<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:blogger='http://schemas.google.com/blogger/2008' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824</id><updated>2026-03-09T21:16:09.491+01:00</updated><category term="DIARIO DE UN ACTIVISTA MENTAL"/><category term="PELÍCULAS"/><category term="Dietario"/><category term="NOTAS SOBRE CINE"/><category term="MISCELÁNEA"/><category term="LETRAS"/><category term="PALABRAS AJENAS"/><category term="DISCOS"/><category term="DIBUCEDARIO"/><category term="SIN PALABRAS"/><category term="NOMBRES PROPIOS"/><category term="barra libre"/><category term="JAZZ/BLUES"/><category term="bibliotecas"/><category term="PERPETUUM MOBILE"/><category term="CUENTOS NAVIDEÑOS"/><category term="EL DON DE LA EBRIEDAD"/><category term="nombres"/><category term="EL DISCO DE HOY"/><category term="bosquianadas"/><category term="2007&#39;s over"/><category term="CUENTOS DEL ASTRONAUTA ZURDO"/><category term="ventanas"/><category term="caballos perdidos en la tormenta"/><category term="canciones favoritas"/><category term="d"/><category term="CIEN PELÍCULAS"/><category term="ANUNCIOS"/><category term="CURSO DE ESCRITURA AUTOMÁTICA"/><category term="E"/><category term="EFEMÉRIDES"/><category term="ICONOS"/><category term="LA ESTANQUERA DE AMARCORD"/><category term="LA VIDA SECRETA DE LAS PALABRAS"/><category term="MY HOMETOWN"/><category term="Monólogo"/><category term="MÚSICA Y LETRA"/><category term="aforismos"/><category term="alex"/><category term="catedral"/><category term="cita"/><category term="cristina"/><category term="ds"/><category term="i"/><category term="mhernandez2010"/><category term="pintura"/><category term="publicaciones"/><category term="que"/><title type='text'>  .                                          </title><subtitle type='html'>    </subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default?redirect=false'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4532</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-3491869434644727722</id><published>2026-03-09T20:37:00.002+01:00</published><updated>2026-03-09T20:42:25.992+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas / 8 / Cosme Simancas</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;Lo más fácil es juntar diez o doce palabras y esperar unas horas a ver qué pasa. Hay palabras feroces que se bajan de renglón y acaban a pie de página en una soledad que conmueve muchísimo. Otras se arriman, blandas y cómplices, a donde buenamente pillan y parecen alemanas por su desmesura y exceso bizarro.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Un día cogí tres verbos copulativos. Los metí en una caja de zapatos sin zapatos y los zarandeé un rato con entusiasmo y travesura. Al punto oí unos ruidos, algunos musicales, como de ropa que se sacude al viento o como el de pies que se acomodan bajo una buena colcha de paño en la cruda travesía del invierno; otros, entrecortados y como minimalistas, daban una&amp;nbsp;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;limpia sensación de cansancio. Hubo hasta un jadeo, o lo que yo imaginaba que era un jadeo, que alteró muchísimo a mi madre. Cuando abrí la caja encontré una frase larga, robusta, imprudente, subordinada a otra o quizá fuesen dos frases o trece y se me antojaran una.&amp;nbsp;Me asombró ver once verbos, veinte pudieran ser. Uno, recién alumbrado, olía todavía a letra inocente, sin pulir, a letra con su melaza virgen preservándola del vértigo de las horas. Si la empresa tiene un alcance mayor y metemos once adjetivos superlativos en un cajón de la mesita de noche, suele pasar que el sueño se nos presenta espeso, levantisco, reventón de persecuciones por callejones oscuros como de mala película de serie B. Un amigo me contó que su empeño en esta vida es mezclar palabras de varios idiomas en una media de señora, pero no le prestan ninguna ni tiene adónde pillarlas y a él igual reparo le da comprarlas que pedírselas a su madre o a su hermana, ya talludita y sin novio con el que fatigar parques. Yo le he ofrecido las de mi abuela, pero sabiendo a qué me puedo exponer y qué explicaciones tendría que dar he preferido no insistirle y esperar a que mi ofrecimiento no prospere.&amp;nbsp;Le conté lo altamente satisfactorio que es&amp;nbsp;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;acariciar lomos de palabras concupiscentes. En el trasiego de dedos por la altura accesible de las sílabas, las palabras concupiscentes gimen dulcísimamente. En uno de esos gemidos es posible gemir con ellas y alcanzar en simétrica coyunda un vuelo de calambres en el interior del escandalizado pecho. Por puro amor al peligro, probé dejar caer ocho palabras polisílabas sobre un espejo. Los espejos (la cita no es mía) son abominables porque vienen a duplicar la realidad. La palabra caliendro, que no existe en los diccionarios, cayó boca abajo y se la vio sangrar por una sílaba átona. La palabra sinapsis, que sí está pero no se me queda nunca para qué sirve, cayó boca arriba y, de súbito, fue cubierta por una preposición muy lúbrica que la sobó con delectación en la tercera consonante, de modo que la palabra infló su vientre y alumbró allí mismo unas vocales extra lindísimas que fueron escurriéndose por el doble corazón del espejo hasta desplomarse sobre el suelo, que estaba ocupado en ese momento por nueve o diez frases adversativas en búlgaro antiguo que nadie entendió. Lo más hermoso del mundo es partir una palabra en pedacitos y observar el&amp;nbsp;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;comportamiento de esa ruina semántica.&amp;nbsp;Hay letras que jamás vuelven a dejarse querer por el tacto untoso de otra letra. Al quinto o sexto día del declive, la letra así arrumbada se embebe, se retuerce, manifiesta síntomas de que está muy enferma y pronto va a dejar de colaborar en la formación catedralicia de una palabra.&amp;nbsp;Ver morir a una palabra es una experiencia tristísima comparable únicamente a la mutilación de un sintagma o la supresión de una tilde en una palabra aguda terminada en e. Yo ya me he resignado a soportar estas experiencias y no hago esfuerzo alguno por reprimir el dolor o contener el llanto. Un llanto cercenado por la razón propicia otro llanto oculto que no puede ser cerrado de ninguna forma. Anoche lloré por un verbo llano que murió de frío. Ahora mismo tengo el corazón partido por la fuga de unos adjetivos que tenía yo en mucha consideración y delicada estima.&amp;nbsp;Ni los míos, tan pendientes de mis cosas, han sabido consolarme. Nada me conforta salvo tal vez una caja de zapatos nueva que zarandear cuando nada me divierta.&amp;nbsp;Es mi madre la que me desquicia con sus comentarios, hacen que pierda la concentración: &quot;Cosme, te estás poniendo enfermo con tanta caja de zapatos. Debes probar a salir un poco. Ya tienes edad. Luego abres la caja y te pones a colocar letras y a quitarlas. Tú sabes que yo no te molesto, pero anda, anímate, sal un poco, da un paseo. Ya es hora de que te eches novia. Hasta puedes dar con una que le gusten las palabras como a ti. Podéis jugar juntos. Yo os llevo la merienda.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Hazme ser abuela, trae un Simancas al mundo&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/3491869434644727722/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/3491869434644727722?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/3491869434644727722'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/3491869434644727722'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/breviario-de-vidas-excentricas-8-cosme.html' title='Breviario de vidas excéntricas / 8 / Cosme Simancas'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-2286548505878897094</id><published>2026-03-09T07:49:00.003+01:00</published><updated>2026-03-09T07:57:41.110+01:00</updated><title type='text'>Las crines / 20 notas sobre la novela de Marc Colell</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiplO3j7UyT2tOQBpijKohujSKfjtuvAIiV1OyNcNvC93iwarEValv5lvj2XPHrsyFDWW0-YLWFkwSdB9pSse0XCcRocqnlGR4bj6v1l-2kgO9L3dPbN757DGRdi_8bRpNKpNKdlKdZ07-ulk4Qj7luth2HL3izkd0kUDojhIz5yD6DojjmkGyH/s935/625360467_10242063603669178_4099030067043026070_n%20(1).jpg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;935&quot; data-original-width=&quot;526&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiplO3j7UyT2tOQBpijKohujSKfjtuvAIiV1OyNcNvC93iwarEValv5lvj2XPHrsyFDWW0-YLWFkwSdB9pSse0XCcRocqnlGR4bj6v1l-2kgO9L3dPbN757DGRdi_8bRpNKpNKdlKdZ07-ulk4Qj7luth2HL3izkd0kUDojhIz5yD6DojjmkGyH/s16000/625360467_10242063603669178_4099030067043026070_n%20(1).jpg&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;1 / Admiro el despropósito, lo concibo como algo de lo que la literatura,
la misma vida, debiera impregnarse de cuando en cuando. Lejos de ser una idea
cerrada, de parecer una palabra peyorativa, el despropósito es la instancia primera desde la que a veces se concibe la creación misma. Admite la controversia, el decir y el desdecirse, el avanzar sin que parezca que suceda el avance, y permite que a esa idea la ronden otras, no necesariamente las previstas, para que se consolide o se cancele lo que quiera que se esté fraguando o para que, en el debate, se alumbre un término medio, una especie de solución
consensuada en la que la ficción (descomprometida, libre por naturaleza) se convida
de realidad (tan agreste, tan de poco vuelo metafórico). Hay que hacer esta reflexión para escribir esta reseña. Admiro “Las crines” (Premio
Café Gijón, Siruela, 2025), su aparente ausencia de propósito y, al tiempo, la certeza de que cualquiera de ellos podrían convenir. La admiro por responder a ese desconcierto (concierto iba a escribir)
y hacerme ver la necesidad de que nos despojemos de etiquetas (la etiqueta
duele, escribía mi añorada Manolo Lara Cantizani) y la belleza o la
inteligencia sucedan sin estorbo, apenas incomodadas, haciendo que nuestras
vidas sean mejores y se haga su desempeño más felizmente. La literatura contribuye espléndidamente a ese (ya dejo el sustantivo) a ese propósito. Eso ha conseguido Marc
Colell, debo decir, antes que nada, con esta premiada novela (novelita, ni
novelita siquiera) suya.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;2 / Prefiero también lo por contar a lo contado. Y de esa
ambición mía tengo con qué agasajarme en estas páginas. Creo que el interés de
Colell no es errático, a pesar de que la trama eluda un enunciado férreo,
determinativamente provisorio de acontecimientos de importancia, que los hay,
pero a los que se les puede extraer cualquier consideración narrativa y
entenderlo como un color más de los usados por el autor para acabar este cuadro
enorme (a pesar de su brevedad) sobre la elocuencia de la soledad. A ella, a la
soledad, la coge bien por el cuello y no la suelta en las ciento cincuenta y
cuatro páginas de la novela: tales son las dimensiones del paisaje. &quot;Las crines&quot; es una novela orgánica, una especie de (se va reír el autor) un nuevo reino, esta vez animal, no vegetal. Procede Colell con ella a la manera en que un entomólogo se aplica al estudio de la criatura a la que observa por el microscopio. Ahí es fácil pensar en un dios que, caprichosamente, se detiene a contemplar la naturaleza misma de su creación. Estamos hablando de literatura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;3 / Hay un hombre, catalán, “dando el mal por incurable”, sesentón,
del que sabemos poseedor de una llave que abre una puerta de una finca en
Argentina. Hay más cosas que se nos permite conocer: que fuma mucho; que bebe,
tenga ocasión o no; que se ensimisma con frecuencia; que vivió en un orfanato
de pequeño y, por último, habrá más cosas, que se encomienda una relación
epistolar con Juanita, la mujer que le invita a que pase una temporada en La
Magnolia, su lejana quinta de la pampa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;4 / Buscar sin saber, ir sin propósito, no dar con lo anhelado
y, sin embargo, traer a casa, tras el viaje, la misma vida, que es trágica y compleja, pero debe hacerse con ella algo hermoso y este texto se arroja a la sencillez, se arroga un contar entendible, que prescinde (aun en su caos, en su tragedia, en su complejidad) de una manufactura (lo imagino caligráfico, como lo son las cartas) ardua, boscosa, cargada de pesadez sintáctica o léxica. Eso lo hace Colell magistralmente, digo el dar carta de naturalidad (perdonen la redundancia) a lo que bien podría haberse creado desde una elocuencia arborescente, tramposa, desde un artificio, aunque siempre lo haya y cada escritor sepa dar con el suyo y lo embosque en ropajes sencillos, qué mérito eso. Se ha valido el autor de una extraordinaria capacidad de observación y, entiendo que no podría haber eludido esa parte, una obligación moral, la de expresar una gratitud hacia la tierra en la que vivió, con la que tiene lazos fuertes, esa Argentina de la Pampa que se manifiesta con un rigor cartográfico, sentimental, absolutamente creíble. Podríamos convenir que todo el libro es una expresión de agradecimiento hacia un paisaje. Todo lo que sucede en él es atributo suyo, asunto emanado de la visión extasíaca del paisaje, de su elocuencia, de su fragor o de su silencio o de su soledad. Porque hay también un homenaje, una especie de agradecimiento, a la misma existencia, limpia ella, del silencio y de la soledad. Se palpan ambas, a pesar de que haya tramos ruidosos, empapados de acontecimientos que parecieran ser antagonistas de esas dos hermosas abstracciones: el silencio, la soledad.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;5 / Hace tiempo que un libro no me hacía sentir tan cerca de lo narrado. Se cree uno espectador privilegiado, ve lo que Calesita, el ya añorado protagonista, ve. Esa virtud de lo cinematográfico bulle, cunde, prospera como si a lo que asistiésemos fuese una proyección, no un texto. Cree uno también que huele el asado o que ese lejano país no es enteramente nuevo y pudiera haber sucedido que de verdad lo hubiéramos visitado y supiéramos de fiable primera mano lo que significa pasear esas planicies inagotables, no como el agreste Empordá catalán, del que procede su protagonista, o manejarse en el arte de hacer que los sapos, que son legión, dejen la casa y se afinquen en esa vasta planicie, en la tierra un poco bíblica de la Pampa.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;6 / El narrador se apropia de su vida, tal vez por primera vez. Hace balance de algo que no acaba de explicitar del todo, no se precisa tampoco. Se encomienda entender el lugar en el que está, no las razones que le han empujado (tal vez deba ser otro el participio) a llegar allí, a dar uso a la llave que se le ha entregado, la que franquea una puerta que, bien mirado, podría ser cualquier puerta, una de esas puertas que todos tenemos a la vista y no queremos o no sabemos traspasar. El ejercicio del narrador se parece entonces un poco al de su protagonista: los dos se envalentonan, se determinan a explorar lo desconocido, a traer de la travesía de la experiencia (la de vivir, la de escribir) algunas certidumbres o, si se me permite, más dudas que las ya existentes. Qué es vivir si no probar llaves y ver qué hay tras las puertas que abren. &quot;Las crines&quot; hace una prospección, un poco ética y otro poco sensorial, de los primores de lo real, como decía el poeta. Estudia la luz, medita sobre la sombra, se posa sobre la carne muerta de Potricox, un viejo caballo cubierto por una mala lona y comido por la cruel intemperie, indaga (prosigo trayendo verbos inquisitivos) sobre cierta idea irrenunciable en el ser humano, la de saber qué hacemos aquí, qué cosa podemos hacer o a cuál podemos renunciar para que vivir sea siempre un festejo, una evidencia de que todo está bien, que incluso el mal, al comparecer, no distrae a la bondad, a ese agradecimiento por estar vivo. A mí me ha parecido esta novela una novela de vida, más que otra cosa. Dan ganas de estar solo, de tener esa llave luminosa, de poder asistir al espectáculo siempre deseablemente novicio de ver amanecer o de contemplar un atardecer de los que no se sabe nada y, más romántica o idílicamente, no tenemos necesidad de saber nada.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;7 / Tiene &quot;Las crines&quot; fe en sí misma. Esa consideración proviene de una osadía que yo, como lector, he practicado. Me he pensado siendo el escritor que la urde. La pregunta surge entonces pronto: ¿cómo podría haberse escrito, de no ser esta?. Otra: ¿cómo la habría escrito yo? Y razono, no será del todo razonar lo que vendría después, que no podría. Es tan personal, cuenta cosas de tan precisada vivencia que es imposible que la novela sea volcada de alguna forma distinta a la que yo he leído. El autor cree en su trabajo: hay eso, fe. Debió disfrutar con la parte poética, tanto como con la meramente descriptiva, de prosa lúcida, conminada a contar. Por eso se recrea portentosamente en algunas partes del relato y las aparta de la rendición de todas esas cartas, que cuentan cosas, en fin, que tienen materia narrable, Esas partes poéticas son la de los pájaros, &quot;amarillos, inmóviles, azules, carroñeros, confiados, acróbatas, terrestres, frenéticos, acuáticos&quot;. El Colell poeta se manifiesta poeta por ese pormenor en la observación, por esa querencia hacia lo inasible y, al tiempo, lo perdurable, lo mágico. Asunto de fe, ya digo. Me quedo con la parte en la que hace registro de los colibrís, que en Argentina se llaman picaflores. El autor recordará una conversación que tuvimos acerca de esos pájaros. Todavía no había leído su novela, por cierto.&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;MsoNormal&quot;&gt;8 / Dar cuenta de las vivencias es difícil, qué elegir, qué privilegiar, qué parte de uno mismo se debe contener, no hacer que aflore y pueda malograr el encargo de contar lo ajeno, pero nunca hay un libro del todo ajeno, razono. &quot;Las crines&quot; es una experiencia lejanísima, no hay manera de que uno se vea allí, ya he comentado eso, pero insisto en el hecho de que las palabras, benditas ellas, cancelan la incredulidad, hacen de la extrañeza su casa y nos abandonan en otra intemperie, la de la ficción, que es una realidad vigilada.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;9 / Más que con los caballos, tan importantes, me quedo con los sapos, con lo que se cuenta sin que se exhibe una musculatura narrativa, un decir sentado, un relato cartesiano del que se espera que sucedan cosas determinantes. Ellos, los sapos, acompañan la lectura. Los oí croar, un croar baritono, argentino, permitidme el atrevimiento.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;10 / Lo que hace Marc Colell en &quot;Las crines&quot; es privilegiar cierto tipo de recado epistolar al que ya no se le hace aprecio y que aquí, por obra de un protagonista insignificante, voluntariamente apartado de cualquier tipo de épica, se manifiesta con pulcra verosimilitud, con asepsia también. No se nos permite saber más de lo preciso, hay una voluntad entomológica en el volcado de los acontecimientos, que son muchos y, al tiempo, pueden hacer pensar que fuese un único acontecimiento, exento de trascendencia o, si se me permite, manumitido de toda grandilocuencia. Yo creo que conviene ese criterio primero, el que el autor determina como válido para dar voz a su narrador, que es alguien sobre el que la gente &quot;desliza su mirada&quot;, sin que se pose: no ofrece &quot;líneas de percepción&quot;. Todo aquí es cartesiano, apreciable, topográfico: el campo, el cuerpo, hasta el tiempo posee una naturaleza sólida, vehemente.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;11 / No es qué se cuenta, sino quién lo hace. De esa elección surge &quot;Las crines&quot;. Contar lo que se ve, hay un distanciamiento, un no comprometerse, un ver sin involucrarse. La escritura de la novela es diferida, hay un posicionamiento ambiguo, pero carnal. Las cartas exigen un modo de entender lo que ellas mismas relatan. Somos involuntariamente el receptor de su quién sabe si apretada o voluptuosa caligrafía. Porque yo me imagino el texto de la novela en letra volcada a mano, en tinta fiable. La tinta duele a veces. No es, por muchas cosas, un libro difícil, pero contiene cierta complejidad de orden moral. Son muchos los asuntos sobre los que hay un interés en que se cuenten. No solo la soledad o el silencio, tangenciales por un lado, vivos y opresivos en otras, sino también las distancias, la permanencia de la tierra por encima de todas las cosas, la voluble opresión de la luz, la intendencia del hombre en su desempeño de hombre, el pudor de interferir en las costumbres de un pueblo que no conocemos y que nos ha invitado a que compartamos con él la mesa, la carne, el vino, el tiempo.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;12 / &quot;Las crines&quot; es escritura dentro de la escritura, me gusta esa expresión, no es la primera vez que la uso.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;13 / El descubrimiento de la voz que narra ha debido ser arduo. Quien maneja la narración, esa epistolaridad que arma el relato y que se entiende casi escrita a la vez que los acontecimientos que decide contar, carece de nombre, no es importante para que todo fluya. Es como si escucháramos algo que a lo que no estamos invitados. De ahí el pudor que citaba antes: se nos habilita para que sepamos, se nos da la posibilidad de que esa intimidad pueda ser atravesada y seamos parte de algo ajeno. Con qué maestría, debo recalcar eso, Colell nos confiere ese grado de espectadores privilegiados. Siente el lector que está vulnerando algo hermoso, invisible. Como si abriésemos el buzón de otro, imaginario el buzón y el otro, y se nos confiara un secreto, una revelación, un concurso de hechos triviales, fascinantes, trágicos, humanos, en definitiva. Hay mucha humanidad en &quot;Las crines&quot;.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;14 / Uno acaba entendiendo qué es viajar en este libro falso de viajes. Comprende que los europeos no sabemos nada sobre la idea del viaje. &quot;La humanidad se interrumpe en grandes espacios, en gigantescas extensiones, y cuando vuelve, cuando se agrupe, adquiere el valor de la casualidad, el recuerdo del asentamiento, del poblado original, de la fogata&quot;.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;15 / A la antojadiza manera en que un lector aborda una lectura, que no siempre es el mismo lector ni tampoco la lectura, por esa urdimbre subjetiva de las cosas, es la misma lectura, la de &quot;Las crines&quot; plantea un interrogante, muchos, la verdad, pero se aprecia que el autor no se encomiende su resolución y deje no ya pistas, sino montañas de ellas o extensos páramos de ellas, me estoy dejando llevar por el paisaje de la novela. He leído y he buscado debajo de lo leído, he estado y me ha parecido que mi permanencia en el libro, en su fluido devenir, precisaba de una elaboración mayor, que no será estilística ni sintáctica. Lo que yo quería, al tomar el volumen en mis manos, incluso recién comprado me sucedió eso, era que hubiese más, que la novelita (la nombré así al comenzar estas notas) fuese novela de más contundencia corpórea, que supiésemos (o no, qué sé yo) lo que Calesita haría con su gato al sacarlo del transportín, cuando regresase a su Cataluña y se topase con otro paisaje, con la vida (de la que sabemos poco, el orfanato, el caballo sin montar, la idea de un tiempo remoto y oscuro) nuevamente adquirida. Como si su aventura gauchesca hubiese calado más y se delatara en su plenitud cuando el buen hombre volviese a la rutina que tuviera y viese, quién sabe, a la mujer que le dio la llave y la posibilidad de que la fuga tuviese acomodo y tiempo. No es un reprocho, a veces uno rehuye de los tochos, pero en otras, si la promesa de la lectura así lo reclama, anhela que todo se dilate, que no se acabe, en fin, creo que los buenos lectores saben de qué hablo. Con todo, queda uno complacido con lo vertido por Colell, se sabe dueño de una vida o de una parte de una vida de alguien a quien no conocemos y de quien, tras sus peripecias, tampoco sabemos demasiado.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;16 / Hay un libro en el libro, el libro de los caballos. No es ni un libro siquiera: son pliegos atados con una cuerda. Es de magia. Un artefacto surrealista también. Un manual para sanar a un animal moribundo en el que deben intervenir hermanos mellizos, cortes de pelos, puñetazos en su ijar, ají en la punta del pene. Colell abusa poco del recurso más literario (en el sentido de fabulado) que posee la obra. No se le echará la culpa. Daban ganas de saber más. De tener el manual en las manos. De que hubiera uno análogo para cuestiones más domésticas, de consumo privado.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;17 / No hay manera de hablar de un libro de alguien sin que acudan los demás libros que de ese alguien se han leído. Disfruté enormemente leyendo &quot;El reino vegetal&quot; y &quot;El bozal&quot;. Ahí conocí la escritura de Marc Colell. &quot;Las crines&quot; no continúa lo que se inició ahí, en esos dos volúmenes. El primero, &quot;El reino vegetal&quot;, era el libro del verano de Carlota, una niña de trece años. Estaba traspadado de melancolía y de descubrimiento. Creo recordar que me pareció entonces el libro de un funambulista, por lo delicado de lo narrado, por la sensación de que en cualquier momento todo se podría venir abajo. El final apabullaba, eso recuerdo también. No sucede eso con &quot;Las crines&quot;. Hay una intensidad menor, aunque se perciba un querer llegar a cierto clímax, que luego agradecemos que no concurra. No haría falta. &quot;El bozal&quot;, esa colección de cuentos, traía al perro, no al caballo. Daba cuenta de su admirable perseverancia, explicaba a su manera el modo en que la realidad nos habilita para la extrañeza. Como un afantasmamiento. Como si el escritor obrara al modo en que lo hace el encantador de serpientes y nos quedáramos prendados al ver izarse a la serpiente. Sin saber si se envalentonará y nos morderá. Yo creo que las historias de Marc Colell proceden de esa inminencia, de algo que está a punto de suceder y no sucede, de algo que esperamos y, al tiempo, no queremos que irrumpa.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;18 / Este libro debería haberse llamado así: &quot;Los sapos&quot;. De haberlo escrito yo, qué bien habría estado eso, qué envidia, le habría llamado &quot;Los sapos&quot; o &quot;La soledad&quot;. Son títulos cortos, no elucidadores. Pero &quot;Las crines &quot; hace precisamente eso: aclarar, dar claro lo oscuro, extraer la piedra filosofal y hacerla una cancioncita que podemos tararear.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;19 / Hay verdad en “Las crines”: verdad y contención. Vuelvo al pudor ahora. Con qué respeto se nos cuenta todo, con qué limpia mirada. No ha querido el autor (elección pertinente) inmiscuirse más de lo debido: por respirar la misma transpiración de la tierra, por descender a la semilla de las cosas sin lastimarlas, sin incomodar su antiguo oficio, sin perder su vocación de observador puro. Ese leve esplendor apenas precipitado, esa fulgor pálido extendido como una música. Porque hay mucha música en el texto: comparece con brillo léxico (hay que entender el léxico, hay que buscar a veces, aunque todo se explica por sí mismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;20&amp;nbsp; / Las ocho. La hora de los sapos.&amp;nbsp;Tenemos la llave en el bolsillo. Hemos visto Marruecos desde la ventanilla del avión. Afuera hace cuarenta grados bajo cero. Vamos a casi novecientos kilómetros por hora. Es curiosa la velocidad, el frío. El gato en el transportín ronrronea, se desperaza, maúlla a lo bajito. Trae Calesita con él más cosas de lo que pudiera pensarse. Todas comparecen con pudor también. Con la lentitud de lo que no ha cambiado nunca. Se imagina uno que &quot;Las crines&quot; es una novela sin tiempo. Pudiera haberse escrito hace treinta años, hace cien. Entonces había asadores, patrones, caballos que se mueren, cuevas que son un hogar, whisky y tabaco en las noches infinitas, mate compartido en un meandro del alma, patrones que no dejaban acuchillar a un potrillo y lo quieren ver morir de viejo, quintas donde suceden cosas parecidas a un sueño, colmados en mitad de la nada, niños que no saben usar una vara para que los perros obedezcan, sapos imposibles en la intimidad de una casa, caminos de polvo y sacrificio.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/2286548505878897094/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/2286548505878897094?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2286548505878897094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2286548505878897094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/las-crines-19-notas-sobre-la-novela-de.html' title='Las crines / 20 notas sobre la novela de Marc Colell'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiplO3j7UyT2tOQBpijKohujSKfjtuvAIiV1OyNcNvC93iwarEValv5lvj2XPHrsyFDWW0-YLWFkwSdB9pSse0XCcRocqnlGR4bj6v1l-2kgO9L3dPbN757DGRdi_8bRpNKpNKdlKdZ07-ulk4Qj7luth2HL3izkd0kUDojhIz5yD6DojjmkGyH/s72-c/625360467_10242063603669178_4099030067043026070_n%20(1).jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-5680149218845325309</id><published>2026-03-08T13:18:00.001+01:00</published><updated>2026-03-08T13:18:36.557+01:00</updated><title type='text'>Diccionario de asuntos perdidos / 1 / Sinapismo</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;El sinapismo es &quot;una cataplasma o emplasto elaborado con polvo de mostaza tradicionalmente usado como revulsivo para aliviar dolores profundos o congestiones bronquiales mediante la irritación local de la piel. Coloquialmente, el término se refiere a una persona o cosa molesta, pesada o que exaspera&quot;.