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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2enclosuresfull.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-24861597</atom:id><lastBuildDate>Sat, 14 Nov 2009 12:42:44 +0000</lastBuildDate><title>Eleisegui</title><description /><link>http://el-galo.blogspot.com/</link><managingEditor>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>92</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><itunes:owner><itunes:email>patricio.eleisegui@gmail.com</itunes:email></itunes:owner><itunes:explicit>no</itunes:explicit><itunes:subtitle></itunes:subtitle><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" href="http://feeds.feedburner.com/blogspot/KXYK" type="application/rss+xml" /><feedburner:browserFriendly></feedburner:browserFriendly><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com" /><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-8093655090465584770</guid><pubDate>Tue, 03 Nov 2009 01:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-03T12:29:58.073-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Faith No More en Argentina - 1º de noviembre de 2009</title><description>&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Su-Dke5THdI/AAAAAAAABJQ/c_AygApzwgo/s1600-h/patton.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399679141032435154" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 286px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Su-Dke5THdI/AAAAAAAABJQ/c_AygApzwgo/s400/patton.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Hermoso. Es raro perder la cabeza en un recital de rock, y que cuando alguien te pregunta cómo estuvo uno sólo pueda decir “hermoso”. Hermoso. Belleza. Pero nada es más exacto para definir qué es lo que transmitió Faith No More en su última presentación en Buenos Aires.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Y digo última porque nadie sabe qué va a pasar cuando concluya la gira que volvió a reunirlos tras una década de separación. “Espero verlos en menos de 10 años”, carraspeó en un valiente castellano el genial &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mike_Patton"&gt;Mike Patton&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; al final del show porteño.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Patton. Patton. ¿Cómo explicar el talento de un genio que, sin que se le desarme la garganta, puede pasar del bolero más romántico al alarido más bestial en una misma canción? Imposible. Ni siquiera para los que ya lo conocemos de proyectos como &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mr._Bungle"&gt;Mr. Bungle&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tomahawk_(banda)"&gt;Tomahawk&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fant%C3%B4mas_(banda)"&gt;Fantomas&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
En pleno recital le comenté a un amigo: “Es el Gary Oldman de ‘El Perfecto Asesino’”. Sí: Patton es un psicópata de la voz. Un hombre habitado por mil y un demonios que soplan a través de su garganta las melodías menos esperadas.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
La mejor balada. El grito más potente del hard rock. El rugido del thrash metal. Todo convive en un cantante que se mueve dentro de la melodía cambiando tonos y desfigurando afinaciones, pero que jamás rompe la base fundamental de la música: la canción.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Con eso logra el más temible de los propósitos: conmover. Atrapa la atención del espectador y la mueve y revoluciona a su antojo. Le agrega copiosas pizcas de humor. Canta en español el mayor hit de la banda (algo por lo que muchos lo odiarían pero que todos perdonan). Se enfurece y arroja el pie del micrófono en un ataque que bien podría derivar en la destrucción total del escenario.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Pero al minuto frena. Sonríe y ya es un cantante de los 60 silbando una canción de tabernas. Hace una seña y vuelven a él los animales: es un gorila rugiendo. Un insecto masticando la carne que todavía rodea los bordes de un cráneo. Un hombre solo. El mejor cantante.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Eso es sólo una parte de lo que es Mike Patton. De lo que alimenta y hace eterno a Faith No More. Yo los vi. Yo lo vi. Y hoy, a sólo un día de todo eso, todavía no puedo quitarme de la cabeza la imagen de esa garganta, ese cuerpo espástico, esa mano con un bastón, ese traje y su flor en el ojal, mirando a la gente como quien sabe que el encantamiento a dado resultado.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Otra vez.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Y se decide a dar el golpe final. Que es grito. Es voz que acaricia. Es la locura del talento. Es hipnosis a distancia. Ayer pude verlo. Fue hermoso. Y hoy, presa todavía de la conmoción, juro que sólo puedo escribir apenas esto. Apenas esto.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
Comparto con ustedes dos videos de lo que fue Faith No More en Buenos Aires, Argentina. 1º de noviembre de 2009.
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
El tema que abrió una noche imborrable: el cover “Reunited”:
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/9HRCgRlniL0&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/9HRCgRlniL0&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
La segunda canción: “No more from out of nowhere”:
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/3yQFJ6YagQM&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/3yQFJ6YagQM&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;
&lt;p&gt; &lt;/p&gt;
&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-8093655090465584770?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/11/faith-no-more-en-argentina-1-de.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Su-Dke5THdI/AAAAAAAABJQ/c_AygApzwgo/s72-c/patton.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/9HRCgRlniL0&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" length="1040" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/9HRCgRlniL0&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" fileSize="1040" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Hermoso. Es raro perder la cabeza en un recital de rock, y que cuando alguien te pregunta cómo estuvo uno sólo pueda decir “hermoso”. Hermoso. Belleza. Pero nada es más exacto para definir qué es lo que transmitió Faith No More en su última presentación </itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> Hermoso. Es raro perder la cabeza en un recital de rock, y que cuando alguien te pregunta cómo estuvo uno sólo pueda decir “hermoso”. Hermoso. Belleza. Pero nada es más exacto para definir qué es lo que transmitió Faith No More en su última presentación en Buenos Aires. Y digo última porque nadie sabe qué va a pasar cuando concluya la gira que volvió a reunirlos tras una década de separación. “Espero verlos en menos de 10 años”, carraspeó en un valiente castellano el genial Mike Patton al final del show porteño. Patton. Patton. ¿Cómo explicar el talento de un genio que, sin que se le desarme la garganta, puede pasar del bolero más romántico al alarido más bestial en una misma canción? Imposible. Ni siquiera para los que ya lo conocemos de proyectos como Mr. Bungle, Tomahawk y Fantomas. En pleno recital le comenté a un amigo: “Es el Gary Oldman de ‘El Perfecto Asesino’”. Sí: Patton es un psicópata de la voz. Un hombre habitado por mil y un demonios que soplan a través de su garganta las melodías menos esperadas. La mejor balada. El grito más potente del hard rock. El rugido del thrash metal. Todo convive en un cantante que se mueve dentro de la melodía cambiando tonos y desfigurando afinaciones, pero que jamás rompe la base fundamental de la música: la canción. Con eso logra el más temible de los propósitos: conmover. Atrapa la atención del espectador y la mueve y revoluciona a su antojo. Le agrega copiosas pizcas de humor. Canta en español el mayor hit de la banda (algo por lo que muchos lo odiarían pero que todos perdonan). Se enfurece y arroja el pie del micrófono en un ataque que bien podría derivar en la destrucción total del escenario. Pero al minuto frena. Sonríe y ya es un cantante de los 60 silbando una canción de tabernas. Hace una seña y vuelven a él los animales: es un gorila rugiendo. Un insecto masticando la carne que todavía rodea los bordes de un cráneo. Un hombre solo. El mejor cantante. Eso es sólo una parte de lo que es Mike Patton. De lo que alimenta y hace eterno a Faith No More. Yo los vi. Yo lo vi. Y hoy, a sólo un día de todo eso, todavía no puedo quitarme de la cabeza la imagen de esa garganta, ese cuerpo espástico, esa mano con un bastón, ese traje y su flor en el ojal, mirando a la gente como quien sabe que el encantamiento a dado resultado. Otra vez. Y se decide a dar el golpe final. Que es grito. Es voz que acaricia. Es la locura del talento. Es hipnosis a distancia. Ayer pude verlo. Fue hermoso. Y hoy, presa todavía de la conmoción, juro que sólo puedo escribir apenas esto. Apenas esto. Comparto con ustedes dos videos de lo que fue Faith No More en Buenos Aires, Argentina. 1º de noviembre de 2009. El tema que abrió una noche imborrable: el cover “Reunited”: La segunda canción: “No more from out of nowhere”: </itunes:summary><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-520005559461112523</guid><pubDate>Mon, 14 Sep 2009 00:08:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-09-15T08:32:31.409-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Bolita</category><title>Bolita</title><description>&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La pesadez hecha bolita entre los dedos. Y golpear un útero cuadrado cuando el disco deja de murmurar la canción esperada. Repiqueteo de nalgas al aire. Agua con gas en la garganta para custodiar esa escalera por la que sólo suben los que ya no van a ninguna parte. Abrazar las palabras que nunca escribimos nos hace menos despreciables ¿no es cierto? Magnánimos con un fuerte olor a orina de anciano muerto de hambre. Ingratos con el tiempo: de cruzar los meses se trata -apenas- esta amarga aventura de piratas con dos piernas y galeones que nunca se hunden... De escribir ciento uno menos cien anhelos con la mano y borrarlos con las escamas del codo: hasta caer de la planta. Madurar hasta volverme un individuo. Se pudre la madera y muere asado el último duende de las sonrisas desdentadas...
 &lt;/p&gt;&lt;p&gt;
Agujero en las muelas. ¡Hola, niño-porquería! ¿Por qué no me advertiste de mí? ¿Y ahora qué hago con este metro ochenta y pico? Con este pelo largo en rodete y mis pestañas de pararrayos. Las cejas boscosas y una nariz de acantilado. Las manos carcomidas de dedos y la espalda estrecha. ¿Qué hago, niño-basura? Con los cuatro pelos del pecho y una cicatriz de varicela en el abdomen. El ombligo hacia fuera repleto de pelusas. El pubis de malezas. El pene encorvado y ligeramente hacia la izquierda. Los testículos colgando cual telaraña desgarrada por el viento. ¿Qué hago, niño-inmundicia? Con estos muslos enrulados de pelo negro y duro. Las rodillas escuálidas. La tibia de alfiler y el tobillo de un canario en huelga de hambre. Los pies de gigante dormido. ¿Qué hago, niño-pus?
 &lt;/p&gt;&lt;p&gt;
Un inesperado movimiento intestinal me advierte que hoy olvidé levantar el talón en el supermercado para decir “Presente”. Quizás ya me he acostumbrado a la joroba detrás del cuello. Y dejé de buscar ofertas para ahora coleccionar personas ciegas que juegan a contar monedas sólo después de haberlas perdido. Qué decir... la equivocación de la alegría todavía me provoca calambres cuando duermo. Ni hablar de las voces que me desconocen ¿Puedo volver cuando quiera? ¿Mañana está bien? ¿No molesto? Curso acelerado para sonreír en una foto. Hacerle señas, con una mano y por detrás de todos, a la culpa para que no robe cámara...
&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aún puedo hacerme bolita entre mis propios dedos. Conozco de cerca las tormentas más certeras y, aunque no lo parezca, soy adepto a los aniversarios que mezclan tortas con lágrimas y puñaladas en la nuca. La comida agridulce me roba los pantalones sin que yo me resista. Luego viene el desmayo pero, con el tiempo, me he acostumbrado a todo esto: ya no aplaudo. Sólo asiento con la cabeza. Apruebo. Y congelo los labios cada tarde un poco más. Cada noche un poco  más. Cada vida un poco más...&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-520005559461112523?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2007/04/bolita_27.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">4</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-1193443404842736398</guid><pubDate>Sun, 30 Aug 2009 17:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-30T14:23:08.396-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Esquiva el golpe</title><description>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/YZyzGxBMrPQ&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/YZyzGxBMrPQ&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;

&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;em&gt;... va a ser como un ángel que se encuentra detrás de ti. Si alguna vez te hieren y sientes que vas a caer, este ángel te susurrará en el oído. Te dirá: “¡De pie, hijo de perra! Porque Mickey te ama...”. 

&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
¿Entendiste?&lt;/em&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-1193443404842736398?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/08/esquiva-el-golpe.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/YZyzGxBMrPQ&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" length="1014" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/YZyzGxBMrPQ&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;" fileSize="1014" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> ... va a ser como un ángel que se encuentra detrás de ti. Si alguna vez te hieren y sientes que vas a caer, este ángel te susurrará en el oído. Te dirá: “¡De pie, hijo de perra! Porque Mickey te ama...”. ¿Entendiste? </itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> ... va a ser como un ángel que se encuentra detrás de ti. Si alguna vez te hieren y sientes que vas a caer, este ángel te susurrará en el oído. Te dirá: “¡De pie, hijo de perra! Porque Mickey te ama...”. ¿Entendiste? </itunes:summary><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-7861873046793011299</guid><pubDate>Sat, 08 Aug 2009 22:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-08-08T20:17:13.954-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Cliff Burton</title><description>&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sn363g6Y7tI/AAAAAAAABDg/peyJKvgiJFU/s1600-h/cliff1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5367722162530086610" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 262px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sn363g6Y7tI/AAAAAAAABDg/peyJKvgiJFU/s400/cliff1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;div&gt;&lt;em&gt;&lt;p&gt;Cuando un hombre miente
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
asesina una parte del mundo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Esas son las pálidas muertes
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
a las que los hombres mal llaman sus vidas.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Ya no puedo cargar con todo esto
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
seguir siendo testigo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El reino de la salvación no puede llevarme a casa.&lt;/em&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Más de una vez pensé en cuánto hay de verdad en eso del hombre que al mentir asesina. En que quizás esa es la primera forma de atentar contra alguien. La mentira como una suerte de barrera que nace para impedir la continuidad de algo. Y lo arbitraria que resulta esa misma muralla o muro. ¿Por qué? Porque nace de la voluntad de una sola de las partes. El mentiroso, mientras miente, se adueña y bloquea una historia que avanza en búsqueda de una continuidad y, si se quiere, un final.

