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	<description>Anécdotas, historias y relatos</description>
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		<title>El abuelo</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2019 13:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Con el paso del tiempo supe que no había nadie en el mundo a quien mi cumpleaños le hiciera tan feliz como a mi abuelo. Nunca falló en saludarme. De niño él llegaba muy temprano con su regalo que casi siempre eran pistolas de plástico que lanzaban dardos. Y yo salía de inmediato al jardín...</p>
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<p>Con el paso del tiempo supe que no había nadie en el mundo a quien mi cumpleaños le hiciera tan feliz como a mi abuelo. Nunca falló en saludarme. De niño él llegaba muy temprano con su regalo que casi siempre eran pistolas de plástico que lanzaban dardos. Y yo salía de inmediato al jardín a matar a todos los malos, así como en las películas.</p>



<span id="more-3125"></span>



<p>El abuelo Esteban siempre me llamaba temprano para mi cumpleaños y con una grabadora y cassette viejos ponía las mañanitas cantadas por algún mariachi que quién sabe cómo se llamaba. A la par de la música él siempre cantaba, todo desafinado, gritando al final.</p>



<p>Cuando era niño me gustaba que mi mamá me dijera que atendiera al abuelo para recibir el saludo; era la primera persona que me saludaba después de ella. De adolescente, me caía mal que me levantara temprano si mi cumple caía en fin de semana. </p>



<p>Siempre me decía que me portara mal, que era muy aburrido portarse bien todo el tiempo y que además dios no existía así que nadie se iba a enterar. Bueno, decía cuando se iba, ahora te toca llegar para mi cumpleaños, no te perdono si no lo hacés.</p>



<p>En uno de sus cumpleaños se me olvidó comprarle regalo. Apenado llegué y le dije que me disculpara. ¿Acaso te pedí regalo? Yo lo que te pedí fue que vinieras a mi cumple, y aquí estás. El regalo sos vos, Roberto, no lo olvidés.</p>



<p>Yo solía ir a una librería de viejo y comprarle de regalo alguna revista vieja, o un libro que fuera barato. La primera vez que lo hice no sabía bien cómo envolverlo y como no tenía papel regalo se lo envolví con la página de chistes de la prensa. Todo mal por supuesto, con un montón de tape.</p>



<p>Cuando lo recibió me dijo que no había recibido un regalo tan bien empacado.</p>



<p>En uno de sus cumpleaños yo tuve que ir a una excursión del colegio. Cuando llegué algunos días después, me dijo que gracias por llegar pero que igual no me perdonaba no haber llegado a su cumpleaños. Me lo dijo en broma, por supuesto.</p>



<p>Desde ese entonces, de vez en cuando me decía que no me había perdonado. Al principio me extrañaba que me lo dijera, pero después le decía, no seás rencoroso abue, ya me perdonarás algún día.</p>



<p>Ahora puedo recordar muchas anécdotas con el abuelo, pero debo contar ahora que recién cumplidos los veinticinco me fui de mojado a Estados Unidos. Mi relación con mi mamá siempre fue tirante, porque me exigía mucho. Yo sé que eso me sirvió, pero hubiera querido que algunas veces me perdonara por no ser tan brillante como ella, por no sacar las notas más altas ni destacar en nada.</p>



<p>Así que a quien más extrañé cuando me fui fue al abuelo. Me tuve que ir porque en un arranque de emprededurismo puse un almacén de electrodomésticos a puro préstamo y después las ventas fueron malas. Me fui sin pensarlo mucho, también huyendo un poco.</p>



<p>El abuelo siempre me siguió llamando no sólo para mi cumpleaños, sino todas las semanas. Era siempre muy divertido, me contaba cómo sus amigos ya no aguantaban a tomar tanto como antes, y me aconsejaba que me emborrachara al menos una vez al mes, aunque él nunca fue un bebedor regular.</p>



<p>Me seguía poniendo el mismo cassette en la misma grabadora vieja y seguía desafinando siempre. </p>



<p>Trabajé durante varios años en lo que caía: mesero, lavador de autos, landscaper, dependiente de tienda. Conseguía dos trabajos y con uno vivía y con el otro pagaba mi deuda. El abuelo se encargaba de pagarla y de enviarme por email los recibos. En eso tampoco falló nunca.</p>



<p>Estando en Denver, y a punto de pagar mi deuda, el abuelo llamó para mi cumpleaños. Tenía unas semanas de no hablar con él porque se había descompuesto su teléfono. Me llamó como siempre con su grabadora y cassette viejos, y entre una tos persistente cantó las mañanitas. El cassette a media canción, después de muchos años, se rompió. Cuando se le calmó la tos me dijo que se sentía muy enfermo y que había decidido mejor perdonarme antes de morir. </p>



