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	<title>Cody's Cuentos</title>
	
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	<description>Codys Cuentos: Audio cuentos, classic fairy tales in Spanish</description>
	<pubDate>Wed, 23 Jul 2008 05:16:00 +0000</pubDate>
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		<itunes:subtitle>Classic children's fairy tales...in Spanish</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Cody's Cuentos es un podcast en español con cuentos clásicos de los Hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, Charles Perrault y muchos más. Visita la página web de Cody para dejar comentarios y leer transcripciones de cada cuento. www.codyscuentos.com</itunes:summary>
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		<title>Rumpelstiltskin</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jul 2008 05:10:27 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Otro cuento clásico de los hermanos Grimm
Foto de Rumpelstiltskin en el bosque de Ariel Dawn
Había una vez un molinero que era muy pobre, pero que tenía una hija muy hermosa. Ocurrió que un día tuvo la oportunidad de hablar con el rey, y para sentirse importante le dijo,
-Tengo una hija que de la paja puede [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Rumpelstiltskin", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=110" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Otro cuento clásico de los hermanos Grimm</p>
<p><em>Foto de Rumpelstiltskin en el bosque de <a href="http://www.flickr.com/people/arieldawn/" target="_self">Ariel Dawn</a></em></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/rumpelstiltskin.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-111" title="Rumpelstiltskin" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/rumpelstiltskin.jpg" alt="" /></a>Había una vez un molinero que era muy pobre, pero que tenía una hija muy hermosa. Ocurrió que un día tuvo la oportunidad de hablar con el rey, y para sentirse importante le dijo,</p>
<p style="text-align: left;">-Tengo una hija que de la paja puede hilar oro.</p>
<p style="text-align: left;">-Ese es un talento que me interesa, -contestó el rey. -Si tu hija es tan hábil como dices, tráela mañana a mi castillo para ponerla a prueba.</p>
<p style="text-align: left;">Cuando la joven llegó, fue llevada a un cuarto lleno de paja, el rey le dio un carrete y una rueca y le dijo,</p>
<p style="text-align: left;">-Ahora comenzarás a trabajar, y si entre hoy y mañana no has hilado esta paja en oro, morirás.</p>
<p style="text-align: left;">Entonces cerró con llave la puerta y la dejó sola.</p>
<p style="text-align: left;">Allí quedó sentada la pobre hija del molinero, sin saber que hacer. Ella no tenía la más mínima idea de cómo hilar paja en oro y se asustó tanto que comenzó a llorar.</p>
<p style="text-align: left;">De pronto, la puerta se abrió y un hombrecillo entró y le dijo:</p>
<p style="text-align: left;">-Buenas tardes, hermosa hija del molinero. ¿Por que estás llorando?”</p>
<p style="text-align: left;">-¡Ay! -contestó la joven. -Tengo que hilar toda esta paja en oro y no sé como.”</p>
<p style="text-align: left;">¿Qué me darías si yo la hilo por tí? -preguntó el hombrecillo.</p>
<p style="text-align: left;">-Mi collar,  -contestó la joven.</p>
<p style="text-align: left;">El hombrecillo tomó el collar, se sentó detrás de la rueca y comenzó a hilar, hilar e hilar. <em>Whirr, whirr, whirr</em>.  Sólo hiló tres veces y el carrete estaba lleno. Lo sustituyó por otro carrete y comenzó a hilar, hilar e hilar; ¡sólo hiló tres veces y el segundo también se llenó!</p>
<p style="text-align: left;"><span id="more-110"></span></p>
<p style="text-align: left;">Hizo esto toda la noche hasta que llegó el amanecer. Entonces toda la paja estuvo hilada y los carretes estuvieron llenos de oro.</p>
<p style="text-align: left;">Tan pronto como salió el sol llegó el rey. Cuando vió todo el oro se puso extremadamente contento. Pero él era un hombre codicioso y quería más.  Llevó a la hija del molinero hacia otro cuarto lleno de paja, que era más grande que el anterior, y le ordenó hilar toda la paja en oro en una noche, si es que quería permanecer viva.</p>
<p style="text-align: left;">Cuando la joven quedó sola empezó a llorar. Entonces la puerta se abrió una vez más. Se apareció el hombrecillo y le dijo,</p>
<p style="text-align: left;">-¿Qué me darías si hilo toda esta paja en oro?”</p>
<p style="text-align: left;">-El anillo que llevo en mi dedo, -contestó la joven.</p>
<p style="text-align: left;">El hombrecillo tomó el anillo y se sentó detrás de la maquina. A la mañana siguiente había hilado toda la paja en oro brillante.</p>
<p style="text-align: left;">El rey estaba contentísimo de ver todo el oro, pero aún no estaba satisfecho. Llevó a la hija del molinero a otro cuartolleno de paja, aún más grande que los primeros dos y leordenó, -Esta noche me vas a hilar toda esta paja, y si tienes éxito te convertirás en mi esposa.</p>
<p style="text-align: left;"><em>“A pesar de que ella es sólo la hija del molinero,”</em> pensó el rey, <em>“¡No podría encontrar una esposa más rica!”</em></p>
<p style="text-align: left;">Cuando la chica estuvo sola, el hombrecillo llegó otra vez y dijo,<br />
-¿Qué me darías esta vez si hilo la paja en oro?</p>
<p style="text-align: left;">-Ya no tengo nada para darte, -contestó la joven.</p>
<p style="text-align: left;">-Bueno, si llegas a ser reina, prométeme tu primer hijo, -dijo el hombrecillo.</p>
<p style="text-align: left;">“¡Es probable que eso nunca ocurra!” pensó la hija del molinero.</p>
<p style="text-align: left;">Con todo, ella le prometió al hombrecillo cumplir su deseo y una vez más éste hiló toda la paja en oro.</p>
<p style="text-align: left;">A la mañana siguiente, cuando el rey llegó y vió todo el oro, de inmediato hizo preparar la boda, y la hija del molinero se convirtió en reina.</p>
<p style="text-align: left;">Un año después, cuando ella se había olvidado por completo de su promesa al hombrecillo, dio a luz un hermoso niño.</p>
<p style="text-align: left;">Entonces, un día y de pronto, el hombrecillo entró en su cuarto y le dijo: -Bueno, mi reina, dame lo que me prometiste.</p>
<p style="text-align: left;">La reina estaba aterrorizada y le ofreció al hombrecillo todo el tesoro del reino con tal de que no se llevara a su niño.</p>
<p style="text-align: left;">Pero el hombrecillo contestó,  -No, yo no tengo necesidad de tesoros. Tu debes cumplir con tu promesa.</p>
<p style="text-align: left;">Entonces la reina empezó a gemir y llorar. El hombrecillo tuvo compasión de ella, y le dijo, -Te daré tres días. Si dentro de ese tiempo descubres mi nombre, dejaré que te quedes con tu hijo.</p>
<p style="text-align: left;">Durante toda la noche la reina pensó en todos los nombres que había escuchado, y envió un mensajero por todo el país para enterarse de todos los nombres que existían. Al día siguiente, cuando el hombrecillo llegó, ella empezó con Gaspar, Melchor, Baltazar, y dijo todos los nombres uno tras de otro hasta que no sabía más.</p>
<p style="text-align: left;">Cada vez el hombrecillo decía, “Ese no es mi nombre.”<br />
Al día siguiente hizo preguntar a toda la vecindad por el<br />
nombre de cada persona, y le repitió los nombres más extraños y raros al hombrecillo.</p>
<p style="text-align: left;">-¿Es tu nombre <em><strong>Costillas de Vaca</strong></em>, o <em><strong>Pierna de Carnero</strong></em>, o <em><strong>Patas de Araña</strong></em>? -dijo ella.</p>
<p style="text-align: left;">Pero él contestaba, -Ese no es mi nombre.</p>
<p style="text-align: left;">Al tercer día, el mensajero regresó y dijo que no había podido encontrar ningún nombre nuevo.</p>
<p style="text-align: left;">-Sin embargo -dijo-, cuando llegué a una inmensa montaña en la punta de un bosque donde los zorros y las liebres se desean buenas noches los unos a los otros, ví fuego arder enfrente de una casita. Un hombrecillo muy extraño estaba bailando alrededor del fuego. Brincaba en una pierna y cantaba:</p>
<p style="text-align: left;"><em>“Hoy hago el pan. Mañana haré cerveza.<br />
Pasado mañana me traigo el niño de la reina.<br />
Qué suerte que tengo de que nadie sepa<br />
Que mi nombre es Rumpelstiltskin.”</em></p>
<p style="text-align: left;">¡Se pueden imaginar lo contentísima que la reina se puso cuando escuchó esto!</p>
<p style="text-align: left;">Poco después, el hombrecillo entró y le preguntó,  -¿Cuál es mi nombre?</p>
<p style="text-align: left;">Ella le contestó, -¿Es tu nombre Chema?</p>
<p style="text-align: left;">-No.</p>
<p style="text-align: left;">-¿Es tu nombre Monchu?</p>
<p style="text-align: left;">-No.</p>
<p style="text-align: left;">Entonces la reina se rió y dijo, -¿Es tu nombre, por casualidad…..Rumpelstiltskin?</p>
<p style="text-align: left;">-¡Tiene que haber sido el demonio quien te dijo eso! ¡Tiene que haber sido el demonio quien te dijo eso! gritó el hombrecillo.</p>
<p style="text-align: left;">¡Y en su furia golpeó con su pie derecho tan violentamente en el suelo que desapareció entre la tierra y nunca más fue visto otra vez!</p>
<p style="text-align: left;">
<p style="text-align: left;">
<p><em>(Mensaje de Cody: Por cierto, cambié algunos de los nombres en el cuento para hispanizarlos. Es seguro que &#8220;Chema&#8221; y &#8220;Monchu&#8221; no son apodos alemanes. jeje <img src='http://www.codyscuentos.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> )</em></p>
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		<itunes:subtitle>Otro clasico de los hermanos Grimm.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Un hombrecillo con un nombre raro. Leer el cuento entero en www.codyscuentos.com.</itunes:summary>
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		<itunes:author>codyscuentos.com</itunes:author>
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		<title>La historia de dos cachorros de coatí y dos cachorros de hombre</title>
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		<pubDate>Sun, 13 Jul 2008 03:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos regionales]]></category>

		<category><![CDATA[audiocuento]]></category>

		<category><![CDATA[coati]]></category>

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		<category><![CDATA[uruguay]]></category>

