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		<title>Empezó el rodaje de “La ciudad invisible”, un film que narra la vida del poeta Luis Hernández</title>
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		<comments>http://www.literalgia.com/2012/02/empezo-el-rodaje-de-%e2%80%9cla-ciudad-invisible%e2%80%9d-un-film-que-narra-la-vida-del-poeta-luis-hernandez/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 17 Feb 2012 04:01:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/Luis-hernández.jpg"><img src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/Luis-hernández.jpg" alt="" title="Luis hernández" width="510" height="285" class="aligncenter size-full wp-image-1037" /></a></p>
<p>La vida de Luis Hernández, el poeta peruano de la generación del 60, será llevada al cine en la película “La ciudad invisible”. Dirigida por Víctor Manuel Checa, un joven realizador peruano, el filme propone una narrativa poco convencional al desarrollarse en base a poemas de Hernández.</p>
<p>“La idea es sugerir quién es Luis Hernández, crear una atmósfera de lo que significa Luis Hernández, porque es bien difícil descifrar quién es, para eso hay periodistas. Yo me estoy basando en un libro de Rafael Romero, que escribió una investigación sobre él, y a partir de esa biografía estoy haciendo esta interpretación personal porque creo que es importante rendir homenaje a un poeta que es de hoy”, explicó Checa en la revista “LoveLima”.</p>
<p>El actor Gonzalo Molina será el encargado de interpretar a Hernández. Karen Spano, Rómulo Assereto, Alina Ferrand y Mariano García completan el reparto de la cinta que todavía no tiene fecha de estreno.</p>
<p>Fuente: El Comercio</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/Luis-hernández.jpg"><img src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/Luis-hernández.jpg" alt="" title="Luis hernández" width="510" height="285" class="aligncenter size-full wp-image-1037" /></a></p>
<p>La vida de Luis Hernández, el poeta peruano de la generación del 60, será llevada al cine en la película “La ciudad invisible”. Dirigida por Víctor Manuel Checa, un joven realizador peruano, el filme propone una narrativa poco convencional al desarrollarse en base a poemas de Hernández.</p>
<p>“La idea es sugerir quién es Luis Hernández, crear una atmósfera de lo que significa Luis Hernández, porque es bien difícil descifrar quién es, para eso hay periodistas. Yo me estoy basando en un libro de Rafael Romero, que escribió una investigación sobre él, y a partir de esa biografía estoy haciendo esta interpretación personal porque creo que es importante rendir homenaje a un poeta que es de hoy”, explicó Checa en la revista “LoveLima”.</p>
<p>El actor Gonzalo Molina será el encargado de interpretar a Hernández. Karen Spano, Rómulo Assereto, Alina Ferrand y Mariano García completan el reparto de la cinta que todavía no tiene fecha de estreno.</p>
<p>Fuente: El Comercio</p>
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		<title>“Hija de la fortuna”, primogénita de una trilogía / Un libro de Isabel Allende</title>
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		<comments>http://www.literalgia.com/2012/02/1028/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 01:04:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estenógrafos]]></category>
		<category><![CDATA[Libros virtuales]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/hija-de-la-fortuna.jpg"><img class="size-full wp-image-1029 alignright" title="hija-de-la-fortuna" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/hija-de-la-fortuna.jpg" alt="" width="170" height="257" /></a></p>
<p>Tengo predilección por los autores latinoamericanos, así como también, por las historias cargadas de ficción y fantasía pero enmarcadas en un contexto real, como una forma más entretenida de aprender la historia, y más aún la fascinante historia del continente americano.</p>
<p>Isabel Allende es sin duda una escritora de muy reconocido éxito comercial, lo cual ha hecho que sea minimizada en cuanto su calidad literaria, al punto de ser considerada “una mala copia de García Márquez” como leí por ahí.<span id="more-1028"></span> Esto obedece al tonto estereotipo de que en la literatura, el éxito no va de la mano con la calidad, si bien hay muchos ejemplos que avalan esta idea, también hay excepciones y Allende es una de ellas.</p>
<p>“Hija de la fortuna”  <a href="http://www.amigosrockola.com/libros/Hijadelafortuna.pdf" target="_blank">(Versión PDF)</a> viene a ser la primera parte de una trilogía conformada además por “Retrato en Sepia” y “La casa de los espíritus”, sin embargo cada libro goza de total independencia, pero se relacionan por tener personajes en común, y el orden de lectura tampoco es muy importante ya que “La casa de los espíritus” fue publicado primero a pesar de ser, según la cronología de la historia, el último. Los tres juntos forman una saga familiar que abarca casi 130 años.</p>
<p>La novela está ambientada en el siglo XIX entre los años 1840 y 1850 en la ciudad de Valparaíso en Chile donde Eliza Sommers, una huérfana que al ser abandonada en casa de una acomodada familia inglesa es criada por ellos, vive una vida tranquila y feliz; opacada un poco por sus dudas sobre su origen pero con el mismo destino de la mayoría de mujeres de esa época: casarse y formar una familia. Conocer el amor con Joaquín Andieta, un simple dependiente de su familia adoptiva, la desviará del camino y juntos vivirán un romance intenso y apasionado a pesar de las diferencias sociales y de ideologías.</p>
<p>Joaquín, para salir de la pobreza, va en busca de fortuna a California donde la fiebre del oro está en todo su apogeo y Eliza, al no soportar su ausencia, decide embarcarse en la aventura de seguirlo. Robando las joyas de su ajuar de novia y en complicidad con su nana y un marinero chino llamado Tao Chi’en, logra infiltrarse en uno de los tantos barcos llenos de individuos cautivados por el oro de California y por la fortuna fácil.</p>
<p>El largo y difícil viaje no será nada comparado con lo que tiene que pasar en California, un lugar desconocido y lleno de peligros sobre todo para una mujer, así que disfrazada de hombre se abre paso en un mundo de bandoleros y prostitutas, en busca de su gran amor a quien siempre termina perdiéndole la pista. Tao Chi’en, que más que marinero es un talentoso médico con una triste historia, se convertirá en su fiel amigo y protector en esa tierra dominada por la codicia.</p>
<p>La historia está llena de variopintos personajes, retrata los diferentes rostros de la sociedad de la época; desde pobres que quieren hacerse ricos y ricos que quieren ser más ricos. Rescata valores tales como el amor y sobre todo la libertad, ya que si bien es el amor lo que impulsa a nuestra protagonista a adentrarse en un mundo difícil y violento, es la sensación de libertad lo que termina dándole sentido a su vida que, de haberse sometido a las reglas de la sociedad, habría sido fácil y sin complicaciones pero vacía y superficial a la vez. Eliza escapó de las cuatros paredes de su mansión, para salir al mundo real y vivir, vivir de la forma que debe ser, soportando sufrimientos para disfrutar una felicidad a plenitud.</p>
<p>(Por @kemisa21 del blog: <a href="http://kemisa21.blogspot.com" target="_blank">http://kemisa21.blogspot.com</a>)</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/hija-de-la-fortuna.jpg"><img class="size-full wp-image-1029 alignright" title="hija-de-la-fortuna" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/02/hija-de-la-fortuna.jpg" alt="" width="170" height="257" /></a></p>
<p>Tengo predilección por los autores latinoamericanos, así como también, por las historias cargadas de ficción y fantasía pero enmarcadas en un contexto real, como una forma más entretenida de aprender la historia, y más aún la fascinante historia del continente americano.</p>
<p>Isabel Allende es sin duda una escritora de muy reconocido éxito comercial, lo cual ha hecho que sea minimizada en cuanto su calidad literaria, al punto de ser considerada “una mala copia de García Márquez” como leí por ahí.<span id="more-1028"></span> Esto obedece al tonto estereotipo de que en la literatura, el éxito no va de la mano con la calidad, si bien hay muchos ejemplos que avalan esta idea, también hay excepciones y Allende es una de ellas.</p>
<p>“Hija de la fortuna”  <a href="http://www.amigosrockola.com/libros/Hijadelafortuna.pdf" target="_blank">(Versión PDF)</a> viene a ser la primera parte de una trilogía conformada además por “Retrato en Sepia” y “La casa de los espíritus”, sin embargo cada libro goza de total independencia, pero se relacionan por tener personajes en común, y el orden de lectura tampoco es muy importante ya que “La casa de los espíritus” fue publicado primero a pesar de ser, según la cronología de la historia, el último. Los tres juntos forman una saga familiar que abarca casi 130 años.</p>
<p>La novela está ambientada en el siglo XIX entre los años 1840 y 1850 en la ciudad de Valparaíso en Chile donde Eliza Sommers, una huérfana que al ser abandonada en casa de una acomodada familia inglesa es criada por ellos, vive una vida tranquila y feliz; opacada un poco por sus dudas sobre su origen pero con el mismo destino de la mayoría de mujeres de esa época: casarse y formar una familia. Conocer el amor con Joaquín Andieta, un simple dependiente de su familia adoptiva, la desviará del camino y juntos vivirán un romance intenso y apasionado a pesar de las diferencias sociales y de ideologías.</p>
<p>Joaquín, para salir de la pobreza, va en busca de fortuna a California donde la fiebre del oro está en todo su apogeo y Eliza, al no soportar su ausencia, decide embarcarse en la aventura de seguirlo. Robando las joyas de su ajuar de novia y en complicidad con su nana y un marinero chino llamado Tao Chi’en, logra infiltrarse en uno de los tantos barcos llenos de individuos cautivados por el oro de California y por la fortuna fácil.</p>
<p>El largo y difícil viaje no será nada comparado con lo que tiene que pasar en California, un lugar desconocido y lleno de peligros sobre todo para una mujer, así que disfrazada de hombre se abre paso en un mundo de bandoleros y prostitutas, en busca de su gran amor a quien siempre termina perdiéndole la pista. Tao Chi’en, que más que marinero es un talentoso médico con una triste historia, se convertirá en su fiel amigo y protector en esa tierra dominada por la codicia.</p>
<p>La historia está llena de variopintos personajes, retrata los diferentes rostros de la sociedad de la época; desde pobres que quieren hacerse ricos y ricos que quieren ser más ricos. Rescata valores tales como el amor y sobre todo la libertad, ya que si bien es el amor lo que impulsa a nuestra protagonista a adentrarse en un mundo difícil y violento, es la sensación de libertad lo que termina dándole sentido a su vida que, de haberse sometido a las reglas de la sociedad, habría sido fácil y sin complicaciones pero vacía y superficial a la vez. Eliza escapó de las cuatros paredes de su mansión, para salir al mundo real y vivir, vivir de la forma que debe ser, soportando sufrimientos para disfrutar una felicidad a plenitud.</p>
<p>(Por @kemisa21 del blog: <a href="http://kemisa21.blogspot.com" target="_blank">http://kemisa21.blogspot.com</a>)</p>
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		<title>Mira las únicas imágenes de video del poeta peruano César Vallejo</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Feb 2012 06:55:51 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[<p><object width="450" height="259"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/0v3GnRCFwGc?version=3&amp;hl=es_MX&amp;rel=0"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/0v3GnRCFwGc?version=3&amp;hl=es_MX&amp;rel=0" type="application/x-shockwave-flash" width="450" height="259" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>Las imágenes muestran al poeta César Vallejo (Perú, 1892 &#8211; Paris, 1938), autor de “Los heraldos negros”, “Trilce”, “España, aparta de mí este caliz”, entre otros. En el video, se observa a Vallejo cuando participaba en II Congreso de Escritores Antifascista en la ciudad de Valencia en España, realizado en julio de 1937. </p>
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<p>Las imágenes muestran al poeta César Vallejo (Perú, 1892 &#8211; Paris, 1938), autor de “Los heraldos negros”, “Trilce”, “España, aparta de mí este caliz”, entre otros. En el video, se observa a Vallejo cuando participaba en II Congreso de Escritores Antifascista en la ciudad de Valencia en España, realizado en julio de 1937. </p>
