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    <title><![CDATA[CRITICALIA.COM -- Revista Española de Opinión Cinematográfica]]></title>
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      <title>Archivo de Criticas</title>
      <description>Encuentra la crítica que buscas en nuestro archivo. Multiples apartados te facilitarán la búsuqeda.</description>
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      <pubDate>Tue, 01 Jan 2001 00:00:01 +0200</pubDate>
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      <title>Autores de Criticas</title>
      <description>La información de nuestros autores.</description>
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      <title>Articulos de los Autores</title>
      <description>Los Articulos publicados por nuestros autores.</description>
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      <title>Libro de visitas</title>
      <description>Dejanos constancia de tu paso por criticalia.com.</description>
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      <pubDate>Tue, 01 Jan 2001 00:00:01 +0200</pubDate>
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      <title>Critica de la pelicula 'La mula'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/lamula.jpg"  alt="La mula"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />La historia de cómo se hizo y, sobre todo, qué pasó después del rodaje de este filme, es casi más interesante que la película misma. La película se rodó en 2009, pero, según cuenta la productora española (Alejandra Frade, hija de José Frade, el histórico productor español), a falta de una semana para su terminación, la productora británica, Workhorse Entertainment, postuló unos cambios a niveles contractuales que la productora mayoritaria, la parte española, no aceptó, motivo por el que el director, Michael Radford, vinculado a la producción inglesa, se retiró del proyecto y desautorizó la utilización de su nombre en la película, razón por la que el filme figura dirigido por Anónimo, primer caso, que yo recuerde, que se da en España, si bien en otras cinematografías, como la norteamericana, es relativamente frecuente, utilizando para esos casos el heterónimo de Alan Smithee.<br />
Terminada la película por un técnico contratado “ad hoc”, el siguiente paso de este culebrón fue la denegación administrativa por parte del Ministerio de Cultura de la autorización para poder ser comercializada, alegando declaración de lesividad, un abstruso término jurídico que no se sabía bien si podía ocultar una censura encubierta (cosa impensable a estas alturas) o algún tipo de presión por parte de Radford o la productora inglesa. Pleitos mediante, a finales del año 2012 se falla a favor de la productora española y se autoriza judicialmente su permiso administrativo para ser comercializada.<br />
En cuanto a <strong><em>La mula </em></strong>en sí misma, lo cierto es que es posible que la defección de Radford haya podido influir en el resultado, si bien es cierto que contar en el montaje con Teresa Font, quien se puede considerar sin duda como el mejor técnico (sin diferenciar sexos) de su gremio en España, era una garantía de que el filme, a poco que los mimbres no fueran febles, podía ser al menos digno.<br />
Para nuestro gusto ese es el caso. Es cierto que la película no tiene grandes virtudes, pero tampoco grandes defectos. Basándose en la novela homónima del escritor andaluz Juan Eslava Galán, cuenta una historia mínima, en el último año de la Guerra Civil Española, en el llamado bando nacional, donde un acemilero, un soldadito reclutado por la leva franquista, encuentra una mula que concibe llevarse consigo cuando vuelva a la vida civil. Casi paralelamente conoce a un estirada chica local, a la que corteja mintiéndole sobre sus supuestos caudales, aunque la chica, cuando conoce tales mentiras (y gordas), le rechaza, aunque de nuevo cuenta con su atención cuando el soldadito, en un lance de suerte, es reclamado por un grupo de militares republicanos que quieren entregarse al bando nacional.<br />
El guión carece de estridencias, y aunque de vez en cuando parece buscar el toque surrealista (ese obispo cabalgando con pinta de Supermán a lomos de la mula enloquecida), en general gana al espectador por su falta de grandilocuencia, por contar cosas cotidianas de la época, desde el baile en la casa del pueblo en la que los soldados sueñan con poder sacar a bailar (con roce corporal incluido, qué morbo…) a las féminas guapas del lugar (que escaseaban, en detrimento de las feas), hasta el mercadillo de extranjis que mercachifles magrebíes montan en tierra de nadie para vender, tanto a franquistas como a rojos, chucherías tales como condones usados (una sola vez, dice el morito mercader, y lavados con vinagre, añade…) o pendientes arrancados alevosamente de las orejas de sus rojas portadoras.<br />
Habría que alabar también el trabajo realizado con los acentos andaluces: Mario Casas consigue un acento que podría pasar razonablemente por jienense, de donde procede su personaje; no tan bueno es el de María Valverde, que resulta poco natural, afectado; pero el que se lleva la palma es Secun de la Rosa, que clava el tono jaenero.<br />
Es cierto que la fotografía resulta a ratos turbia y como con grano, si bien es posible que fuera un efecto buscado para dar ese tono pardo y como espeso que parece apropiado para esta historia de infelices que se encuentran inmersos sin quererlo en un fregado que les supera, y que, como dice el personaje del Churri (estupendo Jesús Carroza, el descubrimiento de <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/7-virgenes/1142"><strong><em>7 vírgenes</em></strong></a>), el amigo del alma del protagonista, entre las batallitas de unos y otros, al final nosotros “jodíos” en medio]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/la-mula/3008</link>
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      <pubDate>Sunday, 12 May 2013 10:21:02 +0200</pubDate>
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    <item>
      <title>Critica de la pelicula 'Bárbara'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/barbara.jpg"  alt="Bárbara"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />Después de pasar por la Sección Oficial de la Semana de Cine de Valladolid compitiendo por la Espiga de Oro, llega a las salas españolas <strong><em>Bárbara</em></strong>, del director alemán Christian Petzold, que ya consiguió el Oso de Plata al mejor director en el Festival de Berlín 2012 y fue seleccionada por Alemania para que le representara en los Oscar a la mejor película de habla no inglesa. También recibió tres nominaciones a los Premios del Cine Europeo: como mejor film, actriz (Nina Hoss) y del público.<br />
