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	<title>Comunidad &#8211; ArtepolÃ­tica</title>
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	<description>ArtepolÃ­tica es un blog colectivo. Los que lo hacemos estamos interesados en la polÃ­tica, la economÃ­a, el periodismo y toda aquella disciplina que opere, constituya y modifique la esfera pÃºblica. Deseamos que sea un espacio de intercambio y debate crÃ­tico para pensar nuestra Argentina y nuestro mundo. EstÃ¡s invitad@, &#60;a href=&#34;http://artepolitica.com/wp-login.php?action=register&#34;&#62;participÃ¡&#60;/a&#62;.</description>
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		<title>PERÃ“N, EL PERONISMO Y LA ECOLOGÃA. Â¿Una nueva alianza con el agronegocio del Consejo Agroindustrial Argentino?</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2020 00:08:21 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[â€œLos hombres no siempre toman en serio a sus grandes pensadores, aunque aparentemente los admiren muchoâ€ Sigmund Freud, PsicologÃ­a de las masas 1) El mensaje ambiental de PerÃ³n Algunos lectores &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" src="https://artepolitica.com/wp-content/uploads/2020/09/Afiche-Peronista-agrario.jpg" alt="" width="768" height="1121" class="alignnone size-full wp-image-105874" /></p>
<p><em>â€œLos hombres no siempre toman en serio a sus grandes<br />
pensadores, aunque aparentemente los admiren muchoâ€<br />
Sigmund Freud, PsicologÃ­a de las masas</em></p>
<p>1) El mensaje ambiental de PerÃ³n<br />
Algunos lectores de mi entrada anterior se preguntaron por la menciÃ³n que en el diÃ¡logo con Enrique Viale hicimos del â€œMensaje ambiental a los pueblos y gobiernos del mundoâ€, un escrito que PerÃ³n dio a conocer desde su exilio de Madrid en el mes de febrero de 1972, pocos meses antes de la Cumbre de la Tierra de Estocolmo, la primera conferencia de Naciones Unidas sobre medio ambiente. Como se trata de un documento no tenido en cuenta como merecerÃ­a en la prÃ¡ctica polÃ­tica posterior, y dada su extraordinaria vigencia cuando se estÃ¡n por decidir hoy en el paÃ­s rumbos que pueden comprometer nuestro futuro, me pareciÃ³ oportuno reseÃ±arlo.<br />
â€œUn peligro mayor afecta a toda la humanidad y pone en peligro su misma supervivenciaâ€ â€“alerta PerÃ³n desde el comienzo, y para plantear la extensiÃ³n realista del asunto advierte que el tema â€œvan mÃ¡s allÃ¡ de lo estrictamente polÃ­tico (â€¦) supera las divisiones partidarias o ideolÃ³gicas, y entra en la esfera de las relaciones de la humanidad con la naturaleza. Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a travÃ©s de la contaminaciÃ³n del medio ambiente y la biÃ³sfera, la dilapidaciÃ³n de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la poblaciÃ³n y la sobrestimaciÃ³n de la tecnologÃ­aâ€. Recordemos que se trata de una exhortaciÃ³n que PerÃ³n lanzÃ³ en el aÃ±o 1972, de modo que advirtamos el delicado estado de situaciÃ³n actual cuando los pasos que ha dado nuestra civilizaciÃ³n en estos cincuenta aÃ±os no han hecho sino redoblar esa apuesta suicida. Apela en el texto a los hombres de la ciencia y de la polÃ­tica; les reclama â€œinvertir de inmediato la direcciÃ³n de esta marcha, a travÃ©s de una acciÃ³n mancomunada internacionalâ€.  	â€œEl ser humano â€“dice- ya no puede ser concebido independientemente del medio ambiente (â€¦) Es una poderosa fuerza biolÃ³gica, y si continÃºa destruyendo los recursos vitales que le brinda la Tierra, sÃ³lo puede esperar verdaderas catÃ¡strofes sociales para las prÃ³ximas dÃ©cadas (â€¦) No ha llegado a comprender que los recursos vitales para Ã©l y sus descendientes derivan de la naturaleza, y no de su poder mental (â€¦) En el Ãºltimo siglo ha saqueado continentes enteros y le han bastado un par de dÃ©cadas para convertir rÃ­os y mares en basurales, el aire de las grandes ciudades en un gas tÃ³xico y espesoâ€¦â€.<br />
Sus reflexiones sobre el escenario en el cual se despliegan estas dilapidaciones -las â€œsociedades de consumoâ€, a las que llama â€œsistemas sociales de despilfarro masivoâ€-, retoman viejas cuestiones planteadas ya en 1949, en â€œLa comunidad organizadaâ€. Adelanta asuntos que son de consideraciÃ³n reciente, como la obsolescencia programada de los artÃ­culos tecnolÃ³gicos, los automÃ³viles elÃ©ctricos o la depredaciÃ³n del sur global teorizada en los contemporÃ¡neos estudios postcoloniales: â€œSe despilfarra mediante la producciÃ³n de bienes necesarios o superfluos y, entre estos, a los que deberÃ­an ser de consumo duradero con toda intenciÃ³n se les asigna cierta vida porque la renovaciÃ³n produce utilidades. Se gastan millones en inversiones para cambiar el aspecto de los artÃ­culos, pero no para reemplazar los bienes daÃ±inos para la salud humana, y hasta se apela a nuevos procedimientos tÃ³xicos para satisfacer la vanidad humana. Como ejemplo bastan los autos actuales que debieran haber sido reemplazados por otros con motores elÃ©ctricos (â€¦) No menos grave resulta el hecho de que los sistemas sociales de despilfarro de los paÃ­ses tecnolÃ³gicamente mÃ¡s avanzados, funcionen mediante el consumo de ingentes recursos naturales aportados por el Tercer Mundoâ€.<br />
Como se ve, se trata de un documento completamente extraordinario que enmarca la preocupaciÃ³n ambiental en el complejo y verdadero entramado econÃ³mico, demogrÃ¡fico, tecno-cientÃ­fico, geopolÃ­tico, filosÃ³fico.<br />
â€œLo peor es que, debido a la existencia de poderosos intereses creados o por la falsa creencia generalizada de que los recursos naturales vitales para el hombre son inagotables, este estado de cosas tiende a agravarse (â€¦) El ser humano cegado por el espejismo de la tecnologÃ­a, ha olvidado las verdades que estÃ¡n en la base de su existencia. Y asÃ­, mientras llega a la luna gracias a la cibernÃ©tica, la nueva metalurgia, combustibles poderosos, la electrÃ³nica y una serie de conocimientos teÃ³ricos fabulosos, mata el oxÃ­geno que respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer, y eleva la temperatura permanente del medio ambiente sin medir sus consecuencias biolÃ³gicasâ€.<br />
Que un dirigente polÃ­tico plantee la nociÃ³n de calentamiento global y cambio climÃ¡tico en los primeros aÃ±os de la dÃ©cada del Â´70, nos da una idea de la perspectiva aguda y de largo plazo de PerÃ³n.<br />
	Luego de reseÃ±ar el exterminio de especies terrestres y marinas, la contaminaciÃ³n de las aguas por los derrames y la exploraciÃ³n petrolera â€œsin tomar medidas de protecciÃ³n de la fauna y floraâ€, PerÃ³n alerta sobre la desertificaciÃ³n de â€œextensas zonas otrora fÃ©rtiles del globoâ€. AquÃ­ expone su crÃ­tica a la llamada â€œrevoluciÃ³n verdeâ€ â€“escÃ©ptico a las promesas de los fabulosos rendimientos de ese giro agroindustrial, que no alteran la injusta distribuciÃ³n de esa superproducciÃ³n- y una preocupaciÃ³n que hoy resulta desoladora si cotejamos la transformaciÃ³n devastadora que experimentÃ³ la agricultura argentina desde la dÃ©cada del Â´90: â€œLa erosiÃ³n provocada por el cultivo irracional o por la supresiÃ³n de la vegetaciÃ³n natural se ha convertido en un problema mundial, y se pretende reemplazar con productos quÃ­micos el ciclo biolÃ³gico del suelo, uno de los mÃ¡s complejos de la naturalezaâ€¦â€. No es difÃ­cil imaginar sus conclusiones si apreciara, por ejemplo, los 20 millones de hectÃ¡reas del monocultivo de soja de nuestro paÃ­s â€“extendidas sobre casi el 60% de la tierra cultivable, luego de una destrucciÃ³n demencial de montes nativos-, sobre las que se rocÃ­an cerca de 300 millones de litros de herbicidas, insecticidas y fertilizantes sintÃ©ticos.<br />
	Llegado este punto del documento, PerÃ³n invoca una racionalidad polÃ­tica urgente, un logos sustentable para la vida en el planeta: â€œA la irracionalidad del suicidio colectivo debemos responder con la racionalidad del deseo de supervivenciaâ€. Le pide especialmente a la dirigencia polÃ­tica de los paÃ­ses industrializados una â€œrevoluciÃ³n mentalâ€, que implique por un lado â€œuna modificaciÃ³n de las estructuras sociales y productivasâ€ (que no priorice la acumulaciÃ³n descabellada, sino la â€œsatisfacciÃ³n de las necesidades esenciales del ser humano, el racionamiento del consumo de recursos naturales y la disminuciÃ³n al mÃ­nimo posible de la contaminaciÃ³n ambientalâ€) y, por otra, â€œuna convivencia biolÃ³gica dentro de la humanidad y entre la humanidad y el resto de la naturalezaâ€, ya que el ser humano debe â€œcomprender que no puede reemplazar a la naturaleza en el mantenimiento de un adecuado ciclo biolÃ³gico general; que la tecnologÃ­a es un arma de doble filo, que el llamado progreso debe tener un lÃ­mite y que incluso habrÃ¡ que renunciar a alguna de las comodidades que nos ha brindado la civilizaciÃ³n. La naturaleza debe ser restaurada en todo lo posibleâ€.<br />
	Para dar una nociÃ³n cabal de la urgencia de este asunto asegura: â€œEste no es un problema mÃ¡s de la humanidad; es EL problemaâ€.<br />
	El documento concluye con unas â€œconsideraciones para nuestros paÃ­ses del Tercer Mundo: debemos cuidar nuestros recursos naturales con uÃ±as y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales que los buscan para alimentar un tipo absurdo de industrializaciÃ³n y desarrollo en los centros de alta tecnologÃ­a a donde rige la economÃ­a de mercado (â€¦) Cada gramo de materia prima que se dejan arrebatar hoy los paÃ­ses del Tercer Mundo equivale a kilos de alimentos que dejarÃ¡n de producir maÃ±ana. De nada vale que evitemos el Ã©xodo de nuestros recursos naturales si seguimos aferrados a mÃ©todos de desarrollo, preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negaciÃ³n de un uso racional de aquellos recursos (â€¦) La Humanidad debe ponerse en pie de guerra en defensa de sÃ­ mismaâ€.</p>
<p>2) PolÃ­tica agraria peronista<br />
	Este pronunciamiento de PerÃ³n sorprendiÃ³ a muchos; algunos lo consideraron esotÃ©rico, un sÃ­ntoma aislado de su senilidad. Sin embargo, si se lo mira bien se encuentra en la lÃ­nea de los planteos de â€œLa Comunidad Organizadaâ€ y de una serie de medidas de sus gobiernos que tuvieron un inequÃ­voco sentido: bregar contra la concentraciÃ³n de la propiedad rural, cuidar la fertilidad del suelo, promover una acciÃ³n colonizadora contra el latifundio, dotar de mayor estabilidad a los chacareros (evitando desalojos, congelando cÃ¡nones de arriendo o creando tribunales del agro que velaran por los derechos de arrendatarios y aparceros), impulsar -si no una reforma agraria- una polÃ­tica desde el Banco NaciÃ³n y el Consejo Agrario Nacional para la formaciÃ³n de cooperativas de pequeÃ±os productores y facilitar el acceso a la propiedad de la tierra para quienes la trabajaran, especialmente para los jÃ³venes agrarios, cuidando el arraigo de los obreros rurales.<br />
	â€œPoblar el interior, racionalizar las explotaciones agrarias, subdividir la tierra y estabilizar a la poblaciÃ³n ruralâ€¦â€. Estos fueron los fundamentos de la demanda del Banco NaciÃ³n en el gobierno peronista que propulsÃ³ la expropiaciÃ³n del campo â€œElisaâ€, de los Bemberg.<br />
	A esto sumÃ³ una polÃ­tica de control nacional del comercio exterior de la producciÃ³n de granos â€“mediante el Instituto Argentino para la PromociÃ³n del Intercambio (IAPI), creado en 1946-, consciente de los riesgos que implicaba dejar ese trÃ¡fico estratÃ©gico en las manos especulativas de los grandes actores del agro.<br />
Y para reafirmar esta lÃ­nea, recordemos el Estatuto del PerÃ³n Rural (decreto 28.169/44), una de las primeras legislaciones que reconocieron los derechos de un sujeto social hasta entonces olvidado: salario mÃ­nimo, condiciones de alimentaciÃ³n, vivienda, horarios de trabajo, indemnizaciones, asistencia mÃ©dica, descanso dominical, vacaciones pagas para los trabajadores rurales.<br />
Cuando PerÃ³n reforma la Constitucional en 1949, establece que el Estado debe â€œfiscalizar la distribuciÃ³n y la utilizaciÃ³n del campo e intervenir con el objeto de desarrollar e incrementar su rendimiento en interÃ©s de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultivaâ€ (artÃ­culo 38) â€“lo que coincide con la visiÃ³n que hasta el mismo Sarmiento tenÃ­a sobre una racional distribuciÃ³n en la tenencia de la tierra: â€œHe aquÃ­ el gaucho argentino de ayer, con casa en que vivir, con un pedazo de tierra para hacerla producir alimentos para toda su familiaâ€ (vÃ©ase la ley de tierras que impulsÃ³ el sanjuanino antes de su presidencia, plasmada en el llamado â€œPrograma de Chivilcoyâ€, 1868). Considere el liberalismo estas cuestiones, sin soponcios ni estertores de comunismos y Venezuelas, y recuerde que hasta uno de sus padres pensadores pregonaba por una sensata relaciÃ³n entre tierra, techo y producciÃ³n de alimentos.<br />
	Hubo entonces en la polÃ­tica agropecuaria peronista un marcado sesgo, una preocupaciÃ³n por el sector social a resguardar (el peÃ³n, el chacarero, el pequeÃ±o aparcero, la cooperativa) y â€“en el mismo sentido- una advertencia del riesgo respecto de la gran escala del â€œcultivo irracionalâ€ basado en la â€œsobreestimaciÃ³n de la tecnologÃ­aâ€, plataformas de los â€œmonopolios internacionales que alimentan un tipo absurdo de industrializaciÃ³n y desarrollo de los centros de alta tecnologÃ­aâ€, que llevan inexorablemente a la depredaciÃ³n de los ecosistemas.<br />
Teniendo en cuenta estas cuestiones no fue sino un gesto de coherencia que al asumir su tercera presidencia planteara el 1Â° de mayo de 1974 ante el Congreso de la NaciÃ³n, que â€œla lucha por la liberaciÃ³n es en gran medida lucha tambiÃ©n por los recursos y la preservaciÃ³n ecolÃ³gicaâ€, creando en ese mandato la primer SecretarÃ­a de Medio Ambiente de AmÃ©rica Latina, a quien le otorgÃ³ poderes de supervisiÃ³n sobre otras Ã¡reas de gobierno (como producciÃ³n o minerÃ­a), y designando al frente de la SecretarÃ­a de Agricultura y GanaderÃ­a â€“ya en 1973- a un tipo como Horacio Giberti. Desde allÃ­ se suspendieron los juicios de desalojos a los chacareros, y se crearon dos organismos estatales claves para regular la estructura de costos y precios en carnes (la Junta Nacional de Carnes â€“que resguardÃ³ a consumidores y productores de la imposiciÃ³n de los sectores mÃ¡s concentrados de la cadena), y la de cereales y oleaginosas, con la Junta Nacional de Granos, apoyando a pequeÃ±os y medianos productores e incentivando las cooperativas. En el aÃ±o 1974, esa misma SecretarÃ­a promoviÃ³ una ley muy resistida por las patronales agrarias (la 20.538), que gravaba la renta normal de las explotaciones para castigar al latifundio, y una â€œley Agrariaâ€ dirigida a discutir la distribuciÃ³n y tenencia de la tierra y la conservaciÃ³n del suelo, que contemplaba incluso la posibilidad de expropiar las propiedades con suelos erosionados, y asignarlos a colonos agrarios nacionales (la ley limitaba a los extranjeros la adquisiciÃ³n de tierras). Entonces: resguardo a pequeÃ±os y medianos, limitaciÃ³n a la extranjerizaciÃ³n de tierras, cuidado de la fertilidad del suelo, soberanÃ­a alimentaria.<br />
