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	<title>Caldeirada de Marisco</title>
	
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	<description>Memorias de un marisco en tierra firme</description>
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		<title>Akano 42 – Twisted</title>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de la sorpresa y del mal sabor de boca que a algunos les dejó el capítulo anterior, espero que este sea capaz de reconducir las cosas. Las consecuencias de lo que descubrimos la semana pasada no son tan felices como nos las prometíamos.<span id="more-2583"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">Akano 42 &#8211; Twisted</h2>
<p><em>– ¿Qué piensas hacer ahora con todo esto?</em></p>
<p><em>La voz de Db medio me trajo de vuelta de nuevo a la realidad desde mis ensoñaciones. Un instante antes estaba criando yo mismo a aquella criaturita que llevaba el alma de Nalya y, al siguiente, estaba de regreso en aquella sala de hospital, frente a la incubadora. Porque, aunque ya había pasado bastante tiempo desde el parto, lo fantástico de la fisonomía de la recién nacida había llevado a los doctores a mantenerla en observación, por si acaso.</p>
<p>Nadie nos veía ni nos oía, aunque cuando la niña estaba despierta hubiera jurado que ella sí que era capaz de percibirnos y que nos había sonreído, como si nos reconociera. No nos habíamos enfundado los Gigais, por eso podíamos permanecer aún ahí, solos, rato después de que finalizara el horario de visitas del hospital. Por eso podíamos movernos y hablar con casi total libertad por aquella sala frente a la incubadora.</p>
<p>Kyo llevaba casi todo el tiempo pegado contra la mampara, con la mirada fija de fascinación en la que había sido su madre. Desde un rato antes, el Teniente y yo nos habíamos retirado de allí en silencio, hacia la pared opuesta.</p>
<p>– Rido… – me llamó otra vez.</p>
<p>– ¿Eh? – reaccioné al fin, ubicándome. – ¿Qué?</p>
<p>– Digo que qué piensas hacer ahora con todo esto – repitió</p>
<p>Levanté la vista medio dubitativo y miré a Db con incertidumbre. Aquella era una muy buena pregunta para la que no encontraba ninguna respuesta que me satisficiera aparte de mis ensoñaciones imposibles. Miré de nuevo hacia la incubadora, como si le preguntara a ella y suspiré desesperado por no encontrarla allí tampoco.</p>
<p>– Por mí la raptaba y la criaba yo… – confesé.</p>
<p>Era lo que me pedía el cuerpo, Recuperarla. Tenerla toda para mí aunque con ello se acabara el mundo. La expresión de mi amigo de tantos años se había mostrado comprensiva ante la afirmación, sabiendo, también como yo, que a la hora de la verdad, nunca habría llegado a cometer semejante locura. O que quizás sí… pero que era mejor tratarlo como una broma que como algo dicho en serio.</p>
<p>– No puedes hacerlo… – dijo mi madre, atravesando la puerta con un café en la mano. – Toma…</p>
<p>– Lo sé, lo sé… – sonreí con cierto pesar. – Pero es lo que…</p>
<p>Mi madre me dio el vaso de café y el suyo a mi acompañante y se fue directa hacia Kyo, tomándolo por el hombro en un reconfortante abrazo y dejándonos a Db y a mí con nuestra conversación imposible. Pero no la continuamos, sólo nos quedamos los dos callados, con nuestra bebida entre las manos. Yo observaba el vaso, como si en las profundidades del líquido pudiera perderme y encontrar la solución a todos mis dilemas.</p>
<p>– Hacía mucho tiempo que no tomaba tanto café, la verdad – forcé la risa.</p>
<p>– ¿Sabes? – me dijo Db al fin después de un rato enmudecidos. – No creo que Kyo lo esté pasando tan mal como tú.</p>
<p>– No lo estoy pasando mal…</p>
<p>– Y como siempre, haciéndote el fuerte – sonrió, sin levantar la vista de su café. – El Gran Guerrero…</p>
<p>– … de las Sombras – completé, interrumpiéndole.</p>
<p>– No me interpretes mal – siguió él. – Nalya era el centro de tu mundo… para Kyo sólo es un recuerdo difuso de su primera infancia.</p>
<p>– Es su madre – observé con tono defensivo.</p>
<p>– Sí, ya… pero apenas tiene recuerdos de ella – replicó. – Lo que conoce de esa niña son las batallitas de su padre adoptivo… y nada más. ¿O es que tú te acuerdas de todo con seis años? Para Kyo, sus padres, los dos – terminó – son personajes de un cuento, héroes de una leyenda… lo que tú le contaste.</p>
<p>– De Kyo puedes decir eso – reconocí. – Pero de Nalya… Nalya murió el año pasado – le recordé con cierto pesar.</p>
<p>– Sí… sí… pero se fue hace siete años… ¿Cuántos años tenía Kyo? ¿Siete, ocho? Es un niño, es normal, sus recuerdos son difusos – insistió. – Él ahora está viendo un cuento de hadas que tú le construiste.</p>
<p>– Ya, seguro…</p>
<p>Mientas Db me aleccionaba sobre un tema para el que nadie le había pedido ninguna clase de lección, mi madre se giró hacia nosotros con una mirada admonitoria. Aunque Kyo estuviera absorto en lo que el Teniente acababa de llamar “cuento de hadas” y parecía al margen de la realidad que le rodeaba, podría oírnos y, lo que era peor, malinterpretar lo que estábamos hablando. Con un asentimiento avergonzado, en el que reconocíamos nuestra imprudencia nos disculpamos.</p>
<p>Pero mi compañero no había terminado con su arenga y no iba a renunciar a ella. Me cogió por el brazo y me invitó a seguirle al exterior de la sala, al pasillo del hospital, y allí prosiguió con su exhortación, tratándome de hacer caer de una burra en la que yo me negaba a reconocer que me había subido.</p>
<p>– Mira… sé que te vas a enfadar, – dijo – pero te o digo tal y como lo siento, porque eres mi amigo.</p>
<p>– Ya… No me vengas con monsergas que nadie te ha pedido – le corté.</p>
<p>– ¡Joder, Rido! – protestó. – ¡¿Cuántas veces no me has venido tú con sermones que nadie te había pedido?! Pero lo haces porque eres nuestro amigo y yo lo hago porque tú eres mi amigo, coño – continuó. – Y lo hago porque te quiero y porque me preocupo por ti. Llámalo “intervención” como los modernos o llámalo como te salta de los cojones –se alteró y, fruto de esa alteración, iba subiendo el tono cada vez más. – Pero…</p>
<p>– Pero mierda –me cerré en banda.</p>
<p>–Pero esto que ha ocurrido, si me permites hablar de una vez, – bajó la voz de repente, señalando con el dedo la puerta – es lo peor que te podía pasar… a ti, a Kyo… y a todos los demás por extensión.</p>
<p>– Si tanto te molesta todo esto, ¿a qué cojones has venido?</p>
<p>Le miré desafiante, con los labios apretados, cerrando los dientes, frunciendo el ceño con los ojos abiertos y él me devolvió un gesto compasivo, meneando la cabeza con las cejas arqueadas por la preocupación. Pero yo no aceptaba para nada lo que me estaba diciendo. No quería aceptarlo. Ni siquiera tenía la más mínima intención de considerarlo. Nalya estaba viva. Punto. No había más que hablar. Y él… y todos ellos, Db, Eliaz, Bone, Gaby, Krunzik… debían alegrarse. ¿Qué otra reacción cabía? ¿Cómo podía ser negativo?</p>
<p>– He venido porque me preocupas – explicó después de coger aire, seguramente para evitar soltarme una contestación al bajo nivel de las mías. – Porque nos preocupas, porque no soy yo solo – aclaró. – Fíjate que quería venir Bone, así que mira lo que canta – bromeó.</p>
<p>– Vale… – cedí, aunque sólo de palabra. – Pero por muy preocupados que estéis… ¿aquí? ¿Tenía que ser aquí?</p>
<p>– ¿Qué tiene de malo? – se encogió de hombros. – Cuanto antes mejor. Es más, – añadió – que estés aquí teniendo en cuenta lo que ocurrirá pasado mañana es bastante significativo – apuntó. – Mira – dio un pequeño respingo, cambiando el tono a uno mucho más despreocupado y relajado – te apuesto lo que quieras a que cuando abriste ese papel de periódico…</p>
<p>No quería escuchar nada más. Y mucho menos una ridícula suposición basada en… ¡Basada en nada! ¿Qué cojones iba a saber él de mi reacción al ver la noticia? El Pollo alardeaba de una estúpida “clarividencia” que no venía a cuento. No ahora; no con la que estaba cayendo. Le dejé con la palabra en la boca y, como un niño caprichoso, me escapé de nuevo hacia la incubadora.</p>
<p>“Lo peor que me podía pasar” ¡Ja! ¡Y una mierda! ¡Una puta, jodida y miserable mierda! ¿Es que no lo entendían? ¡Nalya! ¡Era Nalya! ¡Joder! ¡Nalya! ¿Cómo no iba a ser lo mejor que podía suceder? Hacía siete años que la había perdido. ¡La había encontrado! ¡Al fin! ¡Joder! ¡Al fin! Confuso, cabreado, obcecado… tenso como hacía tiempo que no estaba, me senté en el suelo, acuclillado, apoyándome contra la pared opuesta a la mampara de cristal.</p>
<p>No sé cuánto tiempo estuve así, buceando y enredándome aún más en la enrevesadísima maraña de mi desconcierto y de mi enfado. Sólo volví a tener conciencia de la realidad que me rodeaba cuando una sombra me cubrió, privándome de la luz artificial que se colaba entre el hueco que quedaba entre mis brazos, apoyados sobre las rodillas, y las piernas que tenía entre abiertas. Cuando levanté la mirada, vi que mi madre me observaba fijamente, con pesar y preocupación.</p>
<p>– Kyo está agotado – me informó. – Db se lo ha llevado ya para el Sereitei.</p>
<p>– ¿Por qué no me avisasteis?</p>
<p>– Porque quier hablar contigo antes de volver.</p>
<p>– ¿Tú también?</p>
<p>– Claro que yo también – contestó, con su sonrisa de doble sentido. – Soy tu madre, es mi obligación.</p>
<p>– Genial…</p>
<p>– ¿Te vas a enfadar conmigo como te enfadaste con tu amigo Db?</p>
<p>La miré con cansancio y me levanté pesadamente apoyándome en la pared para impulsarme hacia arriba y ponerme al fin de pie. Sacudí mis ropas instintivamente para alisarla y volví a posar la vista en mi madre como pidiéndole que me ahorrara el trámite. Pero no estaba dispuesta a hacerlo. Sin embargo, yo no tenía muchas ganas de enfrentarme a nadie más.</p>
<p>– Mejor así – rió, dando a entender que estaba al tanto de lo que estaba pensando.</p>
<p>– En serio – me quejé. – Te pediría por favor que no hicieras eso ahora mismo.</p>
<p>– Soy tu madre, es mi…</p>
<p>– Es tu deber… Sí, lo sé – completé cansinamente su estribillo. – Sólo…</p>
<p>– Vale, vale… – capituló. – Venga, vamos andando… Te acompaño a tu casa.</p>
<p>Con un gesto ágil y gracioso, haciendo gala aún de una forma física que apenas dejaba sospechar que llevaba siete siglos en la reserva. Abrió el Senkaimon, invocó a las correspondientes mariposas que nos había asignado el Sereitei a través de la Novena División y enseguida estábamos de vuelta en la blanca Ciudadela de las Almas Puras.</p>
<p>– No te das cuenta ahora mismo, – comenzó con su sermón – pero en el fondo sabes que Db tiene razón. Esto no tenía que haber pasado ahora – recordó. – Sí, bueno, el tiempo que tarda el ciclo de metempsicosis sumado al tiempo de un embarazo… – divagó, encogiéndose de hombros. – Pero que Pandora viniera y te lo soltara todo así de golpe… no era así como tenía que suceder. Ni cuándo.</p>
<p>– ¿Y tú qué sabes? – repliqué. – El destino muchas veces se escribe con las cosas más… gilipollas.</p>
<p>– Lo sé, lo sé – aceptó. – Me refiero en un estado ideal de las cosas. Todavía no estás preparado – espetó. – No estás preparado para reencontrarte con ella y no está preparada ella para reencontrarse contigo – matizó. – Pero ni siquiera eso es importante… eso es el destino.</p>
<p>– ¿Qué quieres decir? – me interesé, aunque era un interés más fingido que sincero.</p>
<p>– Recuerda por qué se fue Nalya – propuso. – Quería protegerte a Kyo… y a ti. ¿Es a este mundo al que quieres traerla de vuelta? – preguntó. – Nadie sigue ahí, de hecho la situación es peor que cuando ella se fue – advirtió. – Cierran la investigación, surgen nuevos grupos terroristas, cada vez estás más “perseguido”. ¿Crees que es aquí, ahora, donde debe terminar su camino?</p>
<p>Me quedé en silencio considerando sus palabras, momento que ella aprovechó para repetir lo mismo que me acababa de decir de una forma mucho más cargada de florituras, como si quisiera hacerlo más significativo utilizando la poesía.</p>
<p>– Ahora mismo crees que el camino ha terminado – continuó. – Lo crees desde el mismo momento en que llegaste a casa y nos enseñaste ese recorte de periódico. Y lo sé desde ese mismo momento – señaló. – No me hizo falta leerte la mente, soy tu madre, sé esas cosas – apuntó. – Crees que ya no hace falta luchar, que tu… “misión” se ha acabado. Quieres dejarlo. No te importa ya. Y no es así – contrapuso. – No es así. Aún te queda mucho que trabajar si quieres que su camino no haya sido en vano. Tienes que ser firme, paciente, esperar a que llegue el momento y luchar para que llegue el momento en que sí que puedas decir “Ha vuelto” como dijiste el otro día – terminó. – Porque si tú caes, los demás caen.</p>
<p>– No soy tan importante.</p>
<p>– Lo eres para nosotros – señaló. – Y lo eres para tus amigos. Sólo basta ver cómo te miran – puntualizó. – Tienen fe en ti. Eres como un líder para ellos.</p>
<p>– Eso no es verdad – rechacé la idea. – No soy más que ellos.</p>
<p>– Y lo eres para Kyo – terminó. – Y lo eras para Nalya, lo sé. Y eras parte esencial de sus planes – se atrevió a decir. – Si tú no estuvieras ahí no se habría ido. No confiaría a nadie más a Kyo. Y tú lo entendiste perfectamente – afirmó. – Trabajaste duro para prepararle el camino de vuelta, con su hijo, con tu investigación, pero aún falta terminar ese trabajo. No puedes dejar que se vaya a pique por un espejismo – insistió. – Porque esto, hijo mío, – concluyó su arenga – todavía es un espejismo.</p>
<p>Entre sermones y afirmaciones unas más osadas que otras habíamos alcanzado al fin la puerta de mi apartamento en la Academia. Me había instalado allí de nuevo mientras terminaba de trabajar en la planificación de una misión a la que, en eso sí que había acertado, no tenía ninguna gana de acudir. Aunque fuera Nadie. Sólo quería estar en un sitio, pero esta vez solo.</p>
<p></em></p>
<p><em>– Hay algo más de lo que me gustaría hablarte respecto a todo esto… – anunció mi madre. – Pero hay tiempo, mucho tiempo, espero…</em></p>
<p>La noticia de la “resurrección” de Nalya lo revolucionó todo, tanto en mi casa como en el Cuartel de la Novena División. No era para menos, la cornuda había marcado las vidas de prácticamente todos y cada uno de los que poblaban y significaban algo en las instalaciones militares a las que habíamos permanecido tanto ella como yo y, en lo que respectaba a mi familia, no sólo era la madre de Kyo y mi amor, “no correspondido”, pero eso no venía al caso, sino que había sido una pieza muy importante en la defensa de la mansión y de nuestro clan años atrás, en aquella batalla en la que había caído el padre del que hoy era mi hijo adoptivo.</p>
