<?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="no"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:blogger="http://schemas.google.com/blogger/2008" xmlns:gd="http://schemas.google.com/g/2005" xmlns:georss="http://www.georss.org/georss" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/" xmlns:thr="http://purl.org/syndication/thread/1.0" version="2.0"><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294</atom:id><lastBuildDate>Fri, 29 May 2026 20:11:31 +0000</lastBuildDate><category>Narrativa</category><category>Drama</category><category>Relato</category><category>Amor</category><category>bifurcaciones</category><category>tristeza</category><category>Búsqueda interior</category><category>Miedos</category><category>soledad</category><category>mundos interiores</category><category>Relato breve</category><category>dolor</category><category>Microrrelato</category><category>Musa Urbana</category><category>esperanza</category><category>pérdida</category><category>Muerte</category><category>Cuento Breve</category><category>Encontrarse</category><category>Microficción</category><category>Sueños</category><category>Recuerdos</category><category>Incertidumbre</category><category>Fantasía</category><category>Nouvelle</category><category>Avanzar</category><category>Búsqueda</category><category>Microficciones</category><category>Atreverse</category><category>Libertad</category><category>desamor</category><category>desunión</category><category>locura</category><category>Amistad</category><category>unión</category><category>Engaño</category><category>Fusiones</category><category>El escritor</category><category>paralelismo</category><category>Sexo</category><category>Suicidio</category><category>Fragmentos</category><category>memoria</category><category>Microrelato</category><category>Surrealismo</category><category>Escritores</category><category>LIbros</category><category>Libros que hay que leer</category><category>Libros que leo...</category><category>Redes Sociales</category><category>microdiálogo</category><category>Antologia</category><category>Ciencia Ficción</category><category>Escritos Amarillos</category><category>La Hora del Cuento</category><category>poesía</category><title>Literato (Narrativa Contemporánea)</title><description>Este es un blog donde el lector encuentra un mundo de narrativa de ficciones que van desde Cuentos Breves, Microrrelatos hasta Relatos enteros. Todos unidos por el hilo invisible de una narrativa contemporánea y urbana.</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Anonymous)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>251</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-2599728973696953803</guid><pubDate>Sun, 03 Jul 2016 03:51:00 +0000</pubDate><atom:updated>2016-07-03T00:51:31.720-03:00</atom:updated><title>Fin de ciclo</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjp92APGVR2C1-szNDE9Vhu5pxgQ7sxzQmt5vOmefZ_q4pHTpgQZLi3uMXbR4Rtv8Z3i9WvGhyeBmnTayDVIH8RsXSTHRJhDmEAO96OeWUt5R7jrNi4vZmc5iscqBaAOASyRVB9fwaBNDUQ/s1600/miguel-aguilera-400x400px.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjp92APGVR2C1-szNDE9Vhu5pxgQ7sxzQmt5vOmefZ_q4pHTpgQZLi3uMXbR4Rtv8Z3i9WvGhyeBmnTayDVIH8RsXSTHRJhDmEAO96OeWUt5R7jrNi4vZmc5iscqBaAOASyRVB9fwaBNDUQ/s320/miguel-aguilera-400x400px.png" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
Y como todo tiene un final ha llegado también para este blog que durante tanto tiempo ha sido un escaparate perfecto para mis textos. Sí, de ahora en más pueden leer mis textos en la nueva casa:&lt;br /&gt;
&lt;a href="https://www.blogger.com/goog_1297950278"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;
&lt;a href="http://miguelaguilera.com.ar/"&gt;http://miguelaguilera.com.ar&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
Todo tiene un fin pero también es bonito un "comenzar nuevamente"...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los espero por la "nueva casa"&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Saludos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: right;"&gt;
Miguel Luis Aguilera&lt;/div&gt;
&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2016/07/fin-de-ciclo.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjp92APGVR2C1-szNDE9Vhu5pxgQ7sxzQmt5vOmefZ_q4pHTpgQZLi3uMXbR4Rtv8Z3i9WvGhyeBmnTayDVIH8RsXSTHRJhDmEAO96OeWUt5R7jrNi4vZmc5iscqBaAOASyRVB9fwaBNDUQ/s72-c/miguel-aguilera-400x400px.png" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-3232420295109828591</guid><pubDate>Tue, 28 Jun 2016 02:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2016-06-27T23:47:00.760-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>Sutura</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjmKsZaxMheFRgvp-09Wyit-dPhcuJA9MNnzBprUI63ceFLR995KWDAqDGf9u5QMjc6HT9DpKTt3nUfiX72ChMyioItb0nzgurtNChyBUGYGakt29XaiYaXJxYO4WDf94WfL2L4rKJHMgYV/s1600/16+-+1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjmKsZaxMheFRgvp-09Wyit-dPhcuJA9MNnzBprUI63ceFLR995KWDAqDGf9u5QMjc6HT9DpKTt3nUfiX72ChMyioItb0nzgurtNChyBUGYGakt29XaiYaXJxYO4WDf94WfL2L4rKJHMgYV/s1600/16+-+1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Yo me reía. Ella se reía. Por dentro ninguno de los dos nos reíamos. Así de plagada está la vida de incongruencias. Manifestábamos ser sinceros, mirarnos directamente a los ojos, sostenernos la mirada, pero todo era un vil acto de hipocresía, ni más ni menos. En el fondo ambos sabíamos que todo estaba roto.&lt;br /&gt;
Comenzó a romperse hacía tiempo, sin darnos cuenta, tal como sucede casi siempre. Ella en su mundo, con sus amistades, con su trabajo, sus ausencias, y todo eso que produce un ovillo inmanejable con el tiempo. Yo con lo mío. Lo mismo o más que ella. Así sucedió. De repente un día nos encontramos sentados en un banco del parque observando a todo el mundo deambular y disfrutar del día sin siquiera dirigirnos la palabra. Nos miramos y en ese cruce de miradas hablamos. Nos dijimos tímida y mordazmente todo lo que necesitábamos decirnos. Había cerca un fin, y ambos caminábamos hacia él tan tranquilamente como ganado condenado a la muerte.&lt;br /&gt;
Mientras los niños nos pasaban rasantes con sus bicicletas y algún que otro transeúnte nos echaba el ojo, nuestro mundo comenzaba a cerrarse como si se tratase de un portal mágico, uno que había ya perdido por completo su magia.&lt;br /&gt;
En la agonía de ese día volvimos caminando en silencio al departamento que compartíamos desde hacía años. Es increíble percibir cómo el tiempo horada las vidas… ¿influimos también nosotros? Nos echábamos cada tanto una mirada de soslayo y nos percatábamos que estábamos uno al lado del otro. Necesitábamos de ese chequeo visual para simular la pérdida de aquella sensación maravillosa que en los primeros tiempos nos hacía más perceptibles y receptivos. Sin quererlo habíamos quedado huérfanos de aquello, y ahora, en la deriva sentimental, ambos nos asemejábamos a dos náufragos a punto de sucumbir ante la inconmensurabilidad de un vasto océano que todo lo envolvía.&lt;br /&gt;
Ese día fue el verdadero punto de inflexión. Esa noche el divorcio silencioso, el trago amargo, el despertar del fin. Simplemente estábamos allí, en ese departamento frío y amoblado, evitándonos, tratando de no enfrentar ni siquiera nuestras miradas. Ella aún llevaba puestos sus anteojos de sol sobre su cabeza. Ordenaba su ropa, sus zapatos, perfumes, libros, de una manera estructurada y eficaz. La conocía demasiado bien, lo hacía para evitar pensar. Sé que en el fondo eso la mantenía ocupada, y con ello había logrado colocar una valla entre su corazón y el resto de su existencia para que nadie pudiera saltarla y dañarla aún más.&lt;br /&gt;
Colocó todo en cajas, luego las ordenó en el living y las rotuló a conciencia: “ropa”, “zapatos”, “libros”, “varios”, etc, etc, etc… Ahí estaba parte de mi vida, entre sus cosas. Cada objeto se llevaba impreso parte de mí y de los años que habíamos compartido juntos. El tiempo tiene ese poder impregnante, como si se tratase de un olor persistente que se pega a tu piel o ropa y no puedes desprenderte fácilmente de él. Cuando hubo embalado lo último de sus pertenencias ya se oía el eco de la inminente soledad chocar entre las paredes.&lt;br /&gt;
A la mañana siguiente, tras un par de llamados, un camión de mudanzas estacionó frente al edificio y en casi un abrir y cerrar de ojos cargaron parte de su vida y la mía. Muy fácil —dije interiormente—, y contemplé por última vez la tristeza en sus pupilas. Luego vino el abrazo, el “cuídate”, el “lo siento”, y también el “estaremos bien”. Palabras y más palabras. Una detrás de la otra intentando colocar un apósito a las heridas sangrantes y dolientes de dos humanos que habían dejado de entenderse, y ahora se desconocían.&lt;br /&gt;
El camión partió y se perdió entre las decenas de vehículos que transitaban la calle y el bullicio de la mañana. Ella hizo lo mismo, sólo que, a pasos cortos, cabizbaja y observando el suelo. Logró perderse entre la multitud y finalmente salir de mi vida. Inmediatamente tomé un abrigo y salí del departamento. No quería estar allí. Me sentía asfixiado. Parecía que también se había llevado consigo el oxígeno. Caminé un buen rato sin pensar en nada, tan solo sintiendo el dolor recorriendo cada célula de mi cuerpo. Por momentos tenía la imperiosa necesidad de querer saberlo todo, del porqué aquel abismo se había dado cita entre nosotros. Nunca hallé indicios. Siempre ha quedado flotando esa incógnita escurridiza e implacable que por momentos se torna tan vívida que se hace insoportable.&lt;br /&gt;
Los días pasaron, los meses le siguieron y aquel departamento tan luminoso se volvió sombrío e inhabitable. Pasaba por él como un alma en pena. Sólo regresaba a dormir, y por las mañanas huía lo más rápido posible. Todo se había tornado demasiado impersonal. El amor que mantenía la lumbre encendida del hogar ya no se percibía, se había esfumado, y el tiempo se encargó por completo de suturar las heridas encerrando dentro de ellas nuestras propias historias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2016/06/sutura.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjmKsZaxMheFRgvp-09Wyit-dPhcuJA9MNnzBprUI63ceFLR995KWDAqDGf9u5QMjc6HT9DpKTt3nUfiX72ChMyioItb0nzgurtNChyBUGYGakt29XaiYaXJxYO4WDf94WfL2L4rKJHMgYV/s72-c/16+-+1.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-3292524037333732405</guid><pubDate>Fri, 27 May 2016 03:59:00 +0000</pubDate><atom:updated>2016-05-27T00:59:45.854-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>Sonidos claros</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div style="line-height: normal; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
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&lt;div style="text-align: center;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;calluna&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;calluna&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Simplemente
se trataba de escuchar el sonido del contrabajo. Nada más simple y menos
complejo que eso. Claro y limpio sonido que se arrastraba por todos los objetos
que encontraba a su paso… inclusive sobre ella y sobre mí. Alguien me había
dicho que era un sonido que dejaba huella, ¡y sí que lo era! Ese día habíamos
retornado de una placentera caminata por calles solitarias. Caminamos con
displicencia, charlando de a ratos, observando balcones y marquesinas, cielos y
rostros desconocidos. Caminatas impactantes, así me gusta llamarlas. Volvimos
después de un par de horas al hotel y fue ahí que escuchamos los sonidos claros
e inequívocos del contrabajo. A ellos se les sumó el de un piano. Todo parecía
flotar a nuestro alrededor. Un cúmulo de sensaciones desplazándose entre todos
los presentes. Poesía de la vida misma…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="line-height: normal; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;calluna&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Ella
aplaudía a rabiar. Batía sus manos frenéticamente agradeciendo aquellos sonidos
que nos indicaban que estábamos vivos, que disfrutábamos de la vida como unos verdaderos
privilegiados. Cada tanto se volteaba y me observaba con sus ojos brillantes
como las noches de luna llena y una sonrisa a flor de labios. Verdadera música
para mi angustiado corazón. Aplaudía porque lo sentía desde lo más recóndito de
sus entrañas. Le encantaba expresar su amor por el arte, y esa música era arte
sin lugar a dudas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="line-height: normal; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;calluna&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Después
comenzó a taparse los ojos y dejar sólo visible su sonrisa. Entendí que era su
conexión, un medio único e ininteligible para conectarse ella misma con la
música que lo invadía todo. Me sentí un espectador con privilegios. Si bien era
parte de su mundo comprendía que mi actuación era de reparto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="line-height: normal; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;calluna&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Después
de largo rato se quitó las manos de los ojos y suspiró profundamente. Fue un
suspiro puro y profundo, como esos suspiros que son la moraleja clara e
inequívoca de haber vivido un momento impactante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="line-height: normal; margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;calluna&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Tras
despedirnos no pude quitar su imagen de mi mente. La pensaba a cada instante y
a su vez los acordes del contrabajo retumbaban en mi cabeza. Había demasiadas
notas mezcladas en mi cabeza, y todas confluían en una melodía única que
parecía arrancarme el corazón. Sentía esa sensación rayana a lo estúpido de
cuando se está enamorado, pero la negaba con todas mis fuerzas sin éxito.
Entonces en la soledad del departamento, con los auriculares puestos en mis
oídos, dejé que música celestial fluyera libre y tranquila a través de mi
cabeza. Necesitaba seguir conectado. Era la única manera de no morir
silenciosamente de amor… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;u&gt;&lt;/u&gt;&lt;sub&gt;&lt;/sub&gt;&lt;sup&gt;&lt;/sup&gt;&lt;strike&gt;&lt;/strike&gt;

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&lt;/script&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="scWidget scWidget-license" id="scwdt1605277921271"&gt;
&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2016/05/sonidos-claros.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhIJRA9lHMtIBlv8TrFIY_Xu1kXRuWhSPhKpex_st3ipQcV8KWO8goDnaNPE0IWwAhaCJZ9Ddu7phZ-o_jlaZoLkXb0gw0-RCff8pBkdnCqx0KDDfyrV5VqwNnW8jFYatOuKYvfCCLtnLi-/s72-c/d9db8e8c515ec086271ebecd413397f3.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-2092919623435864493</guid><pubDate>Sun, 08 May 2016 02:42:00 +0000</pubDate><atom:updated>2016-05-07T23:42:27.054-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>Liviandad</title><description>&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;Difícilmente el señor M podría
explicarle lo sucedido a la policía. En medio de sus gesticulaciones y su
verborragia totalmente inexpresiva terminó dando una versión totalmente errónea
de los hechos, tan torpe que terminó perjudicándolo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;El policía que estaba a cargo de
la investigación lo observaba con cierto aire detallista. Lo hizo durante un
buen tiempo sin pronunciar palabra. El señor M seguía en su embrollo,
intentando explicar algo que no tenía pies ni cabeza. “Pobre hombre”, dijo el
oficial para sí. Fue un pensamiento genuino y espontáneo. Aquel hombre
nervioso, sudado y visiblemente alterado no tenía forma de desprenderse de los
hechos que lo imputaban.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;—Estimado señor —dijo el oficial
de policía al señor M—, por más que intente aclarar los hechos salta a la vista
que usted es el culpable…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Acaso no puedo intentar al menos
defenderme aclarando los hechos desde mi punto de vista? —dijo M.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;—Lo ha intentado desde hace un
largo rato… sin embargo cada vez que abre la boca su culpabilidad es más
evidente. Le ruego calle. Por su bien se lo digo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;Entonces el señor M calló. Bajó su
mirada e inmediatamente su interior se derrumbó como lo hiciera una gran torre
al ceder sus cimientos. El oficial de policía le colocó las esposas, le leyó
sus derechos y terminó por mirarlo fijamente a los ojos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;—La verdad —dijo el oficial de
policía—, que este hecho tan sangriento es algo totalmente aberrante. Dios se
apiade de su alma, señor…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;M seguía en silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;—Verá usted, si cuenta toda la
verdad en el Cuartel de Policía, ¡absolutamente toda!, entonces puede que su
pena sea leve… de lo contrario pasará mucho tiempo tras las rejas. Lo siento.
Usted me ha parecido un buen hombre apenas lo he conocido, pero este acto tan
sangriento habla totalmente lo opuesto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;Entonces M miró al joven policía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;­—La amaba… le juro que la amaba, oficial…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;Los ojos del oficial se cargaron
rápidamente de lágrimas. Pudo apenas contenerlas por unos segundos y luego
rodaron por sus mejillas. Por un instante pensó en el dolor del asesino, en ese
instante ciego que se oculta tras la mente primitiva, y decidió perdonarlo en
su fuero íntimo. Un manto de piedad. Un perdón invisible, quedo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 6pt;"&gt;
&lt;span style="font-family: Calluna; font-size: 12.0pt;"&gt;Finalmente lo condujo a paso cansino
hacia el patrullero. Agachó la cabeza de M y lo acomodó en el asiento trasero.
