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	<title>Historias de la ciencia (todo el artículo)</title>
	<link>http://www.historiasdelaciencia.com</link>
	<description>Historias y anécdotas sobre técnicos, científicos y curiosidades.</description>
	<pubDate>Mon, 09 Nov 2009 12:49:45 +0000</pubDate>
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		<title>Toma de decisiones</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Oct 2009 22:29:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Es interesante ver cómo toman decisiones algunos científicos. Hoy os cuento dos historias sobre cómo lo hacían dos hombres de los que ya os he hablado más de una vez: Robert J. Oppenheimer y Richard Feynman.

Lansing Hammond era el encargado de hacer las gestiones para que los estudiantes que llegaban a EEUU desde Inglaterra se [...]]]></description>
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<p align="justify">Es interesante ver cómo toman decisiones algunos científicos. Hoy os cuento dos historias sobre cómo lo hacían dos hombres de los que ya os he hablado más de una vez: Robert J. Oppenheimer y Richard Feynman.</p>

<p align="justify">Lansing Hammond era el encargado de hacer las gestiones para que los estudiantes que llegaban a EEUU desde Inglaterra se colocaran en su lugar ideal. El propio Hammond nos relata cómo Oppie lo ayudó alguna vez:</p>

<blockquote>
<p align="justify">Acababa de recibir unas copias de las solicitudes (sesenta de ellas) presentadas para las adjudicaciones de 1949. Entre ellas había cuatro o cinco que se situaban en esa frontera, a mi juicio difusa, entre la física teórica y las matemáticas. Estuve en Priceton un par de días, pidiendo ayuda por todas partes. Armándome de todo el valor que era capaz de reunir, concerté una cita para ver a Robert Oppenheimer en la mañana del día siguiente y le dejé la documentación relevante a su secretaria.</p>
<p align="justify">Al recibirme, me saludó amablemente y me hizo preguntas sobre mi formación académica, para hacer que me sintiera cómodo. Uno de sus primeros comentarios me dejó lleno de asombro: "Usted hizo el doctorado en Yale sobre literatura inglesa del siglo XVIII, la época de Samuel Johnson. ¿Fue Tinker o Pottle quien le dirigió la tesis?". ¿Cómo podía saber eso?</p>
<p align="justify">Luego nos centramos en el asunto que había motivado la entrevista. En menos de diez minutos ya tenía datos suficientes para apoyar mi intento de convencer al candidato Z de que Berkley podía satisfacer sus intereses personales mucho mejor que Harvard; le iría bien en el Instituto y le recibirían con agrado, pero Berkley era realmente la mejor opción. Yo garateaba notas lo más rápido que podía; en ocasiones, al oír un nombre propio se me fruncía el ceño. Entonces Oppenheimer me hacía un gesto de comprensión y deletreaba el nombre para que yo pudiera escribirlo: "Esto le puede ahorrar a usted tiempo y dificultades".</p>
<p align="justify">Cuando yo estaba recogiendo mis papeles, convencido de que había abusado del tiempo de aquel gran hombre, me dijo amablemente: "Si puede concederme unos pocos minutos más, me interesaría revisar algunas de las solicitudes correspondientes a otros campos, para ver qué es lo que le interesa hacer por aquí al grupo de jóvenes británicos que viene este año". Le tomé la palabra y me sentí completamente abrumado al ver lo que sucedió a continuación:</p>
<p align="justify">"Bueno, vamos a ver... música indígena americana... Roy Harris es la persona adecuada para él, su programa le resultará interesante. Roy estuvo en Stanford el año pasado, pero acaba de trasladarse al Peabody Teachers' College de Nashville. Psicología social, y pone Michigan como primera opción, quiere algo general, global. En Michigan es probable que lo pongan en un equipo y aprendería mucho sobre algún aspecto concreto. Yo le sugeriría que optara por Vanderbilt; los grupos son menos numerosos y tendrá más posibilidades de obtener lo que desea" (Se convenció al candidato para que probara lo de Vanderbilt durante un curso, con opción a cambiarse a Michigan si no estaba satisfecho. Pasó en Vanderbilt dos años, de manera provechosa y lleno de entusiasmo). "Lógica simbólica, es decir, Harvard, Princeton, Chicago o Berkeley; veamos en qué quiere hacer hincapié. ¡Vaya! Es su campo, literatura inglesa del siglo XVIII. Yale es una opción evidente, pero no descartemos a Bate, en Harvard; es un jovenzuelo, pero también una persona con la que hay que contar." (Era mi campo y yo ni siquiera había oído hablar de Bate, pero la primera vez que estuve en Cambridge después de aquello, me esforcé por conocerle y hablar con él.)</p>
<p align="justify">Pasamos por lo menos una hora hojeando las sesenta solicitudes. Robert Oppenheimer sabía de qué hablaba. Alegó ignorancia con respecto a dos o tres programas esotéricos. Todos los comentarios positivos y todas las recomendaciones que hizo dieron en el blanco. Y así, cuando llegó por fin el momento de marcharme, no pude contenerme y le dije que si lograba sobornarle para que repitiera, tan solo una vez al año, lo que acababa de hacer, me ahorraría meses de sudores. Ante eso, sonrió abiertamente y me dijo: "No sería justo hacerle eso a usted, doctor Hammons. Le privaría de la satisfacción y la emoción de hablar con muchas personas y de averiguar por su cuenta lo que debe hacer".</p>
<p align="justify">Me fui flotando en una nube, con la cabeza muy alta y habiendo resuelto la mayoría de mis problemas. Ni antes ni después de aquello hablé yo con un hombre como aquel. Ni sombra de cualquier intento de impresionarme. Ni tampoco era necesario. Lo de Robert Oppenheimer era solo un interés auténtico en todos los campos del estudio y de la inteligencia; un conociminto fantásticamente moderno de lo que estaba pasando en las escuelas de graduados y los centros de investigación; una comprensión intuitiva de dónde podría encajar mejor una persona concreta con unos intereses bien definidos, y el placer de ayudar a alguien que lo necesitaba.</p>
</blockquote>
<p align="justify">Es sobrecogedor pensar que ese Oppenheimer era el mismo que había perfeccionado todos los detalles para la bomba atómica en Los Alamos cinco años antes y había asignado la tarea más apropiada a cada científico y cada ingeniero de su ejército de subordinados. Se sentía como Pedro por su casa tanto en el campo de la literatura del siglo XVIII como el de la ciencia del siglo XX.</p>
<p align="justify">De Richard Feynman os he hablado multitud de veces y siempre me gusta recordaros que fue Premio Nobel de Física y declarado deficiente mental por el ejército de los EEUU. Pues bien, Feynman tuvo que decidir entre las Universidades que le ofrecían un puesto. La mayoría de los mortales rápidamente miraríamos cuánto nos pagarían. Feynman, no obstante, tenía otros criterios:</p>
<p align="justify"><em>¿Se acuerdan ustedes del burro situado exactamente entre dos pilas de heno, incapaz de ir a una ni a la otra, de tan equilibrada que está la cosa? Bueno, eso no es nada. Cornell y Caltech comenzaron a hacerme ofertas, y tan pronto iba yo a decidirme por Caltech, pensando que su oferta era la mejor, los de Cornell subían la suya, y cuando estaba a punto decidirme por Cornell, los de Caltech pujaban más fuerte. Así pueden imaginar a este burro entre los dos montones de heno, con la complicación adicional de que pronto empezaba a moverse hacia uno de ellos, el otro aumentaba. ¡Aquello lo hacía muy difícil!</em></p>
<p align="justify"><em>La razón decisiva para convencerme fue mi permiso sabático. Yo quería volver otra vez a Brasil, esta vez para diez meses, y acababa de ganarme el año sabático que me correspondía en Cornell. Yo no quería perderlo, por lo cual, ahora había inventado otro motivo para llegar a una decisión, le escribí a Bacher contándole lo que había decidido.</em></p>
<p align="justify"><em>Caltech escribió a la vuelta de correo: "Le contrataremos inmediatamente, y le concederemos el primer año con nosotros como año sabático". Así es como actuaban: no importaba lo que yo hiciera; ellos estaban decididos a apretar más las clavijas. Mi primer año en Caltech lo pasé en Brasil, en realidad. Empecé a enseñar en Caltech en mi segundo año. Así es como ocurrieron las cosas.</em></p>
<p align="justify"><em>Un día, cuando aún no hacía mucho de mi llegada al Caltech, tuvimos una pésima racha de esa mezcla de humo, contaminación y niebla que llaman smog. En aquella época la contaminación era mucho peor de lo que es ahora, por lo menos, los ojos me escocían mucho más. Estaba yo de pie en un rincón, con los ojos lacrimosos, y dije para mí: "¡Es absurdo! ¡Verdaderamente, esto es de LOCOS! ¡Mira que estaba bien en Cornell!¡ Me largo de aquí!"</em></p>
<p align="justify"><em>Al día siguiente tuve la mayor de las suertes que haya podido tener al tomar una decisión. Sin duda el buen Dios debió preparar las cosas para ayudarme a decidir. Iba yo caminando hacia mi despacho, cuando se me acercó un compañero corriendo para decirme: "¡Eh Feynman! ¿Te has enterado de lo que acaba de ocurrir? ¡Baade ha descubierto que hay dos poblaciones de estrellas! Todas las medidas que hemos estado haciendo sobre las distancias a las galaxias habían estado basadas en que las Cefeidas variables eran de un solo tipo, pero hay otro tipo, por lo cual la edad del Universo tiene que ser dos, tres, o quizá cuatro veces mayor de lo que pensábamos!"</em></p>
<p align="justify"><em>Yo conocía el problema de que me hablaba. En aquellos días parecía que la Tierra era más antigua que el Universo. Según ciertos cálculos, la Tierra tenía entre cuatro y cuatro mil quinientos millones de años, mientras que el Universo podría tener unos dos mil, tres mil millones de años a lo sumo. Y este descubrimiento lo resolvía todo. Ahora el Universo era demostrablemente más antiguo que todo cuanto antes se hubiera podido pensar. Y yo había recibido esta información inmediatamente, mi compañero vino corriendo a contármelo todo.</em></p>
<p align="justify"><em>Aún no había acabado de cruzar el campus de camino a mi oficina, cuando se me acercó otra persona, Matt Meselson, un biólogo que se había doctorado en física. (Yo había formado parte del tribunal que calificó su tesis.) Meselson había construido la primera de las llamadas centrífugas de gradiente de densidad, que permitía medir la densidad de las moléculas. Me dijo: "¡Mira los resultados del experimento que he estado haciendo!".</em></p>
<p align="justify"><em>Meselson había demostrado que cuando una bacteria se escinde y engendra otra nueva hay una molécula entera que pasa intacta desde una a la otra, una molécula que hoy denominamos ADN. Ya ven, siempre pensamos que todo se divide, y se divide, y se divide. Así que nos imaginamos que en la bacteria todo se divide y da la mitad a la nueva bacteria. Pero eso es imposible: en algún momento, la mínima de las moléculas que contiene información genética no puede dividirse en dos; tiene que hacer una copia de sí misma, enviarla a la nueva y conservar otro ejemplar para la antigua. (...) Fue un descubrimiento muy importante, un descubrimiento fundamental, algo apasionante. Y cuando por fin llegué a mi despacho me di cuenta que era aquí donde yo tenía que estar. Donde personas de los distintos campos de las ciencias pudieran contarme estas cosas, donde todo fuera apasionante. Era verdaderamente lo que yo necesitaba y quería.</em></p>
<p align="justify"><em>Así que cuando me llamaron de Cornell un poco más tarde, y me dijeron que lo estaban preparando todo, y que casi todo estaba resuelto, tuve que decirles: "Lo lamento muchísimo, pero he vuelto a cambiar de opinión". Pero entonces decidí que jamás volvería a tomar una decisión. Nada, absolutamente nada, volvería a hacerme cambiar de idea.</em></p>
<p align="justify"><em>Hice una vez eso en el MIT. Me cansé de tener que decidir qué postre iba a tomar en el restaurante; tener que hacerlo me ponía enfermo. Entonces decidí que siempre iba a tomar helado de chocolate, y nunca volví a preocuparme del asunto; ya había resuelto ese problema. Sea como fuere, decidí que me iba a quedar en el Caltech.</em></p>
<p align="justify"><em>En cierta ocasión quisieron hacerme cambiar de idea sobre este punto. Fue poco después de fallecer Fermi. El claustro de la Universidad de Chicago estaba buscando sucesor. Vinieron a verme a mi domicilio. Comenzaron exponiéndome todas las excelentes razones por las que yo debía ir a Chicago. No les pregunté cuánto estarían dispuestos a pagarme, y por eso ellos no hacían más que dejarme ver que lo dirían en cuanto preguntase. Finalmente, me preguntaron si no me gustaría saber cuál sería mi salario. "¡Oh, no! -les respondí-. He resuelto quedarme en el Caltech. Mary Lou, mi esposa, está en la habitación de al lado, y si se enterase de cuál sería mi salario tendríamos una discusión. Además, he decidido no decidir nunca más; definitivamente, me quedo en Caltech." Así que no les dejé decirme el salario que me ofrecían.</em></p>
<p align="justify"><em>Más o menos un mes después, estando yo en un congreso, Leona Marshall se me acercó y me dijo:</em></p>

<p align="justify"><em>- Es curioso que no aceptases la oferta que te hicimos los de Chicago. Nos quedamos desolados, y además, sin comprender cómo fuiste capaz de rechazar una oferta tan espléndida.
- Fue muy fácil -respondí-. No les permití decirme cuánto era vuestra oferta.</em>
<p align="justify"><em>Una semana más tarde recibí una carta suya. La abrí, y la primera frase decía: "El sueldo que te iban a ofrecer era de ...", una cifra tremenda, tres o cuatro veces lo que estaba cobrando entonces. ¡Apabullante! Su carta continuaba diciendo: "Te he dicho el salario antes que pudieras leer nada más. Quizás desees reconsiderar tu decisión, porque me han dicho que la cátedra sigue vacante y a nosotros nos gustaría muchísimo tenerte entre nosotros".</em></p>
<p align="justify"><em>Tuve que escribirles una carta diciendo:</em></p>

<blockquote>
<p align="justify">Después de leer el sueldo, he llegado a la conclusión de que tengo la obligación de rehusar. La razón de tener que rehusar un salario semejante es que me permitiría hacer lo que siempre he querido hacer, buscarme una querida maravillosa, ponerle piso, comprarle cosas bonitas... Con el sueldo que me ofrecen podría realmente hacerlo, y ya saben  lo que me iba a ocurrir. Empezaría a preocuparme por ella, o por lo que ella hiciera; tendría discusiones al volver a casa, etc. Todos esos disgustos me harían sentirme incómodo y desdichado. No podría entonces hacer un buen trabajo en física, y todo sería un gran follón. Lo que siempre he querido hacer sería malo para mí; por eso he decidido declinar su oferta.</p>
</blockquote>
Fuentes:
"¿Está Ud. de broma, Sr. Feynman?", Richard P. Feynman
"El científico rebelde", Freeman Dyson]]></content:encoded>
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		<title>Breves discursos</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 23:28:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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<p align="justify">Cuando un científico tiene que hacer un breve discurso, bien sea en clase a sus alumnos, bien en un acto público, el resto de los mortales acostumbramos a callar. En el fondo, sabemos que alguna dejará ir en la que nos sorprenda. Hoy quiero contaros algunas de estas situaciones en las que científicos de renombre han tenido que hablar en público en alguna situación comprometida o delicada, lo hábilmente que han sabido llevarlas y, sobre todo, la cantidad de valores que se pueden transmitir en unas pocas palabras.</p>

