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		<title>Por La Boca Muere El Pez</title>
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		<description>artículos, escritos y demás piezas perfectamente obviables perpetradas por Javier Armentia (&lt;a href=&quot;https://neopaquita.es/@javierarmentia&quot;&gt;@javierarmentia@neopaquita.es&lt;/a&gt; en Mastodon) </description>
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		<dc:publisher>javarm</dc:publisher>
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		<title>Campanadas de eclipse (una iniciativa abierta)</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79317</link>
		<description>Por si a alguien le puede interesar, la &lt;a href=&quot;https://www.pcinavarra.com/campaneros-de-navarra&quot;&gt;Asociación de Campaneros de Navarra&lt;/a&gt; ha creado unos repiques para el eclipse: uno para anunciar el comienzo de la parcialidad (que se invertiría para el final si no fuera porque en 2026 el ocaso solar es antes y ya no vemos el Sol) y otro para prevenir de la totalidad (que funciona a modo de avisar que es seguro ver el Sol sin protección) y que también se invierte al acabarse la fase de totalidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href=&quot;https://neopaquita.es/@javierarmentia/116715439740429322&quot;&gt;Como he comentado en Mastodon&lt;/a&gt; habrá un aviso: &lt;br /&gt;
&lt;i&gt;&quot;Se acerca ya...&quot; (repetido)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
para marcar el comienzo de la parcialidad y en el minuto previo a la totalidad las campanas tañerán:&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;&quot;Comienza el eclipse ya&lt;br /&gt;
el eclipse ya&lt;br /&gt;
llega ya&lt;br /&gt;
ya&lt;br /&gt;
ya...&quot;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(los textos ayudan a la campanera a recordar el repique). &lt;br /&gt;
Al salir de la totalidad sonará el mismo repique pero invertido en el tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Por qué esto? Las campanas han sido, especialmente en los pueblos, en esa España despoblada que se verá invadida por el eclipse, el aviso, la alerta, la llamada que además, tenía su significado. Mucha gente recordará de ese toque &quot;ten-te-nu-blo&quot; de cuando llegaba la tormenta. Las campanadas a muerto, las alertas de incendio. Por lo que me han contado, no existe registro de un toque de eclipse. Tiene su lógica: un fenómeno tan poco habitual no llegó a generar la necesidad de un repique propio. Pero la Asociación de Campaneras y Campaneros de Navarra se animó a pensar en que un eclipse bien merece su campanada propia. ¿No se para el país aún con los doce toques de la nochevieja? Hace unos años, la misma asociación, con la &lt;a href=&quot;https://climafundazioa.org/fundacion/&quot;&gt;Fundación Clima&lt;/a&gt;, propuso, con el proyecto &lt;a href=&quot;https://climafundazioa.org/proyectos/&quot;&gt;Campanas por el Clima&lt;/a&gt;, usar las campanas cuando la predicción meteorológica anuncia calores extremos u otros fenómenos extremos relacionados con el clima. Así que el contexto nos indica que bien merece la pena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aún no tenemos una grabación y los datos de estos repiques, pero los pondrán en la propia web del Ayuntamiento de Lerín, que es donde hoy hemos presentado la iniciativa, dentro de las actividades de las X Jornadas de Astroturismo Lerín Tierra Estrella: &lt;a href=&quot;https://www.lerin.es/eclipse-12-08-2026/&quot;&gt;(+info en la web municipal)&lt;/a&gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia la comentan en Navarra TV: &lt;a href=&quot;https://www.navarratelevision.es/noticia/zf830a713-3664-4f87-9469dfd980c5cafa/202606/el-eclipse-solar-suma-iniciativas-en-lerin&quot;&gt;El eclipse solar suma iniciativas en Lerín&lt;/a&gt;.</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79314">
		<title>Marchando una de eclipses</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79314</link>
		<description>&lt;h4&gt;0. Prefacio&lt;/h4&gt;&lt;br /&gt;
Desde hace unos meses me ha tocado hablar de esto de los eclipses de Sol, sobre todo pensando en el trío ibérico pero especialmente en el #eclipse del 12 de agosto de 2026. Ante diferente tipo de audiencias, en circunstancias diversas, centrándome más unas veces en la historia, otras en los mitos, alguna en la ciencia. Me he sentido a veces como el cocinero al que le deicen desde la barra &quot;marchando una de eclipses&quot; y tú te ves preparándolo todo y poniendo la ración en el plato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bien, aquí un poco la ración resumida. Uso a menudo alguna presentación de google, &lt;a href=&quot;https://docs.google.com/presentation/d/1emKPI0l4i-ea7OgIS5xYaTb7sT7Dv8vvoZPawuSZDUI/edit?usp=sharing&quot;&gt;como esta que hace unos días empleé en Salas de los Infantes&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;iframe src=&quot;https://docs.google.com/presentation/d/e/2PACX-1vTFESdUy2IMmpIDXNTyvA5qZwaQ07d1WOpf0B9ZtQf-mjJCE-MgM5rx7oXC-mpiN8kIti-9zdUbgj68/pubembed?start=false&amp;loop=false&amp;delayms=3000&quot; frameborder=&quot;0&quot; width=&quot;480&quot; height=&quot;299&quot; allowfullscreen=&quot;true&quot; mozallowfullscreen=&quot;true&quot; webkitallowfullscreen=&quot;true&quot;&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cierto que &lt;a href=&quot;https://www.tuvozenpinares.com/video/videos/conferencia-marchando-eclipses-javier-armentia/20260529192852091707.html&quot;&gt;la metieron por internet&lt;/a&gt; así que se puede ver en el tutubo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;iframe width=&quot;560&quot; height=&quot;315&quot; src=&quot;https://www.youtube.com/embed/4igPERNITHs?si=eiTfgBWDWVnxrhnh&quot; title=&quot;YouTube video player&quot; frameborder=&quot;0&quot; allow=&quot;accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share&quot; referrerpolicy=&quot;strict-origin-when-cross-origin&quot; allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bueno, he sacado una transcripción del texto, por si acaso, que siempre las letras escritas aguantan más todo. Esto es lo que viene (atención que es un poco largo: la charla viene a durar una hora, así que imagina. Así en lectura es menos tiempo, en todo caso.)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h3&gt;¡Marchando una de eclipses! Por Javier Armentia&lt;/h3&gt;&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;1. El asombro bajo la bóveda celeste: la llamada del eclipse&lt;/h4&gt;Siempre me vengo arriba desde el principio cuando tengo que hablar del cielo. Hay algo profundamente magnético en la bóveda celeste que nos apela de manera directa, un instinto atávico que nos empuja a levantar la mirada. Es un placer inmenso estar aquí un viernes por la tarde, rodeado de tanta gente con ganas de mirar al firmamento, a pesar de que este cambio repentino de tiempo nos ha pillado a todos un poco desprevenidos. Yo mismo ando algo acatarrado por esta transición brusca de estaciones que en Pamplona nos ha llevado de golpe de la calefacción al abrigo, y sé de buena tinta que a muchos de vosotros os apetecería más estar paseando tranquilamente ahí fuera, envueltos en los maravillosos «pelusones de los chopos» —esas semillas algodonosas de los álamos que flotan en el aire de Salas de los Infantes como nieve de primavera—, que metidos en un teatro. Pero os aseguro que la ocasión lo merece. Hoy nos convoca algo verdaderamente grande: vamos a hablar de eclipses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un eclipse total de Sol es, sin duda, uno de los espectáculos más imponentes que la naturaleza puede ofrecernos. Se suele decir que el que más nos sobrecoge, por encima de la primera vez en que vemos una aurora boreal... Sin embargo, a menudo me asalta un cierto temor de que las cosas que digo con entusiasmo queden registradas para la posteridad y que luego, al cabo del tiempo, se me devuelvan como algo ridículo o que causa pudor. Como llevo hablando de esto unos cuarenta años, sé de que hablo. Es un peaje inevitable para quienes nos dedicamos a contar la ciencia con pasión. Pero es que un eclipse es un acontecimiento que pone a prueba no solo nuestra capacidad de observación, sino también nuestra propia madurez como sociedad y la calidad de nuestra comunicación científica. El cielo no necesita ser presentado con exageraciones sensacionalistas, ni como una amenaza apocalíptica, ni como un milagro irrepetible de tintes mágicos. El fenómeno es, por sí mismo, de una belleza y una precisión matemática tan extraordinarias que cualquier intento de adornarlo con alarmismos o infantilismos solo consigue desvirtuarlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace poco, el Science Media Centre España me pidió que recopilara las últimas investigaciones científicas sobre qué es exactamente lo que sentimos los seres humanos al presenciar un eclipse total de Sol. Los resultados de estos estudios psicológicos y sociológicos son fascinantes. Lo podéis leer aquí: &lt;a href=&quot;https://sciencemediacentre.es/unico-extrano-sobrecogedor-que-se-siente-al-vivir-un-eclipse-total-de-sol&quot;&gt;“Único, extraño, sobrecogedor”: qué se siente al vivir un eclipse total de Sol&lt;/a&gt;. Todos los relatos históricos y contemporáneos coinciden en tres adjetivos: la experiencia es descrita de forma sistemática como algo único, extraño y sobrecogedor. El psicólogo Dacher Keltner, director del Berkeley Social Interaction Lab de la Universidad de California, publicó un revelador estudio sobre la psicología del asombro —lo que en inglés denominan awe—. Keltner describe el asombro como una poderosa maquinaria de origen evolutivo que conmueve al ser humano, transformando su percepción de la realidad, haciéndolo más cooperativo y, en última instancia, mejor persona. El asombro nos descentra del &quot;yo&quot; egoísta para sumergirnos en el &quot;nosotros&quot; colectivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante el gran eclipse que cruzó los Estados Unidos en 2017, un equipo de la Universidad Johns Hopkins liderado por el psicólogo Sean Goldy analizó millones de publicaciones en la red social Twitter (hoy X) antes, durante y después del evento. El análisis de lenguaje natural reveló un patrón asombroso: en las horas próximas a la totalidad, el uso de términos relacionados con la sorpresa, la gratitud, el cariño y la empatía se disparó de forma inaudita. Pero el cambio más significativo fue gramatical: la gente dejó de usar el pronombre «yo» para empezar a utilizar el «nosotros». Nos volvimos más conscientes de nuestra pertenencia a un colectivo, más humildes ante la escala del cosmos y más conectados con quienes compartían el momento. Lamentablemente, el estudio también demostró que este efecto de comunión social es efímero; apenas veinticuatro horas después del eclipse, los usuarios volvieron a sus dinámicas habituales de polarización y egocentrismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto nos demuestra que un eclipse trasciende por completo la física de órbitas y la mecánica celeste. Es un catalizador de emociones colectivas, un espejo de la situación política y cultural de cada época. Los antropólogos de la Universidad de Belgrado Ivan Kovačević y Danijel Sinani estudiaron este fenómeno comparando cómo reaccionó la población de la capital serbia ante dos eclipses solares muy distintos: el de 1961 y el de 1999. En 1961, bajo el régimen comunista yugoslavo, las autoridades e instituciones científicas informaron minuciosamente a la población. El eclipse se vivió en las calles con una inmensa curiosidad festiva y un gran espíritu de descubrimiento. En 1999, sin embargo, en una Serbia poscomunista marcada por la reciente guerra, los bombardeos de la OTAN y una profunda desconfianza institucional, el eclipse fue presentado por ciertos sectores y medios de comunicación como un peligro inminente. El resultado fue el pánico absoluto: las calles de Belgrado quedaron completamente desiertas, la gente se encerró en sus casas bajando las persianas y las mujeres embarazadas fueron conminadas a no salir bajo ningún concepto por miedo a supuestas radiaciones nocivas. El eclipse físico fue exactamente el mismo en ambas ocasiones, pero el eclipse social fue radicalmente distinto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como divulgadores, nuestro deber es asumir que el público es curioso, no ingenuo. Debemos ofrecer las herramientas necesarias para que la emoción del momento se ordene y se comprenda, aportando el contexto científico e histórico adecuado. En un mundo saturado de titulares hiperbólicos, de clickbait y de algoritmos diseñados para viralizar bulos —donde incluso colectivos extravagantes como los terraplanistas encuentran altavoces inesperados gracias a las inteligencias artificiales generativas—, el gran eclipse que se avecina representa una oportunidad de oro para demostrar que podemos narrar una gran historia celeste con el rigor y la serenidad que merece. El firmamento, como siempre, hará su parte de manera impecable; a nosotros nos toca estar a la altura de las circunstancias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;2. La feliz coincidencia de las escalas cósmicas&lt;/h4&gt;Detrás de la poesía y del terror mitológico de los eclipses se esconde una de las coincidencias numéricas más asombrosas de nuestro Sistema Solar. Una coincidencia de escalas que, si no la conociéramos de antemano a través de la física y la observación directa, nos parecería fruto de un diseño deliberado o de una carambola cósmica de proporciones inverosímiles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La propia palabra «eclipse» tiene raíces profundas que nos conectan con la antigüedad. Proviene del término griego ékleipsis, que significa literalmente desaparición, abandono u ocultamiento. Es el astro rey que nos abandona a mitad del día, dejándonos desamparados. Pero ¿quién se esconde detrás de quién en este juego de sombras? Los protagonistas son siempre tres: el Sol, la Luna y la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para comprender la magnitud de lo que ocurre en el cielo, debemos hacer un esfuerzo por visualizar la escala real de nuestro rincón del universo, algo que los diagramas de los libros de texto suelen distorsionar por completo por cuestiones de espacio. Si quisiéramos construir un modelo a escala verdaderamente representativo, podríamos imaginar que