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		<title>Canciones para caminar</title>
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		<comments>http://www.literalgia.com/2012/01/canciones-para-caminar/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 31 Jan 2012 05:57:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Caminar]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: left;"><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/foto-caminar.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1011" title="foto caminar" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/foto-caminar.jpg" alt="" width="500" height="296" /></a><br />
Camino siempre que puedo, creo que crecer y vivir en una urbe como Lima en la que el transporte público es caótico hace que prefiera caminar antes que tomar un bus cada vez que puedo. Descubrí el placer de caminar sin ningún motivo en especial, en mi breve estadía por el extranjero; hoy de vuelta redescubro lo bonito que puede ser caminar por Lima algunos días.<span id="more-1010"></span></p>
<blockquote><p>“Caminante no hay camino, se hace camino al andar” (A. Machado)</p></blockquote>
<p>Me encanta caminar: caminar sola, caminar en buena compañía, caminar escuchando los ruidos de la naturaleza o la ciudad según sea el caso, caminar escuchando música. Por eso aquí va una pequeña selección de canciones para caminar (o correr o montar bicicleta) y sonreír al mismo tiempo:</p>
<p>1)<a href="http://www.youtube.com/watch?v=h1DD2gZ3ftE" target="_blank"> Lisandro Aristimuño &#8211; Caminata</a>: para una caminata en medio de la naturaleza en un día soleado.</p>
<p>2) <a href="http://www.youtube.com/watch?v=QgZBKNdo8gs" target="_blank">Jorge Drexler &#8211; La trama</a> y el desenlace: un paseo urbano de a dos</p>
<p>3) <a href="http://www.youtube.com/watch?v=pq-yP7mb8UE&amp;ob=av2e" target="_blank">Death cab for cutie &#8211; I will posses your heart</a>: el video de esta canción siempre me inspira a partir de viaje o en su defecto salir a caminar.</p>
<p>4) <a href="http://www.youtube.com/watch?v=RaP7ZPRH-Xo&amp;feature=related" target="_blank">Kanaku y el tigre &#8211; Bicicleta</a>: para los que prefieren ir en 2 ruedas, ideal para pensar en caminatas veraniegas.</p>
<p>5)<a href="http://www.youtube.com/watch?v=rurdUSkr7JQ" target="_blank"> Caracol- Certitudes: </a>“J&#8217;ai couru et couru, couru à perdre haleine, chacun des détours en valait la peine…”</p>
<p><object width="500" height="284" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/_2YHSHyH5fc?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="500" height="284" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/_2YHSHyH5fc?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object></p>
<p>Entonces, ¿qué esperas? Hora de coger tu música favorita, unos buenos zapatos y salir a caminar! (Por <a href="https://twitter.com/#!/meikuei" target="_blank">@meikuei</a> del blog: <a href="http://www.ecosdeunsentimiento.blogspot.com/" target="_blank">Ecos de un Sentimiento</a>)</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/foto-caminar.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1011" title="foto caminar" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/foto-caminar.jpg" alt="" width="500" height="296" /></a><br />
Camino siempre que puedo, creo que crecer y vivir en una urbe como Lima en la que el transporte público es caótico hace que prefiera caminar antes que tomar un bus cada vez que puedo. Descubrí el placer de caminar sin ningún motivo en especial, en mi breve estadía por el extranjero; hoy de vuelta redescubro lo bonito que puede ser caminar por Lima algunos días.<span id="more-1010"></span></p>
<blockquote><p>“Caminante no hay camino, se hace camino al andar” (A. Machado)</p></blockquote>
<p>Me encanta caminar: caminar sola, caminar en buena compañía, caminar escuchando los ruidos de la naturaleza o la ciudad según sea el caso, caminar escuchando música. Por eso aquí va una pequeña selección de canciones para caminar (o correr o montar bicicleta) y sonreír al mismo tiempo:</p>
<p>1)<a href="http://www.youtube.com/watch?v=h1DD2gZ3ftE" target="_blank"> Lisandro Aristimuño &#8211; Caminata</a>: para una caminata en medio de la naturaleza en un día soleado.</p>
<p>2) <a href="http://www.youtube.com/watch?v=QgZBKNdo8gs" target="_blank">Jorge Drexler &#8211; La trama</a> y el desenlace: un paseo urbano de a dos</p>
<p>3) <a href="http://www.youtube.com/watch?v=pq-yP7mb8UE&amp;ob=av2e" target="_blank">Death cab for cutie &#8211; I will posses your heart</a>: el video de esta canción siempre me inspira a partir de viaje o en su defecto salir a caminar.</p>
<p>4) <a href="http://www.youtube.com/watch?v=RaP7ZPRH-Xo&amp;feature=related" target="_blank">Kanaku y el tigre &#8211; Bicicleta</a>: para los que prefieren ir en 2 ruedas, ideal para pensar en caminatas veraniegas.</p>
<p>5)<a href="http://www.youtube.com/watch?v=rurdUSkr7JQ" target="_blank"> Caracol- Certitudes: </a>“J&#8217;ai couru et couru, couru à perdre haleine, chacun des détours en valait la peine…”</p>
<p><object width="500" height="284" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/_2YHSHyH5fc?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="500" height="284" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/_2YHSHyH5fc?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object></p>
<p>Entonces, ¿qué esperas? Hora de coger tu música favorita, unos buenos zapatos y salir a caminar! (Por <a href="https://twitter.com/#!/meikuei" target="_blank">@meikuei</a> del blog: <a href="http://www.ecosdeunsentimiento.blogspot.com/" target="_blank">Ecos de un Sentimiento</a>)</p>
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		<item>
		<title>Zapato refugio para el cuervo anacoreta de Miguel Angel Zapata / Mecanismos 2</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 05:58:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estenógrafos]]></category>
		<category><![CDATA[Fotos]]></category>
		<category><![CDATA[mecasnismos]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/Zapato-Miguel-Angel-Zapata.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1006" title="Zapato Miguel Angel Zapata" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/Zapato-Miguel-Angel-Zapata.jpg" alt="" width="500" height="366" /></a></p>
<p><em>Segunda entrega de Mecanismos. Autor: Daniel Maguiña</em><span id="more-1005"></span></p>
<p style="text-align: left;">Y como quien dice Mecanismo, este zapato es el zapato para refugiarse de la ficción. Especulo nomás, que sería un zapato como para ir de vuelta a un molino de viento, iría también a hacer un poco de bulla con el taco con ruedita a un cine mudo que ve expectante la película, o me los quitaría cuando tengamos que ir a la volada. Es el refugio de ficciones del cuervo anacoreta de Miguel Angel, no el cuervo espantapajaroso, este es el cuervo canario de colores brillantes, el cuervo anacoreta en un zapato que funciona siempre que haya una ficción para ir de temporadas muy seguidas. No hay par de este zapato, para volar ni tan necesario es este ejemplar taco nueve de cuervo redondo, colorido, saltimbanqui. Sin embargo, si logramos que el cuervo nos lo preste un momento, sentiremos el vuelo como de un reloj, la mágica envoltura de sus plumas.</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/Zapato-Miguel-Angel-Zapata.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-1006" title="Zapato Miguel Angel Zapata" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2012/01/Zapato-Miguel-Angel-Zapata.jpg" alt="" width="500" height="366" /></a></p>
<p><em>Segunda entrega de Mecanismos. Autor: Daniel Maguiña</em><span id="more-1005"></span></p>
<p style="text-align: left;">Y como quien dice Mecanismo, este zapato es el zapato para refugiarse de la ficción. Especulo nomás, que sería un zapato como para ir de vuelta a un molino de viento, iría también a hacer un poco de bulla con el taco con ruedita a un cine mudo que ve expectante la película, o me los quitaría cuando tengamos que ir a la volada. Es el refugio de ficciones del cuervo anacoreta de Miguel Angel, no el cuervo espantapajaroso, este es el cuervo canario de colores brillantes, el cuervo anacoreta en un zapato que funciona siempre que haya una ficción para ir de temporadas muy seguidas. No hay par de este zapato, para volar ni tan necesario es este ejemplar taco nueve de cuervo redondo, colorido, saltimbanqui. Sin embargo, si logramos que el cuervo nos lo preste un momento, sentiremos el vuelo como de un reloj, la mágica envoltura de sus plumas.</p>
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		<title>Tokio Blues / Reseña de la novela de Haruki Murakami</title>
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		<comments>http://www.literalgia.com/2011/12/tokio-blues-resena-de-la-novela-de-haruki-murakami/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 Dec 2011 23:53:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros virtuales]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-pIVUgOy3YH8/Ttq01zFgW7I/AAAAAAAABb8/NS110Xz0LRw/s1600/Libro-Tokio-Blues.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5682052716220668850" style="float: right; margin: 0 0 10px 10px; cursor: hand; width: 219px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-pIVUgOy3YH8/Ttq01zFgW7I/AAAAAAAABb8/NS110Xz0LRw/s320/Libro-Tokio-Blues.jpg" alt="" border="0" /></a> Tokio Blues fue uno de los libros que lanzó a la fama internacional a Haruki Murakami, un escritor japonés que hace poco fue nominado al Nobel y que ya desde hace un buen tiempo goza de un nutrido club de fans a nivel mundial.<span id="more-1001"></span></p>
<p>Como dirían algunos, su literatura se ha puesto de moda y en el Perú no son pocos los que ya han descubierto el placer de apreciar su manera de narrar historias.</p>
<p>Hijo de dos amantes de literatura y ex vendedor de discos, Haruki escribió este libro inspirado casi en su vida misma. El personaje, Watanabe es un universitario amantes de los libros que, para ganarse alguito, vende discos y siente una necesidad imperiosa de estar solo, aunque vive enamorado, o atraído u obsesionado de Naoko, una amiga de la adolescencia.</p>
<p>La historia se desliza por una línea de recuerdos, nostalgias, represiones, gustos y costumbres de las décadas pasadas en Japón, país que no es retratado como un país conservador, sino como uno muy occidentalizado, reflejado en su liberación sexual, música, pensamiento y hasta en las conversaciones cotidianas de sus habitantes.</p>
<p>Cada personaje de Tokio Blues encierra un submundo aparte, una isla que solo puede comunicarse con otra isla. La gran constante de esta novela es la soledad. La individualidad. El ser subjetivo que interpreta todo desde su esquina y vive, aún sabiendo que no comprende nada o que lo comprende suficiente.</p>
<p>Los temas o, mejor dicho, los ingredientes de la novela -como para ser degustado por lectores de todas las edades- son: una dosis de amor, otra juventud, media taza de exploración, harta nostalgia, un balde de locura, una pizca de suicidio, dos cucharadas de sexo, un vaso de literatura universal y una botella entera de música.</p>
<p>La descripción, las historias paralelas dentro de la novela y el recuento de música y opiniones libros son un plus que a todo amante de la literatura le parecerá más que interesante. Un libro para degustar a solas.</p>
<p>El subtítulo de la novela, Norwegian Word, es el título de una canción de The Beatles:<br />
<object width="500" height="369" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/N3cUejOltsA?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="500" height="369" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/N3cUejOltsA?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object></p>
<p>También se hizo una película sobre el libro:<br />
<object width="500" height="315" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/bQ8Wmuzhg-Q?version=3&amp;hl=es_ES" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="500" height="315" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/bQ8Wmuzhg-Q?version=3&amp;hl=es_ES" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object></p>
