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	<title>Libros y Letras</title>
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	<description>Revista Cultural de Colombia y América Latina</description>
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	<title>Libros y Letras</title>
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		<title>Juan Andrés Fernández: “La normalidad es una ficción social”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Sebastián Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los Concursantes, de Juan Fernández, explora la muerte como una transición posible, la simulación de la realidad y la identidad fragmentada en un mundo dominado por algoritmos, redes y expectativas ajenas. Marcado desde niño por una sensación de extrañeza corporal —nació sin ombligo debido a onfalocele—, el autor bogotano transforma esa vivencia en una reflexión [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong>Los Concursantes</strong><em><strong>, de Juan Fernández, explora la muerte como una transición posible, la simulación de la realidad y la identidad fragmentada en un mundo dominado por algoritmos, redes y expectativas ajenas. Marcado desde niño por una sensación de extrañeza corporal —nació sin ombligo debido a onfalocele—, el autor bogotano transforma esa vivencia en una reflexión sobre lo que nos hace auténticamente humanos.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size"><strong>Por Juan Sebastián Lozano</strong></p>



<p><em>Los Concursantes</em> reúne ocho voces en primera persona que narran desde fragmentos distintos de una misma realidad fracturada. Cada personaje revela su pedazo de existencia, entrelazado con los demás por la muerte en todas sus formas: física, simbólica, digital o burocrática. La novela evita el camino recto y opta por saltos narrativos que entrecruzan tiempos y dimensiones, donde la vida puede repetirse, fingirse o archivarse como un trámite más.</p>



<p>Mezclando ciencia ficción contemporánea con toques de espiritualidad y una mirada crítica al presente, la obra examina cómo las redes sociales, el marketing digital y la tecnología están reescribiendo quiénes somos y cómo nos relacionamos. Aquí la muerte ya no es el final definitivo, sino una puerta posible hacia otro ciclo o simulación. El lector, lejos de ser mero observador, termina involucrado en ese juego incierto, cuestionándose qué sobrevive de lo humano cuando la existencia parece un programa en ejecución constante.</p>



<p><strong>Juan Andrés Fernández</strong> es máster en Escritura Creativa por la Universidad de La Rioja. Publicó <em>Cuentos cortos para viajes largos</em> (2019). Ha colaborado en revistas como <em>El Malpensante</em>. Su nacimiento sin ombligo, debido a onfalocele, ha forjado una mirada peculiar sobre la pertenencia y la extrañeza, que impregna su literatura distópica y existencial. <em>Los Concursantes</em> fue galardonada con el Portafolio de Estímulos Germán Vargas Cantillo en 2020 y editada por Escarabajo en 2025.</p>



<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo surgió la idea de <em>Los Concursantes</em>?</strong></p>



<p>Nació en pandemia, en un momento de encierro, hiperreflexión y fragilidad. Empezó cuando desempolvé un cuento autorreferencial sobre un adolescente que cree que el universo le debe algo: un personaje resentido con la realidad, convencido de que su existencia tenía que ser recompensada. Ese cuento comenzó a generar personajes satélite, como si fuera un pequeño sistema solar narrativo: cada uno orbitaba alrededor de esa idea inicial, pero con su propia voz y su propio conflicto, en un universo compartido.</p>



<p>En medio de ese proceso, una figura muy cercana de mi familia murió durante la pandemia, y eso me confrontó con preguntas que ya rondaban el proyecto: la muerte, la permanencia, la memoria, el tránsito. Sentí la necesidad de escribir algo que no negara la muerte, sino que nos ayudara a reconciliarnos con ella. Al principio, el libro era un volumen de cuentos; así ganó en 2020 el Portafolio de Estímulos Germán Vargas Cantillo de la ciudad de Barranquilla. Pero las reescrituras lo fueron empujando hacia un territorio más fronterizo, hasta convertirse en una novela que no quería parecerse a una novela tradicional.</p>



<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo fueron sus inicios en la lectura y la escritura?</strong></p>



<p>La escritura llegó a mi vida antes como terapia que como vocación. De niño tenía mucha hiperactividad, y alguien me enseñó ejercicios de escritura automática como una forma de canalizarla, casi como una terapia ocupacional. Yo no sabía que eso se llamaba “escritura creativa”; solo sabía que al escribir algo se acomodaba dentro de mí.</p>



<p>También fui un niño que sufrió <em>bullying</em> por no tener ombligo, por ese cuerpo distinto, intervenido, marcado. Eso hizo que buscara refugio en mundos donde no tenía que explicar nada: los libros. La lectura se volvió una forma de desaparecer y, al mismo tiempo, de existir de otra manera. Luego empecé a crear mis propios mundos, primero como escondite y después como necesidad. Nunca pensé la escritura como una carrera, sino como una forma de sobrevivir.</p>



<p><strong>—</strong><strong>Nació sin ombligo por onfalocele… ¿Cómo influyó esa sensación temprana de extrañeza en su visión del mundo y en <em>Los Concursantes</em>?</strong></p>



<p>Creo que crecer sintiéndose distinto te enseña muy temprano que la normalidad es una ficción social. Mi cuerpo siempre fue una especie de anomalía, un archivo clínico más que un cuerpo espontáneo. Eso genera una distancia con el mundo: uno aprende a observar antes que a habitar.</p>



<p>En <em>Los Concursantes</em>, los personajes dudan todo el tiempo de quiénes son, de si son únicos, de si están vivos o apenas simulando estarlo, de si su cuerpo les pertenece o es solo un avatar. Esa inquietud viene de ahí: de nunca sentir que mi cuerpo era “evidente”. De crecer preguntándome qué nos hace reales, qué nos hace legítimos, qué nos da derecho a existir sin pedir permiso.</p>



<p><strong>—</strong><strong>La novela es coral y fractal. ¿Cómo decidió estructurarla así?</strong></p>



<p>Ese primer cuento fue como el germen de un rizoma. No lo planeé como un sistema, sino como algo orgánico: un personaje llevaba a otro, una idea abría otra, una voz se ramificaba en varias. Con el tiempo entendí que la estructura debía parecerse más a un fractal que a una imagen fija: múltiples cauces, cruces, bifurcaciones.</p>



<p>A la hora de escoger el narrador, no me convenció la idea de uno omnisciente que lo explica todo. Quería que cada personaje creyera tener la verdad, aunque ninguna fuera completa. El mayor desafío fue cartografiar ese caos: crear una lógica interna lo suficientemente sólida como para que el lector no se perdiera, aunque la novela no fuera lineal.</p>



<p><strong>—</strong><strong>Uno de los ejes centrales es la muerte, ¿por qué abordarla así?</strong></p>



<p>La muerte no es una abstracción para mí. He estado varias veces en quirófanos, he tenido experiencias cercanas a la muerte, y eso cambia la forma en que uno mira el tiempo, el cuerpo y la permanencia. Además, durante mi vida he perdido amigos muy jóvenes, de formas inesperadas, y eso rompe cualquier idea romántica o narrativa que uno tenga sobre el destino.</p>



<p>No me interesaba escribir sobre la muerte como tragedia solemne, sino como una interfaz más de la existencia. Como un cambio de estado. En <em>Los Concursantes</em>, la muerte no es el final del juego, sino una fase más del sistema. Eso no la vuelve menos dolorosa, pero sí menos definitiva. Me interesa pensar que la identidad no se apaga, sino que se transforma, se recicla, se remezcla.</p>



<p><strong>—</strong><strong>Mezcla ciencia ficción con espiritualidad. ¿Cómo equilibra lo racional y lo místico?</strong></p>



<p>Yo no los veo como opuestos. Creo que esa división es más cultural que real. La ciencia ficción siempre ha sido una forma de misticismo moderno: habla de universos invisibles, de dimensiones paralelas, de inteligencias que no comprendemos del todo. Y muchas tradiciones espirituales son sistemas simbólicos extremadamente sofisticados para explicar lo mismo: quiénes somos, de dónde venimos, qué hacemos aquí.</p>



<p>En <em>Los Concursantes</em> no quise elegir entre lo racional y lo místico, sino dejar que se contaminen. Me interesa ese punto donde el algoritmo empieza a parecerse a un oráculo, donde la estadística se vuelve profecía, donde la simulación se parece al karma. Creo que hoy vivimos en un mundo donde la gente puede creer al mismo tiempo en la física cuántica y en el tarot sin sentir contradicción. Eso no es confusión: es una nueva forma de conciencia.</p>



<p><strong>—</strong><strong>Desde su formación como publicista, ¿qué aspectos del mundo digital le parecen más distópicos hoy?</strong></p>



<p>Me interesa mucho cómo la humanidad siempre ha querido vencer a la muerte. Antes lo hacía a través de la religión: dioses, almas, reencarnaciones, cielos. Hoy lo hace a través de la tecnología: <em>backups</em> de memoria, conciencia artificial, cuerpos mejorados, algoritmos que nos sobreviven. Creo que estamos construyendo una nueva religión, pero sin admitirlo.</p>



<p>Es una religión con un dios omnisciente —el algoritmo—, omnipresente —el sistema—, pero profundamente impotente. Lo sabe todo, pero no entiende nada. Mide, pero no siente. Y nosotros le estamos entregando nuestra identidad como ofrenda: nuestros datos, nuestras emociones, nuestros recuerdos.</p>



<p>Desde la publicidad he visto cómo el yo se vuelve una interfaz editable: optimizable, vendible, empaquetable. Eso me parece profundamente distópico. Ya no nos preguntamos quiénes somos, sino cómo nos perciben.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="667" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-667x1024.jpg" alt="" class="wp-image-64122" style="aspect-ratio:0.6513718070009461;width:431px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-667x1024.jpg 667w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-195x300.jpg 195w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-768x1179.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-1001x1536.jpg 1001w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes-1334x2048.jpg 1334w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/los-concursantes.jpg 1654w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /></figure>
</div>


<p><strong>—</strong><strong>Ha dicho que el arte debe incomodar, ¿qué espera que sienta el lector?</strong></p>



<p>No quiero que el lector salga tranquilo. Quiero que salga con una fisura. Con una duda. Con una incomodidad difícil de nombrar. Que se pregunte si su vida es tan suya como cree, si sus decisiones son suyas, o si su identidad no está siendo escrita por algo más.</p>



<p>En <em>Los Concursantes</em>, el lector no es un observador: es parte del sistema. La estructura misma del libro lo obliga a tomar decisiones, a reconstruir, a sospechar. Eso lo convierte en un concursante más. No hay una moraleja, pero sí una invitación: mirar la realidad como si fuera editable, hackeable, cuestionable.</p>



<p><strong>—</strong><strong>¿Qué autores, películas o experiencias marcaron esta novela?</strong></p>



<p>Literariamente, hay muchas capas: Borges, por supuesto, con su idea del tiempo circular y los espejos; <strong>Philip K. Dick</strong>, con su obsesión por las realidades falsas; <strong>Cortázar</strong> en su estructura lúdica; <strong>Ursula K. Le Guin</strong> por su profundidad filosófica; <strong>Stanislaw Lem</strong>; <strong>Calvino</strong>.</p>



<p>En cine y series: <em>The Matrix</em>, <em>Black Mirror</em>, <em>Dark</em>, <em>Cloud Atlas</em> —que me marcó mucho por su idea de vidas que se repiten y se contaminan—, <strong>David Lynch</strong>, <em>Mr. Nobody</em>, <em>Eternal Sunshine of the Spotless Mind</em>.</p>



<p>Pero también hay experiencias personales: hospitales, terapia, crisis existenciales, pérdidas, estados alterados de conciencia, conversaciones nocturnas que parecen triviales y luego te cambian la vida. Esta novela es tanto una biblioteca como un archivo emocional.</p>



<p><strong>—</strong><strong>¿Cómo lee el panorama literario colombiano actual?</strong></p>



<p>Lo veo diverso, potente, con voces muy valiosas. Pero también creo que está muy condicionado por ciertas expectativas temáticas: violencia, memoria, territorio, conflicto. Todo eso es importante, pero no debería ser una camisa de fuerza.</p>



<p>Creo que como industria se está dando un problema estructural: el sistema de estímulos, becas y concursos muchas veces termina dictando qué se escribe, cómo se escribe y para quién se escribe. Hay una especie de mecenazgo moderno que, sin querer, obliga a muchos autores a adaptarse a criterios de mercado, jurados, tendencias.</p>



<p>Faltan espacios para procesos largos, raros, incómodos. Para libros que no entren fácilmente en una categoría. Yo quise escribir <em>Los Concursantes</em> desde ese margen: sin pedir permiso, sin encajar, sin suavizar. Pero no podría asegurar que se hubiera publicado si no hubiera corrido la suerte de ganar un par de concursos pequeños, y sé que suena contradictorio, pero ¿qué no lo es en la literatura?</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/juan-andres-fernandez-la-normalidad-es-una-ficcion-social/">Juan Andrés Fernández: “La normalidad es una ficción social”</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Infancia y migración en Hemos llegado a Berlín: un camino hacia la esperanza</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/infancia-y-migracion-en-hemos-llegado-a-berlin-un-camino-hacia-la-esperanza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Liceth Dayana Holguín]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El frío, la incertidumbre y la vida contenida en una mochila acompañan el camino de millones de familias que abandonan su tierra por necesidad. Fanuel Hanán Díaz relata una historia que resuena en los silencios de quienes alguna vez han tenido que dejar todo atrás. Por Liceth Dayana Holguín Beltrán El frío, la incertidumbre y los recuerdos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>El frío, la incertidumbre y la vida contenida en una mochila acompañan el camino de millones de familias que abandonan su tierra por necesidad. Fanuel Hanán Díaz relata una historia que resuena en los silencios de quienes alguna vez han tenido que dejar todo atrás.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size"><strong>Por Liceth Dayana Holguín Beltrán</strong></p>