&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sn36zNiRkdI/AAAAAAAABDY/_iKcv2QR2SY/s1600-h/cliff3.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5367722088609190354" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 241px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sn36zNiRkdI/AAAAAAAABDY/_iKcv2QR2SY/s400/cliff3.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
A partir de su accionar toma posesión de ese epílogo. Ahora las cosas serán a su antojo. Lo que había antes no es más que un territorio fértil que presta su tierra y sus raíces para que el que concibe la mentira ponga en marcha otro relato. Por ende, ese mismo antecedente que hace de cimiento está destinado a morir. Lo mismo que el devenir surgido en la veracidad, que hasta la aparición del mentiroso aspiraba a desembocar o tomar la forma de otro acontecimiento.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Lo verosímil de algunas mentiras hace que el asesinato inherente a su uso sea, además, perpetrado también a través de la traición. La mentira se disfraza y simula tan bien ser una verdad, que termina siendo casi imposible distinguir a una de la otra. El que cree el nuevo argumento falso cae en la trampa: es baleado por la espalda: no debió haber confiado. Todo ese proceso no se da por inercia: opera a través de la voluntad. De alguien. De varios alguien. De tantos que al final no es nadie. Por encima de estas identidades (im)precisas queda el egoísmo y la imposición despiadada del que miente. El asesino de posibilidades. El verdugo de una parte del mundo que muere cercenada con el parto que da origen a la mentira. Habrá una historia que jamás será contada. Y todos somos testigos y partícipes de eso a cada hora.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
A través de esta reflexión me gustaría pensar que puedo estar cerca de lo planteado por Cliff Burton, músico y compositor, en el breve poema que aparece en el exordio de este escrito. La premisa básica de este texto, debo confesarlo, era dar cuenta de uno de los músicos más talentosos en la historia del rock, pero lo cierto es que tras chocarme por enésima vez con las ideas que aparecen casi como tajos en un pasaje del instrumental de Metallica “To live is to Die”, me resultó imposible no detenerme a intentar una ligera interpretación, un atisbo de lectura entrelíneas, de lo concebido por el bajista antes de su temprana muerte, en 1986.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Pero el legado de &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cliff_Burton"&gt;Cliff Burton&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;, hay que decirlo, no termina en ese poema. Por el contrario, su historia y aporte son intensos aunque el músico vivió sólo 24 años. Nacido en San Francisco, California, el 10 de febrero de 1962, comenzó su carrera aprendiendo piano a los 6 años. Se lanzó a tocar el bajo a partir de los 13. Jazz y música clásica fueron algunas de sus primeras influencias, para después sumar al rock. Desde Johann Sebastian Bach hasta Black Sabbath y los Misfits, pasando por la literatura de H.P. Lovecraft, aportaron matices en la técnica de un bajista que ligaba armonías, distorsión, y recursos más cercanos a la guitarra como el taping y el pedal de Wah-Wah.

&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sn36n2JtNfI/AAAAAAAABDI/qm7yc78IA68/s1600-h/cliff2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5367721893353567730" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 186px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sn36n2JtNfI/AAAAAAAABDI/qm7yc78IA68/s400/cliff2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Cliff Burton tocó por primera vez en vivo en Metallica el 5 de marzo de 1983, en reemplazo de &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ron_McGovney"&gt;Ron McGovney&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;. Falleció el 27 de septiembre de 1986, cuando el micro que llevaba a la banda de gira por Suecia y Dinamarca volcó camino a Copenhague. Su lugar fue ocupado por &lt;strong&gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jason_Newsted"&gt;Jason Newsted&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;. Kill ‘Em All, Ride The Lighning y Master of Puppets son los discos en los que quedó plasmado buena parte de su talento.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Los instrumentales &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=K00afIDMSxc"&gt;(Anesthesia) Pulling Teeth&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=sWGOEWdV13M"&gt;The Call of Ktulu&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=ZbUJilAbPQA"&gt;Orion&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; y &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=2WdYt9VkVek"&gt;To Live is To Die&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; hablan por sí solos de su calidad como compositor y músico intérprete. A Burton también le corresponde, entre otras joyas, la intro del clásico &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=IcsaBKoK9-o"&gt;For Whom the Bell Tolls&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; (compuesta antes de su ingreso a Metallica).
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
En su honor, la banda presentó en 1987 la cinta &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.taringa.net/buscador/?q=cliff+em+all&amp;categoria=13&amp;sort_by=1&amp;autor="&gt;Cliff ‘Em All&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;, que a través de cortos de TV, videos profesionales y, principalmente, grabaciones efectuadas por los mismos fans, repasa numerosas presentaciones de Metallica con Cliff Burton empuñando su bajo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/me195mPDp7s&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/me195mPDp7s&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-7861873046793011299?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/08/cliff-burton.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sn363g6Y7tI/AAAAAAAABDg/peyJKvgiJFU/s72-c/cliff1.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">4</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/me195mPDp7s&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" length="1020" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/me195mPDp7s&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" fileSize="1020" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Cuando un hombre miente asesina una parte del mundo. Esas son las pálidas muertes a las que los hombres mal llaman sus vidas. Ya no puedo cargar con todo esto seguir siendo testigo. El reino de la salvación no puede llevarme a casa. Más de una vez pensé </itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> Cuando un hombre miente asesina una parte del mundo. Esas son las pálidas muertes a las que los hombres mal llaman sus vidas. Ya no puedo cargar con todo esto seguir siendo testigo. El reino de la salvación no puede llevarme a casa. Más de una vez pensé en cuánto hay de verdad en eso del hombre que al mentir asesina. En que quizás esa es la primera forma de atentar contra alguien. La mentira como una suerte de barrera que nace para impedir la continuidad de algo. Y lo arbitraria que resulta esa misma muralla o muro. ¿Por qué? Porque nace de la voluntad de una sola de las partes. El mentiroso, mientras miente, se adueña y bloquea una historia que avanza en búsqueda de una continuidad y, si se quiere, un final. A partir de su accionar toma posesión de ese epílogo. Ahora las cosas serán a su antojo. Lo que había antes no es más que un territorio fértil que presta su tierra y sus raíces para que el que concibe la mentira ponga en marcha otro relato. Por ende, ese mismo antecedente que hace de cimiento está destinado a morir. Lo mismo que el devenir surgido en la veracidad, que hasta la aparición del mentiroso aspiraba a desembocar o tomar la forma de otro acontecimiento. Lo verosímil de algunas mentiras hace que el asesinato inherente a su uso sea, además, perpetrado también a través de la traición. La mentira se disfraza y simula tan bien ser una verdad, que termina siendo casi imposible distinguir a una de la otra. El que cree el nuevo argumento falso cae en la trampa: es baleado por la espalda: no debió haber confiado. Todo ese proceso no se da por inercia: opera a través de la voluntad. De alguien. De varios alguien. De tantos que al final no es nadie. Por encima de estas identidades (im)precisas queda el egoísmo y la imposición despiadada del que miente. El asesino de posibilidades. El verdugo de una parte del mundo que muere cercenada con el parto que da origen a la mentira. Habrá una historia que jamás será contada. Y todos somos testigos y partícipes de eso a cada hora. A través de esta reflexión me gustaría pensar que puedo estar cerca de lo planteado por Cliff Burton, músico y compositor, en el breve poema que aparece en el exordio de este escrito. La premisa básica de este texto, debo confesarlo, era dar cuenta de uno de los músicos más talentosos en la historia del rock, pero lo cierto es que tras chocarme por enésima vez con las ideas que aparecen casi como tajos en un pasaje del instrumental de Metallica “To live is to Die”, me resultó imposible no detenerme a intentar una ligera interpretación, un atisbo de lectura entrelíneas, de lo concebido por el bajista antes de su temprana muerte, en 1986. Pero el legado de Cliff Burton, hay que decirlo, no termina en ese poema. Por el contrario, su historia y aporte son intensos aunque el músico vivió sólo 24 años. Nacido en San Francisco, California, el 10 de febrero de 1962, comenzó su carrera aprendiendo piano a los 6 años. Se lanzó a tocar el bajo a partir de los 13. Jazz y música clásica fueron algunas de sus primeras influencias, para después sumar al rock. Desde Johann Sebastian Bach hasta Black Sabbath y los Misfits, pasando por la literatura de H.P. Lovecraft, aportaron matices en la técnica de un bajista que ligaba armonías, distorsión, y recursos más cercanos a la guitarra como el taping y el pedal de Wah-Wah. Cliff Burton tocó por primera vez en vivo en Metallica el 5 de marzo de 1983, en reemplazo de Ron McGovney. Falleció el 27 de septiembre de 1986, cuando el micro que llevaba a la banda de gira por Suecia y Dinamarca volcó camino a Copenhague. Su lugar fue ocupado por Jason Newsted. Kill ‘Em All, Ride The Lighning y Master of Puppets son los discos en los que quedó plasmado buena parte de su talento. Los instrumentales (Anesthesia) Pulling Teeth, The Call of Ktulu, Orion y To Live is To Die hablan por sí solos de su calidad como compositor y músico intérprete. A Burton también le corresponde, entre otras joyas, la intro del clásico For Whom the Bell Tolls (co</itunes:summary><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-7576968123849152780</guid><pubDate>Tue, 28 Jul 2009 12:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-28T09:37:18.627-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Falta Adolf, que al parecer anda engripado...</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sm7vGK882nI/AAAAAAAABBw/LDPVNWPN3CU/s1600-h/adolf.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5363487095543093874" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sm7vGK882nI/AAAAAAAABBw/LDPVNWPN3CU/s400/adolf.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-7576968123849152780?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/07/falta-adolf-que-al-parecer-anda.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sm7vGK882nI/AAAAAAAABBw/LDPVNWPN3CU/s72-c/adolf.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-7358081903800828964</guid><pubDate>Fri, 24 Jul 2009 00:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-10-20T22:16:44.457-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Josefa</category><title>Josefa</title><description>&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
A mí nadie me va a venir a contar lo que es una calle. Y menos lo que es una calle bañada de sangre. Nadie me lo va a enseñar. Porque yo estuve ahí, detrás de los árboles. Viéndolo todo. Y luego llegué acá. A esta ciudad que tiene mucho de promesa y muy poco de verdad. ¿Qué importa si fue en barco o en avión? ¿Si acá me dieron de comer asado, o de tomar vino, o de vestido la pollera de una mujer bailando el pericón un 25 de mayo? A mí me preguntaron el nombre, que anotaron como se les antojó porque no es lo mismo llamarse “Sabiha” que “Sabrina”, o “Josefa” en lugar de “Safeta”, pero no les importó. Había que hacerme creer que estaba en casa, o que de donde venía era la peor casa del mundo, y acá estamos: con las cosas más fáciles porque aprendí rápido la lengua. Porque tomo el mate más amargo del mundo y llego a las lágrimas con las canciones de León Gieco. Que me canta a mí. Me enamoré de ese búsquenme, me encontrarán, en el país de la libertad. Que para mí fue este, aunque mi libertad estuvo muerta desde el momento en que alguien me dijo que me correspondía. Porque una no se hace libre, y si no mirame ahora, sentada abajo de esta autopista. La Josefa de Constitución. Que una se pueda hacer libre es una mentira tan grande como esas montañas siempre húmedas que ya no volveré a ver. Ni los bosques de ramas que rayan los brazos si los llevás descubiertos. Ni los tierras abiertas de par en par a la espera de las semillas que mañana matarán al hambre. Que se colarán entre la nieve más blanca para un día secarse y después calentar las paredes frías de las casas. Los mismos muros que jamás pintaron ni mi padre, ni mi hermano, ni mis tíos. Pero que yo sí. El día que al final me dejaron sola con la criatura cubierta con un trapo y yo cerré la puerta. Y la agarré bien, bien fuerte del pañal de tela para después darla contra la pared. Bien contra la pared. La cabeza deshaciéndose contra los ladrillos ásperos y luego el resto de los huesos crujiendo como galletitas, hasta que me pelé la mano con la misma pared. Porque ya no había nada que golpear; porque los pedazos estaban en el piso, mezclados en parte con la tierra. Pero no me sentí aliviada. No me dio paz ni me la había dado lavarme con agua hirviendo ni bien pasó. Con alcohol. Haberme puesto sal. Haberme comido esa misma sal. Haberme puesto un ladrillo caliente sobre la panza que creció tan rápido. Tan rápido... Nada me devolvió ni me iba a devolver las carreras con los chicos del pueblo atrás de los caballos que, sin hacer ruido, soltábamos de los corrales de los vecinos. Nada me iba a devolver la posibilidad de escabullirme entre los árboles hasta ganar el río. Para después nadar y nadar a través de mis Balcanes. Vestida o desnuda era lo mismo. Nadar lo suficiente como para que todo quede atrás, bien atrás. Incluso nadar fuera de las aguas en las que una tarde pasaron flotando los mismos caballos que tanto me gustaba espantar. Huir fuera de la misma tarde en que me encerraron en ese galpón y se fueron turnando de a uno. Todos vomitados y ensangrentados. Buscando el final de las polleras que yo no iba a defender porque todavía las caras que había visto antes, detrás de los alambrados y las púas, me seguían hablando. Aunque ya no estaban. Yo vi las quijadas huesudas de mi tío pidiéndome a través de los cercos alguna corteza de árbol para comer. Las costillas a punto de apuñalar la piel transparente del pecho. Yo vi a la mujer junto a la fábrica que llevaba un cuadro con la foto de su hijo. Y al hombre en blanco y negro que dijo Esos y esos. Pero que a mí nunca me vio, porque yo estaba tan bien escondida que casi me había vuelto árbol. Él se interesó en la gente que cocinaba en tachos de basura. En las mujeres sentadas en las calles de tierra que olían a meada y mierda de personas. En sus cabezas con pañuelos. En las niñas con cabezas con pañuelos. Hacia ellas, hacia las que ya tenían más de 10 años, mandó a los de boinas moradas, a los Škorpioni que no estaban del todo borrachos. Y los pocos que se quedaron sin ninguna niña se volvieron contra los alambrados y eligieron a los hombres. Los pusieron uno detrás de otro y marcharon para el campo, y se entremezclaron entre las hayas y los castaños, como osos grises con un panal de miel entre las garras, como buitres y lobos hambrientos. Desesperados pero contentos. Empujan hacia el bosque a mi tío y a mi hermano, que me adivina los pelos enredados asomando de entre los pastos y gira la cintura con las manos atadas. Para hacerme con un dedo un gesto que allá, en mis montañas siempre mojadas, significa Andate bien a la mierda. Andate bien a la mierda, Safeta. Pero yo no me voy y me quedo para ver al tío, que se pone de espaldas mientras los Škorpioni terminan sus cigarros y apuran los últimos tragos de una petaca. Suena un gruñido y el tío cae de espalda, como electrocutado, con la boca entreabierta y los labios estirados hacia un costado. Como a punto de escupir algo que se acaba de sacar de los dientes y le molesta. Mi hermano vuelve a descubrirme entre la gramilla y después me deja los hombros para que no los olvide. Siempre con las muñecas unidas con su propio cinto vuelve a mover el dedo. Su dedo. Andate bien a la mierda, Safeta. La metralla repica y le llena de botones rojos la espalda. Se entierra de boca, entre los pastos que ojalá haya alcanzado a saborear como cuando eramos chicos y, en el trayecto de vuelta de la escuela, jugábamos a que teníamos hambre. Y que nos podíamos comer cualquier cosa. Hasta las plantas. Después veo las piernas y los brazos de mi hermano, de mi tío, de los que no conozco pero sé que tuvieron un nombre, unos arriba de otros, apilados como troncos. Ocultos entre la gramilla y la alfalfa, que en mi tierra crece salvaje. Ocultos como yo, que no aguanto el grito y dejó de ser árbol para ser una niña casi mujer. Que es manoteada de los pelos que se ocultan bajo el pañuelo y arrastrada hasta los galpones donde me llenarán la panza una y otra vez. Que un día, muchos meses después, será sacada en un auto por holandeses y subida a empujones a un avión. Para luego despertar en un hogar con gente que me dice cosas que no entiendo. Buenos Aires. La gente me viste. Me enseña a hablar. Me da de comer. Me toca. Me toca. Me toca. Y un día me escapo y llego a una plaza donde unos niños me hacen un lugar porque yo sé cocinar; prender fuego con ramitas. En tachos de basura. Y no me asusta el olor a meada y a mierda de personas. Hasta que llueve y junto las pocas porquerías que tengo y me vengo abajo de la autopista a pensar. Hasta que justo pasa esto, con la sangre saliendo de los agujeros del asfalto. Y pienso. Si esa sangre que brota no es sangre de la tierra. Que circula abajo de nuestros pies. Un arroyo hecho con la sangre de todos los que murieron matados. Que se fue uniendo, la sangre, porque no es un líquido como los otros, que por lo general se secan. Imagino a la sangre igual que los recuerdos: llamándose gota a gota. En un idioma que sólo hablan las sangres, pero que ignoran las personas. Las veo a las gotas deslizándose a través del barro. Los pastos. La corteza de los castaños de mi tierra. Para después juntarse en un torrente rojo que fluye a una profundidad imposible de imaginar. Que nadie puede ubicar. Pero que es tan cerca que a veces pasa que la sangre brota. Y sale al aire como si se escapara de un caño roto. Ahora que veo esto pienso y pienso. Hago cuentas. La sangre del tío llegó primera a ese mar, estoy segura. La sangre del tío llegó primera y después llamó en esa lengua que sólo hablan ellas a la sangre de mi hermano. Estoy segura. A la de mi hermano, que goteó por la espalda. Por la boca. Por los oídos. Por la nariz. Yo a eso lo vi, como cuando el dedo que me decía Andate bien a la mierda, Safeta, Andate bien a la mierda, rebotó al mismo tiempo contra las plantas y el barro para ya no volver a doblarse. A eso lo vi como lo vuelvo a ver ahora. Mientras, pienso en esto que ahora brota ahí, en la calle. En si esa es la sangre que ya no aguanta engordar bajo la tierra. En si es la misma sangre que se derramó allá, en Srebrenica. O es apenas un caño roto. Apenas otro.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Smj7_pyQ4NI/AAAAAAAAA9o/NoKsZFNC3Fw/s1600-h/sangre1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5361812427351580882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 181px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Smj7_pyQ4NI/AAAAAAAAA9o/NoKsZFNC3Fw/s400/sangre1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-7358081903800828964?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/07/josefa.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Smj7_pyQ4NI/AAAAAAAAA9o/NoKsZFNC3Fw/s72-c/sangre1.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-4799167541222399001</guid><pubDate>Fri, 10 Jul 2009 08:44:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-10T09:46:50.869-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Buenos Aires es como tu útero-mamá-que sangra porque no tenés hijos</category><title>Buenos Aires es como tu útero, mamá. Que sangra porque no tenés hijos</title><description>&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
Cómo no vas a llorar si el tipo se parece a vos. Con ese bolsito colgando del brazo y la campera gris de tela de avión. El pelo cortado por el único peluquero que hay en el pueblo. Que hace mil años que no hace un curso y piensa que todavía los cortes se hacen a base de navaja. Que a la melena hay que rebajarla sí o sí atrás, con movimientos ágiles pero secos, siempre recostando el filo de la navaja sobre la nuca. Para que la hoja corte pelo y no piel. Porque sino la piel sangra y ahí se empasta la navaja y los pelos se empiezan a pegar entre sí. Y puede que en ese baile uno se confunda y termine cortando de más. Justo ahí, en la parte de atrás de la cabeza, donde no te ves pero el resto de la humanidad sí, por lo que pueden llegar a cagarse de risa de vos durante meses sin que te des cuenta. Sobre todo si el peluquero termina cortando más nuca que pelo.&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;