la Tierra tiene el tamaño de un balón de fútbol. A esa escala, nuestro satélite, la Luna, sería aproximadamente del tamaño de una pelota de golf. Para respetar la proporción de la distancia entre ambas, tendríamos que colocar la pelota de golf a unos siete metros y medio del balón de fútbol, una distancia que cubriría holgadamente la anchura del escenario de un teatro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La verdadera locura de las proporciones llega cuando intentamos introducir al Sol en esta maqueta. El Sol es una esfera colosal de gas caliente, unas  veces más grande en diámetro que la Luna. Sin embargo, por una de las piruetas geométricas más afortunadas del cosmos, el Sol se encuentra también unas  veces más lejos de nosotros que nuestro satélite. Al dividir ambas magnitudes, la distancia y el diámetro se compensan a la perfección en una igualdad matemática elegante:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En nuestra maqueta del balón de fútbol y la pelota de golf, para colocar al Sol a la distancia correcta, tendríamos que viajar fuera del teatro, salir de los límites de Salas de los Infantes y colocar una esfera gigantesca de más de veinticuatro metros de diámetro —equivalente a un edificio de ocho plantas— a una distancia de casi cuatro kilómetros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta equivalencia matemática exacta hace que, vistos desde la superficie de la Tierra, ambos astros parezcan tener exactamente el mismo tamaño en el firmamento: aproximadamente medio grado de arco. Es esta coincidencia absoluta la que permite que la Luna tape milimétricamente el disco brillante del Sol durante un eclipse total. Si la Luna fuera un poco más pequeña, o si estuviera situada en una órbita ligeramente más alejada, nunca podría ocultar por completo al Sol; en su lugar, solo veríamos tránsitos o eclipses anulares permanentes. Si fuera más grande o estuviera más cerca, taparía al Sol con tanta facilidad y frecuencia que el fenómeno perdería parte de su magia y nos impediría contemplar detalles tan sutiles como la corona solar externa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, debemos ser conscientes de que esta situación de equilibrio perfecto no es eterna. Debido a las fuerzas de marea mutuas y a la transferencia de momento angular, la Luna se está alejando de la Tierra a un ritmo constante de unos  centímetros por año. Puede parecer una cifra insignificante a escala humana, pero en el gran reloj de la geología planetaria es un goteo implacable. Se calcula que dentro de unos  millones de años, la Luna se habrá retirado a una distancia tal que su tamaño aparente en el cielo será insuficiente para cubrir por completo el disco solar. A partir de ese momento, los eclipses totales de Sol desaparecerán para siempre de la faz de la Tierra, dejando paso únicamente a los eclipses anulares. Vivimos, por tanto, en una época extraordinariamente privilegiada de la historia geológica de nuestro planeta; una ventana de tiempo perfecta para disfrutar de este espectáculo de precisión cósmica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;3. Mitologías, monstruos y el pánico del fin del mundo&lt;/h4&gt;Para comprender de verdad el impacto emocional y cultural de un eclipse, primero debemos hacer el esfuerzo de viajar al pasado y ponernos en la piel de nuestros ancestros. A menudo tendemos a mirar a las civilizaciones antiguas con cierta suficiencia condescendiente, pensando que eran más ingenuas o menos inteligentes que nosotros por carecer de nuestra tecnología. Sin embargo, la realidad es que poseían una capacidad de observación del entorno extraordinariamente aguda. Lo único que les faltaba era el marco teórico de la ciencia moderna para ordenar sus observaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Imaginemos por un instante la escena en cualquier aldea de la antigüedad: es pleno día, el Sol brilla con fuerza garantizando la luz, el calor, las cosechas y la vida misma. De repente, sin previo aviso, una mancha oscura y silenciosa comienza a devorar el astro rey. La temperatura desciende rápidamente varios grados, el viento cambia de dirección de manera perceptible, los pájaros enmudecen y buscan refugio en los árboles creyendo que ha llegado la noche antes de tiempo, y las flores se cierran. Una oscuridad grisácea y antinatural se apodera del paisaje. Para cualquier ser humano de hace tres mil años, aquello no era un simple fenómeno óptico o geométrico; era una catástrofe cósmica de proporciones apocalípticas, una quiebra absoluta del orden establecido del universo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es de extrañar que casi todas las culturas antiguas recurrieran a la mitología y a la creación de bestias monstruosas para intentar explicar este aparente cataclismo. La explicación más extendida a lo largo y ancho del planeta era la presencia de un ser colosal que intentaba devorar el Sol. En la mitología china, esta bestia era un dragón celestial; en la tradición hindú, el demonio Rahu —una cabeza incorpórea que se había vuelto inmortal tras beber del néctar de los dioses— perseguía incansablemente al Sol y a la Luna para vengar la delación que estos habían hecho de su robo. En la mitología nórdica, el pavor recaía sobre los lobos Sköll y Hati, quienes corrían por la bóveda celeste intentando dar caza a los carros que transportaban a los luminares del día y de la noche. Para los incas y mayas, el atacante solía ser un jaguar hambriento que mordía el disco celeste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando el eclipse comenzaba, la reacción humana era el pánico, pero un pánico activo. En la antigua China, la población salía en masa a las calles provista de tambores, gongs, calderos y todo tipo de cacharros de cocina, haciendo el mayor ruido posible para asustar al dragón celestial y obligarle a escupir el Sol que se estaba tragando. Curiosamente, la estrategia siempre funcionaba de manera impecable: tras unos minutos de máxima tensión y alboroto, el primer rayo de Sol volvía a brillar en el cielo y la sombra se retiraba, reforzando de manera absoluta la creencia de que el griterío ritual y el estruendo de los tambores habían salvado al mundo del fin de los tiempos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe un delicioso cuento del escritor Augusto Monterroso titulado simplemente &lt;i&gt;El eclipse&lt;/i&gt; que retrata a la perfección este choque cultural y desmonta de un plumazo nuestra soberbia eurocéntrica. El relato narra la historia de fray Bartolomé Arrazola, un misionero español perdido en la selva de Guatemala que es capturado por un grupo de indígenas que se disponen a sacrificarlo ante un altar. Al recordar que para ese mismo día se espera un eclipse total de Sol, fray Bartolomé intenta valerse de su conocimiento aristotélico para engañarlos y salvar la vida: &quot;Si me matáis —les dice— puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura&quot;. El cuento termina de forma demoledora: dos horas después, el corazón de fray Bartolomé chorrea su sangre sobre la piedra de los sacrificios bajo la luz opaca del Sol eclipsado, mientras uno de los indígenas recita, sin ninguna inflexión de voz y sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya ya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta noción del nativo ignorante asustado por el conocimiento científico de los colonizadores ha sido un recurso literario recurrente. Hergé lo utilizó de manera magistral en la famosa viñeta de &lt;i&gt;El templo del Sol&lt;/i&gt;, donde Tintín se salva de morir en la hoguera tras consultar un recorte de periódico y predecir el eclipse ante los incas. Una idea muy similar aparece en la novela de Gaston Leroux de 1912 &lt;i&gt;La novia del Sol&lt;/i&gt;, e incluso en la obra de Mark Twain de 1889 &lt;i&gt;Un yanki en la corte del rey Arturo&lt;/i&gt;, donde el protagonista utiliza un eclipse para autoproclamarse un mago superior a Merlín. Sin embargo, la realidad histórica es obstinada: las culturas mesoamericanas y andinas calculaban las efemérides celestes con una precisión matemática asombrosa, a menudo muy superior a la que manejaba la Europa de la misma época.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;4. Astrónomos ajusticiados y batallas suspendidas&lt;/h4&gt;En la China imperial, la predicción de los eclipses no era una mera curiosidad académica para astrónomos aficionados, sino un asunto de Estado de la más alta importancia política. El emperador era considerado el «Hijo del Cielo» y gobernaba gracias al llamado Mandato Celestial. Un eclipse de Sol no previsto con antelación era interpretado de manera inmediata como una señal inequívoca de la desaprobación divina hacia su gestión, un augurio de inminentes desastres naturales, hambrunas, invasiones o rebeliones populares. Por ello, los astrónomos de la corte imperial tenían la responsabilidad absoluta de vigilar constantemente el firmamento y predecir estos eventos con precisión matemática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La historia nos ha dejado un relato legendario registrado en el &lt;i&gt;Shujing&lt;/i&gt; (el Libro de los Documentos) que ilustra a la perfección los riesgos de esta profesión en la antigüedad: el caso de los astrónomos reales Hsi y Ho (o Xi y He, según las transcripciones modernas). Corría el año 2137 antes de nuestra era cuando se produjo un eclipse total de Sol que pilló al vasto imperio chino completamente por sorpresa. El pánico se apoderó de las calles y el dragón celestial comenzó a devorar el Sol sin que el palacio ni la población hubieran preparado los tambores tradicionales para ahuyentarlo. Cuando el emperador ordenó investigar las causas de semejante negligencia, descubrió que Hsi y Ho habían descuidado de manera flagrante sus sagrados deberes. En lugar de estar en las torres de observación escrutando el firmamento, se habían entregado a los excesos del alcohol y la fiesta en alguna taberna, quedando completamente embriagados e incapaces de predecir el fenómeno. La ira del emperador fue fulminante y ejemplar: ambos astrónomos pagaron su falta de profesionalidad perdiendo literalmente la cabeza. Esta drástica medida nos recuerda que, ya desde los albores de la civilización, la astronomía y la predicción celeste han sido profesiones de alto riesgo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el paso de los siglos, el registro sistemático de estos eventos permitió a los astrónomos de la antigüedad descubrir pautas de repetición. Los babilonios, tras siglos de observar pacientemente las posiciones del Sol y la Luna, descubrieron el llamado Ciclo de Saros, un período de aproximadamente  años,  días y  horas tras el cual los eclipses de Sol y Luna se repiten en condiciones muy similares. Este conocimiento transformó los eclipses de herramientas de terror político a instrumentos de diplomacia y paz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El historiador griego Heródoto nos relata un ejemplo bellísimo de este poder pacificador en su crónica de la Batalla del Eclipse, ocurrida el 28 de mayo del año 585 antes de nuestra era (Se da esa datación, pero probablemente no sea correcta, ni siquiera del todo histórico el hecho... Al bucear por la parafernalia de los eclipses nos acostumbramos a creernos las cosas pero no del todo, un poco al estilo del &lt;i&gt;se non é vero, é ben trovato&lt;/i&gt;.) &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los lidios y los medos llevaban seis años enzarzados en una guerra cruel y sangrienta a lo largo del río Halys (en la actual Turquía), sin que ninguno de los dos bandos lograra imponerse. En pleno fragor de la batalla, el día se convirtió repentinamente en noche. El astrónomo y filósofo Tales de Mileto había predicho la ocurrencia de este eclipse a los jonios para ese mismo año, pero los combatientes lo ignoraban por completo. Al ver que el Sol se apagaba sobre sus cabezas, ambos ejércitos interpretaron el fenómeno como una señal inequívoca de que los dioses exigían el fin de las hostilidades. Sobrecogidos por el temor reverencial, los soldados arrojaron las armas al suelo de inmediato, cesaron los combates y los reyes de ambos imperios firmaron apresuradamente un tratado de paz que sellaron con un matrimonio real.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tales de Mileto, considerado el primer filósofo de la tradición occidental, no dejó ninguna obra escrita. Todo lo que sabemos de él nos ha llegado a través de pensadores posteriores como Aristóteles o Diógenes Laercio. Fue un hombre de una curiosidad desbordante: midió la altura de las pirámides de Egipto observando la longitud de su sombra en el momento del día en que su propia sombra medía lo mismo que su altura; postuló el famoso teorema de geometría sobre los triángulos semejantes y descubrió las propiedades electrostáticas del ámbar al frotarlo con lana, un fenómeno que bautizó de manera indirecta el concepto de electricidad, ya que la palabra griega para designar al ámbar es &lt;i&gt;elektron&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En otras ocasiones, el conocimiento de los eclipses fue utilizado de manera mucho más cínica y manipuladora para someter a poblaciones locales. El caso histórico más famoso es el de Cristóbal Colón durante su cuarto viaje a América, en el año 1504, según aparece en la crónica que su hijo Hernando hizo de la peripecia. Colón y su tripulación se encontraban varados en la costa del norte de Jamaica, con las carabelas destrozadas por la acción del broma —un molusco que devoraba la madera de los barcos— y rodeados de una población indígena, los arahuacos, que comenzaba a cansarse de alimentar a unos extranjeros cada vez más exigentes y hostiles. Al borde de la hambruna por la negativa de los nativos a seguir proporcionándoles víveres, Colón consultó las efemérides astronómicas del astrónomo alemán Regiomontano que llevaba a bordo y descubrió que en la noche del 29 de febrero de 1504 se produciría un eclipse total de Luna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Colón convocó a los caciques locales unas horas antes del evento y les comunicó solemnemente que el Dios de los cristianos estaba profundamente enojado con ellos por haberles negado la comida a sus enviados. Como prueba de su ira divina, les advirtió de que esa misma noche la Luna perdería su luz y se teñiría del color de la sangre como preludio de una terrible maldición que caería