<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 3.51 Transitional//EN"><?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Ecdotica</title>
	<atom:link href="http://www.ecdotica.com/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.ecdotica.com</link>
	<description>Noticias literarias, descarga de libros gratuitos, selección de cuentos de manera mensual</description>
	<lastBuildDate>Thu, 02 Sep 2010 23:05:23 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.1</generator>
		<item>
		<title>Homenaje a Fogwill</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/09/02/homenaje-a-fogwill/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/09/02/homenaje-a-fogwill/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 23:05:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3191</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/09/los-pichiciegos.png"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/09/los-pichiciegos.png" alt="" title="los pichiciegos" width="240" height="388" class="aligncenter size-full wp-image-3192" /></a></center><br />
<strong>Mis muertos punk &#8211; Fogwill (1941-2010)<br />
Por: Maximiliano Barrientos</strong></p>
<p>El año pasado, cuando fue invitado a la Feria del Libro de Santiago de Chile, dijo que no entendía a los escritores que se las daban de mártires cuando el bloqueo los visitaba. Para Fogwill todo era más sencillo. Dijo que si ese era el caso, les recomendaba que buscaran una página porno en Internet y que aguardaran hasta que la inspiración volviera. Fogwill tenía montones de frases ácidas que corroía al mundillo literario y que eran la comidilla diaria de los medios. Su inteligencia era aguda y por ratos “alienígena”, como pertinentemente la calificó la cronista Leila Guerriero. En la mayoría de las fotos que le tomaron y que ahora saturan distintos sitios de la red aparece con los ojos desorbitados, en pose de combate. Fogwill era una marca registrada. Igual que Hemingway, tardó años en construir su propia leyenda, el personaje desde donde escribía.</p>
<p>Toda esa lucidez despiadada no serviría de nada si no estuviera abalada por una obra contundente. La inteligencia no es el principal don de un narrador. Hay muchos otros que se precisan con más valía. Una inteligencia feroz, desbocada, puede ser perjudicial si es que enturbia la sensibilidad y la respiración de la prosa. No es el caso del Fogwill, quizás porque esa inteligencia “alienígena” tenía poco que ver con lo académico y sí mucho con lo vital, con la posibilidad de mirar en zonas oscuras. Su inteligencia, en otras palabras, tenía que ver con el riesgo, con la valentía. Fogwill escribía este tipo de cosas: “Yo creo con fervor, y me atrevería a demostrarlo, que toda muerte es una precipitación acumulada de la vejez. La bala que una madrugada de octubre de 1952 sesgó la vida de un puntero maosita en el barrio de Banfield, era una carga de vejez que atravesó su piel haciendo que todo el tiempo del universo se le metiera adentro” (Sobre el arte de la novela).</p>
<p>Ninguna de sus novelas llegó a romperme la cabeza. Todas tienen momentos prodigiosos pero aparecen exabruptos que terminan descolocándome (especialmente cuando juega con la metaficción, como es el caso de <strong>La experiencia sensible</strong>). No ocurre eso con las narraciones de corto aliento. Ahí Fogwill es tremendo, insuperable. La maquinaria de sus cuentos corre a mil por hora, la prosa es filosa y no da respiro. Pienso en Help a él, La larga risa de todos estos años, Música, Muchacha Punk, Sobre el arte de la novela, Japonés. Son mis favoritos junto a la nouvelle que escribió en los años 80 a punta de cocaína y que radiografió la intimidad de un grupo de soldaditos argentinos que vivía como topos en plena guerra de Las Malvinas: <strong>Los Pichiciegos</strong>.  </p>
<p>Una escritura que carece de ritmo es una escritura anémica que no sobrevivirá aun cuando la historia sea interesante y los personajes conmovedores. El ritmo va primero, es el latido secreto, luego viene lo otro: la arquitectura de los textos. Fogwill es básicamente una música constante, incisiva. Ese quizás sea su principal atributo y en algunos casos su defecto más visible. Toda su obra está montada en un mismo tono hipnótico que golpea directo en la mandíbula. Como muestra, un fragmento de <strong>Los Pichiciegos</strong>:</p>
<p>“Sobraba el tiempo entre los turnos de cavar. Cavaban de mañana, para que el viento tapase el ruido de las rocas. Hablaban:<br />
—¿Qué querrías vos?<br />
—Culear.<br />
—Dormir.<br />
—Bañarme.<br />
—Estar en casa.<br />
—Dormir en cama blanca, limpio.<br />
—Culear.<br />
—Comer bien… ¡Te imaginás un asadito!<br />
—Ver a mis viejos.<br />
No lo podían creer. Verificaron:<br />
—¿A tus viejos?<br />
—Sí, y culear y bañarme—dijo el de los viejos, seguro que para no pasar vergüenza.<br />
—¿Vos, Tano?<br />
—Dormir en cama limpia.<br />
—¿Y vos?<br />
—Yo estar bien lejos, con calor.</p>
<p>En el calor todos estuvieron de acuerdo. Uno dijo:</p>
<p>—Culear y ser brasilero.<br />
—Qué: ¿negro?<br />
—Cualquier cosa. ¡Pero brasilero!”</p>
<p>Su muerte, ocasionada por un enfisema pulmonar, sorprendió a todos. Tenía 69 años y hacía sólo unas semanas estuvo en Montevideo participando en un congreso literario organizado por la revista Eñe donde despotricó, entre otras cosas, contra los narradores españoles a quienes calificó de mediocres. El único que se salvó, con justicia, fue Manuel Vilas. Desde 2007 la editorial Periférica reeditó con gran éxito sus libros en España. Apareció en excelentes ediciones <strong>Un guión para Artkino</strong>, <strong>Los Pichiciegos</strong> y <strong>Help a él</strong>. Siempre es extraño escribir sobre un escritor que acaba de morir porque se tiene la impresión —que puede ser puramente ilusoria—de que se lo ha conocido a fondo, como si fuera un amigo. Fogwill seguramente era un tipo difícil, pero los que lo conocieron aseguran que era dadivoso. Ayudó a autores jóvenes que consideraba talentosos facilitando la publicación de sus textos. El sábado pasado fue un día triste para muchos. Para otros, sus enemigos, significó el fin de esa vocecita que siempre estaba echando luz sobre sus puntos blandos. Escucho una y otra vez Nebraska de Bruce Springsteen mientras escribo esto. Es un disco tenue, de climas oscuros, ideal para decirle adiós y para salir a la calle y perderse en el ruido. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica	</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/09/los-pichiciegos.png"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/09/los-pichiciegos.png" alt="" title="los pichiciegos" width="240" height="388" class="aligncenter size-full wp-image-3192" /></a></center><br />
<strong>Mis muertos punk &#8211; Fogwill (1941-2010)<br />
Por: Maximiliano Barrientos</strong></p>
<p>El año pasado, cuando fue invitado a la Feria del Libro de Santiago de Chile, dijo que no entendía a los escritores que se las daban de mártires cuando el bloqueo los visitaba. Para Fogwill todo era más sencillo. Dijo que si ese era el caso, les recomendaba que buscaran una página porno en Internet y que aguardaran hasta que la inspiración volviera. Fogwill tenía montones de frases ácidas que corroía al mundillo literario y que eran la comidilla diaria de los medios. Su inteligencia era aguda y por ratos “alienígena”, como pertinentemente la calificó la cronista Leila Guerriero. En la mayoría de las fotos que le tomaron y que ahora saturan distintos sitios de la red aparece con los ojos desorbitados, en pose de combate. Fogwill era una marca registrada. Igual que Hemingway, tardó años en construir su propia leyenda, el personaje desde donde escribía.</p>
<p>Toda esa lucidez despiadada no serviría de nada si no estuviera abalada por una obra contundente. La inteligencia no es el principal don de un narrador. Hay muchos otros que se precisan con más valía. Una inteligencia feroz, desbocada, puede ser perjudicial si es que enturbia la sensibilidad y la respiración de la prosa. No es el caso del Fogwill, quizás porque esa inteligencia “alienígena” tenía poco que ver con lo académico y sí mucho con lo vital, con la posibilidad de mirar en zonas oscuras. Su inteligencia, en otras palabras, tenía que ver con el riesgo, con la valentía. Fogwill escribía este tipo de cosas: “Yo creo con fervor, y me atrevería a demostrarlo, que toda muerte es una precipitación acumulada de la vejez. La bala que una madrugada de octubre de 1952 sesgó la vida de un puntero maosita en el barrio de Banfield, era una carga de vejez que atravesó su piel haciendo que todo el tiempo del universo se le metiera adentro” (Sobre el arte de la novela).</p>
<p>Ninguna de sus novelas llegó a romperme la cabeza. Todas tienen momentos prodigiosos pero aparecen exabruptos que terminan descolocándome (especialmente cuando juega con la metaficción, como es el caso de <strong>La experiencia sensible</strong>). No ocurre eso con las narraciones de corto aliento. Ahí Fogwill es tremendo, insuperable. La maquinaria de sus cuentos corre a mil por hora, la prosa es filosa y no da respiro. Pienso en Help a él, La larga risa de todos estos años, Música, Muchacha Punk, Sobre el arte de la novela, Japonés. Son mis favoritos junto a la nouvelle que escribió en los años 80 a punta de cocaína y que radiografió la intimidad de un grupo de soldaditos argentinos que vivía como topos en plena guerra de Las Malvinas: <strong>Los Pichiciegos</strong>.  </p>
<p>Una escritura que carece de ritmo es una escritura anémica que no sobrevivirá aun cuando la historia sea interesante y los personajes conmovedores. El ritmo va primero, es el latido secreto, luego viene lo otro: la arquitectura de los textos. Fogwill es básicamente una música constante, incisiva. Ese quizás sea su principal atributo y en algunos casos su defecto más visible. Toda su obra está montada en un mismo tono hipnótico que golpea directo en la mandíbula. Como muestra, un fragmento de <strong>Los Pichiciegos</strong>:</p>
<p>“Sobraba el tiempo entre los turnos de cavar. Cavaban de mañana, para que el viento tapase el ruido de las rocas. Hablaban:<br />
—¿Qué querrías vos?<br />
—Culear.<br />
—Dormir.<br />
—Bañarme.<br />
—Estar en casa.<br />
—Dormir en cama blanca, limpio.<br />
—Culear.<br />
—Comer bien… ¡Te imaginás un asadito!<br />
—Ver a mis viejos.<br />
No lo podían creer. Verificaron:<br />
—¿A tus viejos?<br />
—Sí, y culear y bañarme—dijo el de los viejos, seguro que para no pasar vergüenza.<br />
—¿Vos, Tano?<br />
—Dormir en cama limpia.<br />
—¿Y vos?<br />
—Yo estar bien lejos, con calor.</p>
<p>En el calor todos estuvieron de acuerdo. Uno dijo:</p>
<p>—Culear y ser brasilero.<br />
—Qué: ¿negro?<br />
—Cualquier cosa. ¡Pero brasilero!”</p>
<p>Su muerte, ocasionada por un enfisema pulmonar, sorprendió a todos. Tenía 69 años y hacía sólo unas semanas estuvo en Montevideo participando en un congreso literario organizado por la revista Eñe donde despotricó, entre otras cosas, contra los narradores españoles a quienes calificó de mediocres. El único que se salvó, con justicia, fue Manuel Vilas. Desde 2007 la editorial Periférica reeditó con gran éxito sus libros en España. Apareció en excelentes ediciones <strong>Un guión para Artkino</strong>, <strong>Los Pichiciegos</strong> y <strong>Help a él</strong>. Siempre es extraño escribir sobre un escritor que acaba de morir porque se tiene la impresión —que puede ser puramente ilusoria—de que se lo ha conocido a fondo, como si fuera un amigo. Fogwill seguramente era un tipo difícil, pero los que lo conocieron aseguran que era dadivoso. Ayudó a autores jóvenes que consideraba talentosos facilitando la publicación de sus textos. El sábado pasado fue un día triste para muchos. Para otros, sus enemigos, significó el fin de esa vocecita que siempre estaba echando luz sobre sus puntos blandos. Escucho una y otra vez Nebraska de Bruce Springsteen mientras escribo esto. Es un disco tenue, de climas oscuros, ideal para decirle adiós y para salir a la calle y perderse en el ruido. </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica	</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/09/02/homenaje-a-fogwill/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Vidas imaginarias</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/31/vidas-imaginarias/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/31/vidas-imaginarias/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 13:47:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3187</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Vidas-imaginarias.png"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Vidas-imaginarias.png" alt="" title="Vidas imaginarias" width="212" height="320" class="aligncenter size-full wp-image-3188" /></a></center><br />
<strong>Herencias en Bolaño<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p>Debo reconocer que desde que vi la película Roma de Adolfo Aristarain estuve pendiente de la aparición, en librerías o en puestos de libros de segunda mano, del libro<strong> Vidas imaginarias</strong> de Marcel Schwob, libros casi de culto, y que no encontré hasta hace una semana.  </p>