	No se trata de considerar que en este tema PerÃ³n haya sido un lÃ­der exento de contradicciones, porque el Ã¡mbito de su acciÃ³n no fue la quÃ­mica pura sino la turbulenta dinÃ¡mica de la polÃ­tica nacional. Lo que planteamos es la insistencia de muy precisos trazos identitarios del peronismo respecto del tema rural, que no pueden soslayarse sin lesionar tambiÃ©n los fundamentos que constituyen su doctrina.</p>
<p>3) La situaciÃ³n actual del sector agropecuario<br />
El Ãºltimo censo agropecuario de 2018 seÃ±alÃ³ que desde 2002 desaparecieron 82.652 explotaciones agropecuarias (en la dÃ©cada del noventa, quebraron 103 mil), por lo que en los Ãºltimos 30 aÃ±os se liquidaron casi 200 mil chacras mixtas. El cÃ¡lculo que hizo el dirigente agrario Pedro Peretti (Movimiento Arraigo) indica que aquello significÃ³ la pÃ©rdida de mÃ¡s de 900 mil puestos de trabajo en el sector rural.<br />
A partir de la dÃ©cada del 90 se produjo una extraordinaria expansiÃ³n agrÃ­cola â€“particularmente a partir de 1996 con la llegada de la semilla de soja transgÃ©nica y su paquete tecnolÃ³gico, de la mano de la multinacional Monsanto. Esa innovaciÃ³n tecnolÃ³gica (el experimento de modificar genÃ©ticamente un organismo, insertÃ¡ndole genes de otra especie â€“â€œla tecnologÃ­a es un arma de doble filo, el llamado progreso debe tener un lÃ­miteâ€, advertÃ­a PerÃ³n), permitiÃ³ extender la frontera agrÃ­cola mucho mÃ¡s allÃ¡ de la pampa hÃºmeda, experiencia que nos colocÃ³ entre los diez paÃ­ses que mÃ¡s deforestaron en el mundo: arrasamos con 3 millones de hectÃ¡reas de bosques nativos para plantar bÃ¡sicamente soja y maÃ­z transgÃ©nicos. Quien no establezca una relaciÃ³n directa entre este boom agrario (â€œmarcha suicidaâ€ â€“tal vez dirÃ­a PerÃ³n-) y el cambio climÃ¡tico, con sus consecuencias de enormes sequÃ­as e inundaciones, es un ignorante o un malintencionado. Lo mismo puede decirse del pasmoso crecimiento del cÃ¡ncer en las localidades rurales desde que aterrizÃ³ este â€œcultivo irracionalâ€ (sigamos citando al general), ya que dicho paquete tecnolÃ³gico requiere ingentes litros de agroquÃ­micos. Al respecto pueden consultarse los estudios de AndrÃ©s Carrasco sobre los nexos entre aquella enfermedad y la acciÃ³n del glifosato â€“el herbicida estrella de Monsanto que mata casi todo menos la soja transgÃ©nica- y los estudios epidemiolÃ³gicos en zonas rurales de DamiÃ¡n VerseÃ±asi (Facultad de Medicina de Rosario) y Medardo Ãvila VÃ¡zquez (Red de MÃ©dicos de Pueblos Fumigados y ex subsecretario de Salud de CÃ³rdoba).<br />
 Dicha expansiÃ³n agrÃ­cola destinada en su mayorÃ­a a producir forraje para animales de otros paÃ­ses y biocombustibles, aparejÃ³, entre tantas consecuencias, dos muy importantes: por un lado, expulsÃ³ a la ganaderÃ­a del campo, llevÃ¡ndola a insÃ³litas zonas como los humedales litoraleÃ±os (que hoy arden por incendios intencionados) o confinÃ¡ndola en insalubres y estrechos corrales llamados feddlots, hacinamiento que demanda el suministro de alimentos industrializados para un ganado que ya no camina ni come pasturas naturales, colosales dosis de antibiÃ³ticos y un complejo manejo sanitario de sus estiÃ©rcoles; por otra, una acentuaciÃ³n de nuestro perfil exportador de bienes primarios, concentrando en un puÃ±ado de grandes empresas la producciÃ³n granaria y la propiedad de la tierra (llegamos a un escenario en el cual el 2 % de los grandes sojeros produce la mitad de esa producciÃ³n), proceso que fue acompaÃ±ado con una significativa desnacionalizaciÃ³n del capital agroindustrial: de las 50 empresas lÃ­deres, el 66 % es de capital extranjero, segÃºn el Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios â€“cosa que le aporta una cuota de humor al flamear de banderas argentinas en las manifestaciones del â€œcampoâ€, desde la 125 a VicentÃ­n.<br />
Una tercera consecuencia: estas formidables extensiones agrarias -a diferencia de la pequeÃ±a y mediana producciÃ³n rural- precisa una bajÃ­sima aplicaciÃ³n de mano de obra: una sofisticada mÃ¡quina manejada por un tractorista y un telÃ©fono celular con GPS pueden ser suficientes para miles de hectÃ¡reas, con lo cual el estanciero, el rentista o el inversor del pool de siembra pueden perfectamente residir a cientos de kilÃ³metros del surco, inscribiÃ©ndose en la vieja tradiciÃ³n latifundista pampeana, a lo NicolÃ¡s Anchorena quien â€“segÃºn escribiÃ³ Tulio Halperin Dongui al estudiar la formaciÃ³n de la clase terrateniente bonaerense- se jactaba de no haber puesto jamÃ¡s una bota en ninguna de sus estancias. Este marcado sesgo ausentista del responsable de la producciÃ³n (reitero: a menudo un grupo de inversores que colocan sus activos financieros en la soja cuando maÃ±ana pueden hacerlo en la palma aceitera, en bonos de deuda pÃºblica o en multimedios de comunicaciÃ³n), explica su desinterÃ©s por el destino del territorio en el que se desarrolla esa prÃ¡ctica: las condiciones laborales o la salud de sus agentes o de la poblaciÃ³n lindante, su despreocupaciÃ³n por la pÃ©rdida de la fertilidad del suelo y los procesos que llevan a la desertificaciÃ³n de la que hablaba Juan PerÃ³n hace 50 aÃ±os â€“confirmada con estudios recientes (cf. las investigaciones del ingeniero Walter Pengue sobre la alarmante degradaciÃ³n del suelo argentino por acciÃ³n de esta agricultura tan menesterosa de insumos quÃ­micos).<br />
Es que ese campo agroindustrial dejÃ³ de producir alimentos, para generar commodities agrÃ­colas que cotizan en las bolsas de cereales â€“lo cual importa un cambio de perspectiva difÃ­cil de exagerar-. Ese campo agroindustrial lesionÃ³ de muerte a muchas economÃ­as regionales, desterrÃ³ campesinos, comunidades de pueblos originarios, tamberos, apicultores, horticultores, chacareros, peones rurales. Â¿CÃ³mo se cree que se fueron nutriendo los 4416 asentamientos consignados en el Registro Nacional de Barrios Populares, que ocupan hoy los cordones periurbanos de las grandes ciudades?<br />
â€œPoblar el interior, racionalizar las explotaciones agrarias, subdividir la tierra y estabilizar la poblaciÃ³n ruralâ€¦â€ â€“se aspirÃ³ en aquellos gobiernos peronistas. Todo al revÃ©s.<br />
Sumemos a este panorama que esta concentraciÃ³n de tierras y producciÃ³n agrÃ­cola en grandes emporios rurales empoderÃ³ a un sector de manera descomunal e hizo al paÃ­s cada vez mÃ¡s dependiente de la liquidaciÃ³n de sus cosechas, con la paradoja que el Estado Nacional resignÃ³ soberanÃ­a al dejar en las propias manos de las cuatro o cinco acopiadoras y exportadoras la facultad de decirnos con una simple declaraciÃ³n jurada cuÃ¡ntas toneladas se despachan (y, por ende, tributan por retenciones) por puertos privados. No es de sorprender que la evasiÃ³n y elusiÃ³n tributaria del sector se calcule en millones. Como la fuga de capitales.<br />
â€œMÃ©todos de desarrollo preconizados por esos mismos monopolios, que significan la negaciÃ³n de un uso racional de los recursos naturalesâ€ â€“decÃ­a el general PerÃ³n.</p>
<p>4) Â¿Asociarse al Consejo Agroindustrial Argentino?<br />
	Desde el mes de julio de este aÃ±o, un puÃ±ado de dirigentes agroindustriales -titulares de las casi 50 grandes cÃ¡maras empresarias ligadas al sector rural-, se reuniÃ³ con la vicepresidenta Cristina FernÃ¡ndez, con el presidente de la CÃ¡mara de Diputados Sergio Massa, con referentes de la oposiciÃ³n, con el canciller Felipe SolÃ¡ y los ministros del Ã¡rea, con cuatro gobernadores y con el mismo presidente de la NaciÃ³n Alberto FernÃ¡ndez. En esta recorrida con rÃ¡pidas puertas abiertas de despachos oficiales, presentaron un plan de reactivaciÃ³n tras la pandemia, al que bautizaron â€œEstrategia agroindustrial exportadora inclusiva, sustentable y federal â€“plan 2020/2030â€; prometen aumentar las exportaciones anuales (hasta llegar a 100 mil millones en 2030), generar empleo (cerca de 900 mil) y prescindir de subsidios del Estado. Todo ello â€œde forma sustentable, cuidando el ambiente con prÃ¡cticas y procesos que no impacten en el ecosistemaâ€. AsÃ­ lo declarÃ³ JosÃ© Martins, portavoz del Consejo y titular de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, quien brega por sancionar pronto una Ley de Desarrollo Agroindustrial Exportador: â€œlograr un consenso para avanzar en medidas que permitan al sector agroindustrial despegar y actuar como reactivador de la economÃ­aâ€.<br />
	Los empresarios salieron satisfechos: â€œNecesitamos que produzcan yaâ€ â€“les dijo el presidente tras felicitarlos en la reuniÃ³n- ya que â€œen toda la agroindustria hay una gran posibilidad de exportacionesâ€. Les prometiÃ³ en las prÃ³ximas horas designar un equipo que redacte un proyecto de ley segÃºn la propuesta del Consejo y enviarlo para su tratamiento y aprobaciÃ³n al Congreso Nacional.<br />
El titular del bloque de diputados de la oposiciÃ³n, Mario Negri, coincidiÃ³: â€œAl campo hay que ayudarlo con medidas que le permitan seguir desarrollÃ¡ndose. Apoyaremos la propuesta del Consejo Agroindustrial en el Congreso Nacional. El desarrollo del campo es vital para un paÃ­s que necesita exportar mÃ¡sâ€.<br />
La noticia fue festejada por casi todos los medios: una â€œnuevaâ€ entidad rural irrumpe en la escena polÃ­tica ofreciendo millones en divisas y empleos, sin pedir subsidios estatales y cuidando el ambiente. â€œNecesitamos que produzcan yaâ€ â€“claro. Pero Â¿quiÃ©nes son?, Â¿quÃ© â€œcampoâ€ representan?, Â¿en quÃ© consisten sus prÃ¡cticas agrarias? En fin, Â¿se trata realmente de una novedad en la producciÃ³n rural nacional?<br />
Cuando vemos las cÃ¡maras empresariales que componen el flamante Consejo Agroindustrial Argentino, las preguntas se van aclarando. AquÃ­ reconocemos a los grandes productores de soja (ACSOJA) y maÃ­z (MAIZAR), los puertos privados (CPPC), la â€œnuevaâ€ Mesa de Enlace sin la Sociedad Rural (CONINAGRO, FederaciÃ³n Agraria y Confederaciones Rurales Argentinas, los mismos que hace poco se juntaron para festejar los diez aÃ±os de la caÃ­da de la 125), los fabricantes de maquinaria agrÃ­cola (CAFMA), los industriales de agroquÃ­micos y fertilizantes (nucleados en CIAFA y CASAFE â€“que declara en su pÃ¡gina que â€œno se conoce un herbicida mÃ¡s seguro e inocuo que el glifosatoâ€), los productores de feedlot (CAF) y de pollos industriales (agrupados en CAPIA y CEPA), las entidades que representan el monocultivo forestal e impulsan una ambientalmente cuestionada ley de Bosques Implantados (reunidos en AFOA), los exportadores de cereales (CEC) y carnes (ABC), los acopiadores y la industria molinera (FAIM), las bolsas cerealeras de Buenos Aires, BahÃ­a Blanca, CÃ³rdoba, Entre RÃ­os y CÃ³rdoba, y las de Comercio de Chaco, Rosario y Santa Fe, las corporaciones de nutriciÃ³n animal (CAENA), las semilleras con directivos de las multinacionales Monsanto y Syngenta (nucleados en ASA), la AsociaciÃ³n Argentina de Consorcios Regionales de ExperimentaciÃ³n AgrÃ­cola (AACREA) â€“una de las impulsoras de la ley de semillas Bayer-Monsanto-, el poderoso polo aceitero nucleado en CIARA, los mercados que negocian contratos a futuro de commodities del agro (ROFEX y MATba).<br />
Como se ve, no son actores nuevos ni flamantes emprendedores. En tiempos de crisis, se juntan para cantar la misma canciÃ³n: divisas por sus saldos exportables, volumen de cosechas, miles de hectÃ¡reas cultivadas, kilos de carne producida industrialmente, innovaciÃ³n biotecnolÃ³gica. AlgÃºn experto en comunicaciÃ³n les sugiriÃ³ cambiar su nombre corporativo e incorporar las palabras â€œfederalâ€ y â€œsustentableâ€ a su propuesta, pero piden lo de siempre: venias para robustecer su posiciÃ³n en el mercado a expensas de medianos y chicos, protecciÃ³n fiscal por diez aÃ±os, deducir ganancias si aplican mÃ¡s fertilizantes y su gran sueÃ±o: â€œnos encantarÃ­a que fuesen a cero las retenciones, pero no podemos pedirlo en un paÃ­s que estÃ¡ al borde de colapsoâ€¦el objetivo es trabajar en conjunto para que desaparezcanâ€ â€“confesÃ³ Martins.<br />
En fin, no representan al â€œcampoâ€, sino al conocido complejo agroexportador primario y concentrado que describimos en el punto anterior, en cuyas prÃ¡cticas debe buscarse la otra cara del volumen, las divisas y los miles de hectÃ¡reas cultivadas: su responsabilidad por el desastre ambiental y sanitario que sufriÃ³ nuestro territorio, las injusticias sociales derivadas, los desequilibrios demogrÃ¡ficos, el aumento del precio de los alimentos en nuestras mesas.<br />
Lamentablemente muchas de estas tragedias ocurrieron durante dos administraciones justicialistas. Es hora de releer aquel mensaje de PerÃ³n y examinar crÃ­ticamente las polÃ­ticas agrarias de los Ãºltimos aÃ±os. Entonces, preguntarnos: Â¿debe un gobierno peronista considerarlos aliados? Â¿No volvimos para ser mejores?</p>
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		<title>â€œLOS MAPAS DE LA POBREZA COINCIDEN CON LOS MAPAS DE LA CONTAMINACIÃ“N AMBIENTALâ€</title>
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		<dc:creator><![CDATA[gcichello]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Aug 2020 15:44:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
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					<description><![CDATA[DIÃLOGO CON ENRIQUE VIALE, ABOGADO AMBIENTALISTA AMBIENTALISMO POPULAR-MEGAFACTORÃAS DE CERDOS-PANDEMIA Cuando se desarrollaba la Cuarta Cumbre sobre el Cambio ClimÃ¡tico en el entonces Centro Municipal de Exposiciones, al lado de &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>DIÃLOGO CON ENRIQUE VIALE, ABOGADO AMBIENTALISTA</p>
