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	<description>Periodismo para gente independiente</description>
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		<title>Entre la ‘petrofobia’ y el fascismo, Colombia (y el miedo) decidirán en segunda vuelta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marina Sardiña]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2026 16:13:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El candidato de extrema derecha Abelardo de la Espriella, obtuvo la victoria en la primera ronda con casi el 44% de los votos.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/02/elecciones-colombia/">Entre la ‘petrofobia’ y el fascismo, Colombia (y el miedo) decidirán en segunda vuelta</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La primera vuelta de las <strong>elecciones presidenciales en Colombia</strong> reveló un país dividido –una vez más– entre el centro y las periferias, un mapa bicolor similar al de hace diez años, cuando los colombianos y colombianas votaron en el plebiscito por la paz. Entonces ganó el “No”, y los ecos de la guerra continúan resonando en muchos territorios. El domingo 31 de mayo, <strong>el candidato de extrema derecha Abelardo de la Espriella</strong>, de 47 años, se alzó con la victoria en esta primera ronda. Un hombre abiertamente homófobo, misógino, que habla de “destripar” a la izquierda, de construir mega cárceles, de reducir el Estado, de explotar el territorio y sus recursos, y del tamaño de su pene como impulsor del electorado femenino. </p>



<p>El mediático abogado <em>outsider, </em>defensor de narcotraficantes, paramilitares y bandidos, defensor de Alex Saab, supuesto testaferro de Nicolás Maduro; un <em>showman </em>autodenominado como ‘el Tigre’ que evoca a figuras de la ultraderecha regional como el presidente argentino, Javier Milei, y busca ser el gemelo costeño con aires italianos del mandatario salvadoreño, Nayib Bukele, <strong>obtuvo el 43,74% del total</strong>. Superó los pronósticos de las encuestas, le arrebató los votos al conservadurismo tradicional, la candidata del <em>uribismo</em>, Paloma Valencia, del Centro Democrático, quien apenas logró 1,64 millones de votos. El espectáculo, desde el interior de una pecera blindada, con luces amarillas y tigres diseñados con Inteligencia Artificial (IA), rugió más agresivo que nunca: “Defenderemos la democracia por la razón o por la fuerza”, dijo desde el malecón de Barranquilla, en la costa caribe. Un oxímoron disfrazado con la camiseta de la selección colombiana. </p>



<p>Para el director de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes, Felipe Botero Jaramillo, las encuestas no lograron captar el voto de la antipolítica y el malestar con el establecimiento, canalizado por el ultraderechista, que “construyó una candidatura por fuera de los partidos, apoyado en las redes sociales y en un mensaje de ruptura”. El politólogo apunta al contundente rechazo a un nuevo mandato de izquierda en primera vuelta como una de las causas por las que un personaje sin experiencia en política pública lograra captar los votos del electorado <em>uribista</em> y la derecha tradicional. El expresidente Álvaro Uribe Vélez no tardó en salir a dar su apoyo al que, para algunos, era su segundo candidato presidencial: “El viejo caudillo de la derecha está respaldando al recién llegado que lo desplazó”, dice Botero. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La izquierda gana votos, pero no logra la movilización masiva&nbsp;</strong></h2>



<p>A apenas 670.000 sufragios de distancia, <strong>el candidato de la izquierda oficialista, el senador Iván Cepeda, de 63 años, reunió el 40,9% de los votos</strong>. Cepeda contaba con entrar a la segunda vuelta del balotaje –pese a que su campaña intentó convencer a sus seguidores de una victoria en primera–, pero nadie, ni las encuestas, pronosticaban que iba a llegar por debajo del ultra. Los rostros en el Hotel Tequendama de Bogotá, donde la campaña del Pacto Histórico se congregó para recibir los resultados, mostraron nerviosismo a medida que avanzaba el preconteo y las arengas sonaban más como un pitido silente que como un cántico de victoria. </p>



<p>“Muchas de las organizaciones a las que pertenecemos las han intentado diezmar y reducirlas al silencio o a la muerte (&#8230;) la lucha continúa y vamos a seguir”, reiteró el filósofo y defensor de derechos humanos desde la tarima, apelando a las organizaciones y movimientos sociales que le han dado la mano durante toda su vida política. Cepeda habló con la misma templanza doliente con la que pidió justicia en 1994, minutos después de que su padre Manuel Cepeda Vargas, senador del partido Unión Patriótica, fuera asesinado en plena carretera por paramilitares en colusión con agentes del Estado. <strong>Un hecho que marcó su vida, pero sobre todo su carrera política desde la trinchera de por la defensa de las víctimas de violencia estatal</strong>, de aquellos que habitan los márgenes, las mismas que le dieron el empujón para que lanzara su candidatura –MAFAPO, las madres de los falsos positivos–, aquellas que votaron por él enarbolando la bandera blanca de la paz. </p>



<p>Si bien, la primera reacción fue emular al presidente Gustavo Petro, quien no reconoció en un inicio los resultados del preconteo, el lunes, Cepeda se desmarcó del mandatario ante la prensa: “No hemos encontrado irregularidades de dimensiones suficientes para hablar de fraude”. La confianza por el sistema electoral –bajo la lupa– retornó a unos comicios históricos en su participación, que rozó el 57% del censo electoral. Según Sandra Borda, analista y politóloga de la Universidad de los Andes, sembrar dudas sobre los resultados alejaría al candidato de los votos que canalizó el centro, necesarios para una victoria en segunda vuelta: “Para el centro, la institucionalidad electoral es una institucionalidad sólida, robusta y que hay que respetar”. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El miedo, un movimiento sin bandera</strong><strong>&nbsp;</strong></h2>



<p>En Colombia hay un sentimiento que moviliza desde hace décadas a la población, ya sea para esconderse o para dejarse ver en masa: el miedo. <strong>La campaña ante la segunda ronda, que se celebrará el 21 de junio, se debate entre la <em>petro-fobia </em>y el temor al fascismo belicista</strong>. Los “nadie” del progresismo frente a los “nunca” del ultraderechista. Dos discursos radicalmente opuestos que movilizan desde las entrañas de un país con profundas desigualdades, donde la violencia nunca dejó de ser paisaje. “Las propuestas liberales, moderadas, institucionalistas, perdieron definitivamente piso y los electores están dejándose seducir única y exclusivamente por propuestas cada vez más ligadas a los extremos”, apunta Borda. Con ella coincide Botero: “Es muy probable que el miedo vuelva a estructurar el voto en la segunda vuelta. Los dos bandos están construyendo al otro como una amenaza existencial”. </p>



<p>Esa misma emoción hizo que, apenas 24 horas después de los comicios, cientos de jóvenes se movilizaran improvisadamente en Bogotá en apoyo a Iván Cepeda, con arengas en contra del fascismo y su máximo representante. “Queremos una Colombia unida, una Colombia en paz. No queremos más guerras, más fusiles, más balas. Los pobres primero, por el bien de todos”, repetía el eslogan del izquierdista Juan, estudiante de 22 años. </p>



<p>Isabel sostiene el pañuelo verde y rojo representativo de la comunidad indígena nasa, a la que pertenece la fórmula presidencial de Cepeda, la lideresa Aida Quilcué: “Es el momento donde más fuerza tenemos que tener, más juntos tenemos que estar y demostrar que las propuestas que tiene este candidato representan la vida, representan la paz”. Son miles los que se ven directamente amenazados por el proyecto político de Defensores por la Patria, que, según la activista y artista afrocolombiana Mily Pardo, representa la profundización de las desigualdades: “Tengo miedo porque en nuestros territorios esto se paga con sangre, con vida”. </p>



<p>Pero también es el sentimiento que congrega a los sectores más conservadores que, durante décadas, han tenido el control de las instituciones políticas desde la Casa de Nariño, y que ahora, en su versión más radical, se movilizan bajo el rugido: “Firmes por la patria”. “Nosotros no podemos caer en el comunismo. Ese es el miedo de nosotros, entre comillas, porque no tenemos realmente miedo”, dice Héctor Torres, bajo una gorra con el dibujo de un tigre. </p>



<p>El miedo dib<strong>ujando las regiones de un mismo territorio. Volviendo al mapa del plebiscito por la paz de hace diez años</strong>, cuando ganó en forma de “no”, después de una campaña marcada por la desinformación. Según Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación, ese rechazo conservador va ligado a las personas que consideran la seguridad –un tema de preocupación social que sin duda marcaron las elecciones– “pero una seguridad muy específica, de mano dura, de suspender derechos y libertades”. Es parte del escudo de Abelardo de la Espriella, “como el mismo espíritu del ‘no’ a la paz”. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Se eleva el tono y empieza de nuevo la campaña</strong><strong>&nbsp;</strong></h2>



<p>El performance del ultra caló fuerte entre un electorado que dejó de lado la vieja figura política, casi sagrada, de Álvaro Uribe para apoyar a una reencarnación de quien dice ser su seguidor, “más <em>uribista</em> que nadie”. Según Sergio Gúzman, director de la consultora Colombia Risk, “Abelardo ha sido un candidato muy disciplinado, consistente, que ha sabido moverse en las emociones, más que todo negativas, de las personas”. <strong>Un modelo importado de Argentina, de Ecuador, de El Salvador, de Vox, pero sobre todo, del líder estadounidense, Donald Trump</strong>. La manifestación de la política populista que en los últimos años ha ganado fuerza en el continente. “Él dice que no tiene vínculos con la clase política tradicional, aunque claro que sí los tiene. Su campaña es apoyada por clanes políticos tradicionales de la costa atlántica, que él obviamente no sube a la tarima para poder justificar el hecho de que es un antipolítico”, apunta la analista Borda. </p>



<p>Los ataques frontales entre los discursos de ambos candidatos elevan la contienda a un nuevo terreno. Cepeda dijo que su oponente representaba “el fascismo mafioso”, y en su lado del ring De la Espriella acusó de “bandido golpista” al presidente actual, y de “bandido e impedido” a su rival en la segunda ronda. El pragmatismo queda nublado, pero todavía hay una masa de votantes indecisos y de centro que pueden definir el futuro de la presidencia colombiana. “Los dos bandos están construyendo al otro como una amenaza existencial”, señala el investigador Botero, “el costo es alto porque deteriora la democracia y convierte una elección en una guerra, deja poco espacio para deliberar sobre propuestas”. Para los analistas consultados, <strong>la polarización afectiva es uno de los grandes riesgos para las democracias latinoamericanas</strong>. </p>