En el verano de 1980 en la República Democrática Alemana, Bárbara, médico de profesión, solicita un visado para salir del país, pero como castigo la destinan al hospital de un pequeño pueblo, donde cumple con su vocación de curar los males de los demás, a pesar de ser víctima de una constante vigilancia, frecuentes inspecciones e incluso exploraciones personales vejatorias para una mujer. Su amante, que vive en la Alemania Occidental, prepara su huida. Mientras espera, se muestra paciente con los enfermos a las órdenes de André, un cirujano del que no sabe qué pensar, si está enamorado de ella o lo han puesto para vigilarla. Ante la inminencia de la huida Bárbara duda, y entre tanto auxilia a Stella, una chica desamparada.<br />
Es la historia de unas personas que se conocen en unas circunstancias difíciles para comportarse como seres humanos, que ejercen su profesión con sacrificio de manera sublime. Un drama que capta el espíritu de aquellos seres anónimos que padecieron un régimen dictatorial en una etapa gris que hizo que muchos miles de alemanes perdieran sus sueños e ilusiones y otros hasta la vida intentando cruzar al otro lado del muro.<br />
Una cinta perturbadora e inquietante que refleja cómo era la situación que se vivía en la Alemania del Este en aquellos años, en los que nadie podía confiar en el vecino porque cualquiera podía denunciar a quien estuviera en contra del régimen.<br />
Bárbara está interpretada por una estupenda Nina Hoss, que hace una fría actuación, como lo requiere su personaje, dominada por una atmósfera opresiva. Fue nominada por este trabajo a los premios del cine europeo, interpretando a esta mujer que se ve prisionera en una sociedad que no le da libertad para vivir, siempre vigilada por un miembro de la Stasi, sumida en un permanente miedo debido a las circunstancias y a su manera de pensar, en la que un error le puede costar caro y que su existencia cambie su rumbo.<br />
Le presta buena réplica Ronald Zehrfeld, que se muestra natural y profesional en el personaje de André, el cirujano jefe.<br />
La película hace un honesto retrato de esa sociedad opresiva, sin tomar partido ni dejarse llevar por falsos maniqueísmos.<br />
Una estupenda dirección del alemán Christian Petzold, realizador perteneciente a la Escuela de Berlín, por cuyo trabajo en este duro y a la vez tierno drama, que lleva a cabo con buen ritmo, fue galardonado en el Festival de Berlín 2012]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/barbara/3003</link>
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      <pubDate>Saturday, 11 May 2013 05:00:19 +0200</pubDate>
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    <item>
      <title>Critica de la pelicula 'On the road'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/ontheroad.jpg"  alt="On the road"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" /><em>On the road</em>, o en su edición española <em>En el camino</em>, es una de las obras fundamentales de la literatura del siglo XX, quintaesencia del movimiento literario conocido como Generación Beat y precursora genial del copernicano cambio generacional, filosófico y sociológico que tendría lugar entre mediados de la década de los cincuenta y los años sesenta: Elvis, la explosión del rock’n’roll, Berkeley, los Beatles, el movimiento hippie, el movimiento contra la guerra de Vietnam, el Mayo Francés, la Primavera de Praga.<br />
Pero la novela fundacional de Jack Kerouac se ha resistido hasta ahora a su adaptación al cine; finalmente ha sido un cineasta brasileño, Walter Salles, el que lo ha hecho; quiero creer que su cualificación para ello no haya sido el hecho de que sus películas suelen tener relación con algún tipo de viaje humano (véase <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/estacion-central-de-brasil/85"><strong><em>Estación Central de Brasil</em></strong></a> o <strong><em>Diarios de motocicleta</em></strong>). No estoy seguro de que Salles, con su idiosincrasia brasileña, fuera la persona idónea para llevar a la pantalla una de las obras literarias más norteamericanas que se hayan escrito, quizá sólo superada en su <em>americanidad </em>(perdón por el palabro) por <em>El guardián entre el centeno</em> y posteriormente por <em>American Psycho</em> (salvando todas las distancias que hayan que salvar, of course).<br />
La adaptación es pulcra, quizá demasiado: Salles debería haberse olvidado del texto original para hacer su propia versión, como recomiendan los adaptadores de más éxito. Sin embargo, es comprensible que el brasileño se haya sentido compelido a mantener la sacrosanta intangibilidad del texto kerouaquiano, aun a costa de perder por el camino su propia personalidad cinematográfica. Porque, y quizá ése sea el mayor defecto de esta por lo demás loable versión, <strong><em>On the road</em></strong> resulta ser una adaptación en exceso escrupulosa sobre el texto y el concepto de la novela.<br />
El propio hecho de que haya pasado medio siglo antes de que nadie se haya atrevido a llevarlo a la gran pantalla ya habla del respeto casi litúrgico que este clásico moderno inspira o ha inspirado a los cineastas.<br />
El resultado, sin ser deleznable, no termina de convencer: en el filme, la historia del protagonista, el propio autor de la novela bajo un heterónimo, no deja de ser otra cosa que su fascinación por los días de juerga, frenesí, drogas y sexo que, a lo largo de múltiples viajes y, de forma intermitente durante varios años, realizó en compañía de su amigo Neal Cassady (<em>et alii</em>), un hombre que, sin haber escrito un texto ni medianamente decente, ni haber hecho nada en su vida más allá de beberse cualquier cosa con alcohol que cayera en sus manos, haberse acostado con cuanta hembra (y algún que otro hombre) que se le pusiera a tiro, y haberse metido entre pecho y espalda todo tipo de estupefacientes, más ha influido en toda la Generación Beat e incluso en otros autores, como Ken Kesey (el autor de <em>Alguien voló sobre el nido del cuco</em>) y Charles Bukowski.<br />
Tampoco ayuda la inanidad de los protagonistas, con un Sam Riley que no transmite en ningún momento el carisma que debió tener un novelista como Kerouac, un hombre magnético que fue capaz de transformar (ríase usted de la transmutación del plomo en oro…) sus airadas bacanales en purísima literatura. Tampoco Garrett Hedlund, el Patroclo de <strong><em>Troya</em></strong>, transmite la sensación de <em>hipster</em>, de individuo fascinado por el jazz, las drogas y la mala vida que fue Neal Cassady : este Garrett parece demasiado limpito, demasiado relamido con su pelito rubio y sus ojos azules de niño bueno, para hacer creíble al hombre cuya tumultuosa vida inspiró algunas de las novelas fundamentales de nuestro tiempo.<br />
