esto es, asumiendo el papel central que tienen los cuidados en la reproducción de la vida en todas sus dimensiones.</p>



<p>En lo personal, me encuentro muy contento al dar este paso y por poder dedicar más tiempo a cuidar a mi familia y a mis hijas. Como dije hace unos meses, ellas han sufrido más que nadie mis desasosiegos y penas, mis ausencias continuadas y mi irritabilidad estacional. Quiero ahora recuperar tiempo y energía también para poder dedicarme a otras muchas actividades que siempre me han producido más placer y que han estado aparcadas durante demasiados años. Como no puede ser de otra forma, seguiré haciendo política, que es para mí el noble arte de transformar la sociedad, desde la humilde y necesaria trinchera que ofrece el militante de base de una organización como la nuestra. Intentaré, con tantas herramientas como pueda, seguir contribuyendo a construir una sociedad ecosocialista; el único freno viable y democrático ante el avance de la barbarie y la destrucción ambiental.</p>



<p>Gracias y mucha suerte.</p>



<p>Salud y República,</p>



<p>Alberto Garzón</p>
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		<title>Entrevista: «El poder corrompe, se te puede ir la cabeza, y por eso es bueno renovar los liderazgos»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Jul 2023 07:35:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Alberto Garzón no repetirá como diputado. Tras doce años en el Congreso, siete al frente de Izquierda Unida y una legislatura como ministro de Consumo, dejará la primera línea de la política. En esta larga entrevista en la redacción de elDiario.es –la primera que concede desde que anunció esta decisión– repasa su trayectoria como coordinador de Izquierda Unida y explica sus motivos para dar un paso atrás en un momento en el que “empieza una nueva fase política”</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right">Entrevista de Nacho Escolar para <a href="https://www.eldiario.es/politica/alberto-garzon-corrompe-cabeza-bueno-renovar-liderazgos_1_10322557.html">eldiario.es</a></p>



<p><a href="https://www.eldiario.es/temas/alberto-garzon/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Alberto Garzón</strong></a>&nbsp;no repetirá como diputado. Tras doce años en el Congreso, siete al frente de Izquierda Unida y una legislatura como ministro de Consumo,&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/politica/alberto-garzon-no-repetira-candidato-elecciones-23j_1_10255156.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>dejará la primera línea de la política</strong></a>. En esta larga entrevista en la redacción de elDiario.es –la primera que concede desde que anunció esta decisión– repasa su trayectoria como coordinador de Izquierda Unida y explica sus motivos para dar un paso atrás en un momento en el que “empieza una nueva fase política”.&nbsp;</p>



<p>Garzón deja claro su apoyo a Yolanda Díaz y a&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/temas/sumar/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Sumar</strong></a>, “un proyecto para mejorar la vida de la gente y que te habla de vivir bien, de ser felices”. También analiza los errores y aciertos del primer gobierno de coalición desde la II República. “El gobierno ha gestionado bien una enormidad de dificultades, pero esa gestión no ha sido capaz de compensar un daño muy grande que se ha producido a las capas populares, en las finanzas de las familias”, asegura. Garzón se confiesa “orgulloso” de haber podido&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/economia/garzon-inminente-publicidad-casas-apuestas-no-sido-facil_1_8256926.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>eliminar la publicidad de las casas de apuestas</strong></a>&nbsp;en el mundo del fútbol, aunque reconoce que le hubiera gustado ir mucho más allá: “Al PSOE le ha faltado mucha valentía y mucho pensamiento estratégico”. También es optimista sobre las próximas elecciones: “Hay partido, y lo que estamos haciendo en Sumar permite que se pueda disputar”.</p>



<p><strong>¿Por qué deja la política?</strong></p>



<p>Hay momentos en los que uno tiene que tomar este tipo de decisiones. Cuando estás en primera línea, es bastante normal que se produzca un desgaste, eres la cara de un proyecto que va a recibir ataques. En mi caso son 12 años ya desde que entré en primera línea de la política como el diputado más joven en el Congreso. Hay que ser honesto con uno mismo y saber encontrar los límites. Me he dado cuenta de que efectivamente había otras personas que podían hacerlo mejor. Y eso para el proyecto político siempre es más satisfactorio y más adecuado. Junto a esto se suma una tradición que yo defiendo, que es la republicana, que siempre ha entendido que el poder corrompe y esto significa que es bueno que se produzcan renovaciones en los liderazgos.</p>



<p>Cuando entré de diputado, con 26 años, había muchas cosas que me llamaban mucho la atención y que seducían de manera peligrosa. De repente eras “su señoría”, la policía se cuadraba y paseabas por el mismo pasillo que el presidente del Gobierno. De repente en tu familia no se hablaba de otra cosa…</p>



<p><strong>¿La política puede nublar la visión de uno mismo?</strong></p>



<p>Lo puede hacer y hay que establecer precauciones personales, pero también políticas. Estar mucho tiempo en la misma función es peligroso para el proyecto colectivo. Esa lógica es la que me lleva a decir que, ahora que empieza una nueva fase política, ilusionante, esperanzadora, con Sumar, con la posibilidad de hacer a Yolanda Díaz presidenta, pues es el momento de dar un paso atrás 12 años después.</p>



<p><strong>¿Su retirada es un mensaje también a otros políticos?</strong></p>



<p>No, en absoluto. Yo tomé la decisión pensando en mis propias circunstancias, en mi propia visión de la política. Para mí la política tiene que ser necesariamente ética; que no olvidemos de dónde venimos ni lo que defendemos. Y determinadas instancias de la política de primera línea tienen muchos riesgos para que muchas veces -vamos a decirlo así- se te pueda ir la cabeza. Por lo tanto la decisión ha sido fundamentalmente personal, sabiendo que lo personal es político.&nbsp;</p>



<p><strong>¿Es una retirada definitiva o no descarta volver más adelante?</strong></p>



<p>Es una retirada definitiva de la política institucional, de la primera línea. Es una decisión muy meditada que tomé el verano pasado, venía gestionándola desde hace mucho. Como el proyecto era lo más importante, tenía que aguantar hasta el momento en el que fuera adecuado salir y ese momento se produce en este cambio de fase. Tienen que ser otros compañeros y compañeras los que tengan que poner su cara, su cuerpo, sus energías, su tiempo&#8230; para que otros demos un paso al lado y, en mi caso, pueda aprovechar ese tiempo para cuidar a la gente a la que quiero, a mi familia. Porque el coste de todos estos 12 años es un coste también personal. Y es un coste muy alto.</p>



<p><strong>¿A qué se va a dedicar después de la política?</strong></p>



<p>Lo primero será un pequeño tiempo para descansar, aunque la política nunca nos va a abandonar porque la política no se agota con la política institucional. Quien me conoce sabe que lo que verdaderamente me gusta es la investigación, la pedagogía, comprender cómo funciona el mundo para saber cómo cambiarlo y transformar la sociedad, no para vivir en una torre de marfil.</p>



<p><strong>Usted llegó como el diputado más joven al Parlamento como una de las caras del 15 M. ¿Sigue vivo ese 15M o estamos en un ciclo distinto?</strong></p>



<p>Han pasado muchas cosas y es difícil decir que el 15M sigue vivo, pero sería imposible pensar nuestra sociedad actual sin entender lo que fue el 15M. Hoy en día la gente que va a votar en estas elecciones por primera vez con 18 años le puede sonar el 15M como a mí me suena el mayo del 68, como algo absolutamente ajeno a su propia vida y que sin embargo ha dejado huella.&nbsp;</p>



<p>El 15M fue la frustración puesta de relieve que promovió cambios sociales, culturales y políticos. Pero evidentemente la sociedad en la que vivimos hoy en día es muy distinta de la que algunos vivimos en aquellas plazas. En mi caso, con una función muy pedagógica, yo bajaba a las plazas a explicar conceptos que nos parecían absolutamente nuevos como sociedad, como deuda pública, prima de riesgo. Y ese ejercicio era demandado por una sociedad que de repente despertaba políticamente. Lo cambió todo.&nbsp;</p>



<p><strong>El gobierno de coalición llega a las elecciones con el récord histórico de empleo y con notables avances sociales, la subida del SMI, el ingreso mínimo vital, la reducción de la precariedad laboral o una inflación por debajo de la media europea. Sin embargo, absolutamente todas las encuestas dan como favorita a la derecha. ¿Cómo se lo explica?</strong></p>



<p>Pensamos que la ciudadanía cuando va a votar hace un ejercicio hiper-racional de leer el programa, compararlos y votar en consecuencia, o que hace un análisis de los últimos cuatro años o de los datos macroeconómicos. La política es mucho más compleja. El gobierno de coalición ha gestionado bien una enormidad de dificultades, pero esa gestión no ha sido capaz de compensar un daño muy grande que se ha producido a las capas populares, en las finanzas de las familias.</p>



<p><strong>¿La microeconomía no marcha tan bien como la macroeconomía?</strong></p>



<p>Yo creo que es evidente. Nosotros hemos gestionado la crisis mucho mejor de lo que lo hubiera hecho la derecha. Sin embargo, eso no sirve de nada para familias que han visto que su poder adquisitivo se ha deteriorado.</p>



<p>Mi sensación es que cuando uno accede al gobierno no tiene un abanico infinito de opciones para elegir a voluntad, sino que enfrenta unas restricciones marcadas por el ciclo económico, por la lógica del capital, por el crecimiento económico, por las restricciones políticas geopolíticas, restricciones incluso sanitarias: hemos tenido una pandemia… Pero si nos dedicamos solo a la gestión, sin un proyecto estratégico detrás, podemos encontrarnos con lo que está sucediendo en este momento: que mucha de tu base social no te reconoce como un instrumento útil y por tanto te deja de lado.</p>



<p><strong>¿A qué se refiere?</strong></p>



<p>A que el neoliberalismo sigue teniendo una base material muy fuerte. Cuando la derecha gobierna, se dedica a reforzar su base social. La base social de las clases adineradas se ve reforzada por bajadas de impuestos, por facilitación de acceso a servicios privados, de sanidad o de educación, mientras que deteriora, aísla, fragmenta a las clases populares al deteriorar los servicios públicos, sus lazos sociales.&nbsp;</p>



<p>Cuando en la izquierda hemos estado gobernando, hemos tenido enormes dificultades para socavar la base material del neoliberalismo. Y ahí creo que al Partido Socialista le ha faltado mucha valentía y mucho pensamiento estratégico, porque si quieres cambiar el paradigma del neoliberalismo a un paradigma distinto, independientemente del nombre que le queramos poner, tienes que cambiar la base material de ese proyecto. ¿Qué ha pasado en España con esa clase social rentista que vive extrayendo rentas del sector inmobiliario?</p>



<p><strong>Están muy enfadados, pero tienen sus intereses intactos.</strong></p>



<p>Absolutamente. No se les ha tocado. Ha habido modificaciones fiscales, pero no ha habido un proyecto ambicioso de vivienda pública, como hemos defendido desde Unidas Podemos durante todo este tiempo, porque no se ha querido avanzar en esa línea. Esa base material que sostuvo el neoliberalismo y la burbuja inmobiliaria no ha visto sus privilegios alterados. Y esa base social y material es muy poderosa. No solo sostuvo el neoliberalismo, está detrás de los ataques al gobierno de coalición. Lo que tenemos que entender es que cuanto más fuerza tenga un proyecto estratégico destinado a cambiar la base material de la sociedad en un sentido, digamos, de alianzas, pues más fácil será poner en marcha y defender proyectos progresistas.</p>



<p><strong>¿Por qué cree que está siendo tan eficaz ese eslogan de la derecha de “derogar el sanchismo”?</strong></p>



<p>Porque derogar el sanchismo es una condensación de una serie de principios y de valores que la derecha encarna. Derogar el sanchismo es como las cañas de Ayuso, parecen elementos cotidianos y desideologizados, pero realmente tienen una potencia de carga enorme. Han sabido focalizar en un adversario y han inoculado una serie de valores conservadores e incluso reaccionarios con los que están vehiculando a gran parte de la frustración que existe en nuestro país. Porque al final el estado anímico, el humor social que está atravesando nuestro país, no puede ser bueno después de dos décadas alternando crisis económicas con generaciones, como las más jóvenes, profundamente desarraigadas de la posibilidad de tener un futuro estable.</p>



<p>Toda esa frustración, todas esas situaciones que conocemos bien, hoy mejor que hace unos cuantos meses, están siendo el caldo de cultivo de un proyecto ideológico que el Partido Popular y Vox han sido capaces de focalizar frente a una izquierda ejemplificada por el Partido Socialista, que ha mantenido un relato burocrático y gris de pura gestión. Como si a ese proyecto ideológico, emocional, ese proyecto que te está interpelando sobre valores y principios, pudieras anteponerle simplemente el crecimiento del PIB, las convenciones internacionales y el buen inglés del presidente. Esos son dos planos absolutamente distintos en los que la batalla claramente es favorable para la reacción.</p>



<p><strong>¿Cuál es su pronóstico para estas elecciones? ¿Las ve perdidas?</strong></p>



<p>No creo que estén en absoluto perdidas, hay partido y lo que estamos haciendo desde el espacio de Sumar permite precisamente que ese partido se pueda disputar. Lo que sí que hay que entender es que la derecha, que muchas veces se ha caricaturizado por parte de la izquierda, por decir una serie de sandeces tras sandeces, sí tenía un proyecto estratégico detrás.&nbsp;</p>



<p><strong>La derecha tiene un mensaje muy simple pero un proyecto muy complejo.</strong></p>



<p>Exactamente. Y lo hace articulando un repertorio clásico que ha existido en nuestro país desde hace más de 200 años, que es el nacionalismo español: la idea de que el gobierno de coalición es la anti-España y que es un enemigo de la patria. Un discurso que comenzó Albert Rivera y que en esa competición por las derechas lo reprodujo tanto el Partido Popular como quienes se beneficiaron fundamentalmente de ello, que es la extrema derecha. Eso ha ido calando en la sociedad la sensación de odio frente al gobierno que ha cristalizado en ese relato anti-sanchista.&nbsp;</p>



<p>Ese vector ideológico nacionalista tiene que ser enfrentado por una izquierda que ofrezca un proyecto que vaya más allá de la mera gestión, que te dé un horizonte, que sea capaz de decirte que somos un instrumento útil para mejorar tu vida. Significa cosas materiales, concretas y no materiales. Significa que tus derechos van a ser reforzados, que tu acceso a la sanidad va a ser reforzado, que tu acceso a la vivienda va a ser reforzado y que no vas a tener que ir detrayendo de tu salario cantidades cada vez mayores para el banco o para el casero que tiene 7 u 8 casas y que sabes que agudiza la desigualdad.&nbsp;</p>



<p>Todo ese tipo de experiencias cotidianas son las que hay que abordar. Y ahí creo que Sumar y Yolanda lo está haciendo bien porque cuenta con un bagaje de gestión impecable que le permite construir un proyecto esperanzador para mucha gente, no solo por lo de la unidad de la izquierda, que es parte necesaria de ese proceso, sino porque Yolanda transmite otra cosa, encarna esa idea de un proyecto de país que merece la pena vivir, un país que no es oscuro, un país que no es reaccionario, pero un país que tampoco es de burócratas. Un país en el que estás dispuesto a enfrentarte a la base material del neoliberalismo, es decir, a los poderosos.</p>



<p><strong>Es decir, que la estrategia de Sumar debería ser hablar más del futuro y menos del pasado, más de un proyecto nuevo y menos de la gestión de estos últimos años.</strong></p>



<p>Absolutamente. Y para mí eso siempre ha sido una de las claves de la izquierda. La izquierda, constituida siempre en los homenajes, fundamentalmente a las derrotas. Nosotros venimos de una tradición en nuestro país que desgraciadamente en los últimos 200 años hemos tenido muy pocas victorias: Constitución de Cádiz, abortada; el trienio de Riego, abortado; Bienio Progresista, abortado; Revolución gloriosa, Primera República, abortada, Segunda República, abortada&#8230; El resto del tiempo, la inmensa mayoría de los años, quienes han dominado en nuestro país política y culturalmente han sido los reaccionarios y la izquierda ha construido una narrativa siempre de recuerdo y de memoria de esas derrotas para conmemorarlas, para homenajear a quienes dieron su vida por la libertad. Pero eso ha generado unos techos, unas dificultades para ir más allá de eso, y necesitamos llegar al conjunto de la población y para eso necesitamos mensajes que vayan hablándonos del futuro.</p>



<p>Una organización política siempre es un instrumento, no es un fin en sí mismo y una organización política o un conglomerado de organizaciones como es Sumar tiene que ser un instrumento que mis vecinos entiendan que les va a mejorar la vida.&nbsp;</p>



<p><strong>¿Sirve de algo apelar al miedo a la extrema derecha o se ha normalizado ya tanto Vox que ese mensaje ya no es eficaz?</strong></p>



<p>Tenemos que tener presente que la extrema derecha en nuestro país, aunque sea reciente, lo es simplemente desde el punto de vista organizativo porque orgánica y culturalmente ha existido siempre.&nbsp;</p>



<p><strong>Estaba dentro del Partido Popular.</strong></p>



<p>Sí. El Partido Popular no es un partido homogeneizable con los partidos Demócrata Cristianos de Europa que se fundaron al calor del antifascismo en Alemania o en Francia. En España el Partido Popular ya fue normalizando muchas de las actitudes de la extrema derecha y por eso la mayor parte de la población ha normalizado que Vox es un partido equiparable al Partido Popular. Genera un miedo racional, sensato, que yo mismo tengo, que sin embargo, no puede ser el vehículo principal de nuestra intervención política. Porque el miedo también paraliza, el miedo bloquea y lo que nosotros necesitamos es una gran movilización de la izquierda, no sobre la base del miedo a que puedan gobernar otros, sino sobre la base de la esperanza de un futuro que permita una vida digna, que permita vivir bien al conjunto de la población.&nbsp;</p>



<p><strong>Tras las últimas elecciones municipales, el PP ha pactado más de un centenar de ayuntamientos con Vox en sitios donde no tenía la mayoría. Mientras tanto, el PSOE ha dejado gobernar a la derecha en otros ayuntamientos por no pactar con Bildu, por ejemplo en ciudades como Pamplona, donde había una mayoría de izquierdas, ¿cómo lo valora?</strong></p>



<p>El PSOE tiene miedo a dar ese tipo de batallas culturales y, sin embargo, es imprescindible. Mi sensación durante el Gobierno en estos últimos tres años y medio es que nosotros somos un gobierno asediado por parte del Estado, no solo por los partidos de la oposición.</p>



<p><strong>Las fuerzas de seguridad del Estado, la Justicia&#8230;</strong></p>



<p>Claro, porque hay un vector nacionalista identitario que se ha creído el relato de que el Gobierno de coalición es la anti-España y por eso intervienen desde sus propias esferas, sean las fuerzas y cuerpos de seguridad, sea el sistema judicial, sean los medios de comunicación. Todo son trincheras desde las que poder enfrentarse a la anti-España. Desde su perspectiva nacionalista reaccionaria, no hay nada más importante que acabar con el traidor. Por eso el relato del anti-sanchismo ha calado tan bien, porque tiene poso histórico. ¿Cómo no te das cuenta de que la forma política de enfrentarte a eso es construir un bloque alternativo? Y ese bloque alternativo pasa necesariamente por construirlo en alianza también con otras fuerzas que pueden diferir en muchas otras cosas, como ERC e incluso el PNV, pero también Bildu. Renunciar a hacer eso por miedo al qué dirá la derecha es un paso muy peligroso porque te limita tu capacidad de intervención y cuando estás asediado, todos los instrumentos son importantes.</p>



<p><strong>¿Hay un conflicto político que la izquierda no ha resuelto entre la ciudad y el campo? ¿Cree que determinadas leyes, como las contrarias al maltrato animal o la defensa de una ganadería y una agricultura más sostenibles, han podido ser gasolina para la extrema derecha?</strong></p>



<p>La estrategia de la&nbsp;extrema derecha quiere crear la caricatura de que la izquierda es urbanita, es cosmopolita, se centra en las ciudades y tiene inquietudes que son ajenas al día a día de los que viven en el campo. Esta es la caricatura que ha puesto en marcha la extrema derecha en todas partes del mundo, desde Donald Trump. La realidad es mucho más compleja.&nbsp;</p>



<p>Diría que hay dos cuestiones. La primera, España está articulada de manera centralista y ha dejado una gran parte vaciada. Esto no es normal en otros países europeos y ha generado agravios. Y luego, por otro lado, existen retos, como el ecológico, que despiertan contradicciones en el mundo rural, pero contradicciones que no son las que intuye esa caricatura.&nbsp;</p>



<p>En Izquierda Unida gobernamos fundamentalmente en el mundo rural, desde capitales de provincia como Zamora hasta gran parte del interior de Andalucía. Allí la cuestión del cambio climático es una preocupación primaria. Quienes se movilizaron primero contra las llamadas macro-granjas, que es la condensación de esas contradicciones de un modelo de producción y consumo insostenible, son las gentes que vivían en el mundo rural. Ocurre también con las renovables: la transición energética tenemos que hacerla, pero no puede ser que los oligopolios dirijan todo el proceso atendiendo única y exclusivamente al beneficio económico.</p>



<p><strong>El presidente Pedro Sánchez asegura que la forma de comunicar del Ministerio de Igualdad ha provocado que una parte de la sociedad se vuelva en contra de las políticas feministas. ¿Comparte esa crítica?</strong></p>



<p>No la comparto. El feminismo lo que está haciendo desde siempre es desafiar una estructura cultural que se llama patriarcado; está alterando las formas en las que nos relacionamos los seres humanos y en particular los hombres con las mujeres. Y está poniendo de relieve que esas formas de relacionarnos entre hombres y mujeres son profundamente desiguales.&nbsp;</p>



<p>Todo eso lo está poniendo encima de la mesa el feminismo. Y al alterar ese estado de las cosas tan arraigado evidentemente se produce una lesión en el ánimo de quien tiene privilegios. Aquel hombre que pensaba que era natural no tener que ocuparse la mitad del tiempo de la crianza de los niños y las niñas puede sentirse herido. La política debe ir gestionando esos conflictos de forma hábil, para llegar al conjunto de la población. Pero el feminismo no puede dar ni un paso atrás, ni uno solo. Pero sí es perfectamente legítimo que podamos hablar de las formas en las que podemos seducir al conjunto de la población para que nuestras propuestas salgan adelante. Creo que la seducción es muy importante en política. Tenemos que ser capaces de explicar, de enseñar, porque mucha de la gente que tiene privilegios no sabe que tiene esos privilegios.</p>



<p><strong>¿Esa estrategia de seducir a esa parte de la sociedad se ha aplicado bien en este gobierno?</strong></p>



<p>Bueno, creo que en general sí, pero dentro de un contexto muy determinado que es de un asedio brutal de partes del Estado, que todos podemos ponerle cara cuando hablamos de determinados medios de comunicación, pero que tiene otras muchas vertientes.&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/rastreador/exactamente-dicho-alberto-garzon-industria-carnica_132_8633770.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Lo he vivido con las macrogranjas</strong></a>. Yo jamás dije que no había que comer carne y me encuentro con gente corriente en el supermercado que me dice que &#8216;tú eres el que me va a hacer comer grillos porque tú me vas a prohibir comer carne&#8217;. Sé que mi forma de aproximarme a ese ciudadano no puede ser hostil porque lo que tiene es una información errónea de partida y yo voy a tratar de convencer a ese ciudadano. ¿Pero qué ha pasado? ¿Cómo se ha distorsionado ese mensaje? Pues porque estás bajo asedio. Y si eso me ha pasado a mí en una de las polémicas conocidas en estos años, ¿qué no le ha pasado a un Ministerio como el de Igualdad?</p>



<p><strong>¿Le hubiera gustado que Pedro Sánchez lo hubiese defendido algo más cuando aquel asedio de la derecha por sus críticas a las macrogranjas?</strong></p>



<p>Mi experiencia en estos tres años y medio me vuelve a recordar que el PSOE carece de orientación estratégica, es decir, hacia dónde vamos, qué modelo de sociedad queremos promover. Si tú no te enfrentas a determinadas clases rentistas que han apoyado el neoliberalismo y los dejas absolutamente igual sin socavar su poder, ellos se te van a volver en contra y van a favorecer un gobierno alternativo. En el resto de dimensiones ocurre exactamente igual.&nbsp;</p>



<p>Lo que he hecho yo en particular ha sido poner encima de la mesa lo que dice la ciencia, con un discurso muy medido, protegiendo, por ejemplo, la ganadería extensiva, los modelos tradicionales y sociales de ganadería, protegiendo a sectores que se ven amenazados por el cambio climático, como el sector primario, la agricultura&#8230; Sin embargo, en ese momento&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/politica/gobierno-afirma-declaraciones-garzon-macrogranjas-son-titulo-personal_1_8633538.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>el PSOE, en vez de pensar estratégicamente, pensó en el corto plazo</strong></a>. Pensó que se aproximaba el verano, que la gente iba a hacer barbacoas y que cómo iban a decir que había que reducir el consumo de carne.&nbsp;</p>



<p><strong>¿Cree que Sumar se equivoca al no incluir en sus listas a Irene Montero?</strong></p>



<p>No he estado en las negociaciones específicas y no puedo entrar en la valoración. Sí creo, desde mi óptica ética que describía anteriormente, que todos los que no vamos a estar en esa lista seguimos siendo activos de izquierdas, importantes para el presente y para el futuro. Y que las listas se han configurado en unas negociaciones donde siempre hay demandas y hay cesiones y el resultado es el que conocemos. El hecho de no estar en la política institucional no suprime el valor que tiene ninguna de las personas que finalmente no vamos en esas listas electorales.</p>



<p><strong>¿Le preocupa que haya votantes de Podemos que se queden en la abstención por ese mensaje que transmiten desde su partido de que han sido maltratados por Sumar?</strong></p>



<p>Creo que es importante conocer la historia, aunque sea la historia reciente. Cuando entré en el Congreso era el diputado más joven, pero apenas un año y medio más tarde surgía Podemos. Tenía 28 años y tuve que echarme encima la responsabilidad de salvar una organización histórica como era Izquierda Unida. Yo, que además había sido un accidente histórico, porque fui elegido diputado en unas condiciones anómalas, en las condiciones del 15M, cuando una gran parte de la dirección de Izquierda Unida desconfiaba de mí.&nbsp;</p>



<p>Ese proceso de confluencia con Podemos fue muy complicado, porque Podemos, en los primeros años, no quiso la confluencia. Hablamos del 2014 y 2015. En ese momento yo tuve muchas reuniones con Pablo Iglesias, con Íñigo Errejón, con Luis Alegre, y queríamos confluencia. Y ellos en cambio solo querían líderes mediáticos, como es mi caso, e hicieron ofertas muy atractivas para mí mismo y para otros compañeros.</p>



<p><strong>¿Le ofrecieron ficharle a usted y dejar fuera Izquierda Unida?</strong></p>



<p>Exactamente. Y yo les decía continuamente: &#8216;No soy yo solamente, Izquierda Unida es una organización que tiene un bagaje, que tiene 20.000 afiliados por todo el territorio, una gran capilaridad, que tiene que ser necesariamente parte del futuro de la reconstrucción de la izquierda&#8217;. Y ellos estaban en otra lógica, en la lógica de los fichajes. Cayo Lara lo llamó entonces una “OPA hostil” y nosotros lo pasamos mal. Gran parte de mi equipo de campaña se pasó a Podemos. No solo se nos pasaron votantes, se nos pasaron muchos cuadros, se nos pasó mucha gente a Podemos. Resistimos y lo conseguimos, pero aquello dejó heridas porque el proceso de competición electoral generó frases, generó intervenciones y desprecios públicos que quedaron marcados en mucha gente.</p>



<p><strong>“El pitufo gruñón”, “</strong><a href="https://www.eldiario.es/politica/pablo-iglesias-cuecete-estrellas-acerces_1_2604649.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><strong>Cuécete en tus salsas de estrellas rojas</strong></a><strong>…”</strong></p>



<p>Efectivamente. Y después, cuando al cabo de seis meses alcanzamos la confluencia, algunos, como fue mi caso, estábamos muy contentos, pero para otros aquello era una traición, porque habían asumido, interiorizado, que Podemos era parte del enemigo. Perdimos mucha militancia, cuadros y perdimos potencialidad, sin que esto fuera la razón fundamental del devenir de los resultados electorales. Pero sirve para ilustrar que incluso cuando te ves forzado a competir contra un partido con el que compartes muchas cosas, la peor estrategia es la del resentimiento y el rencor, porque va a dejar cicatrices.&nbsp;</p>



<p>Creo que estamos a tiempo de recomponer todo eso. ¿Hay heridas? Sería mentir decir que no las hay. Pero al final lo que tenemos que hacer los dirigentes políticos es anteponer siempre el proyecto colectivo. Y lo digo yo, que acepté ser quinto en una lista electoral, que después me trasladé a Málaga. Para lista de agravios, la mía es infinita, pero creo que lo más importante siempre es anteponer el proyecto colectivo y ser responsable para generar el clima adecuado.</p>



<p>Siempre puse el ejemplo heredado de aquellos años del 15M: cuando vas a parar un desahucio –y si has estado lo sabes– y te pones delante de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y en ese momento te agarras con otros compañeros y compañeras y no les preguntas qué carné tienen en el bolsillo. Como eres de Podemos, te suelto y entonces que pase la policía. Eso no ocurre. Te juntas con ellos y sabes que sois una piña.</p>



<p><strong>¿Por qué no se llega a un acuerdo para una coalición como la que ahora es Sumar antes de las municipales? ¿A quién responsabiliza usted de que no se lograra esa unidad que tantos gobiernos ha costado a la izquierda en estas últimas elecciones?</strong></p>



<p>Es difícil responder a esa pregunta porque es un fenómeno muy complejo. Cuando Yolanda Díaz es elegida vicepresidenta, yo había tenido un periodo de distanciamiento con ella importante, porque ella se había aproximado más a las tesis de Pablo Iglesias y yo con Pablo Iglesias siempre he estado bastante de acuerdo, pero también he discrepado. Creo que es un animal político en el mejor de los sentidos posibles, y no hay un mejor comunicador político que Pablo Iglesias y que va a tener que pasar mucho tiempo para que haya alguien como él. Pero discrepaba. Yo nunca estuve en su círculo de confianza porque no era de Podemos.&nbsp;</p>



<p>A pesar de que Yolanda Díaz fue parte de mi equipo de campaña en aquel 2014 –tan difícil para Izquierda Unida– cuando es elegida y me dice &#8216;Alberto, yo soy la elegida para llevar a cabo esto, pero yo lo que quiero es reconstruir lo que se ha ido rompiendo en estos últimos seis años’,&nbsp; yo le dije &#8216;Yolanda, pues en esto vas a tener mi apoyo y el de toda Izquierda Unida&#8217;.</p>



<p>La realidad impepinable es que en Unidas Podemos, desde el año 2016 hasta la actualidad, hemos perdido casi la mitad del apoyo social y electoral. Y esto no solo se debe, aunque hay partes que lo explica, al acoso externo o a las traiciones y escisiones internas, sino a errores propios, y por el camino nos hemos dejado a mucha gente.</p>



<p>Desde entonces, que ha pasado un año y medio, hemos trabajado en esa línea, pero era una línea muy complicada. No ha sido una división de posiciones irreconciliables en torno a una temática concreta, sea el ecologismo, sea el feminismo, o sea la política internacional&#8230; Ha sido que el espacio de Unidas Podemos ha sufrido mucho en los últimos seis o siete años y en ese desgajamiento ha habido también muchas fracturas personales.</p>



