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	<title>Libros y Letras</title>
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	<description>Revista Cultural de Colombia y América Latina</description>
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	<title>Libros y Letras</title>
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		<title>Giovanna Rivero: «Los cuentos de hadas dejaron en mí su semilla gótica»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 May 2026 02:19:37 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La escritora boliviana es una de las invitadas a Benengeli 2026, el festival híbrido del Instituto Cervantes. Del 25 al 29 de mayo, evento que logrará llevar la literatura en español por los cinco continentes durante una semana. Por Karen Lentini Gómez El escritor Jean Cocteau se preguntaba «¿Qué clase de enfermedad es esta que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>La escritora boliviana es una de las invitadas a Benengeli 2026, el festival híbrido del Instituto Cervantes. Del 25 al 29 de mayo, evento que logrará llevar la literatura en español por los cinco continentes durante una semana.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Karen Lentini Gómez</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El escritor <strong>Jean Cocteau</strong> se preguntaba «¿Qué clase de enfermedad es esta que hace que uno quiera expresarse?»</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Giovanna Rivero</strong> (Bolivia, 1972) parece escribir desde el desafío narrativo de integrar en su universo ficcional tanto el rigor del canon literario, como los relatos orales y los comics. Acercarse a su literatura es invocar a una médium que absorbe la fiereza del mundo, articulando sus secretos para devolvérnoslo tocando los abismos</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ello enmarcado en la obstinación de una taxidermista del lenguaje. Sus metáforas trabajadas a conciencia evitan respuestas fáciles y bordean al lector, su prosa busca «derramar negrura» de la realidad, para plasmar en lo grotesco una inusitada belleza estética cargada de compasión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si <strong>Hermann Hesse</strong> advertía en su <em>Lobo estepario</em> que la entrada era «Sólo para locos», la narrativa de Giovanna Rivero es solo para los que son capaces de aguantar la supuración de las aberturas de la psique. A través de su escritura, nos devela el claroscuro de un universo pavoroso, explorando una realidad que se sumerge en temas soterrados y conciencias siderales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Giovanna Rivero</strong> se da a conocer con <em>Las bestias</em>, obra ganadora del Premio Municipal de Santa Cruz de Literatura (1997). Se consagra en 2014 con la novela <em>98 segundos sin sombra,</em> y la colección <em>Tierra fresca de su tumba</em> (2020). Su agudeza para lo perturbador la hizo merecedora en España del Premio de Cuento Cosecha Eñe 2015 por su relato <em>Albúmina. </em>Conla antología <em>Para comerte mejor,</em> conquistó el Premio Dante Alighieri (2018).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Un resplandor</em> (2025) es la más reciente obra de esta escritora que continúa nutriendo la memoria con su prosapia literaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>— Usted ha señalado que «las semillas de la imaginación ya están en lo que hemos leído», y ha contado como en su infancia, su madre le prohibió leer <em>El lobo estepario</em> de Hermann Hesse. Percibo un eco de esa semilla en su cuento <em>Revelar</em>; en ambas obras, las puertas se presentan como el umbral tras el que se reconocen la violencia, la herencia familiar y las verdades dolorosas. Como lectores, ¿por qué necesitamos asomarnos a ese abismo? Y como escritora, ¿por qué siente la necesidad de descender a ese «sótano infalible de la conciencia»?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La prohibición de mi madre no fue categórica; diría ahora que fue una suerte de invitación a leer, después, más crecida, un libro que hacía del desencanto una fuerza. Yo no esperé: atrapé de ese libro lo que podía, instintivamente. Como allí no encontré lo que los adultos señalaban como ‘malas palabras’, no supe entender en ese momento de qué oscuridad parecía protegerme mi madre. En todo caso, sí, es cierto que mi cuento <em>Revelar</em> presenta distintos tipos de oscuridades y umbrales, desde la sangre negra del petróleo hasta el cuarto oscuro de revelado de fotografías en el que el protagonista se enfrenta a los pasados quemados, sobreexpuestos a la luz. Todo ello constituye una alegoría del subconsciente y de cómo allí se archiva el ‘tesoro’ psíquico de la familia, sus secretos más retorcidos, sus heridas… Crearles todo este embrollo a mis personajes es algo que me apasiona. Probablemente me siento como una científica febril mezclando traumas, heridas, amores y soledades en los tubos de ensayo de sus mundos interiores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>— De niña, mi hermana lloraba con la canción de <em>En un bosque de la China</em> porque la protagonista se había perdido, y otros niños sufrieron la historia de <em>Marco</em>, el personaje de Edmundo de Amicis. Teniendo en cuenta que la ficción nos atraviesa y duele desde temprano edad, ¿cree que deberíamos proteger a los niños de la crudeza de las historias, o es ahí donde se aprende a lidiar con la oscuridad?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo también me agobiaba profundamente con las travesías que los niños expósitos, abandonados en los bosques, debían atravesar para salvar sus pellejos. Que Hansel y Gretel se convirtieran en jóvenes asesinos al arrojar a la bruja al caldero hirviente me estremecía. O que las hermanas de Cenicienta se cortaran el pobre dedo gordo del pie, tan importante para el equilibrio al caminar, me parecía un horror. Todo por ser las más queridas del padre, las elegidas del príncipe. O que Piel de asno huyera errante de la amenaza del incesto me causaba repulsión, miedo. Pero sin esas emociones de las primeras lecturas, ¿cómo podría haber enfrentado mi propia pubertad, ese pantano de incertidumbres? Los cuentos de hadas dejaron en mí su semilla gótica, pero sobre todo me acompañaron ofreciéndome una galería de símbolos con los cuales entender mis propios inconfesables temores. Depurar esa oscuridad constituye un flaco favor para la imaginación de las infancias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>— En su obra hay una búsqueda constante por la singularidad a través del lenguaje y lo excepcional en la forma de expresar los argumentos, ¿alguna vez ha sentido que el texto se ha rebelado, qué no es suyo?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, sin duda. El lenguaje mismo es una materia rebelde, resistente. Quiere decir una cosa, pero termina diciendo otra. Uno tiene la ilusión de que ha podido comunicar una historia, la hondura de un personaje, y con esa ilusión escritora y lectora nos consolamos de ese fracaso precioso que es intentar atrapar un retazo de vida en algunas páginas, con algunas palabras. Por suerte, la vida tiene el poder de atravesar la página. Y digo «vida» y no «realidad» porque intento, precisamente, apartarme de ese malentendido, de esa sinonimia simplificadora. En mi última novela, <em>Alma oscura del alba</em>, uno de los personajes secundarios reclamó un protagonismo que yo no había planeado, de modo que, durante un segundo proceso de edición, decidí reparar esa falta y le di lo que reclamaba: un testimonio, una visión angular de la misma narración. Además, cuando un libro consigue por fin soltarse de uno, del cuerpo escribiente, o al revés, cuando decimos ¡basta!, ya no quiero seguir pensando en esta historia, es preciso apartarla de mí, entonces gradualmente surge la necesaria extrañeza. Cuando debo acudir a un libro que escribí hace años, recuerdo las motivaciones, el estado de ánimo con que lo escribí, pero me doy cuenta de que el ácido del tiempo diluye esos apegos y que voy siendo otra, que ahora no podría volver a esa escritura, y que, por tanto, solo me queda soltar ese mundo, aceptar esa extraña ajenidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>— Pensando en su cuento <em>Placenta</em>, ¿Podría explicar ese proceso creativo mediante el cual conceptos culturalmente asociados a lo romántico, lo sublime o la belleza, se convierten en imágenes que resultan al mismo tiempo repulsivas e hipnóticas?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese cuento me interesaba acercarme a la convivencia en espacios reducidos, donde los cuerpos colisionan, se disputan el oxígeno, incluso amándose. Quise indagar un poco en la brecha generacional, subrayada por la tecnología, entre una madre y un hijo. Pero, sobre todo, insisto, me interesaba entrometerme en la intimidad incómoda de una madre que va renunciando a las expectativas sobre el hijo porque la verdadera madre de ese hijo, casi un adulto, es esta modernidad que todo lo irrealiza, que ha deteriorado el valor de la «verdad». La madre quiere ofrecerle algunas de sus verdades al hijo, pero esas referencias ya son inútiles para él. Es un cuento tipo fábula, me parece.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>— Hay un elemento que parece paradójico en su escritura, como si sus personajes se asfixiaran en espacios extensos, vastos, por ejemplo, en grandes llanuras o ríos caudalosos, ¿de dónde proviene esta falta de aire?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cierto. Creo que, en ese sentido, hay una persistencia de la vena gótica ahí, que desde sus orígenes buscó reemplazos para la primera cavidad vital, el útero, y lo hizo con castillos, con templos y bóvedas, con casas de paredes sobre paredes. En mi escritura, la tensión entre espacios uterinos y la vastedad de los paisajes es una constante. Esa suerte de agorafobia que usted señala es ambivalente; por un lado, lo acotado de algunos espacios es el modo en que mis personajes alimentan su mundo breve, su escenario afectivo; por otro, intento dar cuenta del sufrimiento de mis protagonistas a la hora de vivir. El viaje de la vida es justamente el paisaje abierto, y es eso, ese huracán, ese río demoledor lo que los va despellejando; sin embargo, cuando por fin arriban a algún tipo de descubrimiento existencial, concluyen que ha valido la pena el recorrido. Lo que ellos descubren, aunque sea mínimo, es el sentido de mi escritura.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>— En su voz narrativa conviven mundos distintos ¿Cree que su literatura refleja la síntesis o el choque entre la angustia de los escritores existencialistas franceses que leía su madre y el misterio oscuro de las leyendas que le contaba su abuela?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que la literatura menor que recibí del relato oral de mi abuela y de las revistas de cómic o los magazines de divulgación abonaron mi imaginación de tal manera que establecieron una suerte de software de lectura, es así que, cuando tuve acceso a la literatura existencialista que leía mi madre, yo tendía puentes de comprensión desde esas primeras alegorías. Por ejemplo, recuerdo haber leído <em>El lobo estepario</em> desde el lugar ‘natural’ que había aprendido: el lobo que devora a Caperucita, el lobo que aguarda detrás de cualquier tronco, el lobo que es destazado por un cazador. El aprendizaje del lobo como sombra junguiana, por decirlo de algún modo, sucedía cuando entendía –más por intuición, pues yo todavía era muy púber, que por interpretación conceptual– que todo ser humano podía aullar de dolor en algún momento de la vida. Debo decir también que, a lo largo del camino, he echado en falta los vacíos tempranos. Me habría gustado leer desde el principio mucho de la gran literatura que hace sostenible esta humanidad. Tuve esta certeza cuando por ‘accidente’, por un equívoco de mi abuelo, gran lector de westerns, leí <em>Pedro Páramo</em>. Fue el lenguaje, la lengua literaria, lo que me sacudió: esto y no lo otro es lo que estabas buscando, parecía decirme ese libro en formato de novela de pistoleros.</p>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo seguir el festival?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Festival de literatura Benengeli se realiza del 25 al 29 de mayo. Se podrá seguir a través de las plataformas virtuales del&nbsp;<strong>Instituto Cervantes</strong>, así como en los podcasts y medios aliados del festival.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Programación</strong>:&nbsp;<a href="https://cvc.cervantes.es/benengeli/26/calendario.htm" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://cvc.cervantes.es/benengeli/26/calendario.htm</a></p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/giovanna-rivero-los-cuentos-de-hadas-dejaron-en-mi-su-semilla-gotica/">Giovanna Rivero: «Los cuentos de hadas dejaron en mí su semilla gótica»</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Blanca Riestra: «Las bibliotecas son madejas de voces hablando al unísono»</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/blanca-riestra-las-bibliotecas-son-madejas-de-voces-hablando-al-unisono/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 May 2026 01:27:06 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Con motivo de la participación de Blanca Riestra, premiada novelista y doctora en Filología, en Benengeli 2026, el festival literario del Instituto Cervantes, conversamos acerca de su obra en relación con el eje temático del presente año: las bibliotecas, esos espacios de imaginación y de conocimiento. Por. Marta Falagán En la narrativa de Blanca Riestra [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>Con motivo de la participación de Blanca Riestra, premiada novelista y doctora en Filología, en Benengeli 2026, el festival literario del Instituto Cervantes, conversamos acerca de su obra en relación con el eje temático del presente año: las bibliotecas, esos espacios de imaginación y de conocimiento.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por. Marta Falagán</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la narrativa de Blanca Riestra (A Coruña, 1970) se encuentra destilada una poesía muy personal que parece explorar constantemente las posibilidades evocadoras del lenguaje. Riestra escribe en castellano y en gallego con la audacia y la maestría de quien los conoce con hondura, de quien ha dedicado toda una carrera literaria a investigar y experimentar con su cadencia y su música.