<p>Aquí un enlace en donde pueden hallar el <a href="http://leelibros.com/biblioteca/files/Descarga%20el%20Avance%20de%20Tokio%20Blues%20(Norwegian%20Wood),%20de%20Haruki%20Murakami.pdf">libro en PDF</a></p>
<p><strong>Frases interesantes de la novela:</strong></p>
<p>* Recién llegado a Tokio, cuando empecé una nueva vida en la residencia, tenía un único propósito: tratar de no tomarme las cosas a pecho, mantener la debida distancia con el mundo. Nada más. Y decidí olvidar por completo la mesa de billar forrada de fieltro verde, el N-360 rojo y las flores blancas sobre el pupitre, la columna de humo alzándose desde la alta chimenea del crematorio, el pisapapeles con forma achaparrada en la sala de interrogatorios. Al principio, pensé que iba a lograrlo. Sin embargo, por más que intentase olvidarlo, en mi interior permanecía una especie de masa de aire de contornos imprecisos. Con el paso del tiempo, esta masa empezó a definirse. Ahora puedo traducirla en las siguientes palabras: «La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella»”.</p>
<p>* Hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. «Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella.» Yo pensaba así. Me parecía un razonamiento lógico. La vida está en esta orilla; la muerte, en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí.</p>
<p>* Naoko lucía pasadores en el pelo, pero siempre mostraba la oreja derecha. Puesto que siempre la veía de espaldas, ésta es la imagen que hoy mejor recuerdo. Cuando se sentía avergonzada, jugueteaba con el pasador. Y se secaba las comisuras de los labios antes de decir algo. Mirándola hacer estos gestos, poco a poco empezó a gustarme.</p>
<p>* Conforme iba avanzando el invierno, los ojos de Naoko parecían ir ganando en transparencia. Una transparencia ausente. Pronto, sin razón aparente, clavaba sus ojos en los míos como si buscara algo, y, cada vez que esto ocurría, me embargaba una extraña e insoportable sensación de soledad.</p>
<p>* Leía mucho, lo que no quiere decir que leyera muchos libros. Más bien prefería releer las obras que me habían gustado. En esa época mis escritores favoritos eran Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald, Raymond Chandler, pero no había nadie en clase o en la residencia que disfrutara leyendo a este tipo de autores. Ellos preferían a Kazumi Takahashi, Kenzaburo Óe, Yukio Mishima, o a novelistas franceses contemporáneos. Así pues, no tenía este punto en común con los demás, y leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaban de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus páginas, me sentía feliz.</p>
<p>A los dieciocho años, mi libro favorito era El centauro, de John Updike, pero cuando lo hube releído varias veces, perdió su chispa y cedió la primera posición a El gran Gatsby, de Fitzgerald, obra que continuó encabezando mi lista de favoritos durante mucho tiempo. Tomar El gran Gatsby de la estantería, abrirlo al azar y leer unos párrafos se convirtió en una costumbre, y jamás me decepcionó. No había una sola página de más. «¡Es una novela extraordinaria!», pensaba. Me hubiera gustado hacer partícipes a los otros chicos de tal maravilla. Pero a mi alrededor no había nadie que leyera El gran Gatsby. Dudo que lo hubieran apreciado. En 1968 leer El gran Gatsby no llegaba a ser un acto reaccionario, pero tampoco podía calificarse de encomiable.<br />
Pese a todo, conocí a una persona que había leído El gran Gatsby, y nos hicimos amigos precisamente por ello. Se llamaba Nagasawa…</p>
<p>* A mediados de abril Naoko cumplió veinte años. Puesto que yo había nacido en noviembre, ella era siete meses mayor. No acababa de hacerme a la idea de que ella cumpliera veinte años. Me daba la impresión de que lo normal sería que, tanto ella como yo—, viviéramos eternamente entre los dieciocho y diecinueve años. Después de los dieciocho, cumplir diecinueve; después de los diecinueve, cumplir otra vez dieciocho. Eso sí tendría sentido. Pero ella había cumplido veinte años. Y yo en otoño también los cumpliría. Sólo un muerto podía quedarse en los diecisiete años para siempre.</p>
<p>* Aquella noche me acosté con Naoko. No sé si fue lo correcto. Ni siquiera hoy, veinte años después, podría decirlo. Tal vez jamás lo sepa. Pero entonces era lo único que podía hacer. Ella estaba en un terrible estado de nerviosismo y confusión; deseaba que yo la tranquilizase. Apagué la luz de la habitación, la desnudé despacio, con ternura; luego me quité la ropa. La abracé. Aquella noche de lluvia tibia no sentimos el frío. En la oscuridad, exploramos nuestros cuerpos sin palabras. La besé, envolví con suavidad sus senos con mis manos. Naoko asió mi pene erecto. Su vagina, húmeda y cálida, me esperaba. Sin embargo, cuando la penetré sintió mucho dolor. Le pregunté si era la primera vez, y ella asintió. Me quedé desconcertado. Creía que ella y Kizuki se acostaban. Introduje el pene hasta lo más hondo, lo dejé inmóvil y la abracé durante mucho tiempo. Cuando vi que se tranquilizaba, empecé a moverlo despacio y, mucho después, eyaculé. Al rato, Naoko me abrazó muy fuerte y gritó. Era el orgasmo más triste que había oído nunca.</p>
<p>* Leí la carta más de cien veces. Y siempre que lo hacía me invadía una tristeza insondable. La misma que sentía cuando Naoko me miraba fijamente a los ojos. Era incapaz de soportar aquel desconsuelo, pero no podía encerrarlo en ninguna parte. No tenía contornos, ni peso, igual que un fuerte viento soplando a mi alrededor. Ni siquiera podía investirme de él. La escena discurría despacio ante mis ojos. Pero las palabras que se pronunciaban no llegaban a mis oídos.</p>
<p>* Los faros de los coches formaban un río de luz que discurría entre las calles. Un zumbido sordo, mezcla de varios sonidos, flotaba en una nube sobre la ciudad.</p>
<p>* Aquel domingo por la mañana sólo había tres ancianas en el tranvía. Cuando subí, las tres me miraron de arriba abajo y luego miraron las flores que llevaba en la mano. Una de las ancianas me sonrió. Le devolví la sonrisa. Me senté en el último asiento, contemplé los viejos edificios que iban sucediéndose, uno tras otro, a ras de la ventanilla. El tranvía casi rozaba los edificios al pasar. En el tendedero de una casa vi diez macetas de tomates y, a su lado, un gato negro y grande dormitando al sol. Más allá, un niño hacía pompas de jabón. Se oía una canción de Ayumi Ishida. Incluso podía olerse el curry. El tranvía se abría paso entre la intimidad de las callejuelas. A lo largo del trayecto, subieron algunos pasajeros, pero las tres ancianas continuaron absortas en su conversación, incansables, con las cabezas muy juntas.</p>
<p>* Entre sorbo y sorbo de cerveza fría, observé a Midori, de espaldas, que cocinaba con esmero. Movía su cuerpo con agilidad y destreza mientras realizaba cuatro tareas a la vez. Viéndola, uno pensaba que estaba probando lo que se cocía en la cazuela, que picaba algo sobre la tabla de cortar o sacaba algo del frigorífico y lo servía en un plato, o que estaba lavando un cacharro que ya no necesitaba. De espaldas, recordaba a un percusionista indio. De esos que, mientras están haciendo sonar unas campanillas, aporrean una tabla y golpean unos huesos de búfalo de agua. Todos sus movimientos eran rápidos y precisos, el equilibrio perfecto. La contemplé con admiración.</p>
<p>* Nos miramos a los ojos. Le rodeé los hombros con un brazo y la besé. Midori tensó el cuerpo un momento, se relajó de inmediato y cerró los ojos. Nuestros labios permanecieron unidos unos cinco o seis segundos. El sol de principios de otoño proyectaba en sus mejillas la sombra de las pestañas, agitadas por un temblor casi imperceptible. Fue un beso dulce, cariñoso, sin ningún significado. De no haberme encontrado sentado en el terrado, al sol de la tarde, bebiendo cerveza y contemplando el incendio, no la hubiera besado, y creo que a ella le sucedía lo mismo. Al contemplar los tejados brillantes de las casas, el humo y las libélulas rojas, había brotado entre nosotros un sentimiento cálido e íntimo que, de manera inconsciente, habíamos deseado materializar. Así fue nuestro beso. Sin embargo, era un beso que no estaba exento de peligro.</p>
<p>* A las cinco le dije a Midori que me iba a trabajar y abandoné su casa. Le había propuesto salir a tomar algo, pero ella había rechazado mi invitación alegando que estaba esperando una llamada.<br />
—Quedarme todo el día en casa esperando una llamada es algo que odio con todo el alma. Si estoy sola, me da la sensación de que voy pudriéndome y deshaciéndome, hasta convertirme en un líquido verdoso que es absorbido por la tierra. De mí sólo sobrevive la ropa. Ésta es la sensación que tengo cuando me quedo todo el día en casa esperando una llamada.</p>
<p>* Su belleza me emocionó. Me sorprendió que una mujer pudiera cambiar tanto en medio año. La nueva belleza de Naoko me seducía tanto, o más, que la anterior, pero, con todo, no pude reprimir un sentimiento de nostalgia al pensar en la que había perdido. En aquella belleza ensimismada propia de la adolescencia que había seguido su propio camino y jamás volvería.</p>
<p>* Caminé por un sendero bañado por la luz irreal de la luna, entré en el bosque, vagué por él sin rumbo. Bajo la luz de la luna, todos los sonidos tenían una extraña reverberación. El ruido amortiguado de mis pasos parecía llegar de lejos, cual si estuviera andando por el fondo del mar. A veces oía un ligero crujido a mis espaldas. En el bosque flotaba una tensión palpable, como si los animales nocturnos aguardaran, inmóviles, conteniendo la respiración, a que me alejara.</p>
<p>* Era hermosa como un ángel. Tenía una belleza angelical. Fue la primera y última vez en mi vida que vi una chica tan hermosa. Tenía el pelo largo y negro como la tinta china, los brazos y las piernas largos y gráciles, los ojos brillantes, los labios delgados y suaves como acabados de hacer. Al verla, me quedé sin habla. Cuando se sentó en el sofá de la sala de estar, la estancia parecía haberse transformado en otra mucho más lujosa. Si la mirabas de frente, quedabas deslumbrado. Tenías que entornar los ojos.</p>
<p>* Alargué el brazo e intenté tocarla, pero ella se echó hacia atrás. Los labios le temblaban. A continuación, alzó las dos manos y empezó a desabrocharse la bata. Tenía siete botones. Contemplé, cual si fuera una prolongación del sueño, cómo sus hermosos y delgados dedos iban desabrochándolos, uno tras otro. Una vez hubo soltado los siete pequeños botones blancos, Naoko, como una serpiente que se desprende de su piel, dejó que la bata se deslizara desde los hombros hasta la cadera y quedó completamente desnuda, pues no llevaba nada debajo. Lo único que tenía puesto era el pasador con forma de mariposa. Naoko, todavía arrodillada en el suelo, se quedó mirándome. Bañado por la suave luz de la luna, su cuerpo tenía el lustre de la carne recién nacida, y casi despertaba compasión. Al moverse —en un movimiento apenas perceptible—, las partes bañadas por la luz de la luna se desplazaron levemente, las sombras que teñían su cuerpo cambiaron de forma. Los pechos redondos y llenos, los pequeños pezones, la cavidad del ombligo, las caderas, el vello púbico, todas las texturas de aquella sombra cambiaron de forma, igual que las ondas sobre la superficie de un lago.</p>
<p>* «Ahora estoy haciendo el amor contigo. Estoy dentro de ti. Pero, en realidad, no tiene ninguna importancia. Tanto da. No deja de ser un coito. Al poner en contacto nuestros cuerpos imperfectos, no hacemos más que contarnos lo que no podríamos contarnos de otro modo. Y así adquirimos conciencia de nuestras respectivas imperfecciones»</p>
<p>Pensé en Naoko, en el cuerpo desnudo de Naoko con el pasador del pelo puesto. Imaginé la curva de su cintura y la sombra de su vello púbico. ¿Por qué se había desnudado delante de mí? ¿Estaba sonámbula? ¿O no había sido más que una fantasía? Con el paso del tiempo, conforme iba alejándome de aquel pequeño mundo, dudaba sobre si los sucesos de aquella noche habían sido reales. Si pensaba que habían ocurrido de verdad, me parecía que habían ocurrido de verdad; pero si pensaba que eran una fantasía, entonces me parecía que habían sido una fantasía. Para ser una ilusión, los detalles eran demasiado precisos; para ser reales, éstos eran demasiado hermosos. El cuerpo de Naoko y la luz de la luna.</p>
