<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>El otro escaño</title>
	<atom:link href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/feed" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano</link>
	<description>Just another Blocs d&#039;opinió site</description>
	<lastBuildDate>Thu, 10 Oct 2019 10:38:40 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.4.8</generator>
	<item>
		<title>Cs y PSC: una larga guerra política y cultural</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cs-psc-una-larga-guerra-politica-cultural-34472</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Oct 2019 10:38:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[10-N]]></category>
		<category><![CDATA[Ciudadanos]]></category>
		<category><![CDATA[Iceta]]></category>
		<category><![CDATA[independencia]]></category>
		<category><![CDATA[parlament]]></category>
		<category><![CDATA[PSC]]></category>
		<category><![CDATA[Roldan]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=819</guid>

					<description><![CDATA[<p>La fallida moción de censura al presidente de la Generalitat, Quim Torra ha hecho emerger con toda su crueldad la batalla entre Ciudadanos y el PSC. Una guerra de largo recorrido que tiene en las elecciones del 10-N un efecto &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cs-psc-una-larga-guerra-politica-cultural-34472">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cs-psc-una-larga-guerra-politica-cultural-34472">Cs y PSC: una larga guerra política y cultural</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La fallida moción de censura al presidente de la Generalitat, <strong>Quim Torra</strong> ha hecho emerger con toda su crueldad la batalla entre Ciudadanos y el PSC. Una guerra de largo recorrido que tiene en las elecciones del 10-N un efecto inflamante, pero que no deja de ser, pese a alianzas coyunturales como la de otoño de 2017 ante los planes rupturistas del Gobierno Puigdemont, el espacio natural de <strong>dos formaciones enfrentadas históricamente enfrentadas</strong>.</p>
<p>La salida de tono de <strong>Juan Carlos Girauta</strong> en Twitter, llamando “lameculos paniaguados mezclados con ladrones pijos” al PSC, o la dureza con la que despachó <strong>Miquel Iceta</strong> a Lorena Roldán en el debate del lunes, a la que tildó de “fracasada” y con argumentos “totalitarios”, son un nuevo episodio de una pugna que se remonta a los orígenes de Ciudadanos. Su nacimiento en 2005 como una plataforma cívica en contra del hegemónico nacionalismo catalán, fruto de los encuentros en el altillo del restaurante El Taxidermista de destacados intelectuales catalanes, combinado de socialdemócratas y liberales –Ferran Toutain, Carlos Trias, Albert Boadella, Félix de Azúa, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Félix Ovejero, Teresa Giménez Barbat…-, no hubiera sido tal sin el pacto de gobierno entre el PSC de Pasqual Maragall con la Esquerra Republicana de Josep Lluís Carod Rovira, con Iniciativa per Catalunya como invitado de honor<span id="more-819"></span>.</p>
<p>Una primera experiencia tripartita, con la elaboración de un nuevo Estatut como proyecto nuclear, que provocó u na sensación de desencanto en sectores políticos e intelectuales que orbitaban mayoritariamente en el entonces heterodoxo universo del socialismo catalán. Confiaban en que, una vez el PSC sumara a su poder municipal el control de la Generalitat, impulsaría una rectificación general de las políticas que Jordi Pujol había desplegado en materias tan sensibles como la lengua, los medios de comunicación públicos –TV3- y un modelo educativo que consideraban pieza clave de la “ingeniería social” convergente.</p>
<p><strong>El pacto Maragall-Carod</strong></p>
<p>La decepción por la alianza tripartita fue decisiva para la emergencia disruptiva de Cs. “Después de 23 años de nacionalismo conservador, Cataluña ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas. Nada sustantivo ha cambiado…”. Así empezaba el manifiesto que en 2005 ponía las bases para la constitución de un nuevo partido llamado Ciutadans y que al poco, en noviembre de 2006, entraría con 3 diputados en el Parlament y encabezado por un desconocido y sin experiencia Albert Rivera, moteado como “el niño” por sus compañeros, entre conspiraciones palaciegas para destronarlo al primer error.</p>
<p>Desde los compases iniciales, Cs tuvo a los socialistas catalanes en su punto de mira. El PSC representaba para ellos una parte esencial del establishment catalán, el reverso necesario de CiU en un sistema de bipartidismo imperfecto. Y por la tanto imprescindible de derrocar. De hecho, Cs se fijó el propósito de ocupar un espacio de centro izquierda no nacionalista que, a su juicio, había dejado huérfano el PSC con sus alianzas con ERC. Una batalla política que se mezclaba, además, la biográfica. Entre la militancia y cuadros en Catalunya, a diferencia de otras comunidades como Madrid donde las huestes naranjas proceden sobre todo del PP político y/o ideológico, muchos de los dirigentes y cuadros iniciales de Cs, algunos aún en el núcleo duro de Rivera como José Manuel Villegas o Juan Carlos Girauta, o de sus militantes de bases habían tenido el carnet de PSC o simpatizado con la formación.</p>
<p>La disparidad de fuerzas iniciales, tres diputados frente a un partido socialista que en esos años tripartitos había logrado amasar el mayor poder institucional que nunca antes y después ha ostentado una formación en Catalunya, daban al proyecto y los objetivos de Cs la aureola de quimera romántica, o simplemente de broma conspirativa de fin de semana. Parecía un partido condenado a la anécdota.</p>
<p><strong>El sorpasso naranja</strong></p>
<p>Durante años los dirigentes socialistas menospreciaron a Cs, negándose a asumir (al menos públicamente) que elección tras elección aumentaba el flujo de sus votantes hacia las filas naranjas. Sobre todo a partir del amargo final del Dragon Khan tripartito y el inicio del proceso independentista lanzado por Artur Mas en 2012, que sacudió las estructuras clásicas de la política catalana, polarizando la sociedad con el debate identitario como eje y poniendo en duda los viejos consensos del pujolismo. Acomodado con Montilla a un frío discurso sobre gestión (“Fets, no paraules”), el PSC empezó a desangrase internamente por guerra civil entre los sectores soberanistas (Castells, Nadal, Geli…) y los federalistas y capitanes municipales (Navarro, Chacón, Iceta, Marín, Balmón…).</p>
<p>Esta crisis en el PSC, más larga de los esperado, y un galopante proceso independentista que Cs supo aprovechar para ir tiñendo de naranja muchos feudos socialistas del cinturón metropolitano y ganar presencia y protagonismo en los medios de comunicación con un discurso que conectaba con amplios sectores de la sociedad, alarmados por el rumbo hacia la ruptura con España. Esta fue la primera gran batalla entre los dos partidos que culminó con un histórico sorpasso de Cs –con Inés Arrimadas como candidata– al PSC como principal representante constitucionalista en el Parlament (no en los municipios) con dos golpes acompasados en el tiempo: en las elecciones de 2015, Cs obtuvo 25 diputados, 16 el PSC; en los comicios de 2017, 36 logró Cs, mientras que el PSC 17 escaños.</p>
<p><strong>Sánchez cambia el tablero</strong></p>
<p>Un cambio en la correlación de fuerzas que costó mucho de digerir al núcleo dirigente del PSC, acostumbrado a ser el principal contrapeso de los nacionalistas. Cs logró penetrar en los caladeros de votos socialistas y casi enviar el baúl de los recuerdos al PP catalán. No obstante, partido experimentado y paciente, el PSC se encastilló en sus feudos municipales a la espera de tiempos mejores. Como los actuales.</p>
<p>La llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa cambió el tablero político y les dio fuerza incluso para cerrar pactos en ayuntamientos y las diputaciones con los partidos independentistas, desbaratando cualquier intento de unidad constitucionalista. Los socialistas catalanes se vieron reforzados por su presencia en el Gobierno (es una ecuación matemática que si le va bien al PSOE le va bien al socialismo catalán), mientras Cs se auto lesionaba con decisiones difíciles de explicar: la renuncia de Arrimadas a presentarse a la investidura tras el 21-D, los bandazos ideológicos de Rivera, la marcha de Arrimadas al Congreso, la aproximación a Vox, su fallido intento de substituir al PP como partido Alfa del centro derecha o los malos resultados en las municipales en Catalunya y su divorcio con Manuel Valls en Barcelona… Una larga lista que hizo estallar la crisis interna más grave a la que ha tenido que hacer frente Rivera, con la marcha y la crítica pública de destacados diputados (Toni Roldán, Javier Nart&#8230;) y algunos de los “padres fundadores”, como Francesc de Carreras y Xavier Pericay.</p>
<p>Los socialistas catalanes, que han recobrado la sonrisa y el colmillo afilado, confían ahora en superar a Cs en las próximas elecciones al Parlament, mientras que en Cs muchos diputados se preguntan si dentro de unos meses conservarán sus escaños. Son estados de ánimo que suelen avanzar con mayor fiabilidad que los sondeos el resultado en las urnas. Un clima que explica el porqué de la moción a Quim Torra (cuya gestión ha dado motivos de sobra a la oposición para su censura) en estos momentos.</p>
