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	<title>Bagatela</title>
	
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	<description>Anecdotario</description>
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		<title>Juan Martín Díez</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Sep 2010 19:49:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Seguir la pista a la etimología de un término en ocasiones nos hace pasear por rutas asombrosas. En esta entrada quiero sondear una palabra española, pero al hacerlo voy a seguir la senda en el sentido contrario al usual; esto es, desde lo antiguo a lo nuevo, del latín al castellano moderno. Empezaremos con la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Seguir la pista a la etimología de un término en ocasiones nos hace pasear por rutas asombrosas. En esta entrada quiero sondear una palabra española, pero al hacerlo voy a seguir la senda en el sentido contrario al usual; esto es, desde lo antiguo a lo nuevo, del latín al castellano moderno. Empezaremos con la palabra latina <em>pix</em> (aparece en época tardía), con acusativo <em>picem</em>. Su sentido es el de <em>alquitrán</em>. De ella deriva nuestra <em>pez</em>, en su sentido de sustancia viscosa, o excremento (no en el de animal, que procede de <em>piscis</em>). También, a través de <em>picare</em>, ha dado lugar a <em>pegar</em>. En romance derivó en <em>pixín</em>, en mozárabe se usó <em>péčín</em>, y el árabe la convirtió en <em>alpičín</em> (de donde procede <em>alpechín</em>).<br />
Pero nos vamos a centrar en otro derivado similar: <em>pecina</em>, que se aplica al cieno que se forma en las aguas con materia en descomposición. En 1775 nacía en la localidad vallisoletana de Castrillo del Duero el personaje a quien alude el título de la entrada, Juan Martín Díez. Junto al pueblo pasa el arroyo Botijas, que acumulaba en su fondo gran cantidad de pecina verde, hasta el punto de dar el sobrenombre de <em>empecinados</em> a sus habitantes. Cuando Juan Martín cobró renombre a resultas de su fiera resistencia a las tropas napoleónicas, se lo apodó &#8220;el Empecinado&#8221;. Hasta tal punto ganó fama su lucha junto a Wellington que hoy en día se usa dicho adjetivo, <em>empecinado</em>, para indicar obstinación, y el verbo <em>empecinarse</em> alude a encapricharse testarudamente con algo.</p>
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		<title>Crónica del pájaro que da cuerda al mundo</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 17:02:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[El pozo rebosaba de luz brillante. Era como una inundación de luz. Ante esa claridad sofocante apenas pude respirar. La oscuridad y el frío fueron desterrados en un instante y los cálidos rayos del sol abrazaron dulcemente mi cuerpo desnudo. Incluso el dolor parecía haber sido bendecido por la luz. A mi lado estaban los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><blockquoute>El pozo rebosaba de luz brillante. Era como una inundación de luz. Ante esa claridad sofocante apenas pude respirar. La oscuridad y el frío fueron desterrados en un instante y los cálidos rayos del sol abrazaron dulcemente mi cuerpo desnudo. Incluso el dolor parecía haber sido bendecido por la luz. A mi lado estaban los huesos del pequeño animal. La luz del sol también iluminó cálidamente aquellos huesos blancos. Con aquel fulgor, incluso aquellos huesos funestos se convirtieron en un afable compañero. Pude ver la pared de piedra que me rodeaba. Bañado por aquel resplandor me olvidé incluso del pánico, el sufrimiento y la desesperación.</p></blockquote>
<p><em>Haruki Murakami.</em></p>
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		<title>Leviatán</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 20:42:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde los catorce años había guardado todos los regalos de cumpleaños que le habían hecho: aún envueltos, pulcramente ordenados cronológicamente en estantes. De adulta, celebraba cada año una cena de cumpleaños en su honor, a la cual invitaba siempre a tantas personas como años cumplía. Algunas semanas se permitía hacer lo que ella llamaba «la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Desde los catorce años había guardado todos los regalos de cumpleaños que le habían hecho: aún envueltos, pulcramente ordenados cronológicamente en estantes. De adulta, celebraba cada año una cena de cumpleaños en su honor, a la cual invitaba siempre a tantas personas como años cumplía. Algunas semanas se permitía hacer lo que ella llamaba «la dieta cromática», limitándose a alimentos de un solo color cada día. Lunes, naranja: zanahorias, melones cantalupo, camarones cocidos. Martes, rojo: tomates, caquis, steak tartare. Miércoles, blanco: lenguado, patatas, requesón. Jueves, verde: pepinos, brécol, espinacas. Y así sucesivamente hasta llegar a la última comida del domingo. Otras veces hacía divisiones semejantes basadas en las letras del alfabeto. Pasaba días enteros bajos el hechizo de la b o la c o la w, y luego, tan repentinamente como había empezado, abandonaba el juego y pasaba a otra cosa.</p></blockquote>