<p>Pero nos traíamos algo demasiado importante entre manos y teníamos que centrarnos. Resultaba realmente difícil. Db, Bone, Eliaz, yo… todos habíamos tenido relaciones muy estrechas con la recién nacida, fuera como amiga, como compañera o como algo más. Por eso su renacimiento era un elemento lo suficientemente desestabilizador como para que el Teniente de la Novena División planteara, abiertamente, la conveniencia de emprender ahora la cruzada contra Nadie.</p>
<p>Sin embargo, no había margen de maniobra. Kyrek había comprometido ya los recursos del Escuadrón a su mando en un movimiento que, políticamente, resultaba como poco arriesgado. Y no era el prestigio de una División cualquiera la que estaba en juego. Era el prestigio del cuerpo al que habían pertenecido nombres tan ilustres como Akano Kumaru, Nakajima Kyo o la propia Nalya. “Políticamente” nos veíamos obligados a continuar.</p>
<p>Pero esa razón sólo convencía a nuestras cabezas. Nuestros corazones… mi corazón me decía que tenía que dejarlo todo y correr al otro lado del Senkaimon, al lugar que mencionaba el papel de periódico que me había traído Pandora y cuidar de aquel pequeño bebé el tiempo que fuera necesario. Vigilarla, cerciorarme de que todo iba a ir bien. Por mí, por Kyo, por ella… Y a cada momento que pasaba, estaba más convencido de que eso era lo que tenía que hacer y más decidido a hacerlo.</p>
<p>Tuvo que venir mi madre, como siempre, a darme una lección. Su capacidad psíquica le daba una perspectiva única, madurada a lo largo de años y años de práctica y de pruebas tan duras como la que había supuesto el cruel asesinato de su primogénita, de la hermana que nunca había llegado a conocer.</p>
<p>La noche anterior a que todo se pusiera en marcha, nos habíamos reunido en mi casa del campus académico un grupo de oficiales de la Novena División encabezado por Kyrek y Db, Gaby, Kaiser, Yuki, mis padres y yo. Se trataba de planear la estrategia para la tarde posterior, de cara a movilizar al resto del dispositivo que habíamos ideado. Por fin Eliaz había trazado un plano útil de los subterráneos de su mansión que no estaba lleno de borrones y que incluía, además, los subterráneos de la finca de los Muriami.</p>
<p>El hijo de Sadoq Asharet no quiso revelar cómo había conseguido acceso a aquella zona para poder trazar aquel mapa con la precisión con la que lo había hecho. Sólo dijo, en el tono de fingida – o no tan fingida – altivez y caballerosidad que le caracterizaba, que un espía como él no revelaba su técnicas a cualquiera, a lo que todos decidimos callar en lugar de cuestionarle a él y, de paso, la fiabilidad de los mapas.</p>
<p>En el centro de sus mapas, justo en la zona en la que la mística estelar – por seguir ajustándome a los términos empleados por mi amigo – era mayor, había una gran cavidad de roca, una gruta natural que no podía dejar de recordarme a los subterráneos del volcán donde se congregaba la Asamblea de los Días Venideros. El Asharet nos explicó que había conseguido escabullirse hacia allí y que estaba todo dispuesto como un enorme templo. Era, pues, el lugar que habíamos buscado.</p>
<p>Después de que lo hubiéramos tratado una y mil veces y barajado cientos de hipótesis, el plan parecía claro en nuestras cabezas. Pero teníamos que pasar por encima de él otra vez más, sobre el mapa, con las localizaciones más metidas en nuestra cabeza, por si surgían problemas que, a simple vista, ni yo ni Eliaz, que lo habíamos trabajado durante toda la tarde, no habíamos encontrado. Era sencillo y totalmente previsible: aprovechar los túneles subterráneos de la Mansión de los Ashartîm para acceder a los</p>
<p>Sí, era cierto. Si supieran nuestros planes y nos estuvieran esperando, era bastante posible que nuestra estratagema se volviera en nuestra contra. Era lo mismo que habíamos pensado mi amigo y yo durante toda la tarde y fue la primera pega que nuestros interlocutores le encontraron a nuestra táctica. Pero Eliaz insistía una y otra vez en que no podía ser de otra forma.</p>
<p>– A menos… – objetó Kyrek.</p>
<p>La mirada y el índice directo del Capitán de la Novena División se posaron en la finca que quedaba inmediatamente al noroeste de la residencia de los Muriami, la mansión que en otro tiempo había albergado al clan Kaimitsu. Insinuaba que posiblemente podríamos acceder desde allí. Teniendo en cuenta que aquella familia había comandado siempre el Grupo de Operaciones Especiales, no era descabellado que también contaran con una red de subterráneos que, por otra parte, parecía recorrer todo el Sereitei como un primitivo alcantarillado.</p>
<p>– Pues… – murmuró Eliaz no muy convencido.</p>
<p>– Hay un problema – intervino Kaiser. – Es un terreno desconocido para todos nosotros, tendríamos que encontrar túneles de acceso, explorarlos, asegurarlos… No hay tiempo para eso.</p>
<p>– Sin contar – siguió la que había sido su Teniente – que si entramos por aquí tendríamos que recorrer casi toda la finca Muriami. Es más peligroso.</p>
<p>– Y la finca está abandonada, en teoría – concluyó mi padre, cerrando el círculo de los miembros de la antigua Décima División. – Llamaríamos demasiado la atención.</p>
<p>– Ya… – observó el rubio Capitán, aceptando las objeciones que se le señalaban a su propuesta. – No, bien, vale…</p>
<p>– No estaría de más mandar un pequeño grupo de reconocimiento – concedió el patriarca de los Wolf. – ¿Qué te parece? – se giró hacia Yuki.</p>
<p>– ¿Tilly y yo? – propuso ella.</p>
<p>– Llevaos también a Cloud y a Okita – ordenó Kyrek.</p>
<p>– Tenéis que moveros rápido – siguió Kaiser. – Buscar una entrada, atravesar la finca y apoyar al grupo principal.</p>
<p>– Que entrará por aquí – habló Eliaz, tomando la palabra de una forma un tanto apresurada mientras señalaba el más amplio de los dos túneles que enlazaban con nuestro objetivo. – Por este otro irá un grupo más pequeño.</p>
<p>– La intención es dispersarlos – expliqué. – Atraer al mayor número de ellos hacia nuestro grupo principal y que el segundo grupo les gane la espalda. Por eso – levanté la vista hacia Yuki y mi madre – si lográis entrar, es bueno que intentéis liquidar a los que pueda haber por el norte.</p>
<p>– ¿Y si no hay forma de entrar? – preguntó Okita.</p>
<p>– Nos unimos al grupo principal – respondió mi madre.</p>
<p>– Sí, vosotros iréis con unas horas de adelanto – asintió Kaiser.</p>
<p>Tras aclarar todas las pegas y tratar de solventar el mayor número posible de ellas, era el momento de las últimas instrucciones. No debíamos usar fuerza letal a menos que fuera estrictamente necesario, el líder de cada destacamento debía informar regularmente al centro de control… Cuestiones que eran casi protocolarias, pero que había que dejar claras ahora y que habría que dejar claras en la reunión con el resto del destacamento la mañana siguiente.</p>
<p>Después de atar todos los cabos sueltos, seguía pareciendo un plan muy frágil en el que todo dependía del elemento sorpresa. Si alguien se iba de la lengua todo iría mal, muy mal. No podíamos permitirnos desperdiciar una ocasión como aquella. Por eso mismo, sólo serían informados de todos los detalles de la operación los oficiales asignados, todos ellos de la suficiente confianza. Oficialmente, se tratarían de unas maniobras de entrenamiento.</p>
<p>Por si no era suficiente, terminamos aquella reunión con un nuevo repaso, el enésimo, de todos los detalles de la operación. Y así nos dio la madrugada. A media tarde del día siguiente tendría que estar todo claro y perfecto. Y todo el mundo debía estar lo suficientemente descansado como para rendir al cien por cien en la escaramuza. Mejor retirarse ya.</p>
<p>Así lo hicieron todos, aunque yo tenía la intuición de que apenas podría cerrar ojo y de que, igual que a mí, le ocurría a muchos de los que estaban allí. Todos nos jugábamos mucho. Eliaz luchaba contra el oscuro legado de su familia; Db, contra los temores de su juventud, Kyrek había puesto en el alero la fama de su División; Kaiser, Yuki y mis padres se jugaban la venganza de toda una generación… Aunque no acabáramos con Nadie, sería un día grande.</p>
<p>Todos se fueron marchando poco a poco, entre expresiones de ánimo y de confianza que en mucho eran, sobre todo, arengas a uno mismo, para estar dispuesto para el momento crucial. Al final, se quedaron retrasados Db y Kyrek, y el Capitán llevaba un gesto que hacía ver a las claras que aún le quedaba algo más en la recámara.</p>
<p>– ¿Qué pasa ahora? – pregunté con un tono cansado, pero que podía entenderse como fastidioso.</p>
<p>– Tenemos que hablar.</p>
<p>– ¿No puede esperar a mañana? – me quejé</p>
<p>– Me temo que no – meneó la cabeza el Capitán. – Prefiero dejar esto zanjado antes de que surja algún malentendido.</p>
<p>– Va… – suspiré. – Vale, vale… Sentaos.</p>
<p>Se giró levemente, lo justo para indicarle con un gesto mudo a Db que se adelantara y nos dejara a solas. Le ofrecí un café, que rechazó. Yo me serví una taza y me senté junto a él, dispuesto a escuchar con atención lo que me tuviera que decir. Por su mirada y por los preliminares de la conversación, podía apostar a que no me iba a gustar.</p>
<p>– En la División… – comenzó con titubeos. – En la División tienes fama de ser un gran estratega.</p>
<p>– Peligroso cumplido… – comenté, antes de un sorbo de la negra infusión. – Totalmente desmerecido, por otra parte.</p>
<p>– Bueno, por lo que he podido saber, tú diseñaste la estrategia del Yorokonde – recordó. – Y otras muchas operaciones, en general más que exitosas. Y con un reducido número de bajas…</p>
<p>– Vale… – me recosté en el asiento. – ¿Cuál es el problema entonces?</p>
<p>– Mira… No quiero que me interpretes mal, pero…</p>
<p>– Eres consciente de que la última vez que empezaste una conversación así conmigo la cosa no acabó bien, ¿verdad?</p>
<p>– Lo sé, pero aún así – asintió. – Hoy no te he visto fino y sé que no soy el único que lo ha pensado. De hecho… tu única intervención fue señalar una obviedad como un templo – indicó, incidiendo aún más en mi supuesta falta de capacidad.</p>
<p>– Es tarde – me defendí. – Todos tenemos nuestros días mejores y peores.</p>
<p>– No tú, no en esto, no con Nadie a las puertas – observó. – ¿Te acuerdas el día que murió Deiss? En menos de lo que canta un gallo asumiste toda la Dirección del Departamento, nombraste un nuevo profesor y reorganizaste buena parte de la Academia…</p>
<p>– Bueno… Tam…</p>
<p>– Déjame terminar – siguió, evitando que le interrumpiera. – Y aún por encima, Nadie estaba atacando a tu familia. ¡Al mismo tiempo! No, Rido – meneó la cabeza una vez más. – No estás centrado y te entiendo…</p>
<p>– Pero…</p>
<p>– Pero no puedo arriesgar la vida de mis hombres… de tus amigos – se corrigió – teniéndote allí abajo. Me gustaría que te quedases conmigo coordinando la operación…</p>
<p>Traté de quejarme, pero las palabras se arremolinaban en mi cabeza fruto de un caos difícilmente controlable. Y en el medio de ellas, la imagen de una niña pequeña con dos pequeños cuernos, uno a cada lado de su cabeza, se hacía omnipresente en mi mente. Como si de un recordatorio se tratase, volvieron a mí una vez más las palabras de mi madre de vuelta del hospital, las que me habían impulsado a seguir con esto. Y, junto con ellas, las de Db, y las de Bone en tantas y tantas veces como nos habíamos “peleado” porque les había dejado de lado intentando salvar al mundo yo solo.</p>
<p>Estuve a punto de gritarle a Kyrek que no lo entendía, que era demasiado joven, que no había vivido lo suficiente para saber lo que se sentía. Que era mi lucha. La que me había jurado a mí mismo que llevaría hasta sus últimas consecuencias. Por mi abuelo, Akano Kumaru, asesinado por Nadie. Por Nakajima Kyo, que había corrido la misma suerte. Por Yonas, cargado con una culpa que le había corroído por dentro. Por mis padres, por Kaiser y por Yuki, condenados cobardemente a un exilio injusto y traicionero. Por Kyo y su futuro. Pero sobre todo por ella, por aquella niña pequeña que apenas unas noches atrás había vuelto a ver la luz.</p>
<p>– O incluso mejor – saltó el Capitán de la Novena División. – Quédate con tu hijo. Probablemente ahora te necesite más que nunca.</p>
<p>Aquella afirmación me dejó seco. Pero no estaba dispuesto a rendirme y a ceder fácilmente. Ni siquiera aunque tuviera razón, cosa que me negaba ni siquiera a considerar. No. No podrían conmigo. Por lo menos no sin dar batalla hasta mi último aliento.</p>
<p>– No puedes decirme lo que puedo o no puedo hacer –respondí al fin, mascando las palabras. –No eres mi superior, Kyrek.</p>
<p>– Pero estoy al mando de esta operación – sentenció con total tranquilidad. – Estoy a tiempo de cancelarla.</p>
<p>– ¡No puedes hacerlo! ¡No cuando estamos tan cerca! – le grité. – Hace casi una década que no teníamos nada y no sabremos cuándo…</p>
<p>– Renuncia… Échate a un lado…</p>
<p>– ¡Nadie es mi trabajo! ¡Mi investigación! – protesté.</p>
<p>– Si lo que quieres es crédito, no te preocupes, nadie te lo va a negar – se encogió de hombros.</p>
<p>– Mierda, no es eso… – balbuceé… casi sollocé. – No es eso… Pero nadie conoce a Nadie tan bien como yo… No podéis hacerlo sin mí…</p>
<p>– Precisamente por eso, Rido – asintió. –Precisamente por eso…</p>
<p>– Aunque sea solo, iré – amenacé con fingida decisión.</p>
<p>– No me obligues a desperdiciar recursos poniéndote en custodia…</p>
<p>– ¿Bajo qué cargos? – pregunté con sarcasmo.</p>
<p>– Entorpecer una investigación del Gotei, desobedecer órdenes de la Cámara… – enumeró con la despreocupación de quien se sabe con la sartén por el mango. – Hay donde elegir, eso no me preocupa. Eres peligroso, Rido – añadió, inclinándose hacia delante. – Así como estás eres peligroso. Para ti y para tus compañeros… No puedo dejarte.</p>
<p>– ¿Quién fue?</p>
<p>– ¿Quién fue qué?</p>
<p>– Ya que estamos en este clima de sinceridad – comenté irónico. – No me conoces una mierda. No puedes decir cuándo estoy bien y cuándo estoy mal. Mucho menos te atreverías a decir que “soy peligroso” – advertí. – No. Alguno de mis… “amigos” tiene que estar detrás de esto. ¿Quién? ¿Db? ¿Bone?</p>
<p>– Y Eliaz. Y Mitsuko – confirmó. – Y tus padres. Y Kaiser… y… prácticamente todos los que estaban aquí.</p>
<p>– Sí, seguro…</p>
<p>No me creía lo que me estaba diciendo, pero era seguro que alguien le había dicho algo. No esperaba que mi madre o alguien de mi familia se hubiera dirigido al que no hacía mucho era mi alumno, pero no me extrañaría que Db o Bone lo hubieran hecho. No después del choque que había tenido con el Teniente en el hospital. Y él tenía mucha mano y mucha influencia en su superior. Del mismo modo que había colaborado para que Kyrek nos apoyara en aquella misión podría haberlo hecho para que ocurriera lo que ahora estaba sucediendo.</p>
