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	<title>Diarios de Arcadi Espada</title>
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	<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 14:28:21 +0000</pubDate>
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		<title>Vida de château (XVIII)</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 12:01:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arcadi</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Yo me quedaría a vivir en uno de estos núcleos rurales. Es cierto que  vivo del excremento y su comentario, pero el adsl es una tubería  suficiente. Sin embargo deberían resolverse cuestiones fundamentales. En  la euforia de la otra la gran dama de la casa se ofreció a hacer una  coca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yo me quedaría a vivir en uno de estos núcleos rurales. Es cierto que  vivo del excremento y su comentario, pero el adsl es una tubería  suficiente. Sin embargo deberían resolverse cuestiones fundamentales. En  la euforia de la otra la gran dama de la casa se ofreció a hacer una  coca de gató. La gran dama no se aventura por los núcleos habitados,  salvo una tarde a la semana de peluquería, y puso como condición lógica e  inexorable que se le proveyera de todo lo necesario. Me ofrecí,  naturalmente, porque la mezcla de la comida y la antropología tiene  sobre mi efectos inmediatos. Me informé sobre el gató y se me advirtió  que debería encargarlo. «Pelado», se me añadió, que es la forma suave de  despellejar que tienen aquí. Además de pescado, la coca, capaz para una  docena, necesitaría de tres grandes manojos de acelgas, cebollas  tiernas y un montón de perejil. «Encárgalo todo» —insistieron, siendo la  primera vez que en el Mediterráneo iba yo a encargar estos vegetales  fundadores. Pero así lo hice, con dos días de adelanto y repitiendo  varias veces las palabras.</p>
<p>Esta mañana la verdulera me recibió  con grandes sonrisas. «Aquí lo tiene todo preparado», me dijo en el  concupiscente vernáculo. Me alargó el perejil, las cebollas y dos  manojos de acelgas.</p>
<p>—¿Dos?<br />
—Sí, no han podido ser tres.</p>
<p>Bajé la cabeza, y fui a la pescadería.</p>
<p>—Buenos días.<br />
—No han sortit.<br />
—¿Qué quiere decir?<br />
—Mire, que no han salido y no han salido.</p>
<p>Hace mucho calor, es ya tarde, pero, después de muchos kilómetros, la  gran dama tiene sobre el inmenso tablero de su cocina todo lo que había  pedido. Esta noche habrá coca y con gatons. Tenía que ser con gatons. Ni  con muixines, ni con mussoles, ni con tumbabarcos, ni mucho menos con  mussoles congeladas como me ofrecía la canalla. Sólo habría transigido  con sonsos, y haciéndomelo, como su nombre indica. Yo no soy un  chapuzas.</p>
<p>Durante mi estancia en el anterior château también oí  hablar, y con gran divertimento, del famoso demi-quart périgourdin. Es  el tiempo de indulgencia que al parecer se toman allí, desde el cirujano  hasta el albañil, para cumplir con su obligación. Tengo la sospecha que  todos estos demi-quarts los subvenciona el hombre de la ciudad, pero de  momento no puedo probarlo.</p>
<p>Estas antropofagias, en cualquier  caso, gozan de gran fama. Todas ellas se resumen en la calma, y no en  vano, desde Rusiñol, esta es la isla de. Naturalmente la calma no es más  que la cobertura de la irresponsabilidad y de la obra mal hecha o a  medio hacer. Y en algunas bocas, como la de una rebosante vinatera local  a la que reprochándole yo parvedad de horario, me recomendó de  inmediato El Corte Inglés, la cobertura se convierte en una identidad,  tan putrefacta como de costumbre.</p>
<p>En fin, la gran dama ya amasa, escalda y sofríe, reina de su tablero, y de aquí a la noche sólo hay dos pasos.</p>