sobre sus familias. Cuando la Luna comenzó a entrar en la sombra de la Tierra y adquirió ese color rojizo y espectral, el pánico se apoderó de los arahuacos. Llorando y gritando de terror, corrieron hacia las naves de Colón cargados de todo tipo de provisiones, suplicándole que intercediera ante su Dios para que les devolviera la Luna. Colón se retiró a su camarote simulando rezar, esperando pacientemente el momento exacto en que la Luna comenzaría a salir de la totalidad según sus tablas astronómicas. Al salir a cubierta y anunciar que su Dios les perdonaba, la Luna recuperó su brillo y Colón aseguró el sustento de sus hombres durante el resto de su estancia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Incluso en el cine moderno, la recreación histórica de estos momentos ha dejado huellas imborrables. En el año 1961, el director de cine Richard Fleischer rodaba en Italia la superproducción histórica Barrabás, protagonizada por Anthony Quinn. Para la icónica escena de la crucifixión de Jesucristo, Fleischer quería plasmar de la manera más realista posible las tinieblas de las que hablan los Evangelios. Al enterarse de que el 15 de febrero de 1961 se produciría un eclipse total de Sol visible en el norte de Italia, retrasó el rodaje de la escena y preparó todo el equipo técnico en la Toscana. La sobrecogedora escena de la crucifixión que vemos en la película se rodó durante los minutos reales de la totalidad del eclipse, logrando una atmósfera de oscuridad metálica, sombras extrañas y un dramatismo místico que ninguna técnica de iluminación artificial o efecto especial de la época habría podido igualar jamás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;5. Eclipses de Luna: el filtro atmosférico y la Luna de cobre&lt;/h4&gt;Para comprender la física detrás de estas sombras celestes, resulta muy útil analizar primero los eclipses de Luna, un fenómeno que, aunque menos espectacular visualmente que un eclipse de Sol, comparte la misma geometría fundamental y resulta mucho más fácil de observar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un eclipse de Luna ocurre siempre y de manera obligatoria durante la fase de Luna Llena. En ese momento de la órbita, nuestro satélite se encuentra situado exactamente al lado opuesto del Sol con respecto a la Tierra, cruzando por detrás de nuestro planeta. Al interponerse en la trayectoria de la luz solar, la Tierra proyecta una larga sombra en el espacio que se extiende en la dirección opuesta al Sol.&lt;br /&gt;
Cuando la Luna penetra en esa sombra, esperaríamos que desapareciera por completo de nuestra vista, convirtiéndose en un disco invisible recortado contra el fondo estrellado. Sin embargo, lo que ocurre en la realidad es un espectáculo de una delicadeza cromática maravillosa: la Luna nunca llega a apagarse del todo, sino que adquiere un tono rojizo, cobrizo o anaranjado oscuro muy característico.&lt;br /&gt;
Este fenómeno se debe por entero a la presencia de la atmósfera terrestre. La envoltura de gases que rodea nuestro planeta actúa como una lente biconvexa gigante que refracta, curva y desvía la luz solar que pasa rozando el limbo de la Tierra, dirigiéndola hacia el interior del cono de sombra. Pero la atmósfera no solo desvía la luz, sino que también la filtra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La luz del Sol está compuesta por todos los colores del espectro visible. Al atravesar los miles de kilómetros de aire de las capas bajas de la atmósfera, las longitudes de onda más cortas y energéticas, como la luz azul y violeta, sufren una intensa dispersión debido a los gases y aerosoles en suspensión. Esta dispersión de Rayleigh es, precisamente, la razón física por la cual vemos el cielo diurno de color azul. Sin embargo, las longitudes de onda más largas, correspondientes al color rojo y al naranja, logran atravesar la atmósfera con mucha más facilidad sin dispersarse apenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El resultado es que la única luz solar que consigue atravesar el perfil de la Tierra y proyectarse en el cono de sombra es una luz de color rojo profundo. Visto desde la Luna, si un astronauta estuviera situado en la superficie lunar durante un eclipse, vería la Tierra tapando por completo al Sol, pero rodeada por un anillo brillante de color rojo ardiente. Es decir, vería la proyección simultánea de todos los amaneceres y atardeceres de nuestro planeta reflejándose al mismo tiempo sobre las llanuras polvorientas de la Luna.&lt;br /&gt;
La pureza y el tono exacto de este color rojizo —que en la antigüedad infundía tanto terror y que se bautizó popularmente como «Luna de Sangre» o Luna de cobre— no son constantes. Varían de manera muy notable de un eclipse a otro dependiendo de las condiciones meteorológicas y de la limpieza de la atmósfera terrestre en ese momento preciso. Si en las semanas o meses anteriores al eclipse se han producido grandes erupciones volcánicas que han inyectado millones de toneladas de ceniza y dióxido de azufre en la estratosfera, o si hay grandes incendios forestales activos, la atmósfera se vuelve mucho más opaca. En estos casos, la Luna se verá de un rojo extremadamente oscuro, casi invisible, o de un tono gris ceniciento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para analizar la estructura de la sombra terrestre, debemos distinguir entre dos regiones físicas muy claras: la umbra y la penumbra. Debido a que el Sol no es un punto de luz puntual, sino una esfera gigantesca de un millón y medio de kilómetros de diámetro, la Tierra no proyecta una sombra nítida de bordes perfectos. La región de sombra total, donde la luz del Sol queda completamente bloqueada por el cuerpo de la Tierra, se denomina umbra o cono de sombra. A la distancia a la que se encuentra la Luna, esta umbra tiene un diámetro equivalente a casi tres veces el tamaño de nuestro satélite, por lo que la fase total de un eclipse lunar puede durar fácilmente más de una hora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alrededor de la umbra se extiende la penumbra, una región de transición donde la Tierra bloquea únicamente una parte del disco solar. Cuando la Luna transita por esta zona, simplemente experimenta un sutil oscurecimiento de su superficie que a menudo pasa desapercibido para el observador casual. Solo cuando la Luna muerde el límite de la umbra comienza el verdadero espectáculo del eclipse.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;6. La anatomía del juego de sombras: Sol contra Luna&lt;/h4&gt;Una de las preguntas más frecuentes y lógicas que se plantea cualquier persona cuando empieza a interesarse por la astronomía es la siguiente: si la Luna tarda aproximadamente veintisiete días y medio en dar una vuelta completa alrededor de la Tierra, ¿por qué no tenemos un eclipse de Sol en cada Luna Nueva y un eclipse de Luna en cada Luna Llena? Deberíamos tener dos eclipses todos los meses, de manera matemática.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta a este enigma se encuentra en la geometría tridimensional de nuestro Sistema Solar. El plano en el que la Luna gira alrededor de la Tierra no coincide de manera exacta con el plano en el que la Tierra órbita alrededor del Sol, plano que los astrónomos denominamos eclíptica debido, precisamente, a que es en él donde se producen estos fenómenos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ambos planos se encuentran inclinados entre sí un ángulo medio de unos cinco grados. En el espacio, cinco grados de inclinación es una desviación muy notable. Significa que, la mayoría de las veces que la Luna se encuentra en fase de Luna Nueva —pasando físicamente entre la Tierra y el Sol—, su posición real en el cielo queda situada ligeramente por encima o por debajo del disco solar desde nuestra perspectiva. Como consecuencia de ello, el cono de sombra de la Luna pasa de largo por encima del Polo Norte o por debajo del Polo Sur de la Tierra, perdiéndose en el vacío del espacio interplanetario sin tocar nuestro planeta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo mismo ocurre en la fase de Luna Llena: la Luna suele pasar por encima o por debajo del cono de sombra de la Tierra, recibiendo la luz solar directa sin experimentar oscurecimiento alguno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para que ocurra un eclipse, la alineación tridimensional entre los tres astros debe ser absolutamente perfecta. Esta coincidencia solo es físicamente posible cuando la Luna cruza el plano de la eclíptica justo en el momento en que se encuentra en fase de Luna Nueva o Luna Llena. Los dos puntos de intersección donde la órbita inclinada de la Luna corta el plano de la órbita de la Tierra se denominan nodos orbitales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La línea imaginaria que une estos dos puntos se llama línea de nodos. Debido a la atracción gravitatoria del Sol, esta línea de nodos no es fija en el espacio, sino que experimenta un lento movimiento de rotación que tarda unos  años en completarse. Para que se produzca un eclipse, el Sol debe encontrarse cerca de la dirección de uno de estos nodos, lo que define dos épocas del año denominadas «temporadas de eclipses», separadas por aproximadamente  días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Gracias a esta regularidad geométrica, el número de eclipses que pueden ocurrir en un año natural está estrictamente limitado por las leyes de la mecánica celeste. El número mínimo de eclipses al año es de cuatro —dos de Sol y dos de Luna—, mientras que el número máximo posible es de siete. Sin embargo, la gran mayoría de estos eclipses anuales suelen ser parciales o penumbrales, o se producen sobre regiones oceánicas e inhabitadas de nuestro planeta, lo que hace que la observación de un eclipse total de Sol desde un punto geográfico concreto de la Tierra sea un acontecimiento extraordinariamente escaso y memorable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;7. El instante de la totalidad: perlas, diamantes y la corona oculta&lt;/h4&gt;Si los eclipses de Luna son hermosos y relajados de observar, el tránsito de la parcialidad a la totalidad durante un eclipse de Sol es una de las transiciones físicas más dramáticas, veloces y sobrecogedoras que se pueden experimentar en toda la naturaleza. Es un espectáculo que se acelera de manera vertiginosa en los últimos minutos antes del eclipse total.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la primera hora del eclipse, el avance de la Luna es pausado y casi imperceptible para nuestros sentidos si no miramos a través de filtros protectores. El ojo humano posee una capacidad de adaptación lumínica verdaderamente asombrosa; nuestras pupilas se dilatan de manera progresiva conforme disminuye la luz, por lo que hasta que el Sol no está cubierto en más de un noventa por ciento, apenas somos conscientes de que la luz del día está cambiando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero en los últimos cinco minutos antes de la totalidad, el entorno se transforma a una velocidad de vértigo. La luz del día pierde su calidez dorada habitual y adquiere un tono grisáceo, plomizo y metálico muy extraño, como si estuviéramos contemplando el paisaje a través de un filtro fotográfico de alto contraste. La temperatura del aire cae de golpe varios grados, provocando un enfriamiento repentino del suelo. Esta diferencia térmica genera a menudo una brisa física muy perceptible —el viento del eclipse—, similar a la brisa marina del atardecer pero generada por el enfriamiento localizado de la atmósfera bajo la sombra de la Luna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo en estos instantes finales, si disponemos de una pared blanca, una sábana extendida en el suelo o una zona de arena clara a nuestro lado, y dado que en nuestro caso el Sol estará muy bajo en el horizonte, podremos observar un fenómeno óptico esquivo y bellísimo: las bandas de sombra, también conocidas popularmente como las «culebrillas de luz». Son una serie de ondas oscuras y claras que se desplazan velozmente por el suelo, similares a los patrones de luz que vemos en el fondo de una piscina en un día soleado. Este efecto se produce porque el finísimo hilo de luz que nos llega del Sol en ese momento actúa como una fuente de luz casi puntual, revelando las turbulencias y corrientes térmicas de las capas altas de nuestra atmósfera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Apenas unos segundos antes de que el Sol desaparezca por completo, el borde del disco solar no se apaga de manera uniforme. La superficie de la Luna no es una esfera lisa y perfecta; está sembrada de un relieve abrupto de cráteres, cordilleras montañosas, valles profundos y abismos. Los últimos rayos de luz solar directa se filtran a través de estos desfiladeros lunares en el limbo de nuestro satélite, creando una serie de puntos brillantes, centelleantes y cegadores que parecen un collar de perlas suspendido en el cielo oscuro. Este fenómeno fue descrito de manera detallada por primera vez por el astrónomo británico Francis Baily durante el eclipse de Sol de 1836, y desde entonces se conocen en la literatura científica como las Perlas de Baily.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando solo queda un único punto de luz brillando con fuerza a través del último valle lunar profundo, combinado con la primera visión de la atmósfera solar exterior que comienza a asomar a su alrededor, el cielo nos regala una de las imágenes más emblemáticas de la astronomía: el Anillo de Diamantes. Es un destello único, de un brillo blanco azulado intensísimo, engarzado sobre un anillo de luz tenue, idéntico a un solitario de proporciones cósmicas que marca el segundo exacto antes de la oscuridad total.