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	<description>Por mi raza hablará el Piporro</description>
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		<title>¡Viva(n) México(s)!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[EuK]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Sep 2021 05:06:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De aquí y de allá]]></category>
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					<description><![CDATA[Imaginemos que México existe como unidad sólo en el plano político y que culturalmente no existe; que culturalmente México son muchos países, por ejemplo, el país de los norteños, el país de los del sur; de hecho, el país de cada pueblo de Oaxaca, con su propia lengua y su propia cosmovisión. Si desde niños [&#8230;]]]></description>
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<p class="has-text-align-justify">Imaginemos que México existe como unidad sólo en el plano político y que culturalmente no existe; que culturalmente México son muchos países, por ejemplo, el país de los norteños, el país de los del sur; de hecho, el país de cada pueblo de Oaxaca, con su propia lengua y su propia cosmovisión.</p>



<p class="has-text-align-justify">Si desde niños nos enseñaran que México son muchos países unidos por la voluntad de crear uno solo, sin que cada uno renuncie por completo a su propia identidad, quizás seríamos un poco más integrados y menos conflictuados, basando nuestra integridad en la comprensión de nuestras diferencias (esto se ha dicho infinidad de veces y en 1994 hasta ocasionó un conflicto armado, pero pocos entienden esta visión de país con la profundidad requerida).</p>



<p class="has-text-align-justify">El mismo México colonial -si seguimos con los ejemplos- continúa entre nosotros, vive todavía en casas de sillar y calles empedradas, aunque cada vez son menos los hombres y mujeres que lo habitan con conciencia de nación, no obstante que todas las mañanas aún salen por la leche y el pan a la tienda de la esquina y a la campanada de las doce van a misa con rebozo y mantilla al rostro y cuando el reloj de la iglesia marca las seis, sirven la cena y empiezan a alistarse para dormir.  Vive inclusive en los centros de las grandes ciudades, esas proclamadas capitales industriales y modernas. </p>



<p class="has-text-align-justify">Como también sobrevive entre nosotros el país de los kikapús, con su ceremonia anual en la que esperan la caída de un rayo puntual que anuncia el fin de los inviernos, aunque luego de esto la noticia circule por whatsapp desde Coahuila hasta Oklahoma y ya no a galope de caballo.</p>



<p class="has-text-align-justify">Y en medio de todos esos países hay un país mayoritario y aplastante, es el país de nosotros, los modernos, que creemos ser el único país, que vemos a los demás, como una cosa extraña, como un fantasma del pasado al que sólo le proponemos dos opciones: extinguirse o mimetizarse a nuestro país moderno, pues fuera de éste sólo se conciben otros países grandes y modernos -de preferencia en otros continentes- pero no ancestralidades locales solo dignas de un museo o de alguna atracción turística.</p>



<p class="has-text-align-justify">Dato curioso: al país de reminiscencias coloniales, le llamamos «pueblo mágico», porque claro, es magia, no puede ser sino alguna ficción, algo meramente imaginario en nuestro México moderno.</p>



<p class="has-text-align-justify">Es así que aún hasta la fecha el Día de la Raza nuestros hijos van a la escuela disfrazados de extranjeros, pues las razas nacionales bien pueden representarse reducidas a un traje de charro, porque el resto de los atuendos son difíciles de conseguir, algunos son poco vistosos, no se venden en los centros comerciales y, ante todo, solo representan a los otros, a esos que los mexicanos modernos creemos que son unos cuantos y no dignos de representar al todo.</p>



<p class="has-text-align-justify">Abandonar esa tendencia a la visión unitaria de país y reconocer al país de países, al México multicultural más allá de las revistas y los libros de historia, es digno, muchachos, de otro grito de la independencia.</p>



<p class="has-text-align-justify">Así que ¡que viva México! Pero sobre todo ¡Que vivan todos los Méxicos!</p>
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		<title>10 de Mayo de 2015</title>
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		<dc:creator><![CDATA[EuK]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 May 2020 22:37:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Coahuila]]></category>
		<category><![CDATA[De aquí y de allá]]></category>
		<category><![CDATA[Norestense]]></category>
		<category><![CDATA[Zaragoza]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; Llovió, sonó el trueno, lució el rayo, brillaron las luciérnagas, cantó el chico, el pauraque salió a cazar insectos. Yo me reconocí callado, diminuto espectador del armonioso compás de la Tierra, mientras caía en cuenta de que cada región del desierto y del semidesierto tiene su particular olor a lluvia y tierra mojada, determinado por [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><div id="v-ClNtjh6W-1" class="video-player" style="width:604px;height:340px">
