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	<title>El Libro Vakero</title>
	
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	<description>un blog de Odeen Rocha</description>
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		<title>Treinta y dos de surtida</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Jan 2012 04:21:48 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Este año me he cansado de comer. De darme gusto con las cosas ricas que amablemente ponen frente a mí, ya sea preparadas cariñosamente para el consumo y compañía de este su servidor o el de las hamburguesas o tacos de los puestos de confianza. Y el cansancio es pura metáfora, claro, de eso dudo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este año me he cansado de comer. De darme gusto con las cosas ricas que amablemente ponen frente a mí, ya sea preparadas cariñosamente para el consumo y compañía de este su servidor o el de las hamburguesas o tacos de los puestos de confianza. Y el cansancio es pura metáfora, claro, de eso dudo francamente que me canse alguna vez.</p>
<p>Lo que sí es una metáfora son los tacos. Personalmente prefiero los de suadero y los de pastor; sin embargo, como en esta ocasión no vengo a recitarles el menú de mis cenas, utilizaré los siempre deliciosos taquitos de surtida. Un poco de todo: suadero, longaniza, bisteck, chuleta, pastor y un suculento etcétera.</p>
<p>Es por eso que este <strong>Libro Vakero</strong> iniciará el trigésimo segundo año de su autor con una selección de sus microcuentitos y frases favoritos de los últimos doce meses ordenados aleatoriamente en una emocionante cuenta regresiva. Evidentemente les recomiendo su lectura acompañada de un platito con una buena variedad de tacos:</p>
<p>32. ¡Qué Oso vivir en Yellowstone!<br />
31. If karma is a bicth, I wanna fuck her.<br />
30. El amor no paga. El crimen, sí.<br />
29. Hay demasiadas feministas pero muy pocas mujeres.<br />
28. Por ser fiel a la causa, mi mujer me dejó por otro más liberal.<br />
27. Entre la anorexia y la tumba hay una delgada línea, pero se siente gorda.<br />
26. Si te dan violín, toca como Paganini. Así, bien locote.<br />
25. Y en el Jardín del Getsemaní, Judas se acercó al señor con intención de traicionarlo. Al verlo llegar, Jesús le dijo sin mirarlo: —Apártate y calla, Judas. Yo con culeros no hablo—. Fin de la Biblia.<br />
24. No seré más famoso que Jesucristo, pero al menos, tengo el mismo peinado.<br />
23. MILF no sólo hay una, por fortuna.<br />
22. Si Bellatrix Lestrange fuera animago, sería una perra.<br />
21. Tiento, luego excito.<br />
20. Si Rigo es amor, ¿Jesús qué?<br />
19. Control + Alt + SUPREMO.<br />
18. Wolfgang Amadeus Prozac.<br />
17. Salir de frente en una foto de perfil es de mala suerte.<br />
16. Harry Potter and the Masters of Puppets.<br />
15. Cuando se tratar de hacer conciencia, siempre procuro hacer de más.<br />
14. Sólo te busco para llevarte a la karma.<br />
13. La lógica nos lleva a dar por sentado que aquellos que van a Narnia y regresan, han salido del closet.<br />
12. Al frente frío se le notan los pezones.<br />
11. Las gordibuenas tienen una expectativa de vida más amplia.<br />
10. El 60% de las cifras en las estadísticas son inventadas. En el 100% de los casos hace ver muy profesional al que los cita.<br />
9. San Judas, tu gente está bien loca.<br />
8. La belleza es interior, por eso las destripan ¿verdad, Jack?<br />
7. Que Jesús te ame, ¿Yo por qué?<br />
6. Cuando los físicos teóricos se van de fiesta, siempre se sacan fotones para el recuerdo.<br />
5. Jennifer Lopez entró a mi casa… y puta madre, no tengo nevera.<br />
4. Toccata y Fuga en una menor.<br />
3. Soñé que te soñaba soñándome soñando a Leonardo Di Caprio. Cerda.<br />
2. Con la edad, la panza llega más rápido que la madurez.<br />
1. En la presentación de mi libro:</p>
<p>—Hola, libro. Soy Odeen.<br />
—Mucho gusto.</p>
<p>Provecho. No olviden levantar el meñique.</p>
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		<title>Soy un gordo de closet</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 07:03:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Comida]]></category>
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		<description><![CDATA[Soy un gordo de closet. No me queda mas que tomar aire, levantar la voz y confesarlo: soy un gordo que vive atrapado en el cuerpo de un flaco de poco más de setenta kilos y un metro noventa de alto. Paso al estrado, frente a todos, con mis pantalones de mezclilla truqueados para que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Soy un gordo de closet. No me queda mas que tomar aire, levantar la voz y confesarlo: soy un gordo que vive atrapado en el cuerpo de un  flaco de poco más de setenta kilos y un metro noventa de alto. Paso al estrado, frente a todos, con mis pantalones de mezclilla truqueados para que no se me note la inminente lonja y playeras cada vez más holgadas. Me pongo de pie y lo digo fuerte y claro. </p>
<p>Quizá sea uno de esos casos en que esa genética que se mueve de generación en generación de repente se emborracha y empieza a dar saltos para un lado y para el otro. Quizá simplemente sea un accidente. Un niño que nació haciendo homenaje a la figura de un cacahuate Mafer —como, según mis padres, me apodaban de recién nacido por ser rechoncho y estar perfectamente pelón— y que poco a poco se topó con la forma de hacerle trampa a la ebria cadena de ADN para tomar un camino distinto. </p>
<p>Digo que soy un gordo de closet porque quien está metido en esos muebles finge por mucho tiempo algo que no es cuando de mil maneras lo sabe y lo tiene bien claro. Los putos lo saben. Saben que para encajar en el mundo empresarial deben fingir que se comen un conejito jugoso de vez en cuando pero al llegar a casa y cerrar la puerta tras de sí, se saborean al secretario particular del jefe. Los cantantes, en su afán inocente por llegar al estrellato, se aferran a la idea —idea que por lo general les inculcan sus representantes con el más puro ánimo de la ayuda desinteresada— de que la frase “sexo, drogas y rockanroll” debe incluir mujeres. Todos ellos son unos falsos, unos farsantes de lo peor. Así, de esa misma manera, soy yo.</p>