<p>El frío, la incertidumbre y los recuerdos que se alejan con el polvo del camino dan inicio al viaje de millones de familias que abandonan su tierra no por deseo, sino por necesidad. En medio de este paisaje, un niño venezolano avanza, tomado de la mano de su madre. Sus ojos, cansados y curiosos, guardan tanto ausencia como una pequeña chispa de esperanza. Así inicia <em>Hemos llegado a Berlín</em> (Panamericana Editorial) de Fanuel Hanán Díaz, un libro que resuena en los silencios de quienes alguna vez han tenido que dejarlo todo atrás.</p>



<p>Editado por <strong>Luisa Noguera Arrieta</strong>, este libro convierte la migración en una historia cercana, contada con una ternura que no niega el dolor, sino que lo transforma en resistencia. Fanuel Hanán elige la voz de la infancia para narrar el desplazamiento, y en esa decisión hay un gesto de amor, el de mirar el mundo con ojos que todavía pueden soñar, incluso cuando todo parece perderse. <em>Hemos llegado a Berlín</em> no busca explicar el exilio; lo encarna, lo respira y lo vuelve visible a través de una narración contenida, precisa y profundamente humana.</p>



<p>Con la delicadeza de quien sabe observar el camino, el autor nos conduce a un Berlín que no está en Alemania, sino en los límites del cuerpo y la memoria. Un territorio imaginado, que existe dentro del cuerpo y la memoria. Allí, la infancia y el exilio se mezclan, y cada paso es un intento por permanecer humanos en medio del despojo.</p>



<p>Las ilustraciones de <strong>David Cleves</strong> acompañan y expanden el relato con la misma delicadeza con que una madre cubre con una manta. En ellas, el páramo se alza como un personaje más, hermoso y hostil a la vez, un espacio donde la neblina abraza y oculta, donde el viento corta pero también guía. Los tonos fríos y las texturas suaves captan la inmensidad del camino, la pequeñez de los cuerpos frente a la naturaleza y esa mezcla de miedo y asombro que acompaña cada paso. Con esto, el ilustrador logra que el paisaje respire esperanza; en su trazo se guarda la certeza de que el viaje sí tiene un destino, y que llegar a Berlín es, al fin, encontrar un lugar para el descanso y la vida misma.</p>



<p>El autor escribe desde la herida abierta del éxodo venezolano, pero su voz trasciende la frontera nacional para hablar de todas las migraciones, de todos los cuerpos desplazados que buscan un sitio donde volver a nombrarse. Su obra se convierte así en espejo de una memoria colectiva latinoamericana, tejida entre el cambio y la resistencia, sostenida en los gestos mínimos que reafirman la vida.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="512" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-1024x512.jpg" alt="" class="wp-image-64112" style="aspect-ratio:2.00004394638541;width:642px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-1024x512.jpg 1024w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-300x150.jpg 300w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin-768x384.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/ilustracion-hemos-llegad-a-berlin.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración del libro. Cortesía Panamericana Editorial</figcaption></figure>
</div>


<p>Porque en este libro, la esperanza no llega en grandes discursos, sino en las acciones pequeñas, como el abrigo que se comparte bajo la tormenta, el pan partido en silencio, una palabra que consuela sin prometer nada, la mirada que reconoce al otro como igual en medio del miedo. Gestos cotidianos que habitan la idea&nbsp; de que la humanidad se preserva no en la abundancia, sino en la capacidad de cuidar.</p>



<p>En tiempos donde las fronteras se cierran y los números parecen olvidar a las personas, <em>Hemos llegado a Berlín </em>nos recuerda que migrar no es desaparecer, es seguir latiendo, para recordar que detrás de cada movimiento hay una historia, un rostro, un latido.&nbsp; Es volver a dibujar una casa, inventar un juego nuevo en medio del polvo, seguir andando porque en algún lugar la esperanza todavía florece.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/infancia-y-migracion-en-hemos-llegado-a-berlin-un-camino-hacia-la-esperanza/">Infancia y migración en Hemos llegado a Berlín: un camino hacia la esperanza</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Carlos Franco: “La lectura es uno de los actos más expansivos y revolucionarios que puede haber”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Juan Sebastián Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 17 Feb 2026 12:00:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Ángel Eléctrico, segundo libro de cuentos del escritor y guionista colombiano Carlos Franco Esguerra, reúne seis relatos que hallan lo sublime en lo ordinario: personajes comunes enfrentan su sombra y descubren epifanías en la rutina, con una prosa austera heredada de Carver y Hemingway. Por Juan Sebastián Lozano* Ángel Eléctrico (Escarabajo Editorial) es una colección [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong>Ángel Eléctrico,<em> segundo libro de cuentos del escritor y guionista colombiano Carlos Franco Esguerra, reúne seis relatos que hallan lo sublime en lo ordinario: personajes comunes enfrentan su sombra y descubren epifanías en la rutina, con una prosa austera heredada de Carver y Hemingway.</em></strong></h2>



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<p class="has-medium-font-size"><strong>Por Juan Sebastián Lozano*</strong></p>



<p><em>Ángel Eléctrico</em> (Escarabajo Editorial) es una colección de relatos que explora la vida de personas comunes: un cajero de banco, un empresario de dudosa moral, una ama de casa, que buscan y encuentran cómo sobrevivir en la selva de cemento, en el caos del mundo contemporáneo y en el orden que pretendemos darle. Sus personajes, inicialmente un poco confundidos, arrojados a la vida como todos, encuentran maestros insospechados que les enseñan puertas de escape a lo que los atormenta.</p>



<p>El libro está atravesado por la ternura; por una mirada crítica ante los problemas sociales y la desigualdad económica que nos aquejan, pero compasiva con los seres humanos, víctimas y victimarios de un mundo que los sobrepasa. Además, destaca por el cuidado del lenguaje, un encantamiento con las palabras y una búsqueda de precisión; no hay barroquismos innecesarios. El libro bebe de la tradición norteamericana: frases cortas y búsqueda de epifanías; <strong>Ernest Hemingway</strong>, <strong>Raymond Carver</strong>, <strong>John Cheever</strong>.</p>



<p><strong>Carlos Franco Esguerra</strong> es escritor de cuentos cortos y guiones largos. Su primer libro de cuentos, <em>Cazando Luciérnagas</em>, obtuvo el Premio Nacional de Literatura; después escribió el guion de la película del mismo nombre. También obtuvo el Premio Nacional de Cuento de la Fundación La Cueva. Ha escrito varias películas y series de ficción. Actualmente dirige la Maestría en Escrituras Audiovisuales de la Universidad del Magdalena.</p>



<p><strong>—Háblenos del proceso de escritura de estos cuentos. ¿Los escribió en épocas distintas y los fue recopilando, o fueron pensados como conjunto?</strong></p>



<p>Si mi memoria no me engaña, inicié la escritura de un nuevo libro de cuentos alrededor de 2015 o 2016, con la intención de participar en un concurso literario que tenía a Bogotá como tema central. Para esa época habían pasado más o menos tres años desde la publicación de Cazando Luciérnagas, mi primer libro de cuentos, y, aunque anhelaba seguir escribiendo relatos cortos, no lograba encontrar una ruta hasta que surgió la idea de mi ciudad natal como escenario. Aunque la convocatoria sirvió como disparador para iniciar el proceso, con el tiempo me olvidé de ella. Desarrollé ocho cuentos nuevos, más dos que retomé de un pasado anterior. Así agrupé diez cuentos que arrastré, releyendo y reescribiendo incansablemente durante años. En 2024 surgieron de manera algo inesperada dos cuentos adicionales; uno de estos es “Oxímoron, con x”, el relato que da inicio al libro. De esta manera se conformó un cuerpo de doce cuentos, de los cuales <em>Ángel Eléctrico</em> contiene los seis primeros. Los restantes seis serán publicados en 2026 bajo el título <em>Sorpresas Esperadas</em>, también con la Editorial Escarabajo.</p>



<p>De ahí que Bogotá esté muy presente en algunas de estas historias. Creo que el acto de recordar a la ciudad desde mi exilio voluntario en la Costa Caribe, en la que vivo desde 2004, no solo me dio el impulso para volver al terreno del cuento corto, sino que también impregnó mis palabras con una particular capa de nostalgia, ausencia y evocación. Algo difícil de definir que se produce cuando observamos nuestro lugar de origen desde la distancia. Gracias a mi amada y fría Bogotá por mis primeras etapas de vida. Y gracias a la Costa por alentarme a seguir escribiendo con su luminosidad y su calor.</p>



<p><strong>—Los cuentos del libro son sobre gente del común, por decirlo así, no sobre escritores, cineastas o artistas.</strong></p>



<p>Aunque creo que, en el fondo, de una u otra manera, el escritor siempre escribe acerca de sí mismo, la verdad es que no me interesa estar presente en mis historias. Hay muchos escritores que escriben acerca de sí mismos de manera frontal y lo hacen excelentemente. En mi caso prefiero hacerme invisible, que el lector se olvide de que existe un narrador. No me interesa que se escuche mi voz, ni lanzar ideas geniales, ni deslumbrar con mi poesía o mis reflexiones intelectuales. Tampoco me interesa airear mis tragedias o pesares. Solo me interesa la historia, el personaje. Tal vez se deba a cierto pudor que siento por la exposición pública o al hecho de que originalmente soy guionista de cine, un lenguaje en el que el punto de vista —es decir, la cámara— no debe hacerse evidente. Vaya uno a saber. Escuché el otro día a un autor decir que los escritores no escriben lo que quieren, sino lo que pueden, lo que les sale. Las historias lo buscan a uno y no uno a ellas. El caso es que persigo esa invisibilidad de manera consciente y decidida.</p>



<p>Por otro lado, desde muy joven he sentido un gran afán por encontrar el propósito de la vida, el sentido de la existencia en un mundo que a veces resulta tan absurdo y vacío. Tal vez por ello mis esfuerzos como narrador se han centrado en descubrir lo que puede haber de extraordinario o sublime en lo cotidiano. Y he llegado a la conclusión de que, incluso en medio de lo que llaman la monotonía, inmersos en una realidad aparentemente banal y anodina, si observamos con el suficiente detenimiento, se pueden vislumbrar las chispas de algo trascendental. ¿Serán estas las mismas chispas de un Ángel Eléctrico?</p>



<p>Como estudiante de cine, varias películas me impactaron profundamente: cintas como Smoke, de <strong>Paul Auster</strong> y <strong>Wayne Wang</strong>; El sol del membrillo, de <strong>Víctor Erice</strong>; o Coffee and Cigarettes, de <strong>Jim Jarmusch</strong>. Todas, obras magníficas con ese elemento en común de dar voz a lo que podríamos llamar los héroes anónimos o cotidianos. Por ejemplo, en Smoke, el personaje de Auggie Wren, un dependiente de una tienda de cigarros, todos los días, a la misma hora exacta, sale a la calle y toma una foto de “su esquina”, una más de las tantas avenidas de Brooklyn. Un día, Auggie comparte su proyecto con un amigo escritor viudo quien no entiende el sentido de la iniciativa, sobre todo teniendo en cuenta que el encuadre de la cámara no varía. Auggie le pide a su amigo que no hojee las fotos tan de prisa y vaya más despacio, haciéndole caer en cuenta de que, si observa con auténtico detenimiento, verá que, aunque en apariencia todas las tomas son iguales, en realidad no lo son. Cada una se remite a un momento único e irrepetible: una luz particular, un clima particular, transeúntes distintos, etcétera. El escritor empieza a intuir lo que subyace bajo las imágenes, la multiplicidad de matices de la vida, para luego recibir un baldado de agua fría cuando, entre miles de fotos, aparece en una su esposa sonriente, semanas antes de morir.</p>



<p>Creo que la sociedad nos ha vendido la idea falsa de que, para que nuestra vida tenga valor, siempre deben estar sucediendo eventos excepcionales. No creo que sea cierto. Se trata de una falacia que nos mantiene en la rueda del hámster. Lo que puede entregarnos esa paz que tanto perseguimos es el reconocimiento de que la vida, por sí misma, ya es un milagro. Creo que eso es lo que algunos de mis personajes empiezan a intuir por medio de sus vivencias. Y lo excepcional reside no tanto en los eventos en sí, sino en la perspectiva desde la cual se miran.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="667" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-667x1024.jpg" alt="" class="wp-image-64104" style="aspect-ratio:0.6513718070009461;width:428px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-667x1024.jpg 667w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-195x300.jpg 195w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-768x1179.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico-1000x1536.jpg 1000w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/libro-angel-electrico.jpg 1042w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /></figure>
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<p><strong>—En el libro se mete en la cabeza de personajes no virtuosos, narra desde personajes de dudosa moral como el rico del cuento “Ángel Eléctrico”.</strong></p>



<p>Creo que son este tipo de personajes —aquellas y aquellos que se debaten en medio de dilemas morales y disyuntivas— el escenario donde surge lo más interesante del ser humano. Como bien dijo Joseph Campbell: «…solo se puede describir verídicamente a un ser humano describiendo sus imperfecciones. El ser humano perfecto no tiene interés&#8230; ya sabes, el Buda que abandona el mundo. Solo podemos amar las imperfecciones de la vida. Y cuando el escritor lanza el dardo de la verdad, duele. Pero lo lanza con amor».</p>



