<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" media="screen" href="/~d/styles/rss2full.xsl"?><?xml-stylesheet type="text/css" media="screen" href="http://feeds.feedburner.com/~d/styles/itemcontent.css"?><rss xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:feedburner="http://rssnamespace.org/feedburner/ext/1.0" version="2.0">

<channel>
	<title>Ecdotica</title>
	
	<link>http://www.ecdotica.com</link>
	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
	<lastBuildDate>Tue, 07 Feb 2012 16:43:56 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator>
		<atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="self" type="application/rss+xml" href="http://feeds.feedburner.com/Ecdotica" /><feedburner:info uri="ecdotica" /><atom10:link xmlns:atom10="http://www.w3.org/2005/Atom" rel="hub" href="http://pubsubhubbub.appspot.com/" /><feedburner:emailServiceId>Ecdotica</feedburner:emailServiceId><feedburner:feedburnerHostname>http://feedburner.google.com</feedburner:feedburnerHostname><item>
		<title>La condición pornográfica [antología] Salvador Luis Raggio</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/nc-YY4mYi_E/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/02/07/la-condicion-pornografica-antologia-salvador-luis-raggio/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 15:50:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[Youtube]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4509</guid>
		<description><![CDATA[La pornografía lo dice claramente. Trilogía de la abertura, del goce y de la significancia, la pornografía es una promoción tan exacerbada del goce femenino sólo para enterrar mejor la incertidumbre que flotaba sobre el «continente negro». Se acabó la «eterna ironía de la comunidad» de la que hablaba Hegel. En adelante la mujer gozará [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La pornografía lo dice claramente. Trilogía de la abertura, del goce y de la significancia, la pornografía es una promoción tan exacerbada del goce femenino sólo para enterrar mejor la incertidumbre que flotaba sobre el «continente negro». Se acabó la «eterna ironía de la comunidad» de la que hablaba Hegel. En adelante la mujer gozará y sabrá por qué. Toda feminidad se hará visible — mujer emblema del goce, goce emblema de la sexualidad. No más incertidumbre, no más secreto. Empieza la obscenidad radical.<br />
Jean Baudrillard &#8211; De la seducción</p>
<p><iframe width="355" height="211" src="http://www.youtube.com/embed/cDW3gt--y0E" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/nc-YY4mYi_E" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/02/07/la-condicion-pornografica-antologia-salvador-luis-raggio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/02/07/la-condicion-pornografica-antologia-salvador-luis-raggio/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Cuento del mes: febrero 2012</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/p-lnZmgMI0o/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/02/01/cuento-del-mes-febrero-2012/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 23:56:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento del mes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4500</guid>
		<description><![CDATA[Febrero 2012 Historia Copta de José el carpintero Autor: Anónimo Para febrero de 2012 Bartolomé ha seleccionao un Evangelio Apócrifo, los que han sido calificados así porque los editores de la Biblia los consideraron carentes de inspiración divina. Originalmente “apócrifo” se traducía por “oculto” o “secreto”. Después se consideró sinónimo de “falso”. Su origen es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/02/Patriarca_San_Jose-2.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/02/Patriarca_San_Jose-2.jpg" alt="" title="Patriarca_San_Jose 2" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4501" /></a></center></p>
<p><strong>Febrero 2012<br />
Historia Copta de José el carpintero<br />
Autor: Anónimo</strong></p>
<p>Para febrero de 2012 Bartolomé ha seleccionao un Evangelio Apócrifo, los que han sido calificados así porque los editores de la Biblia los consideraron carentes de inspiración divina. Originalmente “apócrifo” se traducía por “oculto” o “secreto”. Después se consideró sinónimo de “falso”. Su origen es griego. Fueron escritos entre 150 A.C. y 100 D.C. El Concilio de Trento fijó en 1546 la lista definitiva de los evangelios canónicos (aceptados en la Biblia) y apócrifos. El criterio fue que debían reunir condiciones: concordancia con las leyes mosaicas, estar escritos en palestino o hebreo, que fueran nacidos en comunidades cristianas… El primero en usar el término fue San Jerónimo, para referirse a los libros descartados cuando tradujo la Vulgata latina. El bellísimo y conmovedor texto que presentamos, conocido también como el Evangelio de José, relata por boca de Cristo la vida y muerte de su padre carnal.</p>
<p>Para bajar el Evangelio Apócrifo en PDF pulse <a href="http://www.ecdotica.com/cuento-del-mes/Historia%20copta%20de%20Jos%C3%A9%20el%20carpintero.pdf" title="Cuento del mes de febrero 2012">aqui</a> </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/p-lnZmgMI0o" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/02/01/cuento-del-mes-febrero-2012/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/02/01/cuento-del-mes-febrero-2012/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Bolivia a toda costa: La hora boliviana por Nicolas G. Recoaro</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/Y6Ul-8L_O08/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/31/bolivia-a-toda-costa-la-hora-boliviana-por-nicolas-g-recoaro/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 16:54:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4495</guid>
		<description><![CDATA[La hora boliviana Por: Nicolas G. Recoaro Híbrido, mestizo y heterogéneo, la crónica parece ser el género por excelencia para retratar las diferentes capas de la realidad boliviana. Bolivia a toda costa reúne crónicas del país andino. El esfuerzo de las editoriales paceñas que lo editan hace que por primera vez se distribuya su catálogo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Bolivia-a-toda-costa-twitter-11.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Bolivia-a-toda-costa-twitter-11.jpg" alt="" title="Bolivia a toda costa twitter 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4497" /></a></center><br />
<strong>La hora boliviana<br />
Por: Nicolas G. Recoaro</strong></p>
<p>Híbrido, mestizo y heterogéneo, la crónica parece ser el género por excelencia para retratar las diferentes capas de la realidad boliviana. <a href="http://www.ecdotica.com/2012/01/02/tres-apuntes-sobre-una-antologia-de-no-ficcion/" title="Ensayo de Javier Rodríguez sobre Bolivia a toda costa">Bolivia a toda costa</a> reúne crónicas del país andino. El esfuerzo de las editoriales paceñas que lo editan hace que por primera vez se distribuya su catálogo en la Argentina.</p>
<p>La crónica parece un género hecho a la medida de Bolivia. Su carácter híbrido, mestizo, todo terreno y rizomático la han transformado en un género ideal para narrar el presente del primer Estado plurinacional del continente americano. Quién lo hubiera dicho, un género “anfibio” para contar las historias de un país que no tiene salida al mar. Seleccionadas y prologadas por el sociólogo y escritor Fernando Barrientos, <a href="http://www.ecdotica.com/2011/12/18/los-doce-libros-mas-destacados-de-2011/" title="Los doce libros más destacados">Bolivia a toda costa. Crónicas de un país de ficción</a>, libro coeditado por las editoriales El Cuervo y Nuevo Milenio (que por primera vez distribuyen su catálogo en la Argentina), reúne crónicas de 14 autores que se proponen narrar al país andino-amazónico desde algunas de sus historias mínimas o acudiendo al relato personal, barroco e intimista. Heredero de una larga tradición de libros de no ficción que podríamos remontar hasta las fabulosas <strong>Crónicas de la Villa Imperial del Potosí colonial</strong> de Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela, los relatos de la Guerra del Chaco de Augusto Céspedes, las aguafuertes paceñas del maldito Jaime Sáenz y las crónicas etílicas de Víctor Hugo Viscarra, Bolivia a toda costa se inscribe en esa tradición, tramando relatos que narran grandes y pequeñas mitologías del presente. Un <em>patchwork</em> por demás heterogéneo y diverso, que son algunos de los rasgos identitarios esenciales del país.</p>
<p>Autores reconocidos dentro de las fronteras del Tíbet sudamericano como Edmundo Paz Soldán, Alex Ayala, Liliana Colanzi, Maximiliano Barrientos y Darwin Pinto, entre otros, que provenientes de campos muy diversos –como la literatura, la sociología, el periodismo o la crítica musical– proponen un rosario de relatos que evitan los lamentos bolivianos, y más bien bucean las encrucijadas que fundan a la Bolivia contemporánea.</p>
<p>Historias como la del sastre paceño Sillerico, responsable desde hace cuatro décadas del vestuario personal y la coquetería de los presidentes bolivianos; los testimonios de un grupo de hip-hoperos alteño que alaba a Dios cantando rap en aymara a más de 3500 metros de altura; la crónica agitada del pantagruélico festejo y el backstage del primer “Día de la Reivindicación Marítima” en el estadio más grande de Chuquiago Marka, nombre aymara de la sede de gobierno del país andino; las memorias del narcotraficante que quiso cancelar la deuda externa de Bolivia a cambio de que se le permitiera operar su negocio sin trabas burocráticas; el diario de campaña de un candidato campesino a alcalde que va y viene entre su natal Arbieto y la lejana Virginia sin nunca dejar de fantasear, y más.</p>