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		<title>Vida de château (XVII)</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 11:56:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arcadi</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El camino de Sineu a Muro es una maravilla rural. Algo que ha debido de  ser así durante mucho tiempo. En Muro hay una plaza de toros que  aprovechó el hueco de una antigua cantera y que lleva dando corridas  durante un tiempo. Es muy curiosa. Una plaza de toros cerrada tiene [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El camino de Sineu a Muro es una maravilla rural. Algo que ha debido de  ser así durante mucho tiempo. En Muro hay una plaza de toros que  aprovechó el hueco de una antigua cantera y que lleva dando corridas  durante un tiempo. Es muy curiosa. Una plaza de toros cerrada tiene un  interés relativo. Como los estadios, estos son lugares de acción. Al  margen de ella se convierten en pesadas e inanes baluernas. Los últimos  acontecimientos van a convertirlas, sin embargo, en coliseos.</p>
<p>De  los últimos acontecimientos, hablando en general y por derecho, yo me  alegro mucho. Aclaran. Tendrán profundas consecuencias. La percepción,  como la memoria, se debilita con las reformas graduales. Uno recuerda  mucho mejor cómo era aquella Villa Florida que derrumbaron que aquella  otra a la que fueron sucesivamente maquillando.</p>
<p>Sucede con la  memoria y con el juicio.</p>
<p>Cada día lamento no ser un novelista. De  serlo, ahora pegaría a los muros de la plaza, con un poco de saliva,  estas preguntas y respuestas de una encuesta que ha hecho el periódico.</p>
<p>¿Está  a favor de la ILP que pretende prohibir las corridas de toros en  Cataluña? ¿Por qué?<br />
Estoy en contra porque soy español.</p>
<p>¿Esta  iniciativa obedece únicamente a la preservación de los derechos de los  animales?<br />
Los animales no tienen derechos, a diferencia —ciertamente  sorprendente— de los nacionalistas.</p>
<p>Si se aprueba la ley, ¿qué se  perderá culturalmente en Cataluña?<br />
Nada. Culturalmente en Cataluña  no hay nada que perder.</p>
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		<title>Vida de château (XVI)</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 15:26:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arcadi</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Tengo que llevar a las tres muchachas a la playa. No a bañarse,  exactamente. Ni a nadar ni a tomar el sol. Playa. Dado el mandato  inexorable hay que elegir con cuidado. Las experiencias, sean las que  fueren, han de ser intensas y completas. Así Son Moll, playa de  adolescentes, cerca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tengo que llevar a las tres muchachas a la playa. No a bañarse,  exactamente. Ni a nadar ni a tomar el sol. Playa. Dado el mandato  inexorable hay que elegir con cuidado. Las experiencias, sean las que  fueren, han de ser intensas y completas. Así Son Moll, playa de  adolescentes, cerca de la una de la tarde de un día de julio en que  salió el sol después de 48 horas de abstinencia. Hummmm&#8230; Toda la playa  a huele a piña colada. Inequívoco. Fortísimo. El género humano  hirviendo. Habría que tener la polla de Abreu para describir este jardín  de las delicias antes de la irrupción del castigo. Indolente, me dedico  a la sociología en bañador, que es la única forma soportable de la  disciplina.</p>
