<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-12542243</atom:id><lastBuildDate>Wed, 13 Mar 2024 20:25:29 +0000</lastBuildDate><category>Ficción</category><category>El Caos</category><category>No ficción</category><category>Experimentos</category><category>Política</category><category>Informática</category><category>Foto</category><category>TL</category><category>Astronomía</category><category>Meme</category><category>Primeros reproches</category><category>Contaminación lumínica</category><category>PO</category><category>Televisión</category><category>Otras bitácoras</category><category>Varios</category><category>A cielo abierto</category><category>Anime y manga</category><category>Relaciones</category><category>Aforismos</category><category>Díptico (VI)</category><category>Tríptico (I)</category><category>Díptico (I)</category><category>Díptico (II)</category><category>Díptico (III)</category><category>Díptico (IV)</category><category>Díptico (V)</category><category>Díptico (VIII)</category><category>La Chica Alta</category><category>Literatura</category><category>Mozilla</category><category>VG</category><category>Cine</category><category>Díptico (VII)</category><title>El Caos en frío</title><description></description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Ikari)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>250</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-517784403116648317</guid><pubDate>Thu, 17 Dec 2015 19:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-12-17T20:16:00.564+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Aviones</title><description>Encontré el primero al despertar la mañana del cinco de agosto. Nunca lo olvidaré. Dejaba la ventana abierta todo el día para aliviar el calor estival. No era extraño que entrasen mosquitos, arañas, hojas secas, ronquidos y esos aviones de papel que casi siempre aterrizaban en la mesilla de noche. Cada dos o tres días, un folio plegado aerodinámico entraba por mi ventana. Esas incursiones me producían una mezcla de curiosidad y excitación. Los estudié hasta aprendérmelos de memoria: cómo el autor realizaba cada pliego, el tamaño, el gramaje y cómo los iba perfeccionando cada vez más. Pensaba que podría reconocer a su creador sólo por su obra. Había suspendido los exámenes y esas hojas dobladas para volar eran mis vacaciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 31 de agosto me desperté de la siesta cuando un avión se estrelló contra mi cara. Me levanté de la cama y salí al jardín para jugar con él aunque ya no era un crío. Empezaba a anochecer y el cielo nublado amenazaba con desbordarse. Lo lancé con fuerza. Trazó una pirueta en el aire y chocó contra la casa. Se le deformó la punta. Lo deshice con cuidado para intentar arreglarlo y vi la nota. Con letra diminuta y clara, el texto formaba un cuadrado perfecto en mitad de la cara:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Te espero en los jardines del manco, a las siete bajo el roble sobre la colina. Ven, por favor. Me gustas mucho.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Firmaba la nota con una R. Eran las ocho de la noche y comenzaba a llover. Subí a mi habitación, saqué del cajón de mi escritorio todos sus aviones y los deshice con ávido cuidado:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Me gustas.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Ven a jugar conmigo. Te espero en las dunas.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;El otro día te vi en la playa. ¡Qué serio!&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;No apareciste. Qué lástima. ¿No lees mis notas?&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Si no haces caso a mis aviones, tendré que hacer zarpar mis barcos.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;¿Por qué eres así?&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;¿Eres de los románticos que nunca deshace un avión de papel?&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;¡Venga! Te reto. Quedamos a la noche en los columpios de detrás del colegio. Nos divertiremos contando meteoros.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Te esperé durante horas en los columpios. Mañana iré al cine. A la sesión de las cinco. Seguro que me reconocerás por mi camiseta. No seas soso y ven.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;¿El cielo aquí siempre es así de triste?&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Mañana vuelvo a casa. Te espero a las siete bajo el roble de la colina. No faltes, por favor.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podía llegar a los jardines en dos minutos. La tormenta de verano me empapaba la ropa. Corrí sin preocuparme de charcos o personas del camino hasta llegar al roble. No encontré a nadie. Me interné sin éxito en el bosque por si aún estaba cerca. Volví al gran árbol a resguardarme. Imaginé lo que debió sentir. Y entonces, a mis pies y un poco mojado, encontré un avión de papel. El último. Lo desdoblé con cuidado:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;Esperaba que pudiéramos vernos en mi último día de vacaciones. Me marcho esta noche. Una pena. Quería enseñarte a hacer los mejores aviones de papel del universo. Me habría encantado besarte bajo este roble inmenso. Quizá el año que viene. Quizás.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde entonces, sigo esperando.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2015/12/aviones_17.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-6677959511652634396</guid><pubDate>Sun, 08 Nov 2015 10:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-11-08T11:52:47.823+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Díptico (VIII)</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Azul oscuro</title><description>Los niños necesitan mochilas para cargar sus libros de texto. Anton creía necesitar una. La que había utilizado durante todo el curso pasado se estaba cayendo a pedazos. En los grandes almacenes, esos lugares donde se ofrece respuesta para todo, los padres del niño encontraron lo que buscaban: un vendedor. Este ser les aseguró que las bolsas con forma de saco estaban de moda, que los chavales las pedían a gritos, que se peleaban por ellas incluso. Y sólo le quedaban tres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los padres de Anton escogieron un modelo azul oscuro fabricado en masa en Vietnam con asa y tiras de color blanco. También le regalaron algo de olvidable literatura juvenil y unos cuantos juegos para su Playstation 4. Cuando a la mañana siguiente, sacó los cuadernos de su nuevo macuto, le faltaba el de matemáticas. Había que entregar un trabajo y no aparecía por ningún lado. Era muy popular entre maestros y alumnos, por lo que no le costó demasiado convencer a su profesor de que se lo había dejado en casa. Cuando volvió, rebuscó en el fondo de su armario. Es allí donde terminan las cosas, como la mala literatura obligatoria o la mochila vieja del cole. No estaba allí. ¿Dónde podría estar? Volcó el contenido del saco. No es que hubiera un espacio infinito donde podría perderse de vista un cuaderno grande de doscientas páginas. Tampoco es que su nueva mochila tuviera cientos de bolsillos. Y, sin embargo, ahí estuvo todo el tiempo. Por eso el macuto seguía pesando lo mismo, ¿no?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al menos, no tendría que volver a hacer el trabajo para la clase de matemáticas, pensó. Algún compañero se lo habrá birlado y vuelto a meter en el saco cuando no miraba. Revisándolo, encontró una nota a lápiz. La horrenda caligrafía señalaba: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#39;Te he cogido prestado el cuaderno. Tengo mucho que aprender y poco tiempo&#39;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al día siguiente, desapareció de su mochila el compás, la calculadora y el libro de texto de lengua. Empezaba a estar harto de bromas. En casa, vació el contenido de su mochila sobre la cama. Como por arte de magia, los objetos desaparecidos estaban allí otra vez junto con otra nota a lápiz:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#39;Perdóname de nuevo. Tus cosas son objetos muy interesantes. He aprendido mucho&#39;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El libro de sociales desapareció durante el mediodía del jueves. Su compañero de pupitre tuvo que compartir el suyo con Anton. Por supuesto que no hay dos sin tres y el libro recuperado también vino con otra nota manuscrita en su última página: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#39;Gracias&#39;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta vez, le respondió: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#39;Detesto que cojan mis cosas sin permiso&#39;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Encontró la contestación durante la clase de música al sacar de su macuto un cuaderno que necesitaba: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#39;El tiempo corre. Hay tanto que hacer&#39;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los libros dejaron de desaparecer de su mochila. Sin embargo, Anton encontraba de vez en cuando notas escritas a lápiz en sus cuadernos. La letra continuaba siendo difícil aunque cada vez más legible. El ladrón le preguntaba acerca de las clases o de asuntos más mundanos, como por ejemplo, por qué el cielo era azul y no rojo o cómo de grande es el planeta Tierra. Inquietudes de niños de nueve años. El chico pensó que aquellas notas las escribía la chica tímida que se sentaba al fondo del todo. Demasiado cohibida para abordar al niño en persona y con las manos muy largas. Las notas continuaron apareciendo incluso cuando no perdía de vista sus cosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se acercaba la víspera del 1 de noviembre. Esa noche, drogados por una cultura ajena y hostil, los niños se disfrazan para pedir caramelos. La familia de Anton no vivía en un chalet a las afueras de la ciudad. Al contrario, la vivienda familiar ocupaba el último piso de una moderna torre de oficinas y viviendas que se cimbrea los días de viento. Si Anton usaba el ascensor esa noche, llenar su zurrón de caramelos sería pan comido. Sin embargo, ¿de qué se disfrazaría esta vez? ¿De hombre lobo? ¿La momia? Todo muy visto. ¿Y si se lo pregunto a la ladrona?, pensó. Escribió la nota en su cuaderno de matemáticas, lo guardó en la mochila y se fue al recreo. Al volver, la respuesta estaba dentro como siempre:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#39;¿Por qué no te vistes de espantapájaros? Ropa vieja y rota, unos guantes y como máscara puedes ponerte la mochila en la cabeza&#39;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando apareció por los pisos de sus vecinos, a nadie le pareció un disfraz cutre. Incluso la voz de Anton sonaba extraña y muerta dentro del saco. A ninguno le extrañó tampoco que pudiera ver a través de aquel macuto que no tenía huecos abiertos para los ojos. A medianoche, se cansó de ir de piso en piso y decidió que era hora de disfrutar del botín. Sus padres seguían dormidos delante del televisor. Se metió en su habitación e intentó quitarse el saco de la cabeza. No consiguió encontrar la cuerda de ajuste. Intentó meter los dedos por el borde de la abertura, pero por mucho que buscó alrededor del cuello, no logró dar con ella. Corrió hasta el baño para mirarse al espejo: toda la piel de su cuerpo se había vuelto azul oscuro. ¿Dónde empezaba la mochila y dónde terminaba Anton? Quiso llamar a sus padres, pero no pudo porque la mochila no tenía orificio para la boca. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
