<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671</atom:id><lastBuildDate>Thu, 21 Apr 2011 01:11:26 +0000</lastBuildDate><title>The Black parade</title><description></description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>13</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-6765502308944341580</guid><pubDate>Thu, 21 Apr 2011 00:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T21:23:34.775-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato: "El Guardián" de Miguel Callejón Berenguer</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;strong&gt;EL GUARDIÁN &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: x-small;"&gt;MIGUEL CALLEJÓN BERENGUER&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me he perdido -le dijo a los árboles. &lt;br /&gt;La fría brisa del atardecer acariciaba sus mejillas, mientras se preguntaba como demonios podía haberse perdido a pesar de llevar un plano de ese gigantesco bosque, y una brújula en la mano. &lt;br /&gt;Pateó el suelo con rabia, y gritó: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Nunca debí haber venido! ¡Mierda! -y se sentó en el tocón de un árbol, intentando tranquilizarse. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un principio, la idea de pasar la noche en el bosque no le había parecido mala, todo lo contrario: dos días y una noche de tranquila soledad para leer o para escuchar las aves, simplemente. Y allí estaba ahora: con la mochila y la tienda de campaña a la espalda, en algún lugar de aquel bosque. Un lugar desconocido, por cierto. &lt;br /&gt;Se levantó y echó a andar, resignado. Tenía que encontrar un claro para acampar, de lo contrario tendría que dormir a la intemperie. Al menos tengo el saco, pensó. &lt;br /&gt;Entonces fue cuando llegó al sendero: vio el Cielo abierto, y echó a correr por él: al poco tiempo comenzó a divisar una gran mole gris entre los troncos de los árboles; el camino dio un par de revueltas más y llegó a un gran claro en medio del cual se erguía un gran caserón -casi un castillo, a juzgar por su aire regio-. Parecía habitado, y sin más se acercó, subió unos escalones hasta llegar a la puerta y la golpeó un par de veces con la aldaba. Pudo oír los ecos de los golpes en el interior de la casa a pesar del grosor de la puerta, y antes de que aquéllos se hubiesen apagado, ésta se abrió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién es usted? -preguntó un mayordomo, con cierto tono despectivo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Soy un excursionista. Me he perdido y quería preguntar si... -vaciló un instante- si podría pasar la noche en esta casa. -El Sol había desaparecido bajo la línea del horizonte, y el cielo se oscurecía por momentos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Un momento -cerró la puerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco minutos después, la puerta continuaba cerrada. Sentado en los escalones, mantenía la mirada fija en aquel claro. ¿Y si montase la tienda ahí?, se estaba preguntando, cuando algo chirrió tras él. Se volvió, y vio que la puerta -por fin- se abría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pase -le dijo-. Mi señor le permite la estancia, por esta noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entró en la casa. Por dentro era aún más majestuosa que por fuera. Gruesos tapices donde se recogían, dibujadas, antiguas y legendarias batallas, cubrían las paredes; del techo colgaban grandes lámparas de araña. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sígame. -Y subieron al piso superior que sugerían una antigüedad incognoscible. Incluso el mayordomo la sugería, pensó, a pesar de que su rostro no mostraba más rasgos de vejez que los de un hombre de cuarenta, cincuenta años a lo sumo. &lt;br /&gt;Le siguió por un laberinto de pasillos. &lt;br /&gt;Su habitación era grande, con un pequeño y anticuado cuarto de baño. Aquí no había tapices, sino cuadros de extraños dioses, que le hicieron pensar en alguna mitología antigua. &lt;br /&gt;El mayordomo salió, y el invitado se sentó en la cama, tan antigua como todo lo demás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bonita noche al aire libre -murmuraba, mientras se quitaba las botas-. Esta es la última vez. ¡La última! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toc, toc. La puerta se abrió y el mayordomo entró, sosteniendo una bandeja con comida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Su cena -dijo, mientras el otro miraba sorprendido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hacía falta, yo llevaba... -el mayordomo se marchó, sin dejarle terminar y sin despedirse siquiera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quitó la otra bota, y, descalzo, se aproximó a la mesa.Bon apettit, pensó. Sonrió y empezó a comer. &lt;br /&gt;Cuando hubo terminado, se acercó a la puerta para salir, pero no pudo abrirla. &lt;br /&gt;Frunció el ceño. ¿Por qué no se abre? &lt;br /&gt;Probó dos veces más, hasta que le fue evidente que el mayordomo le había encerrado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Eh! ¿¡Qué pasa aquí!? -gritó, y golpeó la puerta- ¡eh!Quizá no quieran que ronde por la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encogió de hombros; se desvistió y se metió en la cama. &lt;br /&gt;Mañana será otro día, pensó cuando cerró los ojos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despertó sobresaltado. Aún era de noche. Le había parecido escuchar algo en la puerta. &lt;br /&gt;Esperó, pero no oyó nada más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo habré soñado -murmuró, para tranquilizarse, mientras cerraba los ojos &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡otra vez ese sonido! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentó en la cama; sus pies rozando el suelo y su corazón a punto de estallar.Parece como si arañaran la puerta, pensó. ¿Será el mayordomo, que intenta gastarme una broma? Seguro de ésto último, dijo en voz alta: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Oiga? ¿Qué sucede? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces oyó un gañido y el trote de un animal que se alejaba. Tragó saliva y, cubierto de sudor frío, se volvió a meter entre las sábanas. &lt;br /&gt;Agradeció a Dios que la puerta estuviese cerrada con llave. &lt;br /&gt;A pesar de ello, apenas pudo conciliar el sueño el resto noche. &lt;br /&gt;El resplandor del Sol se colaba por entre las cortinas. &lt;br /&gt;Miró su reloj. Eran las siete de la mañana. &lt;br /&gt;Se levantó, se vistió y se lavó la cara. Al mirarse en el espejo comprobó que éste deformaba el reflejo cómicamente. &lt;br /&gt;Se acercó a la ventana y descorrió las cortinas. El Sol naciente entró en todo su esplendor. Miró hacia el bosque y se percató de que aquella era la zona de la cual él había salido, aunque ahora tuvo ese sentimiento de antigüedad que la noche anterior tuvo al subir las escaleras. Se preguntó cuál sería la edad de aquellos árboles. ¿Cientos, miles de años, quizá? Le pareció que estaban ahí desde épocas inmemoriales. &lt;br /&gt;La puerta principal se abrió de un portazo, y el chico miró hacia abajo: &lt;br /&gt;de la casa salía un lobo del tamaño de un caballo con una persona entre sus fauces. &lt;br /&gt;Se separó de la ventana, aterrorizado. Recordó la noche anterior, y se lanzó a la puerta: para su alivio, seguía cerrada con llave. Aquella monstruosidad no podría alcanzarle. &lt;br /&gt;Escuchó un alarido y el chasquido de huesos rompiéndose. &lt;br /&gt;Se acercó a la ventana y volvió a mirar. &lt;br /&gt;Abajo, el lobo se relamía las fauces. Debajo de él sólo quedaban unos despojos.¿A quién se habrá comido? El miedo le había aturdido. No podía dejar de mirar por la ventana. ¿A quién? &lt;br /&gt;Entonces vio unos jirones de ropa entre los restos. &lt;br /&gt;La ropa del mayordomo. &lt;br /&gt;Cayó desmayado.&lt;br /&gt;Se despertó, notando la cama bajo él. Se sentía completamente en calma, y durante aquel momento de lasitud no movió un sólo músculo. &lt;br /&gt;Entonces recordó, y se levantó de un salto: la puerta estaba destrozada. Asustado, se asomó por la ventana. &lt;br /&gt;Allí estaba el lobo, devorando otra presa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No ha sido un sueño! ¡¡NO HA SIDO UN SUEÑO!! -gritaba, aterrorizado, lo que en el fondo de su corazón ya sabía. Se dio la vuelta para huir, pero se quedó clavado en el suelo &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;porque el mayordomo estaba de pie en la puerta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡USTED! -gritó con todas sus fuerzas- ¡¡USTED ESTÁ MUERTO!! -retrocedió un paso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No intente escapar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿QUÉÉÉ? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No intente escapar -repitió-. Aun si tuviera un cuerpo le resultaría difícil. Sin él no lo intente. No podrá. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Usted está muerto! ¡Yo le vi morir! -retrocedió y miró por la ventana. El gigantesco lobo se adentraba en la espesura. De pronto todo le pareció irreal, y temió haberse vuelto loco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí -dijo el mayordomo, ante la sorpresa del otro-. Morí en mil novecientos ochenta, de una pulmonía. En el ochenta y cinco, un cáncer me mató; y volví a morir ocho años más tarde asesinado por una de las gárgolas del tejado, que cobran vida a media noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quééé? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La última vez que morí fue esta mañana, devorado por el lobo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Usted está loco! -gritó, exasperado, convencido de haber sido objeto de una broma pesada.- Todo ésto tiene que ser un montaje. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mayordomo entró en la habitación. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vendí hace años mi alma al dios Hom'Sthotath, el Soberano de lo Muerto. ¿Sabe algo sobre Él? ¿No? No importa. Ahora sirvo al Guardián de la Puerta hasta el glorioso día en el que Él pase a nuestro plano de existencia y reine sobre la Tierra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todo esto es un montaje -repitió, esperando un "sí" que no llegó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En cuanto al lobo... -continuó-, él es el Guardián. Ayer no me permitió que le diera cobijo a usted, pero le desobedecí, y él, al ver esta puerta cerrada y percibir el olor a ser humano, advirtió esta desobediencia y me mató; no obstante mi cuerpo inmortal resucitó de nuevo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué lo hizo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Necesitaba compañía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No me quedaré! Dios mío... ésto no puede ser real. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si mira al suelo, verá sangre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obedeció; a sus pies había un charco de sangre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si me acompaña, sabrá de quién es -el mayordomo salió de la habitación, y el chico fue tras él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajaron las escaleras. El mayordomo abrió la puerta principal y dijo &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dígame, ¿qué es lo que ve? -el aludido miró al exterior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Oh Dios... restos humanos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fíjese bien. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obedeció, y vio entre el fango unas botas y ropa de abrigo, hecha jirones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ahora eres un alma en pena; permanecerás atado a esta casa hasta el final de los tiempos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chico le miró. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Has sido devorado por el Guardián. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Times; font-size: x-small;"&gt;MIGUEL CALLEJÓN BERENGUER&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-6765502308944341580?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-guardian-de-miguel-callejon.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-1900292743412662484</guid><pubDate>Thu, 21 Apr 2011 00:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T21:15:57.326-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato: "El Trato" de Miguel Callejón Berenguer</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;EL TRATO&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: x-small;"&gt;MIGUEL CALLEJÓN BERENGUER&lt;/span&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una amplia región del mundo que había al otro lado del espejo estaba ocupada por una estirpe de monstruos reptantes de cuerpo gelatinoso. Habitaban raras ciudades, ya que un extraño ciclo evolutivo los había dotado de inteligencia. Desde tiempos inmemoriales combatían contra los monstruos del subsuelo, que habían bajado de las nubes. No obstante, desde que surgió el problema que ahora los tenía ocupados, que era mucho más acuciante que la batalla, los dos bandos habían acordado una tregua, ya que concernía a ambos: hacía cinco millones de ciclos el Sol se había puesto, y desde entonces se había negado a salir otra vez. Los reptiles gelatinosos temían la extinción de su especie ya que, aunque eran muy longevos, podían morir si cada determinado espacio de tiempo no devoraban una porción de Sol. De hecho, varios reptiles habían experimentado ya la terrible Mutación, que para ellos significaba la muerte: su cuerpo comenzaba a resplandecer, transformándose en una esfera de luz errante sin conciencia de sí misma. &lt;br /&gt;Cuando la desesperación les ganó, recurrieron al último recurso que les quedaba: invocar a la Reina. &lt;br /&gt;La Reina era un ser todopoderoso que provenía del Otro Lado y que había llegado de una extraña manera. Era un ser cruel, y se decía que sólo podría dominarla aquel que conociese su auténtico nombre. Ellos no lo conocían, y temían la repercusión que pudiese tener dicha invocación. &lt;br /&gt;La invocación fue un proceso largo. No obstante, a su término apareció la Reina del Espejo en todo su esplendor. &lt;br /&gt;-¿Por qué me habéis llamado? -preguntó, con su atronadora voz. &lt;br /&gt;-Señora -dijo una de las bestias gelatinosas-, necesitamos el Sol, pero se niega a salir. Necesitamos -su voz temblaba- que Su Majestad lo traiga. &lt;br /&gt;Sorprendentemente, la Reina condescendió en traerlo, pero con una condición: uno de ellos debería salir al Exterior y traer un alma humana. Una vez lo hubieran hecho, ella cumpliría su parte del trato. &lt;br /&gt;Los reptiles estuvieron de acuerdo; para traer un alma sólo deberían matar a su poseedor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La Reina, con su poder, abrió una Puerta de Cristal, que comunicaba con el Otro Lado. &lt;br /&gt;-Elegid a uno de vosotros -ordenó la Reina. &lt;br /&gt;Aquello no hizo falta: una de las bestias se ofreció voluntaria. Coreado por los rugidos de sus congéneres y por los lamentos guturales -únicos sonidos que sabían hacer- de los monstruos del subsuelo (cuyas características les impedían cruzar dicha Puerta), la bestia salió al Exterior. &lt;br /&gt;Justo antes de que la Puerta se cerrara, pudieron ver cómo la apariencia gelatinosa del reptil desaparecía: se había transformado en piedra. &lt;br /&gt;La Reina rió cruelmente. &lt;br /&gt;-Cuando llegue el momento, podrá moverse. -Yse esfumó con un destello. &lt;br /&gt;Alrededor de la bestia petrificada crecía una jungla exuberante que con el paso del tiempo lo cubrió de hojas y ramas pútridas. Muchos ciclos después, una expedición de seres de aquel mundo -que, irónicamente, estaban buscando nuevas especies animales- tropezó literalmente con él. &lt;br /&gt;El monstruo tuvo consciencia de ser alzado en vilo -de alguna manera desconocida para él- y sacado del lugar donde había estado esperando tanto tiempo. &lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Times; font-size: x-small;"&gt;MIGUEL CALLEJÓN BERENGUER&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-1900292743412662484?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-trato-de-miguel-callejon.