Volteó hacia el lugar de los hechos y vio un silencio insistentemente voraz y
profundo. La noche caía con un manto de humedad que lentamente lo iba cubriendo
todo. El cadáver de la amante de M era fotografiado por personal de la
jefatura, sus compañeros hablaban por radio y otros examinaban los alrededores,
las luces de los patrulleros teñían los alrededores de un melancólico tinte
rojizo y azul. Allí no quedaba más nada. De todas las almas una se había
desvanecido, y tan solo Dios sabía dónde. El culpable seguía con la suya, pero
ahora cargada de un peso imposible de quitar…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2016/05/liviandad.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-609352373425805477</guid><pubDate>Mon, 04 Apr 2016 03:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2016-04-04T00:11:47.830-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amistad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">pérdida</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Recuerdos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Suicidio</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Burbujas sobre el agua</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgxVNVW7jQot9MKYThHVR1IneE2ThPdzKwHIwIb2rm3Z2ggrILwClvd0kXxbS_hQETG2V-o7LC6-G4ItxWtlSPKWAh77MJmE47E6oZoSYYtcFlDuhO0T5T4jKgz7bwlgk3hhiMjjHvH6I34/s1600/8c89fa304273f2d65aaff3a465132557.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgxVNVW7jQot9MKYThHVR1IneE2ThPdzKwHIwIb2rm3Z2ggrILwClvd0kXxbS_hQETG2V-o7LC6-G4ItxWtlSPKWAh77MJmE47E6oZoSYYtcFlDuhO0T5T4jKgz7bwlgk3hhiMjjHvH6I34/s640/8c89fa304273f2d65aaff3a465132557.jpg" width="425" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Siempre odié los talleres literarios. Fue un odio que se acrecentó poco a poco, alimentado por ver algo aquí, escuchar algo allá, y concluir que el escritor, si bien puede pulirse, nunca aprenderá a ser mejor escritor porque alguien quiera enseñárselo. Esta forma de pensar (muy mía), testaruda para muchos, criticadísima para otros, ha sido a lo largo de los años siempre respaldada desde una pequeña lumbre en el fondo de mis abominables cavernas interiores. Nada alteraba ese pensamiento, esa conclusión tan aferrada a mí. Supe discutir, en varias ocasiones, con distintos personajes: profesores de literatura, acérrimos lectores, bibliotecarios, vendedores de libros, y por supuesto, integrantes de distintos grupos literarios reales y virtuales. Pero nada cambiaba mi opinión, nadie tenía la suficiente diatriba para hacer tambalear mis pensamientos al respecto… nadie…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Decidido siempre en mi pensamiento echaba por tierra cualquier invitación a pertenecer a un grupo literario cualquiera. Al principio mis negativas iban acompañadas de buenos modales, sonrisas y miradas francas; pero con el pasar del tiempo, cuando alguien se encaramaba y me declaraba la guerra con sus pensamientos anclados, entonces olvidaba por completo la línea, y de modo belicoso iniciaba una contienda, que se transformaba en lucha, luego en guerra y finalmente en devastación atómica.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Casi no tengo recuerdos de esos feos momentos. Supongo que los he borrado inconscientemente. Así, como muchos herejes quemaron libros en piras, yo quemé y convertí en cenizas aquellas discusiones de las cuales no me enorgullezco.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
A medida que crecí, el significado de “talleres literarios” fue alejándose de mí y yo de él. Tan solo me limité a leer, y leer, y seguir leyendo. Por 1985 me hice habitué de varias librerías céntricas. Poco a poco en aquella época se adoptaba el modo de venta supermercadista en los libros: enormes áreas cubiertas, góndolas, estibas, grandes carteles anunciando ofertas, y millones de libros al alcance de la mano del lector-cliente. Se iba desdibujando lentamente aquella idea de librería atendida por un viejo librero calvo o de barba larga, y poco a poco el capitalismo comenzaba a ganar terreno metiéndose con la literatura.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Una de esas librerías a las cuales me hice habitué fue “Jardín Colorido”. Estaba ubicada en una esquina, intersección de dos importantes calles de la capital, y pertenecía a tres hermanos judíos, los cuales rara vez se dejaban ver por el local. Me gustaba su ambiente: luminoso, espacioso, claro, perfumado y con una raya de volumen de música clásica sonando de fondo. En los amplios sectores de lectura que se ofrecían uno podía pasarse horas enteras inmerso en lecturas de libros de toda índole, inclusive en idiomas extranjeros. Me pasaba allí casi todo el día. Salía de madrugada de casa, trabajaba, y tras salir de la fábrica enfilaba hacia “Jardín Colorido”. Allí conocí a Cortázar, a Nietzsche, a Faulkner, a Horacio Quiroga y muchos más. Sumido en grandiosas lecturas jamás me percataba del paso del tiempo. Más de una vez alguno de los empleados debía de avisarme que él ya se retiraba, que la librería había cerrado y que con gusto yo podría retomar mi lectura al día siguiente.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Devoré muchísimos libros en aquel entonces, y así también dejé de escribir. Ya no acaparaba mi atención la escritura. Solo sentía un ansia poderosa y desesperante de lectura.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Un día, a finales de 1987, mientras me mantenía sumergido en la lectura de un libro de García Márquez, un anciano se sentó a mi lado a leer. Traía consigo unos cuantos libros, de diversos autores. Agarraba un libro, lo abría en cualquier página al azar, y tomaba ciertas notas en un cuaderno. Así con cada libro. Aquella curiosa tarea terminó distrayéndome de mi lectura. Opté por cerrar el libro y concentrarme en la tarea del anciano. Repitió la operación con cada libro de la estiba: abrirlo en cualquier página, anotar “no sé qué” en el cuaderno y seguir con el siguiente. Todo aquello demoró no más de hora y media. Tras cerrar el último libro tomó la estiba, la colocó en el carrito y devolvió cada libro a su correspondiente estante. Yo veía cómo el anciano caminaba entre las góndolas rebuscando el lugar exacto al cual pertenecía cada libro. Paseaba el carro con cierto andar cansino, apoyándose sobre la barra trasera del mismo. Cuando hubo colocado el último libro en el lugar exacto, dejó el carro y volvió hacia el área de lectura. Entonces me habló:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— Dígame joven, ¿le he incomodado?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Observé al anciano y puse mi mejor cara de sorpresa:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— No, en absoluto, ¿por qué habría de incomodarme, señor?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— Pues he percibido que usted observaba mis movimientos. Y tal vez, pensé por un instante, mi accionar lo distrajo de su lectura.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cerré el libro e inmediatamente me sinceré con el anciano.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— Ha decir verdad algo de eso hay. Sí. No se lo negaré. Pero no ha sido nada grave, y en todo caso el culpable de tal distracción soy yo o el autor del libro que leo —dije sonriéndome.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El anciano me devolvió la sonrisa y a su vez tomó asiento a mi lado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— Lo que pasa es que soy un estudiante —dijo él— y estaba realizando mi tarea.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— ¿Estudiante? —pregunté confundido.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— Sí. Verá. Participo en un grupo literario llamado “Burbujas sobre el agua” y una de las tareas para esta semana entrante era tomar al azar frases interesantes de cualquier libro. Así que se me ocurrió que podía hacerlo aquí ¡¿Qué mejor lugar?!, ¿no le parece, joven?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Asentí.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El anciano en cuestión se llamaba Carlos (”Don Carlos” para mí, hasta siempre). Mientras mantuvimos aquella charla poco a poco confraternizamos y su carisma y personalidad fueron comprando tangiblemente mi beneplácito. Fue así, que un día de marzo de 1988 por primera vez en mi vida asistí a un taller literario. Tras varios intentos y ruegos por parte de Don Carlos accedí a participar en algunas de las reuniones. Yo, el joven que durante años había despotricado contra tales reuniones “buenas para nada”, ahora era partícipe de una. Y aunque parezca ridículo y risueño, las horas y días que pasé en aquel taller conforman hoy lo mejor de mis recuerdos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Allí conocí a muchos seres humanos que fueron y son aún hoy mis amigos. De esos amigos incondicionales. Marta fue una de ellas. Era quien impartía las reglas, las consignas y dirigía a “Burbujas sobre el agua”. Fue la primera en darme la bienvenida y en escuchar mi opinión sobre la literatura, la escritura y los talleres literarios. Recuerdo que mientras yo hablaba ella me miraba con su dulce mirada. Era imposible no sentirse cósmicamente atrapado en el candor de aquellos ojos sexagenarios. Marta amaba la literatura tanto como amaba su propia vida. Después de escucharme por más de media hora tan solo dijo unas pocas palabras: “serás un gran escritor”. Jamás olvidaré esas palabras, ni cómo sonaron haciendo eco dentro de mí, ni mucho menos con la dulzura con las que fueron pronunciadas por sus labios. La sinceridad tiene un poder inconmensurable cuando parte de labios carentes de hipocresía.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Después de aquel día de presentación Don Carlos y yo pasábamos a buscarnos mutuamente para ir al grupo. Jamás faltábamos a una reunión. Nos reuníamos los lunes, los miércoles y también los viernes. En verano lo hacíamos en casa de Marta, debajo de la parra, en el patio: nos sentábamos en derredor, y así pasábamos horas de lecturas, charlas, discusiones y ejercicios creativos, hasta que las estrellas nos sorprendían y cada uno salía disparado a su hogar. En invierno, lo hacíamos en casa de Inés, junto a la estufa a leña, desperdigados en el suelo, sobre almohadones, como si fuéramos niños inquietos jugando en el piso. En ninguna de las reuniones faltaba el mate. Cada día le tocaba cebar a alguien distinto. Nos turnábamos para ello. Siempre llegué a la conclusión que mientras estábamos reunidos el tiempo no avanzaba. Parecía detenido, eterno, y eso me encantaba. Poco a poco me había compenetrado con aquel grupo de personas amantes de la literatura. Habíamos llegado a tal punto de fusión que tan solo con mirarnos o escuchar el tono de voz tras la primera frase de lectura sabíamos cómo nos sentíamos y qué clase de día había sido para cada uno. Una hermandad silenciosa, unida por el compañerismo, el sentimiento único de las palabras y por sobre todo, del respeto.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
“Burbujas sobre el agua” era perfecto. Compartíamos todo, inclusive momentos especiales de nuestras vidas: el nacimiento de una nueva nieta de Don Carlos, el casamiento de Alicia, la melancolía de la muerte del padre de Adolfo, y la fiesta de quince años de la hija de Marta. Todo se volcaba al grupo y todos nos sentíamos partícipes. Se había formado una profunda hermandad. Sin embargo, toda esa “conexión”, sufrió un verdadero cortocircuito y vuelco una noche de octubre de 1990, cuando sonó el teléfono en mi casa: Marta se había suicidado. Así lo decía Alicia por teléfono: escueta, casi inentendible por los sollozos. La palabra suicidio sonaba fuerte, extremadamente dura a mis oídos, y más sabiendo que el ser humano que había llevado a cabo dicho acto era Marta, nuestro líder, el alma máter de “Burbujas sobre el agua”.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Acudí a la policía y me interioricé de lo sucedido. Era demasiado penoso para ser soportable. Marta se había duchado, se había pintado las uñas, puesto su mejor vestido, sus sandalias preferidas, y con un cinturón se había colgado de la parra. Pero con la mala suerte de que la parra no aguantó su peso y se quebró, haciendo que Marta cayera de bruces al suelo y se rompiera su nariz, y fisurara su cráneo. Aun así, arrastrándose y dejando un gran charco de sangre tras de sí, volvió a colgarse, esta vez de un caño de gas que sobresalía del techo, y allí sí encontró la muerte. Mientras el oficial me contaba los pasos del suicidio pensé en la obstinación para matarse, en la decisión acérrima de Marta de quitarse la vida ¿Por qué Marta?, ¿por qué?…&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Nunca lo sabríamos. Marta había decidido marcharse sin decir nada, sin dejar una nota, sin un texto alusivo, sin una de sus poesías, sin ninguna pista que nos orientara y nos aliviara un poco el dolor. Después de su muerte, “Burbujas sobre el agua” lentamente comenzó a disolverse. Faltaba algo en el grupo y eso era irreemplazable. Nuestra alma máter había claudicado, y con ella se había llevado la esencia del grupo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cierta tarde, a los pocos meses de la muerte de Marta, mientras estábamos reunidos en casa de Don Carlos, tuvimos un profundo diálogo entre todos los integrantes. Hablamos sobre ser o no ser, vida y muerte, inicio y fin. Cada tanto algún integrante sollozaba, a otros les caían lágrimas. Inclusive yo, que por más que quise mantenerme firme y no dejarme vencer por los sentimientos, arrojé un puñado de lágrimas a mis mejillas. Todos de algún modo extrañábamos a Marta. Con ella se había ido parte también de nuestro amor por aquel grupo y ese magneto que nos mantenía unidos incondicionalmente.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Comencé a ralear mis idas al grupo y me guarecía en los amplios sillones para lectura de “Jardín Colorido”. Me sometía a profundas lecturas con la pura intención de olvidarme paulatinamente de la muerte de Marta y de las reuniones grupales. Necesitaba escabullirme. Sin embargo, una de esas tardes en las cuales había desertado al grupo, sonó mi flamante teléfono celular. Era Don Carlos:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— Oye, escucha, hemos encontrado una tarea que Marta escribió para nosotros y nunca la vimos. Está fechada el día de su muerte, y está dirigida al grupo. Nos gustaría que te nos unieras así la llevamos a cabo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
No lo dudé un instante y salí disparado hacia el lugar de la reunión.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Al llegar vi que estaban todos. Nadie había querido estar ausente. Creo que todos teníamos la sensación de que Marta había planeado aquello. Tal vez era su modo de despedirse de nosotros, ¡¿y qué mejor forma de hacerlo que con las letras?! Tomamos asiento como lo hacíamos siempre, en círculo. La silla de Marta también estaba en su lugar, y sobre ella sus libros, su cuaderno y su birome. Alicia tomó el papel con la tarea escrita por Marta y leyó para todos en voz alta. Tras finalizar se produjo un profundo silencio. Al principio nadie se movió de sus asientos, ni siquiera miró a quien tenía a su lado. Supongo que todos estábamos invadidos por una profunda congoja. Alicia tomó asiento y se unió al silencio de los demás. Así permanecimos un buen rato, mascullando la tarea dejada por Marta, recordándola como persona, trayendo a nuestra mente memorias de un pasado inmediato en donde nuestra amiga nos deleitaba con sus enseñanzas y compartía sus alegrías. Debo decir que fue horrible, pero necesario también. Días después, cuando volvimos a encontrarnos con algunos de los presentes, coincidimos en que aquello fue una especie de duelo. Un duelo grupal.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
La tarea consistía en imaginar palabras encerradas en burbujas, las cuales al explotar se liberaban y tras la liberación debían de servir de musas inspiradoras para textos que debíamos escribir. Sonaba cursi y fantástico a la vez. Todos aceptamos la consigna sin hacer siquiera una queja o consulta. Escribimos varios textos, poemas, relatos. Luego los fuimos leyendo. Leímos hasta entrada la madrugada mientras nos encontrábamos con las miradas tristes y bañadas por la fuerza del oleaje del pasado. Todos recordábamos en alguna frase a Marta. Después de aquel encuentro, de aquella última práctica grupal, el taller literario jamás volvió a reunirse.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Años después, ya cuando los integrantes del taller nos habíamos dispersado y no nos habíamos vuelto a ver, recordé aquella consigna cierto día en el cual me encontraba leyendo en una librería céntrica. Ya no pasaba las horas en “Jardín Colorido”, ahora lo hacía en pequeñas librerías que solían colocar un par de sillones de orejas y taburetes. Me había vuelto más huraño y más habitué de los lugares pequeños, con poca luz y paredes de libros hasta el techo. Esa sensación de aprisionamiento entre libros me brindaba protección. Al recordar la consigna también recordé cada rostro de mis amigos del taller. Me retrotraje en el tiempo y me parecía que todo estaba intacto, que faltaban pocas horas para ir al encuentro con ellos, que Marta llegaría con libros bajo el brazo y alguna anécdota de su vida. Sin embargo, enseguida todo aquello se volatilizó. Volví a caer en la tangible realidad. Aun así recordé las palabras que había elegido aquel día y había encerrado en las burbujas:&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: center;"&gt;
MAR - CIELO - CASTILLO - TIERRA - VIDA&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Y con todas ellas fabriqué un extenso relato, en el cual un personaje llamado Marta, burlaba de mil formas la muerte, afianzándose a la vida, recorriendo la vastas tierras del norte, navegando bajo mares cubiertos de cielos límpidos, intentando, como si fuese una verdadera heroína, encontrar un &amp;nbsp;castillo perdido en la nada, en el cual se encontraba guardada la dosis justa de felicidad para vivir eternamente.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Aquel relato había conmovido a mis amigos. Tras leerlo habían sollozado y llorado todos. Sin excepción. Inclusive yo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Aquellos ojos llorosos y rostros cargados de dolor quedaron aprisionados en mi memoria y en mi corazón. Conforman un recuerdo de mi vida perfecto, que sigue latente, movilizando todos mis sentidos cada vez que se presenta en mi mente. Pienso, hoy, siempre, que aún todos aquellos alumnos nos seguimos reuniendo con nuestra querida Marta, debajo de la parra, y escribimos y leemos hasta entrada la madrugada. Parimos textos, forjamos eslabones acerados de amistad, compartimos momentos de nuestras vidas que jamás olvidaremos. Y aunque cedo ante tal engaño a mi mente y miro hacia el costado, tengo la certeza que algún día nos volveremos a reunir todos otra vez. Volveremos a leer grupalmente, a escribir, a recitar, a soñar. Tal vez lo hagamos en un castillo, o en medio de una isla, o al borde de un acantilado, no lo sé. Pero ahí estaremos, junto a Marta, a la muerte, y a la vida.&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(Escrito en noviembre de 2012...)
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2016/04/burbujas-sobre-el-agua.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgxVNVW7jQot9MKYThHVR1IneE2ThPdzKwHIwIb2rm3Z2ggrILwClvd0kXxbS_hQETG2V-o7LC6-G4ItxWtlSPKWAh77MJmE47E6oZoSYYtcFlDuhO0T5T4jKgz7bwlgk3hhiMjjHvH6I34/s72-c/8c89fa304273f2d65aaff3a465132557.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-1500999416619700462</guid><pubDate>Tue, 26 Jan 2016 19:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2016-01-26T16:54:51.979-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">soledad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Sueños desoladores</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjKuwz9Vbj1dltb07kx40No1yuNoVsv4_SaFVDkQT3QYaKoICiaNU_HzHGSEOg6YYSosL9S2Z4XB3WDR3WDvsU_NWoa6Mme2Bu1YY-RlwkJMMD0842OluxqfGzprzeYqUNtHoXCUAulprCD/s1600/Jane+Peterson+www%252Ctuttartpitturasculturapoesiamusica%252Ccom+%252813%2529.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjKuwz9Vbj1dltb07kx40No1yuNoVsv4_SaFVDkQT3QYaKoICiaNU_HzHGSEOg6YYSosL9S2Z4XB3WDR3WDvsU_NWoa6Mme2Bu1YY-RlwkJMMD0842OluxqfGzprzeYqUNtHoXCUAulprCD/s400/Jane+Peterson+www%252Ctuttartpitturasculturapoesiamusica%252Ccom+%252813%2529.jpg" width="316" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Le he visto un gesto molesto. Ha tomado un mechón de sus cabellos y lo ha puesto detrás de su oreja. Lo hizo con cierta violencia, tal vez desapercibida para el resto de las personas en la sala, pero muy gráfica para mi visual. He reconocido el gesto nomás alzó su mano, que posaba plácidamente sobre el mantel cargado de dibujos de rosas variopintas. Tal vez mi sorpresa se debió al mucho tiempo que pasó de verle un gesto semejante. Años, muchos años ya.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras acomodarse el mechón volvió a tomar temblorosamente la hoja de papel, la cual se movía vivazmente un poco por su edad y más aún por la noticia que transmitía a todo su sistema nervioso. Leyó con prisa, como quien necesita el final antes del principio. Tras llegar al punto final repasó las rúbricas, los sellos, y dio un par de vueltas al papel.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—No creo que sea cierto —dijo con mucha tensión. Es ilógico. No conocí jamás a ese señor. Ni siquiera sé quién es, ni conozco a su familia. Nada. No entiendo… ¿podrías explicarme?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomé aire, organicé los pensamientos en mi mente de manera lineal, y comencé a hablarle pausadamente, explicando cada detalle de la misiva. Ella me observaba con fijación. Parecía un animalillo asustado y con profundo deseo de huir. Pero no interrumpió. Dejó que explicara todo con lujo de detalles. Finalmente, cuando callé, carraspeó nerviosamente, sorbió un poco de té, y miró hacia el ventanal de la sala.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—Aun así, por más claro que lo veas y expliques, no lo conozco. —sentenció.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y su sentencia tenía cierta lógica. Heredar una mansión con noventa y cinco salones no es algo común y más si no tienes idea del benefactor, del ser humano que dejó testamentado que eres el objeto depositario de una suerte casi única y muy envidiada. Sin embargo, y más allá de ella no reconocer quién era aquel benefactor, él sí la reconocía, y lo hizo siempre con profundo cariño y amor. Pero el límite existía, y ante eso yo ni nadie podía hacer absolutamente nada. Debía mantener mis labios sellados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Terminamos de tomar el té y dejamos el salón. Afuera caía una leve garúa otoñal. Una borrasca se mantenía acechante sobre los edificios de la ciudad, empalideciéndolo todo. Caminábamos despacio. No nos mirábamos. Supongo que en su interior había un diálogo tumultuoso y cargado de preguntas, las cuales yo no quería ni siquiera imaginar.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—Deberías firmar y aceptar el testamento —dije interrumpiendo frenéticamente el silencio impuesto entre ambos. Deberías hacerlo… después de todo imagínate lo que allí podrías hacer… desde montar distintas salas de arte hasta hermosas exposiciones de pinturas. Conoces a muchas personas en la ciudad que estarían encantadísimas de exhibir su arte allí. Piénsalo…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguió caminando ensimismada y pensativa. Mis palabras parecían haber caído en saco roto. Nos detuvimos frente a una vidriera de ropa femenina. Observó con detenimiento vestidos, sombreros, chales de vivos colores y a la moda.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—Mira —dijo señalando un bonito vestido. ¿Te percatas de su delicadeza? La tiene y mucha. Quien lo diseñó seguramente lo hizo pensando en una mujer bella, rica y de finas curvas. Siempre que pones amor en algo que haces enfocas un objetivo. Eso te moviliza. Tú me hablas de una mansión enorme, gigante, un obsequio que dejaría boquiabierto a mediomundo, y cuando lo haces pones énfasis en esa majestuosidad y todo lo que podría yo hacer con ella… pero dentro de mí hay una voz susurrante que habla de un supuesto reino que no es mío, de una supuesta fortuna que no reconozco, de un supuesto parentesco que desconozco. Créeme que en todo este rato lo he pensado y siendo sincera he de decirte que todo esto parece un sueño, un gran sueño desolador…&lt;br /&gt;