<p>También me parece interesante observarlo desde el punto de vista de Carl Jung y su teoría de la sombra. Jung denominó con el término de sombra todo aquello que los seres humanos mantenemos oculto en el inconsciente porque nos parece inadmisible, grotesco, inmoral o aterrador. Pero, como bien señalaba el famoso psicoanalista y sabio suizo, cuanto más tratamos de enterrar la sombra, más luchará esta por salir a flote y, solo por medio de su integración, se puede alcanzar la individuación. Algo que sucede en muchas grandes historias es precisamente que el personaje se ve confrontado de manera irrevocable con su sombra. ¿No es acaso ser testigos de dicho proceso de individuación lo que brinda al lector o espectador de un buen relato esa recompensa épica llamada catarsis por Aristóteles?</p>



<p><strong>—En el libro hay un gran cuidado del lenguaje, una búsqueda de la palabra justa, incluso una fascinación por las palabras y tal vez por su significado preciso.</strong></p>



<p>Gracias por estas apreciaciones; significan mucho para mí. Creo que todo ello se lo debo a mi oficio como guionista. Lo tradicional es que los escritores de literatura se aventuren al cine, pero en mi caso fue al revés. Y lo que sucede es que el guion es el terreno de la economía y la eficiencia comunicativa. Es decir, hay que comunicar mundos enteros en unas pocas líneas. El iceberg de <strong>Hemingway</strong>. Dicha destreza, que desarrollé escribiendo decenas de guiones a lo largo de décadas, se convirtió con el tiempo en una de mis mejores herramientas literarias, creo yo.</p>



<p>Por otra parte, creo firmemente que, como bien lo describió el filósofo alemán <strong>Wittgenstein</strong>, los límites de nuestras mentes están formados por nuestra capacidad comunicativa y los límites de nuestro lenguaje. Por eso creo que la lectura es uno de los actos más expansivos y revolucionarios que puede haber, y la palabra una palanca con la que podemos mover al mundo.</p>



<p>Finalmente, debo darle un agradecimiento especial en este sentido a <strong>Mayra Martínez</strong> y <strong>Hugo Reyes Saab</strong>, quienes editaron el libro. Su guía y acompañamiento fueron definitivos en el proceso de consolidar este cuidado por la palabra y la procura de un lenguaje preciso, potente por su misma austeridad y sencillez. Gracias, Mayra y Hugo.</p>



<p><strong>—En el libro se contrapone, en mi opinión, la idea del ocio productivo, la contemplación, la reflexión profunda, versus el utilitarismo capitalista y el individualismo. ¿La lucha de clases, la lucha por tener más y mejor ocio, y por la equidad económica está perdida?</strong></p>



<p>Como señala el escritor japonés <strong>Haruki</strong> <strong>Murakami</strong> en uno de sus cuentos —si no estoy equivocado, en “Súper Rana salva Tokio”—, las luchas verdaderas de los seres humanos se libran en el terreno de la imaginación. La sociedad infunde en los individuos la idea de que no tienen poder sobre sus destinos porque están sujetos a las fuerzas transpersonales de los grandes procesos históricos y sociales. Ello deriva en la creencia de que solo nos puede salvar, o condenar, un mesías o un líder político o religioso, el Estado. Por eso siempre estamos buscando un chivo expiatorio a quien achacar las desgracias de nuestras vidas, pero eso de nada sirve.</p>



<p>En realidad, los únicos que podemos salvarnos somos nosotros mismos, por medio de nuestra propia consciencia. Es allí, por medio del pensamiento y la reflexión profunda, el punto de partida de una verdadera soberanía. De ahí que me interese mucho que el viaje de mis personajes sea de carácter interno: inicialmente en un sentido vertical, descendiendo hacia los parajes inhóspitos del inconsciente del ser, para luego emerger en espiral ascendente portando una antorcha en sus manos, incluso a expensas de la propia vida, como le sucede a cierto personaje que ya ha sido citado anteriormente.</p>



<p>He conocido a personas con vida tortuosas, realidades crudas y asfixiantes, que han producido historias maravillosas, incluso obras prolíficas. También tengo amigos con vidas cómodas y tiempo de sobra para el ocio, pero sin productividad alguna. Que el lector saque sus conclusiones.</p>



<p><strong>—¿Ante la cruda realidad capitalista y de desigualdad económica, nos queda el escape en la imaginación, el placer mental que nos dan temas o aficiones?</strong></p>



<p>Creo que la respuesta a la pregunta anterior también responde esta. Añadiría que la imaginación no es una vía de escape, sino el camino en sí hacia un nuevo mundo. Espero no ofender a ningún lector con lo que voy a decir, pero creo que no vivimos una crisis de recursos. El mundo es más rico que nunca, incluso aunque la riqueza esté concentrada en unos pocos. No es nada nuevo; siempre ha sido así. Pero sí vivimos una crisis de creatividad. Es un fenómeno palpable en el mundo de la industria musical, audiovisual, así como en la política. La llamada industria del entretenimiento jamás había sido tan aburrida. Le podríamos achacar la culpa a que todo lo cultural ha sido convertido en producto comercial. Pero esto también es relativo. ¿O acaso quién sabía que los Beatles iban a ser los Beatles? Seguramente si ellos le hubieran pedido permiso a la sociedad y a la industria para hacer su música, nunca habrían existido. Es tarea de los individuos, por medio de su reflexión y pensamiento crítico, y de su accionar en su entorno, transformar el mundo. La verdadera rebelión no se da a través de la destrucción y la queja, sino por medio del acto creativo, de la acción constructiva y una disposición siempre propositiva. Vemos a sociedades hiperdesarrolladas sumidas en el sopor de los excesos, al tiempo que vemos a sociedades rezagadas como la nuestra convertirse en la esperanza de un nuevo mañana. Volviendo al primer cuento, en ese sentido, lo que el personaje de Mauricio encuentra en las palabras no es una vía de escape, sino lo esencial de la vida. Y este reconocimiento ilumina su existencia y todo lo que la rodea.</p>



<p><strong>—¿Qué escritores y otros artistas lo han influenciado?</strong></p>



<p>Muchos, por supuesto. Ya nombré algunos en el campo cinematográfico. Añadiría a estos otros directores autores como <strong>Wim Wenders</strong>, <strong>Yasujirō Ozu</strong>, <strong>Robert Bresson</strong> y <strong>Robert Altman</strong>, entre varios.</p>



<p>En el campo literario, en especial en el terreno del cuento corto, han sido una gran influencia e inspiración para mí los norteamericanos: <strong>Raymond Carver</strong>, <strong>John Cheever</strong>, <strong>Hemingway</strong>, por supuesto. Todos a su vez descendientes del gran <strong>Chéjov</strong>, uno de los padres del cuento moderno. Y por supuesto la gloriosa y nunca suficientemente reconocida, a mi parecer, novelista y cuentista <strong>Patricia Highsmith</strong>. Hablando de personajes de dudosa moral… qué maestra. También mencioné anteriormente a <strong>Murakami</strong>, cuyos cuentos me generan un placer sublime, me transportan a otro mundo como pocos otros. Ojo, no nombro a muchísimos grandes escritores, leídos y no leídos. Se trata solo de apreciaciones, un asunto de afinidad y gusto.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-64108" style="width:420px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-1024x1024.png 1024w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-300x300.png 300w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-150x150.png 150w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-768x768.png 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2-510x510.png 510w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/foto-carlos-franco2.png 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Carlos Franco Esguerra. Foto: cortesía archivo particular</figcaption></figure>
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<p><strong>—También escribe guiones de cine. Háblenos de la diferencia en el abordaje que hace de la escritura de cine y de literatura.</strong></p>



<p>Aunque muchos guionistas defienden al guion como un texto autónomo, acabado y completo con un valor literario, yo no lo veo de esa manera. El guion está hecho no solo para ser interpretado, sino también reescrito, transformado, mutado por la mirada del director y su compañía de artistas audiovisuales. De no ser así, simplemente se publicarían los guiones para ser leídos como se lee la literatura. Pero lógicamente eso solo sucede en casos excepcionales. En ese sentido, el guion es un paso intermedio, una promesa de muchas posibles películas. De ahí que se considere al director como el autor definitivo de una obra audiovisual. En cambio, un cuento corto, al igual que cualquier pieza literaria, ya está terminado, aunque su forma audiovisual se la da el lector. Lo anterior, de por sí, ya es una gran diferencia.</p>



<p>En lo personal, noto que cuando estoy en el terreno literario me permito ciertas libertades que no logro escribiendo las páginas de un guion. ¿Por qué será? No lo sé. Pero una y otra vez constato que mi imaginación pareciera tener un mayor alcance y la posibilidad de explorar recovecos insospechados cuando estoy escribiendo un cuento. Por eso, desde un tiempo para acá, intento escribir todo en forma de cuento, incluso lo que pretendo que tenga al audiovisual como destino final.</p>



<p><strong>—¿Cómo ve el panorama literario en Colombia? ¿Cómo ha sido la experiencia de publicar en Escarabajo Editorial?</strong></p>



<p>Tengo que ser honesto y confesar que conozco muy poco de la narrativa colombiana actual. Y hoy en día hay tantos autores… Me avergüenzo un poco de ello. Como excusa podría decir que lo audiovisual se roba la mayoría de mi energía y atención. Lo que sí puedo decir de lo poco que he leído, y percibido, es que la violencia expuesta en toda su crudeza es uno de los temas primordiales. No es de extrañarse ni tampoco criticable. Las artes se convierten en una forma de desagüe y depuración de lo que se exacerba. Pero por otro lado me alegra el perseguir en mis historias otros matices de la condición humana. Y no es que no haya violencia en los cuentos de Ángel Eléctrico, porque esta toma muchas formas, algunas tan sutiles que la ejercemos casi sin darnos cuenta. Como en el cuento del cual deriva el título del libro.</p>



<p>Con la violencia, también sucede que la hemos virtualizado y por ello tal vez no nos resulta tan evidente. Pero díganme si acaso las redes sociales a veces no evocan al coliseo romano.</p>



<p>Con respecto a la experiencia con la Editorial Escarabajo, ha sido estupenda. Como autor, he sido tratado de manera cálida y muy respetuosa. Como ya lo decía antes, la labor editorial con el texto ha sido valiosísima, iluminadora para mí como escritor. Además, me encantan sus propuestas gráficas, su estilo visual. Por supuesto que, tratándose de una editorial independiente, sus procesos a veces requieren de paciencia y madurez. Un andar lento, pero seguro. Así que no tengo más que agradecimiento y respeto por Escarabajo y todo su equipo; espero poder seguir haciendo parte de su catálogo por un buen tiempo.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/carlos-franco-la-lectura-es-uno-de-los-actos-mas-expansivos-y-revolucionarios-que-puede-haber/">Carlos Franco: “La lectura es uno de los actos más expansivos y revolucionarios que puede haber”</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La belleza de lo triste: una reseña sobre Señor Nadie, de Julián Ariza</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 15 Feb 2026 23:47:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
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		<category><![CDATA[Escritores]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Este libro, aunque breve, resulta bastante profundo: en las capas más cercanas a la fábula, se puede interpretar como un cuento que reivindica la empatía al mostrar cómo un pequeño gesto puede transformar la vida de alguien. Por Julián Acosta Riveros* La historia de este libro presenta al Señor Nadie, un hombre que sale todos [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><em><strong>Este libro, aunque breve, resulta bastante profundo: en las capas más cercanas a la fábula, se puede interpretar como un cuento que reivindica la empatía al mostrar cómo un pequeño gesto puede transformar la vida de alguien.</strong></em></h2>



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<p class="has-medium-font-size"><strong>Por Julián Acosta Riveros*</strong></p>



<p>La historia de este libro presenta al Señor Nadie, un hombre que sale todos los días a llamar la atención de los transeúntes y de los variados habitantes de la ciudad. Sus intentos resultan infructuosos, por cierto, pues bien sabemos que las multitudes citadinas nos condenan al anonimato y a un prosaico mirar lleno de prisa e indiferencia. Sin embargo, él no se rinde y continúa en su empeño, día tras día, hasta que un accidente con su planta, su única compañera y que lo viene acompañando desde su infancia, cómo se ve en la portadilla del libro, lo lleva a tomar la determinación de marcharse, si bien al final le aguarda una sorpresa (que también incluye un giro que sorprenderá al lector).</p>



<p>En la narración de <strong>Julián Ariza</strong> no se puede dejar de lado el componente visual (recordemos que él es, ante todo, un artista gráfico). Las ilustraciones combinan técnicas de <em>collage</em>, lápices y digital que logran dar una vívida muestra de la vida citadina que quiere representar <strong>Ariza</strong>, y que recuerdan mucho al cubismo por las ilustraciones donde confluyen diferentes puntos de vista sobre un mismo objeto, como condensando sus diferentes perspectivas. Ahora bien, ya entrando al plano narrativo, llama la atención que en la mayoría de ilustraciones las personas se representan absortas en sus propios mundos, sobre todo por la presencia de pantallas y audífonos que apuntalan el aura de indiferencia de quienes rodean al Señor Nadie. Este hecho sirve para mostrar la soledad del protagonista, pero, curiosamente, también los demás en la multitud habitan solitariamente la ciudad, sin fijarse (la mayoría aparece con los ojos cerrados), ciegos a la vida, a la posibilidad de maravillarse y al contacto humano auténtico, fruto de la generosidad y la empatía.</p>



