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&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-TIFKVDcXepU/TyRjGXkJNqI/AAAAAAAADk4/H1CS9e-jXFc/s1600/Aguilera,-Miguel---Saint-Exup%C3%A9ry-%5Bcap%C3%ADtulo-35%5D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-TIFKVDcXepU/TyRjGXkJNqI/AAAAAAAADk4/H1CS9e-jXFc/s400/Aguilera,-Miguel---Saint-Exup%C3%A9ry-%5Bcap%C3%ADtulo-35%5D.jpg" width="285" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
TREINTA y CINCO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
Mientras el anciano avanzaba en dirección al comedor ambas mujeres lo seguían por detrás, guiadas por el andar del viejo pero sin pensamiento alguno en sus mentes. Avanzaron despacio. La mujer gorda cerró la puerta tras de sí, fue la última en ingresar a la casa. Al llegar al comedor Lourdes se detuvo en seco. El anciano hizo un gesto de que tomaran asiento, e inmediatamente cayó en la cuenta que también Esteban estaba en la habitación. La mirada de Lourdes y Esteban se cruzaron instantáneamente y así, tal como la hipnosis de ambas miradas los mantenía conectados, sus pensamientos individuales los pasearon a cada uno por aquellos días en los que se habían conocido. La mujer gorda y el anciano observaban la escena sin comprender. El anciano alzó la voz y habló, pero nadie pareció escuchar. La mujer gorda seguía observando la escena y se preguntaba qué estaría sucediendo. Enseguida reconoció a Esteban y cayó en la cuenta de que era ese mismo muchacho amable que había charlado con ella días atrás.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Se conocen? —dijo el anciano alzando aún más su voz.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
Entonces ambos jóvenes asintieron con la cabeza, e inmediatamente sonrieron. Lourdes acercó una de las sillas al lado de Esteban, se sentó, lo tomó de la mano y lo besó suavemente en la mejilla. Aquel beso tenía un dejo de dulzura y cariño que sorprendió a todos en la habitación.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Pues ¿por qué no nos informan de cómo se conocen? —interrumpió la mujer gorda mientras también carraspeaba como intentando romper aquella conexión que los jóvenes mantenían entre sí.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Parece que se conocen, y mucho -dijo el anciano a la mujer gorda mientras le sonreía.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Pasa cada cosa rara últimamente.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—La verdad que sí, señora. A mí también me han pasado cosas muy raras estos días. Desde la llegada casual de Esteban hasta encontrarme con ustedes y el tema de la fotografía.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
Entonces Esteban pareció salir del hechizo, y sin soltar la mano de Lourdes, preguntó:&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Qué fotografía?&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
Lourdes nerviosamente miró a todos en la habitación, y finalmente detuvo nuevamente la mirada en Esteban.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Una fotografía que encontramos en un hotel en donde mi padre vacacionaba —respondió Lourdes. Estaba detrás de una vieja radio. La fotografía tenía la dirección de esta casa. Pero... ¿qué haces tú aquí?&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Lo mismo me estoy preguntando yo, Lourdes.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Todo parece un gran enredo —dijo la mujer gorda.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Pero tal vez no lo sea tanto —intervino el anciano. La fotografía que me acabas de mostrar, el hombre de la fotografía, lo conozco. En realidad lo conocí durante mi juventud. Pero a la mujer que está a su lado no. No sé quién es ella.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—O sea que usted conoció a mi padre —afirmó Lourdes. Eso indica que estoy avanzando en la búsqueda de mi pasado. &lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Así es —repuso la mujer gorda.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Tú pasado?, ¿qué pasa con tú pasado? —preguntó Esteban mientras sonreía al observar el tatuaje de «El Principito»  que Lourdes llevaba en su antebrazo.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Es que me he encontrado con la gran sorpresa que mi padre ha llevado una doble vida. Ha tenido otra familia, al menos eso creo por la evidencia, y con ella —dijo señalando a la mujer gorda— que es mi compañera de viaje me he propuesto desentramar mi verdadero pasado. Todo lo que he investigado y he sabido sobre la doble vida de mi padre me ha traído a esta ciudad, como si todo hubiese empezado aquí, o en algún momento en este lugar hubieran pasado cosas importantes en su vida. La fotografía que encontré realmente me sorprendió. Jamás hubiera imaginado que mi padre tuviera otra mujer, y además un hijo.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Un hijo? -preguntó Esteban.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Sí, un supuesto hijo que sería mi supuesto hermano.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
En ese instante todos callaron al mismo tiempo. Se hizo un silencio casi sepulcral en el recinto y las miradas iban y venían en todas direcciones cargadas de interrogación y sorpresa. Tanto Esteban como Lourdes parecían estar sumidos en una confusión que los mantenía en un plano distinto al del anciano y la mujer gorda. Sin embargo, en el anciano había ciertos destellos de entendimiento, un aura de claridad mental que hacía pensar que aquel hombre lentamente ataba cabos y empezaba a interpretar mejor aquella compleja situación que sucedía en su casa.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Te gusta la casa? -preguntó el anciano a Lourdes, rompiendo así el silencio.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Me encanta. Adoro ese jardín, sus plantas, la paz que hay en este sitio.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Es lindo, ¿verdad?&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Sí, muy lindo. Quedé maravillada apenas la vi. No pude contenerme de la emoción y me aferré a la reja, y miraba tras de ella, como si fuera una posesa.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Siempre he pensado que esta casa tiene algo especial. Me imagino que para sus antiguos dueños también era así... ¿qué opinas, Esteban? —dijo el viejo.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
Esteban sobresaltado por la pregunta sonrió rápidamente y asintió con la cabeza:&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Sí, claro... me imagino que mis abuelos y mi madre fueron muy felices aquí.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Tú madre?, ¿tus abuelos?, ¿no me digas que ellos vivieron aquí? —preguntó Lourdes.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Sí, así es, y me enteré por estos días, al hablar con éste señor —dijo Esteban señalando con su dedo al anciano-. Él me ha contado parte de una historia de mi vida que también ha quedado un poco inconclusa, o mejor dicho, que jamás conocí.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Somos dos entonces los que estamos a la deriva —dijo Lourdes sonriendo.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Así parece —acotó Esteban.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
A todo esto la mujer gorda preguntó al anciano si podían tomar mate, pues no habían desayunado. Entonces el viejo mientras asentía invitaba a la mujer gorda a pasar a la cocina.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
Una vez solos, Lourdes y Esteban volvieron a cruzar la misma mirada que se sostuvieron al principio. Se volvieron a esfumar las palabras y se contemplaron sonrientes durante un rato. Lourdes no había soltado en ningún momento la mano de Esteban y aquello le pareció algo extraño pero a la vez cálido y tierno. No sentía la sensación de atracción hacia un hombre, sino hacia una persona que conocía mucho y extrañaba a horrores.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Sabes que mi viaje se inició con tú búsqueda? —dijo Lourdes.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—¿Me buscabas?&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
—Sí. Todo empezó con ciertos sueños que tuve hace unos meses atrás. Sueños en donde te me aparecías y me hablabas. Sensaciones nocturnas de angustia y necesidad de encontrarte y saber de ti. Pero no sé por qué me sucedía eso. No puedo explicarlo. Y aunque me da un poco de pudor contártelo, es la pura verdad -dijo mientras sus mejillas se sonrojaban y apretaba fuertemente la mano que mantenía apresada a Esteban. Ahora que te he visto mi cabeza es una confusión total. En el camino, mientras comenzaba a buscarte, me he encontrado con esta novedad sobre mi padre y su doble vida, sobre una esposa que supuestamente amaba además de mi madre, y sobre un hermano que no conozco. Todo eso me ha hecho jirones el corazón. Hubo noches que he llorado amargamente contra la almohada. Pero no he claudicado. Gracias a esta buena mujer que se hizo compañera incansable y fiel a mi lado, me he abocado a descubrir toda la verdad. Necesito saber la verdad. Necesito encontrar las piezas del rompecabezas que mi padre fue desperdigando a lo largo de su vida por distintos lugares.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
Entonces Esteban la abrazó y Lourdes rompió en llanto, sereno, sentido y profundo, sobre su hombro.&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1201280988586" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1201280988586" src="http://resources.safecreative.org/work/1201280988586/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a 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/><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2012/01/saint-exupery-treinta-y-cinco.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-4147142111870045663</guid><pubDate>Tue, 06 Dec 2011 14:31:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-12-07T09:56:38.822-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (treinta y cuatro)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-K1Dsj85BKmM/Tt9hP3L6N_I/AAAAAAAADYE/FaxXdi-pUzM/s1600/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-34%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-K1Dsj85BKmM/Tt9hP3L6N_I/AAAAAAAADYE/FaxXdi-pUzM/s400/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-34%255D.jpg" width="285" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
TREINTA y CUATRO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Apenas abrí un ojo percibí la claridad del amanecer entrando por la ventana, como si trajera con ella parte necesaria de la energía que necesitaría el nuevo día. Sentía mi cuerpo inmóvil, mis músculos aún dormidos, como si solo mi mente se hubiera despertado y el resto prefiriera seguir dormido. La luz era ténue, débil, pero irradiaba vida. Recorrí con la mirada la habitación muy despacio, como si jamás hubiese estado allí. Finalmente me detuve ante mi visión del rostro de Marina que dormía plácidamente, en posición fetal, hacia mi lado. Entonces los músculos y nervios de mi rostro se movilizaron, y rápidamente gesticularon lo que mis pensamientos y sentimientos les indicaron: una sonrisa. A pesar de sentirme cansado y de haberme acostado tarde y sentir que la cabeza me dolía, ver a Marina dormir serenamente fue un despertar feliz, tan intenso y puro como la luz solar que entraba a través de la ventana.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Me incorporé despacio, tratando de no hacer ruido, ni mover demasiado la cama. No deseaba que Marina despertara. Una vez en pie me vestí. Me calcé los pantalones, me puse la camisa, y descalzo caminé hasta la ventana. El ruido de un portazo de automóvil me sobresaltó. Al asomarme a la ventana vi un automóvil viejo estacionado frente al hotel, sin nadie en su interior y nadie caminando en la calle. Podía verse por sobre los techos de zinc y tejas cómo el sol lentamente comenzaba a reptar sobre la ciudad. Suave y lento, sin demasiada prisa, &lt;i&gt;todo a su debido tiempo.&lt;/i&gt; Me senté de lado en el alféizar de la ventana y respiré hondo por unos momentos. El aire se sentía puro, sin smog, cargado de una vitalidad inexpresable. Las cortinas se mecían lentas, como si disfrutaran tanto del aire como yo lo hacía. Terminé de abrocharme la camisa, de calzarme las zapatillas y sentí el impulso de salir de la habitación y aprovechar el silencio y el fresco de la nueva mañana. Observé que Marina seguía en la misma posición, súmamente dormida, alejada de todo el mundo real. Por un instante sentí sana envidia de aquella escena. Qué más quería yo en aquel momento que descansar así, plenamente, y olvidarme de todo cuanto había complicado mi existencia. Pero, una vez más, me dije que estaba en el camino correcto y que debía continuar. Las medias tintas son para los flojos, y a decir verdad, no era ese mi estado en aquel momento.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Salí del hotel y me encontré parado en la vereda sin saber cual sería el rumbo de la caminata. El automóvil viejo permanecía estacionado solitariamente y sin rastro de su conductor. Seguramente algún trasnochado, como yo, que paraba en el hotel. Pensé que no había dejado una nota a Marina por si despertaba, así que volví a la recepción, escribí una nota rápida y se la di al conserje para que la echara por debajo de la puerta. Volví a salir y tomé rumbo al este. Caminé un par de cuadras sin cruzarme con un alma. Después de un rato me topé con un viejo perro que buscaba comida en los cestos de basura. Mientras caminaba repetía mecánicamente en mi cabeza cada momento vivido la noche anterior con la chica de los pírsines: el encuentro fortuito, el modo de mirarnos, su personalidad tan cambiada, el modo de hablarme, sus frases, y su ida tan repentina. Algo no encajaba en mi cabeza, no se trataba de una sola cosa, sino de varias que había observado y anotado en el subconsciente mientras estuve reunido con ella. Parecía una fusión de cosas distintas en su personalidad y en su accionar; inclusive en su físico había cierta aura que la mostraba mucho más dulce y atractiva. Sin encontrarle respuesta a tales cambios caminé un par de cuadras más hasta llegar a la plaza central. Una vez allí me sobrevino una sensación de inquietud y nerviosismo. Enseguida pensé en la casa del anciano, en todo aquello que me había contado el día anterior, en su pasado con mi madre, en la propia vida de ella, y entonces me dieron muchas ganas de regresar a la casa y volver a charlar con él. Observé la hora en el reloj pulsera: las siete y cuarto de la mañana. Rápidamente concluí en un cálculo mental que Marina dormiría como hasta las nueve, así que puse rumbo hacia la vieja casa.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Después de un par de golpecitos a la puerta ésta se abrió, y el rostro del anciano apareció instantáneamente. Parecía tener más arrugas que el día anterior, como si en tan solo unas pocas horas el tiempo se hubiera enceguecido y ensañado con él.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Buen día -dije al verlo-, disculpe la hora, ¿podría hablar con usted?&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Claro -respondió él, y con un gesto me invitó a entrar.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Verá usted joven que me sorprende su visita. Aún no caigo de la sorpresa de ayer y ahora de nuevo, verlo aquí, en esta casa, me parece algo muy peculiar. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—No quiero incomodar -dije mientras instintivamente buscaba la silla mecedora con la mirada.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El viejo esbozó una sonrisa y me indicó el lugar donde ahora había acomodado la silla.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Parece que te ha gustado la silla. Ya te he dicho que es tuya. Podés llevártela cuando quieras. Creo que después de todo tú madre se pondría muy contenta si la tuvieras, o tal vez tú abuelo, o porqué no tú abuela.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En ese instante sentí que sería una buena idea lo que me proponía. No puedo explicar ni aún hoy con palabras lo que la silla significó y significa para mí. Solo el sentimiento que me moviliza cada vez que me siento en ella y comienzo a mecerme es indescriptible. Busqué la silla y tomé asiento. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Y ha que has venido? -preguntó el anciano.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—No lo sé -respondí rápidamente. Anoche no he dormido muy bien, y esta mañana al despertarme he salido a caminar y de repente me encuentro aquí, sentado en la silla, frente a usted, como si fuese una especie de imán, o algo por el estilo...&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Mala noche -dijo el anciano.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Sí, mala noche.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Te diré una cosa -dijo el viejo acercando una silla y sentándose delante de mí- cuando tenía tú edad las malas noches eran frecuentes. Había días que vivía amargado y desencantado con la vida y eso me molestaba un poco pues era joven y no eran sentimientos ni sensaciones para una persona joven. Pero no era infeliz, me refiero a interiormente, ¿me explico?&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Sí&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Pero uno sabe cuando hay cosas que lo desencantan, y yo siempre he sido perspicaz con ello. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Pero entonces, ¿qué era lo que le sucedía? -pregunté un tanto extrañado y perplejo.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Me entristecía mi libertad interior. Esa es una de las pocas cosas que uno puede conservar o perder, es lo que más allá del libre albedrío puede manipular a su antojo y decidir cómo lo querrá: libre o vedado. Si bien no era infeliz tampoco disfrutaba mi vida a pleno. Embarullaba mi cabeza con ideas y pensamientos que solo me atascaban, y nunca llegaba a buen puerto. Mi esposa lo percibía.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¡¿Esposa?! -pregunté sorprendido, pues recordaba vagamente que aquel hombre había mencionado que era soltero.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Sí, así le llamo, y le llamé, a la única mujer que se arriesgó a convivir conmigo por unos cuantos años. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Después de decir aquello su mirada se volvió sombría y lejana. Tuve la sensación que remover viejos recuerdos de aquel tema herían de un modo singular su interior. Sentí compasión. Por un instante pude verme reflejado en él a su edad, y una angustia súbita me nació desde las entrañas. Podía percibir en la expresión del viejo el fuego abrasador de los recuerdos volviendo a quemar su corazón. Intuí que debía de cambiar drásticamente de tema, pero el anciano no me dejó...&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;i&gt;&lt;/i&gt;—&lt;i&gt;Primum Vivere...&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Qué? &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Dije, &lt;i&gt;Primum Vivere&lt;/i&gt; -repitió el anciano-, o sea «Lo primero es vivir»...&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sí, lo primero es vivir, eso mismo pensé al escuchar aquellas palabras. Solo me nació darle una palmada en el hombro y sonreírle. Y aquel gesto fue un puntapié inicial para que el semblante del viejo cambiara, se volviera más natural, y en sus ojos se encendiera cierta chispa que antes no estaba en su mirada.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Había algo de común entre ambos. No podía especificar qué era en aquel momento, pero lo intuía.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Aprender a vivir es algo muy difícil -dijo el viejo-, tal vez la lección más complicada que tenemos como seres humanos. Consta de un delicado equilibrio que se logra con el tiempo y con el correcto pasaje por determinadas vivencias. Algunos lo aprenden y llegan a umbrales casi de sabiduría, en los cuales pueden disfrutar de la vida plenamente, y otros ni siquiera logran entender durante toda su vida lo más mínimo del vivir. La felicidad, está inmersa en el vivir. Entra y sale, se escabulle cuando lo desea y vuelve a introducirse cuando le canta la gana. No es algo que podamos manipular a nuestro antojo, no obstante, si podemos reconocerla entonces debemos hacer buen usufructo de ella, y no dejarla pasar, desaprovechándola.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El anciano vaciló un instante, volvió la cabeza hacia el jardín y ambos observamos cómo las plantas comenzaban a moverse por acción del viento.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Creo que lloverá -dijo el viejo-, por estas épocas las lluvias llegan sin previo aviso, tal como las malas noticias. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Y qué fue de su «esposa»? -pregunté retornando al tema que veníamos hablando.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Cierto día tomó la decisión de dejarme. Así de simple. Al volver de la carnicería me encontré con unas cuantas valijas listas y ella sentada en el borde la cama contemplando un pequeño album de fotografías que teníamos. Al principio no entendía nada, ni siquiera el hecho de ver las valijas armadas me indicó lo que pasaba. Después pensé que iría de viaje con alguna amiga, o tal vez a la casa de su padre, en la Patagonia. Pero nada de eso pasó. Cuando dejó de mirar el album de fotografías y levantó la vista pude ver en sus ojos el dolor y la tristeza como nunca antes las había presenciado. Si bien el hecho de que en mi juventud la separación con tú madre me había causado profundo dolor, no se comparó jamás con lo que sentí aquel momento con mi «esposa». No dijo palabra alguna, solo dejó el album en la cama, tomó las valijas y pasó por mi lado sin siquiera un «&lt;i&gt;adiós&lt;/i&gt;». Si en este momento te preguntas si volví a saber de ella debo decirte que nunca más volví a verla, y solo muchos años después, por esas casualidades del destino tuve accidentalmente una vaga noticia sobre su paradero. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Y dónde estaba?&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Lo leí en un diario de Buenos Aires que justo había dejado sobre el mostrador de la carnicería un cliente de paso. Mientras mataba el tiempo hojeando el diario vi la noticia, en un recuadro pequeño, en una página insignificante. Era su obituario. Había fallecido y algunas amigas le habían dedicado una oración en la parte de las necrológicas. Sentí una terrible punzada en el pecho, tal como si justo en aquel momento algo se hubiera desprendido súbitamente de mí. Sin embargo no lloré. Quedé absorto contemplando la plaza a través de la ventana, viendo a la gente pasear y disfrutar la vida, a los chicos correr, a los perros ir y venir en sus interminables corridas, a las palomas comer del suelo y elevarse nuevamente en vuelo. Todo eso me pareció tan fantástico en aquel momento como si jamás le hubiera prestado atención alguna. Volví a mirar la página del diario, enfoqué el diminuto recuadro y recorrí con la mirada el nombre de mi «esposa». No había dudas, era ella, y había muerto. Por eso, hijo, a la vida hay que vivirla y no ser preso de ella. Yo jamás supe porqué me abandonó pero aún así siempre me sentí terriblemente culpable y me martiricé durante años con la idea de que había sido un mal compañero para ella. No había día que no retrotrajera pensamientos y me auto flagelara, destrozándome, haciéndome sentir yo mismo el peor hombre sobre la faz de la tierra. &lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Y por qué no la buscó, o intentó detenerla?&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—No lo sé. Me lo pregunté centenares de veces y jamás obtuve una respuesta convincente, una señal, una débil señal, que me indicara el porqué no había movido un dedo, un brazo, o cruzado mi cuerpo en su camino para evitar que se fuera. A veces cuando lo pienso me hago la idea de haber sentido una sensación de encierro en mí mismo, tal como si algo invisible y poderoso me mantuviera atrapado y me inmovilizara por completo, impidiéndome reaccionar, aletargando mis sentidos y dejando que la vida fluyera sin que yo pudiera intervenir. Tal vez haya sido cosa del destino, pues a veces, para quienes creemos en él, nos juega pasadas inimaginadas.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Después de aquella charla el anciano se disculpó y salió al jardín. Allí estuvo unos minutos parado observando a los geranios, el césped, las copas de los árboles. Entendí que necesitaba un momento de soledad. Aquel relato sobre su vida fue muy impactante. Podía sentir cuanta pérdida había rodeado a aquel hombre durante tanto tiempo y cómo la soledad se lo había engullido lentamente. Miré el reloj y ya eran casi las nueve. Pensé en Marina, seguramente ya estaría despierta o en eso. Salí al jardín y le dije al anciano que debía irme.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Aún no te vayas, espera un minuto, tengo algo que darte.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Entramos una vez más a la casa, y observé al viejo rebuscar en la biblioteca. Tomó un par de libros, los envolvió en papel de diario y me los dio.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Son un regalo; para que los leas en momentos de reflexión. Son míos, los tengo desde mi adolescencia y ya es hora que pasen a otras manos.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Agradecí el gesto y el obsequio. Al momento de estrecharle la mano, ya despidiéndome, tocaron a la puerta.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El anciano se disculpó conmigo y atendió:&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="line-height: 100%; margin-bottom: 6.0pt;"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¡Ahhh! Son ustedes... -dijo. Pasen, pasen...&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="Normal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1112070685892" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1112070685892" src="http://resources.safecreative.org/work/1112070685892/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a 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class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-4147142111870045663?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/NL3oY_HWKX8" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/NL3oY_HWKX8/saint-exupery-treinta-y-cuatro.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-K1Dsj85BKmM/Tt9hP3L6N_I/AAAAAAAADYE/FaxXdi-pUzM/s72-c/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-34%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/12/saint-exupery-treinta-y-cuatro.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-3277867269366413680</guid><pubDate>Wed, 23 Nov 2011 12:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-11-23T09:55:12.932-03:00</atom:updated><title>Saint-Exupéry (treinte y tres)</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-T5FMZVd8aqQ/Tszq68nV1lI/AAAAAAAADQw/fkpk6ZnOEyQ/s1600/Aguilera%252C+Miguel+-+Saint-Exup%25C3%25A9ry+%255B33%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://4.bp.blogspot.com/-T5FMZVd8aqQ/Tszq68nV1lI/AAAAAAAADQw/fkpk6ZnOEyQ/s400/Aguilera%252C+Miguel+-+Saint-Exup%25C3%25A9ry+%255B33%255D.jpg" width="285" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;&lt;b&gt;TREINTA y TRES&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Adónde has estado? –preguntó Lourdes a la mujer gorda-. Te he estado esperando un rato largo y no aparecías, así que me dediqué a buscar hoteles para que pasemos la noche y terminé eligiendo uno que no está lejos de aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Perdona, Lourdes. No ha sido mi intención hacerte esperar. Verás, me ha sucedido algo curioso, pero eso te lo cuento más tarde. Ahora vamos a ese hotel que has encontrado, y busquemos un lugar donde comer… ¡desfallezco de hambre!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 18pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Ya era de noche cuando ambas mujeres llegaron al hotel. Era una edificación modesta, de fachada un tanto triste y alejada del centro. Estaba sobre una calle poco transitada, en donde hasta las luces de mercurio parecían ausentarse de a ratos. Al momento de bajar del automóvil nadie caminaba por la calle. A Lourdes eso le pareció maravilloso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;No puedo creer que haya tanta paz aquí –dijo Lourdes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Es verdad. Parece como si todo el mundo se hubiera marchado… espero que el conserje del hotel esté y no se haya ido también –comentó la mujer gorda con su ya risita tan característica.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 18pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;El hall del hotel era un tanto sombrío pero daba una impresión a simple vista de limpio, correcto y de buen gusto. A ambas les pareció satisfactorio eso. Detrás de un mostrador había un muchacho de gafas de carey leyendo un libro. No pareció percatarse de la presencia de las mujeres. La mujer gorda carraspeó para hacerse notar, pero el muchacho seguía concentrado en el libro sin dar señales de poder dejar la historia que leía ni siquiera por un minuto. A Lourdes la escena le pareció simpática, entonces se echó a reír. De repente, y sin pensarlo demasiado, la mujer gorda presionó la campanilla de aviso que estaba sobre el mostrador. El muchacho al escuchar el timbre soltó el libro del susto y éste cayó al suelo. Ambas mujeres se miraron y se rieron al unísono, mientras que el muchacho lector, ahora sonrojado por el acontecimiento, solo se limitó a ubicar sus grandes gafas con la punta de su dedo índice en medio de su frente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Discúlpenme –dijo el muchacho aún sonrojado-, no las había escuchado entrar… estaba concentrado en mi lectura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;No te preocupes –se anticipó a decir Lourdes antes que la mujer gorda hablara- Es algo normal que uno se concentre al leer un libro. A mí me pasa, al leer suelo concentrarme tanto, pero tanto, que de repente ni sé dónde estoy. A mí me parece gracioso, y hasta sorprendente el ver cómo me abstraigo, pero a otras personas, por ejemplo mis amigos, no les cae en gracia que me hablen y yo no responda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Sí… me suele pasar lo mismo –acotó el muchacho ya casi con color natural en su rostro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Bueno, bueno… las disculpas están aceptadas, la lectura seguramente es muy bonita, pero vayamos al grano –interrumpió la mujer gorda-, y el hecho es que necesitamos una habitación.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Por esta noche o se quedarán unos días? –preguntó el muchacho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 18pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Ambas mujeres se miraron y respondieron al unísono:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Por unos días.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; margin-left: 18pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;El hotel no tenía ascensor, solo escaleras. El muchacho tomó el equipaje de las mujeres y emprendió la subida. Ellas lo siguieron. Apenas llegaron a la habitación la mujer gorda quiso ducharse para luego acostarse: “estoy exhausta, quiero dormir”, dijo. Lourdes solo le sonrió y asintió. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Mientras la mujer gorda se duchaba Lourdes sacó de su mochila el libro de “El Principito”. Lo abrió en cualquier página y leyó un par de párrafos. Tuvo la sensación de volver por un instante a su infancia, al preciso momento en que su padre (su enigmático padre) le leía pasajes del libro:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 14.2pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;"He aquí mi secreto, es muy simple: sólo se puede ver bien con el corazón;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 14.2pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; lo esencial es invisible para los ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;i&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse."&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 0.0001pt; margin-left: 14.2pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Lo esencial es invisible a los ojos, dijo Lourdes con voz queda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 10pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Inmediatamente cerró el libro y lo posó sobre la mesita de luz. Descorrió las cortinas de la ventana y observó la ciudad que ahora parecía lentamente aletargarse. La noche se había recargado de humedad y a lo lejos podían divisarse unas diminutas nubes cruzando delante de la luna. Tras permanecer un momento en silencio observando aquellas nubes volvió a tomar el libro y lo abrió nuevamente en cualquier página. Ahora leyó de corrido por un buen rato, sin despegar los ojos del libro y sin pensar en nada más que la historia que estaba reviviendo una vez más en su mente. Atrás habían quedado aquellos días de infancia en donde su padre al llegar del trabajo la llamaba y sentándola en su falda le leía pasajes del libro de Saint-Exupéry. Aquellos días habían significado un verdadero tesoro que jamás imaginó tendrían tanto valor en su juventud. Recordaba la suavidad de las manos de él, el bello que recubría sus dedos, el modo en que daba vuelta las páginas, la entonación dulce y armónica que le ponía a la lectura. Como si todo aquello se hubiera impregnado en las paredes de su memoria sentía que el tiempo de pronto no había pasado tan de prisa, al contrario, tal vez, si tenía paciencia y cerraba los ojos lo suficientemente fuerte, su padre apareciera delante de ella, la tomaría de la mano y la invitaría a sentarse al borde de la cama a proseguir aquella lectura que tanto le encantaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Pero la vida no sabe de ese tipo de sorpresas, y su padre nunca apareció. Las cortinas de la ventana comenzaron a moverse lentamente señal de que el viento del sur empezaba a soplar. La humedad fue disipándose y solo quedó un anillo de humedad rodeando la luna. Y la angustia, y la maraña de recuerdos, y el sinsabor de saberse a la deriva en la vida, todo de algún modo la desilusionaba. Iba al frente en busca de su verdad sin pensar un segundo de su convencimiento ante tal empresa. Pero iba, no se negaba, no se aferraba a ningún pasamano por miedo a caerse, a golpearse, o mucho peor, a tener un accidente grave y quedar malherida del corazón con un dolor que tal vez fuese irreparable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Secó las pocas lágrimas que le caían sobre las mejillas y se recostó sobre la cama. No escuchó cuando la mujer gorda salió del baño, tampoco tenía intenciones ya de hablar, sí de cerrar los ojos e intentar soñar, tal vez con su padre, tal vez con aquel muchacho desconocido que había conocido cierta vez en el hostel “Roma” y ahora era parte importante de su búsqueda sin brújula. Finalmente se durmió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 14.2pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;A media mañana el sonido de una bocina de automóvil que sonaba alocadamente despertó a ambas mujeres. Un conductor taciturno apoyado sobre la ventanilla de un viejo Ford Falcon presionaba la bocina sin contemplación. La mujer gorda de un salto con bastante impulso descorrió las sábanas y pegó un grito mientras se apoyaba en el alfeizar de la ventana: “¡eh!, ¡tú!, ¡¿acaso no sabes qué hora es para andar dando bocinazos?!”; y la respuesta del conductor fue instantánea: bajó la cabeza y se metió dentro del automóvil. Al volver a acostarse observó a Lourdes que miraba el techo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Estás bien, Lourdes? –preguntó la mujer gorda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Supongo que sí –respondió con voz baja la jovencita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Otra vez los recuerdos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Sí, otra vez los recuerdos. Difícilmente pueda deshacerme de ellos, ¿sabes? Es algo inevitable. Es como estar parada sobre arenas movedizas todo el tiempo. Miro hacia atrás, tomo un recuerdo de mi memoria, y me parece que automáticamente se disuelve, que ya no está, que fue algo vivido pero que carecía de esencia, un padre que no fue un verdadero padre, una vida familiar que no fue una verdadera vida familiar. Una perfecta obra de teatro en la cual yo era una actriz que siempre quería desempeñar su mejor rol, pero los demás actores solo lo hacían para darle vida a la obra, careciendo completamente de vocación para ello. Eso siento. Así me siento cada vez que miro hacia atrás.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Serénate… trata de no pensar. Por más que rebusques en tú memoria y quieras encontrar respuestas lo que vas a lograr será embrollarte aún más. A veces la memoria brinda información a la mente y entre ambas tejen y destejen una telaraña que termina siendo una trampa mortal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Sí, supongo que es así… -dijo Lourdes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;La mujer gorda había comenzado a vestirse. Acomodaba perfectamente su ropa antes de colocársela. Había cierto aire de meticulosidad en sus movimientos y en sus gestos. Tal vez el hecho de vivir sola y pasar tanto tiempo con ella misma había hecho pulir ciertas manías. Una vez vestida y arreglada volvió a observar a Lourdes que seguía con su vista clavada al techo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Me he estado preguntando qué hablaste ayer con aquella chica que te encontraste en la calle, la que llevaba ese pirsin, con la que te fuiste a tomar algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Pues nada –respondió Lourdes. Aunque en realidad fue algo extraño, sí, de lo más extraño. La conozco poco y nada. Solo nos vimos un par de veces cuando ella trabajaba en la recepción del aquel hostel donde paré un par de días. Sin embargo al verla ayer la recordé como si la viera todos los días, como si la hubiera visto antes de ayer. Es más, su simple presencia delante de mí me causó una profunda paz. Ella hablaba, reía y yo tan solo la miraba. A decir verdad no me daban ganas de hablar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Lourdes descorrió la sábana y mientras hablaba comenzó a vestirse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Sí, me sentía muy especial en su presencia. Es difícil de explicarte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Pero de qué hablaron?, si se puede saber…, claro…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Ella me hablaba de la vida, del amor, y del paso del tiempo. Sí. Toda su charla se concentró en eso. Cada vez que emitía una frase parecía ser más que certera, con las palabras adecuadas, con el mensaje claro y hasta con cierto aire a moraleja. Creo que nunca pensé que esa chica podría ser tan lúcida y clara para hablar de cosas de la vida. Subestimar, sí, esa sería la palabra correcta para lo que hice con ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;A veces subestimamos demasiado a la gente, ¿no crees?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Totalmente. No suelo hacerlo, pero por momentos lo hago sin querer y cuando me doy cuenta ya es tarde, ya caí en la trampa de creerme superior a esa persona, o al menos sentir cierto regocijo por pensar que mi mente fue un paso más adelante que el de ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Nos pasa a todos –dijo la mujer gorda&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Bajaron a desayunar y mientras lo hacían seguían hablando del encuentro entre Lourdes y la chica de los pirsin.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;He tenido la sensación que ella era distinta, otra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿A qué te refieres? –preguntó la mujer gorda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;No lo sé. Es una percepción tal vez muy visual y sensible a la vez. Mientras tomábamos café ella no parecía ser la misma chica que conocí en el hostel. Si bien físicamente era ella, de eso no me cabe la menor duda, algo en ella era distinto, como más puro, más suave, más ¿irreal?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Pues me parece que el desayuno te está cayendo mal –acotó la mujer gorda con su clásica risita.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Tal vez… pero no creo equivocarme, esta chica está distinta, hay algo en ella que no puedo especificar que es distinto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Terminaron el desayuno y subieron a la habitación. Tomaron sus anteojos de sol, sus carteras y salieron del hotel. Una vez paradas frente a la puerta del hotel se preguntaron ¿qué harían?, ¿cómo empezarían su búsqueda?, ¿volverían a la vieja casa?, y de repente de entre tantas preguntas no había una sola respuesta clara y espontánea. Lourdes se quitó los anteojos para sol y miró a la mujer gorda:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Volvamos a la casa, quiero hablar con el dueño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 18pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Eran las diez y media de la mañana cuando llegaron a la vieja casa de barrio, en donde la mujer gorda había visto adentrarse a un anciano, sin tener idea de quién era. Sentían que estaban siendo guiadas solo por sus instintos y la buena suerte del viajero, una especie de brújula incrustada en el subconsciente, que parece siempre indicar el norte correcto, y guiar los pasos hacia allí, muchas veces en total contraposición con lo que dicta la mente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;La casa estaba en medio del barrio, y parecía aun así sobresalir por todas las otras, hasta la de las más lujosas y llamativas, como si su simpleza hiciera de ella una gran muestra de atracción para quienes se paseaban por su vereda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Fue entonces que Lourdes, hipnotizada por el hechizo ininteligible que la casa le irradiaba desde el primer día, se quedó contemplando en silencio por unos instantes el jardín. El aroma a geranios era empalagador. La mujer gorda se adelantó, abrió la puerta de reja y golpeó con los nudillos de&amp;nbsp; su mano la puerta de madera del frente. Esperaron, parecía no haber nadie. La mujer gorda volvió a golpear, pero esta vez con más convicción, con más fuerza, como si con aquellos golpes quisiese despertar a quienes dormían o a quienes estuvieran muertos.&amp;nbsp; Volvía a soplar un viento cargado de humedad que acentuaba más el olor a geranios y a hierba. Por la vereda pasaban mujeres con sus carros y bolsos de compras. Cerca, tal vez en la esquina próxima, un perro ladraba en solitario, sin sentido alguno, tan solo por el placer de ladrar. Finalmente la puerta de calle se abrió y el anciano, con su pelo cano un tanto desprolijo, ahora estaba frente a ellas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Buenos días –se apuró a saludar la mujer gorda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Buenos días señoritas, ¿qué desean? –preguntó el anciano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Hablar unos instantes con usted…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Sobre qué será?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Sobre la casa…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿La casa? –preguntó atónito y sorprendido el anciano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Sí, la casa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Qué tiene la casa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Encontramos la dirección de esta casa detrás de una vieja fotografía de mi padre –intervino Lourdes-. Buenos días, disculpe mi mala educación, pasa que al ver la casa me quedo boquiabierta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;¿Y quién era tú padre, jovencita? –preguntó el anciano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Fue entonces que Lourdes clavó la vista en aquel hombre y cuando quiso emitir una respuesta a la pregunta formulada sintió un terrible bloqueo en su lengua, una fuerza superior e invisible que dejó de repente a su mente en blanco y a su lengua trabada ¿Quién era su padre? Ahora no era tan simple saberlo. Una pregunta que durante muchos años de su vida había tenido una simple y bonita respuesta, ahora se presentaba como un extraño espejismo que ocultaba una mancha con arenas movedizas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Realmente no lo sé –dijo ella con voz muy baja.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;El anciano, ante aquella respuesta, pareció confuso. No entendía la razón de aquella visita, pero sí le había intrigado lo que Lourdes le había dicho: “&lt;i&gt;la dirección de esta casa estaba detrás de una vieja fotografía de mi padre&lt;/i&gt;”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; margin-left: 36pt; margin-right: 0cm; margin-top: 0cm; text-align: justify; text-indent: -18pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'BakerSignet BT', sans-serif;"&gt;-&lt;span style="font: normal normal normal 7pt/normal 'Times New Roman';"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Está bien –dijo el anciano- ¿quieren pasar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;Ambas mujeres asintieron al unísono. La puerta de calle se cerró detrás de ellas y como si fuese la mano del destino se sintieron avanzar guiadas por algo invisible, algo que aunque no podían ver, sabían que estaba ahí, delante de ellas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="CuerpoTexto" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1111230582958" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1111230582958" src="http://resources.safecreative.org/work/1111230582958/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html"&gt;26&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintisiete.html"&gt;27&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintiocho.html"&gt;28&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintinueve.html"&gt;29&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treinta.html"&gt;30&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treintaiuno.html"&gt;31&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treinta-y-tres.html"&gt;32&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-3277867269366413680?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/fJ129hhjdhM" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/fJ129hhjdhM/saint-exupery-treinte-y-tres.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-T5FMZVd8aqQ/Tszq68nV1lI/AAAAAAAADQw/fkpk6ZnOEyQ/s72-c/Aguilera%252C+Miguel+-+Saint-Exup%25C3%25A9ry+%255B33%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/11/saint-exupery-treinte-y-tres.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-4837588895597024570</guid><pubDate>Mon, 19 Sep 2011 22:40:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-09-19T19:41:59.817-03:00</atom:updated><title>Saint-Exupéry (treinta y dos)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-8B5sIUSS6Pk/TnfEJHtDToI/AAAAAAAADFg/BxvJPXGEIZQ/s1600/Aguilera%252C+Miguel+-+Saint-Exup%25C3%25A9ry+%255B32%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://3.bp.blogspot.com/-8B5sIUSS6Pk/TnfEJHtDToI/AAAAAAAADFg/BxvJPXGEIZQ/s640/Aguilera%252C+Miguel+-+Saint-Exup%25C3%25A9ry+%255B32%255D.jpg" width="458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