<p align="justify">Abdus Salam fue un físico teórico de Pakistán, <a href="http://nobelprize.org/nobel_prizes/physics/laureates/1979/index.html" target="_blank">Premio Nobel de física en 1979</a> por la unificación de las fuerzas electromagnética y nuclear débil. Un día se sintió en un apuro porque debía presentar una conferencia en la que iban a hablar dos de los grandes: Werner Heisenberg y <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=245" target="_blank">Paul Dirac</a>. ¿A quién cedería la palabra primero? El científico pakistaní lo hizo de la siguiente manera:</p>

<blockquote>
<p align="justify">En 1748, el Shahinshah de Persia, Nadir Shah, invadió la India y marchó a Nueva Delhi. Infligió una severa derrota al Gran Mogol de la India. Delhi claudicó y los dos reyes se reunieron para negociar la paz. Al término de las negociaciones, que incluyeron la transferencia del famoso <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Trono_del_Pavo_real" target="_blank">Trono del Pavo Real</a> de Delhi a Irán, el Gran Visir del rey derrotado, Asifiah, fue convocado para presentar a los dos monarcas vino en prenda de paz. El visir se enfrentaba a un dilema de protocolo. El dilema era este: ¿a quién debía servir la primera copa de vino? Si presentaba la primera a su propio maestro, el persa ofendido podría sacar la espada y cortarle la cabeza. Si lo presentaba en primer lugar al invasor persa, su propio amo podría sentirse resentido. Después de un momento de reflexión, el Gran Visir dio con una solución brillante. Presentó una bandeja de oro con dos copas de vino en ella a su propio amo y se retiró diciendo: "Señor, no es mi misión servir hoy el vino. Sólo un rey puede servir a otro rey". Con ese mismo espíritu, pido a un gran maestro de nuestra disciplina, el profesor de Dirac, que presente a otro gran maestro, el profesor Heisenberg.</p>
</blockquote>
<p align="justify">Vamos con el segundo discurso. Si pudiera volver a empezar este blog, no escribiría el primer artículo como lo hice, sino que pondría lo que dijo Boltzmann el primer día de clase a sus alumnos:</p>

<blockquote>
<p align="justify">Hoy no voy a hablar de conceptos refinados, teoremas sofisticados y demostraciones complicadas. Hoy deseo ofrecerles algo muy modesto: yo mismo. Les ofrezco todo lo que sé, mi manera de pensar y mis sentimientos. Les pediré atención estricta, diligencia de hierro y tesón incansable. Pero olvídenme si no piensan darme lo que es más importante para mí: su confianza, su simpatía y su amor. Les pido, en una palabra, lo más grande que ustedes pueden dar: a sí mismos.</p>
</blockquote>
<p align="justify">No os sorprenderá si os digo que surgieron ya no grandes alumnos, sino grandes personas de sus clases.</p>
<p align="justify">El siguiente protagonista de nuestra historia de hoy es Mendeleiev, el padre de la Tabla Periódica de los elementos. <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=163" target="_blank">Ya os he hablado de él</a>. Si alguna vez podéis leer una biografía de él, hacedlo. Aparte de ser un gran científico, transmitía a sus alumnos un comportamiento ético intachable y sabía estar a la altura de los grandes acontecimientos sociales.</p>
<p align="justify">El año 1890 se produjeron revueltas estudiantiles sobre las disciplinas que cursaban y la democratización de la universidad de San Petersburgo. Mendeleiev era uno de los profesores de aquella universidad. Intentando evitar que las cosas llegaran más lejos, propuso llevar las peticiones de los estudiantes al ministro de Instrucción Pública, Delianov, dado que en aquel momento, Mendeleiev era, además, consejero de Estado.</p>
<p align="justify">La manifestación se dispersó y el ministro se negó a admitir las demandas. Nuestro hombre presentó inmediatamente la dimisión de su cátedra por los compromisos adquiridos con los estudiantes. El 3 de abril de aquel mismo año el gran hombre tenía que impartir su última clase. El aula y los pasillos estaban llenos de estudiantes de todas las facultades. La policía interrumpió dicha clase por temor a que pudiera conducir a un levantamiento de los estudiantes. No obstante, tuvo tiempo de decirles:</p>

<blockquote>
<p align="justify">He conseguido una libertad interior. No hay nada en el mundo que tema decir. Nadie ni nada puede hacerme callar. Es un buen sentimiento. Es el sentimiento de un hombre. Quiero que vosotros tengáis también este mismo sentimiento. Es mi responsabilidad el ayudaros para que logréis esta libertad interior. Soy una persona evolucionista y pacífica. Proceded de una manera lógica y sistemática.</p>
</blockquote>
<p align="justify"> Y refiriéndose a la búsqueda de la verdad añadió:</p>

<blockquote>
<p align="justify"> No se trata de descerrajar la puerta del templo y arrancar la cortina detrás de la que se ocultaría la verdad. No hay nada, eso son fábulas, palabras vacías. No existe nada semejante, no hay cortina. La verdad no está oculta a los hombres, está entre nosotros, esparcida por todo el Universo.</p>
</blockquote>
<p align="justify">Un pequeño inciso antes de seguir con nuestro último discurso. Según el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_de_Paz_Global" target="_blank">Índice de Paz Global</a> (un intento de medir la situación relativa del pacifismo de un país o región) Noruega es uno de los países más pacíficos de la Tierra. No en vano, Alfred Nobel dejó escrito en su <a href="http://nobelprize.org/alfred_nobel/will/short_testamente.html" target="_blank">testamento</a> que el Premio Nobel de la Paz tenía que ser seleccionado por cinco miembros del Parlamento Noruego. Y digo esto porque este país (que he tenido el placer de visitar y recomiendo hacerlo a quien no haya estado) forma parte del siguiente discurso.</p>
<p align="justify">De bien nacidos es ser agradecido. Esto puede aplicarse al formidable matemático Gaston Julia. Fue el primero que introdujo las dimensiones fractales; lo menos, cincuenta años antes que Benoit Mandelbrot. Sucede que en los tiempos de Gaston Julia no existían los ordenadores, así que estos temas quedaron relegados al olvido durante todo ese tiempo.</p>
<p align="justify">Este hombre también combatió en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial resultando herido. Su nariz quedó destrozada cuando contaba con 22 años. Mientras era objeto de muchas operaciones en el rostro, llevó a cabo sus estudios matemáticos en los diferentes hospitales en que le tocó estar. Para ocultar la mutilación eligió vestir una prótesis de cuero para ocultarlo que lo dio un aspecto un tanto siniestro.</p>
<p align="justify">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/10/gaston-julia.jpg" title="Foto de Gaston Julia" alt="Foto de Gaston Julia" /></p>
<p align="justify">En 1920 se celebró el Congreso Internacional de Matemáticas en Estrasburgo. Picard, el presidente del congreso, enalteció a Gaston Julia por su patriótico comportamiento. Dieciséis años después hubo otro Congreso Internacional de Matemáticos, esta vez en Oslo, la capital de Noruega, país al que antes os hacía referencia. Le pidieron que hablara en una reunión y explicó lo siguiente:</p>

<blockquote>
<p align="justify">El comité organizador ha querido que en la reunión de esta tarde se oiga una voz francesa. Quien les habla, está conmovido porque se le haya rogado hacerla oír (...)  Junto a esta evocación de lazos que unen a todo francés con este bello país de hombres enérgicos y resueltos, de mujeres hermosas y tiernamente humanas, de ilustres sabios y generosos poetas y artistas, permítanme que añada un recuerdo personal para expresar la emoción que siento esta tarde al evocar la particular gratitud que debo a Noruega.</p>
<p align="justify">Un día, hace veinte años, llevaban a su cuarto a un joven oficial herido a quien acababan de operar. Ya se adormecía cuando la sangre brotando a borbotones por su boca le despertó: se le acababa de descoser una arteria. Tuvo el tiempo justo para avisar antes de perder la conciencia. Cuando volvió en sí, reconoció a su lado la silueta de la enfermera jefe del servicio. Ausente el cirujano que ya había dejado el hospital y ocupado en otra parte por el médico de guardia, y como el tiempo apremiaba, ella había obturado y cortado la hemorragia sin vacilar, con mano firme, y finalmente reanimando a aquel cuerpo que desfallecía. Cuando llegó corriendo el médico, reconoció que todo estaba perfectamente hecho, y alabó su habilidad y decisión.</p>
<p align="justify">Por temor a que se repitiera el accidente, en un gesto tan espontáneo como caritativo, esa muchacha generosa decidió pasar la noche de guardia a la cabecera del enfermo. Jamás olvidaré esa larga noche en que, sin poder hablar apenas, extenuado por la hemorragia, sin poder dormir, me hacía sentirme seguro la presencia de esa mujer sentada cerca de mí, cosiendo sin ruido en el amortiguado cerco de luz de la lámpara, prestando oídos a intervalos regulares a mi respiración, tomándome el pulso y escrutando mis ojos, que con una mirada le expresaban mi ferviente agradecimiento.</p>
<p align="justify">Damas y caballeros, esa mujer brava y generosa era hija de Noruega. Comprenderán sin esfuerzo que me sienta ligado a este país por una particular deuda de gratitud. Al aceptar tomar la palabra en esta sala en nombre de mis compatriotas, me siento doblemente feliz por poder rendir homenaje a la valentía y energía legendaria de los hombres de Noruega, a la sabiduría y abnegación de sus mujeres, a la belleza de todo el país y a la cordial acogida de la ciudad de Oslo.</p>
</blockquote>
Fuentes:
"¿Nucleares? Por qué no", Manuel Lozano Leyva
"Pasiones, piojos, dioses y matemáticas", Antonio J. Durán
"La Unificacion de Las Fuerzas Fundamentales", Abdus Salam
"Mendeleiev. El profeta del orden químico", Pascual Román Polo
http://www.nndb.com/people/055/000108728/]]></content:encoded>
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		<title>La ciencia española no necesita tijeras</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Oct 2009 12:19:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[No iba a hacerlo, pues no soy amigo de meterme en politiqueos, pero creo que en el artículo de Aldea Irreductible tienen razón, así que voy a secundar su iniciativa. Por mi parte lo haré extrayendo la introducción de un libro de Francisco Mora. El currículum de este señor habla por sí mismo: doctor por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
<p align="justify">No iba a hacerlo, pues no soy amigo de meterme en politiqueos, pero creo que en el <a href="http://aldea-irreductible.blogspot.com/2009/10/la-ciencia-en-espana-no-necesita.html" target="_blank">artículo de Aldea Irreductible</a> tienen razón, así que voy a secundar su iniciativa. Por mi parte lo haré extrayendo la introducción de un libro de Francisco Mora. El currículum de este señor habla por sí mismo: doctor por las Universidades de Granada (España) y Oxford (Reino Unido), profesor de Fisiología Humana, Fisiología Molecular y Biofísica en la Facultad de Medicina de Iowa (EEUU). Os dejo en sus manos.</p>

<p align="justify"><em>La investigación científica es el máximo de la curiosidad. Y la curiosidad la llevamos todos los seres humanos codificada en nuestros cerebros como parte de nuestra naturaleza. Ese es un código cerebral que compartimos con todos los mamíferos desde hace más de doscientos millones de años. En el ser humano esa curiosidad llega al máximo exponente. Y cuando el aguijonazo de esa curiosidad enciende nuestra hoguera emocional, esa que todos llevamos dentro, el talento se pone al servicio de una idea, de una hipótesis, que es cuando ésta se persigue sin resuello ni descanso. Esa curiosidad, que sirve lo mismo cuando niños para descubrir lugares ocultos por el ojo de una cerradura o descubrir qué tiene escondido el abuelo en el desván, es la misma que se aplica a la investigación científica. En este último caso sin embargo se convierte en curiosidad sublime, aquella que uno de los padres de la neurociencia moderna, Charles Sherrington, llamaba curiosidad sagrada.</em></p>
<p align="justify"><em>En ese perseguir la verdad de una idea no existen horas ni minutos. Ser investigador científico no es un oficio ni un trabajo. Es una ilusión. Una pasión trabajosa y perseguida. Investigar científicamente una hipótesis cuesta mucha formación previa. Pero cuando se tiene, y se tiene suficiente talento, entonces esa idea se persigue sin descanso. La investigación científica no se realiza sólo en el banco del laboratorio, sino sobre todo pensando, o dejando trabajar solo al cerebro durante el descanso, en casa, con los hijos, en el mar o en el campo y desde luego también durmiendo, durante los ensueños. Las ideas del científico son como las del ¡artista!, que rumian constantemente en el cerebro sin ser uno consciente de ello. Y de pronto, sin saber nadie por qué, irrumpen en la escena de la conciencia. Por eso es una pasión constantemente perseguida. Pasión que no se puede imponer, sino dejar crecer dentro de uno mismo. En eso se parece al arte. Y por eso, como el arte, tan querido, aplaudido, también la ciencia requiere de un entorno social que la provoque y la suscite, es decir, una cultura. Esas pasiones necesitan un calor en el que crezcan y en donde se acaricien y estimulen y que, al igual que ello existe en la literatura y el arte, exista también para la ciencia.</em></p>
<p align="justify"><em>La ciencia es tan creativa como el arte. Y es tan producto del ser humano como es el arte. Sin embargo, el arte ha entrado en la intimidad del ser humano como algo propio y consustancial y se ha convertido en el corazón caliente de lo que llamamos humanidades y cultura. (...) Colin Blakemore hizo unas declaraciones que considero de un alto impacto social en estos días y en este contexto:</em></p>