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi abuela Luisa, cuando la colmaba el nieto, me decía sinapismo. Yo aceptaba el engendro léxico sin mayor molestia. No daba interés en saber qué me decía, aceptaba sin más que lo que fuera que aquello significase correspondía cabalmente a mi compostura o a mi desempeño o cualquier otra cosa que de mí pudiera extraerse y que sirviera para definirme. He tardado en recobrar esa palabra, sinapismo, cincuenta años. Podría no haber vuelto a escucharla o a leerla. No es tanto el vocablo, la entrada en el diccionario, su tangible ahora existencia, sino lo que ha traído su reingreso en mi mi memoria semántica. Es agradecida, si se ve mimada. Da de sí espléndidas coreografías. Sabe cómo excederse, hasta comedirse, pero hay palabras suyas que comparecen sin que se tenga entera propiedad de su concurso. La de sinapismo reclama la parte de mi infancia que se desvanece poco a poco. En esta edad provecta, en estos tiempos de vocabulario mediocre, de palabras cortas, cuando no huecas o estériles, el sinapismo es el que da por culo, si se me permite el exabrupto. Uno ha visto y padecido lo suficiente como para entender de sobra qué significa esa manifestación gráfica excesiva, tal vez imprudente. Mi abuela no caía en ordinarieces, aunque es posible que no tenga yo recuerdo fiable y alguna saliese por su boca. Leo que el vocablo comparece por primera vez en el &quot;Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes con las correspondientes voces francesa, latina e italiana&quot;, registrado en 1788 y compilado por el Padre Esteban de Terreros y Pando. Esta entrada es la que referencia el cataplasma, el ungüento, el alivio epidérmico. Es más tarde, en 1817, cuando lo incorpora el diccionario de la lengua española e incluye la acepción que yo aprecio ahora, la del plasta. Puede argüirse que esa acepción, plasta, como término coloquial usado para describir lo pegajoso, aplastado, casi escatológico y, añadida o metafóricamente, la persona pesada, molesta, cargante, coincide cartesianamente con la que yo prefiero, la de mi abuela y, ay, elegida para definirme en esa tierna infancia. Quién sabe, es posible que todavía siga siendo un sinapismo. Habrá quien lo refrende.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/5680149218845325309/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/5680149218845325309?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/5680149218845325309'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/5680149218845325309'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/diccionario-de-asuntos-perdidos-1.html' title='Diccionario de asuntos perdidos / 1 / Sinapismo'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-6454456710665068924</id><published>2026-03-08T11:01:00.003+01:00</published><updated>2026-03-08T11:01:18.549+01:00</updated><title type='text'> EL ESPEJO DE LOS SUEÑOS / 7171 DÍAS / 4528 TEXTOS</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;No hay vanidad en lo que voy a escribir. Tan solo se me ha ocurrido escribir sobre la existencia de mi blog. Mi blog. Mi casa. 7171 días abierto. Es un número bonito. Creo que todos lo son. El hecho de hacer un inventario de algo se parece al de recordar.&amp;nbsp; Pronto cumplirá 20 de los casi 60 que cumpliré en un mes mal contado.&amp;nbsp;&amp;nbsp;Me agrada pensar que ha ocupado un tercio de mi vida en los que he ido cuidándolo casi a diario. No le escatimo atenciones. Ni una obligación es. Hubo semanas en que no tuve nada que anotar en él. También días en que lo hice dos veces. Esta costumbre, tras tanto tiempo, se ha convertido en una vida supletoria, en una prolongación registral de la mía, y me declaro feliz por la perseverancia, no se crean, y perplejo también. Debí haber abandonado la empresa. Lo pensé varias veces, muchas veces. No sé a el porqué de tener siempre algo que contar. Eso no es normal. Escribir no es normal, pero uno cuenta las cosas que le suceden o las que suceden a los demás. Se me antoja indistinguible un contar del otro.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Hay 4528 entradas, lo cual es abrumador. Alguien entró en mi blog el otro día. Tengo que leerte, me dijo. Creo que le aconsejé que se lo tomara con calma. Que fuera al día. Que prescindiera de lo hasta ahora rendido. No siempre puedo tener cerca a alguien que me lee, aunque sucede con frecuencia, por fortuna. Hubo en esos casi 20 años de escrituras (leo el contador alojado en el blog ahora mismo) 1802466 visitantes. A lo mejor lo cierro, con colmo de pudor o de fanfarria, ya veré, cuando llegue a los 2 millones. Es una buena cifra. No me la hubiese creído cuando me determiné a abrirlo. Estaba en casa de mi cuñado, en Marbella. Me lastimé un pie haciendo el tonto en la playa y el buen galeno me recomendó que lo tuviese en alto unos días antes de recomenzar los paseos y todo eso. La convalecencia fue agradable. La familia me agasajó con distracciones, saben hacerlo. Ahí se me ocurrió lo de abrir esta casa digital. Comenzó alojando reseñas de cine. Eran, más que otra cosa, encendidos elogios hacia películas de toda la vida y, por mi participación como crítico en una revista de cine de la red, comentarios sobre los estrenos de entonces. En el 2006 iba más al cine de lo que voy ahora, a mi desgracia. Veo el cine en casa, ya no escribo en ninguna revista de cine, tan solo dejo de vez en cuando registro sobre lo que veo, casi nunca cosas de la actualidad. El tiempo pasa muy rápido.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Los números, esa estadística fiable, fría, gris, no explican lo que ha supuesto este blog para mí. «El espejo de los sueños» es mi aldea gala irreductible. Los romanos, afuera, no lograrán rebasar sus muros, quemar sus casas. Soy el que se cayó a la marmita y bebió el brebaje de la torrencialidad o de la prolijidad o de la hipergrafia o de la grafomanía. Soy un escribidor, lo hago sin pretensiones, por dejar constancia, ya lo he dicho, por contarme el mundo o por contarme a mí mismo. No he debido terminar de hacer alguna de esas cosas a lo visto, así que no tengo intención de renunciar a este placer que me hace estar aquí ahora, dándole a las teclas. Tengo, a decir de Bukowski, la enfermedad de escribir. No es una elección, me temo, aunque en algún momento lo fuese: es una función orgánica como la de respirar o la de beber agua si hay sed o la de comer cuando el hambre. Por precaución, guardo un registro de toda esta cadena de ceros y de unos que deben conformar las tripas de mi blog, el fantasma en la máquina, todo eso. Es una memoria portátil. Por si un día me da por abrir el editor de esta página y me encuentre que un dron la ha devastado o que la han saboteado los chinos o la madre que parió a la desgracia.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; class=&quot;wp-image-49361 alignright&quot; decoding=&quot;async&quot; height=&quot;243&quot; src=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/03/Imagen1.jpg&quot; style=&quot;border-style: none; box-sizing: inherit; display: inline; float: right; height: auto; margin-left: 1.5em; max-width: 100%; vertical-align: middle;&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;Salvo los tres o cuatro primeros años, mantengo en el blog la misma cabecera: el icónico puente de Queensboro de la película Manhattan, de Woody Allen. Isaac y Mary siguen sentados, viendo cómo amanece, charlando. Yo no he dejado de hacerlo desde entonces. Hago acompañar a la imagen de dos citas, invariables,&amp;nbsp; perseverantes también. Una es de Antonio Machado: «Amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles». La otra es de Epicuro de Samos: «El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma». Me reitero en la bondad de esas citas, en lo que me dicen, en lo que continúan diciendo. Yo sigo escribiendo, hablándome, ya ven.&amp;nbsp;Ese cómputo de días, de escritos y de visitas me hace feliz, pero lo que más festejo es que mi voluntad haya decidido que siga en pie. Festejo esa consideración, al menos: la de bregar con la escritura, para bien o para mal. He sido tozudo, he resistido con entereza, he hecho de ese blog una extensión (ya lo he dicho, más veces lo diré) de mí mismo. No sabría explicarme sin escribir, tampoco lo haría sin mencionar «El espejo de los sueños», el nombre que di a esta casa. Ese ha sido quizá el cometido más fiable: escribir casi a diario, no dejar que la página entre en barbecho, hacer que el placer sea «el bien primero».&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Se puede estar más solo que escribiendo, pero ninguna soledad, ni siquiera la no pedida, la que nos invade y sojuzga, rivaliza con la escritura en hondura, en apartarse enteramente del mundo y, al tiempo, en apropiarse de él. En ocasiones, al escribir, se percibe esa soledad, se aprecia cómo se cierne en torno, sin que podamos zafarnos de ella o sin que, por más que nos afanemos, podamos tampoco dejar de escribir. Dejar de escribir con la esperanza de que regrese la luz o de que la oscuridad no cunda, ni se enseñoree como suele. Nunca fue un padecimiento escribir, nunca sentí que me fracturara o que me ablandase o que me retirara alguna posible fortaleza que yo, sabiéndolo o no, pudiera tener y, sin embargo, a veces prefiere uno no tener que dejar consignado nada, no ocupar la limpieza de la hoja o el vacío del editor de este blog. No dura mucho ese arrebato ascético, un poco sobrevenido por el cansancio o por la evidencia de que no hay ningún lado al que conduzca escribir que no se pueda acceder de otro modo, no sé, paseando, tomando café con los amigos en las terrazas del verano o en la intimidad de la casa en el invierno, leyendo lo que otros a los que no conocemos han hecho para nosotros, ah lectores. No es una preocupación que persista, se diluye conforme el día va conviniendo sus peajes y tienes que salir a la calle y acudir al trabajo y regresar a casa andando o en coche, pero de pronto hay una necesidad que bulle y obliga, algo que dice que te sientes y escribas. y se aplica uno en satisfacerla.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;No importa de qué se escriba, incluso de la escritura misma, tal es el caso. Lo que de verdad cuenta es penetrar en esa soledad solicitada y dejarse ir. No creo que haya otro método: no hay escritor que no se deje ir, por más que organice y cuadre su trabajo, por más que investigue, tabule o prevea cuál será el texto que finalmente saldrá. Lo que fascina es el acto impetuoso de la escritura, su vértigo, su fiebre, ese avanzar loco, sin brújula, en el que las palabras se prestan y uno las abraza o las censura o aplaza que concurran o se duele de que salgan esas y no otras, que son las que deseamos, pero no están a nuestro alcance. Tal es el caso también. Esta soledad mía es más íntima cuando abre el día. Ahí encuentro que está la cabeza en condiciones, si es que eso fuese cierto. Ahí me envalentono con el día y encaro lo que a su antojadizo capricho haya decidido arrojarme. En este sentido un poco nutritivo de las cosas, escribir es una ingesta de luz, una especie de avituallamiento de coraje para que no nos haga flaquear en demasía el tráfago de las cosas. Como quien sale a correr a primera hora de la mañana y vuelve a casa con el cuerpo encendido y la cabeza alerta. Añado que jamás he hecho eso, no es algo de lo que presuma tampoco.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;El blog “El espejo de los sueños”, tal fue el nombre de mi primer libro, el que se me publicó en Antorcha de Paja con la colaboración de la Diputación Provincial de Córdoba en mis tiernos diecinueve años, ha servido para tantas cosas. La más importante, ya lo he dicho, es para dar con amigos. No importa el modo en que se consigan: importa esa propiedad hermosa, y por la lectura de lo que yo haya ido escribiendo hubo desconocidos que entraron en mi casa, ya lo he dicho, y se quedaron. Siguen. También me sirvió para que viniesen otros siete libros. Me gusta pensar en ellos como una especie de hijos de esta madre que es el blog. Él hizo de mediador o de aval o para que las palabras se imprimieran y quedara un libro bonito. Todos lo son. Mis editores (Francisco Gálvez, Pepe Trapiello, José Luis Trullo y Francisco Caro) vieron que podría haber un escritor en mí. A estas alturas, bueno o malo, debe haberlo. Del primero (&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;El espejo de los sueños&lt;/em&gt;, 1985) al último (&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;Mala fe&lt;/em&gt;, 2025) han pasado 40 años. La de cosas que caben en 40 años. Ahora se me ocurre que me casé, tuve dos hijos, perdí a mi padre, a mi abuela y a mi suegra, me hice maestro (me jubilo en tres meses), vi miles de películas, leí mil libros, amé desconsoladamente el jazz, vi morir a algunos amigos, fui feliz en los bares y descubrí el arte de dormir sin preocupaciones cuando la vigilia invita a que prospere el sueño. Más cosas habrán pasado, me habré dejado algunas importantes.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;background-color: white; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Mi abuela Luisa no escribió una palabra en su vida. Decía, al verme correr: «Mientras el nieto corre, el mundo gira». Y el placer, ah, el placer, el bien primero, el don más hondo. Uno de los que más aprecio es la de nuevos amigos que el blog me ha traído. Hoy es un día de máximas y de gratitudes. Dejo la dirección del blog por aquí, por si después de esta tabarra egocéntrica alguien decide visitarlo por primera vez o volver. Disculpadme, si podéis, por haber recurrido a contar algo tan personal. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de que se produzca el mandato primero que se impone quien escribe: ser leído. Pues eso.&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/6454456710665068924/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/6454456710665068924?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/6454456710665068924'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/6454456710665068924'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/el-espejo-de-los-suenos-7171-dias-4528.html' title=' EL ESPEJO DE LOS SUEÑOS / 7171 DÍAS / 4528 TEXTOS'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-2732367177093073717</id><published>2026-03-07T17:54:00.006+01:00</published><updated>2026-03-07T17:55:08.203+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas / 7 / Los Argüelles</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Padre&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Mi padre ha tenido siempre gesto de gárgola.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Padre&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;A mi padre lo apresaron en la guerra por escribir pasquines, por llamar a la rebelión, por poeta comprometido, por heraldo de la luz cuando la sombra acude. Su voz era un aleteo de ángeles o de&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;insurrectos. Las mozas bizqueaban al oírle declamar en juegos florales y en verbenas de barrio. Los rebeldes aprendían de memoria las soflamas de la revolución.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Madre&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Está la madre en el zaguán cosiendo unos calcetines. El dedo gordo de mi hermano ha ido por libre. Es un tomate, así le llaman. Por el dedo rojo estrangulado será. Tienes que cortarte las uñas, ya tienes edad. Una no puede gastar la mañana en tus cosas, bastante tengo por hacer. Está la casa manga por hombro. Nos va a comer la mierda. No doy abasto. Acabaréis conmigo. Ayer tu padre llegó con un siete en el pantalón, dice que no sabe cómo se lo hizo. Sería una pendencia en la taberna, qué sé yo, él no cuenta, no le conviene. Está siempre a lo suyo. En sus poemas. En arreglar el mundo. En faldas. En sietes.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Nosotros&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Una vecina se para en la puerta, la cruza, no es la primera vez, esas cosas pasan. Las puertas, si no están cerradas, dejan de ser puertas. Son entrometidas sin que se aprecie la intromisión. Ejercen su oficio con pulcritud. Llevan años practicándolo. Que ayer te echamos en falta, la Luisa ha dicho que hoy a las nueve sacamos las sillas, tenemos que pensar lo que vamos a hacer para el domingo. Sacar las sillas es tener palique hasta que vence el sueño en las noches de verano. Lola, la casa te va a comer, deberías arreglarte un poco. Hay hombres que te miran todavía con deseo. Haz que te miren. Que les duela mirarte. Qué poco os miráis los Argüelles. Todavía recuerdo a tu madre. Ni para morir pidió que le pusieran un vestido bonito. Los días corren como las nubes. La madre contesta con la cabeza, ni la mira siquiera. Sí, ha pensado. Irá sin ganas, nunca las tuvo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;El cura&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Hay que arreglar la iglesia. El cura se fija en esas cosas. No hay cuartos. Habrá que hacer algo, alguien tendrá que poner los suyos. Eso dirá, esos nos dice. Tendrá quien le zurza los calcetines cuando las uñas se pongan levantiscas y den trabajo. Dios descuida las uñas de sus apóstoles. Lleva el párroco un año en el pueblo y se le ve poco. Hace unas homilías preciosas. Qué voz, qué claro primor en el aire casto del templo. Eso dicen. Una vez llamó a casa. Huele toda la calle a gloria, señora. Tiene usted en la cocina la mano de mi santa madre. Le pusimos un plato, pidió otro, bebió sin descomponerse, hasta festejó la bondad de la tierra al dar el vino al hombre. Me miró como no creí que pudiera mirarme. Tras el postre, se encendió un buen puro y apestó la casa. Papá no es de iglesia y no abrió la boca. Lo miraba aviesamente, pude apreciar. Hacía gestos que lo delataban. Yo aporté los míos. Nos faltó cogerlo del brazo y ponerlo en la calle.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Las vecinas&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Si no estuvieras con esas chismosas que tienes de vecinas, tendrías tiempo para arreglarte un poco. La Luisa es un veneno, acabará por enfermarte. Se le va la cabeza. Te ha elegido para el palique del verano. Les dan las tantas. Madre calla, otorga. Hoy me duele la cabeza, no estoy para pensar mucho. Ahora&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;tiende arriba la ropa. Da el sol. La luz se enseñorea en el aire. Ella se queda como ida, está bonita con el resplandor de la tarde dorándole el pelo. Tarda siempre en bajar, creemos que abajo todo le cansa, creemos que ha encontrado un sentido al danzar loco de las nubes. Cualquier día me voy, dice a veces si él no está.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La prima&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Tengo una prima que me escribe. De pequeñas, soñábamos juntas. Era cerrar los ojos y cogernos las manos para que de pronto todo cobrara sentido. Las aguas con su secreto. Las montañas con su misterio. La preñó el boticario en un descuido, eso dijeron, no lo sé yo bien, no me entero casi nunca de las cosas, me las tienen que contar despacio y yo debo prestar la atención de la que a veces no tengo resuelto desempeño. Madre dijo que la criatura tendría gesto de gárgola. Ni la vimos irse, no ha vuelto. Tiene la letra bonita en las cartas. Hace las mayúsculas con una soltura parecida a la de la madre cuando tiende la ropa o cuando barre el patio. Juega con las palabras, las abraza. Parece que se incendia el pecho cuando se leen. Como si un aleteo de ángeles nos condujera hacia un lugar hermoso. Nosotros la recordamos como si fuese también un ángel. Ella hace que el mundo gire.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Padre&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;El padre no mira el cielo, está ciego, está sordo. Huele a barro. A escombro. A humo rancio de tabaco. A mujer. A compadres de taberna. A sudor de animal cansado.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La hermana&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La hermana dice que saque a madre de paseo. Está arriba, le digo. Ha subido a tender la ropa. No bajará.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/2732367177093073717/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/2732367177093073717?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2732367177093073717'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2732367177093073717'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/breviario-de-vidas-excentricas-6-los.html' title='Breviario de vidas excéntricas / 7 / Los Argüelles'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-2934083907338150903</id><published>2026-03-06T08:10:00.003+01:00</published><updated>2026-03-06T08:10:42.321+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas/ 6 /  Lisinda Arévalo</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La moza Lisinda Arévalo, la que a orillas del Tormes iba a lavar la ropa y, siguiendo las enseñanzas del Buen Señor, mitigaba la sed del caballero que iba o volvía a su hacienda, no tenía ademanes rudos, no se hurgaba la nariz, no decía palabras inconvenientes, no exhibía la tosca compostura de otras mozas de su apaño. Era el todo Lisinda cabal en su trabajo, correcta en el trato y prudente en las confianzas. El agua de su odre era famosa en la comarca y hasta se le concedían prodigios curativos al acudir a ella. Menos&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;por la sed que por el buen ver de la moza, los viajeros casuales, luego fijos, los precisados de ternura, haciendo un alto en el que daban descanso a las bestias, engolosinaban, entre buche y buche, el cansado ojo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Tenía Lisinda la vocación del servicio tan a honra y cuidado que la provisión del agua quedaba, en su entender, corta, por lo que se determinó a cargar las alforjas de la mula con buenas piezas de morcilla y de chorizo, unos trozos generosos de queso y un canto de pan de tan escandaloso tamaño que el animal torcía peligrosamente el andar y amenazaba con tirarla a ella ya las ricas viandas al suelo, desbaratando la empresa a la que dedicaba todos sus desvelos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Dio el buen Señor a la servil Lisinda magra&amp;nbsp;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;elocuencia y carnes prietas, de las que se festejan en los sueños privados de los hombres. Lo que Dios, allá en su cúpula de bondades, regidor primero de las primeras cosas, le privó a la bella Lisinda fue alcances. Los suyos, cortos y felices, no daban para mucho más que cargar al mulo con las alforjas, llenar los odres con agua del pozo de su finca y recorrer, sin desviarse ni distraer la atención, el camino hasta el recodo del río, en donde ya era pieza habitual que los caballeros descansasen, se recreasen con el hermoso paraje y alimentasen, por pocas y bendecidas monedas, la tripa y, en los más de los casos, la vista. No estaba en el ánimo de Lisinda el lucro, por más que en su familia no viese mal un dinero con el que sobrellevar la intendencia de la casa. A fe de quien les cuenta esta historia, lo que la muchacha ansiaba era otra cosa que ahora no sabría a ciencia cierta exponer. Quizá eran buenas obras lo que buscaba, las que le ganaran un pedacito de cielo, aunque no fue jamás muy de iglesia. Tal vez únicamente disfrutaba saciando la sed de todos esos varones, aliviando, ya se verá este detalle, la carga dolorosa de algunas hombrías largamente reprobadas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Fundó Lisinda en el generoso remanso del Tormes una fonda al paso de los años. Era una de esas casas modestas, de las levantadas hospitalariamente en los caminos, que prefieren pasar inadvertidas y que, con una mano ágil y un espíritu valiente, prosperan y se convierten en dignas. Pobre de planta, apenas agasajada por el buen gusto en su frontispicio (un portón de maderas viejas y un par de ventanas muy grandes enrejadas sin atino) la casa daba una silla decente, una mesa fuerte, fuego en invierno y sombra entretenida, en la frondosa entrada, en verano. Las escasamente esmeradas manducas de antaño (el duro pan y los hoscos trozos de carne seca o de queso duro) mudaron a otras de más pensado efecto. El hondo búcaro de vino, el plato de pescado en salazón o de carnes asadas, la sopa con sus garbanzos y el tabaque con frutas del tiempo como postre haciendo aplaudir a la tripa del viajero al punto de que, antes de montar y continuar camino, echaban el solaz de una siesta ligera bajo los árboles, a pierna muy suelta, contenta la boca y alegre la panza. Qué mansedumbre de remanso, qué holganza, qué divino el arte de contentar a quien precisa contento.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Lisinda, infeliz todavía con el manejo de su hostería, animada a agrandarla. se las ingenió para que los comensales más entusiastas concedieran levantaran una casa más generosa, obsequiada de dormitorios y bañada por el limpio sol por ventanas amplias y limpias de telarañas. De pocas entendederas, corta en meninges, como ya se ha quedado dicho, Lisinda prefirió que los cuartos que se usasen en ella contribuyesen a mejorar la ya existente. Ganó&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;fama el establecimiento por las comarcas cercanas por la amabilidad de su posadera y por la rotunda hospitalidad de sus carnes, entiéndase esto como el buen lector decida. Sola en su negocio, apartado del mundo, Lisinda ocupó una de las habitaciones. No la quiso resuelta en lujos. no había nada en ella que la distinguiera de las demás. El precario catre le bastaba para dejar caer el cuerpo, más que cansado al final de la jornada. De noche soñaba que un caballero la rondaba. Siempre era el mismo. Le incomodaba que un hombre gobernara su hacienda, pero le agradab&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;,&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;a que uno calentara su cama. Como el caballero de sus sueños no llegaba, la buena de Lisinda, absorta en la contemplación del techo de su habitación humilde, decidió que era la última noche que dormía sola.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Debió ser la ligereza de cascos o la promiscua gentileza de sus sueños o ambas circunstancias conchabadas con el único propósito de malograr la desgracia de la fonda. Debió ser también el hambre de moza de algunos caballeros o la sensación de que la pequeña posta, vista en detalle, tiraba más a burdel, a pesar del búcaro de vino y la rica ristra de viandas colgadas del techo. Lo único malo es que la única meretriz de la casa era Lisinda, y a veces no daba abasto para apaciguar las idas y las venidas, las entradas y las salidas de la cuantiosa nómina de inquilinos. Anhelaba que uno estuviese tocado por la gracia y buena verga, puesto que hay razones que la cabeza desconoce y sólo gobierna la entrepierna.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;No queriendo que nadie se involucrara en su faena, se las apañó como buenamente pudo. No dejó cliente insatisfecho ni en la mesa ni el catre. Alguno, soltero o viudo, enamoradizo, la conminó a que dejara las labores de Venus y se animaran a gobernar la lejana suya. Otros, escarmentados de la rutina o aburridos de ayuntar siempre en la misma hacienda, le rogaron, en el más cumplido protocolo, que trajese mozas de los burdeles aledaños. Debe aclararse que la palabra burdel no era del agrado de Lisinda. Lo que ella ofrecía en su negocio era bondad a espuertas, cristiana bondad, si el lector así lo prefiere, la generosa evidencia de que el amor al prójimo que pregonan los evangelios se cumplía en su mesón y en su tálamo. Dios no tenía que censurar que ella llevase su palabra tan lejos. Por eso no hubo otra mujer. Nunca la hubo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La bella y entregada moza devino fulana piadosa, oficio lúbrico, poco o nada evangélico, pero que la contentaba al punto de que creía, a cada fornicio que realizaba, merecer un trocito más grande de cielo. No hubo mandoble o mentula que no la meciese, en volandas, camino del Señor, aunque íntimamente supiera que a cada embestida más lejos de él se hallaba; en su desviado pensar, en su descarriado proceder, no hubo puya de macho que no la hiciese sentir la más recta de las mujeres; no hubo, por más que una tiniebla de duda le atenazase el sueño, recodo de su alma en donde no se creyese pura, aunque el cuerpo se le descoyuntara por las acometidas viriles y el dolor la quebrase a veces y el nombre de Lisinda, por merecimiento, de pueblo en pueblo, por las lomas y por las veredas, en conventos y en tabernas, fuese el nombre mismo del pecado. Nada de eso la incomodaba. Las habladurías la reconfortaban. Si venían más hombres, mayor sería el bien que hiciese. Hasta que un día, enferma del mismo fornicio, rota en su eje, Lisinda cayó en cama, floja como un junco al que desmayase el viento, incapaz de servir mendrugos de pan y tacos de morcilla en el abarrotado comedor de la planta inferior, inútil para abrirse de piernas o para montar a horcajadas en la izada hombría de sus peregrinos e ir juntos al doble paraíso.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Como el hombre, en particular el putañero, es criatura de escasa sensiblidad y sólo se anima cuando hay prevista jodienda, quedó Lisinda en el más triste de los olvidos. Encamada y sola, cerró el trajín de la cocina y de la fonda. Los jinetes pasaban de largo, decepcionados. Alguno se ofrecía, en discreto gesto cristiano, a procurarle un médico que la sanase, pero Lisinda quiso irse muriendo en paz, a decir de alguno de los asiduos más antiguos. Se fue apagando poco a poco, sin ruido, sin querer molestar a nadie. Así lo hizo antes de llegar a los treinta años, edad en la que una mujer todavía puede traer hijos al mundo y llevar una casa.