<p>Fue sobre todo gesto a la defensiva pensado por Rivera, diseñado para refrescar dentro y fuera de Catalunya el protagonismo de Cs como infantería frente al independentismo, pero también para subrayar su acusación a los socialistas de ser “cómplices” de los independentistas pensando en el 10-N y en una posible inflamación del conflicto catalán tras la sentencia del Tribunal Supremo. Fue en definitiva una nueva escaramuza entre dos partidos condenados en Catalunya a pelear entre ellos por la hegemonía del relato constitucionalista. Una guerra política. Una guerra cultural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cs-psc-una-larga-guerra-politica-cultural-34472">Cs y PSC: una larga guerra política y cultural</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Boris, el niño que quiso reinar</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/boris-nino-quiso-reinar-97149</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Oct 2019 18:41:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[Boris Johnson]]></category>
		<category><![CDATA[brexit]]></category>
		<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=817</guid>

					<description><![CDATA[<p>En el enmoquetado comedor del Trefeddian Hotel, frente al campo de golf de Aberdovey, en la ventosa costa noroeste de Gales, un grupo de jubilados de clase media leen a la hora del desayuno el Times y el Daily Telegraph, biblias conservadoras del &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/boris-nino-quiso-reinar-97149">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/boris-nino-quiso-reinar-97149">Boris, el niño que quiso reinar</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En el enmoquetado comedor del Trefeddian Hotel, frente al campo de golf de Aberdovey, en la ventosa costa noroeste de Gales, un grupo de jubilados de clase media leen a la hora del desayuno el <em>Times</em> y el <em>Daily Telegraph</em>, biblias conservadoras del Reino Unido. Es un día lluvioso del mes de agosto y Boris Johnson planea en secreto con su núcleo duro (Dominic Cummings) suspender el parlamento para proteger la estrategia de salida de Europa sin acuerdo&#8230; Ajenos a esa conspiración palaciega que la oposición acabará calificando de “golpe a la democracia”, una de las señoras, que podría haber interpretado a la gemela de la abuela de <em>Downton Abbey</em>, levanta los ojos del diario y tras un sorbo a la taza de té afirma: “Creo que Boris puede ser nuestro nuevo Churchill”; otra de las damas le replica sin mucho entusiasmo: “será un inútil como primer ministro”.</p>
<p>Esta conversación retrata una de las características que desde su infancia han acompañado a <strong>Alexander Boris de Pfeffel Johnson</strong> (Nueva York, 1964) –un británico muy americano y con sangre francesa, turca y alemana– como una soga al cuello y que no dejan de atormentarle: provoca admiración o repulsa, aplauso o crítica, sin término medio, ni matices. Fue el político más popular y querido del Reino Unido como alcalde de Londres durante los Juegos Olímpicos del 2012 (¡Boris, Boris! clamó el estadio); ahora con sus maniobras para un Brexit duro tiene el honor de ser el dirigente más odiado desde Tony Blair.  El semanario<em> The Economist </em>plasmaba esa dualidad en una de sus portadas del pasado mes de junio. Con medio rostro de Johnson pintado como un payaso, se preguntaban en el titular “¿Qué Boris tendrá el Reino Unido?”.<span id="more-817"></span></p>
<p><strong>Payaso o genio</strong>. Tal vez las dos cosas. Y muchas más, porque la oscilante personalidad del líder conservador (una de sus amantes dijo que tenía la cabeza “repleta de remolinos” y no precisamente en el pelo), así como su heterodoxa carrera política, en la que fue capaz de ganar la alcaldía de un bastión laborista con un discurso europeísta y cosmopolita, para ahora ponerse al frente de los halcones anti-Bruselas, resulta difícil de etiquetar. Sólo echando la mirada atrás, a la infancia y los años de adolescencia, se puede entender algo un personaje con tantas aristas. Él mismo admite la influencia que ha tenido su entorno familiar de acomodada bohemia intelectual, así como su paso triunfal –consiguió encandilar a profesores y alumnos–  por dos de los centros que han forjado durante siglos a las élites británicas: el colegio Eton y la Universidad de Oxford. Lloyd Evans, uno de sus compañeros, lo define en el libro biográfico que escribió Andrew Gimson como un “líder de guerra”, una “de los dos o tres personas más extraordinarias que he conocido, la gente adoraba su liderazgo”.</p>
<p>Pero antes de esos días universitarios de vino, rosas y Homero (uno de sus autores de cabecera), hay que poner la lupa sobre la niñez de Boris, con el mismo pelo rubio desordenado, sus torpes maneras y la mirada entre burlona y nostálgica, siempre próximo a una familia que había actuado como un clan hasta que irrumpió el Brexit en escena. Hasta los ocho años tuvo que mudarse en 32 ocasiones, entre Europa y Estados Unidos, debido a los empleos de su padre Stanley (político, escritor, mujeriego…). Un periodo en el que emergen dos rasgos de su personalidad que todavía hoy le acompañan. Uno es su competitividad, una obsesión casi enfermiza por ser el primero, ganar, dar la respuesta acertada…  “Seré el rey del mundo”, aseguraba a sus allegados cuando era un niño retraído y poco sociable por una sordera pasajera. La otra característica es un deseo irrefrenable de ser querido, amado por todos, también por aquellos que lo critican y rechazan.</p>
<p>“Ve la vida como una competición y él quiere estar en la cima”, ha confesado su hermana Rachel, política y periodista también y estrella en varios <em>reality shows</em>, conservadora pero que hizo campaña contra el Brexit.  Como también su otro hermano político, Jo, quien dimitió el 5 de septiembre como viceministro porque no podía resistir la “división entre la lealtad familiar y el interés nacional”. Un duro revés para Boris, que durante años hizo gala de la unidad familiar, también de ganarse el apoyo de sus equipos de colaboradores.  “Conseguía que todos los que trabajábamos con él se sintieran bien”, explica en un documental de la BBC una antigua asistente en Londres respecto a su papel de<em> charming man</em>, que tanto le ha servido para sobrevivir a numerosas crisis.<br />
Pero con Boris siempre hay un matiz, un trazo tembloroso que altera el retrato. Su antigua compañera en la oficina del <em>Telegraph</em> en Bruselas, Sonia Purnell, en su biografía <em>Simplemente Boris</em>, explica que pese a inspirar simpatía y lealtad entre los que le rodean, “nunca devuelve el favor, es un tipo amigable pero rara vez amigo”.</p>
<p><strong>Nadie se acaba de fiar del todo</strong> de Boris Johnson, nadie le toma en serio. ¿Genio o payaso? La gran duda que tienen muchos británicos y las cancillerías europeas. Desde pequeño todo apuntaba a que iba a ser un niño prodigio, muy influenciado por su madre, Charlotte, pintora, bohemia, extremadamente cariñosa, que cultivó su lado más artístico –también la ironía como escudo frente al mundo–, y cuyo internamiento en un hospital por una crisis nerviosa en 1974, previa a la separación de su marido, es una de las heridas sobre las que el primer ministro, siempre tan locuaz, guarda silencio.</p>
<p>Las anécdotas sobre la genialidad infantil de Boris son interminables. Toby Young recuerda en un detallado perfil en la revista <em>Quillette</em> como con diez años, durante unas vacaciones en Grecia, preguntó a un grupo de académicos si podía jugar con ellos al Scrabble. La primera vez que les ganó pensaron que había sido suerte, luego el asombro fue general al salir victorioso partida tras partida. Una capacidad intelectual que exhibe siempre que puede, utilizando referencias históricas en sus intervenciones, así como frases en latín y griego. Ilustrativo es el delicioso debate que mantuvo sobre las diferencias entre la Grecia clásica y Roma con la historiadora Mary Beard. Un toma y daca (Boris defendió a Grecia y “su espíritu de libertad”) de más de una hora y media, sin papeles, ni apuntes… “Es un hombre educado e inteligente, con mucho encanto personal. Y se ha convertido en un tarugo populista de la peor calaña”, ha declarado recientemente el escritor Ian McEwan.</p>
<p>Es en las patricias aulas de Eton, rodeado de jovencitos de familias incluso más acomodadas que la suya, donde Boris empieza a construir ese personaje público de despistado aire aristocrático, esnob, un antidandi algo bufón y gamberro; con ese look de recién levantado de la cama (pantalones demasiados anchos, camisas arrugadas…) tras una larga velada en un selecto club, que le hizo muy popular entre sus compañeros y profesores. Un personaje que bebe de Churchill –su modelo, casi una obsesión– y con el que sigue seduciendo a millones de compatriotas y que, en cambio, es tan incomprendido fuera de las Islas Británicas,  donde a menudo se le presenta como un personaje cateto, torpe, el reverso inglés de Donald Trump.</p>
<p><strong>Si a su familia les confesó </strong>tempranamente que quería ser el “rey del mundo”, a sus compañeros en Eton les hablaba de otro sueño, ambicioso pero más factible. “Entre bromas, pero con la cara seria, nos avanzaba que algún día entraría el 10 de Downing street”, recuerda un viejo etoniano, hoy empresario de éxito. El escritor y crítico literario James Wood, también compañero de Boris en el centro, ha retratado en London Review of Books el ambiente de nostalgia por un pasado imperial que se vivía y que se detecta hoy en muchas de las posiciones ideológicas del primer ministro y su gabinete. “El director nos dijo que el etoniano es alguien que puede entrar a cualquier habitación, mezclarse con cualquier grupo social, sentirse tranquilo y tranquilizar a los demás”, explica Wood sobre unos códigos de conducta que Boris ha sabido adaptar a la perfección durante una carrera plagada de gestos sorprendentes. Mitad ocurrencias, mitad genialidades, como cuando después de las revueltas de Londres en el 2011, transformó las quejas de los vecinos en ovaciones al coger una escoba y empezar a limpiar la calle de los desperfectos causados.</p>