¿Acaso crees que quien diseñó el vestido se sentiría feliz que una mujer diametralmente distinta lo luzca? No. Seguramente eso lo pondría infelizmente triste…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
—Mereces ese obsequio. Nadie mejor que tú para disfrutarlo y hacerlo brillar… —acoté.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Continuó un breve momento observando el vestido. Lo hacía sin inquietud, totalmente ausente a la acción. La tomé por los hombros y mirándola a los ojos sonreí con cierta tibieza, intentando así bajar sus murallas. No lo conseguí. Bajó su mirada, posó su cabeza en mi hombro y así se quedó cual animal indefenso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La borrasca se precipitó con fuerza. La lluvia caía a raudales y el viento soplaba por momentos con atroz intensidad. Nos guarecimos en la entrada de un edificio. Junto a nosotros había otros que también fueron sorprendidos por la inclemencia del tiempo. Permanecimos allí un largo rato, ambos en silencio, observando cómo la naturaleza descargaba su ira en contra de todo lo que se hallaba a su paso. Cuando mermó la intensidad decidimos volver a nuestros respectivos hogares. Un tímido apretón de manos fue nuestro último contacto.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de aquel día no volví a verla. El testamento perdió su validez y la mansión pasó a manos del Estado. No había ningún pariente vivo del difunto. Sólo ella. Realicé todos los trámites necesarios para que el uso que se le diera a tal palacio fuera pura y exclusivamente artístico. El gobierno de la ciudad lo aprobó y destinó muchas actividades de distintas artes en cada uno de sus salones. A diario, tras salir de mi oficina, pasaba por el frente de sus jardines y contemplaba con entusiasmo la majestuosidad de aquella edificación. Por momentos pensaba si hubiera sido justo que semejante obra arquitectónica terminara en manos de una única persona, pero inmediatamente renegaba de esos pensamientos y enfocaba en el rostro de aquella mujer que lo rechazó con tanta vehemencia y testarudez. ¿Acaso la vida podía ser más injusta? Quien construyó aquella mansión lo hizo junto a ella, pero su enfermedad y la vida se encargaron que lo olvidara. Ahora para ella semejante monstruo no representaba nada. Sólo una carga que no podía aceptar. Otros entonces lo disfrutaban: expresaban su arte y lograban con ello que el lugar resplandeciese.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal vez, ¿por qué no?, ese fuera el verdadero final que debía tener todo. Al igual que el vestido, quien diseñó aquella mansión tuvo un objetivo y no era una única alma, sino miles de ellas…&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2016/01/suenos-desoladores.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjKuwz9Vbj1dltb07kx40No1yuNoVsv4_SaFVDkQT3QYaKoICiaNU_HzHGSEOg6YYSosL9S2Z4XB3WDR3WDvsU_NWoa6Mme2Bu1YY-RlwkJMMD0842OluxqfGzprzeYqUNtHoXCUAulprCD/s72-c/Jane+Peterson+www%252Ctuttartpitturasculturapoesiamusica%252Ccom+%252813%2529.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-9001124901882462433</guid><pubDate>Tue, 22 Dec 2015 13:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-12-22T10:52:28.151-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">esperanza</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>Luz difusa</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Entre la luz difusa que se produce al atardecer entre la tierra y el horizonte parece haber segundos de tiempo dormidos, completamente extasiados, resistiéndose a desaparecer o a continuar con esa incansable rutina de avanzar linealmente hacia el infinito. En esa luz las miradas suelen perderse. Son atrapadas de un modo casi magnético, y así, los ojos se posan en un horizonte más etéreo que físico y la mente divaga, se compenetra con la nada misma y los pensamientos lo inundan todo permitiendo al individuo hipnotizado y extasiado bucear a lo largo del tiempo: pasado, presente y un hipotético futuro.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El viento del desierto corre sibilante, ajeno a todo. El hombre que contempla el horizonte lo hace en paz, sentado en una terraza de adobe y piedra, en completa soledad. Pocas personas se hospedan en el albergue. Es una temporada baja para el turismo, sin embargo, siempre hay quienes gustan de aislarse y tomar contacto consigo mismo. Desde que llegó ha pasado cada atardecer contemplando la puesta de sol. Se dirige en silencio desde su cuarto a la terraza y allí, compenetrado profundamente con la armonía cielo-tierra, se queda en trance sin importarle nada.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Fue entonces que la mujer de rasgos delicados y figura esbelta lo vio por primera vez en su vida. Ella viajaba desde Inglaterra a Sudáfrica, y en su itinerario decidió también asistir a la comunión del silencio que producen los atardeceres en aquel lugar del mundo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Se vieron cómo se ven los que se ignoran. Se miraron sin mirarse. Estuvieron por vez primera más juntos que nunca, a pocos centímetros un cuerpo del otro, sin siquiera percibirse. A lo lejos, cuando la tierra ahora tibia comenzaba a engullir el sol, los pensamientos de ambos danzaban armónicamente y en completo silencio. Ambos estaban tan absortos, tan idos, que hasta el mismo silbar del viento era ignorado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Fue él quien la miró al rato y observó sus facciones suaves y atractivas. Notó en la piel de esa extraña mujer el paso generoso del tiempo, de la vida misma. Tan joven, tan bella y a la vez tan extraña. Sin embargo, no dijo una palabra. Sólo se limitó a observarla, con insistencia, de soslayo, con esa timidez que se apodera tanto de hombres y mujeres al momento de la conquista.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Pero ella no percibía la mirada del hombre. Sus pensamientos se remontaban más allá de la puesta del sol, tal vez a escenas del pasado, a momentos olvidados que ahora le parecían muy vívidos. Pero también fue ella quien repentinamente le lanzó una mirada sin tiempo, profunda y rápida, dándose cuenta que él la observaba. Sus labios se cargaron de timidez, pero eso no bloqueó una débil mueca de sonrisa. Eran dos extraños en medio de un desierto en el cual muy pocas almas lo habitaban. Él receptó la mirada y sintió el impulso irrefrenable de hablarle, de saludarla, de presentarse o tal vez de gritar. Sin embargo, y a pesar de todo, de los impulsos también está cincelado el humano y tras un breve saludo la vida de ambos cambió para siempre.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;i&gt;“Tal vez”&lt;/i&gt; –dijo él años después- &lt;i&gt;“si hubiese evitado el saludo, si no hubiese sonreído, si mi campo de percepción visual hubiera seguido enfocándose en el horizonte mi vida hubiera seguido otros derroteros, otros caminos. Sin embargo, bastó un simple y escueto saludo para que nuestras vidas bifurcaran…”&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Las guerras, las hecatombes, los desastres naturales, las revoluciones, todo tiene un inicio en alguna parte, y sucede cuando uno menos lo imagina. Así, entre el lejano horizonte y la pequeña sonrisa a flor de labios se creó una burbuja, atemporal, donde la vida de la mujer desconocida y la de él confluyeron para iniciar un camino juntos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Al anochecer de ese día la terraza estaba vacía. El viento proveniente del mar soplaba fresco y con más fuerza. Dentro de las habitaciones de paredes de adobe las lumbres oscilaban temblorosas, movilizándose por corrientes de aire que brotaban de cualquier hendija. La noche caía implacable sobre el desierto. Las estrellas se mantenían altivas y titilantes, irradiando sus destellos sobre la superficie ahora fría y dormida de la tierra. En una de las habitaciones un hombre y una mujer hacía horas acababan de pactar su futuro, sin siquiera darse cuenta. Fue el destino el único fisgón atrevido que se encargó de echar los dados y tensar ese delgado hilo rojo del que tantas religiones antiguas hablan. Allí, en medio de la nada misma, entre el calor tibio de los cuerpos en poses amatorias, se estaban escribiendo nuevos recuerdos, fugaces añoranzas, y tal vez, por qué no, tristes olvidos.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Garamond Pro&amp;quot;,serif; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;© Miguel Luis
Aguilera&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/12/luz-difusa.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhmL4HwnTFgwgNIAiBelpMRTN1RxbKLzif8DZghsjLRJ8b_yBulF5lodhyphenhyphenoSwASd6OHk4mh9FoMgKlpVlePlkIYRSLgDS61iVf3H_cQMZlBvsRz1BFL1MceU7vkTvOAhDUegcXlWCU_fwHU/s72-c/grace-in-the-desert.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-485751981674002356</guid><pubDate>Tue, 15 Dec 2015 03:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-12-15T00:52:24.700-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Avanzar</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">pérdida</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">soledad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Plomo</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
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&lt;br /&gt;
Lo escribimos en una servilleta. Primero ella, después yo. Afuera llovía. Diluviaba. Sin embargo, poco importaba… casi nada… nada. La servilleta era quien tenía el foco de atención. Una vulgar y simple servilleta de papel, ordinaria, descartable. &lt;i&gt;“¿Sin rencores?”&lt;/i&gt;, me preguntó. &lt;i&gt;“Sin rencores”&lt;/i&gt;, respondí. Así debía ser.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Escribió con dificultad. Un poco por el nerviosismo, otro poco por secarse las lágrimas y también porque la servilleta dificultaba el trazo de la lapicera. Escribió… y escribió. Finalmente indicó el punto final con gran presión, como si después de ese punto estuviera un abismo inconmensurable.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;“Tu turno”&lt;/i&gt;, me dijo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomé la servilleta de papel y sin leer lo escrito por ella comencé a escribir. Al principio tuve demasiados impulsos, pero los frené a tiempo. No debía. Eso mismo me dije. No. Así no. Prolijamente: &lt;i&gt;“Sé que no es fácil…”&lt;/i&gt; comencé escribiendo, y luego, entre titubeos y nerviosismo, comencé a explayarme tanto como la vasta llanura de papel me dejó hacerlo. Al terminar también puse un punto, final.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doblé la servilleta con mucho esmero. Debía quedar así, como un pequeño cofre custodiando un gran tesoro. Abrimos juntos la diminuta caja de madera y ambos, tomando una punta de cada lado de la servilleta doblada, lo colocamos dentro. Luego la cerramos y nos quedamos mirándonos, en silencio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;“Que así sea”&lt;/i&gt;, dijo ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Asentí con mi cabeza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;i&gt;“Nos falta nuestra firma… y la fecha”&lt;/i&gt;, dijo casi sollozando ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sí, faltaba eso. Firmamos sólo con nuestros nombres y luego yo añadí la fecha… ¿acaso importaba?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces nos levantamos, nos saludamos con un beso tibio en las mejillas, y cada uno tomó su rumbo, el itinerario que debía seguir en su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La caja de madera quedó en mi mano. Me aferré a ella como si se tratase de un tesoro invaluable. &lt;i&gt;“Eres mía”&lt;/i&gt;, dije en susurros. Sin embargo, habíamos hecho una promesa. Habíamos prometido nunca abrir la caja, a menos que la vida volviera a juntarnos. Sabiéndolo sentía el enorme peso de la diminuta caja en mis manos. Pesaba como miles de toneladas de plomo, por más que ella fuera tan diminuta. Dentro estaba mi deseo, y también el suyo, y aún hoy no sé si se ha cumplido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/12/plomo.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh7j03qSWETnT6OVFqwdC-SQiMD7yTn9xoqz48K__KUsaqA36Ib6zea6K94R6RLr1m85b0AEUTciTNpQ8vDZBjupr-3C-ob2Bj1hCBdKwvOgKRdUtLQPQPdwgJ_9A05Eb4EOCOoSAg3YPQI/s72-c/tumblr_nzcsakBNjR1ugas5oo1_1280.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-2029430946280499866</guid><pubDate>Wed, 02 Dec 2015 14:10:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-12-02T11:10:41.156-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>Modos de mirar</title><description>&lt;br /&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Debe ser impensado para la señorita Estévez recorrer su camino diario al trabajo sin observar todo lo que acontece a su alrededor. Y digo impensado porque estoy casi seguro que lo es. Jamás tuvimos una palabra, jamás nos presentaron, sé su apellido por la credencial que lleva a diario en su chaqueta, y que sube en el mismo colectivo que nos conduce a ambos a nuestras oficinas, asientos de por medio, minutos de vidas desincronizadamente distantes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Lo observa todo. &amp;nbsp;Es como un águila al acecho, incapaz de ir contra lo que dicta su propia naturaleza. Si lo observa es porque lo ve, porque lo presiente y siente curiosidad. Entonces yo también observo, y uno que otro pasajero lo suele hacer. El detalle más mínimo cae bajo esa observación implacable de la señorita Estévez. Y todo sucede en el colectivo, cuando va completamente atestado de personas somnolientas que irremediablemente asisten a sus trabajos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Supongo que es como un festín para sus ojos que aplica inmediatamente tras el pedido urgente de su curiosidad. Por momentos lo he pensado así. Debe haber cierta ansiedad cargada de regocijo en ese acto de escudriñarlo todo. Siempre ubicada en uno de los asientos traseros, sin necesidad de mover mucho su cabeza, se mantiene altiva y alerta. Creo que nadie se ha dado cuenta de su “jueguito” pasajero. Salvo yo, claro. Tampoco sé si se ha percatado que yo la he desenmascarado. En mi creencia diría que no, que ignora que yo soy quien la observa usando su propia técnica. Y eso se siente extraño. Quien observa es observado. Quien pasa desapercibido es percibido por otro. Parece algo cíclico que es ignorado por uno y sabido por otro. Tal vez alguna ley, no lo sé…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Esta mañana ha subido al colectivo y se ha sentado a mi lado. Esa acción me ha puesto muy nervioso, pues me ha sido difícil observarla. Cuando lo hice creo haber percibido que quien era observado era yo. Sentí nervios en esos momentos. La trampa perfecta. Ella, totalmente erguida, se mantenía con la mirada hacia adelante, tal vez observando la nada, o algún que otro pasajero distraído. Sin embargo, me he sentido su conejillo de Indias. Estuve en su foco perimetral por demasiado tiempo. Y es ahí, cuando caigo en ese fino cálculo, donde me he sentido vulnerabilizado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Después de unas cuantas paradas realizadas por el colectivo he volteado y mirado directamente a los ojos, pero ella no se inmutó. Permaneció rígida, siempre con su mirada al frente, ambas manos apoyadas sobre su cartera y esta sobre su falda. Una estatua de cera tenía seguramente mucha más gracia. Rápidamente he vuelto a mirar al frente. El sudor se apoderaba por completo de mi piel y los nervios caldeaban mi interior. Imposible no sentirse vulnerable a su lado. De ella siempre ha venido ese oleaje de percepción como cual agujero negro es capaz de engullir una estrella enana.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Al llegar a la parada de nuestros respectivos trabajos ha colgado su cartera del hombro, tomado el manillar y dispuesto a bajar. Primero me he levantado yo y caminado por el pasillo, en espera que otros pasajeros descendieran. Y ha sido en ese ínterin que he sentido su mirada en mi nuca, tal vez con una mueca de sonrisa en sus labios, analizando mi cabellera con ánimo de tomar por completo los pensamientos de mi mente. El mundo ha parecido detenerse, volverse completamente sordo e inaudito. Todo ha girado como en una cámara lenta, con extremada lentitud. He bajado los escalones, caminado un par de pasos por la vereda hasta detenerme y luego he volteado para observarla. La vi alejarse con su clásico caminar cansino, cartera colgada, pelo al viento, y me ha parecido ver una estela de satisfacción salir de su rostro. Admito que la he visto bella, con esa belleza tan intrigante como lo es ella por completo. Y he retomado mi camino al trabajo abatido, sintiéndome una presa más de su mirada, de su percepción sensorial.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Tras llegar a la oficina me he sentado al escritorio y observado los edificios, el cielo, la inmensa cantidad de luz que penetra por los amplios ventanales. Pensé en el mar, en las olas, en las cosas finitas e infinitas. En cómo el oleaje suele arrastrar cosas extrañas y dejarlas sobre la playa con la marea. La señorita Estévez es así de extraña. Tal vez un oleaje incompresible la arrime a diario a la playa habitada por muchas personas, pero luego ese mismo mar se encarga de tomarla y llevársela consigo. Y es ahí, en ese mecanismo invisible que pasa inadvertido, en donde sé que jamás reparará completamente en mí. Sólo soy un diminuto y pálido náufrago, en una isla desierta, con una playa demasiada acotada que espera su visita y sufre al momento que la rapta nuevamente el mar y se la lleva consigo.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;adobe garamond pro&amp;quot; , serif; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;© Miguel Luis Aguilera&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;adobe garamond pro&amp;quot; , serif; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;adobe garamond pro&amp;quot; , serif; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;adobe garamond pro&amp;quot; , serif; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/12/modos-de-mirar.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi0QmkwRUc1OzNAmKzJWERorziIIlvYoqILjRYMaXAUNcXI7SOfoYGurFYoIhDsI1h_g-fK92Qg1VP64ZAIRJbvLqGidRCrqi_TtfXCiYkmclnqsyyYS5hfmWMH1MEMJ0VyOLFnBBnQzs_k/s72-c/cita_autobus-e1446418849348-607x300.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-8948867039080432955</guid><pubDate>Wed, 25 Nov 2015 20:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-11-25T17:22:34.811-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Atreverse</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">memoria</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>La trampa</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiIAGJO8kjn26baQYlNweOkOr8V7vRRLLBMoacE45TuyVzf4MeClL0b4TnW3iltAQubUFs35vpd4WCap6EdFE-8_t13JuLKAH8uMWimk8W0lghLg7YwRu3EiSM3oGbYiSFNNYVnAKLTFYD2/s1600/oso.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="400" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiIAGJO8kjn26baQYlNweOkOr8V7vRRLLBMoacE45TuyVzf4MeClL0b4TnW3iltAQubUFs35vpd4WCap6EdFE-8_t13JuLKAH8uMWimk8W0lghLg7YwRu3EiSM3oGbYiSFNNYVnAKLTFYD2/s400/oso.png" width="346" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Siempre he sido una mujer que sabe cuándo mirar y cuándo no. Me jacto de ello para mis adentros. Es una victoria silenciosa que tiene su premiación positiva: evita problemas y permite expresar emociones. No es algo con lo que he nacido. Consideré siempre que no es así. Yo diría que es algo que he logrado pulir con el tiempo, clavijas que he logrado tocar minuciosamente hasta encontrarle el punto óptimo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Siendo niña solía bajar la mirada ante los retos de mis padres. Era algo innato. La voz alzada, el volumen in crescendo, y la furia en los ojos de mi padre, por ejemplo, hacía que todo mi ser comprendiera que la mirada encerraba la comprensión de la situación vivida. Lo mismo sucedía con mi madre. Pero con ella era todo al revés. Sus ojos transmitían sosiego y vida, y en los modos de sus miradas iban añadidos puñados de sentimientos y sensaciones. Mi madre era expresividad pura, sin contención, liberada a los impulsos y a las sensaciones en extremo. Así sentía yo su proximidad, y así también la reconocía por sus miradas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Un mediodía de invierno pasé por casa de mis padres. Sin planificarlo me invitaron a cenar y acepté gustosa. Las cenas en el seno familiar siempre tuvieron un halo brumoso de seriedad. Mi padre lo imponía con sus gestos y movimientos, y mi madre lo secundaba con la disposición de la cubertería, la vajilla, e inclusive el tipo y color de los manteles. Reconozco que no era feliz en las comidas familiares. El clima se volvía tenso, demasiado silencioso y asfixiante. Mi padre parecía decirlo todo con sus ojos, desde pedir algún utensilio hasta increparte para que te calles. Eran momentos con tonos dictatoriales en donde todos debíamos ser sumisos a sus deseos y conclusiones. Sin embargo, aquella noche, mientras veía cómo cortaba parsimoniosamente el asado de carne vacuna, tuve el arrebato, profundo y espontáneo, de preguntarle por sus sentimientos hacia mi persona. Necesitaba que de sus labios expresara lo que sentía por mí, su hija primogénita. No sé por qué lo hice, pero tampoco me cuestioné demasiado por ello. Durante los segundos que duró aquella pregunta salir de mis labios el mundo pareció enrarecerse de una manera inaudita, con extrema lentitud, visualizando todos los que estábamos a la mesa un único objetivo: la gesticulación facial de mi padre.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Creo que lo primero que observé fueron sus labios. En ellos había siempre un rictus desangelado que lo convertía muchas veces en un hombre demasiado gris. Era fácil interpretar sus estados de ánimo, tal vez demasiado para mí gusto. Tras preguntar no emitió respuesta inmediata. Sus ojos siguieron posados sobre el plato. Sus pensamientos parecían pasar por delante de sus ojos ¿Acaso tanto debía pensar aquella respuesta? ¿Tan difícil es decir cuán importante es un hijo para un padre? Finalmente posó ambos cubiertos, levantó la mirada y me observó con detenimiento. Fue un momento extraño: sentía una sensación entremezclada de algo trágico que podía suceder y todo lo contrario. Mi madre se mantenía inmóvil, sin siquiera echar bocado. El resto de la familia permanecía en silencio, todos expectantes ante una respuesta que para mi gusto se hacía esperar demasiado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—&lt;i&gt;Eres mi hija primogénita, y por ende la que me enseñó de algún modo a ser padre…&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ese fue el inicio de aquella respuesta. Luego le siguieron entrecortadamente algunos adjetivos más, y un par de verbos que no tenían mucho sentido al relacionarlos entre sí. Noté la incomodidad familiar. Inclusive los esposos de mis hermanas notaron la tirantez de la situación. Mi madre rompió la tensión convidando ensalada a una de mis hermanas, y los niños gritaron solicitando más también. Poco a poco el murmullo en la mesa comenzó a subir de volumen, mi padre siguió echándose bocados y yo sentí caerme de espaldas a un abismo, y mientras lo hacía los sonidos y las imágenes de todos se iban desvaneciendo con lentitud, como si se tratase de un vago sueño que va abandonándose previo al despertar.