<p>AMBIENTALISMO POPULAR-MEGAFACTORÃAS DE CERDOS-PANDEMIA</p>
<p>Cuando se desarrollaba la Cuarta Cumbre sobre el Cambio ClimÃ¡tico en el entonces Centro Municipal de Exposiciones, al lado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, alguien le dijo a un estudiante de abogacÃ­a que miraba en los pasillos: â€œÂ¿QuerÃ©s entrar?â€. Y entrÃ³. Era el aÃ±o 1998 y el estudiante era Enrique â€œQuiqueâ€ Viale. â€œSiempre supe que el derecho no lo iba a ejercer de manera normal, sino relacionÃ¡ndolo con lo social. En ese momento le encontrÃ© una vuelta de tuerca: lo socio-ambiental. AhÃ­ me empecÃ© a interesar&#8230;â€. Unos aÃ±os despuÃ©s de esa entrada, Viale fundaba la AsociaciÃ³n Argentina de Abogados Ambientalistas (2004), asesoraba a la ComisiÃ³n de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Senado de la NaciÃ³n, litigaba en numerosas causas por daÃ±o y recomposiciÃ³n ambiental contra la Barrick (como abogado de la Asamblea del pueblo de JÃ¡chal, San Juan, por los derrames de cianuro en la mina Veladero), contra Monsanto, Chevron, el grupo inmobiliario IRSA, o participaba en la histÃ³rica causa que tramita ante la Corte Suprema de Justicia de la NaciÃ³n por el saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo.<br />
	â€œCuando egresÃ© en el aÃ±o 2000 hice un postgrado llamado RÃ©gimen JurÃ­dico de los Recursos Naturales y empecÃ© a contactarme con asambleas de distintas partes del paÃ­s que venÃ­an luchando contra la megaminerÃ­a, etc. Me especialicÃ© a la fuerzaâ€.<br />
	Atravesamos un aÃ±o absolutamente excepcional para los debates socio-ambientales; no sÃ³lo por la irrupciÃ³n de la pandemia del COVID-19 que al interrogar sus causas es imposible no hacer foco en la depredaciÃ³n de la naturaleza, sino por la multitudinaria movilizaciÃ³n en defensa del agua a principios de aÃ±o en Mendoza, por el intenso debate sobre la posible instalaciÃ³n de mega-factorÃ­as de cerdos debido a la peste que diezmÃ³ la poblaciÃ³n porcina de China, y â€“por estas horas, con el humo en Buenos Aires, Entre RÃ­os y Santa Fe- con el debate de una ley de humedales que ponga lÃ­mite a los demenciales incendios promovidos por productores rurales.<br />
	Por eso nos resultÃ³ propicia la ocasiÃ³n para sostener una conversaciÃ³n con Enrique Viale.<br />
-Tal vez no es tan conocido un pronunciamiento muy lÃºcido de PerÃ³n del aÃ±o 1972 sobre la cuestiÃ³n ambiental. MÃ¡s allÃ¡ de aquel mensaje, Â¿cÃ³mo pensÃ¡s la relaciÃ³n que existe entre la cuestiÃ³n ambiental y los partidos que a grandes rasgos podrÃ­amos inscribir en la tradiciÃ³n del peronismo, los movimientos nacionales y populares, los partidos progresistas, etc.?<br />
â€œEl pronunciamiento de PerÃ³n de 1972 ante la Cumbre de la Tierra, en Estocolmo, es un documento que no sÃ³lo mantiene actualidad en 2020, sino que es de vanguardia. Lamento que no sea tan conocido, incluso dentro del peronismo; pareciera que en el peronismo no pudiera haber una corriente que pudiera ver este tema con otros ojos. El documento es de una potencia extraordinaria, de una visiÃ³n de estadista Ãºnica, que anticipaba cada uno de los conflictos y nos seÃ±alaba ademÃ¡s cÃ³mo superarlos. Salvo Pino Solanas y algÃºn otro, la verdad que dentro del peronismo se han hecho y se hacen bastante los tontos con ese documento. Hay gente joven que le estÃ¡ hoy dando una vuelta de tuerca, como Leonardo Groso (presidente de la comisiÃ³n de Ambiente en la CÃ¡mara de Diputados de la NaciÃ³n) etc., pero la mayorÃ­a mira para otro lado. Ese documento es complementado con la encÃ­clica Laudato si, del papa Francisco, del aÃ±o 2015: uno de los documentos mÃ¡s extraordinarios del siglo XXI, con una fuerte inspiraciÃ³n en esa carta de PerÃ³n. Es muy interesante. Le cuesta a los progresismos darse cuenta de esto porque tienen esa vieja creencia -superada hace 30 aÃ±os (incluso el documento de PerÃ³n la supera)-, de que primero tenemos que atender lo social y despuÃ©s veremos lo ambiental, como si no tuvieran las mismas causas, como si las causas de la degradaciÃ³n ambiental no fueran las causas de la degradaciÃ³n social, como si los mapas de la pobreza no coincidieran con los mapas de la contaminaciÃ³n, como si no conocieran la historia de AmÃ©rica Latina y su rol de exportadora de naturaleza, una historia de saqueo y contaminaciÃ³n. Eso es lo que realmente me preocupa y me alarmaâ€.</p>
<p>-Asistimos a un debate interesante en la Argentina y en el mundo que conjuga la justicia social, los derechos a una distribuciÃ³n de la riqueza, con la protecciÃ³n del ambiente, Â¿podemos definir que estamos ante el nacimiento de un ambientalismo popular? Y, en su caso, Â¿en quÃ© consiste para vos?<br />
â€œCreo que el ambientalismo popular naciÃ³ hace mucho tiempo; estaba concentrado o resultÃ³ difÃ­cil popularizarlo, pero fue la experiencia de las asambleas ciudadanas en muchos paÃ­ses, de los campesinos y las comunidades indÃ­genas que vienen luchando y defendiendo su territorio. Esto tiene una larga historia no sÃ³lo en nuestro paÃ­s, sino en toda AmÃ©rica Latina. No es casual que AmÃ©rica Latina sea la regiÃ³n donde mÃ¡s defensores ambientales o defensores de la naturaleza han sido asesinados. Muere asesinado uno cada dos dÃ­as. Una locura. Este ambientalismo popular existe. Muchas veces es ninguneado por la prensa hegemÃ³nica, pero tambiÃ©n por los sectores progresistas que lo relativizan. En el Ãºltimo tiempo esto ha empezado a cambiar y ya no es tan fÃ¡cil ridiculizar ni invisibilizar a estos sectoresâ€.</p>
<p>-Por estos dÃ­as, adquiriÃ³ cierta relevancia pÃºblica un acuerdo con China para la instalaciÃ³n de granjas industriales de cerdos â€“debido a la proliferaciÃ³n en aquel paÃ­s de la peste porcina africana que diezmÃ³ su poblaciÃ³n porcina. Tu visiÃ³n de esta perspectiva.</p>
<p>â€œLo que trascendiÃ³ del acuerdo con China para la instalaciÃ³n de mega-factorÃ­as de cerdos en nuestro paÃ­s, realmente nos alarma, nos asusta y por eso iniciamos una campaÃ±a para ponerle luz pÃºblica y promover un debate nacional en ese sentido. Ni siquiera es que China les va a comprar a nuestros productores mÃ¡s carne y asÃ­ aumentar nuestras exportaciones, sino que China quiere instalar, como enclaves de exportaciÃ³n, estas mega-factorÃ­as de carne porcina. Lo que implica varias capas de alarma. La primera es que estamos en el medio, sufriendo la peor parte de una pandemia, de un virus zoonÃ³tico, de un virus que saltÃ³ de los animales a los humanos por este tipo de producciones. Â¿En este contexto nosotros vamos a instalar aquÃ­ esas fÃ¡bricas de pandemias? Mega-granjas con miles y miles de animales hacinados, Â¿nos parece razonable o por lo menos merecerÃ­a un debate pÃºblico? Otra capa es seguir con la misma historia: primarizar nuestra economÃ­a como la Ãºnica forma de desarrollo. No hay creatividad en buscar otras formas o posibilidades de superar nuestros Ã­ndices de pobreza que se ven acentuados, obviamente, por la pandemia, en todo el mundo y en la Argentina tambiÃ©n. Esto preocupa porque parece que deberÃ­amos acentuar las cosas que nos trajeron hasta acÃ¡. Para salir de la pobreza que aparejÃ³ el modelo primario del agronegocio, megaminerÃ­a y fracking, la soluciÃ³n serÃ­a mÃ¡s agronegocio mÃ¡s megaminerÃ­a y mÃ¡s fracking. Es para pensarloâ€.</p>
<p>-La pandemia del Covid-19 representa una oportunidad para repensar las cuestiones ambientales, ya que se escuchan voces que ligan esta enfermedad a la devastaciÃ³n del planeta. MÃ¡s allÃ¡ de la ansiosa y entendible espera de una vacuna que ponga fin a la pandemia, Â¿en dÃ³nde para vos es conveniente poner el foco para profundizar en la reflexiÃ³n de sus causas o de las causas de futuras pandemias?</p>
<p>â€œCuando empezÃ³ esto, en las primeras semanas empezamos a reflexionar con Maristella Svampa (con quien estamos por sacar juntos un libro en septiembre). La pandemia nos hace pensar nuestra propia existencia y teniendo en cuenta que el virus reconoce claros orÃ­genes en la degradaciÃ³n socio-ambiental, esto nos deberÃ­a ademÃ¡s permitir reflexionar sobre nuestros medios de vida, sobre nuestros modos de producciÃ³n y sobre nuestro modo de relacionarnos con la naturaleza. Propusimos entonces juntar justicia social con justicia ecolÃ³gica y plantear un gran Pacto Eco-social y EconÃ³mico para la post-pandemia, acordado por toda la sociedad y el Estado, consistente en cinco puntos. No es para nada un pacto verde, ecolÃ³gico, solamente, sino que lo primero que plantea es un Ingreso Ciudadano Universal para que toda persona por el sÃ³lo hecho de existir pueda tener una mÃ­nima renta para garantizar sus condiciones dignas de vida. TambiÃ©n propusimos una auditorÃ­a y suspensiÃ³n de la deuda externa, repensar el modelo tributario argentino que es absolutamente injusto y promover â€“es el momento- un impuesto a las grandes fortunas. TambiÃ©n un sistema nacional de cuidados para cuidar a los sectores mÃ¡s vulnerables de la sociedad, tan importante en estos momentos y proporcionalmente tan injusto al recaer sobre las mujeres. Y el quinto punto â€“el mÃ¡s ecolÃ³gico, si se quiere- es una transformaciÃ³n socio-ecolÃ³gica radical. Nosotros creemos que puede contribuir a la recuperaciÃ³n econÃ³mica transformar nuestros sistemas de vida, nuestras formas de habitar el paÃ­s â€“un paÃ­s absolutamente urbano con el 92 % de la poblaciÃ³n que vive en ciudades (el promedio mundial es del 54 %), lo cual es absolutamente inviable. Hay que generar condiciones para la vuelta a las pequeÃ±as y medianas localidades, generando cordones agroecolÃ³gicos en las ciudades que den trabajo, arraigo y una mejor educaciÃ³n y salud. Tenemos que garantizar que la gente no tenga que venir a hacinarse en las grandes ciudades, justamente donde estamos viviendo las peores consecuencias de la pandemia, como el Ã¡rea metropolitana de Buenos Aires. Es el momento de esto y de una transformaciÃ³n del sistema energÃ©tico que puede generar miles de puestos de trabajo. Repensar nuestros modelos productivos es clave.</p>
<p>â€œâ€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€â€</p>
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		<title>El Instrumento ParÃ¡sito</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaka Turrillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Jul 2020 13:52:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Ya ha acontecido un octavo del gobierno de Alberto FernÃ¡ndez, la mitad del cual estÃ¡ siendo transitado bajo la pandemia del Covid-19. En medio de esta complejÃ­sima situaciÃ³n le tocÃ³ &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="wp-image-105844 alignnone" src="https://artepolitica.com/wp-content/uploads/2020/07/parasitos-5.jpg" alt="" width="759" height="427" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ya ha acontecido un octavo del gobierno de Alberto FernÃ¡ndez, la mitad del cual estÃ¡ siendo transitado bajo la pandemia del Covid-19. En medio de esta complejÃ­sima situaciÃ³n le tocÃ³ empezar a dar a conocer su impronta. Marcada por buenas intenciones pero poca acciÃ³n. Donde tiende a querer conformar a todos, cosa que suele dejar a todos disconformes. El hacer siempre implica alterar algÃºn interÃ©s</span><span style="font-weight: 400">. Pero como se autopercibe con poco margen para operar cree necesario pactar con sectores irreconciliables.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Obviamente FernÃ¡ndez fue seleccionado por <em>rosquero</em>, dialoguista y conciliador. Pero no es necesariamente moderado como cuestionan. Sino que empieza con una impronta que se va desinflando de a poco. Es un presidente que comunica muy bien pero va detrÃ¡s de la agenda que le imponen otros. De CFK que solo hablaba en cadena nacional y Macri que lo hacÃ­a con sus </span><i><span style="font-weight: 400">chupamedias</span></i><span style="font-weight: 400">, pasamos a un Alberto que habla con todos todo el tiempo. Eso en principio es positivo porque implica un cambio de lÃ³gica pero termina generando mucho desgaste y deja mucho margen para el equivocÃ³ y la tergiversaciÃ³n.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Es cierto que tuvieron que comenzar a gobernar en la emergencia. Se hizo bastante a pesar de contar con las arcas vacÃ­as </span><span style="font-weight: 400">. Pero cuando empezaba a despegar se impuso la pandemia que no dejÃ³ ningÃºn rincÃ³n de la tierra sin afectar. A la calamitosa situaciÃ³n dejada por Macri se le sumÃ³ el Covid-19 que prolongÃ³ y expandiÃ³ la polÃ­tica </span><i><span style="font-weight: 400">del parche</span></i><span style="font-weight: 400">. Donde no hay caminos buenos ya que hagan lo que hagan las consecuencias psico-socio-econÃ³micas serÃ¡n dramÃ¡ticas. Donde el desastre es mundial y la improvisaciÃ³n inevitable ante un virus muy contagioso y desconocido.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Esto se transforma en un terreno muy fÃ©rtil para una oposiciÃ³n rancia y deshinibida encabezada por el ex-presidente que no tiene ningÃºn tipo de escrÃºpulos. Una derecha extrema irresponsable especialista en cubrir sus objetivos con excelente comunicaciÃ³n, muchos recursos y con una audacia admirable.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Es asÃ­ como en medio de tantas intenciones empantanadas se moviÃ³ una ficha en contra del adversario polÃ­tico. Se expusÃ³ lo iniciado en la Causa Dâ€<img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/2122.png" alt="™" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" />Alessio: toda una red de espionaje ilegal con vÃ­nculos directos con Macri. Nada nuevo en el horizonte. Si cuando gobernaba la ciudad, ni bien pudo, construyÃ³ un precario aparato paralelo de inteligencia, cÃ³mo no va a hacer pleno uso de todos los <em>fierros</em> de inteligencia disponibles en la NaciÃ³n. Pareciera que forma parte del morbo del poder.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Habiendo tanta desidia en el accionar de Macri, Â¿por quÃ© serÃ¡ que siempre se avanza con causas de este tipo? Aunque con el espionaje ilegal haya corrupciÃ³n es mÃ¡s difÃ­cil de percibir para el pueblo que un ex funcionario K tirando bolsos con millones en un convento. Aunque lo de Macri fue un plan sistemÃ¡tico no deja ser una prÃ¡ctica que de alguna manera todos los oficialismos aprovecharon y forma parte de una riÃ±a polÃ­tica que solo le importa a los involucrados.