A destacar algunos secundarios de lujo, como Kirsten Dunst, la inolvidable vampira impúber de <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/entrevista-con-el-vampiro/2701"><strong><em>Entrevista con el vampiro</em></strong></a>, aunque también la más olvidable novia de Tobey Maguire en la saga cinematográfica de <strong><em>Spider-Man</em></strong>, aquí con un papel de lo menos lucido. Aunque para lucimiento el de Viggo Mortensen, con un personaje peculiar al que él, como suele hacer, confiere verosimilitud, por muy disparatado que sea]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/on-the-road/3002</link>
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      <pubDate>Wednesday, 08 May 2013 16:00:31 +0200</pubDate>
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    <item>
      <title>Critica de la pelicula 'Los Croods: una aventura prehistórica'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/loscroods.jpg"  alt="Los Croods: una aventura prehistórica"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />Cada vez se está dando más el caso que dos directores asuman juntos la realización de un largometraje de animación, como sucede esta vez con Kirk De Micco y Chris Sanders. Kirk De Micco tiene en su filmografía la dirección de <strong><em>Space Chimps. Misión espacial</em></strong> (2008) y hace con ésta su segunda película, mientras que Chris Sanders posee más experiencia ya que figura como director de <strong><em>Lilo & Stitch</em></strong> (2002) y <strong><em>Cómo entrenar a tu dragón</em></strong> (2010), y además colaboró en las historias de <strong><em>La bella y la bestia</em></strong> (1991), <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/aladdin/2094"><strong><em>Aladdin </em></strong></a>(1992), <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/el-rey-leon/2687"><strong><em>El rey león</em></strong></a> (1994), <strong><em>Mulan </em></strong>(1998) y <strong><em>Lilo & Stitch</em></strong> (2002).<br />
Ambos son los creadores del guion y la realización de esta divertida aventura prehistórica, como reza en el subtítulo español, que resulta muy original, dinámica y divertida, llevada a un gran ritmo, siendo la primera producción de DreamWorks para la Fox.<br />
Cuando un movimiento sísmico destruye la caverna y el entorno de la familia Croods, sus miembros se ven obligados a buscar otro lugar descubriendo un mundo nuevo para ellos. En su caminar se une Chico, astuto e inteligente, que les descubre el fuego y otras cosas que no conocían. Chico se enamora de Eep, la hija rebelde de la familia, siempre vigilada por Grug, su padre, y la tolerante Ugga, su madre. La familia se completa con la hambrienta Abu, la suegra, que origina los momentos más cómicos, y dos hijos, el gordo Tonk y la pequeña Sandy.<br />
El film es una especie de <em>road movie</em> prehistórica familiar en la que van descubriendo un mundo fantástico, sobreponiéndose al miedo a dejar atrás lo que tenían y conociendo el progreso, algo que nunca habían ni imaginado.<br />
En Grug el músculo prevalece sobre el cerebro, es el padre conservador, celoso protector de los suyos, cuyo lema es "el miedo es bueno, el cambio es malo", mientras que su hija Eep es todo lo contrario, es la aventurera dispuesta a comerse el mundo y a vivir en libertad. Descubren el fuego, la comunicación a distancia con una caracola, la posesión de una mascota, las gafas de sol, el calzado, el primer chiste, lo que origina buenos momentos cómicos, como la primera secuencia de la caza a ritmo vertiginoso, planificada como si fuera un partido de rugby, animada por la partitura de Alan Silvestri, además de los desafíos que les esperan por el camino.<br />
Los gags están muy bien distribuidos a lo largo y ancho de la trama, muchos de ellos como en el cine cómico primitivo a base de caídas y golpes. El ritmo no decae, salvo en los metros finales en los que surge el drama y la familia por poco pierde al cabeza de la misma.<br />
Las disfunciones con el tiempo hacen que esta familia de la Edad de Piedra no difiera mucho de la actual, con sus crisis y problemas, siempre defendiendo la unidad de la misma como núcleo esencial de la sociedad.<br />
El cambio le asusta a Grug, cuya tozudez solo es comparable al amor que tiene por los suyos, siempre está de guardia, mientras teme que Chico le arrebate a su hija y añora su inteligencia, pero acabará por admirarlo.<br />
Es un homenaje a la familia, un canto de amor paterno-filial, una invitación a no dejarse superar por el miedo y atreverse a soñar con lo desconocido.<br />
Una cinta de animación desternillante, con un guion muy divertido y creativo, tanto en los originales animales como en los personajes muy bien dibujados, que hacen pasarlo bien a chicos y a mayores, que se verán reflejados en algunos de los personajes adultos]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/los-croods-una-aventura-prehistorica/3001</link>
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      <pubDate>Sunday, 05 May 2013 10:14:49 +0200</pubDate>
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    <item>
      <title>Critica de la pelicula 'Buscando a Nemo'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/buscanemo.jpg"  alt="Buscando a Nemo"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />Está visto que la alianza Disney-Pixar sigue dando réditos de lo más jugosos. Económicos, desde luego, convirtiéndose en la más taquillera de las películas en las que han colaborado ambas empresas, pero, sobre todo, artísticos, pues esta <strong><em>Buscando a Nemo</em></strong> es digna heredera de las anteriores y notabilísimas obras de esta "entente cordiale": el estupendo tríptico de <strong><em>Toy Story</em></strong>, sobre los juguetes y su importancia en la vida del niño; <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/bichos/63"><strong><em>Bichos</em></strong></a>, la fábula animalista y tributaria de <strong><em>Los siete magníficos</em></strong> y <strong><em>Los siete samuráis</em></strong>; <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/monstruos-sa/484"><strong><em>Monstruos S.A.