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-4739393452429067855</guid><pubDate>Thu, 21 Apr 2011 00:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T21:09:36.687-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato: "El pasillo" de Ruhtbén Darío</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;strong&gt;EL PASILLO&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: x-small;"&gt;RUHTBÉN DARÍO &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al caminar por aquellas desoladas calles, sin vida, sin ningún tipo de ruidos, comencé a sentir diferentes sensaciones dentro de mi cuerpo, comencé a sentirme inseguro, comencé a tener miedo, por lo que miraba para atrás a cada rato, a cada momento, como si alguién o algo estaba detrás de mí, pero no había nadie, no había nada, sólo yo y mi oscura sombra, que para mí ya comenzaba a adquirir formas tenebrosas por lo que ni siquiera me atrevía a mirarla porque hasta ella me causaba miedo, era una estupidez, pero de verdad me estaba empezando a asustar, sentía la sensación de que mientras mas rápido caminaba mas rápido me seguían, aquella sensación me trajo recuerdos de mi infancia en donde en mi antigua casa, cuando caminaba por su pasillo en la oscuridad, el pasillo era largo y angosto, se sentían como crujían sus maderos por todos lados, pero también se podía escuchar claramente los pasos de alguién que venía detrás de mí, maldito pasillo por qué tiene que venir a mi mente ahora. Esos pasos los escuché tantas veces que me acostumbré pero nunca dejaron de asustarme, los escalofríos no dejaban de recorrer mi cuerpo cada vez que los sentía, sacaba fuerzas para contrarrestar ese miedo, pero era inevitable. Cuando llegaba al final del pasillo donde se encontraba el baño, me encerraba dentro de él con pestillo, pero ni así me sentía seguro, sabía que aquella presencia estaba ahí detrás de la puerta esperando, esperando por mí. Muchas delas veces no fui capaz de soportar el terror y me lanzaba a correr como desesperado por aquel largo corredor, pero a medida que corría más rápido, más cerca y fuerte sentía a aquella presencia, como queriéndome sujetar por la espalda, pero jamás lo hizo, como si quisiera divertirse conmigo, algunas veces y ya que en aquella casa había una escalera muy vieja, cada vez que yo la bajaba sentía como esta presencia trataba de empujarme por lo que yo bajaba corriendo y desesperado, es más, una vez que bajé corriendo, algo me empujo y rode por las escaleras hasta el fondo y me quebré una pierna, en realidad no sé si algo me tocó, pero no puedo decir que me caí por estúpido. En mi casa pensaron que fue una caída accidental, claro que yo no le iba a contar a nadie lo que me sucedía, me iban a tratar de maricón, cobarde y retardado, así que todo siguió igual. En el tiempo que tuve el pie lesionado no sentí nada, ni un solo ruido, como si aquel ente extraño estubiera esperando mi recuperación para continuar con aquel jueguito, y así fue, tan pronto como me sacaron el yeso todo comenzó de nuevo, empecé a sentir nuevamente las persecuciones, aquellos pasos demoniacos que me torturaban hasta lo más profundo de mis sentidos, aquel miedo que recorría mi cuerpo de pies a cabeza a travez de mis venas, pero fui un cobarde, jamás me dio el corazón para darme media vuelta y enfrentar a aquella presencia o enfrentar la realidad, aquella realidad que me decía que todo era invento de mi mente, de mi siquis de niño, susceptible y afectada por los filmes de terror calse B que inundan las pantallas de nuestra televisión. Esto duró por todo el tiempo que vivimos en esa casa y jamás, pero jamás dejó de asustarme en ninguna oportunidad, por más acostumbrado que estaba a esta sensación, los pelos se me paraban e incrustaban en la piel una y otra vez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora no sé por qué razón estoy sintiéndola de nuevo, han pasado más de diez años quizás de la última vez, en todo ese tiempo aquella sensación la había olvidado, la había borrado de mi mente hasta este momento, ahora vuelvo a sentir aquel miedo desgraciado que me costó antes tanto poder controlar, siento como el miedo se incrusta poco a poco en mi cuerpo a travez de mis venas, como la misma sangre que circula por ellas se reparte a todos los rincones de mi ser, apoderándose de mis pensamientos y mis reacciones, cuánto daría por ver a alguien en esta calle y no sentirme tan solo, ni siquiera un maldito perro en todo el camino, y esos pasos, esos malditos pasos que siguen tras de mí, ahora que sé lo que es no me atrevo a mirar para atrás, no soy capaz de enfrentar mi trauma de la infancia, camino mas rápido, pero al igual que antes siento cada vez más cerca a aquella presencia como si caminara pisándome los talones, pero no puedo dejar que el miedo controle mi mente, tengo que hacerle frente, pero no soy capaz de darme vuelta y mirar para atrás, mientras que cada vez siento los pasos más cerca y el miedo cada vez penetra más en mi cuerpo, hasta el punto de sentir que me voy a mear en los pantalones, pienso en rezar mientras camino, pero de qué me sirve, no soy cristiano, ni conozco ningún tipo de rezo. De pronto los pasos los siento encima mío y ya no aguanto más, tengo que enfrentarlo, cierro los ojos, apreto los dientes y me doy media vuelta, siento como algo frío y caliente a la vez se me hunde en el estómago seguido de un dolor terrible y espantoso, abro los ojos pero no veo nada, todo lo veo negro, caigo de rodillas al suelo y me llevo las manos al estómago, siento como la sangre corre por ellas y empapa toda mi ropa, luego esa misma sangre comienza a salir de mi boca y caigo de costado ya sabiendo que mi vida se escapa y dando mis últimos suspiros. Antes de perder el conocimiento total escucho una voz, una voz que dice "¡por qué tuviste que darte vuelta de repente, yo sólo quería tu chaqueta, conchadetumadre, por qué lo hiciste, por la misma mierda!" seguido de unos pasos que salen corriendo y se alejan con rapidez, esos pasos, esos malditos pasos, no eran más que los pasos de un vulgar e insignificante ladrón, y yo tan estúpido que fui, siempre fui un estúpido, creí en aquel maldito pasillo, ese pasillo… &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif; font-size: x-small;"&gt;&lt;strong&gt;RUHTBÉN DARÍO&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-4739393452429067855?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-pasillo-de-ruhtben-dario.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-1764367223725331642</guid><pubDate>Thu, 21 Apr 2011 00:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T21:03:09.529-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato: "Estatuas de la noche" de Clark Ashton Smith</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;strong&gt;Estatuas de la Noche.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;The Memnons of the Night,&lt;span style="color: red;"&gt; Clark Ashton Smith.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Limitadas por un horizonte lejano, que desde cierto punto se encuentra muy remoto y parece fundido con la brillantez azul de un cielo metálico, contrastan el negro esplendor de sus formas marmóreas con el insuperable resplandor del sol. Construidas en el amanecer de los tiempos, por una raza cuyas tumbas en forma de torre y ciudades de altas cúpulas constituyen ahora un sólo polvo con el de sus constructores en las lentas evoluciones del desierto, permanecen en pie para contemplar los terribles amaneceres postreros, que surgen en otros países, consumiendo los velos de la noche en las desolaciones infinitas. Al mismo nivel de la luz, sus ceños temibles conservan el orgullo de los reyes Titánicos. En sus ojos de mirada pétrea, implacables y sin párpados, se refleja la desesperación de quienes han contemplado el infinito durante demasiado tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mudas como las montañas de cuyo seno metálico surgieran, sus labios nunca han reconocido la soberanía de los soles que en llamarada triunfante cabalgan de horizonte a horizonte por la tierra subyugada. Unicamente al atardecer, cuando el oeste arde como un horno gigantesco, y las lejanas montañas lanzan chispas doradas a las profundidades de los cielos caldeados (únicamente al atardecer, cuando el este se hace infinito e indefinido, y las sombras del desierto se mezclan con la sombra de la noche hasta formar una sola), entonces, y sólo entonces, surge de sus gargantas pétreas una música que se eleva hacia el horizonte cobrizo; es una música fuerte y triste, extraña y de gran sonoridad, como el canto de las estrellas negras, o la letanía de dioses que invocan al olvido; es una música que enternece al desierto llegando hasta su corazón de roca, y que retumba en el granito de tumbas olvidadas, hasta que los últimos ecos de su alegría, cual trompetas del destino, se unen al negro silencio de lo infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Clark Ashton Smith.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-1764367223725331642?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-estatuas-de-la-noche-de-clark.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-7983566546877188929</guid><pubDate>Wed, 20 Apr 2011 23:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T20:55:07.607-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato: "El Campesino y los Fantasmas" de Henri Carnoy</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: #cc6600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;strong&gt;El campesino y los fantasmas.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;Le Paysan et les revenants,&lt;span style="color: red;"&gt; Henri Carnoy&lt;/span&gt; (1861-1930)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Un campesino regresaba una noche de vender su trigo en el gran mercado de Arras. Regresaba a pie porque le había dejado su caballo a su empleado que regresaría al día siguiente. Iba a llegar al pueblo cuando, al pasar cerca de un calvario situado en un cruce de caminos, se vio rodeado por miles de fantasmas vestidos con sus sudarios. Los aparecidos se tomaron de la mano y se pusieron a bailar alrededor del campesino quien, más muerto que vivo, se había sentado en la piedra de la base de la cruz. El hombre distinguió con terror los espectros de su padre, de su abuelo y de uno de sus hermanos —muertos todos aquel mismo año— en medio de la banda numerosa de aparecidos que bailaba a su alrededor. De repente, uno de los fantasmas se acercó al vivo y le pidió que lo condujera, junto con sus acompañantes, a la iglesia del pueblo y avisara al párroco para que aquella misma noche celebrara una misa por el descanso de sus almas.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;—Todos los que estamos aquí —continuó el aparecido— somos aquellos por quienes no se ha celebrado la misa de difuntos que se les había prometido. Sin esa misa nos resulta imposible entrar en el cielo. Debemos esperar a que un vivo nos conduzca a la iglesia del pueblo para celebrar la misa y, aunque cada mes nos reunimos en esta encrucijada para encontrar a ese hombre, aún no hemos encontrado a ninguno que pueda hacernos ese favor. Tu padre te ha reconocido y nos ha dicho que tienes buen corazón. Apresúrate pues y llévanos a la iglesia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Feliz de poder ayudar a todos aquellos difuntos y satisfecho al mismo tiempo por salir del aprieto tan fácilmente, el campesino se levantó, corrió hacia el presbiterio seguido por los fantasmas, que se separaron de él cerca de la iglesia para ir a ocupar su lugar en el coro. El párroco no se hizo de rogar y fue a oficiar con el campesino como ayudante. Los aparecidos se habían colocado en buen orden en la iglesia, los ancianos delante, los jóvenes a la derecha y las mujeres a la izquierda de la entrada. En el momento del Evangelio se levantaron todos produciendo un ruido de huesos golpeados, se santiguaron devotamente al comienzo y al final respondieron a coro un Amen tal que el párroco y el campesino no habían oído nunca otro semejante. La misa continuó y cuando el sacerdote y el agricultor se volvieron para decir Ite missa est, todo había desaparecido; los fantasmas se habían liberado de sus sufrimientos y habían ido a tomar posesión del cielo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Henri Carnoy (1861-1930)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-7983566546877188929?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-campesino-y-los-fantasmas-de.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-2746245669058603853</guid><pubDate>Wed, 20 Apr 2011 17:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T14:17:44.712-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato de terror: "La Casa Maldita" de Lovecraft.</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: #cc6600;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;La casa maldita.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;The shunned house, &lt;span style="color: red;"&gt;H.P. Lovecraft&lt;/span&gt; (1890-1937)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;Rara vez deja de haber ironía incluso en el mayor de los horrores. Algunas veces forma parte directa de la trama de los sucesos, mientras que otras sólo atañe a la posición fortuita de éstos entre las personas y los 1ugares Un magnífico ejemplo de este último caso puede encon­trarse en la antigua ciudad de Providence, donde acos­tumbraba a ir Edgar Allan Poe, a mediados del siglo pasado, durante su infructuoso galanteo a Mrs. Whitman, poeta de excelentes dotes. Poe solía parar en la Mansión House—nuevo nombre de la Hostería de la Bola de Oro, cuyo techo cobijó a Washington, a Jefferson y a La­fayette—, y su paseo preferido era hacia el Norte, por la misma calle, donde se encontraban la casa de Mts. Whitman y el vecino cementerio de St. John, situado en la falda de la colina, cuyo recoleto recinto, con abundancia de lápidas del siglo XVII, le fascinaba de manera especial. Lo irónico del caso es que en el curso de aquel paseo, tantas veces repetido, el más grande maestro de lo terrible y de lo fantástico tenía que pasar por delante de cierta casa situada en el lado oriental de la calle; un edificio deslucido y anticuado que se hallaba posado sobre la brus­ca subida de la ladera de la colina, con un amplio y des­cuidado jardín que databa de la época en que la región era en parte campo abierto. No parece que Poe escri­biera o hablara nunca de la casa, ni se tiene noticia de que hubiera reparado en ella. y, sin embargo, aquella morada para las dos personas en posesión de cierta infor­mación, iguala o supera en horror a las más descabelladas fantasías del genio que con tanta frecuencia pasó por de­lante de ella sin saber lo que ocultaba y se alza con mi­rada maliciosa y rígida como símbolo de todo lo que es indeciblemente espantoso. &lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La casa era —en realidad, continúa siendo— de las que atraen el interés de los curiosos. Originalmente gran­ja, por lo menos en parte, tenía el habitual aspecto colo­nial de las casas prósperas de tejado puntiagudo de la Nueva Inglaterra de mediados del siglo XVIII, con dos pisos y ático, pórtico georgiano y paredes interiores recu­biertas de madera, corno dictaba la evolución del gusto en esa época. Estaba orientada hacia el Sur y tenía un elevado tejado cuyos dos aleros daban, respectivamente, a la ladera de la colina y a la calle. Su construcción, de hace más de siglo y medio, se había adaptado al nivelado y al enderezamiento &amp;amp;l camino en aquella vecindad par­ticular, pues Benefit Street, llamada originalmente Back Street, se trazó como sinuoso sendero entre los sepulcros de los primeros colonos y sólo se enderezó cuando el traslado de los cadáveres al Cementerio del Norte permitió abrir camino a través de los antiguos predios familiares. En un principio, el muro posterior se alzaba sobre un campo de hierba que quedaba como a veinte pies por encima del nivel de la calle, pero un ensanchamiento de ésta; aproximadamente en tiempos de la Guerra de la Independencia, absorbió casi todo el espacio intermedio y dejó los cimientos al aire, por lo que hubo que cons­truir en el sótano un muro de ladrillo, que dio a esta hundida parte de la casa una fachada dotada de puerta y dos ventanas por encima del nivel del suelo, casi a la altura de la calle nueva. Cuando se construyó la acera hace un siglo, se eliminó el resto del espacio intermedio, y en sus paseos Poe debió de ver sólo un muro vertical de ladrillo que nacía del borde de la acera, coronado a una altura de diez pies por la pesada silueta de la antigua casa entejada propiamente dicha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los terrenos, propiedad de la familia, se extendían por la parte trasera y subían un buen trecho por la loma, hasta casi llegar a Wheaton Street. El espacio al sur de la casa, el que lindaba con Benefit Street, quedaba, natu­ralmente, muy por encima del nivel de la actual acera, formando una plataforma que acababa en un muro de guijas húmedas y mohosas horadado por un tramo muy inclinado de estrechos escalones que conducía al interior, entre paredes que formaban una especie de desfiladero, y desembocando en la parte superior en un despeinado macizo de césped, muros de ladrillo rezumantes y jardi­nes descuidados, cuyas desmanteladas urnas de cemento, tiestos herrumbrosos caídos de trípodes de nudosas patas y objetos parecidos hacían parecer más atractiva, por con­traste, la puerta principal, maltratada por la intemperie, con su montante roto, pilastras jónicas podridas y carco­mida cornisa triangular. Lo que oí de muchacho acerca de la Casa Maldita fue simplemente que la gente moría en ella en cantidad alar­mante. Esa había sido la razón, me decían, por la que sus primeros propietarios la habían abandonado unos vein­te años después de haberla construido. La casa era, evi­dentemente, malsana, tal vez a. causa de la humedad y de los hongos que crecían en el sótano, del tufo enfermizo que lo contaminaba todo, de las corrientes de los pasillos o de la calidad del agua de la bomba y del pozo. Estas cosas ya eran lo bastante malas y a ellas culpaban, las personas que yo conocía, de las desgracias de la casa. Únicamente los cuadernos de notas, de mi tío el anticua­rio, Dr. Elihu Whipple, me revelaron detalladamente las más oscuras y vagas suposiciones que formaban una co­rriente folklórica subterránea entre los sirvientes más antiguos y la gente humilde, conjeturas que nunca llegaron muy lejos y fueron en su mayor parte olvidadas cuando Providence se convirtió en ciudad importante con una población moderna y cambiante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En realidad, los habitantes serios de la ciudad nunca consideraron la casa como «encantada» exactamente. No se hablaba de ruidos de cadenas, ni de heladas corrientes de aire, ni de apagones de luces, ni de caras en las venta­nas. Los extremistas decían que traía «mala suerte», pero no pasaban de ahí. Lo indiscutible era que en ella morían gran número de personas, o, mejor dicho, que en ella habían muerto un gran número de personas, pues después de ciertos peculiares acontecimientos ocurridos allí hace más de sesenta años, el edificio había quedado abandona­do debido a la imposibilidad de alquilarlo. Aquellas per­sonas no murieron todas repentinamente por una causa determinada; parecía más bien que su vitalidad iba sien­do minada de un modo insidioso y que su resistencia dependía de su mayor o menor fortaleza natural. Y las que no morían mostraban en diversos grados un tipo de anemia o consunción, y a veces una decadencia de las facultades mentales, que no hablaban a favor de la salu­bridad del edificio. Debe añadirse que las casas vecinas parecían estar completamente libres de aquella perniciosa condición. Esto es cuanto sabía antes que mis insistentes pregun­tas llevaran a mi tío a mostrarme las notas que finalmente nos embarcaron en nuestra espantosa investigación. En mi niñez, la Casa Maldita estaba vacía, con sus árboles desnudos, nudosos y viejos, su alta hierba de una palidez extraña y cizaña de aspecto de pesadilla en el abandonado patio en el que jamás se posaban los pájaros. Los mu­chachos solíamos invadir la finca, y aún recuerdo mi te­rror juvenil provocado no sólo por la morbosa calidad de aquella siniestra vegetación, sino ante la atmósfera y el olor de la ruinosa casa, cuya puerta abierta cruzába­mos frecuentemente en busca de emociones. Los cristales de las ventanas estaban rotos en su mayoría, y una indes­criptible desolación rodeaban los precarios paneles de madera que cubrían las paredes, los desvencijados postigos interiores, el papel de los muros que colgaba a tiras, la escayola que se desmoronaba, las inseguras escaleras y los pocos muebles estropeados que todavía quedaban. El pol­vo y las telarañas daban un mayor matiz de abandono a aquel ambiente atemorizador, y muy valiente tenía que ser el muchacho que se aventuraba por la escalera que conducía al desván, una pieza espaciosa y alargada, con vigas al descubierto, iluminada solamente por la incierta luz de las pequeñas buhardillas de sus extremos y reple­ta de un montón de arcones, sillas y ruecas rotas que infinitos años de abandono habían cubierto y adornado de formas monstruosas y diabólicas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero, después de todo, el desván no era la parte más terrible de la casa. Lo que nos provocaba mayor repul­sión era el húmedo sótano, aunque quedaba completa­mente por encima del nivel del suelo en el lado que mi­raba a la calle, separado de la concurrida acera por un endeble tabique de ladrillo en el que se abrían una puerta y una ventana. No sabíamos si frecuentarlo atraídos por su estímulo fantasmal, o rehuirlo para bien del alma y la cordura. En primer lugar, el mal olor de la casa era más pronunciado allí; y, además, no nos gustaban la blanca fungosidad que brotaba algunas veces del duro suelo de tierra en los veranos lluviosos. Aquellos hongos, de gro­tesco parecido con la vegetación del patio exterior, tenían formas verdaderamente horribles, detestables caricaturas de setas de especies desconocidas. Se pudrían pronto y en determinada fase de su descomposición adquirían una leve fosforescencia, de modo que los transeúntes nocturnos ha­blaban, a veces, de los fuegos fatuos que brillaban detrás de los destrozados cristales de las ventanas, por las que se esparcía el mal olor. Nunca, ni siquiera en las más descabelladas vísperas de Todos los Santos, bajamos al sótano de noche, pero en algunas de nuestras visitas diurnas pudimos percibir la fosforescencia, especialmente si el día era oscuro y húmedo. También captábamos a menudo una cosa más sutil, algo muy extraño que era, sin embargo, y en el mejor de los casos, apenas una sugestión. Me refiero a una mancha nebulosa y blanquecina en el suelo de tie­rra, un depósito, vago y cambiante de moho y nitro que, en ocasiones, creíamos ver entre la esparcida fungosidad cerca del inmenso fogón de la cocina del sótano. Algunas veces nos parecía que aquella mancha tenía una extraña semejanza con la figura de una persona encorvada, aun­que generalmente no existía tal parecido, y con frecuencia ni siquiera la veíamos. Cierta tarde de lluvia en que aque­lla sensación fue particularmente intensa y en que, ade­más, había creído ver una especie de emanación tenue, amarillenta y temblorosa que brotaba del dibujo en di­rección a la campana de la chimenea, le hablé a mi tío del asunto. Se limitó a sonreír ante aquella curiosa fan­tasía, pero me pareció que había en su sonrisa un matiz de reminiscencia. Más tarde me enteré de que en algunas de las antiguas leyendas que circulaban por la región ha­bía una idea similar a la mía, una idea que también aludía a las formas de vampiro y de lobo que tomaba el humo de la gran chimenea, y de los anómalos contornos adop­tados por algunas de las retorcidas raíces de árbol que se abrían camino hasta el sótano por entre las piedras suel­tas de los cimientos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;II.