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Doctora en Filología Hispánica, ha sido merecedora de múltiples galardones con novelas como <em>El sueño de Borges </em>(2005, Premio Tigre Juan), <em>Pregúntale al Bosque </em>(2013, Premio Ciudad de Barbastro), <em>Greta en su laberinto </em>(2015, Premio Torrente Ballester), <em>Noire Compostela </em>(2016, Premio de novela por entregas de La Voz de Galicia), <em>Últimas noches del edificio San Francisco </em>(2020, Premio Ateneo de Sevilla) o <em>Aquí comenza o mar </em>(2021, Premio de Novela Blanco-Amor).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Recuerdas en tu novela <em>El sueño de Borges</em> que el legendario escritor imaginó el universo como una biblioteca gigantesca, casi infinita. ¿Qué han significado para ti las bibliotecas en tu trayectoria como autora?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR</strong>: Yo me recuerdo de niña, curiosamente, dibujando bibliotecas sin parar. Por entonces no escribía, pero sí que debía de ser ya quizás lectora, porque los libros como fenómeno estético me parecían muy bonitos. Quizás porque en casa de mis padres había muchos libros y esa acumulación me parecía algo muy hermoso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, mis propios libros. Yo tengo una biblioteca que ha ido viajando conmigo a lo largo del tiempo y que, en vez que ir creciendo, ha ido disminuyendo. Intento que disminuya porque todos sabemos que los libros no caben en ningún lado, así que he intentado quedarme con lo esencial. Tengo libros, pero muchos los he regalado o los he perdido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conservo ahora lo que es más precioso para mí: bastante poesía, bastante ensayo, filosofía, novelas, mucha literatura extranjera en general, francesa e inglesa. Leo también muchas novedades, pero en general intento leerlas en Kindle, porque si no, no cabrían en casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: En <em>Aquí empieza el mar</em> defines la teoría de la literatura como «un andamiaje donde todo cabe y encuentra su sitio, una alacena maravillosa y comprehensiva». Podría ser también una hermosa descripción de una gran biblioteca.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR</strong>: Últimamente estoy bastante fascinada por las teorías. En el fondo <em>Aquí empieza el mar </em>es un intento de crear una teoría, una teoría de todo, del funcionamiento del mundo. De intentar buscar la causalidad de lo que ocurre, cuáles son los vínculos que nos unen, que unen los hechos y los acontecimientos con sus consecuencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Piensa que la protagonista de <em>Aquí empieza el mar</em>, cuando se encuentra en la universidad con la teoría de la literatura, es uno de sus primeros encuentros con las ciencias teóricas. Y queda fascinada por esa teoría que pretende dilucidar cómo funciona ese misterio que es el texto literario, y lo hace creando una serie de reglas con las que luego puedes estar más o menos de acuerdo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF</strong>: <strong>La sistematización. Algo también necesario en cualquier biblioteca.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR</strong>: Claro, la sistematización. Eso es. El intentar buscar reglas. En general, casi siempre, yo dudo mucho de los sistemas. Creo que los sistemas son siempre intentos fallidos, ¿no? Pero ya solo el intento en sí, el objetivo de esta disciplina, me parece maravilloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Como en toda buena biblioteca, en tu literatura encontramos más de una lengua. Tus novelas Noire Compostela, Tritón, o <em>Aquí comenza o mar</em> están escritas en gallego. ¿De qué manera eliges una lengua para una historia determinada? ¿Cómo se relaciona el idioma con aquello que quieres narrar?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>De adolescente, yo estudié en Santiago y escribí bastante poesía en gallego. Luego me pasé al castellano cuando me fui a Francia, después a Madrid&#8230; bueno, viví en muchos sitios. Cuando regresé a Galicia, me resultó evidente que tenía que volver al gallego, porque me parecía que el hecho de escribir en castellano desde Galicia era un posicionamiento político que no me gustaba nada, como una especie de traición a mi cultura. Creo que tener una lengua propia es una herencia maravillosa. Vivir en un territorio que tiene una lengua distinta e ignorarla o despreciarla me parece terrorífico, ¿no? Entonces volví a escribir en gallego y, la verdad, creo que es cuando estoy escribiendo mejor. Me encuentro mucho más cómoda. Pienso que mis últimos libros están siendo los mejores, yo creo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Yo también lo creo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR</strong>: Es que el tema de las lenguas es muy interesante. Por ejemplo, muchos de los grandes autores en castellano son gallegos, ¿no? Pensemos por ejemplo en Valle-Inclán, en Torrente Ballester o en Cunqueiro, que escribieron en castellano. Cunqueiro también escribió en gallego y se autotraducía. Pero lo que tienen, lo que hace que su castellano sea tan hermoso (porque es de los mejores castellanos que hay), es la pulsión del gallego que va por debajo. Como la respiración del gallego tapado que va por debajo. A mí eso me parece interesantísimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, creo que no hay mayor lujo que tener una lengua propia. Además, el gallego es una lengua que resistió frente a la represión política durante siglos. Porque estuvo ahí aplastada por diferentes autoridades a lo largo de la historia, desde los Reyes Católicos. Fue una lengua transmitida oralmente por los campesinos. Es algo impresionante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más adelante, también la burguesía se empeñó en recuperarla. Personalidades todas bastante particulares. En general, si ves una línea de los autores importantes de la literatura gallega, son todos autores muy excéntricos. Excéntricos porque están en la periferia, pero excéntricos también por sus obras, muy personales, muy individualistas. En ese sentido, mucho más libres, muy relacionadas con las vanguardias europeas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego hay una relación más estrecha con la fantasía que en la literatura castellana, donde hay más tendencia hacia el realismo. En Galicia el juego entre lo realista y lo fantástico está mucho mejor percibido. También creo que la literatura gallega le da un poco de espaldas a la moda, está menos influenciada por las corrientes de mercado y es más generosa también con la individualidad y con las transgresiones a la hora de escribir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF</strong>: <strong>De hecho, las dos últimas novelas que has publicado han sido en gallego, pero Aquí empieza el mar cuenta también con su edición en castellano. Quisiera preguntarte por el proceso de traducción; supongo que, al traducirlas, tal vez hiciste un cierto trabajo de reescritura.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Es complicado, porque nos parece que el gallego es muy parecido al castellano, ¿no? Pero no lo es tanto. No lo es tanto porque las lenguas no son solo léxico, vocabulario con su equivalente, sino que son también construcción de la frase y la sintaxis.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: El ritmo, la melodía…</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR</strong>: La melodía, el orden de las palabras en la oración y en el párrafo, que en gallego cambia completamente. El gallego tiene mucha tendencia, por ejemplo, al hipérbaton. Las palabras cambian de orden, y así el ritmo cambia también, al igual que los párrafos. Entonces una traducción textual sería prácticamente imposible. Sería imposible. Con <em>Aquí empieza el mar </em>me traduje yo, y es cierto que ha sido como reescribir el libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Según abres la novela en castellano no se nota una traducción, porque hay una musicalidad, una artesanía con las palabras, que parece creada desde cero. Y es que en tus novelas destaca mucho el manejo del lenguaje. ¿En qué medida ha influido la poesía, como género, en la construcción de tu voz narrativa?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Desde hace tiempo, no creo mucho en los géneros. Quiero decir, he leído mucha poesía y ahora estoy leyendo también mucho pensamiento, pero creo que los géneros son divisiones históricas, contextuales, que sirven para un determinado momento y que han variado también según las épocas. Yo, francamente, creo que no me interesa demasiado la etiqueta. En general, me siento sobre todo escritora de novela, porque la novela para mí es como un cajón de sastre, un saco donde cabe todo. Tiene unas dimensiones, una temporalidad, que me conviene, porque ahí entra todo: ahí entran las historias, entra la reflexión, entra la poesía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cosa que me gusta muchísimo de la novela es que, al tratarse de un formato largo, parece que se desdibujan los bordes. Se desdibujan los bordes entre libro y libro, y también, incluso, entre libro y realidad. Es como si las fronteras quedasen emborronadas, y eso me gusta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Sí, de hecho, Pregúntale al bosque y Aquí empieza el mar son libros que dialogan mucho entre sí.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Claro, es que realmente ese sería el ideal. Que los libros de cada uno —quizá también con los libros de los otros— se comunicasen, ¿no? Creo que era Maurice Blanchot el que decía que escribimos incesantemente el mismo libro. Aunque el libro que tienes en la cabeza, el libro ideal, no sale nunca. Tenemos que repetirlo eternamente a ver si sale mejor, si decimos mejor las cosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: En tu literatura encontramos muchas reflexiones sobre la naturaleza del acto de escribir, sobre la escritura como ejercicio y forma de habitar el mundo. Mencionas en Pregúntale al bosque que no es posible escribir sin hambre, sin sed.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Sí, porque la vocación de escribir, en cierto modo, es algo que está muy bien, pero al mismo tiempo es una condena. Es estar corriendo toda tu vida detrás de algo que nunca se consigue, porque nunca estamos satisfechos. En el fondo no está mal porque tira de ti siempre. Te pase lo que te pase, sabes que no te vas a parar porque tienes que escribir el siguiente libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que fue Juan Goytisolo el que dijo que había dejado de escribir porque ya no tenía libido, ya cuando era muy mayor, ¿no? Eso a mí me chocó muchísimo, esa expresión, porque creo que es muy ajustada. Es una especie de deseo que tienes y que no tiene solución. Lo tienes ahí, terminas, y ya empiezas a pensar en el siguiente libro. Es así. Es como una especie de pulsión. En definitiva, yo no me quejo, no me voy a quejar, pero no sé si tampoco lo considero la profesión ideal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: También dices que «escribir también es dar cuenta de lo perdido».</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Es verdad que siempre tenemos la impresión de que cuando escribimos salvamos las cosas del olvido. Un poco de manera provisional, porque al olvido seguramente iremos todos, ¿no?, y los libros seguramente también. Pero además yo pienso, o tengo la creencia, de que escribir tiene algo de existencial. Quienes escribimos —aunque no solo los escritores, sino también quienes hacen cualquier cosa con mucho convencimiento—, estamos luchando contra la inexistencia del mundo. Creo que el hecho de querer poner por escrito, plasmar lo que es el mundo y la vida, en sí ya es un acto de resistencia frente a la desaparición.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Reflexionas también sobre la escritura autobiográfica o autoficcional. Por ejemplo, la protagonista de Pregúntale al bosque se promete «no escribir nunca sobre sí misma, o hacerlo, pero sólo mientras hablaba de los otros».</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Bueno, yo creo que toda escritura es autobiográfica, incluso la escritura de fantasía. Todo es autobiográfico porque es inevitable hablar desde la visión, desde el ego y desde la visión propia del mundo. Entonces, aunque esté disfrazado de alguna manera, para mí todo es autobiografía o autoficción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que no, no lo rechazo para nada. Creo que en el fondo es un recurso, y que ignorarlo sería un error total. De hecho, todo está lleno de autobiografías. Puedes analizar la historia de la literatura desde el <em>Lazarillo de Tormes </em>hasta el <em>Quijote</em>, y todo está lleno de «yoes». E incluso te diría también que hablar de uno mismo no implica tampoco solo hablar desde el «yo». Puedes utilizar otros narradores para hablar de ti mismo, no necesariamente la primera persona, ¿no?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Desde luego. De hecho, en <em>Aquí empieza el mar</em> llama mucho la atención cómo vas cambiando de primera, a tercera, a segunda persona, hablando siempre del mismo personaje.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Sí, estoy experimentando con eso. A mí la narratología, el estudio de los recursos narrativos —el tiempo, el narrador, el espacio en los textos literarios— me interesa hasta cierto punto. La he tenido que estudiar mucho, pero es algo que me fastidia bastante. Porque lo que no se ha entendido desde las escuelas de escritores es que el manejo de los recursos no puede ser prescriptivo. No puede ser que te digan: «Tienes que escribir en primera persona, y no tienes que hacer tal cosa.» ¡Pues haré, señor, lo que me dé la gana! Yo, ahora, si no puedo utilizar los recursos narrativos como quiera, no quiero escribir, porque me parece un aburrimiento. Me gusta muchísimo el juego y la experimentación. Y demostrar que funcionan, porque yo creo que funcionan.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Funciona, porque en esta novela se entiende perfectamente y además sorprende y divierte</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Claro, porque creo que la vida es así. Hablas de «yo», otro te habla de «tú», también puedes hablar de «tú» contigo misma, desde fuera te ves como una tercera persona&#8230; Creo que eso es la realidad, no el discurso estático, uniforme, sino la variación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>MF: Hablando de variación. <em>La noche sucks</em>, <em>Últimas noches del edificio San Francisco</em>, <em>Aquí empieza el mar</em>… Has escrito novelas con multitud de personajes bajo un foco que va cambiando; novelas corales. Estas novelas tejidas con historias múltiples, ¿pueden constituir, en sí mismas, pequeñas bibliotecas?