</em></strong></a>, adorable aproximación a los "cocos" de nuestra infancia. Y ahora, con este nuevo filme, acometen nada menos que una aventura en clave generacional, con un pez payaso, padre viudo y superprotector, que intenta poner fuera de peligro a su vástago; cuando éste es capturado por un submarinista, sacamuelas de profesión, el padre se transformará en el ser temerario que nunca fue, por puro y simple amor paterno. Llevada con un ritmo trepidante, la película es una pura delicia, un caramelo de gozoso paladar, con personajes espléndidos, como la azulada Dory, que hace bueno el dicho de que tienes menos memoria que un pez (tres segundos, dicen que es lo más que recuerdan los seres marinos con espinas), tal vez un entrañable homenaje a los afectados por esa pavorosa enfermedad de nuestro tiempo, devastadora de recuerdos, que es el mal de Alzheimer. O las gaviotas, auténticos buitres permanentemente hambrientos, cómicas hienas con alas y pico. O los tiburones que quieren dejar de comer carne, en una desternillante recreación de las reuniones y ritos de las asociaciones de alcohólicos anónimos. Todo ello trufado con un humor paródicamente cinéfilo, como la revisitación de <strong><em>Los pájaros</em></strong>, con una iconografía clavadita, en clave cáustica, o de <strong><em>Psicosis</em></strong>, en clave musical. Pero, sobre todo, lo que hay es una lección de amor y valor, por parte del padre y del hijo, un esfuerzo para vencer los propios miedos y recuperar a los seres queridos. Alguien dirá que es una película conservadora porque elogia la familia: si es así, es que el tío no se ha enterado de la misa la media: la familia no es de derechas o de izquierdas: o se basa en la formación de seres íntegros criados en el cariño, o no existe. Ésa, y la reivindicación de la figura del padre (tan denostada hoy por teorías suicidas) para el hijo, son las mejores cualidades de ésta por lo demás divertidísima aventura disneyana y (creo que soy el primero en escribir el "palabro") "pixariana"... Algún momento inicial un poco ñoño, y ciertas escenas (las de la corriente marina con las tortugas) algo inferiores al conjunto apenas entibian lo que, sin esos mínimos reparos, sería una obra maestra absoluta]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/buscando-a-nemo/791</link>
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      <pubDate>Saturday, 04 May 2013 23:59:59 +0200</pubDate>
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      <title>Critica de la pelicula 'Combustión'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/combustion.jpg"  alt="Combustión"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />He aquí una extraña cohabitación: Daniel Calparsoro es un cineasta perito en cine de testosterona, rama seria (entiéndase: no hablamos de Chuck Norris, sino de cine “macho” que intenta contar cosas), pero la productora de este film, Zeta Audiovisual, se ha hecho rica con las ganancias de un par de películas, <strong><em>Tres metros sobre el cielo</em></strong> y <strong><em>Tengo ganas de ti</em></strong>, adaptaciones de sendas novelitas de Federico Moccia dirigidas evidentemente a un público adolescente con faldas (muy cortas, sí). Entonces parece que Calparsoro y los de Zeta Audiovisual han debido llegar a un acuerdo: hacen una película con cuerpos cañón que se pegan el filete de vez en cuando, con gran profusión de epidermis depilada, pero también una película muy masculina, a la manera del cineasta barcelonés, con mucho motor a toda pastilla, mamporros y, consecuentemente, caras y cuerpos adecuadamente contusionados, magullados y ensangrentados.<br />
Pero, como suele ocurrir, los híbridos no funcionan, y este por lo demás evidente producto industrial no ha conseguido lo que preveía, reventar las taquillas a la manera de las citadas adaptaciones de Moccia. Es lo que tienen estas cosas de no gustar ni a tirios ni a troyanos: a las niñas púberes, porque el protagonista supera ya de lejos la treintena y, aunque guapo, no tiene color al lado de “su” Mario Casas; los que gustan del cine “macho”, porque es cine demasiado relamido, demasiado blando, demasiado romanticón, una mariconada según sus esquemas.<br />
Así las cosas, era obvio que <strong><em>Combustión</em></strong>, como producto comercial, se iba a dar la gran costalada, como así ha sido. Si además resulta que como producto cultural tampoco da la talla, la conclusión no puede ser otra que la de que estamos ante un filme fallido.<br />
El thriller es un género que, digámoslo ya, requiere de ciertas dosis de artificiosidad: recuerden cualquier filme del género, por distinguido que sea, y no me digan que no resulta, en general, bastante poco realista; tienen estas películas un punto marciano que parece consustancial al thriller, que le otorga una cierta aura extraña, casi como de sueño. Pero en <strong><em>Combustión </em></strong>esa irrealidad se lo come todo, y a partir de ahí ya no nos creemos nada, cuando supuestamente no se nos está contando una historia fantástica sino, teóricamente, con claves realistas.<br />
Nadie puede creerse esta banda de tres malhechores, que parecen los Tres Sudamericanos (ya saben, marido, mujer y otro que pasaba por allí…), dedicados a engatusar a pánfilos riquitos a los que esquilmar, y cuya pasión secreta son las carreras de bólidos, y menos aún el tipo que, a punto de emparentar con una familia de ringorrango, se encoña con la componente femenina de la banda; claro que, teniendo en cuenta que la novia del tipo parece doña Rogelia con algunos años menos, a lo mejor se entiende…<br />
Calparsoro nunca ha sido un exquisito en la realización, y aquí tampoco demuestra que haya mejorado; si además resulta que cada dos por tres mete la cámara lenta para remarcar los caderazos y las curvas de vértigo de Adriana Ugarte y otras chicas <em>boom </em>al dar la salida de las carreras de bólidos, parece enteramente que está rodando el anuncio del Martini en lugar de un thriller…<br />
Los arbitrarios giros del guión tampoco ayudan mucho. No cabe echar la culpa a los intérpretes porque carecen, <em>sensu stricto</em>, de personajes que representar, aunque es cierto que Álex González resulta ser uno de los guapos más sosos del último panorama español (y mira que está reñido el cetro…); no sabemos qué verían los americanos para llevárselo a los USA en 2011 para hacer <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/x-men-primera-generacion/2468"><strong><em>X-Men: Primera generación</em></strong></a>. Adriana Ugarte no termina de convencer en su papel de vampiresa, de mujer fatal (toda una institución en el thriller, no digamos en la <em>série noire</em>, si consideráramos este filme como tal –lo que no es el caso…--). Alberto Ammann resulta poco creíble en su papel de villano a tiempo completo, como si le faltara la mala leche que se le presupone a tal personaje. Mala leche que, por qué no decirlo, le sobra a Juan Pablo Schuk, un actor colombiano que se afincó en España a raíz del enorme éxito que aquí tuvo el culebrón televisivo <strong><em>Pasión de Gavilanes</em></strong>, y que se ha especializado, con gran fortuna por cierto, en papeles de malo en el cine y la televisión de España]]></description>