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y entonces, en una fracción de segundo, la luz se apaga por completo, el Sol queda reducido a un disco negro y perfecto y se hace el silencio absoluto en el paisaje. Es en ese instante preciso de la totalidad cuando emerge ante nuestros ojos la corona solar, la atmósfera más externa de nuestra estrella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La corona solar es una de las estructuras físicas más bellas, complejas y misteriosas de la astrofísica. Está compuesta por un gas extremadamente enrarecido y magnetizado que se extiende a lo largo de millones de kilómetros por el espacio interplanetario. Presenta una estructura filamentosa de un color blanco perlado y delicadísimo, moldeada de manera directa por las complejas líneas del campo magnético del Sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La temperatura de la corona es objeto de intensas investigaciones científicas. Mientras que la fotosfera —la superficie visible del Sol— se encuentra a una temperatura relativamente moderada de unos  grados centígrados, la corona solar exterior experimenta temperaturas extremas de varios millones de grados. Es una paradoja termodinámica aparente, similar a alejarse de una hoguera y sentir cada vez más calor. La explicación física de este calentamiento extremo se encuentra en la disipación de la energía transportada por las ondas magnéticas y acústicas generadas por los movimientos convectivos de la superficie solar, que descargan su energía de manera violenta en las zonas más externas de la atmósfera de la estrella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La corona es tan sumamente tenue —emite aproximadamente un millón de veces menos luz que la fotosfera del Sol— que la luz azul dispersada por nuestra atmósfera durante un día normal la oculta por completo a nuestros ojos. Solo podemos contemplarla directamente de manera natural durante los breves minutos de un eclipse total de Sol. Ninguna cámara fotográfica, por sofisticada que sea su tecnología de alto rango dinámico, es capaz de captar simultáneamente la delicadeza de los filamentos coronales y la intensidad de la luz solar directa; por ello, la única forma de apreciarla en toda su gloria es observarla con nuestros propios ojos en el silencio de la totalidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además de la corona, durante la totalidad podemos observar la cromosfera, una fina capa de color rosa intenso, magenta o violeta que rodea el disco solar. Su nombre proviene precisamente del griego chroma, que significa color, y su tonalidad característica se debe a la intensa emisión de luz del hidrógeno a una longitud de onda muy específica. En esta región se forman las protuberancias solares, unos lazos gigantescos de gas caliente suspendidos sobre la superficie por los campos magnéticos del Sol, que a veces se rompen y lanzan miles de millones de toneladas de partículas cargadas al espacio —las eyecciones de masa coronal— que, al chocar contra el campo magnético de la Tierra, generan las maravillosas auroras boreales en las regiones polares, e incluso en latitudes más bajas en momentos de máxima actividad solar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;8. La gran cita: el trienio de oro de la astronomía ibérica (2026, 2027 y 2028)&lt;/h4&gt;Todo el conocimiento científico, la preparación geométrica y la reconstrucción histórica que hemos analizado hasta ahora sirven como prólogo para el acontecimiento astronómico más importante de nuestras vidas. España está a punto de convertirse en el epicentro mundial absoluto de la observación de eclipses. Por una extraordinaria y rarísima carambola estadística que ocurre una vez cada varios siglos, nuestro territorio va a ser testigo directo de tres grandes eclipses de Sol consecutivos en un plazo de apenas tres años. Un «trienio de oro» sin parangón en la astronomía moderna de la Península Ibérica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;El gran eclipse total del 12 de agosto de 2026&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
Este será el primer eclipse total de Sol visible en la España peninsular desde el lejano año 1905. La franja de totalidad —el pasillo de sombra de unos 290 kilómetros de ancho proyectado por la Luna donde el Sol se ocultará al cien por cien— entrará de lleno por el noroeste peninsular a última hora de la tarde, cruzando en una diagonal perfecta hacia el sureste y perdiéndose en el mar Mediterráneo a la altura de las Islas Baleares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este eclipse presenta una geometría observacional extraordinariamente bella pero sumamente exigente: el desafío del horizonte. Debido a que el fenómeno se producirá muy cerca de la hora del atardecer, el Sol estará muy bajo sobre el horizonte oeste en el momento de la totalidad. En la provincia de Burgos y en Salas de los Infantes, la altura del Sol será de apenas unos diez grados sobre el horizonte; si nos desplazamos hacia el este, en Baleares, la totalidad se producirá a escasamente dos grados de altura, con el Sol rozando el agua.&lt;br /&gt;
Esto significa que no nos servirá cualquier lugar para observar el eclipse. Si nos situamos en un valle profundo, detrás de una arboleda espesa o de un edificio alto orientado hacia el oeste, nos perderemos por completo la totalidad debido al obstáculo de la orografía y el relieve. Necesitaremos buscar con antelación lugares elevados, miradores despejados o llanuras libres de obstáculos hacia el punto de la puesta de Sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La duración de la totalidad en este primer eclipse será breve pero intensísima. En Salas de los Infantes dispondremos de aproximadamente un minuto y cuarenta segundos de oscuridad total; en otras localidades más al sur, como en Lerín, la totalidad apenas rozará el minuto de duración. Pero contemplar un Sol completamente eclipsado, con su corona perlada brillando en el cielo, flotando justo por encima del horizonte teñido de los tonos naranjas y rojizos de un atardecer de 360 grados, promete ser una de las imágenes más sobrecogedoras de todo el siglo XXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;El eclipse total del 2 de agosto de 2027&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
Apenas un año y medio después, el extremo sur de España revivirá la magia de la totalidad. En esta ocasión, la sombra de la Luna cruzará el Estrecho de Gibraltar de oeste a este, barriendo las costas de Cádiz, Málaga, Ceuta y Melilla antes de continuar su viaje por el norte de África hacia Egipto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A diferencia del eclipse de 2026, este eclipse de 2027 se producirá a mitad de la mañana, con el Sol situado a gran altura en el cielo. Esto elimina por completo el desafío del horizonte y garantiza unas condiciones de estabilidad atmosférica excepcionales en el sur de la Península.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el aspecto más extraordinario de este eclipse es su duración. La totalidad en la franja central rozará los cuatro minutos y treinta segundos de oscuridad absoluta en territorio español. Será uno de los eclipses más largos de todo el siglo XXI, ofreciendo un espectáculo incomparable en el que las estrellas brillarán con fuerza en pleno día sobre las playas andaluzas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Un eclipse anular a comienzos de 2028&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
Para cerrar con broche de oro este trienio increíble, el 26 de enero de 2028 cruzará la Península un eclipse anular de Sol. La franja de anularidad entrará por el suroeste de la Península (Huelva) y saldrá por el noreste (Cataluña) a última hora de la tarde. En esta ocasión, la Luna se encontrará cerca de su apogeo —el punto más alejado de su órbita terrestre—, por lo que su tamaño aparente no bastará para cubrir por completo el Sol. El resultado será el majestuoso espectáculo del «anillo de fuego», un anillo brillante de luz solar rodeando la silueta oscura de la Luna justo en el momento en que el Sol se pone por el horizonte oeste.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;9. Epílogo: El arte de mirar y la madurez científica&lt;/h4&gt;La llegada de este histórico trienio de eclipses representa una oportunidad única, pero también una prueba de fuego para nuestra madurez como sociedad y la calidad de nuestra cultura científica. La expectación mediática y social que se va a generar conforme se acerque el verano de 2026 será inmensa. Miles de científicos, astrofotógrafos y cazadores de eclipses de todos los rincones del planeta viajarán a nuestro país, saturando las plazas hoteleras y centrando la atención de todos los informativos en el cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ante esta avalancha social e informativa, quienes nos dedicamos a la divulgación científica tenemos la responsabilidad crucial de orientar al público de manera adecuada, evitando a toda costa dos grandes errores históricos en la comunicación de estos fenómenos:&lt;br /&gt;
El primer error es el alarmismo paralizante. Un eclipse de Sol es un acontecimiento para ser disfrutado y vivido en comunidad, no para esconderse en casa con miedo. Es cierto, y debemos recalcarlo de manera insistente, que la observación directa del Sol sin protección adecuada entraña riesgos graves e irreversibles para la salud ocular, pudiendo provocar ceguera total debido a quemaduras térmicas en la retina. Pero la solución no es prohibir la mirada o sembrar el pánico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debemos enseñar a observar el Sol con absoluta seguridad. Esto implica el uso exclusivo de gafas de eclipse homologadas que cumplan estrictamente con la normativa de seguridad ISO correspondientes, o el uso de métodos de proyección indirecta. Bajo ningún concepto debemos recurrir a remedios caseros peligrosos como radiografías, cristales ahumados, CDs, negativos fotográficos, gafas de sol convencionales o filtros improvisados para telescopios que no estén certificados; estos materiales dejan pasar la radiación infrarroja y ultravioleta, dañando el ojo de manera silenciosa sin que sintamos dolor inmediato debido a la ausencia de receptores del dolor en la retina. Pero una vez equipados con nuestras gafas homologadas, o utilizando la proyección indirecta, debemos salir a la calle con la mente abierta al asombro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El segundo error que debemos evitar es la mercantilización del asombro y la propagación de bulos o teorías de la conspiración. Vivimos en la era de la inmediatez digital y de los algoritmos que premian el contenido sensacionalista. En el reciente eclipse de 2024 en Norteamérica, vimos proliferar de manera alarmante en las redes sociales todo tipo de bulos absurdos sobre el fin del mundo, desastres naturales inminentes o teorías terraplanistas que intentaban negar la realidad geométrica del fenómeno. Debemos combatir la mentira con datos rigurosos pero accesibles, demostrando que la explicación científica de la realidad es infinitamente más bella, coherente y poética que cualquier patraña inventada para ganar visitas fáciles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un eclipse total de Sol nos impone una hermosa lección de humildad cósmica. No admite improvisaciones de última hora ni se puede acelerar pulsando un botón en una pantalla; si el cielo se cubre de nubes en el último minuto, nos perderemos el espectáculo y no habrá forma de repetirlo al día siguiente. Nos exige paciencia, planificación, respeto por la naturaleza y la aceptación de que formamos parte de un cosmos inmenso regido por leyes gravitatorias inmutables.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Preparemos nuestras mentes con curiosidad científica, consigamos nuestros filtros homologados de seguridad, busquemos un horizonte despejado hacia el oeste y, cuando llegue el minuto mágico de la totalidad, guardemos silencio y disfrutemos del espectáculo más grande del universo. ¡Marchando una de eclipses!&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79305">
		<title>Hacia un planeta sin noche (y sin cielo)</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79305</link>
		<description>Leo en ElDiario el contundente artículo de Antonio Martínez Ron, &lt;a href=&quot;https://www.eldiario.es/sociedad/canica-negra-datos-muestran-dirigimos-planeta-noche_1_13164789.html&quot;&gt;El fin de la “canica negra”: los datos muestran que nos dirigimos hacia un planeta “sin noche”&lt;/a&gt; sobre la luz artificial que cada vez más cubre el planeta. Os lo recomiendo, también el artículo al que se refiere, esta investigación con datos de satélite que se ha publicado en Nature &lt;a href=&quot;https://www.nature.com/articles/s41586-026-10260-w&quot;&gt;Satellite imagery reveals increasing volatility in human night-time activity&lt;/a&gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa imagen idílica de la Tierra de noche —la famosa &quot;canica negra&quot; salpicada de luces elegantes— (siempre me pareció en cualquier caso algo siniestra porque no dejaba de ser una foto del derroche energético y la mala planificación en la iluminación, he de reconocerlo) se ha quedado vieja, casi como una postal de otro siglo. Durante años nos conformamos con mapas de la contaminación lumínica que eran simples promedios, composiciones que, ahora lo sabemos, maquillaban la realidad (era lo que se podía hacer). Se iba constatando el aumento de la iluminación en muchas zonas del mundo, al paso de lo que se ha llamado con demasiada ligereza progreso y del crecimiento de las ciudades (más de la mitad de la población humana vive en zonas urbanas, olvidemos el mundo rural...), se iba viendo que la apuesta por la iluminación LED no solucionaba el problema porque aunque se gastara menos dinero en iluminar la noche sus consecuencias eran cada vez más dañinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y ahora una nueva vuelta de tuerca: los nuevos datos del &lt;a href=&quot;https://blackmarble.gsfc.nasa.gov/&quot;&gt;proyecto Black Marble&lt;/a&gt; de la NASA han cambiado radicalmente el guion: tras analizar más de un millón de imágenes diarias, la noche ha dejado de ser una foto fija para revelarse como lo que realmente es: un sistema dinámico, un latido frenético de nuestra actividad absurda. Lo que vemos ahora no es un mapa, sino un electrocardiograma de la civilización. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al aumentar la resolución y poder ir más allá de la media estadística, afloran los eventos reales, los que duelen; incrementamos la resolución temporal y ello nos permite descubrir una gran variedad: ciudades que se apagan por la barbarie de la guerra (como en Ucrania o Gaza), el rastro de los apagones tras huracanes o ese parpadeo global que supuso la pandemia. La oscuridad, ese bien cada vez más escaso, se ha convertido en un indicador económico y geopolítico de primer orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el dato que debería hacernos saltar es que la iluminación global ha crecido un 16% entre 2014 y 2022. Y no es que haya más gente y por eso hay más luz; es que iluminamos mucho más que nunca antes, un incremento que es de hecho más rápido que el crecimiento poblacional. Es el paroxismo del exceso que marca ya casi todas las actividades de nuestra civilización bajo el yugo del tecnocapitalismo: iluminamos más por persona y no por necesidad, sino como si fuera un desafío de nuevo rico: más luz más luz, parece que gritamos cada vez que se pone el sol. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras en Europa la mancha parece estancada (en niveles ya de por sí obscenos), en Asia el crecimiento es exponencial, asociado a un modelo de desarrollo que, por defecto, parece odiar la oscuridad. E incluso, como comenta el experto Alejandro Sánchez de Miguel en el artículo de ElDiario, la imagen es incompleta, el refugio europeo tampoco existe de hecho. Sucede que las mediciones satelitales empleadas en el estudio son menos sensibles al azul, el rango en el que el alumbrado europeo sigue aumentando específicamente su brillo. Y como consecuencia de ello estamos perdiendo la noche no solo como laboratorio científico, sino como experiencia humana. Más del 80% de la población mundial ya no sabe lo que es ver una Vía Láctea en el cielo. Nos la han robado definitivamente... &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que este nuevo análisis nos dice es que nuestra huella ya no es solo una mancha estática en el mapa; es un parpadeo constante que redefine el planeta a golpe de interruptor. Más que iluminar la noche, nos la estamos cargando con un entusiasmo tecnológico que no deja espacio para el asombro. Como ya me había deprimido un poco con todo esto, me he puesto a ver una charla de Sam Lawler, astrofísica canadiense y experta en el tema de la locura de los satélites actual. Está aquí en el tubo: &lt;a href=&quot;https://www.youtube.com/watch?v=EgcryCjRFkM&amp;t=1s&quot;&gt;Astronomy vs. The Billionaire Space Race - Samantha Lawler&lt;/a&gt;. En su punto de mira las megaconstelaciones de los tecnooligarcas...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La astrofísica Samantha Lawler no se anda con rodeos: la carrera espacial de los multimillonarios no es un avance para la humanidad (en el fondo lo temíamos, salvo quizá los más ingenuos tecnooptimistas que siguen entusiasmados por los colorinchis de ese despliegue), sino una amenaza directa para la ciencia y el medio ambiente. El dato es demoledor: hoy existen más de 10,000 satélites Starlink orbitando sobre nuestras cabezas, lo que supone ya más de dos tercios de todos los satélites activos en el planeta. Una cifra que se va a disparar además en los próximos años, con nuevas constelaciones (megaconstelaciones) de otras empresas, de China, de Rusia... No hay regulación además ni nada que se lo parezca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que nos venden como conectividad global es, en realidad, un modelo de negocio basado en la obsolescencia programada orbital. Estos satélites son desechables en su propio concepto: tienen una vida útil de apenas cinco años, tras los cuales se lanzan a una reentrada atmosférica para quemarse. Sin embargo, la promesa de que se desintegran sin dejar rastro es falsa. Lawler documenta restos físicos de SpaceX caídos en granjas de Saskatchewan y Carolina del Norte, un recordatorio de que la basura espacial también tiene puntería terrestre. (Estuvimos viendo en el festival Ecozine de Pamplona hace menos de un mes el documental &lt;a href=&quot;https://f3m.ca/en/film/shifting-baselines/&quot;&gt;&quot;Shifting Baselines&quot;&lt;/a&gt; de Julien Elie, en el que salía ella precisamente relatando ese caso y cómo era imposible con la legislación actual que el problema se pueda regular de forma adecuada).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el punto de vista científico, el impacto es un sabotaje en toda regla a la humanidad y al planeta. Por un lado la contaminación lumínica que raya el cielo y queda reflejado en los datos que los observadores astronómicos toman del cielo: las rayas brillantes que dejan estos objetos en las imágenes de los detectores astronómicos están comprometiendo la búsqueda de objetos transneptunianos (como el Planeta 9) y afectarán gravemente al Observatorio Vera Rubin. Las monitorizaciones del cielo en todos los temas de interés astronómico y social (el patrullaje de objetos potencialmente peligrosos para la Tierra) están comprometidas ya: se tienen que limpiar los datos, potencialmente perdiendo algunos lugares o momentos que podrían ser fundamentales... y nos quedaremos sin saberlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero además hay que sumar el ruido radioeléctrico: estos satélites funcionan como torres de telefonía voladoras que emiten señales directamente hacia los radiotelescopios, bloqueando de forma irreversible partes críticas del espectro para la investigación. A la mierda la radioastronomía también...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos satélites tienen bastante aluminio en sus estructuras, que son así más ligeras. Pero al quemarse en la atmósfera en la reentrada al cabo de su vida útil (o en algún accidente antes de ello) comenzarán a alterar irreversiblemente la química atmosférica: el vapor metálico generado alterará la temperatura de la atmósfera superior y dañará la capa de ozono. Esos aerosoles van a tener consecuencias en el forzado radiativo de la atmósfera, convirtiéndose en el futuro en un nuevo factor de riesgo para el equilibrio del clima.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La regulación actual, liderada por organismos como la FCC, más preocupada por la cuestión económica, ignora sistemáticamente la seguridad orbital y el riesgo de colisiones en cadena —el temido &lt;a href=&quot;https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADndrome_de_Kessler&quot;&gt;Síndrome de Kessler&lt;/a&gt;— que podría dejar la órbita terrestre inutilizable para futuras generaciones. La conclusión de Lawler es puramente pragmática: necesitamos infraestructuras de internet terrestre (fibra y torres) y una legislación que deje de tratar el espacio como un vertedero sin dueño antes de que el cielo nocturno natural pase a ser, definitivamente, un recuerdo del pasado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto nadie le hará caso. Por supuesto, nadie va a disminuir tampoco esto de la contaminación lumínica que comentábamos. Un nuevo signo de que nuestra civilización está emprendiendo acciones destinadas a colapsarla mientras los ricos se dedican a hacerse más ricos. A ver cómo nos salvamos de nosotros mismos.</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79301">
		<title>40 años de Chernóbil</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79301</link>
		<description>Ayer estuvimos hablando en la SER en nuestro espacio semanal de ciencia #SERciencia (que hacemos Joaquín Sevilla y yo con Mamen García y Joaquin Torrens en SER Navarra) de los 40 años del accidente de la central nuclear de Chernóbil. El podcast está aquí: &lt;a href=&quot;https://cadenaser.com/audio/1777298670623/&quot;&gt;SER Ciencia con Javier Armentia y Joaquín Sevilla: Recuerdos y secuelas del accidente de Chernobyl&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me acuerdo de aquel abril de 1986, yo estaba entonces como becario en el departamento de astrofísica de la Universidad Complutense y cómo nos impactó. Luego fueron llegando las noticias, pero sobre todo la constatación de lo que no se contaba, de que si algo quedaba claro era que los protocolos habían fallado, que los intereses políticos habían controlado el tema más allá de las necesidades en un accidente de esa magnitud... Luego supimos de la contaminación radiactiva (la nube radiactiva, decían los medios) que recorrió Europa, el miedo a ciertas marcas de leche que, se decía, era de vacas alimentadas con pastos contaminados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ahora, tanto tiempo después, siguen claras las lecciones que no se aprendieron de todo esto. Daría para mucho, pero tomé ayer unas notas para hablar en la radio, aunque no iba a entrar todo porque no daba tiempo. Lo pongo por el blog.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h4&gt;Lecciones no aprendidas&lt;/h4&gt;&lt;br /&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;&lt;strong&gt;¿Qué pasó, de qué magnitudes hablamos?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
El accidente liberó 400 veces más material radiactivo que Hiroshima, contaminando 200.000 km² de Europa. La Unión Soviética tardó 36 horas en evacuar Pripyat (36 horas demasiado tarde) y ocultó la gravedad durante días. Lección ignorada: la transparencia no es opcional; el secretismo multiplica el daño.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;Sacrificio humano silenciado&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
600.000 “liquidadores” recibieron dosis letales sin equipamiento adecuado. Se sigue jugando al absurdo, porque aún hoy las cifras oficiales de muertos (31 directos) son un fraude, mientras los estudios independientes elevan los cánceres inducidos a decenas de miles. Aunque se trate de un incremento leve en muchos casos de la incidencia de diferentes tipos de cáncer, son patologías achacables al accidente como el tabaquismo se asocia (y debe hacerse así) al cáncer de pulmón y otras patologías. Lección ignorada: se sigue priorizando la imagen política sobre el recuento real de víctimas.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;Diseño intrínsecamente inseguro&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
El reactor RBMK (reáktor bolshói móschnosti kanálny, reactor de condensador de alta potencia) no tenía contención primaria (algo obligatorio en los reactores europeos y norteamericanos) y permitía una reactividad positiva peligrosa. La prueba que causó el desastre era una chapuza técnica, un ensayo que debería haberse hecho con otras condiciones y con supervisión específica. Lección ignorada: aún hay reactores RBMK en operación (Rusia) y riesgos similares en centrales con diseños anticuados o de baja inversión.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;Zona de exclusión: renaturalización (rewilding), pero tanta gente olvidada&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
La fauna prospera sin humanos, adaptándose a las condiciones que cambiaron en 1984, pero 200.000 personas fueron desplazadas para siempre. Los “samosely” (habitantes que regresaron) viven con productos contaminados. Lección ignorada: los desalojos forzosos se repiten (ej. Fukushima), sin planes reales de reinserción o compensación justa.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La ficción de la seguridad y la prevención&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;
El error fue humano: los directivos presionaron para completar la prueba ignorando protocolos básicos y alarmas que deberían haberse tenido en cuenta. Parece claro que sus motivaciones eran de índole política y económica, incrementando la productividad de esa máquina tremenda. Hoy, en energía nuclear e industrias de riesgo (petroleras, químicas), siguen privilegiando producción sobre paradas preventivas. El control y reglamentación, aunque hayan incrementado sus niveles y obligaciones, siempre se enfrentará a intereses económicos o políticos. Lección ignorada: la “confianza en la tecnología” sigue sustituyendo a una auténtica gestión del error.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79298">
		<title>Blogs y Mundo</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79298</link>
		<description>&lt;a href=&quot;https://neopaquita.es/@javierarmentia/116463375474253908&quot;&gt;Comentaba hace un rato en Mastodon&lt;/a&gt;:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encuentro revisitando cosas antiguas un escrito de comienzos de mayo de 2002, hace casi 24 años ya, cuando los blogs comenzaban a ser un fenómeno emergente. Un amigo, que entonces usaba el pseudónimo de Vendell y también tenía una bitácora en #Blogalia, como la que yo aún mantengo (creada y mantenida desde hace un cuarto de siglo por @rvr, gracias amigo); un amigo, decía, comentaba que yo solía llevar al blog textos que escribía en el mundo real (en periódicos) pero no al revés, que no había llevado el mundo de los blogs a una columna en el periódico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese diálogo permitió que pudiera datar para la historia (whatever historia) la primera vez que en un periódico (fue en mi columna de @NoticiasDeNavarra, la que sigo publicando desde hace 30 años o más) escribí sobre las bitácoras. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto sigue accesible aquí: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/962&quot;&gt;De Bitácoras&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es curioso que en aquella época nadie vaticinara que los blogs iban a mutar pero no desaparecer del todo. Que las redes iban a establecer una hegemonía del diálogo para luego manejarlo y distorsionarlo.&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79297">
		<title>Adiós a la homeopatía</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79297</link>