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>BR: </strong>Pues mira, justamente pensando en esto, estaba yo mirando la librería, y es curioso porque los libros son personas, discursos de personas, voces de personas que ya no están, y que están hablando al unísono. Eso son los libros y las bibliotecas. Las bibliotecas realmente son como madejas de voces. Los libros hablan cuando los abres y se cierran. Es bastante impresionante si lo piensas, que pervivan las voces de la gente de esa manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso en cuanto a las bibliotecas. Respecto a la coralidad, claro, es que yo veo el mundo así: como una especie de madeja de voces entrecruzadas. Creo que se ve muy claramente en lo que nosotros pensamos, lo que leemos, lo que vemos en internet, lo que nos dicen los amigos, lo que oímos&#8230; Todo eso, entrecruzado, es la realidad, ¿no?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La realidad no es un discurso monológico, ni siquiera un diálogo; está compuesta por discursos que se entrecruzan. Y creo que un discurso desde un solo punto de vista, y con una sola voz, para mí no sería fiel a lo que es el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes hablábamos de Borges, de la biblioteca, la gran biblioteca del mundo. Borges habla también de otra metáfora, que es el Congreso del Universo. El gran Congreso que es todo lo que la gente dice y que ocurre al mismo tiempo, en todos los tiempos, paralelos o entrecruzados. Yo creo que eso es la literatura, o, en mi caso, eso es lo que yo quiero reproducir. Esa sensación de simultaneidad y de polifonía.</p>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo seguir el festival?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Festival de literatura Benengeli se realiza del 25 al 29 de mayo. Se podrá seguir a través de las plataformas virtuales del <strong>Instituto Cervantes</strong>, así como en los podcasts y medios aliados del festival.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Programación</strong>: <a href="https://cvc.cervantes.es/benengeli/26/calendario.htm" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://cvc.cervantes.es/benengeli/26/calendario.htm</a></p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/blanca-riestra-las-bibliotecas-son-madejas-de-voces-hablando-al-unisono/">Blanca Riestra: «Las bibliotecas son madejas de voces hablando al unísono»</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Festival Benengeli 2026: El universo de las bibliotecas recorrerá los cinco continentes</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/festival-benengeli-2026-el-universo-de-las-bibliotecas-recorrera-los-cinco-continentes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2026 02:32:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Benengeli]]></category>
		<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Eventos literarios]]></category>
		<category><![CDATA[Festivales literarios]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Instituto Cervantes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Del 25 al 29 de mayo, el Instituto Cervantes celebra la sexta edición de su más destacado festival literario. Con la participación de más 100 autores y ciudades de todo el mundo, el evento invita a explorar el universo de las bibliotecas. Eje temático: La relación de las bibliotecas y la literatura Bajo la coordinación [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong>Del 25 al 29 de mayo, el Instituto Cervantes celebra la sexta edición de su más destacado festival literario. Con la participación de más 100 autores y ciudades de todo el mundo, el evento invita a explorar el universo de las bibliotecas.</strong></h2>



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<h2 class="wp-block-heading"><strong>Eje temático: La relación de las bibliotecas y la literatura</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Bajo la coordinación del escritor <strong>Juan Carlos Méndez Guédez</strong> y la dirección del comisario <strong>Fernando Iwasaki</strong>, esta edición reunirá a más de 100 voces del mundo literario en español. Los invitados explorarán la relación entre la literatura y el universo de las bibliotecas, entendiéndolas como espacios donde los libros funcionan como señales de reconocimiento del otro, de crecimiento hacia la intimidad humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según describe el Instituto Cervantes, la biblioteca es: <em>“Ese lugar esplendoroso donde se preserva la memoria de la humanidad, se democratiza el acceso al conocimiento y se consolidan comunidades en torno al misterio de la palabra, la información y el diálogo”</em>.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Benengeli:</strong> <strong>Un fenómeno literario global</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Benengeli </strong>se consolida como el único festival literario con presencia simultánea en los cinco continentes. Durante una semana, <strong>del 25 al 29 de mayo de 2026</strong>, llevará a cabo actividades presenciales y digitales en ciudades como Sídney, Manila, Bruselas, Burdeos, Madrid, Mánchester, París, Orán, Dakar, Belo Horizonte, Nueva York, Chicago y Los Ángeles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, dentro de este gran circuito global, se suman las ciudades de Caguas, Caracas, Edimburgo y Quito, también con contenidos multimedia realizadas desde Praga, Sevilla, Bogotá, Lima, Montevideo, Ciudad de Panamá y Miami.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Invitados</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">El festival literario contará con una nomina diversa de escritores, poetas, editores, ensayistas, investigadores y periodistas. Entre los invitados se encuentran Laura Chivite, Emilio Pascual, Ena Lucía Portela, Luis Noriega, Guillermo Roz, Eva Díaz, Manuel Sollo, Alejandro Robles, Martha Durán, Cesar Miguel Rondón, Thomas Nulley-Valdés, Lorenzo Silva, Jesús Marchamalo, Isabel Wageman, Alejandro Barrón, Ricardo Azuaje, Thais Gamaza, Irene Reyes Noguerol, David Felipe Arranz, Yeniva Fernández, Andrés Mauricio Muñoz, Ileana Bolívar, Denise Despeyroux, Ángel Esteban, Karla Suárez, Leonardo Padura, Sandrine Morel, Verónica Jaffé, Valeria Correa Fiz, Javier Sáez de Ibarra, Tamara Silva Bernaschina, Juan Carlos Chirinos, Miriam Reyes, Sashenka García, Ricardo Ramírez, Peter Elmore, Giovanna Rivero, Lorena Uribe Bracho, Eduardo Berti, Luis García Montero, Christine Defoin, Santiago Roncagliolo, Marta Barrio y Lucy&nbsp;Popescu.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo seguir el festival?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Festival de literatura Benengeli se podrá seguir a través de las plataformas virtuales del <strong>Instituto Cervantes</strong>, así como en los podcasts y medios aliados del festival.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Programación: <a href="https://cvc.cervantes.es/benengeli/26/calendario.htm" target="_blank" rel="noopener" title="">https://cvc.cervantes.es/benengeli/26/calendario.htm</a></p>



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		<title>Juan Andrés Fernández: “La normalidad es una ficción social”</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/juan-andres-fernandez-la-normalidad-es-una-ficcion-social/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Sebastián Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Para leer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los Concursantes, de Juan Fernández, explora la muerte como una transición posible, la simulación de la realidad y la identidad fragmentada en un mundo dominado por algoritmos, redes y expectativas ajenas. Marcado desde niño por una sensación de extrañeza corporal —nació sin ombligo debido a onfalocele—, el autor bogotano transforma esa vivencia en una reflexión [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong>Los Concursantes</strong><em><strong>, de Juan Fernández, explora la muerte como una transición posible, la simulación de la realidad y la identidad fragmentada en un mundo dominado por algoritmos, redes y expectativas ajenas. Marcado desde niño por una sensación de extrañeza corporal —nació sin ombligo debido a onfalocele—, el autor bogotano transforma esa vivencia en una reflexión sobre lo que nos hace auténticamente humanos.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Juan Sebastián Lozano</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los Concursantes</em> reúne ocho voces en primera persona que narran desde fragmentos distintos de una misma realidad fracturada. Cada personaje revela su pedazo de existencia, entrelazado con los demás por la muerte en todas sus formas: física, simbólica, digital o burocrática. La novela evita el camino recto y opta por saltos narrativos que entrecruzan tiempos y dimensiones, donde la vida puede repetirse, fingirse o archivarse como un trámite más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mezclando ciencia ficción contemporánea con toques de espiritualidad y una mirada crítica al presente, la obra examina cómo las redes sociales, el marketing digital y la tecnología están reescribiendo quiénes somos y cómo nos relacionamos. Aquí la muerte ya no es el final definitivo, sino una puerta posible hacia otro ciclo o simulación. El lector, lejos de ser mero observador, termina involucrado en ese juego incierto, cuestionándose qué sobrevive de lo humano cuando la existencia parece un programa en ejecución constante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Juan Andrés Fernández</strong> es máster en Escritura Creativa por la Universidad de La Rioja. Publicó <em>Cuentos cortos para viajes largos</em> (2019). Ha colaborado en revistas como <em>El Malpensante</em>. Su nacimiento sin ombligo, debido a onfalocele, ha forjado una mirada peculiar sobre la pertenencia y la extrañeza, que impregna su literatura distópica y existencial. <em>Los Concursantes</em> fue galardonada con el Portafolio de Estímulos Germán Vargas Cantillo en 2020 y editada por Escarabajo en 2025.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>¿Cómo surgió la idea de <em>Los Concursantes</em>?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nació en pandemia, en un momento de encierro, hiperreflexión y fragilidad. Empezó cuando desempolvé un cuento autorreferencial sobre un adolescente que cree que el universo le debe algo: un personaje resentido con la realidad, convencido de que su existencia tenía que ser recompensada. Ese cuento comenzó a generar personajes satélite, como si fuera un pequeño sistema solar narrativo: cada uno orbitaba alrededor de esa idea inicial, pero con su propia voz y su propio conflicto, en un universo compartido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de ese proceso, una figura muy cercana de mi familia murió durante la pandemia, y eso me confrontó con preguntas que ya rondaban el proyecto: la muerte, la permanencia, la memoria, el tránsito. Sentí la necesidad de escribir algo que no negara la muerte, sino que nos ayudara a reconciliarnos con ella. Al principio, el libro era un volumen de cuentos; así ganó en 2020 el Portafolio de Estímulos Germán Vargas Cantillo de la ciudad de Barranquilla. Pero las reescrituras lo fueron empujando hacia un territorio más fronterizo, hasta convertirse en una novela que no quería parecerse a una novela tradicional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>¿Cómo fueron sus inicios en la lectura y la escritura?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La escritura llegó a mi vida antes como terapia que como vocación. De niño tenía mucha hiperactividad, y alguien me enseñó ejercicios de escritura automática como una forma de canalizarla, casi como una terapia ocupacional. Yo no sabía que eso se llamaba “escritura creativa”; solo sabía que al escribir algo se acomodaba dentro de mí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También fui un niño que sufrió <em>bullying</em> por no tener ombligo, por ese cuerpo distinto, intervenido, marcado. Eso hizo que buscara refugio en mundos donde no tenía que explicar nada: los libros. La lectura se volvió una forma de desaparecer y, al mismo tiempo, de existir de otra manera. Luego empecé a crear mis propios mundos, primero como escondite y después como necesidad. Nunca pensé la escritura como una carrera, sino como una forma de sobrevivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>Nació sin ombligo por onfalocele… ¿Cómo influyó esa sensación temprana de extrañeza en su visión del mundo y en <em>Los Concursantes</em>?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que crecer sintiéndose distinto te enseña muy temprano que la normalidad es una ficción social. Mi cuerpo siempre fue una especie de anomalía, un archivo clínico más que un cuerpo espontáneo. Eso genera una distancia con el mundo: uno aprende a observar antes que a habitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Los Concursantes</em>, los personajes dudan todo el tiempo de quiénes son, de si son únicos, de si están vivos o apenas simulando estarlo, de si su cuerpo les pertenece o es solo un avatar. Esa inquietud viene de ahí: de nunca sentir que mi cuerpo era “evidente”. De crecer preguntándome qué nos hace reales, qué nos hace legítimos, qué nos da derecho a existir sin pedir permiso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>La novela es coral y fractal. ¿Cómo decidió estructurarla así?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese primer cuento fue como el germen de un rizoma. No lo planeé como un sistema, sino como algo orgánico: un personaje llevaba a otro, una idea abría otra, una voz se ramificaba en varias. Con el tiempo entendí que la estructura debía parecerse más a un fractal que a una imagen fija: múltiples cauces, cruces, bifurcaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la hora de escoger el narrador, no me convenció la idea de uno omnisciente que lo explica todo. Quería que cada personaje creyera tener la verdad, aunque ninguna fuera completa. El mayor desafío fue cartografiar ese caos: crear una lógica interna lo suficientemente sólida como para que el lector no se perdiera, aunque la novela no fuera lineal.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>Uno de los ejes centrales es la muerte, ¿por qué abordarla así?