<p><strong>En Eton, Boris fue elegido </strong>capitán (figura parecida a la de delegado) y tuvo bajo sus órdenes al ex primer ministro David Cameron, empezando entre ellos una historia de amor y odio. Mientras Cameron era un discreto y guapo alumno, Johnson se convierte en una desbordante celebridad de la institución; como también atesora fama en Oxford. En la ciudad universitaria, tras fracasar en su primera intentona, se hace con la presidencia de Oxford Union (logra convencer tanto a los estudiantes conservadores como a los laboristas), una sociedad de debate fundada en 1823 en la que se han fogueado muchas clases dirigentes. Además gana en seguridad social y empieza a descubrir sus dotes seductoras con las mujeres. Conocerá a quien será su primera mujer, la rica y popular heredera Allegra Mostyn-Owen, con quien se esposará nada más graduarse en 1987, inaugurando una larga lista de matrimonios, romances e hijos.</p>
<p><strong>Lejos ya de las magnas aulas</strong>, Boris se topa con la indiferencia de la dirección del <em>Times </em>cuando recién licenciado decide trabajar como periodista. Ni su carrera académica ni su peculiar personalidad seducen a los veteranos periodistas. Pese a sus influyentes padrinos sólo consigue un empleo como becario del que es despedido al poco tiempo por haber “reforzado” un artículo con una declaración inventada. Este es su primer escándalo público. No será el último. Pero lejos de avergonzarse –sí ha admitido que fue un “grave error” que sus adversarios políticos siguen esgrimiendo como el temprano ejemplo de su falta de escrúpulos–, no tarda en ser fichado por <em>The Daily Telegraph</em>, que le premia con la corresponsalía de Bruselas en 1989. Tenía 25 años.</p>
<p>En la capital política y administrativa de Europa, Boris encuentra el escenario ideal para ganar en notoriedad e influencia, con impactantes noticias plagadas de exageraciones e inexactitudes, presentando la Unión Europea como una oscura madriguera de burócratas vagos e incompetentes, y con agresivas preguntas en las ruedas de prensa. El “estilo Boris” le convierte en estilete del discurso antieuropeo de un sector del ala <em>tory</em>, amén del periodista preferido de Margaret Thacher. Los corresponsales extranjeros que compartieron horas de trabajo y alguna copa con el británico se dividían entre los que le consideran un brillante y divertido polemista –capaz de recitar de memoria poemas de Shakespeare en la barra del bar–, pero poco riguroso y siempre dispuesto a disparar contra la UE,  y quienes lo veían un “loco” peligroso que actuaba como un publicista de sí mismo.</p>
<p>Precisamente, el director del<em> Telegraph</em> que lo salvó tras ser despedido, Max Hastings, y que no tuvo reparos en aprovecharse de su periodismo sensacionalista, ha sido después uno de los críticos más feroces. En un artículo en <em>The Guardian</em> lo calificó de divertido <em>showman</em> pero “cobarde” e incapaz de gobernar un país porque “no le interesa nada más que su propia fama”. Toda la carrera periodística, que continuará ya en Londres en 1994 como columnista del<em> Telegraph</em> y agitador de tertulias televisivas, será una mezcla de provocación y activismo político, combinando incluso la dirección del  semanario <em>Spectator</em> con su entrada en el parlamento en el 2001.</p>
<p>Son años en los que acumuló  una retahíla de escándalos sexuales, ocupando portadas de tabloides, y una conversación telefónica con un amigo sobre la posibilidad de dar una paliza a un periodista incómodo. Cualquier otro hubiera visto su carrera profesional truncada, pero no Boris, siempre inmune a todo revés, merced a un ego que reconoce que es “insaciable” y que le permitirá sobrevivir a puñaladas de propios y extraños.</p>
<p><strong>Cuando en el 2005 </strong>Cameron asume el liderazgo de los conservadores y es elevado a los altares como el anti-Blair, entiende que Boris intentará robarle algún día el trono. Es el único diputado <em>tory</em> con voz propia y tirón mediático, por lo que optará por tenerlo siempre cerca, pero en un segundo plano. Lo sitúa como portavoz de educación en su gobierno en la sombra para hacer oposición a Blair y no dudará, después, en sacrificarlo en el 2007 entre sonrisas y muestras de apoyo con un destino envenenado: pelear por la alcaldía de Londres, fortín laborista. En esa lucha por el control de la metrópolis emerge, no obstante, un Boris muy diferente al actual: cosmopolita, europeísta, pro inmigración (con extravagancias y gestos populistas muy aplaudidos); cosecha su primer éxito político y se sitúa en la avanzadilla de la marea conservadora que llevará a Cameron a Downing Street.</p>
<p>El papel, de nuevo secundario, que le reservará Cameron, un ministerio sin cartera en el 2015, su deseo de protagonismo y su instinto de supervivencia le empujarán a dar un cambio radical a su discurso respecto a Europa. Johnson conocía como pocos las corrientes antieuropeas de la sociedad británica (que él alimentó desde Bruselas) y cuando Cameron, ese chico que siempre le pareció “tan poquita cosa”,  decide convocar el referéndum, Boris huele la oportunidad de ponerse al frente de un movimiento que puede llevarse por delante al primer ministro y arrasar con un partido al que se siento ajeno –“escoger un partido es como escoger un caballo, hay que elegir el rocín que te lleve más lejos y más rápido”– y un establishment que lo ha tratado con cierto desdén.</p>
<p>Junto a Cummings, el cerebro de la campaña del Leave, explotará su repertorio más tramposo: mentiras, cifras y consecuencias del divorcio con Bruselas exagerados, paseos por Londres en  un autobús con un lema tan grande como falso: “UK envía a diario a la UE 350 millones de libras” y martilleará sin piedad a los conservadores y laboristas que quieren seguir en Europa. Un juego tan sucio como eficaz. Boris fue el gran vencedor del referéndum del 2016, aunque Theresa May se cruzara en su camino, pero tres años después ha dilapidado el cariño que se ganó como alcalde de Londres.</p>
<p><strong>Muchos antiguos votantes</strong> y compañeros se preguntan hacia dónde dirige al Reino Unido, mientras él persiste en grandilocuentes discursos, llamadas a la unidad y la promesa de que el 31 de octubre abandonarán, con o sin acuerdo, Europa.</p>
<p>El indescifrable Boris quizá puso algunas claves negro sobre blanco en su ensayo sobre Winston Chuchill, al que ha elevado hasta la parodia como ejemplo a seguir.<em> El factor Churchill</em> utiliza la figura del iconónico líder para plasmar una  filosofía de vida  –“un sólo hombre puede marcar toda la diferencia”– y recuerda como tuvo que hacer frente en 1940, para acceder al cargo de primer ministro, a las reticencias de su propio partido –“era considerado un oportunista, chaquetero, fanfarrón, egoísta, bribón, cateto, granuja&#8230;”–. Boris parece justificar así no sólo su actuación ahora como primer ministro, sino también un código moral que le permite elevarse por encima de la norma en pos del bien final del pueblo británico.</p>
<p>Muy criticado en su juventud, Churchill voltéo esas impresiones iniciales hasta ser una leyenda. Resta por ver, si dentro de unas décadas alguien escribirá un ensayo llamado<em> El factor Boris</em>, cantando sus hazañas o no pasará de ser la oscura crónica del dirigente más nefasto de una de las democracias más antiguas del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/boris-nino-quiso-reinar-97149">Boris, el niño que quiso reinar</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Cataluña, una democracia en suspenso</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cataluna-una-democracia-suspenso-52762</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Sep 2019 17:44:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=814</guid>

					<description><![CDATA[<p>No era el mejor augurio pasear a Arnaldo Otegi cual starlet revolucionaria por estudios televisivos y manifestaciones varias, recibiendo subvencionadas caricias mediáticas y el abrazo de adultos sin memoria o vergüenza; tampoco sentaba un noble precedente las acusaciones al Estado español &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cataluna-una-democracia-suspenso-52762">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cataluna-una-democracia-suspenso-52762">Cataluña, una democracia en suspenso</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>No era el mejor augurio pasear a <strong>Arnaldo Otegi</strong> cual starlet revolucionaria por estudios televisivos y manifestaciones varias, recibiendo subvencionadas caricias mediáticas y el abrazo de adultos sin memoria o vergüenza; tampoco sentaba un noble precedente las acusaciones al Estado español de estar detrás del atentado islamista de la Ramblas, o el intento de blanquear la declaración unilateral de independencia como si hubiera sido una <em>calçotada</em> entre amigotes; pero quizá por ingenuidad o tal vez como un mecanismo de autoprotección (uno intenta pensar bien de quienes le rodean) <strong>resultaba difícil imaginar la reacción del independentismo político y mediático catalán tras las recientes detenciones de nueve separatistas que (presuntamente) preparaban una serie de atentados con explosivos</strong>.<span id="more-814"></span></p>