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		<description><![CDATA[<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "La historia de dos cachorros de coatí y dos cachorros de hombre", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=108" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-109" title="coati" src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/coati.jpg" alt="\" /></a><em>Un cuento de Uruguay, escrito por Horacio Quiroga</em></p>
<p>Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suela de cabeza y salían corriendo con la cola levantada.</p>
<p>Una vez que los coaticitos fueron un poco grandes, su madre los reunió un día arriba de un naranjo y les habló así:</p>
<p>—Coaticitos: ustedes son bastante grandes para buscarse la comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando sean viejos andarán siempre solos, como todos los coatís. El mayor de ustedes, que es muy amigo de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre los palos podridos, porque allí hay muchos cascarudos y cucarachas. El segundo, que es gran comedor de frutas, puede encontrarlas en este naranjal; hasta diciembre habrá naranjas. El tercero, que no quiere comer sino huevos de pájaros, puede ir a todas partes, porque en todas partes hay nidos de pájaros. Pero que no vaya nunca a buscar nidos al campo, porque es peligroso.</p>
<p>&#8220;Coaticitos hay una sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan cerca este ruido, tírense de cabeza al suelo, por alto que sea el árbol. Si no lo hacen así, los matarán con seguridad de un tiro&#8221;.</p>
<p>Así habló la madre. Todos se bajaron entonces y se separaron, caminando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, como si hubieran perdido algo, porque así caminan los coatís.</p>
<p><strong><em>Foto: &#8220;Coatí Close-up&#8221;, por <a class="aligncenter" href="http://www.flickr.com/photos/trinity-of-one/" target="_blank">David Asch</a></em></strong></p>
<p><span id="more-108"></span></p>
<p>El mayor, que quería comer cascarudos, buscó entre los palos podridos y las hojas de los yuyos, y encontró tantos, que comió hasta quedarse dormido. El segundo, que prefería las frutas a cualquier cosa, comió cuantas naranjas quiso, porque aquel naranjal estaba dentro del monte, como pasa en el Paraguay y Misiones, y ningún hombre vino a incomodarlo. El tercero, que era loco por los huevos de pájaros, tuvo que andar todo el día para encontrar únicamente dos nidos; uno de tucán, que tenía tres huevos, y uno de tórtolas, que tenia sólo dos. Total, cinco huevos chiquitos, que era muy poca comida; de modo que al caer la tarde el coaticito tenia tanta hambre como de mañana, y se sentó muy triste a la orilla del monte. Desde allí veía el campo, y pensó en la recomendación de su madre.</p>
<p>—¿Por qué no querrá mamá —se dijo— que vaya a buscar nidos en el campo?</p>
<p>Estaba pensando así cuando oyó, muy lejos, el canto de un pájaro. .</p>
<p>—¡Qué canto tan fuerte! —dijo admirado—. ¡qué huevos tan grandes debe tener ese pájaro!</p>
<p>El canto se repitió. Y entonces el coatí se puso a correr por entre el monte, cortando camino, porque el canto había sonado muy a su derecha. El sol caía ya, pero el coatí volaba con la cola levantada. Llegó a la orilla del monte, por fin, y miró al campo. Lejos vio la casa de los hombres, y vio a un hombre con botas que llevaba un caballo de la soga. Vio también un pájaro muy grande que cantaba y entonces el coaticito se golpeó la frente y dijo:</p>
<p>—¡Qué zonzo soy! Ahora ya sé qué pájaro es ése. Es un gallo; mamá me lo mostró un día de arriba de un árbol. Los gallos tienen un canto lindísimo, y tienen muchas gallinas que ponen huevos. ¡Si yo pudiera comer huevos de gallina!&#8230;</p>
<p>Es sabido que nada gusta tanto a los bichos chicos de monte como los huevos de gallina. Durante un rato el coaticito se acordó de la recomendación de su madre. Pero el deseo pudo más, y se sentó a la orilla del monte, esperando que cerrara bien la noche para ir al gallinero.</p>
<p>La noche cerró por fin, y entonces, en puntas de pie y paso a paso, se encaminó a la casa. Llegó allá y escuchó atentamente: no se sentía el menor ruido. El coaticito, loco de alegría porque iba a comer cien, mil, dos mil huevos de gallina, entró en el gallinero, y lo primero que vio bien en la entrada fue un huevo que estaba solo en el suelo. Pensó un instante en dejarlo para el final, como postre, porque era un huevo muy grande, pero la boca se le hizo agua, y clavó los dientes en el huevo.</p>
<p>Apenas lo mordió, ¡TRAC!, un terrible golpe en la cara y un inmenso dolor en el hocico.</p>
<p>—¡Mamá, mamá! —gritó, loco de dolor, saltando a todos lados. Pero estaba sujeto, y en ese momento oyó el ronco ladrido de un perro.</p>
<p>Mientras el coatí esperaba en la orilla del monte que cerrara bien la noche para ir al gallinero, el hombre de la casa jugaban sobre la gramilla con sus hijos, dos criaturas rubias de cinco y seis años, que corrían riendo, se caían, se levantaban riendo otra vez, y volvían a caerse. El padre se caía también, con gran alegría de los chicos. Dejaron por fin de jugar porque ya era de noche, y el hombre dijo entonces:</p>
<p>—Voy a poner la trampa para cazar a la comadreja que viene a matar los pollos y robar los huevos.</p>
<p>Y fue y armó la trampa. Después comieron y se acostaron. Pero las criaturas no tenían sueño, y saltaban de la cama del uno a la del otro y se enredaban en el camisón. El padre, que leía en el comedor, los dejaba hacer. Pero los chicos de repente se detuvieron en sus saltos y gritaron:</p>
<p>—¡Papá! ¡Ha caído la comadreja en la trampa! ¡Tuké esta ladrando! ¡Nosotros también queremos ir, papá!</p>
<p>El padre consintió, pero no sin que las criaturas se pusieran las sandalias, pues nunca los dejaba andar descalzos de noche, por temor a las víboras.</p>
<p>Fueron. ¿Qué vieron allí? Vieron a su padre que se agachaba, teniendo al perro con una mano, mientras con la otra levantaba por la cola a un coatí, un coaticito chico aún, que gritaba con un chillido rapidísimo y estridente, como un grillo.</p>
<p>—¡Papá, no lo mates! —dijeron las criaturas—. ¡Es muy chiquito! ¡Dánoslo para nosotros!</p>
<p>—Bueno, se los voy a dar —respondió el padre—. Pero cuídenlo bien, y sobre todo no se olviden de que los coatís toman agua como ustedes.</p>
<p>Esto lo decía porque los chicos habían tenido una vez un gatito montés al cual a cada rato le llevaban carne, que sacaban de la fiambrera pero nunca le dieron agua, y se murió.</p>
<p>En consecuencia, pusieron al coatí en la misma jaula del gato montés, que estaba cerca del gallinero, y se acostaron todos otra vez.</p>
<p>Y cuando era más de medianoche y había un gran silencio, el coaticito, que sufría mucho por los dientes de la trampa, vio, a la luz de la luna, tres sombras que se acercaban con gran sigilo. El corazón le dio un vuelco al pobre coaticito al reconocer a su madre y sus dos hermanos que lo estaban buscando.</p>
<p>—¡Mamá, mamá! —murmuró el prisionero en voz muy baja para no hacer ruido—. ¡Estoy aquí! ¡Sáquenme de aquí! ¡No quiero quedarme, ma&#8230; má! —y lloraba desconsolado.</p>
<p>Pero a pesar de todo estaban contentos porque se habían encontrado, y se hacían mil caricias en el hocico.</p>
<p>Se trató en seguida de hacer salir al prisionero. Probaron primero cortar el alambre tejido, y los cuatro se pusieron a trabajar con los dientes; mas no conseguían nada. Entonces a la madre se le ocurrió de repente una idea, y dijo:</p>
<p>—¡Vamos a buscar las herramientas del hombre! Los hombres tienen herramientas para cortar fierro. Se llaman limas. Tienen tres lados como las víboras de cascabel. Se empuja y se retira. ¡Vamos a buscarla!</p>
<p>Fueron al taller del hombre y volvieron con la lima. Creyendo que uno solo no tendría fuerzas bastantes, sujetaron la lima entre los tres y empezaron el trabajo. Y se entusiasmaron tanto, que al rato la jaula entera temblaba con las sacudidas y hacía un terrible ruido. Tal ruido hacía, que el perro se despertó, lanzando un ronco ladrido. Mas los coatís no esperaron a que el perro les pidiera cuenta de ese escándalo y dispararon al monte, dejando la lima tirada.</p>
<p>Al día siguiente, los chicos fueron temprano a ver a su nuevo huésped, que estaba muy triste.</p>
<p>—¿Qué nombre le pondremos? —preguntó la nena a su hermano.</p>
<p>—¡Ya sé! —respondió el varoncito—. ¡Le pondremos Diecisiete!</p>
<p>¿Por qué Diecisiete? Nunca hubo bicho del monte con nombre más raro. Pero el varoncito estaba aprendiendo a contar, y tal vez le había llamado la atención aquel número.</p>
<p>El caso es que se llamó Diecisiete. Le dieron pan, uvas, chocolate, carne, langostas, huevos, riquísimos huevos de gallina, lograron que en un solo día se dejara rascar la cabeza; y tan grande es la sinceridad del cariño de las criaturas, que, al llegar la noche, el coatí estaba casi resignado con su cautiverio. Pensaba a cada momento en las cosas ricas que había para comer allí, y pensaba en aquellos rubios cachorritos de hombre que tan alegres y buenos eran.</p>
<p>Durante dos noches seguidas, el perro durmió tan cerca de la jaula, que la familia del prisionero no se atrevió a acercarse, con gran sentimiento. Cuando a la tercera noche llegaron de nuevo a buscar la lima para dar libertad al coaticito, éste les dijo:</p>
<p>—Mamá: yo no quiero irme más de aquí. Me dan huevos y son muy buenos conmigo. Hoy me dijeron que si me portaba bien me iban a dejar suelto muy pronto. son como nosotros son cachorritos también, y jugamos juntos.</p>
<p>Los coatís salvajes quedaron muy tristes, pero se resignaron, prometiendo al coaticito venir todas las noches a visitarlo.</p>
<p>Efectivamente, todas las noches, lloviera o no, su madre y sus hermanos iban a pasar un rato con él. El coaticito les daba pan por entre el tejido de alambre, y los coatís salvajes se sentaban a comer frente a la jaula.</p>
<p>Al cabo de quince días, el coaticito andaba suelto y él mismo se iba de noche a su jaula. Salvo algunos tirones de orejas que se llevaba por andar muy cerca del gallinero, todo marchaba bien. Él y las criaturas se querían mucho, y los mismos coatís salvajes, al ver lo buenos que eran aquellos cachorritos de hombre, habían concluido por tomar cariño a las dos criaturas.</p>
<p>Hasta que una noche muy oscura, en que hacía mucho calor y tronaba, los coatís salvajes llamaron al coaticito y nadie les respondió. Se acercaron muy inquietos y vieron entonces, en el momento en que casi la pisaban, una enorme víbora que estaba enroscada en la entrada de la jaula. Los coatís comprendieron en seguida que el coaticito había sido mordido al entrar, y no había respondido a su llamado porque acaso estaba ya muerto. Pero lo iban a vengar bien. En un segundo, entre los tres, enloquecieron a la serpiente de cascabel, saltando de aquí para allá, y en otro segundo, cayeron sobre ella, deshaciéndole la cabeza a mordiscones.</p>
<p>Corrieron entonces adentro, y allí estaba en efecto el coaticito, tendido, hinchado, con las patas temblando y muriéndose. En balde los coatís salvajes lo movieron; lo lamieron en balde por todo el cuerpo durante un cuarto de hora. El coaticito abrió por fin la boca y dejó de respirar, porque estaba muerto.</p>
<p>Los coatís son casi refractarios como se dice, al veneno de las víboras. No les hace casi nada el veneno, y hay otros animales, como la mangosta que resisten muy bien el veneno de las víboras. Con toda seguridad el coaticito había sido mordido en una arteria o una vena porque entonces la sangre se envenena en seguida, y el animal muere. Esto le había pasado al coaticito.</p>
<p>Al verlo así, su madre y sus hermanos lloraron un largo rato. Después, como nada más tenían que hacer allí, salieron de la jaula, se dieron vuelta para mirar por última vez la casa donde tan feliz había sido el coaticito, y se fueron otra vez al monte.</p>
<p>Pero los tres coatís, sin embargo, iban muy preocupados, y su preocupación era ésta: ¿qué iban a decir los chicos, cuando, al día siguiente, vieran muerto a su querido coaticito? Los chicos le querían muchísimo, y ellos, los coatís, querían también a los cachorritos rubios. Así es que los tres coatís tenían el mismo pensamiento, y era evitarles ese gran dolor a los chicos.</p>
<p>Hablaron un largo rato y al fin decidieron lo siguiente: el segundo de los coatís, que se parecía muchísimo al menor en cuerpo y en modo de ser, iba a quedarse en la jaula en vez del difunto. Como estaban enterados de muchos secretos de la casa, por los cuentos del coaticito, los chicos no desconocerían nada; extrañarían un poco algunas cosas, pero nada más.</p>
<p>Y así pasó en efecto. Volvieron a la casa, y un nuevo coaticito , reemplazó al primero, mientras la madre y el otro hermano se llevaban sujetos a los dientes el cadáver del menor. Lo llevaron despacio al monte, y la cabeza colgaba, balanceándose, y la cola iba arrastrando por el suelo.</p>
<p>Al día siguiente los chicos extrañaron, efectivamente, algunas costumbres raras del coaticito. Pero como éste era tan bueno y cariñoso como el otro, las criaturas no tuvieron la menor sospecha. Formaron la misma familia de cachorritos de antes, y, como antes, los coatís salvajes venían noche a noche a visitar al coaticito civilizado, y se sentaban a su lado a comer pedacitos de huevos duros que él les guardaba, mientras ellos le contaban la vida de la selva.</p>
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		<itunes:subtitle>Un cuento de Uruguay</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>La historia de dos cachorros de coati y dos cachorros de hombre. Un cuento uruguayo de Horacio Quiroga</itunes:summary>
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		<title>Pedro y el lobo</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Jul 2008 16:23:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>

		<category><![CDATA[audiocuentos]]></category>

		<category><![CDATA[boy who cried wolf]]></category>

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		<category><![CDATA[cuentos infantiles]]></category>