<p>En el prólogo, Barrientos destaca la diversidad de miradas y graduaciones para narrar la agitada realidad boliviana que aparece en los textos: “Un tiempo con una carga intrínseca de novedad y cambio. Un tiempo veloz que se percibe como denso y prolongado por la intensidad de los acontecimientos. Un momento irradiante desde la cultura en el que se cuestionan estructuras de jerarquía y de legitimidad. Tiempos interesantes. La hora boliviana”.</p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Foto-Evo.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Foto-Evo.jpg" alt="" title="Foto Evo" width="355" height="211" class="aligncenter size-full wp-image-4496" /></a></center></p>
<p>Entre las crónicas que escriben este borrador de la futura historia del país andino, quizás algunas de las más destacadas sean “Kosmische cumbia”, el relato de Javier Rodríguez que se encarga de desentrañar los ocultos vínculos que existen entre la cumbia boliviana y el post punk de Joy Division o The Cure; las confesiones de “Berlín, Santa Cruz”, donde la escritora cruceña Giovanna Rivero recuerda su particular e íntima relación con las empleadas domésticas que trabajaron en su casa; o la crónica de largo aliento “Esclavos made in Bolivia”, galardonada con el premio Ortega y Gasset de Periodismo 2007, en la cual el periodista Roberto Navia se sumerge en el infierno que viven los migrantes que trabajan en los talleres ilegales de las dos ciudades donde viven más bolivianos: Buenos Aires y San Pablo. Pequeñas grandes historias que, lejos del muestrario exótico y las postales for export, traman las escenas de una <em>road movie</em> por el abigarrado mapa humano del país más pobre e injusto de América del Sur; un pueblo que vive, desde la llegada de Evo Morales al poder en 2005, uno de los cimbronazos democráticos más importantes del siglo XXI.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4559-2012-01-29.html" title="Nota sobre Bolivia a toda costa en Página 12 de Argentina">Página 12 &#8211; Radar libros</a></em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/Y6Ul-8L_O08" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/31/bolivia-a-toda-costa-la-hora-boliviana-por-nicolas-g-recoaro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/31/bolivia-a-toda-costa-la-hora-boliviana-por-nicolas-g-recoaro/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Poetas bolivianos en Suecia (segunda parte)</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/2Vhz_ZkbrFQ/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/30/poetas-bolivianos-en-suecia-segunda-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 Jan 2012 20:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4485</guid>
		<description><![CDATA[En el barco camino a Finlandia. De izquierda a derecha: Nora Zapata, Ruth Cárdenas, Homero Carvalho y Javier Claure. Apuntes de un proyecto literario Por: Javier Claure C. Segunda y última parte El Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa (Estocolmo), comenzó el viernes 13 de septiembre de 1991, a las 08.45, en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Encuentro-de-poetas-foto-111.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Encuentro-de-poetas-foto-111.jpg" alt="" title="Encuentro de poetas - foto 11" width="355" height="211" class="aligncenter size-full wp-image-4490" /></a></center><br />
En el barco camino a Finlandia. De izquierda a derecha:<br />
Nora Zapata, Ruth Cárdenas, Homero Carvalho y Javier Claure.</p>
<p><strong>Apuntes de un proyecto literario<br />
Por: Javier Claure C.</strong><br />
<em>Segunda y última parte</em></p>
<p>El Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos en Europa (Estocolmo), comenzó el viernes 13 de septiembre de 1991, a las 08.45, en los locales de ABF (Asociación para la educación de los trabajadores). Después de un discurso de bienvenida, Pedro Shimose habló de “Indigenismo y las culturas andinas”. A continuación, el poeta orureño Héctor Borda presentó una ponencia acerca de los “500 años de explotación”. Y para terminar la mañana, Alberto Guerra disertó sobre “Igualdades y desigualdades entre dos continentes”. Por la tarde, el poeta chuquisaqueño Luis Andrade habló de “El idioma español”, y se continuó con debates, lectura de textos y conclusiones.</p>
<p>El sábado 14 inició la mañana el escritor Homero Carvalho, disertando sobre “Europa en la literatura boliviana”. Después de una breve pausa, Ruth Cárdenas y Nora Zapata hablaron de sus experiencias como poetas bolivianas radicadas en Europa. Seguidamente, el filólogo Luis Vélez argumentó acerca de “El lenguaje y sus consecuencias”. Después del almuerzo, Víctor Montoya y Edwin Salas explicaron sus ponencias. A las ocho de la noche se llevó a cabo un programa cultural con grupos de baile y música boliviana. Esa noche tuve la oportunidad de leer algunos de mis poemas. Edwin Salas era el presentador del acto y pidió un aplauso por mi trabajo (digo esto sin ánimos de ofender a nadie). Este gesto de honestidad se me ha grabado en la cabeza para siempre.</p>
<p>El domingo 15, el periódico sueco Noticias del Día (Dagens Nyheter) publicó una nota acerca de esta reunión literaria. Anders Cullhed, catedrático de literatura de la Universidad de Estocolmo, hace un resumen del encuentro y empieza su artículo diciendo: “La barbarie que era nuestro terruño —dioses toscos, vikingos salvajes y un idioma duro como el hierro— ha interesado siempre a una cantidad de almas ardientes del otro lado del mundo. Uno de ellos es el magnífico poeta boliviano de principios de siglo Ricardo Jaimes Freyre”. Y se pregunta: ¿Qué sabemos de la literatura boliviana? Y dice: “De su literatura no sabemos nada. La mujer de temple Domitila Chungara despertó atención (pasajera) con sus informes sobre la vida de los mineros en los años 70, y la editorial ’Askild &#038; Kärnekull’ publicó, en 1983, la novela de Augusto Céspedes ‘El metal del diablo’, sobre los magnates del estaño y sobre maldiciones. Eso es todo en sueco…”.</p>
<p>Ese mismo domingo hicimos un hermoso viaje en barco a Finlandia, donde continuaron las bromas, anécdotas y pequeñas tertulias informales. El poeta Héctor Borda, con su buen humor, arrancaba largas risas. Me acuerdo cuando paseamos por la cubierta del barco a eso de las seis de la tarde, cuando el sol se estaba entrando. Alberto Guerra me decía: “Sigue adelante, eres un poeta macerando”. Y don Héctor continuaba: “Así es, Claurecito, sigue adelante, hay que agarrarle al toro por las astas”. Esas palabras de algún modo fueron muy alentadoras, porque eran sinceras y salían de su corazón de poeta con experiencia y trayectoria. Con los demás participantes llegué a entablar una linda amistad. Conversábamos de todo y reíamos como si se tratase de nuestras cosas familiares. Para mí fue un placer conocer personalmente a poetas y escritores que los leía en periódicos, revistas literarias y en el &#8220;Índice de la poesía boliviana contemporánea, segunda edición, 1983&#8243; de Juan Quirós.</p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Encuentro-de-poetas-foto-21.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Encuentro-de-poetas-foto-21.jpg" alt="" title="Encuentro de poetas - foto 21" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4487" /></a></center><br />
Javier Claure leyendo poesía en la noche cultural del 14 de septiembre de 1991, donde el poeta Edwin Salas era el presentador. </p>
<p>Después de ese periplo sobre las aguas del mar Báltico, la mayoría de los poetas y escritores retornaron a los países desde donde venían. Homero Carvalho, Alberto Guerra y Pedro Shimose viajaron a Italia y Noruega para exponer temas sobre la literatura boliviana. A su vuelta a Estocolmo, Shimose se marchó a España. Carvalho y Guerra se quedaron en Estocolmo un corto tiempo más. Es decir, nos seguíamos reuniendo en la casa de alguno de los anfitriones para conversar. Una vez entre trago y trago, me acuerdo bien, Homero Carvalho se puso un abrigo del Ejército Rojo (aún conservo la foto) que Ángel Ontiveros había comprado no sé dónde. Y la verdad es que la postura del momento con ese abrigo verde de charreteras rojas en los hombros, con esos mostachos, su peinado y la mirada hacia arriba, parecía un retrato fiel de Stalin.</p>
<p>Con Ruth Cárdenas hice buenas migas. Estuvo una noche en mi casa, y admirablemente se la pasó en vela leyendo y corrigiendo la ponencia que expuso en el encuentro. Me regaló un poemario no muy extenso, donde hay poesías en español e italiano. El poema que más me gusta es &#8220;Oda a la muerte&#8221; y aquí transcribo un párrafo: &#8220;Yo, apenas poeta/ mitad los otros/ casi ninguno/ te llamo:/ hermana muerte/ a ti que entras/ sin golpear la puerta/ perdona si te interrumpo/ tu silencio de mármol y ciprés/ mas, cuando vengas por mi/ no te disfraces de negro/ araña viuda, triste&#8230;&#8221;</p>
<p>Me acuerdo cuando la acompañé, por la mañana, al colegio de Tensta, donde expuso algunos cuentos a niños de habla hispana. Cuando fui a despedirle al aeropuerto, cruzamos palabras alentadoras y nos dimos un beso en la mejilla. </p>
<p>De Nora Zapata tengo lindos recuerdos: su conversación, su risa y, sobre todo, su sensibilidad. Había leído sus poemas en el suplemento cultural del desaparecido periódico Presencia. También me regaló su poemario titulado <strong>De las estrellas y el silencio</strong>, que ganó el premio Franz Tamayo en 1973. Me lo dedicó con las siguientes palabras: “A Javier; poeta, amigo y hermano en esta aventura vital de todos los días, Nora Zapata Prill”.</p>
<p>Como todos los poetas escribe igualmente sobre la muerte. En un poema largo titulado &#8220;transeúnte séptimo, prohibido cambiar las sílabas de la muerte&#8221; dedicado a A. Ávila Jiménez dice: &#8220;&#8230; dormirás esta noche a mi lado/ con gajos que plantarme a la cintura/ prohibido/ como esa/ y estaremos seguros del silencio/ continúo donde comienza la oscuridad/ emerjo de tus brazos mutilados como loto que falta en la laguna/ Moras en mí/ pie irremediable/ tu piedad nacida en mis caminos/ se quiebra en los reptiles lanzados a la noche&#8230; &#8221;</p>