<p>Mis costumbres, desde hace años, han sido de gordo. De gordo feliz, contento de sí mismo y consciente de que lo suyo es degustar alimentos variados sin la menor culpa. Cinco comidas al día, con intermedios de yogurt, galletas, frituras y pasteles. </p>
<p>¿Se imaginan? Vivir años enteros pretendiendo que pesar menos de setenta kilos es un golpe de suerte  cuando la realidad es otra muy distinta. Un ser humano  sano es aquel que se sienta a la mesa y admira los platillos uno a uno, centímetro a centímetro y luego se entrega al ritual  que sólo puede culminar con desabrochar el cinturón para que las novísimas lonjas se expandan como el mismísimo Universo. </p>
<p>A nadie le importa que alguien sin papada cene 10 tacos; pidiendo uno tras otro sin el menor resentimiento, ignorando el ritual de la Coca Cola Light mientras conduce todo el suadero, tripa y pastor directo a su pata hueca. Es algo íntimo, profundo. </p>
<p>Un gordo que coma por igual un filete de kilo y medio que un racimo de lechuga coronado por jitomates. Que adore las aceitunas. Que no le haga el feo al hígado encebollado. Un gordo que sienta con el estómago y sonría con la boca llena. </p>
<p>De pie frente a la sala llena levanto la mano derecha en tono solemne al decir todo esto mientras con la izquierda sostengo un humeante y delicioso taco de tripa. El ambiente es ligero y las miradas oscilan entre mi entremés y la alegría que emana de mi mirada. La genética se puso en su plan y me encerró en un cuerpo larguirucho que apenas asoma un par de inocentes lonjas, cuya barriga, discreta, se asoma para saludar sonriente cada 4 horas pidiendo visitas. </p>
<p>Soy un gordo glotón atrapado en el cuerpo de un flaco de 70 kilos y 1.90 metros que le encanta comer tortas de jamón con plátano y crema, poner una rebana de jamón encima de una concha y que se acaba una caja de galletas en menos de una semana.  No me preocupa, tengo la certeza de que, en alguna otra dimensión, soy un gordo. Un gordo muy feliz. </p>
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		<title>Los Nibelungos</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 06:29:38 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Antes a los amigos los visitabas en su casa, les gorroneabas las frituras, le decías a tu mamá que te quedabas toda la tarde a jugar Nintendo. Más o menos estaremos de acuerdo si usted lector, nació a principios de la década de 1980. De los que nacieron en medio de la década o a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Antes a los amigos los visitabas en su casa, les gorroneabas las frituras, le decías a tu mamá que te quedabas toda la tarde a jugar Nintendo. Más o menos estaremos de acuerdo si usted lector, nació a principios de la década de 1980. De los que nacieron en medio de la década o a finales no sé; no sé de hecho, casi nada más allá de que en algún momento en medio del camino se tropezaron con Luis Miguel y la música norteña; algunos de ellos, también con Nietzsche. Rara mezcla. </p>
<p>Nacer en 1980 siempre me ha representado dos cosas: enterarme de que 9 meses después de mi llegada un fan desquiciado se despachó a John Lennon después de pedirle un autógrafo —una cosa parecida a la muerte a traición: lo metes en confianza y cuando ya firmó, ¡BANG! te aseguras de tener el último e invaluable autógrafo— y  que ese verano las Olimpiadas tuvieron como mascota a un osito cuyo nombre, aún el día de hoy, me causa risa al pronunciarlo con un falso acento ruso. </p>
<p>A pesar de que en la escuela primaria no solía tener muchos amigos —en parte por estrategia, en parte porque la rara interpretación religiosa de mi madre impedía tildar de amigo a cualquiera sin someterlo a pruebas de fe—, sí solía quedar de vez en cuando en casa de algún compañero para hacer un trabajo —lo cual, por supuesto, significaba 20% tarea y 80% Nintendo— y sentir el aire de rebeldía que sólo es posible cuando una madre que no es la tuya te pregunta de cuál refresco te gusta. </p>
<p>Ahí, con esos compañeros —qué diablos, con esos amigos— te empezabas a preguntar qué sería de esa gente cuando el tiempo dejara atrás la educación primaria y tuvieras que comenzar a decidir cómo cortarte el cabello. Siempre me juntaba con Mauricio, Raúl, Israel y Horacio. El primero vivía justo frente a la escuela —ventajoso—  y tenía una prima que me gustaba mucho. Muy listo Mauricio, buenas calificaciones y lentes desde sexto grado —o quizá desde antes—. Raúl era el correlón, desmadroso y que las maestras regularmente regañaban. Él ponía su casa, nos daban refresco y hacíamos escándalo. Israel era el gordito del grupo, simpático, afable y muy buen amigo. Horacio, el listo. Reflexivo. Cuidadoso de lo que hacía y decía, ya que su familia también tenía costumbres y conceptos  extraños respecto a juntarse con nosotros. En el recreo jugábamos a conservar el equilibrio en una banqueta forcejeando unos contra otros, o jugábamos “policías y ladrones” con los demás —lo que algunos aprovechábamos para tomar de la mano a alguna compañera  de vez en cuando—.</p>
<p>Teníamos doce años y la primaria estaba acabando sin remedio. Como ninguno de nosotros era un burrazo, nadie reprobó y todo mundo salió al mismo tiempo. Ceremonia, música solemne. Todos formados con nuestras familias bien orgullosas. Fotos y todo eso. Aún me arrepiento de la inocencia de no haberle pedido a tiempo a Raúl una foto que estoy seguro me sacó junto a la prima de Mauricio. Esa y otras más con ellos, claro. Estaría bien recordar cómo eran nuestras caras juntos, como cuando jugábamos. Son cosas que  a los doce años no te pasan por la cabeza. </p>
<p>Años después vi a algunos de ellos: supe que Mauricio se convirtió en Ingeniero Químico y se fue a la ciudad. Raúl trabajó mucho tiempo en salas de cine y lo recuerdo igual de desmadroso pero con una gorra azul con el logotipo del complejo; lo volví a ver un par de veces, a Mauricio ya no —ni a su prima—.</p>
<p>Israel dejó de ser el gordito del grupo para ahora ser karateca. Irreconocible. Pareciera que el rechoncho niño de doce años se adelantó en el tiempo y se comió al musculoso cinta negra que quedó más delgado que yo. Yo, el que siempre iba a ser flaco. </p>