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Finalizada la cena llegaron los postres, la charla de sobremesa, el lavar los platos, fumar cigarrillos, el correr de los niños, el habano humeante en la mano de mi padre. La normalidad tiene ese toque profundo y único, sin sutilezas, que se apodera instantáneamente de momentos y personas. Había llegado sin presentarse –como siempre-, e instalado en el seno familiar, haciendo que la pregunta hecha a mi padre fuera hasta casi risueña.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Supe por entonces que no debía tomar en serio aquellas palabras emitidas por mi padre. Las había pronunciado de un modo incómodo, en un momento incómodo e inesperadamente. Mi trampa había funcionado en cierto modo, pero no me gustaba lo que había obtenido con ella. Mi abuelo era quien siempre señalaba que una pregunta inesperada responde también inesperadamente con los gestos primero y luego con la lengua. Mi padre había sido presa y había caído en esa trampa cumpliendo a rajatabla lo enseñado por el abuelo. No había nada importante entonces para atesorar. Lo que yo pensaba y sentía sobre el sentimiento que me unía a mi padre era suficiente… ¿para qué más?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Tras un rato tomé mi abrigo, saludé a cada uno de la familia y me despedí hasta una próxima reunión. Todos sonrieron y desearon éxitos y suerte para mi vida. Supongo que es lo clásico que se hace y dice en ocasiones así. Tras pasar el umbral de la puerta de calle mi padre pronunció secamente mi nombre. Y fue instantáneo: tras escuchar el tono de su voz supe que la respuesta estaba allí, atragantada entre su mente y amígdalas. Volteé y lo miré a los ojos. Nos contemplamos un instante. Vi cómo sus ojos se llenaban rápidamente de lágrimas y también cómo acercaba su enorme esqueleto hacia mi persona. Depositó un cálido beso en mi frente y con sus dedos regordetes y ásperos recorrió con lentitud la superficie de mis mejillas. Delante de mí tenía a un oso gigantesco, erguido, con tez un tanto iracunda pero un brillo inusual en sus ojos. Eso lo delataba. Había allí un pequeño atisbo, una diminuta puerta a un interior tal vez inexplorado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—&lt;i&gt;Te amo más que a mi propia vida, hija…&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Y escuché sus palabras, y vi sus ojos, y también contemplé que sus manos regordetas no tenían garras, ni tampoco él era un oso. Su hosquedad había quedado desnuda, al descubierto, completamente a la intemperie, y en un punto sentí compasión por él y aquel enorme esfuerzo por decir lo que su corazón sentía pero su carácter y mente le impedían.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Devolví su beso con afecto. Era mi padre, quien me crió, quien estuvo a mi lado en momentos difíciles y quien junto a mi madre siempre velaron por mí. Nos mantuvimos abrazados por un instante que pareció eterno. Logré ver a corta distancia la punta de los zapatos de mi madre tras el marco de la puerta. Esbocé para mis adentros una sonrisa pícara, en cierto punto cómplice, al sentir que mi madre también había sido partícipe de aquella escena. Tras retirarme del abrazo del oso me despedí finalmente.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Caminé con lentitud por aquella acera que comenzaba a alejarme de la casa. Me sentía extraña, muy extraña. Arriba una luna gigantesca, ventanas de edificios iluminadas, una bruma perceptible cayendo sobre la ciudad: el frío en una de sus manifestaciones invernales. Fue tal vez el invierno más increíble de mi vida. Por vez primera había arremetido contra la figura gigantesca de mi padre, intentando ahondar más allá de sus murallas e internándome en esa cofradía de sentimientos ocultos tras una verdadera fortaleza. Lo había logrado. Tuve en mi frente un beso cargado de amor, del verdadero, de esos que al recordar se siente nuevamente, como si recién los labios se hubieran posado y la tibieza permaneciera allí, latente, cargada de vida. Todavía hoy lo siento al recordarlo, y cuando lo hago no siento culpa por aquella trampa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/11/la-trampa.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiIAGJO8kjn26baQYlNweOkOr8V7vRRLLBMoacE45TuyVzf4MeClL0b4TnW3iltAQubUFs35vpd4WCap6EdFE-8_t13JuLKAH8uMWimk8W0lghLg7YwRu3EiSM3oGbYiSFNNYVnAKLTFYD2/s72-c/oso.png" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-8134474373551368114</guid><pubDate>Sat, 19 Sep 2015 12:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-09-19T09:35:14.094-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">desamor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">dolor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">pérdida</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">soledad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Herencia</title><description>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
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&lt;/div&gt;
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&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi22_V3uVzSgmfGQq2u0yxMQewej0JPsiYSegv0dFKRIa9e3XwHSSqArQi4Tz5I1Z4dURJ57PneVz8wJyEw8im1lfacoQh3td5zdGmH5K_Dsk9rptrKZc7F4aZldBgpeS2xTFs8AgrYlBP-/s1600/98b68dc095d40b5fb1cd03ce5415f152.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi22_V3uVzSgmfGQq2u0yxMQewej0JPsiYSegv0dFKRIa9e3XwHSSqArQi4Tz5I1Z4dURJ57PneVz8wJyEw8im1lfacoQh3td5zdGmH5K_Dsk9rptrKZc7F4aZldBgpeS2xTFs8AgrYlBP-/s640/98b68dc095d40b5fb1cd03ce5415f152.jpg" width="425" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Mientras hablábamos, sin dejar de mirarnos y hacer ademanes, pensé que una de las cosas más extrañas de este mundo es heredar algo de otro. Fue un pensamiento fugaz, demasiado escueto tal vez para lo profundo que parece ser, no obstante, se instaló en medio de mi cabeza y ahí se acuclilló, resistiéndose a ser eliminado, evitando que cualquier otro pensamiento ocupara su lugar.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Mi interlocutora no dejaba de gesticular. La charla se había convertido con el pasar de los minutos en más que interesante. Discurríamos el tiempo por diferentes caminos temáticos. No nos estancábamos en uno, sino que abríamos un abanico amplio –tal vez demasiado- de temas, de los cuales muchos reconozco que nos herían.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sin embargo, el pensamiento sobre lo heredado hacía mucho ruido dentro de mi cabeza. Tal vez fuera por un sueño que había tenido días atrás. Creo que eso tuvo mucho que ver. Soñé con mi álter ego. Claramente. Fue tan vívido que hasta sentí esa simbiosis inexplicable que muchas veces llega hasta traducirse como un déjà-vu.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Finalmente paré en seco la conversación, miré a mi interlocutora y sin pensarlo más largué la frase: &lt;i&gt;eres igual a tu madre&lt;/i&gt;. Acto seguido ella quedó mirándome de modo perplejo, con cierto atisbo rayano a la ira. Un silencio lo embargó todo, y yo, sin poder soltar otra palabra, asumí la consecuencia de lo que vendría, de la mar de improperios y agravios que se producirían tan rápidamente como una tormenta veraniega.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sin embargo, el silencio continuó. Se quedó mirándome, con los ojos cargados de lágrimas y sin pronunciar palabra. Supe que la había herido. En realidad, lo supe en el mismo instante que lancé la frase. Era una daga que viajaba con objetivo certero, y buscaba clavarse con exactitud milimétrica en ese punto justo del corazón donde se guardan los tesoros más celosos, esos que uno esconde a todos, inclusive a uno mismo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Y aunque no se crea mi procesión iba por dentro. Viajaba a través de ese silencio que se había quedado instalado entre ambos, que yo mismo había gestado. Sentía su dolor, pero el daño ya estaba hecho. Fue una terrible ojiva nuclear detonando dentro de su ser. Sí, eso mismo, tal cual. Así, casi una implosión. Su labio inferior comenzó a temblar y supe que sobrevendría el llanto. Unas lágrimas primero, otras después, y a continuación un llanto tenue y amargo y finalmente el odio demostrado con fiereza. Ese mismo odio que desde hacía tiempo se había enquistado en nuestro interior y arremetía con fuerza para salir y dañarnos una y otra vez.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Durante todo el tiempo que duró aquella escena ambos supimos que todo había terminado, que el límite se había cruzado. Lo heredado era indiscutible, así como la teoría que lo justifica. Por eso las palabras sobraban y tan sólo las miradas se batían en contienda. Ya no había nada por hacer. Ni tregua posible. Había sido demasiado el tiempo de guerra, el tiempo del bombardeo físico y psíquico.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Enjugó sus lágrimas con un pañuelo y repasó con delicadeza el contorno de sus ojos. El maquillaje se había movilizado como si fuera una acuarela. Sus ojos ahora se habían tornado rojizos, pero no como algo diabólico, sino más bien con un tono rojo sangre, rojo herida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Es extraña la herencia. Heredar es tomar parte de la maleta de otro y llevarla con uno mismo durante la vida, al principio sin sentir su peso, pero luego sintiéndolo tal vez en demasía. Ella y yo arrastrábamos pesadas herencias. Demasiado para nuestras débiles personalidades. Nos dimos cuenta demasiado tarde de ello. No había marcha atrás. Habíamos transitado demasiado camino juntos y durante ese tiempo nos soltamos de la mano y nos perdimos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Finalmente posó la cartera sobre la mesa, guardó los anteojos, el pañuelo, el paquete de cigarrillos. El orden de guardado no importaba, tan solo se limitaba a guardar, a no dejar nada en ese otro lado del mundo al cual ya no pertenecía. Era ese lado, el cual yo aún habito, el que tanto daño le había producido... Nos había producido. Porque quiérase o no, la toxicidad de un mundo enrarecido no sólo afecta a un individuo sino a todos los que están habitándolo. Y yo no era excepción. En absoluto. También había heredado algo de ese mundo tóxico durante tantos años. Y no se trataba de ADN, sino de psiquis y costumbres.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Una vez todo estuvo dentro de su cartera se levantó y me quedó mirando, con esos ojos color tierra joven –ahora un tanto rojizos-, que tantas veces había contemplado en mi vida. Compararla con su madre fue un acto terrorista de mi parte. Un perfecto disparo de francotirador. No había forma de evadir el impacto. Ella lo había asumido por completo. El final, la raya que lo delimita todo, yo mismo la había trazado. Dio media vuelta y sin decir palabra alguna caminó hacia la puerta y la cruzó, adentrándose a la vida, dejando detrás el mundo lúgubre y oscuro que ambos habitábamos.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/09/herencia.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi22_V3uVzSgmfGQq2u0yxMQewej0JPsiYSegv0dFKRIa9e3XwHSSqArQi4Tz5I1Z4dURJ57PneVz8wJyEw8im1lfacoQh3td5zdGmH5K_Dsk9rptrKZc7F4aZldBgpeS2xTFs8AgrYlBP-/s72-c/98b68dc095d40b5fb1cd03ce5415f152.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-5750221675866727898</guid><pubDate>Fri, 18 Sep 2015 23:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-09-18T20:06:30.454-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amistad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Escritores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>El manuscrito</title><description>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEimDaKHivW63lc0RFdiH6FwC6HMxAwEaOyHSnPAc6V87svugghmPmB5-Nz2tZzojIHVPa4kR_jofhyf_iX9k9MLYSWZqhh9Z6nvSoWey204DfxdZ11pwwBxBh4oXGtafM4I9b10J94Ychjc/s1600/tumblr_nu4ll5wPe71unruc9o1_540.png" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="278" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEimDaKHivW63lc0RFdiH6FwC6HMxAwEaOyHSnPAc6V87svugghmPmB5-Nz2tZzojIHVPa4kR_jofhyf_iX9k9MLYSWZqhh9Z6nvSoWey204DfxdZ11pwwBxBh4oXGtafM4I9b10J94Ychjc/s400/tumblr_nu4ll5wPe71unruc9o1_540.png" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Entre el olor a café recién hecho y el sonido aislado de las gotas de lluvia al chocar contra los ventanales se pasaba la tarde. Decenas de personas entraban y salían del Café. Casi todos estudiantes universitarios, veinteañeros, cargados de optimismo y presagios de horizontes de vida colmados de felicidad. Entre el murmullo incesante alguna que otra voz resaltaba, hiriéndolo todo, como también lo hacían las carcajadas en grupo, o el sonido de la máquina de café. Esa vida, tan distendida, tan deseada por muchos jóvenes era la que estábamos transitando Brenda y yo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ella era del sur, de un pueblito perdido a orillas de la cordillera andina. Muchos supondrían que traería consigo la timidez pueblerina agazapada entre sus trastos y que la vida en la gran ciudad la enceguecería, pero no, nada de ello jamás había ocurrido. Brenda era imponente. Poseía una cabeza soñadora en la cual flotaban cosas hermosas, de esas que a quienes nos gusta soñar despiertos o dormidos nos atraen. Tenía múltiples cualidades, y casi todas eran invisibles a la mayoría de los ojos. Por ejemplo, podía leer múltiples libros a la vez, y contarte cada historia por separado con brillantísimos detalles y una luminosidad única en sus ojos al momento de hacerlo. Yo en cambio sólo podía limitarme a uno, y con demasiado trabajo. También poseía esa magia innata en aquellos que escriben. Le gustaba escribir, sí, y mucho. Lo hacía en cada momento libre, sin importar el sitio donde se hallase. Me gustaba verla escribir. Era una imagen simple, pero a la vez fascinante. Desde la postura que tomaba su cuerpo hasta el movimiento suave y acompasado de su mano al dibujar las letras en el papel. Todo resultaba en una única escena con tintes propios, incomparable con cualquier otra que pudieses ver por allí.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Nos habíamos conocido en el primer año mientras cursábamos la carrera de Letras. De entre cientos de personas que asistíamos a los cursos tuvimos la feliz coincidencia. Desde allí nos volvimos inseparables, casi simbióticos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Aquel día en el café mientras esperábamos a que nos sirvieran hablábamos de libros y estilos literarios. Cada tanto volteábamos hacia la ventana y veíamos caer la lluvia, mojándolo todo. Recuerdo verla sonreír más que de costumbre, cada tanto acomodándose un mechón de pelo tras su oreja y posando la punta de la birome sobre su labio inferior. Imágenes únicas. Casi indescriptibles.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Así podría definir aquellos momentos. Entre las miradas y el ambiente juvenil la vida parecía sonreírnos. Brenda me mostraba su mundo cargado de mágica luz en el cual le gustaba adormecerse, y me arrastraba siempre con ella, como invitándome a la quietud de una isla cargada de un manto de niebla en donde todo parecía tenebroso, pero debajo de esa capa reinaba mucha paz y una belleza única.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sacó de su morral un borrador, era su última novela. Lo giró y lo acercó hacia mí.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Léelo ―me dijo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Asentí y sonreí a la vez. Pude notar en su rostro el regocijo de mi respuesta. Ella quería saber mi parecer y eso para mí era algo más que importante, pues depositaba una enorme responsabilidad y a su vez un gran compromiso.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Es tal vez una historia trillada. Un tanto romántica y rosa. No sé si te gustará… pero haz el esfuerzo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Asentí nuevamente con nerviosismo, pero siempre sosteniéndole su mirada penetrante y dulce.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
―Claro, descuida.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ese día tuve entre mis manos un manuscrito que años después leerían millones de personas en el mundo, y miles de vidas terminarían identificándose con él. No pude sentir ese potencial escondido entre las páginas de papel, tampoco los ojos avizores de los futuros lectores que recorrerían palmo a palmo las páginas del libro. Simplemente sentía que tomaba entre mis manos algo especial de una amiga, en un momento especial de su vida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Tomamos un par de cafés y tras una larga charla nos despedimos. La vi colocarse su impermeable, su gorro de lana color rosa, y sonreírme con esa magia de siempre. Aún hoy me parece verla sonreír… Un beso selló la despedida. Una larga y eterna despedida. Tan sólo unos segundos después tras caminar unos pocos pasos escuché el chirrido de una frenada de automóvil, un grito, bullicio y llantos. Volteé con rapidez, y corrí a toda prisa. Tras llegar pude contemplar que Brenda ya no estaba, había decidido irse a escribir a otro sitio.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En mi mochila el manuscrito era su última conexión con mi persona. Siempre pensé que había sido así. Que la vida misma se había encargado que así fuera. No obstante, lucho contra aquella forma de pensar y sostengo que Brenda flota por doquier, inclusive entre cada página de su libro.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Años después, ya siendo yo un escritor que se rebuscaba la vida entre pequeñas intervenciones en diarios locales y revistas de cultura, tomé el manuscrito y lo releí por completo. Lo hice varias veces. Lo corregí y apunté varias notas sobre él. Pensé que aquello era inmenso. En ese momento tras leerlo sostuve que ya no era aquella historia escrita en papel que había puesto en mis manos una jovencita universitaria en un Café. No. El tiempo se había encargado de hacerlo madurar y la historia emanaba riqueza y poder por sí sola desde dentro de las páginas y lo cubría todo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Decidí entonces que aquella magia debía ser conocida, debía encontrar ojos lectores. Intenté una y otra vez que alguna editorial se hiciera con el manuscrito, pero no resultó fácil. Me movía como un rayo, pero tras las negativas caía en un mundo de luces tenues, casi adormilado. Pasaron los días, los meses y los años. Más años. Y el manuscrito siguió en mis manos, sin que nadie se interesase por él. Finalmente lo envié a una nueva editorial cazatalentos que acaba de abrir en Buenos Aires. Se notaron interesados a primeras. Se contactaron y dijeron que sí, que aquella historia tenía fuerza y que pensaban que encajaría en el mundo contemporáneo, en la sociedad actual, tan fluctuante y extrovertida.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Fueron días de alegría. El manuscrito pasó por un minucioso estudio y trabajo de parte del staff de la editorial y se hizo la primera tirada de ejemplares, la cual se agotó con increíble rapidez. Todos estábamos felices. Brenda inclusive.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Con el pasar de los años la novela tuvo varias reediciones. Se tradujo a varias lenguas y se convirtió en best-seller mundial. Una mañana lluviosa de principios de otoño una carta de la editorial fue depositada en mi buzón de correo. Mientras la lluvia caía sin cesar me acurruqué en un sillón y la leí. Hablaba de éxitos de ventas, de agradecimientos a mi persona por el vínculo, y de lo maravilloso de la trama de la novela. El corazón se anudó en mi pecho. Se compungió con fuerza. Esa alegría transmitida por aquella carta se disipaba en la niebla del recuerdo y aparecía la sonrisa mágica de Brenda aquel día en el Café. Lloré amargamente. Había un libro contando una historia romántica que daba vueltas al mundo, entraba a hogares y se colaba en distintas horas del día en la mente de millones de lectores. Un libro que transmitía la magia que una hermosa mujer había depositado en él. Sin embargo, su ausencia dejaba la felicidad trunca. Un profundo agujero oscuro y húmedo parecía devorarlo todo, opacando la felicidad y arrojando cada palabra de aquella carta a un abismo infinito.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Me mantuve un rato más sentado en el sillón observando llover. Las gotas impactaban en el suelo tras el ventanal. Mi memoria masajeaba mi corazón, y el sonido del viento, con mucha fuerza, arrastraba las imágenes de Brenda cada vez más al interior de mi corazón…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
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&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/09/el-manuscrito.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEimDaKHivW63lc0RFdiH6FwC6HMxAwEaOyHSnPAc6V87svugghmPmB5-Nz2tZzojIHVPa4kR_jofhyf_iX9k9MLYSWZqhh9Z6nvSoWey204DfxdZ11pwwBxBh4oXGtafM4I9b10J94Ychjc/s72-c/tumblr_nu4ll5wPe71unruc9o1_540.png" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-7494912306504252569</guid><pubDate>Thu, 06 Aug 2015 16:03:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-08-06T13:03:56.583-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">soledad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Surrealismo</category><title>La necesidad del tornado</title><description>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjGAdeP10MGXbCFlBE3Jp7Jk86IZRSR4I02x29gKpWG9Sfv4a513KQTGJCSbQMtAAmOOO7erB1pmNAS05TLIS01fdMnfk873bTqva_ecEzmfUZa6uRgSW-5rr6xsH5LsjWofiPODHZx0Fsg/s1600/tumblr_nn97u2jfFf1r3wk1zo9_540.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="266" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjGAdeP10MGXbCFlBE3Jp7Jk86IZRSR4I02x29gKpWG9Sfv4a513KQTGJCSbQMtAAmOOO7erB1pmNAS05TLIS01fdMnfk873bTqva_ecEzmfUZa6uRgSW-5rr6xsH5LsjWofiPODHZx0Fsg/s400/tumblr_nn97u2jfFf1r3wk1zo9_540.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Es ese sonido casi imperceptible de la hora de la siesta el que suele volverse ensordecedor. Inicia con lentitud y va in crescendo lentamente, minuto a minuto, apoderándose de cada uno de mis sentidos hasta alojarse, compungido y hecho un ovillo, en un rincón recóndito e inexplorado de mi cabeza.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Allí, en soledad, habita día tras día, justo en esa franja horaria en la que ya es habitué que transite sin que yo logre impedírselo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Es extraño. Demasiado. Nos reconocemos inmediatamente. Él toma posesión de su rincón y yo le veo acurrucarse y permanecer inmóvil, casi eternamente, y no hago nada para evitarlo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de la casa todos siguen su ritmo cotidiano y viven sus vidas con la misma lividez de siempre. La extraña persona que cuida de la abuela realiza sus tareas de manera sincrónica, con una perfección envidiable. Lo hace en completa mudez, casi inexpresivamente. En cambio la abuela habla y gesticula, y lo hace con ese énfasis que caracteriza su modo de ser y la hace una mujer única en los más de noventa años que vive en este mundo. El resto, mis hermanos y padres, entran y salen a sus mundos colindantes sin dejar demasiado rastro en la casa. No necesitan hacerlo, tan sólo se aseguran que el oleaje que producen al entrar y salir no sea demasiado intenso y provoque movilizar objetos o vidas que acarreen consecuencias.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;