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi tío no me dio a conocer las notas e informes que había reunido acerca de la Casa Maldita hasta que fui un hombre adulto. El Dr. Whipple era un médico sen­sato y conservador de la antigua escuela, y a pesar’ del interés que le inspiraba la casa no deseaba alentar a un muchacho a pensar en cosas anormales. Sus propias opi­niones, en el sentido de que el edificio había sido cons­truido en un paraje insalubre, no tenían nada de anor­mal, pero se daba cuenta de que el pintoresquismo de lo que había suscitado su propio interés podría asociarse en la mente fantástica de un muchacho con toda clase de macabras imaginaciones. Mi tío era un solterón, un hombre de pelo blanco, de rostro rasurado vestido a la antigua e historiador local notable, que había roto frecuentemente una lanza contra guardianes de la tradición tan polémicos como Signey S. Rider y Thomas W. Bicknell. Vivía con un criado en una antigua casa georgiana de aldabón, escalinata y baran­dal de hierro que se alzaba amenazadoramente en North Court, calle de empinada pendiente, junto a la mansión colonial de ladrillo en la que su abuelo —primo de un famoso corsario, el capitán Whipple, que en 1772 que­mó la goleta Gaspee de Su Majestad—, había votado el 4 de mayo de 1776 por la independencia de la colonia de Rhode Island. A su alrededor, en la húmeda biblio­teca de techo bajo y blancos paneles que la humedad ha­cía amarillear, de pesada repisa tallada sobre la chimenea y ventanas de pequeños cristales color vino, se guarda­ban las reliquias y documentos cíe su antigua familia, en­tre los cuales había muchas ambiguas alusiones a la Casa Maldita de Benefit Street. Ese malsano lugar no se encuentra lejos, pues Benefit Stteet cofre a lo largo del borde de la precipitada pendiente por encima del Tribu­nal, por donde treparon las primeras casas de los colonizadores.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando mi tío me consideró lo bastante maduro como para digerirla, puso ante mis ojos una crónica realmente extraña. A pesar de la longitud de su contenido, lleno de estadísticas y monótonas genealogías, corría por ella una hebra continua de tenaz y persistente horror y de malignidad preternatural que me impresionaron más que al buen doctor. Sucesos independientes encajaban entre si de manera asombrosa, y detalles al parecer insignifi­cantes prometían un potencial de espantosas posibilida­des. Una nueva y ardiente curiosidad brotó en mí, com­parada con la cual la que sentí de muchacho era débil y rudimentaria. La primera revelación me llevó a realizar una investigación a fondo y finalmente a aquella estreme­cedora búsqueda que resultó tan desastrosa para mí y para los míos. Pues mi tío insistió en unirse a las pesquisas que yo había iniciado, y tras haber estado cierta noche en aquella casa, no volvió a salir conmigo. Ahora estoy solo, sin aquel espíritu amable cuyos largos años estuvieron llenos de honor&amp;gt; virtud, buen gusto, benevo­lencia y erudición. He erigido una urna de mármol en memoria suya en el Cementerio de St. John —el lugar bien amado de Poe—, el recogido soto de altísimos sauces que queda sobre la loma, en donde tumbas y lápidas se agru­pan serenamente entre la mole blanquecina de la iglesia, las casas y los muros de contención de Benefit Street.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La historia de la casa, que se abría paso entre un labe­rinto de fechas, no revelaba nada siniestro en lo referente a su construcción, ni en lo referente a la honorable fami­lia que la edificó. Y, sin embargo, desde sus comienzos la rodeó un aura de calamidades, que pronto adquirió pro­porciones de mal agüero. La historia cuidadosamente re­copilada por mi tío comenzaba con la construcción del edificio en 1763, y desarrollaba el tema con una desacos­tumbrada cantidad de detalles. Sus primeros moradores fueron William Harris, su esposa Rhoby Dexter y sus hijos, Elkanah, nacida en 1755; Abigail, nacida en 1757; William, Junior, nacido en 1759, y Ruth, nacida en 1761. Harris era un adinerado mercader y marino, dedicado al comercio con las Indias Occidentales y relacionado con la firma de Obadiah Brown y sus sobrinos. Después de la muerte de Brown en 1761, la nueva casa de Nicholas Brown &amp;amp; Co. le nombró capitán del bergantín Prudence, construido en Providence, de 120 toneladas, lo que le permitió construir la nueva casa que había anhelado tener desde que contrajo matrimonio. El lugar que había elegido —una parte de la reciente­mente enderezada Back Street, calle nueva y de buen ve­cindario, que corría a lo largo de la ladera de la colina que dominaba el populoso Cheapside— reunía todo lo que pudiera desearse, y la casa hacía honor al solar que ocupaba. Era todo lo buena que podía ser dada una for­tuna moderada, y Harris se apresuró a mudarse a ella antes que naciera el quinto hijo que esperaba la familia. Este hijo, un varón, llegó en diciembre, pero nació muer­to. Durante un siglo y medio no iba a nacer en aquella casa ningún niño vivo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En el mes de abril, cayeron enfermos los niños, y Abi­gail y Ruth murieron poco después. El Dr. Job Ives diag­nosticó el mal como una clase de fiebre infantil, aunque hubo otros que hablaron de simple debilitación y decai­miento. En cualquier caso, la enfermedad parecía ser con­tagiosa, pues en el mes de junio Hannah Bowen, una de las dos criadas de la casa, murió de la misma dolencia. Eh Lideason, la otra criada, se quejaba constantemente de debilidad, y hubiera regresado a la granja de su padre de no haber sido por el gran cariño que le cobró a Mehi­tabel Rehoboth, que había reemplazado a Hannah. Eh falleció al año siguiente, año triste en verdad, pues en él murió el mismo William Harris, debilitado por el cli­ma de la Martinica, donde sus ocupaciones lo habían retenido durante largas temporadas en la década anterior. Rhoby, su viuda, nunca se repuso de la pérdida de su marido, y la muerte de su primogénita, Elkanah, ocurrida dos años después, significó el golpe decisivo a su razón. En 1768 fue víctima de una locura benigna, y quedó re­cluida en el piso superior de la casa; su hermana mayor, Mercy Dexter, soltera, llegó a la casa para cuidar de la familia. Mercy era una mujer muy poco agraciada, hue­suda y de gran fortaleza física; pero su salud empeoró visiblemente desde su llegada. Profesaba un profundo afecto a su desventurada hermana y un cariño especial al único sobrino que le quedaba, William, que luego de haber sido un niño fuerte y robusto se había convertido en un muchacho flacucho y enfermizo. Ese mismo año murió Mehitabel, y el otro criado, Preserved Smith, se marchó sin dar una explicación coherente, o aduciendo simplemente algunas historias poco razonables y dicien­do que no le gustaba el olor de la casa. Durante algún tiempo, Mercy no pudo conseguir más ayuda, pues siete muertes y un caso de locura, todo ello en un período de cinco años, habían comenzado a fomentar habladurías, repetidas primeramente junto a la lumbre, y convertidas luego en absurdos rumores. Finalmente, consiguió unos criados que no eran del pueblo: Ann White, una mujer melancólica de la parte de North Kingstown que hoy for­ma la villa de Exeter, y un hombre competente venido de Boston que se llamaba Zenas Low.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ann White fue la primera en dar forma definida a los rumores. Mercy nunca debió tomar a criada alguna de la comarca de Nooseneck Hill, pues esas tierras remotas y atrasadas eran entonces, como hoy, semillero de las más inquietantes supersticiones. En 1892, fecha relativamente reciente, las gentes de Exeter desenterraron un cadáver y quemaron ceremonialmente el corazón para impedir cier­tas supuestas apariciones nocivas para la salud y la paz de la población, y puede imaginarse cuál era el punto de vista de esa comarca en 1768. Ann habló mucho e indiscretamente, y al cabo de unos meses Mercy la despidió reemplazándola con una fiel y amable criada de Newport, María Robbins. Mientras tanto, la infortunada Rhohy Harris, en su locura daba rienda suelta a sueños y falsas aprensiones de la más horrible especie. Había veces en que sus gritos se hacían insoportables y durante largos períodos decía tales horrores que su hijo tuvo que ser enviado a casa de su primo, Peleg Harris, que vivía, en Presbyterian Lane, cerca del nuevo edificio del colegio universitario. El mu­chacho parecía mejorar después de estas visitas, y de ha­ber sido Mercy tan. inteligente como bien intencionada, hubiera dejado que el chico se quedara a vivir permanen­temente en casa de Peleg. La tradición no está de acuerdo en lo que Mrs. Harris gritaba en sus estallidos de violen­cia, o, mejor dicho, los relatos son tan absurdos que se invalidan a sí mismos. Pues resulta, efectivamente, absur­do oír que una mujer que solamente tenía rudimentarios conocimientos del francés, gritara durante horas enteras empleando un francés grosero y coloquial, o que, la misma persona, en la vigilada soledad de su habitación, se quejara amarga y excitadamente de una presencia que la mi­raba fijamente y la atormentaba con dentelladas y mor­discos. Zena, el criado, murió en 1772, y cuando Mistress Harris se enteró, lo celebró con risas y a1borozo, algo incomprensible en ella. Al año siguiente falleció, siendo enterrada en el Cementerio del Norte, junto a su marido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando comenzó la guerra con Inglaterra en 1775, William Harris, a pesar de sus dieciséis años y de su en­deble constitución, consiguió alistarse en el Ejército de Observación a las órdenes del general Greene, y a partir de entonces empezó a mejorar de salud y a ganar en prestigio. En 1780, siendo capitán de las fuerzas de Rho­de Island en Nueva Jersey, mandadas por el coronel Angell, conoció a Phebe Hetfield, de Elizabethtown, con­trajo matrimonio con ella y la llevó consigo a Providence al año siguiente cuando le licenciaron honrosamente en el ejército. El regreso del joven soldado no fue un acontecimiento feliz. La casa, es cierto, se encontraba aún en buen estado; la calle se había ensanchado y le habían cambiado el nombre de Back Street por el de Benefit Street. Pero el antes robusto cuerpo de Mercy Dexter se había enco­gido y desmejorado curiosamente, y ahora era una patética figura encorvada de voz cavernosa y desconcertante palidez, característica singularmente compartida por Ma­ría, la única criada que quedaba. En el otoño de 1782, Phebe Harris dio a luz una hija muerta, y el día 15 del siguiente mes de mayo, Mercy fallecía tras una vida labo­riosa, austera y virtuosa. William Harris, convencido por fin de la naturaleza radicalmente malsana de su casa, decidió abandonarla y cerrarla para siempre. Consiguió alojamiento provisional para su esposa y para él en la Hostería de la Bola de Oro, recientemente abierta, y dispuso la construcción de una casa nueva y mejor en Westminster Street, en el ensanche de la ciudad, al otro lado del Gran Puente. Allí nació en 1785 su hijo Dutee, y allí vivió la familia hasta que el desarrollo y necesidades del comercio los llevaron a instalarse al otro lado del río; y más allá de la loma en Angell Street, en el nuevo bardo residencial del Este, en donde el desaparecido Archer Harris construyó su sun­tuosa y fea residencia con tejado a la francesa en 1876. William y Phebe murieron víctimas de la epidemia de fiebre amarilla en 1797, pero Dutee fue criado por su primo Rathbone Harris, hijo de Peleg.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Rathbone era un hombre práctico y arrendó la casa de Benefit Street, a pesar del deseo de William de conservar­la desalquilada. Juzgó que tenía la obligación hacia su pupilo de sacar el máximo beneficio del patrimonio del muchacho, y no le importaron las muertes y enfermeda­des que ocasionaron continuos cambios de inquilinos, ni la creciente aversión que la casa generalmente inspiraba. Es probable que sintiera únicamente enojo cuando, en 1804, las autoridades municipales le dieron orden de fu­migaría con azufre, alquitrán y alcanfor como consecuencia del comentado fallecimiento de cuatro personas, proba­blemente causado por un brote de fiebre epidémica. Se dijo que el lugar olía a fiebre. El propio Dutee no pensó gran cosa en la casa, pues llegó a ser oficial de un barco corsario y prestó servicios con distinción en el Vigilant, mandado por el capitán Cahoone en la guerra de 1812. Regresó ileso, contrajo matrimonio en 1814 y fue padre aquella memorable no­che del 23 de septiembre de 1815, en que una gran tor­menta arrastró las aguas de la bahía hasta que cubrieron la mitad de la ciudad lanzando una gran balandra a bue­na altura de Westminster Street de modo que sus más­tiles casi golpearon las ventanas de los Harris en simbó­lica afirmación de que el recién nacido, Welcome, era hijo de marino. Welcome no sobrevivió a su padre, pero sí vivió lo suficiente para morir gloriosamente en Fredericksburg en 1862. Ni él ni su hijo Archer supieron nada de la Casa Maldita, sino que era un engorro casi imposible de arrendar, tal vez a causa de la perniciosa humedad y del olor a viejo y a abandono. En realidad, no volvió a ser alquilada después de una serie de muertes que culminaron en 1861, y que pasaron inadvertidas a causa de la emo­ción de la guerra. Carrington Harris, el último descen­diente varón de la familia, la conocía sólo como un lugar abandonado, pintoresco y centro de leyendas hasta, que yo le conté mi experiencia. Se proponía derribarla y cons­truir en el solar un nuevo edificio de apartamentos, pero después de mi relato decidió dejarla en pie, instalar ca­ñerías y alquilaría. No se ha tropezado todavía con nin­guna dificultad para encontrar inquilinos. El horror ha desaparecido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;III.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Puede imaginarse lo profundamente que me impresio­naron los anales de los Harris. En esta ininterrumpida historia parecía anidar una persistente maldad superior a todo lo que yo había conocido en la naturaleza; una mal­dad claramente relacionada con la casa, y no con la fa­milia. Confirmó esta impresión la colección menos siste­mática de heterogéneos datos de mi tío —leyendas procedentes de habladurías de criados, recortes de perió­dicos, copias, certificados de defunción extendidos por mé­dicos colegas suyos y cosas semejantes. No puedo repro­ducir todo esa material, pues mi tío fue un incansable investigador del pasado y sintió gran interés por la Casa Maldita; pero puedo referirme a diversos puntos desta­cados que llaman la atención por su repetición en muchos informes procedentes de diversas fuentes. Por ejemplo, los rumores de la servidumbre coincidían casi unánime­mente en atribuir al sótano, con sus hongos y su mal olor, la supremacía en la perniciosa influencia. Hubo cria­das —Ann White especialmente— que se resistían a usar la cocina del sótano, y por lo menos tres leyendas muy concretas hablaban de las extrañas formas, casi humanas o diabólicas, que tomaban las raíces de los árboles y las manchas de moho en esa parte de la casa. Estas últimas me interesaban profundamente recordando lo que yo ha­bía visto de chico, pero tuve la sensación de que la mayor parte de lo importante había quedado en cada caso oscu­recido en buena parte por añadiduras sacadas del común acerbo de cuentos locales de fantasmas. Ann White, con su superstición típica de Exeter, ha­bía difundido la más estrambótica y al mismo tiempo más coherente de las historias o patrañas, según la cual tenía que estar enterrado ‘bajo la casa uno de esos vampiros, o muertos que conservan la forma corporal y viven de la sangre o del aliento de los seres vivos, cuyas espantosas huestes envían sus formas o espíritus acechantes al exte­rior durante la noche. Para acabar con un vampiro, dicen las comadres, hay que desenterrarlo y quemarle el cora­zón, o por lo menos atravesárselo con una estaca, y la tenaz insistencia de Ann en que debía cavarse el suelo del sótano en busca de cadáveres había sido la causa prin­cipal de que la despidieran.