<p>Edwin Salas no estuvo presente en todas las reuniones y en las despedidas que hicimos, debido a que su esposa dio a luz justamente esas fechas. Por otra parte, es mi obligación mencionar que durante todo el encuentro pagaba los gastos con el dinero recaudado. O sea, llevaba la cuenta al pie de la letra para evitar cualquier malentendido.  Además, los otros miembros del grupo eran testigos, en directo, de los gastos que se hicieron desde el primer día de este acontecimiento literario. Es más, nos reuníamos los cuatro y yo rendía cuentas por escrito y con recibos, así sea de una corona. Revisados los ajustes económicos, firmaban los integrantes del grupo. Todo está bien documentado en un cartapacio que lo conservo como recuerdo.</p>
<p>Otra cosa que debo aclarar; es que jamás hubo un &#8220;principal organizador&#8221; dentro del grupo. Y lo digo esto basándome en la realidad y la documentación que tengo en mi poder. Ahí se puede observar el trabajo de cada uno de los integrantes del elenco organizador. Además existen cartas, diferentes tipos de letra, cuentas, sumas, restas, porcentajes, firmas, nombres, pagos, recibos de boletos de tráfico, recibos de restaurantes, de viajes, de correo, de pasajes y otros documentos como prueba.</p>
<p>En fin, así pasaron esos hermosos días llenos de actividades. La última noche antes de que Homero Carvalho y Alberto Guerra retornaran a Bolivia, les hicimos una linda despedida. Comimos bien, tomamos unos tragos y conversamos toda la noche. Creo que no dormimos ni una hora. Al día siguiente, después del almuerzo, nos fuimos en taxi al aeropuerto. Después de unos abrazos, calurosas palabras y apretones de manos, se despidieron para entrar a la sala de espera. A unos cuatro metros de nosotros, antes de pasar el control, se dieron vuelta, nos hicimos señas de adiós y se perdieron entre la gente.</p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Encuentro-de-poetas-foto-31.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Encuentro-de-poetas-foto-31.jpg" alt="" title="Encuentro de poetas - foto 31" width="355" height="211" class="aligncenter size-full wp-image-4488" /></a></center><br />
Despedida a Homero Carvalho y Alberto Guerra. En el aeropuerto. De izquierda a derecha: Javier Claure, Víctor Montoya, Alberto Guerra, Angel Ontiveros y Homero Carvalho.</p>
<p><strong>NOTA.</strong> El grupo Noche Literaria está totalmente desintegrado.<br />
Las fotos adjuntas en este trabajo pertenecen exclusivamente a mi álbum privado.<br />
Concluido el encuentro, y al cabo de un buen tiempo, recibí dos cartas. Una de Ricardo Pastor y otra de Pedro Shimose, donde expresaban sus agradecimientos por la atención en Estocolmo.<br />
Para leer la primera parte pulse <a href="http://www.ecdotica.com/2012/01/17/poetas-bolivianos-en-sucia-noche-literaria-primera-parte/" title="Poetas bolivianos en Suecia (segunda parte)">aquí</a><br />
<em><br />
Fuente: Ecdótica</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/2Vhz_ZkbrFQ" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/30/poetas-bolivianos-en-suecia-segunda-parte/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/30/poetas-bolivianos-en-suecia-segunda-parte/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>El silencio de la máquina de escribir (segunda parte)</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/HdHC9VPQ40U/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/26/el-silencio-de-la-maquina-de-escribir-segunda-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 14:14:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4482</guid>
		<description><![CDATA[El silencio de la máquina de escribir (segunda parte) Por: Mauricio Rodríguez Paint in black (octubre de 1970) Lámpara de 100 watts. Cuarto con paredes pintadas de verde. Cuadro de Corazón de Jesús. Piso de machihembre lustrado con kerosene. Caja de madera que es usada como velador. Catre de metal. Radio cassette Telefunken stereo. Rolling [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/El-silencio-de-la-máquina-de-escribir-parte-2.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/El-silencio-de-la-máquina-de-escribir-parte-2.jpg" alt="" title="El silencio de la máquina de escribir (parte 2)" width="259" height="196" class="aligncenter size-full wp-image-4483" /></a></center><br />
<strong>El silencio de la máquina de escribir (segunda parte)<br />
Por: Mauricio Rodríguez</strong></p>
<p><strong>Paint in black (octubre de 1970)</strong><br />
Lámpara de 100 watts. Cuarto con paredes pintadas de verde. Cuadro de Corazón de Jesús. Piso de machihembre lustrado con kerosene. Caja de madera que es usada como velador. Catre de metal. Radio cassette Telefunken stereo. Rolling Stones: I see a red door and I want it painted black/No colors anymore I want them to turn black.   </p>
<p>Rogelio besa la cicatriz del abdomen de Malena, los senos, separa con fuerza las piernas. Las sábanas caen al suelo. El sexo debe ser violento, olor de anís, de sudor, de sangre.<br />
—Muérdeme el cuello —susurra Malena. </p>
<p>Se oye el disparo cercano de un tanque. Varios fusiles. Rollings Stones: I see a line of cars and they&#8217;re all painted black/with flowers and my love, both never to come back. Es Bolivia, es la dictadura.</p>
<p>—¡Carajo! —grita Rogelio—. ¡Esconde los panfletos!<br />
«Todo se fue a la mierda», piensa, «luego está el vacío». Y también: «Debemos escapar». Y también: «¿A dónde?». Y también: «No se puede escapar del destino o del tiempo o de esta mierda de ciudad de huesos».</p>
<p>Maybe then I&#8217;ll fade away and not have to face the facts/It&#8217;s not easy facing up when your whole world is black.</p>
<p><strong>Backgtone del amante de papá (tiempo antes de contestar la llamada: 2 minutos)</strong></p>
<p>Y con más fuerza que nunca vuelve:/Tropikal sound, sound, sound./Vamos a hacer el amor chiquita./Déjame quererte mi amor/porque estoy loco por ti./Loco, loco de amor,/loco, loco por ti./Quiero que estés junto a mí,/todos los días sólo pienso en ti./ Loco, loco de amor,/ loco, loco por ti./Haciendo el amor,/haciendo el amor,/toda la noche./Haciendo el amor,/haciendo amor,/toda la noche.</p>
<p><strong>Conversación inútil</strong></p>
<p> —Hola.<br />
—¿Hola?<br />
—Hola.<br />
—¿Hola?<br />
—Hola, ¿me oyes?<br />
—¿Quién habla? ¿Hola?<br />
—Hola.<br />
—¿Quién es? ¿Juan?<br />
—Soy su hijo.<br />
—¿Hola?<br />
—Hola.<br />
—¿Quién eres?<br />
—El hijo de Juan Rodríguez.<br />
—¿Hola?<br />
—Hola.<br />
—No conozco a ningún Juan.<br />
—Lo conoces.<br />
—¿A quién?<br />
—Juan Rodríguez.<br />
—No lo conozco.<br />
—Déjalo en paz.<br />
—¿Hola?<br />
—Déjalo en paz.<br />
—Mierdita: a mí nadie me amenaza.<br />
—Deja en paz a mi papá.<br />
—¡Carajo! ¡Mierda¡<br />
—Puta.<br />
—¡Mierda! ¡Mierda!<br />
—¿Por qué te metiste con un hombre casado?<br />
—¡Carajo! ¡Carajo! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Carajo! ¡Mierda! ¡Carajo!<br />
Fin de la llamada.</p>
<p><strong>Breve descripción de los reproductores de sonido</strong></p>
<p><strong>Fonógrafo</strong>. Reproducía cilindros de cera que debían girar sobre una aguja. Las vibraciones se amplificaban por una bocina cónica.<br />
<strong>Gramófono.</strong> Reproducía discos planos de pizarra. Utilizaba un sistema de grabación mecánica analógica: las ondas sonoras eran transformadas en vibraciones mecánicas.<br />
<strong>Tocadiscos.</strong> Reproducía discos de vinilo. También fue conocido como pletina giradiscos, giradiscos, tornamesa, fonochasis, plato, pickup.<br />
<strong>Reproductor de cassettes</strong>. Reproducía cassettes de cinta magnética. Se fabricaron dispositivos portátiles: radio cassettes, walkman.<br />
<strong>Reproductor de disco compacto</strong>. Reproducían discos de un sustrato de policarbonato plástico con una capa refractante de aluminio.<br />
<strong>Reproductor digital.</strong> Reproduce formatos de audio digital: MP3, MWA, ATRAC, AAC, OGG, ASF, etcétera.     </p>
<p><strong>Carlos Quispe Mamani (cantante no vidente)</strong></p>
<p>«La música nos define. Cada canción queda impresa en la memoria, morirá con nosotros como toda memoria muere o se hunde en el vacío que es tan parecido a un pozo seco, tal vez perdido en algún desierto o en un bosque o en una casa abandonada. Es irremediable: estamos destinados al olvido. La música también. Pero mientras nos quede una nota, un ruido, un breve quejido de alguna canción, aún podremos evocar el pasado, que siempre fue mejor a este presente de mierda, sin ojos».</p>
<p><strong>Lista de recuerdos (en vinilo, casete y MP3) </strong></p>
<p>	<strong>Teresa Gutiérrez viuda de Gutiérrez, sepelio</strong>: Dust in the wind, Kansas.<br />
	<strong>Carlos Miranda Salazar, viaje a Sucre</strong>: Hotel California, Eagles.<br />
	<strong>Sergio Nogales Espinoza, antes del suicidio</strong>: Glommy Sunday, Rezsö Seress.<br />
	<strong>Carlos Arizpe Salazar, antes de la boda</strong>: It’s my life, The animals.<br />
       	<strong>Melisa Vargas Mendoza, antes de fumar marihuana</strong>: Touch me, The doors.<br />
	<strong>Mario Reyes Pérez, después del primer beso</strong>: I want to break free, Queen.<br />
	<strong>Rosendo Guachalla Pardo, sobredosis</strong>: Happy together, The turtles.</p>
<p><strong>Paint in black (octubre 2011)</strong><br />
	Rogelio cojea hacia el aparador. Usa bastón. Abre una pequeña caja de metal. Coge un casete. Con mucho cuidado lo desatornilla. Mira: la cinta está rota. Tarda media hora en componerla. Espera a que seque la clefa, luego coloca el casete en el reproductor. Apenas se oye a los Rolling Stones. «Son muchos años», piensa. Son muchos años y la dictadura y los disparos y los gritos y Malena, y llora hasta quedar dormido.<br />
Silencio. Fin de la cinta.       </p>
<p>Para leer la primera parte pulse <a href="http://www.ecdotica.com/2011/12/01/el-silencio-de-la-maquina-de-escribir-primera-parte/" title="El silencio de la máquina de escribir (primera parte)">aqui</a></p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/HdHC9VPQ40U" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/26/el-silencio-de-la-maquina-de-escribir-segunda-parte/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/26/el-silencio-de-la-maquina-de-escribir-segunda-parte/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Diario secreto, poética de lo macabro</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/FBFZQia2v2g/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/25/diario-secreto-poetica-de-lo-macabro/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 25 Jan 2012 21:46:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4478</guid>