TREINTA y DOS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recuerdo que al llegar esa noche a un hotel cercano a la plaza Marina cayó rendida sobre la cama. Vi cómo me sonreía y cómo esa misma sonrisa fue desvaneciéndose y dando paso al sueño. Primero sus párpados comenzaron a pesarle, luego las comisuras de sus labios se fueron arqueando hacia abajo. Finalmente su boca se entreabrió unos pocos milímetros provocándome una sensación de placer y erotismo a la vez. Sus ojos se cerraron y su cuerpo quedó tendido, atravesando en diagonal la cama. Me quité las zapatillas, luego la remera, el jeans, la ropa interior. Caminé desnudo por la habitación acomodando los bolsos, encendiendo el televisor y poniéndolo en volumen nulo. Luego apagué la luz. Corrí las cortinas de la ventana y observé las luces de la ciudad. Era un bello anochecer. Me sentía extraño en aquella habitación. Por momentos me volvían deseos de dejar todo así como estaba, despertar a Marina y volvernos a Córdoba, a la redacción, a nuestros respectivos trabajos y seguir nuestras vidas tal como eran. Me vino a la mente la imagen del gordo Pérez y su habitual sonrisa. Seguramente me estaría echando de menos, tal como yo lo hacía. «¿Qué harías tú en mi lugar, Federico Moccia?», susurré. El vago recuerdo del viejo amigo fallecido parecía cobijarme en la quietud de la habitación. Seguramente él me habría dado un par de palmadas en la espalda, luego mirado a los ojos y finalmente, con gran prestancia y parsimonia, habría abierto la boca para decirme unas cuantas verdades, unos cuantos pensamientos que tuvieran como fin el tranquilizarme y hacerme entender que los cabos sueltos no sirven para nada en la vida, que si podemos y está a nuestro alcance debemos siempre concluir y lograr finalizar lo que empezamos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abrí la pequeña heladera que estaba en la habitación y observé su contenido: cuatro latas de cervezas, dos latas de gaseosa Coca-Cola, dos latas de gaseosa Fanta Ligth, cuatro botellas de agua mineral y un par de barritas de chocolate. Tomé una lata de cerveza y la destapé con cuidado para no despertar con el ruido a Marina. Tomé un edredón que había dentro del placar y cubrí a Marina con él. Dormía como un ángel. Siempre he pensado que ella estaba cargada de una ternura sin igual, y que de su mano mi vida había cobrado verdadero sentido, logrando rescatarme de ciertos pozos y ausencias que quedaron después de las partidas de mi amigo Moccia y mi madre. Mi mundo durante tantos años había sido tan minúsculo, tan limitado. Se había convertido en un subconjunto de escasos elementos en el cual las relaciones entre ellos a veces hasta me excluían a mí mismo. Sin embargo a mi vida había llegado esa mujer, Marina. Ella había entrado con ese ímpetu que irrumpen algunas personas, y había trastocado varios puntos; le había dado un nuevo enfoque a mis días. Ahora era mi compañera de aventuras, sí, así lo pensaba. Se presentaba a mi lado como una fiel compañera. Firme, pensante, con carácter decidido y sin titubeos. Se había convertido en la muleta ergonómica perfecta para impedir mi caída, mi abatimiento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Bebí la cerveza de a sorbos pequeños mientras seguía observando la ciudad desde la ventana. En los edificios vecinos solo había un par de luces encendidas y nada más. Supuse que todo el mundo estaría fuera, o bien volviendo de sus trabajos. Cuando uno pierde el ritmo laboral piensa que el resto del planeta va en contramano, como si ellos fueran los descontrolados y uno mismo el que lleva la dirección correcta. Abrí el vidrio de la ventana que daba al balcón. Di un par de pasos y me paré a observar la ciudad. No tuve vergüenza de estar desnudo. Nadie se percataría de mi presencia en la oscuridad, y si alguien lo hacía me tenía sin cuidado. Corría una brisa estival, agradable a la piel. Apoyado sobre la baranda del balcón observaba cómo la gente caminaba por la calle. Algunos iban tan ensimismados que no levantaban su mirada del piso, como si fueran verdaderos autómatas biológicos. Alcé la vista y miré al cielo. Ya no había rastros del sol ni de sus últimos rayos. La noche estaba cerrada. Sin nubes. Sin estrellas. Un cielo oscuro, de un negro llamativo, que se asemejaba más a una pizarra de escuela que a un cielo nocturno del litoral argentino. Terminé de beber la cerveza y pensé que debía ducharme. De repente me brotaron un par de vagos recuerdos, de momentos vividos durante el día: la silla mecedora, el lento movimiento de las cortinas de la casa del anciano, la plaza, la soledad de algunas calles, las facciones del viejo. Las imágenes se me sucedían en la mente como diapositivas presurosas, una tras otra, sin orden, desvaneciéndose apenas intentaba fijarlas. «Debo serenarme», me dije. Al regresar al interior de la habitación observé que Marina ahora yacía de lado, envuelta en el edredón, con los pies fuera de él. A simple viste la imagen de mi pareja durmiendo me causó una sensación de ternura, de una fragilidad extrema. Era la misma chica que mientras estaba despierta se llevaba el mundo por delante, la que empujaba a todos, la que lideraba una redacción de un multimedios; sin embargo al dormir parecía un animalito indefenso y frágil en medio de una oscuridad repentina que la había tomado por sorpresa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entré al baño, giré la perilla del agua caliente y esperé que el vapor del agua me indicara que ya estaba a punto. Luego mezclé con agua fría abriendo la otra perilla. Me metí debajo de la lluvia. Estaba tibia. Ahí me quedé un buen rato. Sin mover un solo músculo. Serené mis sentidos. Solo dejé alerta mis oídos. Al tener los ojos cerrados una oscuridad más densa que el cielo nocturno me envolvía por completo. No tenía pensamientos. No quería pensar en nada. El agua seguía cayendo. Se sentía maravillosa al tocar mi piel, al recorrer mi cuerpo. Poco a poco me fui entregando a ese placer que tanto libera. Fue entonces que tuve una visión. Veía a mi madre aparecer lentamente como si subiera por un camino de grava. Era joven. Yo no me veía, pero sí podía ver como ella caminaba hacia mí y me sonreía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Mamá -dije- ¡Mamá!, ¡aquí!, ¡acá estoy!, ¡soy yo, Esteban!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces mi madre levantaba su mano derecha y la agitaba saludándome. Sin embargo no avanzaba. Si bien caminaba, siempre permanecía en el mismo lugar. Reaccioné al ver eso, sentí nervios e impotencia. Extendí mi mano y la vi muy distante. No sé bien a qué distancia estaríamos pero sabía que era lejos, lograba percibirlo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Te cansarás, Mamá... ¡detente ya!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero mi madre se esforzaba en llegar a mí, y lo hacía en vano. Comencé a sentir mucha impotencia y desesperación, una mezcla horrible de sensaciones. Entonces mi madre se detiene. Ha avanzado un poco. Me doy cuenta de eso de repente. Ahora tiene sus manos a los lados, inclina ligeramente su cabeza hacia la derecha y me observa con una sonrisa que presiento es forzada y detrás esconde tristeza. Yo hago lo mismo, y tras hacerlo me angustia. Esa angustia empieza a recorrerme todo el cuerpo, siento como el agua de la ducha me distribuye la angustia, pienso en porqué mi madre se expresa así, con esa mirada y esa sonrisa tan figurativa. La visión lentamente comienza a desvanecerse. Me angustio aún más. No quiero abrir los ojos. Deseo que la visión se mantenga y preguntarle a mi madre qué le pasa, por qué me parece que está triste. Pero de repente la oscuridad vuelve a imponerse y la visión desaparece. Ahora la negrura se convierte en un color anaranjado fuerte. Todo se ha vuelto anaranjado y mi madre ha desaparecido. Abro los ojos y la luz del baño me impacta de lleno. Con una mano refriego mis ojos y con la otra cierro las perillas de la ducha. Me quedo inmóvil con los brazos cruzados mirando fijamente los cerámicos del piso. No pienso, solo siento, presiento, trato de que la moraleja de la visión me indique a flor de piel qué intentaba decirme. Y así permanezco largo rato. No hay resultado. Me siento vacío.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al volver a la habitación todo está igual que antes. Marina sigue compenetrada en su sueño, las luces del edificio de enfrente aún siguen prendidas, la ventana al balcón deja entrar aire fresco y ondean las cortinas. Me visto, me calzo las zapatillas y decido salir a caminar. «Me vendría bien una cerveza», me digo. Busco en la mochila de Marina un papel y una lapicera y le escribo un mensaje: «Bajé a tomar algo. Vuelvo en un rato. No te asustes. Te quiero»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me encuentro caminando por las calles de Posadas. Es casi medianoche. No conozco la ciudad pero intuyo varias cosas. Siempre me he considerado un hombre observador. Trato siempre de estar atento y de recordar lugares, carteles, rostros. &lt;i&gt;Memoria fotográfica&lt;/i&gt; creo que le llaman. Camino rumbo a la plaza San Martin, tal vez el aire fresco del espacio abierto me venga bien, eso pienso. Meto las manos en mis bolsillos y saco la billetera. Observo cuánto dinero tengo y analizo que el suficiente para tomar un par de copas distendidamente. Después de un rato de caminar desinteresadamente observo un grupo de bares frente a la plaza. Decido sentarme en una mesa, afuera. Elijo el bar: uno chiquito, con mesas y sillas individuales altas, que emulan perfectamente una barra de confitería. Un muchacho con aire norteño vestido con camisa blanca, pantalón negro y un delantal a rayas me acerca una carta. La tomo pero no la miro, no me apetece nada para comer, solo tomar una cerveza. Al rato la cerveza helada está en la mesa. Bebo despacio, siento como el líquido recorre mi garganta y me da la sensación de plenitud que solo el alcohol logra cuando uno está sediento. Miro la calle sin mirarla. Observo a la gente pasar sin verla. Escucho que gente habla a mí alrededor sin escucharla. Entonces un par de manos me cubren los ojos, me sobresalto, no entiendo nada. Instintivamente tomo las manos para quitármelas, « ¡quien carajo está haciéndome esta broma! », pienso. Las manos me presionan fuertemente los ojos, me cuesta sacarlas. Son manos de mujer. Un pensamiento fugaz dibuja en mi mente el rostro de Marina. Me doy vuelta y entonces la veo. No, no es Marina. Nada más alejado a ella. Lo primero que me viene a la mente es una playa junto al mar, yo tendido en ella observando un cielo negro brillante plagado de estrellas que titilan. A mi lado la misma mujer que ahora está frente mío. Me habla y me cuenta cosas sobre las estrellas. Sí, es ella, la-chica-de-los-piercings, y entonces pienso que otra vez el destino me tiene en sus fauces...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sonríe. Es ella. Hace tanto tiempo que no sé de ella. Estoy sumamente alterado, confundido. Parece que el mundo se ha dispuesto a tratarme como un sonajero de bebé. La veo hacerme un gesto para sentarse. Mueve sus labios, me habla, pronuncia frases que por más que ingresen por mis oídos se quedan atascadas dentro de mi mente sin ser comprendidas. Es que la sorpresa es mayúscula. Jamás hubiera imaginado encontrarme con ella en aquel sitio tan alejado, sin embargo, las coincidencias en la vida son así, eso pienso. Vuelvo en mí. Ahora hablo, la saludo, la invito cortésmente a sentarse a la mesa. El mozo de la camisa blanca, pantalón negro y delantal a rayas se acerca nuevamente y ofrece una carta a la-chica-de-los-piercings. Observo con la delicadeza que ella toma la carta y la sonrisa delicada con la cual agradece al mozo. Aún no he cruzado palabra con ella. De repente me entra un escalofrío. Mi mente me ataca como si fuera un grupo de agujas punzantes que tienen la ambición de clavarse lo más profundo para producirme dolor, una pregunta aflora en mi interior y toma volumen, empieza a dejar paso al pánico y al miedo escénico de saber que puede tener una respuesta posible en la cual yo esté involucrado también, la formulo en mi pensamiento: Si la-chica-de-los-piercings está aquí, ¿Lourdes también estará cerca?, ¿acaso el destino es cíclico?, ¿hará que las vidas puedan confluir nuevamente en un punto después de cierto paso del tiempo? Caigo en la cuenta que son muchas las preguntas sin respuesta que en ese instante bloquean mi cabeza. Entonces decido cortar por lo sano, liberar la mente de pensamientos sin sentido, sin respuestas válidas posibles, y sonrío a la chica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No sé qué decir -es la primera frase que elabora mi cerebro y sale de mi boca.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No te preocupes, está bien. Veo que te has sorprendido y de sobremanera al verme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Sí, así es. Jamás pensé encontrarte en aquí, y menos a esta hora. Además hace tanto tiempo que no te veía, que no supe nunca más de vos, que esto es una verdadera sorpresa -dije mientras carraspeaba para que mi voz no se notara demasiado nerviosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿No crees que la vida es maravillosa?, me refiero a cosas como ésta, a los encuentros casuales, a tal vez designios invisibles de Dios que nos mueven como fichas de ajedrez en la vida. Yo sí lo creo. Creo que es maravilloso que pasen cosas como este encuentro que tenemos ahora.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lo pensé por un momento. Tras serenarme analicé lo que ella decía. Mi mente me decía que sí, que era maravilloso, pero el resto de mi ser me hablaba en un lenguaje que no comprendía muy bien, como si la sola presencia de la chica frente a mí fuera algo que alterara todo. Recordé el refrán sobre el simple aleteo de una mariposa y las consecuencias inconmensurables que puede producir.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Debo reconocer que más allá de la sorpresa me encanta verte -respondí sonriéndole-. Las buenas personas son difíciles de olvidar ¿Recuerdas Colombia?, ¿la playa?, ¿las estrellas?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Claro... eso nunca lo olvidaría. En aquel entonces también debía de estar en ese lugar, junto a vos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¡¿”Debías”?!, ¿cómo es eso?, no entiendo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Pues... -hizo una pausa y quedó estática con su sonrisa maravillosa a flor de labios-, hay cosas que no tienen una explicación lógica, ¿sabes?; hay cosas que mejor dejarlas así, sin explicaciones, para que resulten auténticas y duraderas en el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No logro entenderte ¿A qué te refieres?, ¿qué es lo que debo dejar sin explicación?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Me acabas de hacer una pregunta, sobre Colombia y la noche en la playa, ¿cierto?, pues bien, mi respuesta a eso es que debió ser así, yo debía estar ahí y vos también. No más vueltas, no más explicaciones, es tan simple como eso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mozo volvió a la mesa. Esta vez venía sin el delantal a rayas. Preguntó a la-chica-de-los-piercings que bebería y si comería algo. Ella pidió un whisky con hielo y un vaso de agua. Nada para comer. Me sobresalté al ver su petición, pero era más de medianoche y un whisky viene bien a esa hora. El mozo volvió a dejarnos solos. Volvimos a retomar la conversación.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Siempre has sido enigmática para mí -dije en tono sereno mientras jugaba con el vaso que contenía la cerveza-. Entras y sales de mi vida como un fantasma. Desde aquel día que nos conocimos en ese hostel cercano a mi casa natal nuestras vidas se han cruzado un par de veces y cada vez que sucedió me he maravillado por una cosa u otra. Tienes ángel -terminé diciendo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Eso... ángel -dijo ella largando una risita y mostrando toda su dentadura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El mozo volvió y depositó un vaso de whisky envuelto en papel blanco sobre la mesa y un vaso de agua al lado. Ella tomó el vaso y bebió un par de diminutos sorbos. Pensé por un instante que solo lograba mojarse los labios con la bebida. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Qué haces por aquí? -preguntó mirándome directamente a los ojos-, ¿qué haces en Posadas?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Dudé. No sabía si decirle la verdad de mi visita a la ciudad o evadir elegantemente su respuesta con otro tema. No quería mentirle, ella no merecía eso. Pero algo me decía que si le explicaba el porqué de mi estancia en la ciudad debería dar explicaciones de temas que ni aún yo sabía cómo explicarlos. Entonces decidí que evadirme sería lo mejor. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- De paseo. Distrayéndome un poco...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿No trabajas?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Sí, pero he pedido unos días... tampoco es tan importante mi trabajo en la redacción.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Has vuelto a ver a la chica con el tatuaje del Principito? -tiró inesperadamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hice un alto. Me quedé observándola sin responder. Lourdes... hacía tanto tiempo que no sabía de ella. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No, nunca más volví a saber de ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La chica volvió a beber otros diminutos sorbos de whisky. Apoyó el vaso en la mesa y jugó con su dedo índice sobre el borde del mismo. Repitió aquel movimiento durante un par de minutos, tan solo concentrándose en el vaso y en nada más, como si yo no estuviese frente a ella, como si el universo hubiera decidido que la única persona que lo habitara en aquel momento fuera ella y solo ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Debo irme -dijo inesperadamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Ya?, ¡aún no hemos hablado casi nada! -aclamé ansioso-. ¡Quédate un rato más!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No, no puedo... en serio, debo irme. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Asentí con cara de derrota. Bebí de un trago lo que quedaba de cerveza en mi vaso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Puedo acompañarte?, hasta tú hotel, o hasta dónde vives. Es de madrugada, no vendrá mal compañía para caminar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Preferiría que no –respondió de manera tajante y ya sin sonreír.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Recuerdo que aquella respuesta me desilusionó de sobremanera. En realidad deseaba acompañarla, hablar con ella, recordar viejos tiempos, charlar de cosas que habíamos vivido en todo ese tiempo que no nos habíamos visto. Pero ella se había negado. Después de todo tal vez yo no fuera gran compañía para ella. Bajó de la silla, acomodó su cartera sobre el hombro derecho y me besó en la mejilla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-	Estoy feliz de haberte visto. En realidad necesitaba verte. Sí, necesitaba verte.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-	¿A mí?, ¿verme a mí?, ¿por qué? –pregunté confundido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-	Muchas preguntas Esteban… haces muchas preguntas. Te diré algo: el tiempo suele ser cruel, o mejor dicho, la gente lo interpreta así. Sin embargo el tiempo es sabio y se susurra cosas con el destino. Pero ambos no escapan a las directivas que Dios les imparte. Él desde algún lugar observa lo que el tiempo y el destino traman y acepta o no dicha trama. Si te apuras, si aceleras el tiempo y te impacientas por conocer tú destino entras en una niebla densa, en la cual pareces perturbado y empiezas a buscar dirección a tientas, con las manos hacia delante, sin reconocer nada, pues simplemente ¡no ves! Si aceptas que el tiempo y el destino indiquen un camino entonces podrás verlo, caminarás sin tropiezos y lo que parece inexplicable o ininteligible comienza a tener sentido y a ser entendido. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-	¿De dónde sacas todo eso?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Solo sonrió. Entonces levantó su mano y se despidió.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La vi irse y perderse en la oscuridad de la esquina. El poco movimiento de la ciudad en madrugada comenzaba a ahogarse. El mundo parecía tener sueño. Yo también estaba cansado y somnoliento; no obstante aquel encuentro logró una gran perturbación en mí. Pagué la cerveza y dejé propina al mozo. Me marché rumbo al hotel. Al llegar me desnudé y me recosté al lado de Marina. Seguramente se había despertado pues estaba en ropa interior y acostada de su lado. Me acomodé en la cama en posición fetal con mi rostro mirando al suyo. Podía oler ese olor dulzón que desprenden las mujeres enamoradas. Todo en ella era perfecto. Envidiaba la paz con la cual dormía. Me sentí solo, muy solo. «Marina, despierta Marina, necesito que con tus alas me cobijes y me tapes. Marina, hazme olvidar el día de hoy…»&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1109190096257" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" rel="cc:license"&gt;&lt;img src="http://resources.safecreative.org/work/1109190096257/label/barcode-72" style="border:0;" alt="Safe Creative #1109190096257"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html"&gt;26&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintisiete.html"&gt;27&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintiocho.html"&gt;28&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintinueve.html"&gt;29&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treinta.html"&gt;30&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treintaiuno.html"&gt;31&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-4837588895597024570?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/Xz1vnYlxdZo" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/Xz1vnYlxdZo/saint-exupery-treinta-y-tres.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/-8B5sIUSS6Pk/TnfEJHtDToI/AAAAAAAADFg/BxvJPXGEIZQ/s72-c/Aguilera%252C+Miguel+-+Saint-Exup%25C3%25A9ry+%255B32%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>4</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treinta-y-tres.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-8787076612671021796</guid><pubDate>Wed, 14 Sep 2011 19:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-09-14T16:51:37.898-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (treintaiuno)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-3PocttFwLA8/TnEFa02LQTI/AAAAAAAADE0/kIG8qEIQmzk/s1600/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-31%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://1.bp.blogspot.com/-3PocttFwLA8/TnEFa02LQTI/AAAAAAAADE0/kIG8qEIQmzk/s640/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-31%255D.jpg" width="458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
TREINTAIUNO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Aún me parece increíble que me esté ayudando -dijo Lourdes a la mujer gorda- En tan poco tiempo mi vida ha dado tantos tumbos, ha bifurcado de un camino a otro, y aunque en esos movimientos bruscos cada vez me siento más y más confundida también reconozco que su ayuda y que esté a mi lado me reconforta, me hace sentir y pensar que puedo ir hacia adelante. En algunos momentos me pregunto si podría haber avanzado sin usted y creo que sí, pero no tan rápido. A veces es necesaria la mano invisible de personas que se nos cruzan en la vida para que tomemos impulso.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La mujer gorda solo sonrió al escuchar las palabras de Lourdes, a decir verdad esas palabras pronunciadas por la chica eran un halago, pero para ella significaban mucho más, rayaban la felicidad que produce a un ser humano servir y ser complaciente con otro. Finalmente detuvo el automóvil frente a un hotel situado a pocas cuadras de la plaza principal de la ciudad de Posadas. Tras bajar, ambas tomaron una bocanada de aire, se miraron durante un instante a los ojos y sin decir palabra alguna supieron que debían seguir adelante y escarbar el pasado. Revolver viejos momentos suele ser una tarea poco reconfortante, a veces hasta tornándose dolorosa, sin embargo Lourdes sabía perfectamente que era la única manera de enfrentarse a la verdad de su vida, a sus orígenes, a ese algo que aún permanecía escondido en las tinieblas esperanzado en encontrar algún día la luz del sol y de la verdad. La chica tocó el tatuaje en su antebrazo, el Principito parecía también percibir aquello que a ella le pasaba. Recorrió las líneas del dibujo, pasó la yema de los dedos por sobre la capa azul, sobre el pelo amarillo del niño ficticio, y finalmente descansó su mirada calle abajo como si de ese modo lograra sacar el saldo del destino que la había depositado en aquella ciudad con la esperanza de saber de una vez por todas quién era realmente.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Por dónde empezaremos? -preguntó Lourdes a la mujer gorda.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Por la dirección que encontramos escrita detrás de la fotografía, en la radio, ¿lo recuerdas?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Ufff... lo había olvidado completamente...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Debes serenarte, niña. Acelerarte, dejar que los nervios te confundan, no te llevará a nada, tan solo a liarte más. No esperes nada. Mientras uno más espera encontrar algo puede llegar a ser más y más grande la desilusión si no resulta lo esperado. Calma tú ansiedad.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Lourdes asintió con un leve movimiento de cabeza. Sacó de la mochila la fotografía encontrada en el pueblo, un mapa de la ciudad y posándolo sobre el techo del automóvil se ubicó geográficamente.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Estamos aquí -dijo- a pocas cuadras de la plaza San Martín. La dirección en la fotografía es cercana a la plaza. Podemos dejar el automóvil aquí y caminar. De paso nos familiarizamos con la ciudad.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Me parece buena idea. Aunque también deberíamos buscar un lugar donde pernoctar -opinó la mujer gorda.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí, pero eso lo buscaremos después. Primero ubiquemos el lugar indicado en la fotografía, ¿te parece?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Me parece.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La ciudad continuaba con su trajín diario. No se enteraba de las nuevas visitantes que transitaban por sus calles. Se manifestaba dormida, quieta, como una gigantesca construcción que permanece atemporal y ausente. Ambas mujeres caminaban despacio. De vez en cuando intercambiaban alguna que otra palabra, casi siempre por algo que veían y les llamaba la atención. Lourdes llevaba la mochila colgando de un hombro. La mujer gorda caminaba con cierta incomodidad, tal vez por el calor que hacía en ese momento, o tal vez por los finísimos tacos que tenían sus zapatos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Fueron alrededor de seis cuadras las que caminaron en total desde que dejaron el automóvil. Lourdes mantenía en una de sus manos la fotografía con la dirección y en la otra un mapa que habían comprado en una estación de servicio antes de entrar a la ciudad. Se detuvieron en una esquina. Observaron el cartel indicador y cotejaron el nombre de las calles de la intersección con la dirección de la fotografía. Sí, habían llegado. Miraron casa por casa buscando en las fachadas las distintas direcciones. 573, 588, 591, 598. Finalmente el número 598 estaba delante de sus ojos. La mujer gorda lo había avistado primero y lo señaló con su dedo regordete. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Allí, es aquella casa, Lourdes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ahora, la distancia entre el pasado y el presente parecía tan solo depender de unos pocos pasos, unos pocos metros que tal vez podrían blanquear muchos años de verdades y mentiras ocultas. Cruzaron la calle a paso firme y seguro. A Lourdes le latía fuertemente el corazón. Al llegar a la reja que separaba el frente de la casa con la vereda ambas contemplaron el jardín rodeado por ligustros. Se veía hermoso. Una sonrisa inmediata afloró en los labios de las mujeres. Así, asidas a la reja, se quedaron un momento contemplando el vergel. La casa tenía dos ventanas al frente de las cuales ondeaban dos cortinas blancas de un paño blanco y fino. Detrás de los ligustros había varias plantas de geranios que arrojaban un olor fuerte al aire. Sintieron por un instante que no estaban en una gran ciudad sino nuevamente en el pueblo, tal vez en los fondos del hotel, o bien en el patio de cualquier casa cercana al río.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Es hermosa -dijo la mujer gorda.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí, lo es -respondió inmediatamente Lourdes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La chica asió el picaporte y cuando quiso accionarlo para abrir la puerta de reja pareció titubear, como si de repente algo le indicara que no diera un paso más. Fue entonces que una voz salió de cualquier parte e hizo que soltara el picaporte.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¡Ey!, ¡¿sos vos?! -dijo la voz.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Lourdes en el acto se dio la vuelta y reconoció a la-chica-de-los-piercings en el acto.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¡Sí, sos vos! -dijo la chica de los piercings-. ¡Vaya coincidencias que tiene esta vida!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Hola... -respondió Lourdes un tanto aturdida y sorprendida-. Soy yo, sí.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Mira que encontrarnos aquí, en Misiones, en esta ciudad y justo en este momento ¿No te parece un tanto loco? -dijo sonriendo la chica de los piercings.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
A todo esto la mujer gorda tan solo observaba absorta el encuentro. No entendía nada, pero podía concluír que ambas mujeres se conocían de antes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí, es algo muy loco -respondió Lourdes ahora un tanto más distendida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Qué haces por acá? &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Buscando algo... es un poco complicado de explicar -dijo Lourdes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Entiendo... a veces hay cosas que no son fáciles de explicar, principalmente las que nos resultan casi imposibles de explicar -dijo la chica de los piercings soltando una leve risita.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí... es que es muy complicado diría yo...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Bueno. No importa ¡Lo que importa es que estamos acá, reencontrándonos después de tanto tiempo!, ¿Quieres que tomemos un café?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En ese momento la mujer gorda comenzaba a impacientarse. Miró a Lourdes a los ojos y atinó a hacerle una seña para que se negara y que siguiera adelante con el objetivo por el cual habían llegado a la ciudad.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Vamos, dale -dijo la chica de los piercings- tengo buenos recuerdos tuyos del hostel “Roma” y me caías bien por aquel tiempo. Vamos. Tomémosnos un café. Dame ese gusto. Además tengo algo muy importante para contarte que me ha sucedido gracias a vos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Gracias a mí? -preguntó Lourdes sorprendida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí, gracias a vos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Está bien -finalizó diciendo Lourdes- tomemos un café, rápido, por acá cerca.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La mujer gorda meneó la cabeza levemente como si aquella respuesta fuera algo inesperado y que de algún modo complicara sus planes. No obstante no dijo nada. Lourdes presentó a la mujer gorda y a la chica de los piercings. Ambas se dieron un beso en la mejilla y se sonrieron como lo suele hacer la gente que no se conoce y tampoco tiene intenciones de conocerse. Se alejaron de la casa por la misma calle donde habían llegado. Ubicaron un pequeño bar y se sentaron en una de las mesas dispuestas en la vereda. Lourdes se sentía incómoda. Sabía que estaba desviando su atención del objetivo principal, pero tampoco quería arruinar el momento del encuentro con la chica de los piercings. Si bien no las unía ninguna amistad sí mantenían ese lazo invisible que une a las personas que se encuentran en la vida y son conscientes de dicha unión. La sonrisa franca y desinteresada en los encuentros casuales es algo que hace pensar a los participantes en las maravillas escondidas de la vida. Eso pensaba Lourdes en aquel instante y mantenía feliz a su corazón. Pidieron unas gaseosas y unos sandwichs. La mujer gorda solo se limitó a pedir gaseosa y nada para comer. Estaba exhausta y sedienta. Mientras las chicas charlaban sobre el encuentro y sus vidas la mujer gorda se tomó de una sentada la bebida y divagaba con la vista haciendo hincapié en distintos adornos del bar; después de todo ella era ajena a aquel encuentro y entendía a la perfección lo que estaba sucediendo. Al cabo de un rato y viendo cuán compenetradas estaban las chicas en la charla decidió salir a caminar por su cuenta. Se lo comunicó a Lourdes y quedaron de encontrarse al cabo de una hora en el automóvil.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ya era el atardecer cuando el cielo comenzó a cargarse de nubes. A simple vista parecía que el clima cambiaría, o que al menos había probabilidades que una lluvia cayera. La mujer gorda caminaba sin rumbo fijo. De repente pensó que podría ir ella misma a la casa. Tal vez hubiese alguien y podría preguntarle sobre el pasado de Lourdes. Pero enseguida se dijo que no, que no tenía derecho a desenterrar el pasado de la chica y que eso era algo que a ella no le correspondía hacer. No obstante volvió rumbo a la casa y cuando estuvo a pocos metros vio que la puerta de reja se abría. Aminoró su andar y distraídamente prestó atención. Un anciano había abierto la puerta y mantenía la mano posada sobre la misma. A continuación una pareja salió y saludaron al viejo. A simple vista le pareció que el saludo era demasiado formal, como si la pareja y el viejo no tuvieran demasiada conexión. Siguió prestando atención y mantuvo el paso cansino. Al llegar a la vereda de la casa vio como el anciano cerraba la puerta del frente. Observó a la pareja cruzar la calle y caminar calle abajo. Se decidió a seguirlos. No por nada en especial, sí tal vez por una simple corazonada. Aunque su ansiedad le indicaba que lo mejor era tocar el timbre en la reja y hablar con el anciano ella sabía que si lo hacía estaría invadiendo el mundo privado de Lourdes y adelantándose a una historia que no le pertenecía, que no era de ella.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Continuó caminando detrás de la pareja hasta que ésta se detuvo frente a un automóvil. La chica entró y se sentó en el asiento del acompañante y el muchacho sacó un cigarrillo y lo encendió. Tras echar una bocanada de humo hacia arriba el muchacho apoyó sus brazos sobre el techo del automóvil. Parecía ensimismado, algo lejano y distraído. Como si alguna cosa lo tuviera a mal traer. La mujer gorda pasó por detrás sin mirarlo, de repente se detuvo, abrió su cartera, sacó un atado de cigarrillos, eligió uno y se acercó a él con intenciones de pedirle fuego.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Disculpe joven, ¿me daría fuego? -dijo la mujer gorda.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Claro -dijo el muchacho, acercándole el cigarrillo y sobresaltándose ante la petición de la mujer desconocida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Lindo atardecer, no? -dijo ella.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí, la verdad que muy lindo es el atardecer en esta ciudad.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿De Córdoba?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Perdón?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Decía si es usted de Córdoba... lo digo por la tonada -dijo la mujer gorda dejando escapar una risita tan característica en ella.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí. soy de Córdoba.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Fíjese que yo tampoco soy de esta ciudad... ¡cómo nos reconocemos los provincianos, ¿no?!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Es cierto, nos reconocemos mucho.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Paseando? Disculpe si soy entrometida, solo que como no conozco a nadie de por aquí y justo me encuentro con alguien que no es tampoco de aquí me da por la charla.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―No hay problema -dijo él-, pero no, no estamos paseando... en realidad estamos aquí por otro tema. Tema personal. Complicado. De esas cosas raras que pasan en la vida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La respuesta del muchacho le había parecido llamativa a la mujer gorda. Sorpresiva. No se esperaba semejante respuesta. Sintió de pronto una ola de curiosidad. Un presentimiento extraño, como si detrás de aquella respuesta emitida por el muchacho desconocido hubiese algo que invisiblemente se conectara a otra cosa, tal vez a algo conocido por ella. Sin embargo, poniendo su mejor cara de desconcierto, se quedó mirando fijamente al muchacho aguardando que éste prosiguiera hablando.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El muchacho dio un par de pitadas y continuó mirando a la mujer gorda. Le llamó la atención que aquella mujer se quedara allí parada aún sin conocerlo. Sintió que ella deseaba charlar, aunque él no. Pero por cortesía, por saber que ambos eran dos extraños en un lugar del mundo que no los reconocía como nativos, le dirigió nuevamente la palabra.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Y usted que hace por Misiones, señora?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Pues... tambien por cosas personales -respondió ella-. En realidad no mías, sino de alguien que conozco y a venido aquí a buscar... su destino, podría decirse.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Su destino?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Bueno, no, me corrijo: su pasado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¡Bueno, parece que somos varios entonces quienes buscamos nuestro pasado en esta ciudad! -exclamó el muchacho.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Acaso usted también tiene un pasado con baches?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí. Y a medida que avanzo lo veo más lleno de huecos, de más zonas grises y me siento más y más perdido.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¡Qué cosa!, parece que últimamente la gente que conozco tiene ese tipo de problemas en sus vidas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Será que el mundo está cambiando? -bromeó el muchacho.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Tal vez...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Solo falta que usted también tenga problemas con el suyo, señora.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―No -respondió ella-, mi pasado está demasiado bien escrito y sellado. Ya descansa en paz.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Lo dice como que no quisiera revivirlo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Para qué?, ¿qué se logra reviviendo un pasado?, ¿acaso algo cambiaría?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―No, supongo que nada cambiaría, pero el pasado es como la cinta de un electrocardiograma, en vez de mostrar cómo está nuestro corazón nos indica con distintos picos la intensidad de nuestros recuerdos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Sabes, muchacho? Tú analogía es muy interesante y rebuscada a la vez. Jamás me hubiera imaginado comparar la cinta de un electrocardiograma con mis altas y bajas del pasado. Pero ahora que lo pienso tienes razón. Los picos de intensidad de nuestro pasado pueden parecérsele. Sí. Sin dudas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Es solo una comparativa. El pasado es importante para nosotros. En cierto modo también nos dice, a modo de susurro, quienes somos, de dónde venimos, como mejoramos o desmejoramos, y pasa factura de nuestro paso por la vida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Eres un poeta.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―No, claro que no, señora. Soy un hombre demasiado vulgar para ser un poeta. Solo que en los últimos años muchas cosas se han sucedido en mi vida y en muy pocos días he debido de revolverlas abruptamente. Es como que muchos días estaban metidos dentro de una gran bolsa, todos mezclados &lt;i&gt;sin ton ni son&lt;/i&gt;, y he debido ordenarlos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Creo entenderte... Dime... ¿qué has venido a buscar a Posadas? -preguntó la mujer gorda con extrema curiosidad.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Justo en el instante que el muchacho respondería la chica desde dentro del automóvil lo llamó. Fue en ese momento que él se agachó, metió la cabeza por la ventanilla y habló con ella.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Me tendrá que disculpar, señora, pero debo irme. Mi novia tiene ganas de descansar.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Claro, no hay problema. Además, ya se está entrando completamente el sol y como nos encontramos en una ciudad desconocida será mejor ir buscando donde pernoctar.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Así es -dijo él.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Se despidieron con un apretón de manos, con ese lenguaje universal que tanto entienden los que se conocen como los desconocidos. La mujer gorda decidió volverse por donde había venido. Ya había pasado más de una hora y seguramente Lourdes la esperaba en el automóvil.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El muchacho subió al automóvil y encendió el motor. Tras arrancar y hacer unos pocos metros observó por el espejo retrovisor como aquella extraña mujer caminaba en dirección opuesta al automóvil. Por un instante sintió la sensación que aquel encuentro tenía una carga extraña en sí mismo. Como si ese encuentro de dos desconocidos tenía razón de ser por algún motivo. Pero inmediatamente miró al frente y se concentró en el manejo. La chica a asu lado bostezaba. Se la veía cansada.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―¿Estás cansada? -preguntó él.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Sí, muy...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Ya llegamos al hotel... falta menos para que el día termine.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1109140062349" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1109140062349" src="http://resources.safecreative.org/work/1109140062349/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html"&gt;26&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintisiete.html"&gt;27&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintiocho.html"&gt;28&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintinueve.html"&gt;29&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treinta.html"&gt;30&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;
&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-8787076612671021796?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/uXVU8r1tlmA" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/uXVU8r1tlmA/saint-exupery-treintaiuno.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-3PocttFwLA8/TnEFa02LQTI/AAAAAAAADE0/kIG8qEIQmzk/s72-c/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-31%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treintaiuno.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-7450825244603559931</guid><pubDate>Sun, 11 Sep 2011 16:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-09-11T13:09:51.284-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (treinta)</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-knIpJ67SS1g/Tmzc84v6RnI/AAAAAAAADDk/MCqVED_x9vM/s1600/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-30%255D.gif" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://2.bp.blogspot.com/-knIpJ67SS1g/Tmzc84v6RnI/AAAAAAAADDk/MCqVED_x9vM/s640/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-30%255D.gif" width="456" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
