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	<title>Árbol de los Mil Nombres.</title>
	
	<link>http://arbol.milnombres.net/wp</link>
	<description>El blog de Agustín Fest.</description>
	<pubDate>Thu, 01 May 2008 02:47:29 +0000</pubDate>
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	<language>en</language>
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		<title>Singapur no esta a 15416 kilómetros. ¿O sí?</title>
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		<comments>http://arbol.milnombres.net/wp/2008/04/28/singapur-no-esta-a-15416-kilometros/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 29 Apr 2008 00:52:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 12 de 12

-¡Ándale cabrón, saca el papel!

-Ahí voy, ahí voy.
-Puta madre.
-Tengo seis bolsillos en mi abrigo Medel, dame chance.
-No mames.
-El humanito necesita bolsillos para sentirse cómodo -molestó Jezabel-. ¿Todavía recuerdas lo que dijiste cuando nos conocimos?
-¿Pinche vampira de mierda?
-Me [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Singapur no esta a 15416 kilómetros. ¿O sí?", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/04/28/singapur-no-esta-a-15416-kilometros/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 12 de 12</div>
<br /><br />
<p>-¡Ándale cabrón, saca el papel!</p>

<p><p>-Ahí voy, ahí voy.</p>
<p>-Puta madre.</p>
<p>-Tengo seis bolsillos en mi abrigo Medel, dame chance.</p>
<p>-No mames.</p>
<p>-El humanito necesita bolsillos para sentirse cómodo -molestó Jezabel-. ¿Todavía recuerdas lo que dijiste cuando nos conocimos?</p>
<p>-¿Pinche vampira de mierda?</p>
<p>-Me prometiste que no eras un familiar, humanito cazador.</p>
<p>-Hey, hey, Armenius, no la insultes así, que te puede rajar de un buen putazo.</p>
<p>-¿A ti no?</p>
<p>-A mi Señor jamás le haría eso.</p>
<p>-Es que has de saber, que se la metí por la boca y me vine en su garganta. Desde entonces tiene delirios con que yo soy su Señor.</p>
<p>-¡Ah carajo Medel, chingada madre con tu información tan detallada!</p>
<p>-Un sabor tan dulce&#8230;</p>
<p>-Y tú muy educada y poética, che vampirilla puta.</p>
<p>-Y tan amargo a la vez&#8230; mejor que la sangre. Tengo hambre.</p>
<p>-El papel Armenius. EL PINCHE PAPEL.</p>
<p>-¿TE AGUANTAS? Ya me confundí. No sé en que bolsillo estaba buscando. No sé cual vi&#8230; no sé nada&#8230;</p>
<p>-No pienso regresar con el demonio, humanito.</p>
<p>-A ver, Jezabel. Salte del coche pendejo y busca el papel. Mientras me follo a la vampira.</p>
<p>-Ummm, me parece una excelente idea.</p>
<p>-A la verga con ustedes dos&#8230; hey&#8230; espera, ¿hablas en serio?</p>
<p>-Mi señor, ya me puse de perrito. ¿O cómo lo prefieres?</p>
<p>-No tienes que sacar tanto el culo. Acuérdate que la tengo grande.</p>
<p>Armenius salió del coche y le dio un portazo. Hice lo mismo. Salí y empecé a sobar el culo de la vampireja con mis manos. Le subí el vestido. Le bajé los calzones. Me saqué la ñonga. Me lo merecía. De verdad. Después de tantas aventuritas, un pequeño intermedio donde pudiera follar agusto no estaba de más.</p>
<p>-¿Ya encontraste el papel Armenius? Y tú alza más las caderas pendeja, si no soy pigmeo.</p>
<p>-Al fondo, mi señor.</p>
<p>-Me estoy follando un culito que parece de veinte, pero tiene más de ochocientos años de edad Armenius, ¿no te da envidia?</p>
<p>-Cógeme&#8230; cógeme&#8230;</p>
<p>-A las otras seis las vamos a matar cabrón.</p>
<p>-Ella es de la casa Gris, ahhh cabrón como aprietas&#8230; las otras son de la casa Roja. No hay bronca. Son rivales.</p>
<p>-Las vamos a matar mi Señor, y alimentarnos con su sangre.</p>
<p>-Nomás tú&#8230; aaaahhh cabrón. Me equivoqué Armenius. Culito de anzuelo carcelero.</p>
<p>-Tenía &#8230; dieciséis &#8230; cuando &#8230; me convirtie &#8230; ron, mi Señor.</p>
<p>-¿Ya ¡coño! encontraste el pinche papel?</p>
<p>-Ya, desde hace rato.</p>
<p>-Entonces espérate a que acabe cabrón.</p>
<p>-No &#8230; te &#8230; distraigas.</p>
<p>-¿Desde cuándo me das órdenes?</p>
<p>-Ay no por favor.</p>
<p>-¡Toma esto cabrona!</p>
<p>-Esto Medel&#8230; esto, es digno del libro vaquero.</p>
<p>-¿Ya leíste la dirección?</p>
<p>-No. Mejor te espero.</p>
<p>-¡Leela!</p>
<p>-Ohhh, tan dulce, tan dulce. Había olvidado el placer de fornicar&#8230; tantos años después&#8230;</p>
<p>-¿Cuántos años llevas sin hacerlo?</p>
<p>-No me la distraigas Armenius so pendejo.</p>
<p>-Al menos &#8230; Ahhh&#8230; no lo sé&#8230; al menos&#8230; Ahhhh&#8230;</p>
<p>-Dos millones de pesos, si dejas de follarla Medel.</p>
<p>-Estas&#8230; ¡ay coño! pendejo.</p>
<p>La vampira y yo nos enfocamos a lo nuestro. Miré de reojo que Armenius desdobló el papelito y su rostro se puso pálido. Cualquier cosa que enblanqueciera al compadre, significaba diversión. Nalgueé a la vampira un par de veces. Parecía disfrutarlo sobremanera. Su impulso de beber sangre era meramente alimenticio. Una necesidad física que debía satisfacer como la mía de matar. Pero coger, vaya&#8230; coger. Mero placer. ¿Han intentado coger después de diezmar un ejército, muchos judíos, algunos familiares, madrearse con la muerte?</p>
<p>Lo recomiendo sólo si tienen el estómago para continuar vivos después de todo eso.</p>
<p>Terminamos después de unos minutos. La vampiresa se acostó agradecida en el asiento trasero y me miró sonriente.</p>
<p>-Voy a dormir, mi Señor. Agradecería si me cubres la piel porque no tarda en amanecer. No quisiera morir, aunque la decisión esta en tus manos.</p>
<p>Le quité a Armenius el abrigo y se lo puse encima.</p>
<p>-Ahí te lo acomodas. Duerme bien, que tengo mucho que platicar con este pendejo -me giré al pendejo-. Entonces, ¿qué sigue?</p>
<p>-Medel&#8230; ¿de verdad fuiste por mí, al más allá?</p>
<p>-Si güey, sí. Dame el papel si no me vas a decir.</p>
<p>-¿Eso quiere decir que me quieres un poco?</p>
<p>-No mames -le arrebaté el papel de las manos, lo desdoblé y leí:</p>
<p><img src="http://arbol.milnombres.net/wp/wp-content/uploads/2008/04/escritor-mensaje.jpg" width="268" height="407" alt="escritor-mensaje.jpg" class="center frame" /></p>
<p>Me froté el rostro. Saqué un cigarrillo y lo prendí. Armenius hizo lo mismo. Ambos sabíamos que durante nuestro reencuentro, bueno, al menos antes que perdiera los recuerdos, habíamos logrado estar en paz con lo de Singapur. No es que me importara. Ya lo había puesto en su justa dimensión: en el pasado. Pero buscar a las vampiras ahí, cuando tenía al ejército mexicano buscándome, a las fuerzas especiales judías y además, al ejército Singapur y la mafia China allá&#8230;</p>
<p>Suspiré. Me acerqué al coche para vigilar que la vampira se hubiera cubierto bien. La íbamos a necesitar. Armenius se subió al asiento del copiloto.</p>
<p>-Hablaré para que nuestro piloto esté listo. ¿Recuerdas cuántas horas fueron?</p>
<p>-No. Me la pasé dormido todo el camino.</p>
<p>-¿En dos horas esta bien? Vamos a pasar a tu casa para que lleves algunas armas de tu arsenal.</p>
<p>-Sí. También me servirían mucho la thompson y mi escopeta recortada.</p>
<p>-Ahorita llamo para conseguirte unas.</p>
<p>-Una tommy gun también.</p>
<p>-¿Vamos a necesitar mercenarios?</p>
<p>-No lo sé. ¿El contacto que teníamos allá todavía querrá trabajar con nosotros?</p>
<p>-Wao Li&#8230; déjame, déjame llamarle de una vez.</p>
<p>-También necesito que investigues si el Servicio de Inteligencia Mexicana va a mandar a Salgado y agentes especiales.</p>
<p>Toda la información corría furiosamente por mi cerebro. El mensaje del Escritor estaba escrito como si ya lo hubiera planeado. Nada parecía correcto. Desde las vampiras, los judíos, los golems y la thompson. Esos monstruos que jamás había visto y creanme, había visto muchas cosas en esta vida. El escritor no pudo controlarme del todo, pero a la vampira se le había facilitado enormemente.</p>
<p>Vampiras&#8230; ya decía yo que eran una mamada.</p>
<p>-No se te olviden las municiones Armenius.</p>
<p>-No señor.</p>
<p>-Es la segunda vez que te salvo el culo.</p>
<p>-¿Medel?</p>
<p>-Creo que no lo sabes, o te has hecho bien pendejo todo este tiempo. Pero sí hiciste un trato con el Escritor. Te está controlando y ya nos metiste en esto hasta el fondo. Las vampiras no existían antes de esto. Los golems, ni los judíos ninja cabrón. No hay otra forma de que esto sea posible. Después qué sigue&#8230; ¿zombies?</p>
<p>Armenius miró fijamente a mis ojos.</p>
<p>-Mira&#8230; la verdad wey. De verdad no recuerdo si hice el trato. Si te soy honesto, sólo recuerdo que le invité la bebida . Tengo lagunas de ese día y no me queda de otra más que llegar al final para descubrirlo. Te invité porque sé que todavía tenías espinitas por lo de Singapur, y porque si quería algo de valor para recorrer todo el camino, eras el único que me lo iba a dar.</p>
<p>-Y protegerte, ¿verdad huevón?</p>
<p>-Sí. Protegerme también.</p>
<p>Se acabó el cigarro. Lo aplasté con el zapato. El inconsciente de Armenius sabía que no podría solo enfrentar a un demonio que controlara su destino. Por eso había necesitado a otro demonio que le importara un comino. Alguien que pudiera quebrar las reglas, alguien impredecible, alguien.. bueno, el único. Yo.</p>
<p>-No hay nada que agradecer Armenius. Me he divertido mucho. Haz las llamadas que nos vamos a Singapur. Ahhh&#8230; y un favor.</p>
<p>-¿Qué?</p>
<p>-Consíguele un ataúd a Jezabel para el avión. No quiero que se me queme el mejor culito que me he follado.</p></p>
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		<series:name><![CDATA[Ernesto Medel y las vampiras de Polanco]]></series:name>
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		<item>
		<title>El gran capítulo 7708, de una novela mediocre, de un pésimo escritor.</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Apr 2008 02:21:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 11 de 12

Cuando desperté, Armenius estaba dormido y sentado contra el callejón y la vampira estaba a la entrada, protegiendo la calle. Me palpé el rostro. Los litros de sangre que había perdido en mi pelea contra la muerte [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "El gran capítulo 7708, de una novela mediocre, de un pésimo escritor.", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/04/22/el-gran-capitulo-7708-de-una-novela-mediocre-de-un-pesimo-escritor/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 11 de 12</div>
<br /><br />
<p>Cuando desperté, Armenius estaba dormido y sentado contra el callejón y la vampira estaba a la entrada, protegiendo la calle. Me palpé el rostro. Los litros de sangre que había perdido en mi pelea contra la muerte parecían estar en su lugar.</p>