		<description><![CDATA[<strong>Diario secreto</strong> es, también, una obra poética en todas sus proporciones. De alto contenido metafórico, con una construcción de imágenes indelebles, tan violentas como surreales, en algunos casos, y un ritmo trepidante, envolvente, incisivo. El conjunto de la novela reúne cualidades dignas de un gran poema. Poética de lo macabro podría decirse. Un frente a frente, creador y espectador.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Diario-secreto-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Diario-secreto-1.jpg" alt="" title="Diario secreto 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4479" /></a></center><br />
<strong>Diario secreto, poética de lo macabro<br />
Por Mijail Miranda Zapata (revolucionkbx@gmail.com)</strong></p>
<p>Semanas después de conocerse el fallo del jurado del <a href="http://www.ecdotica.com/2011/12/05/se-presenta-el-premio-boliviano-de-novela-el-diario-secreto-de-claudio-ferrufino/">Premio Nacional de Novela</a>, se habló mucho de las cualidades narrativas de Claudio Ferrufino-Coqueugniot (CFC). No obstante, el debate centrado en los recursos formales y estilísticos del oficio corrió en desmedro del análisis de contenido y sus diversas interpretaciones. A partir de este espacio se propone reencauzar el curso de las discusiones. No resultará extraño que la novela desate polémica. Si bien esto derivaría positivamente en la apertura de renovados espacios de diálogo, deben evitarse las lecturas apresuradas que degenerarían la complejidad de la obra en prejuicios pacatos y tendenciosos, capaces de provocar su censura.</p>
<p>A primera vista, el libro ofrece un personaje sórdido, impregnado de fetiches y hábitos patológicos. Aun así, nos resulta atractivo, siendo esta confrontación de emociones el anzuelo usado por el novelista para envolver al lector que, con el transcurrir de las páginas, se convertirá en cómplice y autor de crímenes espantosos. Los límites de la imaginación y la decadencia son tan cercanos como imperceptibles.</p>
<p>UNA DEPRAVADA HUMANIDAD. Los capítulos iniciales parecen proponer un manifiesto ético y estético, denotando la ambición del autor respecto a los alcances de su obra. A su vez, una serie de secuencias anecdóticas deviene en la diagramación milimétrica del universo total de <strong>Diario Secreto</strong>. Muestra clara de la fortaleza narrativa de CFC, ya demostrada en trabajos anteriores (<strong>El señor don Rómulo</strong>, Segunda Mención Premio de Novela Casa de las Américas 2002; <strong>El exilio voluntario</strong>, Premio de Novela Casa de las Américas 2009).</p>
<p>Llegado este punto conviene reconsiderar la lectura. Si enfilar el dedo índice hacia el prójimo y azuzar el fuego del veto son nuestro pasatiempo preferido, no valdrá la pena desperdiciar las fiestas navideñas para adentrarnos en el sombrío territorio esbozado por CFC. Oscuridad que, por cierto, no es ajena a ninguno de nosotros. De esta última afirmación puede deducirse que la novela es una interpelación directa al lector, mediante la visibilización de sus pulsiones más básicas y ecuménicas, quien, estremecido en el banquillo de los acusados, no podrá hacer más que admitir su violencia y depravaciones.</p>
<p>Adentrándonos en la historia, impresiona un capítulo en especial. En él, uno de los personajes secundarios nos introduce a su relación con el principal. Quizás el minucioso relato de ese microcosmos propicie la certeza de saber que somos víctimas de un cruel prestidigitador que no hace más que proporcionarnos sufrimiento. Una extraña metáfora que nos concibe dioses y mártires a la vez, una elaborada forma de oxímoron. En todo caso nada más impresionante que esta revelación. Habiendo abordado los develamientos, quizás el más triste sea el de saber que este psicópata no es un personaje ficticio, sino la humanidad entera. No será difícil reconocer frases cotidianas que, en este caso, son presentadas como las de un demente. Triste constatación de nuestras miserias.</p>
<p>REVALORIZACIONES. De igual forma, los personajes exponen una racionalización exacerbada, casi a modo de justificación, de comportamientos malsanos y sin embargo inherentes al ser humano. Rotunda contradicción en la que nos sumerge CFC. Es así que asumir la humanidad desde la sangrienta experiencia de la memoria se constituye en una actitud frente al mundo. Reconstruirnos desde nuestro morbo por el sufrimiento y el dolor para prescindir luego de estos rústicos pastiches de humanidad. Ir aún más allá de la realidad expuesta, transgredirla, penetrarla, traspasarla. Asesinar el tiempo y sus evocaciones, quedar suspendidos en las insondables praderas de lo eterno, la divinidad hecha carne. Entonces entra en escena la sexualidad entendida como ritual. Resulta necesaria la revalorización del sexo como elemento esencial de transgresión en tiempos en los que pululan manuales de felación y cunnilingus. Una enajenación de la sexualidad a las huestes del desparpajo moralizante y sublimante. Una vez más, la exaltación de las pulsiones primarias. ¿Desenfreno y perversión para vaciar de maldades el mundo? Una alternativa más.</p>
<p>SEXUALIDAD Y VIOLENCIA. Por otra parte, <strong>Diario Secreto</strong> de alguna forma rememora el filme francés Mártires, en el que una secta científico-religiosa mistifica la trashumación de la vida a la muerte. Algo debe encerrar este viaje que los genios de Pascal Laugier y CFC se ocuparon de él desde perspectivas apenas distintas. Tampoco puede obviarse la cercanía de este trabajo a La naranja mecánica, más a la de Kubrick que a la de Burgess, las obras del Marqués de Sade o las de la austriaca Elfriede Jelinek. En cualquiera de los casos, la violencia y la sexualidad explícitos no son gratuitos y responden más bien a una tradición literaria y cinematográfica que sabe provocar, cuestionar, indisponer y catalizar sus contenidos a un terreno propicio para una introspección cabal y diáfana, sin los vicios de la moralina y los tabúes. El acercamiento a Sade llega incluso más lejos, siendo ambas obras artísticas un solo imaginario capaz de concentrar las vertientes de alguna forma nueva de religiosidad. Una extravagante y lúcida manera de pensar el mundo prosaico, entendiéndolo simplemente como elemento secundario de un cáliz distinto, complementario, vital y eternizante.</p>
<p><strong>Diario Secreto</strong> es, también, una obra poética en todas sus proporciones. De alto contenido metafórico, con una construcción de imágenes indelebles, tan violentas como surreales, en algunos casos, y un ritmo trepidante, envolvente, incisivo. El conjunto de la novela reúne cualidades dignas de un gran poema. Poética de lo macabro podría decirse. Un frente a frente, creador y espectador. Una sucesión de imágenes, sonidos, olores, texturas y un sinfín de sensaciones en extremo viscerales. Un devenir certero de reproches, culpas y verdades. Así, esta poética de lo macabro concluye siendo un severo cuestionamiento a la cultura de la violencia y la guerra que envuelven el desarrollo de nuestra civilización. Así, también, concluye la novela. Desafiándonos a encarar el mundo de nuevo, repensar nuestras acciones cotidianas, las nimiedades que propician nuestra autodestrucción.</p>
<p>Para finalizar, cabe hacer una última advertencia a los posibles lectores. Inhóspitos parajes aguardan en esas páginas, terrenos lodosos, oscuros y húmedos recovecos. Nada más cercano a nuestra intimidad. Cuidado, podría ser descubierto en su goce más insano o sus secretos más grotescos.</p>
<p>XIII  <strong>Diario secreto</strong> es la novela ganadora del decimotercer Premio Nacional de Novela del país.</p>
<p><strong>Diario secreto</strong> es, también, una obra poética en todas sus proporciones. De alto contenido metafórico, con una construcción de imágenes indelebles, tan violentas como surreales, en algunos casos, y un ritmo trepidante, envolvente, incisivo. El conjunto de la novela reúne cualidades dignas de un gran poema. Poética de lo macabro podría decirse. Un frente a frente, creador y espectador.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.laprensa.com.bo/diario/entretendencias/estilo-de-vida/20120108/diario-secreto-poetica-de-lo-macabro_16555_27048.html" title="Reseña de Diario Secreto">La Prensa </a>- 8/01/2012</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/FBFZQia2v2g" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/25/diario-secreto-poetica-de-lo-macabro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/25/diario-secreto-poetica-de-lo-macabro/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Entrevista a Máximo Pacheco: “La noche descorriendo el velo de la historia y luego volviéndolo a cubrir”</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/SOB4E6-IiQY/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/19/entrevista-a-maximo-pacheco-la-noche-descorriendo-el-velo-de-la-historia-y-luego-volviendolo-a-cubrir/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 16:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevista]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4469</guid>
		<description><![CDATA[“La noche descorriendo el velo de la historia y luego volviéndolo a cubrir” Por: Rodrigo Urquiola Flores Siete preguntas a propósito de La noche como un ala (Premio Nacional Alfaguara de Novela 2010) de Máximo Pacheco Balanza ¿Qué significó ganar el Premio Nacional Alfaguara de Novela con La noche como un ala luego de haber [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Noche-como-un-ala-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Noche-como-un-ala-1.jpg" alt="" title="Noche-como-un-ala 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4472" /></a></center><br />