<p>¿Traición? Un poco me sentía traicionado, sí. Al fin y al cabo, mi compañero sabía perfectamente lo que significaba aquella operación. Pero lo entendía. Había dejado claro su punto de vista durante nuestra discusión y medio había llegado a comprenderlo, aunque me negara a aceptarlo. Sabía que, probablemente, tuviera razón. El que tenía la cabeza caliente y, por tanto, no razonaba bien, era yo. Y era consciente de ello, aunque no era capaz de evitarlo.</p>
<p>Con un bufido cansado, exasperado, enfadado, decepcionado… me desplomé sobre la butaca buscando madurarlo todo para poder escoger bien el camino a seguir. Aunque, realmente, tenía la decisión tomada. La posición de Kyrek era inamovible. O sin mí o no había misión. No estaba dispuesto a contemplar ninguna otra alternativa. Y sabía bien que yo no renunciaría nunca a una oportunidad como aquella. Que no dejaría escapar a Nadie una vez más. Lo sabía porque se lo habían dicho… y estaba en lo cierto.</p>
<p>Pero ahora me tocaba calmarme y avanzar. Porque no era lo mismo tomar la decisión que ponerla en práctica. Y rendirme, porque eso me parecía el paso que tenía que dar, me daba miedo, pero tampoco podía no hacerlo. ¿Cómo iba a obligar a Kyrek a cumplir su amenaza y quedar yo como un completo egoísta? Porque así me verían. No sólo los demás, sino yo mismo. Y aunque mi reputación me importaba una mierda, lo que más me importaba era que una cabezonería pudiera mandar al garete el trabajo de años. Y yo no era, precisamente, una pieza de importantísimo valor militar en el terreno. Tampoco era manco, entendámonos, pero había gente mucho mejor que yo.</p>
<p>Incluirme y forzar a los demás a que me incluyesen sólo alimentaba mi ego, mi necesidad de hacerlo yo todo, ese “complejo de Mesías” que tantas veces me habían echado en cara, directamente o no, mis amigos y que otras tantas les había recriminado yo. Esta vez, aunque sólo fuera esta vez, tocaba dar el brazo a torcer. Aunque doliera.</p>
<p>Porque dolía. ¿No lo entendían? La última vez que me había mantenido al margen había perdido lo que más quería. Aunque fuera en un mundo irreal. La última vez que me había bajado del caballo sin lu4char, se había ido para siempre. Y aquella vez sí había sido de verdad. Ella, ella, siempre ella.</p>
<p>Ahora la había encontrado de nuevo. Había terminado por fin el tiempo de la búsqueda a ciegas y había entrado en el de la espera paciente y vigilante. Nalya estaba ahí. Sólo tenía que aguardar el momento de recuperarla, como el pescador que espera con proverbial estoicismo a que pique el pez. No podía permitirme el lujo de perderla de nuevo ni de dejarla escapar. No ahora que tenía todo un futuro por delante.</p>
<p>Fuera superstición, fuera capricho, fuera orgullo, mantenerme al margen me daba miedo, como si fuera invocar la mala suerte que me había perseguido en anteriores ocasiones. Por eso la crisis se me hacía si cabe más profunda. No sólo me apartaban del mayor avance en años en la investigación a la que me había entregado casi por completo sino que me daba miedo lo que pudiera significar.</p>
<p>Pero tenía que ceder. Tenía que hacerlo. Vencer a mis miedos y conformarme con las migajas. Con ver los toros desde la barrera y estar al quite por si acaso, no lo quisiera la fortuna, fuera imperativo que interviniese. Era lo único con lo que podía contentarme… si es que existiera contento alguno en mi situación.</p>
<p>– Está bien – cedí con decepción y rabia. – Me quedaré en el centro de mando contigo… pero si pasa algo…</p>
<p>– Tranquilo – sonrió él satisfecho por haber alcanzado su objetivo. – Va a salir todo bien.</p>
<p>– Pero si pasa algo… – insistí de nuevo.</p>
<p>– Entrarás en acción – asintió, levantándose para dar por concluida la reunión. – Tú y toda la División. Buenas noches, Rido – se despidió. – Descansa.</p>
<p>No le respondí verbalmente, sólo con un gesto cansado con la cabeza. Ni si quiera me levanté. No tenía fuerzas ni ganas ni nada de nada. Al fin, después de un par de minutos sentado, tranquilo al fin exteriormente, en el que pude darme el lujo de repasar mentalmente todo lo que había sucedido y acostumbrarme a la situación me di por vencido. No había nada que pudiera hacerle. Y lo peor de todo, quizás los otros tenían razón.</p>
<p>Sonó el reloj de la pared, haciéndome llevar la vista casi automáticamente a la esfera para comprobar que era lo suficientemente tarde como para considerar que estar despierto, teniendo en cuenta la importancia de la jornada que debía enfrentar en cuanto amaneciera, era una absoluta temeridad. Me levanté, cogí la taza y la llevé hacia la cocina para dejarla en el fregadero con la intención de solucionarlo juntamente con el desayuno. Luego, ya casi con el piloto automático puesto, me fui a acostar.</p>
<p>Pero no llegué a la cama. En cuanto traspasé el umbral de la puerta de mi habitación ya no estaba en mi apartamento. Estaba en el monasterio, lo sabía aún sin mirar alrededor, que estaba oscuro y tenebroso como no lo recordaba. Y no porque estuviera en el interior, sino porque, misteriosamente, era de noche. La primera vez que llegaba allí de noche, si me paro a pensarlo. Y una noche sin luna. Comprobé visualmente el espacio que me rodeaba y pude adivinar que estaba en el claustro, pero estaba solo.</p>
<p>– ¡Viejo! – grité enrabietado. – ¡Me cago en todos tus putos muertos, baja aquí!</p>
<p>Conjurada por mis juramentos, que no cesaban, la luz de una antorcha se encendió al fondo del corredor del atrio en el que me encontraba y la sombra del monje se fue haciendo más pequeña a medida que se me acercaba. Y lo hacía lentamente, como a tientas, como si el terreno en el que se moviera fuera inestable.</p>
<p>– No es de noche – sentenció, enigmático, cuando aún estaba a una cierta distancia. – Tampoco es un eclipse.</p>
<p>Cuando llegó hasta mí pude darme cuenta de que la escena era aún más macabra de lo que podría parecer en un principio. Al reflejo de las rachas de luz que emanaban del fuego de la tea, las manos del monje, lo único que alcanzaba a ver por debajo de su túnica, semejaban mucho más ancianas, más ajadas… incluso uno podría decir que traslúcidas.</p>
<p>– Simplemente se ha ido la luz.</p>
<p>– Pero…</p>
<p>– No te preocupes – contestó en un tono que parecía más tranquilo de lo que uno intuiría. – No es que haya pasado antes, pero tampoco necesariamente malo.</p>
<p>– ¡¿Qué cojones está pasando?!</p>
<p>– ¿Por qué todo se derrumba a tu alrededor?</p>
<p>Lo miré fijamente a unos ojos que sólo era capaz de intuir con los míos abiertos como platos. Estaba acostumbrado a que me leyera el pensamiento, pero nunca antes siquiera de que yo fuera capaz de vislumbrarlo en el interior de mi mente. Esta vez se había adelantado. Quizás en mi estado no fuera quién de darme cuenta de que era una respuesta bastante probable a juzgar por la situación, pero su precisión “telepática” me tomó completamente por sorpresa.</p>
<p>Sin embargo, no era eso lo que más me llamaba la atención. El tono en el que me hablaba, tranquilo, misterioso… sabio, recordaba al que había utilizado las primeras veces en que había visitado el monasterio, antes de revelárseme como un completo cabrón sarcástico. Lo peor de todo es que, en aquellos primeros encuentros, las cosas no iban precisamente bien, algo de lo que incluso con la mente embotada como la tenía en ese instante fui capaz de señalar en mi interior. Lo mejor de todo es que había sido precisamente la sabiduría de Balmung la que me había guiado a la hora de superar los escollos.</p>
<p>Probablemente esto significara que iba a necesitarlo otra vez.</p>
<p>– Es lo que sucede cuando los cimientos se van a tomar por culo – sentenció, quejicoso y enigmático al mismo tiempo.</p>
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		<title>Classic Doctor Who VII (S1A7: The Sensorites)</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 20:09:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images2.wikia.nocookie.net/__cb20061015225748/tardis/images/e/ea/Sensorites.jpg" alt="" width="406" height="353" /></p>
<p>Después de viajar una vez más al pasado, a la época azteca esta vez, es el momento de emprender, por fin, nuestro primer viaje oficial al futuro. Y digo “oficial” porque, aunque las tramas <em>terrestres</em> podemos ubicarlas temporalmente, no ocurre así con las que ocurrían en Skaro y en Marinus. Así pues, <strong>nuestra visita a la Sensosfera</strong> (así se llama el nuevo escenario) <strong>es la primera vez que viajamos al futuro</strong>.</p>
<p>Y será la <strong>primera vez que veamos cara a cara a unos extraterrestres</strong>. No a los Daleks protegidos en sus carcasas metálicas o a los Voord dentro de sus trajes de neopreno. A los Sensoritas que dan título al arco los veremos sin mediación alguna. Serán, además, los primeros alienígenas pacíficos con los que nos encontremos como espectadores del Doctor. Bueno, no exactamente… pero para aclarar esto todavía hay que andar mucho.<span id="more-2582"></span></p>
<h3>Qué ocurre</h3>
<p>Barbara estaba en lo cierto en su suposición que cerraba el arco anterior. La perplejidad que causaba la doble lectura de los instrumentos de la TARDIS en el Doctor tenía una explicación: <strong>habían aterrizado en algo que estaba en movimiento</strong>. Y ese algo no es otra cosa que <strong>una nave espacial humana</strong> que orbita un planeta llamado la Sensosfera.</p>
<p>La nave, que gracias a un diálogo entre Barbara, Ian y su capitán podemos ubicar en un punto indeterminado en el futuro en el que no hay Big Ben (¿posible referencia retomada en el futuro?) y todo el sur de Inglaterra ha pasado a llamarse Central City, está tripulada por Meitland, que asume el mando y el pilotaje, su asistente, Carol, y John un minerólogo que, al comienzo se nos describe como paranoico y violento.</p>
<p>Aprenderemos rápidamente que eso no es exactamente así, al igual que descubriremos muy pronto que los Sensoritas, que han capturado la nave e hipnotizan regularmente a sus tripulantes y que incluso llegan a robar la cerradura de la TARDIS, no son una raza violenta. <strong>Su único propósito es defender su planeta y sus recursos ante una posible invasión humana</strong>, de la que ya tenían ciertos precedentes: hace unos años una nave humana llegó al planeta y habían pretendido hacerse con las riquezas de la Sensosfera, especialmente el <strong>molibdeno</strong>. Sus ocupantes, al parecer, murieron cuando su vehículo explotó al abandonar la superficie del planeta.</p>
<p>Por eso mismo, en cuanto el Doctor y su grupo – impulsados por una ingenua y exageradamente abierta Susan, que es <strong>capaz de comunicarse telepáticamente con ellos</strong> – se muestran más dialogantes (aunque firmes en sus posturas) inmediatamente los Sensoritas parecen comenzar a dar pasos en la dirección “correcta”, desde nuestro punto de vista: curar a John, devolverle la cerradura al Doctor… Todo a cambio de que les ayuden con <strong>una enfermedad que diezma la población del planeta desde la última visita de los humanos y que ellos son incapaces de aislar</strong>.</p>
<p>No es oro todo lo que reluce, sin embargo, y el gran embrollo de este arco no se producirá tanto por el enfrentamiento entre humanos y alienígenas, sino por la existencia entre estos últimos de un <strong>grupo disidente, comandado por el Administrador de la Ciudad</strong> (algo así como el tercero en la escala de poder en la capital de la Sensosfera, sólo por detrás de los dos Ancianos), que quiere boicotear la cumbre que se está produciendo entre las dos razas.</p>
<p>Para más INRI<strong>, Ian cae afectado de la misma enfermedad que está asolando el planeta</strong>. Pero esta desgracia se torna en bendición al permitirles identificar el origen de la enfermedad: <strong>el agua está envenenada</strong>. E inmediatamente el Doctor se pondrá a trabajar en el antídoto, que no le cuesta mucho sintetizar. <strong>El siguiente paso es localizar la fuente del veneno</strong> y erradicarla, por eso se interna en el acueducto que abastece a la ciudad… donde es atacado y de donde es rescatado por un Ian recién recuperado acompañado de Susan, que ante la ausencia de Barbara (que se había quedado en la nave junto al piloto, Meitland), parece que pinta algo más.</p>
<p>Sin embargo, <strong>el Administrador de la Ciudad y sus partidarios no se lo pondrán fácil</strong>. Usurparán la identidad del Segundo Anciano y entorpecerán los planes del Doctor y su grupo. Llegarán, incluso, a asesinar al verdadero Segundo Anciano y acusar de ello a los humanos. Cuando estos son capaces de demostrar su inocencia ante el Primer Anciano, que confía plenamente en ellos, el Administrador culpará a la víctima y se hará oficialmente con su puesto.</p>
<p>Lo hace, paradójicamente, gracias a la recomendación de Ian y del Doctor, algo de lo que no tardarán en arrepentirse cuando <strong>le descubran como el verdadero traidor</strong> gracias a la intuición de Susan y el testimonio de John. Pero para demostrarlo aún hay que encontrar unas pruebas que no tienen. Y aún queda otro problema: el envenenamiento del agua.</p>
<p>Ian y el Doctor se adentran de nuevo en las cloacas de la ciudad, dejando a Susan y a Barbara (que ya ha bajado al planeta) junto con Carol y John en el palacio del Primer Anciano y allí descubren que sus armas han sido inutilizadas y el mapa del que les han provisto ha sido trucado. Y ha pasado por las manos del ahora Segundo Anciano. Ya tienen sus pruebas, pero aún tienen que solucionar el problema del veneno, que no es otro que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Atropa_belladonna">Belladona</a>, como había descubierto en su expedición anterior el Doctor. Y <strong>los culpables del veneno son tres humanos, supervivientes de la anterior expedición, que pretendían exterminar a toda la raza de Sensoritas y hacerse con el control del molibdeno</strong>.</p>
<p>Uno no sabe si culparlos o no. Al igual que John, la influencia de las habilidades telepáticas de los habitantes del planeta les había vuelto locos, pero en sus planes, camufladas entre la locura, se encontraban intenciones muy humanas. Afortunadamente, el Doctor y los suyos, junto a la expedición capitaneada por Meitland, son capaces de salvar el “buen nombre” de los humanos.</p>
<h3>A destacar.</h3>
<ul>
