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	<title>Historias de la ciencia (todo el artículo)</title>
	<link>http://www.historiasdelaciencia.com</link>
	<description>Historias y anécdotas sobre técnicos, científicos y curiosidades.</description>
	<pubDate>Wed, 15 Jul 2009 23:16:43 +0000</pubDate>
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		<title>[Libro] Lágrimas por una medalla</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Jul 2009 15:45:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre he dicho que era muy &#8220;monotemático&#8221; en cuanto a los contenidos de los libros que leo: debían ser de divulgación científica. No obstante, a veces, rompo esta costumbre. Hoy quiero hablaros de un libro que me ha dejado bastante perplejo.

¿Recordáis los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996? ¿Recordáis que la selección española ganó el oro [...]]]></description>
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<p align="justify">Siempre he dicho que era muy "monotemático" en cuanto a los contenidos de los libros que leo: debían ser de divulgación científica. No obstante, a veces, rompo esta costumbre. Hoy quiero hablaros de un libro que me ha dejado bastante perplejo.</p>

<p align="justify">¿Recordáis los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996? ¿Recordáis que la selección española ganó el oro en gimnasia rítmica por conjuntos? ¿Recordáis que en el pódium una de aquellas deportistas estaba llorando? Pues bien, no fueron las últimas lágrimas que derramó por la medalla. Y no precisamente de  emoción. A fecha de hoy tiene 29 años. Era <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tania_Lamarca" target="_blank">Tania Lamarca</a> y es la que, junto a Cristina Gallo, ha escrito este libro (las autoras <a href="http://lagrimasporunamedalla.blogspot.com/" target="_blank">tienen un blog</a>).</p>
<p align="justify">En él explica su historia desde que empezó en la gimnasia como diversión, pasando por la alta competición hasta que la echaron porque pesaba 43,5 Kg cuando le pedían 41. Empieza fuerte desde el principio:</p>
<p align="justify"><em>Quiero contar la historia de una medalla, de los sacrificios, las renuncias, la entrega, la lucha de unas niñas por alcanzar un sueño, el sueño de todo deportista: subir a lo más alto del pódium en unos Juegos Olímpicos. Pero lo que quiero dar a conocer es la historia de una mujer que salió del gimnasio sin más equipaje que un puñado de medallas en la mano y descubrió un mundo en el que tan preciados metales no servían más que para adornar la vitrina de su casa.</em></p>
<p align="justify">Ya cuando empezó en el mundillo, al hacer las pruebas para el ingreso en el equipo nacional le dijeron que no daba la talla: medía 1,54 cm. No obstante, acabaron aceptándola. Fue a vivir en una casa donde cerraban la cocina con candado. Nos habla del <em>Emilio</em>: un aparato negro y cuadrado por el que tenía que pasar, al igual que todas las demás. Se refiere a la báscula.</p>
<p align="justify">Explica su rutina de vida: desayuno-entreno-comida-entreno-cena. Explica los maratonianos entrenos que les impedía muchas veces asistir a la escuela. Y a la que había torneos, menos. Si el entrenamiento iba mal les obligaban a quedarse entrenando más incluso hasta las doce de la noche. Su profesor de Física y Química llegó a tenerles que dar clases a las once de la noche. A la mañana siguiente se sujetaba la cabeza como si estuviera escuchando y dormía en la clase. El profesor no decía nada. También se dormía en las charlas del psicólogo, aunque a este no le importaba, pues decía que su "subconsciente seguía trabajando".</p>
<p align="justify"><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Est%C3%ADbaliz_Mart%C3%ADnez" target="_blank">Estíbaliz</a>, una compañera, se quejó de un pie y nadie le hizo caso. Siguió entrenando con dolor hasta que averiguaron que se había roto un dedo. Más tarde, se rompió el menisco poco antes de los mundiales, pero aun así, siguió entrenando. Impresionante.</p>
<p align="justify">La comida es una parte central de la historia. El elemento común era la falta de pan. Después de la cena se amontonaban en el sofá para ver la tele y a partir de las once de la noche, a dormir. A partir de esa hora no se podía llamar ni a los padres. Veían series como "Lo que necesitas es amor" o "Médico de familia" y se fijaban, sobre todo, en la comida, el zumo de naranja y los caramelos. Dice que ella no pasó hambre, pero muchas compañeras suyas sí. Les controlaban todo lo que comían. Aparte de pesarlas, les registraban las habitaciones y revolvían los cajones, armarios, camas, etc., en busca de comida. Claro, esto se traducía en técnicas como cajones de doble fondo para guardar chocolate. Llegaban a tener tanta fijación que coleccionaban los envoltorios de las chuches que se comían.</p>
<p align="justify">Al volver del mundial le dolían las rodillas y los codos. Estaba muy justa de peso y le detectaron bajos niveles de potasio. La solución fue para ella magnífica: ¡tenía que comer un plátano todos los días! En las mismas Olimpiadas, incluso los atletas y entrenadores españoles de otras disciplinas se dieron cuenta de lo poco que comían.</p>
<p align="justify">Se apuntaba en chuletas lo que iba a contar a sus padres cuando venían a verla. Los días más tristes eran los lunes después de haber estado con sus familias, lo que se notaba en sus entrenamientos. Por ello, quince días antes de una gran competición les prohibían las salidas y visitas de los padres. Explica que algunos de aquellos domingos eran demenciales: doce chicas adolescentes en una casa durante un día entero. Las horas se hacían eternas.</p>
<p align="justify">En los europeos, en que quedaron plata con cinta y pelotas y bronce con aros, al regresar a España, no hubo ninguna recepción oficial. Sólo algunos periodistas en el aeropuerto. Les dieron menos de una semana para estar con su familia y vuelta al entreno.</p>
<p align="justify">Para la preparación del campeonato del mundo, no tenían vacaciones. Su calendario laboral no entendía de fiestas, puentes, Semana Santa, verano o Navidad. Como querían ser gimnastas, estaban dispuestas a sacrificarlo. Y es que con quince años no se planteaban su futuro.</p>
<p align="justify"><em>Ser campeonas del mundo no es cualquier cosa, aunque la gente se empeñase en demostrarnos lo contrario. A nadie le importó nuestra anterior victoria mundialista en Viena. Sigue sin importarles. A veces me parece que en este país todos los días se ganan medallas, que es fácil conquistar los títulos, porque se olvidan rápido de las victorias. Y no me refiero al público en general, que al fin y al cabo, se entera de lo que los medios dan a conocer, sino a los mandatarios, los responsables deportivos que exprimen a sus atletas hasta que se quedan sin jugo para después desecharlos.</em></p>
<p align="justify">En el avión para ir a las olimpiadas de Atlanta les tocó ir sentadas detrás de los futbolistas. Al hablar con ellos, se quedaron parados cuando les dijeron que entrenaban ocho horas diarias y que algunos días salían a las doce de la noche. Claro, los futbolistas lo hacen dos horas, tres en los días fuertes. Les dijeron que ellos ganaban mucho dinero, y cuando les respondieron (los futbolistas) que ganaban el dinero justo, Esti les comentó que ellas tenían la beca y ya está. Los mismos futbolistas no lo vieron justo y reconocieron el desfase abismal entre unos y otros.</p>
<p align="justify">Hay quien podrá pensar que quejarse por no cobrar más es algo habitual, pero cuando hay mandatarios que ganan cifras enormes con dudosa moralidad y legalidad aprovechando el esfuerzo de los deportistas para relegarlos más tarde al olvido es un tema que tendría que debatirse.</p>
<p align="justify">Por ejemplo, tuvieron que hacer un par de anuncios para la TV. Nadie las avisó ni se lo comentó. Aunque para ellas era un descanso, no recibieron ingresos extra, regalos ni atenciones. Era un precio, por lo que se ve, que debían pagar por tener una beca.</p>
<p align="justify">Al subir al pódium de Atlanta, les dijeron que se pusieran ciertos maillots con un patrocinador. Resulta que la Carta Olímpica lo prohíbe expresamente y el presidente de la federación les dijo que si les preguntaban algo sobre ellos, dijeran que había sido diseñado por ellas. Las gimnastas, por supuesto, desconocían todo esto. Habían recibido una reclamación que había estado a punto de quitarles el oro. El presidente de la federación  les dijo que cobrarían un buen dinero por ello. Todavía hoy no sabe quién se benefició. Ellas, desde luego, no.</p>
<p align="justify">Y tampoco creáis que por estar en Atlanta pudieron estar al tanto de las otras competiciones. No podían distraerse de su objetivo, así que no vieron ni el oro de Induráin, ni la plata de Cacho, ni las medallas de boxeo de balonmano, hockey y tenis, etc.</p>
<p align="justify">Luego venían las exhibiciones. En una gala les pagarían cien mil pesetas (600 euros) por actuación, pero la federación se quedaba el 25% en conceptos de gastos de organización. Tampoco cobrarían nada por exhibiciones en el extranjero. Les decían que iban a percibir un porcentaje de la venta de camisetas y otros objetos conmemorativos de las medallas. Tampoco supieron nada de ese dinero.</p>
<p align="justify">Y por si fuera poco, las culpabilizaban. A Estíbaliz, mientras estaba lesionada, le dijeron: <em>Tu cole cuesta dinero, tu piso cuesta dinero, tú cuestas dinero y no estás entrenando</em>. Se sintió culpable y lo dejó. Hoy trabaja como instructora de pilates.</p>
<p align="justify">Explicaron a sus padres que tenía sobrepeso: medía 1,58 y pesaba 46 Kg. Si no bajaba hasta 41 la echarían. Y claro, tampoco le decían el momento en que iban a pesarla, así que tenía que contenerse incluso en los desayunos. Le llegó a dar una lipotimia. Sin importarle cómo estaba, la pesaron. La báscula dio 43,5 Kg. La echaron. Así de fácil.</p>
<p align="justify">La vuelta a la vida normal no fue nada fácil. Y tampoco recibió ayuda alguna de los estamentos federativos:</p>
<p align="justify"><em>Siempre me habían marcado la pauta a seguir: hoy competimos aquí, viajamos allá, entrenamos acá. En cambio, nadie me advirtió que después estaría sola. Años de entrenamiento psicológico para ser la mejor, la más fuerte, la campeona y ni medio minuto de asesoramiento para enfrentarme al mundo real, para enfocar mis estudios, para buscar una profesión. Ni una sola palabra de ayuda ni un consejo para afrontar el día después.</em></p>
<p align="justify">Se encontró con 18 años teniendo que asistir a 2º BUP. Sus compañeros tenían dos años menos que ella. Creían que era millonaria por ser campeona olímpica. Nunca se integró. Quería sentirse útil, así que buscó trabajo y le ofrecieron trabajar de dependienta en una perfumería por las tardes.</p>
<p align="justify">¿Y qué se aprende en la escuela? No sé si ella aprendió mucho, pero tuvo que tragar lindezas como estas de una monja:</p>
<p align="justify"><em>¿Tú qué te crees? Has hecho una cosa muy mal en la vida: dedicarte a algo tan insignificante como el deporte y dejar algo tan importante como los estudios.</em></p>
<p align="justify">Sin comentarios.</p>
<p align="justify">El entonces presidente de la federación, Jesús Méndez, dejó la presidencia para irse a Colombia como director de la empresa a la que se había donado el dinero de la gira colombiana: <em>Con él se fueron todos aquellos contratos verbales, todas las promesas vanas que acepté en mi ingenua creencia de que los dirigentes velarían por mi futuro</em>.</p>
<p align="justify">El único dinero que podían reclamar legalmente era el que la federación debería haberles pagado por la medalla de oro. Pero no creáis que lo cobró al momento: tardaron más de cuatro años en pagarle y gracias, entre otras, a denuncias de periodistas como José María García. Y tampoco os lo perdáis: querían hacerles firmar el recibo con fecha falsa para luego poder decir que las denuncias habían sido en falso. Cuando les entregaron el cheque, ningún directivo estuvo presente. Esa foto no interesaba.</p>
<p align="justify">Después de casi caer en una depresión, por suerte, ha podido hacer una vida "normal":</p>
<em>He madurado, veo las cosas de otra manera. Soy feliz con mi modo de vida, aunque no ha sido gracias al título de campeona olímpica.</em>
<p align="justify">Y finaliza con una frase que da mucho que pensar: <em>Lo mucho que siempre cuesta una medalla y lo poco que tantas veces vale</em>.</p>
<p align="justify">Ya veis cómo es el retiro y retorno  la sociedad en este país de una atleta con un palmarés de medalla de oro olímpica, doble campeona del mundo, dos veces subcampeona de Europa y campeona de España.</p>
<p align="justify">Sé que Tania tiene hoy una hija. En caso de que le dijera de mayor que quiere ser gimnasta y conseguir el oro olímpico, me pregunto qué le diría o qué le aconsejaría.</p>
<p align="justify">Buen libro. Relato sobrecogedor. Muy recomendable. Apto para todos los públicos.</p>
<p style="text-align: center"> <img src="wp-content/uploads/2009/07/libro_lagrimas_medalla.jpg" title="Portada del libro" alt="Portada del libro" /></p>
Título: "Lágrimas por una medalla"
Autoras: Tania Lamarca y Cristina Gallo

Otras opiniones del libro:
<a href="http://blogs.periodistadigital.com/libros.php/2008/04/23/-lagrimas-por-una-medalla-de-tania-lamar" target="_blank">Periodista Digital</a>
<a href="http://galega.wordpress.com/2008/04/16/lagrimas-por-una-medalla-2/" target="_blank">http://galega.wordpress.com/2008/04/16/lagrimas-por-una-medalla-2/</a>]]></content:encoded>
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		<title>[Libro] Conviértase en brujo…</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 19:01:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[Ante todo, disculpad porque últimamente no puedo estar mucho por el blog y apenas contesto comentarios. Las circunstancias pueden conmigo. Pero tranquilos, que todavía tenéis historias de la ciencia para rato.
Georges Charpak es Premio Nobel de Física de 1992 y miembro del CERN, y Henri Broch es profesor de Física de la Universidad de Niza-Sophia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
<p align="justify">Ante todo, disculpad porque últimamente no puedo estar mucho por el blog y apenas contesto comentarios. Las circunstancias pueden conmigo. Pero tranquilos, que todavía tenéis historias de la ciencia para rato.</p>
<p align="justify">Georges Charpak es <a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1992/index.html" target="_blank">Premio Nobel de Física de 1992</a> y miembro del CERN, y Henri Broch es profesor de Física de la Universidad de Niza-Sophia Antipolis donde se dedica, entre otras cosas a desenmascarar fenómenos paranormales. Ambos son los autores del libro que os quiero comentar hoy y dicen que si aprendemos a engañar a los demás estaremos mejor preparados para descubrir a los que nos quieren engañar. Para ello, dan un repaso a las diferentes formas de supersticiones, fenómenos paranormales desenmascarándolos de forma tajante.</p>