<p>Abuelo, no digás eso, todo era una broma.</p>



<p>Regresé al poco tiempo a Guatemala. El abuelo estaba mal y murió un par de meses después, una semana antes de su cumpleaños. Su muerte fue fulminante para mí. No salí en una semana de mi cuarto, cuando fui al cementerio a primera hora y llevé la grabadora con el cassette remendado y canté desafinado las mañanitas entre un mar de lágrimas, solo, frente a su tumba.</p>
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		<title>Road trip</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Sep 2018 12:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Darío decidió no ir a trabajar. Estaba cansado de que para su jefe nada de lo que hacía estaba bien. Lo hastiaban los compañeros de trabajo que aceptaban cualquier abuso con tal de conservar el empleo. Tampoco se quedaría en casa, iba a agarrar el carro con cualquier rumbo, menos el del trabajo. Después de...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Darío decidió no ir a trabajar. Estaba cansado de que para su jefe nada de lo que hacía estaba bien. Lo hastiaban los compañeros de trabajo que aceptaban cualquier abuso con tal de conservar el empleo. Tampoco se quedaría en casa, iba a agarrar el carro con cualquier rumbo, menos el del trabajo.  <span id="more-3032"></span></p>
<p>Después de diez años en su actual empleo ya no había nada que aprender. Darío sabía bien que el trabajo no es para hacer lo que te guste, es para ganar dinero. Todos esos discursos motivacionales y empoderadores no son más que mentiras endulzadas para hacerle creer a la gente que es más genial de lo que es y que puede alcanzar las mismas metas que la gente extraordinaria o privilegiada. No, Darío estaba claro, él no era alguien genial ni extraordinario, ni le interesaba ni envidiaba la vida de los ricos. Él solo quería que llegara el fin de semana para jugar con sus hijos en el parque de la colonia.</p>
<p>Tomó la ruta de Panajachel, un buen café a la orilla del lago de Atitlán era mucho mejor idea que ir a soportar al energúmeno de su jefe. Preparó su <em>playlist</em> con música instrumental relajada y apagó el teléfono. Por la ventana del carro a veces veía a la gente en los demás carros ajetreada y preocupada, con ojos desvelados, con el cansancio en la mirada. Así mismo era él, pensó. Así se ha de mirar día tras día. En días como hoy extrañaba más a su esposa muerta. Ella siempre fue más atrevida y alegre que él.</p>
<p>En el camino vio que hacía un día soleado, de clima agradable. Un viento refrescante entraba sereno por la ventana. Pero no todo podía ser perfecto, pinchó llanta y tuvo que bajarse a cambiarla en una gasolinera. Estaba cambiándola cuando una muchacha de unos veinte años se acercó, saludó y le preguntó a dónde iba. Ella también iba para Panajachel. Se presentó como María, de Monterrey. Iba a encontrarse con su novio en Pana para ir a un hotel en uno de los pueblos que rodea al lago.</p>
<p>Vamos a adelantar un poco. La muchacha no es ninguna malvada que matará al protagonista. Tampoco el protagonista es un predador sexual o asesino. Son gente bastante normal, quizás hasta buena gente, y este no es un relato de terror. Sigamos.</p>
<p>En otras circunstancias Darío habría dicho que no la llevaba; hacerse cargo de otra persona no era el ideal de un día pensado para pasarla solo. Pero la muchacha parecía buena gente. Ella sacó de su mochila un kindle en donde tenía una guía de turismo de Guatemala. Sabía en qué parte de la carretera estaban. Alguien le había dado un <em>aventón</em> y la había dejado ahí. Darío quiso saber qué más libros tendría ella en el kindle.</p>
<p>Después de cambiar la llanta y subir al carro comienza la plática. María es una muchacha delgada, vegetariana, bonita. No es bonita como modelo, sino agradable y simpática. Su sonrisa indica claramente que será amable, pero que no dejará que avance Darío, que se muestra atraído.</p>
<p>—Vi que parecías buena persona y te pedí aventón —dice María, al tiempo que saca de nuevo su kindle—. En el kindle cargo solo doce libros. De Poe, Chejov, Borges y Bolaño. Mira. Cargo solo los que voy a leer.</p>
<p>—Yo tengo como 200 el el mío.</p>
<p>—Nunca los vas a leer todos, wey. ¿Para qué tienes tantos?</p>
<p>María saca un cigarro de mariguana pero al ver que Darío le incomoda, lo guarda sin encender. Soy liberal y todo, wey, pero no me gusta incomodar a la gente. </p>
<p>Ella le cuenta que se fue de su casa porque su papá quería que comenzara la universidad. No me interesa la universidad, lo bruto no se te quita con estudiar carreras aburridas, al contrario. Si no mira a todos esos weyes del gobierno, con sus licenciaturas y maestrías y doctorados y no saben redactar bien un puto comunicado de prensa. Un puto comunicado de prensa. Tú pareces licenciado, y supongo que está bien, pero eso no es para mí.</p>
<p>Darío sonríe ante la sinceridad de la muchacha. Él se graduó de economía pero coincide en que lo bruto no se quita con la universidad, o al menos solo con la universidad. A Bolaño y a Chejov no los ha leído pero ha escuchado buenos comentarios. Por la matemática le gustó Borges, que parecía interesado en la materia y lo reflejaba en sus cuentos.</p>
<p>—¿Ah sí?, para entender a Borges te sirvió la universidad. Qué bien wey.</p>
<p>Él le cuenta de sus dos hijos, de la muerte de su esposa en un accidente de tráfico y del jefe ogro que tiene. Que a esta hora seguro tiene varias llamadas perdidas de la oficina. </p>
<p>—Lo siento wey, ¿era chingona tu chava?</p>
<p>—Sí, lo era. Mucho.</p>
<p>Darío le pide que saque de nuevo el churro de mota. Ella sonríe. Yo con el wey este que ando no ve voy a casar ni juntar. Es celoso, lo disimula, pero es celoso. Me va a chingar la vida si me junto con él. Un par de meses más le daré, es lindo y es chingón, pero para ser pareja de largo tiempo no sale. No creo que aprenda el wey.</p>
<p>Llegan a Panajachel y ahí la está esperando su novio. Se van abrazados y Darío ve que María está enamorada. Quizás tarde más de dos meses en despedirse de él. Tal vez lo chingón del <em>wey</em> sea más que lo celoso. Buen viaje María, y gracias por la compañía y la buena onda. Suerte.</p>
<p>Entra a un restaurante a la orilla del lago de Atitlán. No pide café, pide coca cola. Mañana tampoco irá a trabajar y tampoco llevará a sus hijos al colegio. Irán a pasear a La Antigua Guatemala. Ve al azul intenso del lago y piensa que la mota que le compartió María está muy buena.</p>
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		<title>El jugador</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Mar 2018 13:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Casinos]]></category>
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		<description><![CDATA[<p>La primera vez que entré a un casino perdí todo el dinero que llevaba, que era poco, en las máquinas tragamonedas. Luego volví a ir y tripliqué lo que llevaba. Una tercera vez lo cuadripliqué. No volví a ganar igual pero el vicio ya lo tenía. La esperanza de ganar es lo último que se...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La primera vez que entré a un casino perdí todo el dinero que llevaba, que era poco, en las máquinas tragamonedas. Luego volví a ir y tripliqué lo que llevaba. Una tercera vez lo cuadripliqué. No volví a ganar igual pero el vicio ya lo tenía. La esperanza de ganar es lo último que se pierde. El casino a donde iba era un lugar agradable, sin frío y sin calor, con mujeres bonitas que te llevaban todas las bebidas que quisieras. <span id="more-2944"></span></p>
<p>Claramente el casino era mejor lugar que mi casa, en donde había una mujer a la que ya no quería y dos hijos que me ignoraban jugando la playstation o viendo la pantalla pantalla del celular. Una vez dejás de ser el héroe que lo sabe todo ya no hay paso atrás, y pasás a ser el viejo fracasado y caduco que no sabe nada de la vida moderna.</p>