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La muerte no es una abstracción para mí. He estado varias veces en quirófanos, he tenido experiencias cercanas a la muerte, y eso cambia la forma en que uno mira el tiempo, el cuerpo y la permanencia. Además, durante mi vida he perdido amigos muy jóvenes, de formas inesperadas, y eso rompe cualquier idea romántica o narrativa que uno tenga sobre el destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No me interesaba escribir sobre la muerte como tragedia solemne, sino como una interfaz más de la existencia. Como un cambio de estado. En <em>Los Concursantes</em>, la muerte no es el final del juego, sino una fase más del sistema. Eso no la vuelve menos dolorosa, pero sí menos definitiva. Me interesa pensar que la identidad no se apaga, sino que se transforma, se recicla, se remezcla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>Mezcla ciencia ficción con espiritualidad. ¿Cómo equilibra lo racional y lo místico?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo no los veo como opuestos. Creo que esa división es más cultural que real. La ciencia ficción siempre ha sido una forma de misticismo moderno: habla de universos invisibles, de dimensiones paralelas, de inteligencias que no comprendemos del todo. Y muchas tradiciones espirituales son sistemas simbólicos extremadamente sofisticados para explicar lo mismo: quiénes somos, de dónde venimos, qué hacemos aquí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Los Concursantes</em> no quise elegir entre lo racional y lo místico, sino dejar que se contaminen. Me interesa ese punto donde el algoritmo empieza a parecerse a un oráculo, donde la estadística se vuelve profecía, donde la simulación se parece al karma. Creo que hoy vivimos en un mundo donde la gente puede creer al mismo tiempo en la física cuántica y en el tarot sin sentir contradicción. Eso no es confusión: es una nueva forma de conciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>Desde su formación como publicista, ¿qué aspectos del mundo digital le parecen más distópicos hoy?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Me interesa mucho cómo la humanidad siempre ha querido vencer a la muerte. Antes lo hacía a través de la religión: dioses, almas, reencarnaciones, cielos. Hoy lo hace a través de la tecnología: <em>backups</em> de memoria, conciencia artificial, cuerpos mejorados, algoritmos que nos sobreviven. Creo que estamos construyendo una nueva religión, pero sin admitirlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una religión con un dios omnisciente —el algoritmo—, omnipresente —el sistema—, pero profundamente impotente. Lo sabe todo, pero no entiende nada. Mide, pero no siente. Y nosotros le estamos entregando nuestra identidad como ofrenda: nuestros datos, nuestras emociones, nuestros recuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la publicidad he visto cómo el yo se vuelve una interfaz editable: optimizable, vendible, empaquetable. Eso me parece profundamente distópico. Ya no nos preguntamos quiénes somos, sino cómo nos perciben.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="667" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-667x1024.jpg" alt="" class="wp-image-64122" style="aspect-ratio:0.6513718070009461;width:431px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-667x1024.jpg 667w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-195x300.jpg 195w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-768x1179.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-1001x1536.jpg 1001w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-1334x2048.jpg 1334w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes.jpg 1654w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>Ha dicho que el arte debe incomodar, ¿qué espera que sienta el lector?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No quiero que el lector salga tranquilo. Quiero que salga con una fisura. Con una duda. Con una incomodidad difícil de nombrar. Que se pregunte si su vida es tan suya como cree, si sus decisiones son suyas, o si su identidad no está siendo escrita por algo más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Los Concursantes</em>, el lector no es un observador: es parte del sistema. La estructura misma del libro lo obliga a tomar decisiones, a reconstruir, a sospechar. Eso lo convierte en un concursante más. No hay una moraleja, pero sí una invitación: mirar la realidad como si fuera editable, hackeable, cuestionable.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>¿Qué autores, películas o experiencias marcaron esta novela?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Literariamente, hay muchas capas: Borges, por supuesto, con su idea del tiempo circular y los espejos; <strong>Philip K. Dick</strong>, con su obsesión por las realidades falsas; <strong>Cortázar</strong> en su estructura lúdica; <strong>Ursula K. Le Guin</strong> por su profundidad filosófica; <strong>Stanislaw Lem</strong>; <strong>Calvino</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cine y series: <em>The Matrix</em>, <em>Black Mirror</em>, <em>Dark</em>, <em>Cloud Atlas</em> —que me marcó mucho por su idea de vidas que se repiten y se contaminan—, <strong>David Lynch</strong>, <em>Mr. Nobody</em>, <em>Eternal Sunshine of the Spotless Mind</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también hay experiencias personales: hospitales, terapia, crisis existenciales, pérdidas, estados alterados de conciencia, conversaciones nocturnas que parecen triviales y luego te cambian la vida. Esta novela es tanto una biblioteca como un archivo emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—</strong><strong>¿Cómo lee el panorama literario colombiano actual?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo veo diverso, potente, con voces muy valiosas. Pero también creo que está muy condicionado por ciertas expectativas temáticas: violencia, memoria, territorio, conflicto. Todo eso es importante, pero no debería ser una camisa de fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que como industria se está dando un problema estructural: el sistema de estímulos, becas y concursos muchas veces termina dictando qué se escribe, cómo se escribe y para quién se escribe. Hay una especie de mecenazgo moderno que, sin querer, obliga a muchos autores a adaptarse a criterios de mercado, jurados, tendencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Faltan espacios para procesos largos, raros, incómodos. Para libros que no entren fácilmente en una categoría. Yo quise escribir <em>Los Concursantes</em> desde ese margen: sin pedir permiso, sin encajar, sin suavizar. Pero no podría asegurar que se hubiera publicado si no hubiera corrido la suerte de ganar un par de concursos pequeños, y sé que suena contradictorio, pero ¿qué no lo es en la literatura?</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/juan-andres-fernandez-la-normalidad-es-una-ficcion-social/">Juan Andrés Fernández: “La normalidad es una ficción social”</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Infancia y migración en Hemos llegado a Berlín: un camino hacia la esperanza</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/infancia-y-migracion-en-hemos-llegado-a-berlin-un-camino-hacia-la-esperanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Para leer]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Liceth Dayana Holguín]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El frío, la incertidumbre y la vida contenida en una mochila acompañan el camino de millones de familias que abandonan su tierra por necesidad. Fanuel Hanán Díaz relata una historia que resuena en los silencios de quienes alguna vez han tenido que dejar todo atrás. Por Liceth Dayana Holguín Beltrán El frío, la incertidumbre y los recuerdos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>El frío, la incertidumbre y la vida contenida en una mochila acompañan el camino de millones de familias que abandonan su tierra por necesidad. Fanuel Hanán Díaz relata una historia que resuena en los silencios de quienes alguna vez han tenido que dejar todo atrás.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Liceth Dayana Holguín Beltrán</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El frío, la incertidumbre y los recuerdos que se alejan con el polvo del camino dan inicio al viaje de millones de familias que abandonan su tierra no por deseo, sino por necesidad. En medio de este paisaje, un niño venezolano avanza, tomado de la mano de su madre. Sus ojos, cansados y curiosos, guardan tanto ausencia como una pequeña chispa de esperanza. Así inicia <em>Hemos llegado a Berlín</em> (Panamericana Editorial) de Fanuel Hanán Díaz, un libro que resuena en los silencios de quienes alguna vez han tenido que dejarlo todo atrás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Editado por <strong>Luisa Noguera Arrieta</strong>, este libro convierte la migración en una historia cercana, contada con una ternura que no niega el dolor, sino que lo transforma en resistencia. Fanuel Hanán elige la voz de la infancia para narrar el desplazamiento, y en esa decisión hay un gesto de amor, el de mirar el mundo con ojos que todavía pueden soñar, incluso cuando todo parece perderse. <em>Hemos llegado a Berlín</em> no busca explicar el exilio; lo encarna, lo respira y lo vuelve visible a través de una narración contenida, precisa y profundamente humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la delicadeza de quien sabe observar el camino, el autor nos conduce a un Berlín que no está en Alemania, sino en los límites del cuerpo y la memoria. Un territorio imaginado, que existe dentro del cuerpo y la memoria. Allí, la infancia y el exilio se mezclan, y cada paso es un intento por permanecer humanos en medio del despojo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las ilustraciones de <strong>David Cleves</strong> acompañan y expanden el relato con la misma delicadeza con que una madre cubre con una manta. En ellas, el páramo se alza como un personaje más, hermoso y hostil a la vez, un espacio donde la neblina abraza y oculta, donde el viento corta pero también guía. Los tonos fríos y las texturas suaves captan la inmensidad del camino, la pequeñez de los cuerpos frente a la naturaleza y esa mezcla de miedo y asombro que acompaña cada paso. Con esto, el ilustrador logra que el paisaje respire esperanza; en su trazo se guarda la certeza de que el viaje sí tiene un destino, y que llegar a Berlín es, al fin, encontrar un lugar para el descanso y la vida misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El autor escribe desde la herida abierta del éxodo venezolano, pero su voz trasciende la frontera nacional para hablar de todas las migraciones, de todos los cuerpos desplazados que buscan un sitio donde volver a nombrarse. Su obra se convierte así en espejo de una memoria colectiva latinoamericana, tejida entre el cambio y la resistencia, sostenida en los gestos mínimos que reafirman la vida.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="512" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-1024x512.jpg" alt="" class="wp-image-64112" style="aspect-ratio:2.00004394638541;width:642px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-1024x512.jpg 1024w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-300x150.jpg 300w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-768x384.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración del libro. Cortesía Panamericana Editorial</figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">Porque en este libro, la esperanza no llega en grandes discursos, sino en las acciones pequeñas, como el abrigo que se comparte bajo la tormenta, el pan partido en silencio, una palabra que consuela sin prometer nada, la mirada que reconoce al otro como igual en medio del miedo. Gestos cotidianos que habitan la idea&nbsp; de que la humanidad se preserva no en la abundancia, sino en la capacidad de cuidar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos donde las fronteras se cierran y los números parecen olvidar a las personas, <em>Hemos llegado a Berlín </em>nos recuerda que migrar no es desaparecer, es seguir latiendo, para recordar que detrás de cada movimiento hay una historia, un rostro, un latido.&nbsp; Es volver a dibujar una casa, inventar un juego nuevo en medio del polvo, seguir andando porque en algún lugar la esperanza todavía florece.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/infancia-y-migracion-en-hemos-llegado-a-berlin-un-camino-hacia-la-esperanza/">Infancia y migración en Hemos llegado a Berlín: un camino hacia la esperanza</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Carlos Franco: “La lectura es uno de los actos más expansivos y revolucionarios que puede haber”</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/carlos-franco-la-lectura-es-uno-de-los-actos-mas-expansivos-y-revolucionarios-que-puede-haber/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Sebastián Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Feb 2026 12:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