<video id="v-ClNtjh6W-1-video" width="604" height="340" poster="https://videos.files.wordpress.com/ClNtjh6W/11254958_10152796443328021_1453702970_n_dvd.original.jpg" controls="true" preload="metadata" dir="ltr" lang="es"><source src="https://videos.files.wordpress.com/ClNtjh6W/11254958_10152796443328021_1453702970_n_std.mp4" type="video/mp4; codecs=&quot;avc1.64001E, mp4a.40.2&quot;" /><div><img alt="10 de Mayo de 2015" src="https://videos.files.wordpress.com/ClNtjh6W/11254958_10152796443328021_1453702970_n_dvd.original.jpg" width="604" height="340" /></div><p>10 de Mayo de 2015</p></video></div></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align:justify;">Llovió, sonó el trueno, lució el rayo, brillaron las luciérnagas, cantó el chico, el pauraque salió a cazar insectos.</p>
<p style="text-align:justify;">Yo me reconocí callado, diminuto espectador del armonioso compás de la Tierra, mientras caía en cuenta de que cada región del desierto y del semidesierto tiene su particular olor a lluvia y tierra mojada, determinado por su tipo de suelo y vegetación.</p>
<p style="text-align:justify;">Más tarde, despejado el cielo, vino la noche estrellada con dos planetas luminosos, reconocí constelaciones que hace rato no veía y oí el canto de las ranas, sentí el olor del álamo y del encino.</p>
<p style="text-align:justify;">Para apreciar al planeta y al universo así de magnánimos y prodigiosos; y reconocerse uno parte de ese conjunto de energía, no hace falta algún estimulante, basta callar, contemplar y valorar el Todo por cada una de sus partes y saber que esto también vale por cuanto es único y no se puede hacer a cada rato ni todos los días de la vida.</p>
<div><a href="https://elnorestense.com/2020/05/10/10-de-mayo-de-2015/"><img alt="10 de Mayo de 2015" src="https://videos.files.wordpress.com/ClNtjh6W/11254958_10152796443328021_1453702970_n_std.original.jpg" width="160" height="120" /></a></div>]]></content:encoded>
					
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		<title>Holanda Vs México</title>
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		<dc:creator><![CDATA[EuK]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Aug 2018 06:15:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De aquí y de allá]]></category>
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					<description><![CDATA[(Esta historia ha velado por 4 años el sueño de los justos. Fue escrita el 29 de junio del 2014, en la apoteosis previa al inicio del último partido de México en el Mundial del 2014, en Brasil. Veló el sueño de los justos porque primero se publicó en Facebook, lugar donde el ánimo narrativo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">(Esta historia ha velado por 4 años el sueño de los justos. Fue escrita el 29 de junio del 2014, en la apoteosis previa al inicio del último partido de México en el Mundial del 2014, en Brasil. Veló el sueño de los justos porque primero se publicó en Facebook, lugar donde el ánimo narrativo que nutría mensualmente este blog, terminó pulverizado en varias publicaciones diarias y sin sentido; segundo, por el consabido resultado de aquel triste partido; y, tercero, por la prudencia que impone el considerar que algún protagonista de la historia llegase a leerla.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero el tiempo ha pasado con magistral eficacia y ya da igual si se lee o no, pues es efecto del tiempo no solo madurar las cosas, sino también irlas impregnando de cierto valemadrismo. De tal suerte que 4 años y un mes después, ahí va la [otra] triste historia de un Holanda versus México)</p>
<p style="text-align:justify;">Hace poco más de 10 años, un amigo muy querido se consiguió una novia holandesa, o mejor dicho, la holandesa se consiguió a mi amigo, cualquier cosa que eso implique.</p>
<p style="text-align:justify;">El caso es que mi amigo, enamorado y todo, se fue con la holandesa a Holanda. Podría decir que la holandesa se lo llevó, pero la verdad es que mi amigo no iba muy forzado que digamos, iba ilusionado y de muy buena voluntad. Era tanto su amor, el de mi amigo, que en unos cuantos meses ya hablaba ese idioma de los holandeses lleno de maars y naars; y me mandaba mails en neerlandés que yo tenía que descifrar y más o menos entendía.</p>
<p style="text-align:justify;">Un día, un mal día, la holandesa ya no lo quiso y lo mandó a la calle. Mi amigo tuvo que vagar en las frías calles de los suburbios de Ámsterdam y anduvo por Europa hasta que me avisó que estaba en España, con otra mujer, ahora mexicana.</p>
<p style="text-align:justify;">Otro día se embarcó y terminó en Egipto y luego en Estambul, la soñada Estambul que tanto habíamos querido conocer juntos y que a mí todavía no se me hace.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras tanto, su ex novia regresó a México y un día me habló y me contó que estaba en Puerto Vallarta, en la misma playa de donde se llevó a mi amigo, que para ese entonces ya estaba en Estados Unidos. Con mi limitado inglés le dije a la holandesa que había sido muy mala onda de su parte largar a mi amigo en Holanda, aunque en realidad me habría gustado decirle que ahora me llevara a mí, aunque desde luego no en calidad de novio, sino de cuentas claras y amistades internacionales largas.</p>