<p>Casi siempre lograba controlar mis gastos del casino. Lo tenía en el excel de mi presupuesto mensual. Lo consideraba como mi terapia personal. Los fines de semana era de ir al casino gastar todo lo que llevaba y regresar a dormir. En ocasiones alguna reunión familiar interrumpía la rutina pero no era lo usual. Hasta tuve una novia jugadora que trabajaba como visitadora médica. Era muy guapa Raquel. A veces todavía la extraño.</p>
<p>Con Raquel probamos todas las máquinas de los casinos y en ocasiones compartíamos el dinero. Como usualmente terminábamos sin dinero teníamos sexo en alguno de nuestros carros. Una vez ella se ganó un premio de varios miles y fuimos un fin de semana a Panajachel en donde por supuesto visitamos el casino del hotel en donde nos hospedamos.</p>
<p>Raquel siempre me decía que debíamos dejar el vicio de las máquinas tragamonedas y los bingos antes de perderlo todo. Tenía razón por supuesto, pero una cosa era decirlo y otra cosa dejar el juego.</p>
<p>En una ocasión en que ella no llegó al casino uno de los amigos de ahí me invitó a jugar en la mesa del póquer. Le dije que no sabía nada del juego y que no me interesaba. Entonces me dijo que no podía ser, que tenía que aprender. Así que me explicó con un mazo de cartas en uno de los sofás del lugar. No me convenció, pero algo aprendí.</p>
<p>Un tiempo después Raquel decidió que ya era mucho y que dejaba el juego. Me rogó para que yo también lo hiciera. Lo intenté, juro que lo intenté. Estuve fuera de los casinos por casi dos meses hasta que por alguna tontería nos peleamos y volví al vicio. Ya no respondió a mis llamadas ni a mis mensajes. Desesperado un día fui a enfrentarla a la empresa donde trabajaba. Me sonrió un poco con tristeza, un poco con ternura. Me pidió que ya no la buscara y se despidió con un beso en los labios. Se había portado tan bien conmigo que ya nunca la busqué porque lo que más temía era que me terminara odiando.</p>
<p>El casino ya no era lo mismo sin ella. Aburrido, me dejé llevar y terminé en la mesa de póquer, en donde mis pérdidas aumentaron y en poco tiempo me quedé casi sin nada. El amigo que me había enseñado a jugar era parte de una red de estafadores profesionales y cuando vio que yo ya no tenía nada me ofreció ayudarme con las deudas si yo entraba a la red. El juego era arreglado y se trataba de pescar incautos con dinero para que cayeran. Era cuestión de estudiar bien a la gente porque lo que se quiere es que no digan nada si se dan cuenta de la trampa.</p>
<p>Ellos operaban en varios casinos de forma sigilosa en componenda con algún gerente o encargado. También tenían su propio casino clandestino. A mí me tocaba rondar por las máquinas tragamonedas y los bingos para hacerme amigo de la gente que llegaba y captar nuevos jugadores. Ellos a cambio me pagaban un sueldo y me daban dinero para gastar en los casinos.</p>
<p>Un día en que me enfermé de una fuerte gripe y no asistí al casino de turno el dueño de uno de los casinos los descubrió y los echó. Avisó a los dueños de otros casinos importantes. Una semana después apareció muerto uno de los cabecillas y desapareció otro. Lo que habían estafado durante el tiempo en que operaron sumaba dos millones de dólares según uno de los empleados del casino en donde los descubrieron. Yo terminé vetado en todos los casinos importantes. Durante una semana enfrente de mi casa se estacionó un carro de vidrios polarizados que me seguía a todas partes.</p>
<p>Decidí irme de mi casa y cambiar de celular y de carro. El cambio me hizo bien, y hasta logré mejorar la comunicación con mis hijos. Me considero afortunado porque durante mi época de juego vi perder todo a mucha gente y yo salí relativamente ileso.</p>
<p>Ahora juego en casinos virtuales sin apostar dinero. En ocasiones voy a alguno de los casinos en que no estoy vetado con la esperanza de encontrarme de nuevo a Raquel.</p>
<p>Ella no ha vuelto a aparecer.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Este mes de marzo este blog cumplió 14 años de existir.</p>
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		<title>La huida</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Nov 2017 12:00:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[pandillas]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Elvira tuvo la mala suerte de nacer en una colonia dominada por la pandilla del Barrio 18. Se hizo amiga de pandilleros para no tener problemas, pero nunca dejó de estudiar. No participaba en las actividades de la pandilla, pero era considerada como parte. Obtenía buenas notas en la escuela y no causaba problemas en...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Elvira tuvo la mala suerte de nacer en una colonia dominada por la pandilla del Barrio 18. Se hizo amiga de pandilleros para no tener problemas, pero nunca dejó de estudiar. No participaba en las actividades de la pandilla, pero era considerada como parte. Obtenía buenas notas en la escuela y no causaba problemas en casa. Sin embargo, cuando tenía 16 años, se enamoró de un muchacho de una pandilla contraria. <span id="more-2889"></span></p>
<p>Conoció a Jorge en la escuela secundaria; era su compañero de clase. Siempre fue muy respetuoso y educado, y era también inteligente como ella. Ella pensaba que era un joven &#8220;normal&#8221; sin relación con pandillas. Unos meses después de haber iniciado la relación ella se embarazó. Jorge se la llevó a vivir con él a la casa de sus padres y entonces se dio cuenta de que era pandillero de la Salvatrucha, enemiga del barrio 18. No dejó de estudiar, pero se cuidó de no volver a su casa con su mamá y los dos hermanos con los que vivía.</p>
<p>Nació su hija, a quien llamaron Sandra. Jorge también siguió estudiando; su rol en la pandilla era recoger el dinero de la &#8220;renta&#8221;, como llamaban a las extorsiones. Sus planes dentro de la pandilla era ir a la universidad a estudiar leyes para ser abogado y ayudar a la causa. Sin embargo, cuando la pequeña Sandra acababa de cumplir un año, lo mataron a balazos cuando recogía el dinero de una renta grande. Junto a él, mataron a dos más.</p>
<p>Elvira lloró mucho y no sabía qué hacer. Su madre y hermanos se habían mudado a otro lugar por amenazas de la pandilla, pero no la recibieron en su nueva casa. Regresó a vivir a su antigua colonia y se graduó de bachiller.  En la colonia donde vivía no sabían que ella había sido pareja de un pandillero rival y que había tenido su hija con él. Lo supieron unos meses después y la confrontaron y ella lo negó todo para ganar tiempo. Sin embargo sus pandilleros vecinos confirmaron quién era el padre y qué hacía y ella no tuvo más remedio que servir al Barrio 18. La amenazaron con quitarle a su hija.</p>
<p>Al principio su tarea era únicamente llevar los teléfonos y pasar cobrando renta a los comercios cercanos. Otra pandillera se quedaba con su hija cuando ella salía. Luego de que se negó a molestar a una tienda de una viejita, la violaron. Las violaciones continuaron, en ocasiones mientras su hija dormía en el mismo cuarto. Jóvenes que ella conocía desde niña y con los que hasta había jugado, ahora la aterrorizaban.</p>
<p>Un día harta de la situación tomó a su hija y huyó de madrugada en el taxi de un vecino que prometió no decir nada. Consiguió alojamiento en una iglesia católica en una colonia sin pandillas y poco después consiguió trabajo en un <em>call center</em>. Pronto destacó en su trabajo y le dijeron que si estudiaba inglés podría ganar mejor. Alquiló un pequeño apartamento. Comenzó sus clases muy entusiasmada. A Sandra la cuidaba una vecina que tenía una guardería pequeña.</p>
<p>Parecía haberse liberado de las garras de la pandilla. Podía comprarse ropa nueva y podía comer una pizza de vez en cuando con su hija. Se compró un teléfono inteligente con el que subía fotos a Facebook. Organizó una piñata con los niños vecinos cuando Sandra cumplió los tres años.</p>