<p>Desde la campaña de Cepeda hacen autocrítica, y rebajan el tono: “Todavía hay esperanza, pero también es importante revisar cómo está Colombia en términos del ideario y del imaginario sobre la realidad del país. (&#8230;) Hay muchas cosas que tenemos que ajustar en esta etapa, el manejo de la comunicación, tenemos que tener una mayor apertura a ciertos sectores, especialmente un diálogo con otros sectores”, reconoce Andrés Camaño, exministro de Minas y Energía y miembro del Pacto Histórico. </p>



<p>Si bien Gustavo Petro hizo historia hace cuatro años, convirtiéndose en el primer mandatario de izquierda en llegar al poder en Colombia, su mandato ha estado envuelto en polémicas por sonados casos de corrupción, por la confrontación constante en la plaza pública del dirigente, y por las crisis de salud y seguridad agudizadas en los últimos años. “Deja un balance mixto. Hubo unos avances simbólicos y sociales profundos, pero también hay frustración por reformas trabadas y una percepción de desorden”, resume el analista Felipe Botero.  “Personalmente tengo la tesis de que entre más se involucre Petro en la campaña de Iván Cepeda, menos posibilidades va a tener de ganar en segunda vuelta”, coincide Sandra Borda. </p>



<p>En 2022, Gustavo Petro se alzó con una justa victoria, logrando menos de un millón de votos más que su contrincante, el también <em>outsider</em> Rodolfo Hernández. Gran parte de su electorado surgió del estallido social de 2021, de aquellos jóvenes que durante meses tomaron las calles de todo el país y que fueron aniquilados y masacrados por exigir reformas y derechos. Ayer, en varias ciudades, cientos de jóvenes volvieron a marchar, demostrando una fuerza que podría inclinar una balanza ya fuertemente inclinada hacia la derecha más radical. “Es momento de caminar la palabra, de la inclusión y el diálogo nacional”, gritó Aisa Quilcué el domingo. Faltan 19 días para convencer.</p>
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		<title>El evento climático El Niño es inminente y calentará aún más un planeta ya en ebullición</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Climática]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2026 10:12:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[CAMBIO CLIMÁTICO]]></category>
		<category><![CDATA[EL NIÑO]]></category>
		<category><![CDATA[OMM]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advierte de un 80 %de probabilidades de que el fenómeno climático se consolide en los próximos meses, amenazando con disparar los termómetros globales y exacerbar sequías y lluvias extremas.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha lanzado una advertencia inminente: existe un 80% de probabilidades de que el fenómeno de<strong> El Niño </strong>se consolide entre junio y agosto de este año, alcanzando casi un 90% hacia noviembre. Impulsado por un calentamiento anómalo en el océano Pacífico, este evento climático natural amenaza con disparar de nuevo los termómetros globales y exacerbar los impactos de una crisis climática ya de por sí crítica.</p>



<p>Naciones Unidas ha pedido que esta previsión se trate con la máxima urgencia, ya que la llegada de El Niño actuará como un poderoso <strong>amplificador del calentamiento global</strong> provocado por los combustibles fósiles. Las previsiones de la OMM anticipan un aumento generalizado del riesgo de olas de calor severas, recordando el papel clave que jugó el último episodio intenso de 2023-2024 para pulverizar los récords históricos de temperatura mundial.</p>



<p>A nivel global, este nuevo ciclo<strong> alterará profundamente los patrones de precipitaciones y la temporada de huracanes</strong>. Mientras que regiones como el Cuerno de África, Asia central o el sur de Estados Unidos se enfrentarán a un mayor riesgo de lluvias torrenciales e inundaciones, millones de personas en Centroamérica, el Caribe, Australia o el sur de Asia sufrirán condiciones mucho más secas y cálidas de lo habitual.</p>



<p>Tienes más información en <a href="https://climatica.coop/el-nino-80-probabilidad-proximos-meses/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Climática</em></a>.</p>
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		<item>
		<title>Noboa y la deriva autoritaria de Ecuador</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/06/02/noboa-ecuador/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Enrique López Cáceres]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2026 09:38:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Análisis]]></category>
		<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Bukele]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Ecuador]]></category>
		<category><![CDATA[El Salvador]]></category>
		<category><![CDATA[Noboa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"El presidente Noboa sigue el camino marcado por Bukele en El Salvador, intentando replicar el mismo patrón de gobierno: una progresiva concentración de poder en el Ejecutivo y la militarización de la seguridad pública", analiza Enrique López Cáceres.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/02/noboa-ecuador/">Noboa y la deriva autoritaria de Ecuador</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Ecuador</strong> atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente. El país que hace apenas quince años era presentado como una de las naciones más seguras de América Latina y mostraba avances significativos en indicadores de desarrollo humano, estabilidad institucional y reducción de desigualdades <strong>vive hoy una realidad radicalmente distinta</strong>. </p>



<p>La expansión del narcotráfico, la fragmentación del crimen organizado y el colapso de la seguridad pública han convertido a Ecuador en <strong>el país más inseguro de la región en términos de crecimiento de la violencia y tasas de homicidios</strong>. Pero la crisis no es únicamente de seguridad. Paralelamente, atraviesa un acelerado <strong>deterioro democrático e institucional </strong>marcado por la concentración de poder, la militarización de la vida pública y una deriva autoritaria cada vez más evidente bajo el <strong>gobierno de Daniel Noboa</strong>.</p>



<p>Los niveles de violencia e inseguridad ponen de manifiesto la incapacidad para responder con toda la fuerza del Estado de derecho y las instituciones democráticas esta realidad que enfrenta el pueblo ecuatoriano en su día a día. <strong>Convertir la lucha contra el crimen organizado en una prioridad política es muy distinto a normalizar un estado de excepción permanente</strong>, consolidando lo que deberían ser medidas temporales y excepcionales en una forma de gobierno. La declaración de “conflicto armado interno” y la sucesiva prórroga de estados de excepción desde inicios de 2024 han consolidado un escenario de excepcionalidad que debilita la institucionalidad, difumina los contrapesos democráticos y elimina las garantías constitucionales.</p>



<p>El presidente Noboa <strong>sigue el camino marcado por Nayib Bukele en El Salvador</strong>, intentando replicar el mismo patrón de gobierno: una progresiva concentración de poder en el Ejecutivo y la militarización de la seguridad pública. Igualmente, se confronta con contundencia a jueces, medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos que se han opuesto a algunas reformas legales o han denunciado determinadas prácticas gubernamentales, como la ampliación de competencias de los servicios de inteligencia sin controles judiciales, la criminalización de la protesta social o las denuncias de detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas.</p>



<p>Por elevación, también podría apuntarse a <strong>la creciente influencia y alineamiento con las políticas de Donald Trump, cada vez más visibles</strong>, en la estrategia de Daniel Noboa, proyectando la imagen de un gobierno supeditado a una agenda regional impulsada desde Estados Unidos. Noboa se ha sumado fervientemente a la iniciativa “Escudo de las Américas” e incluso, hace unos meses, ambos países realizaron una operación militar conjunta contra el narcotráfico. Sin embargo, conviene recordar que su propuesta de volver a permitir <strong>la instalación de bases norteamericanas en Ecuador fue rotundamente derrotada en referéndum el año pasado</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Persecución política y judicial</strong></h2>



<p>A ello se suma un clima político cada vez más hostil hacia la oposición y hacia cualquier forma de disidencia social o política. En los últimos meses se han multiplicado las denuncias sobre persecución judicial contra dirigentes opositores, retirada de inmunidades parlamentarias y utilización de mecanismos administrativos y judiciales para debilitar espacios políticos críticos con el Gobierno.</p>



<p><strong>La reciente suspensión provisional de Revolución Ciudadana, principal fuerza política de oposición del país, constituye uno de los episodios más graves de esta deriva</strong>. La exclusión de una organización política con amplia representación social y electoral afecta gravemente al pluralismo político y al derecho de participación democrática reconocido tanto en la Constitución ecuatoriana como en los instrumentos internacionales de derechos humanos.</p>



<p>La preocupación aumenta si se observa el contexto general marcado por las denuncias de <em>lawfare</em> o guerra judicial iniciada hace años contra el expresidente Rafael Correa y su entorno, contra quienes se han abierto causas penales como parte de una estrategia de persecución o neutralización política del adversario. E<strong>l caso del exvicepresidente Jorge Glas es un ejemplo paradigmático</strong>. Su detención en la Embajada de México en Quito supuso una vulneración sin precedentes de principios básicos del derecho internacional y de la inviolabilidad de las sedes diplomáticas. La operación provocó una grave crisis diplomática y generó numerosos pronunciamientos en contra, entre ellos el de España. Actualmente existe una enorme preocupación por el deterioro acelerado de su estado de salud debido a las condiciones en las que permanece encarcelado.</p>



<p><strong>La experiencia latinoamericana demuestra que las políticas de “mano dura” no solucionan las causas estructurales de la violencia</strong>. Por el contrario, suelen producir graves retrocesos democráticos y abrir la puerta a modelos autoritarios difíciles de revertir. No es admisible combatir al crimen organizado a costa de los derechos humanos y el pluralismo político. De esta forma únicamente se agrava la crisis e incluso se acaba generando más violencia. En el caso de Ecuador, además, todos los datos conocidos ponen de manifiesto el fracaso de esta estrategia: el “estado de guerra” no está funcionando.</p>