TREINTA&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Después de varias cuadras de caminata nos detuvimos frente a una casita pequeña de fachada cuarteada por el tiempo. Tenía un jardín logrado con esmero, lleno de geranios, rosales y alguna que otra maceta pequeña esparcida a lo largo de la fachada. Lo bordeaba un ligustro, que a simple vista se sabía que se lo mantenía a conciencia: perfectamente cortado, abonado y regado. Estar parado frente a esa casa se sentía confortable, como si de ella emanaran dos manos gigantes capaces de tomarte entre ellas y protegerte de todo. Era esa misma sensación inexplicable que producen ciertos objetos o lugares, aunque uno jamás los haya visto en la vida. Marina me soltó la mano y se aferró a la reja que separaba la casa de la vereda. Estaba abstraída por aquella construcción que daba la sensación plena de haberse dormido en el paso del tiempo. Las dos ventanas pequeñas del frente estaban abiertas. Dos cortinas blancas colgaban de ellas y ondeaban lentamente al compás de los designios del viento.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿De quién es esta casa tan linda? –preguntó Marina volteándose y mirando directamente a los ojos al anciano.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Ahora es mía… -respondió el viejo con cierto sosiego en su lengua- Pero antes fue de tú madre –dijo mientras se daba vuelta y clavaba sus ojos en mí.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Aquello me alteró, hizo que me quedara petrificado y que por un lapso de tiempo me mantuviera bloqueado, mirando como ellos seguían comentando cosas que mis oídos no entendían y mi cerebro impensadamente asimilaría. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿De mí madre? –pregunté al rato, un tanto absorto y aún sin poder asimilar con claridad el hecho de que en aquella casa hubiese vivido ella.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Sí. Verás, ella nació en esta ciudad y a los pocos años sus padres, tus abuelos maternos, lograron comprar la casa. Al principio, y según lo que ella me contó, habían vivido alquilando una habitación en una pensión de la ciudad, pero luego, con algunos ahorros pudieron hacer la primera entrega y tus abuelos finalmente terminaron comprando la casa. A pesar de verla en estas condiciones en sus años mozos fue una linda construcción. El tiempo pasa para todos, hijo… para las edificaciones también…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Ya lo creo… -respondí mientras observaba las viejas paredes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Como si un impulso ajeno a mí me hubiera empujado abrí la puerta de reja y seguí el caminito de baldosas que cruzaba el jardín. Los geranios y los rosales viéndolos de cerca parecían más bellos. El césped desprendía una humedad y frescor encantadores y el trinar de los pájaros en un palmar vecino hacía que aquella visión fuera una de las más emocionantes que vi en mi vida. Marina y el anciano caminaban detrás de mí. Al llegar a la puerta de entrada me detuve. Tomé el picaporte y me quedé con él en la mano por unos instantes. Un rayo de imágenes pasaron por mi mente. Una niña sin rostro que jugaba en un jardín  y al ser llamada por su madre a comer corría y abría la puerta asiendo ese mismo picaporte. Esa niña sin rostro seguramente había sido mi madre. Dicen que los objetos materiales se impregnan de los seres humanos que los utilizan. Es como si dejáramos nuestra huella espiritual en ellos y pudiese ser redescubierta por otras personas en días futuros. Una triquiñuela del destino sin lugar a dudas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Enseguida solté el picaporte y di paso al anciano, el cual introdujo una llave en la cerradura y abrió la puerta. Nos adentramos en la casa. Olía a madera vieja. Las cortinas ondearon con mayor soltura y dejaron pasar el viento cargado de olor a geranios, el cual al mezclarse con el olor a maderas generó uno nuevo, que daba una sensación de antigüedad, de viejas vidas vividas. Adentro la casa era simple: una mesa, un viejo armario, un par de cuadros colgados de las paredes, un viejo tocadiscos, una alfombra amplia que ocupaba casi toda la habitación principal, una silla mecedora, y una pequeña biblioteca repleta de libros. Me dio la impresión que eran libros muy antiguos. A vuelo de pájaro leí algunos lomos: “El conde de Montecristo” de Alejandro Dumas, “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, “Carta al padre” de Franz Kafka. También había una colección de libros en cuyos lomos de cuero resaltaban letras doradas con el título: “Historia de las guerras europeas”. Imaginé por un momento al anciano leyendo aquellos libros en la silla mecedora, concentrado y absorto en la lectura, mientras las cortinas ondeaban al viento y el olor a los geranios y rosales invadían la estancia. Fue una imagen escueta y fugaz, pero cargada de un realismo directo y profundo. Ese mismo anciano dentro de la casa difería mucho del que había conocido hacía un rato mientras afilaba un cuchillo. A veces las personas nos engañan. Tal vez no lo hacen adrede, sino de un modo distraído, enigmático y desconocido, que logra volver invisibles ciertas facetas de su personalidad y mostrar solo lo que nuestros ojos son capaces de captar y nuestro pensamiento capaz de dilucidar. Nos hacen pensar que son de determinada manera y resultan siendo de otra ¿O seremos nosotros mismos los que realizamos un juicio previo y prejuzgamos todo?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Avancé unos pasos y me detuve al lado de una silla mecedora, la cual estaba perfectamente ubicada en medio de la habitación principal, sobre la alfombra, en un claro simbolismo de ser un objeto importante en la casa, el cual seguramente era usado durante mucho tiempo por el anciano. Pasé mi mano por sobre su apoya brazo y sentí la textura de la madera noble y lustrosa. Le di un pequeño golpe con la mano y la silla comenzó a mecerse. Sonreí. Marina se me acercó por detrás y me abrazó en silencio. Apoyó su cabeza en mi espalda como si pudiese de esa forma oír mis pensamientos a través de mis pulmones y llegar a mi corazón.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Esa silla estaba en la casa cuando la compré. Tal vez perteneció a tú abuelo, o a tú abuela. Me paso horas sentado en ella leyendo libros por las noches. Es una buena compañera. Pero si quieres te la obsequio, después de todo tal vez te estuvo esperando durante todos estos años…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Las palabras del anciano parecían sinceras. Me quedé un rato más tocando la silla con la mano y viendo cómo se mecía. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Vive solo acá? –pregunté sin mirarlo, aún yo le daba la espalda.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Sí. Soy soltero. Nunca me casé. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Y cómo se lleva con la soledad? &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Como todo viejo: después de cierta edad comienzas a entender que la soledad no es un enemigo sino que es parte de tú propio ser. Es como la sombra, nadie puede matar a su sombra y dejarla ahí, muerta y tirada. Bueno, la soledad es igual. Siempre está con uno. Va adonde uno va, escucha y ve lo que uno dice y hace. Sin embargo durante gran parte de nuestra vida nos la pasamos intentando evadirla, alejarla de nuestro camino. Pero es imposible. Ella siempre aprovecha un momento de nuestros días para colarse y dejarse ver. Somos nosotros los que la pensamos y sentimos belicosa, irritante y dañina. Sin embargo, a medida que uno  va envejeciendo, comienza lentamente a comprender que ella no es más que una mera muestra de lo grandiosa que es la vida y de lo maravilloso de la obra de Dios. Esa misma soledad que a veces de jóvenes nos resultaba asfixiante luego nos parece la más hermosa dama de compañía, y en ciertos momentos hasta la echamos de menos. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Seguía dándole la espalda al anciano y mientras lo hacía analizaba su respuesta. Por un instante se me hizo la idea de que era un  hombre muy sabio. No es fácil encontrar personas sabias en la vida. Hablo de esa sabiduría del vivir, que solamente logran aquellos que han caminado la vida minuto a minuto aprendiendo y experimentando vivencias nuevas. De repente paré el movimiento de la silla con la mano. Ya era suficiente.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Tiene algo para decirme? –pregunté al anciano ahora sí volviéndome hacia él.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Algunas cosas… sería mejor que tú preguntaras, en tú rostro veo que hay demasiadas preguntas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Pero me imagino que usted estará apurado, me refiero al mercado, lo ha dejado solo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-- No hay problema por ello. La gente ya me conoce. Además por un rato nadie morirá si no le atiendo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Asentí con la cabeza. Tomamos asiento en unas sillas que había diseminadas por la habitación. Una radio se oía a lo lejos y se podía escuchar un tango de Aníbal Troilo. Apoyé mis manos sobre mis piernas, y ordené las ideas dentro de la cabeza. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Una noche, antes que mi madre muriera, me hizo prometerle algo. Ese algo estaba relacionado con su juventud, más precisamente con el inicio de la relación que mantuvo con mi padre. Ella me contó que cierto día mi padre y ella se habían encontrado en un banco de la plaza frente a la iglesia y que él le había obsequiado algo que ella anhelaba mucho. Ese regalo que mi padre le dio no sé qué era, mi madre no me lo dijo nunca. Ella me hizo prometerle que yo lo buscaría y lo encontraría. No supe nunca por qué no me lo dijo, pero yo le prometí buscarlo, hacer el intento y aquí estoy, tras el rastro de un objeto que no sé si existe aún ni qué es. Finalmente ella me dijo que tal regalo lo había dejado en la iglesia que se encontraba frente a la plaza. Y asociamos, junto a Marina –dije señalandola a mi lado-, que esa iglesia era la Catedral.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Mientras, el anciano me observaba detenidamente, como si tras cada palabra que yo mencionase él supiera exactamente lo que yo diría.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Luego, proseguí:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Sabe? Cuando lo vi en su comercio, detrás del mostrador afilando el cuchillo, pensé que mi búsqueda había llegado a su fin. No sé el por qué exactamente. Fue una sensación muy real, como si un gran peso se me quitara de los hombros y pudiera yo descansar y relajarme de tanta tensión. Pero ahora que le estoy diciendo esto no sé si es tan así. Al llegar a Posadas he localizado la plaza y la iglesia que supuestamente era el punto donde mis padres se habían encontrado aquel día. He ido a la iglesia, intenté averiguar si sabían algo de aquellos días y solo obtuve como respuesta de una monja que el sacerdote que por aquellos años tenía por encargo la iglesia había fallecido. Era un tal padre Ernesto, y es por eso que tras perder todo tipo de huella posible casi dimos por finalizada la búsqueda. Pero tras esa desorientación repasamos unas fotografías de mi madre y allí asocié su local comercial con la plaza, y ahí nos dimos cuenta que estábamos tras una pista segura. Mi madre debió de haber vivido, o al menos transitado, por estos lares. Fue así como todo nos condujo a usted…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Sí, entiendo perfectamente todo. Creo que es cosa del destino todo esto que ha pasado. No sé hasta qué punto pueda ayudarte, pero algo podré hacer ¿Cómo te llamas? –preguntó el anciano con un esbozo de simpatía en su rostro.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Esteban –respondí a secas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Bueno Esteban, tal como te dije antes tú madre y yo fuimos novios durante un tiempo. Fue antes de que ella conociese y se enamorara de tú padre, pero aun así siempre seguimos en contacto y siendo buenos amigos. Yo amaba a tú madre. La amé con todo mi corazón, con esa fibra poderosa que un corazón joven puede darle al primer amor. Pero no pudo ser. Tras separarnos ella se enamoró de quien fue tú padre y con el tiempo se casaron y se mudaron de aquí. Sin embargo ella me contaba que no eran todas rosas en su relación con tú padre. Después de partir de la ciudad e instalarse en Córdoba, nos mantuvimos en contacto por correo postal. Nos enviábamos una carta o dos, al mes y así sabíamos el uno del otro. Tú padre nunca se enteró de esas cartas. Esa comunicación se mantuvo por varios años, hasta que un buen día se cortó definitivamente y ya no supe más de ella ni el porqué del silencio y la incomunicación. En las cartas que tú madre me enviaba contaba todo cuanto ella vivía para sí misma y con respecto a la relación con tú padre. Casi no callaba nada. Nos conocíamos tan bien que ella podía explayarse tranquilamente sabiendo que yo sería una tumba. Después de casi dos años de cartearnos ella me envió una carta en donde me contaba un secreto que jamás había contado a nadie. Allí me hablaba de ese regalo de tú padre y cuál había sido el destino del mismo. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En ese momento el anciano hizo una pausa clavando su mirada en el ondear de las cortinas. Luego prosiguió.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- El regalo que tú padre le hizo fue algo que tú abuelo le había enseñado a ella de niña. Era un libro. Un viejo libro que ya en aquel entonces tenía sus años y había venido en barco procedente de Europa. Tal vez de alguna vieja librería europea, no lo sé. Tú abuelo tenía el mismo libro pero en edición nacional. Sin embargo, el libro que tú padre le regaló era una primera edición. Ella contaba en la carta que al recibirlo se había emocionado mucho, que aquello era muy especial para ella puesto que era el primer libro que había tenido contacto con ella y la había introducido al mundo de la literatura. Cierta vez le había contado esa anécdota a tú padre y éste finalmente había dado con el mismo libro y una primera edición y se lo regaló. Como verás, Esteban, el objeto que buscas es un libro. Pero no es un libro simple, sino uno especial, uno que tú madre atesoró y quiso mucho.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Y usted tiene idea dónde está ese libro?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Una sospecha, pero no una certeza –respondió el anciano mirando al suelo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Sospecha?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Sí. Pero espera, hay más que debo contarte…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Noté en el rostro del anciano cierta tensión. El modo con el cual entrecruzaba los dedos de sus manos y la manera nerviosa de mirar al piso me hizo pensar que eso de más que debía de contarme seguramente no sería algo que me haría feliz. Pero decidí no sacar conclusiones apresuradas y fui todo oído. Mientras, Marina se había sentado en la silla mecedora y se mecía lentamente. Nos observaba a ambos con atención. Cuando se hizo la pausa en el diálogo me quedé mirándola un tanto embobado. Sentía que todo aquello había pasado gracias a esa chica, que ella había hecho posible aquella búsqueda y aquel hallazgo. Como si se tratase de la búsqueda de un tesoro, y ella y yo fuésemos dos piratas desesperados, estábamos allí juntos y llegando casi al fin, a punto de agarrar las palas y desenterrar el tesoro dentro de la gruta. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Espera un momento –dijo el anciano levantándose de la silla- iré a calentar agua en la pava así tomamos unos mates.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Se dirigió a la cocina y tras perderse detrás de una puerta me levanté y corrí una cortina. Afuera el día era espléndido. El verde del pasto del jardín y el colorido de los geranios creaban una bella sensación visual. Solo se dejaba oír el leve movimiento que hacía la silla mecedora contra el piso. Los pájaros se habían llamado a silencio por un instante y el viento había cesado. En la cocina se escuchaba cómo el anciano cargaba agua en la pava y encendía la hornalla de la cocina. Volvió al rato, tomó asiento y tras cebar un par de mates y beberlos él me extendió su mano pequeña y rugosa con el mate.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- El padre Ernesto y yo éramos buenos vecinos y a la vez buenos amigos. Era común que él comprara en mi mercado y que yo me diese una vuelta a diario por la iglesia a darle una mano en las cosas que necesitaba. A veces debía apañárselas solo y era mucho trabajo para un hombre solo. Los monaguillos de la misa del domingo solían ir a barrer y lavar los pisos, pero no siempre lo hacían. No había monjas que frecuentaran la iglesia por aquellos tiempos, y el dinero que enviaba el obispado tampoco era abundante para pagar servicios de limpieza o de lo que se necesitase. Así que opté por ayudar yo mismo. El padre siempre fue un agradecido conmigo por ello, y entre tanto tiempo que supimos compartir cierto día me contó sobre el regalo que tú padre le había hecho a tú madre: &lt;i&gt;“Mira, te contaré algo -dijo aquel día-, y lo haré porque sé que el tiempo ha pasado ya y las cicatrices de dolor que hubieran quedado por tú separación de Elena Villalobos han cicatrizado en su totalidad. Ella antes de irse me ha depositado en mis manos un regalo, un objeto. Me ha pedido que lo guarde aquí, que en un futuro alguien vendría a buscarlo, y que a ese alguien debía entregárselo. Era un libro, un viejo libro. Pero algo ha pasado hace unos meses atrás, y ha sido que se ha presentado su esposo con una niña y ella, la niña, me ha pedido el libro. Enseguida me puse feliz por ese hecho. Se había cumplido lo que Elena me había dicho aquel día. Pero sucedió algo inesperado. Tras darle el libro a la niña y verla fascinada por el libro, mientras ella con su padre se iban caminando de la iglesia, en voz alta pregunté por su madre, Elena, y fue entonces mi sorpresa. La niña volteó y me respondió que su mamá no se llamaba Elena. Entonces vi en los ojos del padre la mirada del error. Esa mirada que tienen las personas que admiten tener un gran error en sus vidas. La niña siguió caminando junto a su padre, salieron de la iglesia y se perdieron calle arriba. Me quedé pensando si había hecho bien en entregarle el libro pero en ese momento me encontraba muy aturdido por ese acontecimiento. Con el pasar de los días analicé la posibilidad de haber cometido yo un error. Sin embargo tampoco estoy seguro de ello. No sé si esa niña era quien debiera tener aquel libro en sus manos y eso hace que haya momentos que me sienta en ascuas. Solo sé que la mirada de aquel padre aún permanece fresca en mi memoria. Como si él, de un modo reflejo, quisiera haberme silenciado y que aquel nombre, Elena, no hubiera salido jamás de mi boca...”&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Una niña?, ¿con mi padre? -pregunté de manera aturdida una vez más.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Supuestamente era tú padre. No puedo asegurártelo ¿Tú tienes una hermana? &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- No, que yo sepa no.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Pues no sé entonces, hijo. Aquello fue lo que el padre Ernesto me contó aquel día y jamás volvimos a hablar del tema. Ahora que te he conocido aquello se ve más confuso y revuelto. En mi cabeza he tejido algunas suposiciones, pero son solo eso: solo supuestos...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Me quedé con la mirada detenida en los ojos del anciano. Solo supuestos. Sí, seguramente. Pero tal vez alguno de esos supuestos que él o yo podríamos formularnos fueran realmente la realidad.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Qué piensa usted? -pregunté con firmeza al anciano.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Pues... la hipótesis que más peso tiene dentro de mis pensamientos es que tú padre tenía una hija con otra mujer y que tú madre nunca lo supo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Y cómo sabía mi padre que el libro se había entregado al padre Ernesto?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Pues porque tal vez Elena se lo había contado. Tal vez en algún momento en sus charlas íntimas ella contó cual fue el destino de aquel libro.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Medité por un rato aquella posible suposición. No me parecía descabellada, es más, hasta me parecía muy posible. Marina se levantó de la silla y se nos acercó. Nos mirábamos los tres como si tuviésemos que encontrar una llave extraviada para abrir el cofre encontrado por piratas y sin embargo ninguno tenía dicha llave.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Por qué el libro a la niña y no a tí? -preguntó Marina- ¿por qué elegiría tú padre obsequiarle el libro a tú supuesta hermana y no a ti?, ¿acaso de ese modo no estaría traicionando a tú madre?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- No lo sé... -respondí&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Yo creo que si tú padre ha tenido una hija, una media hermana tuya -dijo mirándose sus manos-, es ahí donde debería proseguir tú búsqueda. El libro ya no está en la iglesia y nadie que tenga vinculación con ella lo posee. El libro ahora lo tiene una chica, que cierto día llegó a la iglesia con un hombre, que se presentaron solicitándole el libro al padre Ernesto y que éste, ante aquella petición de tú madre tan secretamente guardada, asintió concluyendo que tú madre los había enviado. Pero sin embargo eso no debió de ser así, y creo que tú padre fue quien tomó las riendas y decidió modificar y echar por tierra los deseos de tú madre. No obstante, Esteban, si lo analizas bien y en frío, tal vez esta sea una oportunidad única en tú vida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- ¿Oportunidad?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Sí, hijo. Una oportunidad para desenterrar algo escondido dentro del pasado de tus padres. Algo que tal vez has ignorado siempre y te conduzca a cierta verdad. Si fuera el caso que la niña que se presentó con tú padre aque día fuera hija de él entonces tú tienes una hermana, y eso es algo maravilloso si lo piensas. Un hermano ya no habla de unicidad en la vida de un hijo único, habla de compartir las alegrías y tristezas de este mundo con otra persona que lleva nuestra misma sangre, alguien que Dios puso en esta tierra como un compañero físico y espiritual para nosotros.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El anciano tenía razón. Si existía la posibilidad que mi padre hubiera tenido una doble vida y en ella una hija entonces debía encontrarla, pues al fin y al cabo era mi hermana. Sin dudas, sin titubeos, simplemente era mi hermana. Pero ¿por dónde buscar? Nuevamente sentí que estaba en el inicio de otro ciclo. Que un gran ciclo que parecía llegar a su fin y con él la meta de nuestra búsqueda solo nos había conducido a uno nuevo, tal vez un tanto más complejo, cargado de un tinte emotivo y misterioso que ahora me llevaba no solo a la búsqueda de un simple libro, sino también al encuentro de una supuesta mujer que probablemente fuera mi hermana. Recordé entonces fugazmente aquel día de vacaciones en Colombia que pasé tirado en la playa junto a la-chica-de-los-piercings. Ella y yo mirábamos las estrellas y nos maravillábamos con ello. Nos preguntábamos cuantas historias abría escondidas detrás de las estrellas y cuántas historias humanas las estrellas habrían visto desde su lugar en el universo. Me parecía aún escuchar el murmullo de las olas al llegar a la playa ¿Qué sería de aquella chica? La vida sin lugar a dudas había dado muchos vuelcos en tan poco tiempo para mí. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Me acerqué a Marina y tomé sus manos. Nos miramos por un instante sin decirnos nada. Vi en sus ojos esa olada de fuerza interior que me empujaba a seguir adelante. Ese modo de mirar tan suyo invitándome a no quedarme, a seguir adelante y desentrañar aún más el ovillo. Ya hacía tiempo que estábamos ausente de la redacción pero no sería problema continuar unos días más fuera. &lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Sigamos -dije.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
- Sí, hay que hacerlo -dijo ella.&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1109110042616" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1109110042616" src="http://resources.safecreative.org/work/1109110042616/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html"&gt;26&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintisiete.html"&gt;27&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintiocho.html"&gt;28&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintinueve.html"&gt;29&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;
&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-7450825244603559931?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/22XG76oE0uM" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/22XG76oE0uM/saint-exupery-treinta.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/-knIpJ67SS1g/Tmzc84v6RnI/AAAAAAAADDk/MCqVED_x9vM/s72-c/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-30%255D.gif" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/09/saint-exupery-treinta.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-3613893328603590406</guid><pubDate>Sun, 07 Aug 2011 12:57:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-08-07T09:57:24.467-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veintinueve)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ZTHOfpnuSL4/Tj6KCScoCtI/AAAAAAAACwY/Sgx-LLsldJA/s1600/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-29%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://1.bp.blogspot.com/-ZTHOfpnuSL4/Tj6KCScoCtI/AAAAAAAACwY/Sgx-LLsldJA/s640/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-29%255D.jpg" width="458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegando a Misiones la ruta se encontraba solitaria. Lourdes dormía y reposaba su cabeza sobre su lado derecho, con sus miembros contraídos, en posición fetal que despertaba cierta ternura. La mujer gorda mantenía las manos firmes al volante, y con la mirada concentrada en la línea punteada de la ruta cavilaba distintos pensamientos que la mantenían abstraída del mundo real y circundante. Pensaba en su propia vida, en su soledad, en el descontento que por momentos le sobrevenía al visualizar su vida como si fuera un observador lejano. Su infancia no había sido de las mejores. Había nacido en aquel pueblo perdido entre los cerros, en una casa de familia humilde y trabajadora. Su padre había fallecido siendo ella pequeña. Solo le quedaban aislados recuerdos arraigados con fuerza desde los confines de su memoria. Hubiese querido tenerlo más tiempo junto a ella, tal vez, aunque más no sea, un par de años, pero no, la vida, mezquina y egoísta como muchas veces ella la sentía, había decidido que su tiempo había llegado a su fin, y así como un día al abrir sus ojos a horas de nacer lo había visto por primera vez, así también vio como aquellos ojos oscuros y profundos dejaban de mirarla y se iban rápidamente de esta vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para la mujer gorda la ausencia de su padre había marcado una zona oscura en muchos años de su vida. Una franja de tiempo que ella nunca quería recordar, y si lo hacía sabía que se sometía a una experiencia angustiante, cargada de preguntas sin respuestas, de sentimientos encontrados y de dolor. Se volcó por completo al cuidado de su madre, enferma y postrada. En la veintena había trabajado en el Municipio del pueblo y en distintos comercios, hasta que un buen día, tras el fallecimiento de su madre, decidió vender la casa natal y un par de propiedades que su padre había adquirido en los buenos tiempos y se decidió por un nuevo emprendimiento a nivel laboral y comercial: la compra de un hotel. Así, año tras año y poniendo mucho empeño logró adentrarse más y más en el mundo de la hotelería. Asistía a cursos sobre administración hotelera y administración empresarial, se mantenía al corriente de las leyes tributarias y de personal, y cada tanto realizaba algún que otro curso acelerado sobre manejo de personal y psicología laboral. Todo ello le servía para llevar adelante, casi sola, el hotel que había comprado. No era una tarea fácil. Desde el momento previo a la compra, justo cuando analizaba aquel nuevo desafío en su vida, sentía que semejante empresa para una mujer joven respondía a las características de los más altos desafíos. Aun así, fue muy breve el titubeo y la indecisión se esfumó junto los pensamientos negativos. Una mañana de noviembre de 1998 se dirigió al banco local, sacó todo el dinero que había en las cuentas, tomó las escrituras de las propiedades que había heredado y realizó la operación de compra del hotel. No hubo dudas, no hubo ningún arrepentimiento final a la hora de estampar la firma en el contrato. Los empleados, desde las sirvientas, pasando por los dos jardineros, el chico que se encargaba de la cocina y el sereno, la adoraban. Si en época de vacaciones el hotel se llenaba al máximo entonces contrataba mano de obra local, preferentemente adolescentes estudiantes de escuela secundaria o jóvenes que cursaban la carrera de hotelería en la capital provincial. Aquella manera de brindar trabajo lograba que toda persona en el pueblo la sintiera una persona especial, muy bondadosa y de buen corazón. Sin embargo, más allá de todo el éxito cosechado con tal esfuerzo y esmero, la mujer gorda sentía que una parte de su vida estaba incompleta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces, por las noches, solía sentarse en una silla de descanso a la entrada de la administración. Desde allí contemplaba las estrellas en el cielo. Cada vez que quería adivinar a qué constelación pertenecían caía en la cuenta que no las conocía, que tan solo sabía sus nombres de haberlas escuchado pronunciar o bien por verlos escritos en algún diario o libro. En el vasto cielo nocturno, mientras miraba en silencio las estrellas, solía sentir que la soledad le oprimía el pecho. Era una sensación angustiante, que dejaba un dolor punzante en su pecho y un sabor amargo en su boca. Sin embargo no lloraba. Ni una lágrima recorría sus mejillas. Llorar es de débiles, se decía a sí misma, y abriendo los ojos como platos para evitar lagrimear clavaba su mirada con más intensidad en el cielo. Esa templanza y ese modo de auto inducirse a la firmeza psicológica le había servido durante años para seguir adelante y no bajar los brazos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Solo había tenido un único y gran amor. Un muchacho de la capital, que por aquel tiempo en que se conocieron él trabajaba como maestro rural en una escuela del pueblo. Había llegado de la capital y se encargaba de impartir clases en primer y segundo grado de primaria. Se conocieron por casualidad una tarde en que el muchacho llegó al hotel y pidió una habitación simple. Llevaba un portafolio de cuero negro, un saco colgando del brazo, el cuello de la camisa desprendido y el nudo de la corbata flojo, y unos anteojos de montura de carey que casi ocupaban la mitad de su rostro. No fue por su belleza que se sintió atraída sino por el modo en que el muchacho la miraba y por la docilidad y suavidad de sus gestos que se sumaban a una amabilidad y bondad casi inexistentes en los hombres de su edad en todo el pueblo. En el acto dedujo que estaba frente a un hombre amable y respetuoso. Se sintió atraída instantáneamente. Alguien que la miraba como un igual y no como si fuera una persona extraña a la sociedad (la gordura había sido siempre causal de sufrimiento para ella, tanto a nivel físico como psicológico) Después de completar la planilla de admisión el muchacho tomó las llaves y se dirigió a su cuarto. Ese día fue normal para todo el mundo, menos para ella. A la mañana siguiente, al momento de dejar las llaves en la administración para el aseo de la habitación, cruzaron por primera vez sonrisas tímidas. Poco a poco algo fue creciendo entre ellos hasta que finalmente las charlas y salidas a caminar se hicieron habituales. El muchacho viajaba de la capital todas las semanas. Allá tenía a su familia, y aunque él era soltero, aún gustaba de vivir con sus padres y se quedaba con ellos los fines de semana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mujer gorda por aquel tiempo se sentía en el máximo esplendor de felicidad que había vivido en su vida. Nunca ningún hombre se había acercado tanto a su corazón, salvo su padre, pero ese era otro tipo de acercamiento y amor, algo muy distinto al que por aquel entonces experimentaba con el joven maestro. De esa amistad llegó el primer beso, la primera caricia, y la primera vez que tuvo sexo con un hombre. No fue algo premeditado, tan solo se dio paulatinamente y todo desencadenó en un momento de éxtasis y pleno gozo. Él la condujo muy despacio por el camino de la seducción y ella, sin oponer resistencia alguna, se arrojó de lleno a ese nuevo mundo que tanto deseaba conocer y jamás se lo había permitido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Me amas? -preguntó ella.&lt;br /&gt;
- Sí -dijo él mientras la mantenía debajo de su cuerpo propiciándole caricias en su cuerpo y en sus cabellos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante toda esa noche hicieron el amor de manera desinhibida. Ella se había olvidado por completo del pudor y de que era su primera vez. Se había sentido cómoda, querida, y a la vez consentida en todo aquello que ella requería o deseaba. Él era todo para ella. Después de aquel día el sexo se hizo carne en ellos. No pasaba día en el cual él estuviera en la ciudad y no fuera una buena oportunidad para el libre gozo y el sexo. Ella tan solo al verlo venir ya lo deseaba, con tanta desesperación que el corazón parecía saltarle por su boca y su cuerpo seguirlo de la mano. Llegado el día viernes todo concluía: él tomaba el colectivo y no se le veía más un pelo hasta el día lunes a las ocho de la mañana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella historia de amor in crescendo fue afianzándose más y más, al punto tal de que ella cierto día le propuso vivir juntos en la casa contigua al hotel. Aquella propuesta fue bien recibida por el muchacho (aunque él hacía ya tiempo que no pagaba su habitación) y solo había puesto una condición: que los fines de semana sí o sí necesitaba ver a sus padres. La propuesta a la mujer gorda no le pareció mal, pero lo que no imaginó era que él deseaba visitarlos a solas, sin su compañía. Tras digerirlo un par de veces ella terminó aceptándola y no opuso resistencia. La convivencia duró casi un año.  Mientras duró ella logró esfumar muchos de deseos reprimidos, logró sentirse plenamente feliz y todo parecía pasar desapercibido bajo el manto del enamoramiento. Fue hasta que un sábado el partió hacia la capital y ella, con el hotel vacío y en temporada baja, deseó seguirlo y con ello ver lo que jamás habría querido ver. Él desde hacía años mantenía una relación de pareja con una mujer mayor que había conocido en uno de los colegios donde daba clases. Solo se veían los fines de semana, y era una relación que se mantenía en el tiempo gracias al buen sexo y a los principios sin compromiso que desde un comienzo habían pactado. Los padres del muchacho hacía ya años que habían fallecido. La mujer gorda cayó en la cuenta de tal situación cuando localizó la vieja casa familiar situada en un viejo barrio de la capital -que ahora era una casa de seguros- y ya no vivían allí ningún par de ancianos. Esa noticia le ocasionó un verdadero shock que le comenzó a despertar sospechas rápidamente. A continuación decidió seguir indagando y se le ocurrió comenzar con los mismos vecinos del barrio. En el acto la indagación había arrojado sus frutos: el hombre del cual ella estaba enamorada y convivía hacía ya casi un año se había mudado al departamento de una profesora universitaria de cuarenta y tantos años, en el barrio universitario, a unos treinta minutos de allí. Sin más, la mujer gorda se subió a su automóvil y se dirigió al barrio universitario con la dirección de aquella mujer anotada en un papel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bastaron dos golpes de nudillos para que se abriera la puerta y ante ella se presentase su actual pareja. Él la observó un tanto incrédulo. Acto seguido esbozó una diminuta mueca de sonrisa y abrió sus manos como indicando, “lo siento, me atrapaste”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mujer gorda manejó todo el camino al pueblo entre lloriqueos y gritos. Nada la calmaba. Había sido herida hondamente y ese dolor calcinaba y pulverizaba lentamente su corazón. La oscuridad de la ruta dejaba entrever en el horizonte un manto blanco de estrellas que comenzaban a fulgurar en la noche. Aquella imagen se plasmó en su memoria. Ahora, las estrellas ya no significaban lo mismo, ya no la invitaban a recordar a qué constelación pertenecían, sino que se fijaron en su memoria como una señal de mal augurio que indicaba que el amor de por sí es efímero, pero a veces lo es mucho más de lo que realmente parece.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegando a Posadas la mujer gorda estacionó el automóvil en una estación de servicio. Bajó, se aseó un poco, fue al baño y entró en el mini-shop con intenciones de comprar algo comestible que calmara su ansiedad. Pidió un café cortado con una lágrima de leche, dos medialunas, una barrita de chocolate, y se sentó a una mesa que daba a la ventana. Desde allí podía observar el automóvil y velar el sueño de Lourdes. Cada tanto observaba el cielo. El amanecer no tardaría mucho en llegar. Aquel cielo le pareció un tanto extraño, no era como el de todos los días. Tal vez es el cansancio, pensó, pero luego se dijo que no, que era un cielo distinto, en un lugar del mundo donde jamás había estado. Mientras sorbía el café las primeras pinceladas del amanecer caían sobre la tierra bañando todo lo que encontraban a su paso y pintándolo todo de un color amarillo y anaranjado. Un nuevo día, susurró por lo bajo. Sí, un nuevo día era el que hacía que uno anterior pasara a la memoria. Un nuevo día era el encargado de dejar atrás todo aquello vivido, tanto las alegrías como las tristezas. Un nuevo día era el ciclo correcto y eficaz para limpiar el espíritu de impurezas y hacer que la mente se despeje, dejando todo aquello que nos mantiene atados, a un lado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras los primeros rayos de sol Lourdes se despertó. Atinó a hablar con la mujer gorda pero no la encontró a su lado. Se hizo visera con su mano en la frente para cubrirse de la luz solar. Enseguida comprendió dónde se encontraba. Aguzó la mirada y localizó a la mujer gorda desayunando en el mini-shop. Entonces sacó una mano por la ventanilla y esbozando la primera sonrisa del día la movió de lado a lado indicándole un hola, buen día, aquí estoy, soy yo, la chica que busca el destino de su vida. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1108079820464" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1108079820464" src="http://resources.safecreative.org/work/1108079820464/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html"&gt;26&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintisiete.html"&gt;27&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintiocho.html"&gt;28&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-3613893328603590406?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/MxNBdq6geO0" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/MxNBdq6geO0/saint-exupery-veintinueve.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-ZTHOfpnuSL4/Tj6KCScoCtI/AAAAAAAACwY/Sgx-LLsldJA/s72-c/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-29%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintinueve.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-8722720596983288754</guid><pubDate>Thu, 04 Aug 2011 03:37:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-08-04T00:37:57.602-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veintiocho)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-aQdXMq-UNE8/TjoSblGxRhI/AAAAAAAACvE/zgYyMQcIsso/s1600/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-28%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://3.bp.blogspot.com/-aQdXMq-UNE8/TjoSblGxRhI/AAAAAAAACvE/zgYyMQcIsso/s640/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-28%255D.jpg" width="459" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTIOCHO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estacioné el automóvil, giré la llave de encendido del motor y tras escuchar cómo se apagaba y volvía el silencio permanecí inmóvil por un rato. Miré mis manos aferradas al volante. Giré mi cabeza a la derecha y observé a Marina. Ella me miraba en silencio, como si escudriñase en mis facciones algún indicio que le diera pie a deducir qué pensamientos pasaban por mi cabeza. Sin embargo yo no pensaba en nada. Mi mente estaba en blanco, mis manos sudaban y cierto temblor de nerviosismo subía desde la planta de mis pies, pasaba por mis piernas y se perdía en la plenitud del torso. El miedo escénico a una posible verdad. Una verdad que podía llegar a ver la luz después de muchos años de encontrarse sumida en la oscuridad, replegada en el fondo de un tiempo ya pasado y que había pertenecido a otras personas, mis padres. Era el mismo miedo que sentía en los momentos que mi padre nos dejaba al irse de viaje y nos quedábamos solos con mi madre por las noches. Los sonidos del viento al atravesar la parra del patio, el sonido que producían   las hojas al caer, las sombras danzantes que jugaban con las luces de mercurio de la calle, el ruido de las celosías golpear contra la pared.&lt;i&gt; “No temas, hijo...”&lt;/i&gt; era la frase salvadora de mi madre, que se cernía sobre mí como una mano tierna y suave que lograba extraerme de aquel miedo de niño inocente y colocarme entre algodones. Mi madre, la persona que a fuerza de golpecitos exactos y esmerados talló gran parte de mi personalidad. La única persona en el mundo que escudriñó cada una de mis aristas y extrajo de ellas cierta esencia que hasta yo mismo desconocía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marina posó su mano sobre la mía y así, tras sentir su tibieza, logré desprenderme del volante. Nos dimos un beso y quedamos con nuestras frentes apoyadas por un instante. Dentro del automóvil era todo silencio. Afuera era todo silencio. Parecía que el tiempo hubiera detenido sus incanzable correr y nos permitiera por un momento compenetrarnos de lleno en lo que estábamos viviendo. No puedo mentir, no puedo negar que en ese momento mi estómago se hacía un nudo y se endurecía. Di un beso en la frente a Marina y abrí la puerta del automóvil.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Espérame aquí. Ya vuelvo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salí del automóvil y me dirigí a paso firme hasta el mercado. Era una construcción que debía tener cerca de cien años. Aún en su fachada quedaban rastros intactos de arquitectura que facilitaban poder datar su fecha de construcción. Un cartel que rezaba: &lt;i&gt;Mercado “Don Antonio”&lt;/i&gt;, se mostraba altivo y vigente, como si el paso de los años no lo hubieran alterado. Abrí la puerta y miré dentro. Detrás del mostrador de la carnicería había un señor longevo afilando un cuchillo. No había clientes, no había cajero. Pensé que sería por la hora; después de todo en los pueblos chicos la gente siempre va tarde por las compras. Me acerqué al hombre casi sin mirarlo a la cara. Las manos me sudaban. Al llegar al mostrador observé que el hombre parecía tener mucho más años de los que yo le había calculado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Buenas tardes -dije carraspeando- ¿Podría hacerle una pregunta, señor?&lt;br /&gt;
- Claro, hijo. Todas las que quiera. Por eso no se cobra... todavía -dijo bromeando el anciano y echando al aire una sonrisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Debo decir que la primera impresión que tuve de aquel hombre fue positiva. Hizo que mi cuerpo se aflojara y que poco a poco aquella tensión que se había apoderado de mí fuera esfumándose. Sonreí. Eso era señal que me empezaba a sentir mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué será, entonces? -dijo el hombre.&lt;br /&gt;
- Quisiera preguntarle algo sobre el padre Ernesto, el cura que falleció hace ya muchos años. - - Mire, no soy de aquí, soy de Córdoba, y he venido buscando información sobre mis padres y el único que podría haber sabido algo sobre ello es el padre Ernesto. Pero bueno, la fatalidad ha hecho que tampoco pueda ayudarme.&lt;br /&gt;
- Sí, sí... -dijo el hombre mientras su rostro se compungía y posaba el cuchillo junto la &lt;i&gt;chaira &lt;/i&gt;sobre el mostrador-, ¿y qué necesitas saber sobre el Padre Ernesto?&lt;br /&gt;
- Si usted sabe de alguien que sepa de él. Verá, yo necesito saber si él conoció a mis padres.&lt;br /&gt;
- Ahhh -exclamó el anciano abriendo los ojos como plato- ¡hubiéramos empezado por ahí! ¿Tus padres eran de por acá?&lt;br /&gt;