<li>Al fin. ¡Al fin! <strong>Susan pinta algo en la trama</strong>. Cierto es que sólo cuando reaparece Barbara en escena sus acciones tienen especial relevancia, pero al menos por una vez deja su habitual papel de lastre para significar algo en el grupo. Una conversación al final con el Doctor sobre sus “poderes telepáticos” parece reservar <strong>futura importancia a la chiquilla</strong>.</li>
<li>En este mismo diálogo, Susan y el Doctor <strong>muestran posiciones opuestas sobre su modo de vida</strong>. La primera prefiere establecerse por fin (ya veíamos en el primer capítulo que ella era la que gustaba de los humanos y de la vida en Londres), el segundo es partidario de seguir siendo nómada.</li>
<li>Primeros extraterrestres que se muestran menos beligerantes con los humanos y primeros con los que son los humanos los verdaderos creadores de problemas. <strong>Han tenido que presentar a un grupo de terrícolas algo locos para justificar que los humanos sean los malos</strong>. Eso sí, no falta el malo extraterrestre.</li>
<li>Primer viaje al futuro y primera referencia a Inglaterra como “el centro del mundo”, prácticamente. Acostumbrémonos, <strong>es una serie inglesa y todo lo importante (dentro de los sucesos ocurridos en la Tierra) tendrá lugar en Inglaterra</strong>, a excepción de los acontecimientos históricos que se visiten, claro. Los americanos ya hacen lo suyo en sus series y los japoneses en el manga.</li>
<li>Por primera vez, <strong>vemos tanto al Doctor como a Susan reivindicar con insistencia su no-humanidad</strong>. Sobre todo el primero, marcan las distancias con respecto a los humanos de alrededor. Todavía <strong>no explican qué o quiénes son</strong>, sin embargo.</li>
<li>El capítulo nos deja una buena reflexión moral: <strong>La confianza no nace hecha, se gana</strong>. Eso le dice Barbara al Primer Anciano, cuestionando las bases de la sociedad sensorita. Quizás lo más relevante del capítulo, junto con el final y lo apuntado en el párrafo anterior</li>
</ul>
<h3>En próximas ediciones</h3>
<p>Sí. Quizás lo más relevante del capítulo se encuentre en el final. No sabemos a dónde vamos ni lo que ocurrirá, pero una situación aparentemente feliz e inocente, de vuelta ya en la TARDIS, se transformará en una seria amenaza por parte del Doctor. Ian – medio en serio, medio en broma – cuestiona la habilidad del alienígena de llevarlos a su época. Eso ofende al anciano, que afirma que <strong>su próxima aventura será la última. Aterricen donde aterricen. ¿Cumplirá el Doctor su amenaza?</strong></p>
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		<title>Akano 41 – Dies Natalis</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 22:12:52 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Capítulo nuevo de Akano? ¡Sí! ¡Ya iba siendo hora c***! Digo&#8230; esto&#8230; Nada, que como habéis podido comprobar me he tomado unas vacaciones literarias no tan voluntarias como parecería en un primer momento. Con el examen, primero, y con la resaca mundialista, después,  de por medio que&#8230; bueno, que mis musas decidieron que mi cabeza no era buen lugar para vivir, y menos si tenían que pelearse, además, con el Doctor Who&#8230; no el de ahora, el de los años 60.</p>
<p>﻿Bueno, eso <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/TGIF">TGIF</a>. O lo que es lo mismo: que ya es viernes&#8230; (o casi). Sí, ese día en el que, después de unas vacaciones inesperadas, vuelve Akano. ¿Con Kara? ¿Con Nadie?  Pues&#8230; No. La vida es dura, pero no, no va a avanzar mucho la trama. Dejémoslo en que es una nueva toma de contacto con la escritura que incluye una dedicatoria a una de las personas que ha hecho que esto sea realidad aunque ahora no esté tan metida en el proyecto como antes. Lo descubriréis a lo largo del capítulo, con título latinajo incluido.<span id="more-2580"></span></p>
<h2 style="text-align: center;">Akano 41 &#8211; Dies Natalis</h2>
<p>Cuando Kara regresó al Cuartel de la Decimotercera División, más tranquila y sosegada que como había llegado a mi casa pero, aún así, aún inquieta por lo que había descubierto en su mundo interior, mi interés se vio obligado a redirigirse de nuevo hacia la operación que teníamos programada contra Nadie. Apenas quedaban unos pocos días y sentía que necesitaba recalcular cada detalle, repasarlo, hacerlo perfecto.</p>
<p>– Y lo peor de todo es que no sabemos nada seguro – me quejé.</p>
<p>– ¿Perdón? – sonó la voz de Rina al fondo. – ¿Hablaba conmigo, Director?</p>
<p>– ¿Eh? – respondí. – No… No, nada, hablaba conmigo mismo.</p>
<p>Me había ido al despacho para concentrarme mejor repasando los papeles que tenía acerca de Nadie. Había consultado lo que nos había dicho Db con Yurian, pero el profesor de Teoría del Kidoh no había sido capaz de aportar nada nuevo. Tampoco los libros que me había pasado el Teniente de la Novena División habían resultado útiles. Así que allí estábamos, con pocas certezas y muchas intuiciones.</p>
<p>Eso me ponía nervioso, por eso buceaba insistentemente entre papeles para ver si sonaba en la flauta. Pero no averiguaba nada nuevo que nos sirviera para nuestros propósitos. Y, para terminar de redondear la jugada, había cosas que había visto en mi visita al pasado de Kara que no era capaz de apartar prudentemente de mi cabeza para poder centrarme en lo que me tenía que centrar.</p>
<p>– Vaya, vaya, Barbas… Con secretaria y todo…</p>
<p>Aquella voz me dejó helado. No correspondía ahí. Era imposible que correspondiera allí y si, en efecto, mi subconsciente no me había traicionado, entonces es que algo iba realmente mal. Temeroso de una u otra opción levanté lentamente la cabeza hacia el origen de la frase, aunque tampoco hizo falta levantarla mucho.</p>
<p>– Director Akano – sonreía. – No es que suene mal, pero no le pega a un puto deprimido como tú.</p>
<p>Allí estaba, con los mismos profundos ojos verdes de siempre y aquella misma sonrisa cínica y fácilmente inclinada al sarcasmo con la que martirizaba la autoestima de todos los que convivíamos con ella en su Cuartel. Era ella. No había duda de que era ella. Y si había vuelto a esta parte del Senkaimon… no quería pensar en cuáles habrían sido los motivos.</p>
<p>– Y con gafas – se burló. – Te estás haciendo demasiado viejo.</p>
<p>– Tanto leer libros… – alegué. – ¿Qué haces aquí, Pandora?</p>
<p>– Hola, a todo esto – me reprochó. – Te estaba buscando y te he encontrado – contestó enigmáticamente. – Arte me dijo que estarías aquí.</p>
<p>– Estuviste en el Cuartel, entonces.</p>
<p>– Sí, sí – asintió. – No sabía que hubieran habido tantos cambios.</p>
<p>– Cosas de la vida – me encogí de hombros. – Ya sabes, el tiempo pasa, las personas vienen y van, este no es un trabajo agradable…</p>
<p>– Por eso me fui – confesó. – Estaba hasta los huevos de esta vida.</p>
<p>– ¿Y por qué has vuelto? – insistí.</p>
<p>– Todo a su tiempo, barbudo, todo a su tiempo.</p>
<p>Fiel al carácter que la había hecho famosa y temida por todos los miembros de la División, Nalya incluida, y de entre los altos oficiales del Sereitei, la que un día había sido mi Teniente se guardó sus motivos con gesto divertido y comenzó a interrogarme acerca de la actualidad de los acontecimientos del Sereitei. Iba respondiéndole como buenamente podía, pero a cada poco volvía a tratar inútilmente de enterarme de qué era lo que le había motivado a volver. Si lo pensaba fríamente, si lo hiciera de otra forma, si no me hiciera sufrir un poquito, no sería Pandora.</p>
<p>Era la primera vez que la veía vestida de civil. En el funeral de Nalya, la única vez que la había visto desde su marcha de la Sociedad de Almas, tanto ella como Kuroda habían decidido, a petición de Henkara seguramente, mantener el protocolo que se seguía en nuestro mundo y vestir el uniforme de gala en señal de respeto por la cornuda.</p>
<p>Terminé aceptando el hecho de que no me contara nada y yo mismo entré en su juego de preguntas. Apenas habíamos hablado en la ocasión anterior, así que era un buen momento para enterarme de cómo iban las cosas “por ahí abajo”, en el Mundo Mortal. Hacía tiempo que, enfrascado en la investigación, no me había puesto muy al tanto de las noticias, sólo de las que hacían referencia al Sereitei.</p>
<p>– ¿Y qué? – desvió el tema cuando le pregunté por su vida personal desde que había dejado el Sereitei. – ¿Cómo va el enano?</p>
<p>– ¿El enano?</p>
<p>– El hijo de la cornuda – explicó, malinterpretando mi pausa meditativa con una duda.</p>
<p>– Sí, sí, ya, ya – asentí. – Pues… bien… De vacaciones, que acaba de terminar su primer año aquí.</p>
<p>– ¿En la Academia ya?</p>
<p>– Bueno, le adelantamos la edad un pelín – me encogí de hombros. – Así que… bueno, es un poco como Krunzik, pero si no me equivoco ella entró con un año más.</p>
<p>– Krunz… ¡Ah! – se dio cuenta. – La enana de la Diez esa que era tan amiga vuestra…</p>
<p>– Fue a hablar Tachenko… – bromeé provocando que ella bufara algo indescifrable. – En fin, que a lo mejor habría que habérselo adelantado más incluso. Está muy por encima del nivel de sus compañeros… o de la mayoría.</p>
<p>– Eso porque la cornuda y tú fuisteis unos cabezones – replicó. – Os empeñasteis en entrenarlo desde que era un mocoso…</p>
<p>– Como si que fuera bueno fuera un problema – reí.</p>
<p>Llevábamos ya casi una hora hablando y todavía no había soltado prenda. Era un caso perdido. No podía hacer más que esperar pacientemente y no perder la calma hasta que ella decidiera que había llegado el momento. O a lo mejor es que no había ningún motivo para volver… pero en ese caso no “me vendría buscando”.<br />
– Bueno… – se estiró, alargando las sílabas en un conato de bostezo. – Coño, qué tarde es… me voy.</p>
<p>– ¡¿Cómo que te vas?!</p>
<p>– Eh, eh, tranqui tronco…</p>
<p>– ¿“Tranqui tronco”? – reí.</p>
<p>– ¿Qué pasa?</p>
<p>– ¿Aparte de mudarte al mundo mortal también has viajado en el tiempo?</p>
<p>– Vete a la mierda…</p>
<p>– Pando… A ver… – carraspeé. – Si me has venido buscando tiene que haber una razón. Dijiste que me la dirías a su debido tiempo… ¿y ahora te vas?</p>
<p>– Eh… Sí, más o menos – rió con su habitual mueca sarcástica antes de marcharse sin hacer caso a mis protestas.</p>
<p>Me volví refunfuñando a mi escritorio, donde me esperaban los apasionantes detalles de nuestro futuro plan contra Nadie, aunque no sabía si ahora iba a tener la cabeza demasiado centrada como para poder</p>
<p>– Director… – sonó la voz de Rina desde la puerta apenas me había sentado.</p>
<p>– Dime – levanté la vista.</p>
<p>– La señorita que se acaba de ir ha dejado esto para usted.</p>
<p>– A ver… – me acerqué a ella para evitar que hiciese un esfuerzo innecesario y examiné el contenido del sobre que me tendía. – ¡No puede ser!</p>
<p>– ¿Qué es lo que no p…?</p>
<p>No terminé de escuchar la frase de mi asistente. En un impulso decidido, había salido a toda prisa del despacho tratando de alcanzar a Pandora, pero ella ya había previsto mi reacción y se había desvanecido, probablemente usando shumpa. Imposible saber hacia donde se había dirigido. Sí, podía rastrearla, pero no tenía ningún sentido hacerlo así. Ella era como era y si no quería hablar no lo haría. No iba a torturarla tampoco… Claro que aquel razonamiento podía ser sólo una racionalización de mi incapacidad para concentrarme lo suficiente como para poner en práctica aquella técnica.</p>
<p>Imposibilitado de seguir a la antigua Teniente, decidí ir cambiar de planes y me dirigí al Cuartel de la Novena División. Si había ido a algún sitio que yo conociera sería ahí y, si no, al menos tenía ya a mano a todos los demás con los que debía conocer la noticia. Si es que ella no se lo había dicho antes sólo para estropearme la sorpresa y dejarme con cara de tonto.</p>
<p>Además, por lo que me había dicho Db, Kyrek había seguido manteniendo aquella costumbre de Henkara que insistía en que todos los oficiales, al menos todos los que pudieran, realizaran las comidas juntos para así crear más vínculos entre nosotros. Se acercaba la hora de comer, así que no habría mayor problema para juntarlos a todos.</p>
<p>Me tomé el camino de vuelta con cierta calma. Así daba tiempo a todo el mundo para reunirse, aunque no sabían que tenían que hacerlo. Me daba tiempo a mí también, para tranquilizarme y organizar mis ideas, que desde que había leído la hoja de periódico que me había enseñado Pandora estaban demasiado revolucionadas.</p>
<p>En mitad de la revolución y del intento de ordenarme, me di cuenta de que lo realmente urgente no era ir al Cuartel. Ellos ya se enterarían tarde o temprano de la noticia, si es que no se habían enterado ya a través de nuestra antigua compañera. Quizás, sí, hablar con Bone, Db y Eliaz… y no era seguro que este último estuviera allí. Opté por enviarles una mariposa infernal y les pedí que vinieran rápidamente a la mansión Akano. Allí estaba quien tenía que enterarse primero de la noticia.</p>
<p>Cambié de rumbo y entré aceleradamente en casa, asustando a mi madre, que creía que había pasado algo malo. Mi sonrisa tonta e imborrable, casi al borde de las lágrimas de la emoción, que se me había dibujado casi involuntariamente al abrir el sobre y que era incapaz de controlar, le tranquilizó… o quizás le puso más nerviosa pensando en lo que podía haberme excitado tanto. No tardó en darse cuenta… o en leerlo en mi mente. No tenía tiempo para evitar que me la leyera. Entendió, sin embargo, que no debía soltar prenda y sólo me dio un abrazo.</p>
<p>El que más tardó en llegar fue Db, que estaba liado arreglando unos papeles con Kyrek. Como era de esperar, los tres creían que había encontrado la pista definitiva sobre Nadie y transmitieron esa misma sensación a Kaiser y a mi padre con su charla. Eliaz ya había hecho todas las elucubraciones del mundo mientras esperábamos al Teniente, pero ninguna de ellas era acertada. Porque lo que yo tenía que decirles no tenía nada que ver con Nadie, sino con algo mucho más grande.</p>
<p>– Kyo…</p>
<p>El chaval se había mantenido un tanto al margen del corrillo desde que había escuchado las teorías del noble. Creía que no iba con él, pues ya le había insistido en más de una ocasión que no estaba preparado para participar en la operación y que, ahora que la Novena División había ofrecido su apoyo y su cobertura, no necesitábamos – aunque agradecíamos el ofrecimiento – su ayuda.</p>
<p>Tímidamente se acercó a la mesa en torno a la que estábamos reunidos y mi madre le dejó un sitio a su lado, agarrándolo nerviosamente con su brazo derecho por detrás de la espalda del crío, acercándolo hacia ella. Él la miró interrogativamente, pero los ojos, algo vidriosos, de mi madre, estaban clavados en mí, expectantes en cómo se produciría el anuncio de la noticia.</p>