		<description>Hala, ya está, por si alguien lo dudaba: la homeopatía es un timo (mi resumen). Dicho más fino: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;No existe evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como un instrumento terapéutico eficaz.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Se ha constatado en los trabajos publicados que la eficacia observada para los productos homeopáticos es comparable al placebo.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Los ciudadanos deben conocer, cuando escogen iniciar o mantener tratamientos basados en la homeopatía, que esta carece de evidencia científica y que pueden poner en peligro su salud si rechazan o sustituyen los tratamientos que la medicina basada en la evidencia les propone.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La #AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) ha tardado, pero ahí está su dictamen avalado por las publicaciones científicas. &lt;a href=&quot;https://www.aemps.gob.es/informa/docs/informe-homeopatia-2026.pdf&quot;&gt;Aquí está el informe&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Constatamos que las chaladuras de Hahnemann sobre la enfermedad y su cura, antes de conocer la química y sin entender la etiopatología de verdad no valen para nada. La pregunta es por qué se sigue amparando ese producto homeopático dentro de los medicamentos europeos, cómo amparan la profesión médica y farmacéutica a este montaje cantamañanas para robar y engañar a la gente incauta y demás cositas de esas...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevo más de 40 años escribiendo sobre el timo homeopático, que a menudo ha sido defendido por gente con titulación en medicina o farmacia, que ha sido defendido por los colegios profesionales, acogida con cariño una y otra vez en los medios de comunicación, regulada y legalizada por las autoridades. SIN UNA MIERDA DE EVIDENCIA. Simplemente porque era un negocio cómodo, sencillo y que forraba a algunas farmacéuticas y creaba un mundo &quot;médico&quot; de medicinas (porquerías) alternativas al gusto de una sociedad de ideas blanditas y miedo a la enfermedad y a la &quot;medicina oficial&quot;. Da para hablar mucho y tiempo tendremos...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero tengamos en cuenta una de las cosas interesantes del dictamen de la #AEMPS sobre el timo de la #homeopatía: ya han retirado inmediatamente 1.032 productos que se vendían con indicación terapéutica y por lo tanto mienten. Los demás 976 que todavía resisten ya habían eliminado su indicación: ni siquiera asumían que curara nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería deseable que muchas farmacias directamente eliminaran sus cartelones anunciando el timo, que nunca más vendan esas mierdas y que, de paso, colegios y asociaciones profesionales explicaran por qué una falacia pseudomédica creada hace dos siglos sin  base científica alguna ha sido acogida y defendida con tanto ahínco a pesar de las evidencias acumuladas, especialmente en los últimos 50 años. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sería también conveniente que la AEMPS explicara por qué mantiene en la ley de medicamento una reglamentación específica (artículo 50 del RD 1/2015) para lo que denomina &quot;medicamentos homeopáticos&quot;. Espero que lo subsanen de una vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reconozcamos, en cualquier caso, que la #homeopatía estaba ya de capa caída. En el comienzo de este siglo ascendió estrepitosamente con eso de la moda de lo natural, pasando de unos 40 millones de euros de caja en nuestro país a 95 millones en 2012, el máximo. Y de ahí comenzó a bajar; por eso las inversiones de los laboratorios se dedicaron a comprar cátedras en universidades necesitadas de dinero (las empresas necesitadas de respeto: The Lancet les había herido de muerte y lo que no iban a conseguir con artículos científicos a favor lo compraban pagando cátedras.... No olvidemos que la farmaindustria homeopática apenas tenía que invertir en investigación: todo el beneficio iba para publicidad). Pero el fiasco de la Universitat de Barcelona en 2016 precipitó su declive económico. No solo consiguieron que la academia y hasta las organizaciones profesionales comenzaran a desligarse de la homeopatía y a verla como un problema y no como un negocio amable, sino que se empezaron a convertir en carne de chiste de monologuista. Todo ello, por cierto, animado por los propios responsables de comunicación de los principales laboratorios, con unas campañas ridículas que avivaron el efecto Streisand.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, aunque iba decayendo, el negocio seguía muy rentable. Es cierto que la pandemia mantuvo el declive (aunque uno esperaría que ante una infección tan real y guerrera como la covid la gente hubiera aparcado masivamente un timo que no servía para nada...) Sin embargo, al principio, el producto estrella de la farmacopea ineficaz de la homeopatía para restaurar el equilibrio y el sistema inmune contra el ataque vírico, el infame &quot;Oscillococcinum&quot; se vendió bastante bien. Sin embargo, este repunte fue breve, ya que las autoridades sanitarias (como la FDA en EE. UU. o la AEMPS en España) lanzaron avisos rápidos prohibiendo a las empresas homeopáticas afirmar que sus productos podían prevenir o tratar el virus. La posterior llegada de las vacunas hizo el resto y eso permitió que el negocio siguiera su descenso. Ahora, a mediados del segundo decenio, roban menos de 25 millones de euros al año.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejo enlaces a algunas entradas de este blog sobre el tema, donde comento con más extensión algunas de las cosas que he mencionado por aquí:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;Un texto de 2005: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/32528&quot;&gt;El Timo De La Homeopatía&lt;/a&gt;. En aquella época, &quot;The Lancet&quot; hizo un editorial titulado: El fin de la homeopatía. Pues bien, de entonces a ahora han pasado 21 años...&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Un texto de 2010: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/68197&quot;&gt;Prensa y homeopatía: Ahora el Heraldo&lt;/a&gt;.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Un texto de 2007: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/53525&quot;&gt;¿Fin al paraíso homeopático británico?&lt;/a&gt;.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Un texto de 2010: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/66155&quot;&gt;El timo homeopático. Una vez más&lt;/a&gt;.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Un texto de 2010: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/66251&quot;&gt;¿El País Homeopático? - No Siempre&lt;/a&gt;.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Un texto de 2011: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/70829&quot;&gt;Homeopatía En La UPNA: Actua(ble)&lt;/a&gt;. De esto hablé un poco porque la Universidad Pública de Navarra tuvo durante un tiempo una cátedra pagada por los laboratorios homeopáticos Boiron, para vergüenza de la institución universitaria y de toda la población. Al final la finiquitaron, pero dio mucha vergüenza.&lt;/li&gt;&lt;br /&gt;
&lt;li&gt;Un texto de 2016: &lt;a href=&quot;https://javarm.blogalia.com/historias/76211&quot;&gt;Empujemos Todos: El Fin De La Homeopatía (Es Posible)&lt;/a&gt; porque unos años después se lió parda con un Máster dela Universidad de Barcelona sobre Homeopatía y que consiguió que por primera vez la Organización Médica Colegial se posicionara en contra de la homeopatía. Comenté entonces que ese parecía el comienzo del fin de la homeopatía, con eso del &quot;efecto powerbalance&quot;. Releer eso de hace 10 años resulta curioso... 10 años han tardado en la AEMP en decir algo que deberían haber dicho muchísimo antes.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79286">
		<title>Eclipses y madurez informativa</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79286</link>
		<description>El pasado 12 de febrero se celebró en Teruel, en la sede del CEFCA (Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón), organizado por este centro y por la APA (Asociación de Periodistas de Aragón, un encuentro sobre astroperiodismo de eclipses. Fue una gozada: un par de días llenos de actividad y con gente muy interesante. Su web: &lt;a href=&quot;https://comunicacionycienciateruel.es/&quot;&gt;I Encuentro de Comunicación, Ciencia y Sociedad / Astroperiodismo: contar los eclipses&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me invitaron a dar una charla sobre los eclipses desde mi perspectiva como comunicador científico y me salió esto de los eclipses y la madurez informativa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El vídeo de toda la jornada está aquí: &lt;a href=&quot;https://www.youtube.com/watch?v=d3EL5uX0-Kk&quot;&gt;I Encuentro de Comunicación, Ciencia y Sociedad&lt;/a&gt; en el canal de Periodistas de Aragón. Mi ponencia va desde 58:40 hasta 1:55:00.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;iframe width=&quot;560&quot; height=&quot;315&quot; src=&quot;https://www.youtube.com/embed/d3EL5uX0-Kk?si=rI5GenvSOIulLENq&amp;amp;start=3508&quot; title=&quot;YouTube video player&quot; frameborder=&quot;0&quot; allow=&quot;accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share&quot; referrerpolicy=&quot;strict-origin-when-cross-origin&quot; allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo bueno del repositorio es que tiene una transcripción completa del texto. Por si a alguien le interesa, he sintetizado con Gemini (perdón por ello) la transcripción resumida y la pongo ahora como un artículo largo: hacía mucho que no lanzaba algo tan largo por la bitácora, espero que aguante todo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cierto, la presentación, con sus fuentes y demás, está también accesible como una presentación de google: &lt;a href=&quot;https://docs.google.com/presentation/d/1OSBAhqVegShT57-EFJ93HWMMDGpQTgzkYf5P4o1hbnA/edit?usp=sharing&quot;&gt;Eclipses y madurez informativa&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;iframe src=&quot;https://docs.google.com/presentation/d/e/2PACX-1vRCXtiQQ7h2zsMGTNo30WEeTJJ62Q9sNbYzcFVLmDFxkZZ8Jls1nMwS4SnDzC8rZs3rtCAUsKnLS7aq/pubembed?start=false&amp;loop=false&amp;delayms=3000&quot; frameborder=&quot;0&quot; width=&quot;480&quot; height=&quot;299&quot; allowfullscreen=&quot;true&quot; mozallowfullscreen=&quot;true&quot; webkitallowfullscreen=&quot;true&quot;&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espero que lo disfruten.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h3&gt;ECLIPSES Y MADUREZ INFORMATIVA&lt;/h3&gt;&lt;br /&gt;
Conferencia de Javier Armentia (Teruel, 2026)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué tal? Muy buenas tardes. Ya son las doce. Perdonadme porque ahora ya no me acuerdo de qué iba a hablar; me he quedado entusiasmado con las cosas que estaba contando Javier Cenarro (el director del CEFCA que habló antes) al respecto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de empezar, me gustaría preguntar: ¿cuánta gente ha visto un eclipse total de sol aquí? [pausa, la gente levanta la mano, bueno dos personas solamente de una sala con casi 100 asistentees] &lt;br /&gt;
Bien, veo dos personas. Bueno, ellos no necesitan que les cuente nada. Pero a todos los demás, por mucho que os contemos, por muchas fotos bonitas que haya puesto Javier y las que vamos a ir viendo aquí, os aseguro que no reflejan en absoluto una experiencia que es increíble.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Voy a hablar un poquito sobre la comunicación. He titulado esta charla &quot;La madurez informativa&quot; porque sé que esta va a ser la asignatura que vamos a suspender colectivamente toda la gente que trabajamos en comunicación y en información. A pesar de que sé que lo vais a intentar, y agradezco muchísimo la iniciativa de la APA y de CEFCA de traernos aquí; esto es algo que habría que haber ido haciendo y que habría que repetir en muchos más sitios. Es fundamental porque nos enfrentamos ante un asunto que puede provocar situaciones como esta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;La &quot;Foto Trampa&quot; y la realidad informativa&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Posiblemente visteis esta foto del 8 de abril de hace dos años. Es una &quot;foto trampa&quot;. Se la hicieron a esa mujer que ahora sale en series y al &quot;señor naranja&quot; [Donald Trump]. Getty la distribuyó y todos la ponemos en las charlas de eclipses para decir: &quot;No hagáis esto, niños, no seáis como el mandamás&quot;. Es cierto que es una foto trampa porque luego se hicieron otra foto oficial, pero casi nadie usó esa imagen de la familia mirando al sol con gafas homologadas; se usó la otra. Lo pongo como ejemplo de que, al fin y al cabo, todos sabemos cuál de las dos fotos era la noticia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo cierto es que un eclipse no es únicamente un fenómeno astronómico. En esta misma charla nos han contado la astronomía de los eclipses, pero también hemos podido conocer todo ese fenómeno social: son las migraciones instantáneas más importantes que se producen en la humanidad. El gran &quot;Euroeclipse&quot; de 1999, que se vio en París, movió a unos 13 millones de personas solo en esa área. Aquí tenemos una gran ciudad con seis millones de habitantes que en pleno mes de agosto va a hacer una diáspora hacia el norte. El eclipse llegará hasta Teruel, pero invadirá Guadalajara, Segovia, Soria y toda esa zona. Vendrá gente del sur de Francia, gente de Barcelona hacia el sur... son grandes migraciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de ser un fenómeno predecible —astronómicamente los eclipses dejaron de ser un misterio a mediados del siglo XIX con Bessel, que hizo los cálculos precisos al segundo—, y aunque predecir eclipses es algo que se hace desde hace 25 siglos, siguen siendo fenómenos escasos. La posibilidad de que sobre un lugar determinado acontezca un eclipse es de uno cada tres siglos, más o menos. Ahora tenemos este &quot;trío&quot; en la península que es excepcional, pero en la sociedad del siglo XXI tenemos que plantearnos que esto es un fenómeno social de primer orden.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Una vida esperando el 2026&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevo toda la vida dedicándome a la divulgación científica, hace más de 40 años, y sabía que el cierre de mi vida útil iba a ser el eclipse total de sol del 2026. Lo tenía apuntado desde que era niño. Me despidieron del Planetario de Pamplona un año antes de eso —luego se quemó y yo no tuve nada que ver, aunque haya gente malintencionada que diga cosas—, pero la historia es que desde mi tierna infancia sabía que este iba a ser el eclipse de mi vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He visto otros eclipses y no he perdido ni un ápice de interés. Es una oportunidad que merece la pena por ese impacto social y personal. Llevo varios años explicando a autoridades de pueblos que me dicen: &quot;Sí, vamos a contratar a un DJ local o un grupo de música New Age para que toque en la totalidad&quot;. Y yo les digo: &quot;¡No! Matadlos a todos&quot;. En mis eclipses, cuando grabábamos para tener el código de tiempo y datar las fotos, yo iba cantando cada toma. Pero cuando no tenía que hacer fotos, simplemente decía &quot;¡hostia!