<strong>“La noche descorriendo el velo de la historia y luego volviéndolo a cubrir”<br />
Por: Rodrigo Urquiola Flores</strong></p>
<p>Siete preguntas a propósito de La noche como un ala (Premio Nacional Alfaguara de Novela 2010) de Máximo Pacheco Balanza</p>
<p><em>¿Qué significó ganar el Premio Nacional Alfaguara de Novela con <strong><a href="http://www.ecdotica.com/2011/08/12/la-noche-como-un-ala-resena-de-mauricio-rodriguez/" title="Reseña de Mauricio Rodríguez">La noche como un ala</a></strong> luego de haber quedado finalista dos veces con las novelas <strong>Huesos y cenizas</strong> (cuando el premio lo ganó Tito Gutiérrez con Magdalena en el paraíso) y con <strong>Retrato de ciudad con calavera en la mano</strong> (cuando el premio recayó en <strong>El agorero de sal</strong>, de Luisa Fernanda Siles)?</em></p>
<p>Máximo Pacheco: Significó sobre todo deshacerme del pesado fardo que representaba haberme propuesto ganar el premio después de haber obtenido (como vos lo señalas en la pregunta) dos veces la mención honrosa. No soy un escritor muy disciplinado y menos todavía un escritor frecuente. Mi primera novela la escribí el año 1984 y no volví a escribir otra hasta el año 2000 (aunque en este lapso hice unos cuentos y uno que otro poemario). La novela es un género que exige dedicación y sobre todo “obsesionamiento”, al menos en mi caso. Tengo que estar poseído por los personajes durante años para poder finalmente ponerme a escribir a regañadientes en unos cuantos meses. Cuando escribí <strong>Huesos y cenizas</strong> tras ese largo periodo de sequía literaria en que me había sumergido, la mejor opción para ver si era una buena obra era mandarla al concurso así que la mandé y logró la mención honrosa. Yo estaba muy contento con mi mención y me olvidé de la novela (la publicó la Alcaldía de Sucre gracias a gestiones de amigos el año 2004) y de la novelística hasta que una noche en un boliche uno de los jurados del premio me dijo (a buen entendedor pocas palabras) que yo no sabía escribir. Para demostrarle lo contrario (aunque dudo que él se acuerde de esa noche) me fijé el objetivo de ganar el premio algún día. Lo intenté el año 2005 con <strong>Retrato de ciudad</strong> con calavera en la mano, una novela sobre Sucre para lectores sucrenses. Un reconocimiento personal a mi ciudad y su mitología urbana. Con esta novela no sólo conseguí una mención honrosa en el concurso sino el afecto de muchos de mis conciudadanos y amigos que se reconocen en sus páginas y se identifican con sus personajes humanos y arquitectónicos. Finalmente, casi sin querer, gané el <a href="http://www.ecdotica.com/2010/12/27/la-novela-ganadora-del-premio-nacional-2010-invita-a-un-viaje-al-cuzco-de-1500/" title="Premio Nacional 2010 de novela Alfaguara">premio el 2010</a> y además de los beneficios económicos, significó entre otras cosas mi reingreso en el mundo de la literatura boliviana al que había entrado muy joven (cuando gané el premio San Andrés de novela si no me equivoco el 84) y del que había salido igual de rápido, para alejarme por un largo tiempo.</p>
<p><em>El título <strong>La noche como un ala</strong> da la impresión de que la novela narra una historia oscura y cerrada, y, cuando nos enteramos de que la trama se desarrolla en la época de la colonia, esa época de tantos territorios sin descubrir, se nos viene a la mente aún más oscuridad. La oscuridad como un ala, una noche que vuela. ¿Por qué este título –que parece aludir más a algún significado poético– para una novela con tendencia histórica?<br />
</em><br />
Máximo Pacheco: Muchos lectores me han hecho esa pregunta: ¿Por qué <strong>La noche como un ala</strong>? La verdad es que mientras escribo una novela no tengo la noción del título que va a llevar. Cuando acabé de escribir esta me pregunté ¿y ahora que título le pongo? Y estuve barajando varias posibilidades. Tenía una noción parecida a la tuya, pensaba que la novela narra unos sucesos que iluminan un pedazo de una historia que se oscurece al cerrar el libro y desaparece. Entonces me acordé de una frase escrita por un tío abuelo (hermano de mi abuela materna), un escritor prácticamente olvidado de inicios del siglo XX que se llamaba Ismael Vilar, que escribió un cuento que se llama El sentido de la honra en el que hay una frase que yo había utilizado como epígrafe de mi guión cinematográfico Lumpen proletariat y que dice así: “cada día llega el día y cada día se va, y cada día lo despide la esperanza y cada día es sombrío a pesar del sol. Y después del día llega la noche como un ala, la noche que, esperanza o crimen, todo lo cubre con igual dulzura”. Y entonces dije: maldición, ya lo tengo, tiene que llamarse <strong>La noche como un ala</strong>. La noche descorriendo el velo de la historia y luego volviéndolo a cubrir. Se me ocurrió eso, no sé si los lectores lo verán así. Supongo que sirve para darle un toque de misterio a la novela. En realidad, la colonia temprana no es un periodo oscuro al menos en el sentido de oscuridad (o de oscurantismo) que le daban los ilustrados a la edad media considerando que la razón es la que ilumina al mundo. Y la oscuridad de <strong>La noche como un ala</strong> es una oscuridad de esas en las que uno se divierte dando vueltas a tientas y de pronto toca algo misterioso y amorfo.</p>
<p><em>Abrimos <strong>La noche como un ala</strong> y lo primero que oímos es una voz parca y sobria, como en liturgia, el Kuraka Aira Ampu es sacado de su tumba y luego devuelto a ella para que no lo vean los demonios blancos. La muerte flota alrededor. ¿Qué es la muerte en la escritura de Máximo Pacheco?</em></p>
<p>Máximo Pacheco: En este momento no estoy del todo seguro. Cuando era un jovenzuelo casi adolescente y escribía mis primeros poemas, la muerte era, para mí, lo más importante. Mis primeros poemas estaban dedicados a explorar en el mundo de la muerte (mi primer poemario se llama no en vano <strong>Anatomía de la tumba</strong>) andaba buscando el secreto de la vida en las morgues y anfiteatros (en esos tiempos entré a estudiar medicina sin creer en ella para nada). Mi fascinación por la muerte me llevó posteriormente a la arqueología y probablemente también a la historia (orientación necrofílica que hubiera puesto iracundos a los historiadores de los annales). Cuando escribí <strong>Huesos y cenizas</strong> una novela que según un amigo transcurre “en el tiempo del alcohol y de la muerte” mi visión ya había cambiado. Me fui a vivir al campo y ahí vi morir a muchos de mis amigos afectados por el mal de chagas. Y ahí aprendí a ver a la muerte como algo natural, integrado a la cotidianeidad. Sin traumas heideggerianos como “el ser para la muerte” y esas cosas. Precisamente ahora estoy trabajando en un ensayo filosófico que se titula <strong>La intrascendencia de la muerte</strong> no sé muy bien en qué acabará, creo que me estoy metiendo en camisa de once varas. Espero salir indemne de la aventura. ¿Qué es la muerte en mi escritura? Creo que es una preocupación constante o una constatación preocupante. Pensándolo bien, la muerte siempre está presente en mis obras como un <em>leit motiv</em>. Toda la trama gira alrededor de la muerte. Aunque el tono del abordamiento ha ido variando con el tiempo, en un principio era muy solemne y saenziano con el tiempo ha ido adquiriendo un poco más de humor y liviandad. En <strong>La noche como un ala</strong> he querido contraponer las visiones andina y cristiana de la muerte, no sé si con muy buenos resultados. La respuesta está en manos de los lectores.</p>
<p><em>El licenciado don Diego Pozo del Llano sufre de dolores de estómago. Pedos sonoros y malolientes. A poco más de un año de la publicación de <strong>La noche como un ala</strong>, cuando recuerdas a este personaje, ¿qué impresiones se te vienen a la mente?</em></p>
<p>Máximo Pacheco: Siempre me ha interesado la historia del cuerpo. Y en este caso quería abordar el tema desde la novelística. La novela no se mete mucho con el cuerpo a no ser desde el punto de vista del sexo y la sexualidad, no he leído nada que hable de la decadencia del cuerpo y de los achaques que ocasiona el prolongado (o no tan prolongado) vivir. En mi novela <strong>Huesos y cenizas</strong> hay páginas y páginas sobre la decadencia corporal, el dolor y el placer que el cuerpo sustancia. En <strong>La noche como un ala</strong> le tocó la mayor carga al Licenciado Pozo, quizás porque el cacique está muerto y el jesuita no está tan viejo. Al leer las crónicas uno por lo general no se imagina el estado físico del escritor, se pone la atención en la parte intelectual. Mi personaje es un hombre viejo y gastado por la vida, cargando con su cuerpo como una expiación, un verdadero esperpento (feo y grotesco) pero a la vez simpático y bromista como suelen ser los ancianos. A esa edad y en esa época difícilmente podía tener dientes, si no mascaba la comida obviamente tenía problemas estomacales y así… A un año de la publicación de la novela, pensar en el licenciado Pozo todavía me pone de buen humor. Hubiera querido conocerlo y echarle unas conversaciones de horas con él. Igual con el padre Urreda y con el cacique. Siempre he sido muy amigo de los viejos y siempre he disfrutado de sus historias, de su conversación, de sus manías y sus ck’onaneríos. La macana es que ya todos se están muriendo y yo soy el que se está convirtiendo en viejo, achacoso y pedorro. Ahora que lo pienso, en todas mis novelas hay siempre un viejo.</p>
<p><em>En <strong>La noche como un ala</strong> nos encontramos con descripciones de paisajes que parecen pintados en cuadros que tranquilamente podrían estar expuestos en museos que hagan referencia a la época de la colonia. ¿Qué rol juega la pintura en esta novela?, y más allá, ¿en tu manera de escribir?</em></p>