<p>No puedo dejar de señalar que el hecho de que, si bien la mayoría de personajes se representan con los ojos cerrados, en la tapa se esconde a un personaje vital para la historia y que es el único con los ojos abiertos. Gestos como este pueblan un libro inagotable en el que el lector sigue detectando, en su cuarta o quinta lectura, pequeños o grandes guiños que <strong>Ariza </strong>fue dejando aquí y allá para el lector que busca, él sí, dejar el afán <em>y mirar atentamente</em>.</p>



<p>Este libro, aunque breve, resulta bastante profundo: en las capas más cercanas a la fábula, se puede interpretar como un cuento que reivindica la empatía al mostrar cómo un pequeño gesto puede transformar la vida de alguien, por ejemplo, hacerlo sentir humano al darle una mirada que se <em>fije</em> en él y que al hacerlo, lo comprenda (en sus diferentes acepciones) y lo dote de existencia; sin embargo, al ahondar más en la obra, encontramos un inusitado y refrescante canto a la tristeza, el cual cobra mayor relevancia cuando observamos el estado del arte de los libros para niños, en los que abundan los títulos que intentan “controlar” o “dominar” los sentimientos.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="704" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-704x1024.jpg" alt="" class="wp-image-64098" style="aspect-ratio:0.6875057222205267;width:421px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-704x1024.jpg 704w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-206x300.jpg 206w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-768x1118.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-1055x1536.jpg 1055w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-1407x2048.jpg 1407w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Senor-Nadie-scaled.jpg 1759w" sizes="(max-width: 704px) 100vw, 704px" /></figure>
</div>


<p>En este sentido, es imposible no recordar a <strong>Graciela Montes</strong> y su concepto de la frontera indómita: es en los márgenes de la literatura que se encuentran las grandes obras, es justo allí, en la pugna por los límites de las formas y de los contenidos, donde estas habitan y, justamente, este libro de <strong>Julián Ariza</strong> se inscribe en los límites al escapar de un relato que podría convertirse en una diáfana y anodina fábula sobre la empatía y la solidaridad, y en su lugar nos entrega una historia hermosa y triste, casi trágica, una historia que escapa del lugar común, alineándose con obras clásicas que hablan sobre la tristeza (sin atreverse a matizarla), como <em>El libro triste</em> de <strong>Michael Rosen</strong>; sobre personajes que habitan solitarios lugares llenos de gente, pero que se atreven a dar una mirada diferente en y desde la ciudad, como <em>El cuento de navidad de Auggie Wren</em>, de Paul Auster; o personajes solitarios que son capaces de detenerse y contemplar la belleza, al margen del ruido de la multitud, como <em>La sonrisa al pie de la escala</em> de <strong>Henry Miller</strong>.</p>



<p><strong>Julián</strong> <strong>Ariza</strong> ha logrado construir un libro que, en la fibra misma de esta frase hecha,<em> no dejará a nadie indiferente</em>. Un libro para los señores y las señoras Nadie que habitan (habitamos) la ciudad, entre la soledad, la indiferencia y el anonimato.</p>



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<p>*Julián Acosta Riveros. Editor. Profesional en Estudios Literarios. Universidad Nacional de Colombia.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/la-belleza-de-lo-triste-una-resena-sobre-senor-nadie-de-julian-ariza/">La belleza de lo triste: una reseña sobre Señor Nadie, de Julián Ariza</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Reseña &#124; El gato y la ciudad, del escritor Nick Bradley</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/resena-el-gato-y-la-ciudad-del-autor-nick-bradley/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Feb 2026 02:33:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Para leer]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Julián Acosta Riveros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La ópera prima de Nick Bradley, experto en literatura japonesa, reúne diversos géneros literarios, como el cuento y el haiku, pasando por las temáticas de romance, terror y ciencia ficción. Las historias que al principio parecen desconectadas, se van enlazando a lo largo de las páginas de El gato y la ciudad. Por Julián Acosta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>La ópera prima de Nick Bradley, experto en literatura japonesa</em>, <em>reúne diversos géneros literarios, como el cuento y el </em>haiku<em>, pasando por las temáticas de romance, terror y ciencia ficción. Las historias que al principio parecen desconectadas, se van enlazando a lo largo de las páginas de </em>El gato y la ciudad<em>. </em></strong></h2>



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<p class="has-medium-font-size"><strong>Por Julián Acosta Riveros* / Editor</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-medium-font-size"><em><strong>“Esta ciudad me come desde dentro. Es demasiado grande y demasiado fría, sin ningún sentimiento”.</strong></em></p>



<p>Tokio mide 2194 kilómetros cuadrados: para darnos una idea, esto es más que el área de Bogotá, Medellín y Cali juntas. Se calcula que su metro mueve alrededor de siete millones de personas, lo que equivale a la población total de Bogotá desplazándose por este medio diariamente.</p>



<p>¿Qué es un ser humano, una persona con sus preocupaciones, sueños, locuras y aberraciones, en este contexto?</p>



<p>La ópera prima de <strong>Nick Bradley</strong> nos ayuda a vislumbrar una respuesta a esta incógnita fundamental por medio de una gran novela que, como todas las que se puedan calificar así, nos deja la duda de exactamente en qué género se ubica (¿es una novela larga?, ¿un libro de cuentos?, ¿por qué tiene poemas y fotos?), en la que un personaje de una historia se cruza con el de otra (la siguiente, la inicial, la final) en el metro, en una calle o en un restaurante. Es como una suerte de respuesta al anonimato y a la fugacidad del contacto humano en un contexto como el de Tokio o el de cualquier ciudad, donde el otro se convierte rápidamente en una imagen que se diluye de forma tan fugaz como la de un comercial.</p>



<p>La exploración estética de <strong>Bradley</strong> lo lleva a buscar el tono y la forma exacta que se adecúe a lo que vive cada personaje: narraciones en primera persona para el investigador privado atormentado por su vacío existencial, el <em>gaijin</em> (extranjero) que intenta comprender y compenetrarse con una cultura que admira, pero que no por ello le deja de resultar ajena; blogs para el ultranacionalista; incluso, manga para relatar la historia de un aficionado a este género que coincide con un niño en una anodina, pero reveladora, aventura con un gato (que para ellos es un gato cualquiera, pero que para nosotros es el gato que también cruza y protagoniza la novela, y del que hablaré más adelante).</p>



<p>Y es así que esta novela, además, se convierte en lugar de encuentro de diferentes géneros literarios, desde el cuento, hasta el <em>haiku</em>, pasando por las temáticas de romance, terror y ciencia ficción. Resulta también interesante cómo las historias, aparentemente dispersas y desconectadas, empiezan a resolverse en el desarrollo del libro. Pero esto es algo que el lector deberá descubrir por sí mismo.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1477" height="2245" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/el-gato-y-la-ciudad-bolsillo.jpg" alt="" class="wp-image-64080" style="aspect-ratio:0.6579110950487893;width:370px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>El gato y la ciudad</em>, edición de bolsillo, sello Books4Pocket</figcaption></figure>
</div>


<p>Volviendo a los personajes, estos se desenvuelven en la ciudad como en una gran mascarada, en la que las personas detrás de las máscaras se sienten impostoras al pensar que no pertenecen a ese lugar, a la vez que fingen y construyen un modelo de ciudadano arquetípico al que se quieren ajustar. En este sentido, Tokio podría ser, a su vez, cualquier ciudad. Sin embargo, la representación que hace Bradley ofrece un fresco en constante tensión entre lo tradicional, que acá tiene el valor de aquellas tradiciones que tienen miles de años, y lo contemporáneo, con el aspecto igualador de lo globalizante en un país del primer mundo: un país que todavía conserva las heridas de la Segunda Guerra Mundial, a la vez que se abre al futuro que, en este libro, se presenta en la forma de unos Juegos Olímpicos (Tokio 2020).</p>



<p>Entre tantas figuras que son la encarnación de esta tensión, valdría la pena recordar a Ohashi, un intérprete de <em>rakugo</em> (una suerte de predecesor medieval de lo que llamaríamos <em>stand up comedy</em>), quien en la época de la narración es solo un hombre sin casa, que termina siendo perseguido por quienes esconden a estas personas para que no las vean en el desarrollo de los Juegos Olímpicos. A lo largo de su historia, encontramos que intentan evangelizarlo (“El predicador había dicho, totalmente convencido, que las personas de Hiroshima y Nagasaki habían sufrido por sus pecados”), recibe ayuda de un joven que en otra historia terminará recorriendo Tokio con la chica que le gusta en búsqueda de un <em>arcade</em> para jugar Street Fighter Turbo II, y también pelea con un bravucón… Y esta es solo una de las tantas historias que construyen el libro.</p>



<p>Dichos relatos no solo hablan de la experiencia vivencial, sino también de lo lingüístico, y es aquí donde aparecen personajes interesantes, como el profesor de inglés que intenta escribir <em>haikus</em> o la chica <em>gaijin</em> que intenta verter un cuento de su autor favorito al inglés, mientras intenta comprender el intercambio vivo entre el chino y el japonés expresado en los <em>kanji</em>. O la historia de ese autor que termina volviéndose loco porque cree que los <em>kanji</em> pueden cobrar vida.&nbsp; O el chico de madre coreana que sufre cierta xenofobia. Para ver la importancia de esta reflexión sobre la palabra escrita, recordemos que Roland Barthes define a Japón como “el país de la escritura”. Y justamente esa obra de Barthes titulada <em>El imperio de los signos</em> nos recuerda una conclusión a la que también llega una chica japonesa al intentar explicarle al profesor de inglés por qué no puede escribir un <em>haiku</em>: para un occidental, el <em>haiku</em> es un imposible, porque no puede quedarse solo con la imagen, siempre tiene que buscar el sentido. Pero esta es una discusión para otro lugar.</p>



<p>Al final, la ciudad es como el gato que transita por todos los relatos: es testigo de diferentes historias que se abren y se cierran, pero al final le resulta indiferente y la vida humana suele parecerle como un sueño, con personajes que le pueden resultar familiares, incluso vagamente interesantes, pero sin que por ello desarrolle un afecto especial por aquellos que pasan distraídos en su continuo transitar hacia, quizás, el olvido o el vacío:</p>



<p>“Tokio es un lugar en el que si uno deja de trabajar aunque sea por un segundo, la ciudad lo engulle y lo hace pasar al olvido [&#8230;] La ciudad no descansa. Nunca”.</p>



<p>Al final, sin embargo, el narrador nos regala cierres para algunas historias y un bello final abierto para Ohashi, un final que quizás simboliza una posible redención en lo humano que aún late en el corazón de la ciudad.</p>



<p>–<em>Okaeri nasai</em>. –”Bienvenido a casa”.</p>



<p>O quizás no simboliza nada, como lo haría para el gato que, distraído, pareciera observar con una mirada zen otro día que se acumula sobre otra noche en la gran ciudad.</p>


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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1596" height="2516" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/el-gato-y-la-ciudad-grandeciudad.jpg" alt="" class="wp-image-64081" style="aspect-ratio:0.6343438567147537;width:353px;height:auto"/><figcaption class="wp-element-caption"><em>El gato y la ciudad</em>, sello Plata</figcaption></figure>
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<p>*Julián Acosta Riveros. Profesional en Estudios Literarios. Universidad Nacional de Colombia</p>



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		<title>Reseña &#124; Cuando nada nos queda, del autor John Fitzgerald Torres</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/resena-cuando-nada-nos-queda-del-autor-john-fitzgerald-torres/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Jefferson Echeverría]]></category>
		<category><![CDATA[Novedades Editorial Panamericana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>John Fitzgerald, autor colombiano de literatura infantil y juvenil, premiado con galardones como El Barco de Vapor, explora los temas de identidad y memoria, y resulta fundamental tanto para jóvenes lectores como para sus padres. Por Jefferson Echeverría* La vida de Cris es un laberinto de decisiones difíciles y caminos sin salida que se fragmenta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>John Fitzgerald, autor colombiano de literatura infantil y juvenil, premiado con galardones como El Barco de Vapor, explora los temas de identidad y memoria, y resulta fundamental tanto para jóvenes lectores como para sus padres</em>.</strong></h2>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Por Jefferson Echeverría</strong>*</p>



<p>La vida de Cris es un laberinto de decisiones difíciles y caminos sin salida que se fragmenta tras un robo en un centro comercial. Justo cuando su mundo parece desmoronarse, emergen dos figuras clave: Aurora, una anciana que guarda en su mente la memoria de los hechos cruciales del siglo XX en Colombia y el mundo, y Dini, su mejor amiga, cuya conducta desquiciada amenaza con llevar a Cris por un sendero donde su cordura y su vida corren peligro.&nbsp;</p>



<p>Son tres las voces que nos narran sus secretos a través de pasados insólitos (muchas veces dignos de ser rescatados por la memoria privilegiada de los octogenarios), presentes confusos (tan propios en jóvenes que están luchando por encontrar su verdadero lugar en el mundo) y vacíos revelados (que suele ser muy común en aquellos que carecen de identidad). Así tal vez podríamos perfilar a los protagonistas de la inquietante obra <em>Cuando nada nos queda</em> del escritor colombiano <strong>John Fitzgerald Torres</strong>.</p>