		<category><![CDATA[pedro y el lobo]]></category>

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		<description><![CDATA[Today&#8217;s story is the Spanish version of The Boy Who Cried Wolf. Lovely Megui, our cuentacuentos from Spain, does a fabulous job bringing this classic tale to life. When I was a child, I remember hearing this story and the impression it had on me. It&#8217;s a very short story but it teaches an extremely [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Pedro y el lobo", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=104" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Today&#8217;s story is the Spanish version of <em><strong>The Boy Who Cried Wolf</strong></em>. Lovely Megui, our <em>cuentacuentos</em> from Spain, does a fabulous job bringing this classic tale to life. When I was a child, I remember hearing this story and the impression it had on me. It&#8217;s a very short story but it teaches an extremely powerful lesson about the importance of honesty, truthfulness and respecting other people.</p>
<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/07/shapeimage_2.jpg" alt="YeclaNoah" align="right" height="194" width="217" />Also, at the beginning of this podcast is a short promo from Yecla Pérez de Lucas and her son Noah. They are a cute mother-and-son team from Germany and they have an adorable Spanish podcast for kids called &#8220;<a href="http://web.mac.com/yecla/Podcast/Podcast/Podcast.html">Podcast para niños hispanohablantes</a>.&#8221; Easy enough. When you&#8217;re done listening to today&#8217;s podcast, check out Yecla and Noah at: http://web.mac.com/yecla/Podcast/</p>
<p>Un beso,</p>
<p>Eleena</p>
<p><strong>Pedro y el lobo</strong></p>
<p>Erase una vez un pequeño pastor que se pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando sus ovejas y, como muchas veces se aburría mientras las veía pastar, pensaba cosas que hacer para divertirse.</p>
<p>Un día, decidió que sería buena idea divertirse a costa de la gente del pueblo que había por allí cerca. Se acercó y empezó a gritar:</p>
<p>- <em>¡Socorro! ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo!</em><br />
<span id="more-104"></span><br />
La gente del pueblo cogió lo que tenía a mano y corriendo fueron a auxiliar al pobre pastorcito que pedía auxilio, pero cuando llegaron, descubrieron que todo había sido una broma pesada del pastor. Y se enfadaron.</p>
<p>Cuando se habían ido, al pastor le hizo tanta gracia la broma que pensó en repetirla. Y cuando vió a la gente suficientemente lejos, volvió a gritar:</p>
<p>- <em>¡Socorro! ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Que viene el lobo!</em></p>
<p>Las gentes del pueblo, en volverlo a oír, empezó a correr otra vez pensando que esta vez si que se había presentado el lobo, y realmente les estaba pidiendo ayuda. Pero al regesar donde estaba el pastor, se lo encontraron por los suelos, riendo de ver como los aldeanos habían vuelto a auxiliarlo. Esta vez los aldeanos se enfadaron aún más, y se marcharon terriblemente enojados.</p>
<p>A la mañana siguiente, el pastor volvió a pastar con sus ovejas en el mismo campo. Aún reía cuando recordaba correr a los aldeanos. Pero no contó que, ese mismo día, si vió acercarse el lobo. El miedo le invadió el cuerpo y, al ver que se acercaba cada vez más, empezó a gritar:</p>
<p>-<em> ¡¡Socorro!! ¡¡El lobo!! ¡¡Que viene el lobo!! ¡¡Se va a comer todas mis ovejas!! ¡¡Auxilio!!</em></p>
<p>Pero esta vez los aldeanos, habiendo aprendido la lección el día anterior, hicieron oídos sordos.</p>
<p>El pastorcillo vió como el lobo se abalanzaba sobre sus ovejas, y chilló cada vez más desesperado:</p>
<p>-<em> ¡¡Socorro!! ¡¡El lobo!! ¡¡Que viene el lobo!! ¡¡Por favor, AYUDADME!!</em> - pero los aldeanos continuaron sin hacer caso.</p>
<p>Es así, como el pastorcillo vió como el lobo se comía unas cuantas ovejas y se llevaba otras para la cena, sin poder hacer nada. Y se arrepintió en lo más profundo de la broma que hizo el día anterior.</p>
<p><a href="http://sharethis.com/item?&wp=2.5.1&amp;publisher=eb186f8e-ffb9-4227-af5e-3018e56a5fb5&amp;title=Pedro+y+el+lobo&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.codyscuentos.com%2F%3Fp%3D104">ShareThis</a></p><div class="feedflare">
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		<itunes:subtitle>The Boy Who Cried Wolf</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Today\'s story is the Spanish version of The Boy Who Cried Wolf. Lovely Megui, our cuentacuentos from Spain, does a fabulous job bringing to life this classic tale about the importance of honesty, truthfulness and respecting other people.

Full transcript in Spanish at: www.codyscuentos.com

Also, at the beginning of this podcast is a short promo from Yecla Perez de Lucas and her son Noah. They are a cute mother-and-son team from Germany and they have an adorable Spanish podcast for kids called \"Podcast para ninos hispanohablantes.\" When you\'re done listening to today\'s podcast, check out Yecla and Noah at: http://web.mac.com/yecla/Podcast/

Un beso y nos vemos!
Eleena


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		<itunes:keywords>pedro,y,el,lobo,boy,who,cried,wolf,audio,cuentos,cuentos,cuentos,infantiles</itunes:keywords>
		<itunes:author>codyscuentos.com</itunes:author>
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		<title>Blancanieves y los 7 enanitos</title>
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		<comments>http://www.codyscuentos.com/?p=103#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Jun 2008 22:11:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>