<p>Muchos hemos jugado de puente, hemos tratado de hacerlo y finalmente lo hemos conseguido, porque esto es lo importante. Lo verdaderamente asombroso, porque no es nada común, es que Sumar hoy es la confluencia de todos los actores a la izquierda del Partido Socialista en este país. Es un punto de partida que nos permite, además, a partir de un porcentaje de las encuestas bastante decente, tener un crecimiento notable de aquí al 23 de julio y que sea suficiente para que se pueda revalidar un gobierno de coalición, porque no está escrito lo que puede suceder todavía en este último mes.</p>



<p><strong>Hablaba antes de Pablo Iglesias y de sus virtudes. ¿Cree que Pablo Iglesias ha jugado un papel importante en estas negociaciones de Sumar a pesar de estar formalmente fuera de la política?</strong></p>



<p>Bueno, creo que Pablo Iglesias es un opinador muy legitimado, conoce el ecosistema, es una persona muy lúcida. De verdad que Pablo Iglesias, durante el tiempo que fue vicepresidente y líder de Podemos, fue una persona que tenía un atractivo político inmensurable. Sus intervenciones en los órganos de confluencia eran muy ricas, analíticamente impecables. Ha sido una persona sumamente inteligente y yo le tengo mucho cariño en general, no solo por las razones políticas, sino porque él también al ponerse en primera línea y más que nadie, ha sufrido las consecuencias de esa valentía, ha tomado desde hace un tiempo una distancia con respecto a lo que yo pienso, que nos pone en posiciones distintas a la hora de analizarlo. Y sin embargo, creo que él siempre ha tenido claro, esa es mi sensación, que había que ir juntos, que había que ir unidos por las razones que fuera. Y a mí eso me vale. Me vale porque en este momento no podíamos concebir ninguna otra opción que no fuera ir unidos y con todas las trayectorias de cada uno. Para mí toda esta gente representa colectivos que somos todos parte necesaria de la solución de la izquierda en los próximos años para hablar de los problemas de la gente, cada uno en su función. Muchos ya no estaremos en política institucional, otros sí lo están. Cada uno tendrá su función, pero todos tenemos que remar en la misma dirección.</p>



<p><strong>Antes hablaba del declive de ese espacio político: en las generales de 2016 Unidos Podemos tuvo más de 5 millones de votos, en noviembre de 2019 eran 3 millones y en las últimas municipales y autonómicas está alrededor del millón. Decía que no todo se explica por el acoso de los medios o por el acoso de la derecha. ¿Qué otras causas hay de este declive?</strong></p>



<p>Una parte se tiene que explicar necesariamente porque el rival, el adversario, juega. Decía Jean Paul Sartre: &#8216;En el fútbol todo se complica por la presencia del rival&#8217;. Sobre el papel todo es bastante sencillo, pero luego el adversario te mueve el terreno. Cuando surge Podemos se dinamita el sistema bipartidista y se abren opciones de transformación, los elementos reaccionarios se recomponen y a partir de ese momento se produce una guerra sucia, un&nbsp;<em>lawfare</em>&nbsp;de manual contra Pablo Iglesias en particular, y contra toda la izquierda. Pero eso que es muy grave en cualquier democracia y que hemos conocido la existencia de una policía patriótica, de unas cloacas, de la Policía, del Ministerio de Interior, del Partido Popular, usadas para inventar pruebas, para construir titulares falsos, para desgastar al espacio político, ha existido. Eso es evidente. Pero al margen de eso, nosotros tenemos que ser capaces de entender que todo no se puede explicar solo por el enemigo exterior y el enemigo interior, porque también se han producido escisiones y expulsiones dentro de todo el espacio político.&nbsp;</p>



<p>Nosotros siempre tuvimos la esperanza de que podíamos construir algo con Podemos de manera democrática, con mecanismos de decisión compartida. Al menos un espacio de decisión democrático donde Izquierda Unida iba a ser el socio minoritario, lógicamente, pero que pudiéramos tomar parte de esas decisiones. Eso nunca lo conseguimos. Por eso, cuando Yolanda propone el proceso de Sumar, no solo propone recuperar lo que se ha perdido: propone un cambio de estilo, un cambio de parámetros, abordar los retos ideológicos de este país y propone algo muy interesante que también repite la historia. Frente a un modelo resistencialista, un modelo volcado en sí mismo, un modelo de &#8216;nos atacan todos, por lo tanto, cerremos filas y aquí nos defendemos&#8217;, un modelo que la izquierda históricamente, como decíamos antes, es bastante adepta por las circunstancias sobrevenidas&#8230; Frente a eso, propone un modelo muy parecido al Podemos original.</p>



<p><strong>Ese Podemos original era el que criticaba precisamente a Izquierda Unida por ser en aquel momento la resistencia en la derrota.</strong></p>



<p>Efectivamente, y Sumar lo que propone es que no podemos quedarnos simplemente fomentando la cohesión interna y por lo tanto el victimismo. Tenemos que salir a pelear culturalmente, tenemos que hacerlo con estilos nuevos, con caras nuevas, tenemos que hacerlo para ganarnos el afecto, el cariño, el voto de partes de la población que lo están pasando mal. La estrategia resistencialista no funciona.</p>



<p>Frente a esa estrategia resistencialista y a la parálisis estratégica de un PSOE que parece construirse como una especie de tecnocracia progresista, Sumar es un proyecto mucho más bello. Que te habla de vivir bien, de ser felices. Que te dice que a las seis de la tarde deberías estar en el parque con tus niños y tus niñas. Lo que hay que hacer es reducir la jornada laboral. Lo que hay que hacer es repartir la renta, la riqueza. Lo que hay que hacer es vivir mejor y esto es un proceso que conecta con las inquietudes que tiene la gente en los barrios. Esto es lo que hay que hacer y esto es lo que Yolanda, con su carisma, con su bagaje, con su experiencia, está consiguiendo hacer.&nbsp;</p>



<p><strong>¿Por qué cree que a Izquierda Unida le ha ido mejor en aquellos territorios donde se ha presentado en una lista separada de Podemos?</strong></p>



<p>Bueno, cuando nosotros intentábamos hablar en 2014 y 2015 con Podemos les decía que no menospreciaran la organización que tenía Izquierda Unida, que Podemos tenía una base electoral enorme, encabezaban las encuestas, pero no tenían organización. Yo les decía que no despreciasen para el futuro la organización de Izquierda Unida, con alcaldes, concejales, con experiencias de gente que luchó contra el franquismo, hasta gente que ha sido pionera de la lucha ecologista en sus territorios o han sido activistas sindicales en cualquier conflicto laboral. Todo ese bagaje, esa experiencia, para mí era central, por eso yo no acepté irme a Podemos yo solo. Yo decía &#8216;para el futuro de la izquierda de este país esto hace falta, este capital humano hace falta&#8217;. Y Podemos no veía las cosas de ese modo, tenía otra estrategia perfectamente legítima, pero que no era esa. Pero el valor que tenía Izquierda Unida era precisamente su arraigo territorial, su capilaridad, que ha permitido que cuando yo accedí a ser candidato, Izquierda Unida pasó de un 15% de las encuestas a un 3% y en algunas encuestas a un 1%. La gente daba por amortizada a Izquierda Unida y sin embargo superamos la desaparición de UPyD, de Ciudadanos y seguimos aquí. Hemos llegado a un gobierno de coalición donde hay ministros de Izquierda Unida y estamos ahora en unas listas electorales donde hay puestos de salida y está garantizada la existencia de Izquierda Unida.</p>



<p>Esto puede parecer una trivialidad, pero en la mayoría de las fiestas de pueblo, cuando se montan las casetas de los partidos, tanto el PP como el PSOE suelen externalizar en empresas privadas la gestión de esas casetas. En Izquierda Unida no, es un trabajo militante. El papel de la organización es fundamental para sobrevivir a las etapas malas, pero también para darte un soporte importante a procesos que luego son un auge importante. Por eso, en el proceso de Sumar Izquierda Unida, con humildad, como siempre hemos hecho, vamos a contribuir tanto como podamos. Y en ese sentido creo que ahí está la clave de por qué hemos resistido decentemente en medio de una debacle importante.</p>



<p><strong>¿Fue buena idea entrar en el gobierno de coalición?</strong></p>



<p>Yo creo que sí. Nosotros siempre fuimos partidarios del gobierno de coalición. Hemos sido desde Izquierda Unida siempre escépticos ante las posibilidades de, siendo el socio menor de un gobierno con el Partido Socialista, poder hacer cosas. Pero creo que el saldo neto final ha sido positivo.</p>



<p>Yo podría haber hecho mucho más si me hubieran dejado. Como la restricción de la publicidad de alimentos dirigido al público infantil –permíteme la expresión: para no seguir envenenando a nuestros niños y niñas–. Esa ley no se ha aprobado porque el Partido Socialista no ha querido. Esto se retrotrae a una cuestión mucho más prosaica: ¿Cuánta fuerza tienes en el gobierno de coalición? El aprendizaje es que tenemos que ser también capaces de trasladar es que hemos hecho muchas cosas bien, pero que si la presidenta es Yolanda Díaz y el vicepresidente es Pedro Sánchez haremos muchas cosas, mucho mejor.</p>



<p><strong>¿Cómo resumiría su experiencia al frente del Ministerio de Consumo? ¿De qué está más orgulloso y de qué se arrepiente de estos años de gestión?</strong></p>



<p>Estoy muy orgulloso, por ejemplo, de que en un país como España, donde el fútbol es tan importante, cuando enciendas la televisión o vayas a un estadio de fútbol, no tengas ningún tipo de publicidad de casas de apuestas. Y eso generaba como sigue generando desgraciadamente las casas de apuestas presenciales, que son competencia de comunidades autónomas, grandes problemas sociales, particularmente para la clase trabajadora.&nbsp;</p>



<p>Eso es una cosa que se va a quedar ahí, porque dudo que cualquier gobierno del signo que sea en el futuro se atreva a cambiar ese avance. Pero también hemos abierto debates sobre el impacto en la salud y en el planeta del consumo que son cruciales para entender hacia dónde vamos.&nbsp;</p>



<p>Dicen que en mi ministerio hemos abierto muchas controversias, pero honestamente solo hemos puesto en el debate público lo que dice la ciencia, y mucha gente se ha dado cuenta de cosas que no conocía. Aunque quienes hemos puesto la cara en estos debates también nos la han partido.</p>



<p><strong>¿Quién le gustaría que le sucediera al frente de Izquierda Unida?</strong></p>



<p>En una cultura como la nuestra y como la que yo defiendo, lo importante no son tanto las personas, sino los procesos. Y yo sigo como coordinador de Izquierda Unida, agotaré el ciclo de ministro de Consumo y el ciclo de Izquierda Unida, precisamente para facilitar que el debate sea lo más sosegado posible.</p>



<p><strong>¿Cuáles son los plazos para el relevo en el liderazgo de Izquierda Unida?</strong></p>



<p>Bueno, no hay que tener prisa, desde luego, y hay que dejarse llevar más por el clima y por los acontecimientos. Tenemos ahora unas elecciones que deben ser la máxima prioridad y después habrá que hacer los debates políticos: en qué momento nos encontramos y qué tipo de Izquierda Unida necesitamos.</p>



<p><strong>Dice que cree en las organizaciones, pero el signo de los tiempos de los liderazgos políticos en los últimos años es justo al contrario. Usted al principio creció fuera de Izquierda Unida por su legitimidad en los movimientos sociales, en el 15M. Podemos creció por la popularidad en las tertulias de Pablo Iglesias; Más Madrid, por la popularidad de Manuela Carmena e Íñigo Errejón. Sumar ahora, por la de Yolanda Díaz. ¿Estamos viviendo un populismo sin retorno en el cual los movimientos políticos dependen de lo que dure la estrella de su líder y, cuando su líder decae, ese movimiento se hunde y hay que refundarlo?</strong></p>



<p>Realmente hay cosas que siguen siendo como antes. El personalismo siempre ha sido parte de la política. Yo mismo me afilié a Izquierda Unida sabiendo quién era Julio Anguita y habiéndome leído sus libros. Y luego tuve la suerte de que fuera mi amigo y que fuera también un confidente y que pudiera yo desahogarme con él. Mentiría si dijera que la decisión de afiliarme a un partido fue ultra-racional: fue por leer a una persona que para mí era ejemplar, que tenía un carácter ético de la política que yo he querido beber, que tenía templanza. Son valores de los que yo he tratado de impregnarme. Por lo tanto, la política siempre ha sido personalista. Lo que sí es verdad es que en los últimos años se está produciendo una mediatización de la política en el sentido en que cada vez el medio influye más en la forma de selección de líderes y condicionan el mensaje.</p>



<p><strong>En las primarias gana el que acumula más minutos de televisión.</strong></p>



<p>Claro. Y no solo eso, sino que además te condiciona el mensaje en una tertulia en la que a los 30 segundos te van a interrumpir, tú tienes que condensar el discurso en 30 segundos y no te da para demasiada sofisticación y eso está condicionando y vulgarizando y permitiendo la caricaturización del mensaje político. Son terrenos resbaladizos y de facto hoy en día vivimos en un presidencialismo. Yo siempre he estado muy preocupado por esto, porque he sido consciente de que Izquierda Unida dependía demasiado de mi figura. Decía &#8216;hay que diversificar, hay que crear nuevos perfiles&#8217;. Y llamábamos a los medios de comunicación y nos decían &#8216;no, si no viene Alberto, no nos interesa’.&nbsp;</p>



<p>Recuerdo una tertulia en la que estábamos los líderes jóvenes, estaban Pablo Casado, Albert Rivera, Pedro Sánchez, también yo, y Pablo Iglesias, que acababa de ser elegido eurodiputado. Esa foto nos explica algo, nos explica que la política se está contaminando de la lógica de la moda y con la moda pasa algo muy particular, que ya pasa con la política: que todo caduca cada vez más rápido.</p>



<p><strong>Se va usted de la política con solo 37 años. Tampoco siguen ya buena parte de los protagonistas de lo que fue su generación en la izquierda: Pablo Iglesias, Ada Colau, Jaume Asens&#8230; ¿Es la izquierda una picadora de carne o es la política la que no tiene piedad?</strong></p>



<p>Es la política, también le ha ocurrido a Pablo Casado o Albert Rivera. Los liderazgos caducan antes, nos exponemos más, nos desgastamos más. Julio Anguita tenía muy pocas intervenciones a la semana en televisión. No había tantos programas de televisión y eran de otra naturaleza: eran más reflexivos, tenían más tiempo para hablar, hoy, diríamos, eran más aburridos. Pero tenía una menor exposición y él fue atacado duramente. Todos recordamos los guiñoles, la caricatura del Quijote. Pero hoy ese desgaste es cada minuto, en Twitter es instantáneo, es difícil sobrellevarlo.&nbsp;</p>



<p>Tenemos que hacer grandes esfuerzos para utilizar el dispositivo con el que te comunicas con tu mujer y tu familia y ver cómo te insultan. Psicológicamente, no estamos preparados para eso. Solo hay que vernos las caras a todos, desde Pedro Sánchez hasta la mía, que somos personas jóvenes pero que hemos tenido un desarrollo, una tensión y un estrés que humanamente nos ha llevado por otros derroteros.&nbsp;</p>



<p>A pesar de todo, yo creo que la organización es fundamental. Si no, no seríamos capaces de explicar cómo fenómenos como UPyD o Ciudadanos han desaparecido tan rápido. Teniendo en cuenta que UPyD estuvo por encima del 15% de las encuestas y que Ciudadanos llegó a encabezar las encuestas en este país también, son procesos mucho más volátiles. Pero sí puede ser un poco el signo de los tiempos, dado que alguien como Macron ha sido presidente y ha construido después su partido. Esto ha pasado en Colombia también, con Petro. Por como se ha mediatizado la política, honestamente, pues te tiene como una estrella del rock and roll. Y las estrellas del rock and roll, ya lo sabes, un día estás muy arriba y otro día no estás.</p>



<p><strong>¿Cuál ha sido la parte más dura de estos 12 años? La interna, las críticas en las redes, este desgaste personal del peso de la organización, la propia gestión del Ministerio?</strong></p>



<p>Hay un poco de todo, pero podría decir con total franqueza que estoy acostumbrado a que la derecha me critique. Yo tuve mi primer incidente con 26 años en el Congreso. Pedí la palabra, dije lo que opinaba, cogió la palabra Rafael Hernando y me dijo que no había que hacer política como los jabalíes. Me dijo una frase que se supone que era de Ortega y Gasset, que es como él lo justificaba. Pero vamos, me estaba insultando. Luego, cuando nos encontramos en el pasillo, me preguntó amablemente –porque es un tipo afable en lo personal–, por mi familia, que él es de Almería, que no sé qué. A mí esto me chocó mucho.</p>



<p><strong>Alguien que te pega una patada en el tobillo y luego después te pregunta por tus hijos.</strong></p>



<p>Claro. El Congreso, que en la tradición republicana era un lugar para deliberar y buscar la verdad, se ha convertido en una especie de teatro en el que tú subes a la tribuna no para convencer a los que están alrededor sino para mandar tu mensaje. Para que te corten los diez segundos, los 15 segundos, de manera que quienes son más hábiles para ese tipo de formato, pues tienen más éxito.&nbsp;</p>



<p>Hoy tienes que tener atributos mucho más parecidos a los que se piden en los centros de interpretación que en la propia política, entendida como una discusión sobre modelos de sociedad. Pero ese juego que es un teatro, aunque luego en el pasillo del Congreso te traten bien, en las casas es recibido como una verdad absoluta. La inoculación del odio llega a las familias y se consolida. Y por eso luego yo me encuentro, como otros dirigentes, a gente que te insulta por la calle porque verdaderamente creen que eres un enemigo de España.</p>



<p>Pero siendo eso así, lo que más desgasta es la política interna. Es precisamente lo que me dijo Julio Anguita: &#8216;Protégete de la política interna porque los de enfrente son adversarios y los de aquí son enemigos&#8217;.</p>



<p><strong>¿Ha sido más dura la crítica desde la izquierda que desde la derecha?</strong></p>



<p>No es que sea más dura, es más inesperada. En ese proceso que hablábamos antes de Izquierda Unida en 2014, mucha gente se fue a Podemos y tenía racionalidad: Podemos encabezaba las encuestas. Todo el mundo daba por amortizada a Izquierda Unida. Gente se fue por convicción; a otros les hicieron una oferta de trabajo, la cosa fue mucho más prosaica. Pero cuando incluso yo afronté el liderazgo de IU, una dirigente joven que también se quedó con nosotros, Sira Rego, vino a mi casa y me dijo &#8216;yo te voy a apoyar si me prometes que te quedas&#8217;. La tensión que se vive cuando no sabes quiénes son los tuyos es tremenda. Son conflictos en los que pierdes amigos, relaciones sociales. Es agotador. Ese tipo de política desgasta mucho y además es inútil para los propósitos a los que hemos venido.&nbsp;</p>



<p>Yo en mis charlas, que no son mítines, siempre se lo digo a la gente: &#8216;No olvidemos por qué nos afiliamos a los partidos políticos, nos afiliamos para transformar la sociedad, no para estar de golpes palaciegos conspirando todo el día por ascender en las organizaciones políticas&#8217;. Y creo que eso es lo que nos consume más y lo que al final hace que llegues con menos energía. La política interna es necesaria, pero si somos capaces de introducir más democracia, más republicanismo y menos ‘ordeno y mando’, será más fácil traer hacia dentro de la organización los discursos y las prácticas del feminismo y de los cuidados que tanto decimos hacia fuera.</p>



<p><strong>¿Y cree que Sumar va a ser capaz de lograr esa democracia interna que no logró Unidas Podemos?</strong></p>



<p>Creo que tiene ese reto, Yolanda está destinada a ponerlo en marcha y ella quiere hacerlo. A mí me costó mucho en Izquierda Unida aprobar el sufragio universal. Había mucha gente que era contraria a que no fueran los dirigentes intermedios los que tomaran las decisiones.</p>



<p>Luego nosotros pusimos el revocatorio, Izquierda Unida es la única organización hoy en día que, si a mí mañana un 10% de los militantes recogen firmas, se pone un referéndum en marcha para echarme. Yo vengo de esa tradición liberal-republicana: el poder corrompe, por lo tanto, protejámonos del poder.</p>



<p></p>



<p>Fotografía de Marta Jara.</p>
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		<title>Por un socialismo dentro de los límites del planeta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Nov 2022 19:17:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La Tierra es el único lugar conocido que puede sostener la vida, pero las instituciones creadas por los seres humanos están alterando y destruyendo los ecosistemas hasta el punto de que nuestra propia existencia está actualmente amenazada. Este lúgubre horizonte ha calado en la cultura popular hasta el punto de que estamos habituados a ver y leer sobre distopías y futuros colapsos sociales. El reciente libro Half-Earth Socialism (2022), de Troy Vettese y Drew Pendergrass, se inscribe, por el contrario, en la tradición de la utopía y nos sugiere nuevas e interesantes formas de conectar una deseable perspectiva de futuro con la ciencia al servicio de la vida en el presente.</p>
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<p><strong><em>Resumen:&nbsp;</em></strong><em>La Tierra es el único lugar conocido que puede sostener la vida, pero las instituciones creadas por los seres humanos están alterando y destruyendo los ecosistemas hasta el punto de que nuestra propia existencia está actualmente amenazada. Este lúgubre horizonte ha calado en la cultura popular hasta el punto de que estamos habituados a ver y leer sobre distopías y futuros colapsos sociales. El reciente libro Half-Earth Socialism&nbsp;</em>(2022), de Troy Vettese y Drew Pendergrass,&nbsp;<em>se inscribe, por el contrario, en la tradición de la utopía y nos sugiere nuevas e interesantes formas de conectar una deseable perspectiva de futuro con la ciencia al servicio de la vida en el presente.</em></p>



<p>El aire que respiramos está compuesto en un 78% por nitrógeno, un 21% de oxígeno y el 1% restante por vapor de agua y otros gases como el dióxido de carbono. Este último, a pesar de que realmente representa menos del 0,04% del aire seco, es indispensable para que exista la vida en el planeta. Esto es así porque el dióxido de carbono es un gas transparente a la radiación de onda corta, con lo que deja pasar el calor procedente del sol, pero no lo es para la mayor parte de la radiación de onda larga, con lo que el calor emitido por la Tierra no sale de nuevo al espacio exterior. Esto es lo que durante décadas se ha popularizado como ‘efecto invernadero’. Lo relevante es que este juego de ‘ping-pong’ entre distintos tipos de radiación lleva al resultado de que la temperatura media de la Tierra es bastante más alta de lo que lo sería sin la existencia de estos gases.</p>



<p>En efecto, si nuestra atmósfera no contuviese gases de efecto invernadero, la temperatura promedio en la Tierra sería unos 15º C más fría. Quizás esto no parezca mucho, pero implicaría el congelamiento de los océanos y la ausencia de ciclo hidrológico y, en definitiva, una situación incompatible con la vida. Dicho de otro modo, somos muy afortunados de tener una atmósfera que mantiene esos gases en niveles propicios para la vida.</p>



<p>Sin embargo, desde hace aproximadamente doscientos años, coincidiendo con el despliegue de la Revolución Industrial, y sobre todo desde hace unos setenta años, con la nueva fase de globalización iniciada tras la II Guerra Mundial, los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera se están desequilibrando de manera peligrosa<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn1">[1]</a>. La consecuencia, ya bien conocida, es el calentamiento global, es decir, la subida de la temperatura media de la Tierra y las disrupciones de todo tipo que ello conlleva. La causa es, fundamentalmente, la quema de combustibles fósiles, que son materia orgánica depositada, enterrada y acumulada bajo tierra desde hace miles de años, y cuya combustión emite dióxido de carbono a la atmósfera. Esa relación desequilibrada es la que se encuentra detrás de la mayor amenaza que enfrenta la humanidad en estos momentos.</p>



<p>No obstante, menos de la mitad del carbono emitido desde el siglo XVIII continúa aún en la atmósfera. El resto ha sido retirado de forma natural a los océanos y a los ecosistemas terrestres. Esto es así porque afortunadamente nuestro planeta tiene una suerte de ‘termostato’ llamado&nbsp;<em>ciclo del carbono</em><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn2">[2]</a>, que es el responsable de haber mantenido hasta ahora la temperatura en niveles compatibles con la vida. El problema es que el ser humano está alterando este termostato al emitir cantidades más elevadas de lo que el ciclo puede absorber de manera natural.</p>



<p>Actualmente la temperatura media global es 1,1 ºC superior a la que existía antes de la era preindustrial. Este hecho está provocando anomalías climáticas como sequías y temporales extremos, pérdida de biodiversidad, alteración de los ciclos biológicos y otros fenómenos que conllevan unos enormes costes económicos, sociales y políticos. En aras de mitigar estas consecuencias, los Acuerdos de París firmados en 2015 por más de cien países, establecieron unos objetivos de limitación de ese crecimiento de la temperatura de 1,5 ºC para final de siglo. Ello se lograría mediante un conjunto de compromisos de políticas públicas para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, las estimaciones científicas más recientes señalan que, de mantenerse la trayectoria actual, al terminar el siglo la temperatura habrá ascendido hasta alcanzar un rango situado entre 2,4 ºC y 2,8 ºC<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn3">[3]</a>. Este escenario implicaría unas consecuencias desastrosas para todos los ecosistemas y sociedades humanas, con costes imposibles de predecir con exactitud pero que sin duda ponen en riesgo la vida misma en el planeta.</p>



<p>Con todo, limitarnos al fenómeno del cambio climático sería un error. Como recuerda con frecuencia el doctor en biodiversidad y divulgador climático Andreu Escrivá, la ‘visión del túnel de carbono’ nos impide evaluar otras facetas de la crisis ecosocial. Una de las más importantes, por ejemplo, es el impacto de las actividades humanas sobre la biodiversidad. Se estima que existen casi nueve millones de especies en nuestro planeta y, desde el punto de vista biológico, el número de especies presentes en un área es directamente proporcional a dicha área. El problema es que el crecimiento de la población mundial y, muy especialmente, el inmenso desarrollo del sistema agroalimentario industrial ha provocado un brutal cambio en el uso de la tierra que ha implicado la deforestación, la pérdida de territorio natural y, en definitiva, la pérdida de hábitat para el resto de las especies en el planeta. De acuerdo con la conservadora estimación del biólogo Edward O. Wilson, cada año desaparecen 27.000 especies, es decir, dejan de existir tres especies cada hora. Y según uno de los últimos informes de WWF, entre 1970 y 2018 la población de animales salvajes que se estudia en el informe ha retrocedido un 69%. De continuar por esta senda estaríamos ante la&nbsp;<em>Sexta Extinción</em>, es decir una extinción masiva de carácter antropogénico.</p>



<p>Esto no es una cuestión que deba preocupar únicamente a quienes se definen como defensores de losanimales, sino a todo el mundo. Es más, la biodiversidad debe entenderse no como una simple enumeración de animales y plantas en un determinado territorio, sino como una red compleja de seres vivos que interaccionan entre sí en diferentes niveles y formas, y cuyas relaciones pueden ser múltiples (competencia, parasitación, cooperación, depredación…). Cuando se pierden especies nativas en un ecosistema, o cuando se introducen especies invasoras, se modifican también dichas interrelaciones y, con ello, se pierden funciones ecológicas de las que, aunque muchas veces no parezca evidente, nos beneficiamos también los humanos. Por ejemplo, al perder especies también perdemos información genética con la potencialidad de ser útil para la investigación científica de carácter sanitario, puesto que gran parte de la medicina obtiene sus principios activos del estudio y explotación de las propiedades y compuestos químicos existentes en la diversidad biológica.</p>



<p>Por otro lado, la pérdida de diversidad y de complejidad de los ecosistemas se encuentra también detrás de la proliferación de enfermedades zoonóticas, esto es, enfermedades que ‘viajan’ desde los animales hacia los seres humanos, como la reciente COVID-19. Y, como han puesto de manifiesto los científicos Valladares, Cantera y Escudero en su reciente libro&nbsp;<em>La salud planetaria&nbsp;</em>(2022), la mejor vacuna contra estas enfermedades, que representan ya el 70% de las nuevas enfermedades emergentes, es preservar la biodiversidad y las funciones ecológicas de los ecosistemas: cuanto mayor sea la diversidad de especies y la diversidad dentro de estas propias especies, más robustos serán los sistemas inmunes y las barreras que tengan que atravesar los virus entre un ser vivo y otro y entre una especie y otra para llegar a los seres humanos.</p>



<p>En consecuencia, queda claro que estamos atravesando una doble crisis, de cambio climático y pérdida de biodiversidad y que ambas están estrechamente interrelacionadas y ponen en riesgo la vida tanto de las presentes como de las futuras generaciones de seres humanos. La cuestión es: ¿y ahora qué?</p>



<p><strong>La tecnología salvadora</strong></p>



<p>En su libro&nbsp;<em>The Human Planet: how we created the Anthropocene&nbsp;</em>(2018), Simon L. Lewis y Mark. A. Maslin plantean que la crisis abierta por la intervención del ser humano en el sistema Tierra abre solo tres posibles futuros. El primero sería cierta continuación de las prácticas actuales del modo de vida capitalista gracias a innovaciones tecnológicas que permitan evitar el colapso. El segundo sería el colapso en sí mismo, definido como una significativa pérdida de complejidad social, y que sería a su vez consecuencia inmediata de la crisis ecológica. El tercero sería un nuevo modo de vida que reemplazara al modo de vida capitalista y que modificara de manera notable la relación seres humanos-naturaleza, permitiendo así mantener y reproducir la enorme red de culturas que existen actualmente.</p>



<p>La posibilidad de continuar como si nada realmente serio estuviera ocurriendo es seductora y, de hecho, parece inspirar gran parte de los proyectos políticos dominantes en la actualidad. Pero, incluso en el caso de que se concluya que estamos ante un gran problema, es habitual que las soluciones propuestas dependan en gran medida de la fe en las innovaciones tecnológicas. Si el desarrollo tecnológico nos ha proporcionado dos siglos de incrementos de productividad, mejoras en las condiciones sanitarias, aumentos de la esperanza de vida y otras mejoras vitales cotidianas, ¿por qué no íbamos a poder encontrar, en el mismo camino, una solución a la crisis ecológica? Incluso los Acuerdos de París están atravesados por este tipo de pensamiento, pues hacen depender el cumplimiento de los compromisos de desarrollos tecnológicos que son bastante dudosos en su eficacia.</p>



<p>Lo cierto es que para cumplir el objetivo de 1,5 ºC no sería suficiente con dejar de emitir gases de efecto invernadero en el presente, sino que habría que retirar parte de los gases que están ahora mismo en la atmósfera. Por esa razón hay quienes confían en programas de geoingeniería que logren este objetivo mediante el uso de la tecnología. Este sería el caso de las tecnologías conocidas como&nbsp;<em>Captura Directa del Aire</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono</em>&nbsp;(CDR y BECCS respectivamente, por sus siglas en inglés), que están pensadas como herramientas de&nbsp;<em>emisiones negativas</em>. La primera consiste en la retirada de dióxido de carbono desde la atmósfera, mientras que la segunda se basa en la generación de electricidad mediante la combustión de biomasa al tiempo que el dióxido de carbono generado como residuo es&nbsp;<em>secuestrado</em>&nbsp;y depositado fuera de la atmósfera. Estas tecnologías son una esperanza de los gobiernos de todo el mundo porque, como dice Marta Peirano en su reciente&nbsp;<em>Contra el futuro&nbsp;</em>(2022), «son espectaculares, heroicos y rimbombantes, y exigen inversiones de dinero público en lugar de sacrificios políticos, además de prometer resultados visibles antes de la siguiente campaña electoral».</p>