<p><strong>Lo que hoy ocurre en Ecuador no puede analizarse únicamente como una crisis de seguridad. Es también una profunda crisis democrática y social</strong>. Y quizá lo más preocupante sea precisamente la naturalización de esa deriva autoritaria en nombre del orden y de una supuesta estabilidad, pese al retroceso en cuestiones básicas como la sanidad o la educación. Porque cuando la excepción se convierte en forma de gobierno, la democracia empieza a tambalearse y, en ese momento, solo se revierte con una ciudadanía consciente y activa que se rebela contra la normalización del miedo y defiende sus derechos y libertades frente a la deriva autoritaria del poder.&nbsp;</p>
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			</item>
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		<title>Sin noticias de Alicia Armesto y nueve activistas más de la flotilla detenidos en Libia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[La Marea]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2026 09:17:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
		<category><![CDATA[Flotilla]]></category>
		<category><![CDATA[Libia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>"Instamos al Gobierno de España a agotar todas las vías diplomáticas disponibles para garantizar la seguridad, integridad física y su liberación inmediata", exige el Sindicato de Periodistas de Madrid. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/01/sin-noticias-alicia-armesto/">Sin noticias de Alicia Armesto y nueve activistas más de la flotilla detenidos en Libia</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>La periodista española <strong>Alicia Armesto Núñez y nueve activistas más de la flotilla Global Sumud Land permanecen detenidas</strong> desde el pasado domingo 25 de mayo en Libia, en manos del Ejército Nacional Libio comandado por el mariscal Jalifa Haftar. La detención se produjo, según explica el Sindicato de Periodistas de Madrid (SPM), cuando Armesto y los nueve activistas de distintos países (entre ellos, Argentina, Italia, Portugal, Estados Unidos y Polonia) se habían acercado al puesto de control de Sirte para negociar el paso seguro del convoy humanitario.</p>



<p>«Desde el SPM trasladamos nuestra solidaridad más firme a Alicia, a su familia y al resto de las personas detenidas, al tiempo que denunciamos que la detención de periodistas y activistas que documentan o apoyan la asistencia humanitaria constituye una vulneración flagrante de las libertades fundamentales ? del derecho internacional», denuncia la organización. Armesto es secretaria técnica del SPM y periodista con más de tres décadas de trayectoria. </p>



<p>«<strong>Instamos al Gobierno de España a agotar todas las vías diplomáticas disponibles para garantizar la seguridad, integridad física y liberación inmediata</strong> de Alicia Armesto, y de sus otras 9 compañeras. Pedimos al Ministerio de Asuntos Exteriores que extreme su diligencia y ofrezca información transparente tanto a la familia como a las organizaciones que la representan», añade el SPM. </p>



<p>Además, hace un llamamiento a las federaciones internacionales de periodistas, a los organismos de defensa de la libertad de prensa y a la comunidad periodística en su conjunto para que sumen su voz a esta exigencia: «Alicia no está sola. EI SPM seguirá informando de su situación y adoptará cuantas medidas estén a su alcance hasta que regrese a casa». Desde las 15:22 horas del domingo 24 de mayo, la organización perdió todo contacto con el grupo. Según las últimas informaciones facilitadas por el SPM, las personas detenidas habrían sido trasladadas a Bengasi. </p>



<p>Alicia Armesto tiene 62 años y ha dedicado su vida al periodismo y a la defensa de los derechos humanos. <strong>Ya participó en la Flotilla marítima a Gaza en otoño de 2025, donde fue detenida por Israel junto a otras activistas internacionales</strong>. Su compromiso con la causa palestina y su experiencia en zonas de conflicto la llevaron a unirse a esta misión terrestre. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/01/sin-noticias-alicia-armesto/">Sin noticias de Alicia Armesto y nueve activistas más de la flotilla detenidos en Libia</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<title>Vicente Rubio-Pueyo: “En política conviene no moralizar demasiado”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sebastiaan Faber]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2026 06:44:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[15-M]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[vicente rubio-pueyo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El autor de 'Un país entre dos tiempos' ha combinado la academia con un continuo compromiso político: "El 15-M fue como encontrarme con algo que llevaba esperando toda la vida".</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/06/01/vicente-rubio-pueyo/">Vicente Rubio-Pueyo: “En política conviene no moralizar demasiado”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Quienes nos dedicamos a escribir y pensar sobre España desde Estados Unidos llevamos una vida rara. Solo participamos a medias en la sociedad en la que vivimos y trabajamos. La otra mitad del tiempo estamos mentalmente en España, consumiendo medios ibéricos, intercambiando mensajes y llamadas con gente de allí. Siempre tenemos la mirada puesta en dos relojes. Lo nuestro no llega a ser un exilio, desde luego, pero sí manifiesta algunas de las paradojas propias del desplazamiento forzado, incluido el no saber si nuestro destierro acaba siendo una bendición o una condena. &nbsp;</p>



<p><strong>Vicente Rubio-Pueyo</strong> (Zaragoza, 1979) lleva 20 años viviendo así. Licenciado por la Universidad de Zaragoza y doctor por la Universidad Estatal de Nueva York con una tesis sobre la producción cultural española <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/15/15-anos-15-m/">desde 2000 hasta el 15-M,</a> estos días se gana la vida como profesor en Fordham University, una universidad jesuita situada en pleno Bronx neoyorquino. Desde siempre, <strong>ha combinado su trabajo académico con un continuo compromiso político</strong>, plasmado no solo en el activismo a pie de calle, sino también en una asidua labor investigadora para grupos y organizaciones políticas. Ha trabajado con el Laboratorio de Democracia Urbana (Nueva York), el Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social (IECCS, España) y con fundaciones como la Friedrich Ebert o Rosa Luxemburg, para la cual redactó un <a href="https://rosalux.nyc/wp-content/uploads/2021/01/RLS-NYC_VOX_Spain_ES.pdf">extenso informe</a> sobre el auge de la ultraderecha española. </p>



<p>El año pasado, Rubio-Pueyo publicó <em><strong><a href="https://lenguadetrapo.com/libros/ensayo/un-pais-entre-dos-tiempos/">Un país entre dos tiempos. La década en que España experimentó políticamente</a></strong> </em>(Lengua de Trapo)<em>, </em>un lúcido ensayo que recorre la historia política y cultural española desde la Transición, con un enfoque especial sobre los últimos 15 años. El libro logra alcanzar el siempre difícil equilibrio entre la cercanía del compromiso y la perspectiva que proporciona la lejanía geográfica, enriquecida, en su caso, por el fermento intelectual de la universidad norteamericana.</p>



<p><strong>¿Hasta qué punto es consciente de que la originalidad de su mirada se debe a su vivencia entre dos países?</strong></p>



<p>En el libro intento partir del concepto de <em>coyuntura </em>para ofrecer una visión histórica más amplia que la acción-reacción del <em>spin</em> mediático continuo, un análisis que ayude a entender cómo se han redefinido nociones, términos y conceptos que daban sentido a la convivencia democrática y a la historia reciente de España. Pero siempre tengo muy presente cuál es mi lugar de enunciación. Al final, un libro como este es el producto de un itinerario vital. Si no es exhaustivo –me hubiera gustado hablar más sobre el <em>Procés </em>catalán, por ejemplo, o sobre feminismos y tecnopolítica– es precisamente porque ha terminado siendo el resultado de unas experiencias políticas y no otras. Eso sí, el proceso de escritura me ha permitido dilucidar más claramente mi trayectoria a través de los años, que reluce como el surco que va dejando el caracol. </p>



<p><strong>¿Cuál es, entonces, su lugar de enunciación?</strong></p>



<p>Como persona nacida en 1979, soy un hijo del régimen del 78, al menos biográficamente. Recuerdo el impacto de 1992: la Expo de Sevilla, que fui a visitar con mis padres, y las Olimpiadas de Barcelona. Recuerdo también los años de Aznar y los atentados del 11-M. El <em>No a la guerra </em>de 2003<em>, </em>que me pilló con unos 23, 24 años, fue para mí un momento formativo en lo político.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«El <em>No a la guerra </em>de 2003<em>, </em>que me pilló con unos 23, 24 años, fue para mí un momento formativo en lo político».</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Estas son las coordenadas históricas. ¿Y las sociológicas?</strong></p>



<p>En ese sentido, soy hijo de una clase media progresista de Zaragoza, crítica, que va en busca de otros espacios que los que estaban disponibles en los años del postfranquismo. Fue por eso que el 15-M, para mí —y me consta que para muchos— fue un momento muy nuevo y al mismo tiempo muy reconocible. Era como encontrarme con algo que llevaba esperando toda la vida: una crítica al sistema que además podía ser muy amplia y abierta, y muy poco dogmática.</p>



<p><strong>El 15-M le pilla ya viviendo en Estados Unidos; también la fundación de Podemos, tres años después.</strong></p>



<p>Sí, claro, pero esto no significa que no pudiera participar en ambos. A la zaga del 15-M, formamos un espacio de Democracia Real Ya en Nueva York que fue muy importante para mí. Cuando ese mismo otoño ocurre Occupy Wall Street, me sumo con la experiencia del 15-M a cuestas. Y también participé en círculos de Podemos en EE. UU., o ayudé con visitas y contactos de Podemos y los municipalismos. En ese sentido, ha habido un camino constante de ida y vuelta, muy natural y fluido, con aprendizajes en ambas direcciones. Quiero creer que ha informado la mirada desde la que he escrito este libro.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«El 15-M era como encontrarme con algo que llevaba esperando toda la vida: una crítica al sistema que además podía ser muy amplia y abierta, y muy poco dogmática».</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>¿Cuál es para usted la conexión entre el 15-M y Occupy?</strong></p>



<p>Para empezar, ambos tienen que hacerse cargo de una política posneoliberal, en el sentido de que tienen que partir, quieran o no, de una hegemonía neoliberal que lleva décadas consolidándose. Pero al mismo tiempo, ambos responden a tradiciones y situaciones específicas de cada lugar. En lo personal, Occupy me sirvió como una especie de curso acelerado de etnografía de la izquierda estadounidense. Fue fascinante, por ejemplo, ver cómo la gente aquí vivía el espacio público de la plaza comparado con cómo se vivía en España. No tenía nada que ver. También fue muy diferente la relación con la policía y qué significaba que te desalojaran.</p>



<p><strong>Desde Estados Unidos, ¿ve cosas en España que no se ven estando dentro?</strong></p>



<p>Quiero creer que sí. Sin ir más lejos, lo que se consiguió en España se ha visto con mucha más admiración desde fuera que desde dentro. Es cierto que ha habido muchas decepciones; no hemos conseguido lo que se quería. Pero también se han logrado cosas que hay que poner en perspectiva, y que, en efecto, a veces se ven mejor desde fuera.</p>