<p>El libro llegó a mis manos, de nuevo, gracias a Don Jaime Nistauz; lo visité en su puesto de libros y volvimos a conversar de nuestros escritos, hablamos de nuestros amigos y recordamos pasajes de libros que nos habían gustado, él como siempre tratando de que yo leyera más policiales y yo sin saber explicarle con certeza qué tipo de libros eran los que me gustaban, porque decirle que las novelas intimistas o las de aventuras o las del tipo de novelas que escriben Fadanelli, Volpi, Auster, Barrico, Tabucchi, Tolstoi, Echenique, Fresán, etc. me parecía que era lo mismo que guardar silencio. </p>
<p>Así que le pregunté si tenía novedades, buscó y me pasó como unos cuatro libros pero se dio cuenta que no hacían eco en mí, así que me dijo que tenía <strong>Vidas imaginarias</strong>, casi salto porque siempre que lo visito le pregunto si tiene ese libro, aunque está última vez pregunté primero por la <strong>Montaña mágica</strong> sin duda persuadido por Mann luego de haber leído ese fantástico libro <strong>La novela de una novela</strong>; pero en fin, la cuestión es que buscó un poco entre sus libros y revistas y ahí estaba, primera edición en lengua española, editorial Seix Barral de España. Entonces lo compré. </p>
<p>Y aquí es a dónde quería llegar. Ese libro fue leído y alabado por personas como Jorge Luis Borges, Bioy Cásares y Alfonso Reyes. Y todos ellos escribieron libros que trajeron resonancias de ese extraño e imaginativo volumen, pero, fue casi en la mitad del libro que me di cuenta que Bolaño también lo había utilizado como caja de herramientas en <strong>Entre paréntesis</strong>. Bolaño cita a Schwob sólo para decirnos que Borges, Reyes y otros más son herederos de él, y quizás también, sin quererlo, también lo es el primer libro de cuentos de Rodrigo Fresán <strong>Historia argentina</strong>, pero él mismo Bolaño evita decir que <strong>Literatura nazi en América</strong>, su tercer libro, es una nueva puesta en escena de lo que planteó Schwob en su libro.</p>
<p>Ya hemos dicho muchas veces que Bolaño era más que un escritor, un lector y que ahí radicaba su fuerza y su aparente y sutil valentía. El valor de Bolaño no estaba en ir a Chile –por accidente- antes del golpe del 73, ni estaba en ser guardaparques, ni en vender lencería y  bisutería, no, sí un poco estaba fundada en el hecho de haber quemado sus naves innumerables veces en busca del amor o del libro proyectado. Pero me parece que el verdadero valor de Bolaño y su valentía está en poner en duda el valor de la literatura desde la literatura en cada una de sus novelas y en particular con <strong>La literatura nazi en América</strong>. Que como decíamos tiene un fuerte eco de Schwob; un eco que lo hace poner en escena historias de personas inexistentes que estuvieron ligadas al mundo del arte durante buena parte de la mitad del siglo XX y más precisamente durante todo el advenimiento del nazismo en Europa y en América, tanto es así que algunos de los personajes retratados por Bolaño guardan entre sus más íntimos tesoros fotos con Adolfo Hitler. </p>
<p>Es un libro extraño, sin duda, pero más extraño aún es no haber reparado mucho en él, sí, en Bolaño se cumple la sentencia que dice que fue de menor a mayor y que cada libro suyo fue mejor que el anterior, pero habría que investigar en la obra de Bolaño para encontrar todos los juegos y guiños metaliterarios que establece y que encubre, la literatura con él siempre estará en entredicho, siempre se la criticará y siempre se la reactualizará y por ello Bolaño es un autor nuevo que parece ser de otro tiempo.</p>
<p>Bolaño puede no decirte que la fórmula para narrar la aprendió de tal o cual escritor, pero te lo muestra en el texto, en el verdadero lugar en que se hace literatura: dentro de un libro. Como hemos podido leer en sus entrevistas Bolaño no sólo era un polemista sino que se empecinaba en dar la contraria, y eran, ahora que lo pienso, defensas de un escritor que aún no se sentía por completo seguro de lo que había hecho, porque no era de los que creen en los halagos, era más bien de los que creen en lo desafortunado que es ser escritor en estas tierras. Y es por ello, que el <strong>2666</strong> al ser leído en clave “historia de la literatura” termina siendo un buen expediente de lo que la literatura en palabras grandes muestra y esconde en sus líneas mayores. Y también es por eso que se encargaba de dar listados de autores antes que “consejos sobre el arte de escribir cuentos”; a Bolaño, como a cualquiera de nosotros, le gustaba que lo lean, no que le pregunten ¿Cómo funciona la literatura y cómo se hace para escribir un buen cuento y en qué medida sus novelas son autobiográficas? No, esas preguntas a Bolaño le despertaban ideas más que respuestas, pero eran ideas que se trabajaban en el tiempo. No en la entrevista efímera, sino en el libro perdurable. </p>
<p>Por ello las reactualizaciones, los intertextos, la metaliteratura, la literatura por la literatura desde la literatura y para la literatura. Y ahí como Schwob la literatura es el momento, más que el lugar, de decir lo que no se dijo antes y de reír aunque no se tengas ganas de reír y sobre todo, de volver hacia el pasado cuando todo en el mundo te obliga para ir hacia adelante.   </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Vidas-imaginarias.png"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Vidas-imaginarias.png" alt="" title="Vidas imaginarias" width="212" height="320" class="aligncenter size-full wp-image-3188" /></a></center><br />
<strong>Herencias en Bolaño<br />
Por: Christian J. Kanahuaty </strong></p>
<p>Debo reconocer que desde que vi la película Roma de Adolfo Aristarain estuve pendiente de la aparición, en librerías o en puestos de libros de segunda mano, del libro<strong> Vidas imaginarias</strong> de Marcel Schwob, libros casi de culto, y que no encontré hasta hace una semana.  </p>
<p>El libro llegó a mis manos, de nuevo, gracias a Don Jaime Nistauz; lo visité en su puesto de libros y volvimos a conversar de nuestros escritos, hablamos de nuestros amigos y recordamos pasajes de libros que nos habían gustado, él como siempre tratando de que yo leyera más policiales y yo sin saber explicarle con certeza qué tipo de libros eran los que me gustaban, porque decirle que las novelas intimistas o las de aventuras o las del tipo de novelas que escriben Fadanelli, Volpi, Auster, Barrico, Tabucchi, Tolstoi, Echenique, Fresán, etc. me parecía que era lo mismo que guardar silencio. </p>
<p>Así que le pregunté si tenía novedades, buscó y me pasó como unos cuatro libros pero se dio cuenta que no hacían eco en mí, así que me dijo que tenía <strong>Vidas imaginarias</strong>, casi salto porque siempre que lo visito le pregunto si tiene ese libro, aunque está última vez pregunté primero por la <strong>Montaña mágica</strong> sin duda persuadido por Mann luego de haber leído ese fantástico libro <strong>La novela de una novela</strong>; pero en fin, la cuestión es que buscó un poco entre sus libros y revistas y ahí estaba, primera edición en lengua española, editorial Seix Barral de España. Entonces lo compré. </p>
<p>Y aquí es a dónde quería llegar. Ese libro fue leído y alabado por personas como Jorge Luis Borges, Bioy Cásares y Alfonso Reyes. Y todos ellos escribieron libros que trajeron resonancias de ese extraño e imaginativo volumen, pero, fue casi en la mitad del libro que me di cuenta que Bolaño también lo había utilizado como caja de herramientas en <strong>Entre paréntesis</strong>. Bolaño cita a Schwob sólo para decirnos que Borges, Reyes y otros más son herederos de él, y quizás también, sin quererlo, también lo es el primer libro de cuentos de Rodrigo Fresán <strong>Historia argentina</strong>, pero él mismo Bolaño evita decir que <strong>Literatura nazi en América</strong>, su tercer libro, es una nueva puesta en escena de lo que planteó Schwob en su libro.</p>
<p>Ya hemos dicho muchas veces que Bolaño era más que un escritor, un lector y que ahí radicaba su fuerza y su aparente y sutil valentía. El valor de Bolaño no estaba en ir a Chile –por accidente- antes del golpe del 73, ni estaba en ser guardaparques, ni en vender lencería y  bisutería, no, sí un poco estaba fundada en el hecho de haber quemado sus naves innumerables veces en busca del amor o del libro proyectado. Pero me parece que el verdadero valor de Bolaño y su valentía está en poner en duda el valor de la literatura desde la literatura en cada una de sus novelas y en particular con <strong>La literatura nazi en América</strong>. Que como decíamos tiene un fuerte eco de Schwob; un eco que lo hace poner en escena historias de personas inexistentes que estuvieron ligadas al mundo del arte durante buena parte de la mitad del siglo XX y más precisamente durante todo el advenimiento del nazismo en Europa y en América, tanto es así que algunos de los personajes retratados por Bolaño guardan entre sus más íntimos tesoros fotos con Adolfo Hitler. </p>
<p>Es un libro extraño, sin duda, pero más extraño aún es no haber reparado mucho en él, sí, en Bolaño se cumple la sentencia que dice que fue de menor a mayor y que cada libro suyo fue mejor que el anterior, pero habría que investigar en la obra de Bolaño para encontrar todos los juegos y guiños metaliterarios que establece y que encubre, la literatura con él siempre estará en entredicho, siempre se la criticará y siempre se la reactualizará y por ello Bolaño es un autor nuevo que parece ser de otro tiempo.</p>
<p>Bolaño puede no decirte que la fórmula para narrar la aprendió de tal o cual escritor, pero te lo muestra en el texto, en el verdadero lugar en que se hace literatura: dentro de un libro. Como hemos podido leer en sus entrevistas Bolaño no sólo era un polemista sino que se empecinaba en dar la contraria, y eran, ahora que lo pienso, defensas de un escritor que aún no se sentía por completo seguro de lo que había hecho, porque no era de los que creen en los halagos, era más bien de los que creen en lo desafortunado que es ser escritor en estas tierras. Y es por ello, que el <strong>2666</strong> al ser leído en clave “historia de la literatura” termina siendo un buen expediente de lo que la literatura en palabras grandes muestra y esconde en sus líneas mayores. Y también es por eso que se encargaba de dar listados de autores antes que “consejos sobre el arte de escribir cuentos”; a Bolaño, como a cualquiera de nosotros, le gustaba que lo lean, no que le pregunten ¿Cómo funciona la literatura y cómo se hace para escribir un buen cuento y en qué medida sus novelas son autobiográficas? No, esas preguntas a Bolaño le despertaban ideas más que respuestas, pero eran ideas que se trabajaban en el tiempo. No en la entrevista efímera, sino en el libro perdurable. </p>
<p>Por ello las reactualizaciones, los intertextos, la metaliteratura, la literatura por la literatura desde la literatura y para la literatura. Y ahí como Schwob la literatura es el momento, más que el lugar, de decir lo que no se dijo antes y de reír aunque no se tengas ganas de reír y sobre todo, de volver hacia el pasado cuando todo en el mundo te obliga para ir hacia adelante.   </p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/31/vidas-imaginarias/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Música para rinocerontes</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/30/musica-para-rinocerontes/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/30/musica-para-rinocerontes/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 20:13:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3183</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/música-para-rinocerontes.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/música-para-rinocerontes.jpg" alt="" title="música para rinocerontes" width="154" height="249" class="aligncenter size-full wp-image-3184" /></a></center><br />
<strong>Los rinocerontes de Terranova<br />
Por: Wilmer Urrelo Zárate</strong></p>
<p>Debo confesar que me gustan los libros raros. Los inclasificables. Me refiero a aquellos que ya la gente pasó al olvido y no los recuerda ni por si acaso. Esos libros que fueron creación de personas ya descartadas por el tiempo y por la literatura llamada «seria». (Eça de Queiroz nos vemos en el cielo). ¿Las razones? No las sé. Puede ser por la esperanza de hallar una gran sorpresa o bien un enorme desencanto. Ya lo dije: lo raro me gusta. Me atrae sin contemplaciones.</p>
<p>Algo así me pasó con <strong>Música para rinocerontes</strong> (Editorial El Cuervo, 2010) de Juan Terranova. El autor es argentino, nacido en 1975, porteño (pero buena gente, me dijeron). Tiene ya en su carrera un buen número de títulos, sobre todo novelas, aunque también le dio por el lado de la poesía y la crónica. Sin embargo, acá en Bolivia lo empezamos a conocer por estos ¿relatos?, ¿cuentitos?, ¿principios de ensayo?</p>
<p>Ahí, en esas incógnitas, está parte de la fuerza de <strong>Música para rinocerontes</strong>. Se trata de una serie de doce «historias» a secas que componen este libro. Títulos, de inicio, estrambóticos y por lo tanto desconcertantes: «Una remera con la cara de Stalin», «¿Dónde están los delfines?», «Hombres que saltan en jaulas de animales salvajes». Casi todas estas «historias» tienen como trasfondo a la melancolía, a la gente sola, dos temas que, dicho sea de paso, empiezan a ponerse no sé si de moda, pero sí de «estoy a la orden para lo que usted guste, señor» en aquellos escritores menores de cincuenta años. </p>