<p>* Hatsumi cruzó los brazos, cerró los ojos y se recostó en el asiento del taxi. Los pendientes de oro refulgían con el vaivén del vehículo. El vestido azul medianoche parecía haber sido confeccionado a propósito para la oscuridad del interior del taxi. Los labios bien delineados de Hatsumi, pintados en un tono pálido, temblaban como si ella misma temiera abrir la boca e iniciar un monólogo. Mirándola de aquella forma, comprendí por qué Nagasawa la había elegido para ser su novia. Quizás hubiera muchas mujeres más hermosas que Hatsumi y probablemente Nagasawa podía seducir a muchas de ellas. Pero Hatsumi poseía algo que hacía estremecer el corazón de las personas. No lo lograba con un gran despliegue de energía. La fuerza que emanaba de ella estaba escondida, pero despertaba la empatía en los demás. En el taxi, de camino a Shibuya, mientras la observaba, me pregunté qué era aquella emoción que yo sentía de pronto. Pero entonces no logré hallar la respuesta.</p>
<p>Diálogos:</p>
<p>* Cuanto más conocía a Nagasawa, más extraño me parecía. A lo largo de mi vida, me había cruzado, había encontrado o conocido a muchas personas extrañas, pero jamás a nadie que lo fuera tanto. Leía muchísimo más que yo, pero tenía por principio no adentrarse en una obra hasta que hubieran transcurrido treinta años de la muerte del autor. «Sólo me fío de estos libros», decía.<br />
—No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo precioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo. ¿Sabes?, la vida es corta.<br />
—¿Y qué escritores te gustan? —le pregunté.<br />
—Balzac, Dante, Joseph Conrad, Dickens —me respondió al instante.<br />
—No son muy actuales que digamos.<br />
—Si leyera lo mismo que los demás, acabaría pensando como ellos. ¡El mundo está lleno de mediocres! A la gente que vale la pena le daría vergüenza hacer lo que hacen ésos. ¿No te has dado cuenta, Watanabe? Los únicos medianamente decentes de toda la residencia somos tú y yo. El resto son basura.<br />
—¿Por qué lo dices? —Me sorprendí.<br />
—Porque lo sé. Lo llevan escrito en la cara. Basta con mirarlos. Además, nosotros dos leemos El gran Gatsby.<br />
Hice un cálculo mental: «Todavía no han pasado treinta años desde la muerte de Scott Fitzgerald».<br />
—Y qué más da. ¡Por dos años! —exclamó—. A un escritor tan extraordinario como él lo adelanto, y no hay más que hablar.</p>
<p>************************</p>
<p>—Oye, Watanabe&#8230; —me susurró al oído.<br />
—Dime.<br />
—¿Tienes ganas de acostarte conmigo?<br />
—Claro —dije.<br />
—¿Podrás esperar?<br />
—Podré esperar.<br />
—Antes de hacerlo quiero estar mejor. Encontrarme bien y convertirme en tu pasatiempo. ¿Podrás esperar hasta entonces?<br />
—Claro.<br />
—¿Se te ha puesto dura?<br />
—¿La planta del pie?<br />
—¡Tonto! —Naoko soltó una risita.<br />
—Si te refieres a si tengo una erección, te diré que si. Claro.<br />
—¿Te importaría dejar de decir «claro»?<br />
—No lo diré más.<br />
—¿No es penoso?<br />
—¿El qué?<br />
—Que se te ponga dura.<br />
—¿«Penoso»? —repetí.<br />
—Es decir, doloroso.<br />
—Según como lo mires.<br />
—¿Te ayudo a correrte?<br />
—¿Con la mano?<br />
—Sí —afirmó Naoko—. Desde hace rato se me está clavando aquí y me hace daño.<br />
Me aparté un poco.<br />
—¿Está mejor así?<br />
—Sí, gracias.<br />
—Escucha, Naoko&#8230;<br />
—¿Qué?<br />
—Me gustaría que lo hicieras.<br />
—Bien. —Esbozó una sonrisa.<br />
Me bajó la cremallera de los pantalones y asió mi pene erecto.<br />
—Está caliente —dijo.<br />
Se disponía a mover la mano cuando la detuve, le desabotoné la blusa, le rodeé la espalda con mis brazos, le desabroché el sujetador. Besé sus suaves pechos. Naoko cerró los ojos y empezó a mover los dedos despacio.<br />
—Lo haces bastante bien.<br />
—Sé buen chico y estate callado.</p>
<p>**********************</p>
<p>—Watanabe, ¿sabes lo que más me gusta de las películas porno?<br />
—No.<br />
—Pues que cuando empieza una escena de sexo se oye cómo alrededor en la sala todo el mundo traga saliva. ¡Glups! —comentó Midori—. Me encanta ese ¡glups! ¡Es muy gracioso!</p>
<p>***********************</p>
<p>Después entramos en un bar y tomamos una copa. Yo bebí un vaso de whisky, Midori, dos o tres copas de no sé qué cóctel. Al salir del local, se empeñó en trepar a un árbol.<br />
—Por aquí no hay árboles. Además, estás demasiado borracha para subirte a uno —le advertí.<br />
—Eres siempre tan sensato que acabas deprimiendo al personal. Estoy borracha porque me da la gana. ¿Pasa algo? Y, aunque lo esté, puedo subirme a los árboles. ¡Eso es! Me subiré a uno muy, muy alto y me haré pipí encima de la gente, como si fuera una cigarra.<br />
—¿No será que tienes ganas de ir al baño?<br />
—Sí.</p>
<p>************************</p>
<p>—El otro día me desnudé delante de la fotografía de mi padre. Le mostré mi cuerpo en una postura de yoga. «Mira, papá, esto son las tetas, esto el coño&#8230;»<br />
—¿Y por qué lo hiciste? —le pregunté anonadado.<br />
—Me apetecía mostrarle mi cuerpo. Total, la mitad de mi existencia es fruto de un espermatozoide suyo, ¿no? ¿Qué hay de malo en enseñárselo? «Ésta es tu hija.» Puestos a confesarlo todo, estaba borracha, lo cual me animó a hacerlo.<br />
—Ah.<br />
—Al llegar, mi hermana se quedó patidifusa. Me vio desnuda, abierta de piernas, delante de la fotografía de mi padre. Y claro, se sorprendió.<br />
—No me extraña.<br />
—Le expliqué mis razones. Le dije: «Hazlo tú también, Momo. Ven aquí, desnúdate y enséñaselo todo a papá». Pero ella no lo hizo. Se sorprendió y se fue. En estas cosas, es muy conservadora.</p>
<p>****************************</p>
<p>—Cuéntame algo —dijo Midori presionando la cara contra mi pecho.<br />
—¿Qué quieres que te cuente?<br />
—Cualquier cosa. Algo que me haga sentirme mejor.<br />
—Eres muy guapa.<br />
—Midori. Pronuncia mi nombre.<br />
—Eres muy bonita, Midori —corregí.<br />
—¿Cuánto?<br />
—Tan bonita como para hacer que las montañas se derrumben y el mar se seque.<br />
Midori levantó la cabeza y me miró.<br />
—¡Tus expresiones son muy peculiares! —comentó.<br />
—Viniendo de ti, me quedo tranquilo —dije, riéndome.<br />
—Dime más cosas bonitas.<br />
—Me gustas, Midori.<br />
—¿Cuánto?<br />
—Me gustas como un oso en primavera.<br />
—¿«Un oso en primavera»? —Midori volvió a levantar la cabeza—. ¿Qué es esto? ¡«Un oso en primavera»!<br />
—Imagina que paseas sola por un prado y se te acerca un osito con la piel aterciopelada y unos ojazos. De pronto el osito te dice: «¡Buenos días, señorita! ¿Quiere usted rodar conmigo?». Entonces tú y el osito os pasáis el día entero rodando abrazados por una ladera sembrada de tréboles. Es bonito, ¿no?<br />
—Muy bonito.<br />
—Pues a mí me gustas tanto como eso.<br />
Midori me abrazó con fuerza.<br />
—Es lo mejor que he oído nunca —agradeció—. Si tanto te gusto, ¿harás caso de cualquier cosa que te diga? ¡Y no te enfades!<br />
—Claro.<br />
—¿Me cuidarás siempre?<br />
—Claro. —Y le acaricié su pelo corto, parecido al de un bebé—. Todo irá bien. No te preocupes por nada.<br />
—Tengo miedo —dijo Midori.<br />
La abracé con dulzura hasta que sus hombros empezaron a subir y bajar rítmicamente y empezó a oírse la respiración del sueño.</p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-pIVUgOy3YH8/Ttq01zFgW7I/AAAAAAAABb8/NS110Xz0LRw/s1600/Libro-Tokio-Blues.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5682052716220668850" style="float: right; margin: 0 0 10px 10px; cursor: hand; width: 219px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-pIVUgOy3YH8/Ttq01zFgW7I/AAAAAAAABb8/NS110Xz0LRw/s320/Libro-Tokio-Blues.jpg" alt="" border="0" /></a> Tokio Blues fue uno de los libros que lanzó a la fama internacional a Haruki Murakami, un escritor japonés que hace poco fue nominado al Nobel y que ya desde hace un buen tiempo goza de un nutrido club de fans a nivel mundial.<span id="more-1001"></span></p>
<p>Como dirían algunos, su literatura se ha puesto de moda y en el Perú no son pocos los que ya han descubierto el placer de apreciar su manera de narrar historias.</p>
<p>Hijo de dos amantes de literatura y ex vendedor de discos, Haruki escribió este libro inspirado casi en su vida misma. El personaje, Watanabe es un universitario amantes de los libros que, para ganarse alguito, vende discos y siente una necesidad imperiosa de estar solo, aunque vive enamorado, o atraído u obsesionado de Naoko, una amiga de la adolescencia.</p>
<p>La historia se desliza por una línea de recuerdos, nostalgias, represiones, gustos y costumbres de las décadas pasadas en Japón, país que no es retratado como un país conservador, sino como uno muy occidentalizado, reflejado en su liberación sexual, música, pensamiento y hasta en las conversaciones cotidianas de sus habitantes.</p>
<p>Cada personaje de Tokio Blues encierra un submundo aparte, una isla que solo puede comunicarse con otra isla. La gran constante de esta novela es la soledad. La individualidad. El ser subjetivo que interpreta todo desde su esquina y vive, aún sabiendo que no comprende nada o que lo comprende suficiente.</p>
<p>Los temas o, mejor dicho, los ingredientes de la novela -como para ser degustado por lectores de todas las edades- son: una dosis de amor, otra juventud, media taza de exploración, harta nostalgia, un balde de locura, una pizca de suicidio, dos cucharadas de sexo, un vaso de literatura universal y una botella entera de música.</p>
<p>La descripción, las historias paralelas dentro de la novela y el recuento de música y opiniones libros son un plus que a todo amante de la literatura le parecerá más que interesante. Un libro para degustar a solas.</p>
<p>El subtítulo de la novela, Norwegian Word, es el título de una canción de The Beatles:<br />
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<p>También se hizo una película sobre el libro:<br />
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<p>Aquí un enlace en donde pueden hallar el <a href="http://leelibros.com/biblioteca/files/Descarga%20el%20Avance%20de%20Tokio%20Blues%20(Norwegian%20Wood),%20de%20Haruki%20Murakami.pdf">libro en PDF</a></p>
<p><strong>Frases interesantes de la novela:</strong></p>
<p>* Recién llegado a Tokio, cuando empecé una nueva vida en la residencia, tenía un único propósito: tratar de no tomarme las cosas a pecho, mantener la debida distancia con el mundo. Nada más. Y decidí olvidar por completo la mesa de billar forrada de fieltro verde, el N-360 rojo y las flores blancas sobre el pupitre, la columna de humo alzándose desde la alta chimenea del crematorio, el pisapapeles con forma achaparrada en la sala de interrogatorios. Al principio, pensé que iba a lograrlo. Sin embargo, por más que intentase olvidarlo, en mi interior permanecía una especie de masa de aire de contornos imprecisos. Con el paso del tiempo, esta masa empezó a definirse. Ahora puedo traducirla en las siguientes palabras: «La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella»”.</p>
<p>* Hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. «Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella.» Yo pensaba así. Me parecía un razonamiento lógico. La vida está en esta orilla; la muerte, en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí.</p>
<p>* Naoko lucía pasadores en el pelo, pero siempre mostraba la oreja derecha. Puesto que siempre la veía de espaldas, ésta es la imagen que hoy mejor recuerdo. Cuando se sentía avergonzada, jugueteaba con el pasador. Y se secaba las comisuras de los labios antes de decir algo. Mirándola hacer estos gestos, poco a poco empezó a gustarme.</p>
<p>* Conforme iba avanzando el invierno, los ojos de Naoko parecían ir ganando en transparencia. Una transparencia ausente. Pronto, sin razón aparente, clavaba sus ojos en los míos como si buscara algo, y, cada vez que esto ocurría, me embargaba una extraña e insoportable sensación de soledad.</p>
<p>* Leía mucho, lo que no quiere decir que leyera muchos libros. Más bien prefería releer las obras que me habían gustado. En esa época mis escritores favoritos eran Truman Capote, John Updike, Scott Fitzgerald, Raymond Chandler, pero no había nadie en clase o en la residencia que disfrutara leyendo a este tipo de autores. Ellos preferían a Kazumi Takahashi, Kenzaburo Óe, Yukio Mishima, o a novelistas franceses contemporáneos. Así pues, no tenía este punto en común con los demás, y leía mis libros a solas y en silencio. Los releía y cerraba los ojos y me llenaban de su aroma. Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus páginas, me sentía feliz.</p>