<p>Sin embargo, las cosas no son tan fáciles. En primer lugar, porque ahora mismo ninguna de esas tecnologías es rentable para las empresas. Las dificultades son tales que, a pesar de las ayudas públicas, solo hay unos seis proyectos en marcha y ninguno de ellos ofrece resultados satisfactorios a la escala necesaria. En segundo lugar, las tecnologías BECCS requieren de cambios intensos en el uso del suelo para obtener la biomasa que se usa como combustible, por lo que no pueden catalogarse como tecnologías neutras en emisiones. En tercer lugar, sus requerimientos de suelo y agua empujarían al alza los precios de los alimentos y agudizarían algunos de los problemas ecológicos más graves. Y, en cuarto lugar, los requerimientos de biomasa de las tecnologías BECSS amenazarían con agudizar críticamente el problema de la biodiversidad en el planeta. Sería, en resumen, una extraña forma de ‘salvar al planeta’ precisamente ‘destruyendo el planeta’.</p>



<p>En definitiva, estas tecnologías son, en el mejor de los casos, una promesa de futuro, un clavo ardiendo al que se aferran gobiernos, empresas e instituciones internacionales y que les permiten no afrontar de manera directa y honesta la gravedad de la crisis ecosocial. En todo caso, lo cierto es que de momento estas tecnologías sencillamente no funcionan. Y la urgencia que tenemos para conservar la biodiversidad y frenar el cambio climático nos obliga a intervenir para que esta locomotora no nos conduzca al abismo. En consecuencia, estamos obligados, por usar famosa expresión de Walter Benjamin, a usar el&nbsp;<em>freno de emergencia</em>.</p>



<p><strong>Socialismo de Medio Planeta</strong></p>



<p>Como hemos visto antes, el papel del área disponible es fundamental para la conservación de la biodiversidad. Y ese es el punto central del trabajo de Troy Vettese y Drew Pendergrass, quienes han publicado este año el libro&nbsp;<em>Half-Earth Socialism&nbsp;</em>(2022), de ahora en adelante HES, que tendrá una traducción próxima al español en la editorial Levanta Fuego. Ambos autores desarrollan una ingeniosa propuesta para detener la deriva actual y poder desplegar nuestra sociedad dentro de los límites del planeta.</p>



<p>Vettese y Pendergrass realizan una crítica muy severa de las tecnologías BECCS, en la línea ya apuntada, poniendo en cuestión tanto su eficacia como su viabilidad, y resaltan muy especialmente el territorio que necesitan estas tecnologías. En lugar de soluciones tecnológicas, ellos proponen una suerte de&nbsp;<em>geoingeniería natural</em>. Esto consiste en incrementar la capacidad natural de los ecosistemas terrestres para fijar el carbono de la atmósfera. Un incremento tal que el área final sería equivalente a la mitad de la Tierra.</p>



<p>Esta idea se basa en la noción de&nbsp;<em>Half-Earth</em>&nbsp;propuesta por el ya citado biólogo Edward O. Wilson. Según este autor, y siguiendo la lógica detrás de la relación especie-área, la única forma de detener la&nbsp;<em>Sexta Extinción</em>&nbsp;es expandiendo el espacio dominado por la propia naturaleza hasta que ésta abarque la mitad del área disponible para la vida. Es decir, la mitad de la Tierra debería renaturalizarse y quedar a disposición de las especies distintas a la humana. Esto frenaría no solo la destrucción de la biodiversidad, sino que además redundaría en otros beneficios como la reducción de enfermedades zoonóticas y, muy especialmente, la mayor capacidad de absorción de dióxido de carbono por parte de plantas que realizan la fotosíntesis.</p>



<p>Pero las críticas de HES no se limitan a las tecnologías de captura y almacenaje de carbono, sino que son mucho más profundas. El blanco último de su ataque es la cosmovisión detrás de tales propuestas tecnológicas, y que ellos definen como&nbsp;<em>pensamiento prometeico</em>. El núcleo de este pensamiento sería, en última instancia, la creencia de que el ser humano puede y debe dominar a la naturaleza. Vettese y Pendergrass identifican esta cosmovisión con el trabajo de Hegel, quien sin duda es un claro representante de ello, si bien esta perspectiva puede rastrearse mucho antes en la historia.</p>



<p>De acuerdo con el extraordinario libro&nbsp;<em>La economía en evolución&nbsp;</em>(1987) de José Manuel Naredo, desde el Renacimiento venían produciéndose cambios ideológicos e institucionales que promovían el afán de acumular riquezas junto con un desplazamiento de la misma noción de riqueza. Estos cambios se inscribieron asimismo en una época en la que se consolidaba la fe en la ciencia, la tecnología y la idea de progreso, aspectos todos ellos que abrían la puerta a la creencia de que es posible y necesario redirigir la naturaleza, entendida ya solo como un recurso más&nbsp;–y además gratuito–, hacia los fines humanos. El&nbsp;<em>arte&nbsp;</em>de gestionar el conjunto de recursos se convirtió en ciencia con la percepción de lo&nbsp;<em>económico</em>&nbsp;como una dimensión autónoma del resto de ámbitos sociales, lo que dio lugar no solo la ciencia económica tal y como la conocemos actualmente sino también a la creencia en el mercado autorregulado, asunto sobre el que volveré más adelante.</p>



<p>En este contexto, un pensador como Marx, quien fue no solo hijo de su tiempo y representante paradigmático de la Economía Política Clásica sino también un pensador que integró de manera central el pensamiento de Hegel, no podía sino reproducir esa cosmovisión prometeica. De hecho, el prometido y deseado salto desde el reino de la necesidad hacia el reino de la libertad, el cual teóricamente llegaría propulsado mediante el desarrollo de las fuerzas productivas, no se pensó nunca problemático en su relación con la naturaleza. Como subrayan los autores de HES, la nueva sociedad de libertad consignada por Marx dependía de una abundancia sin precedentes. Y si bien posteriormente se han identificado intereses y preocupaciones de Marx respecto a la naturaleza, como bien han documentado autores como John Bellamy Foster o Kohei Saito, me parece difícil no estar de acuerdo con Vettese y Pendergrass cuando afirman que la tradición marxista, en general, no ha cambiado apenas en este punto desde los tiempos en que se redactaron los manuscritos de Marx y Engels.</p>



<p>En este punto, la apuesta de HES no se basa, por lo tanto, ni en Hegel ni en Marx. Tampoco en Malthus, quien ha tenido y tiene gran predicamento entre el colectivo ecologista por el papel que otorga a la relación dinámica entre poblaciones y recursos. Sin embargo, Vettese y Pendergrass consideran que no es cierto que el problema de la humanidad sea el del exceso de población al tiempo que sugieren que ahondar en esta idea es deslizarse hacia posiciones difícilmente tolerables. En mi opinión, el actual planteamiento malthusiano de la superpoblación peca de no reconocer en su justa medida el asimétrico impacto que tienen los distintos seres humanos en la crisis ecosocial. Esto no quiere decir que la población no sea una variable relevante en el estudio de la evolución de las sociedades y sus consecuentes impactos ecológicos, pero no es desde luego la más importante. Piénsese que casi la mitad de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2019 fueron responsabilidad del 10% más rico de la población (dentro del cual, de hecho, nos encontramos la gran mayoría de quienes vivimos en países occidentales), mientras que el 1% más rico emitió lo mismo que el 50% más pobre<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn4">[4]</a>. Por otro lado, como ha subrayado Jason Hickel, Estados Unidos tiene de largo la mayor responsabilidad histórica en las emisiones acumuladas<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn5">[5]</a>. En consecuencia, no tiene sentido situar a la persona y no al modelo como variable fundamental en la crisis ecosocial. Aunque cada persona contribuye, son estos modelos y las formas de existencia que imponen los que generan esta crisis y no la cantidad de personas que los habitan.</p>



<p>Sin embargo, una de las preguntas más acuciantes del Antropoceno es la de cómo alimentar dentro de los límites del planeta a una población mundial que para 2050 alcanzará los 10.000 millones de personas. Una vez descartamos las soluciones que flirtean con el genocidio, y tenemos en cuenta los impactos ecológicos de la alimentación en general<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn6">[6]</a>&nbsp;así como los límites de la llamada&nbsp;<em>revolución verde</em>&nbsp;en la agricultura, solo nos queda la propuesta de la&nbsp;<em>dieta planetaria</em>&nbsp;tal y como la ha definido el panel de ciencia de EAT-Lancet. Es decir, comer menos alimentos de origen animal y más alimentos de origen vegetal. Solo así será posible hacer compatible la satisfacción de las necesidades humanas respecto a la alimentación con la necesidad de vivir dentro de los límites biofísicos del planeta. Esta idea que vincula la salud humana y la salud de los ecosistemas es la que fundamenta el propio concepto de&nbsp;<em>OneHealth&nbsp;</em>(Una Salud), nuevo paradigma de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).</p>



<p>No es por casualidad, por tanto, que, frente a Hegel, Marx y Malthus, en HES opten por basar su propuesta en el trabajo del médico Edward Jenner (1749). Mucho menos conocido que los anteriores, fue un científico que asoció la expansión de las enfermedades con la dominación no natural de los animales por parte de los seres humanos. Su trabajo, entre el que se encuentra la primera vacuna, puede considerarse como precursor del paradigma&nbsp;<em>One Health</em>. El pensamiento naturalista de Jenner es muy sugerente, porque al pensar en las complejas redes de interacciones entre seres vivos, sugiere la imposibilidad de que los seres humanos puedan controlar o dominar la naturaleza a su antojo. De hecho, Vettese y Pendergrass plantean que una solución jenneriana en la actualidad consistiría en deshacer parte del hondo proceso de humanización de la naturaleza y, en la medida que sea posible, dejar incompleta aquella otra parte que aún no haya sido alcanzada por el espíritu prometeico y colonizador del ser humano. Por lo tanto, he aquí en el doctor Jenner el fundamento filosófico-teórico de la propuesta de HES.</p>



<p><strong>La gestión económica de la utopía</strong><strong>&nbsp;</strong></p>



<p>Este escepticismo ecológico de Jenner tiene fuertes implicaciones a la hora de gestionar los recursos. Como he dicho antes, tanto la Economía Política como la posterior&nbsp;<em>Economics</em>&nbsp;han sido herramientas que han pensado la cuestión económica en términos de capacidad de control sobre la naturaleza. Pero si aceptamos las tesis de Jenner, y si la naturaleza no es completamente cognoscible e, incluso, si el intento de dominación total sobre la misma es peligroso, ¿cómo debería organizarse una sociedad respecto a la cuestión económica, esto es, para tomar las decisiones de producción, distribución y consumo?</p>



<p>Vettese y Pendergrass piensan esta cuestión partiendo del viejo debate sobre el ‘<em>cálculo económico en el socialismo</em>’. En mi opinión, este asunto es central de cara a abordar la actual crisis ecosocial, y previsiblemente lo será aún más en el futuro. Sin embargo, no es una tarea ni suficientemente examinada en la actualidad ni tampoco sencilla.</p>



<p>Para responder a nuestra pregunta merece la pena partir del análisis que realizaron los fundadores de la&nbsp;<em>Economía Política Clásica</em>, con Adam Smith a la cabeza, entre finales del siglo XVIII y mediados del siglo XIX. De manera general, estos autores consideraban que la institución más adecuada para promover la prosperidad de la sociedad&nbsp;–y la satisfacción de necesidades humanas–&nbsp;era el mercado. El enfoque que tomó Smith para pensar el mercado -como una institución ahistórica, no conectada con experiencias reales sino como una simple abstracción- le permitió desarrollar la noción que sería más tarde popularizada como ‘mano invisible’. Esta idea sugería que las decisiones independientes y egoístas de los actores económicos lograban el mejor de los resultados posibles. El núcleo del argumento estaba puesto en la acumulación de capital, es decir, lo que hoy consideramos&nbsp;<em>crecimiento económico</em>; pero el sistema de pensamiento dependía en gran medida de la noción de competencia perfecta, esto es, de un sistema en el que los actores se relacionan a través de los precios. Estos precios se ajustan continuamente hasta que las cantidades demandadas y ofrecidas en el mercado coinciden y, por lo tanto, el mercado se vacía.</p>



<p>Más tarde, la&nbsp;<em>revolución marginalista</em>&nbsp;producida a finales del siglo XIX introduciría novedades conceptuales y, con el uso de técnicas matemáticas, aportaría una mayor sofisticación al mismo argumento. El foco estaría ahora centrado en la asignación eficiente de recursos utilizando los precios como señales. Estos precios permiten a la sociedad descubrir qué tiene que producir simplemente dejando que los empresarios empleen sus recursos allí donde la tasa de beneficios empresariales sea más alta, es decir, allí donde la rentabilidad del capital sea mayor. Sin interferencias de ningún tipo en el sistema, la demanda coincidiría con la oferta y los mercados se vaciarían. Este fue el planteamiento hegemónico en todo el mundo desarrollado hasta la&nbsp;<em>Gran Depresión</em>&nbsp;del siglo XIX, posteriormente renombrada como&nbsp;<em>Depresión Prolongada</em>.</p>



<p>Sin embargo, esta&nbsp;<em>Depresión Prolongada</em>&nbsp;duró más de veinte años y abrió las primeras fisuras en el orden económico, político e intelectual dominante, lo que no por casualidad coincidió con una gran expansión del pensamiento socialista. El socialismo de Marx y Engels había denunciado la&nbsp;<em>anarquía del mercado</em>, esto es, la intrínseca inestabilidad e ineficiencia de un sistema que continuamente provocaba crisis con altos niveles de desempleo y capacidades productivas ociosas. Ahora la realidad económica parecía darles la razón, pues muy en particular el desempleo azotaba a todos los países industriales con el agravante de que entonces ni siquiera existían mecanismos de protección social que no fueran la caridad y la beneficencia. Tras la I Guerra Mundial, de hecho, el pensamiento y el proyecto socialista alcanzó sus mayores cotas de protagonismo en Europa. Por todas partes se pusieron en marcha debates en los que se promovía la sustitución del mercado por la planificación centralizada, la cual, siguiendo las opiniones socialistas, sería mucho más eficiente.</p>



<p>En ese contexto de auge socialista, el economista austriaco Ludwig von Mises elaboró en 1920 una dura crítica contra sus propuestas asegurando que dicho proyecto sería imposible. De acuerdo con su tesis, por lo general mantenida luego por la llamada&nbsp;<em>escuela austriaca</em>, la única forma de realizar un cálculo económico racional en una sociedad es a través del mercado. En consecuencia, solo mediante el dinero y las señales que forman los precios pueden calcularse costes, compararse opciones de producción y asignarse recursos de manera eficiente. Si esto es así, argumentan, entonces bajo el socialismo, donde los medios de producción están socializados, es imposible el cálculo económico racional. No obstante, en realidad, el debate contenía dos críticas diferentes.</p>



<p>La primera se refería a la dificultad que tendría un Estado para procesar elevadísimos y complejos volúmenes de información, y que condujo a la réplica de los llamados ‘socialistas de mercado’, como Oskar Lange y Abba Lerner, a ofrecer una sofisticada respuesta según la cual en realidad el Estado sí podría acometer esa tarea puramente técnica<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn7">[7]</a>.</p>



<p>La segunda, más honda, fue la crítica epistemológica de Friedrich Hayek, según la cual lo que hace imposible el socialismo es la propia naturaleza del reto, es decir, la misión de coordinar la información subjetiva y dispersa que van conformando de manera continua todos los actores de una sociedad-mercado. Desde este punto de vista, los empresarios privados son los que, en su búsqueda de oportunidades de ganancia y utilizando las señales de los precios, están continuamente redibujando el terreno de juego. Gracias a estas señales la sociedad sabe qué es necesario producir. En este esquema mental la noción de rentabilidad económica está estrechamente vinculada a la noción de racionalidad, de manera que si la inversión en armas es más rentable que la inversión en medicamentos la&nbsp;<em>respuesta racional</em>&nbsp;de una sociedad debe ser la opción militar. Aquí el concepto de necesidad humana desaparece o es asociado directamente al de rentabilidad económica.</p>



<p>No obstante, el salto de Hayek respecto a los anteriores argumentos era que el problema del cálculo en el socialismo no era esencialmente una cuestión técnico-matemática&nbsp;–de resolución de complejos sistemas de ecuaciones–, sino algo mucho más profundo. Ahora el problema era que la naturaleza de la sociedad-mercado es incognoscible y, en consecuencia, ningún intento del ser humano por ‘controlarlo’ sería fructífero.</p>



<p>Tras la II Guerra Mundial la mayoría de los economistas, socialistas o no, compartía que la planificación podía ser, al menos, tan eficiente como el mercado. La crisis del capitalismo liberal, la movilización de guerra y los posteriores resultados económicos de la intervención del Estado en la economía habían apuntalado dicha creencia. Sin embargo, durante los años ochenta y, sobre todo, tras el derrumbe del Muro de Berlín, emergieron voces que reclamaron la razón del lado de los economistas austriacos. La tesis de Hayek volvió a tener enorme predicamento. Tanto es así que incluso los economistas marxistas que apelan a la actualidad de la planificación no niegan la incognoscibilidad del mercado, sino que argumentan que eso no dice absolutamente nada sobre las capacidades de la planificación&nbsp;–cuya función no sería, a diferencia de lo que creían los socialistas de mercado, la de imitar al mercado sino la de crear otro sistema social y de asignación de recursos–.</p>



<p>El problema de Hayek es que, como hicieron luego el resto de los pensadores neoliberales, concluyó que había que otorgarle al mercado la dirección de las sociedades. Así, dada la naturaleza del mercado, nada&nbsp;–y mucho menos el Estado–&nbsp;debía interponerse en su funcionamiento. Esto significaba que las sociedades quedarían regidas por una fuerza inconsciente e incontrolable: el mercado.</p>



<p>Obsérvese aquí este particular cruce de destinos. Si el mercado es incognoscible, como decía Hayek, y la naturaleza también, como decía Jenner, y si, como hemos argumentado, la lógica o racionalidad económica inserta en el mercado es la de poseer y dominar la naturaleza, estamos diciendo que el modelo social es el de una fuerza inconsciente que rige el destino de la naturaleza. Eso desemboca necesariamente, como hemos analizado al principio de este texto, en una crisis ecosocial. Así, además de generar enormes bolsas de desempleo, de capacidades productivas ociosas y la coexistencia de privación y excesos por todo el cuerpo social, el capitalismo, como institución definida por la lógica mercantil, choca frontalmente con los límites biofísicos del planeta hasta el punto de que su desarrollo está propiciando el cambio climático, una sexta extinción en ciernes y pérdidas difíciles de imaginar para el ser humano sin que por ello haya un agente humano detrás de esas decisiones. Pero lo que hay tras bambalinas no es un capitalista devorador ni una conspiración de ultraderechistas negacionistas, sino una fuerza inconsciente que solo se guía por el criterio de maximización de beneficio. Esta fuerza inconsciente es capaz de disciplinar a todos los agentes al tiempo que tiene en la maximización del valor monetario del producto interior bruto su fetiche más sintomático de ese insostenible modo de regulación de la vida.</p>



<p>Es aquí donde está la contradicción capital-planeta o, visto de otro modo, la contradicción capital-humanidad. Asumido este hecho, como en efecto también hacen Vettese y Pendergrass, la conclusión es clara: es necesario sustituir esa fuerza inconsciente por alguna fuerza consciente que permita hacer compatible la civilización humana con la vida en el planeta. Esa nueva institución sería el socialismo y, en concreto, la planificación económica de los recursos<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn8">[8]</a>.</p>



<p>Ahora bien, en este punto el argumento parece habernos devuelto a los años veinte del pasado siglo, con la notable ironía de que por el camino se ha producido el derrumbe de la experiencia soviética. El modelo soviético se basaba en la existencia de un planificador central que asignaba los recursos en función de los objetivos determinados por el comité central de un partido de un país de más de doscientos millones de habitantes. De hecho, el descalabro de la economía soviética condujo a la generalizada conclusión de que este sistema de planificación central no funciona y que, en esencia, los polemistas austriacos estaban en lo cierto. Pero ¿es esto realmente así?</p>



<p>De acuerdo con los trabajos del ingeniero Paul Cockshot y el sociólogo Maxi Nieto, por ejemplo en su libro&nbsp;<em>Ciber-comunismo: planificación económica, computadoras y democracia&nbsp;</em>(2017), la explicación del colapso de la Unión Soviética estuvo vinculada a la insuficiencia tecnológica, lo que generaba desorganización, desequilibrios y cuellos de botellas al no poder procesarse grandes volúmenes de información cada vez más complejos, y también al bloqueo político-institucional que ejercían los cuadros dirigentes de la dirigencia soviética, los cuales conformaban una élite alejada de los principios del socialismo y que miraban más por su reproducción interna en el poder. A pesar de que existían propuestas para profundizar el desarrollo tecnológico y haber puesto en marcha iniciativas para informatizar los flujos de información, las cuales necesariamente habrían alterado las estructuras de poder, la élite soviética apostó finalmente por reformas promercado que condujeron, finalmente, al colapso de la economía; y, dicho sea ya de paso, también al enriquecimiento de esas mismas élites.</p>



<p>Estos autores marxistas, como también Vettese y Pendergrass, se inspiran en los desarrollos de la capacidad informática y de algunas experiencias históricas que, como en el caso del proyecto CyberSyn en Chile entre 1971 y 1973, permitieron articular y coordinar las decisiones empresariales de las empresas nacionalizadas y lograron sortear los paros patronales a través del uso de la cibernética. Sin embargo, como recuerdan con acierto, quienes están utilizando hoy en día técnicas de programación lineal avanzada&nbsp;–esto es, quienes están realizando planificaciones económicas a gran escala–&nbsp;son grandes compañías privadas, por ejemplo, empresas de distribución como Amazon. De esta forma, estas grandes corporaciones son capaces de utilizar la tecnología para conectar los múltiples nodos de una red y ajustar las demandas de consumidores y las ofertas de productores en estrategias de minimización de costes y maximización de beneficios. Por eso, afirman Cockshot y Nieto, «hoy se reúnen por primera vez las condiciones tecnológicas necesarias para planificar realmente una economía extensa con una división del trabajo desarrollada en base a los principios que proponía Marx».</p>



<p>Esta es la senda que transitan Vettese y Pendergrass, aunque con algunos importantes matices. Para ellos la planificación es necesaria y es, además, viable. El mercado es incognoscible, sí, pero no queremos una sociedad de mercado. Lo que queremos es una sociedad que pueda desplegarse dentro de los límites del planeta. Por lo tanto, el objetivo no es imitar el mercado como mecanismo de asignación de recursos a través de los precios, sino que es trabajar con unidades naturales como las energéticas, tales como julios, calorías o watios<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn9">[9]</a>.</p>



<p>Así, la&nbsp;<em>propuesta utópica</em>&nbsp;de HES toma forma con la existencia de un órgano de planificación central que, haciendo uso de la cibernética, y dirigido por un comité de científicos, delimita el conjunto de posibilidades viables para la asignación de recursos entre toda la población. ¿En qué consiste esto? En la construcción de modelos que, siguiendo la lógica de la programación lineal, asignan recursos a partir de restricciones. Estas restricciones serían aquellas que se derivan del propio funcionamiento de los ecosistemas y de los ciclos biogeoquímicos, de manera que de lo que se trata es de que pueda existir una economía compatible con los límites del planeta.</p>



<p>La restricción principal del modelo y sobre la que pivotan todas las demás es la disponibilidad de superficie de tierra. Partiendo de lo ya apuntado hasta ahora, los autores de HES consideran que la economía humana tiene que desenvolverse con solo la mitad del área disponible, de manera que toda su producción, distribución y consumo han de realizarse a partir de ahí. De lo contrario, se presupone, estaríamos de nuevo fuera de los límites del planeta. Sin embargo, ya dentro de ese margen de seguridad, la otra mitad del planeta puede emplearse de muy diferentes modos. Como dije, Vettese y Pendergrass vehiculan toda su propuesta en términos energéticos. Lo que hacen es asignar unos 2.000 vatios por persona (2.000 julios/segundo o 1.719 kilocalorías/hora) y ver cómo se puede lograr esa cantidad de energía a partir de la producción agroalimentaria. Por esa razón el modelo sugiere el veganismo alimentario, dado que la obtención de energía mediante proteínas de origen animal tiene un mayor coste ecológico y, claro está, territorial. De la misma forma, el modelo preserva terrenos para el cultivo de biocombustibles que serían necesarios para ‘alimentar’ la industria de transporte que no puede electrificarse. Sobra decir que en este modelo los combustibles fósiles han desaparecido como fuente energética y que, por lo tanto, las fuentes energéticas tienen que ser todas de origen renovable, lo que exige también territorio y, aunque el modelo no parece incorporarlo, consumo de recursos finitos como son los minerales.</p>



<p>El modelo de HES es relativamente sencillo de comprender, pero realmente no es un solo modelo sino varios. La razón está en que Vettese y Pendergrass no están pensando en una institución que dicte los designios de la economía sino más bien en una suerte de tensión viva entre los límites naturales objetivos y una democracia representativa que debe decidir&nbsp;<em>dentro</em>&nbsp;de esos límites. Por eso el papel de los científicos de ese órgano de planificación sería el de hacer visibles las opciones factibles, para que luego las instituciones democráticas elijan. Por ejemplo, estas podrían decidir si reducir o aumentar el consumo de biocombustibles en función de las preferencias sociales; o reducir o ampliar la asignación en energía por habitante; en definitiva, las asambleas pueden mover las distintas variables del modelo, todas las cuales serían soluciones viables dentro de los límites del planeta.</p>



<p>El recorrido que hacen Vettese y Pendergrass para llegar a esta idea puede haber parecido ciertamente rocoso, pero tengo la sensación de que aquellos viejos debates sobre las posibilidades de la planificación volverán de una manera u otra a ocupar la actualidad política dentro de no mucho tiempo. Hasta cierto punto la actualidad ya apunta en esa dirección en los debates que están teniendo lugar en la Unión Europea sobre política energética y asignación de recursos escasos fuera de los criterios puramente mercantiles.</p>



<p><strong>¿Utopía o colapso?</strong><strong>&nbsp;</strong></p>



<p>Como parece evidente, HES se inserta en la tradición de la utopía. Pero esto es más controvertido de lo que parece. Es verdad que los autores se reclaman continuadores de una línea de trabajo que se inicia con Thomas More y continúa con Robert Owen y Charles Fourier, entre otros. De hecho, el libro comienza con un relato que podríamos definir como distópico, en el que la civilización humana se ve abocada a realizar múltiples y desesperados intentos de geoingeniería para enfriar el planeta y evitar olas de calor como las descritas en la excelente novela&nbsp;<em>El Ministerio del Futuro&nbsp;</em>(2020) de Kim Stanley Robinson, y termina con otro escenario alternativo, esta vez utópico, que bebe de manera explícita del clásico&nbsp;<em>Noticias de ninguna parte</em>&nbsp;(1890) de William Morris.</p>



<p>Ahora bien, si por utopía entendemos una suerte de imaginación sobre cómo será el futuro que al mismo tiempo aspira a estimular positivamente el pensamiento político-moral, entonces estoy de acuerdo en que HES es un libro utópico. Su lugar en el contexto sociopolítico es el de abrir la mente y la imaginación en el preciso momento en el que lo que abundan son fantasías apocalípticas, muy notoriamente en el mundo cultural, y una extendida ecoansiedad paralizante entre los actores políticos y la sociedad civil.</p>



<p>Pero como estudió con profundidad el filósofo Francisco Fernández Buey, la utopía es un concepto que pasó de tener connotaciones positivas a connotaciones negativas tras las revoluciones europeas de 1848. En el intento de diferenciarse de las experiencias locales de socialistas como Owen o Fourier, autores como Marx y Engels desarrollaron un equivalente a la utopía que no pertenecería a la simple ensoñación, desprovista de posibilidades materiales, sino al análisis científico y también, dentro de su visión del mundo, a cierta inevitabilidad del curso histórico. Sin embargo, tanto la utopía presocialista como la descripción del futuro marxista de una sociedad sin clases compartían el deseo de proyectar en el futuro horizontes deseables que, en el presente, debían empezar a construirse. La gran diferencia, exacerbada hasta el cansancio por Engels, estribaba en el papel que jugaba la ciencia. Pero entonces la noción de socialismo científico, creada por el propio Engels, dependía de un esquema teleológico que precedía al análisis histórico y que, además, tenía carencias severas heredadas de la propia Economía Política&nbsp;–como es su incomprensión del funcionamiento preciso de los ecosistemas o de las leyes de la termodinámica, estas últimas descubiertas después de la institucionalización de la propia Economía–. Así, la pretensión del carácter científico del marxismo, codificado o no en catequismos, es excesiva y, en todo caso, sería más apropiado hablar, en la línea del filósofo de la ciencia Inmre Lakatos, de&nbsp;<em>programas de investigación</em>.</p>



<p>La clave está en que una vez se le retiran al marxismo los ropajes teleológicos y la falsa pretensión de representar una ciencia o método científico, el diálogo del socialismo con la ciencia es muy parecido al que realizan Vettese y Pendergrass con el conocimiento científico actual. Por eso es inapropiada e injusta la crítica que el autor de&nbsp;<em>Climate Change as Class War&nbsp;</em>(2022), Matthew T. Huber, ha proferido a HES<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn10">[10]</a>. Según Huber, el utopismo encerrado en la propuesta de Vettese y Pendergrass les inhabilita y les hace susceptibles de ser el blanco de las clásicas invectivas de Engels contra los representantes del socialismo utópico.</p>



<p>Sin embargo, yo estoy de acuerdo con la afirmación Fernández Buey, según la cual «hablando con propiedad, solo son utópicos [en su concepción negativa, como proyecto imposible] aquellos proyectos de transformación social que contradicen leyes científicas comprobadas o comprobables»<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn11">[11]</a>. Eso significa que el proyecto utópico, o imposible, es precisamente no hacer nada, o no hacer lo suficiente, frente a la enorme crisis ecosocial por la que atravesamos. Y, por el contrario, propuestas como las de HES, que tratan de imaginar una sociedad que se autogobierna dentro de las leyes de la naturaleza, responde a la mejor tradición del socialismo, es decir, a la que proyecta futuros deseables, se ayuda de la ciencia para comprender el mundo, recoge los valores y principios de igualdad y fraternidad, y despliega proyectos políticos de autogobierno y democracia participativa.</p>



<p>Imaginar un futuro deseable tiene muchas funciones. Una de ellas, probablemente la fundamental en estos momentos, es que tiene la potencialidad de combatir la parálisis de la acción política. La utopía permite el despertar de imaginarios sociopolíticos que son la expresión de una esperanza individual y colectiva. Ernst Bloch teorizó largo y tendido sobre la esperanza, y vio como este principio se oponía con fiereza a un rival temible: el nihilismo.</p>



<p>Una lectura atenta permite dar cuenta de que esto guarda una estrecha relación con el debate reciente sobre el&nbsp;<em>colapsismo</em>. En general comparto buena parte de las tesis de Emilio Santiago al respecto, también cuando afirma que «la preeminencia del discurso colapsista en el debate público alimentará, en una proporción cien o mil veces mayor, el nihilismo y el cinismo de época»<a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftn12">[12]</a>. Sin embargo, me permito suponer que una parte importante de este diálogo tiene que ver con la confusión que generan dos entidades distintas: el colapso-como-diagnóstico y el colapso-como-discurso.</p>