¿Le dijiste que tu papá fue peluquero? Estilista, como le dicen algunos. Aunque él prefería autodefinirse como “coiffeur”. Hasta tenía una plaquita de bronce en la puerta del local. Como cualquier médico o abogado. Coiffeur, decía. Y tu abuela que, una vez por semana, se tomaba el trabajo de pasarle mucho brillametal a esa bendita placa. Con el pomito blanco y rojo, con vivos amarillos. Fsss fsss fsss fsss sonaba la franela anaranjada yendo y viniendo a través del rectángulo de bronce. Hasta que “Coiffeur” quedaba bien lustradito. El peluquero tenía una placa más brillante que el médico con menos muertos del pueblo. En un momento, la franela caía al piso de baldosas todavía sin baldear y la abuela –trepada a un banquito, porque siempre fue petisa– se dedicaba a ejercitar su don del detalle: miraba el bronce desde arriba, abajo, de costado. Lo suyo siempre fue la perfección.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
Después ya iba por el balde, el desodorante para piso, el escobillón con los pelos para afuera como el bigote de papá. Más tarde aparecía el rociador; el mismo con que el peluquero después le mojaba las patillas a los clientes. Esas patillas a las que papá primero salpicaba con un chorrito corto de agua, para luego terminar de humedecerlas con la yema del dedo gordo, apretando contra la cabeza del cliente las gotas que todavía aparecían intactas. Agachate así, decía. Levantame un poquito la pera.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
A los pendejos que se portaban mal, en cambio, el coiffeur les sacudía un buen chorro en el mate con el rociador. No era el típico peluquero complaciente. Pero si de algo tenía miedo papá, era de cortarle la oreja a algún pibe. Porque los grandes se quedan quietos, pero los chicos empiezan a saltar en el sillón, se dan vuelta y dicen “mami, ¿me comprás el calzoncillo del Hombre Araña?”, y por ahí, en ese mismo giro, viene entrecortando la tijera a diestra y siniestra, y el filo al pasar pellizca un borde de oreja. El pibe sangra. Primero grita, me olvidaba. Después sí: sangra. Y la madre, en vez de pegarle un buen sopapo al pendejo por inquieto, se la termina agarrando con el “estilista” y chau: un cliente menos.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
Pero papá siempre tuvo el don del cálculo y, rociador mediante, nunca le faltó muñeca para amansar al más temible de los infantes. Al más jodido de los chicos, o sea. “Chicos” queda mejor. “Infante” me suena a, no sé, infante de marina. Un soldado. Me recuerda a esos cabos que vienen del norte y no tienen ni el secundario terminado, pero que aguantan muy bien las palizas, las humillaciones que les imponen los que tienen grados más altos, las cagadas a patadas, el frío, la burla porque les cuesta pronunciar la “s”, o no saben agarrar bien los cubiertos.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
Pero que soportan y aprenden las reglas y obedecen órdenes como ninguno. Qué bárbaro: son perros amaestrables esos tipos. Pero ojo: sólo adentro del cuartel. Fuera de la garita de guardia son todos Comando. Sí, como la película del nazi de Schwarzenegger. Se creen todos héroes de la libertad. Pero ojo, mirá que en sus sueños esos negritos no se imaginan soldados del Ejército Argentino sino del ejército yanqui. Y no los culpo, si después de todo el Ejército Argentino no tiene ni nafta para mover una ambulancia. En cambio el yanqui lo tiene todo: unos tanques de puta madre. Unas armas que incluso a uno le dan ganas de salir a tirotear rusos. O iraquíes. Es lo mismo. Acá no podemos ponerle ni un cascotazo a un chileno. Pero bueno, los soldaditos se hacen la película, que cumplen misiones y combaten al comunismo que viene. O algo así. Lo cual no deja de ser loco, porque no tienen idea de qué mierda es el comunismo. Lenin les suena a marca de moto barata. “Comprándote una Lenin te llevás, sin cargo, este hermoso kit para hacer trasplantes de riñón en tu casa”. Puedo imaginarme la publicidad. Por suerte, estos infantes siempre fueron menos que los pendejos que cada mes caían en la peluquería de papá, aunque son más peligrosos porque, como dijera mi vieja, “son los que tienen las armas”. Mamá no diferencia un FAL de un aire comprimido, pero esta vez tiene toda la razón.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
Los negritos del interior son los que tienen la armas. Algo en lo que no pensaste cuando, tras abrir la puerta del edificio para ir a buscar tres cervezas, te chocaste con ese tipo que usaba el pelo cortado como allá, a 450 kilómetros de la gran capital. Vos venías tarareando una frase entrecortada que se te había ocurrido una semana antes: “Buenos Aires es como tu útero, mamá. Que sangra porque no tenés hijos.” Pero apareció este hombre. Y no sólo te paraste, si no que además te salió de adentro el instinto de ayuda. Ofreciste el oído. Con el bolsito colgando del hombro, metido adentro de su campera gris de tela de avión, el tipo te miró con ojos achinados y vos te preparaste para darle plata. Pero no te pidió una moneda. Sólo preguntó: ¿Si voy por esa calle llego a la General Paz? Y vos: Sí, pero estás un poco lejos. ¿Pero no me pierdo? No, si vas por esa calle derecho no te perdés. Aunque insisto: estás muy lejos. No importa, contestó. Tomate un colectivo, preguntá bien. No, yo voy caminando, murmuró. Todo a media voz. Sólo quiero llegar a mi pueblo. Tomate un colectivo, perseveraste. No, es que no tengo plata. Ahí vos sacaste la billetera, enredaste los dedos y, sin mirar cuánto sumaba lo que habías logrado atenazar, le extendiste unas monedas y le dijiste Pero no, cómo vas a ir caminando, tomá, tomate un bondi. Él no aceptó las monedas. Insististe. Luego de aceptarlas, el tipo pronunció la frase que te iba a estropear el corazón para siempre. Que te iba a revelar que Buenos Aires no es más que un violador al que todo el tiempo se lo premia por cada nuevo himen destrozado. Sos el primero en esta ciudad que me trató como una persona, te dijo.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
Y siguió: soy de Entre Ríos, llegué hoy en una ambulancia con mi hijo de seis años, al que ayer lo picó una víbora; mi hijo se me murió en el viaje, en la ambulancia, y después me fui a la casa de la provincia de Entre Ríos acá, en Buenos Aires, para ver si me ayudaban y me echaron ¿podés creer? Mis paisanos me echaron y yo ahora quiero irme hasta la calle General Paz y luego a un lugar que se llama Americana. La Panamericana, lo interrumpiste. Estabas desencajado. Las tres cervezas se hicieron vidrio para después atravesarte cada palma, cada mano. Sí, a ese lugar tengo que ir. Pero... no podés hacer eso. Solamente me quiero ir a mi pueblo, rogó. Pero la Panamericana no va a tu pueblo. No, ya sé, pero ahí me dijeron que haga dedo hasta la ruta 9, y ahí sí llego a mi pueblo. Pero. Bueno, me voy. No, pará, pará. Y sacaste más plata de la billetera. Por favor, tomá. Él: no, no, por favor. Y se atajó con las manos, como si lo tuyo fuera ya un abuso. Tras contarte la verdad, su drama, los roles habían cambiado. Ahora la víctima era vos y el tipo lo sabía. Tenías que volver a intentarlo: tomá, para que comas algo aunque sea. Agarró la plata. Pegó media vuelta y se fue casi al trote.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
Desapareció con sus ojos achinados y el “¿cómo mis paisanos me van a dejar así?”. Se llevó consigo, en ese bolso gastado en el que adivinaste un calzoncillo limpio y un par de medias gastadas, al hijo del que nunca sabrás el nombre. Pero que siempre estará muriendo en una camilla por culpa del diente de una víbora certera. El tipo se fue con el frío y la muerte encima. Apurado por caminar durante horas para, sin nunca frenarse a tomar aliento, seguir caminando hacia un pueblo que quizás ya no exista para cuando él llegue. Entonces, cómo no vas a querer tirarte por el agujero del ascensor cuando volviste a tu casa. Cómo no vas a llorar, si al final ese tipo se parecía tanto a vos.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-4799167541222399001?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/07/buenos-aires-es-como-tu-utero-mama-que.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-806871854659654654</guid><pubDate>Thu, 09 Jul 2009 21:46:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-09T18:51:38.186-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Mike Patton, al frente de Faith No More, vuelve a comerse la cancha</title><description>&lt;object width="560" height="340"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/3944WQrCg2k&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/3944WQrCg2k&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="560" height="340"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;
&lt;p&gt;
Para fortuna de los que tanto lamentamos la separación de la banda en su momento, Faith No More tocará en la Argentina el 1º de Noviembre. Ahí estaremos.
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-806871854659654654?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/07/mike-patton-al-frente-de-faith-no-more.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/3944WQrCg2k&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" length="1020" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/3944WQrCg2k&amp;hl=en&amp;fs=1&amp;" fileSize="1020" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Para fortuna de los que tanto lamentamos la separación de la banda en su momento, Faith No More tocará en la Argentina el 1º de Noviembre. Ahí estaremos. </itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> Para fortuna de los que tanto lamentamos la separación de la banda en su momento, Faith No More tocará en la Argentina el 1º de Noviembre. Ahí estaremos. </itunes:summary><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-7697862983339814946</guid><pubDate>Mon, 06 Jul 2009 00:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-06T07:55:00.022-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>El campeón sos vos, Globo</title><description>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SlHX1eKkfmI/AAAAAAAAA8g/4bwa9HC1cNQ/s1600-h/cappa-y-huracan.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355298745550667362" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 330px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SlHX1eKkfmI/AAAAAAAAA8g/4bwa9HC1cNQ/s400/cappa-y-huracan.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-7697862983339814946?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/07/el-campeon-sos-vos-globo.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://1.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SlHX1eKkfmI/AAAAAAAAA8g/4bwa9HC1cNQ/s72-c/cappa-y-huracan.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-1503693929601065260</guid><pubDate>Fri, 03 Jul 2009 02:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-07-02T23:10:37.451-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Soy el escritor del futuro</category><title>Soy el escritor del futuro</title><description>&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
No escribo. Sólo leo. Es muy poco lo que tengo para expresar: me importa lo que vos digas. De mí. De esto que ahora ves. Que escuchás. Que sólo es mi voz, pero yo coloreo para que parezca mucho más. Soy sólo puesta en escena. Gancho visual. La camisa que llevo puesta, el pelo que enrosco para vos. Los dientes que me faltan. Río y te miro a los ojos cuando muevo los labios para no darte nada. Intercalo un chiste en ese texto autobiográfico que leo arriba de un escenario para incentivar sólo la contemplación. La mía. Esta cara de loco que ensayo cada mañana frente al espejo. Frente a la máquina de café de mi laburo. No interesa el género. Sin que se me mueva una ceja puedo argumentar que lo mío es un cuento. Una poesía. Una prosa poética. Pero lo cierto es que no hay nada de cuento, poesía o prosa poética en esto que murmuro aferrado a un papel. No hay mensaje escrito. El contenido es una mentira que yo disimulo y vos aceptás. Los dos vinimos a buscar a este agujero de luces casi quemadas la farsa que más nos satisface. Yo, como escritor. Vos, como espectador. Ser lo opuesto a lo que representamos es lo que mejor nos define. Es la única verdad que queda sobre el escritorio cuando el libro se cierra. Y el público vuelve a su casa para, siempre con erudito disimulo, encender la tele y ver cómo terminó el reality de Tinelli. En esta mentira de patas largas reside la fórmula que hoy me asegura el aplauso. Y a vos la bohemia. Decíme qué te parezco: si querés literatura andá a la biblioteca. Este es el espacio de los que tenemos la cara dura como un paredón. El arte, lo sabemos, está en otra parte. Pero no lo digamos en voz alta. Que si no se acaba el ritual y tendremos que lidiar con que, como dijera Perón –retomando a Aristóteles–, “la única verdá es la realidá”. Y ahí se pudrió todo. Porque vos y yo seríamos vos y yo. Y ahí nomás se terminaría esto como lo conocemos. Se acabarían las citas en esos tugurios ambientados para crear la sensación de “poesía”. Moriría la imaginación de aquellos que cada noche preparan (mal) sus disfraces de Baudelaire para inventar a Buenos Aires como una ciudad donde, parecido al huevo de la serpiente, anida el feto de la literatura que vendrá. Vos tendrías que dar el paso y exigir que yo te transmita algo. Y yo dejar de hacerme el payaso frustrado para, por una vez en la vida, sentarme a escribir. Se acabaría lo que alimentamos: teatro de pueblo. Obra de alumnos de escuela primaria. Pero con simulaciones de escritura. Prácticas robadas al oficio del que, sudor mediante, acomoda letras. Sí, che: teatro de pueblo. Y muy malo, lo cual pinta el panorama todavía más oscuro. Insisto: si alguien un día pronuncia la verdad, esto puede derivar en una muerte. Pensémoslo, por favor. Nadie quiere una tragedia ¿no? Por eso, calma. Acá tenés tu saco, tu barba de tres días y una guitarra para que nunca aprendas una canción completa. En un bolsillo llevá este libro. Es Estrella distante, de Bolaño. Es genial, pero no hace falta que lo leas: en Wikipedia hay un muy buen resumen. ¿Listo? ¿Compraste cigarrillos negros? ¿Llevás guita para la birra? Andá a esta dirección. Sí, es un barrio peligroso, pero cada tanto tenemos que mezclarnos con el pueblo. Pagá la entrada. Saludá a todos esos porteños chetos y nenes bien del interior que se la dan de gente sencilla sólo porque llevan nombres de indios. Perdón, nosotros no decimos “indios”. Nosotros, que tenemos varias materias metidas en Letras, Sociología y Ciencias de la Comunicación, decimos “pueblos originarios”. Ahí están Nahuel, Ayelén, Lautaro, Atahualpa, Irupé. Ellos, con barba y su foto en Jujuy mascando coca. Ellas, con bolsos símil bandera de Bolivia y su foto en Machu Pichu. Pero en realidad no queremos a ningún indio en Buenos Aires. No señor. Buscá tu silla. Tu mesa. Tu cerveza. Te dijeron que soy bueno y es verdad. Mirá con qué confianza subo al escenario. Desenredo las hojas. Digo que es un cuento. Un poema. Una prosa poética. Bajan las luces. Suben el micrófono. Suenan dos acordes de bajo para crear “clima”. Mirame. Sólo tenés que mirarme. Gracias por volver a disfrutar de este teatro. Porque, nunca lo olvides, soy un escritor del futuro. Yo no escribo. Sólo leo.
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-1503693929601065260?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/07/soy-el-escritor-del-futuro.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-115750219845427666</guid><pubDate>Thu, 25 Jun 2009 14:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-25T22:36:27.063-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Paredes</category><title>Paredes</title><description>&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alambre. Sujetando cada dedo de mi pie. Mientras juego con el bigote a que la luna es opaca y tu sonrisa una lápida a la que no le sobra ninguna letra. Si supieras que me he bebido todo el agua mucho antes de que nacieras... Y que he posado mi cabeza sobre leones dormidos que cuentan personas para no despertar. Tal vez. Sí: tal vez. Podrías elevarte de mi techo y contarme los espacios entre los dientes como ese primer amanecer. Con una hoja de tabaco. Relatar como era mi ombligo antes de que tus manos tibias se posaran sobre mi vientre... Hasta que yo pronuncie un “no me claves a tu cruz” y te obligue, como cada miércoles de nieve seducida, a pintarte el rostro un segundo antes de servir la cena...