<p>– Bueno… A ver… – me aclaré la garganta. – Resulta que… Bueno…</p>
<p>Era el momento de la verdad y a mí, que estaba más que acostumbrado a hablar en público y, últimamente, a dar discursos, no me salía ni una sola palabra con sentido. Sólo interjecciones dubitativas y sílabas inconexas. Me paré, tomé aire profundamente mientras cerraba los ojos y dejé la mente en blanco para que fuera el corazón el que hablara, que es lo que tenía que ocurrir. De alguna forma noté como, también, Balmung se estaba riendo de mí a la vez que sonreía de pura felicidad.</p>
<p>– ¡Arranca! – me instó Bone.</p>
<p>– Hoy ha venido Pandora… – comencé. – Y… me ha traído una noticia bastante…</p>
<p>– Ah – asintió sonriente Eliaz, que había captado, o al menos eso creía, por dónde van los tiros.</p>
<p>– Sí – reí, sacando la hoja del periódico del bolsillo del uniforme y desplegándola sobre la mesa. – Ha vuelto.</p>
<p>Era un papel ajado que comenzaba a amarillear, signo de que la antigua Teniente había tenido ciertas dudas a la hora de venir a anunciar semejante nueva y que habían pasado algunos días desde la publicación de la noticia. Databa del 11 de Julio en fecha mortal, lo que haciendo cuentas sobre la diferencia temporal significaba entre una semana y diez días antes, como luego especificó Soki. Pero aún era completamente legible, y la foto, lo más significativo de la plana, era aún perfectamente visible.</p>
<p>– ¡¿Qué?! – exclamó Bone, cogiendo impulsivamente la hoja de encima de la mesa para leerla mejor.</p>
<p>– ¡Me cago en…! – reaccionó Gaby. – ¡No puede ser!</p>
<p>– ¿Qué vas a hacer ahora?</p>
<p>Las palabras se amontonaban unas encima de otras formando un murmullo ininteligible en el que todas las reacciones se perdían en el absurdo. La única voz que no sonaba, sin embargo, era la que era más importante, la de Kyo. Callado, había plantado sus ojos en la mesa, donde hacía un momento estaba el papel y no los movía. No se movía. Sólo una pequeña lágrima a la que le costaba aflorar se atrevía a alterar su gesto. Al fin, tembloroso, alzó la mirada y sus ojos se cruzaron con los míos y yo tampoco pude reprimir un tímido llanto al ver la sonrisa temblorosa del hijo de Nalya, de mi hijo.</p>
<p>Cuando todo se calmó, algo que aún tardó en llegar, cogí la hoja de periódico y, ahora sí, emprendí rumbo al Cuartel de la Novena División. Allí, después de avisar a los guardias, por si había algún problema, fui directamente al Panteón de Héroes de la Novena División y me planté delante de la tumba de la cornuda. Y, con las lágrimas aún en los ojos, saqué la manida hoja de papel del bolsillo y la desplegué una vez más.</p>
<p>En el centro dominaba la foto de dos padres primerizos que sonreían entre extrañados y asustados por lo que se traían entre manos. Y nunca mejor dicho. Porque en los brazos de ella, de la madre, lucía una hermosa niña de unos pocos días. Aunque dicen que todos los bebés son idénticos y todos bonitos. Eso dicen, vamos. Pero aquella niña era única. Única por el aura especial que la rodeaba, aunque todo el mundo que la viera seguramente se fijaría únicamente en los dos pequeñísimos cuernos que le crecían a ambos lados de la cabeza y que el periodista se había encargado de ampliar en una pequeña ventanilla en la esquina inferior derecha de la fotografía.</p>
<p>– ¿Ves el titular? – le dije a la lápida, después de permanecer un rato en silencio y dejar al fin el periódico en una rendija entre la losa sepulcral y el resto del suelo. – No te llama monstruo. Te llama milagro. Es un adelanto, ¿verdad?</p>
<p>Posé mi mano en la piedra, sobre el nombre de mi amiga, de mi amada, y me fui sin decir más palabras. No tenía sentido hablar con un pedazo de roca pulida cuando podría hablar con la persona directamente. Aunque no me entendiera… pero la roca tampoco me entendería de todos modos.</p>
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		<title>Classic Doctor Who VI (S1A6: The Aztecs)</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 13:33:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine y TV]]></category>
		<category><![CDATA[Classic Doctor Who]]></category>
		<category><![CDATA[Doctor Who]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<pre>Esta entrada pertenece a una serie de posts. Puedes ver el resto <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/classic-doctor-who/">aquí</a>.</pre>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://i37.tinypic.com/2s8icea.jpg" alt="" width="285" height="235" /></p>
<p>Como ya anticipaba en el <a href="http://centoloman.inopia.net/2010/07/18/classic-doctor-who-v-s1a5-the-keys-of-marinus/">post del domingo pasado</a>, el sexto arco de esta primera temporada nos devuelve al pasado, a la <strong>América precolombina</strong>, para lidiar con los aztecas. Pero es mucho más que eso ya que, por primera vez en lo que llevamos de serie, se afronta de forma directa la primera regla de los viajes en el tiempo.</p>
<p>¿La primera regla de qué? Basta con haber visto unos pocos minutos de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Back_to_the_Future">Regreso al Futuro</a> para saberlo. <strong>Lo más básico de viajar en el tiempo</strong>, especialmente cuando viajamos al pasado, <strong>es la no-intervención</strong>. Hay que procurar no desestabilizar el curso del tiempo, no vaya a ser que nos encontremos con cosas extrañas cuando regresemos a “lo normal”… o que incluso no exista más “lo normal”.</p>
<p>Es un principio que había venido sosteniendo el Doctor en los arcos anteriores, y veíamos que <strong>hasta ahora el grupo de protagonistas siempre se veían obligados a participar en aquellos eventos a raíz de circunstancias extraordinarias</strong>: el secuestro de los trogloditas, el enlace de fluido, la avería y la confiscación de la TARDIS, el campo de fuerza de Arbitan… Con Barbara al frente, los acompañantes del Doctor lo pondrán a prueba.<span id="more-2578"></span></p>
<h3>Qué ocurre</h3>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images2.wikia.nocookie.net/__cb20060129174431/tardis/images/f/fc/The_Aztecs.jpg" alt="" width="320" height="240" /></p>
<p>Después de salir de Marinus, la TARDIS aparece en el <strong>interior de la tumba de un gran sacerdote azteca</strong>, dentro de un templo. Al salir a curiosear, <strong>Barbara</strong> se viste un brazalete del muerto justo antes de ser encontrada por los habitantes del lugar. Así, va a ser <strong>considerada la reencarnación del sacerdote, Yetaxa, ascendido a dios tras su muerte</strong>.</p>
<p>Desde esta posición, Barbara <strong>tratará de cambiar las costumbres del pueblo azteca</strong>, que había sido objeto de su estudio durante la carrera, para que, con la llegada de Cortés, las buenas costumbres prevalecieran y no las malvadas, tales como los sacrificios humanos. Con el apoyo de un voluntarioso Ian y del Sumo Sacerdote del Conocimiento, Autlok, <strong>se enfrentará a las autoridades locales, especialmente al Sumo Sacerdote de Sacrificios, Tlotoxl</strong>.</p>
<p>Así, por un lado, asistiremos a una <strong>confrontación político-religiosa</strong> en la que la iniciativa recaerá en Barbara y en Ian, que es forzado a optar al puesto de comandante de las tropas y enfrentarse así a Ixta, el hijo del constructor del templo y el guerrero más temible de la ciudad.</p>
<p>Las tensiones son continuas. Barbara se ve obligada constantemente a <strong>dar pruebas de su divinidad</strong>, cuestiones que logra ir eludiendo con mayor o menor ingenio. El momento cumbre y crítico para su posición es cuando <strong>profetiza la caída de la civilización azteca</strong> en un intento desesperado por convencer a sus nuevos súbditos, pero también es el momento en el que se gana definitivamente el desapego de Tlotoxl.</p>
<p>Al mismo tiempo, <strong>Ian debe librarse una y otra vez de los intentos de asesinato</strong> que, instigado por el Sumo Sacerdotes de los Sacrificios, <strong>Ixta perpetra contra él</strong>. Al final, al igual que ocurrió en el arco anterior, será falsamente acusado de atacar a Autlok, quedando emplazado para la ejecución pública a manos de Ixta.</p>
<p>Paralelamente a esta trama, el Doctor, que desaprueba constantemente la posición de sus acompañantes humanos e insiste continuamente en dejar que la historia siga su curso tal cual, se centra en el otro aspecto de la historia: <strong>no son capaces de regresar al interior de la tumba para volver a la TARDIS</strong>. Lo consigue gracias a Cameca, una anciana que se enamora de él y con la que <strong>acaba prometido</strong>. Ella, primero, trata de que Ixta – que es hijo del constructor del templo – lo ayude, pero este es incapaz. Más tarde, proporcionará la pieza clave para encontrar el pasadizo secreto que llevará a la tumba.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images2.wikia.nocookie.net/__cb20090321201351/tardis/images/d/dd/John_Ringham_as_Tlotoxl.jpg" alt="" width="378" height="284" /></p>
<p>Habiendo encontrado la forma de regresar a la TARDIS, es el momento de escapar, pero antes hay que rescatar a Ian y a Susan, que ha sido condenada a latigazos por enfrentarse (otra vez) a los matrimonios concertados. La influencia de la nueva diosa, la poca que le queda, vale para salvar a la muchacha, pero Ian ha de enfrentarse a Ixta en una lucha a muerte mientras sus compañeros escapan. Al final, el profesor de ciencias saldrá victorioso y huirá junto a sus amigos.</p>
<h3>A destacar</h3>
<ul>
<li>A pesar de que se plantea el problema de la no-intervención en la historia, <strong>la solución queda en gran medida en el aire</strong>, ya que la resolución queda muy en el aire, ya que se recupera el “curso natural de los acontecimientos” pero más de forma accidental que deliberada.</li>
<li>Las <strong>tramas históricas</strong> siguen siendo <strong>aceptablemente exactas</strong> y un <strong>auténtico despliegue</strong> de recursos fotográficos para la época. Esta vez, sí, la profesora de historia ha desplegado sus conocimientos.</li>
<li>A pesar de que el Doctor (e Ian) continúa tratando a las mujeres como seres débiles y necesitados de la protección de los machos alfa del grupo, <strong>Barbara sigue reclamando un puesto de derecho en las aventuras</strong> demostrando nuevamente carácter e iniciativa y conduciendo una vez más el devenir del argumento.</li>
<li><strong>Susan sigue</strong>, sin embargo, <strong>siendo más un lastre que una ayuda</strong>. Después de su tímida intervención en el arco de los Daleks, ha venido interpretando el papel de damisela tonta en apuros una y otra y otra vez.</li>
<li>Asistimos por primera vez a una faceta hasta ahora extraña del Doctor: su <strong>galantería</strong>. El mini-arco con Cameca es realmente enternecedor, teniendo en cuenta sobre todo la imagen distante y altiva que proyecta siempre William Hartnell.</li>
</ul>
<h3>En próximas ediciones</h3>
<p>Abandonamos América y nos movemos a… no sabemos a dónde, pero sí que algo ocurre con los instrumentos de la TARDIS. <strong>Mientas unos dicen que se ha parado, otros afirman que sigue en movimiento</strong>. ¿Cuál será la solución? ¿Será lo que dicen Ian y Barbara: han aterrizado sobre o dentro de algo? La solución la encontramos en el próximo arco: <em>The Sensorites</em></p>
<pre>
<pre>Esta entrada pertenece a una serie de posts. Puedes ver el resto <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/classic-doctor-who/">aquí</a>.</pre>
</pre>
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		<title>Classic Doctor Who V (S1A5: The Keys of Marinus)</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jul 2010 15:18:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
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<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images1.wikia.nocookie.net/__cb20060921080761/tardis/images/f/f0/Keys_title.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>Después de una trama tan complicada como la que nos regaló <em><a href="http://centoloman.inopia.net/2010/07/15/classic-doctor-who-iv-s1a4-marco-polo/">Marco Polo</a></em>, hay quien podría pensar que es momento de relajarse, tomar aire y pasar a una serie un poco más de transición, pero eso no era lo que tenían metido en la cabeza los guionistas de esta primera temporada del Doctor Who. <em>The Keys of Marinus</em>, así se llama esta nueva entrega <strong>no llega a la altura de su predecesora en cuanto a complicación, pero supera por completo a las tres primeras</strong>.</p>
<p>En esta quinta trama de las aventuras del Doctor volvemos a visitar <strong>otro planeta extraterrestre</strong>, pero nos queda la misma duda que se planteaba Marco Polo al final del arco anterior. <strong>¿En el pasado? ¿En el futuro?</strong> Como ocurrió ya en el momento en el que llegamos a Skaro en busca de los Dalek, <strong>aquí tampoco nos solucionan la duda</strong> (si es que alguno pudiera planteársela) de si el planeta Marinus lo visitamos en el futuro o en el pasado.<span id="more-2576"></span></p>
<h3>Qué ocurre</h3>
<p>Tras dejar Pekín, nuestros amigos aterrizan en una isla de cristal rodeada por un siniestro mar de ácido y, nuevamente, en el medio entre una disputa entre una raza humana y unos seres los Voord, de aspecto aparentemente humanoide pero siempre envueltos en un neopreno negro que los protege del ácido. Inmediatamente, los cuatro miembros de la expedición entrarán en contacto con Arbitan, un sabio humano <strong>que pretende reactivar una máquina de control mental que previene a los habitantes del planeta de la violencia</strong>.</p>
<p>Dicha máquina se activa mediante <strong>cinco llaves distintas</strong>, una de las cuales la posee el propio Arbitan y las otras <strong>cuatro están diseminadas por el planeta</strong>. Reactivando la máquina, la Conciencia de Marinus, podrían someter a los Voord y terminar la guerra. Así, todo <strong>el arco se configura como una búsqueda</strong>, en la que nuestros personajes se irán desplazando por distintas localizaciones del planeta.</p>
<p>No lo harán, sin embargo, voluntariamente, ya que Arbitan les chantajea creando un <strong>campo de fuerza alrededor de la TARDIS</strong> para que no tuvieran otra alternativa que sumarse a la búsqueda de las llaves, una empresa en la que había sacrificado a su propia hija, Sabetha, a la que no tardarán mucho en conocer. Así, el Doctor, que sigue firme en su postura de no intervención no halla al final otro remedio para la situación</p>