<p>Lo bueno es que ambos aspectos están presentes con lucidez en las «historias» de Terranova. Muchas de ellas tienen que ver con lo cotidiano, también, con la vida periodística (y una frase, ojo, lapidaria y premonitoria para todo aquel que desee dedicarse a los medios de comunicación: «Se lo veía feliz de haber dejado el periodismo») o bien con aquellas películas que de niños entusiasmaron tanto a los que ya somos peligrosamente treintañeros: «El planeta de los simios», por ejemplo, de lejos la mejor «historia» de este libro. </p>
<p>Se refiere, por su puesto, a esa obra maestra que fue la primera versión del film (la más contemporánea es mejor olvidarla). Fue gratificante cómo gracias a esta «historia» pude recordar parte de mi niñez olvidada: yo quería convertirme, y ya mismo, en un simio al terminar de ver por primera vez la peli en cuestión; aunque lo malo del efecto Terranova es que me di cuenta ahora, con tristeza y resignación, una veintena de años después, que lo logré. </p>
<p>Y también está aquella imagen del final del largometraje que vuelve siempre a mi mente cuando pasan esas irritantes imágenes turísticas de EE. UU. (¿la fantasía erótica de Bin Laden y de los movimientos sociales?); obvio, me refiero a la Estatua de la Libertad hundida en el mar, derrotada, casi inexistente, un símbolo de que no todo es eterno. Y Terranova rescata esa clave en su esencia, no sólo a lo largo de esta «historia», sino, sobre todo, por una frase que me dejó helado: «…El planeta de los simios es una contradicción del peronismo». </p>
<p>Por suerte, el libro vale la pena ser leído también por Fuego chino, La máquina idiota y Pornopunk. </p>
<p>De manera que lo irresistible reside, pues, en lo desconcertante del argumento de cada pequeña «historia». No me refiero al efecto sorpresa que ya todos conocemos sino al hecho de preguntarte de pronto en medio de la lectura lo siguiente: «¿cómo no se me ocurrió que podía escribirse de esto antes?». En fin, son «historias» que se las disfruta por su rapidez, aunque ante todo por descolocarnos en medio de una realidad que cada día que pasa se parece más a un cuartel militar.<br />
Eso sí, no entendí (una banalidad, ya lo sé) por qué llamarla <strong>Música para rinocerontes</strong>. ¿Valdrá la pena averiguarlo? Si se puede ojalá alguien me saque de la duda.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/música-para-rinocerontes.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/música-para-rinocerontes.jpg" alt="" title="música para rinocerontes" width="154" height="249" class="aligncenter size-full wp-image-3184" /></a></center><br />
<strong>Los rinocerontes de Terranova<br />
Por: Wilmer Urrelo Zárate</strong></p>
<p>Debo confesar que me gustan los libros raros. Los inclasificables. Me refiero a aquellos que ya la gente pasó al olvido y no los recuerda ni por si acaso. Esos libros que fueron creación de personas ya descartadas por el tiempo y por la literatura llamada «seria». (Eça de Queiroz nos vemos en el cielo). ¿Las razones? No las sé. Puede ser por la esperanza de hallar una gran sorpresa o bien un enorme desencanto. Ya lo dije: lo raro me gusta. Me atrae sin contemplaciones.</p>
<p>Algo así me pasó con <strong>Música para rinocerontes</strong> (Editorial El Cuervo, 2010) de Juan Terranova. El autor es argentino, nacido en 1975, porteño (pero buena gente, me dijeron). Tiene ya en su carrera un buen número de títulos, sobre todo novelas, aunque también le dio por el lado de la poesía y la crónica. Sin embargo, acá en Bolivia lo empezamos a conocer por estos ¿relatos?, ¿cuentitos?, ¿principios de ensayo?</p>
<p>Ahí, en esas incógnitas, está parte de la fuerza de <strong>Música para rinocerontes</strong>. Se trata de una serie de doce «historias» a secas que componen este libro. Títulos, de inicio, estrambóticos y por lo tanto desconcertantes: «Una remera con la cara de Stalin», «¿Dónde están los delfines?», «Hombres que saltan en jaulas de animales salvajes». Casi todas estas «historias» tienen como trasfondo a la melancolía, a la gente sola, dos temas que, dicho sea de paso, empiezan a ponerse no sé si de moda, pero sí de «estoy a la orden para lo que usted guste, señor» en aquellos escritores menores de cincuenta años. </p>
<p>Lo bueno es que ambos aspectos están presentes con lucidez en las «historias» de Terranova. Muchas de ellas tienen que ver con lo cotidiano, también, con la vida periodística (y una frase, ojo, lapidaria y premonitoria para todo aquel que desee dedicarse a los medios de comunicación: «Se lo veía feliz de haber dejado el periodismo») o bien con aquellas películas que de niños entusiasmaron tanto a los que ya somos peligrosamente treintañeros: «El planeta de los simios», por ejemplo, de lejos la mejor «historia» de este libro. </p>
<p>Se refiere, por su puesto, a esa obra maestra que fue la primera versión del film (la más contemporánea es mejor olvidarla). Fue gratificante cómo gracias a esta «historia» pude recordar parte de mi niñez olvidada: yo quería convertirme, y ya mismo, en un simio al terminar de ver por primera vez la peli en cuestión; aunque lo malo del efecto Terranova es que me di cuenta ahora, con tristeza y resignación, una veintena de años después, que lo logré. </p>
<p>Y también está aquella imagen del final del largometraje que vuelve siempre a mi mente cuando pasan esas irritantes imágenes turísticas de EE. UU. (¿la fantasía erótica de Bin Laden y de los movimientos sociales?); obvio, me refiero a la Estatua de la Libertad hundida en el mar, derrotada, casi inexistente, un símbolo de que no todo es eterno. Y Terranova rescata esa clave en su esencia, no sólo a lo largo de esta «historia», sino, sobre todo, por una frase que me dejó helado: «…El planeta de los simios es una contradicción del peronismo». </p>
<p>Por suerte, el libro vale la pena ser leído también por Fuego chino, La máquina idiota y Pornopunk. </p>
<p>De manera que lo irresistible reside, pues, en lo desconcertante del argumento de cada pequeña «historia». No me refiero al efecto sorpresa que ya todos conocemos sino al hecho de preguntarte de pronto en medio de la lectura lo siguiente: «¿cómo no se me ocurrió que podía escribirse de esto antes?». En fin, son «historias» que se las disfruta por su rapidez, aunque ante todo por descolocarnos en medio de una realidad que cada día que pasa se parece más a un cuartel militar.<br />
Eso sí, no entendí (una banalidad, ya lo sé) por qué llamarla <strong>Música para rinocerontes</strong>. ¿Valdrá la pena averiguarlo? Si se puede ojalá alguien me saque de la duda.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/30/musica-para-rinocerontes/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Entrevista a David Mondacca</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/27/entrevista-a-david-mondacca/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/27/entrevista-a-david-mondacca/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 15:44:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevista]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3177</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/El-santo-del-cuerno-21.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/El-santo-del-cuerno-21.jpg" alt="" title="El santo del cuerno 2" width="310" height="206" class="aligncenter size-full wp-image-3180" /></a></center><br />
<strong>David Mondacca presenta El santo del cuerno<br />
Foto: Fernando Cuellar</strong></p>
<p>El actor presenta su libro con una puesta en escena este sábado. La obra, con 24 historias de los “lustras”, le valió el premio Adolfo Costa Du Rels.</p>
<p>Convivió cinco días con los lustrabotas paceños, vestido como ellos, con pasamontañas y cargando su cajita de madera. Una de las conclusiones del actor David Mondacca es que muchos de estos personajes, tan ch’ukutas, pasan inadvertidos para el resto de la gente.</p>
<p>“Cuando alguien se te acerca ni siquiera te mira a los ojos ni contesta al saludo, y cuando eres viejo es peor, mucha gente ni siquiera se te acerca por miedo”. Fue esta situación de desamparo lo que le motivó a escribir <strong>El Santo del cuerno</strong>, obra ganadora del concurso de dramaturgia Adolfo Costa Du Rels.</p>
<p><em>—Mañana a las nueve de la noche presenta <strong>El Santo del Cuerno</strong>&#8230;</em></p>
<p>—Sí, es la primera vez que lanzo el libro y lo hago en la XV Feria del Libro de La Paz. La obra fue presentada en mayo.<br />
<em><br />
—¿Será una presentación teatralizada?</em></p>
<p>— Para esta oportunidad voy a presentar mi obra con una actuación. Es una historia unipersonal de un lustrabotas viejo, en la que el hombre ya ha perdido habilidad en las manos y nadie quiere acercarse a él. En la puesta en escena participan mis alumnos de la Universidad Católica Boliviana.</p>
<p><em>—¿De qué trata la obra?</em></p>
<p>—Es una exaltación del oficio del “lustra” en las ciudades de La Paz y El Alto, ésta es la idea que engloba el texto y a través de este pretexto me metí en la vida de los “lustritas”. Cuento 24 historias.<br />
<em><br />
—¿Cómo logró escribir de los “lustras”?</em></p>
<p>—En realidad tuve que adentrarme con ellos por cinco días y convivir, es grave estar enmascarado y llegar a ser invisible.<br />
<em><br />
—¿En qué editorial se imprimió?</em></p>
<p>—En la Editorial Nuevo Milenio, el costo del libro será de 40 bolivianos y estará disponible en Martínez Achinni.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.laprensa.com.bo/noticias/27-8-2010/noticias/27-08-2010_3045.php">La Prensa</a></em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/El-santo-del-cuerno-21.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/El-santo-del-cuerno-21.jpg" alt="" title="El santo del cuerno 2" width="310" height="206" class="aligncenter size-full wp-image-3180" /></a></center><br />
<strong>David Mondacca presenta El santo del cuerno<br />
Foto: Fernando Cuellar</strong></p>
<p>El actor presenta su libro con una puesta en escena este sábado. La obra, con 24 historias de los “lustras”, le valió el premio Adolfo Costa Du Rels.</p>
<p>Convivió cinco días con los lustrabotas paceños, vestido como ellos, con pasamontañas y cargando su cajita de madera. Una de las conclusiones del actor David Mondacca es que muchos de estos personajes, tan ch’ukutas, pasan inadvertidos para el resto de la gente.</p>
<p>“Cuando alguien se te acerca ni siquiera te mira a los ojos ni contesta al saludo, y cuando eres viejo es peor, mucha gente ni siquiera se te acerca por miedo”. Fue esta situación de desamparo lo que le motivó a escribir <strong>El Santo del cuerno</strong>, obra ganadora del concurso de dramaturgia Adolfo Costa Du Rels.</p>
<p><em>—Mañana a las nueve de la noche presenta <strong>El Santo del Cuerno</strong>&#8230;</em></p>
<p>—Sí, es la primera vez que lanzo el libro y lo hago en la XV Feria del Libro de La Paz. La obra fue presentada en mayo.<br />
<em><br />
—¿Será una presentación teatralizada?</em></p>
<p>— Para esta oportunidad voy a presentar mi obra con una actuación. Es una historia unipersonal de un lustrabotas viejo, en la que el hombre ya ha perdido habilidad en las manos y nadie quiere acercarse a él. En la puesta en escena participan mis alumnos de la Universidad Católica Boliviana.</p>
<p><em>—¿De qué trata la obra?</em></p>
<p>—Es una exaltación del oficio del “lustra” en las ciudades de La Paz y El Alto, ésta es la idea que engloba el texto y a través de este pretexto me metí en la vida de los “lustritas”. Cuento 24 historias.<br />
<em><br />
—¿Cómo logró escribir de los “lustras”?</em></p>
<p>—En realidad tuve que adentrarme con ellos por cinco días y convivir, es grave estar enmascarado y llegar a ser invisible.<br />
<em><br />
—¿En qué editorial se imprimió?</em></p>
<p>—En la Editorial Nuevo Milenio, el costo del libro será de 40 bolivianos y estará disponible en Martínez Achinni.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.laprensa.com.bo/noticias/27-8-2010/noticias/27-08-2010_3045.php">La Prensa</a></em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/27/entrevista-a-david-mondacca/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Reseña a La maquinaria de los secretos de Homero Carvalho</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/27/resena-a-la-maquinaria-de-los-secretos-de-homero-carvalho/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/27/resena-a-la-maquinaria-de-los-secretos-de-homero-carvalho/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 13:52:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Reseña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3174</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/La-maquinaria-de-los-secretos.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/La-maquinaria-de-los-secretos.jpg" alt="" title="La maquinaria de los secretos" width="118" height="166" class="aligncenter size-full wp-image-3175" /></a></center><br />
<strong>Los entresijos del control secreto en la novela de Homero Carvalho<br />
Por: Haydee Nilda Vargas Guerrero</strong></p>
<p><strong>La maquinaria de los secretos</strong> es una novela que devela los oscuros entresijos del servicio secreto en Bolivia, cuyos personajes reales son entrenados en EE.UU, en Cuba o Venezuela, según la tendencia ideológica del gobierno de turno.</p>