<p align="justify"> Explican cómo los medios de comunicación dan alarmas sobre si hay radiación en determinadas situaciones cuando el escape tiene una intensidad menor que la que existe de forma natural. Todo ello acompañándolo con una lección sobre radiación y dosimetría (un tema del que nunca he hablado y que puede que haga en un futuro artículo).</p>
<p align="justify">Pero lo que ataca, sobre todo, es a la pseudociencia, como por ejemplo, la astrología. En una ocasión pidieron a un montón de estudiantes que dieran sus nombres y apellidos, fecha y hora de nacimiento y tema de su último sueño. Todo ello escrito a mano. Se trataba de inducir la idea de que se les iba a hacer una carta astral a través de las coordenadas del nacimiento, análisis grafológico, etc.</p>
<p align="justify">Una semana más tarde se entregó a cada uno de los participantes una carta personalizada de su carácter a todos ellos. El texto finalizaba con la pregunta: ¿En qué grado piensas que esta descripción se ajusta bien a ti? Y había al lado unas casillas con las opciones "Excelente", "Bueno", "Bastante Bueno", "Bastante Malo", "Malo", "Falso".</p>
<p align="justify">El 69% de los estudiantes consideraron que era "Excelente", "Buena" o "Bastante Buena". Pero ¡ay!, los estudiantes desconocían que todas las cartas eran estrictamente <em>idénticas</em>: todos los participantes habían recibido el mismo texto.</p>
<p align="justify">Este tipo de experimentos ya había sido hecho en 1948 por el psicólogo Bertram Forer. Esto corrobora, una vez más, el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Forer" target="_blank">Efecto Forer</a> (el libro lo llama "efecto pozo"). Puede resumirse así: cuanto más vago es un discurso, más pueden identificarse con él las personas que lo escuchan. Pensad en la frase: <em>A veces, usted forma parte de los fuertes</em>. Cada lector lo interpretará a su manera: uno dirá "soy fuerte en inglés", otro dirá "soy fuerte en bricolaje", otro dirá "mis músculos son fuertes", etc. El libro  da más ejemplos:</p>

<ul>
	<li>
<p align="justify">Necesita que los demás le quieran y admiren, pero puede ser crítico consigo mismo.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Aunque tenga ciertas debilidades de carácter, generalmente es capaz de compensarlas.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Posee considerables capacidades no empleadas que no ha utilizado en su propio beneficio.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Algunas de sus aspiraciones tienden a ser poco realistas.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Es disciplinado y demuestra autocontrol exteriormente, pero tiene tendencias a ser inquieto e inseguro interiormente.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">A veces tiene serias dudas si ha tomado la decisión correcta.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Prefiere un poco de cambio y variedad, y no está satisfecho cuando se encuentra bloqueado por restricciones o limitaciones.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Unas veces es extrovertido, afable y sociable, en cambio otras veces es introvertido, prudente y reservado.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Se siente orgulloso de sí mismo como pensador independiente y no acepta las declaraciones de los demás sin pruebas suficientes.</p>
</li>
	<li>
<p align="justify">Considera imprudente ser demasiado sincero mostrándose tal como es a los demás.</p>
</li>
</ul>
<p align="justify">Todas estas frases son lo suficientemente vagas como para que cualquier persona se sienta identificada con ellas y pueden formar parte de cualquier carta astral. Este efecto explica, en gran medida, el éxito de los horóscopos.</p>
<p align="justify">El efecto Forer no sólo está en el campo de la astrología. También en la política tenemos cosas así. Si estáis interesados, <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/opinion/?p=19" target="_blank">aquí os dejo el enlace</a>.</p>
<p align="justify">En todas las creencias interviene a menudo lo que podríamos llamar "la experiencia personal". Cualquier argumento racional tropieza sistemáticamente con una respuesta de este tipo. "Pero no puede usted decirme que no existe, porque yo lo he vivido", "yo lo he visto", "yo lo he sentido", "yo lo he percibido", etc.</p>
<p align="justify">¿Cómo hacer comprender a una persona que su experiencia no constituye una prueba? Si alguien afirma que el día anterior fue su día de suerte porque ganó el gordo de la lotería, sería difícil persuadirle de que ese día no tenía nada de particular antes de que se enterara de la buena noticia.</p>
<p align="justify">La experiencia personal no es una prueba por diversas razones. La principal es que lo que decimos sobre nuestra experiencia es, con mucha frecuencia, subjetivo. Incluso una experiencia que parece concreta se describe de forma subjetiva. Por ejemplo, si os pido que recordéis la escena de cómo estabais bebiendo el último vaso de agua antes de leer este artículo, ¿qué veis? (pensadlo antes de continuar leyendo).</p>
<p align="justify">La mayoría de vosotros habrá pensado en una persona bebiendo agua de un vaso: ¡os veis a vosotros mismos bebiendo!. Pero el recuerdo real es sólo la visión del vaso, de la mano y del agua; no de una persona (que representa que sois vosotros) bebiendo un vaso de agua. Ese recuerdo es, por tanto, es subjetivo.</p>
<p align="justify">Otros fenómenos aparentemente asombrosos pueden explicarse perfectamente por un cálculo estadístico. Imaginaos que hay un programa de TV en el que sale un médium que afirma que es capaz de fundir bombillas. Explican que encendáis 5 o 6 bombillas durante una hora o más y que si a alguien se le funden, llame por teléfono. Empieza a haber llamadas y rápidamente se piensa que el médium tiene poderes paranormales.</p>
<p align="justify">Supongamos que es un programa de mucha audiencia y que logramos tener unos 2 millones de bombillas encendidas durante una hora con personas que están viendo el programa (400.000 personas con 5 bombillas cada una). La duración media de una bombilla incandescente es de 1000 horas. De forma aleatoria tendremos 2000 bombillas con 1 hora de vida, otras 2000 con 2 horas de vida, otras 2000 con 3 horas de vida, ..., 2000 con 999 horas de vida y 2000 con 1000 horas de vida. Si el programa dura una hora, estas últimas 2000 serán las que se fundan. O sea, que por puro azar se fundirán unas 2000 bombillas durante la emisión.</p>
<p align="justify">Otro ejemplo explicable con estadísticas. Son las 6.04 horas de la mañana y piensas en un familiar lejano al que no has visto durante años y que está en el extranjero. Suena el teléfono a las 6.08 y te dicen que ese familiar ha fallecido. ¿Premonición? Dejo este detalle para que lo leáis del propio libro.</p>
<p align="justify">Uno de los mejores atributos del cerebro humano es su capacidad altamente desarrollada para reconocer una trama en lo que nos rodea y buscarle después un significado. Intentamos comprender su entorno y eventualmente adaptarnos a él, para lo cual es esencial esta habilidad de detección de tramas. Esto muestra indudablemente nuestra gran agilidad intelectual. El problema es que no sabemos inhibir esta facultad. Nuestro cerebro persiste en la idea de buscar una trama, un significado y un sentido incluso donde no hay ninguno. Y entonces cometemos graves errores.</p>
<p align="justify">El 12 de julio de 2001 se realizó una de las últimas pruebas del <em>Prix-Défi</em> internacional de los 200.000 euros que ofrecía ese premio a cualquier persona que pudiera demostrar un fenómeno paranormal, fuera el que fuera. Hubo un candidato que dijo que detectaba agua fácilmente con una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Zahor%C3%AD" target="_blank">varilla zahorí</a>. La prueba se la hicieron en el césped del Campus de la Facultad de Ciencias de Niza.</p>
<p align="justify">Con la ayuda de su varilla, el zahorí definió una amplia superficie en la que no había, según él, ninguna fuente subterránea capaz de interferir con el experimento. Se puso una toma de agua suficientemente lejana (para que no interfiriera) que traía agua a través de una tubería. Dicha tubería se dividía en otras 10 que tenían una válvula. Cuando la válvula se abría, el agua pasaba, cuando estaba cerrada, no pasaba agua. Os muestro un esquema:</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/06/zahori.jpg" title="gráfico del esquema del experimento" alt="gráfico del esquema del experimento" /></p>
<p align="justify">Los tubos estaban separados 12 cm, cuando el zahorí decía que le bastaba 1 cm de separación. Tenía que decir, con la ayuda de su varilla, el número de la tubería por la que pasaba agua. La prueba se realizó 20 veces y la varilla marcó perfectamente una tubería cada vez. ¿Sabéis cuántas veces acertó? Dos veces. Dos sobre veinte es lo que da el azar: el azar más completo y el fracaso más absoluto.</p>
<p align="justify">- Y sin embargo, les aseguro que esto funciona -dijo- yo detecto agua. ¡Miren! ¡Observen el tubo de llegada por el que circula el agua! Cierro los ojos, cierro realmente los ojos...</p>
<p align="justify">Cerró los ojos, avanzó con la varilla y, con un movimiento brusco, dicha varilla giró entre sus manos señalando, efectivamente, el lugar preciso donde se encontraba el tubo de llegada de agua en el suelo.</p>
- ¡Bien! ¿Puede volver a empezar?
<p align="justify">Cerró los ojos, avanzó y la varilla, con un movimiento brusco, señaló el preciso lugar donde se encontraba el tubo anteriormente. Solo que esta vez, sin que se hubiera dado cuenta, los científicos le habían desplazado el tubo.</p>
<p align="justify">Más tarde, aconsejado por los investigadores, el zahorí realizó una prueba con un miembro de su familia. Una prueba simple: un solo tubo en el que sólo debía detectar con su varilla si el agua estaba circulando o no. Un pariente abría o cerraba el grifo. Los cien intentos que se realizaron no pusieron de manifiesto ninguna aptitud de detección de agua por medio de la varilla.</p>
<p align="justify">Habla de lo que llama el "efecto  biestándar". Por ejemplo, a la pregunta "La garantía de la ciencia a favor de lo paranormal, ¿constituiría un argumento de peso a su favor?" Sin duda, se obtendría un sí categórico. Pero ahora planteamos la segunda pregunta: "Si la ciencia rechazara lo paranormal, ¿disminuiría su adhesión a ello?" Y obtendremos un no también casi unánime. Es como cuando uno presenta la solicitud de adhesión a un club: si la acepta, es un buen club; si la rechaza es un mal club.</p>
<p align="justify">Esta ambigüedad doble estándar aparece mucho entre los partidarios de las pseudociencias y las medicinas llamadas "alternativas".</p>
<p align="justify">También es gracioso ver cómo la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Telequinesis" target="_blank">telequinesia</a> ha bajado de capacidad para mover pesos con el tiempo. Se supone que el <em>maná</em> desplazó hace varios siglos las estatuas de la isla de Pascua. En el año 1850 este mismo poder era capaz de mover masas pesadas, es decir, un centenar de kilos. Unas décadas más tarde, eran los duendes traviesos, los espíritus golpeadores que se dedicaban a cacerolas y utensilios de cocina de un kilo de peso. Actualmente, cuando los médiums se concentran mucho, con este poder, dicen poder desplazar un ínfimo pedazo de papel de aproximadamente un gramo.</p>
Resumiendo: el fenómeno ha decrecido en un factor un millón a lo largo del tiempo.
<p align="justify">El ser creyente en este tipo de cosas no es propiedad privada de los no científicos. En cierta ocasión, una persona que preparaba sus oposiciones a Ciencias Físicas preguntó durante una comida a ocho colegas si creían en lo paranormal. De sus ocho colegas uno visitaba regularmente a un magnetizador, lo cual sólo sorprendió a uno de los otros; tres creían en la telequinesia; cuatro pensaban que ciertos fenómenos siempre serán inexplicables y no creían poder disociar ciertos fenómenos de conceptos como "alma" o "Dios"; y todos sin excepción creían en la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Telepat%C3%ADa" target="_blank">telepatía</a>.</p>
<p align="justify">Y añadía que es "imposible discutir sobre la credibilidad de estos fenómenos sin ofender profundamente a los creyentes en cuestión".</p>
<p align="justify">También habla de los que predicen el futuro. En cierta ocasión, un adivino juró sobre su propia cabeza a uno de los cuatro hijos de un noble mongol llamado Darah, enamorado de la astrología, que llevaría la corona. Ante la sorpresa por tamaña temeridad, el astrólogo declaró: "Una de dos, o Darah subirá al trono y yo haré fortuna, o será vencido y después asesinado, con lo cual no tendré nada que temer de él".</p>
<p align="justify">Y tampoco debe olvidarse que la falibilidad permanente es muy improbable. Nadie tiene el privilegio de equivocarse siempre. Tan poco probable es acertar siempre como equivocarse siempre. Así que: predecid cosas, porque alguna seguro que acertaréis. Lo contrario sería lo sorprendente.</p>
<p align="justify">En fin, el derecho a soñar sólo adquiere todo su valor si se acompaña del derecho a la lucidez.</p>
<p align="justify">Libro interesante, divertido, ameno y muy explicativo.</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/06/libro_brujo_sabio.jpg" title="Portada del libro" alt="Portada del libro" /></p>
Título: "Conviértase en brujo, conviértase en sabio"
Autores: Georges Charpak y Henri Broch

Otras lecturas:
<a href="http://blogs.elcorreodigital.com/magonia/2003/7/15/la-sabiduria-los-brujos" target="_blank">http://blogs.elcorreodigital.com/magonia/2003/7/15/la-sabiduria-los-brujos</a>
<a href="http://digital.el-esceptico.org/leer.php?id=1672&amp;autor=245&amp;tema=129" target="_blank">http://digital.el-esceptico.org/leer.php?id=1672&amp;autor=245&amp;tema=129</a>
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		<title>Publicaciones científicas</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Jun 2009 13:45:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Los científicos, al igual que el resto de la población, también son (somos, si me permitís) unos ignorantes en lo que a ciencia se refiere. El hecho de conocer en profundidad un campo específico de la ciencia no implica automáticamente que un investigador sea un sabio en cultura científica. Robert Hazen y James Trefil preguntaron [...]]]></description>
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<p align="justify">Los científicos, al igual que el resto de la población, también son (somos, si me permitís) unos ignorantes en lo que a ciencia se refiere. El hecho de conocer en profundidad un campo específico de la ciencia no implica automáticamente que un investigador sea un sabio en cultura científica. Robert Hazen y James Trefil preguntaron a un grupo de 24 físicos y geólogos la diferencia entre el ADN y el ARN. Sólo tres supieron responder, y ya no tanto por tener cultura científica, sino porque habían investigado en las áreas en que necesitaban estos conocimientos. Así que también necesitamos acceder a conocimientos vía la divulgación.</p>