<p><strong>La posición intermedia, en la que uno acaba traduciendo siempre entre dos realidades, condiciona cómo uno se relaciona con ambas. Al menos esa es mi experiencia.</strong></p>



<p>La mía también. Y se manifiesta de forma curiosa. A lo largo de los años, por ejemplo, he podido ser testigo de procesos de organización entre gente que ha terminado por pertenecer a espacios diferentes. Como alguien de fuera, he tenido la suerte de seguir manteniendo amistad y confianza con todos. Pero no me cabe duda de que, si hubiera vuelto a España y hubiera podido participar más directamente en esas iniciativas, yo también habría acabado teniendo que elegir y asumir las consecuencias.</p>



<p><strong>A la luz de esas divisiones, ¿cuáles son los aprendizajes de la última década?</strong></p>



<p>Una cosa que he aprendido es no juzgar las decisiones personales y políticas de las personas. En política conviene no moralizar demasiado. Obviamente, hay itinerarios que comparto más que otros; tengo mis filias y fobias, como todos. Pero vistas desde fuera, muchas de las decisiones políticas y personales me han parecido comprensibles, por más contradictorias que puedan ser entre sí.</p>



<p><strong>¿Hemos exagerado el peso de lo moral en política?</strong></p>



<p>Bueno, obviamente la moral y la ética son muy importantes, también en política. Pero no para juzgar a las y los compañeros.&nbsp;</p>



<p><strong>En ese sentido, ¿cree que en España se tiende a moralizar más que, por ejemplo, en Estados Unidos?</strong></p>



<p>Es una pregunta que nunca me he planteado así, fíjate. Pero, pintando muy a brocha gorda y sin querer recaer en clichés esencialistas, sí me parece que en España esa tendencia es más fuerte -quizá por la tradición católica y el legado de la Inquisición, vete a saber–. Digamos, para matizar, que en España se moraliza de manera diferente. Es obvio, por ejemplo, que al final del ciclo que acabamos de vivir en la izquierda, ha habido momentos fuertísimos de moralización y personalización, por más que las diferencias, en un principio, fueran sobre todo estratégicas e ideológicas. Esto es obvio y también es triste. Allí creo que las redes sociales, por más potentes que fueran como arma de comunicación, acabaron por acelerar la polarización no solo externa, sino también interna.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Obviamente la moral y la ética son muy importantes, también en política. Pero no para juzgar a las y los compañeros». </strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>En Estados Unidos, ¿la política es menos moralizante o personalista?</strong></p>



<p>No es que aquí la política sea menos personalista. De hecho, hay un personalismo mucho más fuerte. Lo que ocurre es que está incorporado el sistema desde el principio. En cierto sentido, es la base de todo el sistema electoral. La relación entre partido y candidato aquí no tiene nada que ver con la que es en Europa. Aquí es una relación casi contractual, basada en la rendición de cuentas, la <em>accountability. </em>Los partidos como tales no son organizaciones de masas, sino estructuras más bien vacías, cáscaras que se llenan de candidatos durante el proceso de primarias. Los equipos de cada candidato sobrevuelan todo eso. Después, se gestionan formalmente los apoyos o <em>endorsements </em>de diferentes organizaciones de base, como los sindicatos.&nbsp;</p>



<p><strong>¿La política española no se está moviendo en esa misma dirección? Los candidatos le quitan cada vez más peso a los partidos.</strong></p>



<p>En efecto. También allí los partidos se van vaciando, convirtiéndose en una especie de equipos de comunicación en torno a los candidatos. Y no solo ocurrió en Podemos. También lo hemos visto en el PSOE, Ciudadanos, Vox o el PP.</p>



<p><strong>Es por eso, quizá, que las alianzas políticas se van representando cada vez más como alianzas personales, basadas más en la amistad y la lealtad que en la coincidencia de idearios o una serie de intereses compartidos. ¿No crea una innecesaria vulnerabilidad?</strong></p>



<p>Puede ser. Es obvio que ha incrementado el rol de los afectos en política: la nostalgia, el cansancio, la ilusión, el pánico conspiranoico. Esto también explica que tendamos cada vez más a identificarnos afectivamente con las y los candidatos. Pero, fíjate, no siempre es terrible. Yo, como persona que vive en Nueva York, estoy a tope con Zohran Mamdani, que me parece no solo muy capaz, sino adorable. Pero, volviendo a tu pregunta, estoy de acuerdo en que es peligroso confundir las alianzas políticas con las amistades personales.&nbsp;</p>



<p><strong>¿Cuál es el antídoto?</strong></p>



<p>Por más simple o clásico que suene: volver a la calle, a los encuentros físicos. Mamdani tiene una enorme presencia en las redes, claro, pero no podemos olvidar a los más de cien mil voluntarios que tuvo, entre ellos un servidor y su familia. Para mí, la labor del <em>canvassing, </em>yendo de puerta en puerta, me permitió conocer mejor a los vecinos de mi propio barrio. El deseo de volver a encontrarse en espacios físicos lo veo muy generalizado y muy real. Y no solo porque las redes sociales estén en las manos de quienes están.&nbsp;</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Mamdani tiene una enorme presencia en las redes, claro, pero no podemos olvidar a los más de cien mil voluntarios que tuvo, entre ellos un servidor y su familia».</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Una vuelta a las prácticas de antes.</strong></p>



<p>Exacto. Las viejas tradiciones de la izquierda tienen mucho que enseñarnos, incluido el sindicalismo. Yo, como miembro de mi sindicato, coincido con compañeros que a lo mejor votan al Partido Republicano, pero con quienes me toca trabajar para promover nuestros intereses compartidos. No hace falta que seamos mejores amigos, con tal de que tengamos relaciones cordiales –es decir, sanas, humanas–. El trabajo de coalición pide afectos humanos positivos, claro está; pero no necesariamente tiene por qué terminar en una especie de unidad metafísica de adoración mutua total. Así también lo común es mejor verlo como una propuesta de organización social, no una unidad mística. </p>



<p><strong>Una confusión táctica.</strong></p>



<p>Algo en el mundo de hoy nos impulsa a pensar que, en política, hay que ser los mejores amigos siempre para todo. Si no, somos los peores enemigos, también para todo. La moralización y la personalización son parte de esa tendencia. En ese sentido, podemos diferenciar entre la dinámica que vimos desarrollarse dentro de Podemos, con su centro en Madrid, y la de, por ejemplo, Barcelona en Comú. No es que entre Els Comuns no hubiera tensiones. Pero se han llevado de otras maneras. Todo depende de los espacios que se generan y de las reglas que regulan la conducta dentro de esos espacios. Los individuos pueden ser mejores o peores personas, según los momentos; hay patologías y egos en todas partes. Pero cómo se procesan depende del espacio. Así, también hay espacios que manejan su pluralidad interna mejor que otros. En ese sentido, el modelo organizativo de Podemos, con su estructura clásica de partido con secretario y comité centrales –y que además se replicaba en cada pueblo y ciudad– no fue el mejor.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Algo en el mundo de hoy nos impulsa a pensar que, en política, hay que ser los mejores amigos siempre para todo. Si no, somos los peores enemigos, también para todo. La moralización y la personalización son parte de esa tendencia».</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Pero fue el más eficaz. Al menos, eso se decía.</strong></p>



<p>Sigo teniendo problemas con ese marco, que opone unas tácticas supuestamente pragmáticas, realistas y eficaces a otras supuestamente idealistas, inocentes e ineficientes. En el fondo, es un binario falso. La idea de tomar el cielo por asalto, por poner un ejemplo, repudia una idea más fundamental de cooperación que había surgido durante el 15-M y que no dejaba de ser una resignificación muy interesante del consenso que se convirtió en el fetiche de la Transición. La idea de asaltar el cielo se usó como excusa para sacrificar muchas cosas que eran perfectamente prácticas, practicables y realistas. E incluso, a su modo, eficaces. Sobre todo si se trataba de convertirse en una fuerza política y cultural a largo plazo.</p>



<p><strong>En su libro, analiza la función retórica de conceptos como “ventana de oportunidad” y “fin de ciclo”. Yo siempre sospecho que las y los protagonistas de la política confunden sus propias fases biográficas con las coyunturas históricas. La desilusión que parece reinar en el espacio a la izquierda del PSOE, ¿no es también un afecto vital propio de una generación de líderes y analistas que están cerca de cumplir los 50?</strong></p>



<p>Es interesante que lo digas, porque en los últimos años mucha de la gente que ha participado en ese ciclo que ahora se supone se ha cerrado, ha ido sacando sus memorias.&nbsp;</p>



<p><strong>El suyo no es un libro de memorias, precisamente.</strong></p>



<p>Claro. Aun así, lo que quizá más satisfacción me haya producido en las conversaciones que he ido teniendo sobre él es lo que han dicho varios compañeros públicamente: que les parece un libro generoso porque yo no necesito justificarme ni tirar patadas al de al lado. Quiero decir que yo no tengo cuentas que ajustar, ni decisiones que justificar. La desilusión que mencionas, por otra parte, y que coincide con un momento vital determinado, me recuerda mucho a la vivencia que tuvo la generación de mis padres después de la Transición. Mis padres fueron militantes del Partido Socialista de Aragón. Para ellos, ver cómo el PSOE copó todo ese espacio les produjo un gran desencanto. Fue un momento como el actual, en que pareció cerrarse un momento marcado por mucha energía y movilización ciudadanas.&nbsp;</p>



<p><strong>Su libro, sin embargo, resiste ese marco.</strong></p>



<p>Obviamente, hemos vivido una decepción. Eso es innegable. Nuestra idea durante el 15-M no era terminar con un Pedro Sánchez como líder absoluto de la izquierda política. Yo también siento mi propio agotamiento, mi cansancio, mis preocupaciones, claro está. Pero también me resisto a resignarme. No hay que olvidar que la derecha juega a eso, a dejarnos dominar por esos afectos negativos. Hace falta otra mirada. Los movimientos políticos y sociales no se mueven en una hoja de cuentas que registre éxitos y fracasos. Más bien, van generando condiciones, elementos, ingredientes de visiones políticas, imaginarios políticos y lenguajes que acaban conformando un arsenal, a veces en estado latente y dormido, que puede ser convocado otra vez.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"><strong>«Obviamente, hemos vivido una decepción. Eso es innegable. Nuestra idea durante el 15-M no era terminar con un Pedro Sánchez como líder absoluto de la izquierda política. Pero me resisto a resignarme. La derecha juega a eso».</strong></h2>
</blockquote>