<p><em>Paul Auster.</em></p>
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		<title>El Imperio</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Aug 2010 20:42:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Al mundo lo amenazan tres plagas, tres pestes. La primera es la plaga del nacionalismo. La segunda es la plaga del racismo. La tercera es la plaga del fundamentalismo religioso. Las tres tienen un mismo rasgo, un denominador común: la irracionalidad, una irracionalidad agresiva, todopoderosa, total. No hay manera de llegar a una mente tocada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Al mundo lo amenazan tres plagas, tres pestes.<br />
La primera es la plaga del nacionalismo.<br />
La segunda es la plaga del racismo.<br />
La tercera es la plaga del fundamentalismo religioso.<br />
Las tres tienen un mismo rasgo, un denominador común: la irracionalidad, una irracionalidad agresiva, todopoderosa, total. No hay manera de llegar a una mente tocada por cualquiera de estas plagas. En una cabeza así constantemente arde una santa pira en espera de víctimas. Todo intento de entablar una conversación serena está condenado al fracaso. Aquí no se trata de una conversación sino de una declaración. Que asientas a lo que él dice, que le concedas la razón, que firmes tu adhesión. Si no lo haces, ante sus ojos no tienes ninguna importancia, no existes, pues sólo cuentas como un instrumento, como un arma. No existen las personas, existe la causa.<br />
Una mente tocada por semejante peste es una mente cerrada, unidimensional, monotemática y sólo gira en torno de un único tema: el enemigo. Pensar sobre el enemigo nos alimenta, nos permite existir. Por eso el enemigo siempre está presente, nunca nos abandona.</p></blockquote>
<p><em>Ryszard Kapuściński.</em></p>
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		<title>Staliniada</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 20:41:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[El tren se dirige hacia un futuro luminoso. Lo conduce Lenin. De pronto: stop, se han acabado las vías. Lenin apela a la gente pidiendo que trabaje horas extras los sábados; se colocan más vías y el tren puede continuar el viaje. Después se pone a conducirlo Stalin. Y también se acaban las vías. Stalin [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>El tren se dirige hacia un futuro luminoso. Lo conduce Lenin. De pronto: stop, se han acabado las vías. Lenin apela a la gente pidiendo que trabaje horas extras los sábados; se colocan más vías y el tren puede continuar el viaje. Después se pone a conducirlo Stalin. Y también se acaban las vías. Stalin manda fusilar a la mitad de los revisores y de los pasajeros, y obliga a los demás a colocar vías nuevas. El tren se pone en marcha. Jruschov sustituye a Stalin, y cuando se acaban las vías ordena desmontar las que el tren ha dejado atrás y colocarlas delante de la locomotora. Jruschov es sustituido por Brézhnev. Cuando vuelven a acabarse las vías, Brézhnev dispone que se corran las cortinas de las ventanillas y que se balanceen los vagones de tal manera que los pasajeros crean que el tren continúa en marcha.</p></blockquote>
<p><em>Yuri Bórev.</em></p>
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		<title>La hierba roja</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 20:40:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[-Monsieur Brul, odio los estudios porque hay demasiados imbéciles que saben leer: pero ni estos imbéciles se equivocan, porque se pasan el día leyendo periódicos deportivos y glorificando a los héroes del estadio. Y más nos valdría aprender a hacer el amor correctamente que devanarnos los sesos delante de un libro de historia. Monsieur Brul [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>-Monsieur Brul, odio los estudios porque hay demasiados imbéciles que saben leer: pero ni estos imbéciles se equivocan, porque se pasan el día leyendo periódicos deportivos y glorificando a los héroes del estadio. Y más nos valdría aprender a hacer el amor correctamente que devanarnos los sesos delante de un libro de historia.<br />
Monsieur Brul levantó tímidamente la mano.<br />
-No me corresponde a mí hacerle preguntas sobre ese asunto -dijo-. No se aparte del tema, vuelvo a recordárselo.<br />
-El amor es una actividad física tan descuidada como las demás -dijo Wolf.<br />