<p align="justify">La revista <em>New Scientist</em> nació en Londres en 1956 cuando todo el mundo conocía la relación entre ciencia e industria e iba destinada a los empresarios. Contra todo pronóstico, no fueron los empresarios los que mostraron gran interés, sino los científicos. Se transformó en una revista de gran difusión en el campo de la alta divulgación. Hoy tiene una tirada de más de 100.000 ejemplares por semana y medio millón de lectores.</p>
<p align="justify">Dicha revista hizo un autoanálisis y descubrió que el 80,9% de los lectores tenían algún título científico. ¿Por qué esta gente leía una revista de alta divulgación? La respuesta es que hoy día la ciencia está demasiado especializada. Por ejemplo, los físicos de partículas y los que se dedican al estado sólido tienen dificultad para entenderse entre ellos. Lo mismo sucede entre químicos orgánicos e inorgánicos. En 1990, en un simposio sobre Periodismo Científico en Barcelona, Michel Kenward afirmó que escribir biología para físicos requiere una traducción de bastante sofisticación y que si alguien era capaz de convertir un fragmento de biología molecular moderna en algo comprensible para un físico, había bastantes probabilidades de que un profano razonablemente inteligente también lo entendería.</p>
<p align="justify">Pero hacer publicaciones también tiene sus problemas. Por ejemplo, el idioma. Para que una publicación salga en alguna de las revistas de primera fila los artículos deben estar escritos en inglés, y además correctamente, pues si los revisores no lo entienden, lo rechazan automáticamente. Es un requisito casi imprescindible. Tanto, que algunos editores recomiendan que antes de enviarse un artículo los revise alguien que tenga el inglés como lengua materna.</p>
<p align="justify">También hay otro tipo de discriminaciones. En el <em>New England Journal of Medicine</em>, un editor dejó ir la siguiente lindeza: "Los países más pobres tienen más cosas por las que preocuparse que no hacer investigación de calidad. Allí no existe la ciencia". En Investigación y Ciencia lo criticaron. Y, la verdad, es que es muy criticable, ¿verdad?</p>
<p align="justify">Estas discriminaciones también se han dado a la hora de conceder Premios Nobel. El de medicina y fisiología de 1988 se concedió a 3 farmacéuticos norteamericanos cuyo trabajo les permitió la identificación del óxido nítrico como molécula que regulaba la presión sanguínea. Pero había otro científico: el hondureño <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_Moncada" target="_blank">Salvador Moncada</a>. Tenía los mismos méritos, si no más, que los anteriores. Recibió el Príncipe de Asturias de 1990, pero el Nobel se le quitó evidentemente por razones muy poco científicas. Hay quien dice, incluso, que <a href="http://bvs.sld.cu/revistas/car/vol13_1_99/car01199.htm" target="_blank">merecía dos Premios Nobel y no uno</a>.</p>
<p align="justify">También aquí cabría hablar de quiénes firman un artículo. Existen artículos cuyo número de firmas es superior al número de páginas del mismo. También existe un científico cuya firma seguía apareciendo en diferentes artículos aun después de muerto. Hay personas que firman artículos y han participado poco o nada en ellos, pero les ha servido para potenciar un currículum o dar prestigio a un equipo.</p>
<p align="justify">El silencio de las revistas puede dar, a veces, un indicio que algo político gordo sucede. En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, el físico soviético <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Georgy_Flyorov" target="_blank">Georgy Flyorov</a> escribió una carta a Stalin para informarle de lo que consideraba un hecho sorprendente. Este científico tenía mucho tiempo libre y lo mataba leyendo revistas científicas de la Universidad de Verónezh. Observó que las publicaciones inglesas y norteamericanas habían dejado de hablar de la fisión nuclear. Ello sólo podía indicar que tenían algún proyecto en marcha. Stalin, que seguramente ya estaba informado por otras fuentes, movilizó a sus espías científicos y a finales de aquel mismo año creó un laboratorio de física nuclear. Cuando Churchill y Truman le informaron sobre la existencia de una nueva bomba en 1945 , el dictador ruso sabía perfectamente de lo que hablaban. Pero se hizo el sorprendido.</p>
<p align="justify">Otra cuestión es: en el momento en que llega un artículo a la redacción de una revista de alta divulgación científica, ¿quién decide si debe publicarse o no? ¿cuáles son los criterios de selección?</p>
<p align="justify"><em>Nature</em>, por ejemplo, basa su prestigio en la exigencia de calidad. Su fundador fue Thomas Henry Huxley el 4 de noviembre de 1869. La presencia fundamental de cartas al editor pronto fue aprovechada para establecer un canal de intercambio de experiencias científicas. Hoy día publican unos 55.000 ejemplares con unos 200 artículos semanales procedentes de laboratorios y universidades de todo el mundo. Es una revista, realmente, muy importante. Para que os hagáis una idea: es en la que James Watson y Francis Crick anunciaron la estructura del ADN.</p>
<p align="justify">Los artículos son valorados por el director y una quincena de redactores (fundamentalmente biólogos y físicos) que hacen una primera selección de los mismos. Uno de cada dos artículos se devuelve por falta de interés, porque es demasiado largo o porque está mal escrito. El resto se envía a un par de especialistas en cada campo para que valoren la idoneidad y novedad de las ideas que se exponen. Sólo uno de cada diez se acaba publicando.</p>
<p align="justify">El problema es que, a veces, todo este juicio es subjetivo y cabe plantearse si puede considerarse censura. John Maddox, quien fue su director durante 23 años (y que <a href="http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/John/Maddox/ex/director/revista/Nature/elpepinec/20090415elpepinec_2/Tes" target="_blank">murió hace poco</a>) , defendía este derecho de censura dándonos el ejemplo de no publicar un artículo de Peter Duesberg donde se afirmaba que la causa del SIDA no era el VIH, sino el consumo de drogas. Lo consideró irresponsable, pues perturbaba el esfuerzo por detener la propagación del virus y falto de pruebas.</p>
<p align="justify">Pero cuidado, que no siempre que se rechaza un artículo se acierta de igual manera. Por ejemplo, en su momento, Nature rechazó un artículo de Fermi sobre la desintegración beta diciendo que era muy especializado; en 1937 lo hizo con una carta en la que Hans Krebs describía el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ciclo_del_%C3%A1cido_c%C3%ADtrico" target="_blank">ciclo del ácido cítrico</a> que hoy lleva su nombre y que le valió el <a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/1953/index.html" target="_blank">Premio Nobel de 1953</a>. También rechazó el artículo en el que Victor Erspamer demostraba la presencia de diaminoácidos en algunos opiáceos. Y por si fuera poco, hay que decir además que se han publicado artículos de universidades de gran prestigio que luego se ha descubierto que eran fraudes.</p>
<p align="justify">Otra famosa revista de divulgación es <em>Science</em>, fundada el año 1880 de la mano de Thomas Alva Edison. En este caso, el comité se compone por unas cuarenta personas que revisa todos los artículos y les da una puntuación en una escala del 0 al 10. Los que reciben 8, 9 o 10 se envían a dos especialistas en la materia independientes de la revista, quienes lo evalúan. Si no se ponen de acuerdo se envía a un tercer especialista. El director tiene la última palabra. Pero este método tampoco es la panacea. Por ejemplo, se rechazó un artículo de Rosalyn Yalow y Roger Guillemin en el que explicaban el descubrimiento de las endorfinas. ¿La razón? que la idea era "fruto de una fantasía enfermiza". Pues bien, por este descubrimiento se llevaron el <a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/1977/index.html" target="_blank">Premio Nobel de 1977</a>.</p>
<p align="justify">En 1982, Douglas P. Peters y Stephen J. Ceci, dos sociólogos, tomaron doce artículos escritos por importantes psicólogos ya publicados en revistas autorizadas. Los volvieron a pasar a máquina y los enviaron como si fueran nuevos cambiando el nombre del autor por desconocidos miembros de algunas universidades. Los <em>referees</em> consultados fueron un total de 38. Sólo se dieron cuenta de que eran una copia en tres artículos y, de los restantes, ocho no se consideraron dignos de publicación por sus "graves errores metodológicos". Curiosamente, nadie se había dado cuenta cuando iban avaladas por firmas de prestigio.</p>
<p align="justify"><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/David_Horrobin" target="_blank">David F. Horrobin</a> fue profesor de fisiología de la Universidad de Newcastle upon Tyne hasta 1981. Aquel año tuvo que soportar varias reacciones hostiles contra uno de sus descubrimientos, así que abandonó su puesto y fundó su propio laboratorio farmacéutico: el <em>Scotia Pharmaceuticals</em>. A su vez, creó una revista abierta a los no expertos llamada <em><a href="http://www.medical-hypotheses.com/" target="_blank">Medical Hypoteses</a></em>. La filosofía de dicha publicación nos la explica él mismo: <em>Me declaro de entrada reo confeso de acoger ideas muy improbables e incluso ingenuamente ridículas (...) Cuando una hipótesis que la mayoría  considera muy probable llega a verificarse el progreso científico resultante es mínimo y apenas tiene importancia. Por el contrario, cuando demuestra su veracidad una hipótesis que la mayoría considera improbable se produce una revolución científica y se acelera el proceso (...) La historia de la ciencia ha demostrado una y otra vez la imposibilidad de distinguir de antemano cuándo una hipótesis es revolucionaria y cuándo es sencillamente ridícula</em>. Así que empezó a publicar los artículos que le enviaban sin importar si los autores habían realizado o no actividades de investigación experimental en el sector e independientemente de su reputación o la de la institución a la que pertenecen.</p>
<p align="justify">La pregunta es si realmente a esta revista llegan artículos que puedan ser interesantes. Pues bien, en 1990, el propio Horrobin publicó en el <em>Journal of the American Association</em> el balance de los artículos más interesantes que luego se convirtieron en descubrimientos confirmados y fructíferos. El más sonado fue un misterio biológico que descubrió una campesina neozelandesa llamada Gladys Reid que tenía una formación elemental en biología. Había estudiado el eccema facial de las ovejas que acarreaba muchos perjuicios a la cría de ovinos de su país. Observando atentamente la alimentación de los animales, planteó la hipótesis de que la causa del eccema estaba en una deficiencia de cinc en su dieta. Partiendo de esta premisa, hizo una serie de experimentos con los que verificó la validez de su hipótesis. Realmente, la deficiencia de cinc en la dieta favorecía el desarrollo de un hongo de la piel que a su vez causaba la infección.</p>
<p align="justify">En aquel momento varios científicos de organismos públicos que investigaban lo mismo por cuenta del Estado neozelandés y no habían llegado a conclusión alguna. Cuando la señora Reid quiso publicar un resumen de sus descubrimientos en las revistas del sector no sólo recibió una respuesta negativa, sino que tuvo que soportar una campaña de descrédito por los científicos "competentes". Pero cuando lo publicó en el <em>Medical Hypotheses</em>, el artículo suscitó un enorme interés y estimuló la realización de experimentos independientes que confirmaron su hipótesis. El Ministro de Agricultura neozelandés no tuvo más remedio que concederle una condecoración y un premio por los servicios prestados.</p>
<p align="justify">Conclusión: el no es oro todo lo que reluce también se aplica a las famosas publicaciones científicas.</p>
Fuentes:
"Els silencis de la ciència", Santiago Ramentol
"El genio incomprendido", Federico di Trocchio]]></content:encoded>
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		<title>Piones, muones y guerreros</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2009 09:53:04 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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<p align="justify">Sabéis (y si no, ya os lo digo) que detesto las guerras. Una de las muchísimas  razones es cómo cambia los comportamientos de los seres humanos. Personas que pueden ser amables y maravillosas se transforman en asesinos sin escrúpulos o en meras herramientas de matar. Los párrafos que os invito a leer a continuación están sacados del libro citado al final (y que, por supuesto, recomiendo leer). La copia no es exacta, sino que está bastante modificada y cambiada de orden para dar forma a la historia. Creo haber respetado la idea que el autor quiere reflejar. Espero que os dé qué pensar y un buen argumento más para ver por qué  las guerras son tan odiosas y nefastas.</p>