<p>Sin embargo el pasado vuelve. Un miembro de la pandilla de la que huyó descubrió su perfil en Facebook y la fue a confrontar a Elvira a la salida de su trabajo. Ella sintió derrumbarse todo a su alrededor, una náusea profunda le impedía hablar y cuando reaccionó a lo que le estaba diciendo el pandillero, su instinto fue salir corriendo. Logró huir, pero ahora ya sabían en dónde trabajaba y probablemente en dónde vivía.</p>
<p>Durante toda la noche no pudo dormir. Caminaba en círculos alrededor de la mesa del comedor y rezaba avemarías y padrenuestros para calmarse. Huir, pero ¿a dónde? su madre ya no la recibía, no tenía más familia y no tenía amigos que no fueran pandilleros. Varios de ellos ya habían muerto, además. Supuso que su perfil de Facebook había sido el delator así que lo borró. Deseó la muerte de los que la buscaban, pero no se sentía bien de querer eso.</p>
<p>Al día siguiente fue al trabajo a la hora normal, pero a la salida pidió a una compañera de confianza que viera si no había nadie extraño. No lo hubo ni ese día ni los días siguientes. Elvira pensaba que tarde o temprano aparecería alguien a amenazarla o a pedirle renta. No estaba dispuesta a aceptarlo, pero no sabía bien cómo escapar.</p>
<p>Una semana después apareció a la salida del trabajo uno de sus pocos amigos de infancia, también pandillero. La abordó y le dijo que no se asustara. Elvirita, le dijo, no te preocupés mano, ya los vatos que andaban tras de vos los plomearon la semana pasada. Yo no tengo nada contra vos y no voy a chillarte con nadie. Seguí echando verga, que vos fuiste de las pocas que logró algo más. Ya no volveré a aparecerme porque no tengo nada qué hacer aquí.</p>
<p>Se despidió con un abrazo y se fue caminando sin voltear atrás. Elvira caminó hacia la parada del Transmetro, aturdida, sin saber qué pensar. Al llegar a casa abrazó fuerte a su hija y esperó a que se durmiera. Cuando Sandrita se durmió Elvira lloró mucho, sentada en una silla del comedor. No se dio cuenta a qué hora se quedó dormida apoyando la cabeza sobre sus brazos en la mesa. Al día siguiente salió a trabajar como todos los días, porque la lucha nunca se acaba.</p>
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		<title>El premio</title>
		<link>https://www.anecdotario.net/el-premio/</link>
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		<pubDate>Wed, 27 Sep 2017 13:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Un día envié un mensaje de texto del celular para participar en un concurso de la televisión. Ya lo había hecho otras veces y no me había ganado nada, pero enviar un mensaje de texto no era costoso así que lo envié de nuevo. Gané cien quetzales y brinqué de alegría. Mis hermanos y mi...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Un día envié un mensaje de texto del celular para participar en un concurso de la televisión. Ya lo había hecho otras veces y no me había ganado nada, pero enviar un mensaje de texto no era costoso así que lo envié de nuevo. Gané cien quetzales y brinqué de alegría. Mis hermanos y mi mamá también lo celebraron, nunca nadie de nosotros había sido mencionado en la tele ni ganado nada. <span id="more-2799"></span></p>
<p>Me llamaron por teléfono para verificar mis datos y me dijeron que fuera al canal de televisión durante la semana para recoger el efectivo. No me preguntaron dónde vivía, solo me indicaron que no depositaban a cuentas bancarias, que no se lo darían a nadie más y que me daban dos semanas para ir por él, de lo contrario me quedaba sin premio.</p>
<p>Vivo en Quetzaltenango y tenía varios años de no visitar la capital y pensé que sería bueno ir a dar un paseo. En ese entonces trabajaba en un kiosko en un comercial y decidí ir un jueves, que era mi día de descanso. No había cumplido todavía los diecinueve años y ganar algo de repente era como un anuncio de que las cosas podrían mejorar y que algún día lograría ser algo más que un empleado de comercial al que nadie nota. El destino probablemente me hablaba y me decía que esto solo era el principio. Fui feliz.</p>
<p>El día en que me fui toda mi familia me fue a despedir al bus, que tomé a las cinco de la mañana. Hacía mucho frío. La que sonreía más era mi hermana Clara, de nueve años, a la que me tocó cuidar de bebé, cuando mi mamá se iba a trabajar. Mi hermano Andrés, de 12 años, ya me había pedido diez quetzales para comprar una cocacola y unos tortrix.</p>
<p>Programé en el celular mi mejor música para el camino. Vi el amanecer por la ventanilla, los celajes anaranjados parecían decir que ahora sí, la suerte había cambiado. Cuando llegué al canal eran las once de la mañana y me recibió una secretaria malencarada. Parecía estar molesta con todo el mundo. Le dije a qué iba y me mandó a una ventanilla en la que me dijeron que debía esperar a un tal Armando, que me daría el premio y me haría una entrevista. ¡Aparte de ganar el premio, saldría en la tele!</p>
<p>En mi interior pensaba en que si Gloria mi vecina de kiosko me miraba la tele al fin aceptaría almorzar un día conmigo y platicar. El tal Armando salió apurado, me llevó casi corriendo a un set, en donde un camarógrafo nos filmó. Me preguntó frente a la cámara que qué tal me sentía  y a quién quería saludar. Dije que estaba contento, y que saludaba a mis hermanos y a mi mamá en Xela. Después de eso me sacó deprisa y salí de ahí contento, feliz de haber ganado algo.</p>
<p>Caminé hacia la calle en donde pasaba el bus de regreso; no quedaba lejos del canal. Tenía hambre pero quería llevar el billete a casa para enseñárselo a mamá. Había llevado aparte lo del bus. Subí al bus contento y el viaje lo sentí corto. Caminando hacia mi casa de regreso de un callejón salió un asaltante que con cuchillo en mano me dijo que le diera todo mi dinero. Por detrás también había otro, lo miré cuando volví a ver con la intención de salir corriendo. Me asusté y a pesar de la rabia seguí el consejo de mamá, de dar el dinero para que no me lastimen.</p>
<p>Llegué a casa cansado, con hambre y furioso. Mi hermanita abrió y me dijo que me había visto  en la tele y que estaba contenta. Yo le dije que con el premio la iba a invitar a una pizza y entramos los dos de la mano al pequeño cuarto en donde vivíamos los cuatro, ubicado en una casa de dos niveles en donde vivían otro montón de gente y de donde había pensado yo en mis sueños que podíamos salir si la racha de suerte seguía. A mi hermano le dije que tenía que hacer sencillo el billete antes de darle sus diez quetzales.  Hice unos huevos revueltos y algo de café para la cena y esperamos junto a mis hermanos que llegara mi mamá del trabajo. Nos dormimos antes de que llegara.</p>
<p>Pronto me quedé dormido y al siguiente día salí muy temprano para no tener que contarle a mi mamá que me habían robado el premio.</p>
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		<title>Jesús de Nazaret</title>
		<link>https://www.anecdotario.net/jesus-de-nazaret/</link>
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		<pubDate>Wed, 13 Sep 2017 13:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Biblia]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
		<category><![CDATA[milagros]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Se llamaba Jesús y atendía la farmacia Nazaret. Usaba el pelo largo, era delgado y tenía barba, la combinación perfecta para que la gente acudiera a la farmacia en busca no solo de medicina, sino de milagros. El dueño de la farmacia, un comerciante venido a menos, vio que le podía ser útil para vender...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Se llamaba Jesús y atendía la farmacia Nazaret. Usaba el pelo largo, era delgado y tenía barba, la combinación perfecta para que la gente acudiera a la farmacia en busca no solo de medicina, sino de milagros. El dueño de la farmacia, un comerciante venido a menos, vio que le podía ser útil para vender más de esas aguas y polvos milagrosos que no son más que agua azucarada o bicarbonato de sodio. No se equivocó, llegó a ser un negocio interesante.<span id="more-2786"></span></p>