<p>Creo que estas dos dimensiones no van necesariamente de la mano. De hecho, considero que podríamos llegar a la conclusión, gracias a los conocimientos aportados por la ciencia, de que la trayectoria actual de la sociedad humana nos empuja hacia el colapso&nbsp;–se defina este como se quiera, cuestión en todo caso no baladí–&nbsp;y, al mismo tiempo, creer que para la movilización social y política que evite ese colapso hacen falta claves, consignas y, en definitiva, discursos que eviten horizontes derrotistas o faltos de esperanzas. Esto último es independiente de si se&nbsp;<em>desea</em>&nbsp;el colapso o de si se le otorga una mayor o menor probabilidad en el análisis, pues realmente nos interpela sobre otra dimensión; en concreto nos habla de las herramientas más efectivas para movilizar a sectores de población que son potencial o efectivamente los que tienen en su mano desarrollar las políticas que impidan el colapso. En resumen, sin una práctica discursiva adecuada parece improbable tener éxito en la movilización sociopolítica que necesitamos para construir nuestra utopía y/o evitar el colapso de nuestra civilización. La manida frase de Raymond Williams según la cual «ser verdaderamente radical es hacer la esperanza posible, no la desesperación convincente» es, con todo, una buena síntesis de esta perspectiva.</p>



<p>Esto me lleva al último punto que me gustaría destacar, en este caso sobre una ausencia significativa en HES. Me refiero a un aspecto en el que tiene razón Huber en su crítica: en toda la obra no aparece mencionado ningún aspecto relacionado con el sujeto político, más allá de una ambigua llamada a una gran coalición entre partidos y movimientos sociales (veganos, animalistas, ecologistas, feministas, etcétera), de la misma manera que tampoco hay un análisis de la estructura social, de las relaciones geopolíticas o de una teoría del Estado. Es decir, está ausente gran parte de lo que hoy llamamos política y que implica, claro está, debates sobre las tácticas y las estrategias a tomar para alcanzar objetivos determinados. Y esta es probablemente una ausencia legítima para un libro de la tradición utópica, pero que en algún momento debe ser cubierta de forma urgente por quienes, desde la arena política, aspiramos a construir un socialismo dentro de los límites del planeta.</p>



<p>Recuérdese que el marxismo clásico constituyó al&nbsp;<em>proletariado</em>&nbsp;como el sujeto histórico por excelencia para la época contemporánea. Pero frente a lo que comúnmente se cree, este&nbsp;<em>hallazgo</em>&nbsp;no fue el resultado de una investigación sociohistórica por parte de los fundadores del llamado socialismo científico, sino una consecuencia de la aplicación del esquema teleológico hegeliano a la filosofía de la historia marxista. Dicho de otra manera, Marx&nbsp;<em>creó</em>&nbsp;primero la función y luego&nbsp;<em>encontró</em>&nbsp;al sujeto. Las posteriores transformaciones económicas y de la estructura social producidas desde 1848, ahora ya tamizadas por el relato marxista, fueron además&nbsp;<em>construyendo</em><em>políticamente</em>&nbsp;al sujeto histórico que ha hegemonizado los relatos y prácticas de la izquierda.</p>



<p>Pues bien, si&nbsp;<em>nuestro</em>&nbsp;sujeto histórico no está ahí esperándonos, como si fuera un tesoro escondido que se resiste a ser encontrado, sino que se constituye en el seno de las luchas -que no son solo económicas-, nuestra tarea inmediata debe ser componer un mapa de la estructura social y política de nuestras sociedades a fin de ser capaces de poner en marcha aquellas prácticas materiales y discursivas capaces de articular y organizar movimientos sociopolíticos con capacidad de transformación social. Esto implica realizar, necesariamente, un análisis serio acerca de los intereses y conflictos que emanan en esta crisis ecosocial en los diferentes grupos sociales. Al fin y al cabo, el impacto de la crisis no es el mismo en el campo que en la ciudad, ni entre las generaciones jóvenes y las mayores, ni entre el trabajador manual y el trabajador intelectual, etcétera. No olvidemos que la crisis ecosocial atraviesa nuestra sociedad de múltiples formas, pero siempre generando oportunidades, riesgos y contradicciones tanto locales como globales que deben detectarse y abordarse con objetivos políticos. Una tarea ingente, cierto, pero también absolutamente necesaria.</p>



<p><strong>Nota del autor:</strong></p>



<p><em>Agradezco mucho los comentarios a un borrador previo de este artículo realizados por Anna Dassy, José Luís Rodríguez, José Bellver, Eduardo Garzón, Sira Rego, Ángel de la Cruz, Daniel Ayllón, Carlos Sánchez Mato y Samuel Romero.</em></p>



<p><strong>Alberto Garzón&nbsp;</strong>(<a href="https://twitter.com/agarzon">@agarzon</a>) es director de la revista LaU, economista, Ministro de Consumo y Coordinador General de Izquierda Unida.</p>



<h3>Notas</h3>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Actualmente la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera es de 421 ppm (partes por millón; dato de mayo de 2022), mientras que, en 1958, cuando empezaron a monitorizarse estos datos, la concentración media anual fue de 315 ppm. Los registros de épocas previas, obtenidos mediante técnicas indirectas como el análisis de las burbujas de aire encerradas en bloques de hielo, indican que la concentración media de dióxido de carbono antes de la Revolución Industrial fue de 280 ppm. Todos estos cambios no pueden explicarse por fenómenos naturales sino por motivos antropogénicos, esto es, causados por el ser humano y las instituciones que hemos creado para gestionar los recursos.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;El&nbsp;<em>ciclo del carbono</em>&nbsp;permite que los océanos, por un lado, y las plantas y bacterias que realizan la fotosíntesis, por otro, absorban una parte muy importante del dióxido de carbono presente en la atmósfera. En primer lugar, la reacción que se produce en la interfaz océano-atmósfera conduce a la formación de carbonatos que, por ejemplo, usan los moluscos para fabricar sus conchas. Cuando estos animales mueren, los átomos de carbono acaban en las profundidades del océano y, con el lentísimo paso del tiempo, llegan a la litosfera y son expulsados de nuevo a la atmósfera a través de las erupciones volcánicas. Por otro lado, las plantas que realizan la fotosíntesis absorben el dióxido de carbono de la atmósfera y, utilizando agua y energía solar producen moléculas orgánicas. Estas moléculas orgánicas, como la glucosa, son las que nos proporcionan energía al resto de los animales a través de la cadena trófica. Los seres humanos, a su vez, empleamos esta energía para nuestros quehaceres y devolvemos a la atmósfera dióxido de carbono a través de la respiración. A su vez, una vez las plantas mueren, la mayor parte se descompone y los átomos de carbono son devueltos a la atmósfera, aunque una parte muy pequeña de ellas queda enterrada y, con el paso del tiempo, va formando hidrocarburos tales como el carbón, el gas natural o el petróleo. El desarrollo de la tecnología ha permitido que podamos recurrir a estas enormes reservas de hidrocarburos que, con gran poder energético, posibilitan con su combustión una extraordinaria liberación de energía que permite mover, literalmente, montañas. No obstante, hoy sabemos que el principal coste de este ‘regalo’ es el cambio climático que amenaza la vida en el planeta.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;State of Climate Action 2022.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;Chancel, L. (2022). Global carbon inequality over 1990–2019.&nbsp;<em>Nat Sustain</em>&nbsp;5, 931-938. Disponible en:&nbsp;<a href="https://www.nature.com/articles/s41893-022-00955-z">https://www.nature.com/articles/s41893-022-00955-z</a></p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;Hickel, J. (2022). “Quantifying national responsability for climate breakdown: an equality-based attribution approach for carbon dioxide emissions in excess of the planetary boundary”,&nbsp;<em>Lancet Planet Health</em>&nbsp;4, 399-404.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;Según un estudio del Ministerio de Consumo y de la Comisión Europea el sistema agroalimentario llega a significar más de la mitad del impacto ecológico del consumo en España. Disponible en:&nbsp;<a href="https://www.consumo.gob.es/es/system/tdf/prensa/Informe_de_Sostenibilidad_del_consumo_en_Espa%C3%B1a_EU_MinCon.pdf?file=1&amp;type=node&amp;id=1126&amp;force=">https://www.consumo.gob.es/es/system/tdf/prensa/Informe_de_Sostenibilidad_del_consumo_en_España_EU_MinCon.pdf?file=1&amp;type=node&amp;id=1126&amp;force=</a></p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;Aquí siguieron a otros autores antisocialistas como Vilfredo Pareto o Enrico Barone, que también habían aceptado la posibilidad de que el Estado pudiera cumplir las funciones que hacía el mercado de manera incluso más eficiente.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;Aquí encontramos la gran diferencia que existe entre la propuesta de los autores de HES y del biólogo Wilson, pues este último no es en absoluto un socialista sino, en opinión de los primeros, un científico de centro-izquierda con gran fe en los mercados.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;De hecho, Vettese y Pendergrass nos recuerdan que el ataque original de Mises se dirigió contra el marxista y filósofo de la ciencia Otto Neurath, quien difería de manera notable de los marxistas defensores del socialismo de mercado precisamente en que él defendía planificar con unidades naturales y no con precios.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;Huber, M. (2022). Mish-Mash Ecologism,&nbsp;<em>New Left Review</em>. Disponible en: https://newleftreview.org/sidecar/posts/mish-mash-ecologism</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;Fernández Buey, F. (2002). Sobre la utopía socialista.&nbsp;<em>Daimon Revista Internacional de Filosofía</em>, (27), 89–102.</p>



<p><a href="applewebdata://BDAE96C6-9809-4251-ADF9-D4AEDA377E6D#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;Santiago, E. (2022). No tenemos derecho al colapsismo. Una conversación con Jorge Riechmann (I). Contra el diluvio. Disponible en:&nbsp;<a href="https://contraeldiluvio.es/no-tenemos-derecho-al-colapsismo-una-conversacion-con-jorge-riechmann-en-dos-partes-emilio-santiago-muino/">https://contraeldiluvio.es/no-tenemos-derecho-al-colapsismo-una-conversacion-con-jorge-riechmann-en-dos-partes-emilio-santiago-muino/</a></p>



<p><a href="applewebdata://B23E95E9-982D-47D1-9B9E-799CE45F5F14#_ftnref4"></a></p>



<pre class="wp-block-preformatted">Fotografía de Álvaro Minguito. "Amazonas y Nueva York".</pre>
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		<title>Una sola salud, un solo planeta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jun 2022 14:22:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecosocialismo]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[one health]]></category>
		<category><![CDATA[seguridad alimentaria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Tienen algo que ver la pandemia de la Covid-19, la globalización, el cambio climático, las macrogranjas, el modelo capitalista de producción y consumo y la seguridad alimentaria? La respuesta es «sí, mucho». Por esta razón, y con motivo del Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos –que conmemora la importancia de prevenir y evitar las enfermedades transmitidas por los alimentos– me parece oportuno que nos detengamos a analizar el estatus particular de la relación seres humanos-animales-ecosistemas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>¿Tienen algo que ver la pandemia de la Covid-19, la globalización, el cambio climático, las macrogranjas, el modelo capitalista de producción y consumo y la seguridad alimentaria? La respuesta es «sí, mucho». Por esta razón, y con motivo del Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos –que conmemora la importancia de prevenir y evitar las enfermedades transmitidas por los alimentos– me parece oportuno que nos detengamos a analizar el estatus particular de la relación seres humanos-animales-ecosistemas.</p>



<p>En las últimas décadas, nos hemos acostumbrado a analizar y estudiar la realidad compartimentándola en espacios aislados, algo que ha dificultado muchas veces nuestra capacidad de ver la panorámica completa. Este es un fenómeno que, en el mundo científico, se ha denominado&nbsp;<em>hiperespecialización</em>y, frente al cual, han emergido muchas corrientes y programas de investigación que promueven diferentes enfoques multidisciplinares. Se denuncia, usando un lenguaje coloquial, que cuando te acercas tanto a estudiar un árbol estás también alejando la posibilidad de ver el bosque y puede &nbsp;–y de hecho eso pasa–, que con el tiempo incluso olvides que había un bosque. Como es natural, este fenómeno se ha producido en todas las disciplinas científicas. En el ámbito que nos ocupa, una de estas estrategias que buscan ampliar el foco es la conocida como&nbsp;<em>One Health</em>, una propuesta metodológica que han asumido la OMS y la Unión Europea, entre otras instituciones, y que pretende restaurar la conexión entre el mundo animal, el mundo humano y los ecosistemas.</p>



<p>Esta estrategia parece aún más pertinente si observamos que animales y humanos compartimos cerca de trescientas 300 enfermedades, y que un 60% de las enfermedades humanas infecciosas son de origen animal. Las zoonosis, de hecho, son aquellas enfermedades que se transmiten entre humanos y el resto de animales, bien sea directamente o indirectamente (por contacto estrecho entre ambos o a través de la alimentación). Para que nos hagamos una idea, la última pandemia de la Covid ha estado causada por un virus de este tipo.</p>



<p>Las transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de las últimas décadas, esto es, lo que hemos conocido como globalización, han propulsado cambios muy notables en la relación animales-seres humanos-ecosistemas. Una de las consecuencias más evidentes es que se ha elevado el riesgo potencial de transmisión de enfermedades zoonóticas. El contacto estrecho entre animales y seres humanos se ha agudizado por factores como el crecimiento de la población mundial, el desarrollo del turismo internacional que ha permitido visitas a lugares hasta entonces inhabitados por seres humanos, la deforestación que ha provocado el desplazamiento de los animales de sus hábitats, los cambios en los patrones de consumo, las técnicas intensivas de ganadería o la aglomeración masiva de animales en grandes explotaciones, entre otros. Todos estos cambios han mejorado la eficacia con la que los animales vectores de transmisión de enfermedades llevan a cabo esta particular función. De hecho, desde hace unas décadas, es habitual el registro de casos de SARS, del virus del Nilo Occidental o de la viruela del mono en regiones como la estadounidense o la europea, donde esos virus no son endémicos.</p>



<p>Pero si hay un fenómeno que permite visualizar estas interrelaciones de un modo claro es precisamente el cambio climático. El calentamiento global es la consecuencia de la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, gases que retienen el calor procedente de la radiación solar y producen la elevación global de temperatura en la Tierra. Conocida esta realidad, los Acuerdos de París establecieron en 2015 el objetivo de no superar los 1,5 grados centígrados sobre el nivel preindustrial, si bien las actuales previsiones del panel de científicos de las Naciones Unidas son mucho más preocupantes. Al fin y al cabo, el compromiso de los gobiernos nacionales para descarbonizar su modelo de producción y consumo está siendo débil, mientras que el grado de cumplimiento es aún más lúgubre. De hecho, según la Agencia Internacional de la Energía, en el año 2021 se alcanzó un nuevo récord mundial de emisiones de dióxido de carbono.</p>



<p>Lo cierto es que este calentamiento global está ya operando en muchas regiones con efectos muy drásticos. La actual crisis alimentaria global está relacionada con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, pero también con la pérdida de cosechas en Asia (particularmente en India y Bangladesh) como consecuencia de fenómenos climáticos extremos como las sequías y las inundaciones. En efecto, el cambio de temperatura afecta gravemente a la capacidad para producir alimentos. De acuerdo con el último informe de COAG, en caso de alcanzarse una subida de 2 grados centígrados, se perderían en España un 15% de la cosecha de trigo y un 20% de la cosecha de alta calidad del vino.</p>



<p>Estas consecuencias son detonantes de importantes crisis sociales que, a su vez, desatan movimientos migratorios humanos, sobre todo, desde los países más vulnerables. Pero el aumento de temperaturas también altera los ciclos migratorios de ciertos animales, al tiempo que facilita el asentamiento y consolidación de animales que son vectores de transmisión de enfermedades, sobre todo insectos (piénsese en el mosquito tigre en España) en zonas y regiones donde hasta entonces no era posible que sobrevivieran.</p>



<p>Es evidente también que las regiones más afectadas por el cambio climático, como la cuenca mediterránea en la que se encuentra España, serán también las que más expuestas queden a estas otras consecuencias. Así, no se trata sólo del coste económico implicado en la reconstrucción tras los temporales, un enfoque muy del gusto de los economistas convencionales, sino de algo mucho más profundo: la dislocación de todos los ecosistemas y, por ende, también de la relación ser humano-animales-ecosistema.</p>



<p>Desde el Ministerio de Consumo hemos publicado recientemente un informe sobre el impacto ecológico del consumo en nuestro país. Este informe destaca que las presiones e impactos ecológicos -que van más allá del cambio climático- están explicadas hasta en un 52% por las decisiones de consumo relativas a la alimentación. Este es un dato consistente con toda la literatura científica sobre la materia y que abunda en una realidad insoslayable: el modo en que nos alimentamos repercute no sólo en nuestra salud individual (por ejemplo, en enfermedades cardiovasculares) sino también en la salud del planeta (cambio climático) y, como consecuencia de las interrelaciones aquí apuntadas, de nuevo en nuestra propia salud (enfermedades zoonóticas). Así, existe una conexión entre fenómenos aparentemente dispares como son el cultivo para la alimentación o para agrocombustibles, la deforestación, la pérdida de biodiversidad, el tipo de explotaciones ganaderas, el mercado de futuros, las bolsas en las capitales financieras, las emisiones de metano de los animales y las emisiones de dióxido de carbono de los transportes de mercancías o las emisiones asociadas a la fabricación y uso de fertilizantes, el calentamiento global y el capitalismo también global, las élites y caciques empresariales locales y, desde luego, nuestras decisiones de consumo en el supermercado o en la tienda de barrio. Desenredar y desnudar estas conexiones es el primer paso para empezar a ver algo con nitidez.</p>



<p>En definitiva, en tanto que los seres humanos no somos una dimensión al margen de los animales y los ecosistemas, sino que coevolucionamos con ellos, más nos vale proteger y preservar los parámetros que hacen la vida posible. Vivir dentro de los límites del planeta, como hemos apuntado en&nbsp;<a href="https://la-u.org/los-limites-del-crecimiento-ecosocialismo-o-barbarie/">este reciente artículo</a>, no es sólo una necesidad, sino que también implica la toma de decisiones radicales acerca del modo en que nos organizamos económica y políticamente. Y, por decirlo con brevedad, nuestro modelo capitalista de producción y consumo es insostenible, como también lo es la escala a la que se produce actualmente la explotación y consumo de recursos materiales, así como la degradación ambiental que esta dinámica económica genera.</p>



<p>Continuar como si nada de esto fuera real es la mayor temeridad que podríamos cometer como especie. Por otro lado, corregir los desequilibrios provocados por un irracional modelo de producción y consumo no es tarea sencilla pero, como se puede fácilmente comprender, es tarea urgente.</p>



<p>En el siglo XVII, en pleno despertar de la Ilustración, el filósofo inglés John Locke afirmó que «la Tierra no es un punto sino una mota: nuestra pequeña mota de polvo, esta mota del universo», en claro contraste con la filosofía medieval que pensaba a la Tierra y la Humanidad como el centro del universo. Hoy, tres siglos más tarde y con suficiente evidencia científica acumulada, es hora de que asumamos el lugar que ocupamos dentro del propio planeta Tierra y, por ende, que tomemos las medidas necesarias para preservar la vida.</p>
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		<title>The limits to growth</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jun 2022 14:04:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ecosocialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Inglés]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocial crisis]]></category>
		<category><![CDATA[ecosocialism]]></category>
		<category><![CDATA[growth]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>This year marks the 50th anniversary of the publication of The Limits to Growth, a report warning of the serious ecological consequences of maintaining the trajectory followed by the economic activity at global level. Nonetheless, half a century later, the situation has simply got worse in terms of environmental pressure and impact, while the ideologies and practices built up around the fetish of economic growth have continued to expand. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><a href="https://la-u.org/the-limits-to-growth-eco-socialism-or-barbarism/">Publicado en LaU</a></p>



<p><em>** Economist, leader of United Left party (Spain) and Minister of Consumption Affairs of Spain’s Government<br>*** This article is part of a project of the Party of the European Left.</em></p>



<p><em><u>Abstract</u></em>: This year marks the 50th anniversary of the publication of&nbsp;<em>The Limits to Growth</em>, a report warning of the serious ecological consequences of maintaining the trajectory followed by the economic activity at global level. Nonetheless, half a century later, the situation has simply got worse in terms of environmental pressure and impact, while the ideologies and practices built up around the fetish of economic growth have continued to expand. The scientific community warns that time is running out and the only way of avoiding environmental collapse, with its catastrophic consequences especially for the most vulnerable social sectors, is to scale economic activity down to the level compatible with the planetary boundaries. Some international institutions and various national governments have approved programmes and policies to achieve these goals, with meagre results so far, while alarm is growing as to the possibility of a reactionary, eco-fascist solution to the eco-social crisis. In this article, we assess the current position and review how the production and consumption model lies behind ecological breakdowns and why the only democratic political solution to the eco-social crisis is the eco-socialist project.</p>



<p><strong>Introduction</strong></p>



<p>It’s now 50 years since the scientist Professor Donella Meadows led publication of the report&nbsp;<em>The Limits to Growth,</em>which aimed to analyse the physical impact of economic growth patterns on the planet. A computer model was used for that assessment, which looked amongst other things at the effect of economic exploitation on soils, the exhaustion of non-renewable resources such as minerals and the resulting climate distortions. Various scenarios were put forward, the worst case being that, if no action were taken to correct the trajectory followed at the time, industrial society would collapse in the mid-21st century.</p>



<p>That report became an international reference point and highlighted the ecological consequences of the dynamics of growth which had until then been seen as positive. The scientific team’s model, together with its findings, was nevertheless fiercely contested by economists (Solow, 1973).</p>



<p>Economic growth is indeed habitually seen as something desirable, limited in space and time and even as a reflection of a process of natural evolution of societies. The very notion of economic growth is intrinsically connected with the social notion of progress, both of which arise from the Enlightenment and have been victims of forced, equivocal analogies with the natural sciences, particularly based on Darwinist theory (Nisbet, 1980). In short, we have firmly internalized and naturalized the notion of economic growth.</p>



<p>Meadows herself maintained, 30 years later (Meadows et al., 2006), that economic growth should be understood as a tool and not as an end in itself, so that it was necessary to question the rationale of such growth, who would benefit from it and whether there were sources and sinks on the planet to make it possible. This had similarities with what the economist Simon Kuznets had suggested when he designed the GDP indicator and put it forward to the United States Congress. According to Kuznets (Gadrey, 2004), it should not be inferred that this indicator, which measures the monetary value of production, could also be an expression of social well-being. More and more voices have been raised since then, warning that GDP is not a good tool for measuring human development and social well-being (Raworth, K., 2018).</p>



<p>The main problem underlying conventional economics is its reliance on a conceptualization of the economy which deliberately ignores the physical context of which it is necessarily part, as well as the most elementary laws of physics. This means working on the assumption that resources and energy are unlimited, without even considering the fallout of the activity or the planet’s limited carrying capacity. In view of the hegemonic nature of economic thought insofar as it is capable of moulding the framework of social thought, this is crucially important, because it makes finding effective solutions to the eco-social crisis virtually impossible.</p>



<p><strong>Defective economic models&nbsp;</strong></p>



<p>Economic growth can be seen as the result of greater production capacity on the part of a particular society. To simplify, this means that a society which produces a larger quantity of product than it did in the previous year is said to have grown economically by an amount equal to the difference between the two levels of output. In this way, a country which produces 10 units of food in a particular year and produces 12 units of food the following year is said to have experienced a 20% growth in food units. These two new food units are considered as economic surplus. The systematic build-up of economic surpluses lies behind the development of societies, inasmuch as historically it has enabled societies to become more complex (Cesaratto, 2020).</p>



<p>Capitalism is an economic system which emerged around five centuries ago and introduced a series of incentives, through competition, to discipline companies and force them to grow in each period, as well as to reinvest profits in order to raise their production capacity to a higher level, in addition to awarding a growing share of those profits to the people who supplied the capital. In this way, under capitalism the whole entrepreneurial fabric is pushed towards boosting its production capacity. This is what, under particular institutional arrangements, has driven the spectacular increase in economic activity, infrastructure and, finally, the living standards of people over the past two hundred years.</p>



<p>The historical reality of capitalism has, however, demonstrated that the process of economic growth is neither constant nor spared from serious upheavals (leading to phenomena such as unemployment and lack of paid work for large sectors of the society). Economists have also devoted themselves to the task of untangling the difficulties of economic growth for more than two hundred years. Most of them, however, have used a set of theoretical instruments blind to the ecological issue, i.e. the ecological prerequisites for economic growth and the ecological consequences of that growth.</p>



<p>Classical economists, the founders of&nbsp;<em>Political Economy&nbsp;</em>as a discipline, have nevertheless undoubtedly been aware of some of what we might call the social metabolism, i.e. the relationship between nature and the economy (Haberl et al, 2016; González de Molina, M., 2014). The physiocratic school, the predecessor of the above, whose principal exponent was François Quesnay, had already interpreted the economic question in the 18th century on the basis of agrarian flows and concluded that any surplus is possible thanks to the gifts given to us by nature. David Ricardo, on the other hand, was aware of differing soil fertility and put together a theory of decreasing land yields which led him to think that capitalism could not grow indefinitely. Reverend Thomas Malthus introduced his now famous thesis on population growth as a constraint on economic growth. And Karl Marx and Friedrich Engels considered that capitalism would come up against limits to its own development due to the downward trend of the rate of return, although all of this fell within an essentially teleological philosophy of history according to which the whole system would inevitably advance phase by phase until it culminated in communism (Garzón, 2017). A particular remark should, however, be made in the case of Marx, since research over the last few decades has shown that Marx was also a thinker extremely interested in the scientific advances of his time and that he himself accorded considerable importance to the concept of&nbsp;<em>social metabolism&nbsp;</em>(Burkett, 2006; Foster, 2020; Saito, 2022).</p>



<p>In the 20th century, economic thinking, in striving to make the discipline more scientific, moved even further away from the physical and even social conditions under which any economy must necessarily operate. Neoclassical thought, as reformulated by Walras, Marshall &amp; Jevons, amongst others, permeated economic science as a whole and led to a break with the previous&nbsp;<em>Political Economy</em>, giving rise to notions of production and wealth completely disconnected from a natural base (Naredo, 2015). Meanwhile, the search for theoretical explanations of economic growth and its possible failures continued with the economists Harrod and Domar, who developed a model which concluded that economic growth was fundamentally unstable and that meeting the conditions for stability was extremely complicated (Harrod, 1939; Sen, 1970). That Keynesian-inspired model provoked a response from neoclassical economists such as Robert Solow and Swan, who laid the foundations for the paradigm of economic growth and whose models are still being studied as a priority in every economics faculty around the world. These are the models which, in the end, define to a large extent economists’ scope of thought.</p>



<p>The cornerstone of every model of economic growth is the aggregate production function. This function represents the economic production process and, in its most basic formulation, only involves capital and labour, while resources and energy are always considered as fully available. In this way, capital and labour are consolidated as the only production resources which, together, generate the surplus of an economy. This surplus, in its turn, makes up the amount to be distributed between wages and profits.</p>



<p>This is the root of a large proportion of policy discussions around accumulation and distribution in capitalist societies. Ethical and political issues as important as the level of wages or profits or, even more, their relative share of income, arise from the implicit question concerning<em>&nbsp;the effects of those changes on economic growth</em>. Each model belongs to a distinct school of thought due to its specific configuration, determined by different starting assumptions. In general, neoclassical models consider that restrictions on growth come from the supply side, so they suggest that profits must be increased to encourage accumulation, while post-Keynesian models focus on restrictions from the demand side and usually suggest changes in the distribution of income and increases in wages (or public expenditure) to support demand. The large majority of current discussions of economic policy fall within this perspective. Nevertheless, the paradigm is always shared, and the debate really turns on ways to maximize economic growth.</p>



<p>Students of economics are often surprised, when studying these models, especially the most basic ones, that there is apparently no possibility of unlimited growth existing. For example, Solow’s model establishes that the production factors, capital and labour, have decreasing returns, which supposes that each additional unit provides an ever-smaller quantity of product. In its dynamics, the model tends towards a stationary state where there is no economic growth. Nevertheless, when technical progress, in whichever possible formulation, is incorporated in these basic models, it is then possible for potentially unlimited growth to exist. This is what happens with the AK growth or endogenous growth models, as well as all models incorporating growing returns in the aggregate production function (Acemoglu, 2009; Romer, 2000). In the end, students soon learn that unlimited economic growth is technically possible thanks to technology and, in the case of certain heterodox models drawing inspiration from Allyn Young, Gunnar Myrdal, Nicholas Kaldor and Anthony Thirlwall, also the central role played by the industrial sector (Blecker &amp; Setterfield, 2019).</p>



<p>This brief review of the relationship between economic models and public policy should make it clear above all that economists, past and present, generally tend to think within analytical and conceptual frameworks defined on the basis of the search for maximum economic growth. The responses given are dependent on the use of a set of theoretical instruments which, whether explicitly or otherwise, is limited by its own deficiencies. Bearing in mind the fundamental role played by economists in framing public debate, disseminating their own ideas, influencing the decisions of public institutions or, as in the case of central banks, directly holding absolute control of particular levers of power, it is more than ever necessary to find out the source of these limitations.</p>



<p>What all these trends and schools of thought have mostly ignored, both in their methodological foundations and in their policy proposals, is the connection between productive activity per se and the natural foundations on which it sits and which it cannot do without. In other words, there is absolutely no vision of the social metabolism, which entails starting from a world view where the economy is seen as a subsystem of the biosphere and not the other way around. This lack, wholly illegitimate in our times, relates to the physical aspects of the economic process, the use of energy and natural resources and the ecological pressures and impacts of the production process.</p>



<p><strong>Natural resources and energy&nbsp;</strong></p>



<p>The economist Georgescu-Rogen (2007) was one of the first to warn of the serious deficiencies in traditional ways of thinking about the economy. In particular, he highlighted the gap in economic models regarding the consumption of energy and materials. Both components restrict the possibilities of economic growth in ways that economics had ignored until just a few years ago<a href="applewebdata://BC5A834F-5A8C-4D1E-8FB0-5DDC6385C5AB#_ftn1"><sup>[1]</sup></a>. In fact, planet Earth is a closed system of materials so that, aside from the very exceptional arrival of a meteorite or the removal of a human artefact, neither of which are significant in quantitative terms, the mass of materials is always the same. In the case of energy, planet Earth is an open system inasmuch as we receive energy flows from solar radiation, but even then, the laws of physics impose limits on energy use.</p>



<p>These days, we accept that most of the products we use in our daily lives are made from a combination of energy, water, and materials and also that, for the production process, we need energy sources too in order to extract and process those materials. We also know that they come from the geochemical cycles of Earth and most originated millions of years ago due to plate tectonics, which not only generated but also distributed resources geographically across the planet, although obviously not uniformly (Craig et al., 2012). For this reason, some regions of the planet are rich in petroleum and natural gas, while others are rich in other minerals, all of which have clearly shaped the historical development of societies and, of course, wars over resources as well. And we also know that a large part of these resources is non-renewable, i.e. they exist in fixed quantities and their natural regeneration occurs over a timeframe inaccessible to human beings. Furthermore, any resources which do renew cyclically are also limited by their own pace of regeneration.</p>



<p>Moreover, every human process involves use of a series of energy sources governed by the laws of physics, particularly the laws of thermodynamics. The second principle of thermodynamics establishes that the quality of energy usable by human beings is decreasing and that, in converting energy (for example, converting the energy deriving from solar radiation to photosynthesis or generating electricity through photovoltaic panels), it is not possible to maintain 100% of the available energy. Much of the energy is dissipated as heat, so that conversion presupposes the transformation of high-quality, low-entropy energy, such as carbon, into low-quality, high-entropy energy such as heat. The history of technological development is the history of a constant struggle to improve the energy efficiency of such conversions (Smil, 2021).</p>