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      <pubDate>Saturday, 04 May 2013 11:40:57 +0200</pubDate>
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    <item>
      <title>Critica de la pelicula 'Ayer no termina nunca'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/ayernoterminanunca.jpg"  alt="Ayer no termina nunca"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />Considere el lector esas dos estrellas de la calificación realmente como una y media; le damos media de propina por varias circunstancias: la primera, aunque no necesariamente por orden de importancia, por su cualidad de filme español; está la cosa en nuestra cinematografía lo suficientemente mal como para que apoyemos, como sea, a los nuestros; la segunda, porque es un ejercicio arriesgado: ahí es nada, 94 minutos de cine sostenidos exclusivamente sobre los hombros de dos intérpretes, notables intérpretes, pero mucha tela y muchas gónadas tal y como está el patio, que hay que atribuir a la directora y a sus productores; la tercera, por el planteamiento, situar un drama personal en un futuro bien determinado, casi apocalíptico, al menos para los españoles.<br />
Porque la acción se desarrolla en 2017, momento en el que, según se cuenta en el filme, España podría estar al borde del colapso económico, con la negativa de la Unión Europea a conceder el tercer rescate (aún no nos han dado el primero, al que nos resistimos, si no contamos con el de las entidades financieras), las estadísticas llegan ya a los siete millones de parados (la semana en la que se estrenaba este filme se daba a conocer la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2013, con más de seis millones de desempleados: vamos, que no están demasiado desencaminados los agoreros de la película) y una situación en la que, literalmente, habrá gente peleándose por las calles por los desperdicios de los contenedores de basura.<br />
En este entorno tenebroso conoceremos a esta pareja, o expareja, en la que el hombre vuelve de Alemania después de cinco años, cuando huyó, literalmente, de su hogar en la tarde de fin de año de 2012, algún tiempo después de que su hijo de siete años muriera de meningitis en un puente festivo en el que los servicios sanitarios tardaron demasiado en asistirlo. De esa honda tragedia personal él huyó poniendo miles de kilómetros de por medio, como si no pudiera enfrentar su drama junto con su mujer, como si la muerte del hijo no pudiera ser soportada en comandita sino sólo en soledad, una nueva vida lastrada con un pasado horrísono pero metido entre paréntesis. Ella, vaciada por dentro por su tragedia, aguantará en España, sin entender el motivo de la defección de él, cargada de (justo, por qué no decirlo) resentimiento.<br />
El traslado de los restos del pequeño, por mor de una recalificación del cementerio para construir alguno de esos disparates inmobiliarios que nos han llevado a este calvario, supondrá el momento del reencuentro entre estos dos seres desolados, cada uno con su pena que afronta a su manera.<br />
Pero lo cierto es que este enfrentamiento entre ambos parece estar hecho desde una posición excesivamente calculadora: hay un primer momento notablemente frío, casi en los límites del <em>noli me tangere</em>, para después, progresivamente, producirse cierta aproximación entre los que fueron amantes, después de nuevo distanciamiento, aproximación… parece un bucle, no sé si melancólico (perdón, Juaristi), pero da toda la impresión de que, dada la complicación de una única situación, Isabel Coixet, como guionista y directora, ha optado por llenar la hora y media larga del metraje por los sucesivos enfrentamientos y aproximaciones de los que una vez se quisieron y ahora quizá se odian, o viceversa…<br />
Ese ejercicio termina haciendo daño a la película, obligados los actores a contorsiones sentimentales que no parecen verosímiles, todo para contentar a la demiurga de turno, la señora Coixet, que en otras ocasiones ha demostrado una envidiable capacidad para rentabilizar emocionalmente escenas de gran voltaje sentimental (véase, sin ir más lejos, <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/la-vida-secreta-de-las-palabras/1147"><strong><em>La vida secreta de las palabras</em></strong></a> o <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/a-los-que-aman/53"><strong><em>A los que aman</em></strong></a>). Dicho esto, habrá que admitir sin remilgos que hay momentos en los que directora, actor y actriz consiguen su objetivo, como en el tramo final cuando la expareja, tumbados ambos sobre un duro bloque de cemento en el impersonal cementerio, rememoran los momentos de la vida, y sobre todo de la muerte, del hijo amado, ya entregados a la melancolía del instante en el que sus existencias cambiaron para siempre, quizá acabaron para siempre.<br />
Ráfagas de buen cine en una historia arriesgada, elementos de arrojo en una situación tan poco apropiada para los experimentos, que confirman que Coixet tiene más valor que el Guerra, aunque no siempre le salgan bien las cosas.<br />
Por supuesto, el filme es Candela Peña y Javier Cámara, dos de los intérpretes más aventajados de su generación, la que navega por los cuarenta o cuarenta y tantos años. Sobrellevar sus personajes, a veces al filo de lo inverosímil, es su mérito, en especial Cámara, que tiene que arrostrar el papel más ingrato, el que huye cuando las cosas van mal, y sin mucha intención de redimirse ni de expiar su culpa. Por el contrario, Peña está espléndida en su faceta resentida, una mujer herida en lo más profundo por un doble crimen, la muerte de su hijo por una negligencia médica y la huida sin nombre del hombre con el que debía afrontar su tragedia. Sin embargo, cuando toca la fase aproximativa, Candela está menos creíble, simplemente declama su papel.<br />
Me quedo, con todo, con el riesgo corrido por los integrantes de este filme, y nada más que por eso hay que quitarse el sombrero (figuradamente, claro: ahora lo más aproximado es la gorrita para no quemarse el coco en la playa…)]]></description>
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      <pubDate>Sunday, 28 Apr 2013 07:57:44 +0200</pubDate>