<p align="justify"><em>En agosto de 1946 se juzgaba a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_Jodl" target="_blank">Alfred Jodl</a> y a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Hermann_Balck" target="_blank">Hermann Balck</a> ante el  <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Juicios_de_N%C3%BAremberg">Tribunal para los Crímenes de Guerra de Nuremberg</a>. Ambos utilizaron su pericia profesional para conquistar y asolar media Europa. Ambos continuaron poniendo en práctica habilidades durante los largos años de retirada, cuando el único resultado de sus esfuerzos era prolongar la agonía de Europa. Ambos parecían ser indiferentes a los sufrimientos de las personas cuyas casas aplastaban y quemaban con sus tanques.</em></p>
<p align="justify"><em>Sin embargo, Alfred Jodl fue condenado a la horca y Hermann Balck quedó libre.  ¿Cuál era la diferencia que vieron los jueces?</em></p>
<p align="justify"><em>Jodl había sido elegido por Hitler como jefe de operaciones y lo mantuvo a su lado durante toda la guerra. Le pidió muchas veces que lo relevara del mando, pero Hitler se negó y Jodl obedeció con firmeza hasta el final. Había jurado por su honor de soldado obedecer a Hitler reconociéndolo como autoridad máxima y ese juramento era, para él, inquebrantable; más que la fe católica en la que había sido educado; más fuerte que su obligación de luchar por el bien del pueblo alemán al que creía estar sirviendo.</em></p>
<p align="justify"><em>Balck fue quizás el jefe de operaciones más brillante de la Segunda Guerra Mundial. Mandaba el regimiento de infantería motorizada que encabezó la decisiva irrupción en Francia en 1940. Posteriormente, combatió en el frente del Este, sorprendiendo continuamente a los rusos con movimientos y tácticas inesperados. En 1945 dirigió la última ofensiva alemana, frenando las tropas rusas en Hungría durante el tiempo suficiente como para retirarse a Austria y rendirse finalmente con sus tropas a los americanos.</em></p>
<p align="justify"><em>Ambos aguantaron hasta el final. Pero había una diferencia: mientras Jodl había convertido la voluntad de Hitler en su ley suprema, Balck siguió combatiendo porque nunca se le ocurrió hacer otra cosa. El Tribunal condenó a Jodl por hacer la guerra agresivamente en el plano estratégico y perdonó a Balck por hacer la guerra agresivamente en el plano táctico. La distinción estaba entre estrategia y táctica.</em></p>
<p align="justify"><em>No obstante, había otra diferencia, aunque los jueces no la utilizaron para justificar la condena de Jodl: la diferencia entre profesión militar como oficio y la profesión militar como culto. Balck ganó batallas porque esa habilidad era natural en él. Nunca dijo que ganarlas fuera una actividad especialmente noble o virtuosa: era simplemente su oficio. Jodl ponía la actividad militar por encima de la humanidad. Creía que debía ser fiel a su juramento de soldado aunque ello significara hundir a Alemania hasta destruirla. Identificaba su deber como soldado con lealtad a Hitler y de esa manera llegó a contagiarse de su locura. Ambos eran buenas personas que luchaban por una causa equivocada.</em></p>
<p align="justify"><em>Los soldados y marineros profesionales han desempeñado un papel necesario y honorable en los asuntos de la humanidad. No se puede negar el respeto tradicional que las naciones muestran ante el valor militar. Del mismo modo que todo país tiene derecho a defenderse, también lo tiene a rendir honores a sus jefes militares. Pero esa actitud con respecto los militares supone un peligro mortal para la humanidad a menos que se limiten de manera estricta tanto la autoridad moral que se les confiere como los medios técnicos puestos a su disposición. El poder militar nunca debe confundirse con la virtud moral, y a los jefes militares nunca se les deben confiar armas de destrucción ilimitada.</em></p>
<p align="justify"><em>El culto a la obediencia militar y a las armas de destrucción masiva son las dos grandes locuras de la época moderna. El culto a la obediencia llevó a Alemania a la degradación moral y al desmembramiento. El culto a las armas de destrucción masiva amenaza con llevarnos a todos la aniquilación.</em></p>
<p align="justify"><em>Fue en 1956 cuando los rusos organizaron el primer congreso de físicos de alta energía que se celebraba en Moscú después de la guerra. Por razones que tenían poco que ver con la seguridad militar, el trabajo experimental con la física de altas energías se había mantenido en secreto hasta entonces.</em></p>
<p align="justify"><em>Los últimos años de la vida de Stalin habían sido una época de terror y silencio para los intelectuales rusos; incluso en la ciencia física, en un terreno no político, las publicaciones se habían restringido con severidad y los contactos con científicos extranjeros eran casi inexistentes. Cuando Stalin falleció, la presión glacial del secretismo se fue debilitando.</em></p>
<p align="justify"><em>En 1956 los físicos se disponían a celebrar el regreso de la primavera con un gran congreso al que estaban invitados colegas de todo el mundo. Fue una feliz oportunidad de encuentro para los rusos y también para nosotros. Se renovaron viejas amistades y se crearon otras nuevas. La prensa rusa nos dio cobertura en portada y explicó con orgullo cómo llegaban a Moscú las grandes figuras de la ciencia internacional para conocer los importantes logros de los científicos soviéticos.</em></p>
<p align="justify"><em>Cuando terminó el congreso de Moscú, fui a Leningrado con un grupo de científicos extranjeros. Acompañados por dos guías de Intourist estuvimos visitando la costa oeste de la ciudad. Por error entramos en un puesto de la guardia costera, que evidentemente era una zona militar restringida. Un marinero ruso salió para echarnos de allí gritando "nelzya", que significa "prohibido". Entonces observamos que nuestros guías, asustados ante la posibilidad de que se les hiciera responsables de nuestro error, se marchaban rápidamente en sentido opuesto. En consecuencia, nos quedamos allí y charlamos amigablemente con el marinero, chapurreando lo que sabíamos de ruso. Cuando le expliqué que éramos científicos extranjeros, nos dedicó una amplia sonrisa y dijo:</em></p>
<p align="justify"><em>-Ah, ya sé quiénes son ustedes. Son los que han venido al congreso de Moscú y saben todo sobre piones y muones.</em></p>
<p align="justify"><em>Sacó de su bolsillo un arrugado ejemplar de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pravda" target="_blank">Pravda</a> que contenía un reportaje sobre nuestros debates. Después nos invitó a entrar en el puesto y nos presentó con orgullo a sus camaradas. Nos sentamos un rato con ellos e hicimos todo lo que pudimos para explicarles lo que habíamos aprendido en Moscú sobre los piones y los muones. Al despedirnos, nuestro anfitrión nos estrechó la mano afectuosamente y nos dijo:</em></p>
<p align="justify"><em>- ¿Por qué no vienen ustedes a nuestro país con mayor frecuencia? Por favor, digan a la gente de sus países, y a sus esposas e hijos, que nos gustaría verles más a menudo.</em></p>
<p align="justify"><em>(De regreso a Leningrado, reflexionando sobre este encuentro, me preguntaba con tristeza si un guardia costero de Estados Unidos que se encontrara inesperadamente con un grupo de físicos rusos chapurreando en inglés les habría saludado con la misma amabilidad y la misma comprensión)</em></p>
<p align="justify"><em>Sin pensarlo dos veces, le dije al marinero del puesto de la guardia costera:</em></p>
<p align="justify"><em>- También usted debería venir a Estados Unidos para visitarnos.</em></p>
<p align="justify"><em>Me miró, riéndose, con un gesto comprensivo en su cara joven:</em></p>
<p align="justify"><em>- ¿Cómo podríamos ir a Estados Unidos? Eso es imposible. Somos guerreros.</em></p>
<p align="justify"><em>Me resultó extraño oírle usar aquella palabra, voyenniye, "guerreros". Parecía tan poco bélico, sentado allí con sus amigos en torno a la mesa y charlando con nosotros sobre piones y muones. SIn embargo, la palabra expresaba una realidad. SU oficio era la guerra.</em></p>
<p align="justify"><em>Toda su amabilidad, su curiosidad intelectual y su humor ingenuo no podían cambiar el hecho de que era un instrumento voluntarioso del poder soviético. Era un guerrero y seguiría siéndolo, incluso después de terminar y encontrar su lugar en la sociedad civil. Durante toda su vida estaría orgulloso de haber formado parte de la marina soviética. Si alguna vez le llamaran a filas para entrar en batalla y morir por su país, no vacilaría más que aquellos que navegaban con Nelson en Trafalgar. Si le llamaran para disparar un misil que arrasaría una ciudad, no tendría más dudas que los que lanzaron las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.</em></p>
<p align="justify"><em>Cuando me imagino la guerra nuclear, la pesadilla comienza con la escena de aquel joven marinero ruso pulsando el botón que nos hará añicos, y, mientras lo pulsa, le oigo decir "Somos guerreros" con la misma voz risueña, llena de inocencia asesina, que oí en Leningrado hace mucho tiempo.</em></p>
Fuente:
"El científico rebelde", Freeman Dyson]]></content:encoded>
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		<title>Daños de la radiactividad</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2009 21:04:18 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Sería bastante complejo describir los efectos de la radiactividad sobre los seres vivos ya que dependen del tipo de radiación, dosis absorbida, tipo de tejido que está afectado, etc. Existe mucha literatura sobre dicho tema que fácilmente la encontraréis. No obstante, hoy quiero hablaros de los aspectos históricos, de cómo se dieron cuenta que allí [...]]]></description>
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<p align="justify">Sería bastante complejo describir los efectos de la radiactividad sobre los seres vivos ya que dependen del tipo de radiación, dosis absorbida, tipo de tejido que está afectado, etc. Existe mucha literatura sobre dicho tema que fácilmente la encontraréis. No obstante, hoy quiero hablaros de los aspectos históricos, de cómo se dieron cuenta que allí había algo que no era bueno. Y para ello, hemos de retroceder a los tiempos de los Curie y Lord Rutherford. Este último nos decía:</p>
<p align="justify"><em>Durante el verano visité al Profesor y Madame Curie en París, y encontré que ésta recibía el grado de doctor en ciencias el día de mi llegada. Por la tarde, mi viejo amigo, el profesor Langevin, nos invitó a mi esposa, a mí, a los Curie y a Perrin a cenar. Después de una animada velada nos retiramos sobre las 11 al jardín, donde el profesor Curie mostró un tubo recubierto en parte con sulfuro de zinc y que contenía una gran cantidad de radio en una solución. La luminosidad era brillante en la oscuridad y fue un final espléndido para un día inolvidable. Entonces no pudimos evitar observar que las manos del profesor Curie se encontraban en un estado muy inflamado y penoso debido a la exposición a los rayos del radio. Aquella fue la primera vez que vi a Curie. Su muerte prematura en un accidente callejero en 1906 constituyó una gran pérdida para la ciencia y particularmente para la tan, en rápido desarrollo, ciencia de la radiactividad.</em></p>
<p align="justify">El primero en intentar estudiar los efectos de la radiactividad en su propio cuerpo fue Walkhoff. Había observado que los tubos con preparaciones que guardaba en el bolsillo de su chaleco le producían dolorosas quemaduras al cabo de unos días. Friederich Giesel mostró, además, que si se acercaba un ojo cerrado a una caja, también cerrada, con sales de radio se recibía de ella una sensación de luz en la retina.</p>
<p align="justify">Los médicos se interesaron rápidamente por ello. Tanto Becquerel como Pierre Curie explicaban que: <em>El señor Giesel ha colocado sobre su brazo, durante unas horas, bromuro de radio radificado rodeado de una hoja de celuloide. Los rayos que actúan a través del celuloide han provocado sobre la piel un ligero enrojecimiento. Dos o tres semanas mas tarde, el enrojecimento aumentó, produciéndose una inflamación y terminando por caerse la piel</em>.</p>
<p align="justify">El aliento de Giesel era tan radiactivo que era capaz de descargar un electroscopio. Tal cantidad de radiactividad de gas radiactivo en sus pulmones confirmaba las hipótesis de Rutherford sobre las emanaciones transportadas por el aire.</p>
<p align="justify">Alertado por los informes de dos científicos alemanes, Pierre Curie también había empezado a experimentar en su propio cuerpo atándose al brazo durante unas horas una venda que contenía sales de radio. La herida resultante tardó meses en curarse. Anotó que Marie, al transportar unos pocos centígramos de material muy activo en un tubito sellado, tuvo quemaduras similares. Nos explicaba:</p>
<p align="justify"><em>Además de estas acciones vivas, hemos sufrido sobre las manos, durante las investigaciones realizadas con los productos más activos, diversas acciones. Las manos tienen una tendencia generalizada a perder la piel; las extremidades de los dedos que han sostenido tubos o cápsulas que encerraban productos muy activos se vuelven duras y a veces muy dolorosas; para uno de nosotros </em>[sin duda, Pierre Curie]<em>, la inflamación de las extremidades de los dedos ha durado quince días y ha terminado con la caída de la piel, mientras que una sensación dolorosa no ha desaparecido todavía al cabo de dos meses.</em></p>
<p align="justify">Lord Kelvin había recibido también una pequeña muestra de radio como regalo de los Curie y la había conservado también en el bolsillo de su chaleco. También llevaba la inevitable marca de la quemadura.</p>
<p align="justify">Pero los efectos iban mucho más allá. A Pierre Curie, a veces, le era imposible abotonarse la ropa. Tenía, además, punzantes dolores que le impedían andar. Se automedicaba estricnina, entonces un tratamiento recomendado para el reumatismo; pero en retrospectiva, sabemos que eran debidos a la radiación.</p>
<p align="justify">Por su parte, Marie Curie, además de tener las yemas de los dedos endurecidas y quemadas, padeció toda su vida los efectos de la radiactividad. Entre 1923 y 1930 fue operada cuatro veces de cataratas. En 1932 se agudizaron sus lesiones en las manos y en 1934 murió de anemia perniciosa. Su hija Irene moriría también en 1956 de leucemia. Hay que recordar que esta última, desde los 16 años, ya trabajaba en hospitales o viajaba con su madre en vehículos radiológicos que transportaban aparatos de rayos X por los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial.</p>
<p align="justify">Marie Curie también perdió un hijo. Hoy sabemos que una de las causas de leucemias en niños producidas durante los años 1950 eran debidas a las vistas por rayos X en los inicios del embarazo, épocas en las que el feto es extremadamente frágil. Aquel embarazo de Marie había coincidido con la época en que manipulaba radio y polonio concentrados que transportaba en simples frascos de vidrio. Teniendo en cuenta todo esto, los científicos posteriores han estimado que debía estar recibiendo una dosis de aproximadamente un rem por semana. Para que os hagáis una idea de lo grande que es esta dosis, os diré que a las trabajadoras en ambientes de este tipo de hoy día se les recomienda no pasar de 0,03 rem por semana. Rompió aguas inesperadamente y el bebé murió a las pocas horas.</p>
<p align="justify">A diferencia de Marie Curie, Rutherford no parecía haber sufrido muchos males después de haber manejado despreocupadamente tantos y tantos materiales radiactivos. Durante una gira de conferencias que pronunció por los EEUU se deshizo sin inmutarse de un papel que había empleado a modo de embudo para introducir sales de uranio en un tubo. Sus anfitriones guardaron el papel y lo emplearon como fuente radiactiva durante cuarenta años.</p>
<p align="justify">Pero ya antes de 1920 era ya evidente que el radio tenía efectos nefastos bajo ciertas circunstancias. Todos los que trabajaban en el laboratorio de Marie Curie se daban cuenta de la fatiga que se tenía al trabajar en una atmósfera de radón.</p>
<p align="justify">En 1924, un dentista llamado Theodore Blum empezó a ver muchos cánceres de mandíbula a muchas mujeres y jovencitas (a una de ellas le habían dicho que tenía una osteomileitis sifilítica). Cuando se enteró que la mayoría de aquellas jóvenes tenían el mismo trabajo, entonces se dio cuenta. Resulta que durante la Primera Guerra Mundial el radio fue utilizado de forma masiva en pintadas para esferas luminosas de relojes e instrumentos militares. Se utilizaban cristales de sulfuro de zinc mezclados con sales de radio. Las partículas que emitía el radio chocaban con las moléculas de dichos cristales produciendo una luz que permitía ver en la oscuridad.</p>
<p align="justify">Esa técnica se había empezado a utilizar en EEUU en 1913 y cuatro años después se empleaba de forma generalizada. Una de las principales factorías se hallaba en Oregón. Tenía cientos de empleados. La mayoría eran mujeres jóvenes cuyo trabajo les obligaba a humedecer el pincel con la lengua para pintar con esa pintura radiactiva. Sin darse cuenta, ingirieron cantidades pequeñas pero significativas de radio. Entre 1922 y 1924 nueve de ellas murieron. En 1925 habían muerto 15 mujeres pintoras. Se les había diagnosticado lesiones como necrosis de la mandíbula y anemia. Una investigación concluyó que el radio había tenido la culpa. Aquel mismo año, por fin, una de aquellas jóvenes en Nueva Jersey denunció a su empresa por poner en peligro su vida.</p>
<p align="justify">Las señales de peligro continuaron apareciendo. En Francia, varios radiólogos e investigadores murieron de leucemia y de anemia grave. Un periódico publicó sus fotografías, acompañadas de escabrosos relatos de amputaciones, pérdidas de visión y horribles sufrimientos. En Japón, el científico Nobus Yamada, que había vuelto del laboratorio Curie preparando fuentes de polonio, enfermó y murió a los dos años de regresar a su patria.</p>
<p align="justify">Hacia 1951, Frederic Joliot-Curie tuvo que medir la radiactividad de documentos datados en 1902 relacionados con trabajos destinados a determinar el peso atómico del radio. Los análisis mostraron que estaban fuertemente contaminados distinguiéndose, incluso, las trazas de los dedos de Marie y Pierre Curie, pues ellos mismos ya llevaban radio.</p>
<p align="justify">Joliot mismo añadió:</p>
<p align="justify"><em>Muchos años después, hacia 1926, los trabajadores que frecuentaban el Instituto del Radio pudieron ver, en algunos dedos de Marie Curie, en especial en la yema del índice, las trazas profundas de destrucción provocadas por los rayos (...) Cuando los rayos emitidos por las fichas penetran en el contador provisto de un altavoz, la actividad se manifiesta mediante una sucesión de señales audibles. Es emocionante descubrir manifestarse de esta manera al mismo radio que había sido extraído y manipulado por Pierre y Marie Curie hace cerca de 60 años.</em></p>
<p align="justify">En 1925, un tal William Bailey patentó y promocionó un producto llamado "Radithor" que contenía agua mezclada con dos isótopos del radio. Según decía, curaba "la disepsia, la presión arterial elevada, la impotencia y más de otras 150 enfermedades endocrinológicas".</p>
<p align="justify">Un campeón de golf amateur llamado Eben Byers comenzó a tomarlo en 1927 bajo recomendación de Bailey para tratar un dolor crónico en uno de sus brazos. Cinco años después había consumido entre 1000 y 1500 botellas del producto. Falleció de una anemia severa, pérdida de peso, destrucción masiva de los huesos de su mandíbula, cráneo y esqueleto en general así como disfunciones en el riñón (tenéis más detalles <a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=532" target="_blank">aquí</a>  y <a href="http://diabetesstop.wordpress.com/2008/07/20/el-escandalo-del-millonario-byers-y-la-medicina-blanda/" target="_blank">aquí</a>). Una vez que la tragedia fue aireada por la prensa, la <em>Food and Drug Administration</em> tomó cartas en el asunto.</p>
<p align="justify">Y es que, por aquella época el mercado estaba muy receptivo ante los productos radiactivos. Los avariciosos fabricantes ofrecían productos como "Tónico capilar Curie" que supuestamente prevenía de la caída del cabello y le devolvía su color original. También había una crema que prometía la eterna juventud. Los productos radiactivos comprendían desde sales de baño hasta supositorios (leer más <a href="http://fogonazos.blogspot.com/2008/06/la-radioactividad-os-sienta-tan-bien.html" target="_blank">aquí</a>) .</p>
<p align="justify">En el proyecto Manhattan, los accidentes graves también se tomaron sus víctimas.</p>
<p align="justify"><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Harry_K._Daghlian,_Jr." target="_blank">Harry Daghlian</a> era un joven físico. Mientras manipulaba material fisible provocó sin querer una reacción nuclear en cadena durante una fracción de segundo. Recibió por un instante en una mano una tremenda descarga de radiactividad. Fue ingresado en seguida y en pocas horas se pudieron observar las monstruosas consecuencias de ello. Sus mano se hinchó como una pelota. Los rayos gamma que le habían penetrado agredieron sus órganos internos. Tenía un dolor espantoso, tanto que gritaba. En pocos días perdió el pelo y se quedó sin glóbulos rojos devorados por los blancos. Murió 20 días después. Nadie pudo evitarlo.</p>
<p align="justify">Ocho meses después Louis Slotin corrió la misma suerte pero su final se ocultó a la opinión pública. Estaba experimentando con una "bomba de prueba". Constaba de dos semiesferas que no debían acoplarse hasta el momento del lanzamiento, en cuyo instante se unirían para formar una masa crítica. El problema era saber cuál era exactamente esa masa crítica. Entraban muchos parámetros, demasiados: cantidad de uranio, ángulo de dispersión, longitud que debían recorrer los neutrones que debían desencadenar la reacción en cadena, la velocidad con que debían unirse las dos semiesferas, etc.</p>
<p align="justify">Slotin hacia lo siguiente: con dos destornilladores y con cuidado extremo deslizaba las dos semiesferas por un raíl. Tenía que conseguir con la mayor precisión posible el punto crítico, es decir, el momento en que se desataba la reacción en cadena. Si se volvían a separar la reacción en cadena se paraba. Pero si no se reaccionaba lo suficientemente rápido, la masa podía volverse "supercrítica". Cuando hizo la propuesta y se lo explicaron a Richard Feynman, nuestro locuaz amigo, dijo que era como "hacer cosquillas a la cola del dragón".</p>
<p align="justify">Slotin sabía lo cerca de la muerte que estaba. Un día se le resbaló un destornillador y las dos semiesferas se juntaron demasiado aprisa. En ese momento, una luz azul deslumbradora llenó toda la habitación. En lugar de agacharse para ponerse a salvo separó las dos semiesferas con las manos y frenó la reacción en cadena. Salvó así la vida de los 7 hombres que se encontraban con él en ese momento. Pero recibió una dosis de radiación fortísima.</p>
<p align="justify">Desde un principio, Slotin se dio cuenta de su inexorable muerte, pero no se inmutó. Dijo a sus compañeros que volvieran a ocupar los mismos sitios donde estaban y trazó en la pizarra un esquema exacto de la posición de cada uno para que los médicos pudieran saber la dosis que habían recibido sus compañeros.</p>
<p align="justify">Al cabo de 9 días, el primer hombre que había determinado experimentalmente la "masa crítica" murió sufriendo horribles dolores.</p>
<p align="justify">Después de la explosión de Hiroshima, los militares americanos pretendieron ocultar durante algún tiempo los efectos del bombardeo nuclear. Se declaró que entre las ruinas de Hiroshima no se registraba ya radiactividad peligrosa alguna y se omitió enumerar cuántas víctimas de la bomba habían estado expuestas en el momento de la explosión. Groves llegó a declarar públicamente que había oído decir ante una comisión del Congreso que la muerte radiactiva era "bastante agradable".</p>
<p align="justify">Una maravillosa oportunidad que perdió para quedarse callado, ¿verdad?.</p>