<p><p>Mi costilla ya no me dolía. E incluso, me sentía más joven. No sentía molestias en las rodillas. No sentía pesados los pulmones. No había molesto hormigueo en las articulaciones. Además de putearme me hizo un gran favor.</p>
<p>Me levanté y Armenius despertó al mismo tiempo. Abrió la boca sorprendido, se la llevó al rostro y me señaló.</p>
<p>-¿Tú? ¿Qué haces aquí? -volteó a ver a su alrededor-. ¿Qué hago aquí? ¿Dónde chingados estoy? Medel, no mames manito, no mames, si es venganza por lo de Singapur&#8230; carnal, de verdad lo siento. Perdóname, perdóname por favor.</p>
<p>-¿De que hablas cabrón? ¿No te acuerdas de nada?</p>
<p>-¿Me drogaste en el departamento? ¿Te enteraste de mi último trabajo? Medel, ¿qué quieres güey? Justo te iba a llamar para que me ayudaras. Es que no me lo vas a creer Medel, ¡son vampiras!</p>
<p>-¿Cómo yo, humanito Cazador? -preguntó Jezabel, quien se acercó a escuchar nuestra conversación. Sonrió con todos los dientes. Sus colmillos reflejaron un brillo con la luz de los postes. La cabrona se inclinó coquetamente, apretando con los brazos el escote.</p>
<p>Armenius y yo nos miramos, y luego él gimió un poco.</p>
<p>-¿Qué pedo? ¿Medel, qué pedo?</p>
<p>-Mira tu reloj cabrón.</p>
<p>-Mi reloj&#8230; -Armenius se remangó el abrigo, y miró su reloj. El rostro se le hacía cada vez más pálido con las preguntas que no podía responder. Consecuencias de traer un alma que ya estaba muerta. Olvidar todo lo que padeció para continuar viviendo.</p>
<p>Que poético.</p>
<p>-Te voy a decir lo que te has perdido, carnalito. Ya me enteraste de las vampiras. Ya nos madreamos con el ejército y con una secta de judíos poco ortodoxos. Ya nos metimos a la casa de las vampiras para encontrarnos con que no había ninguna. E incluso, me dijiste que nos llevarías con El Escritor, para que este nos dijera donde podíamos hallarlas. Luego vino uno de tres judíos hijos de puta y te mató.<br /></p>
<p>La vampira no confirmaba nada de lo que decía. Solamente miraba con los ojos pelados, como ya era su costumbre. Eso me puso nervioso para ser francos.</p>
<p>-Me di en la madre con la muerte para traerte de vuelta. Estás aquí porque me di mis putazos. ¿Verdad Jezabel?</p>
<p>-Mi señor, no sé de lo que habla. Jamás lo he visto perder -dijo la vampiresa, muy seria.</p>
<p>Alcé una ceja.</p>
<p>-¿Qué dijiste pendeja?</p>
<p>-Mi señor. No sé de lo que hablas. Recuerdo más que el humanito, ciertamente, pero jamás te he visto perder.</p>
<p>Referencia literaria que le habría encantado al profesor que maté a librazos: Me sentí en el episodio de la cueva de Montesinos. La vampira no quería admitir que había perdido la pelea. Armenius no recordaba nada. ¿Acaso, la mejor pelea en la que me había visto involucrado estaba reservada solamente a mis recuerdos? Ni siquiera tenía una cicatriz que lo pudiera comprobar.</p>
<p>No&#8230; no podía ser así. Ese recuerdo estaría en la memoria de dos personas. Muy bien. Cuando muera, le preguntaré si nuestra pelea fue real. Nomás por si las moscas.</p>
<p>-Medel&#8230; está bien, está bien. Supongamos que te creo Medel. ¿Cómo hiciste para perdonarme lo de Singapur?</p>
<p>-Acordaste pagarme 80 millones de pesos después del trabajo -dije seriamente.</p>
<p>-Te vas a la verga. Te voy a decir lo que seguramente hice: Te pagué los dos millones que te debía de Singapur. Y te di una cantidad para el trabajo. ¿Pero sabes que pasó en realidad? Que insistí tanto en que eran vampiras y en que iba a haber madriza, que fuiste corriendo a verme. Nunca dices que no a los retos.</p>
<p>Sonreí ampliamente. Armenius correspondió la sonrisa un tanto nervioso.</p>
<p>-¿De verdad fuiste por mi al más allá?</p>
<p>-Sí. Me caes bien chaparrito. Si quiero putear vampiras tengo que saber donde encontrarlas. El Escritor, Armenius&#8230; Tú dijiste que sabías donde encontrarlo y que te debía un favor.</p>
<p>-Sí, sí -dijo Armenius. Salió del callejón y se asomó-. Parece tener sentido todo lo que me dijiste Medel, porque estamos justo a media cuadra de su casa. Me preocupan los días que perdí&#8230; pero, bueno, esta bien. Otro día con mis crisis de identidad.</p>
<p>Salí con él. La vampiresa nos siguió de cerca. Estábamos en el centro de la Ciudad de México. República de Uruguay. Tres de la mañana. Miré mi reloj. El tiempo había corrido una semana después de la putiza en Polanco. Si los militares y los judíos eran listos, seguramente ya estaban en camino a madrearse a las vampiras.</p>
<p>-Tenemos que apresurarnos Armenius, o no tendremos pastelito.</p>
<p>-Síganme pues.</p>
<p>Caminamos la media cuadra que prometió. Cruzamos la calle y tocó la puerta de una de esas casonas viejas, de puertas de madera que se pudren cada vez más con las lluvias. No hubo necesidad de tocar una segunda vez porque la puerta ya estaba abierta. El mundo me parecía raro. Habíamos vividos tantos eventos fantásticos en estos últimos días, que tanta normalidad me apesumbraba.</p>
<p>Ya quería matar de nuevo. Esto de conseguir información me parecía aburridísimo.</p>
<p>Armenius no tocó la puerta una segunda vez, porque esta se abrió sola. Entramos y un pasillo largo y angosto, con lámparas de pared a su lado, nos guiaba a una puerta entreabierta. Suspiré. Como todo un caballero permití que la vampiresa pasara primero para verle el culo. Ella accedió leyendo mis pensamientos. Sonrió coqueta mirándome por encima del hombro. Necesitaba algo en qué entretenerme.</p>
<p>-¿Algo quiere mi señor?</p>
<p>-Más al rato.</p>
<p>-Bueno. Pero en serio.</p>
<p>-Sí, sí.</p>
<p>Armenius entró por la puerta y la mantuvo abierta para nosotros. Entramos a una sala llena de libros. Libros viejos y polvosos. Definitivamente, mi profesor aprobaría los últimos 10 minutos de mi vida. Un hombre detrás de un escritorio de caoba, mucho más cuidado que la entrada de su casa, permanecía sentado. Leía tranquilamente y fumaba su pipa. El hombre era viejo, vestía un suéter gris y tenía barba de dos días. En su escritorio había manuscritos aparentemente desordenados.</p>
<p>La vampira se veía inusualmente nerviosa. Del pequeño coqueteo al que nos habíamos sometido, pude notar como tensó sus brazos y sacó sus colmillos. Armenius se mantuvo frente al hombre en silencio. Iba a hablar cuando Armenius me miró por encima del hombro. Su mirada pedía silencio.</p>
<p>Hice geta y me callé.</p>
<p>No sé cuanto tiempo esperamos ahí parados.</p>
<p>La vampira tenía ganas de salir corriendo como un animal. Se le notaba en la mirada.</p>
<p>Miré los títulos de los libros, no había ninguno que reconociera.</p>
<p>Más bien no estaba leyendo. Me miré las manos. No había ninguna cicatriz que hablara de mi pelea con la muerte.</p>
<p>Miré los pelos del escritor. Estaban desordenados.</p>
<p>Una mosca pasó volando. La atrapé con la mano y después la palasté. Eso me hacía sentir mejor. Menos impulso de matar.</p>
<p>La vampiresa no tenía impulso de matar. Tenía ganas de defenderse. ¿Qué tenía ese hombre que la ponía tan nerviosa?</p>
<p>El escritor dejó su libro sobre el escritorio y dedicó largas miradas a cada uno de los tres. Nos sonrió amablemente. La sonrisa hizo que la vampiresa diera un paso atrás. Todos los libros del hombre tenían la cubierta negra y de piel. No me había fijado en ello.</p>
<p>-Yo mismo encuaderno mis libros y si te lo preguntas, Ernesto Medel, también curto la piel de los animales que los protegen. Yo mismo grabo las letras en su cubierta, y por mi propia cuenta los imprimo. No hay placer más grande que estar en el proceso completo de la elaboración de un libro. Tu maestro no sabía de eso, por eso tuviste que matarlo a golpes.</p>
<p>Estaba francamente sorprendido.</p>
<p>-Hace un momento te mirabas las manos, buscando cicatrices de tu batalla contra la muerte. Pensaba que era en sentido metafórico, pero no era así, realmente peleaste con el Hombre de Alas Negras y Rotas. Nunca estará permitido que yo pueda entrar a sus dominios. Puedo vivir con eso. Salvaste a tu amigo aquí presente para que él pudiera pedirme un favor. Un favor que estaba esperando se cobrara desde hace tiempo.</p>
<p>-Verga&#8230;</p>
<p>-Sin embargo, Armenius Anders es un hombre demasiado inteligente. Tanto que logró escaparse de pedirme ayuda aún cuando necesitaba la información más escondida. Su problema es cuando siente el fervor de la aventura en la sangre. Ya perdiste la vida una vez Armenius, pero no eres ningún gato. No vas a tener nueve vidas. Te has ganado mi respeto. Es por eso que este favor te lo regalo y te daré otro más. Te debo un favor después de tu pregunta Armenius. Me gustaría verte de nuevo.</p>
<p>-Preferiría no hacerlo&#8230;</p>
<p>-Armenius, no se trata de lo que prefieras. Sé que tienes miedo a que alguna vez te niegue la información. Temes no volverme a ver. No te preocupes por eso. Los temores son los grandes impulsores de nuestra vida. Es el espíritu que nos lleva a desear, conseguir, aventurarnos. Siempre que tengas miedo Armenius, llegarás a mi casa, a mi puerta, y podremos charlar. Eres bienvenido todavía.</p>
<p>-¿Quién eres tú cabrón? -pregunté.</p>
<p>-Medel, Medel&#8230; ¿Una pequeñez distrayendo tus ansias de matar? Soy un hombre que sabe demasiado. Nada más. Incluso, algunos dicen que yo dicto lo que está por suceder. Por eso me llaman &#8220;El Escritor&#8221;. No digo lo que sé. Sino que se hace lo que sé. Por ejemplo, puedo hablar del dolor intenso que está corriendo por tu brazo.</p>
<p>El brazo derecho empezó a dolerme. Primero eran pequeños piquetes y luego el dolor se expandió.</p>
<p>-O el dolor que se calma y desaparece, porque ese brazo tuyo es el más sano. No sólo de tu cuerpo, sino del mundo entero. Es el brazo más fuerte que jamás haya existido. Ni siquiera los brazos de Atlas, o el que sostenía el arco de Hör, se comparan a tu arma más valiosa.</p>
<p>Mi brazo se hinchó de orgullo. Ya no me dolía. Armenius me miró atentamente todo ese tiempo. No sé si con ganas de callarme, o detenerme, o simple curiosidad de saber si pasaba todo lo que El Escritor decía. Me encogí de hombros.</p>
<p>-Necesito que me disculpen, como lo están haciendo justo ahora. Había tenido tantas ganas de conocer a Ernesto Medel que perdí la noción de mi nefasta y larga introducción. No es costumbre demostrar a todos el poder que poseo sobre el destino de todos los seres humanos. No es algo intencional, y tampoco puedo abusar mucho de ello, o me convertiría en mi propio personaje. En el momento que yo dicte mi propio destino, entonces entraría a un círculo vicioso donde el descontrol de mi poder modificaría la realidad de manera insospechable.</p>
<p>Y sonrió, muy contento por cierto, el hijito de puta.</p>
<p>Sólo es un tipo con demasiada información. Me dije. Demasiada información puede enloquecer a una persona y hacerle creer que tiene poder sobre la realidad. Sugestiones. Conocí muchos verdugos, doctores que disfrutaban la tortura, o espías, con ese poder de sugestión. Por un momento me ilusioné y pensé que el cabrón podía decirme de mi duelo con la Muerte. Escribirlo y darme una copiecita aunque fuera.</p>
<p>-Señor Escritor -dijo Armenius con todo respeto-. Sabe entonces porque estoy aquí.</p>
<p>-Necesito comas.</p>
<p>-¿Perdone?</p>
<p>-Nada. ¿Decías?</p>
<p>-Las vampiras, señor Escritor. ¿Dónde puedo encontrar a las vampiras?</p>
<p>Jezabel continuaba tensa. El Escritor se le quedó mirando unos minutos.</p>
<p>-Todo es por siete. O por dos. Por dos y son sietes. El siete es el número de la perfección. ¿Lo sabes, mi querida vampiresa? ¿Sabes de mí, no es cierto? ¿Sabes que no puedes saltar porque yo te he puesto ese aro invisible que te controla? No puedes atacarme. Nadie. Tengo tantos nombres como el hombre sin rostro o como el señor que todo lo sabe. Puedo hacer tu vida tan insignificante. Todos los años que has vivido se pueden resumir a dos palabras si lo deseo.</p>
<p>-Señor Escritor&#8230;</p>
<p>-Perdona Armenius, perdóname.</p>
<p>-Disculpen, yo si voy a sentarme un ratito -les dije. Encontré una silla que&#8230; extrañamente, antes no estaba ahí, y dejé caer mis posaderas. No era un verdugo o un espía con poderes de sugestión. Probablemente era un demonio. Un espíritu inflado.</p>
<p>-Busca en los bolsillos de tu abrigo. He guardado ahí un papel con la información que necesitas -dijo el Escritor amablemente-. Es todo lo que puedo hacer por ti. No debo involucrarme mucho en la historia y te agradecería que no leyeras el papel en voz alta. Interrumpirías la otra historia que estoy escribiendo. No puedo arriesgarme a perderlo.</p>
<p>-Entiendo. Entonces nos vamos.</p>
<p>-Chingada madre, si me acabo de sentar.</p>
<p>-Vámonos Medel.</p>
<p>Jezabel me miró y asintió furiosamente.</p>
<p>Me golpeé las rodillas con las manos y me levanté desganado-. Ta bien, ta bien. Ya no estén chingando pues.</p>
<p>Salimos por el mismo pasillo angosto por el que entramos. Mientras caminábamos, las luces empotradas a la pared se apagaban. La puerta de la entrada se abrió y salimos.</p>
<p>-Esa puerta ya no se abrirá en un rato.</p>
<p>-¿Me quieres explicar que chingados pasó allá adentro?</p>
<p>-Un demonio -dijo la vampiresa-. Son demonios que pueden encaminar el destino de los hombres y provocan la desgracia. No sólo es uno. Son varios. Existen en todo el mundo. ¿Hiciste un trato con él, humanito?</p>
<p>-No.</p>
<p>-¿No mientes?</p>
<p>-No.</p>
<p>-¿Entonces cómo lograste que te debiera un favor?</p>
<p>Armenius se quedó callado. Se frotó la cara por unos segundos.</p>
<p>-No lo sé, vampiresa. Simplemente me lo encontré en una cantina, le pagué un trago porque no tenía dinero en sus bolsillos y me dijo que le debía un favor. Me dijo que le llamaban El Escritor y pregunté por él en el bajo mundo. Entonces supe que él tenía toda clase de información y que no había cosa que no supiera. Nadie me habló de desgracias. Lo que te puedo decir es que esa plática en el bar fue jodidamente rara y que me impresionó tanto, que lo creí todo.</p>
<p>-Se ha fijado en ti, humanito. Eso no es bueno.</p>
<p>-También se fijó en ti, y en Medel.</p>
<p>-Por ningún motivo hagas ningún trato con él, y es mejor que nos vayamos pronto, antes de que se le ocurra escribir nuestra historia.</p>
<p>-Eso no pasará -respondí tranquilamente, en lo que buscaba con la mirada algún coche. Íbamos a necesitar transporte si queríamos salir corriendo a matar vampiras.</p>
<p>-¿Por qué?</p>
<p>-Mera lógica. Son varios demonios controlando el destino de ciertos hombres. Si todos tienen el mismo poder, seguramente entran en conflicto o se anulan. Esos hombres tienen que firmar algún contrato para que el demonio controle su destino, entonces no hay problema. Te debe un favor. Hasta que no te diga que hay un trato de por medio, no debes temer Armenius&#8230;</p>
<p>-Mi señor&#8230; con todo respeto, el humanito no debe considerar acercarse más a ese monstruo, si no quieres sacarlo de nuevo de las garras de la muerte.</p>
<p>-Ya pues. Mi compadre es muy inteligente, no va a pasar y no mamen. Mi compadre seguramente ya entendió que no lo voy a ir a salvar de nuevo. A lo que nos truje: Vampiras. QUIERO MADREAR VAMPIRAS.</p>
<p>Los dos se callaron cuando caminé rápidamente hacia una caribe estacionada. Rompí el vidrio con mi brazo de Hör, ja. Me subí, le abrí a los demás las puertas y me puse a buscar los cablecitos de corriente.</p>
<p>-Además, todo este tiempo, he sido yo quien ha escrito esta historia.</p>
<p>Dijo Medel, y se chingan.</p></p>
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		<series:name><![CDATA[Ernesto Medel y las vampiras de Polanco]]></series:name>
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		<title>3584 campanas tintinean en mi corazón.</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Apr 2008 07:22:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 10 de 12

