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<title>Libros impublicables</title>
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<description>Libros impublicables de oriol espinal</description>


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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 14.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
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<description>Todavía dolido por el modo en que Blanca lo había tratado en la onicrónica, don Alberto Miralpeix cerraba el manuscrito y se desahogaba denigrando el nombre de su prima con lindezas impropias de un caballero. Luego, tras serenarse, dejaba que su conciencia fluyera a su antojo por otros derroteros hasta quedar convertida en un totus revolutum de recuerdos fragmentarios y en buena parte deudores de las experiencias que la noche le había deparado. Allí estaban, por citar algunos, el recuerdo del coro Sol y Sombra y su humanizado arte cantor, y el de las floreras mostrando su desespero en el momento de perder la lozanía, y el del guirigay que se había armado en La Venta del Castillo... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 13.3</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=29</link>
<description>Aunque eran las tres de la madrugada y ello te obligaba a preguntarte quién podía ser a esas horas, de inmediato dabas por sentado que el autor de los golpes sólo podía ser alguno de los matones de Presiones Perentorias, la agencia de cobros a morosos que de un tiempo a esta parte estaba librando una guerra sin cuartel contra una empresa cuyas oficinas estaban en el mismo piso de arriba; acaso un pipiolo que, al no estar previamente informado de que en el edificio todavía vivía una inquilina, se habría confundido al ver luz en la ventana del salón y habría supuesto que sólo un pez gordo podía estar trabajando a horas tan intempestivas. </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 13.2</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=28</link>
<description>Dolido por el adjetivo que su prima había empleado, don Alberto Miralpeix detenía la lectura de la onicrónica y bajaba el cristal de la ventanilla. Mientras dejaba que el aire le acariciara el rostro, se decía: «Nunca hubiera imaginado que Blanca albergara el menor resentimiento hacia mi persona. Al fin y al cabo jamás me propasé con ella, y mucho menos con ninguna de sus amigas, a cual más coqueta y deseosa de contacto carnal. ¿Habría escrito ella lo mismo de no haber sabido yo refrenar mis varoniles deseos?</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 13.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=27</link>
<description>Asaltado por una morbosa curiosidad, don Alberto Miralpeix abría el manuscrito de Blanca Miralda y se ponía a leer la onicrónica que daba inicio a la serie, una onicrónica, redactada con una caligrafía pulcra y monjil, bajo cuyo título (Él) su autora había pegado una reproducción de La pesadilla de Füssli. Transcribo, a continuación, el contenido íntegro del relato:</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 12.0</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=26</link>
<description>Tras percatarse de que nuevamente no había sobre su cabeza más cielo protector que un entramado de estelas de gases lacrimógenos, de cócteles molotov, de balas de goma, de adoquines y demás artillería propia de la guerrilla y la contraguerrilla urbana, Elvira Miralda bajaba la visera de su celada y musitaba un «que Dios nos pille confesados». Luego tanto ella como su tío arrancaban a correr a toda velocidad con la esperanza de hallar cobijo en algún portal. Pero si bien el marqués alcanzaba el anhelado refugio sin mayor... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 11.2</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=25</link>
<description>Dando por hecho que en la calle la anarquía estaría aun campando a sus anchas y no deseando otra cosa que desaparecer cuanto antes del punto de mira del Camarada KK, don Alberto Miralpeix entraba en el «infierno» y se sumía en el ambiente lóbrego que allí reinaba. No sintiéndose allí tampoco muy seguro, abría una de las puertas que había en ambos lados de un pasillo curvo y se encerraba en el habitáculo al que ésta daba acceso. Nada había en aquellas cuatro paredes salvo una cortinilla cerrada y una ranura junto a un letrerito luminoso que rezaba la frase insert coin.</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 11.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=24</link>
<description>A punto estaba la batalla campal de adueñarse de la calle cuando tanto Juan Mundet como el marqués entraban finalmente en sus respectivos refugios, en el caso del segundo del todo convencido de que lo hacía en El Emporio del Pescador (un complejo comercial que el aristócrata solía frecuentar durante los años en que la pesca deportiva había constituido una de sus aficiones favoritas), cuando en realidad lo estaba haciendo en La Dulce Tentación, unas galerías comerciales cuya actividad se centraba en eso que algunos  llaman «entretenimiento para adultos».</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 10.0</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=23</link>
<description>Aprovechando la confusión generada, don Alberto Miralpeix reemprendía la marcha calle abajo con la esperanza de encontrar un taxi que lo llevara sano y salvo a su domicilio. Y lo hacía sin imaginar que en aquella zona los farolillos de los coches de alquiler iban a brillar por su ausencia; ni tampoco, claro está, que aquella circunstancia acabaría propiciando un encuentro fortuito con el avatar onírico de quien esto escribe.</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 9.6</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=22</link>
<description>Estaba el cuerpo de Alberico Mambrino a punto de terminar su metamorfosis cuando el viejo del balcón decía, rasgando las cuerdas de la lira al ritmo del romper de las olas:

–Y al llegar a la catedral, el sublime Alberico Mambrino se posará cual ave de Febo sobre lo alto del campanario, y desde allí el protegido de quien fuera venerado en Delfos mirará al nuevo Eróstato y graznando a voz en pico, dirá: «Desde lo alto bendigo el odio que me ha hecho sabio; desde lo alto anuncio que je serai oisif et brutal; desde lo... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 9.5</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=21</link>
<description>A falta de mejor calabozo, el lugarteniente ordenaba a un par de sus hombres que derribaran una cabina telefónica y encerraran al marqués en su interior.