&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿No te aburre aplastarle la cabeza siempre al mismo enano? Una nube escarlata me advirtió que puedo volverme árbol -y secarme- antes de que bajes el cierre del último suspiro dedicado a mi cabello. No mientas. Las paredes de tu rostro están hechas para ser trepadas sin esfuerzo. Y ya siento sobre mi espalda la mirada curiosa de aquellos principiantes que quieren probar suerte en tu pantano de juguete. Rutina de la amargura. Levanto los labios una y otra vez para comprobar cuán inútil es asignarle un color a las palabras. A tu alrededor, la angustia escribe diccionarios. Y el vacío acomoda las sábanas con cuidado para que no manches el colchón cuando, ya de madrugada, tu último pensamiento feliz decida retirarse entre náuseas y sin apagar la luz.

&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Versículo primero de una caricia escindida en fascículos. Aprendí a contar carcajadas cada vez que encendías un ventarrón de arena en pleno dormitorio. Y hoy, mientras separo las piernas para que tus abrazos no me empapen, tuerzo el mentón sin pensar en  cuántas habrán sido las costillas con las que desperté esta mañana. Me están permitidos la hojarasca y el cariño envidioso. Sólo eso. La última piedra que me golpeó, la última vez que levanté la inocencia para contemplar el azul del paisaje, apenas si me dejó fuerzas para suplicar. Ahora, enamorado del sebo, pretendo el silencio. Y un reloj transparente. Para disimular ausencias. Para no volver a verme...