<p>La primera etapa de la búsqueda me recordó a la cuarta de las pruebas que debía enfrentar Asterix en aquella obra maestra que fueron <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Las_doce_pruebas_de_Ast%C3%A9rix">Las Doce Pruebas</a>: enfrentarse a las tentaciones de la Isla del Placer. Como allí, nuestros héroes se verán <strong>tentados y, al mismo tiempo, hipnotizados por los placeres</strong> que les ponen en bandeja unos seres con pinta de cruce entre caracoles y cerebros que gobiernan la ciudad de Morphoton esclavizando a sus habitantes.</p>
<p>Accidentalmente, <strong>Barbara despierta de la hipnosis y ayudará a desmantelar el plan de estos extraños bichos</strong>, consiguiendo así la segunda de las llaves y ganándose dos valiosos compañeros para el resto de aventura: Sabetha, la hija de Arbitan, y Altos. Pero al final de esta etapa perderán a su gran valedor, el Doctor marchará por su cuenta en pos de otra de las llaves dejando solos a Susan y a los cuatro humanos.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images3.wikia.nocookie.net/__cb20060921081448/tardis/images/5/5f/Keys_401.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>Después de superar y encontrar la siguiente llave – y otra más, esta falsa, que será útil más adelante – en una <strong>extraña jungla que crece desmesuradamente y está plagada de trampas que se abalanzan contra sus visitantes</strong>, recordando el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bosque_Viejo">Bosque Viejo</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/J._R._R._Tolkien">Tolkien</a> y hacerse con la tercera de las llaves, Ian, Barbara, Susan y los dos Marinusianos se trasladarán a un <strong>paraje frío, helado</strong> en busca de la cuarta. Allí tienen que lidiar con los engaños de un cazador que se convertirá en cazado cuando los protagonistas le den la vuelta a sus artimañas para guiarlos a una cueva en la que están escondidas Susan y Sabetha.</p>
<p style="text-align: center;">Pero hay más, en el corazón de la montaña “habitan los demonios”, que no son otros que <strong>cuatro guerreros durmientes, ataviados como cruzados, que custodian la gran reliquia</strong>. No, no estamos hablando de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Indiana_Jones_y_la_%C3%BAltima_cruzada">Última Cruzada de Indiana Jones</a>, aunque aquí también hay que atravesar frágiles puentes sobre el abismo. Hablo de la cuarta de las llaves.<br />
<img class="aligncenter" src="http://images2.wikia.nocookie.net/__cb20060921124242/tardis/images/9/95/Keys_501.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>Con cuatro en su haber, sólo falta una: la que se encuentra en la ciudad de Millennius, conservada y custodiada como si de un tesoro nacional se tratase. Allí <strong>Ian se verá implicado en un asesinato del que es falsamente acusado</strong> y los dos últimos capítulos de los seis que conforman este arco se centrarán en la exculpación de Chesterton y la condena del verdadero culpable – algo en lo que es fundamental la intervención de un reaparecido Doctor –, lo que llevará también al grupo a ganarse la confianza necesaria para convertirse en depositarios de la quinta y última de las llaves.</p>
<p>Una vez se han hecho con la última pieza del puzzle es el momento de volver a la isla de cristal donde vive Arbitan. Mejor dicho, vivía, pues como se mostraba al final del primero de los capítulos, los Voord comandados por Yartek han tomado el control del “templo” donde habitaba el sabio después de asesinarlo. <strong>Ian consigue engañar a los invasores con la llave falsa</strong> que habían encontrado en la jungla y destruir así la máquina y a los Voord, poniendo fin a la guerra y restaurando la paz.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images3.wikia.nocookie.net/__cb20060921124432/tardis/images/5/53/Keys_601.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>Ahora nuestros amigos son libres para irse. El Doctor aprovecha para hacer un alegato del libre albedrío ante una Sabetha, ahora huérfana, que pretende reconstruir su vida en la ciudad de Millennius, junto a su amado Altos.</p>
<h3>A destacar</h3>
<ul>
<li>Volvemos a encontrarnos capítulos completos en los que no aparece el Doctor, pues <strong>William Hartnell se encontraba de vacaciones</strong>. Esto no hace más que poner de relevancia la importancia que el anciano tiene dentro del grupo, ya que es el que más clara tiene la mente ante los problemas. <strong>Suya es, al fin y al cabo, la solución final de la aventura</strong>.</li>
<li><strong>Barbara</strong>, después de desaparecer misteriosamente en el arco anterior, <strong>vuelve a jugar un papel destacado</strong>, ya que será fundamental para encontrar la segunda, tercera y quinta llaves. Ya ha ganado un escalón con respecto a Susan en cuanto a importancia dentro del grupo, pero <strong>sigue siendo un personaje con demasiados altibajos</strong>.</li>
<li>Me resulta curioso que, dentro de los viajes interplanetarios que hemos realizado hasta ahora, siempre tenemos razas de humanos diseminadas por ahí. <strong>Resultan más bien tramas de época un tanto demasiado alteradas</strong> que verdaderas tramas de ciencia ficción, como cabría esperar de los extraterrestres.</li>
</ul>
<h3>En próximas ediciones</h3>
<p>A diferencia de lo que ocurre en los arcos anteriores, el final de <em>The Keys of Marinus</em> no nos deja ninguna pista de lo que será la siguiente trama, pero no importa, puesto que su título nos lo dice todo. <strong>Volveremos a la Tierra, al pasado. Viajaremos a la América precolombina para conocer a <em>The Aztecs</em></strong>.</p>
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		<title>Classic Doctor Who IV (S1A4: Marco Polo)</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 10:20:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
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<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images2.wikia.nocookie.net/__cb20060902172540/tardis/images/a/ac/Marco_title.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>El otro día terminé el post con una <strong>pequeña mentirijilla</strong>. Os emplacé para un arco bajo el nombre de <em>The Roof of the world</em> cuando, en realidad, <strong>tiene otro nombre</strong>. El nombre del personaje histórico en torno al cual gira toda la historia: <em>Marco Polo</em>, el genial <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Marco_Polo">explorador veneciano</a> de finales del s. XIII y comienzos del s. XIV. Así que este, descontando el primer arco en el que se viaja a la prehistoria (pero a una prehistoria algo ficticia), es la primera trama realmente histórica a la que nos enfrentamos en nuestro visionado de Doctor Who.</p>
<p>Antes de empezar, una <strong>advertencia</strong>: En la historia de la televisión británica de la época hay siempre que tener en cuenta un hecho. Llegado un momento, en los setenta, <strong>la <a href="http://bbc.co.uk">BBC</a> decidió <a href="http://www.bittorrentyp2p.com/bbc-confia-en-el-audio-pirata-para-recuperar-shows-de-tv-perdidos">grabar encima de las cintas</a> que ya tenía </strong>para, de este modo, ahorrar costes y espacio de archivo. Así, hay capítulos originales de, por ejemplo, el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Monty_Python's_Flying_Circus">Monty Python Flying Circus</a> que se han perdido para siempre. Con el Doctor Who ocurre lo mismo y este es el primer, aunque no el único, caso con el que nos encontraremos con <strong>capítulos reconstruidos</strong>.</p>
<p>Afortunadamente para nosotros, el audio sí se conservó y <em>Marco Polo</em> era una de los rodajes más fotografiados de la serie, lo que permitió a los editores de las posteriores colecciones realizar un montaje que va <strong>entre la radionovela y la fotonovela</strong> introducido por Mark Eden, el actor que da vida al intrépido veneciano. Así que vayámonos al techo del mundo, a la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cordillera_del_Pamir">Llanura de Pamir</a>, porque allí es donde el camino del explorador se cruza con nuestros cuatro compañeros.<span id="more-2573"></span></p>
<h3>Qué ocurre</h3>
<p>Lo primero que descubrimos, aparte de insinuarnos en varias ocasiones la posible aparición del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Yeti">Yeti</a>, es que <strong>el final feliz de la aventura anterior no era tan feliz como nos las prometíamos</strong>. La TARDIS sigue fallando, esta vez los <strong>circuitos eléctricos</strong>, lo que hace que la amenaza de la congelación ronde cerca de nuestros amigos. Eso sin contar que el Doctor comienza a sufrir mal de montaña por culpa de la altura.</p>
<p>Menos mal que por allí pasaba una caravana de mongoles capitaneada nada más y nada menos que por el ínclito Marco Polo. <strong>Inmediatamente les acoge en su convoy, destino <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Catay">Catay</a>, para reunirse con el emperador mongol <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Kublai_Khan">Kublai Khan</a></strong>. Para ello deberán abandonar Pamir y atravesar el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Desierto_del_Gobi">Gobi</a> en un viaje algo complicado. Mientras tanto, el Doctor podrá aprovechar para arreglar la TARDIS, tarea que estima que le llevará un par de días.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images1.wikia.nocookie.net/__cb20060902172847/tardis/images/a/af/Marco102.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>Pero no todo va a ser vino y rosas y el glamour de estar con uno de los exploradores más reconocidos de todos los tiempos. Por una parte, <strong>el veneciano tiene el propósito de usar la TARDIS para comprar su regreso a Europa</strong>, provocando el consiguiente enfado del Doctor, quien desaparecerá de escena durante bastante tiempo. Por otro, <strong>Tegana</strong>, un caudillo mongol bajo el mando de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nogai_Khan">Nogai</a>, un Señor de la Guerra rival, que viaja con ellos para reunirse con el Khan, <strong>pretende robar la caja mágica para así subyugar al emperador</strong>. Y si eso fuera lo único… Una tormenta de arena les sorprende en medio de su travesía por el Desierto del Gobi, justo cuando Susan y Ping-Cho, una adolescente que viaja en la caravana para reunirse con su futuro marido, están paseando a la luz de la luna.</p>
<p>Son precisamente ellas las primeras en sospechar de Tegana después de que las rescatara de la tormenta. ¿Qué hacía fuera? No parece que sea de los que disfrutan de un paseo a la luz de la luna… Y tienen razones, porque no tardará mucho en sabotear las reservas de agua. Sin el líquido elemento y espoleados por una posible amenaza de bandidos, se ven obligados a cambiar el rumbo hacia un oasis no precisamente cercano, pero la única alternativa para su salvación. Sin embargo, el caudillo mongol no se lo pondrá fácil tampoco ahora y traicionará a toda la comitiva, dejándolos abandonados a su suerte a través del desierto.</p>
<p>Por fortuna, <strong>el malestar creciente del Doctor le había permitido regresar a la TARDIS pese a las reticencias de Polo y los mongoles</strong>. Y allí consigue solucionar el problema del agua aprovechando la condensación que se da en la nave por las noches. Ahora, sí, serán capaces de llegar al oasis, para sorpresa del traidor Tegana que no esperaba verlos llegar. Afirma que no regresó antes por culpa de unos bandidos, pero ni Ian ni el Doctor se lo tragan y las sospechas crecen.</p>
<p>La caravana sigue su curso. <strong>Habiendo repostado en el oasis no hay más problemas de avituallamiento</strong>, aunque Marco vuelve a prohibirle al Doctor el regreso a la TARDIS. Al menos el viaje parece encauzado y pueden hacer un poco de “turismo”, visitando la Cueva de los 500 ojos, precisamente el lugar donde Tegana se reúne con más malos malosos para continuar su plan. El resultado es obvio: la secuestran. Corresponderá al Doctor, a Susan y a Ping-Cho el rescatarla. Alarmados, Tegana (por un lado) y Marco e Ian (por otro) se sumarán al rescate.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images2.wikia.nocookie.net/__cb20060902173135/tardis/images/a/af/Marco104.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>La tapadera del mongol permanece segura, aunque Barbara, que afirma haberle visto en la cueva antes de su secuestro, le pone en algún aprieto. Sin embargo, la escaramuza de la cueva facilita que Tegana consiga poner en alerta a Marco con respecto a los viajeros interestelares, lo que dificultará el resto de la travesía hacia Shang-Tu y facilitará las cosas al traidor, que ya ha concebido un nuevo plan. Ni siquiera las pruebas que le presentan a Polo sobre las dudosas intenciones del caudillo. <strong>Lo que revertirá en fin en el arresto de los cuatro protagonistas de nuestra historia</strong>.</p>
<p>Cuando tratan de huir descubren las artimañas de Tegana, pero este vuelve a tener suerte y aún no había cometido el acto final de traición. La escaramuza contra los bandidos aliados de Tegana sirve, sin embargo, para que el grupo del Doctor vuelva a ganarse la confianza de la caravana pese a su intento fallido de fuga. <strong>Las sospechas contra el mongol siguen creciendo, pero aún carecen de una prueba que convenza al líder de la expedición</strong>.</p>
<p>A la mañana siguiente, un correo del Khan obliga a Marco y al resto de miembros de la expedición a apresurarse, dejando atrás las pertenencias… y la TARDIS. Pero en la primera parada vuelven a reencontrarse con la nave y gracias a Ping-Cho recuperan una de las llaves en posesión del veneciano. Justo cuando van a partir, Tegana vuelve a hacer de las suyas y esta vez es Susan, quien iba a despedirse de su amiga asiática, la que cae en sus manos.</p>
<p>En el medio del escándalo, Marco entra en escena, impidiendo una vez más la huida del Doctor y forzándolos a acompañarle en la última etapa del viaje. La que les hará conocer al poderoso Kublai Khan. Pero por el medio Ping-Cho se escapa. Ian va en su búsqueda. Ha regresado a la posada y allí descubren que la TARDIS ha sido robada y que la transportan en dirección a Karakorum, la antigua capital del Imperio donde, según averiguaremos en la audiencia con el Khan, está acampado el ejército del Nogai, el rival del emperador.</p>
<p>Cuando Ian y Ping-Cho descubren al ladrón, este afirma que robó la TARDIS para Tegana, poniendo así por fin de relieve el plan del caudillo. Se produce una refriega en la que interviene el correo del Khan que, curiosamente, pasaba por allí. Tegana acusa a nuestros amigos, que son capturados y trasladados a Pekín, hacia donde se dirige la corte con Kublai Khan y nuestros amigos.</p>
