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<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/atom10full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearch/1.1/" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" gd:etag="W/&quot;C0UCSHc7eSp7ImA9WxBbFk0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886</id><updated>2010-03-14T14:14:29.901-07:00</updated><title>Policial argentino</title><subtitle type="html">Novelas, cuentos, historias. Qué nos pasa por la cabeza a los que escribimos policiales</subtitle><link rel="http://schemas.google.com/g/2005#feed" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/posts/default" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/" /><link rel="next" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;redirect=false&amp;v=2" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version="7.00" uri="http://www.blogger.com">Blogger</generator><openSearch:totalResults>42</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/atom+xml" href="http://feeds.feedburner.com/blogspot/qJvI" /><feedburner:info uri="blogspot/qjvi" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><feedburner:browserFriendly></feedburner:browserFriendly><entry gd:etag="W/&quot;D0INQX89eSp7ImA9WxBUEUg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-5708144426914781339</id><published>2010-02-25T18:37:00.000-08:00</published><updated>2010-02-25T19:39:50.161-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-02-25T19:39:50.161-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="París" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Mílán" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Argentina &quot;granero del mundo&quot;" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Italia fascista" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="influencias políticas" /><title>LA MANO DERECHA DEL DIABLO - PRÓLOGO</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4c2ZynNd7I/AAAAAAAAAyk/RJGnvVtovik/s1600-h/Palazzo_Piemonte_2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 297px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4c2ZynNd7I/AAAAAAAAAyk/RJGnvVtovik/s400/Palazzo_Piemonte_2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5442378491411396530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="_Toc86135605"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="_Toc73362262"&gt;&lt;strong&gt;Prólogo — Milán, 1921&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Cruzaron las miradas del color del agua en silencio, calculando el momento del enfrentamiento. ¿Quién atacaría primero? Desde su altura algo por debajo del codo de su padre, espiaba al otro, que pronto alcanzaría el hombro paterno. Se midieron durante un buen rato, sin decir una palabra.&lt;br /&gt;— Saluda a papá— su madre le dio un empujoncito cariñoso —."Hola, papá, ¿cómo está Ud.?" — repitió como si él se lo hubiera olvidado.&lt;br /&gt;No quería saludarlo. &lt;em&gt;Ya no le basta con venir: ¡ahora trae a ese! ¿Quién es?&lt;/em&gt;, se preguntaba rabioso e impotente, aferrado a la mano de su madre casi con desesperación.&lt;em&gt; Entre los dos me la quitarán&lt;/em&gt;. Aguantó las lágrimas con valentía.&lt;br /&gt;— Marcello, éste es tu hermano mayor, Vittorio — su padre los presentó con severo orgullo.&lt;br /&gt;El otro extendió una mano fría. Otra vez el empujoncito y el susurro: "Dale la mano, sé educado" y  porque se lo pedía mamma, nada más que por eso, extendió el bracito y tomó la mano de su hermano.&lt;br /&gt;Se pasó el resto del día escondido más que encerrado en su cuarto, sin querer asomar la nariz de tan enojado que estaba y porque le daba vergüenza que su padre y "ese" lo vieran llorar. A la hora de la cena no tuvo más remedio que hacer acto de presencia, vestido y peinado.&lt;br /&gt;Cuando su padre estaba en casa, las cosas cambiaban mucho y él lo resentía. Había que "comportarse": sentarse en silencio, utilizar correctamente los cubiertos aunque sólo tuviera cinco años y le costara empuñar el cuchillo de plata más grande que su mano; quedarse encerrado en el cuarto de juego y no andar "whinning like a pony"&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=2767922098030542886#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;[1]&lt;/a&gt; por toda la casa, de acuerdo con las severas instrucciones de la gobernanta inglesa a la que, sospechaba, incluso mamma temía.&lt;br /&gt;Interrumpir las reuniones que su padre mantenía en el salón principal de la planta baja, a puertas cerradas, era impensable. Mamma ni siquiera se asomaba al salón en esas ocasiones y cuando debía hacerlo, murmuraba un saludo tímido y a media voz, se disculpaba y se refugiaba en su sector de la mansión, o corría a la cocina a controlar que todo estuviera perfecto.&lt;br /&gt;La cocina era el secreto orgullo de mamma y el lugar en donde sus placeres sencillos la hacían sentir más a gusto. A él le encantaba verla mientras preparaba las comidas del día, y dejarse envolver por los olores cálidos y perfumados de esa Amalfi que no conocía. Platos coloridos de rojo, verde y violeta, con aromas de salvia y albahaca; sabores puros, vivaces, llenos del sol que mamma añoraba en la Milano siempre gris. En las conversaciones entre mujeres, despotricaba abiertamente contra la cocina del Norte y su única concesión a la casa de Savoia, no a Lombardía, era el sabaglione.&lt;br /&gt;Mamma cantaba cuando cocinaba, cuando se sentaba a coser; cuando andaba por la casa o cuando lo hacía dormir entre sus brazos; y eran canciones en un italiano extraño, rústico y sin embargo dulce, que tenía la cadencia del mar.&lt;br /&gt;Cuando padre estaba en casa, todo era distinto. Si había huéspedes, mamma no cantaba y casi no hablaba. Con el tiempo comprendió que la cadencia de mar de su italiano resultaba demasiado vulgar para los encumbrados conocidos de su padre, que las más de las veces, hablaban en francés.&lt;br /&gt;Mamma no hablaba francés. Una vez, escondido detrás del recodo de un pasillo, escuchó a unos invitados de su padre burlarse en voz baja: "Ni siquiera habla italiano". &lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4c4uyyPR1I/AAAAAAAAAy0/eW8Tx5Ih0hw/s1600-h/suite-cupola-studio_excelsior_1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 267px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4c4uyyPR1I/AAAAAAAAAy0/eW8Tx5Ih0hw/s400/suite-cupola-studio_excelsior_1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5442381051258160978" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Una señora elegante se encerraba con ella dos veces por semana en un saloncito de la planta alta. Esas reuniones lo intrigaban tanto que un día se escondió debajo de una mesita en un rincón, en una posición tan incómoda que las rodillas le dolieron durante todo el día siguiente.&lt;br /&gt;Mamma leía de un libro y la señora le corregía la pronunciación, haciéndola comenzar una y otra vez, lo mismo que a él la odiosa gobernanta inglesa.  Luego se sentaron a una mesa grande, ya preparada, y su madre tuvo que repetir la ubicación de los cubiertos, copas, platos  y servilletas. Desde su escondite podía oír claramente el tintineo de la plata y el cristal. &lt;em&gt;Yo sé cómo se ponen, me lo enseñó Miss Parsons y puedo enseñárselo a mamma, en lugar de esta vieja mandona&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;La lección duró una eternidad: sentarse y ponerse de pie, dejarse acercar y retirar la silla; bajar y subir de un automóvil; el lado de la calle por donde caminan las damas; los interminables tratamientos nobiliarios y de cortesía: "principe", "duca", "marchese", "conte", "cavaliere", "Sua Maestà", "Altezza", "Eccellenza", "Eminenza" y otro montón de títulos graciosos. Mamma debía repetirlos junto con el nombre del 'intitulado', como acababa de bautizar a todos esos personajes de cuentos.&lt;br /&gt;La vieja mandona se fue y mamma se quedó sola en el saloncito, sin saber de su presencia y de su amor desde debajo de la mesa, repitiendo en voz baja la posición de los cubiertos y listando los 'intitulados' de a uno por dedo. Luego se sentó junto a la ventana a leer en voz alta, que fue mermando hasta un susurro tembloroso por el esfuerzo de mantener la pronunciación. El ruido seco del libraco al cerrarse lo hizo saltar, literalmente, y se golpeó la rodilla izquierda con la pata de la mesa.&lt;br /&gt;Se aguantó los quejidos hasta que escuchó la puerta. Salió como pudo, en tres patas y media y corrió a ver el libro: ¡era el mismo que la gobernanta usaba con él para su lección diaria! Pensó en correr detrás de su madre y decirle que no era tan difícil y que si quería, él podía ayudarla. Cuando salió rengueando al corredor, el ladrido de la inglesa lo congeló: "Where have you been, Sir?". Habitualmente, el "Sir" en boca de Miss Parsons no auguraba nada bueno y esa vez no fue la excepción.&lt;br /&gt;No tenía memoria cierta de cuándo su padre había comenzado a imponer sus reglas severas en la casa y en la vida de sus habitantes. Sí, en cambio, que no había forma de escapar de ellas cuando él se quedaba, después de sus viajes largos a no sabía qué sitios maravillosamente lejanos, sobre todo porque cuanto más lejanos, más tardaba en volver.&lt;br /&gt;Mientras tanto, mamma era toda para él, inclusive a la hora de dormir. Su cuarto era su territorio — en realidad, lo era toda la casa cuando su padre no estaba — pero por la noches terminaba trepándose por los cobertores a la cama enorme y con baldaquín, escapándose de alguna pesadilla horrible que se escondía detrás de las cortinas y lo esperaba agazapada en su habitación.  Hundía la nariz entre los cabellos negros, se aferraba a un mechón sedoso y largo y se quedaba dormido y feliz.&lt;br /&gt;Con padre en casa, todo era diferente. Nada de meterse en la cama con mamma a dormir. La puerta de su cuarto se cerraba y él se moría de miedo, y de ganas de correr al dormitorio principal. Una sola vez lo había intentado y la niñera corrió detrás de él, asustada.&lt;br /&gt;— ¡A tu padre no le gusta que los niños duerman en la cama grande!&lt;br /&gt;— ¡Es la cama de mammina! — protestó lloriqueando.&lt;br /&gt;La niñera lo levantó en brazos y lo llevó hasta su cuarto, aguantando estoicamente sus puñitos furiosos.&lt;br /&gt;— ¡Son órdenes del Signor Conte! — y lo metió en la cama —. No me hagas cerrar la puerta con llave.&lt;br /&gt;Era la primera vez que escuchaba "Signor Conte" y aunque no sabía de quién se trataba, supuso que sería su padre. Lo odió toda la noche y durante el resto de su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="_Toc86135605"&gt;&lt;/a&gt;&lt;a name="_Toc73362262"&gt;&lt;strong&gt;Milán, 1929&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Casi no reconoció al hombre joven y elegante, de pie en medio del vestíbulo imponente de la mansión, rodeado de equipaje y que daba órdenes displicentes al personal obedientemente arremolinado a su alrededor. La cabeza rubia y arrogante se volvió apenas y le echó una ojeada de cristal.&lt;br /&gt;— Creciste mucho en este tiempo, Marcello.&lt;br /&gt;Su hermano mayor. La rabia sorda y sin nombre amenazó con dejarlo sin habla.&lt;br /&gt; — Cómo está, Vittorio — saludó seco y sin tutearlo, como jamás tuteaba a su padre.&lt;br /&gt;El otro se encogió de hombros principescamente, dando a entender que gozaba de magnífica salud.&lt;br /&gt;Se quedó mudo, como siempre delante de su hermano. Odiaba tener seis años menos, odiaba que el otro fuera tan alto y elegante y él tan desgarbado, vestido con ropas adecuadas a su edad pero ridículas para su cuerpo que crecía sin demasiado concierto ni autorización. Detestaba escucharlo hablar con la servidumbre con esos modales de gran señor. Pero lo que aborrecía desde el fondo de su corazón era la educada descortesía de que Vittorio hacía gala con su madre.&lt;br /&gt;El saludo helado irrumpió en sus más negros pensamientos y la voz cantarina de mamma respondió, dulce como siempre, como si no le importara que el otro la despreciara tan abiertamente como podía. Le dolió más de lo que hubiera querido, notar la desilusión en la cara de su madre al ver que el viejo no había venido con Vittorio. Pero mamma recompuso la expresión y de inmediato tomó su lugar como señora de la casa, dando las órdenes para acomodar al recién llegado.&lt;br /&gt;Afortunadamente, su hermano mayor no pasaba demasiado tiempo en la mansión y él estaba demasiado ocupado con sus estudios como para prestarse mutua atención.&lt;br /&gt;Una mañana, mientras esperaba a su tutor en el estudio amplio y luminoso que le había asignado su padre, oyó a su hermano hablar con su madre. Entreabrió la puerta para enterarse de la conversación: esa noche Vittorio ofrecería una recepción a unos amigos.&lt;br /&gt;Con intencionada inocencia preguntó a su madre por los preparativos. Ella lo miró con ojazos negros y sabedores, y sonrió al responderle que cómo podía ser, si las paredes y las puertas tenían oídos, no supieran ya qué pasaría esa noche. Tragó saliva, rojo hasta la raíz del pelo; su madre le acarició la mejilla y le dio un beso. Luego, sin retirar la mano de su cara, aclaró que ellos dos no estaban invitados.&lt;br /&gt;El rojo de vergüenza pasó a rojo de furia, pero prefería morderse la lengua antes que demostrarle a alguien que le importaba que Vittorio los considerara menos que sus condenados amigos. Se prometió que le arruinaría la maldita fiestecita o lo que fuera. Tan entusiasmado estuvo en prepararse para la ocasión que el tutor debió llamarle la atención varias veces durante la tarde.&lt;br /&gt;Esperó  pacientemente a que su madre se retirara a sus habitaciones, para salir al pasillo con los zapatos en la mano. Casi corrió escaleras abajo, rápido, rápido antes de que llegaran los invitados, y se refugió en el salón de fumar, comunicado por puertas dobles acristaladas y con cortinados de pesado terciopelo, con el comedor imponente. Sería un buen lugar para espiar y, llegado el caso, tener una vía de escape por las puertas y corredores de la servidumbre. Repasó el plan, excitado.&lt;br /&gt;El patio de cocheras se llenó de ruidos y voces, luego el vestíbulo y finalmente el comedor. Se apostó en su observatorio, listo para ejecutar su venganza. Todos hablaban en francés, pero eso ya no constituía un problema para él. Las damas hasta se permitían salpicar alguna que otra palabra en italiano con acento gutural. La conversación saltaba de un tema a otro, tratados con displicente suficiencia: eran ellos quienes generaban la novedad, no quienes la comentaban.&lt;br /&gt;Le pareció que esas mujeres habían llevado esa ropa, ese maquillaje y esas joyas toda su vida y que el dorado y el rojizo de los cabellos no hacía más que acompañar la pálida belleza de los hombros y brazos atrevidamente desnudos. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4c_nnYXjFI/AAAAAAAAAy8/eFMDM4iTrOw/s1600-h/El+conde+Contardi_6.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 163px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4c_nnYXjFI/AAAAAAAAAy8/eFMDM4iTrOw/s400/El+conde+Contardi_6.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5442388624519171154" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Detalle de los frescos del Albergo Ambasciatori, de Guido Cadorin (1927)&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Una morena de ojos verdes y crueles mostraba los brazos blancos engalanados de oro y piedras, como una Cleopatra moderna.  Los hombres, enfundados en smokings severos, bebían y fumaban cigarros. Uno de ellos le ofreció una pitada a la morena, que fumó sin despegarle los ojos. La pelirroja se inclinó a besar a su compañero de mesa, pero sus ojos se clavaban en el de enfrente. Los hombres cruzaban miradas entendedoras por encima de las copas de cristal.&lt;br /&gt;Todos su planes malvados se diluyeron: quería ser como esos hombres elegantes que bebían champagne y fumaban con afectado spleen; que poseían a aquellas mujeres, delicados y carísimos objetos de deseo; que hablaban de temas desconocidos para él. El tintineo de la platería sobre la porcelana le pareció rústico, comparado con las risas de esas hembras magníficas e inalcanzables. Hubiera dado la vida por estar sentado a esa mesa y ser aceptado como par, y beber de la misma copa que aquella diosa de corona dorada, envuelta en gasa lánguida que flotaba a su alrededor con cada paso.&lt;br /&gt;El único que permanecía impasible ante los despliegues seductores de la mesa, era Vittorio. Inconscientemente siguió los ojos de su hermano mayor, que no se detenían en ninguna de las mujeres: Vittorio atendía a lo que los hombres decían. Una o dos veces esbozó una de esas sonrisas frías que ya le conocía.&lt;em&gt; ¿Por qué los invitó si le desagradan?&lt;/em&gt; Se tomó el trabajo de pescar los nombres: eran los que debía enumerar con Miss Parsons cuando pasaban lista a la alcurnia milanesa.&lt;br /&gt;Comenzó a sospechar que la reunión tenía un propósito más allá de la diversión y el regalo visual de la belleza femenina ofrecida sin pudor, y la expectativa de enterarse de algo importante le erizó el vello de la nuca. Su padre mantenía ciertas reuniones en la casas, no frívolas como ésta, pero con hombres cuyos nombres sonaban tanto o más que los que estaba escuchando esta noche. El escondite del saloncito de fumar podía dar fe de sus primeros pasos en el espionaje.&lt;br /&gt;La cena eterna terminó y los hombres retiraron las sillas de las damas con galantería. &lt;em&gt;¿Y ahora, a dónde irán? &lt;/em&gt;pensó y la idea de que decidieran pasar al fumoir lo hizo correr hasta la puerta de la servidumbre. Apenas a tiempo, porque el grupo entró, uno de los hombres con una botella de champagne en la mano y la copa en la otra.  Parapetado tras la puerta, se quedó escuchando. Una risa femenina se acalló cuando una voz seca y educada les rogó a las damas que fueran a polvearse la nariz al comedor: Vittorio. Rumor de tacos, más risas alejándose y una puerta que se cerraba. La conversación cambió bruscamente de tono y su hermano llevaba la voz cantante. Hablaron durante casi una hora, y los asuntos y las cifras que se mencionaron no le cabían en la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Entonces el viejo está preparando a mi hermano para que se haga cargo de cosas importantes,&lt;/em&gt; pensó. &lt;em&gt;¿Tendré la misma oportunidad?&lt;/em&gt; Vittorio hablaba con una calma y una seguridad que no condecían con su edad. &lt;em&gt;¡Y a mí me tratan como a un mocoso, con tutor e institutriz!&lt;/em&gt;  Se prometió que no dejaría pasar la oportunidad de hablar con su padre — y si era necesario, hasta rogarle — para que lo incluyeran, poco a poco, no importaba cómo, en ese mundo completamente diferente. Se tragaría la inquina y el rencor y se lo pediría. &lt;em&gt;Quiero ser como ellos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se sintió demasiado insignificante, demasiado provinciano, demasiado encerrado en aquella mansión elegante pero severa, llena de mujeres de vida oscura, desde la seca Miss Parsons hasta su propia madre.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me cuidan como a un crío y soy casi un hombre. &lt;/em&gt;Le tembló la barbilla de rabia contenida pero no pudo aguantar la lágrima que se le deslizó silenciosa hasta el cuello de la camisa.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4dAC3B4f_I/AAAAAAAAAzE/TvEYxnSFmYE/s1600-h/El+conde+Contardi.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 395px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4dAC3B4f_I/AAAAAAAAAzE/TvEYxnSFmYE/s400/El+conde+Contardi.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5442389092576296946" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Detalle de los frescos del Albergo Ambasciatori, de Guido Cadorin (1927)&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Las conversaciones cambiaron de tono y eso lo distrajo de su hora negra de autoconmiseración:  las mujeres se estaban uniendo al grupo. Alguien propuso salir y festejaron la ocurrencia con grititos glamorosos. Los ruidos lo alertaron. Corrió por los pasillos internos hasta el patio de cocheras: en la oscuridad de la noche, nadie lo vería.  Se quedó mirando embobado, los autos lustrosos y brillantes y estuvo a punto de ser pescado in flagranti delicto por el grupo. Se fueron, pero sin Vittorio.&lt;br /&gt;Le intrigó sobremanera el que su hermano no participara de la diversión. Esperó a que entrara a la casa para dar el rodeo por el patio y seguirlo a hurtadillas hasta el extremo del corredor de los dormitorios. Cuando se aseguró de que su hermano se había encerrado en su habitación, bajó de dos en dos los escalones hasta el comedor.&lt;br /&gt;La servidumbre ya había retirado casi todo, pero en el aire persistía el perfume de las damas. Cerró los ojos y se imaginó a cada una de las bellezas de esa noche en sus brazos, las telas sutiles de sus vestidos enredándosele entre las piernas mientras bailaban. Corrió a sentarse en los sillones del fumoir y se imaginó vestido de smoking, cerrando negocios importantes.&lt;br /&gt;Quería desesperadamente pertenecer a ese grupo, a ese mundo. Estaba dispuesto a sacrificar cualquier cosa para ello. Absolutamente cualquier cosa. Marcello Contardi no sabía que en ese momento acababa de tomar una de las decisiones más importantes y peligrosas de su vida.&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=2767922098030542886#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;[1]&lt;/a&gt; relinchando como un poney&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-5708144426914781339?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/5708144426914781339/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=5708144426914781339" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/5708144426914781339?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/5708144426914781339?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2010/02/la-mano-derecha-del-diablo-prologo.html" title="LA MANO DERECHA DEL DIABLO - PRÓLOGO" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S4c2ZynNd7I/AAAAAAAAAyk/RJGnvVtovik/s72-c/Palazzo_Piemonte_2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CE4CRXo8eCp7ImA9WxBWFUo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-4081552010448870865</id><published>2010-02-07T10:41:00.000-08:00</published><updated>2010-02-07T12:02:44.470-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-02-07T12:02:44.470-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="presentación" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="la dama es policía" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela nueva" /><title>LLEGÓ EL FINAL...</title><content type="html">Pasaron casi dieciocho meses y 42 entradas. Fue una experiencia gratificante, tanto por los comentarios como por las estadísticas que me avisaron de casi 4.600 clicks de seguimiento. Todo un placer, un orgullo y un desafío estar a la altura de todos los que se empeñaron en saber qué era de las complicadas vidas de Odette Marceau,  Marcel Dubois y demás cómplices, sospechosos y reos de delito confeso. Todo escrito apretadamente, con capítulos largos, que más de un lector avisó que los imprimía para poder leer con comodidad. Agradezco debidamente el gesto.&lt;div&gt;Estuvo bueno también el poder ilustrar - con mayor o menor suerte, no conseguí dibujante gratis así que me las arreglé solita - a los personajes y sus situaciones, algo que es bastante más dificultoso - por no decir "imposible" - en un texto impreso, salvo que se trate de un comic (tarea para la cual me declaro no calificada o más bien incalificable)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Disfruté de elegir la música y los paisajes que había imaginado para construir los escenarios y creo que quienes pasaron por aquí, también lo hicieron (al menos, no se quejaron). &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y ahora, envalentonada por el éxito obtenido, pienso lanzarme de cabeza con la continuación.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Para los que dicen que "segundas partes nunca fueron buenas", les anticipo que esta segunda parte se las trae.  No era mi intención hacerles la vida fácil a estos muchachos. Espero haberlo conseguido. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Si algún lector desprevenido encuentra en esta nueva novela referencias a corrupción de funcionarios públicos o canditatos políticos, alusiones al poder económico que tira de los hilos, o a la corrupción policial, sepan que las alusiones son absolutamente intencionales. A cada cual, su sambenito y al que le quepa el sayo, que se lo ponga.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nos encontramos en la próxima novela. Mientras tanto, disfruten con el calvario del pobre gordo, en el blog de al lado :&lt;a href="http://elaltillodelpolicial.blogspot.com"&gt; el altillo del cuento y la novela&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;EME&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-4081552010448870865?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/4081552010448870865/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=4081552010448870865" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/4081552010448870865?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/4081552010448870865?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2010/02/llego-el-final.html" title="LLEGÓ EL FINAL..." /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;AkYFQHk6fCp7ImA9WxBQEUs.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-2977837008651126179</id><published>2010-01-02T12:46:00.000-08:00</published><updated>2010-01-10T16:01:51.714-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2010-01-10T16:01:51.714-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Brigada Criminal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="conexión argentina" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Palais d'Elysée" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPITULO 37</title><content type="html">&lt;strong&gt;HOSPITAL HÔTEL DIEU, PARÍS, CUATRO DÍAS DESPUÉS&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0piFmJB_PI/AAAAAAAAAxk/-aPlxB5ut70/s1600-h/Monteil_01.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425256549398478066" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 253px; CURSOR: hand; HEIGHT: 382px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0piFmJB_PI/AAAAAAAAAxk/-aPlxB5ut70/s400/Monteil_01.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Así que decidió renunciar.&lt;br /&gt;Odette se volvió sorprendida. Estaba terminando de vestirse, de pie al lado de la cama. Fraulein Hitler le había dicho —le había ordenado— que se sentara para hacerlo, pero ella se sentía bien, sin mareos. &lt;em&gt;Me dieron tantas mierdas que no podía ni levantarme para ir sola al baño, carajo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Le hice una pregunta, Marceau —restalló otra vez Michelon.&lt;br /&gt;La comisario estaba pálida, los ojos de acero clavados en ella con furia.&lt;br /&gt;—Sí. Me voy a retirar.&lt;br /&gt;Las manos le temblaban inocultablemente mientras se abrochaba los puños de la camisa. Encajó los dientes para frenar el nudo que se le estaba haciendo en la garganta.&lt;br /&gt;—¿Puedo saber por qué?&lt;br /&gt;—Motivos personales.&lt;br /&gt;—Todavía soy su superior. Esa respuesta no es satisfactoria— MIchelon se acercó, tomó la silla y la empujó para que se sentase —.Quiero escuchar sus razones, que espero sean muy válidas.&lt;br /&gt;—Yo... —le costaba pronunciar cada palabra—...me siento... No. Soy responsable... de la muerte de mucha gente. No protegí como debía a Marguerite, sabiendo que esta gente estaba detrás de nosotros... Si no hubiera regresado a la Brigada, Foulquie y los hombres que enviaron a la casa de... mi hermano, estarían vivos... No cumplí con parte esencial de mi deber como oficial. No puedo continuar. No tengo derecho.&lt;br /&gt;—¿A qué no tiene derecho? ¿A seguir viva cuando ellos murieron, o a haber sobrevivido a Jean-Luc? ¿Ya consumó su venganza y desecha estos años como una cáscara vieja? ¿O no logró el objetivo propuesto de que le ahorraran el trabajo de pegarse un tiro?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pqKnBmBGI/AAAAAAAAAyE/jwr2ThXpkLI/s1600-h/Odette+BN.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 365px; height: 322px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pqKnBmBGI/AAAAAAAAAyE/jwr2ThXpkLI/s400/Odette+BN.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425265431628088418" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pp02ZC_6I/AAAAAAAAAx8/RUhX3qBOWjI/s1600-h/Odette+BN.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se quedó sin aliento: era la primera vez que oía gritar a Michelon.La otra la obligó a mirarla mientras le espetaba con voz helada:&lt;br /&gt;—¿Se cree que no la observé todo este tiempo? ¿Se cree que no sé cómo pasó todos estos años arriesgándose, sin que le importara nada, como si buscara cruzarse en el camino de algún loco que le metiera una bala en el cuerpo de una vez por todas? ¿Por quién me toma? No es la primera vez que uno de mis oficiales tiene tendencias suicidas, ¡pero nunca fueron tan obvios!&lt;br /&gt;—¿Qué dice...? —se puso de pie y se tambaleó, pero no volvió a sentarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La verdad. La verdad con la que nunca se atrevió a enfrentarse. Todo este tiempo buscando vengarse como una cría caprichosa a la que le quitaron algo, sin mirar a quién le hacía daño con su obsesión. Sin preocuparse por la gente que la amaba. Porque los que tenían la desgracia de amarla y estar vivos sufrían, ¿lo sabía? No, porque usted se ocupaba nada más que de su propio dolor. Eligió su calvario exclusivo, pero arrastró a los demás con usted. Los vivos no importaban. “Bastante suerte tienen. No me interesan. Jean-Luc está muerto. Yo estoy muerta”. Se equivocó, Marceau: usted estuvo viva siempre. Tan viva que hubo gente que la amó y sufrió por callarse ese sentimiento. Pero es una mujer muy afortunada, porque todavía hay gente que la ama. Y usted es cruel como un chico, porque los rechaza. Odia a todo, a todos, se odia usted misma, no se puede perdonar y como no puede, decidió no perdonar a nadie. Nunca más.&lt;br /&gt;Michelon hizo una pausa para recobrar el aliento y siguió fustigándola con saña.&lt;br /&gt;—¿Sabe que el hombre que está ahí afuera mató por usted?&lt;br /&gt;Odette boqueó: el corazón no le cabía en el pecho. Michelon no se detuvo.&lt;br /&gt;—No importa que el tipo fuera la última escoria del universo. Usted es muy consciente de eso: un policía no puede disparar a matar salvo que corra verdadero riesgo su vida o la de otros. Usted misma respetó siempre esa ley. Podría haberle metido un tiro en la cabeza a Savatier, podría haber matado a Beaumont sin que nadie se lo hubiera reprochado; podría haber rematado a esa bestia de D’Ors. Pero es muy buena oficial. Nunca haría una cosa así. Sin embargo, Dubois le vació el cargador a un hombre desarmado. Por usted.&lt;br /&gt;Las lágrimas le rodaron sin que se diera cuenta.&lt;br /&gt;—¿Qué le pasa? ¿Baja la guardia nada más que cuando cree que ya no hay salida? ¿Puede admitir que es capaz de sentir algo por alguien sólo si se está muriendo o bajo los efectos de un sedante?&lt;br /&gt;Odette se sentó otra vez, porque las piernas no la sostenían. Michelon no le tuvo piedad.&lt;br /&gt;—¿Cuándo piensa madurar? ¿Dejar atrás de una vez todas las corazas y salir a enfrentar la vida como la adulta que se supone que es? Quizá yo también esté equivocada. Quizá nunca dejó de ser la mocosa de veinte años, enamorada de un sueño. Hermoso, pero un sueño —los ojos de Michelon se nublaron y su voz era casi un susurro—. Que terminó dolorosamente. Pero un sueño. Afuera de esta habitación la espera la realidad de todos los días. La calle, llena de hijos de puta y de gente normal, como en cualquier otra parte. Si piensa salir de este lugar— y no se refería al hospital—, crezca. Admita que también usted puede equivocarse. Que no es ni omnipotente ni responsable de todo lo que ocurre a su alrededor, sino en la medida de sus posibilidades, como mujer y como oficial de policía, que creo... No: estoy segura, es lo que mejor sabe hacer. Aprenda a dejarse amar otra vez, no ya por su familia, que la quiso incondicionalmente aun cuando usted no dejaba de castigarlos con su actitud, sino por los que la aman por lo que creen que es: una mujer. Demuéstrese que puede serlo por completo.&lt;br /&gt;Odette abrió la boca para replicar, pero la otra, sujetándola por los hombros, no la dejó.&lt;br /&gt;—Amó como una criatura, tomando lo que le ofrecían generosamente. No dudo de que haya amado mucho y con desesperación. Yo también tuve veinte años. Ahora aprenda a amar como una mujer, viendo las cosas como son en realidad y no como las quiere ver, y ofreciéndose tan generosamente como recibió. Acepte sus propias debilidades y las de los demás. Sólo los sueños son perfectos. La realidad es inmunda. Lo único que nos ayuda a sobrevivirla es poder dar algo de nosotros mismos cada día a los demás. Dar no significa morir por los demás; significa vivir para entregarse, equivocarse y aprender de los errores, aceptarse y aceptar a los demás tal como son, con lo que traen para ofrecernos.&lt;br /&gt;Michelon estaba tan agotada como ella. La soltó y giró hacia la puerta, sin esperar que le respondiera.&lt;br /&gt;—Madame...&lt;br /&gt;Los ojos de Michelon ya no eran de hielo, sino un mar tormentoso por las emociones que los barrían.&lt;br /&gt;—Por favor... perdóneme... Estuve tan equivocada... tanto tiempo.&lt;br /&gt;Se abrazaron y lloraron juntas un rato muy largo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARIS, LA DÉFENSE, EL MISMO DÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo estás?&lt;br /&gt;—Mareada...&lt;br /&gt;Marcel sentó a Odette en la cama y comenzó a quitarle la ropa. Hubiera querido besarle cada marca, pero se contuvo y se limitó a darle un beso en la frente.&lt;br /&gt;—¿Dónde hay un camisón?&lt;br /&gt;—No tengo. No uso.&lt;br /&gt;En otras circunstancias, le hubiera hecho el amor allí mismo. Ahora era mucho más fuerte su necesidad de protegerla y llenarla de ternura. La acostó como a un bebé y la arropó con el edredón.&lt;br /&gt;—Quiero café.&lt;br /&gt;—No empieces a dar órdenes— sonrió mientras la besaba.&lt;br /&gt;—No es una orden. Por favor, quiero café.&lt;br /&gt;¿Tenía los ojos llenos de lágrimas o a él le pareció?&lt;br /&gt;Cuando Marcel volvió con las tazas, la fotografía ya no estaba sobre la mesita de noche. Tomaron el café sentados en la cama, ella envuelta en las sábanas, acurrucada bajo su brazo. &lt;em&gt;Te amo. Por qué me sentiré tan estúpido, tan feliz, tan miserable, todo a la vez. Te amo. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Voy a dormir en la habitación de huéspedes. No quiero dejarte sola.&lt;br /&gt;Ella negó con la cabeza, levantó la cara y lo besó.&lt;br /&gt;—Aquí, conmigo. Por favor.&lt;br /&gt;La abrazó en silencio hasta que se quedó dormida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARIS,CASA DE LA COMISARIO MICHELON, ESA MISMA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pcRiNNQnI/AAAAAAAAAxU/LfwAysq4ysM/s1600-h/631_500_300_crop_1a09f.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425250157430915698" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pcRiNNQnI/AAAAAAAAAxU/LfwAysq4ysM/s400/631_500_300_crop_1a09f.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Fuiste muy dura con ella, Claude.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cuando Laure me llama por mi nombre de pila se viene una reprimenda.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Dejarla ir y perder a una de mis mejores oficiales? ¿Verla destruirse otro poco cada día y lastimarlo a él por no admitir lo que le pasaba?&lt;br /&gt;—También te preocupa él... Es lo suficientemente grande para resolver sus problemas solo.&lt;br /&gt;—No seas así...&lt;br /&gt;—Ella siempre te importó mucho. Tu &lt;em&gt;enfant terrible&lt;/em&gt; favorita— Laure se volvió en la cama, dándole la espalda.&lt;br /&gt;—Laure, Laure, en el nombre de Dios, ¿qué estás pensando? ¿No habrías hecho lo mismo en mi lugar?&lt;br /&gt;Laure asintió a regañadientes y Michelon la abrazó cariñosamente.&lt;br /&gt;—Yo no necesito que me digan a quién. Lo sé perfectamente: te amo.&lt;br /&gt;—Nunca me lo dijiste... así —sus ojos verdes se volvieron brillantes.&lt;br /&gt;—No quiero perder más tiempo, entonces. Te amo, te amo, te amo.&lt;br /&gt;Se hicieron el amor hasta quedar exhaustas y se durmieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, LA DÉFENSE, DOS SEMANAS MÁS TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pWXpfhGiI/AAAAAAAAAxE/gS3g37_1GEM/s1600-h/Ramo_Black_baccara_2.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425243665396210210" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pWXpfhGiI/AAAAAAAAAxE/gS3g37_1GEM/s400/Ramo_Black_baccara_2.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La puerta. Son las seis de la mañana. No puede ser... Sí, están tocando el timbre. ¿Marcel? No, para qué, si tiene el código de acceso. Además, la audiencia es a las diez. Se equivocaron de piso. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Otra vez! Ya voy, carajo.&lt;/em&gt; Terminó de ajustarse la bata frente a la puerta. La voz de Nazaire, el portero de la noche, le informó por el intercomunicador que había un envío para ella.&lt;br /&gt;—Nazaire, ¿no pueden volver más tarde? —&lt;em&gt;qué locura. ¿A esta hora?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Es que... esperan su respuesta, señora.&lt;br /&gt;Cuando abrió vio al azorado portero que sostenía un espléndido ramo de rosas de color borravino, magníficas, casi negras de tan oscuras. &lt;em&gt;¡Mis favoritas!&lt;/em&gt;. Más un ejemplar de Le Monde.&lt;br /&gt;—Usted disculpe, señora, pero acaban de traerlas y están esperando su contestación.&lt;br /&gt;—¿Quién? —&lt;em&gt;yo estoy dormida y alguien me hace bromas pesadas... No. Demasiado caro como para ser una broma&lt;/em&gt;. Un presentimiento le estrujó el estómago.&lt;br /&gt;—El... el señor de la limusina. Abajo&lt;br /&gt;¿Dónde, si no? Se abstuvo de preguntar. Los porteros son insensibles al sarcasmo. Contó las rosas: veintitrés. &lt;em&gt;Todo un caballero&lt;/em&gt;. Buscó la nota... porque debía haber una. Una tarjeta blanca, de papel elegantísimo, qué menos, sin identificación, escrita a mano con una caligrafía firme y decidida. &lt;em&gt;Muy masculina. Alguien importante, por cómo dibuja las mayúsculas. Acostumbrado a dar órdenes y que no se le discuta.&lt;/em&gt; Leyó el texto, con la boca seca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Felicitaciones, señora comisario. Sabe ganar.Yo también.&lt;br /&gt;¿Aprendió a perder, lo mismo que yo?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Señora —interrumpió el portero, que hacía esfuerzos inútiles por espiar la tarjeta—.El señor de la limusina dice... —la miró para ver si le prestaba atención—,dice que cuando llegue el teniente Dubois y le pregunte por las flores, le diga que las envió la Brigada para felicitarla por el ascenso.&lt;br /&gt;Las rodillas se le aflojaron durante un latido de corazón.&lt;br /&gt;—¿Quién es el teniente Dubois? —Nazaire estaba ávido de noticias.&lt;br /&gt;—Un amigo.&lt;br /&gt;—Señora... ¿va a enviar una respuesta?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Cuánta propina le dieron, Nazaire? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Sí... Un momento.&lt;br /&gt;Tomó una tarjeta personal y un sobre y escribió la respuesta que le reclamaban. Iba hacia la puerta cuando lo pensó mejor y, tomando una de las flores, la entregó junto con el sobre al portero.&lt;br /&gt;—Por favor, Nazaire, entregue el sobre y la rosa al caballero que está esperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salía del baño oyó entrar a Marcel. Fue hasta la cocina a preparar el café, mientras la loción para después de afeitar le cosquilleaba en la nariz y le soltaba mariposas en el pecho.&lt;br /&gt;—No quiero pasar otra noche lejos—Marcel le rodeó la cintura por la espalda y le besó el cuello&lt;br /&gt;Yo tampoco —se volvió para besarlo y abrazarlo. Fuerte, muy fuerte. Él sonrió y le levantó la cara.&lt;br /&gt;—Estás pálida...&lt;br /&gt;—Acabo de bañarme y todavía no me maquillé.&lt;br /&gt;—¿Y las rosas? Son bellísimas. El color es increíble... ¿Algún admirador del que tenga que encargarme? —hizo un cómico ademán de sacar de la cartuchera el arma que no llevaba.&lt;br /&gt;—¿Por qué la violencia policial siempre en primer lugar? —decidió hacer caso del consejo—Las mandó la Brigada. Todo un gesto de cortesía — &lt;em&gt;si se ocuparon de pasarme el libreto, imagino que habrán hecho lo propio con la PJ. &lt;/em&gt;El pensamiento le dio vértigo.&lt;br /&gt;—Y ahora yo parezco un incivil por no enviarte nada.&lt;br /&gt;Lo besó sin responderle. &lt;em&gt;No preguntes más. Te amo, incivil&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Se sentaron en la cocina a desayunar y Marcel tomó el diario después de encender un Gauloise.&lt;br /&gt;—No sabía que lo recibías.&lt;br /&gt;—El portero debe de haberse equivocado. Cuando salgamos lo devolvemos.&lt;br /&gt;—¡Mierda! —la miró azorado por encima de las hojas —¡Nohant se suicidó!- le leyó los titulares y copetes de las primeras páginas. - "A altas horas de la noche — &lt;em&gt;Detesto ese léxico periodístico de mierda,&lt;/em&gt; pensó Odette mientras escuchaba, — Didier Nohant, ex Director General de la Policía Nacional, saltó desde las ventanas del último piso del Palais de Justice, cuando era trasladado para declarar por los cargos que se le habían efectuado. Al recientemente destituido funcionario se le habrían comprobado vinculaciones con organizaciones de lavado de dinero proveniente del narcotráfico". ¿Qué tal? La última rata se tiró del barco y se ahogó.&lt;br /&gt;Odette bebía su café con leche en silencio cuando Marcel dejó las hojas sobre la mesa y se levantó.&lt;br /&gt;—Demasiado café. Voy al baño.&lt;br /&gt;—¿Por qué a mi baño? —protestó ella—.Está el de huéspedes. Tengo que maquillarme.&lt;br /&gt;El la miró con esa expresión de macho de la especie que le hacía correr escalofríos de placer por la espalda, aunque ni pensara siquiera en admitirlo delante de él. &lt;em&gt;Fanfarrón adorable.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Estoy marcando el territorio.&lt;br /&gt;Mientras lo oía silbar, buscó en el obituario hasta que encontró las líneas: “D. Nohant, amigo dilecto. Sus compañeros de tareas de la OCT lo recuerdan con afecto y elevan una plegaria en su memoria”. Llamó al diario a la sección correspondiente.&lt;br /&gt;—¿Con cuánta anticipación se publican las necrológicas?&lt;br /&gt;—Veinticuatro horas como mínimo, señora. ¿Desea publicar?&lt;br /&gt;—No, está bien. Muchas gracias.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Veinticuatro horas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Con quién hablabas?— preguntó Marcel mientras se sentaba y se servía otro café.&lt;br /&gt;—Con el servicio meteorológico.&lt;br /&gt;—¿Qué dice?&lt;br /&gt;—Que va a ser un día espléndido.&lt;br /&gt;Levantó el auricular casi antes de que dejara de sonar el primer campanillazo, con la mano húmeda de transpiración fría. Marcel la miró sorprendido. Era Auguste.&lt;br /&gt;—¿Te enteraste?&lt;br /&gt;—¿Lo de Nohant? Sí...&lt;br /&gt;—Increíble... Todavía le quedaba un ápice de vergüenza a ese inmoral....&lt;br /&gt;—¿Quién es? —preguntó Marcel con cara de “quién mierda es”.&lt;br /&gt;—Mi hermano, Otelo— y de nuevo por el teléfono: —Auguste, tengo que vestirme...&lt;br /&gt;Le pasó el auricular a Marcel y los dos se quedaron charlando sobre la novedad.&lt;br /&gt;Auguste no sólo no sabe nada: tampoco se lo imagina. Se tomaron el trabajo de averiguar qué diario recibe mi hermano en su casa. El estómago comenzó a dolerle. Se llevó el Le Monde a su dormitorio y, tras separar las necrológicas, rompió la hoja minuciosamente y arrojó los papelitos por la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PALAIS D'ELYSÉE, A MEDIODÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaban a punto de entrar a la audiencia, una delegación salía del despacho. Extranjera, por lo que podía apreciarse. El hombre de alrededor de ochenta años que iba en el centro del grupo destacaba entre los otros más que por su estatura, por el aura de poder que emanaba.&lt;br /&gt;A medida que ambos grupos se acercaban, Auguste siguió los ojos del hombre, que se clavaron entrecerrados en Odette. Después de un vistazo rápido y apreciativo a toda la gente de la Brigada, volvió su mirada otra vez a ella, que no le había despegado los ojos. Mientras se cruzaban, lo observó rozarse apenas la solapa izquierda con el pulgar, a la vez que inclinaba la cabeza con un esbozo de sonrisa en los labios. Ella le devolvió la sonrisa y levantó apenas el mentón, en absoluto silencio. Parecían medirse como en un lance de esgrima. Auguste no supo por qué sintió una mano helada sobre el corazón ante ese intercambio mudo. Los dos grupos habían aminorado el paso al cruzarse y nadie pronunció una palabra.&lt;br /&gt;Sólo cuando se hubieron alejado lo suficiente se atrevió a tragar saliva, mientras el resto reanudaba la charla en voz baja. Oyó que detrás de él alguien comentaba lo infrecuente que era ver hoy en día a un hombre con una flor en la solapa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;En las escalinatas del Elysée, Michelon los abrazó efusivamente, uno a uno. La ceremonia había sido sencilla y privada. Sin prensa, había exigido la Brigada. De otro modo, los “especiales” dejarían de serlo.&lt;br /&gt;Auguste miró a su hermana. Todavía estaba un poco pálida. Casi no había abierto la boca durante la audiencia y no había hablado desde que salieran de ella. Bajó los escalones de dos en dos para alcanzarlas a ella y a Michelon, que bajaban juntas.&lt;br /&gt;—¿Estás bien, Cisne?&lt;br /&gt;Odette le dedicó una sonrisa de Gioconda.&lt;br /&gt;—Estoy en paz— murmuró.&lt;br /&gt;La abrazó contra su pecho y le besó la frente.&lt;br /&gt;—No más fantasmas —le dijo muy bajo. Odette asintió con la cabeza. Bajaron juntos unos escalones, mientras él esperaba que le pasara un poco más de aire por la garganta. De pronto, ella le dio un golpecito en la nariz con un dedo.&lt;br /&gt;—Nonno Augusto tenía razón. Vas a ser un figurone de verdad. Hoy, un cargo en el Ministerio del Interior; mañana... ¡a conquistar el mundo! —le hizo un gesto graciosamente malévolo.&lt;br /&gt;Michelon se reía sin mirarlos. &lt;em&gt;Voy a echar mucho de menos a Madame. Debería tomar unas clases sobre cómo sacudir a Odette tal como hace ella.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Usted no puede quejarse... comisario Marceau. ¿No estás contenta?&lt;br /&gt;—Supongo que debería... Aunque me suena a que me ataron a la pata de un escritorio. ¿La condecoración incluye la cadena? —y se apresuró a bajar.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Así lo espero. De todo corazón, Cisne. Pero creo que conseguí una cadena mejor. Como no se encargue de tenerte bien sujeta, voy a pedirle a Michelon que lo degrade y lo transfiera a Archivos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;Marcel los observó mientras bajaban juntos unos escalones, el brazo derecho de Auguste rodeando los hombros de Odette. El parecido entre ambos hermanos se le hizo tan evidente que durante medio segundo tuvo una punzadita de culpabilidad.&lt;em&gt; Cómo nadie se dio cuenta en tanto tiempo. Cómo yo no me di cuenta&lt;/em&gt;. Las mismas cejas pinceladas, los mismos rasgos delicados, tallados en él en mármol, en ella en porcelana. La chispa de comprensión en los ojos al cruzar las miradas. "Comparten algo muy íntimo, que no es el dormitorio". &lt;em&gt;Claro que es íntimo. La misma sangre.&lt;/em&gt;Cuando pasaba a su lado, Michelon volvió a medias la cabeza y sonrió de una manera extraña, mitad comprensión, mitad complicidad. &lt;em&gt;Ella lo sabía. Siempre lo supo.&lt;/em&gt; Le devolvió una sonrisa resignada y ambos miraron en la misma dirección.&lt;br /&gt;—Tenga cuidado, capitán. Si se deja atrapar difícilmente pueda resistirse.&lt;br /&gt;Marcel apretó el paso para alcanzar a Odette, que se alejaba del grupo.&lt;br /&gt;—Me avisó tarde, Madame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;Oustry, que ahora bajaba a la par de Michelon, le tocó el codo con el entrecejo fruncido mientras le señalaba con la cabeza a Dubois y Marceau. Michelon sonrió levantando las cejas y el prefecto entendió y sonrió él también.Michelon se guardó un suspiro.&lt;em&gt;Una carrera brillante. Jean-Luc estaría orgulloso de ella, igual que yo. &lt;/em&gt;Ahora podía pensar en él sin demasiado dolor. &lt;em&gt;Pobre Dubois, la que le espera. Es muy del estilo de Massarino, un poco inocente. Buenos oficiales los dos. No hay nada que hacer: las mujeres somos más retorcidas. Quién sabe si volvemos a dejarlos dirigir la Brigada.&lt;/em&gt; &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;****&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Marcel corrió detrás de Odette para tomarla por los hombros y cuando ella se sacudió el abrazo, la sujetó por la cintura. Esta vez no insistió en soltarse. &lt;em&gt;Bruja caprichosa.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? ¿No puedo intimar con un superior?&lt;br /&gt;—Dubois... —respondió ella, enarcando una ceja. Pero apoyó la cabeza en su brazo. Marcel aprovechó la ocasión y la besó. &lt;em&gt;En público. En las puertas del Elysée y delante de la mitad de la PN. Uno a cero, viejo. Y al que se atreva a acercársele le rompo las costillas.&lt;/em&gt;Estrechó el abrazo y le dijo al oído:&lt;br /&gt;—Ese viejo verde tardó una eternidad en colgarte la medallita, haciéndose el simpático.&lt;br /&gt;—Ese viejo verde es tu Presidente.&lt;br /&gt;—Me importa una mierda. También es el tuyo.&lt;br /&gt;—Yo no lo voté.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Cuándo voy a ganar una discusión con esta mujer?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;EPÍLOGO&lt;br /&gt;PROVINCIA DE BUENOS AIRES, FINALES DE 1996&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pJixMf_KI/AAAAAAAAAw0/zgnYIvTw4jM/s1600-h/V_Contardi_blog+final.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5425229562791328930" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 280px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0pJixMf_KI/AAAAAAAAAw0/zgnYIvTw4jM/s400/V_Contardi_blog+final.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me gusta. Inteligente. Atractiva. Una combinación casi fatal. No es exactamente de mi tipo, pero me gusta. Una pena que no admitamos mujeres en la Orden. Improvisan más rápido y mejor que nosotros. Parece que nos leyeran la mente. Muy peligroso. En poco tiempo las tendríamos ocupando lugares clave. Una verdadera pena, mi querida. Menos mal que usted es joven todavía, con mucha pasión en la sangre. Si tuviera veinte años más y la frialdad de la edad, tendría que haberla eliminado. Así de brillante, no hubiera parado hasta llegar a la tranquera de la estancia. Por suerte para usted, prefirió seguir viva para su teniente... perdón, su capitán. Y mantenerlos vivos a él y a su familia. Una decisión muy importante, señora comisario. Una elección inteligente. Aprende rápido. Seguramente supere al maestro algún día. No espero menos de usted.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Señor...&lt;br /&gt;—¿Qué pasa, José?&lt;br /&gt;—¿No piensa hacer nada?&lt;br /&gt;—¿Con qué?&lt;br /&gt;—Con... ellos, señor. Ella, el hermano, el... otro...&lt;br /&gt;—Nada. Son intocables.&lt;br /&gt;—¡Pero...!&lt;br /&gt;—Nos ahorraron el trabajo de limpieza, que era algo que me molestaba mucho. Por otro lado, tienen muy bien cubiertas las espaldas. Nunca nos metimos con esa gente, y no vamos a empezar ahora.&lt;br /&gt;—A él lo identificaron, señor...&lt;br /&gt;—Arreglé para que se encarguen el Ministerio de Relaciones Exteriores y el del Interior. No se preocupe más.&lt;br /&gt;—¡Pero esos tanos hijos de puta liquidaron a nuestra gente!&lt;br /&gt;— Epa, no se me vaya así de boca. Se cuidaron muy bien de eliminar a "nuestra" gente. Se ocuparon de contactos, nada más. Útiles, no se lo voy a negar, pero que habían entrado en ese jueguito perverso. Lacras morales. Capítulo cerrado —hizo un silencio que Ortiz no interrumpió —¿Usted oyó hablar alguna vez del “coste de oportunidad”? Esto es más o menos parecido. Empezamos en otra parte. Llame a Londres. Quiero saber qué novedades hay.&lt;br /&gt;Se arrellanó en su bergère favorito y, antes de que Ortiz saliera, comentó a media voz:&lt;br /&gt;—Tendría que haberla visto... Orgullosa, no me bajó los ojos ni una vez. Y sabía, ¿eh?, sabía que había perdido.Una dama. Me debe mucho. No se va a olvidar, se lo aseguro. Pero tampoco me voy a cobrar.Esta vez, salimos hechos...&lt;br /&gt;—No entiendo, señor— Ortiz estaba moderadamente horrorizado— ¿Ella lo reconoció?&lt;br /&gt;—Digamos que me dejé reconocer. Ella también puso su granito de arena, o más bien la rosa en el ojal. Soy un anticuado.&lt;br /&gt;—¡Pero, por qué...!&lt;br /&gt;—No pude evitar la tentación, viejo y todo como soy.Quería verla personalmente y que ella supiera que yo estaba ahí, antes que ella y que su gente; que siempre vamos a estar un paso adelante y un escalón más arriba, pero que reconozco a un gran oponente cuando me le enfrento.&lt;br /&gt;Se puso melancólico sin saber por qué.&lt;br /&gt;—Hubiera preferido no encontrarla nunca, no saber de ella, que no me importara. Siempre creí que las mujeres estaban para otras cosas: parir, acompañar, ser tu sombra complaciente y callada o una joya que se lleva colgada del brazo para que te envidien los obsecuentes... A ver quién lleva la hembra más linda y más estúpida. Los estúpidos somos nosotros, que creemos eso de ellas, José —rara vez lo llamaba por su nombre y vio que José se había emocionado—. Ahora me importa. Aprenda usted también, porque es una lección difícil de tragar.Debo de estar poniéndome viejo...&lt;br /&gt;—Usted no es viejo, señor —murmuró el otro, desviando la mirada.&lt;br /&gt;—Vaya a hacer esa llamada, José. Después vuelva, que tenemos que hablar de unas cuantas cosas.&lt;br /&gt;Los ojos de Ortiz relampaguearon de expectación. &lt;em&gt;Así me gusta; orgulloso del puesto que le toca ahora. A ver cómo se porta.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Mientras Ortiz salía del estudio, el viejo leyó la tarjeta por enésima vez. Caligrafía firme. Acostumbrada a tomar decisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Tuve un maestro magnífico. Aprendí una lección inolvidable”,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;decía.&lt;br /&gt;Lo que más le gustaba, sin embargo, era la postdata:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Adoro las rosas negras. Gracias por tener en cuenta ese detalle”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guardó la rosa seca en el sobre junto con la tarjeta y las fotos y metió todo en un compartimiento de la caja fuerte, mientras sonreía. &lt;em&gt;Toda una dama&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;FIN&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-2977837008651126179?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/2977837008651126179/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=2977837008651126179" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/2977837008651126179?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/2977837008651126179?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2010/01/la-dama-es-policia-capitulo-37.html" title="La dama es policía - CAPITULO 37" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/S0piFmJB_PI/AAAAAAAAAxk/-aPlxB5ut70/s72-c/Monteil_01.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEAEQHg9fSp7ImA9WxNaFU8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-1158933736472211110</id><published>2009-11-28T12:35:00.000-08:00</published><updated>2009-11-29T12:31:41.665-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-29T12:31:41.665-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Brigada Criminal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="conexión argentina" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Policía Judicial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="grupos especiales" /><title>La dama es policía - CAPÍTULO 36</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLOg9L4LKI/AAAAAAAAAvo/p6oaLN8hVoI/s1600/Policias+en+el+Bois.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 243px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLOg9L4LKI/AAAAAAAAAvo/p6oaLN8hVoI/s400/Policias+en+el+Bois.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409613168000904354" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, BOIS DE BOULOGNE. LUNES, ÚLTIMAS HORAS DE LA NOCHE &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Auguste miró alucinado cómo el hombre arrastraba a Odette hasta ellos. &lt;em&gt;En el nombre del Cielo, ¿qué le hizo ese hijo de puta?&lt;/em&gt; Se le saltaron las lágrimas mientras se ahogaba de coraje. Sintió una mano en el hombro que lo empujaba hacia el suelo y se arrodilló. &lt;br /&gt;El cuerpo de Odette rebotó contra el capó; cuando el tipo se acomodó delante de ella y la atrajo hasta su entrepierna, ella no reaccionó. &lt;em&gt;Dios mío, qué pasa&lt;/em&gt;. El hombre lo miró con una sonrisa feroz y, mientras tiraba el arma al suelo y se desabrochaba la bragueta, le gritó: &lt;br /&gt;—¡Sólo para tus ojos, Massarino!&lt;br /&gt;En las sombras, la presión de una rodilla en la espalda lo hizo tirarse al suelo. Oyó los disparos desde atrás y rodó a un lado al tiempo que gatillaba su propia arma, aunque el hombre ya se retorcía espasmódicamente y la sangre le salpicaba la cara. Los disparos siguieron cuando el tipo ya no era más que un bulto en el suelo. Alcanzó a ver el rostro de Dubois deformado por el odio mientras vaciaba el cargador, ahora de pie junto al cuerpo del otro. &lt;br /&gt;Se incorporó con agilidad mientras el hombre de Varza sacaba del auto al herido en la rodilla, todavía amordazado. Sin pensarlo dos veces, le puso la pistola en la frente y tiró del gatillo. Al volverse, Dubois estaba de rodillas sosteniendo a Odette, mientras lloraba como una criatura. &lt;br /&gt;Con el corazón en la boca vio que su hermana no se movía. Caminó hasta ellos como en un mar de brea. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;No, Cisne, no. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Las sirenas de ambulancias y patrulleros aullaban por el bosque. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS. HOSPITAL HÔTEL DIEU, PRIMERAS HORAS DE LA MADRUGADA DEL MARTES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Por favor, entren y hablen con ella — el residente se asomó desde la habitación a la vez que le hacía lugar a la enfermera para que saliera. &lt;br /&gt;Auguste, sentado con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos, lo miró con cansancio. En dos pasos, Marcel estuvo encima del médico. &lt;br /&gt;—Cinco minutos— el médico remarcó las palabras—. Y sean convincentes.&lt;br /&gt;—¿Respecto de qué? —preguntó Auguste.&lt;br /&gt;—Respecto de  que están vivos— Marcel y Auguste se  miraron  sorprendidos—. Esta mujer es terca como una mula. Necesita el sedante, así que hablen con ella— y en un aparte a Auguste: —Después quiero hablar con usted.&lt;br /&gt;Marcel alcanzó a oír y el corazón se le subió a la boca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLJlKRDBrI/AAAAAAAAAvg/ZJ7Gxvv5mok/s1600/Hospital+H%C3%B4tel+Dieu_Pasillos.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLJlKRDBrI/AAAAAAAAAvg/ZJ7Gxvv5mok/s400/Hospital+H%C3%B4tel+Dieu_Pasillos.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409607742673585842" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.flickr.com/photos/isemantics/189691279/"&gt;Pasillos del Hospital Hôtel Dieu de Paris- Foto de Flickr&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Ciao, lucertola &lt;/em&gt;—susurró Auguste mientras le revolvía el pelo. Estaba pálida como las sábanas, tanto que se le encogió el pecho.&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Scugnizzo&lt;/em&gt;— ella sonrió mientras él le acariciaba la cara—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó? En el Bois creí que... ¿Estás bien?  &lt;br /&gt;—Magnífico — obvió las explicaciones. No iba a llorar como un idiota. Ella le tomó la mano y se la besó, reteniéndola contra su cara. Tenía las muñecas vendadas, el cuello lleno de hematomas. Sí, iba a llorar. &lt;br /&gt;—Nadine estaba con tu suegro...&lt;br /&gt;—Ya lo sé. Están todos bien.