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      <title>Critica de la pelicula 'Tierra prometida'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/tierraprometida.jpg"  alt="Tierra prometida"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />Hay un cierto tipo de cine, que se suele llamar “de tesis”, en el que los guionistas y el director se empeñan en demostrar algo. No suele tener buena prensa, con razón, porque para adoctrinar ya está el púlpito o el mitin; el cine es otra cosa. Además, casi siempre se le ve la intención, con argumentos que apoyan la tesis pero con ausencia de los contrarios, aquellos que podrían no convenir al convencimiento de los espectadores/adoctrinados. De la sutileza de esos argumentos, amasados en el magma de la trama de una película, dependerá casi siempre la bondad de la película, sus calidades.<br />
No seré yo quien diga que las multinacionales son Hermanitas de la Caridad: al contrario, como grandes entes que sólo miran por el interés de sus accionistas (y también de sus gerifaltes: presidentes, CEOs, etc.: esos bonos, esos fondos de pensiones, esas “stock options” muchimillonarias…), las empresas de ese tamaño carecen, literalmente, de alma, y la piedad les suena a un bonito conjunto escultórico de Miguel Ángel, no a otra cosa…<br />
Dicho lo cual, el problema de <strong><em>Tierra prometida</em></strong> es que se le ve demasiado la patita por debajo de la puerta, como en el cuento de los cabritillos: se empeña desde el principio en convencernos de la iniquidad de la gran empresa, como si eso tuviera que demostrarse, y para ello juega tramposamente varias bazas, entre ellas la de un par de piruetas finales que, dicho sea de paso, una vez mostrada la primera, está cantada la segunda…<br />
No gustó el filme en la Berlinale de 2012, aunque el Jurado le diera una Mención que sonó a premio de consolación a un cineasta, Gus Van Sant, que ha hecho cosas mucho mejores. El director de <strong><em>Drugstore Cowboy</em></strong> es un hombre irregular, capaz de cintas notables, como la mentada, pero también de fracasos estruendosos como <strong><em>Psycho </em></strong>o <strong><em>Ellas también se deprimen</em></strong>.<br />
Tampoco es que esté especialmente inspirado en la conducción de la historia, quizá a consecuencia de la artificialidad de la misma, de la sensación de “deja vu” que transmiten estos ciudadanos urbanitas en el rudo medio rural, en un contraste que el cine ha hollado infinitas veces, si bien en este caso, al menos, no se pone el acento en la catetez de los pueblerinos en contraposición a los remilgados modos de los capitalinos: hubiera sido demasiado.<br />
Matt Damon compone esforzadamente su papel, aunque la que está estupenda, como siempre, es Frances McDormand, en un personaje pequeño pero que ella llena de humanidad, de verdad]]></description>
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      <pubDate>Wednesday, 24 Apr 2013 14:26:38 +0200</pubDate>
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      <title>Critica de la pelicula 'Amor y letras'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/amoryletras.jpg"  alt="Amor y letras"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />No es fácil hoy día hallar en el cine americano una comedia como ésta, localizada en un ambiente universitario en el que todos se comportan correctamente, tienen ideales, son gente inteligente que les gusta leer, escribir cartas a pluma, la música clásica, las charlas interesantes con los amigos, etc. Eso en estos momentos suena raro, a tomadura de pelo, a algo que no es real, a cosas del pasado, ya que es lo contrario al humor juvenil, frívolo, a base de sexo, alcohol y drogas de la comedia americana actual.<br />
Jesse Fisher, 35 años, acude a su antigua universidad para asistir a la cena de despedida por jubilación de Peter Hoberg, uno de sus profesores más apreciados. Allí conoce a Zibby, una joven estudiante de 19 años, que despierta en él sentimientos olvidados, pero hay un inconveniente: la diferencia de edad entre ellos.<br />
<strong><em>Amor y letras</em></strong> es una comedia romántica auténtica, que habla de cosas tangibles, creíbles, realizada con un modesto presupuesto y con espíritu independiente. Es el segundo largometraje de Josh Radnor, en las labores de dirección, guion y actor protagonista, famoso por su trabajo en la serie de televisión <strong><em>Cómo conocí a vuestra madre</em></strong>. Frente a él tiene a una simpática Elizabeth Olsen en el papel de Zibby, que le da una buena réplica.<br />
Film sin pretensiones pero con la idea de agradar, de entretener de forma amable, bien rodado, con un guion con personajes inteligentes, perfectamente definidos, cuyas relaciones son gratas a los ojos del espectador. Y entre tanto surge un amor que se ve venir pero que tendrá que hacer frente a los obstáculos de la crisis de la mediana edad que llega cuando menos se la espera.<br />
Esas relaciones no sólo se establecen entre Jesse y Zibby, sino también con el profesor ya jubilado, con Judith la profesora de literatura que para Jesse es la mejor que ha tenido, con Nat el chico del banco, con el joven intelectual deprimido o con la dependienta de la librería que le confiesa que ha dejado de leer tanto para tener tiempo de vivir la vida.<br />
Resulta divertida la discusión entre Jesse y Zibby acerca de los libros que componen la trilogía vampírica <em>Crepúsculo</em>, de Stephenie Meyer, aunque nunca se menciona el título, que él no tiene en gran estima, que ataca con agudas observaciones, mientras que es defendida por ella porque gusta a millones de lectores, que usa como su mejor argumento. En contraposición él defiende el <em>Drácula</em>, de Bram Stoker, como novela de vampiros de calidad literaria.<br />
La banda sonora de esta ingeniosa comedia está plagada de temas de compositores clásicos, Beethoven entre otros.<br />
Esta cinta pasó por el Festival de Cine de Sundance y participó en la Sección Oficial de la 57 Semana de Cine de Valladolid 2012]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/amor-y-letras/2994</link>
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      <pubDate>Tuesday, 23 Apr 2013 16:19:00 +0200</pubDate>
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    <item>