<p>Cierto es que durante los días más duros del octubre de 2017, en cenáculos secesionistas se hablaba de la conveniencia de que hubiera “un muerto”. Sería la manera más rápida, alegaban con pasmosa tranquilidad, de que la comunidad internacional tuviera que tomar partida en el conflicto político, dejando así en fuera de juego al Gobierno de <strong>Mariano Rajoy</strong>. Voces que eran rápidamente ridiculizadas por el establishment independentista, el mismo que hoy clama contra la desactivación de la (presunta) célula terrorista.</p>
<p>Este apoyo sin fisuras ni matices del presidente de la Generalitat, <strong>Quim Torra</strong>, y sus lugartenientes políticos y mediáticos -a los que se ha sumado la alcaldesa de Barcelona, <strong>Ada Colau</strong>&#8211; a unos presuntos terroristas, incluso esa suerte de compadreo justificativo de la que hacen gala intelectuales que se autoproclaman paladines de la moderación y el diálogo, es la última frontera moral que les quedaba por traspasar.</p>
<p>Sin esperar siquiera a la sentencia del Tribunal Supremo sobre los líderes del golpe posmoderno de otoño de 2017 (fecha señalada para su “tsunami democrático”), un amplio espectro del separatismo catalán, por no decir todo en sus diferentes variantes y acentos, se ha situado fuera del terreno de juego democrático. Y ético. Un Hernani mental donde el odio a España y al catalán no independentista construye una lógica divisoria de los buenos (nosotros, claro) y los malos (siempre ellos), como si de un pueblo elegido se tratara.</p>
<p>Tan fácil lo tenían como recordar la presunción de inocencia hasta que la investigación judicial concluya. Era sencillo y una manera de desmarcarse públicamente de minorías fanáticas. Han hecho justo lo contrario. La elección de arropar lo que podría ser el embrión de un escenario de violencia -ciudadanos comprometidos, ha calificado Torra a los detenidos-, las cacerolas que algunos han hecho sonar en contra de una operación judicial que ha podido evitar atentados, son los penosos estertores del proceso político lanzado por<strong> Artur Mas</strong> en 2012, el delfín de <strong>Jordi Pujol</strong> que supo encandilar a las élites catalanas con su porte cartesiano del Aula y sus trajes de Santa Eulalia, y que se autocondenó al fracaso cuando <strong>Carles Puigdemont</strong> y <strong>Oriol Junqueras</strong> decidieron vulnerar el orden legal y violentar la libertad de los catalanes.</p>
<p>Un proceso independentista que había sido planificado con esmero durante décadas en laboratorios convergentes de ingeniería social -hay que leer estos días la documentación que está publicando <em>El Triangle</em>&#8211; que ha acabado mutando en un ataque a los valores esenciales de toda democracia liberal: el respeto de las instituciones, el cumplimiento de la legalidad, el respeto de la pluralidad y las ideas ajenas, la protección de las minorías&#8230;</p>
<p>Cataluña es hoy una democracia en suspenso, donde se niega cualquier legitimidad al orden constitucional pero también a más de la mitad del pueblo catalán, que elección tras elección ha expresado su oposición a un divorcio del conjunto de España; Cataluña es hoy una democracia secuestrada por un movimiento que ha renunciado a gobernar para mantener viva su ficción nacionalpopulista, agitar el discurso de confrontación con el Estado y alimentar el conflicto social para mantener movilizadas a sus bases mientras incumplen, una por una, sus promesas. Lo que haga falta mientras ERC y JxCat batallan por la hegemonía independentista y Puigdemont-Torra preparan un nuevo escenario insurreccional.</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/cataluna-una-democracia-suspenso-52762">Cataluña, una democracia en suspenso</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La España inestable (que ama Puigdemont)</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-espana-inestable-ama-puigdemont-47050</link>
					<comments>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-espana-inestable-ama-puigdemont-47050#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 23 Mar 2019 19:58:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[28-A]]></category>
		<category><![CDATA[elecciones]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=811</guid>

					<description><![CDATA[<p>El juicio en el Tribunal Supremo a los dirigentes independentistas catalanes, al margen de ir desmontando el relato de la fake DUI que Oriol Junqueras y compañía intentan instalar con la colaboración de algunos medios, como si la hemeroteca y la memoria &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-espana-inestable-ama-puigdemont-47050">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-espana-inestable-ama-puigdemont-47050">La España inestable (que ama Puigdemont)</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El juicio en el Tribunal Supremo a los dirigentes independentistas catalanes, al margen de ir desmontando el relato de la <em>fake DUI</em> que <strong>Oriol Junqueras</strong> y compañía intentan instalar con la colaboración de algunos medios, como si la hemeroteca y la memoria colectiva se hubieran borrado de repente, deja un <strong>retrato desolador de la España política</strong> actual. Los que se creían más listos que nadie y que, por lo tanto, estaban por encima de la ley para conseguir su ansiada república catalana (son por tanto los principales responsables), y los que “no sabían nada” de lo que pasaba en Cataluña (Rajoy, Zoido, Santamaría) ni en escalafones inferiores de su administración, condujeron al país a una crisis territorial, pero también sentimental, de la que no se ve salida fácil. El proceso independentista puesto en marcha por<strong> Artur Mas</strong> en 2012, pero planeado décadas antes por <strong>Jordi Pujol</strong>, cuando en 1990 diseñó con el “Programa 2000” como una obra de ingeniería social, ha sido y es sobre todo un fracaso político. La derrota de las élites.<span id="more-811"></span></p>
<p>La decepción es inevitable, el pesimismo, también: la herida por la cuestión catalana condena a España a la inestabilidad permanente y a no salir de la discusión identitaria. Una <strong>trampa posmoderna que refuerza la voz populista</strong>.  Las propuestas planteadas con mayor o menor fortuna -reforma federal de un estado ya federal, 155 permanente, alguna modalidad de referéndum- no reúnen consensos. Más bien polarizan. Y en ese contexto, el anuncio de Pedro Sánchez de una nueva cita con las urnas el 28 de abril es el certificado de que, además, la política española ha entrado en un preocupante proceso de italianización.</p>
<p>Los síntomas son evidentes: vaivén institucional provocado por la convocatoria permanente de elecciones (las de abril serán las terceras generales en tres años y medio, sin contar las catalanas, municipales, andaluzas…), campañas electorales eternas, macedonia de siglas, partidos cada vez más debilitados en sus estructuras internas y desdibujados ideológicamente, platós de televisión y redes sociales que han sustituido a los parlamentos como ágoras de debate, concatenación de polémicas tremendistas que ocupan grandes espacios en los medios para ser rápidamente olvidadas… Hoy podemos decir que “<strong>las mamachicho” desaparecieron de nuestros televisores pero ganaron la guerra cultural</strong>.</p>
<p>En los ya caducos manuales de teoría política, que muchos profesores universitarios aún guardan con nostalgia fin de época en algún estante secundario, si algo diferenciaba el sistema político del español del italiano -tanto tiempo puesto como paradigma de la inestabilidad continental- eran los ciclos de gobierno largos que aportaban solidez institucional. Un valor que el gobierno de<strong> Mariano Rajoy</strong> vendió a Bruselas en los años más duros de la crisis económica para evitar rescates draconianos. Un comodín en la mesa negociadora que, lamentablemente, ya ha caducado.</p>
<p>La irrupción en 2014 de los nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, con sus jóvenes y catódicos líderes, Albert Rivera y Pablo Iglesias, con la arrogancia del que se sabe novedad en la pista de baile, fue celebrada como la evolución del modelo bipartidista a uno más acorde a la pluralidad y los matices de la sociedad española. No obstante, el paso de los años y de las elecciones ha configurado un escenario político más fragmentado en la peor de sus acepciones y polarizado hasta extremos inimaginables. Un clima que ha favorecido la emergencia de Vox, y en el que pacto o es una rareza o es visto como alta traición.</p>
<p>La llamada a las urnas de Sánchez fue provocada por el no independentista a los presupuestos generales del Estado y celebrado por Carles Puigdemont en su refugio de Waterloo. El expresidente de la Generalitat, prófugo de la justicia española merced a las deslealtades de la Unión Europea, celebró la decisión del líder del PSOE en su cuenta de Twitter casi como una victoria personal. No es para menos. Sus únicas posibilidades de seguir siendo el líder indiscutible del independentismo radical, que es el único que decide y casi existe hoy en Cataluña, son las de trasladar la inestabilidad política catalana al Congreso y paralizarlo. Que el caos salte del Parlamento catalán a la Carrera de San Jerónimo para que la arquitectura de 1978, que tanto esfuerzo y concesiones por parte de todos los implicados exigió, ahora colapse.</p>
<p>Los primeros pasos de este plan le están saliendo más que bien. La victoria de Puigdemont sobre los sectores más pactistas del convulso espacio posconvergente, independentistas fetén como Carles Campuzano o Marta Pascal, son ahora repudiados por “posibilistas”, en ese magma de <em>hooligans</em>unilateralistas que ha tomado las riendas de proceso, nos acerca a la España inestable que quiere y necesita el expresidente de la Generalitat. Y está contando con la inestimable colaboración de <strong>los cinco jinetes del narcisismo (Pedro, Pablo&#8217;s, Albert y Santiago)</strong>, enfrascados en una cruenta batalla en la que hay mucho de animadversión personal, junto a sus prisas por acumular poder, que convierte en quimera cualquier tipo de acuerdo o consenso.</p>