Así, en esa serenidad de paisaje diario, el sonido pasa inadvertido y sólo tiende, casi involuntariamente, a observarme de soslayo y gesticular con cierta cadencia, con ese maldito gesto que tienen aquellos que perciben las miserias humanas en el ser de los necios.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;
No me permito nunca mostrarme tal cual soy frente a él. Tampoco lo hago con mi familia. Atesoro muy dentro de mí ese toque peculiar que me hace distinto e irrepetible. Soy como un objeto valioso que guarda su magia y poderío debajo de capas y más capas de polvo. Intento ser así desde niño… y el sonido lo sabe.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;
A veces siento el deseo y la necesidad que ese sonido tan extraño y vivaz sea un poderoso tornado que levante demasiada polvareda en mi interior. Y que lo haga con brío. De manera alocada, inyectándome esa energía vital que reconozco haber perdido en mi adolescencia y no vuelto a recuperar jamás. Sin embargo no sucede. Se comporta como una brisa adormecedora que una vez instalado en su rincón me adormece por completo y me invita a &amp;nbsp;profundas introspecciones y a repasar con lentitud disímiles momentos de mi vida.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;
Jamás lograré escapar de él. Es algo que seguramente debe ser así y ambos lo sabemos. Cada vez que cruzamos nuestras miradas silenciosamente lo reconocemos. Ni él puede dejar de habitar dentro de mí, ni yo evitarlo. Esa simbiosis se produce desde que tengo uso de razón. Es una de las genialidades de mi propia existencia. Un ecosistema que mantiene un equilibrio frágil y demasiado perverso para mi propia psiquis.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;
Más de una vez desearía no escucharlo y quitarlo de mi cabeza. Arrancarme tal vez mis oídos o cercenar mis tímpanos. Pero sería en vano, pues es un sonido inaudible, de esos que se cuelan a través de las invisibles arterias de la mente y se manifiesta siempre de un modo teatral y casi tragicómico en todos los sentidos.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;
La abuela duerme con su boca abierta y realiza profundas inhalaciones. La enfermera se ha ido, ha cumplido con su tarea. La casa está en silencio. Todos están en sus labores lo más alejados posibles de este lugar en el mundo. Es la hora de la siesta y el sonido está aquí, acaba de entrar una vez más, y se lo ve fulgurante y a la vez esquivo. Me ha visto, me lo hace saber. Yo asiento. Lo hago de un modo que significa asentir pero en nuestro idioma, no en el del resto de las personas. Intento despejarme y tomo asiento a la sombra del pino del fondo del patio. Allí permanezco al resguardo de densas nubes que lentamente cubren el cielo y avecinan una lluvia en breve. No hay señales de tornados. Tal vez llegue algún fuerte viento antes de que la lluvia caiga y sea capaz de modificar al sonido y quitarlo de su esquinero. Si así fuere habrá disfrute de mi parte. Una sonrisa plena, un cerrar de ojos y un danzar alegre debajo de la lluvia fría que contagie a todas mis extremidades y permita que la alegría brindada por un instante de cordura tome posesión completa de mi ser.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/08/la-necesidad-del-tornado.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjGAdeP10MGXbCFlBE3Jp7Jk86IZRSR4I02x29gKpWG9Sfv4a513KQTGJCSbQMtAAmOOO7erB1pmNAS05TLIS01fdMnfk873bTqva_ecEzmfUZa6uRgSW-5rr6xsH5LsjWofiPODHZx0Fsg/s72-c/tumblr_nn97u2jfFf1r3wk1zo9_540.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-8088217900660856424</guid><pubDate>Sat, 13 Jun 2015 18:47:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-06-13T15:47:09.623-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>Imágenes</title><description>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEioXfN2zOXAuyhQrAEWdzcOHJiALoguZafV_ucJW8SO1b5F0_zqoU7RLI7R6VBQARssIYKpJpCpfxILjunoCY_Hp9ekPOcPJ_4oeQ0g9Hx-ldfGO3o4v-3H3LZRw_KliA2f_kyINmu-JXzs/s1600/tumblr_npvbt6v5ms1rue7wuo1_540.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEioXfN2zOXAuyhQrAEWdzcOHJiALoguZafV_ucJW8SO1b5F0_zqoU7RLI7R6VBQARssIYKpJpCpfxILjunoCY_Hp9ekPOcPJ_4oeQ0g9Hx-ldfGO3o4v-3H3LZRw_KliA2f_kyINmu-JXzs/s640/tumblr_npvbt6v5ms1rue7wuo1_540.jpg" width="402" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
Se me hace difícil cerrar los ojos por las noches y evitar presenciar esas imágenes tan inquietantes que arroja mi mente. Reconozco esas manos surcadas de historias y de palabras desde siempre. Son las mismas que desde siendo niño acariciaban mi pelo en momentos de alegría o mi frente en momentos de enfermedad. Las mismas que dibujaron la primer letra vocal sobre un papel y me introdujeron en un mundo nuevo, totalmente desconocido, en el cual yo podía bucear sin límites, moverme como un diminuto pez en un mar tan vasto e infinito que no dejaría jamás de sorprenderme.&lt;br /&gt;
Esas imágenes vuelven noche tras noche. Lo hacen de manera leve, casi imperceptible al principio. Las veo escribir sobre un papel, asiendo a un viejo y desgastado bolígrafo. En otras escenas las veo con sus dedos golpeando sobre una vieja Olivetti, sin descanso, formando palabras que conducen a oraciones y a párrafos y a historias, para finalmente tomar el papel y guardarlo bajo un pisapapeles en su propia «guarida», porque así lo llamaba ella: «mí guarida». Allí, en esa isla del tesoro, encerraba esa otra parte de su ser, la cual siempre se expresaba en silencio detrás de las palabras. Y jamás invitaba a nadie, tan solo a mí, al pequeño extraño, al niño sin padres que jugaba solitario en el viejo convento.&lt;br /&gt;
Las imágenes finalmente se evaporan cuando el alba tiene presencia. Lentamente se desintegran voces, movimientos, sensaciones… todo para finalmente volver a ese arcón de recuerdos de donde la noche las toma prestadas tan solo por unas horas para jugar con mi memoria ya deteriorada.&lt;br /&gt;
Entonces, aún con los ojos abiertos, observo los rayos de sol invadir la habitación, lentamente reptar por la cama, las paredes, los objetos inertes. Ese sol tibio me acuna como a un niño que se estremece aun por los recuerdos frágiles que la memoria le inyecta noche tras noche…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
(C) Miguel Luis Aguilera​ (2015)&lt;/div&gt;
&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/06/imagenes.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEioXfN2zOXAuyhQrAEWdzcOHJiALoguZafV_ucJW8SO1b5F0_zqoU7RLI7R6VBQARssIYKpJpCpfxILjunoCY_Hp9ekPOcPJ_4oeQ0g9Hx-ldfGO3o4v-3H3LZRw_KliA2f_kyINmu-JXzs/s72-c/tumblr_npvbt6v5ms1rue7wuo1_540.jpg" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-1743918080506846279</guid><pubDate>Wed, 27 May 2015 01:07:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-05-26T22:09:04.609-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">dolor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Miedos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">soledad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>La casa</title><description>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgupB6-1HcnVgilInYRZM2UawVFT3fIwSq4iIi_qSbEOC1-x5guzPrbYiVhIA1r7NDVvZJtvyPteN4lnB2xkvtWG6L7Qyye2VxT3HS4IuQfOKqQ6J3cGRELvCIADnMRWHZiykZr4tK1iIcR/s1600/tumblr_mrsch5PINa1rbuhr4o1_400.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgupB6-1HcnVgilInYRZM2UawVFT3fIwSq4iIi_qSbEOC1-x5guzPrbYiVhIA1r7NDVvZJtvyPteN4lnB2xkvtWG6L7Qyye2VxT3HS4IuQfOKqQ6J3cGRELvCIADnMRWHZiykZr4tK1iIcR/s640/tumblr_mrsch5PINa1rbuhr4o1_400.jpg" width="436" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cada vez que intento traer el recuerdo a mi mente todo se vuelve difuso, algo similar a un vidrio ahumado, a un viejo vitraux sucio y abandonado. Sin embargo, dándole tiempo, mi mente parece tironear de entre la fosa de recuerdos y las imágenes y sonidos comienzan a danzar lentamente delante de mis ojos y oídos… ¡Oh!… ¡esos recuerdos!…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Mayo se había adueñado por completo de los campos linderos. Era el único vencedor de aquella contienda. Desde la galería de la gran casa podían observarse los miles de colores que el otoño producía en la naturaleza circundante, y al atardecer, el frente se teñía de increíbles tonalidades de ocres y amarillos. A lo lejos, se podía observar cómo cada copa de los árboles, cada rama, cada diminuta hoja se cargaba de un brillo peculiar, como si se tratase de una diminuta hoguera con luz propia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ester observaba aquel espectáculo natural de una manera muy queda, con una melancolía que le brotaba a flor de piel. Sus ojos parecían deslumbrados ante el espectáculo otoñal y mi corazón, agitado de amor, acompañaba toda la escena en silencio a la espera de algún gesto suyo que indicara al menos un ápice de amor hacia mí. Miraba hacia los campos, con una postura de deseo de huir hacia ellos y sentir el goce de la libertad en todo su cuerpo. Sin embargo, desde hacía muchos años, vivía recluida en la gran casa, alejada del mundo, inclusive de la vida misma y del amor.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Había sido por decisión propia, me dijo cierto día, pero los vecinos más cercanos e inclusive el gentío del pueblo sabía que aquello no era tan así, que mucho tuvo que ver la vida y sus vaivenes, inclusive la muerte y sus triquiñuelas. Lentamente se había convertido en casi un fantasma, el cual recorría los pasillos y estancias a toda hora del día en completo silencio, haciendo estadíos en las distintas habitaciones durante largas horas, hilvanando cada voluta de tiempo con paciencia suprema.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Después de la muerte de sus padres la gran casa pasó a ser el único nexo con su propia historia. Allí había nacido, crecido, inclusive se había enamorado. Porque lo había hecho, y jamás fue correspondida. Conoció el amor desde muy joven, en plena adolescencia, cuando uno de los criados de sus padres se presentó por vez primera y la miró con unos ojos azabache y una mirada de tenor bravía que la perforaron. Aquella mirada fue suficiente para causar un suspiro contenido y un nerviosismo que sólo pudo contener aferrándose con fuerza al respaldar de una silla. Ese amor silencioso y mágico se acrecentó día a día en su interior, pero no así en el joven criado. Fue entonces que comenzó a entender que la vida tenía sinsabores, y muchos más en el amor. Sin embargo, con su corazón desbordando sentimientos fue ella quien se atrevió a cruzar la línea y comunicó ese amor que le explotaba dentro de su pecho. El joven criado, sorprendido al principio, no tardó en asimilar con rapidez la ventaja que aquella declaración de amor le dejaba en bandeja. Pronto se revolcaron más de una vez entre sábanas a escondidas: ella perdiendo su virginidad y él haciéndola gozar como jamás varón alguno lo había hecho.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En el pueblo se hablaba de aquello. Llegaba hasta mis oídos y en cierto modo mancillaba lo que yo sentía por ella. Nos habíamos conocido una tarde en una de las tiendas, mientras ella compraba mercadería para la despensa familiar. Fue cosa de segundos, un rayo fulminante que atravesó mi corazón y mis sienes sin dejarme siquiera reaccionar. Supe en ese instante que aquella mujercita delgada y de cabellos dorados como el oro era especial y única. Ningún otro ser se le asemejaba. Comenzamos a coincidir en distintos ámbitos, fuimos creciendo y a su vez entretejiendo una amistad que nos unía con gran fuerza. Pero para mí la amistad tenía un sabor distinto, algo que seguramente ella no comprendería…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Luego sobrevinieron las muertes. Primero fue su madre por el tifus, luego su padre por algo referido al corazón. Fueron muertes rápidas, que en un pequeño cúmulo de días la hirieron de sobremanera y la fueron dejando cada vez más sola en este mundo. Poco a poco comenzó a retraerse. Ya no se la veía casi por las tiendas del pueblo y tampoco recibía a muchas personas en su casa. Sin embargo mi relación con ella pareció florecer. Cada tarde a la salida de mi trabajo me llegaba hasta la gran casa y tomábamos mate sentados debajo de la galería, observando cómo el atardecer engullía los campos sembrados de trigo y sorgo. Hablábamos poco, casi nada, pero los silencios estaban cargados de suspiros y onomatopeyas que a mi entender dejaban entrever lo bien que nos complementábamos. Jamás me confesó algo que la atormentara o la mantenía en aquel estado de ánimo. Siempre se mantuvo inmutable al respecto. Hablábamos de todo y no hablábamos de nada, así era la cosa en esos días. Por ratos en nuestras charlas parecíamos abrir una rendija en un gran muro que nos rodeaba y aislaba a ambos, por donde entraban resplandores, olores y sonidos, todo referido a un par de vidas a las cuales no siempre las cosas les salían bien, pero que a su vez ambas se daban a conocer.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sin embargo hoy, al verla observar el atardecer otoñal,siento que Ester desea algo más. Su cercanía me lo transmite y sus ojos lo sellan. Hay algo en su interior que desea ir más allá. Tal vez sea la soledad que la impulsa como si fuera un motor a propulsión. Es difícil de explicarlo. Sólo observando ese brillo mortecino en sus ojos puede sentirse esto que explico.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-¿Qué pasa hoy, Ester? -pregunté con cierta reticencia.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ella volteó y me miró directamente a los ojos. No dijo nada inmediatamente, sólo me observó como quien escudriña a otro con profundidad, intentando llegar al fondo de ese pozo que denominamos alma.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-Pasa la vida… eso pasa, Octavio…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sus palabras fueron suaves y acompasadas, casi susurros. Solo sonreí. Fue una triste y leve sonrisa que mi boca dejó escapar. No tuve palabras. En realidad la vida se estaba pasando, ella tenía razón.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Ambos volvimos a mirar hacia el horizonte. Ahora ya caía lentamente el anochecer, adueñándose de los campos, del caserío, inclusive de cada espiga de trigo.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Noté con terrible angustia que así como caía la noche de manera implacable adueñándose de todo también la vida se había encargado de despojar a Ester de ese algo en su interior que yo siempre había admirado y amado.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-Pierdes el tiempo conmigo, Octavio… ¿Acaso no te has dado cuenta?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
No, no me había dado cuenta. No sé que más dijo luego, porque sin hacer caso a sus palabras sólo me concentré en observar las primeras estrellas que aparecían en el cielo nocturno. Me levanté con lentitud y tomé mi sombrero. Miré a Ester a los ojos y apretujando mi corazón salí precipitadamente de la galería dirigiéndome al camino de entrada.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
El aire olía a malvones. El rocío comenzaba a caer y los animales se impacientaban en los corrales. Caminé a paso presuroso y al llegar a la tranquera volteé y divisé a Ester aún sentada bajo la galería, de silueta difusa, con su perfil pálido teñido por un trémulo destello blanquecino que la luna lograba sobre su rostro.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Mi amor quedó ahí, debajo de la soledad de la galería, deambulando entre las paredes carcomidas por el tiempo de una casa que lo alberga todo, inclusive el desamor.&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
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&lt;/script&gt;

&lt;br /&gt;
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&lt;/div&gt;
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&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;(Imagen: pintura de  Sir William Rothenstein, titulada “The Doll’s House”, 1899-1900)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/05/la-casa.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgupB6-1HcnVgilInYRZM2UawVFT3fIwSq4iIi_qSbEOC1-x5guzPrbYiVhIA1r7NDVvZJtvyPteN4lnB2xkvtWG6L7Qyye2VxT3HS4IuQfOKqQ6J3cGRELvCIADnMRWHZiykZr4tK1iIcR/s72-c/tumblr_mrsch5PINa1rbuhr4o1_400.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-5740651128888991523</guid><pubDate>Sat, 09 May 2015 18:24:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-05-09T15:24:47.415-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amistad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Fragmentos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Fusiones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Microrelato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Recuerdos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>La poesía que jamás se deja de recitar...</title><description>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
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&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sintiendo la suavidad de la brisa tocándonos con gracia las mejillas corríamos a pura sonrisa. Entre abedules y campos plagados de crisantemos dejábamos una estela singular, inconfundible, que indicaba el rastro de dos pequeños alegres y vivaces manifestándose ante la espectacularidad de la vida misma. Yo reía y él me miraba de soslayo, con esa complicidad única que tienen los amigos que no llegaron a ser hermanos de sangre pero sí de alma. En ese recorrido interminable entre el vergel ambos dejamos alegrías y momentos únicos de nuestras vidas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
-&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space: pre;"&gt; &lt;/span&gt;Eres como un hermano para mí –dijo Ismael mirándome a los ojos, con los suyos cargados de lágrimas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Así también lo sentía yo. Nos habíamos detenido un instante a recuperar el aire perdido, a dejar descansar por un instante nuestros pulmones extasiados. Luego nos echamos nuevamente a correr. De aquí para allá, sin rumbo, sin un plan preconcebido.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Seguimos hasta el atardecer, cuando ya los pájaros retornaban al abrigo de la copa de los árboles y el viento se comenzaba a tornar más fresco, escondiéndose del flujo enigmático de la nueva luna.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cuando la noche llegó nos sorprendió retornando a paso cansino. En silencio, ambos mirando fijamente el suelo, recorriendo mentalmente aquellos senderos que dibujábamos tal arquitectos de la naturaleza.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Al llegar a casa de Ismael nos despedimos con un abrazo. Seguramente nos volveríamos a ver un día de aquellos, ya no recuerdo cómo fue. Volví a casa entre jirones de nostalgia y alegría. Al llegar mi madre se mecía en su mecedora leyendo un libro. La contemplé por un rato, en silencio, atrapado en esa burbuja única que producen los momentos fantásticos de esta vida. Leía concentrada, cada tanto con alguna muesca de sonrisa en sus labios y un toque picaresco en el rabillo de sus ojos. Quise decirle a viva voz que había sido un día fenomenal, que los prados irradiaban vida, y esa misma vida me sonreía. Sin embargo nada de eso pude siquiera pronunciar. Tan solo me quedé observándola en silencio, retratándola en una imagen imborrable en mi mente, al igual que aquella sonrisa que mi amigo Ismael me había regalado en el prado.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Aún hoy atesoro esas imágenes. Las guardo para conmigo, así, como aquellos que guardan las imágenes de su vida como una poesía inmortal que jamás deja de recitar su propio corazón…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
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&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/05/la-poesia-que-jamas-se-deja-de-recitar.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhojleg5TfftzRoNf2ED6LN47khG1ETzXWAj_QsSM3UHdTZ7PV-54nK-h5T71ah1jMT6xTviCfu2Oi93A5l_c_Hd09FlwHDH8jcOZtZf-2Dbh7kSsLs_PEe14zhFXFgND-qx8J35ah_peZQ/s72-c/madre-rusa-fotos-magicas-16+(1).jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-6676862935963770519</guid><pubDate>Sat, 25 Apr 2015 12:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2015-04-25T09:48:26.505-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>El lugar</title><description>&lt;div dir="ltr" style="text-align: left;" trbidi="on"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgjfgtGuhEKOJmfxLYGg67w5ZH8lSGfbGeouIkzHD_VI1XgdiJEMUWwScnWhymLT4t3vTt1VLypxMjjWTUDVBgaSnGraNtRWECMV7pyG5xqWpb0KRPH8fYlC15_2TkC-hVPLlxDO80AW9p_/s1600/tumblr_nncwuziNg91r1vfbso1_500.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgjfgtGuhEKOJmfxLYGg67w5ZH8lSGfbGeouIkzHD_VI1XgdiJEMUWwScnWhymLT4t3vTt1VLypxMjjWTUDVBgaSnGraNtRWECMV7pyG5xqWpb0KRPH8fYlC15_2TkC-hVPLlxDO80AW9p_/s1600/tumblr_nncwuziNg91r1vfbso1_500.jpg" height="640" width="424" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después del sonido álgido del disparo sobrevino una calma escalofriante. Sólo el viento podía disputarle el protagonismo. Un delgado hilo de sangre caía desde la sien del suicida. No había nadie en el páramo, tan solo él y el viento… como siempre.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Minutos antes del disparo lágrimas de desolación recorrieron sus mejillas. Ninguna mano empapada en caridad estuvo allí para siquiera rozar sus cabellos en un gesto de compasión.  Era sólo él, el viento y la nada misma. Aquel paraje infernal —su casa, su hábitat— lo cobijaba sin reproches, desde siempre, desde la niñez misma en la que corría por los senderos recolectando guijarros y subía a los riscos ayudándose de un palo mientras ordenaba el rebaño. El paraje jamás lo había abandonado, sin embargo él sí quiso hacerlo un millón de veces.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Sus manos aferraban temblorosas el arma fría. Los pensamientos se arremolinaron como hojarasca otoñal taponándolo todo en su mente. No había razonamiento alguno, tan sólo la necesidad imperiosa de terminar con todo… de una vez, y para siempre.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Posó el revólver en su sien y sintió el escozor inaudito y traicionero de la muerte acercarse directamente a su cuerpo. Mentalmente recorrió pasajes de su vida. Empezó por la niñez, siguió en orden hacia la adolescencia e inició un viaje doloroso de recuerdos al recordar a esos seres queridos que habían partido y tan solo lo habían dejado allí, a la vera de la nada misma. “Olvidado”, esa era la palabra que más gustaba de pronunciar. Sentía para sus adentros que el olvido era la acción que mejor contraste hacía con su vida. Un olvido gélido que el paraje siempre cobijaba y mantenía vivo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Fueron tal vez sus antepasados, o los familiares más cercanos, quienes se atrevieron al mismo paso sin titubeo; los que de algún modo sedujeron a la muerte sin que esta los tuviera en cuenta a esa hora. Y así, intentando no defraudar al linaje, el dedo índice con lentitud milimétrica fue jalando el gatillo hasta que un estampido hizo volar a alguna que otra ave de paso para entonces seducir a los carroñeros.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Nada, sólo sangre y tierra se mezclaron largo rato después en medio del corazón del paraje. El cuerpo frío yacía de bruces con los ojos abiertos mirando hacia el infinito, justo hacia ese lugar con el cual siempre soñó y adonde quería llegar.