<p>La playa ya tiene poco que ver con el sexo. Es el  único lugar donde las añagazas de las mujeres han retrocedido. En la  calle sorprenden cada año con alguna treta nueva: el elástico de las  bragas, el ombligo suelto, la raja de tu falda, o esta última del hombro  desnudo y fané. La playa, sin embargo, se ha vuelto recatada. O mejor:  indiferente. Han desaparecido aquellos sísmicos tangas de mi juventud y  también aquellas apretadísimas mallas paradójicas que descubrían cuanto  más velaban. Yo he sido de una época que ha visto pasearse las entrañas  como si tal cosa. Y la gran novedad: ha desaparecido el mismísimo y  legendario topless. Cuando ahora veo un topless en una playa ya sé que  se trata de alguna de mi edad y oficio, y mejor mirar a otro lado. Desde  el punto de vista estetico es una gran noticia. El topless era  ridículo, un mero seguidismo feminoide de las libertades pectorales  masculinas. Su ridiculez, obviamente, venía de la permanencia del  calzón: a calzón quitao resultaba hasta tal punto otra cosa que ya no  era topless. Aunque a veces lo que resultaba era naturismo jugolandia,  igualmente desdichado. Lo que era el topless nadie ha sabido describirlo  mejor que Álex Grijelmo, cuando en una piscina de Vallecas oyó a dos  amigas decirse:</p>
<p>&#8211;¿Nos ponemos a tomar el sol en tetas?</p>
<p>No hay un solo par de tetas desnudo en Son Moll. Ni tampoco nada  reseñable desde el punto de vista de la malicia textil. Hay, desde  luego, un desfile agobiante de muchachas con mucho poder; pero  sobriamente trajeadas.</p>
<p>Me parece que las cosas han cambiado  mucho. Me parece que a la playa ya se viene con todo hecho.</p>
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		<title>Vida de château (XV)</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 13:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arcadi</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Cerca de la playa me cruzo con un grupo de jóvenes alemanas y un   español. Ellas son altas, lácteas, fuertes, limpias, impresionantes de   salud y estado de bienestar. Es decir, son muy bellas, y acaban de   despertarse. El español habrá cumplido los 35 años. Es bajito, tiene el  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cerca de la playa me cruzo con un grupo de jóvenes alemanas y un   español. Ellas son altas, lácteas, fuertes, limpias, impresionantes de   salud y estado de bienestar. Es decir, son muy bellas, y acaban de   despertarse. El español habrá cumplido los 35 años. Es bajito, tiene el   pelo y los ojos negros, y unas largas patillas que acaban en culata de   pistolón. Lleva un nicky blanco y unos pantalones negros. Ya las atisbó  desde muy lejos. Cuando el grupo pasa, dejándole las narices  atufadas  de miel y lavanda, abre los brazos y sonríe, convocando al  mundo a que  contemple semejante preciosidad en marcha. Es una gran pose,  y va mucho más allá del aprecio erótico. Cierto que acaba de cepillárselas  (el verbo  es suyo) una a una, metódicamente, en no más de cinco  segundos. Pero su  mirada es, sobre todo, la celebración de la juventud y  de la  impotencia, una pura petición de auxilio social.</p>
<p>Yo me siento muy afortunado por haber contemplado un episodio más de lo   que nunca muere. Pero la anécdota concreta me pilla en mal momento. La   entrada de mis hijas en el umbral de la adolescencia ha tenido efectos   destructivos en mi celebración de la carne joven. Saturado de  hormonas,  ahíto de turgencias, licuado en mil flujos, prefiero, por lo  general,  menos arrogancia y hasta un punto de flacidez amorosa. La  circunstancia  de esos vejetes en manos de muñecas se me hace más  incomprensible cada  día. La vida, (y ¡los patéticos embates!) rebota en  tales cuerpos.</p>
<p>Aunque algo dubitativo, mi anfitrión acaba por transigir sobre este   sentimiento. Por la noche hablamos y bebemos, refugiados del frío en un   curiosísimo salón de la casa. La pieza central es una hermosa piedra de   moler aceitunas que lleva allí cuatro siglos. Aunque lo realmente   superlativo son las dos profundas tumefacciones de los muros adyacentes.   Calmada y precisamente el anfitrión informa:</p>
<p>—Por uno entraba el mulo y por el otro salía, accionando la muela.</p>
<p>Han puesto música. Pablo Abraira, turgente e inmortal.</p>