<p style="text-align:justify;">Tiempo después mi amigo volvió a México, a Torreón, a casa de sus padres. Aún le lloraba a la holandesa. De recuerdo -de martirio- además del idioma mi amigo se trajo unos dulces que decía que eran los típicos de Holanda y que ya me había platicado mucho en sus mails. En sus ratos de remembranza sacaba su bolsita de dulces holandeses y me ofrecía unos cuantos, eran unas gomas negras de un sabor horrible, cualquier dulce viejo y asoleado de mercado mexicano es mucho mejor que esos dulces holandeses amargos con que mi amigo aderezaba su tristeza y de paso me la compartía.</p>
<p style="text-align:justify;">Con el paso de los años y las circunstancias -la amistad es así- mi amigo y yo ya no fuimos tan amigos. Dicen que viajar ilustra y él, repuesto de aquella rotura del corazón, siguió viajando por el mundo y se volvió tan ilustrado que perdimos las coincidencias. Sé que regresó a vivir a Vallarta, que ahí sigue hablando holandés y un montón de idiomas más, que de eso vive y hace su fortuna, ya sin enamoramientos ni hard feelings ni nada.</p>
<p style="text-align:justify;">En esta historia de Holanda vs. México tampoco hubo un &#8216;venir de atrás&#8217; ni un &#8216;darle la vuelta al marcador&#8217;. Hubo, sí, un poco de amor a la camiseta (mojada, de la holandesa) y mucha pasión; y al final del día, muchachos, un tirititito y un corazón partido (partido tan malo como aquel otro triste Holanda vs. México).</p>
<p style="text-align:justify;">¡Hasta luego!</p>
<p style="text-align:justify;">Gracias.</p>
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		<title>El obelisco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[EuK]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Jul 2018 05:22:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De aquí y de allá]]></category>
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					<description><![CDATA[En la cima de la loma de Pirineos, al sur de Sabinas, Coahuila, junto a la carretera 57, el inmigrante vasco Feliciano Iribarren Arres, afamado ganadero del septentrión, mandó construir un obelisco y colocar en un pedestal un busto del escocés Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, en gratitud por tanta vida salvada (la historia [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">En la cima de la loma de Pirineos, al sur de Sabinas, Coahuila, junto a la carretera 57, el inmigrante vasco Feliciano Iribarren Arres, afamado ganadero del septentrión, mandó construir un obelisco y colocar en un pedestal un busto del escocés Alexander Fleming, descubridor de la penicilina, en gratitud por tanta vida salvada (la historia prohibida, que siempre subyace en todas las anécdotas, cuenta que el que se salvó gracias a la penicilina fue el propio señor Iribarren).</p>
<p style="text-align:justify;">Mauro Ibarra es un médico viejo y sabio, que consulta diariamente a pacientes de toda la región en su pequeño consultorio en la Villa de Agujita, no muy lejos de donde alguna vez estuvo el emporio del señor Iribarrén. Da consulta y consejos y desde que yo tengo memoria cura con bandas de esas que hoy los modernos llaman <em>kinesiotape</em>, masajes, medicamentos y, sobre todo, palabras; cuenta anécdotas y dicharachos mientras hace su trabajo, en el que se dice experto por ser lo único que hace y disfruta a la edad de sus años, en la que, según su dicho, ya no se le paran sino pacientes. Habla de humildad y de humanidad: «Las personas son maravillosas», dice en un momento de la consulta, «conozco a decenas por día y no he encontrado dos que sean iguales en casi 40 años de ejercicio»; y remata: «la miseria es oprobiosa, pero es más oprobioso no poder dar más. La gente me dice que por qué no me voy a Monterrey o al otro lado y yo les digo que allá nadie hace falta, en cambio aquí sirvo de algo y como quiera hasta los de allá vienen.», lo cual es verdad.</p>
<p style="text-align:justify;">Del consultorio del doctor Ibarra, en la Villa de Agujita, decorado con imágenes de pinturas rupestres existentes en la zona, la gente sale repuesta de salud y reanimada del alma, con una sonrisa y una esperanza y con ganas de volver, aunque al médico uno procura no volver nunca; y más de uno, yo inclusive, sale con ganas de irse a la loma de Pirineos a ponerle también a Mauro, un obelisco.</p>
<p style="text-align:justify;">Tan tán.</p>
<p style="text-align:justify;">(Publicación actualizada con el favor de María del Pilar Alcalá Salinas)</p>
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		<title>Volver</title>
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		<dc:creator><![CDATA[EuK]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Jan 2017 04:23:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tamaulipas]]></category>