		<category><![CDATA[7 enanitos]]></category>

		<category><![CDATA[audiocuentos]]></category>

		<category><![CDATA[blancanieves]]></category>

		<category><![CDATA[cuentos de hadas]]></category>

		<category><![CDATA[spanish podcast]]></category>

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		<description><![CDATA[ &#8220;Mirror, mirror, on the wall. Who&#8217;s the fairest of them all?&#8221;
Blancanieves y los 7 enanitos
de los hermanos Grimm
Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano. Y como mientras cosía miraba caer los copos, [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Blancanieves y los 7 enanitos", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=103" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/blanca-nieve.jpg" alt="Blancanieves" align="left" height="347" width="300" /> <em>&#8220;Mirror, mirror, on the wall. Who&#8217;s the fairest of them all?&#8221;</em><br />
<strong>Blancanieves y los 7 enanitos</strong><br />
de los hermanos Grimm</p>
<p>Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano. Y como mientras cosía miraba caer los copos, con la aguja se pinchó un dedo, y tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la sangre se destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó: &#8220;¡Ah, si pudiere tener una hija que fuere blanca como nieve, roja como la sangre y negra como el ébano de esta ventana!&#8221;. No mucho tiempo después le nació una niña que era blanca como la nieve, sonrosada como la sangre y de cabello negro como la madera de ébano; y por eso le pusieron por nombre Blancanieves. Pero al nacer ella, murió la Reina.</p>
<p>Un año más tarde, el Rey volvió a casarse. La nueva Reina era muy bella, pero orgullosa y altanera, y no podía sufrir que nadie la aventajase en hermosura. Tenía un espejo prodigioso, y cada vez que se miraba en él, le preguntaba:</p>
<p>&#8220;<em>Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?</em>&#8221;</p>
<p>Y el espejo le contestaba, invariablemente:</p>
<p><em>&#8220;Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país.&#8221;</em></p>
<p><span id="more-103"></span></p>
<p>La Reina quedaba satisfecha, pues sabía que el espejo decía siempre la verdad. Blancanieves fue creciendo y se hacía más bella cada día. Cuando cumplió los siete años, era tan hermosa como la luz del día, y mucho más que la misma Reina. Al preguntar ésta un día al espejo:</p>
<p><em>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;</em></p>
<p>Respondió el espejo:</p>
<p><em>&#8220;Señora Reina, tú eres como una estrella, pero Blancanieves es mil veces más bella.&#8221;</em></p>
<p>Se espantó la Reina, palideciendo de envidia y, desde entonces, cada vez que veía a Blancanieves sentía que se le revolvía el corazón; tal era el odio que abrigaba contra ella. Y la envidia y la soberbia, como las malas hierbas, crecían cada vez más altas en su alma, no dejándole un instante de reposo, de día ni de noche.</p>
<p>Finalmente, llamó un día a un servidor y le dijo:</p>
<p>-Llévate a la niña al bosque; no quiero tenerla más tiempo ante mis ojos. La matarás, y en prueba de haber cumplido mi orden, me traerás sus pulmones y su hígado.</p>
<p>Obedeció el cazador y se marchó al bosque con la muchacha. Pero cuando se disponía a clavar su cuchillo de monte en el inocente corazón de la niña, se echó ésta a llorar:</p>
<p>-¡Piedad, buen cazador, déjame vivir! -suplicaba-. Me quedaré en el bosque y jamás volveré al palacio.</p>
<p>Y era tan hermosa, que el cazador, apiadándose de ella, le dijo:</p>
<p>-¡Márchate entonces, pobrecilla!</p>
<p>Y pensó: &#8220;No tardarán las fieras en devorarte&#8221;.</p>
<p>Sin embargo, le pareció como si se le quitase una piedra del corazón por no tener que matarla. Y como acertara a pasar por allí un cachorro de jabalí, lo degolló, le sacó los pulmones y el hígado, y se los llevó a la Reina como prueba de haber cumplido su mandato. La perversa mujer los entregó al cocinero para que se los guisara, y se los comió convencida de que comía la carne de Blancanieves.</p>
<p>La pobre niña se encontró sola y abandonada en el inmenso bosque. Se moría de miedo, y el menor movimiento de las hojas de los árboles le daba un sobresalto. No sabiendo qué hacer, echó a correr por entre espinos y piedras puntiagudas, y los animales de la selva pasaban saltando por su lado sin causarle el menor daño. Siguió corriendo mientras la llevaron los pies y hasta que se ocultó el sol. Entonces vio una casita y entró en ella para descansar.</p>
<p>Todo era diminuto en la casita, pero tan primoroso y limpio, que no hay palabras para describirlo. Había una mesita cubierta con un mantel blanquísimo, con siete minúsculos platitos y siete vasitos; y al lado de cada platito había su cucharilla, su cuchillito y su tenedorcito. Alineadas junto a la pared se veían siete camitas, con sábanas de inmaculada blancura.</p>
<p>Blancanieves, como estaba muy hambrienta, comió un poquito de legumbres y un bocadito de pan de cada plato, y bebió una gota de vino de cada copita, pues no quería tomarlo todo de uno solo. Luego, sintiéndose muy cansada, quiso echarse en una de las camitas; pero ninguna era de su medida: resultaba demasiado larga o demasiado corta; hasta que, por fin, la séptima le vino bien; se acostó en ella, se encomendó a Dios y se quedó dormida.</p>
<p>Cerrada ya la noche, llegaron los dueños de la casita, que eran siete enanos que se dedicaban a excavar minerales en el monte. Encendieron sus siete lamparillas y, al iluminarse la habitación, vieron que alguien había entrado, pues las cosas no estaban en el orden en que ellos las habían dejado al marcharse.</p>
<p>Dijo el primero:</p>
<p>-¿Quién se sentó en mi sillita?</p>
<p>El segundo:</p>
<p>-¿Quién ha comido de mi platito?</p>
<p>El tercero:</p>
<p>-¿Quién ha cortado un poco de mi pan?</p>
<p>El cuarto:</p>
<p>-¿Quién ha comido de mi verdurita?</p>
<p>El quinto:</p>
<p>-¿Quién ha pinchado con mi tenedorcito?</p>
<p>El sexto:</p>
<p>-¿Quién ha cortado con mi cuchillito?</p>
<p>Y el séptimo:</p>
<p>-¿Quién ha bebido de mi vasito?</p>
<p>Luego, el primero, recorrió la habitación y, viendo un pequeño hueco en su cama, exclamó alarmado:</p>
<p>-¿Quién se ha subido en mi camita?</p>
<p>Acudieron corriendo los demás y exclamaron todos:</p>
<p>-¡Alguien estuvo echado en la mía!</p>
<p>Pero el séptimo, al examinar la suya, descubrió a Blancanieves, dormida en ella. Llamó entonces a los demás, los cuales acudieron presurosos y no pudieron reprimir sus exclamaciones de admiración cuando, acercando las siete lamparillas, vieron a la niña.</p>
<p>-¡Oh, Dios mío; oh, Dios mío! -decían-, ¡qué criatura más hermosa!</p>
<p>Y fue tal su alegría, que decidieron no despertarla, sino dejar que siguiera durmiendo en la camita. El séptimo enano se acostó junto a sus compañeros, una hora con cada uno, y así transcurrió la noche. Al clarear el día se despertó Blancanieves y, al ver a los siete enanos, tuvo un sobresalto. Pero ellos la saludaron afablemente y le preguntaron:</p>
<p>-¿Cómo te llamas?</p>
<p>-Me llamo Blancanieves -respondió ella.</p>
<p>-¿Y cómo llegaste a nuestra casa? -siguieron preguntando los hombrecillos. Entonces ella les contó que su madrastra había dado orden de matarla, pero que el cazador le había perdonado la vida, y ella había estado corriendo todo el día, hasta que, al atardecer, encontró la casita.</p>
<p>Dijeron los enanos:</p>
<p>-¿Quieres cuidar de nuestra casa? ¿Cocinar, hacer las camas, lavar, remendar la ropa y mantenerlo todo ordenado y limpio? Si es así, puedes quedarte con nosotros y nada te faltará.</p>
<p>-¡Sí! -exclamó Blancanieves-. Con mucho gusto -y se quedó con ellos.</p>
<p>A partir de entonces, cuidaba la casa con todo esmero. Por la mañana, ellos salían a la montaña en busca de mineral y oro, y al regresar, por la tarde, encontraban la comida preparada. Durante el día, la niña se quedaba sola, y los buenos enanitos le advirtieron:</p>
<p>-Guárdate de tu madrastra, que no tardará en saber que estás aquí. ¡No dejes entrar a nadie!</p>
<p>La Reina, entretanto, desde que creía haberse comido los pulmones y el hígado de Blancanieves, vivía segura de volver a ser la primera en belleza. Se acercó un día al espejo y le preguntó:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y respondió el espejo:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>La Reina se sobresaltó, pues sabía que el espejo jamás mentía, y se dio cuenta de que el cazador la había engañado, y que Blancanieves no estaba muerta. Pensó entonces en otra manera de deshacerse de ella, pues mientras hubiese en el país alguien que la superase en belleza, la envidia no la dejaría reposar. Finalmente, ideó un medio. Se tiznó la cara y se vistió como una vieja buhonera, quedando completamente desconocida.</p>
<p>Así disfrazada se dirigió a las siete montañas y, llamando a la puerta de los siete enanitos, gritó:</p>
<p>-¡Vendo cosas buenas y bonitas!</p>
<p>Se asomó Blancanieves a la ventana y le dijo:</p>
<p>-¡Buenos días, buena mujer! ¿Qué traes para vender?</p>
<p>-Cosas finas, cosas finas -respondió la Reina-. Lazos de todos los colores -y sacó uno trenzado de seda multicolor.</p>
<p>&#8220;Bien puedo dejar entrar a esta pobre mujer&#8221;, pensó Blancanieves y, abriendo la puerta, compró el primoroso lacito.</p>
<p>-¡Qué linda eres, niña! -exclamó la vieja-. Ven, que yo misma te pondré el lazo.</p>
<p>Blancanieves, sin sospechar nada, se puso delante de la vendedora para que le atase la cinta alrededor del cuello, pero la bruja lo hizo tan bruscamente y apretando tanto, que a la niña se le cortó la respiración y cayó como muerta.</p>
<p>-¡Ahora ya no eres la más hermosa! -dijo la madrastra, y se alejó precipitadamente.</p>
<p>Al cabo de poco rato, ya anochecido, regresaron los siete enanos. Imagínense su susto cuando vieron tendida en el suelo a su querida Blancanieves, sin moverse, como muerta. Corrieron a incorporarla y viendo que el lazo le apretaba el cuello, se apresuraron a cortarlo. La niña comenzó a respirar levemente, y poco a poco fue volviendo en sí. Al oír los enanos lo que había sucedido, le dijeron:</p>
<p>-La vieja vendedora no era otra que la malvada Reina. Guárdate muy bien de dejar entrar a nadie, mientras nosotros estemos ausentes.</p>
<p>La mala mujer, al llegar a palacio, corrió ante el espejo y le preguntó:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y respondió el espejo, como la vez anterior:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>Al oírlo, del despecho, toda la sangre le afluyó al corazón, pues supo que Blancanieves continuaba viviendo. &#8220;Esta vez -se dijo- idearé una trampa de la que no te escaparás&#8221;, y, valiéndose de las artes diabólicas en que era maestra, fabricó un peine envenenado. Luego volvió a disfrazarse, adoptando también la figura de una vieja, y se fue a las montañas y llamó a la puerta de los siete enanos.</p>
<p>-¡Buena mercancía para vender! -gritó.</p>
<p>Blancanieves, asomándose a la ventana, le dijo:</p>
<p>-Sigue tu camino, que no puedo abrirle a nadie.</p>
<p>-¡Al menos podrás mirar lo que traigo! -respondió la vieja y, sacando el peine, lo levantó en el aire. Pero le gustó tanto el peine a la niña que, olvidándose de todas las advertencias, abrió la puerta.</p>
<p>Cuando se pusieron de acuerdo sobre el precio dijo la vieja:</p>
<p>-Ven que te peinaré como Dios manda.</p>
<p>La pobrecilla, no pensando nada malo, dejó hacer a la vieja; mas apenas hubo ésta clavado el peine en el cabello, el veneno produjo su efecto y la niña se desplomó insensible.</p>
<p>-¡Dechado de belleza -exclamó la malvada bruja-, ahora sí que estás lista! -y se marchó.</p>
<p>Pero, afortunadamente, faltaba poco para la noche, y los enanitos no tardaron en regresar. Al encontrar a Blancanieves inanimada en el suelo, enseguida sospecharon de la madrastra y, buscando, descubrieron el peine envenenado. Se lo quitaron rápidamente y, al momento, volvió la niña en sí y les explicó lo ocurrido. Ellos le advirtieron de nuevo que debía estar alerta y no abrir la puerta a nadie.</p>
<p>La Reina, de regreso en palacio, fue directamente a su espejo:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y como las veces anteriores, respondió el espejo, al fin:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella; pero mora en la montaña, con los enanitos, Blancanieves, que es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>Al oír estas palabras del espejo, la malvada bruja se puso a temblar de rabia.</p>
<p>-¡Blancanieves morirá -gritó-, aunque me haya de costar a mí la vida!</p>
<p>Y, bajando a una cámara secreta donde nadie tenía acceso sino ella, preparó una manzana con un veneno de lo más virulento. Por fuera era preciosa, blanca y sonrosada, capaz de hacer la boca agua a cualquiera que la viese. Pero un solo bocado significaba la muerte segura. Cuando tuvo preparada la manzana, se pintó nuevamente la cara, se vistió de campesina y se encaminó a las siete montañas, a la casa de los siete enanos. Llamó a la puerta. Blancanieves asomó la cabeza a la ventana y dijo:</p>
<p>-No debo abrir a nadie; los siete enanitos me lo han prohibido.</p>
<p>-Como quieras -respondió la campesina-. Pero yo quiero deshacerme de mis manzanas. Mira, te regalo una.</p>
<p>-No -contestó la niña-, no puedo aceptar nada.</p>
<p>-¿Temes acaso que te envenene? -dijo la vieja-. Fíjate, corto la manzana en dos mitades: tú te comes la parte roja, y yo la blanca.</p>
<p>La fruta estaba preparada de modo que sólo el lado encarnado tenía veneno. Blancanieves miraba la fruta con ojos codiciosos, y cuando vio que la campesina la comía, ya no pudo resistir. Alargó la mano y tomó la mitad envenenada. Pero no bien se hubo metido en la boca el primer trocito, cayó en el suelo, muerta. La Reina la contempló con una mirada de rencor, y, echándose a reír, dijo:</p>
<p>-¡Blanca como la nieve; roja como la sangre; negra como el ébano! Esta vez, no te resucitarán los enanos.</p>
<p>Y cuando, al llegar a palacio, preguntó al espejo:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Le respondió el espejo, al fin:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres la más hermosa en todo el país&#8221;.</p>
<p>Sólo entonces se aquietó su envidioso corazón, suponiendo que un corazón envidioso pudiera aquietarse.</p>
<p>Los enanitos, al volver a su casa aquella noche, encontraron a Blancanieves tendida en el suelo, sin que de sus labios saliera el hálito más leve. Estaba muerta. La levantaron, miraron si tenía encima algún objeto emponzoñado, la desabrocharon, le peinaron el pelo, la lavaron con agua y vino, pero todo fue inútil. La pobre niña estaba muerta y bien muerta. La colocaron en un ataúd, y los siete, sentándose alrededor, la estuvieron llorando por espacio de tres días. Luego pensaron en darle sepultura; pero viendo que el cuerpo se conservaba lozano, como el de una persona viva, y que sus mejillas seguían sonrosadas, dijeron:</p>
<p>-No podemos enterrarla en el seno de la negra tierra -y mandaron fabricar una caja de cristal transparente que permitiese verla desde todos los lados. La colocaron en ella y grabaron su nombre con letras de oro: &#8220;Princesa Blancanieves&#8221;. Después transportaron el ataúd a la cumbre de la montaña, y uno de ellos, por turno, estaba siempre allí velándola. Y hasta los animales acudieron a llorar a Blancanieves: primero, una lechuza; luego, un cuervo y, finalmente, una palomita.</p>
<p>Y así estuvo Blancanieves mucho tiempo, reposando en su ataúd, sin descomponerse, como dormida, pues seguía siendo blanca como la nieve, roja como la sangre y con el cabello negro como el ébano. Sucedió, entonces, que un príncipe que se había metido en el bosque se dirigió a la casa de los enanitos, para pasar la noche. Vio en la montaña el ataúd que contenía a la hermosa Blancanieves y leyó la inscripción grabada en letras de oro. Dijo entonces a los enanos:</p>
<p>-Denme el ataúd, pagaré por él lo que me pidan.</p>
<p>Pero los enanos contestaron:</p>
<p>-Ni por todo el oro del mundo lo venderíamos.</p>
<p>-En tal caso, regálenmelo -propuso el príncipe-, pues yo no podré vivir sin ver a Blancanieves. La honraré y reverenciaré como a lo que más quiero.</p>
<p>Al oír estas palabras, los hombrecillos sintieron compasión del príncipe y le regalaron el féretro. El príncipe mandó a sus criados, mandó que sus criados lo transportasen en hombros. Pero ocurrió que en el camino tropezaron contra una mata, y de la sacudida saltó de la garganta de Blancanieves el bocado de la manzana envenenada, que todavía tenía atragantado. Y, al poco rato, la princesa abrió los ojos y recobró la vida.</p>
<p>Levantó la tapa del ataúd, se incorporó y dijo:</p>
<p>-¡Dios Santo!, ¿dónde estoy?</p>
<p>Y el príncipe le respondió, loco de alegría:</p>
<p>-Estás conmigo -y, después de explicarle todo lo ocurrido, le dijo:</p>
<p>-Te quiero más que a nadie en este mundo. Ven al castillo de mi padre y serás mi esposa.</p>
<p>Accedió Blancanieves y se marchó con él al palacio, donde enseguida se dispuso la boda, que debía celebrarse con gran magnificencia y esplendor.</p>
<p>A la fiesta fue invitada también la malvada madrastra de Blancanieves. Una vez que se hubo ataviado con sus vestidos más lujosos, fue al espejo y le preguntó:</p>
<p>&#8220;Espejito en la pared, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?&#8221;. Y respondió el espejo:</p>
<p>&#8220;Señora Reina, eres aquí como una estrella, pero la reina joven es mil veces más bella&#8221;.</p>
<p>La malvada mujer soltó una palabrota y tuvo tal sobresalto, que quedó como fuera de sí. Su primer propósito fue no ir a la boda. Pero la inquietud la roía, y no pudo resistir al deseo de ver a aquella joven reina. Al entrar en el salón reconoció a Blancanieves, y fue tal su espanto y pasmo, que se quedó clavada en el suelo sin poder moverse. Pero habían puesto ya al fuego unas zapatillas de hierro y estaban incandescentes. Tomándolas con tenazas, la obligaron a ponérselas, y hubo de bailar con ellas hasta que cayó muerta.</p>
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Story transcript available at www.codyscuentos.com</itunes:summary>
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		<title>La esmeralda encantada</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jun 2008 13:49:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>

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		<category><![CDATA[cuentos infantiles]]></category>