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&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="scWidget scWidget-box" id="scwdt1504253927729"&gt;
&lt;/div&gt;
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&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2015/04/el-lugar.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgjfgtGuhEKOJmfxLYGg67w5ZH8lSGfbGeouIkzHD_VI1XgdiJEMUWwScnWhymLT4t3vTt1VLypxMjjWTUDVBgaSnGraNtRWECMV7pyG5xqWpb0KRPH8fYlC15_2TkC-hVPLlxDO80AW9p_/s72-c/tumblr_nncwuziNg91r1vfbso1_500.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-4793641472722006225</guid><pubDate>Wed, 17 Dec 2014 12:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-17T09:33:14.795-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">pérdida</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Recuerdos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Lo interesante</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiuNHoVndKTiBUqwmF6gJodZVrvrrgzMCx1O1ZTozPKoYNCgpTJQWYgANXuNbezsI_ogGpxKWKXJdDEBaqAdxPkmKbngyl3bAHwrUxQnuywaVLLwhACN122JtKkCsjHVWt6xGagQzJGCHU/s1600/81fd6c4ac886076555d06de6e1e5d60e.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiuNHoVndKTiBUqwmF6gJodZVrvrrgzMCx1O1ZTozPKoYNCgpTJQWYgANXuNbezsI_ogGpxKWKXJdDEBaqAdxPkmKbngyl3bAHwrUxQnuywaVLLwhACN122JtKkCsjHVWt6xGagQzJGCHU/s1600/81fd6c4ac886076555d06de6e1e5d60e.jpg" height="400" width="266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Estando yo sentado en una plaza, hace muchos años ya, cierta mujer de
avanzada edad se sentó en el banco, a mi lado. Lo hizo de manera distraída,
como si en realidad yo no estuviese allí. Miró en todas direcciones menos en la
mía. Primeramente pensé que intentó ignorarme, que tal vez aquella señora
ignoraba a los más cercanos, pero inmediatamente me percaté de algo extraño en
su modo de mirar, como si al achinar los ojos su visión se volviera más aguda,
más horadante, como si estuviera a la pesquisa de algo o alguien sin importarle
todo lo próximo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Pasó largo rato sentada sin demostrarme siquiera su existencia. Cada
tanto sacaba un diminuto pañuelo floreado de su bolso, enjugaba con delicados
golpecitos el sudor de su frente y lo volvía a guardar. Era verano, cerca del
mediodía, el sol ejercía con sus rayos una sensación similar a latigazos
desalmados. Sin brisa, sin casi sombra, permanecíamos ambos a merced del astro
rey en una especie de ritual ridículo para aquella hora.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Cada tanto le miraba de soslayo. Observaba con detenimiento sus
facciones y sus gestos. Debía rondar cerca de los setenta años, aunque sus
movimientos y gestos parecían de una mujer aún mayor. Por momentos me intrigaba
y deseaba iniciar conversación, pero repentinamente un freno interior me hacía
detener. Algo me decía que aquella mujer esperaba a alguien, o en realidad
buscaba algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;En uno de esos momentos, mientras la miraba con expresión radiante, se
percató de mi presencia y se sonrojó. Sus mejillas secas y prominentes se
ruborizaron rápidamente. Me lanzó una mirada profunda, pero con cierto
disimulo. Movilizó sus labios, con cierto nerviosismo, como suelen hacerlo las
personas que de repente acumulan cientos de palabras en su boca, pero sus
labios, como crueles carceleros, les impiden expresar al menos una y se debaten
así entre lo ridículo y la vergüenza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Esa escena se mantuvo en el tiempo. Duró unos segundos. Eternos. Sí,
eternos. Juro que quise hablar yo primero, ayudarla a expresarse, intentar
tomar su mano y rescatarla de ese pozo oscuro y ciego donde la situación la
había sumergido, pero no pude. En realidad supongo que di paso al rescate, a
que ella en un santiamén pudiera hacer el corte justo y necesario para escapar
del aprisionamiento verbal. Me habló entonces:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—¿Mi rostro le ha llamado la atención, joven? —dijo ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Aquella pregunta me sobresaltó. En realidad debía yo afirmar, aseverar
que así había sido, pero la respuesta ahora debería ser un poco más compleja
pues ya no solo era su rostro lo que me parecía interesante y había acaparado
mi atención, sino que su sola presencia y su comportamiento singular horadaban
mi curiosidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—A decir verdad no tanto, pero sí reconozco, y por ello le pido
disculpas, que su modo de mirar ha llamado mucho más mi atención.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Parece curioso pero todos tenemos cierto misterio en nuestras maneras
de mirar, ¿no le parece? Es como si allí, escondido entre velos misteriosos,
residiera gran parte de nuestro ser y sólo algunos pudieran verlo…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Es una bonita forma de pensar —acoté.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—¿Sabe? Hace unos años, bah, en realidad muchos años atrás, en mi
juventud, mi mirada se perdía en la mirada de un hombre. Podría decirle que la
mirada de él había secuestrado la mía. Yo era su prisionera, hasta en los modos
de mirar. Él tenía esa mirada enigmática y sincera que sólo aquellos hombres
con esencia y masculinidad suelen tener. Yo estaba enamorada, era joven, y
observaba los matices de la vida desde todos los ángulos posibles. Siempre he
pensado que esa curiosidad muy mía por observar el mundo circundante ha sido un
gran don de vida. Y en aquellos tiempos mis ojos sólo enfocaban en ese hombre,
en ese gran amor que tuve.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Debió de ser algo muy intenso entonces…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Lo fue… sí…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Callamos. Sólo por unos instantes. El sol apretaba demasiado sobre
nuestras sienes. Se acercaba la hora del almuerzo y yo debía juntarme con mi
esposa en un restorán cercano. En cambio la mujer parecía que podía pasar todo
el día sentada allí. No había prisa en sus gestos. Cada tanto acomodaba el
bolso sobre su falda y no más que eso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Debo marcharme —dije—, ha sido un placer haber podido charlar con
usted.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Lástima —respondió ella—, pues su compañía me gusta, me cae bien.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Seguramente habrá otra ocasión donde volvamos a encontrarnos, aquí o en
otro sitio —respondí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Sí, así es… en realidad de eso trata esta vida, ¿no? Las casualidades y
causalidades… esas palabras tan desgastadas a las que hacen referencia los
jóvenes de hoy.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Yo creo en ellas —dije—, es más, soy un ferviente defensor de esas
palabras. Creo en las casualidades y también en que todo tiene una causa. No
creo en el azar. O en realidad mi porcentaje de creencia en ello es bien bajo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Volví a posar mi mirada en la anciana y la observé con ahínco. Ella
parecía desmenuzar lentamente mi razonamiento para así emitir una respuesta y
continuar esa charla. Yo debía marcharme ya, pero algo me sujetaba. Me levanté,
alisé los pantalones, di un par de golpecitos al sombrero sobre mi mano y
esperé que la anciana se expresara por última vez. Fue entonces, al apartar los
ojos de ella, que observé lo límpido del cielo y caí en lo impuntual que sería
con mi esposa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Señora, mía —dije—, ya debo marcharme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Está bien, jovencito. Vaya tranquilo. Eso sí, recuerde mi rostro, al
menos por el transcurso del día de hoy, pues no siempre uno se cruza con
desconocidos e intercambia palabras y de allí surge una charla amena. Recuerde
a esta vieja, a mi rostro, y a nuestra charla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—Lo haré…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12pt; line-height: 107%; text-align: justify;"&gt;—Después de todo mi rostro le dejará de ser interesante con el paso de
los días y las noches. Se irá desvaneciendo de su memoria y otros rostros
ingresarán en ella. Pero no me preocupa. En realidad eso es algo inteligente
que logra la vida, ¿no cree? Ella es tan hábil, tan ágil para poner y quitar
rostros de nuestra memoria que la hace única y nos permite seguir viviendo,
avanzar, y no detenernos…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; line-height: 107%;"&gt;Aunque muchas veces caemos… —dijo con cierta pesadumbre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;
&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—¿A qué se refiere con “caemos”?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;—A que quedamos atrapados muchas veces en un bucle de tiempo, atesorando
rostros que han pasado por nuestra vida, manteniéndolos con brillo y vitalidad
en nuestra memoria, y ejerciendo una presión altamente psicológica a nuestra
mente. Fíjese, joven, que yo he sido una mujer así. El rostro de aquel hombre
que amé aún permanece grabado a fuego en mi memoria, y lo busco, tal como era,
a diario, entre la multitud, en los pasillos de los colectivos, en las largas
colas de los Bancos, en acto multitudinario al que vaya. Lo busco como si
deseara encontrarlo tal cual era, con esas facciones tan delicadas que sólo el
amor de aquellos tiempos me permitía ver. Lo busco sin remordimientos por mi
pérdida de tiempo, ¿Porque sabe una cosa?, buscar así como yo busco ese rostro
lleva tiempo, se lleva gran parte de la vida misma... &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Sus palabras sonaban fuerte. Aquella mujer no miraba distraídamente,
todo lo contrario, observaba con minuciosidad cada rostro que la vida le ponía
por delante, cada facción, cada destello y brillo de pupilas, cada mueca de
sonrisa, cada expresividad, y todo en busca de un hombre que ya no sería aquel
que conoció, que tal vez en ese instante estaría muerto, o no…, pero no
reparaba en ello sino que ajustaba su convicción de encontrarlo con mucha más
tenacidad. Me pregunté por un instante si mi esposa haría lo mismo por mí si la
vida nos separara, si nos llevará por caminos distintos y nuestras vidas se
bifurcaran, ¿acaso ella me buscaría así, con esa mirada, entre la multitud? No
sabía qué responderme. En realidad podía ir hondamente hacia mis adentros,
bajar al abismo más profundo de mis entrañas, y jamás encontraría tal
respuesta. Me sentí perturbado. O tal vez enojado conmigo mismo por plantarme
aquella duda y regarla para que germinara en mi interior. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;La anciana se levantó del banco, acomodó su bolso en el hombro y besó mi
mejilla. Me observó con muchísima dulzura. Con su mano pequeña y seca acarició
mi mejilla. Sentí lástima de mí mismo. Sentí una profunda tristeza abordarme.
En realidad la vida misma tenía ese tipo de juegos agridulces, un tanto
amargos. El futuro siempre sería algo incierto y ni yo ni nadie podía saber qué
le esperaría. Me vi repentinamente en mi vejez, tal vez en una plaza como
aquella, sentado en un banco solitario, observando rostros, intentando ver lo
interesante de ellos y buscando al gran amor de mi vida, ese rostro único que
cambia según nuestro corazón se enamore, ese rostro indescriptible que es vacío
o tiene mil formas, ese rostro que se atesora según el momento y puede
perpetuarse o no en nuestra memoria según la intensidad con la cual hayamos
amado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;Vi alejarse lentamente a la anciana. Observé la hora en mi reloj, ya era
tarde. Seguramente mi esposa, furiosa por mi tardanza, habría elaborado una
larga lista de reproches para lanzarme en la cara apenas me viera. No
importaba. No me importaba en absoluto. Acomodé el sombrero sobre mi cabeza,
metí las manos en los bolsillos del pantalón y caminé hacia el restorán con
tranquilidad, observándolo todo, mirando cada rostro que pasaba a mi lado, y
preguntándome si esas personas desconocidas buscaban también otros rostros,
esos que se atesoran y uno se esclaviza por ellos para toda la vida.&amp;nbsp;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal"&gt;
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&lt;/script&gt;

&lt;br /&gt;
&lt;div class="scWidget scWidget-box" id="scwdt1412172791980"&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: 12.0pt; line-height: 107%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
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&lt;span style="font-family: Dolly; font-size: x-small; line-height: 107%;"&gt;(Imagen obtenida de internet)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;Blog "Literato", Narrativa contemporánea.
(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/12/lo-interesante.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiuNHoVndKTiBUqwmF6gJodZVrvrrgzMCx1O1ZTozPKoYNCgpTJQWYgANXuNbezsI_ogGpxKWKXJdDEBaqAdxPkmKbngyl3bAHwrUxQnuywaVLLwhACN122JtKkCsjHVWt6xGagQzJGCHU/s72-c/81fd6c4ac886076555d06de6e1e5d60e.jpg" width="72"/><thr:total>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-4152579999501216976</guid><pubDate>Fri, 05 Dec 2014 14:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-12-05T11:29:15.310-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Mapas de lugares que no existen</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjef5S00wm4v7MILmS2yRHjGTixiCPAkwu4ZqcGd1jyjGst2C1bzO8nA8ONrHxR6QLLqTKc2qsvZByAsDVxMvYydSTaQ-Ygl2dzmVc3vx88G7ByyKy1nPXpFEHVcWgAz-YB3L9X0nF54KQ/s1600/2220cdfa537f67760803b0f992e0efca.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjef5S00wm4v7MILmS2yRHjGTixiCPAkwu4ZqcGd1jyjGst2C1bzO8nA8ONrHxR6QLLqTKc2qsvZByAsDVxMvYydSTaQ-Ygl2dzmVc3vx88G7ByyKy1nPXpFEHVcWgAz-YB3L9X0nF54KQ/s1600/2220cdfa537f67760803b0f992e0efca.jpg" height="400" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
No pasaron muchos minutos, creo que fueron menos de veinte. La espera suele hacérseme imposible pero en este caso intenté que no fuera así, &amp;nbsp;dejé que todo fluyera de un modo más natural, como si las manecillas del reloj fueran verdaderas aliadas, que junto al tiempo, susurraban a mis oídos que la vida en absoluto se estaba escurriendo como granos de arena. Admito que solo observé un par de veces el reloj. El resto del tiempo lo dediqué a posar mis ojos en el mobiliario del Café, en los transeúntes que caminaban presurosos por la vereda, o bien en los mozos y en su afán por mantener la limpieza y un servicio cordial. Esa forma de matar el tiempo, mejor dicho de “amigarme con él”, hizo posible que aquella reunión no fuera una batalla campal.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Esperaba a mi ex pareja, sentado en un bar céntrico, a escasas cuadras del bulevar principal. Era un atardecer de verano, diciembre más precisamente. Demasiada gente caminaba por las calles, con el ritmo frenético y alocado de los que empiezan &amp;nbsp;a desvivirse &amp;nbsp;por las compras navideñas.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Cuando ella entró al local se detuvo unas milésimas de segundo bajo la arcada de la puerta. Supongo que fue algo instintivo, algo que desde hacía mucho tiempo antes de nuestra separación había comenzado a hacer. Enfocó mis ojos y durante ese tiempo acotado se cercioró de mi humor. Tal vez yo emití alguna respuesta que aún sigo desconociendo. Entonces ella esbozó una pequeña mueca de sonrisa, una especie de aceptación, de salvoconducto que indicaba que todo estaba en orden y mi fiera interior no andaba suelta rompiendo mesas dentro del Café.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Su nombre es Emilia. Un nombre dulce para una mujer que hace gala de ello. Nos conocimos en la universidad una tarde de otoño mientras ambos esperábamos turno en una fotocopiadora. Las cosas buenas siempre inician de un modo casi distraído. Al menos siempre he pensado eso. Le pregunté qué estudiaba, de dónde era, y terminamos hablando de la vida misma, de política e inclusive hasta de fútbol. Como todo flechazo &amp;nbsp;aquello tenía bandera verde, era una largada solo para dos corredores: ella y yo. Al principio trotamos, luego corrimos y finalmente lo hacíamos tan aprisa que comenzamos a perdernos de vista, por momentos nos divisábamos y por momentos no, todo empezó a convertirse en una soledad opresora, en una carrera de posta.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Esos días de universidad fueron lo mejor de nuestra relación. En ese punto coincidíamos ambos. El enamoramiento nos había envuelto en un capullo similar a las mariposas de seda, y nos mantuvo aprisionados, gestándonos, durante un par de años. Hacíamos el amor con todo el ímpetu y el deseo de la propia edad, pero le añadíamos el extra de las charlas pos coito, en las cuales nuestros intelectos hacían gala y también buscaban aparearse. Hablábamos de libros, de política, de descubrimientos científicos, filosofábamos lo suficiente como para que el tiempo se esfumara de manera alarmante. Es que Emilia tiene cierto poder sobre el tiempo. Hace que en su compañía todo se mueva mucho más lento, increíblemente más lento.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Colgó su bolso en el respaldar de la silla y me saludó con un “Hola” tibio y demasiado escueto. Le devolví el saludo, pero esbocé una sonrisa amplia, franca, intentando hacerle sentir que no estaba enojado por su tardanza, que me había tomado la espera con calma, que el mundo podía seguir girando sin que yo quisiera destrozarlo con mis propias manos. Pedimos un par de cafés. Hablamos de cosas superfluas, de trabajo, de la vida misma. Los minutos pasaron e increíblemente los dos nos encontramos charlando amenamente, sin discutir.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Qué llevas en el portafolios? —preguntó Emilia.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
— ¡Ah!, ¡sí!, te refieres a estos papeles que sobresalen… Son mapas —respondí.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Mapas?...&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Sí, mapas, son unos tontos mapas que solo me llamaron la atención y decidí fotocopiarlos…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Y de qué lugares son?... si puede saberse, claro está…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Son mapas de lugares que no existen.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Emilia me miró con cierto asombro. Sonrió, libremente, con una estela luminosa sobre sus blancos dientes.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Lugares que no existen?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Así es…, no existen.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Y por qué alguien querría un mapa de lugares que no existen?&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—No lo sé aún —dije—, es que son curiosos, raros, y atraparon desde hace tiempo mi atención.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Se hizo un silencio incómodo por un instante.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Podríamos ir —dijo ella mientras emitía una risita débil.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Sí… —respondí secamente y avergonzado.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Saqué los mapas del bolso y se los mostré uno a uno. Estaban hechos en aguada sobre papel, algunos casi ilegibles, pero en realidad mostraban bastante bien los contornos y los detalles. Eran espacios geográficos imaginados. No había nada de real en ellos. Sin embargo sus formas curiosas y el solo hecho de imaginar que no existen seducían por completo mi imaginación.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Crees que en alguno de estos lugares lo nuestro hubiera funcionado? –preguntó Emilia.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Me sorprendió su pregunta. No hubiera esperado nunca una pregunta así de ella tras una ruptura tan abrupta y difícil como la que tuvimos. Fue tal el aturdimiento que mi garganta se resecó de golpe. Sorbí café, observé a los mozos ir y venir con las bandejas, escuché bocinazos de automovilistas histéricos en la calle, el sonido del reservorio de agua de un inodoro recargándose. Todo aquello parecían agujas insertándose una a una en mis sentidos. Titubeé, pero finalmente respondí, y lo hice asintiendo, de un modo aniñado, estúpido, pero aseverando al fin que sí, que tal vez en alguno de esos sitios formados por el ensueño y la imaginación nuestra historia de amor hubiera sobrevivido. Apenas respondí ella sonrió, miró los mapas y se quedó con la mirada perdida en ellos. Supe que en ese preciso instante habíamos llegado a un punto de inflexión. Fue un momento extraño. Guardé lentamente los mapas en el portafolio sin decir palabra alguna.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¿Estará allí el mapa del Paraíso? —preguntó de repente Emilia.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Esa pregunta fue impactante. El mapa del Paraíso…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—Tal vez. En realidad, ¿el Paraíso tendrá mapa? —respondí.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—¡Claro!, ¡¿por qué no ha de tenerlo?!&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
—No lo sé –dije—, es que siempre lo he imaginado con confines difusos. Sin límites.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Del otro lado del ventanal unos niños se detuvieron a cantar villancicos. Lo hacían a viva voz. Sonreían, se los veía muy felices. Los transeúntes les regalaban monedas, y algunos hasta se animaban a cantar con ellos. Emilia los observó con detenimiento, pero seguía ensimismada, tal vez pensando en el mapa del Paraíso.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Terminé de sorber mi café. Tomé una mano de Emilia, la aprisioné entre las mías, y dije: “Debo irme ya”. Ella asintió con una sonrisa triste.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Al salir del bar me topé con los niños. Apenas me vieron comenzaron a cantar más fuerte. Saqué unas monedas y se las fui entregando a cada uno en sus manos. De soslayo observé hacia el ventanal y allí, entrecortada por la luz del sol y las sombras, podía adivinar la silueta de Emilia observándome. Confieso que sentí un estremecimiento de tristeza en ese instante. Ella me observaba desde la punta de un continente imaginado, lejano, perdido en un universo que una vez nos había cobijado pero que ahora ya nos había botado a ambos. Yo, desde la vereda, enfocaba su silueta desde mi propio continente, en mi propio mapa, uno al cual ella no podía ni sabía cómo abordar.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Me alejé lentamente calles abajo. Ya anochecía. Pensé por un instante si en el Paraíso también estaría anocheciendo…, tal vez —me dije—, tal vez…&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/12/mapas-de-lugares-que-no-existen.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjef5S00wm4v7MILmS2yRHjGTixiCPAkwu4ZqcGd1jyjGst2C1bzO8nA8ONrHxR6QLLqTKc2qsvZByAsDVxMvYydSTaQ-Ygl2dzmVc3vx88G7ByyKy1nPXpFEHVcWgAz-YB3L9X0nF54KQ/s72-c/2220cdfa537f67760803b0f992e0efca.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-4907378481216371565</guid><pubDate>Sat, 08 Nov 2014 12:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-08T09:28:55.054-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Microrelato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">paralelismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">pérdida</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Recuerdos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">soledad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Sueños</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Se van a gustar, se van a querer, se van a detestar</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjawGBf_CNhO8HhWHKymwrkEBkQbHqDpg-ucO3896jhB1-yVd3Q87Mz_NytPr2p2B6Re2J7-kB0Me0csFEQQKzGFaRxSo_b4AfmqRcniDhcypTjjGbSN7MaUHs5ycXIHdomYHXFvBDDO5k/s1600/8de6aa41a6296e175fa37010edc28b75.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjawGBf_CNhO8HhWHKymwrkEBkQbHqDpg-ucO3896jhB1-yVd3Q87Mz_NytPr2p2B6Re2J7-kB0Me0csFEQQKzGFaRxSo_b4AfmqRcniDhcypTjjGbSN7MaUHs5ycXIHdomYHXFvBDDO5k/s1600/8de6aa41a6296e175fa37010edc28b75.jpg" height="400" width="253" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Se van a gustar, se van a querer, se van a detestar” Esa fue la frase de mi madre el día que partió de este mundo. Se refería a mi vida amorosa, sin importar quien fuera la mujer que pudiera tener al lado. Lo dijo con tranquilidad, palabra a palabra, poniendo la pausa de cada coma y el tajante punto final en su sitio. Luego de decírmelo se quedó mirándome con sus ojos pardos cristalinos, rebuscando algún tipo de expresión que saliera de mi boca, cosa que no ocurrió, claro está. Al rato ella cerró los ojos para siempre. Aquellas fueron sus últimas palabras. Yo sostenía su mano entre las mías, y sentí el abandono de la carne pasando de la tibieza a la frialdad, tal como su última frase también lo expresara.&lt;br /&gt;