&lt;br /&gt;—¿Quién...? — no tuvo fuerzas para completar la frase. &lt;em&gt;Está mareada por los calmantes&lt;/em&gt;, pensó. &lt;br /&gt;—Calogero y la gente de Varza — &lt;em&gt;gracias a Dios&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;—¿Perrin?&lt;br /&gt;—Se salvó por un pelo. ¿Vas a preguntar por toda la Crim?&lt;br /&gt;Los ojos de Odette se volvieron vidriosos.&lt;br /&gt;—¿...Marcel?&lt;br /&gt;La besó en la frente. &lt;br /&gt;—Está esperando para verte&lt;br /&gt;A ella se le iluminó tanto la cara que Auguste sintió una punzada de celos. Le hizo señas al teniente para que se acercara. Marcel se sentó en la cama y al estrujarla en un abrazo ella gimió. &lt;br /&gt;—Parece que cada vez que te toco, te lastimo —murmuró Marcel, compungido. &lt;br /&gt;—Me... estoy acostumbrando, Ranxerox... — Odette estiró la mano y le acomodó el cabello. Marcel la besó antes de soltarla con cuidado, recostándola otra vez. Auguste salió mientras oía que su hermana insistía en preguntar qué había pasado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLWUJ2kOLI/AAAAAAAAAvw/e03cyazUQ8c/s1600/Tr%C3%ADptico.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLWUJ2kOLI/AAAAAAAAAvw/e03cyazUQ8c/s400/Tr%C3%ADptico.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409621744155900082" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Marcel la besó otra vez en silencio. Odette cerró los ojos entre agotada y feliz pero cuando frunció la frente y gimió de dolor, Marcel sintió que una tenaza le estrujaba los intestinos. &lt;em&gt;Nunca más lejos de mí, ¿entendiste? Te voy a pisar los talones como un perro. Tu San Bernardo&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Una walkiria embutida en uniforme de enfermera entró con una bandeja estéril y una jeringa. Lo apartó con soltura y mientras le ataba el brazo a Odette para inyectarla, comentó: &lt;br /&gt;—¿Estamos más tranquilas? ¿Le hacemos caso al doctor?&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Jawohl, mein Führer&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Marcel sonrió al oírla. &lt;em&gt;No perdiste el humor.&lt;/em&gt; Los ojos se le nublaron. &lt;br /&gt;—Muy graciosa— la enfermera hizo un gesto severo. Antes de que terminara de acomodarle las sábanas, Odette estaba dormida —. Afuera— ladró. No le costó demasiado esfuerzo sacarlo de la habitación. &lt;br /&gt;En el pasillo, Auguste escuchaba al médico con la mandíbula encajada y las manos en los bolsillos del pantalón. Al oír la puerta, le echó un vistazo rápido. &lt;br /&gt; —Vamos a tomar un café. No le digamos nada de Foulquie todavía —con un gesto de la cabeza hacia la habitación— . Le tenía mucho afecto al viejo.&lt;br /&gt;Marcel lo interrogó con la mirada llena de angustia. Auguste le apretó el hombro. &lt;br /&gt;—Gracias al Cielo, ese animal no le hizo nada. Va a estar bien — el comisario sacudió la cabeza como si se convenciera a sí mismo — Va a estar bien. Vamos— y lo arrastró hacia el ascensor.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLZsv_c3CI/AAAAAAAAAv4/46lZvnbg6Cc/s1600/Calogero_1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 289px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLZsv_c3CI/AAAAAAAAAv4/46lZvnbg6Cc/s400/Calogero_1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409625465245457442" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;                       &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Calogero Colosimo&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se sentaron en silencio en el bar del hospital. Marcel observó las manchitas de sangre en la manga de su camisa y en una de las perneras del pantalón. Ni siquiera había ido a su casa a cambiarse de ropa. Sacó un Gauloise y le tembló la mano al encenderlo. Un hombre se les acercó. Lo reconoció como uno de los que habían encontrado en la casa del comisario. &lt;br /&gt;—Augusto...&lt;br /&gt;—Calogero —el comisario le hizo lugar. &lt;br /&gt;—¿Cómo está? — preguntó Calogero con tono preocupado. &lt;br /&gt;—Duerme. Va a estar bien —respondió Auguste. &lt;br /&gt;—Le fallé. Nunca me lo voy a perdonar— el hombre  tenía los ojos vidriosos—Si Mario me corta las pelotas, tiene todo el derecho— los miró y se explicó —. Envié a Filippo a su casa. Encontró a un tipo. Me quedé tranquilo. Nunca pensé que...&lt;br /&gt;—Nadie pensó que ese monstruo los seguiría hasta el Quai— Auguste se mordió el labio. &lt;br /&gt;—Virgen Santa, no podía creerlo. Menos mal que ese, Wi... Wik...&lt;br /&gt;—Witowlski —murmuró Marcel—. Yo la dejé en el Quai. Si me hubiera quedado... —Golpeó la mesa sin darse cuenta, y las tazas tintinearon. Apretó las mandíbulas para tratar de aguantar las lágrimas. Auguste le tomó el brazo en un gesto de consuelo y se quedaron en silencio otra vez, bebiendo café. &lt;br /&gt;—Hay algo... que nunca te dije, Augusto — Calogero miró alternadamente a los dos y continuó en italiano—. Es... historia antigua, pero... siempre me pesó en el corazón. &lt;br /&gt;Auguste lo miró con los ojos llenos de premonición. &lt;br /&gt;—Cuando... cuidaba... a Jean-Luc... —empezó Calogero y Marcel se acomodó para escuchar.  Calogero comprendió que él entendía lo que estaba diciendo pero ahora no tenía más remedio que seguir. &lt;br /&gt; —Él... quería que ella lo dejara... La quería con locura... y cuando comenzamos con la morfina... —el dolor le hacía temblar la voz.&lt;br /&gt;—Ya lo sé. Odette se enteró y...—Auguste le tomó el brazo. &lt;br /&gt;—Ella después... —Calogero no lo dejó continuar —le daba... otra cosa — miró a Marcel con aprensión—. Al principio la conseguía ella, no me preguntes de dónde, y cuando me enteré, yo salí a buscarla. No quería que se arriesgara de esa forma.&lt;br /&gt;Siguió un silencio ahogado.  &lt;br /&gt;—Entonces él vio la  oportunidad...  Estuvo  lúcido  hasta el final,  Augusto.&lt;br /&gt;Auguste lloraba en silencio, con la mirada baja. Calogero hablaba con los ojos cerrados.&lt;br /&gt;—Me lo había pedido tantas veces... que lo arreglé... Le cambié la dosis por cloruro de potasio... Tal como estaba, no hizo falta demasiado...  Él lo sabía, te lo juro. Lo vi sonreír cuando ella...  —casi no podía hablar—.Yo no soportaba verlos sufrir.&lt;br /&gt;Auguste abrazó al otro en silencio durante un largo rato. Cuando se separaron, ambos tenían los ojos húmedos. Colosimo suspiró. &lt;br /&gt;—Me siento mejor ahora que te lo dije. ¿Podrás...?&lt;br /&gt;—Con toda el alma —respondió Auguste, ronco de emoción. &lt;br /&gt;Colosimo se puso de pie. &lt;br /&gt;—Me vuelvo al mediodía.  Cuídenla.  En casa van a matarme si le pasa algo más— le tendió la mano a Marcel y abrazó y besó a Auguste. &lt;br /&gt;—Calogero, ni una palabra a los viejos.&lt;br /&gt;—¿Quién te creíste que llamó a Mario? —Auguste se sobresaltó—.Fue tu madre. &lt;br /&gt;En el silencio que siguió, Auguste movió la cabeza con resignación. &lt;br /&gt;—No te preocupes; no pienso decirles lo que pasó.&lt;br /&gt;—Está bien... ¿El tipo que encontraron en casa de mi hermana?&lt;br /&gt;—Pudriéndose en el Sena. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Obvio&lt;/em&gt;. Colosimo se encogió de hombros. &lt;br /&gt;—Tendrán que reparar la puerta. Lo arreglamos para que pareciera un intento de robo. &lt;em&gt;Arrivederci.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Arrivederci.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se quedaron solos. Después de un rato, Marcel levantó la vista hacia Auguste. &lt;br /&gt;—Quiero saber.&lt;br /&gt;Auguste lo miró y asintió. &lt;br /&gt;—Es una historia larga.&lt;br /&gt;—Tenemos tiempo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-1158933736472211110?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/1158933736472211110/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=1158933736472211110" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/1158933736472211110?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/1158933736472211110?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/11/la-dama-es-policia-capitulo-36.html" title="La dama es policía - CAPÍTULO 36" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SxLOg9L4LKI/AAAAAAAAAvo/p6oaLN8hVoI/s72-c/Policias+en+el+Bois.bmp" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0cGQ3c8eCp7ImA9WxNUEU8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-2650147690959719595</id><published>2009-10-31T15:59:00.000-07:00</published><updated>2009-11-01T18:30:22.970-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-11-01T18:30:22.970-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="represión" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Brigada Criminal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tortura" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPITULO 35</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su47mj7cuHI/AAAAAAAAAug/ZW8slk5ow8U/s1600-h/Depto+Massarino_entrada+principal_negativo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 253px; height: 338px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su47mj7cuHI/AAAAAAAAAug/ZW8slk5ow8U/s400/Depto+Massarino_entrada+principal_negativo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399318536929458290" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;XVI° ARRONDISSEMENT. CASA DEL CRIO. MASASRINO. LUNES POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Auguste se había ido hacía menos de diez minutos cuando sonó el timbre. Nadine corrió hasta la puerta, pero, hija y mujer de policías, no abrió. Nadie de la familia podía estar llamando a la puerta a las diez de la noche. &lt;br /&gt;—¿Quién es?&lt;br /&gt;—Signora Nadine —respondió por el intercomunicador una voz vagamente conocida —. Soy Calogero. Calogero Colosimo, &lt;em&gt;signora&lt;/em&gt;. Abra, por favor.&lt;br /&gt;Nadine espió por la mirilla telescópica. &lt;em&gt;Dios, de verdad es Colosimo. ¡Mis suegros!  ¡Algo les pasó a mis suegros! &lt;/em&gt;Abrió y el hombre entró apresurado, seguido por otros tres. &lt;br /&gt;—Calogero, ¿qué pasa?&lt;br /&gt;—Busque a los chicos. Tenemos que salir de la casa.&lt;br /&gt;—¡Auguste no está!&lt;br /&gt;—Ya sé. Alcanzamos a verlo salir y preferimos quedarnos y sacarlos a ustedes.&lt;br /&gt;Nadine miró a los hombres que acompañaban a Colosimo. El parecido no era suficiente para que fueran parientes, pero tenían un aire en común... paisanos del mismo lugar. Colosimo la tomó del brazo y la llevó escaleras arriba. &lt;br /&gt;—Vamos, &lt;em&gt;signora&lt;/em&gt;. No tenemos mucho tiempo.&lt;br /&gt;— Dios santo, ¿dónde está Auguste? &lt;br /&gt;—Por favor. Es por el bien suyo y de los niños— insistió Colosimo&lt;br /&gt;Corrieron escaleras abajo, ella con Isabelle y Colosimo llevando de la mano a Antonin. En el garaje de la casa esperaba un automóvil igual al de Auguste. &lt;br /&gt;—Suban. Agáchense en el piso del auto hasta que yo les avise.&lt;br /&gt;—Calogero, ¿qué van a hacer?&lt;br /&gt;—Los muchachos se quedan aquí. Yo la llevo a un lugar seguro.&lt;br /&gt;Después de cinco minutos de carrera, el hombre les dijo que podían levantarse. Les llevó sólo cinco minutos más llegar al Quai. Calogero detuvo el automóvil frente a la puerta principal. &lt;br /&gt;—¡Papá! &lt;br /&gt;SaintClaire estaba esperándolos con un auto en marcha. &lt;br /&gt;—Vamos, hija — el viejo ex comisario miró a Colosimo—. Gracias.&lt;br /&gt;—Somos de la familia. No tiene nada que agradecer— Colosimo saludó respetuosamente a SaintClaire y acarició la cabeza de los chicos. Nadine lo miró con los ojos llenos de dolorosa anticipación. &lt;br /&gt;—Quédese tranquila. A Augusto no le ocurrirá nada.&lt;br /&gt;Mientras se sentaba en el auto de su padre, Nadine oyó el chirrido de los neumáticos del  otro automóvil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su48jXXJ-PI/AAAAAAAAAuo/2FTlUA0nwMs/s1600-h/Quai+por+la+noche_sepia.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su48jXXJ-PI/AAAAAAAAAuo/2FTlUA0nwMs/s400/Quai+por+la+noche_sepia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399319581528029426" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;36,Quai des Orfèvres por la noche&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;QUAI DES ORFÈVRES. LUNES POR LA NOCHE&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;—¿Adónde vamos? —preguntó Odette después de unos minutos. &lt;br /&gt;La había sentado en el auto y sujetado con el cinturón de seguridad, como a una criatura. Cuando arrancó, con el rabillo del ojo vio que ella estaba llorando en silencio. Le pasó el brazo por los hombros y le acarició la cara. Él tampoco podía hablar. Ella no resistió su abrazo. Se la veía tan frágil. Marcel sintió que el pecho le reventaba de dolor. &lt;br /&gt;—¿A dónde vamos? —insistió ella, con vocecita entrecortada. &lt;br /&gt;—Al Quai. Donde puedas estar segura— la soltó momentáneamente para tomar el volante y virar en un semáforo. &lt;br /&gt;—¡No! ¡Van a matar a mi familia!&lt;br /&gt;—Odette, tu hermano me dio la orden, y nunca estuve más de acuerdo.&lt;br /&gt;—¡Van a matar a mi familia! &lt;br /&gt;El semáforo cambió a rojo. En un segundo, Odette se soltó el cinturón y abrió la puerta, tratando de saltar del auto, pero él fue más rápido. Había previsto esa reacción, y la tomó del brazo y tirado de ella hacia adentro. &lt;br /&gt;—¡No quiero! —Odette se debatió con furia. &lt;br /&gt;—Lo siento, pero no vas a ninguna parte — le esposó la muñeca izquierda a la derecha de él —Ahora, hagamos lo posible por no matarnos— arrancó a toda velocidad. &lt;br /&gt;—¡Te odio!&lt;br /&gt;—Ya lo sé.&lt;br /&gt;Entró con ella en el edificio, todavía esposados, escandalizando al suboficial de guardia. &lt;br /&gt;—¿Quién está arriba?&lt;br /&gt;—¡Foulquie! —gritó el hombre mientras Marcel arrastraba a Odette por las escaleras. &lt;em&gt;Maldita caprichosa. No, por Dios. Está desesperada, igual que yo.&lt;/em&gt; Quería abrazarla, besarla, jurarle que nada le pasaría a su familia, que todo saldría bien. &lt;br /&gt;—¡Foulquie!&lt;br /&gt;El sargento se puso de pie de un salto, enarcando una ceja ante la escena. Marcel abrió las esposas, tomó a Odette por los hombros y la sentó ante uno de los escritorios. &lt;br /&gt;—Por favor... —ella le dio la espalda —¡POR FAVOR! Quiero que te quedes aquí. ¡Foulquie —dijo sin volverse—, que no salga del edificio! Si es necesario, enciérrela en algún lado. Voy a la casa de Massarino.&lt;br /&gt; Se inclinó hacia ella y la besó en la frente. Lo pensó mejor y la abrazó y besó apasionadamente.&lt;br /&gt;—Voy a buscar a tu hermano. No te muevas de este escritorio. Quiero tu palabra.&lt;br /&gt;Ella asintió con un gesto. La besó otra vez y salió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;QUAI DES ORFÈVRES. LUNES POR LA NOCHE.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Foulquie se acercó en silencio. &lt;br /&gt;—Su... cuñada está en casa del comisario SaintClaire, con los niños. El comisario acaba de avisar.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Gracias al cielo.&lt;/em&gt; Se le quitó un peso del pecho. &lt;br /&gt;—¿Cómo llegaron...?&lt;br /&gt;El sargento se encogió de hombros. &lt;br /&gt;Un yunque le oprimía el corazón. Odette se frotó el cuello como si con eso pudiera aliviar la angustia. &lt;em&gt;Mi hermano, Marcel... Tengo tanto miedo&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—¿Quiere un café? —le preguntó Foulquie.&lt;br /&gt;—Por favor —murmuró ella con un suspiro. &lt;br /&gt;Mientras el sargento salía, Odette enterró la cara entre las manos. &lt;em&gt;Estoy agotada. Dios mío, que no pase nada.&lt;/em&gt; Por primera vez en años se puso a rezar. &lt;br /&gt;Entró un uniformado. &lt;em&gt;Foulquie con el café... &lt;/em&gt;El hombre se paró detrás de ella y la levantó de un brazo. &lt;br /&gt;—¡Qué...! —mientras el hombre le esposaba las manos a la espalda. &lt;br /&gt;—Órdenes, señora.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No conozco esa voz. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—¡No es necesario que me espose! —sacudió las manos. &lt;br /&gt;El hombre la tomó del brazo sin abrir la boca y la llevó a la rastra hacia las escaleras. En lugar de ir a las salas de interrogatorio donde pensaba que la encerraría, el tipo la empujó por el patio hacia la calle.  &lt;em&gt;¿Por qué?&lt;/em&gt; Odette tuvo un presentimiento espantoso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su49d96PPOI/AAAAAAAAAuw/uX-Q9GxZkSk/s1600-h/Quai_Patio+interior+nocturno.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su49d96PPOI/AAAAAAAAAuw/uX-Q9GxZkSk/s400/Quai_Patio+interior+nocturno.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399320588308135138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Patio interior del Quai des Orfèvres&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se volvió a medias para verlo. Alto, de contextura fuerte, rubio, facciones un poco abotargadas pero atractivas. Ojos azules, casi vacíos de tan claros. Notó que caminaba... No... Marchaba. &lt;em&gt;Cristo, este hombre no es policía&lt;/em&gt;. Se estremeció y tironeó del brazo, pero el tipo la sujetó con mano de hierro. &lt;br /&gt;—Un solo movimiento de más y masacro a los que se nos acerquen. O a los que encuentre —le susurró al oído, pegándola a él—. Así me gusta. Tranquila. Vamos a salir con calma.&lt;br /&gt;Hablaba un francés plano, sin inflexiones ni acentos y sin la natural guturalidad del idioma. Extranjero, pero no europeo. Ni norteamericano. Militar, por la forma de moverse. El nombre le estalló en la mente como un rayo. &lt;em&gt;Dios, es él&lt;/em&gt;. El estómago le dio un vuelco; le temblaron las piernas y trastabilló. El hombre la sostuvo con una facilidad increíble. &lt;br /&gt;—Despacio. No queremos alarmar a nadie.&lt;br /&gt;En la calle, caminaron muy juntos hasta uno de los patrulleros. Detrás de otros dos vehículos había un hombre tirado en el suelo, en ropa interior. Un hilo de sangre le corría por detrás de la oreja. Perrin. &lt;em&gt;Tiene tres hijos&lt;/em&gt;, recordó Odette mientras pugnaba por no llorar de desesperación. &lt;em&gt;Hijo de puta&lt;/em&gt;. El hombre la metió en el auto y la sujetó con el cinturón de seguridad. Se caló la gorra, se sentó al volante, y salieron despacio. Dejó el arma entre las piernas. Entre las sombras del interior del vehículo y la visera, no se le veía la cara. &lt;br /&gt;—El mínimo intento de avisar a alguien y te vuelo la cabeza.&lt;br /&gt;Odette no tenía ninguna duda al respecto. &lt;br /&gt;Salieron sin que nadie los molestara, salvo algún saludo ocasional. &lt;br /&gt;A unas cuadras, el hombre detuvo el patrullero detrás de un sedán oscuro, la amordazó con cinta adhesiva y la arrastró fuera del auto. El frío le cortó la respiración. Con la habilidad propia del entrenamiento, el tipo le dio detrás de la rodilla un golpe ligero que la hizo trastabillar lo suficiente como para que él le tomara la cabeza, se la bajara y la sentara en el asiento del acompañante del sedán, en un solo movimiento. Le ajustó el cinturón de seguridad, cerró la puerta y se sentó al volante. Antes de arrancar, reclinó el asiento para sacarla de la vista desde la ventanilla. Comprobó el ajuste del cinturón y se pusieron otra vez en marcha. Sobre la guantera había una Motorola sintonizada con la frecuencia de la policía. Mirando el reloj de pulsera, él dijo: &lt;br /&gt;—Las once y media. En media hora nos encontramos con los muchachos en el Bois de Boulogne. Van a llevar a tu hermano.&lt;br /&gt;La miró de reojo mientras conducía consultando un plano de la ciudad. &lt;br /&gt;—Pensé que iba a tener que servir a una vaca vieja, y me encuentro con una yegua que todavía está para seguir corriendo. &lt;br /&gt;Con la otra mano en el volante, le recorrió el cuerpo. Ella trató de apartarse. &lt;br /&gt;—Eras muy joven para él— le levantó la pollera con la punta del arma—. Todas las francesas son putas. Mirá que usar portaligas. Turra—siguió en francés—. Muy fino. Me gusta.&lt;br /&gt;Odette no entendía todo lo que el hombre había dicho, pero se lo imaginó muy bien. “Puta” suena igual en varios idiomas. Sintió, impotente, cómo las lágrimas de rabia le rodaban por la cara. No quería llorar delante de ese desgraciado.&lt;em&gt; Si consiguiera calmarme, pensar en algo... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;El tipo siguió hablando mientras conducía y le metía la mano entre las piernas, buscando el borde del calzón de encaje. Cuando ella se resistió, un violento empujón le sacudió la sien contra el parante del auto. &lt;br /&gt;—No quiero marcarte la cara. No me gusta, así que no me obligues —la miró amenazador mientras le volvía bruscamente la cabeza agarrándola del pelo. &lt;br /&gt;La Motorola zumbaba mensajes anodinos: robos, accidentes de tránsito. Una medianoche tranquila de invierno. Odette alimentaba la esperanza de que alguien hubiera notado la falta del patrullero. ¿Y el cuerpo de Perrin? Escuchó atentamente: lo que se oía por la radio tenía que ser casi incomprensible para el hombre, que la apagó de un manotazo. &lt;br /&gt;—Hablan más atravesado que la puta que los parió —masculló —. Parece que lo de tu hermanito todavía no saltó— le habló en francés mientras le acariciaba un muslo y cuando ella apartó la pierna, se la retuvo violentamente—. Queremos que disfrute del show. Lo mismo que con la mujer. A estas horas deben de haber terminado con ella y los chicos. Espero que mis muchachos se hayan divertido. No con tu hermano, ¿eh? Él tiene que venir entero.&lt;br /&gt;Entonces, el animal no sabía que Nadine no estaba en la casa. &lt;em&gt;Gracias, Dios mío. Quién sabe si Marcel pudo llegar a tiempo&lt;/em&gt;. En medio de su angustia, saber que Nadine y los chico shabían escapado de esos monstruos la hizo recuperar algo de esperanza. &lt;br /&gt;—Así que ésta es la capitán Marceau. La puta más cara del mundo. Nos costaste fortunas.  Millones de dólares perdidos porque querías vengar la muerte de tu macho — el tono de voz cambió de sarcástico a sombrío. Odette entendía a medias lo que él murmuraba. &lt;br /&gt;—No lo puedo creer. Un cana de mierda. Y la guacha de la mujer que busca venganza trece años después. ¡Como el puto conde de Montecristo, ja! —el auto aceleró rabioso—.Me las vas a pagar, muñeca. Aunque sea lo último que haga, vas a sufrir hasta el último segundo de lo que te queda de vida—  se lo repitió en francés para asegurarse de que entendiera la sentencia. &lt;br /&gt;Las luces del alumbrado público pasaban cada vez más rápido. El hombre le manoteó la camisa para desabrochársela y recorrió los contornos del corpiño. Odette tuvo un escalofrío de asco y miedo cuando la mano le bajó el encaje. Cerró los ojos para no ver al hijo de puta humillarle cada lugar del cuerpo donde la tocaba. &lt;br /&gt;—¿Estás llorando de miedo o de rabia? —le volvió la cara y la miró asombrado—. ¡De rabia, puta!  —hizo un gesto de incredulidad—. Quiero  verte  llorar de  miedo—continuó con voz ronca—. Tuve una muñequita así, chiquita. Más joven, una pendeja. Después de que la quebré fue como seda. Al final tuve que “trasladarla”. Órdenes.&lt;br /&gt;Ella intuyó el significado de las palabras y la desesperación le trepó por las entrañas, entrecortándole la respiración. &lt;br /&gt;En el bosque se detuvieron en uno de los caminos laterales. Él miró el plano y asintió. Le soltó el cinturón de seguridad y reclinó totalmente el asiento. Se acomodó entre sus piernas, sacó una navaja del bolsillo y tuvo que hacer un esfuerzo para cortarle la ropa interior. &lt;br /&gt;—Todavía te resistís, putita... &lt;br /&gt;Le pasó la navaja a un milímetro de la cara y siguió bajando por el cuello, cada vez más cerca. Un hilo de sangre brotó del nacimiento del pecho izquierdo antes de que ella pudiera sentir el corte. El instinto y el miedo le hicieron contener la respiración para apartar el cuerpo de la hoja que le recorría el esternón y el estómago en una caricia mortífera.  Gotitas como perlas diminutas le brotaron del rastro terrible. El hombre dejó la navaja en el otro asiento al tiempo que la sujetaba por el cuello, ahogándola con el apretón. El esfuerzo por respirar hizo que los bordes de los tajos se abrieran apenas y sangraran con un dolor intolerable. La cinta adhesiva le enmudeció el grito en la boca. &lt;br /&gt;La mano de él subió para sostenerle la cara, y el pulgar le arrastró una lágrima. Un instante después la rodilla del tipo se le enterró súbita y violenta entre las piernas. El golpe la paralizó y la dejó sin aire otra vez. Cuando logró inspirar, el dolor casi la desmayó. &lt;br /&gt;Cerró los ojos para controlar la náusea y arqueó el torso, acercándose involuntariamente a él en un esfuerzo por tratar de llenar los pulmones. Sintió que una mano le estrangulaba el gemido en la garganta mientras la otra la recorría en una caricia obscena, pero en lo único en que pudo pensar fue en tratar de seguir respirando. Un acceso de tos ahogada le llenó los ojos de lágrimas y le retorció el cuerpo. &lt;em&gt;¡Dios, tengo que poder respirar!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Abrió los ojos en el momento en que él miraba el reloj y encendía un cigarrillo. No pudo controlar otro espasmo de horror cuando la mano que lo sostenía la recorrió. Lo vio sonreír mientras fumaba para avivar la brasa, y el brillo rojizo le iluminó los ojos cruelmente azules. Inclinándose sobre ella murmuró: &lt;br /&gt;—Diez minutos. En diez minutos podemos hacer muchas cosas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su4_t9SaedI/AAAAAAAAAu4/O2_2ghft8Oc/s1600-h/Quai_exterior_sepia.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 362px; height: 215px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su4_t9SaedI/AAAAAAAAAu4/O2_2ghft8Oc/s400/Quai_exterior_sepia.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399323062042261970" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Witowlski llegaba al Quai en su utilitario cuando se cruzó con un patrullero en el que salía Marceau, acompañada de un suboficial. La saludó cortés. Esa mujer entendía su trabajo. &lt;br /&gt;—Buenas noches, capitán.&lt;br /&gt;Ella le clavó los ojos. Angustiosamente, pensó él. &lt;br /&gt;—Buenas noches, Vasili —lo saludó Marceau. El suboficial ni lo miró. &lt;br /&gt;¿Vasili? Mientras dejaba el auto y se dirigía al ascensor, Witowlski pensó que era realmente extraño. &lt;br /&gt;Un quejido le llamó la atención. Buscó, y encontró a Perrin con un balazo en la cabeza, semidesnudo, entre dos patrulleros. Las entrañas se le retorcieron del miedo. Witowlski corrió aterrorizado hasta la entrada y avisó al suboficial de guardia. Mientras llegaba la ambulancia, corrió hasta el tercer piso buscando a Massarino. Encontró a Foulquie desangrándose en el pasillo. &lt;br /&gt;—Avísenle a Dubois —alcanzó a decir el viejo mientras lo subían a la camilla. &lt;br /&gt;El pánico le dio ganas de vomitar. &lt;em&gt;¿Dónde mierda encuentro a Dubois?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;XVI° ARRONDISSEMENT. CASA DEL CRIO.MASSARINO&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Auguste estaba a unas cuadras de su casa cuando un automóvil se le cruzó delante. Clavó los frenos con un insulto y se bajó sacando el arma de la cartuchera. &lt;br /&gt;—¡Comisario!&lt;br /&gt;Inspiró angustiado y bajó la pistola. &lt;br /&gt;—¡Dubois! ¡Casi lo mato!&lt;br /&gt;—¡Vamos a su casa!&lt;br /&gt;—¿Dónde está Odette?&lt;br /&gt;—La dejé en el Quai con Foulquie.&lt;br /&gt;Lo miró desconfiado pero Dubois insistió:&lt;br /&gt;—Me juró que no se movería de allí.&lt;br /&gt;Volvieron a los autos y se detuvieron cerca de la casa en silencio. Frente a la puerta había un patrullero con las luces apagadas. Había gente dentro. Se acercaron, armas en mano, para encontrar a los dos hombres de la Brigada asesinados a balazos. Auguste sintió detenérsele el corazón. &lt;em&gt;Nadine. Mis hijos.&lt;/em&gt; Dubois lo arrinconó contra la pared &lt;br /&gt;—¡No! ¿La casa no tiene otra entrada?&lt;br /&gt;La desesperación no lo dejaba pensar. &lt;br /&gt;—¡Ahí adentro está mi familia! —forcejeó. &lt;br /&gt;—¡Tiene que haber otra forma de entrar! &lt;br /&gt;Dubois tenía razón. Doblaron por la calle lateral hasta la puerta de servicio. En la casa había un silencio de muerte. El pulso le retumbaba en la cabeza. &lt;em&gt;Mis hijos. ¿Dónde están mis hijos? &lt;/em&gt;Cuando irrumpieron en la cocina, el espectáculo era de horror. En una de las sillas había un hombre, herido en una pierna; se le veía la rodilla ensangrentada. Dos tipos lo estaban golpeando duramente. Un tercer hombre se ponía de pie, al lado de un cuerpo retorcido en forma extraña. Por la otra puerta podía verse otro cadáver, al pie de la escalera. Los tres giraron, apuntándoles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su5EB3pUfJI/AAAAAAAAAvA/Fa-jze0PO8c/s1600-h/Bois+de+Boulogne_1_1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 282px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su5EB3pUfJI/AAAAAAAAAvA/Fa-jze0PO8c/s400/Bois+de+Boulogne_1_1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5399327802171620498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, BOIS DE BOULOGNE.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Ahí están. Demasiado puntuales, carajo— la arrastró hacia afuera y le dijo, pegando la boca a la suya amordazada— Vamos. Lo mejor para el final.&lt;br /&gt;Un auto se detuvo a diez metros de ellos. Tres hombres bajaron y uno quedó adentro. En la penumbra del bosque, Odette pudo entrever que el primero tenía la camisa desabrochada y con manchas oscuras. Llevaba las manos detrás de la nuca. El que venía detrás lo empujó, obligándolo a ponerse de rodillas. A pesar de las lágrimas que le nublaban la vista, reconoció a Auguste. &lt;br /&gt;Si hubiera podido, habría gritado de angustia. &lt;em&gt;¡Mi hermano no! ¡A él no, por Dios!&lt;/em&gt;. Los sollozos se le estrangularon en la garganta, sacudiéndole el pecho. &lt;em&gt;Entonces Marcel está muerto. Mi amor. ¿Qué les hice a todos? &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Las piernas ya no le respondieron y el hombre tuvo que sostenerla para llevarla hacia el otro auto. El viento le hizo flamear la camisa contra la piel desnuda, pegando la tela sobre las quemaduras y erizándola de frío. Sintió la punta de la pistola enterrársele en el cuello, debajo de la mandíbula. Las esposas le laceraban las muñecas, pero había superado ese umbral de dolor. &lt;br /&gt;—¡Massarino! ¿Te gustó lo de tu mujer? ¡Ahora vas a disfrutarlo con tu hermana!&lt;br /&gt;El hombre la levantó, la arrojó como si fuera una muñeca sobre el capó del auto en que habían llevado a Auguste y le arrancó la cinta adhesiva de un tirón. &lt;br /&gt;—Quiero que tu hermano te escuche.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Señor, si estás en alguna parte, quiero morirme ahora.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Lo último que sintió fue que la tomaba por los tobillos atrayéndola hacia él, al tiempo que le separaba las piernas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-2650147690959719595?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/2650147690959719595/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=2650147690959719595" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/2650147690959719595?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/2650147690959719595?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/10/la-dama-es-policia-capitulo-35.html" title="La dama es policía - CAPITULO 35" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Su47mj7cuHI/AAAAAAAAAug/ZW8slk5ow8U/s72-c/Depto+Massarino_entrada+principal_negativo.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEADQX45eSp7ImA9WxNWGU0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-5107585755441961843</id><published>2009-10-18T15:01:00.000-07:00</published><updated>2009-10-18T15:59:30.021-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-10-18T15:59:30.021-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tortura" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="corrupción policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="secuestro" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPÍTULO 34</title><content type="html">&lt;strong&gt;PARÍS, LA DÉFENSE. LUNES, ÚLTIMAS HORAS DE LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Carajo, no puede pedirme esto. No puede&lt;/em&gt;. Marcel golpeó el volante con las dos manos. Las llaves le estaban lastimando la palma. Le dolía el pecho de no querer pensar en las razones por las cuales Massarino tendría las llaves de la casa de ella. Se sentó en el auto con el estómago y las entrañas hechos un nudo. Miró el reloj: las siete y media de la tarde. &lt;em&gt;El cementerio está cerrado. No puede estar ahí..&lt;/em&gt; Intentó con la radio.  &lt;em&gt;Nada. Al puente de L'Alma.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Qué mierda vendría a hacer acá? Hace un frío espantoso&lt;/em&gt;. Frío y todo, bajó del auto y se arrebujó en el impermeable para recorrer el puente. El panorama era maravilloso, pero se le antojó tétrico. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;No me gustan los puentes. La gente tiene la mala costumbre de tirarse al Sena en los lugares donde el paisaje es más interesante. ¿Dónde carajo estará? Massarino tenía cara de tragedia anticipada. ¿Por qué no vino conmigo, si tanto se preocupa...? ¿Tan importante es lo que tiene que hacer que no es capaz de salir a buscarla?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuZoqTJVsI/AAAAAAAAAuI/4chQwaiaeVE/s1600-h/traslado+de+un+cuerpo.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 345px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuZoqTJVsI/AAAAAAAAAuI/4chQwaiaeVE/s400/traslado+de+un+cuerpo.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394073902534710978" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Se metió al auto y a punto de pasar un radiomensaje, intuyó que no tendría respuesta. &lt;em&gt;No creo que quiera hablar conmigo&lt;/em&gt;. Lo pensó dos veces y llamó por la radio a las unidades de patrulla para que le avisaran de inmediato si alguien detectaba el automóvil de la capitán Marceau. &lt;br /&gt;Recordó que no tenía anticongelante, así que arrancó el motor para evitar sorpresas desagradables. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Qué puede haber pasado con Marguerite?... No. No ‘qué’; ‘quién’ puede estar detrás de Marguerite, y para qué. Marguerite tiene las llaves de la casa de Odette, conoce su vida, sus horarios, sus gustos personales... ¡Dios mío, están detrás de Odette!.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;La adrenalina se le disparó y le provocó un acceso de pánico. &lt;em&gt;¿Adónde? ¡Al departamento! ¡Antes que llegue otro!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Miró el reloj mientras aceleraba: las ocho y media. &lt;em&gt;Perdí el tiempo como un boludo mientras ella quién sabe dónde está&lt;/em&gt;. Insistió con la radio, y a las nueve menos cuarto sí hubo novedades. Habían llamado a la policía. El portero del edificio de Marceau.&lt;br /&gt;El pulso le martilleaba enloquecido en las sienes cuando vio la ambulancia. Le costaba respirar, caminar, pensar lógicamente, tanto que casi olvidó exhibir la placa y uno de los agentes estuvo a punto de sacudirle un macanazo por violar el cordón policial. &lt;br /&gt;Alcanzó a ver que subían un cuerpo a la ambulancia y le preguntó a los gritos a un suboficial de quién se trataba. Después de lograr que dejara de zamarrearlo, el pobre cabo le informó que se trataba de una mujer mayor. &lt;br /&gt;—La capitán Marceau está sentada en aquel patrullero, teniente.&lt;br /&gt;Con las rodillas flojas se acercó. Cuando la llamó, Odette no respondió. No miraba a ninguna parte. Abrió la puerta y tomándola del brazo la sacó y la llevó hasta su automóvil. Mientras lo ponía en marcha para seguir a la ambulancia, pudo por fin escuchar lo que ella decía. &lt;br /&gt;—La mataron por mi culpa. Yo la maté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuT30RA69I/AAAAAAAAAtw/st0F2zbvzX8/s1600-h/La-Sante-Prison-MCB.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuT30RA69I/AAAAAAAAAtw/st0F2zbvzX8/s320/La-Sante-Prison-MCB.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394067565838396370" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Prisión de La Santé, en el XIVº Arrondissement&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, PRISIÓN DE LA SANTÉ. LUNES, ÚLTIMAS HORAS DE LA TARDE&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;La sensación de impotencia le cerró la garganta. Dos oficiales y un suboficial tuvieron que entrar en la sala de interrogatorios y sujetarlo para que no matara a Nohant a golpes. Estaba enajenado y la expresión de burla e insolente suficiencia del ex Director General lo enfureció a tal grado que perdió el control. &lt;br /&gt;—¿Qué le pasa, Massarino? —había murmurado el otro, sentado displicentemente del otro lado de la mesa—. ¿Tiene miedo? ¿O va entendiendo cómo son las cosas?&lt;br /&gt;La mirada de Nohant lo atornilló a la silla. &lt;br /&gt;—¿Cómo puede ser tan imbécil de creer que esto se terminó? ¿Sabe cuánto más me queda acá adentro? El tiempo que tarden en dejarlos a ustedes fuera. Definitivamente afuera.&lt;br /&gt;—Qué quiere decir con eso... —las manos le dolían de tanto apretarlas. &lt;br /&gt;—Averígüelo por usted mismo.&lt;br /&gt;Lo agarró del cuello antes de pensar en lo que estaba haciendo y sus compañeros entraron a separarlos. &lt;br /&gt;—Tranquilo. Lo único que falta es que te sancionen por ponerle las manos encima a este hijo de puta— lo contuvo uno de los oficiales mientras lo sentaban por la fuerza y se llevaban a Nohant. &lt;br /&gt;—¡Tranquilo, un carajo! ¡Me amenazó!&lt;br /&gt;—Está adentro. ¿Qué mierda puede hacer? Es un escorpión sin veneno.&lt;br /&gt;Se sacudió rabioso las manos de sus compañeros. &lt;em&gt;No entienden. No pueden entender. El malparido sabe de qué habla. ¿Dónde carajo está Odette? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Mejor te vas a casa, Massarino. Quién sabe mañana, con un poco más de calma, nos sentamos con esta rata y le sacamos algo.&lt;br /&gt;Se fue a su casa con dolor de estómago. Tenía la espantosa sensación de que “mañana” sería demasiado tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, XVI° ARRONDISSEMENT. LUNES POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El timbre del teléfono lo hizo saltar en el sillón. Nadine había acostado a los chicos y circulaba por la casa en puntas de pie. Un rato antes lo había abrazado, y él había recostado su cabeza contra el estómago suave y tibio de ella. &lt;em&gt;Lo único seguro en el mundo. Te amo, pelirroja&lt;/em&gt;. La apretó tan fuerte que Nadine se sobresaltó. Sentada en sus rodillas, le preguntó qué estaba pasando. Auguste había negado con la cabeza, incapaz de hablar a causa de la emoción. &lt;br /&gt;—Es Odette, ¿verdad? &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Esa cualidad terrible de las mujeres de acertar donde más te duele.&lt;/em&gt; Asintió porque no podía hacer otra cosa. &lt;br /&gt;—Si trataras de comprenderla, además de amarla, quizá todo fuera más fácil entre ustedes dos. &lt;br /&gt;¿Comprenderla? Nadine lo miró con aquella mirada suya que lo había atrapado desde el primer día. "Me ves como si me leyeras el alma”, le había dicho él entonces. &lt;br /&gt;—Odette es y representa todo aquello que te empeñaste en encerrar en lo más profundo de tu corazón —y en un susurro sobre sus labios—, siciliano.&lt;br /&gt;Auguste suspiró, movió la cabeza y encogió los hombros, aceptando la verdad. Nadine lo sostuvo en un largo, largo abrazo y se levantó para preparar el café. &lt;br /&gt;Ahora, al oír el teléfono, el comisario casi gritó por el auricular:&lt;br /&gt;—Hable.&lt;br /&gt;—¿Comisario? Es Bardou—la voz del otro lado sonaba extraña. —Llamaron... Encontraron a la persona que usted... —Bardou nunca había vacilado tanto. &lt;br /&gt;Auguste sintió que la adrenalina se le disparaba descontrolada. &lt;br /&gt;—¿Dónde carajo estás?&lt;br /&gt;—En la morgue, señor.&lt;br /&gt;Cuando Nadine volvió con el café, alcanzó a verlo salir como un loco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StudQ0bOZdI/AAAAAAAAAuQ/hNF7d8iX2h8/s1600-h/Institut+M%C3%A9dico-L%C3%A9gal.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 183px; height: 281px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StudQ0bOZdI/AAAAAAAAAuQ/hNF7d8iX2h8/s400/Institut+M%C3%A9dico-L%C3%A9gal.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5394077890982602194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Institut Médico-Légal de Paris&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;PARÍS, MORGUE JUDICIAL. LUNES POR LA NOCHE&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—El cuerpo apareció frente al edificio de Marceau —le informó demasiado tarde Bardou. &lt;br /&gt;Marcel estaba pálido de furia. Recordaba a Marguerite y el cariño que había mostrado por Odette aquella mañana. Pensó que si hubiera tenido oportunidad, al conocerla mejor le hubiera agradado todavía más. Miró el cuerpo de la pobre mujer, se volvió y golpeó una camilla cercana. La mujer tenía hematomas y marcas de quemaduras por todas partes: las plantas de los pies, el interior de los muslos, los pechos, los párpados, alrededor de la boca. &lt;br /&gt;—...quemaduras de cigarrillo. Las más pequeñas son del tipo que provoca una descarga eléctrica puntual. La víctima presenta quemaduras de este último tipo en los genitales externos e internos. Se registran laceraciones, probablemente con elemento cortante, en el área vaginal, perianal y anal. Las piezas dentarias faltantes... —el forense estaba hablando hacia por el micrófono para dejar registro de la autopsia. &lt;br /&gt;Marcel salió de allí enfermo de náusea. Afuera, Odette estaba sentada, temblando, en estado de shock. &lt;em&gt;Hijos de puta.&lt;/em&gt; Se sentó al lado de ella para preguntarle dónde había estado, pero ella no reaccionaba. La angustia le atenazó la voz cuando intentó consolarla. &lt;br /&gt;Massarino entró como una tromba, los hermosos rasgos de patricio romano deformados por la desesperación. Marcel y Bardou se quedaron helados cuando el comisario se arrodilló para abrazar a Odette y tomarle la cara. &lt;br /&gt;—¿Qué pasó, bambina? ¡Por Dios, qué pasó! &lt;br /&gt;Odette no respondió. &lt;br /&gt;—Dejaron el cuerpo en la puerta del edificio. No mucho antes de que ella llegara. Los porteros no vieron nada —le explicó Marcel mientras entraban juntos en la sala de autopsias—. Bardou, quédese con Marceau. Que no se mueva de allí.&lt;br /&gt;El cabo asintió con la cabeza. &lt;br /&gt;Era terrible ver llorar a ese hombre y no saber qué decir para ayudarlo. &lt;br /&gt;—Comisario, salgamos —y lo tomó del brazo, empujándolo suavemente. &lt;br /&gt;Massarino se volvió y Marcel vio al niño que alguna vez había sido, asustado y dolorido, en los ojos del otro. &lt;br /&gt;—Marguerite... era parte de la familia. Ella... ella quiso quedarse cuando los viejos se retiraron a Italia. “¿Quién se va a ocupar de ustedes dos?”, decía siempre. Ella cuidaba de Odette como si fuera su propia hija— las lágrimas le caían sin ninguna vergüenza. &lt;br /&gt;Instintivamente, Marcel lo abrazó. &lt;br /&gt;—“Está muy sola”, decía... “Está muy flaca”... Marguerite me llamaba cuando Odette estaba mal, sabía dónde encontrarnos a los dos. ¿Qué le hicimos, mi Dios? ¿Qué le hicimos?&lt;br /&gt;Marcel lo sostuvo, mudo por la emoción, mientras Massarino lloraba como una criatura. &lt;br /&gt;—Dubois, no dejes sola a mi hermana. No te le separes ni un minuto. Esos hijos de puta tratarán de llegar a ella de cualquier forma— el policía estaba de regreso. &lt;br /&gt;—¿Su hermana?&lt;br /&gt;—Odette —murmuró el comisario, pasándose las manos por la cara y el cabello en un intento por recuperar la compostura. &lt;br /&gt;En medio de toda aquella atrocidad, Marcel sintió que el nudo en la garganta se le desataba, dejándolo pensar con claridad. &lt;br /&gt;—Comisario, corra a su casa. Vamos —dijo, mientras tomaba a Odette por los hombros con cuidado y ella se dejaba llevar sin preguntar—. Bardou, envíe custodia armada a la casa de Massarino. &lt;br /&gt;—Teniente —murmuró Bardou, señalando con la cabeza hacia Odette—, ¿de verdad es... la hermana del comisario?&lt;br /&gt;Marcel asintió. Nunca había estado tan seguro de algo en toda su vida. &lt;br /&gt;—Mierda — murmuró Bardou.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-5107585755441961843?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/5107585755441961843/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=5107585755441961843" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/5107585755441961843?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/5107585755441961843?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/10/la-dama-es-policia-capitulo-34.html" title="La dama es policía - CAPÍTULO 34" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/StuZoqTJVsI/AAAAAAAAAuI/4chQwaiaeVE/s72-c/traslado+de+un+cuerpo.bmp" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D08CQ389fyp7ImA9WxNQFkg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-3926188973346261718</id><published>2009-09-22T08:41:00.001-07:00</published><updated>2009-09-22T14:44:22.167-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-09-22T14:44:22.167-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tortura" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="secuestro" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="desaparición de personas" /><title>La dama es policía - CAPITULO 33</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkU_cytqjI/AAAAAAAAAso/2Aciez0k50s/s1600-h/Depto+Odette+1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 272px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkU_cytqjI/AAAAAAAAAso/2Aciez0k50s/s400/Depto+Odette+1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384357909791353394" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El edificio de Odette en La Dèfense&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, LA DÉFENSE. DOMINGO AL MEDIODÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—No, teniente. La señora Marceau salió cerca del mediodía y todavía no volvió. Los domingos rara vez está en casa, ¿sabe?&lt;br /&gt;El portero lo había reconocido y estaba comunicativo. Marcel no pudo resistir la tentación, absolutamente reprobable, de seguir preguntando. &lt;br /&gt;—Hace muchos años que trabajo acá. Apenas lo conocí al marido. Murió hace mucho. Poco después de que se mudaran, creo. Ella nunca recibe a nadie. Sus padres... bueno, deben de ser sus padres, ¿no? Un matrimonio muy agradable. Cada tanto vienen a quedarse en el piso de la señora. Y Marguerite, claro, viene todos los días. Ella está mucho tiempo afuera, ¿sabe? Por trabajo, creo.&lt;br /&gt;A medida que Grégoire hablaba, Marcel se sentía más y más incómodo. &lt;em&gt;¿Cómo puedo estar haciéndole esto? Soy un insecto. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Ella es siempre tan gentil... La señora. Marguerite también. Aunque nunca charlamos demasiado. Marguerite siempre está apurada.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Bien por Marguerite&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—¿Quiere que le avise a la señora que vino a verla?&lt;br /&gt;No, no quería. Muchas gracias. &lt;br /&gt;—Teniente Dubois... —el portero puso cara de circunstancias —, la señora Marceau... ¿tiene algún problema... con ustedes.? Ya sabe... —bajó la voz —. Con la policía.&lt;br /&gt;Habría soltado la carcajada de no haberse sentido tan culpable. &lt;br /&gt;—No, Grégoire. Nada más lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BUENOS AIRES, DOMINGO PRIMERAS HORAS DE LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;La chicharra del teléfono agitó apenas el aire quieto de la hora de la siesta. Ortiz estiró la mano sin levantar la otra del teclado. &lt;br /&gt;—Teniente Chávez, mi teniente coronel...&lt;br /&gt;Se impacientó ante la irrupción. &lt;em&gt;Y ahora qué pasa&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—Diga, teniente.&lt;br /&gt;—Señor, hice lo posible por disuadir al mayor... Resultado negativo, señor.&lt;br /&gt;—Las órdenes son de proceder sin dilaciones, teniente.&lt;br /&gt;—Ya sé, señor— del otro lado del auricular tragaron saliva audiblemente—. No volverá a ocurrir. Señor.&lt;br /&gt;—El grupo completo, teniente. Asegúrese de ejecutar la orden cuanto antes. Le recuerdo que no tiene que quedar nada que permita identificarlos o relacionarlos con nuestro país.&lt;br /&gt;—Sí, señor. Comprendido, señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkXT8IcYHI/AAAAAAAAAsw/RGMt2nVcDxU/s1600-h/915041.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 280px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkXT8IcYHI/AAAAAAAAAsw/RGMt2nVcDxU/s400/915041.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384360460824633458" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href="http://parisperdu.blogg.org/date-2008-05-21-billet-810249.html"&gt;"Paris perdu" (París perdido)&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, X° ARRONDISSEMENT. DOMINGO, PRIMERAS HORAS DE LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¿Adónde fuiste?&lt;br /&gt;La voz del Brigadier a sus espaldas le paró el corazón durante medio segundo. &lt;br /&gt;—A tomar un poco de aire —dijo el Cachorro mientras giraba y lo veía con visión periférica—. No me banco este encierro. &lt;br /&gt;El otro le buscó los ojos con esa mirada helada y terrible. &lt;br /&gt;—Hace un frío de cagarse.&lt;br /&gt;—Igual necesitaba salir.&lt;br /&gt;Se oyó un quejido sordo. ¿&lt;em&gt;Todavía está viva?&lt;/em&gt; Instintivamente miró hacia el lugar de donde venían los gemidos. &lt;em&gt;Está loco. Es demasiado; el teniente coronel tiene razón. Hay que limpiarlo cuanto antes. No va a ser fácil; los otros tres están de su lado. Podría intentar convencer al Tigre... No. Tengo órdenes. A todos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, LA DÉFENSE. DOMINGO, PRIMERAS HORAS DE LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ya no soportaba más estar en su casa. Salió con el auto a dar una vuelta sin rumbo y terminó estacionando de nuevo frente al edificio de ella. Le mostró la placa al portero de la noche y éste lo dejó pasar. El auto de la señora Marceau estaba en las cocheras: acababa de venir de allí. &lt;br /&gt;Llamó a la puerta varias veces hasta que por el intercomunicador, Odette preguntó quién era. Cuando le abrió, estaba en bata, con el cabello húmedo. Estaba tan pálida... Instintivamente miró al salón detrás de ella. &lt;br /&gt;—¿Estás sola?&lt;br /&gt;Hubiera querido morderse la lengua en el mismo instante en que lo dijo. Ella desvió la mirada e hizo un gesto con la cabeza. &lt;br /&gt;—Hace doce años que estoy sola.&lt;br /&gt;Lo miró con una pena infinita. Cuando trató de entrar, ella lo detuvo suavemente. &lt;br /&gt;—No te hagas daño de esa forma. Prefiero que vuelvas cuando puedas confiar en mí.&lt;br /&gt;—No...&lt;br /&gt;—Te voy a esperar.&lt;br /&gt;Ella se besó la punta de los dedos, estiró el brazo y los apoyó en su boca. Marcel asintió sin poder hablar, mientras la puerta se cerraba despacio. Se quedó sin saber qué hacer y después de una eternidad llamó otra vez. Cuando finalmente ella abrió sin preguntar, la abrazó, pidiéndole perdón con un beso. &lt;br /&gt;Sin hablar la llevó hasta la cama. Sin hablar le hizo el amor mientras ella lloraba en silencio. Se quedaron dormidos casi al mismo tiempo. &lt;br /&gt;No sabía qué hora era cuando sonó el teléfono. Odette dormía. Alargó la mano y levantó el auricular. Del otro lado vacilaron al oír su voz. Oyó una respiración pesada y después el clic violento. &lt;em&gt;¿Quién? ¿No esperaban que yo respondiera?&lt;/em&gt; La desconfianza se le enroscó en el pecho, quitándole el aire. Se odió a sí mismo por ese sentimiento que ya no lo dejó dormir. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkvfkWAI_I/AAAAAAAAAtA/eU2J4gIqy6A/s1600-h/monica_bellucci_finale.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 291px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkvfkWAI_I/AAAAAAAAAtA/eU2J4gIqy6A/s400/monica_bellucci_finale.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384387048876549106" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El cielo mostraba esa luminosidad tenue previa al alba cuando en medio de la duermevela, el teléfono sonó de nuevo. Esta vez, ambos estiraron el brazo, pero él fue más rápido. &lt;br /&gt;Lo mismo: el silencio ominoso seguido del clic. La miró con la duda agarrotándole la garganta. &lt;br /&gt;Ella debió de ver algo en sus ojos, porque con la voz quebrada le pidió que se fuera. La apretó entre sus brazos, angustiado. No quería irse. &lt;em&gt;Dios, ¿por qué esta mujer me hace sentir todas estas cosas? &lt;/em&gt;Quería saber pero no se atrevía a preguntar. Quiso hacerle el amor pero la poseyó desesperado. Ella era la sal en la herida y el bálsamo que la cerraba. La amaba y la odiaba. Ya no tenía orgullo; estaba dispuesto a aceptar cualquier cosa con tal que lo dejara quedarse y se lo dijo.&lt;br /&gt;—Jamás te humillaría de esa manera— se arrancó de sus brazos y habló con la voz opaca de amargura—. Si quisiera nada más que alguien que me calentara la cama, lo habría buscado en la calle.&lt;br /&gt;Sus propias terribles palabras en boca de ella lo azotaron. &lt;br /&gt;—¿Cómo pudiste insinuar algo así? Nos degrada a los dos. Es mejor que te vayas.&lt;br /&gt;—Por Dios, no...&lt;br /&gt;—No me lastimes más.&lt;br /&gt;Se fue, mudo de vergüenza. &lt;em&gt;Cómo se puede destruir lo que se ama con tanta facilidad. Te perdí. Ahora sí te perdí. Definitivamente. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARIS, Xº ARRONDISSEMENT, MADRUGADA DEL LUNES&lt;/strong&gt;—¿Y?&lt;br /&gt;—Está con alguien. Un tipo, el que atendió las dos veces.&lt;br /&gt;—Carajo...&lt;br /&gt;—¿Qué hacemos?&lt;br /&gt;—A esta hora, ya nada.&lt;br /&gt;—Esperemos hasta la noche. Más fácil... Vive sola; se lo sacaste a la vieja. El tipo debe de venir los fines de semana. Seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;CAPO CALAVÀ, LUNES POR LA MAÑANA &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Lola volvió a marcar el número de la casa de su hija.&lt;em&gt; Nada. No hay nadie. ¿Y Marguerite? &lt;/em&gt;Una sensación extraña le trepó hasta el estómago. Decidió probar en la casa de Auguste. Charló de minucias familiares con su nuera y le preguntó como al pasar por Marguerite. &lt;br /&gt;—No, mamá, no vino a casa.&lt;br /&gt;Le pidió a Nadine que si la veía, le avisara para que la llamara y prudentemente cambió de tema. &lt;em&gt;No está en casa de Odette, ni en lo de Auguste.&lt;/em&gt; Siempre hablaban el mismo día de la semana, para contarse las nimiedades de la vida diaria, los chismes familiares que la mantenían cerca de sus hijos. El contacto afectuoso de una amistad de años. &lt;br /&gt;Insistió una vez más, esta vez a lo de Marguerite. Nadie. A lo largo del día continuó llamando, con creciente preocupación. A las cuatro de la tarde, la sensación desagradable se había transformado en una ominosa premonición. &lt;br /&gt;Franco llegó del teatro a las cuatro y media. Lo oyó silbar "L'amour est un oisseau rebelle" mientras entraba en la casa. Estaban ensayando una nueva puesta para el ballet de "Carmen". Se asomó para verlo dar unos pasos de baile por el salón. Silbando, su marido la tomó de la cintura y la hizo girar siguiendo los compases. &lt;br /&gt;—¿Qué te pasa? —le preguntó él, tras detenerse en seco. &lt;br /&gt;Con el corazón en la boca, Lola le explicó lo de las llamadas. La expresión de Franco cambió instantáneamente. &lt;br /&gt;—La última vez que te vi esa cara fue la noche en que murió Jean-Luc.&lt;br /&gt;Los presentimientos le retorcieron las entrañas. Aquella noche, extrañamente, había insistido en llamar a la casita. Nunca lo hacían, pues Franco prefería hablar con Auguste. Calogero les había dado la noticia llorando: había encontrado a Odette al lado de la cama, paralizada. Cuando trató de tocarla, ella había gritado no sabía qué, lo había empujado y salido desesperada de la casa. No podía encontrarla. Tampoco podía encontrar a Auguste. &lt;br /&gt;Los ojos se le llenaron de lágrimas. Aquella noche, su hija había estado a punto de matarse. Franco lo sospechaba, pero ella lo sabía: se lo había arrancado a Auguste, pues Odette jamás había hablado. &lt;br /&gt;Ahora, la angustia le cerró la garganta. Franco la abrazó mientras ella murmuraba: &lt;br /&gt;—Llamemos a Auguste.&lt;br /&gt;Sin soltarla, él replicó: &lt;br /&gt;—No. Llamemos a Varza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;MILÁN, LUNES POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Mario Varza estaba todavía en su despacho, en la empresa, revisando papeles pero con la mente en otra parte. Había recibido el aviso de que el grupo había salido del país, con destino a Lisboa. &lt;em&gt;¿Carajo, por qué a Lisboa? No tengo a nadie allí.&lt;/em&gt; Repasó lo que sabía de ellos: tenían pedido de captura en Francia y España. ¿Cómo mierda iban a cruzar las fronteras? ¿Cuándo, dónde? &lt;em&gt;Olvidémonos de los aeropuertos: el control es demasiado estricto. ¿Por mar? No. Mucho tiempo.&lt;/em&gt; Cualquier viaje por mar hasta puerto francés no llevaba menos de cuatro días, y él sabía que iban a actuar rápido. &lt;br /&gt;El tren. Lógico. De entre una pila de papeles sacó la cartilla de horarios de trenes europeos. El tren les daba el tiempo necesario para preparar lo que hubiera que preparar, y la guardia fronteriza no era tan severa. Seguramente viajarían con documentación falsa. Buscó las conexiones. Lisboa-París Montparnasse, 16: 00-14: 50. Frontera: Hendaya. &lt;em&gt;La puta que los parió, Hendaya es un balneario. Nadie controla nada. Están en París desde hace más de un día.&lt;/em&gt; La campanilla del teléfono lo sobresaltó. &lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Il signore Mario Varza, per cortesia &lt;/em&gt;... (1)&lt;br /&gt;La voz del otro lado era... &lt;br /&gt;—¿Odette?&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Lola Massarino, Mario. La prego mi scusi per il disturbo &lt;/em&gt;(2)&lt;br /&gt;Apenas cortó con Lola, marcó el número de Colosimo. &lt;br /&gt;En una hora, Calogero estuvo en su despacho. Ya había elegido a quiénes llevar y tenía listos los pasajes de Alitalia. &lt;br /&gt;—Filippo también viene —le dijo, y él estuvo de acuerdo. &lt;br /&gt;—Lo que necesiten — no era necesario mencionar qué—, ya saben dónde conseguirlo en París. &lt;br /&gt;Calogero asintió seco. Cuando salía, Mario lo llamó: &lt;br /&gt;—Calogero... con tu vida.&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Manco che me lo dica &lt;/em&gt; (3)— respondió Calogero y se marchó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkUPRsPvTI/AAAAAAAAAsg/4CCGGIIq2dc/s1600-h/Entrada+al+Quai.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkUPRsPvTI/AAAAAAAAAsg/4CCGGIIq2dc/s400/Entrada+al+Quai.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384357082177715506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Entrada al 36, Quai des Orfèvres&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, QUAI DES ORFÈVRES. LUNES POR LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Marguerite no vino a casa. &lt;br /&gt;Odette cerró la puerta y se apoyó contra el archivero, con los brazos cruzados apretadamente y mirada de preocupación. &lt;br /&gt;—Estará enferma...- respondió Auguste.&lt;br /&gt;—Habría telefoneado.&lt;br /&gt;—¿La llamaste?&lt;br /&gt;—No atiende nadie.&lt;br /&gt;—Odette... —se encogió de hombros y abrió los brazos, tratando de restarle importancia al asunto. &lt;br /&gt;—Fui a su casa, Auguste. No hay nadie. El portero me dijo que no la ve desde hace unos días.&lt;br /&gt;Sonaba muy mal. &lt;br /&gt;—Te estás poniendo paranoica —sin admitir que él ya lo estaba. &lt;br /&gt;—¿Paranoica? ¿Nadie más que yo está paranoico? Este trabajo es paranoico. Ser policía implica estarlo un poco. Si no estuviéramos todos leve, sólo levemente neuróticos, la otra noche Michelon hubiera ido sola, no hubieras llevado a Meyer y Dubois, Nohant se habría salido con la suya... —ella contestó mientras la voz le subía sin control.&lt;br /&gt;—Odette, por favor —le dijo, con un gesto apaciguador—. Estamos todos bajo una gran presión. Quiero que... que dejes este caso.  &lt;br /&gt;Ella dio un respingo y le clavó los ojos. &lt;br /&gt;—Por un tiempo, hasta que las cosas estén más tranquilas— &lt;em&gt;¿Cómo mierda le explico lo que nos ordenaron? &lt;/em&gt;Sintió que el estómago se le volvía un abismo. &lt;br /&gt;—¿Qué carajo pasa?&lt;br /&gt;— Nada. Te cuido — &lt;em&gt;no va a ser fácil. Nunca lo es con ella. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Auguste, no puedo creer lo que estás tratando de hacer. ¡El caso es mío! Estamos llegando al fondo y quieren... !quieren sacarme de en medio, que lo abandone, ahora que estamos a punto de...! Todavía no encontramos a los cerebros... ¡No puedo creerlo!&lt;br /&gt;—¡Basta! Esto se terminó. No quiero que te arriesgues más. Ya tuve demasiado con lo de las monjas... &lt;br /&gt;—Ya tuviste demasiado... ¡YA TUVISTE DEMASIADO! —Odette estaba fuera de sí. &lt;br /&gt;—¡EN EL NOMBRE DE DIOS! ¡ESTOY TRATANDO DE PROTEGERTE!- estrelló el puño en el escritorio.&lt;br /&gt;Desde afuera de la oficina seguramente se oirían los gritos. Pero aunque se estuviese derrumbando el techo, nadie entraba en su oficina cuando él y Odette discutían, lo cual ocurría con cierta frecuencia últimamente. Auguste miró hacia la puerta del despacho con preocupación. &lt;em&gt;Mejor bajo el tono de voz. Bastante con las murmuraciones que corren aquí adentro como para darles más pasto a las fieras&lt;/em&gt;. Cerró los ojos, los abrió y respiró profundo tratando de mantener la calma. &lt;br /&gt;—Por favor, sentémonos. &lt;br /&gt;Ella le daba la espalda. Le rodeó los hombros con el brazo. &lt;br /&gt;—¡Por el amor de Dios, necesito que me escuches! Todo esto que está pasando... quiero decir, los implicados, las relaciones que están apareciendo... es muy peligroso. Tengo órdenes. Esto se convirtió en algo muy grande. Nosotros... Nos superó... Hicimos un muy buen trabajo...&lt;br /&gt;—No necesito que me lo expliques —le respondió Odette ácidamente—. Hace diez años que estoy buscando a los implicados y las relaciones. Diez años esperando pacientemente, reuniendo pieza por pieza, buscando noticias inconexas a primera vista, reuniendo testimonios, pruebas minúsculas— respiró y tragó saliva—. ¿Alguna vez imaginaste lo que significa saber que estás en lo cierto y no poder demostrarlo? ¿Alguna idea de cuántas noches pasé tratando de encontrar una grieta, un resquicio por donde penetrar en ese juego infernal? ¿Alguien puede imaginar lo que sufrí?&lt;br /&gt;Una catarata de imágenes terribles le cruzó la mente. ¿&lt;em&gt;Cómo puede seguir resistiendo? Yo ya no puedo soportarlo más&lt;/em&gt;. Ella siguió hablando. &lt;br /&gt;—¿Alguien sabe todo lo que perdí?&lt;br /&gt;Auguste cruzó los brazos y giró el sillón hacia la ventana. El viejo dolor estaba allí, golpeando bajo, como siempre. Se mordió el labio con saña. &lt;br /&gt;—Odette, todos lo perdimos. Yo perdí a un gran amigo, mi maestro, mi... hermano —le costaba seguir hablando—. Yo... yo también lo quise. No soportaba verlo sufrir... —tragó, pero el nudo de la garganta no se aflojó ni un solo punto. &lt;br /&gt;—Y como no soportabas verlo, ordenaste que le dieran morfina. ¿Te tranquilizaba la conciencia?&lt;br /&gt;Supo que estaba blanco como el papel. Cerró los ojos y apoyó la frente en las palmas de las manos;  se pasó los dedos por el cabello. No quería mirarla. &lt;br /&gt;—¿Creíste que no iba a enterarme? ¿Cómo pudiste pensar que era tan estúpida?&lt;br /&gt;—¡Estúpida, no! ¡Inocente! ¡Quería protegerte!&lt;br /&gt;—¿De qué? ¿De tu piedad? Calogero me lo confesó. ¿Quién creías que lo inyectaba? ¡Calogero tenía miedo de equivocarse con las dosis!&lt;br /&gt;La oyó rodear el escritorio para enfrentarlo. &lt;br /&gt;—Pero la morfina no bastaba. El estar inconsciente no era suficiente. Yo quería hacerlo feliz, aun en ese estado. Así que empecé a inyectarle heroína. &lt;br /&gt;Auguste sintió cómo ella giraba el sillón y le quitaba las manos de la cara para obligarlo a mirarla. Estaba pálida, los ojos como brasas. &lt;br /&gt;—Eso sí, tuve mucho cuidado. No quería que mi dolorido hermano tuviera problemas por mi culpa. Quería que Jean-Luc pudiera sentir, ¡SENTIR ALGO!, algo más que dolor, impotencia, desesperación. Para eso bastaba conmigo. La heroína sirvió, podía verlo en sus ojos. Mientras le duraba el efecto, hasta podía acariciarlo y besarlo, porque cuando estaba lúcido no me lo permitía. Era... la única forma de hacerle el amor que me quedaba. &lt;br /&gt;Estaba de rodillas en el suelo, meciéndose suavemente, con los brazos cruzados, como quien calma un dolor. &lt;br /&gt;—Al final, fue nada más que heroína. La morfina no le hacía nada. Estaba tan débil... Tenía que tener mucho cuidado con la cantidad que le inyectaba... era difícil calcular cuánto... —Odette se recostó contra la pared bajo la ventana, cerró los ojos y hubo un silencio—. Yo lo maté, Auguste. Le di una sobredosis.&lt;br /&gt;El mundo ya no estaba en su lugar. En ese terrible momento Auguste vislumbró la magnitud de la tragedia. Inhaló con dificultad, sabiendo que las lágrimas estaban ahí, ahogándole las palabras en la garganta. Cuando levantó la vista, Odette ya había salido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio que se hizo cuando Massarino asomó desde su despacho fue descomunal. Marceau acababa de pasar, desencajada y pálida como un fantasma. &lt;br /&gt;—Necesito a alguien de Desaparición de Personas. Ahora.&lt;br /&gt;Alguien murmuró un “Sí, señor” y levantó el teléfono, mientras la puerta se cerraba otra vez. &lt;br /&gt;—Parece un hombre que ha visto su propia muerte —susurró Foulquie, sin dirigirse a nadie. Por una vez, nadie hizo comentarios vulgares.&lt;br /&gt;Llamaron preguntando por Marceau y entonces se dieron cuenta de que se había ido sin decir adónde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las manos le temblaban todavía mientras removía mecánicamente los papeles encima del escritorio. &lt;em&gt;No puedo concentrarme en nada. Estoy agotado; tendría que irme a casa y dormir una semana. Aunque, con la cara que debo de tener, Nadine va a atarme a una silla hasta saber qué mierda pasó. No quiero pensar&lt;/em&gt;. Volvió a los prontuarios. &lt;em&gt;No. No los soporto.&lt;/em&gt; Tomó el teléfono y llamó; nadie respondía en casa de Marguerite. &lt;em&gt;Carajo.&lt;/em&gt; Se quedó con la mente en blanco, recostado contra el respaldo del sillón. &lt;em&gt;¿Qué es lo que no encaja? Ya terminamos, se cerró el caso, no queda nadie suelto... ¿o sí?&lt;/em&gt; El instinto le decía que Odette no estaba equivocada. Sí alterada, fuera de control, porque de otra forma jamás le hubiera hecho esa confesión atroz. Las palabras le volvían como una cantilena de horror. No podía ser cierto. O sí. ¿Por qué, si no, torturarse todos esos años? ¿Se había condenado y estaba pagando la culpa? Ella se había ido sin darle tiempo a reaccionar. &lt;em&gt;Fue un accidente. Se estaba muriendo. Yo no tuve el coraje de volver a verlo, porque me pedía que lo ayudara a morirse de una puta vez por todas. Fue culpa mía, Cisne. ¿Mi cobardía te hizo esto? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se frotó los ojos en un intento estéril por apartar las imágenes y cruzó las manos para apoyar la frente en el hueco de las palmas. La alianza le rozó la piel y, quién sabe por qué, el anillo de sello de Nohant le asaltó la memoria. Nohant. El hijo de puta no había perdido la expresión sarcástica ni siquiera cuando se lo llevaron esposado. Recordó la mirada envenenada de odio... y de algo más. Se habían clavado los ojos durante un instante crucial y la cara del otro reflejaba una burla cruel. Como si supiera algo más, algo que Auguste desconocía. &lt;em&gt;¿Qué, por Dios, qué?&lt;/em&gt; Habían interrogado a Nohant durante horas, inútilmente. Ni siquiera acompañado por los abogados que había exigido había soltado palabra. &lt;em&gt;Está esperando algo. O a alguien. ¡Es eso! A alguien que pueda sacarlo de esta situación. Pero para eso tienen que sacarnos a nosotros de en medio.&lt;/em&gt; Un escalofrío le recorrió la espina dorsal. &lt;em&gt;¿Dónde está mi hermana? &lt;/em&gt;Llamó por el interno y finalmente Sully respondió que la capitán había salido hacía más de media hora. ¿Dubois? Estaba en Archivos. En casa de Odette no respondieron al teléfono. &lt;br /&gt;Pasó un radiomensaje, con el presentimiento a flor de piel. Después de un rato le avisaron que el aparato de radio de Marceau aparentemente estaba apagado. &lt;em&gt;Cristo, ¿qué está haciendo?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Bardou, que Dubois suba a mi oficina.&lt;br /&gt;El teniente se asomó sin hablar. &lt;br /&gt;—Estoy tratando de localizar a Marceau. Me avisaron que tiene apagada la radio de su auto— continuó sin mirar a ninguna parte—. Marguerite... la... empleada de... Marceau... desapareció. Ya di la orden de iniciar la búsqueda.&lt;br /&gt;—¿Quiere que... trate de encontrar a Marguerite?&lt;br /&gt;—No. Busque a Odette— le indicó algunos sitios en los que sabía su hermana podría estar—. Vaya hasta la casa y espérela ahí. Tiene que ir a su casa en algún momento—metió la mano en el bolsillo y le entregó el llavero—. Ésta es de la puerta de entrada; ésta, del departamento. Anula el código de acceso y la alarma —explicó en tono monocorde—. Cuando entre, vuelva a cerrar con llave para activar la alarma otra vez. Ya pedí que rastreen el auto.&lt;br /&gt;Levantó la vista: Dubois estaba mortalmente pálido.&lt;br /&gt;—Comisario... —Dubois vacilaba—. ¿No cree que sería mejor... que usted... buscara a M-Marceau?&lt;br /&gt;—No. Vaya usted. Avíseme tan pronto como sepa algo. Tengo que hacer otra cosa— &lt;em&gt;interrogar a ese hijo de puta de Nohant y arrancarle la verdad a golpes&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;—Dubois... —el otro se volvió a medias —Encuéntrela. Como sea. Y no la deje sola.&lt;br /&gt;Dubois asintió y se fue. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1)El Sr. Mario Varza, por favor.&lt;br /&gt;(2) Le ruego me disculpe por molestarlo&lt;br /&gt;(3)No hace falta que me lo digas&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-3926188973346261718?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/3926188973346261718/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=3926188973346261718" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/3926188973346261718?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/3926188973346261718?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/09/la-dama-es-policia-capitulo-33.html" title="La dama es policía - CAPITULO 33" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SrkU_cytqjI/AAAAAAAAAso/2Aciez0k50s/s72-c/Depto+Odette+1.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DU4MQnoyeSp7ImA9WxNRF0o.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-9092116768320931690</id><published>2009-09-03T14:36:00.000-07:00</published><updated>2009-09-12T10:53:03.491-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-09-12T10:53:03.491-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuerpos especiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="ex-militares" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPÍTULO 32</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqMOY-pcnBI/AAAAAAAAAsA/mtVEX2kJYCU/s1600-h/dep%C3%B3sito+abandonado.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 266px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqMOY-pcnBI/AAAAAAAAAsA/mtVEX2kJYCU/s400/dep%C3%B3sito+abandonado.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378158202306993170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, X° ARRONDISSEMENT. SÁBADO POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Me parece muy arriesgado —aventuró el Tigre. “El jefe está tan caliente que va a hacer cagadas”, le había comentado el Cachorro en un momento en que el otro había salido. &lt;br /&gt;—¿Leíste los diarios, Tigre? —murmuró el Brigadier entre dientes. &lt;br /&gt;—Es un quilombo muy grande. No podemos hacer nada. Peguemos la vuelta y vayamos para África antes de que.. &lt;br /&gt;—¿Te cagaste? ¿Estoy rodeado de maricones?&lt;br /&gt;—No, hermano, no. Pero me gusta la cabeza donde la tengo. Oíme...&lt;br /&gt;—Los vamos a hacer mierda. La voy a destrozar a esa yegua, al hermano, a toda la familia.&lt;br /&gt;—Pará, tenemos a la vieja. La usamos de rehén y los traemos a algún lado. Hacemos un trabajo limpio y rajamos. Pensalo.&lt;br /&gt;—¡NO! ¡Quiero verlos arrastrarse!&lt;br /&gt;El Yarará estaba de acuerdo, pero no era de extrañar. &lt;em&gt;Cuando hay minas de por medio, aquel guacho siempre se prende.El Mula puso cara de nada, como siempre. Hijo de puta, lo único que le importa es la guita.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—No les va a alcanzar la vida para pagar— la voz se le entrecortaba por momentos, de pura rabia—. No queda nada, nadie. Hicieron saltar la banca en todas partes. ¿Quién carajo los respalda? ¿Cómo hicieron para cargarse al puto de Fiore, a Muammar, a todos los que estaban enganchados con nosotros? Están enchufando a media Humanidad. ¡Los imbéciles de acá no pudieron pararlos! ¿Y el viejo les perdona la vida? ¡Me humilló, me cargó el muerto, me está entregando atado de pies y manos! ¿Saben lo que me dijo el muy turro? Que si tu mano derecha se equivoca y peca, hay que cortarla...&lt;br /&gt;Lo miraron en silencio y entonces aulló:&lt;br /&gt;—¡Pelotudos! ¿Todavía no entienden? ¡Nos sentenció a todos!&lt;br /&gt;Se quedó callado, evaluando las caras. &lt;em&gt;Así los quiero. Mejor que empiecen a entender que sin mí no tienen salida. Que sepan que el viejo ya no me da más órdenes. No me va a sacar de en medio así como así. ¿Te pedí una oportunidad y me la negaste? Me la voy a conseguir yo solo cuando vuelva de arreglar este asuntito. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Volvió a tomar los faxes manoseados con un murmullo. &lt;br /&gt;—Puta, te voy a destrozar. Cometiste un error, muñeca: descuidaste a tu propia gente por hacernos mierda. ¿Te creías intocable? ¿Tan segura estabas de que yo no te iba a encontrar primero? &lt;br /&gt;Se agachó al lado de la mujer que estaba tirada en el piso, esposada y amordazada. Ella lo miró con terror. &lt;br /&gt;—No entendés una mierda, ¿no? Pero sabés lo que te va a pasar... sí que sabés... y la culpa es de ella... — le mostró la foto y la mujer se ahogó con un sollozo—. Te dejó sola, vieja. Para cuando se dé cuenta de lo que pasó, va a ser tarde... —su voz era como una cuchilla—. Muy tarde.&lt;br /&gt;Sintió que la excitación le trepaba por la ingle con un escalofrío. Se levantó y manoteó los papeles de arriba de la mesa. &lt;br /&gt;—Así que el hermanito tiene familia— sonrió lobunamente. &lt;br /&gt;—¡Estas loco! — al Cachorro no le gustaba cómo se estaban poniendo las cosas—. Ella se habrá descuidado, todo lo que vos quieras, pero no podemos meternos en la casa del tipo así como así. Es ponernos demasiado en evidencia. Pará... — el tono de voz era conciliador—.No hagamos cagadas. ¿Para qué meternos en la casa? Lo agarramos afuera. Somos cinco, no tiene oportunidad. Después, si querés, te la cargás a ella como más te guste, pero rápido, y nos vamos a Angola antes de que el viejo se avive y nos haga mierda.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El Cachorro tiene miedo. En cualquier momento nos traiciona. A éste hay que dejarlo acá también. Tienen que entender de una vez por todas que acá mando yo, carajo.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Ustedes se van a meter en la casa y me lo van a traer a él. Sin dejar a nadie, ¿está clarito? Un laburito limpio.&lt;br /&gt; el Yarará lo miró.&lt;br /&gt; —Bueno, si hay tiempo, ya saben... —se miraron y asintieron. &lt;em&gt;Como en las viejas épocas.&lt;/em&gt; —De ella me encargo yo. Mula — hizo una seña con la cabeza hacia el Cachorro, que estaba de espaldas. El Mula asintió sin hablar, mientras el Tigre y Yarará se quedaban atornillados en las sillas por la sorpresa. Les clavó los ojos a la espera de un gesto y el Tigre bajó apenas la cabeza, aceptando su decisión. &lt;em&gt;Bien&lt;/em&gt;. El Cachorro volvió hasta la mesa con los planos, ignorante de su sentencia. &lt;br /&gt;—Mula, vos te encargás del departamento de ella y de avisarme. Ustedes tres, a la casa de él. ¿Los autos?&lt;br /&gt;—Ya los alquilamos. En tres lugares distintos, como vos querías.&lt;br /&gt;—Entonces hoy mismo verifiquen los recorridos y los tiempos. Quiero tres Motorolas, una con la frecuencia de la cana — el Yarará dio un cabezazo seco de asentimiento. &lt;em&gt;Así se cumplen las órdenes, sargento; sin discutir.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Munición?&lt;br /&gt;—OK. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Lo más que se le puede sacar al Mula. Mejor, quién quiere que te converse. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Uniformes?&lt;br /&gt;—No, eso fue imposible. No hay tiempo— el Cachorro se encogió de hombros. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me voy a conseguir el mío de otra forma.&lt;/em&gt; Miró a la mujer. &lt;em&gt;Ya sé cómo&lt;/em&gt;. Desplegó uno de los planos en silencio y buscó el lugar. &lt;em&gt;Bien, nene, bien. Hoy tenés un día brillante. Ésta es la otra salida posible que tenés, y te la voy a cerrar, muñeca. No te me vas a escapar. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Y vos? —preguntó el Tigre. &lt;br /&gt;—Yo me encargo de esperar las contingencias. No podemos dejar ningún flanco descubierto. &lt;br /&gt;—¿Y la vieja? ¿Para qué mierda la queremos, entonces?&lt;br /&gt;—Nos va a servir de carnada. El plan que tengo en mente los va a hacer descuidarse más todavía, y me asegura que la contingencia sea la que yo quiero. Además, necesito ponerme en forma —se volvió hacia la mujer —.Y voy a empezar con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqMTVGZCGLI/AAAAAAAAAsI/5Nb8rUaUfE4/s1600-h/Grande_arche_de_la_defense.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqMTVGZCGLI/AAAAAAAAAsI/5Nb8rUaUfE4/s400/Grande_arche_de_la_defense.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378163633224292530" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Gran Arco de La Dèfense&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, LA DÉFENSE. SÁBADO POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Se despertó angustiada. La misma angustia que la rondaba desde el día anterior, desde la reunión con Michelon. &lt;em&gt;No. No es solamente por eso.&lt;/em&gt; El perfume de Marcel le hirió la memoria. Miró hacia la fotografía. &lt;em&gt;¿Te estoy traicionando? Por Dios, necesito saber. Necesito estar segura de que esto no es un reflejo de otro amor. Porque, en ese caso, los traicionaría a los dos. Pasé tanto tiempo sin querer sentir, que ahora tengo miedo de hacerlo y equivocarme. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Casi agradeció la interrupción del teléfono. &lt;br /&gt;—Odette...&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No. ¿Por qué tenías que llamar ahora?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Odette...&lt;br /&gt;—S-Sí. —La voz se le cortaba por momentos. &lt;br /&gt;—Quiero verte.&lt;br /&gt;—No.&lt;br /&gt;—Por favor...&lt;br /&gt;—Ahora no.&lt;br /&gt;—Quiero saber por qué...&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Porque tengo miedo, porque no quiero lastimarte, porque no quiero que ocupes el lugar de otro hombre sino el tuyo, único e irreemplazable, pero necesito estar segura.&lt;/em&gt; Pero no podía hablar. &lt;br /&gt;—No puedo... Me siento mal.&lt;br /&gt;—Entonces quiero acompañarte.&lt;br /&gt;—Necesito estar sola.&lt;br /&gt;—No me hagas esto...&lt;br /&gt;—Necesito... tiempo —no pudo ocultar el sollozo —.No puedo verte ahora.&lt;br /&gt;—¿De verdad estás sola?&lt;br /&gt;—Siempre estoy sola.&lt;br /&gt;—Entonces hablemos.&lt;br /&gt;—No puedo —suplicó con un hilo de voz—. Ahora... no puedo. Dame tiempo. Te juro que... no habrá nada de mí que no sepas, pero... ahora no. Hoy, no.&lt;br /&gt;—¿Cuándo?&lt;br /&gt;No respondió. La garganta se le había cerrado en un nudo. &lt;br /&gt;—¡Odette! ¡No me dejes hablando solo, como un loco! ¡Odette!&lt;br /&gt;Ella hizo un esfuerzo por articular las palabras. &lt;br /&gt;—Te amo —susurró, y del otro lado hubo un silencio terrible—, pero no sé si tengo el derecho. &lt;br /&gt;Él trató de interrumpir, pero ella continuó sin darle tiempo. &lt;br /&gt;—Decir lo que estoy diciendo me está costando el alma. Siento que estoy a punto de cometer la traición más grande de mi vida y no la puedo evitar. Tampoco puedo soportarlo. Dame tiempo para entender lo que me pasa.&lt;br /&gt;Del otro lado Marcel también lloraba. &lt;br /&gt;—Si hay otro hombre... Cristo, podemos hablar...&lt;br /&gt;—Hoy no. Por favor.&lt;br /&gt;Ambos hicieron un silencio muy largo. &lt;br /&gt;—Yo... nunca se lo dije antes a nadie... no necesité decirlo. Nunca lo sentí de esta manera. Te amo, Odette. Si eso te sirve de algo en este momento, si significa algo, te amo.&lt;br /&gt;Cerró los ojos y las lágrimas le lavaron el dolor. &lt;br /&gt;—Entonces, dame el tiempo que te pido.&lt;br /&gt;—Lo que quieras. Pero no me dejes fuera de tu vida.&lt;br /&gt;—No podría...&lt;br /&gt;—Te amo. No te olvides.&lt;br /&gt;—Imposible...&lt;br /&gt;—Hasta... ¿mañana? ¿Sí?&lt;br /&gt;—Sí. Hasta mañana.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No pienso estar en casa mañana. No quiero que me hagas el amor y creer que puede resultar, y después comprender que era nada más que un sueño. Necesito estar segura de mi propio amor.&lt;br /&gt;No quiero lastimarte. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqMT9N4d1mI/AAAAAAAAAsQ/oa3RE9H_atg/s1600-h/Depto+Massarino_entrada+principal.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 253px; height: 338px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqMT9N4d1mI/AAAAAAAAAsQ/oa3RE9H_atg/s400/Depto+Massarino_entrada+principal.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378164322429949538" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARIS,  XVI° ARRONDISSEMENT,  SÁBADO POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Auguste encendió la pantalla del estudio después de asegurarse de que el resto de la familia dormía. No quería interrupciones, ni tener que dar explicaciones por estar trabajando en casa. &lt;br /&gt;No había esperado nada muy diferente de lo que había encontrado al investigar la titularidad de la propiedad. Más aún: se habría decepcionado si no hubiera resultado así. Con todo, el presentimiento agorero no lo dejó en paz. &lt;br /&gt;Según los registros, el terreno pertenecía desde fines del siglo pasado a una sociedad anónima ganadera y de forestación, radicada del otro lado del Atlántico, con domicilio legal en Buenos Aires. La construcción original se había levantado hacía más de sesenta años y se habían hecho modificaciones importantes unos años después del final de la Segunda Guerra. &lt;em&gt;Tan importantes que se actualizaron los registros&lt;/em&gt;. Durante la ocupación, los alemanes habían tratado bastante bien a todo el suburbio, y los estadounidenses, quién sabe por qué, también decidieron dejarlo en paz. &lt;br /&gt;Verificó lo que él y Odette suponían: la traza de las cloacas parecía dibujada adrede para pasar por debajo del edificio. &lt;br /&gt;Se había demorado un par de días en reunir vía Internet el resto de la información del Mercado de Valores de Buenos Aires. La empresa propietaria era subsidiaria de otra, más importante, que sí cotizaba en Bolsa. De allí en adelante era una sucesión de matrioshkas rusas que se abrían para dejar salir a otra muñequita, en este caso a otra empresa, de las que ya sospechaba eran nada más que fantasmas bursátiles. &lt;br /&gt;La investigación no llevaba a ninguna parte; era el laberinto del Minotauro. Vueltas y más vueltas sobre sí misma, atrás y adelante, sin saber dónde estaba el monstruo. &lt;em&gt;Y no tengo ni el hilo de Ariadna ni la espada de Teseo. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Nombres... &lt;em&gt;¿Dónde mierda aparecen los nombres?&lt;/em&gt; Pidió las composiciones de los directorios. ¿Por qué no le puse un poco más de atención al Derecho Comercial, en lugar de meterme de cabeza a penalista? Son sociedades anónimas; tienen que publicar balances, memorias y etcéteras. Nadie escapa a la burocracia de la Bolsa.&lt;/em&gt; Allí estaban: listas de nombres que no significaban nada. Podría haber sido arameo. Se estaba mareando con los nombres de los miembros del directorio y de las empresas y los objetos sociales. &lt;em&gt;Orden, Massarino, orden.&lt;/em&gt; Se entretuvo en armar un árbol genealógico de empresas. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Más que un árbol, esto es un manglar&lt;/em&gt;. Se frotó los ojos y la cara con cansancio, y la barba crecida le raspó la mano. Miró la hora: las dos de la madrugada. &lt;em&gt;Último intento y a dormir.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;A ver: nada más que los cargos más altos. Bah, podrían ser títeres de otros. U otro. ¿Otro? ¿Así, en singular? Cristo. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Siguió esa línea de razonamiento y volvió a los listados de directorios. Cuántas mujeres. Todos apellidos distintos. &lt;em&gt;Pero las mujeres muchas veces figuran con sus apellidos de casadas. Se me está ocurriendo algo improbable pero no imposible. ¿Altamente improbable? Por cierto que no, señoras mías.&lt;/em&gt; Buscó nombres de varón con apellidos concordantes con los de las mujeres. Se alternaban en los listados: donde estaba el marido no estaba la mujer, y viceversa. &lt;em&gt;O padre e hija, ¿por qué no? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En un ejercicio más de distensión que de otra cosa, comparó su familia con la de su mujer. &lt;em&gt;Papá no tiene hermanos, pero mamma sí: todos varones, que tuvieron más varones. Las únicas mujeres de mi generación son Odette y, bastante más tardíamente, Antonietta. Yo soy el único varón con apellido diferente, pero habrá Vittorellos por bastante tiempo, con todos mis primos dedicados a perpetuar el apellido y la especie. Ahora, Nadine. Cinco hermanas, todas sólo con hijas, menos Nadine misma; tenemos a Isabelle y a Antonin: un varón para los Massarino, ninguno para los SaintClaire. Nadie lo continúa. El apellido termina ahí. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Eso es! Quienquiera que sea ‘él’, tuvo nada más que hijas, que a su vez tuvieron sólo hijas. Aunque alguna haya tenido un varón, no lleva el apellido.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres eran mayoría en los directorios. Comparó la proporción de hombres: menos de un tercio. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Sólo maridos? Digamos que sí. ¿Y si alguna tuvo un varón? ¿Está en algún directorio? Tendría que buscar la repetición de apellidos entre los hombres y... ¿Y si las hermanas se casaron con hermanos, o primos? Me estoy volviendo loco. A ése, si existe, no puedo encontrarlo. Pero el nombre y apellido están detrás de todo esto. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Dejó la mente en blanco y se hamacó en su sillón. La comprensión lo alcanzó lentamente, como una marea. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Quienquiera que sea ‘nombre y apellido’, debe de ser muy poderoso. Sentarse muy alto en su sociedad y en unas cuantas más.&lt;/em&gt; Empresas saludablemente centenarias, una dinastía dedicada exclusivamente a figurar como miembros-fantoche de directorios, fantoches de empresas matrioshkas, en beneficio de la pantalla de la operación más terrible que toda la policía francesa había soñado alguna vez con desbaratar... &lt;em&gt;Y sólo encontramos la punta del iceberg. ¿Qué más hay bajo el agua?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqLBAC7eNpI/AAAAAAAAAr4/yAypcnTQraQ/s1600-h/Auguste+en+su+escritorio_4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 180px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqLBAC7eNpI/AAAAAAAAAr4/yAypcnTQraQ/s400/Auguste+en+su+escritorio_4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5378073111564269202" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;De pronto sintió que no quería saber nada más, que no quería buscar más relaciones entre esos listados interminablemente entrelazados. Que, en alguna parte, alguien estaba apuntándole a la cabeza y había amartillado el arma. Por primera vez en su vida decidió no investigar más. Con la opresión cerrándole el pecho, borró los archivos uno tras otro y rompió los papeles que había llevado de su despacho en la Brigada, y quemó los trocitos. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ya pensaré en algo para decirle a Odette. Ese problema quedará para mañana, o mejor, el lunes. Además, está la orden de derivar la investigación. Carajo, casi me había olvidado, con el entusiasmo de la búsqueda. En definitiva, estuve investigando de contrabando. Nadine tenía razón y Michelon me pasó la posta. Menos mal que ella iba a darle la instrucción a mi hermana. ¿Por qué las mujeres siempre me hacen estas cosas?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Mientras subía la escalera camino al dormitorio, pensó que su problema más serio era que mentía muy mal. &lt;em&gt;Bien, siempre queda el recurso de la superioridad del rango. Comisario dixit. &lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-9092116768320931690?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/9092116768320931690/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=9092116768320931690" title="1 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/9092116768320931690?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/9092116768320931690?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/09/la-dama-es-policia-capitulo-32.html" title="La dama es policía - CAPÍTULO 32" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SqMOY-pcnBI/AAAAAAAAAsA/mtVEX2kJYCU/s72-c/dep%C3%B3sito+abandonado.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">1</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CU4DQ3s4fSp7ImA9WxNSEUg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-898255671888991600</id><published>2009-08-24T13:09:00.001-07:00</published><updated>2009-08-24T15:46:12.535-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-08-24T15:46:12.535-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Brigada Criminal" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="corrupción política" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Policía Judicial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPÍTULO 31</title><content type="html">&lt;strong&gt;PARÍS, QUAI DES ORFÈVRES. JUEVES POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SpL6DOzxdWI/AAAAAAAAArg/vhXnhDxaYdQ/s1600-h/El+piso+de+la+Crim.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SpL6DOzxdWI/AAAAAAAAArg/vhXnhDxaYdQ/s400/El+piso+de+la+Crim.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373632238828221794" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;El piso de la "Crim" en el Quai des Orfèvres&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasillos parecían poblados de fantasmas. El peso de los acontecimientos de la noche anterior era tan grande que ni los teléfonos parecían sonar con la habitual insistencia matutina. La voz se había corrido de alguna manera y el miedo se instaló cómodamente en todos los rincones del Quai. Incluso Archivos, por lo general inmune hasta la exasperación a las catástrofes humanas y naturales, había decidido, en pro del bienestar común, no molestar demasiado con sus exigencias. &lt;br /&gt;Las carpetas estaban todavía allí, acechándolo desde las cajas de cartón ya medio rotas por el traqueteo y el manoseo. &lt;em&gt;Un jueves de maravilla. Como los de casi toda la humanidad. Los jueves se disputan las palmas de peor día de la semana con los domingos. El lunes es un pobre imbécil que carga con las culpas del domingo, no nos engañemos. El martes, se te pasa un poco el malestar y el pronóstico mejora levemente. A veces, uno se va a jugar un partido y hasta se siente mejor. Como si la transpiración pudiera arrastrar el mal humor. El miércoles uno cree que ya remontó la semana y se atreve a levantar la cabeza y enfrentar al mundo. Los errores son reparables, la vida te da una oportunidad. El viernes, se tiene por lo menos la esperanza de irse a casa y no volver hasta el lunes. El sábado uno intenta cumplir  los sueños de la semana y de la vida, y el domingo los destruye. Pero el jueves es derrota negra e interminable. La convicción de que nada cambió y, que no importa lo que uno haga, todo seguirá igual, en una vida entera de jueves. &lt;br /&gt;Cristo, qué mal humor. Tengo una semana de mierda. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Nombres, nombres, nombres, órdenes de arresto, de clausura, de incautación, pedidos de captura, de averiguación de antecedentes. Una tormenta gris de papeles llenos de tierra, salpicada de llamadas telefónicas irritantes de parte de comisarios irritables, la red de comunicación que salía de servicio en horarios inesperados; las protestas de las prefecturas regionales que acataban a regañadientes lo que París les escupía por el fax. Las pequeñas miserias humanas de todos los días se estaban comportando más pobremente que de costumbre. &lt;br /&gt; Mientras tomaba cansadamente otro grupo de carpetas de una caja, Marcel se quedó pensando en el hecho de que nadie, en toda la PJ, parecía demasiado feliz por lo que habían conseguido con el operativo. &lt;em&gt; Carajo, un mínimo de satisfacción por el deber cumplido. ¿Por qué las omnipresentes caras de culo?&lt;/em&gt; ¿Simple envidia por no haberlo hecho ellos en primer lugar? ¿Por no haber tenido la amplitud de visión para imaginar algo así, y la sutil minuciosidad para concebir la estrategia adecuada? &lt;em&gt;Y yo, ¿me siento orgulloso de lo que hice? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt; El audio de Vaireaux le decía que, al final, había fallado. &lt;em&gt;Es torturante saberlo. Casi tanto como haber hecho todo lo que hice después. Por supuesto, nadie más conoce mi fracaso, a excepción de tres personas: Massarino, Odette y Michelon. Mis superiores directos y la responsable máxima de la Brigada. Debut y despedida, Dubois. Y ella me llamó 'Ranxerox'... Tiene razón. No era una broma; fue su manera de decirme que arruiné todo. Carajo, no me importaría que me echaran a la mierda si ella me perdonara. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Sacudió el escritorio de un golpe y apoyó la frente en las palmas. &lt;br /&gt;—Eh, buenos días. ¿Todavía no se te despegaron las sábanas?&lt;br /&gt; La cara regordeta de querubín de Meyer le sonreía desde el otro lado del escritorio mientras le robaba un Gauloise. ¿Querubín? Más bien los nueve coros angélicos. Meyer podría cargar sobre sus querúbicos hombros a los serafines, arcángeles, príncipes, dominaciones y unos cuantos más que había olvidado apenas terminó la escuela. Montones de angelitos tocando trompetas y cantando sobre las espaldas de Meyer. Sonrió ante la ridiculez de la idea. &lt;br /&gt; —Casi. Buenos días— echó una mirada alrededor—. Es un decir, claro— encendió su propio cigarrillo. &lt;br /&gt;—Mmm... sí —respondió Meyer con un suspiro que ocasionó un minitornado entre las hojas desparramadas sobre la mesa—. Parece que el ambiente está cada vez más pesado. Voy a buscar un café. ¿Te traigo uno?&lt;br /&gt; —Te amo, Meyer.&lt;br /&gt; Meyer volvió con las tacitas haciendo equilibrio y las apoyó con una delicadeza inesperada, mientras comentaba a media voz:&lt;br /&gt; —Se huele el miedo por todas partes. Las ratas abandonan el barco— miró alrededor de la oficina vacía, excepto por ellos dos. &lt;br /&gt; —Carajo, fue un operativo increíble. ¿Qué mierda les pasa? Nos esquivan como a leprosos...&lt;br /&gt; Después de un silencio, Meyer comentó: &lt;br /&gt; —Paworski tenía razón.&lt;br /&gt;Marcel lo interrogó con un fruncimiento de la frente y el otro siguió.&lt;br /&gt;—Están protestando en todas partes. Que no tienen efectivos, que no tienen tiempo, que damos órdenes a todo el mundo y que qué mierda nos creímos que somos. Parece que no entendieran— Meyer tomó un sorbo de café y continuó: —No es que yo entienda mucho de todo esto. Estoy empezando a enterarme.&lt;br /&gt;—No hay mucho más para enterarse.&lt;br /&gt;—¡Vamos! No vas a decirme que estuviste trabajando con Massarino y Marceau y que no hay nada más detrás, porque no te creo una mierda.&lt;br /&gt;Se atragantó con el café. &lt;br /&gt;—No te entiendo.&lt;br /&gt;—Viejo, estoy en la Brigada desde un tiempito antes de que te transfirieran, y aprendí a conocerlos un poco. Son unos maníacos del trabajo que hacen. A veces parecen cirujanos, cortando un caso en pedacitos hasta el análisis más microscópico. Planificar y desarrollar este operativo les debe de haber llevado meses.&lt;br /&gt;&lt;em&gt; Ya lo creo. No hace falta que me expliquen&lt;/em&gt;. Marcel mantuvo un atento silencio. Meyer terminó el café y continuó en tono confidencial. &lt;br /&gt; —Unos cuantos de aquí no les tienen mucho aprecio. Y en cuanto se sabe que uno es gente de ellos, pasa automáticamente a integrar el bando de parias del Quai.&lt;br /&gt;—¿Por qué? —se sorprendió Marcel. &lt;br /&gt;Meyer bajó más el tono de voz. &lt;br /&gt;—Porque trabajan demasiado bien. Entre otras cosas, porque no les gustan los soplones. Un policía sin soplones es como un perro muerto, ya se sabe. Quien más, quien menos, se consigue alguno que le pase información. Alguien que de vez en cuando te permita hacer el héroe, y al que de vez en cuando le hacen la vista gorda. Comer y dejar comer.&lt;br /&gt; —Vivir y dejar vivir. Son males necesarios. Son como el diploma de graduación: sin soplón no se es policía— se encogió de hombros. &lt;br /&gt;No era un tema agradable dentro del Quai. Era como las venéreas: los que se las pescan prefieren no hacer mención. Por el momento, él se venía librando. &lt;em&gt;Pero uno nunca sabe cuándo... &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Son como la vejez: siempre te alcanzan. Cuando se empieza a ascender, sin soplón es muy difícil trabajar. Bueno — Meyer señaló con la cabeza al cielo raso—, las cosas no se manejan así en este sector. No te critican, no te hinchan las pelotas. Cada cual hace su trabajo como puede y consigue la información de donde puede. Pero es difícil, si los jefes dan el buen ejemplo. Así que ya estás al tanto: si vas a quedarte, mejor que te pruebes el sayo de sambenito. Uno se acostumbra. Después de todo, no está tan mal. Hay quien nos llama los &lt;em&gt;enfants terribles &lt;/em&gt;de Michelon. Y si la número uno de la Brigada te apoya, los demás tienen que meterse la cola entre las patas.&lt;br /&gt; —¿Qué? —no pudo evitar una risita—. Meyer, estoy sorprendido de tu nivel de información.&lt;br /&gt; —Tengo mis &lt;em&gt;cousins&lt;/em&gt;— sonrió cómplice —.Laure Cohen, la asistente de Madame.&lt;br /&gt;—No mientas, Jumbo. Cohen es una tumba.&lt;br /&gt;—Frecuentamos la misma sinagoga. Laure es muy amiga de mi hermana mayor. La PJ es como una gran familia: nos odiamos todo el año y nos saludamos para Año Nuevo. A Cohen y a mí nos saludan dos veces. Rosh Hashana.&lt;br /&gt; Un suboficial cruzó y murmuró un saludo ahogado. Los teléfonos internos hacían huelga de campanillas. Meyer seguía en plan de confidencias. &lt;br /&gt;—A Massarino le gusta que su gente sea observadora, que se preocupe y se involucre con lo que hace. Que haga su trabajo de la forma más derecha posible. Es abogado, ¿sabías? Me lo comentó una vez. El comi no aguantó tener que defender criminales; archivó el título en un cajón y se metió en la policía. Es... raro, un tipo elegante, educado. Una vez nos pusimos a hablar de ballet. A mí me gusta, aunque no entiendo demasiado. Él sabe muchísimo. También de ópera y de literatura. Bueno, es abogado, debe de saber, qué sé yo... Pero es amable, que es mucho más de lo que se puede decir de unos cuantos comis que conozco.&lt;br /&gt; Marcel se quedó callado, evaluando lo que el otro le acababa de contar. Evidentemente, Jumbo estaba contento por tener un interlocutor tan receptivo. &lt;br /&gt; —Y, bueno... Marceau es así, como él. Menos amable, depende de cómo se levante o de la época del mes— levantó las cejas con ironía, y Marcel no pudo evitar una sonrisa—.Como todas las mujeres. Pero se trabaja bien con ella. Siempre está a la par de uno. No se le escapa nada y cuando está detrás de algo, mejor la matan si esperan que abandone.&lt;br /&gt; Comenzó a interesarse. Meyer esbozó una sonrisa burlona ante su expresión, miró la hora y exclamó: &lt;br /&gt; —Mierda. Mejor nos ponemos a trabajar.&lt;br /&gt; Meyer estaba decidido a cambiar de tema. &lt;em&gt;Carajo, me perdí la mejor parte. Mejor así. Prefiero no enterarme. ¿Y de qué tendría que enterarme? ¡Boludo! Lo arruiné todo y me quejo como el perro del hortelano. En cuanto termine con esta mierda voy a pedir el pase. Por lo menos voy a vivir en paz, sin que me odie el resto de la PJ. A la mierda con los ‘especiales’.&lt;/em&gt;  Se quedó pensando en eso. ¿Meyer? ¿Con esa carita de ángel y las espaldas de estibador? ¿De qué otro modo tendría tanta información, tanta confianza con personas que raramente abrían la boca dentro de la Brigada? Más de una vez él mismo había oído comentarios desagradables sobre Michelon y sus subordinados. &lt;em&gt;Ahora soy uno de ellos. Estoy en la misma bolsa&lt;/em&gt;. Cayó en la cuenta como un piedrazo: &lt;em&gt;Jumbo me considera uno más, porque de otro modo no habría dicho una palabra&lt;/em&gt;. Se quedó mirando a su compañero de galeras, que estaba acomodando tranquilamente las carpetas de mierda en su escritorio. De pronto Meyer ya no le pareció un querubín excedido de peso y bonachón: estaba ahí para probarlo. &lt;br /&gt; —Jumbo —susurró—. ¿Qué pasa?&lt;br /&gt; El otro se volvió apenas. &lt;br /&gt; —¿Qué pasa con qué?&lt;br /&gt; —Conmigo.&lt;br /&gt; Meyer se apoyó contra su escritorio y lo desplazó ligeramente hacia atrás, haciendo peligrar la ubicación del mobiliario de toda la oficina. &lt;br /&gt; —Te estás portando como un boludo y te estoy pasando el aviso. Te eligieron. Lo mismo que a mí. No desperdicies la oportunidad. Es tu primer caso en el grupo. No es fácil; te tocó uno muy feo. Pero— señaló el cielo raso con un cabezazo—, te van a aguantar. Siempre es así. El problema con Marceau es que hace demasiado bien las cosas y le revientan las boludeces, pero a la larga, si uno aprende, te las perdona. Michelon es peor, y Massarino no es tan duro. Pero los tres hacen buen equipo y cuando uno trabaja con ellos no quiere ir a otra parte. Y los que quieren irse tienen la puerta abierta. No es fácil, muñeco, porque nos metemos con cosas que les tocan el culo a unos cuantos, y eso no gusta. Ya viste qué contentos están todos de que hayan hecho saltar a ese hijo de puta del DG— le robó otro Gauloise y lo encendió parsimoniosamente—. Pero la satisfacción del deber cumplido no te la quita nadie.&lt;br /&gt; —Y la de haber encerrado a esa rata es una satisfacción muy, muy grande.&lt;br /&gt; —Vamos, San Bernardo, a trabajar que faltan cincuenta carpetas.&lt;br /&gt;Marcel aguantó una risita. &lt;em&gt;Así que ya se enteraron&lt;/em&gt;&lt;br /&gt; —Hoy no pasamos ningún pedido de captura a ninguna frontera. Deben de estar extrañándonos— Meyer compuso una sonrisa beatífica.&lt;br /&gt; —Eso. Así nos odian en todo el territorio de la República, las ex colonias y el Canadá. Me gusta que me odien. A los grandes hombres de la Historia también los odiaron.&lt;br /&gt; —Es mejor que te odien a que te desprecien. Y tampoco quiero ser despreciable. Arruinémosle la mañana al resto de la Policía Nacional.&lt;br /&gt; Se rieron un buen rato de sí mismos, mientras abrían las carpetas de porquería. &lt;br /&gt; Cuando miró el reloj por segunda vez en el día, eran más de las nueve de la noche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SpMKL1FX8GI/AAAAAAAAAro/4oNmsnmpZK8/s1600-h/V_Contardi+_Boceto.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 394px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SpMKL1FX8GI/AAAAAAAAAro/4oNmsnmpZK8/s400/V_Contardi+_Boceto.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373649978727592034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BUENOS AIRES, JUEVES POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; El teléfono celular sonó apenas en el bolsillo interno del impermeable. &lt;br /&gt; —Señor...&lt;br /&gt; — José, estoy a punto de entrar en una junta de Directorio.&lt;br /&gt; —Señor, hubo un problema en Lisboa. El despacho a Angola se desvió de ruta.&lt;br /&gt; &lt;em&gt;Imbécil. Desobedeció órdenes directas y explícitas&lt;/em&gt;. Juntó paciencia para preguntar.&lt;br /&gt; —¿Adónde?&lt;br /&gt; —París, señor. &lt;br /&gt;No necesitaba la confirmación, pero quería hacer tiempo para calmarse.  Ortiz continuó.&lt;br /&gt;—Hicieron contacto antes de dejar Portugal. En tren.&lt;br /&gt; —Ocúpese de informar el extravío y proceder con la anulación del despacho.&lt;br /&gt; —¿Anulación, señor?&lt;br /&gt; —Definitiva. ¿Necesita que se lo repita?&lt;br /&gt; —No, señor —Ortiz sonaba moderadamente contento —.En absoluto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SpMX6s7691I/AAAAAAAAArw/xG2DuijEuXQ/s1600-h/Despacho+de+Michelon_BN.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SpMX6s7691I/AAAAAAAAArw/xG2DuijEuXQ/s400/Despacho+de+Michelon_BN.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5373665077645473618" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Despacho de Michelon&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, QUAI DES ORFÈVRES. VIERNES DESPUÉS DE MEDIODÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; Michelon colgó el auricular mientras Marceau se sentaba del otro lado del escritorio. &lt;em&gt;Se la ve cansada&lt;/em&gt;, pensó. &lt;em&gt;Todos nos vemos cansados&lt;/em&gt;. Había sin embargo, una determinación en el rictus de la boca de su subordinada,  que la hizo vacilar acerca de lo que tenía que decirle. &lt;em&gt;No va a ser fácil. A mí tampoco me gusta, pero son órdenes directas del Elysée.&lt;/em&gt; Marceau suspiró, relajándose en el sillón. Le ofreció café para hacer tiempo. &lt;em&gt;Y reunir el coraje &lt;/em&gt;,pensó con irónico desagrado. &lt;em&gt;Mierda, esto nunca me pasó. A la dama de acero le tiembla el pulso.&lt;/em&gt; La sonrisa le brotó tensa sin que pudiera evitarlo. &lt;br /&gt; —¿Cómo... en qué etapa están con los archivos? —&lt;em&gt;Marceau está extraña. Habitualmente es muy perceptiva; ya se habría dado cuenta de lo incómoda que estoy&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt; —Prácticamente terminamos el relevamiento. Se están verificando las últimas conexiones de nivel nacional,&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Está distraída&lt;/em&gt;, pensó la comisario. Marceau se detuvo un segundo para beber un sorbo de café y continuó. &lt;br /&gt;—Estamos trabajando tiempo completo... archivando, actualizando los registros, contrastando información... pura burocracia... —movió la cabeza—. Y todavía no lo encontramos.&lt;br /&gt; —¿Más implicados? — ¿&lt;em&gt;Quiénes? ¿Las estatuas del Louvre?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Prácticamente no habían quedado un ministerio o una secretaría limpios. Las ramificaciones eran monstruosas. Desde hacía menos de dos días, en alguna parte del planeta, algún funcionario, diplomático, político u hombre de negocios saltaba por los aires con el sello fatídico de la Orden del Temple metafóricamente estampado en la frente. En muchísimos casos, como los del Primer Ministro, las cosas se estaban haciendo con la máxima discreción posible porque la crisis desatada había estado a punto de quebrar gabinetes y mercados de valores. Ni siquiera habían resuelto cómo dar a conocer la traición de Nohant. El gobierno estadounidense estaba presionando, exigiendo acceso a los archivos de la Orden —&lt;em&gt;corrección, ahora de la Brigada&lt;/em&gt;—. &lt;br /&gt;Por una maldita vez la Comunidad había hecho causa común ante un suceso policial de esas características y Francia había podido mantener su posición de no permitir que agencias extranjeras se entremetieran en sus asuntos. &lt;em&gt;Hasta ayer por la noche. Una puede exigir no intervencionismo en hechos de seguridad nacional, pero cuando hay dinero de las Bolsas de Valores de por medio, no hay peros que valgan&lt;/em&gt;. Al menos, eso se desprendía del discurso que les habían dado en el Faubourg St. Honoré para explicarles con elegancia que la Brigada ya no estaba a cargo. Bastante lógico, por otra parte, aunque injusto para los que se habían jugado la vida en el caso. Por supuesto, habría condecoraciones, ascensos y otros cuasi sobornos para endulzar la hoja del puñal. Pero estaban afuera. &lt;br /&gt; Marceau apretó los dientes y la respiración se le volvió densa. &lt;br /&gt; —Todavía no llegamos a él.... Quiero su cabeza en una bandeja de plata.&lt;br /&gt; Michelon se recostó en su propio, magnífico sillón y preguntó: &lt;br /&gt; —¿Cómo puede estar tan segura de que nos falta el Richelieu detrás del trono?&lt;br /&gt; La máscara de impasibilidad de Marceau se disolvió para dejar lugar a un rostro ensombrecido por la amargura. &lt;br /&gt; —El Brigadier... Me falta él.... Todo este tiempo, todos estos años buscándolo, persiguiéndolo como en una pesadilla... —levantó los ojos, y Michelon vio en ellos el brillo helado del odio—.Es a él al que quiero.&lt;br /&gt; La comisario no supo qué decir. Marceau siguió hablando, mirando sin ver. &lt;br /&gt; —Dejé tanto en esto... Diez, doce años obsesionada con... —le costaba decirlo —...con cobrarme la vida de Jean-Luc. &lt;br /&gt;Michelon sintió una punzada de dolor y cerró los ojos un instante.&lt;br /&gt;—Quería la ley del Talión... y no comprendí que estaba pagando esa obsesión con mi propia vida— Marceau tenía los ojos demasiado brillantes—. No puedo recordar... su voz... ni sus manos... ni su amor... Sé que esas cosas ocurrieron, pero no puedo aferrar los recuerdos. La única imagen que conservo es la del final, la de la degradación última de un ser humano... Y mi degradación junto con la de él.&lt;br /&gt;La vio levantar la taza de café con mano temblorosa y apoyarla casi inmediatamente. El incongruente tintineo de la porcelana la sobresaltó. &lt;br /&gt;—Me cegué... a todo lo que no fuera mi trabajo, rebuscando siempre entre lo que me caía entre las manos, tratando de hallar las posibles relaciones — se echó hacia atrás en el sillón y miró al cielo raso. Las lágrimas se le escapaban libremente. —Estuve tan ciega que hasta... perdí la oportunidad de estar viva otra vez... Creí que podría... y me equivoqué— su voz bajó hasta hacerse un susurro—. No me queda nada... No tengo esperanzas.. Sólo el ansia de encontrarlo... y terminar con todo.&lt;br /&gt;Michelon se levantó despacio, rodeó el escritorio y, parándose delante del otro sillón, apoyó las manos en los hombros de la otra y apretó fuertemente. No tenía palabras para lo que había oído. Del escritorio tomó unos pañuelitos de papel del contenedor de plata —adoraba esos detalles femeninos— y le secó la cara con cuidado, como a un chico. &lt;br /&gt; &lt;em&gt;Jesús, esta mujer atravesó mis defensas. ¿Qué habrá querido decir con ‘terminar con todo’? Carajo, tengo que hablar con Massarino antes de que la hermana haga una barbaridad. Y quizá con Dubois. No, también. Y si Marceau insiste en que le falta encontrar a alguien, estoy segura de que tiene razón. Podrá estar alterada, pero ante todo es oficial de policía. De los buenos. Mierda, no nos pueden echar así como así. Tengo que hablar con Massarino.&lt;/em&gt; Se apoyó en su escritorio con los brazos cruzados y la vista baja. &lt;br /&gt; Marceau se levantó en silencio. Había recuperado la compostura. &lt;br /&gt; —Lo lamento —dijo, mirando hacia otro lado mientras se alisaba la ropa. &lt;br /&gt; Siguiendo un impulso, Michelon la abrazó y la besó en la mejilla como podría haber besado a una hija. &lt;br /&gt; —No hay nada que lamentar. Esto nos superó a todos. Cuanto antes termine, mejor.&lt;br /&gt; Su asistente personal entró, cruzándose con Marceau que salía. &lt;br /&gt; —Parece que hubieran visto un fantasma. ¿Se lo dijiste? —y se apoyó en el brazo del sillón de Michelon. &lt;br /&gt; —No, querida— le tomó la mano y se la besó, distraída—. No tuve el valor. Tengo que llamar a Massarino.&lt;br /&gt; —Ya lo llamo— Laure le acarició brevemente la mejilla y salió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía de un humor frágil cuando volvió a su cubículo.&lt;em&gt; Dios, qué manera de terminar el día. Me llenaron el escritorio de papeles, carajo. Pura burocracia de mierda&lt;/em&gt;. Pateó la silla y colgó la cartera y el abrigo. &lt;em&gt;Hay más formularios que espacio. Y esa estúpida de Sully, que no puede llenar ni un papelito sin consultar.&lt;/em&gt; Se sentó de pésimo humor. &lt;em&gt;En fin. Esto es tan bueno para no pensar como cualquier otra rutina. Si los papeles son importantes, ¿para qué mierda están las computadoras? Y viceversa.&lt;/em&gt; Resignada ante la evidencia, encendió la pantalla. Alguien asomó la cabeza. &lt;br /&gt; —Capitán, ¿le traigo un café?&lt;br /&gt; &lt;em&gt;Foulquie. Bendito tú eres&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt; —Por favor, sargento —sonrió débilmente y Foulquie le devolvió el gesto. &lt;em&gt;Viejo adorable. Siempre me cambia el humor&lt;/em&gt;. Giró la silla hacia la pantalla otra vez. &lt;em&gt;Sólo es empezar. Coraje.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt; La puerta se abrió otra vez a sus espaldas y dejaron la taza de café encima del escritorio. &lt;br /&gt; —Gracias... —no terminó la frase. El perfume le asaltó los sentidos. Se quedó paralizada en el asiento mientras el estómago se le estrujaba. &lt;br /&gt;Oyó el chasquido del picaporte al cerrarse la puerta otra vez, y las manos de Marcel la tomaron suavemente por los hombros. Casi con miedo, pensó. &lt;br /&gt; —Por favor... — la voz de Marcel era un susurro—, hablemos. Sin pelear— hizo una pausa larguísima—. Nunca le supliqué a una mujer. Ni le pedí dos veces que me diera una oportunidad. Necesito... necesito explicarme... y... pedirte perdón— la angustia le hacía vacilar la voz. &lt;br /&gt; Odette no se atrevió a moverse, tanto le temblaba todo el cuerpo. Sin darse cuenta levantó una mano y apretó la de él. &lt;br /&gt; —Cuando esto termine —murmuró mientras él sujetaba su mano dolorosamente—. Falta poco. Necesitamos... tiempo para hablar... Estar... más calmados.&lt;br /&gt; Él se inclinó y le besó apenas el pelo, sin soltarla. Ella besó la mano apoyada en la suya. Retiró la silla y Marcel la abrazó, cuando la campanilla del interno estalló en el aire. Se soltó de sus brazos y tomó el auricular con rabia. &lt;br /&gt; —Marceau... ¡Voy! — &lt;em&gt;Archivos y su putísimo sentido de la ocasión&lt;/em&gt;. El gesto de contrariedad fue tan evidente que él no pudo evitar una sonrisa esperanzada. &lt;br /&gt; —Marcel...&lt;br /&gt; Él giró en el vano de la puerta. &lt;br /&gt; —Yo también tengo cosas que explicar.&lt;br /&gt; Él soltó un beso al aire. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dios, si no fuera tan dulce. Me hace bajar la guardia. Cuánto hace que alguien no me conmueve de esta forma. Cuánto hace que no siento algo así. Quiero mi oportunidad, si todavía estoy a tiempo.&lt;/em&gt; Apoyó la frente en una mano, aguantando las emociones que le anudaban la garganta. Cerró los ojos y esperó a que él se fuera para salir de la oficina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-898255671888991600?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/898255671888991600/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=898255671888991600" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/898255671888991600?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/898255671888991600?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/08/la-dama-es-policia-capitulo-31.html" title="La dama es policía - CAPÍTULO 31" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SpL6DOzxdWI/AAAAAAAAArg/vhXnhDxaYdQ/s72-c/El+piso+de+la+Crim.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CUQBSX4-eyp7ImA9WxJaGEg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-4458143519311912131</id><published>2009-08-07T14:49:00.000-07:00</published><updated>2009-08-09T14:29:18.053-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-08-09T14:29:18.053-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuerpos especiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Primer Ministro de Francia" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Matignon" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Policía Judicial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="Palais d'Elysée" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="atentados" /><title>La dama es policía - Capítulo 30</title><content type="html">&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn2eWj3YAVI/AAAAAAAAAqQ/X1iMcXp-JL0/s1600-h/Matignon.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn2eWj3YAVI/AAAAAAAAAqQ/X1iMcXp-JL0/s400/Matignon.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5367620441317310802" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.web-libre.org/dossiers/matignon,3440.html"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Hôtel Matignon, residencia del Primer Ministro&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, MIÉRCOLES POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Tengo que hablar con usted. Esta noche.&lt;br /&gt;— Imposible. Tengo una audiencia con el Presidente.&lt;br /&gt;—¡Me importa un carajo! Arrégleselas como pueda, pero a mí me recibe primero.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La puta que lo parió. ¿Qué se cree? ¿Que puedo darle el plantón al Viejo así porque sí? &lt;/em&gt; El Primer Ministro se revolvió molesto en el sillón: ese boludo merecía que lo pusieran en su lugar.&lt;br /&gt;—Escuche...&lt;br /&gt;—No. Escúcheme usted a mí. Este desastre tiene que terminar. Como sea. No se olvide de quiénes lo pusimos donde está.&lt;br /&gt;Apretó los labios con rabia. &lt;em&gt;Grandísimo hijo de puta, nunca se pierde la ocasión de recordármelo, él y su puto anillito, siempre amenazándome.&lt;/em&gt; Las entrañas se le hicieron un nudo. &lt;br /&gt;—Voy a tratar de arreglarlo... No le prometo nada.&lt;br /&gt;—No sea idiota. No trate: arréglese para verme. Y no quiero que nadie por ahí sepa que estuve con usted. Después vemos qué mierda vamos a hacer con el Viejo y los demás.&lt;br /&gt;Cuando colgó, el Primer Ministro llamó al secretario privado. Un buen tipo, eficiente, diplomático. Un idiota útil. &lt;br /&gt;—Frayssinet, necesito postergar la audiencia con el Presidente una hora por lo menos. Tengo que resolver algo... personal. Usted me entiende.&lt;br /&gt;Frayssinet sonrió comprensivo. &lt;em&gt;Bien, se tragó el sapo de que voy a ver a Evelyn&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—¿Va usted, señor?&lt;br /&gt;—No. Ella insistió en venir aquí. Tengo que solucionar un problemita. ¿Sería posible un poquito de discreción?&lt;br /&gt;—Señor...— Frayssinet se ofendió —Yo me ocupo de que nadie quede en el piso. Como siempre.&lt;br /&gt;—Gracias, Georges. Usted es un amigo. Arrégleme lo de la agenda y avíseme por teléfono.&lt;br /&gt;—¿Va a entrar...?&lt;br /&gt;—Por donde siempre. No se preocupe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los pasillos del piso no había ningún guardia. Los empleados civiles ya se habían retirado. &lt;em&gt;Me hizo caso. Bien por el ministro&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;El cretino estaba esperando sentado a su escritorio. &lt;em&gt;Seguramente para impresionarme. Gordo fanfarrón. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—No tengo mucho tiempo. Pude postergar la audiencia una hora y media, nada más.&lt;br /&gt;—No nos va a llevar mucho tiempo —sacó el arma con silenciador y le apuntó. &lt;br /&gt;—¿Qué... qué hace?&lt;br /&gt;—Usted es un imbécil. Le dije que había que quitar de en medio a esos policías de mierda y al prefecto Oustry.&lt;br /&gt;—¡Por Dios, hice lo que me ordenaron! ¡Puse a cargo a Beaumont! ¡Después tuvimos que liquidarlo antes de que hablara! ¡Todo está yendo muy rápido! Necesito tiempo... Déjeme ver al Viejo... Puedo convencerlo... de que son ellos... los responsables...&lt;br /&gt;—O de que yo soy el responsable... Iba a entregarme en bandeja de plata, ¿no?