&quot;. Hay una grabación mía del año 91 en la que digo esa palabra más veces seguidas que en todo el resto de mi vida. Es increíble. Se te pone el vello de punta; ves que la naturaleza, durante la hora de parcialidad, te está indicando que estás viviendo algo que no es normal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;La &quot;bajona&quot; y el riesgo social&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego viene la bajona más grande que hay. Cuando acaba el eclipse, todo el mundo coge el coche y se va a la vez. Hay atascos de siete horas. Las muertes de tráfico se incrementan un 37%. Lo digo para que lo tengáis en cuenta. La astronomía es predecible, pero el impacto social es impredecible, y más en esta era de polarización.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por cierto, para los terraplanistas: tenemos fotos de la sombra de la Luna sobre la Tierra tomadas desde la Estación Espacial Internacional. Lo siento, una vez más, no tenéis razón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En general, usamos el término &quot;eclipse&quot; más como metáfora (eclipses de la razón, agujeros negros económicos), pero cuando miras Google Trends, ves picos muy acusados en los momentos de los eclipses. A la gente le interesan los eclipses cuando va a haber uno, y lo saben porque los medios de comunicación se lo dicen. En 2024 hubo picos enormes con los eclipses de México, EE. UU. y Canadá. El interés crece en los meses anteriores, llega al pico y luego tiene un &quot;eco&quot;. Este año diremos a la gente: &quot;Quedaos, que luego se hace de noche y podéis ver las Perseidas&quot;, pero la realidad es que el interés informativo durará unos días más por los testimonios y las imágenes recogidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Objetivos y el trabajo de la &quot;CICATE&quot;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estamos a seis meses del eclipse. Es un buen momento para empezar a trabajar informativamente. El objetivo es convertirlo en una noticia de interés humano, buscando la parte emocional cercana. Desde hace más de dos años trabajamos en la CICATE (realmente CCATE: Comisión Científica y Técnica de asesoramiento del Trío de Eclipses). Estamos convencidos de que es una oportunidad única para hablar de la ciencia que se hace aquí. Mañana veremos el gran centro de divulgación y el observatorio astrofísico de Teruel. Con la excusa del eclipse, podemos colar cultura científica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He vivido de eso toda mi vida: colar astronomía en radios generalistas y prensa. Y funciona si convences a los editores de que la historia es algo más que un nicho para &quot;frikis&quot;. Hoy, con la segmentación de redes, hay programas de nicho con audiencias que justifican mucha más divulgación que antes. En los 90, cuando empezaron los museos de ciencia, éramos pocos y los medios apostaban por especiales. El único que queda de aquel empuje es Tercer Milenio en el Heraldo de Aragón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aparte de la divulgación, está el servicio público. Surgen preguntas: ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿qué conviene hacer?. La gente no es tonta, pero no son astrónomos. Si hablo de la tensión de Hubble en el momento 10 a la menos 37 segundos de vida del universo, duermo a la gente y pensarán que esto no es para ellos. Pero el eclipse es objetivamente interesante y se puede explicar sin infantilizar. Odio cuando dicen &quot;explícaselo como a tu abuela&quot;; mi abuela entendía mucho más que yo. No hay que ser edadista ni sexista para hablar de ciencia: se puede ser relevante sin infantilizar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;B&gt;Cifras y gestión de riesgos&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podemos advertir del peligro de quemarse los ojos sin recurrir siempre a la foto de Trump. En EE. UU. hablamos de impactos en 200 o 650 millones de personas. En España, con 20 millones de turistas en agosto, sumados a la población local, estamos ante 70 u 80 millones de personas que potencialmente querrán ver el eclipse. Eso llena municipios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hablamos de agosto, de calores extremos, sequías, riesgos de incendio y la importancia de eventos con impacto ambiental cero. Nos vamos a cargar lo poco que quedaba de paisaje sin pisar. Esto pasó en EE. UU. y pasará aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Qué lecciones sacamos? La anticipación gradual. No bombardear pronto, pero hoy, a seis meses, es buen momento para avisar. A veces funciona más la parte de utilidad: el dónde y el cuándo. En Aragón existe un plan estratégico y reuniones con entidades locales desde hace un año. En Fitur vi que algunas comunidades como Castilla y León o Aragón tenían el eclipse como centro de interés, mientras otras aún no habían reaccionado. La gente reclamará simuladores y visualizadores; cada medio querrá tener su propio &quot;cacharrito&quot; interactivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Consejos para el día del evento&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nunca es demasiado avisar sobre el tráfico o la vista, pero no podemos tutelar a la gente todo el día. Os daré un consejo: si estáis en un sitio y veis nubes —es verano, habrá nubosidad de evolución—, os darán ganas de coger el coche e ir a otro lado. ¡No lo hagáis! No va a merecer la pena. No vais a llegar a ningún sitio, acabaréis tirando el coche en la cuneta y viéndolo en condiciones penosas. Es mejor quedarse. Al año siguiente tendremos otro en Cádiz o podéis ir en barco. O podéis ir a Egipto el 2 de agosto del 27, que se verá fenomenal durante cinco minutos a mediodía; yo me quedaré por aquí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Lo que no funciona: Clickbait y pseudociencias&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sabemos que habrá cosas que no funcionan: el clickbait apocalíptico (&quot;el día que el sol desaparecerá&quot;, &quot;la luna de sangre&quot;). Hoy he visto en la web del Ayuntamiento de Teruel que este acto se llama &quot;Astroperiodismo contra los eclipses&quot;, se había deslizado una errata porque originalmente era &quot;contar&quot; y salió &quot;contra&quot;; me ha encantado: a veces hay que protegerse de ellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ojo con la pseudociencia. En México y la India las autoridades tuvieron que avisar oficialmente de que el eclipse no afecta a los embarazos. Hay que huir de tecnicismos excesivos; no hace falta llenar el espacio público con charlas de expertos de dos horas todos los días. Y si invitáis a expertos, por favor, invitad a mujeres. Hay muy buenas astrónomas y hoy, una vez más, hablamos más los chicos.&lt;br /&gt;
He visto un titular en LA Times que decía: &quot;Estos científicos creen que un eclipse asombroso podría unir a los estadounidenses en tiempos difíciles&quot;. Era una historia bonita de psicólogos sobre si el eclipse nos cambia. Yo digo que sí nos cambia, pero visto cómo está EE. UU., aquello fue un poco exagerado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Logística de la observación&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se nos van a llenar los medios de fotos de gente disfrazada, como en la Lotería. Ojo con la observación el día 26: el sol estará muy bajo (entre 5 y 10 grados). Si tienes a alguien delante que sea cabezón, te tapa el eclipse. En Lerín estamos diseñando una zona en declive y hemos estimado que hay que dejar dos metros entre filas para no taparnos. Sería una pena que en el clímax te pase como en un concierto y te preguntes por qué los de delante han tomado tanto Colacao y son tan altos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mensajes claros: no se puede mirar con gafas de sol de diseño. He visto un anuncio de Costa Cruceros hecho con IA que circula por WhatsApp; está muy bien, pero recordad: nada de gafas de sol, aunque esté bajo en el horizonte. Este eclipse quemará pocas retinas porque el sol está bajo, pero el riesgo sigue ahí. Ya nadie usa negativos velados ni radiografías porque son digitales, y ya nadie sabe dónde encontrar vidrio de soldador. Lo mejor son las gafas homologadas de polímero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las gafas de eclipse son para ver el sol y punto. Si intentas hablar con alguien al lado no lo ves porque son muy opacas. No vais a estar toda la hora con ellas puestas. Lo mejor es invitar a la gente a que no mire si no tiene gafas, porque el peligro es ponérselas y quitárselas mirando al sol.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;El daño irreversible&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la revista Nature se publicó un estudio sobre el pico de búsquedas de &quot;My eyes hurt&quot; (me duelen los ojos) tras el eclipse en EE. UU.. Las zonas de búsqueda coincidían con la franja de totalidad. A pesar de las campañas, mucha gente pensó: &quot;por un poquito no pasa nada&quot;. Pues sí pasa. Una retina dañada por un eclipse muestra una mancha irreversible; no hay terapias hoy en día para recuperar ese punto de visión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respecto a la pseudociencia, la mejor forma de luchar es resaltar lo ridículo. En el 99, Paco Rabanne dijo que el eclipse era la señal del fin del mundo y que la estación Mir caería sobre París. Los franceses montaron manifestaciones de &quot;Mierda al APACOlipsis&quot; delante de sus tiendas. El mundo no se acabó y nadie le pidió responsabilidades por lo que dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;El rigor del horario&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para terminar, recuerdo un titular de ABC del año 84: &quot;Según el director del Observatorio Nacional, el eclipse cumplió su horario previsto&quot;. Era ese periodismo que parece sugerir que si el director no lo dice, el eclipse igual se retrasa. Hoy en día, con lo que es España, miedo me da que una comisión interministerial dicte el horario y se monte un lío al día siguiente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo más bonito es que, en vez de hablar de esto como una cosa solo de astrónomos, hablemos de ello como una historia humana que vamos a vivir todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchas gracias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79277">
		<title>Alineaciones planetarias tróspidas</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79277</link>
		<description>&lt;i&gt;&lt;a href=&quot;https://neopaquita.es/@javierarmentia/116143608914538904&quot;&gt;(Publicado originalmente en Mastodon)&lt;/a&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un desfile de seis planetas iluminará el cielo el 28 de febrero. Planetary Parade 2006. Planetary alignment on Feb 28. Mapa del desfile de planetas. Phénomène rare : 6 planètes visibles en même temps. Le 28 février 2026, six planètes seront alignées dans le ciel ! Un spectacle exceptionnel à ne pas manquer. Alineación planetaria 2026: cómo será el fenómeno astronómico y las claves para observarlo. Seis cuerpos celestes del sistema solar coincidirán en una franja el 28 de febrero...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vaya mierda de titulares. Tróspidos, les decía el inmarcesible Hematocrítico. Con las IAs además se crean mierdas de estas que están en todos los medios, repitiendo medias verdades y errores completos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;ul&gt;&lt;li&gt;No están en línea, pero viajan siempre por su plano orbital cercano a la eclíptica, porque así son los planetas: Mercurio se separa 7 grados, Venus 3,4 y Saturno 2,5 pero por ahí andan. Por eso esa región del cielo por donde pueden aparecer los planetas (y la Luna que se separa unos 5 grados de la eclíptica) es especial y los antiguos marcaron esa franja como el Zodiaco. &lt;br /&gt;
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;No es una conjunción: Júpiter está a 100 grados de Venus, más de un cuarto de cielo. &lt;br /&gt;
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Y tampoco es una línea recta, de esas cosas no hay en el cielo: son arcos de circunferencia si quieres, círculos mayores sobre la esfera celeste que queda más rimbombante.&lt;br /&gt;
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;No es solo el 28 de febrero de 2026: se ha podido ver más o menos toda esta semana, a ver si aprendemos algo de astronomía antes de montar el clickbait. Es cierto que podemos comprobar noche a noche cómo los planetas tienen su ritmo al moverse con respecto a las estrellas y los otros planetas. La Luna, que es nuestro satélite, ya lo sé, pero la vemos también por ahí, se mueve muy rápidamente (al fin y al cabo da una vuelta al cielo cada mes). Pero Mercurio está desplazándose muy rápidamente, más que Venus y desde luego más que Saturno, cuyo movimiento aparente en el cielo del atardecer se debe más a que el Sol se está moviendo también, aparentemente, alrededor de la Tierra.&lt;br /&gt;
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Para colmo, dos de los planetas que todos mencionan simplemente no se ven a simple vista, así que como si no estuvieran: Urano y Neptuno necesitan de un telescopio y cierta experiencia.&lt;br /&gt;
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Y eso no tiene lógica, porque no mencionan otros dos astros que sí están en la misma zona de cielo. Y es que ya puestos, Marte y el Sol están muy cerca también de Mercurio y Venus, pero el Sol es el Sol y no deja ver a los otros y a Marte le tenemos del otro lado así que se ve al amanecer. Pero a unos pocos grados, eh, mucho menos separación que Júpiter y ahí lo metéis...&lt;br /&gt;
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;¡Es la gravedad estúpidos! Incluso sin entender bien la gravedad Kepler ya lo había medido y explicado, y teorizado con sus leyes. Así que no pongáis que es algo insospechado o inaudito, y no es nada excepcional tampoco. Se repite varias veces al año y cada vez algún medio de comunicación lo cuenta como si fuera la primera vez que sucede en la historia de la humanidad. Pues no, querides...&lt;br /&gt;