<p>Con una crisis territorial abierta, una situación económica internacional que acumula nubarrones, España necesita con urgencia líderes menos egocéntricos, que aprecien la calma, el reposo, el sosiego y la prudencia como virtudes del buen gobernante. Necesita políticos que no estén tan pendientes de los sondeos y los dictados de los gurús de turno, que miren menos Twitter, las redes sociales en general y <em>House of Cards</em> en particular; que pisen calle, recuperen la empatía necesaria con aquellos que no piensan como ellos pero que son sus conciudadanos; que no entiendan la política como una competición deportiva en la que sólo hay vencedores o vencidos. En definitiva, España necesita hombres de Estado.</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-espana-inestable-ama-puigdemont-47050">La España inestable (que ama Puigdemont)</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-espana-inestable-ama-puigdemont-47050/feed</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Lévy y Boadella, un grito europeo</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/levy-y-boadella-un-grito-europeo-75347</link>
					<comments>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/levy-y-boadella-un-grito-europeo-75347#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 30 Jan 2019 19:07:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[nacionalismo]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<category><![CDATA[Populismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=808</guid>

					<description><![CDATA[<p>Dos eternos enfants terribles, dos intelectuales iconoclastas que entienden la provocación como una herramienta obligada de la dialéctica, unidos por un proyecto teatral que denuncia el auge del populismo nacionalista en Europa. El filósofo francés Bernard-Henri Lévy y el dramaturgo &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/levy-y-boadella-un-grito-europeo-75347">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/levy-y-boadella-un-grito-europeo-75347">Lévy y Boadella, un grito europeo</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Dos eternos enfants terribles, dos intelectuales iconoclastas que entienden la provocación como una herramienta obligada de la dialéctica, unidos por un proyecto teatral que denuncia el auge del populismo nacionalista en Europa. El filósofo francés <strong>Bernard-Henri Lévy</strong> y el dramaturgo<strong> Albert Boadella</strong> presentaron ayer en Barcelona Looking for Europe, una pieza que recorrerá el continente a modo de soflama/vacuna contra una amenaza populista que se extiende, afirmaron, como un corrosivo cáncer desde París hasta Roma, pasando por Dresde, <strong>Barcelona</strong>, Budapest, Viena, Varsovia&#8230;<span id="more-808"></span></p>
<p>“El nacionalismo y el populismo son el fantasma que recorre Europa”, advirtió Lévy, antes de explicar el porqué de la elección de Barcelona para presentar una gira teatral que, patrocinada por <strong>Societat Civil Catalana</strong>, tendrá también parada en Madrid y Valencia. En 1938, con 18 años, su padre arribó a Barcelona con las Brigadas Internacionales para combatir a las tropas de Franco. Ese episodio decisivo en la vida de su padre le vinculó sentimentalmente desde niño con una ciudad cuya “virtud cardinal era la convivencia” entre personas, voces y pensamientos distintos. Hasta que, lamentó, la eclosión del proceso independentista la ha transformado en una de las “capitales del populismo”. “Era esencial venir a Barcelona, me da tanta pena ver como la convivencia se ha roto en la calle, en las familias, en las cabezas de mucha gente”, aseguró, mirando de reojo al alcaldable y “buen amigo” Manuel Valls.</p>
<p>Severo se mostró con el president <strong>Quim Torra</strong> y no dudó en situarlo “muy cerca” de nefastos tiranos como<strong> Milosevic</strong> y <strong>Mussolini</strong> por “bestializar y animalizar a otros seres humanos” que no comparten sus ideas. Como criticó su alusión a la “vía eslovena”, amén de ver una estrecha relación entre el procés, el Brexit, y el auge de Salvini y Le Pen.</p>
<p>La obra teatral de Lévy, además, propició la reaparición pública de Boadella en Catalunya, donde hacía quince años que no protagonizaba una rueda de prensa. ¿Qué ha cambiado para el fundador de Els Joglars? “El régimen nacionalista que me obligó a marcharme ha fracasado sigue teniendo poder institucional, pero está acorralado y sin salida”, dijo. De la mano de Lévy, volverá asimismo a subirse a un escenario en su tierra natal –el 25 de marzo en el teatro Coliseum–, interpretando a un “nacionalista catalán” que compra un hotel en Sarajevo “aprovechando la crisis”. Un papel que le ha exigido grandes esfuerzos al no “encontrar ningún argumento que justifique al independentismo”.</p>
<p>Si hace unos días Lévy copublicó el artículo La Casa Europea, en llamas, junto con una treintena de intelectuales entre los que estaban Milan Kundera, Fernando Savater, Svetlana Alexiévich y Orhan Pamuk, ayer llamó a una rebelión ética para preservar la herencia de paz y convivencia que nos dejaron “nuestros abuelos y padres”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/levy-y-boadella-un-grito-europeo-75347">Lévy y Boadella, un grito europeo</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/levy-y-boadella-un-grito-europeo-75347/feed</wfw:commentRss>
			<slash:comments>1</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sánchez y el diálogo desdeñado</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/sanchez-dialogo-desdenado-48354</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Jan 2019 15:51:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[Independentismo]]></category>
		<category><![CDATA[Pedro Sánchez]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<category><![CDATA[PSOE]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=805</guid>

					<description><![CDATA[<p>La apuesta del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por mantener su estrategia de diálogo con el independentismo institucional cerró cualquier posibilidad de rectificación el pasado 21 de diciembre tras su encuentro en Barcelona con el presidente de la Generalitat, &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/sanchez-dialogo-desdenado-48354">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/sanchez-dialogo-desdenado-48354">Sánchez y el diálogo desdeñado</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La apuesta del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por mantener su estrategia de diálogo con el independentismo institucional cerró cualquier posibilidad de rectificación el pasado 21 de diciembre tras su encuentro en Barcelona con el presidente de la Generalitat, Quim Torra. Acostumbrado a vivir en el alambre tras llegar a la Moncloa sorteando todo tipo de adversidades, certificados de defunción y fuego amigo, el líder del PSOE decidió el 21-D dar otro paso de alto riesgo pese a la Generalitat había calificado su visita de “provocación” y se presentó con su gabinete en pleno y un millar de policías en la capital catalana.</p>
<p>En esa jornada, Sánchez tenía garantizada, como sucedió, una foto de bilateralidad ventajosa para Torra, galería de imágenes de enfrentamiento y bronca en las calles entre los independentistas (muchos menos de los anunciados, eso sí) y la policía autonómica, amén de la esperada lluvia de críticas del Partido Popular, Ciudadanos y Vox (el pujante nuevo actor). Lo más alejado de la “normalidad” soñada en los despachos gubernamentales. Pero aún así, Sánchez decidió atar su supervivencia en la Moncloa al éxito de su estrategia catalana, conseguir una suerte de conllevancia posmoderna de un conflicto político y social que desangra España<span id="more-805"></span>.</p>
<p>Pasadas unas semanas de la cita prenavideña, enésimo “día histórico” rápidamente engullido por el Time Line colectivo, Sánchez se adentró un poco más en el laberinto catalán al volver a Barcelona el sábado 12 de enero para pedir el apoyo de PDECAT y ERC a los presupuestos generales del Estado con el fin de poder agotar en 2020 su mandato. La respuesta independentista a la oferta de “o yo o la derecha” no ha sido otra que la del desdén al esfuerzo inversor del Gobierno central, un incremento del 52% con 2.051 millones de euros en Cataluña.</p>
<p>Es este cortocircuito entre la voluntad de uno y la respuesta de los otros es donde reside uno de las grandes obstáculos del plan Sánchez: su persistencia por seducir a un independentismo que le desprecia día tras día, ni una palabra de complicidad, ni un gesto de lealtad institucional, dota de argumentos a aquellos que, como Pablo Casado y Albert Rivera, le acusan de ser “rehén” del separatismo. Pero es cierto también que el Gobierno está logrando agrietar el antaño bloque independentista, agrandando la distancia entre los posibilistas (donde ahora se han situado ERC y y el PDECAT), que no descartan apoyar las cuentas del Estado,  y los rupturistas que lidera Carles Puigdemont desde Waterloo. Asimismo, el secretario general del PSOE acierta en el diagnóstico de que cualquier acuerdo de futuro en la cuestión catalana pasa por un proceso de diálogo institucional y dentro del marco legal entre el Ejecutivo central y la Generalitat, con cesiones y pérdidas mutuas. Y seguramente un nuevo estatuto de autonomía.</p>