<blockquote>
<p align="justify">La ciencia está siendo reconocida cada vez más como parte de la cultura, pero sigue siendo aceptable que la gente se meta en sofisticadas discusiones sobre temas científicos de los que no tiene ni idea y que eso no se vea como expresión de su incultura o nivel de educación. Sin embargo, no se puede decir que no sabes nada de Shakespeare o que no sabes nada de Picasso pues todo el mundo se reiría de ti. Y es que la ciencia no se ve todavía al mismo nivel que las artes en términos de cultura. Creo que deberíamos revisar la manera en que la ciencia se enseña en los colegios. La mayoría de los países valoran la educación científica, por supuesto, pero la ven como destinada a una fracción muy pequeña de la población, que se convertirá en los científicos del futuro. Lo que tenemos que pensar es en ese 95% de gente que no van a ser científicos. Hay que rediseñar la educación de la ciencia para que la gente la encuentre aceptable y pase a formar parte de su cultura general. Hay que conseguir que la gente pueda sentir que la ciencia les pertenece. El sentimiento de propiedad aquí es crucial. Creo que todo el mundo, en cierto sentido, se siente propietario del arte. Picasso les pertenece, Rembrandt, Goya, Cervantes, Shakespeare... les pertenecen, porque sienten empatía hacia esos creadores de la cultura. Pero no sienten lo mismo hacia la ciencia y sus creadores porque la ven como algo de una élite, separado, distante. Y necesitamos conseguir que la gente tenga hacia la ciencia ese mismo sentimiento de propiedad.</p>
</blockquote>
<p align="justify"><em>"La ciencia" –ha dicho Eric Kandel, último Nobel de Fisiología y Medicina, procedente de la rama de la neurociencia</em><em>–</em><em> "ya no es un tema exclusivo de los científicos, sino que se ha convertido en una parte integral de la vida moderna y de la cultura contemporánea". Y esta es una realidad que, como tal, todavía no se vive en España. La investigación científica está en un buen momento en nuestro país, pero necesita de un soporte social, de una cultura que no tiene. Nuestra cultura de la ciencia es una cultura congelada y artificial, importada y casi ajena al envoltorio cultural "caliente" de las humanidades, que es el que reconocemos como genuina cultura. Y sin ese marco, de emoción y sentimiento por la cultura desde la ciencia, como lo tenemos por las artes, difícilmente se puede invitar a los jóvenes de talento a entusiasmarse por la ciencia como dedicación, pues no ven que los científicos sean mimados, regalados y reconocidos como personas de alto valor social. La ciencia es una criatura delicada. La investigación científica es, de hecho, un extraño fuego que hay que alimentar y proteger constantemente para mantenerlo vivo, como si de un fuego sagrado se tratara. Fuego, además, que necesita de un apilamiento de ladrillos sociales que lo abriguen y protejan. Ése es el marco o abrigo social que todavía está por crearse en España. Y la responsabilidad máxima de que todavía no exista la tienen los gobernantes y los políticos. Los de antes y los de ahora. Porque son ellos quienes tienen la obligación de otear y orientar la sociedad hacia aquello que a corto o largo plazo la provea de riqueza. Riqueza espiritual y pragmática.</em></p>
<p align="justify"><em>Y precisamente eso es la ciencia. ¿Cómo no somos capaces de darnos cuenta de que la riqueza de los Estados Unidos emana, en muy buena medida, de esa política de Estado que sembró la investigación científica y apostó por ella durante decenas de años aun a costa de no recibir beneficios inmediatos?. La cosecha de esa apuesta está a la vista de todo el mundo. Este país nuestro necesita pues, hoy más que nunca, que sus más altos dignatarios políticos sean el escaparate de esa cultura de la ciencia. Y que eso se exprese no sólo en el contexto de una declaración de presupuestos y más dinero para la ciencia, sino que salga a la calle en los mítines, en la radio y en la televisión, manifestando una y otra vez que se va a poner como meta prioritaria y a largo plazo la investigación científica. Que se va a apostar por ella poniendo énfasis y calor para que cale en la sociedad y conforme cultura, diciendo además que es una necesidad real para el progreso y el bienestar añadido de las gentes.</em></p>
<p align="justify"><em>Al fin y a la postre, la investigación científica es eso: riqueza y, además, cultura. Si la cultura es esa carpa enorme que cubre las transacciones humanas, es bien cierto que hoy una parte importante de ella está construida por la ciencia. Por eso hay que invertir un grueso de tiempo en airear las grandezas y talentos que puede proveer y tiene este pueblo para la ciencia. Debiéramos soplar todos a una nave que lleva la carga de nuestra ciencia y nuestra cultura allende las fronteras. Es el momento de despertar a la verdadera cultura del nuevo siglo, aquella de unión de ciencia y humanidades. Ya lo dijo Wilson: "La ciencia es una combinación de operaciones mentales que ha conformado, y cada vez más, el hábito de la gente educada, una cultura de iluminación que ha dado con la manera más efectiva, nunca antes concebida, de aprendizaje acerca del mundo real". Apostemos, pues, por ella.</em></p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/10/no_recorte.jpg" title="No al recorte" alt="No al recorte" /></p>
Amigos míos, este ha sido mi granito de arena.

Fuente:
"El científico curioso", Francisco Mora]]></content:encoded>
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		<title>Creencias, costumbres y niños</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Oct 2009 13:40:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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<p align="justify">Hace tiempo, <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=356" target="_blank">os hablaba del juicio</a> que hubo en EEUU cuando se quiso introducir el creacionismo en las clases de biología. De alguna manera, aquellas gentes querían imponer qué debía enseñarse a los críos y jóvenes y qué no. Afirmaban, debido a sus creencias, que no era lícito enseñar ciencia en clases de ciencia. Pues bien, dando la vuelta a la tortilla podemos plantearnos si es lícito enseñar creacionismo o cualquier sistema de creencias; aunque no sea en clases de ciencia. Y es que enseñar una serie de creencias dándolas por verdaderas tiene una definición muy diferente: adoctrinamiento. Y de ello hablaremos en nuestra historia de hoy.</p>

<p align="justify">Los adultos solemos tener opiniones sobre diferentes temas y los demás solemos estar de acuerdo o no. Suponemos que el adulto conoce los pros y los contras: que está informado. Además, suponemos que tiene derecho a qué saber y no saber (o querer no saber) sobre el tema en cuestión. ¿Pueden tener los niños opinión? ¿Tienen derecho a saber o dejar de saber algo? ¿Qué es lícito enseñarles y qué no de forma obligatoria? Hay padres que encuentran básico que aprendan religión (en el sentido adoctrinador de la misma) de forma obligatoria y padres que lo encuentran totalmente inadmisible. ¿Es lícito que obliguemos a nuestros hijos a que aprendan nuestras propias creencias y a adoctrinarlos en las mismas? ¿Cuál o cuáles tipo de creencias son admisibles? ¿La religión? ¿La astrología? ¿Y los hijos del vecino? ¿Tienen el derecho o la obligación de ser, o no, adoctrinados de la misma forma que los nuestros?</p>
Como dice Richard Dawkins:
<blockquote>
<p align="justify">(...) por alguna razón, la sociedad acepta que los padres tengan derecho automático de criar a sus hijos con opiniones religiosas particulares y puedan retirarlos, por ejemplo, de las clases de Biología donde se enseña evolución. Sin embargo, todos nos sentiríamos escandalizados si se retirara a los niños de las clases de Historia del Arte que enseñan los méritos de artistas que no son del gusto de los padres.</p>
<p align="justify">Nuestra sociedad; incluyendo al sector no religioso, ha aceptado la idea sin sentido; de que es normal y correcto adoctrinar a minúsculos niños en la religión de sus padres; y cachetear etiquetas religiosas sobre ellos —"niño católico", "niño protestante", "niño judío", "niño musulmán", etc.— aunque no lo hacen con otras etiquetas comparables: no hay niños conservadores, ni niños liberales, ni niños republicanos, ni niños demócratas. (...) Un niño no es cristiano ni un niño es musulmán, sino un niño de padres cristianos o un niño de padres musulmanes.</p>
</blockquote>
<p align="justify">Muchos declaran que hay un derecho a la vida sagrado e inviolable: cada niño por el sólo hecho de nacer tiene derecho a la vida y ningún futuro padre tiene derecho de terminar un embarazo (excepto, quizá, si la vida de la madre se encuentra en peligro). Por otro lado, muchas de estas mismas personas declaran que, una vez nacido, este niño pierde el derecho a no ser adoctrinado, a que no se le lave el cerebro, o a no ser psicológicamente abusado de una u otra manera por sus padres, quienes tienen derecho de criar al niño con la educación que ellos escojan, siempre que no caigan en la tortura física. Divulgamos el valor de la libertad por todo el mundo, aunque no aparentemente entre los niños. Parece ser que ningún niño tiene derecho a ser libre del adoctrinamiento ¿No deberíamos cambiar tal cosa? ¿Permitiríamos que personas ajenas tengan algo que decir al respecto de cómo yo educo a mis hijos?</p>
<p align="justify">Aquí se produce otro tipo de choque: el de los derechos paternales versus los derechos de los hijos. Este asunto dispara respuestas emocionales en lugar de respuestas razonadas. Y podemos afirmar, casi rotundamente, que la genética tiene mucho que ver en ello. Tanto en los mamíferos como en los pájaros que deben cuidar a sus crías, el instinto de proteger a los jóvenes contra cualquier interferencia externa es universal y extremadamente potente; arriesgaríamos nuestras vidas sin dudarlo -sin pensarlo- para repeler amenazas, sean estas reales o imaginadas. Es como un reflejo. En este caso podemos "sentir en nuestros huesos" que los padres sí tienen el derecho de criar a sus hijos del modo conveniente. Nunca hay que cometer el error de inmiscuirse entre una madre oso y su osezno, así como nada debe entrometerse entre los padres y los hijos. Ese es el centro de los "valores familiares".</p>
<p align="justify">Pero, al mismo tiempo, debemos admitir que los padres no son dueños literalmente de sus hijos, del modo en que los dueños de los esclavos alguna vez poseyeron esclavos. Deben ser, más bien, sus protectores y sus guardianes, y deben rendir cuentas a otros de sus labores de protección, lo cual implica que personas ajenas tienen el derecho a interferir en cómo educamos a nuestros hijos. Así que, ¿en qué quedamos? ¿tienen los demás derecho a intervenir en cómo educamos a nuestros hijos?</p>
<p align="justify">Sigamos. ¿Por qué es tan importante lo que se enseña a los niños? Pues porque condiciona en gran parte el resto de sus vidas. Todo el mundo cita (correcta o incorrectamente) a los jesuitas cuando dicen: "dame a un niño hasta que tenga siete años y yo te mostraré al hombre", pero nadie, ni los jesuitas ni ningún otro, realmente, sabe cuán resistentes son los niños. Hay muchísimas anécdotas sobre gente joven que tras años de inmersión en la religión dan la espalda a sus tradiciones y se alejan encogiéndose de hombros, con una sonrisa y sin ningún efecto dañino visible.</p>
<p align="justify">Por otro lado, algunos niños criados en tales prisiones ideológicas se convierten por su propia voluntad, como dijo Nicholas Humphrey, en "sus propios carceleros" al prohibirse todo contacto con ideas liberadoras que podrían hacerles cambiar de opinión. Por ejemplo, muchas mujeres musulmanas que crecieron bajo condiciones que muchas mujeres no musulmanas considerarían intolerables, cuando se les brindan oportunidades informadas para abandonar sus velos y muchas otras de sus tradiciones, eligen mantenerlos.</p>
<p align="justify">Hay casos más extremos. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Semang" target="_blank">semang de Malasia</a>. Allá por los años 1950 unos cuantos jóvenes de ellos fueron reclutados por el ejército británico para luchar en las guerrillas comunistas. Los semang son un pueblo pacífico y tolerante; tanto, que en su vocabulario no se contempla ni siquiera la palabra agresión e incluso no se conoce entre ellos el asesinato. Sin embargo, tras su reclutamiento en el ejército, mostraron ser los más sangrientos y despiadados soldados del grupo desarrollando además un pensamiento obsesivo alrededor de la idea de matar.</p>
<p align="justify">Ya Darwin y Fitzroy se dieron cuenta de algo similar con tres indígenas de Tierra del Fuego que FitzRoy había llevado a Inglaterra en el anterior viaje del Beagle. Esos tres hombres, ya en Inglaterra, adoptaron las costumbres y lengua europeas. Cuando volvieron a aquellas tierras, Darwin quedó anonadado de las diferencias entre los fueguinos anglicanizados y las tribus indígenas a las que pertenecían: <em>No me figuraba cuán enorme es la diferencia que separa al hombre salvaje del civilizado; diferencia, en verdad, mayor que la que existe entre el animal salvaje y doméstico</em>. El hecho que se pudiera "domesticar" a personas casi salvajes confirmaba la convicción de que, con independencia de la piel, los seres humanos constituía una única especie. Más tarde, Darwin y FitzRoy quedaron decepcionados al ver que los tres fueguinos anglicanizados volvieron rápidamente a su condición aborigen. Concluyeron que el barniz de la civilización es únicamente efímero.</p>
<p align="justify">Todavía hoy existen tribus como los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Jarawa" target="_blank">jarawa</a> que viven aún en la edad de piedra y en un impresionante aislamiento en las lejanas islas de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Islas_Andam%C3%A1n" target="_blank">Andamán</a> y Nicobar, en el Océano Índico. Se las han arreglado para mantener a raya incluso a los exploradores y negociadores más intrépidos, defendiendo sus territorios de forma feroz con arcos y flechas. Incluso atacaron con esas armas a un helicóptero. Se sabe poco de estas personas. El gobierno de la India, de la que las islas forman una parte distante, ha prohibido todo contacto sobre ellas. En diciembre 2004, sin embargo, fueron foco de atención por el tsunami.¿Por qué los jarawa son como son? ¿Por qué esos niños se comportan igual que sus padres? Dawkins nos lo explica con un ejemplo personal:</p>