Este es el momento para una confesión muy personal: Si no fuera tan buen asesino, viviría contento en mi madriguera leyendo anime y manga. Ernesto Medel, otaku. Es algo que no le digo a cualquiera. Por eso [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "3584 campanas tintinean en mi corazón.", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/04/17/3584-campanas-tintinean-en-mi-corazon/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 10 de 12</div>
<br /><br />
<p>Este es el momento para una confesión muy personal: Si no fuera tan buen asesino, viviría contento en mi madriguera leyendo anime y manga. Ernesto Medel, otaku. Es algo que no le digo a cualquiera. Por eso entenderán que cuando el Señor de los Muertos me llamó: Shinigami Medel, los ojitos se me hicieron como estrellas y escuché el sonido de las campanas doblar mi corazón. Por quien doblan las campanas soy yo.</p>

<p><p>Peleamos, y como peleamos todas las noches y todos los días. Todos los años. Hay tres personas que en su vida pueden contar como es el Señor de los Muertos sin la capucha negra: Armenius Anders, Ernesto Medel y Jezabel Jaramillo. ¿Saben cómo es? No voy a revelar todo el secreto. Si lo hago, cometería un pecado horrible. ¿Tenerle miedo al pecado? Siempre hay una primera vez.</p>
<p>Su pecho estaba lleno de cicatrices. Un tornillo de ocho pulgadas sobresalía de su clavícula. El hombre era la imagen viva del dolor. En su espalda, también cicatrizada, había dos muñones que indicaban que hubieron alas en algún momento. Los cuervos hicieron un círculo alrededor de nosotros y graznaron todos los nombres del mundo. Armenius y Jezabel, a mis espaldas, sólo podían mirar boquiabiertos un espectáculo que jamás habría de repetirse en su vida.</p>
<p>El señor de los muertos levantó sus manos y un ring circular de tierra se alzó en un mundo de tinieblas y reflectores espirituales. Nomás porque debía buscar a seis vampiras, que si no moría en ese momento. Moriría sonriendo y feliz. El Señor de los Muertos parecía estar de acuerdo conmigo porque lo miré sonreír. La muerte sonriendo debe ser el acto supremo de amor en el mundo.</p>
<p>El gran espectáculo. Ernesto Medel contra la Muerte.</p>
<p>Rugido de multitudes fantasmales hizo eco en la arena. Armenius se acercó para limpiarme el sudor, mientras un cuervo hizo lo propio con la Muerte. Y, Jezabel, Jezabel jamás se había visto tan sabrosa en ese vestido entallado rojo, que cuando pasó con un gran cartelón que decía: &#8220;Round 1&#8221; por todo el ring. Alguien tocó una campana. Muerte y yo hicimos una carrera para meternos el primer putazo de la noche. Un putazo tan potente que hizo mella en el ring de tierra.</p>
<p>Probablemente es que en ese mundo era más fuerte, probablemente es que estaba tan emocionado que mis niveles de adrenalina estaban al máximo, probablemente muchas cosas, pero mi derechazo golpeó su mejilla y dobló su rostro. Escupió saliva. Vomitó el desayuno. La Muerte cayó algunos metros por el poder de mi brazo, y no fue hasta verlo apoyándose para levantarse, que sentí que su puño había dañado severamente mis costillas, sobre todo la que tenía rota.</p>
<p>¡Medel! ¡Medel! ¡Medel!, gritaban la vampira y el cobarde, mientras los cuervos continuaban graznando en todos los idiomas todos los nombres del Señor de los Muertos. Se levantó un tanto sorprendido y se carcajeó. Alabó mis puños, no mucho tiempo, porque se acercó aplicando el dempsey roll y puta madre, que buen gancho metió directo en mi quijada. Ese, en cualquier otro espacio, en otro tiempo, habría matado al pobre cabrón que lo recibiera. Me alzó un metro, se los juro, y caí de pechito antes de girar múltiples veces en el aire.</p>
<p>Me levanté, no podía dejarlo así, me levanté y a huevo que me levanté. La muerte ya estaba en una de las esquinas del ring, mostrándose esplendoroso como era. Los brazos extendidos como Cristo Redentor. La Muerte se giró para retarme con abrazarme, con aventarse sobre mí. Yo lo llamé con la mirada. Cualquiera habría pensado que recuperó las alas cuando se aventó.</p>
<p>Lo recibí con mis brazos. Lo levanté desde abajo de los hombros y lo estrellé contra la tierra. El respondió pateándome el estómago. Mis piernas respondieron a mi necedad, obligándome a no caer de nuevo. Me lancé sobre la Muerte y golpeé su rostro. Mis nudillos se llenaron de su sangre. Mis nudillos se llenaron de su saliva y sus quejidos. Mis nudillos se llenaron de mi señor, el único señor al que he respondido toda la vida. Podía escuchar las alabanzas de Armenius y Jezabel, animándome a continuar golpeando.</p>
<p>Pero es el destino de nosotros, los pobres hombres, que estamos sujetos a su yugo. La Muerte, un ser divino, levantó su mano y sentí dolores agudos en cada articulación a mi cuerpo. Me levanté para alejarme de él y las piernas me dolieron como si tuviera gota. Quise decirle alguna grosería, pero el dolor no permitía abrir la quijada y mis dientes. Mis dedos se enchuecaron como los de un artrítico. Mi vientre se expandió como si tuviera un tumor cancerígeno.</p>
<p>Mi corazón campaneaba.</p>
<p>Con mis piernas hechas añicos, mis brazos rotos y mis dientes molidos, me acerqué una vez más a La Muerte y seguí golpeando. Los golpes debían dolerle, puesto las manos me dolían como si estuviera en el infierno. Golpeaba y golpeaba. Sin parar. El Señor de los Muertos detenía mis golpes con su antebrazo. Detenía mis patadas con sus propias piernas. Pero podía escucharlo, podía escuchar su respiración agitada. Es el mismo lugar, lo comprendí, al que llegan todos aquellos que tienen que caminar por su pasillo mientras están en la cama del hospital.</p>
<p>Mis oídos sangraban, mi nariz goteaba, mi boca enrojecida y mi lengua putrefacta. No tenía la sonrisa más bella, pero era la más sincera, porque seguíamos madreándonos como los compadres después de una noche de honestidad y de copas. De reojo miré que la vampirita estaba llorando y Armenius se frotaba la cara nerviosamente. La verdad es que nunca me habían visto perder. Ni yo mismo, me había visto tan humillado como ese día. En mis últimos trabajos había comprendido mi lentitud por la edad, pero había ganado.</p>
<p>La Muerte, delicada como una mujer, detuvo mis manos con las suyas y me sonrió de vuelta. Estaba sin un rasguño. Pobre humanito, como diría la vampira, que sintió podía alcanzar el sol sin quemarse. La Muerte me abrazó y acarició mi cabello cuando era joven. No soportaba el dolor en las piernas, ni en los brazos, ni en el pecho, ni la boca. Pero su abrazo bastó para sanarme. Nos encontramos carcajeándonos, humano y dios, en ese pequeño instante donde los planetas convergen y durante una fracción de segundo, todos somos uno y uno somos todos.</p>
<p>Yo soy Muerte, soy Medel y Muerte es Medel y Muerte.</p>
<p>Me dejó tirado en el ring de tierra, recogió su chamarra y se la puso. Se acomodó la chaqueta, buscó un cigarrillo en sus bolsillos y lo prendió. La vampirita ya se encontraba arrodillada acariciando mis heridas, como si de verdad me quisiera. Armenius continuaba frotándose la cara incrédulo.</p>
<p>Tal vez&#8230; no todos los dioses son dioses. Tal vez&#8230; ellos creían tanto en mi que pensaban podría ganar esta pelea. Después de todo, logré tirar a la Muerte y darle sus putazos en la cara. Pero el resultado, lo sabía desde mucho antes empezara esto. La Muerte quería enseñarme que aún a mi, me llegaría mi hora. Que si no me llevaba algún pinche narco, militar, ninja, dinosaurio mutante&#8230; Él vendría personalmente por mi a darme de catorrazos.</p>
<p>No se me quitaba la sonrisa de la pinche cara, aún cuando la sangre ya estuviera secándose en mi rostro y sintiera como los dientes se rompían, de tanto que los apretaba por el dolor. No se me quitaba la sonrisa. Todavía alcé mi rostro para ver como La Muerte se fumaba su cigarro y me contemplaba en silencio. Me respetaba. La necedad de pelear contra los dioses, pensaba mi cabeza furiosamente, la maldita necedad por desafiar a los dioses.</p>
<p>Alzó su mano para despedirse, y eso fue todo.</p></p>
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		<pubDate>Tue, 15 Apr 2008 01:05:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Sueño-Insomnio]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy soñe con tres diablos. Uno era gris. Uno era rojo (y además, era Steve Buscemi). Y el tercero, era negro (igual al Dark Defender en Dexter). Los tres, tenían poderes sobrenaturales asombrosos que no recuerdo. Durante el sueño me enteré que yo también era un diablo. Sin embargo era un diablo que deseaba ser [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Tres diablos", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/04/14/tres-diablos/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Hoy soñe con tres diablos. Uno era gris. Uno era rojo (y además, era <a href="http://imdb.com/name/nm0000114/">Steve Buscemi</a>). Y el tercero, era negro (igual al Dark Defender en <a href="http://imdb.com/title/tt0773262/">Dexter</a>). Los tres, tenían poderes sobrenaturales asombrosos que no recuerdo. Durante el sueño me enteré que yo también era un diablo. Sin embargo era un diablo que deseaba ser humano. Cuando el sueño terminaba, Steve Buscemi, el rojo diablo, se acercó para decirme-. Los tres hicimos un pacto por tu humanidad. No lo entendía, hasta que pregunté lo que temía preguntar: ¿Ustedes tres, se sacrificaron por mi? -Steve Buscemi asintió.</h3>

<h3>Desperté arrepentido y apretando los dientes.</h3>
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		<title>1792 muertitos que se acuerdan de mi.</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2008 08:59:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 9 de 12