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		<title>Vida de château (XIV)</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 19:05:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arcadi</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El cielo se nubla y el aire se refresca y las gentes de aquí  experimentan un alivio. Yo no. Yo he venido a por el calor sin tregua. A  ir de aquí para allá hasta el anochecer, salado y caliente. Y acabarlo  en la playa desocupada, como el otro día en Cala [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El cielo se nubla y el aire se refresca y las gentes de aquí  experimentan un alivio. Yo no. Yo he venido a por el calor sin tregua. A  ir de aquí para allá hasta el anochecer, salado y caliente. Y acabarlo  en la playa desocupada, como el otro día en Cala Torta, uno de esos  crepúsculos en que hasta el mar tiene demasiado calor para moverse. Las  nubes facilitan el pensamiento, que ahora es el máximo de los horrores  disponibles. Por si fuera poco llega una carta con este párrafo:</p>
<p>«Siento cada día mayor aversión a eso que llaman información política.  Me asombro ¡a mis años! del nivel de infamia que están alcanzando los  que tú sabes. No puedo dejar de sentir una cierta vergüenza ajena, y un  oscuro complejo de culpa por tantos años de ceguera voluntaria. ¿Han  cambiado ellos? ¿He cambiado yo? ¿Cómo se puede pedir que se oculte  información sobre el número de asistentes a una manifestación porque  rebaja tus emociones de militante? ¿Ése era también mi nivel? La deriva  del Psoe y sus señoritos mediáticos es preocupante. Están jugando en los  límites de la crisis de Estado. Cada día pienso más en la frivolidad  sectaria de los años de la II República. Los tiempos cambian pero hay  sociedades que no aprenden de su propia historia.»</p>
<p>Va a llover.</p>
<p>Esta es la pregunta. Mi amigo Santiago González también se la hace  con frecuencia. «¿Han cambiado ellos? ¿He cambiado yo?» Al principio él  era partidario de endosárselo a ellos. Va cambiando. Por mi parte, y  dado que se trata de un asunto trascendental, yo cambio cada día de  opinión.</p>
<p>La propia formulación de la pregunta exige el  cumplimiento de una premisa harto discutible: la unidad del yo. Cambiar,  en el fondo, significa permanecer. Nos resistimos a una hipótesis  distinta: la de ser otro. Otro que vuelve la cabeza y mira al Uno, con  las consecuencias lógicas de la ausencia de vínculos.</p>
<p>Pero  demos por bueno que la unidad del yo existe, y que hemos atravesado,  compactos, el tiempo. No todos los yoes experimentan esa sensación que  describía mi corresponsal. En realidad, la mayoría de las gentes cree  que ni ellos han cambiado ni he cambiado yo. Pero en una pequeña minoría  es cierto que la quiebra se ha producido. Santiago González, que es un  hombre optimista, piensa que de ningún modo él pudo ser tan vil. Y que  son sus buenos compañeros de entonces los que hoy se han envilecido. Yo  pienso, al menos antes de que llueva, todo lo contrario. Ellos dicen y  hacen como entonces. El problema de esta hipótesis es que, para el hoy,  me absuelve automáticamente de vileza. Y la verdad, no acabo de  creérmelo. Y lo peor de todo: que el haber escrito la frase anterior me  haga aún mejor.</p>
<p>Esto es lo que tiene estar aquí en vez de dando  brazadas.</p>
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		<title>Vida de château (XIII)</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 16:19:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arcadi</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