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		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Para leer]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ángel Eléctrico, segundo libro de cuentos del escritor y guionista colombiano Carlos Franco Esguerra, reúne seis relatos que hallan lo sublime en lo ordinario: personajes comunes enfrentan su sombra y descubren epifanías en la rutina, con una prosa austera heredada de Carver y Hemingway. Por Juan Sebastián Lozano* Ángel Eléctrico (Escarabajo Editorial) es una colección [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong>Ángel Eléctrico,<em> segundo libro de cuentos del escritor y guionista colombiano Carlos Franco Esguerra, reúne seis relatos que hallan lo sublime en lo ordinario: personajes comunes enfrentan su sombra y descubren epifanías en la rutina, con una prosa austera heredada de Carver y Hemingway.</em></strong></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Juan Sebastián Lozano*</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Ángel Eléctrico</em> (Escarabajo Editorial) es una colección de relatos que explora la vida de personas comunes: un cajero de banco, un empresario de dudosa moral, una ama de casa, que buscan y encuentran cómo sobrevivir en la selva de cemento, en el caos del mundo contemporáneo y en el orden que pretendemos darle. Sus personajes, inicialmente un poco confundidos, arrojados a la vida como todos, encuentran maestros insospechados que les enseñan puertas de escape a lo que los atormenta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro está atravesado por la ternura; por una mirada crítica ante los problemas sociales y la desigualdad económica que nos aquejan, pero compasiva con los seres humanos, víctimas y victimarios de un mundo que los sobrepasa. Además, destaca por el cuidado del lenguaje, un encantamiento con las palabras y una búsqueda de precisión; no hay barroquismos innecesarios. El libro bebe de la tradición norteamericana: frases cortas y búsqueda de epifanías; <strong>Ernest Hemingway</strong>, <strong>Raymond Carver</strong>, <strong>John Cheever</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Carlos Franco Esguerra</strong> es escritor de cuentos cortos y guiones largos. Su primer libro de cuentos, <em>Cazando Luciérnagas</em>, obtuvo el Premio Nacional de Literatura; después escribió el guion de la película del mismo nombre. También obtuvo el Premio Nacional de Cuento de la Fundación La Cueva. Ha escrito varias películas y series de ficción. Actualmente dirige la Maestría en Escrituras Audiovisuales de la Universidad del Magdalena.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Háblenos del proceso de escritura de estos cuentos. ¿Los escribió en épocas distintas y los fue recopilando, o fueron pensados como conjunto?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si mi memoria no me engaña, inicié la escritura de un nuevo libro de cuentos alrededor de 2015 o 2016, con la intención de participar en un concurso literario que tenía a Bogotá como tema central. Para esa época habían pasado más o menos tres años desde la publicación de Cazando Luciérnagas, mi primer libro de cuentos, y, aunque anhelaba seguir escribiendo relatos cortos, no lograba encontrar una ruta hasta que surgió la idea de mi ciudad natal como escenario. Aunque la convocatoria sirvió como disparador para iniciar el proceso, con el tiempo me olvidé de ella. Desarrollé ocho cuentos nuevos, más dos que retomé de un pasado anterior. Así agrupé diez cuentos que arrastré, releyendo y reescribiendo incansablemente durante años. En 2024 surgieron de manera algo inesperada dos cuentos adicionales; uno de estos es “Oxímoron, con x”, el relato que da inicio al libro. De esta manera se conformó un cuerpo de doce cuentos, de los cuales <em>Ángel Eléctrico</em> contiene los seis primeros. Los restantes seis serán publicados en 2026 bajo el título <em>Sorpresas Esperadas</em>, también con la Editorial Escarabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí que Bogotá esté muy presente en algunas de estas historias. Creo que el acto de recordar a la ciudad desde mi exilio voluntario en la Costa Caribe, en la que vivo desde 2004, no solo me dio el impulso para volver al terreno del cuento corto, sino que también impregnó mis palabras con una particular capa de nostalgia, ausencia y evocación. Algo difícil de definir que se produce cuando observamos nuestro lugar de origen desde la distancia. Gracias a mi amada y fría Bogotá por mis primeras etapas de vida. Y gracias a la Costa por alentarme a seguir escribiendo con su luminosidad y su calor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Los cuentos del libro son sobre gente del común, por decirlo así, no sobre escritores, cineastas o artistas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque creo que, en el fondo, de una u otra manera, el escritor siempre escribe acerca de sí mismo, la verdad es que no me interesa estar presente en mis historias. Hay muchos escritores que escriben acerca de sí mismos de manera frontal y lo hacen excelentemente. En mi caso prefiero hacerme invisible, que el lector se olvide de que existe un narrador. No me interesa que se escuche mi voz, ni lanzar ideas geniales, ni deslumbrar con mi poesía o mis reflexiones intelectuales. Tampoco me interesa airear mis tragedias o pesares. Solo me interesa la historia, el personaje. Tal vez se deba a cierto pudor que siento por la exposición pública o al hecho de que originalmente soy guionista de cine, un lenguaje en el que el punto de vista —es decir, la cámara— no debe hacerse evidente. Vaya uno a saber. Escuché el otro día a un autor decir que los escritores no escriben lo que quieren, sino lo que pueden, lo que les sale. Las historias lo buscan a uno y no uno a ellas. El caso es que persigo esa invisibilidad de manera consciente y decidida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, desde muy joven he sentido un gran afán por encontrar el propósito de la vida, el sentido de la existencia en un mundo que a veces resulta tan absurdo y vacío. Tal vez por ello mis esfuerzos como narrador se han centrado en descubrir lo que puede haber de extraordinario o sublime en lo cotidiano. Y he llegado a la conclusión de que, incluso en medio de lo que llaman la monotonía, inmersos en una realidad aparentemente banal y anodina, si observamos con el suficiente detenimiento, se pueden vislumbrar las chispas de algo trascendental. ¿Serán estas las mismas chispas de un Ángel Eléctrico?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como estudiante de cine, varias películas me impactaron profundamente: cintas como Smoke, de <strong>Paul Auster</strong> y <strong>Wayne Wang</strong>; El sol del membrillo, de <strong>Víctor Erice</strong>; o Coffee and Cigarettes, de <strong>Jim Jarmusch</strong>. Todas, obras magníficas con ese elemento en común de dar voz a lo que podríamos llamar los héroes anónimos o cotidianos. Por ejemplo, en Smoke, el personaje de Auggie Wren, un dependiente de una tienda de cigarros, todos los días, a la misma hora exacta, sale a la calle y toma una foto de “su esquina”, una más de las tantas avenidas de Brooklyn. Un día, Auggie comparte su proyecto con un amigo escritor viudo quien no entiende el sentido de la iniciativa, sobre todo teniendo en cuenta que el encuadre de la cámara no varía. Auggie le pide a su amigo que no hojee las fotos tan de prisa y vaya más despacio, haciéndole caer en cuenta de que, si observa con auténtico detenimiento, verá que, aunque en apariencia todas las tomas son iguales, en realidad no lo son. Cada una se remite a un momento único e irrepetible: una luz particular, un clima particular, transeúntes distintos, etcétera. El escritor empieza a intuir lo que subyace bajo las imágenes, la multiplicidad de matices de la vida, para luego recibir un baldado de agua fría cuando, entre miles de fotos, aparece en una su esposa sonriente, semanas antes de morir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que la sociedad nos ha vendido la idea falsa de que, para que nuestra vida tenga valor, siempre deben estar sucediendo eventos excepcionales. No creo que sea cierto. Se trata de una falacia que nos mantiene en la rueda del hámster. Lo que puede entregarnos esa paz que tanto perseguimos es el reconocimiento de que la vida, por sí misma, ya es un milagro. Creo que eso es lo que algunos de mis personajes empiezan a intuir por medio de sus vivencias. Y lo excepcional reside no tanto en los eventos en sí, sino en la perspectiva desde la cual se miran.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="667" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-667x1024.jpg" alt="" class="wp-image-64104" style="aspect-ratio:0.6513718070009461;width:428px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-667x1024.jpg 667w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-195x300.jpg 195w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-768x1179.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-1000x1536.jpg 1000w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico.jpg 1042w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>—En el libro se mete en la cabeza de personajes no virtuosos, narra desde personajes de dudosa moral como el rico del cuento “Ángel Eléctrico”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que son este tipo de personajes —aquellas y aquellos que se debaten en medio de dilemas morales y disyuntivas— el escenario donde surge lo más interesante del ser humano. Como bien dijo Joseph Campbell: «…solo se puede describir verídicamente a un ser humano describiendo sus imperfecciones. El ser humano perfecto no tiene interés&#8230; ya sabes, el Buda que abandona el mundo. Solo podemos amar las imperfecciones de la vida. Y cuando el escritor lanza el dardo de la verdad, duele. Pero lo lanza con amor».</p>



<p class="wp-block-paragraph">También me parece interesante observarlo desde el punto de vista de Carl Jung y su teoría de la sombra. Jung denominó con el término de sombra todo aquello que los seres humanos mantenemos oculto en el inconsciente porque nos parece inadmisible, grotesco, inmoral o aterrador. Pero, como bien señalaba el famoso psicoanalista y sabio suizo, cuanto más tratamos de enterrar la sombra, más luchará esta por salir a flote y, solo por medio de su integración, se puede alcanzar la individuación. Algo que sucede en muchas grandes historias es precisamente que el personaje se ve confrontado de manera irrevocable con su sombra. ¿No es acaso ser testigos de dicho proceso de individuación lo que brinda al lector o espectador de un buen relato esa recompensa épica llamada catarsis por Aristóteles?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—En el libro hay un gran cuidado del lenguaje, una búsqueda de la palabra justa, incluso una fascinación por las palabras y tal vez por su significado preciso.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias por estas apreciaciones; significan mucho para mí. Creo que todo ello se lo debo a mi oficio como guionista. Lo tradicional es que los escritores de literatura se aventuren al cine, pero en mi caso fue al revés. Y lo que sucede es que el guion es el terreno de la economía y la eficiencia comunicativa. Es decir, hay que comunicar mundos enteros en unas pocas líneas. El iceberg de <strong>Hemingway</strong>. Dicha destreza, que desarrollé escribiendo decenas de guiones a lo largo de décadas, se convirtió con el tiempo en una de mis mejores herramientas literarias, creo yo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, creo firmemente que, como bien lo describió el filósofo alemán <strong>Wittgenstein</strong>, los límites de nuestras mentes están formados por nuestra capacidad comunicativa y los límites de nuestro lenguaje. Por eso creo que la lectura es uno de los actos más expansivos y revolucionarios que puede haber, y la palabra una palanca con la que podemos mover al mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, debo darle un agradecimiento especial en este sentido a <strong>Mayra Martínez</strong> y <strong>Hugo Reyes Saab</strong>, quienes editaron el libro. Su guía y acompañamiento fueron definitivos en el proceso de consolidar este cuidado por la palabra y la procura de un lenguaje preciso, potente por su misma austeridad y sencillez. Gracias, Mayra y Hugo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—En el libro se contrapone, en mi opinión, la idea del ocio productivo, la contemplación, la reflexión profunda, versus el utilitarismo capitalista y el individualismo. ¿La lucha de clases, la lucha por tener más y mejor ocio, y por la equidad económica está perdida?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como señala el escritor japonés <strong>Haruki</strong> <strong>Murakami</strong> en uno de sus cuentos —si no estoy equivocado, en “Súper Rana salva Tokio”—, las luchas verdaderas de los seres humanos se libran en el terreno de la imaginación. La sociedad infunde en los individuos la idea de que no tienen poder sobre sus destinos porque están sujetos a las fuerzas transpersonales de los grandes procesos históricos y sociales. Ello deriva en la creencia de que solo nos puede salvar, o condenar, un mesías o un líder político o religioso, el Estado. Por eso siempre estamos buscando un chivo expiatorio a quien achacar las desgracias de nuestras vidas, pero eso de nada sirve.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, los únicos que podemos salvarnos somos nosotros mismos, por medio de nuestra propia consciencia. Es allí, por medio del pensamiento y la reflexión profunda, el punto de partida de una verdadera soberanía. De ahí que me interese mucho que el viaje de mis personajes sea de carácter interno: inicialmente en un sentido vertical, descendiendo hacia los parajes inhóspitos del inconsciente del ser, para luego emerger en espiral ascendente portando una antorcha en sus manos, incluso a expensas de la propia vida, como le sucede a cierto personaje que ya ha sido citado anteriormente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He conocido a personas con vida tortuosas, realidades crudas y asfixiantes, que han producido historias maravillosas, incluso obras prolíficas. También tengo amigos con vidas cómodas y tiempo de sobra para el ocio, pero sin productividad alguna. Que el lector saque sus conclusiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—¿Ante la cruda realidad capitalista y de desigualdad económica, nos queda el escape en la imaginación, el placer mental que nos dan temas o aficiones?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que la respuesta a la pregunta anterior también responde esta. Añadiría que la imaginación no es una vía de escape, sino el camino en sí hacia un nuevo mundo. Espero no ofender a ningún lector con lo que voy a decir, pero creo que no vivimos una crisis de recursos. El mundo es más rico que nunca, incluso aunque la riqueza esté concentrada en unos pocos. No es nada nuevo; siempre ha sido así. Pero sí vivimos una crisis de creatividad. Es un fenómeno palpable en el mundo de la industria musical, audiovisual, así como en la política. La llamada industria del entretenimiento jamás había sido tan aburrida. Le podríamos achacar la culpa a que todo lo cultural ha sido convertido en producto comercial. Pero esto también es relativo. ¿O acaso quién sabía que los Beatles iban a ser los Beatles? Seguramente si ellos le hubieran pedido permiso a la sociedad y a la industria para hacer su música, nunca habrían existido. Es tarea de los individuos, por medio de su reflexión y pensamiento crítico, y de su accionar en su entorno, transformar el mundo. La verdadera rebelión no se da a través de la destrucción y la queja, sino por medio del acto creativo, de la acción constructiva y una disposición siempre propositiva. Vemos a sociedades hiperdesarrolladas sumidas en el sopor de los excesos, al tiempo que vemos a sociedades rezagadas como la nuestra convertirse en la esperanza de un nuevo mañana. Volviendo al primer cuento, en ese sentido, lo que el personaje de Mauricio encuentra en las palabras no es una vía de escape, sino lo esencial de la vida. Y este reconocimiento ilumina su existencia y todo lo que la rodea.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—¿Qué escritores y otros artistas lo han influenciado?