&lt;/li&gt;&lt;li&gt;Etcétera. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muchos citan a la NASA, pero aunque les encanta que hablemos de ellos, también lo explican más claramente. Por ejemplo miren esto del 7 de febrero de 2025: &lt;a href=&quot;https://ciencia.nasa.gov/ciencias-terrestres/alineaciones-planetarias-y-desfiles-de-planetas/&quot;&gt;Alineaciones planetarias y desfiles de planetas&lt;/a&gt;. Explican algunas cosas (eran referidas a otra noticia idéntica de hace un año) que siguen valiendo. Y eso que otras veces la NASA juega a montar sucesos extraordinarios innecesariamente... pero mira, a veces tienen un poco de responsabilidad frente a la manía de la notoriedad en las redes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En fin, que si miráis al cielo estas noches va a ser precioso. Buscad un horizonte oeste despejado y sin montes, árboles o edificios, y veréis los planetas incluso antes de que sea de noche. Luego, Júpiter ahí junto a Cástor y Pólux, los gemelos, brillando toda la noche. Un espectáculo bonito de ver, pero también podéis hacerlo hoy o la semana que viene, no solamente el 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79275">
		<title>Una de eternidad en #CienciaEnElBar</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79275</link>
		<description>Como cada último miércoles de mes, hoy 25 de febrero de 2026 haremos (dentro de hora y media) una sesión de &lt;a href=&quot;https://cienciaenelbar.naukas.com/2026/02/20/buscar-la-eternidad-o-algo-que-se-le-parezca/&quot;&gt;CIENCIA EN EL BAR&lt;/a&gt;. En el enlace está la entrada que he hecho para el blog de la actividad, pero como sé que os cuesta mucho eso de pinchar un enlace, leer y luego volver, os lo pego todo tal cual: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;h3&gt;Buscar la eternidad (o algo que se le parezca) (25/2/26)&lt;/h3&gt;&lt;br /&gt;
Por Javier Armentia, el 20 febrero, 2026. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La eternidad siempre parece bastante tiempo. El máximo posible, si nos ponemos tiquismiquis, cosa que los tres barbas suelen hacer a menudo en las jornadas de CIENCIA EN EL BAR. Por esto, para la convocatoria de febrero han decidido abordar el tema desde diversas perspectivas. La cita será el miércoles 25 de febrero, en el Bar REX Casa de Comidas de la Plaza de la Libertad (s/n) de Pamplona. A las 19 horas y como siempre sucede, mejor ir antes para encontrar sitio porque el aforo es el que es. Ya saben que no se graba ni se retransmite así que solo quienes comparezcan podrán disfrutar de los contenidos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;La longevidad&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
Sin embargo, adelantamos algo. Por ejemplo, que tenemos este mes un invitado de lujo. Se trata de Javier Novo, catedrático de genética en la Universidad de Navarra. Hablando con él esta semana nos contaba: «La semana pasada se celebró en Madrid la cuarta edición del Longevity World Forum. Repasaré algunas de las ideas que se presentaron allí, junto con los intentos de otros científicos como Audrey de Grey de expandir los límites de la longevidad humana. Podremos discutir si dichos intentos son factibles o si existe un límite biológico de longevidad que no se puede superar.» Por cierto, la web del LWF tiene bastante información sobre el tema por si quieres documentarlo. Y por abrir un debate sobre por qué este tema de la longevidad se convierte en un aspecto que trasciende lo filosófico o lo científico (sanitario) para convertirse en un tema de intereses económicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Unas bacterias siempre son un buen ejemplo&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
Por supuesto, Ignacio López Goñi siempre tiene un microbio a mano para contar historias. Recientemente reconocido por la web académica The Conversation como uno de los comunicadores científicos más relevantes, nos planteaba en el chat en el que vamos organizando los temas de cada mes: «La pregunta es ¿podemos vivir más de 150 años? Como decían Putin y XinPin?». Luego venía a decir que tampoco haríamos nada nuevo y nos colocó un titular de El País: «Hallada una bacteria helada hace 5.000 años capaz de plantar cara a superpatógenos». Así que nos traerá la curiosa vida de Psychrobacter SC65A.3, un microorganismo que han localizado bajo un montón de hielo en una cueva de Rumanía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;Una perspectiva sevillana&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
Quienes le sigan en las redes y sobre todo en su blog, saben bien que la mirada del físico Joaquín Sevilla tiene un color especial. Por eso propone para esta ocasión reflexionar sobre el sesgo de propiocronismo. Hace ya más de seis años se preguntaba sobre la gran variedad de las escalas de tiempo: los microorganismos de Nacho viven poquísimo en comparación con los humanos, pero nuestra escala es ridículamente pequeña en comparación con la que trabajan los geólogos o las astrónomas. Añade una frase inquietante: «Si empezamos a mirar imaginando otras escalas de tiempo paisajes aparentemente apacibles ya no lo son tanto». Habrá que escucharle entonces.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;La eternidad, una cosa muy cósmica&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
Posiblemente la física de hace poco más de un siglo estaba más o menos tranquila pensando que el universo era eterno, con lo que no teníamos por qué preocuparnos mucho por eso de los comienzos o los finales, esas singularidades que habían dado tanto juego en las teologías a lo largo de la historia. Sin embargo la nueva visión de la física relativista nos trajo de nuevo el comienzo y el fin de los tiempos. Javier Armentia suele decir, siempre que le dejan: «este universo nació, aquí mismo, hace 13.787 millones de años. Así que podemos celebrarlo». Realmente ha dicho que iba a hablar de un titular que le dejó incómodo el verano pasado. Lo vio en &lt;a href=&quot;https://www.scientificamerican.com/article/the-end-of-the-universe-may-arrive-surprisingly-soon/&quot;&gt;Scientific American&lt;/a&gt; en mayo del año pasado y venía a decir: «El universo podría acabar antes de lo que los científicos esperaban». Luego decía que ese antes es aún así de unos 10^78 años a partir de ahora (llevamos vividos poco más de 10^10 años). Lo que pasa es que la predicción anterior venía a decir que eso del fin del universo llegaría más o menos en 10^1100 años más. Cosas, por lo que se ve, de la radiación de Hawking.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto, no pretendemos que al terminar la sesión de febrero de #CienciaEnElBar salgamos con todos los conceptos claros, pero alguna discusión interesante seguro que habremos tenido. Y si no, claro, siempre podemos pedirle a Eneko algún buen reserva navarro o un single malt de 20 años que si no está cerca de la eternidad sí puede rondar lo sublime.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estáis invitados, por supuesto. La entrada, como siempre, es libre y gratuita hasta que se llena (y se llena).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una última nota: esta vez el cartel fusila el cuadro de Dalí «La persistencia de la memoria» que con esos relojes blandos suele servir de ilustración a muchas disquisiciones sobre el tiempo. Se ha dicho muchas veces que precisamente eso de los relojes blandos que se estiran era una alusión a las teorías de Einstein. Pero el artista comentó que su inspiración era más cercana: un camembert dejado al sol que se quedaba así blandito y fundido. Sirva como metáfora. Si esto en vez de ser ciencia en el bar fuera un podcast seguro que acabábamos poniendo «Time» de Pink Floyd. Lo digo por terminar con las referencias de cultura pop.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;img src=&quot;https://cienciaenelbar.naukas.com/files/2026/02/260225-ETERNIDAD-CIENCIA-EN-EL-BAR-600-452x640.png&quot;&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vale. Si habéis llegado hasta aquí, gracias por la paciencia. He pensado que lo que iba a contar (el párrafo de la cosmología y eso) tenía pinta de monólogo, así que lo cuelo por aquí porque posiblemente no me atreva a decirlo de la misma manera esta tarde en el Bar Rex.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;b&gt;La eternidad es un mecanismo de defensa (o el problema de tener demasiado tiempo)&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;(monólogo para físico y público alucinado)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La eternidad es una palabra demasiado grande para nuestra capacidad de comprensión, pero nos encanta manosearla. (Borges decía que la eternidad era simplemente una de las formas del tiempo, el sabría por qué). Pero a lo mío: durante unos siglos, desde el nacimiento de la mecánica clásica, la física vivió una especie de tranquilidad como de siesta reparadora, pensando que el universo era eterno y estático. Era un escenario cómodo: sin principios traumáticos ni finales apocalípticos (que era lo que habían vendido, a menudo con mandoble y espada además de la cruz). Además esto nos ahorra esas singularidades que tanto juego habían dado a las teologías. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la visión relativista nos despertó del sueño y nos devolvió el tiempo lineal, con su principio y su inevitable fin. Bueno, fue realmente el astrónomo Heinrich Wilhelm Olbers quien planteó el problema (que por cierto, tuvo una primera aportación de la mano de Edgar Allan Poe, pero eso es otra historia que creo que he contado por otro lado). Al grano: la prueba más sencilla de que la eternidad es un invento para dormir tranquilos la tenemos cada vez que anochece. Lo llamamos la &lt;i&gt;paradoja de Olbers&lt;/i&gt;: si el universo fuera infinito, eterno y estático, el cielo nocturno no sería negro. En cualquier dirección hacia la que miráramos, nuestra vista acabaría chocando con la superficie de una estrella. El cielo debería ser una bóveda blanca y cegadora. Si la noche es oscura es, precisamente, porque el universo tiene una edad finita. La oscuridad es la prueba de que el tiempo empezó y de que la luz de las estrellas lejanas aún no ha tenido tiempo de llegarnos, o de que muchas de ellas ya se han apagado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y luego ya vinieron los principios de equivalencia y las ecuaciones de campo de la relatividad general. De verdad, esto lo dejamos para otro lugar porque en un bar hay cosas que no se deben pronunciar. La cosa es que en efecto, la física a partir de 1915 volvió a pensar en un origen de los tiempos (el abad belga Georges Lemaitre aplaudía con las orejas, pero con una matemática envidiable y muy bien asentada). Y de paso acaso en un fin de los tiempos. Para todo, para todos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llámale BIG BANG pero es eso. El origen de todo. Que pasó aquí. Suelo decir, siempre que me dejan, que este universo nació aquí mismo hace 13.787 millones de años y que, por lo tanto, tenemos algo que celebrar. Toda la cosmología es en esencia entender todo esto: cuánto tiempo, cuánta energía, cuánta materia, cuánto de aquello o de lo de más allá y si al final, lo que parece probable, acabará todo en la muerte por aburrimiento: todo estaría demasiado lejos y demasiado frío, demasiado demasiado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, el verano pasado me topé con un titular en Scientific American que me dejó una punzada de incomodidad: «El universo podría acabar antes de lo que los científicos esperaban». Lo de «antes» es para nota. Ese «antes» resulta ser de unos 10^78 años a partir de ahora. Teniendo en cuenta que apenas llevamos vividos poco más de 10^10 años, que alguien use la palabra «pronto» para referirse a un número con setenta y ocho ceros dice mucho de nuestra escala de valores.Lo curioso es que la predicción anterior nos daba un margen de hasta 10^1100 años. Son cosas de cómo funciona la radiación de Hawking (pero perdonadme que no me ponga a echar cuentas y ecuaciones, no me cabe en este margen). La cosa es que aplicando la física todo, desde los agujeros negros hasta la última mota de materia, se evaporará bastante más rápido de lo previsto. Y ahí estamos nosotros, leyendo la noticia con un nudo en el estómago, demostrando lo increíblemente crédulos que somos. Nos angustia que nos quiten unos cuantos cientos de exponenciales de una eternidad que jamás llegaremos a ver, como si nos hubieran recortado el presupuesto de las vacaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciencia se obsesiona con el tiempo porque es la única magnitud que no podemos negociar. Nos empeñamos en buscarle un sentido a la eternidad mientras ignoramos la elegancia de lo que se agota. La física actual nos ha robado el «para siempre», pero a cambio nos ha dado un calendario. No es para que se nos amargue el día. Todo lo contrario: debería recordarnos que somos la única parte del universo que se ha dado cuenta de que el reloj está en marcha.(O eso creemos).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al final, la ciencia no se preocupa por el tiempo para asustarnos, sino para acotar nuestra irrelevancia. Somos una anomalía breve, consciente y sumamente crédula que vive en un paréntesis entre dos nadas. Y quizá, sabiendo que ni siquiera los átomos son eternos, lo más inteligente que podemos hacer es dejar de preocuparnos por el final del calendario cósmico y empezar a tomarnos en serio esos 13.787 millones de años que ya llevamos de ventaja. Porque si el universo se va a acabar «sorprendentemente pronto», lo mínimo que podemos hacer es no perder el tiempo esperando a que ocurra.&lt;br /&gt;
</description>
	</item>

	<item rdf:about="http://javarm.blogalia.com//historias/79265">
		<title>Nuevo cumpleaños...</title>
		<link>http://javarm.blogalia.com//historias/79265</link>
		<description>Abrí esta bitácora en #Blogalia en enero de 2002, así que ya ha cumplido esto sus primeros 24 años. No es como hace tanto, claro, cuando cada día había un artículo. Había también una comunidad, se comentaba y se proponían ideas... Esto desapareció hace años y se fue mudando a las redes. Las empresas de las redes sociales fueron comiéndonos toda la atención, pero también todo el contenido, con lo que los sitios caseros donde poníamos nuestras cosillas quedaron desasistidos. Ahora de cuando en cuando vuelvo y pongo alguna cosa, como hoy, aunque el cumpleaños fue el pasado sábado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si lo estás leyendo es que todavía hay gente por aquí. Y siempre da gustito. Os mando un saludo y prometo seguir poniendo historias. Incluso alguna de ellas interesante...</description>
	</item>


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