<p>Flows of materials and flows of energy can be understood as two distinct aspects of the same process. In fact, a continuous flow of materials is only possible if there is a continuous flow of energy at the same time. In addition, these two restrictions on economic growth interact in very diverse ways and the ecological pressure and impact of productive activity also show up in the alteration of geochemical cycles.</p>



<p>It is usual, however, to differentiate between pressure and impacts deriving from productive activity. On the one hand, productive activity exerts pressure on the environment, for instance through the emission of carbon dioxide resulting from burning fossil fuels. On the other, the impact of productive activity on the environment shows up in phenomena such as climate change, i.e. global warming resulting from the sustained build-up over time of greenhouse gases in the atmosphere. Over the last few decades, the availability of information has significantly improved and many indicators have been put together with a view to measuring the level of pressure and impacts exerted by the production and consumption model on the natural environment.</p>



<p><strong>The planetary boundaries&nbsp;</strong></p>



<p>There is no doubt that human beings have lived on Earth for at least two hundred thousand years, although most of the time they did so in hunter-gatherer social groups. The end of the last ice age, which occurred some twenty thousand years ago, gave way to an extraordinarily warm climate which, in its turn, enabled human beings to develop new economic and social practices, such as agriculture (developed some 12,000 years ago). Scientists have agreed to call this warm era the Holocene, in which current civilizations developed.</p>



<p>Since the Industrial Revolution, the use of resources and energy by humanity has, however, increased to a marked degree. Many studies on environmental history describe these transformations very well (McNeil, 2003). This intensive use of resources and energy, especially energy from fossil fuels, has brought about a rise in living standards and with it an increase in population throughout the world. These trends have speeded up, especially since the mid 20th century, as can be seen in the following graphs. The period beginning at that time has been called the&nbsp;<em>Great Acceleration</em>&nbsp;(Steffen, 2020).</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales.jpeg" alt="" class="wp-image-3831" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>In more general terms, the scientists Paul Crutzen and Eugene Stormer coined the term&nbsp;<em>Anthropocene</em>&nbsp;more than two decades ago to refer to the change from one geological epoch to another, meaning that these days, as a consequence of the development of the global economic system, humanity mobilizes more land and sediments than any other natural process. Other authors use the expression&nbsp;<em>Capitalocene</em>&nbsp;to point out what is ultimately responsible for all of these transformations: the type of economic system (Foster, 2020).</p>



<p>Furthermore, in 2009, a group of scientists developed the «planetary boundaries» framework with reference to the main ecological thresholds which, if lowered, could entail significant planet-wide alterations in natural cycles (Rockström et al., 2009). The main virtue of this new framework is that it extends the range of attention beyond climate change, much more generally known, to encompass other environmental impacts such as the loss of biodiversity, acidification of oceans or contamination due to excess nitrates or plastics. Nine bio-geological phenomena were identified which, if specific limits were exceeded, would trigger one-way processes threatening life itself. This framework is based on the existence of a safe space, with boundaries determined by the specific bio-geological parameters of the Holocene, within which human beings could live with a degree of security. At the moment, five of the critical thresholds for life are thought to have been passed, highlighting the urgency of a forceful response to these imbalances.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1.png"><img loading="lazy" width="798" height="752" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1.png" alt="" class="wp-image-3832" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1.png 798w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1-300x283.png 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1-768x724.png 768w" sizes="(max-width: 798px) 100vw, 798px" /></a></figure>



<p>One of the main problems with the planetary boundaries’ framework, however, is that it looks at social metabolism in an essentially technical way. If the analysis is not broadened, the framework seems to place responsibility on abstract notions such as «humanity» or «the human being», when it is obvious that neither the causes nor the consequences of the ecological impact are symmetrically distributed either across the class structure or between the different geographical regions. There is in fact no global ecological crisis which means the same for all human beings (Brand et al., 2021). Therefore it is much more appropriate to talk of an eco-social crisis, because this helps to highlight the importance of socio-political relationships when assessing environmental degradation processes and seeking solutions.</p>



<p>Some authors, such as the English economist Kate Raworth (2018), have added a social dimension to the sphere of planetary boundaries. The result, popularly known as the&nbsp;<em>circular economy</em>, points out the need for people in modern societies to live above the «social floor » (decent minimum living standards) and below the planet’s biophysical limits (ecological ceiling), thereby establishing a safe, fair space for humanity. This contribution is useful in that it allows for the incorporation of aspects such as inequality, poverty, or decent work together with the strictly biophysical limits.</p>



<p><strong>The impact of consumption&nbsp;</strong></p>



<p>Since the publication of&nbsp;<em>Limits to Growth</em>, the close link between economic growth and the heavy ecological pressure and impacts threatening life on the planet has been generally acknowledged. For this reason, the United Nations developed the Sustainable Development Goals. Target 8.4, for example, is to «improve progressively, through 2030, global resource efficiency in consumption and production and endeavour to decouple economic growth from environmental degradation». The European Union also adopted this agenda and has, since then, approved a large number of standards designed to achieve those goals, as has Spain.</p>



<p>The scientific work built up over the last few decades has resulted in the proliferation of indicators to measure the impact of economic activity on the planet and this has facilitated the pursuit of these commitments. The general public, for example, have become familiar with indicators measuring carbon dioxide in the atmosphere and are even aware of the impact of their&nbsp;<em>Carbon Footprint</em>&nbsp;on their daily life and consumption decisions. Nonetheless, as we have already noted, environmental impacts go beyond climate change and also require other indicators.</p>



<p>One of the most advanced approaches in this regard has to do with the flow of materials involved in the production and consumption model. The extraction and processing of resources is responsible for approximately 50% of greenhouse gas emissions and more than 90% of the loss of biodiversity on the planet (UNEP, 2019). And it has been proved that there is a direct, close relationship between the consumption of materials and economic growth. This is basically the result of the impulse to consume.</p>



<p>Consumption is the main driver of global economic impact, far ahead of other demographic factors such as age, household size, cultural capital, or housing structure (Wiedmann et al., 2020). It must be stressed that consumption is required to close the capital cycle, i.e. for production to be sold and economic growth to exist. Consumption and production are, in this sense, two sides of the same coin (Harvey, 2007). After all, under capitalism, production is geared towards economic gain – rather than satisfaction of human needs – so that economic actors are disciplined to ensure that their production is sold, through consumption, and the profits are reinvested in greater production, i.e. for growth. If aggregate demand were insufficient to cover production and stocks in a particular period, the system would be facing a crisis. For this reason, under capitalism, the incessant consumption spiral mirrors the incessant production spiral.</p>



<p>It should be remembered that any product coming onto the market carries with it a baggage of both visible and invisible resources, meaning that any product involves use of the materials it is made of, but also the materials necessarily consumed in manufacturing that product. For example, a single smartphone is made up of dozens of mineral substances such as lithium, aluminium, silicon, copper, and nickel, but its production also relies on consumption of huge amounts of water – according to some estimates, twelve thousand litres of water per unit (Friends of the Earth, 2015) – and other materials, in addition to generating waste during the production process and waste due to its early obsolescence. With economic globalization and the development of global value chains, the material and technological complexity of products has increased and with it the commercial exchange of raw and other materials and waste between countries. This applies not only to the consumption of electronic products but also to food products – as the world agri-food system is responsible for 34% of greenhouse gas emissions (Crippa et al., 2021) – and to the global tourism industry – the cause in its turn of 8% of greenhouse gas emissions (Lenzen et al., 2018). All our daily activity is tied to a particular level of resource and energy consumption which exerts pressure on and impacts the natural environment.</p>



<p>The extraction of material resources has in fact been stepped up throughout the world in recent decades, as is clear from the following graph going back to the beginnings of the last century (Krausmann, 2018). It can be seen, moreover, that there has been incredible growth since the second half of the last century, a good description of the&nbsp;<em>Great Acceleration&nbsp;</em>period. In 2017 for example, the average person consumed 65% more resources than in 1970 (UNEP, 2019).</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion.jpeg" alt="" class="wp-image-3833" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>The&nbsp;<em>Domestic Extraction</em>&nbsp;indicator is generally used to find out the precise impact of the production and consumption model on the use of natural resources in a particular territory. It measures natural resource use within the borders of a country. The drawback of this procedure, however, is that it does not record the impact of international trade and can lead to the belief that certain countries, traditionally net importers of products, are improving their indicators of the impact of resource use when this result might, for example, reflect the fact that they have relocated material-intensive industries. Another indicator used is&nbsp;<em>Domestic Material Consumption</em>, which does take account of international trade, but only adds the physical weight of the apparent consumption of imported and exported goods. This means that no account is taken of the quantity of resources used to produce the imported and exported goods. To solve this problem, a much more accurate indicator has been developed. Known as the&nbsp;<em>Material Footprint</em>, it describes the consumption of both domestic natural resources and imported goods, also including the resources used in producing those internationally traded goods (Wiedmann et al., 2015).</p>



<p>The&nbsp;<em>Material Footprint</em>&nbsp;is therefore the best available indicator to assess the impact of the production and consumption model on resource use. At aggregate level, the&nbsp;<em>Material Footprint</em>&nbsp;necessarily coincides with&nbsp;<em>Material Extraction</em>&nbsp;– due to the fact that imports and exports cancel each other out at global level – which means that the growth of the&nbsp;<em>Material Footprint</em>&nbsp;has also been spectacular over the last 50 years. It has nevertheless been asymmetric, because not all regions are equally responsible for this growth in natural resource use. If we look at per capita resource use, we can see that North America – mainly due to the United States – is clearly in the lead with consumption of 30 tonnes per person in 2019. This is 1.5 times the consumption recorded in Europe and up to 7 times higher than the figure for Africa.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc.jpeg" alt="" class="wp-image-3834" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>This is somewhat similar to what happens with greenhouse gas emissions at global level, given that the so-called&nbsp;<em>Global North&nbsp;</em>has been responsible for 92% of cumulative carbon dioxide emissions since 1850. The United States alone accounts for 40% of those emissions, while the countries making up the current European Union are responsible for 29% (Hickel, 2020).</p>



<p>When we begin to look at the situation within different countries, we find that the upper income strata are the largest consumers of resources. As we have said, societies under capitalism are structured into classes and, insofar as resource consumption is linked to income, it is to be expected that the greatest ecological impact will come from the wealthiest social groups. Moreover, some research has shown that, at global level, the richest 10% are responsible for between 25% and 43% of carbon dioxide emissions (Bruckner et al., 2022), so it is clear that the ecological impact is driven by the richest citizens of each country.</p>



<p>In the case of Spain, the country’s material footprint has grown in the last 50 years, although with two clearly differentiated sub-periods. Until the financial crisis, the trend was upward, speeding up at the beginning of the century with the property boom, but the subsequent downward trend has continued ever since. This pattern points to possible&nbsp;<em>dematerialization</em>, i.e. less resource consumption per year. This is due to a large extent to the economic crisis, but it may also reflect changes in the production structure – towards less resource-intensive sectors – or an increase in technological efficiency.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana.jpeg" alt="" class="wp-image-3835" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>The problem with the&nbsp;<em>Material Footprint</em>, as well as all the other previously mentioned indicators, is that they only reflect the consumption of materials. To take account of other types of impacts, the European Commission has developed a new methodology, based on the full product life-cycle, which has led to the construction of two new indicators: the&nbsp;<em>Domestic Footprint</em>&nbsp;and the&nbsp;<em>Consumption Footprint&nbsp;</em>(Sala, 2019).</p>



<p>The&nbsp;<em>Domestic Footprint&nbsp;</em>reflects the ecological impact (not of resources alone, but also a further fifteen aspects), taking account solely of what is produced within the country. On the other hand, as the&nbsp;<em>Consumption Footprint&nbsp;</em>also covers the effect of international trade, it incorporates the impact of all the goods produced abroad but consumed in our country (deducting the impacts of what we produce here for consumption in other countries). In the case of the European Union, the data show that in the period between 2005 and 2014 there was a relative reduction in environmental impacts, although with very different indicators from one country to another. The most significant environmental impact was felt in countries which are traditionally importers of fossil fuels, meat, minerals and manufactured products, resulting in a higher&nbsp;<em>Consumption Footprint&nbsp;</em>(Sanyé-Mengual, 2019). When we analyse the performance of both indicators for Spain, we see that they have moved in opposite directions in the last few years. Regarding the domestic ecological impact, there has been an improvement over the last decade. Despite this, when we look at the ecological impact of consumption as a whole – including imported goods – the economic recovery since 2013 also meant a clear increase in the ecological impact which has continued ever since.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo.jpeg" alt="" class="wp-image-3836" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>All in all, at this point and 50 years after the publication of&nbsp;<em>Limits to Growth,&nbsp;</em>the debate no longer centres on whether economic growth is associated with pressure and impact on the natural environment, given that there is an overwhelming consensus in this regard, but whether it is possible to decouple the two phenomena sufficiently quickly to prevent the social metabolism from reaching the point of no return as regards the planetary boundaries. This is, precisely, the debate between «green growth or degrowth».</p>



<p><strong>Degrowth and technological efficiency&nbsp;</strong></p>



<p>According to the dominant view in international institutions such as the United Nations or European Union, to avoid the worst ecological scenarios the aim must be to reconcile economic growth – which is considered essential to social well-being – with use of resources and energy remaining within the planetary boundaries. This would be possible if there were a decoupling of some variable used to measure economic activity (normally GDP) from the variables used to measure ecological pressures and impacts (such as carbon dioxide emissions, use of material resources, etc.).</p>



<p>When the ecological pressure and impact variables grow at a slower rate than GDP, a&nbsp;<em>relative decoupling</em>&nbsp;is said to have occurred, whereas if GDP grows but the pressure and impact variables decrease, an&nbsp;<em>absolute decoupling</em>&nbsp;is said to have occurred. To achieve these objectives, great hope has been placed in technological efficiency, seen as the set of technologies which, applied to the production process, enable the latter to consume fewer resources and less energy per unit of product in monetary value. This is the technological optimism on which the whole narrative of green growth is based.</p>



<p>Most of the analyses carried out have, however, concluded that in general no decoupling between economic activity and environmental pressure and impact is happening and, furthermore, is unlikely to happen at any point (Parrique et al., 2019). In most cases, no kind of decoupling is taking place with regard to consumption of materials, energy consumption, water use, greenhouse gas emissions or loss of biodiversity and, where any study has found some evidence of decoupling, it has been based on local analyses, restricted to specific countries or regions, for short periods of time – during a crisis, for example – or on an insufficient scale to tackle the ecological challenges (Parrique et al., 2019; Haberl, 2020).</p>



<p>It is obvious that strategies to increase technological efficiency must be complemented with sufficiency strategies, i.e. with a reduction in the material scale of production and consumption in many sectors so that economic activity can fit within the planetary boundaries. This is where the proposals for degrowth have emerged most forcefully (Hickel, 2021). Degrowth began as a political and social movement and should not be understood either as an economic concept or as a consistently structured theory, but as a broad, heterogeneous stream of thinkers and proposals seeking to ensure development of the global economy within the planet’s biophysical limits (Demaria, F. et al, 2018). Quite simply, degrowth should be understood as a criticism of the theory of decoupling and green growth and as an affirmation of the need to reduce the pressure of human beings and their economic model on the ecosystems and natural environment without betting everything on technological promises.</p>



<p><strong>Eco-socialist strategies versus barbarism&nbsp;</strong></p>



<p>Fifty years since&nbsp;<em>The Limits to Growth</em>, is more research needed to confirm that there is a serious eco-social crisis? The answer is undoubtedly&nbsp;<em>no</em>. We are now fully aware that the production and consumption model is causing pressure and impacts on the natural environment to such an extent that life itself is threatened. What is lacking, however, is the political will to take decisions equal to that challenge, as the institutional policies followed to date have proven clearly insufficient. Despite the speeches and rhetoric from the governments of the most developed countries, the commitment in the Paris Agreement not to raise the global temperature by more than 1.5°C above pre-industrial levels is currently undeliverable. On the contrary, according to the research of the United Nations IPCC, the world is on a path towards a catastrophic rise of 2.7°C by the end of the century (IPCC, 2021).</p>



<p>This being the case, the key task of democratic societies should be to build resilient communities capable of prioritizing the well-being of their members without permanently damaging the natural environment which sustains them, as well as to prevent escalation of the social conflicts and wars increasingly linked to the eco-social crisis (Pirgmaier &amp; Steinberger, 2019; Belcher et al., 2019). As we have seen, however, achieving this eco-social-political objective necessarily entails scaling down the material dimension of the economy to bring it within the planetary boundaries, with far-reaching political, social, and economic implications.</p>



<p>To begin with, a complete reframing of the consumption dimension is needed. Firstly, although it is true that consumers cannot take decisions concerning the supply side, such as the location of major production centres, they do have plenty of room to influence decisions on the demand side. It is not easy to take advantage of this capacity, because capital is a social relationship and, therefore, far more than a production and consumption model: it is a way of life. This means looking at the values and principles of capitalist consumption, which goes beyond human needs and the planetary boundaries, the ways such practices are socially reproduced and what potential centres of resistance could be generated (Pirgmaier, 2020). Secondly, when it comes to the necessary achievement of ecologically sustainable consumption, the starting point must be that the market is incapable of distinguishing between goods meeting basic needs and goods of a luxury nature (Gough, 2017). Therefore, we need to move in the direction of an approach based on gearing the economy towards the satisfaction of human needs.</p>



<p>Approaches of this type inspired by Amartya Sen and Martha Nussbaum and their influence on the United Nations Development Programme, together with the contributions of Max-Neef or Ian Gough (Álvarez Cantalapiedra, 2013), should replace the dominant paradigm of economic growth. The utilitarian tradition in economics maintains that there is a positive, infinite relationship between income growth and happiness/well-being. Specialist literature has nevertheless argued in favour of the existence of the «Easterlin Paradox», according to which increased income does not, beyond a certain point, result in increased individual happiness (Easterlin, 1974).</p>



<p>Regarding production and distribution, if this adaptation process is to be socially just as well, there must also be a significant flow of redistribution between social classes and a general reorientation of production towards activities which may be low intensity when it comes to ecological pressure and impact but instead have a high component of satisfaction of human needs. To this end, programmes such as guaranteed work can be useful while providing a tool to combat unemployment (Garzón &amp; Guaman, 2015).</p>



<p>Moreover, democracy will only survive the coming social tensions if it can put itself forward as a complete programme of positive safeguards, meaning that it must be in the republican tradition with an underlying positive conception of the notion of freedom (Ferrajoli, 2011; Garzón, 2014). Consequently, consolidating and ring-fencing public services such as health, education, housing and pensions, amongst others, is an essential part of a not only ecologically sustainable but also socially just society.</p>



<p>The alternative policies outlined above must nevertheless start from a concrete analysis of concrete reality. A large part of scientific research concerning the eco-social crisis has given us ever more accurate information on what is happening in the social metabolism. It is much harder, however, to find the reasons why this is happening, which specific actors are responsible and which obstacles stand in the way of changing direction.</p>



<p>Firstly, it is unusual to find research which, along with technical analysis of the eco-social crisis, also provides a specific analysis of how power operates. When all is said and done, power is a social relationship which inevitably defines the limits of what it is possible, at the same time as the possibilities of implementing policies which may look simple on paper are moved closer or further away. For example, although the need to reduce global meat consumption in order to combat climate change effectively has been sufficiently documented, it is not easy to find any analysis which also incorporates thinking about how to put such notions into practice. In other words, analysis of the political ecosystem extending to power in its various guises (business lobbies, major production companies, production fabric, communications media, political and trade union alliances, or the State itself as a whole) is lacking (Fuchs et al., 2015).</p>



<p>Secondly, if power is missing from much of current thinking, the absence of thinking about the ultimate causes of the eco-social crisis is even more marked. It is true that the drivers of environmental destruction are, as we have said, pressure and impacts such as disproportionate use of resources and energy, greenhouse gas emissions and so on. But there is no use in reaching that point if no link is made with the ultimate, systemic causes which explain why this catastrophic process is still going on. In the end, without an understanding of how&nbsp;<em>capital</em>&nbsp;operates and how it pushes all actors (from the working class through to major companies) to achieve economic growth&nbsp;<em>ad nauseam</em>, the analysis will be lame. For this reason, if any analysis of the relationship between economics or society and environment truly wishes to go beyond the frontiers of academia and, consequently, genuinely seeks to transform the material reality it is examining, it must be capable of drawing on dynamic approaches to the study of the system which currently links together economic, social and environmental aspects, i.e. capitalism. The central contradiction of this economic system, as we have already remarked, is that it functions and operates as if it were disconnected from the natural base on which it necessarily stands. And as suggested by Marx, the main problem with capitalism is its huge success in achieving its objectives. We now know that life simply cannot bear the costs associated with this success.</p>



<p>The central ideological opponent of capitalism has historically been socialism, a socio-political movement without which even modern democracy itself could not be understood. But as it arose in the 19th century, socialism has also long been characterized by widespread ignorance of environmental pressures and impacts. Furthermore, most of the theoretical output concerning the economic measures to be taken in defence of the working class is blind to its ecological consequences. Even the most recent theoretical work. As we have already pointed out, the influence of the traditional way of thinking about the economy has seriously contaminated the thinking of socialists and the left in general, as can be seen currently in those uncritically productivist approaches from which economic policy proposals and measures classed as leftist are derived. Some researchers even speak of the role played by these authors as protagonists of a «passive revolution» – a concept Gramsci used to describe the ability of the dominant classes to co-opt the leaders of the subordinate classes (Spash, 2020). These policies, however, are not just the result of a specific conception of the world but at the same time serve to educate entire generations of opponents of capitalism in a particular political culture.</p>



<p>This blind spot of socialism is not the only dangerous legacy from the past. It should be remembered that the type of society we presently know, which has seen rapid development essentially over the last two hundred years, has come about as a result of intensive use of natural resources, especially fossil fuels. The predominant role of fossil fuels can hardly be exaggerated. The whole social architecture we see before us now is due to fossil capital, not just in historical terms but also in the present day. Everything from productive activities through to the layout and design of our cities, not to mention the way of living of working families, is shaped by the dynamics of fossil capital. Serving as an emblematic demonstration is the fact that, when there have been other upheavals in the energy markets, as happened in the 1970s and is happening again now following the invasion of Ukraine by Russia, the whole social system is transformed, from its material through to its ideological dimension. As if it were Achilles’ heel, dependency on fossil capital expresses the fragility of the whole social system, including modern democracy itself – also a child of its time – and that includes cheap energy (Mitchell, T., 2013).</p>



<p>The issue here is obvious. In a world with finite natural resources and fossil fuels reaching or exceeding their respective peaks, the crossroads at which we find ourselves should not be underestimated. We already have before us the first signs that one of the alternatives gaining ground in the face of this eco-social crisis is a new form of fascism, which promotes a type of closed, authoritarian social organization aimed at meeting the needs of select social groups to the detriment of the rest of the population. This type of Weberian social closure, which is characterized by insider/outsider dynamics, has fundamental socio-political implications. A growing proportion of international migratory flows are currently due to climate change and environmental crises and their effects on impoverished countries, while the neo-fascist response to migration brings traditional racism into line with climate denial and a commitment to authoritarian solutions to the eco-social crisis (Malm &amp; Zetkin Collective, 2021). This route can only lead to barbarism. It is not by chance that the growth of the global reactionary wave is happening at the same time as we have the best and most accurate information about the way humankind is running out of time under this economic model. Clearly, it is not sufficient to be right. Currently, some of the social and generational frustrations of our time are being articulated politically through a reactionary solution which seeks to defend «our own» – the native – including lifestyle, against the foreign. An ideological/material retreat of broad social sectors in the face of the fundamental uncertainties of the Anthropocene era. Old scents in new bottles.</p>



<p>Taking up these challenges will not be a matter of simple political prescription. Once again, nor will it be a question of winning arguments. Rather, it will be to do with the ability to put together broad social and political alliances able to prepare the ground for a whole historical and social block to emerge. Local initiatives and global proposals, classical traditions, and new ways of thinking, along with social and institutional action, must play a part in this broad community, in an exercise to build a social fabric feeding on imagery and looking towards a horizon of peace, justice, equality and social rights within the planetary boundaries.</p>



<p>In the past, the idea of an alternative – socialism or barbarism – was popularized by Rosa Luxemburg against the bellicose backdrop of the First World War. The traditional Marxist conception of the time theorized that capitalism was at such an advanced stage of development – in its imperialist phase – that the only thing that could come out of it was international socialist revolution or the destruction of every trace of civilization under the yoke of the war and its consequences. In a way, there were indeed revolutions and a lot of destruction. Not only Europe but the whole world was devastated by two World Wars and totalitarian regimes, while those turbulent times swept away millions of human beings, including Rosa Luxemburg herself, assassinated in 1919 during the Spartacist uprising.</p>



<p>Presently, that alternative is perfectly valid. Human civilization, any civilization, can only build horizons of justice and well-being if it can find a way to do so within the planetary boundaries. Fitting within or readjusting to those boundaries, if we may put it like that, can happen in either an organized or a chaotic manner, the worst-case scenario being ecological collapse. Any of the intermediate scenarios will in any event oblige us to reorganize ourselves through other rules. But we must not forget that the politics striving hardest to prevail in these situations of emergency and collapse is that of authoritarianism, discrimination, inequality, and militarism. It is, once again, barbarism. To avoid it, we must open an alternative road based on other principles and values, democracy, human rights and social justice. This is the route towards eco-socialism. It is therefore a matter of choosing between eco-socialism or barbarism.</p>



<p><strong>Note</strong></p>



<p><a href="applewebdata://BC5A834F-5A8C-4D1E-8FB0-5DDC6385C5AB#_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>&nbsp;&nbsp;To be fair, the most recent models incorporate a new productive resource known as&nbsp;<em>natural capital</em>, although with significant limitations deriving from the difficulty in reducing the complexity of ecosystems to a single monetary value.</p>



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<p><a href="applewebdata://98A38231-737F-48AC-92D2-89F00E6E2AAC#_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>&nbsp;&nbsp;To be fair, the most recent models incorporate a new productive resource known as&nbsp;<em>natural capital</em>, although with significant limitations deriving from the difficulty in reducing the complexity of ecosystems to a single monetary value.</p>
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		<title>Los límites del crecimiento: ecosocialismo o barbarie</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Apr 2022 07:43:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En este artículo evaluamos el estado de la crisis ecosocial, repasamos cómo el modelo de producción y consumo está detrás de los desarreglos ecológicos y por qué la única salida política democrática a la crisis ecosocial es el proyecto ecosocialista.</p>
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<p class="has-text-align-right">Publicado en <a href="https://la-u.org/los-limites-del-crecimiento-ecosocialismo-o-barbarie/" target="_blank" rel="noreferrer noopener nofollow">Revista LaU</a></p>



<p><em>Abstract</em>: Este año es el cincuenta aniversario de la publicación de&nbsp;<em>The Limits to Growth</em>, un informe que alertó de las graves consecuencias ecológicas que tendría para la sociedad industrial el mantener la trayectoria que la actividad económica seguía a nivel mundial. Sin embargo, y transcurrido medio siglo, la situación no ha hecho sino empeorar en términos de presión e impacto medioambiental, al tiempo que han seguido expandiéndose las ideologías y prácticas que se constituyen alrededor del fetiche del crecimiento económico. La comunidad científica alerta de que el tiempo se agota y de que la única forma de evitar un colapso medioambiental, de consecuencias catastróficas especialmente para los sectores sociales más vulnerables, es reescalar la actividad económica hasta el nivel que sea compatible con los límites del planeta. Algunas instituciones internacionales y distintos gobiernos nacionales están aprobando programas y políticas para lograr esos objetivos, con magros resultados hasta el momento, mientras que crece la alarma ante la posibilidad de una salida reaccionaria y ecofascista a la crisis ecosocial. En este artículo evaluamos el estado de la cuestión, repasamos cómo el modelo de producción y consumo está detrás de los desarreglos ecológicos y por qué la única salida política democrática a la crisis ecosocial es el proyecto ecosocialista.</p>



<p><strong>Introducción</strong></p>



<p>Hace ahora 50 años la profesora y científica Donella Meadows encabezó la publicación del informe&nbsp;<em>The Limits to Growth,</em>&nbsp;el cual tenía como objetivo analizar el impacto físico que las pautas de crecimiento económico tienen sobre el planeta. Para dicha evaluación se utilizó un modelo informático que incorporaba, entre otros, el efecto de la explotación económica sobre los suelos, el agotamiento de los recursos no renovables como los minerales y las distorsiones climáticas resultantes. Se plantearon varios escenarios, el peor de los cuales sugería que si no se actuaba para corregir la trayectoria vigente entonces, la sociedad industrial colapsaría a mitad del siglo XXI.</p>



<p>Aquel informe se convirtió en un punto de referencia internacional y puso encima de la mesa las consecuencias ecológicas de una dinámica de crecimiento que, hasta entonces, se había entendido como positiva. Las críticas al modelo del equipo científico así como a sus conclusiones fueron, sin embargo, feroces entre los economistas (Solow, 1973).</p>



<p>En efecto, el crecimiento económico es habitualmente concebido como algo deseable, ilimitado en el espacio y el tiempo e, incluso, reflejo de un proceso de evolución natural de las sociedades. La propia noción de crecimiento económico está intrínsecamente vinculada a la noción social de progreso, ambas hijas de la Ilustración y víctimas de forzadas y equívocas analogías con las ciencias naturales, particularmente a partir de la teoría darwinista (Nisbet, 1980). En definitiva, tenemos profundamente incrustada y naturalizada la noción de crecimiento económico.</p>



<p>La propia Meadows sostuvo, treinta años después (Meadows et al., 2006), que el crecimiento económico debía entenderse como una herramienta y no como un fin en sí mismo, de manera que había que cuestionar para qué dicho crecimiento, quién se beneficiaría del mismo y si existían fuentes y sumideros en el planeta que lo posibilite. Algo similar a lo que el economista Simon Kuznets había planteado cuando diseñó el PIB como indicador y lo propuso ante el Congreso de los Estados Unidos. Según Kuznets (Gadrey, 2004), no cabía inferir que dicho indicador, que mide el valor monetario de la producción, fuera también expresión del bienestar social. Desde entonces se han multiplicado las voces que alertan de que el PIB no es una buena herramienta para medir el desarrollo humano y el bienestar social (Raworth, K., 2018).</p>



<p>El problema principal que subyace a la economía convencional es que emplea una conceptualización de la economía que ignora de manera deliberada el contexto físico en el que necesariamente se enmarca, así como las leyes más elementales de la física. Así, se trabaja suponiendo que recursos y energías son ilimitados, sin considerar siquiera los residuos de la propia actividad o la limitada capacidad de carga del planeta. Y esto, habida cuenta del carácter hegemónico del pensamiento económico en tanto que es capaz de moldear los marcos de pensamiento social, es sumamente importante, pues inhabilita para encontrar soluciones efectivas a la crisis ecosocial.</p>



<p><strong>Los deficientes modelos económicos</strong></p>



<p>El crecimiento económico puede concebirse como el resultado de una mayor capacidad productiva por parte de una determinada sociedad. Así, de manera simplificada, una sociedad que produce en un año más cantidad de producto que en el año anterior se dice que ha crecido económicamente por una cuantía igual a la diferencia de ambas producciones. Así, de un país que produce 10 unidades de alimentos en un determinado año y que produce 12 unidades de alimentos en el año siguiente, se dice que ha crecido un 20% en unidades de alimentos. Esas dos unidades nuevas de alimentos se consideran el excedente económico. La acumulación sistemática de excedentes económicos se encuentra detrás del desarrollo de las sociedades, en tanto que ha permitido históricamente que las sociedades se hagan más complejas (Cesaratto, 2020).</p>