El reino metafísico de los muertos&#8230; perdón, es que me gusta la palabra: Metafísico. Ese reino, el que llaman el más allá, es un lugar complicado. Por eso, siempre que viajo en él, mejor lo hago con [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "1792 muertitos que se acuerdan de mi.", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/04/09/1792-muertitos-que-se-acuerdan-de-mi/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 9 de 12</div>
<br /><br />
<p>El reino metafísico de los muertos&#8230; perdón, es que me gusta la palabra: Metafísico. Ese reino, el que llaman el más allá, es un lugar complicado. Por eso, siempre que viajo en él, mejor lo hago con los ojos cerrados. El taxista Caronte, nos recogió en la carretera y nos levantó a los tres. La vampirita se fue conmigo, Armenius se fue en el asiento del copiloto. Tan pronto Carlos Monte nos miró, hizo una expresión de fastidio y mejor nos abandonó muy tranquilamente en su silencio, el camino, el kilometraje por hora y otras cuestiones que para nosotros, meros mortales, son inexistentes.</p>

<p><p>Yo cerré mis ojitos y me quedé dormido. Medio desperté para escuchar tres cosas durante todo el viaje:</p>
<p>-Esos pinches esqueletos y sus guadañas, me provocan escalofríos -dijo Armenius.</p>
<p>Me dormí.</p>
<p>-Esa niña y esa mujer con su violín, debajo del árbol, me parecen de una sangre fresca y deliciosa -dijo la vampira, agarrándome la entrepierna. Seguro se emocionó por la erección de la duermevela.</p>
<p>Pero preferí dormir.</p>
<p>-¡A la madre, son un chingo de cuervos! ¡No había visto tantos cuando llegué!</p>
<p>Me dormí otro rato.</p>
<p>Fue cuando Caronte, con la brusquedad de su apariencia, su piel ceniza y las arrugas de su rostro, su larga barba y su cabello graso, se volteó para decirnos amablemente-: Ya llegamos. Si hacen favor de bajarse para que yo regrese a trabajar con muertos de verdad&#8230;</p>
<p>-Tiene tiempo que no compartíamos palabras, Carlitos -le dije al señor de la gorra, mientras bajaba del taxi. Caronte bajó el vidrio de su taxi y me sonrió.</p>
<p>-Tenías trece años, la última vez que viniste. E hiciste lo mismo, te quedaste bien getón todo el camino. ¿Te da miedo la verdad universal? ¿La construcción metafísica -sonreí-, que teje tu mundo y el universo entero?</p>
<p>-No. La verdad es que no. Cuando no hay nada que hacer, prefiero dormir un ratito. Es mejor juntar las energías.</p>
<p>-La última vez que viniste Ernesto, no habían muertos que buscaran venganza.</p>
<p>-¿A poco no los trabajó todos ya el jefe?</p>
<p>Jezabel y Armenius compartían miradas. Parecían sorprendidos de saber que no era mi primera vez en este mundito tan especial. No los culpaba. Con Caronte debía ser especialmente buena onda, porque era quien nos iba a dar el <span style="font-style: italic;">ride</span> de regreso.</p>
<p>Además, Singapur me parece mil veces más divertido. Si tienen oportunidad, mejor cómprense un boleto de avión a Singapur, en vez de buscar el reino del más allá. Un lugar como estos es para hippies, para rojillos, para militares jóvenes, románticos incurables, realistas mágicos, narcotraficantes arrepentidos, cobardes bien entrenados, vampiresas mamadoras y cactos parlanchines.<br /></p>
<p>-La verdad no sé, Ernesto. Pero según los números que veo sobre tu cabeza, has matado a 1792 personas.</p>
<p>-Es que estoy enfermito. Es una condición médica. ¿Tú crees que me de chance de llevarme a este cabrón a cambio de mi cuenta?</p>
<p>Caronte se encogió de hombros.</p>
<p>-Más adelante, esta el laberinto de las imágenes. Atravesando ese lugar llegarás con el Señor de Todas las Respuestas. Él te puede responder esa pregunta. Yo no.</p>
<p>Carlos Monte prendió el motor de su carcachilla, hizo una sonrisa medio ogete y se largó por el mismo camino. Antes de que se fuera, alcancé a gritarle-: ¡No se te olvide pasar por nosotros! (hijo de tu pinche madre).</p>
<p>-Mi Señor, ¿puedo tomar su mano? -preguntó Jezabel bien asustada.</p>
<p>-Ni madres. Aquí si me ve mi ex-esposa si me madrea. Mejor al ratito me la mamas.</p>
<p>Frente a nosotros, se encontraba la puerta al pasillo de las imágenes. Una puerta hecha de humo, pero que era tan sólida como un hierro. Habían pasado tantos años que ya no me acordaba del camino, ni todo lo que había hecho para llegar hasta el final. Miré a Armenius, quien me miró de vuelta.</p>
<p>-No llegué hasta aquí, manito.</p>
<p>-No me digas manito.</p>
<p>-¿De verdad no puedo tomarle la mano, mi señor?</p>
<p>-Como chingas. Dije que no.</p>
<p>Jezabel y Armenius, temblaban de miedo. La vampiresa me miró un poco dolida por negarle la mano. Suspiré, y al ver su pucherito, se la regresé-: Sigue chingando y aquí te dejo. De ahora en adelante bien portada.</p>
<p>Armenius tragó saliva.</p>
<p>-¿Entramos o qué pedo?</p>
<p>-Pues, ¿no te podemos esperar aquí? Yo me quedo a vigilar a la vampira.</p>
<p>-Como serán cobardes. Debo llevarte pinche Armenius, para enseñarle a quien me voy a llevar y si dejo a la vampirita sola, van a venir los cuervos y se la van a coger. No hablo en el sentido placentero cabrona, ni vayas a sonreír.</p>
<p>Para no discutir más, empujé las puertas de humo, tan duras como el hierro, y entré al pasillo de las imágenes. El nombre de ese lugar no es nada original. Los muros están hechos de niebla, y la niebla forma imágenes de tiempos pasados. Unos dicen que son otros universos. Otros dicen que son historias de viejitas. Y algún pendejo, dijo carcajeándose, que eran cuentos demasiado verdaderos.</p>
<p>Había imágenes de la cabeza de un rottweiler montada sobre un esqueleto. Doblando una esquina, encontramos la imagen de una anciana cieguita, leyendo una carta. En otros tantos pasillos más, había un niño cortando la cabeza de una rata con una guillotina. Armenius y Jezabel seguían mis pasos rápidos y seguros. No se despegaban de mi por nada. Seguimos caminando varias horas, hasta que encontré una imagen que llamó mi interés.</p>
<p>Era el rostro de un narcotráficante que había matado mientras estábamos en el ejército. Chacho &#8220;Motitas&#8221; Argüelles. El mismo rostro redondo, el bigotito, la barbilla quebrada, esas cosas que le hacían parecer un bonachón cuando en realidad era un hijo de puta. Varias de las muertas de Juárez, no sé exactamente cuantas, se encuentran anotadas bajo su documento clasificado en el Archivo de la Nación. Glorioso él.</p>
<p>El rostro se asomó, adquirió forma y se convirtió en un cuerpo que empujó por salir del pasillo. Su rostro adquiría una enorme sonrisa conforme empujaba con las manos para sacar su cuerpo. La vampiresa, con la velocidad que le caracterizaba, alcanzó a rebanarle el cuello con las uñas y convertir al hombre en humo, antes que lograra salir por completo.</p>
<p>El problema es que no era el único.</p>
<p>En el pasillo, mientras el Motitas se disolvía en el olvido, otros rostros más asomaban su cara para mirarme a mi. Armenius metió la mano a uno de los muros de humo y sacó un puñado como si fuera una nube de algodón.</p>
<p>-Verga. Si funcionó.</p>
<p>-¿Qué funcionó?</p>
<p>-El humo del pasillo. Espera, deja&#8230; -Armenius se puso a trabajar con el humo del pasillo como si fuera arcilla. Jezabel, ignorándolo, atacó el cuello de los fantasmas que se asomaban por el pasillo. Yo me troné los huesitos de las manos y el cuello. Pensaba que sería divertido, hasta que vi la cara del Motitas asomándose de nuevo por otro de los pasillos. La pelea no sería nada fácil.</p>
<p>Si quieren saberlo: Sí, recuerdo cada uno de los mil setecientos noventa y dos nombres que iban apareciendo frente a mí. Incluso podría hacer una pequeña enciclopedia, acomodándolos primero por apellido y luego por nombre. Por ejemplo, podía ver a López Villaseñor Angel, López Triana Humberto, López Ugalde Ignacio, López Urbano Modesto, etcétera, etcétera. No quisiera decirles todos los nombres, o no habría otra cosa en el capítulo.</p>
<p>Me puse a romper cuellos como lo hacía la vampirita. Tan pronto un fantasma se me acercaba, lo tomaba directo del cuello y lo aventaba de nuevo al muro. O bien, lo alzaba del cuello y lo estrellaba al piso. O tomaba los cuellos de dos fantasmas y les estrellaba la cabeza. Cuando eran de a cinco o más, el impulso de sangre me obligaba a moverme más rápido, tan rápido como pudiera, para golpearles el estómago, las piernas, romperle las costillas de humito, pisarles los huevos de niebla, morderles el corazón de hielo.</p>
<p>-Ya mero acabo Medel, síguele peleando -me dijo Armenius.</p>
<p>La vampira cuidaba a Armenius, para que los fantasmas no se acercaran a él. Era como un torbellino de muerte que se tragaba a los fantasmas agresores. Por un momento pensé que podía dejarla en su batalla eterna y seguir el camino. Sabía, por la cantidad de fantasmas que había, que llegarían a mi límite. Pelear con el aire no era pesado. Pelear con la edad, sí. Tal vez podría rematar a cada uno de esos cabrones hasta tres o cuatro veces, pero en algún momento iba a morir y bueno, ya saben, la muerte es inexorable. Cuando te toca, te toca y ya.</p>
<p>Pero no lo iba a permitir. Primero debía cogerme a seis putitas colmilludas en algún lugar del mundo. Y para eso, debía llevarme al pendejo de Armenius conmigo.</p>
<p>Diez fantasmas sobre mi espalda. Sus manos heladas empujaron mi piel. Sus manos heladas querían tocarme la sangre para congelarme, parar mi circulación, ataque al corazón. Sin embargo, los que terminaban con las manos quemadas eran ellos por la velocidad en que mi sangre circulaba por mis venas. El impulso de sangre era demasiado para estos muertos que ya habían terminado en mis manos alguna vez.</p>
<p>Gerardo Ortiz, Aarón (el judío), Oswaldo Ibarra, Hernando Gómez, Pablo Montesinos, Ingrid Irigoyen, John Goldwin, Hamashi Ito, Hernesto de los Cisneros, Claudio Fernandes.</p>
<p>Jugaba con ellos. Mis manos los tomaban y los hacían uno solo. Mis manos atravesaban sus ojos, sus pechos, su sexo. Mis manos fuertes, en ocasiones, los dividían a su más mínima expresión y explotaban como granitos de arena cuando el napalm caía sobre las tierras del medio oriente. Más pequeños aún que granos de arena. Pequeños destellos. Estrellas irreconocibles. Puntos más pequeños que el punto final de una obra literaria. A huevo.</p>
<p>-Listo Ernesto, no te me desesperes cabrón -dijo Armenius. No sé que armó el cabrón que parecía un arma que se montaba sobre su espalda y con un arnés, pasaba frente a él para sostenerla con las dos manos. Un arma de humo, que no sé como iba a funcionar. Armenius levantó el arma y apretó los dos gatillos que unían a un sólo cañón.</p>
<p>Aunque la vampiresa y yo, no vimos nada, los fantasmas huyeron despavoridos. Donde apuntaba Armenius, fantasma desaparecía o se caía. Ninguno de estos fantasmas parecía regresar, porque ya no volví a ver el rostro bien reconocido del Motitas el cual cayó al instante cuando Armenius le apuntó al arma. El arma no hacía ningún sonido, pero podía ver un destello que se reflejaba en los ojos de Armenius. Un reflejo retorcido. Un brillo que no existía en el mismo plano que nosotros.</p>
<p>Por eso, odio el mundo de los muertos. Cuando quiere es demasiado perro y no se le entiende nada.</p>
<p>Fue cuando Armenius tomó la delantera y nosotros le seguimos. Era nuestra oportunidad para escapar. Corrimos por los pasillos, aprovechando la protección de Armenius. La vampiresa cuidaba la retaguardia, rasguñando jubilosamente a cualquier fantasma descuidado que no estuviera frente al compadre.</p>
<p>Y llegamos, a otra puerta como la del inicio. Empujamos la puerta, entramos y la cerramos tras nosotros. Tan pronto llegamos, la invención de Armenius se disolvió como si jamás hubiera existido. Aunque no había luz alguna, podíamos mirarnos unos a otros y lo que es más&#8230; a unos pasos, tal vez unos cien, un hombre de chamarra negra y jeans, sentado en una silla de madera, se fumaba un cigarrillo como burlándose de nosotros.</p>
<p>-Muy inteligente, usar el humo del pasillo.</p>
<p>-Gra-gra&#8230; gracias señor -respondió Armenius.</p>
<p>-Y tú, ¿deseas saber cuántos años te quedan de vida, vampiresa?</p>
<p>-No, no, para nada. Yo estoy muy bien acompañando al humanito y a mi señor. Mejor no me cuentes los años.</p>
<p>-Ernesto&#8230; mi querido Ernesto.</p>
<p>-Sí, señor. Dígame -No lo voy a negar, quería pedirle un autógrafo. Yo he matado solito a 1792 personas. ¿Pero se imaginan cuántos lleva él?</p>
<p>-No puedo permitirte que te lleves a tu compadre, sin antes pedirte un favor.</p>
<p>-Yo no puedo permitirte, con todo respeto señor, que no me permitas llevarme a mi compadre. Si el favor es sencillito lo haré con mucho gusto.</p>
<p>El Señor de los Muertos se levantó de su asiento. Uno de sus cuervos aterrizó gentilmente sobre su hombro.</p>
<p>-Quiero que nos rompamos la madre.</p></p>
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		<series:name><![CDATA[Ernesto Medel y las vampiras de Polanco]]></series:name>
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		<title>Llegarás en 896 años, al pasillo de la Muerte.</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2008 19:48:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 8 de 12