<p>Jesús López nunca estuvo interesado en la religión y aunque de niño había hecho su primera comunión le daba igual que existiera dios o no. Le dio por leer poesía en la adolescencia y tenía amigos músicos y bohemios; así que se dejó crecer el pelo después de salir de bachillerato y decidió estudiar letras como carrera universitaria. Se dejó crecer la barba porque le daba pereza rasurarse todos los días. Sus padres miraban sus decisiones con preocupación. Cuando cumplió diecinueve años le dijeron que podía seguir haciendo lo que quisiera de su vida, pero que debería buscar un trabajo y un lugar donde vivir.</p>
<p>Encontró empleo en la farmacia Nazaret, a pocas cuadras de la casa de sus padres. Después se mudó al apartamento de su novia y el asunto estaba arreglado. No se hacía mayor problema con nada y miraba la vida despreocupado, como si tuviera más fe que los que van a la iglesia todos los fines de semana. Ganaba poco, pero no tenía más preocupación que procurar la comida y colaborar en los gastos del apartamento de su novia.</p>
<p>Don Julio se dio cuenta del potencial que tenía el joven Jesús y de la feliz coincidencia entre el nombre de la farmacia y su nuevo empleado. El resultado fue inmediato. Todo el mundo quería ir a la farmacia de Jesús de Nazaret, puesto que era imposible pensar que con ese nombre no hiciera milagros.</p>
<p>El primer milagro de Jesús fue decirle a una anciana que con una cápsula diaria de lansoprazol podía curar su tos necia, lo cual resultó cierto. La receta estaba en un cuaderno en el cual don Julio había anotado los remedios y enfermedades más comunes. Doña Mónica, la anciana que recibió el primer milagro, se encargó de esparcer la noticia. Había en la colonia un Jesús que curaba de veras y atendía en la farmacia Nazaret.</p>
<p>Don Julio diseñó un conjunto de frases de autoayuda y de la biblia catalogados según la edad, sexo y la apariencia de la persona. Las frases más simples se decían a las personas más sencillas y las frases más elaboradas y con palabras más rebuscadas a algunas de las personas que parecían tener algún grado universitario. Don Julio era un buen vendedor y sabía qué decir a cada persona, pero el efecto que causaba la apariencia de Jesús López le pareció una potencial mina de oro.</p>
<p>Solo en el primer mes las ventas se duplicaron. Don Julio se inventó entonces unos remedios con títulos como &#8220;Agua de Lourdes&#8221;, &#8220;cápsulas de San Ignacio&#8221; y &#8220;Miel de Nazaret&#8221;. No eran más que agua azucarada, cápsulas con bicarbonato de sodio y miel diluida. Eso significó el boom. La gente incluso hacía fila para ser atendida por el milagroso Jesús de Nazaret.</p>
<p>El juego le pareció divertido a Jesús y negoció con don Julio un 40% de las ganancias de la farmacia, en lugar de un sueldo fijo. Pronto ganaba más que sus hermanos mayores que trabajaban en importantes empresas transnacionales.</p>
<p>Nunca se hizo publicidad de la farmacia, nunca Jesús dijo que hacía milagros. La gente solo creía y ya. ¿Quiénes eran Jesús y don Julio para decidir qué quería creer la gente?</p>
<p>El grupo de amigos del milagroso mesías le hacía bromas. Le pedían que transformara el agua en cerveza o que caminara sobre el agua de la playa, o que resucitara a un borracho.</p>
<p>Pronto la fama de Jesús de Nazaret se extendió a todo el país. Venía gente de los departamente exclusivamente para ser atendidos por Jesús. La venta del Agua de Lourdes y la Miel de Nazaret iba muy bien, y además recibían dinero y víveres de donaciones todos los días. Hasta los ladrones los respetaban, nunca intentaron asaltar la farmacia.</p>
<p>Nazaret dejó de ser una farmacia y se convirtió en un &#8220;centro de orientación&#8221;, se trasladó a una casa de dos niveles y se contrataron empleados. Era un buen negocio. Los productos también se diversificaron, jarabes de colores, hierbas milagrosas y pan sin levadura. Como eran vendidos como alimentos y no como medicinas, no tenían problemas con el ministerio de salud y las autoridades.</p>
<p>Al comenzar el segundo año y ya con el emprendimiento bien asentado, Jesús decidió ahorrar todo y jubilarse joven, para hacer lo que más le gustaba, que era no hacer nada. Había aprendido matemáticas financieras con su papá, quien era catedrático de matemáticas en la universidad. Con algunos cálculos básicos determinó que en cuatro años más podría retirarse con un capital que le diera una renta básica suficiente. Se había vuelto vegetariano y fuera de la actividad en Nazaret no tenía mucho que hacer. Incluso dejó de estudiar letras porque pensaba que leer por obligación a ciertos autores y pretender ingresar a la farándula literaria no estaba dentro de sus intereses.</p>
<p>Algunas de las muertes que sucedieron dentro de los enfermos que llegaban a Nazaret conmovieron a Jesús. Una anciana con cáncer le dijo que ella sabía que iba a morir, pero que quería pensar que todo lo que le dijera a él era como si se lo dijera al mismo Jesucristo y que eso la consolaba. Era una señora de pelo blanco, delgada, con bondadosos ojos negros que lo único que inspiraba era quererla. Murió un mes después.</p>
<p>Al finalizar el quinto año, cuando Jesús llegó a su meta financiera, que no era demasiada pero era suficiente, renunció. Don Julio no lo podía creer, ¿qué le pasaba a un tipo que deja una mina de oro así como así? Ni lento ni perezoso, consiguió otro joven de pelo largo y barba y lo instruyó antes de que se fuera el Jesús original.</p>
<p>Por su parte Jesús durante un tiempo no supo qué hacer con el tiempo libre. Se dedicó a ver películas, a leer libros y a enterarse de los avatares políticos del país. Se cortó el pelo y la barba y comenzó a usar su primer nombre, Carlos. Y se perdió hasta el día de hoy en alguna aldea cercana lago de Atitlán junto a Magdalena, su novia.</p>
<p>El centro de orientación Nazaret tuvo que cerrar al segundo año de que se fue el Jesús original. La gente no aceptó al nuevo, y algunos le pusieron de apodo <em>El Anticristo</em>. Algunos de los pacientes supuestamente curados por Jesús de Nazaret, el original, esperan una segunda venida.</p>
<p>Don Julio entonces volvió a poner la farmacia Nazaret. Espera también la segunda venida de Jesús, que ya nunca contestó sus llamadas ni volvió por la colonia. Al fin y al cabo, había sido un milagro encontrarse con él.</p>
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		<title>Tres cuentos instantáneos</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Jul 2017 13:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves]]></category>
		<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[extraterrestres]]></category>
		<category><![CDATA[Medicina]]></category>
		<category><![CDATA[Suicidio]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>1. Extraterrestres y nazis Se cuenta que en Guatemala, en Mazatenango, vivía un hijo de un nazi que vino huyendo de Alemania. Rudiger era su nombre. Entre sus aficiones estaba la astronomía y con el tiempo llegó a ser uno de los astrónomos más reputados del país. Daba conferencias y era invitado a reuniones internacionales...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1. Extraterrestres y nazis</strong></p>
<p>Se cuenta que en Guatemala, en Mazatenango, vivía un hijo de un nazi que vino huyendo de Alemania. Rudiger era su nombre. Entre sus aficiones estaba la astronomía y con el tiempo llegó a ser uno de los astrónomos más reputados del país. Daba conferencias y era invitado a reuniones internacionales en países de Europa y América.<span id="more-2597"></span></p>
<p>Cuando estaba por cumplir 40 años, en una visita a Berlín conoció a Alicia, una española con la que regresó a Guatemala e hizo pareja. Después de un tiempo la relación fracasó y Rudiger cayó en una depresión.</p>