<p>El capitalismo es un sistema económico que emergió hace aproximadamente cinco siglos y que introduce una serie de incentivos, a través de la competencia, para disciplinar a las empresas y forzarlas a crecer en cada período, así como, además, reinvertir los beneficios a fin de incrementar su capacidad productiva en un nivel mayor, además de asegurar una parte creciente de esos beneficios a quienes ponen el capital. De esa manera, bajo el capitalismo todo el tejido empresarial se ve empujado hacia un crecimiento de sus capacidades productivas. Ese es el motor del cual se deriva, bajo determinadas configuraciones institucionales, el espectacular incremento de la actividad económica, las infraestructuras y, en definitiva, las condiciones de vida de las poblaciones en los últimos doscientos años.</p>



<p>Sin embargo, la realidad histórica del capitalismo ha demostrado que el proceso de crecimiento económico no es ni constante ni está exento de graves convulsiones (las cuales llevan a fenómenos como el desempleo y la ausencia de salarios para grandes sectores de la sociedad). A la tarea de desentrañar las dificultades del crecimiento económico se han dedicado los economistas también desde hace más de doscientos años. No obstante, la mayoría de ellos han utilizado un instrumental teórico totalmente ciego a la cuestión ecológica, esto es, a los prerrequisitos ecológicos del crecimiento económico y a las consecuencias ecológicas del mismo.</p>



<p>Sin embargo, los economistas clásicos, fundadores de la&nbsp;<em>Economía Política&nbsp;</em>como disciplina, sí tuvieron presente parte de lo que podríamos llamar el metabolismo social, esto es, la relación entre la naturaleza y la economía (Haberl et al, 2016; González de Molina, M., 2014). Ya la escuela fisiócrata, antecesora de los anteriores y cuyo exponente principal fue François Quesnay, interpretó en el siglo XVIII la cuestión económica a partir de los flujos agrarios y concluyó que todo excedente es posible gracias a los regalos que nos brinda la naturaleza. David Ricardo, por otro lado, era consciente de la distinta fertilidad de los suelos y elaboró una teoría de los rendimientos decrecientes de la tierra que le condujo a pensar que el capitalismo no podría crecer indefinidamente. El reverendo Thomas Malthus introdujo su ya famosa tesis sobre el crecimiento de la población como limitante del crecimiento económico. Y Karl Marx y Friedrich Engels consideraron que el capitalismo enfrentaría límites en su propio desarrollo debido a la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, si bien todo ello dentro de una filosofía de la historia esencialmente teleológica de acuerdo con la cual todo el sistema avanzaría inevitablemente fase tras fase hasta la culminación en el comunismo (Garzón, 2017). No obstante, el caso de Marx requiere una mención aparte, pues investigaciones de las últimas décadas han puesto de manifiesto que Marx fue también un pensador sumamente interesado por los avances científicos de su tiempo y que él mismo concedió mucha importancia al propio concepto de&nbsp;<em>metabolismo social&nbsp;</em>(Burkett, 2006; Foster, 2020; Saito, 2022).</p>



<p>En el siglo XX, el pensamiento económico, en su aspiración de dotar de cientificidad a la disciplina, se alejó aún más de las condiciones físicas e incluso sociales en las que necesariamente cualquier economía debe operar. El pensamiento neoclásico, como se le conoce tras la reformulación de Walras, Marshall y Jevons, entre otros, impregnó toda la ciencia económica y se produjo una ruptura con la anterior&nbsp;<em>Economía Política</em>, dando lugar a nociones de producción y riqueza completamente desligada de una base natural (Naredo, 2015). Mientras tanto, proseguía la búsqueda de explicaciones teóricas al crecimiento económico y a sus posibles interrupciones con los economistas Harrod y Domar, quienes elaboraron un modelo que concluía que el crecimiento económico era fundamentalmente inestable y que las condiciones para la estabilidad eran muy complicadas de cumplir (Harrod, 1939; Sen, 1970). A aquel modelo, de inspiración keynesiana, le dieron respuesta dos economistas neoclásicos como Robert Solow y Swan, quienes sentaron las bases del paradigma sobre crecimiento económico y cuyos modelos se siguen estudiando de forma preferente en todas las facultades de economía del mundo. Son esos modelos los que, al fin y al cabo, definen en gran medida el perímetro de pensamiento de los economistas.</p>



<p>En todo modelo de crecimiento económico la función agregada de producción constituye su piedra angular. Esta función representa el proceso de producción económico, y en su formulación más básica sólo intervienen el capital y el trabajo, mientras que los recursos y energía se consideran como plenamente disponibles en todo momento. Así, capital y trabajo se consolidan como los únicos recursos productivos que, combinados, generan el excedente de una economía. Este excedente conforma, a su vez, el montante a distribuir entre salarios y beneficios.</p>



<p>De aquí nacen gran parte de las discusiones de políticas públicas acerca de la acumulación y la distribución en las sociedades capitalistas. Cuestiones ético-políticas tan importantes como el nivel de salarios o de beneficios o, más aún, de su participación relativa en la renta, se derivan de la pregunta implícita acerca de&nbsp;<em>cómo afectan esos cambios al crecimiento económico</em>. Cada modelo pertenece a una familia de pensamiento distinta debido a su específica configuración, determinados por diferentes supuestos de partida. En general, los modelos neoclásicos consideran que las restricciones al crecimiento vienen del lado de la oferta, por lo que sugieren que para fomentar la acumulación es necesario incrementar los beneficios, mientras que los modelos poskeynesianos ponen el foco en las restricciones desde el lado de la demanda y suelen sugerir cambios en la distribución de la renta y subidas salariales (o del gasto público) que sostengan la demanda. En estas coordenadas quedan encerradas la gran mayoría de las discusiones de política económica en la actualidad. Sin embargo, el paradigma es siempre compartido, y el debate gira realmente en torno a cómo maximizar el crecimiento económico.</p>



<p>Una sorpresa que suelen llevarse los estudiantes de economía al estudiar estos modelos, especialmente los más básicos, es que aparentemente no hay posibilidad de que exista crecimiento ilimitado. El modelo de Solow, por ejemplo, establece que los factores de producción, capital y trabajo, tienen rendimientos decrecientes, lo que supone que cada unidad adicional aporta cada vez menos cantidad de producto. El modelo, en su dinámica, tiende a un estado estacionario donde no hay crecimiento económico. Sin embargo, cuando a estos modelos básicos se les incorpora el progreso técnico, en cualquier formulación posible, entonces se permite que exista crecimiento económico potencialmente ilimitado. Esto es lo que ocurre con los modelos AK de crecimiento o los de crecimiento endógeno y también todos aquellos que incorporan rendimientos crecientes en la función agregada de producción (Acemoglu, 2009; Romer, 2000). En definitiva, los estudiantes pronto aprenden que el crecimiento económico ilimitado es técnicamente posible gracias a la tecnología y, en el caso de determinados modelos heterodoxos inspirados en Allyn Young, Gunnar Myrdal, Nicholas Kaldor y Anthony Thirlwall, también al papel central que juega el sector industrial (Blecker y Setterfield, 2019).</p>



<p>Con este breve repaso a la relación entre modelos económicos y políticas públicas debe quedar claro sobre todo que los economistas, los de ayer y los de hoy, tienden generalmente a pensar dentro de marcos analíticos y conceptuales que son definidos sobre la base de la búsqueda de maximización del crecimiento económico. Las respuestas que se dan están condicionadas por el uso de un instrumental teórico que, sea explícito o no, viene limitado por sus propias deficiencias. Teniendo presente el papel fundamental que juegan los economistas a la hora de enmarcar el debate público, difundir su propia gramática, influir en las decisiones de las instituciones públicas o, caso de los bancos centrales, directamente a tener el control absoluto de determinados espacios de poder, conviene más que nunca conocer de dónde nacen esas limitaciones.</p>



<p>Y es que lo que todas estas corrientes y escuelas de pensamiento han ignorado en su mayor parte, tanto en sus fundamentos metodológicos como en sus propuestas de políticas públicas, ha sido la conexión entre la actividad productiva&nbsp;<em>per se</em>&nbsp;y los fundamentos naturales en los que se inserta y a los que necesita. Es decir, está completamente ausente una visión del metabolismo social que implica partir de una cosmovisión en la que la economía es un subsistema de la biosfera y no al revés.&nbsp; Esta ausencia, totalmente ilegítima en nuestro tiempo, tiene que ver con los aspectos físicos del proceso económico: el uso de la energía y de los recursos naturales y las presiones e impactos ecológicos del proceso productivo.</p>



<p><strong>Recursos naturales y energía</strong></p>



<p>El economista Georgescu-Rogen (2007) fue uno de los primeros en advertir las graves carencias de los modos tradicionales de pensar la economía. En particular, puso de relieve la ausencia que tenían los modelos económicos respecto al consumo de energía y materiales. Ambos componentes restringen las posibilidades del crecimiento económico de maneras tales que la&nbsp;<em>economics</em>&nbsp;había ignorado hasta hace muy pocos años<a href="applewebdata://6F03DFEC-6B6A-417C-B72F-BE53CE2C1E5F#_ftn1"><sup>[1]</sup></a>. De hecho, el planeta Tierra es un sistema cerrado de materiales, de manera que salvo la muy excepcional llegada de algún meteorito o la tampoco muy significativa salida de algún artefacto humano la masa de materiales es la misma todo el tiempo. En el caso de la energía, el planeta Tierra es un sistema abierto en tanto que recibimos la entrada de flujos energéticos de radiación solar, pero aún así también existen límites al uso de energía por razón de las leyes físicas.</p>



<p>Hoy aceptamos que la mayoría de los productos que utilizamos en nuestro día a día están hechos de la combinación de energía, agua y materiales y también que para el proceso de producción necesitamos igualmente fuentes de energías que permitan extraerlos y procesarlos. También sabemos que estos materiales proceden de los ciclos geoquímicos de la Tierra y que en su mayoría tuvieron su origen hace millones de años debido a la tectónica de placas, la cual no sólo generó sino que también distribuyó geográficamente los recursos a lo largo de todo el planeta, aunque evidentemente no de manera uniforme (Craig et al., 2012). Por esa razón algunas regiones del planeta son ricas en petróleo y gas natural, y otras lo son en otros minerales, todo lo cual ha condicionado claramente el devenir histórico de las sociedades y, claro está, también las guerras por los recursos. E igualmente sabemos que una gran parte de esos recursos son no renovables, es decir, que existen en cantidades fijas y cuya regeneración natural se produce en una escala de tiempo inaccesible para el ser humano. Por otro lado, los recursos que sí se renuevan mediante ciclos están también limitados por sus propios ritmos de regeneración.</p>



<p>Además, todo proceso humano conlleva una serie de consumos energéticos que se rigen por las leyes físicas, particularmente las leyes de la termodinámica. El segundo principio de la termodinámica establece que la calidad de la energía útil para el ser humano va reduciéndose y que al realizarse conversiones energéticas (por ejemplo, desde la energía procedente de la radiación solar a la fotosíntesis o a la generación de electricidad a través de placas fotovoltaicas) no es posible mantener el 100% de la energía disponible. Mucha de la energía se disipa como calor, y por lo tanto las conversiones suponen la transformación de energías de alta calidad y baja entropía, como el carbón, hacia energías de baja calidad y alta entropía, como el calor. La historia del desarrollo tecnológico es la historia de una lucha incesante para mejorar la eficiencia energética de estas conversiones (Smil, 2021).</p>



<p>Los flujos de materiales y los flujos de energía pueden entenderse como dos aspectos distintos del mismo proceso. De hecho, un continuo flujo de materiales sólo es posible si existe al mismo tiempo también un flujo continuo de energía. Además, estos dos limitantes del crecimiento económico interactúan de maneras muy diversas, y la presión y el impacto ecológico de la actividad productiva se manifiesta también a través de la alteración de los ciclos geoquímicos.</p>



<p>No obstante, es habitual diferenciar entre presiones e impactos originados por la actividad productiva. Por un lado, la actividad productiva ejerce presión sobre el medio ambiente, por ejemplo a través de la emisión de dióxido de carbono, resultante de la quema de combustibles fósiles. Por otro lado, el impacto sobre el medio ambiente por parte de la actividad productiva se manifiesta en fenómenos tales como el cambio climático, esto es, el calentamiento global que se produce como consecuencia de la acumulación sostenida en el tiempo de gases de efecto invernadero en la atmósfera. En las últimas décadas ha mejorado sustancialmente la información disponible y se han construido numerosos indicadores que tienen como objetivo medir el nivel de presión e impactos que ejerce el modelo de producción y consumo sobre el medio natural.</p>



<p><strong>Los límites del planeta</strong></p>



<p>Lo cierto es que el ser humano ha vivido en la Tierra al menos desde hace doscientos mil años, aunque la mayor parte del tiempo lo ha hecho en formaciones sociales de cazadores-recolectores. El final de la última glaciación, que sucedió hace unos veinticinco mil años, dio lugar a un clima extraordinariamente cálido que, a su vez, permitió al ser humano desarrollar nuevas prácticas económicas y sociales, como la agricultura (desarrollada hace unos 12.000 años). Los científicos han convenido en llamar&nbsp;<em>Holoceno</em>&nbsp;a esta era cálida en la que se han desarrollado las civilizaciones actuales.</p>



<p>Sin embargo, desde la&nbsp;<em>Revolución Industrial</em>&nbsp;la utilización de recursos y energía por parte de la humanidad se ha incrementado de manera notable. Muchos estudios sobre la historia ambiental describen muy bien estas transformaciones (McNeil, 2003). Este uso intensivo de recursos y energía, especialmente de la procedente de combustibles fósiles, ha conllevado la elevación de los estándares de vida y con ello la multiplicación de la población en todo el mundo. Unas tendencias que se han acelerado especialmente desde mediados del siglo XX, como se puede comprobar en los siguientes gráficos, otorgándole el nombre de<em>&nbsp;Gran Aceleración</em>&nbsp;al período iniciado desde entonces (Steffen, 2020).</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales.jpeg" alt="" class="wp-image-3831" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Datosgenerales-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>En términos más generales, los científicos Paul Crutzen y Eugene Stormer acuñaron hace más de dos décadas el término de&nbsp;<em>Antropoceno</em>&nbsp;para referirse al cambio de época geológica respecto a la anterior, que suponía el hecho de que hoy la humanidad movilice más tierra y sedimentos que ningún otro proceso natural como consecuencia del desarrollo del sistema económico a escala mundial. Otros autores hablan de&nbsp;<em>Capitaloceno</em>&nbsp;para señalar también al que sería responsable último de todas estas transformaciones: el tipo de sistema económico (Foster, 2020).</p>



<p>Por otra parte, en el año 2009 un grupo de científicos desarrollaron el marco de los «límites planetarios» en referencia a los principales umbrales ecológicos cuyo rebasamiento puede implicar importantes alteraciones de los ciclos de la naturaleza a escala planetaria (Rockström et al., 2009). La principal virtud de este nuevo marco es que amplía el alcance de la atención desde el cambio climático, mucho más conocido popularmente, hacia otros impactos ambientales como son la pérdida de la biodiversidad, la acidificación de los océanos o la contaminación por exceso de nitratos o por plásticos. Se establecieron nueve fenómenos biogeológicos que, en caso de superar determinados límites provocaría el desencadenamiento de procesos sin retorno que amenazaría la vida misma. Este marco se basa en la existencia de una zona de seguridad dentro de la cual el ser humano puede vivir con cierta seguridad, y cuyo perímetro está determinado por los parámetros biogeológicos propios del&nbsp;<em>Holoceno</em>. A día de hoy se habrían superado ya cinco de los umbrales críticos para la vida, lo que pondría de relieve la urgencia de una respuesta contundente a estos fenómenos de desequilibrio.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1.png"><img loading="lazy" width="798" height="752" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1.png" alt="" class="wp-image-3832" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1.png 798w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1-300x283.png 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/Imagen-1-768x724.png 768w" sizes="(max-width: 798px) 100vw, 798px" /></a></figure>



<p>Sin embargo, uno de los problemas principales de este marco de límites planetarios es que concibe el metabolismo social de una manera esencialmente técnica. Si no se amplía el análisis, el marco parece situar la responsabilidad en nociones abstractas como «la humanidad» o «el ser humano», cuando es evidente que ni las causas ni las consecuencias del impacto ecológico están simétricamente repartidas tanto a lo largo de la estructura de clase como entre las diferentes regiones geográficas. De hecho, no existe una crisis ecológica global que signifique lo mismo para todos los seres humanos (Brand et al., 2021). Por esa razón es mucho más adecuado hablar de crisis ecosocial, pues permite poner de relieve la importancia de las relaciones sociopolíticas a la hora de evaluar los procesos de degradación ambiental y de abordar sus soluciones.</p>



<p>Algunas economistas, como la británica Kate Raworth (2018), han añadido una dimensión social a la esfera de los límites planetarios. El resultado, popularizado como&nbsp;<em>economía de la rosquilla</em>, señala la necesidad de que las sociedades modernas se sitúen por encima de los mínimos decentes para la vida de la población (suelo social) y por debajo de los límites biofísicos del planeta (techo ecológico), estableciéndose con ello un espacio seguro y justo para la humanidad. La utilidad de esta aportación es que permite integrar aspectos tales como la desigualdad, la pobreza o el trabajo digno junto con los límites estrictamente biofísicos.</p>



<p><strong>El impacto del consumo</strong></p>



<p>Desde la publicación de&nbsp;<em>Limits to Growth&nbsp;</em>se reconoce generalmente que existe una estrecha vinculación entre el crecimiento económico y las fuertes presiones e impactos ecológicos que amenazan la vida en el planeta. Por esa razón, las Naciones Unidas desarrollaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El objetivo 8.4 de estos últimos específica, por ejemplo, que debe mejorarse progresivamente y para 2030 «la producción y el consumo eficientes de los recursos mundiales y procurar desvincular el crecimiento económico de la degradación del medio ambiente». La Unión Europea también adoptó esta agenda y desde entonces ha aprobado un gran número de normas destinadas a cumplir con tales objetivos, igual que ha hecho también España.</p>



<p>El trabajo científico acumulado durante las últimas décadas ha permitido la proliferación de indicadores que miden el impacto de la actividad económica sobre el planeta, y ello ha facilitado el seguimiento de estos compromisos. El público general, por ejemplo, se ha familiarizado con indicadores que miden el dióxido de carbono en la atmósfera e incluso tienen presente el impacto de su&nbsp;<em>Huella de Carbono</em>&nbsp;en su vida cotidiana y en sus decisiones de consumo. No obstante, y como ya hemos dicho, los impactos ambientales van más allá del cambio climático y requieren también otros indicadores.</p>



<p>Una de las líneas más avanzadas en este sentido tiene que ver con el flujo de materiales implicado en el modelo de producción y consumo. La extracción y procesamiento de recursos explica aproximadamente el 50% de la emisión de gases de efecto invernadero y más del 90% de la pérdida de biodiversidad en el planeta (UNEP, 2019). Y está comprobado que existe una relación directa y estrecha entre el consumo de materiales y el crecimiento económico. Esto es así, básicamente, debido al impulso del consumo.</p>



<p>El consumo es el motor principal del impacto ecológico global, muy por encima de otros factores demográficos tales como la edad, el tamaño del hogar, el capital cultural o la estructura de vivienda (Wiedmann et al., 2020). De hecho, conviene subrayar que el consumo es requerido para cerrar el ciclo del capital, esto es, para que la producción sea vendida y pueda existir crecimiento económico. Consumo y producción son, en este sentido, dos caras de la misma moneda (Harvey, 2007). Al fin y al cabo, bajo el capitalismo la producción está orientada a la ganancia económica –y no a la satisfacción de las necesidades humanas–, de manera que los actores económicos son disciplinados para que su producción sea vendida, mediante el consumo, y que los beneficios vuelvan a ser reinvertidos en mayor producción, es decir, para el crecimiento. En el caso de que la demanda agregada sea insuficiente para cubrir la producción y las existencias en un determinado período, el sistema estaría abocado a una crisis. Por esa razón, bajo el capitalismo la espiral incesante de consumo es espejo de la espiral incesante de producción.</p>



<p>Debe recordarse que cualquier producto que sale al mercado lleva consigo una mochila de recursos tanto de manera aparente como invisible, lo que quiere decir que cualquier producto implica el uso de los materiales que lo conforman, pero también de los materiales que ha sido necesario consumir en la fabricación del producto. Por ejemplo, un único&nbsp;<em>smartphone</em>&nbsp;está compuesto por decenas de sustancias minerales tales como el litio, aluminio, silicio, cobre, níquel…, pero además su producción sólo ha sido posible debido a un consumo enorme de agua –algunas estimaciones hablan de doce mil litros de agua por cada unidad (Friends of the Earth, 2015)– y de otros materiales, así como por la generación de residuos durante el proceso de producción y por los generados debido a su temprana obsolescencia. Con la globalización económica y el desarrollo de las cadenas globales de valor la complejidad material y tecnológica de los productos se ha elevado y con ello también los intercambios comerciales de materias brutas, materiales y residuos entre países. Esto no sólo es válido para el consumo de productos electrónicos sino también para el consumo de productos alimentarios –siendo el sistema agroalimentario mundial responsable del 34% de las emisiones de gases de efecto invernadero (Crippa et al., 2021)– y de la industria del turismo global –causante, a su vez, del 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero (Lenzen et al., 2018). Toda nuestra actividad cotidiana está enlazada a un determinado nivel de consumo de recursos y energía que presiona e impacta sobre el medio natural.</p>



<p>De hecho, la extracción de recursos materiales se ha acentuado en las últimas décadas en todo el mundo, como puede comprobarse en el siguiente gráfico que se remonta hasta principios del siglo pasado (Krausmann, 2018). Puede verse, además, que efectivamente se ha producido un brutal crecimiento a partir de la segunda mitad del siglo pasado, lo que describe muy bien el período de&nbsp;<em>Gran Aceleración</em>. Por ejemplo, en 2017 una persona, en promedio, consumió un 65% más de recursos que en 1970 (UNEP, 2019).</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion.jpeg" alt="" class="wp-image-3833" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Extraccion-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>Para conocer el impacto exacto que tiene el modelo de producción y consumo sobre el uso de recursos naturales en un determinado territorio se utiliza habitualmente la&nbsp;<em>Extracción interna (Domestic Extraction)</em>, que mide el uso de recursos naturales dentro de las fronteras de un país. Sin embargo, este procedimiento tiene el problema de que no registra el impacto que tiene el comercio internacional y puede llevar a la creencia de que determinados países, tradicionalmente importadores netos de productos,&nbsp; mejoran año tras año sus indicadores de impacto en el uso de recursos cuando eso puede deberse, por ejemplo, a que han deslocalizado industrias intensivas en el consumo de materiales. Otro indicador utilizado es el&nbsp;<em>Consumo Material Interno (Domestic Material Consumption)</em>que sí tiene en cuenta el comercio internacional, pero sólo añade el peso físico del consumo aparente de bienes importados y exportados. Esto quiere decir que no se tiene en cuenta la cantidad de recursos utilizados para la producción de los bienes que se importan y exportan. Para resolver este problema se ha elaborado un indicador mucho más preciso que se conoce como&nbsp;<em>Huella Material (Material Footprint)</em>&nbsp;y que describe el consumo de recursos naturales tanto internos como de bienes importados, incluyendo también los recursos que han tenido que usarse en la producción de estos bienes comercializados internacionalmente (Wiedmann et al., 2015).</p>



<p>La&nbsp;<em>Huella Material&nbsp;</em>es, por lo tanto, el mejor indicador disponible para evaluar el impacto del modelo de producción y consumo sobre el uso de los recursos. En su nivel agregado, la&nbsp;<em>Huella Material</em>&nbsp;necesariamente coincide con la&nbsp;<em>Extracción Material</em>&nbsp;–debido a que las importaciones y exportaciones a nivel mundial se neutralizan mutuamente– lo que significa que el crecimiento de la&nbsp;<em>Huella Material</em>&nbsp;también ha sido espectacular en los últimos cincuenta años. Sin embargo, también ha sido asimétrico, pues no todas las regiones son igualmente responsables de este crecimiento en el uso de los recursos naturales. Si atendemos al uso de recursos en términos per cápita vemos cómo América del Norte –principalmente por causa de Estados Unidos– está claramente en cabeza con un consumo de 30 toneladas por persona en el año 2019. Este es un consumo 1,5 veces mayor que el que se produce en Europa y hasta 7 veces superior al que se produce en África.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc.jpeg" alt="" class="wp-image-3834" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220330-Consumo-Material-y-Huella-Material-pc-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>Esto es algo parecido a lo que sucede con las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, debido a que el llamado<em>&nbsp;Norte Global</em>&nbsp;es responsable del 92% de las emisiones acumuladas de dióxido de carbono desde 1850. Un país como Estados Unidos es responsable del 40% de dichas emisiones, mientras que los países que conforman la actual Unión Europea son responsables del 29% (Hickel, 2020).</p>



<p>De hecho, cuando pasamos al estudio en el interior de los diferentes países, encontramos que son los estratos superiores en términos de ingresos de cada país los que más consumo de recursos realizan. Como dijimos, las sociedades bajo el capitalismo están estructuradas en clases, y en la medida en que el consumo de recursos está vinculado al ingreso es de esperar que el mayor impacto ecológico proceda de los grupos sociales más adinerados. Es más, algunas investigaciones han demostrado que a nivel planetario el 10% más rico es responsable de entre el 25 y el 43% de las emisiones de dióxido de carbono (Bruckner et al., 2022), lo que pone de manifiesto que el impacto ecológico viene empujado por los ciudadanos más ricos de cada país.</p>



<p>En el caso de España, la huella material ha crecido en los últimos cincuenta años, si bien con dos subperíodos claramente diferenciados. Hasta la crisis financiera hubo una tendencia alcista, acelerada a comienzos de siglo con el boom inmobiliario, que luego se convirtió en una tendencia a la baja que ha continuado progresivamente desde entonces. Este patrón sugiere que aparentemente se estaría&nbsp;<em>desmaterializando</em>, esto es, se produce un menor consumo de recursos por año. Esto en gran parte se debe a la crisis económica, pero también puede estar describiendo cambios en la estructura productiva –hacia sectores menos intensivos en recursos– o un incremento de eficiencia tecnológica.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana.jpeg" alt="" class="wp-image-3835" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220324-huella_material_espana-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>El problema de la&nbsp;<em>Huella Material</em>, así como de todos los demás indicadores anteriormente señalados, es que reflejan únicamente el consumo de materiales. Para considerar además otros tipos de impactos, la Comisión Europea ha desarrollado una nueva metodología, basada en la vida completa del producto, que le ha permitido elaborar dos indicadores nuevos: la&nbsp;<em>Huella Interna (Domestic Footprint)</em>&nbsp;y la&nbsp;<em>Huella de Consumo (Consumption Footprint)&nbsp;</em>(Sala, 2019).</p>



<p>La&nbsp;<em>Huella Interna</em>&nbsp;refleja el impacto ecológico (no sólo de recursos, sino también de otras quince dimensiones) únicamente teniendo en cuenta lo que se produce en el interior del país. Por otro lado, la&nbsp;<em>Huella de Consumo</em>recoge también el efecto del comercio internacional, de manera que incorpora el impacto de todos aquellos bienes que se producen en el exterior pero que consumimos en nuestro país (restando los impactos de lo que producimos aquí para el consumo de otros países). En el caso de la Unión Europea los datos muestran que en el período entre 2005 y 2014 se ha producido una reducción relativa del impacto ambiental, aunque con indicadores muy diferentes entre países. El impacto ambiental más importante se ha dado en países que son tradicionalmente importadores de combustibles fósiles, de carne, de minerales y de productos manufacturados, lo que en esos casos se manifiesta en una&nbsp;<em>Huella de Consumo&nbsp;</em>más elevada (Sanyé-Mengual, 2019). Cuando analizamos el comportamiento de ambos indicadores para España comprobamos que se han movido de manera inversa en los últimos años. En lo que se refiere al impacto ecológico interno, se ha producido una mejora en la última década. Sin embargo, cuando se atiende al impacto ecológico producido por el consumo en su totalidad –incluyendo bienes importados– la recuperación económica comenzada en 2013 supuso también un crecimiento del impacto ecológico que no se ha detenido desde entonces.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><a href="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo.jpeg"><img loading="lazy" width="806" height="574" src="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo.jpeg" alt="" class="wp-image-3836" srcset="http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo.jpeg 806w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo-300x214.jpeg 300w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo-768x547.jpeg 768w, http://www.agarzon.net/wp-content/uploads/2022/04/20220325-Huella-Domestica-y-Huella-de-Consumo-400x284.jpeg 400w" sizes="(max-width: 806px) 100vw, 806px" /></a></figure>



<p>En definitiva, a estas alturas y transcurridos cincuenta años desde la publicación de&nbsp;<em>Limits to Growth&nbsp;</em>el centro del debate ya no es si el crecimiento económico está asociado con las presiones y el impacto sobre el medio natural, dado que existe un abrumador consenso al respecto, sino si es posible desvincular ambos fenómenos en un período de tiempo suficiente que permita al metabolismo social no traspasar puntos de no retorno en los límites del planeta. Ese es, precisamente, el debate del «crecimiento verde o decrecimiento».</p>



<p><strong>Decrecimiento y eficiencia tecnológica</strong></p>



<p>De acuerdo con la visión dominante en las instituciones internacionales, por ejemplo las Naciones Unidas o la Unión Europea, para evitar los peores escenarios ecológicos el objetivo debe ser conciliar el crecimiento económico –el cual se considera imprescindible para el bienestar social– y un uso de recursos y energía que se sitúe dentro de los límites del planeta. Ello sería posible si se produce un desacople entre alguna variable que mida la actividad económica (normalmente el PIB) y las variables que miden las presiones y los impactos ecológicos (tales como emisiones de dióxido de carbono, el uso de recursos materiales, etc.).</p>



<p>Cuando las variables de presión e impacto ecológico crecen a un ritmo más lento de lo que crece el PIB se dice que se ha producido un&nbsp;<em>desacople relativo</em>, mientras que si el PIB crece pero las variables de presión e impacto decrecen se dice que se ha producido un&nbsp;<em>desacople absoluto</em>. Para lograr estos objetivos se han depositado grandes esperanzas en la eficiencia tecnológica, entendida esta como el conjunto de tecnologías que, aplicadas al proceso productivo, permiten que éste consuma menos recursos y energía por unidad de producto en valor monetario. Es este optimismo tecnológico en lo que se basa toda la narrativa del crecimiento verde.</p>



<p>Sin embargo, la inmensa mayoría de los análisis efectuados han concluído que, en general, no se está produciendo un desacople entre la actividad económica y la presión e impacto medioambiental y que, además, es improbable que eso vaya a producirse en algún momento (Parrique et al., 2019). En la mayoría de los casos no está teniendo lugar ningún tipo de desacople respecto al consumo de materiales, consumo de energía, uso de agua, emisiones de gases de efecto invernadero o pérdida de biodiversidad, y cuando algún estudio ha encontrado alguna evidencia de desacople se ha tratado de análisis locales, restringidos a países o regiones concretos, por períodos cortos de tiempo –por ejemplo, durante una crisis– o en proporciones insuficientes para abordar los retos ecológicos (Parrique et al., 2019; Haberl, 2020).</p>



<p>Es evidente que las estrategias de incremento de eficiencia tecnológica deben complementarse con estrategias de suficiencia, esto es, con una reducción de la escala material de la producción y el consumo en muchos sectores a fin de que la actividad económica se sitúe dentro de los límites del planeta. Es en este punto donde han emergido con fuerza las propuestas decrecentistas (Hickel, 2021). El decrecimiento emergió como movimiento político y social, y no debe ser entendido ni como concepto económico ni como teoría consistentemente estructurada sino como una amplia y heterogénea corriente de pensadores y propuestas que aspiran a que la economía mundial se desarrolle dentro de los límites biofísicos del planeta (Demaria, F. et al, 2018). Sencillamente, el decrecimiento debe comprenderse como una crítica a la teoría del desacople y el crecimiento verde, y como una afirmación de la necesidad de reducir la presión del ser humano y su modelo económico sobre los ecosistemas y el entorno natural sin jugarnos todo a la carta de las promesas tecnológicas.</p>