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		<description><![CDATA[Cena bajo la pérgola. Los invitados han atravesado la isla. Pescado  crudo en mil aderezos. Excelente. Sopla una tramontana ligera, ideal  para la conversación. Solo lamento que no podré nadar de noche, según mi  costumbre. Mi planteamiento era orientar la velada hacia Montaigne y  los links. En las respuestas a Gascón [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cena bajo la pérgola. Los invitados han atravesado la isla. Pescado  crudo en mil aderezos. Excelente. Sopla una tramontana ligera, ideal  para la conversación. Solo lamento que no podré nadar de noche, según mi  costumbre. Mi planteamiento era orientar la velada hacia Montaigne y  los links. En las respuestas a Gascón había visto claro que los <em>Ensayos</em>  eran un libro adecuadísimo para hacer una versión digital. Montaigne  escribía en hipertexto. Así pues, la posibilidad de dejar en la  superficie un texto seco y reservar las citas y los excursos para  sucesivas capas hipertextuales es muy lógica y razonable. Quien dice  Montaigne dice Boswell y su <em>Vida de Samuel Johnson</em>. Y tantos  otros. El libro digital es también una reescritura de la historia  literaria. Sólo hacen falta editores. Editores y no <a href="http://www.arcadiespada.es/2010/06/21/editores-fotocopiados/">rank  xeroxs.</a></p>
<p>Pero los invitados solo quieren hablar de don José  Montilla. Lo cual es muy comprensible. Se trata de una figura  universal. Y viva. Es un momento muy incómodo para mí. Aunque con tacto  exquisito y sin decirlo explícitamente los invitados me animan y me  emplazan. «¿Acaso no es usted catalán&#8230;? Pues háblenos de él, por  favor.»</p>
<p>Don José Montilla se ha convertido en un paradigma de la  traición, eso creen ellos y muchos con ellos. Yo estoy de acuerdo, y  comprendo que les resulte fascinante. Incluso aunque sólo sea por  especular con el castigo que merece. Pero macerado en el dulce de Yecla  que han traído hasta la mesa tiendo a la especulación disipada. Cierto  todo lo que dicen, y mi pulgar sería el primero bocabajo. Pero en su  haber habrá un hecho impagable: él habrá demostrado, y de manera  descarnada, hasta qué punto el nacionalismo es un mero instrumento de  poder. Con su rastrero ejemplo le habrá quitado mito y grandeza en una  medida que los nacionalistas nunca van a perdonarle.</p>
<p>—Por eso  le pegan —trato de zanjar, pensando en mis links. Pero ya es de  madrugada, y se levantan. Mi sino. Una vida perdida hablando de  mendrugos.</p>
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		<item>
		<title>El cliente será llamado</title>
		<link>http://www.arcadiespada.es/2010/07/24/24-de-julio-de-2010/</link>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 09:39:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>arcadi</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[El Mundo/Extras]]></category>

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		<description><![CDATA[Ferran Adrià
“El Bulli ya no será un restaurante, pero cocinaré y alguien comerá&#8221;
Un estudio reciente del Observatorio de la Cultura de La Fábrica concluía que Ferran Adrià (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1942) es el nombre indiscutible de la cultura española, por encima de Pedro Almodóvar, Miquel Barceló, Nacho Duato o Javier Marías. La clasificación tiene [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ferran Adrià<br />
“El Bulli ya no será un restaurante, pero cocinaré y alguien comerá&#8221;</p>
<p>Un estudio reciente del Observatorio de la Cultura de La Fábrica concluía que Ferran Adrià (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1942) es el nombre indiscutible de la cultura española, por encima de Pedro Almodóvar, Miquel Barceló, Nacho Duato o Javier Marías. La clasificación tiene un valor puramente simbólico, pero refleja un fenómeno desconcertante: el arraigo popular de un hombre cuyo arte han disfrutado, directamente, no más de cien mil personas en el mundo.</p>
<p>Arcadi Espada: ¿A cuántas personas distintas ha dado de comer en El Bulli?<br />