<blockquote>
<p align="justify">En cierta ocasión, siendo estudiante de grado, me encontraba conversando con un amigo en la fila para almorzar en la facultad. Mi amigo me miraba divertido y de manera cada vez más burlona, finalmente preguntó: "¿Acabas de estar con Peter Brunet?". En efecto, había estado con él aunque no podía imaginar cómo lo sabía mi amigo. Peter Brunet era nuestro muy querido tutor y yo había llegado apresuradamente de una hora de tutoría con él. "Es lo que pensaba", se rió mi amigo. "Hablas como él, tu voz suena exactamente como la de él". Yo había "heredado", si bien por un breve tiempo, las entonaciones y los modos de hablar de un admirado profesor, a quien ahora echo mucho de menos.</p>
<p align="justify">Algunos años más tarde, cuando yo mismo me transformé en tutor, le enseñaba a una joven que tenía un hábito poco común. Cuando se le hacía una pregunta que obligaba a pensar en profundidad, giraba y cerraba con fuerza sus ojos, inclinaba la cabeza sobre el pecho y luego se quedaba inmóvil hasta medio minuto antes de levantar la vista, abrir los ojos y responder la pregunta con fluidez e inteligencia. El gesto me pareció divertido y después de la cena ejecuté una imitación para entretener a mis colegas. Entre ellos se encontraba un distinguido filósofo de Oxford. En cuanto vio mi imitación, dijo inmediatamente: "¡Ese es Wittgenstein! ¿Por casualidad el apellido de tu alumna es ****?" Tomado por sorpresa, respondí que sí, que lo era. "Es lo que pensaba", dijo mi colega. "Tanto su padre como su madre son dedicados seguidores de Wittgenstein". El gesto había pasado del gran filósofo, a través de uno o ambos padres, a mi alumna. Supongo que, si bien mi imitación posterior fue hecha en broma, debo contarme como la cuarta generación de transmisores del gesto. Y quién sabe de dónde lo había sacado Wittgenstein.</p>
<p align="justify">Es por imitación que el niño aprende su idioma particular antes que cualquier otra lengua. Es la causa de que las personas hablen más como sus padres que como los padres de otra gente. Es la causa de que existan acentos regionales y, en una escala temporal mayor, de que existan idiomas diferentes. Es la causa de que las religiones persistan a lo largo de linajes familiares, en lugar de ser elegidas nuevamente en cada generación.</p>
</blockquote>
<p align="justify">Sabemos que es realmente difícil mantener tal aislamiento pero supongamos que fuera posible. ¿Debe mantenerse? ¿Quién tiene derecho a decidir sobre esta cuestión? ¿Quién tiene derecho a decidir si los derechos de los niños de los jarawas están siendo respetados? Ciertamente, los antropólogos no, aun cuando hayan trabajado para proteger a estas personas de cualquier contacto, incluso de ellos mismos, durante décadas. ¿Quiénes son ellos para "proteger" a estos seres humanos? No son propiedad de los antropólogos como si fueran especímenes de laboratorio cuidadosamente agrupados y protegidos de la contaminación, y la idea de que estas islas deban ser tratadas como si fueran un zoológico humano o una reserva es ofensiva. La alternativa, no sé si más ofensiva o no, sería abrir las puertas a los misioneros de todas las religiones que, sin duda, se abalanzarían con entusiasmo a salvar sus almas.</p>
<p align="justify">Quizás deberíamos decir: "que vivan y nos dejen vivir". ¿O quizás no? En caso de interactuar con ellos ¿deberíamos dejar que siguieran dando esas enseñanzas a sus hijos? Imaginad que un día encontráramos una tribu de caníbales que sacrificaran cada mes a un niño sano en un ritual que pensaran que los santifica y en el creyeran ciegamente. Imaginad que, como los jarawas, quisieran que les dejáramos en paz. ¿Debemos dejarlos?</p>
<p align="justify">Nosotros afirmaríamos que sus tradiciones estarían tan manifiestamente mal informadas que si la dejásemos triunfar sobre las otras consideraciones, ¿acaso no seríamos más culpables que aquel que permite a otra persona beber un cóctel envenenado "por su libre arbitrio" sin dignarse siquiera a advertirle? O, en cualquier caso, aunque es posible que los adultos hayan alcanzado la edad para dar su consenso, ¿sus hijos no están siendo victimizados por la ignorancia de sus padres? ¿Permitiríamos que el hijo del vecino fuera sacrificado bajo semejante engaño? Si al vecino no le permitiérais lo que a aquellas tribus imaginarias, ¿no deberíamos cruzar el océano e intervenir para rescatar a esos niños, sea de la tribu que sean, con las creencias que sean, independientemente de lo doloroso que pudiera ser el choque?</p>
<p align="justify">Pues si pensáis así, tened en cuenta cómo nos ven muchos musulmanes cuando hablan de nuestra sociedad con su alcohol, sus ropas provocativas y las actitudes de descuido hacia la autoridad familiar. Así que si queréis explicar a alguien que tiene algunas tradiciones que debieran desterrar, ojo, porque quizás fuéramos nosotros los que tuviéramos costumbres y tradiciones que deberíamos desterrar.</p>
<p align="justify">Como veis, es un tema que no está resuelto. Ni remotamente. Con ello ya os he dado qué pensar hasta nuestra próxima historia.</p>
<p align="justify"><strong>Actualización (10/10/2009)</strong>: leo a través de <a href="http://meneame.net/story/quitaron-custodia-hijo-pertenecer-religion-cona-eng" target="_blank">meneame</a> los problemas que tuvo una mujer con la custodia de su hijo por la religión <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_los_subgenios" target="_blank">Subgenius</a>. Parece que, realmente, unos adoctrinamientos son mejores que otros a vista de los jueces.</p>
<p align="justify"><strong>Actualización (11/10/2009)</strong>: y leo a través también de meneame que <a href="http://meneame.net/story/padres-catolicos-acusan-asociaciones-homosexuales-adoctrinar" target="_blank">Padres católicos acusan a las asociaciones de homosexuales de "adoctrinar" a los menores en los colegios</a>. Y es curioso ver cómo emplean argumentos contra los demás cuando no los esgrimen contra sí mismos.</p>
Fuentes:
"Romper el hechizo. La religión como fenómeno natural", Daniel Dennet
"El científico curioso", Francisco Mora
"La desilusión de Dios", Richard Dawkins]]></content:encoded>
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		<title>[Libro] El pianista del gueto de Varsovia</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Sep 2009 23:02:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[En el artículo Piojos, rusos, alemanes y Justos os comentaba que había un libro de Szpilman que hablaba de lo sucedido en Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, de él quiero hablaros hoy. Fue publicado en 1946, un año después del fin de la guerra, por lo que las memorias tienen mucha frescura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
<p align="justify">En el artículo <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=465" target="_blank">Piojos, rusos, alemanes y Justos</a> os comentaba que había un libro de Szpilman que hablaba de lo sucedido en Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, de él quiero hablaros hoy. Fue publicado en 1946, un año después del fin de la guerra, por lo que las memorias tienen mucha frescura en cuanto a los hechos sucedidos. No obstante, fue inmediatamente retirado de la circulación por las nuevas autoridades polacas. El libro no se reimprimió hasta fechas tan recientes como 1998. En 1999 se publicó en inglés y medios de la prensa como <em>The Economist</em> o <em>Los Angeles Times</em> coincidieron en elegirlo como uno de los mejores del año. Hay incluso una película de Roman Polanski, basada en dicho libro, titulada <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_pianista" target="_blank"><em>El pianista</em></a>. Se advierte que algunas de las cosas que se dicen en este libro (y en el artículo) pueden herir la sensibilidad del lector.</p>

<p align="justify">Durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes empezaron sitiando la ciudad. En aquellos momentos cualquiera podía ser considerado espía y ser  asesinado en el acto sin ni siquiera tiempo para explicarse. Una anciana que llevaba por apellido Hoffer tenía una jaula con pájaros en el balcón a los que daba de comer tres veces al día con obstinada regularidad. Con esas dos pruebas, las sirvientas del edificio decidieron que tenía que ser una espía alemana y sus interpretaciones al piano tenían que ser un código secreto que enviaba a los pilotos de la Luftwaffe. La encerraron en el sótano junto con los pájaros. Irónicamente, le salvaron la vida, pues después cayó una bomba en su piso y lo destruyó por completo.</p>
<p align="justify">Finalmente, Varsovia se rindió. Al principio, carteles bilingües anunciaban que se garantizarían los derechos de los judíos y que la población podría trabajar bajo el cuidado del estado alemán. Aun así, coches privados recorrían las calles, paraban en seco cuando localizaban a un judío y se lo llevaban. Fueron los primeros malos tratos. Luego empezaron los asesinatos. Más tarde se dieron a conocer los decretos cuyo incumplimiento acarrearía la pena de muerte (aunque algunos nunca se cumplieron porque hubiera significado la muerte de toda la población). Más tarde, los decretos que sólo afectaban a los judíos, como el máximo que podían tener de riqueza en propiedad. Lo restante lo tenían que entregar. Había también normas no escritas, como que los judíos debían inclinarse ante los alemanes.</p>
<p align="justify">Ahí empezaron los rumores de la construcción de un gueto con un muro. La excusa era que no se difundiera el tifus a otras zonas de la ciudad. Dentro del gueto tenían que vivir los judíos y les obligaron a llevar un brazalete en la manga con la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Estrella_de_David" target="_blank">Estrella de David</a> para que fueran perfectamente reconocibles. Finalmente, se cerraron las puertas del mismo. Medio millón de personas debían encontrar sitio para vivir en una zona en la que apenas había espacio para cien mil.</p>
<p align="justify">Habla de hombres admirables como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Janusz_Korczak" target="_blank">Janusz Korczak</a>, un escritor que no era de primera línea, pero cuyos relatos estaban orientados a los niños. Dedicó toda su vida a intentar defenderlos y salvarlos, y lo hizo sacrificando todo su dinero, fundando orfanatos, organizando colectas para los niños pobres, dando charlas en la radio. Le llamaban "el viejo doctor". Cuando se cerraron las puertas del gueto, en vez de marchar se quedó dentro ejerciendo como padre adoptivo de una docena de huérfanos judíos, los niños más pobres y abandonados.</p>
<p align="justify">Habla de los piojos que en aquel momento eran el vector del tifus. Explica que caminaba  por las calles lleno de miedo y asco (en aquel momento, todavía no estaba acostumbrado a los muertos) y cuando llegaba su madre les obligaba a pasar al recibidor y no les dejaba entrar hasta haberles quitado uno a uno todos los piojos que traían en el sombrero, el abrigo y el traje para ahogarlos en alcohol.</p>
<p align="justify"> Había coches celulares que recorrían ciertas calles al día llevando a prisioneros al centro de la Gestapo y en el viaje de vuelta no había más que despojos humanos con huesos rotos, riñones destrozados y uñas arrancadas. Cuando los furgones iban a alguna calle muy congestionada los desalojaban con las porras que estaban tachonadas de clavos y hojas de afeitar.</p>
<p align="justify">Se extendió la pobreza y el hambre. Había personas que pasaban deprisa al lado de un viandante que llevara un paquete para arrebatárselo, salir corriendo y mirar si había algo de comida. En una ocasión, una mujer llevaba una lata envuelta en un papel de periódico. Un anciano que tiritaba de frío con los zapatos llenos de agujeros se abalanzó sobre ella. Toda la sopa densa y humeante se desparramó por el suelo. El anciano se echó sobre el fango y empezó a lamer todo lo que pudo de aquella sopa derramada y sucia sin hacer caso de la reacción de la mujer, que le daba patadas y gritaba.</p>
<p align="justify">También la Gestapo tomó a judíos para hacer de policías. Personas decentes que hasta entonces habían sido amigos cambiaron su naturaleza a la que se colgaron sus nuevos uniformes.</p>
<p align="justify">Luego empezaron las masacres. Explica cómo en una ocasión llegó un vehículo de la Gestapo, entraron en el edificio e iban de piso en piso con sus metralletas a punto para disparar. A una anciano que no podía levantarse se lo pidieron dos veces. Lo arrojaron por la ventana desde un tercer piso. Sacaron a unas veinte personas del edificio y les hicieron correr delante del coche. Cayeron uno tras otro y luego se fueron pasando por encima de los cadáveres. Pero no sólo cayeron aquellos, sino que en la matanza murieron unas cien personas.</p>
<p align="justify">Habla de los ucranianos y lituanos, que aceptaban sobornos y después de hacerlo, mataban a la gente cuyo dinero acababan de aceptar.</p>
<p align="justify">Un dentista preguntaba a los suyos por qué se dejaban llevar a la muerte como ovejas. Eran casi medio millón de personas y podrían acabar con los alemanes. La conversación en voz alta fue entre un comerciante y el padre del autor.</p>

<p align="justify">- ¿Cómo puedes estar tan seguro de que nos envían a la muerte?
- Bueno, claro que no lo sé de cierto. ¿Cómo voy a saberlo? ¿Nos lo iban a decir? ¡Pero puedes estar seguro al noventa por ciento de que piensan en aniquilarnos!
<p align="justify">El padre de Szpilman sonrió y señalando la muchedumbre allí congregada contestó:</p>
<p align="justify">- Mira. ¡No somos héroes! Somos gente normal y corriente, y por eso preferimos arriesgarnos y confiar en ese diez por ciento de posibilidades de vivir.</p>
<p align="justify">Efectivamente, los alemanes necesitaban mano de obra. A los que no les servían se los llevaban en vagones de tren a campos de exterminio como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Campo_de_exterminio_de_Treblinka" target="_blank">Treblinka</a> separando familias enteras. El mismo autor vio cómo le separaban de su padre. Los judíos ricos sobornaban a la Gestapo para que dejaran en libertad a sus familiares y, claro, para que les cuadraran los números, la Gestapo deportaba a otros que habían seleccionado que sí les hubieran servido como carpinteros, camareros, peluqueros o barberos.</p>
<p align="justify">Narra escenas dantescas. Normalmente era la policía judía quien llevaba a los judíos a trabajar fuera del gueto. Un día, no obstante, había una unidad de la policía alemana comprobando los papeles minuciosamente. Un chico de diez años que iba corriendo por la acera, pálido y asustado, se olvidó de quitarse la gorra ante el policía que iba hacia él. Sin decir una palabra, el alemán sacó un revólver, se lo puso en la sien y disparó. El niño cayó muerto y el policía alemán devolvió el revólver a la funda y siguió caminando. Con sus propias palabras:</p>
<p align="justify"><em>Lo miré; no tenía rasgos especialmente brutales ni parecía enfadado. Era un hombre normal, apacible, que había cumplido con una de sus obligaciones menores cotidianas y la había apartado de su mente al instante, porque le esperaban otros asuntos de mayor importancia.</em></p>
<p align="justify">También explica cómo cogían a todos los bebés que podían, los metían en un saco y se los llevaban en coches fúnebres o cogían a los críos por los tobillos y los lanzaban contra el muro hasta que morían.</p>
<p align="justify">Pudo escapar del gueto y ocultarse en un piso de un edificio que tenía las paredes muy delgadas. Por ello, no debía hacer ruido, ya que le hubiera delatado y hubiera significado su muerte. Por tanto, se movía muy poco a poco, casi de puntillas.</p>
<p align="justify">Estuvo mucho tiempo en que tuvo que ocultarse y prácticamente solo. Para no enloquecer iba repasando mentalmente todas las obras de piano que conocía, compás a compás. Explica que, realmente, le fue muy útil ya que, finalizada la guerra, recordaba casi todas las composiciones como si no hubiera dejado de tocar el piano durante la guerra. También repasaba mentalmente el contenido de los libros que había leído y manteniendo su vocabulario de inglés. Explica que incluso Robinson Crusoe podía albergar la esperanza de encontrarse con alguien y eso le hacía seguir adelante, pero que si en aquellos momentos de soledad se le hubiera acercado alguien hubiera ido corriendo a esconderse muerto de miedo.</p>
<p align="justify">Un día extendió un trozo de tela por debajo de un cristal y se vio frente a aquel espejo improvisado:</p>
<p align="justify"><em>Al principio no podía creer que la espantosa visión que tenía delante fuera en realidad yo: hacía meses que no me cortaba el pelo, y estaba sin afeitar y sin lavar. Mi cabello formaba una densa maraña, una barba oscura y bastante espesa me cubría la cara casi por completo, y la escasa superficie de la piel que no quedaba oculta por la barba estaba toda renegrida (...)</em></p>
<p align="justify">Finalmente, explica la parte en que se encontró con un soldado alemán que, en vez de matarlo, lo ayudó. Al decirle que era músico, le llevó a un piano y le tocó la <em>Balada nº 1 de Chopin</em>. Incluso le dio prendas de ropa para que se abrigara y le fue trayendo comida a un lugar escondido. Szpilman le dijo a aquel alemán que si alguna vez necesitaba ayuda, preguntara por él.</p>
<p align="justify">La parte final del libro dedica unas páginas a reproducir el diario que llevaba aquel capitán alemán. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wilm_Hosenfeld" target="_blank">Wilm Hosenfeld</a> no sólo había ayudado a Szpilman sino a muchos judíos. De hecho, la familia de Hosenfeld tenía un listado de personas a las que acudir a pedir ayuda en caso necesario. En esa lista, efectivamente, estaba el autor. Muchas de aquellas familias cuentan que el mismo Hosenfeld los defendió, intentó aprender su idioma e incluso, como creyente, fue a la Iglesia con ellos.</p>
<p align="justify">No obstante, finalizada la guerra, los rusos no lo dejaron ir. Fue torturado porque su afirmación de que había salvado a un judío les pareció una mentira monstruosa. Sufrió varios ataques cerebrales y murió en cautiverio, el año 1952. Su hijo escribió posteriormente:</p>
<p align="justify"><em>Mi padre era un profesor afectuoso y entusiasta. En el periodo que siguió a la Primera Guerra Mundial, cuando pegar a los niños era todavía el medio habitual para imponer disciplina en los colegios, él tenía una amabilidad con los alumnos que resultaba muy poco convencional. A los niños más pequeños de la escuela rural de Spessart solía sentárselos en las rodillas si tenían dificultades con el alfabeto. Y llevaba siempre dos pañuelos en el bolsillo de los pantalones, uno para él y otro para la mocosa nariz de sus alumnos más pequeños.</em></p>
<p align="justify"><em>En el invierno de 1939 a 1940 la unidad de mi padre, que había salido de Fulda hacia Polonia en el otoño de 1939, estaba acantonada en la pequeña ciudad de Wegrow, al este de Varsovia. La comisaría alemana se había apropiado allí de suministros de heno que pertenecían al ejército polaco. Un día frío de invierno mi padre acertó a pasar cuando un SS se estaba llevando a un escolar. Había sorprendido al chico robando heno requisado en un granero, probablemente sólo una brazada. Era evidente que el chaval estaba a punto de ser fusilado, como castigo por su delito y para disuadir a los demás.</em></p>
<p align="justify"><em>Mi padre me contó que corrió hacia el SS gritándole: "¡No puedes matar a ese chico!". El SS sacó la pistola, apuntó a mi padre con ella y le dijo con tono amenazador: "¡Si no te largas ahora mismo te mato a ti también!".</em></p>
<p align="justify"><em>A mi padre le llevó mucho tiempo recuperarse de esa experiencia. Sólo habló de ella una vez, dos o tres años más tarde, durante un permiso. Fui el único miembro de la familia que oyó la historia.</em></p>
En fin, como dicen los editores en la introducción:
<blockquote>
<p align="justify">Las guerras no son sólo conflictos entre naciones o ideologías políticas, sino finalmente enfrentamientos entre quienes albergan el más absoluto desprecio por la vida humana y quienes se mantienen firmes en la defensa de la fraternidad entre los hombres.</p>
</blockquote>
Un libro que nos pone de manifiesto una vez más que cuando el hombre se comporta como un animal, es peor que un animal.
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/09/libro_pianista_gueto.jpg" title="Portada del libro" alt="Portada del libro" /></p>
Título: "El pianista del gueto de Varsovia"
Autor: Wladyslaw Szpilman]]></content:encoded>
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		<title>Justus von Liebig</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Sep 2009 23:20:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy os quiero hablar de un científico poco conocido, pero no por ello menos interesante. Puede ser considerado el padre de bastantes cosas y, nosotros, como malos hijos, lo tenemos relegado al olvido. Se llamaba Justus von Liebig.