<p><strong>Estrategias ecosocialistas frente a la barbarie</strong></p>



<p>Cincuenta años después de&nbsp;<em>The Limits to Growth</em>, ¿se necesita más investigación para confirmar que existe una grave crisis ecosocial? La respuesta sin duda es que&nbsp;<em>no</em>. Ya somos plenamente conscientes de que el modelo de producción y consumo está provocando presiones e impactos en el medio natural en tal grado que la vida misma está amenazada. Sin embargo, lo que falta es la voluntad política para tomar las decisiones que estén a la altura de dicho reto, pues las políticas institucionales llevadas a cabo hasta la fecha se han mostrado claramente insuficientes. A pesar de los discursos y la retórica de los gobiernos de los países más desarrollados, el compromiso de los Acuerdos de París de no elevar la temperatura mundial por encima de 1,5ºC respecto al nivel preindustrial es en estos momentos inalcanzable. Más al contrario, según el panel de investigadores del IPCC de Naciones Unidas, el mundo está en una trayectoria que apunta hacia una catastrófica subida de 2,7ºC para finales de siglo (IPCC, 2021).</p>



<p>En estas condiciones, la tarea central de las sociedades democráticas debería ser la de construir comunidades resilientes capaces de priorizar el bienestar de sus poblaciones sin dañar de manera permanente el entorno natural que las sustenta, así como impedir la escalada de conflictos sociales y guerras, las cuales de manera creciente están vinculadas con la crisis ecosocial (Pirgmaier y Steinberger, 2019; Belcher et al., 2019). Pero, como ya hemos visto, alcanzar este objetivo eco-sociopolítico necesariamente implica una desescalada de la dimensión material de la economía hasta situarla dentro de los límites del planeta, lo que tiene implicaciones políticas, sociales y económicas de gran alcance.</p>



<p>Para empezar, es necesario un replanteamiento completo de la dimensión del consumo. Por un lado, si bien es cierto que las personas consumidoras no pueden tomar las decisiones relacionadas con la oferta, como la ubicación de los grandes centros de producción, sí tienen amplio margen para influir en las decisiones de la demanda. Esta capacidad no es fácil de aprovechar porque el capital es una relación social y, por lo tanto, es mucho más que un modelo de producción y consumo: es una forma de vida. Eso significa que es necesario abordar los valores y principios del consumo capitalista que se sitúa más allá de las necesidades humanas y de los límites del planeta, las formas en las que se reproducen socialmente tales prácticas y los potenciales focos de resistencia que pueden generarse (Pirgmaier, 2020). Por otro lado, en la necesidad de lograr un consumo ecológicamente sostenible hay que partir de que el mercado es incapaz de distinguir entre mercancías que satisfacen las necesidades básicas y mercancías que son, por ejemplo, de lujo (Gough, 2017). Por eso es necesario transitar hacia un enfoque que oriente lo económico hacia la satisfacción de las necesidades humanas.</p>



<p>De hecho, enfoques de este tipo inspirados en Amartya Sen, Martha Nussbaum y su influencia en el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las aportaciones de Max-Neef o de Ian Gough (Álvarez Cantalapiedra, 2013), deberían sustituir el paradigma dominante del crecimiento económico. La tradición utilitarista en economía sostiene que existe una relación positiva e infinita entre crecimiento de ingresos y felicidad/bienestar. Sin embargo, la literatura especializada ha argumentado a favor de la existencia de la «Paradoja de Easterlin», según la cual a partir de cierto punto un incremento de ingresos no se traduce en un incremento de la felicidad individual (Easterlin, 1974).</p>



<p>Por el lado de la producción y distribución, para que ese proceso de adaptación sea además socialmente justo debe llevarse a cabo también un importante flujo de redistribución entre clases sociales y una reorientación general de la producción hacia actividades de intensidad baja en presión e impacto ecológico, pero que pueden tener en cambio un alto componente en satisfacción de necesidades humanas. A tal efecto, programas tales como el trabajo garantizado pueden ser útiles al tiempo que proporcionan una herramienta para luchar contra el desempleo (Garzón y Guaman, 2015).</p>



<p>Además, la democracia sólo puede sobrevivir a las tensiones sociales venideras si es capaz de expresarse como un completo programa de garantías positivas, entendiéndose por tanto a la manera republicana y latiendo de fondo una concepción positiva de la noción de libertad (Ferrajoli, 2011; Garzón, 2014). Por eso, consolidar y blindar los servicios públicos tales como sanidad, educación, vivienda, pensiones, entre otros, es parte esencial de una sociedad que además de sostenible ecológicamente sea justa socialmente.</p>



<p>Pero estas políticas alternativas esbozadas, sin embargo, deben partir de un análisis concreto de la realidad concreta. Una gran parte de la investigación científica respecto a la crisis ecosocial nos ha informado con cada vez mayor precisión acerca de qué está pasando en el metabolismo social. Pero mucho más difícil es encontrar las razones del por qué eso mismo está sucediendo, qué actores concretos son los responsables y cuáles son los obstáculos para lograr cambiar de rumbo.</p>



<p>Por un lado, no es habitual encontrar investigaciones que junto al análisis técnico de la crisis ecosocial se halle también un análisis específico de cómo opera el poder. Al fin y al cabo, el poder es una relación social que inevitablemente define los límites de lo posible, al tiempo que acerca o aleja las posibilidades de poner en marcha las políticas que parecen sencillas sobre el papel. Por ejemplo, se ha documentado de manera suficiente la necesidad de reducir el consumo global de carne para poder combatir de manera efectiva el cambio climático. Sin embargo, no es fácil encontrar análisis que además incorporen una reflexión sobre la implementación de dichas fórmulas, esto es, un análisis del ecosistema político que incluya también al poder en sus diferentes acepciones (lobbies empresariales, grandes empresas productoras, tejido productivo, medios de comunicación, alianzas políticas y sindicales o al propio Estado en su conjunto) (Fuchs et al., 2015).</p>



<p>Por otro lado, si el poder está ausente en mucha de la reflexión actual, más ausente aún está la reflexión sobre las causas últimas de la crisis ecosocial. Es verdad que los motores de la destrucción medioambiental son, como hemos dicho, la presión y el impacto tales como el uso desproporcionado de recursos y energía, la emisión de gases de efecto invernadero y otros. Pero de nada sirve llegar a ese punto si no se asocia con las causas últimas y sistémicas que explican por qué ese catastrófico proceso continúa en marcha. Al fin y al cabo, sin una comprensión de cómo opera el&nbsp;<em>capital</em>&nbsp;y cómo éste disciplina a todos los actores (desde la clase trabajadora hasta las grandes empresas) para la consecución&nbsp;<em>ad nauseam</em>&nbsp;del crecimiento económico, el análisis estará cojo. Por esa razón, cualquier análisis sobre la relación entre economía o sociedad y medio ambiente que realmente quiera traspasar las fronteras de la academia y, en consecuencia, se plantee de verdad transformar la realidad material que analiza, debe ser capaz de beber de enfoques dinámicos que permitan estudiar el sistema que articula lo económico, lo social y la base natural en la actualidad, esto es, el capitalismo. La contradicción central de este sistema económico, como ya hemos comentado, es que funciona y opera como si estuviera desconectado de la base natural en la que necesariamente se inserta. Y tal y como sugirió Marx, el principal problema del capitalismo es su enorme éxito en la consecución de sus objetivos. Hoy sabemos que los costes asociados a ese éxito son sencillamente insoportables para la vida.</p>



<p>El oponente ideológico central del capitalismo ha sido históricamente el socialismo, un movimiento sociopolítico sin el cual no podría entenderse siquiera la propia democracia moderna. Pero como hijo de su tiempo decimonónico, el socialismo también ha estado caracterizado por una larga ignorancia respecto de las presiones e impactos ambientales. Más aún, la inmensa mayoría de la producción teórica respecto a las medidas económicas a tomar en defensa de la clase trabajadora es ciega ante sus consecuencias ecológicas. Incluso la elaborada de manera más reciente. Como ya hemos advertido, la influencia del modo de pensar de la Economía tradicional ha contaminado de manera profunda el propio pensamiento socialista y de la izquierda en general, lo que se manifiesta en la actualidad en aquellos enfoques acríticamente productivistas de los que se derivan propuestas y medidas de política económica calificadas de izquierdas. Algunos investigadores incluso hablan del papel que tienen estos autores como protagonistas de una «revolución pasiva» –un concepto de Gramsci que describe la capacidad de las clases dominantes para cooptar a los dirigentes de las clases subalternas– (Spash, 2020). Pero estas políticas no son sólo el resultado de una concepción del mundo específica sino que, al mismo tiempo, sirven para educar en una determinada cultura política a generaciones enteras de oponentes al capitalismo.</p>



<p>No es este ángulo muerto del socialismo la única herencia peligrosa del pasado. Debe recordarse que el tipo de sociedad que conocemos hoy en día, y cuyo rápido desarrollo ha tenido lugar básicamente en los últimos doscientos años, ha sido posible gracias al empleo intensivo de recursos naturales, especialmente de combustibles fósiles. Este lugar predominante de los combustibles fósiles no puede exagerarse con facilidad. Toda la arquitectura social que hoy tenemos delante de nosotros se debe al capital fósil, y no sólo en términos históricos sino también en el presente. Desde las actividades productivas hasta la configuración y diseño de nuestras ciudades, por lo tanto también del modo de vida de las familias trabajadoras, están modelados por la dinámica del capital fósil. Demostración paradigmática de ello es que en el momento en el que se han producido convulsiones en los mercados energéticos, como ocurrió en los años setenta y como vuelve a ocurrir en la actualidad tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, todo el sistema social queda trastocado desde su dimensión material hasta su dimensión ideológica. Como si fuera el talón de Aquiles, la dependencia respecto del capital fósil expresa la fragilidad de todo el sistema social, incluyendo la propia democracia moderna, también hija de su tiempo –el cual incluye la energía barata (Mitchell, T., 2013).</p>



<p>El problema que esto abre es evidente. En un mundo con recursos naturales finitos, y con los combustibles fósiles alcanzando o sobrepasando sus picos respectivos, la encrucijada ante la que nos encontramos no debe subestimarse. Ya tenemos delante de nosotros los primeros indicios de que una de las alternativas que se están abriendo paso ante esta crisis ecosocial es una nueva forma de fascismo, la cual promueve un tipo de organización social cerrada y autoritaria destinada a satisfacer las necesidades de grupos sociales selectos en detrimento del resto de la población. Este tipo de cierre social weberiano, que está caracterizado por una dinámica insider-outsider, tiene implicaciones sociopolíticas fundamentales. Una Parte creciente de los flujos migratorios internacionales se explican actualmente por el cambio climático y las crisis ambientales y sus efectos sobre países empobrecidos, y la respuesta neofascista a la migración compatibiliza el racismo tradicional con el negacionismo climático y la apuesta por salidas autoritarias a la crisis ecosocial (Malm y Zetkin Collective, 2021). El horizonte de ese recorrido no es otra cosa que la barbarie. De hecho, no es simple casualidad que el crecimiento de la ola reaccionaria global se esté dando al mismo tiempo que se dispone de la mejor y más precisa información acerca de que a la especie humana se le está acabando el tiempo bajo este modelo económico. Evidentemente, no basta con tener razón. En la actualidad, parte de las frustraciones sociales y generacionales de nuestro tiempo se están articulando políticamente a través de una salida reaccionaria que aspira a defender lo propio –lo nativo–, incluyendo el modelo de vida, frente a lo extraño. Un repliegue ideológico-material de amplios sectores sociales frente a las incertidumbres vitales de la era del Antropoceno. Viejos aromas en frascos nuevos.</p>



<p>Hacer frente a estos retos no será cosa de una simple receta política. De nuevo, tampoco será cuestión de tener razón en los argumentos. Más bien tendrá que ver con la capacidad de articular amplias alianzas sociales y políticas que puedan labrar el terreno donde germine todo un bloque histórico y social. En esa amplia comunidad deben poder participar las iniciativas locales y las propuestas globales, las tradiciones clásicas y las corrientes renovadas, la acción social y la acción institucional, y todo en un ejercicio de construcción de tejido social que beba de un imaginario y un horizonte de paz, justicia, igualdad y derechos sociales dentro de los límites del planeta.</p>



<p>En el pasado la disyuntiva entre socialismo o barbarie fue popularizada por Rosa Luxemburgo en el contexto bélico de la Primera Guerra Mundial. La concepción marxista tradicional de la época teorizaba entonces que el capitalismo se encontraba en un estadio tan avanzado de desarrollo –en su fase imperialista– que de ello sólo podía acontecer la revolución internacional socialista o la destrucción de todo atisbo de civilización bajo el yugo de la guerra y sus consecuencias. En cierto modo, hubo revoluciones y mucha destrucción. Dos Guerras Mundiales, regímenes totalitarios asolaron no sólo Europa sino todo el mundo, y aquellos tiempos turbulentos se llevaron por delante a millones de seres humanos, incluida la propia Rosa Luxemburgo, asesinada en 1919 en el marco de la revolución espartaquista.</p>



<p>Hoy, tal disyuntiva es perfectamente válida. La civilización humana, cualquier civilización, solamente puede construir horizontes de justicia y bienestar si lo hace logrando un encaje dentro de los límites del planeta. Ese encaje o reacomodo frente a los límites, por decirlo de alguna manera, se producirá bien de manera organizada o bien de manera caótica, siendo el peor de los escenarios el del colapso ecológico. Cualquiera de los escenarios intermedios nos obligará en cualquier caso a reorganizarnos a través de otras reglas. Pero no olvidemos que la política que más busca hacerse fuerte en esos contextos de emergencias y colapso es aquella del autoritarismo, la discriminación, la desigualdad y el militarismo. Es, de nuevo, la barbarie. Para evitarlo hemos de abrir un camino alternativo basado en otros principios y valores, democráticos, de derechos humanos y justicia social. Esa es la ruta hacia el ecosocialismo. Por eso, se trata de elegir entre el ecosocialismo o la barbarie.</p>



<p><strong>Alberto Garzón&nbsp;</strong>(<a href="https://twitter.com/agarzon">@agarzon</a>) es director de la revista LaU, economista, Ministro de Consumo y Coordinador General de Izquierda Unida.</p>



<h3>Notas</h3>



<p><a href="applewebdata://6F03DFEC-6B6A-417C-B72F-BE53CE2C1E5F#_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>&nbsp;&nbsp;Para ser justos, los modelos más recientes incorporan un nuevo recurso productivo llamado&nbsp;<em>capital natural</em>, aunque con importantes limitaciones, derivadas de la difícil reducción de la complejidad de los ecosistemas a un único valor monetario.</p>