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;En el pueblo, pocos recuerdan a Lisinda. En los caminos, refieren la historia de una mujer de carnes firmes y generosas, de ubres como campanas de iglesia, que llevaba agua en un odre a los cansados caballeros que iban y venían a sus cosas. Que luego mudó el agua en vino, como quien obra una especie de milagro, y la prieta rueda de longaniza por un pequeño plato caliente, que aliviase el hambre e invitase al sueño. Que sospechó, en sus flacas meninges, que el caballero también precisa verterse en hembra, cubrirla entera, vaciarse completo. Se dio a quien la quiso, arrimó su cuerpo al de los otros, buscó en el abrazo más humano la virtud más divina, y creyó que obraba con la vehemencia del juramentado en una empresa mayor que sí misma. No se refiere a día de hoy qué fue en verdad de la moza Linsida, no hay quien sepa algo de lo que fiarse. Que si dejó este mundo en temprana edad. Que si todo lo que de ella se pregone es materia de malos poetas y de chismes de plazuela.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Que tuvo diez vástagos. Que murió viejita. Otros refieren que nada hay de cierto en la narración de la moza Lisinda. Que es letra de una canción antigua que se oye por las orillas del Tormes.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;No se encuentran escritos que glosen su cruzada.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/2934083907338150903/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/2934083907338150903?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2934083907338150903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2934083907338150903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/breviario-de-vidas-excentricas-6.html' title='Breviario de vidas excéntricas/ 6 /  Lisinda Arévalo'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-2327975638492799356</id><published>2026-03-04T08:15:00.000+01:00</published><updated>2026-03-04T08:15:11.599+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas/ 5 / Nibelungo</title><content type='html'>&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Nibelungo desconfía de los gatos y, contrariamente a lo que hacen el resto de los perros que conozco, no consiente entre sus vicios callejeros la intimidación ni el ladrido disuasorio. Jamás se solivianta, ni permite que una brizna de saña animal desbarate el ángel de su cara. Mi Nibelungo es animal de arrestos muy retraídos, se engolosina con las palomas en los parques y arrima su lomo a mi paso cuando la calle se vuelve ruidosa o levantisca o advierte la cercanía de otros perros a su rabo con el (cree él) propósito de intimidarle o lastimarlo. Otro de los asuntos que hace que Nibelungo destaque y se granjee el cariño (juntamente con el asombro) de quien lo trata es su elevada afición a la ópera y al cine negro americano. En cuanto escucha una voz barítona o un crescendo orquestal en mi sala de escucha se agita apreciativamente, como si anduviera en celo, como si el numen de la belleza lo cruzara de parte a parte, y ladra con emoción no contenida y pone los ojos en blanco, transidos de luz, en éxtasis.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;A poco que preste uno atención, si se le observa con detalle, se advierte que en algunos arias particularmente hermosos de Verdi, en los que las voces son arcangélicas y los violines suenan celestiales, Nibelungo sigue el trayecto invisible de las notas moviendo delicadamente la cabeza o el rabo, a veces en alegre comandita, y hay ocasiones en las que podría parecer que conoce las partituras y actúa como el director de la orquesta, subiendo o bajando la pata, escorándola a izquierda o a derecha como si fuese una batuta. Tampoco pierde oportunidad de echarse en su alfombrita de paño turco y acompañarnos a Natalia y a mí cuando ponemos El cartero siempre llama dos veces o Perdición, obras cumbres del cine negro de los años cuarenta. Cuando asesinan a alguien, por la espalda o a cara descubierta, ladra y se advierte que el ladrido perruno y el llanto humano son, en el fondo, la misma secreta y enternecedora cosa. En los títulos de crédito, Nibelungo no se levanta de inmediato. Agacha el morro, entorna los ojos y se diría que mastica las cosas que ha aprendido. Luego se yergue, estira su cuerpo pequeño y sale al patio o se retira a su colchón.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Nibelungo comparte conmigo estas extravagancias sin que yo las aliente.Le tengo yo el cariño que a veces no dispenso a ninguna criatura de mi raza. Le saco de paseo al parque o le llevo a una tienda de animales domésticos en donde lo asean, lo pelan y le hacen sentir el perro más maravilloso del cosmos. En ese ir y venir por las calles jamás me puso en evidencia al modo en que lo hacen los perros de los demás. Nunca cortejó a hembra alguna ni marcó con su micción su territorio de andanzas y distracciones. Esas pasiones del corazón perruno no le interesaban lo más mínimo. Tampoco se arrimaba a las peleas con las que suelen adornarse los parques que frecuento. Al verlas, escandalizado ,alzaba una pizca el morro, movía ligeramente el rabo y abría con verdadero interés los ojillos, pero ahí acababa todo su interés en la pendencia.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Igual que Cátulo cantó al gorrión de Lesbia y Antonio Gala dedicó un librito a su perro Troilo, lo mismo que los ingleses adoran los gatos o los hindúes saben que la vaca es un animal sagrado, yo consagro este capricho literario a mi adorado Nibelungo, que anoche se fugó de casa con otro perro no sé si de su raza, torpe y aburguesado como él, a lo poco que vi, cuyo dueño me confesó el amor que su mascota, Traviato, tenía por las óperas de Verdi.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;- Les pierde el bel canto, las masas orquestales, la épica de esos héroes románticos - comentó atravesado por una congoja indecible.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Desde que Nibelungo no está en casa, todo va mal y camino de ir a peor. He perdido casi completamente el apetito, apenas me interesan las cosas que pasan en el mundo, no asisto al trabajo con la alegría de antes, no hablo con mi mujer e incluso he abandonado pequeñas normas de higiene a las que antes me entregaba con absoluta eficacia. He dejado crecer mi barba. La tengo agreste y salvaje. Falta que hagan nido un par de mariposas en su boscosa mata y me adopte como gurú una plétora de jipis piojosos. Tampoco me importaría, la verdad. Igual me dan compañía en las noches y les tomo cariño y ellos me lo toman a mí. El mundo necesita amor. En el fondo soy un sentimental, ya ven. Uno de los que se arrugan cuando le hablan con ternura o cuando, pongo por caso, un perro se hace extensión de tu sombra y disfruta de tus cosas como nadie ha disfrutado nunca.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No pongo el pie en la calle salvo que, jaleado por Carmen, mi mujer, tenga que ir al médico a que me examine por si este mal que padezco tiene una cura a la que pueda contribuir la medicina. Yo sé qué hará que sane. Ni el psicólogo que ella quiere que visite (al que mira con los ojos con los que me miraba a mí hace veinte años) ni todas las pastillas de colores del mundo obrarán el milagro. Lo que quiero es que un alma caritativa, un gentil señor o una buena señora, un niño gordo de altas capacidades o una niña con trenzas y cara de acelga llame al timbre de la puerta y me entregue a mi Nibelungo. De verdad que la vida es insoportable sin él. Ni mi muy amada ópera me conforta, ni el antes adorado cine negro americqno.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;He pensado muchas veces en lo idiota (iba a escribir pueril) de mi comportamiento. He razonado que hay personas que pierden seres queridos y levantan cabeza y vuelven a tomar el mando de sus vidas y toman café en las terrazas y hacen las compras en los mercados. Sé que la vida sigue, ella se encarga de curarlo todo, y que todas las heridas, incluso las más terribles, cicatrizan, pero no hay manera de que todas esas buenas cosas que pienso me las crea y me hagan efecto. La vida, si no fuese tan cruel, tan puta iba a escribir, sería una de esas películas con argumentos terribles que uno ve y de las que se olvida a los diez minutos, pero mi vida es una película triste, de mala serie B, y sigo sentado en una butaca, mirando la pantalla, contemplando la secuencia patética de mi existencia.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Hace un par de días que me dejó mi mujer. Dejó una sencilla nota debajo del imán en forma de perro de peluche que tenemos en el frigorífico. Decía:&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&quot;A Nibelungo es posible que lo encuentres. A mí me perdiste el día en que el maldito chucho puso el pie en esta casa&quot;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;No he quitado el papel prendido al frigorífico todavía. Lo miro para que me recuerde que Nibelungo no está. No me altera lo más mínimo que Carmen se haya ido. Lo acabaría haciendo, intervenga el chucho o no. Uno no le desea su mal a nadie, desde luego, pero no de vez en cuando me recreo en la posibilidad de que alguno de los que consideran que estoy loco o que solo me mueve el capricho y la frivolidad sientan en sus carnes el dolor que siento. No sé expresarlo con la hondura que merece, me faltan las palabras, acuden cuando las solicito, pero siempre se fugan o se enredan unas con otras y escribo sin tino, mediocremente. Tampoco lo entienden mis jefes, antes tan comprensivos con todos mis asuntos. No me dijeron nada cuando llegué tarde el primer día. Se limitaron a hacer una pequeña broma con el despertador, pero cuando mi indisciplina horaria malogró la firma de un contrato lucrativo, me llamaron seriamente al orden. Luis María , te la estás jugando. No permitiremos una falta como esta en adelante. Daba igual que llevase casi treinta años de pulcro desempeño en la oficina. Puedo incluso llegar a entender que les irritara la forma en que había descuidado mi aspecto, mi desaliño, la barba montaraz, la higiene abandonada, el desarreglo en el vestir,&amp;nbsp; las uñas sucias y sin cortar, la cara de estar deseando que algo malo me suceda e importarme poco. Lo que no comprendo es que se tomaran a broma el extravío de Nibelungo.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Hace algo más de una semana que no salgo de casa. Entretengo mi ocio viendo libros sobre temas caninos y salgo a la terraza a fumar&amp;nbsp; y a ver pasar coches y señoras con perro. Qué felices son. Con qué alegría se manejan por las aceras. Con qué delicado primor se agachan y recogen en una bolsita las deposiciones. Lo que daría yo por agacharme y depositar en una de ellas las alegres evacuaciones de mi Nibelungo. Me pregunto si esas nobles y amables criaturas que despiertan mi envidia y alegran mi tristeza serán aficionadas a Verdi y a Wagner. Si, como mi llorado Nibelungo, se plantarán delante del televisor de plasma y no perderán ningún detalle de todas esas películas de cine negro que a mí me entusiasman. Envalentonado, venido arriba, anoche salí a la calle. En uno de mis sueños, en uno particularmente lamentable, un coche atropellaba a Nibelungo. Voy a liberar al amable lector de este informe de mis desgracias de la incómoda restitución de los detalles. No hablaré del cuerpo roto, ni de su carita contrahecha. Solo diré que fatigué el barrio entero. Anduve por calles en donde nunca había estado. Paseé parques oscuros en donde los jóvenes, felices como un caracol en un espejo, se bebían la vida en un vaso de plástico en donde cabe un litro de algo. A ninguno se me ocurrió preguntarle por Nibelungo. Nunca se me dio bien abordar a un extraño, hacerme el simpático, ganarme su confianza, darles el palique requerido para que suelten prenden y me den lo que solicito. En eso soy como mi Nibelungo, un ser amable en el fondo, pero de una timidez enfermiza. Por eso me cuesta tanto trabajo entender qué hace mi perro en las calles, solo, sin mi protección, sin Wagner, sin la alfombra de paño turco bajo su panza, viendo películas de Raoul Walsh o de Billy Wilder. Seguro que el sueño es una premonición. Seguro que está en el depósito de cadáveres, aunque ahora que lo pienso, ¿tendrá el ayuntamiento de mi ciudad un servicio para estas inconveniencias urbanas? Un perro muerto, a la vista de todos, expuesto al dolor de sus dueños y a la visita de las moscas, debería ser recogido, tratado con el respeto que merece. No me dejen ir por aquí, que voy a echarme a llorar.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Nibelungo está con Traviato. Volverá a casa. Un día de estos, sin que yo lo espere, sin que una señal en el cielo me avise, sin que me lo pronostique un sueño, rascará la puerta con sus patitas, ladrará todo lo fuerte que sabe y moverá el rabo con el ardor de antaño. Yo le pondré la cabalgata de las valquiria en el equipo de alta fidelidad, le dejaré que elija película por la noche y lo sacaré de paseo por los parques cada mañana, bien temprano. En esa bendita felicidad, me afeitaré la barba, rogaré a mis jefes que me permitan volver al curro y buscaré a mi mujer sin descanso solo para pedirle perdón y hacerle ver que la amo y que mi vida, sin ella, es un completo desastre. Tenemos que ver otra vez los tres El cartero siempre llama dos veces. Es nuestra película favorita.&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/2327975638492799356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/2327975638492799356?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2327975638492799356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2327975638492799356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/breviario-de-vidas-excentricas-5.html' title='Breviario de vidas excéntricas/ 5 / Nibelungo'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-8735729734929393804</id><published>2026-03-03T15:00:00.001+01:00</published><updated>2026-03-03T15:00:00.120+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas / 4  / Inesita Bocángel</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Igual que la Salomé de Gustav Klimt muestra un pezón entero y un amago de otro, Inesita Bocángel tiene un ojo sano y otro comido por la tiniebla. Es ese ojo de mal mirar por su aviesa torcedura y por un pestañear vibrante que únicamente se amansa cuando contempla paisajes de obsequiada belleza o se clausura al ingresar en la otra tiniebla, la del sueño. No se tiene a Inesita por resuelta en amores,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;pero es tapar el ojo defenestrado para que no afee su porte cabal y generoso y el cuerpo se le alegra sin disimulo. Retorna el recato si lo muestra. Es entonces cuando la memoria obra el prodigio de borrar la lúbrica inclinación de su alma y la moza Inesita no condesciende al flirteo ni a la providencia de los hombres. Los de ansia más desbordada bendicen el ojo muerto. Festejan que no lo enseñoree ni vindique. Se congratulan por la ciega obediencia de la carne, que tira al monte o al río o a cualquier linde en la que haya varón disponible. Hay trovadores que glosan las proezas venusinas de su dueña. Las cantan en las tabernas portuarias y en los ateneos de la aristocracia cuando se les desquicia la boca. Elogian las bondades de la anatomía de su promiscua benefactora y hacen hostil escrutinio de turnos. Hay quien propone lastimar el ojo sano por si tener ambos en deterioro, aparte de inspirar lástima y ternura, propicia acometidas más frecuentes, pero la moción es censurada con razonado pudor y vence la conformidad o la gratitud por los favores prestados o la admonición del párroco, que tiene la administración exclusiva del perdón, incluido el suyo.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;En días de lucidez, Inesita Bocángel descree de la filantropía y somete a su íntimo juicio el hábito contraído con la población masculina de la comunidad. Las féminas damnificadas por este arrebato lúbrico (que recaba la casi unánime aprobación de sus maridos) andan en conversaciones con las autoridades para que se proceda al destierro de Inesita o que se proceda a sanar definitivamente el ojo herido, pero el consejo municipal nunca concede tal amonestación y hasta han propuesto que se le conceda el título de hija predilecta de la villa y una calle tenga por nombre el suyo. Ella sueña con varones tras haber yacido con ellos. Pueblan su fantasía, la colman de claros efluvios de luz y de gozo, la festejan y subliman. Cree Inesita que su cuerpo es un templo y le crecen adentro ángeles y capiteles. Hay feligreses convencidos de que han visto en su altar una especie de inminencia de milagro. Como si el mismo cielo, en el momento exacto en que la cinética de la coyunda propicia que se viertan los jinetes sobrevenidos, se partiese en dos y se entreviese la cara de la divinidad. Inesita no dice esta boca es mía, no presume de cabalgaduras. No es mucho de decir, no vaya a ser que luego tenga que arrepentirse de algo. Su madre la ha sancionado severamente: hija, es menester que salgas menos, que tienes en sobresalto al vecindario. Un día de estos vas a venir encinta. Quién diremos que es el padre, me pregunto. Podrá ser cualquiera, madre. Mi hija será el del pueblo, pues hija vendrá. Crecerá amada por todos. Tendrá algo de cada uno, tendrá un ojo sano y otro comido por la tiniebla.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/8735729734929393804/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/8735729734929393804?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/8735729734929393804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/8735729734929393804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/breviario-de-vidas-excentricas-4.html' title='Breviario de vidas excéntricas / 4  / Inesita Bocángel'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-1139522998930444445</id><published>2026-03-02T10:30:00.001+01:00</published><updated>2026-03-02T10:30:05.805+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas/ 3 / Bonifacio Trigueros</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&amp;nbsp;El pastor Bonifacio Trigueros se queda dormido con el libro de Kafka en las manos, echada la espalda en el grueso tronco de un álamo negro. Es hombre de buen leer y le agrada la quietud de los campos. El libro termina cayendo. Una oveja se acerca y lo olisquea. Le da fuerte con el hocico y ve con interés que no se rompe. Persevera, aprecia la dignidad de empeño y la resistencia del libro. Entonces abre la boca y empieza a buscar el modo de comérselo. Se la ve con entusiasmo, se aplica en la mordida, en la masticación más leve y en la más severa, en la ingesta de las hojas, Las rumia con inédito embeleso y finalmente se desentiende de ellas.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;De pronto la oveja bizquea, da arcadas, mueve arriba y abajo la cabeza y suelta un eructo no muy sonoro, la verdad, pero que despierta a Bonifacio de su hechizo libresco. No es la primera vez que escucha a una de sus ovejas manifestarse en regüeldos, pero nunca había visto ninguna de ellas con un sucio caparazón en la propiedad de la espalda y un número grosero de patitas pronunciándose en los costados.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Bonifacio, cuando regresa a la aldea y confía a sus cercanos las proezas de la oveja, no se arredra en explicaciones, alardea del prodigio y lo declara indiscutiblemente puro milagro, pero la intendencia de la parroquia, al habla con el mismísimo obispo, ha zanjado la cuestión y achacado la conversión de la res en insecto a la afición del pastor al anís seco nada más principiar la mañana, y al vino blanco, cuando ya se ve venir la tarde. A pesar de ese desaprecio, Bonifacio sabe que fue el libro lo que terció la maravilla que vieron sus ojos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La oveja afectada no ha sido vista de nuevo. Andará por esos campos, tampoco eso le preocupa. Ha pensado en que si es Madame Bovary el libro que arrime a la siesta bajo el álamo negro podrá transmutar la oveja en dama distinguida de París&amp;nbsp;&lt;span class=&quot;Apple-converted-space&quot;&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;o si lo que zampe la glotona oveja fuese Anna Karenina será una hermosa joven rusa y podrá hacer que ninguna de las dos cometa el suicidio narrado en esas trágicas tramas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Cualquier día es bueno para que aparezca del brazo de alguna de ellas por las calles del pueblo. Dirá que las conoció un verano en que viajó por Europa. Les advertirá que callen, si se les pide opinión en algo, no vaya a ser que irrumpan en balidos o tuerzan la boca al modo en que lo hacen sus ovejas cuando se las estresa en demasía o tienen miedo porque han sentido, en la fronda del bosque, olor a lobo. Los hay a espuertas. Siempre tienen hambre.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/1139522998930444445/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/1139522998930444445?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/1139522998930444445'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/1139522998930444445'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/breviario-de-vidas-excentricas-3.html' title='Breviario de vidas excéntricas/ 3 / Bonifacio Trigueros'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-2683258885335239434</id><published>2026-03-01T09:35:26.918+01:00</published><updated>2026-03-01T09:35:56.765+01:00</updated><title type='text'>Una novela futura </title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;figure aria-describedby=&quot;caption-attachment-49184&quot; class=&quot;wp-caption alignleft&quot; id=&quot;attachment_49184&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; display: inline; float: left; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 2em 1.5em 1.5em 0px; max-width: 100%; width: 500px;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; class=&quot;wp-image-49184&quot; decoding=&quot;async&quot; height=&quot;332&quot; src=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/03/Fotografia-de-Marina-Sogo-1-1-1-1-1-1-1-1-1-1.jpg&quot; style=&quot;border-style: none; box-sizing: inherit; display: block; height: auto; margin-left: auto; margin-right: auto; max-width: 100%; vertical-align: middle;&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;&lt;figcaption class=&quot;wp-caption-text&quot; id=&quot;caption-attachment-49184&quot; style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0.8075em 0px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;box-sizing: inherit; font-size: 10pt;&quot;&gt;Fotografía de Marina Sogo&lt;/span&gt;&lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;No saber qué hacer cuando no se escribe. No tener lenitivo, emoliente, bálsamo, delicado placebo que reemplace la ocupación de la escritura, refugio más útil, terraza para dejar pasar el tiempo y ver gente. No aducir cansancio, ni siquiera colar la idea de que la musa se ha fugado o que de cuando en cuando conviene un receso, un armisticio, un hoy soy ágrafo, una especie de vacaciones de uno mismo, que es escritor enfermizamente y a todo le adjudica una conjetura de texto y que se cree roto o huérfano o triste o tal vez esas tres cosas juntamente cuando pasa un día o pasan diez y no da con una frase desde la que armar otra y otra hasta que ese texto irrumpa en lo real, se imponga, haga de la nada un cuerpo, si es que lo hace y el cuerpo se vale solo y no es suyo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Hay algunos textos que salen si se les llama: están en la cabeza y la abandonan cuando no se espera. Un escritor es alguien que se plagia a sí mismo. Tengo un amigo que escribe y tiene periodos de infertilidad, como casi todos los que escribimos. Cuando le sobreviene la pájara, M. nada o corre o monta en bicicleta o pasea. Escucha clásica o ve series de espías en la tele o lee atemorizado de que lo leído haga resurgir al escritor y se acabe la feliz estancia en la pereza. Se está mejor sin escribir. Mi cuerpo no nada ni corre ni monta en bicicleta. A lo sumo, pasea o va martes y jueves al gimnasio a descubrir la orfandad de los músculos.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;El hecho de pasear o de levantar pesas o de ver series de espías es un preámbulo de la escritura. Uno va anotando cosas que dan para empezar algo. Al principio es una frase. Puede estar hasta enteramente armada o tan sólo insinuar un comienzo, un lugar desde donde partir. Lo que derrota cualquier posible prestigio de caminar es que una circunstancia insólita (o una familiar que no se ha visto en detalle) tenga la facultad de interrumpirlo. Creo no haber caminado jamás movido únicamente por la voluntad de desplazarme. Todos los movimientos suceden antes en la cabeza: el cuerpo es un actor secundario. Toda la memoria es una formulación de esa idea de lo estático. A veces refrenda lo que gesta la imaginación, pero no es fiable nunca.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Hay países en los que he estado sin haber puesto un pie en ellos. Pero sigue la escritura. Ocupa lo que la realidad en ocasiones no consigue. Por oír la luz la boca estraga su latido. Por reparar el dolor el corazón se desoye. Una sinestesia orgánica. Una alquimia. A M. anoche se le ocurrió no escribir y leer más: un Borges convencido. Eso me dijo. Tal vez lleve razón. Que escribir no sea algo de lo que pueda uno jactarse. Que probablemente acabe cobrando algún peaje. Que no tenga otra utilidad que la de distraerse, no la de entender ni la de guiar, sino la de entenderse o guiarse. Esa pequeña contribución a la felicidad. Pero escribir es un pulmón que continuamente se ocupa y se desocupa de aire. Un corazón que da a la sangre el sublime recado de ser únicamente sangre. Una sístole, una diástole. Una sístole, una diástole.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;A Bukowski le pasaba que si se tiraba una semana sin escribir enfermaba. «No puedo caminar, me mareo. Me tumbo en la cama y vomito. Me levanto por las mañanas con arcadas, necesito escribir. Si me cortaras las manos, escribiría con los pies». Era su mala vida, ese rango de perdedor sublimado, el que lo impulsaba a hacer algo que lo reconciliara con la belleza o con la franqueza o con cualquier consideración moral que lo extrajera de la sencilla rutina de vivir y arrimara algo más hondo, quién sabrá qué cosa será la arrimada y qué es la hondura. «La creación es un don y una enfermedad». Se escribe porque no queda otra, se vale el escritor de esa ocurrencia paradójica porque tal vez no sepa hacer otra cosa o, si es de verdad severa la enfermedad, crea que escribiendo podrá sanarse.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Por fortuna, tengo vicariamente a alguien que escribe cuando yo no tengo ganas de hacerlo. Lo reclamo, sin entusiasmo. Acude pronto. Se envalentona, abre algo que no sé yo abrir y empieza a escribir por mí, que no estoy por la labor, que no doy una a derechas y temo perder la costumbre o temo que la falta de inspiración sea lo suficientemente evidente como para desgraciar cualquier tentativa futura. Escribir es de tozudos. Se hace por costumbre, uno es escritor con el mismo entusiasmo (iba a decir obligación) que se es padre o hijo o amigo. Ese que comparece y ocupa mi lugar, dónde andaré yo, qué me habrá movido a disponer de su entereza y su vocación, es indistinguible de mí, doy eso por seguro, pero de alguna forma barajo la posibilidad de que seamos dos y llegue un momento en que el uno no quiere saber nada del otro o en el que escriba sin que yo le reclame, aunque firme con mi nombre y, sin margen de duda, parezca que soy yo quien determinativamente se ha animado a dejar constancia de algo, a registrar alguna epifanía, algún susurro, algún propósito de verdad o de belleza. Ahora, vuelvo a Borges, no sé quién de los dos está escribiendo este texto.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;No creo en que escribir requiera un rito. Las palabras siempre están a mano. Unas van tirando de otras, se buscan, ajustan su brillo, administran el contorno hasta que ocupan el lugar que les corresponde. El hecho de que se las nombre hace que existan. Se incorporan a la realidad, la cincelan. Es posible que el texto ya estuviera y uno únicamente se encargara de apartar la bruma y adecentar las partes vistosas, las que más se impregnan y con más visible ahínco nos interrogan. Como el escultor que extrae del mármol lo que nadie ve y el mármol esconde.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Mann hizo de su literatura una crónica del declive, un inventario pormenorizado de cuanto alienta o contribuye a que esa decadencia prospere con el fulgor de lo reservado a lo espléndido y vivo. «La montaña mágica» (inolvidable Hans Castorp y el sanatorio en Davos) debió alimentarse de esos apuntes. Yo la querría haber escrito y no Mann, pero todavía puedo envalentonarme y ser Pierre Menard en esta noche de viernes. Sé que&amp;nbsp;es una novela sobre la enfermedad o sobre el aburrimiento o sobre la disipación considerada una de las nobles virtudes del género humano,&amp;nbsp;pero la novela avanza con mórbida seguridad y las mil páginas (tantas serán) parecen ocupar un otoño entero, aunque las hayamos franqueado en cinco días (enfermos, aburridos, disipados días).&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;En las notas de Mann, las que propiciaron algo de su obra publicada, habrá otras novelas ocultas, invisibles. Me pregunto si en mis notas (ahora escribo en el móvil, ese es mi cuadernito rojo de anillas y pasta dura) estará mi novela futura. Ya hice una. La por venir tratará de algo que no alcanzo a comprender, pero sé que tendrá sentido y hablaré de ella a tres amigos. Uno escribe para tres amigos. A veces poemas o cuentitos o una novela. También escribe para el escritor afantasmado, el que está por ahí adentro, el tímido.