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pero si para algo sirve es para tomar real dimensiÃ³n de la calaÃ±a de este personaje. Su modo de hacer polÃ­tica y negocios estÃ¡ basado en toda clase de prÃ¡cticas mafiosas bajo el soporte de la mentira y el ocultamiento propagados por la </span><i><span style="font-weight: 400">pope </span></i><span style="font-weight: 400">de la prensa comercial que ya se encuentra demasiado involucrada. Empresarios periodÃ­sticos que estÃ¡n tan enamorados de sÃ­ mismo que se creen por encima de la igualdad ante la ley. Todo enmarcado en un show de victimizaciÃ³n patÃ©tica.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Macri y su </span><i><span style="font-weight: 400">trup </span></i><span style="font-weight: 400">obtienen tal cobertura porque los dueÃ±os de los medios forman parte de la Ã©lite econÃ³mica nacional a la que el </span><i><span style="font-weight: 400">experimento macrista</span></i><span style="font-weight: 400"> se propuso representar para obtener la plataforma estatal desde donde magnificar sus propios negociados. Todo a cambio de condicionar al paÃ­s a los interÃ©s de EEUU y sus tentÃ¡culos financieros. El lÃ­der del PRO fue el instrumento local que supieron conseguir en este momento histÃ³rico dentro del tablero mundial.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Al arribar a la presidencia utilizÃ³Â todos los resortes disponiblesÂ <em>a piaccere</em> creando la legalidad necesaria o forzÃ¡ndola hasta romperla. Pero su dificultad reside en que detrÃ¡s de su caracterÃ­stico discurso bÃ¡sico, cÃ­nico y superficial se encuentra una brutalidad insaciable que lo empuja hacia lo grotesco: El intento de autoperdonarse la deuda por la concesiÃ³n del Correo Argentino que vaciÃ³ y quebrÃ³. El blanqueo de plata sucia de su familia por decreto. El pasamanos de empresas suyas en el negocio de la energÃ­a eÃ³lica. La venta de su empresa Autopistas del Sol una vez que su gobierno le pagÃ³ una supuesta deuda y aumentÃ³ los peajes de forma descomunal. Macri en persona extorsionÃ³ a los dos dueÃ±os de C5N para que se alineen a su gobierno o se quedarÃ­an con sus empresas. Ambos terminaron presos por una causa ficticia. El pacto con el empresario energÃ©tico Marcelo Mindlin para que sea su testaferro simulando una nueva venta de IECSA a cambio del aumento exponencial de los precios de la energÃ­a. El </span><i><span style="font-weight: 400">tarifazo </span></i><span style="font-weight: 400">resultÃ³ ser solo el aumento del margen de ganancias de sus socios, amigos y testaferros dueÃ±os del negocio de la energÃ­a en el AMBA.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Hizo lo mismo con su lÃ­nea aÃ©rea MacAir vendiÃ©ndola de forma ficticia a Avianca a un precio inflado porque ya tenÃ­an garantizadas la concesiÃ³n de las mejores rutas. TerminÃ³ quebrÃ¡ndola al final de su mandato dejando a todos sus empleados en la calle. Es siempre el mismo <em>modus operandi</em>. Concesiones amaÃ±adas, obras incumplidas, sobreprecios, endeudamiento temerario, evasiÃ³n impositiva, vaciamiento y fuga de capitales a travÃ©s de operaciones financieras truchas con ramificaciones en cuentas <em>offshore</em> controladas por empresas fantasmas. Y si se puede que todo el costo lo asuma el Estado (el conjunto de toda la sociedad).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">El Caso Vicentin es un eslabÃ³n mÃ¡s de esta misma cadena. Durante el gobierno de Macri la agroexportadora contrajo deuda por 1.350 millones de dÃ³lares. A su vez le fue muy bien en estos aÃ±os. Con una facturaciÃ³n anual promedio de 4.000 millones de dÃ³lares. Solo entre julio y septiembre del 2019 ingresaron a sus arcas 800 millones de dÃ³lares mÃ¡s otros 122 millones por la venta de sus acciones de Renova a Glencore a principios de diciembre.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">El Banco NaciÃ³n, trasgrediendo las normas internas y del Banco Central, se transformÃ³Â  en el mayor acreedor de VicentÃ­n con 150 millones de dÃ³lares otorgados durante el gobierno de Cambiemos a riesgo de desfinanciar al propio banco. Luego de las PASO donde Macri fue derrotado de forma contundente la empresa dejÃ³ de pagar sus obligaciones. El presidente del Banco NaciÃ³n, a pesar de la negativa de su junta directiva, insistiÃ³ en retomar el financiamiento. Lo mÃ¡s grosero fue que luego de la confirmaciÃ³n del triunfo del Frente de Todos en primera vuelta, con el paÃ­s ya quebrado, le otorgÃ³ a VicentÃ­n 26 crÃ©ditos en un mes por un total de 86 millones de dÃ³lares. Â¿TendrÃ¡ algo que ver que el CEO de VicentÃ­n haya sido el mayor aportante a la campaÃ±a de Juntos por el Cambio con casi 20 millones de pesos?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">En combinaciÃ³n publica-privada luego de la derrota en las PASO comenzÃ³ el proceso de aceleraciÃ³n del fraude para finalmente hacer desaparecer todo el dinero travÃ©s de redes <em>offshores</em> en el exterior y declararse en â€œestrÃ©s financieroâ€ dejando a dos mil acreedores colgados. Los <i>sinvergÃ¼enza </i></span><span style="font-weight: 400">de VicentÃ­n empezaron a registrar sus bienes como donaciones para que no se los puedan rematar y su</span><span style="font-weight: 400">Â CEO fue a pedirle al nuevo presidente que el Estado los salve para que ellos puedan continuar disfrutando de su fortuna.Â </span><span style="font-weight: 400">Pareciera ser que VicentÃ­n era privilegiada por el gobierno anterior porque, si llegaba a reelegir, la agroexportadora iba a ser el instrumento mediante el cual Macri iba a intentar que su propio grupo econÃ³mico controle el principal negocio de exportaciÃ³n del paÃ­s. Un negociado mÃ¡s.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Cuando tuvo la chance de ser presidente hizo exactamente lo mismo. Primero construyÃ³ todo el marco regulatorio para tomar deuda compulsivamente para financiar la fuga. Cuando se quedÃ³ sin mÃ¡s crÃ©dito fue al prestamista de Ãºltima instancia, el FMI, que le diÃ³ el 60% de todo su capital por orden directa de EEUU. A pesar de fugar el primer desembolso completo en menos de tres meses el FMI le siguiÃ³ dÃ¡ndo dinero hasta que Macri anunciÃ³ su imposibilidad de pagar. AllÃ­ perdiÃ³ las elecciones y le entregado el paÃ­s, llave en mano, a Alberto FernÃ¡ndez.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Si uno indaga en sus orÃ­genes ve clara su procedencia. Del lado materno una familia terrateniente parte de la clase parasitaria que vive sin trabajar, dueÃ±a de las extensas tierras de la zona nÃºcleo. Del lado paterno </span><i><span style="font-weight: 400">no hay pruebas pero tampoco dudas</span></i><span style="font-weight: 400"> del nexo con la <em>Ndrangheta</em> calabresa, la mafia mÃ¡s diversificada y globalizada del mundo. En Macri se conjuga un experimento oligarca ejecutado mediante mecanismos mafiosos. Clasista en lo econÃ³mico-social y criminal en lo polÃ­tico-institucional.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Es un instrumento parÃ¡sito que va aspirando todo lo que estÃ¡ a su paso dejando tierra arrasada sin importarle nada ni nadie. Pero pareciera que la tÃ¡ctica elegida por Alberto para neutralizar a semejante instrumento es no profundizar en las responsabilidades para tratar de atraer a los factores de poder con el objetivo de dejar a Macri solo con un puÃ±ado de personajes marginales de la polÃ­tica y los medios. Puede ser la tÃ¡ctica correcta pero ya se lo subestimo bastante en el pasado y el resto es historia. Siempre hubo miles de internas dentro del PRO pero jamÃ¡s hubo fisuras. Pensar que pueden arrebatarle el liderazgo del <em>macrismo</em> a Macri es lisÃ©rgico. Es todo lo horroroso que fue descripto pero al mismo tiempo un audaz polÃ­tico electoralista y un gran lobbista de negocios que consiguiÃ³ 150 mil millones de dÃ³lares para unos pocos que vamos a terminar pagando todos. Y si vuelve no serÃ¡ tan terrible como fue sino que serÃ¡ muchÃ­simo peor.</span></p>
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		<title>La sumisiÃ³n como ideal democrÃ¡tico de la derecha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[gcichello]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2020 16:45:48 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[â€œLos ojos del patrÃ³n tienen dos Ã¡ngeles desvelados de miedoâ€¦â€. Jaime DÃ¡valos, Temor del sÃ¡bado I) La obra que se representa dramÃ¡ticamente por estas horas con un elenco limitado de &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>â€œLos ojos del patrÃ³n tienen dos Ã¡ngeles<br />
desvelados de miedoâ€¦â€.<br />
Jaime DÃ¡valos, Temor del sÃ¡bado</p>
<p>I) La obra que se representa dramÃ¡ticamente por estas horas con un elenco limitado de actores y dos o tres locaciones (un set de televisiÃ³n, las redes sociales, la manifestaciÃ³n cacerolera), consta de una serie de actos que muestra una trama repetida, mÃ¡s allÃ¡ de variaciones en la puesta en escena. Veamos algunas de ellas:<br />
Primer acto: Ocurre el homicidio del ex funcionario kirchnerista FabiÃ¡n GutiÃ©rrez en ocasiÃ³n de lo que parece ser un robo o su tentativa.<br />
Segundo acto: Antes siquiera del arribo del patrullero con el forense a la escena del crimen, la alianza de la oposiciÃ³n arrecia las redes sociales y lanza un comunicado alertando que se trata de un crimen polÃ­tico de la mafia kirchnerista y acusa, de modo general, al gobierno nacional y a la vicepresidenta, en particular.<br />
Tercer acto: El presidente de la NaciÃ³n califica esta rÃ¡pida imputaciÃ³n como miserable y canalla.<br />
Cuarto y Ãºltimo acto: Los dirigentes opositores se sienten dolorosamente agraviados por esta ofensa del presidente y lo acusan de abuso de poder.<br />
â€œSi te vas a poner asÃ­ cada vez que te acuso de mandar a matar a alguien, no vamos a poder conversar bienâ€¦â€. (Inmejorable resumen de  Marcelo Leiras en un tweet).<br />
	Una leve variaciÃ³n de esta comedia dramÃ¡tica:<br />
Primer acto: Se descubre por estos dÃ­as una serie de operaciones de espionaje ilegal de la Agencia Federal de Investigaciones bajo la administraciÃ³n Macri. Una de esas maniobras irregulares tuvo como blanco al Sindicato de Camioneros, a Hugo y a Pablo Moyano. Las revelaciones indican que se pretendÃ­a su encarcelamiento a como dÃ© lugar â€“no otro era el cometido de los espÃ­as-; para ello, presionaron jueces y testigos, escucharon ilegalmente las comunicaciones de los sindicalistas, llegaron incluso a allanar la sede gremial con infructuosos resultados.<br />
Segundo acto: Interrogado por la prensa acerca de lo que se acaba de conocer, Pablo Moyano manifestÃ³ su deseo que el juez actÃºe con la celeridad que la gravedad del caso impone.<br />
Tercer acto: El agente periodÃ­stico Luis Majul, protagonista activo en la maniobra segÃºn se descubre hoy, cita o tergiversa (la diferencia en esta obra carece de importancia) las declaraciones de Pablo Moyano. En primer plano, Majul mira a la cÃ¡mara, realiza una serie de muecas como dando a entender que estÃ¡ todo dicho, y concluye: â€œYa empezaron los aprietes de los Moyanoâ€.<br />
	No quiero aburrir con ejemplos de otras puestas, pero hay una que merece agregarse. La protagonizÃ³ una periodista de noticiero en un reportaje al presidente sobre la estatizaciÃ³n de la empresa en quiebra VicentÃ­n. No preguntÃ³ sino que calificÃ³ esa acciÃ³n de gobierno como â€œpreocupante en el clima de negociosâ€, â€œpolÃ©mica y cuestionable intervenciÃ³n de una empresaâ€, â€œcomprometedora del derecho a la propiedad privada garantizado por la ConstituciÃ³nâ€. Cuando el mandatario replicÃ³ seÃ±alando los excesos de adjetivaciÃ³n y mostrÃ¡ndole su poca argumentaciÃ³n legal, la reportera declarÃ³ al dÃ­a siguiente haber sido â€œhumillada y vÃ­ctima de una violencia totalmente ferozâ€ ejercida por el presidente.<br />
	Si tales respuestas fueron ejercicios de abuso, apriete o humillaciÃ³n violenta y feroz, Â¿quÃ© tipo de contestaciones hubiesen satisfecho las reglas del juego democrÃ¡tico para esta gente?, Â¿quÃ© formas hubiesen sido las deseables, segÃºn los ofendidos?</p>
<p>II) El clima polÃ­tico que pretende instalar la oposiciÃ³n acÃ©rrima (dejemos para otra ocasiÃ³n discernir los distintos estilos de sus dirigentes, si existe un ala blanda y una dura o si, en verdad, son momentos discursivos empleados segÃºn la oportunidad), el clima â€“decÃ­a- es de dramÃ¡tica alarma: asistimos al riesgo inminente de un quiebre del sistema democrÃ¡tico. Un periodista dice: â€œÂ¡Â¡EstÃ¡n incendiando campos, estÃ¡n matando gente!!â€. Una ola de expropiaciones y atropellos inaugurada por un giro chavista del presidente que en realidad no es el presidente, sino mero simulacro, da cuenta del momento de excepciÃ³n trÃ¡gica que vivimos. Â¿DÃ³nde ocurre esto?, Â¿quiÃ©nes mueren?, Â¿a manos de quiÃ©n? La obra se exime de precisiones; lo que estÃ¡ claro es que no se aguanta mÃ¡s. Antes un intelectual ya habÃ­a llamado a la rebeliÃ³n, mientras otros ahora van rompiendo â€“es que todos estamos hartos e indignados- un camiÃ³n de exteriores de un canal de televisiÃ³n apostado en una manifestaciÃ³n convocada contra el atropello a la libertades, incluso la de prensa â€“cosa que supieron en carne propia los trabajadores del susodicho camiÃ³n de exteriores.<br />
	Puede interpretarse que esa irritabilidad imbÃ©cil es pura apariencia y que la imputaciÃ³n de despotismo al gobierno del Frente de Todos es una absurda y violenta farsa urdida por actores que no creen seriamente en esa calificaciÃ³n. Sin embargo me inclino a pensar que hay un nÃºcleo verdadero en tales reacciones, originado en pavores autÃ©nticos.</p>