Ferran Adrià: Cuente 25 años, unas 4000 al año&#8230; 100.000 personas distintas, de muchas partes del mundo. De esas, unas 300 habrán venido cada año.</p>
<p>Espada: Veinticinco años. Cien mil personas. No hay ningún creador de su fama cuyo arte haya llegado a tan poca gente. Remarco lo de la fama. Es llamativo que de usted se hable tanto cuando tan poca gente sabe en realidad lo que usted hace.<br />
Adrià: Así es. Ésta es la paradoja. Un poco penosa para mí.</p>
<p>Espada: No hay un gap parecido. Ni Karajan ni Picasso ni Peter Brook?<br />
Adrià: Pena, pena. Cualquier creador querría que más gente pudiera apreciar su trabajo. Pero no hay nada que hacer.</p>
<p>Espada: Pena al margen. Estas son las características de su trabajo. La cuestión es ¿cómo ha marcado esta inmensa minoría su vida de creador?<br />
Adrià: Desde el punto de vista estrictamente creativo, poco. De hecho, hasta 1997, más o menos, nosotros tuvimos un público limitado. En esos años hubo más de un jueves de abril con el restaurante vacío. Esto lo sabe poca gente. Fue duro, pero supuso algo fundamental: tuvimos tiempo para crear. En realidad el problema vino después del 97, cuando el público nos desbordó y ya no hubo tanto tiempo creativo disponible. Pero también eso acabó siendo positivo. Organizamos un equipo mucho más completo que es, al fin y al cabo, el que ha hecho El Bulli.</p>
<p>Espada: Así que hubo doce años duros.<br />
Adrià: Sí, y que no han sido valorados en su justa medida. Yo vivía con cien mil pesetas al mes. Y había muchos meses que no podía pagar al personal, o que les pagaba menos. Pero, en fin, tampoco me faltaba de nada. Ni entonces ni ahora.</p>
<p>Espada: A partir de 2014, y de la nueva etapa de El Bulli, ¿aún va a haber menos personas y menos feedback?<br />
Adrià: Sí, inevitablemente. Pero con un feedback de mil personas al año, tengo bastante. ¿Será injusto? Todo es injusto, y hagamos lo que hagamos, será injusto. Pero esto no me preocupa. No puedo simplificar el futuro de El Bulli haciéndolo depender del número de personas que vengan a comer.</p>
<p>Espada: El problema es que hay que dar de comer. Su arte es ése. Un pintor puede pintar un cuadro en blanco; pero tiene que pintarlo.<br />
Adrià: Totalmente de acuerdo. Lo que pasa es que aún no sé bien cómo se organizará el feedback. Estará el de los 300 que vienen cada año, pero también habrá otro aleatorio.</p>
<p>Espada: Tengo que hacerle una pregunta complicada: ¿Por qué?<br />
Adrià: Ja, ja. Es verdad que necesitábamos estímulos nuevos. Todo se estaba convirtiendo en previsible. Cuando acababa un año yo sabía que al siguiente iba a crear ciento veinte platos: lo sabía. Luego, es verdad también que me apetecía estar dos años sin presión. No es que no la soportara, que yo lo soporto todo, pero me apetecía. En fin: había que romper. El porqué no acabo de saberlo. Pueden influir tantas cosas&#8230; Incluso el hecho de que yo no tenga hijos puede influir.</p>
<p>Espada: Por cierto, ¿por qué no?<br />
Adrià: La vida que hemos tenido ha sido muy difícil. Nadie sabe, excepto mi mujer, la vida que he tenido estos diez años. ¡Cuatro meses al año sin un solo día libre!</p>
<p>Espada: No me parece muy impresionante, con franqueza. Esa es la vida del artista. No me imagino a Picasso o Balzac con días libres.<br />
Adrià: El problema es que yo no estaba todo el tiempo creando. Dedicaba al resturante 16 horas diarias. Pero sólo una parte era creación. La otra era ver cómo y en qué podía ganar dinero. Yo me quejo de esta segunda parte, y es en este sentido que digo que ha sido duro.<br />
Espada: Descríbame un día corriente de lo que será El Bulli a partir de 2014. Por cierto ¿se va a seguir llamando igual?<br />
Adrià: Sí, es el único sitio que se va a llamar El Bulli. El Bulli algo. Una posibilidad era El Bulli Taller. Un gran taller donde trabajarán varios grupos de becarios por el día y por la noche&#8230;</p>