<p>Los diversos instantes que discurren continuamente en diferentes conflictos personales e históricos, desparpajados e inusuales, representan la entrada a enseñanzas inesperadas que nos permiten apreciar el pasado y sus cicatrices, el presente y sus altibajos, y el futuro y sus sorpresas. Cuando reconocemos en varios ámbitos un estilo propio, nuevas expectativas parecen entrelazarse mutuamente con tal de proyectar una razón esencial sobre la vida, pues es en los instantes súbitos y en los dilemas y emociones internas que se forman rumbos precisos que, a la larga, nos permiten esclarecer el porqué de cada acto aparentemente común.</p>



<p>Creo que, al reconocer estas razones puntuales, lo que sigue posteriormente (es decir, la brevedad en los diálogos, el modo veraz en que se enlazan los conflictos tanto internos como sociales y el estilo auténtico, diríase fresco pero óptimo) complementa una vez más la verdadera finalidad con la que debe influir una novela juvenil, más allá de mencionar paisajes comunes, actitudes rebeldes y personajes que viven según las tendencias de su época. Y esta obra tan bien lograda no solamente supera dichas estructuras, sino que también nos invita a explorar otros ámbitos de la realidad a través de una sencillez que no dista de ser elocuente. Su persistencia en transmitir un mensaje que provoque sensaciones nos introduce a eventos insólitos de la historia humana, con el propósito de despertar una sincera curiosidad acerca del pasado que muchos tuvieron la oportunidad de vivir.</p>



<p>Inicialmente se nos muestra la imagen irreverente y locuaz de Cris como la voz principal que tiene la responsabilidad de llevarnos a desentrañar los diversos rumbos inesperados. Con el peso de la adolescencia recién cumplido, soportando una cianosis teñida de azul en sus labios (lo que acentúa aún más su apariencia enigmática) y conviviendo con un silencio que se extiende en cómplices maneras con su eterna compinche Dini, está a punto de confrontar una de las mayores consecuencias<strong> a</strong> causa de su carácter impulsivo. El punto de partida ocurre justo en un suceso particular, aparentemente inofensivo, pero de una relevancia necesaria para explicar el porqué de eventos próximos.</p>



<p>Por influencia de Dini, Cris decide hurtar un <em>six-pack</em> de gaseosa en un centro comercial. Al ser descubierta por los guardias, es acusada y sentenciada a la terrible pena de pasar todas sus vacaciones ayudando en labores sociales en un lugar geriátrico que está ubicado cerca de su casa. Presa de una terrible amargura y al borde de anticiparse al aburrimiento más absurdo, la joven Cris de labios azules todavía no sabe que está a punto de vivir una de las experiencias más insólitas de su existencia.</p>



<p>Al llegar al susodicho lugar, Cris se sorprende al saber que, por alguna extraña razón, debe cuidar solamente a una anciana de edad desconocida. La mujer, del típico semblante decaído, la mirada perdida en vagos pensamientos, la soledad remarcada en el peso de sus huesos frágiles y las señales de la tristeza que dibujan un rostro surcado de arrugas, confirman el mismo aire hostil de cualquier anciano. Hasta ese momento, nada novedoso promete un desafío vital en la inquieta suspicacia de Cris. Sin embargo, un gesto súbito, acompañado de unas palabras (al principio incomprensibles, pero posteriormente impregnadas de una profundidad capaz de dejar perplejo a cualquiera<strong>), abre el c</strong>amino a una serie de eventos históricos cuyos enlaces vertiginosos se convierten en una confesión sucesiva jamás contada. A partir de este encuentro ocasional, el silencio deja de ser una barrera entre ambas, la amistad se fortalece a medida que en cada confesión se abren huellas enriquecidas por el siglo pasado.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="709" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda-709x1024.png" alt="" class="wp-image-64068" style="aspect-ratio:0.6923886837366863;width:430px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda-709x1024.png 709w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda-208x300.png 208w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/cuando-nada-nos-queda.png 727w" sizes="(max-width: 709px) 100vw, 709px" /></figure>
</div>


<p><em>«Sé bien de dónde vengo…»</em>&nbsp;es el primer signo de un sendero que renuncia a bifurcarse dentro de la mente lúcida de Aurora, la nueva y anciana amiga de Cris. Este poema inconfundible conjura toda trampa del olvido y redefine un acto de resistencia contra los embates del tiempo. Desde muy niña, cuenta Aurora que tuvo que soportar el cruel estigma de saberse prófuga y vivir sin patria en pleno conflicto nazi. Al perder abruptamente a su familia, se ve obligada a trasegar por distintos rincones del mundo y prácticamente esconderse bajo las sombras del anonimato. A lo largo de sus etapas vitales, son múltiples los hechos que se tornan escabrosos al mismo tiempo que la favorecen tanto en sabiduría como en travesías inauditas. Lo que para Aurora ha sido una lucha permanente de supervivencia, para otros (sobre todo para Cris) significa una verdadera fortuna el hecho de ser una persona elegida por la historia para presenciar momentos tan importantes como vertiginosos.</p>



<p>Quién pensaría que detrás de ese montón de huesos y arrugas se hallaría una persona capaz de soportar décadas y registrar, tanto en papel escrito como en memoria hablada, sucesos tan impactantes como: la Segunda Guerra Mundial, la muerte de Gaitán, el golpe de Estado en Chile, los múltiples conflictos en gran parte de Suramérica, y un sinnúmero de situaciones, para después terminar recluida en el más injusto abandono, como una figura anónima y prácticamente exiliada del amor de sus seres queridos. O a lo mejor son puros inventos que se confunden con verdades para ensalzar una vida que jamás vivió, pero que hubiera querido tener con tal de sobrellevar la vergüenza del abandono. Es lo que piensa al principio la incrédula Cris tras no dar crédito a tanta lucidez y elocuencia. Pero poco a poco se convence de la veracidad de los hechos y el entusiasmo con que la quebrada voz de su amiga continúa evocando según su memoria le permite.</p>



<p>Gracias a este vínculo entrañable, hay un cambio rotundo en la manera de apreciar la vida. En el corazón de la joven Cris se produce una madurez única en su manera de actuar. Pese a que Dini sigue siendo una figura influyente en sus días, y el deseo de desafiar las reglas de la sociedad le atrae con la misma intensidad de siempre, no ignora el sentimiento sincero profesado hacia Aurora, cuya nobleza se convierte en el aliciente preciso para soportar sus nuevas adversidades, entre ellas, la de Ángel, la otra voz que, exenta de propiedad, también acapara un impacto definitivo en el crecimiento interno de la joven Cris. Su aparición súbita la conduce a otros extremos más confusos que la obligan a tomar decisiones y, de su carácter aprendido, está la responsabilidad de evitarse un desenlace mucho más certero. En síntesis, de todo este entramado de sucesos discurre una obra sutil y envolvente donde los lectores no solo podrán apreciar una sorprendente narración, sino&nbsp;<strong>que</strong>&nbsp;también se permitirán reconciliarse con el pasado y sus lecciones de vida contadas por las voces que alguna vez resistieron&nbsp;<strong>las</strong>&nbsp;heridas provocadas por el ayer.</p>



<p>Gracias al trabajo de edición de Julian Acosta Riveros y la diagramación de Martha Cadena e Iván Correa, Panamericana Editorial nos ofrece una historia ejemplar y delirante que nos remite al pasado y al mismo tiempo nos acerca a las problemáticas del presente.</p>



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		<title>Un café en Buenos Aires &#124; Pablo Di Marco habla con la ilustradora Claudia Rueda</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/un-cafe-en-buenos-aires-pablo-di-marco-habla-con-la-ilustradora-claudia-rueda/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Di Marco]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Feb 2026 12:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Para leer]]></category>
		<category><![CDATA[Un café en Buenos Aires]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“Dibujar es un hito fundamental del proyecto humano” Conocí a Claudia Rueda en Cali, durante la última edición del Festival Oiga, Mire, Lea. Me impactaron de inmediato su sereno carisma, el modo en que interrelacionaba con sus innumerables lectores (tanto grandes como pequeños), y el desborde de imaginación que emanaba de cada página de sus [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="has-medium-font-size"><strong>“Dibujar es un hito fundamental del proyecto humano”</strong><strong></strong></p>



<p>Conocí a Claudia Rueda en Cali, durante la última edición del Festival Oiga, Mire, Lea. Me impactaron de inmediato su sereno carisma, el modo en que interrelacionaba con sus innumerables lectores (tanto grandes como pequeños), y el desborde de imaginación que emanaba de cada página de sus libros. Lamenté que no tengamos más tiempo disponible para conversar, pero tuve en claro que al regresar a casa volvería a contactarla para hacerle una entrevista que me permitiera ahondar en sus libros, en su pasión por el dibujo y tanto más.  </p>



<p>—<strong>Todos los niños adoran dibujar. Pero algo sucede en el camino que los aparta del dibujo. No sé si se trata de la escuela, de los padres que no los incentivan, o qué, pero algo sucede en el camino que hace que los niños se alejen de su amor por el dibujo. Y esto me parece no solo triste sino también grave, porque dejar de dibujar es dejar de jugar. ¿Qué creés que sucede?</strong></p>



<p>Lo primero es preguntarnos ¿por qué todos los niños dibujan? Lo damos por descontado, pero ese gesto tan generalizado debe estar profundamente conectado con las raíces de lo que nos hace humanos. Sin embargo, mira que los niños abandonan el dibujo cuando comienza la escuela formal, que en realidad es una introducción a lo racional. La escuela da prioridad y premia las letras y los números, y entonces los niños entienden que ser “grandes” es dejar de dibujar. La excepción son los niños que pueden hacer dibujos realistas, y eso conecta de nuevo con la razón. Los que no tienen esa habilidad abandonan el dibujo pues deciden que no saben dibujar, que es lo que piensa la mayorı́a de los adultos.</p>



<p>—<strong>¿Y cómo remediamos este problema?</strong></p>



<p>El posible remedio está en promover un cambio cultural que entienda dibujar como un hito fundamental del proyecto humano conectado con esa parte de nuestro mapa que está por fuera de la razón.</p>



<p><strong>—Qué interesante lo que decís de que “la escuela premia las letras y los números”. Qué bueno sería tener maestros más flexibles, ¿no es así? Y decime, ¿qué le sucedió a aquella Claudia niña que no solo no se apartó del dibujo sino que se apegó aún más a él?</strong></p>



<p>Bueno, en ocasiones (y probablemente es lo que le ha ocurrido a todos los artistas), la necesidad de dibujar sobrepasa cualquier expectativa que el mundo adulto coloca en ti. No lo puedes inhibir, pues dibujar es como la extensión de la sangre que fluye por tus venas y es más poderoso que las palabras. Nunca he podido concebir la vida sin dibujar.</p>



<p><strong>—Tengo predilección por tu libro </strong><strong><em>Algo</em></strong><strong>, en el que reflexionás en torno al vínculo entre los niños y los miedos. ¿Qué te llevó a escribir y dibujar en torno a ese tema?</strong></p>



<p>Muchas gracias. De nuevo tiene que ver con la escasa comprensión que tenemos de lo que significa ser niño, pues solo lo podemos ver desde nuestro lente adulto. Esto acompañado con mi interés por el uso del lenguaje simbólico en la ficción infantil para representar los miedos. El niño en <em>Algo</em> tiene miedo a lo desconocido, al rechazo y a la humillación, que las imágenes en la historia lo revelan en forma de animales, pues los niños no tienen aún las palabras para lo que temen. Al comienzo la madre no siente empatı́a, pues son miedos que ella no puede ver y cree que simplemente son necedades infantiles de su hijo. Pero al final, la historia tiene una vuelta de tuerca que permite que ella entienda.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="814" height="820" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda.png" alt="" class="wp-image-64060" style="aspect-ratio:0.9927145817428291;width:474px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda.png 814w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-298x300.png 298w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-150x150.png 150w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-768x774.png 768w" sizes="(max-width: 814px) 100vw, 814px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración de Claudia Rueda. Tomada <a href="https://www.instagram.com/claudiarueda/" target="_blank" rel="noopener" title="">Instagram personal</a></figcaption></figure>
</div>


<p>—<strong>En <em>Algo</em> reflexionás justamente sobre lo que no se ve. Y esto es aún más interesante porque te centrás en lo que no ven los niños, cuya imaginación es especialmente frondosa. Para crear este libro, ¿hablaste del tema con niños o te conectaste con los temores de tu niñez? Incluso se me ocurre que bien te pudiste conectar con tus temores de adulta.</strong></p>



<p>Ambos. En parte viene de haber sido testigo de la historia de una niña que siempre tuvo mucho miedo de ir a la escuela. Sus padres no la entendı́an, a pesar de sus buenas intenciones. Fue un proceso difı́cil, era muy fuerte su resistencia y nunca se resolvió.</p>



<p><strong>—Lo puedo entender. Yo también de pequeño tenía miedo de ir a la escuela.</strong></p>



<p>Yo también tuve ese miedo cuando era niña. No porque no me gustara aprender, siempre me ha encantado, pero le tenı́a mucho miedo a las otras niñas, y una en ese tiempo aún no tiene el lenguaje para comunicárselo a un adulto. No sé si este libro facilite esa comunicación, pero espero que sı́.</p>



<p><strong>—Estoy seguro que <em>Algo</em>, entre tantas otras cosas, también es capaz de darle herramientas a los chicos para verbalizar sus temores. Cambiemos de tema: h</strong><strong>ay algo que me fascina de tus libros, la relación entre texto y dibujo. Hay ocasiones donde pareciera que el texto se impone y el dibujo acompaña, otras veces sucede lo contrario, y por momentos</strong> <strong>ambos se complementan y dialogan en igualdad de condiciones. ¿Cómo manejás ese delicado equilibrio?</strong></p>