<p>III)  Las expresiones de la derecha polÃ­tica han concebido un marco en el cual suponen que deben desarrollarse adecuadamente las relaciones entre los distintos sectores del paÃ­s. MÃ¡s allÃ¡ de sus invocaciones liberales, ese marco establece firmes relaciones de dominaciÃ³n. Mientras dicha dominaciÃ³n regula ajustadamente los vÃ­nculos de los actores sociales, reinan en el paÃ­s la Democracia, la RepÃºblica, las Instituciones y otras opulentas abstracciones que segregan sus sesos. Ahora bien, cuando una expresiÃ³n polÃ­tica que representa los intereses de los actores sociales dominados adquiere relevancia pÃºblica y despliega sus demandas o procura su satisfacciÃ³n, todo ese reino entra en peligro, se aprieta a las apuradas el botÃ³n antipÃ¡nico y se escuchan todas las alarmas de inminencias despÃ³ticas.<br />
Me explico con un par de ejemplos. El senador y patrÃ³n azucarero Robustiano PatrÃ³n Costas dijo a mitad del siglo pasado que lo que â€œnunca le iba a perdonar a PerÃ³n es que durante su gobierno el negrito que venÃ­a a pelear por su salario se atrevÃ­a a mirarnos a los ojos. Â¡Ya no pedÃ­a, discutÃ­a!â€. Â¿QuÃ© es lo intolerable, lo imperdonable? Que aquel sujeto del que se espera sumisiÃ³n, de pronto alce la vista y sus demandas. Porque ese orden social fue alterado, el gobierno peronista no forma parte de la democracia, PerÃ³n fue un tirano, etc. No creo que finjan, lo han creÃ­do, lo creen, les genera autÃ©ntico odio y temen sinceramente que aquel espectro cobre vida en la polÃ­tica argentina, como cuando Alberto FernÃ¡ndez osÃ³ levantar el dedo en un debate o Cristina FernÃ¡ndez alzaba su tono de voz.<br />
	Doy otro ejemplo. Al comienzo de esta cuarentena se produjo un anodino acto bestial: un morocho portero de un edificio le indicÃ³ a un rubio sujeto reciÃ©n llegado al paÃ­s que debÃ­a guardar la cuarentena, que no debÃ­a salir. La rubia furia desencadenada moliÃ³ a trompadas al morocho. Â¿Lo intolerable? Claramente, que un negro se corra del esperado lugar de sumisiÃ³n que el orden social le asigna e intente regular la libertad del rubio. Eso indigna, es ofensivo, genera temor.<br />
	La derecha postula esa concepciÃ³n de dominaciÃ³n y sumisiÃ³n tanto cuando trata con los actores nacionales, como cuando lo hace con potencias extranjeras. Todos recordamos la resbalosa situaciÃ³n de Mauricio Macri al conmemorar un aniversario de la independencia ante el rey de EspaÃ±a. No pudo evocar valentÃ­a o arrojo de nuestros prÃ³ceres; imaginÃ³ angustia: â€œQuÃ© angustia, querido reyâ€¦â€ â€“balbuceÃ³ su subordinaciÃ³n genuflexa y tal vez por esa frase deberÃ­a recordarse su presidencia. Similar obediencia mostrÃ³ su ministro de hacienda, De Prat Gay, ante el Foro de la Nueva EconomÃ­a en los salones del Hotel Ritz de Madrid: â€œQuiero pedir disculpas por los Ãºltimos aÃ±os. SÃ© de los abusos que han sufrido los capitales espaÃ±oles y les agradezco la pacienciaâ€. Indulgencia plena, suplicÃ³.<br />
	Este es el marco que entienden debe regular el orden democrÃ¡tico en las relaciones exteriores e interiores del paÃ­s: ante el poder del capital, sumisiÃ³n. Todo posicionamiento distinto â€“sea una expropiaciÃ³n, el anuncio de un impuesto a la riqueza, la fortaleza gremial, la lÃ­nea editorial crÃ­tica de un canal de TV., etc.-, es sentido sinceramente como peligroso y disruptivo. Como aquellos hombres degradados al machismo que aborrecen y temen la vitalidad femenina, es lÃ³gico que la derecha argentina experimente ese autÃ©ntico sentimiento de odio brotado del pÃ¡nico, cuando aquello que suponÃ­an destinado al sometimiento, cobra dinamismo, decisiÃ³n autÃ³noma, fuerza.<br />
	Tal vez sea de utilidad tener en cuenta estas cuestiones cuando se busca diÃ¡logo y consenso con ellos.<br />
                                            ***</p>
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		<title>MIGUEL GALVÃN, RAMONA MEDINA, GEORGE FLOYD. TIERRA, AGUA, AIRE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[gcichello]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jun 2020 16:01:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Tierra Miguel GalvÃ¡n era un campesino indÃ­gena de la etnia Lule-Vilela; tenÃ­a 40 aÃ±os y trabajaba con su hermano Rafael en las tierras donde siempre vivieron sus antepasados, el paraje &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong>Tierra</strong></p></blockquote>
<p>Miguel GalvÃ¡n era un campesino indÃ­gena de la etnia Lule-Vilela; tenÃ­a 40 aÃ±os y trabajaba con su hermano Rafael en las tierras donde siempre vivieron sus antepasados, el paraje Simbol, en la provincia de Santiago del Estero, en el lÃ­mite de Salta y Chaco. Una empresa agropecuaria con el curioso nombre de â€œLa Paz, sociedad anÃ³nimaâ€, decidiÃ³ alambrar ese territorio y los denunciÃ³ por usurpadores. Entonces comenzÃ³ el asedio. Fueron tiempos de hostigamiento, de exigencias de desalojo, de amenazas de muerte. Fueron tiempos de alertas del MOCASE â€“el Movimiento Campesino de Santiago del Estero, VÃ­a Campesina, que integraban los GalvÃ¡n-, mientras la policÃ­a de Taco Pozo o de Monte Quemado, el gobierno provincial, los tribunales, permanecÃ­an en una indiferencia muy parecida a la complicidad. Una tarde los miembros de un ComitÃ© de Crisis del gobierno santiagueÃ±o llegaron a la comunidad de El Simbol; luego redactaron un informe: Â«Un pÃ¡rrafo aparte merece la situaciÃ³n de gravedad que significa el conflicto latente, relatado por pobladores, poniendo en riesgo constante sus bienes y la vida de las familiasÂ». Tan aparte habrÃ¡ quedado ese pÃ¡rrafo que las palabras â€œgravedadâ€, â€œconflicto latenteâ€ y â€œriesgo de vidaâ€ -vaciadas de su valor premonitorio-, no tuvieron otro destino que su guarda cuidadosa en un cajÃ³n de una oficina pÃºblica. â€œLos compaÃ±eros defendÃ­an el territorioâ€ â€“dijo Deolinda Carrizo, del MOCASE, al relatar el crimen que presentimos-, â€œse la hacÃ­an difÃ­cil al empresario y a sus matones, entonces Riso se llegÃ³ a la siesta, lo encontrÃ³ solo al Miguel cuando daba agua a los animales y lo acuchillÃ³â€. La muerte de GalvÃ¡n no fue la primera ni la Ãºltima; es apenas una hebra mÃ¡s de una inmensa trama que agÃ³nicamente tejen aquellos que mueren con una sencilla palabra en la boca: tierra.</p>
<blockquote><p>Agua.</p></blockquote>
<p>Ramona Medina trajinaba sus 42 aÃ±os por los estrechos pasillos de una villa conocida por un nÃºmero -el 31-, por un nombre honroso â€“Carlos Mujica- y por ser el Ã¡vido desvelo del negocio inmobiliario de la ciudad de Buenos Aires. Referente de la organizaciÃ³n barrial La Poderosa, coordinaba el Ã¡rea de Salud de la Casa de las Mujeres y Disidencias de la villa, y sostuvo por aÃ±os un conflicto con el gobierno de la opulenta Capital Federal, reclamando la incumplida promesa de relocalizar su vivienda. Cuando arreciÃ³ la pandemia, esa infortunada casa 79 de la manzana 35, habitada por ocho personas -cinco de ellas con riesgo de salud (la propia Ramona era insulinodependiente)-, no tenÃ­a suministro de agua. Todos recordamos sus ojos de implorante vehemencia en un video, abriendo una canilla seca: â€œOcho dÃ­as sin agua y nos piden que nos lavemos las manosâ€¦ Nos piden que no salgamos a la calle, pero Â¿Â¡cÃ³mo pretenden que no salgamos si tenemos que ir todos los dÃ­as a comprar agua o a esperar que un compaÃ±ero la traigaâ€¦!? Ya no sÃ© de quÃ© forma pedirlesâ€¦ No se puede vivir mÃ¡s en estas condiciones. Hay un virus que nos estÃ¡ consumiendoâ€¦!â€. No olvidamos a Ramona mirando a la cÃ¡mara cuando su voz ya era un quebranto, hablÃ¡ndole a Diego Santilli, el vicejefe de gobierno que declarÃ³ solucionado el tema: â€œLo invito a ese seÃ±or a que venga a mi casa y se quede un dÃ­a para ver el terror, el miedo a contagiarse, la desesperaciÃ³n de no tener aguaâ€. Advertir esto y morir sucedieron en un pestaÃ±eo apenas. â€œNos cansamos de gritar durante dos meses, todo eso que no quisieron escucharâ€ â€“escribiÃ³ entonces La Poderosa: â€œÂ¡Ramona no se muriÃ³! A Ramona la mataron los dueÃ±os del silencio, los cÃ³mplices de la indiferencia, los mudos de la justiciaâ€¦â€. Una fotografÃ­a suya ha sido muy difundida: una familia en torno de una mesa, el piberÃ­o, la pobrezaâ€¦, ella en primer plano, bien parada, nos interpela con su mirada. SÃ³lo eso. Es posible suponer que en su sueÃ±o postrero, llegando a los instantes finales de su luchada existencia, Ramona haya continuado clamando por algo tan simple: agua.</p>
<blockquote><p>Aire.</p></blockquote>
<p>George Floyd habÃ­a nacido en un barrio negro del sur de Houston â€“Texas- en los Estados Unidos de NorteamÃ©rica. Como tantos de los suyos, contaba con una especial destreza en los deportes (la Universidad del estado de La Florida le llegÃ³ a otorgar una beca para jugar al bÃ¡squet) y en la mÃºsica, gustaba del hip-hop y logrÃ³ codearse con gente de renombre. Como tantos de los negros â€“inmensamente pobres-, el arco de su vida lo topÃ³ con una acusaciÃ³n de robo a mano armada y con una sentencia a cinco aÃ±os de prisiÃ³n. BuscÃ³ luego cambiar su horizonte migrando a Minneapolis, donde trabajÃ³ como seguridad en una tienda de Salvation Army, como camionero y como portero en el Conga Latin Bistro. Los que lo conocieron dijeron que â€œBig Floydâ€ â€“asÃ­ lo apodaban por su gran estatura- era una persona entraÃ±able y pacÃ­fica: un gigante amable, decÃ­an. Se ha conocido un video en el que deja clara su aversiÃ³n por las armas de fuego, hace un llamamiento a los pibes negros para que se aparten de la violencia y â€œvuelvan a casaâ€. La pandemia lo dejÃ³ sin trabajo y la fatalidad lo cruzÃ³ con una patrulla policial que lo acusÃ³ de haber pagado en una tienda con un billete falso. Los breves o infinitos instantes en los que se consumen trÃ¡gicamente los 46 aÃ±os de su vida, han sido transmitidos a todo el planeta mediante un telÃ©fono mÃ³vil â€“extraÃ±as consecuencias de los avances tecnolÃ³gicos-. El resuelto oficial blanco que lo arrestÃ³, Derek Chauvin, tenÃ­a al menos 20 denuncias por su accionar violento y tal vez no era muy distinto del resto de la fuerza ni del prototipo del policÃ­a de las series televisivas norteamericanas que infectan al mundo con esa barbarie presentada como valentÃ­a y arrojo. AllÃ­ tenemos entonces la rodilla impÃ¡vida de Chauvin sobre el cuello de un George Floyd que suplica, como una letanÃ­a infinita, I can&#8217;t breathe, no puedo respirar, una, dos, mil veces, hasta que ese ruego dejÃ³ ese cuerpo y se transformÃ³ en consigna, bandera, grito enfurecido en el cuerpo de miles que tomaron las calles y la palabra. Una de las mÃ¡s vibrantes, la de Tamika Mallory, militante del feminismo, por el control de armas y del movimiento Black lives matter, (Las vidas negras importan), dijo tras el crimen: â€œLa razÃ³n por la que se estÃ¡n quemando edificios no es sÃ³lo por nuestro hermano, George Floyd, sino porque la gente estÃ¡ diciendo ya basta. No somos responsables por la enfermedad mental que han infligido a nuestro pueblo las instituciones del gobierno estadounidenseâ€¦ No nos hablen de los saqueos. Son ustedes los que han saqueado. EEUU ha saqueado a los negros y a los pueblos indÃ­genas cuando llegaron aquÃ­ por primera vez. Saquear es lo que hacen ustedesâ€¦â€. George Floyd muriÃ³ implorando por tan poco, por lo mÃ¡s sencillo y vital que al final de sus dÃ­as llenaba su pecho: aire.</p>
<p>Muchos nos preguntamos lo que pasarÃ¡ cuando la memoria colectiva logre apreciar que la rodilla que matÃ³ a Floyd, los brazos que dejaron sin agua a la villa 31 y la mano que empuÃ±Ã³ el cuchillo que tronchÃ³ la vida de Miguel GalvÃ¡n, pertenecen a un mismo cuerpo.</p>
<p>                                               ****</p>
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		<title>CUATRO NOTAS MUY INTRODUCTORIAS  ECOLOGÃA Y PANDEMIA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[gcichello]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 May 2020 18:01:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[«Si va a voltear un quebracho, llora su sangre primero&#8230;» Manuel Castilla, Maturana I) Lo que se llama â€œgestiÃ³n de la pandemiaâ€, por razones de urgencia muy entendibles, ocupa el &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>«Si va a voltear un quebracho,<br />
llora su sangre primero&#8230;»<br />
Manuel Castilla, Maturana</p>
<p>I) Lo que se llama â€œgestiÃ³n de la pandemiaâ€, por razones de urgencia muy entendibles, ocupa el primer plano de la informaciÃ³n. Nos enteramos de cifras de muertos e infectados, de esquemas que grafican la curva de crecimiento epidemiolÃ³gico, de los efectos de las distintas polÃ­ticas sanitarias aplicadas en el mundo, escuchamos expertos que nos hablan del comportamiento del virus o nos esperanzan con los avances de una terapÃ©utica o una vacuna, pero todo bajo una penumbra angustiosa que impide ver con alguna claridad quÃ© futuro nos espera. Esa inmensa concentraciÃ³n de informaciÃ³n suministrada por los grandes medios sobre la existencia del virus y los mÃ³dicos cuidados de defensa, contrasta con la escasez de informes que divulguen las investigaciones en torno a las causas de esta pandemia (dejamos de lado las especulaciones conspirativas de inspiraciÃ³n bÃ©lica -â€œvirus chinoâ€, arma diseÃ±ada en un laboratorio, etc.- o xenofÃ³bica â€“relatos costumbristas acerca de los aborrecibles gustos orientales de ingerir murciÃ©lagos). Tal vez la escasa divulgaciÃ³n de las indagaciones serias sobre el origen de la pandemia (repito: abundan informaciones centradas en cifras y anhelantes del prÃ³ximo remedio que la industria farmacolÃ³gica lance para su control), forme parte del mismo dispositivo de pensamiento y de acciÃ³n que disparÃ³ la propagaciÃ³n de este virus. </p>