Ese tipo de mensajes, en momentos apropiados, suelen marcar vidas enteras. En mi caso lo hizo. Seguramente ése era el momento apropiado para emitirla, justo segundos antes de la muerte no tan advenediza. Ella debió saberlo, o al menos percibirlo. Dejó con ello una mochila de gran peso para toda mi vida. Vaticinó lo glorioso de un imperio, su caída, &amp;nbsp;y también el olvido. Seguro que lo sabía. Ella lo había vivido. Construyó un par de imperios gloriosos al lado de hombres que la idolatraron como a una reina. Luego los incendió, mató a sus súbditos, envenenó a sus perros más fieles, y asesinó al dios amatorio. Finalmente huyó quemando todo tras de sí. Vi derrumbarse esos imperios. Hui como pude de entre los escombros y las ruinas. Ella solo corría delante, con ojos llorosos, sin volver la mirada atrás, sin tomar mi mano, tan solo corría desesperadamente como si buscara una puerta que no podía encontrar.&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;Después de las colosales caídas de los imperios jamás se detuvo a preguntarme si estaba bien. Solo se limitaba a mirarme a los ojos, sonreír con frialdad, y decir: “¡Vamos, que no es el fin del mundo!, ¡son los daños colaterales del amor!” Y tras decirlo, se sentaba sobre el sofá a esculpirse y pintarse las uñas de los pies. Siempre de un color rojo apagado, totalmente distinto a las llamas que dantescamente incendiaran los imperios.&lt;br /&gt;
—¡Mírame! —supo decirme cierta vez—, ¿qué es lo que ves?&lt;br /&gt;
Ese día ella se sentía plenamente feliz. Había comenzado a erigirse un nuevo imperio, justo junto a su segundo nuevo rey.&lt;br /&gt;
—Te veo feliz, madre —respondí con tono temeroso.&lt;br /&gt;
—¡Pues claro que lo estoy! —dijo—, ¡estoy nuevamente enamorada!&lt;br /&gt;
Y esa era la piedra filosofal, ya plantada justo delante del gran palacio, que recibía a cualquier desconocido y hacía conocer el estado de la nueva conquista. Entonces los quería. Iniciaba un poético e idílico mundo en el cual todos girábamos con cierta gracilidad. Yo era su satélite favorito. Nos cruzábamos cada tanto pero jamás nos eclipsábamos. Ella permanecía en un estado de gracia constante mientras el imperio florecía y el amor sostenía todas las columnas. Siempre el nuevo rey era el astro mayor, al cual todos los planetas adoraban, inclusive ella.&lt;br /&gt;
—Verás cómo lo querrás… es un gran hombre.&lt;br /&gt;
Yo sabía que las estrellas mueren, se enfrían, con suma lentitud. Todos morimos… ellas también lo hacen.&lt;br /&gt;
Y así, los años siempre pasaron, algunas veces de manera luminosa, otros demasiado opacos. Mi madre los vivía de igual modo, en realidad ambos lo hacíamos. Los reyes solían sufrirlo, pero mi madre se encargaba de que yo no, siempre lograba de un modo u otro socorrerme, aislarme, al menos hasta la caída final, en donde ella huía con terrible individualismo y de manera despavorida.&lt;br /&gt;
“Se van a gustar, se van a querer, se van a detestar” ha sido un gran lema en su vida. Lo respetó siempre, a rajatabla. Quien se encontrara con ella en su corazón o en su cama lo aprendía, quien pereciera con uno de sus imperios lo padecía.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/11/se-van-gustar-se-van-querer-se-van.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjawGBf_CNhO8HhWHKymwrkEBkQbHqDpg-ucO3896jhB1-yVd3Q87Mz_NytPr2p2B6Re2J7-kB0Me0csFEQQKzGFaRxSo_b4AfmqRcniDhcypTjjGbSN7MaUHs5ycXIHdomYHXFvBDDO5k/s72-c/8de6aa41a6296e175fa37010edc28b75.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-8263596086671861719</guid><pubDate>Sat, 08 Nov 2014 11:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-08T08:30:09.090-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Amor</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">locura</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Microficciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Miedos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Recuerdos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><title>Rehenes</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhLVKvhmPNrUFJMzZvniNkhUR7_gVOlgte7ja-7ukvqmhVI_wYzXty_kksHBunikPNWJthzRCWPIPp7fTUI-b70vIzqMO4ku5GPsseHGjfyFicmTCDrJ7DzY5W1o7P7J5O64pdI8FVq1fo/s1600/a15ca8a952fd9a3b47cf6e07e3ce3cf4.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhLVKvhmPNrUFJMzZvniNkhUR7_gVOlgte7ja-7ukvqmhVI_wYzXty_kksHBunikPNWJthzRCWPIPp7fTUI-b70vIzqMO4ku5GPsseHGjfyFicmTCDrJ7DzY5W1o7P7J5O64pdI8FVq1fo/s1600/a15ca8a952fd9a3b47cf6e07e3ce3cf4.jpg" height="400" width="285" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta mañana ha tenido la sutileza de tocar mi mano. Creo que lo hizo de modo inconsciente, pues no percibí ningún gesto que me demostrara lo contrario. Mantenía su rostro enjuto como cada mañana, y de sus labios no salió una sola palabra.&lt;br /&gt;
Su mano estaba tibia y suave. Me costó mucho recordar esa sensación que solía producirme en todo mí ser un terrible y delicado temblor. Sin embargo, como si fuese una especie de chispazo mágico, esa tibieza me despertó instantáneamente y me llevó, en un instante, a la vieja historia de mi vida, esa misma que he vivido más de sesenta años a su lado.&lt;br /&gt;
Lo más difícil ha sido percatarme que solo fue un roce involuntario. Algo no deseado. Las personas suelen hacerlo. Se tocan, pero no se sienten. Ese es un gran pecado y una verdadera ofensa para la vida. Debo aclarar que tampoco esperaba el roce. Fue algo inesperado. Grato, pero inesperado.&lt;br /&gt;
Después de tocarme siguió poniendo el mantel, colocó las tazas de té, las tostadas, la tetera caliente, el jarro con azúcar. Se sentó en frente y comenzó a sorber con lentitud su té, como lo hace cada mañana desde hace sesenta años, inclusive a observar por la ventana con la misma mirada de siempre, esa que está cargada de curiosidad como si se tratase de un par de ojos de niño a punto de abalanzarse sobre un nuevo mundo por descubrir.&lt;br /&gt;
Yo, desde mi lugar en la mesa, observaba su mano, esa misma que me había tocado hacía unos instantes. Se mantenía casi inmóvil si no fuera por el temblor de la edad. Se la veía descansar sobre el mantel floreado. Pensé que tal vez su mano sí se había percatado de mí presencia al tocarme, y seguramente lo había hecho. Soy de los que sostienen que no hay corazones fríos en el mundo, aunque muchas veces me cueste creerlo (y mucho más sostenerlo). Su mano aún debía de mantener mi esencia, por ello sonreí. Mis labios se movieron con vergüenza esbozando una diminuta, casi imperceptible sonrisa, que irradiaba una felicidad contenida por años, casi ya olvidada en el andamiaje del tiempo ¿Dónde había quedado aquella chica de sonrisa resplandeciente y manos gráciles y cariñosas? Yo no lo sabía. En un momento de descuido se esfumó de mi lado, y al percatarme de ello supe que ya no regresaría. Se trata de esas noticias que jamás esperas recibir. Son similares a la muerte, o en realidad son parte de ella. Nadie dijo que la muerte engloba solo un instante. Se muere de a poco. Con lentitud. Como cuando se apagan una a una las luces de una casa antes de ir a dormir. Del mismo modo ella se apagó a mi lado.&lt;br /&gt;
Ahora, mientras sorbía su té y miraba a través de la ventana, huelo el perfume de los jazmines en flor de nuestro jardín. Ese olor inunda toda la estancia. La carga de una poesía única, pero a la vez inconexa con nosotros dos. Lo que antes supo unirnos y sellar nuestro amor ahora tan solo es parte de un engranaje averiado por el tiempo.&lt;br /&gt;
Bajo la mirada y vuelvo a observar su mano. Sigue reposada sobre el mantel. Parece muerta, pero no lo está. La muerte ya tomó otros rehenes y su mano no está entre ellos.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/11/rehenes.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhLVKvhmPNrUFJMzZvniNkhUR7_gVOlgte7ja-7ukvqmhVI_wYzXty_kksHBunikPNWJthzRCWPIPp7fTUI-b70vIzqMO4ku5GPsseHGjfyFicmTCDrJ7DzY5W1o7P7J5O64pdI8FVq1fo/s72-c/a15ca8a952fd9a3b47cf6e07e3ce3cf4.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-6272456384719815117</guid><pubDate>Wed, 05 Nov 2014 13:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-05T10:55:35.828-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Microficciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Microrelato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">paralelismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Sexo</category><title>Antropología</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjNooPdK3Sipez5YGkmAxOfHbi41ndl22npHqGG-l8g5OoNd1-Z5CXqPenvZ22_eafDpobO9IyNZ2GdiMP2szeue0FacwXhv4zEmpbT4Jt30UNuifp-o-19IzeQH5wx-rpPzKixiLVJgcw/s1600/b75182ab98b60f24c4e2100bbb266482.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjNooPdK3Sipez5YGkmAxOfHbi41ndl22npHqGG-l8g5OoNd1-Z5CXqPenvZ22_eafDpobO9IyNZ2GdiMP2szeue0FacwXhv4zEmpbT4Jt30UNuifp-o-19IzeQH5wx-rpPzKixiLVJgcw/s1600/b75182ab98b60f24c4e2100bbb266482.jpg" height="400" width="311" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Algunos antropólogos hablaban sobre la desnudez y la Tierra. Cuchicheaban entre ellos. Eran susurros de los cuales alguna que otra palabra se escabullía y oídos ajenos las robaban para sí. Entre ellas algunas eran entendibles y otras realmente inconexas. La única mujer del grupo entonces expuso su teoría. De pie frente al resto, con la frente cargada de sudor por el intenso calor de la noche veraniega, miró a sus compañeros y comenzó a hablar con un tono cálido y firme. Ahora solo sus palabras lo llenaban todo.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
En su teoría hablaba de los hombres primitivos contemporáneos, de sus relaciones con el sexo y de la forma en que estos entendían a la mujer desde lo sexual y a la madre Tierra. Sus colegas, absortos ante la exposición, contemplaban en la femenina antropóloga a una mujer con destellos únicos. En cambio ella solo reparaba en el eco que producían sus palabras representando su propia teoría, esa misma que le había llevado unos cuantos años desarrollar.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Decía entonces que los primitivos actuales son como los nómades de antaño, a los cuales les encantaba movilizarse por la tierra de un lugar a otro sin echar raíces que los sujetaran. El hombre actual se desnuda sin tapujos y le da lo mismo si es sobre la tierra o sobre el mar. Pero si es sobre la tierra se postran sobre ella, y hacen el amor con cuanta fémina se encuentran; en cambio sobre el mar son más temerosos por lo desconocido. Eso da una idea de tierra fecundada —expresó—, de macho que esparce su simiente por poblados y ciudades con y sin nombres.&lt;/div&gt;
&lt;div style="text-align: justify;"&gt;
Luego, tras terminar de exponer su teoría, la antropóloga observa la mirada de sus colegas y se percata de que su teoría es cierta. En las distintas formas de mirarla percibe la lujuria, el deseo, el frenetismo irrefrenable del deseo sexual. A ninguno de ellos le importa el sitio y el ámbito donde se encuentran. Traga saliva y sus pensamientos la aturden. En realidad quisiera que nada de eso sucediese pues ella sostiene también que aquella teoría, por más cierta que la considere, no se aplica a ella, pues es ella misma quien hace cierta salvedad a lo expuesto, al desear a las mujeres más que al mismo hombre primitivo.&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/11/antropologia.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjNooPdK3Sipez5YGkmAxOfHbi41ndl22npHqGG-l8g5OoNd1-Z5CXqPenvZ22_eafDpobO9IyNZ2GdiMP2szeue0FacwXhv4zEmpbT4Jt30UNuifp-o-19IzeQH5wx-rpPzKixiLVJgcw/s72-c/b75182ab98b60f24c4e2100bbb266482.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-7017074700257118097</guid><pubDate>Tue, 04 Nov 2014 13:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-11-04T10:28:26.391-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">bifurcaciones</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Miedos</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato breve</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Puntos suspensivos</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh3Djr4pg_5CBeo5Gu6tQJ8SahbBspWNnJXxFrQtAK6cZM_0VbvvyXO4e3b3f3ruLkqbp6PzisLgW-jesFYWL9D4IKaHB8AO3LFdpjWDojEKAraDHOxJkeCqiVcIMn1P2hgO79sgL5kfW0/s1600/ff32d1e8200cba95ecd3a0661cc55b91.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh3Djr4pg_5CBeo5Gu6tQJ8SahbBspWNnJXxFrQtAK6cZM_0VbvvyXO4e3b3f3ruLkqbp6PzisLgW-jesFYWL9D4IKaHB8AO3LFdpjWDojEKAraDHOxJkeCqiVcIMn1P2hgO79sgL5kfW0/s1600/ff32d1e8200cba95ecd3a0661cc55b91.jpg" height="640" width="425" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cierta mañana lluviosa, mientras caminaba presuroso por las calles céntricas, en una esquina con semáforo me encontré a un hombre desgarbado y melancólico. Miraba hacia las luces del semáforo de un modo extraño, casi ido. Tras ponerse la luz en verde comencé a cruzar la calle y noté, de soslayo, que aquel hombre permanecía sobre la acera sin inmutarse, como hipnotizado por las luces. Volví sobre mis pasos y le hablé. Primero fue un saludo cordial y una mueca de sonrisa. Luego la pregunta que haría de epicentro:&lt;br /&gt;
—¿Necesita ayuda para cruzar, señor?&lt;br /&gt;
El anciano solo atinó a sonreírme. Tenía una bella sonrisa, debo admitirlo, al igual que esas personas que al sonreír parecen cambiarle la perspectiva del mundo a uno.&lt;br /&gt;
&amp;nbsp;—Le agradezco, joven, pero aquí estoy bien… —dijo.&lt;br /&gt;
Sorprendido por su respuesta sentí la necesidad de seguir camino, pero antes de marcharme volví a preguntar:&lt;br /&gt;
—Seré curioso, ¿qué hace usted en esta esquina?&lt;br /&gt;
—Observo las luces —respondió.&lt;br /&gt;
—Sí, me he dado cuenta de eso… ¿y qué ve en ellas?&lt;br /&gt;
—Muchas cosas, joven. Tantas que hay momentos que me abruman.&lt;br /&gt;
No había duda que era un anciano bastante especial. La forma de mirarme y de responder era casi angelical. Su voz suave, pausada, y su sonrisa franca en plenitud, todo irradiaba cierta paz… ¡hasta su sinceridad lo hacía! Con un gesto de aceptación le sonreí y coloqué el sombrero sobre mi cabeza. Me despedí con un apretón de manos y avancé para cruzar la calle. Tras dar los primeros pasos escuché su voz tras mi espalda.&lt;br /&gt;
—Si vuelve a pasar por aquí en otro momento le diré con más exactitud lo que veo, joven. Hoy solo ha sido un poco de mi vida. Unos cuantos puntos suspensivos…&lt;br /&gt;
Volteé, lo miré a los ojos, y pregunté:&lt;br /&gt;
—¿Puntos suspensivos?&lt;br /&gt;
—Sí —asintió el anciano—, así son las vidas, meros puntos suspensivos. Fíjese, joven, que esa unión de caracteres de imprenta son lo mejor de la literatura que puede emparejarse con la vida misma, ¿o acaso su propia vida no está llena de puntos suspensivos?&lt;br /&gt;
Nos miramos en silencio unas milésimas de segundos hasta que el claxon de un automóvil me sobresaltó. Crucé rápidamente hacia la acera de enfrente y desde allí contemplé unos instantes más al anciano. Al llegar al cementerio, me arrodillé con lentitud sobre la tumba de mi hijo. Dejé el sombrero sobre la lápida, le coloqué las flores al lado de su nombre. Miré al cielo, suspiré hondo y pensé en las palabras del viejo. Mi vida, sin haberlo pensado jamás, estaba llena de puntos suspensivos…&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/11/puntos-suspensivos.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh3Djr4pg_5CBeo5Gu6tQJ8SahbBspWNnJXxFrQtAK6cZM_0VbvvyXO4e3b3f3ruLkqbp6PzisLgW-jesFYWL9D4IKaHB8AO3LFdpjWDojEKAraDHOxJkeCqiVcIMn1P2hgO79sgL5kfW0/s72-c/ff32d1e8200cba95ecd3a0661cc55b91.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-2394811051453599876</guid><pubDate>Sun, 14 Sep 2014 14:43:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-09-14T11:43:32.401-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Búsqueda interior</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Drama</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Muerte</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Surrealismo</category><title>Cielos</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIfDp53RrbTRFufm6nt0SAkohcq4uHaRnlFTgnHv2kKMSfzESEA-88nGnNlPBAteimbaT5iSODjBb-ob7JWFMVNZ-F50kAk1e1un3atk1lIpjc2xLqTDybigWt7Nww5uCKWoyGdh-pzZs/s1600/be9a6136a4ae6316a0d78132ec1707c2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIfDp53RrbTRFufm6nt0SAkohcq4uHaRnlFTgnHv2kKMSfzESEA-88nGnNlPBAteimbaT5iSODjBb-ob7JWFMVNZ-F50kAk1e1un3atk1lIpjc2xLqTDybigWt7Nww5uCKWoyGdh-pzZs/s1600/be9a6136a4ae6316a0d78132ec1707c2.jpg" height="640" width="264" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Especialmente
en los días de primavera, cuando la cálida brisa se percibía con todos los
sentidos durante los atardeceres, el joven Joaquín Espinilla caminaba rumbo a
los límites de la ciudad con un único fin: recostarse sobre el pasto, en completa
soledad, y observar el peculiar encanto que dejan ver la luna y el sol cuando
intercambian posiciones. Llevaba haciéndolo durante años, desde su niñez. Había
empezado en el patio de su casa natal cuando su abuela materna solía observar
el atardecer sentada en una silla mecedora, balanceándose al compás de un
tarareo lánguido de un viejo tango de Gardel. Fue ella quien con sus miradas
perdidas en los matices celestiales contagió lentamente los sentidos de su
nieto y plantó en él la semilla de la admiración por tan bellos momentos. Con
el paso de los años su mismo nieto recordaría esos atardeceres con un enorme
beneplácito, sintiéndose contenido por una atmósfera única que su propio
cerebro y mente producían tras avivar esos recuerdos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;La
vieja, con sus manos temblorosas y surcadas por arrugas que hablaban de otros
tiempos, solía sobresaltarse cuando su nieto la observaba en silencio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Joaquín,
¿qué haces allí?...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Y
el niño sólo se limitaba a mover su cabeza en signo de asentimiento, sin
pronunciar palabra alguna, sorprendido, y con mucha vergüenza, con la culpa a
flor de piel por haber invadido de algún modo la comunión ininteligible entre
el cielo y su propia abuela.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;De
ese aprendizaje silencioso y duradero fue que Joaquín Espinilla comenzó a amar
el cielo. No había nada comparable con aquello para él. Sus amistades, su
propia familia, inclusive su esposa, no podían entender qué era lo que llevaba
a Joaquín a tener esa gran devoción. Sin embargo todos mantenían un respeto
tácito al respecto y jamás nadie preguntó o increpó al joven por ello.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;En
la primavera de 1994, tras varios días de copiosas lluvias, una buena tarde el
agua cesó de caer de repente; un gran hueco se había abierto en medio de la
bóveda celeste y por allí podía observarse un cielo prístino que enviaba tibios
rayos de sol a la superficie de la tierra. Ese atardecer apareció
resplandeciente de la nada misma. Joaquín Espinilla no lo dudó un segundo y se
dirigió a los descampados aledaños a la ciudad. Se había subido alegremente a
un viejo ciclomotor y esquivando charcos enfilaba hacia la avenida principal,
esa misma que corta a la ciudad en dos mitades, casi simétricas. Anduvo largo
rato hasta ubicar un descampado solitario, sin nadie a la vista. El viento
corría con fuertes ráfagas que se llevaban consigo los nubarrones grises y
dejaban el celeste más puro en su lugar. Por donde se mirase había barro y
yuyos mojados. No había un sector donde poder recostarse y observar el
atardecer, pero aun así no dejó pasar la oportunidad y se recostó igual sobre
el suelo barroso. Terminó de observar cómo desaparecían las últimas nubes y se
regocijó ante el olor a vergel puro que el viento arrastraba. Olores a flores que
habían sido acariciadas por la lluvia y bendecidas por el mismo cielo. Recordó
a su abuela en tardes similares, en las cuales después que las lluvias
amainaban, un tremendo arco iris se presentaba en el cielo como un enorme y
desfachatado pincelazo de pintor bohemio. A lo lejos, un par de perros ladraban
con insistencia, jugaban y se corrían. Pájaros de varias especies surcaban el
cielo con vuelos errantes, algunos con trinos y otros en silencio. Pero en los
olores florales residía lo que más le atrapaba los sentidos: rosas, jazmines,
malvones... Joaquín amaba aquella escena sin entender tampoco el porqué.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Esa
misma tarde, cuando el barro ya había helado su espalda, de repente los perros
se callaron y los pájaros dejaron de trinar. El cielo se limpió y el viento
cesó. A lo lejos pudo divisar una silueta que se recortaba entre el cielo y la tierra,
que se movía, avanzando, y se dirigía en su dirección. Sobresaltado se
incorporó y observó el acercamiento. En un instante la silueta tomó forma
humana, más precisamente de mujer. El nerviosismo se apoderó completamente de
Joaquín Espinilla. Sus manos sudaban, como así también su cuello y su torso. La
mujer que ahora se encontraba frente a él era de una belleza natural
esplendorosa, cautivante. Se miraron en silencio un instante que pareció
eterno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Qué
observabas? —preguntó la mujer.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—El
cielo...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Qué
hay en el cielo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Supongo
que todo lo que me gusta —respondió Joaquín a media sonrisa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;La
mujer parecía haber caminado durante mucho tiempo, en sus ojos se adivinaba el
cansancio, pero era su manera de mirar lo que atrapaba y hacía olvidar el
resto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Puedo?