Nacido en 1803, su padre se dedicaba a trabajar con sales y pigmentos, y con ellos hacía experimentos [...]]]></description>
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<p align="justify">Hoy os quiero hablar de un científico poco conocido, pero no por ello menos interesante. Puede ser considerado el padre de bastantes cosas y, nosotros, como malos hijos, lo tenemos relegado al olvido. Se llamaba Justus von Liebig.</p>

<p align="justify">Nacido en 1803, su padre se dedicaba a trabajar con sales y pigmentos, y con ellos hacía experimentos químicos como aficionado. Con 15 años, el joven Liebig se convirtió en aprendiz de boticario, pero no descansó hasta que pudo ir a la Universidad.</p>
<p align="justify">Con el tiempo fue a París y pudo conocer a gente de la talla de Alexander von Humboldt y Georges Cuvier y trabajó también en el laboratorio de Gay-Lussac. Con 21 años completó una serie de investigaciones. Veamos, muchos compuestos orgánicos están formados únicamente por carbono, hidrógeno y oxígeno. Una vez medidos el carbono y el hidrógeno y dando por supuesta la presencia de oxígeno, podía determinarse la fórmula química. Hacia 1811 Gay-Lussac había obtenido las fórmulas empíricas de algunos azúcares simples. Pero el procedimiento fue mejorado por Liebig. En 1831 obtuvo algunas fórmulas empíricas claramente fiables y poco más tarde, en 1833, Jean Baptiste Dumas ideó una modificación del método que permitía al químico recoger el nitrógeno, de manera que podían detectarse las porciones de nitrógeno en una sustancia orgánica.</p>
<p align="justify">Aquí es donde se da una de aquellas coincidencias de la historia, o quizás una de aquellas cosas que tenían que pasar tarde o temprano, que desembocó en un nuevo descubrimiento. Resulta que mientras Liebig estudiaba un tipo de compuestos llamados fulminatos, otro químico, Friederich Whöler, estudiaba otro tipo de compuestos llamados cianatos. Ambos personajes enviaron un artículo a Gay-Lussac para que los publicara en su revista; pero al leer ambos artículos, este último se dio cuenta de un hecho asombroso: las propiedades descritas por los compuestos de los diferentes tipos eran, efectivamente, muy diferentes, pero la fórmula empírica ¡era exactamente la misma! Por ejemplo, tanto el cianato de plata como el fulminato de planta tenían en su fórmula un átomo de plata, uno de oxígeno, uno de nitrógeno y uno de carbono.</p>
<p align="justify">Gay-Lussac le comentó este detalle al químico más famoso del mundo del momento: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/J%C3%B6ns_Jacob_Berzelius" target="_blank">Jacob Berzelius</a>. Se quedó tan asombrado que al principio no lo creyó, pero tuvo que aceptarlo con un problema similar con los ácidos tartárico y racémico (la magnífica historia de estos dos ácidos <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=92" target="_blank">ya os la expliqué</a>).</p>
<p align="justify">O sea que en una molécula no sólo debía importar de qué átomos estaba compuesta, sino que también era importante el modo en que dichos átomos se distribuían por la molécula. Berzelius sugirió el nombre de <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Isomer%C3%ADa" target="_blank">isómeros</a> </em>para aquel tipo de compuestos que tenían igual fórmula pero diferentes propiedades.</p>
<p align="justify">Como resultado de aquellas publicaciones, Liebig y Whöler se hicieron grandes amigos y realizaron posteriormente varias investigaciones juntos.</p>
<p align="justify">Con 21 años, nuestro hombre empezó a dar clases en la Universidad de Giessen. Hay quien afirma que fue el mejor profesor de química de todos los tiempos. No sé si una valoración de este tipo puede aceptarse de forma definitiva, pero lo que sí está claro es que fue el primero que organizó un laboratorio para que lo utilizaran los estudiantes, algo que hoy nos parece algo natural. No solo eso. Liebig permitió a veces que sus estudiantes publicaran por sí mismos, cosa inusual en un profesor de la época. Aunque como él mismo confesó a un colega: <em>Si es algo bueno, una parte del mérito se me atribuirá, y no tengo que defender los errores. ¿Entiendes?</em></p>
<p align="justify">Además, como también dijo: <em>en esta ciudad pequeña y sin lustre los estudiantes no tienen otra cosa que hacer que trabajar</em>. Giessen se convirtió, gracias a él, en el centro intelectual mundial durante un cuarto de siglo. Un rival francés denominó a aquella escuela "agujero infernal", ya que dio un montón de lumbreras de químicos la siguiente generación.</p>
<p align="justify">Fue también un gran divulgador, quien explicó en sus <em>Cartas químicas</em> las cosas con tal claridad que hubo hasta cocineros que aprovecharon la información contenida en ellas para mejorar sus recetas de cocina. Es más: su editor le intentó convencer para que escribiera un libro de cocina. Liebig no accedió a ello, pero sí le hizo averiguar, dentro de su especialidad, todo lo que pudiera acerca de los jugos cárnicos. De ello sí escribió un libro que puede ser considerado el primero sobre la "cocina científica".</p>
<p align="justify">Se concentró en los cambios químicos que se daban durante el proceso del cocinado. Fue uno de los que ayudó a establecer que el cuerpo saca la energía de la oxidación de los alimentos en el interior del cuerpo. Tuvo un enfrentamiento con Pasteur porque pensaba que la fermentación era un proceso puramente químico y que no implicaba vida. En este asunto estaba equivocado. No seré yo quien se lo eche en cara, desde luego.</p>
<p align="justify">También estudió la química agrícola. Fue el primero en afirmar que la fertilidad del suelo se perdía porque las plantas consumían su contenido mineral, o sea, que se agotaban los elementos esenciales para la vida como el sodio, el potasio, el calcio y el fósforo. Siguiendo esta línea, fue el primero también en hacer experimentos en la fertilización de los suelos añadiendo abonos químicos, en lugar del estiércol. Al principio no obtuvo éxito porque pensaba que el nitrógeno lo tomaban las plantas de la atmósfera ya que <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Jean-Baptiste_Boussingault" target="_blank">Boussingault</a> había demostrado que era así para las legumbres. No obstante, rectificó, y el uso de abonos químicos se ha multiplicado hasta llegar a nuestros días. Esto ayudó a reducir epidemias por la eliminación de los montones de estiércol y por primera vez en la historia era posible producir suficientes alimentos para satisfacer las necesidades de la creciente población mundial y evitar las hambrunas.</p>
<p align="justify">Popularizó la <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Liebig%27s_Law_of_the_Minimum" target="_blank">Ley del Mínimo</a> o Ley de Liebig, que había sido formulada por Carl Sprengel. Sucedía que en la agricultura un incremento de los nutrientes por encima de las necesidades no incrementaba el crecimiento vegetal. Se tenía que considerar el nutriente menos abundante que había en el suelo. O sea que la disponibilidad del más abundante era, de hecho, como la del menos abundante. Para explicarlo mejor, Liebig puso la imagen de un barril al que intentaba echar más y más agua.</p>
<p style="text-align: center"><img src="wp-content/uploads/2009/09/barril_liebig.jpg" title="Barril de Liebig" alt="Barril de Liebig" /></p>
<p align="justify">Según Liebig, la ley del mínimo se puede expresar en la imagen de ese barril: la madera más corta limita la capacidad de almacenar líquido.</p>
<p align="justify">Un rumor de la época había amenazado con convertirse en un escándalo. Afirmaba que a la cerveza rubia producida por dos de las principales cervecerías en Burton-on-Trent, Allsopp's y Bass, se le estaba añadiendo estricnina para aumentar su amargor. Para desmentirlo, las cervecerías habían entrado en contacto con los dos químicos más famosos de Inglaterra, Thomas Graham y August Wilhelm von Hoffmann.</p>
<p align="justify">Ambos dedujeron de sus análisis que la cerveza era inocua, pero Hoffmann, que había sido discípulo de Liebig, sugirió a Allsopp's que sus conclusiones serían más convincentes si estuvieran apoyadas por la palabra del mejor químico del día, el barón (como era entonces) Justus von Liebig. Por una exagerada carta abierta afirmando la excelencia de la cerveza inglesa, Liebig recibió la entonces no desdeñable suma de cien libras. ¿Y cuál fue el experimento que hizo Liebig para confirmarlo? En su carta a Hoffmann, reconoció que <em>el test principal consistió en beber una botella con gran placer</em>. Por supuesto, Liebig tenía total confianza en el análisis de su discípulo. Nuestro hombre acató sin ninguna vergüenza las instrucciones de Allsopp's acerca de cómo debería redactarse la recomendación.</p>
<p align="justify">Su testimonio apareció muy pronto en vallas publicitarias y periódicos. Acto seguido, el competidor de Allsopp's, Bass, pidió un favor análogo, por el que le pagaron una suma desconocida.</p>
<p align="justify">Ahora imaginad a este hombre que, con 29 años, había fundado y editado <em>Annalen der Chemie</em>, revista que llegó a ser líder en cuestiones de química en alemán; que con 34 años había sido elegido miembro de la Real Academia de las Ciencias de Suecia y nombrado barón a sus 42, que había popularizado el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Liebig_condenser" target="_blank">Condensador de Liebig</a> y que había diseñado un nuevo procedimiento para platear los espejos.</p>
<p align="justify">Pues bien, cuando contaba con 51 años y el citado currículum, su médico de cabecera le explicó que tenía una paciente de 17 años que padecía la escarlatina. La paciente estaba tan débil que apenas podía ingerir alimentos por sí misma. Iba a morir sin remedio como no se hallaba un remedio para alimentarla.</p>
<p align="justify">Nuestro hombre en persona fue a conseguir carne de conejo y se pasó la noche entera sin dormir para, aprovechando todo su conocimiento científico, llevarle al día siguiente un caldo al médico que tenía los nutrientes vitales. La muchacha enferma debía tragar algo del mismo cada media hora. Efectivamente, aquella muchacha recobró fuerzas. Las suficientes para conceder al médico un baile para agradecérselo.</p>
<p align="justify">Los empresarios empezaron a ver un filón en el caldo de Liebig y el químico autorizó el uso de su nombre para fines comerciales. En 1865 se fundó la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Liebig_Extract_of_Meat_Company" target="_blank">Liebig Extract of Meat Company</a>. Por supuesto, tenía como director científico al mismo Liebig y la compañía aplicaba un procedimiento de su invención para preparar extractos cárnicos.</p>
<p align="justify">Un personaje de lo más prolífico, ¿verdad?</p>
<p align="justify">En 1867, fue un invitado de honor en la Exposición de París y en su discurso explicó cuál había sido la época más feliz de su vida:</p>
<p align="justify"><em>Nunca olvidaré los años pasados en el laboratorio de Gay-Lussac. Cuando habíamos acabado un análisis fructífero (no hace falta que les diga que el método y el aparato descritos en nuestra memoria conjunta eran enteramente suyos), él me decía: «Ahora debes bailar conmigo como hacíamos Thénard [Louis Thénard había sido el maestro de Gay-Lussac] y yo cuando habíamos descubierto algo. Y entonces bailábamos.</em></p>
Fuentes:
"Breve historia de la química", Isaac Asimov
"El gato de Schrödinger en el árbol de Mandelbrot", Ernst Peter Fischer
"Eurekas y Euforias", Walter Gratzer
"Enciclopedia Biográfica de Ciencia y Tecnología (Tomo II)", Isaac Asimov
<a href="http://ca.wikipedia.org/wiki/Llei_del_m%C3%ADnim" target="_blank">http://ca.wikipedia.org/wiki/Llei_del_m%C3%ADnim</a> (catalán)
<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Liebig%27s_Law_of_the_Minimum" target="_blank">http://en.wikipedia.org/wiki/Justus_von_Liebig</a>
<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Liebig%27s_Law_of_the_Minimum" target="_blank">http://en.wikipedia.org/wiki/Liebig%27s_Law_of_the_Minimum</a>]]></content:encoded>
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		<title>Piojos, rusos, alemanes y Justos</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Sep 2009 22:19:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Historias de la ciencia]]></category>