<p>Mientras tanto, en la capital, se ha jugado (y perdido) al backgammon la posesión de la TARDIS con el emperador. La situación no puede ser más negra. Ian acusado de robar una posesión del Emperador, Tegana saliendo airoso de sus planes… ¿Cómo saldrán de esta? Es, nuevamente, una idea del Doctor la que los pone en marcha. Escapan de su confinamiento, pero Marco, que se tropieza con ellos, insiste en que vuelvan a la habitación donde se les recluía.</p>
<p>Aquí <strong>se disparan los acontecimientos</strong>. El ejército de Nogai está muy cerca e Ian logra convencer a Marco de las intenciones de Tegana. En ese mismo momento, el caudillo está atentando contra el Khan, pero en lugar de acabar con él, mata al visir. Todo concluye con un combate a espada entre el veneciano y el traidor del que el primero, como no podía ser de otro modo, sale vencedor.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://images1.wikia.nocookie.net/__cb20060902173432/tardis/images/4/46/Marco107.jpg" alt="" width="300" height="230" /></p>
<p>Con la derrota de Tegana, Marco Polo consigue, al fin, el permiso para regresar a Italia y el grupo del Doctor recupera la TARDIS aprovechándose de la confusión del momento. Poco antes sabíamos que el marido de Ping-Cho ha fallecido y ella puede quedarse en la corte sin necesidad de casarse con un señor 60 años mayor que ella. <strong>Todo se arregla, por tanto, al final de estos siete capítulos</strong>.</p>
<h3>A destacar</h3>
<ul>
<li>Es la <strong>trama más elaborada que hemos visto hasta ahora</strong>. Por eso, quizás, me haya quedado un post demasiado largo. Espero que lo comprendáis y me lo perdonéis. Una lástima que se haya perdido, pues es un despliegue de medios excepcional para la época. La cosa es que el rollo fotonovela lo hace algo cargante</li>
<li>La <strong>reconstrucción histórica</strong> de los personajes y de los acontecimientos es muy <strong>fidedigna</strong>, sin por ello coartar las posibilidades de incluir, en el medio de lo que es historia, el espacio justo para que tengan lugar las extrañas aventuras del Doctor, algo a lo que acostumbrará toda la saga. En este caso, si consultáis la referencia de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nogai_Khan">Nogai en la Wikipedia</a>, se columpian un poquito bastante. Pero se lo perdonamos, porque incluyen otros datos como que Kublai Khan tenía gota y la referencia al cambio de capital (que, en definitiva, supuso el paso del Imperio Mongol al Imperio chino).</li>
<li>Me resulta <strong>muy extraño el papel de Barbara</strong> en este arco. Es una historiadora, lo que haría prever que su personaje tendría relevancia, pero no es así. Vuelve a pasar a un segundísimo plano, sólo estando al frente en el momento de su secuestro. <strong>Me sigue resultando un personaje que lastra al grupo y que sólo está ahí para crear cierta tensión con respecto a Ian</strong>.</li>
<li><strong>Ian sigue siendo el portavoz del grupo, mientras que el Doctor se consolida cada vez más como el hombre con iniciativa</strong>. Pese a la desaparición de Hartnell durante momentos claves del arco, se ve que <strong>la solución depende y dependerá únicamente del Doctor</strong>.</li>
<li>Algo que no había destacado antes, pero que vuelve a repetirse aquí es que <strong>los finales de los arcos resultan muy atropellados</strong>, sobre todo teniendo en cuenta que, muchas veces, el desarrollo argumental es demasiado lento en los puntos intermedios de la historia. Aunque aquí se ha mantenido la tensión durante todo el arco, también encontramos este fenómeno que, al menos en mi caso, genera cierta confusión.</li>
</ul>
<h3>En próximas ediciones</h3>
<p>La frase final de Marco, preguntándose a dónde habrán ido los viajeros, nos conduce al próximo arco. Nos conduce al <em>Mar de la Muerte</em>, a la siguiente trama titulada <em>The Keys of Marinus</em>. <strong>¿Presente? ¿Pasado? ¿Futuro? Eso no lo sabemos…</strong></p>
<pre>Esta entrada pertenece a una serie de posts. Puedes ver el resto <a href="http://centoloman.inopia.net/tag/classic-doctor-who/">aquí</a>.</pre>
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		<title>Reubicación</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 19:41:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[La dura vida de un centollo en tierra]]></category>
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		<description><![CDATA[A mí (y al país entero, intuyo) esto del Mundial me ha desubicado. Sabéis que lo he seguido bien de cerca y de ello da buena fe lo que ha sido el blog del último mes. Pero ahora ha terminado y, aunque me quedaba una última reflexión que hacer, ya la haré en otro momento. [...]

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No hay posts relacionados.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A mí (y al país entero, intuyo) esto del Mundial me ha desubicado. Sabéis que lo he seguido bien de cerca y de ello da buena fe lo que ha sido el blog del último mes. Pero ahora ha terminado y, aunque me quedaba una última reflexión que hacer, ya la haré en otro momento. Vamos a tomar unas vacaciones futboleras, ¿no creéis? Creo que es el momento de volver a la realidad y de reubicarse, de cara al resto del verano que es mucho.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.well-comm.es/wellcommunity/wp-content/uploads/1-realidad.png" alt="" width="320" height="314" /></p>
<p>Y por desubicado no me refiero a cosas necesariamente malas, pero sí he dejado de lado cosas, no necesariamente por culpa del Mundial, pero el estar muy pendiente de ello también ha influido, que ahora hay que retomar. Que como bien dice mi madre (que aunque sea una pesada – eso va en el carnet de madre – tiene razón) tampoco es plan de pasarme el día tirado viendo series… que es prácticamente lo que hago.</p>
<p>Bajar de la nube y aprovechar el tiempo libre de forma productiva, al fin y al cabo. Para ello están los propósitos de la semana pasada, pero una cosa es proponérselo y otra llevarlos a cabo. Ya sabéis, al final mucho nos proponemos y al final poco hacemos. Así que nada. Sigo buscando espacios para la reubicación, para romper la monotonía en la que siempre terminan convertidas mis vacaciones.</p>
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		<title>Reflexiones Post-Mundialistas (II): Los medios</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 08:26:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine y TV]]></category>
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		<description><![CDATA[Segunda reflexión post-mundialista. En este caso es sobre el trabajo de los medios de comunicación alrededor del Campeonato del Mundo, en general, pero que no es otra cosa que síntoma de una tendencia que se está generalizando en la televisión (creo que es un fenómeno especialmente televisivo) no sólo deportiva sino a todos los niveles. [...]

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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Segunda reflexión post-mundialista. En este caso es sobre <strong>el trabajo de los medios de comunicación alrededor del Campeonato del Mundo</strong>, en general, pero que no es otra cosa que síntoma de una tendencia que se está generalizando en la <strong>televisión</strong> (creo que es un fenómeno especialmente televisivo) <strong>no sólo deportiva sino a todos los niveles</strong>.</p>
<p><img src="http://blogs.telecinco.es/cuadernosdesudafrica/files/2010/06/telecinco1_630.jpg" alt="" /></p>
<p>Antes que nada, quiero decir, para que no se quede en el tintero que <strong>los dos equipos que se mandaron a Sudáfrica, tanto el de Cuatro/Canal +</strong>, que ya nos tenía acostumbrados a una información deportiva distinta, con una altísima calidad, <strong>como el de Telecinco</strong>, a pesar del ínclito JJ – un periodista que, como me ocurre con Lobato, tengo la impresión de que está más hecho para el informativo que para estar al pie de la noticia –, <strong>hicieron ambos un trabajo magnífico, espectacular, impagable… sobre todo teniendo en cuenta el resultado final de todo lo que ha pasado</strong>.</p>
<p><img src="http://www.cuatro.com/mundial-sudafrica-2010/images/equipo-manolos-mundial-cuatro-653.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>El problema no estaba</strong>, por tanto, <strong>en Sudáfrica</strong>, en la Carbonero o en lo que fuera, <strong>sino en Madrid</strong> y en el tratamiento de la información que llegaba de Sudáfrica. <strong>No hay mucho que reprocharle a Cuatro o a Canal +</strong>, creo yo. En la misma <strong>tónica “manolística”</strong> de siempre, que tiene sus detractores – a mí no me termina de convencer, por ejemplo – hicieron una información seria y trabajada, con profesionales contrastados aquí y allí.  Bueno, quizás sí: <strong>haber rellenado una mañana de televisión con el dichoso pulpo</strong>, aunque he de decir que el pulpo sólo fue la excusa para poner sobre la mesa una buena tertulia futbolística a media mañana.</p>
<p>Mucho que reprocharle, sin embargo, a <strong>la cadena amiga</strong>, que <strong>convirtió el Mundial de Sudáfrica</strong> (insisto, la mayor cita deportiva de nuestra historia) <strong>en una pieza más de su programación</strong>. En el sentido más peyorativo de esta realidad. Y, así, nos encontramos <strong>previas y post-partidos protagonizados por la Esteban, Lidia Lozano, Karmele Marchante, Kiko Hernández, Jorge Javier Vázquez y demás representantes de la más baja calaña televisiva</strong>.</p>
<p>Y así, <strong>lo que podría haber sido un lavado de cara perfecto</strong> para la televisión más denostada de nuestra nación, <strong>se convirtió en un emborronamiento masivo ante un país que sólo pudo menear la cabeza diciendo: “Lo sabía”</strong>.</p>
<p>Así, el romance Carbonero-Casillas y otros aspectos tan importantes del Mundial (las uñas de Cristiano Ronaldo y sus cabreos, el traje de Beckham…) llevaban lo que era la verdadera información futbolística a un segundo plano. Puede que el hecho de <strong>relegar el programa de Paco González a la Siete</strong> tuviera la buena intención de llevar más audiencia a la segunda cadena de la casa, pero viendo la programación de la cadena “titular”, la impresión que dieron era la de <strong>“aquí no tienes cabida”</strong>.</p>
<p>Por eso, lo que no deja de ser una mera anécdota entrañable, como el beso entre Iker y Sara se convierte en información de primer nivel que supone un paso atrás en el periodismo deportivo en general y femenino en particular. Este ha sido el punto culmen, pero ha sido una tónica que ha subyacido a todo el Mundial y que <strong><a href="http://www.diariosdefutbol.com/2010/07/13/chapuza/#comment-519263">incluso contagió la celebración de Madrid</a></strong>, para escándalo de todos los presentes y los asistentes catódicos.</p>
<p>Lamentablemente, así es nuestra cultura de masas, que <strong>se mueve entre lo amarillo y lo rosa. El fútbol, que hace tiempo dejó de ser un mero deporte para convertirse en un fenómeno de masas, no se escapa de eso</strong>. Por desgracia para todos los aficionados a los que la vida privada de los futbolistas nos importa literalmente una mierda mientras no afecte a su rendimiento en el campo.</p>
<p>Un ejemplo: fue el amarillismo y el rosismo el que hizo que el año pasado se congregara <strong>el equivalente a la ciudad en la que vivo</strong> para ver la presentación de Cristiano Ronaldo, para mayor gloria de un personaje que, con buena intención, eso no se duda, ha querido comprar el fútbol a golpe de talonario. Lo mismo que con la de Ibrahimovic en Barcelona, aunque aquí entraba, también, el componente revancha.</p>
<p>El fútbol, repito, ha dejado de ser un mero deporte de masas para ser un fenómeno de masas. Y desde ese momento <strong>“la cagamos tía Paca”</strong>. El del Mundial sólo ha sido el último episodio de una larga serie que comenzó allá en la segunda mitad de los noventa con una <strong><a href="http://www.diariosdefutbol.com/2007/09/06/aproximacion-a-la-guerra-del-futbol/">guerra del fútbol</a></strong> que se ha radicalizado en los últimos años y que tanto condiciona nuestro fútbol. En dos aspectos fundamentales: influye enormemente en la economía de los clubs y ha llegado incluso a condicionar el horario en que se deben jugar los partidos.</p>
<p><strong>Esta cultura de masas enturbia el deporte y <a href="http://www.vayatele.com/deportes/la-guerra-del-futbol-sale-perdiendo-el-espectador">nos hace perder a todos los aficionados</a></strong>. Sólo hace falta ver la deriva de la prensa deportiva en los últimos años en algunos casos. Al final, cuando el alto nivel se relaje – que puede suceder, nada es para siempre – o se convierta en rutina – no sé que es peor–, <strong>generará cansancio y el cansancio desapego</strong>. Porque nos han machacado con algo que no es propiamente fútbol, nos lo han vendido como un espectáculo, que lo es, más que como un deporte y lo han convertido en lo que se convierten los espectáculos en este país, en esta cultura: <strong>en mera exaltación de una clase que no tiene nada de clase</strong>.</p>
<p>Necesitamos una <strong>reflexión seria, calmada y pausada, exenta de forofismos</strong>, acerca de esto. <strong>A todos los niveles</strong>: Federación, clubes, liga y prensa. También, por qué no, a nivel político y a nivel de calle. <strong>Tenemos que ver qué se hace con los llamados “derechos del fútbol”, a quién se le venden y qué hace ese alguien con ellos</strong>.  Porque si no, lo que sí resultará una mera anécdota más, es la bazofia que algunos han hecho con el Mundial.</p>
<p>Pero tenemos que hacer esa misma reflexión no sólo en el nivel del fútbol, sino en el nivel de todos y cada uno de los componentes de la llamada cultura de masas: música, cine… todos. <strong>Lo del fútbol ha sido, sólo, la última parada. Tengo miedo de saber qué será lo próximo</strong>.</p>
<p><strong>¿Y tú? ¿Qué opinas?</strong></p>
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		<title>Reflexiones post-mundialistas (I): La final</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Jul 2010 18:09:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se acabó el Mundial. Con la macrofiesta de ayer, damos por terminadas las celebraciones oficiales de ese sueño que conseguíamos el pasado domingo rozando ya un lunes que no queríamos que llegase nunca. Y debemos volver de nuevo a la rutina: al trabajo, a la crisis, a los madrugones… – bueno, los que estamos de [...]