<p><strong>Como los sobrevivientes de un naufragio que usan las partes del barco roto para construir otro.</strong></p>



<p>Stuart Hall siempre insistió mucho en rechazar la fantasía de los nuevos comienzos. En el fondo nunca los hay. Lo que hay son articulaciones de elementos viejos y nuevos. Lo que pasa es que, para conseguir esa articulación, es crucial tener memoria. Sin ella, no hay manera de recuperar el hilo. Si se rompe el diálogo entre generaciones, entonces es cuando se producen esos blancos de impotencia política.&nbsp;</p>
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		<title>La &#8216;Confluencia de luchas&#8217; exhibe músculo en su presentación pública</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/05/31/confluencia-de-luchas-muestra-su-fuerza/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Fernández]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 May 2026 09:50:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[CNT]]></category>
		<category><![CDATA[izquierdas]]></category>
		<category><![CDATA[Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<category><![CDATA[Sindicato de inquilinas]]></category>
		<category><![CDATA[Vivienda]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Confluencia de luchas, resultado de varios años de trabajo conjunto entre las organizaciones CGT, CNT-Comarcal Sur, Ecologistas en Acción de Madrid, Sindicato de Manteros y el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos, se presentó el sábado 30 de mayo en Orcasur, Madrid.</p>
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<p><strong><br></strong>Bajo un sol cayendo a plomo en la Plaza del Pueblo de Orcasur (Madrid), se presentaba este sábado <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/29/confluencia-de-luchas/">una confluencia</a> que busca articular y aglutinar las diferentes luchas sociales, sindicales y medioambientales que están atravesando el territorio madrileño. El entorno no podía más adecuado para esta iniciativa colectiva; no en vano, <strong>Orcasur, <em>Orcasitas</em>, es esa <em>aldea gala</em> del sur en la que nunca se han implantado las derechas</strong> y que a finales de la dictadura consiguió que todos sus habitantes pasaran de vivir hacinados en chabolas, a estrenar viviendas dignas; un barrio del “cinturón rojo” de la periferia madrileña, en el que el movimiento ciudadano, vecinal, obrero, fue determinante, como otros similares, para poner fin a la dictadura y recuperar libertades. Siempre desde abajo, siempre a la izquierda.<br><br><strong>La Confluencia de luchas es el resultado de varios años de trabajo conjunto entre las organizaciones CGT, CNT-Comarcal Sur, Ecologistas en Acción de Madrid, Sindicato de Manteros y el Sindicato de Inquilinas e Inquilinos,</strong> y que, en un escenario marcado por la crisis ecosistémica, la precarización laboral, la crisis de vivienda y el endurecimiento de las políticas migratorias, quiere sumar fuerzas con las que construir respuestas colectivas con las que enfrentarse a la situación actual. Nos lo explicaba <strong>Julia Tabernero, </strong>integrante de Sindicato de Inquilinas y una de las impulsoras del proyecto: “El proceso lleva armándose casi tres cursos y surge entre organizaciones que ya nos conocíamos y habíamos colaborado en algunas ocasiones, pero <strong>necesitábamos de un análisis compartido del contexto. Y, sobre todo, de respuestas coordinadas”</strong>.<br><br>El proceso ha sido largo, se ha ido labrando gracias al intercambio de experiencias y el análisis de las diferentes luchas que dan forma a la iniciativa, y ha finalizado este curso 2025-2026 en la denominada <strong>Escuela de Luchas</strong>, en la que han participado cerca de <strong>30 ponentes y varios centenares de asistentes </strong>a las sesiones celebradas en la Fundación Anselmo Lorenzo.<br><br>La huelga general contra el genocidio en Gaza, las movilizaciones del sector de la Enseñanza o la sanidad madrileñas, la crisis medioambiental, la emergencia habitacional, la campaña contra las políticas migratorias y por la regularización de los migrantes, o la manifestación del 1º de mayo interseccional más multitudinario de los últimos años, son algunos hitos compartidos entre organizaciones sociales y sindicales que ahora han dan el paso definitivo para sumar esfuerzos.</p>


<h2>Medios de comunicación y policrisis</h2>


<p>Para su presentación, las integrantes convocaron el evento denominado <strong>I Encuentro Primavera de Luchas</strong>, que contó con varios talleres de debate: a primera hora, <strong>Mark Bray, Miquel Ramos y Nuria Alabao </strong>nos hablaron de la “Internacional reaccionaria y los retos del antifascismo”, y <strong>analizaron el auge de la extrema derecha en todo el mundo</strong>, el papel que en ello están jugando los medios y su relación con las cuestiones de género, la masculinidad y el neoliberalismo.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1120" height="840" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Paco4-1120x840.jpeg" alt="Taller sobre el auge de la extrema derecha durante la presentación de la Confluencia de luchas. FRANCISCO PÁLIDO" class="wp-image-1532095" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Paco4-1120x840.jpeg 1120w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Paco4-375x281.jpeg 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Paco4-768x576.jpeg 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Paco4-1536x1152.jpeg 1536w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Paco4.jpeg 1600w" sizes="(max-width: 1120px) 100vw, 1120px" /><figcaption class="wp-element-caption">Taller sobre el auge de la extrema derecha durante la presentación de la Confluencia de luchas. Autor: Francisco Pálido.</figcaption></figure>



<p>Ya al filo del mediodía, <strong>Rubén Martínez, Helena Maleno, Josefa Sánchez Contreras y Constanza Cisneros </strong>participaron en una charla titulada “La policrisis y el sujeto en lucha”. Por último, representantes de <strong>Labor Notes</strong>, la red estadounidense que funciona como motor de izquierda en el movimiento sindical y promueve la militancia obrera y un sindicalismo orientado a la acción social, y el <strong>MST brasileño</strong>, movimiento campesino que lucha por una reforma agraria popular mediante la ocupación de tierras improductivas, han presentado sus experiencias en la mesa “Las militancias de base y las organizaciones de masas”.<br><br>Cayendo la tarde, se ha presentado formalmente la iniciativa, con discursos de los convocantes, pero también de diferentes realidades actuales en lucha: <strong>Extinción Rebelión</strong>, el sector de la educación infantil (0-3 años) en huelga desde hace semanas, la <strong>Asamblea por la vivienda de Usera, la Asociación de Vecinos de Orcasur, la sección de la CGT en El Corte Inglés</strong>, cuyas mujeres han conseguido abrir una grieta importante en una empresa siempre refractaria a la actividad sindical o la Sección de lo social de CNT, que recientemente ha interpuesto una denuncia ante la Fiscalía Provincial contra el alcalde de Madrid, Martínez-Almeida, por prevaricación y discriminación en la regularización de migrantes. Como broche final, las actuaciones musicales del coro ecofeminista de mujeres <strong>Malvaloca</strong>, y las bandas <strong>Tremenda Jauría </strong>y <strong>Biznaga </strong>han puesto la nota lúdica haciendo bailar a los asistentes.<br><br><a href="https://www.lamarea.com/2024/07/04/mark-bray-espero-que-con-trump-la-izquierda-se-organice-de-manera-radical-para-evitar-una-catastrofe/"><strong>Mark Bray,</strong></a> historiador y profesor universitario estadounidense que ha tenido que exiliarse en España por las amenazas que ha sufrido en su país, reflejaba el ánimo que flotaba en el ambiente: “las experiencias de <a href="https://www.lamarea.com/2026/01/16/minnesota-no-se-rinde/">Minnesota</a> o más recientemente en Newark [se refiere las movilizaciones frente al centro de detención del ICE conocido como Delaney Hall, donde cientos de migrantes se encuentran llevando a cabo una huelga de hambre] son hitos que marcan el camino en mi país y protagonizan la esperanza de un antifascismo de autodefensa comunitaria desde abajo. Y lo que estoy viendo con la confluencia de luchas es igual de esperanzador, <strong>representa el ejemplo de cómo se puede establecer un movimiento de masas antifascista ante la eventual llegada de la extrema derecha al poder</strong>”.<br><br>Después de casi tres años de trabajo colectivo, este sábado se presentó finalmente la confluencia en Orcasur, pero tal y como afirma <strong>Gonzalo Maestro</strong>, uno de los impulsores de la iniciativa, “ahora el objetivo inmediato es sacarla de la capital y <strong>extenderla a otras zonas de la comunidad</strong>, y para ello ya tenemos programados actos en la sierra norte y otros ligares del este y la zona Sur. Y el siguiente paso será encontrarnos con iniciativas similares de otros territorios”. La confluencia ya se ha presentado públicamente, reforzando vínculos y compartiendo experiencias, pero el trabajo para extenderse fuera y seguir aumentando su implantación no ha hecho más que empezar.</p>



<p class="has-text-align-right"><em>Miguel Ángel Fernández es periodista freelance y trabajador de la Fundación Anselmo Lorenzo</em>&nbsp;(CNT)</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/31/confluencia-de-luchas-muestra-su-fuerza/">La &#8216;Confluencia de luchas&#8217; exhibe músculo en su presentación pública</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<title>Laura Ortiz Gómez: “El pasado nos abre las llagas vivas, pero también muestra que hubo luchas más valientes”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adriana Bertorelli]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 May 2026 07:58:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[anarquismo]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[mujeres]]></category>
		<category><![CDATA[novelas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La escritora colombiana publica 'Indócil', una novela en la que aborda desde la precariedad de los migrantes a la herida abierta de la propiedad privada.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/31/laura-ortiz-el-pasado-nos-abre-las-llagas/">Laura Ortiz Gómez: “El pasado nos abre las llagas vivas, pero también muestra que hubo luchas más valientes”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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<p><strong>Hay libros que no se leen. Se sienten,</strong> se escuchan, se contorsionan y se padecen como un organismo vivo que respira y late entre las manos. Así es la primera novela de <strong>Laura Ortiz Gómez </strong>(Bogotá, 1986). Editada en España por Barrett, <em><strong><a href="https://editorialbarrett.org/catalogo/narrativa/libro/indocil/">Indócil</a></strong></em> despliega una arquitectura narrativa tan exuberante que desborda sus propios muros: una casa contestona y anárquica que, desde sus primeras páginas, revela sus intenciones: «No me sometí. Decían <em>mi casa</em>. Y yo, recién nacida, decía para adentro: <em>soy la casa de mí</em>».</p>