- Sí, ambos nacieron aquí, pero siendo jovencitos se fueron a vivir a Córdoba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El hombre tomó nuevamente el cuchillo y la &lt;i&gt;chaira &lt;/i&gt;y siguió con la tarea de afilar. Lo hacía de manera precisa, sin error. Se dejaba ver que sabía lo que hacía. Tal vez llevaba años en el mismo sitio haciendo exactamente lo mismo, chocando el filo del cuchillo contra el otro metal. A veces la gente gusta de hacer lo mismo por años, otras veces lo hace sin darse cuenta siquiera, y así la vida pasa y ellos simplemente siguen hechizados dentro de un paréntesis atemporal en donde la misma acción se continúa una y otra vez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de un rato de pasar el cuchillo contra la &lt;i&gt;chaira &lt;/i&gt;observó el filo, asintió con la cabeza y nuevamente posó los objetos sobre el mostrador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escudriñó mi ser por un momento sin decir palabra alguna. Noté que estaba un tanto pensativo, como si fuera un perro escarbando en un montículo de tierra en búsqueda de algo enterrado, tal vez un hueso, tal vez un pequeño tesoro. Tenía una cabeza pequeña, con muy poco pelo, y sus ojos, lo más llamativo de su rostro, se asemejaban a dos témpanos helados a la deriva en un mar ártico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Dices que tus padres vivieron en el pueblo de jovencitos.&lt;br /&gt;
- Sí, así es señor.&lt;br /&gt;
- ¿Y cuál eran sus nombres?&lt;br /&gt;
- Mi madre se llamaba Elena Villalobos, y mi padre...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El anciano no me dejó terminar. Levantó una mano, esbozó una sonrisa y sus ojos fríos se iluminaron de una manera especial. Su mirada se perdió por un instante en dirección a la plaza. Se podía observar claramente que miraba hacia allí pero en realidad no miraba nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Elena... sí, la recuerdo. Yo soy un poco mayor que ella. ¿Cómo está ella ahora? -dijo el anciano finalmente.&lt;br /&gt;
- Mi madre falleció en 1992 -respondí secamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El anciano dejó caer sus grandes cejas y cerró por un momento los ojos. Un halo sombrío pasó por su rostro. Fue apenas perceptible. Conocía a mi madre, de eso no había dudas. La noticia lo había golpeado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Lo siento mucho, hijo -dijo con un hilo de voz muy fino, nada que ver con la voz normal que él tenía.&lt;br /&gt;
- Veo que la noticia de la muerte de mi madre lo ha sorprendido -dije.&lt;br /&gt;
- Sí. Es que uno siempre mantiene en mente que todas las personas queridas y recordadas aún viven. Tal vez suene a un vil autoengaño, pero es una manera egoísta de no pensar en que la muerte nos roba todo y poco a poco nos deshoja como pétalos de una flor.&lt;br /&gt;
- Sin embargo eso es inevitable -dije con seriedad.&lt;br /&gt;
- Lo sé, pero vuelvo a decirte -y tal vez lo entiendas a mi edad-, el pensar que nadie de tus personas allegadas o queridas han fallecido te permite levantarte día a día de un modo distinto, no sé si más feliz, pero sí con la cabeza y el corazón más oxigenados y puros.&lt;br /&gt;
- No lo sé -comenté por lo bajo-, no me gustaría autoengañarme de ese modo. Sería como negar que todo lo que inicia un buen día acaba. Es como una negación infantil al proceso de vida de un ciclo biológico. La muerte de mi madre causó en mí un gran vacío. Puedo reconocer eso. No obstante logré rellenarlo lentamente y enfoqué mi vida pensando que así debía de ser, que por más que yo amara con todo el corazón a mi madre ella tarde o temprano se alejaría para siempre de mí.&lt;br /&gt;
- Veo que has sufrido mucho -dijo el hombre mirándome de soslayo. Ven, vamos a sentarnos un rato en un banco de la plaza, creo que tenemos muchas cosas por charlar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salimos y el hombre cerró la puerta del comercio con llave. Antes, había colocado un diminuto cartel que rezaba: &lt;i&gt;vuelvo enseguida&lt;/i&gt;, colgado de la puerta. Cruzamos la calle en dirección a la plaza. Ahora se veía un poco más de movimiento. Marina me observaba desde dentro del automóvil. Le hice señas que estaba todo bien. Ella sonrió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La plaza era grande, vistosa, colmada de palmares. Tenía unos bancos de madera pintados de color blanco con algunas ornamentaciones en bronce adheridas a sus patas. Se podría decir que la plaza tenía un &lt;i&gt;bonito toque&lt;/i&gt;. Un delicado toque, que hacía que uno se sintiese cómodo y relajado mientras transitaba por ella. Mientras caminábamos a la par el anciano paracía sumergido en recuerdos. Sus ojos miraban hacia el frente, pero no miraban nada. Podía percibirlo. Estaba ausente, tal vez en el mundo de los recuerdos, o un poco más allá. Tuve intenciones de hablar pero no salía palabra alguna de mi boca. Por un instante pensé que algo invisible había sellado mis labios y era adrede, para que el anciano siguiera en sus cavilaciones y nada alterase el flujo de sus recuerdos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al llegar a un banco en medio de la plaza nos sentamos. El sol ya comenzaba a calentar bastante, y el aire era cálido y agradable. Había palomas y gorriones revoloteando por doquier. Los palmares, en sus copas, se mecían por el accionar del viento. De vez en cuando algún que otro transeúnte pasaba por delante de nosotros. El hombre posó sus manos sobre sus piernas y se mantuvo erguido en en esa posición por un rato, mirando hacia el frente, nuevamente no mirando nada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Se encuentra bien? -pregunté.&lt;br /&gt;
- Sí, hijo, estoy bien. Es que... -en ese instante volvió ha hacerse un silencio y sus ojos se llenaron de lágrimas-, es que... verás, yo he conocido bien a tú madre. Demasiado bien diría yo.&lt;br /&gt;
- ¿Sí? -pregunté un tanto sorprendido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El anciano asintió con su cabeza y volvió a quedar en silencio. Luego de un momento refregó sus manos y se las miró como si observase a un objeto totalmente ajeno a su cuerpo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Tú madre y yo supimos ser novios en nuestra adolescencia. Íbamos al mismo colegio secundario, el único que había por aquel entonces, y ahí nos conocimos. No fue una relación que durase mucho, pero sí fue muy intensa. Creo que sabes cómo es el amor de adolescentes; no hace falta que te explique demasiado. En los tiempos de antes el amor era el mismo amor de ahora, pero se lo vivía de otro modo. Tal vez más respetuosamente, tal vez más silenciosamente, no sé. No digo que esté mal ni bien, solo digo que era diferente. Y así como era de diferente también la huella que dejaba en los corazones era diferente. Hoy es todo mucho más efímero, hijo. Antes el amor de una mujer era algo glorioso para un hombre. Cuando te sentías amado creías tocar el cielo con las manos y poder apretar las nubes entre tus dedos. El bonito recuerdo que tengo de aquella relación con tú madre siempre ha sido para mí algo de lo que me jacto. Las buenas personas no se eligen, pasan por tú vida, se compenetran con ella, la impregnan con su gracia, y luego siguen su camino. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supongo que lo que más me impresionó de las palabras del anciano fue el respeto que emanaba de ellas. Un respeto en todo sentido, inclusive cuando lo fusionaba con la palabra amor y lo mimetizaba con mi madre. Jamás hubiera imaginado que el destino me llevaría a conocer a un hombre que había amado a mi madre... y al cual ella tal vez también habría amado ¿Acaso nunca me detuve un instante a pensar en que mi padre podría no haber sido el único amor de mi madre? No. Nunca lo había hecho. Difícilmente uno imagine a sus padres en relaciones amorosas con otras personas. Difícilemente uno mismo imagina a su pareja en una relación amorosa con otra persona. Es algo invisible y de negación automática que se produce en los seres humanos. Es parte del sentido de posesión que tanto florece en cada uno al momento de sentirse enamorado y amado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Guardamos silencio durante unos minutos. Dejé que el anciano tomara fuerzas. Noté que la noticia de la muerte de mi madre aún lo mantenía alejado de la realidad. Yo respiré hondo, miré el cielo y observé la copa de los palmares. Un par de pájaros cruzaban el cielo por sobre nosotros. Me pregunté si alguna vez vería a aquellos pájaros otra vez volar en mi vida. Tal vez nunca, me respondí. Tras bajar la mirada la posé en los ojos del anciano y, en un acto casi reflejo, palmeé con mi mano derecha su espalda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Mire... -dije un tanto dubitativo- para mí es un honor haberlo conocido. Si mi madre compartío momentos especiales e importantes con usted en su juventud es porque en realidad lo quiso y tal vez lo amó. Eso a mí me llena de emoción. Reconozco que no es algo común encontrarse un viejo amor de una madre en la vida, pero tampoco es algo de lo que haya que renegar ni mucho menos sentirse infeliz. Si de algo sirve, si en algo vale, quiero decirle que mi madre aunque ya no viva, y esté donde esté, seguramente está feliz por éste encuentro entre usted y yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un par de lágrimas comenzaron a brotar de los ojos del anciano. Cruzó los dedos de sus manos y los apretó fuerte, muy fuerte. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Creo que puedo ayudarte con lo del padre Ernesto. Y tengo una leve idea de lo que has venido a buscar aquí. Creo que es hora que sepas algunas cosas que por más que el tiempo se haya encargado de ocultar siempre permanecen allí, bajo el manto invisible del destino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentí con la cabeza. Respiré hondo y tras darme vuelta hice señas a Marina que podía acercarse. Al llegar Marina vio llorando al anciano y se asustó. Tras explicarle la situación ella se puso en cuclillas, tomó las manos del anciano y lo besó en la mejilla. Aquella acción de Marina me sorprendió llamativamente. El beso, diminuto y tan sentido en la mejilla de aquel hombre me había parecido una de las expresiones más tiernas que había visto en mi vida. Con esa imagen en mi mente terminé el día. Mientras estaba acostado en una cama de hotel y Marina durmiendo a mi lado no dejaba de pensar en cómo habrían sido aquellos años felices de mi madre. A la vez sentía que existía una brecha entre aquellos momentos tensos que ella tenía con mi padre y esos momentos de felicidad que había pasado con el anciano del mercado. Quise desenchufar mi cabeza, apagar mi mente, esfumar mis pensamientos, pero me era imposible. Había algo en el aire, tal vez el influjo de los palmares o el murmullo que bajaba desde la flora selvática, que me hacía presentir que tan solo había encontrado la punta de un ovillo que era demasiado grande y largo para desenvolver.-&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1108049802056" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1108049802056" src="http://resources.safecreative.org/work/1108049802056/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html"&gt;26&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintisiete.html"&gt;27&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-8722720596983288754?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/lAiZP6jeGRs" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/lAiZP6jeGRs/saint-exupery-veintiocho.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/-aQdXMq-UNE8/TjoSblGxRhI/AAAAAAAACvE/zgYyMQcIsso/s72-c/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcap%25C3%25ADtulo-28%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/08/saint-exupery-veintiocho.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-7490308849898870409</guid><pubDate>Thu, 07 Jul 2011 13:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-08-01T13:35:09.992-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veintisiete)</title><description>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTISIETE&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esa noche la luna parecía distinta. Un halo verdoso la rodeaba dando la impresión que la cuidaba alejándola de todo aquello que pudiera quitarle belleza u opacarla. “Seguramente es un anillo de humedad”, se dijo Lourdes para sus adentros. Ella estaba sentada en un sillón de metal, en el balcón de un hotel. Habían llegado junto a la mujer gorda al anochecer y habían alquilado una habitación para pasar la noche. El día anterior, cuando Lourdes había decidido ir en busca de la verdad sobre sus orígenes, la mujer gorda sintió súbitamente una necesidad imperiosa de acompañarla.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- No puedes ir sola -dijo la mujer gorda-, yo te acompañaré.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lourdes asintió. De algún modo ella sentía que aquella mujer que tan desconocida le resultaba en un principio ahora poco a poco se acercaba a ella con sinceridad y cariño. Justo lo que ella estaba necesitando. Tras llegar al hotel y subir a la habitación, Lourdes decidió salir al balcón a tomar un poco de aire fresco y leer un rato. No tenía sueño y no deseaba aún estar acostada. La mujer gorda después de ducharse se entregó por completo a los influjos del sueño. Mientras Lourdes pasaba las hojas del libro escuchaba los ronquidos de la mujer. Después de un rato, ya concentrada en la lectura, dejó de oírlos y comenzó a percibir el aroma dulzón que largaban unas cuantas macetas de flores que estaban situadas justo debajo del balcón. Cerró el libro, y se asomó a mirar. Algo tan simple como aquellas flores la hicieron añorar a sus amigos del grupo ecologista. El perfume embriagó sus sentidos y afloró bonitos recuerdos. Es que su vida había cambiado tanto. Todo era tan vertiginoso por aquellos días. La vida, que antes se presentaba ante ella como una línea recta, se había tornado de repente en un camino sinuoso plagado de curvas y contracurvas. &lt;i&gt;“¿Cuál será mi destino?”&lt;/i&gt;-se preguntó-, y no pudo obtener una respuesta que le satisfaciera y la tranquilizara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Después de leer un buen rato comenzó a sentir sueño. Continuó leyendo hasta quedarse dormida con el libro abierto por la mitad y recostado sobre su pecho. La luna seguía en lo alto custodiada por ese halo verdoso. Entonces tuvo un sueño. En aquel sueño ella despertó en un bote, sola, en medio de un río turbulento. La corriente la llevaba río abajo. El río estaba bordeado por montañas. A ella le pareció que era un cañón, o un par de acantilados que custodiaban el recorrido del río. Era de día. El ruido del agua no la dejaba escuchar nada más. Había un sol espléndido y el cielo estaba celeste, puro, inmaculado. Mientras el bote se desplazaba llevado por la fuerte correntada ella se desesperaba. No tenía remos, ni protección en su cabeza. Estaba semidesnuda, y sentía frío. De repente en el horizonte el río se perdía de improviso. Mas allá solo se veía el cielo. Cayó en la cuenta que allí debía de haber una cascada o, peor aún, una catarata, un gran salto que la despediría al vacío. Sintió como la adrenalina comenzaba a recorrer su cuerpo. El frío que sentía se transformó en el acto en una lava ardiente que recorría sus venas y atravesaba su corazón. Sus sienes le dolían. Un nerviosismo extremo, cargado de miedo, comenzaba lentamente a entumecerle la musculatura.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El bote se aproximaba sin obstáculos al límite con el horizonte. Se podía escuchar el ruido ensordecedor del agua al caer al vacío. El miedo paralizó a Lourdes. Se aferró con ambas manos a los costados del bote y cerró los ojos. No podía pensar en nada. No había imagenes, no había sonidos, solo podía escucharse el fluir de la sangre atravesarle su corazón. El curso del río se enangostaba mucho antes de caer al vacío. Una roca grande bloqueaba casi todo el paso. Con suerte el bote la esquivaría si la corriente lo quería, de lo contrario impactaría contra ella y sería otro fin, también trágico y tal vez el más rápido. Lourdes se mantenía fuertemente asida a los lados del bote. Podía sentir cómo sus dedos le dolían de tan fuerte que asía la madera. Fue entonces que le pareció escuchar una voz. Una voz que era conocida por ella pero que en ese momento no podía identificar. Tampoco podía saber de dónde le llegaba aquella voz. &lt;i&gt;“Debo estar enloqueciendo”&lt;/i&gt; pensó en un instante de lucidez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;“¡¡Lourdes, Lourdes!!”&lt;/i&gt; decía la voz que parecía provenir al principio desde dentro de su cabeza. Ella abrió los ojos tras escuchar su nombre. El horizonte estaba a su frente. Un cielo diáfano y puro se presentaba como el telón de fondo en un escenario teatral. Atinó a mirar a su izquierda y solo se veía el final del acantilado morir en la nada, en el abismo. Giró rápidamente la cabeza y observó la gran roca que a su derecha obstaculizaba el paso, y allí, justo encima de la roca, estaba aquel hombre que ella había conocido en la gran ciudad. &lt;i&gt;“¡El hombre del hostel “Roma”!”&lt;/i&gt;, exclamó en ese instante. &lt;i&gt;“¡Aquí, ayúdame por favor!”&lt;/i&gt;, gritó Lourdes con desesperación. El hombre se arrodilló sobre la gran roca y extendió su mano derecha hacia ella. Lourdes tomó la mano del hombre y se aferró con fuerza. Él pegó un tirón y levantó a la chica en el aire, mientras el bote caía al vacío perdiéndose en la bruma que formaba la gigantesca cascada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lourdes exhausta logró abrir los ojos y mirar al cielo. Sentía frío de repente. La roca helada la hacía estremecerse. El hombre a su lado le acarició el rostro y esbozó una sonrisa. Esa sonrisa le daba paz, hacía que ella se sintiera protegida, entre algodones.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Ya todo pasó -dijo el hombre.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Quién eres? -preguntó Lourdes con desesperación-, ¡dime por favor quien eres!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero el hombre no respondió. Solo continuaba con esa sonrisa a flor de labios que mantenía a Lourdes tranquila y con la sensación que nada en el mundo podía dañarla. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- ¿Quién eres? -volvió a preguntar ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;- Tú sabes quien soy -respondió él a su pregunta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En ese instante y aún con el eco de aquellas palabras en su mente Lourdes despertó asustada. Al abrir los ojos lo primero que vio fue la gran luna rodeada por el halo verdoso de humedad. Los ronquidos de la mujer gorda seguían llegando desde dentro de la habitación y todo parecía estar sumido en una extrema serenidad y normalidad. Rompió a sollozar poniendo su cara entre sus manos. Aquel sueño había movilizado sus emociones. Hizo que aquel hombre que ella buscaba apareciera en el sueño y la salvara de caer a un precipicio, la salvara de morir. Aparecía como un salvador, como alguien que le generaba una sensación de paz y tranquilidad, mientras que a la vez se sentía protegida. Era el mismo hombre del hostel, el mismo que había conocido años atrás en la ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras un rato de sollozos entró a la habitación y de la mochila sacó una petaca con coñac. Se sentó nuevamente en el balcón y dio unos tragos a la petaca mientras se secaba las lágrimas de sus ojos y mejillas con un pañuelo. El aire fresco de la noche ahora había potenciado el perfume dulzón de las flores. A lo lejos se escuchaba el murmullo de una radio y una música melódica de los años ochenta se dejaba oír. En ese instante pensó que la vida le tenía preparada más sorpresas. Que el sueño tal vez había sido un presagio de la vorágine en la que estaba plantada. El río y su corriente caudalosa parecía asociarse directamente con los días que últimamente había vivido. El hombre que al principio era desconocido en el sueño lentamente se acercaba al hombre que ella conocía en la vida real. Pero la gran pregunta que se formulaba mientras bebía era &lt;i&gt;¿porqué?, ¿quién era para ella ese hombre que tan enigmáticamente ahora aparecía en su vida?&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tras beber un poco se recostó al lado de la mujer gorda. Ya no escuchaba los ronquidos. Apoyó la cabeza en la almohada y contempló la luna. El halo de humedad lentamente había desaparecido y con él los efectos de aquel sueño.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1107079627905" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1107079627905" src="http://resources.safecreative.org/work/1107079627905/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html"&gt;26&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen: Fotografía pertenecienta a Ana Cabaleiro (http://cargocollective.com/anacabaleiro) - Montaje propio del blog)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-7490308849898870409?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/p0Y1WJz3D3k" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/p0Y1WJz3D3k/saint-exupery-veintisiete.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintisiete.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-8195954612438931108</guid><pubDate>Tue, 05 Jul 2011 21:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-07-07T12:35:09.725-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veintiseis)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-XvIeUVMTirM/ThXR4_GvnRI/AAAAAAAACgA/iCmX8rVo0vw/s1600/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcapitulo26%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://4.bp.blogspot.com/-XvIeUVMTirM/ThXR4_GvnRI/AAAAAAAACgA/iCmX8rVo0vw/s640/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcapitulo26%255D.jpg" width="458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTISEIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El camino, polvoriento, lleno de cantos rodados, se enanchaba llegando al pueblo. Desaceleré intentando que los diminutos golpes que ocasionaban las pequeñas piedras del camino al chocar contra el automóvil no lo dañaran. Tampoco quería que Marina despertara y se asustara. Al aminorar la marcha contemplé mejor el paisaje. La tierra era rojiza, el verde de la vegetación contrastaba de manera elegante inundando de color toda la visual. Solo una vez, hacía muchos años, tenía recuerdos de haber viajado a Misiones. Fue en un viaje de vacaciones, junto a mis padres. Lo que más me había llamado la atención de aquel viaje fue cómo papá conocía de bien todos los lugares. Él había nacido en un pequeño pueblo misionero, y había conocido a mí madre allí también. En aquellas vacaciones ambos parecían un poco distantes. Mientras mi padre tenía un rostro espléndido y desbordante de alegría mi madre se la notaba seria, apesadumbrada, lejana; como si aquel viaje no significara para ella lo mismo que para nosotros. Esas imágenes las recuerdo siempre. Yo pensaba ¿por qué mamá está como triste?, pero por más que se lo preguntase ella lo negaba. Automáticamente,  tras mis preguntas, ella sonreía, me daba un beso en la frente y decía: &lt;i&gt;“No, hijo, no estoy triste ni melancólica, solo un poquito pensativa”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue en ese viaje que mis padres discutieron por primera vez, o al menos fue la primera vez que yo los escuché discutir. Lo hicieron levantándose la voz bastante fuerte y con mucha gesticulación. Mi madre, que siempre había sido una mujer sensible y de sonrisa dulce, ese día lloró. No es lindo ver llorar a tú madre. Te causa un nudo en el estómago, una impotencia cuyos límites te son desconocidos hasta ese momento. Después de la fuerte discusión se sentó en la cama del hotel donde nos alojábamos y tras poner sus manos en el regazo rompió en llanto nuevamente. Esta vez el llanto era mucho más amargo y sentido. Mi padre salió de la habitación dando un portazo. Yo corrí a los brazos de mi madre y con mis pequeñas manos quitaba las lágrimas que caían por sus mejillas. Sentía que el corazón se me arrugaba. Mi madre me apretó contra su pecho y siguió sollozando sobre mi cabeza mientras me daba diminutos besos en la mollera: &lt;i&gt;“ya pasará… ya pasará… todo está bien…”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estacioné el automóvil en una estación de servicio, necesitaba cargar combustible. Marina aún dormía profundamente. Decidí estirar un poco las piernas mientras el chico de la estación manipulaba el surtidor y cargaba el combustible. Tras respirar un par de bocanadas de aire puro podía sentir la diferencia con la gran ciudad. La sensación de libertad siempre me había parecido una de las cosas más fantásticas sobre la Tierra, y allí podía percibirse como flotaba en el ambiente. Los pájaros, el sol, el sonido del viento a través de las hojas, la quietud, todo conformaba un ecosistema perfecto del cual era imposible no percatarse. De algún modo me sentía feliz de estar en aquel sitio. Ahora, el fin de aquel viaje tenía mucho más sentido que al principio. Fue como si una vez que caminé por aquella tierra de repente todo encajara a la perfección. Como si un gran rompecabezas gigante, con piezas que jamás habían encajado, ahora, y gracias a un golpe de acción de la vida, se comenzara a acomodar y yo podía percibirlo. Una fuerza interior me decía que estaba cerca, que el camino que había tomado en busca del libro me llevaría directamente a conocer más sobre mis padres y a desentrañar parte de su historia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volví tras unos minutos de caminar bajo el sol a pagarle el combustible al playero. Era un chico de no más de veinte años, menudo, y de brazos fornidos. Se lo notaba amigable y simpático.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿De dónde es, señor? –preguntó el chico.&lt;br /&gt;
- De la provincia de Córdoba.&lt;br /&gt;
- Ahhh, Córdoba,  ¡qué lindo! Me gustaría conocer algún día. Tengo amigos que han ido a pasear en vacaciones y han vuelto muy contentos de allá. &lt;br /&gt;
- Sí, es lindo –respondí sonriendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El chico me miraba sonriente mientras jugaba con la visera de su gorra. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Quisiera hacerte una pregunta –dije- ¿Me podrías indicar la ruta a seguir hasta la iglesia catedral de Posadas?&lt;br /&gt;
- Claro -dijo el muchacho contornéandose un poco y sonriendo a la vez. Supuse que aquella petición mía le había resultado entretenida. Si bien todos los provincianos somos cordiales aquel muchacho lo fue mucho más.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras darme una serie de indicaciones me dio el vuelto de la paga del combustible.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Espero tenga buen viaje, señor. Le faltan unos kilómetros todavía pero el tiempo está bueno y llegará rápido.&lt;br /&gt;
- Sí, eso espero -respondí con cierto suspiro esperanzador.&lt;br /&gt;
- Ahora, ¿puedo preguntarle algo yo? -dijo el muchacho.&lt;br /&gt;
- Claro&lt;br /&gt;
- ¿Porqué busca la iglesia Catedral en Posadas?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la pregunta del muchacho se me formaron un par de respuestas posibles para darle pero ninguna salió más allá de mis labios. Fue como si una profunda emoción me bloqueara por completo. Difícil de explicar, mucho más increíble fue sentir aquella sensación, hice lo que pude al responderle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No sé... mejor dicho, sí, sé... pero es algo complicado. Tiene que ver con mi historia, con mi vida, y la de mi familia.&lt;br /&gt;
- Ahhh -dijo él con cara de asombro-. ¿Sabe una cosa?, mucha gente va a esa iglesia a agradecer por promesas que hacen. Dicen que se cumplen. Le preguntaba por eso. Pensé que iba a agradecer por una promesa cumplida. &lt;br /&gt;
- No, no es por ninguna promesa. &lt;br /&gt;
- Bien, entonces le deseo buen viaje y que el fin de ese viaje le sea positivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le agradecí con una sonrisa y dándole la mano. Me subí al automóvil y tras encender el motor reinicié la marcha siguiendo la ruta que el playero me había indicado. Marina seguía durmiendo. Ahora tenía un mechón de pelo que le caía sobre el rostro y le proporcionaba un toque angelical. Me sonreí al mirarla. Me pareció que era una de las imagenes mas tiernas que había visto de ella ¿Porqué cuando dormimos parecemos ángeles?, tal vez sea porque dejamos nuestra armadura y casco de combate al lado y nos despojamos de todo lo que nos impregna de manera negativa, me dije. Conduje cincuenta kilómetros casi en línea recta. Solo había subidas y bajadas en la ruta. Ondulaciones propias de aquellos lugares. Finalmente mientras entraba a Posadas Marina despertó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Dónde estamos? -dijo toda somnolienta.&lt;br /&gt;
- Entrando a Posadas. Llegando a nuestro destino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estacioné el automóvil al costado de la plaza situada en frente de la iglesia Catedral. Eran las cinco de la tarde, poca gente caminaba por las veredas. De vez en cuando pasaban automóviles. El calor se hacía sentir bastante. Tuve la impresión que todos los pensamientos y elucubraciones que se habían comportado como lastre antes de realizar aquel viaje ahora habían desaparecido. Bajé del automóvil y abrí la puerta a Marina. Ella tras salir del vehículo se paró delante de mí y me miró fijamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Bueno, ya estamos aquí. Ahora veamos si estamos en la pista correcta.&lt;br /&gt;
- Avancemos -susurré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al entrar a la iglesia nos dirigimos a la sala de recepción que se encontraba a mano derecha. Ahí una monja atendía detrás de un mostrador. El mueble tenía un vidrio que debajo de él se exhibían Biblias, rosarios, estampitas y demas objetos cristianos. Todos estaban a la venta. Me resultó llamativo cuantas cosas un cristiano puede comprar. Jamás pensé que se podía hacer un negocio mercantil con objetos de religión. Después de observar detenidamente los objetos religiosos y de esperar que la monja terminara de hacer unas anotaciones en una planilla nos presentamos. La monja nos miró con atención. Casi podría decir que nos escudriñó milímetro a milímetro con su mirada. Supuse que pensó que éramos un par de locos turistas que venían tras alguna loca historia. Si fue ese su pensamiento tampoco estaba errado. La cosa fue que tras presentarnos y comentarle a la monja nuestro fin en aquella iglesia se quedó pensativa, como si el tiempo se hubiera congelado y ella con él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad hacía memoria. Durante aquel momento en que pareció estar en otro sitio revolvía dentro de su memoria la información que había quedado adherida a las paredes de su mente. Finalmente habló.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sí, recuerdo al padre que estaba a cargo de la iglesia por aquellos años. El padre Ernesto. Fue él quien llevaba adelante todas las gestiones de la iglesia, quien impartía las misas, quien se encargaba de las clases de catecismo y confirmación y quien recibía a los turistas una vez a la semana. Si hay alguien que podría saber sobre su padre y su madre es él -dijo la monja mirándome fijamente.&lt;br /&gt;
- Entonces, ¿dónde podría localizar al padre Ernesto? -pregunté sin rodeos.&lt;br /&gt;
- Eso está difícil -dijo la monja- él murió hace ya dieciocho años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A veces la vida nos tiende trampas. No siempre las trampas son mortales o para jodernos. No. Suelen ser fructíferas si sabemos sacarle el lado bueno y volverlo positivo. Sin embargo, después de escuchar a la monja decir que la única persona que podría ayudarnos había fallecido hacía dieciocho años atrás pensé que esta vez la vida además de tramposa había sido traicionera. Y también involucré al destino en ese pensamiento, pues sin él y sus artilugios la vida no sabría desenvolverse sola.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de escuchar a la monja, Marina me tomó del brazo y me susurró al oído que nos fuéramos. Asentí. La monja nos miraba como si contemplase a una de las tantas imagenes religiosas que la rodeaban. Le agradecimos la ayuda y nos dimos media vuelta y enfilamos hacia la puerta de hoja doble que estaba a la entrada de la iglesia. Caminamos a paso lento. Al llegar a la puerta miré hacia el interior de la iglesia. Observé los bancos de madera, las figuras de la Virgen María, del Corazón de Jesús, del Cristo crucificado. El altar estaba forrado en placas de mármol, y detrás de él había dos grandes ventiluces que dejaban pasar la luz solar. Dentro de la iglesia había un ambiente de quietud impresionable. Parecía una cúpula debajo de la cual el tiempo pasara a destiempo, sin prisa, y todo allí debajo desprendía cierta sensación de &lt;i&gt;tibieza&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Esperá un poco -le dije a Marina, y comencé a caminar hacia el altar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Noté que la monja nos seguía orbservando. Marina se quedó parada en el mismo lugar y me observaba desde otro ángulo pero tal vez con la misma cara de ingenuidad que la monja. Al llegar a unos pocos metros del altar me senté en uno de los bancos de madera. Estaba debajo de la cúpula, esa cúpula imaginaria que yo sentía irradiar tibieza. Crucé los dedos de mis dos manos y miré al Cristo crucificado. No recé. No. Solo me limité a mirarlo y a charlar en pensamientos con él. Así hacía cada vez que pasaba por delante de una iglesia y tenía ganas de charlar con Dios. Entraba, elegía un banco cercano al altar, y me ponía a charlar con él. Si rezaba era de manera automática, mecánica, y seguramente era porque mi interior me lo hacía expulsar por mi gran acumulación de pecados. Conversé con Dios por unos instantes. A solas. Marina y la monja seguramente me seguían observando desde la entrada. De repente me hice la pregunta si en alguno de aquellos bancos mis padres se habrían sentado durante alguna misa, o bien durante alguna visita a la iglesia. No lo sabía. Tal vez el único que podía saberlo era el padre Ernesto, pero se había llevado la respuesta a la tumba hacía más de dieciocho años. Enseguida quité el pensamiento de mi cabeza y volví a enfocarme en pensar en positivo, en cómo saber si esa era la iglesia donde mi madre había dejado aquel libro. Mientras observaba al Cristo crucificado analizaba de qué modo podía yo llegar a una pista, a algo que me condujera a desovillar aquella maraña. Entonces recordé que entre todos los datos que Marina había recolectado y las fotografías que yo tenía de aquella época en el baúl de mi madre había un par de ellas que eran de una plaza que no conocía. Siempre me había preguntado qué plaza era esa, pero jamás se lo pregunté directamente a mi madre. Tal vez fuera la misma plaza que se encontraba frente a la iglesia Catedral. Y si lo era podía aún existir algún vecino que me pudiera dar indicios de mis padres y su juventud en esa ciudad. Tal vez...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me levanté del banco y me persigné. Al darme vuelta observé que seguían ambas mujeres observándome, ahora con los ojos como platos, sin comprender en demasía mi actitud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Tengo una idea -dije a Marina- de cómo saber si estamos sobre la pista correcta o no.&lt;br /&gt;
- ¿Cuál idea? -respondió un tanto incrédula.&lt;br /&gt;
- ¿Te acordás de las fotografías que estaban en el baúl de mi madre?, había un par de ellas que eran de una plaza. Estaban en blanco y negro, o sepia, no lo recuerdo bien.&lt;br /&gt;
- Sí, en sepia. Ahora lo recuerdo. Y vos no sabías de dónde eran. Están en la mochila...&lt;br /&gt;
- ¡Exacto! -dije con exclamación- ¡esas mismas! Si las observamos con detenimiento tal vez podamos ver si se trataba de la plaza de enfrente o no. &lt;br /&gt;
- Bien. Puede ser -dijo Marina- ¿Y si no llegase a ser esa plaza?, ¿y si no fuera esta la iglesia, o ésta la ciudad donde ellos estuvieron por aquellos días?&lt;br /&gt;
- Entonces acá se termina todo -respondí a secas.&lt;br /&gt;
- ¿Todo?&lt;br /&gt;
- Sí, todo. No tiene sentido seguir buscando un libro por todo un país. Debemos volver al trabajo, los días de permiso que pedimos ya han sido muchos y la redacción debe de extrañar nuestra presencia... principalmente la tuya. Además, mi madre esté ahora donde esté sabe que hice el intento. Por más que no tenga aquel libro en mis manos he cumplido mi promesa.&lt;br /&gt;
- A medias -musitó Marina.&lt;br /&gt;
- Bueno, a medias o no, no importa. Al menos lo intenté.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fuimos hasta el automóvil, saqué la mochila y el sobre con fotografías que llevábamos dentro. No había más de siete u ocho fotografías. Todas habían pertenecido a mi madre y estarían desde hace años guardadas en el baúl que ella tenía para guardar sus cosas. Yo las había encontrado después de su muerte, por aquellos días en que empecé a reconocer mi casa natal como mi nuevo hogar. Sobre el baúl del automóvil puse las fotografías una a la par de la otra. Todas estaban en color sepia. Casi todas, solo un par estaban a color, pero colores muy desteñidos. Junté las dos fotografías que mostraban una plaza o plazoleta y las observé con detenimiento mientras cada tanto alzaba la vista y las cotejaba con la arquitectura de la plaza situada frente a la Catedral. Había muchas similitudes, pero de a ratos me parecía que no. Titubeé, no sabía si era esa la plaza o no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No estás seguro -dijo Marina.&lt;br /&gt;
- No, no lo estoy. Hay cosas similares pero otras distintas. Tal vez con los años la han remodelado, o no es esta plaza y es otra. No estoy para nada seguro, Marina.&lt;br /&gt;
- Está bien. Si quieres vamos a comer algo y después volvemos y damos otra mirada.&lt;br /&gt;
- Me parece bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Subimos al automóvil y comenzamos a desplazarnos lentamente. Mientras atravesaba la plaza la contemplé y nada me indicaba que fuera esa la plaza de la fotografía. Sí había similitudes, pero no estaba el ciento por ciento seguro. Tampoco vivía el cura que había estado a cargo de la iglesia por aquellos años, y entonces todo se complicaba. No podía dejar de sentir un nudo en mi pecho. No hay nada más frustrante que no encontrar cabos y sentirte a la deriva, como si fueras un náufrago que despierta en medio del océano y de repente siente su condición de abandono en ese instante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cruzamos la esquina de la plaza y enfilamos hacia el centro de la ciudad. Fue en ese momento cuando algo fugazmente me pasó por la mente. No sabía qué era pero algo sentí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Pasa algo? -preguntó Marina.&lt;br /&gt;
- No, solo que no sé porqué algo me llama la atención y no sé definir que es. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conduje unas diez cuadras aproximadamente y aquella sensación cada vez se hizo más profunda en mí. Era como si una alarma interna se hubiera activado y su sirena no dejara de ulular desde adentro mío. Pero no sabía porqué ¿A qué se debía aquel sentimiento? Me ordené y dejé de pensar en ello. Llegamos a un bar, bonito, clásico, chiquito, y nos sentamos en una mesa ubicada en la vereda. Ya atardecía. Esa ciudad se veía magnífica al atardecer. Pedí una cerveza y Marina una gaseosa. Mientras esperábamos por unos sandwichs sorbíamos las bebidas en silencio. Ella hojeaba la carta y yo miraba la nada. La mirada se me volvía roma cada tanto y luego volvía a enfocarme en cualquier objeto estático o en movimiento. Me sentía vacuo, carente de todo. De repente, y como si fuera Newton en el momento que la manzana cayó sobre su cabeza, algo iluminó mi mente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- El mercado -dije- ¡El mercado!&lt;br /&gt;
- ¿Qué?, ¿qué dices? -dijo Marina un poco sorprendida por mi vozarrón y mi expresividad.&lt;br /&gt;