<p>Seguía estudiando astronomía, pero cuando vio un documental sobre extraterrestres quedó impresionado. Comenzó a revisar en sus documentos y halló fotos y vio cosas que nunca había visto antes. Los extraterrestres siempre estuvieron aquí, viéndonos, observándonos.</p>
<p>Hizo varios ensayos sobre el tema y la gente que lo respetaba lo empezó a marginar. Lo creyeron loco.</p>
<p>Después de cinco años de estudiar a los extraterrestres determinó que había una familia de ellos en Zacapa. Lo último que se sabe de Rudiger, según dejó escrito en su diario, es que los fue a visitar.</p>
<p><em>Escrito en Filgua el 15 de julio de 2017 a solicitud de Manuel Elías</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2. La caída</strong></p>
<p>Nunca me he explicado qué me sucede. Un día estoy bien, contento, y al siguiente día, casi de la nada comienzan eso deseos oscuros, sobre todo cuando estoy en el nivel 13, en donde están las oficinas de la empresa de diseño en donde trabajo.</p>
<p>Me asomo al balcón y pienso en cómo sería terminar de una vez con esa opresión en el pecho y esa taquicardia que comienza a sofocarme.</p>
<p>El mundo es un lugar hostil, cruel, desalmado. Vos podés ser el siguiente en ser descartado sin más, te despiden del trabajo por un mal día, te asalta un ladrón, o te quedás en una balacera entre maras.</p>
<p>¿Qué sentido tiene la vida? ¿Qué sentido tiene continuar si no hay esperanza?</p>
<p>Es tan sólo de lanzarse al espacio vacío y caer, caer lentamente, y pensar en que ella ya no quiso llamar, me bloqueó en el whatsapp, y que al final todo va a terminar cuando llegue al fondo, y entonces pienso, al fin descansaré de la opresión en el pecho y ya no tendré taquicardia. Pero hoy no será, tal vez en otra ocasión, porque además no tengo la determinación ni la voluntad. La pastilla de la felicidad que me dio la terapeuta, esa me salvará por hoy.</p>
<p><em>Escrito en Filgua el 15 de julio de 2017 a solicitud de @_Art3misA</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3. Una médica sin fronteras de Guatemala</strong></p>
<p>En una jornada médica me encontré con una doctora muy particular: cojeaba de la pierna derecha y era atractiva. La cojera no era real, lo noté al principio. La utilizaba para alejar a los hombres, como una barrera para evitar contacto con los que siempre andan tras lo que les caiga. Supe que estaba fuera de mi liga así que no intenté ningún acercamiento. Me trató como un amigo, le correspondí. No tenía especialidad, pero se llevaba bien con las mujeres y sabía tratarlas. A veces no sólo la medicina sana, sana también el buen trato del doctor.</p>
<p>Con ella entró una mujer muy golpeada, con un ojo hinchado y moretes en los brazos. Con ella pasó más de tres horas platicando. Las dos salieron llorando. Al siguiente día la mujer intentó poner una denuncia en la policía pero no le hicieron caso. La jornada médica terminó y me quedé con el contacto de Facebook de ella.</p>
<p>Tiempo después ella compartió un enlace de prensa en donde citaban que una mujer había sido asesinada por su marido, comentando que ella la había conocido. Luego de eso cerró su cuenta y no he vuelto a verla por Facebook ni por ninguna red social.</p>
<p><em>Escrito en Filgua el 15 de julio de 2017 a solicitud de Lourdes Trigueros.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Estos cuentos fueron escritos en la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua) el 15 de julio de 2017 en el stand 40. La dinámica fue que el visitante sugería el título del cuento y yo tenía que imaginar un cuento breve en cuestión de minutos.</em></p>
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		<title>El novelista</title>
		<link>https://www.anecdotario.net/el-novelista/</link>
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		<pubDate>Wed, 10 May 2017 13:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Cuando publiqué mi primer libro automáticamente me convertí en escritor, es decir, adquirí el estatus social de escritor. Fui invitado a programas de radio y televisión, me entrevistaron en prensa y medios de internet y doscientos de mis seguidores de Twitter retuitearon la presentación del libro. Muy pocos compran el libro y no todos lo...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando publiqué mi primer libro automáticamente me convertí en escritor, es decir, adquirí el estatus social de escritor. Fui invitado a programas de radio y televisión, me entrevistaron en prensa y medios de internet y doscientos de mis seguidores de Twitter retuitearon la presentación del libro. Muy pocos compran el libro y no todos lo leen, pero el cartelito de escritor ya te lo podés colgar. En un programa de televisión conocí a Manuel, o Manu, como pedía que le dijeran. Era un tipo con dinero y roce social, que solía dar las mejores fiestas.<span id="more-2595"></span></p>
<p>Manu era un tipo de 35 años muy agradable y lo suficientemente culto para no aburrir a la gente intelectualmente sofisticada. Se dedicaba a comprar y vender arte plástico, pintura y escultura. Sabía quiénes eran los principales artistas de varios países latinoamericanos y tenía conocimiento de muchos de los artistas emergentes. Se hacía amigo de ellos y les compraba colecciones enteras que después vendía entre sus contactos nacionales y extranjeros.</p>
<p>Para entrar en contacto con la sociedad y los artistas solía dar una gran fiesta mensual en su casa, ubicada en una zona exclusiva y céntrica. Había buena comida, buenos vinos y buen whisky, pero no faltaba la cerveza para quien lo pidiera. Llegaba mucha gente y en las fiestas se hacían contactos y él se encargaba de organizar grupos de plática y de procurar que todo mundo estuviera bien atendido. Era un buen anfitrión. </p>
<p>La gente que llegaba se dividía claramente en tres grupos. Los artistas, la gente de dinero y la gente bonita. Un pintor me dijo que a las mujeres bonitas las encontraba en agencias de modelos y algunos prostíbulos. Procuraba, eso sí, como si fuera cosa de diseño, que no desentonaran, así que nunca vi en las fiestas a mujeres culonas operadas. </p>
<p>En la primera fiesta conocí a Andrea, que para deshacerse de un viejo insistente me llevó aparte al jardín para platicar. Me lo dijo claro, que no pensara yo que ella se me estaba insinuando. Me contó una de sus hazañas era haber leído un libro de más del mil páginas. Le pedí que me contara un poco. La vi entonces relajada, contándome algunos detalles que le habían gustado, casi sonriendo, orgullosa de haber terminado el libro y de haberlo comprendido. Resultó ser una buena lectora, me mencionó varios escritores mexicanos y españoles que había leído. Coincidimos con algunos autores y la plática resultó muy agradable. Me prometió leer mi libro. No quiso darme su número de teléfono.</p>
<p>Manu me presentaba con sus amigos como el el escritor del año aunque nunca leyó mi libro. Me decía que lo había empezado a leer y un par de veces le pregunté si había llegado a la parte del accidente y me dijo que sí, que le había gustado. No había ningún accidente en mi novela. Adquirió cien ejemplares de mi libro y me hizo firmar algunos. Regaló casi todos entre sus amistades con aficiones literarias. De varios de ellos recibí buenos comentarios por correo electrónico. A veces lo acompañaba a vender o comprar pinturas, algo en lo que era insuperable. Después de presentarme como escritor preguntaba por mi opinión. Si era para comprar, antes habíamos acordado que yo no daría comentarios muy entusiastas. Si era para vender, yo tenía que alabar a la obra y al artista pero sin llegar a ser obvio o artificial. </p>
<p>Roberto, me decía, sos bueno con las palabras, solo tenés que ser un poco más desalmado. La literatura nunca te va a dar dinero, nunca lo ha dado, pero el estatus de artista-escritor sí que te puede abrir camino. </p>