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<figure class="alignright size-medium"><img decoding="async" width="375" height="564" class="img-fluid" src="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-29-a-las-18.29.27-375x564.png" alt="" class="wp-image-1527081" srcset="https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-29-a-las-18.29.27-375x564.png 375w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-29-a-las-18.29.27-744x1120.png 744w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-29-a-las-18.29.27-768x1156.png 768w, https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2026/05/Captura-de-pantalla-2026-05-29-a-las-18.29.27.png 800w" sizes="(max-width: 375px) 100vw, 375px" /></figure>
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<p>Esta obra es, además de un grito contra la injusticia, la celebración rebelde de la belleza. Con una lírica ingobernable que estira el lenguaje y lo rompe para narrar el despojo, Ortiz enarbola las palabras para reclamar, entre el moho, las filtraciones y los huesos insepultos de una niña tehuelche, el derecho fundamental al que aspiraba el pensador peruano José Carlos Mariátegui: la lucha irrenunciable por el pan y la belleza. Así, la autora reivindica la transformación social como un reordenamiento estético: «Se trataba de reorganizar el cosmos y de barrer».</p>



<p><strong>Ante la pregunta de si el ser humano «no domesticado» es esencialmente anarquista, la autora reflexiona:</strong> «La parte utópica es pensar en un mundo sin jerarquías, pero ¿cómo pensamos el poder que cada uno tiene en el mundo? En todas nuestras relaciones se está renegociando ese poder. Quizás, lo interesante del anarquismo sea proponer una conciencia sobre el propio poder y sobre la negociación con el otro de manera más horizontal, menos impositiva y, por lo tanto, más fácil para que el diálogo sea posible, como en las comunidades indígenas de mi país, Colombia, o en comunidades rurales y afro donde la organización todavía tiene una dimensión humana».</p>



<p><strong>En esta ficción, espejo de feria donde la historia argentina </strong>devuelve el reflejo deforme de lo que, más que nunca, un reclamo vigente por el derecho a la vivienda, el trabajo y la dignidad, Ortiz rescata la <em>Huelga de las Escobas</em> de 1907: un levantamiento de mujeres anarquistas contra el hacinamiento en los conventillos. Con ella ha logrado un hallazgo: traducir ideas teóricas y políticas en imágenes poéticas que estremecen. Así, la desobediencia civil en <em>Indócil</em> se convierte, inevitablemente, en desobediencia lingüística.</p>



<p><strong>Hablas de temas que se rehúyen, como la esclavización de mujeres en el trabajo doméstico, la precarización de inmigrantes, los proyectos estructurados de exclusión social, la normalización de la pedofilia, el expolio de etnias indígenas, la aporofobia…</strong></p>



<p>Estos temas siempre han estado presentes y eso lo fui descubriendo en la investigación. A veces, en nuestra fascinación con lo contemporáneo, olvidamos que las preguntas son muy viejas y que los reclamos siguen siendo los mismos. Impresiona que pensamos que la historia tiene asuntos zanjados y, aunque suene un cliché, en Latinoamérica somos países circulares. Las luchas no resueltas vuelven y aparecen, pero cada vez con un sentido más dramático, más urgente. Cuando me puse a investigar los finales del siglo XIX y comienzos del XX en Argentina, encontré cosas fascinantes como estos movimientos anarquistas de mujeres que ya tenían publicaciones, diarios, donde se hacían unas preguntas muy de avanzada. Ya se estaban cuestionando a Dios, a las instituciones, a las jerarquías, el control de natalidad, el amor no monogámico, el acceso a la tierra y la vivienda… </p>



<p>Entonces, solo detenernos un poquitito en el pasado nos abre de nuevo todos los problemas, todas las llagas vivas, pero también nos muestra que en ese pasado hubo luchas más valientes o más imaginativas. Lo que me interesó del anarquismo de comienzos del siglo XX fue descubrir que pedían de cara a la utopía, que cuestionaban no solo la repartición material de las cosas, sino la noción misma de la propiedad, y esto es un tema para retomar cuando la precarización es cada vez más grande, cuando nos están quitando la esperanza y todo parece tener una sensación de sin salida. </p>



<p><strong>Tu novela es un ser vivo igual que la casa protagonista. Provoca un impacto sensorial, quizás más cercano a la música que a la literatura.</strong></p>



<p>Efectivamente es un libro muy musical, muy visceral, porque quería que esta casa fuese, sobre todo, el cuerpo de la casa y tuviera una voz verdadera. Una voz que me hizo preguntarme por un lenguaje casa y por un cuerpo así. Entonces, antes de encontrar esa voz, hubo un proceso de investigación histórica profundo acompañado de mucho diseño de la trama: el andamio racional sobre el que me paro para luego dejar entrar una voz extraña para que la lengua supure algo muy insubordinado, algo no jerárquico, algo poético.</p>



<p><strong>Y esto resulta palpable en la sucesión de imágenes de </strong><strong><em>Indócil</em></strong><strong>,</strong> cuando la autora, como un viaje lisérgico donde el ritmo se acelera, se ralentiza y, de pronto, arremete de nuevo con fuerza de marea, se sumerge en desigualdades estructurales&nbsp;y logra del lector una respuesta orgánica, física.</p>



<p>La precariedad laboral de los migrantes, las políticas de limpieza racial, el machismo, la pederastia permitida y la herida abierta de la propiedad privada, entre otros temas tan oportunos como dolientes, habitan esta casa de Buenos Aires, donde Vira y Olena, dos sirvientas ucranianas sometidas a un régimen de explotación que roza el esclavismo, son vistas por sus patrones como un ente indivisible donde el fallo de una ocasiona el castigo de la otra.</p>



<p>A pesar de esa oscuridad, la casa palpita con ellas: se enamora de su fragilidad, de su amor y su ternura, las reconoce con la fuerza de un ser vivo mientras se reclama a sí misma, insubordinada ante quienes creen poseerla. El mismo sentido de justicia poética impregna a Taras, el hermano que reinventa la rapiña –calzones, frasquitos de perfume, billetes, huesos humanos–, para convertirla en instalaciones llenas de belleza. «Fuimos bellos, ya nadie se acuerda», susurra la casa entre escombros.</p>



<p>La relación rebelde con la palabra es lo que permite que el relámpago perfore el dolor a través de otros personajes luminosos como Ulises, el niño útil y fulgurante que sabe abrir cualquier puerta, o como Acracia, la niña muda.</p>



<p><em>Indócil</em> no es solo una historia de resistencia, es la prueba de que la belleza es una forma de militancia: una manera de interpelar la realidad desde un lugar donde el lenguaje, por fin, se siente libre. &nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/31/laura-ortiz-el-pasado-nos-abre-las-llagas/">Laura Ortiz Gómez: “El pasado nos abre las llagas vivas, pero también muestra que hubo luchas más valientes”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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		<dc:creator><![CDATA[La Marea]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 May 2026 11:18:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Otros]]></category>
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		<title>Mark Galeotti: “El crimen organizado no es una anomalía del capitalismo, es parte constitutiva de él”</title>
		<link>https://www.lamarea.com/2026/05/30/mark-galeotti-homo-criminalis/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Guillem Pujol]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 May 2026 05:01:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[crimen organizado]]></category>
		<category><![CDATA[drogas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[narcotráfico]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El historiador y criminólogo británico publica ‘Homo criminalis’, una historia global del crimen organizado que pone de relieve su papel como fuerza estructurante de la civilización.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/30/mark-galeotti-homo-criminalis/">Mark Galeotti: “El crimen organizado no es una anomalía del capitalismo, es parte constitutiva de él”</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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<p>Hay libros que incomodan porque dicen en voz alta lo que todos intuyen, pero nadie quiere admitir. <a href="https://capitanswing.com/catalogo/homo-criminalis/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Homo criminalis: cómo el crimen organiza el mundo</em></a> (publicado por Capitán Swing, con traducción de Noelia González Barrancos) del historiador y analista de seguridad <strong>Mark Galeotti</strong>, es uno de ellos. Su tesis es tan simple como perturbadora: el crimen organizado no es un parásito que se alimenta de la sociedad desde los márgenes, sino uno de sus motores fundacionales. Desde las repúblicas mercantiles del Renacimiento italiano hasta los cárteles que financian iglesias en América Latina, pasando por los piratas que trazaron las rutas del comercio atlántico, Galeotti argumenta que cada vez que la sociedad humana da un salto de complejidad, el crimen organizado da otro a su lado.</p>



<p>Galeotti es doctor en Filosofía por la Universidad de Oxford, ha asesorado a gobiernos y organismos internacionales sobre crimen transnacional y amenazas híbridas, y lleva décadas estudiando el crimen organizado ruso, campo en el que es una referencia mundial. Su trayectoria arrancó, como explica, de forma casi accidental mientras realizaba su doctorado sobre veteranos soviéticos de la guerra de Afganistán. Fue entonces cuando algunos de sus entrevistados le explicaron cómo acabaron entrando en las redes mafiosas que proliferaron en el caos postsoviético. Aquella pista accidental se convirtió en vocación.</p>



<p>Galeotti habla de la imposibilidad de separar historia legítima e historia criminal, de la guerra contra las drogas como fracaso programado, del blanqueo de capitales como columna vertebral de la economía global, del arte como moneda del hampa y de por qué el trumpismo, las Guerras del Opio británicas y los yakuza japoneses responden a una misma lógica: la del poder que ya no necesita disimular.</p>