<p>Es la esencia del libro álbum y por eso me encanta como formato. Además de dibujar, me apasionan las palabras y lo que podemos hacer con ellas, para bien y para mal. La combinación de ambos lenguajes viene desde muy temprano, pues comencé mi oficio de artista haciendo caricaturas polı́ticas. Lo que más me atrae de esa combinación es la construcción de significado a partir (y solo a partir) de la unión del texto y la imagen. Encuentro fascinante a esa sutileza y ambigüedad del mensaje que invita al lector a deducir lo que la historia cuenta. Esto siempre y cuando las imágenes también estén narrando, que es algo que no siempre ocurre o no siempre se espera. Además, esa combinación es la mejor versión posible del humor, que siempre ha estado presente en mi obra.</p>



<p><strong>—¡La próxima vez que hablemos debés mostrarme tus caricaturas políticas! Decime, Claudia: p</strong><strong>ese a haber nacido en Bogotá vivís desde hace años en Nueva York. ¿Qué te da y que te quita la vida en Estados Unidos?</strong></p>



<p>Es un dilema grande en mi vida. Viajar y vivir en otros lugares me permite ver con perspectiva mi propio país, y llegar a un lugar que no conozco me devuelve la posibilidad de sorprenderme, como les ocurre a los niños cuando llegan al mundo. Siempre me ha gustado viajar, explorar, conocer lo distinto, salir con las maletas, desafiar la comodidad con lo desconocido. Supongo que tiene que ver con la vida creativa. Nueva York además ha sido por muchos años un amable puerto para mi trabajo, y mudarme tiene algo de hogareño, sumado a ser una ciudad que se transforma permanentemente como ninguna otra. Sin embargo, es una vida en la que tu lugar de origen ya no es del todo tu casa de antes, pero tampoco donde vives. Aunque igual te libera de expectativas, con frecuencia una carga muy pesada para mı́.</p>



<p>—<strong>¿Conocés Buenos Aires?</strong></p>



<p>Conozco y siempre me he sentido muy a gusto en Buenos Aires. Alguna vez fui invitada por Filbita, una feria de libro infantil encantadora. Sentı́ que estaba en un lugar que mi imaginación habı́a visitado antes y las conversaciones fueron riquı́simas. Puede tener que ver con haber querido tanto a tantos autores y artistas argentinos desde muy joven.</p>



<p><strong>¿Tus lectores de Argentina podremos volver a verte pronto?</strong></p>



<p>Por supuesto me encantarı́a regresar, Pablo. ¡Siempre y cuando incluya un asado y una visita a las divinas librerı́as!</p>



<p><strong>—Yo no como demasiada carne, pero contá conmigo para ese recorrido por librerías. Y ahora</strong> v<strong>amos con la última, Claudia: te regalo la posibilidad de invitar a tomar un café a cualquier artista de cualquier época. Contame quién sería.</strong></p>



<p>Es una respuesta bien difı́cil… ¡no por no tener muchos nombres posibles, sino porque solamente puedo escoger uno! Me aventuro por Maya Angelou.</p>



<p><strong>—Ya que estamos jugando, sigamos jugando un poco más: contame </strong><strong>a qué bar llevarías a Maya y qué pregunta le harías.</strong></p>



<p>Habrı́a adorado sentarme con ella en el bar del Red Rooster en Harlem y preguntarle sobre su vida, y cómo salió de una niñez tan difı́cil a pasar a ser una autora tan profundamente optimista y hermosa.</p>


<div class="wp-block-image">
<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="813" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-.png" alt="" class="wp-image-64062" style="aspect-ratio:0.8856175446107144;width:475px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda-.png 720w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Ilustracion-claudia-rueda--266x300.png 266w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /><figcaption class="wp-element-caption">Ilustración de Claudia Rueda. Tomada <a href="https://www.instagram.com/claudiarueda/" target="_blank" rel="noopener" title="">Instagram personal</a></figcaption></figure>
</div>


<p>¿Querés saber más sobre Claudia Rueda? Acá te dejo su página repleta de información sobre su obra: <a href="https://claudiarueda.com/" target="_blank" rel="noopener" title="">https://claudiarueda.com/</a></p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/un-cafe-en-buenos-aires-pablo-di-marco-habla-con-la-ilustradora-claudia-rueda/">Un café en Buenos Aires | Pablo Di Marco habla con la ilustradora Claudia Rueda</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Reseña &#124; El monte de las furias, de la escritora Fernanda Trías</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/resena-el-monte-de-las-furias-de-la-escritora-fernanda-trias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan Sebastián Lozano]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 13:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Escritoras]]></category>
		<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Fernanda Trías]]></category>
		<category><![CDATA[Novedades Penguin Random House]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://www.librosyletras.com/?p=64049</guid>

					<description><![CDATA[<p>La reciente novela de la escritora uruguaya Fernanda Trías ganó el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2025. La novela, inspirada en la vida de la autora en Bogotá, narra la vida de una mujer que vive sola en la ladera de una montaña y escribe en medio de un contexto extraño, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><em><em><strong>La reciente novela de la escritora uruguaya Fernanda Trías ganó el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2025. La novela, inspirada en la vida de la autora en Bogotá, narra la vida de una mujer que vive sola en la ladera de una montaña y escribe en medio de un contexto extraño, abrumador.</strong></em></em></h2>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Por Juan Sebastián Lozano</strong>*</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>Cuando la montaña habla</strong></p>



<p><strong><a href="https://go.ivoox.com/rf/88249086?utm_source=embed_audio_new&amp;utm_medium=share&amp;utm_campaign=new_embeds" target="_blank" rel="noopener" title="">Fernanda Trías,</a></strong> escritora uruguaya, acaba de ganar de nuevo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, uno de los más prestigiosos de Latinoamérica, por su novela <em>El monte de las furias</em>. Ya lo había ganado en 2021 con <em>Mugre rosa</em>, una distopía que anticipó la pandemia del Covid-19 y también un melodrama freak —podría ser una telenovela escrita por un alienígena—. La estética de <strong>Trías </strong>se mueve entre la weird fiction o ficción extraña —género en boga en la actualidad, cercano a la ciencia ficción— y la descarga sentimental, el vuelo poético que explora el tormento humano, los abismos del yo, las contradicciones de la subjetividad; en fin, la tragedia humana, desde narradoras en primera persona.</p>



<p><strong>Trías </strong>vive en Colombia, donde es profesora de creación literaria. Ha dicho que el caos de Latinoamérica la inspira. La compleja Colombia, con su violencia sempiterna en contraste con su sensualidad y la actitud festiva de muchos de sus habitantes, ha influido en la literatura de <strong>Trías</strong>, en las atmósferas de sus dos últimas novelas, en el hibridaje que las caracteriza. En <em>El monte de las furias</em> se siente Bogotá y sus alrededores, los Andes colombianos, el frío del páramo.</p>



<p>La protagonista es una típica mujer colombiana y, sin embargo, su acento es rioplatense o una mezcla; el lenguaje de la novela es inventado, una combinación del uruguayo de la autora, el colombiano y probablemente un idioma marciano. Y es que el libro podría transcurrir en muchos parajes de Latinoamérica o en Marte, ¿por qué no?: en un Marte muy humano tomado por las corporaciones, el planeta rojo post Elon Musk. Pero también podría transcurrir en la Colombia actual.</p>



<p>El tiempo y el espacio de <em>El monte de las furias</em> son indeterminados y no conocemos el nombre de la protagonista. Es “la mujer”. Vive sola en la ladera de una montaña con bosque de niebla; le encargaron cuidar un “alambre” que separa esta del camino al pueblo. En la montaña hay una cantera, hombres y máquinas que extraen recursos. El trabajo se lo consiguió una mujer poderosa, a la que su madre sirvió como empleada doméstica. Ella mantiene en buen estado su casa asignada y el monte alrededor. Sus días transcurren escribiendo en un cuaderno donde reflexiona sobre su oscuro pasado, marcado por la violencia ejercida por su madre —amante de la ciudad y el plástico— y las enseñanzas de su abuela, fuerte, racional, nada quejumbrosa.</p>


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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="214" height="360" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/el-monte-de-las-furias.webp" alt="" class="wp-image-64054" style="aspect-ratio:0.5944526434586336;width:324px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/el-monte-de-las-furias.webp 214w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/el-monte-de-las-furias-178x300.webp 178w" sizes="(max-width: 214px) 100vw, 214px" /></figure>
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<p>La protagonista aprende a sobrevivir desde niña en circunstancias adversas. Le gusta vivir, pero no sabe gestionar la violencia que padece: se apaga cigarrillos en el cuerpo, se corta, se autoinflige dolor; esta es su terapia extrema. Un veneno interno le llena la cabeza; al parecer, con el tiempo logra tranquilizarse escribiendo y la cercanía de la naturaleza le procura una paz interior. El único ser humano con el que habla es un celador típico que cuida el acceso al cerro, un hombre que quiere hundirse en la televisión para ver películas de catástrofes. La relación con él se torna extraña, con goce sexual perverso incluido. Con el tiempo, alrededor de la casa aparece el cuerpo de un asesinado; ella lo limpia y lo entierra. Los días siguientes van apareciendo más y su vida cambia.</p>



<p><em>El monte de las furias</em> es a la vez crudamente realista y una apuesta de imaginación con elementos fantásticos. La realidad en la novela es rara, como vista desde una niebla sangrienta. Es realista en la violencia cruda, en el dolor muy humano de la mujer, en sus contradicciones internas y en el dolor también de la naturaleza que ella refleja. Como lector, la historia me hizo sentir incomodidad física. Está presente la estética del body horror —recordemos a Cronenberg o la reciente The Substance, de Coralie Fargeat—. La imaginación weird, el futurismo del libro, se manifiesta además de en la indeterminación del espacio-tiempo, en fragmentos narrados desde la voz de la montaña, en devenires extraños de cuerpos, en lo distópico de un mundo donde las máquinas —bestias artificiales devoradoras— avanzan sin freno destruyendo todo.</p>



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<p><em>Pero la montaña es fuerte, quizás eterna.</em></p>



<p><em>Los hombres están hechos de miedo; eso lo sabe la montaña. Mientras que ella está hecha de tiempo.</em></p>



<p><em>La montaña no desperdicia nada. La montaña se sana a sí misma, manda a sus criaturas a limpiar la muerte. Se lame las heridas hasta que estas se convierten en alimento.</em></p>



<p><em>Yo me vacío y la montaña me llena. Yo le doy y la montaña me devuelve.</em></p>
</div>



<p>Las máquinas y la ambición de los hombres la hieren, sabotean su sabiduría, pero ella resiste, enseña, guía a la mujer, la elige para cumplir una función —al menos eso cree ella—.</p>



<p>La novela está escrita con prosa poética, marca de la casa. Hay un homenaje a la sabiduría de la naturaleza y a la sabiduría humana que nace de la reflexión profunda y del vivir en armonía con el mundo natural, en oposición al conocimiento académico utilitario. Aunque la mujer ama el conocimiento —como su abuela, que elogiaba la ciencia—, fue su madre quien la sacó del colegio para ponerla a trabajar. Quizá un camino para salvar el planeta sea combinar ciencia y la espiritualidad profunda de las cosmovisiones indígenas.</p>



<p><em>La montaña alimenta a todos por igual. Al bejuco, a la corteza y a la araña. La montaña sepulta a todos por igual. En su seno de raíces todos somos sus criaturas. Ese parche de pinos que me gustaba tanto… no han de ser autóctonos. Alguien los puso ahí (¿los sembró?), tal vez los hombres de la montaña. O tal vez un pájaro que en su pico transportaba una semilla foránea y sin saberlo la dejó caer por estos lados. Entonces esos pinos serían huéspedes, digámoslo así. Los hay buenos y malos, como el retamo, que lacera las patas de los bichos. Todo lo que nace allí y todo lo que muere tiene el permiso de la montaña. La lluvia cae del cielo, sí, pero es la montaña la que la atrapa con sus redes de hojas gruesas y luego la devuelve al cielo en forma de nube. La montaña solo dice la verdad, y quien sepa escuchar ya no necesitará los sueños para hallarla.</em></p>



<p><em>El monte de las furias</em> es otro acierto de <strong>Fernanda Trías</strong>. Su talento poético a veces impresiona; parece que escribir, narrar de manera fluida, fuera fácil para ella, aunque en alguna entrevista lo niegue. O trabaja de manera ardua para que su escritura parezca muy natural y fluida, como el viaje de un río que llega al mar. Como la lluvia atravesada por el brillo del sol en un bosque de niebla.</p>



<p>Los temas están muy acordes con los tiempos: crisis medioambiental, necrocapitalismo o, en palabras de Sayak Valencia, capitalismo gore; la búsqueda del “cuidado” como existencia más colectiva y el aislamiento al que nos empuja la depresión, la precariedad o la desesperanza ante la selva de cemento. Al tema del cuidado <strong>Trías </strong>le da una vuelta de tuerca ingeniosa y conmovedora.</p>



<p>Se podría pensar que el libro cae en una dicotomía maniquea —naturaleza buena versus ciudad destructiva—, pero la novela la complejiza: también la naturaleza es violenta y abrasiva; también en la ciudad había luz artificial permanente y atisbos de solidaridad. Además, a estas alturas, quizá la dicotomía sea ya una realidad incómoda.</p>