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Estoy pasando un bache, un revés, un agujero, un no sé qué me pasa, que ni yo mismo me entiendo, escribió Aute, ahora lo escribo yo. También habla del tiempo y de la enfermedad. Mi novela futura es una tentativa de dolor. No ha habido hoy forma, al releer las cincuenta escasas páginas que llevo escritas, podrán ser cien, no sé cómo contar páginas (una podrá valer por tres y otra restar al conjunto y adelgazar el cómputo), de dar con un título. Saldrá más tarde. Ruego perdonen si alargo las frases. No es adrede, no sé con qué podarlas, aunque lo cierto es que me agrada en ocasiones que se extiendan. Semejan una apnea de Dios. Si luego irrumpe el título (esta noche si no me visita el sueño) escribiré con más ardor. Ninguno tan redondo como el de Mann. Debió ser un infeliz el infeliz Mann. Se ve al leer que escribía para no pensar en su desdicha. Bendito él.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; class=&quot;wp-image-49187 alignright&quot; decoding=&quot;async&quot; height=&quot;341&quot; sizes=&quot;(max-width: 500px) 100vw, 500px&quot; src=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/03/unnamed.jpg&quot; srcset=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/03/unnamed.jpg 1024w, https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/03/unnamed-768x524.jpg 768w&quot; style=&quot;border-style: none; box-sizing: inherit; display: inline; float: right; height: auto; margin-left: 1.5em; max-width: 100%; vertical-align: middle;&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;En la elección de los títulos intervienen circunstancias extrañas. Hay cuentos que provienen del hallazgo de un título deslumbrante, de los que te parecen perfectos y a los que intentas acoplar una trama pareja, pero te puedes tirar horas, reemplazando unos por otros, creyendo que uno ha superado la criba definitivamente para más tarde comprobar que ha caído y no te agrada, hasta lo consideras pésimo. No creo que hoy resuelva mi propósito, el del título para mi novela. Manejo tres, dos&amp;nbsp;muy parecidos. No será ninguno de ellos, tendré la epifanía cuando&amp;nbsp;no me lo espere y me asaltará en el lugar menos propicio, no sé, en la cola de la charcutería (hace falta embutido en casa) o en la cama, cuando se te empiezan a nublar los ojos y la mente adquiera esa cualidad asombrosa de ver al tiempo lo velado por los sueños y lo revelado por la realidad. Sé sin margen de duda a quienes se la daré, esos primeros lectores que siempre serán temibles. Tengo tres o cuatro insobornables. Ellos lo saben.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Seré escritor para aplazar la certeza de mi desdicha, me pregunto. Seré Castorp, ese joven alemán que ya se me empieza a desdibujar en la memoria, en el invierno en Davos, en ese sanatorio en el mismo limbo, al aventurarse en la nieve con la sangre ocupada de Oporto y el alma soñando con la muerte y burlándose de ella.&amp;nbsp;Escribir es dolerse del aire al entrar y salir de los pulmones y, no obstante, no dejar de respirar. Por lo demás, nunca querría ser Castorp, deben ser aburridas esas clínicas temerariamente surgidas entre montañas suizas.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Ser Thomas Mann el tiempo indispensable para escribir «La montaña mágica» tendría su punto. He visto fotos de Mann y amedrenta esa cara sin sentimentalismo alguno, como comida por alguna devastadora afección particularmente dotada para retirar de las facciones cualquier atisbo de ternura, uno de esos rostros que manifiestan a gritos no haber tenido infancia.&amp;nbsp;Yo no querría ser Thomas Mann. De hecho, ni tengo una familia que favorezca una rica vida interior de la que más tarde extraer episodios dramáticos, pasajes de una hondura humana inconmensurable. La mía es de una sencillez maravillosa. Es admirable su poco aprecio a la extravagancia. Nunca sucedió nada en ella que no pudiera haber sucedido en la tuya. A lo sumo, podría echar mano de alguna de esas historias que contaba mi abuela Luisa, tan narrativa ella. Escribo porque mi abuela contaba historias.&amp;nbsp;Escribo para hacer más larga la vida.&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/2683258885335239434/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/2683258885335239434?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2683258885335239434'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2683258885335239434'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/03/una-novela-futura.html' title='Una novela futura '/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-4141275788624700080</id><published>2026-02-28T08:13:00.000+01:00</published><updated>2026-02-28T08:13:46.287+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas/ 2 / Edgar Allan Poe</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Acabo de escribir un cuento y se lo leo a mi perro. Mi perro se llama Edgar Allan Poe. Hace mohines de aprobación. En tramos, son de vivo interés; en el nudo, cuando las circunstancias avanzan con más penoso empuje, se distrae, bizquea, hace como que busca algo con lo que amenizar el rato incómodo que le hago pasar. Es exigente Arquímedes y me acucia a que yo lo sea. Que yo escriba es entera causa suya. Por advertir su entusiasmo. Por cualquier causa en la que él no me parezca un perro. Ese es el tamaño de mi soledad. Si algún cuento le enternece, no se cohibe en exhibir un llanto menudo, como de cosa rota, que aparta sin demora cuando lo animo al indicarle que saldremos al parque y le prometo que, a la vuelta, comenzaré otro de más alegre compostura. Se lo leo mientras lo escribo. Lo hago a mano para que el ruido de las teclas no importune su atención y pueda centrarse con más vivo empeño.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Como no está facultado para la risa, si la pieza es jocosa, menea el rabo, da unos ladridos humildísimos que a mí se me antojan aprobatorios. En mis momentos de flaqueza narrativa, al no dar con qué ocupar la página en blanco, entra en una tristeza que no tiene consuelo y se diría que pierde hasta las ganas de vivir. Lo recogí en la calle y él se desvive para agradecérmelo. Le llamo Perro, le llamo Edgar o Poe, según me da. Él me llamará Hombre, me llamará Carlos, según le dé. Vi en sus ojos anteriores al mundo una razón para izar mi desánimo literario, vi la luz que ven los poetas, vi milagros del Concilio de Nicea cuando los apóstoles maquinaban la erección de un imperio por la fe y por la garantía de la eternidad de las almas. No sé vivir solo. Probé con un gato, pero iba a lo suyo. Tuve un hamster, pero era necio. Ni el uno ni el otro tenían las virtudes de Poe. De entre todas, la que más aprecio es la que responde a mi necesidad de que se me escuche: es una criatura adorable, atenta, sumamente disciplinada, agradecida.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;No es perro de poesía bucólica, ni de ensayos sobre literaturas germánicas medievales. Sus preferencias son los cuentos. No se cansa si se exceden en líneas, aunque he comprobado que paladea con verdadero agrado los más cortos. En las muy contadas ocasiones en que la lectura se alargaba inapropiadamente, Arquímedes pierde todo interés y sale al patio de la casa o se sube a la planta de arriba a dejarse desfallecer en un cojín mullidito que le agrada muchísimo. Es un elegido, tiene porte de mesías, escucha música de cámara con arrobo inefable. Hago propósitos para que su vida sea placentera. Un día le paseo por los cementerios de París en donde reposan los grandes nombres de las artes. Charles Baudelaire, Marcel Proust, Edith Piaf, Jim Morrison, Honoré de Balzac, Oscar Wilde. Él les oirá y luego me contará qué dicen. Murieron locos, me dirá. Poe sabe de muertos. Yo entiendo de esas cosas. Hemos llegado a un nivel de comunicación en el que podemos omitir la injerencia de las palabras y hasta de los gestos. Vuelvo a los muertos de París. Dejaron el mundo por iniciativa propia, le responderé yo. Morir es un acontecimiento simultáneo al de vivir. Se va uno yendo conforme va llegando. Mi perro sabe de ausencias, se lo noto. Quién sabe qué vida tuvo antes de que acompañara la mía. Espera que no decaiga mi extraordinaria capacidad para saber qué desea en cada momento. Anoche le puse un disco antiguo de blues del delta. Hoy me he demandado unos huesos de ave estinfálida, unos huesos de cabra vieja. Se conmueve al escuchar el ruido de la lluvia en el alféizar de la ventana. Lo he descubierto mirando los retratos de mis padres, que presiden la chimenea. Le he contado que no fueron buenos. Bebían, Poe. Me desatendían, no supieron que tenían un hijo. Los atropelló un coche. Ella murió en el instante. A Padre lo tuve en casa hasta que decidió apagarse del todo. Hay personas que no saben estar en este mundo, le susurro. Le digo que le leía mis cuentos. Padre, ahora uno de piratas, te va a encantar. Mañana haré uno de gente que roba bancos. Él callaba. Escuchaba y callaba. A veces hacía mohines de aprobación. Reía si era de reír lo que escuchaba y hasta en alguna ocasión le vi llorar, aunque de inmediato apartaba las lágrimas y se avergonzaba por haber dejado abierta la puerta de su corazón. No había corazón en su pecho. Ni la sangre corría por sus venas. Murió loco, imagino. Nunca nos entendimos. Yo a Poe le entiendo. He tardado una vida entera en adquirir esa competencia de mi inteligencia, pero ahora no dejaré que desaparezca. Nos tenemos los dos. Temo que un día se canse de las historias que le cuento. Se me ha ocurrido que mañana le leeré este cuentecito que me está saliendo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/4141275788624700080/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/4141275788624700080?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4141275788624700080'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4141275788624700080'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/breviario-de-vidas-excentricas-2-edgar.html' title='Breviario de vidas excéntricas/ 2 / Edgar Allan Poe'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-7036325935815859706</id><published>2026-02-27T21:26:00.002+01:00</published><updated>2026-02-27T21:26:26.454+01:00</updated><title type='text'>Escribir / Escribirse</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;Uno no siempre sabe dar la cara o no quiere darla. Está en ese pudor de no darse la antigua convicción de que no es bueno que lo conozcan a uno del todo. Que conviene reservarse, esconder lo que consideramos más nuestro. El escritor, por el hecho de serlo, suele fomentar en ocasiones la idea de que está ahí, expuesto, vulnerable, practicando una especie de nudismo moral, regalando al lector trozos de alma, evidencias de un corazón que late o de un alma que sale del pecho y vuela o se afinca en la tierra y se arrastra. El lector no tiene fotografía. Quiero decir que no se da al modo en que lo hace el que lo escribe. No tiene una imagen reconocible. Ni siquiera una pasada por el &lt;i&gt;photoshop&lt;/i&gt; en la que pueda decir&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-size: 17px; font-style: italic; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&amp;nbsp;he aquí mi cara, pero la he manipulado para que no me conozcáis del todo&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;. El lector, incluso el buen lector, asume también sus riesgos, pero ninguno es ese. Está bien el anonimato, el ingreso consentido en la casa ajena y el paseo moroso por las estancias, viendo dónde están los muebles, qué cuadros presiden las paredes, qué hay en el cajón de la mesita de noche.&amp;nbsp; Y luego está el vacío del que se reconoce como actor de una obra de teatro en la que apenas conoce al público y del que ignora (en la mayoría de los casos) su reacción ante la trama. Un vacio dulce, al cabo. Uno convertido ya en rutina, en acto instalado en el rumiar silencioso de la sangre, en el vértigo y en la fiebre diaria de levantarse, acometer los trabajos ineludibles y querer uno a los suyos de la mejor manera que sabe. En mitad de todo esa travesía de accidentes ineludibles está la necesidad de escribir, vuelvo a repetir, el vicio de abrirse uno y compartir lo que lleva dentro. Será quizá por eso por lo que se escribe, en el fondo: por contar lo que no está a la vista y, en el cuento, en la restitución de ese argumento invisible, convertirse también uno en espectador, en lector, en el voyeur consentido que de pronto está en la platea, atento y goloso de novedades, esperando que algo relevante o hermoso o tierno salga del tiempo empleado en la representación.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/7036325935815859706/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/7036325935815859706?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/7036325935815859706'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/7036325935815859706'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/escribir-escribirse.html' title='Escribir / Escribirse'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-4927257692558618731</id><published>2026-02-27T18:04:00.000+01:00</published><updated>2026-02-27T18:04:23.434+01:00</updated><title type='text'>Breviario de vidas excéntricas / 1 / Wendy Wallace</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&amp;nbsp;Wendy Wallace ya está madura. En una terraza del promiscuo Sena, un joven neurólogo de Salt Lake City aficionado a Proust le hace mojar magdalenas en el café.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está en edad de merecer. Un joven sindicalista entrado en años de una aldea perdida de Soria la instruye en la historia de los movimientos obreros mientras llueve con desatino en el jardín en donde la tarde se ha puesto de un feo anarquista.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está convencida de que se la puede cortejar. Un joven cartógrafo de la Baja Sajonia le cuenta que todavía no se ha hecho un mapa del corazón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está en edad de merecer. Un joven cartógrafo con un máster en métrica poética la instruye en la biografía de Ptolomeo mientras el mundo tangible colisiona con los mundos etéreos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está plena y rotunda. Un joven crooner de Las Vegas le canta &quot;Blue moon&quot; mientras el barman prepara un White Russian y duele en el aire la noticia de la muerte de todos los pájaros del siglo XIX.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy comprende el rumor oculto que se aboveda en las alturas catedralicias y anhela que un ángel la desflore en un altar de pétalos místicos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya ha dicho adiós en casa. Un joven rapsoda de Trinidad y Tobago le cuenta la influencia de Walt Whitman en la poesía caribeña, pero antes de que todo sea armonía métrica y dulce clamor de sílabas, comido por una fiebre venusina sin par, se incendia en endecasílabos y la colma de sonetos y de semen con su cesura y sus sinalefas mientras en la radio suena un bolero de 1956.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya es una señorita deliberadamente concupiscible. Se le atormenta el vientre cuando en la hondura de la noche un descuido hace que sus deditos tremolen entre sus piernas una obertura sinfónica, un aria inspiradísimo, un solo de trompeta en la cima de un volcán infinito. Un joven nigromante del Cáucaso le cuenta en un inglés primoroso que su himen no continuará intacto ni veinte minutos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya tiene una idea de cómo funciona el mundo. Un joven revolucionario checo le llena la cabeza de soflamas y la hace redactar panfletos en una buhardilla pobre y digna desde la que se ve el puente de San Carlos y el Moldava como si fuese una postal en la zona Duty Free del aeropuerto de Praga.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está encinta. Un joven arponero del Báltico le ha dicho que todas las ballenas gimen el nombre de su novicio vástago.&amp;nbsp;El arponero, aficionado a la numismática magiar, alto, fornido, rubio como la cerveza, la lleva a congresos estivales, a mares que no aparecen en los mapas, la corteja en todas las terrazas de los paseos marítimos, la mima con colmo de sintaxis y metáforas con el propósito de que el amor recién fundado prospere y la criatura por venir nazca con el pelo rubio y los brazos como martillos. De lejos creen escuchar ballenas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy se ha tendido en la hierba. Un ejército de avaras hormigas la olisquean, le hacen unas cosquillas que la turban y mueven a pronunciar, entre risas y gemidos, unos versos del surrealismo más canalla. &quot;Poeta negro, un seno de doncella / te obsesiona&quot;. &quot;Nace en las ingles un calor callado&quot;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy abre su pecho cada noche al claustro de los númenes.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy masca los cabellos de la nieve, acaricia con el corazón la espuma de los hijos de los ángeles, se cree hija de la virtud de los primeros hombres. Tiene Wendy el cereal esdrújulo del mundo en la comisura de su alma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy cree vergel lo que los ojos rubrican como páramo, ve dioses en la voz andrajosa de los pobres, se desajusta el alma cada vez que la tormenta abate la terquedad del silencio y le duele la tripa como un adjetivo sin acabar o un pájaro al que le falte una sílaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está plena y rotunda. Un joven crooner de Las Vegas le canta &quot;Strangers in the night&quot; mientras el barman prepara una ambrosía de ginebra y zumo de cereza y se escucha en el aire la noticia de la muerte de todos los poetas del siglo XVIII.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy se ha prendado de la historia de las sociedades secretas de los países del Este en la etapa soviética. Un joven nigromante del Cáucaso que dice haber conocido a Bakunin le cuenta en el primor de una lengua romance que su himen, sendero al parnaso, brocal del tiempo, brújula del porvernir, se deshará en una blonda de néctares cuando un mirlo cante al alba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está nuevamente encinta. Un joven trompetista de una big band de Wichita Falls le ha dicho que el hijo que tengan se parecerá al Miles Davis de la portada de Tutu. Que tendrá el ceño permanentemente fruncido y tocará por los escenarios de los mejores festivales de jazz del mundo con la cabeza agachada, sin mirar al público, ensimismado, pensando en Dios.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy se dejó largo el pelo en su verano en Marienbad. Un nocturno de Chopin al declinar el día amenizaba el hall del hotelito en donde estudiaba literaturas germánicas medievales y departía con las señoras adineradas sobre la futilidad de lo real.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy arde en deseos de ser cubierta por efebos dionisíacos. Los dispone idílicamente en filas. Ocupan un campo de fútbol abandonado a las afueras de una ciudad industrial de la cuenca del Rhin. Algunos, entusiasmados por el ejercicio lúbrico, retoman la fila nada más abandonarla. No les importa esperar un día completo. Nadie conversa mientras esperan. Si alguien hace algún comentario improcedente, se le conmina a que se vaya .&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ha leído mucho sobre la trashumancia, sobre el aroma de las avellanas, sobre la hidrografía de la cuenca mediterránea, sobre columnas de alabastro, sobre insectos en ámbar, sobre triglicéridos, sobre aldeas perdidas en los Cárpatos, sobre las iglesias al borde de los acantilados, sobre la tectónica de placas, sobre los cinco hijos de Juan Jacobo Rosseau, sobre los efectos narcóticos de la poesía birmana, sobre los embajadores venezolanos que adoran el dixieland. Memoriza los capítulos más granados y los recita, desnuda y entusiasta, ofrecida a quien la quiera colmar de atenciones, en la puerta de un destacamento de soldados de la Reina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ya está madura, un joven poeta sarraceno la ronda con versos cada noche, le besa el aura, la conmina a que deponga cualquier resquemor, le cree ninfa húmida en un soneto, la ve Eco sin Narciso.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ha encontrado en la presentación de un libro de repostería hindú a un clarinetista bielorruso que le dio la mano al mismísimo Stravinsky.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Conmovido por la gracil compostura de Wendy, el clarinetista le ha compuesto una pieza delicadísima en la que se escucha crujir el musgo de los tejados de su casa natalicia cuando el viento tiene fe en sus dientes de nácar.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy bebe a morro con un exégeta de la obra pía de Santa Rosa de Viterbo que le canta canciones de Jacques Brel. Ella le dice cosas de su vida, de sus andanzas amatorias. Le dice que un astronauta zurdo la cortejó vestido de gondolero por videoconferencia. Que un sacristán reprobado por su parroquia por mirar con impropio desatino los escotes de las feligresas le pidió que viajara con él a Roma para que el Papa se conmoviera vivamente y le escribiera un documento exculpatorio. Que un joven taxidermista del Bajo Ampurdán aficionado a las literaturas germánicas medievales la llevó a congresos estivales en un Cadillac Seville que compró a una estrella del hip hop. Que un arponero (otro arponero, en realidad) septuagenario de la isla de Thule aficionado a la numismática soviética la llevó a congresos estivales y la cortejó en los intermedios de las grandes óperas que se representan en las ciudades portuarias.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy ama los pasajes bíblicos en los que colisionan imperios y la sangre del incesto rivaliza con los milagros de la nueva Jerusalén celestial. Hay quien ha visto crecer su barba, quien ha caído enfermo por hambre o por melancolía, escuchando a Wendy interpretar pasajes del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento, de los evangelios apócrifos, de las páginas de una revista eclesiástica humildísima de una parroquia de provincias. Un obispo luterano la ha elegido para la conversión a la fe de los espíritus más enconadamente reacios a la gracia de la divinidad.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy pasea con un tractorista con un máster en agrimensura babilónica por las calles de su infancia mientras unos jóvenes músicos tocan polkas vienesas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy acaba de iniciarse en los rudimentos de la metafísica. Un bufón de la corte de Felipe III el Piadoso se la presenta a la reina María Margarita de Austria que de inmediato la introduce en las intrigas palatinas para que proteja a su primogénito varón de las malandanzas y lo curta en el arte de seducir a las hijas casaderas de las monarquías europeas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Wendy contempla de cerca el ojo de un caballo. Cree ver en esa hondura ancestral la geometría de las tormentas, la perfección del silencio que precedió a la fundación de los cielos, la lluvia incesante en los prados de la glauca tierra primeriza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/4927257692558618731/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/4927257692558618731?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4927257692558618731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4927257692558618731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/breviario-de-vidas-excentricas-1-wendy.html' title='Breviario de vidas excéntricas / 1 / Wendy Wallace'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-3434638965875773843</id><published>2026-02-25T09:00:00.005+01:00</published><updated>2026-02-25T09:43:57.672+01:00</updated><title type='text'>Palabra de conejo </title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh36kAsstptyUNwL7uGtIyv1VRAnfgPDXefgGdbD74CceQ3nT69tHOx75tTvnn08HPsAta4qxK7elTD4FlmE03O4xmmKYN4sYQK-nmFHHAqxAUYdT-SzYb7_3eOPPpnxPEm05D7ytK7CKjGjV1OUIRtCwewLrBOxexlGWIB_fqKRcdT1phpJ770/s599/conejo-carroll.webp&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;599&quot; data-original-width=&quot;410&quot; height=&quot;640&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh36kAsstptyUNwL7uGtIyv1VRAnfgPDXefgGdbD74CceQ3nT69tHOx75tTvnn08HPsAta4qxK7elTD4FlmE03O4xmmKYN4sYQK-nmFHHAqxAUYdT-SzYb7_3eOPPpnxPEm05D7ytK7CKjGjV1OUIRtCwewLrBOxexlGWIB_fqKRcdT1phpJ770/w438-h640/conejo-carroll.webp&quot; width=&quot;438&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;Escribo porque soy un conejo. A veces me da por imaginar que no soy Emilio Calvo de Mora Villar. Imaginar que no tengo La isla del tesoro en una edición muy vieja. Ni mujer, ni hijos. Ni el recuerdo de mi abuela en una playa en Fuengirola en 1977. Ni alergia al polen del olivo. Ni &amp;nbsp;A veces está bien olvidar qué somos y andar un día por el mundo sin nada que nos vincule a él.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Cuando escribo soy un conejo, el Señor Conejo. Voy de campo en campo, olfateo, sobre todo olfateo, muevo la nariz como la movieron mis antepasados en los tiempos remotos de los conejos. Siendo conejo he desarrollado enormemente el sentido del olfato. Donde otros aguzan la vista, donde se esmeran en sublimar el gusto, yo he puesto toda mi sangre en el crecimiento de mi olfato; está grande mi olfato, estoy satisfecho de cómo funciona, así que salgo al campo, mis patitas dando saltitos, mi nariz feliz, mi cuerpo entero brincando como un insecto entre las flores, olisqueo sin parar, muevo los bigotes, nunca flaqueo ni me arredro, no he podido hacerlo, por más que se me haya ocurrido contravenir la naturaleza de mi condición animal. Son cosas de conejos, imagino.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Las mujeres de Wichita Falls o de las de Congosto de Baldavia tendrán también las suyas, no conozco una sola mujer nativa de Wichita Falls y sólo una de Congosto de Baldavia. Se llamaría Julia o ahora decido que se debió llamarse Julia y tengo idea de que almorzábamos juntos en un bar antes de volver al colegio. Cabe la posibilidad de que alguna vez me haya cruzado con ella, tantos años después en las avenidas de Madrid o en algún diseminado de la costa de Cádiz, pero de qué hablaríamos, no sé si habría podido decirle nada, contarle la historia de mi vida, la real y la fabulada, la de conejo, la breve historia del insomnio, del bigote, del vértigo, del sonido que hace mi cuerpecito cuando se me cruza una zanahoria o el zumbido constante que enhebra el aire cuando escapo de los cazadores.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;No sé si debería hablar ahora de las zanahorias o más tarde. Sobre la superficie herida de la zanahoria voy rindiendo diente a diente toda mi nerviosa boca. Luego, trémula, mi boca es otra cosa, pero no boca, no sé, será brocal de un pozo o será el centro de una galaxia de la que solo sabemos que está agonizando. Sé que me espera el manjar: cuanto más me espera, más intenso es el placer y más me determino a dilatarlo. Si vuelvo a mi condición humana no recuerdo nada de mi vida como conejo, no sé nada de mi promiscuidad de conejo, vuelvo a la mesura, escribo distraídamente en un banco de un parque, observo una iglesia, muy a lo lejos. La gente entra con respeto, entran animosamente, creo que luego Dios los amonesta, secretamente los amonesta. Él sabe que amo el verdor de la tierra, la lujuria de la hierba cuando se yergue, agradecida.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;A veces los pájaros acuden si los llamo, vienen en bandadas, se atropellan en el alféizar de la ventana, miran qué hago, observan los libros encima de la mesa, parece incluso que escuchan a Wagner invadiendo Polonia, pero en realidad no hay trama más allá de la impresión poética, no acuden si los llamo, están convidados por el azar, están sin que yo intermedie en ese prodigio. En otro modo de entenderlo todo, nosotros somos como pájaros, acudimos si nos llaman, vamos en tropel, nos atropellamos sin concierto, observamos qué hay detrás, si la cosecha o tan solo la semilla, si el final severo o el entusiasta acto de inicio. Solo importa la trama, nos importa construir la memoria, tenerla a mano, conferirle el rango de libro y abrirlo en cuanto se nos ocurra, consultar, ver qué podemos hacer para que no sintamos el peso del mundo, que no es amor, hace tiempo que no es amor, qué va a ser amor, lo fue, estuvo ahí el amor, codiciando amantes, copulando sin brida al modo en que lo hace la lluvia cuando lame el aire, invisible, puro, gozoso y alto.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Hoy miércoles veinticinco de febrero de dos mil veintiséis a las siete y dos minutos de la mañana escribí porque soy un conejo. A veces me da por imaginar que no soy Emilio, no tengo el ideal de la justicia, no comparto con los otros la alegría que en ocasiones me ocupa el pecho: soy un conejo, el señor conejo, voy de campo en campo, olfateo, sobre todo olfateo, muevo la nariz como la movieron mis antepasados en los tiempos remotos de los conejos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Dios censura, es un catón, es un terrible ojo imposible. Pensó: haré conejos, pero los conejos no tenemos moral, no sentimos el peso del mundo, solo olfateamos, fornicamos, entendemos el mundo según lata el corazón más o menos aprisa. Pensó: haré la fiebre del hambre, haré la zanahoria.