<p>No obstante, la actual mano tendida al separatismo, determinada por la debilidad parlamentaria del Gobierno de Sánchez, llega (seguramente) demasiado pronto y (seguro) con el interlocutor equivocado. Si Sánchez supo elegir el momento de presentar la moción de censura a Mariano Rajoy, una iniciativa parlamentaria que al anunciarse muy pocos creyeron en su éxito, ya como presidente yerra en el tempo de su estrategia catalana, empeñado en un diálogo prematuro y cuando el independentismo sigue avanzando hacia el abismo, sin el mínimo gesto de autocrítica y reflexión, ahora con el juicio a los dirigentes imputados por la DUI como gasolina emocional. Anclados en la denuncia de la “represión” y la adicta amargura del “agravio”, el secesionismo se resiste a asumir la división política y social que su embate ha provocado en Cataluña y que el conflicto nuclear, el que debe ser solucionado en primer plazo y con urgencia, se da entre catalanes.</p>
<p>Al contrario. El separatismo se ha inventado nuevo giro argumental en el relato que alimenta el proceso: el golpe al orden constitucional del otoño de 2017, con el referéndum del 1-O y la declaración unilateral de independencia del Parlament, no pasó de lo meramente simbólico. Un gesto político, sin valor legal. Hasta tal punto empieza a ser general este discurso en Cataluña que muchos de los que vivimos aquellos días en primera línea, como ha señalado en su ensayo Rafa Latorre, deberemos a diario “jurar que todo esto ha ocurrido”.</p>
<p>Este ejercicio de realismo mágico independentista y el ninguneo de las instituciones a los millones de catalanes que no quieren romper con el conjunto de España explican que muchos ciudadanos desconfíen en la insistencia de Sánchez a tender su mano a Torra. Que lo consideren una ofensa o como mínimo un ejercicio estéril y condenado al fracaso. No en vano el presidente de la Generalitat continúa actuando como un activista fiel a los designios de Puigdemont. Cada gesto de Sánchez hacia la Generalitat, cada pequeño acuerdo bilateral alcanzado (como el de poner en marcha dos mesas de diálogo institucional), es replicado por una declaración de Torra que desmonta cualquier atisbo de avance, y pone de relieve que el presidente del Gobierno está intentando negociar, ni más ni menos, con los mismos dirigentes, o sus vicarios, que en octubre de 2017 trataron de romper España. Esa es la tragedia de Sánchez.</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/sanchez-dialogo-desdenado-48354">Sánchez y el diálogo desdeñado</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Vox y la nueva indignación</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/vox-la-nueva-indignacion-17848</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Dec 2018 19:42:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[Andalucia]]></category>
		<category><![CDATA[derecha]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
		<category><![CDATA[Vox]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=802</guid>

					<description><![CDATA[<p>El partido Vox ha entrado en la política española como un ciclón tras sus sorprendentes resultados en Andalucía: doce diputados. El populismo de derecha extrema ya no es solo un fenómeno en las redes sociales –fueron de nuevo un buen termómetro &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/vox-la-nueva-indignacion-17848">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/vox-la-nueva-indignacion-17848">Vox y la nueva indignación</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">El partido Vox ha entrado en la política española como un ciclón tras sus sorprendentes resultados en Andalucía: doce diputados. El populismo de derecha extrema ya no es solo un fenómeno en las redes sociales –fueron de nuevo un buen termómetro de lo que se avecinaba– y eso explica los temblores nerviosos provocados en las últimas semanas en ese espacio de centro derecha, el eje conservador/liberal, la “España de los balcones”, por cuya hegemonía pugnan el Partido Popular y Ciudadanos.</p>
<p dir="ltr">La inquietud de las dos formaciones ante la emergencia de <strong>Santiago Abascal</strong> y sus huestes –el entusiasmo casi mesiánico de sus seguidores y el morbo con el que son tratados en los medios recuerdan los primeros pasos de Podemos– es lógica. Cs y PP son en teoría las víctimas naturales de la emergencia en España de una derecha dura y populista con la que ahora deben decidir si pactan para acabar con la hegemonía socialista en Andalucía. Vox está logrando capitalizar el voto de los cabreados, el de otro tipo de indignado diferente (pero no tanto) al del <strong>15-M</strong> y cuyo malestar –por la pérdida de oportunidades, de poder adquisitivo, de derechos, la herida por el golpe independentista al orden constitucional…– no puede ser ridiculizado ni ignorado por el resto de formaciones. Llamarles «fachas» es tan simple como pernicioso.<span id="more-802"></span></p>
<p dir="ltr">Por este motivo, el temor ante el ascenso de Vox (y todo lo que representa) también ha penetrado en los cuarteles generales de la izquierda. El PSOE y Podemos saben que su pastel electoral puede reducirse sensiblemente, como ha sucedido este fin de semana en Andalucía y como ha sucedido en Francia, donde el Frente Nacional de <strong>Le Pen</strong> ha ido creciendo en feudos que en la etapa de industrialización votaban mayoritariamente a opciones de izquierda.</p>
<p dir="ltr">Hay motivos para la inquietud. En Andalucía se ha empezado a poner fin a una anomalía española en esta Europa de las identidades inflamadas que hasta el domingo andaluz muchos celebrábamos con cierto orgullo. El clima político y social (la sensación de crisis del modelo de Estado, con el embate independentista aún en marcha) así como el rumor de una recesión económica que vuelva a golpear a una clase media y trabajadora que aún sufre las crueles consecuencias de la anterior, pueden allanar el terreno al partido de Abascal y<strong> Ortega Smith</strong> y su discurso de soluciones fáciles a problemas complejos.</p>
<p dir="ltr">A la derecha populista española, asimismo, le favorecen los fuertes vientos de cola procedentes de Europa. Sus posiciones, antiliberales, claramente antiglobalizadoras, antiestablishment bruselense, tanto en políticas económicas como respecto a la soberanía nacional, la identidad y el trato a la inmigración, tienen una conexión directa con el discurso dominante en Italia, Polonia, Hungría, Rusia, Brasil.</p>
<p dir="ltr">Una heterodoxa internacional populista que tiene en <strong>Trump</strong> su principal exponente y mentor. Estos avales intencionales –Le Pen se apresuró a felicitar en <strong>Twitter</strong> a <strong>Vox</strong> por sus resultados andaluces– ejercen de fuertes inmunizadores ante cualquier intento de desactivar a Vox desde el debilitado constitucionalismo español.</p>
<p dir="ltr">Hace una semanas,<strong> Steve Bannon</strong>, a quien siempre hay que leer y escuchar con atención, apuntaba en una entrevista en el rotativo chileno <em>El Mercurio </em>que a medida que más<em> millennials</em>, educados en unas redes sociales cuyo lenguaje es el binario me gusta/no me gusta, empiecen a ser votantes el populismo de derechas o izquierdas “va a ser la fuerza más poderosa del mundo”.</p>
<p dir="ltr">¿Exagerada, a la par que interesada, previsión sobre la eclosión de la internacional populista? Tal vez. No obstante, a la espera de ver la evolución de los nuevos votantes, hay otra característica de la sociedad líquida y de consumo que favorece a Vox y no es otra que la fascinación por la novedad. Los de Abascal representan una marca nueva a la que votar/comprar, y las novedades en mercados saturados como el político suelen desprender un gran atractivo. Si hace cuatro años <strong>Podemos</strong> y <strong>Ciudadanos</strong> se beneficiaron del factor novedad, hoy parecen viejos y desgastados tras entrar en las instituciones y tomar decisiones que en sus días de rebeldes airados censuraban de forma vehemente.</p>
<p>Ante este panorama es normal que políticos y columnistas se pregunten qué hacer desde posiciones liberales. El ensayista francés<strong> Guy Sorman</strong>, recientemente, ha apuntado una vía: convertir la aparente debilidad del liberalismo frente a los populismos, “su modestia ideológica y su voluntad de aprender de la experiencia”, en estos tiempos de gritos y ceño fruncido, en su mejor baza: decir abiertamente que no tiene respuesta para todo y que está dispuesto a aprender. “Sería algo nuevo y el amanecer del renacimiento”, ha escrito. Sería, afirmo yo, una seductora respuesta anticomercial y serena frente a la pujanza de las marcas populistas de izquierda y derecha.</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/vox-la-nueva-indignacion-17848">Vox y la nueva indignación</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La guerra cultural de Peterson</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-guerra-cultural-de-peterson-82591</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Nov 2018 16:03:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[cultura]]></category>
		<category><![CDATA[feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Peterson]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=798</guid>