—dijo a Joaquín indicándole el suelo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Él
asintió, así como lo hacen los hombres asediados por Cupido y que finalmente
terminan siendo frenéticos trofeos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Ambos
se acostaron en el suelo, de espaldas, casi tocándose, y observaron en silencio
el cielo durante un buen rato. Esa tarde de 1994 pasó rápidamente, así de
rápido como se despejó el cielo tras la tormenta. La mujer luego de un
larguísimo rato en silencio se volteó de lado, y ya casi con la oscuridad de la
noche sobre sus cuerpos, se quedó observando fijamente a Joaquín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Quién
eres? —preguntó finalmente el joven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Pero
ella esa vez no respondió. Se limitó a seguir observando el rostro de Joaquín
con más firmeza que antes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—En
realidad supe al momento de hacerte la pregunta que no me contestarías. Es más,
dudaba en preguntártelo. Pero sé que no eres de esta ciudad. Tal vez de la
ciudad vecina, o de los pueblos de más al sur. No conozco a todos, pero sé que
no eres de aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—No,
no lo soy... —dijo ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;La
mujer mantenía una sonrisa triste. Parecía costarle demasiado trabajo
sostenerla. Irradiaba cierta frialdad cargada de una tristeza demasiado
lánguida, que traspasaba las pupilas de Joaquín Espinilla llegándole directo a
su corazón. Ambos se incorporaron y se contemplaron en silencio las siluetas
que apenas se distinguían bajo el nocturno. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Debo
irme –dijo finalmente ella. Se paró, acomodó su ropaje y sin despedirse comenzó
a caminar en la misma dirección desde donde había venido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;El
joven solo se limitó a observarla. Ninguna palabra pudo salir de su boca, ni de
sus labios sellados por el desconcierto que aquella mujer le producía. Esa noche
al volver a su hogar su esposa cenaba, angustiada como cada vez que él
desaparecía en busca de sus imágenes celestiales. Miró a Joaquín a los ojos
intentando descubrir algo que ya no conociera de esos días en los cuales su
esposo observaba el cielo, pero no encontró nada, solamente la misma mirada y
el mismo comportamiento que él tenía al volver de observar sus cielos. Joaquín
avanzó hasta su habitación, se quitó la ropa embarrada y tras meterse a la
ducha, abrió el grifo de agua caliente y se acuclilló en el esquinero,
pensativo, con la mirada roma, perdida en el camino de aquella mujer enigmática
que había conocido y preguntándose de dónde habría salido y hacia dónde había
partido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Semanas
después, ya en su quehacer diario y enfocado completamente en su trabajo, la
imagen de la mujer enigmática había desaparecido por completo de su mente. No
la recordaba en absoluto. Aquel acontecimiento había quedado sepultado en la
inconsciencia; sin embargo el tiempo se encargaría de que eso no fuera tan así.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;En
el invierno de 2014, ya muchos años después de aquel acontecimiento, Joaquín
Espinilla tenía a su cargo una familia bastante numerosa: su esposa de toda la
vida, y tres pequeños y traviesos niños que hacían el deleite de su vida. La
familia se había afianzado fuertemente a lo largo de los años, sin fisuras y
con una solidez que era envidia de todos. La esposa de Joaquín Espinilla ya no
se preocupaba por las salidas de su esposo en los atardeceres, como así tampoco
en las noches demasiado estrelladas (algo que también a él le gustaba
observar). Con el paso de los años esa manía de observar los cielos fue desapareciendo
lentamente de él, inclusive hasta el punto casi de extinguirse. No había nada
en particular que hubiera sucedido para ello, aunque tal vez para Joaquín
Espinilla ya no había cielos por ver ni descubrir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Un
día de ese invierno una gran nevada cubrió toda la ciudad. Por donde se mirara
todo permanecía cubierto por un blanco inmaculado. Los copos de nieve se asentaron
con docilidad sobre cada objeto que encontraron a su paso y fueron construyendo
gruesas capas hasta cubrirlo todo. Hacía años que la ciudad no se veía de ese
modo. El frío se hacía presente y los hogares a leña dejaban escapar una densa
humareda para poder calefaccionar el interior de las viviendas. Los vecinos a
media mañana salieron a despejar la nieve de las veredas de sus casas y de los
garajes. Usaban palas especiales para la tarea. Joaquín Espinilla también había
salido a despejar la nieve, y mientras lo hacía sucedió algo incomprensible: a
unas dos cuadras de su casa, en medio de la calle, mientras la nieve aún caía
esporádicamente, una silueta caminaba en dirección a él. Al principio pensó en
algún vecino, pero le llamó la atención que caminara por el medio de la calle y
con suma lentitud. Posó la pala y observó con más detenimiento. Su mente se
llenó de estupor cuando cayó en la cuenta que era aquella misma muchacha que
había visto hacía casi veinte años atrás en el descampado tras la lluvia. No
había envejecido, y se mantenía vestida con la misma ropa. Cuando la mujer
estaba ya próxima a él lo observó con detenimiento durante un instante. De
repente la calle pareció enmudecer. No pasaban automóviles ni había vecinos
quitando la nieve. Solo el ulular del viento que cada tanto traía consigo
puñados de nieve en jirones. La mujer llegó hasta Joaquín Espinilla y se detuvo
en frente suyo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Cómo
has estado? –preguntó ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Joaquín
Espinilla tragó saliva. Su estupor seguía siendo gigantesco. No podía concebir
lo que sus ojos observaban ¿Acaso aquella mujer no había envejecido ni un año? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Mmm…
mmm… muy bien… —respondió Joaquín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Ella
le sonrió. Lo hizo con el mismo dejo lánguido que lo había hecho la vez
anterior, como si una enorme tristeza aun fuera parte de ella y reptara a
través de su sonrisa. Se contemplaron en silencio durante un instante y luego
ella lo tomó de las manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Me
temes… no tienes por qué… ¿acaso te he hecho algo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Joaquín
negó con la cabeza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Entonces
no me temas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Quién
eres?, ¿al menos dime eso? –preguntó nervioso Joaquín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Acaso
importa quién soy? –respondió la mujer—, ¿es tan importante para ti saber quién
soy?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Sí,
lo es…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Pues
bien, te diré quién soy… o mejor dicho quién fui, porque lo que ahora ves y
tocas ya no es, sino que fue. Y aunque parezca extraño fue hace mucho tiempo,
tanto que hasta yo misma me sorprendo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Estás
muerta? –preguntó Joaquín—, ¿eso quieres decirme?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—En
teoría sí, pero yo suelo decir que he quedado atrapada en un hermoso pasaje
entre la vida y la muerte. Es un corredor infinito y hermoso que me permite día
y noche observarlo todo. Hay dos puertas: una por la cual ingresé al corredor,
y otra a la que sé que debo llegar pero no he logrado alcanzar. Mientras tanto
sigo caminando, en un tiempo infinito, observándolo todo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—¿Y
qué observas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Todo…
principalmente la belleza. Así, como lo haces tú. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Me
gusta observar –acotó Joaquín. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Lo
sé, y me agrada. Te he visto&amp;nbsp; observar
los cielos desde niño. Los observaste siempre con gran entusiasmo como si
quisieras descifrar algún enigma atrapado en ellos. Y tienes razón si eso
buscas, pues los cielos están repletos de enigmas, tantos que son infinitos. He
visto tu belleza al mirar Joaquín, y por eso abandoné por un instante el
corredor para visitarte, para observar desde tu perspectiva la belleza que
observas. Tus ojos se cargan de esa luminiscencia que solo los que escudriñan
con detenimiento los misterios de la vida poseen. Tienes el don de observar la
belleza de la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Joaquín
permaneció aturdido por aquellas palabras.&amp;nbsp;
Ella en cambio se le acercó y lo besó en la mejilla. Fue un beso frío,
de unos labios cargados de muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Volveremos
a vernos –dijo ella, y dándose media vuelta retomó su cansino caminar por la
misma calle por donde había venido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Pronto
desapareció. Los automóviles comenzaron a aparecer de la nada, los vecinos
comenzaron a palear nieve, el bullicio del barrio se dejó oir nuevamente,
inclusive la nieve cayó más copiosamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Esa
misma noche Joaquín Espinilla al acostarse evocó lo sucedido. Cuando ya el
sueño lo tenía entre sus fauces pareció ver el rostro de la mujer en las
sombras que proyectaban las luces de mercurio de la calle en las paredes de su
habitación. Se sobresaltó, pero asumió que solo lo imaginaba, o al menos quiso
entenderlo así. Cerró los ojos y al instante los abrió en un pasillo luminoso.
Detrás de sí había una puerta blanca, grande, completamente cerrada. El pasillo
se perdía en el horizonte y a los costados, lo que serían las paredes, eran
transparentes y por ellas se podía observar todo, absolutamente todo. Comenzó a
caminar y veía la vida de sus amigos, de sus hijos, de su esposa, la vida de
personas desconocidas, lugares que jamás había visitado, y también cielos
magníficos que jamás había pensado que existieran. Caminó y caminó sin
detenerse, sin sentirse cansado, observándolo todo y embriagándose de belleza.
Vio a su esposa llorar, cargada de angustia, y no entendió el porqué. Sus hijos
también lloraban y abrazaban a su madre. Los vio crecidos, inclusive con nietos
suyos en los brazos, meciéndolos con amor. Aquello producía mucho desconsuelo y
congoja en Joaquín Espinilla. Tras ver esas imágenes se detuvo y quiso volver,
pero la puerta que tenía en un principio a sus espaldas había desaparecido por
completo. Ya no había retorno. Decidió seguir avanzando, y entonces se echó a
correr. Lo hizo con mucha velocidad, con toda la fuerza que podía sentir en su
musculatura, sin embargo no sintió jamás el cansancio. Su cuerpo corría, las
imágenes se sucedían en las paredes, pero no se cansaba, ni siquiera jadeaba.
De repente se detuvo y se preguntó si habría enloquecido. Entonces la respuesta
apareció ante sus ojos. La misteriosa mujer caminaba lentamente hacia él. Esta
vez no había sonrisa en su rostro, sino una parca seriedad. Ya delante de él la
mujer lo tomó de los hombros y lo abrazó con fuerza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;—Bienvenido
–dijo ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;Joaquín
cerró los ojos tras escuchar aquella frase y al volver a abrirlos observó un
cielo majestuoso, de un celeste puro, con nubes gigantescas que se elevaban
como enormes murallones de un color blanco inmaculado. Rayos de sol las
atravesaban y brillaban con una claridad inaudita. La imagen era de una belleza
descomunal. Se sintió solo, con tristeza, atrapado en los brazos fríos de una
mujer desconocida. Sintió la ausencia de los seres amados y quiso estar muerto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;div class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify;"&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;En
la mañana de 12 de julio de 2014 los diarios locales hablaban de una horrible
muerte. Un hombre de unos cuarenta años se había suicidado arrojándose desde el
balcón de su departamento. Su esposa –decían las noticias— había intentado
detenerlo, pero él tras levantarse de la cama caminó sin detenerse hacia el
balcón, como si una fuerza extraordinaria lo atrajera y lo condujera
involuntariamente. Al llegar al balcón se paró sobre la barandilla y
simplemente se dejó caer. Esa noche el cielo se vestía de un modo especial,
pues era noche de luna llena, una luna enorme, anaranjada, que lo iluminaba
todo, inclusive hasta la propia muerte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;
&lt;span style="font-family: &amp;quot;Adobe Caslon Pro&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/09/cielos.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjIfDp53RrbTRFufm6nt0SAkohcq4uHaRnlFTgnHv2kKMSfzESEA-88nGnNlPBAteimbaT5iSODjBb-ob7JWFMVNZ-F50kAk1e1un3atk1lIpjc2xLqTDybigWt7Nww5uCKWoyGdh-pzZs/s72-c/be9a6136a4ae6316a0d78132ec1707c2.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink="false">tag:blogger.com,1999:blog-6556505321460496294.post-6658208309032324803</guid><pubDate>Sat, 16 Aug 2014 01:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2014-08-15T22:30:16.705-03:00</atom:updated><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Microrrelato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">mundos interiores</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Musa Urbana</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Narrativa</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Relato</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">soledad</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Sueños</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">Surrealismo</category><category domain="http://www.blogger.com/atom/ns#">tristeza</category><title>Quien habita en mí</title><description>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;
&lt;a href="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgzTjt5IjoEKexH4huYYTnIp0Y8Ik-D_WD1HEtvFelNTj5btBuW4c3a-oAP-_4FcVCtFXBGw2bAhKkJrUwqtVPYZ1iM7JtQ-nPM526ZlwXHB6c7AJhQQfRn2gcylSUqAXr5uRcQCsXCQRM/s1600/73d29bc5554be611c0fe8329d26cc5f6.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgzTjt5IjoEKexH4huYYTnIp0Y8Ik-D_WD1HEtvFelNTj5btBuW4c3a-oAP-_4FcVCtFXBGw2bAhKkJrUwqtVPYZ1iM7JtQ-nPM526ZlwXHB6c7AJhQQfRn2gcylSUqAXr5uRcQCsXCQRM/s1600/73d29bc5554be611c0fe8329d26cc5f6.jpg" height="640" width="425" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo que toco se deshace. Es algo inevitable. Sucede desde que tengo memoria. Y no me estoy refiriendo a cosas materiales, no, sino a esas cosas invisibles que todo humano lleva dentro y ninguno sabe explicar bien que son. He llegado a maldecirme. En silencio oro con los ojos cerrados invocando a un único Dios, o también a varios —muchas veces me es indistinto—, sin llegar jamás a obtener respuesta alguna.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi modo de tocar es sutil. Llega al punto de no darme cuenta que lo estoy haciendo. Pero es el tiempo y la vida misma quienes con su dedo hostigador me señalan acusatoriamente haciéndome caer en la depresión y la culpa. He roto corazones, mentes, almas, sentimientos, inclusive hasta espíritus. Se han deshecho delante de mí, pulverizado, evaporado…&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Bravo! grita esa parte endemoniada que me habita. Se sonríe desde los rincones de mi profundo yo. Sus ojos, luminosos e incandescentes, brillan fantasmagóricamente cada vez que tiene éxito. Y yo sucumbo. Caigo en picada libre a un abismo cuyas fauces me devoran con serenidad, paladeando a gusto mis penas y dolores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay nadie que ya quiera acercarse a mí. En el pueblo la noticia corre como reguero de pólvora y los pueblerinos me rehúyen, evitándome en todo aspecto, incluso lo hacen hasta los animales. Mi punto de hartazgo se ha superado hace ya mucho tiempo, tanto que casi he perdido la cuenta. Era un adolescente cuando me percaté de la bestia que habita en mis cavernas interiores, y con la cual comencé a llevar terribles batallas en noches de sueños e insomnio. Pero jamás desistió. En realidad le encanta habitar en mí.&lt;br /&gt;
&lt;div&gt;
&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;
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(http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com)&lt;/div&gt;</description><link>http://lascoleccionesdeliterato.blogspot.com/2014/08/quien-habita-en-mi.html</link><author>noreply@blogger.com (Anonymous)</author><media:thumbnail xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" height="72" url="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgzTjt5IjoEKexH4huYYTnIp0Y8Ik-D_WD1HEtvFelNTj5btBuW4c3a-oAP-_4FcVCtFXBGw2bAhKkJrUwqtVPYZ1iM7JtQ-nPM526ZlwXHB6c7AJhQQfRn2gcylSUqAXr5uRcQCsXCQRM/s72-c/73d29bc5554be611c0fe8329d26cc5f6.jpg" width="72"/><thr:total>0</thr:total></item></channel></rss>