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<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/07/12/somos-campeones-del-mundo/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Somos Campeones del Mundo'>Somos Campeones del Mundo</a></li>
<li><a href='http://centoloman.inopia.net/2010/07/08/haciendo-historia/' rel='bookmark' title='Permanent Link: Haciendo historia'>Haciendo historia</a></li>
</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Se acabó el Mundial</strong>. Con la <a href="http://www.rtve.es/deportes/mundial-2010-sudafrica/minuto-minuto/fiesta-seleccion/">macrofiesta de ayer</a>, damos por terminadas las celebraciones oficiales de ese <a href="http://www.rtve.es/deportes/mundial-2010-sudafrica/minuto-minuto/fiesta-seleccion/">sueño</a> que conseguíamos el pasado domingo rozando ya un lunes que no queríamos que llegase nunca. Y debemos volver de nuevo a la rutina: al trabajo, a la crisis, a los madrugones… – bueno, los que estamos de vacaciones nos podemos dar una tregua en eso – pero con una diferencia respecto al viernes pasado o, incluso, respecto al miércoles: con una enorme sonrisa en la cara que dice <strong>“Sí, yo también me siento campeón del mundo”</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://u.goal.com/102100/102184hp2.jpg" alt="" width="399" height="248" /></p>
<p>Sé que os he dado mucho la vara con el mundial últimamente. Era lo que tocaba emocional y noticiosamente. Ahora que se acabó y vivimos con la resaca – el hecho de estar de vacaciones y no tener que centrarme en casi nada más ayuda a prolongarla – ya estamos en otro momento de la historia. Pero me quedan dos o tres reflexiones que hacer.</p>
<p>La de hoy es sobre el partido en sí. Creo que hay cosas que, aun ganando, tienen que decirse. Y yo no quiero callarme:</p>
<ul>
<li>La <a href="http://es.fifa.com">Copa del Mundo de Fútbol</a> es el <strong>evento deportivo de mayor importancia/relevancia mundial junto con los Juegos Olímpicos</strong>. No sólo porque es la máxima expresión del deporte rey sino porque es la perfecta plataforma para extender el fútbol en países en los que todavía es un deporte muy minoritario. <strong>En él tiene que darse cita la élite del fútbol, a todos los niveles… y demostrar que lo es y por qué lo es</strong>.</li>
<li>El partido que vivimos el viernes era un partido que veníamos soñando desde que eramos macaquitos. Yo mismo, tengo lo que en su momento eran unas medias de una equipación de la selección, no sé si del 86 o del 88, que ahora no me quedan más que como unos calcetines, y me los puse para la final. Significaba mucho para nosotros, para todos nosotros. <strong>Teníamos una cita con la historia y teníamos que disfrutarla al máximo</strong>.</li>
<li>Hace años, no muchos, <strong>uno escuchaba Holanda</strong> – en contexto futbolístico, se entiende – y pensaba directamente en un estilo, el <strong><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%BAtbol_total">fútbol total</a></strong>. Un equipo diferente, que destacaba sobre toda Europa por un juego alegre, rápido, directo sin caer en el patadón y carrera. Pensaba en <strong>varias generaciones de artistas del balón</strong> que comienzan con <strong>Cruyff y Neskeens</strong> y terminan con gente como <strong>Van Persie</strong> (a pesar de que este Mundial no ha hecho absolutamente nada) o <strong>Snejder</strong>, pasando por <strong>Van Basten, Gullit, Rijkaard, Bergkamp, Koeman</strong>…</li>
</ul>
<p>Estas son las tres premisas desde las que más o menos cualquier aficionado español (y, perdonadme la osadía, pero me atrevo a decir que cualquier holandés) se enfrentaba al partido del domingo. Veníamos espoleados, además, por el <a href="http://centoloman.inopia.net/2010/07/08/haciendo-historia/">partidazo del miércoles</a>, en el que, a pesar de ver la peor Alemania del mundial, vimos a dos equipos que querían jugar al fútbol respetando al adversario por encima de todo.</p>
<p><strong>El error de Alemania</strong> – todo el mundo lo vio – <strong>fue dejar jugar a España</strong>. Fue el primer y único equipo que lo hizo en todo el Mundial y eso les costó perder de la forma que perdieron (a pesar de que el marcador fuera sólo 1-0 – ¿por qué todo el mundo critica que España sólo ganó 1-0, 2-1, 2-0?).</p>
<p><strong>Sabíamos que el partido de Holanda, una final, La Final, no iba a ser así</strong>. No sólo porque habrían aprendido del error teutón o porque una final siempre es diferente, sino porque Holanda venía siendo <strong>el equipo más duro</strong> de toda la competición. Pero lo que nos encontramos fue una actuación que <strong>superó cualquier previsión… para mal</strong>.</p>
<p>Sabían que el único método de llevarse por fin el trofeo a casa era <strong>impedir que España se sintiera cómoda con el balón</strong>, como le gusta a los nuestros (sus herederos). Como habían hecho antes Chile y Paraguay, Portugal e incluso Suiza y Honduras. Cada uno con sus recursos. <strong>Plantarse bien en el campo, cerrar los espacios y, con la contundencia justa, frenar la creación del juego español</strong>. Nos pusieron en problemas, ¿recordáis?</p>
<p>Sabíamos que <strong>Holanda ya no jugaba a ser Holanda</strong>, pero nos quedamos cortos. Habíamos visto el juego duro de los Oranje contra Brasil, contra Uruguay… pero nos quedamos cortos.  <strong>En ningún momento salieron a ganar el partido, sino a que España no lo ganara</strong> (el matiz, como comprenderéis, cuenta mucho en esta especie de tautología) y para ello quisieron evitar que nuestro centro del campo creara. La misma premisa de siempre, pero aplicada de un modo distinto. <strong>Ya no era quitar el balón y cerrar espacios… directamente iban a amedrentar y romper piernas</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://www.larazon.com.ar/bbtcontent/clipping/IECIMA20100711_0042/12.jpg" alt="" width="475" height="266" /></p>
<p>Todo con la connivencia de un señor calvo vestido del celta que, en general, acertó en todas las acciones del juego (al señalar las faltas) pero que, empeñado en tener una final tranquila, se equivocó una y otra y otra vez en el aspecto disciplinar. <strong>No dio la talla, por valor o por capacidad, y los holandeses – y también nosotros en algún momento – se aprovecharon de ello</strong>.</p>
<p>Sin ganas de hacer mucha más sangre, que simplemente quería desahogarme, <strong>me pregunto qué sentirá un holandés</strong>. Ahora mismo, <a href="http://www.newzfor.me/news/64739213.aspx">culpan al árbitro</a> <em>(sic)</em> de la derrota, tanto jugadores y seleccionador, como prensa y aficionados. Todos lo hemos hecho alguna vez: culpar a otro – al árbitro, casi siempre – de nuestros fallos y de nuestras derrotas. <strong>Quiero creer que en cuanto se pase el calentón finalístico alguien reflexionará y dirá: <em>“Tampoco nosotros merecimos nada”</em></strong>.</p>
<p>Porque <strong>Holanda traicionó a casi 40 años de tradición que le otorgaban la vitola de “el mejor juego de Europa”</strong>, posiblemente el mejor equipo (a nivel teórico) después de la Canarinha – que también renunció a su estilo, no con Dunga, sino casi desde el 94 podríamos decir) –, que enamoraba al mundo del fútbol y nos hacía a todos simpatizantes de los Oranje. Se convirtió en un equipo bronco y malencarado. Y <strong>convirtió la mayor fiesta del fútbol en un campo de batalla, en un ring de boxeo… o de <em>vale tudo</em></strong>.</p>
<p>Si ese partido lo hubiera hecho… no sé, <strong>Argentina o Italia</strong>, dos equipos que (con todos mis respetos) nunca renunciaron al juego bronco como parte de su estilo, nadie se llevaría las manos a la cabeza. <strong>Nos cabrearíamos pero no nos escandalizaríamos</strong>. Pero lo ha hecho la gran Holanda, la Naranja Mecánica que más bien habría que llamar Naranja Amargada ahora mismo.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter" src="http://heinsk.net/blog/wp-content/uploads/2008/06/sholanda-1974.jpg" alt="" width="320" height="216" /></p>
<p><strong>El fútbol necesita más Holandas, Españas, incluso Alemanias</strong> (sobre todo la nueva Alemania, pero también la de siempre) <strong>y menos Italias</strong>. En este Mundial, <a href="http://www.diariosdefutbol.com/2010/07/13/las-porterias-en-los-laterales/">como muy bien resaltan los chicos de Diarios de Fútbol</a>, se ha puesto más de manifiesto que nunca que “<strong>el estratega mató a la estrella del fútbol</strong>”. Por eso creo que  todo aficionado al fútbol, español, holandés, europeo, mundial espera también que, <strong>igual que la derrota de Brasil ha servido de reflexión para tratar de volver a su juego</strong> (especialmente de cara a su Mundial), <strong>la derrota contribuya a que la Oranje deje de ser esa Naranja Amarga y vuelva a ser la Naranja Mecánica con un juego que enamoró al mundo fútbol en el 74 y que rompió y quemó la flecha de Cupido en el 2010</strong>.</p>
<p><strong>¿Y tú? ¿Qué opinas?</strong></p>
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		<pubDate>Mon, 12 Jul 2010 08:22:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Centoloman</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Conocéis esa sensación de cuando no puedes dejar de reír, las lágrimas afloran en los ojos y te pones rojo como un tomate de la emoción? Pues eso. Así es como me siento hoy. Y me encanta. Y no sabes qué decir. Y no sabes qué hacer. Como Camacho ayer. Porque hoy es el día [...]

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			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Conocéis esa sensación de cuando no puedes dejar de reír, las lágrimas afloran en los ojos y te pones rojo como un tomate de la emoción? Pues eso. Así es como me siento hoy. Y me encanta. Y no sabes qué decir. Y no sabes qué hacer. Como Camacho ayer.</p>
<p><center><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="640" height="385" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/LDaNmJL23x8&amp;hl=es_ES&amp;fs=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="640" height="385" src="http://www.youtube.com/v/LDaNmJL23x8&amp;hl=es_ES&amp;fs=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></center></p>
<p>Porque hoy es el día con el que habíamos soñado desde siempre. Cardeñosa, el desastre del 82, los penaltis de Bélgica, Yugoslavia, Tasotti, la cantada de Zubi, el puto egipcio, los jubilados&#8230; Todo eso es ya pasado. Hoy, y hasta dentro de cuatro años como mínimo, tendremos el orgullo de decir SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO.</p>
<p>Pensaba hablar del partido, pero eso me llevaría a enervarme como me enervé esta mañana en <a href="http://twitter.com/Centoloman">Twitter</a> hablando del lado oscuro de una final que sufrimos más que disfrutamos. No, hoy no. Mañana, si cabe, o pasado. Yo que sé. O nunca. Hoy es el día para llorar de alegría. De rabia. De ilusión. Para emocionarse como tontos y quedarse con la sonrisa en la boca porque sí. El día de que se te ponga cara de bobo con el <a href="http://www.youtube.com/watch?v=zp8dq7PTd8E">beso de Casillas</a>, de reír y llorar sin control con las <a href="http://www.ivoox.com/gol-iniesta-1-0-holanda-narracion-cope-rne-audios-mp3_rf_324848_1.html">narraciones del partido</a>&#8230; y de disfrutar.</p>
<p>Por que sí. Porque es verdad. De verdad de la buena.</p>
<h1 style="text-align: center;">¡SOMOS CAMPEONES DEL MUNDO!</h1>
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