					<description><![CDATA[<p>En un momento en el que la ideología de género se ha convertido en el pensamiento dominante en los medios de comunicación, en el debate institucional, en las universidades, en los productos culturales… han empezado a aflorar voces disidentes con &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-guerra-cultural-de-peterson-82591">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-guerra-cultural-de-peterson-82591">La guerra cultural de Peterson</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p id="935d" class="graf graf--p graf-after--h3">En un momento en el que la ideología de género se ha convertido en el pensamiento dominante en los medios de comunicación, en el debate institucional, en las universidades, en los productos culturales… han empezado a aflorar voces disidentes con el establishment intelectual que, con sus matices y diferencias, y a cuenta y riesgo de ser lapidados en la plaza digital donde impera el binario me gusta/no me gusta, alertan del riesgo de asfixia social y homogeneización.<span id="more-798"></span></p>
<p id="b0cf" class="graf graf--p graf-after--p">Una cuadrilla de defensores de la libertad de expresión y en contra de la corrección política y la categoría identitaria como obligada lente posmoderna para interpretar el mundo, que nutre sus filas de psicólogos como Steven Pinker, Jonathan Haidt, Gad Saad, además de intelectuales como Roger Scruton, Niall Ferguson, Phillipe Sollers, Michel Houellebecq o Alain Finkielkraut… Y entre todos ellos ha emergido como un tsunami mediático-social, por su penetración en las redes sociales y en el público más joven, el canadiense Jordan B. Peterson (Alberta, 1962).</p>
<p id="f880" class="graf graf--p graf-after--p">Cierto es que Peterson, que tuvo su bautismo mediático en España con la entrevista que Cayetana Álvarez de Toledo le hizo en febrero del 2018 en El Mundo(“hay una crisis de la masculinidad porque se culpa a los hombres por el mero hecho de serlo”), incendiando de inmediato las redes sociales, no deja indiferente. Genera una ingente cantidad de artículos a favor y en contra, sobre todo por parte de la izquierda norteamericana que le acusa de nutrir moralmente a la derecha alternativa con su “misoginia” y de no pasar de la categoría de charlatán para millennials.</p>
<p id="c620" class="graf graf--p graf-after--p">Frente a este tipo de reproche contrasta la opinión de Camille Paglia, crítica social, feminista heterodoxa y autora de libros seminales como Vamps (1994), que lo considera “el pensador más influyente que ha surgido de Canadá desde Marshall McLuhan”.</p>
<p id="a366" class="graf graf--p graf-after--p">Ante esta disparidad de opiniones, 12 reglas para vivir ejerce como introducción al pensamiento de Peterson y es una síntesis de la monumental Maps of meanig: The architecture of belief (Routlege, 1999). Con título y apariencia de manual de autoayuda (algunas de sus páginas contienen mensajes simples y directos que él recomienda a sus pacientes: “Ordena tu habitación antes de criticar el mundo”, “di la verdad, o por lo menos no mientas”, “enderézate y mantén los hombros hacia atrás”), es ante todo una carga en profundidad contra el pensamiento posmoderno que “substituyó la lucha de clases por la lucha de identidades”.</p>
<p id="44cf" class="graf graf--p graf-after--p">Estudioso del cristiano, el judaísmo y de filosofías orientales como el budismo y el taoísmo –su obra tiene una fuerte dosis de misticismo, con una clara influencia del pensamiento de Carl Jung–, Peterson defiende la individualidad del hombre frente al colectivismo, el relativismo, y el “optimismo progresista”, para hacer frente a una vida que es sufrimiento (Buda) –pone como ejemplo las atrocidades cometidas en la era de las ideologías por el nazismo y el comunismo ( Archipiélago Gulag es su libro de cabecera)– y que por ello exige lucha, esfuerzo, y “asumir la responsabilidad” de tu propio destino. Lo opuesto a ese “hombre-niño” que proliferaría y que él detesta y trata de trasformar.</p>
<p id="f58f" class="graf graf--p graf-after--p">Peterson interpreta la vida como un balance entre el orden y el caos (el yin y el yang) en el que es indispensable “una jerarquía de valores compartidos”, reglas, patrones, creencias, para evitar que el “horror de la existencia” derive en nihilismo, conflicto con otros grupos, guerra…</p>
<p id="4025" class="graf graf--p graf-after--p graf--trailing">El canadiense más conocido hoy en el mundo, con permiso del presidente Justin Trudeau (“es un Peter Pan”), no inventa, pues, nada nuevo en el pensamiento conservador, pero actualiza (es todo él una figura pop) y defiende con pasión unos postulados que, si bien no pocos tachan de carcas y reaccionarios (“es el custodio del patriarcado”, según The New York Times), millones de personas los han acogido como una tabla de salvación para tiempos convulsos.</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/la-guerra-cultural-de-peterson-82591">La guerra cultural de Peterson</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Combatir a Trump con trumpismo?</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/combatir-trump-trumpismo-62622</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Nov 2018 18:15:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=795</guid>

					<description><![CDATA[<p>&#160; En muchos de los análisis que se han hecho sobre las elecciones de medio mandato de Estados Unidos uno de los lugares comunes, y preocupantes, es reducir a los votantes de Trump a la categoría de “hombres blancos” y &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/combatir-trump-trumpismo-62622">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/combatir-trump-trumpismo-62622">¿Combatir a Trump con trumpismo?</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>En muchos de los análisis que se han hecho sobre las elecciones de medio mandato de Estados Unidos uno de los lugares comunes, y preocupantes, es reducir a los votantes de Trump a la categoría de “hombres blancos” y mayoritariamente de poblaciones rurales, como si su papeleta arrastrara algún tipo de toxicidad que le hacer perder calidad democrática. Esta categorización de brocha gorda ha escondido una realidad: el anunciado revolcón demócrata al presidente de Estados Unidos se quedó en una ligera sacudida.</p>
<p>A pesar de perder el control de la Cámara de representantes, los republicanos conservaron más estados de los previstos en los sondeos, ganando contra pronóstico en sitios clave como Florida y Ohio, lo que les permitió fortalecer su mayoría en el Senado. “Tremendo éxito, gracias a todos”, escribió Trump en Twitter tras unas elecciones que dejan la sensación de que solo el cerco por su oscuro pasado, y la más que probable investigación que impulsará la Cámara de representantes, pueden evitar su reelección en 2020.<span id="more-795"></span></p>
<p>La reacción a estos resultados desde posiciones liberales, pero también la de algunos analistas conservadores, ha sido, en general, la de menospreciar la mayoría republicana y pasar por alto que, con la excepción de la joven outsider socialista Alexandria Ocasio-Cortez, los candidatos con un discurso más escorado a la izquierda del Partido Demócrata, como Beto O’Rourke en Texas, fracasaron, mientras que los más moderados y alejados de la agenda identitaria lograron mejores resultados. Otro dato a tener en cuenta es que los candidatos republicanos afines a Trump han tenido mejor suerte en las urnas que los críticos. Y una tendencia nada halagüeña para los demócratas: Trump sigue nutriéndose del voto mayoritario de la América rural y blanca, pero los apoyos que recibe de mujeres, jóvenes y minorías van en aumento.</p>
<p>Frente a esta realidad política y social de Estados Unidos, etiquetar de “votante malo” al que confía en Trump resulta contraproducente: ahonda en la polarización y moviliza a los seguidores del magnate. Un efecto parecido al que tuvieron algunos de los artículos y editoriales de los grandes diarios de Washington y Nueva York en la campaña presidencial. Si te colocan en el cajón del <em>white trash</em>, y te sientes insultado por unas élites liberales cosmopolitas que viven en un América distante y ajena a la tuya, acudir a votar desde la rabia contra ellos es una opción muy comprensible.</p>
<p>Urge pues que la oposición a Trump, por mucho que le repugne el discurso del presidente y su equipo, afine la estrategia y empiece a construir un relato que no se sitúe en contra la mitad del país. Curar heridas y construir espacios de encuentro, aunque el consenso sea mínimo. Sin darse cuenta, el liberalismo ha caído en la charca ponzoñosa de Trump y, confundido por el hedor, lo está combatiendo con la misma receta de Steve Bannon que lo llevó a la Casa Blanca: análisis de trazo grueso, cosificación del adversario político, menosprecio del diferente, bronca, política identitaria&#8230;</p>
<p>Una generalización que no es solo patrimonio de los liberales estadounidenses. En Brasil la izquierda ha despachado la inapelable victoria de Bolsonaro con un “le han votado los ricos”; en Gran Bretaña el menosprecio de las élites londinenses al votante del Brexit solo ha agrandado la falla económica y sentimental que separa el sur y el norte del país; la aparición de Salvini y un cada vez más extremista Cinco Estrellas en Italia se justifica porque una mayoría de votantes italianos o “son tontos” por dejarse engañar por estos fantoches o directamente se les llama “fachas”; y el auge de Le Pen lo explican por el desesperado voto de los trabajadores poco cualificados que antaño votaban a los comunistas, así como de los familiares, herederos y amigos de los <em>pieds-noirs</em>.</p>