-Es posible -respondió Monsieur Brul-, pero normalmente se le dedica un capítulo especial.<br />
-Está bien -dijo Wolf-, no hablemos más de ello. Ahora ya sabe qué opino de sus estudios. De su chochez. De su propaganda. De sus libros. De sus aulas que apestan y de los tontos de la clase que se pasan el día masturbándose. De sus lavabos llenos de mierda y de los alborotadores solapados, de los alumnos de la Escuela Normal, verdosos y gafudos, de los del Politécnico, llenos de presunción, de los de la Central, almibarados de burguesía, de los médicos ladrones y de los jueces deshonestos&#8230; qué porquería&#8230; yo me quedo con un buen combate de boxeo&#8230; también está amañado, pero por lo menos es divertido.</p></blockquote>
<p><em>Boris Vian.</em></p>
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		<title>Panorama ciego de Nueva York</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Jul 2010 20:39:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Si no son los pájaros cubiertos de ceniza, si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda, serán las delicadas criaturas del aire que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible. Pero no, no son los pájaros, porque los pájaros están a punto de ser bueyes; pueden ser rocas blancas con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Si no son los pájaros<br />
cubiertos de ceniza,<br />
si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,<br />
serán las delicadas criaturas del aire<br />
que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.<br />
Pero no, no son los pájaros,<br />
porque los pájaros están a punto de ser bueyes;<br />
pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna<br />
y son siempre muchachos heridos<br />
antes de que los jueces levanten la tela.</p>
<p>Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte,<br />
pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.<br />
No está en el aire ni en nuestra vida,<br />
ni en estas terrazas llenas de humo.<br />
El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas<br />
es una pequeña quemadura infinita<br />
en los ojos inocentes de los otros sistemas.</p>
<p>Un traje abandonado pesa tanto en los hombros<br />
que muchas veces el cielo los agrupa en ásperas manadas.<br />
Y las que mueren de parto saben en la última hora<br />
que todo rumor será piedra y toda huella latido.</p>
<p>Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene arrabales<br />
donde el filósofo es devorado por los chinos y las orugas.<br />
Y algunos niños idiotas han encontrado por las cocinas<br />
pequeñas golondrinas con muletas<br />
que sabían pronunciar la palabra amor.</p>
<p>No, no son los pájaros.<br />
No es un pájaro el que expresa la turbia fiebre de laguna,<br />
ni el ansia de asesinato que nos oprime cada momento,<br />
ni el metálico rumor de suicidio que nos anima cada madrugada.<br />
Es una cápsula de aire donde nos duele todo el mundo,<br />
es un pequeño espacio vivo al loco unisón de la luz,<br />
es una escala indefinible donde las nubes y rosas olvidan<br />
el griterío chino que bulle por el desembarcadero de la sangre.<br />
Yo muchas veces me he perdido<br />
para buscar la quemadura que mantiene despiertas las cosas<br />
y sólo he encontrado marineros echados sobre las barandillas<br />
y pequeñas criaturas del cielo enterradas bajo la nieve.<br />
Pero el verdadero dolor estaba en otras plazas<br />
donde los peces cristalizados agonizaban dentro de los troncos,<br />
plazas del cielo extraño para las antiguas estatuas ilesas<br />
y para la tierna intimidad de los volcanes.</p>
<p>No hay dolor en la voz. Sólo existen los dientes,<br />
pero dientes que callarán aislados por el raso negro.<br />
No hay dolor en la voz. Aquí sólo existe la Tierra.<br />
La tierra con sus puertas de siempre<br />
que llevan al rubor de los frutos.</p></blockquote>
<p><em>Federico García Lorca. Poeta en Nueva York.</em></p>
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		<title>Les voyelles</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jun 2010 20:36:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu: voyelles, Je dirai quelque jour vos naissances latentes: A, noir corset velu des mouches éclatantes Qui bombinent autour des puanteurs cruelles, Golfes d&#8217;ombre; E, candeur des vapeurs et des tentes, Lances des glaciers fiers, rois blancs, frissons d&#8217;ombrelles; I, pourpres, sang craché, rire des lèvres [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><span style="color: #000000">A noir</span>, <span style="color: #666666">E blanc</span>, <span style="color: #990000">I rouge</span>, <span style="color: #009900">U vert</span>, <span style="color: #000099">O bleu</span><span style="color: #996633">: voyelles,<br />