<p>A Horacio lo vi más. Me ayudó a tener el trabajo que más disfruté antes de entrar a la Universidad. Sabía muchísimo de música. De música clásica. Cuando jugábamos Nintendo y ponía cara de angustia porque en cualquier momento llegarían a llevarlo a casa no me imaginé que ese niño casipelirojo me enseñaría que Carmina Burana no es una Ópera sino un oratorio y que hay que considerar un héroe a aquel que se aviente la tetralogía de los Nibelungos de Wagner de un solo golpe sin volverse loco. </p>
<p>A la fecha, de esos amigos he sabido más bien poco. No los tengo en Facebook ni en el Messenger. Tampoco los sigo en Twitter. Contrario a lo que pasa con quienes estudié la carrera: están en todas partes, los conozco más por leerlos que por el tiempo que casi chocamos en los pasillos o que tomábamos las mismas clases. Todos trabajan y casi siempre tienen prisa. </p>
<p>La mayoría está en mi Messenger:<br />
— ¡Hola!<br />
— Hola, ¿cómo estás?<br />
— Bien, buscando trabajo. Me quiero ir de vacaciones.<br />
—Ah.<br />
—Si sabes de algo, ¿me avisas?<br />
—Seguro.</p>
<p>Ahora a los amigos los ves en la pantalla y de ahí, si acaso, en un bar. Leen mucho. Saben de conciertos. Son buenas personas. Aunque dudo que alguno se aviente a los Nibelungos en maratón. Se sienten viejos porque la cruda les dura más. </p>
<p>A John Lennon lo mataron 9 meses después de mi nacimiento. Mi amigo Horacio murió en 2002, después de una fiesta donde, estoy seguro,  no tocaron a los Nibelungos. </p>
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		<title>Wonder Bra makes Wonder Woman</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Oct 2011 04:06:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[futuristafeminista]]></category>
		<category><![CDATA[Minifcción]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace mucho tiempo que las personas dejaron de ir a votar o de freír un trozo de carne con una buena sonrisa en los labios. La salivación previa a una cena se convirtió en una rara joya desde que los programas donde los chefs mostraban sus platillos fueron prohibidos por las emperatrices mundiales. Ya saben, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace mucho tiempo que las personas dejaron de ir a votar o de freír un trozo de carne con una buena sonrisa en los labios. La salivación previa a una cena se convirtió en una rara joya desde que los programas donde los chefs mostraban sus platillos fueron prohibidos por las emperatrices mundiales. Ya saben, ese viejo dicho de <em>Wonder Bra makes Wonder Woman</em>. Cuando un grupo hiperinteligente de mujeres con senos copa D bien firmes sin necesidad de prótesis —un asunto bien debatido, quizá hasta el asco, ese de que si las tetas imperiales eran reales o no. Aunque dejó de ser interesante cuando se convirtió en regla el tener de pareja a una mujer con al menos una copa B con buena vista— que tomaron el poder por la fuerza cuando los presidentes se tomaron 127 horas hablando en una cumbre respecto a cuál era la mejor forma de definir a la “democracia” frente al pueblo sin desternillarse a carcajadas antes de 3 minutos. Primero hubo muchas dudas, después de ello —para ser exactos después de 56 minutos, cuando se proclamó la ley sobre las copas— nadie reclamó y decidieron cederles el poder con una gran sonrisa.</p>
<p>Todo hubiera seguido sin cambio alguno si esos líderes mundiales, hombres todos ellos, no hubieran olvidado telefonear a sus esposas, amantes y novias durante todo ese tiempo para decirles cuánto las amaban. Las esposas, amantes y novias de ese tipo de gente suelen tener muy poca paciencia e ideas de venganza muy elaboradas si se les da el tiempo suficiente; sobre todo cuando, como todas ellas en una serie de inexplicables coincidencias, estaban en el punto más psicópata de su menstruación.</p>
<p>El mundo, entonces, pasó a ser de dominio femenino. <em>Totalmente Palacio</em> y todo eso. La economía se hizo sumamente sesuda, nadie se atrevía a salir a calle sin cerciorarse unas diez veces que los zapatos combinaran con el sombrero. La paz, por supuesto, no tardó en llegar: se acabaron las secciones sólo para damas en el transporte público —con lo cual, se redujo considerablemente el promedio de peleas que incluían insultos usando palabras como <em>celulítica, zorra, perra</em> y derivados —sin mencionar muchos pisotones y codazos—, lo que trajo como consecuencia positiva mucho más sexo vespertino al no llegar a casa estresadas y con eso, los hombres ya no se encerraban a jugar PS3 en línea con actrices porno búlgaras con el riesgo de que algún político frustrado declarara una guerra inútil por no haber mojado la brocha un miércoles a las 7— , las filas en los baños con manicura gratis se hicieron ley suprema en teatros y cines y los restoranes ponían música ambiente de Barry Manilow más seguido.</p>
<p>Contrario a lo que se pensaría, las empresas dedicadas a la ropa interior no se volvieron monopolios dominantes que compran islas, monumentos o presidentes; todo lo planearon tan perfectamente que toda mujer que no alcanzara la copa oficial era tratada con amabilidad y mucha ternura femenina hasta que, sin darse cuenta, eran desembarcadas en medio del océano en tierras especialmente reservadas para tales propósitos. Había que cuidar la imagen de las ciudades, decían.</p>
<p>En cuanto a los hombres, las cosas cambiaron un poco. Quizá más de lo podíamos haber esperado. Nos dieron la opción de conservar nuestros trabajos bajo la condición de que el sexo sería únicamente cuando ellas tuvieran ganas y su vestimenta les fuera del todo satisfactoria; al ostentar el poder económico, ya nadie les impedía comprarse un vestido de primavera bajo el pretexto cavernícola de “son las 4:56 y si te metes al probador, perderemos el avión”, por lo que en su decisión recaía el estar de humor o no, el querer de a cucharita o de a perrito. Al principio muchos arqueamos las cejas y quizá musitamos uno que otro insulto inocente pero al cabo de unas semanas nos sentimos en el paraíso cuando se ordenó la inclusión en todas las viviendas de un cuarto especial para ver pornografía en 3D. Un <em>Win-Win</em> demoledor.</p>
<p>Los machos de bigote tupido se extinguieron hace ya bastante tiempo, no así los gatos árabes y los perritos de raza pequeña que ahora tienen una población mundial que rebasa incluso a la de ratas de laboratorio. Los <em>table dance</em> fueron prohibidos por ser degradantes, excepto los que pagaban muy bien: “un oficio donde se presume el cuerpo con toda la actitud y encima bien pagado, no es misoginia, es negocio”, afirmaron.</p>