<p>II) Si dedicamos algÃºn tiempo a leer los informes de los que han estudiado seriamente la difusiÃ³n pandÃ©mica de este nuevo coronavirus, advertimos dos cuestiones. Primero, que a pesar de la apariciÃ³n fulgurante y repentina de la infecciÃ³n, no fue una sorpresa. Se lo esperaba. Era cuestiÃ³n de tiempo, de oportunidad, de condiciones de propagaciÃ³n, pero numerosas investigaciones sobre salud pÃºblica alertaban sobre un peligro de esta naturaleza. Esos estudios advertÃ­an y dirigÃ­an sus miradas a las condiciones de producciÃ³n para el brote de una enfermedad global. Segundo, este nuevo coronavirus forma serie con otras irrupciones de virus zoonÃ³ticos (que saltan de los animales a los humanos), cada vez mÃ¡s frecuentes y riesgosos: desde 2009 con la gripe A H1N1 -bautizada asÃ©pticamente asÃ­ para no nombrarla como gripe porcina-, la gripe aviar, el Ã©bola, el sÃ­ndrome respiratorio agudo grave (SARS), el sÃ­ndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS). En todos los casos que se rastrean sus orÃ­genes, se llega a patÃ³genos existentes y contenidos en ecosistemas salvajes -alejados de los grandes centros urbanos- pero donde la intervenciÃ³n humana fue drÃ¡stica y decisiva. En efecto, los que han estudiado el asunto concluyen que dicha intervenciÃ³n humana llegÃ³ a ciertos confines naturales en los que esos patÃ³genos se encontraban encerrados gracias a complejas tramas ecolÃ³gicas que mantenÃ­an equilibrios inmunitarios muy precisos, abriÃ³ sus puertas, tendiÃ³ puentes yâ€¦ los liberÃ³. Hemos dicho â€œintervenciÃ³n humanaâ€, pero seamos precisos: â€œCrece la bibliografÃ­a sobre sanidad pÃºblica y animal que sugiere que los actuales patrones de explotaciÃ³n agroeconÃ³mica aumentan el riesgo de una nueva pandemia, ya sea provocado por un virus de ARN como el Ã©bola o el SARS o por cualquier otro patÃ³geno (â€¦) Existe la posibilidad de que alguno de estos brotes iguale la escala de la pandemia de gripe de 1918, de alcance planetario y tasas elevadas de incapacidad y mortalidadâ€. Esta advertencia de Rob Wallace â€“no la primera- en un escrito sobre las condiciones del brote de Ã©bola, fue publicada en julio de 2019.<br />
En consecuencia, a los dos puntos que antes planteamos (que esta pandemia no fue un acontecimiento inesperado o sorpresivo y que es necesario ubicarla en la serie de las epidemias zoonÃ³ticas antes mencionadas), sumemos un tercero: los actuales patrones de explotaciÃ³n agroeconÃ³mica. </p>
<p>III) Â¿A quÃ© patrones agroeconÃ³micos se refiere Wallace -y tantos otros indagadores serios? (pueden seguirse sus publicaciones, por ejemplo, en el sitio www.biodiversidadla.org). A un tipo industrial de agricultura que se â€œviralizÃ³â€ (valga aquÃ­ el tÃ©rmino mÃ¡s que nunca) en las Ãºltimas dÃ©cadas y que avanza de un modo contundente pero irreflexivo sobre territorios naturales (bosques, montes, selvas), convirtiÃ©ndolos en enormes extensiones de monocultivos, muchos de ellos destinados a forraje, alimento para un ganado que ya no habita en el campo. Los grandes desiertos verdes de soja transgÃ©nica en nuestro paÃ­s son la expresiÃ³n de este proceso global, pero en cada regiÃ³n este mismo patrÃ³n de explotaciÃ³n agrÃ­cola asume caracterÃ­sticas y consecuencias propias; por ejemplo, el nombrado Wallace estudiÃ³ la correlaciÃ³n entre, por un lado, la destrucciÃ³n de miles de hectÃ¡reas de selva africana para el cultivo industrial de palma aceitera y, por otro, el brote del Ã©bola. Los seres vivos que habitaban en esos reservorios naturales de gran biodiversidad, si no mueren, se ven precisados a migrar, tambiÃ©n â€“claro- los patÃ³genos, por ejemplo los virus que vivÃ­an en los organismos-huÃ©sped en los que habitaban. De modo que la extensiÃ³n de la frontera agropecuaria sobre montes, bosques y selvas, produce entre sus mÃºltiples impactos negativos uno sanitario, consistente en los efectos de retorno de todo aquello que dicho avance trastocÃ³ en su equilibrio y contenciÃ³n. Si completamos este cuadro con la existencia de enormes campos de concentraciÃ³n de animales para consumo humano (los llamados feedlot de vacunos, cerdos o pollos), donde la bÃºsqueda de rÃ¡pida rentabilidad se asienta en el hacinamiento y el suministro de ingentes dosis de antibiÃ³ticos para prevenir enfermedades y estimular el crecimiento, se conforma un inmejorable caldo de cultivo para la resistencia, replicaciÃ³n y mutaciÃ³n viral. Este peligro ya lo habÃ­a advertido la OrganizaciÃ³n Mundial de la Salud en 2017, tras constatar que el 80 % del consumo total de antibiÃ³ticos de importancia mÃ©dica se vuelca a la producciÃ³n animal intensiva, principalmente para estimular el crecimiento en animales.<br />
Ubiquemos en este contexto el siguiente dato sobre la actual pandemia: existen estudios que sugieren que entre el murciÃ©lago y el humano existieron animales huÃ©spedes intermedios que permitieron el salto zoonÃ³tico del SARS-CoV-2; entre los animales que pudieron cumplir esa funciÃ³n de eslabÃ³n, se cuentan por millones los que se crÃ­an en granjas industriales en China. Cuando los estudiosos reparan que los cerdos y los humanos tienen sistemas inmunolÃ³gicos muy semejantes -lo que facilita el cruce del virus entre las dos especies- y que la provincia de Hubei, donde se encuentra Wuhan, es una de las cinco mayores productoras de cerdos de China, la sospecha se robustece. Articulemos este dato, entonces, con las dos cuestiones que planteamos anteriormente: la liberaciÃ³n de los patÃ³genos contenidos en reservorios naturales diezmados por la extensiÃ³n de la frontera agropecuaria y la producciÃ³n industrial de animales para consumo humano. Si alguien planteara que la producciÃ³n intensiva de animales conduce a la producciÃ³n intensiva de una plaga, no andarÃ­a errado. â€œCualquiera que intente comprender por quÃ© los virus se estÃ¡n volviendo mÃ¡s peligrosos debe  investigar el modelo industrial en la agricultura y, mÃ¡s en concreto, en la producciÃ³n ganaderaâ€ â€“decÃ­a Wallace. Dijimos anteriormente que esta pandemia no fue sorpresiva para quienes seguÃ­an la pista de los enormes impactos ecolÃ³gicos que conlleva este modelo agroganadero: en el aÃ±o 2008 un informe de la organizaciÃ³n Grain advertÃ­a que la industrializaciÃ³n y la consolidaciÃ³n corporativa de la producciÃ³n de carne genera los mayores riesgos para la apariciÃ³n de pandemias mundiales.<br />
Para llegar a la cuarta y Ãºltima nota, apuntemos un elemento mÃ¡s sobre este patrÃ³n agroeconÃ³mico. La aplicaciÃ³n de sofisticados avances tecnolÃ³gicos y la concentraciÃ³n de tierras en pocas manos (los llamados pooles de siembra son la expresiÃ³n agronÃ³mica de la concentraciÃ³n global del capital), conduce a una agricultura sin campesinos (mano de obra innecesaria para este modelo), que deben migrar integrando los monstruosos hacinamientos periurbanos de las grandes ciudades.</p>
<p>IV) Una cuarta y Ãºltima nota debe contemplar, entonces, el papel que cumplen dichas aglomeraciones humanas en la rÃ¡pida dispersiÃ³n de cualquier enfermedad, aglomeraciones que replican de modo inquietante aquellos campos de concentraciÃ³n de las actuales explotaciones de la ganaderÃ­a industrial. La respuesta es evidente ni bien repasamos el mapa mundial y constatamos la velocidad y alcance de los contagios en las ciudades de mayor densidad poblacional. La chispa pudo encenderse en muchos sitios, pero queda por saber si la provincia de Hubei â€“con el patrÃ³n de explotaciÃ³n agroganadero que mencionamos, con una superficie 15 veces menor que la de nuestro paÃ­s, pero que alberga a 15 millones mÃ¡s de habitantes-, no ofrecÃ­a las mejores condiciones para la producciÃ³n de un brote pandÃ©mico.<br />
	La Argentina presenta hoy exacerbada hasta el paroxismo la matriz unitaria triunfante en 1852, una mega-ciudad puerto de espaldas a la NaciÃ³n, que concentra en pocas pero grandes ciudades â€“satÃ©lites de ese puerto- al 93 % de la poblaciÃ³n (muy superior al promedio de urbanizaciÃ³n mundial). No es posible interpretar estos datos sin correlacionarlos con el proyecto basado en la primarizaciÃ³n econÃ³mica y el extractivismo que vacÃ­a la vida rural de trabajadores y fuerza los hacinamientos periurbanos. No puede sorprendernos entonces que cerca del 75% de los contagios se estÃ© dando, y de modo creciente, en el Ã¡rea metropolitana de Buenos Aires.<br />
	Mientras muchas preguntas aguardan sus respuestas, tal vez sea hora de cuestionar lo que este modelo de explotaciÃ³n agroganadero estÃ¡ haciendo con los pilares que sostienen la condiciÃ³n de la vida en nuestro planeta, ni mÃ¡s ni menos. </p>
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		<title>Al silencio, Â¿no volvemos nunca mas?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Florencia Lucione]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Feb 2020 11:55:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Un debate que no es novedad resurge por los Ãºltimos dÃ­as a raÃ­z de una campaÃ±a para publicitar el trabajo de una artista. La campaÃ±a muestra a la cantante en &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Un debate que no es novedad resurge por los Ãºltimos dÃ­as a raÃ­z de una campaÃ±a para publicitar el trabajo de una artista. La campaÃ±a muestra a la cantante en uno de los tÃ­picos papelitos que podemos ver por las mÃ¡s transitadas avenidas de la Ciudad, en los que confluyen una foto de una mujer en pose sugerente y un nÃºmero telefÃ³nico.</p>
<p>Lo que tampoco es nuevo, pero si toma mayor dimensiÃ³n a partir de la irrupciÃ³n masiva del movimiento feminista es cÃ³mo, en su nombre, se destruyen el pensamiento crÃ­tico y las posiciones contrapuestas mediante mecanismos que el mismo movimiento se encargÃ³ de desandar con muchÃ­simo esfuerzo pero -a juzgar por los hechos- en ocasiones, sin demasiado Ã©xito.</p>
<p>El feminismo es un lugar de cualquier cosa menos de certezas absolutas. Nadie podrÃ­a desaprender siglos de cultura en un par de aÃ±os. Sin embargo, una de las cosas en las que se convirtiÃ³ un debate, que es absolutamente imprescindible tener, es en medirse en â€œaÃ±os feministasâ€ para desacreditar a la otra parte, mediando niveles de violencia extremos.</p>
<p>El primer y mayor aporte del movimiento feminista es la capacidad de interpelar un sistema operÃ³ histÃ³ricamente y que aun encuentra estructuras lo suficientemente sÃ³lidas para subsistir. En este marco, nadie podrÃ­a pensar que ya lo aprendiÃ³ todo al punto de seÃ±alar a quienes aÃºn no lo han hecho. En definitiva, nadie podrÃ­a pensar que escribiÃ³ el manual de la buena feminista y sentir que estÃ¡ en condiciones de explicarles a otras que entraron por la puerta del feminismo un poco mas tarde.</p>
<p>Aun asÃ­, estos dÃ­as nos hemos cansado de ver a referentes publicas hablar con una actitud en la que intentan â€œsacarles la venda de los ojosâ€ a quienes no piensan igual. Funciona mÃ¡s o menos asÃ­: inicialmente hay un intento de educar a la otra, lo que automÃ¡ticamente la posiciona en un lugar de subordinaciÃ³n, de subestimar su capacidad de discernimiento y voluntad. Posteriormente, si la postura no se tuerce con la clase magistral del feminismo que corresponde, lo que sigue es el linchamiento pÃºblico, el escarnio, una suerte de neo inquisiciÃ³n. Como si a la frase de connotaciÃ³n polÃ­tica â€œno nos callamos mÃ¡sâ€ le hubiÃ©ramos agregado â€œpero si no nos gusta tu opiniÃ³n, vos callateâ€</p>
<p>No importa cual el estrato social al que pertenezcas (la transversalidad es una de caracterÃ­sticas de las mÃºltiples formas de violencia, eso lo sabemos bien) ni tu rol social; no importa cuÃ¡nto afecta tus relaciones interpersonales, no importa si la violencia escala hasta meterse con tus seres queridos. El objetivo es disciplinar. Patearle la cabeza a quien esta caÃ­do en el piso. Escrache, adoctrinamiento, canibalismo. Y todo ello con un Ã©nfasis que (no casualmente) se recrudece cuando se trata de la relaciÃ³n entre las mujeres y su sexualidad.</p>
<p>Pensar como quienes se autoproclaman iluminadas o salir eyectadas del movimiento. Esas son las opciones que barajamos. Tener diferencias se transforma en ser disidente de la generalidad y entonces correr el riesgo de ser seÃ±alada como machirula. SerÃ­a saludable poder no solo declarar sino tambiÃ©n convencerse de que internalizamos a tal punto esas prÃ¡cticas que, en alguna esquina, hasta la mejor feminista es un poco machista.</p>
<p>Todo esto pareciera arribar a un escenario que nos es familiar: un sector determinado busca imponer una moral propia. Â¿De quÃ© manera? Primero intentando tutelarnos moralmente y, en caso de que eso no funcione, violentÃ¡ndonos. No es similar al debate por la legalizaciÃ³n del aborto. Es una situaciÃ³n de idÃ©nticas caracterÃ­sticas, en los tÃ©rminos mencionados.</p>
<p>El mecanismo es uno, es circular, es repetitivo, â€œpor las buenas o por las malas vas a hacer lo que te digoâ€. Siempre hay otro que nos tiene que decir lo que debemos hacer. Nos suena de otro lado. Nos resulta tan conocido que podemos evocar cualquier evento de nuestra cotidianeidad para identificarlo.</p>
<p>Tenemos que poder decirlo, tenemos que poder repensarnos, tenemos que poder alzar la voz con las propias compaÃ±eras: aprendimos que al silencio no volvemos nunca mÃ¡s, tampoco vamos a hacerlo cuando haya personas a las que se las hostigue justificando que en toda revoluciÃ³n pagan justos por pecadores. Pero, y sobre todo, cuando hay un sector que lo que persigue es el reconocimiento de derechos. Derechos que tutela el ordenamiento jurÃ­dico en todos sus niveles.</p>
<p>Los matices y el aprendizaje permanente son lo que nos llevÃ³ a ocupar el espacio pÃºblico para exigirle, a quien corresponde, que cumpla nuestras demandas como sujetxs de derecho, como seres autÃ³nomos. En este sentido, podemos y debemos pensar en soluciones para cada sector.</p>
<p>Los discursos pueden interpelarnos sin la necesidad de destrozar uno para quedarse con el otro:</p>
<p>Primordialmente, debemos pensar en cÃ³mo brindamos oportunidades a personas que, aun mediando consentimiento, eligen el trabajo sexual porque no les queda otra opciÃ³n. Â¿A quiÃ©n se lo debemos exigir? Al Estado como principal garante, pero tambiÃ©n a todos los actores que operan en el mercado laboral.</p>
<p>En efecto, podemos decir que entonces la discusiÃ³n es una discusiÃ³n del orden de los derechos laborales, que excede el rubro del que se trate. La informalidad, el trabajo no remunerado y la precarizaciÃ³n son todas caras de la deficiencia en esa materia que padece un porcentaje determinado de la poblaciÃ³n. La soluciÃ³n no puede ser que dejen de existir trabajadorxs informales, sino encausar la demanda para que esa situaciÃ³n se transforme en un marco de tutela jurÃ­dica, extendiendo los derechos de los que gozan los trabajadores de la economÃ­a formal a esos sectores.</p>