      <title>Critica de la pelicula 'La caza'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/lacazathehunt.jpg"  alt="La caza"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />Allá por 1961 William Wyler hizo una película titulada <strong><em>La calumnia</em></strong>, sobre la obra teatral de Lilliam Hellman <em>The Children’s Hour</em>, que planteaba la falsa denuncia de una alumna sobre dos de sus profesoras, acusándolas de lesbianismo. Afortunadamente, el amor entre personas del mismo sexo está hoy día plenamente aceptado y la película sería una antigualla por el tema, pero no por la delación de una conducta supuestamente impropia. Porque ése es el asunto de esta <strong><em>La caza</em></strong>, un duro drama sobre otra cuestión vidriosa y que está a la orden del día, la pederastia (a no confundir con la pedofilia, que no es exactamente lo mismo, aunque se usen como sinónimos).<br />
Aquí un profesor de un parvulario es falsamente acusado de exhibicionismo sexual por una alumna de imaginación exacerbada. A partir de ahí, y ciertamente con toda la razón del mundo, la histeria se propaga entre los otros profesores y los padres. La situación se va tornando progresivamente insostenible para el protagonista: los padres de la niña son sus mejores amigos pero ahora lo rechazan; es repudiado también por los vecinos, e incluso en el supermercado le niegan el pan y la sal (nunca mejor dicho…). El acoso llega hasta la violencia física, mientras el profesor ve como todo su mundo se desmorona.<br />
Thomas Vinterberg tuvo su máximo momento de gloria al final de la década de los noventa, cuando filmó <strong><em>Celebración</em></strong>, dentro de los parámetros (más o menos…) de Dogma 95, aquel movimiento cinematográfico, hoy afortunadamente olvidado, pero que dio prestigio y popularidad a una serie de cineastas daneses, entre los cuales Lars Von Trier fue el que mejor lo rentabilizó; dicho sea de paso, Trier, además de un director extremadamente creativo, es un consumado maestro en técnicas de marketing y comunicación, como ha demostrado a lo largo de su carrera.<br />
Tras varios años en los que ha hecho títulos que no han tenido gran repercusión, Vinterberg vuelve con este potente drama que pone el dedo en la llaga de las denuncias falsas, y cómo en esos casos el señalado por el dedo acusador tiene todas las papeletas para perderlo todo, quizá incluso la razón y la vida.<br />
Por supuesto, no se está hablando de las denuncias auténticas de los absolutamente reprobables abusos sexuales a menores, sino de aquellas fabricadas por la imaginación desbordante de algunos niños, a los que las mentes calenturientas de los mayores dan alas. En ese sentido, podría decirse sin temor a errar que Thomas Vinterberg ha sido muy valiente al plantear este tema, porque hogaño parece que toda denuncia, cualquier denuncia, conlleva necesariamente la credibilidad absoluta en la palabra del denunciante y la ignominia del denunciado, cuando las cosas deberían ser de otra forma.<br />
Obra dura, narrada con solvencia y fuerza por un cineasta que sabe lo que tiene entre manos, la labor de Mads Mikkelsen en el papel protagonista es remarcable, máxime teniendo en cuenta que es un actor que, tras intervenir en <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/casino-royale/1290"><strong><em>Casino Royale</em></strong></a> y otras superproducciones internacionales, podría dedicarse, si quisiera, a ese tipo de proyectos mucho más ambiciosos, y dejar estos otros filmes, más pequeños pero que, sin duda, le interesan por sus implicaciones sociales y humanas]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/la-caza/2802</link>
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      <pubDate>Saturday, 20 Apr 2013 23:59:59 +0200</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title>Critica de la pelicula 'Oblivion'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/oblivion.jpg"  alt="Oblivion"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />No digo nada nuevo, pero es verdad que la ciencia ficción es un género que se presta, y de qué manera, a filosofar sobre el ser humano, sobre lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos o podríamos ser. No hay que recordar más que algunos títulos, desde <strong><em>Ultimátum a la Tierra</em></strong> (versión de 1951, por supuesto, no la muy inferior de 2008) a <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/matrix/105"><strong><em>Matrix</em></strong></a>, pasando por las iniciáticas <strong><em>2001, una Odisea del Espacio</em></strong> y <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/blade-runner/867"><strong><em>Blade Runner</em></strong></a>, por sólo citar algunos ejemplos evidentes de filmes de S-F de gran altura y cuyos temas giran sobre el ser humano, su lugar en el universo, su propia mismidad.<br />
<strong><em>Oblivion </em></strong>parte de una novela gráfica que se ha encargado de llevar al cine su propio autor, Joseph Kosinski, cuya relación con el cinematógrafo hasta ahora se limitaba prácticamente a la dirección de <strong><em>Tron: Legacy</em></strong>, la secuela de aquella vieja (pero tan adelantada a su tiempo) <strong><em>Tron</em></strong>, rodada en 1982, cuando la informática estaba en mantillas y el concepto de teléfono móvil era de novela de ciencia ficción.<br />
Diremos pronto que la historia de esta <strong><em>Oblivion </em></strong>es sugestiva. Año 2077: la Tierra, sesenta años antes, fue atacada por los llamados Carroñeros, una civilización alienígena que destruyó la Luna y, con ello, devastó la Tierra con grandes cataclismos naturales. Los terrícolas se defendieron de los invasores mediante armamento nuclear, ganando la batalla pero perdiendo el planeta, por lo que los supervivientes humanos emprenden el exilio a Titán, una de las lunas de Saturno,  el astro del Sistema Solar más parecido a la Tierra; la expedición, transitoriamente en una estación espacial, está extrayendo grandes cantidades de agua para procurar energía atómica de fusión en la nueva Tierra Prometida. En ese contexto, una pareja de humanos, hombre y mujer, velan por el buen funcionamiento de las gigantescas máquinas extractoras de agua de los océanos, vigiladas permanentemente por drones, vehículos voladores no tripulados de letal eficacia armamentística. Pero cuando el hombre encuentre el cuerpo en hibernación de una mujer en una cápsula caída del cielo, todo empezará a resquebrajarse…<br />