- El mercado, Marina. El mercado que está en la esquina de la plaza es el mismo de la fotografía. Es la misma construcción y tiene el mismo nombre ¡Es esa la plaza!, ¡es esa la iglesia!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No esperamos los sandwichs. Dejé dinero suficiente para pagar lo consumido y una docena de sandwichs sobre la mesa, y salimos rápidamente en el automóvil con rumbo a la iglesia. Debo decir que el corazón me galopaba. Me sentía como un niño que había descubierto un tesoro en medio de la arena de una playa extensa y solitaria. Mientras conducía veía como el sol lentamente se iba ocultando y el atardecer se apagaba. La imagen de Federico Moccia se me hizo presente. &lt;i&gt;“Tranquilo hijo, tranquilo...”&lt;/i&gt; parecía decirme. Intenté tranquilizarme, pero no pude. Mis manos sudaban agarradas al volante. Marina me observaba de soslayo. Creo que ella estaba tan nerviosa como yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1107059615311" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1107059615311" src="http://resources.safecreative.org/work/1107059615311/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html"&gt;25&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen: Fotografía pertenecienta a Ana Cabaleiro (http://cargocollective.com/anacabaleiro) - Montaje propio del blog)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-8195954612438931108?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/7TQATVZ3c9g" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/7TQATVZ3c9g/saint-exupery-veintiseis.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-XvIeUVMTirM/ThXR4_GvnRI/AAAAAAAACgA/iCmX8rVo0vw/s72-c/Aguilera%252C-Miguel---Saint-Exup%25C3%25A9ry-%255Bcapitulo26%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/saint-exupery-veintiseis.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-173645633516187267</guid><pubDate>Mon, 04 Jul 2011 21:39:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-07-04T18:39:35.246-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Libros Recomendados</category><title>"Tuya" de Claudia Piñeiro</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-qRp3QrOF90A/ThIyHrl2j7I/AAAAAAAACfo/b3YOI09cJuA/s1600/Pi%25C3%25B1eiro%252C-Claudia---Tuya-%255Bportada%255D-%255Boptimizada-para-dispositivos-moviles%255D.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/-qRp3QrOF90A/ThIyHrl2j7I/AAAAAAAACfo/b3YOI09cJuA/s1600/Pi%25C3%25B1eiro%252C-Claudia---Tuya-%255Bportada%255D-%255Boptimizada-para-dispositivos-moviles%255D.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El fin de semana pasado me leí como un relámpago el libro "Tuya" de Claudia Piñeiro. Lo devoré. De lectura ágil y sin problemas me fui adentrando cada vez más en la historia de una ama de casa a la cual le pasan distintas cosas en su vida matrimonial: infelicidad, engaño, desamor, etc. Es un policial con toques de novela negra el cual atrapa desde el primer capítulo. Cada uno de los personajes femeninos que aparecen en la novela tiene su "embrujo" a la hora de atraparte y hacerte entrar un poquito más sin dejarte dejar de leer. El personaje masculino, Ernesto, también tiene lo suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los personajes recorren ciertas facetas de personalidades muy contemporáneas, pasando por la ama de casa sumisa y sin expectativas, el hombre casado e infiel, la adolescente que atropella el mundo sin saber a dónde ir, los recuerdos de infancia que no pueden faltar para maltratar y hacer pesada una psiquis, y la infidelidad sumada al asesinato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recomendable. Te gustará.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-UQZm-zZ5ZAc/ThIywfvO6wI/AAAAAAAACfs/_xvZWLknR74/s1600/claudiapineiro.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/-UQZm-zZ5ZAc/ThIywfvO6wI/AAAAAAAACfs/_xvZWLknR74/s1600/claudiapineiro.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Claudia Piñeiro, escritora argentina.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-173645633516187267?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/axNMg0l1rj8" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/axNMg0l1rj8/tuya-de-claudia-pineiro.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/-qRp3QrOF90A/ThIyHrl2j7I/AAAAAAAACfo/b3YOI09cJuA/s72-c/Pi%25C3%25B1eiro%252C-Claudia---Tuya-%255Bportada%255D-%255Boptimizada-para-dispositivos-moviles%255D.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/07/tuya-de-claudia-pineiro.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-6447308031070022194</guid><pubDate>Tue, 28 Jun 2011 01:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-27T22:00:40.967-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veinticinco)</title><description>VEINTICINCO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caía la noche sobre el vecindario y  unas pinceladas rojizas aún persistían colgadas del cielo. El sol, ya casi fugado, daba paso a una noche que asomaba como larga y cargada de una atmósfera melancólica. Ambas mujeres preparaban la cena en la cocina del hotel. La mujer gorda cortaba delicadamente unas cebollas y Lourdes, con suma prestancia y cuidado, metía en una olla todos los ingredientes mientras revolvía el contenido a conciencia. No hablaban. Tan solo se limitaban a realizar cada una su trabajo en la cocina y a escuchar un programa radial que transmitía música de los años 70.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El día había sido largo para Lourdes. Se sentía aturdida y fuera de su eje. Seguía sin poder encajar las ideas y eso la ponía nerviosa. Desde niña había sido una persona metódica, bastante introvertida, de la clase de personas que guardan mucho para sí y les cuesta horrores contar y expresar sus pensamientos y sentires. Sus padres la habían aconsejado y guiado en los primeros años de su infancia y la adolescencia, y aquello había resultado en una mujer recta, de buenos y firmes principios y por sobre todo de simple mirada ante los actos de la vida. Pero esta vez los acontecimientos la superaban. Se sentía al volante de un automóvil deportivo en plena ruta a más de 300 km por hora. Ante el menor movimiento en falso sería imprevisible saber qué pasaría, que sería de su frágil vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez la cena estuvo lista la mujer gorda destapó un Cabernet Sauvignon y sirvió un poco en las copas. Comieron en el mismo silencio que  cocinaron. La mujer también se veía cansada por el trajín. A su modo, procesaba toda la información y recuerdos de la situación de Lourdes y eso le compungía el corazón. Pensaba que la vida estaba siendo injusta con una joven como aquella, pero que al fin y al cabo la vida misma era así: nadie podía predecir su curso, nadie podía torcerle el brazo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de cenar se despidieron y se dirigieron a sus habitaciones. La mujer gorda se durmió instantáneamente. Era de sueño fácil y pesado. En cambio Lourdes no la sacó tan barata. El insomnio se apoderó de ella y pasó gran parte de la noche contemplando el techo y las manchas de humedad de una de las paredes de la habitación. Afuera hacía una noche clara, sin viento, de una luz lunar amarillenta, desteñida, que no invitaba a nada. Entre tantos pensamientos rescató uno que brilló por sobre los otros. Recordó el hostel “Roma” y a aquel hombre que había conocido por ese tiempo. Reconoció nuevamente que todo aquello que ahora le estaba sucediendo se había originado con la búsqueda sin sentido de aquel hombre. Sin saberlo el destino la había conducido ante un nuevo portal en su vida. “Las cosas suceden de maneras ininteligibles”, se dijo. Y en efecto, tenía razón. Gracias a aquella situación entre el hombre, el hostel “Roma” y aquellos buenos días, ella ahora se encontraba ante un descubrimiento especial: la doble vida de su padre. Sin lugar a dudas el destino había echado mano a sus misterios e intrigas y había activado un puñado de sorpresas que la joven mujer debería de soportar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la mañana siguiente ambas se dirigieron al municipio. Un empleado municipal las recibió de buena forma, ofreciendo sus servicios. Era un hombre delgado, un tanto parco, pero sin embargo al estar unos minutos delante de su presencia uno podía cambiar de idea con respecto a la primera impresión. La mujer gorda explicó la situación. El empleado frunció el entrecejo y sus pestañas se juntaron casi un centímetro. Parecía que aquel acto activaba su memoria. Tal vez sería un método para que los recuerdos flotasen en su mente y luego poder captarlos y traerlos al presente. Después de un instante el hombre hizo un chasquido con sus dedos, algo así como un ¡eureka!, pero sonoro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Síganme –dijo haciendo un gesto por sobre su hombro-, creo que en el sótano quedan archivos sobre aquella época en unas cajas de cartón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres bajaron las escaleras que conducían al sótano. Tras encender una bombita de luz de bajo consumo el empleado reconoció las cajas arrumbadas en un estante, de entre otras.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Son esas –exclamó victorioso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras quitarle el polvo las depositó sobre una amplia mesa de madera que había en medio del sótano. Con la ayuda de un accesorio cortó los precintos que mantenían las cajas selladas y las abrió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Aquí están. Son estos todos los documentos que datan de aquella época y pertenecen a la hostería. Pueden mirarlos y también, aunque va en contra de mi cargo y responsabilidad, pueden fotocopiar algunos en la fotocopiadora del primer piso. Tómense el tiempo que necesiten. Cerramos a las 13 hs.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras decir esto el empleado dio media vuelta y subió las escaleras perdiéndose en ellas. Lourdes de manera nerviosa abrió de par en par las tapas de cartón y empezó a sacar parte del contenido y lo ubicó sobre la mesa. Había planillas, carpetas, fotografías, rollos y revelados fotográficos, juegos de llaves, y hasta una vieja radio a transistores de marca “Spica”, enfundada en un estuche de cuero negro. Se preguntó a quién habría pertenecido aquella radio, tal vez al señor Cruiff fue la primer respuesta que su mente disparó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante un par de horas miraron papeles sin sentido. Datos y más datos abarrotados en renglones y celdas de planillas. Información inconexa, fechas, importes de estadías, apellidos sin sentido y nombres de desconocidos. Nada. No había nada interesante.  Tampoco quedaba más que revolver dentro de las cajas. Lo habían revuelto todo de adelante hacia atrás y viceversa. La mujer gorda echó un suspiró al aire. Su rostro denotaba cansancio y un toque de fastidio. Lourdes continuaba mirando la papelería como si en ella pudiera existir algo más, tal vez algo nimio que se había pasado por alto. Pero por más que buscase e intentara encontrarlo nada salía a la luz. No había indicios de su padre dentro de aquellas cajas. El rastro había concluido ahí, o mejor dicho en la fotografía encontrada en la vieja hostería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cerca del mediodía ambas mujeres subieron las escaleras y dijeron al empleado municipal que la búsqueda no había sido fructífera. Éste, poniendo cara de afligido, estiró sus brazos y dio un par de palmaditas en los hombros de cada mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Tengan paciencia, si hay una verdad saldrá a la luz. La vida oculta pero también muestra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo ellas se miraron y parecieron decirse que en aquel momento la vida no quería mostrarles nada, al contrario, parecía que quería esconderlo todo. Salieron del municipio y Lourdes decidió caminar un poco. Necesitaba tomar aire y acomodar sus ideas, aunque más que eso necesitaba rehacerse, acomodar un poco los estantes desordenados de su interior. La mujer gorda entendió al vuelo lo deseado por la joven, y sin oponerse se subió al automóvil y se dirigió al hotel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dos días después, sin saber qué hacer y qué camino tomar, Lourdes decidió irse del pueblo y seguir rumbo a su ciudad. En lo más hondo de su ser presentía que todo aquello que había sucedido en ese lugar tenía un significado, que no había sido mera casualidad; no obstante no encontraba una respuesta, ni siquiera un pequeño indicio que le indicase el camino que debía tomar. Desilusionada totalmente comenzó a empacar sus pocas pertenencias. Era cerca del mediodía de un día Jueves. La mujer gorda repasaba números en una planilla dentro de la recepción y una mucama arreglaba camas y preparaba las habitaciones vacías.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si me voy ahora dejaré en paz a esta mujer. Lo mejor será volver y reordenar mis pensamientos y mi vida en la ciudad. Tal vez volver al asentamiento en el norte sea una salida favorable, o por qué no buscar un nuevo rumbo junto a otros grupos ecologistas, pensó. Una vez que la mochila estuvo repleta de sus pertenencias encajó el libro de “El Principito” que su padre le había regalado en uno de los elásticos de la misma y salió de la habitación. Tras bajar las escaleras se encontró con la sorpresa que afuera, justo delante de la recepción del hotel, la mujer gorda hablaba con el empleado del municipio. El hombre parecía explicarle algo y la mujer, por la expresividad de su rostro, parecía un tanto perpleja. Cuando Lourdes llegó a la puerta el hombre dio media vuelta y se alejó caminando en dirección a la salida del hotel. La mujer gorda se quedó parada contemplándolo mientras en sus manos sostenía un paquete. Lourdes apuró el paso y llegó hasta la recepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Querida! –exclamó la mujer gorda al ver a Lourdes acercarse- ¡tengo noticias para ti! Mira –dijo la mujer mientras desenvolvía el paquete- ¡mira esto!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El papel que envolvía el paquete cayó al piso junto al hilo que lo sujetaba. Dentro de una caja de cartón estaba la radio “Spica” con estuche de cuero negro que habían visto en las cajas del sótano del municipio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es la radio que vimos en el sótano –dijo Lourdes un tanto confusa y asombrada por el objeto en sí.&lt;br /&gt;
- Sí, esa misma. Pero hay un detalle –comentó la mujer gorda mientras le quitaba la funda de cuero a la radio. Mira.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras quitarle la funda, la mujer posó la radio sobre el alféizar de la ventana de la recepción, tomó la funda de cuero y sacó de su interior una pequeña fotografía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Es mi padre! –exclamó Lourdes.&lt;br /&gt;
- Sí, es tú padre, querida Lourdes. Pero hay más, mira al dorso de la fotografía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La chica dio vuelta la fotografía y allí, como si fuese una señal divina, estaba escrito el nombre de su padre y una dirección perteneciente a una ciudad que enseguida sonó en su cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Te suena esa dirección? –preguntó la mujer gorda mientras acomodaba su rodete.&lt;br /&gt;
- No, pero sí la localidad. En ese pueblo sé que nació mi padre. Es en la provincia de Misiones. Él supo hablarme varias veces de su niñez y de lo bonito que era todo allí. Sus amigos, sus anécdotas de la infancia, el trabajo de mi abuelo, los quehaceres diarios de mi abuela paterna, la vida en sí que él tuvo allí. No olvidaría nunca algo tan importante. Pero esa dirección no la conozco.&lt;br /&gt;
- ¿Qué harás? –preguntó la mujer gorda.&lt;br /&gt;
- Iré –dijo decididamente Lourdes- necesito ir y ver si allí, en esa dirección de esa ciudad, existe algo que me una a mi padre y me aclare un poco más este lío. &lt;br /&gt;
- Es lejos, ¿te hará bien ir tan lejos? &lt;br /&gt;
- Lo sé, y sí, me hará bien, lo necesito, necesito saber toda la verdad.&lt;br /&gt;
- Supongamos que vas y allí no hay nada. Supongamos que es solo una dirección que tú padre tomó, o recordó, y la anotó ahí por solo vicio o como ayuda memoria. Si la dirección no fuera cierta o es errónea, ¿no crees que es mucho riesgo y una empresa demasiado grande para llevar a cabo?&lt;br /&gt;
- No. Usted no entiende –dijo Lourdes mirando fijamente a la mujer gorda- Yo necesito saber si tengo un medio hermano. Necesito saber si mi padre tuvo una doble vida y necesito saber si ese medio hermano hipotético vive o no.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces la mujer gorda asintió con su cabeza y abrazó a Lourdes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sí querida, te entiendo perfectamente –terminó susurrándole a los oídos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1106289557965" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1106289557965" src="http://resources.safecreative.org/work/1106289557965/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html"&gt;24&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-6447308031070022194?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/Onm3VFyt68E" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/Onm3VFyt68E/saint-exupery-veinticinco.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticinco.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-2161588107210918130</guid><pubDate>Sun, 12 Jun 2011 00:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-06-11T21:17:04.894-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veinticuatro)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-lKUZoIsHFy4/TfQFDCZsfmI/AAAAAAAACdM/iaFsCC1FnsQ/s1600/carretera3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/-lKUZoIsHFy4/TfQFDCZsfmI/AAAAAAAACdM/iaFsCC1FnsQ/s320/carretera3.jpg" width="288" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTICUATRO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mujer gorda acomodó su rodete mirándose en el espejo retrovisor del automóvil. Podría decirse que era una de esas mujeres que no descuidaban un segundo su apariencia. Enseguida tomó un lápiz labial y recorrió sus gruesos labios con él, confiriéndoles un tono carmín. Miraba de vez en cuando a Lourdes, que estaba sentada a su lado, con la mirada perdida y sus pensamientos vaya a saber en qué sitio. Finalmente guardó el lápiz labial en su bolso y bajó del automóvil. Lourdes la siguió. Ahora ambas estaban paradas frente a la vieja hostería, con sus miradas enfocadas en la omnipotencia que aún seguía desprendiendo la construcción. La fachada de la construcción se alzaba altiva aún tras el paso de los años. Había un silencio absoluto, casi nada parecía tener vida en los alrededores, y si no fuera por el murmullo del correr del agua del río todo se asemejaba a un sueño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Estás lista? –preguntó la mujer gorda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes asintió con la cabeza y entonces comenzaron a caminar hacia la hostería. Al cruzar la puerta de entrada Lourdes sintió un escalofrío, como si aquel paso hiciera convulsionar de algún modo a su ser interior. Le pareció que el interior tenía algo distinto a cómo lo recordaba de su anterior visita. “Tal vez sea la luz del día”, pensó, pero no quedó muy conforme con aquella auto-respuesta. A cada paso que avanzaban los recuerdos de su padre comenzaban a aflorar. Mientras más los traía al presente y analizaba menos podía entender lo que estaba sucediéndole. No encontraba ninguna fisura que delatara aquella posible doble vida de él. Aun así se sintió traicionada y dolida. Aquella imagen impoluta y venerada que ella mantenía sobre él ahora se veía claramente al borde de un abismo. La mujer gorda caminaba dando pasos cortos y seguros, como las personas que saben perfectamente hacia dónde se dirigen. Subieron las escaleras y caminaron sin decirse ni una palabra. Lourdes jugaba nerviosamente con un anillo que tenía en el dedo anular de la mano izquierda. Finalmente estuvieron delante de la habitación donde se encontraban los retratos. La luz del sol ingresaba por los dos ventanales que tenía la habitación. Las cortinas estaban rasgadas y sus puntas rotas, deshilachadas, tal vez comidas por roedores que seguramente eran ahora los únicos huéspedes del lugar. Todo estaba recubierto por una película muy fina de polvo, que daba una apariencia de manto blanco perpetuo sobre la superficie de las cosas. La mujer gorda avanzó hasta los portarretratos y deteniéndose frente a ellos los miró uno a uno como si aquellas imágenes la transportaran en el tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Reconoce a estas personas? –preguntó Lourdes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mujer gorda hizo una diminuta mueca y sus ojos quisieron cargarse de lágrimas que enseguida reprimió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sí, los reconozco a casi todos. Dime niña, ¿cuál es tú padre? &lt;br /&gt;
- Ese, el que está junto a la mujer y el niño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El portarretrato estaba tal cual lo habían dejado días atrás Lourdes y Enrique, inclusive tenía marcados los dedos sobre el polvo que recubría el vidrio. La mujer lo tomó entre sus manos y lo acercó lo suficiente para observar a las personas fotografiadas. Inmediatamente esbozó un gesto que a Lourdes le pareció de admiración, sorpresa tal vez; luego una leve sonrisa se dibujó en sus labios color carmín.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sí, sí, recuerdo a este hombre. Yo era niña y solía venir en bicicleta a jugar de este lado del río. Los Cruiff querían mucho a los niños del pueblo, tal vez porque ellos no habían podido tener hijos, y a mí siempre me tuvieron como entre algodones. Me solía sentar con ellos bajo la galería y desde ahí observábamos cómo los huéspedes iban y venían, o bien como pasaban la tarde junto al río. Algunos usaban la hostería como lugar de pernocte, otros como un sitio de descanso, y podían pasarse hasta una o dos semanas aquí disfrutando de la tranquilidad y el paisaje. Este hombre, el que tú señalas como tú padre en la fotografía, supo venir varias veces. Lo recuerdo bien. Siempre vestía correctamente y usaba saco y corbata. Era amable y cordial. Una o dos veces se dirigió a mi persona dándome un dulce. Le gustaba sentarse con la mujer de la fotografía a orilla del río mientras el hijo jugaba con los pies metidos en el agua. &lt;br /&gt;
- ¿El hijo de ambos? –preguntó Lourdes un tanto aturdida.&lt;br /&gt;
- Sí. Supongo que era el hijo, pues lo llamaba así cada vez que se refería a él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El rostro de Lourdes se transfiguró. Prontamente sus pómulos se cargaron de un color rosado intenso y sus ojos de lágrimas. Le fue imposible contenerse y desencajar un llanto, que aunque fue breve, fue muy sentido. La mujer gorda, en un acto reflejo, tomó a la chica entre sus brazos y ahogó su sollozo en su pecho. Aquella imagen causaría ternura a cualquiera y a su vez dolor. Un dolor enarbolado por la traición y por el engaño. Su héroe, el hombre que le había dado la vida, ahora solo era una mera imagen de su mente y su memoria. El nuevo retrato de él se asemejaba al de alguien desconocido, a una persona de la cual tan solo reconocía sus facciones pero a la cual no la vinculaba nada sentimental. Tras un rato de sollozar  la mujer gorda apartó a Lourdes y la miró a los ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Debes ser fuerte. No estás sola. Estás conmigo. Te ayudaré, no te dejaré sola –volvió a repetir.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes con los ojos rojizos y las lágrimas deslizándose por sus mejillas asintió con un movimiento de cabeza, aún siendo consciente que aquellas palabras provenían de una persona que era completamente desconocida para ella, tan solo alguien que el destino ahora había puesto en su camino y solo eso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es increíble que aún estos portarretratos sigan aquí. Este lugar ha sido morada de vagabundos, de parejas que vienen a tener sexo, inclusive se rumoreó que servía de aguantadero a ladrones rurales, y  sin embargo nadie tocó jamás estas fotografías. Todo está intacto tal cual como lo dejaron aquella mañana los Cruiff tras su partida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras la mujer gorda sostenía algunos portarretratos en sus manos se hizo un silencio en la habitación. Lourdes mantenía entre sus manos el portarretrato de su padre y recorría el rostro de él con la punta de su dedo índice, como si con aquella acción acariciara el recuerdo del hombre que ella tanto amaba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Sabes algo más de mi padre? &lt;br /&gt;
- A decir verdad no –respondió la mujer gorda-, aunque  sí recuerdo el nombre del niño porque ambos teníamos más o menos la misma edad y una vez jugamos juntos. Se llamaba Esteban. Sí, Esteban. Y la mujer, la que siempre consideré su madre, le decía “&lt;i&gt;Tebi&lt;/i&gt;” cariñosamente. &lt;br /&gt;
- “&lt;i&gt;Esteban&lt;/i&gt;”… -dijo Lourdes pronunciando la palabra con un todo delicado y lejano.&lt;br /&gt;
- Sí, Esteban –repitió la mujer. Si vive debe tener más o menos mi edad. Pero otro dato no puedo darte. Fue hace muchos años y solo recuerdo eso que te he contado. Mi memoria no es de las mejores, ya tiene sus años…&lt;br /&gt;
- Sí, gracias. Me sirve –acotó Lourdes. ¿Acaso se acuerda del nombre de la mujer?&lt;br /&gt;
- No, de ella no, nada. El hombre, bueno, tú padre, la llamaba por palabras tales como “amor” o “querida”, pero jamás se dirigía a ella por un nombre de pila.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“&lt;i&gt;Amor&lt;/i&gt;”, “&lt;i&gt;querida&lt;/i&gt;”, palabras que Lourdes al escucharlas no solo herían sus tímpanos sino que rasgaban directamente su corazón. Finalmente ambas dejaron los portarretratos que tenían en sus manos sobre el borde de la chimenea y salieron de la construcción. Una vez afuera, la mujer gorda se apoyó en el automóvil, sacó un atado de cigarrillos rubios de su cartera y puso uno entre sus labios. Hizo un convite a Lourdes, pero ésta lo negó con su cabeza. Raspó un fósforo y encendió el cigarrillo. Tras unas pitadas exhaló el humo de sus pulmones, tocó por un acto mecánico su rodete, y se quedó mirando perdidamente la costa del río. Ya era casi mediodía. Unas pocas nubes intentaban ahogar la luz del sol entre ellas pero no lo lograban. El humo del cigarrillo de la mujer se elevaba lentamente y se perdía a favor del viento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Vivirá? –dijo Lourdes.&lt;br /&gt;
- ¿A quién te refieres? –respondió la mujer gorda tras darse media vuelta y enfocar su mirada en la chica.&lt;br /&gt;
- Al niño. &lt;br /&gt;
- Tal vez. Yo estoy viva, y él tiene mi edad más o menos, como te dije. Seguramente vive ¿Qué estás pensando, niña?&lt;br /&gt;
- Quisiera saber de él y si es hijo de mi padre en realidad. Pero mientras más lo pienso menos se me ocurre cómo podría hacer para encontrarlo. No tengo datos. Solo sé que ese hombre era mi padre, de ahí en más no hay nada más que me lleve al niño.&lt;br /&gt;
- Mmmmm… -dijo la mujer gorda mientras daba otra pitada al cigarrillo. Tal vez haya una posibilidad de conectarte con él. &lt;br /&gt;
- ¿Sí?, ¡¿cómo?!&lt;br /&gt;
- Cuando la hostería se habilitó llevaba por reglamento un registro de sus huéspedes. Una copia de ese registro debía ser presentado mensualmente a la municipalidad del pueblo y al departamento de policía. Seguramente en alguno de los archivos de ellos esté registrado el nombre de tú padre y algún otro dato que te ayude a vincularte con el niño de la fotografía. Eso sí, antes, todo se hacía sobre papeles, no existían las computadoras, así que probablemente, si encontramos algo, deberemos nadar entre una maraña de papeles en algún sótano o archivero lleno de cajas. &lt;br /&gt;
- Eso me tiene sin cuidado –dijo Lourdes-, pues si existe tal posibilidad me encantaría poder aprovecharla y saber finalmente si ese niño es mi medio hermano o no.&lt;br /&gt;
- Entonces no lo pensemos más –dijo la mujer gorda. Pongámonos a trabajar.&lt;br /&gt;
Ambas  subieron al automóvil y mientras la mujer daba arranque al motor y se acomodaba el rodete frente al espejo retrovisor  Lourdes repasaba con un pañuelo su rostro quitándose algún dejo de lágrimas.&lt;br /&gt;
- ¿Te encuentras mejor, niña?&lt;br /&gt;
- Un poco. Esto era algo inimaginable para mí. &lt;br /&gt;
- Lo entiendo. Pero la vida tiene estas sorpresas, niña. A veces uno se levanta por las mañanas, abre las ventanas, ve un hermoso sol, un cielo radiante, y de repente, en un segundo, todo aquello se opaca por algún incidente o mala noticia. Eso es el destino. También podemos morir en un segundo, y cuando eso pasa ya está, ya todo ha pasado y pasamos a ser parte de un acto reflejo más del mismísimo destino. Sé que mis palabras no sirven de mucho, pero al menos intenta no polucionar tú cabeza con pensamientos negativos. Tener clara la mente te animará a tener el corazón tranquilo. Así como el destino fue capaz de ponerte esta sorpresa en tú camino de vida, también ya se está encargando de que tú le encuentres alguna respuesta. Después de todo no podemos zafarnos de su influjo. Quiérase o no siempre estamos atrapados dentro de su espiral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes asintió y dio un diminuto beso espontáneo en la mejilla regordeta de la mujer. Esta se sobresaltó y sonrió inmediatamente. Acto seguido ambas se abrazaron y se mantuvieron así, sin moverse, en aquella posición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la ruta el automóvil se dirigía al pueblo. Ambas mujeres iban en silencio, con la mirada perdida en la línea blanca del carril, y sus pensamientos iban enfocados en encontrar el inicio de aquella trama que el destino, sin tapujos, había puesto en sus vidas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1106129444035" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1106129444035" src="http://resources.safecreative.org/work/1106129444035/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintitres.html"&gt;23&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen: http://goo.gl/DhDGO )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-2161588107210918130?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/Cd5rG6qDihY" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/Cd5rG6qDihY/saint-exupery-veinticuatro.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/-lKUZoIsHFy4/TfQFDCZsfmI/AAAAAAAACdM/iaFsCC1FnsQ/s72-c/carretera3.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/06/saint-exupery-veinticuatro.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-1553375107880832588</guid><pubDate>Tue, 31 May 2011 15:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-05-31T12:47:53.287-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veintitrés)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-zWQJOTLU0RA/TeUNTGtI6TI/AAAAAAAACdA/TX03RU6FqaE/s1600/principito.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/-zWQJOTLU0RA/TeUNTGtI6TI/AAAAAAAACdA/TX03RU6FqaE/s1600/principito.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTITRÉS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuevamente anochecía a orilla del río. Lourdes aún continuaba ensimismada y rodeada de pensamientos que le proferían un profundo debate. En aquel anochecer la vieja hostería recibía las últimas luces del sol. Reptaban minuciosa y delicadamente por sobre su fachada, ingresando dentro de las viejas habitaciones –que seguramente en antaño habrían sido exquisitas estancias de disfrute-, dándole a la construcción una imagen de reposo cálido y tranquilo. Mientras la mirada de Lourdes quedaba atrapada por esa visión, el muchacho la esperaba sentado dentro de la camioneta, jugando con las llaves del vehículo y contemplando cómo la luz solar terminaba ahogada en las fauces del río.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquella construcción en sus años de resplandeciente juventud seguramente había albergado grandes historias. Tal vez muchas historias de amor, muchos encuentros, y desencuentros también. Ella imaginó por un instante sobre aquellos días que su padre pasó en la hostería «¿Por qué no me dijiste nunca nada, papá?»  Así, los pensamientos y las preguntas sin respuestas se volatilizaban en el aire y se mezclaban con los olores y las imágenes del lugar. «No, no lloraré» -se dijo-, y conteniendo las lágrimas en el borde de sus lagrimales apretujó los labios en una mezcla de dolor espiritual y rabia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El muchacho hizo sonar la bocina de la camioneta, y tras aquel sonido que rompió dramáticamente el silencio del lugar, hizo un gesto de partida. Lourdes asintió. Levantó su mano en ademán de solicitarle solo un minuto más, una pequeña fracción de tiempo para poder despedirse de aquel sitio. Rápidamente las luces del cielo terminaron perdiéndose en la oscuridad y las primeras estrellas se asomaron detrás de los sauces y álamos que bordeaban la costa del río. El muchacho encendió los faros de la camioneta y encendió el motor. El ruido se propagó como un sonido que rompía con la soledad y la tranquilidad del lugar. Finalmente Lourdes caminó hacia la camioneta, abrió la puerta y se sentó en el asiento del acompañante. Él la miró por un instante y entendió que ella aún estaba muy perturbada por lo sucedido. En lo que duró el viaje de regreso al pueblo ninguno de los dos habló ni una palabra. Solo se escuchaba el ronronear del motor y el silbido del viento colarse por las hendijas de las puertas. Lourdes parecía abatida, con una desolación inaudita. Jamás había imaginado que su padre, aquel hombre que era considerado por ella como un héroe, pudiera tener una doble vida, o al menos un affaire con otra mujer ¿Por qué engañar a su madre?, ¿acaso era una mala mujer?, ¡No!, ¡en absoluto! Y sin embargo algo de aquello había sucedido. Sin saber lo que había acontecido ella sintió que aquella falta de su padre lo manchaba para siempre en su inmaculada imagen espiritual. Fue destronado en el acto y el lugar que ocupaba dentro de su corazón ahora estaba cuestionado y cargado de acusaciones de las cuales seguramente no podría defenderse. A medio camino Lourdes miró por la ventanilla y contempló las luces del pueblo a lo lejos. Se preguntó si una noche como aquella su padre también habría viajado por aquella ruta y observado aquellas luces ¿Quién era la mujer de la fotografía? Una gran incógnita para ella, que horadaba en su interior y hacía arder el fuego de su desazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al llegar al pueblo el muchacho se detuvo en la entrada principal, justo debajo del arco de cemento del cual colgaba un cartel con el nombre de la localidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué deseas hacer? –preguntó él.&lt;br /&gt;
- No lo sé. Aquí no tengo a nadie y me queda poco dinero. Pasaré la noche en algún hotel o hostería y mañana al levantarme decidiré qué hacer.&lt;br /&gt;
- ¿Quieres quedarte en mi casa?&lt;br /&gt;
- Preferiría que no, gracias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En pueblos como aquel, las personas temprano dejaban de deambular por las calles y los comercios cerraban apenas los rayos de sol dejaban de calentar. La vida era austera y bastante monótona. Sin embargo era una vida clásica y tranquila para pueblos así, cuyos habitantes la adoptaban sin ningún tipo de contradicción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras estacionar la camioneta caminaron un par de cuadras hasta el hotel. Al llegar tocaron la puerta y una mujer gorda, con un gran rodete sobre su cabeza, les abrió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola Enrique –dijo la mujer- ¿Qué desean?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El muchacho saludó con una sonrisa a la mujer y quedó mirando a Lourdes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Enrique te llamas? –preguntó Lourdes.&lt;br /&gt;
- Sí, Enrique es mi nombre. No me has dado tiempo a que te lo diga.&lt;br /&gt;
- Sí, es curioso. Hemos estado casi un día juntos y no te he preguntado tú nombre –dijo ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras ambos se miraban y mantenían la charla la mujer gorda los observaba de manera perpleja. No entendía de qué hablaban pero sospechó que seguramente cierta atracción entre ellos estaba presente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Pasen chicos, hace frío ya.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes pidió habitación por una noche. Tras llenar un formulario colocando sus datos pagó y cargó al hombro su mochila.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Gracias, Enrique. &lt;br /&gt;
- ¿Seguro que estarás bien?&lt;br /&gt;
- Seguro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El muchacho tomó las llaves de la camioneta, se despidió de la mujer gorda y tras darle un beso en la mejilla a Lourdes partió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿De dónde eres? –preguntó la mujer gorda.&lt;br /&gt;
- De Córdoba, dijo Lourdes.&lt;br /&gt;
- ¿Capital?&lt;br /&gt;
- Sí.&lt;br /&gt;
- ¿Y qué haces por acá?&lt;br /&gt;
- Solo de paso. Es que he venido viajando y he decidido quedarme aquí por un día. Deseaba conocer el pueblo. Ya sabe, simple curiosidad…&lt;br /&gt;
- No tienes cara de que hayas descubierto algo bonito en nuestro pueblo. Es una lástima… -dijo la mujer.&lt;br /&gt;
- Pues… sucedió algo que me ha afectado mucho. Algo relacionado con mi pasado.&lt;br /&gt;
- ¿Quieres contarme?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes titubeó por un instante y se mordió el labio inferior de manera sutil ¿Por qué debería contarle a una desconocida lo que había sucedido?, ¿acaso ella se metería en su pellejo sintiendo lo que le pasaba por dentro?, no, seguramente no, pero interiormente sentía la necesidad del desahogo, de quitarse el pesado lastre que la mantenía hundida en aquel sentir gris y frío en el que se había sumergido tempranamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es algo relacionado con mi padre. He ido a la vieja hostería, la que está a la orilla del río, y en una de las habitaciones he visto una fotografía en donde aparece mi padre junto a una mujer y una niña.&lt;br /&gt;
- Ahhh, la vieja hostería. Sí. Fue abandonada hace muchos años. Luego vendida y vuelta a abandonar, hasta que la municipalidad la compró y la dejó abandona una vez más. Suelen ir las parejas jóvenes a profundizar sus amoríos. También los cazadores de palomas, dicen que en su interior hay muchas palomas. También he entrado alguna que otra vez cuando era más joven y sé a qué fotografías te refieres. Nadie las ha tocado, ¿has visto?, es como si fuera un pequeño santuario con los recuerdos de las personas que pasaron por allí alguna vez. Los dueños de la hostería eran un matrimonio de ancianos, el señor Cruiff  y su esposa, Anastasia, sin hijos, que tras venderla se marcharon a Santa Fe. Nunca más supimos de ellos. Al irse solo se llevaron lo puesto y una valija. Se subieron al automóvil y jamás regresaron. Quedó todo como estaba. La empresa que luego compró la hostería empezó a demoler una parte y cuando el municipio le puso trabas dejaron todo como estaba, retiraron la maquinaria y partieron. Desde entonces, niña, aquella construcción es el claro ejemplo de la burocracia y el olvido.&lt;br /&gt;
- ¿Quiénes eran las personas de las fotografías?, ¿usted las reconoce? –preguntó Lourdes.&lt;br /&gt;
- A algunas sí. No a todas. &lt;br /&gt;
- Si viera la fotografía, ¿me diría sí reconoce a alguien en ella?&lt;br /&gt;
- Claro –dijo la mujer gorda- ¿eso te ayudaría en algo?&lt;br /&gt;
- Sí, claro, ¡por supuesto!&lt;br /&gt;
- Pues entonces si lo deseas mañana por la mañana iremos a la hostería, me muestras a qué fotografías te refieres y veo si recuerdo quien es.&lt;br /&gt;
- ¡Magnífico! –exclamó Lourdes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en su habitación y rodeada de la soledad de la noche Lourdes se tapó con una manta y quedó así, en posición fetal, contemplando la luz del velador. Solo se oía el constante silbar del viento y el ruido de las hojas de los árboles moverse gracias a él. Sentía una sensación extraña, como si delante de ella, en el camino de su vida, una puerta apareciera de repente y la invitara a pasar, a conocer cosas inimaginadas que sucedieron hace mucho tiempo, en aquel tiempo en que ella había vivido y construido una imagen de su vida que no era tal como lo pensaba. Sumida en aquellas cavilaciones subió la manta hasta tapar sus orejas. Solo sus ojos quedaron al descubierto para seguir observando los objetos de la habitación que poco a poco fueron difuminándose. Finalmente, tras un largo rato, se durmió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al alba los gallos del vecindario comenzaron a cantar. Aquel sonido campestre la despertó de golpe causándole un susto. Todo su cuerpo se puso tenso, recordó de golpe todo lo sucedido el día anterior. Pensó si la mujer gorda ya estaría despierta. Tal vez sí, se dijo. Había dormido vestida durante toda la noche. La cama estaba casi intacta y la habitación fría. Abrió la mochila y sacó el libro que venía leyendo. Acarició su tapa y frunció sus labios. Aquella sensación que se producía en ella al tocar el libro era única. El libro había sido un regalo de su padre. Lo leía cada vez que en su vida sentía necesidad de estar en contacto con él y su recuerdo. Recordó en ese instante el momento en que su padre se lo había regalado. Ella era pequeña y habían ido a jugar en la hamaca de la plaza de juegos del barrio donde vivían. Era primavera, día soleado, brisa estival, sol pleno. Mientras ella se hamacaba su padre la observaba desde un banco a pocos metros. La sonrisa de él parecía inmaculada, con destellos en sus dientes que eran propinados por los rayos del sol. Cada vez que la hamaca iba hacia delante ella observaba la sonrisa de su padre, luego el cielo celeste, el vacío, y la nada. Al volver, su estómago se estremecía, y asía con fuerza las cadena de la hamaca; sin embargo, si caía, por más que se lastimase, su padre estaría allí. Él era su héroe. Él la socorrería, quitaría las impurezas y suciedad de las heridas, limpiaría la sangre, le haría una nana, y la acunaría entre sus fuertes brazos cantándole una canción que la abstraería del mundo de los vivos, del dolor, y la depositaría en el mundo de los sueños. Después de un rato de hamacarse, ya cansada, bajó y corrió a los brazos de su padre. Lourdes se sentía feliz. Aquel recuerdo había quedado impregnado en su memoria como un recuerdo feliz. Podía aún sentir la tibieza del sol sobre sus mejillas, la sensación en el estómago al hamacarse y ver la sonrisa de su padre resaltar entre todas las cosas. Jamás olvidaría aquel momento. Tras correr a los brazos de él, ambos se abrazaron y quedaron así por un corto rato. Él le acariciaba sus cabellos mientras ella mantenía los ojos cerrados y se rendía ante aquella ternura. La sensación de suavidad le recorría todo el cuerpecito. Su padre era el rey sol en el sistema solar donde ella vivía y deseaba estar. Al cabo de un instante su padre le habló:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Quiero darte algo, hija. Es un regalo.&lt;br /&gt;
- ¿Para mí, papá?, ¿un regalo para mí?&lt;br /&gt;
- Sí, para ti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Él sacó de su portafolios un regalo envuelto en un papel brillante con dibujo de ositos de peluche y un moño rosa enorme. Lo puso en las manos de ella y le besó la frente. La niña observó el regalo por un instante y pasó la palma de su pequeña mano por sobre el papel. Tocó el moño, sus curvas, palpó la textura del mismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Gracias papá.&lt;br /&gt;
- ¿No lo abrirás? –preguntó él.&lt;br /&gt;
- Sí. Lo abriré. Pero, ¿me dirías tú qué es?&lt;br /&gt;
- No, pues dejaría de ser un regalo, Lourdes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aquellas palabras tenían razón. La esencia del regalo se perdería, la magia del mismo acto se perdería, por ello Lourdes no insistió. Tras terminar de palpar la cubierta del regalo y su moño comenzó a quitar uno a uno los diminutos trozos de cinta adhesiva que sujetaban el papel. Así lo hizo hasta que el último zafó y el papel cayó al suelo junto al moño. Ahora en sus manos había un libro, que no era nuevo, sino usado, con la puntas de sus hojas ajadas, su tapa un tanto descolorida y en ella, en medio de la tapa, el dibujo de un príncipe con capa roja montado sobre un asteroide.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es un libro viejo, Papá –comentó Lourdes un tanto desmotivada y sin magia.&lt;br /&gt;
- Sí, lo sé, hija. Ese libro lo tuve yo cuando era niño. Me lo dio tú abuelo. Fue un regalo que me hizo él cuando yo tenía tú misma edad. Y ahora yo te lo regalo a ti. Es tuyo. Quiero que lo leas y que te maravilles con su historia ¿Has escuchado hablar de este libro?, del ¿“Principito”?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes negó lentamente con su cabeza mientras seguía observando el dibujo de la tapa del libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Entonces verás que es un libro mágico y que las enseñanzas que hay dentro de él te servirán siempre en la vida, hija.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su padre la estrujó entre sus brazos fuertemente mientras ella sostenía en una mano el libro casi a punto de caérsele al suelo. Mientras él la oprimía ella aún sentía la desazón de no tener un libro nuevo. Era un libro viejo, ya usado, sin la magia que tienen los libros nuevos. Sintió a su vez que su padre al no regalarle un libro nuevo no la quería tanto como ella pensaba y eso la angustió; sin embargo no lloró ni dejó que su sonrisa se borrara de sus labios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa tarde al regresar a su casa Lourdes guardó el libro dentro de su armario y lo cerró con dos vueltas de llave. Luego, cerca de los quince años de edad, cuando su padre ya había fallecido, mientras limpiaba y organizaba aquel armario se había vuelto a encontrar con el libro. Lo leyó entonces por primera vez y tras llegar a su fin pudo suspirar y decirse a sí misma cuanto debía de agradecerle por aquel libro a su padre; pero eso no iba a poder ser posible. Aquella sensación de cosa no acabada la persiguió siempre. Cada vez que recordaba el libro o lo sostenía en sus manos recordaba aquel día en la plaza de juegos y la sonrisa de su padre anhelando que en su lectura encontrara tal vez muchos de los mensajes que él mismo no sabría darle o no llegaría a darle nunca.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron tres los golpes que sonaron en la puerta. Diminutos, casi inaudibles, pero tres golpes al fin. Lourdes abrió la puerta y frente a ella estaba la mujer gorda, con su rodete en medio de la cabeza y su cara hinchada aún por el sueño nocturno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Estás lista? –preguntó la mujer.&lt;br /&gt;
- Lo estoy –respondió Lourdes esbozando por primera vez una leve sonrisa después de tanto tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1105319344179" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1105319344179" src="http://resources.safecreative.org/work/1105319344179/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintidos.html"&gt;22&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen: http://is.gd/dwDq4H )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-1553375107880832588?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/0PB_lM_t5-8" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/0PB_lM_t5-8/saint-exupery-veintitres.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-zWQJOTLU0RA/TeUNTGtI6TI/AAAAAAAACdA/TX03RU6FqaE/s72-c/principito.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintitres.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-6486954824688634551</guid><pubDate>Fri, 27 May 2011 20:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-05-27T17:55:37.481-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veintidos)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-vXRGF896KtE/TeAPDTDHhDI/AAAAAAAACc0/1C3N_e78v28/s1600/tumblr_llr6woUT6H1qgzi8do1_500.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://4.bp.blogspot.com/-vXRGF896KtE/TeAPDTDHhDI/AAAAAAAACc0/1C3N_e78v28/s640/tumblr_llr6woUT6H1qgzi8do1_500.jpg" width="609" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTIDOS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Subido a una silla de madera logré rescatar de entre varios bultos una mochila, un bolso de viaje pequeño que poseía rueditas y una valija. Todo estaba en la parte superior del placar en la habitación que había sido de mi madre. Ni bien tuve los accesorios comenzamos a guardar nuestras pertenencias con Marina y nos preparamos para iniciar un viaje, el cual tendría un inicio pero no sabíamos cuando llegaría su fin. En la redacción del multimedios pedimos vacaciones por adelanto y dejamos dicho que si nos demorábamos seguiríamos de vacaciones unos días más sin goce de sueldo. No hubo problemas con ello. A Marina le debían vacaciones atrasadas, y a mí, siendo su pareja, no me presentaron ningún tipo de objeción ante el pedido, después de todo no saldría dinero de sus bolsillos para pagarme el sueldo si entraba en infracción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos dirigíamos al norte del país, al pueblo donde mis padres se conocieron y donde sucedió aquello del libro. Habíamos buscado en internet información referente a la localización del pueblo, a las rutas de acceso, y sobre las iglesias del lugar. Marina se había tomado el trabajo de imprimir toda aquella información y luego organizarla y clasificarla en una carpeta. Ella se había tomado en serio aquello de ayudarme a encontrar el libro. Tal vez yo no estaba con tanta fuerza como ella para lograr el objetivo. Sin embargo, ella no me dejaba titubear. Los días previos al viaje en cada momento libre nos buscábamos en la redacción y nos concentrábamos ambos en recopilar la información necesaria para enfocarnos rápidamente en la búsqueda del libro. Si ella veía que yo me dispersaba en el acto me volvía en sí dándome alguna tarea, tal como buscar localidades en un mapa, ver cuales estaciones de servicio teníamos cerca y en dónde podríamos parar para pasar las noches. Fue una ardua tarea pero finalmente arrojó buenos frutos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez llenos el bolso de viaje y la valija metí dentro de la mochila la carpeta con toda la información, una linterna, el teléfono celular, un par de libros (novelas negras) y unos cuantos discos compactos con música que nos gustaba a ambos. Iniciamos el viaje un día viernes por la tarde tras salir del multimedios. Al principio, durante los primeros kilómetros recorridos, sentí la misma sensación que cuando salía de vacaciones y me dirigía a la costa argentina o bien a las cálidas playas brasileras. Sin embargo, ese no era un viaje de vacaciones, no; más bien era un viaje hacia el pasado, el cual de algún modo me permitiría conectarme con el comienzo de la historia de mis padres. Por más que me pareciera algo simple y sin complicaciones podía percibir que dentro de mi interior se generaba una especie de remolino que terminaba, tras un tiempo de sentirlo, con un dolor de estómago y mis nervios anudados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿En qué piensas? –preguntó Marina mientras me miraba de soslayo.&lt;br /&gt;
- En esto. En el viaje. En nosotros. En el pasado que deseamos desenterrar. &lt;br /&gt;
- ¿Y te sientes bien con ello?&lt;br /&gt;