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					<description><![CDATA[Podría comenzar a escribir de las heladas blancas que hicieron noticia este día, pero no lo haré. Diré que tan bellos como los días de heladas blancas en las cumbres de la Gran Sierra Plegada, son los días de niebla. El otro día, un día de octubre, anduve por Altas Cumbres, en la sierra que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img data-attachment-id="1046" data-permalink="https://elnorestense.com/2017/01/07/volver/img_3818/" data-orig-file="https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg" data-orig-size="4032,3024" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;2.2&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;iPhone 6s&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1479059990&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;4.15&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;200&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.066666666666667&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;,&quot;latitude&quot;:&quot;23.621952777778&quot;,&quot;longitude&quot;:&quot;-99.211852777778&quot;}" data-image-title="img_3818" data-image-description="" data-image-caption="" data-medium-file="https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg?w=300" data-large-file="https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg?w=604" class="alignnone size-full wp-image-1046" src="https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg" alt="img_3818" width="4032" height="3024" srcset="https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg 4032w, https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg?w=150&amp;h=113 150w, https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg?w=300&amp;h=225 300w, https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg?w=768&amp;h=576 768w, https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg?w=1024&amp;h=768 1024w, https://elnorestense.com/wp-content/uploads/2017/01/img_3818.jpg?w=1440&amp;h=1080 1440w" sizes="(max-width: 4032px) 100vw, 4032px" /></p>
<p>Podría comenzar a escribir de las heladas blancas que hicieron noticia este día, pero no lo haré.</p>
<p>Diré que tan bellos como los días de heladas blancas en las cumbres de la Gran Sierra Plegada, son los días de niebla.</p>
<p style="text-align:justify;">El otro día, un día de octubre, anduve por Altas Cumbres, en la sierra que enmarca el sur de Ciudad Victoria. Tenía años de no ir por ahí.</p>
<p style="text-align:justify;">Allá a la altura de Janambres y de Altas Cumbres, me reencontré con los encinales que crecen entre las rocas y con las nieblas que los desdibujaban mientras la tarde caía y una caravana de bochos de todos colores serpenteaba en descenso sobre el viejo camino nacional 101.</p>
<p style="text-align:justify;">Ya de bajada, mi compañía y yo nos detuvimos en el Satuario del Caminero -que supongo que algún día fue del Camionero-; y que a diferencia de hace algunos años, ahora luce jardines de mantos azules, de nochebuenas silvestres -y no enanas como las que adornan las navidades urbanas- y floripondios en jardineras de piedra.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras mis acompañantes se tomaban selfis y demás fotos, yo finjía retratar la sierra, pero en realidad trataba de alejarme del ruido para poder identificar algo que parecían gritos de mujer, que venían de algún lado de la sierra, risas y gritos que poco a poco se fueron acercando a donde yo me iba a acercando y que dejaban de parecer de humano y empezaban a parecer de algún ave o de alguna fiera.</p>
<p style="text-align:justify;">Pienso que pudieron haber sido de zorra, o de gato montés, o de un par de zorras o de un par de gatos monteses y no es que yo sepa mucho de eso, pero me intrigaron tanto que me puse a investigar cómo hacen esos animales.</p>
<p style="text-align:justify;">Mientras me alejaba de mi compañía y me acercaba a una construcción abandonada y un viejo portón de un rancho, apenas visible entre la hierba, aquellos gritos o aullidos o maullidos también se aproximaban hacia mí, aunque luego se fueron alejando poco a poco hasta perderse en los valles y cañones de la sierra.</p>
<p style="text-align:justify;">No hubo mejor fotografía que la de este recuerdo que tengo: la bella sierra perdiéndose entre la noche que empezaba a caer; y entre la niebla, entre el fresco de la noche otoñal y su naturaleza que parecía haberse acercado para reconocerme, para reencontrarme, para saludarme y hacerse presente y despés despedirse e irse alejando con su canto de aulllidos o maullidos o gritos de ave o de fiera desconocida, era la bella sierra siendo ella misma, sin las manchas la urbanidad, sin el temor de violencias humanas que de alguna manera también la han mantenido a salvo, momentáneamente.</p>
<p style="text-align:justify;">Quién sabe cuándo vuelva. Como en muchas otras ocasiones y sobre muchos otros parajes, lo he dicho ya mil veces: tal vez no volví, tal vez todavía sigo ahí.</p>