<p>Me encontré con Andrea varias veces más en casa de Manu, siempre charlábamos de forma amena. Como puso distancia al principio no hice mucho por pasar a otro plano. Ella fue la que me sorprendió besándome una vez que dije de memoria un poema de Benedetti, que me había servido un par de veces antes. Después de la fiesta fuimos a un motel y luego hicimos un <em>road trip</em> de cinco días por varios departamentos de Guatemala. Fue la mujer más bonita con la que he estado. Vimos varios atardeceres juntos en la carretera, en la playa, a la orilla de un lago. Hicimos el amor muchas veces, hasta el dolor.</p>
<p>Al regresar del road trip ella no quiso decir adiós pero dijo que ya no nos veríamos, que quería regresar con su novio de toda la vida. Tal vez en algunos años nos reencontremos, dijo. </p>
<p>Seguí yendo a las fiesta de Manu, aunque poco a poco perdí la motivación. Después de un año de publicada mi novela, yo ya no era novedad. No escribí nada durante dos años y mi estatus como escritor bajó de nivel. No me gustaban los programas de tertulia ni ser un opinador de coyuntura. Perdido el brillo inicial, las invitaciones a las fiestas se hicieron más escasas, hasta que ya no existieron.</p>
<p>Yo adquirí un trabajo de nueve a cinco que me permite seguir leyendo y escribiendo. Aún no sé si publicaré otra novela, pero publico mis cuentos en un blog cada vez que surge una idea. De vez en cuando llegan comentarios y correos. Es bueno saber que hay quien lee.</p>
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		<title>La niña bombera</title>
		<link>https://www.anecdotario.net/la-nina-bombera/</link>
		<pubDate>Wed, 22 Mar 2017 13:00:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Guatemala]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Gaby, una niña de diez años pequeña y delgadita, se levanta temprano en la mañana del sábado para ir con su mamá a Monjas, Jalapa. El bus se tarda una hora en llegar desde Jutiapa, donde viven. Es su primer día de entreno con la brigada infantil de los bomberos; lleva su uniforme nuevo y...</p>
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]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Gaby, una niña de diez años pequeña y delgadita, se levanta temprano en la mañana del sábado para ir con su mamá a Monjas, Jalapa. El bus se tarda una hora en llegar desde Jutiapa, donde viven. Es su primer día de entreno con la brigada infantil de los bomberos; lleva su uniforme nuevo y una gran sonrisa en el rostro. Le pide a su mamá que le de el asiento de la ventanilla porque quiere ver cómo pasan las casas y las gentes y cómo se quedan atrás en el camino. <span id="more-2574"></span></p>
<p>Al llegar mira las ambulancias y el edificio y piensa que algún día irá ella ahí para ayudar a alguien herido y la gente la va admirar.</p>
<p>Cuando llega la hora del entreno a ella le prueban el casco más pequeño que tienen pero le queda grande y se le va por un lado. Su mamá la mira divertida. Los demás niños y el instructor se ríen cuando al primer ejercicio se le cae el casco. Gaby, le dice el instructor muy serio, usted va a llevar esta manguera hasta donde está la pared. Tiene que hacerlo lo más rápido posible. La niña toma muy en serio el ejercicio y logra la aprobación del instructor.</p>
<p>Al finalizar el entrenamiento van a almorzar a la casa de una amiga de su mamá, que también tiene una hija que va a la brigada infantil. Gaby le cuenta a su mamá que lo que más le gustó fue entrar a la ambulancia e imaginarse que ella algún día rescatará al alguien, quizás a una niña, como aquella que se cayó al barranco la otra vez. Su mamá la mira y sonríe y le acaricia el pelo.</p>
<p>Gaby continuó yendo a la brigada infantil aunque no todos los sábados por las ocupaciones de su mamá. Le gustaba mucho ir y compartir con las amigas que había hecho ahí. Le dijo a su mamá que aparte de ser bombera también quería ser veterinaria.</p>
<p>Cinco años después Gaby está alojada en un hogar del Estado. Su mamá sigue viviendo en Jutiapa, pero algo sucedió, algo no muy bueno para la niña, y ella ahora no vive en casa. En ese lugar se reciben a menores de edad que han sufrido abuso o abandono. Cada vez que puede va a visitarla.</p>
<p>En el hogar las cosas no son buenas. Les dan mala comida, hay monitores que les pegan a niños y niñas, hay niñas y adolescentes violentas que también les pegan. Ha habido violaciones sexuales y se dice que a algunas niñas las han prostituido. Sus amigas a veces la defienden de otras niñas más grandes porque Gaby sigue siendo chiquita y delgada.</p>
<p>Un siete de marzo por la tarde la situación explota y las niñas se amotinan. El sector de niños también participa en el motín. Exigen que las dejen de maltratar y que les den comida en buen estado. Desesperados los monitores abren las puertas del hogar para que quien quiera escaparse lo haga. Más de cien niños y niñas corren hacia el pueblo más cercano y hacia el barranco. Gaby no quería escaparse, pero una amiga la convence y se une a la fuga.</p>
<p>Varias horas después, sin haber comido nada, la policía las atrapa y las reduce. A algunas las golpean porque se siguen resistiendo. Un policía le toca el trasero a una de ellas y se ríe. Gaby no se resiste, sólo pide que no le peguen. Las llevan de regreso al hogar y les dan algo de comer. Algunas desconfían y tiran la comida, sospechando que les echaron pastillas para dormir. Gaby tenía mucha hambre y se come todo. La encierran junto a otras cincuenta niñas en un dormitorio y les dan colchones para dormir en el suelo. Cansada, Gaby se duerme. Sueña que vuelve a Jutiapa con su mamá y que va de nuevo en bus a la estación de bomberos de Monjas y que mira por la ventanilla cómo pasan las casas y las gentes y cómo se quedan atrás en el camino.</p>
<p>A las siete de la mañana se despierta por la bulla de sus compañeras, les dan algo de desayuno pero Gaby prefiere seguir durmiendo un poco más. Después de terminar el desayuno las niñas se vuelven a molestar porque siguen encerradas bajo llave. No se sabe cómo, uno de los colchones agarra fuego y las llamas se expanden muy rápido. Las niñas empiezan a gritar, a suplicar que las dejen salir. Una mujer policía les dice que si fueron valientes para escaparse que ahora lo sean para aguantarse. Algunas desesperadas rompen vidrios. Gaby, aún somnolienta, se desmaya por el humo y su ropa se incendia.</p>
<p>Ella junto a otras 19 niñas muere en el incendio. La llave para abrir la puerta nunca apareció, quizás nunca quisieron abrir. Llegan los bomberos y en ambulancias se llevan al hospital a las que pueden. Ambulancias del seguro social también apoyan la emergencia. En los hospitales nacionales mueren en los siguientes días otras 21 niñas a consecuencia de las quemaduras.</p>
<p>En el velorio de Gaby su mamá recuerda ante la cámara de un reportero de televisión la ilusión de su hija por ser parte de los bomberos y de cómo se le iba por un lado el casco porque era pequeñita y delgada. El cuerpo de bomberos de Monjas la despide con honores. Cuando le preguntan por qué Gaby estaba en el hogar del gobierno y no en su casa, sonríe amargamente y dice que son cosas personales.</p>
<p style="text-align: center;">*  *  *</p>
<p>Este relato está basado en el caso real de Ashely Gabriela Méndez Ramírez que murió un ocho de marzo de 2017 en la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Tragedia_del_Hogar_Seguro_Virgen_de_la_Asunci%C3%B3n_de_2017">Tragedia del Hogar Seguro Virgen de la Asunción</a>, en Guatemala. Murieron 40 mujeres menores de edad a causa de un incendio. La tragedia ha provocado indignación y dolor en la población y se exige justicia.</p>
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		<title>El club de los suicidas</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Mar 2017 13:00:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Joaquín]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Gente]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Suicidio]]></category>