<p>Ese discurso terminó así:<br />
—Es insultante que a una mujer se le pida a coro enseñar las tetas, a menos que a ella no le moleste hacerlo.<br />
Aplausos ensordecedores.</p>
<p>Es de por sí demasiado complicado acostumbrarse a que el mercado bursátil subía y bajaba según sus estados de ánimo. Después de unas semanas ya nadie tenía interés en invertir, así que todos empezamos a guardar nuestro dinero dentro de las cajas de herramientas.</p>
<p>Ellas <em>nunca</em> abren las cajas de herramientas.</p>
<p>Pero ya estoy divagando.</p>
<p>Hace un par de meses se desató una guerra. Nadie lo creía posible, en serio. No era lógico pensar en la posibilidad: si dos naciones o ciudades se enojaban —bueno, si sus gobernantes se miraban despectivamente entre ellas—, se decían un par de insultos, menospreciaban sus gustos en ropa y se dejaban de hablar por meses; hasta que una quería saber dónde había comprado su contrincante la decoración de la calle principal y se citaban para un café. Fin del altercado.</p>
<p>No estamos seguros de si están luchando contra la comunidad gay —con la cual han intercambiado señas obscenas desde un principio—, con los fabricantes de ropa casual o con las mujeres que aún dicen que el maquillaje no es necesario.</p>
<p>Las apuestas se abrieron ayer.</p>
<p>De lo único que podemos estar seguros es que las rubias tetonas hace mucho que dejaron de morir primero.</p>
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		<title>Seven</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Sep 2011 02:53:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Minifcción]]></category>

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		<description><![CDATA[I Cuando el diamante se posó en el zurco se escuchó la detonación. Su gesto se torció y lanzó un grito ahogado. II Ella miraba desde el rincón mordiendo delicadamente su labio inferior: por fin se había deshecho del bastardo. III La melodía, sobria y sensual, sonó solitaria, como cuidando celosamente el cuerpo sin vida. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>I</strong><br />
Cuando el diamante se posó en el zurco se escuchó la detonación. Su gesto se torció y lanzó un grito ahogado.</p>
<p><strong>II</strong><br />
Ella miraba desde el rincón mordiendo delicadamente su labio inferior: por fin se había deshecho del bastardo.</p>
<p><strong>III</strong><br />
La melodía, sobria y sensual, sonó solitaria, como cuidando celosamente el cuerpo sin vida. Un viento helado inundó la estancia…</p>
<p><strong>IV</strong><br />
El aroma a pólvora escapó hacia el exterior mientras el brazo rebotaba fuera del disco produciendo un tronido. Silencio.</p>
<p><strong>V</strong><br />
El pequeño nunca conocería a su padre, pero tampoco olvidaría esa tonada.</p>
<p><strong>VI</strong><br />
Lo mató, pero no es una criminal.</p>
<p><strong>VII</strong><br />
Por desgracia, sólo podía matarlo una vez.</p>
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		<title>La Cara del Tiempo</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Aug 2011 04:23:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sicodelia]]></category>
		<category><![CDATA[DeLorean]]></category>
		<category><![CDATA[McFly]]></category>
		<category><![CDATA[Volver al Futuro]]></category>

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		<description><![CDATA[—A falta de DeLorean, buenos son los Facebooks —dijo entre temblores Michael J. Fox al cumplir 50 años. Momentos antes el Doctor Emmett Brown le había explicado que debido a recientes investigaciones llegó a la conclusión de que Facebook era una máquina del tiempo. —La cosa es simple —comenzó el Doc, yendo de un lado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—A falta de DeLorean, buenos son los Facebooks —dijo entre temblores Michael J. Fox al cumplir 50 años.</p>
<p>Momentos antes el Doctor Emmett Brown le había explicado que debido a recientes investigaciones llegó a la conclusión de que Facebook era una máquina del tiempo.</p>
<p>—La cosa es simple —comenzó el Doc, yendo de un lado para otro de la habitación montado en su silla anti gravedad; sacando y metiendo papeles de sus escritorios mientras volteaba a ver a un Michael tembloroso cómodo en su silla tratando de ponerle atención al viejo Emmet, de 75 años ya, pero loco como una cabra—. Es debido llegar a 880 amigos en facebook para que el condensador de chismes se active y podamos viajar en el tiempo y, por ejemplo, arreglar las horrendas fotos de nuestro viaje a 1955 donde salgo con cara de desquiciado.<br />
Michael frunció el ceño y manoteó. El Doc pensó que le estaba reclamando la explicación pero notó que era parte de su Parkinson, así que se ahorró el reclamo y soltó una risita.<br />
—Yo no me reiría tanto si fuera usted —dijo Fox—. Ya lo etiquetaron en una foto aquel día del experimento de la diarrea elástica.<br />
— ¡Pero yo borré todas las etiquetas!<br />
—Ja, ja y ja —dijo Fox—. Ingenuo. La foto fue compartida y luego se creó una página de “me gusta” llamada: &#8220;Yo rebanco al viejo de la diarrea elástica&#8221;. Hay más de 80000 clicks.<br />
—Miserables —murmuró el Doc, propulsándose casi hasta estamparse contra el techo—. Un experimento con fluidos y ya me condenan para toda la vida.<br />
—Para toda la Eternidad, hasta el Fin. Y a propósito del Fin de la Eternidad, mire quién ha venido&#8230;<br />
— ¡Doctor Asimov! —exclamó el Doc olvidándose de todos los malos momentos de su vida, incluyendo el experimento de la diarrea elástica—. ¡Ídolo!<br />
—No se alegre tanto —dijo el Buen Doctor—, pertenezco a la Comisión Organizadora Nacional de Circuitos Históricos Algorítmicos. También vendrán H. G. Wells, Robert A. Heinlein y Alfred Bester. De esta no se salva, Doc.<br />
—La capacidad de asombro ha ido desapareciendo en el hombre —dijo apareciendo, Bester—. Durante siglos nos ocupamos de lo que parecía ser el centro de la problemática del hombre: el tiempo. Pero el núcleo de la cuestión hoy se ha desplazado, señores. No es ya el tiempo lo que interesa sino el tempo ¡el ritmo!</p>