<p>A los dieciocho años, mi libro favorito era El centauro, de John Updike, pero cuando lo hube releído varias veces, perdió su chispa y cedió la primera posición a El gran Gatsby, de Fitzgerald, obra que continuó encabezando mi lista de favoritos durante mucho tiempo. Tomar El gran Gatsby de la estantería, abrirlo al azar y leer unos párrafos se convirtió en una costumbre, y jamás me decepcionó. No había una sola página de más. «¡Es una novela extraordinaria!», pensaba. Me hubiera gustado hacer partícipes a los otros chicos de tal maravilla. Pero a mi alrededor no había nadie que leyera El gran Gatsby. Dudo que lo hubieran apreciado. En 1968 leer El gran Gatsby no llegaba a ser un acto reaccionario, pero tampoco podía calificarse de encomiable.<br />
Pese a todo, conocí a una persona que había leído El gran Gatsby, y nos hicimos amigos precisamente por ello. Se llamaba Nagasawa…</p>
<p>* A mediados de abril Naoko cumplió veinte años. Puesto que yo había nacido en noviembre, ella era siete meses mayor. No acababa de hacerme a la idea de que ella cumpliera veinte años. Me daba la impresión de que lo normal sería que, tanto ella como yo—, viviéramos eternamente entre los dieciocho y diecinueve años. Después de los dieciocho, cumplir diecinueve; después de los diecinueve, cumplir otra vez dieciocho. Eso sí tendría sentido. Pero ella había cumplido veinte años. Y yo en otoño también los cumpliría. Sólo un muerto podía quedarse en los diecisiete años para siempre.</p>
<p>* Aquella noche me acosté con Naoko. No sé si fue lo correcto. Ni siquiera hoy, veinte años después, podría decirlo. Tal vez jamás lo sepa. Pero entonces era lo único que podía hacer. Ella estaba en un terrible estado de nerviosismo y confusión; deseaba que yo la tranquilizase. Apagué la luz de la habitación, la desnudé despacio, con ternura; luego me quité la ropa. La abracé. Aquella noche de lluvia tibia no sentimos el frío. En la oscuridad, exploramos nuestros cuerpos sin palabras. La besé, envolví con suavidad sus senos con mis manos. Naoko asió mi pene erecto. Su vagina, húmeda y cálida, me esperaba. Sin embargo, cuando la penetré sintió mucho dolor. Le pregunté si era la primera vez, y ella asintió. Me quedé desconcertado. Creía que ella y Kizuki se acostaban. Introduje el pene hasta lo más hondo, lo dejé inmóvil y la abracé durante mucho tiempo. Cuando vi que se tranquilizaba, empecé a moverlo despacio y, mucho después, eyaculé. Al rato, Naoko me abrazó muy fuerte y gritó. Era el orgasmo más triste que había oído nunca.</p>
<p>* Leí la carta más de cien veces. Y siempre que lo hacía me invadía una tristeza insondable. La misma que sentía cuando Naoko me miraba fijamente a los ojos. Era incapaz de soportar aquel desconsuelo, pero no podía encerrarlo en ninguna parte. No tenía contornos, ni peso, igual que un fuerte viento soplando a mi alrededor. Ni siquiera podía investirme de él. La escena discurría despacio ante mis ojos. Pero las palabras que se pronunciaban no llegaban a mis oídos.</p>
<p>* Los faros de los coches formaban un río de luz que discurría entre las calles. Un zumbido sordo, mezcla de varios sonidos, flotaba en una nube sobre la ciudad.</p>
<p>* Aquel domingo por la mañana sólo había tres ancianas en el tranvía. Cuando subí, las tres me miraron de arriba abajo y luego miraron las flores que llevaba en la mano. Una de las ancianas me sonrió. Le devolví la sonrisa. Me senté en el último asiento, contemplé los viejos edificios que iban sucediéndose, uno tras otro, a ras de la ventanilla. El tranvía casi rozaba los edificios al pasar. En el tendedero de una casa vi diez macetas de tomates y, a su lado, un gato negro y grande dormitando al sol. Más allá, un niño hacía pompas de jabón. Se oía una canción de Ayumi Ishida. Incluso podía olerse el curry. El tranvía se abría paso entre la intimidad de las callejuelas. A lo largo del trayecto, subieron algunos pasajeros, pero las tres ancianas continuaron absortas en su conversación, incansables, con las cabezas muy juntas.</p>
<p>* Entre sorbo y sorbo de cerveza fría, observé a Midori, de espaldas, que cocinaba con esmero. Movía su cuerpo con agilidad y destreza mientras realizaba cuatro tareas a la vez. Viéndola, uno pensaba que estaba probando lo que se cocía en la cazuela, que picaba algo sobre la tabla de cortar o sacaba algo del frigorífico y lo servía en un plato, o que estaba lavando un cacharro que ya no necesitaba. De espaldas, recordaba a un percusionista indio. De esos que, mientras están haciendo sonar unas campanillas, aporrean una tabla y golpean unos huesos de búfalo de agua. Todos sus movimientos eran rápidos y precisos, el equilibrio perfecto. La contemplé con admiración.</p>
<p>* Nos miramos a los ojos. Le rodeé los hombros con un brazo y la besé. Midori tensó el cuerpo un momento, se relajó de inmediato y cerró los ojos. Nuestros labios permanecieron unidos unos cinco o seis segundos. El sol de principios de otoño proyectaba en sus mejillas la sombra de las pestañas, agitadas por un temblor casi imperceptible. Fue un beso dulce, cariñoso, sin ningún significado. De no haberme encontrado sentado en el terrado, al sol de la tarde, bebiendo cerveza y contemplando el incendio, no la hubiera besado, y creo que a ella le sucedía lo mismo. Al contemplar los tejados brillantes de las casas, el humo y las libélulas rojas, había brotado entre nosotros un sentimiento cálido e íntimo que, de manera inconsciente, habíamos deseado materializar. Así fue nuestro beso. Sin embargo, era un beso que no estaba exento de peligro.</p>
<p>* A las cinco le dije a Midori que me iba a trabajar y abandoné su casa. Le había propuesto salir a tomar algo, pero ella había rechazado mi invitación alegando que estaba esperando una llamada.<br />
—Quedarme todo el día en casa esperando una llamada es algo que odio con todo el alma. Si estoy sola, me da la sensación de que voy pudriéndome y deshaciéndome, hasta convertirme en un líquido verdoso que es absorbido por la tierra. De mí sólo sobrevive la ropa. Ésta es la sensación que tengo cuando me quedo todo el día en casa esperando una llamada.</p>
<p>* Su belleza me emocionó. Me sorprendió que una mujer pudiera cambiar tanto en medio año. La nueva belleza de Naoko me seducía tanto, o más, que la anterior, pero, con todo, no pude reprimir un sentimiento de nostalgia al pensar en la que había perdido. En aquella belleza ensimismada propia de la adolescencia que había seguido su propio camino y jamás volvería.</p>
<p>* Caminé por un sendero bañado por la luz irreal de la luna, entré en el bosque, vagué por él sin rumbo. Bajo la luz de la luna, todos los sonidos tenían una extraña reverberación. El ruido amortiguado de mis pasos parecía llegar de lejos, cual si estuviera andando por el fondo del mar. A veces oía un ligero crujido a mis espaldas. En el bosque flotaba una tensión palpable, como si los animales nocturnos aguardaran, inmóviles, conteniendo la respiración, a que me alejara.</p>
<p>* Era hermosa como un ángel. Tenía una belleza angelical. Fue la primera y última vez en mi vida que vi una chica tan hermosa. Tenía el pelo largo y negro como la tinta china, los brazos y las piernas largos y gráciles, los ojos brillantes, los labios delgados y suaves como acabados de hacer. Al verla, me quedé sin habla. Cuando se sentó en el sofá de la sala de estar, la estancia parecía haberse transformado en otra mucho más lujosa. Si la mirabas de frente, quedabas deslumbrado. Tenías que entornar los ojos.</p>
<p>* Alargué el brazo e intenté tocarla, pero ella se echó hacia atrás. Los labios le temblaban. A continuación, alzó las dos manos y empezó a desabrocharse la bata. Tenía siete botones. Contemplé, cual si fuera una prolongación del sueño, cómo sus hermosos y delgados dedos iban desabrochándolos, uno tras otro. Una vez hubo soltado los siete pequeños botones blancos, Naoko, como una serpiente que se desprende de su piel, dejó que la bata se deslizara desde los hombros hasta la cadera y quedó completamente desnuda, pues no llevaba nada debajo. Lo único que tenía puesto era el pasador con forma de mariposa. Naoko, todavía arrodillada en el suelo, se quedó mirándome. Bañado por la suave luz de la luna, su cuerpo tenía el lustre de la carne recién nacida, y casi despertaba compasión. Al moverse —en un movimiento apenas perceptible—, las partes bañadas por la luz de la luna se desplazaron levemente, las sombras que teñían su cuerpo cambiaron de forma. Los pechos redondos y llenos, los pequeños pezones, la cavidad del ombligo, las caderas, el vello púbico, todas las texturas de aquella sombra cambiaron de forma, igual que las ondas sobre la superficie de un lago.</p>
<p>* «Ahora estoy haciendo el amor contigo. Estoy dentro de ti. Pero, en realidad, no tiene ninguna importancia. Tanto da. No deja de ser un coito. Al poner en contacto nuestros cuerpos imperfectos, no hacemos más que contarnos lo que no podríamos contarnos de otro modo. Y así adquirimos conciencia de nuestras respectivas imperfecciones»</p>
<p>Pensé en Naoko, en el cuerpo desnudo de Naoko con el pasador del pelo puesto. Imaginé la curva de su cintura y la sombra de su vello púbico. ¿Por qué se había desnudado delante de mí? ¿Estaba sonámbula? ¿O no había sido más que una fantasía? Con el paso del tiempo, conforme iba alejándome de aquel pequeño mundo, dudaba sobre si los sucesos de aquella noche habían sido reales. Si pensaba que habían ocurrido de verdad, me parecía que habían ocurrido de verdad; pero si pensaba que eran una fantasía, entonces me parecía que habían sido una fantasía. Para ser una ilusión, los detalles eran demasiado precisos; para ser reales, éstos eran demasiado hermosos. El cuerpo de Naoko y la luz de la luna.</p>
<p>* Hatsumi cruzó los brazos, cerró los ojos y se recostó en el asiento del taxi. Los pendientes de oro refulgían con el vaivén del vehículo. El vestido azul medianoche parecía haber sido confeccionado a propósito para la oscuridad del interior del taxi. Los labios bien delineados de Hatsumi, pintados en un tono pálido, temblaban como si ella misma temiera abrir la boca e iniciar un monólogo. Mirándola de aquella forma, comprendí por qué Nagasawa la había elegido para ser su novia. Quizás hubiera muchas mujeres más hermosas que Hatsumi y probablemente Nagasawa podía seducir a muchas de ellas. Pero Hatsumi poseía algo que hacía estremecer el corazón de las personas. No lo lograba con un gran despliegue de energía. La fuerza que emanaba de ella estaba escondida, pero despertaba la empatía en los demás. En el taxi, de camino a Shibuya, mientras la observaba, me pregunté qué era aquella emoción que yo sentía de pronto. Pero entonces no logré hallar la respuesta.</p>
<p>Diálogos:</p>
<p>* Cuanto más conocía a Nagasawa, más extraño me parecía. A lo largo de mi vida, me había cruzado, había encontrado o conocido a muchas personas extrañas, pero jamás a nadie que lo fuera tanto. Leía muchísimo más que yo, pero tenía por principio no adentrarse en una obra hasta que hubieran transcurrido treinta años de la muerte del autor. «Sólo me fío de estos libros», decía.<br />
—No es que no crea en la literatura contemporánea, pero no quiero perder un tiempo precioso leyendo libros que no hayan sido bautizados por el paso del tiempo. ¿Sabes?, la vida es corta.<br />
—¿Y qué escritores te gustan? —le pregunté.<br />
—Balzac, Dante, Joseph Conrad, Dickens —me respondió al instante.<br />
—No son muy actuales que digamos.<br />
—Si leyera lo mismo que los demás, acabaría pensando como ellos. ¡El mundo está lleno de mediocres! A la gente que vale la pena le daría vergüenza hacer lo que hacen ésos. ¿No te has dado cuenta, Watanabe? Los únicos medianamente decentes de toda la residencia somos tú y yo. El resto son basura.<br />
—¿Por qué lo dices? —Me sorprendí.<br />
—Porque lo sé. Lo llevan escrito en la cara. Basta con mirarlos. Además, nosotros dos leemos El gran Gatsby.<br />
Hice un cálculo mental: «Todavía no han pasado treinta años desde la muerte de Scott Fitzgerald».<br />
—Y qué más da. ¡Por dos años! —exclamó—. A un escritor tan extraordinario como él lo adelanto, y no hay más que hablar.</p>
<p>************************</p>
<p>—Oye, Watanabe&#8230; —me susurró al oído.<br />
—Dime.<br />
—¿Tienes ganas de acostarte conmigo?<br />
—Claro —dije.<br />
—¿Podrás esperar?<br />
—Podré esperar.<br />
—Antes de hacerlo quiero estar mejor. Encontrarme bien y convertirme en tu pasatiempo. ¿Podrás esperar hasta entonces?<br />
—Claro.<br />
—¿Se te ha puesto dura?<br />
—¿La planta del pie?<br />
—¡Tonto! —Naoko soltó una risita.<br />
—Si te refieres a si tengo una erección, te diré que si. Claro.<br />
—¿Te importaría dejar de decir «claro»?<br />
—No lo diré más.<br />