<p align="justify">Fuentes:
"La maldición de ser un genio", Ermanno Gallo
"Marie Curie y su tiempo", José Manuel Sánchez Ron
"Marie Curie", Robert Reid
<a href="http://www.alpoma.net/tecob/?p=532" target="_blank">Tecnologia Obsoleta</a>
<a href="http://diabetesstop.wordpress.com/2008/07/20/el-escandalo-del-millonario-byers-y-la-medicina-blanda/" target="_blank">Nueva Salud</a>
<a href="http://fogonazos.blogspot.com/2008/06/la-radioactividad-os-sienta-tan-bien.html" target="_blank">Fogonazos</a>]]></content:encoded>
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		<title>El movimiento browniano</title>
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		<pubDate>Fri, 01 May 2009 16:26:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[El movimiento browniano es uno de aquellos temas olvidados, que apenas aparece en los libros de texto; pero que fue la primera prueba concluyente de la hipótesis atómica y que, además, hizo que cambiáramos el modo en que entendemos hacer ciencia. Quisiera hablaros hoy de este fenómeno que empieza en la persona de Robert Brown.

Robert [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
<p align="justify">El movimiento browniano es uno de aquellos temas olvidados, que apenas aparece en los libros de texto; pero que fue la primera prueba concluyente de la hipótesis atómica y que, además, hizo que cambiáramos el modo en que entendemos hacer ciencia. Quisiera hablaros hoy de este fenómeno que empieza en la persona de Robert Brown.</p>

<p align="justify">Robert Brown fue hijo de un pastor protestante escocés. Nacido en 1773 fue el típico erudito autodidacta, soberbio, diligente y meticuloso hasta el fanatismo. Estudió medicina en Edimburgo y trabajó unos años como ayudante de un cirujano en un regimiento de Fifeshire.</p>
<p align="justify">Mientras hacía esto, se puso a aprender alemán. Estudiaba los nombres y sus declinaciones antes del desayuno y la conjugación de los verbos auxiliares después. Armado con sus nuevos conocimientos, empezó a dominar toda la documentación alemana sobre botánica.</p>
<p align="justify">En 1798 hizo una visita a Londres donde conoció al gran botánico Sir Joseph Banks, en aquel momento presidente de la <em>Royal Society</em>. Nuestro hombre lo impresionó de tal manera que tres años después hizo, con la recomendación del mismo Banks, un largo viaje a Australia regresando en 1805 con cerca de 4.000 especímenes de plantas exóticas pulcramente guardadas en el barco.</p>
<p align="justify">Pasó varios años describiendo, clasificando y catalogando esos especímenes, a la vez que trabajaba de bibliotecario y asistente personal de Banks. De ahí, salió el embrión de lo que ha llegado a ser el departamento botánico del Museo Británico, del que fue el primer encargado profesional.</p>
<p align="justify">Brown conoció a Charles Darwin. Darwin dijo de él que era contradictorio, profundamente sabio, pero muy dado a la pedantería, generoso en unos aspectos, malhumorado y receloso en otros. <em>Me pareció que destacaba sobre todo por la puntillosidad de sus observaciones y su perfecta exactitud</em>. Darwin dijo también de él que nunca prestaba especímenes de su colección, incluso ni aquellos que él y sólo él poseía y que nunca le iban a ser de utilidad.</p>
<p align="justify">Brown es conocido, sobre todo, por un estudio de los granos de polen de la <em>Clarkia pulcella</em>, una flor silvestre popular actualmente entre los jardineros, descubierta en 1806 por Meriwther Lewis, aunque le puso el nombre de su compañero de exploración: William Clark (<strong>actualización</strong>: leer <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=443/#comment-11473" target="_blank">comentario</a>). Brown pretendía analizar minuciosamente la forma y tamaño de los granos de polen con un microscopio. Pero se encontró con un problema: no paraban de moverse. Se desplazaban erráticamente por el campo de visión. No era el primero que veía eso. Ya Leeuwenhoeck (¿recordáis a a <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=65" target="_blank">nuestro amigo el bedel</a>?) había escrito que los "animáculos" se movían en el agua cuando los observaba arriba, abajo, en círculo... decía que era fantástico observarlo. Algunos de aquellos animáculos tenían minúsculas pilosidades o finísimas extensiones que les permitían nadar, así que el movimiento podía ser explicado por la fuerza vital.</p>
<p align="justify">Aunque los granos de polen eran simples y carecían de partes móviles eran innegablemente orgánicos. Brown supuso que, al ser las partes masculinas del equipo reproductivo de una planta, también tenían ese espíritu vital que los impulsaba a moverse. No obstante, desconfiaba de estas hipótesis tan vagas. A Brown le encantaba la observación, así que observó otras plantas y pudo ver también un movimiento similar, pero lo mismo sucedió con fragmentos de hojas y tallos.</p>
<p align="justify">Probó con partículas de colorante, pequeños fragmentos de un trozos de madera petrificada, trozos de cristal ordinario, etc. Incluso con polvo de un trozo de la Esfinge a la que tenía acceso como encargado del Museo Británico. Aunque era materia indudablemente inanimada o muerta bailoteó como todo lo demás.</p>
<p align="justify">Intentó averiguar la causa de esos movimientos. Aparte de no ser debidos al movimiento vital, tampoco lo eran por vibración, por acción del calor o por influencias eléctricas o magnéticas. Todo era contradictorio e incomprensible: las partículas no podían moverse por voluntad propia si no había alguna influencia externa. Pero se movían. Como era un escrupuloso botánico descriptivo y no un filósofo de la naturaleza no hizo hipótesis alguna. Murió en 1858 y, como dijo Charles Darwin: <em>con él murieron muchas cosas, debido a un excesivo temor de no cometer nunca un error</em>.</p>
<p align="justify">La comunidad científica ignoró el movimiento browniano durante décadas. Los que lo observaban lo consideraban una molestia y la mayoría de los botánicos y zoólogos persistían en la idea del movimiento vital. No obstante, la cosa iba a cambiar. Ludwig Christian Wiener era un profesor que daba clases de matemáticas y geometría en universidades alemanas. En 1863 repitió los experimentos de Robert Brown e hizo una hipótesis muy especulativa: que todo ese movimiento era explicable si el líquido en el que se retorcían las partículas brownianas estaban compuestos de furiosos átomos que las chocaban por todas partes.</p>
<p align="justify">Pensad que por aquella época los átomos eran demasiado pequeños para ser vistos ni percibidos por ningún medio directo, y aunque podían resultar muy útiles como modelos no se acababa de aceptar su existencia. Naturalmente los químicos se veían casi forzados a creer en ellos. Si no existieran, ¿cómo podrían explicar tantas reacciones químicas con tanta sencillez? ¿Por qué habría de comportarse la materia, en tantos sentidos y tan enteramente como si fuera atómica, no siéndolo en realidad? Algunos químicos, sin embargo, sostenían que no era prudente salirse de los fenómenos mensurables. Así pensaban hombres como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wilhelm_Ostwald" target="_blank">Wilhelm Ostwald</a>, quienes exigían de forma rigurosa efectos directamente observables para aceptar su existencia. Incluso a principios del siglo XX mantenía que los átomos no existían.</p>
<p align="justify">Allá por los años 1860, el físico escocés James Clerk Maxwell había propuesto una impresionante explicación de las propiedades de los gases a base de partículas moviéndose al azar. Maxwell había aprendido toda esa estadística leyendo al matemático belga Adolphe Quetelet, quien había clasificado los índices de criminalidad en Francia de acuerdo con la edad, educación, clima de la localidad en la que se sufría el crimen y la época del año en que se producía; lo que había sido el principio de la aplicación de los métodos estadísticos a las ciencias demográficas y sociales.</p>
<p align="justify">En seguida surgió la sospecha de que las partículas del líquido, al moverse al azar, podrían empujar en uno y otro sentido a las partículas más gruesas en suspensión. Podía ser que los granos de polen o de tinte estuvieran siendo bombardeados por las partículas de agua y que fuera eso era lo que producía el movimiento browniano. Podría haber momentos en que les chocarían más partículas de un lado que de otro y de este modo nosotros veríamos a la partícula browniana desplazándose aun sin ver a las pequeñas. En suma, estaban viendo el resultado de la acción directa de los átomos que componían la suspensión.</p>
<p align="justify">Una serie de jesuitas franceses también formuló esa misma hipótesis. El Padre Joseph Delsaulx atribuye a un colega anónimo la idea de que el movimiento browniano era el resultado de la agitación constante de las partículas o átomos que componen un líquido. El problema es que había que demostrarlo pero no tenían el aparato matemático necesario. Aunque Botzmann sí lo tenía no intentó resolverlo. Ni siquiera Maxwell se interesó.</p>
<p align="justify">Vamos al año 1905 cuando entra en escena un hombre de 26 años. Trabajaba en una casa de patentes en Berna porque había sido incapaz de conseguir una posición académica. Aparte de realizar su trabajo, cuando no había jefes por allá, desarrollaba sus ideas de física. Tenía que hacerlo con cuidado, pues cuando el jefe entraba tenía que esconder rápidamente esos bocetos y fórmulas en un cajón. El nombre de este hombre no es otro que Albert Einstein.</p>
<p align="justify">El gran sabio llegó a sentirse fascinado por las densas y prolijas monografías de Boltzmann. También él se dio cuenta que una partícula lo bastante pequeña sumergida en un líquido rebotaría por todas partes a causa de las colisiones moleculares. Se preguntó si el movimiento de una partícula suficientemente grande como para ser vista al microscopio podría constituir una prueba directa de la existencia de los átomos.</p>
<p align="justify">No era tarea fácil. Otros científicos anteriores habían visto que una partícula browniana tenía que tener, por término medio, la misma energía de movimiento que las moléculas del líquido en las que estaban suspendidas. Esas moléculas de líquido con masa mucho menor se moverían por todas partes a toda velocidad, mientras que las partículas brownianas avanzaban de forma mucho más torpe. Por supuesto, había que aplicar estadística. Resumiendo, había que encontrar una relación matemática entre la velocidad media de una molécula de líquido (que se movía muy deprisa) y la velocidad media de la molécula browniana (que se movía más despacio). Recordemos, además, que el movimiento browniano es mayormente errático.</p>
<p align="justify">Einstein siguió otro camino, como tantas veces hizo. Trazó un círculo imaginario alrededor de una molécula y se preguntó cuánto tardaría, por término medio, en alcanzar el borde de dicho círculo. De este modo, obtuvo un resultado teórico que podía ser sometido a experimentación. Estos resultados fueron publicados en 1905 junto a otros famosos ensayos, entre ellos la Teoría Especial de la Relatividad y otras provocadoras ideas sobre la naturaleza corpuscular de la luz.</p>
<p align="justify">Aquí hay un detalle sorprendente. Resulta que cuando Einstein inició sus cálculos, ni siquiera había oído hablar del movimiento browniano. Fue mientras lo escribía cuando se enteró que el fenómeno ya era conocido por botánicos y otros durante generaciones anteriores. De hecho, en la introducción escribió:</p>
<p align="justify"><em>Es posible que los movimientos que se discutirán aquí sean idénticos al llamado "movimiento molecular browniano"; sin embargo, los detalles que he conseguido establecer en relación a este último son tan imprecisos que no puedo formarme un juicio sobre el particular.</em></p>
<p align="justify">Según su fórmula, las partículas suspendidas en un vaso alto de líquido debían reflejar, en su distribución, el equilibrio entre la fuerza gravitatoria y el efecto del movimiento browniano. Si actuase sólo la gravedad, todas las partículas se irían al fondo. Si sólo actuase el movimiento browniano, se esparcirían con uniformidad. Bajo la acción de ambos fenómenos deberían esparcirse concentrándose hacia el fondo cada vez con más densidad.</p>
<p align="justify">Einstein era un teórico y se conformó con obtener la ecuación. Tres años después, en 1908, el físico francés <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Perrin" target="_blank">Jean Perrin</a> suspendió en agua granitos de resina y de goma y contó el número de granos a distintos niveles. Halló que ese número crecía hacia abajo. Y lo mejor de todo: concordaba exactamente con lo predicho por la ecuación de Einstein.</p>
<p align="justify">También obtuvo, además, una medida razonablemente aproximada del peso real de las moléculas sueltas. El antiatomista Ostwald se enfrentó entonces con un experimento observable, producido por moléculas individuales. No pudo seguir negando la existencia de los átomos.</p>
<p align="justify">Perrin recibió por su trabajo el premio Nobel de Física en 1926. Einstein había recibido el suyo en 1921, por otros méritos (merecía otro Nobel, ¿verdad?; y si tenemos en cuenta que no por la relatividad... En fin. Continuemos).</p>
<p align="justify">Pero algo más había cambiado. Por primera vez un razonamiento estadístico permitía a los físicos hablar sobre el comportamiento de multitudes de átomos sin conocer el comportamiento de cada uno por separado. Incluso aunque su observación estuviera más allá de sus posibilidades. O sea, que podíamos conocer el edificio sin saber cómo eran los ladrillos.</p>
<p align="justify">Más aún. Hasta entonces, la teoría y el experimento habían ido de la mano. Ahora eso ya dejaba de suceder. La teoría contenía elementos sobre cuya existencia real los físicos no tenían duda alguna, pero no podían llegar de forma experimental. Mientras que para el teórico los átomos tenían una existencia evidente y una posición y velocidad determinadas (la cuántica todavía no había entrado en juego), para el experimental los átomos sólo existían de forma deducible y únicamente podían ser descritos estadísticamente.</p>
<p align="justify">Un gran cambio, ¿verdad?</p>
<p align="justify">Para acabar, quiero recordaros qué contestó Feynman cuando le preguntaron que si se acabara el mundo y desapareciera todo el conocimiento, qué  idea científica guardaría. Dijo: "que la materia se compone de átomos".</p>
Fuentes:
"El electrón es zurdo", Isaac Asimov
"Incertidumbre", David Lindley
<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_browniano" target="_blank">http://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_browniano</a>]]></content:encoded>
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		<title>[Libro] Plücker y Poncelet</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Apr 2009 23:19:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[El libro del que os quiero hablar hoy será el primero que recomiende sólo a especialistas en la materia. No obstante, he querido comentarlo porque, aunque en mi opinión sea difícil llegar a todos los conceptos de los que habla, sí he podido sacarle algunas ideas que creo que encontraréis, al menos, curiosas o entretenidas.

Imaginemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
<p align="justify">El libro del que os quiero hablar hoy será el primero que recomiende sólo a especialistas en la materia. No obstante, he querido comentarlo porque, aunque en mi opinión sea difícil llegar a todos los conceptos de los que habla, sí he podido sacarle algunas ideas que creo que encontraréis, al menos, curiosas o entretenidas.</p>

<p align="justify">Imaginemos que estamos dibujando una habitación que tiene pintado en una de sus paredes un círculo y un cuadrado. Si no dibujamos esa pared de frente, el círculo se nos transformará en una elipse y el cuadrado en un trapecio. Fijaos que no se conservan distancias, ni ángulos, ni paralelismos; pero hay algo que desconcierta. Nunca veremos un círculo como un trapecio o un cuadrado como una elipse. Hay algo que se conserva. Al estudio de estas propiedades que se conservan se le llama "geometría proyectiva".</p>
<p align="justify">Una de las propiedades que se conserva totalmente es la colinealidad entre tres puntos. Esto es, que si una recta pasa por tres puntos en la pared, esos tres puntos proyectados, los miremos desde donde los miremos, también estarán siempre en la misma recta: en nuestro dibujo, una recta dibujada en la pared también será una recta.</p>
<p align="justify">El primer teórico que explicó el principio que sería la base matemática para la perspectiva fue Leon Battista Alberti. Más tarde, Piero della Francesca y Alberto Durero profundizaron en las ideas de Alberti. Los primeros hombres interesados en aplicar la geometría a la pintura fueron pintores renacentistas como Filippo Brunelleschi, Paolo Uccello y Masaccio y, a partir del año 1500, el estudio de la geometría de las proyecciones y secciones eras indispensable para todo aspirante a pintor.</p>
<p align="justify">He de recordaros que dos rectas paralelas en la realidad no tienen por qué serlo en un cuadro. Por ejemplo, si miramos los raíles del tren vemos que, a medida que se alejan, que cada vez están más cerca hasta que se unen en un punto. El primero en darse cuenta  que dos rectas que son paralelas en la realidad podían no serlo en un dibujo fue <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%A9rard_Desargues" target="_blank">Gérard Desargues</a>. Dotó a cada recta un punto en el infinito y a cada plano una recta en el infinito.</p>
<p align="justify">La geometría proyectiva renació en el siglo XIX gracias a varios hombres. El más curioso de ellos fue <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jean-Victor_Poncelet" target="_blank">Jean-Victor Poncelet</a>. Escribió una obra titulada <em>Tratado de geometría descriptiva</em> que apareció publicada en 1822, pero fue gestada entre los años 1813 y 1814, mientras su autor, oficial del ejército de Napoleón, estaba preso en Saratov. Había participado en la campaña contra Rusia y fue dado por muerto durante la retirada de Moscú. En ambientes matemáticos se oye decir con frecuencia que la geometría proyectiva moderna nació en la prisión de Saratov.</p>
<p align="justify">Otra cosa que desconocía (quizás no recordaba) y me ha sorprendido es el "Principio de dualidad", que es la correspondencia entre polo y polar de una cónica. Lo digo en palabras más inteligibles: <em>Si una afirmación sobre figuras planas es cierta, e intercambiamos en ella las palabras "punto" y "recta", así como las relaciones de incidencia (punto perteneciente a una recta por recta conteniendo un punto), entonces, la nueva proposición también lo es</em>.</p>
<p align="justify">Hubo, incluso, un hombre llamado Joseph Gorgone que inició la costumbre, mantenida durante muchos años, de escribir tratados de geometría a doble columna, con el enunciado dual a la derecha del original. Curiosamente, aplicando este principio al <a href="http://suanzes.iespana.es/suanzes/pascal.htm" target="_blank">Teorema de Pascal</a>, Brianchol descubrió un teorema: <em>las líneas que unen los vértices opuestos de un hexágono circunscrito a una cónica pasan por un mismo punto</em>.</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/04/hexagono.jpg" title="Hexágono circunscrito a una cónica" alt="Hexágono circunscrito a una cónica" /></p>
<p align="justify">Permitidme un inciso sobre Blaise Pascal (que no consta en el libro pero sí en los enlaces que cito al final). Es el mismo gracias al cual hoy hablamos de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pascal_%28unidad%29" title="Pascal (unidad)">pascales como unidad de presión</a>, del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Principio_de_Pascal" title="Principio de Pascal">Principio de Pascal</a>, del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tri%C3%A1ngulo_de_Pascal" title="Triángulo de Pascal">triángulo de Pascal</a>, de la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Apuesta_de_Pascal" title="Apuesta de Pascal">apuesta de Pascal</a> y del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lenguaje_de_programaci%C3%B3n_Pascal" target="_blank">lenguaje de programación Pascal</a>.</p>
<p align="justify">A los 11 años escribió un pequeño tratado sobre los sonidos de cuerpos en vibración. Su padre  quería que estudiara latín y griego, así que quitó todos los textos matemáticos de su casa y le prohibió continuar dedicándose a las matemáticas hasta que cumpliese 15 años. A pesar de ello, un día lo encontró escribiendo con un trozo de carbón en la pared una demostración independiente de que los ángulos de un triángulo suman dos ángulos rectos. Tenía entonces 12 años. Al verlo, su padre cambió de opinión y le permitió estudiar a Euclides y, lo que es más importante, le permitió sentarse a escuchar las asambleas de algunos de los mejores matemáticos y científicos de Europa, como Roberval, Desargues, Mydorge, Gassendi y Descartes en la celda monástica del padre Marin Mersenne.</p>
<p align="justify">Con 16 años escribió <em>Essai pour les coniques</em> que hizo llegar a <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=85" target="_blank">Marin Mersenne</a>. Cuando este último le enseñó a Descartes esos trabajos, se negó a creer que no fueran de su padre. Cuando todavía no tenía 19 años, y después de 3 años de trabajo, inventó la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pascalina" target="_blank">pascalina</a>, una calculadora mecánica que utilizó la Hacienda francesa de la época. Hablo del año 1645. En los años 1960 (mñas de 300 después de su invención), IBM la utilizó internamente. Murió con tan sólo 39 años. Prometo buscar más cosas sobre Blaise Pascal y ver si algún día le podemos dedicar un artículo.</p>
<p align="justify">Continuemos con el libro. Jakob Steiner fue el primer matemático germano que siguió el camino iniciado por Poncelet. Llegó a hablar de cónicas de puntos y cónicas de rectas; o sea, una cónica puede ser considerada como el conjunto de sus puntos, pero también puede pensarse como la envolvente de todas sus tangentes.</p>
<p align="justify">El libro habla también de las secciones cónicas, llamadas así porque salen de cortar un cono con un plano. En función del corte obtenemos las famosas elipses, parábolas e hipérbolas.</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/04/conicas.jpg" title="Planos que cortan un cono" alt="Planos que cortan un cono" /></p>
<p align="justify">Cuando hacemos geometría proyectiva como hemos hecho hasta ahora diremos que es utilizando métodos sintéticos; pero también es posible hacer geometría proyectiva utilizando <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Geometr%C3%ADa_anal%C3%ADtica" target="_blank">métodos analíticos</a>. En palabras simples, cuando tratamos de puntos en el plano, ejes cartesianos y vectores.</p>
<p align="justify">Y, como siempre, hubo polémica entre ambos grupos de especialistas. Al principio, fue amistosa, pero pronto dejó de serlo. Los geómetras analíticos criticaban a los sintéticos por su incapacidad de demostrar el principio de dualidad en su forma más general (o sea, que la figura a la que se aplica no hace falta que sea una cónica); y los sintéticos criticaban a los analíticos la utilización del lenguaje matemático que ocultaba las ideas geométricas.</p>
<p align="justify">La rivalidad llegó a hacerse tan agria que Jakob Steiner, el más fanático de los sintéticos, amenazó con dejar de publicar en el <em>Journal für Mathematik</em> si los artículos de Plücker, el más representativo de los analíticos, seguían apareciendo allí.</p>
<p align="justify">Obviamente, esta discusión carece totalmente de sentido. Quizás, en cuanto a potencia de sus procedimientos, el tiempo le ha dado la razón a los analíticos, pero los métodos sintéticos, en absoluto, han dejado de utilizarse y siguen dando hermosos resultados.</p>
<p align="justify">El libro habla mucho, muchísimo de trucos y propiedades geométricas, de la entrada de la variable compleja en la geometría analítica; de los diferentes tipos de cúbicas, clasificadas según Isaac Newton; de la paradoja de Kramer, del teorema de Poncelet y finalmente acaba con algunas curvas conocidas (muchas de ellas suelen salir en las matemáticas de diferentes carreras técnicas y científicas) como la Leminscata de Bernoulli y otras que no conocía como la Curva del diablo, el bicornio o el astroide (si os interesa ver algunas curvas y sus fórmulas, no dejéis de ver <a href="http://www.monografias.com/trabajos33/coordenadas-polares/coordenadas-polares.shtml" target="_blank">este enlace</a>.</p>
<p align="justify">Ya que hablo de curvas matemáticas, permitidme otro apunte más que no consta en el libro. La <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cardioide" target="_blank">cardioide</a> es una curva con forma de corazón. Una anécdota que me contó un compañero de facultad, es que un matemático dedicó un libro a su mujer con la dedicatoria: <em>A mi esposa, con </em>[y aquí puso la fórmula de  la cardioide]. Una bonita, a la vez que original dedicatoria, ¿no os parece?</p>
<p align="justify">Como decía al principio, el libro es bastante técnico y sólo puedo recomendarlo a quien tenga buenos o muy buenos conocimientos de geometría a niveles de la licenciatura en exactas, ingenieros, arquitectos o cualquier otra carrera donde se traten estos temas en profundidad (¿alguien me puede decir si estos temas se estudian también en la carrera de Bellas Artes?).</p>
<p align="justify">Si pensáis que exagero, os recomiendo echarle un buen ojo antes de comprarlo o leerlo. Ahora bien, si conocéis el tema, el libro es sensacional.</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/04/libro_geometria.jpg" title="Portada del libro" alt="Portada del libro" /></p>
Título: "Plücker y Poncelet. Dos modos de entender la geometría"
Autor: Ricardo Moreno Castillo
<p align="justify">(Nota: puede que tengáis problemas con los gráficos si no leéis el artículo desde el mismo blog. Ha aumentado tanto el gráfico debido al hotlinking que me he visto obligado a eliminarlo. Disculpad las molestias)</p>
Otras fuentes:
<a href="http://suanzes.iespana.es/suanzes/pascal.htm" target="_blank">http://suanzes.iespana.es/suanzes/pascal.htm</a>
<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Blaise_Pascal" target="_blank">http://es.wikipedia.org/wiki/Blaise_Pascal</a>]]></content:encoded>
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		<title>La suerte de los Joliot-Curie</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 11:35:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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<p align="justify">Antes de empezar: disculpad la longitud del artículo, pero os prometo que valdrá la pena. Alguna vez he oído que para que haya una gran amistad entre dos personas deben ser parecidas en caracteres y/u opiniones, mientras que para que haya un gran matrimonio deben ser opuestos, siempre dentro de unos límites, claro. La pareja de la que os quiero hablar hoy sería un ejemplo de personas diferentes... con el detalle de que fueron Premio Nobel y no sé deciros si por suerte o no. Sobre esta pareja, la de los Joliot-Curie os hablaré en nuestra historia de hoy.</p>