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos, por supuesto. Ya nombré algunos en el campo cinematográfico. Añadiría a estos otros directores autores como <strong>Wim Wenders</strong>, <strong>Yasujirō Ozu</strong>, <strong>Robert Bresson</strong> y <strong>Robert Altman</strong>, entre varios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el campo literario, en especial en el terreno del cuento corto, han sido una gran influencia e inspiración para mí los norteamericanos: <strong>Raymond Carver</strong>, <strong>John Cheever</strong>, <strong>Hemingway</strong>, por supuesto. Todos a su vez descendientes del gran <strong>Chéjov</strong>, uno de los padres del cuento moderno. Y por supuesto la gloriosa y nunca suficientemente reconocida, a mi parecer, novelista y cuentista <strong>Patricia Highsmith</strong>. Hablando de personajes de dudosa moral… qué maestra. También mencioné anteriormente a <strong>Murakami</strong>, cuyos cuentos me generan un placer sublime, me transportan a otro mundo como pocos otros. Ojo, no nombro a muchísimos grandes escritores, leídos y no leídos. Se trata solo de apreciaciones, un asunto de afinidad y gusto.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-64108" style="width:420px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-1024x1024.png 1024w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-300x300.png 300w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-150x150.png 150w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-768x768.png 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-510x510.png 510w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2.png 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Carlos Franco Esguerra. Foto: cortesía archivo particular</figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>—También escribe guiones de cine. Háblenos de la diferencia en el abordaje que hace de la escritura de cine y de literatura.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque muchos guionistas defienden al guion como un texto autónomo, acabado y completo con un valor literario, yo no lo veo de esa manera. El guion está hecho no solo para ser interpretado, sino también reescrito, transformado, mutado por la mirada del director y su compañía de artistas audiovisuales. De no ser así, simplemente se publicarían los guiones para ser leídos como se lee la literatura. Pero lógicamente eso solo sucede en casos excepcionales. En ese sentido, el guion es un paso intermedio, una promesa de muchas posibles películas. De ahí que se considere al director como el autor definitivo de una obra audiovisual. En cambio, un cuento corto, al igual que cualquier pieza literaria, ya está terminado, aunque su forma audiovisual se la da el lector. Lo anterior, de por sí, ya es una gran diferencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo personal, noto que cuando estoy en el terreno literario me permito ciertas libertades que no logro escribiendo las páginas de un guion. ¿Por qué será? No lo sé. Pero una y otra vez constato que mi imaginación pareciera tener un mayor alcance y la posibilidad de explorar recovecos insospechados cuando estoy escribiendo un cuento. Por eso, desde un tiempo para acá, intento escribir todo en forma de cuento, incluso lo que pretendo que tenga al audiovisual como destino final.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—¿Cómo ve el panorama literario en Colombia? ¿Cómo ha sido la experiencia de publicar en Escarabajo Editorial?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo que ser honesto y confesar que conozco muy poco de la narrativa colombiana actual. Y hoy en día hay tantos autores… Me avergüenzo un poco de ello. Como excusa podría decir que lo audiovisual se roba la mayoría de mi energía y atención. Lo que sí puedo decir de lo poco que he leído, y percibido, es que la violencia expuesta en toda su crudeza es uno de los temas primordiales. No es de extrañarse ni tampoco criticable. Las artes se convierten en una forma de desagüe y depuración de lo que se exacerba. Pero por otro lado me alegra el perseguir en mis historias otros matices de la condición humana. Y no es que no haya violencia en los cuentos de Ángel Eléctrico, porque esta toma muchas formas, algunas tan sutiles que la ejercemos casi sin darnos cuenta. Como en el cuento del cual deriva el título del libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la violencia, también sucede que la hemos virtualizado y por ello tal vez no nos resulta tan evidente. Pero díganme si acaso las redes sociales a veces no evocan al coliseo romano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con respecto a la experiencia con la Editorial Escarabajo, ha sido estupenda. Como autor, he sido tratado de manera cálida y muy respetuosa. Como ya lo decía antes, la labor editorial con el texto ha sido valiosísima, iluminadora para mí como escritor. Además, me encantan sus propuestas gráficas, su estilo visual. Por supuesto que, tratándose de una editorial independiente, sus procesos a veces requieren de paciencia y madurez. Un andar lento, pero seguro. Así que no tengo más que agradecimiento y respeto por Escarabajo y todo su equipo; espero poder seguir haciendo parte de su catálogo por un buen tiempo.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/carlos-franco-la-lectura-es-uno-de-los-actos-mas-expansivos-y-revolucionarios-que-puede-haber/">Carlos Franco: “La lectura es uno de los actos más expansivos y revolucionarios que puede haber”</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La belleza de lo triste: una reseña sobre Señor Nadie, de Julián Ariza</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/la-belleza-de-lo-triste-una-resena-sobre-senor-nadie-de-julian-ariza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Feb 2026 23:47:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Julián Acosta Riveros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este libro, aunque breve, resulta bastante profundo: en las capas más cercanas a la fábula, se puede interpretar como un cuento que reivindica la empatía al mostrar cómo un pequeño gesto puede transformar la vida de alguien. Por Julián Acosta Riveros* La historia de este libro presenta al Señor Nadie, un hombre que sale todos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>Este libro, aunque breve, resulta bastante profundo: en las capas más cercanas a la fábula, se puede interpretar como un cuento que reivindica la empatía al mostrar cómo un pequeño gesto puede transformar la vida de alguien.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Julián Acosta Riveros*</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de este libro presenta al Señor Nadie, un hombre que sale todos los días a llamar la atención de los transeúntes y de los variados habitantes de la ciudad. Sus intentos resultan infructuosos, por cierto, pues bien sabemos que las multitudes citadinas nos condenan al anonimato y a un prosaico mirar lleno de prisa e indiferencia. Sin embargo, él no se rinde y continúa en su empeño, día tras día, hasta que un accidente con su planta, su única compañera y que lo viene acompañando desde su infancia, cómo se ve en la portadilla del libro, lo lleva a tomar la determinación de marcharse, si bien al final le aguarda una sorpresa (que también incluye un giro que sorprenderá al lector).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la narración de <strong>Julián Ariza</strong> no se puede dejar de lado el componente visual (recordemos que él es, ante todo, un artista gráfico). Las ilustraciones combinan técnicas de <em>collage</em>, lápices y digital que logran dar una vívida muestra de la vida citadina que quiere representar <strong>Ariza</strong>, y que recuerdan mucho al cubismo por las ilustraciones donde confluyen diferentes puntos de vista sobre un mismo objeto, como condensando sus diferentes perspectivas. Ahora bien, ya entrando al plano narrativo, llama la atención que en la mayoría de ilustraciones las personas se representan absortas en sus propios mundos, sobre todo por la presencia de pantallas y audífonos que apuntalan el aura de indiferencia de quienes rodean al Señor Nadie. Este hecho sirve para mostrar la soledad del protagonista, pero, curiosamente, también los demás en la multitud habitan solitariamente la ciudad, sin fijarse (la mayoría aparece con los ojos cerrados), ciegos a la vida, a la posibilidad de maravillarse y al contacto humano auténtico, fruto de la generosidad y la empatía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No puedo dejar de señalar que el hecho de que, si bien la mayoría de personajes se representan con los ojos cerrados, en la tapa se esconde a un personaje vital para la historia y que es el único con los ojos abiertos. Gestos como este pueblan un libro inagotable en el que el lector sigue detectando, en su cuarta o quinta lectura, pequeños o grandes guiños que <strong>Ariza </strong>fue dejando aquí y allá para el lector que busca, él sí, dejar el afán <em>y mirar atentamente</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este libro, aunque breve, resulta bastante profundo: en las capas más cercanas a la fábula, se puede interpretar como un cuento que reivindica la empatía al mostrar cómo un pequeño gesto puede transformar la vida de alguien, por ejemplo, hacerlo sentir humano al darle una mirada que se <em>fije</em> en él y que al hacerlo, lo comprenda (en sus diferentes acepciones) y lo dote de existencia; sin embargo, al ahondar más en la obra, encontramos un inusitado y refrescante canto a la tristeza, el cual cobra mayor relevancia cuando observamos el estado del arte de los libros para niños, en los que abundan los títulos que intentan “controlar” o “dominar” los sentimientos.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="704" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-704x1024.jpg" alt="" class="wp-image-64098" style="aspect-ratio:0.6875057222205267;width:421px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-704x1024.jpg 704w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-206x300.jpg 206w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-768x1118.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-1055x1536.jpg 1055w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-1407x2048.jpg 1407w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-scaled.jpg 1759w" sizes="(max-width: 704px) 100vw, 704px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">En este sentido, es imposible no recordar a <strong>Graciela Montes</strong> y su concepto de la frontera indómita: es en los márgenes de la literatura que se encuentran las grandes obras, es justo allí, en la pugna por los límites de las formas y de los contenidos, donde estas habitan y, justamente, este libro de <strong>Julián Ariza</strong> se inscribe en los límites al escapar de un relato que podría convertirse en una diáfana y anodina fábula sobre la empatía y la solidaridad, y en su lugar nos entrega una historia hermosa y triste, casi trágica, una historia que escapa del lugar común, alineándose con obras clásicas que hablan sobre la tristeza (sin atreverse a matizarla), como <em>El libro triste</em> de <strong>Michael Rosen</strong>; sobre personajes que habitan solitarios lugares llenos de gente, pero que se atreven a dar una mirada diferente en y desde la ciudad, como <em>El cuento de navidad de Auggie Wren</em>, de Paul Auster; o personajes solitarios que son capaces de detenerse y contemplar la belleza, al margen del ruido de la multitud, como <em>La sonrisa al pie de la escala</em> de <strong>Henry Miller</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Julián</strong> <strong>Ariza</strong> ha logrado construir un libro que, en la fibra misma de esta frase hecha,<em> no dejará a nadie indiferente</em>. Un libro para los señores y las señoras Nadie que habitan (habitamos) la ciudad, entre la soledad, la indiferencia y el anonimato.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">*Julián Acosta Riveros. Editor. Profesional en Estudios Literarios. Universidad Nacional de Colombia.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/la-belleza-de-lo-triste-una-resena-sobre-senor-nadie-de-julian-ariza/">La belleza de lo triste: una reseña sobre Señor Nadie, de Julián Ariza</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Reseña &#124; El gato y la ciudad, del escritor Nick Bradley</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/resena-el-gato-y-la-ciudad-del-autor-nick-bradley/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 02:33:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<category><![CDATA[Para leer]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Julián Acosta Riveros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La ópera prima de Nick Bradley, experto en literatura japonesa, reúne diversos géneros literarios, como el cuento y el haiku, pasando por las temáticas de romance, terror y ciencia ficción. Las historias que al principio parecen desconectadas, se van enlazando a lo largo de las páginas de El gato y la ciudad. Por Julián Acosta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>La ópera prima de Nick Bradley, experto en literatura japonesa</em>, <em>reúne diversos géneros literarios, como el cuento y el </em>haiku<em>, pasando por las temáticas de romance, terror y ciencia ficción. Las historias que al principio parecen desconectadas, se van enlazando a lo largo de las páginas de </em>El gato y la ciudad<em>. </em></strong></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Julián Acosta Riveros* / Editor</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>“Esta ciudad me come desde dentro. Es demasiado grande y demasiado fría, sin ningún sentimiento”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tokio mide 2194 kilómetros cuadrados: para darnos una idea, esto es más que el área de Bogotá, Medellín y Cali juntas. Se calcula que su metro mueve alrededor de siete millones de personas, lo que equivale a la población total de Bogotá desplazándose por este medio diariamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué es un ser humano, una persona con sus preocupaciones, sueños, locuras y aberraciones, en este contexto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ópera prima de <strong>Nick Bradley</strong> nos ayuda a vislumbrar una respuesta a esta incógnita fundamental por medio de una gran novela que, como todas las que se puedan calificar así, nos deja la duda de exactamente en qué género se ubica (¿es una novela larga?, ¿un libro de cuentos?, ¿por qué tiene poemas y fotos?), en la que un personaje de una historia se cruza con el de otra (la siguiente, la inicial, la final) en el metro, en una calle o en un restaurante. Es como una suerte de respuesta al anonimato y a la fugacidad del contacto humano en un contexto como el de Tokio o el de cualquier ciudad, donde el otro se convierte rápidamente en una imagen que se diluye de forma tan fugaz como la de un comercial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exploración estética de <strong>Bradley</strong> lo lleva a buscar el tono y la forma exacta que se adecúe a lo que vive cada personaje: narraciones en primera persona para el investigador privado atormentado por su vacío existencial, el <em>gaijin</em> (extranjero) que intenta comprender y compenetrarse con una cultura que admira, pero que no por ello le deja de resultar ajena; blogs para el ultranacionalista; incluso, manga para relatar la historia de un aficionado a este género que coincide con un niño en una anodina, pero reveladora, aventura con un gato (que para ellos es un gato cualquiera, pero que para nosotros es el gato que también cruza y protagoniza la novela, y del que hablaré más adelante).