<p><strong>El título del libro, </strong><em><strong>Homo </strong></em><em><strong>c</strong></em><em><strong>riminalis</strong></em><strong>, sugiere una suerte ontología del crimen: que transgredir es algo intrínseco a la naturaleza humana o al menos a cualquier forma de organización social. ¿Concibes el crimen organizado como un subproducto inevitable de cualquier estructura social, o más bien como uno de sus motores activos?</strong></p>



<p>En sentido técnico estricto, el crimen es aquello que la ley define como tal. Por eso resulta revelador que en tantas lenguas exista una distinción: el crimen, que delimita el Estado, y el mal, que delimita la sociedad. Uno de los argumentos centrales del libro es precisamente que siempre habrá una brecha entre lo que el Estado criminaliza y lo que la sociedad considera reprochable. Y el crimen organizado florece en esa brecha. En una democracia que funciona bien, esa brecha debería ser estrecha. Pero en muchas sociedades es enorme.</p>



<p><strong>¿Y cuándo emerge históricamente el crimen organizado como tal?</strong></p>



<p>Los grandes momentos de emergencia del crimen organizado coinciden con los grandes momentos de organización social. Tras la caída del Imperio Romano no hubo crimen organizado propiamente dicho, solo bandidaje, porque tampoco había sociedad organizada más allá del nivel local. El crimen organizado reaparece en el Renacimiento, en Italia y en los Países Bajos: las cunas de los nuevos modelos de sociedad, de banca, de comercio. Hoy la sociedad está más organizada que nunca y es, por tanto, un momento extraordinario para ser un criminal organizado. La globalización les ofrece las mismas ventajas que a cualquier empresa transnacional.</p>



<p><strong>¿Por qué la historiografía tradicional ha tendido a tratar el crimen como una anomalía, una patología social, en lugar de como uno de los pilares estructurantes de las sociedades humanas?</strong></p>



<p>En parte por una razón muy humana: es cómodo pensar que el crimen ocurre en otro lugar, en países desordenados donde se fabrican las drogas, o entre tipos de aspecto amenazante en bares a los que nunca iríamos. Siempre se <em>externaliza</em>. Pero hay una razón más estructural: la erudición clásica se construye sobre los documentos y registros del Estado. Y el crimen deja pocos registros. Además, hasta hace relativamente poco, la producción académica estaba en gran medida al servicio de los intereses estatales. La idea del intelectual independiente tiene como mucho 200 años. Todo ello ha conspirado para que ignoremos hasta qué punto el crimen organizado no solo es una herramienta útil para entender cómo funcionan las sociedades, sino una fuerza mucho más poderosa de lo que hemos querido reconocer.</p>



<p><strong>Se suele decir que la historia la escriben los vencedores, y tu escribes de la transición del bandido al fundador de naciones como un hecho casi estructural. ¿Puedes darnos algún ejemplo histórico en el que esa transición haya sido tan fluida que hoy celebremos a esos fundadores como héroes legítimos?</strong></p>



<p>Todos los Estados fueron fundados por señores de la guerra. Los más eficaces no fueron solo los que tenían más espadas, sino los que entendieron la importancia de construir legitimidad. La espada más poderosa es la que está en el alma de los súbditos: convencerles de que tienes derecho a gobernar porque Dios lo quiso, o porque sacaste la espada de una piedra. Toda la historia británica está moldeada por la conquista normanda, es decir, por la invasión de una potencia extranjera sin ningún fundamento real. Pero si te quedas el tiempo suficiente, te conviertes en el monarca legítimo. Es exactamente el mismo principio que aplica el mafioso inteligente cuando convence a su comunidad de que está de su lado.</p>



<p><strong>La piratería está muy romantizada en la cultura popular, pero ¿cuál fue su papel real en la formación del capitalismo mercantil? Y en relación a eso: Trump recientemente llegó a referirse a la piratería como «un buen negocio» cuando justificó la incautación de petróleo venezolano. ¿Estamos volviendo a un paradigma en el que la legitimidad ya no se construye discursivamente, sino que se impone por la mera demostración de fuerza?</strong></p>



<p>Los piratas no crearon las estructuras del capitalismo mercantil moderno: fueron un producto de ellas, y también un factor dentro de ellas. Sin esas enormes rutas comerciales, sin las flotas de oro provenientes de América Latina, no habría habido incentivo para el surgimiento de esa subcultura económica pirata. Pero a su vez, la piratería generó rutas alternativas, ciudades enteras que vivían de la venta del botín. Se convirtió en instrumento de guerra entre Estados a través del corso, y en un mecanismo por el cual élites más amplias podían participar en las ganancias del colonialismo. Es, una vez más, la señal de que el crimen es parte del mundo capitalista: se invierte en él, se toman decisiones empresariales, se gana o se pierde.</p>



<p>En cuanto a la cuestión de la legitimidad, creo que hay una legitimación tecnocrática creciente que dice «no he seguido las reglas, pero hago que los trenes lleguen a tiempo». Hay una palabra rusa magnífica, <em>vranyo</em>, que significa una mentira que el otro sabe que es mentira, pero no puede hacer nada al respecto. Antes, Estados Unidos al menos tenía la cortesía de fingir que construía alguna justificación. Lo que vemos con Trump es que ni siquiera hay pretensión de eso. Y no lo veo como un fenómeno Trump sino como un síntoma del declive americano. Igual que las Guerras del Opio marcaron el declive del Imperio Británico, cuando un poder tiene que esforzarse más en aparentar que es fuerte, es porque ya no lo es tanto.</p>



<p><strong>Te pregunto también sobre el mundo de las drogas: ¿</strong><strong>q</strong><strong>ué balance haces de la guerra contra las drogas iniciada en el siglo XX? ¿Y apoyarías la despenalización total como estrategia para desarticular el mercado negro?</strong></p>



<p>No apoyaría la legalización de todas las drogas, porque cuando algo tiene capacidad adictiva química distorsiona la libre voluntad del consumidor. Hay sustancias con efectos genuinamente devastadores. Dicho esto, con el cannabis, por ejemplo, hay que preguntarse si es socialmente o sanitariamente peor que el tabaco. Y una de las razones por las que hoy circulan versiones extraordinariamente potentes de cannabis es precisamente porque ha sido criminalizado: perdemos la capacidad de regularlo y creamos incentivos para que los criminales ofrezcan versiones cada vez más adictivas.</p>



<p>La cuestión de fondo es, de nuevo, la brecha entre Estado y sociedad. Cuando hay una parte importante de la sociedad que no cree que ciertas drogas blandas sean perjudiciales, el traficante se convierte en aliado y el Estado en enemigo. Eso deslegitima al Estado y a las fuerzas del orden. La guerra contra las drogas ha sido además catastrófica porque ha generado expectativas irreales: las guerras se ganan. Esto no es una guerra, es un problema de salud pública. Y se ha centrado obsesivamente en la oferta –quemar cultivos, interceptar correos– sin abordar en serio la demanda, que es más difícil y más incómoda políticamente.</p>



<p><strong>El fentanilo es una epidemia en Estados Unidos, pero no lo es España. ¿No dice eso algo sobre factores sociales más profundos que la mera disponibilidad de la sustancia?</strong></p>



<p>Absolutamente. El fentanilo es en gran medida un producto de un sistema sanitario completamente mercantilizado. La <a href="https://www.lamarea.com/2022/01/07/la-crisis-de-los-opiaceos-asola-eeuu/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">epidemia de opioides</a> empieza en las salas de espera de los médicos, no en las esquinas. La industria farmacéutica prescribió opioides de forma masiva y creó una dependencia que luego encontró su cauce en el mercado negro. Es el ejemplo perfecto de cómo la distinción entre <em>fármaco</em> y <em>droga</em> es, en el fondo, una distinción artificial y política.</p>



<p><strong>Y hablando de política y artificios… ¿Crees que sería posible sostener la economía globalizada actual si pudiéramos purgar todo el dinero de origen criminal?</strong></p>



<p>No. La economía global colapsaría. El dinero sucio ha penetrado en cada rincón del sistema. Y ahora que el dinero es esencialmente una fantasía consensuada que se mueve de un ordenador a otro, rastrear su origen se ha vuelto prácticamente imposible. El mecanismo es conocido: el dinero entra en el sistema bancario a través de jurisdicciones muy opacas, y desde ahí se va desplazando, lentamente, hacia lugares cada vez menos dudosos, hasta llegar a Londres, Nueva York o Fráncfort. Todo el mundo sabe que eso ocurre. El problema es que cuando es responsabilidad de todos, no es responsabilidad de nadie.</p>



<p><strong>Londres es señalada como uno de los principales centros de blanqueo del mundo. Con tu experiencia, </strong><strong>¿</strong><strong>puedes explicar un poco su funcionamiento interno?</strong></p>



<p>Antes de hacer el doctorado trabajé un año en la City de Londres. Lo odié, pero fue la mejor decisión que pude tomar, porque cuando volví a la academia supe con certeza que era lo que quería. Lo que escuché durante ese año fue muy revelador: todos eran conscientes de la necesidad de cumplir con la normativa de <em>«compliance»</em>, pero la pregunta nunca era «cómo hacemos las cosas bien», sino «cómo nos aseguramos de que no nos pillen haciéndolas mal». Una amiga que trabajó siete años en ese sector me lo dijo con toda claridad antes de dejarlo: su trabajo consistía en asegurarse de que nadie fuera cazado. El sistema no está diseñado para ser ético, está diseñado para parecer que lo es.</p>



<p><strong>En </strong><em><strong>The Wire</strong></em><strong>, el punto culminante de la carrera criminal no es el dinero ni el poder en la calle, sino el acceso al mundo de los abogados, los políticos y los hombres de negocios. ¿Es esa imagen –la del crimen que aspira a fundirse con lo legítimo– una representación fiel de cómo funciona realmente el ascenso en el crimen organizado?</strong></p>



<p>La mayoría de los criminales no llegarán nunca a eso ni de lejos. La mayoría fracasa, acabará muerta, en prisión, o simplemente abandonará el mundo criminal porque no les sale a cuenta. Pero sí, el sueño es exactamente ese: el momento en que has dado el salto. Y mejor aun cuando has institucionalizado el proceso. Piensa en lo que ocurrió en Japón, donde los <em>yakuza</em> fueron durante mucho tiempo legales. Tenías el poder y el dinero que te da el crimen, y la seguridad y la respetabilidad de estar en el lado legítimo de las cosas. Eso es el ideal. En los países occidentales modernos es más difícil de conseguir, pero sigue siendo el horizonte.</p>