&lt;br /&gt;La cara mofletuda del hombre reflejaba una desesperación sin límite. La que se siente cuando te descubrieron y no te queda alternativa. La que se tiene cuando se sabe que te van a matar. &lt;br /&gt;Se acercó ominoso y empujó el sillón hacia el escritorio, apretándole el estómago abultado contra el sobre de madera y cuero. El otro jadeó, un poco por el empujón, un poco por el miedo. No era rival físico para él. Lo sorprendió, agarrándolo por los cabellos y tirándole la cabeza hacia atrás, hacia el respaldo del sillón. Con el mismo movimiento le metió el cañón de la pistola en la boca y moviéndolo ligeramente hacia arriba y hacia la derecha, disparó. El proyectil atravesó el respaldo exactamente en el lugar que había previsto al correrse a la izquierda. Con cuidado, tomó la mano del hombre y la frotó con la suya cubierta por guantes de látex quirúrgico, para adherirle la pólvora a los dedos. &lt;em&gt;Zurdo de mierda&lt;/em&gt;. Después quitó el silenciador, acomodó los dedos sobre el arma y dejó caer el brazo desde la posición frente a la boca. Se limpió una salpicadurita de sangre de la manga, abrió el cajón central del escritorio, retiró otra pistola igual a la que había puesto en la mano del muerto, y se la guardó en la cartuchera bajo el sobaco después de ponerle el silenciador. &lt;br /&gt;Salió por donde había llegado, sin que lo vieran. Caminó unas cuadras hasta su automóvil y se fue a su casa, a esperar la llamada. Porque tenían que llamarlo. Y él iba a ir. Cómo no iba a ir. Ahora estaba a cargo de todo. &lt;em&gt;El Brigadier me lo confirmó.&lt;/em&gt; Tembló de expectación y coraje. &lt;em&gt;Reflotamos la operación y yo quedo al frente.&lt;/em&gt; La entrepierna se le erizó excitada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn3utQhU_hI/AAAAAAAAAqY/b096m1kkfFY/s1600-h/estancia_3.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 225px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn3utQhU_hI/AAAAAAAAAqY/b096m1kkfFY/s400/estancia_3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5367708792191778322" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BUENOS AIRES, MIÉRCOLES POR LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Ortiz llamó la atención del viejo con una tosecita. &lt;br /&gt;—Señor...&lt;br /&gt;El viejo levantó la vista de los papeles y le hizo una seña con la cabeza. Ortiz se acercó sólo entonces, separó el silloncito con un movimiento silencioso y se sentó frente al escritorio, la boca apretada en una línea de disgusto. &lt;br /&gt;—Están  haciendo  averiguaciones  sobre  los  propietarios de la  sede de  París—dejó los faxes sobre el escritorio. &lt;br /&gt;El viejo se recostó contra el respaldo del sillón con los papeles entre las manos y Ortiz se quedó en silencio. &lt;br /&gt;—¿Qué quiere que hagamos?— preguntó Ortiz cuando el viejo apoyó otra vez los papeles.&lt;br /&gt;—Por ahora, nada. No tienen posibilidades de investigar demasiado, José. A lo sumo fueron al municipio, consiguieron información sobre el dominio, y después, ¿qué? Una sociedad anónima, una nacionalidad. Tienen que seguir buscando. ¿Por dónde empiezan? ¿Por las páginas amarillas? —se rió seco, y él lo acompañó con una sonrisa. &lt;em&gt;Ese humor tan particular del tatita.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;El viejo continuó. &lt;br /&gt;—Esto no es Europa, ni los Estados Unidos. ¿Sabe cuánto pueden tardar? No creo que consulten a nuestra policía, con la experiencia que tuvieron hace doce años. Sacando a algunos federicos derechos, el resto no es muy confiable que digamos. Yo no confiaría, ¿y usted?&lt;br /&gt;—Ya sabe que no lo hago. Ni en esos federicos derechos, como los llama usted. Igualmente me gustaría saber qué averiguan. No quisiera salir un día a la mañana y encontrármelos en la tranquera.&lt;br /&gt;—Esta vez creo que la mejor estrategia es mantener el mimetismo con el paisaje— el viejo sonrió con astucia—. No estoy huyendo; no se me equivoque— lo atajó al verle el gesto de desagrado—. No se olvide de que el poder que se intuye, muchas veces espanta más que el que se ve a simple vista. ¿Qué es peor: oír el rugido del león y saber que sale a cazar, o esperar el zarpazo silencioso del tigre? Si alguna vez llegan a saber más de lo que ya saben, que es mucho, y si son tan brillantes como creo que son, van a retroceder — la mano del viejo bajo categórica sobre el brazo del sillón, acompañando las palabras. &lt;br /&gt;Ortiz nunca había dudado de la sabiduría del tatita, porque, entre otras cosas, nunca le había mentido ni le había ocultado nada. Pero la espinita en el costado le molestaba, así que decidió insistir. &lt;em&gt;No sea cosa que por una vez se nos equivoque el viejo y... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Señor, perdone que insista pero... ¿y si de cualquier forma llegan a saber algo más? ¿Algo que no deben?&lt;br /&gt;El viejo lo miró con expresión severa. &lt;br /&gt;—En ese caso, veremos.&lt;br /&gt;Respiró más tranquilo. &lt;em&gt;Por supuesto, la decisión final es de él, eso no se discute, pero tengo la aprobación. Si llegan a meterse demasiado en donde no deben, traslado.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, MIÉRCOLES POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Durante la cena, Michelon intercambió con Laure los chismeríos del día. Cuando le contó lo de Sully, Laure comentó divertida: &lt;br /&gt;—¡Madame la Veuve ataca de nuevo! ¡Se ve que estuvo afilando la hoja durante bastante tiempo! ¿Hasta dónde rodó la cabeza de Sully?&lt;br /&gt;Se rieron a carcajadas, tanto que medio restaurante se volvió a mirarlas. &lt;br /&gt;—Pobre chica, no para de hacer malas elecciones— dijo Laure con un suspiro, después de beber un sorbo de vino blanco.. &lt;br /&gt;—Sí, y la primera fue ingresar en la policía.&lt;br /&gt;—No me refería a eso. Por lo que yo sé...&lt;br /&gt;—Que siempre es mucho más que lo que yo sé ... —la acusó Michelon, medio en broma. &lt;br /&gt;—Por lo que sé —Laure frunció la nariz—, estaba decidida a pescar a Dubois.&lt;br /&gt;—¡Ajá!&lt;br /&gt;—Y las cosas no venían tan mal encaminadas, hasta que lo asignaron al caso con Marceau... —Laure le echó una miradita cómplice. &lt;br /&gt;Michelon sonrió gatunamente, sin responder. &lt;br /&gt;—Claudette, me estás ocultando algo... —Laure entrecerró los ojos.&lt;br /&gt;—¡Vamos! No se puede ocultar lo inocultable...&lt;br /&gt;—No me refiero al teniente. Los hombres no suelen ser muy sutiles a la hora de enmascarar emociones. El asunto es:¿cómo es que ella todavía no se lo sacudió de encima?&lt;br /&gt;—Bien... no puedo decir que no lo haya sacudido... —le contó lo de las carpetas y la revista de historietas. Laure no paraba de reírse—. Estaba que echaba humo por las benditas carpetas, pero terminó admitiendo que ella tenía razón.&lt;br /&gt;Laure cerró el puño derecho e inclinó el pulgar hacia abajo. &lt;br /&gt;—Que Sully se olvide del teniente.... ¿Y ella, qué?&lt;br /&gt;Madame se quedó pensativa, con la copa de vino en la mano. &lt;br /&gt;—Algo le pasa también. Tuvo algunas reacciones... las de hoy, por ejemplo. Estoy segura de que si Dubois no hubiera estado allí con nosotros, el baldazo de vitriolo de la cabo le hubiera resbalado como de costumbre. Estaba indignada. Eso, dentro de lo que habitualmente deja traslucir.&lt;br /&gt;—Estás muy observadora... —comentó Laure en tono neutro.&lt;br /&gt;—No estarás celosa... —la reprendió con la mirada. La otra hizo un mohín gracioso. —Es parte de mi trabajo, querida. Observar a mi gente, evaluarla, conocerla a fondo. Saber en quién se puede confiar, en cualquier circunstancia.&lt;br /&gt;—Separar la paja del trigo...&lt;br /&gt;—Nunca mejor dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban entrando a su casa cuando el teléfono comenzó a sonar. Laure le hizo señas: &lt;em&gt;Respetemos las convenciones&lt;/em&gt;. &lt;em&gt;Cada una responde a las llamadas en su propia casa, así no herimos las suscep-tibilidades de nadie&lt;/em&gt;. Sin quitarse el tapado levantó el auricular. &lt;br /&gt;—¡Claudette!&lt;br /&gt;—¡Raoul! — &lt;em&gt;Jesús, y ahora qué. Oustry llamando a estas horas de la noche. No creo que sea para hacer relaciones públicas... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Te llamé a la oficina.&lt;br /&gt;—Salí a comer...&lt;br /&gt;—Esto que está pasando... ¿también se lo debemos a tus “especiales”?   &lt;br /&gt;Michelon tragó saliva y el prefecto siguió hablando. &lt;br /&gt;—Se están metiendo con demasiada gente, querida.&lt;br /&gt;—Raoul, esto es mucho, mucho más grande de lo que nunca imaginamos, y sí, es mi gente y estoy orgullosa de ellos. Y te recuerdo que somos todos "tu" gente.&lt;br /&gt;—Ya lo sé, no me olvido —contemporizó Oustry—. Me llamó mi Número Uno. Están tratando de localizar también a Nohant, para una reunión de urgencia.&lt;br /&gt;—Voy para tu casa —respondió Michelon, cerrando los ojos. &lt;br /&gt;—Por favor —dijo el otro, y colgó. &lt;br /&gt;Laure la miró a medias intrigada. &lt;br /&gt;—Ya empezaron a golpear la puerta— suspiró pesadamente y salió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El prefecto en persona le abrió la puerta. Subieron al estudio y él le ofreció algo de beber. &lt;br /&gt;—Coñac... —&lt;em&gt;lo voy a necesitar&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Oustry sirvió dos copas generosamente. Bebieron un par de tragos en silencio y luego lo puso al tanto de las últimas novedades, mientras Oustry asentía y le pedía detalles a medida que ella hablaba. &lt;br /&gt;—Claudette, ¿por qué no diste parte al resto de las divisiones?&lt;br /&gt;—Todo fue muy rápido. Casi no tuvimos tiempo más que para reaccionar ante lo que encontrábamos...&lt;br /&gt;—¡Qué velocidad de reacción, querida!&lt;br /&gt;Se rió sin ganas. &lt;br /&gt;—Para colmo, lo de Inteligencia fue... tan inesperado.&lt;br /&gt;El prefecto asintió con un gesto de disgusto. &lt;br /&gt;—¡Beaumont! ¡Qué increíble! Pensar que se ofreció a arreglar la agenda del Presidente para que te recibiera las dos veces.&lt;br /&gt;—Estaba más que interesado en saber qué pasaba.&lt;br /&gt;—Y los teníamos con un pie adentro, gracias al acuerdo de colaboración que había firmado Nohant —comentó el prefecto mientras tomaba un sorbito de coñac. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cierto. Nohant&lt;/em&gt;. Una alarma se le disparó en el cerebro. No le gustaba Nohant, como no le gustaban los políticos y los funcionarios en general. Cuando se creó el cargo de Director General de la Policía Nacional, habían esperado que lo ocupara un oficial de carrera, un hombre como Oustry. Habría sido el corolario ideal para la carrera del viejo prefecto de París. El Ministerio del Interior había designado a uno de sus funcionarios civiles en el cargo. Un “policía de escritorio”, como lo llamaban algunos. Nohant había hecho carrera en el Ministerio con una habilidad poco menos que maquiavélica. Un administrador fabuloso, eso era innegable. Era brillante, había que reconocérselo, y con una cintura política admirable. &lt;br /&gt;Oustry siguió hablando. &lt;br /&gt;—Tenían todo preparado —Michelon lo miró fijamente. —Yo también puedo moverme rápido—el prefecto sonrió sin alegría—. Te sacaban de en medio junto con el Viejo, y a mí detrás. No era el plan original, pero cuando lo pusiste al tanto, eso precipitó las cosas. El Primer Ministro se hacía cargo temporariamente. Proponían a su gente para nuestros puestos y con eso dejaban a los tuyos... perdón, a los nuestros... fuera de combate. Iba a ser un juego de niños manejar la situación.&lt;br /&gt;—No vayas a creer... — lo miró con ironía. &lt;br /&gt;—No... Viendo lo que hicieron, no habría sido fácil quitarlos de en medio.&lt;br /&gt;El teléfono los interrumpió, sobresaltándolos. Oustry la miró mientras respondía que estaban juntos y que ya salían. &lt;br /&gt;—El Elysée — dijo cuando colgaba.&lt;br /&gt;—¿El Viejo?&lt;br /&gt;Oustry asintió. &lt;br /&gt;—El Primer Ministro acaba de suicidarse. Nos van a apretar las tuercas, querida. Vámonos.&lt;br /&gt;— Antes, una llamada. Ya aprendí la lección.&lt;br /&gt;El prefecto la miró intrigado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn82MzIarWI/AAAAAAAAAqo/fdW-r6hDUsQ/s1600-h/Love+making_1.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 250px; height: 375px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn82MzIarWI/AAAAAAAAAqo/fdW-r6hDUsQ/s400/Love+making_1.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5368068874360761698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Habían estado haciendo el amor durante más de una hora y tenían toda la intención de atacar el segundo movimiento, cuando el teléfono interrumpió la partitura. Auguste bufó y Nadine lo besó suavemente, haciéndole señas para que levantara el auricular. &lt;br /&gt;—Que se vayan a la mierda— la abrazó otra vez—. Hace una semana que no te...&lt;br /&gt;—Amor... — Nadine lo interrumpió. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Tiene razón&lt;/em&gt;. Levantó el auricular con rabia. &lt;br /&gt;—¡Massarino! — ladró. &lt;br /&gt;Era Michelon. Resignado, se sentó en la cama para hablar más cómodo, mientras Nadine le acariciaba el estómago. Se vistió a la carrera y antes de salir abrazó y besó a su mujer. &lt;br /&gt;—No te duermas. Pienso volver lo más pronto posible.&lt;br /&gt;—No tenía ninguna intención de dormir. —Le devolvió el beso. &lt;br /&gt;Desde su auto, Massarino llamó a la Brigada. &lt;br /&gt;—¿Quiénes están ahí ahora?&lt;br /&gt;—Meyer y Dubois, señor— le informó el oficial de guardia.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cierto. Todavía están revisando los montones de expedientes secuestrados. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Que se reúnan conmigo en el Palais d’Elysée en quince minutos. Voy a buscar a Michelon y al prefecto Oustry.&lt;br /&gt;—Sí, señor.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mejor ir prevenidos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS,  PALAIS D'ELYSÉE. MIÉRCOLES POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Cuando Michelon, Oustry y Auguste llegaron al Elysée, Meyer y Dubois los esperaban con caras de preocupación. &lt;br /&gt;—¿No exageró un poco, comisario? —preguntó Oustry, sorprendido. &lt;br /&gt;—Espero que sí, señor —le respondió Auguste con aprensión. &lt;br /&gt;Los tres escoltaron a Madame junto al prefecto hasta el segundo piso, y se quedaron esperando en el corredor silencioso. El personal habitual de seguridad había sido reemplazado por los hombres del SSMI. Algunos eran conocidos de Auguste y lo saludaron sorprendidos. &lt;br /&gt;—Comisario —lo llamó Oustry—. El director general Nohant todavía no llegó. Si uno de sus hombres es tan gentil de esperarlo abajo y acompañarlo hasta aquí...&lt;br /&gt;Auguste le ordenó a Meyer que esperara a Nohant. &lt;em&gt;Es una buena ocasión para charlar con Dubois a solas. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo va lo de las carpetas? —le preguntó para iniciar la conversación. &lt;br /&gt;—Hasta ahora, Gendarmería detuvo a veinticinco de los fichados, en las fronteras con España y Alemania. Nosotros encontramos a diez más, tratando de abandonar París. Informamos a Interpol de... — hizo una pausa—: cincuenta y tres casos de pedido internacional de captura...&lt;br /&gt;En ese momento vieron que Nohant se acercaba por el corredor. Cuando el recién llegado los vio, se apresuró a sacarse algo de la mano izquierda, sin quitarles los ojos de encima. Mientras pasaba entre Dubois y él, durante una décima escasa de segundo lo paralizó con una mirada inconfundible. &lt;br /&gt;Dubois reaccionó medio instante después de que Nohant hubo entrado. Con el entrecejo fruncido en un gesto de alarma, le dijo en voz baja a Auguste: &lt;br /&gt;—Está armado.&lt;br /&gt;Se miraron y juntos atacaron la puerta, empujándola para evitar que corrieran la traba interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn84QEikAFI/AAAAAAAAAqw/1ZjG0EpIGtc/s1600-h/Anillo+templario.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 99px; height: 96px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn84QEikAFI/AAAAAAAAAqw/1ZjG0EpIGtc/s400/Anillo+templario.gif" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5368071129596690514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Massarino! ¿Se volvió loco? —Oustry y los demás, salvo Michelon, los miraron con ojos desorbitados mientras el comisario esposaba a Nohant y Dubois lo desarmaba. Sin dejar de apuntarle, Auguste le metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón y le tendió a Michelon lo que había encontrado. &lt;br /&gt;La comisario giró el anillo para ver el sello y se cubrió la boca en un gesto de disgusto, pero sin sorpresa. &lt;br /&gt;—¿Cómo lo supo?&lt;br /&gt;—Lo vi quitárselo antes de entrar. Dubois le vio el arma.&lt;br /&gt;—Es el mismo que llevaban Jacques y Prévost— el teniente mordió las palabras. &lt;br /&gt;Nohant los miró a todos con el desprecio y el odio pintados en los ojos. Recuperó la compostura y con una mueca desagradable le dijo a Michelon: &lt;br /&gt;—Su gente es brillante, comisario. Deberíamos haberles ofrecido estar de nuestro lado.&lt;br /&gt;—Que yo recuerde, no hay mujeres en la Orden —respondió fríamente Michelon—. No creo que hubiéramos aceptado. Tenemos un pleito muy antiguo con ustedes.&lt;br /&gt;Auguste cerró los ojos para contenerse y les ordenó a Meyer y a Dubois que se lo llevaran. &lt;br /&gt;—¿Quiere que me quede, Madame?&lt;br /&gt;—Por favor... —Michelon comenzó a hablar, cuando el ministro del Interior los interrumpió. &lt;br /&gt;—Creo que es mejor que se quede aquí, con nosotros.&lt;br /&gt;Oustry estudió el anillo. Tenía un diseño curioso en el sello: dos caballeros medievales, montados uno detrás del otro, a la grupa de un solo caballo. &lt;br /&gt;Auguste salió a llamar a Nadine para avisarle que no lo esperara. &lt;br /&gt;—Te amo, pelirroja.&lt;br /&gt;—No creas que te vas a salvar cuando vuelvas. Te amo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn8-SLO6tHI/AAAAAAAAAq4/oGCQBlvw-kA/s1600-h/Elys%C3%A9e+despacho+presidencial.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 382px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn8-SLO6tHI/AAAAAAAAAq4/oGCQBlvw-kA/s400/Elys%C3%A9e+despacho+presidencial.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5368077762822845554" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En el despacho, las caras eran más que fúnebres. Al Presidente lo acompañaban el ministro del Interior y el de Relaciones Exteriores. Sin edecanes ni secretarios. El ministro del Interior dijo en tono apenado y sombrío: &lt;br /&gt;—Señor, mi renuncia está a su disposición.&lt;br /&gt;—Cállese la boca. Nadie quiere su renuncia —rezongó el Viejo—. Entre los culpables que se suicidan o van camino al calabozo, y los inocentes que renuncian, me voy a quedar sin Gabinete, en medio de la anarquía. Cerremos filas y déjese de estupideces.&lt;br /&gt;Los anteojos le recorrieron el largo dorso de la nariz. Los miró por encima del marco de oro, mientras se repantigaba en el sillón enorme, cruzando las manos sobre el estómago. &lt;br /&gt;—Madame, señores, en las últimas dos horas hablé con Washington cinco veces.&lt;br /&gt;Cuatro pares de ojos la miraron expectantes. Michelon apretó los labios. &lt;em&gt;Hora de dar explicaciones. Menos mal que traje apoyo logístico. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn8-q86M5ZI/AAAAAAAAArA/qD14-WLIJ4M/s1600-h/Depto+de+Marcel_1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn8-q86M5ZI/AAAAAAAAArA/qD14-WLIJ4M/s400/Depto+de+Marcel_1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5368078188474590610" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Marcel entró en su departamento pasadas las dos de la madrugada. Un día terrible. &lt;em&gt;Primero Hamad; después Michelon y Massarino que casi me suspenden, y para rematar, el chistecito de Nohant. Hijo de puta traidor. Por un pelo no nos decapitó a todos. Dios, quiero que esto termine de una puta vez.  Estoy tan nervioso que si se meto en la cama no voy a poder dormir.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Al entrar había tirado la revista de historietas y el CD sobre la mesita al costado del sofá. &lt;em&gt;No sería mala idea... ¿o sí?&lt;/em&gt; Ver el contenido del CD lo repelía y atraía al mismo tiempo. Se desnudó y en ropa interior y con una lata de cerveza, se recostó en el sofá a hojear la revista. Se rió de sí mismo a su pesar. &lt;em&gt;Ella tiene una forma tan especial de hacer bromas... No pierdas las esperanzas, viejo. Si está de humor para lanzarte indirectas después de que casi le rompiste las costillas, no te está yendo tan mal. Cristo, si pudiera estar a solas con ella, hablar, explicarle, hacerle el amor... &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;De pronto, el aire ya no le pasó por la garganta. &lt;em&gt;Hicimos el amor acá, sobre esta alfombra, en mi cama. ¿Cómo pude creer que mentía? Yo interpuse mis ‘otros’ imaginarios. ¿Nunca vas a dejarme en paz, papá? ¿Nunca voy a poder confiar en ninguna mujer? Si alguna vez hubo otro, cuando estuvo conmigo ya no había nadie más. Era mía. No existía ninguna otra persona entre los dos. No quiero perderla. No puedo. No quiero. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Se levantó para ir a acostarse, cuando vio de nuevo el CD. Sin pensarlo dos veces, se sentó delante de la pantalla, encendió el equipo y lo cargó. Tecleó la contraseña con dedos como de madera. &lt;br /&gt;Un “audio” de Vaireaux. Se obligó a seguir mirando. Hijos de puta. Por primera vez tomó conciencia de que la escena que veía era real. Los protagonistas eran atrozmente reales. Cada vez que había sido obligado a ver uno de esos audios había logrado mantener la cordura imponiéndose la idea de que lo que presenciaba era una ficción. Se vio a sí mismo arrancar la venda negra de la cara de la mujer, mientras Jacques repetía la orden. Su mano sostenía el rostro bañado en lágrimas. Leyó su propio nombre en los labios de ella y la vio cerrar los ojos por la desesperación y el dolor. &lt;br /&gt;Apagó el equipo de un manotazo y se fue a la cama, recorriendo el camino de memoria, porque no podía ver por dónde iba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran más de las cuatro de la mañana cuando llegó a su casa. Se desvistió en silencio y cuando se metió en la cama, Nadine se volvió para preguntarle qué había pasado. &lt;br /&gt;—Creí que dormías.&lt;br /&gt;—Sí, pero entró una manada de elefantes y me despertó.&lt;br /&gt;—¡No hice ruido! &lt;br /&gt;Su mujer le tapó la boca con un beso. Mientras se acomodaban en la cama, le resumió los hechos. &lt;br /&gt;—Estamos afuera...&lt;br /&gt;—Y te molesta.&lt;br /&gt;—¿Te parece que no? ¡Casi dejamos el pellejo en esto!&lt;br /&gt;—Me gusta dónde está tu pellejo. Me alegro de que ya no estén en este caso de mierda. &lt;br /&gt;Massarino miró sorprendido. &lt;br /&gt;—Es la primera vez que te preocupa tanto una investigación.&lt;br /&gt;—Es la primera vez que toda mi familia se juega el cuello — y sin detenerse, preguntó: —¿Odette ya lo sabe?&lt;br /&gt;—No, todavía no. Michelon me prometió que se encargaría de hablar con ella.&lt;br /&gt;—Y le creíste...&lt;br /&gt;—No tengo por qué no hacerlo.&lt;br /&gt;Nadine movió la cabeza con incredulidad y se arrebujó entre las sábanas, pegada a él. Mientras lo acariciaba, susurró: &lt;br /&gt;—Tenemos un asunto pendiente, héroe.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-4458143519311912131?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/4458143519311912131/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=4458143519311912131" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/4458143519311912131?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/4458143519311912131?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/08/la-dama-es-policia-capitulo-30.html" title="La dama es policía - Capítulo 30" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sn2eWj3YAVI/AAAAAAAAAqQ/X1iMcXp-JL0/s72-c/Matignon.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A0YNSXs9eSp7ImA9WxJbFUk.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-886660968113809661</id><published>2009-07-22T11:09:00.000-07:00</published><updated>2009-07-25T12:13:18.561-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-07-25T12:13:18.561-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="crimen organizado" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tortura" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trata de personas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="atentados" /><title>La dama es policía - CAPITULO 29</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtR03w87pI/AAAAAAAAApg/BRMpsXktMq8/s1600-h/quai-des-orfevres+2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 380px; height: 230px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtR03w87pI/AAAAAAAAApg/BRMpsXktMq8/s400/quai-des-orfevres+2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362469750079024786" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Quai des Orfèvres&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, QUAI DES ORFÈVRES. MIÉRCOLES POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Savatier se suicidó en la celda. Desgarró las sábanas y se ahorcó— Auguste soltó la novedad al tiempo que entraba junto con su hermana al despacho de Michelon. &lt;br /&gt;—Ese hijo de puta no tenía las pelotas para suicidarse— Odette se puso pálida. Michelon y Auguste la miraron sorprendidos. &lt;br /&gt;—Cuando le metí el tiro entre las piernas casi se desmayó. ¡Se lo cargaron, carajo!&lt;br /&gt;—¡Cristo, el vocabulario! —rugió Auguste.&lt;br /&gt;—Acabo de comprarme el último "Diccionario Francés de Insultos Modernos" —fue la respuesta entre dientes—. Están siempre un paso adelante —se quedó de pie frente al escritorio. Miró a Michelon y repentinamente ambas mujeres exclamaron: &lt;br /&gt;—¡Beaumont!&lt;br /&gt;Odette se precipitó hacia la puerta y él tomó el teléfono para ordenarle a Dubois que la acompañara. &lt;br /&gt;—¡No!&lt;br /&gt;—No vayas sola— su tono no admitía réplica; Odette apretó los labios. &lt;br /&gt;—No voy a golpear a Beaumont otra vez— le respondió mordaz. &lt;br /&gt;—Massarino tiene razón— intervino Michelon—. Hay un suboficial de guardia, pero visto cómo están las cosas, no será suficiente. ¡Corran!&lt;br /&gt;Auguste se quedó mirando a Odette. El gesto de contrariedad de su hermana no era precisamente por la suerte de Beaumont. ¿Qué mierda está pasando entre Dubois y ella? Estaba seguro de que el sábado se habían acostado. Había insistido en que Odette fuera a almorzar a su casa el domingo de puro curioso, para tratar de sonsacarle algo y ver si había resultado. Parecía que sí: Odette estaba en las nubes, y no era nada más que por el sueño atrasado. Después, el lunes por la mañana... algo había pasado la noche anterior. Las reacciones de Odette de esa mañana eran un indicador claro. Siempre había respondido a la violencia con violencia. Seguía pensando con la mente clara, pero la adrenalina había estado presente en cada uno de sus actos: Savatier y Beaumont habían sufrido las consecuencias aunque se lo tuvieran merecido. Extrañamente, no hubo pelea con Dubois, o al menos no que él supiera. Pero el teniente andaba por los pasillos hecho un zombie, y Odette seguía exhibiendo una mirada asesina. &lt;em&gt;En cuanto vuelvan, lo agarro a Dubois y lo encierro en una sala de interrogatorios. Una buena dosis de violencia policial no nos vendría nada mal. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtQWzYnfXI/AAAAAAAAApY/q2RXa2Fg32Q/s1600-h/Hotel_Dieu_Paris.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtQWzYnfXI/AAAAAAAAApY/q2RXa2Fg32Q/s400/Hotel_Dieu_Paris.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362468133995511154" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.aphp.fr/index.php?NIHOPITAL=20&amp;action=afficherPortail&amp;module=portail&amp;vue=portail"&gt;Hospital Hotel-Dieu de Paris&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcel la esperó en la playa de estacionamiento y le hizo señas en cuanto la vio. Se metieron en el  auto de él sin dirigirse la palabra. Después de unos minutos de tensión, él encendió la sirena y arremetió contra el tránsito. El nudo en la garganta no lo dejaba hablar. &lt;em&gt;Cristo, necesito desespe-radamente hablarle, explicarle, y no encuentro el puto momento. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Subieron corriendo las escaleras del hospital, cruzándose con varios tipos de blanco y de verde que salían, y que silbaron divertidos y dijeron inconveniencias al paso de Odette. &lt;em&gt;Imbéciles. Escorias. Ahora no tengo tiempo de cagarlos a trompadas.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Corrió detrás de ella escaleras arriba hasta el primer piso. Cuando pasaron delante de la sala de controles, sonó la alarma de uno de los monitores cardíacos. Odette retrocedió para ver de qué paciente se trataba. &lt;br /&gt;—¡Es el de Beaumont! —murmuró sin aliento. &lt;br /&gt;Casi no la alcanzó. Afuera de la habitación, el uniformado los saludó sorprendido. El general estaba muerto. &lt;br /&gt;—¿QUIÉN ENTRÓ? —le gritó Marcel al suboficial sujetándolo del brazo, mientras Odette llamaba a los médicos. &lt;br /&gt;—¡Una enfermera, teniente! Traía una bandeja con jeringas y esas cosas. ¡No sé, parecía...! —El pobre hombre estaba asustado. &lt;br /&gt;—¿Cuánto tiempo estuvo dentro? ¿Cuándo salió? —le costaba articular las palabras.&lt;br /&gt;—¡Qué sé yo! ¡Como diez minutos! ¡Acaba de salir! —señaló el otro extremo del pasillo, por el que se alejaba una mujer con uniforme de enfermera. &lt;br /&gt;Odette tragó saliva y murmuró: &lt;br /&gt;—No hay mujeres en la Orden —y salió disparada detrás de la tipa.&lt;br /&gt;Marcel soltó al suboficial y la siguió. Le dio la voz de alto, pero la otra no se detuvo. Los dos corrieron gritando a los que se asomaban desde las habitaciones para que se mantuvieran dentro. La mujer giró fulmínea; sostenía una pistola y vaciló un instante antes de disparar al verlos a los dos. Marcel aplastó a Odette contra la pared y la arrastró hasta el piso para cubrirla, mientras sacaba su arma y respondía al fuego de la mujer. &lt;br /&gt;Le dio en un brazo, pero ella siguió disparando. El siguiente tiro de Marcel le agujereó la frente. Dejó a Odette en el suelo y se precipitó hasta el final del pasillo, impidiendo que se acercaran algunos curiosos. Al lado del cuerpo estaba caída una peluca con la cofia de enfermera. Era un hombre. Odette se acercó respirando con dificultad y se agachó a su lado. &lt;br /&gt;—Mi Dios, es uno... de los que estuvieron... en el convento —jadeó. &lt;br /&gt;—Nasir Hamad.&lt;br /&gt;—Ya me parecía que no era griego. Se presentó como Petrakis... ¡Auch!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El monstruo de Hamad&lt;/em&gt;. La Brigada no lo había localizado por medio de los listados secuestrados en la Orden. &lt;em&gt;Evidentemente tenía más de un alias. Y alguien que le cuidaba el culo. &lt;/em&gt;Mientras se llevaban el cuerpo, Marcel oyó que ella se quejaba. Vio preocupado cómo se tomaba las costillas y se recostaba contra la pared. &lt;br /&gt;—Me dolió... —dijo ella, inspirando con cuidado—. Ranxerox.&lt;br /&gt;—Vamos a ver a un médico— trató de sostenerla, pero ella le apartó la mano con brusquedad. &lt;br /&gt;—No. Vámonos. No hay más nada que hacer aquí.&lt;br /&gt;—¿Qué es eso de “Ranxerox”? &lt;br /&gt;Ella no respondió. &lt;br /&gt;Ya en el auto, Odette rezongó: &lt;br /&gt;—Siguen un paso adelante de nosotros. Creí que no quedaba nadie que no hubiéramos detectado.&lt;br /&gt;—Los operadores financieros de la Orden no están en Francia. —Ella lo miró sorprendida. —En la fábrica no se manejaba dinero. Se desviaba todo por dos o tres empresas locales y...&lt;br /&gt;—¡No dijiste nada!&lt;br /&gt;—¡Nadie me preguntó! ¡Me echaron como a un perro sarnoso! —respondió furioso. &lt;br /&gt;—¡Dios, qué sensibles estamos! —después de un momento tenso preguntó, imperiosa: —¿Qué sabías?&lt;br /&gt;—Querían que Al Faid invirtiera en acciones de algunas empresas que poseen, además de permitirles a ellos participar en los negocios del emirato. Cosas así.&lt;br /&gt;—¿Nombres? —su tono era absolutamente profesional. &lt;br /&gt;Él hizo un esfuerzo por recordar. &lt;br /&gt;—Las principales eran Trans-Petrol y Com... ComInTel.&lt;br /&gt;En un alto del semáforo, Odette saltó del auto y corrió a comprar el diario. Y algo más. Al tiempo que subía otra vez, le arrojó sobre las piernas una revista de historietas. &lt;br /&gt;—"Ranxerox"— le dijo, y se dedicó a buscar la sección financiera del periódico—. Aquí están— silbó asombrada—. ComInTel cotiza en París y Nueva York... Trans- Petrol... no hay nada... ¡Sí! Nueva York y Tokio! ¡Mierda! Deben de ser muy importantes para que figuren en un diario local —se quedaron en silencio mientras él conducía a toda velocidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmdoCcOXGuI/AAAAAAAAApQ/fPurTq9bEEU/s1600-h/Ranxerox.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 323px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmdoCcOXGuI/AAAAAAAAApQ/fPurTq9bEEU/s400/Ranxerox.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5361368272553319138" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.jahsonic.com/TaninoLiberatore.html"&gt;&lt;em&gt;"RanXeroX" de Tanino Liberatore&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar, y como ella no hizo ningún gesto en contrario, la siguió hasta el despacho de Michelon. Las caras de Massarino y Madame le dijeron que ya conocían las novedades. &lt;br /&gt;—Le cambiaron el oxígeno por anhídrido carbónico. Lo mataron en menos de cinco minutos—. Michelon estaba pálida de ira y contrariedad— ¿Es que no vamos a tomar nunca la delantera con estos tipos?&lt;br /&gt;Odette se sentó, todavía masajeándose las costillas, y pidió cuatro cafés. &lt;em&gt;Al menos me tuvo en cuenta&lt;/em&gt;, pensó Marcel mirándola con una punzadita en las entrañas. &lt;br /&gt;Mientras los otros bebían, Marcel relató los hechos del hospital. Habían identificado a Hamad como el suboficial que había entrado en la celda de Savatier, poco después de la medianoche pasada. &lt;br /&gt;—Puedo entender lo de Beaumont, pero... ¿Savatier? ¿Qué sabía de importante para que lo liquida-ran? ¿Y cómo llegó Hamad hasta él? — Los tres lo miraron en silencio. —¿Quién le cubría las espaldas? El uniforme, la placa... Pudo entrar hasta la celda... Se necesita una autorización escrita... — la comprensión lo hizo abrir los ojos en un gesto de horror: &lt;em&gt;¡Savatier sabía quiénes somos...! &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—O una llamada... Alguien importante. No sólo están delante... Están más arriba— la voz de Mas-sarino era durísima—. Hijos de puta, conocen nuestros movimientos. Los tenemos adentro.&lt;br /&gt;Michelon asintió lentamente y se mordió el labio en un gesto de rabia impotente. Marcel continuó: &lt;br /&gt;—¡Entonces no tenemos forma de romper el círculo! ¡Van a cerrar la puerta de la trampa con nosotros adentro! &lt;br /&gt;Odette seguía pensativa, haciendo dibujitos en el margen del diario, hasta que en un momento levantó la vista; tenía la expresión de un predador. &lt;br /&gt;—No... Estarán muy arriba, pero podemos tomar la delantera... con algo que ellos no pueden controlar— miró el reloj—. Las nueve —dijo para sí—. En Nueva York son las cuatro de la mañana. Madame, ¿puedo hacer una llamada internacional?&lt;br /&gt;La comisario asintió, intrigada. &lt;br /&gt;—¿Ebenezer? —adivinó Massarino, no demasiado sorprendido. &lt;br /&gt;—Ebenezer Benzacar —confirmó ella mientras tecleaba el número. &lt;br /&gt;Michelon insistió en que la conversación fuera a micrófono abierto y la hizo llamar por su línea privada. &lt;br /&gt;—Ya no confío ni en nuestra central telefónica, carajo.&lt;br /&gt;El teléfono sonó interminablemente hasta que, del otro lado, una voz masculina respondió con una grosería en inglés. &lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Who in the fuckin’ hell...?  &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Ebenezer, it’s Odette. I’m terribly sorry to wake you up, sweetheart... Please, honey... Ebbie...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado hubo un silencio. Michelon pidió que continuaran en francés, y Odette asintió. &lt;br /&gt;—Querido, lamento despertarte a estas horas. Por favor, Ebenezer, soy Odette...&lt;br /&gt;—¿Odette? ¿Cisne? —la voz sonaba incrédula—. No. Me están jodiendo. ¿Quién habla?&lt;br /&gt;—¡Sefaradí tozudo, mejor que saques el culo de la cama ya mismo!&lt;br /&gt;—¡Ese sí es mi Cisne! —una carcajada sonó del otro lado—. Por si no te diste cuenta de la hora...&lt;br /&gt;— Perdón por la hora, Ebbie. No quise gritarte, te lo juro. Necesito pedirte un favor— Odette lo apremió. &lt;br /&gt;—Lo que quieras.&lt;br /&gt;A toda velocidad le explicó sobre la Orden, la Trans-Petrol y ComInTel mientras Marcel garabateaba algo en un papel y se lo alcanzaba. Odette le pasó los nombres al otro. En voz baja, Massarino los puso en antecedentes a él y a Michelon acerca de Benzacar; Marcel le preguntó si era pariente del Benzacar director de orquesta. &lt;br /&gt;—Es su hijo —respondió en tono neutro el comisario, con expresión indefinible. &lt;br /&gt;—Trans-Petrol— se oyó el silbido de Benzacar—. Son pesos pesados. Conozco personalmente a algunos de sus directivos. Armand Prévost es el presidente de la TP.&lt;br /&gt;Prévost. Marcel aguantó un insulto pero el corazón le dio un vuelco. &lt;br /&gt;—Sé de lo que estoy hablando. Tengo pruebas— Odette rebuscó en su bolso y sacó un CD, que insertó en el equipo de Michelon— .Necesito que veas tu correo electrónico. Te estoy enviando un archivo de video en este momento.&lt;br /&gt;Después de minutos interminables, la voz del otro lado retumbó en el silencio del despacho. &lt;br /&gt;—Ya lo estoy recibiendo... No puedo acceder...&lt;br /&gt;—La contraseña es D-E-B-I-A-S-S-I. &lt;br /&gt;Se oían las teclas del otro lado de la línea. &lt;br /&gt;—Ahora sí... Dios, ¿qué... qué están haciendo? — el hombre del otro lado estaba horrorizado.&lt;br /&gt;—¿Viste alguna vez a esos tipos?&lt;br /&gt;—Es... Prévost, sin duda... El otro... no puedo... Sí, ¡el coronel Donatien Jacques! Tiene un cargo importante en ComInTel. ¡Mi Dios, qué horror!... No conozco al tercero...&lt;br /&gt;—Es uno de los nuestros —Odette tenía los ojos cerrados y la frente apoyada en la mano—. Un oficial infiltrado en la Orden.&lt;br /&gt;—¿La... mujer? —La voz sonaba ahogada.&lt;br /&gt;—Viva... por un pelo.&lt;br /&gt;—Es atroz... Son unos...&lt;br /&gt;—Eran. Están muertos. Nuestra gente llegó a tiempo. ¿Nos vas a ayudar?&lt;br /&gt;—Los voy a destrozar, nena— el hombre vaciló un momento—. Odette... pero ¿la mujer ...?&lt;br /&gt;Marcel volvió a anotar y le pasó el papel a Odette. Ella lo leyó y lo miró sorprendida. &lt;br /&gt;—Ebenezer— sin responder a la pregunta del otro—, tenemos un regalo para hacerte. El atentado en Francfort. Creo que a algunos amigos tuyos pueden interesarles estos datos —Odette leyó len-tamente la información que le había pasado; la voz le temblaba. &lt;br /&gt;—Hijos de puta... —el hombre del otro lado estaba llorando—. ¡Los voy a hacer mierda, te lo juro! Hoy mismo. Tengo amigos en Tokio y Londres. Vamos a abrir el fuego en todos los frentes. En cuanto a los otros tipos... no te preocupes por buscarlos. Mis amigos se hacen cargo— y después de un momento: —Odette... ¿son los mismos?&lt;br /&gt;El teniente la vio cerrar los ojos con expresión de dolor. El papel quedó hecho un bollito irreconocible. Odette inspiró como si le costara articular las palabras. &lt;br /&gt;—Sí. Completamente segura —la voz le sonaba amarga —.Nos deben mucho...&lt;br /&gt;Michelon y Massarino parecían compartir el mismo secreto. Marcel se sintió excluido. &lt;br /&gt;—Nunca olvidar... —la voz en el parlante era un murmullo.&lt;br /&gt;—Nunca perdonar —Odette completó la frase en el mismo tono —.Tengo que hacer otra llamada, querido. ¿Podrías... borrar ese archivo?&lt;br /&gt;—No hay problema. No me interesa el porno duro.&lt;br /&gt;—No es porno. Es homicidio. O casi.&lt;br /&gt;—Mil disculpas, Cisne. No es un momento para bromas.&lt;br /&gt;—Está bien. Un beso a Rebecca.&lt;br /&gt;—Besos a todos. &lt;em&gt;Shalom.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Shalom&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Mientras Odette extraía cansadamente el CD, Marcel le dijo en voz baja: &lt;br /&gt;—Quiero verlo.&lt;br /&gt;Ella vaciló un instante y se lo dio sin mirarlo. &lt;br /&gt;—La contraseña es...&lt;br /&gt;—De Biassi —asintió mientras se guardaba el CD en el bolsillo. &lt;br /&gt;—Dubois  —Michelon le clavó los ojos de hielo—. ¿Cómo es que usted estaba al tanto de tal cantidad de información y no nos la dio?&lt;br /&gt;—Las carpetas. Las que revisé ayer. Y además... se lo dije a... a Marceau —le echó un vistazo rápido—.¡Me echaron como a un perro del centro de operaciones!&lt;br /&gt;—Muy bien, San Bernardo, siéntese y cuente lo que sabe.&lt;br /&gt;Mientras Marcel se sentaba en el banquillo de los acusados, con Massarino y Michelon mirándolo sombríos, Odette salió del despacho diciendo que tenía que hacer una llamada personal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtS-djHevI/AAAAAAAAApo/I05SEUS-Ogc/s1600-h/Le_Figaro_detournement_d_image1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 307px; height: 353px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtS-djHevI/AAAAAAAAApo/I05SEUS-Ogc/s400/Le_Figaro_detournement_d_image1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362471014351993586" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.lefigaro.fr"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Le Figaro&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario Varza estaba desayunando con su mujer antes de salir hacia la empresa, cuando la mucama les alcanzó el teléfono. Beatrice respondió y le entregó el inalámbrico con expresión furiosa. &lt;br /&gt;—La señora Marceau, señor —le informó la mucama. &lt;br /&gt;La cara de Beatrice era una tormenta de emociones. Mario se levantó y se encerró en el estudio. &lt;br /&gt;—Odette...&lt;br /&gt;—Mario, ¿cómo está?&lt;br /&gt;—Bien, bien, gracias. ¿Usted?&lt;br /&gt;—Bien. Quiero avisarle sobre unas empresas... Tiene acciones de la Trans-Petrol o ComInTel?&lt;br /&gt;—No, no directamente, quiero decir. Algunas de mis subsidiarias...&lt;br /&gt;—¿Y sus operadores de Nueva York?&lt;br /&gt;—Tendría que verificar. Puede ser que sí.&lt;br /&gt;Odette le explicó rápidamente lo que ocurriría en la Bolsa de Nueva York y posiblemente en Londres y Tokio. &lt;br /&gt;—Entonces no nos vamos a quedar atrás —respondió Mario, excitado—. Tengo amigos que invirtieron con ellos, aquí y en Francfort. Vamos a darles por el culo, literalmente.&lt;br /&gt;—¿Al Faid?&lt;br /&gt;—No se preocupe. Yo me encargo de ponerlo sobre aviso.&lt;br /&gt;—Mario, una cosa más— ella vacilaba, cosa extraña— .Hay una firma... de una familia milanesa, Contardi Bozzi; creo que se dedican a artículos de cuero o algo así...&lt;br /&gt;—Equipajes de lujo y esas cosas. La crema de la sociedad, muy nariz parada. Hace un año el viejo Contardi quedó fuera de los negocios por un ataque. Su mujer, &lt;em&gt;donna &lt;/em&gt;Valentina Bozzi in Contardi, tomó las riendas de la empresa y le está yendo muy bien.&lt;br /&gt;—No quisiera que se vieran afectados por la corrida. ¿Puede hacer algo?&lt;br /&gt;—Puedo intentar... ¿Tiene alguna relación con ellos?&lt;br /&gt;—No, nunca tuve contacto personal con ellos... Son parientes de alguien que sí conozco, y... no quisiera que salieran perjudicados.&lt;br /&gt;—Debe de estimar mucho a ese conocido para salvarle el culo a gente con la que no tiene relación.&lt;br /&gt;Intuyó que ella contenía el aire. Finalmente Odette admitió en voz baja: &lt;br /&gt;—Es alguien muy importante... para mí.&lt;br /&gt;Mario sintió un pinchacito de celos en las entrañas. &lt;br /&gt;—Haré lo que pueda por avisarles a tiempo.&lt;br /&gt;—Gracias. Haga saltar a los &lt;em&gt;polentoni&lt;/em&gt; por el aire.&lt;br /&gt;—No sabe con cuánto placer. Hasta pronto.&lt;br /&gt;—Hasta pronto. Un beso a su abuelo.&lt;br /&gt;Mientras él colgaba con una media sonrisa triste, Beatrice se le acercó con los ojos llameantes. &lt;br /&gt;—Era esa puta francesa —siseó entre dientes. &lt;br /&gt;—¿De qué estás hablando?&lt;br /&gt;—¡No te hagas el estúpido! ¡Todo el tiempo llamándola, señora Massarino de aquí, señora Massarino de allá, y ella te devuelve las llamadas! ¡Que se haga llamar Marceau no me va a engañar! ¡Le conozco perfectamente la voz!&lt;br /&gt;Comenzó a entender. Beatrice confundía a Lola Massarino con su hija; la voz de ambas era idéntica. Había notado cómo últimamente se precipitaba a responder las llamadas. &lt;em&gt;Ah, mia divina Beatrice. Sei gelosa&lt;/em&gt;. La miró como si la descubriera por primera vez. &lt;em&gt;No lo puedo creer. ¿De veras te importo tanto?&lt;/em&gt; Un latido de esperanza le sobresaltó el pecho. &lt;br /&gt;—¿No vas a contestarme? —ella pugnaba por no llorar. &lt;br /&gt;Él decidió aprovecharse de la confusión. &lt;br /&gt;—Te acordaste un poco tarde de que tenías un marido de quien ocuparte, ¿no te parece?&lt;br /&gt;Beatrice se cubrió la boca con las manos mientras lloraba en silencio. Mario la aferró por los hombros y la pegó a su cuerpo. La sintió temblar. &lt;br /&gt;—No sabes cuánto me alegra que tomes conciencia de mi persona, Señoría. Deberías saber que no soy hombre de tener amantes. No soy Salvatore. Si me interesara otra mujer, serías la primera en enterarte. Y, sí, agradecería un poco, sólo un poco, de tu ocupadísima y preciosa atención.&lt;br /&gt;La soltó con brusquedad. Beatrice estaba desencajada. Mientras tomaba su portafolio y el abrigo y salía, la oyó llamarlo. &lt;em&gt;No. Tengo que ganar esta batalla y la guerra. Veamos si podemos recuperar lo que perdimos, mia cara. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Michelon vio entrar a Marceau con el rabillo del ojo. Dubois seguía revisando el listado e identificando nombres. Habían hecho llevar las carpetas. Miró el reloj; eran las once de la mañana. &lt;br /&gt;—Va a ser un día muy largo —comentó Marceau, apoyándose contra su escritorio. Se revolvió el pelo y se lo acomodó en su gesto habitual. &lt;br /&gt;—No vamos a tener novedades hasta dentro de seis o siete horas,  por lo menos —asintió Massarino. &lt;br /&gt;—Puede ser que sepamos algo de Milán y Francfort antes— Marceau y Massarino se miraron breve pero significativamente, mientras el comisario hacía un leve gesto de asentimiento. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;El clan de los italianos en acción&lt;/em&gt;, pensó Madame. &lt;em&gt;¿En qué andarán estos dos? Si lo que imagino es aproximadamente cercano a la verdad, los titulares de los diarios de estos últimos tiempos no los sorprendieron del todo. Pero se manejan con cuidado. Nada que pueda perjudicar o complicar a la PJ. En fin, contactos son contactos. Yo también tengo algunos ligeramente reprobables.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Hubo una pausa. La pobre Sully tuvo la mala idea de aparecerse en ese momento, buscando a Marceau. &lt;br /&gt;—Capitán, me están reclamando un expediente, el número... —Archivos a la carga otra vez. Marceau respondió cansada pero gentilmente: &lt;br /&gt;—Está en mi escritorio, Sully. ¿Ya lo buscó ahí?&lt;br /&gt;Sully echó una ojeada rápida. Tenía público. Con una sonrisita cómplice, replicó: &lt;br /&gt;—No es que quiera criticar, pero el orden no es precisamente una de sus virtudes—enarcó una ceja y miró a su público. &lt;br /&gt;Marceau ni siquiera le dedicó una ojeada. &lt;br /&gt;—Mi única virtud, cabo, es reconocer que no tengo ninguna— hizo una pausa para esperar la réplica de la otra, que no llegó—. Ni virtudes... ni virtud. Pero eso usted lo sabe muy bien.&lt;br /&gt;Marceau se volvió para clavarle los ojos de terciopelo. Sully se puso pálida y retrocedió. Dubois cerró los ojos un momento y el gesto le bastó a Michelon para entender unas cuantas cosas e imaginarse el resto.&lt;br /&gt;Marceau se cruzó de brazos y se apoyó contra el sillón de Massarino. &lt;br /&gt;—El expediente que busca es el primero de la pila a la derecha de la pantalla. Si es tan gentil —remarcó las palabras—, devuélvalo a Archivos, por favor.&lt;br /&gt;La cabo dio media vuelta y salió. Parecía a punto de echarse a llorar. Marceau hizo un gesto con la cabeza y miró al techo. &lt;br /&gt;—Necesito tomar un poco de aire —dijo, y tomó el picaporte para salir. &lt;br /&gt;—¿Adónde vas? —Massarino sonaba preocupado. &lt;br /&gt;—A caminar un rato.&lt;br /&gt;—¿Qué.. qué hago con esto? —preguntó Dubois, señalando la revista de historietas. Todavía la tenía en la mano. &lt;br /&gt;—Ilustrarte —fue la respuesta seca de Odette mientras cerraba. &lt;br /&gt;Dubois se quedó mirando la puerta como un chico al que le robaron un juguete. &lt;br /&gt;—"Ranxerox" —murmuró Michelon para sí, mirando la tapa de la revista. Y luego, en voz alta e inocente: —¿Le pasa algo, teniente?&lt;br /&gt;—No.... Sigamos —y Dubois tomó el listado que estaba sobre el escritorio. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;No te pasa nada y yo soy Caperucita Roja. Y Marceau que te regala revistas de historietas para que te "ilustres". &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtVLvz4KOI/AAAAAAAAApw/3-efLgxfACg/s1600-h/Puente+de+L%27Alma.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtVLvz4KOI/AAAAAAAAApw/3-efLgxfACg/s400/Puente+de+L%27Alma.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362473441615685858" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Puente de L'Alma&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Llovizna. Odio los paraguas. Odio mojarme. Odio estar encerrada. Salgamos.&lt;/em&gt; Caminó sin pensar. Sus pies sabían adónde ir. Después de vagar no supo cuánto, llegó al puente de L’Alma. Se acodó sobre el parapeto a mirar el río picoteado por la llovizna que insistía en volverse lluvia.&lt;em&gt; Nunca perdonar, nunca olvidar&lt;/em&gt;. Perdonar, no había perdonado. &lt;em&gt;Olvidar... Aquí hicimos una vez el amor, pero mi piel ya no puede recordarlo. No puedo evocar las sensaciones.... Lo único que tengo es el dolor y la amargura del dolor.&lt;/em&gt; Las lágrimas se le mezclaron con la lluvia. &lt;em&gt;Creí que podía sentirme viva otra vez, pero la desconfianza pudo más. No se pasan años escudada en situaciones ambiguas para protegerse y se sale ilesa cuando se decide cambiar. Menos todavía con alguien como Marcel, que arrastra sus propios terribles fantasmas. Mis fantasmas y los tuyos no se llevan muy bien. Si pudiéramos perdonarnos a nosotros mismos... perdonar lo que la vida nos hizo a los dos... Duele. Me duele tanto, tanto. Creí que no podría sentir tanta angustia otra vez, tanto... ¿amor? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Capitán Marceau?&lt;br /&gt;Se volvió, confundida. Un agente, de patrulla. &lt;br /&gt;—El comisario Massarino pasó un radiomensaje para que la llevemos de regreso, si quiere. &lt;br /&gt;Lo miró sin expresión. El hombre le devolvió la mirada, extrañado. &lt;br /&gt;—Está lloviendo, capitán. ¿No quiere...?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pobre hombre, se está mojando&lt;/em&gt;. Asintió y subió al automóvil en silencio. &lt;br /&gt;—Hace frío —comentó el suboficial al volante. &lt;br /&gt;—Sí, y el río está un poco revuelto.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No está tan mal hablar del clima. Es un tema sociable y neutro. Sin el clima, el noventa por ciento de los ingleses no podría iniciar una conversación. Lo leí en una encuesta en el 'Times'. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—El comisario dijo que si quería la lleváramos a su casa— el agente se volvió para mirarla. &lt;br /&gt;—Muchas gracias, pero no. Volvamos a la Brigada— se estremeció de frío. &lt;br /&gt;Pasó por el baño para tratar de reparar lo irreparable. Se lavó la cara y se secó el pelo con el secamanos. Se maquilló de nuevo. &lt;em&gt;Un desastre. Gracias a Dios no me mojé el vestido. La lana apesta cuando se humedece. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Buscó un chocolate en los cajones de su escritorio. &lt;em&gt;Me estoy muriendo de hambre.&lt;/em&gt; Cuando miró la hora vio que eran casi las cinco de la tarde. &lt;em&gt;Cristo, con razón. Desayuné a las seis y media.&lt;/em&gt; El interno sonó una vez, y saltó sobre él. &lt;br /&gt;—Marceau.&lt;br /&gt;—Novedades. Suba a mi despacho a ver la diversión.&lt;br /&gt;Michelon. &lt;em&gt;Entonces, ¿ya hay noticias?&lt;/em&gt; Salió a la carrera, todavía con una barra de chocolate entre los dientes. Volvió a recoger el resto de la tableta y voló al otro piso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtXvwdJ2MI/AAAAAAAAAp4/8uzdjRYy51U/s1600-h/Martine+Monteil_4.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 218px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtXvwdJ2MI/AAAAAAAAAp4/8uzdjRYy51U/s400/Martine+Monteil_4.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5362476259287357634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por fin estamos adelante nosotros&lt;/em&gt;, Michelon se permitió una sonrisita siniestra. A pesar de las presiones de la UCLAT  y de la UCRAM, que literalmente estaban aporreándole las puertas del despacho para intervenir en el caso. &lt;em&gt;No nos van a quitar el mérito de haber hecho volar por el aire a estos hijos de puta.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Marceau entró en el momento en que el noticiero daba el informe financiero. En la pantalla de la PC podían verse las fluctuaciones de las Bolsas más importantes del mundo. Se miraron rápidamente, se tomaron de la mano por encima del escritorio y escucharon las noticias mientras Internet seguía disparando cifras silenciosas. Las imágenes del televisor mostraban la habitualmente bulliciosa Bolsa de Valores de Nueva York, convertida en un pandemónium de gritos e insultos. Las cifras de Francfort, Londres y Milán llegaron a manos de los periodistas. Le costaba tragar saliva. Miró a Marceau y vio que estaba pálida y tensa como un resorte a punto de ser disparado. &lt;br /&gt;Los periodistas no cesaban de repetir que la situación era inédita: varias empresas internacionales, aparentemente sin relación entre sí, estaban perdiendo cotización en forma abrupta. A primera hora de la mañana la Bolsa de Nueva York se había inundado de vendedores de las acciones de Trans-Petrol y ComInTel. Los valores habían caído a cifras ínfimas. La situación de Tokio era prácticamente la misma, con la diferencia de que allí, en el momento más negativo de la jornada, había aparecido un pool comprador que adquirió varios de los paquetes accionarios en picada por valores irrisorios. Se hablaba de una empresa árabe recientemente asociada con NSI. Se creía que la situación podría repetirse en el resto de los mercados. &lt;br /&gt; —Los tenemos. Por fin —Michelon levantó el teléfono para pedir las órdenes de detención de los directores franceses de la TP y ComInTel y sus subsidiarias—. Debería llamar a los de Delitos Financieros —agregó. &lt;br /&gt; —Como no nos detengan a nosotros... — Marceau la miró de reojo, con una barra de chocolate a medio comer en la boca. Se rieron a carcajadas, aflojando los nervios. Marceau le ofreció una barrita, que la comisario aceptó complacida&lt;br /&gt;  —¡Ah, qué delicia! — se sorprendió Michelon. El chocolate era exquisito. &lt;br /&gt; —Es italiano. Prometo que cuando le regale una tableta no voy a comérmela por el camino.&lt;br /&gt; Saborearon en silencio. Michelon miró subrepticiamente la marca. &lt;em&gt;Tengo que decirle a Laure que lo compre. El sexo y el chocolate son una combinación maravillosa. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Capitán, ¿puedo hacerle una pregunta?... Personal, creo.&lt;br /&gt;Marceau la miró intrigada. &lt;br /&gt;—¿Cómo conoció a Benzacar?&lt;br /&gt;Marceau esbozó una sonrisa triste.&lt;br /&gt; —Su padre era director de orquesta. Como muchos hijos de artistas, Ebenezer viajaba con Ezra y Myriam a todas partes donde actuaran, lo mismo que Auguste y yo. Ezra dirigió muchas veces cuando mis padres bailaban. Con Ebenezer jugábamos detrás de las bambalinas. Es hijo único, así que éramos amigos y hermanos a la distancia. Todos nos encariñamos mucho. Cada vez que Ezra actuaba en Europa, tratábamos de asistir a alguna de las funciones y ellos iban a ver bailar a mis viejos cada vez que podían— Marceau sonreía nostálgica- Ebenezer y Auguste eran muy compinches y se las arreglaban para hacerme la vida imposible, pero era mutuo —rió brevemente—. Myriam quería que su hijo estudiara dirección y composición, pero él tenía tanta vocación por la música como yo por la danza, así que...&lt;br /&gt; —Se dedicó a ser agente de Bolsa —la comisario completó la frase —. Lo de su padre fue terrible.&lt;br /&gt;En el atentado habían muerto cincuenta personas y salido heridas otras ochenta, sin contar con que el teatro había quedado prácticamente demolido desde el foso de la orquesta hacia atrás. &lt;br /&gt;Marceau suspiró y asintió. &lt;br /&gt; —Myriam no pudo recuperarse. Murió cuatro meses después— luego comentó en tono melancólico: — Me degradaron por asistir al funeral de Ezra en Ginebra.&lt;br /&gt; —¿Qué?&lt;br /&gt; —El vuelo de regreso se retrasó y me presenté a tomar mi puesto quince minutos tarde —se encogió de hombros, con una media sonrisa resignada. &lt;br /&gt;Michelon se quedó mirándola en silencio, en tanto que las pantallas del televisor y la PC insistían con las malas noticias para las finanzas. &lt;br /&gt; —Y hoy intercambiaron favores —dijo en voz baja. &lt;br /&gt; —Ojalá nunca hubiéramos tenido que hacerlo —respondió Marceau con voz ronca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; —Laure, necesito el expediente de Marceau.&lt;br /&gt; A los quince minutos su asistente le llevó la carpeta. La comisario rebuscó rápidamente. &lt;em&gt;Acá: hace casi siete años&lt;/em&gt;. El comisario de división era Ayrault. &lt;em&gt;Basura machista pronazi&lt;/em&gt;. Ayrault había sido, reconocidamente, el terror del personal femenino de la Prefectura de París durante años. &lt;br /&gt; —¿De veras no sabías nada? —preguntó Laure con incredulidad.&lt;br /&gt; —En esa época yo estaba en el Ministerio del Interior —respondió la comisario, encogiéndose de hombros con una mueca de desagrado. &lt;br /&gt;Laure se ocupó de ampliar la sucinta información del expediente: &lt;br /&gt; —La degradó y la asignó a Archivos. Dos meses. De uniforme. —Michelon la miraba con la boca abierta. — Después del "período de ablande", intentó poner en práctica la etapa final de su estrategia de seducción y la llamó a su despacho, o sea éste mismo — Laure señaló el suelo con el índice —, pero Marceau apretó el botón de llamada general del intercomunicador y las "propuestas" y amenazas de Ayrault se difundieron por todo el edificio. ¡Un escándalo! No era la primera vez que el comisario acosaba a una mujer, pero fue la última— Laure rodeó el escritorio y sacó el último cajón de la derecha—. Todavía están acá— le mostró el interior con la madera marcada por rayaduras paralelas—. Las marcas en la culata del rifle. Una por cada uniforme.&lt;br /&gt; —¡¿Cómo... cómo lo sabías?! ¡Nunca me dijiste nada!&lt;br /&gt; —Se juntaba en este despacho con un par de secuaces y me pedían estupideces a cada rato para que yo entrara y escuchara todo lo bueno que me estaba perdiendo gracias a mi condición sexual, y cómo el personal femenino de la Prefectura de París hacía cola para encamarse con alguno de ellos. Así me enteré de lo de las marcas... ¡Decía que con las estrellas se había ganado el derecho de pernada!&lt;br /&gt;— Jesús, qué animal... No, es injusto para los animales.  &lt;br /&gt;Laure le besó el cabello. &lt;br /&gt; —Estoy completamente de acuerdo, Claudette.&lt;br /&gt;Volvió al expediente. En dos meses, Marceau había acumulado cuatro veces más sanciones que en los diez años de carrera. Estupideces tales como llevar las jinetas mal cosidas, entregar un expediente desordenado o no hacer la venia ante un superior. A Ayrault lo habían retirado discretamente y a Marceau le habían devuelto el rango, pero no había tenido una sola promoción más. La habían saltado sistemáticamente. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Hijos de puta chauvinistas&lt;/em&gt;. No era justo que Marceau estuviera arriesgando el cuello en la calle. El haberla relegado tanto tiempo era desperdiciar el talento estratégico y la amplitud de visión de una oficial que merecía el comisariato mucho más que un montón de capitostes pomposos como los que pululaban por todas las divisiones de la Policía Nacional. &lt;em&gt;Y el cerdo se está postulando como alcalde en su ciudad de residencia. No vendría nada mal poner al electorado al tanto. Un poquito de reparación histórica... Notable cómo Marceau pudo aguantar a esa rata de Ayrault. Tiene un genio explosivo, pero sabe esperar pacientemente. 