–¿Cómo es que antes sí podía hablar? ¿Qué me está pasando? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y una voz dentro de la cabeza de Anton le respondió:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&#39;¿No te dije que quedaba poco tiempo?&#39;.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2015/11/azul-oscuro.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-2880340115746249266</guid><pubDate>Tue, 08 Sep 2015 03:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-11-08T11:32:20.275+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Díptico (VIII)</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">PO</category><title>La metamorfosis*</title><description>¿Dónde coño están mis gafas? Ah, aquí están. ¡Cojonudo! Una peluca roja horrible, una nariz enorme a juego, la cara pintada de blanco con unas gruesas cejas negras enarcadas, los morros de color rojo putón, un buzo de lentejuelas con botones gigantes azules y zapatos del noventa. ¡Hasta me han dado el cambiazo con estas gafas de notas musicales! ¿Quién habrá sido el hijo puta que me ha vestido de payaso mientras dormía? ¡Con lo que los odio! ¡Mierda! El maquillaje no se va. ¡Venga, joder, que hoy por fin me caso! No hay forma de quitarse el jodido traje. Se ha roto la manga. ¡No puede ser! ¿Otro traje idéntico debajo? Y debajo de ese, ¡otro! ¡Y otro! ¡Y otro, y otro, y otro! ¡Hasta me han pegado los zapatos a los pies! ¡Qué cabrones! ¡No me puedo casar así! ¡Ja ja ja! ¡Tiene gracia! Pero, ¿qué me pasa? ¿Y por qué tengo tantas ganas de irme de fiesta ahora? Perdóname, Almudena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Relato publicado originalmente el 1 de septiembre de 2015 en &lt;a href=&quot;https://palabraobligada.wordpress.com/2015/09/01/la-metamorfosis-2/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Palabra Obligada&lt;/a&gt;. </description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2015/09/la-metamorfosis.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-4611776467409889788</guid><pubDate>Mon, 07 Sep 2015 20:57:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-09-07T23:01:50.079+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">PO</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Conveniencia*</title><description>Hoy en la oficina, Miren le ha pedido la mano en matrimonio a Néstor. Esos dos, que siempre se saludan tan tímidamente y sólo hablan del tiempo. ¡¿Quién lo habría dicho?! ¿Desde cuándo la meteorología enamora? Es lo único que tiene en común esta pareja de pragmáticos administrativos. Ella siempre ha querido casarse con un buen meteorólogo. Y él, toda su vida ha deseado encontrar a alguien que comparta con él su amor por los paraguas, los días de lluvia y el canto. ¡Increíble! ¡Otra boda más!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Historia publicada originalmente el 9 de marzo de 2015 en &lt;a href=&quot;https://palabraobligada.wordpress.com/2015/03/09/conveniencia/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Palabra Obligada&lt;/a&gt;. </description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2015/09/convenciencia.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-3830366654613838028</guid><pubDate>Wed, 28 Jan 2015 18:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-01-28T19:00:03.695+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Experimentos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">PO</category><title>Cheshire es un mico*</title><description>Nicodemo Prometeo arroja un guante al lector al poner a prueba la paciencia de éste con una novela desafiante que explora, desde una perspectiva muy original, una historia de amor de imprevisibles consecuencias para la raza humana. El escritor sale vivo del lance gracias a su demostrada habilidad para jugar con los puntos de vista. Crear folletines a partir de la nada más absoluta está sólo al alcance de los dioses. Sin duda, Prometeo lo es pues consigue que no podamos dejar de leer sus desvaríos. En esta ocasión, el autor emplea 1714 páginas en narrar el viaje alucinógeno que sufre una pareja de monos recién casados tras ingerir una tortilla de boletus en mal estado mientras servían de conejillos de indias en las pruebas del nuevo programa de realidad virtual que facilitará el trabajo, en un futuro no muy lejano, al gremio de la carpintería metálica. Un más difícil todavía para este experto en simios con fobia a los argumentos triviales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Publicado originalmente en &lt;a href=&quot;https://palabraobligada.wordpress.com/2015/01/27/cheshire-es-un-mico/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Palabra Obligada&lt;/a&gt; el 27 de enero de 2015. </description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2015/01/cheshire-es-un-mico.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-1066398530944631279</guid><pubDate>Wed, 31 Dec 2014 11:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-31T12:00:05.336+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Experimentos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">PO</category><title>La luz hurtada*</title><description>La acidez del cielo mató al rey. Cumbres de granito arisco guardan el abrupto valle secreto, sepultado bajo un manto de perennes nubes coléricas. La irrespirable e inhóspita atmósfera cubre el bosque muerto que bebía los vientos por el lago que yace a sus pies. La lluvia lleva la muerte consigo. Los huesos siembran la tierra. La desesperanzada roca asila las últimas voluntades de la superficie caída. Subterráneas, nuevas castas erigen imperios. Quizá ellas canten loas por la cosmogonía muerta. Un llanto por una civilización de mamíferos casquivanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Relato publicado originalmente en &lt;a href=&quot;http://palabraobligada.wordpress.com/2014/12/30/la-luz-hurtada/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Palabra Obligada&lt;/a&gt; el 30 de diciembre de 2014.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/12/la-luz-hurtada.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-5032328554243394161</guid><pubDate>Wed, 31 Dec 2014 09:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-31T10:00:08.651+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Díptico (VI)</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Cuánto aprendo contigo</title><description>Bilbao, a 31 de diciembre de 2014&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hola, Pablo: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta idea tuya de cartearnos a mano es un puntazo, aunque siempre estás con lo mismo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que te conozco buscas pareja desesperadamente. Tu chica te dejó hace cuatro años y te has dedicado en cuerpo y alma a buscar una sustituta. Has probado muchas cosas. Te dejaste barba unos meses porque se ha puesto de moda, pero no te funcionó. Durante el verano, te rasuraste el cráneo. Y tampoco atrajiste a ninguna mujer interesante, aunque estoy segura de que así irías muy fresquito. ¿Te pondrías cremita en la cabeza para que no se te quemara, verdad? También te apuntaste a inglés y te hartaste a los dos días porque no soportabas ni un minuto más estar rodeado de críos. El yoga fue el punto culminante de esta serie de absurdas intentonas. ¡Me parto contigo! ¡Soy incapaz de imaginarte adoptando todas esas posturitas!  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Voy a ser totalmente sincera. ¡No te he visto relajado en la puta vida, Pablo! ¿Cómo no vas a acabar con triple hernia discal tras una semana haciendo yoga si siempre estás tenso? Apuesto a que ni tan siquiera te planteas pasártelo bien y disfrutar haciendo lo que sea. ¿Te has visto guapo con barba o con la cabeza afeitada? Seguro que ni tú te veías bien, pero decidiste intentarlo por si sonaba la flauta. Como veo que eres un fanático del cine romántico, te voy a iluminar con mi sabiduría femenina para que dejes de hacer el tonto.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escogiste todas esas actividades porque esperabas conocer a ese alguien especial que llevas años buscando. Tu terca búsqueda de una sustituta es lo que hace que te pierdas toda la diversión por el camino. ¡No te paras a oler las rosas, mamón! Deberías haberte apuntado a todas esas clases para enriquecerte como persona. Si cambias de imagen, hazlo porque quieres verte mejor. Me cuentas que, en cuanto terminen las fiestas, vas a probar suerte con los bailes de salón porque alguien te ha dicho que se liga mucho y estás deseando confirmárselo. Si al final te apuntas, haz el favor de pasártelo bien para que nadie te quite lo “bailao”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si no has encontrado a nadie aún es porque tu “método” apesta. Estar receptivo y disponible no es la panacea. Eres encantador, pero tu actitud habla mal de ti. De acuerdo, todos tenemos malas experiencias. No te lo conté, pero creí haber conocido a un chico interesante hace unas semanas y resultó ser un celoso de mucho cuidado. ¡Ya ves! En todas partes cuecen habas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cambiando de tema, ¿nos apuntamos a tirarnos en paracaídas el mes que viene? Seguro que con un buen salto, te relajas del todo. ¡Venga! Será divertido. Ya me dirás.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Buen fin de año! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un beso.&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;
</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/12/cuanto-aprendo-contigo.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-8025528205612206747</guid><pubDate>Tue, 30 Dec 2014 09:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-07-28T16:27:41.258+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Destino</title><description>Cuando Y-17 despertó aquella mañana, ignoraba que los acontecimientos de las próximas horas transformarían su existencia por completo. X-83 abrió sus ojos una hora después. Había tomado la decisión de declararse hoy mismo a Y-17, antes de que él y X-29 se conocieran.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Unos meses atrás, X-83 estaba enamorada de Y-113. Pasaban demasiado tiempo juntos. Sobre todo, manteniendo relaciones sexuales sin fines reproductivos. A pesar de nuestros denodados esfuerzos, esa relación continuaba funcionando. En este punto del informe, debemos indicar que, como solución final a nuestro experimento, queríamos que los humanos Y-17 y X-83 acabaran juntos. Para alcanzar dicho objetivo, primero había que romper el binomio X-83/Y-113. Y, para ello, ideamos complicadas estrategias, empleamos máquinas multiplexoras dimensionales, hormonas de todo tipo y multitud de sustancias químicas sin precisar, manipuladores de estructuras a nivel subatómico, rectificadores de espacio-tiempo y varias impresoras mentales para modificar y falsear recuerdos. No sin esfuerzo, logramos que X-83 abandonara a Y-113, y éste, por fin, pudo emprender una carrera triunfal en el mundo del espionaje industrial, tal y como teníamos previsto.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras la ruptura, comenzamos el proceso de reconstrucción de la psique de X-83. Cuando decidimos que el momento oportuno había llegado, sembramos en sus mentes una afición común (la obra de un escritor de culto). Después, escogimos una fecha en el calendario y programamos un evento al que ambos pudieran acudir. A continuación, diseñamos un bonito día de mayo. El cielo azul claro y sin nubes. Los rayos de nuestro sol acariciaban con calidez los orgánulos receptores. Naturalmente, los dos acudieron a la firma de libros que su autor preferido “había organizado”. X-83 llegó primero y aguardó su turno en la fila. Manipulamos la ley de la gravedad para hacer que su cartera se cayera del bolso justo en el instante en el que Y-17 llegaba. Éste la recogió y se la entregó. La sonrisa simétrica y despistada del sujeto masculino conquistó al sujeto femenino. Eso no fue difícil: para provocar un flechazo al instante, basta conocer el funcionamiento del subconsciente y saber cómo actuar sobre ciertas glándulas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