&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;7 de abril de 2006&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-115750219845427666?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2006/09/paredes.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-8180572769766294448</guid><pubDate>Wed, 17 Jun 2009 20:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-18T10:07:19.300-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Fernando Peña (1963-2009)</title><description>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sjo7apbdO3I/AAAAAAAAA7Y/jVmqXZoWHsA/s1600-h/pena4.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5348652836439538546" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sjo7apbdO3I/AAAAAAAAA7Y/jVmqXZoWHsA/s400/pena4.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;strong&gt;Gracias.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-8180572769766294448?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/06/fernando-pena-1963-2009.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://4.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/Sjo7apbdO3I/AAAAAAAAA7Y/jVmqXZoWHsA/s72-c/pena4.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-1526827344616550793</guid><pubDate>Thu, 11 Jun 2009 23:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-06-11T20:37:08.455-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">El Trinche</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>El Trinche</title><description>&lt;p&gt;
&lt;div&gt; ¡Qué loco estabas, Trinche! ¿Cómo le vas a hacer caso a ese burlón que sólo piensa con el corazón y jamás con la cabeza? Pero vos no podías con el genio. La tenías que hacer. Y el “Meté un caño de ida y vuelta, Trinche, dale”, que te reclamó el otro pistola te encantó. Y ahí nomás hiciste la impensada. ¿Cómo era? Vos la explicás mejor yo: “Tiré un caño y cuando el defensor se dio vuelta le tiré otro. Lo hacía seguido, aunque ese día la cancha se venía abajo. Fue la única vez que se abrazaron los de Newell’s y los de Central”. Ah, pero esa no fue en cancha de Central Córdoba ni frente a Talleres de Remedios de Escalada. La que contás fue otra, Trinche. Fue en el baile que ese combinado rosarino armado con leprosos, canallas y vos, que no jugabas en ninguno de esos clubes, le pegó a la Selección que después Vladislao Cap llevó al Mundial de Alemania. ¿Te acordás la fecha? 17 de abril del 74. Bajaba el telón del primer tiempo y ustedes ya le habían metido 3 a la celeste y blanca. Después terminó siendo 1-3 para la Selección Argentina, la de todos bah, pero eso es lo de menos. No te podían parar. Y ahí hiciste inmortal tu caño de ida y vuelta. Los pasabas a todos como alambre caído. Largo como sos. Cap no lo podía creer. Tal resultó el susto del técnico que fue y habló con el flaco que dirigía a esos desfachatados rosarinos, a esos Kempes y Zanabria que recién mostraban las garras, para que te saque en el entretiempo. Y así fue. Y hubo quien lloró con los ojos entre las manos cuando la melena que todos queríamos tener, ser, miró la tribuna y salió caminando del césped. “La que tiene que correr es la pelota”. Infame. Ni siquiera levantaste una mano para saludar. Ya estaba. Los porteños no se olvidarían jamás de ese lungo que un día prefirió irse a pescar, en lugar de sumarse a los entrenamientos de la Selección que después armó Menotti.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SjGTz6-QGEI/AAAAAAAAA7A/VADZrjVic_U/s1600-h/trinche-maschica.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5346216752878458946" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 174px; CURSOR: hand; HEIGHT: 210px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SjGTz6-QGEI/AAAAAAAAA7A/VADZrjVic_U/s400/trinche-maschica.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;¿De dónde saliste, Trinche? “Cuando tenía cuatro años un vecino me apodó y nunca supe por qué. Desde ahí siempre fui el Trinche”. Naciste con barba. Y debajo de esos pelos ocultabas la sonrisa previa a la jugada que nadie esperaba. En Rosario Central. En Central Córdoba. En Colón de Santa Fe. En Deportivo Maipú. En Independiente Rivadavia de Mendoza, cuando en otro arrebato de locura manejaste los hilos de una obra que terminó en derrota del Milán de Italia por 3 a 1. Dicen que tu habilidad generaba el peor de los sentimientos para el defensor rival: lo enamoraba. Te pedía que le hagas otro sombrero. Mataras el centro envenado con el muslo y le pasaras el fobal por encima de la cabeza, rozándole el flequillo, el remolino cercano a la nuca, para después irla a buscar del otro lado. Quebrar la cintura. Pintar un dribbling con el empeine. El pique cortito. “Es cierto que me sentaba en la pelota durante el partido. Pero no era una provocación. Por ahí ellos no presionaban y yo estaba un poco cansado, ja”. Lo tuyo es incurable, Trinche. Me contaron que en Central Córdoba te daban premios extras por los caños. Y los viejos que todavía se rayan el pecho con los colores de Los Andes nunca olvidan que fueron ellos mismos, sí, tus rivales, los que esa vez que te olvidaste el documento recontra juraron ante escribano público que vos... eras vos. Sin dar un pase ya los habías enamorado ¿ves? “Me querían ver jugar”. Bigote que flamea. Pekerman dice que, a la hora de armar una Selección Argentina de todos los tiempos, vos sos el dueño de la 5. Para siempre. “Es el futbolista más maravilloso que vi”, comentó una vez. Yo justo me estaba bañando, pero lo escuché más tarde, cuando lo repitieron en la tele.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SjGTvcWWcRI/AAAAAAAAA64/nWzGOn65_oo/s1600-h/trinche2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5346216675938562322" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 217px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SjGTvcWWcRI/AAAAAAAAA64/nWzGOn65_oo/s400/trinche2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;¿Pero si no jugaste ni en Boca ni en River? No podías pasar desapercibido, Trinche. Tu vida está marcada por el simple hecho de ser un lobizón: séptimo hijo varón de un plomero yugoslavo que se mojó las patas en el Paraná rosarino por primera vez allá por la década del 30. Y no se fue más. Apareciste vos. El crack de los ojos en la nuca, como murmuró un compañero tuyo una vez. Vos le dabas la pelota a él y estabas salvado, dicen otros. ¿Fue para tanto? El cambio de frente milimétrico no lo inventaste vos de milagro. “El Trinche anticipó cosas que después se le vieron a Claudio Borghi”, confesó Fontanarrosa una vez, sentado en El Cairo. El Negro sí que no le erraba. Había más: La gambeta intratable puede que haya nacido en esos picados por el interior santafesino que tanto te gustaba jugar con hermanos y amigos. Pero siempre volvías. A ese Central Córdoba. “Lo más grande que me dio la vida”. No te convenció el Cosmos de Pelé, cuando te vinieron a buscar. Saliste rajando para el barrio La Tablada cuando aparecieron de Francia y el Inter Italiano.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Y un día te paraste. No pusiste la suela y la pelota siguió de largo. Te hiciste el ex durante un tiempo. No lo podías aguantar. Trotaste otra vez a los 37 años, en 1986. Pero ya estabas para otra cosa, por más que siempre quisiste “disfrazarte y entrar un poco a la cancha, aunque sea diez minutos”. Frenaste el taco justo el año en el que Diego se consagraba en el Mundial 86 ¿a vos te parece? Cosa de locos. Después... Después vino la vida, Trinche. Un amigo gordo de Central Córdoba que rompe en llanto cuando le preguntan quien fuiste. Hasta que el Diego pisó Rosario para jugar en Newell’s. Sí, en el 92. Y alguien dijo: “es un orgullo recibir al mejor jugador”. Y Maradona, inmenso, creador de magia y amante honesto de la habilidad ajena, respondió: “El mejor jugador ya jugó en Rosario. Y es un tal Carlovich”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tomás Carlovich.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;