<p>Homero Carvalho nos presenta varias piezas de esa poderosa maquinaria, moldeadas cada una de ellas según las necesidades y requerimientos de “La consultora”, disfraz de un organismo misterioso: María de las Mercedes, “espía de escritorio” con conocimientos de los clásicos de la literatura; Leandro, especialista en crear ambientes y trabajar encubierto; Kevin, el más joven, especialista en pandillas y universitarios. Zacarías, apodado el palabrero, es analista del lenguaje; capaz de descifrar el origen, procedencia, estamento, profesión e ideología con sólo escuchar o leer un escrito de éste.</p>
<p>A medida que vamos conociendo a Zacarías, lo admiramos. Con el progreso de la narración vacilamos entre la sorpresa y el temor; aunque luego nos inclinamos por el respeto a su estatus profesional. Hábil en su oficio, autor subrepticio de actitudes, comportamientos y decires de políticos en ejercicio cree que la investigación puede ser efectiva sin apelar a la tortura física, y, a pocos días de jubilarse, decide filtrar información sobre procedimientos que atentan contra los derechos humanos de los individuos. Entonces nos preguntamos si Zacarías representa la zona iluminada de la institución o quizás la soledad y el peso de los años ha minado su fortaleza y lo convierten en traidor. </p>
<p>De un tiempo a esta parte resulta difícil clasificar la producción literaria de los escritores, ya no están regidos por los cánones clásicos, ahora oscilan entre la novela, la crónica periodística y el ensayo, el mismo Carvalho dijo que “hay gente que después de leerla piensa que es una novela ensayo. Otros, que nunca se había escrito una novela tan cruda; en fin, la novela es lo que es”. De lo que estamos seguros es de que su “novela” ficciona la horrorosa realidad creada por un fantasma todopoderoso y gana cada vez más lectores ante la evidencia de lo insólito. <strong>La maquinaria de los secretos</strong> es un híbrido literario que responde a las exigencias del lector de nuestro tiempo.</p>
<p>La novela abre las ventanas de un lugar insospechado, presente pero oculto a los ojos de habitantes ingenuos que nunca llegan a conocer totalmente al monstruo que mueve los tentáculos con miles de ojos, capaz de introducirse hasta en el personalísimo espacio de la voluntad de los individuos.</p>
<p>El autor alude con brochazos maestros a la historia reciente de golpes de Estado y accionar político, cuestiona métodos y técnica utilizados en el control político. Político sí, porque no se dirige a cumplimentar la seguridad del colectivo ciudadano, sino a consolidar la estructura de poder de los gobernantes, aunque la población crea lo contrario y, desesperada, exija persecución a delincuentes, soluciones inmediatas a la inseguridad, sumando legalidad a quienes reman en la ilegalidad.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/La-maquinaria-de-los-secretos.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/La-maquinaria-de-los-secretos.jpg" alt="" title="La maquinaria de los secretos" width="118" height="166" class="aligncenter size-full wp-image-3175" /></a></center><br />
<strong>Los entresijos del control secreto en la novela de Homero Carvalho<br />
Por: Haydee Nilda Vargas Guerrero</strong></p>
<p><strong>La maquinaria de los secretos</strong> es una novela que devela los oscuros entresijos del servicio secreto en Bolivia, cuyos personajes reales son entrenados en EE.UU, en Cuba o Venezuela, según la tendencia ideológica del gobierno de turno.</p>
<p>Homero Carvalho nos presenta varias piezas de esa poderosa maquinaria, moldeadas cada una de ellas según las necesidades y requerimientos de “La consultora”, disfraz de un organismo misterioso: María de las Mercedes, “espía de escritorio” con conocimientos de los clásicos de la literatura; Leandro, especialista en crear ambientes y trabajar encubierto; Kevin, el más joven, especialista en pandillas y universitarios. Zacarías, apodado el palabrero, es analista del lenguaje; capaz de descifrar el origen, procedencia, estamento, profesión e ideología con sólo escuchar o leer un escrito de éste.</p>
<p>A medida que vamos conociendo a Zacarías, lo admiramos. Con el progreso de la narración vacilamos entre la sorpresa y el temor; aunque luego nos inclinamos por el respeto a su estatus profesional. Hábil en su oficio, autor subrepticio de actitudes, comportamientos y decires de políticos en ejercicio cree que la investigación puede ser efectiva sin apelar a la tortura física, y, a pocos días de jubilarse, decide filtrar información sobre procedimientos que atentan contra los derechos humanos de los individuos. Entonces nos preguntamos si Zacarías representa la zona iluminada de la institución o quizás la soledad y el peso de los años ha minado su fortaleza y lo convierten en traidor. </p>
<p>De un tiempo a esta parte resulta difícil clasificar la producción literaria de los escritores, ya no están regidos por los cánones clásicos, ahora oscilan entre la novela, la crónica periodística y el ensayo, el mismo Carvalho dijo que “hay gente que después de leerla piensa que es una novela ensayo. Otros, que nunca se había escrito una novela tan cruda; en fin, la novela es lo que es”. De lo que estamos seguros es de que su “novela” ficciona la horrorosa realidad creada por un fantasma todopoderoso y gana cada vez más lectores ante la evidencia de lo insólito. <strong>La maquinaria de los secretos</strong> es un híbrido literario que responde a las exigencias del lector de nuestro tiempo.</p>
<p>La novela abre las ventanas de un lugar insospechado, presente pero oculto a los ojos de habitantes ingenuos que nunca llegan a conocer totalmente al monstruo que mueve los tentáculos con miles de ojos, capaz de introducirse hasta en el personalísimo espacio de la voluntad de los individuos.</p>
<p>El autor alude con brochazos maestros a la historia reciente de golpes de Estado y accionar político, cuestiona métodos y técnica utilizados en el control político. Político sí, porque no se dirige a cumplimentar la seguridad del colectivo ciudadano, sino a consolidar la estructura de poder de los gobernantes, aunque la población crea lo contrario y, desesperada, exija persecución a delincuentes, soluciones inmediatas a la inseguridad, sumando legalidad a quienes reman en la ilegalidad.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/27/resena-a-la-maquinaria-de-los-secretos-de-homero-carvalho/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Un grande entre los nuestros: David (y no Goliath) Mondacca</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/26/un-grande-entre-los-nuestros-david-y-no-goliath-mondacca/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/26/un-grande-entre-los-nuestros-david-y-no-goliath-mondacca/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 26 Aug 2010 13:54:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3169</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/David-Mondacca.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/David-Mondacca.jpg" alt="" title="David Mondacca" width="285" height="429" class="aligncenter size-full wp-image-3170" /></a></center><br />
<strong>Cuando el artista es el personaje<br />
Por: Marcelo Paz Soldán<br />
Fotografía: Fernando Cuellar</strong><br />
<em><br />
“Pero hay algo en una narración, una historia, que siempre estará vigente. Yo no creo que los hombres se cansen de contar o escuchar historias. Si esto se acompaña con el placer de que a uno le cuenten una historia tenemos el placer adicional de la dignidad del verso, entonces algo grande habrá pasado”. </em><br />
<strong>Jorge Luis Borges – This craft of verse</strong></p>
<p><em>N. del E. Este sábado 28, a horas 21:00, David Mondacca hará un fragmento de la obra de Teatro El santo del cuerno en el Salón de Honor de la XV Feria Internacional del Libro de La Paz. Quedan todos invitados y, posteriormente, David estará firmando ejemplares de No le digas y El santo del cuerno.</em></p>
<p>Conocí a David Mondacca el 2004, en La Paz, cuando con Luis. H. Antezana J. (Cachín) investigábamos acerca de la vida de Jaime Saenz para el libro digital <strong>La bodega de Jaime Saenz</strong> (2005). Cachín me lo presentó en el Café Ciudad de la Plaza del Estudiante de La Paz. Yo portaba mi cámara fotográfica, ya que una de las intenciones que teníamos era recorrer esa La Paz descrita en <strong>Imágenes Paceñas</strong> (1979). David no reparó para nada en mí. Intervenía en raras ocasiones y él volvía de manera insistente a hablar con Cachín, como si yo no existiera o no fuera parte de la conversación. Yo tenía referencias de Mondacca ya que había vivido trece años en La Paz, pero él no tenía ni la menor idea de quién yo era (él ciertamente se encontraba en desventaja). Sin embargo, tampoco conocía todo lo que Mondacca había hecho con la obra de Saenz y estaba a punto de descubrirlo, lo que cambiaría mi vida de manera definitiva. Ya luego él se enteró que yo era el coautor del libro, y no el fotógrafo que creyó trajo Cachín (yo, a cada rato, les sacaba fotos casi en primer plano a ambos) para ilustrar el libro que hacíamos. Él, con el tiempo, se convertiría en un actor relevante del libro que hicimos.</p>
<p>Me quedé unos días más en La Paz y tuvimos tiempo de conversar y hablar de la obra de Saenz. Me impresionó lo mucho que había hecho, pero el poco material que quedaba disponible, uno de los eternos males de los bolivianos, esa falta de memoria, lo que no debemos dejar que suceda. Mondacca había hecho <strong>No le digas</strong> (1999), <strong>Santiago de Machaca</strong> (2001), <strong>De madera hermano, de madera</strong> (2003), <strong>Los cuartos </strong>(2005), <strong>Don Carlos</strong> (2005). Su productora/amiga/cómplice, Claudia Andrade, había guardado algunos VHS que pronto nos encargamos de digitalizar y luego comprimir para luego utilizar. A veces pienso que, si bien La bodega es un libro homenaje a la vida del poeta paceño, es también un homenaje implícito a la labor de Mondacca y su rescate de la obra de Saenz. </p>
<p>Mondacca se encargaba de mostrarnos, visualmente, lo que Saenz nos contaba. Creaba un mundo de ficción. ¿Pero qué es la ficción? Jorge Volpi, en su ensayo <strong>“Novelas, virus y medios”</strong> (2004) nos recuerda que lo contrario de la verdad es la mentira, pero la ficción no es lo contrario de la verdad por más que esté construida como una mentira intencional; la ficción no busca preservar en el engaño, sino construir una verdad distinta, autónoma y coherente con sus propias reglas. De allí que, con su afán pragmático de siempre, los anglosajones prefieren decir que lo contrario de la ficción es, simplemente, la <em>no – ficción</em>. Por ejemplo, una novela como <strong>Luna caliente</strong> (1984), de Mempo Gardinelli, no es una historia que a él le ha sucedido, y por tanto no es verdad. Sin embargo, tampoco podemos decir que es mentira, por tanto, la obra se queda en una especie de limbo literario, de esas que están flotando. Muchos lectores comienzan a ver con desconfianza a los autores tratando de descubrir qué de lo que cuentan en sus historias son verdades que le han ocurrido a él y qué son fruto de su imaginación —lo que ellos insisten en llamar “licencias literarias.” </p>
<p>En el teatro, sin embargo, el actor personifica libremente a los personajes que han sido creados por el mismo o por otros. Vemos a David transformarse en los personajes que crea incluso si otro es el autor, es una especie de traductor que interpreta el texto y a su personaje y, a partir de ellos, crea uno propio. Mondacca me contaba que incluso los personajes, una vez creados e interpretados por él, iban adquiriendo personalidad propia. Ariel Mustafá, uno de los autores de los que David ha interpretado a un personaje de uno de sus cuentos, me decía, no sin cierta incertidumbre, que el personaje que David había creado de uno de sus textos no era lo que él quería decir. Cuando le pregunté a Mondacca sobre el tema, me dijo que ni él mismo ya no tenía control de los personajes, que estos tomaban vida propia. </p>
<p>Por ejemplo, en su obra de teatro En Amores que matan, en la que interpreta a personajes creados por autores bolivianos como Ramón Rocha Monroy, Edmundo Paz Soldán, Ariel Mustafá y Giovanna Rivero, David se transforma, deja de ser él, para convertirse en el personaje que representa.</p>
<p>La primera vez que vi <strong>No le digas</strong>, en VHS, me llamó la atención el hecho de que Mondacca había logrado personificar al mismo Saenz y a los personajes creados por este lo que Cachín/Paz Soldán dijeron en la Bodega de Jaime Saenz: “Como verá el lector, David Mondacca ha sido pieza clave para poder ilustrar varios personajes de Jaime Saenz y […] al propio Saenz”. Mondacca era entonces capaz de convertirse en el propio Saenz y a la vez personificar los personajes que este había creado en distintos libros, como <strong>La Piedra Imán</strong> (1989) que contiene varias anécdotas relativas al propio autor. Pero Mondacca, pronto lo sabría, no se quedaba ahí, en el mero representar, sino que él creaba sus propios personajes. Es así que creó memorables personajes como el de Aurora, basado en textos de Ramón Rocha Monroy o Ariel Mustafá o el de Giovanna Rivero.</p>
<p>La herencia que ha dejado Jaime Saenz procede de su poesía, principalmente, y de él como personaje. Hemos podido conocer la poesía de Saenz por las publicaciones y reediciones, pero al Saenz personaje, para aquellos que no lo conocimos, lo hemos descubierto gracias a Mondacca. Es innegable la influencia de la poesía de Saenz en la narrativa, pero Saenz como personaje mitológico de la urbe paceña se la debemos en buena parte a Mondacca actor. Gracias a David sabemos, o al menos intuimos, cómo hablaba Saenz, cómo caminaba, cómo fumaba, cómo vestía.</p>