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		<description><![CDATA[Poco antes de la Segunda Guerra Mundial Rudolf Weigl desarrolló una vacuna contra el tifus que por entonces hacía estragos. Entre 5 y 6 millones de personas fueron vacunadas contra dicha enfermedad durante la ocupación alemana en la zona oriental de las operaciones de guerra. Posteriormente fue utilizada también en  China, Etiopía y otros [...]]]></description>
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<p align="justify">Poco antes de la Segunda Guerra Mundial Rudolf Weigl desarrolló una vacuna contra el tifus que por entonces hacía estragos. Entre 5 y 6 millones de personas fueron vacunadas contra dicha enfermedad durante la ocupación alemana en la zona oriental de las operaciones de guerra. Posteriormente fue utilizada también en  China, Etiopía y otros países. Su creador nunca se llevó el Nobel de Medicina, aunque lo hubiera merecido; pero también y aquí entra lo increíble del personaje, se hubiera merecido el Premio Nobel de la Paz. Y sobre él y otros dos honorables hombres, que quizás también lo hubieran merecido, os hablaré en nuestra historia de hoy.</p>

<p align="justify">Rudolf Weigl nació en Austria en 1883. Su padre murió al cabo de poco tiempo en un accidente mientras probaba un nuevo modelo de bicicleta. La viuda, con tres hijos, se casó con un profesor polaco de instituto. La familia acabó instalándose en Lwów y el pequeño Weigl se convirtió en un profesor de biología de la Universidad teniendo  a su cargo un laboratorio.</p>
<p align="justify">Aguantó en Lwów la primera ocupación soviética y posterior alemana, pero tuvo que exiliarse tras la definitiva ocupación soviética de 1944 y la consiguiente limpieza étnica.</p>
<p align="justify">Ya era muy respetado cuando llegó la primera de ambas ocupaciones: la soviética. El mismísmo Nikita Khrushchev fue a visitarlo a su Instituto y le ofreció un título académico y la dirección de un instituto bacteriológico en Moscú para el desarrollo de su vacuna. Tuvo que ser una persona muy persuasiva, pues fue capaz de declinar la oferta sin represalias. Y no sólo eso, sino que además consiguió apoyo soviético para ampliar su instituto en Lwów y, lo que es más difícil todavía, logró que sus empleados quedaran fuera de las deportaciones a Siberia.</p>
<p align="justify">No obstante, más tarde llegó la segunda ocupación: la alemana; y, obviamente, todo esto podía cambiar. Ya desde 1909, gracias a Charles Nicolle del Instituto Pasteur, había quedado establecido que ciertos piojos eran el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Vector_(biolog%C3%ADa)" target="_blank">vector</a> del tifus. Para preparar una vacuna, el doctor Weigl necesitaba criar una ingente cantidad de dichos piojos que, para sobrevivir, necesitan sangre humana.</p>
<p align="justify">Y diseñó un ingenioso sistema. Se cosían unas pequeñas cajas de madera selladas con parafina para que los insectos no escaparan. En el lado que tocaba la piel había una finísima malla que sólo permitía a los piojos asomar la cabeza para alimentarse. En estas cajas se depositaban entre 400 y 800 larvas junto a unos hilos de lana para que depositaran sus los huevos cuando crecieran.</p>
<p align="justify">Los hombres solían ponérselas en las pantorrillas, aunque las mujeres preferían ponérsela en los muslos y así ocultar las marcas que dejaban con la falda. Ellas siempre tan coquetas.</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/09/piojos1.jpg" title="El dispositivo en la pierna de una mujer" alt="El dispositivo en la pierna de una mujer" /> <img src="wp-content/uploads/2009/09/piojos2.jpg" title="Las marcas que dejaban los piojos" alt="Las marcas que dejaban los piojos" /></p>
<p align="justify">Después de entre 30 y 45 minutos, cada insecto ingería una cantidad equivalente a su peso, con lo que quedaban hinchados como un balón. No podían pasarse de este tiempo, pues los voraces piojos comían tanto que incluso reventaban.</p>
<p align="justify">Estos hombres y mujeres tenían raciones especiales de comida y la posibilidad de arresto y deportación disminuía. Su identificación era bien visible y emitida por la Oficina del Comandante en Jefe del Ejército Alemán. La Gestapo se mantenía apartada por miedo a ser contagiados accidentalmente con el tifus. Siempre había el peligro de que alguno de los piojos portara la enfermedad.</p>
<p align="justify">De este modo, ayudó a muchos profesores de universidad. Además, como el trabajo duraba apenas una hora al día, el resto del tiempo dichos profesores organizaban cursos universitarios clandestinos y realizaban otras actividades educativas y patrióticas.</p>
<p align="justify">Algunos de ellos eran los famosos matemáticos del Cuaderno Escocés (en <a href="http://gaussianos.com/el-cuaderno-escoces/" target="_blank">gaussianos</a> os han dado una amplia explicación). No deja de ser curioso saber que mientras discutían sobre teoría de números y topología estuvieran alimentando piojos. A veces, con el fervor de las discusiones se pasaban de los 45 minutos y los piojos continuaban chupándoles la sangre hasta que reventaban.</p>
<p align="justify">Parece ser que hacía mella en la salud. El matemático Banach fue uno de aquellos privilegiados del Café Escocés que se prestó a alimentarlos con su propia sangre y le acabó provocando una degradación física considerable. La mujer de un colega decía que mientras que antes había sido un tipo robusto, esos años era <em>un hombre exhausto, hambriento y sombrío, aunque antes de la guerra había sido de complexión muy robusta</em>.</p>
<p align="justify">Pero Weigl llegó mucho más lejos. Según un estrecho colaborador llamado Wladyslaw Szpilman:</p>
<p align="justify"><em>Los nazis dieron permiso a Weigl para tener una radio (...) Esto fue una bendición, puesto que ser descubierto con una radio se penalizaba con la pena de muerte. Weigl tuvo mucho coraje y cooperó con la resistencia polaca durante la ocupación nazi. Varios cargamentos ilegales de su vacuna acabaron llegando ilegalmente al gueto de Varsovia -algunos transportados por mis padres y yo- y a otros guetos judíos en grandes ciudades, donde el tifus había alcanzado proporciones de epidemia.</em></p>
<p align="justify">Dicen que, en el gueto, el doctor Weigl era tan famoso como Hitler, pero por razones bien diferentes.</p>
<p align="justify">Desgraciadamente, la mayor parte de los participantes fueron posteriormente víctimas de los nazis. Un año más tarde de entrar en Lwów, los nazis asesinaron a 45 personas, entre ellos, muchos profesores y científicos de la Universidad Politécnica y familiares. Incluso el matemático Kazimiers Bartel que había sido ministro de Polonia y rector de la Universidad. Había rechazado una oferta de Himmler para presidir un gobierno títere del Reich.</p>
<p align="justify">Los asesinatos no fueron indiscriminados sino bien calculados y la mayor parte de ellos se hicieron en secreto. Se sabe porque desde la Gestapo habían estado buscando dos profesores que ya habían muerto: un dermatólogo profesor y un oftalmólogo.</p>
<p align="justify">El mencionado colaborador, Wladyslaw Szpilman fue llevado al cine por Roman Polansky en la película <em>El pianista</em>.  Hay un libro del mismo Szpilman titulado <em>El pianista del gueto de Varsovia</em> en el que relata todos estos sucesos con más detalle. Fue escrito en 1946 pero fue fuertemente censurado por las autoridades comunistas y no se publicó hasta una fecha muy reciente: en 1998. Ya lo tengo pedido en la biblioteca. Si os parece, cuando lo acabe le hacemos una reseña.</p>
<p align="justify">La razón de que la película y el libro hagan referencia a un pianista es porque Szpilman era un célebre pianista y compositor de música clásica. Mientras tocaba en la radio el <em>Nocturno en do sostenido menor</em> de Chopin una bomba interrumpió la obra. Fue entonces cuando lo trasladaron al gueto.</p>
<p align="justify">Hacia el final de la guerra, el 17 de noviembre de 1944 en Varsovia, en una casa abandonada que estaba siendo acondicionada para convertirse en el cuartel general de las fuerzas de ocupación, un oficial alemán, Wilm Hosenfeld, encontró a Szpilman. Se había construido un escondite en la buhardilla. El oficial pidió al pianista probar su condición de músico y, con las manos aún entumecidas, tocó un fragmento de <em>Balada No. 1 en do menor</em> de Chopin. Hosenfeld le ayudó a mejorar su escondite y le proveyó de comida durante un mes envuelta en papel de periódico que daba noticias de la pronta caída de Alemania.</p>
<p align="justify">No había sido la primera vez que Hosenfeld había ayudado a gente en similar situación. Aunque había pertenecido al partido nazi, fue distanciándose a medida que veía cómo se trataba a los polacos. De hecho, entabló amistad con muchos polacos e intentó aprender su lengua. Era cristiano y tomaba la comunión en iglesias polacas a pesar de que estaba prohibido. Permitió que prisioneros de guerra pudieran ver a sus familias y utilizó su cargo para dar refugio a polacos amenazados de ser arrestados por la Gestapo.</p>
<p align="justify">Desgraciadamente,  fue capturado por los soviéticos y sentenciado a 25 años de trabajos forzados por supuestos crímenes de guerra. La única prueba que tenían era su pertenencia al ejército. A pesar de las numerosas peticiones de liberación, los rusos hicieron caso omiso.  Falleció en un campo de concentración tras un grave y largo deterioro de su salud.</p>
<p align="justify">El hijo de Władysław Szpilman, Andrzej Szpilman, solicitó al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Yad_Vashem" title="Yad Vashem">Yad Vashem</a> que reconociera a Wilm Hosenfeld como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Justo_entre_las_Naciones" title="Justo entre las Naciones" class="mw-redirect">Justo entre las Naciones</a>, un título que se concede a los no judíos que arriesgaron su vida por salvar a los judíos. El 25 de noviembre de 2008 se produjo dicho reconocimiento. Los hijos de Hosenfeld y Szpilman asistieron a la ceremonia.</p>
<p align="justify">Weigl, nuestro primer protagonista, también tiene el título de Justo entre las Naciones y se le concedió en  2003.</p>
<p align="justify">Tres grandes hombres y tres grandes desconocidos.</p>

<p align="justify">Fuentes:
La idea principal de la historia la saqué del libro <em>Pasiones, piojos, dioses... y matemáticas</em>, de Antonio J. Durán. Otro interesante artículo de Weigl con mayor detalle en la propagación del tifus a través de los piojos lo tenéis en <a href="http://www.maikelnai.es/2009/07/14/piojos-el-arma-de-weigl-contra-los-nazis" target="_blank">maikelnai</a>.
<p align="justify">Los detalles de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/W%C5%82adys%C5%82aw_Szpilman" target="_blank">Szpilman</a> y <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Wilm_Hosenfeld" target="_blank">Hosenfeld</a> los encontré en la wikipedia. Otros detalles los averigüé gracias a <a href="http://www.lwow.com.pl/Weigl/in-memoriam.html" target="_blank">un enlace</a> al que hace referencia el mismo maikelnai.</p>
<p align="justify">P.D. por favor, no pongáis este artículo en el meneame, ya que el de <a href="http://meneame.net/story/piojos-arma-weigl-contra-nazis" target="_blank">maikelnai fue meneado y llegó a portada</a>.</p>]]></content:encoded>
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		<title>[Libro] La conspiración lunar ¡vaya timo!</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Sep 2009 19:04:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Libros]]></category>

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		<description><![CDATA[El autor del libro que hoy os quiero comentar se puso en contacto conmigo y tuvo la gentileza de enviarme un ejemplar para que lo leyera y diera mi opinión. Se trata de Eugenio Fernández Aguilar, autor del blog Ciencia en el XXI. El libro me ha encantado. Os comento, como de costumbre, los detalles [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[
<p align="justify">El autor del libro que hoy os quiero comentar se puso en contacto conmigo y tuvo la gentileza de enviarme un ejemplar para que lo leyera y diera mi opinión. Se trata de Eugenio Fernández Aguilar, autor del blog <a href="http://eumafeag.blogspot.com/" target="_blank">Ciencia en el XXI</a>. El libro me ha encantado. Os comento, como de costumbre, los detalles que más me han llamado la atención.</p>