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		<title>Triki triki.</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Oct 2013 23:35:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Con todo y que algún nacionalista a ultranza quiera darme la contraria, he de decirles que en mi natal Zaragoza no se conmemoraba el Día de Muertos con el mismo fervor que en el sur. No digo esto con desprecio, yo qué más quisiera que decirles que el Día de Muertos en el Panteón de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">Con todo y que algún nacionalista a ultranza quiera darme la contraria, he de decirles que en mi natal Zaragoza no se conmemoraba el Día de Muertos con el mismo fervor que en el sur. No digo esto con desprecio, yo qué más quisiera que decirles que el Día de Muertos en el Panteón de San Fernando es tan florido como el del mismísimo Janitzio, pero la realidad se impone y demuestra que acá el 2 de noviembre se va al panteón (vivo, claro está), a dejar flores, saludar a los presentes y comer elote, caña o tamales, si los hay en venta.</p>
<p style="text-align:justify;">De hecho no todos van el 2, unos van antes o después para evitarse aquel tumulto. Yo, siendo niño, gustaba de ir al panteón más que a comer elotes, a encontrarme con mis primos texanos y sus hijos, que siempre venían con sus cubetas en forma de calabaza hasta el copete de dulces. Me los daban a mí, supongo que porque en aquel entonces nadie se preocupaba por si yo tenía o podía tener caries y en cambio a los niños texanos ya eso les traería alguna consecuencia. A ellos o a sus papás.</p>
<p style="text-align:justify;">En todo caso es lo de menos, yo salía ganando y tendría dulces para el resto del año, aun en perjuicio del puestito de Liborio, aquel señor ojiverde de parca amabilidad en cuyo estanquillo alcancé a comprar todavía gomitas en forma de cereza, 5 por 50 centavos de los de antes, esto es, .05 centavos de peso de los de hoy, si es que mis matemáticas mejoraron desde el fatídico día en que Limones me dejó fuera de la prepa. (Si acaso no mejoraron, sigo siendo un chico feliz).</p>
<p style="text-align:justify;">Pero volviendo al punto, llegó el año de mil novecientos ochenta y tantos y un 31 de octubre de aquel inmemorable año, apareció en la puerta de la casa la señorita Amelia, una vecina del barrio (¿bonito nombre, verdad?). No venía sola, la seguía una parvada de niños, ya envueltos en sábanas, ora con una toalla de capa, si bien con cualquier cosa que pareciera un disfraz. (¡Ay güey! ¡Pérate, baboso!).</p>
<p style="text-align:justify;">“Triki-triki, triki-triki”, decían los niños, insistente pero ordenadamente casa por casa, alentados por aquella amable señorita tan apegada al catolicismo (aún hasta la fecha) con esa fe que ya sólo mantienen las personas de antes. No sé, y por ende no puedo describirlo, cómo fue que las demás familias del barrio asimilaron aquel evento acaso jamás visto, pero por lo que hace a mi casa, Amelia pasó con su séquito de gasparines por la acera de enfrente, vio a mamá, cruzó la calle, le explicó que aquellos niños pedían algún dulce o golosina y que aquella era una celebración del otro lado que a los niños les parecía muy bien. Hasta creo recordar que mencionó como organizadoras a un par de señoras ricachonas, a quienes desde luego no echaré de cabeza en esta narración a fin de no estropear su enlacado copetazo Polanco-style, a más de en todo caso no demeritar a quien anónima pero bondadosamente haya organizado aquella actividad, en la que también iban metidos sus hijos gritando “triki-triki” y recibiendo dulces, o portazos.</p>
<p style="text-align:justify;">A falta de dulces (la verdad es que nadie en el barrio esperaba ni estaba preparado para recibir a un montón de niños pidiéndolos), mi mamá sacó al portal una cacerola de tamales y cada niño recibió un par.</p>
<p style="text-align:justify;">Lo que siguió fue esto: Amelia le dijo a mamá que me dejara unirme a aquellos niños y mi mamá dijo que no. Con lo cual yo no podía estar más de acuerdo. Recuerden que yo era niño serio u_u; además, vestirse de gasparín o superman para recibir tamales, empanadas, dulces de calabaza, leche quemada con nuez, nuez en piloncillo y todas esas golosinas cotidianas en el pueblo (hogaño añoradísimos manjares), no se comparaba con ir al día siguiente con cara de pobrecito a recibir las cubetas de dulces gringos que mis primos texanos prohibían a sus hijos y me legaban a mí como muestra de cariño en aquella única vez al año que nos veíamos.</p>
<p style="text-align:justify;">Años después me pregunto cómo es que el padre Urbano (párroco del pueblo), con la fama de conservador inquebrantable que se le atribuía, permitía que Amelia, devota fiel y de buena fe, guiara a aquellos niños a una práctica que aun en estos tiempos progresitas, por decirles de algún modo, con frecuencia se considera pagana y contraria a las tradiciones cristianas y más aun a las del nacionalismo indiofernandista. No sé, pero pienso que el mismo padre Urbano veía en Amelia esa misma buena voluntad, además de que ella misma se notaba contenta entre los niños y estos se veían felices. Los niños son el rostro de Dios, habría pensado padre Urbano, si me es permitido atribuirle algunas ideas aun cuando jamás lo haya tratado en persona. ¿Qué de malo podía verse entre toda aquella bondad en un pueblo tan olvidado del Vaticano?.</p>