<p>Encerrados en nuestras sociedades monstruos que absorben la totalidad de todos nuestros días, estamos imposibilitados para detenernos. Acorralados en una red universal de comunicaciones instantáneas que nos hacen tomar Coca Cola sin darnos cuenta y llenar nuestros cajones de camisas nuevas e innecesarias, no tenemos tiempo de asombrarnos.<br />
—Él tiene ritmo —dijo el Doc, señalando los ligeros temblores de Fox.</p>
<p>—Usted no respeta nada —dijo Asimov—. Le refundaría la cara a trompadas por burlarse de un pobre hombre enfermo.</p>
<p>—Ay, el divulgador se pone quisquilloso —dijo el Doc, dejando de lado su admiración por Asimov y adhiriendo con increíble rapidez a la máxima de Oscar Wilde acerca de que creemos inteligentes a la gente que piensa como nosotros—. ¿Por qué no le consigue una cura y listo?</p>
<p>—Tengo que escribir más textos que Lope de Vega —respondió Asimov, sacando una lista enorme de su bolsillo—. Y me faltan… como mil novelas. Wells, dígame cualquier cosa que necesito escribir algo. Robots, máquinas, tiempo, ¡deme ideas y moveré el canon literario!</p>
<p>J. Fox y el Doc se miraron estupefactos. Con los dedos hicieron cuentas y les faltaron manos para dar con lo que buscaba Asimov; sin embargo, se encogieron de hombros —bueno, Fox empezó a tiritar, no había de otra— y el Doc daba y daba click a su facebook agregando a todo mundo para llegar a los 880 amigos.</p>
<p>—Los propios dioses— empezó Asimov.<br />
—Luchan&#8230; —continuó H.G.</p>
<p>Se hizo un silencio y todos en la sala se miraron a ver quién terminaba la frase, sólo el sonido de los clicks del Doc Brown rompía ese silencio…</p>
<p>— ¿Alguien escribió Brown? Yo soy Brown —dijo Dan Brown, entrando con un libro de reproducciones de Leonardo Da Vinci.<br />
— ¡Hay que matarlo! —dijo Asimov.<br />
Todos agarraron algún objeto contundente; finalmente, la literatura sería vengada.<br />
— ¡Esperen! —dijo el Doc—. Es el amigo 880 que necesito.<br />
— ¿Él? ¿Dan Brown? —dijo Asimov—. Con este tipo se podría hacer una excepción a las leyes de la robótica y ¿usted lo quiere de amigo?<br />
—A la mierda con Dan Brown y ¡a la mierda con la literatura! —prosiguió—. ¡Eso es como seguir caminando con los pies clavados en el suelo! ¿Por qué no nos dejamos de joder e inventamos de una buena vez la máquina del tiempo?</p>
<p>—Por eso decía yo —interrumpió J. Fox—. Los Propios Dioses luchan contra ¡la Estupidez! —se levantó de su sillón, sin un rastro de temblorina y se dirigió a la pantalla del Brown, el Doc, no el de Da Vinci, para mirar la confirmación del amigo número 880…</p>
<p>— ¡El Cara Tiempo! —gritó el Doc, cayendo sobre sus rodillas— ¡Lo he logrado!<br />
— ¿Y? —Dan Brown apenas había dejado de apretar el botón de confirmar, ni siquiera habían leído sus libros, y ya pretendía un nuevo éxito de taquilla—. No pasa nada. ¿Para qué sirve una máquina del tiempo que no hace nada?<br />
— ¿Nada? ¡Nada! —dijo Michael—. No tiemblo más, se me revirtió el temblequeo.</p>
<p>Los demás testigos del suceso no se animaron a contrariarlo, aunque tenía mucha gracia ver a Mc Fly, batiendo el aire enfundado en una campera roja.</p>
<p>Dan Brown tomó nota de inmediato, eso era oro puro para un nuevo Best Seller y si se apuraba, una superproducción cinematográfica con la peluca de Tom Hanks de protagonista. A esas alturas la peluca había aparecido en Forbes cuatro veces. De locura, en verdad.</p>
<p>No había terminado la sorpresa cuando el Doc Brown comenzó a brillar como farol a punto de fundirse y, entre rayos y centellas, se levantó de su silla y fue absorbido por la pantalla entre colores y notificaciones de Facebook.</p>
<p>— ¡Eso lo vi en Tron, serán copiones!— gritó H.G. entre risitas y codeando a Bester. Este hizo un ademán y se sentó para agarrar aire y evitar un ataque al miocardio.</p>
<p>— ¿Y ahora que se fue qué hacemos? —preguntó Asimov.<br />
—Hay uno afuera que reparte pastillas, podríamos comprarle algunas y llamar a Dick para que se traiga unas androides –dijo Wells.<br />
— ¡Dale, Dale! —dijo Brown, mientras tomaba notas para una novela sobre una conspiración biotecnomasojudeonegrochinobolivianóica.</p>
<p>En el pasillo, un enorme sujeto de color, negro, permanecía sentado.</p>
<p>—Queremos las pastillas.<br />
— ¿La roja o la azul?<br />
— ¡La que sea! –dijo Wells, agarrando pastillas a mansalva.<br />
— ¡No! –gritó el dealer-. ¡Si se toma todas nos chupa la Matrix!</p>
<p>Los gritos, el edificio, el tiempo, todo se fue disolviendo a colores verdosos. Todos quisieron decir algo, impedir lo que estaba pasando pero ahora que veían, y nosotros con ellos, el interior de la Matrix, ¿qué nos queda excepto este montón de 01000101 01101101 01101101 01100101 01110100 00100000 01100101 01110011 01110100 01110101 01110110 01101111 00100000 01100001 01110001 01110101 11101101 00101100 00100000 01110000 01110101 01110100 01101111 01110011?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>**</strong>Cuento escrito junto con Esteban Moscarda, Alejandro Bentivoglio, Sergio Gaut vel Hartman, Graciela Sedran Castagnola y Gabriela Baade, del grupo <a title="Grupo Heliconia" href="http://biosdelosblogsh.blogspot.com/p/presentacion.html" target="_blank">Heliconia</a>.</p>
<p>***Código binario: &#8220;Aquí estuvo Emmet, putos&#8221;.</p>
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		<title>Una partida de Backgammon</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Aug 2011 05:45:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Apuestas]]></category>
		<category><![CDATA[Mascotas]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando, por alguna coincidencia, un hámster y un perro se llegan a conocer o a compartir la misma casa puede pasar sólo una cosa: los hámsters sacan un juego de Backgammon que siempre tienen escondido en el buche: elegante tabla de concha y perla con sus fichas bien talladas y, muy seguros, retan al perro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando, por alguna coincidencia, un hámster y un perro se llegan a conocer o a compartir la misma casa puede pasar sólo una cosa: los hámsters sacan un juego de Backgammon que siempre tienen escondido en el buche: elegante tabla de concha y perla con sus fichas bien talladas y, muy seguros, retan al perro a una partida. Los perros, en respuesta, van a su clóset y se calzan un buen sombrero cubano y un habano. Sobre todo los de raza mediana y con mucho pelo rizado, éstos tienen una afición especial por el juego, así como por los peinados derivados del afro setentero.</p>