—¿No es penoso?<br />
—¿El qué?<br />
—Que se te ponga dura.<br />
—¿«Penoso»? —repetí.<br />
—Es decir, doloroso.<br />
—Según como lo mires.<br />
—¿Te ayudo a correrte?<br />
—¿Con la mano?<br />
—Sí —afirmó Naoko—. Desde hace rato se me está clavando aquí y me hace daño.<br />
Me aparté un poco.<br />
—¿Está mejor así?<br />
—Sí, gracias.<br />
—Escucha, Naoko&#8230;<br />
—¿Qué?<br />
—Me gustaría que lo hicieras.<br />
—Bien. —Esbozó una sonrisa.<br />
Me bajó la cremallera de los pantalones y asió mi pene erecto.<br />
—Está caliente —dijo.<br />
Se disponía a mover la mano cuando la detuve, le desabotoné la blusa, le rodeé la espalda con mis brazos, le desabroché el sujetador. Besé sus suaves pechos. Naoko cerró los ojos y empezó a mover los dedos despacio.<br />
—Lo haces bastante bien.<br />
—Sé buen chico y estate callado.</p>
<p>**********************</p>
<p>—Watanabe, ¿sabes lo que más me gusta de las películas porno?<br />
—No.<br />
—Pues que cuando empieza una escena de sexo se oye cómo alrededor en la sala todo el mundo traga saliva. ¡Glups! —comentó Midori—. Me encanta ese ¡glups! ¡Es muy gracioso!</p>
<p>***********************</p>
<p>Después entramos en un bar y tomamos una copa. Yo bebí un vaso de whisky, Midori, dos o tres copas de no sé qué cóctel. Al salir del local, se empeñó en trepar a un árbol.<br />
—Por aquí no hay árboles. Además, estás demasiado borracha para subirte a uno —le advertí.<br />
—Eres siempre tan sensato que acabas deprimiendo al personal. Estoy borracha porque me da la gana. ¿Pasa algo? Y, aunque lo esté, puedo subirme a los árboles. ¡Eso es! Me subiré a uno muy, muy alto y me haré pipí encima de la gente, como si fuera una cigarra.<br />
—¿No será que tienes ganas de ir al baño?<br />
—Sí.</p>
<p>************************</p>
<p>—El otro día me desnudé delante de la fotografía de mi padre. Le mostré mi cuerpo en una postura de yoga. «Mira, papá, esto son las tetas, esto el coño&#8230;»<br />
—¿Y por qué lo hiciste? —le pregunté anonadado.<br />
—Me apetecía mostrarle mi cuerpo. Total, la mitad de mi existencia es fruto de un espermatozoide suyo, ¿no? ¿Qué hay de malo en enseñárselo? «Ésta es tu hija.» Puestos a confesarlo todo, estaba borracha, lo cual me animó a hacerlo.<br />
—Ah.<br />
—Al llegar, mi hermana se quedó patidifusa. Me vio desnuda, abierta de piernas, delante de la fotografía de mi padre. Y claro, se sorprendió.<br />
—No me extraña.<br />
—Le expliqué mis razones. Le dije: «Hazlo tú también, Momo. Ven aquí, desnúdate y enséñaselo todo a papá». Pero ella no lo hizo. Se sorprendió y se fue. En estas cosas, es muy conservadora.</p>
<p>****************************</p>
<p>—Cuéntame algo —dijo Midori presionando la cara contra mi pecho.<br />
—¿Qué quieres que te cuente?<br />
—Cualquier cosa. Algo que me haga sentirme mejor.<br />
—Eres muy guapa.<br />
—Midori. Pronuncia mi nombre.<br />
—Eres muy bonita, Midori —corregí.<br />
—¿Cuánto?<br />
—Tan bonita como para hacer que las montañas se derrumben y el mar se seque.<br />
Midori levantó la cabeza y me miró.<br />
—¡Tus expresiones son muy peculiares! —comentó.<br />
—Viniendo de ti, me quedo tranquilo —dije, riéndome.<br />
—Dime más cosas bonitas.<br />
—Me gustas, Midori.<br />
—¿Cuánto?<br />
—Me gustas como un oso en primavera.<br />
—¿«Un oso en primavera»? —Midori volvió a levantar la cabeza—. ¿Qué es esto? ¡«Un oso en primavera»!<br />
—Imagina que paseas sola por un prado y se te acerca un osito con la piel aterciopelada y unos ojazos. De pronto el osito te dice: «¡Buenos días, señorita! ¿Quiere usted rodar conmigo?». Entonces tú y el osito os pasáis el día entero rodando abrazados por una ladera sembrada de tréboles. Es bonito, ¿no?<br />
—Muy bonito.<br />
—Pues a mí me gustas tanto como eso.<br />
Midori me abrazó con fuerza.<br />
—Es lo mejor que he oído nunca —agradeció—. Si tanto te gusto, ¿harás caso de cualquier cosa que te diga? ¡Y no te enfades!<br />
—Claro.<br />
—¿Me cuidarás siempre?<br />
—Claro. —Y le acaricié su pelo corto, parecido al de un bebé—. Todo irá bien. No te preocupes por nada.<br />
—Tengo miedo —dijo Midori.<br />
La abracé con dulzura hasta que sus hombros empezaron a subir y bajar rítmicamente y empezó a oírse la respiración del sueño.</p>
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		<title>El sueño de Umberto Eco / Artículo</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Nov 2011 21:16:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estenógrafos]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-997" title="sueño_umberto_eco" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/11/sueño_umberto_eco.jpg" alt="" width="452" height="254" /></p>
<p>A partir de un sueño, Umberto Eco desarrolla un interesante artículo-ensayo sobre cómo sería el planeta que tanto “queremos y cuidamos” en caso de una Tercera Guerra Mundial.<span id="more-996"></span></p>
<p>El artículo pertenece al libro “A paso de cangrejo” (2010), una obra que recopila varios artículos y conferencias del autor, entre 2000 y 2005. “Un sueño”, fue publicado en el L’espresso, en diciembre de 2003.</p>
<p style="text-align: center;">********************************</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Un sueño *</strong></p>
<p>Cuando alguien dice “Sueño que…” o bien “He tenido un sueño”, se entiende por lo general que en ese sueño se han materializado, o desvelado, sus deseos. Pero un sueño también puede ser una pesadilla, en la que se anuncia lo que de ningún modo se desea, o bien un sueño premonitorio, que exige la intervención de in intérprete autorizado que diga qué es lo que se anuncia, promete o amenaza ese sueño.</p>
<p>Mi sueño es de esa tercera naturaleza, y lo cuento tal como lo sueño, sin preguntarme por anticipado si se corresponde con mis deseos o con mis miedos.</p>
<p>Sueño que, tras un black-out global, que inmoviliza a todo el mundo civilizado, en la búsqueda enloquecida de responsabilidades, y en un intento de reaccionar ante una amenaza, se desencadena una guerra mundial. Pero una guerra de las buenas, no una marginal como la Segunda Guerra Mundial, que solo causó cincuenta millones de muertos. Una guerra auténtica, de aquellas que la técnica nos permite hacer hoy día, con zonas enteras del planeta desertizadas por las radicaciones, con al menos con la mitad de la población mundial desaparecida a causa del fuego del enemigo, del hambre, de las epidemias, en resumen, una cosa bien hecha, realizada por generales competentes y responsables, a la altura de los tiempos.</p>
<p>Por supuesto (aun en sueños uno es egoísta) sueño que yo, mis seres queridos, mis amigos, vivimos en una zona del planeta (posiblemente la nuestra) donde la situación no es tan desastrosa.</p>
<p>Ya no tendremos televisión, por no hablar de internet, puesto que las líneas telefónicas estarán cortadas. Subsistirá alguna comunicación telefónica, gracias a los antiguos aparatos de galena. No habrá líneas eléctricas, pero reparando en plan chapuza algunos paneles solares, especialmente en las casas de campo, dispondremos de algunas horas de luz; para lo demás habrá que acudir al mercado negro para alimentar las luces de petróleo, ya que nadie perderá el tiempo refinando gasolina para coches que, de existir todavía, ya no tendrán calles por dónde circular. A lo sumo quedarán carretas y calesas arrastradas por caballos.</p>
<p>Con esta luz escasa, y seguramente junto a un caminillo mantenido sin prisas talando aquí y allá, por la noche leeré a mis nietos, que no dispondrán de televisión, viejos cuentos de hadas hallados en el desván, o les explicaré cómo era el mundo antes de la guerra.</p>
<p>A una hora determinada nos agazaparemos junto a la radio y captaremos algunas emisiones lejanas, que nos informarán cómo están las cosas y nos avisarán de si se aproxima algún peligro a nuestra zona. Aunque para comunicarnos volveremos a amaestrar palomas mensajeras, y será agradable desprender de su patita el último mensaje que nos dice que la tía tiene ciática pero que sigue bien, o encontrar el diario de ayer en ciclostil.</p>
<p>Es posible que, si nos hemos refugiado en el campo, en la aldea hayan mantenido en pie una escuela, y en este caso aportaría mi contribución enseñando gramática o historia, geografía no, porque entretanto los países habrán cambiado tanto que hablar de geografía sería lo mismo que hablar de historia antigua. Si no hubiese escuela, reuniría a mis nietos y a sus amigos y les daría clase en casa; primero les enseñaría a hacer palotes, para adiestrarles el pulso, no solo para la escritura sino para los muchos trabajos manuales que les aguardan, y luego poco a poco, si fueran chicos grandes podría darles incluso unas buenas lecciones de filosofía.</p>
<p>Es posible que a los niños les quede aún el patio de la parroquia, donde se mantendrá un pequeño campo de fútbol (y se podrá jugar hasta con una pelota de trapo), quizá se haya recuperado del sótano un viejo futbolín y el párroco haya mandado al carpintero que fabrique un ping-pong, que para los jóvenes será más apasionante y creativo que los videojuegos de antes.</p>
<p>Se comerá mucha verdura, si la zona no está afectada por la radiactividad, y se saborearán las ortigas cocidas, que se parecen a las espinacas. Como se multiplican por vocación, no faltarán los conejos, y tal vez haya un pollo de domingo, para la más pequeña la pechuga, para el mayor el muslo, el ala para papá, el anca para mamá, y para la abuela que tiene buen diente el cuello, la cabeza y la rabadilla, que en los pollos de corral es lo más sabroso.</p>
<p>Se descubrirá de nuevo el placer de los paseos a pie, la tibieza de los viejos chaquetones pasados de moda, y de los guantes de lana, con los que incluso se puede jugar con bolas de nieve.</p>
<p>No debería faltar el viejo médico del pueblo, capaz de reunir ciertas provisiones de aspirina y quinina. Ya se sabe, son c{amaras hiperbáricas, tacs y ecografías la vida humana volverá a una duración media de sesenta años, pero no estará mal si tenemos en cuenta la duración media de la vida en otras zonas del planeta.</p>
<p>Florecerán de nuevo sobre las colinas los molinos de viento. Ante sus grandes brazos, los ancianos explicarán la historia de Don Quijote, y los pequeños descubrirán que es extraordinariamente hermosa. Habrá música, y todos aprenderán a tocar algún viejo instrumento recuperado, por mal que vayan las cosas con una caña y un cuchillo se pueden hacer orquestinas de flautas, los domingos se bailará en la era, y es posible que algún acordeonista superviviente toque la mazurca de Migliavacca.</p>
<p>En los bares y tabernas se jugará a la brisca, mientras se bebe gaseosa y vino joven. Circulará de nuevo el tonto del pueblo, obligado a abandonar la vida política. Los jóvenes desmotivados se consolarán aspirando vapores de camomila con una servilleta sobre la cabeza, y dirán que es un colocón.</p>
<p>Aparecerán de nuevo, a media montaña, muchos animales, tejos, garduñas, zorros y liebres en abundancia, y hasta los protectores de animales aceptarán ir alguna vez a caza para procurarse alimentos proteínicos, con viejas escopetas si las hay, o si no con arcos y flechas, y vibrátiles cerbatanas.</p>
<p>De noche, en el valle, se oirá ladrar a los perros, bien alimentados y apreciados, porque se habrá descubierto que sustituyen y de forma barata a los más sofisticados sistemas electrónicos de alarma. Nadie los abandonará ya en la autopista, o bien porque habrán adquirido valor comercial, o bien porque ya no habrá autopistas, o porque si las hubiese no las utilizaría nadie, ya que llegaría demasiado pronto a zonas que será mejor evitar, ubi sunt leones.</p>
<p>Florecerá de nuevo la lectura, porque los libros, salvo casos de incendio, sobreviven a muchos desastres; aparecerán en desvanes abandonados, sustraídos de las grandes bibliotecas urbanas derruidas, circularán en préstamo, se regalarán por Navidad, nos harán compañía en los largos inviernos y hasta en verano, cuando hagamos nuestras necesidades bajo un árbol.</p>
<p>Aun escuchando en la radio de galena noticias inquietantes, esperando salir bien librados y dando gracias al cielo todas las mañanas porque estamos todavía vivos y el sol brilla, los más poéticos empezarán a decir que, en definitiva, está renaciendo una Edad de Oro.</p>