<p>Mondacca leía a autores nacionales (y escritores de afuera), transformaba sus obras, las adaptaba al teatro, los representaba. Con esto quedamos en deuda con él. Asimismo era profesor de dramaturgia, enseñaba a sus alumnos de la Universidad Católica Boliviana y El Alto a actuar y poner en escena las obras de su creación o los ayudaba a crear sus propias historias e interpretarlas. Una labor tan grande y exhaustiva que el teatro boliviano le debe mucho. </p>
<p>Pero Mondacca se llenó de Saenz y no podemos negar su influencia en Mondacca actor. Mondacca se ha llenado de Saenz y a partir del maestro ha creado sus propios mitos urbanos. Saenz creó el aparapita con su saco lleno de remiendos como la ciudad misma y Mondacca crea ahora el lustra y a partir de él lo simboliza como mito paceño en <strong>El Santo del cuerno</strong>, obra que ahora se presenta.</p>
<p><strong>El Santo del cuerno</strong> gana el Premio Nacional de dramaturgia Adolfo Costa du Rels en el 2008, obra en la que Mondacca crea distintos personajes, todos ellos zapateros, no necesariamente unidos entre sí. Existe, sin embargo, un personaje central que es un lustrabotas, que por un azar de la vida muere y se convierte a su vez en el santo de los lustras. Los lustras, como el aparapita de Saenz, son indudablemente personajes de la urbe paceña. Es raro verlos con sus pasamontañas, cubriendo su rostro ya que muchos no quieren mostrar su cara debido a que estudian o tienen otro tipo de actividad. Mondacca, sin embargo, les quita el pasamontañas, los descubre para nosotros, los saca del anonimato para que estos tomen vida propia en <strong>El Santo del cuerno</strong>. Al prologar este libro, en nombre de Editorial Nuevo Milenio, no sólo espero que el lector disfrute de él, sino, también, sea un justo homenaje a David Mondacca, a su placer por narrarnos historias, por dejarnos verlas, disfrutar de ellas y ahora contárnoslas por escrito dejando, junto a la memoria de sus presentaciones teatrales, un legado literario para la narrativa boliviana.</p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/David-Mondacca.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/David-Mondacca.jpg" alt="" title="David Mondacca" width="285" height="429" class="aligncenter size-full wp-image-3170" /></a></center><br />
<strong>Cuando el artista es el personaje<br />
Por: Marcelo Paz Soldán<br />
Fotografía: Fernando Cuellar</strong><br />
<em><br />
“Pero hay algo en una narración, una historia, que siempre estará vigente. Yo no creo que los hombres se cansen de contar o escuchar historias. Si esto se acompaña con el placer de que a uno le cuenten una historia tenemos el placer adicional de la dignidad del verso, entonces algo grande habrá pasado”. </em><br />
<strong>Jorge Luis Borges – This craft of verse</strong></p>
<p><em>N. del E. Este sábado 28, a horas 21:00, David Mondacca hará un fragmento de la obra de Teatro El santo del cuerno en el Salón de Honor de la XV Feria Internacional del Libro de La Paz. Quedan todos invitados y, posteriormente, David estará firmando ejemplares de No le digas y El santo del cuerno.</em></p>
<p>Conocí a David Mondacca el 2004, en La Paz, cuando con Luis. H. Antezana J. (Cachín) investigábamos acerca de la vida de Jaime Saenz para el libro digital <strong>La bodega de Jaime Saenz</strong> (2005). Cachín me lo presentó en el Café Ciudad de la Plaza del Estudiante de La Paz. Yo portaba mi cámara fotográfica, ya que una de las intenciones que teníamos era recorrer esa La Paz descrita en <strong>Imágenes Paceñas</strong> (1979). David no reparó para nada en mí. Intervenía en raras ocasiones y él volvía de manera insistente a hablar con Cachín, como si yo no existiera o no fuera parte de la conversación. Yo tenía referencias de Mondacca ya que había vivido trece años en La Paz, pero él no tenía ni la menor idea de quién yo era (él ciertamente se encontraba en desventaja). Sin embargo, tampoco conocía todo lo que Mondacca había hecho con la obra de Saenz y estaba a punto de descubrirlo, lo que cambiaría mi vida de manera definitiva. Ya luego él se enteró que yo era el coautor del libro, y no el fotógrafo que creyó trajo Cachín (yo, a cada rato, les sacaba fotos casi en primer plano a ambos) para ilustrar el libro que hacíamos. Él, con el tiempo, se convertiría en un actor relevante del libro que hicimos.</p>
<p>Me quedé unos días más en La Paz y tuvimos tiempo de conversar y hablar de la obra de Saenz. Me impresionó lo mucho que había hecho, pero el poco material que quedaba disponible, uno de los eternos males de los bolivianos, esa falta de memoria, lo que no debemos dejar que suceda. Mondacca había hecho <strong>No le digas</strong> (1999), <strong>Santiago de Machaca</strong> (2001), <strong>De madera hermano, de madera</strong> (2003), <strong>Los cuartos </strong>(2005), <strong>Don Carlos</strong> (2005). Su productora/amiga/cómplice, Claudia Andrade, había guardado algunos VHS que pronto nos encargamos de digitalizar y luego comprimir para luego utilizar. A veces pienso que, si bien La bodega es un libro homenaje a la vida del poeta paceño, es también un homenaje implícito a la labor de Mondacca y su rescate de la obra de Saenz. </p>
<p>Mondacca se encargaba de mostrarnos, visualmente, lo que Saenz nos contaba. Creaba un mundo de ficción. ¿Pero qué es la ficción? Jorge Volpi, en su ensayo <strong>“Novelas, virus y medios”</strong> (2004) nos recuerda que lo contrario de la verdad es la mentira, pero la ficción no es lo contrario de la verdad por más que esté construida como una mentira intencional; la ficción no busca preservar en el engaño, sino construir una verdad distinta, autónoma y coherente con sus propias reglas. De allí que, con su afán pragmático de siempre, los anglosajones prefieren decir que lo contrario de la ficción es, simplemente, la <em>no – ficción</em>. Por ejemplo, una novela como <strong>Luna caliente</strong> (1984), de Mempo Gardinelli, no es una historia que a él le ha sucedido, y por tanto no es verdad. Sin embargo, tampoco podemos decir que es mentira, por tanto, la obra se queda en una especie de limbo literario, de esas que están flotando. Muchos lectores comienzan a ver con desconfianza a los autores tratando de descubrir qué de lo que cuentan en sus historias son verdades que le han ocurrido a él y qué son fruto de su imaginación —lo que ellos insisten en llamar “licencias literarias.” </p>
<p>En el teatro, sin embargo, el actor personifica libremente a los personajes que han sido creados por el mismo o por otros. Vemos a David transformarse en los personajes que crea incluso si otro es el autor, es una especie de traductor que interpreta el texto y a su personaje y, a partir de ellos, crea uno propio. Mondacca me contaba que incluso los personajes, una vez creados e interpretados por él, iban adquiriendo personalidad propia. Ariel Mustafá, uno de los autores de los que David ha interpretado a un personaje de uno de sus cuentos, me decía, no sin cierta incertidumbre, que el personaje que David había creado de uno de sus textos no era lo que él quería decir. Cuando le pregunté a Mondacca sobre el tema, me dijo que ni él mismo ya no tenía control de los personajes, que estos tomaban vida propia. </p>
<p>Por ejemplo, en su obra de teatro En Amores que matan, en la que interpreta a personajes creados por autores bolivianos como Ramón Rocha Monroy, Edmundo Paz Soldán, Ariel Mustafá y Giovanna Rivero, David se transforma, deja de ser él, para convertirse en el personaje que representa.</p>
<p>La primera vez que vi <strong>No le digas</strong>, en VHS, me llamó la atención el hecho de que Mondacca había logrado personificar al mismo Saenz y a los personajes creados por este lo que Cachín/Paz Soldán dijeron en la Bodega de Jaime Saenz: “Como verá el lector, David Mondacca ha sido pieza clave para poder ilustrar varios personajes de Jaime Saenz y […] al propio Saenz”. Mondacca era entonces capaz de convertirse en el propio Saenz y a la vez personificar los personajes que este había creado en distintos libros, como <strong>La Piedra Imán</strong> (1989) que contiene varias anécdotas relativas al propio autor. Pero Mondacca, pronto lo sabría, no se quedaba ahí, en el mero representar, sino que él creaba sus propios personajes. Es así que creó memorables personajes como el de Aurora, basado en textos de Ramón Rocha Monroy o Ariel Mustafá o el de Giovanna Rivero.</p>
<p>La herencia que ha dejado Jaime Saenz procede de su poesía, principalmente, y de él como personaje. Hemos podido conocer la poesía de Saenz por las publicaciones y reediciones, pero al Saenz personaje, para aquellos que no lo conocimos, lo hemos descubierto gracias a Mondacca. Es innegable la influencia de la poesía de Saenz en la narrativa, pero Saenz como personaje mitológico de la urbe paceña se la debemos en buena parte a Mondacca actor. Gracias a David sabemos, o al menos intuimos, cómo hablaba Saenz, cómo caminaba, cómo fumaba, cómo vestía.</p>
<p>Mondacca leía a autores nacionales (y escritores de afuera), transformaba sus obras, las adaptaba al teatro, los representaba. Con esto quedamos en deuda con él. Asimismo era profesor de dramaturgia, enseñaba a sus alumnos de la Universidad Católica Boliviana y El Alto a actuar y poner en escena las obras de su creación o los ayudaba a crear sus propias historias e interpretarlas. Una labor tan grande y exhaustiva que el teatro boliviano le debe mucho. </p>
<p>Pero Mondacca se llenó de Saenz y no podemos negar su influencia en Mondacca actor. Mondacca se ha llenado de Saenz y a partir del maestro ha creado sus propios mitos urbanos. Saenz creó el aparapita con su saco lleno de remiendos como la ciudad misma y Mondacca crea ahora el lustra y a partir de él lo simboliza como mito paceño en <strong>El Santo del cuerno</strong>, obra que ahora se presenta.</p>
<p><strong>El Santo del cuerno</strong> gana el Premio Nacional de dramaturgia Adolfo Costa du Rels en el 2008, obra en la que Mondacca crea distintos personajes, todos ellos zapateros, no necesariamente unidos entre sí. Existe, sin embargo, un personaje central que es un lustrabotas, que por un azar de la vida muere y se convierte a su vez en el santo de los lustras. Los lustras, como el aparapita de Saenz, son indudablemente personajes de la urbe paceña. Es raro verlos con sus pasamontañas, cubriendo su rostro ya que muchos no quieren mostrar su cara debido a que estudian o tienen otro tipo de actividad. Mondacca, sin embargo, les quita el pasamontañas, los descubre para nosotros, los saca del anonimato para que estos tomen vida propia en <strong>El Santo del cuerno</strong>. Al prologar este libro, en nombre de Editorial Nuevo Milenio, no sólo espero que el lector disfrute de él, sino, también, sea un justo homenaje a David Mondacca, a su placer por narrarnos historias, por dejarnos verlas, disfrutar de ellas y ahora contárnoslas por escrito dejando, junto a la memoria de sus presentaciones teatrales, un legado literario para la narrativa boliviana.</p>
<p><em>Fuente: Editorial Nuevo Milenio</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/26/un-grande-entre-los-nuestros-david-y-no-goliath-mondacca/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Acerca de tres libros de Giovanna Rivero</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/24/acerca-de-tres-libros-de-giovanna-rivero/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/24/acerca-de-tres-libros-de-giovanna-rivero/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 20:24:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Reseña]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3166</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/las-camaleonas1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/las-camaleonas1.jpg" alt="" title="las camaleonas" width="92" height="130" class="aligncenter size-full wp-image-3167" /></a></center><br />
<strong>Tres libros de una escritora boliviana<br />
Por: Luis Horacio Heredia</strong></p>
<p>Muchas veces tengo la impresión de que Hispanoamérica es, más que un continente, una serie de ínsulas, aisladas, distantes. Y es que aunque cada día nos empeñamos en afirmar que somos una misma cultura, unidas por una mima lengua, la verdad es que poco o nada sabemos los unos de los otros. De la música, tal vez el género artístico con mayor movilidad, conocemos lo más comercial, no necesariamente lo mejor. En cuanto a las letras, son raras las posibilidades de estar al día en cuánto a qué libros y cuáles autores son, no sólo los más representativos, sino aquellos quienes están abriendo las nuevas brechas de la literatura en español. Por lo regular hay que esperar a que alguno de estos autores gane un premio grande para que comience a ser mencionado por los críticos, o bien que alguna editorial de España tenga el tino de “descubrir” a “desconocidos” escritores que llevan años creando sus obras en el silencio y el anonimato. Sin duda, algo está fallando en la comunicación, hoy, en pleno siglo XXI, en la llamada “era tecnológica”.</p>