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La vida como conejo tiene sus ventajas: no nos escandalizan los asuntos habituales, solo nos concierne la procreación, no se puede pensar en otra cosa, solo olfateamos, oteamos, nos encaramamos a la hembra y la cubrimos, porque cubrir es un verbo manso: cubrir es el verbo más importante del diccionario, uno cubre lo que puede, cubre sin apuro, un poco también desinteresadamente, sin caer en la cuenta de que se está cerrando un ciclo o de que se está abriendo. Sin pensar en la continuidad de la especie o pensando únicamente en ella. Como un conjurado. Como un elegido entre los elegidos para que la especie prospere, se expanda, alcance el infinito, el corazón de la galaxia.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;El hombre tampoco razona estos brincos del alma. Yo no estoy hecho para llevar registro de todo lo que me sucede, quizá un apunte, un breve comentario, dejar constancia del prodigio del vino en la boca, sentir la brutalidad de las horas cuando la resaca te pasa por lo alto. El conejo ya no bebe como antes, escribe más, pero bebe menos, me cruzo con él, lo saludo, no parece conejo, no debe parecer conejo, siendo conejo no tendría los beneficios de ser hombre. Yo soy hombre, soy conejo, olfateo, copulo. En la cópula se quintaesencia toda la prosa del conejo, el estilo barroco, el estilo ampuloso, las florituras del abrazo promiscuo, la verdad de la carne,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;el vuelo, el asalto al verbo, la certeza de que las palabras me abandonan, no es posible aprehenderlas enteramente, se escurren, no se avienen a que las sometas, duelen incluso, tiene que haber un pie o dos pies o todos los pies en el cuello del adjetivo, no hay que mimarlo, no hay que pensar en que el adjetivo está ahí porque nosotros lo hemos llamado, como si fuese un pájaro, y no acude si le llamamos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;Ahora estoy buscando un sentido a lo que digo y solo encuentro vértigo, el vértigo expandido. Las palabras del conejo yendo y viniendo por mi boca, el sexo fugaz, la obra completa de Mozart en un montón de cedés, la obra completa de Benito Pérez Galdós en una caja&amp;nbsp;&amp;nbsp;o en dos o en tres, en un trastero, debajo de la cama de un registrador de la propiedad sin hijos, sin otra afición que la numismática magiar y el blues de Chicago.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;Mi hijo estudiaba alemán, no sé cómo se dice conejo en alemán, no sé alemán, quizá sea tarde, no estoy por la labor, no sé a qué labor afiliarme, con cuál excederme, hace falta excederse, ver que se duele uno, apreciar el dolor, sale el texto del dolor mismo, si no hay sufrimiento no puedes ser escritor, no hay literatura, no hay bigote moviéndose, excitado, escribes para cualquier cosa, pero no se te considera oficio, no entra en lo razonable que escribas porque no es posible eludir esa responsabilidad contigo mismo. El lector se involucra, se afana a veces en entrar, pero la literatura está en otro lado, no en lo que registras, en el cuerpo orgánico del texto, en el conejo abatiendo a mordiscos la zanahoria, como si no tuviese otro cometido, como si eso que le encomendara lo aturdiese y no le dejara que la sangre fluyese por dentro. Como nube que se desdice a poco que un viento la agita.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;La sangre es el texto también, uno es la sangre de la herida. En la herida se intuye un aviso del texto que está por venir. Algunos escribimos antes de la dentellada, no podemos esperar, por qué habría de hacerse, nos falta la paciencia para ofrecer el texto una vez que el diente ha hecho cuartel en la carne, y ella libra entonces una batalla más alta, de más noble fuste, y el conejo se encoge de hombros, se sienta en la sala de espera, mira a un lado, a otro, espera que lo entiendan, pero a los conejos no se les ve nunca como realmente son, es una pena ser solo conejo o ser solo Walt Whitman.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&amp;nbsp;Lo de contener multitudes pregonado por Whitman ya no tiene sentido. Anhelaba el poeta tener en sí a cualquier hombre, respirar &quot;el aire común que baña la tierra&quot; en cada inspiración a la que se entregaran, humildes, infinitos, sus pulmones. Ya no queremos ser muchos, no hay manera de inclinar al ánimo para que todos comparezca toda esa humanidad y den de sí el desempeño que antojadizamente se espera de ellos en el pecho y en el corazón de uno solo de ellos. Habrá un Whitman Conejo, un claro prócer de la especie. Hace tiempo que perdí el interés en Whitman, aunque me abdujo (empleo la construcción verbal con absoluta honradez) durante un tiempo. Vi en ese hombre con voluntad de tierra y de aire y de fuego una especie de deidad laica, un sacerdote sin altar ni evangelios que contar a los feligreses. Como un animal de pronto sublimado, izado, metafísico.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Tendríamos que ser solo eco, más allá de la voz, por encima de la sangre incluso, apartando la memoria, ser solo eco, el eco libertino nuevamente enarbolando banderas de placer en el aire recién libado, el aire convertido en luz misma, la luz mecida después por el eco, reverberándose, convocando el secreto numen de las cosas, pero ah, Emilio, estás saliendo del territorio del conejo, lo estás abandonando, no será posible después el ayuntamiento con su causa, morirá en un rincón.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Abandonado el conejo, vendrá el cáncer, se lo comerá entero, no habrá un resto. El conejo será venerado, edificarán iglesias, la gran iglesia del conejo, tocarán fugas de Bach, leerán Hojas de hierba, se escucharán desde lejos los versos, la melodía,, incomodarán a los que no entienden qué lujuria los preñó. La carne librará entonces otra batalla más alta todavía, la voz se convierte en salmo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;El alma del conejo se retira a contemplar su obra, en realidad no es preciso velar durante toda la noche al conejo. Tuvo una vida admirable, un conejo feliz, el conejo al que los cuentos cortejan, en el que se observa la rotunda armonía del cosmos. No sé si los conejos tendremos dioses a los que adorar, si habrá un conejo plenipotenciario, uno al que agradecer el olfato o las zanahorias o las coyundas en mitad de la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;Oh, gracias, tú provees, tú cuentas los días y cuentas las noches. No hay muchos animales en los que advertir esta evidencia de orden metafísico, ningún fabulista ha logrado hacer converger en un animal la filosofía antigua y la new age moderna, toda la sabiduría de los próceres del alma y toda la mierda patrocinada por los bancos, pero el mundo sigue, ah, amigos, hemos estado aquí, mirando al conejo, observando cómo se arruga el gesto, aceptando que la vida es siempre una aventura involuntaria, he aquí al héroe, se agolpan en la puerta todas las amantes, vibran en escorzo, cimbrean la cintura, arquean el torso, ponen el alma en cada acometida de la sangre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;Yo soy topológica y ontológicamente conejo y olfateo y devoro zanahorias y me uno a la comunidad estelar de conejos cuyo cometido insobornable es el de avivar la llama de la especie, así que tengo más hijos que San Luis, aunque no se magnifique la liza ni haya enemigos a los que abatir:&amp;nbsp;&amp;nbsp;está la cópula, en la cópula se quintaesencia toda la prosa del&amp;nbsp;&amp;nbsp;conejo, incluso su mísera en ocasiones existencia; está el estilo barroco, el&amp;nbsp;&amp;nbsp;ampuloso, el vuelo, el asalto al verbo, la certeza de que las palabras van y vienen, a su antojadizo capricho, y uno tiene que estar atento y cazarlas, darles un bocado, creer que son zanahorias en un campo verde nada más despuntar el día, no es posible aprehenderlas enteramente, se escurren, no se avienen a que las sometas, tiene que haber un pie en el cuello del adjetivo, cien pies, no hay que mimarlo, no hay que pensar que el adjetivo está ahí porque nosotros lo hemos llamado, como si fuese un pájaro, no acude si le llamamos, estoy buscando un sentido a lo que digo y solo encuentro vértigo, el vértigo expandido, las palabras del conejo yendo y viniendo por mi boca, el sexo fugaz, la obra completa de Haydn en un montón de cedés, la obra completa de Azorín en una caja o en dos o en tres, en un trastero, cerca de la bicicleta de mi hijo, que estudiaba alemán y llegaba a casa a la anochecida. Hace de tiempo que no escribo eso, con el vocabulario recién adquirido, ensayando la fonética áspera del idioma y escribiendo en una libreta las grafías largas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;He dejado el libro en la mesa y me he asomado a ver la calle. Es temprano. Estaba sola Alicia y no tiene quién le muestre el camino, la oigo pedir ayuda, sé que está sola, pienso si podría decirle cómo volver, pero no encuentro el modo, suelen pasar estas cosas, uno cree que la trama de la historia que está leyendo se impregna de la trama de la realidad y cree también que la cosa obra a la reversa y la historia leída tiene algo salido de la realidad, algo obsceno, algo lírico, algo inocente, no siempre a la vez, ni siquiera esas cosas acometiendo su ingreso en orden, cuidando de no hacer ruido muy a pesar mío, me convenzo de que podré asistir a su desquiciamiento o de que estaré en primera fila cuando caiga y cuando se incorpore, pero no más, porque la literatura es un espectáculo para voyeurs cobardes, no permite que metas la mano o te deja, sí, es posible que te deje, pero de una manera tangencial, sin que exista un verdadero roce.&amp;nbsp;He ahí a las amantes, se agolpan en la puerta, ponen el alma en cada acometida de la sangre, todas aseguran llevar en su vientre el fruto de la salvación, la semilla pura y dulcísima, algunos conejos escribimos antes de la dentellada, no podemos esperar, nos falta la paciencia para ofrecer el texto una vez que el diente ha hecho cuartel en la carne, la carne libra entonces una batalla más alta, de más noble fuste, el conejo se encoge de hombros, se sienta en la sala de espera, mira cuidadosamente a un lado y&amp;nbsp;&amp;nbsp;a otro, espera que lo entiendan, pero a los conejos no se les ve nunca como realmente son, es una pena ser sólo conejo o ser solo Walt&amp;nbsp; Whitman, ser solo eco, más allá de la voz, por encima de la sangre incluso, apartando la memoria, ser solo eco, el eco libertino nuevamente izando banderas de placer en el aire recién libado, el aire convertido en luz misma, la luz mecida después por el eco, reverberándose, convocando el secreto numen de las cosas, pero ah, Emilio, estás saliendo del territorio del conejo, lo estás abandonando, no será posible después el ayuntamiento con su causa, morirá en un rincón.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p3&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Me pregunto si Walt Whitman, el alto y claro y hermoso Walt, ese valladar de la causa terrestre, supo en algún momento de su antropocéntrica existencia que en realidad era un conejo, el gran conejo barbudo al que más tarde acudirían miles de conejos a pedirle consejo o a que les recitara las hermosas inspiraciones que le susurraban la lluvia y el viento. Señor Whitman, díganos usted qué hacer, por dónde ir, dónde está la libertad, por qué huele tanto a zanahoria, luego vendrá el cáncer, se lo comerá entero, no quedará nada, no habrá un resto, ni zanahoria, ni conejo. El cáncer es no saber, responderá. El cáncer es la niebla que borra la luz, la sombra cuando no se tiene propiedad de la sangre.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/3434638965875773843/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/3434638965875773843?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/3434638965875773843'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/3434638965875773843'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/palabra-de-conejo-nuevamente-corregida.html' title='Palabra de conejo '/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh36kAsstptyUNwL7uGtIyv1VRAnfgPDXefgGdbD74CceQ3nT69tHOx75tTvnn08HPsAta4qxK7elTD4FlmE03O4xmmKYN4sYQK-nmFHHAqxAUYdT-SzYb7_3eOPPpnxPEm05D7ytK7CKjGjV1OUIRtCwewLrBOxexlGWIB_fqKRcdT1phpJ770/s72-w438-h640-c/conejo-carroll.webp" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-1336636751680282496</id><published>2026-02-23T08:23:00.000+01:00</published><updated>2026-02-23T08:23:33.635+01:00</updated><title type='text'>John Ford, John Ford y John Ford</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;La mayor parte del agua que&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;John Huston&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;&amp;nbsp;bebió en su vida estaba destilada y se llamaba&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Canadian Club&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Johnnie Walker&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;o&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Jim Beam&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;. No extraña que los genios de la publicidad le reclamaran que aportase su cara de crápula guasón en campañas de esas marcas. Supongo que de haber estado vivo su buen amigo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Humphrey Bogar&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;t habrían hecho una pareja imbatible en el peligroso oficio de amontonar botellas vacías de whisky bueno. A falta de Bogey, bueno es&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Hopper,&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;&amp;nbsp;debió pensar Huston. De Ford se sabe que jamás bebía en los rodajes, dejando la ingesta alocada de whisky para la intimidad. Era, lo leí hace tiempo, &quot;un alcohólico con buena conciencia&quot;. Debió haber entendido como pocos la ceremonia de las tabernas, el rito de abrir una botella y llenar unos buenos vasos. Sus westerns están rociados de whisky y de balas, de amor por la vida y sobre todo de pasión por la épica. Ya no épica o la hay de un modo que detestarían estos tres nobles difuntos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;El corazón irlandés de Ford (el decimotercer hijo de una pareja de emigrantes establecida en Maine) debió mandar a paseo a la excéntrica visita, pero en lugar de eso los metió en su cama y permitió que&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Victor Skrebneski&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;, el fotógrafo con el que venían de realizar los anuncios para Jim Beam, fijara ese instante imprescindible en la memorabilia de todo buen cinéfilo. Cuenta Dennis Hopper que John Huston le dijo al maestro que tenían el permiso de su esposa para que pudiera levantarse, sentarse en su silla de ruedas&amp;nbsp; y hacerse una fotografía en fuera de la casa, en un lugar más exhibible. Ford, achispado por el olor del whisky, les dijo que carecían de sentido del drama. Que si lo tuvieran se harían la foto en la cama.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;John Ford ya no salió de esa casa, en Palm Springs, California. Murió dos años más tarde. No tengo ni idea dónde están enterrados los improvisados amigos del whisky que le visitaron ese día, pero sí sé dónde está John Ford ahora mismo. Está en Monument Valley. En ese territorio mítico filmó&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;La diligencia, Fort Apache, La legión invencible&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;y, sobre todo,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Centauros del desierto&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;John Wayne&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;, al que hizo irlandés en&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;El hombre tranquilo,&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;&amp;nbsp;también debe estar allí, entre los monolitos de piedra roja (mittens), en la verdadera tierra prometida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot; /&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;posdata dos: Lo de John Ford, John Ford y John Ford fue lo que dijo&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;Orson Welles&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;&amp;nbsp;cuando le preguntaron qué tres directores clásicos le habían marcado. Acababa de filmar&lt;/span&gt;&lt;i style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;&amp;nbsp;Ciudadano Kane&lt;/i&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;.&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: Georgia, Utopia, &amp;quot;Palatino Linotype&amp;quot;, Palatino, serif; font-size: 13px; text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiZQVeeGp9HmX6_9RCy5ZwLM_GZmVYgA1UZ8WNJpbAgcqdEa9EDArR6TOg1YSsPMdh6LpSbOjxDHoIv_eBCGi_Q7Q4TtJ5f_GMxWezWHBhvhMT8oN_R3RQAPk-kNkNGwMA_dfRvqW02CJLlZiOu3i3NtLNk9g1PAl0QhZEq9cE-VFaPXqqPfI4b/s980/dennis-hopper-john-ford-and-john-huston-palm-springs-1971-v0-vx4n44wj4p6b1.webp&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;960&quot; data-original-width=&quot;980&quot; height=&quot;313&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiZQVeeGp9HmX6_9RCy5ZwLM_GZmVYgA1UZ8WNJpbAgcqdEa9EDArR6TOg1YSsPMdh6LpSbOjxDHoIv_eBCGi_Q7Q4TtJ5f_GMxWezWHBhvhMT8oN_R3RQAPk-kNkNGwMA_dfRvqW02CJLlZiOu3i3NtLNk9g1PAl0QhZEq9cE-VFaPXqqPfI4b/s320/dennis-hopper-john-ford-and-john-huston-palm-springs-1971-v0-vx4n44wj4p6b1.webp&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; 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style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; box-sizing: inherit;&quot;&gt;&lt;div class=&quot;ultp-block-wrapper&quot; style=&quot;box-sizing: inherit; position: relative; transition: 0.4s;&quot;&gt;&lt;div class=&quot;ultp-builder-content&quot; data-postid=&quot;49027&quot; style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0px auto;&quot;&gt;&lt;p style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Hay quienes no sabe vivir sin tener algo que les contraríe. Parecen crecidos si la adversidad viene contra ellos. Dan hasta la impresión de que ese estado es el natural que les corresponde o que ningún otro convendría para que vivir les merezca verdaderamente la pena. Conjurados a no endulzar las facciones, determinados a exhibir su parte tosca, se desenvuelven con absoluta convicción en lo que hacen, en sus maquinaciones dañinas, en su encabronamiento orgánico. Porque es seguro que tendrán las vísceras secas, cuando no muertas. Se colige que murieron y que lo que percibimos por los sentidos es la comparecencia de un fantasma, aunque tosa y huela a sudor o pueda caer si se le empuja o empujarnos y que nos demos de bruces contra el suelo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;En cuanto los astros se confabulan a su favor, si es que tal cosa es factible, adquieren una grisura que se percibe a poco que se les conceda un fortuito saludo o concurra una conversación, de la que es mejor rehuir y no caer en los buenos modales, los que se conceden sin pensar, los naturales y esperados. A pesar de que la buena educación nos configure a quienes los tratamos un rostro presentable, en nada hosco, podría tener gesto de gárgola: tal es el veneno que contienen, ese es el contagio previsible. Basta con escrutarles los ojos y ahí se percibe la podredumbre de su espíritu, la costra de moho que ocupa el aire que les circunda, la nula capacidad de obrar para que el bien acuda y lo cubra de la gracia del vivir sencillo o de la alegría más rudimentaria, la del buenos días, que vaya bien la mañana o me alegro de verle, ese tipo de protocolos del civismo. No sabe uno qué hacer cuando se topa con ellos en la calle y algo nos apremia a que se les haga aprecio. Si pasar de largo y evitar en lo que se puede el intercambio de cualquier indicio de charla.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Asombra que hayan tenido amigos o que todavía cuenten con alguno. Que tengan esposa o marido. Serán, en todo caso, gente del mismo grosero calado, de los que se jalean estruendosamente las bromas y avivan el fuego de las puyas, no vaya a ser que no tengan con qué entretenerse y se encuentren solos, sin nadie a quien molestar. He ahí entonces el recurso sublime de esta estirpe de desencantados: se conminan a zaherirse en primera e inmediata persona, aplican en su pellejo el oficio antiguo de su desvarío y se enmohecen despacio. El cáncer de su mal genio hace casa en cada resuello de su alma y disfrutan eso que se dice sobre no aguantarse ni uno mismo. No hay consolación que los reintegre a la vida en sociedad. Es todo bruma y escombro, óxido y vacío. El escaso ánimo que surja cuando nos los topamos se deshace de inmediato. Se precisa únicamente que se les haga una pequeña apreciación para que la rebatan con furibundo encono. Lo bueno que paradójicamente les pase no prospera ni hace asiento. Esa bonanza del espíritu debe producirles una zozobra de la que tardan días en recuperarse. Una especie de sarpullido interno les crea una roña recia que desgracia la posible apostura que trajesen por herencia.  Es habitual que tengan allegados que, sin merecer el rango de amigos, los frecuenten, pero no alcanzan la intimidad precisada para que los sentimientos medren, se consoliden. La idea de una familia no les es ajena. Las hay de variada heráldica. Alguna les será más afín.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Estos amargados son gente caediza, levantisca, huidiza también. Se ignora la caída que los apartó de la concordia y la mesura, no interesando hurgar más de la cuenta en las razones del desquicio: es una pérdida absoluta de talento y de tiempo o de esfuerzo y de bondad. Poseen la admirable facultad de tenerse por razonables y estar incesantemente asistidos por una fortaleza moral inquebrantable. Ella es la que los patrocina y conforma, pero son limitados, cuando no abiertamente obtusos o tardos. Su nula empatía con el prójimo no les impide creerse interesantes. En ocasiones, agasajados por algún raro espasmo festivo, condescienden a rebajar o incluso cancelar la tirantez del gesto o la aspereza semántica y es un vivo espectáculo contemplar el resto de bonhomía, con su candidez al lomo, que no ha sido devastada por la mala leche. No hay redención posible, ni piedad que pueda abrazarlos. En cuanto atisban que se les da un arrimo de afecto, se crecen en su solivianto y registran el perfil más dañino del que son capaces. Pareciera que rehúyen cualquier sentimentalismo. Enloquecerían si de pronto se percatasen de que se está bien en él, en su primavera de alegrías. Poco o nada dúctiles, prefieren morigerarse, continuar en sus trece, en su desabrimiento, enfangados en su destierro de las emociones. Puede considerarse que algo los desvió de la senda correcta, pero no se tiene ánimo para abrir esa puerta, no vaya a ser que el tufo se expanda y nos atrofie el olfato. En la muy improbable posibilidad de que el día nos pille con la filantropía a flor de piel y le escuchemos más de la cuenta, no hay que entusiasmarse, ni creer que ha habido un milagro y el ser emponzoñado ha encontrado vacuna para su ponzoña. No hay tal regreso. Ríen con dificultad si algo de verdad les afloja la seriedad y brota de algún confín de su confinada alma la muy confinada risa. Su irritabilidad constante no condesciende a que algo la desgracie. Huelgan la afluencia del llanto, que es (a decir suyo) señal de algún tipo de debilidad del carácter que no matrimonia con su reciedumbre moral. Si ríen o lloran y no se ve fingimiento en esas dos evidencias puras de la emoción es posible albergar alguna esperanza. No se pierde ni se gana nada si se reintegran a la vida normal que nos desconcierta o que nos alboroza. Ellos van por un lado y nosotros, allá cada uno sepa en dónde inscribirse, vamos por otro. Si un día caes en su trampa y te descubres que es el asco lo primero que sale cuando hablas, tienes que preocuparte mucho. Siempre hay un principio para todo.&lt;img alt=&quot;&quot; class=&quot;wp-image-49031 alignright&quot; decoding=&quot;async&quot; height=&quot;500&quot; src=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/02/napoleon.png&quot; style=&quot;border-style: none; box-sizing: inherit; display: inline; float: right; height: auto; margin-left: 1.5em; max-width: 100%; vertical-align: middle;&quot; width=&quot;352&quot; /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Tal vez ellos empezaron así: se torcieron en una nimiedad, se encabronaron con la más débil contrariedad y luego se vieron bien en esa posición combativa, en la trinchera de su malestar. Es mejor negar que asentir, debieron pensar. En el no se elude razonar. Que el mundo esté plagado de gente de este jaez explica muchas de las cosas con las que nos topamos a diario.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Habrá alguna causa que les hizo ser como son: alguna expectativa malograda, un trauma infantil, una familia desestructurada… Pero no hay que ahondar en los motivos. Puede ser cualquier cosa lo que espoleó su aflicción. Entra en lo posible que ni siquiera sepan que ese mal los está carcomiendo. No ven la pena, esa tristeza que los rompe, el desconsuelo, la pesadumbre. Proceden con absoluto desparpajo. No se arredran, nunca flaquean. Ni el amor, cuando los lancea, hace que la acritud se desactive. Porque es un mecanismo lo que los mueve. Viene de fábrica. Podría pensarse que ya vinieron con esa marca y que se mueren con ella. Hay días en que das con uno de ellos. Con cada vez más frecuencia, los ves en televisión, hablan como si se les debiera algo, tienen el mando, escriben las noticias. Gobiernan el mundo.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;wp-block-ultimate-post-heading ultp-block-3ac18d&quot; id=&quot;COMPRTELO&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; box-sizing: inherit; margin-bottom: 0px !important; margin-top: 0px !important;&quot;&gt;&lt;div class=&quot;ultp-block-wrapper&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; caret-color: rgb(33, 33, 33); color: #212121; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; position: relative; transition: 0.4s;&quot;&gt;&lt;div class=&quot;ultp-heading-wrap ultp-heading-style1 ultp-heading-left&quot; style=&quot;box-sizing: inherit; margin-bottom: 10px; margin-top: 0px;&quot;&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br class=&quot;Apple-interchange-newline&quot; /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/6323730681879746926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/6323730681879746926?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/6323730681879746926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/6323730681879746926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/los-amargados.html' title='Los amargados '/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-1340865158626469767</id><published>2026-02-20T07:00:00.001+01:00</published><updated>2026-02-20T07:00:00.116+01:00</updated><title type='text'>Nadie está del todo solo / Los cuentos del agua / Fernando Molero Campos</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj_s0Ba8WvYEeABUVovnSZVEi8rV7ZtfteyvXUhyphenhyphenJTF4LnNkwOcOFuXg5FAZXns7GEPBjrgGU0Z8gBI4uSVBddd57QxNCv0C6AZLyLld5xd3-WSRHq51cMujGSpAmr2vEGsE2FEmb6pJdyWQK2x0CW8IN8Y4Vecyjx6Stq9DZqz1i7vA-qH8G2q/s935/624567427_10242060224344697_5949020882862367899_n%20(1).jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;935&quot; data-original-width=&quot;526&quot; height=&quot;640&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj_s0Ba8WvYEeABUVovnSZVEi8rV7ZtfteyvXUhyphenhyphenJTF4LnNkwOcOFuXg5FAZXns7GEPBjrgGU0Z8gBI4uSVBddd57QxNCv0C6AZLyLld5xd3-WSRHq51cMujGSpAmr2vEGsE2FEmb6pJdyWQK2x0CW8IN8Y4Vecyjx6Stq9DZqz1i7vA-qH8G2q/w360-h640/624567427_10242060224344697_5949020882862367899_n%20(1).jpg&quot; width=&quot;360&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;Probablemente haya una cara A y otra B, como en los discos de vinilo, en todo lo que hacemos, en la vida que llevamos, en la que esperamos. Esa partición, simbólica, evocadora, no siempre funciona. En ocasiones, la A, digamos la parte realista, la que se adhiere a un procedimiento cartesiano, se impregna de la B, la más dotada de una ficción sin compromiso con la realidad, que se deja convidar por lo fantástico (hasta por lo fantasmagórico) y por cierta tensión narrativa rayana en lo inverosímil, en lo que despertaría la incredulidad, bendita ella. Lo primero que llama la atención en el libro de cuentos que nos ha regalado Fernando Molero Campos es que esa escisión, dividir la colección de relatos en A y en B, dar esa arquitectura más topográfica que sentimental, no sea, pese a la contundencia de su propósito, verdaderamente fiable. Tampoco la vida arbitra compartimentos estancos, habitaciones en las que nada ajeno a ellos las habite: todo está imbricado, todo es una misma cosa, aunque nos agrade disponer de una serie de certezas y manejarlas como si fuesen axiomas, discursos taxativos, como una especie de normativa sobre el modo en que se supone que debemos vivir. La literatura, la de Fernando lo hace espléndidamente, permite que esas fronteras no sean sólidas y se nos permita, al leer, al permitir que otras vidas ocupen la atención de la nuestra, acceder a un estado de bienestar absoluto, uno en el que no nos importe qué es real, qué no. Esa es la primera conclusión después de haber leído (diré que degustado) &quot;Nadie está del todo solo&quot;, el volumen de cuentos de un señor escritor como Fernando Molero Campos.