Je dirai quelque jour vos naissances latentes:</span><br />
A, noir corset velu des mouches éclatantes<br />
Qui bombinent autour des puanteurs cruelles,</p>
<p>Golfes d&#8217;ombre; <span style="color: #666666">E, candeur des vapeurs et des tentes,<br />
Lances des glaciers fiers, rois blancs, frissons d&#8217;ombrelles;</span><br />
<span style="color: #990000">I, pourpres, sang craché, rire des lèvres belles<br />
Dans la colère ou les ivresses pénitentes;</span></p>
<p><span style="color: #009900">U, cycles, vibrement divins des mers virides,<br />
Paix des pâtis semés d&#8217;animaux, paix des rides<br />
Que l&#8217;alchimie imprime aux grands fronts studieux;</span></p>
<p><span style="color: #000099">O, suprême Clairon plein des strideurs étranges,<br />
Silence traversés des Mondes et des Anges:<br />
-O l&#8217;Oméga, rayon violet de Ses yeux!</span></p></blockquote>
<p>A negra, <span style="color: #666666">E blanca</span>, <span style="color: #990000">I roja</span>, <span style="color: #009900">U verde</span>, <span style="color: #000099">O azul</span><span style="color: #996633">: vocales,<br />
diré algún día vuestros latentes nacimientos.</span><br />
Negra A, jubón velludo de moscones hambrientos<br />
que zumban en las crueles hediondeces letales.</p>
<p><span style="color: #666666">E, candor de neblinas, de tiendas, de reales<br />
lanzas de glaciar fiero y de estremecimientos<br />
de umbrelas; </span><span style="color: #990000">I, las púrpuras, los esputos sangrientos,<br />
las risas de los labios furiosos y sensuales.</span></p>
<p><span style="color: #009900">U, temblores divinos del mar inmenso y verde.<br />
Paz de las heces. Paz con que la alquimia muerde<br />
la sabia frente y deja más arrugas que enojos.</span></p>
<p><span style="color: #000099">O, supremo clarín de estridores profundos,<br />
silencios perturbados por ángeles y mundos.</span><br />
¡Oh, la Omega, refleja violeta de sus ojos!</p>
<p><em>Arthur Rimbaud. Traducción de Mauricio Bacarisse.</em></p>
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		<item>
		<title>Expiación</title>
		<link>http://www.atril.org/bagatela/expiacion</link>
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		<pubDate>Sun, 20 Jun 2010 20:35:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[El silencio silbaba en sus oídos y su visión estaba un poco distorsionada; sus manos en el regazo parecían insólitamente grandes y al mismo tiempo lejanas, como vistas desde una gran distancia. Levantó una mano, flexionó los dedos y se preguntó, como había hecho algunas veces, cómo era posible que aquella cosa, aquella maquinaria para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>El silencio silbaba en sus oídos y su visión estaba un poco distorsionada; sus manos en el regazo parecían insólitamente grandes y al mismo tiempo lejanas, como vistas desde una gran distancia. Levantó una mano, flexionó los dedos y se preguntó, como había hecho algunas veces, cómo era posible que aquella cosa, aquella maquinaria para asir, aquella araña carnosa en el extremo del brazo, pudiese ser suya y estuviese totalmente a sus órdenes. ¿O poseía una pequeña vida propia? Dobló el dedo y lo enderezó. El misterio estaba en el instante antes de que se moviese, en la línea divisoria entre el no moverse y moverse, cuando su intención surtía efecto. Si pudiera estar en la cima, pensó, quizás descubriese el secreto de sí misma, aquella parte de sí que mandaba en realidad. Acercó el índice a la cara y lo miró fijamente, instándole a moverse. Permaneció inmóvil porque ella estaba simulando, no lo hacía del todo en serio, y porque querer que se moviese, o estar a punto de moverlo, no era lo mismo que moverlo de verdad. Y cuando finalmente dobló el dedo, pareció que la acción empezaba en el propio dedo, no en alguna parte de la mente de Briony. ¿Cuándo sabía el dedo que se movía, cuándo ella sabía que lo movía? No podía sorprenderse en plena acción. Era una cosa o la otra. No había puntadas, no había costura, y sin embargo ella sabía que, detrás del terso tejido ininterrumpido, era el yo real -¿era su alma?- el que tomaba la decisión de cesar el simulacro en impartir la orden definitiva.</p></blockquote>
<p><em>Ian McEwan.</em></p>
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		<title>Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jun 2010 20:34:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Antonio Casares González</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fragmentos]]></category>

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		<description><![CDATA[Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.</p></blockquote>
<p><em>Julio Cortázar. Historias de cronopios y de famas.</em></p>
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