X-83 se enamoró sin remedio. Pero, ¿e Y-17? Este humano siempre nos ha resultado bastante esquivo. De recién nacido, su afán por descifrar las razones ocultas tras el drástico cambio de escenario en el que se hallaba envuelto le abstraía por completo. Estaba tan concentrado que no se percató ni de su propio nacimiento hasta años después. Hoy en día sigue siendo el mismo a pesar de nuestros esfuerzos en la modulación de su conducta mediante compuestos químicos e ingeniería cuántica.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por mucho que nos esforzáramos con la planificación, ni el precioso lunar de la mejilla izquierda de X-83, ni sus ojos verde esmeralda producto de un cuidado cruce entre sujetos diseñados específicamente con esa y otras cualidades muy deseables para la especie, ni su franca e intensa sonrisa llamaron la atención de Y-17 en el grado deseado. Sin embargo, aquel encuentro “fortuito” sí fue lo suficientemente agradable para la pareja como para que intercambiaran sus números de teléfono. A la semana siguiente, se citaron en un local de comidas de alta calidad. Durante la ingesta de nutrientes, monitorizamos e intervinimos sus procesos cerebrales para conseguir un binomio X-83/Y-17, es decir, un recíproco enamoramiento. Contra todo pronóstico, fallamos. Aun así, sin intervención por nuestra parte, los sujetos decidieron quedar periódicamente. Al fin y al cabo, estar juntos les generaba un incremento irresistible de endorfinas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con la bonanza de las condiciones meteorológicas, los sujetos incrementaron la frecuencia y duración de sus encuentros en función de las horas de luz disponibles. Tanto X-83 como Y-17 habilitaron más tiempo para sus aficiones comunes. Asistieron a conciertos, conferencias y representaciones teatrales. Día sí y día también, disfrutaron de piscina, montaña y playa. Sabemos que para X-83 fue una dura prueba el tener tan cerca a Y-17, puesto que su enamoramiento por él se incrementaba a cada minuto que pasaba en su compañía. Una noche, al salir de la filmoteca, Y-17 le habló por primera vez de X-29. Como efecto secundario de nuestra ingeniería de caminos neuronales, el sujeto masculino había decidido crearse un perfil en una web para conocer yunta. Así fue como Y-17 y X-29 entraron en contacto.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros podemos alterar nuestra posición respecto a la flecha del tiempo. Experimentamos absolutamente todo en un mismo y único instante. X-83 e Y-17 no pueden. El resto de la humanidad, tampoco. Si pudieran, sus destinos tomarían otras rutas y no malgastarían su tiempo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al término de sus respectivas jornadas laborales, los sujetos X-83 e Y-17 regresaron a sus casas. Después de nutrirse abundante y saludablemente, indujimos en ellos un estado de profundo letargo. Durante la fase REM, realizamos una serie de pruebas de diagnóstico y les introdujimos pequeñas modificaciones a nivel celular. Al recuperar la consciencia, ambos se sintieron en forma. Se ducharon y se vistieron. El sujeto femenino invertía, en condiciones normales, unos cinco minutos en llegar a la casa de Y-17. Y éste tardaría diez minutos en llegar al lugar de su cita con X-29. Dado que la primera vivía tan cerca, diseñamos una carrera de obstáculos para retrasar su marcha: teletransportadores dopantes ocultos para hacerle recorrer el mismo trecho las veces que hiciera falta sin que se percatara de nada, familias con guapos bebés saliéndole al paso, y manifestaciones por causas diversas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre tanto, Y-17 cogió el ascensor en lugar de las escaleras. Programamos al humano para que sintiera una querencia por el ejercicio físico y un desprecio por los espacios reducidos. No obstante, las posibles consecuencias indeseadas de acudir sudoroso y maloliente al encuentro con X-29 le obligaron a reconsiderar aquel hábito tan fuertemente arraigado. Al pulsar el botón de la planta baja, Y-17 activó el mecanismo que convertía aquella cabina en una improvisada máquina del tiempo temporal. Durante el descenso, contempló proyectados en las paredes diversos momentos vividos en compañía de X-83. También la mostraba a solas o con su familia y amigos. Pusimos a disposición de Y-17 aspectos inéditos de X-83 que siempre habían permanecido fuera de su alcance. Con brusquedad, el ascensor se detuvo en la planta baja. El sujeto no podría recordar de manera consciente toda aquella nueva información. Sin embargo, le dejaría una huella indeleble en su subconsciente que surtiría efecto en cuanto X-83 se le declarase. Pensativo, salió del ascensor. Caminaba hacia la escalera que conducía al portal cuando su móvil vibró. Era X-29.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como suelen decir en la Tierra, la vida es un juego de azar. Nosotros ni tenemos todas las cartas ni nos guardamos ases en la manga. En este experimento, controlamos únicamente los destinos de X-83 e Y-17. La vida de X-29 la dirigen otros. Ellos condicionaron a su sujeto para que llegara con una hora de antelación al lugar de la cita y dispusiera de tiempo para leer la novela que ese mes llevaba siempre consigo. Se sentó en un sofá junto a la ventana y, justo en el instante en que iba a retomar la lectura, apareció Y-31. Le preguntó si pensaba a quedarse mucho tiempo en el sofá. Ella le contestó que todo el tiempo que hiciera falta e iniciaron un inofensivo combate dialéctico. Cuando ambos se aburrieron, se presentaron. Y-31 le preguntó por el libro que X-29 tenía sobre sus piernas. Con entusiasmo, le contestó que se trataba de una novela sobre androides y ovejas eléctricas. Y-31, que conocía muy bien aquella obra, se sentó a su lado y comenzó a hablarle acerca de su autor y su lisérgica biografía. En cuestión de minutos, X-29 se olvidó de Y-17. A veces es así de fácil. Les deseó lo mejor y colgó el teléfono. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hace tiempo que modulamos a nuestro sujeto masculino para utilizar el humor como mecanismo de defensa. Mientras bajaba las escaleras, trajimos a su memoria todas las ocasiones en las que sus relaciones con otros sujetos femeninos terminaron de forma similar. En una centésima de segundo, decidió olvidarse de todas las cromosomas X del mundo y salir a dar un paseo. Como aún tenía el teléfono en la mano, pensó en llamar a X-83 y dar una vuelta con ella. Salía por la puerta buscando su número cuando chocó con alguien. Cuando Y-17 recuperó la compostura, reconoció de inmediato al sujeto femenino y, por primera vez, la vio con otros ojos. Con el tiempo, ellos lo llamaron destino. Nosotros, con sorna, libre albedrío.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/12/destino.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-6390253456007614331</guid><pubDate>Mon, 29 Dec 2014 09:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-29T10:00:07.666+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Contaminación lumínica</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Borrón</title><description>Ascendemos lentamente las rampas de la carretera que conduce al cerro. Vivimos en una pequeña ciudad levantada a sus pies. Llegar hasta la explanada de su cima con nuestros coches y furgonetas apenas nos lleva diez minutos. Hace calor en esta noche de finales de agosto. Somos unas cincuenta personas. Todos, familia y amigos. Traemos guantes, cizallas, cortacables, tenazas, sierras, y, por si acaso, el juego de llaves maestras de siempre y el instrumental habitual.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La carretera hace curva a la derecha y entramos en la urbanización abandonada. Hace unos años, un promotor de la capital llegó a nuestra ciudad para disfrutar de unas vacaciones. Dos meses después, supimos que se había reunido con el alcalde para negociar en secreto la construcción de unos chalets en lo alto del cerro. Para lograr sus fines, sobornó a todo el que se interpuso en su camino. El cerro entero fue recalificado: dejó de ser suelo rústico y se convirtió en suelo urbano. De nada sirvieron nuestras numerosas movilizaciones. Tampoco las alegaciones. Ni las denuncias. El ayuntamiento aprobó la licencia de construcción. Con el paso de las semanas, los prados fueron excavados, nivelados y parcelados. Se levantaron aceras y se asfaltaron caminos rurales, comunales de toda la vida, para facilitar la circulación de caros todoterrenos privados. Y pronto llegó el alumbrado. No habían levantado ni una sola casa cuando encendieron el centenar largo de modernas luminarias LED, supuestamente ecológicas. Las encendían durante toda la noche aunque allí no viviera nadie. Para evitar robos, según decían. Aquel siniestro y frío resplandor blancuzco, que podíamos ver con facilidad desde nuestras casas, nos recordaba constantemente quiénes ostentaban el poder y el lugar que ocupábamos nosotros.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El alcalde creía que el dinero fluiría para siempre y acometió muchos proyectos. Incluso, contra el criterio técnico, externalizó la gestión del alumbrado público. Naturalmente, el concurso estaba amañado para que lo ganara el mismo promotor que estaba erigiendo los chalets del cerro. Cuando éste se hizo con el contrato, cambió todas las luminarias e instaló el mismo alumbrado LED que en la urbanización.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La crisis provocada inicialmente por la burbuja inmobiliaria se llevó por delante los sueños de muchos. Los que se llenaron los bolsillos estafando a ciudades enteras, en cambio, desaparecieron del mapa. Ni qué decir tiene que tanto el promotor como el alcalde pusieron tierra de por medio. Se formó un consejo ciudadano para gobernar la ciudad. Entre otras decisiones, con el poco dinero disponible, se trazó un plan de emergencia. En un par de años y con algunos sacrificios, saldremos a flote.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y aquí estamos, en la urbanización abandonada. Mientras unos descargan el material y los niños juegan despreocupados, el resto vamos hasta el cuadro eléctrico principal. Bien provistos de cizallas, alicates, guantes gruesos y linterna, empezamos a cortar todos los cables. ¿Para qué mantener encendidas esas farolas inútiles? ¿Para alumbrar el monte? Es ridículo. Cortamos el último y se hizo la oscuridad.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque no puedo ver las caras de mis compañeros, por sus risas y sus palabras deduzco que sonríen, que están satisfechos y felices con lo que acabamos de hacer. Que una sentencia judicial favorable a nuestra ciudad por fin declarara ilegal toda esta urbanización y que una excavadora fuera a derribar lo poco que se había construido, no iba a privarnos de cortar nosotros mismos los cables que mantenían con vida el corazón de este monstruo.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta noche la meteorología nos acompaña. Mis compañeros han terminado de descargar y montar los instrumentos que hemos subido a la explanada: varios telescopios y prismáticos de diferentes tipos y aberturas. Hasta hoy, el brillo del oropel nos ha estado robando la salud y las estrellas. Casi sin darnos cuenta. Unos días atrás, terminamos de sustituir todo el contaminante alumbrado LED blanco y lo reemplazamos por luminarias más ecológicas y tenues. Sólo quedaba el cerro.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Poco a poco, la vista se va adaptando a la oscuridad reinante. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Qué ves? - le pregunto a un niño de diez años que por primera vez observa a través de un telescopio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Parece una bola de algodón! – me contesta entusiasmado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Ese borrón que ves es una galaxia que está muy lejos, muy lejos, muy lejos, muy lejos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Hala! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que no nos deslumbren.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/12/borron.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-4530711339343199950</guid><pubDate>Sun, 28 Dec 2014 09:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-28T11:12:26.884+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Negro</title><description>&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;Aquella
tarde se presentaba la última novela del escritor José Rojo.