<p>En la novela hay imaginación weird o cienciaficcionesca, pero también brutal sinceridad y un despliegue de sentimientos e ideas profundas. Hay distopía y, entre líneas, puertas a la utopía. Esto último está más explícito en Gabriela Cabezón Cámara —con quien Trías comparte parentesco estético y premiación—, pero <em>El monte de las furias</em> ilumina, duele y nos hace pensar en la posibilidad de un futuro menos devastado.</p>



<p>La historia transcurre en un espacio pequeño, aunque con vista abismal, y sobre todo en la mente de la protagonista. Seguramente no está pensada para serie de Netflix ni es literatura de supermercado. Sin embargo, la novela engancha —al menos ese fue mi caso— y la prosa exquisita hace que el libro encante.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/resena-el-monte-de-las-furias-de-la-escritora-fernanda-trias/">Reseña | El monte de las furias, de la escritora Fernanda Trías</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Reseña &#124; Los gritos, libro del escritor Andrés Arias </title>
		<link>https://www.librosyletras.com/resena-los-gritos-libro-del-escritor-andres-arias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Libros y Letras]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 07 Feb 2026 03:10:28 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por las páginas de Los gritos desfilan sucesos famosos como la masacre de los estudiantes en 1954 y la masacre de la plaza de toros en 1956, pero también hechos olvidados o desconocidos, como los intentos de Rojas Pinilla por tomarse de nuevo el poder. Por: Tatiana A. Alzate Gómez* / Mágister en Literatura Los [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>Por las páginas de </em>Los gritos<em> desfilan sucesos famosos como la masacre de los estudiantes en 1954 y la masacre de la plaza de toros en 1956, pero también hechos olvidados o desconocidos, como los intentos de Rojas Pinilla por tomarse de nuevo el poder</em>.</strong></h2>



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<p class="has-medium-font-size"><strong>Por: Tatiana A. Alzate Gómez* / Mágister en Literatura</strong></p>



<p class="has-text-align-center has-medium-font-size"><strong><em>Los gritos</em>: o de cómo el pasado no es pasado</strong></p>



<p>Tuve la oportunidad de ser la ‘primerísima lectora’ y, a su vez, la ‘primerísima’ en presentar la novela coral o libro de cuentos <em>Los gritos</em> (2025), del escritor y periodista <strong>Andrés Arias</strong>. Sucedió en la 19° Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín (2025), en un espacio modesto, sencillo, sin más pretensión que ser un lugar de acogida para un lector que busca escuchar. Allí, con un público honesto en el deseo de conocer, <em>Los gritos</em> fueron una grieta, por supuesto múltiple, rizomática, en la memoria colectiva: cuestionar es el primer golpe.</p>



<p>No sólo es el carácter histórico en el que se desarrolla esta polifónica narración, sino la posibilidad de acercarnos ¬¬—desde muchas aristas, sean de índole narrativo, sociohistórico, filosófico— a un pasado colectivo en el que todo pareció haberse resuelto sin mucha fatiga, pero esta novela tiene la facultad de especular acerca de ese pasado. Sobre la dictadura militar del General <strong>Rojas Pinilla </strong>(1953-1957) —que es el espacio-tiempo en el que se despliegan <em>Los gritos</em>— la información o el material de archivo, según las investigaciones realizadas por <strong>Andrés Arias</strong>, es escaso; esto pareciera ser el devenir de una dictadura: la capacidad de ocultar la atrocidad por medio, ya saben bien, de la desaparición de cuerpos, mentes y narrativas que desmontan la ley del silencio o la servidumbre voluntaria.</p>



<p>Todos los personajes en <em>Los gritos</em> resultan ser de una importancia vital según lo que revelen, pero es el personaje del sastre del General, quien expone los vacíos de nuestra memoria social cuando habla del asistente anterior a él, Rogelio Guevara: “<em>Decían (todo era muy secreto, y creo que aún lo es: nadie —me refiero a la prensa y a los historiadores— habla del tema, y es que nadie habla de nada) […] </em>Esta persecución a la verdad que se instaló con los llamados <em>Censores </em>—que tenían la misión de revisar los periódicos y no dejar que se publicara información que perjudicara al régimen— y con la creación de algo tan perverso como el SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano), bajo el mandato del ‘Jefe Supremo’, ha dejado en la historiografía de nuestro país enormes vacíos para reconocer el nivel de daño a las víctimas de su nepotismo. Es por ello que la ficción cobra un valor importantísimo, incluso desde la reparación histórica bajo el imperativo del derecho a la verdad, porque rompe el silencio del duelo o el cómplice, uniendo unas memorias con otras al servicio de la especulación narrativa.</p>



<p>El archivo aquí puede ser entendido tanto como el lugar en el que descansan las memorias hegemónicas —gracias a los investigadores nos llegan fragmentos en voz baja de esas realidades— como también las supuestas memorias que aparecen en <em>Los gritos</em> de sobrevivientes allegados a la intimidad del General. Por ejemplo, el sastre que le observó minuciosamente el talle del cuerpo y su carácter, o las amantes de sus esbirros: ahí están los casos de <strong>Emma Tarazona </strong>con su ‘Yernísimo’, o <strong>Sol Piedad de Olarte</strong>, esposa de un supuesto ministro de Obras Públicas y amante de <strong>Gunter Hinz</strong>, un nazi alemán, ‘asesor de seguridad’, por no decir un ideólogo macartista en Colombia. No obstante, un archivo también puede leerse en el silencio generalizado, porque en lo no dicho también hay historia, y tal vez la más profunda: éste es un silencio total, transmitido de generación en generación, como una marca a la estirpe que somos. Después de una gran catástrofe, lo que sobreviene es el silencio como gesto —voluntario o no— de lo inenarrable. <em>Los gritos</em>, en este sentido, comprende esta paradoja, porque son gritos que suceden en una dictadura militar, y lo que hay detrás de estos acontecimientos es el silenciamiento, sea a través de la tortura o el mandato.</p>


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<figure class="aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="669" height="1024" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Los-gritos_Arias-669x1024.jpg" alt="" class="wp-image-64044" style="aspect-ratio:0.6533249916074099;width:435px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Los-gritos_Arias-669x1024.jpg 669w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Los-gritos_Arias-196x300.jpg 196w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Los-gritos_Arias-768x1175.jpg 768w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2026/02/Los-gritos_Arias.jpg 1000w" sizes="(max-width: 669px) 100vw, 669px" /></figure>
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<p><strong>Arias </strong>abre todos estos archivos y nos presenta sus fragmentos hilados por la ficción. Entre cada fragmento existe un vacío discursivo, tangible, pero es ahí donde ocurre la maestría de esta también llamada falsa crónica, en la que una masacre como la de los estudiantes de 1954, o los ataques con napalm a comunidades campesinas, o la desaparición de<strong> Emma Tarazona</strong>, o el carro bomba en Cali (que dejó una impresionante cantidad de muertos), o el asesinato del tío Duván (como ejemplo de la persecución a las disidencias sexuales), son resueltos desde la lógica de lo íntimo: los pormenores de sucesos como estos sólo pueden ser encontrados en una confesión, una carta, una grabación de un sujeto que carece de voluntad y de juicio ante los ojos de un amo. Son otras voces las que develan las partículas de esta historia social; la mirada testiga de las mujeres en la historia, por ejemplo, es determinante: nadie podría imaginar lo que, en su condición de subordinadas, podrían contener en su silencio; y es así para todos aquellos lazos de servidumbre cercanos al poder.</p>



<p>Por otro lado, en la triada <em>verdad, ficción y archivo</em>, <strong>Arias </strong>hace magia en el sentido de que unifica elementos constitutivos de la realidad a partir de los afectos, otorgándole a la historia organicidad. Desde los epígrafes, el escritor nos abre la posibilidad de contar y saber la <em>verdad </em>como quien plantea una paradoja en la que a veces también <em>parodia </em>al ‘soberano’ y la estulticia que le precede a quienes le obedecen. Cita en el segundo epígrafe a <strong>Sir Arthur Helps</strong> con la frase: “<em>Debemos recordar que la ficción no significa falsedad</em>”. Esta es la entrada a los multi-<em>versos </em>de una historia que establecieron como única. Lo que propone no es más que un juego de sentido: toma de un hecho que es irrefutable —como la muerte o la desaparición—, lo va hilando según la posibilidad del archivo y le implanta la fórmula de ‘<em>qué pasaría si…</em>’. En esta lógica de la especulación histórica no importa qué elementos puedan acompañar la fuerza desencadenante de la tragedia, dado que la tragedia sigue siendo la misma. Lo paradójico también se encuentra en que tanto el acontecimiento trágico como lo que pudo haberlo ocasionado son absurdos. Esta es la es la condición que construye la historia de nuestro país.</p>



<p>Lo que <strong>Andrés Arias </strong>ha hecho con este libro ha sido un proceso de <em>desedimentación </em>de la memoria y el pasado a través de las voces otras, cuestionando los vacíos del archivo y hablando con ellos como si fueran presencias. <em>Desedimentar </em>es un concepto estudiado por la pensadora y escritora <strong>Cristina Rivera Garza </strong>en sus ensayos de crítica literaria latinoamericana, reunidos bajo el título de <em>Escrituras Geológicas</em> (2024). Allí expone las capas en las que se contiene nuestra historia compartida con la tierra, y cómo estas capas o sedimentos son archivo; pero esto no sólo cabe para la geología, sino también para la historia social, la que no ha sido escrita, sino sepultada. ¿Cuánta sangre, huesos y demás material han vuelto a la tierra y quedado allí? <strong>Rivera Garza </strong>nos propone la necesidad de abrir las capas de nuestra historia. Dice, citando a la geógrafa Kathryn Yusoff, que aquello que denomina desedimentación es “el proceso a través del cual es posible poner al descubierto la vida social de la geología —en tanto lenguaje y en tanto práctica de acumulación y racialización— y en sus gramáticas de violencia” (<strong>Rivera</strong>, 2024). Más adelante añade, mencionando otros estudios, esta vez los de Elizabeth Povinelli, que “insiste en investigar el pasado en sus constantes reapariciones, especialmente cuando irrumpe en el presente, abriendo grietas por las que se cuela la crítica y la subversión y el trabajo colectivo del duelo. El pasado nunca es pasado del todo.” Es así como <em>Los gritos </em>del General <strong>Rojas Pinilla</strong>, los de los estudiantes masacrados, y toda herida hecha en sus días, siguen resonando, pues todos estos acontecimientos no han dejado de suceder. Luego de la caída de su gobierno, la democracia en Colombia a veces parece un supuesto, como una ficción mal narrada.</p>



<p>En fin, gracias a <em>Los gritos</em> yo me seguiré preguntando: ¿dónde está <strong>Emma Tarazona</strong>? Porque, como escribe <strong>Arias</strong>, “todo muerto deja un rastro, hay que estar vivo para hacerse silencio”.</p>



<p></p>



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<p>*<strong>Tatiana A. Alzate Gómez</strong><br>Filósofa<br>Mágister en Literatura<br>Doctoranda en Literatura Comparada y Estudios Literarios</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/resena-los-gritos-libro-del-escritor-andres-arias/">Reseña | Los gritos, libro del escritor Andrés Arias </a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Entrevista &#124; Marcelo Acevedo sobre su libro  «Sombra terrible» cuentos del gótico rural argentino</title>
		<link>https://www.librosyletras.com/entrevista-marcelo-acevedo-sobre-su-libro-sombra-terriblecuentos-del-gotico-rural-argentino/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Pablo Concha]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Dec 2025 16:08:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Notas Destacadas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El autor reúne los cuentos más representativos del gótico rural argentino La pampa argentina es una impresionante extensión natural que abarca unos 760.000 kilómetros cuadrados aproximadamente. Se trata de una provincia rica en valles, mesetas, lagunas, bosques y cuevas. Este territorio, a principios del siglo XIX, fue la cuna de una narrativa con rasgos inquietantes [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>El autor reúne los cuentos más representativos del gótico rural argentino</em> </strong></h2>



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<p>La pampa argentina es una impresionante extensión natural que abarca unos 760.000 kilómetros cuadrados aproximadamente. Se trata de una provincia rica en valles, mesetas, lagunas, bosques y cuevas. Este territorio, a principios del siglo XIX, fue la cuna de una narrativa con rasgos inquietantes y tendencia hacia el gótico, que da la impresión de estar hoy más fuerte y presente que nunca.</p>



<p>“La alianza entre el modo gótico y los espacios rurales aún ejerce un fuerte influjo en nuestra literatura de ficción”, señala el editor y periodista <strong>Marcelo Acevedo</strong> (Buenos Aires, 1983) en el prólogo de la antología <strong><em>Sombra terrible</em></strong> (AZ Editora, 2025), libro que reúne diez cuentos del&nbsp;gótico rural argentino.</p>



<p>“En nuestra literatura gótico rural no hay castillos en decadencia ni grandes mansiones deterioradas; ese lugar, en cambio, es ocupado por los espacios naturales, salvajes y violentos: lo natural-extraño o la naturaleza <em>weird</em>”, agrega Acevedo. “El encuentro de los personajes con la naturaleza no domesticada por el ser humano se convierte en una experiencia religiosa, compleja, una conexión con lo divino, pero también con lo desconocido, lo incomprensible”.</p>