<p style="text-align:justify;">En fin, fue por aquel entonces cuando vi los primeros altares de muertos. En las escuelas, claro está, los maestros tomaban algún manual editado por la SEP donde se describían los elementos esenciales de los altares de muertos: la cruz de cal, la flor de cempazuchil (en mi casa se llamaban simplemente cempuales, yo siempre me apuntaba para donar unos cuantos al altar), el perro, la vela, etcétera. Ya notaron ustedes que me los enseñaron muy bien.</p>
<p style="text-align:justify;">En el salón de tercero de primaria de la Escuela “Ford”, vi el primer altar de muerto montado (montado el altar, el muerto ya estaba muerto). Y sé que hasta la fecha es básicamente en las escuelas donde los niños y jóvenes norestenses tienen un acercamiento más ceremonial que festivo con esa celebración.</p>
<p style="text-align:justify;">Largos años han pasado desde entonces, rara vez vuelvo a pasar en Zaragoza el Día de Muertos o el 31 de octubre, sin embargo donde ande, recuerdo con añoranza aquellos días tiernos, días de dulces gringos en el panteón y mexicanísimos tamales obtenidos a base de triki-trikis.</p>
<p style="text-align:justify;">Nos leemos luego, gente bonita y cervecera.</p>
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		<title>Las luciérnagas.</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 02:42:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Coahuila]]></category>
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					<description><![CDATA[Les voy a confesar una crueldad: de niño, escribía mi nombre con luciérnagas. No era el único niño que lo hacía, aunque sé que eso no me libera de culpa. Primero, las atrapábamos en botellas, disfrutábamos verlas iluminando aquel cristal y luego, cuando empezaban a quedarse como muertas, las sacábamos una por una y con [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">Les voy a confesar una crueldad: de niño, escribía mi nombre con luciérnagas.</p>
<p style="text-align:justify;">No era el único niño que lo hacía, aunque sé que eso no me libera de culpa. Primero, las atrapábamos en botellas, disfrutábamos verlas iluminando aquel cristal y luego, cuando empezaban a quedarse como muertas, las sacábamos una por una y con el dedo las aplastábamos sobre las paredes o las banquetas. No escribíamos todos nuestros nombres, si acaso el apodo, las iniciales, el apelativo.</p>
<p style="text-align:justify;">Ahora que vuelvo a Zaragoza de vez en cuando y veo que ya no hay tantas luciérnagas en las noches de los patios de mi infancia, siento la pesadumbre de aquella barbaridad. Si no hubiera escrito mi nombre con luciérnagas, quizás ahora habría más. </p>
<p style="text-align:justify;">No sé, tal vez también faltan nogales y acequias. Cuando al pueblo vuelvo yo  y antes han vuelto las lluvias o ha corrido agua por las acequias, me siento en el patio y veo las luciérnagas titilar. Recuerdo que en la infancia algunas eran más rápidas que otras, que en mi pensamiento infantil, me parecía que algunas tenían un casco de astronauta, que quizás venían de otro planeta, que no respiraban nuestro aire y por eso tenían esa especie de burbuja trasparente en sus cabezas.</p>
<p style="text-align:justify;"> Es claro que uno no puede volver a ser niño, pero también lo es que en los hijos o hijas de uno, uno se repite, o al menos lo intenta o lo desea. Me pregunto qué pensarían mis hijas de ver esa maravilla de las linternas iluminando tenuemente la oscuridad de los patios norestenses. Quién sabe. Otras maravillas disfrutan otras infancias en otras partes; porque el mundo siempre tiene las dos cosas, es decir, niños y maravillas, o tal vez son la misma cosa.</p>
<p style="text-align:justify;">Este verano de lluvia, las luciérnagas volvieron a Zaragoza y también volví yo. El niño que un día fui, les pide perdón, por haber escrito mi nombre con varias de ellas.</p>
<p style="text-align:justify;"> Nos leemos luego, raza. Gracias a todos los que pasan por acá. </p>
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		<title>Tal vez por ahí empezó.</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Oct 2012 19:02:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así empezamos]]></category>
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					<description><![CDATA[Tiempos hubo, muchachones, en que no había Internet. Sí, como lo leen: no había Internet. Había sí, muchos libros, enciclopedias y bibliotecas. Pues bien, de esos tiempos soy yo. Llegaban al pueblo los vendedores de libros, a veces pasaban casa por casa, a veces sólo a las que ya eran clientes. Y si querías las [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">Tiempos hubo, muchachones, en que no había Internet. Sí, como lo leen: no había Internet. Había sí, muchos libros, enciclopedias y bibliotecas. Pues bien, de esos tiempos soy yo.</p>
<p style="text-align:justify;">Llegaban al pueblo los vendedores de libros, a veces pasaban casa por casa, a veces sólo a las que ya eran clientes. Y si querías las últimas novedades, había que suscribirse al catálogo bibliográfico semestral. A veces llegaba, a veces no (el correo postal no era tan eficiente); y cuando llegaba, era un pasquín de tres o cuatro hojitas de papel amarillo. Un listado de títulos debidamente clasificados y eventualmente la imagen de la portada del libro.</p>