<p>Cabe preguntarse si efectivamente podemos buscar esas oportunidades. No me parece real la idea de que aquello es imposible, y para eso hay que remitirse a la organizaciÃ³n que el movimiento feminista, en articulaciÃ³n con otras organizaciones sociales y polÃ­ticas, supo construir. Podemos ver los alcances materializados en la ley de cupo trans, o en materia de democratizaciÃ³n de las tareas de cuidado, que es actualmente una demanda que se instalÃ³ en la agenda polÃ­tica para quedarse. Podemos lograrlo si consolidamos una organizaciÃ³n sensata a la hora de pensar en tÃ©rminos de equidad en el acceso a oportunidades.</p>
<p>Por otra parte, necesitamos reconocer a quienes eligen, sin coerciÃ³n alguna, los derechos que asisten a cualquier trabajador. Â¿CÃ³mo hacemos para reconocer situaciones de coerciÃ³n? Ello tambiÃ©n es materia de demandas dirigidas al Estado, que es quien tendrÃ¡ que diseÃ±ar polÃ­ticas pÃºblicas a esos efectos.</p>
<p>La trata de personas es un delito tipificado. Hay una Ãºnica exigencia, que deberÃ­a ser homogÃ©nea y transversal: pedir justicia y seguir exigiendo que el poder se utilice para lograr su desmantelamiento.</p>
<p>Pero cuando hablamos de derechos y oportunidades para las trabajadoras sexuales no estamos hablando, en ningÃºn momento, de personas que son vÃ­ctimas de delitos.</p>
<p>Creer que pedir derechos para quienes los exigen por voluntad propia no es igual a ser cÃ³mplices de proxenetas. Es diametralmente opuesto.</p>
<p>El hecho de no poder empezar a decir parece hacernos concluir que lo que se busca es tener la razÃ³n, decir LA VERDAD. No obstante, serÃ­a sano recordar que el feminismo nos abraza cuando nos reconocemos contradictorixs, cuando tenemos mÃ¡s preguntas que respuestas.</p>
<p>El movimiento que busca incluir no puede ser nunca el que expulsa compaÃ±eras por no ser complacientes con la lÃ³gica de turno mediante los mecanismos utilizados por el patriarcado mÃ¡s acÃ©rrimo.</p>
<p>Por Ãºltimo, los hechos de estos dÃ­as nos deberÃ­an hacer resignificar nuestros lemas. Pareciera que el enemigo ya no solo es el varÃ³n, heterosexual, clase media y blanco; no solo es el rugbier, el cheto, el nene bien. Tampoco las mujeres somos exclusivamente vÃ­ctimas, evidentemente podemos hacer mucho daÃ±o con las herramientas que nos dio el mismÃ­simo sistema de poder que buscamos desarmar.</p>
<p>No me llevo bien con la auto referencia pero me voy a permitir una: oportunamente, repetÃ­ muchas de esas consignas en dÃ­as de enojo o en la marea de euforia. Sin embargo, y siempre gracias al feminismo, esas consignas fueron mutando y se transforman permanentemente porque esa es la verdadera bÃºsqueda colectiva. Estas lÃ­neas podrÃ­an haberse escrito hace varios dÃ­as, pero se interpuso la necesidad de escuchar y hacer lugar a otros discursos y a la incomodidad que siempre es menester sentir para no caer en ningÃºn dogma.</p>
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		<title>FEMINISMO DE CONSTRUCCIÃ“N: HACIA DONDE VAMOS DESPUÃ‰S DE DECONSTRUIRNOS.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Florencia Lucione]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jan 2020 01:07:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Pasaron poco mÃ¡s de cuatro aÃ±os desde la irrupciÃ³n del feminismo en la agenda nacional y regional, que se materializo con el nacimiento de un movimiento de masas que tuvo &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Pasaron poco mÃ¡s de cuatro aÃ±os desde la irrupciÃ³n del feminismo en la agenda nacional y regional, que se materializo con el nacimiento de un movimiento de masas que tuvo su primera apariciÃ³n en el espacio pÃºblico en el mes de junio de 2015 con la primera marcha de Ni una menos.</p>
<p>La coyuntura de estos aÃ±os se vio signada por polÃ­ticas estatales dirigidas al recorte en el acceso a la democratizaciÃ³n de los derechos, lo que va en sentido totalmente opuesto a las reivindicaciones de un movimiento feminista que comenzÃ³ a hacerse lugar en la calle como un grito univoco ante la muerte sistemÃ¡tica de mujeres y que fue tomando forma de demandas concretasÂ  tangibles. Demandas que tambiÃ©n son debates que el movimiento supo instalar social, cultural e institucionalmente.</p>
<p>Asimismo, hablar de cambios estructurales es complejo si se tiene en cuenta que la cultura que se intenta de construir es la misma que arrastra cientos de aÃ±os de vigencia y que su extensiÃ³n excede los lÃ­mites de la frontera nacional.</p>
<p>Aun asÃ­, es de destacar que en este corto plazo, la revoluciÃ³n de las mujeres concretÃ³ su primer cometido de manera exitosa: ser eje de las construcciones institucionales, marcar agenda polÃ­tica y estar en boca de toda la ciudadanÃ­a. Pareciera que ya no vamos a poder dejar de tener en la esfera de la vida cotidiana, en cualquiera de sus dimensiones, en toda vinculaciÃ³n interpersonal, una mirada atravesada por lo que mejor supo hacer el movimiento hasta ahora: interpelar las dinÃ¡micas de las relaciones y sus consecuencias en funciÃ³n de los gÃ©neros.</p>
<p>El debate por legalizaciÃ³n del aborto fue uno de los reclamos mÃ¡s abrazado por el feminismo local. Tal es asÃ­ que la conquista perseguida se hizo eco en otras latitudes de AmÃ©rica Latina.</p>
<p>El debate legislativo acontecido por esos dÃ­as fue histÃ³rico. No tanto por lo que sucediÃ³ dentro del Congreso Nacional sino por lo que se vio en las calles. El hito social que allÃ­ se constituyÃ³ serÃ¡, sin lugar a dudas, objeto de anÃ¡lisis a la hora de entender el recorrido histÃ³rico de la cultura polÃ­tica del pueblo argentino.</p>
<p>Aun asÃ­, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito no fue conseguido. Una vez finalizado el debate, y habiendo mermado el Ã©nfasis allÃ­ puesto, las grietas internas comenzaron a ser mÃ¡s visibles.</p>
<p>Este parece ser un acontecimiento negativo, sin embargo para un movimiento que se jacta de democratizar el acceso a los derechos, la presencia del disenso es altamente saludable siempre que ello no implique una desigualdad de posiciones.</p>
<p>Sin embargo, el resultado parlamentario no pudo ser leÃ­do como la postura de gran parte de la sociedad que, incluso, contaba con la adherencia de muchas personas que se consideraban feministas.</p>
<p>La lectura analÃ­tica dejÃ³ afuera a quienes sostenÃ­an que el aborto no debÃ­a ser legalizado. Y, en gran parte, tambiÃ©n lo hizo con quienes consideraban que ese derecho debÃ­a ser adquirido solo que partiendo desde otro enfoque.</p>
<p>El feminismo supo democratizar la palabra, logrÃ³ que no haya conductores ni conductoras y solo admitiÃ³ a ciertas referentes como tales, aunque siempre poniendo el eje en que no existen unas pocas iluminadas. Sin embargo, hay quienes se auto adjudican ese estadÃ­o superior y que, en ocasiones, hacen uso de su masiva llegada comunicacional en detrimento de los pilares en los que el movimiento funda su existencia.</p>
<p>En efecto, los resultados que devienen de esas intervenciones terminan abriendo una pregunta clave que tiene que ver con cuestionarnos quÃ© es lo que queremos construir una vez que la â€œdeconstrucciÃ³nâ€ (palabra que para algunxs quedÃ³ demodÃ© en un movimiento que avanzÃ³ notablemente) haya finalizado.</p>
<p>el debate por el aborto nos dejÃ³ algunas enseÃ±anzas: la primera es que el poder feminista bien dirigido es capaz de llegar a unir a millones de ciudadanos y ciudadanas a quienes efectivamente puede abrazar haciÃ©ndoles sentir que las reivindicaciones del feminismo son sinÃ³nimo de una sociedad mÃ¡s libre y justa para todos y todas. La segunda es que extremar posiciones es un mÃ©todo que, para ciertos objetivos, resulta insuficiente.</p>
<p>Â¿CuÃ¡l es el rol que juega los fundamentalismos en este escenario? Esa es la pregunta que intentamos responder. Por supuesto que la dificultad para alcanzar las conquistas que faltan estÃ¡ atravesada por diversos factores.</p>
<p>Es necesaria una mirada integral, donde tambiÃ©n se pueda debatir ideas reconociendo que nadie tiene el manual de la buena feminista, y preguntÃ¡ndose si buscamos desarmar un esquema de parÃ¡metros de la hegemonÃ­a para que el Ãºnico parÃ¡metro sea la equidad, o si lo hacemos para establecer nuevos estÃ¡ndares en los que otras van a quedar excluidas si no cumplen con esas reglas.</p>
<p>No vamos a exigir tener la claridad total en todos los asuntos, de hecho, Â es probable que la clave estÃ© en dejar de negar las contradicciones y abrazarlas. No tenemos una respuesta para todo, por supuesto que el camino es con tropiezos. Pero lo que tenemos que atender es el lugar en el que nos paramos, por ejemplo, cuando nos tienta mÃ¡s escrachar en la red social a la compaÃ±era que muestra su cuerpo (porque eso nos parece una ofensa a los valores del movimiento) que militar el derecho a la autonomÃ­a sobre los cuerpos que no piden las opiniones de ningÃºn tenor. De ninguna individualidad pero tampoco de ninguna bandera en su contra.</p>
<p>La batalla cultural es el primer bastiÃ³n feminista. El resto es su correlato en las otras esferas de la sociabilizaciÃ³n.</p>
<p>Es inmenso el trabajo institucional que llevan adelante compaÃ±eras en espacios de trabajo, sindicatos, y en muchos otras instituciones del Ã¡mbito pÃºblico. Haber logrado disputar poder en lugares como estos, histÃ³ricamente masculinizados debido al rol social asignado a hombres y mujeres, es un claro reflejo de que la cultura estÃ¡ siendo modificada; de que, con pasos firmes, el feminismo avanza.</p>
<p>Sin embargo, cabe preguntarse porque aÃºn hay hombres y mujeres que creen que el feminismo es una guerra de gÃ©neros. Pareciera anacrÃ³nico y rÃ¡pidamente se seÃ±ala de conservadores a quienes lo sostienen.</p>
<p>Para dar respuesta al porquÃ© de su subsistencia, tambiÃ©n podemos pensar en el rol del movimiento en este punto y en este sentido preguntarse Â¿cuÃ¡l es el motivo por el que algunos varones piden permiso, casi con temor, antes de hablar de feminismo? Esa es tambiÃ©n una grieta difusa dentro del movimiento que aÃºn no supo erradicar este tipo de diferencias.</p>
<p>HabrÃ¡ quienes creen que los varones no deben participar, habrÃ¡ quienes creen que deben organizar sus propios espacios para repensarse y habrÃ¡ quienes consideren que tambiÃ©n pueden ser formar parte.</p>
<p>La persistencia de la idea de una batalla de hombres contra mujeres es la muestra de que existen nÃºcleos duros a los que, por lÃ³gica, es mÃ¡s difÃ­cil llegar. Pero tambiÃ©n podemos indagar acerca del papel que juega el hecho de impedirles a los hombres que participen.</p>
<p>El acto de permitir trae consigo tener el poder de dar o no dar lugar a otro. Nuevamente debiÃ©ramos ver que impronta le damos a ese empoderamiento como herramienta para dar la batalla cultural. Y preguntarnos si, en ocasiones, no se estarÃ¡ utilizando como un arma de doble filo que de un lado estÃ¡ siendo funcional para seguir alimentando la nociÃ³n de una guerra de los gÃ©neros.</p>
<p>TambiÃ©n podemos creer que esos nÃºcleos no existen, subestimar sus razones o bien asignarles un lugar de irremediables. Pero el debate por la legalizaciÃ³n del aborto nos mostrÃ³ quÃ© pasa cuando anulamos el discurso de quienes, a priori, disienten sin tener razones conspirativas u otros intereses creados.</p>
<p>De vez en cuando es saludable preguntarse si los rumbos son los mÃ¡s apropiados, sin dejar de caminar y sin perder la convicciÃ³n, pero tambiÃ©n haciendo lugar a la contradicciÃ³n.</p>
<p>Saber incluir a la mayorÃ­a es una tarea difÃ­cil. Sin embargo es mejor preguntarse una y mil veces quÃ© queremos construir antes que creer que ya conseguimos la respuesta y que la misma sea que solo buscamos escribir un manifiesto feminista. Uno que quizÃ¡s nunca necesitemos y que, tal vez, de nada sirva a los objetivos facticos de un movimiento que busca igualar y dejar de segregar.</p>
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		<title>Construir unidad: el verdadero desafio de los dÃ­as que vienen.</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Florencia Lucione]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Dec 2019 12:46:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
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					<description><![CDATA[El nuevo gobierno cumple una semana, y no hizo falta mucho tiempo para que los anuncios sobre nuevas medidas destapen la olla de opiniones tan diversas como eufÃ³ricas por parte &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El nuevo gobierno cumple una semana, y no hizo falta mucho tiempo para que los anuncios sobre nuevas medidas destapen la olla de opiniones tan diversas como eufÃ³ricas por parte de la ciudadanÃ­a.<br />
Hace tiempo se conoce la lÃ­nea de trabajo en la que se orientarÃ­a lo que hoy conocemos como un paquete de medidas que persiguen el objetivo de paliar la emergencia econÃ³mica y social producto de, la crisis en la que se encuentra el paÃ­s. Sin embargo, para muchos y muchas fueron sorpresivas y, tan pronto como se anunciaron, las mismas se hicieron de sus propios talibanes y reaccionarios. Este panorama, que ya hemos naturalizado, es lo Ãºnico que no sorprende.<br />
El nuevo gobierno trajo aparejada la idea (y la necesidad) de unir a los argentinos, pero a pocos dÃ­as de su asunciÃ³n pareciera que esa reivindicaciÃ³n ya tambaleara frente a los ojos de quienes asumen las decisiones tomadas por el Ejecutivo como meras declaraciones de guerra de los dos lados de la contienda.<br />
A los ojos de gran parte de los y las argentinas, los esfuerzos que exigia el gobierno anterior eran desproporcionados e irracionales. En efecto, no hubo medias tintas a la hora de manifestar el desacuerdo frente a determinadas medidas vinculadas al aumento de tarifas, a las polÃ­ticas de cobertura de medicamentos o frente a la modificaciÃ³n de distintos esquemas de lo que no es ni mas ni menos que el modo de distribuciÃ³n de la riqueza.<br />
Las opiniones en contra de aquellas determinaciones fueron objeto de disputa y, como sucede habitualmente, lo que primÃ³ fue una discusiÃ³n acerca de quienes son los que tienen mayores niveles de moralidad. Desde ese lugar de voceros de la verdad absoluta, unos y otros promueven un enfrentamiento escaso de pensamiento crÃ­tico (no por ausencia de ideas sino porque las mismas no se ponen al servicio del debate de fondo), signado por discusiones ideolÃ³gicas de las mÃ¡s acÃ©rrimas y con una total imposiblildad para, al menos, entender que es imprescindible encontrar ciertos puntos de coincidencias. Esas coincidencias bÃ¡sicas para que la unidad impulsada y defendida por el actual gobierno nacional no termine por convertirse en una aspiraciÃ³n o en un mero slogan de campaÃ±a sin su correspondiente correlato efectivo en el campo popular.<br />