'Siéntate a tu puerta y verás pasar el cadáver de tu enemigo', dicen los árabes. No es que se siente, precisamente, pero no se precipita, hasta el momento exacto. Entonces, que se cubran para evitar las esquirlas. Si aprende a dominar un poco, sólo un poco, ese temperamento, será una sucesora magnífica. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—¿Nos vamos? —preguntó Laure. &lt;br /&gt;—Ya es hora. Mañana, la mitad de la Policía Nacional va a estar haciendo cola a la puerta de este despacho y no precisamente con intenciones amorosas— se levantó con cansancio—. Ah, y quiero que Mantenimiento borre las marcas de este cajón.&lt;br /&gt; —Sí, mi comisario —Laure hizo la venia. &lt;br /&gt; —Muy graciosa —y le pellizcó la nariz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-886660968113809661?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/886660968113809661/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=886660968113809661" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/886660968113809661?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/886660968113809661?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/07/la-dama-es-policia-capitulo-29.html" title="La dama es policía - CAPITULO 29" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SmtR03w87pI/AAAAAAAAApg/BRMpsXktMq8/s72-c/quai-des-orfevres+2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DUUDRn8-eCp7ImA9WxJVGE8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-2189363836188294060</id><published>2009-07-05T10:56:00.000-07:00</published><updated>2009-07-05T13:54:37.150-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-07-05T13:54:37.150-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="represión" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="grupos de tareas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="terrorismo" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trata de personas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="desaparición de personas" /><title>La dama es policía - CAPITULO 28</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlECQF9HhzI/AAAAAAAAAoI/NkBf5iQZHGc/s1600-h/egouts.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 266px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlECQF9HhzI/AAAAAAAAAoI/NkBf5iQZHGc/s400/egouts.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355063907419916082" /&gt;&lt;/a&gt; Foto de Flickr: &lt;a href=" http://www.flickr.com/photos/esprit_de_sel/2803384377/"&gt;Esprit de Sel&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SUBURBIOS DE PARÍS, MARTES POR LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Comisario, use la máscara para entrar ahí abajo.&lt;br /&gt;No necesitaba el consejo: el hedor del lugar se estaba filtrando desde el segundo subsuelo por el hueco del montacargas y por la escalera de incendio que rodeaba el hueco. La sorpresa había sido mucho más que desagradable, sobre todo porque las ratas presentaron batalla. Finalmente las combatieron con el método expeditivo del lanzallamas. Cerraron la puerta metálica tan rápidamente como lo permitió la cerradura eléctrica y esperaron a que se extinguiera el fuego, que se demoró sus buenos quince minutos, antes de volver a abrirla. Había olor a cloacas mezclado con el de la carne hedionda y quemada de esos bichos asquerosos, más otro, muy identificable, a cadáveres en descomposición. &lt;br /&gt;Auguste ya conocía al enemigo: había sufrido la presencia ubicua de las ratas durante su infancia en las bambalinas y los sótanos de la Ópera-Garnier. Siempre había un tramoyista persiguiendo a alguna que intentaba comerse las cuerdas de los contrapesos; los vestuaristas se quejaban a la administración del teatro porque cada tanto, los trajes más antiguos aparecían mordisqueados; a pesar de los intentos de exterminio, las chicas gozaban de buena salud y de un increíble poder de recuperación. &lt;br /&gt;Tuvo un encuentro cercano con una de buen tamaño una vez que, aburrido, se escurrió del camarín de sus padres durante un ensayo general. Fue a su lugar favorito, los talleres de escenografía. Tenía muchos amigos entre los escultores, pintores, carpinteros y demás artesanos que trabajaban en el teatro. Era tarde, el taller estaba vacío y subió por la escalera de una escenografía para deslizarse por la balaustrada. Cuando se estaba trepando, un bulto gris chilló delante de su nariz. Saltó por encima de él mientras la cola larga y dura le rozaba la cabeza. Él gritó y salió corriendo aterrorizado; en sus siete años de vida nunca se había enfrentado a un enemigo tan feroz. Tardó bastante en volver de visita al taller, pero tuvo la valentía de no contarle nunca a nadie que había huido frente a una rata. Durante un tiempo mantuvo una conducta tan ejemplar que su madre pensó que estaba enfermo. &lt;br /&gt;Cuando Odette tuvo edad suficiente para acompañarlo en el safari, la llevó a ver la ruta de los bichos y las hileritas de paseantes que hacían equilibrio en la cuerda floja de los contrapesos de los telones. Afortunadamente, su hermana siempre mostró un respeto muy saludable por las chicas, y lo consideraba un héroe por su hazaña contra el rey de los ratones del "Cascanueces", que era casi la versión que le había contado de su encuentro con el peligro. &lt;br /&gt;Para vanagloriarse, también la llevó a conocer al empleado de la empresa de exterminio de plagas. Odette le hizo tantas preguntas que el pobre tipo, aburrido de aguantarlos, rezongó preguntándoles si no serían los hijos del conde Drácula, tanto interés mostraban por las ratas. “No. Somos los hijos del señor y la señora Massarino”, respondió él. El hombre abrió la boca y la cerró con el asombro dibujándole una expresión cómica en la cara. Los hermanos aprendieron muy temprano la importancia de los nombres influyentes. Después, hecho un almíbar de amable, el hombre les dio una de las mejores clases de su vida sobre biología de roedores. Les explicó las costumbres y les mostró las señales del paso de los bichos, dónde dejaban los excrementos, qué comían —prácticamente de todo— y los sitios en los que preferían vivir y anidar; por último les mostró todos los venenos que llevaba. “¿Y si no quieren comerse el veneno?”, insistió la chiquita. “Entonces las corremos con fuego, pero eso es peligroso y sólo puede hacerse en cloacas o lugares que puedan cerrarse, para no dejar salir a las ratas o, peor, propagar el incendio”. Tampoco era cuestión de arrasar París por unas ratas de porquería. &lt;br /&gt;—Comisario, habría que llamar al forense —la voz del oficial salía deformada por el filtro antigás. &lt;br /&gt;—Vino conmigo. Está poniéndose la máscara.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Carajo, siempre creí que los forenses eran capaces de aguantar cualquier cosa.&lt;/em&gt; Los ojos del patólogo, única parte de la cara visible detrás de la máscara, se habían abierto de horror. No era para menos: aquello era un osario. Los hombres recogieron los restos en bolsas de plástico. &lt;em&gt;Gracias al cielo que Odette no está aquí&lt;/em&gt;, pensó Auguste. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlEHqJ3JT6I/AAAAAAAAAoQ/atHFEDGtIQc/s1600-h/corpse.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 240px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlEHqJ3JT6I/AAAAAAAAAoQ/atHFEDGtIQc/s400/corpse.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355069852703346594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué había?— preguntó Marceau a media voz. &lt;br /&gt;—No creo que les guste— Massarino los miró a ambos con una mueca inconfundible. Un par de auxiliares del forense estaban cargando bolsas de plástico negro. Nikolai Paworski miró al comisario y señaló con la cabeza hacia el fondo del pasillo. &lt;br /&gt;—Una auténtica Corte de los Milagros, ¿eh?&lt;br /&gt;Massarino asintió, todavía asqueado y pálido. Ráfagas de hedor trepaban por el hueco del montacargas. Subieron a la planta baja en silencio. Por fin el comisario habló. &lt;br /&gt;—Un minicementerio. Sin demasiados restos, porque las aguas servidas habrán arrastrado la mayor parte y los bichos hicieron lo suyo también.&lt;br /&gt;—Habría que demoler este edificio de mierda hasta los cimientos— dijo el ingeniero sin mirar a nadie. Con lo que había visto con Marceau y Dubois en el pasillo del segundo subsuelo era más que suficiente para tirar abajo todo el lugar. Digna copia de un campo nazi de exterminio resultaron las catacumbas; habían reemplazado el horno por las cloacas. &lt;br /&gt;—Los cimientos... —murmuró Marceau—. Estábamos en los cimientos del edificio...&lt;br /&gt;—Los muros son muy viejos —comentó Massarino, y cruzó miradas con Marceau. &lt;em&gt;Comunicación telepática. Cuando estos dos empiezan a hablar en código Morse, uno se queda indefectiblemente afuera&lt;/em&gt;, pensó Paworski, un poco molesto. &lt;br /&gt;—¿Como las cloacas? —Marceau.&lt;br /&gt;—Más viejos. En esta zona no son tan antiguas —Massarino. Y después de un silencio: —¿Pagaron para que la traza pasara por aquí?&lt;br /&gt;—Qué vecinos influyentes... —acotó Marceau, sombría—. ¿Quién es el verdadero propietario? —y señaló con un movimiento de cabeza a su alrededor. &lt;br /&gt;—Buena pregunta, mejor respuesta.&lt;br /&gt;—Te atrapé, rata— Marceau no se refería a ninguno de los presentes—. ¿Qué tenemos?&lt;br /&gt;—Nada, ni papeles ni escrituras— Massarino negó con gesto torcido —.Los abogados que detuvimos tampoco tenían nada.&lt;br /&gt;—¿Extranjeros?&lt;br /&gt;— Más que una posibilidad. Pero sería peor que buscar una aguja en un pajar.&lt;br /&gt;—¿Ya te diste por vencido?— Marceau azuzó al comisario. &lt;br /&gt;—¿Apostamos? — Massarino levantó una ceja desafiante.&lt;br /&gt;—Pero si los encontramos...&lt;br /&gt;—Nada. Si los encontramos, nada— aclaró Massarino—. Nada de desapariciones.&lt;br /&gt;—Uf…— Marceau echó la cabeza hacia atrás, visiblemente molesta. &lt;br /&gt;—Uf, un carajo— contestó el comisario. &lt;br /&gt;Paworski los miró sorprendido. &lt;em&gt;¿Massarino tratando así a Marceau? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—No quiero movimientos raros. Es una orden.&lt;br /&gt;E indiscutible, o por lo menos eso se desprendía de la expresión y el tono duro del comisario. &lt;br /&gt;—Sí, comisario— Marceau aflojó los hombros y no volvió a replicar. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ésta es buena. Parece que Massarino sabe cuándo aplicar el peso de la autoridad,&lt;/em&gt; el ingeniero sonrió para sus adentros. &lt;br /&gt;—¿Qué es esa cantidad de carpetas que Dubois, Meyer y los otros llevaron a la Brigada?- preguntó Massarino.&lt;br /&gt;El comisario cambió de tema. &lt;em&gt;¿Negociando la paz? &lt;/em&gt;Paworski paseó la mirada de uno a otro mientras ella explicaba. &lt;br /&gt;—Paworski también encontró grabaciones de entrevistas.&lt;br /&gt;—Vamos a tener  unos días  muy entretenidos  cazando ratas  por todo  el  país — Massarino esbozó una sonrisita siniestra.&lt;br /&gt;—Ya lo creo — acotó el ingeniero — A los de la Riviera no va a gustarles nada arrestar a los que los invitan a las fiestas...&lt;br /&gt;—¿Qué tal los próximos titulares de las revistas de actualidad? “Visitamos la elegante celda del barón von Deustche”... “Motín de presos por la falta de champaña en los almuerzos: Exigimos que se nos trate de acuerdo con nuestra clase social”... —Marceau tenía una expresión malévola. &lt;br /&gt;—Abajo el clero y la monarquía— Massarino se rió. &lt;br /&gt;—Viva la Revolución — y se rieron los tres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlERV-38L8I/AAAAAAAAAoY/h1jnFBc62MY/s1600-h/Marcel+y+Nikolai.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 310px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlERV-38L8I/AAAAAAAAAoY/h1jnFBc62MY/s400/Marcel+y+Nikolai.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355080501272784834" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Marcel corrió al gimnasio sólo para encontrar a Paworski que se ejercitaba con unas pesas. A los cincuenta y siete años, el ingeniero conservaba el físico ágil y nervioso de un deportista. Eran bastante más de las siete y media. Sin darse cuenta, Marcel golpeó el marco de la puerta de entrada con el puño. &lt;em&gt;Mierda. Necesito encontrarla, hablar con ella&lt;/em&gt;. Paworski se volvió. &lt;br /&gt;—Se fue hace diez minutos. &lt;br /&gt;No hacía falta que dijera quién. El gesto de contrariedad de Marcel debió de ser tan evidente que, cuando daba media vuelta para irse, Paworski lo llamó. &lt;br /&gt;—Dubois... —hizo una pausa, esperando que lo mirara—. Habitualmente me interesa un cuerno la vida del prójimo, y creo que eso es evidente —el ingeniero sonrió a medias. Marcel lo miró con el entrecejo fruncido.— Pero voy a hacer una excepción. No por usted, sino por Marceau.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿De qué está hablando?&lt;/em&gt; Su silencio invitó al otro a continuar. &lt;br /&gt;—No es fácil trabajar con alguien brillante, más inteligente que uno. Sobre todo si ese alguien es una mujer. Cuando se consigue aceptar ese hecho, trabajar con Marceau constituye un absoluto placer intelectual, del que personalmente disfruto tan a menudo como puedo. &lt;br /&gt;Marcel se quedó sin palabras. &lt;br /&gt;—Placer que, imagino... repito: i-ma-gi-no —remarcó Paworski— sólo debe ser superado por el de llevarla a la cama.&lt;br /&gt;Marcel lo miró con la mandíbula encajada y los puños apretados, pero el otro no se amilanó. &lt;br /&gt;—No cometa el error de subestimarla, Dubois. Sus compañeros anteriores fueron unos imbéciles que, o no soportaron que ella fuera dos pasos delante de ellos, o creyeron que era una muñequita con la que entretenerse en horarios de trabajo.&lt;br /&gt;—Nunca... nunca pensé en ella... de esa forma —. Era cierto. &lt;br /&gt;—Le creo. Segunda advertencia, teniente. No crea en las estupideces que circulan por este lugar. En los años que he pasado aquí, nadie ha podido alardear de haberle tocado siquiera un pelo de la cabeza. Y no sólo eso. Estoy por demás seguro de que ella jamás ha sido ni será la amante, no ya de los que le adjudican de oficio, sino de ningún tipo que camine por la faz de la Tierra,  simplemente porque no es segunda en nada ni de nadie — Paworski hizo una pausa, esperando que asimilara lo que acababa de decir. —¿Sabe? Tiene una voz magnífica. Una vez le pregunté por qué demonios no se había dedicado a la lírica en lugar de venir a hacerse matar en la Brigada. Me respondió que las contralto nunca son &lt;em&gt;prime donne&lt;/em&gt;. ¿Entiende lo que quiero decir?&lt;br /&gt;Marcel bajó la cabeza, atormentado por los recuerdos. Dios, cómo pude... &lt;br /&gt;—Pero... —vaciló. Paworski parecía saber —¿Y... Massarino? —preguntó casi sin voz. &lt;br /&gt;—Observe, Dubois. Aprenda. No sé qué clase de relación tienen pero no es lo que el populacho imagina. &lt;br /&gt;Marcel se sobresaltó pero no abrió la boca. Paworski siguió.&lt;br /&gt;—Es algo mucho más profundo... pero no carnal, no al menos de cuestiones de cama. A veces pareciera que se leen la mente mutuamente, y eso me da escalofríos... Es extraño de entender... pero comparten algo muy íntimo... que no es el dormitorio.&lt;br /&gt;Hicieron un silencio muy largo. Por fin se atrevió a preguntar otra vez. &lt;br /&gt;—¿Por qué me dice todo esto?&lt;br /&gt;Paworski hizo una pausa. Lo miró a los ojos y Marcel reconoció sus propios sentimientos en el otro. &lt;br /&gt;—Porque yo también estuve enamorado de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlES70eP5_I/AAAAAAAAAoo/jA3CNFFEuaA/s1600-h/fax.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 250px; height: 250px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlES70eP5_I/AAAAAAAAAoo/jA3CNFFEuaA/s400/fax.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355082250827327474" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;BUENOS AIRES, MARTES POR LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¡Dame ese fax! —se lo arrancó de las manos con violencia. Ahí estaban. Los nombres, las direcciones. Las fotos. &lt;br /&gt;—¡Pará, boludo! ¡Lo vas a romper! &lt;br /&gt;—¿El tipo quién es? —preguntó el Tigre. &lt;br /&gt;—El comisario que dirigió el copamiento.&lt;br /&gt;—¿Y ella? ¿Es la minita del quía?&lt;br /&gt;—No. Cana también. La hermana.&lt;br /&gt;—¿De quién?&lt;br /&gt;—¡Del comi! ¡Dejame de joder!&lt;br /&gt;Mengele se acercó en silencio, a leer por encima de su hombro. &lt;br /&gt;—Marceau —murmuró ominoso—. Igual que la encomienda.&lt;br /&gt;El Brigadier miró con esos ojos azules terribles. &lt;br /&gt;—¿Qué querés decir?&lt;br /&gt;—Lo que te vengo diciendo desde hace un montón. ¿No te acordás de cuando al Tano lo fueron a ver esos “parientes”? ¿Lo que le habían preguntado?&lt;br /&gt;—¡Carajo, siempre hinchando las pelotas con eso! ¡Pasó hace trece años! ¿Quién mierda...?&lt;br /&gt;—Ella, pelotudo —se le acercó hasta que pudo sentirle el aliento—. Es la mujer. ¿Por qué mierda no leés? —Mengele estaba blanco de rabia. Parecía a punto de pegarle una trompada. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Es cierto. Yegua de mierda, ¿buscás vengar a tu macho? ¿Nos cagaron todo un operativo de años por cargarnos a un cana? &lt;/em&gt;Miró la fotografía.&lt;em&gt; No tiene nada que ver con el tipo. Él tendría arriba de cincuenta si viviera. ¡La puta que la parió! &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Estas fotos son actuales? — el Tigre ocupándose de minucias, como siempre. &lt;br /&gt;—¡Cómo no van a ser actuales! —rugió Mengele. &lt;br /&gt;—Linda, la turra —se miraron con Cachorro—. Che, Mengele, ¿estás seguro de que es la mujer del paquete? Es un poco joven.&lt;br /&gt;—¡Terminen de hablar pelotudeces! — el Brigadier los fusiló de una mirada. &lt;br /&gt;—Cagamos. El jefe está caliente.&lt;br /&gt;—Nos vamos para Lisboa. Vos —al Tigre—, vos —al Cachorro—, el Mula y el Yarará vienen conmigo. Como ordenó el viejo, pero antes vamos a dar un paseíto por Europa. &lt;br /&gt;Hizo una pausa y siguió con el odio tiñéndole la voz. &lt;br /&gt;—Tenemos un fin de semana. No lo voy a desperdiciar. Mengele, vos también. Estamos todos en el mismo barco.&lt;br /&gt;—¿Y si se avivan?&lt;br /&gt;—¡De qué!&lt;br /&gt;—¡De que no fuimos! ¡Las órdenes son estar antes del lunes! —el Cachorro siempre tan obediente. &lt;br /&gt;—Las conexiones con África son una mierda. El Yarará ya se comió sus buenos plantones anclado en Lisboa y Dakkar.&lt;br /&gt;—Seguro, hermano— el Yarará asintió. —Además, es un “toco y me voy”, ¿no, jefe?&lt;br /&gt;El Brigadier lo miró con furia, pero después se rió. &lt;br /&gt;—“Toco y me voy”... Va a ser un poquito más que “toco”...&lt;br /&gt;—¿Qué pensás hacer? —Mengele se cruzó de brazos, con cara de culo. &lt;br /&gt;—Los voy a reventar. A la puta esa y al hermanito.&lt;br /&gt;—Estás pensando en caliente. Eso no sirve, es una pelotudez. No podés pisar la mitad de Europa. Y estás desobedeciendo órdenes directas. &lt;br /&gt;—No me busqués, Mengele.&lt;br /&gt;—No te pongas al viejo más en contra todavía. Bastante quilombo tenemos como para que te dediques a asuntos personales. Ya hablaste con el tira de allá. Dejá que se encargue él.&lt;br /&gt;—¡Es un pelotudo! ¡Un inútil! Hoy, ¿entendés? ¡HOY consiguió todos los datos! ¡Forro! Como no se encargue de los que le tocan a él, lo reviento. Esos canas ya se cargaron prácticamente a todos —bajó la voz, ronco de rabia—. Falta que vengan a golpear la puerta para rompernos el culo en casa. No, macho, los voy a hacer mierda personalmente.&lt;br /&gt;—¿Y vos qué sabés si consiguieron los datos hoy? ¿Te creés que arriba no estaban enterados de quiénes eran?&lt;br /&gt;Lo miró furioso. &lt;em&gt;Sí, el viejo tiene que saber. Guacho de mierda, ¿lo supo todo el tiempo?&lt;/em&gt; La boca se le deformó en una mueca de violencia. &lt;em&gt;¿Y por qué los va a perdonar? ¿Tiene miedo? ¿De quién? Si nadie nos toca el culo. ¿El viejo se volvió cagón? No.&lt;/em&gt; El pensamiento lo azotó como un trallazo. &lt;em&gt;Es un manejo de Ortiz. Negro de mierda, te diste el gusto de ponérmelo en contra. Estás todo el tiempo con él, llenándole la cabeza. Me odiás y yo también te odio. Me quitaste el lugar junto al viejo, pero te voy a devolver el favor. Nadie me va a sacar lo que me pertenece ni decirme lo que tengo que hacer. Voy a arreglar este quilombo, y cuando vuelva, van a saber quién manda. Se terminó Ortiz. Se terminó el viejo&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;La decisión le recorrió el cuerpo con un estremecimiento. &lt;em&gt;Se terminó el viejo&lt;/em&gt;. La sola idea del poder que iba a caerle entre las manos le sacudió la entrepierna. &lt;br /&gt;—Te estás jugando la cabeza por una calentura... —insistió Mengele ante su silencio. &lt;br /&gt;Agarró al doctor del cuello de la camisa y lo sacudió contra la pared. &lt;br /&gt;—¿Qué te pasa? ¿Tenés sangre de pato? Cuando hay que apretar a alguno, mandar a la parrilla, trasladar, cogerse minitas, laburo fácil, ¿eso sí te gusta? ¿Reventar por encargo a periodistas sí te gusta? ¿Y ahora que hay que defender lo nuestro, me decís que estoy caliente? ¡Claro que estoy caliente! —lo sacudió de nuevo—. ¡Muy caliente! ¡Tanto que la puta esa va a maldecir el día en que nació!&lt;br /&gt;Siguió sacudiéndolo y golpeándolo. Para cuando pudieron sacárselo de entre las manos, Mengele estaba muerto. &lt;br /&gt;—Tírenlo por ahí. Total, a este hijo de puta no lo quería ni la familia. Preparen todo. Y ni una palabra del paseíto.&lt;br /&gt;—Sí, señor.&lt;br /&gt;El Tigre le hizo señas al Cachorro. &lt;em&gt;Se acabó la joda. El jefe se calentó en serio.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-2189363836188294060?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/2189363836188294060/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=2189363836188294060" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/2189363836188294060?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/2189363836188294060?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/07/la-dama-es-policia-capitulo-28.html" title="La dama es policía - CAPITULO 28" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlECQF9HhzI/AAAAAAAAAoI/NkBf5iQZHGc/s72-c/egouts.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEIDQ3o-fSp7ImA9WxJVGEw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-6470852316246135322</id><published>2009-06-28T16:25:00.000-07:00</published><updated>2009-07-05T10:56:12.455-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-07-05T10:56:12.455-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="archivos secretos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="asesinatos" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trata de personas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="pruebas" /><title>La dama es policía - CAPITULO 27</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlDhZFbBCkI/AAAAAAAAAnw/yufHvkdtoWM/s1600-h/image1-2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 310px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlDhZFbBCkI/AAAAAAAAAnw/yufHvkdtoWM/s400/image1-2.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355027778011990594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SUBURBIOS DE PARÍS, MARTES POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué es este lugar? — dijo Odette para sí. &lt;br /&gt;La habitación era espléndida, en contraste con la sobriedad espartana del resto del edificio. Tuvo una sensación desagradable y desabrochó la cartuchera. &lt;em&gt;Mejor estar prevenida&lt;/em&gt;. Detrás de ella, Marcel respondió a su pregunta. &lt;br /&gt;—La “sala de audiencias”, por ponerle un nombre. Acá me entrevistaron cuando me admitieron.&lt;br /&gt;Lo miró por encima del hombro. &lt;em&gt;Lo último que quiero es estar a solas con él. Y menos en este lugar de mierda.&lt;/em&gt; Se alejó hacia las paredes para recorrer el perímetro de la habitación y al cruzar delante de uno de los paneles de boiserie, tuvo una sensación rara. &lt;em&gt;Aire frío. Esta habitación no tiene ventanas&lt;/em&gt;. Retrocedió. Le hizo un gesto imperioso a Marcel, que trataba de hablarle. Se pegó a la pared y pasó varias veces la mano por delante de las molduras. &lt;em&gt;Definitivamente, una corriente de aire.&lt;/em&gt; Caminó hacia atrás, al centro de la habitación, y le hizo señas a Marcel para que se acercara. Detrás de él ahora había otros dos hombres, también en silencio. &lt;br /&gt;—¿Hay otra puerta? — le susurró al teniente. &lt;br /&gt;Él se encogió de hombros. Fue otra vez hacia la pared, con Marcel respirándole en la nuca. Recorrió las molduras mientras la anticipación le batía el pecho. Tres muescas seguidas. Para una mano más grande que la suya. Giró para hacerles señas a los otros de que se pusieran a cubierto. Marcel y ella se pegaron uno a cada lado del panel y, anticipándose a su gesto, el teniente indicó a los que estaban detrás que apagaran la luz. &lt;em&gt;Bien hecho, Cro-Magnon.&lt;/em&gt; Apretó los dientes. Se miraron y sacaron las armas en silencio. Movió la cabeza para la cuenta de tres y apretó las muescas. La puerta se soltó silenciosa y del otro lado terminaron de abrirla violentamente, al tiempo que disparaban en la oscuridad. Ellos tenían por el momento la mejor posición, porque desde el otro lado llegaba una luz clara que les permitió ver al tipo una fracción de segundo antes. &lt;br /&gt;El otro tenía reflejos de cobra. Retrocedió por el túnel disparando y giró para escapar, con la ventaja del que conoce el terreno. Marcel la empujó a un lado y corrió detrás del hombre. &lt;br /&gt;—¡Vamos! —Odette hizo una seña con el arma, y los otros dos oficiales la siguieron al túnel. Dejaron de oir disparos. En un recodo tropezó con un cuerpo tirado en el suelo. Se agachó a mirar y distinguió a Marcel. Se le estrujó el estómago. &lt;br /&gt;—¡Dubois está herido! —gritó, saltando por encima del cuerpo del teniente.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Hijo de puta, te voy a destrozar en cuanto te alcance! &lt;/em&gt;Mientras corría alcanzó a ver dos bultos a contraluz. Estaban saliendo. Disparó tres o cuatro veces y oyó un aullido de dolor. Del otro lado había gente gritando. &lt;em&gt;¡Son los nuestros!&lt;/em&gt; Llegó hasta el hombre, que trataba de manotear el arma; pateó la pistola lejos de él y lo encañonó. Del otro lado del corredor entraron dos uniformados con linternas. Mientras esposaban al tipo y lo sacaban a la calle, alguien le tocó el hombro. Marcel. &lt;br /&gt;—¿Estás bien? — preguntó Odette casi sin voz. &lt;br /&gt;—Había dos. El otro estaba esperando en el recodo y me golpeó. &lt;br /&gt;Marcel tenía un raspón bastante grande en la sien. Odette dio media vuelta y salió para que él no la viera respirar con alivio. Gracias a Dios la prioridad de los tipos era salir de ahí. En la calle estaban subiendo a un suboficial a una ambulancia, herido en el hombro. &lt;br /&gt;—Se metió en un auto y escapó, capitán —le dijo el hombre cuando se acercó. Podía oír las sirenas. Se aproximaron a ver al herido en la pierna, antes de que lo cargaran en otra ambulancia. &lt;br /&gt;—D’Ors —dijo Marcel con rabia contenida. &lt;br /&gt;El otro volvió la cabeza.&lt;br /&gt;—De Biassi... un cana...—el tipo mordía las palabras. —...Y esa puta... —la miró y al reconocerla abrió mucho los ojos. —¡La monja!... Tendría que haber... dejado que Hamad te la diera en el camión...&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El levantador de pesas.&lt;/em&gt; Odette tuvo que hacer un esfuerzo para guardar el arma. Marcel, pálido de furia, avanzó un paso hacia la camilla. Lo retuvo mientras cerraba los ojos. &lt;br /&gt;—Lo necesitamos vivo —siseó—. Y si alguien vuelve a llamarme “puta”, lo dejo hecho un despojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlDnzelapKI/AAAAAAAAAoA/nHWcac-SmYw/s1600-h/Dan+Beamish_6.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 226px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlDnzelapKI/AAAAAAAAAoA/nHWcac-SmYw/s400/Dan+Beamish_6.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355034828512863394" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Ing. Nikolai Paworski&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Lo perdimos, teniente —el suboficial del patrullero le avisó a Marcel —. Encontramos el automóvil abandonado en un callejón.&lt;br /&gt;Habían recorrido los edificios cercanos, pero nadie había visto nada. Marcel apretó los dientes. ¿Quién mierda sería el otro? Alguien tan peligroso como D’Ors, posiblemente Hamad. Volvió a entrar, esta vez por el corredor. En el encuentro con la “sala de audiencias” había otra puerta. Oyó voces y se detuvo antes de entrar. &lt;br /&gt;—¿Pudieron sacarle algo a Savatier? —preguntó alguien. Un hombre. &lt;br /&gt;—Nada importante. Es un segunda línea —respondió una mujer en tono seco: Odette. &lt;br /&gt;Se asomó. Ella estaba de espaldas a la puerta y no lo vio. La habitación era una sala de monitoreo con cuatro pantallas y equipo de circuito cerrado. Paworski en persona estaba operando las consolas y verificando las cámaras. &lt;br /&gt;—¿Y Beaumont? —volvió a preguntar el ingeniero y ella se encogió de hombros. —Ah, cierto, todavía no puede hablar. &lt;br /&gt;Después de unos momentos mientras Odette hojeaba algo, Paworski continuó: &lt;br /&gt;—Savatier, Beaumont, ¿quién más? —no esperó respuesta. —Estaba de muy mal humor... ¿Tuvo un mal fin de semana? —Paworski sonrió irónico y al ver a Marcel le hizo señas para que entrara. &lt;br /&gt;Odette se volvió con unos papeles en la mano y lo vio. Marcel se quedó con la boca seca al enfrentarla. Desviando la mirada, ella respondió: &lt;br /&gt;—Digamos que el balance no fue muy positivo —cambió rápidamente de tema. —¿Encontró algo?&lt;br /&gt;La delicadeza de ella al responder a Paworski lo hizo sentir un insecto. Hubiera querido disculparse a los gritos. &lt;em&gt;¿Qué mierda tiene que hacer Paworski en este lugar? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Las paredes del cuarto estaban cubiertas de cajones de archivo con carpetas, varias de ellas abiertas. D’Ors y el otro habían ido a robar esos papeles. Odette estaba revisando algunas de esas carpetas y le alcanzó una. &lt;br /&gt;—¿Te resulta conocido? —le preguntó mientras hojeaba otro expediente, sentada sobre una mesita junto a las pantallas. &lt;br /&gt;Marcel abrió la carpeta: sus propios antecedentes. Los papeles y cartas con que se había presentado en la Orden. Paworski comentó: &lt;br /&gt;—Tengo imágenes. &lt;br /&gt;Se acercaron a las pantallas.  Era la entrevista que  Marcel había  mantenido con Jacques. &lt;br /&gt;—¿Qué sentido tendría grabar las entrevistas? —preguntó el ingeniero. &lt;br /&gt;—Estudiar al sujeto más a fondo, imagino. Porque seguramente alguien se sentaría de este lado a obervar —respondió Odette, y extendió la mano hacia él—. Dame tu carpeta. Quizás haya algo registrado después de esa entrevista.&lt;br /&gt;Se la entregó y ella pasó rápidamente las hojas. &lt;br /&gt;—Acá —se detuvo a leer. —La fecha... Kolya, ¿hay fecha registrada en el video?&lt;br /&gt;A Marcel le dolió que ella llamara al otro por su diminutivo. El ingeniero verificó en los equipos. &lt;br /&gt;—La grabación de Dubois fue, a hoy... hace tres... casi cuatro semanas.&lt;br /&gt;—Bien, coincide —ella siguió. —Qué increíble... —dejó la carpeta sobre un monitor y con la mano ocultó una media sonrisa irónica. &lt;br /&gt;—¿Qué increíble qué? —preguntó Paworski, mientras Marcel tomaba los papeles y los hojeaba. Al llegar a la página que Odette acababa de leer, dio un respingo. &lt;br /&gt;—Cristo.&lt;br /&gt;—¿Qué increíble qué? —repitió el otro, intrigado. &lt;br /&gt;Odette se bajó de la mesa y, mientras salía, comentó: &lt;br /&gt;—Que a Dubois lo salvaran los Murati. —Desde la puerta les dijo: —No cierren ningún cajón de los que abrieron esos dos.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Los Murati de mierda me salvaron el cuello. &lt;/em&gt;Ella me salvó el cuello al insistir en que no fumara Gauloises. &lt;br /&gt;—Dubois, mire.&lt;br /&gt;Las pantallas mostraban celdas. El ingeniero movió otro dial y apareció una de las salas con la grilla metálica. Se veían trozos de vidrio en el suelo. La imagen cambió a diferentes ángulos y se acercó y alejó alternadamente. &lt;br /&gt;—¿Qué harían allí? —murmuró. Marcel tragó saliva. ¿En ese lugar obtenían los audiovisuales de Vaireaux? &lt;br /&gt;—Atrocidades —fue lo único que pudo articular. &lt;br /&gt;En ese momento, Odette regresó con dos hombres. Uno de ellos cargaba dos cajas grandes. &lt;br /&gt;—Strauss —le ordenó al suboficial que llevaba las cajas—, tome todas las carpetas que están en los cajones abiertos y guárdelas por separado. No quiero que se mezclen con las otras.&lt;br /&gt;—Sí, capitán —Strauss se puso a trabajar. &lt;br /&gt;—¿Qué buscamos? —preguntó Marcel. Estaba decidido a no permitir que ella lo excluyera. &lt;em&gt;Carajo, estamos trabajando juntos en esto&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—A quiénes querían salvarle el culo D’Ors y el otro —fue la respuesta seca—. Teniente Meyer, cuando Strauss termine, recoja las demás carpetas. Están ordenadas alfabéticamente. Divídalas entre usted y otros dos o tres. Separen a los franceses de los extranjeros; verifiquen si los extranjeros tienen pedido de captura, ya sea de Interpol o de algún país en particular. Con los franceses, el procedimiento de rutina. Informen a la Gendarmería. Muchos deben de estar bajo un alias. Trabajen con las fotografías. Investiguen también a los... ¿cómo les llamaban? —le lanzó una  mirada rápida. &lt;br /&gt;—Representados.&lt;br /&gt;—Eso. Sobre todo a ellos... Son casi más importantes que los amigos de Dubois...&lt;br /&gt;—No son mis amigos... — Marcel se molestó. &lt;br /&gt;—Es una forma de decir... Meyer...&lt;br /&gt;—No me gusta —la interrumpió Marcel. Ella contuvo un gesto de disgusto y Paworski se volvió hacia las pantallaspara que no lo viera contener una sonrisita. Meyer los miraba con cara de “mejor vuelvo más tarde”. Marcel cayó en la cuenta de que se estaba comportando como un cretino y cerró la boca. &lt;br /&gt;—No quise ofenderte — Odette se disculpó  secamente y continuó sin mirarlo: — Meyer, con respecto a estos últimos, verifique los nombres con los del listado de propietarios de cruceros que tiene Massarino. Ahí figuran los puertos donde amarran habitualmente —miró el reloj. —Si nuestra maravillosa red de comunicaciones no está ya fuera de servicio, por favor pase la información y que no permitan que ninguno zarpe ni efectúe operaciones de carga o descarga. Deberíamos librar las órdenes de requisa y arresto lo antes posible.&lt;br /&gt;—Eso puede provocar un incidente internacional —intervino Paworski—. ¿Qué pasa si no encuentran nada en bodega? Además, a los chicos de la Riviera no les gusta que los de la Prefectura de París les demos órdenes.&lt;br /&gt;—Con la información que escupió el centro de cómputos de la Orden alcanza para encerrar a la mitad del jet set naviero por tráfico de armas y estupefacientes —respondió ella en tono apenas sarcástico—, y si eso no basta a los elegantes y respetuosos oficiales que se ganan tan duramente la vida en la Côte d’Azur, los miembros del &lt;em&gt;tout Monte Carlo &lt;/em&gt;son sospechosos de homicidio.&lt;br /&gt;—¿Homicidio? —Meyer estaba sorprendido. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por supuesto. No está al tanto de todas las actividades de la Orden&lt;/em&gt;, recordó Marcel. Intervino, en parte para disculparse con Odette. &lt;br /&gt;—Mis “amigos” se dedicaban también a la trata de blancas —aclaró—, para una clientela muy selecta y que pagaba increíblemente bien por el servicio exclusivo.&lt;br /&gt;—Pero entonces... las mujeres... ¿no podrían estar vivas en alguna parte? — Meyer los miró a Odette y a él. —En ocasiones... ya saben, las llevan y las encierran en... no sé... para... —la frase le estaba costando. —...usarlas... varias veces... Perdón, capitán. —el teniente casi se sonrojó. &lt;br /&gt; —No, viejo. Están muertas —Marcel inspiró para tomar coraje y decir lo que seguía. —Era lo que aseguraba la continuidad del negocio. Ninguno las mantenía con vida por más de... una o dos semanas. —Odette miraba el piso, los brazos cruzados sobre el estómago. —Un tipo que paga por vírgenes no se interesa en las que dejaron de serlo...&lt;br /&gt; Se quedaron todos callados, mirando a cualquier parte. &lt;br /&gt; —¿Cómo obtuviste esa información? &lt;br /&gt;Marcel levantó la vista hacia Odette, que había hecho la pregunta. &lt;br /&gt; —Jacques me lo dijo.&lt;br /&gt; —¿Jacques?&lt;br /&gt; —Lo viste en la grabación; el tipo que me entrevistó. —Ella asintió. —Creo que le había caído bien... —se quedó pensativo; los demás esperaron a que continuara. —Parecía militar, o al menos tenía toda la actitud física, la forma de expresarse, de dar las órdenes... Supongo que por esa razón mi cobertura como ex Casco Azul funcionó bien... Me pareció que le gustaba... En una ocasión me preguntó con qué frecuencia yo estimaba que Al Faid utilizaría el “servicio”, para programar las selecciones... y luego hizo ese comentario de las dos semanas...&lt;br /&gt; Buscó nervioso un Gauloise y se demoró en encenderlo. Cuando miró por encima de la llama del encendedor, Odette tenía un puño apretado contra la boca y la mirada perdida. Meyer y Paworski guardaban un silencio ominoso y, más atrás, Strauss había dejado de simular que ordenaba las carpetas para parar las orejas. &lt;br /&gt; —O sea que las cinco mujeres que se rescataron... —Paworski no terminó la frase. &lt;br /&gt; —Son las únicas que sobrevivieron —el Gauloise le tembló en la mano —.Nunca las vi mientras estuve aquí dentro. No sé qué harían con ellas, pero supongo que... sería muy... violento.&lt;br /&gt; —De acuerdo con las denuncias de desaparición que conocemos y los registros que encontramos aquí, asesinaron a más de noventa religiosas —la voz de Odette era un murmullo. &lt;br /&gt; —¿Religiosas? —susurró Paworski. &lt;br /&gt;Marcel levantó la cabeza; el ingeniero estaba desagradablemente asombrado y paseaba la mirada de a Odette a él. Paworski estaba completando el rompecabezas del operativo con información fresca. &lt;br /&gt; —Monjas y novicias. Más o menos jóvenes, más o menos bonitas. Todas vírgenes —aplastó el cigarrillo con saña mientras terminaba la frase. Hubo un silencio largo y pesado. &lt;br /&gt; Repentinamente un bulto gris se disparó entre los pies de todos. Odette se sentó de un salto sobre una mesa, con una exclamación. Strauss dio un paso hacia atrás con un insulto. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlDjRwvx93I/AAAAAAAAAn4/GvcChFTLQBA/s1600-h/ratas_1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 280px; height: 216px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlDjRwvx93I/AAAAAAAAAn4/GvcChFTLQBA/s400/ratas_1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5355029851226109810" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; —¡Carajo, una rata!&lt;br /&gt; Afortunadamente, el animal estaba más impresionado que ellos, porque salió huyendo por la sala de audiencias hacia el corredor principal. &lt;br /&gt; —¿De dónde salió? —Meyer estaba más asustado de lo que su tamaño podría dejar imaginar. Parece que es cierto eso que los elefantes se asustan de los ratones. &lt;br /&gt; —No sé.  —Strauss estaba pálido.  —Dios,  y yo estuve tocando estos papeles... —puso cara de repugnancia. —De ahí abajo, creo —dijo, señalando los cajones cercanos al suelo. &lt;br /&gt;Odette bajó de la mesa, se acercó a los archivos, sacó dos o tres carpetas y las revisó; luego sacó el cajón. &lt;br /&gt; —Está limpio.&lt;br /&gt; —¿Limpio? —preguntó Strauss. &lt;br /&gt; —No hay excrementos y los papeles no están mordisqueados. La madera tampoco. No tuvo tiempo de comer —quedó pensativa. —El bicho vino de otra parte.&lt;br /&gt; —De la calle, seguramente —Meyer seguía asustado. &lt;br /&gt; —No. Corrió hacia el otro lado. Estas chicas recorren siempre el mismo camino.&lt;br /&gt; Marcel siguió a Odette hasta la sala de audiencias, y la vio revisar el escritorio. &lt;br /&gt; —¿Ves? —le mostró ella mientras, acuclillada, examinaba la alfombra —.Está todo sano. Si los bichos anduvieran habitualmente por estos sitios, habría marcas en la madera, o habrían comenzado a roer la alfombra.&lt;br /&gt; —Qué grandes conocimientos de zoología —se burló Marcel—, o más bien de “ratología”.&lt;br /&gt; Odette abrió la boca, seguramente con toda la intención de decir algo mordaz, pero se contuvo y continuó con el mismo tema, en tono de voz contenido. &lt;br /&gt; —Esa rata estaba muy bien alimentada. Tenía casi el tamaño de un gato.&lt;br /&gt; Marcel se acercó y, mientras ella se ponía de pie, no pudo evitar hacer el comentario. &lt;br /&gt; —Con tu tamaño, todas las ratas deben de parecer gatos.&lt;br /&gt; Ella no se molestó en volverse. &lt;br /&gt; —Dubois —y lo hizo sonar como sinónimo de “idiota”—, evidentemente, la falta de oxígeno en el aire a “tu” altura afecta el funcionamiento cerebral.&lt;br /&gt;Dubois, podrías haberte ahorrado el papelón. Ella salió sin dignarse a mirarlo y se asomó al corredor. Él la siguió como un perro. &lt;br /&gt; —Me porté como un imbécil —susurró con voz compungida. &lt;br /&gt; —Ya me di cuenta. ¿Adónde va esa escalera? —le preguntó secamente. &lt;br /&gt; Él agradeció la tregua. &lt;br /&gt; —Arriba, a los dormitorios y al gimnasio. Abajo, al comedor, las cocinas y el montacargas que lleva a los subsuelos.&lt;br /&gt; —Vamos a ver.&lt;br /&gt; —Odette, ya revisamos todo el edificio.&lt;br /&gt; —Y hasta ahora no habían encontrado ratas...&lt;br /&gt; —¡No! ¿Qué mierda te importa una rata? —los putos bichos lo estaban poniendo nervioso. &lt;br /&gt; Paworski se había asomado y los había seguido. Se está divirtiendo a mi costa, carajo. &lt;br /&gt; —Teniente, creo que entiendo lo que Marceau quiere decir.&lt;br /&gt; Los dos miraron al ingeniero, que se acercó mientras explicaba: &lt;br /&gt; —Cuando uno vivió su infancia en medio de la guerra, aprende que donde hay ratas posiblemente haya algo para comer. No siempre del agrado de uno, claro. Ya sabe, estos bichitos comen cualquier cosa.&lt;br /&gt; —Entonces están en las cocinas...&lt;br /&gt; —Marcel, dijiste que no encontraron nada cuando inspeccionaron el lugar. Y seguramente había comida todavía. —Él asintió. —Y chocolate por todas partes. Entonces, si hay comida decente, y el olor del chocolate que debería volverlas locas, ¿por qué mierda esos bichos no aparecieron hasta hoy? ¿No será que tendrían algo mejor que comer?&lt;br /&gt; La miró y entendió. Dios, no. &lt;br /&gt; —¿Cuántos subsuelos tiene el edificio?&lt;br /&gt; —Hay nada más que dos.&lt;br /&gt; —Entonces —comentó Paworski— el segundo debe de estar al nivel de las cloacas de esta zona. No es raro que haya ratas del tamaño de gatos. Podría haberlas del tamaño de focas, por lo que sé.&lt;br /&gt; —Vamos. Quiero ver el lugar —insistió Odette. &lt;br /&gt; Salieron del montacargas al corredor que daba a las salas con frente vidriado. No pudo evitar el escalofrío. Un portón metálico cerraba el otro extremo. Una botonera con un par de teclas, una roja y la otra verde, permitía la apertura y el cierre. Entraron en silencio, y el olor a humedad y rancidez les azotó el olfato. &lt;br /&gt; Era un pasillo estrecho, escasamente iluminado con tubos fluorescentes. Apenas se  entraba había una habitación sin puerta, con un tablero eléctrico, un escritorio grande y sillas. A lo largo del pasillo se alineaban puertas metálicas con una ventanita en cada una. Una puerta ciega de mayor tamaño cerraba el final del corredor. El conjunto era lúgubre. &lt;br /&gt;Paworski se acercó al tablero y accionó unos interruptores. Una de las puertas del pasillo se abrió. El interior era un cubículo ínfimo y sin iluminación. El olor a humedad era más fuerte todavía en el interior, mezclado con otros que le agredieron los sentidos. Olor a orina y a fluidos humanos en descomposición. Casi tuvo una arcada. Cuando miró otra vez al interior, Odette estaba parada en medio de la celda, con la mirada perdida. &lt;br /&gt; —Por favor, no te quedes ahí —dijo Marcel, sin poder evitar otro acceso de asco. &lt;br /&gt; Ella estaba de espaldas cuando le respondió en voz baja y entrecortada: &lt;br /&gt;—Estuve aquí... —continuó casi en un murmullo—. No podría olvidar el olor en toda mi vida...  —recorrió el cubículo en tres pasos. — Pobres mujeres...  pobrecitas...  —salió rápidamente, evitando mirarlo. &lt;br /&gt; Él tardó unos segundos en digerir la frase. Cuando giró hacia ella, Odette estaba de cara a la pared, con los brazos cruzados fuertemente y la frente apoyada en el muro húmedo.  &lt;br /&gt; —Mi Dios... —la comprensión lo horrorizó. —Odette, vámonos de este lugar.&lt;br /&gt; —Todavía no... —ella inspiró para recuperar el control. &lt;br /&gt; —¡Dubois, Marceau, miren! —los llamó Paworski, que se había quedado manipulando el tablero—. Es el mismo sistema de apertura y cierre de puertas que en las prisiones— accionó varios interruptores y las puertitas del pasillo se abrieron y cerraron. Lo mismo el portón que separaba ese sector del resto del segundo subsuelo. —Y, miren, las paredes de las puertas son de construcción bastante más reciente que el resto.&lt;br /&gt; —¿Nunca estuviste en este sector? —insistió Odette, que había recuperado la compostura y estaba prestando suma atención al lugar. &lt;br /&gt; —No. Bajé una sola vez a este subsuelo.&lt;br /&gt; —Dos.&lt;br /&gt; —Bueno, sí. Dos veces —la carrera furiosa hasta la salida le saltó a la memoria. —Ahora vámonos.&lt;br /&gt; —No. Quiero ver qué hay detrás de esa otra puerta —y se alejó hacia el otro extremo del pasillo. &lt;br /&gt; —¡Es una locura! Si hay ratas, no las quiero sueltas por acá. Basta. ¡Subamos!&lt;br /&gt; La tomó por un brazo y ella se volvió, la mano libre describiendo un arco que él adivinó dónde terminaría. Le sujetó la mano y se miraron rabiosos. &lt;em&gt;Caprichosa de mierda.&lt;/em&gt; Apretó sus manos alrededor de las muñecas de ella y tiró atrayéndola hacia sí. &lt;em&gt;¿Ves qué frágil puede ser una mujer?&lt;/em&gt; Paworski habló desde adentro de la habitación con el tablero de mandos. &lt;em&gt;Carajo, me olvidé de que estaba ahí.&lt;/em&gt; Marcel tragó saliva y la soltó; si las miradas asesinaran, él ya estaría degollado. &lt;br /&gt; —Dubois tiene razón. Déjese de estupideces, Marceau y salgamos de aquí — Paworski terminó la frase mientras se asomaba.— Además, nuestras vecinas ya abrieron una vía de escape por alguna parte en este sitio. Son mejores que un batallón de ingenieros para eso. La visitante que vimos podría querer traer refuerzos.&lt;br /&gt; Por una vez, Marcel agradeció la interrupción. Odette los miró a los dos y apretó los dientes. &lt;br /&gt; —Tenemos pruebas concretas de que aquí también asesinaron a varias mujeres. Por lo menos a veinticuatro. Si lo que creo es correcto, hubo hombres entrenados por la Orden que no cumplieron con lo que se esperaba de ellos, y también los eliminaron.&lt;br /&gt; —Y si las cloacas y los bichos están tan cerca... no hace falta preocuparse demasiado por los cadáveres —la idea era tan repugnante que le retorció el estómago. &lt;br /&gt; —Bravo, Dubois, te despertaste. Buenos días. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;No te ibas a perder la ocasión de ser sarcástica, capitán.&lt;/em&gt; Tuvo ganas de estrangularla. &lt;em&gt;Ella también debe de tener las mismas ganas, así que estamos a mano. Paworski debe de estar pasándola en grande a costillas de los dos.&lt;/em&gt; Milagrosamente, Paworski decidió actuar como mediador en el conflicto. &lt;br /&gt; —Les propongo algo: vamos a buscar a nuestra gente arriba y que se ocupen de revisar este subsuelo. Hay un interruptor en el tablero que abre la puerta grande del fondo. No quisiera estar aquí cuando la abran, y sugiero que se ocupen los bomberos. Ellos se las arreglan mejor con las cloacas, las ratas y todo lo otro que puedan encontrar. &lt;br /&gt; Gracias a Dios, Odette estuvo de acuerdo. Segunda tregua del día. &lt;br /&gt; Volvieron a la sala de monitoreo y Odette salió a pedir los efectivos que necesitaban. Él y Paworski pusieron a Meyer y a Strauss al tanto de lo que habían encontrado. Odette regresó a los diez minutos. &lt;br /&gt; —Una unidad vendrá en una hora. Vamos a ver qué encuentran. &lt;br /&gt; —Capitán —interrumpió Strauss—, terminé con esto. Son veinticinco carpetas.&lt;br /&gt; Odette le sonrió con desarmante gentileza. &lt;br /&gt; —Gracias por esperarme, Strauss. Déjelas aquí, por favor. ¿Puede ayudar a Meyer a llevar las otras? —Strauss asintió. Parecía encantado de complacerla. &lt;br /&gt; Odette se volvió hacia Meyer. &lt;br /&gt; —Teniente, muchas gracias también a usted.  —El otro  sonrió de oreja  a oreja. —Ya mismo llamo al comisario Masarino para que le facilite gente que lo ayude. Es mucho trabajo —volvió a sonreír, y a Meyer se le iluminó la cara. &lt;br /&gt; —Sí, señora.&lt;br /&gt; &lt;em&gt;No puedo creerlo. Es la primera vez que veo que alguien está encantado de tener que revisar casi doscientos expedientes&lt;/em&gt;, pensó Marcel. &lt;br /&gt; Antes de que se fueran Meyer y Strauss, Odette volvió a preguntar: &lt;br /&gt; —Meyer, ¿encontraron algo referido al envoltorio del chocolate?&lt;br /&gt; —Tenía razón, capitán: es una falsificación. Las partidas y los códigos de barras son falsos, y las tintas usadas para estampar el papel de las etiquetas no son las que emplea el fabricante en Suiza.&lt;br /&gt; —Por supuesto. El chocolate no es suizo. Es italiano.&lt;br /&gt; —¿Cómo lo supo? ¡Laboratorio no tuvo los resultados hasta esta mañana!&lt;br /&gt; —No necesito un laboratorio para distinguirlos. ¿Identificaron a los proveedores de papel y tinta? ¿La imprenta?&lt;br /&gt; —A todos. Massarino libró las órdenes de detención.&lt;br /&gt; Ella asintió. &lt;br /&gt; —Tan pronto como localicen al fabricante del chocolate, den parte a la policía italiana.&lt;br /&gt; —¡Pero, capitán! ¿Cómo va a arreglarse Laboratorio para identificar la procedencia? ¡Debe de haber decenas de fábricas!&lt;br /&gt; —Mmm, no tantas, pero cada una elabora una variedad diferente —hizo un gesto de comprensión. —Veamos... vamos a aliviarle la tarea a Laboratorio... —anotó una dirección en un papel —Aquí venden todas las variedades que puedan desear. Que compren los de procedencia italiana y los comparen... antes de comerse toda la evidencia —y sonrió con una ceja levantada. &lt;br /&gt;Meyer se rió tímidamente y Strauss enrojeció con una graciosa expresión culpable, mientras decía: &lt;br /&gt; —Es muy buen chocolate, señora.&lt;br /&gt; —Ya lo sé, y me temo que me lo voy a perder los próximos años, salvo que permitan elaborarlo en la cárcel...&lt;br /&gt; Todos rieron agradeciendo el momento de distensión. Marcel se sorprendió pensando en el manejo firme pero sutil que ella tenía para lograr que los demás hicieran lo que les pedía. &lt;em&gt;Una gentileza que desarma, un glaciar cuando hace falta. Podría aprovechar que le mejoró el humor, presentar bandera blanca y parlamentar. Ese subsuelo de mierda nos alteró demasiado. Tendría que conseguir que el pesado de Paworski desapareciera...&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Pero cuando Meyer y Strauss se fueron, hizo la peor pregunta del día. &lt;br /&gt; —Odette, ¿para qué dejaste éstas ahí? —señalando la caja con las carpetas que había reunido Strauss. &lt;br /&gt; —Tarea para el hogar. Son todas tuyas.&lt;br /&gt; —¡Pero...!&lt;br /&gt; —Son nada más que veinticinco. Meyer se llevó doscientas. Veinticuatro, descontando la tuya. Conocemos tus antecedentes —remarcó en tono severo, sin quitarle los ojos de encima. A Marcel, el estómago se le estrujó en un nudo —.A trabajar, teniente.&lt;br /&gt; &lt;em&gt;Al carajo con la tregua.&lt;/em&gt; Furioso, levantó la caja de mierda y salió de la habitación. Alcanzó a oír que Paworski citaba a Odette en el gimnasio. A las seis. Como siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-6470852316246135322?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/6470852316246135322/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=6470852316246135322" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6470852316246135322?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6470852316246135322?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/06/la-dama-es-policia-capitulo-27.html" title="La dama es policía - CAPITULO 27" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SlDhZFbBCkI/AAAAAAAAAnw/yufHvkdtoWM/s72-c/image1-2.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;CEAERnw8cSp7ImA9WxJWEE8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-8382521445784182771</id><published>2009-06-11T07:04:00.000-07:00</published><updated>2009-06-14T16:38:27.279-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-06-14T16:38:27.279-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="conexión argentina" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="infiltrados" /><title>La dama es policía - CAPITULO 26</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjV8Ur0jbHI/AAAAAAAAAm4/fhn_cNQxm1w/s1600-h/La+Tour+Pointue_Quai+des+Orf%C3%A9vr%C3%A8s.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 291px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjV8Ur0jbHI/AAAAAAAAAm4/fhn_cNQxm1w/s400/La+Tour+Pointue_Quai+des+Orf%C3%A9vr%C3%A8s.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347316827374709874" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Quai des Orfévrès - vista desde La "Tour Pointu"&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, QUAI DES ORFÈVRES. LUNES, ÚLTIMAS HORAS DE LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Se desplomó sobre la silla de su cubículo, ante la pantalla, sintiéndose miserable. &lt;em&gt;No tengo un maldito analgésico y el primer día siempre es el peor.&lt;/em&gt; La puerta se abrió a sus espaldas. Odette giró a medias la cabeza y al ver entrar a Marcel, se revolvió en el asiento con la velocidad de una serpiente, apuntándole con el arma. &lt;br /&gt;—Como te atrevas a acercarte, te vuelo las pelotas.&lt;br /&gt;—¡Odette, por favor, necesito hablarte....!&lt;br /&gt;—Fuera. Fuera de mi oficina y de mi vida.&lt;br /&gt;—Odette... —suplicó—, fue.. un error. No sabía lo que hacía.&lt;br /&gt;—Vas a necesitar otra excusa menos vulgar, Dubois. Acá es demasiado habitual.&lt;br /&gt;—Por favor, dame una oportunidad...&lt;br /&gt;—A mí no me diste ninguna. ¿Qué se siente al violar a un superior? &lt;br /&gt;Él cerró los ojos, mudo, sin atreverse a mirarla.&lt;br /&gt;—Tenías razón respecto del piso. Es demasiado grande y demasiado caro para el salario de un policía. Lo habíamos pensado para una familia. Por suerte tengo mi pensión de viuda. Pero aunque quisiera, no puedo venderlo, porque no pude terminar de pagar la hipoteca —se puso de pie. El cañón se movió un milímetro, y él intentó acercarse otra vez. —Otro paso más y te borro la cara.&lt;br /&gt;Sin dejar de mirarlo, tomó el sobre de encima del escritorio y se lo arrojó con desprecio. Marcel levantó las manos instintivamente y lo atajó. La miró confundido y revisó rápidamente el contenido. Vio cómo los ojos de él se llenaban de lágrimas de culpa, pero estaba resuelta a no tenerle piedad. &lt;br /&gt;—Afuera.&lt;br /&gt;Marcel dio media vuelta y salió, blanco como el papel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjWFQXkNHSI/AAAAAAAAAnI/dIzHPlgAgSY/s1600-h/Marcel_cabeza.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 379px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjWFQXkNHSI/AAAAAAAAAnI/dIzHPlgAgSY/s400/Marcel_cabeza.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347326648822603042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Carajo, ¿no puedo hacer nada bien?&lt;/em&gt; El aire no alcanzaba a llenarle los pulmones. Tenía ganas de golpear las paredes. &lt;em&gt;¿Qué hago? ¿Vuelvo a entrar y...? &lt;/em&gt;La mirada de ella tenía tanta determinación... &lt;em&gt;Pero anoche, Dios, anoche me rogó, lloraba. ¿Cómo pude hacer lo que hice? Soy peor que los otros monstruos.&lt;/em&gt; Los billetes de mierda quedaron hechos un bollo inútil en un cesto de papeles del pasillo. &lt;br /&gt;Sully se lo cruzó y lo saludó, pero él ni siquiera la oyó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Buen día, teniente... — Sully enderezó la espalda y agitó la cola de caballo rubia. Cero resultado: Dubois siguió de largo como si estuviera ciego y sordo. &lt;br /&gt;—¿Qué le pasa? —preguntó, molesta. No estaba acostumbrada a que la ignoraran.  &lt;br /&gt;Bardou señaló la puerta de Marceau con un cabezazo y una media sonrisita sobradora y eso bastó para que la cabo enrojeciera de rabia. Sacudió la pila de expedientes que traía sobre su escritorio, con tanta fuerza que saltaron de vuelta al aire y se desparramaron por el piso. &lt;br /&gt;— ¡Eh, Sully! ¿Esos no eran para Marceau? — Bardou estaba a sus anchas.&lt;br /&gt;— ¡Que se los junte ella! — chilló Sully y dio una patadita en el suelo antes de salir al pasillo y desaparecer. &lt;br /&gt;Foulquie le lanzó una mirada reprobadora y se ahorró la respuesta. La puerta de la oficina de Marceau no se abrió en toda la tarde. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjWIlO95stI/AAAAAAAAAnY/Zmmv0EH7mPU/s1600-h/depto+odette.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 393px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjWIlO95stI/AAAAAAAAAnY/Zmmv0EH7mPU/s400/depto+odette.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347330305826599634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Llegó a su departamento pasadas las nueve de la noche. No quería entrar en el dormitorio.&lt;em&gt; Eso es estúpido. Marguerite estuvo esta mañana y debe de haberlo arreglado. Espero que haya quemado la bata y las sábanas. Otra estupidez. Qué sabe Marguerite. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Pasó rápidamente al vestidor, se desvistió y se puso una bata diferente. Su vieja bata azul de seda china. Papá y mamá la habían comprado en una gira por los Estados Unidos. Nadine tenía una igual, verde esmeralda, que también conservaba. Papá la había comprado para mamá, pero mamá insistía en que no le sentaba el verde, y cuando Auguste se casó, se la regalaron a su nuera, que la usó en su noche de bodas. Lola había conseguido que Franco le comprara una bata de seda roja con arabescos dorados. Parecía Madame Butterfly, y a papá se le había ocurrido que prepararan una coreografía con la ópera de Puccini, pero mamá insistía en que no se puede bailar en quimono. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;No hay como las pequeñas cosas y los recuerdos familiares para sentirse contenida. &lt;br /&gt;Te extraño, mamá, pero no puedo llamarte para contarte nada de esto. No voy a llorar un carajo. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Cuando salió del baño, vio la camisa negra, lavada y planchada, colgada de la percha-valet junto a la ventana. &lt;em&gt;Te odio&lt;/em&gt;. En un primer impulso estuvo a punto de hacerla un bollo para tirarla a la basura. &lt;em&gt;Estoy un poco irracional&lt;/em&gt;. Se tiró en la cama.&lt;em&gt; A veces me gustaría fumar, para poder hacer algo con las manos cuando pienso&lt;/em&gt;. Recorrió el cuarto con la mirada, pensando en cualquier cosa. Estiró la mano para acariciar el retrato de Jean-Luc: su pequeño acto de amor diario. Se levantó a prepararse un café. &lt;em&gt;No tengo hambre. Mejor tiro la comida antes de que Marguerite se dé cuenta. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Cuando volvió al dormitorio con la taza de café con leche, miró hacia la cama. Desde allí se veía cla-ramente la fotografía. La comprensión le llegó inexorable. Todo un caso, resuelto de punta a punta. Y con atenuantes para el criminal. &lt;br /&gt;En contra de sus deseos, los hechos del día anterior tomaron la dimensión exacta en su memoria. No había sido Auguste quien había llamado por la tarde, sino Marcel. Dormida, se había equivocado, ¡ella, que jamás confundía una voz! Después él la encontró casi desnuda, con el maquillaje un poco corrido porque no se había lavado la cara al volver de la casa de su hermano, con la cama deshecha... No hacía falta demasiada imaginación para encadenar las conclusiones a las que él había llegado. &lt;em&gt;Qué increíble. Qué conjunción terrible de casualidades. Te perdí. No nos dimos oportunidad ninguno de los dos&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Se levantó y llevó la camisa negra al cuarto de huéspedes para guardarla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BUENOS AIRES, MEDIODÍA DEL LUNES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjWJx5UFFRI/AAAAAAAAAng/9XZzjxPxtHo/s1600-h/Vittorio+Contardi.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 370px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjWJx5UFFRI/AAAAAAAAAng/9XZzjxPxtHo/s400/Vittorio+Contardi.