<p style="text-align:justify;">Un día, papá me dejó escoger algunos de la sección infantil y yo escogí “Las mil y una noches”, mi hermano unos libros de Judo y Kung Fu, entre otros. Luego venía la larga espera de meses desde que se enviaba el pedido a vuelta de correo y llegaban los libros solicitados, previo pago por giro postal. (El giro postal era una especie de Western Union de antes, lo cual ya es mucho decir).</p>
<p style="text-align:justify;">Llegaban también los vendedores de enciclopedias, siempre había uno que anunciaba vender la más moderna y actual. Como en la casa todos éramos estudiantes –unos brillantes, yo era más bien inquieto-, papá compró varias: la de historia universal, la técnica-científica, la ilustrada, luego la gran enciclopedia ilustrada, luego la nueva gran enciclopedia ilustrada y luego la nueva gran enciclopedia técnica científica ilustrada; y así; no podía faltar el libro del año, México a través de los siglos o las de Time Life.</p>
<p style="text-align:justify;">El punto es que no había Internet y cuando a uno le encargaban tarea, había que buscar en la enciclopedia. Tengo el gusto y el orgullo de poder decir que jamás, jamirts, never, nev’a eva’, llegué a la escuela sin haber encontrado aunque sea un dato de aquello que nos encargaban investigar.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero además de las enciclopedias de consulta, había otro tipo de literatura: poesía, cuentos, diálogos, liturgias, novelas. Obras clásicas como la Ilíada, el Quijote, que por supuesto yo no leí. Era un niño, me movía más ver ilustraciones y esos libros no las tenían. Así que esos los comencé a hojear cuando ya era mayorcito.</p>
<p style="text-align:justify;">Cuando mi curiosidad se hartó de leer y hojear las mismas enciclopedias, revistas, libros, descubrí la biblioteca municipal. Y ahí fue donde la puerca torció el rabo. De entre los quizás miles de libros de su acervo, me apasionaron los de arquitectura. Me pasaba horas de la tarde sacando libros de sus lugares, ante la mirada a veces de basilisco de la bibliotecaria. O de una de ellas, había una que era muy amable. Norma, creo que se llamaba. Parecía divertirse mucho haciendo su trabajo. En fin, ahí conocí otro tipo de arte, la escultura y la arquitectura, conocí a Tamayo, a Pedro Ramírez Vázquez, a Zabludovsky, a Carlos Obregón. De estos últimos, veía los libros que describían su obra, memorizaba los planos y luego me iba a casa, pasando antes por la papelería para comprar un par de pliegos de papel bond. Hacía mis propios planos de casas imaginarias, edificios públicos, palacios, en fin. Yo quería ser arquitecto. (Dicho sea de paso, la arquitectura me sigue apasionando, quizás ya no sueño hacerla, pero igual me embelesa apreciarla y en eso paso largos ratos de varios días al mes).</p>
<p style="text-align:justify;">Estoy hablando, de allá por finales de los ochentas, principios de los noventas.</p>
<p style="text-align:justify;">Un día de aquel entonces, 92, 93, llegó al pueblo una escuela de computación. Los sedicentes maestros de la misma, recorrieron las casas buscando clientes, es decir, alumnos. Y aunque a la mía no pasaron, yo fui y los llevé. El reclutador, o lo que fuera, trataba de convencer a papá de que me inscribiera, y papá lo veía incrédulo. Yo me quedaba calladito, viendo a papá con ojos de súplica. Hasta que papá asintió. Fue mi primer encuentro con una computadora, una IBM, pantalla monocromática, verde, que sólo funcionaba con lo que entonces había: MS-DOS. Y le enseñaban a uno a programar esa cosa con los lenguajes de aquel entonces y también algo de historia de la pascalina y esas cosas. Meses después la escuela terminó en algo incierto, de todos modos papás desconfiados como el mío, no habían caído en el juego del pago por anticipado, así que el saldo a favor fue para mí, había aprendido lo suficiente, lo necesario, lo indispensable.</p>
<p style="text-align:justify;">Para cuando llegué a la prepa, ya había más computadoras en el mundo, pero no Internet. Las 20 que había en la prepa, las usábamos para lo básico: redactar trabajos, hacer carátulas e imprimir. Yo, además, las usaba para diseñar ciudades imaginarias, edificios y banquetas, inclusive.</p>
<p style="text-align:justify;">Pero volviendo al punto, creo que la primera vez que me encontré frente a una computadora con Internet, corría el año de ya no me acuerdo, pero creo que fue en el 96, en la única computadora con Internet que la Universidad Autónoma de Coahuila tenía en Torreón, sita en el edificio de la Coordinación, allá por el Boulevard Revolución. Fui a ver si con ella podía encontrar una tesis de jurisprudencia de la Corte, que nos habían encargado localizar. Mi sueño de ser arquitecto había quedado en eso, ahora sería abogado, era lo que estaba a la mano y me estaba funcionando. En fin, la mentada computadora no encontró nada. Lo que se suponía era Internet, era una cadena de comandos escritos en una pantalla igual de monócroma que aquella en la que me enseñaban a hacer programas de sumas y restas. Eso y nada, serían lo mismo en estos tiempos en los que la Internet es todo imágenes, color, video, interacción. Me quedé con la duda de si en realidad me estaban jugando una broma. Decepcionado, jamás volví a aquel centro de cómputo universitario.</p>