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<p></p>



<p>Fotografía de Álvaro Minguito.</p>
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		<title>Entrevista: «La UE debe corregir los desequilibrios entre el norte y el sur»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jun 2020 14:41:34 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Alberto Garzón (Logroño, 1985) es economista, coordinador general de Izquierda Unida y ministro de Consumo en el primer Gobierno de coalición desde la restauración de la democracia. En esta entrevista con eldiario.es, reflexiona sobre lo que se juega España y la Unión Europea en estas semanas en las que se decidirá el tamaño, la duración y las condiciones del fondo de recuperación de la UE para combatir las consecuencias de la pandemia. El ministro de Consumo defiende que ese dinero debe dedicarse a reformas que pasen por la reindustrialización del país y el reequilibrio entre norte y sur de la Unión Europea. "Las reformas estructurales son necesarias, pero no en el sentido neoliberal, no en el sentido planteado en la anterior crisis. Y ese cambio estructural no lo hacen los gobiernos, lo hacen las empresas que innovan. Y el Gobierno, por supuesto, también participa, diseña los incentivos, se arriesga en actividades innovadoras", sostiene Garzón.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><a href="https://www.eldiario.es/politica/Alberto-Garzon-via-Union-Europea_0_1039396433.html">Publicado en eldiario.es</a><br />
Por Andrés Gil<br />
Fotografía de Alejandro Navarro</p>
<p>Alberto Garzón (Logroño, 1985) es economista, coordinador general de Izquierda Unida y ministro de Consumo en el primer Gobierno de coalición desde la restauración de la democracia. En esta entrevista con eldiario.es, reflexiona sobre lo que se juega España y la Unión Europea en estas semanas en las que se decidirá el tamaño, la duración y las condiciones del fondo de recuperación de la UE para combatir las consecuencias de la pandemia.</p>
<p>El ministro de Consumo defiende que ese dinero debe dedicarse a reformas que pasen por la reindustrialización del país y el reequilibrio entre norte y sur de la Unión Europea. «Las reformas estructurales son necesarias, pero no en el sentido neoliberal, no en el sentido planteado en la anterior crisis. Y ese cambio estructural no lo hacen los gobiernos, lo hacen las empresas que innovan. Y el Gobierno, por supuesto, también participa, diseña los incentivos, se arriesga en actividades innovadoras», sostiene Garzón.</p>
<p><strong>Este viernes se celebra la primera cumbre para hablar de la propuesta de la Comisión Europea sobre la reconstrucción. ¿Por qué para España puede ser positiva una propuesta que es la mitad de lo que pedía España?</strong></p>
<p>La caída de la actividad es tan grande que es necesario que la respuesta también lo sea. De lo contrario la economía podría volver a una senda de crecimiento débil y con altos niveles de desempleo, algo que en teoría económica se llama histéresis.</p>
<p>Pero después está el segundo elemento, que es la dirección del estímulo. ¿Para qué es el estímulo? Es decir, ¿es sólo para compensar pérdidas? ¿Es sólo para reactivar la economía? ¿O sirve también para buscar un reequilibrio entre el centro y la periferia? Este es el debate. España hizo una propuesta que era mejor, pero lo que se va conociendo va en la buena dirección: un estímulo macroeconómico potente.</p>
<p>Pero no perdamos de vista la segunda dimensión, para qué va a servir.</p>
<p><strong>¿Para qué cree España que debe ser ese fondo?</strong></p>
<p>Tenemos cosas urgentes, como la crisis sanitaria, la protección del empleo y de las empresas. Pero lo importante es entender que estamos viviendo una Europa de dos velocidades desde hace décadas. Un centro del que es paradigma Alemania, con una base industrial fuerte, orientada a las exportaciones, con productos de alta intensidad tecnológica. Y una periferia con una escasa diversificación industrial.</p>
<p><strong>¿Esto qué hace? Pues que se está agrandando la distancia en PIB per cápita entre el centro y la periferia. Lo que tenemos que ver es cómo tomamos decisiones que reequlibren económicamente, social y políticamente la realidad europea. De lo contrario, la amenaza de implosión es enorme. Y esa es la clave.</strong></p>
<p>¿Para qué lo quiere España? Para acometer un proceso de modernización que busque ese reequilibrio entre centro y periferia. Con un programa de reindustrialización, de transición ecológica, de cuidados, que evidentemente permita a España aproximarse a los estándares salariales y se estructura productiva de los países del centro.</p>
<p><strong>Si España quiere abordar una reindustrialización, eso es porque se entiende que ha habido un proceso de desindustrialización.</strong></p>
<p>Es obvio que en esto [Julio] Anguita [ex coordinador federal de IU, recientemente fallecido] tenía razón cuando decía que una unión monetaria sin unión fiscal y sin unión política estaba condenada a que crecieran las asimetrías en Europa. Y lo que tenemos son una Europa del norte y una Europa del sur en términos no solo geográficos, sino de potencia industrial y económica y cuyas diferencias están creciendo.</p>
<p>Alemania está creciendo con una estructura productiva con un alto componente tecnológico, alto contenido en conocimiento que le permite tener salarios altos y está integrándose en cadenas de valor con la periferia del este y con los mercados emergentes. Eso le está permitiendo tener una distancia creciente sobre una periferia del sur que, además de haber tenido una industrialización tardía en comparación con Alemania, fue sometida a políticas de austeridad no sólo en la última crisis, sino incluso un proceso de desindustrialización desde los años 80 y 90, cuando en España se decía aquello de que la mejor política industrial es la que no existe.</p>
<p>Estamos padeciendo las consecuencias de 40 años sin una política industrial clara y de asimetría de la Unión Europea detrás de la que no hay ninguna conspiración, sino una mala teoría económica y un pensamiento naíf que decía que con una unión monetaria se desarrollarían la unión política y la unión fiscal. No ha sido así y lo que tenemos es una asimetría creciente en la UE que requiere medidas para corregirla.</p>
<p>Si de esta crisis se consigue un programa de reequilibrio entre centro y periferia, estaremos en mejores condiciones. Si cometemos el error de repetir las políticas de austeridad, si cometemos el error de simplemente utilizar esto para compensar las pérdidas pasadas, que está bien y es necesario, pero no es suficiente, pues seguiremos con una creciente asimetría que será insostenible en el tiempo. No es posible sostener políticamente una Unión Europea con dos velocidades.</p>
<p><strong>Ahora se están planteando que esas ayudas sean a cambio de reformas nacionales. Siempre que se habla de reformas se tiende a pensar en las de 2008-2012, que se tradujeron en recortes sociales y no en un ensanchamiento del Estado del bienestar.</strong></p>
<p>El problema es de diagnóstico. Reformas estructurales hacen falta. De hecho hace falta un cambio estructural en la periferia del sur en particular, esa modernización, esa reindustrialización.</p>
<p>El problema es que en la crisis del 2008 lo dominante en el discurso público es la idea de que esos desequilibrios entre el norte y el sur se debían a que en el sur había unos costes laborales unitarios muy elevados, y que Alemania los tenía más bajos y que gracias a eso Alemania estaba mucho más avanzada. Se induce una política en el sur consistente en bajar los salarios, y de ahí la reforma laboral del 2012.</p>
<p>El problema es no haber entendido que Alemania tiene esa fortaleza no por competir vía precio, es decir, con bajos salarios, sino por competir vía producto. Si tú haces el diagnóstico erróneo, lo que haces es someter al sur a unas políticas de recortes, de austeridad, que empeoran la situación económica, social y, lógicamente, empeoran la situación política.</p>
<p>Las reformas estructurales son necesarias, pero no en el sentido neoliberal, no en el sentido planteado en la anterior crisis. Y ese cambio estructural no lo hacen los gobiernos, lo hacen las empresas que innovan. Y el Gobierno, por supuesto, también participa, diseña los incentivos, se arriesga en actividades innovadoras&#8230; Eso es una política industrial, son reformas estructurales y sería el camino correcto.</p>
<p><strong>Ahora hay gente que habla de que estamos viviendo un momento hamiltoniano porque por primera vez Europa parece que puede emitir una deuda conjunta, como no había hecho hasta ahora. Otros dicen que estamos en una especie de crisis equivalente a República de Weimar, que no sabemos por dónde vamos a salir. ¿Comparte que estamos en un momento de gran incertidumbre?</strong></p>
<p>Vivimos desde hace bastantes años en una encrucijada determinante sobre el futuro de la Unión Europea y de los países. Se viven muchos fenómenos, el aumento de la extrema derecha, la creciente distancia entre una Europa del norte y del Sur&#8230; Muchos debates que se entrecruzan.</p>
<p>La clave es entender que la UE tiene ahora un reto muy específico. Si es capaz de corregir esos desequilibrios entre el norte y el sur, tendrá posibilidad de futuro. Pero si no lo hace, no lo tendrá y dará igual como le llamemos a ese momento. La UE se construyó ignorando la importancia de las estructuras productivas diferentes. Y si no se corrige eso, habrá una Europa del norte donde la gente tendrá salarios mucho más elevados que en la Europa del sur, y eso políticamente es insostenible. Es insostenible sentirte parte de una comunidad donde las desigualdades son tan feroces.</p>
<p>La estructura productiva es la clave y en el caso de España significa hablar de I+D, de educación y de incentivos públicos. Pero esto tiene que estar dentro de una estrategia europea. Va a haber muchos fondos disponibles, pero tienen que servir para reequilibrar, no para seguir como se estaba. El descontento tiene también una base económica.</p>
<p><strong>Todas estas cuestiones, incluso cómo gastar ese dinero que ya veremos cómo se reparte, dependen de los Presupuestos Generales del Estado. España todavía está funcionando con los de Cristóbal Montoro de 2018. ¿Habrá Presupuestos? ¿Cuándo podrían estar aprobados?</strong></p>
<p>La idea es contar con la interrelación que existe entre los presupuestos y los fondos europeos. Hay que ir viendo exactamente los plazos de ambas cuestiones, pero los presupuestos se espera que se pueda lograr este año, que era el objetivo en su momento. Y a partir de un acuerdo de Gobierno de coalición hay que ser capaces de adaptarnos a las nuevas circunstancias, hablar con todos los actores políticos y ver cuándo hay agua en la piscina para poder aprobarlos. Es una cuestión que va a ir dependiendo mucho de las próximas semanas y los próximos meses.</p>
<p><strong>Habla del acuerdo de Gobierno de coalición. Una parte del Ejecutivo ha dicho que habrá que modular partidas de gasto. ¿Qué líneas rojas no debe pasar este Gobierno a la hora de hacer algún tipo de recorte en el gasto público?</strong></p>
<p>Creo que es precipitado hablar de todo esto ahora mismo porque desconocemos la aplicación de las reglas fiscales en el ámbito de la UE. La clave está en que asumamos que 2020 es un año de respuesta a una enorme crisis económica derivada de la respuesta a la crisis sanitaria y, por lo tanto, no hay que obsesionarse en absoluto en este momento con esos indicadores. Además hay respaldos, instrumentos como el Banco Central Europeo, que protegen esta posición precisamente porque no hay alternativa en estos momentos salvo el hundimiento de la economía.</p>
<p><strong>Habla de aumentar los ingresos. Estos últimos días los principales empresarios del país, los líderes del Ibex35, han pedido una rebaja de impuestos y que no se lleve a cabo la contrarreforma laboral. Daba la sensación que el discurso había cambiado, ¿temen que se consiga imponer de nuevo un relato de que hay que reducir impuestos, desregular el mercado laboral, ir hacia un contrato único, etcétera?</strong></p>
<p>En el año 2008 y en adelante, y a partir de 2010, en España se respondió a la crisis por la vía de recortes a la clase trabajadora y rescate de grandes empresas. Esta vez ha sido totalmente distinto. Hemos desplegado un escudo social enorme que incluye el ingreso mínimo vital, los ERTE y una serie de medidas que han hecho de esto una crisis totalmente distinta en la forma de la gestión.</p>
<p>Ahora de lo que estamos hablando es de si somos capaces de entender el momento tan crucial en el que nos encontramos, en el que como país tenemos que ser capaces de acometer una serie de reformas para reindustrializarnos y acercar nuestra estructura productiva a la de otros países. Esto es una tarea que necesita del concurso de todos los actores: de las empresas, de los actores sociales, de los actores políticos. Y las empresas cometerían un error si siguieran obcecadas en el discurso previo de la rebaja de salarios y de la política neoliberal que nos han traído hasta aquí, porque las empresas son las principales interesadas en una mejora de la estructura productiva de nuestro país.</p>
<p>Esto es algo que nosotros estamos tratando de explicar en nuestras reflexiones con esos actores. España ahora mismo tiene que hacer de la necesidad virtud. Van a llegar muchos fondos europeos y nos tiene que servir para mejorar nuestra economía. Esto va a requerir cierta altura de miras por parte de todos los actores.</p>
<p><strong>Sin embargo, hay sectores económicos y sectores mediáticos que están pidiendo indisimuladamente la salida de Unidas Podemos del Gobierno, como Felipe González, que reclama ir hacia una gran coalición PP-PSOE. ¿Teme que Pedro Sánchez o el PSOE no aguanten esa presión y se produzca una ruptura de la coalición?</strong></p>
<p>Veo al Gobierno absolutamente estable. Naturalmente, hay que buscar apoyos en cada votación en el Congreso. Pero España atraviesa un momento complejo en el que este Gobierno está siendo capaz de responder de forma muy positiva y tendiendo la mano a todos los actores.</p>
<p>Es verdad que hay algunos que juegan al regate corto, que están pensando en ese cortoplacismo y la rentabilidad política inmediata. Pero no es eso lo que escuchamos en la mayor parte de la gente. Incluso cuando uno escucha a las grandes empresas, y aunque haya diferencias con algunas de ellas, no está escuchando lo mismo que escucha a PP o a Vox. PP y Vox tienen una estrategia cortoplacista de derribo del Gobierno, y las grandes empresas tienen diferencias que se están poniendo encima de la mesa. Pero es otro tono, es otra actitud.</p>
<p>Y yo creo que al final este Gobierno lo está haciendo bien también para poner encima de la mesa que estamos ante una situación extraordinaria y también ante una oportunidad. Vamos a ver si somos capaces de transitar por ese camino de la oportunidad. Y ahí es como yo creo que este Gobierno puede salir muy fortalecido por ser capaz también de mirar más allá, en una estrategia de medio y de largo plazo, y no limitarse a estos regates cortos de los que ya estamos bastante cansados y que ahora mismo España no se puede permitir como país.</p>
<p><strong>Una de las debilidades del Gobierno es la posibilidad de que el apoyo parlamentario se rompa, como pasó en algún momento durante el estado de alarma, cuando se perdió a ERC. ¿Qué pasó con Esquerra Republicana en ese momento para que se perdiera y estuviera a punto de costarle aquella votación al Gobierno, lo que hubiera supuesto prácticamente el final de la legislatura? ¿La geometría variable con Ciudadanos, EH Bilbu Esquerra y PNV, es viable para los Presupuestos y para esas reformas legislativas del modelo de producción que comenta?</strong></p>
<p>Vivimos como Gobierno y como país una crisis sanitaria, económica, territorial y política manifestada por la oposición que tenemos. Son importantes obstáculos y los vamos sorteando de manera adecuada. Y es lógico, por lo tanto, que haya momentos de enorme tensión, de intensidad y volatilidad, y votaciones que sean más complejas que otras porque el Congreso es el reflejo del país.</p>
<p>Pero nosotros estamos convencidos de que el pilar central es el acuerdo de Gobierno de coalición. Y a partir de ahí se constituye todo lo demás. Lo que parece inviable en términos abstractos puede ser viable en términos concretos. El gran reto es cómo lograr hacer reformas estructurales y reformas necesarias para nuestro país en este contexto, y yo creo que eso a veces puede sumar a muchos actores muy diferentes que en la abstracción parecen incompatibles, pero en lo concreto están de acuerdo.</p>
<p>Las primeras votaciones del estado alarma sumaron un gran consenso de muy diferentes partidos. ¿Pues por qué no podría ser así un pacto por la reconstrucción del país, un pacto por la reindustrialización? Son elementos que además nos atañen a nosotros de cara a los próximos 20 años y que pueden conseguir el acuerdo fundamental de muchos actores. Esa es la razón por la que como Gobierno tendemos la mano a todo el mundo, pero nuestro pilar fundamental es el acuerdo de coalición. Ese acuerdo entre Unidas Podemos y el PSOE es la base, y a partir de ahí tendemos la mano a todo el mundo. No podemos predecir el futuro, pero trabajamos para que esta estabilidad que tenemos ahora siga en el futuro.</p>
<p><strong>Precisamente el PP en Bruselas está haciendo campaña para que las ayudas europeas vayan vinculadas a que no se cumplan medidas del acuerdo de coalición. Pero, por otro lado, también es verdad que mientras se está viendo esta barra libre del Pacto de Estabilidad, van aumentando la deuda aumentando el déficit. ¿Qué pasará en un par de años cuando se tenga que volver a activar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y España tenga una bolsa de deuda? Habrá dos opciones: reestructurar la deuda, cosa que nunca ha pasado hasta ahora, o recortar en gastos. ¿Qué hará entonces el Gobierno ante ese dilema? ¿Y qué hará Unidas Podemos ante ese dilema?</strong></p>
<p>Hay dos dimensiones. Una, que tiene que ver con el PP y el tipo de oposición que está haciendo, que es una una oposición para destruir al Gobierno. No es una oposición de naturaleza constructiva como se ve en otros países europeos. Es una oposición que tiene un objetivo nítido, que es acabar con este Gobierno y para la cual utiliza tácticas muy peligrosas, como su discurso, sus hipérboles, su bestialidad a la hora de hablar con el objetivo de caricaturizar y deshumanizar al adversario político. Y eso es muy peligroso, porque al final cala en la población la sensación de que todo vale contra el Gobierno. Esa es una deriva absolutamente peligrosísima que ha tomado la oposición del PP. Su posición sobre la cumbre europea es una expresión más.</p>
<p>Y en segundo lugar está la cuestión de la deuda. Como decía antes, el tipo de respuesta macroeconómica necesaria para abordar una situación así exige necesariamente un incremento del déficit y de la deuda. Pero el problema de la deuda es abordarlo bien. Hay países como Italia, o sobe todo como Japón, que han estado por encima del 200% de la deuda sobre el PIB y no ha pasado nada. El problema no es la ratio en sí, sino la capacidad de hacer frente a esa deuda, es decir, la capacidad de tener ingresos suficientes y, sobre todo, la capacidad de tener crecimiento económico.</p>
<p>Si uno acomete políticas de austeridad, no tiene crecimiento económico. Y, si no tienes crecimiento económico, la deuda en términos de ratio se te puede disparar. Y la paradoja es que los recortes pueden incrementar la deuda. De hecho, lo que pasó en la anterior crisis con Mariano Rajoy es que disparó la deuda. Para acabar con la deuda necesitas obsesionarte con el crecimiento económico y con los ingresos, no con bajar la deuda.</p>
<p>Si somos capaces de utilizar los fondos europeos y nuestra propia capacidad nacional para acometer cambios en la estructura productiva, nuestro país se encontrará con mucho mejor disposición para hacer frente no sólo a los indicadores macroeconómicos de déficit y deuda, sino para tener salarios más altos, para ser más competitivas sus empresas a nivel internacional, etcétera, etcétera.</p>
<p><strong>¿Pero qué pasará si de repente se le piden recortes a España desde Bruselas? Porque puede pasar.</strong></p>
<p>Ahora mismo el debate está abierto. Hay unos cuantos países que prefieren la fórmula de la crisis anterior. Hay otros países que creemos que esto es un momento totalmente distinto y que además debemos aprender de los errores de la crisis anterior. Este es un gran debate abierto, pero yo creo que los hechos apoyan nuestra tesis.</p>
<p>Si nosotros cometemos el error dentro de dos años de ir a recortes y austeridad, como se hizo en la anterior crisis, lo primero que va a pasar es que se va a hundir la economía, la demanda interna, se hunde la demanda externa de los países que tienen comercio bilateral y, en definitiva, tenemos más dificultad para pagar la deuda y para sostener el Estado social. Eso es lo primero que va a pasar.</p>
<p>Y lo segundo que va a pasar es que los países con más margen, que son los países del norte, y que tienen mejor estructura productiva, se van a separar todavía más en términos de desarrollo de los países del sur. Y, como decía al principio, eso es insostenible políticamente.</p>
<p>Es decir, la vía de la austeridad en Europa es la vía para la implosión de la Unión Europea en términos políticos. Y esto es algo que hasta Macron ha reconocido y ha vinculado el crecimiento de la extrema derecha con ese descontento, con esa asimetría europea que tiene su raíz en las visiones económicas.</p>
<p><strong>El Gobierno ha decidido levantar el veto a la publicidad de las casas de apuestas con la vuelta de la Liga de fútbol. ¿Por qué?</strong></p>
<p>Fue una medida acordada para el confinamiento, debido al riesgo que la sobreexposición podía suponer para la salud, porque los anuncios no son sólo de fútbol, también hay de póker, bingo&#8230;</p>
<p>La restricción se tuvo que levantar debido a que en el proceso de desescalada ya no se daban las condiciones de sobreexposición que motivaron su aprobación.</p>
<p><strong>¿Se ha sido suficientemente valiente en la regulación de las apuestas? Algunos sectores de la izquierda se quejan de que se han quedado cortos con las prohibiciones.</strong></p>
<p>Estamos comprometidos con el cumplimiento del acuerdo de coalición. Durante el estado de alarma hemos seguido desarrollando el real decreto, cuyos trabajos iniciamos en febrero. Está siendo mejorado respecto al borrador inicial, con aportaciones de la sociedad civil y organismos institucionales, que nos brindan el soporte jurídico. Como ya anuncié en el Congreso el pasado miércoles, estamos valorando jurídicamente hasta dónde se podría acercar el real decreto final al artículo 37 del estado de alarma.</p>
<p><strong>¿Cuánto influyen en el Gobierno los lobbies relacionados con el consumo? ¿Ha notado su presión? ¿Sabe si han presionado en otros despachos del Gobierno?</strong></p>
<p>Nosotros escuchamos a todo el mundo pero nos regimos por el criterio de nuestros votantes y del acuerdo de coalición. En el caso de las aerolíneas, por ejemplo, a las que hemos llevado a los tribunales por incumplir los derechos de los viajeros, ya hemos demostrado que no nos doblegamos ante los intereses de ningún grupo. Tenemos un mandato y velaremos por él: los derechos de las personas consumidoras están por encima de los intereses de cualquier grupo de presión.</p>
<p><strong>¿El Estado debería entrar en empresas, como ocurre en otros lugares? ¿Y de qué manera, en qué condiciones? ¿Con capacidad de decisión o simbólicamente?</strong></p>
<p>Hemos visto desgraciadamente en los últimos años cómo se socializaba las pérdidas. Se utilizaba el Estado para socializar pérdidas de empresas que habían quebrado y que no eran rentables. Yo creo que hay que aspirar a que el Estado pueda participar impulsando empresas en sectores que son innovadores a través de líneas de financiación, a través de actividades arriesgadas. Y llegado el caso, por supuesto, hacer uso de instrumentos de participación directa. No sólo para rescatar empresas, sino también para participar de los beneficios de una actividad en la que asume el Estado riesgos.</p>
<p>Los países asiáticos en los últimos 40 años han pasado de economías totalmente agrarias a autonomías especializadas en un sector de alta tecnología y no lo han hecho siguiendo expresamente las reglas del llamado libre mercado, sino con una participación importante del Estado, impulsando a las empresas a innovar y también participando en algunas de esas actividades. Hay que aprender de esas experiencias y corregir el rumbo de lo que hemos hecho hasta ahora.</p>
<p><strong>Antes hablaba de Julio Anguita. Uno de sus rasgos típicos fue la posición que mantuvo totalmente contracorriente contra el acuerdo de Maastricht. ¿Lo que tenemos ahora casa con aquello que él avisó?</strong></p>
<p>Lo que nos demuestra la actualidad es que Julio [Anguita] tenía razón. Julio tenía razón no porque fuera una persona con un providencia, sino que había un equipo con una gran capacidad de hacer diagnósticos adecuados. Y ellos teorizaron algo que ya se está viendo, que una unión monetaria sin unión fiscal y sin unión política está condenada a repetir las asimetrías.</p>
<p>Alemania ha conseguido una estructura productiva y unas conexiones con los mercados emergentes tipo China e India, y con la periferia del Este, que le da una fortaleza y un liderazgo tecnológico muy por encima de casi el resto de países de la Unión Europea. Esto ya se veía venir con un diseño mal hecho de esa Unión Europea que entonces denunciaba Julio Anguita y que ahora vemos las consecuencias. Se puede corregir si hay voluntad política de ir a ese reequilibrio del que hablaba antes centro-periferia. Yo creo que este es el debate importante.</p>
<p>No es lo urgente en la medida en la que, naturalmente, lo que hay que hacer es proteger los empleos, proteger a la clase trabajadora, como estamos haciendo con el escudo social. Pero si no lo acometemos, dentro de cinco años la diferencia con Alemania será mucho mayor y entonces los países del sur, Grecia, Italia, España y Portugal, nos quedaremos alejados. Y esto es inestable e insostenible políticamente. De ahí que los análisis que se hicieron en los 90 por parte de Julio Anguita y sus equipos fueran tan acertados.</p>
<p><strong>IU y el PCE, más el PCE, han amagado alguna vez con salir del euro y de la UE. ¿Se da ese debate? ¿Cuál es su posición?</strong></p>
<p>El debate se ha centrado siempre en cuestiones meramente monetarias. Creo que la clave es la estructura productiva. Al final tenemos que entender que el diseño de la UE tiene que cambiar. Ir hacia ese reequilibrio en los términos en los que me he planteado antes es la única forma de mantener viva la idea política de la UE, que era una idea bella en el sentido de que su origen tiene que ver con evitar guerras mundiales, luchar contra el fascismo. La Unión Europea se construye políticamente pensando en eso, pero su diseño final económico tenía fallas. Fallas enormes de las que todo el mundo es consciente ahora, incluso aquellos que promovieron esa UE.</p>
<p>Si seguimos empeñados en el error probablemente la extrema derecha siga creciendo sobre la base del descontento, que tiene múltiples factores y múltiples causas. Pero una de ellas, sin duda, es esa sensación de desprotección frente a un entramado institucional que no les protege ni da futuro.</p>
<p><strong>Hablando de la reindustrialización, hace poco en el Congreso hubo polémica por lo que comentó del turismo, la dependencia económica de un sector que supone el 12% del PIB. En aquel momento dijo que una industria sin valor añadido.</strong></p>
<p>El turismo es un sector muy importante para nuestro país. Representa el 12% del Producto Interior Bruto en términos de valor añadido, y más aún en términos de empleo. Y en algunas regiones, como Andalucía o Canarias, es mucho mayor. Por eso hemos acometido una serie de reformas para proteger al sector a través de líneas de crédito específicas, de ERTEs específicos y otro tipo de ayudas.</p>
<p>Pero la cuestión central es si somos capaces de diversificar nuestra estructura productiva para tener salarios más altos y tener mejores condiciones de vida. La pregunta principal es por qué un camarero en España cobra mucho menos que un camarero en Alemania. Y no es porque sea más vago. Es porque Alemania tiene una estructura productiva de mayor intensidad tecnológica, mayor contenido de conocimiento, trabajadores más cualificados. Y eso empuja al resto de la economía.</p>
<p>No hay una oposición entre industria y turismo. Aquí lo que hay es la necesidad de acometer un cambio de estructura productiva que beneficie a todos los sectores. De hecho, ni siquiera es una pelea entre industria y turismo. Nosotros deberíamos apostar por determinadas actividades económicas que tengan esas características de alta intensidad tecnológica y pueden ser también en el turismo. Hay mucho segmento del turismo con esas características. Como decía antes, eso implica inversión y desarrollo y eso implica inversión en educación e incentivos públicos.</p>
<p>El cambio estructural no lo hacen los gobiernos literalmente, son las empresas las que tienen que innovar. La clave es que nuestro país tiene que ser capaz de incrementar su sofisticación en lo que produce, en los bienes y servicios que produce, en su complejidad. Tiene que crear productos nuevos y para eso el Estado participa, empuja, diseña incentivos, asume riesgos que no asumiría el capital privado.</p>
<p>Estos son ejemplos que han hecho otros países para industrializarse y para mejorar su estructura productiva. Tenemos que acometer ese camino. Hay gente que se quiere mantener en el viejo modelo de bajos salarios, y competitividad vía precio en lugar de vía ese producto. Y se equivocan radicalmente. El problema es que si nosotros continuamos con ese viejo modelo, pero otros países continúan desarrollándose como Alemania, las diferencias llegarán a ser explosivas.</p>
<p><strong>Parte del sector recibió aquello como una crítica, como un ataque. ¿Fue así?</strong></p>
<p>Yo estoy convencido de que la mayoría del sector del turismo está totalmente de acuerdo con lo que estamos diciendo, y que hemos dicho siempre, que hay que incentivar la calidad sobre la cantidad. El hecho de que haya más industria y más diversificación en la economía beneficia también al turismo.</p>
<p>Aquí hay un ataque por dos razones. Primero, por determinados actores políticos como el PP, para los que todo vale contra el Gobierno. Y, en segundo lugar, por sectores minoritarios que están cómodos con el viejo modelo. Pero yo creo que en la inmensa mayoría de las empresas, también de las que trabajan en el turismo, son partícipes de la necesidad de hacer cambios estructurales que permitan diversificar nuestra economía porque va en beneficio de todos. Es verdad que como estamos en un clima de hostilidad contra el Gobierno, todo se utiliza y a veces nos encontramos con circunstancias como las de esta supuesta polémica.</p>
<p><strong>La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha reclamado más controles en el aeropuerto de Barajas para las personas que vengan de fuera de España, pero al final son los madrileños los que más se mueven por todo el país. ¿El Gobierno se plantea algún tipo de control a la movilidad interior?</strong></p>
<p>Desde el Gobierno seguimos siempre las indicaciones de los científicos, que se están aproximando al virus como hace la ciencia, aprendiendo a través de los diferentes estudios y poco a poco, con certezas siempre provisionales. Ojalá hubiéramos encontrado mayor colaboración en algunas Comunidades Autónomas a la hora de enfrentarnos a esta pandemia inesperada para todo el mundo. Pero a pesar de ello en el Gobierno estamos haciendo un desembolso brutal. Y como decía el otro día el presidente con acierto, es la primera vez que el Estado se ha endeudado para financiar programas específicos de las Comunidades Autónomas por cantidades superiores a los 20.000 millones de euros.</p>
<p><strong>Durante la pandemia se ha hecho pública una investigación contra el ex jefe del Estado. Unidas Podemos ha pedido una investigación en el Congreso de los Diputados, pero el dictamen de los letrados dice que al rey emérito no se le puede investigar, ni antes ni después de su abdicación. El PSOE se ha opuesto a la comisión parlamentaria. ¿Esto afecta de alguna manera a la coalición con el PSOE? Y segundo, ¿cree que en España se puede investigar a Juan Carlos de Borbón?¿Este país está preparado?</strong></p>
<p>El Gobierno tiene una enorme estabilidad y la va a tener. Trabajamos para ello en cualquier circunstancia.</p>
<p>Y en segundo lugar, todo el mundo conoce ya mi republicanismo activo, por supuesto, pero yo creo que aclarar los posibles casos de corrupción que haya va en beneficio de todo el país. El país está preparado perfectamente para conocer la verdad y al final la verdad se conocerá.</p>
<p><strong>El PNV ha pedido otra vez, lo pide prácticamente en todas las legislaturas, reformar la Ley de Secretos Oficiales, ahora a cuenta de que saliera a la luz un informe de la CIA que apuntaba, en un informe con partes tachadas y las fuentes poco claras, al papel de Felipe González en la creación y en el manejo de los GAL. ¿Es partidario de cambiar esa ley?</strong></p>
<p>Izquierda Unida siempre ha promovido que se acorten los plazos necesarios para poder desclasificar información que es buena que conozca la población, especialmente los historiadores, porque es bueno que conozcamos la verdad. No hace daño a nadie y creo que todo lo que ayude a clarificar épocas del pasado es positivo.</p>
<p><strong>IU tenía previsto una asamblea en junio. ¿Cómo se reanudará ese proceso? Y ahora que Unidas Podemos está en el Gobierno, ¿cómo camina ese espacio político?</strong></p>
<p>La Asamblea de Izquierda Unida se ha retrasado por la pandemia. Somos una organización con una enorme implantación territorial y necesitamos de debates presenciales para que la Asamblea sea eficaz.</p>
<p>Yo estoy contento con el trabajo que hemos realizado. Hace cinco años IU era una organización al borde de la desaparición electoral, con enormes problemas financieros a punto de quiebra. Y hoy somos parte del Gobierno, estamos saneados económicamente y vamos a una Asamblea para plantear qué hacemos en los próximos años.</p>
<p>Y estamos construyendo la unidad política con otras fuerzas aliadas, particularmente con Podemos. En este espacio que hemos construido hemos aprendido muchas cosas. Una de ellas es que ese camino es irreversible. La apuesta clara de IU y del espacio que yo he representado hasta este momento es claro en ese punto. La unidad no es la panacea, pero es absolutamente irreversible en este punto</p>
<p>El camino en Unidas Podemos tiene que ir un poco en lo que decía Julio Anguita días antes de fallecer, y es la necesidad de desplegar alianzas por abajo. Que nuestros territorios, nuestras gentes de Podemos e IU trabajen codo con codo con otros actores sociales y económicos. Esto es lo que yo particularmente he defendiendo durante muchos años y todavía tenemos muchas tareas pendientes ahí. Pero desde el punto de vista de las grandes consignas, está claro que todo el mundo ha asumido ya que este camino de Unidas Podemos es irreversible y es el camino que tenemos que continuar mejorando.</p>
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		<title>Entrevista: «Tenemos que ser capaces de reindustrializar el país»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Jun 2020 13:52:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[cambio estructural]]></category>
		<category><![CDATA[comunismo]]></category>
		<category><![CDATA[consumo]]></category>
		<category><![CDATA[estructura productiva]]></category>
		<category><![CDATA[fiscalidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Es que si queremos aproximarnos a los niveles de salarios de Alemania tenemos que tener una estructura productiva con más intensidad tecnológica y más alto contenido de conocimiento. Es un largo proceso, pero si no nos reinventamos en un momento como éste ¿cuándo lo vamos a hacer? Por eso hay que invertir más en innovación, en educación y utilizar los instrumentos del Estado para una política industrial que casi no se ha utilizado en 40 años. . Hace falta un Pacto de Estado por la industria o por la reindustrialización. Es un momento extraordinario en el que al final, el Gobierno no hace el cambio de modelo productivo, lo hacen las empresas. El Gobierno debe fijar objetivos prácticos para conseguir que tenga más peso el sector de bienes avanzados y eso sólo es posible mirando más allá de las siguientes elecciones. Si seguimos empeñados en el viejo modelo será difícil combatir la precariedad.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;"><a href="https://www.elmundo.es/economia/2020/06/13/5ee3df6121efa0c6708b4705.html">Publicado en El Mundo</a><br />
Por Carlos Segovia<br />
Fotografía de Javier Barbancho</p>
<p><strong>La OCDE sitúa a España a la cabeza del desplome económico mundial ¿Cómo salir de esta crisis?</strong></p>
<p>Lo prioritario lo hemos cumplido que es el despliegue de un gran escudo social que protege a las familias trabajadoras, pero ahora hay que reactivar la economía. Eso es lo urgente, pero al mismo tiempo, tenemos que preparar el cambio del modelo de nuestra economía y ser capaces de reindustrializar nuestro país.</p>
<p><strong>¿Le parecen suficientes las medidas de estímulo tomadas hasta ahora?</strong></p>
<p>Los Gobiernos hemos tenido margen gracias a las medidas heterodoxas de un Banco Central Europeo que ha evitado una crisis de deuda, pero tenemos que ser más ambiciosos. Los pasos que se están dando en la Unión Europea son positivos, pero tenemos que ser conscientes de que el impacto económico ha sido muy importante e igual de importante debe ser el estímulo.</p>
<p><strong>¿Cómo conseguir esa reindustrialización que menciona?</strong></p>
<p>Es que si queremos aproximarnos a los niveles de salarios de Alemania tenemos que tener una estructura productiva con más intensidad tecnológica y más alto contenido de conocimiento. Es un largo proceso, pero si no nos reinventamos en un momento como éste ¿cuándo lo vamos a hacer? Por eso hay que invertir más en innovación, en educación y utilizar los instrumentos del Estado para una política industrial que casi no se ha utilizado en 40 años. . Hace falta un Pacto de Estado por la industria o por la reindustrialización. Es un momento extraordinario en el que al final, el Gobierno no hace el cambio de modelo productivo, lo hacen las empresas. El Gobierno debe fijar objetivos prácticos para conseguir que tenga más peso el sector de bienes avanzados y eso sólo es posible mirando más allá de las siguientes elecciones. Si seguimos empeñados en el viejo modelo será difícil combatir la precariedad.</p>
<p><strong>Eso que dice usted de que son las empresas y no el Gobierno los que cambian el modelo productivo no suena muy comunista ¿ha cambiado usted de opinión desde que es ministro?</strong></p>
<p>No. En absoluto. Como economista formado en la tradición comunista entiendo la necesidad de una estructura productiva sólida y diversificada. No podemos depender de un solo sector, necesitamos sectores de alto valor añadido. En las viejas experiencias del llamado socialismo real fueron capaces de entender que no se trata de distribuir la pobreza, sino de crear riqueza. Para eso la clave es la política industrial. Cuando hablo con las empresas tecnológicas y grandes empresas veo niveles de acuerdo muy superiores a los que veo en el Parlamento.</p>
<p><strong>¿Pero se sigue sintiendo comunista?</strong></p>
<p>Si, me sigo sintiendo así. El comunismo es un movimiento político y social de transformación de la realidad que sigue teniendo vigencia. Sin él no habría democracia en España, está en el ADN de la tradición democrática de este país y me siento muy honrado de pertenecer a ello. Pero para mí no es una cuestión del pasado, sino de cómo somos capaces de cristalizar todas estas identidades en un proyecto de futuro. Lo que me interesa es qué economía vamos a dejar a las generaciones posteriores.</p>
<p><strong>¿No es contradictorio con su pensamiento comunista decir que sean las empresas privadas las que reindustrialicen el país?</strong></p>
<p>La experiencia reciente de industrialización de los países asiáticos, por ejemplo, demuestra que la mejor vía para mejorar las condiciones de vida de un país es no sólo la participación de las empresas tecnológicas, sino el empuje e incluso la participación del Estado. Lo estamos viendo estos días para el rescate de algunas empresas. Me gustaría que la participación del Estado no sólo fuera para socializar pérdidas, sino para diseñar un futuro mejor. Y esa palanca también la puede utilizar el Estado.</p>
<p><strong>Pero usted no plantea un amplio plan de nacionalizaciones para lograr ese cambio de modelo ¿no?</strong></p>
<p>Lo razonable es ver caso por caso. Cuando se aborda una empresa en quiebra hay que evaluar por qué lo está. En el sector automovilístico por ejemplo en que hay razones de fondo hay que ver las mejores opciones, no valen soluciones simplistas. Hay que analizar qué lugar ocupa en la cadena de valor global, dónde se toman las decisiones&#8230;Pero sí creo que España debe asumir todos los instrumentos que están a disposición y tenemos la Sepi [Sociedad Estatal de Participaciones Industriales] con empresas participadas por el Estado que podría cumplir un papel muy importante para dinamizar y promover este plan industrial.</p>
<p><strong>Pero no cree que se pueda nacionalizar Nissan que es una multinacional de Japón ¿no?</strong></p>
<p>La producción está enormemente fragmentada y hay que examinar qué lugar en la cadena corresponde a cada unidad de producción y ver qué conviene más. No estoy capacitado para dar a una respuesta porque no he estudiado este caso específico.</p>
<p><strong>¿Ve posible pactar con Ciudadanos, por ejemplo, esta reindustrialización que menciona?</strong></p>
<p>En esta cuestión yo creo que puede haber espacios comunes.</p>
<p><strong>Pues Pablo Iglesias descarta pactos con Ciudadanos para hablar del nuevo modelo económico y dice que hay que hacerlo con la izquierda&#8230;</strong></p>
<p>Dependerá del tema qué estamos tratando. Es más difícil estar de acuerdo en fiscalidad con el PP, por ejemplo, pero ¿por qué no en política industrial? Esto no va de luchas partidistas. Esto va de conseguir más altos salarios en España.</p>
<p><strong>¿Comprende que los salarios sean menores en España que en Alemania o hay explotación, digamos, por parte de los empresarios?</strong></p>
<p>El Gobierno no decreta los salarios, tienen su formación en el ámbito de cada empresa en función de diferentes variables. El elemento central es la estructura productiva. Si Alemania paga más no es porque los españoles seamos más vagos, sino que sus empresas con alta intensidad tecnológica se pueden permitir salarios y beneficios más altos. Eso tiene un efecto arrastre. Tenemos que ser capaces de ir modernizándonos</p>
<p><strong>¿Cómo obtener dinero público para todo esto con una deuda que puede llegar al 130%?</strong></p>
<p>Hay países como Italia y Japón que han llegado a un nivel del 200%. La clave está en la capacidad de hacer frente a esa deuda y crecer. Si uno se obceca en reducir de forma brusca los niveles de déficit y deuda lo más probable es una situación económica mucho más lamentable.</p>
<p><strong>Pero mientras el déficit se dispara ¿Descarta usted recortes en esta legislatura?</strong></p>
<p>Se dispara por los estabilizadores automáticos y una nueva inversión, pero sin ella y sin la respuesta europea el déficit sería mucho mayor. Si hacemos un buen diseño del estímulo europeo, va a permitir generar ingresos suficientes para reducir el déficit como consecuencia del crecimiento. Si reducir el déficit es el objetivo prioritario destruye la economía.</p>
<p><strong>Por tanto, usted ve la futura reducción de déficit vía más ingresos y no a través de recortar gastos&#8230;</strong></p>
<p>Por supuesto y hay que hacer un doble esfuerzo en ingresos para recuperar la actividad económica y otro adicional para mejorar la capacidad recaudatoria para el cambio de modelo.</p>
<p><strong>Con los impuestos especificados en el programa del Gobierno de coalición como la Tasa Google no basta ni de lejos para reducir el déficit que se está generando&#8230;</strong></p>
<p>Hay muchas tareas pendientes en el ámbito fiscal, pero está por dilucidar cuál será el estímulo europeo.</p>
<p><strong>¿Mantiene su plan de subir impuestos a la comida basura?</strong></p>
<p>Tenemos un plan integral para incentivar el consumo saludable que incorpora un área de fiscalidad con el Ministerio de Hacienda entre otras. También el etiquetado frontal con información clara para que el consumidor conozca bien lo que está consumiendo. En otros países se han anticipado. También en comunidades como Cataluña la experiencia fiscal en bebidas azucaradas ha sido positiva. Pero eso no son impuestos para recaudar.</p>
<p><strong>¿Con qué impuestos debe haber fines recaudatorios?</strong></p>
<p>Los directos que son los más justos y se pagan en función de la renta. Debería ser la columna vertebral del sistema fiscal, pero desgraciadamente en las últimas décadas han tenido cada vez peso los impuestos indirectos. Éstos los paga igual Ana Patricia Botín que una persona en desempleo y eso no es justo.</p>
<p><strong>¿Hay que retomar el impuesto a la banca?</strong></p>
<p>En los próximos Presupuestos habrá que evaluar incorporar el impuesto a la banca como una posibilidad. La banca tiene una deuda patriótica con el resto del país. Recibió un rescate que no vamos a recuperar.</p>
<p><strong>Varios organismos piden ya un plan de ajuste a medio plazo para dar una señal de confianza al mercado&#8230;</strong></p>
<p>El mercado no es el problema. El Banco Central Europeo se está ocupando. El problema son los niveles de desempleo y de falta de actividad. Lo que hay que hacer es un plan de estímulo que permita relanzar la economía. Volver a las políticas de austeridad es hundirla</p>
<p><strong>¿Coincide con Calviño en que es «absurdo y contraproducente» hablar ahora de derogar la reforma laboral?</strong></p>
<p>La derogación de la reforma laboral es un acuerdo del Gobierno de coalición y tiene que cumplirse. Además, incorpora elementos del menú de la austeridad del que estamos en contra. Claro que hay que derogarla en diálogo con los agentes sociales.</p>
<p><strong>¿Y si CEOE no acepta acuerdos para derogarla?</strong></p>
<p>El Gobierno tiene naturalmente sus prerrogativa de legislar, pero la prioridad es llegar a acuerdos. No hay que adelantar acontecimientos</p>
<p><strong>¿Qué tal está funcionando el diálogo dentro del gobierno de coalición en el área económica?</strong></p>
<p>Es obvio que es un gobierno de coalición en el que hay diferencias, pero somos capaces de alcanzar consensos en beneficio de todos</p>
<p><strong>Y cuando las diferencias son insalvables ¿acatan los de Unidas Podemos la visión de la vicepresidenta Calviño?</strong></p>
<p>Nunca hemos llegado a una votación lo que da idea de que hay sensibilidad a los planteamientos que hace el resto.</p>
<p><strong>Pero hay contraste por ejemplo en la contundente medida que ha tomado usted de llevar a 17 aerolíneas a los tribunales por los reembolsos de los billetes y la pasividad del Ministerio de Transportes&#8230;</strong></p>
<p>No sé si hay un contraste. Lo que sí sé que son competencias distintas. En el Ministerio de Consumo hemos visto que se estaba ejerciendo una mala práctica por parte de algunas aerolíneas: no ofrecieron la información de forma clara sobre los derechos de los consumidores que establece el reglamento europeo y que en caso de cancelación tiene que ofrecer el reembolso del billete en siete días. Hicimos una petición de corrección de esa información a las aerolíneas, pero la mayoría hizo caso omiso. Por eso decidimos llevar el caso a los tribunales para que los ciudadanos de este país tengan su derecho protegido por este Ministerio.</p>
<p><strong>En Iberia se declaran «perplejos» con usted y niegan que no hayan hecho caso a su carta&#8230;</strong></p>
<p>No hay que despistarse con las comunicaciones, sino entender que hay que informar bien a los consumidores. Entiendo que las aerolíneas tenga otra estrategia, pero hay que cumplir la ley.</p>
<p><strong>Iberia ha solicitado apoyo del Estado ¿lo condicionaría usted a que cumplan la normativa?</strong></p>
<p>Es que cumplir la ley no está condicionado y para muchas familias es un presupuesto importante.</p>
<p><strong>Usted no cree que haya que depender tanto del turismo ¿Cuánto peso debe perder el turismo en el nuevo modelo económico?</strong></p>
<p>El sector turístico tiene que crecer en términos absolutos para proteger los empleos y el sector. Es un momento para que los españoles ayudemos al turismo nacional. Pero a la mayoría de las empresas del turismo el hecho de que nuestro país cambie de modelo y haya reindustrialización les beneficia, porque de una nueva estructura se beneficiarán otros sectores de la economía. No hay confrontación sino sinergias</p>
<p><strong>¿Va a actuar también con los servicios de atención al cliente con el teléfono 902?</strong></p>
<p>Queremos hacer una reforma en estos servicios para proteger a los consumidores de determinados abusos que se pueden producir. Estamos diseñando un programa para el próximo semestre.</p>
<p><strong>¿Está de acuerdo con haber derogado ya la limitación de la publicidad del juego en el fútbol?</strong></p>
<p>La limitación fue una medida extraordinaria que, como el resto de medidas, tiene su propia desescalada. Lo importante es que hemos aprendido que la limitación de la publicidad tiene efectos en el consumo del juego que puede derivar en problemático. Ahora desarrollamos el Real Decreto que está siendo valorado en la UE y esperemos que en los próximos meses se pueda poner en marcha para que lo ha sido extraordinario, pueda ser permanente.</p>
<p><strong>¿Son tantas las presiones que recibe en este Ministerio?</strong></p>
<p>Consumo afecta a muchas multinacionales y muchas no están de acuerdo con nuestra línea política, pero este Ministerio nunca va a ceder en nuestros objetivos políticos. Para eso nos han votado.</p>
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