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347331622863967506" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Nos retiramos.&lt;br /&gt;—¡NO!&lt;br /&gt;Los ojos azul hielo lo taladraron. El viejo se recostó contra el respaldo del bergère, estirando las piernas con pereza. &lt;br /&gt;—¿Perdón?&lt;br /&gt;Retrocedió ante esa mirada glacial, terriblemente igual a la suya. &lt;br /&gt;—No... ¡no podemos! ¡No vamos a dejar caer la organización así como así!&lt;br /&gt;—No se equivoque. No dejamos caer nada. Es una retirada táctica. Reagrupamos y reiniciamos las operaciones en otra parte.&lt;br /&gt;—¡Cómo, carajo! ¿Cómo? ¡Nos están haciendo mierda en todos lados! ¡Tienen los listados!&lt;br /&gt;Ortiz lo fusiló de un solo vistazo oscuro. Con la calentura, el Brigadier se había olvidado lo mucho que le molestaban las puteadas al número uno. &lt;br /&gt;—¿Tiene idea de por qué pasó todo esto? Fue un error de mi parte. &lt;br /&gt;El Brigadier quedó mirándolo con la boca abierta. &lt;br /&gt;—Sí, aunque usted no lo crea, yo me equivoqué. Le permití a usted organizar ese operativo tan desagradable, con mujeres de por medio. &lt;br /&gt;Intentó interrumpirlo, pero los ojos de Ortiz le ahogaron las palabras en la boca. EL viejo siguió.&lt;br /&gt;—Nos convertimos en vulgares tratantes de blancas, mire qué lindo, por hacerle caso a usted— apretó los labios en una línea muy fina— Una cochinada. Así nos fue.&lt;br /&gt;—No, espere. Las transacciones dejaban fortunas y el riesgo era mínimo. Usted estuvo de acuerdo con eso.&lt;br /&gt;—Digamos que no evalué a fondo todas las posibles derivaciones. Cometí un error de apreciación.&lt;br /&gt;—Los clientes estaban muy satisfechos...&lt;br /&gt;—Y Armand también, ¿sí? Porque fue Armand el que lo apoyó en París. A Jacques no le gustaba, pero, como buen militar, ejecutaba las órdenes sin discutir. No se puede trabajar con mujeres; se lo expliqué miles de veces.&lt;br /&gt;—¡Pero si no...!&lt;br /&gt;—Llámelo con el eufemismo que más le guste: intermediación, abastecimiento, servicio... como quiera. ¡Nuestra organización, rebajada al proxenetismo! Ese operativo terminó hundiendo al cuartel de París. Reorganizar y reagrupar Europa va a llevar bastante tiempo. No vamos a poder tener una base en el continente durante unos años.&lt;br /&gt;El Brigadier seguía de pie delante del sillón, cada vez más nervioso, sin osar sentarse. El viejo no se había molestado en invitarlo a hacerlo. &lt;em&gt;Y ese lagarto servil y traicionero de Ortiz, que no me saca los ojos de encima. El perro de presa del número uno. Le lame la mano al viejo después de destrozarte la garganta. Negro hijo de puta, tendrías que estar viviendo con los puesteros. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Tranquilo —el viejo levantó la mano con gesto pacificador —. Lo básico sigue en pie, ¿sí? De eso no se perdió nada: las plantaciones, las industrias pesadas, los transportes. Todo eso está. Y el mercado también. Asumo mi total responsabilidad por las pérdidas y los errores. Ahora hay que repararlos, en la medida de lo posible. &lt;br /&gt;—Perdimos muchos buenos elementos —admitió el Brigadier en voz baja. &lt;br /&gt;—En estos momentos no es lo más importante... Pero, sí, perdimos hombres muy preparados.&lt;br /&gt;—Déjeme tratar de arreglar las cosas allá. Le prometo que no dejo títere con cabeza. Esos tipos tienen que pagar por lo que hicieron. Voy, reorganizo todo... &lt;br /&gt;El viejo lo miró en silencio, con expresión helada. Sus ojos eran más duros que nunca. &lt;br /&gt;—No quiero vendettas personales. ¿Está clarito? Esto es una empresa. Considérelo un revés económico muy grande,  del que nos recuperaremos.&lt;br /&gt;—¿Los va a dejar? ¿Después de lo que hicieron? — &lt;em&gt;¿Cómo podés ser tan boludo, viejo de mierda? &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Todos tenemos que asumir nuestro grado de culpa en esto. Todos pusimos nuestro granito de arena para que esto pasara. Me dejé convencer por usted, que era mi mano derecha.  &lt;br /&gt;El “era” no se le escapó,  y le apretó la tenaza de rabia en la garganta.&lt;br /&gt;—Nos topamos con alguien más inteligente que usted y que supo ver la grieta que este... “servicio” estaba dejando en el sistema.  Hasta tengo una idea de cómo fue...  ¿Y usted? &lt;br /&gt;Negó con la cabeza. No podía pensar en nada. &lt;em&gt;Me está humillando delante de Ortiz. Nunca hizo algo así.&lt;/em&gt; . El viejo continuó, indiferente. &lt;br /&gt;—Se infiltraron. No más de dos, imagino. Seguramente uno haya estado dentro del cuartel general para el entrenamiento. A ése hubiera sido más fácil controlarlo. Debe de haberse desempeñado muy bien para no descubrirse. Los suyos tienen que estar orgullosos de él. Resistió el condicionamiento. Me gustaría saber cómo lo hizo. Esa información vale oro... &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Carajo, se está yendo por las ramas. ¿Pero quién interrumpe al viejo en sus digresiones?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;— El otro... o la otra, porque más bien creo que es “otra”... atacó por el punto débil que no controlábamos: las mujeres. Se arriesgó a lo peor —el viejo paseó  la mirada displicente por el estudio—. Porque, si caía en las manos de su amigote Armand, dudo mucho de que saliera entera, o viva... No podemos saber... Ya no.&lt;br /&gt;El Brigadier atrevió a interrumpir, por la ansiedad que le agarrotaba el pecho. &lt;br /&gt;—¿Lo sabe? ¿Ya sabe quiénes son?&lt;br /&gt;—Todavía no. Estoy haciendo suposiciones, deducciones. No se me ocurre otra forma mejor ni más sutil de infiltrarse. Pero eso a usted ya no le importa.&lt;br /&gt;—¡Sí que me importa, por Dios! ¡Quiero a los responsables, sean dos, tres, cien! ¡Los que hicieron esto tienen que pagar!&lt;br /&gt;—¿Quién hizo qué? ¿Quién dejó el rastro? ¿Quién les facilitó la entrada con una operación tan obviamente nociva para nuestros intereses? Estábamos satisfaciendo demandas muy puntuales, en detrimento de negocios mayores. Se acabó. No quiero más errores como éste.&lt;br /&gt;El tono del viejo era brutalmente acusador. ¿Lo estaba haciendo responsable, y encima le decía que no le permitía cargarse a esos hijos de puta? &lt;br /&gt;—¡Pero ellos...!&lt;br /&gt;—Estamos hablando de usted, no de ellos.&lt;br /&gt;El corazón le dio un vuelco. &lt;em&gt;Toda la cháchara de la responsabilidad y los errores era pura mierda. Me está cargando el muerto.&lt;/em&gt; Inspiró pero el aire no le llenaba los pulmones. Por primera vez en su vida tuvo miedo. Un miedo cerval, instintivo. El viejo, maestro en el manejo de los silencios, se mantuvo callado mientras esperaba que él comprendiera su verdadera situación. &lt;br /&gt;—Usted y su grupo tienen destino reasignado.&lt;br /&gt;Si le hubieran pegado un derechazo en el estómago no se habría sentido peor. &lt;br /&gt;—Reúna a su gente. Salen para Angola.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No podías humillarme más, hijo de mil putas. El paredón de fusilamiento&lt;/em&gt;. Hizo el último intento. &lt;br /&gt;—Por favor, déme una oportunidad...&lt;br /&gt;—Gánesela. Salen el miércoles vía Lisboa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Ortiz regresó, el viejo todavía estaba sentado. Ortiz le sirvió un whisky sin hablar y sólo después de que el viejo se lo hubo tomado, se atrevió a interrumpir el silencio fúnebre que flotaba en el aire. &lt;br /&gt;—Señor... &lt;br /&gt;El viejo levantó los ojos, invitándolo a hablar. &lt;br /&gt;—Señor, no le va a hacer caso. Lo conozco.&lt;br /&gt;—Quiero darle una oportunidad —suspiró a su pesar. &lt;br /&gt;—¿Más? Señor, le dio mano libre, y mire lo que pasó...&lt;br /&gt;—No hace falta que me lo digan. Yo sé que me equivoqué. Es duro de aceptar, nada más —lo miró y supo que Ortiz sabía que le dolía el pecho. Movió la cabeza con resignación — Me estoy poniendo viejo. A nadie le gusta, y a mí tampoco — bajó la mano pesadamente sobre el brazo del bergère. &lt;br /&gt;—Usted no es viejo, señor —la voz de Ortiz estaba llena de ese afecto de años, capaz de perdonarle y aceptarle cualquier cosa. Sonrió para sí. Cualquier cosa menos que le tocaran al “tatita”.&lt;em&gt; A veces los tuyos te salen como un pato guacho, y los que recogés parecen de tu sangre&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—A usted siempre le dolió que él fuera mi mano derecha...&lt;br /&gt;—Conozco mi lugar, señor —Ortiz bajó los ojos, apretando los labios. &lt;br /&gt;—Me equivoqué. Hay que saber perder. Lo que sea. Aunque se trate de mi propio nieto —hizo una pausa. La amargura le deformó la voz y la boca. —Si me desobedece, pobre de él.&lt;br /&gt;Se levantó y se miró en el espejo que coronaba el hogar enorme de mármol italiano que adornaba el estudio. Recompuso el gesto austero y se sirvió otro whisky con parsimonia. &lt;br /&gt;—Pobre de él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-8382521445784182771?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/8382521445784182771/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=8382521445784182771" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/8382521445784182771?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/8382521445784182771?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/06/la-dama-es-policia-capitulo-26.html" title="La dama es policía - CAPITULO 26" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SjV8Ur0jbHI/AAAAAAAAAm4/fhn_cNQxm1w/s72-c/La+Tour+Pointue_Quai+des+Orf%C3%A9vr%C3%A8s.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0MGQH0_fCp7ImA9WxJQEE8.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-6534386888089226084</id><published>2009-05-22T11:24:00.000-07:00</published><updated>2009-05-22T13:50:21.344-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-05-22T13:50:21.344-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="conspiración" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organización secreta" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="corrupción política" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPITULO 25</title><content type="html">&lt;strong&gt;PARÍS, LUNES POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="445" height="364"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube-nocookie.com/v/I7i0Xtf3neU&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;border=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube-nocookie.com/v/I7i0Xtf3neU&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;border=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="445" height="364"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;"Fra noi" - Iva Zanicchi - 1974&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El radiodespertador se encendió a las seis y media, indiferente al sufrimiento ajeno. Iva Zanicchi cantaba "Fra noi" como sólo ella sabía hacerlo. Apagó el artefacto de un manotazo y se tiró de la cama. Sin mirarse al espejo, se metió al baño . &lt;br /&gt;— ¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta, te voy a cortar las pelotas, desgraciado! — aulló de desesperación bajo la ducha. &lt;em&gt;Carajo, estoy con el período. Por lo menos el hijo de puta no me dejó embarazada. Lo mismo te  voy a matar&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Cuando se decidió a mirarse en el espejo notó que tenía marcas y moretones desde el cuello hacia abajo.&lt;em&gt; Te voy a castrar en donde te cruce. Qué espectáculo&lt;/em&gt;. Rebuscó entre la ropa un vestido apropiado. &lt;em&gt;Como no me vista de monja... &lt;/em&gt;El vestido azul no era para un día así.&lt;em&gt; Obvio, tendría que ir de luto porque te voy a liquidar, desgraciado&lt;/em&gt;, pero no había otra cosa que la cubriera adecuadamente. &lt;em&gt;Bien, estaremos espléndidas. Radiantes. Como reinas. &lt;/em&gt;El abismo en el estómago le decía exactamente lo contrario. Mientras se maquillaba encontró una marquita bajo la oreja izquierda. &lt;em&gt;En fin, no puedo salir con capucha&lt;/em&gt;. Se dejó llevar por el pulso violento y tomó la cartuchera con el arma. No la había usado desde que el inicio del operativo. &lt;br /&gt;Mientras conducía hasta la fábrica de chocolates, repasó los hechos para distraer la mente de cosas peores. Había algo que no encajaba. No en la información hallada, las armas, el lugar: algo intangible. Algo que debía haber ocurrido y no estaba pasando... &lt;br /&gt;—Capitán, el comisario Massarino la espera en el primer piso, en Cómputos —le dijo el sargento de guardia cuando ella dejó el automóvil en la playa de camiones. &lt;br /&gt;Había el rumor habitual de conversaciones, pasos, órdenes, los ruidos humanos. &lt;em&gt;Eso: los ruidos.&lt;/em&gt; ¿Qué faltaba? El teléfono. El fax. Las comunicaciones con Central se hacían por la silenciosa Intranet. ¿Por qué no se habían comunicado los otros Templarios? Era imposible que no tuvieran comunicaciones con otros centros, en el continente o del otro lado del Atlántico. ¿Nadie había llamado en casi cuatro días? &lt;br /&gt;&lt;em&gt;¡Dios, nos traicionaron! ¡Ya lo saben! Es una trampa. ¿Pero quién?&lt;/em&gt; Pensó desesperadamente cuándo sería lógico que se hubieran comunicado: veinticuatro, treinta y seis horas después de que coparan el lugar, no más. ¿Quién había llegado al lugar en ese tiempo? Inteligencia. El corazón le dio un vuelco. El coronel Savatier. A cargo de la seguridad de la conexión con el Archivo Central. ¿Quién mejor que él? &lt;br /&gt;Corrió por los pasillos hasta la sala de cómputos y entró, buscando a Savatier con la mirada. Él la vio y le lanzó una mirada amenazadora. Ella se acercó mirándolo acusadoramente; él giró en el asiento y, mientras se levantaba, deslizó la mano hasta la cartuchera. &lt;br /&gt;—Coronel, suelte el arma. Está bajo arresto —dijo Odette con voz controlada mientras sacaba su propia pistola. &lt;br /&gt;—¡Grandísima puta! ¡Igual que la Michelon! —Savatier apuntó demasiado apresurado y erró el disparo. &lt;br /&gt;Odette tuvo tiempo de apoyar la rodilla en tierra, apuntar y darle en el hombro. El resto del personal se había puesto a cubierto. En el otro extremo de la sala, Auguste encañonaba al otro hombre de Inteligencia. Se acercó al coronel y le apuntó otra vez. Dos hombres lo esposaron, manteniéndolo en el suelo. &lt;br /&gt;—¿Cuál es el plan?&lt;br /&gt;—No pueden hacer nada... — Savatier la miró con desprecio.&lt;br /&gt;Odette bajó el arma hasta la entrepierna del hombre. &lt;br /&gt;—¿Cuál es el plan?&lt;br /&gt;Savatier no respondió. El disparo le estalló a un centímetro de sus testículos. Odette lo miró desafiante y acercó la pistola hasta la boca de él. Savatier boqueó alucinado. &lt;br /&gt;—Michelon... tiene una audiencia con el Presidente —jadeó —.El general Beaumont... tiene que encargarse de ellos.&lt;br /&gt;Odette se agachó, metió la mano en los bolsillos de la guerrera del hombre y le arrancó las credencia-les y la placa de Inteligencia. &lt;br /&gt;—La contraseña —lo urgió, apuntándole otra vez a la entrepierna. Amartilló el arma ostentosamente. &lt;br /&gt;—¡Relapsos! —gritó Savatier, atemorizado. &lt;br /&gt;—Muy adecuado —masculló ella al tiempo que se levantaba. Mientras corría hasta la puerta, oyó que Auguste daba la orden de enviar patrulleros hacia el Palais d’Elysée. &lt;br /&gt;—¡No vayas sola!— gritó su hermano.&lt;br /&gt;—¡Es más seguro! —respondió Odette a la carrera mientras pensaba en un plan para entrar en el palacio presidencial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/ShcEcqw3TgI/AAAAAAAAAmw/7LgPFSWJUJg/s1600-h/palais+d%27elysee.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 259px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/ShcEcqw3TgI/AAAAAAAAAmw/7LgPFSWJUJg/s400/palais+d%27elysee.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338740773833100802" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.podibus.com/elysee_VR/"&gt;Palacio del Elíseo&lt;/a&gt; Paseo virtual&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcel llegó a la Brigada un poco más tarde de lo habitual. En las paredes de la planta baja, las fotos de los caídos en servicio observaban silenciosamente a los pasantes, esperando el homenaje mínimo de una mirada. Nunca pasaba sin hacerlo. Era su pequeña obligación secreta de cada mañana. &lt;br /&gt;Un retrato le llamó la atención. “Insp. Jean-Luc Marceau”. ¿El padre de Odette? Algo lo hizo sentir muy mal. Preguntó a Foulquie, que pasaba  a las apuradas. &lt;br /&gt;—No, teniente. Marceau era su marido&lt;br /&gt;Sintió que le apretaban los testículos con una tenaza. &lt;br /&gt;—Un gran hombre —continuó Foulquie, memoria viviente y tradición oral de la Brigada—. Todos dicen que si hoy viviera estaría ocupando el lugar de la Michelon o que habría llegado más lejos todavía. Creo que ella era muy joven en esa época. Ingresó después en la fuerza. &lt;br /&gt;Por supuesto que era muy joven. Habían pasado doce años. Pero lo que más lo golpeó fue comprobar que ése era el hombre cuya foto había visto en el dormitorio de Odette. La única fotografía en toda la casa. Subió a las oficinas con piernas como de plomo. En ese momento entró el radiomensaje de Massarino pasando el alerta. Corrió a la playa, subió a su automóvil y salió hacia el Elysée encendiendo la sirena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Odette se retocó el maquillaje en el auto y trató de dominar el temblor de las manos y la voz. Tomó una foto suya del bolso y cubrió con ella la tarjeta de identificación de Savatier. Lo mismo hizo con la placa. &lt;em&gt;Al menos para ayudarme a entrar. Hasta que alguien verifique el nombre y el portador&lt;/em&gt;. Había dejado el arma en su propio automóvil; de cualquier modo no podría ingresar en el Elysée con ella. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Bote de mierda.&lt;/em&gt; Maniobrar el auto de Savatier se le hacía bastante difícil, acostumbrada a la agilidad de su deportivo microscópico.  &lt;em&gt;Espero poder estacionar esta... cosa... sin llamar la atención&lt;/em&gt;. Se dirigió con calma al garaje del personal y sonrió al encargado. La tarjeta le abrió la barrera sin problemas. Subió por el ascensor trasero, tratando desesperadamente de recordar la distribución del edificio. Por radio le habían pasado el dato de dónde sería la audiencia: en el despacho del primer piso. Entró por las cocinas caminando con desenvoltura. Un par de camareros la miraron sorprendidos, pero ella les sonrió con candor. &lt;br /&gt;—Es mi primer día. Llegué tarde... y me perdí —dijo, mordisqueándose el labio.&lt;br /&gt;Uno de los camareros se ofreció a acompañarla. &lt;br /&gt;— Busco al general Beaumont. Está en la audiencia del Presidente con la comisario Michelon. Tengo que entregarle documentos de parte del coronel Savatier — mostró unos sobres —. Soy su nueva asistente. Teniente Marceau.&lt;br /&gt;El camarero tomó una bandeja con el servicio de café de la Presidencia y la cargó en un carrito. &lt;br /&gt;—Acompáñeme, teniente —la llevó por el montacargas —.Por aquí es más rápido. Venga cuando quiera.&lt;br /&gt;Dejó que el hombre se alejara con el servicio. Estaba segura de que lo iban a detener. Esperó y vio que el camarero regresaba rápidamente. &lt;br /&gt;—No me dejaron pasar. Que se les enfríe el café — dijo el hombre, encogiéndose de hombros. Ella frunció la nariz en un gesto encantador, y el hombre le guiñó un ojo. Cuando el camarero se marchó, Odette avanzó con aire resuelto, agitándose el cabello. Ante la puerta del despacho había un guardia que la observaba acercarse. &lt;br /&gt;—Traigo información para el general Beaumont.&lt;br /&gt;—No puede pasar —el hombre volvió la cabeza para no mirarla. &lt;br /&gt;—Soy la asistente personal del coronel Savatier. Teniente Marceau. El mensaje es importante.&lt;br /&gt;Al oír el nombre del coronel, el hombre fijó los ojos en ella. &lt;br /&gt;—La contraseña —bajó la voz, amenazador, y  cuadró la espalda. La mano se le movió apenas hacia la cartuchera. &lt;br /&gt;—Relapsos — &lt;em&gt;Dios quiera que ese hijo de puta haya dicho la verdad&lt;/em&gt;. El guardia relajó los hombros y le echó una mirada apreciativa y nada disimulada. Odette pescó el gesto del guardia y no perdió la oportunidad. Inspiró, apretándose contra el vestido. &lt;br /&gt;—¿Puedo pasar?&lt;br /&gt;—Voy a preguntar —los ojos del tipo la recorrieron sin ningún pudor. &lt;br /&gt;Ella sonrió con desfachatez. &lt;em&gt;Y no uso Wonder Bra...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Mientras el guardia entraba en el despacho, tomó una bandeja de plata del carrito del servicio de café. Oyó gritos y disparos que venían de la planta baja. &lt;em&gt; Espero que sea la Caballería. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="445" height="364"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube-nocookie.com/v/wuTeAaSG_i8&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;border=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube-nocookie.com/v/wuTeAaSG_i8&amp;hl=es&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;border=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="445" height="364"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Exhibición de esgrima de bastón francesa (Canne de combat)&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo lamento, señor. Comisario Michelon... —el general Beaumont movió la cabeza con falsa cortesía— No podemos permitir que estas... filtraciones... continúen. Tenemos mucho en juego para que la policía se cubra de gloria desbaratando una organización magnífica. &lt;br /&gt;Apuntó primero al hombre. El Presidente y la comisario estaban esposados en sus sillas y amordazados con cinta adhesiva. &lt;br /&gt;Michelon se desesperó. &lt;em&gt;Qué estúpida, Jesús. Cómo cometí el error de venir sola a la entrevista.&lt;/em&gt; La habían desarmado antes de entrar pero era de esperar. Ansiosa, había esperado a que el Viejo leyera el informe. Él la miró con gesto más que preocupado. &lt;br /&gt;—Señora, esto es... terrible —se puso de pie y caminó por la habitación —Nunca pensé en algo de esta magnitud. El Gabinete, mi Dios... ¿Quién está libre de sospecha...?&lt;br /&gt;Antes de que terminara de hablar, el general Beaumont había entrado en el despacho. &lt;br /&gt;Ahora, Renaud Beaumont giró sobre sus talones ante la interrupción. &lt;br /&gt;—¿Qué pasa, idiota? ¡Di órdenes de que no entrara nadie!&lt;br /&gt;—¡Señor! Es la secretaria del coronel Savatier, la teniente Marceau. Trae un...&lt;br /&gt;—¡Imbécil! ¡En la Orden no hay mujeres! &lt;br /&gt;Apartó al estúpido con un puñetazo que lo arrojó contra la pared y lo dejó inconsciente. No en vano lo conocían como el “Carnicero” Beaumont. No era alto, pero su fuerza física era poderosa. En ese momento, alguien más entró en el despacho: un borrón azul, seguido por un golpe de plano con algo metálico, en plena cara. Beaumont se tambaleó. Los ojos asombrados de Michelon siguieron los movimientos de ballet de Marceau, que, con el brazo extendido, volvió a golpear al hombre en la sien, esta vez con el filo de la bandeja. Siguiendo el mismo arco, rompió una vitrina en la que había antiguos bastones de mando. Marceau pivoteó sobre una pierna, tomó un bastón y golpeó la mano con que general sostenía el arma. Después, por detrás de las rodillas, haciéndolo caer. Volvió a girar en tanto que el bastón describía remolinos en el aire. Más golpes a los hombros, los codos, las piernas; todos puntos débiles y neurálgicos que hicieron que Beaumont chillara de dolor sin poder incorporarse. Mientras le daba el &lt;em&gt;coup de grâce&lt;/em&gt; en la tráquea, entraron Massarino y Dubois, armas en mano, seguidos de cuatro oficiales de la Brigada. Massarino tenía un raspón que le sangraba en la sien, y Dubois, el traje desgarrado en una manga. Marceau quedó de pie al lado de Beaumont, temblando, como un torero después de la faena. Todavía sostenía el bastón. &lt;br /&gt;Massarino se les acercó, les quitó las mordazas y soltó las esposas. &lt;br /&gt;—Señor...&lt;br /&gt;—Estamos bien. Gracias a Dios... y a esa mujer... no pasó nada —murmuró el Presidente, que temblaba, impresionado por los hechos—. Querían que pareciera que Michelon me había disparado y...&lt;br /&gt;Michelon corrió hasta Marceau. &lt;br /&gt;—Dios sabe cuánto me alegro de verla. ¿Cómo hizo eso? —murmuró al oído de la otra. &lt;br /&gt;—Estoy con el período —le respondió Odette entre dientes. &lt;br /&gt;Michelon entendió. En sus épocas, a ella le pasaba lo mismo. Sonrió comprensiva. &lt;br /&gt;—Llamen a una ambulancia. El hijo de puta todavía está vivo —Marceau masticó las palabras. &lt;br /&gt;Massarino se les acercó y miró a Marceau con severidad. &lt;br /&gt;—Creo que el último golpe estuvo de más —comentó, seco. &lt;br /&gt;—Que alegue brutalidad policial —Marceau sacudió el mentón. &lt;br /&gt;Michelon contuvo otra sonrisa a su pesar. &lt;em&gt;Peleándose en estos momentos&lt;/em&gt;.&lt;em&gt; Si Dostoievsky hubiera conocido a estos dos, habría escrito ‘Los hermanos Massarino’ en lugar de los Karamazov. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Tenías que venir sola, carajo— ladró Massarino.&lt;br /&gt;—Fue más fácil entrar. Parece que no te fue tan bien... —retrucó Marceau mientras le pasaba el dedo por el raspón de la sien. Massarino respingó y la miró con ferocidad. Marceau se alejó para dejar el bastón en la vitrina rota. &lt;br /&gt;Dubois no habló una sola palabra ni miró a su alrededor. A Michelon tampoco se le escapó que Marceau ni siquiera se volvió hacia donde estaba el teniente.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-6534386888089226084?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/6534386888089226084/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=6534386888089226084" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6534386888089226084?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6534386888089226084?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/05/la-dama-es-policia-capitulo-25_22.html" title="La dama es policía - CAPITULO 25" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/ShcEcqw3TgI/AAAAAAAAAmw/7LgPFSWJUJg/s72-c/palais+d%27elysee.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DEEDQH0yeyp7ImA9WxJQEEw.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-6690554483581308346</id><published>2009-05-07T09:03:00.000-07:00</published><updated>2009-05-22T11:24:31.393-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-05-22T11:24:31.393-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="cuerpos especiales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="violencia sexual" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="centro clandestino" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trafico de armas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPITULO 24</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtQZq5dOhI/AAAAAAAAAmg/-02iP80vbZU/s1600-h/weaponscache_wideweb__470x314,0.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 267px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtQZq5dOhI/AAAAAAAAAmg/-02iP80vbZU/s400/weaponscache_wideweb__470x314,0.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335446585492716050" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;SUBURBIOS DE PARÍS, SÁBADO POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Dos oficiales fueron a buscar a Marcel a la planta baja del edificio, donde junto a otros efectivos esta-ba concluyendo la requisa del arsenal digno de un ejército. Había armas que la policía conocía sólo en fotografías. La orden de Michelon en el sentido de que ningún oficial de los cuadros inferiores podía permanecer en el centro de cómputos, todavía lo molestaba. &lt;em&gt;¡Carajo, estuve casi cuatro semanas en este infierno! ¡No es justo! &lt;/em&gt;Después pensó que, de cualquier forma, sería más útil colaborando en el reconocimiento del edificio. Guió a sus asombrados compañeros por los pasillos y gimnasios, el polígono de tiro y la playa de expedición de la falsa fábrica. Encontraron un camión camuflado como transporte de refrigerados, equipado para operativos militares. Un sargento comentó admirado: &lt;br /&gt;—Deberíamos confiscar el edificio entero para la Brigada.  &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ya lo creo&lt;/em&gt;, pensó Marcel. &lt;br /&gt;Lo acompañaron hasta el segundo subsuelo, el que recordaba con tanta repugnancia. &lt;br /&gt;—¿Por qué acá? —preguntó, vagamente atemorizado. &lt;br /&gt;—No sé, teniente. Órdenes de Massarino. Espere aquí.&lt;br /&gt;El corazón le latía con fuerza. Tenía la boca seca. La habitación del otro lado del cristal, ¿no era la misma? Le estaba faltando el aire, mierda. ¿No había un peor lugar para reunirse? Pasaron varios minutos que sirvieron para que se pusiera cada vez más nervioso. &lt;em&gt;¡Carajo, para qué me hicieron venir acá!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Alguien entró en la habitación del otro lado. Traía a una mujer vendada, a la que empujó contra el piso, obligándola a ponerse de rodillas. Estaba esposada. Marcel creyó que el corazón le saltaba por la boca. Los latidos le pulsaban en la frente y un puño de hierro le retorció las entrañas. No podía despegar la vista de la escena. La mujer no se movía, de espaldas a él. Con las manos apoyadas contra el cristal, no se dio cuenta de que alguien había entrado a sus espaldas. Notó una mano pesada en el hombro.  &lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtSTqbhGWI/AAAAAAAAAmo/XLqAiLKraMg/s1600-h/monica_bellucci_029bn-crop.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 205px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtSTqbhGWI/AAAAAAAAAmo/XLqAiLKraMg/s320/monica_bellucci_029bn-crop.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335448681311181154" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Entremos —oyó entre algodones. Enfrentó a la mujer, que boqueaba aterrorizada. El hombre parado detrás de él era de su misma contextura física o un poco más grueso, y casi tan alto como él. Vestido con el ominoso uniforme negro de la Orden. &lt;br /&gt;—Mátela, Maurizio.&lt;br /&gt;Las palabras retumbaron en su cabeza. Le alcanzaron un arma. &lt;em&gt;No. No quiero&lt;/em&gt;. Pero sus brazos se estiraron hacia adelante, arma en mano. Puso la pistola sobre la frente de la mujer. &lt;br /&gt;—Dispare, Maurizio. Es una orden.&lt;br /&gt;—¡NO! —giró hacia el hombre de negro y gatilló. Una, dos, tres veces, hasta vaciar el cargador. &lt;em&gt;¡Soy Marcel Dubois, teniente de la Brigada Criminal, hijos de puta!&lt;/em&gt; Las piernas le fallaron y quedó de rodillas. Los sollozos le sacudieron el cuerpo en espasmos.&lt;br /&gt;—¿Qué hice? ¿Qué me hicieron? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Auguste se acercó, soltó las esposas de Odette, que se sacó la venda,  y se volvió para ayudar a Dubois a ponerse de pie. Después recogió el arma con cartuchos sin casquillo que le había dado al teniente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre los dos lo llevaron a su casa y lo ayudaron a desvestirse y meterse en la cama. Odette le alcanzó un vaso de agua con un par de pastillas. &lt;br /&gt;No supo durante cuánto tiempo durmió. Se despertó sobresaltado dos o tres veces, bañado en transpiración. Cada vez, lo tranquilizó ver a Odette sentada en el otro extremo de la habitación, junto a la ventana. En el contraluz, parecía una pintura de Degas. Se sintió estúpidamente feliz y volvió a dormirse después que ella se acercara a darle algo de beber.  En una de las ocasiones, Massarino también estaba allí; por alguna razón que no alcanzaba a recordar, a Marcel le molestó. &lt;br /&gt;Cuando se despertó definitivamente, estaba embotado. Bajó tambaleante de la cama, directo a ducharse. ¿Odette estaría todavía allí? El sillón de adelante de la ventana se hallaba vacío. Quizás ella nunca había estado. Le dolió. &lt;br /&gt;El baño le devolvió la conciencia y el dominio de sus actos. Comenzó a recordar. En el nombre de Dios. Sintió náuseas. El espejo del baño le devolvió una imagen demacrada. Pero era su cara: la cara de Marcel Dubois. &lt;em&gt;Basta de flashbacks&lt;/em&gt;. Se puso la bata sobre la ropa interior y fue al salón, en penumbras por la hora. Eran más de las diez de la noche. Rodeó el sofá y la vio. &lt;br /&gt;Estaba dormida, la camisa negra desabrochada un botón de más, por la posición. Se sentó en el al sofá junto a ella y, sin pensar, le acarició el pelo. Odette abrió los ojos morosamente y, al verlo levantado, trató de incorporarse, pero él la retuvo con delicadeza. &lt;br /&gt;—No te levantes.&lt;br /&gt;—¿Cómo estás?&lt;br /&gt;—Horrible. Tengo la boca seca todo el tiempo.&lt;br /&gt;—Es el sedante. Ya pasará. &lt;br /&gt;Odette estiró la mano y le ordenó el cabello húmedo. A ella también se la veía cansada. Retiró la mano, se incorporó a medias y miró hacia la ventana. Estaba oscuro. &lt;br /&gt;—¿Qué hora es? —ella preguntó suavemente. &lt;br /&gt;No supo por qué lo hizo. O sí, pero no le importó preguntarse los porqués. Ella estaba ahí. No se había ido. Quería decir algo, ¿no? Se inclinó para abrazarla. Mientras la besaba, respondió: &lt;br /&gt;—¿A quién le importa?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtIj14yH_I/AAAAAAAAAmY/XcxAkf87Hi4/s1600-h/ScottWeaver_A-crop.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 363px; height: 307px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtIj14yH_I/AAAAAAAAAmY/XcxAkf87Hi4/s400/ScottWeaver_A-crop.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335437964148350962" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Besándola, la atrajo hasta la alfombra al tiempo que le desabrochaba la camisa. Se abrazaron otra vez, de rodillas, mientras ella le desanudaba el lazo de la bata. Con un beso lo empujó, obligándolo a recos-tarse. Cuando intentó incorporarse, ella negó con un gesto a la vez que le acariciaba el pecho y la cara. Él le mordisqueó las puntas de los dedos, y cuando trató de quitarse la ropa interior, ella volvió a ne-gar. De pie a su lado terminó de desvestirse. Desnuda, se arrodilló entre sus piernas y comenzó a reco-rrerle el cuerpo con besos lentos y húmedos. Él trató de acariciarla, pero ella le sujetó las manos sin dejar de besarlo. Abrió la boca para inspirar y las sensaciones le recorrieron la espalda. Ella lo desnu-dó, estiró su cuerpo sobre el de él felinamente y se incorporó para separar las piernas y acomodarse encima de él. La proximidad lo desesperó todavía más, e instintivamente levantó las caderas. Ella se apartó apenas y le besó los ojos, cerrándoselos. Luego descendió por toda su piel, despertándole sen-saciones que no sabía que existían. Conoció puntos de placer de su propio cuerpo que ignoraba, entre oleadas de goce angustioso. Por primera vez en su vida se dejó arrastrar, entregado a lo que ella deci-diera hacer de él. Lo llevó hasta el límite una, dos, quién sabe cuántas veces, hasta que la piel le dolió de deseo. Ahora lo estaba acariciando con todo el cuerpo, deslizándose por encima de él para permitir-le besarla. Bebió de su boca como un náufrago. La miró y sus ojos eran brasas; en la penumbra del salón, la luz del alumbrado público que entraba por la ventana daba a su cuerpo el brillo pálido de la plata. Sus besos le recorrieron el pecho y el abdomen hasta el bajo vientre. Sus labios y su lengua lo torturaron exquisitamente, y cuando creyó que ya no podría resistir el infierno de su boca, ella se in-corporó una vez más y, entonces sí, lo dejó penetrarla. No necesitó más; las sensaciones lo retorcieron en oleadas y en medio de su propio agónico placer sintió cómo ella vibraba a su unísono, estremecida en un orgasmo violento e interminable. &lt;br /&gt;Cuando ella regresó, él descubrió que no le bastaba, y la hizo rodar sobre la alfombra. La sostuvo bajo su cuerpo que todavía temblaba de voluptuosidad y la besó, sorbiéndole la vida con el beso. Se hundió en ella otra vez. Había sido poseído, y ahora necesitaba poseer, sentirla entregada como él se había entregado. La dominó con su cuerpo y ella respondió ferozmente, abandonándose de una forma que él no había esperado. Se sintió aprisionar por sus piernas y en respuesta al mudo mensaje le mordió los pechos y ella gimió de placer. Esta vez, el orgasmo los atravesó como un rayo y, cuando trató de apartarse para no afligirla con su peso, ella lo retuvo, acurrucada debajo de él. El pulso le atronaba en los oídos. La miró a través de la penumbra y vio una perla diminuta brillarle en el rostro extático. Inclinó la cabeza para que ella no viera sus propios ojos, también húmedos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban a punto de dormirse y murmuró: &lt;br /&gt;—Lamento tener que arrestarla, Madame.&lt;br /&gt;—¿Bajo qué cargos? —preguntó Odette mientras se acomodaba en el hueco de su cuerpo. &lt;br /&gt;—Asalto y corrupción contra un oficial de la policía —la recorrió entera con sus manos. &lt;br /&gt;—Como no emplee la fuerza pública para detenerme...&lt;br /&gt;—Eso intento —murmuró él, al tiempo que la abrazaba y se cubrían con las sábanas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;strong&gt; &lt;br /&gt;BUENOS AIRES, SÁBADO, DESPUÉS DE MEDIODÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¡Carajo! ¡Les dije que pasaba algo raro!&lt;br /&gt;—Pará, Mengele, calmate— el Tigre intentó hacer un gesto conciliador.&lt;br /&gt;—¡Las pelotas! Llamó el tira. Desde afuera— Mengele giró para mirar a todos— ¡Coparon el edificio! ¡La cana! ¿Entendés? ¡La cana copó el edificio!&lt;br /&gt;—¿Cómo mierda pasó? —El Brigadier entró, desencajado.&lt;br /&gt;—Todavía no sabemos. Lo único que se sabe es que es la policía. El tira ordenó cortar todas las comu-nicaciones. Está tratando de meter gente de él adentro para ver quiénes son.&lt;br /&gt;—¡Hijos de mil putas! ¡Nos traicionaron!&lt;br /&gt;—No. Estoy seguro de que no. Esto viene de afuera. Nos metieron gente.&lt;br /&gt;—¡Quiénes, la reputa que los parió! ¡Si tenemos gente en todos lados! Nunca se nos metió nadie, ¡NADIE!&lt;br /&gt;—Tranquilizate. Ya le dije al tira que averigüen quiénes son. Los van a boletear tan pronto como puedan. No puede ser demasiada gente. Si no, se habría filtrado algo.&lt;br /&gt;—¿Pero vos tenés sangre de pato, Mengele? ¿Nos hicieron mierda, y vos tan tranquilo?&lt;br /&gt;—Estoy tratando de razonar. Todavía queda un montón de gente afuera. No nos pueden agarrar tan fácilmente. Había un montón de los nuestros afuera cuando cayeron ellos.&lt;br /&gt;—Pero se cargaron a Jacques y Prévost...&lt;br /&gt;—Tenemos gente que puede reemplazarlos. Hay que preparar las cosas con cuidado. Hablé con el viejo. Estuvo de acuerdo con el nombre. Ya pasó la orden.&lt;br /&gt;—¿A quién quieren poner?&lt;br /&gt;—Al Carnicero.&lt;br /&gt;El Brigadier lo miró con los ojos entrecerrados. &lt;br /&gt;—Quiero hablar con él. Saber qué mierda tiene pensado hacer para retomar el control.&lt;br /&gt;—Está bien. Lo llamamos y listo.&lt;br /&gt;—Listo, un carajo. Y no me pases más por encima con el viejo. ¿Te quedó claro, Mengele?&lt;br /&gt;—Como el agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, DOMINGO POR LA MAÑANA &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Se despertó sin saber qué hora era. Manoteó el reloj de pulsera: las seis. De la mañana, supuso. El brazo derecho de Marcel la aprisionaba contra la cama. Se sorprendió pensando que había olvidado esa sensación maravillosa. Extrañamente, no sintió vergüenza. Se levantó de puntillas para no despertarlo. Se lo veía tan conmovedor. Lo besó suavemente y se vistió en silencio. Antes de irse, le dejó una notita en la almohada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El teléfono sonaba insistentemente. &lt;em&gt;Te odio, te odio, te odio&lt;/em&gt;. Casi arrancó el auricular. &lt;br /&gt;—¡Odette!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Auguste, y la puta que te parió.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—¿Vas a venir a almorzar?&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿En qué siglo estamos?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¡Odette! ¿Estás bien?&lt;br /&gt;—Ya te oí.&lt;br /&gt;—¿Vas a venir?&lt;br /&gt;—Sí —cualquier cosa con tal de colgar. &lt;br /&gt;Se duchó y se vistió como pudo. &lt;em&gt;¿Por qué mierda los autos no tienen piloto automático? Dormí tres horas; no hay derecho a hacerme esto&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;El almuerzo familiar pasó como en una neblina. Los chicos, comunicativos como siempre, se encargaron de las relaciones públicas. Se dio cuenta de la cara malhumorada de su hermano y trató de pensar en el porqué. Había comido las tagliatelle y los zucchini pero había rechazado el pollo. ¿Sería por el pollo? Auguste era muy sensible respecto de su cocina. &lt;br /&gt;Mientras lavaba los platos con Nadine, preguntó: &lt;br /&gt;—¿Qué carajo le pasa?&lt;br /&gt;—Está celoso como un turco —los ojos color miel de su cuñada chispearon divertidos. &lt;br /&gt;—¿Otra vez te escapaste a Printemps sin pasarle un radiomensaje?&lt;br /&gt;—No, esta vez no es por mí.&lt;br /&gt;—¿Eh?&lt;br /&gt;—Pura &lt;em&gt;Cavalleria Rusticana&lt;/em&gt;. Te llamó anoche y no te encontró en tu casa. Más la marca en el cuello...&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mierda. No la había visto&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—Me voy a casa —anunció Odette mientras besaba la frente de su hermano. &lt;br /&gt;Auguste la miró con gesto de patriarca ofendido. &lt;br /&gt;—¿Te divertiste anoche?&lt;br /&gt;Nadine lo fusiló con la mirada. Odette cerró los ojos y prefirió no responder. Auguste la persiguió hasta la puerta. &lt;br /&gt;—Estaba preocupado, nada más. Podrías haber llamado.&lt;br /&gt;—Sí, &lt;em&gt;mamma&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;—¡Por qué no te vas a la mierda!&lt;br /&gt;—Ídem. Te quiero.&lt;br /&gt;Entró en su casa quitándose la ropa. &lt;em&gt;A dormir hasta mañana. Va a ser un día muy pesado&lt;/em&gt;. Ya estaba casi dormida cuando se envolvió en las sábanas y apagó la luz. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;El teléfono de mierda otra vez&lt;/em&gt;. Ni siquiera podía alcanzarlo. &lt;br /&gt;—Hola.&lt;br /&gt;—¡Odette! ¿Dónde estabas?&lt;br /&gt;—¡Auguste, por Dios! ¿Vas a dejarme en paz de una puta vez? —colgó furiosa, sin detenerse a pensar que la voz de su hermano sonaba ligeramente distinta. &lt;em&gt;A la mierda. Quiero dormir. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se despertó y encontró la notita sobre la almohada, sintió un doloroso vacío en el estómago. ¿Por qué se había ido? Dio vueltas en la cama tratando de encontrar su perfume. Se había despertado pensando en hacerle el amor otra vez. Se sorprendió de sus propias palabras: hacerle el amor. Nunca pensé en esos términos al irme a la cama con alguien. Miró el reloj: las doce. Llamó desde la cama. Llamó, llamó y llamó hasta enfurecerse cada vez que oía la campanilla inútil del otro lado. Un sentimiento desagradable se le instaló en el pecho. A las cinco de la tarde volvió a llamar, notando que el Gauloise le temblaba en la mano. El “hola” del otro lado de la línea fue como bálsamo sobre una herida. &lt;br /&gt;—¡Odette! ¿Dónde estabas?&lt;br /&gt;La respuesta y fin de la comunicación terminaron de enloquecerlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;No puedo creerlo. La puerta. Algún hijo de puta está llamando a la puerta. ¿Es que no hay un Dios en el cielo?&lt;/em&gt; Manoteó una bata y fue a abrir. &lt;em&gt;¡Stop, estúpida, estás dormida! No puede ser nadie de la familia. Tienen la clave de acceso. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—¿Quién? —preguntó de malhumor por el intercomunicador. &lt;br /&gt;—Señora Marceau, soy Grégoire.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El portero. Espero que sea un incendio, por lo menos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasa? — ladró.  &lt;br /&gt;—Señora, un oficial de policía insiste en verla. &lt;br /&gt;Grégoire vaciló. &lt;em&gt;¿Qué clase de broma es?&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Dice ser... —Una voz grave y masculina respondió al portero, sobresaltándola. No hizo falta que le dijeran de quién se trataba. —El teniente Dubois, señora.&lt;br /&gt;Apoyó la frente contra la puerta. &lt;em&gt;Abramos. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Marcel estaba detrás del viejo, que le obstruía el paso manteniéndolo cerca del ascensor. Era gracioso, el pobre Grégoire tratando de contener al Abominable Hombre de los Pirineos. &lt;br /&gt;—Está bien, Grégoire. Déjelo pasar. &lt;br /&gt;Marcel entró sin mirarla. Mientras cerraba la puerta, ella le preguntó: &lt;br /&gt;—¿Por qué le dijiste que eras policía?&lt;br /&gt;—No quería dejarme entrar —respondió él, mientras se quitaba el impermeable sin volverse—. Llamé desde abajo varias veces y, como no respondiste, le hice señas para que me abriera.&lt;br /&gt;—Y lo intimidaste con la placa. ¿Trajiste orden de allanamiento? —se le acercó sonriendo al tiempo que se ajustaba la bata. &lt;em&gt;Tengo tanto sueño... Dios, ¿no puedo reaccionar normalmente? &lt;/em&gt;Marcel la tomó del brazo con saña. &lt;br /&gt;—¿Dónde estabas? —ladró. &lt;br /&gt;—¡Eh, me duele!&lt;br /&gt;—¡Dónde estabas! —le sujetó el otro brazo y la sacudió. Estaba pálido, los dientes apretados. La empujó contra el sofá. —¿Por qué tenías que irte esta mañana?&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtIX56qVMI/AAAAAAAAAmI/tDeAPBfyfZ8/s1600-h/Odette+recibe+a+Marcel+en+su+depto.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtIX56qVMI/AAAAAAAAAmI/tDeAPBfyfZ8/s400/Odette+recibe+a+Marcel+en+su+depto.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335437759071540418" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—¡Te dejé una nota!&lt;br /&gt;—“Me voy a casa. O.” ¡Muchas gracias!&lt;br /&gt;—¿Qué te pasa? —trató de levantarse, y él la forzó a sentarse otra vez. &lt;br /&gt;—¡Te llamé! ¡Toda la mañana! ¡Toda la tarde! — le gritó, desencajado.&lt;br /&gt;Ella lo midió, se levantó con calma y, cuando él trató de detenerla, se escurrió empujando el sofá. Ca-minó rápidamente hacia el pasillo de su dormitorio. &lt;br /&gt;—Voy a vestirme —&lt;em&gt;no se puede discutir semidesnuda con un hombre de tan mal humor.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtIfDK6m5I/AAAAAAAAAmQ/wuDNng6qCAc/s1600-h/Marcel+en+la+puerta+del+dormitorio+de+Odette.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtIfDK6m5I/AAAAAAAAAmQ/wuDNng6qCAc/s400/Marcel+en+la+puerta+del+dormitorio+de+Odette.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5335437881814719378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo tras ella en tres zancadas, sosteniendo la puerta del dormitorio para que no la cerrara. &lt;br /&gt;—Tengo que cambiarme de ropa —lo miró severa. &lt;br /&gt;—Anoche no estabas tan recatada —la enfrentó con violencia contenida. &lt;br /&gt;—La situación es diferente — &lt;em&gt;idiota fanfarrón, debería meterte una bala en las pelotas por grosero&lt;/em&gt;. Mantuvo la calma —Salgo en un minuto. &lt;br /&gt;Intentó cerrar otra vez, pero él se lo impidió, azotando la puerta contra la pared. Apoyado en el quicio de la puerta, Marcel recorrió el cuarto de una ojeada. La mirada se le volvió torva y la respiración pe-sada, mientras se le acercaba ominoso. &lt;br /&gt;—Es un dormitorio espléndido. &lt;br /&gt;Ella lo miró desconcertada. &lt;br /&gt;—Un piso espléndido. Muy elegante. Muy caro. ¿Quién paga por esto? —estaba pegado a ella; podía sentir el calor de su cuerpo a través de la bata. —¿La puta de quién me llevé a la cama? —susurró sobre su boca mientras la apretaba en un abrazo brutal. &lt;br /&gt;Trató de revolverse y soltarse pero Marcel la arrojó sobre la cama con tal facilidad que se asustó. Retrocedió, pero ya estaba sobre ella. &lt;br /&gt;— ¡Basta! ¡Me estás lastimando!&lt;br /&gt;—¿Con cuántos más, Odette? —él ya no la escuchaba —.Por eso estabas tan apurada por irte.  Tenías una cita,  pero, claro, anoche tuviste un desliz con el tipo equivocado —la tomó de los cabellos, aplastándola contra la cama con su cuerpo —¡Dios, qué estúpido! Yo te creí, ¡puta mentirosa! ¡Te hice el amor! —la voz se le quebró —.Te juro que te hice el amor... ¿Quién te esperaba?&lt;br /&gt;La sujetó de las muñecas y le pasó los brazos por encima de la cabeza, con un movimiento brusco, mientras le ahogaba las palabras en la garganta con besos rabiosos y desgarradores. Le separó las piernas con una mano de hierro, ayudándose con la rodilla. En medio de su desesperación, Odette sintió que se desabrochaba la bragueta. &lt;em&gt;¡No me hagas esto, por favor!&lt;/em&gt; Quería gritarle que estaba terriblemente equivocado, pero él no dejaba de castigarla con besos llenos de furor. Lo sintió luchar para penetrarla. &lt;em&gt;No, Marcel, con odio no...&lt;/em&gt; La arremetida la dejó sin aliento. Él levantó un momento el torso para abrirle la bata y desprenderse la camisa. Los botones saltaron por todas partes. Él le separó los brazos sin soltarla ni aminorar la furia con que se hundía en su carne. Con un gemido ronco ella trató de retorcerse y rechazarlo, pero el peso del hombre era demasiado. Intentó mover la pierna libre y él se la sujetó con crueldad, afirmándose más contra la cama. Lo oyó murmurar cosas terribles mientras la besaba y la poseía como un loco. Volvió la cara y lo miró a través de las lágrimas que le caían silenciosamente. &lt;em&gt;Por qué, por Dios, por qué.&lt;/em&gt; Entonces, él la miró como si la viera por primera vez. Se sostuvo encima de ella con los brazos, inmóvil durante un largo momento. &lt;br /&gt;—¡No llores, puta! ¡No me mientas! —susurró mientras ahogaba un sollozo. — ¡Te odio...! —le soltó los brazos, le tomó la cara y la besó desesperado. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;No es cierto. Tu cuerpo me dice que no es cierto&lt;/em&gt;, y para mostrarle que nunca le había mentido, se ofreció a su locura. Lo sintió buscar sus pechos y se estremeció, arqueándose contra él, abierta y húmeda, entregada por su propia sensualidad, pero él cerró los ojos para no verla ni perdonarla; entonces ella habría querido gritarle: “Te odio, no quiero, te odio”, pero sólo podía abandonarse cada vez más a lo que él quisiera hacer de ella. &lt;em&gt;No me dejes ahora.&lt;/em&gt; Lo sintió crecer en su interior y estallar. &lt;em&gt;Ahora, ahora, ahora&lt;/em&gt;. El orgasmo la atravesó desde lo más profundo de sus entrañas hasta la base del cerebro. &lt;em&gt;Te amo. ¿Por qué me hiciste esto? &lt;/em&gt;Cerró los ojos y más lágrimas le rodaron hasta las orejas. &lt;br /&gt;El colchón se sacudió cuando él se levantó. &lt;br /&gt;— No te vayas, no me dejes — ella le suplicó en un susurro y se acurrucó en la cama, incapaz de sentarse. Marcel estaba de pie junto a la cama, desencajado y con la mirada perdida, abrochándose la bragueta. &lt;br /&gt;Mareada, se incorporó despacio al tiempo que trataba de recuperar el aire. Él buscó algo en sus bolsillos, sacó un puñado de billetes y los tiró sobre las sábanas, a la vez que la empujaba hacia el dinero. &lt;br /&gt;—Esto incluye lo de anoche.&lt;br /&gt;El portazo estalló en medio de sus sollozos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio cuenta de que lloraba mientras conducía de regreso a su casa. De lo que no se había dado cuenta era del exceso de velocidad, que un patrullero sí notó. Lo detuvieron y le hicieron la prueba de alco-hol. “Conduzca con cuidado, teniente”, dijo el suboficial, haciendo la venia. Estaba desquiciado. &lt;em&gt;Dios, cómo pude ser tan boludo. Cómo pude creer que podría haber algo más.&lt;/em&gt; La rabia le pesaba en el pecho como un yunque. &lt;em&gt;¡Estúpido, estúpido! Volvió para encamarse con el otro, Massarino la pescó y se pelearon. Cuando respondió mis llamadas, me confundió con Massarino. Por eso me llamó "Auguste" y me mandó a la mierda. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Había salido como un loco para verla. Quería una explicación, hablar civilizadamente y decirle, civilizadamente, lo que pensaba de ella. Por lo menos, eso pensaba mientras le dolían las manos de aferrarse al volante. Encontrarla en bata era lo último que esperaba. Con cara de inocencia y haciéndole bromas. No supo qué fue lo que lo enfureció más: si el aire ofendido de ella al echarlo de su dormitorio, o el lugar mismo. Nunca había visto esa parte del piso; el cuarto era amplio, con muebles Art Déco que juraría eran originales, la &lt;em&gt;chaise-longue&lt;/em&gt; delante del ventanal, la cama sólida y enorme, de maderas exquisitas. Atrás se entreveía el vestidor. No era el dormitorio ultrafemenino que había esperado de una mujer sola. Había cierto dejo de virilidad en el lugar, los colores, las maderas. Un dormitorio para un hombre y una mujer. Amantes. Cerró los ojos mientras se le oprimía cada vez más el pecho. La cama estaba revuelta. &lt;em&gt;Se encamaron ahí, ¡ahí!... ¿El hijo de puta la estaba esperando?  &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Los celos lo cegaron. Quería poseerla para humillarla. “¿Anoche no tenías quién te calentara la cama, puta? ¿Por eso te quedaste?” le había gritado, loco de rabia, dolor y celos. No fue sino hasta que vio sus lágrimas silenciosas que tomó conciencia del daño que le estaba causando. Parecía tan... inocente. Por un instante le creyó, cuando en medio de su furia desesperada cayó en la cuenta de que ella se había abandonado a él. Como anoche. &lt;em&gt;Dios, ojalá fuera cierto. Ojalá tu cuerpo no mintiera tan bien.&lt;/em&gt; La besó como un condenado a muerte y ella le respondió. La sintió fundirse en su boca y alrededor de su sexo y estuvo a punto de creerle. “Zorra, no mientas", aulló para no gritarle te odio, te amo, te odio. Se vació en ella con furor, mordiéndose para no gritarle que era suya y que quería morirse allí mismo para no matarla. Cuando la oyó suplicarle indefensa, se despegó de su cuerpo con violencia. Quería que sufriera como él sufría, así que le arrojó los billetes a la cara. Mientras manoteaba el picaporte la oyó llorar. Salió temblando de coraje, porque si se quedaba iba a cometer una locura.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-6690554483581308346?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/6690554483581308346/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=6690554483581308346" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6690554483581308346?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6690554483581308346?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/05/la-dama-es-policia-capitulo-24.html" title="La dama es policía - CAPITULO 24" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SgtQZq5dOhI/AAAAAAAAAmg/-02iP80vbZU/s72-c/weaponscache_wideweb__470x314,0.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A08MRHk7fCp7ImA9WxJTGEg.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-7259471203372984073</id><published>2009-04-27T11:31:00.001-07:00</published><updated>2009-04-27T12:18:05.704-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-04-27T12:18:05.704-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="clave de acceso" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tráfico de personas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tortura" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPITULO 23</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SfX7G7V5mjI/AAAAAAAAAlI/0nDaGT3mxew/s1600-h/centro+computos+bn.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 305px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SfX7G7V5mjI/AAAAAAAAAlI/0nDaGT3mxew/s400/centro+computos+bn.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5329441830490184242" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SUBURBIOS DE PARÍS, VIERNES POR LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El analista miró con preocupación el teclado, sin decidirse. &lt;br /&gt;—¿Cómo podemos estar seguros?&lt;br /&gt;—Witowlski, hágalo. Es la clave correcta —insistió Auguste, impaciente. Odette se cruzó de brazos y se apoyó en la mesa vecina, mirando a otra parte. &lt;em&gt;Típico de ella cuando se irrita&lt;/em&gt;, pensó el comisario guardándose una sonrisa. &lt;br /&gt;—Comisario, si es falsa, perdemos todo —Witowlski estaba emperrado y asustado. Auguste sintió el apretón del miedo en las entrañas. &lt;em&gt;¿Y si Vaireaux mintió?&lt;/em&gt; Apretó los labios mientras se apoyaba pensativo sobre un monitor. &lt;em&gt; No, &lt;/em&gt;decidió. &lt;em&gt;La clave es correcta. Estoy seguro.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Michelon entró a paso rápido. &lt;br /&gt;—No me perdería esto por nada del mundo —dijo, excitada. Witowlski le lanzó una mirada oscura a la comisario y Michelon interrogó a Auguste con la mirada. &lt;br /&gt;—Temen que sea un dato falso —él explicó.&lt;br /&gt;—Es auténtico —murmuró Odette con un gesto contenido. &lt;br /&gt;—¿Cómo lo sabe? —Viktor Witowlski giró furioso la silla hacia ella, mirándola con desagrado. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Es comprensible: ama más sus computadoras que a las mujeres. O a los hombres. O a cualquier otra cosa viviente en la faz de la Tierra. Los misóginos tienen la ventaja de concentrarse a fondo en su trabajo, pero a la hora de las relaciones públicas son un  fiasco&lt;/em&gt;, pensó Auguste sin mirar a nadie.  Witowlski no podía soportar la idea de causar el colapso de ese sistema magnífico nada más que porque un (en este caso, una) oficial de los cuadros superiores le daba la clave equivocada. Odette  medía al analista como en un lance de esgrima. &lt;em&gt;Definitivamente, Witowlski desprecia a la raza humana&lt;/em&gt;, concluyó Auguste. &lt;br /&gt;—Tengo la certeza — Odette se enfrentó con Witowlski durante una eternidad, hasta que el analista no resistió más. &lt;br /&gt; —Hágalo, Viktor— Odette levantó una ceja—.Confíe en mí.&lt;br /&gt;—Es una orden, teniente. La clave es la correcta. Ingrésela, por favor —intervino Michelon con tono de voz controlado. &lt;br /&gt;El hombre vaciló. &lt;br /&gt;—Es... es una locura —murmuró mientras tecleaba despacio, muy despacio. Cada golpe de tecla sonaba a marcha fúnebre. &lt;br /&gt;La pantalla se volvió negra. &lt;br /&gt;—¡Estúpida! —giró hacia Odette, gritándole acusador: —¡Perdimos todo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SfX7hWGFxwI/AAAAAAAAAlg/Qg8xnGfjkG0/s1600-h/sello3.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SfX7hWGFxwI/AAAAAAAAAlg/Qg8xnGfjkG0/s400/sello3.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5329442284348229378" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El rostro de Massarino parecía tallado en mármol, un busto del César, el entrecejo fruncido y la mirada severa. Michelon levantó el mentón y la ceja derecha mientras lo taladraba con el hielo de sus ojos. La expresión de Marceau era impasible. Sin hablar, empujó suavemente a Witowlski hacia el asiento y lo hizo enfrentar el monitor. Los pixeles se reunían desde los extremos de la pantalla para formar un extraño dibujo: dos caballeros medievales de armadura, sentados uno detrás del otro en la grupa de un caballo. &lt;br /&gt;Witowlski boqueó por más aire. Los miró a los tres, uno a uno. Minos, Eaco y Radamanto, los tres jueces del Infierno. &lt;br /&gt;—¿Sabe qué es eso, Viktor? —preguntó la aterciopelada voz de Marceau, que evidentemente no esperaba respuesta alguna—. Es el sello de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo: La Orden del Temple. Tranquilo, está todo bien—le palmeó el hombro —.Ahora, haga lo que le gusta hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Listas interminables de nombres, direcciones, cuentas bancarias. Nombres importantes. Políticamente importantes. Ministros, secretarios de Estado. Financistas internacionales, embajadores, industriales. Otros, desconocidos. Michelon ordenó que los suboficiales y los oficiales de menor rango se retiraran de la sala de cómputos. Información clasificada. En el otro extremo de la sala, se estaban grabando los registros para llevarlos al centro de cómputos de la PJ. &lt;br /&gt;—Quiero los listados completos antes de preparar ningún informe. Necesitamos estar seguros de quién está de qué lado— ordenó Michelon mientras intentaba aparentar una tranquilidad y seguridad que ya no sentía.&lt;br /&gt;Los nombres que iban apareciendo le helaban el sudor en la espalda. &lt;em&gt;Jesús, ¿quién está limpio?&lt;/em&gt; Era más peligroso que manejar uranio. La comprensión de que el operativo había llevado a algo tan impresionante, a niveles políticos y económicos inimaginables, apenas lograba hacerse lugar en su mente. El miedo se estaba apoderando de los presentes en la sala de cómputos y ya podía olerse. &lt;br /&gt;—Comisario —Madame llamó a Massarino—, haga cercar el perímetro. Nada, repito, nada de lo que aparece aquí, ni las grabaciones, debe salir de este edificio hasta que yo en persona se lo indique. No acepte ni siquiera una llamada telefónica o un radiomensaje en mi nombre. Ni aun si reconoce mi voz. Es una orden.