<p>Una de las paradojas de esta extraña relación de la cultura latinoamericana es que el lugar donde más encuentros hay entre distintos autores —uruguayos, chilenos, mexicanos, colombianos, argentinos, cubanos, bolivianos, venezolanos, puertorriqueños, dominicanos, hondureños, etcétera— es en los Estados Unidos, país que por su poder económico se ha convertido en el refugio para millones de inmigrantes. Es aquí, en Gringolandia, donde un gran número de investigadores y creadores de lengua española han encontrado un nicho dentro de las universidades, encontrando así la oportunidad de continuar sus trabajos.</p>
<p>Fue así como —a través de Verónica Saunero-Ward, profesora de Bolivia, quien imparte clases de español y literatura en la Universidad de Highlands, Nuevo México, que me obsequió los libros que ahora reseño— conocí a esta joven escritora boliviana, Giovanna Rivero, nacida en Montero, Santa Cruz en 1972, quien es autora de siete libros; en el 2004 participó en el Iowa Writing Program, auspiciado por la Universidad de Iowa; y en el 2005 ganó el Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo en su país.</p>
<p><strong>Las camaleonas</strong> narra la historia de Azucena, mujer de treinta años, casada, con dos hijos, quien asiste al psiquiatra para buscar una posible solución a esa desazón interna que la carcome. Es así que, azuzada por el “especialista en depresiones”, comienza a escribir un “diario de emociones”, un cuaderno donde escribe para conocerse a ella misma pero también para irse desdoblando en distintas mujeres que ha conocido durante su vida y que en algún momento ella imaginó que pudo haber sido: Carolina, la que acabó como bailarina en centros nocturnos de poca monta; Judy Palas, la modelo exitosa quien está a punto de perder uno de sus senos, y con él su popularidad, por causa de un cáncer; Mary, la hermana gemela que desestabiliza con sus celos, sus inseguridades y sus fantasías eróticas y violentas el precario equilibrio de Azucena; Ingrid, la lejana amiga de la infancia en quienes muchas compañeras ven realizadas sus ambiciones de adolescencia; Bernarda, la joven paciente, prototipo de la histeria y la esquizofrenia; Anita, otra amiga de la infancia, con quien luego de veinticinco años de no verse parecen descubrir, por un instante, la chispa del erotismo lésbico; Liliana, la adolescente de mirada huidiza que parece vivir entre el cinismo y el pudor de una violación que nadie sabe si es real o ficticia; o bien María Magdalena, Irina, Teresa, Frida, mujeres “santas” de la historia en las que Azucena descubre verdaderas sirenas o brujas que supieron conquistar al mundo con sus hechizos. Así, cada una de estas mujeres encarna para Azucena, a través de su “anecdotario de camaleonas”, las distintas identidades de la mujer contemporánea, con sus infinitas complejidades en las que se esconde, muy en el fondo, el alma femenina.</p>
<p>En <strong>Contraluna</strong>, colección de veinte cuentos, el tema central es sin duda la mujer, pero no sólo aquella que ama sino la que incluso es capaz del deseo más vil y descarnado, la mujer que no siempre es la víctima sino muchas veces la feroz y perversa hembra que busca con avidez saciar la sed de su sexo insaciable y devorador. Mujeres que claman, por ejemplo, que: “… debía haber nacido en los sesenta, coger detrás de las plantas, tatuarse los omóplatos con la misma jeringa de la comunidad, y odiar las relaciones monógamas, posesivas”, o “Yo jamás voy a llevar el apellido de un macho, el mío me gusta, tiene clase, soy una artista”. Su paisano, el escritor Edmundo Paz Soldán, ha señalado con tino acerca de <strong>Contraluna</strong>: “Este libro es un gran salto, quizás no el definitivo —¿cuál lo es? —, pero uno lo suficientemente importante como para ir consolidando lo hecho a lo largo del camino. En sus cuentos no hay emociones sutiles, tampoco quietas epifanías. Los personajes están siempre poseídos por pasiones extremas, y deambulan por el mundo expresándose con fuerza: hay olores intensos, y la sangre nunca está muy lejos de la superficie (…) Más que la ironía, abunda el sarcasmo, el humor negro”.</p>
<p><strong>Tukzón</strong>, historias colaterales es, a mi gusto, el libro mejor logrado de Giovanna. En él la mujer que habita en el fondo de la escritora se transforma en un personaje más, dando paso a una galería de seres que atrapan al lector con sus diferentes matices y obsesiones. Quince historias (numeradas de la 0 a la 14) que recorren temas como la ciencia ficción, criminales en serie, la migración, el tráfico de órganos, el atentado a las torres gemelas de Nueva York, entre otros. Por alguna razón la editorial decidió presentar el libro como “novela híbrida”, aunque en mi opinión cada una de las historias, incluso cuando puede existir cierta relación o conexión entre algunas de ellas, son completamente autónomas, lo que les otorga su indudable carácter de cuentos, narraciones cortas muy bien estructuradas. Es en estos quince cuentos donde Giovanna Rivero confirma la fuerza de su prosa, logrando que el ritmo sea a la vez vertiginoso e incisivo. Algunos, como “Polizonte”, “Other voices”, “Tucson. Más noche”, “Next level”, “Viaje a Broadway” y “Balcón”, logran estremecernos de tal manera que no podemos ser los mismos, como lectores, como personas, después de finalizar su lectura; sin demérito de las otras narraciones del libro, éstas que menciono pueden ser consideradas como el ejemplo perfecto de lo que Julio Cortázar señalaba como historias que se erigen en auténticos nocauts a la mente del lector.</p>
<p>Después de la lectura de este último libro no tengo el menor recelo en afirmar que estamos ante una escritora en toda la extensión de la palabra, quien luego de años de experimentación ha llegado sin duda al punto culminante de su madurez narrativa, a partir del cual no veo más camino que el de una escritura contundente en estilo, irrevocablemente subversiva en sus temas, propositiva en su forma y absolutamente perturbadora de las buenas conciencias: Giovanna Rivero, hacedora de bombas explosivas literarias.</p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>Giovanna Rivero, Las camaleonas (novela), Ed. La Hoguera, Bolivia, 2001, 157 pp.</p>
<p>———————, Contraluna (cuentos), Ed. La Hoguera, Bolivia, 2005, 149 pp.</p>
<p>———————, Tukzon, historias colaterales (novela híbrida), Ed. La Hoguera, Bolivia, 2008, 186 pp.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/las-camaleonas1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/las-camaleonas1.jpg" alt="" title="las camaleonas" width="92" height="130" class="aligncenter size-full wp-image-3167" /></a></center><br />
<strong>Tres libros de una escritora boliviana<br />
Por: Luis Horacio Heredia</strong></p>
<p>Muchas veces tengo la impresión de que Hispanoamérica es, más que un continente, una serie de ínsulas, aisladas, distantes. Y es que aunque cada día nos empeñamos en afirmar que somos una misma cultura, unidas por una mima lengua, la verdad es que poco o nada sabemos los unos de los otros. De la música, tal vez el género artístico con mayor movilidad, conocemos lo más comercial, no necesariamente lo mejor. En cuanto a las letras, son raras las posibilidades de estar al día en cuánto a qué libros y cuáles autores son, no sólo los más representativos, sino aquellos quienes están abriendo las nuevas brechas de la literatura en español. Por lo regular hay que esperar a que alguno de estos autores gane un premio grande para que comience a ser mencionado por los críticos, o bien que alguna editorial de España tenga el tino de “descubrir” a “desconocidos” escritores que llevan años creando sus obras en el silencio y el anonimato. Sin duda, algo está fallando en la comunicación, hoy, en pleno siglo XXI, en la llamada “era tecnológica”.</p>
<p>Una de las paradojas de esta extraña relación de la cultura latinoamericana es que el lugar donde más encuentros hay entre distintos autores —uruguayos, chilenos, mexicanos, colombianos, argentinos, cubanos, bolivianos, venezolanos, puertorriqueños, dominicanos, hondureños, etcétera— es en los Estados Unidos, país que por su poder económico se ha convertido en el refugio para millones de inmigrantes. Es aquí, en Gringolandia, donde un gran número de investigadores y creadores de lengua española han encontrado un nicho dentro de las universidades, encontrando así la oportunidad de continuar sus trabajos.</p>
<p>Fue así como —a través de Verónica Saunero-Ward, profesora de Bolivia, quien imparte clases de español y literatura en la Universidad de Highlands, Nuevo México, que me obsequió los libros que ahora reseño— conocí a esta joven escritora boliviana, Giovanna Rivero, nacida en Montero, Santa Cruz en 1972, quien es autora de siete libros; en el 2004 participó en el Iowa Writing Program, auspiciado por la Universidad de Iowa; y en el 2005 ganó el Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo en su país.</p>
<p><strong>Las camaleonas</strong> narra la historia de Azucena, mujer de treinta años, casada, con dos hijos, quien asiste al psiquiatra para buscar una posible solución a esa desazón interna que la carcome. Es así que, azuzada por el “especialista en depresiones”, comienza a escribir un “diario de emociones”, un cuaderno donde escribe para conocerse a ella misma pero también para irse desdoblando en distintas mujeres que ha conocido durante su vida y que en algún momento ella imaginó que pudo haber sido: Carolina, la que acabó como bailarina en centros nocturnos de poca monta; Judy Palas, la modelo exitosa quien está a punto de perder uno de sus senos, y con él su popularidad, por causa de un cáncer; Mary, la hermana gemela que desestabiliza con sus celos, sus inseguridades y sus fantasías eróticas y violentas el precario equilibrio de Azucena; Ingrid, la lejana amiga de la infancia en quienes muchas compañeras ven realizadas sus ambiciones de adolescencia; Bernarda, la joven paciente, prototipo de la histeria y la esquizofrenia; Anita, otra amiga de la infancia, con quien luego de veinticinco años de no verse parecen descubrir, por un instante, la chispa del erotismo lésbico; Liliana, la adolescente de mirada huidiza que parece vivir entre el cinismo y el pudor de una violación que nadie sabe si es real o ficticia; o bien María Magdalena, Irina, Teresa, Frida, mujeres “santas” de la historia en las que Azucena descubre verdaderas sirenas o brujas que supieron conquistar al mundo con sus hechizos. Así, cada una de estas mujeres encarna para Azucena, a través de su “anecdotario de camaleonas”, las distintas identidades de la mujer contemporánea, con sus infinitas complejidades en las que se esconde, muy en el fondo, el alma femenina.</p>
<p>En <strong>Contraluna</strong>, colección de veinte cuentos, el tema central es sin duda la mujer, pero no sólo aquella que ama sino la que incluso es capaz del deseo más vil y descarnado, la mujer que no siempre es la víctima sino muchas veces la feroz y perversa hembra que busca con avidez saciar la sed de su sexo insaciable y devorador. Mujeres que claman, por ejemplo, que: “… debía haber nacido en los sesenta, coger detrás de las plantas, tatuarse los omóplatos con la misma jeringa de la comunidad, y odiar las relaciones monógamas, posesivas”, o “Yo jamás voy a llevar el apellido de un macho, el mío me gusta, tiene clase, soy una artista”. Su paisano, el escritor Edmundo Paz Soldán, ha señalado con tino acerca de <strong>Contraluna</strong>: “Este libro es un gran salto, quizás no el definitivo —¿cuál lo es? —, pero uno lo suficientemente importante como para ir consolidando lo hecho a lo largo del camino. En sus cuentos no hay emociones sutiles, tampoco quietas epifanías. Los personajes están siempre poseídos por pasiones extremas, y deambulan por el mundo expresándose con fuerza: hay olores intensos, y la sangre nunca está muy lejos de la superficie (…) Más que la ironía, abunda el sarcasmo, el humor negro”.</p>
<p><strong>Tukzón</strong>, historias colaterales es, a mi gusto, el libro mejor logrado de Giovanna. En él la mujer que habita en el fondo de la escritora se transforma en un personaje más, dando paso a una galería de seres que atrapan al lector con sus diferentes matices y obsesiones. Quince historias (numeradas de la 0 a la 14) que recorren temas como la ciencia ficción, criminales en serie, la migración, el tráfico de órganos, el atentado a las torres gemelas de Nueva York, entre otros. Por alguna razón la editorial decidió presentar el libro como “novela híbrida”, aunque en mi opinión cada una de las historias, incluso cuando puede existir cierta relación o conexión entre algunas de ellas, son completamente autónomas, lo que les otorga su indudable carácter de cuentos, narraciones cortas muy bien estructuradas. Es en estos quince cuentos donde Giovanna Rivero confirma la fuerza de su prosa, logrando que el ritmo sea a la vez vertiginoso e incisivo. Algunos, como “Polizonte”, “Other voices”, “Tucson. Más noche”, “Next level”, “Viaje a Broadway” y “Balcón”, logran estremecernos de tal manera que no podemos ser los mismos, como lectores, como personas, después de finalizar su lectura; sin demérito de las otras narraciones del libro, éstas que menciono pueden ser consideradas como el ejemplo perfecto de lo que Julio Cortázar señalaba como historias que se erigen en auténticos nocauts a la mente del lector.</p>