<p>Espada: Y usted.<br />
Adrià: Sí, claro, yo también trabajaré, y mi hermano Albert y Oriol Castro y parte del equipo actual del restaurante.</p>
<p>Espada: ¿Cuándo se comerá?<br />
Adrià: Se comerá. Habrá algún momento en que quiera que algunas personas vengan a probar algo, porque me interese su feedback. O que un espónsor de la fundación tenga derecho a tres mesas al año. Esto será lo más parecido al restaurante: 20 ó 25 noches al año.</p>
<p>Espada: Imaginemos a uno de esos cien mil que ha ido a El Bulli a lo largo de estos años. O incluso a uno de esos 300 que han ido cada año. Llama en el 2014 y dice que quiere ir y ver qué está usted haciendo.<br />
Adrià: Si es ver, sí. Comer es más difícil. El Bulli ya no será un restaurante.</p>
<p>Espada: Vislumbro una novedad perturbadora. El cliente no llamará, sino que será él quien será llamado.<br />
Adrià: Seguramente. Pero también vendrá gente de un modo aleatorio. Cenas benéficas, incluso, que a mí me ofrecen hacer con bastante asiduidad y que ahora no puedo atender.</p>
<p>Espada: ¡Cenas para combatir el hambre en el mundo!<br />
Adrià: Ja, ja&#8230; Es verdad que me llaman muchas veces, sea la lucha contra el hambre o contra el Sida.</p>
<p>Espada: ¿Cuánto cuesta El Bulli ahora al año?<br />
Adrià: Medio millón de euros.</p>
<p>Espada: ¿Y en el 2014?<br />
Adrià: Un poco más, pero no mucho más.</p>
<p>Espada: ¿Y ve clara la posibilidad de financiarlo?<br />
Adrià: Como la veo ahora.</p>
<p>Espada: Entiendo que usted va a ser el principal patrón de la fundación.<br />
Adrià: Sí. Dirán que estoy loco, porque no somos multimillonarios, pero es lo que hay.</p>
<p>Espada: Sigamos describiendo lo que va a pasar a partir de 2014.<br />
Adrià: Sí, algo muy importante. Cada noche al acabar, colgaremos en internet lo que hayamos hecho. La obra.</p>
<p>Espada: Hummm. Interesante.<br />
Adrià: Será especialmente interesante para el mundo profesional. Que cocineros de todo el mundo puedan seguir paso a paso lo que estamos haciendo me parece fantástico.</p>
<p>Espada: A ver si lo entiendo bien: imaginemos que usted y su equipo empiezan a trabajar un día para conseguir gelatina caliente. Cada noche van detallando los pasos hasta que lo consigan.<br />
Adrià: Eso es. Lo único que no colgaremos serán los platos concretos. Porque en realidad eso es lo de menos. Pero sí el paso a paso de las técnicas.</p>
<p>Espada: Esa es la parte social de su discurso. Le preocupa. A Picasso, para seguir con él, lo único que le importaba eran sus cuadros y su polla. No le importaba el futuro de la pintura ni su pedagogía. A usted sí.<br />
Adrià: Estoy totalmente de acuerdo. No puedo añadir nada. Cada uno es como es.</p>
<p>Espada: Y usted es un hombre muy correcto, sensible a las acusaciones relacionadas con el privilegio.<br />
Adrià: No me gustaría que dijeran de mí que en el fondo soy un chorizo, y que lo de la honradez es una pose, y tal, y tal. Pero es evidente que las consecuencias de lo que hago causan a veces muchos problemas. Pero, en fin, yo me tengo por gente que procura no crear problemas a nadie.</p>
<p>Espada: La paradoja es que su trabajo se asocia demasiado al gran lujo. Comer en El Bulli cuesta el mismo dinero que una tribuna del Barça, pero está mucho más penalizado socialmente. Penalizado por el dinero y no por el privilegio.<br />
Adrià: Así es. Y no acabo de explicarme por qué sucede eso.</p>
<p>Tampoco el teatro se conserva Espada: Como artista podría haber elegido otro formato: abrir un restaurante con una mesa como el Mibu de Ishida.<br />
Adrià: Espero poder integrar también ese formato en El Bulli.</p>
<p>Espada: Usted viene de una familia económicamente modesta, ¿no?<br />
Adrià: Sí, mi padre era estucador de paredes.</p>