<p>Aceptando que estas generalizaciones contengan altas dosis de realidad, ¿el liberalismo va a renunciar a comprender las razones de ese voto antisistema e intentar seducir a una parte de sus conciudadanos? En los viejos manuales de ciencia política se recomendaba atacar a las ideas del adversario, nunca a sus votantes. Sin una apuesta clara por la empatía no se podrán construir nuevos consensos que nos saquen de una guerra de trincheras con el nacionalpopulismo que se está perdiendo. ¿Quién dará el primer paso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/combatir-trump-trumpismo-62622">¿Combatir a Trump con trumpismo?</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El error catalán de Iglesias</title>
		<link>https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/error-catalan-pablo-iglesias-36040</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Iñaki Ellakuría]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Oct 2018 18:08:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Politica]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Colau]]></category>
		<category><![CDATA[Independentismo]]></category>
		<category><![CDATA[izquierda]]></category>
		<category><![CDATA[nacionalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Pablo Iglesias]]></category>
		<category><![CDATA[Podemos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/?p=792</guid>

					<description><![CDATA[<p>Oscurecida por las múltiples polémicas que brotan a diario, ahora el debate gira en torno a la puesta de largo de la alt-right patria con Vox y la negociación en Bruselas y una celda de Lledoners de los presupuestos generales &#8230; <a href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/error-catalan-pablo-iglesias-36040">Sigue leyendo <span class="meta-nav">&#8594;</span></a></p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/error-catalan-pablo-iglesias-36040">El error catalán de Iglesias</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Oscurecida por las múltiples polémicas que brotan a diario, ahora el debate gira en torno a la puesta de largo de la alt-right patria con <strong>Vox</strong> y la negociación en Bruselas y una celda de Lledoners de los presupuestos generales del Estado, la renuncia hace unas semanas de <strong>Xavier Domènech</strong> a seguir al frente de la coalición de los comunes (<strong>Podemos</strong> + todo el <em>colauismo</em>) en Cataluña ha pasado desapercibida pese a la importancia que tiene en el tablero político catalán, pero también en el español.</p>
<p>La dimisión de Domènech, que pasa a formar parte junto a <strong>Gemma Ubasart</strong> y <strong>Albano Dante Fachín</strong> del club de los líderes morados caídos prematuramente, pone en duda la solidez del proyecto de la alcaldesa de Barcelona, <strong>Ada Colau</strong>, para construir el PSUC del siglo XXI y ser el partido hegemónico de las izquierdas catalanas; pero sobre todo pone en evidencia el fracaso de <strong>Pablo Iglesias</strong> en Cataluña.<span id="more-792"></span></p>
<p>El líder del partido Podemos parece no haber entendido la llamada cuestión catalana, por torpeza propia y seguramente por equivocados consejos. No hace tanto, <strong>Iglesias</strong> tuvo en su mano el liderazgo de la izquierda catalana de raíz federalista y/o autonomista, pero a las primeras de cambió se conformó con situarse a la sombra de los “comunes” de la alcaldesa de Barcelona, <strong>Ada Colau</strong>, quien antes se apartó del espíritu que le llevó al gobierno de la capital catalana.</p>
<p>“Sí se puede”, fue el grito de sus seguidores que abarrotaron sin banderas la plaza Sant Jaume para celebrar la victoria electoral. Iglesias también aceptó rápidamente asumir como propio el <strong>argumentario soberanista</strong>. Ese “derecho a decidir”, esencia del populismo rampante en diferentes rincones de Europa, que el nacionalismo convergente, antes de su mutación en PDECaT, hábilmente empezó a utilizar en 2010 para recuperar la hegemonía perdida tras dos legislaturas de gobiernos tripartito.</p>
<p>Iglesias se obstinó en sus primeros pasos en el tablero político catalán, y se sigue empeñando ahora, en calcar la estrategia que condujo a Iniciativa per Catalunya (ICV) de los gobiernos tripartitos a tener hoy un p<strong>apel residual en la izquierda catalana</strong>. La misma tentación nacionalista que sedujo al PSC cuando llegó al gobierno de la Generalitat de la mano de <strong>Pasqual Maragall</strong> y cuyas nocivas consecuencias todavía sigue penando.</p>
<p>Si en muchas ocasiones Iglesias ha demostrado tener un fino olfato político, amén de capacidad de enmienda estratégica, no supo interpretar los mensajes que le lanzaron los c<strong>uatro mil entusiastas asistentes al polideportivo olímpico de la Vall d’Hebron</strong> el 21 de diciembre de 2014, en el primer mitin que dio en Cataluña cuando el “asalto a los cielos” parecía factible y cercano. Y no por falta de claridad: sonoros aplausos cuando habló de España como una patria compartida -«Yo soy de Vallecas y me siento en mi casa cuando estoy en Cornellá, L&#8217;Hospitalet o Nou Barris” y “nación de naciones”, ovaciones cada vez que Iglesias atacaba con dureza al nacionalismo catalán –“a mi no me veréis nunca abrazado a Mas”- o cuando sutilmente rechazó el referéndum de autodeterminación al defender una consulta para “cambiar todo”, educación, sanidad, inmigración, y no solo en el eje España/Cataluña.</p>
<p><strong>LA OPORTUNIDAD PERDIDA</strong></p>
<p>A los que cubrimos habitualmente todo tipo de actos y festejos políticos en Barcelona, nos sorprendió la capacidad de movilización de Iglesias y los suyos. En torno a <strong>3.000 personas se quedaron en la calle</strong> sin poder entrar, y el entusiasmo mesiánico que despertó entre los asistentes recordaba al de las viejas estrellas del rock (para ser precisos con nuestro tiempo deberíamos decir la atracción de los <em>influencers</em>). Fue toda una demostración de fuerza.</p>
<p>El público era metropolitano, de mediana edad, mayoritariamente castellano parlante, beligerante con el proceso independentista, más ex votante del PSOE o de Izquierda Unida (IU) que del PSC o ICV, y entre expectantes e ilusionados con un incipiente proyecto político que parecía capaz de batir en las urnas al PP de <strong>Mariano Rajoy</strong> en Madrid y al Ejecutivo de Mas en Cataluña. De aquella foto gráfica y sonora, Iglesias se quedó con muy poco o casi nada, dilapidando un caudal de votos que, en cambio, sí logró encauzar Ciudadanos con <strong>Inés Arrimadas</strong> en las sucesivas elecciones catalanas, tiñendo de naranja muchos de los barrios populares y municipios del antaño conocido como cinturón rojo de Barcelona.</p>
<p>En cambio, Podemos se adentró alegremente en <strong>el laberinto identitario</strong>, donde siguen perdidos: en los días previos al referéndum ilegal Podemos llamó a la movilización en el referéndum ilegal del 1-O –previo a la declaración unilateral de independencia- como, en palabras de <strong>Iñigo Errejón</strong>, una “defensa de la democracia”.</p>
<p>Pagarían en las urnas poco después esta<strong> comunión con el secesionismo</strong>. En los comicios del 21 de diciembre al Parlamento catalán, presentados por los independentistas como un plebiscito al Estado, la coalición que integraba a todo el espacio de los comunes bajo las siglas de <strong>Catalunya en Comú</strong> y la candidatura de Domènech obtuvo únicamente ocho diputados. En cambio, logró ser la fuerza más votada en las dos elecciones generales cuando su discurso se centró en el eje derecha-izquierda, atacando al Gobierno conservador de Mariano Rajoy y los casos de corrupción del PP.</p>
<p>La semana pasada en la Cámara catalana los comunes sumaron fuerzas con los grupos independentistas para, entre otras cosas, seguir embistiendo contra el <strong>Rey Felipe</strong> por su discurso del 3 de octubre de 2017, decisivo a la hora de parar el golpe separatista al orden constitucional; Iglesias, además, se ha autoelegido “delegado del Gobierno” para negociar en la prisión de Lledoners con Oriol Junqueras los presupuestos.</p>
<p>El error de Iglesias y su núcleo duro sí fue visto por algunos de los fundadores de la formación. “A mi me gustaría un Podemos que le hablase más a España y a los españoles y no solo a los independentistas, porque somos un partido de naturaleza estatal y español, con un proyecto político para España y para Cataluña”, declaró <strong>Carolina Bescansa</strong> en los pasillos del Congreso el 26 de octubre de 2017. Una llamada de atención a la que se sumaron otros destacados dirigentes del partido morado, como <strong>Luis Alegre</strong>, sin fortuna alguna.</p>
<p>Iglesias es un comunista clásico que, como tal, cree que todo lo que pueda derrumbar el sistema le acabará favoreciendo. Una premisa falsa y que le aleja de un objetivo inicial que parece haber olvidado: ser el presidente de España. Ondear la bandera de la identidad para las izquierdas, como subrayó en su momento <strong>Eric Hobsbawm </strong>(“las identidades colectivas se definen negativamente, es decir, contra otros… el proyecto de las izquierdas es universalista”, y hoy amplía <strong>Mark Lilla</strong> (“la izquierda se ha refugiado en la defensa de la identidad de algunos grupos y se ha olvidado de elaborar argumentos políticos complejos”) entre otros pensadores, <strong>desdibuja su discurso</strong> y lo aparta de la defensa de causas universales como la justicia social y la igualdad.</p>
<p>The post <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano/error-catalan-pablo-iglesias-36040">El error catalán de Iglesias</a> appeared first on <a rel="nofollow" href="https://blogs.lavanguardia.com/el-otro-escano">El otro escaño</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