Después de diez años publicando con gran éxito la serie de libros
protagonizada por una astrofísica metida a detective privado, Rojo
había decidido abandonar su personaje estrella y crear otro que lo
mantuviera en el candelero unas cuantas décadas más. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Aunque
llovía, hacía calor para ser noviembre. La Librería Cámara, el
lugar escogido para la presentación, era un establecimiento muy
conocido y frecuentado por una selecta clientela. Aunque había vivido días mejores, este negocio se mantenía en pie organizando eventos
como éste para atraer savia nueva. Los dueños habían transformado
el antiguo escaparate en un rincón muy coqueto ideal para
presentaciones de libros. El autor invitado se podía sentar en un
cómodo sofá y atender a los periodistas y a los fans. Cuando
llegué, el conocido escritor ya había empezado a presentar&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;
su nueva criatura &lt;/span&gt;al mundo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;En
honor a la verdad, entre las rendidas admiradoras, unos cuantos
periodistas y algún curioso, apenas una veintena de personas asistimos
al evento. Las últimas novelas protagonizadas por Alba Blanco
recibieron bastantes críticas desfavorables. La obra conservaba su
popularidad entre los lectores aunque las historias ya no engancharan
tanto. A pesar de ello, todos los libros de la Saga
Troyana se seguían vendiendo tan bien como la primera: “Un cuásar
en la morgue”. En ella, Rojo narraba los
inicios de la astrofísica como detective privado. Al
poco de terminar su formación en criminología, la sección secreta de la policía especializada en la resolución de casos particularmente truculentos y extraños solicita la ayuda de Blanco para que colabore en la detención del asesino de la singularidad. La aplicación del método científico y su
particular sexto sentido la ayudarán a atrapar a los criminales a
tiempo para observar algún fenómeno astronómico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Sin
embargo, Alba Blanco ya es historia. Un José Rojo sonriente posaba
con su nueva criatura: “Una travesura sin color”. Con aquel
trabajo, Rojo pretendía dar un golpe de efecto a su carrera. Para
ello, escogió la historia de un comisario cincuentón, alcohólico y
recién enviudado que se enfrenta al rompecabezas de su vida:
resolver un crimen que aparentemente no lo es y un robo que tampoco
es lo que parece. En un más difícil todavía, el autor decidió
comenzar a contar la historia por el final. Todo un ejercicio de
estilo del que José Rojo salió bien parado y que le reconcilió con la
crítica más reacia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Al
término de la presentación, se celebró una fiesta en la
cafetería de la Alhóndiga. Se retiraron las mesas y las sillas para dejar espacio a los numerosos invitados. Desde el escenario, un dj mezclaba sus creaciones sin que sus decibelios enmascararan las pequeñas conversaciones que surgían aquí y allá.&lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Risas, miradas y susurros acompañaban a nuestro anfitrión&lt;/span&gt; mientras saludaba y charlaba con todos los presentes. Los camareros iban y venían con sus bandejas bien cargadas de bebidas alcohólicas de todos los colores. Decidí acercarme al mostrador para pedir un café. Mientras lo esperaba, se me
acercó un José Rojo exultante:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - ¡Hola! No está permitida la entrada a blogueros. Pero contigo, haré una excepción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;- ¡Vete a tomar culo!&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;- ¡Jajaja! ¿Qué tal va la web? ¿Te va tan de puta madre como dicen?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;- La verdad es que sí - contesté con modestia -. Cuatro millones de visitas individuales al mes colocan mi sitio como el más visitado y el tercero en volumen de negocio. No puedo quejarme. Gano más que suficiente para mis caprichos. &quot;Una travesura sin color&quot; es jodidamente buena, por cierto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;- ¡Gracias! La semana que viene, cuando me entrevistes, te lo firmo durante la sesión de fotos. Ya sabes que estoy encantado de atender a todos mis admiradores. ¿Sabes? - comenzó a hablar mirando a la multitud -. En   fiestas como ésta, se me ocurren la mayor parte de
mis historias de crímenes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - Muy apropiado - contesté socarrón y sarcástico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - Sabes que me cuesta mucho desconectar. Rodeado de políticos, banqueros, periodistas, cutres blogueros, modelos y fans, no puedo evitar pensar
que cualquiera de   ellos podría ser un asesino en serie.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;-
Para ser un capullo, has salido muy bien parado sin Alba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
Como otros muchos hombres y mujeres de
   ciencia de este país, ha tenido que emigrar para proseguir sus
estudios y labrarse un futuro mejor. Me la imagino en Mauna Kea combatiendo los
síntomas del mal de altura   mientras investiga las galaxias más
lejanas. Puedo hacerla volver a la    criminología cuando quiera... Te confesaré algo: mi editor me
montó un   pollo después de leer “Los asterismos
ubicuos”, la última de Alba.   ¡Incluso me amenazó con
ir a juicio si no escribía una nueva entrega de la Saga   Troyana! Cambió de idea en cuanto leyó los primeros capítulos de
   “Una travesura sin color”. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Mientras
me contaba con todo lujo de detalles los pormenores de la gestación
de su última novela, lo intrincada y dura que fue la investigación
de campo y, sobre todo, lo mucho que agradecía a sus fans
incondicionales que siguieran comprando sus obras y productos
relacionados, no apartó la mirada del escenario. Se interrumpió de repente y sonrió: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - Veo a la musa de mi próxima historia, campeón. ¡Nos vemos! – y salió al
encuentro de una   rendida fan de veinticuatro años dispuesta a
hacer lo que fuera por su autor    favorito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Por
fin llegó mi taza de café. Con mucho cuidado, logré sortear todos los obstáculos y acercarme al escenario sin verter ni una sola gota. El dj seguía pinchando su música sin que, aparentemente, nadie le prestara atención. Cerca de su posición, la editorial había dispuesto, en una larga mesa, numerosos ejemplares de la Saga Troyana y de &quot;Una travesura sin color&quot;. Siempre me ha fascinado la facilidad con que Rojo escoge el título adecuado para sus obras y su habilidad para diseñar él mismo las portadas de sus novelas.&amp;nbsp;Estaba a punto de dar el primer sorbo al café, cuando
alguien me dio un toque en el hombro. Me giré. Era un hombre alto, delgado, de unos
cuarenta y tantos años, con gafas de pasta negra y traje oscuro. Tras los saludos de rigor, &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;se presentó como Joaquín Negro. Su nombre no me sonaba de nada. Conozco a toda la profesión y aquel tipo me era completamente desconocido.
Me invitó a que lo acompañara a un rincón donde podríamos charlar
tranquilamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - Parece que se ha congraciado de nuevo con la crítica - dije para romper el hielo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - Rojo vendería a su madre con tal de seguir ganando pasta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - ¿Se conocen o simplemente detesta que haya dado carpetazo a la Saga Troyana?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
No me cae bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
Soy todo oídos - contesté fingiendo curiosidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Me
miró expectante unos segundos, y continuó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - Soy el autor de todas las novelas de José Rojo - sentenció.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;- ¿Que el autor de
“Los juncos marrones” y “Albedo azul” contrata a un negro
para que escriba sus obras?
¡Ja!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
Los fans sois unos putos incrédulos. Rojo y yo nos conocimos hace algunos años en un encuentro para
escritores en   ciernes muy cerca de aquí. Nos presentaron y nos
caímos bien. Hablamos de   nuestros escritores favoritos, las obras
que nos gustaban y lo mal que nos caía   Roberto Beige: ambos
detestábamos sus novelas negras y su falta de talento.   Nos hicimos
amigos. Unos meses después, quedamos en un café no muy    diferente
a éste para ojear nuestras obras antes de enviarlas a una editorial.
  Reconozco que hasta entonces, no había leído nada suyo. No estaba
preparado   para algo tan...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
¿Bueno? - dije seco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
Todo lo contrario. Sus personajes eran planos y no había historia. Se la rechazarían sin contemplaciones. Él, en
cambio, se deshizo en    elogios hacia mi trabajo. Para él, mi
“Basalto” era una obra revolucionaria. Me auguró un futuro
prometedor.   Nos convencimos mutuamente para acudir en persona a la
editorial y entregar nuestros manuscritos. Fue en
ese momento, cuando    intercambió las obras. Al cabo de un mes,
recibí una carta en la que me    notificaban que habían rechazado
mi novela. Llamé por teléfono a Rojo para    contarle las malas
noticias y quedar con él en la cafetería de siempre. Llegó
  exultante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
¿Cómo te diste cuenta del cambiazo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  - Cuando abrí un ejemplar autografiado de “Un
cuásar   en la morgue”. Así supe que su ópera prima era mi
“Basalto”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
¿Por qué no lo denunciaste?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
Conservaba en mi poder todos los borradores de mi trabajo y podía
demostrar   fehacientemente quién era el autor de la primera novela
de José Rojo. Para evitar un escándalo, la editorial me ofreció
un trato. &lt;/span&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
¡No me lo creo! ¿Por qué me cuentas todo esto?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;  -
Por diversión, supongo. He escrito todas las novelas de José Rojo. Él quería que siguiera escribiendo más crímenes del asesino de la singularidad. Para tocar los cojones, decidí crear al Inspector Bruno. ¿No te parece que todos hemos salido ganando? Ahora usted, &lt;/span&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt;don bloguero importante,&lt;/span&gt; también es cómplice de nuestra
pequeña   trama. Si cantas, la editorial no dudará. - Se levantó del sillón y
buscó a Rojo con la mirada. - Son   muy buenos
protegiendo sus secretos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=&quot;justify&quot; style=&quot;font-weight: normal; line-height: 100%; margin-bottom: 0cm;&quot;&gt;
&lt;span style=&quot;font-size: x-small;&quot;&gt; Me quedé allí sentado con mi café helado mirando cómo Negro se dirigía al encuentro de Rojo. Intercambiaron saludos corteses, unas risotadas, un largo abrazo y una conversación susurrada al oído. Ambos me miraron y me dedicaron un guiño de confianza. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/12/negro.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-3146053560343603561</guid><pubDate>Sun, 28 Dec 2014 00:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-28T01:07:36.659+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Experimentos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Ciego</title><description>Ignoro los cantos de sirena. Sólo importa el destino. Por si se desvaneciera bajo mis pies, no pierdo de vista la senda. Hasta que el camino desaparece y yo con él.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/12/ciego.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-3091741368712525063</guid><pubDate>Tue, 25 Nov 2014 11:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-25T13:06:01.282+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Usa la cabeza</title><description>Elegir el vagón de metro en hora punta es como el amor: un acto de fe y un
deporte de riesgo. Lo practico todos los días con resignada entrega
y no siempre salgo indemne de la empresa. Dado que hoy puede ser un
gran día, he decidido enfrentarme a mis demonios y hacerme
valientemente con un asiento dentro de esa lata de sardinas con
ruedas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como quien espera a su amada, toda una recua de humanos aguarda en los andenes la llegada de los carruajes que nos llevarán a
nuestras respectivas fiestas. Sin embargo, es bien temprano para
celebraciones. A las nueve de la mañana me reúno con un
editor para la posible publicación de mi primer libro de poemas.
Estoy muy nervioso y excitado. Me consume la impaciencia y no veo la
hora de tomar por fin el metro y llegar a la cita. ¡Ya suena!
Escucho el chirriar de sus ruedas en los raíles al enfilar la última
curva. La iluminación del andén sube y el convoy se detiene
despacio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las
puertas se abren. Con algo de extrañeza, entro sin darme de codazos
con nadie. El vagón va bastante vacío y quedan asientos de sobra
para todos. Aún en la puerta, descarto la idea de sentarme y me
quedo de pie en un rincón cerca de la salida. Desde la estación de Erandio, quince
minutos para llegar a destino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El
tren arranca. Al poco, una cantidad nada desdeñable de pasajeros
empieza a entrar trastabillando en nuestro vagón. Es una estampida en
toda regla provocada por un encantador de olores. Esta clase de
pasajeros son capaces de hacer bailar su apestoso olor a sobaco hasta
alcanzar las mismísimas fosas nasales de sus víctimas. De esta
manera consiguen el asiento que quieren y, en cuanto culminan su
objetivo, cesan pacíficamente. Igual que la paz regresa a la sabana
una vez que el cazador ha cazado a su presa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trece
minutos por delante y nada que hacer, excepto observar a los demás
pasajeros e imaginar historias. Por ejemplo esta joven de pelo
tricolor, auriculares gigantes, collar de perro, chaqueta de cuero y
botas Martens de imitación que viaja de pie a mi lado.