<p align="justify"> Irène Curie era hija de Marie Curie. Había trabajado junto a su madre como radióloga en la Primera Guerra Mundial cuando contaba 16 años. A los 18 años era una auténtica experta en radiología, capaz de desmontar y arreglar aparatos estropeados. Lo hacía sin tomar las debidas precauciones, lo que acabó pasándole factura tiempo después. Por supuesto, todo esto simultáneamente con sus estudios. Su tesis doctoral versó sobre los rayos alfa del polonio que defendió en 1925.</p>
<p align="justify">Con 24 años era alta y de complexión robusta. Los contemporáneos dicen que tenía una mirada directa, aguda y muchas veces desconcertante. Algunos la recuerdan tímida, sin coquetería, imperturbablemente tranquila y de una gran sencillez, inaccesible en apariencia por su inteligencia y sensibilidad, reservada, concisa pero con una fuerte dosis de ironía. Cuando daba clase, después de trazar un diagrama en la pizarra, podía tranquilamente mojarse el dedo índice con saliva y borrar algunos puntos en el tramo de la tiza, haciendo que una línea continua fuera una línea de puntos. Otros la recuerdan altiva y consciente por el estatus de ser la hija de Marie Curie y en otras ocasiones muy zafia. No le preocupaban en absoluto las apariencias o las convenciones: se levantaba la falda sin problemas para rebuscar en una enagua un pañuelo con el que luego se sonaba ruidosamente; y durante las comidas arrojaba por encima del hombro el pan que sobraba. Einstein decía que parecía un ganadero. Y si estaba en el laboratorio con su madre y alguien venía a verlas, entre la brusquedad de una y la frialdad de otra, el visitante se sentía o bien desconcertado o bien ofendido.</p>
<p align="justify">En 1926 se casó con Frédéric Joliot, tres años menor que ella. Era atlético, lleno de vida, ambicioso y, al igual que Pierre Curie, hijo de un comunero de París. Había empezado a trabajar un año antes en el laboratorio de Marie Curie donde <em>la Patronne</em> y su hija le ponían bastante nervioso. Había optado primero por la química, pero en el último minuto eligió la opción de física. Ello hizo exclamar a Gustave Bémont, quien había ayudado a los Curie a aislar el radio: <em>He aquí a un físico de segunda cosecha</em>. Acabó sus estudios con el número uno de su promoción y antes de terminarlos fue presentado por Paul Langevin a Marie Curie, quien le tomó como preparador particular en el Instituto del Radio en diciembre de 1924.</p>
<p align="justify">Poco después Irène y Frédéric empezaron a trabajar juntos y al cabo del tiempo se casaron. Parece mentira que dos caracteres tan diferentes puedan hacer una gran pareja, como os comentaba antes. Frédéric tenía muchas cualidades seductoras: era inteligente, apasionado, brillante, buen conversador. Mientras ella difícilmente trababa amistades con la gente, él tenía una gran facilidad para relacionarse con los demás; mientras ella se mostraba tranquila y serena, él era entusiasta e impulsivo. Dentro de sus diferencias, compartían su pasión por la investigación científica y su afición por los deportes como la natación, el tenis y el esquí.</p>
<p align="justify">Y ahora, veamos algo de su historia conjunta y su suerte.</p>
<p align="justify">Durante muchos años se creía que los núcleos estaban compuestos por protones y electrones. No se conocía la existencia del neutrón. Rutherford, no obstante, tuvo el convencimiento de que había una partícula no detectada en el núcleo atómico a la que bautizó como "neutrón". En 1920 informó a la Royal Society sobre la posibilidad de su existencia:</p>
<p align="justify"><em>Parece muy probable que un electrón se pueda unir también dos núcleos de hidrógeno y posiblemente también a un solo núcleo. En el primer caso, esto implica la posible existencia de un átomo de masa aproximadamente 2 transportando una carga, que se debe considerar como un isótopo de hidrógeno. En el segundo caso, implica la idea de la posible existencia de un átomo de masa 1 que tiene carga nuclear 0. Semejante estructura atómica no parece ser en absoluto imposible.</em></p>
<p align="justify">Aunque fue detrás de ellos, no pudo dedicarse a los laboratorios tanto como a él le hubiera gustado. Empezaba a tener otras distracciones como la administración de la Universidad y la participación en comités públicos nacionales. Además, en 1930 había muerto su única hija, Eileen, que dejó 4 hijos a los que Rutherford tenía gran cariño.</p>
<p align="justify">El gran hombre delegó cada vez más en James Chadwick, quien le tomó el relevo. Y no lo hizo nada mal, pues se puso al trabajo de forma obsesiva. Sus esfuerzos provocaron burlas afectivas por parte de colegas más jóvenes quienes montaron un espectáculo en el que satirizaban la búsqueda del "pocotrón".</p>
<p align="justify">En enero de 1932 leyó un artículo del matrimonio Joliot-Curie publicado en la revista <em>Comptes-Rendus</em>. Dicho artículo describía cómo, repitiendo un experimento efectuado dos años antes por Walther Bothe y Herbert Backer, habían bombardeado berilio con una fuente intensa de polonio. El berilio emitía así una radiación inusualmente penetrante. Resulta que aquella radiación no sólo atravesaba cualquier barrera que le pusieron sino que, además, parecía volverse todavía más intensa. No había habido ninguna experiencia anterior con esos resultados. Concluyeron en el artículo que era una forma particularmente potente de rayos gamma.</p>
<p align="justify">El artículo fue leído por toda la comunidad científica. ¿Y qué sucede cuando trabajas en una actividad en la que hay gente a la que no se les escapa una? Que como se te escape a ti te pillan en un abrir y cerrar de ojos.</p>
<p align="justify">Tras leer las conclusiones, Rutherford exclamó un: "¡No me lo creo!". Y ordenó a Chadwick repetir los experimentos.</p>
<p align="justify">Cuando Ettore Majorana leyó el artículo estaba presente Emilio Segré. Majorana, al acabar, dijo:</p>
<p align="justify">- ¡Oh! Mira qué idiotas; han descubierto el protón neutro y no se han dado cuenta.</p>
<p align="justify">El que sí se había dado cuenta era el mismo Chadwick. Tenía que darse prisa por demostrarlo, pues sabía que otros físicos pensarían lo mismo que él. Trabajó día y noche, rompiendo la norma del Cavendish en la que todo el trabajo que se realizara en el laboratorio debía cesar a las 6 de la tarde. Después de tres semanas pudo demostrar que aquella radiación era tan potente como para que se desprendieran partículas de hidrógeno, litio, helio, berilio y argón. Era evidente que las partículas expulsadas por el hidrógeno eran protones mientras que el resto eran núcleos enteros de la sustancia bombardeada. El poder de penetración de esa radiación no podía ser igualada ni con los rayos gamma. La conclusión era que la radiación estaba compuesta por partículas de masa 1 y carga 0, es decir, que eran neutrones.</p>
<p align="justify">Eligió el foro <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=415" target="_blank">Kapitsa</a> para revelar sus conclusiones. Demacrado por la falta de sueño pero enormemente eufórico se dirigió al público. Mark Oliphant escribió: <em>Antes, Kapitsa le había invitado a cenar en el Trinity, y Chadwick estaba muy relajado. Su conferencia fue extremadamente lúcida y convincente, y arrancó una ovación cálida y espontánea del selecto público presente. Todos disfrutaron con el relato de una larga búsqueda, llevada a cabo con persistencia y con visión...</em></p>
<p align="justify">Al final pidió que "lo durmieran con cloroformo y lo metieran en la cama durante dos semanas". Pero al día siguiente ya estaba en pie para escribir a Niels Bohr y a la revista <em>Nature</em> con el cauteloso encabezamiento "La posible existencia del neutrón".</p>
<p align="justify">Esto fue un duro golpe para los Joliot-Curie. Frédéric escribió en privado: <em>Resulta muy molesto que se nos adelanten otros laboratorios que inmediatamente hacen suyos nuestros experimentos</em>. No obstante, en público se mostró siempre cortés y generoso. Un Nobel que se les había escapado, ya que Chadwick acabó recibiéndolo por ello.</p>
Rutherford, hablando más tarde con Joliot le preguntó:
<p align="justify">- ¿Pero no te diste cuenta de que tenías delante los neutrones de los que hablé en mi conferencia en 1920?</p>
Y Joliot contestó:
<p align="justify">- Es que no llegué a leerla, pensé que sería el habitual despliegue de oratoria sin ideas nuevas.</p>
<p align="justify">Vamos más adelante. Al Congreso Solvay de 1933 asistieron 40 experimentales y teóricos entre los que se encontraban Rutherford, Chadwick, Lawrence, Marie Curie, los Joliot-Curie, Langevin, Lise Meitner y Niels Bohr. Estuvieron discutiendo si el neutrón de Chadwick era un compuesto de partículas o una partícula por derecho propio. No obstante, comentaron otro asunto también interesante: el reciente hallazgo de una nueva partícula por parte de Carl Anderson: el positrón (idéntico al electrón pero con carga positiva). Anderson lo había fotografiado gracias a un ingenioso artefacto llamado <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%A1mara_de_niebla" target="_blank">Cámara de Niebla</a> que había sido construido años atrás por un tal Charles Wilson. Básicamente era una cámara con vapor de agua saturado. Las partículas que pasaban condensaban las gotitas de agua y dejaban una trayectoria marcada. Se veía como la estela que deja un meteorito. Le añadieron un mecanismo que podía hacer una fotografía en el momento adecuado y la trayectoria de la partícula quedaba registrada.</p>
<p align="justify">En un campo magnético las partículas con carga se desvían, pero siempre en función del signo de la carga. Por ejemplo, si una partícula era positiva y se desviaba a la derecha, una negativa lo haría hacia la izquierda. Así podía saberse la carga de la partícula. Anderson detectó cierta partícula que se desviaba con la misma curva que un electrón... pero hacia el otro lado, como si fuera un electrón con carga positiva. Acababa de descubrir el positrón. Ese detalle, que se les había pasado tanto a Chadwick como a los Joliot-Curie, no se le pasó a Anderson. Los Joliot-Curie tienen excusa porque iban a la caza del neutrón. No obstante, cuando supieron de todo esto, se dieron cuenta que ellos también habían fotografiado electrones en un campo magnético "retrocediendo en un sentido equivocado". Se dieron cuenta de lo que se les había escapado al leer el artículo de Anderson. Este último recibió el Nobel: la segunda vez que se les escapaba.</p>
<p align="justify">Molestos por no haber sido capaces de reconocer los positrones que tenían delante de sus narices, se pusieron a trabajar en una serie de experimentos para conocer más detalles sobre esta nueva partícula. Frédéric puso una cámara de niebla en un fuerte campo magnético y empezó a bombardear aluminio corriente con partículas alfa empleando un contador Geiger para medir los resultados. Era lógico esperar que si se bombardeaba aluminio saldrían partículas despedidas que el contador registraría, pero si retirábamos la fuente de partículas alfa, o sea, dejábamos de bombardear la muestra, el detector tenía que quedar en silencio en el acto. Sin embargo, los contadores siguieron haciendo ruido. No podía creérselo. Repitió el experimento una vez más con idénticos resultados y fue a buscar a Irène, quien quedó igualmente sorprendida. Aquella noche tenían una cena, por lo que pidieron a un colega que revisara los contadores. A la mañana siguiente había una nota: "los contadores funcionan a la perfección".</p>
<p align="justify">¿Qué había pasado? Al bombardear el aluminio con partículas alfa, se había transmutado en un isótopo radiactivo intermedio del fósforo que, al descomponerse para transformarse en silicio, emitía positrones que era lo que detectaban los contadores. Acababan de generar un nuevo elemento radiactivo de un elemento que antes no lo era. Los Joliot-Curie se apresuraron a publicar el descubrimiento que anunciaba: <em>Un nuevo tipo de radiactividad</em>. El 15 de enero de 1934, las Actas de la Academia de las Ciencias publicaron el descubrimiento de la <em>radiactividad artificial</em>, aunque ese nombre no gustó a los Joliot-Curie, que siempre puntualizaban que la radiactividad obtenida por ellos era idéntica a la natural: la diferencia estaba en la producción del isótopo radiactivo.</p>
<p align="justify">El descubrimiento satisfizo enormemente a Marie Curie. Frédéric lo recordaba en una transmisión radiofónica:</p>
<p align="justify"><em>Marie Curie fue testimonio de nuestras investigaciones, y jamás olvidaré la expresión de intensa alegría que manifestó cuando Irène y yo le mostramos, en un pequeño tubo de vidrio, el primer radioelemento artificial. Todavía la veo, tomando entre sus dedos, quemados ya por el radio, ese pequeño tubo con radioelemento, cuya actividad era muy débil. Para comprobar lo que le anunciábamos, lo aproximó a un contador Geiger-Müller y pudo oír las numerosas señales del contador de radiación. Esta fue sin duda la última gran satisfacción de su vida. Unos meses más tarde, Marie Curie fallecía a causa de la leucemia.</em></p>
<p align="justify">Ahora bien, ¿cómo se les había escapado una observación como esa a los del equipo de Lawrence en Berkeley, con un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ciclotr%C3%B3n" target="_blank">ciclotrón</a> que utilizaban a diario y con el que bombardeaban de todo? Resulta que tanto el ciclotrón como los contadores Geiger funcionaban ¡con el mismo interruptor!, de modo que los científicos nunca tuvieron oportunidad de examinar si los contadores seguían funcionando después de que se hubiera desconectado el ciclotrón. Cuando vieron la publicación de los Joliot-Curie cambiaron corriendo el cableado y dejaron encendidos los contadores al apagar el ciclotrón. Oyeron el clásico tic rítmico que habían oído tantas otras veces, solo que ahora el ciclotrón estaba apagado. Como dijo Stanley Livingstone: "un sonido que ninguno de los que estaban allí olvidaría jamás". Las caras con las que se mirarían entre ellos debieron ser apoteósicas: les hubieran valido un Nobel. Como dijo uno de ellos "podríamos haber hecho el descubrimiento en cualquier momento". Otro científico dijo: "nos dieron ganas de patearnos el trasero los unos a los otros".</p>
<p align="justify">Y no solo eso. Más tarde se dieron cuenta que muchas piezas del ciclotrón y herramientas que tenían por allá, como destornilladores, también se habían vuelto radiactivos sin que lo hubieran advertido.</p>
Un Frédéric pletórico le dijo a un colega: <em>Con el neutrón llegamos tarde. Con el positrón llegamos tarde. Ahora hemos llegado a tiempo</em>.

Se llevaron el Nobel. Y ahora, decidme: ¿tuvieron suerte o no?

Fuentes:
"Antes de Hiroshima", Diana Preston
"La radiactividad artificial", P.Radvanyi y M.Bordry
"De la fisión del núcleo a la bomba de hidrógeno", Otto R. Frisch
"Marie Curie y su tiempo", José Manuel Sánchez Ron]]></content:encoded>
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		<title>Rayos X</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2009 08:37:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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<p align="justify">El primer día de enero de 1896 un físico alemán llamado Wilhelm Röntgen envió a sus colegas de toda Europa detalles de una asombrosa observación. Para demostrar su argumento incluyó una fotografía en la que podía verse una imagen de algo parecido a los huesos de su mano con la carne apenas discernible como un tenue halo y con la sombra de un anillo.</p>

<p align="justify"> Y todo lo había descubierto de forma accidental en <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Room_where_R%C3%B6ntgen_found_x-rays.jpg" target="_blank">un laboratorio</a> de la Universidad de Würzburg. Un par de meses atrás,  nuestro personaje había notado una extraña <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fluorescencia" target="_blank">fluorescencia</a> en una pantalla, un brillo en una pantalla fosforescente cerca de un tubo de descarga eléctrico en su laboratorio. Advirtió que el fenómeno estaba relacionado con la producción de rayos catódicos que estaba produciendo en aquel tubo que tenía en otra mesa del laboratorio, sin conexión aparente con la pantalla que se había vuelto fluorescente.</p>
<p align="justify">Era así incluso si envolvía el tubo de rayos catódicos con gruesos y opacos materiales. Comenzó entonces una actividad febril, durante dos meses, para caracterizar bien las propiedades de la nueva radiación. Al poner la mano entre el tubo y la pantalla vio la imagen de los huesos de su mano. Resulta que, sin saberlo, los físicos habían estado generando rayos X durante años. Estos experimentos incluyeron las primeras radiografías de la historia, como la mano de su esposa (tras una exposición de 15 minutos):</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/04/primera-radiografia.jpg" title="Primera radiografía de la historia" alt="Primera radiografía de la historia" /></p>
<p align="justify">También radiografió las manos de un colega. Sólo cuando tuvo resultados concretos y maduros los comunicó a la Sociedad Físico-Médica de su universidad. Esto le trajo enemigos; por ejemplo, Silvanus Thompson se quejó de que había dejado muy poco para que los demás contribuyeran a la expansión del campo.</p>
<p align="justify">En Alemania, el 4 de enero de 1896 Emil Warburg mostró algunas de las fotografías tomadas por Röntgen en una reunión de la Sociedad Física de Berlín. Al día siguiente, la agencia de noticias <em>Wiener Presse</em> transmitía la historia del descubrimiento y un día más tarde la noticia circulaba por todo el mundo. Se acercaban las nubes de la guerra pero el <em>London Daily Chronicle</em> decía: <em>Los rumores de una alarma de guerra no deben distraer la atención del maravilloso triunfo de la ciencia que acaba de comunicarse en Viena. Se anuncia que el profesor Röntgen de la Universidad de Würzburg ha descubierto una luz que, al efectuar una fotografía, atraviesa la carne, el vestido y otras sustancias orgánicas</em>.</p>
<p align="justify">Los médicos vieron inmediatamente su aplicación. En palabras del propio Röntgen:</p>
<p align="justify"><em>Se puede imaginar el interés que suscitó en el mundo científico el descubrimiento y la sensación que creó en todas partes; pocos fueron los laboratorios en los que no se intentó en seguida repetir el experimento... Casi inmediatamente, la posibilidad de aplicaciones prácticas atrajo al público y muy especialmente a la profesión médica. Estaba claro que se tenía un método de gran utilidad para el diagnóstico de fracturas complicadas, o para localizar cuerpos extraños en el cuerpo. Para mí, esto tuvo una consecuencia desafortunada. Mi laboratorio se vio inundado por médicos que traían a sus pacientes, de los que se sospechaba que tenían agujas en distintas partes de sus cuerpos, y durante una semana tuve que emplear la mayor parte de tres mañanas en localizar una aguja en el pie de una bailarina de ballet.</em></p>
Hasta el propio Kaiser Guillermo II le solicitó una demostración en la Corte.
<p align="justify">Los rayos X de Röntgen, en principio, no parecían rayos. Si lo fueran deberían presentar polarización, interferencias, difracción, etc.; una serie de fenómenos que por la época no se detectaban. Volvamos a dejar que sea Röntgen quien nos lo explique:</p>
<p align="justify"><em>He observado, y en parte fotografiado, muchas imágenes de sombras de este tipo [sombras de los cuerpos que se colocan entre el aparato y la pantalla fluorescente], cuya producción tiene un encanto especial. Poseo, por ejemplo, fotografías de la sombra... de los huesos de la mano;... de un conjunto de pesas encerrados en una caja... He intentado de muchas maneras detectar fenómenos de interferencia de los rayos X, pero, desgraciadamente, sin éxito, acaso solamente debido a su débil intensidad...; tampoco puede ser polarizada por ninguno de los métodos ordinarios.</em></p>
<p align="justify">Cuando se extendió la noticia, los laboratorios de todo el mundo empezaron a hacer experimentos y entonces sí quedó establecido que eran una especie de radiación electromagnética de longitud de onda más corta que la luz visible y la ultravioleta.</p>
<p align="justify">En Barcelona, un grupo de profesores de universidad, médicos y fotógrafos intentó reproducir los experimentos y para obtener una fotografía de muy baja calidad de una mano la tuvieron que someter a una exposición de 50 minutos.</p>
<p align="justify">¿Y cómo dimos la bienvenida al gran descubrimiento en nuestro país? Bueno, ya se sabe que abunda la picaresca. Hubo épocas en que el mejor banco era uno mismo (hablo en pasado pero cruzo los dedos). Las personas llevaban el dinero en monedas guardado en los refajos que formaban parte del vestuario rural de las gentes. Eran grandes monedas de "duro", algunas todavía de plata. Lo llevaban siempre aunque el desplazamiento fuese tan sólo de escasos kilómetros que separaban un pueblo de otro.</p>
<p align="justify">Hubo cierto médico que conocía bien estas costumbres y las supo aprovechar. Al paciente que entraba en su consulta le sugería la conveniencia de someterlo a una exploración con el flamante aparato de rayos X.</p>