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero sus historias encontraron un amplio auditorio, y se aceptaron más fácilmente porque la casa estaba edifi­cada efectivamente en un lugar que en otra época sir­viera de cementerio. Para mí esto tenía menos importan­cia que ciertos detalles realmente desconcertantes —la queja del criado, Preserved Smith, que había precedido a Ann sin oír jamás hablar de ella, de que algo «le chu­paba el aliento» por la noche; los certificados de defun­ción de las víctimas de la fiebre en 1804, expedidos por el Dr. Chad Hopkins, es que se mencionaba que las cua­tro personas carecían inexplicablemente de sangre; y los oscuros desvaríos de la pobre Rhoby Harris cuando se quejaba de los agudos dientes y ojos vidriosos de una pre­sencia semivisible. Aunque libre de vanas supersticiones, estas cosas me producían una extraña sensación que se intensificó al leer dos recortes de periódico de fechas muy distintas relati­vos a muertes acaecidas en la Casa Maldita —uno de la Providence Gazette and Country-Journal, del 12 de abril de 1815, y el otro del Daily Transcript and Chronicle, del 27 de octubre de 1845—, y que detallaban un espeluz­nante suceso cuya repetición resultaba extraña. Parece ser que en ambos casos la persona agonizante, en 1815 una dulce anciana llamada Stafford, y en 1845 un maestro de mediana edad llamado Eleazer Durfee, se transfiguró horriblemente, vidriándose su mirada e intentando mor­der la garganta del médico que le atendía: Todavía más extraño fue el caso que puso término al alquiler de la vivienda, una serie de muertes por anemia precedidas de locura en el curso de la cual los enfermos atentaban con­tra la vida de sus parientes mediante incisiones en el cuello o en las muñecas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esto ocurrió en 1860 y 1861, cuando mi tío comenza­ba a ejercer su profesión de médico; y antes de partir para el frente oyó hablar mucho del caso a sus colegas más viejos. Lo que resultaba verdaderamente inexplica­ble era la forma en que las víctimas —gente ignorante, pues aquella casa maloliente y rehuida no podía alqui­larse a otra dase de personas—, balbuceaban impreca­ciones en francés, lengua que era imposible que hubieran estudiado verdaderamente. Aquello hacía pensar en la po­bre Rhoby Harris de casi cien años antes, y tanto impre­sionó esto a mi tío que empezó a reunir datos históricos acerca de la casa a su regreso de la guerra, después de escuchar los relatos personales de los doctores Chase y Whitmarsh. Realmente, comprobé que mi tío había pen­sado mucho en el asunto y de que se alegraba de mi propio interés abierto y comprensivo que le permitía dis­cutir conmigo cosas de las que otros se hubieran reído. Su imaginación no había llegado tan lejos como la mía, pero presentía que el lugar tenía algo de raro por su po­tencial para la imaginación y que merecía ser tenido en cuenta como inspiración en el terreno de lo grotesco y lo macabro. Por mi parte estaba dispuesto a tomar todo el asunto con gran seriedad y empecé inmediatamente no sólo a revisar las pruebas, sino a acumular tantos datos como pudiera reunir. Hablé muchas veces con Archer Harris, el anciano propietario de la casa, antes que muriera en 1916, y obtuve de él y de su hermana soltera todavía viva, una auténtica corroboración de todos los datos que mi tío había reunido acerca de la familia. Pero cuando les pregunté qué relación pudo tener la casa con Francia o con su lengua, se confesaron tan desconcertados e igno­rantes respecto a ese asunto, como yo. Archer nada sabía, y lo único que pudo decir su hermana era que posible­mente su abuelo, Dutee Harris, había oído hablar de algo capaz de arrojar alguna luz sobre el tema. El viejo ma­rino, que sobrevivió dos años a su hijo muerto en la guerra, no conoció por si mismo la leyenda, pero recor­daba que su primera niñera, la anciana María Robbins, parecía estar vagamente enterada de algo que podía haber dado cierto extraño significado a los desvaríos franceses de Rhoby Harris que tantas veces había oído en los últi­mos días de aquella desgraciada mujer. María había vi­vido en la Casa Maldita desde 1769 hasta que la familia se mudó en 1783 y había visto morir a Mercy Dexter. Una vez le insinuó algo a Dutee, aún niño, sobre un de­talle algo extraño de los últimos momentos de Mercy, pero el chico lo había olvidado todo excepto que se tra­taba de algo raro. La nieta recordaba aquel detalle de un modo confuso. Ni ella ni su hermano estaban tan inte­resados en la casa como Carrington, el hijo de Archer y actual propietario, con quien hablé después de lo que me pasó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una vez que conseguí de la familia Harris todos los datos que sabían, me dediqué a investigar los antiguos archivos y documentos de la ciudad con más cuidado y minuciosidad que lo había hecho mi tío. Lo que buscaba era una historia completa del solar en que se construyó la casa desde la fundación de la ciudad, ocurrida en 1636, o aun desde tiempos anteriores, si es que podía desenterrar alguna leyenda de los indios Narragansett con el fin de obtener los datos. Encontré, para empezar, que aquellos terrenos formaron parte de una larga franja de tierra otorgada originalmente a John Throckmorton, una de las muchas similares que comenzaban en Town Street, junto al río, y se extendían sobre la colina hasta un lu­gar que coincidía aproximadatnente con la de la moderna Hope Street. La propiedad de Throckmorton, naturalmen­te, se había subdividido posteriormente, y dediqué mu­cho tiempo y trabajo a investigar qué había sido de aquella parte por la que luego correría Back o Benefit Street. Parece, según rumores, que había sido el cementerio de los Throckmorton, pero cuando estudié más cuidadosamente los documentos, descubrí que todas las tumbas habían sido trasladadas en una fecha anterior al Cemente­rio del Norte, situado en la Pawtucket West Road. Y de pronto encontré, por pura casualidad, pues no estaba en los legajos principales y muy bien pudo pasar­me inadvertido, algo que me emocionó profundamente, pues encajaba con algunos de los aspectos más extraños del caso. Era un documento de arrendamiento de 1697, relativo a un pequeño trozo de tierra, y otorgado a un tal Etienne Roulet y a su esposa. Al fin había aparecido el elemento francés, y también otro más profundamente horripilante que el nombre evocó extrayéndolo de mis insólitas y heterogéneas lecturas, lo que me llevó a estu­diar febrilmente el plano del lugar tal como había sido antes del trazado de la Back Street entre 1747 y 1758. Encontré lo que a medias esperaba; en el solar donde se alzaba ahora la Casa Maldita, detrás de una casita de planta baja, los Roulets habían enterrado a sus muertos, sin que existiera constancia de ningún traslado de tum­bas. El documento terminaba de un modo confuso y tuve que buscar en los archivos de la Sociedad Histórica de Rhode Island y en la Biblioteca Shepley hasta encontrar una referencia local al nombre de Etienne Roulet. Por fin encontré algo y de tan vago y monstruoso significado que decidí investigar inmediatamente el sótano de la Casa Maldita con una nueva y emocionada minuciosidad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al parecer, los Roulets llegaron en 1696 de East Green­wich a la costa occidental de la bahía de Narragansett. Eran hugonotes procedentes de Caude, y habían tropeza­do con una fuerte oposición antes de que se les permitiera instalarse en Providence. La impopularidad les ha­bía acosado en East Greenwich, a donde llegaron en 1686 después de la revocación del Edicto de Nantes, y decían las malas lenguas que la ojeriza procedía de algo más que de los prejuicios raciales o nacionales, o de las rencillas sobre tierras que afectaron a otros colonizadores france­ses que disputaron con los ingleses, rencillas que ni si­quiera el gobernador Andros pudo apaciguar. Pero su ardiente protestantismo —demasiado ardiente, según algunos— y su manifiesta aflicción cuando los echaron del pueblo hizo que les concedieran refugio; y el aceitunado Etienne Roulet, menos ducho en faenas agrícolas que en leer extraños libros y dibujar raros diagramas, logró que le dieran un puesto de oficinista en el muelle de Pardon Tillinghast, en el extremo sur de Town Street. Pero tuvo lugar un alboroto de alg4ti tipo, tal vez cuarenta años más tarde, después de la muerte del viejo Roulet, y nadie parecía haber vuelto a oír hablar de la familia desde entonces. Al parecer, durante más de un siglo se recordó bien a los Roulet, y se habló frecuentemente de ellos como protagonistas de incidentes ocurridos en la vida apacible del puerto de Nueva Inglaterra. Paul, e1 hijo de Etienne, muchacho taciturno cuya conducta impredecible probable­mente había provocado el escándalo que hizo desaparecer a la familia, fue especialmente motivo de conjeturas; y aunque Providence no compartió nunca los temores a la brujería de sus vecinos puritanos, insinuaban las viejas comadres que las plegarias de Paul no eran proferidas en el momento adecuado ni dirigidas a quien debían dirigirse. Todo esto constituyó la base de la leyenda conocida por la anciana María Robbins. La relación que pudiera tener con los desvarjos en francés de Rhoby Harris y de otros habitantes de la Casa Maldita, sólo podrían deter­minarlo la imaginación o algún descubrimiento futuro. Me pregunté cuántos de los que habían conocido las le­yendas habían sabido de aquel eslabón más con lo terri­ble, que mis extensas lecturas me permitieron descubrir; un dato significativo encontrado en los anales del horror morboso y que habla de Jacques Roulet, de Caude, con­denado en 1598 a morir en la hoguera por demoníaco, salvado luego de las llamas por el Parlament de París y encerrado en un manicomio. Fue encontrado en un bos­que cubierto de sangre y de jirones de carne, poco des­pués de que una pareja de lobos dieran muerte a un mu­chacho y lo despedazaran. Se había visto escapar ileso a uno de los lobos. Sin duda una bonita historia para escucharla al lado de la chimenea, con un nombre y un lugar extrañamente significativos, pero llegué a la conclu­sión de que no era posible que los chismosos de Provi­dence en general pudieran conocerla. De haberse sabido, la coincidencia de los nombres hubiera provocado accio­nes drásticas inducidas por el miedo, aunque, ¿no pudo haber sido su difusión, aunque entre susurros, la causa del alboroto final que hizo desaparecer a los Roulet de la ciudad?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Comencé a visitar el lugar maldito con creciente frecuencia, a estudiar la malsana vegetación del jardín, a exa­minar todas las paredes de la casa y a revisar, pulgada a pulgada, el suelo de tierra del sótano. Finalmente, con permiso de Carrington Harris, me procuré una llave para la puerta del sótano que había dejado de usarse y que daba directamente a Benefit Street, pues prefería tener una salida más directa al exterior que la que brindaban las oscuras escaleras, el vestíbulo del piso bajo y la puerta principal. Allí, donde lo morboso acechaba en cada rin­cón, investigué y hurgué en los largos atardeceres en que el sol se filtraba por la puerta cubierta de telarañas que quedaba por encima del nivel del piso y que me situaba tan sólo a unos cuantos pies de la apacible acera de la calle. Ninguna novedad premió mi labor, sólo la depri­mente y mohosa humedad y las leves sugerencias de olo­res desagradables y salitrosos perfiles en el suelo, y su­pongo que muchos transeúntes debieron de mirarme con curiosidad a través de los cristales rotos. Finalmente, por una sugerencia de mi tío, decidí convertir en nocturnas mis visitas, y una noche de tormenta guié el rayo de luz de una linterna eléctrica por el suelo rezumante en que se dibujaban extrañas siluetas y en el que brotaban hongos semifosforescentes. El lugar me ha­bía deprimido curiosamente aquella tarde, y casi estaba preparado cuando vi —o creí ver— entre los blanqueci­nos sedimentos la silueta especialmente definida de la «sombra encorvada» que había imaginado desde mucha­cho. Su claridad era asombrosa y sin precedentes, y mien­tras la observaba creí ver de nuevo el tenue y tembloroso hálito amarillento que me había asustado una tarde llu­viosa. hacía muchos años. Se elevó por encima de la mancha antropomórfica de moho que había junto a la chimenea: era un vapor su­til, malsano, casi luminoso que mientras flotaba temblo­roso en el aire húmedo parecía adoptar una forma vaga, incierta y maligna, para luego disiparse gradualmente en una desvaída nube subiendo a través de la oscuridad de la gran chimenea y dejando un repulsivo hedor a su paso. Fue en verdad horrible, y mucho más para mí, por lo que sabía del lugar. Negándome a huir, lo contemplé hasta que se desvaneció, y mientras lo miraba sentí que también aquello me observaba ávidamente con ojos más imaginables que visibles. Cuando se lo conté a mi tío le impresionó profundamente, y después de una hora de reflexión, tomó una decisión definitiva y drástica. Sopesando mentalmente la importancia de la cuestión, y el signifi­cado de nuestra relación con ella, insistió en que ambos debíamos probar, y si era posible destruir, el misterioso horror de la casa dedicándonos una noche, o varias, a vigilar juntos, dispuestos a actuar violentamente en aquella bodega mohosa y apestada de los hongos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;IV.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El miércoles, 25 de junio de 1919, después de infor­mar debidamente a Carrington Harris, aunque sin comu­nicarle lo que esperábamos encontrar, mi tío y yo lleva­mos a la Casa Maldita dos hamacas y un catre de campaña plegables junto con unos aparatos científicos de gran peso y complejidad. Pusimos todo en el sótano durante el día y tapamos las ventanas con papel, con la intención de volver por la noche para nuestra primera guardia. Habíamos cerrado con llave la puerta del sótano que llevaba al piso bajo, y dado que teníamos llave para la puerta que daba a la calle, estábamos dispuestos a dejar allí los costosos y delicados aparatos, conseguidos en secreto y a un elevado precio, tantos días como fuera necesario. Nuestro plan era permanecer despiertos hasta muy tarde y vigilar luego por turno durante guardias de dos horas; yo me encargaría de la primera y mi compañero de la segunda; el que quedara libre descansaría en el catre. Mi tío asumió la dirección de nuestra aventura y consiguió los instrumentos en los laboratorios de la Univer­sidad de Brown y en la Armería de Cranston Street, po­niendo de manifiesto la gran vitalidad y resistencia de que disfrutaba a sus ochenta y un años. Elihu Whipple había vivido de acuerdo con las leyes higiénicas que había predicado como médico, y de no haber sido por lo que luego ocurrió, aún estaría entre nosotros lleno de vigor. Sólo dos personas saben o sospechan lo que ocurrió: Carrington Harris y yo. Tuve que contárselo a Harris porque era el propietario de la casa y merecía saber lo que había salido de ella. Además, habíamos hablado con él antes de iniciar nuestras investigaciones, y, al produ­cirse la desaparición de, mi tío, supe que sabría compren­der y ayudarme a dar unas explicaciones públicas vitales y necesarias. Palideció al oírme, pero aceptó ayudarme y decidió que ya no habría peligro en alquilar la casa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Decir que no estábamos nerviosos en aquella lluviosa noche de vigilancia sería faltar a la verdad. Ninguno de los dos éramos, como he dicho, supersticiosos, pero el estudio científico y la reflexión nos habían enseñado que el conocido universo de tres dimensiones abarca una mínima parte de la sustancia y energía del cosmos total. En aquel caso, existían numerosas pruebas auténticas de la existencia de fuerzas dotadas de un gran poder y, desde el punto de Vista humano, de una excepcional maldad. Afirmar que creíamos realmente en vampiros o en hombres-lobo no sería exacto. Más bien puede decirse que no estábamos dispuestos a negar la posibilidad de ciertas mo­dificaciones anormales y sin clasificar de la energía vital y la materia diluida, existentes con poca frecuencia en el espacio tridimensional a causa de su más íntima rela­ción con otras unidades espaciales, pero lo suficientemente próximas a la nuestra como para manifestarse ocasional­mente en formas que, por faltarnos una perspectiva ade­cuada, escapan a nuestra comprensión. En resumen, creíamos mi tío y yo que una incontro­vertible serie de factores indicaban la existencia de un influjo persistente en la Casa Maldita que se remontaba a uno u otro de los colonos franceses de hacía dos siglos y que seguía actuando según insólitas y desconocidas le­yes del movimiento atómico y electrónico. La historia de la familia Roulet parecía demostrar que sus miembros ha­bían poseído una anormal afinidad con círculos de enti­dades exteriores, de esferas oscuras que sólo inspiran re­pulsión y terror a las personas normales. ¿No habrían puesto en movimiento los alborotos de la década de 1730 ciertas configuraciones cinéticas en el morboso cerebro de alguno de sus miembros —especialmente en el del si­niestro Paul Roulet— que habrían sobrevivido misterio­samente a los cuerpos asesinados y continuado funcionan­do en algún espacio multidimensional con las fuerzas originales impulsadas por un odio frenético de la comu­nidad invadida?