<p>La presente antología reúne a autores y autoras que a su manera se apropian de este imaginario y lo llevan a otras dimensiones. Incluye cuentos de Leandro Ávalos Blacha, Flor Canosa, Roberto Chuit Roganovich, Ada María Elflein, Vicky García, Juana Manuela Gorriti, Luciano Lamberti, Juan Machado, Juan Mattio y Mariano Quirós.</p>



<p>Acevedo es autor de <strong><em>Conversaciones con Pablo Capanna</em></strong> (Ayarmanot, 2016), <strong><em>Ruta al infierno. La saga de Mad Max</em></strong> (Cuarto Menguante Ediciones, 2021); ha contribuido con capítulos en los libros <strong><em>Latidos, el pulso del cine argentino</em></strong>&nbsp;(Fan Ediciones) y <strong><em>En busca del cine weird </em></strong>(Revista 24 Cuadros), entre otros. Es director junto a Juan Mattio y Flor Canosa de la colección Arqueologías del Futuro de la editorial Indómita Luz.</p>



<p><strong>¿Por qué decide compilar esta antología?</strong></p>



<p>Desde hace cinco o seis años venía notando que mucha de la ficción que se escribía en Argentina –sobre todo dentro del campo del horror y la ficción extraña–&nbsp; &nbsp;&nbsp;transcurría en el campo, en la llanura pampeana, en el desierto, en la selva, en pueblitos rurales o pequeñas aldeas, pero siempre fuera del contexto urbano, alejado de las grandes ciudades, en el interior del país. Analizando un poco más a fondo encontré otras similitudes más allá del escenario central de estos relatos: el gótico como una sensibilidad recurrente, los climas opresivos, la violencia, la inclusión de santos paganos y mitos rurales, y distintas miradas sobre la clásica dicotomía sarmientina (civilización-barbarie). Entonces comencé a ir cada vez más hacia atrás en la cronología, siguiendo el rastro de esta posible tradición literaria y casi sin darme cuenta, en medio de una vorágine de lecturas y relecturas, llegué hasta el origen de la literatura argentina:&nbsp;<em>El matadero</em>&nbsp;y&nbsp;<em>La cautiva</em>&nbsp;de Esteban Echeverría, el&nbsp;<em>Facundo</em>&nbsp;de Sarmiento y&nbsp;<em>Amalia</em>&nbsp;de José Mármol. Concluí que había una hipótesis de lectura posible, es decir, que la literatura argentina nació gótica y rural, y que esa tradición literaria se mantiene hasta la actualidad. Al mismo tiempo, me di cuenta que en mi búsqueda no había encontrado ninguna antología que reuniese estos relatos. En resumen: armé el libro que me hubiese gustado haber leído.</p>



<p><strong>¿Cómo fue el proceso de selección de los cuentos?</strong></p>



<p>Conocía de antemano algunos cuentos por ser lector asiduo de sus autores –Lamberti, Quirós– y estaba convencido de querer incluirlos desde el principio, cuando este proyecto apenas era una posibilidad. Algunos autores y autoras me ofrecieron varios relatos para que eligiera entre ellos, otros fueron escritos especialmente para esta antología, y en los casos de Juana Manuela Gorriti y Ada María Elflein fue un proceso arduo –pero muy emocionante– de lectura, hasta dar con el que consideré más representativo de lo que llamamos gótico rural. Sin embargo, considero que lo más complicado no fue la selección de los cuentos sino el ordenamiento de los mismos, elegir el lugar que iban a ocupar en el índice. No se trata simplemente de seleccionar los cuentos y tirarlos al azar, como si fuesen buzios en un ritual de adivinación. Lo tomé como un proceso de montaje, donde cada cuento y cada autor ocupan un lugar elegido a consciencia. La antología está armada de modo que, si se lee en orden, el lector pueda sentir el paso del tiempo, comenzando en el siglo XVII con el cuento de Flor Canosa hasta llegar a ese futuro incierto, (post)apocalíptico y <em>weird</em> que proponen Juan Mattio y Robi Chuit Roganovich.</p>



<p><strong>En el prólogo menciona a <a>“El matadero” de Esteban Echeverría </a>como un texto fundacional de la literatura argentina y del gótico. ¿Cree que es un cuento que sigue siendo leído y reconocido hoy en día?</strong></p>



<p><em>El matadero</em>&nbsp;se transformó –como <em>La cautiva</em> y el <em>Martín Fierro</em>– en un texto canónico y obligatorio en las escuelas. Es decir, se lee, pero para ser sincero no sé bien cómo se lee. El año pasado, este gobierno que se dice liberal-libertario y es más bien de ultraderecha, conservador y pacato en cuanto a lo cultural, emprendió una campaña de censura contra la novela&nbsp;<em>Cometierra</em>&nbsp;de Dolores Reyes (recomendada como material de lectura no obligatorio y con acompañamiento docente para alumnos de escuelas secundarias bonaerenses), por su contenido sexual inapropiado para adolescentes. Sin embargo, un relato como&nbsp;<em>El Matadero</em>, en el que se narra la decapitación de un niño en medio de una orgia de vísceras y sangre bovina, o el intento de violación de un hombre que muere reventado por dentro con frases como “Abajo los calzones a ese mentecato cajetilla y a nalga pelada dénle verga, bien atado sobre la mesa”, es de lectura obligatoria en todas las escuelas. Yo creo que la animosidad del gobierno para con <em>Cometierra</em> no tenía tanto que ver con su preocupación por lo que ahí se cuenta, sino por la militancia feminista de Dolores, pero también me hace preguntarme: ¿cómo se está leyendo <em>El Matadero</em>? ¿Por qué no genera controversia un relato lleno de sangre, carne, violencia, decapitaciones, abuso sexual y un lenguaje por momentos soez? ¿No debería, como mínimo, llamar la atención de los adolescentes un cuento con esas características? Quizá si se le quitase solemnidad, si se lo leyese como una obra de terror más que como “un hito fundacional de nuestra literatura”, consiga la popularidad que merece. Mientras tanto, las ficciones argentinas lo reconocen y homenajean constantemente. Un gran ejemplo es la serie <em>Okupas</em>, del año 2000, que en su episodio más recordado (“El beso de judas”) le rinde un claro homenaje a la creación de Echeverría.</p>



<p><strong>¿Qué tiene de especial la pampa argentina para ser el escenario de tantas historias enmarcadas en el gótico?</strong></p>



<p>En su ensayo <em>Un desierto para la nación</em>, el investigador y docente Fermín A. Rodríguez escribe que la literatura argentina “buscó desde sus comienzos abrir un espacio donde inscribir sus signos, sus dramas, sus personajes”. Ese espacio lo encontró en La Pampa seca, un territorio que a principios del siglo XIX aún se consideraba un desierto, al que Rodríguez define como un laboratorio onírico de imágenes virtuales que produce todo tipo de manifiestos. Pero, más allá de que La Pampa se convirtió en el escenario principal del nacimiento de la narrativa argentina, a mí me interesa pensar más allá de lo estrictamente pampeano, razón por la cual prefiero hablar de lo rural, que abarca un territorio mucho más amplio. Los espacios rurales enfrentan a los personajes con la naturaleza salvaje, los paisajes inmensos –lo sublime kantiano–, los climas extremos, los animales no domesticados, la dicotomía civilización-barbarie, otro tipo de violencia que no es la de las grandes urbes. En el interior del país, además, tenemos los mitos del campo, los santos paganos, las supersticiones, el sincretismo religioso, y una mitología general muy rica que le es propicia a los géneros, sobre todo a los que tienen que ver con el gótico y el terror.&nbsp;&nbsp;</p>


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<figure class="aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="542" height="777" src="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2025/12/SombraTerrible-tapa.jpg" alt="" class="wp-image-64027" style="aspect-ratio:0.6975626432852029;width:430px;height:auto" srcset="https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2025/12/SombraTerrible-tapa.jpg 542w, https://www.librosyletras.com/wp-content/uploads/2025/12/SombraTerrible-tapa-209x300.jpg 209w" sizes="(max-width: 542px) 100vw, 542px" /></figure>
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<p><strong>En el prólogo también menciona que en el panorama literario actual la tradición del gótico parece haber retornado con vigor. ¿A qué se debe esto?</strong></p>



<p>No creo tener aún una respuesta concreta a esta pregunta. Es algo que yo también me he preguntado, y creo que la antología fue, entre otras cosas, un intento por responder a estos interrogantes. Quizá los autores tengan una respuesta más clara. Pero es posible que con el paso del tiempo aparezca esta respuesta.</p>



<p><strong>Los escritores aprenden a escribir leyendo mucho. A la hora de hacer una antología, ¿se podría aplicar el mismo principio?, ¿se puede aprender analizando obras previas?</strong></p>



<p>Sin duda, mi principal escuela es la lectura. A conciencia, obsesiva, crítica, con un objetivo. Pero también por el puro placer de leer. No se puede armar una buena antología sin antes haber leído mucho, muchísimo. Es fundamental la investigación, la lectura sistemática y tener una hipótesis clara.</p>



<p><strong>Mi cuento favorito fue “Si fuera Dios este animal sagrado” de Roberto Chuit Roganovich, el cual inaugura de alguna forma una categoría nueva, que usted denomina como neogótico rural apocalíptico. Es un cuento que no desentonaría en una antología de ciencia ficción. ¿Cómo se da su inclusión aquí?</strong></p>



<p>Mi intención desde un principio fue armar una antología que fuera un muestrario de todas las posibilidades que ofrece la literatura gótico rural, que no debe ceñirse únicamente al territorio pampeano, la tradición gauchesca, el pasado reciente o el presente inmediato, sino que pudiera abarcar relatos que transcurrieran en el futuro, en un ambiente apocalíptico, que incluyeran elementos de diferentes géneros <a>–</a>como la ciencia ficción, el horror <em>folk</em>, o el horror cósmico–, aunque siempre con los espacios rurales –el campo, el desierto, el bosque, los pequeños pueblitos perdidos del interior, etc.– como escenario central y la sensibilidad gótica como eje primordial. Y creo que, en ese sentido, el cuento de Robi –además de ser una pequeña obra maestra– es un ejemplo impecable.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p><strong>El escritor Juan Mattio, a primera vista, no es alguien que se asociaría con un género como el gótico, sin embargo, su cuento “Un rebaño de quimeras”, mezcla de manera novedosa ese espíritu ciberpunk o futurista con el paisaje rural que predomina en el libro. ¿Fue este relato escrito especialmente para la antología, o existía de antes?</strong></p>



<p>Este relato de Juan forma parte una novela próxima a editarse. Tengo la enorme suerte de ser amigo de Juan y en algunas ocasiones me convierto en su lector beta. Había leído una versión preliminar de esta novela –maravillosa, por cierto– y cuando me ofreció elegir entre algunos de los “cuentos” que forman parte de ella, no lo dudé ni un segundo. Siempre es un privilegio poder editar y publicar a Mattio, y ese fragmento es, además de una pieza literaria magnífica, un pequeñísimo adelanto de lo que se viene.</p>



<p><strong>Con Flor Canosa me sucedió algo parecido, no es de entrada alguien que vincularía con el gótico rural, aun así, su cuento “Salamancas” fue uno de los más interesantes. Es bastante curioso que les haya propuesto a estos autores relatos que normalmente no escribirían (en teoría, claro está). ¿Los estaba poniendo a prueba, o experimentando con ellos?</strong></p>



<p>Flor es una gran amiga, y además una escritora que admiro mucho. Le pregunté si se animaba a escribir un cuento para esta antología y me respondió con ese cuentazo. Con “Salamancas” demostró que no solo es una profesional que se anima a salir de su zona de confort, sino que además es una escritora con una imaginación desbordante.</p>



<p>&nbsp;<strong>Si algún lector quiere ahondar en el gótico rural argentino, ¿cuáles obras les podría recomendar?</strong></p>



<p><em>La hija del toro</em>, de Silvina Ocampo; <em>El evangelio según Marcos</em>, de Jorge Luis Borges; <em>Nadie, nada, nunca</em>, de Juan José Saer; <em>El rescate</em>, de Daniel Moyano; <em>La gata</em>, de Héctor Tizón; <em>El intercesor</em>, de Diego Muzzio; <em>Tres Lagunas</em>, de Juan Machado; <em>Las bestias</em>, de Vicky García; <em>Las mil maravillas</em>, de Denis Fernández; <em>Distancia de rescate</em>, de Samanta Schweblin; <em>El fantasma y la oscuridad</em>, de Leonardo Oyola; <em>El eterno silencio</em>, de Eduardo Blaustein; <em>El parche caliente</em>, de Fabián Casas.</p>



<p><strong>¿Qué puede contar sobre sus próximos proyectos?</strong></p>



<p>Estoy en plena escritura de un libro sobre Philip K. Dick –una especie de “Dick para principiantes”– que me tiene muy ocupado y entusiasmado, y comenzando un libro de ensayos de temáticas variadas que vengo trabajando hace tiempo –gótico (rural, peronista, rioplatense), ficción extraña y cyberpunk latinoamericano–, el cual, si todo sale bien, será publicado el año próximo.</p><p>The post <a href="https://www.librosyletras.com/entrevista-marcelo-acevedo-sobre-su-libro-sombra-terriblecuentos-del-gotico-rural-argentino/">Entrevista | Marcelo Acevedo sobre su libro  «Sombra terrible» cuentos del gótico rural argentino</a> first appeared on <a href="https://www.librosyletras.com">Libros y Letras</a>.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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