No puedo contarles como llegar al reino de la Muerte. Es un secreto que tenemos los buenos asesinos. Y digo los buenos. Habemos al menos tres en el mundo. Nosotros tres, nos hemos visto frente a frente [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Llegarás en 896 años, al pasillo de la Muerte.", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/03/28/llegaras-en-896-anos-al-pasillo-de-la-muerte/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 8 de 12</div>
<br /><br />
<p>No puedo contarles como llegar al reino de la Muerte. Es un secreto que tenemos los buenos asesinos. Y digo los buenos. Habemos al menos tres en el mundo. Nosotros tres, nos hemos visto frente a frente con el de la capucha negra, y también&#8230; no sé como explicarlo. Denme tiempo.</p>

<p><p>¿Cómo escapamos de la casa de los judíos? No escapamos. No. No se trataba que escaparamos, sino que no saliéramos a matarlos a todos. Entre la vampira y yo, fácilmente habríamos tomado la vida de todos los combatientes.</p>
<p>Nos desviamos para viajar al reino de la Muerte. Ese punto que parece tan lejano, pero tu sangre, sabe que no lo es tanto. Cargué el cuerpo de Armenius en el hombro. Jezabel me miró incrédula. Era tierna cuando lo hacía, porque el culo parecía apretársele y las tetas se le inflaban bajo el vestido ceñido.</p>
<p>-¿Mi señor, vamos por el humanito?</p>
<p>-¿De cuándo acá me dices, &#8220;Señor&#8221;?</p>
<p>-Desde que hiciste tu voluntad conmigo, señor.</p>
<p>-Quieres decir, que te la metí hasta la garganta y me vine en tu boca.</p>
<p>-Ciertamente, señor.</p>
<p>-No hay de qué, pinche mamona. Sí. Viajaremos al reino de los muertos a buscar a Armenius.</p>
<p>Jezabel continuaba sonriendo. O era una vampiresa muy distraída, o ignoraba de manera perfecta cualquier insulto. Con Armenius en el hombro, caminé a la habitación de los ataudes. El judío tenía su garganta rajada, y algo de sangre aún emanaba de su cuello. Aquí vi por última vez al señor de los muertos. Aquí podría encontrar una entrada.</p>
<p>No puedo contarles como llegar. No exáctamente. Sólo tres personas sabemos como hacerlo.</p>
<p>-¿Al reino de la muerte, señor? ¿Eso existe?</p>
<p>-¿Las vampiras existen?</p>
<p>Se quedó bien calladita la pendeja. Sonriendo, pero calladita. Después de algunos minutos de silencio, la mujer se acercó al judío y empezó a lamerle la sangre. Estaba todavía fresca. No tan calientita, pero fresca. Lamió antes de que se convirtiera en un guiñapo de costras y sangre seca. Verle la lengua casi me provocó otra erección. Hice una mueca. Debía concentrarme.</p>
<p>De reojo, cuando estás muy cansado, puedes mirar sombras. ¿Te ha pasado? O pasa cuando recién despiertas. ¿Si te has dado cuenta? No enfocas la mirada al frente, no ves nada, simplemente mantienes la mirada a tu lado. Te vuelves un vigilante. Un pilar metafísico del mundo. Ay güey, que palabrotas pinche Medel. Sí. Miras movimientos. Miras sombras. Miras pequeños insectos paseando en las paredes. Miras espíritus.</p>
<p>Atravesando las sombras, dejando de saltar por ellas y ausentándose más, sincroonizando la respiración con el río metafísico, encontrarás el Reino de la Muerte.</p>
<p>-Toma mi mano, Jezabel.</p>
<p>Nunca le pedí su mano a mi ex-esposa, y nunca fui al reino de los muertos por ella. Verán, hay muertos que deben quedarse muertos. Ella es uno de ellos. Desde que la mataron los narcos. Sentí la mano fría de la vampira en la mía y atravesé el umbral. Pronto estaríamos ahí.</p>
<p>-896 años escapando del reino de la muerte, mi señor, y tú me llevas como si fuera un paseo.</p>
<p>-Y bien bonito. Ya lo verás.</p>
<p>La vampiresa casi inexpresiva, si no fuera por la sonrisa de siempre. Las palabras de Jezabel parecían tener un efecto poderoso en sus pezones. El cuerpo de Armenius se sintió más pesado. Nuestros cuerpos vibraron y se separaron en átomos. El hombre que me enseñó artes marciales, Sensei Gorostiza, insistía que todo lo debíamos separar en partículas de polvo, y aún más allá. Hasta su precisa y mínima reducción. Era mamón el güey. Bien mamón.</p>
<p>Y me acordé de mi cuate, el Simón Dor. Uno de los tres.</p>
<p>-Cierra los ojos Jezabel.</p>
<p>Y cerramos los ojos.</p>
<p>-Abre los ojos Jezabel.</p>
<p>Y abrimos los ojos. Estábamos en la carretera. Un amplio campo de espigas de trigo estaba a los lados. En él, solté a Armenius.</p>
<p>Y Armenius adquirío consciencia. Su cuello recuperó su lugar. Sus ojos se abrieron, y cuando abrió la bocota, dijo lo siguiente-: Ahora si puedo hablarte de Singapur y no me vas a poder matar, hijo de tu pinche madre -y se carcajeó. Se levantó y se paró a un lado de la vampira, sorprendida por la resurrección de los muertos.</p>
<p>Jezabel parpadeó muchas veces. Se alejó un poco de Armenius, se borró su sonrisa y abrió los ojos como dos platotes de sopa ranchera. El alma de Armenius había regresado a su lugar. Cuando un alma regresa a su cuerpo, es tan poderoso y &#8230; bendito &#8230; que el cuerpo se arregla. Él ya estaba vivo, lo cual era sumamente fácil.</p>
<p>Lo difícil, era pedirle permiso al Señor de los Muertos para llevármelo.</p>
<p>-Sabía que vendrías por mi carnalito -dijo Armenius.</p>
<p>-Vete a la verga. Sólo porque ya me clavé en matar vampiras.</p>
<p>-Dirás lo que quieras, pero lo hiciste porque eres mi super cuate.</p>
<p>-Vete a la verga.</p>
<p>A lo lejos de la carretera, había un par de faroles prendidos. Si no me equivocaba, venía en camino el taxista Caronte. Nuestro puente al mundo. Si queríamos salir con vida de aquí, incluyendo la vampirita Jezabel, teníamos que tratarlo bien. Armenius miró hacia allá. Su breve estadía en el reino de los Muertos había rendido frutos, porque nos dijo-: No se preocupen, nos va a llevar directo con la Muerte. Hablé con él. Me dijo que le parecía sumamente divertido.</p>
<p>-¿Sumamente?</p>
<p>-Utilizó esa palabra, y sonrió mucho. Así que le creo.</p>
<p>-Le voy a sumir esta.</p>
<p>-Mi señor&#8230; -dijo Jezabel, un poco cachondilla y sonriendo de lado.</p>
<p>-Ya Medel, no viniste aquí para provocar desmadres.</p>
<p>-Esta bien, esta bien. Educación, lo sé, con mucha educación saldremos de aquí.</p>
<p>Armenius me tocó el hombro. Se acercó para decirme en voz baja-. Tu ex-esposa esta muy bien. Te esta esperando carnalito. Tu padre también te manda saludos. Pero muchos espíritus malos nos están esperando allá adelante. Muchos espíritus que te recuerdan, Medel. Tienen grabado en su aura tu nombre. Saben que vienes. Pueden sentirte. No me preocupa tanto el hombre de la capucha, como el circo que vamos a tener que pasar para salir de aquí.</p>
<p>-Matar muertos. Suena interesante -respondí.</p>
<p>-Si quieres te doy la dirección del Escritor y vete de aquí carnal. Mira. No es necesario que&#8230;</p>
<p>-&#8230;te callas en este mismo instante. Déjalo así. Te dije que &#8220;Matar Muertos Suena Interesante&#8221;. MMSI. Mmmmm Sí. Quiero matar muertos. Quiero ver si es posible separar el espíritu de todos los hijos de puta que ya maté en átomos incomprensibles. Irreconocibles. Quiero ver si es posible matarlos bien de una vez por todas a esos hijos de perra.</p>
<p>Mi corazón empezó a bombear sangre más rápido. Armenius se alejó de mí. A la vampiresa le crecieron las tetas. Mi sonrisa creció lentamente, enseñando todos los dientes como un perro. Todo ser humano en el mundo, tiene impulsos a los que debe ceder obligatoriamente, para llamarse humano.</p>
<p>Matar era el mío.</p></p>
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		<title>448 gotas de sangre, cayeron de su cuello rajado.</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Mar 2008 10:22:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 7 de 12

Lo que empieza mal, acaba mal. Era uno de tantos dichos de mi profesor de literatura. Si hubiera estudiado bien su carrera, sabría que esa era una frase común. Las frases comunes en vez de enriquecer un [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "448 gotas de sangre, cayeron de su cuello rajado.", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/03/20/448-gotas-de-sangre-cayeron-de-su-cuello-rajado/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 7 de 12</div>
<br /><br />
<p>Lo que empieza mal, acaba mal. Era uno de tantos dichos de mi profesor de literatura. Si hubiera estudiado bien su carrera, sabría que esa era una frase común. Las frases comunes en vez de enriquecer un texto, lo asesinan. Sabré yo bien de la muerte. No me miren extraño. Leo y leo mucho. La razón por la que leo mucho es que una de las maneras más fieles de representar la sangre, las cochinadas, las mamadas y los niños muertos, es la literatura.</p>