<p style="text-align:justify;">También de paso, he de decirle que para entonces, muchachones, no había problema en que uno presentara sus trabajos hechos a máquina. Yo los hacía a mano, redactaba todo con la letra más clara posible en mi cuaderno y luego iba corriendo al Mercado Villa, en Torreón, donde había escribientes. Sí, escribientes, señoritas a las que uno pagaba para que mecanografiaran lo que uno quisiera, a razón de $1.50 la hoja.</p>
<p style="text-align:justify;">-¿Qué dice aquí, joven? No le entiendo a su letra.<br />
-Es que está en latín, déjeme le dicto.<br />
-¿Y por qué les enseñan leyes en latín, si ya ni los padrecitos lo hablan?<br />
-Pues no sé, pero usted escríbale, que ya se me hace tarde.</p>
<p style="text-align:justify;">Debió ser hasta 1997 cuando por primera vez entré a un… creo que se llamaban “café Internet”. Grande fue mi desilusión cuando entré y lo primero que vi, fue un anuncio que decía “Prohibido entrar con alimentos o bebidas”. Es decir, que había Internet, pero no café ni galletitas. ¡Qué clase de engaño era ese!<br />
Me senté por fin, triunfante, frente a una computadora con pantalla a colores. El dueño del establecimiento me indicó cómo conectarme, se oyó el clásico chirrido de un modem dialogando con otro –yo imaginaba que uno pedía santo y seña y el otro le contestaba-, como hacían los antiguos faxes, que creo que aún existen. Y entonces abrió el explorador.</p>
<p style="text-align:justify;">Y ahí estaba yo, conectado a la Internet que ya en ese entonces era ¡una cooosa! (Julio Galán dix it) vertiginosa, llena de datos y peligros. Abrí Yahoo, era el buscador de moda, el punto de entrada para la red mundial, el portal de bienvenida y escribí: “Zaragoza, Coahuila”. ¡Enter!</p>
<p style="text-align:justify;">“Ningún resultado para Zaragoza, Coahuila”.</p>
<p style="text-align:justify;">Entonces supe que en la nueva realidad, mi Zaragoza no existía, más que en los viejos libros de historia de la biblioteca de papá. Y quizás por eso, diez u once años después, comencé este blog.</p>
<p style="text-align:justify;">¡Saludos, raza. Que Dios les bendiga grandemente!</p>
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		<title>Flotando va la leve vida…</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Feb 2012 19:01:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[De aquí y de allá]]></category>
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					<description><![CDATA[Me dicen que por qué ya no escribo, la verdad es que ni yo sé y tampoco, como a quienes preguntan, me interesa de verdad. La vida fluye, jovenazos, y uno a veces no hace más que dejarse llevar. Vas de aquí a allá, de vez en cuando estiras tus brazos y te tomas algo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Me dicen que por qué ya no escribo, la verdad es que ni yo sé y tampoco, como a quienes preguntan, me interesa de verdad.</p>
<p>La vida fluye, jovenazos, y uno a veces no hace más que dejarse llevar. Vas de aquí a allá, de vez en cuando estiras tus brazos y te tomas algo en tus manos, y sigues flotando, como cuando uno le hace al ahogado y flota y se deja llevar en las aguas de un río.</p>
<p>De un río claro, jovenazos, de un río claro y de aguas frescas, bordeado por álamos, nogales y cascajos, bajo un sol radiante norestense.</p>
<p>Así nos fluye la vida y en ella fluimos a veces, tan pero tan a gusto, que pocas ganas dan de salirse del agua a escribir.</p>
<p>Pero he aquí que aquí andamos vivos, jovenazos, disfrutando este Noreste nuestro que ya nadie nos quita nunca.</p>
<p>¡Aquí nos vidrios!</p>
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		<title>¡Saludos afectuosos!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[EuK]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Aug 2011 21:58:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Mucho tiempo sin publicar por aquí. Aún así, acabo de revisar las estadísticas y veo que siguen pasando lectores por estos rumbos. A todos los agradezco su presencia en este espacio. La sequía nos agobia en el Noreste, tanto por la falta de lluvias como por la ausencia de ellas (diría Don Burno), pliego a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:justify;">Mucho tiempo sin publicar por aquí. Aún así, acabo de revisar las estadísticas y veo que siguen pasando lectores por estos rumbos. A todos los agradezco su presencia en este espacio.</p>
<p style="text-align:justify;">La sequía nos agobia en el Noreste, tanto por la falta de lluvias como por la ausencia de ellas (diría Don Burno), pliego a Dios que pronto nos aviente un chorro&#8230; ¡y que sea de agua!</p>
<p style="text-align:justify;">¡Ahí nos vidrios, raza, no le aflojen al jale y tampoco al baile!</p>
]]></content:encoded>
					
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