Para llamar su atención, le compondría unos sonetos tan explícitos
y sexuales que abandonaría para siempre al pusilánime de Álex
Ubago. Sí: desde mi posición, puedo escuchar cómo ese cantante le
susurra a voz en cuello sus llorosas estrofas al oído. O, aquella
señora de cuarenta y pocos, gafas de sol, collar de perlas y pendientes a juego y abrigo
de piel. Escogió un asiento de pasillo y, sin duda, oculta algo bajo
esa anacrónica prenda. ¿A comienzos de septiembre y con abrigo de
invierno? ¿Por qué no una gabardina? Sin duda, algo esconde. Tengo
que decidir el qué. ¿Un arma blanca, tal vez? O, ¿quizás viaja
desnuda? Quizá va a reunirse con su amante en el hotel Carlton y por eso
viste sus mejores galas. O es una terrorista internacional del arte que ha quedado con sus secuaces en Deusto para realizar
una performance con cierta pasarela de Calatrava.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Analizo,
absorto, la verosimilitud de todas esas posibilidades, cuando el
metro se detiene en la parada de San Ignacio y la chica de la melena tricolor
abandona el vagón. El vacío no tarda mucho tiempo en ser ocupado
por una rubia guapísima. Veinte años. Melena hasta los hombros.
Complexión delgada. Con curvas. Riñonera. Pantalón corto de color
caqui, camiseta blanca de algodón y unas deportivas algo gastadas
por el uso. Huele muy bien y no parece una encantadora de olores. Ya
no echo de menos a Álex Ubago.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se
percata de mi mirada escrutadora y me saluda con un pícaro &quot;hola&quot;. No
quiero ser antipático y le saludo sonriendo tímidamente con
descaro. El tren arranca y ella se me cae literalmente encima. Con
esa excusa, iniciamos un diálogo. Me cuenta que es una turista
recién llegada y me pide indicaciones para llegar al Palacio Foral. Le sugiero salir del metro en Moyúa, por la calle Diputación, y seguimos hablando de
otros temas más interesantes. Con el traqueteo del vagón, las
paradas y las reanudaciones de la marcha, la conversación se va
animando y le confieso que he caído presa de su hechizo. Me contesta
con una sonrisa tan deslumbrante que me olvido por completo de
escucharla. Poco importa: esa chica tiene algo, un no sé qué que
qué se yo que me hace suspirar y corresponder a sus sonrisas con las
mías elevadas al cuadrado. Cada palabra suya que sale de su boca es
una flecha directa a mi corazón. ¿Quién lo habría pensado? ¡En
el metro! Aquí estamos, ella y yo. Mi cerebro se niega a
racionalizar la situación. ¡Viva la irracionalidad! Envalentonado
por la comunicación no verbal, la aparente reciprocidad y el vaivén
de la lata de sardinas, voy reduciendo la distancia entre los dos
hasta que mi boca prueba su valía. ¡Sabe a fresa! El tacto húmedo y cálido de su lengua con la mía resucita viejas esperanzas. Cierro los
ojos y saboreo lentamente la intensidad del momento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pierdo
la noción del tiempo y el espacio. La megafonía del vagón anuncia
la próxima estación: Moyúa, la parada de la chica.
A los pocos segundos, el tren se detiene. Nuestros labios se separan
perezosamente y la chica se apea con fastidiosa rapidez. Me siento muy tentado de acompañarla adonde sea que vaya. ¡Al cuerno mi
futuro como poeta reconocido! Sin embargo, me quedo clavado en la
puerta mirando cómo se aleja. Al llegar a las escaleras, se para en
el primer escalón. Se gira. Nos miramos. Me guiña un ojo y exclama:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-
¡Ahora que tengo tu teléfono puedes llamarme cuando quieras!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se
cierran las puertas y el tren arranca. Un par de estaciones más y
habré llegado. Sigo en una nube y me da igual que todo el pasaje me
esté mirando muerto de envidia. Me siento henchido y pleno de
confianza en mí mismo. Meto mis manos en los bolsillos mientras
recuerdo las últimas palabras de la rubia. La sonrisa se me congela.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/11/usa-la-cabeza.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-3822673237856341922</guid><pubDate>Fri, 07 Nov 2014 15:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-09T22:38:25.949+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Mi buhardilla</title><description>&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
&amp;nbsp;Bilbao, a 3 de noviembre de 2014.&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Querido amigo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aprecio muchísimo sus cartas. En esta época de unos y ceros, la tradición epistolar manuscrita se está perdiendo y me resulta muy grato encontrar a otra persona que también luche por mantener viva esta costumbre. Sin embargo, tendrá que disculpar que recurra en esta ocasión al frío ordenador para escribir unas líneas. Hace unos días, me lesioné la mano derecha y aún me cuesta sobremanera sujetar la estilográfica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recuerdo de memoria su anuncio en el periódico: “Se busca piso céntrico en Bilbao para intercambio durante el verano”. Proponía unas vacaciones diferentes a aquel que aceptara sus condiciones. No imaginé que seríamos tan pocas las personas que se pondrían en contacto con usted y que sería yo, con el correr de los meses, quien se ganaría finalmente su confianza. En su última misiva, describió con todo lujo de detalles todos los recovecos y usos de su pequeña casa de dos pisos y desván en el barrio marinero de Cimavilla, en el casco antiguo de Gijón. No sabe cuánto le envidio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sé que le gustó mucho mi piso de la calle Correo. Como bien sabe, vivo y paso consulta en un vetusto inmueble de tres alturas construido en el siglo XIX. Por mucho encanto que conserve la finca, ésta presenta algunas incomodidades. No obstante, con el presupuesto adecuado se pueden hacer maravillas. Y eso hice con mi buhardilla. Hacía décadas que su anterior dueño se había hecho con las dos manos del último piso. Gracias a mi talento natural, me lo cedió sin oponer mucha resistencia y pude emplear todo el dinero que quise hasta dejarlo por completo a la medida de mis necesidades. En unos pocos meses, lo convertí en un piso de cuatro amplias y luminosas habitaciones, dos baños completos y un aseo, una sala de estar espaciosa, una cocina funcional y un despacho elegante. Además, invertí una parte sustancial del presupuesto en insonorizarlo y aislarlo convenientemente. Bien sabe usted que no hay nada peor que escuchar lo que sucede en el piso de abajo o en los edificios contiguos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando emprendí la reforma de mi recién adquirido hogar, descubrí para mi estupor que había que cambiar toda la estructura del tejado por culpa de una plaga de voraces termitas. Aproveché la coyuntura y con algo de diplomacia, conseguí convencer a la comunidad de propietarios para que me permitiera abrir en el tejado unas cuantas claraboyas. De esta forma, gané en luz natural. Además, se renovó toda la instalación eléctrica, de gas y de fontanería, se cambió la distribución de espacios, suelos y ventanas y se eliminó toda la madera comprometida de las estructuras. Escogí muebles sencillos y funcionales, y opté por un parqué de roble claro mate para todos los suelos. Para las paredes, elegí pintarlas de blanco roto. Para los techos, un blanco inmaculado. Mandé alicatar parte de la cocina y los baños con unas baldosas y baldosines de un inequívoco gusto minimalista extremadamente fáciles de limpiar. Reconozco que me quedé muy satisfecho con la reforma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si durante la estancia en mi hogar le surge la necesidad, puede utilizar sin reparos mi despacho. Es una estancia de la que me siento particularmente orgulloso. De vez en cuando, realizo en ella mis pequeños proyectos. Al verme cargar con las sierras, el plástico para embalar y los sacos de cemento y cal, algún vecino habrá que me considere aficionado al bricolaje casero. Entre usted y yo, no andaría nada desencaminado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De entre todos las habitaciones disponibles, decidí instalar mi cuarto de trabajo y despacho en la habitación abuhardillada contigua al dormitorio principal. Es una forma de asegurarme tener muy a mano un baño y una cama. No me devané los sesos para seleccionar el mobiliario: una mesa sencilla con cajones, una silla, un diván y un cómodo sillón de cuero negro. No hace falta más. Me resulta mucho más útil la habitación casi desnuda que atestada de muebles. En la pared que separa mi dormitorio del despacho, colgué una pésima copia a escala del &lt;a href=&quot;http://es.wikipedia.org/wiki/Guernica_%28cuadro%29&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Guernica&lt;/a&gt; que yo mismo pinté en mi juventud. Me paso las horas muertas mirándolo sentado en mi sillón de cuero negro. En mi despacho no se oye nada en absoluto. Ni el más mínimo ruido proveniente de la calle o del edificio de al lado. Silencio absoluto. Me siento en paz. Contemplo el cuadro y la pared, y recuerdo lo mucho que disfruté levantándola yo mismo. Ladrillo a ladrillo. Aunque le quité cuarenta centímetros de superficie útil al piso, mereció la pena. Nunca está de más incrementar la capacidad aislante de la lana de roca, el eco-aislamiento y las cámaras de aire. Habrá quien opine que es completamente innecesario. Pero usted y yo sabemos que se equivocan: cuarenta centímetros de espacio tras un tabique vienen a pedir de boca para atesorar recuerdos. Como el cadáver del anterior dueño de mi buhardilla, por ejemplo. Era un anciano odioso, egoísta y maleducado. Guardaba este tesoro en pleno casco viejo y se negó a vendérmelo aunque le ofreciera el triple de su valor de mercado. No tuve más remedio que drogarlo para someterlo y hacerme con el piso. Durante los meses que duró la obra, lo mantuve inconsciente en mi antigua casa y nadie lo echó de menos. Lo desperté la primera noche que pasé en mi nuevo hogar, justo en el momento de emparedarlo vivo tras la pared. Envuelto en su sudario de plástico, susurraba con aliento trabajoso que lo soltara, que lo dejara vivir, que a cambio me daría todo lo que quisiera. Casi se desmaya de nuevo cuando, con sus ojillos vidriosos, se percató del contenido de las otras cinco bolsas de plástico que le acompañarían en su última morada. Juntos, los seis, hicieron posible mi actual residencia. En pago por sus servicios, los guardaré siempre en mi corazón.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Oh! ¡Cuántos recuerdos! Tuve que mudarme porque mi antigua casa se me estaba quedando pequeña. Sobrará espacio en mi nuevo piso durante mucho, mucho tiempo. Y, como nunca la vendí, si la nostalgia me invade, puedo volver siempre que quiera a mi antigua casa a jugar con todos mis souvenires. Algún día se la describiré con todo lujo de detalles y también le contaré las historias de mis recuerdos más queridos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacía mucho que no me sentía tan vivo al recordar viejos tiempos. Supongo que a usted le habrá pasado alguna vez lo mismo. No veo el momento de contemplar y estudiar todas las habitaciones de su casa. Y sobre todo, sus esculturas. Tengo muchas ganas de que me explique con detalle sus técnicas porque, por lo que deduzco de sus cartas, es todo un experto en &lt;a href=&quot;http://es.wikipedia.org/wiki/Plastinaci%C3%B3n&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;plastinación&lt;/a&gt;. Cuando se hospede en mi casa, espero que disfrute de mi hogar tanto como yo ardo en deseos de hacerlo del suyo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin más, quedo a la espera de sus próximas y ansiadas cartas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: right;&quot;&gt;
Fdo.: Un verdadero admirador.&lt;/div&gt;