<p><p>Después que la vampirita terminara lo suyo, entró Armenius en chinga a la habitación. La miró levantarse. Me hizo cara &#8220;hijo de tu puta madre&#8230; igual que en Singapur&#8221;. Miró al familiar muerto. Sacó un cigarrillo y me ofreció uno.</p>
<p>-Yo tuve que matar a uno de esos.</p>
<p>-Seguramente. Habrá más en la casa, si la guerra allá arriba no ha terminado con ellos.</p>
<p>Para complementar mis palabras, se escuchó la explosión de una granada. La fragmentación golpeó dos pisos arriba de nosotros. Algo de polvo cayó de la habitación. Salir iba a estar cabrón.</p>
<p>-¿El pendejo que mataste no te dijo nada?</p>
<p>-No. Se me aventó en chinga y tuve que disparar.</p>
<p>-Igual que yo. ¿Sabías que llevaba una thompson?</p>
<p>-No mames. Esas son viejísimas.</p>
<p>-Te la traje. Sabía que la querrías -Armenius sacó la thompson por debajo de su abrigo. Tomé la thompson, la sopesé con mis manos. El trabajo bien valía la pena por obtener una de estas. Después de todo, cazar vampiras podía ofrecer varios tesoritos como este.</p>
<p>-¿Cómo vamos a salir? -preguntó Armenius.</p>
<p>La vampira, quien había estado callada y sonriente, se sintió útil al poder ofrecer una respuesta.</p>
<p>-Toda casa segura, como esta, ofrece varios pasadizos de salida. Ya había estado aquí antes. Si queremos escapar, tenemos que subir. No mucho.</p>
<p>-¿Ya ves Armenius? Qué pendejo eres -le dije para molestar.</p>
<p>-Sin embargo, humanitos, no tenemos como buscar a las vampiresas. Ellas son especialmente hábiles para esconder su rastro. No sólo eso. El desastre que ya hicieron los humanitos allá arriba, seguramente ya borró gran parte del rastro. Si no sabemos inmediatamente a donde fueron, podríamos estarlas persiguiendo eternamente. Y la eternidad, sólo aplica a una de nosotros.</p>
<p>-Sí. Ya veo -dijo Armenius, frunciendo el entrecejo-. Ya había previsto esto. Tendremos que hablar con él.</p>
<p>-¿Con quién?</p>
<p>-El Escritor.</p>
<p>-¿El qué?</p>
<p>-Me debe un favor. Sólo un favor. Me costó un chingo de trabajo. Es un tipo que lo sabe todo. Y si no lo sabe, lo investiga. Tiene información de todo y de todos. Es un hijo de puta. Me estuve guardando el favor y creo que es necesario para esta ocasión. Tenemos que salir de aquí, ahora.</p>
<p>Armenius chupó su cigarro un tanto furioso. Pero no tomó la delantera. La vampira caminó delante de nosotros. Armenius me miró de reojo. Le respondí encogiendo los hombros. Y seguimos a la vampira.</p>
<p>Abandonamos la habitación, a la pequeña antesala y luego subimos varios escalones.</p>
<p>-Esperen -dijo la vampira. Se veía confundida- Es una trampa. No puedo oler nada. Ajo. Mucho ajo. Hay alguien esperándonos.</p>
<p>Atrás de mí, apareció uno de los judíos. No sé cual letra del ABC, pero ahí estaba. Sacó la escopeta recortada que me robó y apuntó directo a mí. El cabrón no quería platicar. Empujé a Armenius para que se pegara a la pared y me agaché. El judío disparó poco después de eso. El disparo a quemarropa quemó la espalda de la vampira.</p>
<p>Delante de nosotros dos estaban los otros dos hermanos. Jezabel, seguramente encabronada por el daño a su vestido, se movió entre las sombras para atacarlos. Sin embargo no era tan rápida. Podía ser que el ajo la confundiera, o que la habilidad de dos judíos de las fuerzas especiales de Jerusalén eran demasiado para ella. Verlos pelear era como poesía.</p>
<p>Armenius sacó el revolver y disparó al judío, quien lo evitó con gracia y gentileza. Nomás se hizo a un lado el pendejo. Parecía adivinar a donde iban las balas y eso estaba cabrón. Armenius y yo habíamos recibido el mismo entrenamiento, y aunque no era tan hábil, o tan amante del oficio, ningún pendejo podía verle la cara tan fácil. Yo me adelanté mientras Armenius disparaba. Saqué la thompson y disparé al judío, quien saltó como gato para evitarlo.</p>
<p>-Armenius. Yo creo que ya estamos viejos -confesé. Corrí tras el judío quien se metió a una de las habitaciones. Gotitas de sangre. Alguna bala lo golpeó. Aunque no estaba lo suficientemente herido para que no pudiera esconderse.</p>
<p>Media carga en la thompson. Esto lo iba a disfrutar. Empujé la puerta donde estaban los ataudes. Apestaba a sangre judía. Escuché los gritos de la vampira a mi espalda, y varios balazos. Si terminaba pronto, tendría el placer para matar a los otros tres cabrones. Podía escuchar la tela de los pantalones finos rozando contra las paredes. Podía escuchar su respiración un tanto agitada. Sus rulos rozando contra los hombros de su saco.</p>
<p>Apunté al tercer ataud a la derecha y disparé. Solté toda la carga de la thompson. El judío saltó de su escondite. Le había pegado en una pierna, porque su salto fue incompleto. Giró en el piso, pero yo corrí hacia él. Cuando él apenas levantaba la escopeta recortada, yo ya tenía el cuchillo de cazador en su garganta. Alcanzó a sonreír antes de que le rajara el cuello. Las gotas de sangre cayeron como una cascada.</p>
<p>El Señor de los Muertos, quien estaba observando desde las sombras de la habitación, salió rápidamente. Una sombra felina que escapó. No me pareció tan extraño, puesto tenía trabajo en toda la casa.</p>
<p>Al judío le arrebaté la escopeta recortada, le escupí en la cara y salí del cuarto. En las escaleras, estaba Jezabel arrancándole el corazón a uno de los judíos. Caray. Si no fuera por mi ex-esposa, tal vez me habría enamorado de esa mujer. El otro judío, estaba agarrándose el pecho, tirado en el piso. Le faltaba una pierna. Sin embargo&#8230; Armenius&#8230;</p>
<p>Armenius estaba muerto. Tenía el cuello quebrado.</p>
<p>Y me enojé.</p>
<p>Porque&#8230; pues Armenius era mi amigo, y me enojé.</p>
<p>-Te guardé a ese, porque fue quien mató a tu amigo -dijo la vampira.</p>
<p>El judío, Benjamín, supuse, miraba con los ojos muy abiertos como Jezabel se comía el corazón de su hermano. Sus labios decían Ciro en silencio. Ciro. Ciro. Me acerqué a él.</p>
<p>-Hey, hey, hijito de la chingada -le troné los dedos-. Aquí estoy cabrón. Lo que está haciendo ella no es nada en comparación a lo que voy a hacer contigo.</p>
<p>El judío me miró. Si había terror en su cara, esta se intensificó cuando miró la mía. Se orinó en los pantalones. Alzó las manos para no verme. No era necesario que me viera. Puse la escopeta recortada entre sus piernas y terminé de aplicarle la circuncisión. Su grito rebotó en las paredes.</p>
<p>-¿Cómo estás cabrón? ¿Benjamín? Eres Benjamín, ¿verdad? ¿Qué tal se siente la vida sin tus huevitos hijo de puta?</p>
<p>La venganza no era una excusa. No suelo torturar a las personas. Sólo si matan a mis amigos. Y bueno, Armenius era mi único amigo. Podía ser un cobarde, un pendejo que escondía la información, un lento y un raro. Podía haberme abandonado en Singapur. Pero era mi amigo.</p>
<p>Y sabrán, alguien como yo, no se toma la amistad a la ligera.</p>
<p>-Ya&#8230; mátame ya, mátame YA, DUELE HIJO DE PUTA COMO DUELE.</p>
<p>-Hazme un favor Jezabel.</p>
<p>-Lo que quiera usted, mi señor.</p>
<p>-¿Puedes darle vida eterna a este cabrón para que sufra sin sus huevos y sin su pierna? -pregunté. Lo pensé un poco. Apunté mi escopeta recortada hacia su otra pierna y disparé otra vez. En el punto exacto, logré que su rodilla se partiera en dos. Si el cabrón intentaba algo, seguro se le caía la pata. Gritó, gimoteó, chilló y se quejó un poco más-. Sus piernas, quise decir.</p>
<p>La vampiresa sonrió tan ampliamente, que su rostro casi se partió en dos. Se lanzó sobre el judío y le mordió el cuello. Pensaba que los vampiros eran más selectivos para seleccionar a sus transformados. Tal vez, se sintió conmovida por mi petición tan honesta. El hijo de puta me recordaría toda la vida.</p>
<p>Me arrodillé ante Armenius, mientras Jezabel terminaba lo suyo. Lo miré, con los ojos abiertos, la lengua de fuera, el cuello doblado de manera innatural. No le acaricié la mejilla. Me vería muy puto y él no querría eso. Entre los dos, había una química perfecta. Yo podía apagar el cerebro, sólo para usar los músculos. Él olvidaba todo su entrenamiento, y prendía los cinco sentidos para la misión y el dinero.</p>
<p>Jezabel terminó con el judío.</p>
<p>-¿Qué vamos a hacer ahora, mi señor? -preguntó la vampira. Puso sus dedos sobre mi nuca. El judío jadeaba, como si le faltara el aire.</p>
<p>-¿Sí se va a transformar?</p>
<p>-Pronto será un vampiro, mi señor. Como tú lo pediste. ¿Qué vamos a hacer?</p>
<p>-Pues buscar al escritor ese&#8230; pero, necesitamos a este cabrón para saber donde hallarlo. Puta madre.</p>
<p>La muerte de Armenius&#8230; bueno. El Escritor le debía favores a Armenius. El Señor de los Muertos me debía favores a mí. La muerte de Armenius. Eso no me preocupaba, después de todo, sólo debía ir al reino de la muerte y recuperarlo. ¿Cómo se hacía eso? Caminando, con muchos huevos y habiéndolo perdido todo. Me angustiaba que tendría que morder la mano que me daba de comer.</p>
<p>-Acompáñame Jezabel. Vamos por mi compadre.</p></p>
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		<series:name><![CDATA[Ernesto Medel y las vampiras de Polanco]]></series:name>
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		<title>224 formas de matar a un vampiro, y hoy sólo necesité una.</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Mar 2008 09:03:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 6 de 12

La vampirita, Jezabel, tenía en su boca mi pene peladito peladito. Sus ojos, no eran los mismos que ayer cuando me retó con su velocidad. Hacía mucho que dejé de buscar hembras para que me chuparan la [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "224 formas de matar a un vampiro, y hoy sólo necesité una.", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/03/10/224-formas-de-matar-a-un-vampiro-y-hoy-solo-necesite-una/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 6 de 12</div>
<br /><br />
<p>La vampirita, Jezabel, tenía en su boca mi pene peladito peladito. Sus ojos, no eran los mismos que ayer cuando me retó con su velocidad. Hacía mucho que dejé de buscar hembras para que me chuparan la verga. Me di cuenta que&#8230; por más común que suene esto, ser yo mismo, funcionaba más que cualquier búsqueda desesperada por decirles-: ¿Me la mamas por fas? -La jeringa estaba contra su cuello. Sólo debía inyectar el mercurio para matarla.</p>