Kosinski se nos revela aquí como un interesante creador de historias: su novela gráfica aporta un notable  imaginario postapocalíptico, y los giros que dará el guión resultan verosímiles, están bien encajados en el contexto y resultan excitantes. Pero, con independencia de la vistosa historia de ciencia ficción y acción, en <strong><em>Oblivion </em></strong>nos quedamos con otras cosas, que hablan del ser humano, del Hombre, con mayúsculas (si nos ponemos políticamente correctos, del Anthropós, el ser humano sin distinción de sexo). Así, se habla de la conexión especial entre el humano y la Tierra, su hogar, su útero materno (¡ay, Kubrick, ay, Clarke!), de la necesidad del contacto con la tierra (esta vez con minúscula), con la naturaleza; también del contacto con la obra artística, intelectual, que nos distingue de los animales, como ese libro de Lord Macaulay, <em>Cantos Populares de la Antigua Roma</em>, que se convertirá en el “leit motiv” del filme, con el bellísimo dístico puesto en boca del soldado romano Horacio en el Canto XXVII: “Y cómo puede morir mejor un hombre/ que afrontando riesgos temibles/ por las cenizas de sus padres/ y los templos de sus dioses”.<br />
Se habla también, y de qué forma, de hasta qué punto el clon, cualquier clon, no es sino su original, su alma es la misma, como su mente, como su cuerpo. Filme finalmente hermoso en su epílogo moderadamente optimista, <strong><em>Oblivion </em></strong>no llega a ser la gran película que podría haber sido por algunos titubeos de guión, por algunos desajustes en la coherencia de la historia, por la sensación de que juega a dos barajas, la de hablar con seriedad de nosotros mismos, pero también la de reventar las taquillas.<br />
No es, sin embargo, un filme fallido, mucho menos deleznable: entretiene y hace pensar, y eso, en estos tiempos, y en este tipo de cine que busca seguir haciendo de oro a su estrella, no es baladí.<br />
Reconoceremos el esfuerzo de Tom Cruise en esta nueva película, aunque es inevitable que su archiconocido rostro nos impida verlo como un personaje diferente de los muchos que hasta ahora ha interpretado; tampoco es que Cruise sea dado a cambiar algo su caracterización (qué se yo, un peinado distinto, o pelo largo, o barba: siempre es el mismo rostro haciendo múltiples papeles con igual jeta…). Morgan Freeman tiene poco papel, pero resuelto con su habitual sabiduría; bien es cierto que la voz de su doblador en España no es precisamente afortunada, haciéndole hablar con una pachorra que no le beneficia lo más mínimo. Las féminas resultan adecuadas, quedándonos especialmente con Andrea Riseborough, cuyo personaje, anclado en las directrices que tiene marcadas a fuego en su memoria, es quizá el más desvalido de toda la trama, alguien que se verá arrastrada por la marea de la verdad, sin querer dejarse llevar por ella]]></description>
      <link>http://www.criticalia.com/pelicula/oblivion/2984</link>
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      <pubDate>Sunday, 14 Apr 2013 10:58:45 +0200</pubDate>
    </item>
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      <title>Critica de la pelicula 'Efectos secundarios'</title>
      <description><![CDATA[<img src="http://www.criticalia.com/images/efectossecundarios.jpg"  alt="Efectos secundarios"  width="120"  border="0"  align="right"  hspace="15"  vspace="10" />Steven Sodebergh sigue con su eclecticismo: ahora, tras el drama de “strippers” de <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/magic-mike/2771"><strong><em>Magic Mike</em></strong></a>, toca un thriller de ambiente psiquiátrico, con chica cuyo marido ha vuelto de la cárcel, tras pasar una temporada en la trena por un delito de cuello blanco; la joven atraviesa por una fase depresiva que la hace atentar, sin éxito, contra su propia vida. El psiquiatra que la trata empezará a medicarla con distintos fármacos, pero la chica no termina de mejorar, con resultados trágicos… Hasta aquí puedo leer, como decía aquella ínclita filósofa del entretenimiento, un, dos, tres, Mayra Gómez Kemp.<br />
Es curioso, pero en <strong><em>Efectos secundarios</em></strong> conviven dos películas: una primera, en la que se plantea la historia, que resulta intrigante y con frecuencia turbadora: esa chica que parece haber recuperado lo perdido con su amor, al volver éste del penal y comenzar ambos una nueva vida, y sin embargo está presa de una tristeza que, muy atinadamente, el director nos transmite con planos preñados de melancolía, en esa visión donde no hay lugar para nada más que la propia tristura y que forma parte de ese demonio de la depresión que nadie que no la haya padecido sabe lo que es.<br />
Pero la segunda parte, cuando este maldito embrollo (parafraseando a Pietro Germi, claro está) empieza a despejarse y se nos va contando cuál es la verdad del asunto, pierde fuelle a ojos vista: lo que había sido una sugerente historia clínica que recreaba con acierto sensaciones específicas de la depresión, se torna una trama conspirativa con más flecos que un mantón de Manila, intentando cuadrar, con menor fortuna de la deseable, los numerosos desencajes de un guión que, a estas alturas, es algo así como un sudoku de imposible cuadre.<br />
En el conjunto, entonces, sobresale el desequilibrio entre ambas partes, y la segunda y muy inferior claramente pesa más que la primera. Queda entonces un filme con irisaciones de interés, pero globalmente insuficiente. En la dirección, Soderbergh apuesta por su habitual tono impersonal, que ha convertido en algo así como su marca de fábrica, una atonalidad que sirve para cualesquiera empeños, desde los más complejos (véase <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/solaris/695"><strong><em>Solaris</em></strong></a>) hasta los más comercialoides (cfr. la saga iniciada por <a href="http://www.criticalia.com/pelicula/oceans-eleven/448"><strong><em>Ocean’s Eleven</em></strong></a>).<br />
En la interpretación Jude Law hace un trabajo aceptable, sin que pueda considerarse extraordinario: pasada, por mor de la edad, su etapa de bello animal masculino, ahora toca hacer ya de hombre maduro, incluso con hijos (hijastro, en este caso). Rooney Mara, que tuvo en su momento el papelón de intentar hacer olvidar en la versión USA la memorable Lisbet Salander que compuso Noomi Rapace en la trilogía de <strong><em>Millennium</em></strong>, afronta aquí otro personaje con problemas psíquicos, aunque los bandazos del guión no le ayudan precisamente a dar consistencia a su rol. En cuanto a Catherine Zeta-Jones, Soderbergh, o sus estilistas, consiguen la rara proeza de que la esposa de Michael Douglas pierda su guapura, y eso sin tener que recurrir a los afeites y prótesis de una <strong><em>Betty, la fea</em></strong>, sino con la simple colocación de unas espantosas gafas como de señorita Rotenmeyer. De Channing Tatum… bueno, mejor no decimos nada]]></description>
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      <pubDate>Friday, 12 Apr 2013 13:48:57 +0200</pubDate>
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