<p>Máximo Pacheco: La pintura juega un rol importantísimo en el catolicismo pos-tridentino y por tanto en las indias. No podríamos imaginarnos la colonia sin la pintura y la escultura al servicio del culto. Y pienso yo que las culturas andinas hacían lo mismo aunque sin figurativismo. De todos modos, nuestra visión de la colonia (al menos la mía) está mediada por las pinturas y esculturas. Una gran parte de nuestros conocimientos sobre la vestimenta, el aspecto físico (las miradas, las sonrisas, las posturas) vienen de los cuadros. He trabajado en un museo de arte colonial y supongo que mis descripciones son pictóricas porque mi visión del pasado viene más de los cuadros que de los documentos. Me he pasado horas y horas de mi vida (especialmente del tiempo en que escribí <strong><a href="http://www.ecdotica.com/2010/10/31/la-noche-como-un-ala-maximo-pacheco-premio-nacional-de-novela-2010/">La noche como un ala</a></strong>) observando encandilado las pinturas de Bitti, de Holguín, de Berrío y de tantos otros pintores anónimos de la colonia. En parte por mi interés de pintor en la técnica y en parte por un interés obsesivo por desentrañar los misterios del pretérito. Me alegra mucho que eso se note en la novela. Yo me imagino el ambiente de la ciudad del Cuzco en <strong>La noche como un ala</strong> con esos tonos grisáceos y medio sombríos de Holguín. Después de todo para mí escribir es como pintar. Como poner un cuadro en palabras. ¿Te imaginas lo capo que sería el que ponga un cuadro del Bosco en palabras? </p>
<p><em>En <strong>La noche como un ala</strong> existe una clara comparación entre dos fiestas. Por un lado está la fiesta de los indígenas y por otro la fiesta de los conquistadores. ¿Fue tu intención hacer esa comparación aludiendo a algunos hechos de la historia boliviana reciente?</em></p>
<p>Máximo Pacheco: No. No fue mi intención. Leyendo a cronistas y tratadistas del siglo XVI (Acosta, Polo…) me enteré de que los indios del Cuzco celebraban en la fiesta de Corpus la fiesta del sol o intiraymi. Habían subsumido sus propias creencias en las católicas y aunque oficialmente reverenciaban a Cristo transustanciado en el pan, por “abajo” seguían adorando al sol. Quizás la iglesia promovió esta relación porque las custodias empezaron a hacerse con la forma de un sol radiante, “oficialmente” se convirtió en la misma fiesta. Obviamente esto tiene que ver con la historia reciente en los Andes. Pero nuestra historia religiosa (quiero decir la de la actual Bolivia) no es la misma que la del Cuzco. Los cuzqueños exportaron su religión hacia el Collasuyo – Charcas. El culto al sol en estas latitudes a la llegada de los españoles era relativamente nuevo. Llegó junto con los incas pocos años antes de la conquista. Era una creencia recientemente asimilada. La novela transcurre en el Cuzco, el centro de difusión del culto al sol. Así que la relación entre la novela y la realidad nacional boliviana sería un poco forzada. Nosotros éramos relativamente nuevitos en el Tahuantinsuyu.</p>
<p><em>Más allá de la lucha entre conquistadores y conquistados hay una guerra religiosa. Aquella fe que mueve montañas también es capaz de mover ejércitos. Desde un punto meramente religioso y volviendo a la comparación entre épocas de nuestra historia, ¿cómo interpreta Máximo Pacheco los sucesos que acontecen ahora en nuestro país?<br />
</em><br />
Máximo Pacheco: Mi estimado Rodrigo, vos sabes que la fe en general mueve más ejércitos que montañas. Aunque en la colonia temprana en las indias el estado español no necesitó, curiosamente, de un ejército regular para mantener su dominación. Quizás ejercían formas más sutiles y sofisticadas de violencia (entre ellas la hegemonía religiosa). En cuanto a los sucesos que acontecen en Bolivia qué te puedo decir. Creo que en términos generales y desde un punto de vista meramente religioso como planteas, vamos por buen camino. Hay una revalorización de la religiosidad andina y libertad para practicar la religión que uno quiera. No creo en las religiones empoderadas, me parece bueno que el estado sea independiente de la religión como reza nuestra constitución. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/SOB4E6-IiQY" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/19/entrevista-a-maximo-pacheco-la-noche-descorriendo-el-velo-de-la-historia-y-luego-volviendolo-a-cubrir/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/19/entrevista-a-maximo-pacheco-la-noche-descorriendo-el-velo-de-la-historia-y-luego-volviendolo-a-cubrir/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Poetas bolivianos en Suecia, Noche Literaria (primera parte)</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/UFzD7eoPkKY/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/17/poetas-bolivianos-en-sucia-noche-literaria-primera-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 14:06:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Encuentro]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4462</guid>
		<description><![CDATA[Foto tomada el 14 de septiembre de 1990, a las afueras de ABF, Estocolmo (local donde se llevó a cabo las conferencias del encuentro). De izquierda a derecha: Ruth Cárdenas, Homero Carvalho, Pedro Shimose (detrás), Alberto Guerra, Nora Zapata, Edwin Salas (detrás), Víctor Montoya, Héctor Borda, Javier Claure, Ricardo Pastor, Luis Vélez (detrás), Tito Siva [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Poetas-bolivianos-en-Suecia-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Poetas-bolivianos-en-Suecia-1.jpg" alt="" title="Poetas bolivianos en Suecia 1" width="355" height="211" class="aligncenter size-full wp-image-4463" /></a></center><br />
Foto tomada el 14 de septiembre de 1990, a las afueras de ABF, Estocolmo (local donde se llevó a cabo las conferencias del encuentro).<br />
De izquierda a derecha: Ruth Cárdenas, Homero Carvalho, Pedro Shimose (detrás), Alberto Guerra, Nora Zapata, Edwin Salas (detrás), Víctor Montoya, Héctor Borda, Javier Claure, Ricardo Pastor, Luis Vélez (detrás), Tito Siva y Luis Andrade.<br />
<strong>Apuntes de un proyecto literario (Primera Parte)<br />
Por Javier Claure C.</strong></p>
<p>Han pasado veinte años del “Primer Encuentro de Poetas y Narradores Bolivianos”, efectuado en Estocolmo, y todavía recuerdo los acontecimientos como si hubiesen ocurrido ayer.</p>
<p>Cuatro amigos interesados en la literatura: Edwin Salas (Q.E.P.D), Ángel Ontiveros, Víctor Montoya y el autor de esta nota, organizaron este evento que tuvo gran éxito en Estocolmo y buena repercusión en Bolivia.</p>
<p>A Edwin Salas lo conocí en la universidad cuando estudiaba informática, ya que él estudiaba para un doctorado en ingeniería mecánica. A Víctor Montoya lo conocí en la presentación del poemario <strong>Datos para la biografía de un hombre</strong>, del poeta argentino Chiche Diamanario (seudónimo de Mario Chichelnitzky), quien actualmente vive en Barcelona. Y con Ángel Ontiveros iniciamos una amistad en los años 80. Nuestro afán por la literatura nos llevaba a reunirnos horas (sin que faltara buenos tragos, por su puesto) para intercambiar ideas y pensamientos. En los veranos, aprovechando el sol que aparece en Suecia, solíamos juntarnos en el parque Ivar Lo para iniciar nuestras pequeñas tertulias. Fue en una de esas reuniones que surgió la idea de hacer un encuentro de poetas y narradores bolivianos. Al principio, solamente era un sueño porque, como bien es sabido, todo sueño fracasa sin el soporte económico. La pregunta era entonces: ¿Cómo financiar este proyecto literario? </p>
<p>Nos repartimos tareas. En lo que a mí respecta, los otros compañeros del grupo decidieron designarme secretario de hacienda. Así lo señala el protocolo firmado por Edwin Salas y Ángel Ontiveros el 1 de abril de 1990. Me lo entregaron ese mismo día, cuando tuvimos una reunión en las oficinas de la universidad, donde Salas estaba haciendo su doctorado. En dicho documento, Salas figura como auditor; aunque, a decir verdad, los otros dos miembros del grupo siempre estaban presentes en el momento de rendir cuentas.</p>
<p>Mi nombramiento se debe, creo, a mi firme e inquebrantable crítica a “ciertos miembros” de las asociaciones culturales en Suecia, que se habían embolsado (y se embolsan) gran parte de las ayudas económicas que reciben del Estado. </p>
<p>Debo señalar con orgullo que nuestro grupo jamás tuvo ambiciones de lucro. No éramos una empresa empeñada en ganar dinero, ni tampoco utilizamos falsas etiquetas para ocultarnos bajo una bandera. Simple y llanamente se trataba de un gesto altruista. Queríamos difundir, al pueblo sueco y a la colonia latinoamericana, la literatura boliviana. En esa época no había internet. Nos enterábamos de las noticias de nuestro querido país por el desaparecido periódico Presencia, que llegaba al Centro Socio-Cultural Boliviano. La literatura boliviana, pese a sus grandes talentos, no era conocida. Don Carlos Medinaceli, crítico literario boliviano y fundador de la revista “Gesta bárbara”, solía decir: “La mayor desgracia para nosotros es haber nacido en Bolivia, la cola del mundo&#8230;”. Pero hoy, contrariamente a estas palabras, Bolivia avanza, con sus errores, en lo político y en el aspecto literario. Existen en el país buenos escritores y poetas que hacen progresar, día a día, la literatura boliviana. Muchos de ellos se han perfilado a nivel internacional.</p>
<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Poetas-bolivianos-en-Suecia-foto-21.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Poetas-bolivianos-en-Suecia-foto-21.jpg" alt="" title="Poetas bolivianos en Suecia foto 21" width="355" height="211" class="aligncenter size-full wp-image-4464" /></a></center><br />
Foto2: De izquierda a derecha: Luis Vélez, Nora Zapata, Javier Claure, Alberto Guerra y Héctor Borda.</p>
<p>Me propuse, entonces, hacer un trabajo de hormiga para conseguir ayuda económica: escribía cartas a diferentes instituciones culturales, me citaban para conversar personalmente y los logros iban saliendo, poco a poco, a luz. Mientras tanto, los otros compañeros trabajaban por su cuenta. Nos reuníamos cada cierto tiempo para informar los avances. Y la verdad es que había éxito. Lo que inicialmente era una simple ilusión se tornaba en una realidad.<br />