&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/i8V6L4Bq63Y&amp;color1=0xb1b1b1&amp;color2=0xcfcfcf&amp;feature=player_embedded&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowScriptAccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/i8V6L4Bq63Y&amp;color1=0xb1b1b1&amp;color2=0xcfcfcf&amp;feature=player_embedded&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" allowScriptAccess="always" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-1526827344616550793?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/06/el-trinche.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://3.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SjGTz6-QGEI/AAAAAAAAA7A/VADZrjVic_U/s72-c/trinche-maschica.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/i8V6L4Bq63Y&amp;color1=0xb1b1b1&amp;color2=0xcfcfcf&amp;feature=player_embedded&amp;fs=1" length="763" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/i8V6L4Bq63Y&amp;color1=0xb1b1b1&amp;color2=0xcfcfcf&amp;feature=player_embedded&amp;fs=1" fileSize="763" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> ¡Qué loco estabas, Trinche! ¿Cómo le vas a hacer caso a ese burlón que sólo piensa con el corazón y jamás con la cabeza? Pero vos no podías con el genio. La tenías que hacer. Y el “Meté un caño de ida y vuelta, Trinche, dale”, que te reclamó el otro pist</itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> ¡Qué loco estabas, Trinche! ¿Cómo le vas a hacer caso a ese burlón que sólo piensa con el corazón y jamás con la cabeza? Pero vos no podías con el genio. La tenías que hacer. Y el “Meté un caño de ida y vuelta, Trinche, dale”, que te reclamó el otro pistola te encantó. Y ahí nomás hiciste la impensada. ¿Cómo era? Vos la explicás mejor yo: “Tiré un caño y cuando el defensor se dio vuelta le tiré otro. Lo hacía seguido, aunque ese día la cancha se venía abajo. Fue la única vez que se abrazaron los de Newell’s y los de Central”. Ah, pero esa no fue en cancha de Central Córdoba ni frente a Talleres de Remedios de Escalada. La que contás fue otra, Trinche. Fue en el baile que ese combinado rosarino armado con leprosos, canallas y vos, que no jugabas en ninguno de esos clubes, le pegó a la Selección que después Vladislao Cap llevó al Mundial de Alemania. ¿Te acordás la fecha? 17 de abril del 74. Bajaba el telón del primer tiempo y ustedes ya le habían metido 3 a la celeste y blanca. Después terminó siendo 1-3 para la Selección Argentina, la de todos bah, pero eso es lo de menos. No te podían parar. Y ahí hiciste inmortal tu caño de ida y vuelta. Los pasabas a todos como alambre caído. Largo como sos. Cap no lo podía creer. Tal resultó el susto del técnico que fue y habló con el flaco que dirigía a esos desfachatados rosarinos, a esos Kempes y Zanabria que recién mostraban las garras, para que te saque en el entretiempo. Y así fue. Y hubo quien lloró con los ojos entre las manos cuando la melena que todos queríamos tener, ser, miró la tribuna y salió caminando del césped. “La que tiene que correr es la pelota”. Infame. Ni siquiera levantaste una mano para saludar. Ya estaba. Los porteños no se olvidarían jamás de ese lungo que un día prefirió irse a pescar, en lugar de sumarse a los entrenamientos de la Selección que después armó Menotti. ¿De dónde saliste, Trinche? “Cuando tenía cuatro años un vecino me apodó y nunca supe por qué. Desde ahí siempre fui el Trinche”. Naciste con barba. Y debajo de esos pelos ocultabas la sonrisa previa a la jugada que nadie esperaba. En Rosario Central. En Central Córdoba. En Colón de Santa Fe. En Deportivo Maipú. En Independiente Rivadavia de Mendoza, cuando en otro arrebato de locura manejaste los hilos de una obra que terminó en derrota del Milán de Italia por 3 a 1. Dicen que tu habilidad generaba el peor de los sentimientos para el defensor rival: lo enamoraba. Te pedía que le hagas otro sombrero. Mataras el centro envenado con el muslo y le pasaras el fobal por encima de la cabeza, rozándole el flequillo, el remolino cercano a la nuca, para después irla a buscar del otro lado. Quebrar la cintura. Pintar un dribbling con el empeine. El pique cortito. “Es cierto que me sentaba en la pelota durante el partido. Pero no era una provocación. Por ahí ellos no presionaban y yo estaba un poco cansado, ja”. Lo tuyo es incurable, Trinche. Me contaron que en Central Córdoba te daban premios extras por los caños. Y los viejos que todavía se rayan el pecho con los colores de Los Andes nunca olvidan que fueron ellos mismos, sí, tus rivales, los que esa vez que te olvidaste el documento recontra juraron ante escribano público que vos... eras vos. Sin dar un pase ya los habías enamorado ¿ves? “Me querían ver jugar”. Bigote que flamea. Pekerman dice que, a la hora de armar una Selección Argentina de todos los tiempos, vos sos el dueño de la 5. Para siempre. “Es el futbolista más maravilloso que vi”, comentó una vez. Yo justo me estaba bañando, pero lo escuché más tarde, cuando lo repitieron en la tele. ¿Pero si no jugaste ni en Boca ni en River? No podías pasar desapercibido, Trinche. Tu vida está marcada por el simple hecho de ser un lobizón: séptimo hijo varón de un plomero yugoslavo que se mojó las patas en el Paraná rosarino por primera vez allá por la década del 30. Y no se fue más. Apareciste vos. El crack de los ojos en la nuca, como murmuró un compañero tuyo una vez. Vos le dabas la pelota a él y estabas</itunes:summary><itunes:keywords>Literatura, El Trinche, Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-4173215417221641215</guid><pubDate>Sun, 31 May 2009 14:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-31T11:40:44.600-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Una Especie de Monstruo</category><title>Una especie de monstruo</title><description>&lt;p&gt;
&lt;em&gt;Algo de lo que, siempre dentro de los límites del automatismo psíquico, publico cada viernes en el colectivo &lt;/em&gt;&lt;a href="http://colectivocadaver.blogspot.com/"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Cadáver Exquisito&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt; que impulsan mi amigo Pierre Castro y otros escritores peruanos:&lt;/em&gt;
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&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SiKURjiHtmI/AAAAAAAAA6g/HOS_8zmG9PI/s1600-h/libertango1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5341995137331869282" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 81px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SiKURjiHtmI/AAAAAAAAA6g/HOS_8zmG9PI/s400/libertango1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;
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Esto iba a ser a 4.800 metros de altura. Pero no lo fue. Ni lo es. Viene de más abajo; de una cordillera que no es la de los Andes, pero igual asombra por las lomadas que, como puntas de alambre de púas, asoman plateadas desde la misma piel. Como huesos astillados que un día decidieron romper la carne y se vieron sorprendidos por una nevada muda que los congeló para siempre. Viene de piernas que justo esta semana se quedaron sin aire debajo de la planta de los pies. Sin rocas al alcance de los brazos. Sin agujeros en los que descartar el semen hasta que el viento blanco pase y al alcance de las pupilas quede sólo el oro. El metal que, rascado con la uña, se hace espejo y te devuelve al esqueleto. Te pinta la cabeza de pelos. Te raya y cuadricula las mejillas con una barba capaz de apuñalar un cordero. ¿Qué puedo decir? Todo eso iba a venir de 4.800 metros de altura. Pero no vino. Ahora queda desterrarme de la búsqueda. Caminar sobre la puerta y trepar al ascensor para subir hasta la calle. Y ahí voy: esa altura que me quitó una tormenta inesperada decidí buscarla en el paso a paso que define el latido a latido de esta vida muerte que nunca deja de estar viva. Y así, como una canción de The Cure sin estribillo, como un perro que a punto de ser ahorcado sobre un puente patalea entre la felicidad por la mano que lo alza y la tristeza de la quietud inminente, salto sobre las baldosas de mi guarida en Caballito y dejo que el viento se anude entre mis cejas para arrastrarme adonde sea. Paso el Parque Rivadavia. Acoyte. Ese estúpido Shopping que jamás será bendecido con una bomba (es que ya no tengo edad para volverme terrorista). El gordo disfrazado de dinosaurio Barney al que alguna vez le pegué en la cabeza y en un futuro cercano pienso saludar a puntinazos en el culo. Primera Junta. El vaho pegajoso de la tos con gripe que se hace gente. Fideos vomitados que nadan en los andenes del subte A. Babosas de orina reptando a través de escaleras de cancha de fútbol para después dividirse y empapar las calles. Ahí voy: bailo entre uretras enamoradas de un iPod y pezones más rígidos que la mano ortopédica del peor gobernador peronista. Vuelo de una vereda a la otra para no salpicarme con el torrente de chapa pintada y caños de escape que abarrota la calle Rosario. Hasta que aparecen esas ráfagas rojas que desconozco. Un olor. Que me empuja hacia el pasillo. Un codo tallado en cajones de pollo todavía húmedos. Ya estoy debajo: el techo herrumbroso y descascarado del Mercado del Progreso. La estatua de la Virgen de Luján enclavada sobre una pila negra y morada de chorizos y morcillas durmiendo sobre cualquier mostrador. Me pierdo, a paso de fémur fracturado, por pasadizos ovalados de huevos de gallina y pollos al horno en guerra de mandarinas con cazuelas de mariscos. El ojo ciego de un puestero con ínfulas de fabricante de quesos se escurre a través de mi lagrimal y deposita dos capullos de pus justo en el centro del cráneo. Los desenvuelvo con las ideas. Ya sos una especie de monstruo, dice la hoja de glóbulos blancos escrita con tinta de gangrena. Mirá ese tipo, agrega. Y ahí estoy: frente a una sierra que parte al medio espinazos de ternera. El carnicero hunde los dedos en la grasa espesa hasta llegar a la carne. Dedos-aguijones que desgarran los tejidos como si fueran bolsas de nylon. Buscan el hueso. Lo rodean: ya no son dedos: son colmillos de un puma primero resentido, luego hambriento. Dedos-colmillos que se ajustan al calcio petrificado como si fueran tornillos con tuercas. Ayudan a la sierra. Que no se detiene. A separar el rojo blando del blanco astillado. Ahora el brazo del carnicero es músculo que se endulza y aplana como una almohada nueva. Para después hacerse envase anaranjado de carbón fósil. Adoptar la rigidez de esa piedra que está hecha para achatar cabezas. Tabiques. Parietales. Coxis. Rótulas. O simplemente espinazos. El carnicero clava y arranca. Sierra. Músculos. Dientes. Metal. Hueso. Hasta que la sangre disfrazada de fibras y venas queda a un lado. Y en el piso, desnudo, aserrado, hundido en baldosas transpiradas, expiran los restos despreciados del armazón que diera gracia a la carne. Su compañero de baile. Sombra. Horizontalidad. El carnicero termina el parto con una cuchilla ideal para hacer de cualquier paleta o bola de lomo un bife bien ancho. Hay materia que cambia de forma. Mutación. Nueva etapa de la muerte. Una vida tal vez desconocida para la misma vida. El filo se detiene y hay un giro de pestañas que me dá de lleno en las pupilas. Ya sos una especie de monstruo, dice el carnicero. Y empuñando la hoja que inventa asados vuelve a señalarme los pasadizos que ya conozco. Los tuneles ovalados de huevos de gallina, los pollos al horno en guerra de mandarinas con cazuelas de mariscos. Con la habilidad que hace único a cada fóbico eludo esa raza llamada “gente que compra”. Piso mosaicos. Vereda. Llovizna sin previo aviso. Y respiro profundo antes de comenzar a correr. Atrás queda el Mercado del Progreso. La cordillera. El perro ahorcado sobre el puente. Un rojo blando separado del blanco astillado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;
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&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-4173215417221641215?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/05/una-especie-de-monstruo.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><media:thumbnail url="http://2.bp.blogspot.com/_KPizjHAUek0/SiKURjiHtmI/AAAAAAAAA6g/HOS_8zmG9PI/s72-c/libertango1.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://stat.radioblogclub.com/radio.blog/skins/mini/player.swf" length="5482" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://stat.radioblogclub.com/radio.blog/skins/mini/player.swf" fileSize="5482" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Algo de lo que, siempre dentro de los límites del automatismo psíquico, publico cada viernes en el colectivo Cadáver Exquisito que impulsan mi amigo Pierre Castro y otros escritores peruanos: Esto iba a ser a 4.800 metros de altura. Pero no lo fue. Ni lo</itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> Algo de lo que, siempre dentro de los límites del automatismo psíquico, publico cada viernes en el colectivo Cadáver Exquisito que impulsan mi amigo Pierre Castro y otros escritores peruanos: Esto iba a ser a 4.800 metros de altura. Pero no lo fue. Ni lo es. Viene de más abajo; de una cordillera que no es la de los Andes, pero igual asombra por las lomadas que, como puntas de alambre de púas, asoman plateadas desde la misma piel. Como huesos astillados que un día decidieron romper la carne y se vieron sorprendidos por una nevada muda que los congeló para siempre. Viene de piernas que justo esta semana se quedaron sin aire debajo de la planta de los pies. Sin rocas al alcance de los brazos. Sin agujeros en los que descartar el semen hasta que el viento blanco pase y al alcance de las pupilas quede sólo el oro. El metal que, rascado con la uña, se hace espejo y te devuelve al esqueleto. Te pinta la cabeza de pelos. Te raya y cuadricula las mejillas con una barba capaz de apuñalar un cordero. ¿Qué puedo decir? Todo eso iba a venir de 4.800 metros de altura. Pero no vino. Ahora queda desterrarme de la búsqueda. Caminar sobre la puerta y trepar al ascensor para subir hasta la calle. Y ahí voy: esa altura que me quitó una tormenta inesperada decidí buscarla en el paso a paso que define el latido a latido de esta vida muerte que nunca deja de estar viva. Y así, como una canción de The Cure sin estribillo, como un perro que a punto de ser ahorcado sobre un puente patalea entre la felicidad por la mano que lo alza y la tristeza de la quietud inminente, salto sobre las baldosas de mi guarida en Caballito y dejo que el viento se anude entre mis cejas para arrastrarme adonde sea. Paso el Parque Rivadavia. Acoyte. Ese estúpido Shopping que jamás será bendecido con una bomba (es que ya no tengo edad para volverme terrorista). El gordo disfrazado de dinosaurio Barney al que alguna vez le pegué en la cabeza y en un futuro cercano pienso saludar a puntinazos en el culo. Primera Junta. El vaho pegajoso de la tos con gripe que se hace gente. Fideos vomitados que nadan en los andenes del subte A. Babosas de orina reptando a través de escaleras de cancha de fútbol para después dividirse y empapar las calles. Ahí voy: bailo entre uretras enamoradas de un iPod y pezones más rígidos que la mano ortopédica del peor gobernador peronista. Vuelo de una vereda a la otra para no salpicarme con el torrente de chapa pintada y caños de escape que abarrota la calle Rosario. Hasta que aparecen esas ráfagas rojas que desconozco. Un olor. Que me empuja hacia el pasillo. Un codo tallado en cajones de pollo todavía húmedos. Ya estoy debajo: el techo herrumbroso y descascarado del Mercado del Progreso. La estatua de la Virgen de Luján enclavada sobre una pila negra y morada de chorizos y morcillas durmiendo sobre cualquier mostrador. Me pierdo, a paso de fémur fracturado, por pasadizos ovalados de huevos de gallina y pollos al horno en guerra de mandarinas con cazuelas de mariscos. El ojo ciego de un puestero con ínfulas de fabricante de quesos se escurre a través de mi lagrimal y deposita dos capullos de pus justo en el centro del cráneo. Los desenvuelvo con las ideas. Ya sos una especie de monstruo, dice la hoja de glóbulos blancos escrita con tinta de gangrena. Mirá ese tipo, agrega. Y ahí estoy: frente a una sierra que parte al medio espinazos de ternera. El carnicero hunde los dedos en la grasa espesa hasta llegar a la carne. Dedos-aguijones que desgarran los tejidos como si fueran bolsas de nylon. Buscan el hueso. Lo rodean: ya no son dedos: son colmillos de un puma primero resentido, luego hambriento. Dedos-colmillos que se ajustan al calcio petrificado como si fueran tornillos con tuercas. Ayudan a la sierra. Que no se detiene. A separar el rojo blando del blanco astillado. Ahora el brazo del carnicero es músculo que se endulza y aplana como una almohada nueva. Para después hacerse envase anaranjado de carbón fósil. 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 &lt;/p&gt;&lt;p&gt;

Cabeza fundida a los hombros y pantorrillas firmes, un impulso animal me obliga a indagar en el excremento fresco hasta robarle a los desperdicios una confesión líquida que -desafiante- pronuncia (con la garganta jugosa de sangre) nombres y apellidos que conozco desde no sé cuando. Tomo el control de una de mis manos y arrojo papel sobre un tronco agrietado que, sarcásticamente a flote, me ofrece un tapiz marrón de figuras sin sonrisa. La mujer que amo. Madre. Padre. Hermanos. Amigos. Cada fragmento que libero; esmalte negro que bautiza el inodoro, llena (nauseabunda contradicción) mi encía-lengua-boca con el sabor de las mucosidades que mejor desprecio. No hay olor, sólo certezas. La basura que abandona mi carne escribe -con orina- palabras que realmente no existen: comprensión, respeto, alternativa, libertad. Eyacular bajo la forma de desecho todo aquello por lo que uno respira. Apretarse el vientre con las uñas para no dejarse ir... que el desahogo -atajo de los cobardes- nunca llegue... Aguantar.