<p>Calculando que estos renovados placeres tendrían un coste de al menos tres mil millones de muertos, la desaparición de las pirámides y de San Pedro, del Louvre y del Big Ben (de Nueva York no vale la pena hablar, todo será Bronx), y que tendré que fumar paja, si es que no consigo por lo menos dejar el vicio, me despierto de mi sueño muy inquieto y –digo la verdad– espero que no se cumpla.</p>
<p>No obstante, he ido a visitar a un individuo que practica la adivinación y sabe leer incluso las vísceras de los animales y el vuelo de los pájaros, y me ha dicho que mi sueño no solo anuncia algo espantoso: sugiere, además, cómo podría evitarse ese horror si lográramos contener nuestro consumo, evitar la violencia, sin implicarnos tampoco demasiado en la ajena, y saborear de vez en cuando los antiguos ritos y costumbres pasados de moda porque, al fin y al cabo, hoy día también se puede apagar el televisor y el ordenador y, en vez de coger un vuelo chárter hacia las Maldivas, contar cosas junto al fuego: basta con quererlo.</p>
<p>Ahora bien, ha añadido mi oniromante, justamente eso es un sueño, tengamos el coraje de detenernos un momento para evitar que los sueños se conviertan en realidad. Por tanto, ha añadido mi oniromante (que es sabio pero un poco cascarrabias como todos los profetas a quien nadie hace caso), ¡al diablo todo el mundo!, porque también es culpa vuestra.</p>
<p><em>* L’espresso, diciembre de 2003.</em></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-997" title="sueño_umberto_eco" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/11/sueño_umberto_eco.jpg" alt="" width="452" height="254" /></p>
<p>A partir de un sueño, Umberto Eco desarrolla un interesante artículo-ensayo sobre cómo sería el planeta que tanto “queremos y cuidamos” en caso de una Tercera Guerra Mundial.<span id="more-996"></span></p>
<p>El artículo pertenece al libro “A paso de cangrejo” (2010), una obra que recopila varios artículos y conferencias del autor, entre 2000 y 2005. “Un sueño”, fue publicado en el L’espresso, en diciembre de 2003.</p>
<p style="text-align: center;">********************************</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Un sueño *</strong></p>
<p>Cuando alguien dice “Sueño que…” o bien “He tenido un sueño”, se entiende por lo general que en ese sueño se han materializado, o desvelado, sus deseos. Pero un sueño también puede ser una pesadilla, en la que se anuncia lo que de ningún modo se desea, o bien un sueño premonitorio, que exige la intervención de in intérprete autorizado que diga qué es lo que se anuncia, promete o amenaza ese sueño.</p>
<p>Mi sueño es de esa tercera naturaleza, y lo cuento tal como lo sueño, sin preguntarme por anticipado si se corresponde con mis deseos o con mis miedos.</p>
<p>Sueño que, tras un black-out global, que inmoviliza a todo el mundo civilizado, en la búsqueda enloquecida de responsabilidades, y en un intento de reaccionar ante una amenaza, se desencadena una guerra mundial. Pero una guerra de las buenas, no una marginal como la Segunda Guerra Mundial, que solo causó cincuenta millones de muertos. Una guerra auténtica, de aquellas que la técnica nos permite hacer hoy día, con zonas enteras del planeta desertizadas por las radicaciones, con al menos con la mitad de la población mundial desaparecida a causa del fuego del enemigo, del hambre, de las epidemias, en resumen, una cosa bien hecha, realizada por generales competentes y responsables, a la altura de los tiempos.</p>
<p>Por supuesto (aun en sueños uno es egoísta) sueño que yo, mis seres queridos, mis amigos, vivimos en una zona del planeta (posiblemente la nuestra) donde la situación no es tan desastrosa.</p>
<p>Ya no tendremos televisión, por no hablar de internet, puesto que las líneas telefónicas estarán cortadas. Subsistirá alguna comunicación telefónica, gracias a los antiguos aparatos de galena. No habrá líneas eléctricas, pero reparando en plan chapuza algunos paneles solares, especialmente en las casas de campo, dispondremos de algunas horas de luz; para lo demás habrá que acudir al mercado negro para alimentar las luces de petróleo, ya que nadie perderá el tiempo refinando gasolina para coches que, de existir todavía, ya no tendrán calles por dónde circular. A lo sumo quedarán carretas y calesas arrastradas por caballos.</p>
<p>Con esta luz escasa, y seguramente junto a un caminillo mantenido sin prisas talando aquí y allá, por la noche leeré a mis nietos, que no dispondrán de televisión, viejos cuentos de hadas hallados en el desván, o les explicaré cómo era el mundo antes de la guerra.</p>
<p>A una hora determinada nos agazaparemos junto a la radio y captaremos algunas emisiones lejanas, que nos informarán cómo están las cosas y nos avisarán de si se aproxima algún peligro a nuestra zona. Aunque para comunicarnos volveremos a amaestrar palomas mensajeras, y será agradable desprender de su patita el último mensaje que nos dice que la tía tiene ciática pero que sigue bien, o encontrar el diario de ayer en ciclostil.</p>
<p>Es posible que, si nos hemos refugiado en el campo, en la aldea hayan mantenido en pie una escuela, y en este caso aportaría mi contribución enseñando gramática o historia, geografía no, porque entretanto los países habrán cambiado tanto que hablar de geografía sería lo mismo que hablar de historia antigua. Si no hubiese escuela, reuniría a mis nietos y a sus amigos y les daría clase en casa; primero les enseñaría a hacer palotes, para adiestrarles el pulso, no solo para la escritura sino para los muchos trabajos manuales que les aguardan, y luego poco a poco, si fueran chicos grandes podría darles incluso unas buenas lecciones de filosofía.</p>
<p>Es posible que a los niños les quede aún el patio de la parroquia, donde se mantendrá un pequeño campo de fútbol (y se podrá jugar hasta con una pelota de trapo), quizá se haya recuperado del sótano un viejo futbolín y el párroco haya mandado al carpintero que fabrique un ping-pong, que para los jóvenes será más apasionante y creativo que los videojuegos de antes.</p>
<p>Se comerá mucha verdura, si la zona no está afectada por la radiactividad, y se saborearán las ortigas cocidas, que se parecen a las espinacas. Como se multiplican por vocación, no faltarán los conejos, y tal vez haya un pollo de domingo, para la más pequeña la pechuga, para el mayor el muslo, el ala para papá, el anca para mamá, y para la abuela que tiene buen diente el cuello, la cabeza y la rabadilla, que en los pollos de corral es lo más sabroso.</p>
<p>Se descubrirá de nuevo el placer de los paseos a pie, la tibieza de los viejos chaquetones pasados de moda, y de los guantes de lana, con los que incluso se puede jugar con bolas de nieve.</p>
<p>No debería faltar el viejo médico del pueblo, capaz de reunir ciertas provisiones de aspirina y quinina. Ya se sabe, son c{amaras hiperbáricas, tacs y ecografías la vida humana volverá a una duración media de sesenta años, pero no estará mal si tenemos en cuenta la duración media de la vida en otras zonas del planeta.</p>
<p>Florecerán de nuevo sobre las colinas los molinos de viento. Ante sus grandes brazos, los ancianos explicarán la historia de Don Quijote, y los pequeños descubrirán que es extraordinariamente hermosa. Habrá música, y todos aprenderán a tocar algún viejo instrumento recuperado, por mal que vayan las cosas con una caña y un cuchillo se pueden hacer orquestinas de flautas, los domingos se bailará en la era, y es posible que algún acordeonista superviviente toque la mazurca de Migliavacca.</p>
<p>En los bares y tabernas se jugará a la brisca, mientras se bebe gaseosa y vino joven. Circulará de nuevo el tonto del pueblo, obligado a abandonar la vida política. Los jóvenes desmotivados se consolarán aspirando vapores de camomila con una servilleta sobre la cabeza, y dirán que es un colocón.</p>
<p>Aparecerán de nuevo, a media montaña, muchos animales, tejos, garduñas, zorros y liebres en abundancia, y hasta los protectores de animales aceptarán ir alguna vez a caza para procurarse alimentos proteínicos, con viejas escopetas si las hay, o si no con arcos y flechas, y vibrátiles cerbatanas.</p>
<p>De noche, en el valle, se oirá ladrar a los perros, bien alimentados y apreciados, porque se habrá descubierto que sustituyen y de forma barata a los más sofisticados sistemas electrónicos de alarma. Nadie los abandonará ya en la autopista, o bien porque habrán adquirido valor comercial, o bien porque ya no habrá autopistas, o porque si las hubiese no las utilizaría nadie, ya que llegaría demasiado pronto a zonas que será mejor evitar, ubi sunt leones.</p>
<p>Florecerá de nuevo la lectura, porque los libros, salvo casos de incendio, sobreviven a muchos desastres; aparecerán en desvanes abandonados, sustraídos de las grandes bibliotecas urbanas derruidas, circularán en préstamo, se regalarán por Navidad, nos harán compañía en los largos inviernos y hasta en verano, cuando hagamos nuestras necesidades bajo un árbol.</p>
<p>Aun escuchando en la radio de galena noticias inquietantes, esperando salir bien librados y dando gracias al cielo todas las mañanas porque estamos todavía vivos y el sol brilla, los más poéticos empezarán a decir que, en definitiva, está renaciendo una Edad de Oro.</p>
<p>Calculando que estos renovados placeres tendrían un coste de al menos tres mil millones de muertos, la desaparición de las pirámides y de San Pedro, del Louvre y del Big Ben (de Nueva York no vale la pena hablar, todo será Bronx), y que tendré que fumar paja, si es que no consigo por lo menos dejar el vicio, me despierto de mi sueño muy inquieto y –digo la verdad– espero que no se cumpla.</p>
<p>No obstante, he ido a visitar a un individuo que practica la adivinación y sabe leer incluso las vísceras de los animales y el vuelo de los pájaros, y me ha dicho que mi sueño no solo anuncia algo espantoso: sugiere, además, cómo podría evitarse ese horror si lográramos contener nuestro consumo, evitar la violencia, sin implicarnos tampoco demasiado en la ajena, y saborear de vez en cuando los antiguos ritos y costumbres pasados de moda porque, al fin y al cabo, hoy día también se puede apagar el televisor y el ordenador y, en vez de coger un vuelo chárter hacia las Maldivas, contar cosas junto al fuego: basta con quererlo.</p>
<p>Ahora bien, ha añadido mi oniromante, justamente eso es un sueño, tengamos el coraje de detenernos un momento para evitar que los sueños se conviertan en realidad. Por tanto, ha añadido mi oniromante (que es sabio pero un poco cascarrabias como todos los profetas a quien nadie hace caso), ¡al diablo todo el mundo!, porque también es culpa vuestra.</p>
<p><em>* L’espresso, diciembre de 2003.</em></p>
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		<title>Alejandra Pizarnik / dos entrevistas</title>
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		<comments>http://www.literalgia.com/2011/11/alejandra-pizarnik-dos-entrevistas/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 10 Nov 2011 00:43:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-989" title="flora-alejandra-pizarnik" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/11/flora-alejandra-pizarnik.jpg" alt="" width="500" height="250" /></p>
<p>Compartimos dos entrevistas -de las pocas que concedió- la poeta argentina Alejandra Pizarnik. La primera fue realizada por Alberto Lagunas, en 1965, luego de que ella ganara el primer premio en el concurso a la producción literaria de 1965 por &#8220;Los trabajos y las noches&#8221;, organizado por la Municipalidad de Buenos Aires.<span id="more-988"></span></p>
<p>La segunda entrevista fue realizada por Marta Isabel Moia, la cual fue publicada en El deseo de la palabra, Ocnos, Barcelona, 1972.</p>
<p><strong>LAS ENTREVISTAS</strong></p>
<h1><em>Pizarnik y Alberto Lagunas</em></h1>
<p><strong>¿Sabe realmente cuándo comienza a escribir un poema, en otras palabras, cree en la inspiración?</strong><br />
No puedo creer en la &#8220;inspiración&#8221;. Pero no se trata de una creencia sino de asistir a una evidencia.</p>
<p><strong>¿Cómo &#8220;trabaja’ o &#8220;siente&#8221; la poesía que hace?</strong><br />
Casi siempre trabajo mis poemas a larga distancia. Me importa mucho el rol de la noción de distancia en la compleja relación autor-poema. Pero distancia, en lengua argentina, suele equivaler a frialdad. Ignoro el sentido de este término y agrego que necesito más inspiración (o como quiera llamarse) para trabajar un poema que para alumbrarlo (verbo más adecuado a la segunda etapa, la del trabajo, que no conviene llamar trabajo por su connotación utilitaria). No sé qué otro término podría emplearse pero yo hablaría de intento de curación o de reparación del poema, lo cual no tiene relación alguna con el acto aplicado y escolar de corregir cuartillas con fines de perfección externa de eso que llaman forma.</p>