–Parece una versión esperpéntica de Blancanieves en el ataúd de cristal –decía con sorna uno de los proxenetas–. Me apuesto lo que sea que en cuanto el enano del balcón se entere de que su delfín está preso aquí dentro, soltará alguna que otra lagrimita.

–Pues a mí se me antoja que si no tomamos precauciones, más de uno vendrá a ponerle una vela y a pedirle... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 9.4</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=20</link>
<description>Mientras el director artístico y los proxenetas continuaban su particular refriega dialéctica, don Alberto Miralpeix, que continuaba sin recobrar el conocimiento, padecía una pesadilla donde se veía a sí mismo sentado en el patio de butacas de un teatro vacío de público, un teatro sobre cuyo arco de proscenio podía leerse:
Gran Teatro de la Falsificación Áurea
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<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 9.3</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=19</link>
<description>Entretanto, el director artístico continuaba clamando desde el balcón:
–Él, el gran señor de los peces dorados ya se deja ver entre vosotros, él, el gran señor de los peces dorados…
–¡Es él, es él, es él! –exclamaba de pronto uno de los macarras, quien agitando los brazos como un hincha entusiasmado, provocaba que una bandada de palomas remontaran el vuelo dejando tras de sí una tupida estela de plumones. Mientras éstos descendían ingrávidos hasta posarse sobre las cabezas de los manifestantes, el indigente agarraba al limpiabotas por el hombro y le decía:</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 9.2</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=18</link>
<description>Mientras la calle tronaba cada vez más fuerte, un hombrecillo vestido de esmoquin que compensaba su baja estatura con un sombrero de copa, salía al balcón principal del teatro y gritaba:
–Zuhälter alle, neigt euch nun Albrecht Miralpeix!
La exhortación del hombrecillo era replicada por los manifestantes con una sonora pitada que daba paso a un estallido de improperios y abucheos. Los individuos más osados llegaban incluso a lanzarle preservativos llenos de un líquido dorado y maloliente...</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 9.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=17</link>
<description>Flanqueado casualmente por una docena de sikhs, don Alberto Miralpeix recorría el tramo de calle que lo separaban del Teatro Nacional de la Ópera. Al llegar a las inmediaciones del coliseo, tanto él como los punjabíes, todos ellos (de creer lo que rezaban las acreditaciones que llevaban colgadas en el pecho) asistentes al XXXIII congreso Vida Marina y Futuro Sostenible, se </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 8.3</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=16</link>
<description>–¿Desean que toque algo en especial? –preguntaba el manco, implorándose a sí mismo que la tierra se lo tragara o que un milagro trasformara a los presentes en sordos, o cuando menos en unos completos ignorantes en materia musical. –¿Sería mucho pedir el estudio para la mano izquierda de Bela Bartok? –sugería el marqués acompañando su propuesta con un guiño que Zoelia no acertaba a interpretar.</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 8.2</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=15</link>
<description>Bastaba, sin embargo, que el morrongo se pusiera a arañar los primeros arpegios, para que los recelos iniciales se disiparan por completo. Y es que a pesar de que su amo la había bautizado con el nombre de un instrumento de tortura, aquella gata prodigiosa no sólo despertaba la admiración de la concurrencia, sino que lograba que el propio marqués sonriera del modo en que las almas sensibles...</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 8.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=14</link>
<description>–¿Cómo te llamas? –preguntaba el manco a la quiromántica.
–Zoelia, ¿y tú?
–Paul –respondía el manco hurgándose la oreja con el meñique de la mano sana.