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Indudablemente, esto no sería una imposibilidad física o bioquímica a la luz de la ciencia moderna que incluye la teoría de la relatividad y de la acción intraatómica. Es fácil imaginar un núcleo extraño de sustancia o energía, carente o no de forma, mantenido vivo por sustracciones imperceptibles o inmateriales de fuerza vital, o de tejidos corporales y fluidos de otros seres vivos más palpables en los cuales penetra y con cuyos tejidos llega incluso a confundirse. Puede ser hostil de manera activa, u obedecer sencillamente a impulsos ciegos de conservación. En cualquier caso, semejante monstruo ha de ser forzosamen­te, en nuestro esquema vital una anomalía y un intruso, y su eliminación es deber primordial de todo hombre que no sea enemigo de la vida la salud, y la cordura del mundo. Lo que nos desconcertaba era nuestra completa ignorancia de la apariencia bajo la cual podíamos encontrar aquello Ninguna persona cuerda lo había visto, y pocas lo habían sentido de manera concreta. Podía ser energía pura —una forma etérea y “ajena al reino de la sustan­cia—, o podía ser parcialmente material, una masa desconocida y ambigua de plasticidad, capaz de transformarse a voluntad en una nebulosa aproximación de un estado sólido, liquido, gaseoso o a cualquier otro estado tenua­mente carente de partículas. La mancha antropomórfica de mohoso salitre del suelo, la configuración o silueta del amarillento vapor y la curvatura de las raíces en algunas de las antiguas leyendas, tendían a confirmar por lo me­nos una remota y recordada conexión con la forma hu­mana; pero nadie podía saber con certeza hasta qué punto era representativa o permanente aquella similitud. Disponíamos de dos armas para combatirlo: una válvula Crookes de rayos catódicos de considerable tamaño, espe­cialmente equipada y alimentada por potentes acumu­ladores, con pantallas y reflectores especiales por si la cosa era intangible y sólo podía ser destruida, con radia­ciones de éter de gran intensidad, y un par de lanzallamas militares de los que habían sido utilizados en la Guerra Mundial, por si era parcialmente materia y susceptible de destrucción mecánica, pues, al. igual que los supersti­ciosos labriegos de Exeter, estábamos dispuestos a que­marle el corazón, si había algún corazón que quemar. Todo este equipo de agresión quedó instalado en el sótano en lugares cuidadosamente dispuestos con relación al ca­tre y a las sillas y a la zona delante de la chimenea donde el moho había tomado extrañas formas. Esa incitante man­cha, dicho sea de paso, era sólo levemente visible cuando instalamos el catre, las sillas y los instrumentos, y cuando regresamos por la noche para iniciar la vigilancia. Por un momento dudé haberla visto alguna vez dibujada con ma­yor firmeza, pero entonces recordé las leyendas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuestra guardia en el sótano comenzó a las diez de la noche, y discurrió sin que el transcurso de las horas aportara ninguna novedad. El débil resplandor que se filtraba hasta el sótano procedente de las farolas de la calle azo­tadas por la lluvia y la tenue fosforescencia de los detes­tables hongos nos permitían ver la humedad de la pared de piedra, de la que había desaparecido todo vestigio del enjalbegado original; el suelo de tierra cubierto en parte de verdín y de repulsivos hongos; los restos podridos de las que fueron mesas, banquetas y sillas, y otros muebles no identificables; los gruesos maderos del piso superior y las grandes vigas del techo; la desvencijada puerta de tablones que conducía a cuartuchos y salas situados bajo otros aposentos de la casa; la escalera de piedra medio desmoronada con su estropeado pasamanos de madera; la tosca chimenea de ladrillos ennegrecidos en la que unos herrumbosos trozos de hierro recordaban que allí hubo en otros tiempos trébedes, morillos, espetones, aguilones y otros adminículos del cocinero cuyos nombres han caído casi en el olvido, así como la puerta del horno de ladrillo y la pesada e intrincada maquinaria destructiva que había­mos llevado. Como en mis anteriores exploraciones, habíamos dejado abierta la puerta que daba a la calle, para tener una vía de escape práctica y directa en el caso de que tuviéramos que enfrentarnos con manifestaciones imposibles de dominar. Pensábamos que nuestra larga presencia nocturna atraería a cualquier ente maligno que allí acechara; y que, estando preparados, podríamos eliminarlo con alguno de los medios de que disponíamos, después de haberlo reco­nocido y observado suficientemente. No teníamos la me­nor idea del tiempo que exigiría evocar y destruir la cosa. Sabíamos, desde luego, que la aventura era arriesgada, ya que no podíamos intuir la fuerza con que se manifes­taría el fenómeno. Pero pensábamos que el juego valía la pena y lo emprendimos solos y sin vacilar, compren­diendo que buscar ayuda sólo nos expondría al ridículo y tal vez condujera al fracaso de nuestros planes. Ese era nuestro estado de ánimo mientras charlábamos, avanzada la noche, hasta que el aire soñoliento de mi tío me re­cordó que había llegado el momento de que fuera a des­cansar un par de horas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algo semejante al miedo me heló el corazón cuando quedé allí sentado en la madrugada y sin compañía, y digo sin compañía porque quien permanece junto a una per­sona dormida está verdaderamente solo, tal vez más solo de lo que pueda imaginar. Mi tío respiraba pesadamente, el rumor de la lluvia acompañaba sus aspiraciones pun­teadas por otro sonido de agua que goteaba en el interior de la casa, porque ésta era muy húmeda aún en tiempo seco y con aquella tormenta parecía un pantano. Me puse a mirar detenidamente la vieja mampostería de las pare­des a la luz de los hongos y de los débiles reflejos que se filtraban por las persianas; en una ocasión, cuando aquel ruido estaba a punto de hacerme perder la paciencia, abrí la puerta y miré arriba y abajo de la calle alegrando mis ojos con cosas conocidas y también el olfato con el aire puro y saludable. Pero no sucedió nada que recom­pensara mi vigilancia y bostecé repetidamente mientras la fatiga comenzaba a predominar sobre el temor. Luego, el oír a mi tío moverse en sueños, atrajo mi atención. Durante la última mitad de la primera hora se había movido varias veces, intranquilo, pero ahora estaba respirando con anormal irregularidad, suspirando a veces quejosamente. Lo enfoqué con mi linterna eléctrica y lo vi con la cara vuelta hacia atrás, por lo que me levanté y crucé hasta el otro lado del catre y lo enfoqué nuevamente para ver si parecía tener algún dolor. Vi algo que me. alarmó de forma sorprendente, teniendo en cuenta su relativa nimiedad. Debió ser, sencillamente, la asociación de una circunstancia poco frecuente con la siniestra na­turaleza del lugar en que nos encontrábamos y la índole de nuestra misión, ya que la situación en sí no tenía nada de espantoso ni de anormal. Simplemente, la expre­sión del rostro de mi tío, perturbado por los sueños ex­traños que nuestra situación provocaba, revelaba una gran agitación y no parecía ser propia de él. Su expresión ha­bitual era apacible y tranquila, mientras que ahora parecían luchar dentro de él diversas emociones. Creo que lo que me inquietó principalmente fue esa variedad. Mi tío, mientras jadeaba y se movía con creciente inquietud y con ojos que había empezado a abrir, no parecía uno, sino muchos hombres, y daba la curiosa sensación de extrañamiento de sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De repente, comenzó a murmurar, y no me gustó el aspecto de su boca y de sus dientes mientras hablaba. Al principio no pude entender las palabras que decía, pero luego mi asombro fue muy grande cuando reconocí en ellas algo que me dejó helado hasta que recordé la gran cul­tura de mi tío y las interminables traducciones que había hecho de artículos de antropología y temas de la antigüe­dad para la Revue des Deux Mondes. Pues el respetable doctor Whipple estaba murmurando en francés, y las po­cas frases que pude captar parecían estar relacionadas con los más oscuros mitos que había adaptado de la famosa revista de París. De pronto, la frente de mi tío se mojó de sudor y él se incorporó bruscamente, medio despierto. Dejó de murmurar en francés para dar un grito en inglés, y exclamó en tono angustiado:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Mi aliento..., mi aliento!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Despertó por completo y, recobrando su rostro la expresión normal, tomó mi mano y comenzó a relatarme un sueño cuyo espantoso significado sólo pude intuir con asombro. Dijo que había pasado flotando desde una serie co­rriente de escenas soñadas a otra cuya rareza no podía relacionarse con nada que hubiera leído. Era de este mundo, y, sin embargo, ajena a él, una oscura confusión geo­métrica en la cual podían verse elementos de cosas fami­liares en las más anormales e inquietantes combinaciones. Se advertía una sugerencia de imágenes extrañamente des­ordenadas superpuestas unas a otras; una perspectiva en la que lo esencial del tiempo, y también del espacio, pa­recía disuelto y mezclado de la manera más ilógica. En esta caleidoscópica vorágine de imágenes fantasmales ha­bía instantáneas ocasionales, si puede emplearse esta pala­bra, de singular claridad, pero de inexplicable heteroge­neidad. En un momento mi tío creyó yacer en una fosa recién abierta, mientras una multitud de rostros con alborotados rizos y sombreros tricornios lo miraban ceñudos desde lo alto. En otro momento le pareció estar dentro de una casa, aparentemente antigua; cuyos habitantes y detalles cambiaban continuamente y no podía recordar los rostros ni los muebles, ni siquiera la habitación, dado que puertas y ventanas cambiaban de forma y posición con la mis­ma volubilidad que los demás objetos. Lo más raro, y mi tío se refirió a ello en el tono de quien no espera que le crean, era que muchos de los extraños rostros que había entrevisto en sueños tenían indudablemente los rasgos de la familia Harris. Y todo el tiempo tuvo la sensación personal de ahogo, como si algo de naturaleza penetrante se hubiera esparcido por todo su cuerpo y estuviese tra­tando de adueñarse de sus funciones vitales. Me estremecí al pensar en esos procesos vitales, desgastados por ochen­ta y un años de trabajo continuo, luchando contra fuerzas desconocidas de las que un organismo más joven y ro­busto huiría con temor; pero al cabo de un momento me dije que los sueños sólo son sueños y que aquellas tur­badoras visiones no eran, a lo sumo, más, que la reacción de mi tío a las investigaciones y esperanzas que habían llenado nuestras mentes, con exclusión de cualquier otra idea.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La conversación contribuyó también a disipar mi sensación de rareza, y no tardé en rendirme a los bostezos, con lo cual aproveché mi turno para dormir. Mi tío pa­recía ahora muy despierto y se alegró que le hubiera lle­gado el turno de vigilar, aunque la pesadilla lo había despertado mucho antes de las dos horas de descanso que le correspondían. Pronto me dormí e inmediatamente me vi acosado por sueños de la más inquietante naturaleza. En mis visiones experimenté una soledad cósmica y abismal, que la hostilidad me acosaba desde todos los rincones de alguna prisión en que me hallaba encerrado. Me pare­ció estar atado y amordazado, atormentado por los reso­nantes gritos de multitudes lejanas, sedientas de mi san­gre. Se me presentó el rostro de mi tío con expresión menos placentera que la que tenía cuando lo veía despier­to, y recuerdo mis inútiles tentativas de gritar. No fue un reposo agradable, y por un instante no lamenté el alarido que atravesó las barreras del sueño y me dejó en una penetrante y sorprendida vigilia, en la que cada ob­jeto que tenía a la vista se destacaba con una nitidez y realidad superiores a lo natural.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;V.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había estado echado de espaldas a mi tío, por lo que al despertar bruscamente sólo vi la puerta que daba a la calle, la ventana que quedaba más hacia el Norte y la pared, la parte del suelo y el techo del norte de la habitación, todo ello fotografiado con mórbida inmediatez en mi cerebro y con una luz más brillante que la de los hon­gos o la que llegaba desde la calle. No era una luz intensa, ni mucho menos, ni siquiera suficiente para leer un libro corriente. Pero proyectaba la sombra de mi cuerpo y de la cama sobre el suelo y tenía una fuerza penetrante y amarillenta que sugería las cosas con más fuerza que la misma luminosidad. Percibí esto claramente, aunque dos de mis sentidos estaban violentamente trastornados. Pues resonaba en mis oídos el eco de aquel grito escalofriante, en tanto que asqueaba mi olfato el hedor que llenaba el lugar. Mi mente, tan alerta como mis sentidos, reconoció lo anormal; y casi automáticamente salté de la cama y me volví para coger los instrumentos de destrucción que habíamos dejado instalados sobre la mancha de humedad, delante de la chimenea. Mientras me volvía, temía lo peor, ya que el grito lo había proferido la voz de mi tío e ignoraba contra qué amenaza tendría que defenderle y defenderme. Pero lo que vi fue peor de lo que había imaginado. Hay horrores que son más que horrendos, y aquél era uno de esos núcleos de- horror de las pesadillas que conden­saba todo el espanto que el cosmos reserva para fulminar a unos cuantos seres malditos y desgraciados. De la tierra apestada por los hongos, brotaba una luz vaporosa, amarillenta, malsana y cadavérica que se elevaba hasta tomar una vaga forma gigantesca de incierta silueta humana mi­tad hombre y mitad monstruo, a través de la cual pude ver la campana y el hogar de la chimenea que quedaban detrás. Era todo ojos —lupinos y burlones— y la rugo­sa cabeza como de insecto se desvanecía en lo alto en una tenue neblina que se enroscaba horriblemente y acababa por desaparecer por la chimenea. Digo que vi aquello, pero sólo he conseguido rastrear su abominable tentativa de forma a través del recuerdo consciente. Entonces no tuvo para mí sino el aspecto de una nube en aparente ebullición, ligeramente fosforescente, de repugnante fun­gosidad, que rodeaba y disolvía en horrible plasticidad el único objeto en el cual se concentraba mi atención. Ese objeto era el venerado Elihu Whipple, que con el rostro ennegrecido y las facciones desfiguradas me miraba des­caradamente y murmuraba palabras incomprensibles en tanto que procuraba alcanzarme con unas garras goteantes para despedazarme con la furia que aquel horror le había inculcado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tan sólo la rutina me salvó de la locura. Me había preparado para el momento decisivo y este entrenamiento ciego fue lo que me ayudó. Comprendiendo que aquel burbujeante maleficio no era de sustancia vulnerable para la fuerza física o la química, hice caso omiso del lanzallamas que estaba a mi izquierda, conecté la corriente de la válvula catódica y lo enfoqué hacia aquella escena blas­fema lanzando contra ella las más potentes radiaciones de éter que el artificio humano puede extraer del espacio y las corrientes de la naturaleza. Se produjo una neblina azulada y un frenético chisporroteo, y la fosforescencia amarilla perdió luminosidad. Pero me di cuenta de que la pérdida de luz era solamente efecto del contraste y que las ondas del aparato eran absolutamente ineficaces. Entonces, en medio de aquel demoníaco espectáculo, vi un nuevo horror que me lanzó vacilante y tembloroso hacia la puerta no cerrada con llave que se abría a la calle tranquila, sin cuidarme de los anómalos horrores que desataba sobre el mundo, ni lo que los hombres pudieran pensar y juzgar de mi conducta. En aquella mezcla de penumbra azulada y amarillenta, la silueta de mi tío había comenzado una nauseabunda licuefacción cuya esencia re­sulta imposible de describir, y en el curso de la cual se producían en su rostro unos cambios de identidad que sólo la locura puede concebir. Era simultáneamente un demonio y una multitud, un matadero y una procesión. Ilumi­nada por aquella luz híbrida e incierta, la cara de gelatina se trasmutaba y adquiría una docena, una veintena, un centenar de aspectos; y con una mueca fue cayendo al suelo coronando un cuerpo que se derretía como si fuera de sebo y presentando en caricatura las facciones de le­giones de seres que eran y no eran desconocidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vi las facciones de la estirpe de los Harris, varones y mujeres, adultos y niños y otros rostros viejos y jóvenes, bastos y refinados, familiares y desconocidos. Durante un segundo apareció una imitación envilecida de una miniatura de la pobre Rhoby Harris que había visto en el Museo, de la Escuela de Dibujo, y otra vez me pareció ver la huesuda imagen de Mercy Dexter, tal como la recordaba en un cuadro que había en la casa de Carrington Harris. Aquello sobrepasaba en horror todo lo imagina­ble. Hacia el final, cuando una extraña mezcla de faccio­nes de sirvientes y niños pequeños titilaba cerca del suelo sobre el que prosperaban los hongos, tuve la impresión que los distintos rostros luchaban entre sí y procuraban formar unos rasgos semejantes a los del bondadoso ros­tro de mi tío. Me gusta pensar que él existió en aquel momento y que trató de decirme adiós. Creo que de mi seca garganta salió un gemido de despedida en el momen­to en que salía tropezando a la calle; un hilillo de grasa me siguió por la puerta hasta la acera empapada por la lluvia. El resto es sombrío y monstruoso. En la calle mojada no había nadie y no había en todo el mundo una sola persona con la cual me hubiera atrevido a hablar. Anduve sin rumbo, pasé por College Hill y ante el Athenaeum, bajé por Hopkins Street y crucé el puente que lleva a la parte más animada de la ciudad, en donde los elevados edificios parecían protegerme, como las cosas materiales modernas protegen al mundo contra los antiguos y maléficos prodigios. Luego, la aurora gris rompió. húmedamente por el Este, recortando la silueta de la loma ar­caica y los venerables campanarios que sobre ella se alza­ban, atrayéndome al lugar en donde mi terrible tarea estaba sin acabar. Finalmente, mojado, sin sombrero, ofus­cado por la luminosidad de la mañana, entré por la puerta tremenda de Benefit Street que había dejado entreabierta y que todavía se mecía misteriosamente a la vista de la gente madrugadora con la que no me atreví a hablar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había desaparecido la grasa, pues el mohoso suelo era poroso. Y delante de la chimenea no quedaba vestigio de la gigantesca forma de salitre doblada sobre sí misma. Vi la cama, las sillas, los instrumentos, mi sombrero abandonado y el de paja amarillenta de mi tío. Me dominaba la incertidumbre y apenas podía recordar lo que era sueño y lo que era realidad. Luego, poco a poco, fue recobrando el sentido y supe que había presenciado cosas más espan­tosas que las que había soñado. Me senté y traté de con­jeturar en la medida en que la razón me lo permitió, qué había acontecido y cómo podría acabar con el horror, si en realidad había existido. No parecía ser algo material, ni etéreo, ni ninguna otra cosa concebible por una mente mortal.’ ¿Qué podía ser, pues, sino alguna emanación exó­tica? ¿Algún vapor vampiresco como el que la gente rús­tica de Exeter dice que flota sobre algunos cementerios? Pensé que aquélla era la clave, y volví a mirar el suelo en donde hongos y salitre habían tomado extrañas formas. Al cabo de diez minutos ya había decidido. Cogiendo mi sombrero, me marché a casa, me bañé, comí y encargué por teléfono un pico, una pala, una máscara antigás y seis garrafones de ácido sulfúrico, todo lo cual deberían entre­garme a la mañana siguiente en la puerta del sótano de la Casa Maldita de Benefit Street. Después traté de dor­mir, pero, al no conseguirlo, pasé, las horas leyendo y componiendo versos anodinos para serenarme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A las once de la mañana del día siguiente comencé a cavar, Hacía un tiempo soleado, y lo celebré. Seguía solo, ya que por mucho temor que me inspirara el horror desconocido, temía más a la idea de contarle a alguien lo sucedido. Posteriormente le revelé todo a Harris, por pura necesidad y porque él había oído ya algunas antiguas leyendas que podían predisponerle a la credulidad. Al revolver la negra tierra delante de la chimenea, la pala hizo fluir de los blancos hongos un viscoso zumo amarillo, y yo temblé por lo que podría descubrir. Algunos secretos del interior de la tierra no son buenos para el género hu­mano y aquél me parecía uno de ellos. Me temblaban las manos perceptiblemente, pero no por eso dejé de cavar; y al cabo de un rato lo hacía dentro de la gran fosa que había abierto. A medida que el agu­jero se hacia más hondo —tenía ya alrededor de seis pies cuadrados—, el nauseabundo olor aumentaba y no dudé más de mi inminente contacto con la cosa infernal cuyas emanaciones habían embrujado la casa durante más de un siglo y medio. Me pregunté qué aspecto tendría, cua­les serían su forma y sustancia y qué tamaño habría co­brado al cabo de tantos años de alimentarse chupando vidas ajenas. Finalmente, salí del agujero, esparcí la tierra amontonada, y luego dispuse los garrafones de ácido alre­dedor de dos de los bordes, de modo que cuando fuera necesario pudiera vaciarlos todos rápidamente en la fosa. Después de eso eché tierra sobre los otros dos lados ca­vando más lentamente y colocándome la máscara antigás cuando el olor aumentó. Me encontraba casi acobardado por la proximidad de un algo sin nombre que tal vez en­contrara en el fondo de la fosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pronto la pala chocó contra algo más blando que la tierra. Me estremecí y me dispuse a salir del agujero, en el cual estaba ahora hundido hasta el cuello. Pero recobré el valor, y seguí sacando tierra a la luz de la lin­terna eléctrica que había llevado conmigo. La superficie que descubrí era semitraslúcida y vidriosa, una especie de gelatina congelada y semiputrefacta. Seguí quitando tierra y vi que tenía forma. Había una grieta sobre la cual se doblaba parte de aquella sustancia. Lo que quedó a la vista era aproximadamente cilíndrico; algo semejante a un gigantesco tubo de chimenea doblado cuya parte más grue­sa mediría dos pies de diámetro. Excavé un poco más y luego salí bruscamente del agujero para apartarme de tan repugnante hallazgo. Destapé frenéticamente los pe­sados garrafones y vertí el corrosivo contenido uno y otro en aquella fosa sepulcral y sobre aquella increíble anormalidad cuyo gigantesco codo había visto. El cegador torbellino de vapores amarillo-­verdosos que ascendió tempestuosamente de la fosa cuando cayó el torrente de ácido, nunca se borrará de mi memoria. La gente de toda aquella colina habla del «día amarillo», en que unos vapores virulentos y horribles se elevaron desde el montón de residuos vertidos por una fábrica en el río Providence, pero yo sé lo muy equivocados que están en cuanto al origen. También hablan del espantoso rugido que brotó al mismo tiempo de alguna cañería subterránea de gas o de agua, y de nuevo podría corregirles si me atreviera. Fue algo impresionante y no comprendo cómo estoy vivo después de haber pasado por aquella experien­cia. Tras vaciar el cuarto garrafón, que tuve que utilizar cuando las emanaciones habían empezado a filtrarse por la máscara, me desmayé, pero cuando me recuperé, vi que ya no salían más vapores de la fosa. Vacié los otros dos sin ningún resultado concreto, y, al cabo de un rato, me pareció que ya no había peligro en volver a rellenar la fosa. cuando terminé mi tarea empezaba a anochecer, pero el miedo había desaparecido del lugar. La humedad era menos fétida y los extraños hongos se habían marchitado, convirtiéndose en un polvo grisáceo que se esparcía como ceniza por el suelo. Uno de los terrores más ocultos de la tierra había desaparecido para siempre, y si hay infierno, al fin había ido a parar a él el alma diabólica de un ser maldito. Cuando apisoné la última paletada de tierra mohosa, derramé la primera lágrima de las muchas que he vertido en sincero homenaje a la memoria de mi querido tío.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la primavera siguiente ya no brotó una hierba páli­da, ni creció cizaña de desconocida especie, en el jardín escalonado de la Casa Maldita, y poco después Carrington Harris alquiló su propiedad. Todavía tiene un aspecto fantasmal pero su peculiaridad me subyuga y sentiré ali­vio, mezclado con una pena extraña, cuando la derriben para convertirla en un vulgar edificio de apartamentos o en una deslucida tienda. Los estériles árboles del jardín han comenzado a dar unas manzanitas dulces, y el año pasado anidaron los pájaros en sus nudosas ramas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Howard Phillip Lovecraft (1890-1937)&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;﻿&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-2746245669058603853?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-de-terror-la-casa-maldita-de.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-6787463137775793854</guid><pubDate>Wed, 20 Apr 2011 16:40:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T13:44:17.235-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato de terror: "La Bestia en la cueva" de Lovecraft.</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;strong&gt;Este relato fue escrito en 1905,&amp;nbsp; por&amp;nbsp;Lovecraft, cuando tenía apenas catorce años. A pesar de esta precocidad, muchos de los rasgos fantásticos que luego explotarán en obras posteriores aparecen aquí con toda claridad.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: #bf641a;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;strong&gt;La bestia en la cueva.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: #bf641a;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;strong&gt;The beast in the cave; &lt;span style="color: red;"&gt;Howard Phillip Lovecraft&lt;/span&gt; (1890-1937)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La horrible conclusión que se había ido abriendo paso en mi espíritu era ahora una terrible seguridad. Estaba perdido, perdido sin esperanza en el amplio recinto de la caverna de Mamut. Mirase a dónde mirase no podía encontrar ningún objeto de referencia para alcanzar la salida. No podía mi razón albergar la más ligera esperanza de volver jamás a contemplar la bendita luz del día, ni de pasear por los valles y las colinas agradables del mundo exterior. La esperanza se había esfumado. Sin embargo, educado por una vida de estudios filosóficos, obtuve una satisfacción no pequeña de mi conducta desapasionada; porque, aunque había leído con frecuencia sobre el salvaje frenesí en el que caían las víctimas de situaciones similares, no experimenté nada de esto, sino que permanecí tranquilo tan pronto como comprendí que estaba perdido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tampoco me hizo perder la compostura la idea de que era probable que hubiese vagado hasta más allá de los límites en los que se me buscaría. Si había de morir -reflexioné-, aquella caverna terrible pero majestuosa sería un sepulcro mejor que el que pudiera ofrecerme cualquier cementerio; había en esta concepción una dosis mayor de tranquilidad que de desesperación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi destino sería perecer de hambre, estaba seguro de ello. Sabía que algunos habían enloquecido en circunstancias como esta, pero yo no. Yo solo era el causante de mi desgracia: me había separado del grupo de visitantes sin que el guía lo advirtiera; y, después de vagar durante una hora por las galerías prohibidas de la caverna, me encontré incapaz de volver atrás por los mismos senderos tortuosos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi antorcha comenzaba a expirar, pronto estaría envuelto en la negrura total. Mientras me encontraba bajo la luz débil y evanescente, medité sobre las circunstancias exactas en las que se produciría mi próximo fin. Recordé los &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;relatos&lt;/span&gt; que había escuchado sobre la colonia de tuberculosos que establecieron su residencia en estas grutas, tratando de encontrar la salud en el aire sano, al parecer, del mundo subterráneo, cuya temperatura era uniforme. En vez de salud, habían encontrado una muerte extraña y horrible. Yo había visto las tristes ruinas de sus viviendas defectuosamente construidas y me había preguntado qué clase de influencia ejercía sobre alguien tan sano y vigoroso como yo una estancia prolongada en esta caverna inmensa y silenciosa. Y ahora, me dije con lóbrego humor, había llegado mi oportunidad de comprobarlo; si es que la necesidad de alimentos no apresuraba con demasiada rapidez mi salida de este mundo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Resolví no dejar piedra sin mover, ni desdeñar ningún medio posible de escape, en tanto que se desvanecían en la oscuridad los últimos rayos espasmódicos de mi antorcha; de modo que -apelando a toda la fuerza de mis pulmones- proferí una serie de gritos fuertes, con la esperanza de que mi clamor atrajese la atención del guía. Sin embargo, pensé mientras gritaba que mis llamadas no tenían objeto y que mi voz -aunque magnificada y reflejada por los innumerables muros del negro laberinto que me rodeaba- no alcanzaría más oídos que los míos propios.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al mismo tiempo, sin embargo, mi atención quedó fijada con un sobresalto al imaginar que escuchaba el suave ruido de pasos aproximándose sobre el rocoso suelo de la caverna.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿Estaba a punto de recuperar tan pronto la libertad? ¿Habrían sido entonces vanas todas mis horribles aprensiones? ¿Se habría dado cuenta el guía de mi ausencia no autorizada del grupo y seguiría mi rastro por el laberinto de piedra caliza? Alentado por estas preguntas que afloraban en mi imaginación, me hallaba dispuesto a renovar los gritos cuando, en un instante, mi deleite se convirtió en &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;horror&lt;/span&gt; a medida que escuchaba: mi oído trajo a mi confusa mente la noción temible e inesperada de que tales pasos no eran los que correspondían a ningún ser humano mortal. Los pasos del guía, que llevaba botas, hubieran sonado en la quietud ultraterrena de aquella región subterránea como una serie de golpes incisivos. Estos impactos eran blandos y cautelosos, como producidos por las garras de un felino. Además, al escuchar con atención me pareció distinguir las pisadas de cuatro patas, en lugar de dos pies.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me convencí que mis gritos habían despertado y atraído a alguna bestia feroz, quizás a un puma que se hubiera extraviado en el interior de la caverna. Consideré que era posible que el Todopoderoso hubiese elegido para mí una muerte más rápida y piadosa que la que me llegaría por hambre; sin embargo, el instinto de conservación, que nunca duerme del todo, se agitó en mi seno; y aunque el escapar del peligro no serviría para preservarme de un fin más duro y prolongado, determiné a pesar de todo vender mi vida lo más cara posible. Por muy extraño que pueda parecer, no podía mi mente atribuir al visitante intenciones que no fueran hostiles. Por consiguiente, me quedé muy quieto, con la esperanza de que la bestia -al no escuchar ningún sonido que le sirviera de guía- perdiese el rumbo y pasase de largo. Pero no estaba destinada esta esperanza a realizarse: los extraños pasos avanzaban, era evidente que el animal sentía mi olor, que sin duda podía seguirse desde una gran distancia en una atmósfera como la caverna, libre por completo de otros efluvios que pudieran distraerlo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Noté que debía estar armado para defenderme del ataque en la oscuridad y tanteé a mi alrededor en busca de fragmentos de roca que estaban esparcidos por todas partes, y esperé con resignación el resultado inevitable. Mientras tanto, las horrendas pisadas se aproximaban. En verdad, era extraña en exceso la conducta de aquella criatura. La mayor parte del tiempo, las pisadas parecían ser las de un cuadrúpedo que caminase con una singular falta de concordancia entre las patas anteriores y posteriores, pero -a intervalos breves y frecuentes- me parecía que tan solo dos patas realizaban el proceso de locomoción. Me preguntaba cuál sería la especie de animal que iba a enfrentarse conmigo; debía tratarse, pensé, de alguna bestia desafortunada que había pagado la curiosidad que la llevó a investigar una de las entradas de la gruta con un confinamiento de por vida en sus recintos interminables. Sin duda le servirían de alimento los peces ciegos, murciélagos y ratas de la caverna, así como alguno de los peces que son arrastrados a su interior cada crecida del Río Verde.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ocupé mi terrible vigilia con grotescas conjeturas sobre las alteraciones que podría haber producido la vida en la caverna sobre la estructura física del animal; recordaba la terrible apariencia que atribuía la tradición local a los tuberculosos que allí murieron tras una larga residencia en las profundidades. Entonces recordé con sobresalto que, aunque llegase a abatir a mi antagonista, nunca contemplaría su forma, ya que mi antorcha se había extinguido hacía tiempo y yo estaba por completo desprovisto de fósforos. La tensión se hizo tremenda. Mi fantasía hizo surgir formas terribles de la siniestra oscuridad que me rodeaba y que parecía verdaderamente apretarse en torno de mi cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estaba petrificado, encadenado al suelo. Dudaba que pudiera lanzar el proyectil cuando llegase el momento crucial. Ahora las pisadas estaban al alcance de la mano; luego, muy cerca. Podía escuchar la trabajosa respiración del animal y, aunque estaba paralizado por el &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;terror&lt;/span&gt;, comprendí que debía de haber recorrido una distancia considerable y que estaba correspondientemente fatigado. De pronto se rompió el hechizo; mi mano, que mi sentido del oído -siempre digno de confianza- lanzó con todas sus fuerzas la piedra afilada hacia el punto en la oscuridad de donde procedía la fuerte respiración, y puedo informar con alegría que casi alcanzó su objetivo: escuché cómo la cosa saltaba y volvía a caer a cierta distancia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de ajustar la puntería, descargué el segundo proyectil, con mayor efectividad esta vez; escuché caer la criatura, vencida por completo, y permaneció inmóvil. Casi agobiado por el alivio me apoyé en la pared. La respiración de la bestia se seguía oyendo, en forma de jadeantes y pesadas inhalaciones y exhalaciones; deduje de ello que no había hecho más que herirla. Y entonces perdí todo deseo de examinarla. Al fin, un &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;miedo supersticioso&lt;/span&gt;, irracional, se había manifestado en mi cerebro, y no me acerqué al cuerpo ni continué arrojándole piedras para completar la extinción de su vida. Corrí a toda velocidad en la dirección por la que había llegado hasta allí. De pronto escuché un sonido, o más bien una sucesión regular de sonidos. Al momento siguiente se habían convertido en una serie de agudos chasquidos metálicos. Esta vez no había duda: era el guía. Entonces grité, aullé, reí incluso de alegría al contemplar en el techo abovedado el débil fulgor que sabía era la luz reflejada de una antorcha que se acercaba. Corrí al encuentro del resplandor y, antes de que pudiese comprender por completo lo que había ocurrido, estaba postrado a los pies del guía y besaba sus botas mientras balbuceaba -a despecho de la orgullosa reserva que es habitual en mí- explicaciones sin sentido, como un idiota. Contaba con frenesí mi terrible &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;historia&lt;/span&gt;; y, al mismo tiempo, abrumaba a quien me escuchaba con protestas de gratitud. Volví por último a algo parecido a mi estado normal de conciencia. El guía había advertido mi ausencia al regresar el grupo a la entrada de la caverna y -guiado por su propio sentido intuitivo de la orientación- se había dedicado a explorar a conciencia los pasadizos laterales que se extendían más allá del lugar en el que había hablado conmigo por última vez; y localizó mi posición tras una búsqueda de más de tres horas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de que hubo &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;relatado&lt;/span&gt; esto, yo, envalentonado por su antorcha y por su compañía, empecé a reflexionar sobre la extraña bestia a la que había herido y sugerí que averiguásemos, con la ayuda de la antorcha, qué clase de criatura había sido mi víctima. Por consiguiente volví sobre mis pasos. Pronto descubrimos en el suelo un objeto blanco, más blanco incluso que la reluciente piedra caliza. Nos acercamos con cautela y dejamos escapar una simultánea exclamación de asombro. Porque éste era el más extraño de todos los &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;monstruos&lt;/span&gt; que cada uno de nosotros dos hubiera contemplado. Resultó tratarse de un mono antropoide de grandes proporciones, escapado quizás de algún zoológico ambulante: su pelaje era blanco como la nieve, cosa que sin duda se debía a la calcinadora acción de una larga permanencia en el interior de los negros confines de las cavernas; y era también sorprendentemente escaso, y estaba ausente en casi todo el cuerpo, salvo de la cabeza; era allí abundante y tan largo que caía en profusión sobre los hombros. Tenía la cara vuelta del lado opuesto a donde estábamos, y la criatura yacía casi directamente sobre ella. La inclinación de los miembros era singular, aunque explicaba la alternancia en su uso que yo había advertido antes, por lo que la bestia avanzaba a veces a cuatro patas, y otras en sólo dos. De las puntas de sus dedos se extendían uñas largas, como de rata. Los pies no eran prensiles, hecho que atribuí a la larga residencia en la caverna que, como ya he dicho antes, parecía también la causa evidente de su blancura total, tan característica de toda su anatomía. Parecía carecer de cola.