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		<description><![CDATA[<p>Así decidieron ponerle a su banda de rock unos adolescentes que ensayaban cerca de mi casa, en casa del baterista. Yo era amigo de su tío Manuel, quien vivía allí, y a veces miraba partidos de fútbol y tomábamos cerveza en su casa. Carlos se llamaba el muchacho baterista. Se preocuparon, por insistencia de mi...</p>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Así decidieron ponerle a su banda de rock unos adolescentes que ensayaban cerca de mi casa, en casa del baterista. Yo era amigo de su tío Manuel, quien vivía allí, y a veces miraba partidos de fútbol y tomábamos cerveza en su casa. Carlos se llamaba el muchacho baterista. Se preocuparon, por insistencia de mi amigo, de aislar un poco el ruido para no espantar a los vecinos. Tocaban <em>death metal</em>, así que la advertencia tenía sentido. El nombre de la banda me pareció al principio un juego adolescente.<span id="more-2552"></span></p>
<p><em>El club de los suicidas</em> estaba integrada por cuatro adolescentes y el más grande era Carlos. El bajista había estudiado en el conservatorio y el guitarrista había aprendido a tocar en la iglesia de su tío. Había un tecladista que también hacía de guitarrista según necesitara la canción. Los cuatro eran educados y como Manuel y yo teníamos diez o doce años más que ellos nos trataban con cierto respeto. Además a mi amigo le gustaba el metal, así que a veces los acompañaba en el ensayo. Sus ensayos eran generalmente en las tardes o noches del viernes o sábado. Se presentaban en algunos festivales abiertos.</p>
<p>Yo no soy seguidor del metal, pero por ellos conocí nombres como <em>Children of Bodom</em>, <em>Carcass</em> y <em>Cannibal Corpse</em>. A veces coincidían los partidos fútbol por la tele del sábado con los ensayo de El club de los suicidas. Por acompañar a Manuel a veces escuchaba un poco del ensayo, pero yo no simpatizaba mucho con esa música, así que no escuchaba mucho. Me acuerdo de que tocaban una canción de Britney Spears y me pareció divertido. Era una versión de Children of Bodom, me explicaba Carlos, a la que le habían añadido un par de riffs de guitarra para aderezarla a su gusto.</p>
<p>Tocaban en festivales en donde alternaban con otras bandas, y además en algunos conciertos propios porque rápidamente la banda se hizo de un buen nombre por la calidad musical de los integrantes. Tenían su propia página web, por ese tiempo comenzaban las redes sociales y por ahí convocaban a sus conciertos.</p>
<p>Carlos era el líder natural de la banda. Tenía un buen sentido del ritmo y a veces por las noches lo lograba escuchar ensayando jazz y hasta salsa, porque no era purista y le gustaba experimentar. La madre de Carlos se había ido a Estados Unidos y le enviaba una remesa de dólares para los gastos. El padre por su parte vivía con otra familia y la relación de Carlos con él no era buena. En la casa solo vivían él y su tío, mi amigo Manuel.</p>
<p>El club de los suicidas como banda despareció tres años después. El bajista se peleó porque según él no pasaban de tocar las mismas canciones y el guitarrista de pronto descubrió que el death metal podía ir en contra de sus principios religiosos. El tecladista simplemente se aburrió y se unió a un grupo de cumbia, merengue y salsa en donde ganaba dinero tocando en fiestas los fines de semana.</p>
<p>Carlos intentó varias veces resucitar la idea de los suicidas con otros músicos pero ningún intento duró más de seis meses. Comenzó a estudiar derecho en la universidad y sacaba buenas notas, según supe. Me caía bien Carlos, algunas veces nos acompañaba a ver partidos importantes por la tele a su tío y a mí, aunque eran pocos porque no era muy aficionado al deporte. Le llegué a tener cierto aprecio y en un par de ocasiones en que se quedó sin dinero me pidió prestado. Las dos veces me pagó en la fecha que prometió.</p>
<p>Fuera de la cerveza y la mariguana ocasional Carlos no consumía drogas. La gente relaciona erróneamente al metal con el abuso de drogas, pero la elección siempre es personal.</p>
<p>Cuando Carlos cursaba el tercer año de universidad su madre murió de cáncer en California, donde vivía. Carlos la fue a atender cuatro meses antes del deceso y según me contaba Manuel se comportó como un hijo ejemplar, atendiendo a su madre hasta el último minuto.</p>
<p>Regresó mal, en un estado depresivo lamentable. Acudió al psiquiatra y mejoró, pero nunca volvió a ser el mismo. Su novia intentaba ayudarlo y alegrarlo, pero nada funcionó.</p>
<p>Una vez lo abordé y le dije que su madre se había ido pero que la vida continuaba. No entendés, me decía, no es sólo eso. Mi madre se fue y eso fue triste, pero solo fue el detonante porque yo nací mal. Antes lograba actuar para vivir en sociedad, pero algo se descompuso dentro de mí, algo que no puedo explicar y ahora no sé qué hacer. Todo me hace sentir mal. Un día terminaré con todo.</p>
<p>No supe que decir, no podía entenderlo. Solo le pedí, casi que le rogué por el aprecio que le tenía, que fuera al psiquiatra y que se ayudara. Sonrió tristemente y dijo que gracias por preocuparme. Estaré bien algún día, dijo al despedirse.</p>
<p>La situación fue empeorando y Manuel no sabía qué hacer. Varias veces estuvo internado en un centro psiquiátrico con bonitas instalaciones, gracias al dinero heredado de su madre. Volvía mejor y yo lo visitaba y hasta hacía bromas y mirábamos películas y juegos de fútbol. Pero la mejoría no duraba mucho y volvía a su estado depresivo.</p>
<p>Fueron tres años de mejorías y recaídas hasta que un día Carlos se ahorcó colgándose de una de las vigas del techo de su casa. Era un final que nos temíamos con mi amigo, pero siempre de algún modo pareció inevitable. Dejó una carta para Manuel en la que indicaba que podía compartirla conmigo si quería. Nos agradecía las atenciones y la amistad, se disculpaba por el hecho de tener que lidiar con su cuerpo, pero que había previsto todo y que todo estaba pagado. Nos pidió que borráramos sus cuentas de email y de redes sociales.</p>
<p>Manuel me pidió que fuera yo quien las borrara. Al ingresar a su cuenta de facebook, queriendo yo encontrar alguna explicación que me dejara tranquilo vi que su último mensaje había sido en un grupo privado que se llamaba &#8220;El Club&#8221;. En mensaje decía que al otro día iba a estar bien, que al fin podría descansar. Tenía veinte likes. No quise ver más.</p>
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