</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/11/mi-buhardilla.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-6491101918620332561</guid><pubDate>Fri, 31 Oct 2014 19:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-31T20:43:15.490+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Citas</title><description>- Esta web asegura que conocer hombres nunca ha sido tan fácil. Como propaganda es efectiva y te aseguro que no es publicidad engañosa. La he probado, Nerea. Venga, apúntate.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Respiro hondo y accedo a la enésima recomendación de Carmen.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- A ver de qué va esto. Te registras, se suben un par de fotos, se rellena el cuestionario y, ¡listo! Vale, ¡va! A ver qué pongo... Me llamo Nerea. Tengo 30 años. Soy empleada de... de banca. Mido 1&#39;65 metros, peso a ti qué te importa, constitución normal... ¿Aficiones? Umm... Me gusta nadar, hacer esquí acuático, la escalada libre, la esgrima, la petanca, el juego del pulgar, el póquer y el tres en raya. Eh, Carmen, ¿qué crees que debería poner donde me pide que describa al hombre que estoy buscando? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Describe tu tipo ideal de hombre. ¡Más sencillo, imposible! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Me refiero a qué funcionaría mejor para atraer a más tíos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Joder! Pues, sé poco específica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- No sé qué poner exactamente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Escribe algo genérico. No sé: alto, delgado, musculoso, viajero, muy listo, con barba, escalador como tú...  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Ja, ja! Sabes que no hago nada de eso. Mi único deporte de riesgo es salir con vosotras de vez en cuando y trabajar muy duro como dependienta del Zara. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Eso da igual! En cuanto vean tus fotos... &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Esas sí son de verdad. Bueno, con algún retoque leve.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- En cuanto te conozcan, les dará igual que no practiques la escalada. Estarán encantados y deseosos de hablar contigo. Un par de mentirijillas no van a ninguna parte. Ya conocerán tus secretos si se hacen merecedores de ello. ¡Venga! Pulsa guardar y tu perfil estará disponible en la web. Ya verás cómo te llueven los admiradores.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Tú crees? Mira cómo son los perfiles de estas chicas. Casi todas son súperguapas.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Ya y también hay callos malayos y orcos. Y casi todas han subido fotos de viajes a Tailandia y al Nepal. ¿Y qué? Se han registrado muchas chicas en esta web, sí. Pero hay hombres de sobra para todas. Eres resultona y conocerás a muchos hombres ahí, seguro. Además, ese rollo desesperado atraerá a un montón de tíos.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No puedo reprimir una mueca de triste desaprobación. En mi vida, no es oro todo lo que reluce. Pero estoy satisfecha. Cuando quiero conocer a una persona, me gusta ser yo misma. Valoro mucho la sinceridad y no me gusta nada mentir. Tiendo a desconfiar de primeras y conocer gente a través de las redes sociales me repele. Con lo fácil y sencillo que fue con mi ex-novio. Lo conocí en fiestas de Vitoria. Él iba con sus amigos y yo había ido a la ciudad donde hacen la ley con los míos. Chocamos el uno contra el otro cuando él entraba en el café Dublín y yo salía de él. Íbamos un poco achispados, pero eso no nos impidió disculparnos con extremada educación. Casi sin darnos cuenta, nos quedamos mirándonos embobados y sonrientes, encantados de estorbar en la estrecha entrada del café. Por mucho que nos gritaran y empujaran, nos quedamos unos minutos ahí sonriéndonos como idiotas. Ni me di cuenta de que ambos habíamos dejado tirados a nuestros respectivos amigos para quedarnos charlando hasta las tantas. Así de sencillo. Así de fácil. Estuvimos juntos diez años. Buenos años. Hasta que un buen día me dejó por otra. ¡Cosas que pasan! Ya he llorado más que suficiente y ahora quiero conocer gente nueva, arriesgarme y ver con qué me encuentro. No estoy desesperada aunque Carmen lo piense. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¿Tú crees?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sigues estando buena. Mirarán esas fotos tuyas y les dará igual que trabajes en el Zara o en Bankia. ¿Qué crees? ¿Que ellos no meten trolas en sus perfiles? Mira el perfil de este tipo, por ejemplo. Normalillo. Treinta y tantos. Fíjate cómo son las fotos que ha colgado: ¡todo Photoshop! Y fíjate cómo éste otro se describe así mismo: ¡qué manera más descarada de darse autobombo! Todos son de lo más normal del mundo y todos mienten.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- De lo más normales... ¡Mira cómo está éste! ¡Qué bueno está! Es como a mí me gustan: alto, guapo, parece simpático, con barba...  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Sí, justo como a ti te gusta.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espero que a Nerea le vaya bien en esta página web. Reconozco que a mí no me ha ido demasiado bien. Todos los que me han metido ficha son unos cerdos mentirosos. Van buscando sexo solamente. Ya he tenido mi dosis de eso y ahora quiero algo duradero. Por más que busco, no encuentro nada a mi altura. Da igual que sean feos que tíos de revista. Tarde o temprano, se van. ¡Qué asco! No sé. Quizá bajo esta fachada de optimismo sea una amargada. Sin embargo, espero que a Nerea le salga bien y conozca a un buen tío. Ha estado muy jodida estos últimos meses. Es lo que tiene quedarse con el primer tipo del que te enamoras: no estás curtida y todo queda magnificado bajo el estigma de la primera vez para todo. Conoció al idiota de su ex siendo una cría y se han separado hace nada. No sé si es muy consciente de que esos tipos altos que mira embobada en la página web, todos esos guapos barbudos sonrientes, tienen vidas de los más insulsas. La mayoría son unos jodidos sosos. Todos ellos, los feos y los guapos, pueden romperle el corazón en cualquier momento, tanto si tiene cuidado como si no. En fin... Que conozca a alguien nuevo de una vez, pero que no se haga tampoco demasiadas ilusiones. Las expectativas son unas hijas de puta. ¡Que pase página y aprenda eso también de una vez! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Me gusta. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hazle una petición de conversación. Pero tampoco te hagas ilusiones, eh.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Ay! ¡Se me ha adelantado! ¿Qué le digo?  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Ahora te toca a ti. Yo ya he hecho bastante.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Gracias por nada!  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- ¡Ja! Lo harás bien. Se empieza con un hola. Lo que venga después, es cosa vuestra.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Está bien. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Espero que Carmen no se equivoque. Y mientras escribo mi primer hola en una web de contactos, experimento de nuevo esa sensación de nerviosismo y alegría, esas cosquillas en el estómago. A ver qué tal sale.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/10/citas.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-8232599040722390350</guid><pubDate>Thu, 23 Oct 2014 21:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-23T23:49:07.105+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">TL</category><title>Hoy voy a conocer a mi padre</title><description>Supe que era él la mañana que leí su esquela en el periódico. Entre mis rutinas
diarias, la lectura pormenorizada de las notas necrológicas me
ayudaba a arrancar por las mañanas. Al contrario que a la mayoría
de la gente, esa sección del periódico me espabilaba y me hacía
recordar cuán corta es la vida. Sin embargo, mientras leía aquella
esquela, un sentimiento de pesar, rabia y tristeza me invadió por
completo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En realidad, no conocía a mi padre. Mi madre apenas me contó nada sobre él y lo
que encontré durante mis investigaciones tampoco me ayudó a
esclarecer las razones de su huida. Sólo sabemos que mi padre nos
abandonó la mañana de mi tercer cumpleaños. Dejó una escueta nota
en la que decía que se iba a por tabaco, tarta y cerveza. Nada más.
Ninguna explicación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De camino a la oficina me crucé con cinco funerarias, un estanco, dos panaderías,
tres cafeterías, un bar y media docena de pastelerías. Cada uno de
esos establecimientos, que antes no me decían nada en absoluto,
ahora me hablaban de mi padre. ¿Por qué se marchó? ¿No era feliz
con nosotros? ¿Se enamoró de otra persona? En la nota necrológica,
su familia le recordaba como un padre ejemplar, un enfermo de
hepatitis crónica que sobrellevaba su grave enfermedad con tesón y
un amante y cariñoso esposo. Le echarán mucho de menos, decía la
esquela. Ni una palabra acerca de mí o de mi madre, cosa normal por
otra parte.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El funeral de cuerpo presente sería esa misma tarde, a las siete, en una conocida
iglesia. Me pasé toda la jornada reflexionando sobre los pros y los
contras de acudir o no al funeral. ¿Debería asistir a las exequias
del finado o no? ¿Cómo me sentiría en el funeral rodeado de sus
seres queridos? Y sobre todo, ¿debía contárselo a mi madre? En el
momento de dar el pésame a la familia, ¿les podría decir algo de
corazón que los reconfortara, o me saldría por la boca en forma de
amargas palabras toda la bilis acumulada por el odio todos estos
años? ¿Debía revelarles mi existencia y la de mi madre, así como
los pormenores de la fuga de mi padre, o debería dejarlo estar? O
más inquietante aún, ¿sabrían ellos de nuestra existencia por
boca de mi padre y callaron, o éste se llevó el secreto a la tumba?
Decidí dejarlo en manos del azar. Después de tantos años, iba a
conocer a mi padre. ¡Eso es lo que importaba! Y allí, en función
de los acontecimientos y mis sensaciones, me decantaré por arruinar
su bonito recuerdo o ser cómplice de su infamia.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/10/hoy-voy-conocer-mi-padre.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-2990608275291225004</guid><pubDate>Tue, 30 Sep 2014 23:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-23T23:49:34.669+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">PO</category><title>Nimbus*</title><description>Bajo este cielo hostil, las hormigas me hacen cosquillas. Si pudiera, reiría. Trato de concentrarme. Boca arriba, a merced de los elementos, miro las nubes. Hay muchas donde escoger. Un cumulonimbus con forma de almohada me recuerda tiempos mejores. Y aquel otro parece una lápida. Y aquella otra, también. El cielo hoy es un cementerio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viento vence por K.O. a un sol que se ha dejado ganar y agita la hierba a mí alrededor en señal de victoria. 
¡Qué arrogante! ¡Qué asco! Siento frío. Si pudiera, temblaría. Tengo sueño. Si pudiese, dormiría. Está a punto de llover. No falta mucho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;*Relato publicado originalmente en &lt;a href=&quot;http://palabraobligada.wordpress.com/2014/09/24/nimbus/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Palabra Obligada&lt;/a&gt; el 24 de septiembre de 2014.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/10/nimbus.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-80978143808897572</guid><pubDate>Mon, 26 May 2014 09:17:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-23T23:49:34.688+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Experimentos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">PO</category><title>Ensayo fugaz sobre la moda juvenil*</title><description>El tiempo puede convertir cualquier objeto,hasta las cosas más absurdas y peregrinas, en ordinaria cotidianidad. 