–¿Y cuál es la razón por la que me has elegido a mí y no a otra? –preguntaba la quiromántica sin levantar la vista de la mano ortopédica.</description>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 7.2</title>
<author>Oriol Espinal</author>
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<description>Tras ofrecer una silla al aristócrata y hablando como un auténtico experto en marqueting televisivo, el poetastro arrancaba diciendo:–Punto número uno. Valores ético-estéticos de El pez rojo y la senda de agua. El pez rojo y la senda de agua no es únicamente una oda a Mao más o un poema que persiga estrictamente la democratización del goce estético, sino un prontuario...</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 7.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=12</link>
<description>Al poco de salir a la calle, don Alberto Miralpeix se topaba aparatosamente con un individuo disfrazado de Don Quijote, el cual, con la cabeza gacha, sin escudero a quien aleccionar o rocín al que dar nombre y arrastrando una adarga mohosa y una lanza tomada del orín, deambulaba cual vieja gloria caída en desgracia y presa de la melancolía. Tras el encontrón, el marqués... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 6.4</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=11</link>
<description>El afectado de sexo masculino: (con el rostro pringado de gazpacho y tras levantarse de la silla) ¡La madre que te parió! ¿Se puede saber en qué clase de escuela te han regalado el título? Lope de Avellaneda: (con el rostro pálido y sujetando el perrito de aguas por el pescuezo) Lo lamento, lo lamento mucho, pero lo que acaba de ocurrir ha sido una infausta carambola.</description>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 6.3</title>
<author>Oriol Espinal</author>
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<description>Estaba el marqués hincando el diente a una loncha de queso cuando un hombre y una mujer de mediana edad entraban en el comedor y se sentaban en una mesa cercana a la suya. Tras mirarlos de reojo, el marqués se decía:
–Un típico e inconfundible ejemplar de libro. Esa sonrisa lastimosa de estatua de cera sólo puede ser propia de un cadáver viviente que ya no aspira ni a lucir los galones de un chusquero de la vida civil.</description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 6.2</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=9</link>
<description>Al salir del baño, don Alberto Miralpeix se dirigía a la barra y tomaba asiento en un taburete. El lugar de don Lope ahora lo ocupaba un treintañero con pinta de haber pasado más tiempo en la cárcel que en la calle y que en aquel momento estaba enfrascado en la lectura de un periódico deportivo cuyo titular principal rezaba: «Los Quijotes de Argamasilla muelen a goles a Los Molinos de Almodóvar». </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 6.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=8</link>
<description>A salvo tras haber neutralizado la influencia de las floristas pero acuciado por una necesidad corporal que no precisa mayores comentarios, el marqués entraba en una taberna cuyo letrero rezaba:LA VENTA DEL CASTILLO... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 5.3</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=7</link>
<description>La reacción de las muchachas-flor no se hacía esperar, pues para ellas el solo hecho de haber escuchado el adjetivo caduca delante de la palabra flor ya constituía un indiscutible casus belli. Y si bien las más moderadas, entre las que figuraban Rosadeabril, Margerite Feige o la no mencionada Oloresdemiflordolorida, se limitaban a escupir a los pies del marqués con... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 5.2</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=6</link>
<description>–¡No me atosiguéis! –exclamaba el marqués–, que mi carne no precisa hoy del consuelo de ninguna flor abierta, y con mayor motivo si el dragón que custodia mi hogar no ha satisfecho sus necesidades más básicas.
–Pues muéstrale a tu dragón esta tierna y delicada andaluza, que desde pequeña sueña con ser arrebatada por una bestia como la que san Jorge hirió con su lanzón... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 5.1</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=5</link>
<description>No había recorrido un gran trecho cuando le parecía que a su izquierda, de la espesura de un jardín florido que allí estaba, salían unas voces jadeantes, como de hembras en celo; y apenas las había escuchado, cuando se decía: –Este lugar no debe ser muy distinto del jardín del que siempre me hablaba tío Alejandro. No desacertaba el marqués en su impresión, pues aquel lugar, al igual que el jardín del que a menudo le hablaba su tío... </description>
<category>novela</category>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 4.0</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=4</link>
<description>Estaba el marqués dando rienda suelta a nuevos y variados pensamientos cuando de pronto escuchaba, si bien algo contaminada por la cháchara que emitían sus orondos protectores, una música que él no tardaba en identificar como la canción Les Cris de Paris. Sorprendido por la excelente calidad de la fuente sonora, el marqués se desgajaba del rebaño y se dirigía al lugar donde estaba aconteciendo ese milagro (enlatado o no) que es toda música que logra erizar el vello del melómano. </description>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 3.0</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=3</link>
<description>Lejos estaba el marqués de imaginar que su prudencia se vería recompensada con un incidente de los que nadie desearía para sí. Y es que apenas había recorrido unos metros cuando de pronto veía venir a un par de ángeles caídos cuyo aspecto no prometía nada bueno. Tras verificar que el objetivo de su instinto depredador era de los que en muy raras ocasiones entraban en su territorio de caza, los susodichos abordaban al aristócrata y le decían al unísono: </description>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 2.0</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=2</link>
<description>Aunque ninguna de mis cartas ha merecido hasta la fecha una sola respuesta por tu parte, te escribo una vez más. Y no lo hago únicamente «porque me gusta escribir cartas, y tal vez porque llueve», como diría ese personaje de Cortázar tocado con el don de vomitar conejitos, sino porque me ayuda a mantener la esperanza de que tarde o temprano tu alma se hará «visible». </description>
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<title>Libros impublicables / La última carta de Santiago Miralda - Sección 1.0</title>
<author>Oriol Espinal</author>
<link>http://www.oriolespinal.es/libros/postfull.php?id=1</link>
<description>Es sabido que un hombre que presuma de no mantener secretos inconfesables no puede ser considerado alguien de fiar. También, que dicha clase de secretos suelen aflorar sin mayores consecuencias en cuanto el dueño de los mismos baja la guardia o directamente pasa a mejor vida. Se dan casos, sin embargo, y me remitiré únicamente a los de tipo póstumo, en que el asunto desvelado huele tan mal, que la reputación de quien fuera su encubridor se ve de inmediato sometida a una severa aunque no siempre aireada revisión; mientras que en otros... </description>
<category>novela</category>
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