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es así que esta novela, además, se convierte en lugar de encuentro de diferentes géneros literarios, desde el cuento, hasta el <em>haiku</em>, pasando por las temáticas de romance, terror y ciencia ficción. Resulta también interesante cómo las historias, aparentemente dispersas y desconectadas, empiezan a resolverse en el desarrollo del libro. Pero esto es algo que el lector deberá descubrir por sí mismo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1477" height="2245" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/el-gato-y-la-ciudad-bolsillo.jpg" alt="" class="wp-image-64080" style="aspect-ratio:0.6579110950487893;width:370px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>El gato y la ciudad</em>, edición de bolsillo, sello Books4Pocket</figcaption></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a los personajes, estos se desenvuelven en la ciudad como en una gran mascarada, en la que las personas detrás de las máscaras se sienten impostoras al pensar que no pertenecen a ese lugar, a la vez que fingen y construyen un modelo de ciudadano arquetípico al que se quieren ajustar. En este sentido, Tokio podría ser, a su vez, cualquier ciudad. Sin embargo, la representación que hace Bradley ofrece un fresco en constante tensión entre lo tradicional, que acá tiene el valor de aquellas tradiciones que tienen miles de años, y lo contemporáneo, con el aspecto igualador de lo globalizante en un país del primer mundo: un país que todavía conserva las heridas de la Segunda Guerra Mundial, a la vez que se abre al futuro que, en este libro, se presenta en la forma de unos Juegos Olímpicos (Tokio 2020).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre tantas figuras que son la encarnación de esta tensión, valdría la pena recordar a Ohashi, un intérprete de <em>rakugo</em> (una suerte de predecesor medieval de lo que llamaríamos <em>stand up comedy</em>), quien en la época de la narración es solo un hombre sin casa, que termina siendo perseguido por quienes esconden a estas personas para que no las vean en el desarrollo de los Juegos Olímpicos. A lo largo de su historia, encontramos que intentan evangelizarlo (“El predicador había dicho, totalmente convencido, que las personas de Hiroshima y Nagasaki habían sufrido por sus pecados”), recibe ayuda de un joven que en otra historia terminará recorriendo Tokio con la chica que le gusta en búsqueda de un <em>arcade</em> para jugar Street Fighter Turbo II, y también pelea con un bravucón… Y esta es solo una de las tantas historias que construyen el libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dichos relatos no solo hablan de la experiencia vivencial, sino también de lo lingüístico, y es aquí donde aparecen personajes interesantes, como el profesor de inglés que intenta escribir <em>haikus</em> o la chica <em>gaijin</em> que intenta verter un cuento de su autor favorito al inglés, mientras intenta comprender el intercambio vivo entre el chino y el japonés expresado en los <em>kanji</em>. O la historia de ese autor que termina volviéndose loco porque cree que los <em>kanji</em> pueden cobrar vida.&nbsp; O el chico de madre coreana que sufre cierta xenofobia. Para ver la importancia de esta reflexión sobre la palabra escrita, recordemos que Roland Barthes define a Japón como “el país de la escritura”. Y justamente esa obra de Barthes titulada <em>El imperio de los signos</em> nos recuerda una conclusión a la que también llega una chica japonesa al intentar explicarle al profesor de inglés por qué no puede escribir un <em>haiku</em>: para un occidental, el <em>haiku</em> es un imposible, porque no puede quedarse solo con la imagen, siempre tiene que buscar el sentido. Pero esta es una discusión para otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, la ciudad es como el gato que transita por todos los relatos: es testigo de diferentes historias que se abren y se cierran, pero al final le resulta indiferente y la vida humana suele parecerle como un sueño, con personajes que le pueden resultar familiares, incluso vagamente interesantes, pero sin que por ello desarrolle un afecto especial por aquellos que pasan distraídos en su continuo transitar hacia, quizás, el olvido o el vacío:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Tokio es un lugar en el que si uno deja de trabajar aunque sea por un segundo, la ciudad lo engulle y lo hace pasar al olvido [&#8230;] La ciudad no descansa. Nunca”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, sin embargo, el narrador nos regala cierres para algunas historias y un bello final abierto para Ohashi, un final que quizás simboliza una posible redención en lo humano que aún late en el corazón de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–<em>Okaeri nasai</em>. –”Bienvenido a casa”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O quizás no simboliza nada, como lo haría para el gato que, distraído, pareciera observar con una mirada zen otro día que se acumula sobre otra noche en la gran ciudad.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1596" height="2516" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/el-gato-y-la-ciudad-grandeciudad.jpg" alt="" class="wp-image-64081" style="aspect-ratio:0.6343438567147537;width:353px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>El gato y la ciudad</em>, sello Plata</figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">*Julián Acosta Riveros. Profesional en Estudios Literarios. Universidad Nacional de Colombia</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/resena-el-gato-y-la-ciudad-del-autor-nick-bradley/">Reseña | El gato y la ciudad, del escritor Nick Bradley</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Reseña &#124; Cuando nada nos queda, del autor John Fitzgerald Torres</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/resena-cuando-nada-nos-queda-del-autor-john-fitzgerald-torres/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Jefferson Echeverría]]></category>
		<category><![CDATA[Novedades Editorial Panamericana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>John Fitzgerald, autor colombiano de literatura infantil y juvenil, premiado con galardones como El Barco de Vapor, explora los temas de identidad y memoria, y resulta fundamental tanto para jóvenes lectores como para sus padres. Por Jefferson Echeverría* La vida de Cris es un laberinto de decisiones difíciles y caminos sin salida que se fragmenta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>John Fitzgerald, autor colombiano de literatura infantil y juvenil, premiado con galardones como El Barco de Vapor, explora los temas de identidad y memoria, y resulta fundamental tanto para jóvenes lectores como para sus padres</em>.</strong></h2>



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<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Por Jefferson Echeverría</strong>*</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida de Cris es un laberinto de decisiones difíciles y caminos sin salida que se fragmenta tras un robo en un centro comercial. Justo cuando su mundo parece desmoronarse, emergen dos figuras clave: Aurora, una anciana que guarda en su mente la memoria de los hechos cruciales del siglo XX en Colombia y el mundo, y Dini, su mejor amiga, cuya conducta desquiciada amenaza con llevar a Cris por un sendero donde su cordura y su vida corren peligro.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son tres las voces que nos narran sus secretos a través de pasados insólitos (muchas veces dignos de ser rescatados por la memoria privilegiada de los octogenarios), presentes confusos (tan propios en jóvenes que están luchando por encontrar su verdadero lugar en el mundo) y vacíos revelados (que suele ser muy común en aquellos que carecen de identidad). Así tal vez podríamos perfilar a los protagonistas de la inquietante obra <em>Cuando nada nos queda</em> del escritor colombiano <strong>John Fitzgerald Torres</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los diversos instantes que discurren continuamente en diferentes conflictos personales e históricos, desparpajados e inusuales, representan la entrada a enseñanzas inesperadas que nos permiten apreciar el pasado y sus cicatrices, el presente y sus altibajos, y el futuro y sus sorpresas. Cuando reconocemos en varios ámbitos un estilo propio, nuevas expectativas parecen entrelazarse mutuamente con tal de proyectar una razón esencial sobre la vida, pues es en los instantes súbitos y en los dilemas y emociones internas que se forman rumbos precisos que, a la larga, nos permiten esclarecer el porqué de cada acto aparentemente común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que, al reconocer estas razones puntuales, lo que sigue posteriormente (es decir, la brevedad en los diálogos, el modo veraz en que se enlazan los conflictos tanto internos como sociales y el estilo auténtico, diríase fresco pero óptimo) complementa una vez más la verdadera finalidad con la que debe influir una novela juvenil, más allá de mencionar paisajes comunes, actitudes rebeldes y personajes que viven según las tendencias de su época. Y esta obra tan bien lograda no solamente supera dichas estructuras, sino que también nos invita a explorar otros ámbitos de la realidad a través de una sencillez que no dista de ser elocuente. Su persistencia en transmitir un mensaje que provoque sensaciones nos introduce a eventos insólitos de la historia humana, con el propósito de despertar una sincera curiosidad acerca del pasado que muchos tuvieron la oportunidad de vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Inicialmente se nos muestra la imagen irreverente y locuaz de Cris como la voz principal que tiene la responsabilidad de llevarnos a desentrañar los diversos rumbos inesperados. Con el peso de la adolescencia recién cumplido, soportando una cianosis teñida de azul en sus labios (lo que acentúa aún más su apariencia enigmática) y conviviendo con un silencio que se extiende en cómplices maneras con su eterna compinche Dini, está a punto de confrontar una de las mayores consecuencias<strong> a</strong> causa de su carácter impulsivo. El punto de partida ocurre justo en un suceso particular, aparentemente inofensivo, pero de una relevancia necesaria para explicar el porqué de eventos próximos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por influencia de Dini, Cris decide hurtar un <em>six-pack</em> de gaseosa en un centro comercial. Al ser descubierta por los guardias, es acusada y sentenciada a la terrible pena de pasar todas sus vacaciones ayudando en labores sociales en un lugar geriátrico que está ubicado cerca de su casa. Presa de una terrible amargura y al borde de anticiparse al aburrimiento más absurdo, la joven Cris de labios azules todavía no sabe que está a punto de vivir una de las experiencias más insólitas de su existencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al llegar al susodicho lugar, Cris se sorprende al saber que, por alguna extraña razón, debe cuidar solamente a una anciana de edad desconocida. La mujer, del típico semblante decaído, la mirada perdida en vagos pensamientos, la soledad remarcada en el peso de sus huesos frágiles y las señales de la tristeza que dibujan un rostro surcado de arrugas, confirman el mismo aire hostil de cualquier anciano. Hasta ese momento, nada novedoso promete un desafío vital en la inquieta suspicacia de Cris. Sin embargo, un gesto súbito, acompañado de unas palabras (al principio incomprensibles, pero posteriormente impregnadas de una profundidad capaz de dejar perplejo a cualquiera<strong>), abre el c</strong>amino a una serie de eventos históricos cuyos enlaces vertiginosos se convierten en una confesión sucesiva jamás contada. A partir de este encuentro ocasional, el silencio deja de ser una barrera entre ambas, la amistad se fortalece a medida que en cada confesión se abren huellas enriquecidas por el siglo pasado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="709" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda-709x1024.png" alt="" class="wp-image-64068" style="aspect-ratio:0.6923886837366863;width:430px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda-709x1024.png 709w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda-208x300.png 208w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda.png 727w" sizes="(max-width: 709px) 100vw, 709px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><em>«Sé bien de dónde vengo…»</em>&nbsp;es el primer signo de un sendero que renuncia a bifurcarse dentro de la mente lúcida de Aurora, la nueva y anciana amiga de Cris. Este poema inconfundible conjura toda trampa del olvido y redefine un acto de resistencia contra los embates del tiempo. Desde muy niña, cuenta Aurora que tuvo que soportar el cruel estigma de saberse prófuga y vivir sin patria en pleno conflicto nazi. Al perder abruptamente a su familia, se ve obligada a trasegar por distintos rincones del mundo y prácticamente esconderse bajo las sombras del anonimato. A lo largo de sus etapas vitales, son múltiples los hechos que se tornan escabrosos al mismo tiempo que la favorecen tanto en sabiduría como en travesías inauditas. Lo que para Aurora ha sido una lucha permanente de supervivencia, para otros (sobre todo para Cris) significa una verdadera fortuna el hecho de ser una persona elegida por la historia para presenciar momentos tan importantes como vertiginosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quién pensaría que detrás de ese montón de huesos y arrugas se hallaría una persona capaz de soportar décadas y registrar, tanto en papel escrito como en memoria hablada, sucesos tan impactantes como: la Segunda Guerra Mundial, la muerte de Gaitán, el golpe de Estado en Chile, los múltiples conflictos en gran parte de Suramérica, y un sinnúmero de situaciones, para después terminar recluida en el más injusto abandono, como una figura anónima y prácticamente exiliada del amor de sus seres queridos. O a lo mejor son puros inventos que se confunden con verdades para ensalzar una vida que jamás vivió, pero que hubiera querido tener con tal de sobrellevar la vergüenza del abandono. Es lo que piensa al principio la incrédula Cris tras no dar crédito a tanta lucidez y elocuencia. Pero poco a poco se convence de la veracidad de los hechos y el entusiasmo con que la quebrada voz de su amiga continúa evocando según su memoria le permite.