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Leer debería ser siempre esto. Está aquí el cuento tomado como un artefacto delicado, está atravesado de respeto hacia todos los cuentos, hacia la naturaleza promisoria del hecho capital de contar y de que lo contado cunda, permanezca, adquiere consistencia conforme lo leído cala, hasta que la misma realidad (doy fe de eso) remite a algo que se ha sabido no por ella, sino por el modo en que los cuentos la ofrecen. Eso hace, permitidme todos los elogios, esta sincera conversación conmigo mismo, este decir entusiasmado. De hecho, leyendo estos cuentos se me ha hecho recordar esa idea antigua, fundacional, en la que la lectura era una cancelación pura de la realidad y el sostenimiento vigoroso de una realidad alternativa, siempre deleitable. He usado adrede ese adjetivo: hay deleite en el obsequio que uno se da cuando comparece esa literatura, la posiblemente única verdadera, la que nos reconcilia con algo inherente a nuestra condición humana: el desear saber, el dejarnos contar, el aceptar que alguien tiene un don y hemos sido convocados a su comparecencia. Fernando lo tiene. Lleva toda la vida puliéndolo. Se advierte un cuidado en la sencilla (debe serlo) rendición de los acontecimientos que ocupan la trama de sus historias.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vamos a meternos en honduras. ¿Qué cuenta Fernando Molero Campos? ¿Sobre qué materia aplica su oficio? Hay una determinación temática que atraviesa todos los cuentos. He pensado que no es solo la soledad a la que alude el título. Nadie está del todo solo, es cierto. Es una buena manera de combatir la soledad, por minúscula que parezca, por inapreciable o incluso por devastadora, la que se manifiesta en esa declaración: siempre hay un resquicio, por ahí debe entrar la luz, como escribió Hemingway. Que todos estamos rotos se da por hecho. Que podemos atenuar la dureza de esa circunstancia o sublimarla hasta convertirla en un asidero o en un refugio dependerá de qué hagamos, de cómo nos avituallemos, de la reciedumbre del carácter o de la conformidad (hermosa a veces) con lo que hemos hecho con nuestra vida y las pocas (nulas también) ganas de que se debiera cambiar algo. Para qué, con qué propósito. Yo he visto una visión hedonista de la soledad en estos cuentos. La urdimbre de las tramas tiene suficientes evidencias de que el autor (generoso con sus personajes, a pesar de los obstáculos que les coloca en su camino) anhela sacarlos a flote, darles una oportunidad, aunque no siempre parezca que sea la que uno, al leer, desearía para sí. Es lo hermoso de la literatura: hacernos ser otros, cambiar el modo en que miramos, en que entendemos, en que somos.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay cosas extraordinarias en los argumentos de todas las piezas de &quot;Nadie está del todo solo&quot;. El anciano perdido en &quot;El laberinto de espejos&quot; no sabe que está entrando en la dimensión desconocida, en la memoria del tiempo, en su perseverancia, en (tal vez) su compasión. Porque el tiempo, protagonista relevante, aunque discreto, sutil, ocupa la atención del escritor y lo invita a que explique lo que probablemente ni él mismo sepa. No habrá que pedirle a Fernando Molero que hable sobre sus cuentos. Podrá hacer que comparezcan los motivos por los que se animó a escribirlos, el oficio a la hora de pulirlos, de censurarlos, de darles cuerpo, pero qué sabrá el autor sobre lo que está contando. Tampoco sabríamos dar una respuesta cabal si se nos preguntara sobre nosotros mismos, sobre qué hacemos aquí o el porqué de nuestras acciones. En &quot;El teléfono rojo&quot;, tenemos un teléfono averiado que pone al que lo usa al habla con el pasado es un prodigio (sencillo, en el fondo, como deberían ser los prodigios), un emotivo homenaje al amor cuando el amor (por la ausencia de quien se ama) ha desaparecido. Voy a insistir en que la naturaleza fantástica de todos estos argumentos está construida con mimbres de una realidad cartesiana, manejable, conocida. Los personajes que aparecen en todos ellos son también sencillos, sin que esa aparente sencillez (no lo hay, de verdad que no lo hay) descuide un más que trabajado estudio de las emociones. Todo está gobernado con un pulso narrativo firme. Se sabe desde qué se empieza (cualquier cosa vale, el escritor puede desarrollar su historia desde la cosa más irrelevante) y cómo va a terminar. Ignoro, tendremos el autor y un servidor que hablar a ese respecto, si el nudo y el desenlace surgen porque la escritura los extrae a su antojadizo capricho o porque hubo un trabajo responsable, un traer las piezas precisas para que todo más tarde ensamble, fulja.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No hay un cuento malo en esta colección. Muchos tienen premios concedidos y están aquí compilados. Todos exhiben una especie de musculatura apreciable. Se percibe a poco que el narrador (homodiegético, heterodiegético) se viene arriba y va comprobando (imagino que será así, yo lo he sentido algunas veces en algunos -pocos- cuentos que he escrito) que todo fluye, que funciona, que tiene futuro. Hace bien el autor en no concederse una voz omnísciente: cuando recurre a la tercera persona lo hace con pasmosa fijación en un personaje. Sucede invariablemente, pero ahora me da por recordar &quot;Muñecas rusas&quot;, un cuento de matriovska y de venganzas rurales, escrito en un presente determinativamente trágico. Sucede en &quot;La biblioteca del agua&quot;, creo que mi pieza favorita. No porque exhiba una escritura más depurada o porque su desenlace se haya fijado con más vigor en mi agradecida memoria, sino por la metáfora maravillosa del agua como creadora, del río como fuente y motor de la vida, como demiurgo, como inspiración. Tiene habilidad Fernando Molero en cerrar sus cuentos. Yo creo que imagina esa escena. Piensa en Esther, la mujer de Basilio, el escritor protagonista de &quot;La biblioteca del agua&quot;, &quot;sensual y perfumada como una diosa&quot;, aguardándolo en la cama para que la ame. Entonces la cabeza del escritor Molero Campos empieza a contarse la historia hacia atrás hasta que de pronto, será así, de improviso, da con un inicio.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Qué cuidada es la escritura, qué español más limpio, añado ahora. No precisa frases largas, de esas que a mí tanto me gustan, ay. Los enunciados son a veces cortantes, no hay ninguna subordinación que exaspere. Todas esas emociones que hace vivir a sus personajes deben expresarse con contención. Si alargase las frases, si extendiese el roto que los hace padecer, la enfermedad con la que conviven, quizás se desmoronaría la credibilidad a la que se suele confiar la lectura. No hace falta, no obstante, creerse nada: hay que dejarse engañar, hay que esperar lo imposible. Que, en &quot;Los breves encuentros&quot;, homenaje a la maravilla película de David Lean, dos enternecedores fantasmas enamorados se cojan de la mano para ver en un viejo cine abandonado las películas con las que vieron nacer (oh, hará cuánto) su amor. Que otro fantasma (se sabe que lo es, no hay intriga en eso) se deje habitar por las casas en las que permanece y en las que espera encontrar el calor humano del que adolece en el cuento &quot;A quienes me habitan&quot;. Que alguien (&quot;El escultor de golondrinas&quot;) no se inmute cuando la muerte lo cerca, lorquiana ella, por muchas razones, y se convierta, en su último acto, ala que festeja el vuelo, déjenme que me ponga poético. &quot;Y para asombro de todos, fue, en el cielo, golondrina&quot;. Los personajes no buscan una épìca, sino un lugar en el mundo. A eso aspiran.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;Siempre pensé que escribir un cuento consistía en no contarlo del todo, en no contar todo, en quedarse con cosas, en callar, en ir restando en lugar de aplicar continuamente una adición de circunstancias. Esa razón, otras habrá, hace que se paladeen estos cuentos también. Desprenden amor a la cuentística, al supremo recado de contar para que otros sepan. Hay amor a todos los cuentos que el autor ha leído. Tendrá el respeto requerido, doy fe de eso; tendrá hacia el invisible lector un respeto insobornable, el de alguien que maneja con amor los instrumentos de la literatura. Yo sé que el autor, hemos compartido lo suficiente como atreverme a decirlo, es un hombre de letras, de fotogramas, de cualquier cosa en la que haya algo que se cuente. Ahora el lector de esta reseña debe leer &quot;Nadie está del todo solo&quot; y dejar que cuente quien sabe.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y no puedo cerrar este escrito sin hacer mención a la portada, estupenda ella. La hace Carlos Arrabal Mantilla. Y el autor tiene el detalle de contarnos en la solapa interior quién es. Lo que más me gustó, aparte de la ilustración, es que en los libros que se ven en las baldas aparezca mi adorado &quot;Watchmen&quot;.&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div dir=&quot;ltr&quot; style=&quot;background-color: white; color: #222222; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif; font-size: small;&quot;&gt;&lt;div&gt;⸻&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/1340865158626469767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/1340865158626469767?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/1340865158626469767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/1340865158626469767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/nadie-esta-del-todo-solo-los-cuentos.html' title='Nadie está del todo solo / Los cuentos del agua / Fernando Molero Campos'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEj_s0Ba8WvYEeABUVovnSZVEi8rV7ZtfteyvXUhyphenhyphenJTF4LnNkwOcOFuXg5FAZXns7GEPBjrgGU0Z8gBI4uSVBddd57QxNCv0C6AZLyLld5xd3-WSRHq51cMujGSpAmr2vEGsE2FEmb6pJdyWQK2x0CW8IN8Y4Vecyjx6Stq9DZqz1i7vA-qH8G2q/s72-w360-h640-c/624567427_10242060224344697_5949020882862367899_n%20(1).jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-1297872073908114569</id><published>2026-02-19T08:32:00.002+01:00</published><updated>2026-02-19T08:32:56.983+01:00</updated><title type='text'>Jugar, morir</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPnVGJO5R5hyphenhypheniaWvPm7BSPPBfjlTILoNMDZnNtAPUkD9uZIMNWyUFfvhEUFOaEf5ik25hZalXI8zTRtZKp-VZEko3nfEC6nDSl87kqhyphenhyphen7SE5IsO27YrGBgEsYVbblPiHlk3nK8gbNzODX4dJOpNaMWyEEf2JhZVIrX2b8JE8B2r4nxCFnEyNga/s960/314958f874987f21d7a15d369fc0838b.jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;960&quot; data-original-width=&quot;916&quot; height=&quot;320&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPnVGJO5R5hyphenhypheniaWvPm7BSPPBfjlTILoNMDZnNtAPUkD9uZIMNWyUFfvhEUFOaEf5ik25hZalXI8zTRtZKp-VZEko3nfEC6nDSl87kqhyphenhyphen7SE5IsO27YrGBgEsYVbblPiHlk3nK8gbNzODX4dJOpNaMWyEEf2JhZVIrX2b8JE8B2r4nxCFnEyNga/s320/314958f874987f21d7a15d369fc0838b.jpg&quot; width=&quot;305&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: inherit; font-size: 15px; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;Fotografía: Haywood Magee&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: inherit; font-size: 15px; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: inherit; font-size: 15px; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;No dejamos nunca de jugar. Se confunden o se olvidan las reglas, pero persiste la naturaleza misma del juego, su creación de un mundo ajeno al mundo, la constatación de su hondura moral. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;No dejando jamás de jugar evitamos, quizá sin conciencia, la fuga del niño. A pesar de que exhibamos indicios fiables de que abandonamos la infancia e ingresamos en lo más acendradamente adulto, tutelamos, con pudor, con afecto, al niño dentro. Lo extraemos de donde quiera que esté, nos afanamos en volver a considerar legítima su injerencia en nuestros actos, aunque flaqueemos y nos dé pudor esa súbita disposición del ánimo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Jugamos a amar y a desamar. En esa condición un poco velada de puro juego, el amor no hiere aunque merme o se extinga. Tampoco es un mal recurso para sobrellevar el peso de los días el ir probando el amor y su contrario a modo de juego. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;El juguete más recurrido es el corazón. Él arbitra los pasos, él se arroga la posibilidad de reiniciar o cancelar el juego. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;No albergamos ansias de eternidad porque ningún juego dura para siempre. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Mientras jugamos distraemos el alma de asuntos que la dañan. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Jugar es, en todas las edades, un fantástico mecanismo de defensa, una trinchera confortable, un búnker contra los festines del miedo o de la soledad o del hastío. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;En cierto modo, el arte es un espejo muy trabajado del juego. El cine es una extensión del juego. O la literatura. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;La religión es el único juego en el que no tienes contrincante, el único en el que ignoras si los que juegan ganan o pierden. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Finaliza la película o concluye la lectura y regresamos, en ocasiones violentamente a la áspera realidad. Por eso aceptamos que el juego administre cierta parte de la vida. La otra, la seria, la que no juega, es normalmente la que nos enferma, la que más dolor causa. Jugamos para no pensar en la muerte. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Creemos que se estira la vida cuando no pensamos en que está transcurriendo. En la ignorancia, por más que los años se empecinen en decirnos lo contrarios, se vive mejor o, en todo caso, se vive más alegremente. En el fondo es a la alegría a la que inclinamos toda la balanza del espíritu. Ni Dios, ni la eternidad rivalizan con esa fe inquebrantable en la alegría, en que ella sabrá sacarnos de todos los agujeros, izarnos, ponernos bien arriba y darnos una patada (convencida, festiva) para que echemos a andar con el mismo o con mayor deseo incluso. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Uno resuelve envalentonarse, planea con esmero cómo avanzar sin que los obstáculos previstos malogren esa voluntad firme, pero concurren los nuevos, los que no se esperaba que acudieran. Da un paso al que otro lo sigue y aprecia el movimiento. Con sincera credulidad prosigue; con valentía, atento a lo que sale al paso,uno franquea las trabas, las aparta con fiereza, exhibe la mejor de las disposiciones y eleva la cumbre del día (que a veces es largo y pareciera que sólo anhela que decaigamos). Resuelve no flaquear, sí, acepta ese compromiso interior, pero es el juego el que obra a favor nuestro y consigue que no fracasemos. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;La vida es un juego intermitente. No hay otra cosa que ahora se me ocurra. Vamos de una modalidad a otra, nos movemos con naturalidad de un tipo de juego a otro, cancelamos unas reglas y abrazamos otras nuevas, pero es jugar lo que hace que lata el corazón y queramos que mañana lata de nuevo y lata más fuerte. El amor es el juego más hermoso. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Quien no juega es el que acaba antes, el que se rinde, el que abdica, el que se retira, el que no permite que nada le sorprenda. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;El juego es la victoria absoluta del asombro. Sin él, sin el asombro primario, el mundo ya se habría detenido hace tiempo. Nuestra cabeza se habría detenido hace tiempo. Nuestro corazón se habría detenido hace tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Van las horas  persiguiéndose sin tregua y el mejor juego era el que no acababa nunca. Escribí esto en un poema que alguien hoy me ha hecho recordar. Me hizo pensar, mientras que lo leía, en lo hermoso que es el oficio que tengo, el trasegar a diario con los juegos de los niños. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Tal vez no dejemos nunca de ser niños, escribía  no recuerdo qué cantautor en una canción de hace muchos años. No dejamos de serlo, sí, pero no permitimos que ese niño de adentro aflore. Gana el adulto, gana el bregado, no el inocente, por desgracia. No está bien la inocencia, nunca lo estuvo. Si estuviera, no habría guerras, nadie querría vencer a otro, no tendríamos que demostrar que somos mejores y que somos más listos o que merecemos más. &lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: medium; text-size-adjust: auto; white-space-collapse: collapse;&quot;&gt;Jugar es morir y volver más tarde a morir de nuevo. Deberíamos tener la posibilidad de elegir quién nos mate&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; color: black; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto; white-space-collapse: collapse;&quot;&gt;, dónde perder, qué arma será que la satisfaga ese deseo privado. En los juegos uno muere las veces que convenga. Se teatraliza la muerte, se le impone una coreografía, se escribe un guion para que explique de nosotros mismos lo que tal vez no sabríamos explicar en vida. En cuanto se ha resuelto la escena, el muerto se pone en pie y, por paradójico que parezca, se reincorpora al juego.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; color: black; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto; white-space-collapse: collapse;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; color: black; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto; white-space-collapse: collapse;&quot;&gt;Los niños son Lázaro incansablemente. No sé la de veces que habré escenificado esa defunción interesada. El mejor día para morir era el sábado. Cuanto más sucio llegaban los pantalones a casa, más se había intimado con la muerte. La limpieza indicaba un sábado aburrido, uno en el que nadie me había disparado. Ni yo a nadie. Lo que todavía no he comprendido es ese amor incondicional a la muerte. No creo que sea únicamente el emular los roles trágicos de los héroes o de los villanos que veíamos en el cine o en la televisión. Hay algo sagrado en el juego, algo que no se entiende nunca del todo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/1297872073908114569/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/1297872073908114569?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/1297872073908114569'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/1297872073908114569'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/jugar-morir.html' title='Jugar, morir'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPnVGJO5R5hyphenhypheniaWvPm7BSPPBfjlTILoNMDZnNtAPUkD9uZIMNWyUFfvhEUFOaEf5ik25hZalXI8zTRtZKp-VZEko3nfEC6nDSl87kqhyphenhyphen7SE5IsO27YrGBgEsYVbblPiHlk3nK8gbNzODX4dJOpNaMWyEEf2JhZVIrX2b8JE8B2r4nxCFnEyNga/s72-c/314958f874987f21d7a15d369fc0838b.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-6853048918590326047</id><published>2026-02-17T14:17:00.001+01:00</published><updated>2026-02-18T08:13:09.298+01:00</updated><title type='text'>Mingus Mingus Mingus</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhSxn7yU_BMix2nRFrj2mU_ivSCyLaQNC6-qJ5pR3DT8en7aSdzQCxa_Hz2MSaZBJmYYbrh3JQ1ijDk_qj263w3kT3UL-MekqgGYdkSIWi3VSboeqp_JXHBDhpMfA_z6IoHMoLdcBgBj4-xqHvtdzskFrFJnC_9oTo-TEvFCHVHl2ppUgWP8onm/s400/Guy%20Le%20Querrec%20PAR%20Charles%20Mingus%20%5B594%5D.jpg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;266&quot; data-original-width=&quot;400&quot; height=&quot;213&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhSxn7yU_BMix2nRFrj2mU_ivSCyLaQNC6-qJ5pR3DT8en7aSdzQCxa_Hz2MSaZBJmYYbrh3JQ1ijDk_qj263w3kT3UL-MekqgGYdkSIWi3VSboeqp_JXHBDhpMfA_z6IoHMoLdcBgBj4-xqHvtdzskFrFJnC_9oTo-TEvFCHVHl2ppUgWP8onm/s320/Guy%20Le%20Querrec%20PAR%20Charles%20Mingus%20%5B594%5D.jpg&quot; width=&quot;320&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;&amp;nbsp;Fotografía: Charles Mingus en el aeropuerto de Marsella, Francia, 19 de agosto de 1976 / Guy Le Querrec&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Admiro a los músicos. Lo hago de un modo que no siempre expreso, me cohibe la sensación de estar siempre contando lo mismo, pero es invariable y aumenta conformo los conozco o entro en una pieza musical en la que un instrumento brilla de un modo admirable. Me fascina de ese oficio la posibilidad de expresar lo que las palabras no alcanzan. No hay otro lenguaje más universal, no se puede contar algo con más eficacia que traduciéndolo a música. Por eso me produce una intensa sensación de deuda el ver a Charles Mingus con su contrabajo en el portamaletas de cualquier aeropuerto del mundo. Deuda que crece cuando ves al músico tocar en directo, concentrado en extraer de ese objeto inerte la elocuencia de los dioses, la sutilidad de los poetas o la contundencia de los guerreros. Todo en la música evoca épica. Uno cree que no es necesario entender de pentagramas para disfrutarla, y probablemente sea así, pero lo digo porque no aprendí a tocar ningún instrumento y hay ocasiones en que lamento esa orfandad mía. Amigos que no la poseen o incluso algunos que viven de su ejercicio me repiten lo insostenible de mi argumento y me espolean a que entre en un conservatorio y empiece a formarme. Ahora es un adverbio más untado de esperanza que mañana, podrían decirme. No entro, sin embargo, en esa recomendación. Me conformo con seguir amando la música como lo hago, sabiendo que Charles Mingus, Bill Evans, Miles Davis, Van Morrison, Pink Floyd, Joe Pass, Billie Holiday, Jeff Buckley, Bach, Queen o Frank Sinatra están en las baldas que tengo a la espalda, mientras escribo, esperando que los reclame y les pida, con la solemnidad que se merecen, que me hagan feliz. Lo hacen siempre. No hay ocasión en que no sepa qué canción escuchar para que mi ánimo reverdezca. Incluso sé cuáles pueden hacerme perder toda alegría que albergue y abismarme en la tristeza más firme. Hasta la tristeza, al buscarse, consuela, alivia, conforta con mimo de amante atento el alma tan saqueada. Y Mingus sigue cargando con el instrumento. Lo lleva a la cinta transportadora. Luego se sentará en una silla hasta que anuncien el vuelo. Cerrará los ojos, pensará en Pannonica o en el Mississippi o en el Carnegie Hall o en si las turbulencias malograrán la integridad sublime de su bendito contrabajo y echará una cabezadita cruzando el Atlántico hasta la vieja Europa. Su último viaje fue al Ganges. Quiso que esparcieran sus cenizas al río infinito siguiendo la tradición hinduista. Se murió en Cuernavaca, en México. Fue a que repararan su cuerpo roto. Por poder seguir tocando. Por no dejar de fumar esos puros enormes. Por no cejar en su agria relación con el mundo. La cura que ansiaba no se produjo. Los chamanes no dieron con el roto que lo partía en dos, en cien. El tipo grande, que no era negro del todo, ni blanco, con sangre china, africana, nórdica, nunca precisó de estimulantes para hacer surgir su don. Se lamentaba de que otros músicos se pusieran hasta arriba de ellos, se dolía de que el arte no fluyera con la limpieza de la sobriedad. Porque su música, en su salvajismo, en su alocado dispersarse y luego ensamblarse de nuevo, era sobria, era hermosa, era honesta con el mundo y con él mismo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;text-align: justify;&quot;&gt;Admiro a Charles Mingus.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: inherit; font-size: 15px; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;Es probablemente el mejor contrabajista que ha parido el jazz, con permiso de Ron Carter, que será un Mingus de más amplio alcance (son otros tiempos) y ocupará en las enciclopedias del jazz un puesto ilustre a la altura de su ilustre maestro. Sí, claro, ahora alguien en plan purista, un forofo de los buenos, dirá qué me impide nombrar a Pettiford, a LaFaro, Hayden o a Chambers. Y no estoy dispuesto, en esa tesitura semántica, en ese dar nombres a vuelatecla, por amor a la nomenclatura, dar la impresión de ser dogmático. En lo que no me rebajo es en la cabecera primordial llamada Mingus. Me pasa que tengo que decirlo varias veces o escribirlo varias veces. Así: Mingus, Mingus, Mingus, Mingus. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;El contrabajo, en el jazz, es un instrumento glorioso, pero el oído no lo reconoce con el mismo vigor sonoro con el que acepta la presencia de los metales o de un piano, pero cuando lo percibes, cuando entiendes qué te cuenta y con qué agreste dulzura, permítaseme el oxímoron, lo buscas en cada disco que pillas, y en el aprendizaje lento y hermoso de los géneros y de los músicos hasta llegas a reconocer patrones, ejecutorias, cierto tipo de canon doméstico con el que te manejas y con el que, sobre todo, disfrutas.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Criado entre predicadores y negros con temperamento racial, extasiado por la música en los oficios, Mingus descubre a Duke Ellington en la radio (qué diálogo imposible debió producirse)  y aprende violonchelo y trombón. Ejecuta piezas clásicas, pero el jazz sanea mejor el alma, la desaturde del caos en el que vive la sociedad norteamericana en los convulsos treinta y los bélicos cuarenta. Luego viene el contrabajo, el piano, la dirección de sus big bands y el amor infinito hacia la música. fuese blues o gospel o música de ascendencia africana. Las refriegas racistas, el carácter violento que le caracterizó y el cansancio moral de vivir siempre en continua batalla (contra blancos extremistas, contra negros condescendientes, contra la dictadura terrible del dinero y contra el tiempo) le hicieron retirarse cuando estaba en la cúspìde absoluta del jazz. Lo hizo sin ruido, al modo en que su instrumento suena en el volcánico ejercicio del bebop o del free jazz o de la tercera vía a la que siempre se inclinó. Versátil y en continuo aprendizaje, experimentó e influenció a todos los músicos de las generaciones que le escucharon. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class=&quot;x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a&quot; style=&quot;background-color: white; color: #080809; font-family: &amp;quot;Segoe UI Historic&amp;quot;, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Helvetica, Arial, sans-serif; font-size: 15px; margin-bottom: 0px; margin-inline: 0px; margin-top: 0.5em; overflow-wrap: break-word; white-space-collapse: preserve;&quot;&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;Recuerdo un disco (en vinilo, luego convenientemente grabado en una cinta de cassette TDK, qué tiempos) que me prestó alguien. Era &quot;Mingus Ah Um&quot;, la obra infalible para descubrir el jazz, sí se tiene la voluntad precisa. Treinta años, cuarenta podrán ser,  más tarde de ese descubrimiento, lo sigo escuchando con absoluta perplejidad. Debo insistir en el sustantivo: perplejidad. Me produce más emociones que entonces, me llena infinitamente más que en aquellos años de aprendiz elemental y alborozado. A nadie de mi círculo, salvo a mí, en esos años fértiles y novicios, le gustaba el jazz. Tuve un amigo al que le intenté explicar las razones de mi idilio y sólo conseguí que ampliara un poco más la lista de extrañezas que me tenía adjudicadas. Además &quot;Ah Um&quot; sale el mismo año, en 1.959, que el fabuloso &quot;Kind of blue&quot;, el mejor disco de la historia del jazz a juicio de algunos fanáticos (yo entre ellos) que le dedican a este género parte del alma. Y también &quot;Giant steps&quot;, obra inmortal de John Coltrane, o &quot;Time out&quot;, el mejor disco comercial del jazz, firmado por Dave Brubeck y su inseparable Paul Desmond. Buen año.&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div dir=&quot;auto&quot; style=&quot;font-family: inherit;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;color: black; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-size: medium; text-align: justify; white-space-collapse: collapse;&quot;&gt;Mingus tenía unas charlas enjundiosas con Charlie Parker acerca del budismo. Contaba que en cierta ocasión habló con Charlie sobre lo sagrado de su música. Estaban en un club y el dueño les conminó a que dejaran la cháchara y subieran a tocar. &quot;Terminemos la discusión en el escenario&quot;, le dijo. Estarán tocando. Tendrán con qué entretener lo que quiera que el budismo disponga sobre el tiempo cuando el tiempo se acaba. Experiencias del karma. Blues a cara de perro. El mantra de lo que no es fiable. El jazz no lo es. Es perplejidad siempre, asombro puro. Hoy me voy a poner el del santo negro y la señoras pecadora. No sé si leí o escuché que era el disco favorito del propio Mingus.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/6853048918590326047/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/6853048918590326047?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/6853048918590326047'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/6853048918590326047'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/mingus-mingus-mingus.html' title='Mingus Mingus Mingus'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhSxn7yU_BMix2nRFrj2mU_ivSCyLaQNC6-qJ5pR3DT8en7aSdzQCxa_Hz2MSaZBJmYYbrh3JQ1ijDk_qj263w3kT3UL-MekqgGYdkSIWi3VSboeqp_JXHBDhpMfA_z6IoHMoLdcBgBj4-xqHvtdzskFrFJnC_9oTo-TEvFCHVHl2ppUgWP8onm/s72-c/Guy%20Le%20Querrec%20PAR%20Charles%20Mingus%20%5B594%5D.