<p>Cuando cae la noche, el hámster abre hábilmente la jaula en donde vive y sale al encuentro de su nuevo vecino. Quien para ese momento ya se ha encargado de disponer una mesita y un par de sillas —la que le toca al hámster tiene apilados los libros más gruesos del dueño de la casa, los perros son bastante cuidadosos con estos detalles y se aseguran que ninguno de esos libros contenga fotografías de cacería o de roedores en papel de villanos—, colocan un buen mantel y sacan una botella de vino tinto del refrigerador; en caso de que el dueño no tenga vino, consiguen unas cervezas o café cargado.</p>
<p>Acto seguido, ambos animalitos toman sus lugares y, sombrero puesto, comienzan la partida. Una partida animosa, peludamente armoniosa donde cada uno exhibe sus habilidades y estrategias más elaboradas. Se miran, toman los dados y ponen sobre la mesa un trozo de papel donde está anotada la tradicional apuesta.</p>
<p>Por lo general estas partidas pueden llegar a durar varios años, durante los cuales los humanos jamás atinan a descubrirlos, ya que estos dos animalitos suelen ser muy discretos con las cenizas de los puros y los restos de sus cenas. Durante este tiempo, el dueño saca a pasear al perro, le compra casa, ropa de invierno o una pañoleta; al hámster le cambian el periódico de su jaula —ellos siempre prefieren la sección de Finanzas— y lo alimentan gustosos mirando cómo mueven sus cachetes. Como si nada, no hay rastro que los delate y el asunto queda entre ellos.</p>
<p>Cuando hay un ganador, éste se levanta, estrechan sus patas superiores en señal de respeto y el vencedor devora al perdedor de una sola mordida: rápido y sin ruido. Es un final cruel, es cierto, pero lo que dura la partida se suelen llevar de maravilla.</p>
<p>Así que si un día despiertas y una de tus mascotas no está en casa, ya puedes adivinar cuál de los dos ha ganado la partida.</p>
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		<title>Desaparezca aquí</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jul 2011 05:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Morsa]]></category>

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		<description><![CDATA[El letrero decía: &#8220;Desaparezca aquí&#8221;. Yo lo miré por encima de mis anteojos y sonriendo, desaparecí. &#160; Suena de fondo una voz femenina que cuenta: Un, dos, tres, cuatro… &#160; En el interior de mi cabeza rugieron los tiempos en los que sus ojos zumbaban al pasar junto a mí o, ya fuera intencionado o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El letrero decía: &#8220;Desaparezca aquí&#8221;. Yo lo miré por encima de mis anteojos y sonriendo, <strong>desaparecí</strong>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Suena de fondo una voz femenina que cuenta: Un, dos, tres, cuatro…</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el interior de mi cabeza rugieron los tiempos en los que sus ojos zumbaban al pasar junto a mí o, ya fuera intencionado o por obra de la casualidad, su mirada se posaba en mi dirección.</p>
<p>El Señor Morsa terminó de ajustarse el traje sastre y alcanzó su enorme sombrero de gangster, miró a su alrededor y luego hacia mí.</p>
<p>— ¿Está en tu cabeza, R? — preguntó y palmeó mi espalda con esas enormes manazas de simio.</p>
<p>Su voz resonaba como un agudo solo de guitarra. Se metía en tu cerebro como taladro cósmico. Los babuinos reían a lo lejos, en la ventana, apelmasados y mirando cómo me ajusto los anteojos y reconozco nuevamente el frente de la casa.</p>
<p>— Está en todas partes, Morsa— respondí apenas audible — tan pronto el brillo verde de sus ojos deje de existir en esta parte del universo, dejaré de verla cada que salto de un lado al otro de la ventana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escena cambia con un círculo que se cierra hasta quedar sólo nuestras cabezas. Negro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miro al frente y trato de descifrar cómo es que hemos llegado hasta ahí. Me tallo los ojos, siento un cosquilleo en la frente.</p>
<p>Es posible, según mis cálculos, que todo esto sea tan solo un sueño; un sueño donde hay changos y un humano —otro homínido, uno dizque racional, pero homínido al final— que sólo usa una letra a manera de identidad. Uno de esos sueños que de seguro, recurriendo a las matemáticas y la probabilidad, sólo son posibles cuando cenas demasiado condimento.</p>
<p>Esa noche pude haber cenado algo condimentado.</p>
<p>Quizá un filete, pienso.</p>
<p>—Eso sería rico— dijo Morsa entornando los ojos y pasándose la lengua por los labios. —Muy sabroso — como si mi razonamiento hubiese sido audible a los oídos del chango.</p>
<p>Nos miramos con apetito: un buen filete, grueso, adornado con muchas clases de verduras, salsa, pimienta y un moderado brillo en las papas de la guarnición… jugoso.</p>
<p>Seguimos pensando en comida.</p>
<p>Se abre la puerta y la comida se sustituyó —aunque no del todo, la imagen era demasiado rica para dejarla ir— por la sala llena de hojas con diagramas y restos de experimentos genéticos con ranas que los babuinos estuvieron haciendo en nuestra ausencia. Nada que no hubiéramos visto antes, sólo que esta vez habían usado tenazas de langosta y la cosa parecía set de película de monstruos japonesa.</p>
<p>—Música— dijo Morsa sin voltear. Señaló al techo y comenzó a mover las extremidades inferiores como si marchara a toda velocidad mandando a volar los restos del tiradero.</p>
<p>No sabía sin reír o sentarme a contemplar. Jamás había visto moverse tanto a Morsa. Mucho menos bailar.</p>
<p>—Como un maniaco, R— dijo solemne, de nuevo sabiendo lo que pensaba— moverse para no morir cortado por la mitad.</p>
<p>Como un filete, pensé.</p>
<p>Mientras tanto, del otro lado de la carretera, junto al letrero, alguien resopla en mi frente. Me rasco la cabeza, por puro reflejo.</p>
<p>Fade out y <strong>caída libre.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>And she&#8217;s dancing like she never danced before</em></p>