		<category><![CDATA[esmeralda encantada]]></category>

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Gnomes by Fantastic Toys
Hace muchos, muchos años, hubo una vez un niño que solía jugar debajo de un gran pino cercano a su casa.
Después de cada lluvia, alrededor del árbol brotaban muchos hongos alineados en forma de círculo, que servían de asiento a un grupo de pequeños gnomos, tan chiquitos como muñequitos, pero capaces de [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "La esmeralda encantada", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=101" });</script>]]></description>
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</a></p>
<p><a href="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/gnomes.jpg" title="Gnomes"></a><a href="http://www.myfantastictoys.com"><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/gnomes.jpg" alt="Gnomes" align="top" height="375" width="500" /></a></p>
<p><em><strong>Gnomes</strong></em> by <a href="http://www.myfantastictoys.com">Fantastic Toys</a></p>
<p>Hace muchos, muchos años, hubo una vez un niño que solía jugar debajo de un gran pino cercano a su casa.</p>
<p>Después de cada lluvia, alrededor del árbol brotaban muchos hongos alineados en forma de círculo, que servían de asiento a un grupo de pequeños gnomos, tan chiquitos como muñequitos, pero capaces de hacer cosas maravillosas. Al poco tiempo de conocerse, el muchacho y los gnomos ya eran grandes amigos.<br />
<span id="more-101"></span>Francisco, que así se llamaba el niño, mantenía en secreto esa amistad, porque la gente no suele creer en los gnomos, pero se divertía mucho con ellos.</p>
<p>Pero llegó el invierno y el padre del muchacho decidió hacer leña ese pino. Francisco le rogó de todas formas que no cortara ese árbol, ya que era la morada de sus extraños amigos. El padre aceptó su pedido a condición de que Francisco se ocupara de conseguir la leña para la casa durante todo el invierno.</p>
<p>El chico pasó ese invierno trabajando muy duro, recorriendo la comarca y juntando leña para cumplir la promesa que salvaría al pino; y el padre cumplió la suya, porque así son los padres.</p>
<p>Llegada la primavera los gnomos se enteraron del sacrificio realizado por Francisco para salvar su viejo árbol y decidieron recompensarlo regalándole una cadena de oro con una gran esmeralda.</p>
<p><em>Esta piedra</em> -le dijeron- <em>tiene poderes mágicos que te darán toda la felicidad; mientras la lleves en el cuello serás amado, conseguirás para ti todo lo que quieras y llegarás a ser inmensamente rico. Para el resto de los hombres sólo será una piedra; muy valiosa, pero sin esos poderes.</em></p>
<p>Muy pronto Francisco comprobó la verdad de esas palabras: tenía cuanto deseaba y todo lo que emprendía le salían bien sin ningún esfuerzo, aunque como no ambicionaba riquezas, poco uso le daba a su esmeralda encantada.</p>
<p>Pero ese verano hubo una gran sequía y el hambre se apoderó de hombres y animales, porque se perdieron todas las cosechas.</p>
<p>Francisco intentó solucionar esos males con su piedra encantada, pero todo fue en vano; sus poderes sólo actuaban para él, pero no para los demás. Podría salvarse del hambre y la miseria, pero nunca ayudar a sus semejantes.</p>
<p>Rápidamente corrió hasta la ciudad más cercana, vendió la piedra por la cual le dieron una fortuna, y volvió a su comarca con una enorme carreta cargada de alimentos, ropas y hasta grano para los animales. Para que nadie se enterara de que había sido él quien trajera todo eso, lo fue dejando frente a las casas de noche sin que lo vieran.</p>
<p>A la mañana siguiente todos encontraron los grandes paquetes frente a sus puertas y fue como un día de reyes. Hubo alegría y alivio, aunque nadie sabía a quién darle las gracias.</p>
<p>Pero Francisco estaba preocupado porque tendría que confesar a sus amigos, los gnomos, que se había desprendido de la maravillosa piedra que le regalaran.</p>
<p>Lo hizo con un poco de miedo, pensando que se enojarían.</p>
<p>Pero los gnomos comprendieron que Francisco no necesitaba una piedra encantada para ser feliz, le bastaba con su propia bondad. Por eso le hicieron otro obsequio para que llevara en su cuello; esta vez le dieron un humilde pañuelo, ajustado con un pequeño anillo, echo con un hueso de caracú.</p>
<p>Ese pañuelo -tan parecido al que usan los escuchas- le recordaría siempre que de nada valen las riquezas ni la propia felicidad cuando no se las puede compartir, que lo que se consigue sin esfuerzo carece de verdadero valor y que el amor al prójimo es la mayor alegría que alguien puede gozar, porque no hay felicidad mas linda que dar felicidad.</p>
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		<itunes:subtitle>A boy gets a little help from his friends.</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>Francisco becomes good friends with a group of gnomes. </itunes:summary>
		<itunes:keywords>children,,short,stories,fairy,tales,cuentos,infantiles,spanish,espanol,espantilde;ol,</itunes:keywords>
		<itunes:author>codyscuentos.com</itunes:author>
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		<title>El Príncipe Rana</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jun 2008 23:50:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>

		<category><![CDATA[audio cuento]]></category>

		<category><![CDATA[audiocuento]]></category>

		<category><![CDATA[fairytales in spanish]]></category>

		<category><![CDATA[hermanos grimm]]></category>

		<category><![CDATA[principe rana]]></category>

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		<description><![CDATA[El Príncipe Rana de los Hermanos Grimm
Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto, se detenía cada vez que iluminaba su camino. Cerca del castillo del rey, había [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "El Príncipe Rana", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=98" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>El Príncipe Rana</strong></em> de los Hermanos Grimm</p>
<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/06/frogprince.jpg" alt="FrogPrince" width="300" height="339" align="right" />Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto, se detenía cada vez que iluminaba su camino. Cerca del castillo del rey, había una inmensa y oscura selva, y bajo un viejo árbol de lima había un pozo, y cuando hacía mucho calor, la hija menor del rey iba a la selva a sentarse junto a la fresca fuente, y cuando se aburría, tomaba una bola de oro y la tiraba alto para capturarla. Y esta bola era su juguete favorito.</p>
<p>Pero sucedió que en una ocasión la bola no llegó a las manos que la esperaban, sino que cayó al suelo y rodó hasta caer en el pozo. La hija del rey la siguió con sus ojos, hasta que desapareció. Y el pozo era profundo, tan profundo que no se alcanzaba a ver el fondo. Ella empezó a llorar, y a llorar más alto y más alto sin llegar a sentir consuelo. Y mientras se lamentaba oyó que alguien le decía:</p>
<p>-&#8221;¿Que te sucede, hija del rey?, te lamentas tanto que hasta las piedras te mostrarían piedad.&#8221;</p>
<p><em>Foto: &#8220;The Frog Prince&#8221; by <a href="http://www.flickr.com/people/operapixie/">Laura Sage Ruiz</a></em></p>
<p><span id="more-98"></span></p>
<p>Ella miró alrededor buscando hacia donde venía la voz, y vió a una rana sacando del agua su gran cabeza.</p>
<p>-&#8221;¡Ah!, vieja corredora de aguas, ¿eres tú?&#8221;- preguntó.-&#8221;Estoy llorando por mi bola de oro, que cayó dentro del pozo&#8221;- concluyó diciendo.</p>
<p>-&#8221;Quédate tranquila y no llores más&#8221;- contestó la rana. &#8220;Yo te puedo ayudar, pero ¿que me darás a cambio si te regreso ese juguete de nuevo?&#8221;-</p>
<p>-&#8221;Lo que tú quieras, querida rana&#8221;- dijo ella. -&#8221;Mis vestidos, mis perlas y joyas, y hasta la corona de oro que llevo puesta&#8221;-</p>
<p>La rana respondió: -&#8221;No me interesan tus vestidos, tus perlas o joyas, ni la corona de oro, pero si me amaras y me dejaras ser tu compañera y socia de juegos, y sentarme contigo en tu mesa, y comer de tu plato de oro, y beber de tu vaso, y dormir en tu cama junto a tí. Si tú me prometes cumplir todo eso, yo bajaré y traeré acá de regreso tu bola de oro.&#8221;-</p>
<p>-&#8221;Oh, claro&#8221; - dijo ella, -&#8221;yo te prometo cumplir tus deseos, si me regresas la bola&#8221;-</p>
<p>Ella sin embargo pensaba: -&#8221;¡Cómo habla esa tonta rana! ¡Ella vive en el agua junto a las otras ranas y sapos y no podría ser compañera de ningún ser humano!&#8221;-</p>
<p>Pero la rana, una vez recibida la promesa, metió su cabeza en el agua y se sumegió profundamente, y momentos después subía nadando trayendo en su boca la bola, y la tiró en el zacate. La hija del rey quedó encantada de ver una vez más de nuevo a su juguete, y recogiéndola corrió con ella.</p>
<p>-&#8221;¡Espera, espera!&#8221;- gritaba la rana.     -&#8221;¡Llévame contigo, que no puedo correr como lo haces tú!-</p>
<p>Pero ¿de qué le serviría gritar, aún con su croak, croak, tan fuerte como podía? Ella no la escuchaba, y corrió a su aposento y pronto olvidó a la pobre rana, que se vió obligada a regresar al pozo de nuevo.</p>
<p>Al día siguiente, cuando se sentó a la mesa con el rey y los cortesanos, y había empezado a comer en su plato de oro, algo llegó brincando y sonando splash, splash, a las gradas de mármol, y cuando llegó arriba, tocó a la puerta y gritó:</p>
<p>-&#8221;Princesa, la más joven de las princesas, abréme la puerta a mí.&#8221;-</p>
<p>Ella corrió a ver que había afuera, pero cuando abrió la puerta, encontró a la rana sentada al frente. Entonces ella tiró la puerta a toda prisa, y regresó a sentarse a la mesa y quedó muy asustada. El rey vió que estaba sumamente alterada y que su corazón latía fuertemente y le preguntó:</p>
<p>-&#8221;Mi muchachita, ¿qué es lo que te asustó tanto?, ¿está por casualidad un gigante afuera que quiere raptarte y llevarte lejos?&#8221;-</p>
<p>-&#8221;Oh, no&#8221;- replicó ella. -&#8221;No es un gigante, sino una horrible rana.&#8221;</p>
<p>-“¿Y que hace una rana contigo?”</p>
<p>-&#8221;Ah, mi querido padre, ayer yo estaba en la foresta, sentada junto al pozo, jugando con mi bola de oro, cuándo ésta cayó a lo profundo del pozo. Y como yo lloraba mucho, la rana me la regresó, y como ella insistía, yo le prometí que podía ser mi compañera, ¡pero nunca pensé que sería capaz de alejarse de sus aguas! Y ahora está ahí afuera, esperando que la ingrese conmigo.&#8221;-</p>
<p>Mientras tanto la rana tocó a la puerta por segunda vez, y gritaba:</p>
<p>-¡Princesa! ¡La más joven de las princesas!<br />
¡Ábreme a mi la puerta!<br />
¿Recuerdas lo que me dijiste<br />
ayer en las frescas aguas de la fuente?<br />
¡Princesa, la más joven princesa!<br />
¡Ábreme a mi la puerta!</p>
<p>Entonces dijo el rey:</p>
<p>-&#8221;Lo que tú has prometido, debes cumplirlo. Ve y déjala entrar&#8221;-</p>
<p>Ella fue y abrió la puerta, y la rana saltó y la siguió a ella, paso a paso, hasta su silla. Entonces, cuando la princesa se sentó, la rana gritó:</p>
<p>-&#8221;Levántame para estar a tu lado.&#8221;-</p>
<p>Ella no actuaba, hasta que el rey le ordenó hacerlo. Cuando la rana ya estaba en la silla, le pidió estar en la mesa, y una vez en la mesa dijo:</p>
<p>-&#8221;Ahora, empuja tu plato de oro más cerca de mí de modo que podamos comer juntos.&#8221;-</p>
<p>Ella lo hizo, pero fue fácil ver que lo hacía sin su voluntad. La rana disfrutó de la comida, pero casi todos los bocados que la princesa tomaba, la estremecían. Al final dijo la rana:</p>
<p>-&#8221;Ya he comido y estoy satisfecha; ahora estoy cansada, llévame a tu dormitorio, alista tu sedosa cama, y ambos iremos a dormir.&#8221;-</p>
<p>La hija del rey empezó a llorar, porque tenía miedo de la fría rana que ella no quería tocar, y que iba ahora a dormir en su preciosa y limpia cama. Pero el rey se molestó y dijo:</p>
<p>-&#8221;Aquel que te ayudó cuando estuviste en apuros, no debe ser decepcionado por tí.&#8221;-</p>
<p>Así que ella tomó a la rana con sólo dos dedos, la llevó arriba y la puso en una esquina. Pero cuando ella se metió a su cama, la rana sigilosamente se le acercó y le dijo:</p>
<p>-&#8221;Estoy cansada, quiero dormir tan bien como tú, levántame o se lo diré a tu padre.&#8221;-</p>
<p>Entonces ella se enojó terriblemente, la tomó en sus manos y la lanzó con todas sus fuerzas contra la pared.</p>
<p>-&#8221;Ahora te estarás quieta, odiosa rana.&#8221;- dijo ella.</p>
<p>Pero cuando cayó al suelo ya no era una rana, sino un encantador príncipe de bellos modales.</p>
<p>Ahora, él, por decisión de su padre, es su compañero y esposo. Entonces él le contó cómo había sido hechizado por un malvado brujo, y cómo nadie lo había sacado nunca del pozo, excepto ella, y que mañana podrían ir juntos a su reino. Ambos fueron a dormir, y a la mañana siguiente, al levantar el sol, llegó un carruaje con ocho caballos blancos, con plumas blancas de avestruz en sus cabezas, y con arreos con cadenas de oro, y atrás venía el fiel sirviente Enrique. Había quedado tan infeliz cuando su patrón fue convertido en rana que se había atado tres bandas de hierro alrededor de su corazón para que no reventara de pena y tristeza. El carruaje condujo al príncipe a su reino. El fiel Enrique les ayudó a ambos, y se puso a sus órdenes de nuevo, y estaba lleno de dicha por su rescate. Y cuando iban de camino, el hijo del rey escuchó que algo se quebraba atrás de él. Se volvió y gritó:</p>
<p>-&#8221;Eh, Enrique el carruaje se está quebrando.&#8221;-</p>
<p>-&#8221;No, patrón, no es el carruaje. Es una banda que está sobre mi corazón, que me había puesto por mi gran dolor por su encantamiento como rana dentro del pozo. Otra y otra vez volvieron aquellos sonidos, y el hijo del rey pensaba que el carruaje se estaba quebrando, pero sólo eran las bandas que se reventaban de alrededor del corazón del fiel Enrique porque su patrón era ahora libre y feliz.</p>
<p><a href="http://sharethis.com/item?&wp=2.5.1&amp;publisher=eb186f8e-ffb9-4227-af5e-3018e56a5fb5&amp;title=El+Pr%C3%ADncipe+Rana&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.codyscuentos.com%2F%3Fp%3D98">ShareThis</a></p><div class="feedflare">
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		<itunes:subtitle>El principe rana de los hermanos Grimm. </itunes:subtitle>
		<itunes:summary>El principe rana de los hermanos Grimm.