<p>Después de la lectura de este último libro no tengo el menor recelo en afirmar que estamos ante una escritora en toda la extensión de la palabra, quien luego de años de experimentación ha llegado sin duda al punto culminante de su madurez narrativa, a partir del cual no veo más camino que el de una escritura contundente en estilo, irrevocablemente subversiva en sus temas, propositiva en su forma y absolutamente perturbadora de las buenas conciencias: Giovanna Rivero, hacedora de bombas explosivas literarias.</p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>Giovanna Rivero, Las camaleonas (novela), Ed. La Hoguera, Bolivia, 2001, 157 pp.</p>
<p>———————, Contraluna (cuentos), Ed. La Hoguera, Bolivia, 2005, 149 pp.</p>
<p>———————, Tukzon, historias colaterales (novela híbrida), Ed. La Hoguera, Bolivia, 2008, 186 pp.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/24/acerca-de-tres-libros-de-giovanna-rivero/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Yerba Mala cumple cuatro añitos</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/23/yerba-mala-cumple-cuatro-anitos/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/23/yerba-mala-cumple-cuatro-anitos/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 14:59:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3161</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/yerba-mala-cartonera1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/yerba-mala-cartonera1.jpg" alt="" title="yerba mala cartonera" width="303" height="168" class="aligncenter size-full wp-image-3162" /></a></center><br />
<strong>Yerba Mala festeja 4 años con 60 títulos artesanales<br />
Por: Carla Hannover</strong></p>
<p>Cuatro años pasaron desde que Yerba Mala Cartonera publicara sus primeros libros artesanales. Hoy, la editorial tiene 60 títulos, el 80 por ciento de escritores bolivianos, y todos ellos están en la Feria del Libro a un precio no mayor a los 10 bolivianos.</p>
<p>“Para esta feria tenemos tres novedades. Una es la Academia Cartonera, un libro que es producto del congreso de editoriales cartoneras que se realizó el 2009 en EEUU. Hay varios artículos académicos sobre el movimiento”, dice Claudia Michel, responsable en Cochabamba de Yerba Mala. </p>
<p>Los otros lanzamientos son: Dos gorditas lesbianas y otros cuentos, de Carlos Maceda, obra que, a decir de Michel, tiene “texto irreverente y muy interesante” y una selección de narrativa joven. Estas tres publicaciones se suman a los casi 60 títulos que nutren el stand de la editorial, que nació hace cuatro años con el objetivo es promover la literatura a precios bajos.</p>
<p>“La idea es dar una alternativa dentro de las formas de edición tradicional. Ninguno de nuestros libros es igual al otro”, comenta Michel. Y es que los ocho miembros de Yerba Mala Cartonera hacen un trabajo de hormiga. “Nosotros revisamos los textos que nos envían los escritores, los editamos y los imprimimos. Luego hacemos las tapas con cartón reciclado, las pintamos, las decoramos a mano y las engrapamos a las páginas”. </p>
<p>Esta labor le ha permitido a la editorial mantener un precio de 10 bolivianos para cada libro, algo que, según Michel, no tiene comparación en el mercado. “De esta forma, también se le da la oportunidad de publicar a los escritores jóvenes que no podrían hacerlo con las grandes editoriales. Son ellos quienes ceden sus derechos para que la editorial los publique”.</p>
<p>El catálogo de Yerba Mala está conformado principalmente por escritores jóvenes del país. Aunque también hay reconocidos autores como Rodrigo Hasbun, quien publicó su libro Familia y otros cuentos, uno de los más vendidos.</p>
<p>La editorial cartonera, que actualmente tiene sucursales en El Alto, La Paz y Cochabamba, se creó el 2006 por iniciativa de Roberto Cáceres, Crispín Portugal y Darío Manuel Luna, quienes tomaron la idea de Sarita Cartonera del Perú. “Esta idea es muy fácil de copiar, por ello han surgido muchas editoriales de este tipo en el país y en el mundo”.</p>
<p>En Bolivia, además de Yerba Mala, desde el 2009 aporta su trabajo artesanal Nicotina Cartoneste, en Santa Cruz. Este año se abrió, en Oruro, la editorial Rostro Asado Cartonero. Todas siguen la filosofía de publicar libros a bajo precio y su oferta es una de las más populares de la feria.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.la-razon.com/version.php?ArticleId=116401&#038;a=1&#038;EditionId=2262">La Razón</a></em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/yerba-mala-cartonera1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/yerba-mala-cartonera1.jpg" alt="" title="yerba mala cartonera" width="303" height="168" class="aligncenter size-full wp-image-3162" /></a></center><br />
<strong>Yerba Mala festeja 4 años con 60 títulos artesanales<br />
Por: Carla Hannover</strong></p>
<p>Cuatro años pasaron desde que Yerba Mala Cartonera publicara sus primeros libros artesanales. Hoy, la editorial tiene 60 títulos, el 80 por ciento de escritores bolivianos, y todos ellos están en la Feria del Libro a un precio no mayor a los 10 bolivianos.</p>
<p>“Para esta feria tenemos tres novedades. Una es la Academia Cartonera, un libro que es producto del congreso de editoriales cartoneras que se realizó el 2009 en EEUU. Hay varios artículos académicos sobre el movimiento”, dice Claudia Michel, responsable en Cochabamba de Yerba Mala. </p>
<p>Los otros lanzamientos son: Dos gorditas lesbianas y otros cuentos, de Carlos Maceda, obra que, a decir de Michel, tiene “texto irreverente y muy interesante” y una selección de narrativa joven. Estas tres publicaciones se suman a los casi 60 títulos que nutren el stand de la editorial, que nació hace cuatro años con el objetivo es promover la literatura a precios bajos.</p>
<p>“La idea es dar una alternativa dentro de las formas de edición tradicional. Ninguno de nuestros libros es igual al otro”, comenta Michel. Y es que los ocho miembros de Yerba Mala Cartonera hacen un trabajo de hormiga. “Nosotros revisamos los textos que nos envían los escritores, los editamos y los imprimimos. Luego hacemos las tapas con cartón reciclado, las pintamos, las decoramos a mano y las engrapamos a las páginas”. </p>
<p>Esta labor le ha permitido a la editorial mantener un precio de 10 bolivianos para cada libro, algo que, según Michel, no tiene comparación en el mercado. “De esta forma, también se le da la oportunidad de publicar a los escritores jóvenes que no podrían hacerlo con las grandes editoriales. Son ellos quienes ceden sus derechos para que la editorial los publique”.</p>
<p>El catálogo de Yerba Mala está conformado principalmente por escritores jóvenes del país. Aunque también hay reconocidos autores como Rodrigo Hasbun, quien publicó su libro Familia y otros cuentos, uno de los más vendidos.</p>
<p>La editorial cartonera, que actualmente tiene sucursales en El Alto, La Paz y Cochabamba, se creó el 2006 por iniciativa de Roberto Cáceres, Crispín Portugal y Darío Manuel Luna, quienes tomaron la idea de Sarita Cartonera del Perú. “Esta idea es muy fácil de copiar, por ello han surgido muchas editoriales de este tipo en el país y en el mundo”.</p>
<p>En Bolivia, además de Yerba Mala, desde el 2009 aporta su trabajo artesanal Nicotina Cartoneste, en Santa Cruz. Este año se abrió, en Oruro, la editorial Rostro Asado Cartonero. Todas siguen la filosofía de publicar libros a bajo precio y su oferta es una de las más populares de la feria.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.la-razon.com/version.php?ArticleId=116401&#038;a=1&#038;EditionId=2262">La Razón</a></em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/23/yerba-mala-cumple-cuatro-anitos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Se devela el misterio de Tocnolencias</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/20/se-devela-el-misterio-de-tocnolencias/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/20/se-devela-el-misterio-de-tocnolencias/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 14:39:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículo]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3155</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Churubamba-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Churubamba-1.jpg" alt="" title="Churubamba 1" width="192" height="256" class="aligncenter size-full wp-image-3156" /></a></center><br />
<strong>Tocnolencias’, último inédito de Saenz, se lanza en la FIL<br />
Por: Liliana Carrillo<br />
Foto: Marcelo Paz Soldán</strong></p>
<p><em><strong>Tocnolencias</strong>, del poeta paceño Jaime Saenz, estará en circulación desde mañana sábado 21 de agosto, presentándose en el marco de la XV Feria Internacional del Libro de La Paz, lo que se convertirá en un verdadero &#8216;mito develado&#8217; ya que muchos hemos oído hablar del libro, pero muy pocos, los afortunados, lo han leído. </em></p>
<p><strong>Tocnolencias</strong>, la última obra inédita del escritor Jaime Saenz, es una de las joyas que se presentará en la XV FIL. </p>
<p>Escritos a fines de los años 70, los 26 relatos de Tocnolencias permanecieron inéditos por más de tres décadas, aunque su propio autor hizo varias revisiones del índice con miras a su publicación. Con el tiempo y la muerte de Saenz, el libro pasó a alimentar el mito.</p>
<p>“Salieron algunas versiones de los textos, no autorizadas, dispersas”, explica Mauricio Souza, editor de Plural. Finalmente, la familia del autor de <strong>Felipe Delgado</strong> decide publicar el último libro inédito del emblemático escritor paceño con un objetivo claro: “Es necesario que circule una versión corregida y definitiva de la obra”.</p>
<p>Rebeldes, como la obra entera de don Jaime, los textos de <strong>Tocnolencias</strong> omiten los signos de puntuación y se rigen sólo por su ritmo. El resultado es “una prosa torrencial, con herencias de un lenguaje paceño. Tiene textos poéticos que dialogan con diatribas políticas”, define Souza.</p>
<p>“Hay, en la construcción de <strong>Tocnolencias</strong>, ecos de <strong>El escalpelo</strong> (1955), primer libro de Saenz. Pero hay sobre todo un deliberado regreso a personajes, experiencias y espacios que ya es imposible pensar sino como sanzeanos. Si Alcides Arguedas, Franz Tamayo, Anton Bruckner o Idi Amín son el objeto de algunos de estos relatos, también lo son Miguel Hirbajando (una calavera), Antenor Pérez-Hita (creador de palabras), Benedicto Sinceros (de una antipatía atractiva), Taticatus (inventor contemplativo), Agapito Tarquino (minero) o un aparapita (‘tal un poeta de verdad y sin poemas’, según lo define el relato ‘Quién no quisiera’)”, explica el literato Leonardo García Pabón en el prólogo del obra.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.la-razon.com/version_temp.php?ArticleId=434&#038;EditionId=2257&#038;idp=27&#038;ids=52">La Razón</a></em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Churubamba-1.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/Churubamba-1.jpg" alt="" title="Churubamba 1" width="192" height="256" class="aligncenter size-full wp-image-3156" /></a></center><br />
<strong>Tocnolencias’, último inédito de Saenz, se lanza en la FIL<br />
Por: Liliana Carrillo<br />
Foto: Marcelo Paz Soldán</strong></p>
<p><em><strong>Tocnolencias</strong>, del poeta paceño Jaime Saenz, estará en circulación desde mañana sábado 21 de agosto, presentándose en el marco de la XV Feria Internacional del Libro de La Paz, lo que se convertirá en un verdadero &#8216;mito develado&#8217; ya que muchos hemos oído hablar del libro, pero muy pocos, los afortunados, lo han leído. </em></p>
<p><strong>Tocnolencias</strong>, la última obra inédita del escritor Jaime Saenz, es una de las joyas que se presentará en la XV FIL. </p>
<p>Escritos a fines de los años 70, los 26 relatos de Tocnolencias permanecieron inéditos por más de tres décadas, aunque su propio autor hizo varias revisiones del índice con miras a su publicación. Con el tiempo y la muerte de Saenz, el libro pasó a alimentar el mito.</p>
<p>“Salieron algunas versiones de los textos, no autorizadas, dispersas”, explica Mauricio Souza, editor de Plural. Finalmente, la familia del autor de <strong>Felipe Delgado</strong> decide publicar el último libro inédito del emblemático escritor paceño con un objetivo claro: “Es necesario que circule una versión corregida y definitiva de la obra”.</p>
<p>Rebeldes, como la obra entera de don Jaime, los textos de <strong>Tocnolencias</strong> omiten los signos de puntuación y se rigen sólo por su ritmo. El resultado es “una prosa torrencial, con herencias de un lenguaje paceño. Tiene textos poéticos que dialogan con diatribas políticas”, define Souza.</p>
<p>“Hay, en la construcción de <strong>Tocnolencias</strong>, ecos de <strong>El escalpelo</strong> (1955), primer libro de Saenz. Pero hay sobre todo un deliberado regreso a personajes, experiencias y espacios que ya es imposible pensar sino como sanzeanos. Si Alcides Arguedas, Franz Tamayo, Anton Bruckner o Idi Amín son el objeto de algunos de estos relatos, también lo son Miguel Hirbajando (una calavera), Antenor Pérez-Hita (creador de palabras), Benedicto Sinceros (de una antipatía atractiva), Taticatus (inventor contemplativo), Agapito Tarquino (minero) o un aparapita (‘tal un poeta de verdad y sin poemas’, según lo define el relato ‘Quién no quisiera’)”, explica el literato Leonardo García Pabón en el prólogo del obra.</p>
<p><em>Fuente: <a href="http://www.la-razon.com/version_temp.php?ArticleId=434&#038;EditionId=2257&#038;idp=27&#038;ids=52">La Razón</a></em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/20/se-devela-el-misterio-de-tocnolencias/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cuento: El sacrificio. Escrito por Claudia Azcuy</title>