<p align="justify">— Y eso ¿cuánto me va a costar? —preguntaban siempre el hombre o la mujer, recelosos de cualquier gasto superfluo, y temerosos de que aquella "extravagancia" les alterara la economía.
— Bueno —respondía el médico—, eso ya se lo diré luego; depende de lo que vea por la pantalla.
<p align="justify">Y no mentía en absoluto. Al enfermo le hacía pasar a la sala de rayos X indicándole cómo debía colocarse y siempre con la advertencia:</p>
<p align="justify">— No hace falta que se quite usted la ropa. Estos aparatos modernos pueden ver a través de la tela.</p>
<p align="justify">Y claro que veía... las monedas que él o ella guardaban en el refajo y hacía un rápido recuento. Al cabo de unos momentos daba por finalizada la exploración.</p>

<p align="justify">— ¿Qué tengo, doctor? —el paciente escrutaba anhelante los ojos del médico.
— Pues afortunadamente nada de qué preocuparse. Son treinta duros.
<p align="justify">U otra cantidad ajustada a lo que ocultaba a simple vista, pero no a los rayos X, el refajo. Y el paciente, con más o menos gesto de dolor del alma que no físico, sacaba los cuartos y los ponía sobre la mesa del médico. En una ocasión aplicó el procedimiento a un hombre que tras abonarle la tarifa del caso demostró socarronamente que había captado el truco.</p>
<p align="justify">—Buena vista tiene usted, doctor. Cuarenta duros traía y cuarenta me ha sacado.</p>
<p align="justify">Sabemos, no obstante que hoy día esto no sucede. Al menos, en lo que a exploración por rayos X se refiere. En fin, continuemos con hechos de mayor honra.</p>
<p align="justify">La noticia también llegó a Francia y el 20 de enero de 1896 la <em>Académie des Sciences</em> dedicó su reunión a estudiar el tema. Uno de los que estaba en aquella reunión era un tal Antoine Henri Becquerel, catedrático de física en el <em>Musée d'Historie Naturalle</em> de París. Dicha cátedra la había ocupado antes su padre y antes que él, su abuelo. Era un experto en fluorescencia. Al fin y al cabo, la había estudiado toda su familia. Mirando de profundizar más en el tema llegó a dar con otro descubrimiento al que apenas prestaron atención hasta que apareció una polaca llamada Marie Sklodowska, posteriormente conocida como Madame Curie. Obviamente, me refiero al descubrimiento de la radiactividad, pero podemos dejarlo para otra historia.</p>
<p align="justify">Röntgen aceptó la cátedra de física en la Universidad de Munich en 1900 así como distinciones científicas como la Medalla Rumford de la <em>Royal Society</em> de Londres y también el grado honorario de Doctor en Medicina que le confirió su Universidad de Würzburg.</p>
<p align="justify">Pero murió al borde de la bancarrota, como suelen hacerlo muchos benefactores de la humanidad. Y es que rechazó patentar su descubrimiento gracias a lo cual todo el mundo pudo beneficiarse de los rayos X. También rechazó el título honorario de pasar a llamarse von Röntgen, que le habría valido su entrada a la nobleza alemana. También había donado el dinero de su <a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1901/index.html" target="_blank">Premio Nobel de 1901</a> a su querida Universidad de Würzburg.</p>
<p align="justify">Así que recordad cuando os hagan una radiografía que el científico que está detrás de todo ello fue una persona excepcionalmente generosa.</p>
Fuentes:
"Incertidumbre", David Lindley
"El poder de la ciencia", José Manuel Sánchez Ron
"Marie Curie y su tiempo", José Manuel Sánchez Ron
"El canon científico", José Manuel Sánchez Ron
"De Arquímedes a Einstein", Manuel Lozano Leyva
"Anecdotario médico", Ignacio Arana
<a href="http://www.profisica.cl/personajedelmes/biografias.php?id=21" target="_blank">http://www.profisica.cl/personajedelmes/biografias.php?id=21</a>
<a href="http://eltamiz.com/2008/10/28/premios-nobel-fisica-1901-wilhelm-rontgen/" target="_blank">http://eltamiz.com/2008/10/28/premios-nobel-fisica-1901-wilhelm-rontgen/</a>

La fotografía está sacada de este último enlace.]]></content:encoded>
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		<title>El Sol y el efecto túnel</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 22:07:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Curiosidades]]></category>

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		<description><![CDATA[En el artículo &#8220;El sorprendente Sol&#8221; os dejé con la idea de que el Astro Rey arde por efecto túnel. Hoy intentaré razonar por qué. Para empezar, he de explicar en un unos pocos párrafos qué es el efecto túnel.

Imaginemos que tenemos una masa (una canica, una pelota, imaginad lo que queráis) en una situación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
<p align="justify">En el artículo "<a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=420" target="_blank">El sorprendente Sol</a>" os dejé con la idea de que el Astro Rey arde por efecto túnel. Hoy intentaré razonar por qué. Para empezar, he de explicar en un unos pocos párrafos qué es el efecto túnel.</p>

<p align="justify">Imaginemos que tenemos una masa (una canica, una pelota, imaginad lo que queráis) en una situación como la que os muestro en el próximo gráfico. Se encuentra a una cierta altura y está  parada en ese momento. Despreciemos rozamientos para simplificar el problema.</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/03/potencial_clasico.jpg" title="Potencial clásico" alt="Potencial clásico" /></p>
<p align="justify">Esa masa puede ir hacia abajo y subir hasta llegar al otro lado pero, ojo, como máximo, a la misma altura. Nunca podrá superar dicha altura. De esta manera, la tenemos atrapada en ese (permitidme el tecnicismo) "pozo de potencial". Esa masa no tiene suficiente energía para escapar del pozo de potencial.</p>
<p align="justify">El potencial anterior es de tipo gravitatorio, pues el responsable de que exista es la fuerza de la gravedad. Ahora bien, si en lugar de entrar en juego la fuerza gravitatoria, lo hace la fuerza eléctrica podemos crear un pozo de potencial para una partícula cargada que podría ser, por ejemplo, un electrón o un protón. Veamos qué sucede cuando llega a una de las paredes:</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/03/pared1.jpg" title="Pared de pontencial" alt="Pared de pontencial" /></p>
<p align="justify">En la física clásica, las partículas no pueden atravesar una barrera de potencial superior a la energía que tienen. En el anterior gráfico, la partícula de arriba sí la podrá superar, pero la de abajo nunca podrá atravesar la barrera de potencial.</p>
<p align="justify">No obstante, según la mecánica cuántica, existe una probabilidad de encontrar esa partícula en una región en la que clásicamente no podría estar nunca. Recordad siempre que cuando hablamos de cuántica hablamos de probabilidades, o sea, probabilidad de que la partícula esté aquí o esté allá, pero no podemos decir que está aquí o allá. Todo ello es por el carácter ondulatorio de la materia.</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/03/pared2.jpg" title="Potencial cuántico" alt="Potencial cuántico" /></p>
<p align="justify">Ahora bien, en el ejemplo anterior hemos puesto una barrera muy larga. ¿Qué sucede si ponemos una barrera corta? Sucederá lo que veis a continuación:</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/03/tunel.jpg" title="Efecto túnel" alt="Efecto túnel" /></p>
<p align="justify"> ¿Podría ser que fuera capaz de atravesar la barrera? Pues sí. Esta probabilidad depende de la masa de la partícula, de la altura de la barrera y, sobre todo, de su anchura. Las distancias típicas para que la probabilidad sea apreciable son del orden de los nanómetros o más estrechas.</p>
<p align="justify">El primero que dio esta explicación fue el físico George Gamow, un hombretón de 1.90  metros de altura y 102 kg.</p>
<p align="justify">No quiero extenderme mucho más en el efecto túnel, puesto que lo tenéis perfectamente explicado en <a href="http://bandaprohibida.blogspot.com/2007/05/el-efecto-tnel.html" target="_blank">este artículo</a> cuyo autor me ha permitido utilizar sus gráficos (gracias, Julio).</p>
<p align="justify">Quiero decir, no obstante, un detalle más. Puedo daros otro punto de vista. ¿Recordáis que <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=250" target="_blank">os comenté</a> que el Universo podía tomar energía prestada durante un lapso de tiempo suficientemente breve como para que no lo pudiéramos medir en virtud del Principio de Incertidumbre? ¿Recordáis que nos sirvió para explicar la radiación Hawking?.</p>
<p align="justify">Pues aquí podéis aplicar el mismo principio: podéis interpretar que la partícula toma energía prestada, la suficiente como para tener más energía que la barrera de potencial y el tiempo suficiente como para atravesarla. El producto energía por tiempo debe cumplir con el Principio de Incertidumbre.</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/03/pared1_heisenberg.jpg" title="Efecto túnel por Heisenberg" alt="Efecto túnel por Heisenberg" /></p>
<p align="justify">Cuanto mayor sea la energía que tome prestada, menor será el tiempo que tenga para escapar, así que a barreras más altas, necesitamos que sean más delgadas para que este efecto se dé con una probabilidad aceptable. Aquí lo dejo para que penséis más en ello.</p>
<p align="justify">Ahora vamos al Sol. En su núcleo los protones tienen mucha energía; se mueven a gran velocidad (está a 15 millones de Kelvin). La energía es tan alta que los electrones y los núcleos van por separado. Ni se ven. Los físicos dicen que están "desacoplados". Cuando hablamos de esas temperaturas, en el fondo, estamos hablando de la energía de sus partículas. Una forma de energía es la velocidad y en este caso es de aproximadamente 500 km/s.</p>
<p align="justify">Ahora bien, ¿qué sucede cuando dos protones se acercan? Según se vayan acercando, notarán una repulsión en virtud de la fuerza eléctrica y cuanto más cerca estén, más fuerte será esa repulsión. Pero si pudieran acercarse más y más, habría un momento en que entraría en juego la fuerza fuerte, que a esas distancias es mucho más intensa que la repulsión eléctrica, y se induciría una fusión nuclear.  El problema es que la repulsión eléctrica es dominante a distancias mayores. Si hablamos de pozos de potencial, como hemos hecho antes, los protones ven algo similar al siguiente gráfico:</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/03/potencial_proton1.jpg" title="Potencial que ven los protones" alt="Potencial que ven los protones" /></p>
<p align="justify">Para que pudiera darse esa reacción superando el pico donde acaba la fuerza eléctrica y empieza la fuerza fuerte, la energía de los protones debería ser del orden de los MeV, pero a 15 millones de grados, la energía de los protones es un orden 1000 veces menor, del orden de los KeV. Así que no es posible que pasen por encima de la barrera. Y si aun así os seguís mostrando escépticos, pensad que si realmente pudieran pasar por encima del máximo potencial todos los protones se fusionarían de golpe y la estrella directamente explotaría. No existiría tal como la conocemos.</p>
<p align="justify">Pero si os fijáis, ese potencial entre las fuerzas de repulsión eléctrica y de atracción nuclear es una barrera similar a las que os he mostrado antes. ¿Sería posible que pudieran atravesar esa barrera por efecto túnel?</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/03/potencial_proton2.jpg" title="Efecto túnel entre protones" alt="Efecto túnel entre protones" /></p>
<p align="justify">Los primeros en hacer estos cálculos fueron los físicos Rober Atkinson y Fritz Houtermans. Se dieron cuenta que la probabilidad no es que fuera pequeña, es que era minúscula. Pero claro, hemos de pensar también que los núcleos estelares también tienen un número de protones muy alto, así que se dan muchas reacciones. Las suficientes como para que se genere todo el calor que genera y pierda 4 millones de toneladas de materia por segundo.</p>
<p align="justify">Debéis pensar también que he hablado de lo que sucede cuando se acercan dos protones (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Cadena_prot%C3%B3n-prot%C3%B3n" target="_blank">cadena protón-protón</a>). Si consideráramos otro tipo de partículas, como núcleos de helio, carbono, oxígeno, etc.; la forma de las barreras de potencial cambiaría así como la probabilidad de que se dé el efecto túnel ya que al ser núcleos con más carga la repulsión  eléctrica será mucho mayor. Esto tiene como consecuencia que la estrella pase por diferentes fases y tenga diferentes ciclos nucleares durante su vida. Nuestro Sol está actualmente en fase principal.</p>
<p align="justify">Y tened también en cuenta que, básicamente, entre 4 protones se genera un núcleo de Helio y este proceso se genera un millón de veces más energía que en una reacción química clásica que genera fuego ordinario. Y todo gracias al efecto túnel.</p>
<p align="justify">Hoy día, el efecto túnel está probado y reprobado. De hecho, no entenderíamos la electrónica como la entendemos y, además, existe un <a href="http://bandaprohibida.blogspot.com/2007/05/stm-el-microscopio-de-efecto-tnel.html" target="_blank">microscopio basado en él</a>. Pero por aquel entonces nadie había comprobado que esto pudiera darse realmente. Y así lo discutieron Cockroft y Gamow. El primero de ellos descubrió que las energías necesitaban ser del orden de los cientos de keV para que pudiera verse con claridad en un laboratorio. Así que convenció a Rutherford para que utilizara su influencia y reuniera una fortuna (1000 libras) para trabajar en un proyecto de acelerador de partículas en el Cavendish.</p>
<p align="justify">En un par de años, el mismo Cockroft, junto a un ayudante de investigación irlandés llamado Ernest Walton, desarrollaron el primer acelerador de partículas. Era capaz de acelerar haces de protones a energías de 700 keV, siempre por debajo del pico más alto de potencial. Efectivamente, produjeron reacciones de fusión en 1932 gracias al efecto túnel. Cockroft y Walton se llevaron el <a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1951/index.html" target="_blank">Nobel de 1951</a>.</p>
<p align="justify">Y es que, como dijo Arthur Edington: "lo que es posible en el Cavendish puede que no resulte excesivamente difícil en el Sol".</p>
<p align="justify">Así que cuando miréis el Sol, pensad que estáis viendo la física cuántica en acción y el efecto túnel de forma continuada.</p>
Fuente:
"Cegados por la luz", John Gribbin
<a href="http://bandaprohibida.blogspot.com/2007/05/el-efecto-tnel.html" target="_blank">http://bandaprohibida.blogspot.com/2007/05/el-efecto-tnel.html</a>
<a href="http://bandaprohibida.blogspot.com/2007/05/stm-el-microscopio-de-efecto-tnel.html" target="_blank">http://bandaprohibida.blogspot.com/2007/05/stm-el-microscopio-de-efecto-tnel.html</a>]]></content:encoded>
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