El 17 de enero de 1990, organizamos una tertulia en los locales del Centro Socio-Cultural Boliviano (en Bredäng). Publicamos un pequeño folleto titulado “Poetas Bolivianos en Suecia, Noche Literaria”, en la que participaron: Héctor Borda, Víctor Montoya, Olga V. de Arizcurinaga, Edwin Salas, Ángel Ontiveros, Yerko Rhea Salazar y Javier Claure. Fue una noche muy agradable y concurrida en la que el poeta orureño, Héctor Borda, leyó sus poemas durante una hora. El mismo año, el 24 de noviembre a las 19:00 horas, organizamos otra tertulia, también en los locales del Centro Socio-Cultural Boliviano (en Karlaplan). Para esa fecha nos dimos a conocer como grupo Noche Literaria. Publicamos nuevamente un cuadernillo, titulado “Poetas y narradores bolivianos en Suecia”, en cuyo prólogo se advierte: “Uno de los objetivos fundamentales de estos encuentros literarios es el de preparar el ambiente para el futuro encuentro de poetas y narradores bolivianos en Europa, a efectuarse en septiembre del 1991. La colonia boliviana, en Suecia, estará muy bien representada.”</p>
<p>Los participantes esta vez fueron María Joaniquina, Ángel Ontiveros, Juan Carlos Romero, Javier Claure y Humberto Vásquez. Los invitados especiales de la noche: Bernarda Díaz (poetisa chilena), Mario Romero (poeta argentino, Q.E.P.D) y Ana Rojas Portillo (declamadora boliviana).</p>
<p>El grupo Noche Literaria siguió trabajando hasta que finalmente vio el sueño realizado. Tuvimos el honor de tener en Estocolmo a las siguientes personas:<br />
Ruth Cárdenas, poetisa (Sucre, Bolivia, 1957), llegó desde Italia.<br />
Ricardo Pastor, escritor (La Paz, Bolivia, 1940), llegó desde Estados Unidos.<br />
Pedro Shimose, poeta (Riberalta, Bolivia, 1940), llegó desde España.<br />
Nora Zapata, poetisa (Cochabamba, Bolivia, 1945), llegó desde Suiza.<br />
Homero Carvalho, escritor (Santa Ana, Bolivia, 1957), llegó desde Bolivia.<br />
Alberto Gruerra, poeta  (Oruro, Bolivia, 1932 &#8211; 2006), llegó desde Bolivia.<br />
Otros escritores y poetas bolivianos radicados en Suecia, quienes además habían publicado libros, eran:<br />
Héctor Borda, poeta (Oruro, Bolivia, 1927)<br />
Víctor Montoya, escritor (La Paz, Bolivia, 1958)<br />
Edwin Salas, poeta (Casarabe, Bolivia, 1954)<br />
Olga V. de Arizcurinaga, poetisa (La Paz, Bolivia, 1927)</p>
<p>En realidad, en el documento enviado al Instituto Sueco, el 3 de octubre de 1990, figuraban dos escritores más que no pudieron llegar por motivos de trabajo. La convocatoria para este acontecimiento cultural se lanzó la misma fecha y estaba orientada a todos los bolivianos residentes en Europa o cualquier otra parte del mundo que hayan publicado libros.</p>
<p>De esta manera, se sumaron también al encuentro por cuenta propia Luis Vélez Serrano (filólogo cochabambino, llegó desde Suiza), Luis Andrade (poeta chuquisaqueño, llegó desde Bolivia) y Tito Silva (escritor beniano, llegó desde Holanda).</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/UFzD7eoPkKY" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/17/poetas-bolivianos-en-sucia-noche-literaria-primera-parte/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/17/poetas-bolivianos-en-sucia-noche-literaria-primera-parte/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Entrevista a Wilmer Urrelo</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/ui8jn6FsomU/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/16/entrevista-a-wilmer-urrelo-3/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 20:43:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevista]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4458</guid>
		<description><![CDATA[“La felicidad es esto: estar libre de todo y perder el miedo” Por: Rodrigo Urquiola Flores Ocho preguntas a propósito de Hablar con los perros, la nueva novela de Wilmer Urrelo Zárate Sin dejar de todo el relato policial negro que se ve con mucha fuerza en Fantasmas asesinos (Premio Nacional Alfaguara de Novela 2006), [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Hablar-con-los-perros-de-Wilmer-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/Hablar-con-los-perros-de-Wilmer-1.jpg" alt="" title="Hablar con los perros de Wilmer 1" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4459" /></a></center><br />
<strong>“La felicidad es esto: estar libre de todo y perder el miedo”<br />
Por: Rodrigo Urquiola Flores</strong></p>
<p><em>Ocho preguntas a propósito de <strong>Hablar con los perros</strong>, la nueva novela de Wilmer Urrelo Zárate</em><br />
 <em><br />
Sin dejar de todo el relato policial negro que se ve con mucha fuerza en <strong>Fantasmas asesinos</strong> (Premio Nacional Alfaguara de Novela 2006), ¿se podría afirmar que <strong>Hablar con los perros</strong> es una novela completamente distinta?, ¿en qué medida?</em></p>
<p>Wilmer Urrelo: Pues sí, me parece que es distinta en el sentido de explorar, quizá, aspectos más íntimos de los personajes. Por ejemplo, el Perro Loco o la propia Alicia. Y quizá hay un compromiso más radical con la técnica y el lenguaje.</p>
<p><em>Después de leer <strong>Hablar con los perros</strong>, se me vino a la mente un artículo que leí hace tiempo sobre un caníbal en Alemania que puso un aviso en internet en el que requería de un voluntario que quisiera ser comido. Se presentó alguien que deseaba suicidarse y que aceptó la propuesta del caníbal. Quedaron y el voluntario fue devorado. La justicia alemana estuvo debatiéndose un tiempo sobre el grado de culpabilidad del “asesino” y también sobre la culpa de la “víctima”. ¿Es esta nueva novela, de alguna manera, una respuesta a esa permanente indecisión de la justicia?</em></p>
<p>Wilmer Urrelo: No. Mira, el tema del canibalismo como búsqueda de la felicidad, tengo la impresión, fue gestándose en los tres años de escritura del libro de manera lenta, sin saber en realidad por qué se comían a la gente. Si hablamos del tema de la justicia como tal, yo me quedaría con uno de los personajes: Nancy, quien decide acortar el camino y hacer su propia justicia.</p>
<p><em>En <strong>Hablar con los perros</strong>, más allá del canibalismo organizado, se habla mucho de la felicidad, esa cosa sin forma e inalcanzable. ¿Qué es la felicidad dentro del universo narrativo de esta novela?, ¿no hay otra manera de ser feliz que comiendo gente? </em> </p>
<p>Wilmer Urrelo: Jajaja. Claro que sí. La felicidad es esto: estar libre de todo y perder el miedo.</p>
<p><em>El canibalismo organizado decide que la carne de los ricos es mejor que la de los pobres. ¿Por qué este enfoque?, ¿por qué la carne de los “ricachos” es mejor?</em></p>
<p>Wilmer Urrelo: Porque hay un ingrediente de venganza. De posesión del ricachón. Algo que a los pobres no se les permite con  mucha frecuencia.</p>
<p><em>A lo largo de la novela, a manera de distintos epígrafes, hay trozos de canciones de diversos grupos musicales, que van –si uno conoce las bandas– actuando como un <em>soundtrack</em> por debajo de la historia que va siendo narrada. ¿Por qué poner este telón de fondo?</em></p>
<p>Wilmer Urrelo: Porque es la biografía musical del Perro Loco. Además, por esos años andaba como intentando que la novela tuviera cierta musicalización y para mí eso era muy importante que se notara al momento de leerla.</p>
<p><em>La guerra del Chaco queda retratada de una manera singular, pocas veces vista en nuestra narrativa y libros de historia. El caníbal líder, Papá, aprendió a ser caníbal allí. La muerte de sus compatriotas lo alimentaba, lo hacía feliz. Un hombre con un destino triste que va a buscar la muerte y no la encuentra, que encuentra la de los demás para su propio beneficio. Un cobarde y un valiente al mismo tiempo. ¿Eso es lo que queda de aquella guerra que sólo conocemos de oídas, nosotros los nietos del Chaco: la imagen de un hombre cobarde-valiente que se come a sus compatriotas caídos?</em></p>
<p>Wilmer Urrelo: Sobre cómo volvieron nuestros abuelos de la guerra hay todavía mucha tela que cortar. Creo que lo que siempre me indignó de la guerra es pretender que ésta se acabó con la firma de la paz. La guerra se vino con nuestros abuelos, como una enfermedad, y trajo desastres enormes. Creo que eso, precisamente, es lo que nos falta explorar.</p>
<p><em>En contraposición a esto –pero no tanto– está el Perro Loco, ese tal José Luis Zurita, ese joven citadino –un joven cobarde y valiente al mismo tiempo– criado por dos madres y que pelea una constante guerra contra sí mismo, ¿intenta retratar de alguna manera otro tipo de desconcierto?, ¿un desconcierto más actual, tal vez? </em></p>
<p>Wilmer Urrelo: Sí, por supuesto. El Perro Loco es la contraparte de Alicia, en cierto sentido. Pero también es la típica creación de ese enorme desconcierto llamado familia paceña. Por eso, quizá, me interesaba explorarlo de una manera particular en la novela.</p>
<p><em>Alguna vez, en un libro sobre la guerra del Chaco, vi una imagen de un perro famélico que miraba al fotógrafo con atención, sus patas apoyadas sobre una trinchera y, a sus pies, los cuerpos muertos de los caídos. En algún momento de la novela escuchamos la voz de un perro, el perro de Vallejo. Lo último que leemos, antes de cerrar el libro, es: “Y yo, desde el piso, ladré una vez más”. ¿Por qué la novela se llama <strong>Hablar con los perros</strong>?, ¿quiénes o qué son esos perros?, ¿de quién o de qué es la voz privilegiada que puede hablar con ellos?</em></p>
<p>Wilmer Urrelo: Mira, eso del título fue algo muy gracioso. Resulta que la perrita de mis sobrinas se quedó conmigo y cuando terminaba de escribir la novela estaba a mi lado, impidiendo que lo hiciera. Mientras más la botaba ella más venía, entonces le dije: ¿en qué idioma quieres que te hable? Ahí salió el título y por eso le dedico la novela. Pero, fuera de eso, es muy curioso esto de los perros, pues la imagen o el sentido como tal, fue introduciéndose poco a poco en el libro. Cuando Vallejo conoce al perro (no al Perro Loco, sino al animal) no sé por qué, de un momento a otro, decidí ponerle voz y decidí también que fuera él quien cierre la novela y quien tuviera una visión general de los personajes. Además, me gustan los perros.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/ui8jn6FsomU" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/16/entrevista-a-wilmer-urrelo-3/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/16/entrevista-a-wilmer-urrelo-3/</feedburner:origLink></item>