&lt;br /&gt;—Madame, ¿puedo preguntarle qué piensa hacer?&lt;br /&gt;—Ver al Presidente —bajó la voz —.Si es que todavía podemos confiar en alguien. Pero antes quiero ver todos los nombres.&lt;br /&gt;Witowlski se rehabilitó al sugerir que intentaran interconectar el Archivo Central con el servidor de la fábrica. &lt;br /&gt;—Puedo pedirle al programa que compare los datos e imprima los que están registrados en ambos, en un listado separado. La búsqueda sería más fácil.&lt;br /&gt;Michelon estuvo de acuerdo y el capitán Santon solicitó la conexión, que demoró varias horas debido a las discusiones con los técnicos del Archivo Central, el personal de Inteligencia y la propia comisario, que se negaba a filtrar información fuera del perímetro. Finalmente se acordó que un grupo de agentes de Inteligencia de alto rango ingresaría en la fábrica para supervisar la conexión y asegurar las condiciones del operativo. La tarea no fue menos titánica. ¿Quién mierda estaba limpio? Horas revisando nombres. Michelon suspiró agotada. ¿Cómo podría estar segura de a quién recurrir? Tendrían que verificar cuidadosamente a los que no figuraban. ¿Y si utilizaban a algún intermediario? &lt;em&gt;Jesús, la paranoia total. Sospecha de la sospecha de una sospecha&lt;/em&gt;. Notó que le temblaban las manos, quién sabe si por el cansancio o el temor. &lt;br /&gt;Miró a su alrededor. A esas horas, ya nadie conservaba la compostura. Había corbatas y sacos tirados por todas las sillas disponibles. Su propio traje de Chanel estaba arruinándosele, y en la cara no le quedaban ni vestigios de maquillaje. El aire acondicionado ya no bastaba para eliminar los olores de cigarrillos, perfumes rancios y transpiración. Como si faltara algún otro olor, alguien —Suministros, seguramente— había tenido la buena idea de darle de comer al personal... pizza. Así que ahora todo y todos olían, además, a pizza. Magro consuelo: podría haber sido sopa de cebolla. ¿Cómo olería el Pequod? &lt;br /&gt;En un momento vio a Marceau, de camisa y suéter negros y jeans, regresar a la sala. Bajo la luz cruel de los tubos fluorescentes, se la veía pálida y con las mejillas hundidas. Recordó lo que Massarino le había informado sobre el copamiento del lugar. &lt;br /&gt;—Marceau —le hizo señas con la mano. Cuando estuvieron cerca, bajó la voz. —Váyase a su casa.&lt;br /&gt;Marceau negó con la cabeza. Se pasó la mano por el cabello, revolviéndose el flequillo y peinándose luego con los dedos, en un gesto infantil que hizo sonreír a la comisario. &lt;br /&gt;—Salí a preguntar por... las mujeres que rescatamos —la capitán se pasó las manos por la cara y se apoyó contra una mesa. —Las hermanas Marie y Denise y otras tres que estaban a punto de... —buscó las palabras con renuencia. &lt;br /&gt;—De ser... despachadas. —Michelon completó la frase  y cerró los ojos al recordar el horror que le habían descripto. &lt;em&gt;¿Qué clase de monstruos trata a otros seres humanos como mercadería?&lt;/em&gt; Marceau asintió. &lt;br /&gt;—Marie y Denise salieron bastante bien libradas, gracias al Cielo. Las otras tres... No están bien. Les va a tomar mucho tiempo recuperarse, si se recuperan —tenía los ojos brillantes por las lágrimas. —Estoy... indignada. Dios, ¡cinco sobrevivientes!&lt;br /&gt;—Seis —acotó la comisario, mirándola fijamente—. No sabemos qué puede haber pasado con las demás.&lt;br /&gt;—Están muertas —respondió Marceau con amargura, y ambas sabían que era cierto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SfYEqbsHjzI/AAAAAAAAAlo/HHXcvbjjlzM/s1600-h/torturas_1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 262px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SfYEqbsHjzI/AAAAAAAAAlo/HHXcvbjjlzM/s400/torturas_1.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5329452336073379634" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué significa eso? — dijo Witowlski hablando consigo mismo, como de costumbre. Los archivos comenzaban todos con las mismas letras: FYEO, y concluían con letras sin relación. La extensión era de archivos de video. Odette repitió las letras en voz baja. &lt;br /&gt;—Es inglés. "For your eyes only" Sólo para tus ojos... —la voz de Prévost le asaltó la memoria. Después de un instante, dijo: —Busquemos alguno que tenga “mdb” antes de la extensión. &lt;br /&gt;Allí estaba: FYEOMDB. Cuando intentaron verlo, apareció el requerimiento de una contraseña. &lt;br /&gt;—Estamos como al principio —gruñó Auguste. &lt;br /&gt;— A ver si... — Odette tecleó velozmente y pidió acceso. Denegado. Tecleó por segunda vez. La pantalla se desplegó. Auguste, Michelon y Witowlski miraron como hipnotizados el monitor. Odette vio los primeros segundos y giró hasta quedar de espaldas a la pantalla. &lt;em&gt;No puedo soportarlo otra vez&lt;/em&gt;. Oyó las expresiones ahogadas de su hermano y de la comisario, y se alejó. Alguien retiró una silla y salió apresurado. Ella se sentó con los codos sobre las rodillas, la frente apoyada en las manos. El audio transmitió los disparos, y el video concluyó abruptamente. Se oyó el sacudón de un puño sobre una mesa. Auguste. Odette sintió una mano en su cabeza, que se deslizó hasta el hombro; era Michelon. Trató de recuperar la compostura. &lt;br /&gt;—Cualquier cosa que diga es una estupidez. Son... —Michelon no encontraba las palabras. &lt;br /&gt;—Inhumanos —Odette completó la frase mirando a ninguna parte. Se puso de pie con un escalofrío. —Las letras después de FYEO son iniciales de los entrenados por la Orden. La contraseña es el apellido. Debe de haber un listado en alguna parte.&lt;br /&gt;Auguste estaba apoyado contra la pared, los brazos cruzados y la mandíbula encajada, sin mirar a ninguna parte. Cruzaron las miradas mientras se le acercaba, y le vio los ojos empañados. Si la sala de cómputos de mierda no hubiera estado atestada de oficiales de la Brigada y de Inteligencia mirando exactamente en su dirección, se habría abrazado a su hermano para llorar. Se sentó dándole la espalda, a sabiendas de que él sentía la misma angustiosa necesidad. &lt;br /&gt;—¿Qué más te hicieron? —la pregunta le llegó en un murmullo entre dientes. &lt;br /&gt;Negó con la cabeza. &lt;em&gt;¿Para qué? Me aterrorizaron un poquito. Ya terminó. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—No voy a dejar a un solo hijo de puta vivo, te lo juro — susurró Auguste por encima de su hombro. Michelon se sentó a su lado y le tocó el brazo. Odette asintió agradeciendo el gesto de consuelo. &lt;br /&gt;Witowlski se les acercó tímidamente. Tenía el rostro descompuesto de uno que acaba de vomitar. Del cabello le caían gotitas de agua. &lt;br /&gt;—Capitán... Es... para usted —le tendió un CD —Me... tomé la libertad de grabar... ese archivo y... eliminarlo de la memoria principal —vaciló, mirando a las dos mujeres. Odette sonrió, se levantó, se acercó a Witowlski y le besó la mejilla&lt;br /&gt;—Muchas gracias, Viktor.&lt;br /&gt;El hombre giró sobre sus talones y volvió a su teclado a toda velocidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué le pasa a Witowlski? Está sonriendo como un boludo— murmuró uno de los oficiales. &lt;br /&gt;—No sabía que le funcionaban esos músculos de la cara —fue la respuesta en voz baja—. Habrá tenido un orgasmo durante el log-in.&lt;br /&gt;Auguste apretó los labios para no reírse a su pesar. &lt;em&gt;Los muchachos están tratando de distenderse. &lt;/em&gt; Los videos eran todos de características similares y concluían indefectiblemente con la muerte de la mujer. ¿Para qué grabar esas atrocidades? Tenía una teoría y se moría por darla a conocer. &lt;br /&gt;— Parece que te estás convenciendo de las bondades de la psicología — comentó Odette con una sonrisita mordaz. Auguste le devolvió una mueca y siguió exponiendo orgulloso.&lt;br /&gt;—Parte del condicionamiento. Por Dubois sabemos que el centro de entrenamiento preparaba asesinos profesionales. Sería una forma de probar si había funcionado, a la vez que permitiría ejercer presión sobre algún posible rebelde. Supongo que si el “soldado” no podía ejecutar esa orden, él mismo era eliminado.&lt;br /&gt;Michelon cerró los ojos. &lt;em&gt;Ya sé, es repugnante&lt;/em&gt;, convino Auguste. &lt;br /&gt;— ¿Qué otros horrores hay almacenados ahí? — preguntó Madame.&lt;br /&gt;—Dubois también habló de cintas de video. Por lo general, copamientos militares y cosas por el estilo. Pero comentó que la sensación después de verlos era de suma violencia, aunque no podía comprender el porqué. ¿Qué podrá ser? —preguntó Auguste. &lt;br /&gt;—Información subliminal —respondió Odette —. Si pudiéramos analizar alguno...&lt;br /&gt;Auguste pidió a uno de los oficiales que buscara cintas de video. &lt;br /&gt;—Páselas cuadro por cuadro —indicó Odette al operador. &lt;br /&gt;Allí estaban. Intercaladas cada varios cuadros de la película principal, estaban los cuadros que buscaba. Violencia sexual. Escenas de tortura y muerte. La víctima, una mujer o, peor, una criatura. &lt;br /&gt;—Voy a vomitar —murmuró Auguste.&lt;br /&gt;—Las damas primero —replicó Odette. Michelon había salido apresurada. No hacía falta preguntar a dónde. &lt;br /&gt;Cuando Michelon se fue de regreso al Quai, Odette se le apoyó en el brazo.&lt;br /&gt;—Tenemos que hacer algo con Dubois.&lt;br /&gt;Él la miró sin entender. &lt;br /&gt;—También lo programaron. Si no lo recuperamos, tenemos entre nosotros a un asesino potencial.&lt;br /&gt;A Auguste se le erizó el pelo de la nuca.&lt;br /&gt;—Estuve hablando con él. Recuerda perfectamente todo lo que hizo durante las semanas en este sitio, los entrenamientos, las salidas, todo. Estaba un poco alterado cuando llegamos, pero...&lt;br /&gt;—Viste las cintas de video y los archivos, igual que yo. &lt;br /&gt;¿Le pareció o su hermana había palidecido? La miró preocupado: ella tenía razón. &lt;br /&gt;—¿En qué pensaste? — se resignó ante lo inevitable.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-7259471203372984073?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/7259471203372984073/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=7259471203372984073" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/7259471203372984073?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/7259471203372984073?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/04/la-dama-es-policia-capitulo-23.html" title="La dama es policía - CAPITULO 23" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SfX7G7V5mjI/AAAAAAAAAlI/0nDaGT3mxew/s72-c/centro+computos+bn.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;A08FSXg5eip7ImA9WxVbEUo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-4863400376330061096</id><published>2009-03-27T11:00:00.000-07:00</published><updated>2009-03-27T11:50:18.622-07:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-03-27T11:50:18.622-07:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="sistema" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="clave de acceso" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="conexión argentina" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="centro clandestino" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tortura" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trata de personas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><title>La dama es policía - CAPITULO 22</title><content type="html">&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/TgWyBFiCXyQ&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/TgWyBFiCXyQ&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;JUEVES, SUBURBIOS DE PARÍS,  PRIMERAS HORAS DE LA MAÑANA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Michelon quiere vernos — le avisó Auguste mientras recogía su abrigo y el de ella. En la fábrica de chocolates la tensión crecía minuto a minuto. Los técnicos en sistemas no lograban romper la clave de acceso a una enorme cantidad de archivos clasificados. &lt;br /&gt; —Es un sistema digno de un servicio secreto —comentó el analista en jefe—. Cualquier intento por probar una clave causa el total colapso de los datos. Todo se pierde sin remedio. Es algo así como un virus, un “gusano” que está en la superficie del disco y se anula únicamente con la clave correcta. Si ingresamos un dato errado o le acoplamos un programa aleatorio, el “gusano” se activa y destruye la información antes de poder recopiarla. —El capitán Santon estaba entusiasmado con el hallazgo. — Magnífico. Deberíamos tener algo parecido.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Que lo copien. Siempre se aprende algo. Mientras tanto, vamos a ver a Madame&lt;/em&gt;, pensó Odette&lt;br /&gt; Madame Claude Michelon. Que había exigido el “Madame” —“A los cincuenta y tantos tengo ganado el derecho”, decía— aunque nunca había dejado de ser “Mademoiselle”. Claudette, para los escasísimos íntimos. Safo, o epítetos peores, para el vulgo de la Brigada. &lt;em&gt;¿Por qué será que donde trabajan más de dos personas, se tiende a tomar la vida sexual del prójimo como tema principal de conversación? El único lugar libre de murmuraciones en la Tierra debe de estar en los satélites orbitales no tripulados. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Madame se había ganado muy dura y dignamente el cargo de comisario de la Brigada Criminal y el puesto era más que merecido. La dama de acero: ojos de hielo gris, cabellos grises, severos trajes de Armani.&lt;em&gt;Aquel a quien alguna vez Michelon haya levantado la voz, que tire la primera piedra. No necesita hacerlo; su tono mesurado te escarcha la transpiración. ¿A quién carajo le importa el tipo de compañía que prefiere?&lt;/em&gt;, Odette se encogió de hombros. &lt;em&gt;El chusmerío es el pan de todos los días. A veces, hasta resulta conveniente que te asignen amantes de oficio; evita intromisiones molestas&lt;/em&gt;. Mientras esperaban el cambio de luces del semáforo, se inclinó hacia Auguste y le estampó un beso en la mejilla. Él se volvió a medias, levantando las cejas por la sorpresa y le sonrió. &lt;br /&gt; —&lt;em&gt;Lucertola&lt;/em&gt;(1) —le dijo mientras la despeinaba.&lt;br /&gt; —&lt;em&gt;Scugnizzo&lt;/em&gt;(2) —los halagos habituales de la infancia. &lt;br /&gt; —Ah, esto me recuerda que llamó &lt;em&gt;mamma&lt;/em&gt; —nunca era “mamá” para Auguste. —Dice que compremos "L'Osservatore Romano" y el "Eco di Roma".&lt;br /&gt; Mensaje de Varza. Se detuvieron en un quiosco a comprar. Rápidamente buscó en los obituarios. Ahí estaba: “Monseñor Jacques Roland de Coulignac, RIP. La familia Varza lamenta la triste desaparición de un amigo entrañable”, bla, bla, bla. En los policiales del Eco, el pequeño suelto que mencionaba el accidente fatal sufrido por Monseñor al ser atropellado por el camión que habitualmente entregaba provisiones en los almacenes del Vaticano. Una lamentable falla en el sistema de frenos. El chofer estaba libre. L’Osservatore publicaba la habitual elegía. &lt;br /&gt;Auguste miró de reojo mientras estacionaban en el garage de la Brigada. Un apellido que había pertenecido en su época a la nobleza francesa. &lt;br /&gt; —De Coulignac. Abajo el clero y la monarquía —Auguste hizo un gesto obsceno con el dedo mayor. &lt;br /&gt; —Viva la Revolución —Odette le devolvió el ademán. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0ZRzpl6AI/AAAAAAAAAjI/ZpZ0oSvhyyo/s1600-h/paris-quai-des-orfevres.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 250px; height: 188px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0ZRzpl6AI/AAAAAAAAAjI/ZpZ0oSvhyyo/s400/paris-quai-des-orfevres.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317934528707553282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;36, Quai des Orfévres, Paris&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;QUAI DES ORFÈVRES, DESPUÉS DE MEDIODÍA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; —No necesito decirles que no nos queda mucho tiempo. Vamos a tener que ponerles abogados a esas ratas. ¿No pudieron entrar en los archivos? —Michelon estaba muy molesta. &lt;br /&gt; —Todavía no— Auguste estaba más que molesto; tenía los ojos terriblemente negros. &lt;em&gt;Mala señal&lt;/em&gt;, pensó Odette sin abrir la boca.&lt;br /&gt; —Madame, los únicos que pueden darnos la clave están en nuestras manos. Podemos obtenerlas si...—Odette miró ansiosa a la comisario. &lt;br /&gt; —¡Se niegan a hablar sin un abogado! ¿Qué vamos a hacer? —Auguste sacudió el escritorio con el puño. —¿Golpearlos? ¿Para que después aleguen brutalidad policial y tengamos que largarlos por culpa del procedimiento? ¡No!&lt;br /&gt; —¡No nos darán una puta información, con abogados o sin ellos! — retrucó ella.&lt;br /&gt;Auguste la miró de reojo, reprobándola. &lt;br /&gt; —Comisario, capitán, por favor — intervino Michelon. — Siento la misma repugnancia que ustedes por esos individuos, pero me niego a utilizar cualquier tipo de violencia. Si los técnicos no consiguen nada en estas horas, tendremos que darles sus condenados abogados..&lt;br /&gt; Auguste se recostó contra el sillón y miró al techo. Tanto esfuerzo desperdiciado. &lt;em&gt;¡Mierda que le vamos a dar abogados a esos hijos de puta!, &lt;/em&gt;pensó Odette y una idea se le cruzó como un relámpago.&lt;br /&gt; —Madame, quisiera proponer algo. Sin brutalidad policial. Puede resultar, estoy segura...&lt;br /&gt; —¡No! — rugió Auguste, mirándola furioso. —¡No más riesgos inútiles!— e hizo un ademán termi-nante con la mano. &lt;br /&gt; Odette contuvo a medias una mueca de disgusto. Michelon los miraba inexpresiva. &lt;em&gt;Cristo, Madame está de pésimo humor&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt; —Madame, por favor, ¿me permitiría cinco minutos con usted? —arriesgó Odette. &lt;br /&gt; Michelon los miró alternadamente. &lt;br /&gt; —Comisario —un gesto de la cabeza: "Afuera"&lt;br /&gt; —Sí, Madame — deletreó Auguste y salió después de lanzarle una ojeada asesina y negra a su hermana menor.&lt;br /&gt; Cuando Auguste hubo salido, Michelon la miró con ojos de hielo. &lt;br /&gt; —Adelante, capitán. Tiene sus cinco minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Era inteligente. Retorcido, pero inteligente; había que admitirlo. La comisario dejó en paz el cortapapeles y vio a su subalterna contener la respiración. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sabe que ya tomé una decisión &lt;/em&gt;—pensó mientras reprimía una sonrisa—.&lt;em&gt; Me conoce mejor de lo que yo pensaba, capitán. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Usted se graduó en Psicología... —más para sí que para la otra —.Puede funcionar... Pero — levantó un dedo, — yo debería presenciar los interrogatorios y estar al tanto del tratamiento previo. Podría ser... No lo sé — se  hamacó en el sillón. — No es muy ortodoxo que digamos.&lt;br /&gt;Marceau no abrió la boca: no era la respuesta que estaba esperando. Cuando el silencio se prolongó, la capitán amagó a levantarse con los labios apretados.  Madame la detuvo con un gesto.&lt;br /&gt; —Comprenda, capitán, que oficialmente no puedo aprobar lo que me pide— Marceau asintió rígidamente— Extraoficialmente…, hágalos mierda. Y recuerde que quiero estar presente.&lt;br /&gt; —Gracias, Madame — la capitán sonrió con una sonrisa de navaja.&lt;br /&gt; Mientras Marceau salía, Madame levantó el teléfono para avisar que Massarino y la capitán quedaban a cargo de la custodia de los detenidos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BUENOS AIRES, JUEVES, ÚLTIMA HORA DE LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt; —¿Qué mierda pasa, que no hay comunicaciones?&lt;br /&gt; —¡Cómo que no hay! Llamaron anteayer. Todo bien. Fueron a buscar a las minitas para el turco nuevo. &lt;br /&gt; —¿Y? Lo mismo tienen órdenes. Se comunican cada veinticuatro horas.&lt;br /&gt; —No, Mengele. Ahora cada treinta y seis o cuarenta y ocho.&lt;br /&gt; —¿Por qué cambiaron la frecuencia? ¿Cuándo fue, y quién decidió sin avisarme? Se supone que yo estoy a cargo de las comunicaciones.&lt;br /&gt; —Uh, dale, macho. ¿Tenés miedo de perder autoridad? Si anda todo bien... Todos los días es un embole.&lt;br /&gt; —Es asunto mío. ¿Quién carajo dio la orden de variar?&lt;br /&gt; —Yo — El Briga intervino a sus espaldas. &lt;br /&gt;&lt;em&gt; Las cosas con el Brigadier no andan bien. Ultimamente cambiamos dos palabras y tres puteadas. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt; —Voy a llamar —manoteó el teléfono, pero el otro le detuvo la mano. &lt;br /&gt; —No. Esperá que llamen ellos. Así hacemos siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0YiKj714I/AAAAAAAAAjA/BIZZN8ysYL4/s1600-h/400px-La-Sante-Prison-MCB.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0YiKj714I/AAAAAAAAAjA/BIZZN8ysYL4/s400/400px-La-Sante-Prison-MCB.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317933710224119682" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;Prisión de La Santé, en el centro de París&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, PRISIÓN DE LA SANTÉ. MADRUGADA DEL VIERNES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¿Cuánto hacía que estaba ahí? Cuando fueron a buscarlo a la celda, uno de los oficiales le dijo que ya no estaba bajo la custodia de la Brigada. &lt;em&gt;Bien, están entendiendo. Llamaron a los abogados&lt;/em&gt;. Pero se presentaron dos desconocidos que, después de cerrar la puerta, lo esposaron, le vendaron los ojos y lo encapucharon. Un miedo irracional se apoderó de sus entrañas y ya no lo abandonó.  Vaireaux caminó sostenido por sus custodios a lo largo de pasillos interminables —arriba, abajo, vuelta a la derecha, ascensor, el automóvil, más pasillos hasta perder la cuenta—. Cuando se detuvieron, oyó la puerta que se abría y sintió el empujón. Cerraron y el pestillo exterior corrió estruendosamente. Después, nada. Gritó y gritó, pero nadie se acercó a quitarle la venda o las esposas. Escuchó atentamente. Afuera no había nadie. La desesperación se le trepó por el cuerpo y se le enroscó en la garganta. &lt;br /&gt;Alguien entró. Arrojaron a su lado ¿un cuerpo? Por el sonido sordo que hizo al caer, eso parecía. Patearon al otro entre insultos. Gritos. Una voz de hombre sollozaba. Más insultos. Más golpes. El otro no habló más. &lt;em&gt;Dios, está inconsciente&lt;/em&gt;. Intentó ponerse de pie y una mano de hierro lo lanzó contra la pared. “No te metas. No es tu turno”, le dijo alguien. Disparos. Dos, tres. “Sáquenlo”, ordenó una voz. Estaba solo otra vez. La ropa empapada de transpiración se le pegaba asquerosamente al cuerpo. Oyó voces afuera, débiles tras la puerta metálica. &lt;em&gt;Vienen a buscarme. Vienen a buscarme…&lt;/em&gt; El corazón le bombardeaba el pecho. “Abajo”, dijo otro desde atrás. Tuvieron que sostenerlo porque el pánico no lo dejaba caminar. &lt;br /&gt;La silla metálica estaba fría bajo su carne desnuda. Lo esposaron, manos y pies, a los brazos y patas de la silla. El corazón le latía tan fuerte que le retumbaban los oídos. La puerta. Pasos suaves. Inesperadamente, oyó música. Lenta, profunda, dramática, evocando emociones terribles. Las entrañas estaban a punto de derramársele. “Apaguen esa música”, gritó mientras se sacudía impotente en la silla. Una mano suave y perfumada le quitó la venda. Una mujer. De bata negra, entreabierta, que dejaba ver el nacimiento de los pechos blancos. Lo miró y, sin hablarle, comenzó a calzarse guantes negros de cuero. Se sentó encima de la mesa, sobre la que había una gran jarra con agua y una varilla... una picana. La silla... &lt;em&gt;La silla es de metal…. ¡No, no, no...!&lt;/em&gt; Ella se inclinó, y él pudo ver más del interior de su bata. Sintió la erección. En otras circunstancias... Ahora estaba seguro de que ella iba a matarlo. Ese cuerpo, esa mujer, no podían estar haciéndole esto. La boca de ella rozó la suya y murmuró: &lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0bHGda8NI/AAAAAAAAAjY/9r5v_gE-Br0/s1600-h/Cuanto+tiempo+vamos+a+perder.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 324px; height: 400px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0bHGda8NI/AAAAAAAAAjY/9r5v_gE-Br0/s400/Cuanto+tiempo+vamos+a+perder.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317936543801471186" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; —¿Vas a hacerme perder mucho tiempo?&lt;br /&gt; La miró enloquecido mientras ella encendía un cigarrillo. Con la brasa peligrosamente cercana a su piel, le recorrió la cara. En los ojos de esa mujer estaba su muerte. Ella estiró un pie diminuto calzado con tacón negro y le recorrió el borde de la mandíbula, el pecho y el bajo vientre con la punta del zapato. La música atronaba trágica. Ella bajó la mano con el cigarrillo hasta la altura de la entrepierna. Su cara de muñeca era una máscara de placer perverso. &lt;br /&gt; —No... no quiero — dijo en un estertor. La erección le estaba haciendo doler el escroto. &lt;br /&gt; —¿No? — ella se puso de pie, tomó la picana y la probó contra la mesa, también metálica. Funcionaba. Sirvió un vaso de agua y se acercó.&lt;em&gt; Agua no.&lt;/em&gt; Era lo único en que podía pensar. &lt;em&gt;No quiero, no quiero, no quiero...&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Me prometieron... — gimió él. Ella alzó las cejas con estudiada sorpresa. —... Abogados —estaba ronco del miedo. Ella se limitó a sonreír irónica. &lt;br /&gt; —Ya vinieron. Ellos te trajeron —le acarició la boca con un dedo. —¿Dónde creías que estabas? ¿Parezco de la policía?&lt;br /&gt;&lt;em&gt; ¡Me traicionaron!&lt;/em&gt; La comprensión lo llenó de terror y acabó con la excitación y la erección. ¡&lt;em&gt;Los hijos de puta salvaron el culo y me entregaron a... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt; —Quiero algo a cambio para dejarte ir. Algo que me sirva —le sostuvo la cara y acercó el vaso de agua. &lt;br /&gt;Algo caliente le corrió entre las piernas. &lt;em&gt;Dios mío, nno, nooooo...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0bRh1bJBI/AAAAAAAAAjg/pGuZUBVPtF0/s1600-h/Vaireaux_1.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 269px; height: 320px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0bRh1bJBI/AAAAAAAAAjg/pGuZUBVPtF0/s320/Vaireaux_1.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5317936722948596754" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado del cristal, Massarino tomó nota de las claves. Michelon observaba impasible. El hombre esposado a la silla era un desecho humano en medio de un charco de orina. Marceau se apartó de la mesa, se ajustó la bata negra y aplastó el cigarrillo contra el piso. Se volvió de espaldas a la ventana mientras dos oficiales en ropas de civil entraban en la sala de interrogatorios. Chopin sonaba dulce y trágico en el aire. &lt;br /&gt; —¡Dijiste que iban a perdonarme! ¡Dijiste...! — Vaireaux sollozó desesperado, mientras le vendaban los ojos otra vez. &lt;br /&gt; Marceau se inclinó hacia él, le besó los labios, susurró:&lt;br /&gt;—Mentí —y salió. &lt;br /&gt; Los gritos de Vaireaux hicieron eco todo a lo largo del pasillo hasta el ascensor. &lt;br /&gt; —Quién sabe por qué lo besó —murmuró Michelon. Sospechaba que Massarino sí lo sabía pero que prefería guardarse la información.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) Lagartija&lt;br /&gt;(2) Ladronzuelo&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-4863400376330061096?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/4863400376330061096/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=4863400376330061096" title="2 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/4863400376330061096?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/4863400376330061096?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/03/la-dama-es-policia-capitulo-22.html" title="La dama es policía - CAPITULO 22" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/Sc0ZRzpl6AI/AAAAAAAAAjI/ZpZ0oSvhyyo/s72-c/paris-quai-des-orfevres.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">2</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DE4MRn8zfip7ImA9WxVWFEQ.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-1503736615306987799</id><published>2009-02-10T18:10:00.000-08:00</published><updated>2009-02-24T09:36:27.186-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-02-24T09:36:27.186-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tortura" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trata de personas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela negra" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="condicionamiento" /><title>La dama es policía - CAPÌTULO 21</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZydf6BuVPI/AAAAAAAAAiY/lkyxfpZVB0I/s1600-h/Operativo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZydf6BuVPI/AAAAAAAAAiY/lkyxfpZVB0I/s320/Operativo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304287632613594354" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SUBURBIOS DE PARÍS, MARTES, ÚLTIMAS HORAS DE LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Vamos, Maurizio. Hoy hará su primera selección.&lt;br /&gt;La opresión en el pecho, que llevaba desde el momento en que había pisado por primera vez ese lugar nefasto, aumentó hasta hacerse intolerable. El pulso le martilleaba en las sienes. Se puso de pie y caminó detrás de Jacques con piernas como de madera. Jacques se volvió a medias, sonrió y le palmeó el hombro. &lt;br /&gt;—Tranquilo. Todo saldrá bien.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dios, cree que estoy preocupado por los resultados&lt;/em&gt;. Marcel devolvió la sonrisa aunque era consciente de que más parecía una mueca que le deformaba la cara. Hacía menos de dos días que habían llegado las nuevas para el &lt;em&gt;dressage&lt;/em&gt;. Hablaban de ellas como si fueran animales. Sintió un vuelco en el estómago y creyó que estaba a punto de vomitar. &lt;em&gt;Odette tiene que estar en ese grupo&lt;/em&gt;, recordó. Por lo que sabía, el pequeño convento alsaciano había sido el objetivo más reciente. Si todo resultaba como en el plan original, la detección conjunta de su localizador y el gemelo que ella tenía instalado debía ser la señal para iniciar la etapa final de la operación. &lt;em&gt;Massarino, espero que estés ahí afuera...&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Mientras bajaban en el montacargas, Jacques comentó: &lt;br /&gt;—Parece que las nuevas son delicatessen. Vamos a ver. &lt;br /&gt;Marcel sonrió mientras intentaba que el aire le llenara los pulmones y Jacques le palmeó un hombro.&lt;br /&gt; —No esté tan nervioso. Después de hoy, todo resultará mucho más fácil.&lt;br /&gt;La habitación del otro lado del cristal era como la que había visto en los audios de Vaireaux: la grilla metálica vertical con correas de cuero, una mesa auxiliar con instrumental quirúrgico, agua y la varilla conectada a la línea de corriente. Un escalofrío le erizó el vello de la nuca. Prévost estaba allí, calzándose guantes de cuero y probando los instrumentos. &lt;br /&gt;La puerta del otro extremo se abrió y dos hombres — creyó reconocer a Wenger; al otro no lo había visto nunca antes—, entraron a una mujer vestida con un camisón blanco sin mangas que se apreciaba mojado y con manchas que, del otro lado del cristal, no eran identificables. Tenía los ojos vendados con una tela negra que le tapaba la mitad superior del rostro, pero mientras le soltaban las esposas y le sujetaban las muñecas a las correas de la grilla, Marcel sintió una punzada en las entrañas. Encajó la mandíbula y cruzó las manos detrás de la espalda hasta que le dolieron los brazos por el esfuerzo. &lt;br /&gt;Prévost hizo salir a los otros dos y habló hacia el micrófono que transmitía a la salita de observación. &lt;br /&gt;—Sólo para tus ojos, Maurizio. &lt;br /&gt;La mujer que estaba en la grilla dio un leve respingo. &lt;br /&gt;Marcel tragó saliva con dificultad. &lt;br /&gt;Prévost se acercó a la mujer, le tomó la cara, la forzó a volverse hacia él y sin quitarle la venda, murmuró algo que ellos, del otro lado, no pudieron oír. La reacción que provocó fue increíble: la mujer disparó una de sus piernas, todavía libres, hacia arriba, acertando en la entrepierna del sorprendido Prévost. El hombre retrocedió con un aullido. Jacques sonrió. &lt;br /&gt;—Una joya. Parece que va a dar trabajo. ¿Le gustará a su representado?&lt;br /&gt;—No lo dudo — pudo articular Marcel—. Es... de su tipo.&lt;br /&gt;Pero Prévost se había puesto de muy mal humor. Giró y descargó un revés brutal sobre el rostro de la mujer, que, a pesar del golpe, no gritó. &lt;br /&gt;Jacques abrió el micrófono de su lado. &lt;br /&gt;—¡No la golpees en la cara, estúpido!&lt;br /&gt;—¡La puta casi me castra! —rugió el parlante.&lt;br /&gt;—¡Nada de golpes, Prévost! ¿Está claro? —Jacques estaba molesto. Cerró el micrófono y se dirigió a Marcel:&lt;br /&gt;—Está tomando demasiada iniciativa personal. &lt;br /&gt;La náusea lo dominó otra vez. &lt;em&gt;¡Dios, este hijo de puta habla del verdugo de la Orden como de un empleado con veleidades de ascenso! En el nombre de Dios, Massarino, ¿dónde mierda estás?&lt;/em&gt; Miró como hipnotizado lo que ocurría del otro lado del cristal. &lt;br /&gt;Prévost había sujetado las piernas de la mujer a la grilla y le estaba cortando la ropa, dejándola desnuda. Tocó el metal con la varilla y el cuerpo de la mujer se arqueó. El grito estalló en los oídos de Marcel a través de los parlantes. Indiferente, Jacques movió un dial y bajó el volumen. La varilla — &lt;em&gt;picana&lt;/em&gt;, recordó Marcel— rozó alternadamente los pechos de la mujer y la grilla a la que estaba sujeta. Luego, los dedos de los pies en la unión con las uñas. Los lóbulos de las orejas. La mano enguantada hundió la picana en la entrepierna, y el grito desgarrador lo paralizó. Los pezones, otra vez. Prévost se detuvo un momento a observar: a la mujer le costaba respirar y los gritos ya eran gemidos roncos y entrecortados. &lt;em&gt;Las descargas eléctricas provocan tetanización &lt;/em&gt;—pensó, sorprendido por el curso de sus ideas—, &lt;em&gt;los músculos se paralizan y el individuo se asfixia&lt;/em&gt;. Tuvo un flashback y las imágenes de los audios se superpusieron con la escena que tenía delante. Abrió la boca pero no emitió ningún sonido. Estaba sordo y mudo; sólo veía, sin saber si lo que veía era real o producto de su memoria. Una voz le llegó entre algodones. &lt;br /&gt;—Entremos —decía Jacques mientras lo tomaba del codo. &lt;br /&gt;Caminó como un autómata, oyendo el estallido de sus propios pasos en algún lugar de la cabeza. Tenía la boca seca y la lengua pegada al paladar. Más flashbacks. &lt;br /&gt;Prévost llenó un vaso con agua, sostuvo la cara de la mujer apretándole las coyunturas de los maxilares para forzarla a abrir la boca, le echó el agua entre los dientes y le aplicó una descarga dentro del labio superior. Marcel sabía que ella gritaba, pero no oía nada más que su propia, forzada respiración. No vio a Prévost llenar la jarra y arrojar el agua sobre el cuerpo bañado en sudor. El espasmo fue tan violento que la grilla se sacudió. &lt;br /&gt;—Así libera la carga acumulada —explicó Prévost en tono didáctico, pero él no lo oyó; tragó con dificultad y, extendiendo la mano izquierda, quitó la venda negra y volvió la cara de la mujer hacia él. Alguien detrás de él dijo: &lt;br /&gt;—Su prueba más importante, Maurizio. Mátela. Es una orden.&lt;br /&gt;Las palabras estallaron en su interior. Desde un rincón de su mente, se observó a sí mismo con horror infinito. Su cuerpo no recibía sus propias órdenes. Estiró el brazo derecho y alguien puso un arma en su mano. &lt;br /&gt;Ella lo miró y vio en sus ojos el dolor más absoluto. Los labios de ella articularon una palabra, sin voz. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;No puedo detenerme. No quiero hacer esto, pero no puedo detener la mano&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;“No”, leyó en los labios de la mujer. &lt;br /&gt;—Adelante, Maurizio — la voz llegaba desde una distancia infinita. —Ahora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZyL4hg9swI/AAAAAAAAAh4/-LZXQoIshyE/s1600-h/tortura.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZyL4hg9swI/AAAAAAAAAh4/-LZXQoIshyE/s400/tortura.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304268264321168130" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La puerta. Pasos pesados y sordos. Dos hombres. El pulso se le desbocó sin control. &lt;br /&gt;No sabía cuánto llevaba en ese lugar, con los ojos vendados y las manos esposadas a la espalda. Le quitaron las esposas únicamente para someterla a la humillación de tener que evacuar sus necesidades fisiológicas mientras la observaban, pero no la venda. Desde donde estaba podía oír los gritos y sollozos de Marie y Denise. Ella no había gritado: la furia y la desesperación eran demasiadas. El que pudieran oírse mutuamente era parte de la tortura. Los alaridos de Denise le llegaron nítidos cuando la sacaron de la celda. Más tarde— cuánto más, no pudo saberlo—, oyó las risas de los que la arrastraban de regreso. Sólo oyó gemidos muy leves y, después, nada. &lt;em&gt;Dios mío, si estás en alguna parte, no las abandones&lt;/em&gt;. Los sollozos entrecortados de Marie se alejaron con el mismo rumbo. A Marie la trajeron más rápido y alguien ordenó llamar al médico. &lt;em&gt;¿Hay un médico? ¿Un médico colabora con estos hijos de puta? &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Habían entrado en silencio. Uno la levantó sujetándola por las esposas y, antes de que tuviera tiempo de gritar de dolor, otro le metió un trapo en la boca y se lo aseguró con una mordaza. El terror la paralizó. El que la sostenía de pie le pasó un brazo por el cuello y le levantó el camisón para sobarle el cuerpo con la otra mano, sin dejarla mover. El otro estaba delante, pegado a ella, tanto que podía sentir los movimientos del tipo, el aliento húmedo y pesado, la respiración agitada. “Schnell”, murmuró el que la sujetaba, y en medio del pánico que la aturdía le sintió la erección. Algo viscoso y caliente le cayó encima del abdomen y las piernas. Se retorció de asco y miedo mientras los gritos se le ahogaban impotentes en la garganta. El hijo de puta terminó de masturbarse y tomó el lugar del otro, que fue más rápido que su compañero. Se limpiaron las manos en el camisón y la lavaron con el chorro de una manguera. Tenía el cuerpo helado y dolorido y no podía dejar de temblar. Antes de dejarla sola otra vez, le quitaron la mordaza y el trapo. Sintió náuseas, pero no tenía nada que vomitar. Apoyó la frente contra una pared.&lt;em&gt; Auguste, ¿dónde estás? Tienen que haber detectado el localizador. En el nombre de Dios, Auguste, no esperes más. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;La llevaron vendada pero pudo percibir que la nueva habitación estaba iluminada y limpia. Se fueron después de quitarle las esposas y atarla a una superficie fría. Metal. Una mano de hielo le oprimió el pecho. La posición en la que la habían atado la dejaba colgando de las muñecas y los pulmones se le comprimían contra el diafragma, asfixiándola. Tensó los brazos para incorporarse e inspirar, cuando una voz gruesa y ligeramente cascada habló en tono burlón.&lt;em&gt; ¿Maurizio? ¿Marcel está acá? &lt;/em&gt;El hombre se acercó y le tomó la cara. &lt;br /&gt;—Espléndida. Qué pena que el Brigadier no esté para disfrutarte —dijo sobre su boca. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;El Brigadier&lt;/em&gt;. La ira la obnubiló, y en un acto casi reflejo, descargó la rodilla izquierda a donde imaginó estaría la entrepierna del tipo. Acertó. No podía dejar de pensar con desesperación en ese nombre. El golpe no se hizo esperar y sintió sangre en la boca. &lt;br /&gt;Los paroxismos de dolor fueron cada vez más frecuentes. No podía recuperar el aire, y el simple acto de respirar era una tortura adicional. &lt;em&gt;Algo salió terriblemente mal. Van a matarme.&lt;/em&gt; Una lanza de fuego le atravesó la vagina y la descarga le crepitó en los oídos, dejándola suspendida en una eternidad sin tiempo, sorda a toda otra cosa que no fueran los estertores de su agonía. Tenía la boca reseca, pero el agua la hizo retorcer en una ordalía de espasmos. Sabía que estaba gritando, pero esa parte de su cuerpo se hallaba fuera de su control; se hundió en un universo desgarrado por el dolor mientras su sistema nervioso central trataba inútilmente de recuperar la función respiratoria y los latidos le martilleaban en el cerebro. Señor, se detuvieron. Alguien le quitó la venda de los ojos. &lt;em&gt;¿Quieren que vea a mi verdugo?&lt;/em&gt; En medio de la niebla que embotaba sus sentidos alcanzó a oír la orden. &lt;em&gt;¡Van a matarme! &lt;/em&gt;Abrió los ojos a una luz dolorosamente intensa mientras le volvían la cara. Entre las lágrimas pudo distinguir a Marcel, flanqueado por dos hombres, los tres vestidos con el mismo uniforme. Quiso articular su nombre, pero ya no tenía voz. “Marcel,”, susurró, "no". Cerró los ojos para no ver cómo el cañón se acercaba despacio. &lt;em&gt;No. Auguste, dónde estás&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZyKITgebJI/AAAAAAAAAhw/yvs2vnfhZJA/s1600-h/arma.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZyKITgebJI/AAAAAAAAAhw/yvs2vnfhZJA/s400/arma.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304266336415673490" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SUBURBIOS DE PARÍS, MARTES, PRIMERAS HORAS DE LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Tenemos la señal de Marceau —informó Equipos, señalando la pantalla del monitor. &lt;br /&gt;Alrededor de la fábrica de chocolates se había desplegado un operativo silencioso. Dos unidades con equipo de detección se habían alternado durante las últimas semanas para cubrir a Dubois a la distancia máxima de cuatrocientos metros que permitían los blips. No habían sido rastreadas y no habían tenido problemas en completar el mapa en tres dimensiones del edificio. Los técnicos y oficiales habían comenzado a aburrirse sobre los tableros de control. “Los blips resultaron confiables, después de todo”, había comentado Paworski, entre altivo y ligeramente molesto. Confiables hasta hacía poco más de treinta horas. &lt;br /&gt;Auguste inspiró profundamente, pero el abismo en la boca del estómago no se le encogió. No dormía desde la llamada de la madre Martine, casi dos días antes. Esperó el tiempo que calculaban duraría el transporte desde Alsacia, pero no había señal de Odette. Nada. No habían detectado su localizador en todas esas horas terribles. Ordenó pasar a la etapa final del operativo, con los blindados y demás móviles en alerta amarilla. Era consciente de que no podía arriesgar que descubrieran el operativo y a sus hombres por intentar un copamiento antes de tiempo; sería tan desastroso como no poder sacar a los suyos de la fábrica. La disyuntiva lo estaba volviendo loco. La demora y la preocupación les estaban socavando la resistencia a todos. &lt;br /&gt;En un momento llegó a discutir a los gritos con Paworski por los detectores de mierda. “¡Si perdemos a un solo rehén o a algún oficial, voy a fusilar a todo el Laboratorio en persona!”. En medio del nerviosismo creciente, cayó en la cuenta de que nunca había visto al ingeniero tan fuera de sí. El silencio era ominoso mientras miraban las pantallas. &lt;br /&gt;Uno de los hombres de Reconocimiento les recordó que el edificio tenía varios subsuelos. Si Marceau se encontraba en uno de ellos, eso podía estar debilitando la señal. Cambiaron los equipos y comenzó a aparecer por momentos. Ahora, por fin, el blip era débil pero claro y aparecía junto con el de Dubois. Los localizadores se intensificaban el uno al otro reforzando la emisión base. &lt;br /&gt;—¡Carajo, se vuelve intermitente! —gritó el oficial de Equipos. &lt;br /&gt;Auguste se volvió hacia Paworski. &lt;br /&gt;—¿Qué mierda pasa? —la angustia le apretaba el pecho con una morsa de hierro. &lt;br /&gt;El ingeniero se acercó a la pantalla con la cara deformada por la ansiedad, para manipular el teclado y los diales digitalizados. &lt;br /&gt;—Descargas eléctricas. Están interfiriendo la señal. Pero están los dos juntos.&lt;br /&gt;—¡ADENTRO! —la orden se dio por radio al resto de las unidades, mientras Auguste se ponía el chaleco antibalas. Alguien gritó: &lt;br /&gt;—Comisario, ¿usted también va a entrar?&lt;br /&gt;No se molestó en responder. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZyRLY8ycvI/AAAAAAAAAiA/-ZOUe0OhPQs/s1600-h/Tiradores.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZyRLY8ycvI/AAAAAAAAAiA/-ZOUe0OhPQs/s400/Tiradores.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5304274085997605618" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estampido seco de los disparos retumbó por los parlantes de la sala. La pared de cristal estalló y Marcel vio como en un sueño, cómo Jacques y Prévost caían al suelo en posiciones extrañas. Alguien aulló: &lt;br /&gt;—¡SÁQUELA DE AQUÍ, DUBOIS!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dubois. Soy Marcel Dubois.&lt;/em&gt; Abrió las manos, inhaló desesperadamente y, con un bisturí que encontró sobre la mesita, cortó las correas de cuero. Sostuvo a la mujer y la bajó hasta el suelo; se quitó la camisa negra y la envolvió. La levantó como a un chico y corrió, apretándola contra su cuerpo. Gracias a Dios, Massarino había llegado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Estoy bien! ¡Llévenlas a ellas primero! —ordenó Odette a los de las ambulancias. Había sólo dos, y eran cinco las mujeres a las que habían rescatado con vida del edificio. Más los heridos que iban cayendo en el copamiento. &lt;em&gt;De los nuestros y de los de ellos. &lt;/em&gt;Alcanzó a preguntarles a Marie y a Denise cómo estaban. Denise le contó entre sollozos cómo había oído a alguien decir que “ella, no”, después de dejarla de pie, con los ojos vendados y esposada durante un tiempo interminable, en el que ni siquiera se había atrevido a moverse, en medio de un grupo de hombres que la evaluaron como si fuese un caballo de carreras. Se le revolvió el estómago. Luego la llevaron de regreso y nadie más entró en la celda. Creyó que iban a dejarla morir de hambre. Marie no recordaba nada; se había desmayado a poco de que la sacaran y, cuando había reaccionado, estaba otra vez sola. Tampoco nadie había entrado después de eso. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Gracias, Señor, gracias.&lt;/em&gt; Sentía terribles remordimientos por las dos mujeres. La corazonada de hacerse pasar por una de ellas y que las llevaran a las tres había resultado. &lt;em&gt;No las tocaron. Quién sabe qué habría pasado si hubieran estado solas&lt;/em&gt;. Recordó los momentos de horror en la celda y se estremeció. Las hermanas la miraron asombradas cuando les dijo que no las acompañaría al hospital y uno de los oficiales la llamó “capitán Marceau”. &lt;br /&gt;—La madre Martine les explicará todo. Vayan al hospital; seguramente las otras pobrecitas necesiten de su ayuda— las abrazó y las besó, y por fin las muchachas subieron a la ambulancia. &lt;br /&gt;Odette se arrebujó en la camisa negra y se ajustó el pantalón enorme que uno de los médicos de las ambulancias le había prestado. &lt;em&gt;Carajo, está haciendo frío.&lt;/em&gt; Le dolían los pies descalzos sobre el pavimento mojado. Se acurrucó en el automóvil de Auguste. Su hermano la encontró dormida sobre el asiento y la despertó con un beso. &lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Bambina...&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Ella saltó, gritando de terror en el asiento, y cuando comprendió que era su hermano, se le colgó del cuello.&lt;br /&gt;—¿Por qué no fuiste con los médicos?— insistió su hermano.&lt;br /&gt;Negó con la cabeza. &lt;br /&gt;—Quiero ir a casa —pudo articular—. Estoy bien. &lt;br /&gt;Él la miró con incredulidad.&lt;em&gt; Qué cara debo de tener, Cristo&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—Estoy muy cansada, nada más — &lt;em&gt;y con un poquito de sobrecarga eléctrica. No quiero que me vea nadie en este estado.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—¡En el nombre de Dios, bambina!—Auguste le  tomó la  cara entre las manos—. Vamos al hospi-tal...&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;PORTAMI A CASA!&lt;/em&gt; —gritó Odette, sin poder dominar un sollozo. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;—Va’ bene. Calma &lt;/em&gt;—su hermano la abrazó durante un momento muy largo, acunándola. Estaba tan agitado como ella. Logró convencerlo de que la llevara a su casa y de que podía quedarse sola. &lt;br /&gt;Se bañó frotándose el cuerpo con desesperación, como si pudiera despegarse las sensaciones espantosas que le habían dejado adheridas a la piel. Le dolían los pechos, la vagina, los dedos de los pies, la boca. ¿A las otras pobres desgraciadas que habían encontrado les habrían hecho lo mismo que a ella? ¿Algo peor? ¿Y si Auguste se hubiera retrasado sólo un poco más...? El recuerdo del pánico ciego la estranguló de horror, hasta que se puso a gritar bajo el agua de la ducha. Gritó y gritó hasta agotarse y la angustia se disipó. Sólo le quedaba el agotamiento. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Estoy limpia...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Todavía temblando, se derrumbó en la cama para tratar de dormir, cuando el rostro enajenado de Marcel le asaltó la memoria. &lt;em&gt;¡Santo Dios, qué le hicieron!&lt;/em&gt;. Alguien había aullado en medio de los disparos y la cordura había vuelto, pero no del todo. La había mirado sin verla. Podía jurar que él no estaba del todo consciente de lo que ocurría en esos momentos atroces. &lt;br /&gt;En algún momento, el teléfono sonó y sonó. &lt;br /&gt;—¡Odette!&lt;br /&gt;—¡Mamá! ¿Qué pasa? ¡Son las cinco de la mañana!&lt;br /&gt;—Nada, &lt;em&gt;bambina&lt;/em&gt;. Estaba preocupada por ti...&lt;br /&gt;Sintió un nudo en el estómago: esa intuición terrible de su madre siempre la asustaba. &lt;br /&gt;—Estoy bien, mamá. Estaba durmiendo.&lt;br /&gt;—¿De verdad estás bien? ¿Y tu hermano?&lt;br /&gt;—También, mammina. ¿Qué te preocupa? —trató de que su voz sonara como de costumbre, pero era evidente que no le estaba saliendo bien, porque Lola insistió. &lt;br /&gt;—¿Desde hace cuánto no estás en tu casa?&lt;br /&gt;—Estuve trabajando fuera de la ciudad.&lt;br /&gt;Le preguntó tantas veces si estaba bien, que en un momento estuvo a punto de contarle todo. Cuando ya iban a cortar, Lola le dijo: &lt;br /&gt;—Hija mía, no me estás diciendo la verdad.&lt;br /&gt;—No, mamá. Pero no puedo decirte nada más.&lt;br /&gt;— ¿Qué te pasó?&lt;br /&gt;Cerró los ojos muy apretados. &lt;em&gt;No preguntes, mamá&lt;/em&gt;. Le tembló la voz cuando le respondió: &lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Mammina, ti prego... &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado se oyó un suspiro pesado.&lt;br /&gt;—Ya terminó,mamá. Estamos bien.&lt;br /&gt;Su madre soltó tal catarata de insultos en siciliano dirigidos a la Policía Nacional, la KGB, los Carabinieri y la Guardia Civil Española, que terminó por hacerla reír, histérica. &lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Ma’ lo sai che ti crescera’ quel nasino piccolo piccolo, buggiarda &lt;/em&gt;(1)!- protestó mamma.&lt;br /&gt;—&lt;em&gt;Ti voglio tanto bene... Baciami a papa.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Si tuviera la bola de cristal de mi madre, sería mejor que Sherlock Holmes, Poirot y Maigret juntos &lt;/em&gt; fue lo último que pensó antes de dormirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Dubois! ¡Teniente Dubois!&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Soy yo.&lt;/em&gt; Se volvió rápidamente aunque sentía las piernas inseguras todavía. Había corrido por los pasillos interminables desde el segundo subsuelo hasta la escalera que llevaba a la planta baja. Bastante más que un field. La escalera casi lo venció, pero la carga que llevaba necesitaba que la pusieran a salvo. &lt;em&gt;Afuera. Tengo que llegar afuera&lt;/em&gt;. Podía oír retumbar los gritos, los disparos, las voces, pero lo único que le importaba era salir. Sirenas. Vio las luces rojas y azules. &lt;br /&gt;—¡Aquí! —dos hombres de blanco se acercaron corriendo —¡Está bien! ¡Déjela! ¡Nosotros nos ocupamos! Recupere el aire —tuvieron que forcejear para quitársela de los brazos. &lt;br /&gt;Lo hicieron sentar en una ambulancia. Estaba mareado y casi se cayó de bruces. Alguien lo sostuvo y le puso una mascarilla. Respiró un poco. &lt;em&gt;Me siento mejor&lt;/em&gt;. Cerró los ojos. De pronto saltó del asiento. &lt;br /&gt;—¿Dónde está? La mujer que...&lt;br /&gt;—Bien— le respondió el conductor de la ambulancia—. Se fue hace más de cuarenta minutos. Mejor dicho, la llevaron.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;¿Cuarenta minutos? ¿Me desmayé? &lt;/em&gt;Sin saber por qué, se sintió avergonzado. &lt;br /&gt;—¿Quién...? ¿Cómo...?&lt;br /&gt;—Creo que el comisario Massarino —respondieron su pregunta a medias. &lt;br /&gt;Le alcanzaron un suéter. Menos mal, porque el frío le cortaba la respiración. Bajó de la ambulancia pese a las protestas del hombre de blanco. Se sentía como si saliera al aire libre después de años de encierro. Alrededor del edificio, tres camiones se habían vaciado de efectivos. Más atrás, protegidos por los vehículos más grandes, estaban los automóviles, entre los que anduvo caminando como un borracho hasta que oyó que lo llamaban. Massarino. El comisario se le acercó y lo inspeccionó con cara de preocupación. &lt;br /&gt;—¿Cómo se siente?&lt;br /&gt;—No sé... —se asombró de su respuesta. &lt;br /&gt;Massarino llamó a uno de los hombres que estaban custodiando los vehículos y le ordenó que lo lleva-ra a su casa. Marcel no tuvo fuerzas ni voluntad para negarse. Pero había algo que tenía que decirle y le estaba costando. &lt;br /&gt;—Odette... No pude encontrar a Odette —aferró el brazo de Massarino mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. El comisario lo miró con la sorpresa naciéndole en los ojos. &lt;br /&gt;—Teniente, usted la sacó de ahí —y dirigiéndose al otro oficial: — A la casa. Ya mismo. &lt;br /&gt;En el trayecto recordó que no tenía las llaves. &lt;em&gt;Espero que el portero esté de humor para abrirme. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1)¡ Pero no sabes que te crecerá la naricita, mentirosa!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-1503736615306987799?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/1503736615306987799/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=1503736615306987799" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/1503736615306987799?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/1503736615306987799?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/02/la-dama-es-policia-capitulo-21.html" title="La dama es policía - CAPÌTULO 21" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SZydf6BuVPI/AAAAAAAAAiY/lkyxfpZVB0I/s72-c/Operativo.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;D0cCR3k4cSp7ImA9WxVRFEo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-6209861909982322766</id><published>2009-01-15T13:05:00.003-08:00</published><updated>2009-01-20T10:11:06.739-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-01-20T10:11:06.739-08:00</app:edited><title>La dama es policía - CAPÍTULO 20</title><content type="html">&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYNGiTMsSI/AAAAAAAAAgI/-Jo9qn1mACs/s1600-h/Monje.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 205px; height: 301px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYNGiTMsSI/AAAAAAAAAgI/-Jo9qn1mACs/s320/Monje.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293432817958301986" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ALSACIA, PRINCIPIOS DE LA CUARTA SEMANA DE NOVIEMBRE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—El hermano Vangelos Petrakis, el hermano Édouard Legros —la madre Martine hizo las presentaciones con un leve temblor en la voz. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Bienvenidas, ratas&lt;/em&gt;. Odette mantuvo la vista baja y la expresión nula, mientras los hombres saludaban educadamente al resto de las hermanas. Ella quedaba para el final. &lt;em&gt;Soy la única ‘novicia’ y junto con Denise y Marie, una de las más jóvenes del convento. ¿Adivinen a quiénes van a elegir nuestros amados hermanos?&lt;/em&gt; Las otras dos eran bastante más jóvenes que ella, veintidós o veintitrés años a lo sumo. &lt;em&gt;Unas criaturas. ¿Y tengo que dejar que estas escorias les pongan las manos encima? Podría sacarlas del convento con alguna excusa. Pero, ¿cuándo y adónde? Estos tipos pueden encontrarlas donde sea, no tengo ninguna duda. Tengo que arriesgarme a que nos lleven juntas.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;De acuerdo con lo organizado con Auguste, debían iniciar la etapa final luego de la llamada de la madre superiora y de haber esperado el tiempo que calculaban duraría el traslado hasta la sede central de la Orden. Odette no tenía demasiada fe en los localizadores, aunque Paworski le había asegurado que funcionaban a la perfección y se lo había demostrado en el laboratorio. Muchas gracias. Estas cosas siempre funcionan en el laboratorio.  &lt;br /&gt;—No es personal, Kolya —le había dicho entonces—, pero no confío en absoluto en ningún tipo de colaboración o buena voluntad entre Inteligencia y la PJ. No esperen a detectar ninguna señal conjunta de mierda.&lt;br /&gt;Paworski se había sentido herido. &lt;br /&gt;—Está en juego mi prestigio profesional.&lt;br /&gt;—Están en juego las vidas de rehenes y oficiales — ella lo había dejado sin réplicas. &lt;br /&gt;Los tipos se estaban acercando. Levantó apenas la mirada e hizo un gesto leve con la cabeza. &lt;em&gt;Si Vangelos Petrakis es griego, yo soy escandinava&lt;/em&gt;. La certeza de que los dos hombres la evaluaron de un solo vistazo le hizo saltar un latido. El supuesto padre Legros tenia el físico y probablemente la fuerza de un levantador de pesas. &lt;em&gt;Espero que pueda manejar a su compañero&lt;/em&gt;, pensó Odette. El otro tenía la mirada de un cocainómano en los últimos estadios de la adicción. &lt;em&gt;Si alguien nos va a salvar de este monstruo, es el otro bruto. Al menos, hasta que lleguemos a París. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYOL4n6sNI/AAAAAAAAAgQ/NLp-p5qQZuM/s1600-h/Monjas.png"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 267px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYOL4n6sNI/AAAAAAAAAgQ/NLp-p5qQZuM/s400/Monjas.png" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293434009361756370" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué te parecieron?&lt;br /&gt;—Bien—  D'Ors encogió un hombro. &lt;br /&gt;—¡Bien! ¿¡Nada más que bien!? ¡Son las mejores que encontramos en mucho tiempo!— Hamad estaba entusiasmado.&lt;br /&gt;—Son bonitas. Pero eso no es lo que importa.&lt;br /&gt;—¡Vamos! No vas a decirme que no valen el doble para Jacques.&lt;br /&gt;—No es asunto nuestro.&lt;br /&gt;—¡Siempre tan formal!&lt;br /&gt;—¿Por qué no te vas a dormir de una vez?&lt;br /&gt;—A que yo sé cuál elige tu Prévost...&lt;br /&gt;—“Mi” Prévost elegirá la que le dé la gana.&lt;br /&gt;—Apostemos...&lt;br /&gt;—En lugar de apostar, si no vas a dormir revisemos el lugar.&lt;br /&gt;Recorrieron el convento con sigilo, determinando los mejores lugares para colocar el gas. No pensaba darle su dosis a Hamad hasta que se comportara como era debido. Le gustaba trabajar con él, hacían buen equipo, pero la adicción le estaba haciendo estragos. Por otro lado, había entrenado a De Biassi hasta convertirlo en un arma humana perfecta. En eso Hamad era imbatible, había que reconocérselo.&lt;em&gt; Si pudieran limpiarle la droga... Cuando volvamos, voy a hablarlo con Vaireaux. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;MONTE CARLO, JUEVES POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¡Bruto! ¡Te odio!—lo golpeó con los puños, mientras Muammar trataba de contenerla —¡No te acerques!&lt;br /&gt;Se soltó y corrió al espejo a mirarse: el pómulo izquierdo se le estaba hinchando. Muammar la observó estudiarse atentamente. &lt;em&gt;Bah, se me fue un poco la mano&lt;/em&gt;. La mujer tenía marcas en la espalda y en las nalgas. &lt;em&gt;Carajo, si le gusta tanto como a mí, ¿por qué tanto escándalo? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¡Estúpido! —le gritó ella, entre rabiosa y asustada—. ¡Me lastimaste la cara!&lt;br /&gt;—¡Vamos! Con un poco de hielo se arregla...