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La respiración se había debilitado mucho, y el guía sacó su pistola, cuando de pronto un sonido que ésta emitió hizo que el arma se le cayera de las manos sin ser usada. Resulta difícil describir la naturaleza de tal sonido. No tenía el tono normal de cualquier especie conocida de simios, y me pregunté si su cualidad extranatural no sería resultado de un silencio completo y continuado por largo tiempo, roto por la sensación de llegada de luz, que la bestia no debía de haber visto desde que entró por vez primera en la caverna. El sonido, que intentaré describir como una especie de parloteo en tono profundo, continuó débilmente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al mismo tiempo, un fugaz espasmo de energía pareció conmover el cuerpo del animal. Las garras hicieron un movimiento convulsivo, y los miembros se contrajeron. Con una convulsión del cuerpo rodó sobre sí mismo, de modo que la cara quedó vuelta hacia nosotros. Quedé por un momento tan petrificado de espanto por los ojos de esta manera revelados que no me apercibí de nada más. Eran negros aquellos ojos; de una negrura profunda en horrible contraste con la piel y el cabello de nívea blancura. Como los de las otras especies cavernícolas, estaban profundamente hundidos y por completo desprovistos de iris. Cuando miré con mayor atención, vi que estaban enclavados en un rostro menos prognático que el de los monos corrientes, e infinitamente menos velludo. La nariz era prominente. Mientras contemplábamos la enigmática visión que se representaba a nuestros ojos, los gruesos labios se abrieron y varios sonidos emanaron de ellos, tras lo cual la cosa se sumió en el descanso de la muerte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El guía se aferró a la manga de mi chaqueta y tembló con tal violencia que la luz se estremeció convulsivamente, proyectando en la pared fantasmagóricas sombras en movimiento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Yo no me moví; me había quedado rígido, con los ojos llenos de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;horror&lt;/span&gt;, fijos en el suelo delante de mí.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;miedo&lt;/span&gt; me abandonó, y en su lugar se sucedieron los sentimientos de asombro, compasión y respeto; los sonidos que murmuró la criatura abatida que yacía entre las rocas calizas nos revelaron la tremenda verdad: la criatura que yo había matado, la extraña bestia de la cueva maldita, era -o había sido alguna vez- ¡UN HOMBRE!&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;&lt;strong&gt;Howard Phillip Lovecraft (1890-1937)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-6787463137775793854?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-de-terror-la-bestia-en-la-cueva.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-2791915368714905684</guid><pubDate>Wed, 20 Apr 2011 16:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T13:45:16.372-03:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>Relatos</category><title>Relato Gotico: El abrazo Frío, de Mary Elizabeth Braddon.</title><description>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: x-large;"&gt;&lt;strong&gt;EL ABRAZO FRIO&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;The Cold Embrace, &lt;a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Mary_Elizabeth_Braddon" target="_blank"&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Mary Elizabeth Braddon&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;, 1837-1915.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Él era un artista; las cosas como las que le pasaron, algunas veces les pasan a los artistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él era alemán; las cosas como las que le pasaron, algunas veces le pasan a los alemanes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él era joven, apuesto, estudioso, entusiasta, metafísico, descuidado, incrédulo, despiadado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Y siendo joven, apuesto, y elocuente, también fue amado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Él era un huérfano, bajo la tutoría del hermano de su difunto padre, su tío Wilhelm, en cuya casa él había vivido desde su temprana infancia; y aquella que lo amó era su prima, Gertrude, a quien le juró que amaba, a cambio. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;¿Él la amaba? Sí, cuando por primera vez se lo juró, sí. Pero pronto su pasión terminó; ¡y cómo al final se convirtió en un sentimiento miserable en el egoísta corazón del estudiante! ¡Pero que bello sueño, cuando él tenía solo diecinueve años, y había regresado de su aprendizaje con un gran pintor en Amberes, y ellos vagaban juntos en los más románticos alrededores de la ciudad, con rosado crepúsculo o con la divina luz de luna o la brillante y jovial luz matinal!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Ellos tenían un secreto, que era la ambición del padre de la chica de que ella tuviera un rico pretendiente. Era una lúgubre visión frente al amor soñado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Así que se comprometieron; y estando uno al lado del otro, cuando la agonizante luz del sol y la pálida luz de la luna dividían los cielos, él puso el anillo de compromiso en el dedo de ella, en su blanco e inmaculado dedo, cuya delgada forma él conocía bien. Este anillo era bastante particular, tenía la forma de una gran serpiente dorada, la cola en la boca, que era el símbolo de la eternidad; había pertenecido a su madre, y él lo podría haber reconocido de entre cientos. Si se hubiera vuelto ciego al otro día, él podría distinguirlo entre cientos con solo el tacto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Lo puso en el dedo de ella, y ambos se juraron fidelidad, el uno al otro, por siempre jamás, sin importar peligros o dificultades, en los pesares y en los cambios, en la riqueza o la miseria. Aún debían conseguir el consentimiento del padre para consumar su unión, pero ya estaban comprometidos, y solo la muerte podría separarlos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero el joven estudiante, burlón de las revelaciones, y entusiasta adorador de lo místico, preguntó:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;"¿Puede la muerte separarnos? Yo podría regresar a ti, Gertrude. Mi alma podría volver para estar cerca de mi amor. Y tú, tú, si tu mueres antes que yo, la fría tierra no podría separarte de mí; si me amas, tu regresarías, y nuevamente estos bellos brazos estarían alrededor de mi cuello, como lo están ahora."&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero ella le respondió, con un extraño brillo en sus profundos ojos azules, que el que muriera lo haría en paz con Dios e iría feliz al cielo, y no podría regresar a la atribulada tierra; y solamente el suicidio, la pérdida que provoca que los afligidos ángeles cierren las puertas del Paraíso, provoca que el infausto espíritu persiga a los vivos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Transcurrió el primer año de su compromiso, y ella se quedó sola, a causa del viaje de él a Italia, por comisión de algún hombre rico, para copiar Rafaeles, Tizianos y Guidos en una galería en Florencia. Quizás habría marchado para ganar fama; pero esto no era lo peor... ¡sino que se había ido! Por supuesto, su padre extrañó a su joven sobrino, quien había sido como un hijo para él; y pensó que la tristeza de su hija no era más que la que una prima puede sentir por la ausencia de un primo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Durante ese tiempo, las semanas y los meses pasaron. Los amantes se escribían, primero muy seguido, luego con menos frecuencia, al final dejaron de hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;¡Cuántas excusas ella se inventó para él! ¡Cuántas veces ella fue a la lejana oficina postal, a la que él dirigía sus cartas! ¡Cuántas veces ella esperó, solo para verse decepcionada! ¡Cuántas veces ella desesperó, solo para tener una nueva esperanza!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero la real desesperación vino, al final, y no se fue más. El rico pretendiente apareció en escena, y el padre se decidió. Ella tenía que casarse de inmediato, y la fecha de la boda se fijó para el quince de junio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;La fecha parecía abrasarle la mente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;La fecha, escrita en fuego, danzaba permanentemente frente a sus ojos. Esa fecha, gritada por las Furias, sonaba continuamente en sus oídos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero aún no era tiempo, estábamos a mediados de mayo, estábamos a tiempo para escribirle una carta a Florencia; era tiempo de que regrese a Brunswick, para tomarla y unirse en matrimonio a ella. A pesar de su padre, a pesar del mundo entero.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero los días y las semanas volaron, y él no escribió. Y tampoco vino. Esto en verdad la desesperó, y ese sentimiento se adueñó de su corazón y ya no se marchó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Llegó el catorce de junio. Por última vez ella fue a la pequeña oficina postal; por última vez hizo la vieja pregunta, y por última vez le respondieron: "No; no hay carta."&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Por última vez, ya que al otro día sería la fecha fijada para la boda. Su padre no escucharía apelaciones; su rico pretendiente no escucharía sus oraciones. Ellos no querían demorarse ni un solo día, ni una hora; esa noche sería suya, esa noche, ella podría hacer lo que quisiera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Ella tomó otro camino que el que llevaba a su casa; se dio prisa a través de algunas callejuelas de la ciudad, pasó por un solitario puente, donde ella y su amado habían estado de pie frente al crepúsculo, mirando el cielo tornarse rosado, y el sol caer sobre el horizonte del río.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Él regresó de Florencia. Él había recibido la carta de ella. Esa carta, borroneada con lágrimas, surcada de ruegos y llena de desesperanza. Él la había recibido, pero ya no la amaba. Una joven florentina, quien había posado para él como modelo vivo, poblaba sus ilusiones. Y Gertrude había quedado casi olvidada. Si ella tenía algún pretendiente rico, bien; la iba a dejar que se casara; mejor para ella, mejor para él. Él ya no tenía deseos de encadenarse a ninguna mujer. ¿No tenía su arte? Su eterna novia, su constante mujer.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;De esta manera él decidía demorar su vuelta a Brunswick, de manera que cuando arribara, el casamiento ya se hubiera celebrado, y él pudiera saludar a la novia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;¿Y los votos, las ilusiones místicas, la creencia en su regreso después de la muerte, para abrazar a su amada? Oh, extinguidos para siempre de su vida; desaparecidos para siempre, solo sueños irracionales de su juventud.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Así que el quince de junio él entró en Brunswick, por ese mismo puente en el que había estado de pie, con las estrellas cayendo sobre ella, bajo el cielo nocturno. Caminó a través del puente, un perro tosco le seguía el paso, y el humo de su corta pipa rizándose en forma de guirnaldas fantásticas en el puro aire de la mañana. Llevaba su cuaderno de bocetos bajo el brazo, y se su ojo artístico se vio atraído por algunos objetos, ante los cuales se paró a dibujarlos: unas hierbas y unos guijarros sobre la ribera del río; un despeñadero sobre la orilla opuesta; un grupo de sauces a la distancia. Cuando hubo terminado, admiró su dibujo, cerró el cuaderno, vació las cenizas de la pipa, volvió a llenarla con su bolsa de tabaco, y cantó el refrán del feliz bebedor, llamó al perro, fumó nuevamente, y siguió caminando. Súbitamente volvió a abrir el cuaderno; esta vez le atrajo un grupo de figuras, pero ¿qué eran?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;No era un funeral, puesto que no estaban de luto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;No era un funeral, pero había un cadáver en un tosco ataúd, cubierto con una vieja vela, llevada por dos de los portadores.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;No es un funeral, puesto que los portadores son pescadores, pescadores en su atuendo de todos los días. A unas cien yardas de donde él estaba, hicieron un alto en el camino y tomaron un respiro. Uno se quedó parado a la cabeza del ataúd, los otros se sentaron a los pies.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Y de esta manera, él dio dos o tres pasos para atrás, seleccionó su punto de vista, y comentó a esbozar un rápido contorno. Lo pudo terminar antes que volvieran a ponerse en marcha; pudo escuchar sus voces, a pesar que no podía entender sus palabras, y se preguntó de que podrían estar hablando. Caminó hacia ellos y se les unió.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;"Mis amigos, ¿llevan ahí un muerto?" preguntó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;"Sí; un muerto que fue echado a tierra hace una hora."&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;"¿Ahogado?"&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;"Sí, ahogado. Una joven, muy bonita."&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;"Las suicidas siempre son bonitas," dijo el pintor; y entonces se quedó para un rato de pipa y meditación, mirando la sutil forma del cuerpo y los pliegues de la lona que lo cubría.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;La vida era una temporada de verano para él, joven, ambicioso, listo, ya que aquello que parecía luto y congoja, no parecía tener parte en su destino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Al final, pensó que, si esta pobre suicida era tan bonita, él tenía que hacer un boceto de ella.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Dio a los pescadores algún dinero, y ellos accedieron a remover la lona que cubría sus facciones.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;No; se diría a sí mismo. Él levantó la áspera, tosca y húmeda lona de su rostro. ¿Qué rostro? El mismo que había brillado en los irracionales sueños de su juventud; el rostro que una vez fue la luz de la casa de su tío. Su prima Gertrude... ¡Su prometida!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Él vio, como en un atisbo, mientras respiraba profundo, las facciones rígidas, los brazos fríos, las manos cruzadas sobre el pecho helado; y, sobre el tercer dedo de la mano izquierda, el anillo, el mismo que había sido de su madre, esa serpiente dorada; el anillo, el mismo que si él hubiera sido ciego, podría reconocer solo al tacto entre cientos de anillos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero él es un genio y un metafísico, una pena, una verdadera pena. Su primer pensamiento fue la huida, una huida hacia cualquier otro lugar, fuera de aquella maldita cuidad, cualquier lugar, lejano a aquel espantoso río, cualquier lugar libre de los recuerdos, lejos del remordimiento: cualquier lugar para olvidar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Solo cuando su perro se echó a sus pies, fue que se sintió exhausto, y buscó sentarse en algún banco, para descansar. ¡Cómo le daba vueltas el paisaje frente a sus obnubilados ojos, mientras en su cuaderno el boceto de los pescadores y el féretro cubierto con una lona resplandecía por sobre la penumbra!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Al final, luego de quedarse un largo rato sentado a un costado del camino, un rato jugando con el perro, otro rato fumando, otro rato despatarrándose, mirando todo como cualquier estudiante feliz y haragán podría haber mirado, aunque por dentro devorándose la mente con un mismo pensamiento, el de aquella escena matinal, recuperó la compostura, y trató de pensar en sí mismo, ya no más en el suicidio de su prima. Aparte de esto, él no estaba peor de lo que había estado el día anterior. No había perdido su genio; el dinero que había ganado en Florencia aún permanecía en su bolsillo; él era su propio maestro, libre de ir adonde quisiera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Y mientras seguía sentado en el costado del camino, tratando de separarse a sí mismo de la escena que vio a la mañana, tratando de expulsar de su mente la imagen del cadáver cubierto con la lona de vela, tratando de pensar que haría al siguiente momento, donde iría, lo más lejos posible de Brunswick y del remordimiento, la vieja diligencia vino a los tumbos. Él la recordó; iba desde Brunswick a Aix-la-Chapelle.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Él le silbó al perro, gritó al cochero que detuviera su vehículo y brincó dentro del carro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Durante toda la tarde, y luego, toda la noche, a pesar que no pudo cerrar sus ojos, nunca dijo una palabra; pero cuando la mañana volvió a romper, y los otros pasajeros se despertaron, comenzando a hablarse unos con otros, él se plegó a la conversación. Les contó que era un artista y que iba a Colonia y a Amberes para copiar unos Rubens, y la gran pintura de Quentin Matsys, en el museo. Recordó, luego de hablar y reír bulliciosamente, y antes, mientras hablaba y reía de manera ruidosa, a un pasajero, mayor y más serio que el resto, que abrió su ventana, cerca suyo, y le dijo que pusiera su cabeza fuera. Recordó el aire fresco golpeando en su cara, el canto de los pájaros en sus oídos, y los campos que se extendían hacia el horizonte frente a sus ojos. Él recordó esto, y luego cayó en un estado inánime, en el piso de la diligencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Fue la fiebre que lo mantuvo en el lecho durante unas seis largas semanas, en un hotel de Aix-la-Chapelle. Él se puso bien, y, acompañado por su perro, comenzó a caminar a Colonia. Nuevamente era su antiguo ser. De nuevo el humo azulado de su corta pipa daba vueltas por el aire de la mañana, mientras él cantaba una vieja canción de la universidad que festejaba el buen beber, y de nuevo parando aquí y allá, meditando y dibujando bosquejos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Él era feliz, y había olvidado a su prima, y así se dirigía a Colonia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Fue en la gran catedral que se quedó parado, con el perro a su lado. Era de noche, las campanas habían terminado de anunciar la hora, y dieron las once; la luz de la luna llena iluminaba el magnífico edificio, sobre el cual el ojo del artista vagaba en busca de la belleza de la forma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;No estaba pensando en su prima ahogada, ya que la había olvidado y ahora se sentía feliz.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Súbitamente alguien, algo, por detrás suyo, le colocó dos fríos brazos alrededor de su cuello, y abrazó las manos sobre su pecho.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Y no había nadie detrás suyo, ya que en la calle bañada por la luz lunar, se proyectaban solo dos sombras, la propia y la de su perro. Rápidamente se dio la vuelta, pero no había nadie, nada que ver a lo largo y a lo ancho de la cuadra, más que él mismo y su perro; y a pesar que lo sintió, no pudo ver los frígidos brazos que se abrazaron a su cuello.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;No era un abrazo fantasma, ya que él pudo sentirlo al tacto, aunque no podía ser real, ya que no podía ver nada.