Â¿De que sirve disputar el sentido desde las convicciones legÃ­timas cuando las acciones de algunos sectores se convierten en una obsesiÃ³n por denigrar a quienes manifiestan su descontento al verse afectados por este paquete de medidas o por las que promoviÃ³ el macrismo? Â¿ Agredir con calificativos del orden moral no nos vuelve ciertamente similares a aquello que hasta hace pocos dÃ­as repudiabamos? Â¿CuÃ¡l es el lÃ­mite entre promover debates sÃ³lidos y caer en dogmatismos que pareciera nos acreditan a deslegitimar las opiniones distintas?<br />
Diferenciarnos en base a miradas distintas de una misma realidad y aprender a articular las demandas es la verdadera unidad en la que necesita enfocarse el arca polÃ­tica pero tambiÃ©n los y las ciudadanas que, en su totalidad, adoptan para si una postura polÃ­tica respecto de sus individualidades pero que reflejan gran parte de la percepciÃ³n que se tiene sobre los modos de conducir la economÃ­a de un paÃ­s, desde distintas dimensiones de esa percepciÃ³n.<br />
El desafÃ­o no era solo triunfar en las urnas, sino asumir la responsabilidad de trabajar para que la mayorÃ­a del 40 por ciento del electorado que no votÃ³ al gobierno de turno pueda sentirse abrazado por un proyecto que los contenga.<br />
No es difÃ­cil pedir esfuerzos a los propios. La dificultad real tiene que ver con persuadir a aquellos y aquellas que aÃºn se sienten ajenos. MÃ¡s precisamente, la verdadera cuestiÃ³n subyace en las formas en las que se intente conseguir esa creaciÃ³n de sentido de pertenencia, en cÃ³mo lograr que esxs que dejaron de sentirse parte del campo popular vuelvan a identificarse.<br />
Es preciso trabajar mucho mÃ¡s sobre los consensos ciudadanos y dejar el tironeo que pretende medir quien pidiÃ³ los esfuerzos moralmente mÃ¡s sensatos. Correr el eje de esa pretensiÃ³n de demostrar quiÃ©nes son mejores es imprescindible para el Ã©xito de un proyecto que necesita de un pueblo que acompaÃ±e para sortear una crisis profunda y salir de ella fortalecido y mejor posicionado.<br />
Ahondar en la bÃºsqueda de esos consensos es una responsabilidad polÃ­tica pero tambiÃ©n social y militante, y serÃ¡ allÃ­ cuando â€œvolver mejoresâ€ se traduzca en acciones concretas y no se diluya en una arenga discursiva de un dÃ­a en el que muchos y muchas recuperaron la capacidad de volver a creer en que es fÃ¡cticamente posible achicar la brecha de la desigualdad.</p>
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		<title>Momentos transitivos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jaka Turrillo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Dec 2019 16:01:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Comunidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Luego del cimbronazo de las PASO y de la conferencia fallida el presidente Macri o quienes lo rodean tuvieron una buena lectura. Tan buena que si hubiese tenido mÃ¡s tiempo &#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-103809" src="https://artepolitica.com/wp-content/uploads/2019/12/macri-1.jpg" alt="" width="679" height="374" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">Luego del cimbronazo de las PASO y de la <a href="https://artepolitica.com/comunidad/game-over-2/">conferencia fallida</a> el presidente Macri o quienes lo rodean tuvieron una buena lectura. Tan buena que si hubiese tenido mÃ¡s tiempo por delante la diferencia hubiera sido mucho mÃ¡s estrecha de lo que fue. Superando su fobia social aprendiÃ³ del peronismo sobre lo determinante que es el encuentro con las masas, lo fundamental de movilizar a la gente y sacar a su base polÃ­tica a la calle. Sin ir mÃ¡s lejos el punto de inflexiÃ³n durante su gobierno fue justamente la movilizaciÃ³n en contra de la reforma previsional. A partir de allÃ­ todo fue cuesta abajo para Macri.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">AsÃ­ fue que saliÃ³ a patear la calle, a visitar todos los lugares donde ganÃ³. Polarizando y radicalizando su discurso sacÃ³ dos millones de votos mÃ¡s que en las PASO. Demostrando una vez mÃ¡s su pragmatismo audaz. Una vez asumida la derrota se dio inicio al parÃ©ntesis asfixiante de la transiciÃ³n. En su metamorfosis como opositor pareciera que profundizarÃ¡ esa tÃ¡ctica manteniendo activa y movilizada su base. Tanto como mensaje hacia el prÃ³ximo gobierno como hacia el interior de su partido en la disputa por el liderazgo. Aunque Larreta mantenga la Ciudad de Buenos Aires, a Macri (ahora desde la periferia) lo legitima el 40% de votos que son de Ã©l. PodrÃ¡ ser un mafioso inepto pero es un gran polÃ­tico electoralista.</span></p>
<p style="text-align: center"><span style="font-weight: 400">***</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Junto a Pichetto, Carrio y Patricia Bullrich intentarÃ¡ configurarse como un opositor acÃ©rrimo a la venezolana. Con la gran diferencia que en Venezuela la oposiciÃ³n es dura y extrema hacia un gobierno que estÃ¡ hace 20 aÃ±os en el poder. En</span><span style="font-size: 1rem">Â cambio Macri serÃ­a un opositor duro y extremo con un gobierno que acaba de reemplazar al suyo que fue fatal. Eso deja muy frÃ¡gil esa estrategia.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Por ahora serÃ¡ pura intenciÃ³n. A priori uno ve muy difÃ­cil ese pasaje sin escalas cuando acaba de perder las elecciones en primera vuelta por una diferencia considerable dejando un paÃ­s devastado. Por mÃ¡s distancia que haya acortado no deja de ser un fracaso total. Es el primer presidente que presentÃ¡ndose a la reelecciÃ³n la pierde aÃºn habiendo recibido el pleno apoyo del FMI, los EEUU y el poder econÃ³mico. Solo podrÃ¡ presumir el mÃ©rito exclusivo de ser el Ãºnico presidente (no peronista) que durÃ³ hasta el Ãºltimo dÃ­a del mandato.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pero por el nivel de cinismo de Macri no sorprenderÃ­a que se ubique de todos modos en ese lugar y se presente como si nunca hubiese gobernado. De hecho siempre se comportÃ³ como oposiciÃ³n,Â  como un ciudadano mÃ¡s, sin responsabilidad alguna</span><span style="font-weight: 400">.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Hay que ver si no se licua el apoyo popular estando por fuera del gobierno. MacrÃ¬ se va muy repudiado por los sectores populares, la clase media y un sector significativo del empresariado nacional. Pero tampoco goza de la simpatÃ­a de su propia estirpe. Hacen filas los grandes empresarios que hizo desfilar por tribunales usÃ¡ndolos como una simple ficha mÃ¡s de su rencilla polÃ­tica con CFK.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">HabrÃ¡ que ver cuÃ¡nto de su caudal de votos podrÃ¡ conservar desde el llano. Â¿QuÃ© grado de movilizaciÃ³n mantendrÃ¡ la gente de las marchas del â€œsÃ­ se puedeâ€ luego del 10 de diciembre? Las clases medias <em>tilingas</em> quizÃ¡s comiencen a enterarse de cosas que antes no sabÃ­an o no querÃ­an saber sobre Macri y su accionar. Y si el nuevo gobierno logra aunque sea una leve mejorÃ­a rÃ¡pida y generalizada para la mayorÃ­a Â¿cuÃ¡nto tiempo aguantarÃ¡ su nucleo duro cohesionado bajo una dirigencia que representa los intereses de 1% de la sociedad?Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Por su forma de hacer polÃ­tica el alineamiento mediÃ¡tico es indispensable para el <em>macrismo</em>. Como mantienen una plena disociaciÃ³n con el lenguaje, porque lo que hacen es inconfesable y lo que dicen es mentira necesitan al extremo de la cobertura mediÃ¡tica. Las vacÃ­as palabras de pastor evangÃ©lico dependen del desconocimiento y de la desinformaciÃ³n generalizada que ofrecen los grandes medios. Por eso es importante cuÃ¡l serÃ¡ su comportamiento. Â¿HabrÃ¡ luna de miel?Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Gran parte del periodismo fue y seguirÃ¡ siendo colaboracionista. A penas le concedieron impericia econÃ³mica. Los grandes medios seguirÃ¡n con el â€œperiodismo de guerraâ€ contra el peronismo porque saben que su posiciÃ³n privilegiada obtenida es Ãºnica en el mundo. Y la seguirÃ¡n defendiendo caiga quien caiga.Â </span></p>
<p style="text-align: center"><span style="font-weight: 400">***</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Seguramente seguirÃ¡n con el discurso anticorrupciÃ³n. En todo gobierno se pueden colar corruptos o haber hechos de corrupciÃ³n, inclusive muchÃ­simos. Pero en el caso de este gobierno la propia matriz del Estado es corrupta. Macri es su propio LÃ¡zaro BÃ¡ez. No es solo un toma y daca, una sobrefacturaciÃ³n o un vuelto de mÃ¡s. Es el Estado embebido por una entramado mafioso de negocios legales e ilegales. Son las propias decisiones polÃ­ticas y econÃ³micas. Decretos, adjudicaciones de contratos y pasamanos de concesiones. En cada Ã¡rea puso al lobo a cuidar las gallinas. Fue una vergÃ¼enza internacional en losÂ <em>PanamÃ¡Â Papers</em> que dejÃ³ a la vista la red de empresas fantasmas y cuentas ocultas para su plata sucia. Son muchÃ­simas causas en contra y son muchos negociados.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">El pavor por un supuesto Ministerio de la Venganza </span><i><span style="font-weight: 400">kirchnerista </span></i><span style="font-weight: 400">deja a la vista la cola de paja del </span><i><span style="font-weight: 400">macrismo</span></i><span style="font-weight: 400">, su mÃ¡s profundo sentimiento inconsciente de culpa. Tanto miedo por la venganza inunda de razones para ella. Pero mÃ¡s que abrirlo habrÃ­a que cerrar el que funcionÃ³ durante el gobierno saliente. Un engranaje complejo de servicios de inteligencia nacionales e internacionales, periodistas, legisladores, fiscales, jueces y funcionarios con el Ãºnico objetivo de perseguir a la oposiciÃ³n polÃ­tica. ImplantÃ³ un estado de sospecha permanente para privar de la libertad a dirigentes peronistas con justificaciones lisÃ©rgicas tales como â€œno podÃ­an no saberâ€, o que la falta de pruebas es prueba de su culpabilidad.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">El poder econÃ³mico lo mantendrÃ¡ ya que su Ãºnica eficiencia fue hacer caja propia pero desde el llano, sin la lapicera y con una lista interminable de poderosos enemigos de su propia calaÃ±a. Pareciera que la Justicia Federal comienza a posar su mirada sobre Ã©l y su </span><i><span style="font-weight: 400">trup</span></i><span style="font-weight: 400">. Â¿Se le vendrÃ¡ en contra su propio dispositivo?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pero mÃ¡s que ello sea una razÃ³n para dejar la polÃ­tica e irse del paÃ­s podrÃ­a ser lo que defina su inclinaciÃ³n a quedarse movilizando y radicalizando a su base electoral como escudo contra la embestida judicial.Â </span></p>
<p style="text-align: center"><span style="font-weight: 400">***</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pareciera que durante 2015 vivenciamos una especie de ensoÃ±aciÃ³n colectiva que, asÃ­ fuere por unos escasÃ­simos puntos porcentuales, habilitÃ³ a Macri y su banda para que vengan a hacer negocios hasta que reviente todo como si no hubiese un maÃ±ana.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Macri deja una deuda externa que no tiene antecedentes mundiales contemporÃ¡neos y la generÃ³ sin otro efecto buscado que permitir una fuga de divisas tambiÃ©n inÃ©dita. Se fumÃ³ el prÃ©stamo mÃ¡s grande en la historia del FMI. Lo hizo a cambio de nada que haya redundado en un solo beneficio, ni el mÃ¡s mÃ­nimo, a favor de nadie que no fuere su pandilla.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">El intento del <em>macrismo</em> fue imponer un sistema neo-colonialista no solo basado en la valorizaciÃ³n financiera donde capitales forÃ¡neos maximicen su dinero a costa del sobreendeudamiento y el saqueo del paÃ­s sino tambiÃ©n en la explotaciÃ³n/extracciÃ³n extranjera de los recursos naturales que sÃ³lo favorezca a nivel nacional a la oligarquÃ­a diversificada. El agua en la triple frontera, el litio en el Norte, el petrÃ³leo en el Sur y las tierras fÃ©rtiles en el Centro.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Sistema que si aÃºn no fue implementado del todo fue por la existencia del peronismo. PodrÃ¡ ser lo que sea pero es el Ãºnico motivo que impide que la Argentina todavÃ­a no se haya convertido en un paÃ­s completamente dependiente de los EEUU, al estilo de los ya estallados Chile y Colombia, gobernado por un bipartidismo mentiroso que jamÃ¡s cuestione el <em>status quo</em> del poder imperante. Cuya base de funcionamiento sea dejar afuera al 70% de la poblaciÃ³n.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pero Macri fue tan cÃ­nico en la praxis de su rol que no solo lo fue en contra la sociedad a la que gobernÃ³ sino tambiÃ©n en contra de la supra-estructura que lo colocÃ³ allÃ­ en primera instancia. Porque fue tan brutal, burdo y experimental su accionar que a pesar de todo el mega-apoyo recibido no pudo garantizar su continuidad. Sino que generÃ³ todo lo contrario: las condiciones para un nuevo advenimiento nacional y popular.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Este nuevo advenimiento </span><i><span style="font-weight: 400">â€œde todosâ€</span></i><span style="font-weight: 400"> va a heredar una encerrona trÃ¡gica completamente condicionante. Totalmente asediados por una regiÃ³n explotada que marca a fuego y sangre el fracaso de la estrategia norteamericana para recuperar el control de la regiÃ³n y su contraofensiva aÃºn mÃ¡s violenta y vil.Â </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">AsumirÃ¡ subsumido en una vulnerabilidad impresionante que lo ubica sin chances de equivocarse. Si pretende perdurar en el tiempo deberÃ¡ tomar decisiones rÃ¡pidas y audaces. AsÃ­ como Macri aprendiÃ³ que necesita de cierto <em>populismo</em> el nuevo gobierno deberÃ¡ aprender de su forma pragmÃ¡tica de gobernar. No deberÃ¡ cometer los errores del pasado y esta vez al tomar el gobierno deberÃ¡ tambiÃ©n tomar el poder.</span></p>
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