El vestuario de Woody Allen en “Sueños de seductor”, por ejemplo: el paso de las décadas ha transformado las camisas de leñador y las gafas 
de pasta que el autor de “Annie Hall” lucía en aquel filme en artículos imprescindibles para el más común de los pijos. Podemos aplicar el mismo
principio a cualquier otro ropaje que el supremo dios del Tiempo decida traer de nuevo a nuestros días. Así, una buena capa de polvo y el fluir
de la incansable arena, obrarán el milagro de la metamorfosis y olvidaremos cualquier atisbo hortera que dicha prenda pudiera 
desprender. Es como si ingresase en protección de testigos, cambiara de identidad y la elevásemos a la categoría de Tótem de la Modernidad con 
Mayúsculas. Todo fluye, va, viene y vuelve. Excepto las hombreras. O, quién sabe…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Relato publicado originalmente en &lt;a href=&quot;http://palabraobligada.wordpress.com/2014/05/21/ensayo-fugaz-sobre-la-moda-juvenil/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Palabra Obligada&lt;/a&gt; el 21 de mayo de 2014. </description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/05/ensayo-fugaz-sobre-la-moda-juvenil.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-986142852853717513</guid><pubDate>Sun, 23 Mar 2014 15:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-28T00:23:14.930+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Díptico (VII)</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relaciones</category><title>Con vosotras aprendí...</title><description>El amor romántico es la mentira suprema. El gran embuste. Una estafa de proporciones colosales fabricada con despiadado esmero por una Humanidad sumida en el autoengaño colectivo. La vida es gris y triste, poquísimas veces colorida y donde abundan las decepciones y las trolas. Esforzarse en ver las cosas de otro modo es hacerles el juego, y no estoy para perder el tiempo con nada ni nadie.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo es mentira. Haceos rápido a la idea u os expondréis a grandes decepciones. Yo aprendí la lección por las malas gracias a vosotras, mis chicas: las que nunca llegaron, las que se fueron antes de llegar, las pocas que me aceptasteis por un tiempo en vuestras vidas, las muchísimas que me rechazasteis sin contemplaciones y las que, simplemente, pasabais por aquí y decidisteis quedaros como amigas. A todas vosotras, mi eterno agradecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todas tenéis razón: la vida puede ser preciosa, llena de color y todo es posible. Cualquiera puede encontrar el amor todas las veces que quiera siempre que esté preparado. Si la cosa funciona, tendrás a alguien con el que enfrentarte al mundo y salir victoriosos del empeño. Puede que decidáis tener descendencia juntos y que vuestros hijos, tarde o temprano, se avergüencen de vosotros. Sí, la vida puede ser maravillosa y todo podría cambiar en cualquier momento. Dar un paso, tropezar con una mirada interesante o un escote vertiginoso, y... ¡Zas! ¡La vida se transforma por completo y sin remedio! Puede que de una forma que ni siquiera seas capaz de imaginar. Es posible que te des de bruces con una fuente de mayores dosis de sufrimiento y frustración de las que puedes tolerar y, aun así, continúes adelante porque lo que acabas de encontrar es cuantitativamente mejor que no tener nada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vida está llena de posibilidades. Lo aprendí de vosotras porque no os hartáis de decirlo continuamente. He probado casi de todo con tal de daros la razón. Da igual que salga todas las noches o que no salga en absoluto. Poco importa que beba y me destroce el hígado o que abrace Los Doce Pasos. Tampoco funcionaron mis incursiones en el veganismo y otras modas alimentarias de dudoso valor nutricional. También fue un fracaso total mostrarme muy activo en las redes sociales e interactuar con intensidad con todas las mujeres interesantes que el azar puso en mi camino. Un año me apunté a clases de inglés porque, según me decíais muchas de vosotras, aprendiendo idiomas se liga. Ahora hablo algo de inglés, sé decir muchos tacos, pero no conseguí ni un teléfono, ni un facebook, ni nada. Algunas de vosotras me sugeristeis amablemente que me apuntara a bailes salón, y descubrí que no sólo soy penoso ligando sino que también poseo una rara descoordinación general que me incapacita para bailar merengue y lambada, así como para jugar al baloncesto. Por supuesto, tampoco ligué. También me apunté a yoga: aguanté una semana y después solicité la baja médica para recuperarme del principio de triple hernia discal. Por supuesto que, mientras torturaba mi cuerpo con aquellas horribles posturitas, tampoco conocí a nadie que mereciera la pena. Parece que nada funciona y mira que me empeño. Ni siquiera atraje a ninguna chica cuando me hice asceta. He probado el hipnotismo, libros de autoayuda para ligar, páginas web de contactos... ¡Hasta homeopatía! ¡Y nada! ¡Ojo! No lo he probado todo aún, con lo que el próximo remedio podría ser el definitivo. O puede que tampoco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siempre existirá alguien mejor que yo. Esa es, sin duda, la lección más importante que aprendí con todas vosotras: invariablemente, tarde o temprano, surgirá un hombre que se ajuste mejor que yo a vuestros requerimientos y preferencias. Si estáis conmigo, en algún momento aparecerá un tipo más alegre o más triste que yo, o más joven o más viejo, o mucho más delgado o mucho más gordo, o que os preste más atención que yo o mucha menos, o que sea más listo o muchísimo más bobo que yo... Así ad infinitum.&lt;!--DOCTY--&gt; &lt;!--DOCTY--&gt; &lt;!--DOCTY--&gt;En suma, un hombre idóneo y más deseable que yo. Y, antes de darme cuenta, os hartaréis de mí y saldréis en pos de alguien que se afeita la cabeza porque está de moda y/o se deja barba porque es lo más. O, aún peor: hartas por completo de mi tediosa prosa, os arrojaréis a los brazos del primer poeta que os componga odas y sonetos dedicados a glosar vuestra inmortal belleza. Según parece, componer versos es una cualidad muy apreciada, casi tanto como dejarse barba o afeitarse la cabeza. En la lucha por vuestro amor, nada puedo hacer para vencer al poeta mojabragas de turno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dicho todo esto, apostillo sin rimar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
Ni os busco,&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
ni os espero.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
Ni aguardo turno,&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
ni os rindo culto.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
Ni suplico,&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
ni me arrastro.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
Ni tampoco me abandono&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
a los cantos de tu arisco recuerdo.&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style=&quot;text-align: center;&quot;&gt;
Sonrío. Y basta.&lt;/div&gt;
</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/03/con-vosotras-aprendi.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-332016510639659723</guid><pubDate>Fri, 21 Feb 2014 22:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-10-23T23:49:34.685+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">PO</category><title>Banco *</title><description>Es verano. Hace calor, pero no demasiado. Sopla una ligero viento que relaja el ambiente y levanta las faldas lo suficiente como para disfrutar mejor del paisaje. Estoy tumbado boca arriba en un banco del parque. El viento juguetón sigue a lo suyo mientras dirijo mi mirada hacia el imperturbable cielo azul. Tengo muchas cosas en la cabeza. A falta de otras señales claras o una Zarza Ardiendo, le pido consejo al cielo. ¿Debería besarla o no? ¿Debería evitar todo pensamiento lujurioso o todo lo contrario? ¿Me desea o todo está en mi cabeza? Por suerte o por desgracia, el cielo no contesta. Ni 
falta que hace, ¿o sí? ¡Yo qué sé! Al sol se está muy bien. ¡Qué bien se está aquí! ¡Qué calorcito más agradable! No quiero pensar en nada más. Cierro los ojos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
- Hola.&lt;br /&gt;
- ¡Hola!&lt;br /&gt;
- ¿Llevas mucho tiempo esperando?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le contesto que no mucho. Sonrío. Ella también sonríe. Sonreímos. ¿Quién necesita zarzas ardiendo ahora?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;* Relato publicado originalmente en &lt;a href=&quot;http://palabraobligada.wordpress.com/2014/02/21/banco/&quot; target=&quot;_blank&quot;&gt;Palabra Obligada&lt;/a&gt; el 21 de febrero de 2014. 
</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2014/02/banco.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-3177313003537974451</guid><pubDate>Thu, 26 Dec 2013 22:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-12-26T23:23:37.187+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><title>Deseos</title><description>Encontrar motivos para escribir estas líneas ha requerido grandes dosis de pereza. Porque admitámoslo: ¿qué sería de mí sin la pereza? ¿Qué sería de la pereza sin grandes dosis de mí? Y, ¿qué sería de las grandes dosis sin un buen vaso de precipitados que las mida?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La pereza nunca me abandona. Me hace compañía en el coche o cuando paseo introspectivamente... Siempre puedo contar con ella. Sin embargo, la pereza no es ninguna musa de boca insinuante, ni tampoco calienta mis pensamientos, ni tampoco me inspira ni contribuye a hacer de mí una persona que respire mejor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto me recuerda que respirar se me da tan bien como dormir. Soy tan bueno durmiendo que podría suplantar sin problemas a La Bella Durmiente. Duermo por afición, durante mi tiempo libre, no por trabajo. Además, ¿quién querría pagarme un sueldo por dormir profesionalmente?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que, de momento, continuaré durmiendo en mi tiempo libre hasta que decida tomarme unas buenas vacaciones o me haga amante de una mujer que me quiera. Porque sí: quiero ser amante. Es mi sueño de toda la vida. De pequeño no quería ser ni astronauta, ni bombero, ni profesor, ni escritor, ni futbolista, ni cocinero de sustancias ilegales... Siempre que me preguntaban qué quería ser de mayor, respondía: quiero ser amante. Quiero amar, quiero repartir amor, ser prolijamente afectivo, quiero repartir caricias y besos por las pieles del mundo. Quiero ser camello del amor, quiero acallar gemidos y susurros tras un torrente de acciones y sensaciones que retroalimente aún más esos gemidos y susurros que pretendo acallar. También quiero querer y sudar. Y besar. Y mirar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me sobran cualidades y predisposición. También pereza, pero esto último no viene al caso. O sí. ¡Yo qué sé!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2013/12/deseos.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-4226916901676912395</guid><pubDate>Tue, 10 Sep 2013 23:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-09-11T01:24:28.830+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">No ficción</category><title>El aburrimiento</title><description>El aburrimiento sabe mucho de ordenar cajones. Pensar en la palabra aburrimiento, por ejemplo, evoca el aburrimiento mismo. El aburrimiento es la clase de sustantivo al que cuesta un mundo encontrar una expresión similar porque es imposible encontrar un sinónimo de aburrimiento que nos aburra más que el aburrimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento sabe mucho acerca del contenido de nuestro cajón de los calcetines. El aburrimiento es ese pesado del que huimos cambiándonos de acera. Sin embargo, el aburrimiento no entiende de cambios de acera: el aburrimiento sale a tu encuentro como quien sale a dar un paseo sin más plan que caminar y disfrutar del paisaje.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento conoce nuestros gustos musicales. Es capaz de acertar cuántas veces hemos escuchado una canción en concreto, ésa que sólo escuchamos cuando estamos aburridos. También sabe cómo nos gusta tener ordenados nuestros discos y libros. E incluso se permite el lujo de innovar buscando nuevas y aburridas formas de ordenar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El tedio es otra forma de aburrimiento. El tedio raya con el asco, también con el asco puto. Sin embargo, el tedio no es el objeto del presente artículo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento dispersa el pensamiento consciente y nos desvía de nuestros objetivos y metas. Nos aparta de quienes queremos. El aburrimiento mata el amor. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Conoce el aburrimiento nuestros miedos? Probablemente sí, porque el aburrimiento está dotado de un fino olfato con el cual adivina cuándo somos especialmente vulnerables. El aburrimiento practica el vudú sin necesidad de tetrodotoxina ni muñecos. El aburrimiento elimina las piedras del camino.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento no es un oso divertido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento nunca estuvo allí y, sin embargo, dejó huella. Y sacó fotografías para inmortalizar el momento. El aburrimiento mandó esculpir esculturas en las que esculpir su aburrido rostro repetido un aburrido y enorme número de veces sólo para aburrir aún más a quienes admirasen dichas esculturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento se siente en los huesos. ¿Puede ser aburrida la meteorología? Jamás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento es tiempo mal empleado, fatalmente gestionado y pésimamente ejecutado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acaso, ¿no es verdad que el aburrimiento nos impulsó a alejarnos de apartadas orillas en las que se respiraba amor? El aburrimiento no entiende ni sabe ni comprende. El aburrimiento aborrece la lectura de tiras cómicas. El aburrimiento odia a Calvin y Hobbes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento escondió las llaves de Isabel en el fondo del mar para que ésta se decidiera a practicar submarinismo. El submarinismo nunca es aburrido. Observar las estrellas tampoco. El aburrimiento odia los cielos estrellados despejados y sin contaminar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento cree en los ojalá a pies juntillas. Ojalá no le salga una novia, ojalá llueva y no salga a pasear, ojalá un meteoro de kilómetro y medio aquí y ahora para que pase algo. El aburrimiento no comprende los ojalá. Yo tampoco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento apuesta siempre en contra. El aburrimiento es la sucesiva concatenación de obras y sucesos que no conducen a ninguna parte y cuyo punto de partida carece de interés. El aburrimiento no es interesante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento se interroga a sí mismo y se aburre. Desconoce la función terapéutica de la risa. El aburrimiento es una nota monocorde y aburrida. El aburrimiento también es una pésima melodía pésimamente interpretada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento es.&lt;br /&gt;
El aburrimiento era.&lt;br /&gt;
El aburrimiento fue.&lt;br /&gt;
El aburrimiento será.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento sale de marcha con el tedio y no ligan. Ninguno. Jamás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento es un rebaño de ovejas. El aburrimiento es un aroma característico. El aburrimiento es un experto químico que maneja con astucia toda clase de sustancias para potenciar su acción entre sus víctimas. El aburrimiento es un bloqueo, una página en blanco, un muro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aburrimiento es repetición de una repetición de una repetición. Siempre es lo mismo y se reitera hasta la saciedad. El aburrimiento es una mala digestión. El aburrimiento, no obstante, no es un corte de digestión. Una vez superadas, las indigestiones son una bonita historia que contar. Y contar historias, nunca es aburrido. O no suele serlo: depende del cuentista y del cuento. El aburrimiento es, sobre todo, un mal cuentista.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2013/09/el-aburrimiento.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-1222325419273150280</guid><pubDate>Tue, 19 Feb 2013 13:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-09-11T01:12:07.652+02:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">No ficción</category><title>Andadura estúpida</title><description>Los vacíos son como las cucarachas. Nacen, crecen, se reproducen, echan raíces, se reencarnan, vuelven a nacer, crecen, se reproducen y así hasta el infinito.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los vacíos, como las cucarachas, son expertos en progresar adecuadamente si les dejas. Un día cualquiera, sin proponértelo, aparece uno. Lo ves, lo estudias y lo descartas rápidamente. Sin embargo, regresa más grande y más negro. Poco a poco, adquiere masa crítica y no es tan fácil borrarlo del pensamiento. Unos días después, ataca de improviso al doblar una esquina. Ahora, tras adquirir el tamaño de un humano corriente, se hace difícil hacerlo desaparecer bajo la alfombra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Y cómo ha llegado a alcanzar ese tamaño? ¿Cómo ha llegado a ser capaz de acaparar todo pensamiento racional? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La respuesta es bien sencilla: son muy hábiles dominando la conducta humana. Los vacíos, como las cucarachas, generan problemas de higiene mental. Cuanto mayor sea el enojo, la melancolía o la incomodidad que provoquen, mayor será su exitosa propagación por el organismo. Como las cucarachas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se debe cortar de raíz la proliferación de los vacíos. Son codiciosos, odiosos y feos pozos de autocompasión. Suprimir por completo cualquier rastro de negatividad suele ser un buen comienzo. Distraerse. Concentrarse en ser positivos per se es una estupidez que rara vez llega a buen puerto. Quizá el estudio atento de la propia conducta arroje resultados satisfactorios. Basta hallar el desencadenante para regresar a la senda de los vivos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los vacíos, como las cucarachas, no aportan nada. Carecen de función ecológica alguna, justo al contrario que esos asquerosos insectos.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2013/02/andadura-estupida.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-5191352915765376503</guid><pubDate>Mon, 11 Feb 2013 10:00:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-02-11T11:00:34.093+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Experimentos</category><title>Ajena</title><description>Línea quebrada. Influencia. Reproche. Galimatías. Intenso. Curva. Descarga. Tiempo. Roce. Suave. Tirita. Nieve. Púrpura. Pingüinos. </description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2013/02/ajena.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-3890432992732602815</guid><pubDate>Sat, 19 Jan 2013 21:48:00 +0000</pubDate><atom:updated>2013-01-19T22:49:26.446+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Experimentos</category><title>Final</title><description>Una vez recorrí aquella carretera que no conduce a ninguna parte. Allí creí encontrarte, mas sólo eras una quimera producto de la actividad vírica.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No existes, alucinación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los espejismos y sus encantos. Tan frágiles como inconstantes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan breves.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un soplo de lucidez y desaparecéis. Un sorbo de agua y la salud recobrada amarga como bilis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No existes, elipsis de mi biografía.&lt;br /&gt;
La duda ofende.&lt;br /&gt;
Las quimeras no existen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El asfalto de noche. El cielo estrellado. El frío en los huesos. Un rictus de melancolía tras la sonrisa. Ése soy yo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tú, no.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2013/01/final.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-12542243.post-9121549396703887443</guid><pubDate>Wed, 02 Jan 2013 17:08:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-01-19T17:45:57.618+01:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Ficción</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">VG</category><title>Mentiras</title><description>Desde fechas relativamente recientes, fenómenos sin causa aparente están azotando la faz del planeta y a sus habitantes. Desplazamientos instantáneos e involuntarios en el tiempo o en el espacio, microondas que enfrían en lugar de calentar los alimentos, lluvia de agua dulce, personas felices sin mediación de fármaco alguno, generación espontánea de alimentos, bosques reconquistando para sí barrios abandonados en un abrir y cerrar de ojos... &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de una rigurosa investigación, el culpable ha sido hallado. Este planeta es nuestro y el enemigo, al fin, ha sido desenmascarado: la Naturaleza, con su alegre paleta de colores y su veraniega brisa, se ha rebelado contra nosotros. ¡La Naturaleza es nuestra enemiga! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me gustaría tenerla enfrente y encararme con ella. Quisiera preguntarle por los duros temporales de frío y nieve, o por los terremotos, o por las serpientes que matan a tantos niños todos los años. ¿Acaso se cree que sólo importan los daños y perjucios que ella sufre y no los que ella causa? Seguro que Ella aduciría que los animales se mueren o que los bosques desaparecen. ¡Milongas! ¿Qué importa que las especies se extingan si la Humanidad se enriquece con su muerte? ¿Acaso demuestra simpatía o indulgencia por esos pobres seres humanos que están mutando sin razón ni causa aparente? No. La naturaleza no siente compasión. La Naturaleza no siente nada por nadie que no sea Ella misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nuestros productos modificados genéticamente son mejores que muchas de sus creaciones. Desde luego, se venden mucho mejor que cualquier semilla que haya creado a lo largo de millones de años de evolución. Nuestro poder nos permite crearlas en cuestión de semanas. Es nuestro producto y obedece completamente a nuestras necesidades. Podemos hacerlo mucho mejor que Ella. La alimentación de la especie dominante es asunto nuestro y la Naturaleza se empeña en estorbar y entorpecer nuestro progreso. ¿Por qué lo hace? ¿Con qué oscuros propósitos ataca a nuestras plantas de fabricación y distribución de alimentos manufacturados? Juega sucio y está tratando de eliminar a la competencia. ¡Acabar con nosotros! ¡Eliminar a los Humanos! Sin duda, con sus acciones ha iniciado una guerra. Desde luego, responderemos. Y cuando ganemos, ¡le haremos responder por todas las muertes que ha causado a lo largo de toda la Historia! &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus intentos por deshacer la realidad clásica, cimentada en los poderes otorgados por la Ciencia y la Tecnología, son inútiles. La Naturaleza sufre de enagenación mental y si pudiera la llevaría ante un tribunal para declararla incapacitada y reclamar una cuantiosa indemnización por todos los daños económicos causados a la Humanidad. Cierto que nuestra especie modifica el entorno a su antojo y explota a 
placer todos los recursos, pero lo hacemos por el bien común. ¡Por el bien común!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con la Naturaleza encarcelada e inhabilitada, todos seríamos más felices y yo podría seguir adelante con mis negocios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Me gano la vida ganando dinero. ¿Qué hay de malo en ello? Con dinero puedo hacer cualquier cosa. ¿Puede la Naturaleza hacer algo con dinero? ¡No puede hacer absolutamente nada! ¡Nada! ¡Menuda inútil! El dinero es la vida. El dinero fluye por mis venas y me alimenta. ¿Puede la Naturaleza alimentarse con dinero? ¡Claro que no!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quiero echar de aquí a la Naturaleza. Quiero expulsarla, quiero desterrarla del planeta y ver qué le sucede. ¿Sobreviviría en el Espacio? Nosotros sí podemos. Estamos colonizando ya otros mundos. Me gustaría verla debatirse en el vacío del espacio intentando respirar dióxido de carbono... Por cierto: ¡ella es la culpable del efecto invernadero! De no ser por nosotros, ¡el planeta se hubiera calcinado y el nivel de los mares habría ascendido tanto que todas las ciudades importantes del planeta habrían sido destruidas! Esos malditos defensores de la Naturaleza, que conspiran contra mí y los míos, opinan lo contrario y tratan de volver en nuestra contra a la opinión pública mediante mentiras inverosímiles. Sin embargo, ya sabemos cómo son y ante qué siniestros intereses responden...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Naturalmente, soy un ser civilizado y acepto que el mundo no es tal y como yo lo percibo. Sin embargo, tengo el poder necesario para que el mundo se amolde a mis deseos. ¿Puede la Naturaleza decir lo mismo? ¿Puede la Naturaleza decir algo? No, no puede.</description><link>https://elcaosenfrio.blogspot.com/2013/01/mentiras.html</link><author>noreply@blogger.com (Ikari)</author><thr:total>0</thr:total></item></channel></rss>