<p align="justify">El libro empieza dándonos una breve introducción sobre la historia de la llegada del hombre a la Luna para pasar, a continuación, a presentarnos a las personas que encabezan o son las más representativas que defienden la conspiración. De uno de ellos, Bill Kaysing, James Lovell (comandante de la famosa misión Apolo 13 con el <em>Houston, tenemos un problema</em>) dijo que sencillamente estaba chiflado, que su problema era que había visto la película <em>Capricornio Uno</em> y pensaba que eso había sucedido en la realidad. Kaysing denunció a Lovell por ello, pero se desestimó.</p>
<p align="justify">Otro de los conspiranoicos, Bart Sibrel, es conocido por acosar a los astronautas con la Biblia, persiguiéndolos para que juren sobre ella que han pisado realmente la Luna. En septiembre de 2002 Sibrel, de 37 años, 113 Kg de peso y 1,87 de altura acosó de esta manera a Aldrin, de 72 años, 73 Kg de peso y 1,77 de altura, a quien habían citado allí engañado. Después de un intercambio de frases, Sibrel le espetó: "Eres un cobarde, un mentiroso y un ladrón..." y no pudo acabar porque el puño de Aldrin se lo impidió. Tras la agresión dijo: "¿Captaron eso en la cámara?" y utilizó el vídeo para poner una denuncia. También fue desestimada. Los testigos afirmaron que Sibrel había empujado agresivamente a Aldrin con la Biblia y mientras que este último no tenía antecedentes, el primero tenía un historial de acosos a otros astronautas como Armstrong, Bean y Worden.</p>
<p align="justify">Y, por supuesto, también hay en nuestro país gente que lo defiende. Me refiero a personajes como Íker Jiménez y Juan José Benítez. Este último tuvo una pataleta con Luis Alfonso Gámez, conocido por su blog <a href="http://blogs.elcorreodigital.com/magonia" target="_blank">Magonia</a>. Resulta que Benítez emitió unas imágenes por TV, supuestamente grabadas por la NASA, en las que se veía a Aldring y Armstrong caminar por la Luna entre ruinas alienígenas milenarias. Se demostró que aquellas imágenes habían sido grabadas en un estudio por una empresa vasca. Gámez lo hizo saber en medios digitales e impresos y Benítez lo denunció. Y ya se sabe que <em>Spain is diferent</em>, pues Gámez tuvo que pagar 6.000 euros a Benítez por vulnerar su derecho al honor. El derecho al honor de intentar engañarnos, supongo (más detalles de la condena, <a href="http://blogs.elcorreodigital.com/magonia/2007/7/27/benitez-contra-gamez-historia-una-condena" target="_blank">aquí</a>).</p>
<p align="justify">Mirad que le doy vueltas y sigo sin entenderlo: ¿cómo es que son los conspiranoicos, mentirosos y provocadores los que ponen denuncias a los científicos pero nunca sucede al revés? En fin, para que luego digan que los científicos no respetan (respetamos, si me permitís) la opinión de los demás.</p>
<p align="justify">Después de ello, el autor expone 50 de las hipótesis por las que afirman que el hombre nunca llegó a la Luna. Hay de todo tipo: desde algunas técnicas como el fuego de los reactores o el polvo que deberían levantar, hasta otras que no tienen ni pies ni cabeza, como que sólo hay 20 fotos (cuando en realidad hay más de 25.000), el bigote de uno de los astronautas o que no conceden entrevistas, en principio, para que no les desenmascaren (claro que conceden entrevistas, pero son humanos y suelen declinar las de los indeseables).</p>
<p align="justify">Afirman que, al posarse el módulo lunar, no produjo un cráter ni se hundió cuando pesaba 15 toneladas. Veamos, 15 toneladas en la Tierra y lleno de combustible. Si había perdido unas 7 toneladas por dicho combustible y tenemos en cuenta la gravedad de la luna, el peso allí era de unos 1.200 Kg, o sea un empuje de 300 Kg por apoyo. Por la misma regla de tres, un coche se tendría que hundir en el garaje. Por si fuera poco, los astronautas comunicaron la dificultad inesperada de clavar la pértiga en el suelo para poner la bandera de lo duro que era.</p>
<p align="justify">Una de las controversias más famosas es la de la bandera que, según afirman, parece que ondeaba. En realidad, no lo hacía. No hay viento en la Luna. De hecho, si lo hubiera, se vería el polvo levantándose bajo su efecto. Para mantener la bandera en esa situación pusieron un travesaño por la parte superior. Hay un par de fotos tomadas en diferentes momentos donde se ve la bandera con los mismos pliegues. Además, los propios conspiranoicos se contradicen: ¿cómo podía haber una corriente de aire en un estudio como para que una bandera ondeara? Sólo falta que digan que pusieron ventiladores para darle más emoción.</p>
<p align="justify">El polvo que hay en la luna recibe el nombre de <em>regolito lunar</em> y es una mezcla de varios minerales. Una curiosidad es que uno de los minerales recibe el nombre de <a href="http://eumafeag.blogspot.com/2008/10/armalcolita-un-mineral-muy-lunar.html" target="_blank">armalcolita</a>, cuyo nombre está compuesto por las iniciales de los tres astronautas: <strong>ARM</strong>strong, <strong>AL</strong>drin y <strong>COL</strong>lins.</p>
<p align="justify">Otro aspecto que critican es que los neumáticos del Rover no hubieran explotado. Es cierto que al subir un puerto de montaña las bolsas de patatas se hinchan y las botellas de agua de plástico parecen estar más duras. Efectivamente, las ruedas del Rover deberían haber explotado. Suerte que estaban hechas de zinc y recubiertas de capas de acero. Ya habían pensado en ello los ingenieros.</p>
<p align="justify">También he encontrado curioso que no es cierto del todo que no se viera ninguna estrella del fondo. En realidad, sí se ve alguna en las fotos del Apolo 14 y 16 y es nuestro vecino Venus ya que es entre 10 y 20 veces más brillante que la estrella más brillante después del Sol, que no es otra que Sirio.</p>
<p align="justify">Otra hipótesis es la famosa C en una de las rocas:</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/09/letra_c.jpg" title="La C de la roca" alt="La C de la roca" /></p>
<p align="justify"> La NASA no difunde los negativos originales, sino que hace copias, conservando así dichos originales en buen estado. En una de esas copias se coló un pelo o alguna fibra. En los negativos originales esa C no aparece.</p>
<p align="justify">También dicen que desde los telescopios ópticos situados en la Tierra no se pueden ver pisadas ni el lugar del alunizaje. Si supieran realmente de telescopios, sabrían que no tienen resolución suficiente. Ni siquiera el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Very_Large_Telescope" target="_blank">Very Large Telescope</a>, que sólo es capaz de conseguir imágenes de la Luna de longitudes superiores a 130 metros cuando el módulo no hace más de 10 de pata a pata.</p>
<p align="justify">Otra hipótesis es que ralentizaron las imágenes para imitar la gravedad lunar. Los famosos cazadores de mitos lo desmintieron intentando reproducirlos en la Tierra. Al final, se metieron en un avión que, trazando arcos de parábola debidamente calculados, simuló la gravedad de la Luna. Los saltos y brincos eran prácticamente idénticos a los de la NASA.</p>
<p align="justify">Otro problema del que hablan es sobre las erupciones solares. La propia NASA afirma que es un peligro para los astronautas que viajaran allí. ¿Por qué entonces ese peligro no existiría en el viaje a la Luna? La diferencia es que el viaje a la Luna dura unos 10 días, pero un viaje a Marte duraría años. La probabilidad es mucho más alta.</p>
<p align="justify">También afirman que pusieron a los astronautas en cuarentena demasiado tiempo para "lavarles el cerebro", pero no dicen que las del Apolo 11, 12 y 14 duraron 21 días (no sabían qué iban a encontrar), que es el plazo razonable de incubación de los patógenos más virulentos conocidos. Al ver que no corrían peligro, se eliminaron las cuarentenas de los Apolos 15, 16 y 17. Por supuesto, los conspiranoicos no dicen nada de esto último.</p>
<p align="justify">Y llegados a estos puntos y recordando que se quejaban que no concedían entrevistas, si esperan que los científicos estén cada día saliendo para decir que el hombre ha llegado a la Luna, que no esperen más. Tienen mejores cosas que hacer en lugar de repetir lo evidente.</p>
<p align="justify">El autor está haciendo un doctorado en Filosofía de la Ciencia y en un capítulo nos brinda algo de la misma en un pasaje de aquellos que hacen afición sobre aquellos que afirman que "no creen" que el hombre llegara a la Luna (no los pongo en el orden en que salen en el libro):</p>

<blockquote>
<p align="justify">Uno cree en algo cuando no está demostrado aquello en lo que tiene que creer. O uno puede creer en alguien, en una persona, si no tienes pruebas para saber si es verdad lo que dice. Lo que no es correcto es usar el verbo creer para hablar de evidencias. Uno no puede creer o no en que las cosas caen: las cosas caen y punto. La gravedad no es cuestión de opiniones: quien opine que la gravedad no existe, que se tire desde un décimo piso, a ver qué dice. Los científicos no creen en sus teorías (como suele afirmarse); ven evidencias y ofrecen explicaciones razonables (...) En todo caso, la ciencia no demuestra que exista un hecho: el hecho está ahí y es objetivo.</p>
<p align="justify">Los viajes a la Luna no son materia de creencia. No estamos hablando de verdades reveladas por Moisés o por Buda, puesto que los alunizajes vienen acompañados por multitud de datos.</p>
<p align="justify">Otro concepto importante en filosofía de la ciencia es el de anomalía. Cuando un científico observa una anomalía, lo primero que intenta es estudiar la forma de ajustarla a su teoría inicial. Si esto no es posible, y se han detectado muchas anomalías, puede dar lugar a una revolución científica que origina un nuevo conjunto de teorías que incluyan o desplacen las anteriores. Esta visión, muy resumida, es el cambio de paradigma mediante revoluciones, una teoría de Thomas Kuhn. Dentro de este enfoque, para que una anomalía sea considerada como tal debe ser sometida a muchas pruebas; si no las supera, merecerá realmente el apelativo de anomalía. Todo ello se hace con fuentes, referencias, experimentos y mucho trabajo riguroso y duro. Sin embargo, los teóricos de la conspiración son los que denuncian el engaño con anomalías de algún tipo, y son ellos quienes tienen que explicar por qué algo es anómalo y demostrar así su teoría. El problema radica en que las anomalías no superan las pruebas: dejan, por tanto, de ser anomalías.</p>
</blockquote>
<p align="justify">Finalmente, el autor da un decálogo de 10 argumentaciones en los que se evidencia claramente que el hombre llegó a la Luna. Os cuento la que más me gusta. Resulta que los astronautas de las misiones Apolo 11, 14 y 15 pusieron unos <em>Laser Ranging Retro-Reflector</em> (LR-3). Para entendernos, unos espejitos. Desde dos lugares de la Tierra se envía un rayo láser que va a la Luna, rebota en los LR-3 y vuelve. Del tiempo de ida y vuelta y conociendo la velocidad de la luz, deducimos la distancia entre la Tierra y la Luna.</p>
<p align="justify">Pues bien, si el hombre no ha llegado a la Luna, que alguien me explique cómo pusieron esos LR-3 allá arriba. Y por favor, que no me digan que fueron los alienígenas.</p>
<p align="justify">Muy entretenido, informativo y fácil de leer. Apto para todos los públicos. Y corto: a mí me ha durado dos días.</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/09/libro_luna_timo.jpg" title="Portada del libro" alt="Portada del libro" /></p>
Título: "La conspiración lunar ¡vaya timo!"
Autor: Eugenio Fernández Aguilar]]></content:encoded>
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		<title>Otto Stern y el rigor científico</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2009 14:53:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
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<p align="justify">Ya os he hablado alguna vez de los que amañan datos para otro fin que no es científico, que puede ser la fama o el dinero para las investigaciones, llegando incluso al fraude. Hay un libro que habla de ellos y del que <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=294" target="_blank">ya os hice una reseña</a>. Quizás el caso más sangrante y famoso de épocas recientes es el del VIH, que <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=260" target="_blank">también comenté</a>. Hoy quiero poneros un ejemplo de todo lo contrario. Un ejemplo mucho más ético y más científico y que, a buen seguro, encontraréis mucho más curioso.</p>