<p>En cambio, lo que obtenemos es, a menudo, una división del trabajo: el criminal, por un lado, y la figura legítima <strong>–</strong>el político, el empresario<strong>–</strong> que mantiene una alianza discreta con él. Puede que no consigas unir las dos identidades en una sola persona, pero consigues una asociación muy cómoda.</p>



<p><strong>Acabo preguntándote sobre el mundo de los llamados robos de «guante blanco». </strong><strong>E</strong><strong>l tráfico de arte y antigüedades suele presentarse como un crimen «elegante», casi menor. Pero el mercado del arte tiene una característica singular: la opacidad en la formación de precios lo convierte en un vehículo óptimo para el blanqueo. ¿Qué función cumple realmente el arte dentro de las economías criminales?</strong></p>



<p>Es realmente deprimente hasta qué punto los tesoros culturales se han convertido en meros instrumentos de transacción financiera. En el cine y la televisión tendemos a imaginar al coleccionista que roba una obra para tenerla en su bóveda y contemplarla en privado. No digo que eso no ocurra nunca, pero es la excepción. En la mayoría de los casos, el arte simplemente se ha convertido en una unidad de capital muy concentrada.</p>



<p>Las obras se usan como garantía de deudas en el mundo criminal, como mecanismo de blanqueo y como reserva de valor que reposa en un depósito franco con control de climatización, sin que nadie las vea. Pero el dueño sabe que está ahí, y si necesita un millón de dólares extra, la tiene. Se usan también como medio de intercambio internacional entre criminales: una pequeña escultura que, aunque la vea un agente de aduanas, es improbable que identifique como una pieza babilónica original. Sirve para saldar la última remesa de drogas o armas. En el libro menciono el caso de un cuadro que había sido literalmente empotrado en una pared como fondo de reserva: no está expuesto, ni siquiera es visible. Podría ser perfectamente un lingote de oro o una bolsa de diamantes de sangre. El arte se ha convertido en eso: en dinero con buena prensa.</p>
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		<title>¿Por qué el Barça femenino de fútbol es un símbolo de igualdad?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rut Vilar / Catalunya Plural]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 May 2026 05:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alexia Putellas]]></category>
		<category><![CDATA[fútbol femenino]]></category>
		<category><![CDATA[machismo]]></category>
		<category><![CDATA[Se acabó]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Futbolistas como Alexia Putellas, Aitana Bonmatí y muchas otras han propiciado la emergencia de nuevos referentes para las niñas. "Demuestran que también en el fútbol hay alternativas que van más allá de la simple adaptación de los modelos masculinos dominantes", analiza Rut Vilar en Catalunya Plural. </p>
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<p class="has-text-align-right"><strong><em>Este artículo ha sido publicado originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo <a href="https://catalunyaplural.cat/ca/barca-femeni-simbol-igualtat/">en catalán aquí</a>.</em></strong></p>



<p>El 22 de abril de 2022, un total de 91.648 personas llenaron las gradas del Camp Nou en el partido de semifinales de la <strong>UEFA Women’s Champions League entre el Barça y el Wolfsburgo</strong>. Este hito, que constituye el récord de asistencia en la historia de las competiciones deportivas femeninas, simboliza no solo el éxito deportivo de un equipo, sino también <strong>la cristalización de un proceso de transformación social</strong>.</p>



<p>El fútbol, en tanto que institución cultural central en la construcción de las masculinidades hegemónicas (Connell, 1995), ha sido históricamente un <strong>espacio de reproducción de valores patriarcales</strong>. En este sentido, resulta especialmente relevante que, tal como señala la psicóloga social Gemma Altell, las jugadoras del Barça hayan impulsado esta transformación feminista desde un ámbito “de los más duros y difíciles” para la igualdad de género.</p>



<p>Las ciencias sociales llevan décadas analizando la presencia de las mujeres en el deporte. Autoras como Jennifer Hargreaves (1994) han documentado cómo las mujeres han sido históricamente excluidas o <strong>relegadas a prácticas deportivas consideradas “adecuadas” para su género</strong>, en coherencia con normas sociales de feminidad que limitaban su presencia en deportes codificados como masculinos. En Catalunya, las investigaciones de Vilanova y Soler (2008) muestran que las barreras estructurales —institucionales, culturales y mediáticas— han actuado durante décadas como mecanismos de desincentivación de la participación femenina.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_118172"><img decoding="async" class="img-fluid" src="https://catalunyaplural.cat/wp-content/uploads/2026/05/53749908035_7cf5804ba7_c.jpg" alt="Recepció de les jugadores del Barça femení després de proclamar-se campiones d´Europa (2024) | Ajuntament de Barcelona" class="wp-image-118172" title="Barça femenino símbolo de igualdad"/><figcaption class="wp-element-caption">Recepción de las jugadoras del Barça femenino tras proclamarse campeonas de Europa (2024)) | Ajuntament de Barcelona</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">“Estamos aquí para quedarnos”</h2>



<p>En este sentido, permítanme reproducir aquí algunos fragmentos del discurso de la futbolista Alexia Putellas durante el acto de reconocimiento del equipo blaugrana con la <strong>Medalla de Honor del Parlamento de Catalunya en 2023</strong>:</p>



<p><em>“La sociedad está cambiando y lo pide: el papel de la mujer debe ser clave en el desarrollo y el crecimiento de la sociedad catalana. […] Nosotras, como Barça, creo que a través del fútbol estamos ayudando a construir una sociedad más justa, igualitaria y con más oportunidades. Nuestro esfuerzo y nuestras victorias nos están convirtiendo en referentes para muchos niños, niñas, jóvenes y adultos. Y eso supone una gran responsabilidad; lo tenemos que hacer bien, lo tenemos que seguir haciendo bien. Nuestro compromiso con nosotras mismas, con el deporte femenino y con la sociedad es incuestionable.</em></p>



<p><em>[…] Estamos aquí para quedarnos, estamos aquí para ayudar a las que vendrán, porque todavía hay mucho camino por recorrer. Estos días lo veis con la grave situación que estamos afrontando con la Federación (española) y los cambios que todas solicitamos para que ninguna mujer, dentro o fuera del fútbol, tenga que vivir nunca más ninguna situación de menosprecio, faltas de respeto o abusos.</em></p>



<p><em>Necesitamos consenso, valor y liderazgo por parte de las instituciones, por favor. Y por eso no nos vamos a detener aquí. Se lo merecen las que lucharon antes que nosotras, nos lo merecemos nosotras por el esfuerzo que hacemos cada día y se lo merecen todas las niñas y niños que hoy sueñan con ser como nosotras. No os fallaremos. ¡Viva el deporte femenino y viva el Barça!”.</em></p>



<p>El equipo blaugrana no solo ha roto un techo de cristal, sino que ha demostrado que también en el fútbol <strong>hay alternativas que van más allá de la simple adaptación de los modelos masculinos dominantes</strong>. Esto es porque, como apuntan Martin et al. (2017), son muchas las deportistas que han sido capaces de construir una cultura deportiva propia que desafía los valores tradicionales asociados a la competitividad masculina y propone nuevas formas de interpretar la práctica deportiva y la profesionalización. El público de los partidos del Barça femenino, por ejemplo, es un público sobre todo familiar, expulsado ya hace tiempo de las competiciones masculinas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Referentes femeninos</h2>



<p><strong>Futbolistas como la propia Alexia Putellas, Aitana Bonmatí o Irene Paredes han propiciado la emergencia de nuevos referentes</strong>. La literatura sobre socialización y aprendizaje observacional, iniciada por Bandura (1977), muestra que la presencia de modelos similares en términos de género y experiencias vitales incrementa la identificación y la percepción de autoeficacia. La socióloga Alba Alfageme destaca que las referentes femeninas contribuyen activamente a reducir la “brecha de sueños” y a <strong>fomentar la autoestima y la ambición en las niñas</strong>. Las jugadoras del Barça, en este sentido, articulan un espacio simbólico de posibilidad que desafía estereotipos que asociaban históricamente el fútbol a la virilidad y a la fuerza física, tal como ha analizado buena parte de la literatura feminista sobre el deporte (Messner, 2002; Young, 1990).</p>



<p>Los datos recientes refuerzan esta tesis: en la última década, la Federación Catalana de Fútbol ha <strong>multiplicado por 2,5 el número de jugadoras federadas</strong>, lo que evidencia un cambio sociocultural profundo. El acceso masivo de niñas y jóvenes al fútbol puede interpretarse como un proceso de democratización del deporte y de expansión de los límites de lo imaginable, en línea con los planteamientos de Connell (2012) sobre transformaciones en las relaciones de género.</p>



<p>Paralelamente, estas jugadoras han tenido un papel central en <strong>el movimiento <a href="https://www.lamarea.com/2024/11/08/se-acabo-historia-maltrato-exploto-beso-rubiales/">Se Acabó</a></strong>, que denuncia las dinámicas de violencia simbólica, institucional y estructural dentro del fútbol. A diferencia de lo que suele ocurrir en otros deportes, este movimiento ha sido impulsado desde el propio colectivo de jugadoras, a menudo asumiendo costes significativos en términos de su carrera profesional. Este gesto conecta con la tradición de los feminismos que entienden la agencia colectiva como motor de transformación social (Hooks, 2000).</p>



<p>En este proceso de cambio destacan de manera especial figuras como Putellas, Paredes o Bonmatí, que se han convertido no solo en deportistas de élite reconocidas internacionalmente, sino también en sujetos políticos que disputan el orden simbólico del fútbol. Su visibilidad y capacidad de incidencia mediática han contribuido decisivamente a redefinir los imaginarios sobre lo que puede ser y representar una mujer en el deporte de alto rendimiento.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.lamarea.com/2026/05/30/barca-femenino-futbol/">¿Por qué el Barça femenino de fútbol es un símbolo de igualdad?</a> se publicó primero en <a href="https://www.lamarea.com">lamarea.com</a>.</p>
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