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		<itunes:keywords>Cuentos,claacute;sicos</itunes:keywords>
		<itunes:author>codyscuentos.com</itunes:author>
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		<item>
		<title>El flautista de Hamelín</title>
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		<comments>http://www.codyscuentos.com/?p=91#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 May 2008 15:37:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>

		<category><![CDATA[audio cuento]]></category>

		<category><![CDATA[audiocuentos]]></category>

		<category><![CDATA[cody's cuentos]]></category>

		<category><![CDATA[flautista de hamelin]]></category>

		<category><![CDATA[pied piper of hamlin]]></category>

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		<description><![CDATA[ This is a short but sweet episode. I added a few sound effects and some flute music from Galicia, a region in northern Spain. This illustration, called &#8220;The Other Face of the Pied Piper of Hamlin&#8221; is by Buenos Aires artist Augustín Sciannamea. You can check out his portfolio here and here. He and [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "El flautista de Hamelín", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=91" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> <img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/hamelin.jpg" alt="PiedPiper" align="top" height="600" width="444" /><img src="http://l.yimg.com/www.flickr.com/images/spaceball.gif" style="position: relative; top: -502px; margin-bottom: -502px; display: block" height="500" width="361" />This is a short but sweet episode. I added a few sound effects and some flute music from Galicia, a region in northern Spain. This illustration, called &#8220;The Other Face of the Pied Piper of Hamlin&#8221; is by Buenos Aires artist <a href="http://www.flickr.com/photos/je_ne_sais_pas/">Augustín Sciannamea</a>. You can check out his portfolio <a href="http://www.coroflot.com/socatoa">here</a> and <a href="http://www.artwanted.com/artist.cfm?ArtID=35931&amp;SetBG=Yes">here</a>. He and I are currently talking about the possibility of him illustrating future stories of Cody&#8217;s Cuentos. Stay tuned!</p>
<p><em><strong>El Flautista de Hamelín</strong></em></p>
<p>En un pueblito de nombre Hamelín se habían instalado, siendo dueños y señores, todos los ratones habidos y por haber, arrasando con la comida de todos sus habitantes. Esto se debía a que Hamelín estaba dirigido por una Reina muy tacaña, que no quería hacer ningún gasto para poner remedio a la invasión de ratones.</p>
<p>-¡Esto es terrible, se llevan mi propia comida! <span id="more-91"></span> La Reina, cuando vio que los ratones habían llegado a su palacio, mandó llamar a un jovencito que tenía fama de hacer desaparecer los roedores con ayuda de su flauta.</p>
<p>-¡Yo, Reina de Hamelín, te prometo una bolsa de oro si consigues librarme de esos comequesos!</p>
<p>-<em>¡Así lo haré!</em> -contestó el muchacho, haciendo sonar su flauta.</p>
<p>Los ratones, hechizados por el mágico sonido, lo siguieron hasta el río cercano, donde todos subieron a una balsa y se perdieron en la distancia.</p>
<p>El flautista, después de haber dejado a Hamelín sin ningún ratón, fue con la Reina para recibir su recompensa. Pero la Reina, que era muy codiciosa, no quiso cumplir con su promesa.</p>
<p>-¡No creo deberte nada, fuera de mi reino!</p>
<p>-¡Eres muy injusta y por eso me vengaré! -dijo el caballero muy enojado.</p>
<p>Entonces hizo sonar la flauta y todos los niños del pueblo lo siguieron, escuchando su sonido. Se los llevó a una montaña y los encerró en una gran cueva, desconocida por todo el mundo. Así se vengó de aquella reina tan mentirosa y mala.</p>
<p>Pasaron varios meses y Hamelín se transformó en un pueblo triste, sin las risas y la alegría de los niños; hasta las flores tenían el color pálido de tanta tristeza.</p>
<p>Todos los padres de los niños marcharon juntos al castillo para reclamarle a la Reina, pidiéndole que pagara al flautista la deuda, porque no querían quedarse sin sus amados hijos.  La Reina no tuvo más remedio que pagar al flautista, y entonces todos los niños regresaron a sus hogares, trayendo con ellos nuevamente la felicidad al reino.</p>
<p>Desde ese momento, aquella Reina cumplió siempre sus promesas.</p>
<p><em>Song played during the story is &#8220;Galician Carol&#8221; by Carlos Nuñez. Closing song is &#8220;No Confin Dos Verde&#8221; by Milladoiro from Galicia, Spain.</em></p>
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		<itunes:summary>This is a short but sweet episode. I added a few sound effects and some flute music from Galicia, a region in northern Spain. This illustration, called "The Other Face of the Pied Piper of Hamlin" is by Buenos Aires artist Augustiacute;n Sciannamea. You can check out his portfolio here and here. He and I are currently talking about the possibility of him illustrating future stories of Cody's Cuentos. Stay tuned!

El Flautista de Hameliacute;n

En un pueblito de nombre Hameliacute;n se habiacute;an instalado, siendo duentilde;os y sentilde;ores, todos los ratones habidos y por haber, arrasando con la comida de todos sus habitantes. Esto se debiacute;a a que Hameliacute;n estaba dirigido por una Reina muy tacantilde;a, que no queriacute;a hacer ninguacute;n gasto para poner remedio a la invasioacute;n de ratones.

-iexcl;Esto es terrible, se llevan mi propia comida!  La Reina, cuando vio que los ratones habiacute;an llegado a su palacio, mandoacute; llamar a un jovencito que teniacute;a fama de hacer desaparecer los roedores con ayuda de su flauta.

-iexcl;Yo, Reina de Hameliacute;n, te prometo una bolsa de oro si consigues librarme de esos comequesos!

-iexcl;Asiacute; lo hareacute;! -contestoacute; el muchacho, haciendo sonar su flauta.

Los ratones, hechizados por el maacute;gico sonido, lo siguieron hasta el riacute;o cercano, donde todos subieron a una balsa y se perdieron en la distancia.

El flautista, despueacute;s de haber dejado a Hameliacute;n sin ninguacute;n ratoacute;n, fue con la Reina para recibir su recompensa. Pero la Reina, que era muy codiciosa, no quiso cumplir con su promesa.

-iexcl;No creo deberte nada, fuera de mi reino!

-iexcl;Eres muy injusta y por eso me vengareacute;! -dijo el caballero muy enojado.

Entonces hizo sonar la flauta y todos los nintilde;os del pueblo lo siguieron, escuchando su sonido. Se los llevoacute; a una montantilde;a y los encerroacute; en una gran cueva, desconocida por todo el mundo. Asiacute; se vengoacute; de aquella reina tan mentirosa y mala.

Pasaron varios meses y Hameliacute;n se transformoacute; en un pueblo triste, sin las risas y la alegriacute;a de los nintilde;os; hasta las flores teniacute;an el color paacute;lido de tanta tristeza.

Todos los padres de los nintilde;os marcharon juntos al castillo para reclamarle a la Reina, pidieacute;ndole que pagara al flautista la deuda, porque no queriacute;an quedarse sin sus amados hijos.  La Reina no tuvo maacute;s remedio que pagar al flautista, y entonces todos los nintilde;os regresaron a sus hogares, trayendo con ellos nuevamente la felicidad al reino.

Desde ese momento, aquella Reina cumplioacute; siempre sus promesas.

Song played during the story is "Galician Carol" by Carlos Nuntilde;ez. Closing song is "No Confin Dos Verde" by Milladoiro from Galicia, Spain.ShareThis</itunes:summary>
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		<title>Are you enjoying this podcast?</title>
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		<pubDate>Wed, 28 May 2008 16:01:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Announcements]]></category>

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		<description><![CDATA[Cody&#8217;s Cuentos is a 100% commercial-free program and blog. This is probably one of the few blogs on the planet that isn&#8217;t running a single Google ad.  My plan is to find a sponsor for this podcast so that I can keep it going for a long time to come, but first I need [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Are you enjoying this podcast?", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=94" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/powered-by-cody.jpg" alt="PodcastCody" align="right" height="300" width="300" />Cody&#8217;s Cuentos is a 100% commercial-free program and blog. This is probably one of the few blogs on the planet that isn&#8217;t running a single Google ad. <img src='http://www.codyscuentos.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> My plan is to find a sponsor for this podcast so that I can keep it going for a long time to come, but first I need to show that the program has a growing and enthusiastic audience.If listening to this podcast brings you enjoyment and brightens your day, there are several ways you can show your appreciation and support the program at the same time.Here are some ideas:</p>
<ul>
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</ul>
<p>P.S. And if you&#8217;ve already done some or all of the above,<strong><em> ¡¡te lo agradezco muchísimo!!</em></strong></p>
<p>Muchas gracias,</p>
<p>Eleena</p>
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		<title>La ciudad de Esteco</title>
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		<pubDate>Mon, 26 May 2008 20:57:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Leyendas]]></category>

		<category><![CDATA[audiocuentos]]></category>

		<category><![CDATA[ciudad de esteco]]></category>

		<category><![CDATA[leyenda argentina]]></category>

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		<description><![CDATA[


La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata.
Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "La ciudad de Esteco", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=92" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><br />
<u><strong><br />
</strong></u></p>
<p>La ciudad de Esteco era, según la leyenda, la más rica y poderosa de las ciudades del norte argentino. Se levantaba en medio de un fértil y hermoso paisaje de la provincia de Salta. Sus magníficos edificios resplandecían revestidos de oro y plata.</p>
<p>Los habitantes de Esteco estaban orgullosos de su ciudad y de la riqueza que habían acumulado. Usaban un lujo desmedido y en todo revelaban ostentación y derroche. Eran soberbios y petulantes. Si se les caía un objeto cualquiera, aunque fuese un pañuelo o un sombrero, y aun dinero, no se inclinaban siquiera para mirarlos, mucho menos para levantarlos. Sólo vivían para la vanidad, la holganza y el placer. Eran, además, mezquinos e insolentes con los pobres, y despiadados con los esclavos.</p>
<p><span id="more-92"></span></p>
<p>Un día un viejo misionero entró en la ciudad para redimirla. Pidió limosna de puerta en puerta y nadie lo socorrió. Sólo una mujer muy pobre que vivía en las afueras de la ciudad con un hijo pequeño, mató la única gallinita que tenía para dar de comer al peregrino.</p>
<p>El misionero predicó desde el púlpito la necesidad de volver a las costumbres sencillas y puras, de practicar la caridad, de ser humildes y generosos, y todo el mundo hizo burlas de tales pretensiones. Predijo, entonces, que si la población no daba pruebas de enmienda, la ciudad sería destruida por un terremoto. La mofa fue general y la palabra terremoto se mezcló a los chistes más atrevidos. Pedían, por ejemplo, en las tiendas, cintas de color terremoto.</p>
<p>El misionero se presento en la casa de la mujer pobre y le ordenó que en la madrugada de ese día saliera de la ciudad con su hijito en brazos. Le anunció que la ciudad se perdería, que ella sería salvada por su caridad, pero que debía acatar una condición: no volver la cabeza para mirar hacia atrás aunque le pareciera que se perdía el mundo; si no lograba dominarse, también le alcanzaría un castigo.</p>
<p>La mujer obedeció al misionero. A la madrugada salió con su hijito en brazos. Un trueno ensordecedor anunció la catástrofe. La tierra se estremeció en un pavoroso terremoto, se abrieron grietas inmensas y lenguas de fuego brotaban por todas partes. La ciudad y sus gentes se hundieron en esos abismos ardientes. La mujer caritativa marchó un rato oyendo a sus espaldas el fragor del terremoto y los lamentos de las gentes, pero no pudo más y volvió la cabeza, aterrada y curiosa. En el acto se transformó en una mole de piedra que conserva la forma de una mujer que lleva un niño en brazos. Los campesinos la ven a distancia, y la reconocen; dicen que cada año da un paso hacia la ciudad de Salta.<br />
<br clear="all" /></p>
<p><a href="http://sharethis.com/item?&wp=2.5.1&amp;publisher=eb186f8e-ffb9-4227-af5e-3018e56a5fb5&amp;title=La+ciudad+de+Esteco&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.codyscuentos.com%2F%3Fp%3D92">ShareThis</a></p><div class="feedflare">
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		<itunes:subtitle>An Argentine legend.</itunes:subtitle>
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		<title>Cielito Lindo</title>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2008 22:02:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos regionales]]></category>