- Supongo –respondí a secas- aunque la verdad que tengo anudados los nervios y me duele el estómago.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ruta era por demás recta. Aburrida, lánguida, sin nada que causara una distracción para la vista. Marina al poco tiempo de partir comenzó a cabecear y a dormitar, hasta que finalmente cedió y se durmió profundamente. Coloqué un disco compacto de U2 en el aparato reproductor y ubiqué el volumen bien bajo. En los días previos al viaje había realizado una compilación con temas de U2 que me gustaban. Ese mismo disco era el que en ese momento me abstraía por completo del paisaje tan desolador y del viaje tan monótono.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras la música salía de los parlantes me sumí en pensamientos. La delgada línea blanca de la ruta parecía sumergirme aún más en ellos cada vez que fijaba mi vista. Recordé de pronto a la chica de los piercings y me pregunté qué sería de su vida. Hacía mucho tiempo que mi mente no se preguntaba por ella. Seguramente mi memoria había escondido su recuerdo y no deseaba traerlo al presente dado que yo estaba disfrutando de una felicidad plena junto a Marina. También pensé en Lourdes y en los días del hostel “Roma”. Me sentía extraño ante aquellos pensamientos. En realidad sentía que era un espectador sentado en la butaca de un cine viendo a sus recuerdos pasados como si fuesen parte de una película muda, llena de imperfecciones y descolorida. Sentí nostalgia por ello. Y, tras volver a la realidad, miré mis manos sobre el volante y suspiré hondo. La vida de algún modo seguía y en su andar había elegido para esas mujeres y para mí caminos distintos. Tampoco quise pensar en el porqué de aquellas bifurcaciones, como así tampoco lo hice en el momento que la vida misma me había unido a ellas. Recordé el tatuaje del Principito que Lourdes llevaba en su brazo y el momento en que lo visualicé dentro de aquel colectivo en el que ambos viajábamos y éramos unos completos desconocidos. Ese pensamiento lo sentí con demasiada fuerza. Aún hoy, al rememorarlo, pienso cuán importante debió haber sido para mí aquel día esa visión. Seguramente mucho, y más con todo lo que aconteció después.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hicimos casi doscientos kilómetros de un tirón y decidí parar a pasar la noche en un hotel. Justamente, y tras revisar el mapa, estábamos cerca de un pequeño pueblo a la salida de la provincia de Santa Fe. El anochecer se había hecho dueño del cielo y los faros del automóvil que conducía se perdían en la lejanía como si más allá, justo donde estaba el horizonte, no existiera más nada, tal vez el fin del mundo. El pueblo era no mayor a diez manzanas. Poseía una estación de combustible (incluido GNC), una iglesia, una terminal de colectivos y una escuela. A la hora que ingresamos en él no se veía casi nadie en sus calles. Solo un par de automóviles recorriéndolo y unas pocas personas caminando por sus veredas. El hotel estaba a la salida del pueblo, por ende lo atravesamos por completo para llegar a él. Marina seguía dormida. No había despertado ni con las luces de mercurio que bañaban su rostro por completo. Cimbroneé su hombro y despertó asustada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué?, ¿qué pasa? &lt;br /&gt;
- Nada. Despierta, ya hemos llegado a un hotel. Pasaremos la noche aquí y mañana, al alba, seguiremos viaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos tocó una habitación pequeña, con una cama matrimonial de dimensiones reducidas, un televisor y un diminuto cuarto de baño. Marina fue la primera en ducharse. Estuvo bajo el agua caliente casi una hora completa. Yo me había tendido en la cama y mataba el tiempo pasando canales en el televisor. Por la ventana de la habitación se podía observar cómo un fuerte ventarrón azotaba los álamos que demarcaban la entrada al hotel. Me había parecido que aquel hotel estaba vacío, pues esa sensación la terminó de confirmar mi memoria cuando recordó que no había visto ningún automóvil en las cocheras, ni luces encendidas en las demás habitaciones. Mientras escuchaba caer el agua de la ducha lentamente comencé a dormitar. Mis nervios se habían relajado y mi cuerpo pedía un descanso a costa de todo. El control remoto cayó al lado de mi cuerpo y me dejé llevar por el sueño.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supongo que dormí una media hora hasta que Marina se metió bajo las sábanas y con aquel movimiento logró despertarme. Se acurrucó a mi lado y besó mi mejilla. Yo aún estaba bajo los efectos del sueño, pero aún así su gesto me pareció cálido en aquel momento. Con dificultad y mucho desgano me dirigí al baño a ducharme. Ella quedó en la cama, en silencio, casi dormida. Al abrir la ducha un chorro de agua caliente dio de lleno en mi pecho y terminó por despertarme. Apoyando mis manos sobre los cerámicos de la pared dejé que el agua cayera directamente sobre mi nuca y luego se esparciera por el resto de mi cuerpo. Así me mantuve largo rato, con la mente en blanco, solo sintiendo el calor que desprendía el agua recorriéndome cada milímetro del cuerpo. Me jaboné a conciencia, lavé mi cabeza, y al quererme afeitarme caí en la cuenta que no había comprado una máquina descartable para rasurarme. Finalmente, después de casi una hora –el mismo tiempo que Marina había usado para su ducha-, salí del baño envuelto en un toallón. Me recosté lentamente en la cama y me tapé hasta las orejas. No quería hacer el menor ruido para que ella no despertara. Afuera, una luna enorme, blanca, con ribetes grises, se alzaba sigilosa en el cielo. Su luz se complementaba con las luces de mercurio de la ruta y se colaba por la ventana de la habitación. Parecía una noche magnífica, silenciosa, cargada de paz por donde se la mirase. Atiné a cerrar los ojos y conciliar el sueño, pero no pude. Cualquier cosa me distraía: el ulular del viento, el mecerse de los álamos de la entrada y las sombras que estos proyectaban dentro de la habitación, el sonido de mi propia respiración. En esos minutos en los que el sueño brillaba por su ausencia me pregunté qué me había llevado a estar allí en ese preciso momento de mi vida. Era una pregunta un tanto general, casi sin una respuesta certera que pudiera sofocarla y callarla dentro de mi interior. Sin embargo, era una respuesta bastante interesante la que debía dar para responderla. Intenté quitarla de mis pensamientos y evadirme de ella, pero sentía que era hacerme trampa a mí mismo. Pensé entonces en buscarle un sentido a aquello que me estaba preguntando, un porqué que estuviera arraigado dentro de mi interior y sirviera como fundamento suficiente para contestar la pregunta y dejar tranquila mi conciencia.  Subí la frazada hasta tapar mi nariz y sentía cómo mi respiración calentaba  la sábana. También podía escuchar la suave respiración de Marina mientras dormía. El silencio que envolvía la habitación parecía estar expectante a la respuesta que mi interior elucubraba. Por fin, algo inició el proceso de responder. Y fue Marina, a quien yo creía dormida y rendida a los brazos de Morfeo, la que se encargó de tenderme una mano y ayudarme a encontrar esa respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿No puedes dormirte? –preguntó ella.&lt;br /&gt;
- ¡¿Estabas despierta?! –exclamé con sorpresa.&lt;br /&gt;
- Sí. No puedo dormirme. Difícilmente logre conciliar un sueño profundo en un lugar que resulta extraño y ajeno a mis costumbres. Principalmente la cama, algo que es sagrado para mí, es lo que encuentro más extraño.&lt;br /&gt;
- Sí. Es algo que le pasa a todo el mundo. Pero bueno, debemos dormir. Vamos, dale, intentemoslo. &lt;br /&gt;
- No se trata de intentarlo, se trata de lograr atraer el sueño y decirle a nuestro cuerpo y nuestra mente que nos rendimos ante él.&lt;br /&gt;
- Lo sé –dije convencido por su respuesta-, pero al menos si lo intentamos llamar podremos caer rendidos  ante él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marina calló por un instante. Luego se dio vuelta y quedó observando el techo. Finalmente volvió a voltearse y apoyando sus senos en mi torso besó suavemente mi cuello.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Dime, ¿qué es lo que no te deja dormir? –preguntó casi en susurros.&lt;br /&gt;
- Mis pensamientos –respondí.&lt;br /&gt;
- ¿Y qué pensamientos son esos?&lt;br /&gt;
- Me he estado preguntando el porqué de este viaje y cual es el fin de ahondar en el pasado. Porqué estoy aquí, ahora, en este preciso momento de mi vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Noté que hablaba sin entonación. Aquello que debía de ser una pregunta parecía no serlo y se asemejaba a un lenguaje casi carente de simbología.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Crees que el pasado es importante, Marina?&lt;br /&gt;
- Pienso que sí. Supongo que lo es para todos. Sin pasado difícilmente eres alguien.&lt;br /&gt;
- ¿Sabes que yo no pienso lo mismo? Me he preguntado muchas veces porqué desentrañamos las cosas que el pasado tapa con el polvo del tiempo y no encuentro mucho sentido a las respuestas que me doy. Si ese polvo invisible tapa las cosas en nuestra memoria por algo ha de ser –dije.&lt;br /&gt;
- Supongo que no estás convencido de lo que estamos haciendo aquí, del viaje, de la finalidad de toda esta travesía.&lt;br /&gt;
- No lo sé. Siento la sensación que cuando movilizamos el pasado es como mover una de esas bolas de nieve que son adornos. Al hacerlo el papel brillante que simula la nieve comienza a movilizarse y de repente todo el líquido se mezcla con él dibujando una escena nueva en su interior… Tengo miedo que el pasado no sea algo esperado y feliz, una escena inesperada, ¿entiendes? Tengo miedo a que me sorprenda con cosas que no debería saber o haber desenterrado.&lt;br /&gt;
- Aún estamos a tiempo para volver –dijo ella mientras volvía a besar suavemente mi cuello. Si quieres mañana por la mañana nos regresamos y listo, hacemos de cuenta que esto no pasó y nuestra vida vuelve a su cauce, ¿qué dices?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quedamos en silencio. Ahora la luz de la luna y de los faroles de mercurio reptaban por sobre la frazada y se detenían justo delante de nuestro cuello. Sentí que la respiración de Marina cesaba. Su cuerpo tibio se había acoplado al mío y podía sentir cómo mi deseo sexual quería despertar. Pero lo controlé y me quedé mirando aquella inmensa luna mientras la madrugada comenzaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Creo que seguiré –dije en respuesta a la pregunta de Marina. Si no sigo siento que le habré fallado a mi madre y no quiero sentir eso el resto de mi vida. Ella me lo pidió de un modo tan dulce y con tanta expectativa. No romperé mi promesa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marina no respondió. Estaba ya dormida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al amanecer despertamos y tras acomodar la valija nos subimos al automóvil y partimos. La luna lentamente se extinguía en el cielo y un sol bermellón se hacía dueño del día. Sin volverme a preguntar si estaba en lo cierto aceleré el automóvil y me concentré en el camino que debíamos de seguir. Marina apoyó dulcemente su cabeza en mi hombro y pude sentir la sensación que había entendido, en silencio, mi respuesta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html"&gt;21&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen: &lt;a href="http://goo.gl/BcQXe"&gt;http://goo.gl/BcQXe&lt;/a&gt; )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-6486954824688634551?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/LBZmS-M3lr4" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/LBZmS-M3lr4/saint-exupery-veintidos.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-vXRGF896KtE/TeAPDTDHhDI/AAAAAAAACc0/1C3N_e78v28/s72-c/tumblr_llr6woUT6H1qgzi8do1_500.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintidos.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-7427038938707602539</guid><pubDate>Thu, 19 May 2011 13:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-05-19T10:24:52.071-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veintiuno)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-6oaowexOqTA/TdUZouk5I2I/AAAAAAAACcg/i_6b7uyAwtk/s1600/tumblr_llap4sRzYq1qb155to1_1280.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-6oaowexOqTA/TdUZouk5I2I/AAAAAAAACcg/i_6b7uyAwtk/s400/tumblr_llap4sRzYq1qb155to1_1280.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTIUNO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras Lourdes continuaba la lectura del libro el sol de la siesta se hacía cada vez más intenso. Las calles de aquel pueblo en donde había decidido bajar se habían puesto solitarias y todo el mundo parecía dormir la siesta. Pensó que tal vez el río estaría cerca y decidió caminar y ver si se encontraba con él. Recordaba que de niña sus padres, en sus vacaciones, pasaban por aquel sitio y solían parar a la vera del río a tomar mates o a comer algo. Esos recuerdos enfrascados dentro de su memoria la movilizaban por completo. Comenzó a caminar por una avenida que tenía la apariencia de ser la principal del pueblo. Con su mochila en la espalda, el libro en su mano derecha y unos anteojos de sol caminó lentamente hasta el final de la avenida.  Allí, justo en el momento que el pueblo quedaba detrás de ella, una vieja camioneta Ford F-100 se detuvo a pocos metros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola –dijo un muchacho joven casi de su misma edad- ¿estás perdida?&lt;br /&gt;
- No, gracias –respondió Lourdes- solo estoy caminando en busca del río.&lt;br /&gt;
- Ahh, sí, sí –dijo él- es por allá –indicó con la mano derecha extendida haciendo señas hacia el sur-. ¿No eres de por acá, cierto?&lt;br /&gt;
- No, no lo soy  -dijo ella.&lt;br /&gt;
- ¿Quieres que te lleve hasta el río? &lt;br /&gt;
- Preferiría caminar, está linda la tarde para caminar.&lt;br /&gt;
- Bueno, como quieras –respondió el muchacho y consecuentemente aceleró  la camioneta y se perdió ruta arriba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caminando por la banquina Lourdes avanzó unos dos kilómetros hasta encontrar un cartel que señalizaba el río. Siguió la indicación y tras caminar otros trescientos metros comenzó a escuchar el murmullo del agua corriendo y supo que estaba cerca. Finalmente llegó a la vera del río. Se agachó, puso sus manos en forma de cuenco y se mojó el rostro. Disfrutó del placer del agua fresca recorriendo por su piel. Se sentó luego a descansar y prosiguió con la lectura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De niña su padre le había inculcado el hábito de leer. “Nunca dejes de leer hija, los libros te abren mundos que jamás podrías ver, ni conocerías, sin ellos”, solía decirle. Aquellos consejos, tan dulcemente inculcados por su padre habían tenido una profunda acogida en ella, a tal punto que siempre un libro iba en su mochila adonde ella estuviese. Leyó un par de páginas más y de repente comenzó a llorar. Aquel libro no era un libro como otros que había leído. No. Era especial. Había sido regalado en su niñez por su padre. Era el vivo recuerdo de aquel hombre que tanto había marcado su vida en muchas facetas y siempre que leía sus páginas era imposible que las lágrimas no sobrevinieran. Se enjugó las lágrimas con un pañuelo diminuto y bordado y acarició con dulzura la tapa del libro. “Papá…”, dijo suavemente. Curiosamente tocó el rostro del personaje que ilustraba la tapa del libro, un niño de pelo dorado y bufanda al viento, montado sobre un asteroide en medio del universo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al cabo de un rato se escuchó el motor de un automóvil que prontamente se detuvo. Para sorpresa de Lourdes el joven de la camioneta caminaba hacia ella. En sus manos traía una bolsa de supermercado de la cual se dejaba ver el pico de una botella de gaseosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Disculpa el atrevimiento –dijo el muchacho- pensé que tendrías hambre y sed. Yo tampoco he comido nada, así que pensé que tal vez te encontraría por aquí y podríamos almorzar juntos, un poco tarde pero almuerzo al fin… ¿qué dices?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Que me encanta –terminó diciendo ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comenzaron a comer y beber. Mientras lo hacían cruzaban algunas preguntas y respuestas, también miradas y sonrisas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué te trajo a este pueblo? –preguntó el muchacho a Lourdes.&lt;br /&gt;
- Aún no lo sé. A veces no suelo pensar demasiado las cosas. Estaba en sentada en un colectivo con destino a otro sitio, de repente paramos aquí a descansar un rato, bajé, me senté a leer un poco y cuando hubo que subir, algo dentro de mí dijo que no, que mejor me quedara aquí. Y así lo hice.&lt;br /&gt;
- ¿Así como así? –preguntó un tanto incrédulo el muchacho.&lt;br /&gt;
- Sí, así como así. Ya te dije, no suelo pensar demasiado en las cosas; digamos que funciono bastante con la intuición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes terminó de comer un sándwich y bebió pequeños sorbos de gaseosa mientas contemplaba el correr del agua del río.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué es eso que se ve allá? –pregunto ella señalando al otro lado del río.&lt;br /&gt;
- Era una vieja hostería. Antes, cuando el pueblo era mucho más chico que ahora, allí solían recibir a turistas que deseaban parar aquí a descansar o conocer los alrededores. Pero con el pasar del tiempo la ciudad se agrandó y demandó instalaciones edilicias para el turismo que fueran más modernas y confortables, entonces la vieja hostería quedó rezagada y poco a poco comenzó a desmoronarse económicamente. Finalmente su dueño, un tal Cruiff, la terminó vendiendo a una empresa holandesa que jamás inició su remodelación ni  su explotación dado que descubrieron que sus cimientos distaban a pocos metros de un afluente subterráneo del río y era muy probable su desmoronamiento. Así que quedó olvidada y abandonada. Mediante un pago insignificante la empresa holandesa vendió la tierra a la municipalidad y ésta última la dejó así, en el olvido.&lt;br /&gt;
- Una verdadera lástima –repuso Lourdes.&lt;br /&gt;
- Sí, una lástima, pues tiene una bonita arquitectura y era bastante amplia y a los lugareños nos representaba trabajo y movimiento económico. Yo la recuerdo de cuando era niño y solíamos venir a pescar al río. Al anochecer se prendían en su fachada unos bonitos faroles color anaranjado que se reflejaban en el agua y le daban un realce imponente. Pero bueno, como todo, un día las cosas cambian y de repente ya nada es lo que era.&lt;br /&gt;
- Sí, así es –dijo ella mientras dejaba su mirada anclada en las ruinas de la hostería y su mente sobrevolando viejos recuerdos.&lt;br /&gt;
- A propósito –dijo el muchacho- aún no me has dicho tú nombre ¿Tienes nombre, cierto? –rió.&lt;br /&gt;
- Sí, claro. Me llamo Lourdes.&lt;br /&gt;
- Lourdes, un bonito nombre. Como la Virgen.&lt;br /&gt;
- Así es, como la Virgen.&lt;br /&gt;
- ¿Sabes? Si tuviera una hija algún día la llamaría así, Lourdes.&lt;br /&gt;
- ¿Y eso?&lt;br /&gt;
- Nada en especial, solo me nació contártelo. Es algo que pienso a menudo, y aunque no tengo hijos, pero sí sueños de algún día tener una familia, ese nombre para una hija mujer me gustó siempre.&lt;br /&gt;
- Seguramente se lo pondrás a una hija tuya –comentó Lourdes sonriéndole con una bonita sonrisa y aseverándolo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras terminar la comida ambos caminaron por la orilla del río. La tarde caía lentamente y el cielo se cargaba de pincelazos anaranjados, rojizos y ocres. Una vez que estuvieron en frente de las ruinas de la hostería Lourdes se detuvo y contempló la construcción que tenía en frente, justo río de por medio. Había algo en la construcción que le causaba melancolía. No podía saber qué era, ni porqué le sucedía aquello, pero ese sentimiento justo en aquel momento lo sintió a flor de piel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Pasa algo? –preguntó el muchacho.&lt;br /&gt;
- No, bah, una pavada. No sé. Solo que al estar viendo esa construcción de repente me ha entrado una especie de ahogo y una sensación de melancolía. Mi padre cuando era niña supo venir a este pueblo. Íbamos de vacaciones a la costa o al norte y siempre pasábamos por aquí y nos deteníamos a orilla del río a tomar mates o a comer algo para luego proseguir la marcha. Me ha hecho bien pasar un tiempo aquí. Y lo más curioso es que no recuerdo esa hostería. No está en mi mente. Tal vez sea porque parábamos en otro lugar del río, no lo sé, fue hace mucho tiempo ya, yo era una niña.&lt;br /&gt;
- ¿Quieres ir allá?&lt;br /&gt;
- ¿Adónde? –dijo Lourdes con sorpresa.&lt;br /&gt;
- A las ruinas ¿Quieres conocer la hostería por dentro? Podemos ir si quieres.&lt;br /&gt;
- ¿Seguro?, ¿pero no es peligroso?, ¿no es que hay posibilidades de derrumbe y esas cosas?&lt;br /&gt;
- Fue apuntalada por dentro toda la construcción antes de abandonarse. Para estar un momento y ver por dentro no creo que se nos caiga en la cabeza –dijo él.&lt;br /&gt;
- Entonces me gustaría ir.&lt;br /&gt;
- ¿Sí?, ¿segura?&lt;br /&gt;
- Segura.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Subieron a la camioneta del muchacho y entraron a la ruta. Avanzaron unos cuantos kilómetros rumbo al sur y finalmente doblaron en una calle de tierra que desembocaba en un pequeño puente precario que cruzaba por sobre el río. Luego retomaron un camino de tierra que iba directamente a la hostería. Tras un rato el rodeo acabó. El motor de la camioneta se detuvo justo en frente de la puerta principal. Estando cerca de aquella construcción Lourdes la presintió más imponente. Si bien era pequeña, de pocas habitaciones, su arquitectura era exquisita, y de ella emanaba esa increíble presencia que solo las grandes construcciones suelen tener y hacer notar a los seres humanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Bien, aquí estamos –dijo el muchacho.&lt;br /&gt;
- Sí, gracias ¿Sabes una cosa? –dijo ella- Una vez conocí un lugar así. Era un hostel, en una ciudad grande. Se llamaba “Roma”. Ahora que estoy aquí y miro esta construcción siento lo mismo que sentía en aquel entonces cuando conocí el hostel ¿No te ha pasado de ver sitios en tú vida que te hacen recordar a otros?&lt;br /&gt;
- Creo que un par de veces me pasó. No son muchas, pero sí sé de qué me hablas.&lt;br /&gt;
- Bueno, era eso lo que sentía cuando del otro lado del río miraba esta construcción. Me hace recordar a aquel hostel y eso me ha causado melancolía.&lt;br /&gt;
- ¿Es importante para ti ese recuerdo del hostel?&lt;br /&gt;
- Mucho. Ahí conocí a alguien que nunca más volví a ver. &lt;br /&gt;
- ¿Un enamorado?&lt;br /&gt;
- No. No fue eso. Fue alguien que apareció en mi vida, nos comunicamos, entablamos una relación de amistad, nos afianzamos, y de repente, por este modo de vivir tan mío y tan alocado, yo me fui y no volví a verlo. Sin embargo hace unos días volví a recordar todo aquello y me entraron unas ganas enormes de saber de ese hombre, y no sé por qué. Las ganas están, existen, pero no sé por qué se generan. En busca de ello voy.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El muchacho se quedó observando a Lourdes y sopesando cada una de las palabras que esta le decía. Si bien lograba hilvanar un poco lo que ella le contaba no tenía suficiente información para enhebrar una historia completa. La chica comenzó a caminar en dirección a la entrada de la hostería y al llegar a la puerta principal se paró y pasó suavemente la palma de su mano sobre la madera corroída. Como si aquella acción transmitiera información desde la vieja ruina a su piel. Luego entró. Caminó despacio por los pasillos, subió con cuidado las viejas escaleras, palpó algunas paredes, y se quedó observando viejos cuadros que aún colgaban de las paredes. En el suelo había adornos tirados, pedazos de mampostería rota, y hasta ropa que seguramente habría pertenecido al personal de limpieza del lugar. Todavía quedaban algunas camas con sus elásticos dañados. Algunas paredes tenían escrituras en aerosol y otras grafitis seguramente hechos por los chicos del pueblo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Algunas parejas suelen venir aquí –dijo el muchacho.&lt;br /&gt;
- Lo imagino. Al estar abandonado es un lugar ideal para la intimidad y el sexo, aunque no por ello menos peligroso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras recorrer un rato el interior de la hostería de repente se detuvo en una habitación que le llamó la atención. No tenía mucho de distinto a las otras, solo que ésta poseía una estufa hogar en su interior. Sobre la estufa hogar, había muchos portarretratos pequeños con fotografías de personas. A simple vista parecían visitantes de la hostería. Comenzó a repasar uno a uno los portarretratos. Primero los tomaba, luego les quitaba el polvo, y finalmente observaba cada fotografía con tanta minuciosidad que parecía buscar algo en ellas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Seguramente esta habitación ha pertenecido al conserje o al dueño de la hostería –dijo el muchacho.&lt;br /&gt;
- Sí. Parece que cada tanto fotografiaban a los huéspedes como recuerdo. Me pregunto qué será de la vida de todas estas personas ¿Vivirán aún?, ¿recordarán esta vieja hostería?&lt;br /&gt;
- Seguramente algunos sí, otros habrán muerto. Vaya a saber –dijo él.&lt;br /&gt;
Tras un rato de observar las fotografías tomó la última y tras limpiar el vidrio con el revés de la manga de su campera y mirar detenidamente se sobresaltó arrojando el portarretrato al piso. Éste cayó e inmediatamente el vidrio se rompió en pedazos.&lt;br /&gt;
- ¿Qué pasa? –preguntó asustado el muchacho- ¿Te sientes bien?, ¿qué pasa?&lt;br /&gt;
- La fotografía –dijo Lourdes señalando el portarretratos en el piso y tapándose la boca con una mano. Sus ojos parecían un tanto desorbitados y su rostro delataba claramente el rostro de una persona con pánico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El muchacho se agachó, quitó los vidrios con cuidado y alzó el portarretratos. Sacó la fotografía y le echó una mirada que no le dijo mucho. A sus ojos era simplemente una fotografía más como todas las otras, con personas desconocidas para él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué tiene? –preguntó.&lt;br /&gt;
- El hombre de la fotografía.&lt;br /&gt;
- Sí, ¿qué tiene el hombre? Es una familia. Parecen padre, esposa e hijo.&lt;br /&gt;
- Sí. El hombre, ese hombre…  es mi padre –dijo ella con lágrimas en sus ojos.&lt;br /&gt;
- ¿Tú padre?, ¡que coincidencia! –exclamó el muchacho. Y tú madre es muy bonita –concluyó.&lt;br /&gt;
- No, no, ella no es mi madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1105199254520" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" rel="cc:license"&gt;&lt;img src="http://resources.safecreative.org/work/1105199254520/label/barcode-72" style="border:0;" alt="Safe Creative #1105199254520"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html"&gt;19&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/05/saint-exupery-veinte.html"&gt;20&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen: http://s3.amazonaws.com/data.tumblr.com/tumblr_llap4sRzYq1qb155to1_1280.jpg?AWSAccessKeyId=AKIAJ6IHWSU3BX3X7X3Q&amp;Expires=1305897719&amp;Signature=MVl%2B6zeM8g97s4ohfKRJg6lS7Yw%3D )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-7427038938707602539?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/3nVoiuumvzY" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/3nVoiuumvzY/saint-exupery-veintiuno.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/-6oaowexOqTA/TdUZouk5I2I/AAAAAAAACcg/i_6b7uyAwtk/s72-c/tumblr_llap4sRzYq1qb155to1_1280.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veintiuno.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-9219002011462007398</guid><pubDate>Wed, 18 May 2011 20:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-05-18T17:06:08.332-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (veinte)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-FSztYCWLWX4/TdQmeD-HB2I/AAAAAAAACcc/IEnj9aT_wR8/s1600/tumblr_lkxuja6iKX1qcwpnbo1_400.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://4.bp.blogspot.com/-FSztYCWLWX4/TdQmeD-HB2I/AAAAAAAACcc/IEnj9aT_wR8/s640/tumblr_lkxuja6iKX1qcwpnbo1_400.jpg" width="427" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
VEINTE&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras tomar una curva el sol se coló por las ventanillas del lado derecho del colectivo en el que Lourdes viajaba. Lentamente reptaban los rayos sobre los tapizados coloridos de los asientos. Ella se acurrucó aún más mientras seguía tal vez soñando. El monótono rugir del motor la mantenía adormecida, casi extasiada. Se había abandonado totalmente al mundo de los sueños. Aquel cansancio que sus tareas le habían puesto sobre las espaldas ahora lentamente se iba diluyendo. Finalmente el sol dio en su rostro y ella despertó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al abrir los ojos no supo dónde estaba. Su mente, como si fuera un vasto papel en blanco, intentó ubicarla en tiempo y lugar, pero no le fue tarea fácil por un instante. Tras hacer memoria recordó que estaba volviendo a la ciudad, a ese lugar que muchas veces extrañaba cuando se encontraba perdida en algún punto distante entre la selva y la montaña. De su mochila extrajo un libro cuyas tapas estaban ajadas y sus hojas mantenían un color amarillento perpetuo. Ubicó un señalador y abrió el libro, despacio, como si degustara la tarea de hacerlo. Logró esbozar una diminuta sonrisa, imperceptible, de esas que se logran y se reprimen cuando la mente trae de golpe los recuerdos. “Hace tanto tiempo...” –dijo, mientras volteó a su vez la cabeza y miró por la ventanilla. Ahora el colectivo había tomado un largo trayecto recto surcado por una alameda. El sol se ocultaba un poco detrás de aquellos álamos y ella, como si jugara con él, abría y cerraba los ojos cuando lo veía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde niña había adquirido la costumbre de disfrutar del sol. Su madre siempre solía llevarla a lugares soleados en donde ella jugaba y compartía momentos con otros niños. Solía tenderse sobre la hierba y quedarse ahí inmóvil, casi tiesa, observando el lento pasar del sol. Tras cerrar los ojos esperaba que ese color verde anaranjado se visualizara y que su rostro le indicara que la tibieza de los rayos ahora era subida de tono y casi quemaba. Disfrutaba siempre de aquellos juegos tan íntimos. El sol siempre había sido un recuerdo viviente de su madre. Él cada vez que posaba su tibieza en el rostro de Lourdes no permitía que ella olvidara a su madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una de las paradas tras bajar ubicó un banco de madera y se dispuso a disfrutar del sol y de los minutos que el chofer indicó que estarían parados. De su mochila volvió a tomar el viejo libro y lo abrió donde indicaba el señalador. Se concentró en la lectura. Inhalaba y exhalaba el aire tibio placenteramente. Tras dejar su mente en blanco la lectura del libro acaparó toda su atención. Se había olvidado de todo cuanto la rodeaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras dar unas vueltas de página una anotación al margen la sobresaltó. Reconoció inmediatamente la letra de su padre ¡Cuánto tiempo había pasado desde su muerte!, ¡Cómo lo extrañaba! Los años de huérfana de padres que llevaba no eran pocos, sino que sumaban más de la mitad de los años de su vida. En todos aquellos años no pudo nunca evitar evocar el vacío que la presencia de sus padres habían dejado. Su padre en especial, casi de un modo omnipotente, había hecho de su mundo uno fantástico y amado, en el cual ella se sentía plena y feliz. Pero todo aquello había terminado el día del fatídico accidente que terminara con la vida de ambos. Lourdes de algún modo había iniciado un luto silencioso y amargo que la mantenía en una especie de ausencia del disfrute pleno de la vida misma. Aquel sitio dejado por ellos nada lo llenaba. Estaba ahí, intacto, como un enorme precipicio abierto en medio de un bonito bosque. Por más que ella intentara sortearlo no podía, y si lo hacía solía resbalar, y aferrándose con tenacidad y fuerza lograba reflotar y quedar tendida en la superficie de la otra orilla. Rodeara por donde rodeara el bosque siempre terminaba con la punta de sus pies al borde del precipicio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de media hora de estar anclados en aquella estación terminal el chofer tocó un par de bocinazos avisándoles así a todos los pasajeros que el viaje continuaba. Sin embargo, como si una vocecita interna la convenciera, Lourdes decidió no subir al colectivo. Asomada a la ventanilla del chofer le explicó que allí se quedaba, que en todo caso subiría al próximo colectivo, pero que le había gustado el sitio y deseaba permanecer un tiempo más allí. El chofer tras asentir puso en marcha el motor, enfiló el colectivo hacia la ruta y finalmente se perdió en el horizonte. Ella volvió a sentarse en el banco, abrió nuevamente el libro y prosiguió leyendo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;* * *&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Supe de la presencia de Marina cuando su mano cálida rozó mis dedos. Su perfume, inconfundible, también había inundado todo el dormitorio. Hacía ya cuatro horas que dormía después de un día agitado. Ella había entrado sigilosamente, y tras haber preparado una rica cena se dispuso a despertarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- He, despierta –me dijo al oído.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces sonreí. Aquel modo de despertarme tan suave y sereno me encantaba. A lo lejos se escuchaba apagarse el murmullo de la ciudad, y la noche, ya presente, se había hecho dueña del cielo. Un aire con olor a flores de estación se colaba por la ventana. La habitación estaba en penumbra y de vez en cuando se colaba la luz de mercurio que irradiaba un farol de la calle. Volví a cerrar los ojos y recordé a mi madre en aquellos momentos que solía despertarme de igual modo y avisarme que la cena estaba lista. La ventana era la misma, la luz de mercurio también, la habitación inclusive, pero algo faltaba y jamás volvería a estar presente, y ese algo era ella. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De repente me vinieron unas ganas terribles de abrazar a Marina, la tomé por la cintura, la arrojé sobre la cama y detuve mis labios a menos de un centímetro de los suyos. Podía oler ese olor sensual  y característico que emanaba de su boca; era un olor que me estremecía por completo y en algunos momentos despertaba mi libido. Nos miramos por un instante fijamente en medio de la penumbra. Sus ojos irradiaban un brillo como de lucero cuando la luz pasaba por sobre ellos. “Es bella”, dije para mis adentros. Algo estaba pasándome y lo hacía a pasos agigantados. Cada vez que estaba en una situación así con ella el mundo parecía cerrarse tal cual lo hace una planta carnívora que atrapó su presa. Afuera, en el universo exterior a ese mundo tan personal, nada podía alterar las emociones y felicidad que me producía estar cerca de ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿En qué piensas? –preguntó ella sin dejar de mirarme fijamente.&lt;br /&gt;
- En ti –respondí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces ella sonrió y con su mano pequeña y tibia acarició mi mejilla derecha.  Besó suavemente mis labios y volvió a sonreír. Algo, mágico y extraño, siempre quedaba flotando en el ambiente tras una de sus sonrisas. Ese algo, al ser perceptible, hacía que yo me sintiera el hombre más afortunado del planeta, alguien que si seguía en aquel tren seguramente perdería  la cabeza por amor hacia aquella mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1105189249765" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1105189249765" src="http://resources.safecreative.org/work/1105189249765/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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(Imagen: http://28.media.tumblr.com/tumblr_lkxuja6iKX1qcwpnbo1_400.jpg )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-9219002011462007398?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/2VDJ-xfStek" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/2VDJ-xfStek/saint-exupery-veinte.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-FSztYCWLWX4/TdQmeD-HB2I/AAAAAAAACcc/IEnj9aT_wR8/s72-c/tumblr_lkxuja6iKX1qcwpnbo1_400.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/05/saint-exupery-veinte.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-7095524421987298544</guid><pubDate>Sat, 30 Apr 2011 03:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-30T00:00:01.671-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (diecinueve)</title><description>DIECINUEVE&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un mechón de cabello caía sobre el rostro de Lourdes. Cada vez que se agachaba y hundía el balde en la orilla del río el mechón caía y dejaba ver borrosamente el agua. Entonces lo acomodaba con gracia y feminidad detrás de su oreja para luego proseguir con su labor. Tras llenar el balde caminaba doscientos metros hasta el campamento y ahí ponía a hervir el agua en una gran olla. De ese modo eliminaba toda bacteria e impureza. Finalmente después de un rato de hervor colaba el agua en un colador con agujeros diminutos y estaba lista para ser consumida. Aquello era una acción diaria a realizar cuando los integrantes del grupo ecologista al que ella pertenecía se adentraban en zonas selváticas por un tiempo prolongado. Carentes de todo tipo de comodidades debían echar mano al uso de todo lo aprendido en los cursos de supervivencia y en la experiencia que habían adquirido en tantos años. La selva, por más bonita y exótica que parezca a nuestros ojos, suele convertirse en un enemigo agazapado que tan solo espera un mínimo error para caer ágilmente sobre su presa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de repetir aquella acción unas cuantas veces y de llenar varios bidones de agua se sentó a descansar. Sacó un libro de su mochila y recostada sobre un grueso tronco se dispuso a leer. Unos haces de luz se instalaron sobre su rostro y las páginas abiertas del libro. Los pájaros cantaban en lo alto de la copa de los árboles y un viento con olor dulzón bajaba de las montañas. Por un momento cerró el libro y sus ojos para permitirse escuchar el sonido de la naturaleza. El sonido parecía subir de volumen y afinarse cada vez más a medida que se introducía delicadamente por sus oídos. Al atravesar su mente aquellos sonidos dibujaban imagenes muy variadas. Algunas eran de índole extrañas, otras pertenecían a fragmentos vividos en la selva y en sus excursiones, y otras a recuerdos de su vida íntima. Entre esas imagenes una la sobresaltó. Era la imagen de un viejo recuerdo. Algo vivido hacia unos años y que nunca había vuelto a su mente por algún gesto de su memoria. Al revivir aquel recuerdo esbozó una pequeña sonrisa y acomodó sus omóplatos sobre el tronco “¿Adónde estarás?”, susurró.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras abrir los ojos dejó la mirada clavada en la copa de los árboles. Estos se mecían con algo de bravura gracias al viento del norte. Los pájaros parecían cantar con mayor vivacidad y aquel olor dulzón que el aire traía consigo ahora parecía haberse estancado a su alrededor. Prosiguió con la lectura del libro pero no pudo concentrarse demasiado. Al cabo de un rato cerró el libro y se sentó en el tronco adquiriendo una pose de meditación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Estás bien, Lourdes? -preguntó su compañera Carmen.&lt;br /&gt;
- Sí, lo estoy -respondiendo casi sin mirarla. &lt;br /&gt;
- Pareces estar en otro sitio.&lt;br /&gt;
- Creo que por un instante me ido, sí. Me ha pasado eso.&lt;br /&gt;
- ¿Y se puede saber a dónde te has ido?&lt;br /&gt;
- A un viejo lugar que recordé. En otra provincia, en una ciudad que visité hace unos años. &lt;br /&gt;
- ¿Un bonito recuerdo?&lt;br /&gt;
- No lo sé. Diría que más bien era extraño. Nunca más volví a recordar aquellos días y ahora, al cerrar los ojos, aquel momento se plantó delante mío como si estuviera viendo una escena de una película. Se sentía tan vívido, tan cercano, que hasta me entraron ganas de revivirlo.&lt;br /&gt;
- Tal vez haya sido algo importante y profundo -dijo Carmen.&lt;br /&gt;
- Tal vez... es que a veces las cosas en el momento que suceden no tienen ese tinte especial que luego, con el paso del tiempo, van adquiriendo. Había alguien en esa escena, un hombre que conocí por esos días y con el cual nos hicimos amigos. Él estaba en el recuerdo y me hablaba. Se sentía tan real. Y de pronto al escuchar su voz recordé sus gestos, su modo de mirarme, sus palabras, y esa manera tan especial de ser conmigo. Éramos dos completos desconocidos por aquellos días, pero luego de un par de encuentros parecía como si nos conociésemos de toda la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carmen tomó asiento al lado de Lourdes en el tronco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Y dime Lourdes, ¿por qué no has vuelto a ver a ese hombre?&lt;br /&gt;
- No lo sé. Supongo porque la vida lo quiso así. Tú me entiendes...&lt;br /&gt;
- Algo. &lt;br /&gt;
- Pues verás, fue una amistad oportuna y fugaz. Nació así, se dio así, y terminó así. No había nada extra. No lo miraba con ojos de mujer, solo lo hacía con ojos de amistad. Además él me doblegaba en edad, y por más que me pareciera un hombre interesante, bueno y culto, no se me cruzaba la cabeza de pensar en él de otra forma más que amigo.&lt;br /&gt;
- Bien, bien, pero eso tampoco te ha impedido que vuelvas a saber de él, ¿cierto?&lt;br /&gt;
- Sí... cierto... tienes razón, Carmen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carmen se levantó y dio un par de palmaditas a Lourdes en su mejilla izquierda. Lourdes sonrío y volvió a clavar su mirada en lo alto de los árboles, como si allí, en medio de la espesura existiese una mínima respuesta a aquellas preguntas que ahora su mente y su interior le estaban murmurando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al anochecer, a la hora de la cena, el grupo de ecologistas se reunió en torno al fogón. Las carpas dibujaban difusas siluetas contra la oscura espesura y el fuego además de calentar los cuerpos iluminaba con una luz anaranjada y brillante todo cuanto se cruzaba en su paso.  Mientras cenaban Lourdes permaneció en silencio. Viejos recuerdos olvidados, extraños, seguían emergiendo de las profundidades de su memoria. Como si aquel día una diminuta tapa invisible hubiérase abierto y por el agujero ahora se liberaban cosas que ella jamás pensó podían escapar. “¿Por qué ahora?, ¿por qué justo en este momento?, hoy...”, se preguntó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carmen sentada frente a Lourdes entre bocado y bocado echaba un vistazo a su compañera. Sabía que algo la mantenía sumida en ese silencio profundo, pues no era habitual ver en aquel estado a una de las chicas más extrovertidas del grupo. Al terminar la cena ella invitó a caminar a su amiga. Lo hicieron por la costa libre del río. El agua parecía negra debajo del brillo lunar. Un murmullo constante era arrastrado a lo largo del río y un manto de humedad neblinoso se posaba lentamente sobre toda la vegetación y la superficie del agua. Lourdes  continuaba ensimismada, abstraída casi por completo en sus propias cavilaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Aún sigues con ello? -preguntó Carmen.&lt;br /&gt;
- Sí, es que no puedo dejar de pensar en aquellos días, Carmen.&lt;br /&gt;
- Parece que después de todo ha sido algo muy importante en tú vida.&lt;br /&gt;
- Créeme que jamás lo pensé así.&lt;br /&gt;
- Te diré algo -dijo Carmen al detener su marcha- ¿alguna vez te ha sucedido de encontrarte con alguien que hacía tiempo no habías visto en tú vida?, ¿o ver pasar a alguien que cierta vez formó parte de tú vida?&lt;br /&gt;
- Tal vez -dijo Lourdes mirándola fijamente.&lt;br /&gt;