		<link>http://www.ecdotica.com/2010/08/17/cuento-el-sacrificio-escrito-por-claudia-azcuy/</link>
		<comments>http://www.ecdotica.com/2010/08/17/cuento-el-sacrificio-escrito-por-claudia-azcuy/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Aug 2010 14:47:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marcelo Paz Soldan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.ecdotica.com/?p=3151</guid>
		<description><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/el-sacrificio.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/el-sacrificio.jpg" alt="" title="el sacrificio" width="408" height="255" class="aligncenter size-full wp-image-3152" /></a></center><br />
<strong>El sacrificio<br />
Por: Claudia Azcuy</strong></p>
<p><em>N. del E. Celebramos la generosidad de Claudia Ascuy por dejarnos compartir con nuestros lectores uno de sus cuentos, que esperamos, sinceramente, sea de su total agrado.</em></p>
<p>Unos ojos vidriosos que parecían pedir perdón desde el más allá, un charco de sangre y, hacia la derecha, sobre la pared, dos o tres palabras escritas con ella; y, sin embargo, nada. </p>
<p>Hacía unos días había leído en el periódico que dos adolescentes cubanos se habían metido en el tren de aterrizaje de un avión de British Airways, donde murieron congelados por las bajas temperaturas y, aunque la historia lo inspiró un poco, no pudo escribir ni una página. </p>
<p>En África, según informaba un canal de noticias local, se expandía la creencia de que teniendo relaciones con niños se disminuía considerablemente el riesgo de contraer el SIDA. Ésta le llamó mucho la atención, porque se imaginó entonces un montón de negros violando a otro montón de niños, a la multitud excitada y, entre aquellos, un pequeño de seis o siete años con un pantaloncito rojo que ya andaba por el suelo. Pensó entonces en “La lista de Schindler”, así que se desencantó enseguida ante la inconsciente asociación.</p>
<p>Llevaba ya semanas revisando los diarios, sintonizando las emisoras más bizarras y sensacionalistas, recorriendo las calles más peligrosas de la ciudad e, incluso, visitando parques y plazas concurridas donde se quedaba durante horas, sentado, viendo la gente pasar e imaginando sus vidas; y aún no tenía una historia. Lo había intentado todo: desde el insomnio provocado hasta largas jornadas de interminable consumo de todo lo que debería hacerle volar, pero nada; lo mejor que lograba era aterrizar en blanco, sin hambre y con ganas de tirarse a la vecina. </p>
<p>También había intentado con la acupuntura, la homeopatía y las prostitutas (curiosamente, un mismo amigo le había recomendado las tres alternativas). Se suponía que las dos primeras le permitirían hallar el equilibrio faltante en sus funciones orgánicas para luego librarse del bloqueo emocional que lo mantenía aislado de la inspiración; la tercera la utilizaría en caso de que ninguna de las anteriores funcionara y era mucho más simple: pagarle a una mujer para que le contara su vida y, eventualmente, cogérsela. De la última experiencia solo consiguió escribir lo que más o menos fue el diálogo con la puta:</p>
<p><em>―Es tu primera vez aquí, ¿verdad? ―preguntó ella mientras jugaba con su lengua, los dientes y unos dedos que amenazaban con ser introducidos en su culo. Él, con un tímido gesto, asintió.</p>
<p>―No te preocupes, mañana estarás aquí otra vez… sólo tienes que probarme. ―dijo, con una seguridad y confidencia que no le ayudaban a excitarse. En ese momento Augusto pensó en que una un poco más sumisa hubiese sido probablemente mejor, pero ya había escogido a ésta y no quería perder más tiempo; por último, ella también tenía lo que necesitaba.</p>
<p>―Empecemos de una vez. Desnúdate. Hazlo despacio y luego voltéate, apóyate en el sillón y abre las piernas ―vociferó, recuperando el control y anunciando que durante los próximos cincuenta y siete minutos la situación no sería diferente.</em></p>
<p>Cuando el sexo concluyó, intentó que la mujer le contara algo ―real o inventado, cualquier cosa que le cediese la facultad de desencadenar una serie de motivos, causas y consecuencias que en algún momento de la noche pudieran convertirse en una historia― y lo único que esta alcanzó a narrarle fue cómo llegó a la prostitución, y ya a nadie le interesa saber cómo una joven de 20 años decide vender su cuerpo por dinero. Al menos no desde que alguien, alguna vez, afirmó que lo hacía por placer.</p>
<p>Agotadas sus opciones, esa noche llegó a la casa y, después de escribir tres o cuatro párrafos sobre el encuentro, abrió una botella de scotch y se fue a sentar a su cama, mirando al techo. Así se pasó casi media hora y, cuando el cuello comenzó a molestarle, alguna sensación divina se le aproximó. Fue a la cocina, agarró el cuchillo de la carne y comenzó a hacerse incisiones en su brazo izquierdo. Los cortes no eran profundos, pero dejaban brotar la sangre. </p>
<p>Unas horas más tarde, ya había avanzado a las piernas, las heridas eran crecidamente hondas y a su lado una pila de papeles escritos comenzaba a amontonarse. Cuando llegó al tobillo, justo cerca del hueso, no pudo más: escribió con tal excitación que las lágrimas que caían de sus ojos no eran de dolor, sino de felicidad.</p>
<p>La tarde siguiente, satisfecho con el resultado de la víspera, intentó reproducir el sacrificio. Esta vez escribiría sobre la importancia de sentir el dolor; no interesaba en ese momento cuál sería la historia, ésta llegaría en cuanto la sangre comenzara a salir o, en el peor de los casos, en cuanto atacara al tobillo. Comenzó de la misma forma: primero los brazos, luego las piernas, tajos delgados y superficiales seguidos de otros agudos. Pero llegó al talón con apenas media página escrita. </p>
<p>Entonces insistió, esta vez procurándose incisiones peligrosas. Los sangrados se intensificaron y, al rozar la una de la mañana, su cuerpo parecía finalmente vaciado. La habitación era un desastre, el flujo rojizo había invadido hasta las pocas palabras escritas y navegaba ahora, despacio, por debajo de la cama y la mesa de noche. Estaría muerto a eso de la 1.10 am. y, aproximadamente a esa misma hora, pero dos días después, el cadáver fue hallado.</p>
<p>Luego de varias jornadas de investigación policial, los detectives descartaron la idea del sacrificio satánico cuando encontraron la narración nacida de la primera noche de cortaduras; en ella, algunas ideas escritas al margen del papel, a manera de diario, esbozaban el origen de la extraña práctica y cuáles habían sido las motivaciones. </p>
<p>Pasaron dos horas y, en el canal local, los periódicos y las emisoras más bizarras, ya se transmitía la noticia. Ese mismo rato, en alguna parte, dicen que otro escritor encontró la historia que buscaba.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><center><a href="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/el-sacrificio.jpg"><img src="http://www.ecdotica.com/wp-content/uploads/2010/08/el-sacrificio.jpg" alt="" title="el sacrificio" width="408" height="255" class="aligncenter size-full wp-image-3152" /></a></center><br />
<strong>El sacrificio<br />
Por: Claudia Azcuy</strong></p>
<p><em>N. del E. Celebramos la generosidad de Claudia Ascuy por dejarnos compartir con nuestros lectores uno de sus cuentos, que esperamos, sinceramente, sea de su total agrado.</em></p>
<p>Unos ojos vidriosos que parecían pedir perdón desde el más allá, un charco de sangre y, hacia la derecha, sobre la pared, dos o tres palabras escritas con ella; y, sin embargo, nada. </p>
<p>Hacía unos días había leído en el periódico que dos adolescentes cubanos se habían metido en el tren de aterrizaje de un avión de British Airways, donde murieron congelados por las bajas temperaturas y, aunque la historia lo inspiró un poco, no pudo escribir ni una página. </p>
<p>En África, según informaba un canal de noticias local, se expandía la creencia de que teniendo relaciones con niños se disminuía considerablemente el riesgo de contraer el SIDA. Ésta le llamó mucho la atención, porque se imaginó entonces un montón de negros violando a otro montón de niños, a la multitud excitada y, entre aquellos, un pequeño de seis o siete años con un pantaloncito rojo que ya andaba por el suelo. Pensó entonces en “La lista de Schindler”, así que se desencantó enseguida ante la inconsciente asociación.</p>
<p>Llevaba ya semanas revisando los diarios, sintonizando las emisoras más bizarras y sensacionalistas, recorriendo las calles más peligrosas de la ciudad e, incluso, visitando parques y plazas concurridas donde se quedaba durante horas, sentado, viendo la gente pasar e imaginando sus vidas; y aún no tenía una historia. Lo había intentado todo: desde el insomnio provocado hasta largas jornadas de interminable consumo de todo lo que debería hacerle volar, pero nada; lo mejor que lograba era aterrizar en blanco, sin hambre y con ganas de tirarse a la vecina. </p>
<p>También había intentado con la acupuntura, la homeopatía y las prostitutas (curiosamente, un mismo amigo le había recomendado las tres alternativas). Se suponía que las dos primeras le permitirían hallar el equilibrio faltante en sus funciones orgánicas para luego librarse del bloqueo emocional que lo mantenía aislado de la inspiración; la tercera la utilizaría en caso de que ninguna de las anteriores funcionara y era mucho más simple: pagarle a una mujer para que le contara su vida y, eventualmente, cogérsela. De la última experiencia solo consiguió escribir lo que más o menos fue el diálogo con la puta:</p>
<p><em>―Es tu primera vez aquí, ¿verdad? ―preguntó ella mientras jugaba con su lengua, los dientes y unos dedos que amenazaban con ser introducidos en su culo. Él, con un tímido gesto, asintió.</p>
<p>―No te preocupes, mañana estarás aquí otra vez… sólo tienes que probarme. ―dijo, con una seguridad y confidencia que no le ayudaban a excitarse. En ese momento Augusto pensó en que una un poco más sumisa hubiese sido probablemente mejor, pero ya había escogido a ésta y no quería perder más tiempo; por último, ella también tenía lo que necesitaba.</p>
<p>―Empecemos de una vez. Desnúdate. Hazlo despacio y luego voltéate, apóyate en el sillón y abre las piernas ―vociferó, recuperando el control y anunciando que durante los próximos cincuenta y siete minutos la situación no sería diferente.</em></p>
<p>Cuando el sexo concluyó, intentó que la mujer le contara algo ―real o inventado, cualquier cosa que le cediese la facultad de desencadenar una serie de motivos, causas y consecuencias que en algún momento de la noche pudieran convertirse en una historia― y lo único que esta alcanzó a narrarle fue cómo llegó a la prostitución, y ya a nadie le interesa saber cómo una joven de 20 años decide vender su cuerpo por dinero. Al menos no desde que alguien, alguna vez, afirmó que lo hacía por placer.</p>
<p>Agotadas sus opciones, esa noche llegó a la casa y, después de escribir tres o cuatro párrafos sobre el encuentro, abrió una botella de scotch y se fue a sentar a su cama, mirando al techo. Así se pasó casi media hora y, cuando el cuello comenzó a molestarle, alguna sensación divina se le aproximó. Fue a la cocina, agarró el cuchillo de la carne y comenzó a hacerse incisiones en su brazo izquierdo. Los cortes no eran profundos, pero dejaban brotar la sangre. </p>
<p>Unas horas más tarde, ya había avanzado a las piernas, las heridas eran crecidamente hondas y a su lado una pila de papeles escritos comenzaba a amontonarse. Cuando llegó al tobillo, justo cerca del hueso, no pudo más: escribió con tal excitación que las lágrimas que caían de sus ojos no eran de dolor, sino de felicidad.</p>
<p>La tarde siguiente, satisfecho con el resultado de la víspera, intentó reproducir el sacrificio. Esta vez escribiría sobre la importancia de sentir el dolor; no interesaba en ese momento cuál sería la historia, ésta llegaría en cuanto la sangre comenzara a salir o, en el peor de los casos, en cuanto atacara al tobillo. Comenzó de la misma forma: primero los brazos, luego las piernas, tajos delgados y superficiales seguidos de otros agudos. Pero llegó al talón con apenas media página escrita. </p>
<p>Entonces insistió, esta vez procurándose incisiones peligrosas. Los sangrados se intensificaron y, al rozar la una de la mañana, su cuerpo parecía finalmente vaciado. La habitación era un desastre, el flujo rojizo había invadido hasta las pocas palabras escritas y navegaba ahora, despacio, por debajo de la cama y la mesa de noche. Estaría muerto a eso de la 1.10 am. y, aproximadamente a esa misma hora, pero dos días después, el cadáver fue hallado.</p>
<p>Luego de varias jornadas de investigación policial, los detectives descartaron la idea del sacrificio satánico cuando encontraron la narración nacida de la primera noche de cortaduras; en ella, algunas ideas escritas al margen del papel, a manera de diario, esbozaban el origen de la extraña práctica y cuáles habían sido las motivaciones. </p>
<p>Pasaron dos horas y, en el canal local, los periódicos y las emisoras más bizarras, ya se transmitía la noticia. Ese mismo rato, en alguna parte, dicen que otro escritor encontró la historia que buscaba.</p>
<p><em>Fuente: Ecdótica</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.ecdotica.com/2010/08/17/cuento-el-sacrificio-escrito-por-claudia-azcuy/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