		<category><![CDATA[audio cuentos]]></category>

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		<category><![CDATA[cielito lindo]]></category>

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		<category><![CDATA[marta gomez]]></category>

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		<description><![CDATA[At the end of &#8220;El callejón de la Buena Muerte,&#8221; is a beautiful rendition of Cielito Lindo sung by Colombian singer Marta Gómez. The song is from her album Entre Cada Palabra and is a lovely lullaby. Here are the lyrics:

&#160;
&#160;
&#160;
De la Sierra Morena,
Cielito lindo vienen bajando,
Un par de ojitos negros,
Cielito lindo de contrabando
&#160;
 Coro:
Ay,ay,ay,ay,
Canta, [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "Cielito Lindo", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=87" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/entre_cada_palabra.jpg" alt="MartaGomez" align="left" height="190" width="190" />At the end of &#8220;El callejón de la Buena Muerte,&#8221; is a beautiful rendition of <em><strong>Cielito Lindo</strong></em> sung by Colombian singer <a href="http://www.martagomez.com/index.pl/band">Marta Gómez</a>. The song is from her album <a href="http://www.martagomez.com/index.pl/music"><em>Entre Cada Palabra</em></a> and is a lovely lullaby. Here are the lyrics:</p>
<p><span id="more-87"></span></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><em>De la Sierra Morena,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo vienen bajando,</em></p>
<p align="center"><em>Un par de ojitos negros,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo de contrabando</em></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"> <strong>Coro:</strong></p>
<p align="center"><em>Ay,ay,ay,ay,</em></p>
<p align="center"><em>Canta, no llores</em></p>
<p align="center"><em>Porque cantando se alegran,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo los corazones </em></p>
<p align="center"><em>Ese lunar que tienes,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo, junto a la boca,</em></p>
<p align="center"><em>No se lo des a nadie,</em></p>
<p align="center"><em>Cielito lindo que a mí me toca</em></p>
<p align="center"><strong>Coro</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><a href="http://sharethis.com/item?&wp=2.5.1&amp;publisher=eb186f8e-ffb9-4227-af5e-3018e56a5fb5&amp;title=Cielito+Lindo&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.codyscuentos.com%2F%3Fp%3D87">ShareThis</a></p><div class="feedflare">
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		<title>El callejón de la Buena Muerte</title>
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		<pubDate>Sat, 17 May 2008 21:35:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Leyendas]]></category>

		<category><![CDATA[audio cuentos]]></category>

		<category><![CDATA[audiocuentos]]></category>

		<category><![CDATA[callejon buena muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace muchísimos años en uno de los callejones de la ciudad vivía una viejita que subsistía de las limosnas que recibía, tenía un pequeño nieto que alegraba su mísera existencia y que la acompañaba diariamente en sus recorridos para pedir limosna. Tanto ella como el niño vestían con ropa viejas y harapientas aunque siempre limpias, [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "El callejón de la Buena Muerte", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=85" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace muchísimos años en uno de los callejones de la ciudad vivía una viejita que subsistía de las limosnas que recibía, tenía un pequeño nieto que alegraba su mísera existencia y que la acompañaba diariamente en sus recorridos para pedir limosna. Tanto ella como el niño vestían con ropa viejas y harapientas aunque siempre limpias, y poco era lo que comían; habitaban en una pequeña casa que era solo un cuartito.</p>
<p><span id="more-85"></span></p>
<p>La viejita tenía constantemente la preocupación de que si se moría, el pequeño se quedaría solo y desamparado, había noches en que no podía dormir pensando en ello, pues no tenían ningún pariente; se encontraban solos en el mundo. En una ocasión el niño enfermó gravemente, ella desesperada no hacía más que llorar y rezar, pidiéndole a Dios que no se llevara lo único que tenía. En eso, se le apareció la Muerte diciéndole que debido a sus ruegos, estaba dispuesta a dejarle a su nieto, pero con la condición de que ella quedara ciega por el resto de sus días; trato que, sin pensarlo, la anciana aceptó. Desde entonces el niño le sirvió de lazarillo, y la gente al ver ese triste cuadro, aumentó sus dádivas.<br />
Pasó el tiempo y fue ella la que enfermó; el niño le preguntaba a quién debería rezar, a quién debía encomendarla para que no fuera a morir y a dejarlo solo. La ancianita le contó que al nacer él, su madre había muerto y que, desde entonces, ella había vivido para cuidarlo y quererlo. Se quedaron dormidos y, en el sueño, la anciana volvió a ver a la Muerte; con su figura esquelética vestida de negro, le anunció que venía por ella, la viejecita le suplicó que la dejara un tiempo más, y la Muerte le dijo que lo haría a cambio de los ojos del niño, pero ella no aceptó porque no quería que el pequeño sufriera. La Muerte le dijo entonces que lo único que podía hacer era llevárselos a los dos para que estuvieran juntos para siempre. La anciana aceptó, pidiéndole que lo hiciera en ese momento para que el niño, que estaba durmiendo, para que no sintiera nada.</p>
<p>Así lo hizo la Muerte, llevándoselos al otro mundo y, justo en ese momento, los vecinos oyeron el doblar de las campanas, de una manera tan misteriosa, que su sonido no se parecía a ningún otro. Cuando amaneció, los vecinos se dieron cuenta de lo sucedido, pensando que la abuelita y el nieto habían muerto de frío.</p>
<p>Una vecina corrió la voz de que había sido la propia viejecita quien había pedido a la Muerte que se los llevara juntos, para no padecer más y, con el tiempo se dijo que la Muerte se aparecía frecuentemente por ese callejón y que se le veía por las noches, como una sombra, cerca de aquel cuartito; después a petición de los vecinos, el cuartucho aquel fue derribado, con objeto de levantar allí una capillita en donde se veneraría al Señor del Buen Viaje, en recuerdo de aquel suceso.</p>
<p><a href="http://sharethis.com/item?&wp=2.5.1&amp;publisher=eb186f8e-ffb9-4227-af5e-3018e56a5fb5&amp;title=El+callej%C3%B3n+de+la+Buena+Muerte&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.codyscuentos.com%2F%3Fp%3D85">ShareThis</a></p><div class="feedflare">
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		<itunes:summary>A Mexican legend. Transcript available at www.codyscuentos.com. Closing song, Cielito Lindo, sung by Marta Gomez.</itunes:summary>
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		<itunes:author>codyscuentos.com</itunes:author>
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		<title>La Cenicienta (Cinderella)</title>
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		<pubDate>Thu, 08 May 2008 18:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>voicesenespanol@gmail.com (codyscuentos.com)</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Cuentos clásicos]]></category>

		<category><![CDATA[audio cuento]]></category>

		<category><![CDATA[cenicienta]]></category>

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		<category><![CDATA[cuento infantil]]></category>