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias a este vínculo entrañable, hay un cambio rotundo en la manera de apreciar la vida. En el corazón de la joven Cris se produce una madurez única en su manera de actuar. Pese a que Dini sigue siendo una figura influyente en sus días, y el deseo de desafiar las reglas de la sociedad le atrae con la misma intensidad de siempre, no ignora el sentimiento sincero profesado hacia Aurora, cuya nobleza se convierte en el aliciente preciso para soportar sus nuevas adversidades, entre ellas, la de Ángel, la otra voz que, exenta de propiedad, también acapara un impacto definitivo en el crecimiento interno de la joven Cris. Su aparición súbita la conduce a otros extremos más confusos que la obligan a tomar decisiones y, de su carácter aprendido, está la responsabilidad de evitarse un desenlace mucho más certero. En síntesis, de todo este entramado de sucesos discurre una obra sutil y envolvente donde los lectores no solo podrán apreciar una sorprendente narración, sino&nbsp;<strong>que</strong>&nbsp;también se permitirán reconciliarse con el pasado y sus lecciones de vida contadas por las voces que alguna vez resistieron&nbsp;<strong>las</strong>&nbsp;heridas provocadas por el ayer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias al trabajo de edición de Julian Acosta Riveros y la diagramación de Martha Cadena e Iván Correa, Panamericana Editorial nos ofrece una historia ejemplar y delirante que nos remite al pasado y al mismo tiempo nos acerca a las problemáticas del presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/resena-cuando-nada-nos-queda-del-autor-john-fitzgerald-torres/">Reseña | Cuando nada nos queda, del autor John Fitzgerald Torres</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Un café en Buenos Aires &#124; Pablo Di Marco habla con la ilustradora Claudia Rueda</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/un-cafe-en-buenos-aires-pablo-di-marco-habla-con-la-ilustradora-claudia-rueda/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Di Marco]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Para leer]]></category>
		<category><![CDATA[Un café en Buenos Aires]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Dibujar es un hito fundamental del proyecto humano” Conocí a Claudia Rueda en Cali, durante la última edición del Festival Oiga, Mire, Lea. Me impactaron de inmediato su sereno carisma, el modo en que interrelacionaba con sus innumerables lectores (tanto grandes como pequeños), y el desborde de imaginación que emanaba de cada página de sus [&#8230;]</p>
<p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/un-cafe-en-buenos-aires-pablo-di-marco-habla-con-la-ilustradora-claudia-rueda/">Un café en Buenos Aires | Pablo Di Marco habla con la ilustradora Claudia Rueda</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>“Dibujar es un hito fundamental del proyecto humano”</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Conocí a Claudia Rueda en Cali, durante la última edición del Festival Oiga, Mire, Lea. Me impactaron de inmediato su sereno carisma, el modo en que interrelacionaba con sus innumerables lectores (tanto grandes como pequeños), y el desborde de imaginación que emanaba de cada página de sus libros. Lamenté que no tengamos más tiempo disponible para conversar, pero tuve en claro que al regresar a casa volvería a contactarla para hacerle una entrevista que me permitiera ahondar en sus libros, en su pasión por el dibujo y tanto más.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">—<strong>Todos los niños adoran dibujar. Pero algo sucede en el camino que los aparta del dibujo. No sé si se trata de la escuela, de los padres que no los incentivan, o qué, pero algo sucede en el camino que hace que los niños se alejen de su amor por el dibujo. Y esto me parece no solo triste sino también grave, porque dejar de dibujar es dejar de jugar. ¿Qué creés que sucede?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo primero es preguntarnos ¿por qué todos los niños dibujan? Lo damos por descontado, pero ese gesto tan generalizado debe estar profundamente conectado con las raíces de lo que nos hace humanos. Sin embargo, mira que los niños abandonan el dibujo cuando comienza la escuela formal, que en realidad es una introducción a lo racional. La escuela da prioridad y premia las letras y los números, y entonces los niños entienden que ser “grandes” es dejar de dibujar. La excepción son los niños que pueden hacer dibujos realistas, y eso conecta de nuevo con la razón. Los que no tienen esa habilidad abandonan el dibujo pues deciden que no saben dibujar, que es lo que piensa la mayorı́a de los adultos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—<strong>¿Y cómo remediamos este problema?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El posible remedio está en promover un cambio cultural que entienda dibujar como un hito fundamental del proyecto humano conectado con esa parte de nuestro mapa que está por fuera de la razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Qué interesante lo que decís de que “la escuela premia las letras y los números”. Qué bueno sería tener maestros más flexibles, ¿no es así? Y decime, ¿qué le sucedió a aquella Claudia niña que no solo no se apartó del dibujo sino que se apegó aún más a él?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bueno, en ocasiones (y probablemente es lo que le ha ocurrido a todos los artistas), la necesidad de dibujar sobrepasa cualquier expectativa que el mundo adulto coloca en ti. No lo puedes inhibir, pues dibujar es como la extensión de la sangre que fluye por tus venas y es más poderoso que las palabras. Nunca he podido concebir la vida sin dibujar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Tengo predilección por tu libro </strong><strong><em>Algo</em></strong><strong>, en el que reflexionás en torno al vínculo entre los niños y los miedos. ¿Qué te llevó a escribir y dibujar en torno a ese tema?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas gracias. De nuevo tiene que ver con la escasa comprensión que tenemos de lo que significa ser niño, pues solo lo podemos ver desde nuestro lente adulto. Esto acompañado con mi interés por el uso del lenguaje simbólico en la ficción infantil para representar los miedos. El niño en <em>Algo</em> tiene miedo a lo desconocido, al rechazo y a la humillación, que las imágenes en la historia lo revelan en forma de animales, pues los niños no tienen aún las palabras para lo que temen. Al comienzo la madre no siente empatı́a, pues son miedos que ella no puede ver y cree que simplemente son necedades infantiles de su hijo. Pero al final, la historia tiene una vuelta de tuerca que permite que ella entienda.</p>


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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="814" height="820" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda.png" alt="" class="wp-image-64060" style="aspect-ratio:0.9927145817428291;width:474px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda.png 814w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-298x300.png 298w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-150x150.png 150w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-768x774.png 768w" sizes="(max-width: 814px) 100vw, 814px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración de Claudia Rueda. Tomada <a href="https://www.instagram.com/claudiarueda/" target="_blank" rel="noopener" title="">Instagram personal</a></figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">—<strong>En <em>Algo</em> reflexionás justamente sobre lo que no se ve. Y esto es aún más interesante porque te centrás en lo que no ven los niños, cuya imaginación es especialmente frondosa. Para crear este libro, ¿hablaste del tema con niños o te conectaste con los temores de tu niñez? Incluso se me ocurre que bien te pudiste conectar con tus temores de adulta.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ambos. En parte viene de haber sido testigo de la historia de una niña que siempre tuvo mucho miedo de ir a la escuela. Sus padres no la entendı́an, a pesar de sus buenas intenciones. Fue un proceso difı́cil, era muy fuerte su resistencia y nunca se resolvió.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Lo puedo entender. Yo también de pequeño tenía miedo de ir a la escuela.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo también tuve ese miedo cuando era niña. No porque no me gustara aprender, siempre me ha encantado, pero le tenı́a mucho miedo a las otras niñas, y una en ese tiempo aún no tiene el lenguaje para comunicárselo a un adulto. No sé si este libro facilite esa comunicación, pero espero que sı́.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Estoy seguro que <em>Algo</em>, entre tantas otras cosas, también es capaz de darle herramientas a los chicos para verbalizar sus temores. Cambiemos de tema: h</strong><strong>ay algo que me fascina de tus libros, la relación entre texto y dibujo. Hay ocasiones donde pareciera que el texto se impone y el dibujo acompaña, otras veces sucede lo contrario, y por momentos</strong> <strong>ambos se complementan y dialogan en igualdad de condiciones. ¿Cómo manejás ese delicado equilibrio?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es la esencia del libro álbum y por eso me encanta como formato. Además de dibujar, me apasionan las palabras y lo que podemos hacer con ellas, para bien y para mal. La combinación de ambos lenguajes viene desde muy temprano, pues comencé mi oficio de artista haciendo caricaturas polı́ticas. Lo que más me atrae de esa combinación es la construcción de significado a partir (y solo a partir) de la unión del texto y la imagen. Encuentro fascinante a esa sutileza y ambigüedad del mensaje que invita al lector a deducir lo que la historia cuenta. Esto siempre y cuando las imágenes también estén narrando, que es algo que no siempre ocurre o no siempre se espera. Además, esa combinación es la mejor versión posible del humor, que siempre ha estado presente en mi obra.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—¡La próxima vez que hablemos debés mostrarme tus caricaturas políticas! Decime, Claudia: p</strong><strong>ese a haber nacido en Bogotá vivís desde hace años en Nueva York. ¿Qué te da y que te quita la vida en Estados Unidos?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un dilema grande en mi vida. Viajar y vivir en otros lugares me permite ver con perspectiva mi propio país, y llegar a un lugar que no conozco me devuelve la posibilidad de sorprenderme, como les ocurre a los niños cuando llegan al mundo. Siempre me ha gustado viajar, explorar, conocer lo distinto, salir con las maletas, desafiar la comodidad con lo desconocido. Supongo que tiene que ver con la vida creativa. Nueva York además ha sido por muchos años un amable puerto para mi trabajo, y mudarme tiene algo de hogareño, sumado a ser una ciudad que se transforma permanentemente como ninguna otra. Sin embargo, es una vida en la que tu lugar de origen ya no es del todo tu casa de antes, pero tampoco donde vives. Aunque igual te libera de expectativas, con frecuencia una carga muy pesada para mı́.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—<strong>¿Conocés Buenos Aires?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Conozco y siempre me he sentido muy a gusto en Buenos Aires. Alguna vez fui invitada por Filbita, una feria de libro infantil encantadora. Sentı́ que estaba en un lugar que mi imaginación habı́a visitado antes y las conversaciones fueron riquı́simas. Puede tener que ver con haber querido tanto a tantos autores y artistas argentinos desde muy joven.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Tus lectores de Argentina podremos volver a verte pronto?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto me encantarı́a regresar, Pablo. ¡Siempre y cuando incluya un asado y una visita a las divinas librerı́as!</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Yo no como demasiada carne, pero contá conmigo para ese recorrido por librerías. Y ahora</strong> v<strong>amos con la última, Claudia: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una respuesta bien difı́cil… ¡no por no tener muchos nombres posibles, sino porque solamente puedo escoger uno! Me aventuro por Maya Angelou.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>—Ya que estamos jugando, sigamos jugando un poco más: contame </strong><strong>a qué bar llevarías a Maya y qué pregunta le harías.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Habrı́a adorado sentarme con ella en el bar del Red Rooster en Harlem y preguntarle sobre su vida, y cómo salió de una niñez tan difı́cil a pasar a ser una autora tan profundamente optimista y hermosa.</p>


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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="813" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-.png" alt="" class="wp-image-64062" style="aspect-ratio:0.8856175446107144;width:475px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-.png 720w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda--266x300.png 266w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración de Claudia Rueda. Tomada <a href="https://www.instagram.com/claudiarueda/" target="_blank" rel="noopener" title="">Instagram personal</a></figcaption></figure>
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<p class="wp-block-paragraph">¿Querés saber más sobre Claudia Rueda? Acá te dejo su página repleta de información sobre su obra: <a href="https://claudiarueda.com/" target="_blank" rel="noopener" title="">https://claudiarueda.com/</a></p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/un-cafe-en-buenos-aires-pablo-di-marco-habla-con-la-ilustradora-claudia-rueda/">Un café en Buenos Aires | Pablo Di Marco habla con la ilustradora Claudia Rueda</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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