&lt;br /&gt;—¡No! ¡No me toques más, bastardo de mierda! —y le arrojó un cepillo que tomó del tocador. &lt;br /&gt;Muammar ya estaba un poco irritado pero la agresión de ella terminó por ponerlo violento. Saltó de la cama y tomándola de las muñecas, le golpeó la cara con el dorso de la mano izquierda, en la que ostentaba un anillo con un diamante de dimensiones casi groseras. La piedra arañó la piel suave dejándole un raspón violáceo. &lt;br /&gt;—¿Qué te pasa, Alteza? —siseó, agarrándola de los cabellos—. ¿Ya no te gusta que juguemos? ¿Ahora te importa si soy o no un bastardo? ¿La sangre azul no se te vuelve roja si no es con un poco de polvo de por medio?&lt;br /&gt;La golpeó dos o tres veces más, pero ya no había nada que hacer: había perdido la erección. &lt;em&gt;Puta inútil. &lt;/em&gt;Le gritó que se vistiera y llamó a sus custodios. Como siempre, Filippo, impertérrito ante cualquier escena, apareció en la puerta del camarote. &lt;br /&gt;—¡Al hotel! —rugió Muammar, señalando a la mujer desnuda y golpeada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYOtrZp5OI/AAAAAAAAAgY/o0kAC2_LseI/s1600-h/Montecarlo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 279px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYOtrZp5OI/AAAAAAAAAgY/o0kAC2_LseI/s400/Montecarlo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293434589927826658" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Filippo hizo subir a la mujer a la limusina y le tendió el sobrecito que por lo general le daba cuando la dejaba en el hotel. Ella lo miró llorosa. &lt;br /&gt;—Tengo otro más. Para después — dijo Filippo. &lt;br /&gt;Ella asintió, agradecida. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Pobre putita hueca. Tan hermosa y tan presa fácil de estos hijos de puta&lt;/em&gt;. Se le revolvió el estómago al recordar lo que había visto a bordo. Mientras ponía en marcha la limusina, Filippo sacó el control remoto del bolsillo y apuntándolo hacia el yate, tecleó la clave que activaba el reloj. &lt;br /&gt;Cuando dejó a Su Alteza en el hotel, la explosión iluminó de rojo el cielo nocturno y los cristales del lobby vibraron con la onda expansiva. Desde un teléfono público de la avenida, marcó el número de Milán. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYRgUGYKzI/AAAAAAAAAgg/EVMLVEUNeSU/s1600-h/Explosi%C3%B3n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 268px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYRgUGYKzI/AAAAAAAAAgg/EVMLVEUNeSU/s400/Explosi%C3%B3n.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293437658869541682" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Muammar se tranquilizó después de aspirar un par de líneas. &lt;em&gt;Me tiene harto. Voy a tener que encargársela a Filippo. Debería llamar a la austríaca; esa puta sí que sabe jugar fuerte. Lo único que le importa es el monto del cheque y es capaz de convertirse al Islam si le conviene. No tiene tan buena imagen como esta imbécil, pero el título de nobleza es igualmente válido a la hora de abrir puertas importantes. Podría ayudarme a encontrar un socio nuevo en Japón. Ese estúpido de Nakamura nos arruinó el negocio. ¿Cómo mierda te vas a suicidar por una caída en la Bolsa de Valores? Mi mercadería no tiene esos problemas; no cotiza en Bolsa. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Mientras aspiraba la cuarta o quinta línea, la ola de fuego envolvió la nave. &lt;br /&gt;No quedó un solo cuerpo reconocible. A él lo identificaron por el anillo de diamante. La policía de Mónaco determinó que la explosión había sido provocada por una falla en el arsenal escondido en las bodegas del yate. Saad Muammar sería fugazmente recordado por los medios como otro traficante de armas traicionado por su propio contrabando más que por su fama de playboy, como seguramente habría preferido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PALACIO DE INVIERNO DE SU ALTEZA EL PRÍNCIPE AL FAID, MAÑANA DEL VIERNES &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El susurro de telas en movimiento lo hizo girar la cabeza. Uno de sus edecanes, vestido con la impecable chilaba blanca sobre el uniforme, se acercó respetuosamente y le alcanzó el teléfono celular. &lt;br /&gt;—Alteza... &lt;br /&gt;El familiar acento hizo que no necesitara nombres. &lt;br /&gt;—Mi muy querido amigo. Lo escucho.&lt;br /&gt;—Lo que debía ser ha sido.&lt;br /&gt;—Alá es grande.&lt;br /&gt;Después de cortar la comunicación, ordenó a sus ministros tomar las medidas necesarias para adquirir las acciones de los pozos petroleros de Muammar. &lt;em&gt;No vamos a dejar a nuestro pueblo sin trabajo, y no vamos a dejar los pozos en manos de los norteamericanos. Ya exprimieron bastante nuestras reservas sin dejar nada a cambio para nuestra pobre tierra. NSI es un socio mucho más serio. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYTJmWDEoI/AAAAAAAAAgo/KWwT5C0k5Wk/s1600-h/Principe.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 192px; height: 151px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYTJmWDEoI/AAAAAAAAAgo/KWwT5C0k5Wk/s400/Principe.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5293439467653370498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, QUAI DES ORFÈVRES, MAÑANA DEL VIERNES &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Comisario, tiene una llamada. La línea directa, señor.&lt;br /&gt;— Gracias, Sully.&lt;br /&gt;Massarino tomó el teléfono y sonrió mientras hablaba. También sonreía cuando colgó. Sully se quedó mirándolo. &lt;em&gt;Es esa... Marceau. Le conozco la voz, aunque hable en italiano. Carajo, ¿ni cuando no está lo deja vivir en paz? No se puede tener tanta buena suerte con los hombres. Dubois se fue y ella se fue detrás. ¿En qué mierda andarán? Revolcándose por ahí, seguramente, mientras el soplón de turno hace el trabajo sucio por ellos. Porque no me van a decir que la Marceau trabaja sin soplones. Todos tienen algún dealer que proteger a cambio de datos y un poco de gloria cuando simulan pescar un embarque. Todos son la misma mierda... Encima, no tiene que usar uniforme. Es injusto. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Señor, ¿le traigo un café?&lt;br /&gt;—Gracias, cabo. Por favor. Ah... Sully...&lt;br /&gt;Ella giró en el vano de la puerta, agitando la cola de caballo. &lt;em&gt;Esto nunca me falla&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt; —¿Podría conseguirme un ejemplar de "Le Figaro"?&lt;br /&gt;—Sí, señor. Enseguida —&lt;em&gt;no me importa que sea casado. Si a Marceau no le importa, a mí tampoco. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BUENOS AIRES, MAÑANA DEL SÁBADO&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¿Leíste el diario? &lt;br /&gt;Detrás del escritorio, el otro levantó las cejas interrogativamente. &lt;br /&gt;—El bote de Muammar voló a la mierda— aclaro el Cachorro.&lt;br /&gt;—Lo vi en el noticiario de esta mañana... Estaba embarcando armas... Seguro se descuidaron al estibar, los boludos.&lt;br /&gt;—Los embarques son seguros. Nunca hubo problemas. Con nosotros tampoco, y mirá que los trajimos hasta en contenedores con autos, en fardos, cualquier cosa...&lt;br /&gt;—Sí, es raro...&lt;br /&gt;Hicieron un silencio.&lt;br /&gt;—Tengo una sensación rara... No sé...&lt;br /&gt;El Tigre lo miró, con la boca tensa.&lt;br /&gt;—¿Qué no sabés, Cachorro? —quería restarle importancia, pero las entrañas se le estrujaron un poco. &lt;br /&gt;—Nakamura se suicidó la semana pasada...&lt;br /&gt;—Pero ésos son medio así. El honor, la empresa...&lt;br /&gt;—¡Pará, Negro! ¡Si era un hijo de puta drogón!&lt;br /&gt;—¿De veras?&lt;br /&gt;—Igual que Muammar. ¿De qué honor me hablás? Por lo que decían, iba a ser mejor cliente de las minitas que de la merca. Un tipo así de reventado, con semejante negocio como el que tenía por delante, ¿se va a suicidar? Andá, Negro...&lt;br /&gt;—¿Lo hablaste con el Briga? &lt;br /&gt;—No. Todavía no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ALSACIA, DOMINGO POR LA NOCHE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Les llevó tres días reconocer el lugar y determinar los sitios donde ubicar las granadas de gas. &lt;em&gt;El gas siempre da buen resultado: nos da tiempo a preparar las cosas para que parezca una fuga. De cualquier forma, nunca tienen tantos efectos personales que llevarse. Mejor; menos cosas de las que desembarazarse en el camino.&lt;/em&gt; D'Ors era un tipo minucioso y le gustaba alardear de ello. &lt;br /&gt;Se despidieron la mañana del domingo, muy temprano, después de la primera misa. Hamad había preparado copias de las llaves de todos los portones del convento. Decidieron que lo mejor era entrar por la puerta que daba a los claustros más antiguos, ya que casi nadie utilizaba ahora ese sector. “Esta noche, a las tres”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ALSACIA, MADRUGADA DEL LUNES&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Se quitaron las máscaras antigás en el camión. Las tres mujeres estaban en el piso del vehículo. Mientras Hamad preparaba las literas, D’Ors inyectó a cada una con el anestésico. Duraría hasta más o menos tres horas antes de que llegaran a destino, suficiente para que las mujeres se despertaran y se aterrorizaran en grado tal como para que el tratamiento posterior pudiera iniciarse cuanto antes. Había que despacharlas lo más pronto posible. Eran para Al Faid y Jacques estaba ansioso por comenzar a proveerlo. &lt;br /&gt;—¿Recogiste las granadas vacías? —preguntó D'Ors, de espaldas. &lt;br /&gt;—Sí. Dejé todo tan limpio que parece un convento— respondió Hamad.&lt;br /&gt;La broma los hizo sonreír a los dos. &lt;br /&gt;Las aseguraron una a unacon las correas a las literas, les vendaron los ojos con tela negra y las amordazaron con cinta adhesiva. Cuando acomodaron a la última, Hamad se demoró unos instantes de más sujetándola. &lt;br /&gt;—Te estás tomando demasiado tiempo —le dijo D’Ors en tono amenazador. &lt;br /&gt;—Ésta no va para “Su Alteza”. Vas a ver. No es joven como las otras dos. Treinta, por lo menos...&lt;br /&gt;—No es problema nuestro.&lt;br /&gt;—La va a elegir tu Prévost. Es un desperdicio que nos la perdamos —le recorrió con ambas manos el cuerpo inerte y le levantó el borde del camisón. &lt;br /&gt;—Hamad...&lt;br /&gt;—No seas idiota, D’Ors. De cualquier modo van a matarla. Si no es Prévost, es De Biassi.&lt;br /&gt;Del bolsillo, D’Ors sacó el sobre. &lt;em&gt;No, mejor dos&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;—A la cabina. &lt;br /&gt;Los ojos de Hamad brillaron. &lt;br /&gt;—Siempre me das en el corazón, viejo.&lt;br /&gt;Mientras el otro bajaba, se acercó a la litera inferior. &lt;em&gt;Es cierto, Prévost va a elegir a ésta. Hace mucho que no conseguimos una de este tipo&lt;/em&gt;. Le temblaron las manos. &lt;em&gt;Pero cuando termine, es mía: Prévost siempre me las deja. &lt;/em&gt;Le acarició el cuerpo, un poco frío por la anestesia. Un estremecimiento le recorrió la espina dorsal. &lt;br /&gt;Se inclinó y rozó los pechos que subían y bajaban regularmente bajo el camisón. Las manos le quemaban de excitación. Sin poder contener el gesto, quitó la venda negra y giró el rostro hacia él. &lt;em&gt;La mía era como ésta. Griega, un poco más llena; se resistió hasta el final&lt;/em&gt;. El recuerdo le azotó la ingle. &lt;em&gt;De Biassi tiene suerte&lt;/em&gt;. Le colocó la venda y la acarició una vez más. &lt;em&gt;Es tan... Podría ser. Pero no quiero compartirla con Hamad&lt;/em&gt;. Salió, cerró la compuerta estanca y se sentó al volante.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-6209861909982322766?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/6209861909982322766/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=6209861909982322766" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6209861909982322766?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/6209861909982322766?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/01/la-dama-es-polica-captulo-20.html" title="La dama es policía - CAPÍTULO 20" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SXYNGiTMsSI/AAAAAAAAAgI/-Jo9qn1mACs/s72-c/Monje.jpg" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;C0cDSX8_fip7ImA9WxVSEE0.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-7370963536293355160</id><published>2009-01-03T07:12:00.000-08:00</published><updated>2009-01-03T08:44:38.146-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2009-01-03T08:44:38.146-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="drogas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="tráfico de personas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="conexión argentina" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trafico de armas" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="mafia" /><title>La dama es policía - CAPÍTULO 19</title><content type="html">&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-HaXkBlOI/AAAAAAAAAeM/9MSfJFsQoJM/s1600-h/Montecarlo_1.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-HaXkBlOI/AAAAAAAAAeM/9MSfJFsQoJM/s400/Montecarlo_1.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287093374627714274" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PUERTO DE MONTE CARLO, FINES DE LA TERCERA SEMANA DE NOVIEMBRE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—¡Te dije que no vinieras hoy! —Muammar le gritó enfurecido a la mujer llorosa que se acurrucaba en un extremo del sofá, en el camarote el capitán. Tenía ganas de golpearla, puta estúpida. Respiró hondo buscando dominarse. &lt;em&gt;Tranquilo. La necesito.&lt;/em&gt; Inspiró dos veces más para recobrar la calma y se acercó a ella. &lt;br /&gt;—Querida, te ruego que me perdones. Estoy muy nervioso... — &lt;em&gt;¿Cómo mierda me la saco de encima? &lt;/em&gt;Le tomó las manos y se las besó, rozándole las palmas con la punta de la lengua. &lt;br /&gt;—Pero, mi amor...  —balbuceó  ella—.  Yo...   te lo juro...  no  quiero molestar  —  contuvo un sollozo.&lt;br /&gt;Muammar cerró los ojos para no estallar de nuevo mientras ella hipaba. &lt;br /&gt;—Hoy es un día tan importante... Hace cuatro meses que estamos juntos...&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Negociemos&lt;/em&gt;; se sentó a su lado, la abrazó y la besó. &lt;br /&gt;—Mi vida, mi princesa, no me olvidé, pero estos pesados insistieron en que cerráramos los acuerdos esta misma noche. Quieren volver a Iwata lo antes posible. Es una operación muy grande, mi amor... — &lt;em&gt;claro que es importante, y si no te vas ya mismo, vas a joderme todo el negocio&lt;/em&gt; —.Te prometo que mañana mismo soltamos amarras y nos vamos a Grecia.&lt;br /&gt;Ella dejó de hipar y lo miró con los ojos azules enormes, muy abiertos. &lt;em&gt;Es tan hermosa como imbécil. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—¿Una miniluna de miel? —preguntó, ansiosa.&lt;br /&gt;—Sí. Y al regreso hacemos el anuncio. Te lo prometo —la besó apasionadamente, sujetándola contra su cuerpo. &lt;br /&gt;Podía sentirla pegada a él, cada curva del cuerpo espléndido debajo de la seda italiana de su vestido de firma, y sin querer se excitó. Ella era su pasaporte al jet set europeo. Con ella se aseguraba la alfombra roja en cada palacio, cada embajada. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;Por un tiempo, hasta que se acostumbren a mi presencia. Hasta ahora me soportaron más que nada por mis pozos de petróleo. Dependen de mí, insectos, para que sus centrales termoeléctricas de mierda iluminen sus castillitos de juguete. Dependen de que mi guita vulgar y demasiado burguesa les compre sus hoteles de lujo en bancarrota, para seguir aparentando que pueden despilfarrar lo poco que les queda, mierdas aristocráticas. &lt;/em&gt; &lt;br /&gt;—Por favor, muñeca, ya te lo expliqué. Los japoneses son muy particulares. No negocian delante de mujeres. Sus esposas ni siquiera cenan con ellos, mucho menos en reuniones de negocios. Si te quedaras, tendrías que encerrarte en algún camarote, y no quiero que te humilles de esa forma con estos tipos. No mi princesita — la besó y ella frunció la nariz —¿De acuerdo? &lt;br /&gt;Ella se le pegó todavía más, ronroneando. La erección le estaba molestando dentro del calzoncillo. &lt;br /&gt;—Sí... pero mañana...&lt;br /&gt;—Mañana —la besó de nuevo con la boca abierta.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Para colmo me deja caliente como un carnero en celo&lt;/em&gt;. Llamó a los guardaespaldas. Filippo se detuvo respetuosamente en la puerta del camarote luego de golpear, con la vista baja. &lt;br /&gt;—Acompañen a Su Alteza hasta el hotel.&lt;br /&gt;Filippo asintió y se apartó para dejar salir a la mujer. Se quedó en cubierta despidiéndola, mientras ella lo saludaba desde la limusina. Ella no había terminado de cerrar la ventanilla cuando de otra limusina se apearon tres japoneses trajeados a la última moda de Milán, y subieron rápidamente por la planchada.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Me gusta este Filippo&lt;/em&gt;, Muammar meditó colateralmente mientras recibía a sus huéspedes. &lt;em&gt;Callado, serio, cumple todas las órdenes. Cualquier orden. El trabajo de Andreazzi fue muy limpio, sin víctimas adicionales. Así aprenden estos imbéciles que se niegan a negociar en mis términos. Vamos a ver si podemos confiarle cosas de mayor envergadura. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-NDjCCfVI/AAAAAAAAAek/5XJOmYHYNzw/s1600-h/princesa_1_bn.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-NDjCCfVI/AAAAAAAAAek/5XJOmYHYNzw/s400/princesa_1_bn.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287099579639168338" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Después de asegurarse de que la mujer se hubiera encerrado en su habitación —le había dejado dos sobres con polvo de primerísima calidad y ella había intentado darle una propina espléndida que él rechazó cortésmente—, Filippo bajó al lobby del hotel a hacer la llamada, antes de regresar al puerto. &lt;br /&gt;Marcó el número de Roma y, cuando le respondieron del otro lado, se limitó a decir: &lt;br /&gt;—Kazuo Nakamura —y cortó. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-HlJkJwQI/AAAAAAAAAeU/6Ag7vI6wQNs/s1600-h/yates_de_lujo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 183px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-HlJkJwQI/AAAAAAAAAeU/6Ag7vI6wQNs/s400/yates_de_lujo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287093559848714498" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;—Nakamura-san, éste será uno de los negocios más exitosos que haya hecho en los últimos tiempos— estaba a punto de palmearle el hombro cuando recordó lo reacios que eran sus huéspedes a ese tipo de manifestaciones. &lt;em&gt;Todavía no son tan occidentales.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Usted también ha cerrado un buen negocio, Muammar-san — retrucó Nakamura mirándolo directamente a los ojos. &lt;br /&gt;—Sin duda. Juntos podemos hacer muchas cosas importantes.&lt;br /&gt;La red de distribución de Nakamura Steel Industries en todo el sudeste asiático era perfecta para la operación. Sin contar con las filiales que estaban abriendo en los Estados Unidos. No habían conseguido un socio tan conveniente en el Lejano Oriente hasta ahora. &lt;em&gt;Y yo lo presenté. Mérito todo mío&lt;/em&gt;. Los embarques estarían a disposición en una semana; Jacques se lo había prometido. Nakamura estaba ansioso por recibir la mercadería y había insistido en la posibilidad de embarcar directamente en Colombia, despachando a través del canal de Panamá. Jacques no quería arriesgar, no fuera cosa que se robaran el contacto. Finalmente los japoneses habían consentido en triangular los primeros embarques y luego continuar a través de Panamá. &lt;em&gt;Para ese entonces, los tendremos bien agarrados de las pelotas&lt;/em&gt;, pensó Muammar, satisfecho. Conociendo a Nakamura, el regalo que estaba a punto de hacerle valía para él más que los embarques colombianos. "Los vicios de mis socios me cuestan fortunas", se había quejado a Jacques, que, como siempre, se encogió de hombros ante el sutil pedido de rebaja. "No insista, Muammar —le había espetado severo—. Tenemos el mercado cautivo y los precios los ponemos nosotros". &lt;br /&gt;—Tenemos que diversificar las inversiones —comentó Nakamura mientras él permanecía en silencio, y se rieron estruendosamente. Se sorprendió de que el japonés le palmeara el brazo. &lt;em&gt;Hoy estamos de lo más occidentales. Parece que el polvo de buena calidad relaja las costumbres ancestrales. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;—Tengo un obsequio muy especial para usted. Sólo para conocedores —le dijo cuando los otros dos que acompañaban a Nakamura volvieron al hotel. &lt;br /&gt;La cara del otro se coloreó ligeramente y las aletas de la nariz se le dilataron con placer anticipado. &lt;em&gt;Carajo, y yo estoy solo &lt;/em&gt;,pensó Muammar. &lt;em&gt;Podría irme al hotel y... No, mejor me quedo y vigilo de cerca. Además, mañana nos vamos a Grecia; no puedo dejar nada fuera de lo común a bordo. Voy a tener que ser un poco más cuidadoso con ella. La última vez que jugamos, la dejé marcada. No queremos herir las susceptibilidades de la realeza. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nakamura entró en el camarote que Muammar le había asignado. Escandalosamente lujoso. Se desnudó en la antecámara y del maletín sacó sus juguetes favoritos. &lt;em&gt;Quiero un barco como éste. A la mierda con el conservadurismo de mi honorable padre. Tengo el dinero para pagar no uno, sino dos cruceros.&lt;/em&gt; Un barco para cerrar negocios y dedicarse al placer. La combinación perfecta. Acarició las correas de cuero con temblorosa anticipación. &lt;em&gt;Ah, Europa, Europa, no puedo dedicarme a estas diversiones en Iwata&lt;/em&gt;. Entró en el dormitorio, y el terror que vio en los ojos de la mujer lo excitó todavía más. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muammar se acomodó en la enorme cama de su camarote y encendió la pantalla del circuito cerrado. &lt;em&gt;Hijo de puta, es un artista&lt;/em&gt;. El primer orgasmo lo tuvo cuando vio la sangre, pero el más violento lo tuvo cuando Nakamura la mató. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;IWATA, MAÑANA DEL DÍA SIGUIENTE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Shige Nakamura respondió al teléfono con una desagradable premonición. Del otro lado, le pasaron el mensaje que sospechaba recibiría, pero no por eso sintió menos dolor. Se tragó las lágrimas y se encerró en su dormitorio durante dos días. Al tercer día, se levantó en silencio, rebuscó en el baúl exquisitamente tallado e incrustado en nácar que era el único adorno de su estudio y sacó todo lo que necesitaba. Se vistió para la ceremonia y fue a inclinarse ante el altar familiar de sus antepasados. No oyó entrar a Midori, que se arrodilló a su lado también en silencio, sin contener las lágrimas. Sin hablar su esposa se retiró, dejándolo solo. Shige regresó a su estudio y se sentó a esperar, con la espada cruzada sobre las piernas. &lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-U1C-7xGI/AAAAAAAAAes/PQzwjTaXK18/s1600-h/samurai.bmp"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 154px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-U1C-7xGI/AAAAAAAAAes/PQzwjTaXK18/s200/samurai.bmp" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287108126611063906" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;¿Si un hombre ve a alguien que actúa mal y no hace nada para detenerlo, cómo puede seguir llamándose hombre?&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; &lt;strong&gt;Filosofía samurai&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El chofer llevó a Kazuo directamente desde el aeropuerto hasta la casa de su padre. &lt;em&gt;Carajo, pensaba ir primero a mi casa.&lt;/em&gt; Su madre lo recibió y le entregó la vestimenta tradicional. &lt;em&gt;¿Este color? Está bien. Hoy el viejo samurai está temperamental. Le queda poco. ¿Cuánto más va a vivir? Nakamura Steel Industries necesita sangre nueva y negocios nuevos&lt;/em&gt;. No pudo contener una sonrisa de satisfacción. El antiguo Imperio está a punto de terminar. Cuando entró en el estudio de Shige no le sorprendió encontrar a dos amigos del viejo, vestidos a la antigua usanza. Sí, en cambio, le sorprendió la presencia de dos hombres a los que no conocía. Ambos lo flanquearon, le sujetaron los brazos y lo obligaron a arrodillarse. &lt;br /&gt;—¡Padre! —gritó— ¡Padre...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;PARÍS, PRINCIPIOS DE LA CUARTA SEMANA DE NOVIEMBRE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Tan pronto como cortó la comunicación con su madre, Auguste pidió que le consiguieran el ejemplar de Le Monde. La noticia ocupaba los titulares. Buscó en el obituario hasta que encontró el mensaje. &lt;em&gt;Tienen los brazos largos, carajo&lt;/em&gt;. Debido a una operación que había causado un revés menor al holding, Kazuo Nakamura, vicepresidente en ejercicio interino de la presidencia de Nakamura Steel Industries, se había suicidado en casa de su padre. Con gran dolor, Shige Nakamura volvería a asumir la dirección de los destinos de NSI hasta la mayoría de edad de su nieto Toruo, que ocurriría el año siguiente. &lt;em&gt;Una rata menos de que ocuparse. Cuando Odette llame esta noche, voy a darle la novedad.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2767922098030542886-7370963536293355160?l=policialargentino.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel="replies" type="application/atom+xml" href="http://policialargentino.blogspot.com/feeds/7370963536293355160/comments/default" title="Enviar comentarios" /><link rel="replies" type="text/html" href="https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2767922098030542886&amp;postID=7370963536293355160" title="0 comentarios" /><link rel="edit" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/7370963536293355160?v=2" /><link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://www.blogger.com/feeds/2767922098030542886/posts/default/7370963536293355160?v=2" /><link rel="alternate" type="text/html" href="http://policialargentino.blogspot.com/2009/01/la-dama-es-polica-captulo-19.html" title="La dama es policía - CAPÍTULO 19" /><author><name>Mónica</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09786233434085870776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty name="OpenSocialUserId" value="11922773047148147824" /></author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" url="http://4.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SV-HaXkBlOI/AAAAAAAAAeM/9MSfJFsQoJM/s72-c/Montecarlo_1.bmp" height="72" width="72" /><thr:total xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0">0</thr:total></entry><entry gd:etag="W/&quot;DE4HSXk5eCp7ImA9WxRaGUo.&quot;"><id>tag:blogger.com,1999:blog-2767922098030542886.post-7517356809670759536</id><published>2008-12-22T11:42:00.000-08:00</published><updated>2008-12-22T12:15:38.720-08:00</updated><app:edited xmlns:app="http://www.w3.org/2007/app">2008-12-22T12:15:38.720-08:00</app:edited><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="operativo encubierto" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="violencia familiar" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="organizaciones criminales" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="novela policial" /><category scheme="http://www.blogger.com/atom/ns#" term="trata de personas" /><title>La dama es policía - CAPITULO 18</title><content type="html">&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SU_wcFEHDfI/AAAAAAAAAdM/4-ZeD5_IrS4/s1600-h/Convento.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SU_wcFEHDfI/AAAAAAAAAdM/4-ZeD5_IrS4/s320/Convento.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5282705253115301362" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ALSACIA, EL MISMO DÍA, POR LA TARDE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El ómnibus arrancó casi instantáneamente, dejando sobre la acera a una mujercita vestida de modo anodino, con una valija gastada en una mano y un bolsito en la otra. Cruzó la calle con la cabeza gacha, sin mirar a ninguna parte. No había mucho tránsito del que preocuparse: los pueblitos alsacianos conservan todavía esa tranquila paz medieval de la hora de la siesta, y ella hizo lo posible por no interrumpir el silencio. De todos modos, era dudoso que alguien hubiera reparado en ella, vestida como iba con un abrigo descolorido y deformado por el uso, el pelo corto cayéndole sin gracia sobre la cara y con una actitud de sumisión que la fundía con el entorno. &lt;br /&gt;Golpeó a una puerta maciza y oscura, única abertura en el paredón blanco que se extendía silencioso a lo largo de una manzana. Esperó un rato hasta que se abrió una pequeña celosía en el portón. Luego, éste le dio paso y se cerró casi sobre sus talones, sin un solo chirrido de los enormes goznes de hierro. &lt;br /&gt;La religiosa anciana que la había hecho pasar le sonrió, y juntas cruzaron el patio soleado y lleno de parterres con flores y verduras. &lt;em&gt;Quién iría a imaginar que las tomateras podían resultar decorativas&lt;/em&gt;. Al llegar a la galería del lado opuesto al portón, se detuvieron ante otra puerta similar, más pequeña. La anciana golpeó suavemente y luego abrió, invitándola a entrar, para marcharse en silencio. &lt;br /&gt;—¡Adelante, hija! Bienvenida a esta casa. &lt;br /&gt;La superiora era una mujer madura, de rasgos severos pero bondadosos. La dulzura de sus ojos suavizaba la adustez de su complexión. Bajo el hábito se adivinaba un cuerpo alto y robusto, y sus manos mostraban los signos del trabajo manual duro. Seguramente se ocuparía en persona del huerto y el jardín. &lt;br /&gt;—Siéntese, hija por favor. ¿Desea tomar un té?&lt;br /&gt;La otra asintió apenas y la superiora lo sirvió en una mesita cercana al escritorio. Mientras le alcanzaba la taza, continuó.&lt;br /&gt;—Me alegra tanto que haya elegido unirse a nosotras. No muchas jóvenes lo hacen en estos tiempos de inquietud. A decir verdad, en estos últimos tres años sólo dos hermanas jóvenes hicieron sus votos. Ya las conocerá. ¡Ay, si sólo hablo yo! ¡Dios me perdone! ¡Adelante, hija, adelante!&lt;br /&gt;La mujercita la miró agradecida, bebió un sorbo de té y sonrió.&lt;br /&gt;—Madre, usted es muy amable. Para mí es un honor el solo hecho de estar sentada aquí con usted. Espero merecer los votos dignamente — dijo mientras bajaba la cabeza. &lt;br /&gt;—¡Qué alegría oírla! Hoy en día no hay mucha vocación religiosa en los jóvenes. No digo ya de profesar, sino simplemente de acercarse a la Iglesia para ayudar o buscar consuelo y consejo. No, las cosas están cambiando mucho—mientras hablaba se levantó,  rodeó el escritorio  y tomó a la otra por las manos para hacerla levantar —.Vamos. Le presentaré a sus compañeras. Éste es el Libro de las Horas, y éste, el reglamento y la historia de nuestra Orden.&lt;br /&gt;Salieron de la rectoría y cruzaron el claustro hacia un pasillo que se abría en el extremo este del patio. El sol recortaba las sombras del jardín contra los muros encalados y una brisita suave que agitaba las flores simulaba una función de títeres sobre el improvisado telón. La sensación de paz era abrumadora; ese lugar era un paraíso fuera del tiempo, donde las mezquindades de la vida diaria no tenían cabida. &lt;br /&gt;Llegaron a una biblioteca pequeña donde estaban trabajando dos mujeres jóvenes. El amor con que trataban a los viejos libros no era fingido. Los retiraban con cuidado de los estantes para desempolvarlos, revisar si tenían manchas de humedad o roturas y los registraban en un enorme libraco, apartando los dañados.&lt;br /&gt;—Marie y Denise son nuestras bibliotecarias. Hermanas, ésta es Odile. Ha ingresado hoy en el convento.&lt;br /&gt;Las jóvenes se acercaron a saludar sonriendo cálidamente a la recién llegada.&lt;br /&gt;—Su habitación es la cuarta del ala de novicias. Las hermanas la acompañarán a acomodar sus cosas. Luego vuelva a la biblioteca y ellas la acompañarán a recorrer nuestro pequeño hogar. Hasta luego.&lt;br /&gt;Cuando las hermanas se hubieron asegurado de que su nueva compañera podría encontrar el camino de regreso a la biblioteca y la dejaron sola, ella puso la valija sobre la mesa-escritorio-tocador, junto con los papeles que le había dado la superiora. &lt;br /&gt;Cerró la puerta con llave con la precaución de no hacer ruido. Suponía que en el convento nadie trababa las puertas y que todas golpearían antes de entrar, pero prefirió no arriesgar. Tiró el abrigo descuidadamente sobre la silla, pateó los zapatos a un rincón y se tendió en la cama con los papeles. Del reglamento sacó una carta manuscrita, cuidadosamente doblada. Caligrafía firme y clara, de trazos abiertos, sin adornos, que evidenciaba una sinceridad y una firmeza de carácter que ya había apreciado en las entrevistas anteriores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Estimada Cap. Marceau: &lt;br /&gt; ”No voy a ocultarle mi temor ante la situación que usted me hizo conocer. Debo admitir que me costó muchísimo creer que pudiera estar ocurriendo algo así y ahora sufro por lo que pueda ocurrir con mis hermanas (y, por supuesto, con usted), aunque me hayan asegurado que toda la operación estará bajo control. &lt;br /&gt; ”Tal como le informé telefónicamente, recibimos hace dos meses una carta de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo solicitando albergue para dos de sus miembros. Estas dos personas estarán aquí la semana próxima, por lo que confío en que usted pueda conocer bien los manejos de la Casa para ese entonces. Le repito que nadie, ni siquiera nuestro confesor, conoce su identidad o lo que está a punto de ocurrir aquí. No es que desconfíe de mis amadas hermanas, pero me preocupa que sabiéndolo, se asusten o intenten alguna acción que pueda perjudicarnos, a usted o a nosotras. Que el buen Dios me perdone por este pecado que estoy cometiendo al ocultar la verdad, pero no sé qué más pueda hacer para proteger a mi comunidad. Espero que dé resultados y esta pesadilla concluya de una vez por todas, sin más víctimas. Todas las noches rezo por esas pobres niñas, rogando por que sean encontradas con vida y devueltas a su vida normal y a sus afectos. Espero que el Señor las esté acompañando y se apiade de ellas”.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Odette bajó la carta un momento: el Señor no se había apiadado, al menos hasta ahora. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;“Como usted sugirió, me comuniqué con otras Órdenes y me confirmaron las desapariciones de novicias y religiosas jóvenes. También recibí cartas de nuestras Casas en Italia y Alemania; desgraciadamente, en dos de ellas desaparecieron hermanas hace poco. En el listado de nombres que adjunto los últimos tres corresponden a esas desdichadas. ¡Qué desgracia el no comunicarnos con más frecuencia! ¡Qué error el no acercarnos entre las Órdenes y Casas! Todo esto se habría sabido antes, y quién sabe si se podría haber detenido. De nada vale lamentarse ahora. &lt;br /&gt; ”Estoy aterrorizada. Lamento profundamente haber dudado de usted en un principio, pero espero que pueda comprender nuestra situación: vivimos alejadas del mundo y éste golpea a nuestras puertas para traer una espantosa realidad. Suya...”&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La superiora era aquella dama a la que Odette casi había amenazado con la reglamentaria. Recordó la escena y casi se rió pero la risa se le deformó en un gesto amargo. La religiosa era valiente e inteligente y estaba más que dispuesta a reparar sus involuntarios errores.&lt;br /&gt;Tomó el Libro de las Horas y de él extrajo un plano del convento señalizado cuidadosamente. &lt;em&gt;Lo mismo no me servirá de mucho saber por dónde pueden entrar de contrabando nuestros hermanos Templarios.&lt;/em&gt; La obligada pasividad de su cobertura la hacía sentir impotente. Comparó la lista de nombres con la suya para comprobar que no tenía los últimos. Cargó los datos con rabia, rompió la lista y la carta y las quemó con la vela que estaba encendida frente a una imagen de la Inmaculada. &lt;br /&gt;En el convento había una salita de radio que prácticamente no se usaba desde que la habían instalado, y —oh, la modernidad y el progreso— teléfono y telefax. Era un buen lugar para trabajar por la noche, ya que estaba alejada de los claustros internos y cerca de la capilla. Esa misma noche enviaría la información actualizada. &lt;br /&gt;Ya había pasado un tiempo más que prudencial para acomodarse en su celda. Guardó sus efectos personales y salió a buscar a Marie y Denise para recorrer el convento, hacer las presentaciones de rigor y dar inicio a su “noviciado”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ALSACIA, PRINCIPIOS DE LA CUARTA SEMANA DE NOVIEMBRE&lt;br /&gt;Los días en el convento le trajeron una paz interior y una introspección que no esperaba. Las mismas piedras de las paredes trasuntaban tranquilidad. Aun cuando todas las noches se ponía en contacto con la Brigada y con Auguste para intercambiar información, la locura del mundo exterior no llegaba a alcanzarla del todo. Con la madre Martine mantenía largas conversaciones cada vez que podían, en horarios en los que no había interferencia con el resto de las hermanas. Era un placer intelectual hablar con esa mujer. Una mente franca y sutil, ligada a sus votos hasta la médula y, sin embargo, abierta y comprensiva. Una verdadera madre para sus compañeras. Se habían descubierto la una a la otra y gozaban del placer de la mutua compañía. La superiora era graduada en Psicología; se lo había comentado durante una de las primeras reuniones. &lt;br /&gt;—¿Sabe? Muchas se acercan al noviciado por problemas familiares o desengaños amorosos... &lt;br /&gt;—¿Todavía? —interrumpió Odette, sorprendida.&lt;br /&gt;—Así es. Y parte de mi tarea como superiora es detectar la verdadera vocación en mis novicias. No es sencillo abrazar la vocación religiosa y los votos que exige. Muchas de las que se postulan terminan como misioneras laicas. Otras, y no pocas, vuelven a su vida anterior después de comprender que lo que buscaban no era a Dios.&lt;br /&gt;—No se puede buscar nada antes de encontrarse a sí misma. De otro modo, siempre se tiene una terrible sensación de vacío, de querer lograr objetivos inasequibles. Si no aprendemos a conocernos, caemos en el bovarismo de fingir lo que no se es o lo que no se puede ser.&lt;br /&gt;—Y de psicóloga a psicóloga, el bovarismo ha hecho estragos en nuestras filas. Por eso, actualmente nos ocupamos de evaluar lo más a fondo posible a nuestras postulantes, para evitarles sufrimientos inútiles en una vida que no estarían capacitadas para afrontar.&lt;br /&gt;—Madre, usted habla de ser religiosa como si se refiriera a un castigo, en lugar de una elección.&lt;br /&gt;—Hija, no todas las personas tienen su fuerza de voluntad y su convicción para encarar las cosas que hacen.&lt;br /&gt;—Que no es su caso.&lt;br /&gt;—No, no lo es. Profesé mis votos con la misma alegría en el corazón que hoy día. Lo cual no quiere decir que en todo este tiempo no haya tenido vacilaciones, dudas y momentos de debilidad, como cualquier mortal. El amor a Dios y la fe me sostuvieron en cada traspié.&lt;br /&gt;Odette observó en silencio a esa mujer maravillosa, que había elegido un destino muy especial de sacrificio hacia los demás. La conversación tomó un giro más íntimo. Después de preguntarle la edad, la madre Martine se sorprendió a medias. &lt;br /&gt;—Parece bastante más joven... Sólo los ojos la delatan —hizo un gesto con la cabeza—.Quiero decir, la expresión de la mirada.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ya no hay inocencia en mis ojos&lt;/em&gt;. Asintió en silencio con una sonrisa triste. &lt;br /&gt;—¿Cuánto hace que enviudó?&lt;br /&gt;—Casi doce años.&lt;br /&gt;—¡Mi Dios! ¡Era muy joven cuando se casó!&lt;br /&gt;—Tenía veinte años... Jean-Luc murió muy poco antes de que yo cumpliera los veintitrés — recordó con amargura. La otra la observó en silencio durante unos momentos. &lt;br /&gt;—A los veinte hice mis votos —evocó la superiora. &lt;br /&gt;—Otra clase de amor. Más dulce. Más duradero. Debe de lastimar bastante menos.&lt;br /&gt;—Eso fue casi herético —la reprendió la madre Martine, aunque la disculpa ya estaba presente en sus ojos. Al instante siguiente, sin embargo, contraatacó —¿Siempre está tan a la defensiva? ¿Tanto daño le hicieron, o se hizo a sí misma, que no baja nunca la guardia?&lt;br /&gt;Se le secó la boca. Respiró profundo para darse tiempo a pensar una respuesta adecuada, pero la otra había encontrado la grieta en su muralla y estaba dispuesta a agrandarla. &lt;br /&gt;—¿Por qué se encierra de esa forma? Si es por lo que imagino, no me parece una buena razón. No una razón cristiana, al menos...&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Dios, esta mujer me está desnudando el alma&lt;/em&gt;. La dejó continuar. &lt;br /&gt;—La venganza, hija mía, no es un sentimiento noble.&lt;br /&gt;Odette enfrentó la mirada de la superiora. &lt;br /&gt;—Admito, madre, que no les está reservado a los hombres hacer justicia por propia mano.&lt;br /&gt;—¿Lo admite de corazón, o es un enunciado meramente intelectual?&lt;br /&gt;Se miraron y Odette respondió: &lt;br /&gt;—Madre, soy policía. Muchas de las cosas que debe hacer la policía en general están, no digo reñidas con la moral cristiana, pero sí al menos en oposición con algunos de sus principios. &lt;br /&gt;La superiora intentó interrumpir, pero la detuvo con un gesto. &lt;br /&gt;—Si tuviéramos que atenernos al dogma y enfrentar a los delincuentes nada más poniendo la otra mejilla, las estadísticas criminales se triplicarían en menos de dos meses.&lt;br /&gt;—No soy tan necia como para no entender eso —la superiora sonrió débilmente —.Yo me refería a su estricto caso personal.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Touché. Un verdadero perro de presa, madre. Una vez que tiene el rastro, lo sigue hasta el final.&lt;/em&gt; Mantuvo la expresión plácida pero impenetrable. &lt;br /&gt;—Ahí está otra vez —la acusó la superiora—, levantando barreras entre usted y los demás. ¿No puede perdonar?&lt;br /&gt;Cerró los ojos y se aferró a los brazos del sillón. &lt;br /&gt;—¿A quién debo perdonar, madre? ¿A los que están haciendo esto a sus hermanas? ¿A los que sienten tanto desprecio por la vida humana que son capaces de comerciar con ella de todas las formas posibles? ¿A los que deciden con displicencia que la agonía y muerte de otro sean muerte y agonía para los que lo aman? —cerró los ojos y no vio los de la superiora llenarse de lágrimas —. No, madre, todavía no pude aprender a perdonar.&lt;br /&gt;Se recostó en el respaldo del sillón. Después de un largo silencio, habló otra vez, en voz baja. &lt;br /&gt;— Por favor, discúlpeme, no quise ofenderla. En absoluto. A veces me apasiono demasiado...&lt;br /&gt;—No me ofendió. Siento un gran dolor... por usted.&lt;br /&gt;Odette miró el reloj de pared con un nudo en la garganta. &lt;br /&gt;—Mejor que nos vayamos a dormir. Las seis de la mañana llegan rápido.&lt;br /&gt;La superiora la despidió con un abrazo. &lt;br /&gt;—Por lo menos, perdónese a sí misma. Es una buena forma de empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La madre Martine observó a Odette salir en silencio. &lt;em&gt;Cuánto dolor, cuánta rabia contenida lleva. Qué vulnerable fue alguna vez. Quién sabe si podrá volver a ser feliz. ¿Cómo habrá sobrevivido? Su familia debe ser la clave. Cuando habla de ellos lo hace con tanto amor;  sublimó todos sus sentimientos en ellos. Lo que debe ser toda una hazaña para ella. La sensualidad le brota por los poros aunque se vista de novicia y vaya sin maquillaje&lt;/em&gt;.  La había observado cuando estaban a solas, que eran los escasos momentos en que ella se relajaba y se permitía abandonar su papel, que por otra parte desempeñaba a la perfección. La madre Martine se había sorprendido de verdad cuando Odette le confesó su celibato. ¿Una mujer así no había sentido la necesidad de volver a...? &lt;br /&gt;—¡Madre! —había respondido Odette, sorprendida — ¿Y usted me hace ese tipo de preguntas? Que yo recuerde, las religiosas también practican el celibato...&lt;br /&gt;—Tenemos nuestros votos... —se defendió. &lt;br /&gt;—No es una cuestión de votos, sino de decisión y voluntad. No me molesta la libertad sexual ajena en tanto y en cuanto no cuestionen mi propia elección, que, en definitiva, también es de libertad.&lt;br /&gt;—Y su elección es...&lt;br /&gt;—La que es. No disfruto del sexo sin amor y pretendo que mi prójimo lo respete, de la misma forma que respeto lo que los demás hagan de su vida privada.&lt;br /&gt;Toda una convicción y una elección de vida. La vio con otros ojos y la respetó más todavía por eso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Odette se metió en la cama, pero la conversación con la madre Martine la había dejado un poco alterada. &lt;em&gt;Cristo, qué capacidad para ver más allá de las corazas. Lo mismo que mi madre. &lt;/em&gt;Miró otra vez la hora. Demasiado tarde para llamar a Auguste, aunque fuera a casa. &lt;em&gt;Mañana.&lt;/em&gt; &lt;br /&gt;Su hermano la mantenía informada. Varza había entrado en acción y ya había novedades. Los implicados eran escalofriantes. Auguste y su gente habían identificado al hombre que había entrevistado a Marcel en el Ritz: era un alto funcionario del Vaticano. Absolutamente repugnante. Por lo que habían averiguado a través de Varza, hasta el momento era el único religioso relacionado con la Orden. Pero también constituía un signo nefasto de penetración. Extremadamente peligroso. &lt;em&gt;Mierda, ¿ya llegaron hasta la Piazza San Pietro?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a Marcel, su hermano le comentaba lo poco que sabían aun cuando ella no preguntara. Él sabía que ella quería saber... &lt;em&gt;Auguste, no me estás jugando limpio&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;Marcel. Ya no más Dubois. Sus compañeros anteriores no habían sido más que apellidos. Mantener las distancias era el lema, sobre todo con los que querían acortarlas a toda costa. La típica pregunta: "¿Dormimos juntos?" La típica displicencia al hacerla. La típica persistencia ante el gentil aunque firme “gracias, pero no”, hasta que llegaban al típico fin de fiesta: pretendidamente romántico o abiertamente grosero, variaciones sobre un mismo tema. &lt;br /&gt;Él, en cambio, era tan diferente. Había respetado las distancias que ella había impuesto pero confiaba en ella. La había aceptado como líder en el caso y no sólo porque Odette era su superior. De verdad confiaba en ella. Como aquella mañana, en su casa. El recuerdo la asaltó, llenándola de prevención. ¿Cuánto más podía confiar Marcel en alguien? &lt;br /&gt;Por su carrera y su profesión, Odette conocía muchos casos de violencia familiar y sus consecuencias. Quizás él no hubiera sufrido la violencia física que su padre aparentemente ejercía contra su madre, pero la psicológica nunca estaba ausente. ¿Cómo habría sido? En esas relaciones víctima-victimario, el agresor culpaba al otro de infidelidad o incumplimiento de los deberes familiares y conyugales, sumiéndolo en una falta total de autoestima y quitándole toda posibilidad de defensa. La víctima terminaba creyéndose  responsable de todo lo que se la acusaba y perdía la capacidad de reaccionar. Los hijos eran el elemento de presión para forzar al otro a soportar lo insoportable. Casi en todos los casos, el agresor y el agredido provenían de familias igualmente patológicas. La violencia física no era &lt;em&gt;conditio sine qua non&lt;/em&gt;, pero con el tiempo se degeneraba en ella. &lt;br /&gt;Constanza Contardi-Bozzi había resistido diecisiete años junto a su marido y el día en que se atrevió a abandonarlo, su propio hijo debió defenderla.  Por lo que había dicho Marcel, Odette podía suponer que su padre jamás lo había tocado. Quizás por esa razón su propia reacción le había resultado traumática. &lt;br /&gt;Para un adolescente que no había conocido otra cosa en su infancia, que había creído que su vida familiar era la “normalidad”, ese acto de violencia debía haberle costado mucho en el plano emocional. Casi lo mismo que el haber presenciado u oído las peleas, o quién sabe qué mas, entre sus padres, durante años. &lt;br /&gt;Marcel se había reconstruido a sí mismo sin ayuda externa o de su núcleo familiar, reducido finalmente a la madre, que necesitaba tanto o más apoyo que él mismo. Había resultado bien, en términos generales y de acuerdo con las evaluaciones que la Escuela de Policía realizaba de sus aspirantes. "Sujeto normal, sin inclinaciones patológicas de ningún tipo hacia la violencia o la pasividad total, con las reacciones esperables y aceptables de cualquier otro candidato". &lt;em&gt;Deberían expulsar a esos imbéciles que hacen las evaluaciones psicológicas. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Durante los últimos días antes de iniciar su etapa del operativo, Odette había llevado a cabo sus propias pequeñas y totalmente objetables investigaciones privadas. Jean-Pierre Dubois todavía vivía y continuaba en la Gendarmería. Esto último no era novedad: el expediente de Marcel lo mencionaba. En su momento, Jean-Pierre había confirmado la versión de divorcio que había dado su hijo: mutuo acuerdo. Jamás se había vuelto a ver con su familia ya que su ex mujer se había radicado en París. &lt;br /&gt;La fotografía enviada por fax no era una excelente reproducción pero, a los cincuenta y tres años, el coronel Dubois seguía siendo un hombre muy atractivo.&lt;em&gt; A los veinte debió haber sido devastador&lt;/em&gt;,pensó. Era fácil imaginar cómo una mocosa de dieciocho años como Constanza se había flechado con la virilidad y la seducción del joven oficial. Podía imaginar también el escándalo: la hija única y heredera de los Contardi-Bozzi, enredada con — o, mejor dicho, embarazada de— un gendarme de provincia. Su familia la había repudiado, negando a su único nieto la posibilidad de encontrar la familia y la contención que tanto necesitaba. Marcel le había confesado que apenas los conocía; quizás en alguna oportunidad hubo algún intento de acercamiento. &lt;em&gt;Hijos de puta, los abandonaron. Si Constanza hubiera contado con su familia, las cosas posiblemente hubieran sido distintas... Meras especulaciones. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Marcel era tan parecido a su padre como era posible pero no tenía esa dureza terrible en la mirada, ni el gesto de violencia contenida de la boca. Era como un niño crecido demasiado rápido, que conservaba la mirada despejada y alegre, esa expresión que sólo se tiene cuando todavía se es inocente en algún lugar del corazón. La misma mirada que Auguste. El descubrimiento la había sorprendido y —carajo— emocionado. &lt;br /&gt;Sin embargo, a los treinta y dos, el teniente no había tenido ninguna pareja estable o convivencia de ningún tipo. Cero compromisos, y eso también significaba algo. En algunos casos, los hijos de familias con problemas desembocaban en la homosexualidad o la asexualidad lisa y llana, para evitar relaciones que implicaran el riesgo de repetir su historia. No era ese el caso de Marcel. La forma en que lo había notado observándola era suficiente para saberlo, y por si eso no bastara, había dado señales claras, al menos para ella, de que se sentía atraído por ella. Sin embargo se había mantenido cuidadosamente distante. Había confiado en ella y se había retirado como si temiera exponerse.&lt;em&gt; Mis mismos temores ante la posibilidad de una relación con compromiso incluido. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Es tan vulnerable, debajo de esa apariencia de “policía adulto con el mejor entrenamiento de los cuerpos europeos”.&lt;/em&gt; El policía adulto tenía una mirada demasiado dulce. Era para maravillarse que hubiera podido preservarla. &lt;em&gt;Y esa vulnerabilidad y esa inocencia que te descubrí están haciendo estragos en mis propias defensas. No quiero involucrarme. Perdí mi inocencia hace mucho tiempo y no soportaría ser vulnerable otra vez. No quiero causarte dolor ni que me lo causes a mí. No quiero volver a sufrir por alguien. Me importan una mierda tu vida y tu pasado. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Se revolvió inquieta en la cama. No te mientas, estúpida. Ya es un poco tarde para salir indemne de esto. Te guste o no te guste, estás involucrada. &lt;br /&gt;Saltó de la cama en mitad de la noche. El corazón no le cabía en el pecho.&lt;em&gt; ¿Qué van a hacerle esos monstruos? ¿Adónde lo enviamos? ¿Qué si alcanzan ese núcleo de violencia, laboriosamente domado y encerrado durante años y lo liberan? Una bomba de tiempo activada. Cristo, no quiero que te pase nada. Por favor, te quiero de regreso sano y salvo. No cedas. No bajes la guardia. Es una orden, querido. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SUBURBIOS DE PARÍS, CUARTA SEMANA DE NOVIEMBRE&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;—Nos vemos en una semana, De Biassi. &lt;br /&gt;Hamad se despidió y subió al camión frigorífico que conducía D’Ors. A Marcel no le sorprendió que nada más que dos hombres pudieran realizar todo el operativo. Estamos preparados para eso, pensó con orgullo. Uno de los pallets que habían estado cargando había caído al suelo y se había roto. Sin pensar, tomó una tableta y la dio vueltas entre las manos. &lt;br /&gt;—Es buen chocolate. Un poco amargo, para mi gusto. Y un poco caro —comentó Hamad, displicente —. De cualquier forma, nuestros clientes lo compran sin protestar. Dicen que siempre es una experiencia diferente. &lt;br /&gt;Se rieron a carcajadas. En los últimos días, Hamad había aliviado un poco la presión y Marcel estaba más libre. Ya no tenía tantas pesadillas y se movía cómodamente por las instalaciones. &lt;em&gt;Soy uno más; me aceptaron&lt;/em&gt;, pensó casi con alegría. &lt;br /&gt;Al desnudarse para dormir, la tableta le cayó del bolsillo del pantalón. Se tiró en la cama y pensó que no estaría nada mal comérsela. Se metió un trocito en la boca y una imagen lo asaltó: labios de mujer, jugueteando con una barra de chocolate. El corazón le salteó un latido. &lt;em&gt;Esos ojos. La boca. ¿Quién?&lt;/em&gt; Cerró los ojos para aferrar el rostro que se le escapaba. Su cuerpo recordaba mejor. &lt;em&gt;Pero nunca tuve a esa mujer...&lt;/em&gt; Un escalofrío le recorrió la espalda. &lt;em&gt;El nombre&lt;/em&gt;. Comió otro trocito y el tacto aterciopelado del chocolate le inundó la boca: dulce y amargo a la vez. &lt;em&gt;Así... ella es... así. ¿Cómo puedo saberlo, si nunca...? &lt;/em&gt; Aferró las sábanas mientras se revolvía en la cama. No sabía si la furia era por desear poseerla o por no haberla poseído nunca. La buscó inútilmente, experimentando en la piel sensaciones que recordaba haber intuido y nada más. La odió por no estar ahí debajo de él. El orgasmo le llegó con violencia inusitada. Todavía agitado, se levantó para lavarse. &lt;em&gt;Cristo, no hacía esto desde que dejé el Liceo&lt;/em&gt;. La excitación no terminaba de abandonarle el cuerpo. El espejo le devolvió una imagen que no esperaba. Vio a sus ojos reflejados en el cristal, recuperar lentamente la cordura. &lt;em&gt;Odette. Ése es el nombre&lt;/em&gt;.  &lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SU_ztqpukuI/AAAAAAAAAdU/-R34Nc_6-QY/s1600-h/Marcel+se+ve+al+espejo.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_HV5mAz-o_s8/SU_ztqpukuI/AAAAAAAAAdU/-R34Nc_6-QY/s400/Marcel+se+ve+al+espejo.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5282708853797851874" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Respiró profundo varias veces pero la tenaza que le apretaba la garganta no se aflojó. Miró al espejo y se reconoció. Estaba pálido y bastante más delgado, pero los músculos se le delineaban recios. &lt;em&gt;No estaba tan en forma desde que dejé el rugby&lt;/em&gt;. Los recuerdos, sus recuerdos, le llegaron de golpe. Tuvo que sostenerse del lavatorio porque le temblaron las piernas. Volvió a la cama y mecánicamente se comió el resto de la tableta. Respiró despacio. &lt;em&gt;Tranquilo, viejo. Mantengamos la calma. Si éstos se dan cuenta de lo que pasó, soy historia. No lo consiguieron. No me condicionaron. Sigo siendo Marcel Dubois, teniente, Brigada Criminal, Policía Judicial, Prefectura de París. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A De Biassi lo vi distinto —comentó Vaireaux—. Menos obnubilado.&lt;br /&gt;—Le ordené a Hamad levantar el pie del acelerador —Jacques meneó la cabeza —Íbamos a tener problemas.&lt;br /&gt;—De cualquier forma, respondió muy bien. La frecuencia de los audios también fue más elevada que lo habitual. Pensé que iba a quebrarse en algún momento, pero resistió.&lt;br /&gt;—No hay nada que hacer; los militares son los mejores.&lt;br /&gt;—Eso porque te tira el uniforme, coronel... —comentó sarcástico Prévost—.Nuestros civiles no tienen nada que envidiarles. &lt;br /&gt;Jacques evitó mirarlo, encendiendo un cigarrillo&lt;br /&gt;—Pensé que iban a usar algo con De Biassi —siguió Vaireaux—. Polvo, heroicas, algo de eso.&lt;br /&gt;—¡No! — Jacques saltó sobre las palabras de Vaireaux —. A éste lo quiero limpio. A la larga es un arma de doble filo y resulta más caro que el servicio que prestan.&lt;br /&gt;—No exageres... —Prévost se picó. &lt;br /&gt;—No exagero... ¿Cuánto nos está costando Hamad? ¿Cómo terminó Weiss?— Jacques se irritó.&lt;br /&gt;Se miraron. Vaireaux se removió incómodo en su sillón y Prévost apretó los labios y miró a otra parte. Weiss había causado el accidente que había terminado con él y con Kurt Von Kopff. Iban juntos en el automóvil de Von Kopff al puerto de Niza, desde Monte Carlo. Tenían que recibir un cargamento de armas y en una de las curvas más cerradas y empinadas de la carretera, inexplicablemente Weiss aceleró. Tuvieron que cortar los cuerpos para sacarlos del interior del vehículo. Los análisis de sangre determinaron que el chofer del industrial austríaco había consumido una gran cantidad de cocaína de alta pureza, poco antes de sentarse al volante. &lt;br /&gt;—Las armas las recuperamos —Prévost se encogió displicentemente de hombros y jugueteó con el anillo de sello de su anular izquierdo. &lt;br /&gt;—Y perdimos un cliente magnífico,  las relaciones que él traía —lo acusó Jacques, molesto—, y la ganancia de la operación. Y a Weiss.&lt;br /&gt;Carajo, Weiss era un muy buen profesional. Ex teniente coronel del ejército alemán, había abandonado el servicio activo debido a sus convicciones algo radicales. Había dirigido el operativo en Francfort en forma sublime. Weiss era un artista en lo suyo. Y el cretino de Prévost había insistido en acelerarlo con un poco de blanca, para poder presionarlos a él y a Von Kopff. &lt;br /&gt;&lt;em&gt;El Brigadier tiene razón: es muy difícil trabajar con civiles. Se desmadran y pierden la línea y los objetivos&lt;/em&gt;, se repitió Jacques por enésima vez en esos días. El Brigadier se lo había explicado claramente con el ejemplo de sus propias actividades en su propio país: mientras habían mantenido a los civiles fuera de las operaciones, todo había funcionado a la perfección. En cuanto comenzaron a intervenir los servicios secretos y la policía, la situación se volvió inmanejable. Los civiles no mantienen la conducta. Estuvieron a punto de perderlo todo. Les había llevado más de diez años estabilizar la situación, y no habían podido recuperar el poder nuevamente, no como hubieran deseado.&lt;em&gt; Ahora, los civiles lo tienen. Se necesita mucho más dinero para silenciar o corromper a mucha más gente, y los resultados nunca son los mismos&lt;/em&gt;, reflexionó Jacques.&lt;br /&gt;Y sin embargo, el mismo Brigadier había introducido a Prévost en las sutilezas de la picana, sutilezas que el verdugo de la Orden, como se llamaba medio en broma a sí mismo, había elevado hasta la categoría de arte. Los audios de Vaireaux eran impresionantes, por llamarlos de alguna manera. Incluso él, a veces, se resistía a presenciar las diversiones de Prévost. &lt;em&gt;Rata necrófila. Igual que el enfermo de D’Ors. Otro civil. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Con De Biassi las cosas van a empezar a cambiar. Quiero volver a los viejos tiempos de disciplina y orden. Sólo la violencia necesaria para generar las reacciones necesarias. Basta de vicios. Prévost podría ser un muy buen primer objetivo para el mayor. Al Faid compra el paquete accionario de nuestro querido Armand en la TP, nosotros seguimos reteniendo el control y todo vuelve a estar en su lugar: Su Alteza, feliz con sus virgencitas y su petrolera nueva; nosotros, con la casa en orden y con un elemento más de presión contra Muammar. Amigo de Prévost. Y quién sabe, después podríamos terminar el asunto de las monjas antes de que estalle por alg