 &lt;/p&gt;&lt;p&gt;
Acurrucado sobre mí, devuelvo a una tierra enferma de contradicciones lo que no me pertenece. Y agito la respiración hasta que el último temor se desliza a través de mis orificios sin preguntarme cuán acertado ha sido mantenerme con vida un día más. Un día más... Desde un sanitario que regala blancura sin claridad dibujo, con el extremo ríspido de mi intestino grueso, cientos de pasadizos en los que nunca habré de colocar mis huellas digitales. Y clausuro, por un momento que huele a “Feliz Cumpleaños, angustia”, la clarividencia de una mirada que hoy ruega; intenta evitar todo atisbo de conciencia.
 &lt;/p&gt;&lt;p&gt;

Pasan las horas al borde de los azulejos. El aire adopta el perfume gélido del mundo. Enredo el vello de mis piernas resecas y vuelvo las cejas a una serranía de secreciones que jura que aun estoy muy lejos de superar lo instantáneo de mi cuerpo. Los rostros vuelven. Sin moscas. Vuelven. Como adornos fétidos plagados de deshonra. Rememoran. Lo que he sido hasta el momento de bajarme los pantalones. La imposibilidad de quitarle el suelo a mis pies por culpa de una pesadez, un desasosiego, que habita en mis vísceras sin aparente fecha de vencimiento.
 &lt;/p&gt;&lt;p&gt;

Los excrementos nunca me abandonan por completo. No dejan a nadie. Apenas si, día por medio, asoman desde su refugio sombrío para evocarme que aquello que mancha, corrompe, infecta, no se encuentra en eso que llamamos el afuera sino que, a cada hora, la suciedad crece más y más entre los pliegues de mi grasa dormida. Sólo yo puedo contemplarlo. La naturaleza inmunda que me carcome todavía no exige testigos directos que señalen debilidades risibles. Le basta con doblarme el estómago de una patada, castigar mi cabeza con dos tenazas calientes sin esterilizar, para confirmar que los rituales ocultos son necesarios. Y que el recuerdo de las personas; las ilusiones imposibles que uno captura y crucifica en su lado más subterráneo, brotan de forma inesperada cuando nos toca reducirnos a lo que verdaderamente somos: comida acumulada en perpetua descomposición.
 &lt;/p&gt;&lt;p&gt;
La mujer que amo. Madre. Padre. Hermanos. Amigos. La peor nada es tener todo. Sí. Ahora, la caverna más negra que escupe ponzoña desde mi piel los invita a regresar cada vez que el tiempo y la anemia de optimismo me sujetan a un inodoro. Entreabro las heridas y dejo que una daga maloliente, aguda, vuelva nuevamente a salir de mi carne hasta dejarme Extenuado. Infantil. Frágil. Efímero. Después, todo es cuestión de encontrar el papel que borra, siempre transitoriamente, las lágrimas de barro que escupe mi ano. Devolver el cuerpo a la ropa. Apretar un botón. Escurrir las pestañas jadeantes de sudor y hablar con las personas. Enfrentar nuevos rostros. “¿Cómo le va?” Sonreír. Aterrorizado por aquello que nunca se va. Sonreír. Hasta la próxima mueca de asco...&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-5354099162615128369?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2007/03/sin-moscas-vuelven.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-8875003486937745887</guid><pubDate>Sat, 16 May 2009 01:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-15T22:26:19.971-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Cadáver Exquisito</category><title>Cadáver exquisito</title><description>&lt;p&gt;
Al escritor &lt;a href="http://huesohueso.blogspot.com/"&gt;&lt;strong&gt;Pierre Castro&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt; (hermano plastilina) y su legión de amigos también escritores se les ocurrió una idea.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Esta: &lt;a href="http://colectivocadaver.blogspot.com/"&gt;&lt;strong&gt;Cadáver Exquisito&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La sede física de la fosa se encuentra en Lima, Perú. Pero a los legionarios se les antojó que podía ser interesante contar con un esqueleto con carne que hable en argentino.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Y me invitaron. Y ahí estamos: &lt;strong&gt;actualizando los viernes&lt;/strong&gt; (a partir de éste, claro). Que nada los espante...
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-8875003486937745887?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/05/cadaver-exquisito.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-4044557909752131349</guid><pubDate>Sun, 10 May 2009 02:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-09T23:40:33.173-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>PJ Harvey, "A Place Called Home"</title><description>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/xyZYmT8p3Jo&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/xyZYmT8p3Jo&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-4044557909752131349?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/05/pj-harvey-place-called-home.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/xyZYmT8p3Jo&amp;hl=en&amp;fs=1" length="763" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/xyZYmT8p3Jo&amp;hl=en&amp;fs=1" fileSize="763" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-5150525074278204589</guid><pubDate>Mon, 04 May 2009 23:13:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-05-04T20:22:02.799-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">El Fibrón Negro</category><title>El Fibrón Negro</title><description>&lt;p&gt;

&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Desgarrar las cortinas... Y dispararle tres tiros al sol. Para hacer de Buenos Aires un terreno baldío que nos permita, otra vez, ponernos verdes. Como esas malezas que, vencida la lluvia, se burlan socarronamente de la basura circundante: juntos. Y no morir sino en la muerte de cada promesa hecha (y abusada). Y no olvidar -nunca, nunca, nunca- romper el último vaso de vidrio que nos sirvió, sin hielo, dos rondas completas del vino más agrio.
&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;span style="font-family:arial;"&gt;3 de febrero de 2006&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;
&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
&lt;em&gt;&lt;/em&gt;
&lt;em&gt;&lt;/em&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;em&gt;&lt;/em&gt;
&lt;em&gt;&lt;/em&gt;
&lt;em&gt;&lt;/em&gt;
&lt;p&gt;

Te veo desaparecer. Volverte ventanal sucio tras la puerta del ascensor. Y ya puedo preguntarme cuántas serán las nuevas malas noticias que hoy agusanarán esta alucinación de mañana. Media galletita. Sacudida de talco para pies. Y dejame decirte que, pese a tus manotazos de asaltada, a esta altura ya no importan ni tu depilación de entrepierna ni mi barba teñida de girasol carcomido por las hormigas. Ahora, en este promiscuo 01, 02, 03, de las 9 y cuarto de un martes sin huellas particulares aterrizo en el borde de la cama a esperar, entre somnolencias mal cicatrizadas, el primer puñetazo seco en el pecho. Y esa ácida sensación de imaginar que la mampostería del techo culminará, un día de estos, por convertirse en caspa entre mis hombros.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

Reconozco la red y el dardo tranquilizante. También, el temblor en ese espejo del pasillo que, escuálido de visitas, apenas sirve para que te acomodes el pelo -y el gesto siempre inflamado de las cejas- medio paso antes del habitual “ya llegué” (Expresión que me incita, con la garganta repleta de goteras, a esconderme en el baño cual perro lastimado). Pinto en el aire, con las manos transpiradas en el bolsillo, cualquier máscara de sacrificio seco que incluya dientes desconfiados y una caricia tórrida atormentando las venas relajadas de mi mejilla. No te culpo: ya no me incomoda esta certeza de saber que, todos los días, muero un poco más. Ya no. Envejezco a la par de esas cruces, en fibrón negro, que adornan mi agenda de adolescente dispuestas a confirmar que atravesar los años es aprender a tomarle cariño a la Derrota. Sumisión. Impotencia. Cansancio.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

El divertido que sabe una y mil formas de encadenarse los cordones de los zapatos. Que se levanta 15 minutos antes que todo Occidente para, tras patinar hasta un lavatorio que siempre despeja de cualquier pelo caído, enjuagarse la boca con abundante Colgate Triple Acción. Y así dejar como único motivo de tu malhumor mañanero su poca descartable presencia. Eso soy. Al borde de un reloj sin pilas y lejano a la llave de gas de la cocina: torturo mi memoria tratando de vomitar el último abrazo que no olió a cuenta pendiente. A pestañeo perforador de orejas distraídas. A mirada, por sobre el hombro, de implacable hembra mutilada.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

Desdibujo el parquet con las rodillas y, televisor apagado mediante, ejercito la rutina de enroscar el codo, asignarle un número a esos lunares que nunca pienso arrancarme; dormir la encía resbalosa sobre los nudillos; recorrer, con un dedo temeroso, el hexágono de vetas que desfiguran la mesa del comedor: tuerzo la mandíbula, primero a la derecha -luego a la izquierda- para no acalambrarme mientras ensayo un ya confuso “te samo”, “te lamo”, “te ramo”, “te mamo”, “te amo”. Así, hasta que la enamoradiza jaqueca de todos los días me toma de la nuca. Y, tras mirarte con desprecio de reojo, apaga el velador: toda mi resignación puede, por fin, dormir boca abajo y con los pies destapados.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

Te veo aparecer. Un estornudo apurado me anunció el pronto desembarco de tu joroba esculpida de cobardías compradas en cuotas y cautelas sin labios ni mentón. Ya puedo sacar el cotillón del cajón de bombachas y corpiños para que, blancos de papel picado, le demos santo bautismo a preguntas como “¿por qué no habré nacido dentro tuyo?” o convencimientos al estilo “maldigo la puta hora en la que decidí interactuar con el mundo antes de conocerte; si seré pelotudo...”. Y también habrá lugar para una carcajada de teatro griego: preguntaré cómo te fue, y si compraste un poco de pan francés para la cena.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;

Luego (atenta, que viene la mejor parte), y esquivando la botella de vino para no tener que levantarme a orinar de madrugada, rescataré la última miga de placer que duerme en el piso, junto al enchufe de la heladera que nos regaló tu padre, y taparé la angustia con la primera sábana perfumada que pagó tu sueldo. Que no te asusten mi cerco de pantorrillas. El fibrón negro rayándote la frente. Los cabezazos a la par de tus gemidos... Sí: las lágrimas que ahora te enfrían los pezones de ladrillo gritan, aunque no lo creas, que haberte encontrado ha sido una suerte. Y lo ha sido, también, el no haber dejado que huyeras en el momento justo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Y lo ha sido.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
También.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El no haber sabido escapar a tiempo...
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-5150525074278204589?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/05/el-fibron-negro.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-4680193343849515773</guid><pubDate>Thu, 23 Apr 2009 12:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-23T09:12:52.448-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Y un día Jason volvió a Metallica... y juntos entraron al Salón de la Fama...</title><description>&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/j1GhT8jgvf0&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/j1GhT8jgvf0&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-4680193343849515773?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/04/y-un-dia-jason-volvio-metallica-y.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/j1GhT8jgvf0&amp;hl=es&amp;fs=1" length="763" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/j1GhT8jgvf0&amp;hl=es&amp;fs=1" fileSize="763" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-115602748035300501</guid><pubDate>Sun, 05 Apr 2009 22:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-06T08:39:45.515-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Andén de Moreno</category><title>Andén de Moreno</title><description>&lt;p&gt;
Espiral de dagas invisibles. Viento tirano que lacera cada gesto sin olvidar la llovizna. Palabras de un policía que, resignado, viste un vientre de embarazada y fuma su sueldo consumido en una bala... Andén de Moreno. Anciano de paraguas que olvida todo amanecer dentado, esquiva lágrimas de un aceite hecho cemento y acaricia, sin rabia, un alambrado desteñido...
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Frío. Hombres y mujeres hunden el cuello como palomas somnolientas, y escudriñan en un centenar de bolsillos buscando esa moneda ausente que apenas paga la espera. Colillas de cigarrillo que caen. Rieles que susurran una violación. Andén de Moreno. Vendedor de alfajores que abraza la contratapa del diario “Crónica”; modelo semidesnuda castigando sus labios de colágeno en una hamburguesa invernal. Cielo que se acurruca, temeroso, ante el malhumor de los relámpagos: ladrón de carteras que vigila su rebaño. Paquetes de galletitas estallan en un puño para luego, arrugados, besar a un preservativo que, apenas enterrado, yace huérfano de toda pasión sobre el polvo de la urgencia.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Tren y destino. Silencio de la cavilación inesperada. Pastizal y mendigos. Carne esculpida a fuego, a la espera de un estómago resignado al vacío perpetuo. Basura. Valija repleta de despedidas junto a zapatos recién lustrados. Pedregullo de petróleo: anhelo de una caricia ataviada de guantes infantiles. “¿A qué hora sale?”. “A las 17.35”. Acero ágil que descansa mientras, longevo, su color original se resquebraja cual puñado de nieve frente a una hoguera.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Andén de Moreno. Subir despacio cada peldaño; pugnar por un asiento cómodo. Lenguas que silban al unísono: sordera disfrazada de interrogante. Una niña muere, recostada sobre las vías. Una niña nace, sin llanto, en los brazos de una cigüeña hambrienta de esperanzas. El dolor, al igual que la memoria y el deseo, se disipan con la velocidad... Sin abonar boleto, una manada de bicicletas, maquilladas de barro, comparte esta oda a la melancolía...
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Locomotora impaciente: hora de irse. Barras de chocolate que no se venden. Andén de Moreno. El viaje de demasiados es la llegada de unos pocos... pero hay que intentarlo. Como esos hombros que ahora cargan sobre sí el misterio de unas alforjas colmadas de pasado: hay que intentarlo.
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-115602748035300501?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2006/08/andn-de-moreno.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-8726039417835324408</guid><pubDate>Wed, 01 Apr 2009 01:12:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-03-31T22:32:12.547-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Raúl Alfonsín (1927-2009)</title><description>&lt;p&gt;
&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/a8cRyQHNitw&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/a8cRyQHNitw&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;