		<category><![CDATA[spanish]]></category>

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		<description><![CDATA[This is the longest story we&#8217;ve podcast to date. It&#8217;s almost 16 minutes long. Hundreds of you have downloaded this podcast but only two people have requested transcripts. Hmmm. Does that mean that my earlier assumption (that no transcript was necessary) was right?  In any case, I&#8217;ve gone ahead and added the full text [...]<script type="text/javascript">SHARETHIS.addEntry({ title: "La Cenicienta (Cinderella)", url: "http://www.codyscuentos.com/?p=80" });</script>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.codyscuentos.com/wp-content/uploads/2008/05/cinderella.jpg" alt="Cinderella" align="left" height="182" width="240" />This is the longest story we&#8217;ve podcast to date. It&#8217;s almost 16 minutes long. Hundreds of you have downloaded this podcast but only two people have requested transcripts. Hmmm. Does that mean that my earlier assumption (that no transcript was necessary) was right?  In any case, I&#8217;ve gone ahead and added the full text below. ¡Hasta luego!</p>
<p><em>Photo: &#8220;A Cinderella story&#8221; by <a href="http://www.flickr.com/photos/northernstarandthewhiterabbit/1386913322/">northern star</a></em></p>
<p><span id="more-80"></span></p>
<p>La Cenicienta<br />
por Charles Perrault</p>
<p>Había una vez un gentilhombre que se casó en segundas nupcias con una mujer, la más altanera y orgullosa que jamás se haya visto. Tenía dos hijas por el estilo y que se le parecían en todo.</p>
<p>El marido, por su lado, tenía una hija, pero de una dulzura y bondad sin par; lo había heredado de su madre que era la mejor persona del mundo.</p>
<p>Junto con realizarse la boda, la madrasta dio libre curso a su mal carácter; no pudo soportar las cualidades de la joven, que hacían aparecer todavía más odiables a sus hijas. La obligó a las más viles tareas de la casa: ella era la que fregaba los pisos y la vajilla, la que limpiaba los cuartos de la señora y de las señoritas sus hijas; dormía en lo más alto de la casa, en una buhardilla, sobre una mísera pallasa, mientras sus hermanas ocupaban habitaciones con parquet, donde tenían camas a la última moda y espejos en que podían mirarse de cuerpo entero.</p>
<p>La pobre muchacha aguantaba todo con paciencia, y no se atrevía a quejarse ante su padre, de miedo que le reprendiera pues su mujer lo dominaba por completo. Cuando terminaba sus quehaceres, se instalaba en el rincón de la chimenea, sentándose sobre las cenizas, lo que le había merecido el apodo de Culocenizón. La menor, que no era tan mala como la mayor, la llamaba Cenicienta; sin embargo Cenicienta, con sus míseras ropas, no dejaba de ser cien veces más hermosa que sus hermanas que andaban tan ricamente vestidas.</p>
<p>Sucedió que el hijo del rey dio un baile al que invitó a todas las personas distinguidas; nuestras dos señoritas también fueron invitadas, pues tenían mucho nombre en la comarca. Helas aquí muy satisfechas y preocupadas de elegir los trajes y peinados que mejor les sentaran; nuevo trabajo para Cenicienta pues era ella quien planchaba la ropa de sus hermanas y plisaba los adornos de sus vestidos. No se hablaba más que de la forma en que irían trajeadas.</p>
<p>-Yo, dijo la mayor, me pondré mi vestido de terciopelo rojo y mis adornos de Inglaterra.</p>
<p>-Yo, dijo la menor, iré con mi falda sencilla; pero en cambio, me pondré mi abrigo con flores de oro y mi prendedor de brillantes, que no pasarán desapercibidos.</p>
<p>Manos expertas se encargaron de armar los peinados de dos pisos y se compraron lunares postizos. Llamaron a Cenicienta para pedirle su opinión, pues tenía buen gusto. Cenicienta las aconsejó lo mejor posible, y se ofreció incluso para arreglarles el peinado, lo que aceptaron. Mientras las peinaba, ellas le decían:</p>
<p>-Cenicienta, ¿te gustaría ir al baile?</p>
<p>-Ay, señoritas, os estáis burlando, eso no es cosa para mí.</p>
<p>-Tienes razón, se reirían bastante si vieran a un Culocenizón entrar al baile.</p>
<p>Otra que Cenicienta les habría arreglado mal los cabellos, pero ella era buena y las peinó con toda perfección.</p>
<p>Tan contentas estaban que pasaron cerca de dos días sin comer. Más de doce cordones rompieron a fuerza de apretarlos para que el talle se les viera más fino, y se lo pasaban delante del espejo.</p>
<p>Finalmente, llegó el día feliz; partieron y Cenicienta las siguió con los ojos y cuando las perdió de vista se puso a llorar. Su madrina, que la vio anegada en lágrimas, le preguntó qué le pasaba.</p>
<p>-Me gustaría&#8230; me gustaría&#8230;</p>
<p>Lloraba tanto que no pudo terminar. Su madrina, que era un hada, le dijo:</p>
<p>-¿Te gustaría ir al baile, no es cierto?</p>
<p>-¡Ay, sí!, -dijo Cenicienta suspirando.</p>
<p>-¡Bueno, te portarás bien!, -dijo su madrina-, yo te haré ir.</p>
<p>La llevó a su cuarto y le dijo:</p>
<p>-Ve al jardín y tráeme un zapallo.</p>
<p>Cenicienta fue en el acto a coger el mejor que encontró y lo llevó a su madrina, sin poder adivinar cómo este zapallo podría hacerla ir al baile. Su madrina lo vació y dejándole solamente la cáscara, lo tocó con su varita mágica e instantáneamente el zapallo se convirtió en un bello carruaje todo dorado.</p>
<p>En seguida miró dentro de la ratonera donde encontró seis ratas vivas. Le dijo a Cenicienta que levantara un poco la puerta de la trampa, y a cada rata que salía le daba un golpe con la varita, y la rata quedaba automáticamente transformada en un brioso caballo; lo que hizo un tiro de seis caballos de un hermoso color gris ratón. Como no encontraba con qué hacer un cochero:</p>
<p>-Voy a ver -dijo Cenicienta-, si hay algún ratón en la trampa, para hacer un cochero.</p>
<p>-Tienes razón, -dijo su madrina-, anda a ver.</p>
<p>Cenicienta le llevó la trampa donde había tres ratones gordos. El hada eligió uno por su imponente barba, y habiéndolo tocado quedó convertido en un cochero gordo con un precioso bigote. En seguida, ella le dijo:</p>
<p>-Baja al jardín, encontrarás seis lagartos detrás de la regadera; tráemelos.</p>
<p>Tan pronto los trajo, la madrina los trocó en seis lacayos que se subieron en seguida a la parte posterior del carruaje, con sus trajes galoneados, sujetándose a él como si en su vida hubieran hecho otra cosa. El hada dijo entonces a Cenicienta:</p>
<p>-Bueno, aquí tienes para ir al baile, ¿no estás bien aperada?</p>
<p>-Es cierto, pero, ¿podré ir así, con estos vestidos tan feos?</p>
<p>Su madrina no hizo más que tocarla con su varita, y al momento sus ropas se cambiaron en magníficos vestidos de paño de oro y plata, todos recamados con pedrerías; luego le dio un par de zapatillas de cristal, las más preciosas del mundo.</p>
<p>Una vez ataviada de este modo, Cenicienta subió al carruaje; pero su madrina le recomendó sobre todo que regresara antes de la medianoche, advirtiéndole que si se quedaba en el baile un minuto más, su carroza volvería a convertirse en zapallo, sus caballos en ratas, sus lacayos en lagartos, y que sus viejos vestidos recuperarían su forma primitiva. Ella prometió a su madrina que saldría del baile antes de la medianoche. Partió, loca de felicidad.</p>
<p>El hijo del rey, a quien le avisaron que acababa de llegar una gran princesa que nadie conocía, corrió a recibirla; le dio la mano al bajar del carruaje y la llevó al salón donde estaban los comensales. Entonces se hizo un gran silencio: el baile cesó y los violines dejaron de tocar, tan absortos estaban todos contemplando la gran belleza de esta desconocida. Sólo se oía un confuso rumor:</p>
<p>-¡Ah, qué hermosa es!</p>
<p>El mismo rey, siendo viejo, no dejaba de mirarla y de decir por lo bajo a la reina que desde hacía mucho tiempo no veía una persona tan bella y graciosa. Todas las damas observaban con atención su peinado y sus vestidos, para tener al día siguiente otros semejantes, siempre que existieran telas igualmente bellas y manos tan diestras para confeccionarlos. El hijo del rey la colocó en el sitio de honor y en seguida la condujo al salón para bailar con ella. Bailó con tanta gracia que fue un motivo más de admiración.</p>
<p>Trajeron exquisitos manjares que el príncipe no probó, ocupado como estaba en observarla. Ella fue a sentarse al lado de sus hermanas y les hizo mil atenciones; compartió con ellas los limones y naranjas que el príncipe le había obsequiado, lo que las sorprendió mucho, pues no la conocían. Charlando así estaban, cuando Cenicienta oyó dar las once y tres cuartos; hizo al momento una gran reverenda a los asistentes y se fue a toda prisa.</p>
<p>Apenas hubo llegado, fue a buscar a su madrina y después de darle las gracias, le dijo que desearía mucho ir al baile al día siguiente porque el príncipe se lo había pedido. Cuando le estaba contando a su madrina todo lo que había sucedido en el baile, las dos hermanas golpearon a su puerta; Cenicienta fue a abrir.</p>
<p>-¡Cómo habéis tardado en volver! -les dijo bostezando, frotándose los ojos y estirándose como si acabara de despertar; sin embargo no había tenido ganas de dormir desde que se separaron.</p>
<p>-Si hubieras ido al baile -le dijo una de las hermanas-, no te habrías aburrido; asistió la más bella princesa, la más bella que jamás se ha visto; nos hizo mil atenciones, nos dio naranjas y limones.</p>
<p>Cenicienta estaba radiante de alegría. Les preguntó el nombre de esta princesa; pero contestaron que nadie la conocía, que el hijo del rey no se conformaba y que daría todo en el mundo por saber quién era. Cenicienta sonrió y les dijo:</p>
<p>-¿Era entonces muy hermosa? Dios mío, felices vosotras, ¿no podría verla yo? Ay, señorita Javotte, prestadme el vestido amarillo que usáis todos los días.</p>
<p>-Verdaderamente -dijo la señorita Javotte-, ¡no faltaba más! Prestarle mi vestido a tan feo Culocenizón&#8230; tendría que estar loca.</p>
<p>Cenicienta esperaba esta negativa, y se alegró, pues se habría sentido bastante confundida si su hermana hubiese querido prestarle el vestido.</p>
<p>Al día siguiente las dos hermanas fueron al baile, y Cenicienta también, pero aún más ricamente ataviada que la primera vez. El hijo del rey estuvo constantemente a su lado y diciéndole cosas agradables; nada aburrida estaba la joven damisela y olvidó la recomendación de su madrina; de modo que oyó tocar la primera campanada de medianoche cuando creía que no eran ni las once. Se levantó y salió corriendo, ligera como una gacela. El príncipe la siguió, pero no pudo alcanzarla; ella había dejado caer una de sus zapatillas de cristal que el príncipe recogió con todo cuidado.</p>
<p>Cenicienta llegó a casa sofocada, sin carroza, sin lacayos, con sus viejos vestidos, pues no le había quedado de toda su magnificencia sino una de sus zapatillas, igual a la que se le había caído.</p>
<p>Preguntaron a los porteros del palacio si habían visto salir a una princesa; dijeron que no habían visto salir a nadie, salvo una muchacha muy mal vestida que tenía más aspecto de aldeana que de señorita.</p>
<p>Cuando sus dos hermanas regresaron del baile, Cenicienta les preguntó si esta vez también se habían divertido y si había ido la hermosa dama. Dijeron que sí, pero que había salido escapada al dar las doce, y tan rápidamente que había dejado caer una de sus zapatillas de cristal, la más bonita del mundo; que el hijo del rey la había recogido dedicándose a contemplarla durante todo el resto del baile, y que sin duda estaba muy enamorado de la bella personita dueña de la zapatilla. Y era verdad, pues a los pocos días el hijo del rey hizo proclamar al son de trompetas que se casaría con la persona cuyo pie se ajustara a la zapatilla.</p>
<p>Empezaron probándola a las princesas, en seguida a las duquesas, y a toda la corte, pero inútilmente. La llevaron donde las dos hermanas, las que hicieron todo lo posible para que su pie cupiera en la zapatilla, pero no pudieron. Cenicienta, que las estaba mirando, y que reconoció su zapatilla, dijo riendo:</p>
<p>-¿Puedo probar si a mí me calza?</p>
<p>Sus hermanas se pusieron a reír y a burlarse de ella. El gentilhombre que probaba la zapatilla, habiendo mirado atentamente a Cenicienta y encontrándola muy linda, dijo que era lo justo, y que él tenía orden de probarla a todas las jóvenes. Hizo sentarse a Cenicienta y acercando la zapatilla a su piececito, vio que encajaba sin esfuerzo y que era hecha a su medida.</p>
<p>Grande fue el asombro de las dos hermanas, pero más grande aún cuando Cenicienta sacó de su bolsillo la otra zapatilla y se la puso. En esto llegó la madrina que, habiendo tocado con su varita los vestidos de Cenicienta, los volvió más deslumbrantes aún que los anteriores.</p>
<p>Entonces las dos hermanas la reconocieron como la persona que habían visto en el baile. Se arrojaron a sus pies para pedirle perdón por todos los malos tratos que le habían infligido. Cenicienta las hizo levantarse y les dijo, abrazándolas, que las perdonaba de todo corazón y les rogó que siempre la quisieran.</p>
<p>Fue conducida ante el joven príncipe, vestida como estaba. Él la encontró más bella que nunca, y pocos días después se casaron. Cenicienta, que era tan buena como hermosa, hizo llevar a sus hermanas a morar en el palacio y las casó en seguida con dos grandes señores.</p>
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		<itunes:subtitle>This is the longest story we've podcast to date. It's almost 16 minutes long. Hundreds of you have downloaded this podcast but only two people ...</itunes:subtitle>
		<itunes:summary>This is the longest story we've podcast to date. It's almost 16 minutes long. Hundreds of you have downloaded this podcast but only two people have requested transcripts. Hmmm. Does that mean that my earlier assumption (that no transcript was necessary) was right?  In any case, I've gone ahead and added the full text below. iexcl;Hasta luego!

Photo: "A Cinderella story" by northern star



La Cenicienta
por Charles Perrault

Habiacute;a una vez un gentilhombre que se casoacute; en segundas nupcias con una mujer, la maacute;s altanera y orgullosa que jamaacute;s se haya visto. Teniacute;a dos hijas por el estilo y que se le pareciacute;an en todo.

El marido, por su lado, teniacute;a una hija, pero de una dulzura y bondad sin par; lo habiacute;a heredado de su madre que era la mejor persona del mundo.

Junto con realizarse la boda, la madrasta dio libre curso a su mal caraacute;cter; no pudo soportar las cualidades de la joven, que haciacute;an aparecer todaviacute;a maacute;s odiables a sus hijas. La obligoacute; a las maacute;s viles tareas de la casa: ella era la que fregaba los pisos y la vajilla, la que limpiaba los cuartos de la sentilde;ora y de las sentilde;oritas sus hijas; dormiacute;a en lo maacute;s alto de la casa, en una buhardilla, sobre una miacute;sera pallasa, mientras sus hermanas ocupaban habitaciones con parquet, donde teniacute;an camas a la uacute;ltima moda y espejos en que podiacute;an mirarse de cuerpo entero.

La pobre muchacha aguantaba todo con paciencia, y no se atreviacute;a a quejarse ante su padre, de miedo que le reprendiera pues su mujer lo dominaba por completo. Cuando terminaba sus quehaceres, se instalaba en el rincoacute;n de la chimenea, sentaacute;ndose sobre las cenizas, lo que le habiacute;a merecido el apodo de Culocenizoacute;n. La menor, que no era tan mala como la mayor, la llamaba Cenicienta; sin embargo Cenicienta, con sus miacute;seras ropas, no dejaba de ser cien veces maacute;s hermosa que sus hermanas que andaban tan ricamente vestidas.

Sucedioacute; que el hijo del rey dio un baile al que invitoacute; a todas las personas distinguidas; nuestras dos sentilde;oritas tambieacute;n fueron invitadas, pues teniacute;an mucho nombre en la comarca. Helas aquiacute; muy satisfechas y preocupadas de elegir los trajes y peinados que mejor les sentaran; nuevo trabajo para Cenicienta pues era ella quien planchaba la ropa de sus hermanas y plisaba los adornos de sus vestidos. No se hablaba maacute;s que de la forma en que iriacute;an trajeadas.

-Yo, dijo la mayor, me pondreacute; mi vestido de terciopelo rojo y mis adornos de Inglaterra.

-Yo, dijo la menor, ireacute; con mi falda sencilla; pero en cambio, me pondreacute; mi abrigo con flores de oro y mi prendedor de brillantes, que no pasaraacute;n desapercibidos.

Manos expertas se encargaron de armar los peinados de dos pisos y se compraron lunares postizos. Llamaron 