<p><p>Los ojos de Jezabel, como los de cualquier otra hembra -excepto los de mi ex-esposa-, estaban llenos de amargura y furia. Doscientos años, colmillotes y velocidad sobrehumana no cambian a una vieja.</p>
<p>Supongo que debería contar porque la vampira de cabello largo y castaño, de vestido rojo entallado y de colmillos afilados, muere de ganas por arrancarme el miembro de una mordida. Tengo que confesarlo: La verga, es un hecho circunstancial que me vale madre. Ella pierde más que yo si me la arranca. Doscientos años de vida que robó y peleó por extender. Eso pone a trabajar al ratoncito de la cabeza: hay motivos por los que una vampira tan buena se arrodilla ante un humano e intenta ganar algo con una mamada.</p>
<p>Es una apuesta. Y lamentablemente&#8230; yo no apuesto, sin saber que voy a ganar de antemano.</p>
<p>Ni modo. Armenio continuaba información en la habitación contigua y Polanco, bueno, Polanco era una zona de guerra. Los guaruras se agarraron a madrazos con los militares, y después entró el ejército judío. Ya hicieron la fachada de la casa pedazos. Las ambulancias y el tráfico están peor que si fueran las cuatro de la tarde, y eso que son las once de la noche. Los helicópteros de noticias, de mercenarios y del glorioso ejército sobrevuelan la casa como zancudos molestos. La vampira lame enojada y mama. Ah, si tan sólo pudiera disfrutarlo. Si tan sólo me gustara más el sexo que la muerte o que comer bien.</p>
<p>Robamos un jeep de la bodega militar. La bodega no estaba tan lejos de la casa. Ya se escuchaban los primeros disparos y explosiones. Los militares nunca fueron, lo que se llama, sutiles. Es lo único que me gustaba del ejército. El olvido de la sutileza y elegancia.</p>
<p>-Deberíamos pasar al departamento por las notas -dijo Armenio. Estaba en el asiento del copiloto. Miraba de vez en cuando por el espejo las tetas pálidas de la vampira.</p>
<p>-No. Deja de hacerte buey. Bien que las recuerdas con detalle. O nos madreamos ahorita o lo perdemos todo.</p>
<p>-Me gusta la actitud del humano gorilón. ¿Ernesto se llama? Me gusta, me gusta.</p>
<p>La vampira movió las tetas. Pronto tendría otras seis para saber si todas eran igual de putas.</p>
<p>-¿Llevamos el lanza cohetes Armenius?</p>
<p>-Con un sólo cohete. También llevamos dos ametralladoras automáticas, dos revólveres, siete granadas, un cuchillo de caza e inyecciones de mercurio. No sé para qué.</p>
<p>Miré el rostro de la vampira en ese momento. Un ligero cambio en su sonrisa&#8230; Era tan obvio. Con eso la habían dominado.</p>
<p>-Querían envenenarnos, supongo -Le dije a Armenio-. Una cuadra cabrón. Asómate con el puto lanzacohetes y dispara directito a la banqueta frente a la casa. Eso tendrá para entretenerlos.</p>
<p>Por las calles, miraba a los judíos civiles corriendo con sus rulos volando. Un grupo de militares disparaba a los guaruras que estaban frente a ellos. Por el flanco entraban los judíos de alguna división misteriosa y escondida, matando a guaruras y militares por igual. Sus gritos se intensificaron cuando Armenius asomó medio cuerpo por el jeep y disparó el cohete. Luego aventó el lanza cohetes. No necesitábamos comprobar que lo había logrado. Tan pronto hice el disparo doblé a la izquierda para entrar por detrás de la casa. No estaba desierto, no. Pero parecía más sencillo.</p>
<p>La vampira observaba con sus colmillos y su sonrisa, bastante emocionada, nuestra improvisada entrada. En la parte lateral de la casa había militares luchando contra judíos. Me dediqué a atropellar a cuanto más pude con el jeep y cuando nos lanzaron una granada que rompió una de nuestras ventanas, apenas pude notar los movimientos de la vampira. Agarró la granada y la aventó de vuelta, con una gran carcajada.</p>
<p>Dimos una vuelta más. Ya estábamos en la parte de atrás de la casa. Más guaruras que apenas estaban organizándose. En cuanto vieron nuestro jeep, apuntaron y dispararon con sus metralletas. Armenius y yo nos agachamos. Las balas pasaron por la cabeza de la vampira, la cual se regeneró inmediatamente después. Ella salió con una agilidad sobrehumana por la ventana del coche. Era una sombra que no aceptaba las leyes físicas y naturales.</p>
<p>Alcé mi cabeza para mirarla. Necesitaba mirarla. Sus imágenes translucidas moviéndose alrededor de los veintiocho guardaespaldas. Sus cuellos explotaban, o sus cabezas, o sus manos. Las uñas y los colmillos de la vampira eran destellos erráticos en la noche. Sonreí como un lunático, como un bebé de un año, como alguien que&#8230; por primera vez&#8230; reconoce un arte. Un gran arte. La mirada aterrorizada de Armenius lo confirmaba. Estábamos de vuelta a los buenos tiempos.</p>
<p>-Te prometí que aguantaría vara cabrón. Sólo porque cumplo mis promesas. Igual no sobrevivo.</p>
<p>-No te preocupes. Guárdate seis agujas de mercurio. Prepara otras seis para mí. Eso puede matarla. No te lo dije antes porque eres malísimo para mentir. Tan pronto tienes una ventaja, se te ve en la cara cabrón.</p>
<p>Armenius parpadeó un par de veces. Ahora entendía porque el mercurio. Estacionamos el jeep mientras la vampira desmembraba a uno, o tal vez dos, de los guardaespaldas. Era como un animal salvaje.</p>
<p>-Necesitas ser preciso si una te ataca. Necesitas despertar cabrón, o mueres. Guárdate las agujas en un lugar que puedas acceder rápidamente. Reparte las armas. Entremos por atrás, antes que los militares muevan su segundo escuadrón y los judíos los intercepten. No tenemos tiempo.</p>
<p>-Esta bien, Medel&#8230; esta bien. Gracias Medel.</p>
<p>-Otra cosa cabrón. ¿Te acuerdas que en Singapur te conté que La Santa Muerte me abrazó y me pidió que le trajera diversión?</p>
<p>-Sí.</p>
<p>-No es una broma. Tengo el recuerdo fresco como la herida que me hizo aquel escorpión. Existo para matar, Armenius. ¿Y sabes que aquellos que escapan de la muerte, son quienes mueren más facilmente? Una o seis vampiras no van a poder conmigo. Diez mil vampiras no podrán conmigo. Han escapado tanto de la muerte que están más cercanas a mis brazos. Te estoy dando las agujas para que puedas defenderte. Si no estas seguro que vas a poder matarlas, grita mi nombre cabrón y haz lo posible por sobrevivir.</p>
<p>-Somos compañeros después de todo, ¿ah?</p>
<p>-Sí. Ahora háblale a esa pendeja. Que ya me hartó su risa maniática y si continúa como licuadora, nos va a manchar la ropa.</p>
<p>Entramos a la casa por la parte de atrás cuando nuestra escort sobrenatural dejó de mordisquear el brazo de algún pendejo. Desde el jardín, podíamos ver como la casa estaba temblando. Saqué el cuchillo de caza. Esta vez lo quería bien cerquita. Entré corriendo y me encontré a un judío, chillando escondido. Le cercené el cuello. No podía permitir que llamara a sus amigos.</p>
<p>Entramos a un sótano. Estaba iluminado por velas. Estaban tan desorganizados los grupos, y estaba tan idiota su inteligencia, que continuaban peleando allá afuera. Probablemente me encontraría con Salgado. Lo dudaba mucho. A quienes si ansiaba encontrarme era a los hermanos. Bajamos el sotano, la vampira cuidándonos la espalda. Dos puertas aparecieron antre nosotros.</p>
<p>-Tú -le dijo la vampira a Armenio-, entra por ahí. Las vampiras ya no están en esta casa, pero si tenemos suerte, podremos encontrar rastros a donde fueron. Busca cartas, papel de piel ensangrentado, cualquier cosa que pueda decirnos donde se encuentran.</p>
<p>-¿Cómo sabes que ya no están aquí?</p>
<p>-Humanos. Demasiado ruidosos. Nosotros somos rápidas e inteligentes. Mucho más inteligentes -Jezabel sonrió.</p>
<p>-Tú, entra por esa puerta. Es el cuarto de los ataúdes. Probablemente dejaron a algún familiar para protegerlos. Somos crueles por naturaleza. Sí. Al familiar lo dejaron a morirse. Eso hicieron.</p>
<p>Entré como me lo ordenó y efectivamente, un hombre delgado con los ojos desorbitados se me aventó encima. Estaba vestido de traje. Su calva brilló con el movimiento del fuego. Antes de meterle el cuchillo al estómago y alzarlo hasta partir en dos sus pulmones, me pregunté cuántos años habría esperado para que lo convirtieran.</p>
<p>-Mucho tiempo espero. Pobre. Jamás lo iban a convertir. Pobres humanos. Tan débiles por las esperanzas -Jezabel se me acercó, sentí su aliento en mi cuello, sus labios lamiendo mis orejas, sus uñas en la hebilla de mi pantalón. Tan pronto pudo se arrodilló frente a mí y me miró con su sonrisa lunática. Se la correspondí lo mejor que pude.</p>
<p>-Puedo convertirte. Puedo convertirte ahora, si juras ser mi familiar -sacó el miembro de mis pantalones. Empezó a masturbarlo. No tuve de otra más que ponérselo duro para que lo metiera en su boca-. Necesitamos hombres como tú, que pueden matar. Te daré fuerza y velocidad. Te regresaré juventud. Jura unirte a mí.</p>
<p>Notaba el desagrado por hacer lo que debía hacer. Se lo metió enterito a la boca. Ya peladito, como dije allá arriba. Tal vez fue el encuentro con la Santa Muerte. Tal vez fueron mis ansias por siempre ganar la apuestas. Tal vez la vampira estaba demasiado distraída. Pero mis manos encontraron la jeringa y se la clavaron en el cuello. Después encontré mi respuesta: vi al hombre de capucha negra, de jeans y cigarrillo, escondido entre las sombras, disfrutándolo enormemente. Muerte me daba manos para la muerte, porque no le temía.</p>
<p>-Dime una cosa, pendejita. ¿Tú crees que me importa morir o vivir eternamente en este mundo? ¿Tú crees que soy tan bueno en lo que hago porque me detengo a reflexionar el miedo a esas respuestas?</p>
<p>Ella me miró a los ojos, con el miembro en su boca. Sus ojos cambiaron. Estaban furiosos y deseoso. Terminó por aceptar su realidad y negarlo. Le di una cachetada, nomás porque siempre le daba un efecto dramático a estas cosas.</p>
<p>-Me puedes arrancar la verga. Me puedes descuartizar. Puedes hacer lo que quieras. Pero siempre y cuando ese cabrón de enfrente -me refería a la Muerte-, esté aplaudiendo lo que hago no me importa nada. Llegará el momento en que se aburra de mí y me lleve. ¿No puedes sentirlo? ¿Te das cuenta porque tu velocidad te abandonó? ¿Porque tus colmillos se sienten tan frágiles ahora?</p>
<p>Deseo, deseo en sus ojos. La actitud cambió de un momento a otro. Me la mamó, y me la mamó sabroso. Aún con la jeringa metida en su cuello. Había perdido la apuesta, ya no estaba jugando a ganarla. Estaba arrodillada ante el único lacayo de la Muerte. A su servidor y amigo. A mí, por supuesto.</p>
<p>-Las otras seís, son igual que tú, ¿verdad putita? Por eso me quieres convertir en vampiro. Porque te da miedo que las mate a todas. Pero no te preocupes, mi contrato dice una cosa y la voy a cumplir. Más te vale que sigas mamando. Así puede que te disculpe.</p>
<p>Y después de unos minutos más, otro par de cachetadas, jalarle el pelo, ahogarla y mis huevos en su boca, qué les puedo decir&#8230; le di de beber a la vampirita, y no fue sangre precisamente.</p></p>
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		<series:name><![CDATA[Ernesto Medel y las vampiras de Polanco]]></series:name>
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		<title>Si marcas 112 en tu celular, manda al número de emergencias.</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Mar 2008 08:15:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 5 de 12

-Entiendo que puedas matar a dos o tres hombres con gran precisión, Medel. Pero mataste a casi veinte militares.

-Maté a diecisiete. Tú mataste a cinco. Cada vez eres más lento amigo.
-Vete a la verga cabrón. Tomar vidas [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Si marcas 112 en tu celular, manda al número de emergencias.", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/03/03/si-marcas-112-en-tu-celular-manda-al-numero-de-emergencias/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 5 de 12</div>
<br /><br />
<p>-Entiendo que puedas matar a dos o tres hombres con gran precisión, Medel. Pero mataste a casi veinte militares.</p>

<p><p>-Maté a diecisiete. Tú mataste a cinco. Cada vez eres más lento amigo.</p>
<p>-Vete a la verga cabrón. Tomar vidas no es ninguna competencia.</p>
<p>La vampira continuaba lamiendo la sangre de los militares, aún cuando esta sangre tenía sabor a piso de bodega. No puedo negar que mientras Armenio y yo teníamos nuestra pequeña discusión profesional, mirábamos ansiosamente como se le movía el culo embarrado por su vestido rojo pegadito. Su culo era el péndulo de Foucault. Tenía el cabello largo, castaño claro. Sus ojos destellaron gris y enrojecieron al mirar sangre.</p>
<p>Mirando el culo de la vampira moverse de un lado a otro, me sentí lúcido. Olvidé los escorpiones, los rostros de colores y el abrazo de la muerte.</p>
<p>-Regálame un cigarrito Armenio.</p>
<p>Armenio se agachó y le robó una cajetilla a uno de los soldados muertos. Me entregó uno, y sacó otro para él. Ambos fumamos en silencio, todavía mirando las posaderas vampíricas frente a nosotros. Armenio y yo, experimentados en el arte de la guerra y el asesinato, mirábamos cumplirse frente a nosotros un sueño. Después de matar, el rabo de una vieja sólo para nosotros.<br /></p>
<p>La vampira gemía de placer con cada gota y lamía el piso, como si fuera el falo de su hombre.</p>
<p>-Deja de pensar cochinadas Medel, tenemos que hacer planes.</p>
<p>-Yo no estoy pensando en cochinadas. Sólo pienso en el paraíso.</p>
<p>-El paraíso nos va a negar las puertas después de lo de hoy.</p>
<p>-Sólo los idiotas creen en el paraíso.</p>
<p>-Verdad.</p>
<p>Nos acabamos el cigarrito en silencio.</p>
<p>-¿Sabías que si marcas el 112 en tu celular, es el número de emergencias?</p>
<p>-No lo sabía Armenio. ¿Cómo lo supiste tú?</p>
<p>Armenio se agachó para recoger el celular de uno de los militares. Me lo enseñó. Decía 112 en un recuadro enorme. Abajo en el menú, el celular decía que estaba bloqueado. Sabía que el 112 se utilizaba en Europa, pero no imaginaba que también funcionara en México. Me encogí de hombros. Una de esas pequeñeces que se copian a los otros países. 911, ó 112. El 066, más otros 600, eran el número de la bestia. Nadie quiere llamar a Satanás para pedir ayuda.</p>
<p>No al principio, al menos.</p>
<p>La vampira se cansó de la sangre. Se levantó a vernos y sonrió. Después, pasó la cosa más rara que jamás había pasado en mi vida: La mujer se dividió en dos, o tres imágenes transparentes. Sus imágenes se movieron por toda la habitación. La sentí tarde a mis espaldas, y luego la sentí tarde a mi derecha. Miré a Armenio, quien estaba igual o más confundido que yo.</p>
<p>Vimos que la sonrisa de la mujer, presumía unos colmillos enormes. Para golpearla debía adelantarme a mis instintos. Sabía que todavía estaba jugando. No nos mataría todavía. Sólo esperaba que mis manos reaccionaran en el momento indicado. También, esperaba que mi golpe pudiera aturdirla lo suficiente.</p>
<p>Debo admitirlo. Tan pronto supe que era más rápida que yo, ya no quise cogérmela. Quería madrearla y después cogérmela.</p>
<p>-¿Ustedes, humanos&#8230; son familiares?</p>
<p>-No. Este pendejo y yo, nos conocemos desde antes de Singapur -le respondí a la vampira.</p>
<p>-Quítense las camisas y permítanme ver su espalda.</p>
<p>Estaba haciéndolo, cuando Armenio me interrumpió con su mano en mi espalda.</p>
<p>-No soy familiar. No pertenezco a ninguna casa. Somos detectives privados. Tienes mi palabra. Medel, dile a la vampira que no eres un familiar. Tal como lo hice yo.</p>
<p>-No soy familiar. No pertenezco a ninguna casa -dije.</p>
<p>-Eso es suficiente.</p>
<p>La vampira se paró frente a nosotros.</p>
<p>-No pensaba matarlos. Tengo una deuda con ustedes -la vampira sonrió, se lamió sus labios carmesí-. Si no es porque los militares lograron congelar mi sangre y despojarme de unos litros de ella, habría terminado con ellos yo solita. Debo admitir que estoy francamente sorprendida por su actuación. Son unos profesionales. Jóvenes y profesionales. Estoy en deuda. Me salvaron.</p>
<p>-¿Jóvenes?</p>
<p>-Yo soy más grande que ustedes chicos. Por un par de siglos.</p>
<p>-¿Y tú vives en la casa de Polanco, dónde están todas las otras vampiritas? -pregunté.</p>
<p>-No. Soy su rival -sonrió la vampira-. Por eso pregunté si eran sus familiares.</p>
<p>-¿Qué es un familiar?</p>
<p>Armenio respondió, con un leve aire a Nino Canún insoportable-: Los familiares son humanos que juran lealtad a los vampiros. Con ello buscan que los transformen. Aunque Medel, son pocos los elegidos.</p>
<p>-Sabes de lo que hablas. ¿No serás un cazador? -preguntó la vampiresa, aún con esa sonrisa seductora, amplia, de colmillos, e incluso enferma.</p>
<p>-No lo soy -respondió Armenio apresuradamente-. Honestamente, mi compañero y yo queríamos entrar a la casa para recuperar a una de las vampiras que tienen ahí. Su abuelita la busca, nos esta pagando para entregársela viva o muerta.</p>
<p>-¿Cómo se llama la vampiresa?</p>
<p>-Ana.</p>
<p>Jezabel carcajeó siniestramente. No sabía quien me estaba desesperando más, si Armenio o la culo rico y sangriento.</p>
<p>-Me parecen unos seres humanos muy interesantes. ¿Por qué no nos hacemos compañía, en lo que ustedes recuperan a su vampira y yo penetro la Casa Roja? Naturalmente, después de salvar sus vidas una sola vez a cada uno, nuestra deuda quedará saldada.</p>
<p>La velocidad de la vampira era indudable. Más rápida que yo, en mis años más jóvenes. Su sonrisa y carcajada lunática provocaron un temblor en mis huesos. Había tomado tanta sangre, que resbalaba de la comisura de sus labios. Seis como ella nos esperaban en la otra casa. Junto a los militares y los asesinos de los judíos. Un infierno. Nos esperaba un infierno.</p>
<p>-Puedo escuchar tu corazón. Tus latidos van demasiado rápido, ¿Ernesto eres?</p>
<p>-Sí. Soy Ernesto Medel. Mi corazón esta feliz. Hacía mucho que no participaba en una guerra.</p>
<p>Y como un niño, sonreí.</p></p>
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		<series:name><![CDATA[Ernesto Medel y las vampiras de Polanco]]></series:name>
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		<title>Cincuenta y seis minutos después…</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Feb 2008 08:13:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Agustin Fest</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Ernesto Medel]]></category>