<p align="justify">A veces, un pequeño cambio en un resultado experimental puede significar la validez de una u otra teoría o ninguna de ellas. Os recuerdo que el rigor experimental de Tycho Brahe fue lo que permitió averiguar a Kepler que las órbitas de los planetas alrededor del Sol eran <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=106" target="_blank">elípticas y no circunferencias</a> y que la minuciosidad de las mediciones de <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=175" target="_blank">James Bradley</a> le hicieron conocer la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Nutaci%C3%B3n" target="_blank">nutación</a> de la Tierra.</p>
<p align="justify">Por ello, es importante hacer cuadrar al límite los números deducidos de la teoría con los resultados experimentales y de ahí surge el hablar de precisión en las medidas. Hacer bien los experimentos y que coincidan con la teoría es una parte crucial en la ciencia y buscar más precisión forma parte de lo que solemos llamar "rigor científico".</p>
<p align="justify">Una de las cosas que tiene la teoría cuántica y que "no gusta" es que un mismo experimento puede dar resultados diferentes. Por ejemplo, puede ser que el experimento dé como resultado A el 30% de las ocasiones y B el 70%. Esto que hoy es aceptado por la comunidad científica no lo fue de buenas a primeras por algunos físicos. Entre ellos, Albert Einstein, que dejó claro su rechazo con su famosa frase "Dios no juega a los dados".</p>
<p align="justify">Pero no era el único. Dos jóvenes físicos, Otto Stern (el entonces ayudante de Einstein) y Max von Laue, mientras subían al Ütliberg, cerca de Zurich, estrecharon sus manos para hacer un juramento respecto a la mecánica cuántica:</p>
<em>Si esas vaciladas de Bohr resultan ser ciertas, abandonaremos la física.</em>
<p align="justify">En fin, las "vaciladas" de Bohr resultaron ser ciertas. Por suerte, ninguno de los dos cumplió su juramento ya que ambos fueron posteriormente galardonados con el premio Nobel. La ciencia hubiera perdido dos grandes hombres.</p>
<p align="justify">Nuestro protagonista de hoy es uno de ellos: Otto Stern. Los físicos lo conocen mucho por el famoso experimento <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_Stern_y_Gerlach" target="_blank">Stern-Gerlach</a>. Sería un poco complejo describirlo en profundidad, pero digamos que pone de manifiesto la existencia del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Esp%C3%ADn" target="_blank">spin</a> del electrón.</p>
<p align="justify">Rabi decía de Stern que era el modelo de lo que debía ser un científico. Era genial, generoso y nada pretencioso. Tenía "buen gusto" en su física: trataba de encontrar infaliblemente problemas de primera importancia con los que disfrutaba su ingenio. Su aproximación experimental estaba marcada por el estilo y el buen juicio.</p>
<p align="justify">Era de estatura media, gordinflón con pelo negro rizado. No tenía un rostro muy atractivo pero tenía una sonrisa radiante y una mirada inteligente. Siempre estaba de buen humor y era muy amable. Si tomarse el pelo es signo de amistad, <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=150" target="_blank">Pauli</a> y Stern eran grandes amigos. Cuando Pauli era mordiente Stern solía reír bonachonamente.</p>
<p align="justify">Habitualmente iba a comer con sus ayudantes. Cuando habían frecuentado un determinado restaurante Stern decía que había encontrado otro con calidad muy superior aunque ligeramente más caro. Al cabo del tiempo otro ligeramente más caro por el mismo motivo y así sucesivamente. Como gozaba de una posición económica desahogada a él no le importaba el precio de la comida pero, en algún momento, un alumno o alguno de sus ayudantes decía que no podía mantener el ritmo y se volvía a empezar en un restaurante barato para repetirse el ciclo posteriormente. A Stern le encantaba todo este trajín.</p>
<p align="justify">Cuando su ayudante Otto Frisch se quedaba con él hasta tarde en el laboratorio, Stern le invitaba a cenar en alguno de los mejores restaurantes de Hamburgo (ya podría tomar nota más de un jefe).</p>
<p align="justify">Las conversaciones con Stern en las comidas giraban invariablemente en torno a la física o al cine. Y es que el cine le gustaba tanto que a veces veía dos películas en un mismo día. Se quejaba de que ningún periódico de Hamburgo le quisiera dar trabajo como crítico de cine. Decía que hubiera hecho muy bien ese trabajo y que no hubiera querido cobrar nada, pues no lo necesitaba. Bastaba que alguien sacara a relucir el tema de alguna película para que se le iluminaran los ojos, se recostara en el respaldo de la silla y sacara su pipa para conversar.</p>
<p align="justify">Cuando Hitler llegó al poder, Stern tuvo que emigrar a Estados Unidos donde vivió hasta pasados los 80 años. La muerte le sorprendió, cómo no, en una butaca de cine.</p>
<p align="justify">Un detalle gracioso es que una vez contó a Frisch que él y Einstein visitaban juntos los burdeles locales porque eran tranquilos y relajados y allí se podía discutir de física. Hay que decir que Feynman también resolvía problemas de física en los burdeles, así que tendremos que replantearnos qué es más antiguo, si los burdeles o los problemas de física.</p>
<p align="justify">Para que veáis la seriedad y el rigor de los resultados experimentales de este hombre os explico cómo hizo uno de ellos y las vueltas que le dio hasta estar satisfecho.</p>
<p align="justify">Ya se había comprobado que un haz de electrones se comporta como un tren de ondas. Eso lo dejó claro de Broglie en 1927. Al chocar con la superficie de un cristal los electrones salen difractados y la difracción es una propiedad de las ondas. A partir de esa difracción se puede medir la longitud de onda de los electrones que debe coincidir (y coincide) con la fórmula de de Broglie.</p>
<p align="justify">Bien, esto ya estaba claro para los electrones. La pregunta era: ¿qué pasa con un haz de átomos o moléculas? ¿se difractaría también? ¿tendrían comportamiento ondulatorio? A ello pusieron manos a la obra Stern y su colaborador Immanuel Estermann. Utilizaban átomos de Helio o moléculas de hidrógeno que salían de una bocacha a una velocidad que oscilaba en torno a 1,6 km/s. Stern quería una precisión muy alta: en torno al 1% de error en el resultado; por lo que la velocidad de esas moléculas debía ser conocida con detalle.</p>
<p align="justify">Para ello empleó el truco que <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=117" target="_blank">Fizeau utilizó para medir la velocidad de la luz</a>: se hacía pasar el haz por un disco metálico con unas ciertas ranuras. En el mismo eje del disco estaba otro idéntico a varios centímetros de distancia. Se hacía girar el sistema de los dos discos de manera que los que pasaban por una ranura del primero y una ranura del segundo tuvieran una velocidad determinada que dependía de la velocidad de rotación de los mismos. Los que ellos encargaron y necesitaban tenían nada menos que 400 ranuras. Las  moléculas que llevaban velocidades superiores o inferiores serían paradas por el primer disco o por el segundo:</p>
<p align="center"><img src="wp-content/uploads/2009/08/stern.jpg" title="Mecanismo de engranajes utilizado por Stern" alt="Mecanismo utilizado por Stern" /></p>
<p align="justify">Conocida la velocidad de las moléculas del haz se hacían incidir sobre cristales, espejos, etc. Todo tipo de experimentos. Al calcular la longitud de onda Stern se dio cuenta que el error experimental respecto a la fórmula de de Broglie estaba en un 3%. La mayoría de físicos hubiera dado como bueno ese resultado, pero Stern no. Había diseñado su aparato con una precisión del 1% y eso no podía ser.</p>
<p align="justify">Tanto Stern como Estermann dedicaron días enteros a intentar encontrar la causa del error. Volvieron a hacer todas las mediciones, revisión completa del equipo, etc. Todo estaba bien. Cuando Stern no tuvo otra salida le dijo a Estermann que verificara si las ranuras eran exactamente 400, así que se dedicaron a contar y recontar ranuras durante horas. Resultó que debido a un defecto de fabricación de los discos tenían 408 ranuras en lugar de 400 y esto eliminaba un 2% de la discrepancia, con lo que quedaba la del 1% esperado. Sólo así, Stern quedó satisfecho.</p>
Eso, amigos míos, es rigor científico.
<p align="justify">Cuando leí esto, me recordó mucho otra muestra de rigor en las mediciones de otro personaje del que ya os he hablado muchas veces. Me refiero a Henry Cavendish. Os recuerdo que fue quien hizo el experimento necesario para medir la constante de la Gravitación Universal de Newton (y por tanto, la masa y la densidad de la Tierra). Lo hizo de forma asombrosamente precisa; sin embargo, el error experimental siempre está. John Poynting nos cuantificaba el error experimental que cometió Henry Cavendish:</p>
<p align="justify"><em>Imaginemos una balanza lo suficientemente grande como para contener en un platillo toda la población de las Islas Británicas, y que se ha colocado en ese platillo a toda la población excepto un muchacho de talla mediana. Entonces, el aumento de peso que se ha de medir sería el equivalente a medir el aumento debido a colocar al muchacho en el platillo con el resto de personas. La precisión de la medición sería equivalente a observar si se ha quitado o no una de sus botas antes de subir al platillo.</em></p>
Fuentes:
"Eurekas y euforias", Walter Gratzer
"De la fisión del átomo a la bomba de hidrógeno", Otto R. Frisch.
"Historia de la Ciencia", John Gribbin
<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Otto_Stern" target="_blank">http://es.wikipedia.org/wiki/Otto_Stern</a>]]></content:encoded>
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		<title>Absueltos y condenados</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Aug 2009 23:09:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>omalaled</dc:creator>
		
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<p align="justify">Hoy quisiera contaros dos historias inconexas relacionadas con el derecho y con la ciencia. La primera tiene que ver con la estadística y la segunda con la psicología y, por qué no, la lógica. Y es que, a veces, hay que tener cabeza para no creerlo todo y tener ese punto escéptico que suelo afirmar que debemos tener.</p>

<p align="justify">Siempre he pensado que cuando en un juicio se declara a una persona culpable o inocente, en el fondo, estamos haciendo estadística. Un testigo afirma haber visto un asesinato y reconoce a un sospechoso. Todos aceptaremos que puede haberse confundido. Ahora aparece otro testigo y nuestra seguridad en su culpabilidad aumenta. Aparece un tercer testigo, un cuarto ... diez testigos. Si os digo que todos pueden haberse equivocado me diréis: ¡no, imposible!.</p>
<p align="justify">En realidad (y en mi opinión) sucede que es que es muy improbable que todos se hayan equivocado en el mismo sentido. Diréis que no hay "una duda razonable". Pero si ahora os digo que el sospechoso tiene un hermano gemelo, ¿seguiréis teniendo la misma seguridad? ¿Qué ha cambiado? Creo que aceptaréis que las 10 personas pudieron confundirse, pues la probabilidad de confusión con un hermano gemelo es mucho mayor que con otra persona cualquiera. Esta vez sí habrá una: "duda razonable". Pero esto no sólo tiene que ver con los testigos, sino incluso con las pruebas de ADN. El error  de estas pruebas es del 0,01% (<a href="http://www.noticiasdealava.com/ediciones/2008/05/26/sociedad/alava/d26ala14.929450.php" target="_blank">fuente</a>). Pero fijaos, que seguimos hablando de estadísticas. Un 0,01% (una probabilidad entre diez mil) no es duda razonable.</p>
<p align="justify">Esto me lleva a explicaros un caso real en que la condena o inocencia de una persona fue decidida por mera estadística.</p>
<p align="justify">En 1964 una mujer rubia peinada con una cola de caballo robó el bolso a otra mujer en Los Angeles. La ladrona huyó a pie, pero posteriormente alguien la reconoció cuando montaba en un coche amarillo conducido por un negro con barba y bigote.</p>
<p align="justify">La policía acabó encontrando a una mujer rubia peinada con cola de caballo que regularmente frecuentaba la compañía de un negro de barba y bigote que tenía un coche amarillo. No había ninguna prueba fehaciente que relacionara a la pareja con el delito, ni testigos que pudieran identificar a ninguno de los dos. Se estaba de acuerdo, no obstante, en los hechos citados.</p>
<p align="justify">El fiscal basó sus conclusiones en que, como la probabilidad de que tal pareja existiera era muy baja, la investigación de la policía debía haber dado con la mujer correcta. Asignó las siguientes probabilidades: coche amarillo (1/10), hombre con bigote (1/4), mujer con cola de caballo (1/10), mujer rubia (1/3), hombre negro con barba (1/10) y pareja interracial en un coche (1/1000). Y calculando dicha probabilidad: 1/10 * 1/4 * 1/10 * 1/3 * 1/10 * 1/1000, tenemos una entre doce millones.</p>
<p align="justify">La pregunta es, ¿estaríais de acuerdo en condenar a alguien con unas pruebas como estas? ¿los declararíais culpables? Pues bien, el jurado así lo hizo: les declaró culpables.</p>
<p align="justify">Los condenados recurrieron ante el Tribunal Supremo de California. El argumento defensor fue que, aunque una probabilidad entre doce millones era realmente una muy pequeña, Los Angeles debía tener por entonces unos dos millones de parejas y con esa cantidad la cosa era diferente. Es similar a cuando hablamos de la probabilidad que nos toque la lotería: es muy pequeña; pero como juegan tantísimas personas, la probabilidad que le toque a alguien (no uno particular, sino <em>que toque a alguien</em>) es mucho más alta. Haciendo los cálculos basados en lo que había dicho el fiscal, pero teniendo en cuenta los citados dos millones de parejas en Los Angeles, obtuvo que la posibilidad que hubiera más parejas así era de un 8%, lo que permitía decir que había una "duda razonable".</p>
<p align="justify">Otra vez: la duda razonable no es más que un porcentaje extraído de un cálculo estadístico; ¿qué pensaríais si hubiera salido un 1%? ¿y un 0.01%?.</p>
<p align="justify">El Tribunal Supremo de California aceptó esta argumentación y revocó la sentencia anterior.</p>
<p align="justify">Estos temas, os recuerdo, también son aplicados por los que se hacen llamar médiums o dicen tener poderes extrasensoriales, como el ejemplo de las bombillas que <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=454" target="_blank">os expliqué</a> en la reseña del libro "Conviértase en brujo, conviértase en sabio".</p>
<p align="justify">Moraleja: ojo cuando la probabilidad de algo sea muy pequeña pero haya muchos elementos; y sobre todo cuando de ello depende la condena o absolución de alguien.</p>
<p align="justify">Vamos con la segunda historia. Mucho más escalofriante.</p>
<p align="justify">Sucedió el año 1988. Paul Ingram, de 41 años, era uno de los miembros más respetables de la ciudad de Olympia, en Washington. Era presidente del partido republicano local, lugarteniente del sheriff y hombre profundamente religioso. Tenía dos hijos y dos hijas. Aparentemente, era una familia intachable.</p>
<p align="justify">En Agosto de 1988 las dos hijas Ericka y Julie, de 22 y 18 años respectivamente, asistieron a unos ejercicios espirituales de dos días patrocinados por la Iglesia del Agua Viva. Una de las ponentes, la carismática Karla Franko, ilustró a la juvenil audiencia sobre el abuso sexual. Ericka y Julie  denunciaron a su padre por haber abusado repetidamente de ellas. No sólo eso, sino que había hombres que habían venido a casa a jugar al poker con su padre y las habían violado. Ericka dijo a su madre "Tú eras la única que no lo sabías".</p>
<p align="justify">La policía detuvo a Paul Ingram, quien primero rechazó lo que parecía absurdo, diciendo que no recordaba nada de eso. Pero al cabo de días de taladrantes interrogatorios por parte de la policía confesó los hechos. Dijo que, efectivamente, había abusado de ellas y contó todo tipo de detalles.</p>
<p align="justify">Con el auxilio de su pastor, hizo un sincero esfuerzo por revivir las inefables escenas que, a buen seguro, su sentimiento de culpa se había empeñado en borrar. En prisión provisional, de sus labios fue fluyendo una historia escalofriante a lo largo de los interrogatorios. Aceptó incluso someterse a un exorcismo.</p>
<p align="justify">No obstante, la cosa se desbordó. De golpe, las chicas empezaron a hablar de cosas más allá del horror. Ericka afirmaba haber quedado embarazada varias veces, obligada a abortar y a comerse sus propios restos fetales. Las autoridades policiales se tomaron en serio las revelaciones y organizaron una masiva campaña a lo largo y ancho del Estado. Emplearon tecnología punta para rastrear los campos de las inmediaciones en busca del calor orgánico que emitirían los enterrados despojos corporales. Incluso se articuló una unidad especial de la policía para luchar contra los sectarios.</p>
<p align="justify">No obstante, nunca se encontraron entrañas de feto alguno y las pruebas ginecológicas fueron negativas.</p>
<p align="justify">Elisabeth Loftus, psicóloga experimental y profesora de la UNiversidad de Washington se enteró del asunto y se puso en contacto con el doctor Richard Ofshe, un experto en sectas y cultos de la universidad de Berkeley. Cuando le explicaron cómo le habían interrogado y todos los detalles se dijo a sí mismo que había algo que no funcionaba.</p>
<p align="justify">Pensó que Paul era un hombre muy sugestionable y que en realidad eran falsos recuerdos implantados mediante sugestión en los interrogatorios. Para comprobarlo, inventó una historia. Se las arregló para verlo y le dijo que un hijo y una hija suyos lo acusaban de haberlos obligado a consumar el acto sexual entre ellos mientras él miraba. En realidad, los hijos lo habían negado. Al principio, Paul dijo que no lo recordaba. Ofshe le sugirió que se retirara a la celda y recordara bien si sucedió o no.</p>
<p align="justify">Al día siguiente, Paul confesó a Ofshe que lo había hecho. Ofshe presentó esta prueba ante el Tribunal explicando que podía hacérsele confesar cualquier cosa y que todo lo confesado había sido sugerido por la policía durante los interrogatorios. La policía le había dicho cosas como "Usted lo hizo. Sus hijas nunca mentirían", así como le habían descrito los momentos en que, supuestamente, había acariciado los senos a sus hijas.</p>
<p align="justify">Ingram se dio cuenta de que había sido presa de la histeria y se retractó de todo lo confesado. Demasiado tarde. Fue condenado a 20 años y no salió hasta 2003. Su único delito: tener una imaginación fotográfica tremenda.</p>
<p align="justify">La moraleja de esta segunda historia es: cuidado cuando se condena a alguien sin pruebas físicas.</p>
<p align="justify"><strong>Actualización</strong>: <a href="http://pseudopodo.wordpress.com/" target="_blank">pseudópodo</a>, con quien no coincido en algunas opiniones, aunque en otras sí, nos cuenta en un <a href="http://www.historiasdelaciencia.com/?p=460/#comment-11692" target="_blank">comentario</a> otros casos sangrantes de estadística y derecho. No os los perdáis.</p>
Fuentes:
"El hombre anumérico", John Allen Paulos
"Cuerdos entre locos", Lauren Slater
<p align="justify">La historia de Paul Ingram la conocí a través de este último libro, y la tenéis explicada con más detalles <a href="http://www.adeguello.net/ade05ene6.htm" target="_blank">aquí</a>, <a href="http://tabu.blogia.com/2008/020701-los-peligros-de-la-irracionalidad-el-caso-ingram.php" target="_blank">aquí</a> , <a href="http://noticias.juridicas.com/articulos/65-Derecho%20Procesal%20Penal/200711-54648148434847.html" target="_blank">aquí</a> (con comentarios jurídicos y todo) y en la <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Paul_Ingram" target="_blank">wikipedia</a> en inglés. Si os interesa mucho este tema, buscad información sobre al caso McMartin, del que hay hasta una película.</p>]]></content:encoded>
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