&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste la primera explicación de lo que podía ser la democracia. Plena o no, pero siempre con la esperanza de que todos los días podemos hacerla mucho mejor.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
De que depende de nosotros.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“Con la democracia se come, se educa, se cura”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Certezas de que la vida cívica vale la pena.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste la primera idea de lo que son las instituciones. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La sugerencia de que hay que respetarlas.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“Un médico ahí...”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste una niñez de militares al fin presos. El Nunca Más. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Y mi vieja pegando carteles con tu nombre en un pueblo de 1.000 habitantes.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Navidades de discursos entre lágrimas y fe en que todos estábamos cambiando la historia.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Aprendiendo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
"No vamos a pagar la deuda con el hambre del pueblo".
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste una Semana Santa de casas en orden y gargantas de rodillas. Otra vez.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Antes habíamos saltado en el balcón de la Rosada, atados al piolín del barrilete cósmico.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El Comité Radical, en mi pueblo. El peludo muerto, colgando de la cola, que los peronistas dejaban en alusión al siempre oculto Yrigoyen.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Alfabetización masiva. 
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La eliminación de la censura.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste el Plan Austral.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Mi vieja forcejeando con un empleado de supermercado que cambiaba los precios del azúcar cada un minuto.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Las cajas PAN.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“A vos no te va tan mal, gordito”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La ley de divorcio.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La máscara de Caputo a la hora del brindis de Fin de Año.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El regreso de científicos, intelectuales y artistas exiliados.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El Plan Primavera.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La compra comunitaria, con mis viejos haciendo colas de madrugada, en pleno invierno, para conseguir polenta.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste La Tablada.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
La capital que no fue, en Viedma. Ahí, tan cerquita de mi Sierra de la Ventana.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Las lágrimas de mi mamá, cuando te fuiste.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El Pacto de Olivos, estrechando la mano del diablo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Un autógrafo de cuando ya no eras presidente.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Las primeras malas palabras, cuando era un niño. Y te las dedicada como todo el mundo.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El último agradecimiento. Hoy.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Me diste...
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-8726039417835324408?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/03/raul-alfonsin-1927-2009.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/a8cRyQHNitw&amp;hl=en&amp;fs=1" length="763" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/a8cRyQHNitw&amp;hl=en&amp;fs=1" fileSize="763" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Me diste la primera explicación de lo que podía ser la democracia. Plena o no, pero siempre con la esperanza de que todos los días podemos hacerla mucho mejor. De que depende de nosotros. “Con la democracia se come, se educa, se cura”. Certezas de que la</itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> Me diste la primera explicación de lo que podía ser la democracia. Plena o no, pero siempre con la esperanza de que todos los días podemos hacerla mucho mejor. De que depende de nosotros. “Con la democracia se come, se educa, se cura”. Certezas de que la vida cívica vale la pena. Me diste la primera idea de lo que son las instituciones. La sugerencia de que hay que respetarlas. “Un médico ahí...”. Me diste una niñez de militares al fin presos. El Nunca Más. Y mi vieja pegando carteles con tu nombre en un pueblo de 1.000 habitantes. Navidades de discursos entre lágrimas y fe en que todos estábamos cambiando la historia. Aprendiendo. "No vamos a pagar la deuda con el hambre del pueblo". Me diste una Semana Santa de casas en orden y gargantas de rodillas. Otra vez. Antes habíamos saltado en el balcón de la Rosada, atados al piolín del barrilete cósmico. Me diste las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. El Comité Radical, en mi pueblo. El peludo muerto, colgando de la cola, que los peronistas dejaban en alusión al siempre oculto Yrigoyen. Alfabetización masiva. La eliminación de la censura. Me diste el Plan Austral. Mi vieja forcejeando con un empleado de supermercado que cambiaba los precios del azúcar cada un minuto. Las cajas PAN. “A vos no te va tan mal, gordito”. La ley de divorcio. La máscara de Caputo a la hora del brindis de Fin de Año. El regreso de científicos, intelectuales y artistas exiliados. El Plan Primavera. La compra comunitaria, con mis viejos haciendo colas de madrugada, en pleno invierno, para conseguir polenta. Me diste La Tablada. La capital que no fue, en Viedma. Ahí, tan cerquita de mi Sierra de la Ventana. Las lágrimas de mi mamá, cuando te fuiste. El Pacto de Olivos, estrechando la mano del diablo. Un autógrafo de cuando ya no eras presidente. Las primeras malas palabras, cuando era un niño. Y te las dedicada como todo el mundo. El último agradecimiento. Hoy. Me diste... </itunes:summary><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-4518597314108632127</guid><pubDate>Sat, 28 Mar 2009 13:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-04-23T09:38:25.481-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Vida</category><title>Metallica, "Broken, Beat &amp; Scarred"</title><description>&lt;p&gt;
&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/dka5NJUpi4c&amp;hl=es&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/dka5NJUpi4c&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Nuevo corte del increíble &lt;strong&gt;&lt;a href="http://www.taringa.net/tags/death%20magnetic"&gt;Death Magnetic&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;.
&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-4518597314108632127?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/03/metallica-broken-beat-scarred.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total><enclosure url="http://www.youtube.com/v/dka5NJUpi4c&amp;hl=es&amp;fs=1" length="763" type="application/x-shockwave-flash" /><media:content url="http://www.youtube.com/v/dka5NJUpi4c&amp;hl=es&amp;fs=1" fileSize="763" type="application/x-shockwave-flash" /><itunes:subtitle> Nuevo corte del increíble Death Magnetic. </itunes:subtitle><itunes:author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</itunes:author><itunes:summary> Nuevo corte del increíble Death Magnetic. </itunes:summary><itunes:keywords>Vida</itunes:keywords></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-115495606188802265</guid><pubDate>Fri, 20 Feb 2009 06:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-02-20T08:47:15.676-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Detrás de la Puerta</category><title>Detrás de la Puerta</title><description>&lt;p&gt;
“¡Estás muy equivocado si pensás que sobrellevar las cosas es tan fácil!”. Entreabro -pesados, unidos por una hebra amarilla- los ojos de agua verde. Mano desesperada en busca de la sábana perdida. “Años y años mirándome en silencio... Nadie me avisó de este calvario; esta vida que supura miseria...”. Giro hacia un costado y reacomodo la almohada siempre transpirada bajo la mejilla derecha. “¡Basta, basura! ¡Basta de mirarme así!”. El grito doloroso vuelve a usurparme el sueño. Suspiro con pesadez al tiempo que, boca arriba, intento desentrañar el vello de mi ombligo. “Yo buscaba una compañía, ¿Entendés? Pensé que se podía superar la pesadumbre; que esto me pasaba como una suerte de bendición... pero me engañé”.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
El ruego, súplica, alarido y garganta desgarrada, proviene de una habitación vecina. “Me engañé de la forma más estúpida... por vos... que estás para nada, ahí... que me enseñás lo que es el egoísmo... y sonreís sin hablar”. Sí, el llanto ocurre dentro de mi departamento. El roce de un ramillete de uñas contra la pintura blanca ahora me descuartiza el oído. “Y me hiciste pensar en un proyecto personal... cuando casi nadie te ve... pensé que tenía que llegar a alguna parte ¡Pero todo fue una puta mentira!”, aulló el lamento. “Claro, pasaron los años y acá estoy: con las manos vacías ¿Por qué? Porque me obligaste a esperar a la suerte... como si con eso alcanzara”. Cruzo el brazo por detrás de mi cabeza: el pantalón y los zapatos están a menos de un metro de distancia; sobre la silla de Jorge; el tío que, hace una semana, apareció muerto en un manicomio de Formosa.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“¡Ahora necesito que me dejes en paz de una vez! Que dejes de seguirme, vigilarme, y me permitas ser una persona más...”. No voy a levantarme. En este minuto: una maratón de pasos acelerados resuena desde el cuarto contiguo. Parece una discusión, pero sólo alcanzo a escuchar a una de las voces. Igual, estoy seguro: no voy a levantarme.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“¿Ves esto, cobarde de mierda? Contestá, fracaso: ¿Ves esto? Mirá cómo se empieza a terminar el circo...”. Un estrépito de vidrios desgarrándose contra la pared acelera mis pulsaciones. “Y las fotos... ¡No me contestes, idiota! No vas a volver a verlas...”. Y otro alboroto de cristal que quiebra la monotonía. Algo cae, corre, irriga, salpica, gotea, baña, el piso alfombrado: puedo oír la pisada pegajosa. “Yo di todo ¡To-do! Y ahora susurrás a mis espaldas que tengo que volver a empezar... ¡Mirame! Basta de excusas. Nunca aprendiste a adelantarme la solución de las cosas... ¡Nunca!”. El alarido es acompañado por una montaña imaginada a la que siento desmoronar. Despacio, apoyando los pies con disimulo, me incorporo en la cama. Probablemente es mediodía; las persianas bajas apenas dejan filtrar un gajo de sol.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“¿Qué vas a hacer ahora, eh? ¿Desaparecer para siempre? ¿Devolverme años? ¿Soledades forzadas? ¿Lágrimas porque nunca entendí qué hacés acá? ¿Por qué esto me sucede a mí?”. Doy un paso sobre la alfombra desteñida: estoy de pie. Dos, tres, cuatro, cinco. Cauteloso. Me ubico junto a la puerta; oreja fundida a una madera disimulada de blanco. “¡Ah, no! No me vengas con ésa: yo creí en lo que me ofrecías. Compré todo el paquete cuando asumí esto, y ahora me doy cuenta de un detalle: la mirada cómplice, ésa que siempre te dediqué, justo hacia donde nadie veía nada, siempre valió menos que la nada...”. Aprieto el parietal contra la barrera que me separa de las palabras. “Todo fue un ‘estoy con vos’ pese a la frustración que, hace mucho ya, elegí para mí. Pensé que diferenciarme del resto me haría feliz, pero no: acá la diversión solamente fue tuya. Sólo tuya...”. No puedo distinguir a la otra voz. Por más que despliego el tímpano con furia, la discusión se me hace un monólogo de ausencias que responden a cada injuria. Apenas puedo notarlo: mis piernas tiemblan.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
“Asomate a la ventana, ¿Querés? Por ahí voy a tirar toda la porquería que he acumulado en estos años”. En el dormitorio, alguien sube la persiana de chapa y un chirrido penetrante relata que los vidrios han sido abiertos. “Ahí van los secretos y mis mejores momentos”. Una explosión trepa desde el patio del edificio. Algo estalla otra vez, pero ahora contra la puerta. Nervioso, quito la oreja. El pecho agitado y la mano histérica me impiden trasponer la madera rugosa. “Callate: mirá el vacío que soy. Reíte y fijate como me he secado por dentro; como huelo a podrido; como soy un envase vacío. Ojalá ya te sientas feliz. Ya no sirvo para nada...”. Sin control, extiendo los dedos hasta el picaporte. Una garganta que vomita espeso me detiene, luego un roce entrecortado, como si alguien arrastrara una bolsa cargada de trastos, vuelve a quitarme la confusión. Debo atravesar esta puerta. No puedo esperar más.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Entreabro la muralla de un empujón. Avanzo: dos, tres, cuatro, cinco. Clavo las pestañas en las paredes, el piso vestido de azul marino, el placard abierto de par en par, vacío, las voces de pronto en suspenso... Pero no hay nada. La habitación está completamente vacía. No hay vidrios en el piso, tampoco fotos o ropa en los cajones desordenados. No veo cama, televisor, vómito, sangre o bolsa de trastos. No hay nadie. Sólo la persiana levantada y la ventana abierta.
Confundido, semidesnudo, boquiabierto: me acerco al cristal corrido. Inclino la cabeza y el patio del edificio es un rectángulo de tallos florecidos. No puedo entender lo que sucede en este amanecer precipitado. No puedo escuchar la voz, las voces; contemplar los cuerpos hostiles. Tampoco los brazos inesperados; el empujón que me libera de la ventana. Ahora, en este instante, sólo me queda el viento y los manotazos hacia la nada. La respuesta a tanta oscuridad se acerca rápidamente a mis labios: me espera, con las baldosas abiertas, media docena de pisos más abajo.

&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-115495606188802265?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2006/08/detrs-de-la-puerta.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-24861597.post-8252806135894053640</guid><pubDate>Sun, 15 Feb 2009 18:19:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-02-15T16:37:21.516-02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Literatura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Rebotar</category><title>Rebotar</title><description>&lt;p&gt;
Otra vez la puerta reventada a rasguños. La estela blanca de la ropa con carne que atropella la madera a toda velocidad para rebotar.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Las manos, las tuyas, las que acarician y ahorcan, las que cosechan el esperma y me cierran los párpados cada vez que muero, de pronto astilladas por el filo de la palabra hecha violencia.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Rebotar.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Mi fracaso vuelve a despertarse enredado.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Y encuentra en tu espalda el mejor espejo para volverse una rama lacia de sauce verde.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
No alcanzan los brazos para contener tantos errores engordados con la leche que chorrea de mi lengua.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;
Los desaciertos tienen más de cuatros patas y tantos pares de ojos como cabellos se secan cada día en mi cabeza.
&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/24861597-8252806135894053640?l=el-galo.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://el-galo.blogspot.com/2009/02/rebotar.html</link><author>patricio.eleisegui@gmail.com (Patricio Eleisegui)</author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></item><language>en-us</language><media:rating>nonadult</media:rating></channel></rss>