<p>Espada: ¿Tiene algo que ver eso con su presunta mala conciencia ante el privilegio?<br />
Adrià: No lo creo.</p>
<p>Espada: Hay otro problema en su trabajo: la conservación. Nadie puede comer hoy el corte de parmigiano, que ideó hace años. Pero sí podemos comer el coulant de Michel Bras. Y ya no hablemos de las creaciones musicales literarias, pictóricas, accesibles de un modo u otro.<br />
Adrià: Tampoco el teatro se conserva.</p>
<p>Espada: Cierto, aunque hay diferencias los dos trabajos se parecen en eso.<br />
Adrià: He pensado bastante en esta cuestión. No sé qué sucede en realidad. Pero le diré una cosa: la cocina no viaja bien, ni siquiera en el tiempo. Cuando la descontextualizas, no se aguanta. Pierde el valor que tenía en su momento. Es una característica de la cocina.<br />
Espada: No estoy seguro. Una liebre à la royale atraviesa el tiempo. Y una tortilla también.<br />
Adrià: Sí, eso es innegable. Aunque no sé si son los mismos platos; si el coulant de hoy de Bras es el primer coulant o si es mejor o si es peor. Pero en cualquier caso, eso no es El Bulli. El corte de parmigiano? ¡ya lo hicimos! No vamos a escribir otra vez el mismo libro. Mire, este año se me ocurrió que podíamos elegir diez clásicos y hacer con ellos la versión 2010. Uno era el corte de parmigiano. Nos pusimos manos a la obra. Sin éxito.</p>
<p>Espada: ¿Sin éxito?<br />
Adrià: Sí, creo que hemos hecho el mejor helado del mundo, pero no es el corte de parmigiano.</p>
<p>Espada: Eso de los diez clásicos puede que responda a una cierta necesidad. Usted pasará a la historia más por sus técnicas que por sus platos.<br />
Adrià: Seguramente por el exceso. Si en vez de 2.000 platos hubiéramos hecho 60?</p>
<p>Espada: No sólo. No se ha preocupado de crear un lugar donde esos platos pudieran revisarse. Mire el caso del bar que va a abrir en Barcelona con su hermano.<br />
Adrià: Sí. ¿Qué sucede con él?</p>
<p>Espada: Un bar de ensaladillas.<br />
Adrià: ¡No! No sólo.</p>
<p>Espada: Entiéndame. Su hermano tiene un bar, el Inòpia, donde se come la mejor ensaladilla del mundo. Pero es paradójico que usted abra un nuevo negocio y no cuente con esos 2.000 platos que ha creado.<br />
Adrià: Algo habrá, algo habrá. En especial porque será un bar de tapas, un gastrobar, esa palabra tan fea, pero ya inevitable; y el Bulli, sobre todo, ha hecho tapas.</p>
<p>Espada: Usted ha cambiado la historia de la comida, la estructura del menú, ha hecho más incierta la diferencia entre lo dulce y salado, ha incluido en la ceremonia de la comida hasta el humor&#8230; Pero todo eso lo ha hecho en un restaurante físicamente convencional. Casi diría que kitsch.<br />
Adrià: No se podía tocar. Era como un museo. Creo que acertamos en eso. En cualquier caso tiene razón en algo: el Restaurante, en sí, como concepto, está viejo. Ha de cambiar. No es actual.</p>
<p>Espada: ¿Cómo ha de cambiar?<br />
Adrià: No lo sé. En la línea de gastrobar que decíamos. Es interesante lo que ha hecho Dani García en La Moraga. No es bien bien un restaurante pero tampoco un bar. Supongo que hay que ir por ese camino, y desarrollarlo. El Restaurante es más viejo y formal que la gente.</p>
<p>Espada: La inmovilidad de una comida convencional se hace a veces muy larga y pesada. Esa ceremonia inmóvil del restaurante. Fatiga a veces. Pero lo contrario es el tapeo y no es para todas las ocasiones.<br />
Adrià: Tapear es ir de un bar a otro, en efecto. Y de pie. Lo difícil es mantener las virtudes del restaurante, la comodidad y la tranquilidad, y flexibilizarlas.</p>
<p>Espada: ¡Usted ha resuelto el problema drásticamente! El Bulli ya no será un restaurante.<br />
<a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/27650/El_Bulli_ya_no_sera_un_restaurante_pero_cocinare">Adrià: Pero cocinaré. Y alguien comerá.</a></p>
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