		<item>
		<title>Presentación de Lluvia de piedra de Rodrigo Urquiola</title>
		<link>http://feedproxy.google.com/~r/Ecdotica/~3/2ykMNMmCdtw/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2012/01/13/presentacion-de-lluvia-de-piedra-de-rodrigo-urquiola/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 13 Jan 2012 14:01:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=4454</guid>
		<description><![CDATA[Un viaje Por: Rodrigo Urquiola Flores Presentación de Lluvia de piedra Recuerdo tres viajes fantásticos que tuve la fortuna de realizar. El primero, cuando a mis quince años, vestido con un jean, una polera y una chompa delgada, sin decirle nada a nadie en mi casa, atravesé veinticuatro horas de nuestro país hacia el sur, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/portada-lluvia-piedra_2_grande.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2012/01/portada-lluvia-piedra_2_grande.jpg" alt="" title="portada-lluvia-piedra_2_grande" width="211" height="355" class="aligncenter size-full wp-image-4455" /></a></center><br />
<strong>Un viaje<br />
Por: Rodrigo Urquiola Flores</strong></p>
<p><em>Presentación de Lluvia de piedra</em></p>
<p>Recuerdo tres viajes fantásticos que tuve la fortuna de realizar. El primero, cuando a mis quince años, vestido con un jean, una polera y una chompa delgada, sin decirle nada a nadie en mi casa, atravesé veinticuatro horas de nuestro país hacia el sur, a Tarija. El segundo, del que me ocuparé después, fue cuando viajé a Lima. Y el tercero, hace poco, acabo de retornar el 31 de julio, cuando estuve por Santa Cruz y Cochabamba, contemplando algo que jamás vi antes y que resultó ser algo muy importante que ocurriera en mi vida. Estos tres viajes han sido definitivos en mi labor como escritor y, sobre todo, como ser humano. Estos tres viajes me han enseñado bastante, me han deslumbrado y, de cierta manera, me han ido convirtiendo en una persona nueva. Viajar envejece en el mejor sentido, hace que envejecer signifique crecer, tal como sucede cuando se lee un buen libro.</p>
<p>La primera vez que vi el mar fue a eso de las tres o cuatro de la mañana, desperté en el bus Ormeño en carretera hacia Ica y aún todo estaba oscuro. Asomé mi mirada a la ventana, el sonido del viaje se había hecho algo muy natural y entonces vi que el horizonte se movía. Ese horizonte era un monstruo negro, una anguila gigantesca que se movía oscilando, ascendiendo y descendiendo, manteniéndose, quedándose, quebrándose, volviendo a subir y bajando. Al principio, creí que estaba mareado, pues, si no me equivoco, de las treinta horas de viaje ya habían transcurrido por lo menos veinte. Luego el bus alcanzó una cima y el horizonte resultó ser infinito. Fue un momento muy especial. Ya no pude continuar durmiendo. Tenía diecisiete o dieciocho años y nunca había conocido el exterior. Soñaba con conocer el mar. Sé que no es así para todos los bolivianos, pero para mí fue algo espectacular, muy difícil de explicar utilizando palabras. Cuando llegué a Lima pude verlo en todo su esplendor. Viajé en junio, recuerdo que eran vacaciones de invierno en colegio y, según muchos peruanos, hacía un frío terrible. Yo no sentía ese frío, la ciudad de La Paz nos vacuna también contra ese tipo de cosas. Lima estaba nublada, como casi siempre, ebria de bruma y el océano mostraba su rostro plomizo, su horizonte gris. Me gustaba ir a las playas de Barranco o a Larcomar a ver y escuchar el oleaje, podía quedarme mucho tiempo haciéndolo. Había una playa donde en lugar de arena costera había piedras redondas. Allí me sentaba y leía o escuchaba música.</p>
<p>Intento recordar cómo fue que germinó en mi cabeza la idea de escribir esta novela y he llegado a la conclusión de que fue en el preciso instante en el que me senté sobre esas piedras y contemplé el océano. Esta imagen debió haberse quedado en algún rincón de mi subconsciente casi sin que yo mismo me diera cuenta de ello. Recuerdo que, en un segundo viaje, creo que al año siguiente, en verano, extrañé la tristeza del invierno anterior y, al cabo de un par de semanas, quería volver a Bolivia, mi casa. No sé por qué o de cómo, pero pensé mucho en cómo acontecería una lluvia dentro de una piedra. En Lima no llueve o, cuando lo hace, no llueve con la misma intensidad que en La Paz. Y La Paz no posee playas costeras, lo que es una gran lástima.</p>
<p>La mayor parte de la acción que acontece en la novela sucede en Santa Fe. Muchos que leyeron la novela antes de la presentación me preguntaron si Santa Fe es un lugar que existe de verdad o si era una especie de Macondo o Yoknapatawpha o Santa María más. Pero sí, Santa Fe sí existe. Es un alejado barrio paceño, inmerso en las fronteras de la zona sur con las montañas. Para llegar allí por Chasquipampa se debe atravesar dos ríos. Por suerte el progreso ha construido dos puentes muy estables. Cuando yo era un niño de siete u ocho o nueve años estos puentes no existían. Y las temporadas de lluvias, me parece, eran más lluviosas que las de ahora. Algo está pasando con el planeta, algo que no está bien. ¿O habrá sido que mi mente de niño prefería sólo recordar lluvias?, no lo sé. Es probable. Entonces, puede ser que algo con mi mente no esté del todo bien. No importa. Y había que pasar el primer río saltando sobre las piedras, mojándose los volapiés y los zapatos y cuidando de que nada se cayera a esas heladas aguas de color café con leche que corrían debajo de nosotros. Y de pronto se escuchaba un trueno. Y caía la lluvia una vez más. Y continuábamos caminando. Rumbo al segundo río. Allí sí había un puente, pero uno muy precario que, luego de un par de años sería arrastrado por una violenta riada. Era un puente hecho con troncos y sin pasamanos. Llegábamos a casa y teníamos los pantalones y los zapatos llenos de greda y barro. Por las noches continuaba la lluvia. Siempre la lluvia. Parecía que nunca acabaría ese sonido sobre el techo, el temblar de los vidrios de las ventanas cuando sucedía un trueno o la visión, entre todas aquellas nubes azules, de los relámpagos que nacían y morían a lo lejos. Pero, de alguna manera, parece que todo eso acabó. En parte bien, en parte mal. Bien porque no podemos estar haciendo turismo de aventura toda la vida y mal porque este rincón de Bolivia está empezando a oler a ciudad.</p>
<p>Estos dos momentos se han fundido y han sido pieza clave en mis dos primeros libros, <strong>Eva y los espejos</strong>, colección de cuentos, que fue publicado en 2008 y <strong>Lluvia de piedra</strong>. En <strong>Eva y los espejos</strong> pude descubrir que era capaz de ser un narrador con estilo propio y creo haberlo reafirmado en esta novela –es algo que sólo podrán decir los lectores– un proyecto más grande pero con un mismo fin. Esta novela cierra una etapa de mi vida que significó los primeros aprendizajes, el descubrir a los maestros de la literatura mundial, la reafirmación de mi profundo amor a la literatura, las ganas de continuar escribiendo hasta el último de mis días y ampliar mis propios horizontes.</p>
<p><strong>Lluvia de piedra</strong> es la historia de un viejo, Esteban, que, después de haber conseguido materializar un sueño, tener una casa a orillas del mar, en esa Antofagasta tan nuestra y tan ajena como la luna, atosigado por la soledad y tras un intento frustrado de suicidio, decide volver a Bolivia para darse una segunda oportunidad, para demostrarse que vale la pena continuar viviendo, y, en la puerta de la estación de trenes de La Paz, esos trenes varados que ahora mismo no nos sirven para nada y que en algún lugar deben tener impresa las palabras “Made in Chile”, se encuentra con una novia suya, Marianela, que había visto morir cuarenta años atrás, cuando ella tenía diecisiete años de edad.</p>
<p><strong>Lluvia de piedra</strong> es la historia de esa casa vieja, a punto de desplomarse, habitada por una perra y sus crías y por muchos otros perros ya muertos, por fantasmas que no están en otro lugar sino en nuestras cabezas, por hierbas que están a punto de rozar las nubes, por la lluvia que no cesa, a la que siempre quise retornar. ¿Cuántos bolivianos no han deseado con todas sus fuerzas retroceder en el tiempo y empezar a hacerlo todo de nuevo? Yo soy uno de ellos y estoy seguro de que Hilarión Daza también.</p>
<p>Me voy a despedir con una imagen que me regaló el último de todos mis viajes. He descubierto algo más allá de lo evidente, algo que a no todos los seres humanos les está permitido conocer, o si es así, la mayoría no logra reconocerlo a tiempo. Es un secreto. No se lo digan a nadie. En la carretera una vez más, a través de las ventanas y de la noche, vi unos ojos que no eran los míos cerrarse y pude ver lo que había dentro de ellos. Luz, paz. Sobre todo paz. Llueve dentro de esos ojos pero esta lluvia no son lágrimas ni tiene ruido, no hay frío allí dentro, sólo la lluvia silenciosa que cae como si fuera viento lo que está cayendo. Una lluvia que no sucede dentro de una piedra. Y descubrí que también de eso trata <strong>Lluvia de piedra</strong>, de que no existe nada imposible siempre y cuando no dejemos de creer en ello con todas nuestras fuerzas. Nada.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
<img src="http://feeds.feedburner.com/~r/Ecdotica/~4/2ykMNMmCdtw" height="1" width="1"/>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2012/01/13/presentacion-de-lluvia-de-piedra-de-rodrigo-urquiola/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		<feedburner:origLink>http://www.ecdotica.com/2012/01/13/presentacion-de-lluvia-de-piedra-de-rodrigo-urquiola/</feedburner:origLink></item>
	</channel>
</rss>