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-2787972296709747034</id><published>2026-02-16T21:15:00.005+01:00</published><updated>2026-02-16T21:15:51.788+01:00</updated><title type='text'>En memoria de Robert Duvall</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHxRbUqeFFw4kmUdCRKKU24GHgBrt26JxtmhnE6jOgDmt_POlRZ8428yRNuoBglctGFbIQc-u4u-EFqlHifLjAA71aSWo7qeuOFnou8a3W-xmpLBToHoV_aI89f1V9b88mcn-6XsLs9OlmuHDVNGd6OHLP0pinIinkurM5yVcpoTFX1ie515Z4/s1067/498651461_1270663031731461_4608713277719082712_n.jpg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;540&quot; data-original-width=&quot;1067&quot; height=&quot;324&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHxRbUqeFFw4kmUdCRKKU24GHgBrt26JxtmhnE6jOgDmt_POlRZ8428yRNuoBglctGFbIQc-u4u-EFqlHifLjAA71aSWo7qeuOFnou8a3W-xmpLBToHoV_aI89f1V9b88mcn-6XsLs9OlmuHDVNGd6OHLP0pinIinkurM5yVcpoTFX1ie515Z4/w640-h324/498651461_1270663031731461_4608713277719082712_n.jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;Lo del olor del napalm por la mañana me lo enseñó William &quot;Bill&quot; Kilgore, el Teniente Coronel del Primer Escuadrón del Noveno Regimiento de la caballería aérea en Apocalypse Now. Una vez bombardeamos una colina durante doce horas, cuando todo terminó subí allá arriba y no quedaba ninguno de esos apestosos cuerpos. El olor, sabes, ese pestazo a gasolina quemada en toda la colina. Olía... a victoria. Algún acabará esta guerra&quot;. El cine hace cosas increíbles: no puedes evitar pensar en Vietnam cuando escucho cabalgar a las valquirias de Wagner (aunque a Woody Allen se le antojase invadir Polonia) o en todos los mafiosos sicilianos cuando te comes un plato de pasta. Arrogante, mesiánico, loco, amante del surf, un dios, eso era el temerario Kilgore. Coppola mandó construir un poblado vietnamita del que no debía quedar nada cuando la toma se rodase. Se emplearon cinco mil litros de gasolina. Tengo por ahí un libro que cuenta el rodaje de la película. Es pequeño, lo compré en un mercado de segunda mano de un pueblo de costa en el que estuvimos de vacaciones. Me lo sorbí. Volví a casa deseando volver a ver la historia de la guerra de Vietnam. Creo que la habré visto cinco veces, más serán. Tal vez Robert Duvall&amp;nbsp; interpretó al militar Kilgore pensando en su padre, un almirante de la Armada. Un antepasado de su madre fue general confederado. Debió sentirse bien, pensar que estaba haciendo lo que ellos hubieran querido. Ganó 65000 dólares (una miseria si se compara con la soldada de Sheen o de Brando) y un prometedor uno por ciento de la taquilla. Ser actor es ser todo y ser nadie, no tener que dar explicaciones por matar a alguien. Puedes decir lo que no podrías en un bar cuando quedas con los amigos y le das al palique. Hoy ha muerto Robert Duvall. Lo acabo de leer. Me han dado ganas de ver de nuevo El Padrino (no salió en la tercera por desavenencias crematísticas) o el descenso al infierno en la tierra que fue (en el rodaje y en lo filmado) Apocalypse now. Puede entrar Tender mercies, que no recuerdo cómo la titularon en español, pero sin que brinque. No creo que después me entusiasmara, no he debido hacer el esfuerzo suficiente. Me ha dado pena que haya muerto. Hoy estoy muy sensible.&amp;nbsp;&lt;div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/2787972296709747034/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/2787972296709747034?isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2787972296709747034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/2787972296709747034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/en-memoria-de-robert-duvall.html' title='En memoria de Robert Duvall'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjHxRbUqeFFw4kmUdCRKKU24GHgBrt26JxtmhnE6jOgDmt_POlRZ8428yRNuoBglctGFbIQc-u4u-EFqlHifLjAA71aSWo7qeuOFnou8a3W-xmpLBToHoV_aI89f1V9b88mcn-6XsLs9OlmuHDVNGd6OHLP0pinIinkurM5yVcpoTFX1ie515Z4/s72-w640-h324-c/498651461_1270663031731461_4608713277719082712_n.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-7373656987584105663</id><published>2026-02-16T14:50:00.001+01:00</published><updated>2026-02-16T14:50:00.111+01:00</updated><title type='text'>Mingus Pre-Bird </title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiEVUfpAKs_Bpnv2fW1WPAltmTV-3o2DTP65JIwo2L7El7I8bNrj4h5hh0QyI3ZPbLOLYD00ZbmuUSy9oWEPu77vQo0JjkjMn3t1YANEaDcyV9x8bTulGQoyZk6-ma-meUgdhzWomqbK6B215glzMV3-J3_GH3alW0dpLoeO0OqtAGAiLPT_iyy/s640/91YjTnlkdPL._UF894,1000_QL80_%20(1).jpg&quot; imageanchor=&quot;1&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;640&quot; data-original-width=&quot;640&quot; height=&quot;640&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiEVUfpAKs_Bpnv2fW1WPAltmTV-3o2DTP65JIwo2L7El7I8bNrj4h5hh0QyI3ZPbLOLYD00ZbmuUSy9oWEPu77vQo0JjkjMn3t1YANEaDcyV9x8bTulGQoyZk6-ma-meUgdhzWomqbK6B215glzMV3-J3_GH3alW0dpLoeO0OqtAGAiLPT_iyy/w640-h640/91YjTnlkdPL._UF894,1000_QL80_%20(1).jpg&quot; width=&quot;640&quot; /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;La nostalgia es un territorio de riesgo al que uno puede entrar entero y salir demediado o irremisiblemente perdido o incluso, está comprobado, izado, sublimado. A veces me da por colarme en una película de&amp;nbsp;Frank Capra&amp;nbsp;que vi en la adolescencia y salgo indemne, pero es posible salir triste y exhibir esa tristeza durante unos días por parques y avenidas hasta que un disco de&amp;nbsp;Dizzy Gillespie&amp;nbsp;te pone otra vez en órbita y sonríes y el mundo entero sonríe contigo, como le pasó a&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-size: 17px; font-style: italic; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&amp;nbsp;Satchmo&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-family: UICTFontTextStyleBody; font-size: 17px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;. La primera vez que te introduces en un disco de jazz sales perplejo. No cabe otra opción. El jazz, en un sentido muy primario de entender las cosas, es excluyente. Hay un atropello, una decantación alocada de las melodías, una turbulencia inédita hasta en los pasajes de más blando cometido. Si te has abonado a la sensibilidad de&amp;nbsp;Bill Evans&amp;nbsp;luego no puedes entusiasmarte con&amp;nbsp;Bad Bunny, ese cazurro léxico erigido en paladín del panhumanismo, salvo que estés de parranda y hasta arriba de efluvios etílicos.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;El jazz es flirteo del alma concupiscible.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Ahora escucho (no sé cuántas veces van ya, no sé las que me quedan) &quot;Pre-bird&quot;, un disco de 1.960 grabado por&amp;nbsp;Charles Mingus, que era un caballero de oronda presencia, mirada esquiva y cara de estar buscando la fuente de la eterna juventud en el frágil vuelo de una nota de su contrabajo. Mingus es el tipo que tituló uno de sus discos con la repetición (salmódica casi) de su apellido: Mingus, Mingus, Mingus.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-style: italic;&quot;&gt;Aquí estoy. Aquí estoy. Aquí estoy. Miradme. Soy el gordo que os va a poner jazz en los oídos. Luego nada será lo mismo. Os lo aseguro&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;. Parece que Mingus oyó a&amp;nbsp;Duke Ellington&amp;nbsp;en la iglesia de la base militar en la que nació cuando tenía ocho años. Yo nací en Córdoba y la primera música que oí fue en un tocadiscos monoaural Stibert que mi padre tenía en un mueble del salón, junto a la tele en blanco y negro Telefunken. Cuando yo tuve edad suficiente, ese concepto nunca es registrable en términos objetivos, me las ingenié para que los escasos ahorros pudieran ser empleados en discos. No he parado desde entonces. No conocía entonces a Sir Duke Ellington ni a Thelonius Monk. Eran otros tiempos y mi cultura fonográfica se quedaba en los hits de la FM. Tiempos en los que no existían las radio-fórmulas y la gente de Radio Córdoba FM (los tengo en el alma, Pepa, Rafael, Ramón) programaba rock progresivo, blues del delta, jam sessions o superventas, pero de los que luego perdurarían, de los que ahora (sin pudor) llamamos clásicos. Pero Mingus oía a Ellington en la radio de la capilla. Podríamos ver a Charles ensimismado o moviendo los pies. Tal vez se puedan hacer las dos cosas a la vez. Tal vez eso sea el jazz: ensimismarse y brincar. a la misma vez.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Hay mucho Duke en Pre-bird. En cualquier tema. Sólo hay que dejarse contaminar por el swing afrodisíaco de mi pieza favorita&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-style: italic;&quot;&gt;, Take the A-train&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;. La usaban&amp;nbsp;The Rolling Stones&amp;nbsp;para abrir sus conciertos igual que Yes cogían&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-style: italic;&quot;&gt;El pájaro de fuego&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;. Son sellos de identidad, formas solventes de que el espectador sepa en qué terreno se mete. No es igual escuchar&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-style: italic;&quot;&gt;&amp;nbsp;Start me up&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;a palo seco, nada más abrir el show, que sentir el riff de&amp;nbsp;Keith Richards&amp;nbsp;después de los vientos de la orquesta de Duke Ellington. Tampoco suena igual la voz de&amp;nbsp;Jon Anderson&amp;nbsp;sin el acomodo melódico que la introduce, la monumental obertura de la suite de Stravinski. Ahora me voy a parecer a&amp;nbsp;Loquillo: Si yo tuviera un banda de rock (cosas más peregrinas ha fabulado mi inquietud en materia artística), haría que antes de cada concierto sonasen algunos compases de&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-style: italic;&quot;&gt;So what&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;.&amp;nbsp;Miles Davis&amp;nbsp;sirve para estas cosas. Me vale&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-style: italic;&quot;&gt;&amp;nbsp;Milestones&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;. Incluso la agitadísima&lt;/span&gt;&lt;span class=&quot;s2&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleItalicBody; font-style: italic;&quot;&gt;&amp;nbsp;It don&#39;t mean a thing...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;El jazz es una música impredecible que se adhiere con más fortuna al asombro que al camino previsto. Es precisamente esa posibilidad de pérdida (topográfica y moral) la que sigue arañando la piel del que escucha jazz y, aunque lleve toda la vida haciéndolo, tiene la certeza de que acaba de comenzar a entenderlo. No haría falta tal entendimiento.&amp;nbsp; Mingus es el mago absoluto de la impredicibilidad y Pre-Bird, que ahora da sus últimos acordes, ha sido una mañana útil, (treinta y pocos minutos de júbilo total), es un canto sublime de alegría por vivir y de amar la música casi como a uno mismo. Y ahora no es, en absoluto, nostalgia, sino celebración del presente, festín del reloj cuando se pavanoea de que sus manecillas (febriles, juguetonas) marcan el paso de quien se detiene y las observa.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/7373656987584105663/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/7373656987584105663?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/7373656987584105663'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/7373656987584105663'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/mingus-pre-bird.html' title='Mingus Pre-Bird '/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiEVUfpAKs_Bpnv2fW1WPAltmTV-3o2DTP65JIwo2L7El7I8bNrj4h5hh0QyI3ZPbLOLYD00ZbmuUSy9oWEPu77vQo0JjkjMn3t1YANEaDcyV9x8bTulGQoyZk6-ma-meUgdhzWomqbK6B215glzMV3-J3_GH3alW0dpLoeO0OqtAGAiLPT_iyy/s72-w640-h640-c/91YjTnlkdPL._UF894,1000_QL80_%20(1).jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-5223965952995355535</id><published>2026-02-15T12:47:01.078+01:00</published><updated>2026-02-15T12:47:27.005+01:00</updated><title type='text'>Una brizna de luz</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Hay noches en las que oigo ladrar a los perros. Me persiguen desde hace unos días los ladridos. Los más viejos ladran hacia adentro. Lo escribí hace unos días. Algunos&amp;nbsp; ladridos son estremecedores. Conmueve que haya detrás del ruido un cuerpo que se esté expresando. Cada uno da de sí lo que se contiene en un ladrido, que podrá ser lamento o bandera o festín. También escribir es emitir ese ruido y seguir, pese a todo, ladrando. Como lamento o como bandera o como festín. Entonces pienso en el desamparo y en la soledad, pero razono que son perros. Ellos en su ladrar; yo en mi escribir, igual dará. Luego los oigo gemir y entonces me revuelvo en la cama y dejo de pensar en los perros como bestias y se me pone el corazón encogido y no soy capaz de conciliar el sueño. No me envalentono y bajo para abrir el ordenador para contarme el domingo o las menudencias de costumbre. Hago como que me voy durmiendo y el ruido se atenúa poco a poco. Al final de todos los ruidos del mundo hay un zumbido que se parece a un agujero pequeñísimo del que sale una brizna de luz.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Sigo con los perros: no les tengo un particular afecto. Incluso me molestan en ocasiones. Los evito, les doy poca conversación y casi nunca se me verá ensayar un gesto amable, una caricia que induzca a pensar que, de noche, cuando intento dormirme, en la entrevela dulce que es un limbo perfecto, me desvelo porque oigo a los perros ladrar en las calles.&amp;nbsp;Un perro que gime es una cosa que da una pena casi infinita. Ayer vi un perro malherido. Tenía cara de abrazarlo mucho y una pata iba a lo suyo, descabalada, ajena a la armonía pedestre. Debían haberlo atropellado y se movía a duras penas hacia un rincón en donde dejarse morir. Había una película de dibujos animados que se llamaba “Todos los perros van al cielo”. Creo que la vi con mis hijos hace un siglo. Me alejé de esa escena fortuita de sufrimiento animal con un estremecimiento que me duró hasta que la realidad me devolvió a otro tipo de heridas. No tendré perro por no verlo morir. Por no encariñarme y verlo partir. El amor se ejerce con miedo, es preferible ir renunciando a él según se advierte que cala y se impregna. Por no tener que verlo partir. Por el dolor. Entiende uno falsamente que duraremos más que el amor o más que los perros oídos gemir en mitad de la noche, en el desamparo, en la negrura de la boca del miedo. Así que tenemos confianza en el porvenir. Somos anhelo de futuro.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Tras el incidente del perro, bastó la crudeza de un mendigo (en su ternura y en su hierro) para que el chucho desapareciera de mis preocupaciones. Era un pedigüeño, me encanta esa palabra, a pesar de todo lo terrible que encierra, uno que probablemente no me robaría el sueño de noche, pero al que de pronto, por obra de la maquinaria impredecible de los sentimientos, hice mío por simple comparación al perro malherido, cercano a morirse. Vestía decentemente, pero el rostro estaba curtido por la desgracia inextricablemente. Ni auxilié a uno ni socorrí al otro. No sé cuántos perros hay en España. Sé que hay nueve millones de pobres. Lo leí y la cifra se me ha quedado dentro. A veces aparece. Nueve millones. Yo creo que son muchos. Hay países que tienen la mitad de esos nueve millones de muertos sin cuajar. Países con unos cientos de miles de ricachones. Países que cuentan con cuatro gerifaltes, cinco, cien. Cuántos muertos previstos habrá en el corazón de África. Yo soy uno de esos muertos inevitables, pero mi biografía todavía no se ha impregnado del olor de lo difunto y apenas me paro a pensar en que un día falleceré, me atropellarán, tendré un aneurisma o caeré al suelo por alguna imprevista dolencia inexplicable. Creo que nunca he escrito sobre África. No hablo del pobre al que el franquismo sentaba a su mesa: este es un pobre accidental, un pobre estrictamente monetario, uno que no exhibe trazas de pobre y al que no podríamos a simple vista, por más que lo miráramos con atención o incluso si pudiéramos entablar una breve charla con él, meter en el gremio de los pobres. Salvo sus facciones, devastadas, podría dar clase en un colegio o atenderte en una oficina bancaria. Un pobre, ya digo, de lo más normal. El pobre de todos los días, si vives en una gran ciudad. En mi pueblo no se ven pobres. No tendrá el tamaño para que se fijen los pobres en él y acudan para exhibirse o para que reparemos en su pobreza y extendamos la mano para que la suya acepte el óbolo. Nos fijamos más en los perros, en su desaliño animal, en esa especie de ternura que provocan cuando gimen o cuando un coche les ha partido una pierna y buscan un sitio en donde dar el último aliento sin alardes. Un pobre de los de ahora no conmueve como los de antes. Todos esos pobres del cine tras las guerras, todos esos pobres con honradez de pobre y cara de pobre. Hay personas que tienen cara de pobre, aunque estén podridos de dinero. Me lo dijo un amigo hace tiempo y lo recuerdo todavía. Hay cosas que se fijan, cómo sabrá uno el porqué. Frases sueltas, frases sin futuro, pero duraderas, inmarcesibles.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Será que estamos insensibles o será que se nos encalleció el ojo y sólo deja circular las imágenes limpias. El bienestar. El estado dulce de las cosas. El festival de Benidorm, cosas así. Las otras, las terribles, las que incomodan, las filtramos, nos llegan al cerebro convertidas en fragmentos, en trozos que luego uno tiene que unir en mitad de la noche y sacar la conclusión de que un pobre tira más que un perro. Pero los pobres no nos roban el sueño: quizá porque todos somos pobres en el fondo. De un tipo de pobreza que ahora no sabría definir, pero que está alojada en el alma y no sufre los vaivenes de la bolsa ni se ve dolida por las rebajas del sueldo o por la subida escandalosa de los precios. España es un país con nueve millones de pordioseros. Es curioso cómo nos llega esa palabra, pordiosero: es por Dios por lo que los pobres de entonces pedían. Por Dios, deme algo. Ahora que Dios no está en el&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;hit parade&lt;/em&gt;&amp;nbsp;y hay pobres que ni lo conocen, se pide sin catecismo, se hace todo más pedestremente. A Dios le preguntaba Dámaso Alonso en su «Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres». Pasaba el poeta «largas horas gimiendo», ladrando como yo ladro, «como un perro enfurecido». Adonde él llegaba y yo ni alcanzo es a imaginar ese gemir como un fluir de «leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla». Esta noche estaré al tanto del ruido que venga de la calle. A veces pasan coches. Ya digo que mi pueblo es tranquilo. Todavía más mi calle. Parece hecha para que la crucen los adolescentes yendo o viniendo de sus asuntos. Llevarán sus móviles en la mano. Querrán saber quién ganó Benidorm. Por la mañana, cuando salgo a tirar la basura o a comprar el pan, veo latas de cerveza, de bebidas energéticas. Veo sus trofeos muertos. También uno anduvo esas calles, aunque fuesen otras. Eran tiempos de bonanza. Más tarde vendría la irrupción de una sensibilidad extremadamente difícil de contener. Porque hay que saber cómo manejarla. Puede desgraciarnos el día, hacernos pensar en la muerte de un perro, en todos los pobres de esos países inexistentes, en el ruido del mundo tan parecido a un agujero pequeñísimo del que sale una brizna de luz.&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/5223965952995355535/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/5223965952995355535?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/5223965952995355535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/5223965952995355535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/una-brizna-de-luz.html' title='Una brizna de luz'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-4809585719213503997</id><published>2026-02-13T23:59:00.001+01:00</published><updated>2026-02-13T23:59:00.110+01:00</updated><title type='text'>Alambique de ala rota</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class=&quot;separator&quot; style=&quot;clear: both; text-align: center;&quot;&gt;&lt;a href=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjd9VZVDwKavOKEr7i7UPtl8ex28kKCGukKgNPWThN1LWHBc8jFzF7HYf6gdmm9rRMwFhlWpJ6RhysXzGdpgkKPWJT9V5_uJMPntRxL232AnPrH4nLdgkC6rXRH8aJ6mehsQK2r41MZMQd15nw_JvAf2SjfqIOq7PQXg1MGhdV0uQVJfr2c66Sr/s640/632494156_10241592204291204_8619896538848647227_n.jpg&quot; style=&quot;margin-left: 1em; margin-right: 1em;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;img border=&quot;0&quot; data-original-height=&quot;640&quot; data-original-width=&quot;523&quot; height=&quot;640&quot; src=&quot;https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjd9VZVDwKavOKEr7i7UPtl8ex28kKCGukKgNPWThN1LWHBc8jFzF7HYf6gdmm9rRMwFhlWpJ6RhysXzGdpgkKPWJT9V5_uJMPntRxL232AnPrH4nLdgkC6rXRH8aJ6mehsQK2r41MZMQd15nw_JvAf2SjfqIOq7PQXg1MGhdV0uQVJfr2c66Sr/w524-h640/632494156_10241592204291204_8619896538848647227_n.jpg&quot; width=&quot;524&quot; /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; Fotografía: Guillaume Lavrut&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;Uno tiene una idea de lo que es tumbarse al sol, dar gracias al sol, saber qué es el sol, saber qué es lunes o pájaro o voy a ver si hago útil de una vez por todas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;Alguien ha dicho que debe marcharse. Volverá más tarde. Dejo aquí el periódico. Le estarán esperando. Siempre hay alguien que nos espera. Uno también espera a que alguien acuda, pero la silla ignora la perseverancia de quien la ocupa o su desafecto o esa mosca que de pronto se ha posado en la tinta negra o amarilla y parece que está leyendo con rigor, con absoluta coordinación de sus patitas fluidas, de sus ojos ensismismados.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;La felicidad es el verano cuando abrimos la silla y nos sentamos. El sol está mordiendo un limón, está la luz mordiendo un limón y duele la sangre en la cabeza como un enjambre de agujas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;Una música dulce de cámara, una sin nombre a la que se presta una atención sin compromiso aletea torpemente, disimulando su inocencia de cosa volada o de asunto muy pequeño o de brizna de un rumor apenas tangible.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;El viento se desdice y ocupa una quietud absorta en su continencia de aire izado y ya ido. El aire tiene compostura de animal precavido. Un grumo de aleteo duro consiente un festín de alas para que se pronuncie el tiempo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;Yo recojo unos libros, abro las ventanas, abro el agua, huelo de pronto a café, siento a lo lejos un vértigo de pájaros tras el patio o una fiebre de alas, una costumbre de voces que no entiendo. Ni a Bach hay que entenderlo. Quizá todos esos pájaros piensen igual de la música de cámara y anticipen todo lo que viene después. Ornitologías de la razón. Si uno cae en la cuenta de la presencia de los pájaros, si se presta a ese ejercicio del corazón, &amp;nbsp;ya no puede dejar de pensar en ellos. Hay que apreciar no solo que existen y encabritan el vuelo y pían fieramente como si el mundo acabase hoy mismo, sino también todo lo que los pájaros traen, todo lo que dicen si damos oído, si percibimos el volumen del cielo y la majestuosa caricia del aire mientras lo profanan con su trama de azul. De haber sido otra cosa, no sé, de haber podido prescindir de ser hombre y de haber podido elegir qué ser, creo que yo hubiese pedido ser pájaro, el tipo de pájaro irrelevante, en cierto modo, el que empeña todo su ardor en batir las alas, en ir de un lado a otro, sobreviviendo, previsible y sin encanto, sin otro cometido, sin metafísica.&amp;nbsp;Cuando veo mis pies lo que contemplo es mi imposibilidad de tener alas. En cuanto entra en escena la metafísica, mueren todos los pájaros que llevamos dentro. Es otro animal el que irrumpe, pero no pájaro. Vamos midiendo los días, contando el espanto, sintiendo el peso del amor venirse un poco abajo, renacer sin que se le espere y caer nuevamente.&amp;nbsp;Estaría bien sentir menos, no ser tan exigente, pensar al modo en que lo harían los pájaros. Con toda la dignidad del pájaro, ir escribiendo la herencia recibida, dejando consignado el aliento, el empeño de sobrevivir a uno mismo, de escribir porque al final te mueres y es bueno, quizá sea bueno, que alguien venga y sepa qué pensaste o cómo lo vertiste.&amp;nbsp;Los pájaros tienen una dignidad antigua, no vulnerada. En lo que le ganamos a los pájaros es en la facultad de subordinarlo todo a la memoria o al olvido.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;Yo creo que tenemos a Dios porque no es posible soportar la idea de que existe un fin. Hay una idea de Dios que está en la luz mordiendo el limón o en la sangre, doliendo en la cabeza. Un dios inabarcable e innecesario, una vastedad de dios que no tiene utilidad ninguna, un dios convertido en un páramo que no tenemos que recorrer, pero que nos requiere el paso y nos pide que lo crucemos, por ver si somos capaces, por saber qué hay al otro lado, en su fin, en su horizonte arcano. Un dios con su interior brusco, con su silencio violento, con su blonda de salmos, con su lentitud blanca, pero un Dios hecho racimo, volando, volándose.&amp;nbsp;Dios con su limón, a bocados.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;El día no es de verano, no es de este mundo. Hay en la planta de arriba &amp;nbsp;un mover de sillas, afueras siguen los pájaros, la gente al borde de la piscina. Los veo desde aquí, hasta creo oírlos, oler el factor cincuenta de la leche solar cara que han comprado esta mañana en el hotel. El olor a café ya no lo encuentro. La música de cámara no la escucho.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;La realidad es un alambique oscuro en un sótano al que se accede al final de una vida.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: arial;&quot;&gt;&amp;nbsp;Guardo un ala de pájaro en un cajón al que no daba utilidad alguna, guardo una palabra a la que no sé dar uso. Lo más triste del mundo es que un objeto no tenga cometido en la coreografía del cosmos. Como un árbol horizontal en un tejado. Como un beso pensado. Como un libro que nadie ha leído. Como un cuerpo que nadie ha amado. Semeja ahora el cajón un féretro obsceno. Me lo dijo alguien hace tiempo: todos los cajones son ataúdes. Acabo de abrir el que está en la mesa en la que escribo y he encontrado un disco duro, un cable USB, el ala rota de un pájaro, un cuadernito pequeño de pastas negras en el que tengo anotado trece aforismos, un llavero con motivos infantiles que me regaló mi sobrina y un mechero. Los objetos nos hablan. Dicen: hoy no nos hicisteis aprecio. La muerte es una obscenidad a poco que se piense. Un olvido del tamaño de un cajón inadvertido. La locuacidad del ala es ahora un ángel yacente. He pensado que en un rato (en un día, en un mes), cuando abra el cajón, si es que no lo condena el olvido, olerá a más no poder a desamparo y a claudicación. Será un anticipo de la ceniza, será un tumulto hueco. Un beso pensado. Un árbol horizontal en un tejado. Uno cree que puede preservar lo que era luz en la intimidad de la sombra, pero al final, una vez que se pudre la belleza, concurren las lágrimas.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;background-color: white; color: #444444; font-family: arial;&quot;&gt;Me ha perturbado la visión del ala del pájaro en la orfandad del cajón, que es una extensión del infierno o un atributo terrenal del mismo cielo. Los pájaros no creen en la inmortalidad del alma, he creído escuchar mientras la mirada se perdía en el paisaje de la ceniza. Un pájaro no tiene metafísica. Un pájaro muerto es el triunfo de las tinieblas. No he pedido a nadie que me acompañe en el duelo. Está el ala rota y estoy yo. Le concedo la infeliz vigilia de mi asombro. Cuando cierre el cajón, tomaré aire. Mis pulmones cobrarán la vida que les retiro. Sucio, el ojo. También la memoria. No hay cielo para mi pájaro muerto. Ni infierno. Yo también reposo en un cajón del que desconozco sus dimensiones. Árbol, beso, libro, cuerpo. Carezco de la nomenclatura que me permita conceder un dueño. Todos somos ángeles que yacen. Esperan que alguien los pronuncie. La religión siempre es un poema sobre uno mismo. Nos sentamos al borde de la piscina. Vemos nubes correr arriba. Principia lluvia. Nos levantaremos. Dejaremos las sillas, todos esos cajones. Volveremos a lo de siempre. Nadie se percatará de que nos viene ancho un párpado o que llevamos el alma desabrochada. Falta una sintaxis, un heráldica, una especie de linaje de la sombra cuando se reconoce en las acometidas de la lujuria del sol.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/4809585719213503997/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/4809585719213503997?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4809585719213503997'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4809585719213503997'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/alambique-de-ala-rota.html' title='Alambique de ala rota'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjd9VZVDwKavOKEr7i7UPtl8ex28kKCGukKgNPWThN1LWHBc8jFzF7HYf6gdmm9rRMwFhlWpJ6RhysXzGdpgkKPWJT9V5_uJMPntRxL232AnPrH4nLdgkC6rXRH8aJ6mehsQK2r41MZMQd15nw_JvAf2SjfqIOq7PQXg1MGhdV0uQVJfr2c66Sr/s72-w524-h640-c/632494156_10241592204291204_8619896538848647227_n.jpg" height="72" width="72"/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-5240374294421100400</id><published>2026-02-12T20:09:00.001+01:00</published><updated>2026-02-12T20:09:00.112+01:00</updated><title type='text'>Babieca, cachivache, ósculo</title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p1&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; min-height: 22px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span class=&quot;s1&quot; style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Vienen a veces a la cabeza palabras a las que uno profesaba sincero afecto y que se han ido extraviando de alguna manera, no se puede entender cómo se alejaron o qué impidió que se buscase. Palabras que uno colocaba aquí o allá en cuanto podía y que casi nunca esperaba que fuesen, por sí mismas, distracción de la conversación en que se contenían, sino pequeñas piezas cuyo cometido fuese asear la rutina de la conversación o, en lo posible, recabar el asombro, dar al rey el trono que perdió en el camino de las palabras, en fin, cualquier cosa que abriera un fuego en la ceniza fría, un milagro a ojos de un descreído.