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Trató de quitarse de encima esa gélida caricia. Se puso sus propias manos en el cuello para desunir aquellas que lo rodeaban. Pudo sentir los largos y delicados dedos, húmedos al tacto, y sobre el tercer dedo de la mano izquierda, logró palpar el anillo que había sido de su madre, la serpiente dorada, el anillo que él había dicho que podría reconocer al tacto entre cientos de ellos. ¡Él ahora lo sabía!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Los helados brazos de su prima muerta estaban rodeándole el cuello, las manos de ella estaban firmemente agarradas entre sí sobre su pecho. Se dijo a sí mismo que si se estaría volviendo loco. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;"¡Up, Leo!" se gritó. "¡Vamos, muchacho!" y el Terranova saltó a sus hombros, y cuando sus patas tocaron las manos de la muerta, el animal lanzó un terrorífico aullido, y salió disparado del lado de su amo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;El estudiante se quedó parado a la luz de la luna, con los brazos muertos alrededor de su cuello, y el perro a distancia considerable, aullando lastimosamente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Un sereno, alarmado por el aullido del animal, llegó a la escena para ver que era lo que ocurría.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Al siguiente instante el gélido abrazo se desvaneció.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;El joven marchó a la casa del sereno y luego al hotel. Antes le dio un dinero; en gratitud podría haberle dado la mitad de su pequeña fortuna.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;¿Volvió a aparecer este abrazo mortal?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Intentó no volver a quedarse solo; se hizo con cientos de conocidos, y compartió los cuartos de otros estudiantes. La gente comenzó a notar su extraño comportamiento, y comenzaba a creer que estaba loco.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero, a pesar de estos intentos, otra vez se quedó solo; fue una noche en que la plaza quedó desierta por un momento, y él comenzó a caminar por la calle, pero la calle estaba también desierta, y por segunda vez sintió los fríos brazos sobre su cuello, y por segunda vez, cuando llamó a su animal, este saltó lejos de su amo con un lastimero aullido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Luego de dejar Colonia, ahora viajando a pie por necesidad (ya que su dinero comenzaba a escasear), se unió a unos vendedores ambulantes, de manera que podía estar todo el día con gente, y hablar con quien quiera que se encontraba, tratando de llegar a la noche y estar en compañía de alguien.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;A la noche dormía cerca del fuego de la cocina de la posada en la que paraba; pero cualquier cosa que hiciera, él se quedaba solo con frecuencia, y siendo cosa común para él, volvía a sentir el frío abrazo alrededor de su cuello.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Muchos meses pasaron desde la muerte de su prima, otoño, invierno, hasta que llegó la primavera. Su dinero casi se había agotado, su salud estaba severamente dañada, y él era la sombra de quien solía ser. Se encontraba cerca de París. Había acudido a esta ciudad durante la época del Carnaval. En París, la época del Carnaval le significaba que no se volvería a quedar solo, y no volvería a sentir esa mortal caricia, hasta que podría recobrar su alegría perdida, su estado de salud, y una vez más reiniciar su oficio y profesión, para una vez más ganar dinero y fama por su arte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;¡Cuánto que intentó salvar la distancia que lo separaba de París, mientras día a día se debilitaba más y más, y su caminar se hacía más lento cada vez!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Pero al final, luego de mucho tiempo, logró alcanzar la ciudad. Esta es París, en la que él ingresa por primera vez, París, la que había soñado tanto, París cuyo millón de voces podía exorcizar su fantasma.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;París le pareció esa noche un vasto caos de luces, música y confusión. Luces que danzaban ante sus ojos y que jamás se quedaban quietas, música que sonaba en su oído y lo ensordecían, confusión que hacía que su cabeza se vea presa de un inacabable remolino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Llegó a &lt;personname productid="la Casa" st="on"&gt;la Casa&lt;/personname&gt; de &lt;personname productid="la Opera" st="on"&gt;la Opera&lt;/personname&gt;, donde se daba el baile de máscaras. Había ahorrado un dinero para comprar un boleto de admisión, y para alquilar un disfraz de dominó para cubrir su zaparrastrosa indumentaria. Parecía que había pasado solo un momento desde que había pasado las puertas de la ciudad y ahora se encontraba en medio de un salvaje alboroto en el baile de &lt;personname productid="la Casa" st="on"&gt;la Casa&lt;/personname&gt; de &lt;personname productid="la Opera." st="on"&gt;la Opera.&lt;/personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;No más oscuridad, no más soledad, sino que una multitud enloquecida, gritando y bailando frenéticamente, del brazo de una chica.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;La tempestuosa alegría que sentía seguramente haría que regrese su vieja despreocupación. Él pudo escuchar a la gente a su alrededor hablando de la salvaje conducta de algunos estudiantes borrachos, y fue a él a quien señalaron mientras decían esto, a él, que no se había mojado los labios desde la noche anterior; a pesar que sus labios estaban deshidratados y su garganta seca, él no podía beber. Su voz era densa y ronca, y su articulación poco clara; pero su vieja despreocupación volvió, y él se hizo poco problema.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;La chica se cansó, su brazo permaneció en su hombro, mientras las otras bailarinas se fueron yendo, una por una.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Las luces de los candelabros, fueron extinguiéndose una por una.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Los decorados comenzaron a oscurecerse ante la disminución de la iluminación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Una débil luz de las últimas lámparas, y un pálido haz de luz grisácea proveniente del nuevo día, comenzó a avanzar por entre las persianas medio abiertas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Y por esta luz la chica se fue desvaneciendo. Él miró en su rostro. ¡Cómo iba sucumbiendo el brillo de sus ojos! De nuevo volvió a mirar en su rostro. ¡Qué pálido se había puesto su rostro! Y una vez más volvió a mirar, y ahora observaba la sombra del que fue un rostro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;De nuevo, el brillo de los ojos, el rostro, la sombra del rostro. Todo se había ido. Y él volvió a quedarse solo; solo en un salón tan vasto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Solo, y, en un terrible silencio, escuchó los ecos de sus propios pasos en una tétrica danza que no tenía música.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Sin ninguna otra música más que el golpeteo del corazón contra su propio pecho. Los brazos helados volvían a rodearle el cuello, a arremolinarse en torno suyo, ellos no iban a soltarse, tampoco a fundirse; él ya no podía escapar de aquel álgido abrazo más de lo que podía escapar de la muerte. Miró detrás suyo, no había nada más que él mismo en un gran salón vacío; pero podía sentirlo, el frío mortecino, y aquellos largos y delgados dedos, y el anillo que había sido de su madre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Trató de gritar, pero ya no tenía más poder en su garganta reseca. El silencio del lugar únicamente fue roto por los ecos de sus propios pasos en aquella danza de la que no podía liberarse a sí mismo. ¿Quién podía decir que no tenía pareja de baile? Los gélidos brazos que estaban prendidos a su pecho. Y él no rehuiría de tal caricia. ¡No! Una polka más y caería muerto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Las luces se apagaron del todo, y media hora después, los gendarmes llegaron con una linterna para ver si el salón había quedado vacío; un perro los seguía, un gran perro que habían encontrado sentado frente a la entrada del teatro. Cerca de la entrada principal tropezaron con...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;El cadáver de un estudiante, que había muerto de inanición, y por la rotura de los vasos sanguíneos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Mary Elizabeth Braddon.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-2791915368714905684?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-gotico-el-abrazo-frio-de-mary.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-589656405117029673</guid><pubDate>Wed, 20 Apr 2011 15:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T12:40:58.306-03:00</atom:updated><title>Contactame:</title><description>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Me puedes enviar relatos, historias,&amp;nbsp;imagenes, fondos, ideas&amp;nbsp;o lo que quieras para ayudar al blog a:&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a href="mailto:theblackparade-@hotmail.com"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;theblackparade-@hotmail.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Los relatos o historias pueden ser escritos por vos, dejas tu nombre y apellido, si quieres edad, de donde eres, que te gusta, etc.&amp;nbsp;asi le contamos a la gente quien lo escribe. :)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Tambien si quieres charlar conmigo.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-589656405117029673?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/contactame.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-6713971928354893104</guid><pubDate>Wed, 20 Apr 2011 03:18:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T00:18:52.381-03:00</atom:updated><title>Conoceme :)</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;Hola! Me presento, Me llamo &lt;/span&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Priscila&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;, me pueden decir Pri o Prichu. Vivo en Buenos Aires, Argentina. Tengo el pelo castaño oscuro pero me lo tiño de negro. Me&amp;nbsp;teñí&amp;nbsp;en algunas ocasiones&amp;nbsp;mechas rojas o cosas así. Me gusta el estilo del negro, me visto de negro diría que siempre, me gustan las tachas, muñequeras, pulceras, etc. No se como definirme porque me gustan muchos estilos como el &lt;span style="color: red;"&gt;Dark&lt;/span&gt;, &lt;span style="color: red;"&gt;Gótico&lt;/span&gt;... Diría que lo mio es una mezcla de todo ja! Mi pasión principal es la música. Me encanta el &lt;/span&gt;&lt;span style="color: red; font-family: &amp;quot;Helvetica Neue&amp;quot;, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;Metal&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;, &lt;span style="color: red;"&gt;Punk&lt;/span&gt;,&lt;span style="color: red;"&gt; Rock&lt;/span&gt;, &lt;span style="color: red;"&gt;Hardcore&lt;/span&gt;,&lt;span style="color: red;"&gt; goth rock&lt;/span&gt;, &lt;span style="color: red;"&gt;screamo&lt;/span&gt;... De vez en cuando&lt;span style="color: red;"&gt; Pop&lt;span style="color: black;"&gt;/&lt;/span&gt;Rock&lt;/span&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Me encanta leer, sobre todo libros de terror/suspenso como &lt;span style="color: red;"&gt;Stephen King&lt;/span&gt; "El rey del terror" xD&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Soy una persona con mente abierta, no tengo religión definida, no creo en la iglesia, hizo y escondió muchas cosas malas, para mi&amp;nbsp;la religión trae discriminacion y divide a la gente. (Como&amp;nbsp;hicieron antes y hacen ahora con los Homosexuales)&amp;nbsp;Me interesa&amp;nbsp;por alguna razón el Budismo, porque habla sobre la paz interior, Buda NO es un dios, fue una persona común y corriente. Además no es como las otras religiones que las personas&amp;nbsp;rezan y le piden cosas a Dios, sino que en el Budismo, los Budistas&amp;nbsp;meditan y se lo piden a&amp;nbsp;ellos mismo, ya sea un objetivo u otra cosa... Me encanta la filosofía y cuando termine el colegio quiero estudiar Psicología. Me gustaría saber ingles :P Hay cosas que me importan bastante: Como el medio Ambiente, como el mundo esta cada vez peor en&amp;nbsp;muchos temas. No voy a aclarar cuales porque sino no paro de escribir ja!&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Me encanta ver películas, sé mucho sobre eso y sobre nombres de actores, directores, etc. xD Amo las películas de Tim Burton por sus elementos&amp;nbsp;oscuros, góticos&amp;nbsp;y siniestros, cuyos protagonistas suelen ser seres inadaptados y enigmáticos. También las películas basadas en los libros de Stephen King.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Series que me gustan: Veo Dr. House, me encanta, los sigo desde la primera temporada&amp;nbsp;y el actor Hugh Laurie, soy como una&amp;nbsp;fan más de él, dentro y fuera de la serie xD&amp;nbsp;Tambien me gusta&amp;nbsp;The Walking Dead, ya que trata de Zombies. Algo que me encanta, ya sea películas o series :P&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Bueno, eso es todo! Nos vemos :)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="background-color: red; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;strong&gt;Prichu&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-6713971928354893104?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/conoceme.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-2510768689188459301</guid><pubDate>Sun, 17 Apr 2011 23:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T20:38:39.005-03:00</atom:updated><title>Relatos de Terror:</title><description>&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-de-terror-la-bestia-en-la-cueva.html"&gt;“La Bestia de la Cueva”&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt;de Howard Phillip Lovecraft&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-de-terror-la-casa-maldita-de.html"&gt;“La Casa Maldita”&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt;de Howard Phillip Lovecraft&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-2510768689188459301?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relatos-de-terror.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-3255470141422041049</guid><pubDate>Sun, 17 Apr 2011 23:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T21:36:09.779-03:00</atom:updated><title>Relatos Goticos:</title><description>&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-align: left; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-gotico-el-abrazo-frio-de-mary.html"&gt;“El Abrazo Frio”&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9; font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;de Mary Elizabeth Braddon&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-align: left; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9; font-family: Times;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span style="font-family: Wingdings;"&gt;&amp;amp;&lt;/span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-campesino-y-los-fantasmas-de.html"&gt;“El Campesino y los Fantasmas”&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;de Henri Carnoy&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-align: left; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="color: black; font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-estatuas-de-la-noche-de-clark.html"&gt;&lt;strong&gt;“Estatuas de la noche”&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt;de Clark Ashton Smith&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9; font-family: Times;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-align: left; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-pasillo-de-ruhtben-dario.html"&gt;“El pasillo”&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt; de Ruhtbén Darío&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-align: left; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font: 7pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-trato-de-miguel-callejon.html"&gt;“El Trato”&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt;de Miguel Callejón Berenguer&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt;&lt;div class="MsoListParagraph" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; font-style: normal; font-variant: normal; font-weight: normal; line-height: normal;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: black;"&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif; font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relato-el-guardian-de-miguel-callejon.html"&gt;“El Guardián”&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="color: #d9d2e9;"&gt;&lt;span style="font-family: Times, &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;, serif;"&gt;de Miguel Callejón Berenguer&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-3255470141422041049?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relatos-goticos.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-3593127065732981671.post-3840411750321028362</guid><pubDate>Sun, 17 Apr 2011 23:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-20T20:39:57.974-03:00</atom:updated><title>Relatos:</title><description>&lt;div class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin: 0cm 0cm 0pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpFirst" style="margin: 0cm 0cm 0pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Calibri;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relatos-goticos.html"&gt;Relatos Goticos&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoListParagraphCxSpLast" style="margin: 0cm 0cm 10pt 1cm; mso-add-space: auto; mso-list: l0 level1 lfo1; tab-stops: 14.2pt; text-indent: -17.45pt;"&gt;&lt;span style="color: red; font-family: Wingdings; font-size: 16pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Wingdings; mso-bidi-font-size: 11.0pt; mso-fareast-font-family: Wingdings;"&gt;&lt;span style="mso-list: Ignore;"&gt;&amp;amp;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Trebuchet MS&amp;quot;, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;a href="http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relatos-de-terror.html"&gt;Relatos de Terror&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3593127065732981671-3840411750321028362?l=x-theblackparade-x.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://x-theblackparade-x.blogspot.com/2011/04/relatos.html</link><author>noreply@blogger.com (prichuxmcjb)</author></item></channel></rss>