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		<title>Cuando sea grande</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jun 2011 19:43:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[Abogados]]></category>
		<category><![CDATA[Infancia]]></category>
		<category><![CDATA[Profesiones]]></category>

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		<description><![CDATA[De chico uno quiere ser bombero, o policía o astronauta. Se te ocurren profesiones que has visto en la tele y que te emociona imaginarte bajando del tubo de la Estación o patrullando las calles con gorra de policía y un arma a la cintura. Astronauta ni se diga; uno quiere ponerse cualquier cosa que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De chico uno quiere ser bombero, o policía o astronauta. Se te ocurren profesiones que has visto en la tele y que te emociona imaginarte bajando del tubo de la Estación o patrullando las calles con gorra de policía y un arma a la cintura. Astronauta ni se diga; uno quiere ponerse cualquier cosa que se asemeje a un caso y caminar dando pequeños saltos por la casa. Descubrir piedras bajo el sillón —una piedra lunar con minerales desconocidos y valiosísimos— plantar una bandera en la cima de la pila de cojines y declararla propiedad del planeta Tierra… hasta te buscas un poco de tierra para dejar las huellas de tu pisadas usando las botas de tu papá —y muy probablemente, su pantalón de trabajo que te queda de traje espacial—.</p>
<p>De chico uno quiere ser todo eso y más. Un agente secreto, un explorador, un inventor —algunos locos, otros no tanto—. Después vas a la escuela y  lo que quieres ser de grande es todo eso al mismo tiempo pero sin que se enteren tus conocidos;  sobretodo tu mamá, que a la menor provocación lo presumirá a todas las vecinas que se crucen en su camino —con todo y tías y primas <em>ad infinitum</em>—. Entonces uno trata estos asuntos de la futura profesión en la seguridad del cuarto cerrado o en algún otro lugar libre de mirones.</p>
<p>Conforme uno va creciendo se va librando de ciertas cosas: primero de que tu mamá te elija la ropa cuando no usas el uniforme del jardín de niños, luego logras negociar el peinarte solo como te dé la gana y después celebras como un loco que por fin entrarás a una escuela que te dejará vestirte como se te antoje. Durante un buen rato te olvidas del asunto ese de las profesiones; del bombero, del policía, del astronauta. Los haces a un lado, sin idea clara de qué te gusta —como no sean las niñas de ojo grande, el futbol o pasarte las tardes escapando de hacer tareas—.</p>
<p>Después, cuando volteas y notas que yan han pasado  diecinueve años, decides que lo que quieres hacer ahora es meterte a alguna parte a estudiar Comunicación. Has oído que esa carrera la recomiendan los que salen en la tele y parlotean en la radio y te parece una excelente idea hacer lo mismo. Practicas con la grabadora —si lo habías hecho a los cinco, qué mejor, tienes currículum—, montas una estación amateur en la escuela o en la cuadra y te convences de que ahí está el futuro que buscabas. Qué agente secreto ni qué nada; el mundo se las puede arreglar solo, y como nadie te va a regalar un BMW modificado con armas secretas no tiene caso seguir el chistecito. Estudiarás Comunicación y punto.</p>
<p>Te gusta. Al principio te sientes raro entre tanto libro pero te agrada la idea de no lidiar con problemas algebraicos de lunes a viernes de 7 a 9 de la mañana. Un alivio, de verdad. Nada de cadenas de carbono, ni cálculos exhaustivos de la resistencia de un puente construido para aguantar 2 mil newtons de fuerza. Nada de exámenes extraordinarios de química con sesiones de estudio de emergencia el día de la prueba a las 6:15 de la mañana. Todo eso se acabó. Estás estudiando Comunicación y algún día estarás frente a un micrófono saludando a medio país o al menos, a un par de ciudades con una buena cantidad de rubias tetonas.</p>
<p>El plan perfecto. Comienzas a tener más y más materias. Lecturas como para volverte loco y tu cuarto se ha convertido en un santuario cubierto de fotocopias hasta centímetros antes del techo. Usas lentes y debes portarlos a diario, todo el día. Más vale buscarte unos que al menos te gusten —o se parezcan a unos que te gusten— y poner cara de orgulloso. Poco a poco te haces bueno, te las arreglas para ir avanzando y, sin darte cuenta, has llegado al final de los cuatro años y medio. Ahora no tienes ni idea de cómo salir de ahí y mucho menos, que hacer después ¿Titularte? Eso ya es asunto aparte. Habrá que pensarlo, pero lo que ahora sabes te encanta. <em>Tienes un buen presentimiento  al respecto</em>—como Obi Wan Kenobi—.</p>
<p>Ni bombero, ni policía, ni astronauta, ni agente secreto. Eres comunicador —o comunicólogo, según qué hayas almorzado ese día—, no llevas calculadora científica, usas Ipod y tienes una lap top de medio pelo; facilidad de palabra, devastadora. Gustos musicales y cinematográficos, envidiables. Estás  orgulloso  aunque no uses casco espacial ni te deslices por el tubo de emergencias. Es de lo más chingón con todo y todo porque, al menos, no eres abogado.</p>
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		<title>Un tipo de mala memoria</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jun 2011 04:58:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>odeenr</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lovely Postman]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Mala memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Relámpagos]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno de mis defectos es lo desmemoriado. Antes, entre los 20 y 28 años usaba ese defecto como chiste: — Oye, soy capaz de olvidar una conversación entera entre nosotros si, durante ella, hay un relámpago— decía yo cuando me tocaba presumir alguna clase de habilidad. Había quienes podían conducir un auto completamente ahogados de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de mis defectos es lo desmemoriado. Antes, entre los 20 y 28 años usaba ese defecto como chiste:<br />
— Oye, soy capaz de olvidar una conversación entera entre nosotros si, durante ella, hay un relámpago— decía yo cuando me tocaba presumir alguna clase de habilidad. Había quienes podían conducir un auto completamente ahogados de borrachos, otros que jugaban 12 horas seguidas de Final Fantasy, pero yo podía olvidar una conversación en 3 segundos si caía un relámpago.</p>