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;Qué placer tan enorme que así resulten, que de pronto cobren vida y desvíen incluso el motivo que las alentaron, el cuerpo doctrinal del mensaje. Cae entonces uno en la cuenta de que el lenguaje es sensible y se deja conmover o acariciar o incluso se duele o gime o se ofusca, que avanza sin el concurso de nuestra voluntad o hasta la cancela, acercándola a territorios que conocemos mal, en los que a duras penas medramos. En ese bosque dar con el tesoro del que ni noticias teníamos. Y ahí tantos tesoros y tantos bosques. No hay cosa hablada o leída en la que yo participe en donde no perciba la contundencia fonética o semántica de una palabra que inesperadamente concurra. Inadvertidamente o adrede les doy cobijo, las sostengo y acuno.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class=&quot;p2&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: auto; font-feature-settings: normal; font-kerning: auto; font-optical-sizing: auto; font-size-adjust: none; font-size: 17px; font-variant-alternates: normal; font-variant-east-asian: normal; font-variant-ligatures: normal; font-variant-numeric: normal; font-variant-position: normal; font-variation-settings: normal; font-width: normal; line-height: normal; margin: 0px; text-size-adjust: auto;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;&amp;nbsp;Anoche, sin ir más lejos, fue la palabra &lt;i&gt;babieca&lt;/i&gt;. Podrían haber sido gaznápiro, memo, bobo, tontolaba, palurdo, mentecato, pasmarote, zote, atolondrado, mentecato, imbécil, estúpido, majadero, pazguato o papanatas, pero irrumpió esa, babieca, y no escrita con mayúscula y asociada a ningún caballo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;No había otra palabra mejor para explicar cierta cosa que debía ser explicada, y ahí vino, por obra de alguna magia maravillosa, con intención de estancia, perseverante, intrigándome. Se quedó y prosperó. No sé cuál será hoy la que me fascine. Me vienen cachivache, que es antigua y creo que la traje a un texto con parecido propósito a este y que por ahí andará. También ósculo, que es usada entre mis alumnos desde que recuerdo. En alguna ocasión me propuse (lo he logrado) marcar ese vocable en la rutina semántica de mis niños. Trato de hacerles conscientes de que nunca estarán solos si abrazan las palabras, si se dejan abrazar por ellas. No hay soledad cuando estás rodeado de palabras.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-family: UICTFontTextStyleBody;&quot;&gt;No hay un plan, no se urde ninguno para que una palabra (babieca, cachivache, ósculo) adquiera esa nombradía, existe con mayor pujanza que las otras y se le reserve un pequeño refugio en la memoria, hasta que ella la aparta o difumina. Obran casi siempre a su antojadizo capricho, aunque creamos disponer de un gobierno sobre ellas. Lo que sucede en ocasiones es que uno se congratula (hace años que no digo o escribo congratula) por el uso de unas o de otras, como si eso fuese algo extraordinario. Quizá verdaderamente lo sea. Estamos hechos de palabras: son una extensión inmaterial de nuestro cuerpo, se expanden desde él y alcanzan cotas de elocuencia y plenitud a las que no siempre concedemos la apreciación que merecen. Vamos al jueves. Que les sea favorable. Den muchos ósculos, dejad que os los den.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/5240374294421100400/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/5240374294421100400?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/5240374294421100400'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/5240374294421100400'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/babieca-cachivache-osculo.html' title='Babieca, cachivache, ósculo'/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-32420824.post-4957041491096835709</id><published>2026-02-08T18:05:00.001+01:00</published><updated>2026-02-08T18:05:05.707+01:00</updated><title type='text'>Tom Waits Redux </title><content type='html'>&lt;p&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;&lt;figure aria-describedby=&quot;caption-attachment-47811&quot; class=&quot;wp-caption alignleft&quot; id=&quot;attachment_47811&quot; style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; display: inline; float: left; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 2em 1.5em 1.5em 0px; max-width: 100%; width: 500px;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; class=&quot;wp-image-47811&quot; decoding=&quot;async&quot; height=&quot;332&quot; src=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/01/Fotografia-de-Marina-Sogo-1-1-1-1-1-1-1-1-1-1.jpg&quot; style=&quot;border-style: none; box-sizing: inherit; display: block; height: auto; margin-left: auto; margin-right: auto; max-width: 100%; vertical-align: middle;&quot; width=&quot;500&quot; /&gt;&lt;figcaption class=&quot;wp-caption-text&quot; id=&quot;caption-attachment-47811&quot; style=&quot;box-sizing: inherit; margin: 0.8075em 0px; text-align: center;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;box-sizing: inherit; font-size: 10pt;&quot;&gt;Fotografía de Marina Sogo&lt;/span&gt;&lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Una introducción&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Los perros viejos ladran hacia adentro. Llevo unos días con la coz de su garganta en el corazón como un tatuaje. Hace veinte años, serán más, me monté un recopilatorio personal con las canciones de Tom Waits en el iPod y lo usé a discreción durante los ratos desocupados del día. Por la noche buscaba el sueño mecido por una tonelada de bisagras que abren puertas oscuras que acceden a un mundo turbio, pero lleno de afectos. Tom Waits es un tipo que gana conforme uno va conociendo el patrón de su música. Gana porque es honrado como pocos. Sí, es cierto, que últimamente ha bajado el listón canalla, pero se le perdona, aunque solo sea por todo lo que nos ha regalado durante los últimos cuarenta años, serán más. Es un perro viejo, Waits. Ladra hacia adentro. No sé cómo se hace eso, pero él lo borda. Por eso el amigo Tom tiene la voz que tiene. Porque ha estado toda la vida ladrando hacia adentro y se le ha torcido la inflexión a medio camino entre el corazón y sus asuntos, como decía Machado. Los suyos son los evidentes. Furcias, ginebra, nicotina, mesas de billar, pianos al fondo del bar, asuntos de la mayor trascendencia para quien respira a bocados. Creo que he escrito sobre Tom Waits como para sacar un libro pequeñito. Tengo cuatro títulos. El que más me gusta es “Hasta que las estrelles revienten en el cielo de Beverly Hills”. Estará hecho de fragmentos. No sabría hacer una novela. Tal vez un volumen de cuentos. Otro título: “La melodía es como el humo”. Conforme me hago a la idea de que seguiré escribiendo sobre Tom Waits, menos lo escucho. A veces necesito un receso. Vuelvo a él sin saber cómo. Me he dado cuenta de que vuelvo a las cosas que me embelesan sin un motivo. Algo hace dentro un chasquido. Suena fuerte. Es posible que hasta se escucha desde fuera. Un clic. Un ladrido. Una tos. Ese también sería un buen título: “Un ladrido, una tos”. Hago aquí una rendición de lo que he ido encontrando. Lo he montado con absoluta falta de rigor narrativo.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;I / TOM WAITS SE EXPLICA A SÍ MISMO&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Arde mi alma, se pudre mi boca&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Soy Tom Waits y ya no soy un hijo de puta. No me pregunten cuánto vale un gramo de coca. No pregunten si es el piano el que bebe o soy yo. Por mi mujer o por los concursos de la televisión. Por el colegio al que van mis hijos. No leo libros ni periódicos. Me da lo mismo si ganan los demócratas o los republicanos. Trump es un tipo demoníaco, pero yo tengo a punto mi equipo de música para poner mis viejos discos. Los de los años de las habitaciones de motel, los de todos esos bares que huelen a nicotina y a whisky rancio. Los de los perdedores. &amp;nbsp;A mí me ha dado más vida la oscuridad que toda la luz de los cielos limpios con los que nos bendice Dios cuando abre el día. B.B. King estuvo de gira hasta que no podía abrir los ojos y buscar su Lucille en el escenario. John Holmes se fue al infierno con la polla ardiendo y sin un céntimo debajo del colchón. Yo no quiero terminar como John Holmes. Yo no quiero morir en algún club de mala muerte de Denver ni en uno de esos estadios enormes en los que a veces hacemos como que somos dioses. Por eso mi mujer me ha contado un cuento para las noches de invierno en el que Tom Waits sale del pozo (el pozo más negro, el más áspero, el pozo de la biblia de la garganta muerta) y pasea las calles de la ciudad como un ciudadano corriente. Un cuento lindo para las frías noches de invierno. Haría lo que sea por redimirme. De hecho, ensayo salmos cada noche. El sacramento de mis abluciones mentales. La catedral de mis vasos vacíos de whisky. Rezo al cielo infinito y me hinco de rodillas, cerrado el corazón, callada la boca, pensando en mis adentros la salmodia que me exima del tabernario relato de mis pecados. Fueron muchos y todos se conjuraron para que mis canciones describieran lo podrido de mi alma. Me empujaron: me dijeron que yo era el diablo y me lo creí. Tom Waits es un diablo. Ved cómo se acerca a las muchachas cándidas y les susurra el evangelio de los objetos rotos. Solo era un hijo de puta, pero ya no lo soy. Ahora pago los impuestos con una sonrisa y leo el horóscopo con un café mientras en televisión Johnny Cash, el padre Cash, canta una pieza de cuando era otro hijo de puta. Lo miro de reojo, me pregunto cómo sería la vida sin todos los discos de Cash. Cómo se puede vivir sin ser Tom Waits, y me gusta la cara de animal que me enseña el espejo. Creo que necesito un tiempo para encontrar mi sendero. Dejadme que busque mi sitio, dejadme mirar a mi mujer y negociar con ella un pequeño receso.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; class=&quot;wp-image-48627 alignright&quot; decoding=&quot;async&quot; height=&quot;500&quot; src=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/02/Imagen1-1.jpg&quot; style=&quot;border-style: none; box-sizing: inherit; display: inline; float: right; height: auto; margin-left: 1.5em; max-width: 100%; vertical-align: middle;&quot; width=&quot;491&quot; /&gt;Un tren descarrila en mi cabeza&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Soy Tom Waits y ahora pago un recibo mensual por la televisión por cable. Netflix tiene un catálogo de la hostia, de verdad. Hay lujuria en 4K, hay mierda desprevenida. La única resaca que padece mi cuerpo cada mañana es la de la abstinencia absoluta. Y juro por Dios que lloro al recordar los años gastados en las barras de los bares, las noches eternas contemplando el paraíso en el fondo de una botella de&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;&amp;nbsp;Jack Daniels&lt;/em&gt;. Anoche vino un periodista a casa. Le ofrecí un té aromático y amenicé la entrevista con un disco de&amp;nbsp;Barry Manilow. Copacabana. Qué delicia, qué cool, qué voz la de Barry. Dejé los de Johnny Cash, el viejo Cash, el padre puro, para los días oscuros. Mi mujer sabe el dolor que he sufrido y aprecia en lo que puede la redención a la que me he entregado en cuerpo y en espíritu. Mi mánager me pide sangre, pero yo sólo sé darle algodón. Algodón y caramelitos mentolados. Sólo me sale un canto de bonanza. No soy capaz de entonar las melodías de perro de antaño. No ladro, no sé ladrar. Mantengo el aspecto de perro. Mirad la boca, las babas, los dientes hambrientos, pero no hay instinto. No hay sed. Todas las noches descarrila un tren lleno de algodón en mis sueños. Juro que cada mañana me levanto empapado en sudor, gritando como un lobo enjaulado, lejos de la manada, obligado a enseñar los dientes muertos, todos esos dientes con sarro de perro tonto, alimentado con hamburguesas del&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;McDonald’s.&lt;/em&gt;&amp;nbsp;Soy el lobo recién ingresado en la sociedad civil. El vampiro con nómina, el asalariado de la casa de los buenos deseos. El delincuente súbitamente al corriente de sus fechorías y entregado sin estridencias al bendito tribunal del pueblo. El hombre domesticado. El marido a la mesa camilla, pendiente del Dow Jones y de las huelgas en el metro. Mi país es una mierda, yo soy un patriota.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Kentucky como una botella&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Soy Tom Waits y ya no sangro cuando canto. A mi voz le ha crecido un cáncer y soy incapaz de disimular la enfermedad en un escenario, pero sabrán disculparme si no regreso al activismo de antaño. Nada de soflamas, ni de cuentos ebrios. Nada de perros de la lluvia ni de chicas con una pistola en las bragas. Yo no me siento con fuerza para escribir mi biografía. A veces se me escapa un aullido. Lo sé leve, asustadizo, como un lamento. Cosas del lobo que no ha dejado de romperme por dentro. En todo caso queda una brizna del salvaje que fui. Si me miran en detalle, si observan el mapa de mi rostro, advertirán la erosión, el roto que los excesos han dejado en los ojos. El santo bebedor es ahora un sencillo funcionario. Gano la paga como la gana usted. Me levanto temprano. Oficio el rito preciso para aparentar la normalidad que anhelo, pero basta con prestar la suficiente atención para percibir la metástasis. Soy un zombi, soy un fantasma. El cuerpo está muerto, pero la cabeza sigue ordenando el mundo. Soy una especie de dios rudimentario y caprichoso que ha encontrado un placer sublime en corregir los errores del plan y en cuidar de que no se reproduzcan de nuevo. Kathleen, mi venerada esposa, me ha librado del veneno. Me ha dicho: o el veneno o yo. Y a esta altura de la travesía, bebida media Kentucky, fumada media plantación de Virginia, libradas todas las batallas con las que el hombre se cree divino, ungido con un don, Kathleen es el sol y también las estrellas. Es que ahora leo a Dante. Tengo tiempo, tengo todo el tiempo del mundo hasta que las estrellas revienten en el cielo de Beverly Hills.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;La melodía es como el humo&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Soy Tom Waits y la melodía es como el humo. El ritmo, ya lo saben, son las toses. Ya no importa que cante con el culo y recite a diario el rezo de mi salvación. Fui un borracho rentable y ahora soy un crooner de mis recuerdos. Sinatra con pantalones sucios. Si quieren les canto&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;My funny Valentine&lt;/em&gt;&amp;nbsp;o&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;&amp;nbsp;Summertime&lt;/em&gt;&amp;nbsp;como si no hubiese hecho otra cosa en la vida. Ladro lo justo, lo siento. Me sale la voz de perro, pero me duele lo que dice. Si quieren volver al ogro, saquen mis discos, inviten a los amigos, díganles que fui un dios salvaje. Fui un dios con un alambique de whisky en la mesita de noche. El dios ebrio con su don preciso.&amp;nbsp;Chet Baker&amp;nbsp;sin trompeta. John Holmes con menos polla.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;El bastardo&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Soy Tom Waits, el bastardo, el huérfano, el loco, el limpio ejemplar de una especie en vías de extinción, el que no se vendió a Dios, pero miró a los ojos al diablo y encontró refugio en el mal, en la belleza que el mal siempre alienta. Siento que no me hayan sabido comprender. De verdad que siempre intenté ser yo mismo. Lo fui cuando me senté en un cabaret y entoné un blues fúnebre. En el fondo no he hecho otra cosa en mi puta vida. Cantar un blues. Pedir por los míos. Saber que no tengo otra cosa que a Kathleen. Mira, mujercita mía: he aquí el hombre defectuoso, pero determinado a amarte hasta que las sombras ocupen la entera extensión de la vasta tierra del demonio. En la intimidad, a salvo de las cámaras, de las giras, de los estudios de grabación, le repito a mi amada Kathleen. Le digo que se acomode y lo hace con un desparpajo que me intimida. Luego busco una canción antigua. Y le ladro.&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;¿Eras perro o lobo esta vez?,&lt;/em&gt;&amp;nbsp;me dice después de la reverencia protocolaria. Y la beso como un animal antiguo y miro las estrellas en el cielo de Beverly Hills y espero que revienten. Ahora hay una que me está mirando.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;El infierno&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;El infierno son los otros. Yo estoy del lado de la luz. La he visto y he visto mi cara tatuada en su reflejo. Soy como un eco de las cosas que fui y me oigo en la distancia reclamando mi lugar y mi poltrona. Sé que no hay lugar en donde pueda refugiar mi alma recién estrenada. Está al alcance de los monstruos. La devastará la fiebre, se la comerá el vértigo, la despedazará el caos. Entonces quizá me plantee volver al escenario, a los tugurios. Tengo una silla alta delante de un micrófono en un club de barrio. Está ahí a la espera de que me acomode, recule la voz, me enjuague las consonantes difíciles y entone mis canciones antiguas. Tengo una para cada estado de ánimo. Yo soy Tom Waits y de verdad que ya no quiero ser un hijo de la gran puta. Ahora me duermo nada más acostarme. Ahora leo al Gran&amp;nbsp;Walt Whitman&amp;nbsp;en el sofá mientras en la televisión programan&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;Los Simpson&lt;/em&gt;&amp;nbsp;o alguno de esos&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;reality&amp;nbsp;&lt;/em&gt;tan entretenidos. En uno creo que salgo yo. Salgo de diablo. Me como a una quinceañera de caderas rumbosas. Tiene tetas como boyas en mitad del mar de los Sargazos.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;II / TOM WAITS EXPLICADO POR CUALQUIERA QUE NO SEA TOM WAITS&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Hay algunos datos fiables que contribuyen al engrandecimiento épico de la figura de&amp;nbsp;Tom Waits. Otros lo agrietan, lo empequeñecen, lo revisten de esa rutina de lo ordinario y de lo muy visto que vale para cualquier hijo de vecino. Basta un biógrafo exhaustivo, caído ante la altura del mito pero en posesión de material contrastado sobre la vida del cantante para consentir cierto relajamiento en el idilio con ese malditismo que siempre le rodeó. Lo nació su madre en el asiento trasero de un taxi. De ahí en adelante, el viaje fue la norma de su existencia. Uno interior, que puede reemplazarse con todos los que han visto en alguna ocasión las babas del diablo. Otro, más estandarizado, exterior, conformado por las exigencias de un mundo al que, inevitablemente, debía plegarse, considerarse un miembro más, hacer que todo funcionara como si de verdad pudiese entenderse en su compleja extensión. Hay una prótesis sobre el pasado de la bestia que se puede extraer del miembro y exhibir en circos y en galerías de arte moderno, según convenga. Es la leyenda del bourbon contra los efectos balsámicos del té, es el binomio ya conocido: madre religiosa radical y padre alcohólico absoluto. Es el corazón en continuo júbilo creativo en los bares mugrientos contra el confort del nuevo status burgués ganado a pulso y convertido en cura tóxica. Es el combate que el crápula ha perdido contra el integrado. Detrás de estas inconveniencias biográficas, que no están en modo alguno diseñadas para hacer ganar estatura narrativa al biografiado, está su mujer,&amp;nbsp;Kathleen Brennan, dramaturga, elegida por Coppola para algunas cosas de los ochenta, que lo mantiene a raya, que lo asesora sobre qué debe cantar y a quién debe votar, sin ese bendito don de la ebriedad que le sacó del alma quebrada las piezas maestras de antaño. No es fácil custodiar la memoria de este hombre: se deja escoltar por malas compañías, bebe a morro, escucha música diabólica, tiene cara de partirte la tuya.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;&lt;img alt=&quot;&quot; class=&quot;wp-image-48625 alignleft&quot; decoding=&quot;async&quot; height=&quot;500&quot; src=&quot;https://www.entreletras.eu/wp-content/uploads/2026/02/71B1Xz0L0oL._AC_UF10001000_QL80_.jpg&quot; style=&quot;border-style: none; box-sizing: inherit; display: inline; float: left; height: auto; margin-right: 1.5em; max-width: 100%; vertical-align: middle;&quot; width=&quot;305&quot; /&gt;Barney Hoskyns&amp;nbsp;acometió la hazaña de escrutar los signos del vagabundo Waits: los compiló, los hilvanó, esmeró la caligrafía obscena de los años con grumos del poeta salvaje y sacó al mercado un libro. Acaba de salir:&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;&amp;nbsp;La coz cantante: Biografía en dos actos.&lt;/em&gt;&amp;nbsp;Lo edita Global Rhythm, tiene más de cuatrocientas páginas y sale por unos treinta euros. Hoskyns ha estado dos años husmeando en el sótano, registrando cajas abandonadas, cerrando bares favoritos del mito. Airea que Tom Waits es un tipo muy celoso de lo suyo: ya tenemos el personaje así que vamos a dejar en paz al hombre. «Una canción debe tener su propio sistema nervioso: la melodía es como el humo, el ritmo son las toses». Sabemos, a lo que ahora se lee en las reseñas periodísticas que provoca el libro de Hoskyns» que Waits guarda en el frigorífico un martillo, un bote de alcachofas y otro de pegamento. Sabemos que su voz orgánica no proviene del abuso de los licores de Tennessee sino de un catarro mal curado. Sabemos fue camarero y conductor de camiones de helados y que vendió aspiradores. Datos. Luego vino&amp;nbsp;Bukowski&amp;nbsp;al que agradece que le haya proporcionado la melodía de su vida, aunque tampoco lo bendijo: le quedaba corto el personaje.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;La melodía es como el humo. El ritmo son las toses. Tom Waits tose, ruge, distorsiona el registro aceptable de una voz entendible. Pero la voz de Waits no precisa que se la entienda: es un instrumento al que ocasionalmente le añadimos el extra de las palabras, que dan un sentido mayor y agrandan (y cómo) el mensaje. Lo que Tom Waits canta es un lamento. Blues al que incorpora ramalazos conscientes y vividos de opereta o de cabaret o del primer rock antes de que se enfangara con las existencias del mercado. No tengo ningún disco favorito de Tom Waits: la etapa primera, cuando estaba ebrio y parecía un perro apaleado, es formidable. La siguiente es igual de abrupta y está calada hasta los huesos con el mismo catecismo de dolores y de aullidos. A mí me parece uno de los tipos más originales que ha parido el siglo XX. Con independencia de que haga música o de que escriba sonetos o de que se crea Van Gogh y contemple sus canciones como paletadas de colores, ricas emanaciones cromáticas para combatir el gris que impera en el aire.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;III / TOM WAITS EXPLICADO POR MÍ&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;La circunstancia disuasoria no existe: ayer acometí de nuevo (cuántas veces ya) la escucha de un disco de Waits (&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;Rain dogs&lt;/em&gt;, 1985). Lo introduje en la bandeja del CD y me apoltroné en el sillón, mirando el cielo a través de la ventana. No sé en qué momento sentí la necesidad de apagarlo. Me aturdía la crudeza, por decirlo de alguna manera. Sentí (lo he sentido en más ocasiones) que el arrullo del amigo Waits era contraproducente, me hería, me dejaba tocado, ahí en el sillón, que Tom Waits debía dosificarse, guardarse para ocasiones en que no ande uno muy tocado, pero por otra parte, he aquí tal vez la parte más jugosa, permanecí en esa voluntad de dejarme impregnar y llegó un momento (&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;Hang down your head&lt;/em&gt;&amp;nbsp;o&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;Time&lt;/em&gt;, muy a la mitad de la obra) en que todo fluyó con absoluto confort, era yo el izado, el conmovido, el transportado con mucho mimo hacia un territorio que no esperaba y en el que me sentí agasajado, conmovido. El de Tom Waits ayer, a media tarde, fue una coz dulce, un dolor necesario. Es el vagabundo reconvertido en algo parecido a un señor que ya no se mueve por la mugre, ni se casca el corazón en garitos de mala muerte, antes de que el sol le indique el camino de regreso a casa. Ahora recordará la época en que recorría el desierto de Arizona a dedo, cuando inventaba canciones sobre el dolor, plegarias rudas, de escaso afecto por la armonía, pero arrebatadoramente íntimas, sacadas del fondo de un derrotado, aireadas con el viento favorable de todos los perdedores. Se me ocurre que no cante, que no sean canciones lo que nos ha ido dejando, sino recitados de alguna religión periférica, más ocupada por pecadores que por santos, inclinada a reverenciar el humo, las toses, todo ese veneno del alma. Queda en replicante tumultuoso de sí mismo, en una especie de heraldo de un paraíso abandonado, más que perdido. Ya no se estila ese recorrer la noche como si el día apestara. Ahora todo está embadurnado con la misma mediocre paleta de colores.&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;IV/ TOM WAITS CONDUCE UN CADILLAC ELDORADO DEL 76 HACIA LO ABSOLUTO Y SE OYE LA VOZ DE LEÓNIDAS BREZHNEV EN LA FM DICIÉNDOLE QUE EL MIEDO ES UNA DISTRACCIÓN DE DIOS&lt;/p&gt;&lt;p style=&quot;-webkit-text-size-adjust: 100%; box-sizing: inherit; font-family: &amp;quot;Source Sans Pro&amp;quot;, Graphik, -apple-system, BlinkMacSystemFont, &amp;quot;Segoe UI&amp;quot;, Roboto, Oxygen-Sans, Ubuntu, Cantarell, &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, sans-serif; font-size: 19px; margin: 0px 0px 1.5em;&quot;&gt;Hay una hora desabrida en el día en la que todo se hace de un cuesta arriba dolorosísimo, Hasta las nubes en el alto cielo sucumben a nuestra pesadumbre y exhiben un gris desmayado. Luego comienza invariablemente el festejo de la rutina (con su afición a los principios meramente mecánicos) y se atisba una fortaleza en el ánimo. Hasta en ocasiones no se precisa nada relevante que ice el día y él sólo construye un palacio al que nos invita. Va uno aplazando así anhelos y triunfos del alma sensible e incluso la rutina entraña un esplendor tibio al principio, que más tarde cobra destellos de pura alegría.&amp;nbsp;El tiempo se desmadeja con su mansa elocuencia, nos hace a veces cómplices; otras, creador de nuestra propia felicidad. Hoy es uno de esos días sin tacha ni roto: veré a mis amigos, los abrazaré uno a uno, cantaremos canciones de Woody Guthrie en una cochera de algún amigo muerto, dijo Tom Waits mientras miraba el azul roto del Cadillac.&amp;nbsp;Lo acabó comprando cuando sacó&amp;nbsp;&lt;em style=&quot;box-sizing: inherit;&quot;&gt;Closing time&lt;/em&gt;. Era de segundo mano y en la guantera no había ninguna pistola. Había leído que en los coches de segunda mano puedes encontrar biblias y anillos de compromiso, pero no dar con el arma le pareció un augurio de que su vida iría por el camino recto. De haberla encontrado, la habría dejado allí. Nunca se sabe. No pensaba conducirlo hasta que librara su batalla con los demonios. Un demonio es un ángel que ha errado el camino. Todos los demonios tienen alguien a quien vigilan por si un descuido le franquea el acceso a su alma. Un alma es un desperfecto del cuerpo, una anomalía. La de Tom Waits está lacerada por mil dolores pequeños, pero es el cuerpo el que padece. El cuerpo es un estorbo. Si pudiera prescindir del cuerpo, dice Tom Waits, escucharía todos los sonidos del universo. Uno a uno. Todos a la vez. Como un palimpsesto cuántico. Pero el cuerpo es una pieza ineludible, por desgracia. El Plymouth pesa más de dos mil kilos. A Tom Waits le encantaba pensar que en un coche como el suyo Leónidas Brezhnev había bebido vodka mientras Richard Nixon apuraba botellitas de zumo de tomate y le ponía al día sobre la nueva vigilia nuclear. El secretario general del PCUS amaba los coches del enemigo. Su favorito era el Lincoln Continental. Nixon le regaló tres modelos de Cadillac entre 1972 y 1974, uno por cada visita que le hizo. Las dachas se pasean mejor en descapotables de lujo. Tom Waits nunca ha viajado a Rusia. Un Cadillac Eldorado no puede ser conducido sin que intervengan las manos y los pies. Una botella es la constatación de que el cuerpo tiene intendencia en el alma. Así que Tom Waits conduce el Cadillac hacia lo absoluto. El cielo de la boca huele a vodka de 1972. Ve a Leónidas hablándole entre las nubes. Es el tipo con las cejas imponentes. No entiende ruso: sabe que le está diciendo que pise el acelerador y cierre los ojos. No tengas miedo, Tom Waits, el miedo es una distracción de Dios. Le dice todo eso una vez, dos veces. No tengas miedo, el miedo es una distracción de Dios. A medida que Tom Waits acelera, comprende. Una vez alcanzada la comprensión, las palabras desaparecen. Todo es claridad y sobrecogimiento. La velocidad es un oráculo. Se ha llegado a la verdad.&amp;nbsp;Dejo de escribir.&lt;/p&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/feeds/4957041491096835709/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment/fullpage/post/32420824/4957041491096835709?isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4957041491096835709'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/32420824/posts/default/4957041491096835709'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cinepoesiajazz.blogspot.com/2026/02/tom-waits-redux.html' title='Tom Waits Redux '/><author><name>Emilio Calvo de Mora</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02670708838283480230</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEglVcrOTjHx6He3O_p99GiVzo6sUKXXeOyoMbUsCJbcKL3xERDxd--_tQ1PoCBd0dcBXIO7bKT3Mh1RxVYMVkgnqJzM2wvBwBNa7_I531aBSzra6u3Otw7Nq_jyg4BbSA/s220/128063547_10225302750138315_3888922559777216097_o.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>