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		<description><![CDATA[Este post es parte de una serie, llamada &#8220;Ernesto Medel y las vampiras de Polanco&#8221;. Anotación 4 de 12

Había terminado el impulso de sangre. A mis pies, yacían veintidós militares muertos. Armenius, con los ojos muy abiertos, prendió un cigarrillo. Aún cuando Armenius había matado a cinco de los militares, no era un profesional como [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Cincuenta y seis minutos después&#8230;", url: "http://arbol.milnombres.net/wp/2008/02/26/cincuenta-y-seis-minutos-despues/" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="seriesmeta">Este post es parte de una serie, llamada &#8220;<a href="http://arbol.milnombres.net/wp/series/ernesto-medel-y-las-vampiras-de-polanco/" title="series-2363">Ernesto Medel y las vampiras de Polanco</a>&#8221;. Anotación 4 de 12</div>
<br /><br />
<p>Había terminado el impulso de sangre. A mis pies, yacían veintidós militares muertos. Armenius, con los ojos muy abiertos, prendió un cigarrillo. Aún cuando Armenius había matado a cinco de los militares, no era un profesional como yo. La vampira, Jezabel, observó con intensidad toda la sangre que podía beber y aún estaba caliente. Sin pedir permiso se arrojó sobre algunos cuerpos. Yo todavía estaba recuperando la respiración.</p>

<p><p>No puedo engañar a nadie. No soy joven como antes.</p>
<p>Cincuenta y seis minutos antes. Dos militares, jovencitos ellos, decidieron que era buena idea fumarse unos cigarritos mientras vigilaban a los prisioneros. Abrieron la puerta de nuestra prisión. Nos ignoraron mientras prendían sus cigarrillos.</p>
<p>-¿Medel, ya puedo abrir los ojos?</p>
<p>-Todavía no mi reina. Todavía no.</p>
<p>Uno de los militares recibió directamente en su cara las esposas. Escuché como se rompió el tabique y sonreí. El otro ya estaba alzando su arma para decirme algo como: &#8220;Le ordeno que se detenga&#8221;.</p>
<p>Parece que las palabras aún estaban llegando a su garganta cuando mi mano&#8230; manota, mejor dicho, ya estaba quebrando su cuello. Su cuello de pollo poblano. Saqué la pistola de su funda y disparé a las esposas de Armenius. Después maté al militar del tabique roto con un disparo a la cabeza.</p>
<p>La costilla rota me molestó, pero en cuánto sentí el cuerpo del militar enfriándose, empezó el impulso de sangre. Es muy difícil de explicar. De niño, cazando escorpiones, uno me picó. Recuerdo mi cuerpo tirado en el desierto. Recuerdo mi cuerpo quemándose de la fiebre. Recuerdo al Señor de los Muertos, mirándome, con un cigarrillo prendido y la capucha de su chamarra negra puesta. Los buitres ya volaban sobre mi cuerpo.</p>
<p>El Señor de los Muertos tocó mi frente.</p>
<p>-Traeme diversión muchacho.</p>
<p>Terminó la fiebre y los buitres yacían muertos a mi alrededor. Empezó la fiebre y otros tres militares ya se estaban acercando. Miré sus caras rojas, hinchadas, púrpuras, desinfladas. Una carcajada se me escapó: me parecía tan gracioso. Salté del contenedor y rodé. Mi cuerpo liberó la velocidad dormida. Mi cuerpo era Muerte. Tres balazos directo en sus frentes.</p>
<p>Su espíritu necio disparó demasiado tarde, hacia el cielo. Los militares que no habían estado alertas, se levantaron de sus mesas. Armenius sacó su revolver entre los bolsillos escondidos de su gabardina.</p>
<p>-No mames Medel, no mames&#8230; ¡Por estas mamadas me largué en Singapur!</p>
<p>No estaba en condiciones para madrearlo. Escuché el disparo de su revolver, que dio en el corazón de uno de los soldados que ya había sacado su cuchillo. Tiré la pistola que ya no tenía balas. Tomé el cuchillo y lo aventé a la garganta de un morenito rapado, de ojos afables y sonrisa amarilla. Be happy. Die happy.</p>
<p>Corrí y saqué el cuchillo de la gargante del militar. Ya había uno a mi derecha con su pistola en mi sien, cuando una de las balas de Armenius atravesó su cabeza. Mientras caía, recuerdo que le clavé el cuchillo en dirección contraria para mirar su sangre explotar y confundirse. Me pareció tan gracioso. Ojos grises tornándose violetas. Jalé una de sus granadas, el seguro en el chaleco del militar cayendo.</p>
<p>Seis de ellos gritaban a trece metros, señalándome y apenas desenfundando sus armas. ¿Cuándo se volvieron tan lentos? Aventé la granada y di un salto hacia atrás, cubriéndome contra una de las mesas. Miré como Armenius se regresó al contenedor como un perro cobarde. La explosión los mató a los seis, que estaban demasiado sorprendidos ante la fuerza de un sólo hombre.</p>
<p>-Diversión para la Muerte Santita -susurré. Robé la metralleta del militar happy. Liberé el seguro y maté a dos que estaban corriendo, aún confundidos por la explosión. Armenius se asomó del contenedor. A su derecha había otro contenedor como el nuestro que dos militares trataban de proteger. Con la gabardina en su cara para protegerse del olor, entrecerró los ojos y disparó. Les dio en el cuello, en vez de su cabeza. Ya estaba fuera de práctica mi amigo.</p>
<p>-¡Voy por el otro contenedor, Medel! ¡Ahí pueden haber armas!</p>
<p>Había dos militares más. Uno de ellos estaba herido, tosiendo sangre en el piso. Una esquirla de metal atravesaba su clavícula. El otro, con sus manos temblando, tenía el cuchillo alzado protegiéndose a él y a su amigo.</p>
<p>-¡A mí y a Freddy no nos haces nada!</p>
<p>Caminé despacito. Escuché como Armenio abrió el contenedor y cinco disparos después. Dos de su revolver. Tres de metralleta semiautomática. El militar con el cuchillo estaba llorando ya. Su piel limpiecita. Sus cejas peinadas. Su cutis relativamente nuevo. El cabrón acababa de enlistarse, o era puto. Con que protegiendo a Freddy puñetín. El militar nervioso, azulito, se levantó y gritó empuñando el cuchillo.</p>
<p>Lo tomé de la muñeca y rompí su brazo. Como una muñeca de trapo, su propio puño clavó el cuchillo en su espalda. Lo abandoné cuando se volvió peso muerto y me acerqué a Freddy. Pobre Freddy. Tose y tose. Le metí la bota en la boca y pisé, y pisé, y pisé.</p>
<p>Al menos a uno le había curado la tos.</p>
<p>La sangre de Freddy en el piso. La silueta de un escorpión rojo bajo su cuerpo. La mano de la Muerte en mi hombro. Palmaditas en mi espalda. Me arrodillé frente a Freddy, me mojé las palmas de las manos con su sangre, la sangre del escorpión, mi animal guardián y grité. El impulso de sangre aún estaba vigente.</p>
<p>-Espérame tantito güera -dijo Armenius a la vampira que salía con él del otro contenedor-. Si no tenemos cuidado ahorita nos quiebra. ¿Cómo dijiste que te llamabas?</p>
<p>-Jezabel. Soy una vampiresa de la casa gris.</p>
<p>-Oh.</p></p>
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	<item><title>DSC02908.JPG [Flickr]</title><link>http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~3/224255241/</link><category>méxico</category><category>eu</category><category>guerra</category><category>museo</category><category>francia</category><category>visita</category><category>exconvento</category><category>intervención</category><dc:creator>arboltsef</dc:creator><pubDate>Sun, 27 Jan 2008 18:41:41 -0600</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:flickr.com,2005:/photo/2224811320</guid><creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/deed.en</creativeCommons:license><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/people/arboltsef/"&gt;arboltsef&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224810908/" title="DSC02896.JPG"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2023/2224810908_37aa6212e1_m.jpg" width="240" height="180" alt="DSC02896.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~4/224255242" height="1" width="1"/&gt;</description><enclosure url="http://farm3.static.flickr.com/2023/2224810908_2a76b71f74_o.jpg" length="0" type="image/jpeg" /><dc:date.Taken>2008-01-27T00:18:55-08:00</dc:date.Taken><feedburner:origLink>http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224810908/</feedburner:origLink></item><item><title>DSC02838.JPG [Flickr]</title><link>http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~3/224255243/</link><category>méxico</category><category>eu</category><category>guerra</category><category>museo</category><category>francia</category><category>visita</category><category>exconvento</category><category>intervención</category><dc:creator>arboltsef</dc:creator><pubDate>Sun, 27 Jan 2008 18:41:24 -0600</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:flickr.com,2005:/photo/2224810682</guid><creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/deed.en</creativeCommons:license><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/people/arboltsef/"&gt;arboltsef&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224810682/" title="DSC02838.JPG"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2270/2224810682_12ac7370cf_m.jpg" width="240" height="180" alt="DSC02838.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~4/224255243" height="1" width="1"/&gt;</description><enclosure url="http://farm3.static.flickr.com/2270/2224810682_5b2e97aa5f_o.jpg" length="0" type="image/jpeg" /><dc:date.Taken>2008-01-27T00:09:30-08:00</dc:date.Taken><feedburner:origLink>http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224810682/</feedburner:origLink></item><item><title>DSC02930.JPG [Flickr]</title><link>http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~3/224255244/</link><category>méxico</category><category>eu</category><category>guerra</category><category>museo</category><category>francia</category><category>visita</category><category>exconvento</category><category>intervención</category><dc:creator>arboltsef</dc:creator><pubDate>Sun, 27 Jan 2008 18:41:16 -0600</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:flickr.com,2005:/photo/2224019087</guid><creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/deed.en</creativeCommons:license><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/people/arboltsef/"&gt;arboltsef&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224019087/" title="DSC02930.JPG"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2311/2224019087_b0bcd9f2e7_m.jpg" width="240" height="180" alt="DSC02930.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~4/224255244" height="1" width="1"/&gt;</description><enclosure url="http://farm3.static.flickr.com/2311/2224019087_ca79101a73_o.jpg" length="0" type="image/jpeg" /><dc:date.Taken>2008-01-27T00:23:11-08:00</dc:date.Taken><feedburner:origLink>http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224019087/</feedburner:origLink></item><item><title>DSC02926.JPG [Flickr]</title><link>http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~3/224255245/</link><category>méxico</category><category>eu</category><category>guerra</category><category>museo</category><category>francia</category><category>visita</category><category>exconvento</category><category>intervención</category><dc:creator>arboltsef</dc:creator><pubDate>Sun, 27 Jan 2008 18:41:00 -0600</pubDate><guid isPermaLink="false">tag:flickr.com,2005:/photo/2224018451</guid><creativeCommons:license>http://creativecommons.org/licenses/by-nd/2.0/deed.en</creativeCommons:license><description>&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/people/arboltsef/"&gt;arboltsef&lt;/a&gt; posted a photo:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224018451/" title="DSC02926.JPG"&gt;&lt;img src="http://farm3.static.flickr.com/2352/2224018451_d42d6c6da3_m.jpg" width="180" height="240" alt="DSC02926.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/arbol1000n/~4/224255245" height="1" width="1"/&gt;</description><enclosure url="http://farm3.static.flickr.com/2352/2224018451_14530f5a7b_o.jpg" length="0" type="image/jpeg" /><dc:date.Taken>2008-01-27T00:22:31-08:00</dc:date.Taken><feedburner:origLink>http://www.flickr.com/photos/arboltsef/2224018451/</feedburner:origLink></item></channel>
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