- Y si eso te ha pasado ¿no te has preguntado por qué sucede así, de repente? Yo a veces sí lo he hecho. Es como si aquello que sucedió en los días donde la vida hizo que coincidieras con esa persona quedara inconcluso, o en suspenso, para lograr su total completitud en un futuro que podría ser cercano o lejano. A veces pienso, cuando estas cosas suceden, que hay círculos que se abren cuando una persona entra en nuestra vida y no termina cerrándose inmediatamente. Es como que aún falta algo más por aprender para que el círculo termine cerrándose. Es como que la enseñanza y la vivencia que la vida quiere mostrarnos presentándonos a esa persona en nuestra vida aún no termina y queda latente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lourdes asintió con un gesto de su cabeza. Luego prosiguieron caminando un rato más por la orilla del río en silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cinco días después, cuando el último día de la misión ecologista llegó, Lourdes tomó una decisión. Tras echar en su mochila sus cosas personales comprendió que por algo aquellos recuerdos venían a borbotones en su mente. Concentrada, decidió tomar otro rumbo y no asistir a la próxima misión. Habló con Carmen y le explicó lo que pensaba. Su amiga comprendió al dedillo lo que Lourdes sentía y no tuvo la menor objeción para que se ausentara de la próxima misión. Tras dejar el campamento Lourdes fue llevada a una estación terminal de colectivos situada en la base de un pequeño cerro. Por aquel sitio llegaban uno o dos colectivos diarios que suministraban de mercadería a las aldeas vecinas y trasladaban a algún turista o lugareño hacia la gran ciudad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La estación era pequeña y constaba solo de una oficina y dos paradas para colectivos. Otra construcción, que estaba en frente de la estación, hacía la vez de cafetería, venta de diarios y revistas, y peluquería. “Un punto en el mundo”, pensó Lourdes, y dejó su mochila en el suelo, al lado de un banco de madera.  Tras sentarse apoyó su nuca en el respaldo del banco y cerró sus ojos. Otra vez olió el aire dulzón que bajaba desde las montañas. Su corazón se estrujó, amaba aquellas latitudes. “Tal vez algunas plantaciones de bananos o frutales”, se dijo.  Apretó los labios y evocó nuevamente los pensamientos que la habían convencido de volver a la ciudad. En ellos, Lourdes se sentía cómoda, increíblemente feliz. Dialogaba con aquel hombre que había conocido y sonreía. Charlaban de los más diversos temas, y él, a pesar de casi doblegarle la edad, le parecía un animalillo totalmente indefenso y vulnerable. Sin embargo de sus palabras emanaba mucha sabiduría, de esa sabiduría que solo aquellos que han vivido una vida de aprendizaje pueden explicar y esbozar. Sintió en lo profundo de su corazón que debía de dilucidar aquel intríngulis que su cabeza le había planteado. Cada vez que aquellos recuerdos afloraban un mar de preguntas venían a su mente, siendo la principal aquella que, a manera casi inflexible, requería como contestación qué y porqué aquel hombre resultaba tan importante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cafetería de enfrente un señor bajo y calvo colgaba un cartel escrito con tiza. En él se podía leer el menú del día: carne asada, papas fritas y de postre flan. Tras colgarlo se adentró nuevamente en el local y dio vueltas otro cartel que indicaba que ahora el negocio estaba “abierto”.  Lourdes sonrió. Encontró simpática aquella acción del hombre. Después de esperar más de media hora un colectivo aparcó en la parada. En su interior venían unos pocos lugareños cargados de cajas y bolsas de mercadería. El conductor, un tipo fornido y de gruesas cejas, tras bajar descargó unas cuantas cajas que llevó a la cafetería.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- En veinte minutos salimos, niña -dijo a Lourdes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ella asintió con una sonrisa. Tomó el boleto y contempló el destino que indicaba el mismo. “Otra vez a la ciudad”, se dijo, y tras tomar una bocanada de aire miró al cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104279081162" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1104279081162" src="http://resources.safecreative.org/work/1104279081162/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html"&gt;18&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-7095524421987298544?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/1PT88p7sukc" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/1PT88p7sukc/saint-exupery-diecinueve.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><thr:total>1</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecinueve.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-6235974336822166499</guid><pubDate>Tue, 26 Apr 2011 13:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-26T10:07:24.179-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (dieciocho)</title><description>DIECIOCHO&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El martes siguiente a la salida de la redacción decidí volver caminando a casa. Aún no anochecía y el cielo, distinto a otros días, aún permanecía bastante claro y el sol emitía sus últimos rayos. Daba la impresión de un cielo cargado de pureza que invitaba a disfrutar de la vida. Puse el saco en mi brazo, y comencé a caminar lentamente observando todo cuanto a mi paso se cruzaba. Las calles se presentaban ante mí como cintas grises que se perdían en un horizonte de cemento. En el andar diario uno casi siempre pierde el enfoque de las cosas simples. Ni siquiera es capaz de observar el cielo, ni los pájaros, ni el verdadero rostro de las personas. Durante la caminata observé todo aquello como si jamás lo hubiera hecho, como si acabara de nacer y todo cuanto me redoeara fuera algo extraño e incomprendido. Marina Fernández se había retirado antes de la empresa, tenía una reunión con ejecutivos de otro multimedio. Por esos días estábamos en tratativas de publicar un nuevo suplemento referido a ecología latinoamericana y si aquello se daba tendríamos muchísimo trabajo y tal vez premios para todos. Marina dejaba horas extras de trabajo en ello con el afan de lograr ese objetivo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tras caminar un kilómetro aproximadamente sentí la frenada de unos neumáticos a mi lado. Cerré los ojos y pensé lo peor. Por un instante se me heló el corazón. Sin embargo al volver mi mirada hacia el vehículo vi cómo Marina sonreía.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Estás loca? -dije con un gesto  en mi sién.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Perdona, no pensé que fuera a  molestarte.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Subí al automóvil y tras cerrar los ojos recuperé la calma.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Qué haces por aquí? -preguntó  ella.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Nada, solo tenía ganas de caminar  hasta mi casa. El atardecer está hermoso.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí, la verdad que está hermoso  ¿Quieres que te lleve a tú casa, quieres caminar, o quieres que te  lleve a un lugar que no conoces?&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Que no conozco?&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí, que aún no conoces.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Por un momento pensé si quedaba algún lugar de la ciudad que no conociera. Me respondí que seguramente no, pero tampoco podía asegurarlo. Uno siempre piensa que conoce todo pero suele equivocarse.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Vayamos a ese lugar desconocido  -dije asintiendo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tras arrancar el automóvil enfiló hacia la circunvalación. Se veía en el horizonte como el sol ya estaba casi totalmente oculto y la luna se hacía poco a poco más y más visible. El camino era recto, sin ningún contratiempo de baches, lomas de burro o peajes.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Adónde me llevas? -pregunté.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Es secreto. Al llegar lo verás.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Condujo más de media hora hasta que finalmente se detuvo frente a la tranquera de un campo. Habíamos hecho un par de kilómetros por tierra antes de llegar allí. Tras detener el automóvil Marina bajó, insertó una llave en el candado de la tranquera, la abrió, y volvió a poner en marcha el automóvil.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Eres una caja de sorpresa -me  salió decirle.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Sin contestarme puso en movimiento el automóvil y se adentró en el campo.  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Después de unos setescientos metros siguiendo la huella se dibujó inmediatamente delante nuestro una gran laguna. Era totalmente azul, y el sol poniéndose sobre el horizonte contrastaba magníficamente sobre sus aguas.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¡Qué belleza! -exclamé.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí, es muy bello.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Tuve la sensación de estar en otro planeta. Inmediatamente recordé aquella noche que junto a la chica-de-los-piercings estuve en la playa. El brillar de la luna, el fulgor de las estrellas, todo aquello causó en mi una gran admiración, tal como ahora lo causaba esa puesta exquisita del sol.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Este campo es herencia de mi  familia -dijo ella. Aquí suelo venir cada tanto cuando necesito  pensar o esparcir mi mente. Nunca he traído a nadie conmigo, eres  la primera persona que se llega hasta aquí en mi compañía. El  mantenimiento del campo lo hacen empleados que mantengo desde la  muerte de mi padre. Yo solo me limito a administrarlo tras una  computadora y cuentas bancarias. Pero a veces me da por venir y  quedarme aquí, a mirar la laguna y los atardeceres.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;-&amp;nbsp;Es muy bello, Marina...&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí. Me hace recordar mucho a mi  padre. Él solía traerme de niña aquí. Caminábamos por la costa y  hablábamos de cualquier cosa que yo quisiera. A veces me traía con  una pequeña caña y nos sentábamos largo rato a pescar. Cuando  pescaba algo él hacía bromas. Me decía que había sacado el pez  más pequeño de la laguna y que seguramente él sacaría el mayor.  Hecho de menos su compañía. Es difícil haber sido hija única y  sentir que aquella compañía emblemática de tú padre de un día  para el otro desaparece.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Mientras observaba el movimiento de las aguas de la laguna pensaba en las palabras que Marina me decía. Tenían un dejo de tristeza en su entonación, como si del agua saliera un halo que lo envolviera todo y trajera el espíritu de su padre a hacernos compañía. Tomé una piedra del suelo y la arrojé al agua. Volví a hacerlo un par de veces más.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Te ha molestado que me fuera así  el otro día? Me refiero a dejarte la nota y no haberte saludado.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Un poco -respondí sin mirarla. Me  quedé un poco perplejo ante esa reacción tuya, pero también  entendí lo que me decías en la nota.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Has pensado en ello?&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Y puedo saber que has resuelto?&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sigo sosteniendo que me gustaría  hallar el libro.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Me refiero a si deseas que te  ayude.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Asentí en silencio. Un soplo de viento encrespó la superficie de la laguna. El sol se había terminado de ocultar y las primeras estrellas estuvieron sobre nuestras cabezas casi desdibujadas aún entre el atardecer y el anochecer. Ahora había humedad y el aire se había tornado fresco. Apenas divisábamos nuestras siluetas.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Es hora de ir volviendo -dije.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Espera un poco más. Veamos cómo  la luna y las estrellas se quedan perfectamente colgadas del cielo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Cruzó sus brazos por mi cintura y apoyó su cabeza en mi hombro. El anochecer poco a poco fue ganando espacio y acaparó por completo todo el cielo. Se podía observar el titilar de las estrellas y el brillo inmaculado de la luna.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿No es hermoso? -dijo ella.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí, lo es -suspiré.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Volvimos por la ruta en silencio. Ella extendió la mano y pulsó el botón de encendido del reproductor de música. Una canción de U2, “One”, comenzó a sonar. Me sumí en pensamientos neblinosos mientras escuchaba aquella canción. La noche se cerraba más y más y a lo lejos se podían ver las luces de la ciudad. Me gustaba ir sentado en aquel automóvil, al lado de ella, y haber estado en aquella laguna compartiendo uno de sus secretos ¿Cuántos secretos más tendría ella? Las cosas más inesperadas son las que escriben más fijamente nuestra vida y memoria, y aquello que había sucedido lo era. Mientras sonaba la canción me imaginaba a Bono sentado en el asiento posterior cantándonos suavemente al oído. Muchos pensamientos curiosos se suceden cuando la mente comienza a divagar por derroteros inciertos.  &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Al llegar a la circunvalación ella extendió la mano y puso otra de sus canciones favoritas, “Beautiful Girl” de INXS. Entramos a la ciudad con ese bonito tema sonando por los parlantes. Tuve la sensación de estar completamente enamorado. Sí. Justo en ese momento miré a Marina y sentí el profundo convencimiento que estaba enamorado de aquella chica.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Llegamos casi a las diez de la noche a mi casa. Encendí las luces y preparé dos vasos con gaseosa y hielo. Ella se sentó a la mesa en una punta y yo en la otra. Desde allí nos contemplamos como si en medio hubiése un vasto océano.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Quiero que me acompañes en esta  búsqueda que iniciaré del libro, pero no quiero que se transforme  en algo demasiado personal. Podemos encontrarlo o no -dije- y aún  si no lo encontramos me quedaré con la satisfacción de haber hecho  lo posible por ello,&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Está bien, lo comprendo -dijo  Marina. Prométeme, hombre lunar, que algún día me sorprenderás  con algo así, como ese regalo que tú padre le hizo a tú madre. Es  que esas cosas son maravillosas para una mujer. Nos emocionan y nos  hacen que el amor por ese hombre sea mucho más maravilloso aún.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Prometo que lo intentaré  -respondí.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Todas las noches de esa semana hicimos el amor. Ella se quedaba a dormir en mi casa e íbamos juntos a trabajar. Después de hacer el amor al apagar la luz planeábamos cómo sería nuestra búsqueda del libro. Hablábamos sobre las cosas que sabíamos, le contaba yo el relato de mi madre detenidamente, y ubicábamos lugares y posibles destinos para el viaje. Estando una de las noches charlando le conté sobre la chica de los piercings y sobre aquello sucedido en la playa. En lo maravilloso que había sido esa experiencia. Ella enmudeció por un rato. Pensé que se había dormido, pero no. En un movimiento de cortinas se filtró la luz lunar y vi el brillo de sus ojos resplandecer en medio de la oscuridad. Estaba pensando mientras mantenía sus ojos observando el techo. Terminé durmiéndome y sumiéndome en sueños que evocaban a la luna, el mar y las estrellas.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;A la mañana siguiente, tras despertar, Marina estaba desnuda apoyada en el alféizar de la ventana. Me causó un impacto visual verla así, desnuda, del otro lado de la ventana recibiendo el sol de la mañana. No hacía frío, era más bien una mañana húmeda. Acercándome a ella en silencio la tomé por su cintura y la besé en el cuello.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Buen día -dije- ¿qué haces  desnuda aquí?&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 150%;"&gt;- Me gusta hacerlo. Me siento libre  y fantástica así ¿Nunca has probado de caminar desnudo por la  casa o el patio? Es algo liberador,&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 24px;"&gt;créeme&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 150%;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Sí, había caminado desnudo por mi casa muchas veces en mi vida, pero jamás lo había hecho en el patio.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Te sientes bien? -pregunté.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Sí. Solo que me he quedado  pensando en eso que anoche me contabas sobre la chica, esa, la de  los piercings.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- ¿Y qué con ello?&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Nada. Solo pensaba...&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Al rato entró a la casa y se puso una campera por encima de los hombros. Seguía caminado desnuda sin intención alguna de vestirse. Preparó dos tazas de café y puso unas galletitas azucaradas en una cesta. Desayunamos en silencio. Por la radio sintonizábamos un programa mañanero en el cual se daban noticias actuales y se contaban chistes. Cada tanto, tras escuchar algún chiste, ella sonreía. Yo observaba su sonrisa y la forma en que lo hacía. Hay personas que tienen en su sonrisa el espejo de su alma y tras verla sientes que son maravillosas, así era la sonrisa de ella.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;- Hoy es el séptimo día, del  séptimo mes de nuestro noviazgo -dijo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="line-height: 150%; margin-bottom: 0.35cm; text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Aquella frase irrumpió en medio de la habitación acribillando el silencio. “El séptimo del séptimo”, dije en voz baja mientras sorbía café. Había pasado el tiempo y de una manera que jamás pensé que lo haría. Arrastré mi mano derecha por la mesa y toqué la suya. Entrelazamos los dedos y nos quedamos mirándonos con cierto aire extasiado através del vapor de las tazas de café. Afuera el sol comenzaba a remontar el día como si se tratara de un barrilete deseando subir al cielo. Adentro el amor remontaba más amor como sucede siempre cuando dos seres humanos se encuentran enamorados.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104269067633" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1104269067633" src="http://resources.safecreative.org/work/1104269067633/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html"&gt;17&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-6235974336822166499?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/qppC-_TWMrQ" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/qppC-_TWMrQ/saint-exupery-dieciocho.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciocho.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-6166693042641239299</guid><pubDate>Mon, 25 Apr 2011 03:02:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-25T00:02:16.871-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (diecisiete)</title><description>DIECISIETE&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el alféizar de la ventana del dormitorio un par de gorriones irrumpieron con su juego despertándome. Los observé por un instante. Se los veía tan pequeños y libres, disfrutando del placer del poder vivir un nuevo día, que de pronto me entró un profundo deseo de sentir al menos por unos cuantos siglos la inmortalidad. Marina yacía a mí lado, dormida, con la mitad de su cuerpo tapado por la sábana y la otra mitad expuesta, exhibiendo una exquisita desnudez. Me reincorporé y observé por un instante a los gorriones que ahora estaban ambos parados en la esquina del alféizar. De repente levantaron vuelo y se elevaron al cielo como si con aquel gesto indicaran a quien los observase que hay un mundo infinito en el cual se puede volar y ser libre. Seguí sintiendo aquellas ganas de ser inmortal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras vestirme me senté en la cocina a tomar una taza de café. Era un día cálido, un domingo parecido a otros domingos ya vividos, pero sin lugar a dudas era distinto pues había amanecido con una mujer en mi cama y en mi propia casa. Por lo general los domingos son demasiado tranquilos y mucho más en el barrio donde siempre he vivido. Las calles aparecen solitarias de punta a punta, y solo los vecinos que salen a comprar sus mercaderías se dejan ver cerca del mediodía. Mientras sorbía el café pensaba en lo ocurrido la noche anterior. Los besos, las caricias, la desnudez de Marina, el modo de mirarnos y de decirnos las cosas con frases cortas, los besos diminutos sobre la piel, el éxtasis del orgasmo final. Sin dudas sería una noche que jamás olvidaría, pero aún no lograba unir las partes del rompecabezas que estaba desintegrado dentro de mi “yo”. No sabía qué sentía por ella ni tampoco podía expresarlo. Muy pocas cosas pueden expresarse con palabras. Los sentimientos son tal vez los más complicados de expresar para los seres humanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras terminar la taza de café me vestí y me senté en los escalones de la entrada de la casa. Observé la callé hacia un lado y hacia el otro y seguía estando tan vacía como cuando la observé tras levantarme. Todos dormían aún, me dije. O bien todos estaban dentro de sus hogares desayunando y viviendo con intensidad sus lazos afectivos en familia. Esa imagen me hizo recordar a mi madre y  a su vez me hizo extrañarla. Debía tener en claro qué significaba para mí Marina Fernández pues no quería herirla ni herirme yo tampoco. La vida cambia vertiginosamente el destino para nosotros y si no estamos bien aferrados podemos golpearnos duro, y en ese mismo golpe arrastrar y hacer daño a otras personas. Y no quería eso. Al contrario, lo que más deseaba era ser completamente feliz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volví al interior de la casa y vi que Marina comenzaba a despertar. Me senté en el costado de la cama que había ocupado yo la noche anterior.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Ya has vuelto de la luna? –dijo con una sonrisa y desperezándose.&lt;br /&gt;
- Sí, hace un par de horas –respondí.&lt;br /&gt;
- ¿Tanto?, ¡me hubieras despertado! –exclamó aún con aquella bonita sonrisa en su rostro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejó caer la sábana y su desnudez irrumpió en el aire de la habitación. Su belleza corporal era casi perfecta. Poniéndose de rodillas sobre el colchón me rodeó con sus brazos, apoyó sus pechos en mi espalda y dándome diminutos besos en mi cuello dijo que estaba feliz de estar allí, justo en ese instante, conmigo. Podía sentir la tibieza de sus pechos en mi espalda y eso me hizo tener una erección. Volvía a tener ganas de hacer el amor con ella y de no dejar de sentir esa exquisita sensación, sin embargo sabía dentro de mis fueros interiores que debíamos de hablar para que aquello no se estrellase y sí tomara por un buen camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué piensas que es esto? –pregunté.&lt;br /&gt;
- ¿Esto?, ¿te refieres a lo de anoche?, ¿a hacer el amor y estar aquí, ahora, despertando en tú casa, besándonos, y todo eso?&lt;br /&gt;
- Sí.&lt;br /&gt;
- Pues creo que es algo que naturalmente ha surgido –dijo cerca de mi oído izquierdo- Es algo que vengo deseando desde hace tiempo cuando empezaba a sentir que eras distinto a los demás hombres.&lt;br /&gt;
- ¿Yo distinto?&lt;br /&gt;
- Sí, no olvides que eres mi hombre lunar.&lt;br /&gt;
- Hablando en serio –interrumpí- ¿crees que soy distinto? Yo me considero común y corriente, a veces hasta un tipo verdaderamente vulgar y con pocas luces.&lt;br /&gt;
- Pues no deberías verte así. A las mujeres no nos gusta que un hombre se menosprecie. No lo hagas. Aunque creo que es un truco que usas adrede, pues sabes perfectamente cuán importante e inteligente eres.&lt;br /&gt;
- Nunca había pensado en eso –dije. ¿Crees que lo hago adrede?, me refiero a generar una especie de escudo protector para atraer y a su vez no ser lastimado haciéndome ver como un tipo menos de lo común.&lt;br /&gt;
- Sí. Creo que lo haces un poco conscientemente, pero la gran parte de las veces inconscientemente. Es tú modo de seducir. Es tú manera de ingresar la llave en la puerta del corazón de una mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras la escuchaba decir aquello puse mi mentón entre mis manos y en una perfecta pose de “El Pensador” me quedé sopesando sus palabras. Había algo de cierto en todo lo que decía. Ella había logrado desmenuzar mi personalidad y organizar parte del rompecabezas de mi propio ego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Creo que estoy enamorada de ti.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras escuchar aquello sentí un impulso terrible de besarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hicimos el amor durante toda la mañana poniéndole un broche de oro a aquel día domingo de una manera espléndida. Recién salimos de la cama al atardecer, cuando los últimos rayos de sol se iban escondiendo detrás de la parra y ya no tenían fuerza para traspasarla. Nos vestimos y tras tomar un vaso de gaseosa quedé de acompañarla a su casa. Ahora la calle ya estaba habitada. Se veía a familias paseando, a algunos vecinos sentados en las verjas de sus casas observando a la gente pasar. Una paz y tranquilidad podía observarse por donde se mirase.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Apenas hicimos un par de metros ella me tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los  míos. Me sentí increíblemente bien. Algo había cambiado y de manera drástica. Cuando hizo aquello la miré de soslayo y ella se veía sonriente, feliz, dejando que el viento golpease de lleno en su rostro y su pelo, desordenando sus hermosos bucles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al caminar unas cuadras cruzamos por enfrente del viejo edificio del hostel “Roma”. Ya casi estaba el ciento por ciento demolido y un cartel gigante explicaba aquello que Pérez me había dicho: sería un edificio con departamentos únicamente para gente de la tercera edad. Sin embargo no sentí nada en especial al pasar por allí. Eso me causó una increíble extrañeza. Era la primera vez después de mucho tiempo que aquel sitio no accionaba silenciosamente sobre mi subconsciente. Marina seguía tomada de mi mano y caminaba con una sonrisa a flor de labios. El anochecer ya estaba presente y las primeras estrellas se plasmaban en el cielo. Las marquesinas y los carteles de neón comenzaban a encenderse y así el día dejaba paso a la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomamos un colectivo que nos depositó casi enfrente del edificio donde Marina Fernández vivía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Quieres subir? –me preguntó.&lt;br /&gt;
- Hoy no, prefiero volver a casa y descansar. Ha sido un día muy atípico –dije sonriéndome. &lt;br /&gt;
- Sí, lo sé –dijo ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nos despedimos con un beso en los labios y esperé a que entrara al edificio. Cuando perdí su silueta de vista di media vuelta y comencé a caminar en dirección a la parada de colectivo. Al llegar, una anciana esperaba sentada mientras tejía algo con agujas y lana. Me descubrí sonriendo. Estaba apoyado en el caño que sostenía el cartel indicador  de la parada y no podía dejar de sonreír. En ese instante caí en la cuenta que hacía mucho tiempo que no sonreía, y se sentía exquisitamente bien.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Está feliz, hijo? –dijo la anciana irrumpiendo en medio del silencio.&lt;br /&gt;
- Sí, señora… muy feliz –respondí.&lt;br /&gt;
- Hmmmmm ¿amor?&lt;br /&gt;
- Tal vez… tal vez…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ese lunes al llegar a la redacción Marina Fernández ya estaba allí como siempre, leyendo sus diarios y tomando un café. Pero esta vez fue distinto. Apenas me vio llegar me hizo una seña que me llegara a su oficina. Al entrar, y sin miedo a que nos viera nadie, me besó en los labios. Pude sentir la mirada de toda la redacción en mi nuca. Sin embargo no me interesó. Al salir a prepararme un café Pérez fue el primero en abordarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡No lo puedo creer! –dijo con una sonrisa- ¡¿viste?!, ¡yo tenía razón, amigo!... ¡te felicito!&lt;br /&gt;
- Sí, tenías razón –respondí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esos días fueron los más felices de mi vida. Mi relación con Marina Fernández comenzó a acrecentarse y poco a poco empecé a notar que la semilla del enamoramiento había calado hondo en mi corazón. No concebía un solo día sin estar junto a ella, y pasaba la mayor parte del día con su presencia. Fui descubriendo poco a poco lo hermosa mujer que era y su belleza exterior fue quedándose relegada y dándole paso a su belleza interior. No podía entender como no logré nunca ver en ella todo aquello que ahora se posaba frente a mis ojos. Desde la calidez de sus gestos hasta la dulzura de  sus palabras. El modo de mirarme, la manera de tratarme, la necesidad de estar a mi lado, el deseo de hacerme suyo, todo era nuevo y emocionante. Lograba introducirme día tras día en aquel maravilloso laberinto del enamoramiento del cual no quería salir por nada del mundo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las mañanas al despertar ella me atrapó con sus brazos y me retuvo en la cama.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Espera, no te levantes, quiero preguntarte algo ¿Puedo?&lt;br /&gt;
- Claro –respondí aún con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;
- ¿Hay cosas que te guardas y no me cuentas?, me refiero a si guardas secretos o vivencias en tú interior que te son difíciles de contarme.&lt;br /&gt;
- Todos lo hacemos –dije- y supongo que es sano que suceda, después de todo es parte de nuestra intimidad.&lt;br /&gt;
- ¿Me contarías algún secreto esta mañana?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y se me ocurrió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Tal vez…&lt;br /&gt;
- ¿Tal vez?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras comenzaba a vestirme tuve unas ganas irresistibles de contarle sobre el libro que mi padre había regalado a mi madre el día que se conocieron. Surgió así, de repente, como un rayo dentro de mí cabeza, que decía “cuéntaselo… cuéntaselo”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hay algo que no te he contado nunca –comencé diciendo- y es referido a mi madre y mi padre. Me enteré de ello poco tiempo antes de la muerte de mi madre. Se trata de un libro…&lt;br /&gt;
- ¿Un libro?, interesante…&lt;br /&gt;
- Sí, un  libro que mi padre le regaló a mi madre el día que se conocieron.&lt;br /&gt;
- ¿Y qué libro es?, ¿cuál es su título, cuál su autor?&lt;br /&gt;
- Bueno, esas respuestas son parte del misterio. Verás, el día que mi padre se lo regaló a mi madre ésta no se lo quedó, lo dejó a un sacerdote en una iglesia.&lt;br /&gt;
- ¿Y por qué haría aquello tú madre? &lt;br /&gt;
- No lo sé. La gente hace cosas alocadas a veces –respondí dándome vuelta y mirándola.&lt;br /&gt;
- ¿Y nunca te han entrado ganas de saber qué libro es o su autor?&lt;br /&gt;
- Pues a veces sí. Desde que lo supe el bichito de la curiosidad me suele visitar. Pero eso no es todo.&lt;br /&gt;
- ¿Hay más?&lt;br /&gt;
- Sí. Yo prometí a mi madre que buscaría el libro y me lo quedaría. Que encontraría la iglesia y localizaría el libro. Siempre y cuando el sacerdote aún viva o bien le haya dejado el libro a alguien si no está vivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ella entonces se sentó en la cama sujetando sus piernas con sus brazos. Su desnudez seguía siendo exquisita. Por un momento quedó en aquella pose, dubitativa, pensante. Seguí vistiéndome. Al salir de la habitación tuve el presentimiento que aquel pensamiento que a ella la mantenía atrapada era muy importante en sí. Pocas veces había visto aquella manera de mirar en ella. No quise interrumpirla. Decidí regar las plantas del jardín y acomodarlo un poco, quitando las malas hierbas y podando las ramas de la parra que caían casi medio metro en dirección al suelo. Estuve trabajando en el jardín cerca de una hora y Marina no aparecía. Pensé que se había dormido, entonces entré despacio y me dirigí a la habitación. Encontré la cama revuelta, y una nota sobre las sábanas:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Ante todo discúlpame por irme sin despedirme. No sé qué me pasa pero tengo necesidad de salir ya y tomar un poco de aire fresco. &lt;br /&gt;
La historia que me has contado sobre tus padres, el libro y la promesa de encontrarlo me ha vulnerabilizado demasiado ¿Aún existen historias de amor así? Creo que me he vuelto demasiado escéptica con los años. Quisiera ayudarte, si me lo permites, claro, a encontrar ese libro. Pero es ahí donde me he quedado varada en mis pensamientos: ¿aceptarías que te ayude aun sabiendo que yo anhelaría tener algo como lo de tus padres contigo? Me parece justo decírtelo de antemano. Me interesas, y mucho. Y el hecho de ofrecerme a ayudarte no quiero que sea una presión para ti, ni mucho menos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Piénsalo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya sabes dónde encontrarme…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Marina.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volví al jardín y terminé de arrancar la mala hierba. Arrojé todo en una bolsa y lo deposité en la vereda para que el camión de la basura lo recogiera. Corté unas margaritas y las coloqué en un jarrón con agua limpia sobre la mesa de la cocina. Luego me senté a la mesa y me sumí en pensamientos. Debía tomar una decisión: buscar o no aquel libro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104259055756" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1104259055756" src="http://resources.safecreative.org/work/1104259055756/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html"&gt;16&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-6166693042641239299?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/BVdmeXJI8VU" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/BVdmeXJI8VU/saint-exupery-diecisiete.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-diecisiete.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-8901573242738759397</guid><pubDate>Mon, 18 Apr 2011 03:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-18T00:00:04.105-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (dieciseis)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-pUJ2brO11vo/TahBdxFHoBI/AAAAAAAACbU/xDm6YS95Wv8/s1600/tumblr_ljjaglNsG31qgtebzo1_500.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-pUJ2brO11vo/TahBdxFHoBI/AAAAAAAACbU/xDm6YS95Wv8/s1600/tumblr_ljjaglNsG31qgtebzo1_500.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DIECISÉIS&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era sábado por la tarde y me disponía a tomar un café tendido en el sofá. Hacía poco rato había llovido y por la puerta del patio entraba olor a tierra mojada. Los pájaros revoloteaban y jugaban sobre la parra y poco a poco el cielo iba abriéndose y esparciendo sus nubes. En eso sonó el teléfono.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola, ¿ya has vuelto? –dijo Marina Fernández del otro lado de la línea.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Posé la taza de café sobre la mesa ratona y me tendí en el sofá, con los pies apoyados sobre un respaldo y mi cabeza en el otro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sí, he vuelto –dije un tanto melancólico.&lt;br /&gt;
- Te he echado de menos. No sé bien el porqué, pero los días en tú ausencia han sido largos y tediosos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En ese instante recordé las palabras de Pérez. De repente todo parecía estar muy claro. Mi corazón comenzó a latir con más ánimo y las manos comenzaron a sudarme. Me incorporé en el sofá y mientras miraba el suelo proseguí la conversación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Por qué crees que me has extrañado durante mi ausencia, Marina? –pregunté con cierta ansia que indudablemente ella pudo sopesar del otro lado de la línea.&lt;br /&gt;
- Ya te he dicho que no lo sé. Pero aún lo supiera no te lo diría por teléfono. En este momento no soy tú compañera de trabajo, soy tú amiga que te está llamando por teléfono a tú casa. Y eso es un gran diferencia. Creo que estando en este rol las cosas te las diría únicamente frente a frente y no a través de un teléfono o una computadora.&lt;br /&gt;
- Es cierto –respondí.&lt;br /&gt;
- ¿Quieres verme?&lt;br /&gt;
- Sí –dije sin dudar un instante.&lt;br /&gt;
- ¿Ahora?&lt;br /&gt;
- Ahora… ven a cenar…&lt;br /&gt;
- Ahí estaré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con un impulso me levanté del sofá, me calcé las zapatillas y tras agarrar la billetera salí rumbo al mercado a comprar mercaderías para hacer una rica cena. Mientras iba rumbo al mercado crucé por el frente del viejo hostel “Roma”. Yacía semi derrumbado, dando una apariencia tétrica al lugar. Detuve un instante el paso y contemplé con añoranza las ruinas. Al cabo de un instante proseguí camino y tuve la sensación que una sombra se había colado en mi espalda; una sombra que había huido de las ruinas y deseaba permanecer conmigo y no ser extinguida. Al llegar al mercado esa sensación se esfumó y entonces entré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Compré unas cuantas cosas para hacer una rica cena, incluida una botella de vino blanco. Cenaríamos pescado, verduras al vapor, y de postre unos pequeños flanes de vainilla y chocolate. A eso de las nueve de la noche prendí unas cuantas velas en distintos lugares de la cocina y el comedor. Deseaba que el ambiente fuera ameno y un tanto especial. Tenía la impresión que eso le gustaría a ella. Cuando la cena casi estuvo lista sonó el timbre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿He sido puntual? –preguntó ella con una bonita sonrisa&lt;br /&gt;
- Sí, claro –respondí de manera estúpida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se mantuvo parada por un instante en la puerta y la contemplé con gran admiración. Vestía un vestido verde claro ajustado al cuerpo, un generoso escote, zapatos negros de tacos altos, el pelo con enormes bucles y su rostro solo contenía el justo detalle de maquillaje. De ella emanaba una frescura y una feminidad inquietante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Pasa algo? –preguntó.&lt;br /&gt;
- No, nada, solo que estás muy linda –respondí.&lt;br /&gt;
- Gracias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces nos dimos un abrazo y un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa noche después de cenar decidimos sacar un par de sillas y sentarnos debajo de la parra. Coloqué el vino en un balde de acero con hielo y nos sentamos a charlar y beber.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bebíamos de a pequeños sorbos y por momentos no hablábamos de nada. Solo observábamos todo a nuestro alrededor en medio de la penumbra. A lo lejos podía escucharse cómo la ciudad comenzaba a dormirse. Por la calle no pasaba un alma. Parecía que lentamente el mundo comenzaba a detenerse y permanecía expectante a nuestra función privada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿En qué piensas? –le pregunté.&lt;br /&gt;
- Pienso en todo lo que ha pasado en este tiempo. Me refiero al tiempo que engloba nuestra relación. Desde el día que te conocí en el ascensor y estabas tan nervioso por tú nuevo puesto, la muerte de tú amigo, el progreso en tú puesto, en cómo se afianzó nuestra amistad y hemos pasado a ser amigos íntimos que se cuentan cosas que a otros no contarían… en todo eso pienso.&lt;br /&gt;
- ¿Y es bueno que pienses en ello?&lt;br /&gt;
- Lo es. Me gusta lo que pienso ¿Alguna vez has analizado si tus pensamientos te gustan o no?&lt;br /&gt;
- No, nunca. Solo pienso cosas y punto. No le doy demasiadas vueltas al asunto.&lt;br /&gt;
- En cambio yo sí analizo mucho mis pensamientos. A veces creo que pertenezco al subconjunto de personas que piensa en demasía. Me voy por las ramas, divago mucho. Hasta suelo sentirme presa de mis propios pensamiento. Sé que es algo negativo para cualquier personalidad, pero también sé que no es fácil dominar ese tipo de situaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acercó su copa de vino y con un gesto hizo que le sirviera más. Tomé la botella, la incliné lentamente y dejé caer el líquido dentro del vaso mientras le esbozaba una sonrisa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Alguna vez has pensado en mí?, me refiero a si has pensado en mí en modo distinto a ser yo tú amiga.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un calor subió de repente desde mis piernas hasta los pelos de mi cabeza. Ahora parecía que tanto la ciudad como el tiempo se habían detenido por completo y estaban complotados en mi contra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- A decir verdad no –respondí con sinceridad.&lt;br /&gt;
- Lástima –dijo ella- pues yo sí lo he hecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces bebió un par de sorbos de vino y ya no volvió a hablarme por un largo rato.&lt;br /&gt;
Pensé que si le hubiera dicho que sí, que pensaba a menudo en ella, tal vez no se habría plantado aquel profundo silencio entre ambos, pero no podía ser hipócrita. Me levanté de la silla y me puse en cuclillas a su lado. Tomé su mano, la acaricié y me quedé contemplando su rostro que ahora estaba la mitad alumbrado por la luz de la luna y la otra mitad sumido en la oscuridad que impartía la parra. En aquel modo de mirarnos podía verse claramente que no hacía falta decir muchas palabras para comunicar un sentido común. Al acariciar su mano su boca lentamente iba esbozando una sonrisa que expresaba su beneplácito a mi acción. Mi cabeza no pensaba en nada, solo me dejaba llevar por el momento y los hechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Quieres besarme? –preguntó ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces me incorporé, tomé su rostro entre mis manos y comencé a besarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de besarnos por un instante entramos a mi habitación. No encendimos la luz. Tan solo abrí la ventana de par en par y dejé que el brillo de la luna reptara por el interior de la habitación dotando a las paredes de una textura grisácea y suave. Dejé caer las tiras de su vestido hasta que éste se deslizó suavemente, cayendo finalmente al piso. Tomé su pelo entre mis manos y lo acomodé sobre sus hombros. Podía ver el brillo de sus ojos alumbrado por la luz lunar. Sus labios resaltaban por su humedad y belleza. Quité lentamente su ropa interior. Podía sentir cómo su piel se erizaba y sus pezones lentamente comenzaban a ponerse erectos. En ese instante sentí que yo también tenía una erección y me fundí con ella en un abrazo mientras nos besábamos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Te gusto? –me preguntó.&lt;br /&gt;
- Mucho –dije sin dejar de mirarla a los ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hicimos el amor un par de veces. Lo hicimos con fuerza, con ganas, con mucho deseo contenido. Su piel emanaba un exquisito olor y sabía exquisita. Casi al dormirnos la abracé por su cintura y posé mi rostro en sus hombros. Ella observaba la luna a través de la ventana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Eres un hombre lunar –dijo.&lt;br /&gt;
- ¿Un hombre lunar? –pregunté sorprendido.&lt;br /&gt;
- Sí. Vives en la luna, eres único. No lo tomes a mal, no lo digo con el fin de decirte que eres distraído. No. Eres un hombre único, a eso me refiero.&lt;br /&gt;
- No lo creo –dije- más bien creo ser común y corriente, y a veces un tanto introvertido.&lt;br /&gt;
- No, no lo eres. Eres especial. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras hablaba ella seguía mirando fijamente la luna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Creo que habitas en el lado oscuro de la luna. Ese lado tan misterioso y que tanto llama la atención. &lt;br /&gt;
- ¿Tú crees?&lt;br /&gt;
- Sí. Te imagino como un caminante lunar que sale en los atardeceres a caminar en esa soledad y aun así tiene deseos de vivir y aprender de sus errores. Creo que desde el primer día que te conocí pienso así. Hay pocos hombres como tú.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miré la luna y la contemplé por un rato. Me imaginé caminando por el lado oscuro, inmerso dentro de una profunda oscuridad, sin sonidos, sin vida alrededor, con mucho frío. Ese pensamiento me hizo sentir demasiado solo y triste. La abracé fuerte y acaricié sus pechos tibios. Ella acomodó su cuerpo al mío en un perfecto encastre. Pronto se durmió. Yo en cambio seguí contemplando la luna y pensando cómo escapar de aquel lado oscuro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104158980845" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" rel="cc:license"&gt;&lt;img src="http://resources.safecreative.org/work/1104158980845/label/barcode-72" style="border:0;" alt="Safe Creative #1104158980845"/&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-quince.html"&gt;15&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Imagen: http://26.media.tumblr.com/tumblr_ljjaglNsG31qgtebzo1_500.jpg )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-8901573242738759397?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/7MFFsHZEaYA" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/7MFFsHZEaYA/saint-exupery-dieciseis.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-pUJ2brO11vo/TahBdxFHoBI/AAAAAAAACbU/xDm6YS95Wv8/s72-c/tumblr_ljjaglNsG31qgtebzo1_500.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-dieciseis.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-6384916043434601222</guid><pubDate>Fri, 15 Apr 2011 04:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-15T01:29:56.154-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (quince)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-RjYymJVIP_k/TafJUoa2k5I/AAAAAAAACbQ/LCnith-HCfw/s1600/tumblr_ljid07ejjg1qa5045o1_500.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://4.bp.blogspot.com/-RjYymJVIP_k/TafJUoa2k5I/AAAAAAAACbQ/LCnith-HCfw/s1600/tumblr_ljid07ejjg1qa5045o1_500.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