<p>En realidad, eso me pasó una noche en la ciudad donde crecí, Cuautitlán Izcalli, estando en la calle frente al local de video juegos donde solía juntarme con mis amigos de la colonia. Esperábamos la llegada de otro de los amigos, y había una conversación entre Ren, Beto y yo. La plática iba entre risas y divertidas groserías cuando un relámpago tronó en el cielo. Estaba entrando la noche, a eso de las 8:30 cuando el cielo nublado tronó con un destello. En ese momento olvidé por completo de lo que estábamos hablando. Incluso al día de hoy es una anécdota que hace reír a Beto cuando la platicamos —una de sus pocas oportunidades de burlarse de mí, je—.</p>
<p>En verdad, no recuerdo el tema de esa conversación. Durante un puñado de años supuse que eso era una de esas cualidades curiosas que lo hacen a uno especial y que se ubican en la delgada línea entre tener canas a los 15 años y portar un tipo raro de virus en la sangre que te provoca caminar en un plano vertical sin cuerdas. Para mi desgracia, no me convertí en ninguna clase de superhéroe, era yo un tipo de memoria muy mala.</p>
<p>A la fecha he logrado controlar un poco esa cualidad. Sólo un poco. La peor manifestación de ella me la hizo notar Anita hace unas semanas: puedo ser capaz de leer como un loco, un libro tras otro y amarlos a cada página; sin embargo, después de terminarlos no puedo recordar de manera clara de qué se tratan.</p>
<p>Eso es en lo que ahora trato de trabajar. Es posible que tenga que protagonizar una abducción extraterrestre a un planeta donde la memoria se almacena en grandes moldes de gelatina de sabores frutales donde cada sabor representa una categoría de recuerdos… aunque no logro recordar si eso lo leí en alguna parte o lo escribí en la pared del baño. O puede que tenga antojo de gelatina…</p>
<p>Creo que estoy olvidando el meollo de este texto. El caso es que últimamente he tenido en manos algunos libros que me han gustado y de los que me gustaría dejar constancia aquí:</p>
<p><strong>Diablo Guardián, de Xavier Velasco:</strong> recomendado por Kiddou, me ha costado mucho trabajo. Un texto ganador del premio Alfaguara en 2003 que, de verdad no logro digerir. Aunque a los últimos vistazos he logrado rebasar la docena de capítulos y hasta he reído con algunas frases muy atinadas, me sigue pareciendo un poco inverosímil. Veo la cara del autor y no puedo imaginarlo imaginando —sí, eso— la historia de una adolescente con tanta malicia y con ese maravilloso matiz de prostituta y peladaza. Una gran máquina de ensalce para mujeres que en su vida se atreverían a actuar como Violeta o que ven en ella la oportunidad perfecta para montarse en el imaginario de una mujer a la que le vale soberana verga todos y cada uno de los seres humanos que la rodean y que no corresponden a sí misma al reflejarse en un espejo. Del otro lado, Pig, el Diablo Guardián de Violeta, es un buen modelo de adultón mal educado por sí mismo y que se las da de brutalmente honesto y vale madre. Cínico y ogete. Admirable. Quizá porque se escribió en 2003 y para un negocio editorial tan mojigato y payaso era necesario un libro que dijera muchas groserías —sobretodo “puta”— y cuyo autor tuviera una rara afición a los perros y a las fotos donde sale con sus perros. Si fuera película deberían ser blanco y negro las escenas con Violeta narrando su vida y a color con Pig sobreviviendo a la patética suya… sería un exitazo.</p>
<p>Al no ser tan sencillo digerirlo, lo he aplacado con un par de textos más.</p>
<p><strong>Cuentos Escogidos, de Antón Chejov:</strong> autor ruso en el siglo XIX , dramaturgo, médico y considerado un maestro del cuento corto —género que ahora está agarrando cada vez más sabrosura— y con un estilo simple, delicado y si bien es cierto no tiene lo que se pensaría como historias que te hagan divagar con dimensiones alternas, sueños en varios pisos o cosas parecidas, son en verdad cuentos muy agradables. Conocí a este autor gracias a que Haruki Murakami lo menciona en  <strong>1Q84 </strong>con la novela de <em>Un viaje a Sajalín</em> de 1895, que juega un papel muy importante en la trama de esta última obra de Murakami. Aún no leo esa novela pero estos cuentos han sido muy buenos para los largos viajes diarios— por ejemplo, <a href="http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/senyora.htm">La Señora del Perrito</a>—; un buen respiro y aprendizaje de una narrativa disfrutable.</p>
<p><strong>Las Leyes de la Atracción, Bret Easton Ellis:</strong> desde que el buen Señor Botarga me recomendó a este autor, se ha hecho de mis favoritos. Segundo libro publicado en 1987, justo después de Menos que Cero, es una historia con las características favoritas de Easton: personajes desinteresados, egomaniacos, acostumbrados a una vida entre sexo drogas y rock and roll pero sin llegar a la vida propia de un rockstar; más bien, de juniors cuyas vidas  están a la deriva de sus deseos, sin tener la mínima idea de hacia a dónde les llevará y que en el Campus de Candem, ya nadie recuerda quién se ha acostado con quién ni dónde estuvieron la noche anterior. Un estilo narrativo con el que he hecho una comunión especial, excepcional para relatos concisos, directos y con desarrollo lineal entre reflexiones, monólogos y conversaciones que parecen no llegar a ninguna parte.</p>
<p>Y en lo que decido si termino o no a Xavier Velasco en esa guerra de incredulidad a sus argumentos —pero con la admiración medida a su estilo desenfadado, algo loable al menos ante la tremenda exhibición de ironías y valemadrismos; dos cosas que a estas alturas del siglo, se ven a cada esquina y cada día dejan de ser novedad para volverse un arte fino y no apto para cualquiera— me encontré con el Bestiario, de Cortázar. Primera vez en la vida que tengo un libro de  Julio Cortázar sin el presentimiento de que me moriré de flojera, y estoy seguro que acabaré con una muy buena impresión… el reto es recordarlo cuando lo termine. Mi ventaja es que en esta época del año no son muy frecuentes los relámpagos en esta zona del país.</p>
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