QUINCE&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la noche en la playa volví durante dos noches más al mismo lugar sin encontrar a la chica. No había vuelto a pasar por el hotel, no había llamado tampoco, y el mar no acusaba recibo de su visita. Cada una de las noches en que volví solitariamente a la playa me sentaba en la arena a observar el cielo nocturno y el rumor del oleaje. El agua marina llegaba hasta casi alcanzar mis pies y se retiraba rápidamente, como si de ese modo jugara conmigo a un juego que yo no lograba del todo comprender . Comencé de a poco a sentir una sensación placentera estando frente al mar. En cada visita me concentraba y podía sentir el aire puro ingresando a mis pulmones; era entonces que cerraba los ojos y dejaba la mente en blanco, solo sintiendo por un instante aquel hálito de naturaleza dentro de mí que me llenaba de vida. Al cabo de un rato, ya extasiado de ver el mar bajo el brillo lunar, me recostaba sobre la arena y observaba las mismas estrellas que había visto la primera noche. «Es la misma constelación», me decía, e inmediatamente sonreía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Echaba de menos a aquella chica. Sin quererlo había ingresado lentamente a mi vida y la había recargado de una energía positiva devolviéndole el brillo que tal vez en aquel momento yo había ido a buscar a Colombia, lejos de la ciudad donde vivía. No obstante pensé que tampoco debía sumirme en tan profundos pensamientos por su ausencia. No. Debía de disfrutar mis vacaciones y acomodar mis ideas y mi interior. Una conexión con aquel mar era inevitable. Eso me mantenía abstraído, y casi al punto del divague total. Volví a traer momentos felices y no tan felices a mi memoria.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tercer día estando en la playa me eché sobre la arena y con la vista clavada en las estrellas vi pasar uno a uno mis recuerdos. Le preguntaba a mi corazón qué deseaba para mí, y éste como si se tratase de una charla tímida y escueta solo latía acompasadamente para mantenerme vivo. Pronto un olor a vegetación fresca y joven había invadido por completo la playa. Se aproximaba rápidamente una tormenta tropical. La brisa comenzó a dar paso a un viento fresco que movía con firmeza las ramas de las palmeras. Entonces deseé que lloviera. Que una lluvia fresca y rejuvenecedora me empapara por completo y limpiara mi alma de todo aquello que la atormentaba. Refucilos que dejaban de día la noche se sucedían casi minuto a minuto. Truenos y el viento cada vez más fuerte avisaban que era inminente la lluvia. Finalmente se desató un terrible y torrencial aguacero. Permanecí inmóvil en el mismo sitio. Las gotas de lluvia caían sobre mi rostro y se deslizaban rápidamente por mi cuello hasta caer sobre mi pecho. En un santiamén estuve empapado. Sin embargo sentía una cálida felicidad en mi interior. Creo que jamás había tenido una sensación de tal magnitud. Ni siquiera en los mejores días de mi juventud. Cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones que mi propio cuerpo murmuraba a mi cerebro. El mar ahora rugía. El oleaje impactaba contra la saliente de rocas y ese sonido hacía estremecer todo el lugar. Permanecí ahí un largo rato disfrutando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volvía caminando por la ruta cuando recordé aquella charla con mi madre y su libro escondido. “¿Qué libro sería aquel?”, me pregunté una vez más. Nació entonces dentro de mí una profunda curiosidad, a tal medida que cada paso que daba debajo de la torrencial lluvia más se acrecentaban las ansias de recuperar aquel tesoro extraviado. Solo que no tenía idea por dónde empezar. Mi madre había sido demasiado escueta en su relato. No había muchos indicios de donde tomarse. Si bien sabía que lo había dejado a un sacerdote en la iglesia del pueblo donde se conocieron tampoco sabía cuál era la iglesia, ni conocía el nombre del sacerdote. Pero eso no me detendría. Eso mismo murmuré al entrar al hotel. El conserje me observó con cara de pánico cosa que minimicé al hacerle un gesto indicándole que todo estaba bien, que a veces es bueno empaparse bajo la lluvia tropical.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La chica de los piercings no volvió a aparecerse por el resto de mi estadía en Colombia. Por más que la esperé en los atardeceres y más aún cuando caía la noche, ella no dio señales de vida. Ese modo de entrar y salir de mi vida se había vuelto algo común para ella. Decidí entonces tomarlo así, sin darle más importancia de la que debía y aprovechando cada uno de nuestros encuentros para disfrutar de su compañía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en el aeropuerto, mientras esperaba el vuelo, veía como los aviones llegaban y partían trayendo y llevando vidas. Me pregunté en ese momento si alguien vendría a un lugar como Colombia a descansar y reencontrarse con uno mismo tal como lo había hecho yo. Seguramente que sí. En cualquier lugar del mundo uno puede reencontrarse, solo hay que saber encontrar ese punto y entablar ese diálogo tan profundo y directo consigo mismo. De pronto mientras transcurría la espera el cielo comenzó a nublarse y algunas gotas comenzaron a caer y deslizarse por los grandes ventanales. Era increíble ver cómo un clima puede pasar tan rápidamente de un estado a otro y cuánto influencia ello en cada ser vivo. Me llegué hasta uno de los ventanales y apoyé mi frente en el vidrio mientras observaba la pista. Un avión de Air France levantaba vuelo y se perdía lentamente entre las nubes grises que ahora eran dueñas del cielo. Una sensación nostálgica me sobrevino. Por un momento recordé el primer día que pisé el suelo colombiano, el mar, la arena de la playa bajo mis pies, las estrellas, la luna, la chica de los piercings. Sin embargo debía volver, ya era hora.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al llegar a Ezeiza me encontré con el gordo Pérez. Estaba ahí, esperándome con una gran sonrisa. Apenas nos vimos nos abrazamos y nos dimos de esas palmadas que solo los amigos conocen y saben de qué se trata. Cruzamos un par de preguntas y respuestas y luego nos dirigimos a embarcarnos nuevamente para viajar a Córdoba.  Sobrevolando las ciudades pensaba en lo diminuto que es el ser humano. Pérez miraba por la ventanilla del avión y no dejaba de señalarme los campos, las vacas, los edificios de las ciudades que vistos desde el cielo parecían pertenecientes a una maqueta de un estudiante de arquitectura. Al llegar al aeropuerto decidimos tomarnos un café. Mientras leía el diario y me ponía al corriente de las noticias del país tuve una conversación con Pérez.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Se ha notado tú ausencia en estos días, amigo. En la redacción no había nadie que no te echara de menos. Marina Fernández  ha sido la primera. Creo que le gustas –dijo- pero también creo que es de ese tipo de mujeres que tiene la vida medio resuelta y que en su carácter de independiente no modificará fácilmente su carrera para estar con un hombre.&lt;br /&gt;
- Pienso lo mismo –respondí-, aunque no estoy seguro de que ella se fije en mí. &lt;br /&gt;
- Pues creo que te equivocas. Mira, en estos días siempre ha habido un momento, o una charla, en la que ella te ha mencionado; y en su expresión facial había un dejo de extrañeza, como de esas personas que tienen sentimientos fuertes por otras y sus rostros no pueden esconderlo. Pero claro, ¡qué va!, ¡ella no será la que se juegue por ti, sino que tú deberías serlo! –dijo Pérez con subido tono de voz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me limité a seguir leyendo el diario en silencio, pero no podía quitarme la idea principal de la charla. Tal vez Marina Fernández hubiera posado sus ojos en mí, ¿por qué no?, si al fin y al cabo yo era un tipo común que podía hacer feliz a cualquier mujer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin dar más vueltas cerré el diario, me despedí de Pérez y tomé un taxi a mi casa. Mientras recorría las calles el chofer colocó un disco compacto de música lenta. Hundí mis hombros en el asiento y posé mis ojos perdidamente en el horizonte que lograba verse a través de la ventanilla. El atardecer comenzaba a abrirse paso y para ello teñía de anaranjado nubes y todo lo que encontraba a su paso. Al pasar por una calle un cartero introducía correo en distintos buzones alineados uno al lado de otro, y una chica recibía de él una carta en sus propias manos. La cara de felicidad de la joven al recibir la carta me llamó la atención. Era una alegría descomunal, como si aquel sobre diminuto trajera consigo un secreto muy bien guardado que tal vez alegraría completamente su corazón o bien cambiaría su vida. «Secretos»-dije para mis adentros-«después de todo de eso se trata…»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104158978767" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1104158978767" src="http://resources.safecreative.org/work/1104158978767/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-catorce.html"&gt;14&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Imagen: http://30.media.tumblr.com/tumblr_ljid07ejjg1qa5045o1_500.jpg )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-6384916043434601222?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/ZjNWUZ5Amic" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/ZjNWUZ5Amic/saint-exupery-quince.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/-RjYymJVIP_k/TafJUoa2k5I/AAAAAAAACbQ/LCnith-HCfw/s72-c/tumblr_ljid07ejjg1qa5045o1_500.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-quince.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-3621567972185130219</guid><pubDate>Wed, 13 Apr 2011 01:58:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-12T22:58:22.551-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (catorce)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-cBTreFhpdwI/TaUC-uTpkmI/AAAAAAAACbM/lxJyc5QgaTg/s1600/tumblr_ljkep5Ydyg1qe5o85o1_500.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://1.bp.blogspot.com/-cBTreFhpdwI/TaUC-uTpkmI/AAAAAAAACbM/lxJyc5QgaTg/s1600/tumblr_ljkep5Ydyg1qe5o85o1_500.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
CATORCE&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A medida que el automóvil en el que viajábamos avanzaba por la autopista la oscuridad parecía envolvernos con más fuerza. Solo al salir de las luces de la ciudad y entrar en el descampado se podía observar el mar a la derecha y cómo la luna reflejaba penosamente sobre él. La-chica-de-los-piercings manejaba con agilidad y destreza, en un mutismo inusual para ella según yo recordaba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la media hora de viaje, ya en plena ruta, ella miró hacia el mar y entonces me dirigió la palabra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Sorprendido?&lt;br /&gt;
- Pues no es para menos –respondí.- ¿Acaso tú no lo estarías?&lt;br /&gt;
- Supongo que sí. Aunque las sorpresas me encantan. No las analizo en demasía, tan solo las acepto tal cual se presentan ante mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viento que entraba por las ventanillas del automóvil era cálido y con olor a mar. Saqué un poco la cabeza y dejé que el viento me diera de lleno. Apenas podía respirar, pero era tan placentero que dejé que aquella sensación siguiera por un rato mientras mantenía mis ojos cerrados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Dime, ¿por qué Colombia? –preguntó la chica.&lt;br /&gt;
- No, mejor dime tú qué haces aquí y cómo sabías que yo vendría justo esta noche y en ese aeropuerto.&lt;br /&gt;
- La respuesta es fácil –respondió.- Vivo en Colombia hace tres meses. Integro un grupo de ecologistas que trabajan en áreas selváticas en busca de especímenes de plantas en punto de extinción. Es un trabajo encantador. Me fascina. Cada tanto tenemos que recoger a algún compañero ecologista que llega al aeropuerto, pero esta noche me ha tocado llevar uno de regreso y al estar allí he visto que procedía un vuelo desde Argentina. Y ahora viene lo más especial de todo: cuando leí lo del vuelo tuve una rara sensación, como si algo en mi interior me dijese que debía quedarme, que algo sucedería. Y así fue…&lt;br /&gt;
- Claro, en ese vuelo desde Argentina venía yo…&lt;br /&gt;
- Así es… ¿ves?, la vida tiene esas cosas tan extrañas…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volví a meter la cabeza dentro del automóvil y me concentré en la ruta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Me puedes decir adónde vamos?, tengo un hotel que me espera con una habitación.&lt;br /&gt;
- No importa, después te llevaré al hotel si quieres. Pero quiero que antes veas algo.&lt;br /&gt;
- ¿Qué es? –pregunté confundido.&lt;br /&gt;
- Ten paciencia, ya casi llegamos…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al cabo de quince minutos llegamos a un desvío que accedía a la ruta desde el mar. La chica fue aminorando la velocidad y entró en él. Avanzamos unos trescientos metros aproximadamente en dirección perpendicular al mar. Finalmente llegamos a la costa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un mar inconmensurable se podía divisar desde allí. Todo era de un color azul con tonalidades más y menos claras. La luna, ahora alumbrado con mayor vigor,  dejaba reposar sobre la quietud del mar su luz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Ven, baja –dijo la chica y corrió descalza hacia la orilla del mar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me descalcé y corrí tras ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me pareció estar viviendo un sueño, de esos que pueden parecer cursis o sacados de novelas, en donde una pareja camina descalza por la costa del mar y se miran con ojos de enamorados y tal vez se besen o hagan el amor en la arena. Aquello, totalmente impensado, de repente había surgido y me mantenía atónito, casi inexpresivo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿No es maravilloso? –dijo la-chica-de-los-piercings mientras contemplaba el mar.&lt;br /&gt;
- Lo es. Sí, es maravilloso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podía observar desde aquel punto toda la costa a lo largo. Tal vez unos seis o siete kilómetros hacia mi derecha y otro tanto a mi izquierda. Solo una saliente de rocas entraba hacia el mar a unos cincuenta metros de nosotros y las olas, al tocar contra ella, salpicaban suavemente las rocas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Suelo venir aquí casi a diario. Desde que llegué a Colombia me ha fascinado este lugar. Hay días que termino muerta de cansancio y aun así me subo al automóvil y vengo tranquila por la ruta a tirarme un rato en la arena a ver las estrellas y la luna. El mar me da tranquilidad. Es una paz que no tiene precio, algo así como una conexión íntima entre mi interior y esa oscuridad que se muestra en el horizonte.&lt;br /&gt;
- Sí, es algo impresionante.&lt;br /&gt;
- Lo es. Cuando estás un rato y te quedas en silencio escuchando los sonidos que aquí se producen sientes que el mundo es pequeño, que tal vez puede entrar en la palma de tú mano y que de ese modo puedes recorrerlo completamente. Así, como si fuera un diminuto mapamundi por el cual puedes aventurarte.&lt;br /&gt;
- Es increíble cómo logras abstraerte y vivenciar todo esto –dije- No todas las personas logran eso.&lt;br /&gt;
- No me es difícil, en absoluto, trato de relajarme, de conectarme naturalmente con la naturaleza y tan solo me dejo llevar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caminamos por la playa un buen rato. Cada tanto el oleaje llegaba a la costa trayendo espuma que tocaba nuestros pies. Me había olvidado por completo del hotel, del vuelo, de todo; y lo más increíble era que no sentía el más mínimo cansancio, todo lo contrario, me sentía pleno y con una felicidad enorme de estar en aquel sitio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al cabo de un largo rato volvimos al automóvil y salimos a la ruta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿En qué hotel te alojas? –preguntó.&lt;br /&gt;
- Hotel “El Delfín” –respondí- ¿Lo has sentido nombrar?&lt;br /&gt;
- Sí, es uno antiguo pero muy bonito. Está camino a la costa, saliendo un poco de la ciudad. Algunas veces colegas míos vienen a parar allí. En mi grupo no somos todos voluntarios, también hay ingenieros, biólogos, microbiólogos, y otras profesiones más que sirven en conjunto a nuestro trabajo y son pagos por los distintos gobiernos. A mí me dan una paga escasa a pesar de ser voluntaria. No obstante yo amo hacer esto. Siento que nací para esto, ¿entiendes?&lt;br /&gt;
- Claro… es como aquel que ama escribir y lo hace a cualquier hora sin importarle nada, o el que ama tocar música y tararea canciones o se desvive por tomar un instrumento para producirla. Hay muchos placeres en la vida, y si ese placer está en nuestro trabajo entonces seguramente deberemos ser más que agradecidos –repuse.&lt;br /&gt;
- Sí, eso mismo me pasa. Estoy muy agradecida por todo esto. Además, todo se lo debo a esa chica desconocida, la del tatuaje del Principito. Ella y su llegada inesperada de aquel día hizo que mi vida de algún modo tomara un cambio y aquí me tienes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tenía razón. Gracias a Lourdes y su encuentro casual en la vida con ella la-chica-de-los-piercings ahora se abría camino en su vida como una voluntaria ecologista conociendo países y personas. Pensé en ese hecho increíble que se produce cuando dos vidas se cruzan y alteran sus destinos. Pasa en el amor, en las amistades, hasta en las mismas desgracias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luego de un rato llegamos al hotel “El Delfín”. Era tal cual ella lo había descrito: pequeño, antiguo y muy bonito. Poseía un extenso jardín colmado de flores tropicales y unos cuantos bancos con ornamentas coloniales distribuidos en él. Supuse que sería encantador sentarse a contemplar los atardeceres tropicales en ellos. La fachada del edificio se mantenía bien conservada, las tejas eran de un rojo fuerte a la luz de los faroles. Tras entrar me registré y di mi maleta al botones. Mientras la chica me esperaba sentada dentro del automóvil. Una vez terminé el papeleo salí a despedirme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Debo agradecerte todo esto –dije-. Pero la verdad no sé cómo. Aún sigo sorprendido, no creas que se me ha pasado. Me parece irreal aún, pero si me pellizco sé que estoy aquí, en Colombia, a tú lado.&lt;br /&gt;
- ¿Ves?, lo más maravilloso de la vida es dejarse sorprender. Eso siempre le decía a un novio que tuve hace tiempo: “déjate sorprender por la vida, siempre” Pero él no lo hacía. Vivía enfrascado en sus problemas diarios por el trabajo, el dinero, el qué dirán, su automóvil, su club de tenis, y todos esos mandatos sociales que un día llegan a calcinarte hasta los huesos. Pero bueno, gracias a Dios yo no me embarqué en ese tren y ahora puedo disfrutar a pleno de mi vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me quedé sopesando su manera de pensar mientras la observaba. No había ni media palabra que me pareciera fallida en su comentario. Al contrario, me encantaba su modo de pensar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Volveremos a vernos? –pregunté.&lt;br /&gt;
- Depende de ti. Si lo deseas, sí.&lt;br /&gt;
- Lo deseo –dije.&lt;br /&gt;
- Entonces sí, ¿por qué no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Arrancó el motor y enfiló hacia la salida despidiéndose con su mano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa noche al acostarme percibía un aire fresco entrando desde el mar. Por vez primera estaba viviendo algo importante y fuerte en mi vida. Me había atrevido a aventurarme sin miedos, a no pensar,  a no planificar nada salvo hotel y pasajes. Destellos luminosos procedentes del mar se colaban por la ventana y quedaban estampados en las blancas paredes de la habitación. La luna ahora iluminaba con más fuerza y con su lumbre hacía que todas las cosas tomaran un color plata. A lo lejos se escuchaban los trinos de algunos pájaros nocturnos y el ruiderío de los insectos que seguramente vivían en la abrumadora vegetación. Posé mis manos cruzadas sobre mi pecho y concentré mi mirada en el techo. Poco a poco el sueño fue ganando terreno y empujándome a dejarlo todo y rendirme a sus pies. Casi al dormirme una brisa logró mover las cortinas y reflejaron sombras sobre el techo. Me pareció ver el dibujo del Principito. Estaba sobre un baobab, sonriente, observando también la luna y las estrellas. Tal vez esa misma noche ambos mirábamos el mismo cielo y la misma luna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104138963769" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1104138963769" src="http://resources.safecreative.org/work/1104138963769/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-trece.html"&gt;13&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen: http://28.media.tumblr.com/tumblr_ljkep5Ydyg1qe5o85o1_500.jpg )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-3621567972185130219?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/aXb2ZJd0MS8" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/aXb2ZJd0MS8/saint-exupery-catorce.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-cBTreFhpdwI/TaUC-uTpkmI/AAAAAAAACbM/lxJyc5QgaTg/s72-c/tumblr_ljkep5Ydyg1qe5o85o1_500.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>0</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-catorce.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-6848527406403051752</guid><pubDate>Sat, 09 Apr 2011 03:01:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-09T00:01:01.303-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (trece)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-dWTa7vNtET0/TZ4TnkG1nhI/AAAAAAAACaw/vlpIfjcFOpg/s1600/tumblr_li6nvulXKB1qzhl9eo1_r1_500.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="http://3.bp.blogspot.com/-dWTa7vNtET0/TZ4TnkG1nhI/AAAAAAAACaw/vlpIfjcFOpg/s400/tumblr_li6nvulXKB1qzhl9eo1_r1_500.jpg" width="290" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
TRECE&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el otoño de 1995, a casi dos años de estar trabajando en el nuevo puesto, decidí tomarme vacaciones. Había trabajado bastante duro y necesitaba un poco de relajación para mi cuerpo y mi mente. Fue así que por consejos de Pérez opté por comenzar a analizar posibles destinos turísticos. Algunos en México, otros en Cuba, también en Brasil y Chile, aunque lo que sin lugar a dudas llamaba mi atención era Europa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras decidía el destino me dediqué a acomodar la casa y a dejar todo en orden para mi ausencia. Pagué impuestos, organicé la cuenta bancaria, contraté a un jardinero para la poda de la parra y la puesta a punto del jardín, planifiqué el trabajo en la redacción para concentrarlo para mi retorno y que fuera liviano durante mi ausencia así de ese modo no se recargarían de trabajo mis compañeros. Marina Fernández colaboró mucho en todo esto. Ella pasó a ser alguien indispensable en mi vida y yo de algún modo me sentía más unido a ella a medida que el tiempo y los años transcurrían. Llegamos a ser tan compenetrados que empezamos a comentarnos cosas de nuestras vidas privadas y de nuestros gustos. Teníamos cosas afines y cuando algo nos separaba tratábamos de buscarle el punto de encuentro, aunque fuese uno remoto y diminuto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cierto día, estando con ella a solas en la redacción y antes de irme de vacaciones, le conté sobre aquellos días vividos en relación a Lourdes y el hostel “Roma”. Después de escucharme atentamente cruzó los dedos de ambas manos y apoyó el mentón en ellos, quedándose inmóvil y con su mirada clavada en mí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es increíble que algo así haya quedado congelado en el tiempo. Me refiero a que no avanzó, a que solo lo has atesorado como algo que pasó y punto –dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y en efecto había sido así. Si debía pensar en aquellos días podría decirse que mi mente los recordaba cómo días soleados de una tibieza extrema que acariciaba mi corazón dándome una sensación sumamente placentera. Como si aquellos días estuvieran intactos y detenidos en un tiempo muerto dentro de una burbuja que se movía a su gusto dentro de mi memoria. A pesar de jamás haber tenido nada más que una fugaz amistad con aquella chica yo sentía que había sido algo especial, tal vez lo más especial que me había pasado en la vida con una mujer. Recordé entonces las palabras de mi madre cuando decía que daría cualquier cosa por verme feliz al lado de alguien, y enseguida me sobrevino una sensación de ahogo. Quiérase o no yo aún estaba solo. Por más que alguna que otra mujer entibiara las sábanas de mi cama en el fondo de mi corazón existía una planicie de soledad inmensa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la charla con Marina Fernández la invité a cenar. Ella aceptó gustosa. A eso de las siete de la tarde pasé por el edificio donde vivía. Estaba esperándome, como siempre, con su intachable sentido del horario. Vestía un vestido corto, de color gris, llevaba el pelo recogido y sujeto con una hebilla de carey, y un bonito par de zapatos de tacos aguja que permitían que su figura se mostrase estilizada y sensual. Nunca había posado los ojos sobre Marina Fernández fuera del ámbito laboral. Para mí ella era mi compañera de trabajo y solo eso. Así la veía siempre, como una colega o alguien capaz de hacer el día a día más ameno en mis tareas; sin embargo en el instante que avanzaba hacia el edificio y la veía allí parada esperándome sentí la sensación de estar dirigiéndome al encuentro de una mujer hermosa y especial, algo que jamás me había sucedido en su cercanía. Nos dimos un beso como saludo y decidimos caminar un rato antes de ir a cenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caminamos por calles paralelas al río. Cada tanto nos deteníamos a mirar alguna vidriera o a presenciar algún espectáculo callejero que por aquellos días comenzaban a ponerse de moda en las esquinas donde había semáforos. Un saxofonista apenas nos vio cruzar la calle se llegó trotando hasta nuestro lado y comenzó a tocar bellamente el saxo. No recuerdo precisamente qué canción era, pero lo hacía de manera excelente. En la mirada de Marina Fernández se podía notar cuan complacida estaba con ello. Después de tocar la canción el saxofonista hizo una reverencia y tras darse media vuelta volvió a salir corriendo sin siquiera dejar que le diésemos propina.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Has visto qué hermosa canción? –dijo ella.&lt;br /&gt;
- Hermosa… -respondí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Terminamos al anochecer caminando a orilla del río, sobre la avenida costanera. Del otro lado podía verse cómo la ciudad lentamente se preparaba para recibir la noche. Las luces de los edificios comenzaban a encenderse una a una como si fuesen luces de arbolitos navideños. Pensé en ese momento cuántas vidas e historias habitarían en cada luz, e imaginé ese estupendo relato de Eduardo Galeano que habla sobre la ciudad de los fueguitos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encontramos un restaurante con un amplio patio de comidas que daba al río. Nos encantó el sitio y decidimos almorzar allí. Pedimos la comida, cenamos casi en silencio y cada tanto, cuando las palabras eran innecesarias, cruzábamos nuestras miradas, y como si estuviésemos confundidos por la situación, inmediatamente mirábamos hacia otro lado. Creo que tanto ella como yo comenzamos a confundirnos esa misma noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras pagar e irnos del restaurante comenzamos a caminar rumbo a la ciudad por la costanera. El reflejo de la luna sobre el agua me retrotraía en pensamientos a mi niñez y a esas noches de verano en las cuales la luna era tan redonda y brillante que se asemejaba a un botón de plata pendiendo del cielo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Sabés? –dijo Marina Fernández- me he quedado pensando en lo que me has contado sobre la chica del tatuaje y cuánto has atesorado ese recuerdo. &lt;br /&gt;
- ¿Y qué has pensado?&lt;br /&gt;
- En que porqué si sentías aquello que sentías nunca se lo expresaste o dijiste a ella.&lt;br /&gt;
- Pues porque no estaba seguro de nada. La inseguridad es algo que te bloquea. Además, nos llevábamos casi la mitad de años. Era real que me atraía y mucho, pero seguramente era algo que me pasaba solo a mí y no a ella.&lt;br /&gt;
- Pues a eso no lo sabes, tan solo es una conjetura…&lt;br /&gt;
- Sí, tienes razón –respondí.- No lo sé y me he quedado con la espina clavada. A veces me he preguntado qué hubiera pasado si le expresaba mis sentimientos y eran correspondidos. Pero todo vuelve al mundo de las conjeturas y las posibles respuestas, y nada es algo real. Tal vez me quedé entumecido y no supe qué hacer… sí, eso debe ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces ella se volvió hacia mí, y se quedó ahí suspendida, mirándome, como si con su mirada quisiera decir miles de cosas que con el diálogo que manteníamos fueran imposibles de comunicar. En el fondo de sus ojos existía cierto fulgor que lo asemejaba a una llama de vida cuya expresividad era sumamente contenedora y suave. Quedé por un instante extasiado observando aquel fulgor, intentando adivinar qué había de secreto en él. Supuse que tal vez sería la representación viva y física de su interior, de su alma o espíritu, sí, tal vez nuestro interior se materialice de ese modo, como si fuese un llama contenedora y acogedora que al momento de observarla haga sentir que ya nada importa, que el mundo y la vida son un mero escalón para ascender a algo más superior y fantástico.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al volver en mí el silencio se había instalado entre ambos. Era casi la medianoche y ya debíamos de volver. Cuando intenté avanzar y volver a caminar ella me detuvo tomándome del brazo derecho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Espera –dijo- aún no…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces me besó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A mediados de mayo de 1995 ya tenía destino para mis vacaciones: Colombia. Me había decidido por sus playas caribeñas. El vuelo saldría un viernes y llegaría el sábado apenas pasada la medianoche. No llevaba mucho equipaje, tan solo el justo y necesario para que la aerolínea no me hiciese problema ni me cobrara sobrepeso. Cuando estuve embarcándome y mientras contemplaba un panel digital que anunciaba los distintos horarios de vuelos y destinos pensé que era la primera vez que saldría del país hacia un sitio tan lejano. De repente me había sumergido en una realidad aterradora: mi vida, mirándola desde donde se la mirase, se había vuelto rutinaria y sin ninguna arista que sobresaliera y la hiciera ver como una vida digna de ser vivida. La voz de mi madre diciéndome cuan preocupada estaba porque mi vida pasara y yo fuese un simple espectador parecía oírse aún en ecos dentro de mi cabeza. No era solo por el hecho de no salir del país y viajar a otro sitio, sino que jamás había experimentado la sensación de hacer algo distinto y totalmente nuevo, que colocara un extra de riquezas a mi vida. Tras pensar por un momento aquello me sentí apesadumbrado. Subí al avión y dejé que una azafata me indicara el sitio donde debía de sentarme.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La torre de control de vuelo se veía como un pequeño adorno que se erigía sobre las demás construcciones en la enormidad del aeropuerto. Al poco tiempo de estar sentado una voz en off anunciaba el despegue y que debíamos de asegurarnos los cinturones de seguridad. Inmediatamente una melodía suave comenzó a escucharse a través de los parlantes del avión. Imaginé que sería para aquellos que en el despegue se sintieran nerviosos. Tras carretear el avión tomó altura y abandonó el piso alzándose más y más con destino a las nubes. Desde allí, desde la altura que ganaba, todo comenzaba a empequeñecerse: las construcciones, los automóviles, la pista de despegue, los árboles, todo. Daba la sensación de que el ascenso permitía despegarse de todo lo conocido e ir minimizándolo para que luego solo se lo viera como una maqueta a lo lejos y finalmente desapareciera. Lo relacioné inmediatamente con los recuerdos. Pues tal vez así pasa con ellos. A medida que el tiempo transcurre van empequeñeciéndose, van perdiendo su forma y se van volviendo erosionados y descoloridos hasta verse tan difusos que el próximo paso es su extinción. Solo cuando algo importante sucede la vida se encarga de traerlos en un santiamén a nuestra realidad, darle forma y colores automáticamente y mostrarnos aquello que había quedado esfumado en la carretera del tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A lo lejos, desde la ventanilla del avión, contemplaba la ciudad. Parecía un pedazo de hoja cuadriculada de un cuaderno. Imaginé cuantas personas allí, en esa ciudad que sentía tan mía, extrañarían mi ausencia. Pensé en Marina Fernández, en Pérez, y ahí mi cuenta se detuvo de repente. Sí, mi mundo era demasiado reducido, drásticamente limitado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El avión tocó tierra cerca de la una de la madrugada en suelo colombiano. Apenas bajé por la escalerilla sentí un calor húmedo que me abordó de repente. Sin duda aquel sitio era caribeño. A lo lejos, en medio de la oscuridad, podía sentirse el sonido de chicharras jugar con el viento. Apenas recogí el equipaje me dispuse a tomar un taxi. Al llegar a la parada de taxis la cola era interminable, tal vez cuarenta o cincuenta personas esperaban embarcarse en uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Vienes en mi automóvil? –dijo una voz femenina a mis espaldas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras darme vuelta pensé cuan diminuto es el mundo pero no logré aún comprender en lo más mínimo porqué suceden a veces ciertas cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Caminé hacia la-chica-de-los-piercings aún demasiado sorprendido por el encuentro. Ella, como siempre, seguía esbozando esa sonrisa de conejo un tanto tímido y asustadizo. Señaló un automóvil de alquiler e inmediatamente nos subimos en él y tomamos la avenida que sale del aeropuerto para perdernos en la costa caribeña en medio de la noche.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104078925520" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1104078925520" src="http://resources.safecreative.org/work/1104078925520/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/04/saint-exupery-doce.html"&gt;12&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
(Imagen:&amp;nbsp;&lt;a href="http://30.media.tumblr.com/tumblr_li6nvulXKB1qzhl9eo1_r1_500.jpg"&gt;http://30.media.tumblr.com/tumblr_li6nvulXKB1qzhl9eo1_r1_500.jpg&lt;/a&gt;&amp;nbsp;)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-6848527406403051752?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/RabEsYa5iFs" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/RabEsYa5iFs/saint-exupery-trece.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/-dWTa7vNtET0/TZ4TnkG1nhI/AAAAAAAACaw/vlpIfjcFOpg/s72-c/tumblr_li6nvulXKB1qzhl9eo1_r1_500.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-trece.html</feedburner:origLink></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-4259866543128783874.post-7115790222645737146</guid><pubDate>Wed, 06 Apr 2011 23:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2011-04-06T20:05:44.959-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Blognovela Saint-Exupéry</category><title>Saint-Exupéry (doce)</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-qcHd3vQ4gG0/TZzxka8cxiI/AAAAAAAACas/-9N8b2ney50/s1600/tumblr_lj3jocQv3o1qhlqhvo1_500.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="266" src="http://1.bp.blogspot.com/-qcHd3vQ4gG0/TZzxka8cxiI/AAAAAAAACas/-9N8b2ney50/s400/tumblr_lj3jocQv3o1qhlqhvo1_500.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
DOCE&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron unos pocos metros muy difíciles de recorrer los que transité dentro del bowling hasta pararme delante de la chica de los piercings. Increíblemente pensé en muchas cosas. Bullían a borbotones dentro de mi cabeza los pensamientos. En su gran mayoría eran recuerdos, preguntas, todo mezclado. Eso hacía que mis manos transpiraran y caminara muy lentamente, como si de repente tuviera la chance de arrepentirme y salir corriendo de allí desistiendo de la idea de entablar, después de tanto tiempo, una charla con aquella chica. Pero lo hice. Caminé y me detuve frente a ella mirándola fijamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola, ¿me recuerdas? –dije ya sin nervios.&lt;br /&gt;
- ¡Hola! –exclamó ella muy divertidamente- ¡claro!, ¡¿cómo no hacerlo?! Difícilmente se me olvidan los rostros, esa es una virtud de la que siempre me jacto ¿Cómo está usted?&lt;br /&gt;
- Bien, bien, gracias. Pues verás, te he visto en el bowling, te reconocí inmediatamente y quise saludarte.&lt;br /&gt;
- Me alegra que así sea –dijo ella. A mí también me cae bien encontrarme con gente que he conocido en la vida. Creo que es un cierto “extra” que nos da para hacerla más divertida.&lt;br /&gt;
- Puede ser –respondí sonriente.- Dime, ya no trabajas más en el hostel, ¿cierto?&lt;br /&gt;
- ¡Ahhh, no, no, no!, hace ya más de un año y pico que no trabajo ahí. Me fui al poco tiempo de habernos visto por última vez. Decidí que mi vida tenía que ser otra. Soy joven, me considero fuerte, tengo ganas de hacer miles de cosas, y entonces decidí que aquello se había tornado monótono y aburrido. Entonces renuncié y me eché a volar.&lt;br /&gt;
- ¡Bien!, me alegro entonces por ti. Te decía esto porque me enteré que el hostel será demolido. En realidad que ya no es más un hostel. Será otro edificio, algo para jubilados.&lt;br /&gt;
- ¡Uyyy!, ¡no lo sabía! Bueno, aunque mucho ya no tiene que ver conmigo. Solo es parte de mi pasado.&lt;br /&gt;
- Sí, ahora lo sé.&lt;br /&gt;
- Pero por lo visto para usted es parte muy importante de su pasado –repuso ella.&lt;br /&gt;
- Puede ser. Digamos que sí. Es importante.&lt;br /&gt;
- Déjeme adivinar. Tal vez lo es ¿por la chica del tatuaje del Principito?&lt;br /&gt;
- Sí, en parte sí. Aunque nunca más volví a ver a aquella chica. Ya hace casi dos años de aquel encuentro y jamás volví a saber nada de ella.&lt;br /&gt;
- ¡Cómo pasa el tiempo! –dijo con una exclamación seguida de una linda sonrisa.&lt;br /&gt;
- Sí, el tiempo suele ser muchas veces demoledor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al mismo tiempo nos hicimos señas de sentarnos y continuar la charla. Sus amigas siguieron jugando a los bolos, y aunque la llamaron cuando fue su turno, ella dijo que pasaba, que ya no le apetecía seguir jugando. Pedimos un par de cervezas. Cerveza negra para mí, rubia para ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Se ha dado cuenta de algo? –dijo la chica de los piercings.&lt;br /&gt;
- No ¿Qué será?&lt;br /&gt;
- Que nunca me dijo su nombre ni yo el mío. Hemos tenido un par de encuentros en nuestras vidas, puntos en donde nos cruzamos e intercambiamos energía y sensaciones, y jamás se nos ocurrió preguntar el nombre del otro o al menos mencionar nuestros nombres aunque sea accidentalmente. Me da curiosidad de cómo se refiere a mí, me refiero en sus recuerdos o pensamientos.&lt;br /&gt;
- Pues tienes razón –dije mientras jugaba con el vaso de cerveza y observaba cómo bajaba la espuma- Nunca te he dicho mi nombre, ni tampoco sé el tuyo. Y a lo que respecta de cómo te señalo en mis recuerdos es algo alusivo a tus adornos, me refiero a tus piercings, te llamo: la chica de los piercings.&lt;br /&gt;
- La-chica-de-los-piercings –dijo ella dándole connotación grupal a la frase- ¿así siempre me llama?&lt;br /&gt;
- Sí&lt;br /&gt;
- Me gusta. Creo que me gusta más que mi propio nombre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces echó a reír. Tenía una risa suave y bastante pegadiza. Muy femenina, por cierto. Sin embargo tomé aquella risa como de buen augurio, como si haberle contado aquello le hubiera caído realmente en gracia. Tomó un sorbo de cerveza, y tras reposar el vaso en la mesa, aguzó su mirada y sin disminuir la sonrisa se quedó concentrada mirándome.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Me pregunto qué estarás pensando en este instante –dije. Seguramente será algo referido a tú apodo, ¿“la-chica-de-los-piercings”?&lt;br /&gt;
- No. Eso me ha dado gracia pero no pienso ahora en eso. De repente mis pensamientos se han enfocado en algo raro. Bah, no raro, digamos extraño para mí forma de ser y pensar. Pienso en porqué la vida hizo que hoy, justo hoy, nos volviésemos a encontrar en éste bowling, a esta hora, este preciso día. Sí, cosa del destino puede decirme. Pero más allá de yo creer en el destino creo poderosamente en el equilibrio cósmico. En que si esto sucedió hoy, aquí, ahora, tiene un balance con algo que pasó o pasará en el futuro. Es la forma que el universo tiene de equilibrar las cosas y la vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Nunca había reparado en ello –dije- ¿Sueles buscar explicaciones para todas las cosas?&lt;br /&gt;
- A veces. Sí, digamos que sí.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Terminó de beber la cerveza y quedó con su mirada observándolo todo y nada a la vez. Contemplé su perfil por un instante y me parecía mentira que el tiempo pasara tan deprisa. Si me parecía que aquella chica en cualquier momento se levantaría, me daría un beso en la mejilla y me diría: “Nos vemos, se me ha hecho tarde, ya es hora de entrar a mi turno en el hostel” Pero no, nada de eso pasó.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ella se puso un cigarrillo entre los labios, y con mano experta, encendió un fósforo. La primera bocanada de humo ascendió lentamente formando una especie de muralla entre ambos. Al disiparse y volver a contemplar su rostro logró sonreírme como si ahora fuera una conejo indefenso en medio de un enorme bosque. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Dime, ¿qué haces ahora? –pregunté.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras titubear unos instantes dio otra pitada al cigarrillo y tras exhalar el humo me respondió.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hago lo mismo que hacía aquella chica que usted tanto recuerda y extraña. Lo dejé todo y me he unido a varios grupos ecologistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Suspiré.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Y… ¿por qué has hecho eso?, ¿con qué te mantienes?, me refiero a si no tienes trabajo como puedes subsistir ¿Acaso vives con tus padres?&lt;br /&gt;
- No, vivo sola. Desde hace muchos años vivo sola. Mi padre tiene una empresa, una importante empresa, y me envía dinero desde hace muchos años a una cuenta bancaria. Jamás había echado mano a ese dinero, pero desde que decidí dedicarme a la ecología saco de la cuenta del Banco para mis gastos. El departamento donde vivo es de mi propiedad, ha sido un regalo de mi padre.&lt;br /&gt;
- Veo que tú padre te consiente mucho…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces hizo un chasquido con su lengua, como si con ello hiciera notar que lo dicho por mí era erróneo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No, mi padre lo hace para acercarse a mí. Verá, él y yo tenemos una relación difícil. Desde niña he sabido de las infidelidades que ha tenido para con mi madre y eso es algo que él no se perdona. Busca mi perdón en el dinero, en regalarme cosas materiales que siempre le devuelvo. Solo el departamento me quedé, pues con ello lograría alejarme de él y ya no verle en la misma casa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de hablar miró su reloj de pulsera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Es tarde, ya debo irme. Gracias por la cerveza.&lt;br /&gt;
- Me gustaría volver a verte, para charlar, si no es molestia –dije.&lt;br /&gt;
- No, claro, me encantaría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomó una servilleta, sacó una birome de su cartera, y escribió un número de teléfono.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Toma, aquí tienes. Cuando desees verme o hablar conmigo tan solo llama. Casi siempre estoy por las noches. Llama sin miedo, aunque sea tarde. Yo atenderé.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acompañé a la-chica-de-los-piercings hasta la parada del colectivo. Tomó uno de las líneas que ascienden hacia los barrios clase media. Al subirse solo volteó una vez para mirarme y saludarme con aquella sonrisa de conejo asustado. Una vez que el colectivo se echó a andar me quedé solo en la parada viendo cómo se perdía en un punto lejano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Volví caminando a mi casa. Había sido una noche verdaderamente extraña. Faltando poco para llegar caí en la cuenta de algo: no nos habíamos dicho nuestros nombres. Una vez más el destino hizo que nuestros nombres quedaran en el anonimato. Tal vez así sería mejor, aunque no podía saberlo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Continuará en un próximo capítulo...)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;a href="http://www.safecreative.org/work/1104068916903" rel="cc:license" xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#"&gt;&lt;img alt="Safe Creative #1104068916903" src="http://resources.safecreative.org/work/1104068916903/label/barcode-72" style="border: 0;" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;blockquote&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="color: red;"&gt;Capítulos anteriores: &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-uno.html"&gt;1&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-dos.html"&gt;2&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-tres.html"&gt;3&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cuatro.html"&gt;4&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/02/saint-exupery-cinco.html"&gt;5&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-seis.html"&gt;6&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-siete.html"&gt;7&lt;/a&gt; - &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-ocho.html"&gt;8&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-nueve.html"&gt;9&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-diez.html"&gt;10&lt;/a&gt;&amp;nbsp;- &lt;a href="http://www.miguel-aguilera.com.ar/2011/03/saint-exupery-once.html"&gt;11&lt;/a&gt;&lt;/blockquote&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Imagen: http://25.media.tumblr.com/tumblr_lj3jocQv3o1qhlqhvo1_500.jpg )&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;"El Errante" (http://miguel-aguilera.blogspot.com)&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4259866543128783874-7115790222645737146?l=miguel-aguilera.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://feeds.feedburner.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~4/tOEKAUZGaK0" height="1" width="1"/&gt;</description><link>http://feedproxy.google.com/~r/blogspot/miguel-aguilera/~3/tOEKAUZGaK0/saint-exupery-doce.html</link><author>noreply@blogger.com (Miguel Aguilera)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/-qcHd3vQ4gG0/TZzxka8cxiI/AAAAAAAACas/-9N8b2ney50/s72-c/tumblr_lj3jocQv3o1qhlqhvo1_500.jpg" height="72" width="72" /><thr:total>2</thr:total><feedburner:origLink>http://miguel-aguilera.blogspot.com/2011/04/saint-exupery-doce.html</feedburner:origLink></item></channel></rss>