<p><strong>¿Qué significan para Usted los premios?</strong><br />
Una cierta suma de dinero. En cuanto a los premios honoríficos, o sea sin billetes, les quito todo derecho de autodenominarse premios.</p>
<p><strong>¿Cómo ve el panorama literario argentino?</strong><br />
No logro verlo. En cambio, vislumbro el panorama literario latinoamericano: Vale la pena frecuentarlo.</p>
<p><strong>¿Qué nombres marcarían el siglo XX literario?</strong><br />
Kafka, Breton, Joyce, Sigma.</p>
<p><strong>¿Se atrevería a definir la poesía?</strong><br />
No. No me atrevería.</p>
<p><strong>¿Habría diferencia entre &#8220;lo poético’ y &#8220;lo literario’?</strong><br />
Hay inmensas diferencias. El sol es poético y no es literario. Cualquier objeto y cualquier sujeto puede ser poético sin ser literario.</p>
<p><strong>Por otra parte, hay que distinguir entre lo poético y el poema, como así también entre lo literario y la literatura. O sea, lo poético y lo literario son atributos inmanentes de sujetos y objetos variados.</strong><br />
La alquimia poética o la alquimia literaria puede hacerlos &#8220;visibles’ como diría Paul Klee, y es esta una de las razones por las que la poesía y la literatura son apasionantes.</p>
<p><strong>¿Qué le preocupa más cuando da a conocer un libro de poesías?</strong><br />
Cuando doy a conocer un libro de poesías nada me preocupa porque me alegra demasiado la perspectiva de quitarme de encima el peso de mis poemas, tan livianos cuando dejan de ser míos o inéditos y cuando algún lector privilegiado los asume y, así, me ayuda a compartir el terrible peso de la palabra solitaria, que deja de serlo gracias a esta operación maravillosa como es el encuentro entre un lector y un poema.</p>
<p><strong>¿En qué está trabajando actualmente?</strong><br />
Estoy esperando que sea octubre para ver publicado por Sudamericana mi sexto libro de poemas: “Fragmentos para dominar el silencio” (1). Entretanto, trabajo en poemas nuevos (creo que nuevos en todos los sentidos de esta palabra ambigua) que constituirán un séptimo libro de poemas. Aún no tiene título pero yo lo llamo “J.B.” por Jerónimo Bosch (algunos poemas se relacionan con dos cuadros de él). En fin, ignoro si se trata de un libro o de una prueba en el sentido trágico y antiguo, cuando el destino probaba a una criatura humana infligiéndole alegrías y desdichas peculiares. Pero prefiero no seguir hablando de lo que aún no es.</p>
<p>Notas:<br />
(1) &#8220;Fragmentos para dominar el silencio” volumen que luego llevó por título &#8220;Extracción de la piedra de locura&#8221; (Sudamericana, 1968).<br />
(2) &#8220;J.B.&#8221; es posible que sea &#8220;El infierno musical&#8221; (Fondo de Cultura Económica, México, 1971-72). Ambos títulos aluden a obras del pintor flamenco.</p>
<p>Encontrado en: <a href="http://www.geocities.com/Athens/Parthenon/4429/entrevistale.html" target="_blank">http://www.geocities.com/Athens/Parthenon/4429/entrevistale.html</a></p>
<p>♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1><em>Pizarnik y Marta Isabel Moia<img class="aligncenter size-full wp-image-990" title="alejandra-pizarnik-2" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/11/alejandra-pizarnik-2.jpg" alt="" width="355" height="500" /></em></h1>
<p><strong>Hay, en tus poemas, términos que considero emblemáticos y que contribuyen a conformar tus poemas como dominios solitarios e ilícitos como las pasiones de la infancia, como el poema, como el amor, como la muerte. ¿Coincidís conmigo en que términos como jardín, bosque, palabra, silencio, errancia, viento, desgarradura y noche, son, a la vez, signos y emblemas?</strong><br />
Creo que en mis poemas hay palabras que reitero sin cesar, sin tregua, sin piedad: las de la infancia, las de los miedos, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos. 0, más exactamente, los términos que designas en tu pregunta serían signos y emblemas.</p>
<p><strong>Empecemos por entrar, pues, en los espacios más gratos: el jardín y el bosque.</strong><br />
Una de las frases que más me obsesiona la dice la pequeña Alice en el país de las maravillas: &#8211; «Sólo vine a ver el jardín». Para Alice y para mí, el jardín sería el lugar de la cita o, dicho con las palabras de Mircea Eliade, el centro del mundo. Lo cual me sugiere esta frase: El jardín es verde en el cerebro. Frase mía que me conduce a otra siguiente de Georges Bachelard, que espero recordar fielmente: El jardín del recuerdo- sueño, perdido en un más allá del pasado verdadero.</p>
<p><strong>En cuanto a tu bosque, se aparece como sinónimo de silencio. Mas yo siento otros significados. Por ejemplo, tu bosque podría ser una alusión a lo prohibido, a lo oculto.</strong><br />
¿Por qué no? Pero también sugeriría la infancia, el cuerpo, la noche.</p>
<p><strong>¿Entraste alguna vez en el jardín?</strong><br />
Proust, al analizar los deseos, dice que los deseos no quieren analizarse sino satisfacerse, esto es: no quiero hablar del jardín, quiero verlo. Claro es que lo que digo no deja de ser pueril, pues en esta vida nunca hacemos lo que queremos. Lo cual es un motivo más para querer ver el jardín, aun si es imposible, sobre todo si es imposible.</p>
<p><strong>Mientras contestabas a mi pregunta, tu voz en mi memoria me dijo desde un poema tuyo: mi oficio es conjurar y exorcizar.</strong><br />
Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.</p>
<p><strong>Entre las variadas metáforas con las que configuras esta herida fundamental recuerdo, por la impresión que me causó, la que en un poema temprano te hace preguntar por la bestia caída de pasmo que se arrastra por mi sangre. Y creo, casi con certeza, que el viento es uno de los principales autores de la herida, ya que a veces se aparece en tus escritos como el gran lastimador.</strong><br />
Tengo amor por el viento aun si, precisamente, mi imaginación suele darle formas y colores feroces. Embestida por el viento, voy por el bosque, me alejo en busca del jardín.</p>
<p><strong>¿En la noche?</strong><br />
Poco sé de la noche pero a ella me uno. Lo dije en un poema: Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo la noche.</p>
<p><strong>En un poema de adolescencia también te unís al silencio.</strong><br />
El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar (Que bien sé yo do mana la fuente del lenguaje errante). Por eso me atrevo a decir que no sé si el silencio existe.</p>
<p><strong>En una suerte de contrapunto con tu yo que se une a la noche y aquel que se une al silencio, veo a «la extranjera»; «la silenciosa en el desierto»; «la pequeña viajera»; «mi emigrante de sí»; la que «quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria». Son estas, tus otras voces, las que hablan de tu vocación de errancia, la para mí tu verdadera vocación, dicho a tu manera.</strong><br />
Pienso en una frase de Trakl: Es el hombre un extraño en la tierra. Creo que, de todos, el poeta es el más extranjero. Creo que la única morada posible para el poeta es la palabra.</p>
<p><strong>Hay un miedo tuyo que pone en peligro esa morada: el no saber nombrar lo que no existe. Es entonces cuando te ocultás del lenguaje.</strong><br />
Con una ambigüedad que quiero aclarar: me oculto del lenguaje dentro del lenguaje. Cuando algo &#8211; incluso la nada tiene un nombre, parece menos hostil. Sin embargo, existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible.</p>
<p><strong>¿Es por esto que buscas figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las aluden?</strong><br />
Siento que los signos, las palabras, insinúan, hacen alusión. Este modo complejo de sentir el lenguaje me induce a creer que el lenguaje no puede expresar la realidad; que solamente podemos hablar de lo obvio. De allí mis deseos de hacer poemas terriblemente exactos a pesar de mi surrealismo innato y de trabajar con elementos de las sombras interiores. Es esto lo que ha caracterizado a mis poemas.</p>
<p><strong>Sin embargo, ahora ya no buscas esa exactitud.</strong><br />
Es cierto; busco que el poema se escriba como quiera escribirse. Pero prefiero no hablar del ahora porque aún está poco escrito.</p>
<p><strong>¡A pesar de lo mucho que escribís!</strong><br />
&#8230;</p>
<p><strong>El no saber nombrar se relaciona con la preocupación por encontrar alguna frase enteramente tuya. Tu libro Los trabajos y las noches es una respuesta significativa, ya que en él son tus voces las que hablan.</strong><br />
Trabajé arduamente en esos poemas y debo decir que al configurarlos me configuré yo, y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré realizarlo. Sé que no me parezco a nadie (esto es una fatalidad). Ese libro me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura. Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería.</p>
<p><strong>Con estos miedos coexiste el de las palabras que regresan. ¿Cuáles son?</strong><br />
Es la memoria. Me sucede asistir al cortejo de las palabras que se precipitan, y me siento espectadora inerte e inerme.</p>
<p><strong>Vislumbro que el espejo, la otra orilla, la zona prohibida y su olvido, disponen en tu obra el miedo de ser dos, que escapa a los límites del döppelganger para incluir a todas las que fuiste.</strong><br />
Decís bien, es el miedo a todas las que en mí contienden. Hay un poema de Michaux que dice: Je suis; je parle á qui je fus et qui- je- fus me parlent. ( &#8230; ) On n&#8217;est pas seul dans sa peau.</p>
<p><strong>¿Se manifiesta en algún momento especial?</strong><br />
Cuando «la hija de mi voz» me traiciona.</p>
<p><strong>Según un poema tuyo, tu amor más hermoso fue el amor por los espejos. ¿A quién ves en ellos?</strong><br />
A la otra que soy. (En verdad, tengo cierto miedo de los espejos.) En algunas ocasiones nos reunimos. Casi siempre sucede cuando escribo.</p>
<p><strong>Una noche en el circo recobraste un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. ¿Qué es ese algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas?</strong><br />
Es el lenguaje no encontrado y que me gustaría encontrar.</p>
<p><strong>¿Acaso lo encontraste en la pintura?</strong><br />
Me gusta pintar porque en la pintura encuentro la oportunidad de aludir en silencio a las imágenes de las sombras interiores. Además, me atrae la falta de mitomanía del lenguaje de la pintura. Trabajar con las palabras o, más específicamente, buscar mis palabras, implica una tensión que no existe al pintar.</p>
<p><strong>¿Cuál es la razón de tu preferencia por «la gitana dormida» de Rousseau?</strong><br />
Es el equivalente del lenguaje de los caballos en el circo. Yo quisiera llegar a escribir algo semejante a «la gitana» del Aduanero porque hay silencio y, a la vez, alusión a cosas graves y luminosas. También me conmueve singularmente la obra de Bosch, Klee, Ernst.</p>
<p><strong>Por último, te pregunto si alguna vez te formulaste la pregunta que se plantea Octavio Paz en el prólogo de El arco y la lira: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?</strong><br />
Respondo desde uno de mis últimos poemas: Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.</p>
<p>Encontrado en: <a href="http://www.elortiba.org/pizarnik1.html" target="_blank">http://www.elortiba.org/pizarnik1.html</a></p>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-989" title="flora-alejandra-pizarnik" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/11/flora-alejandra-pizarnik.jpg" alt="" width="500" height="250" /></p>
<p>Compartimos dos entrevistas -de las pocas que concedió- la poeta argentina Alejandra Pizarnik. La primera fue realizada por Alberto Lagunas, en 1965, luego de que ella ganara el primer premio en el concurso a la producción literaria de 1965 por &#8220;Los trabajos y las noches&#8221;, organizado por la Municipalidad de Buenos Aires.<span id="more-988"></span></p>
<p>La segunda entrevista fue realizada por Marta Isabel Moia, la cual fue publicada en El deseo de la palabra, Ocnos, Barcelona, 1972.</p>
<p><strong>LAS ENTREVISTAS</strong></p>
<h1><em>Pizarnik y Alberto Lagunas</em></h1>
<p><strong>¿Sabe realmente cuándo comienza a escribir un poema, en otras palabras, cree en la inspiración?</strong><br />
No puedo creer en la &#8220;inspiración&#8221;. Pero no se trata de una creencia sino de asistir a una evidencia.</p>
<p><strong>¿Cómo &#8220;trabaja’ o &#8220;siente&#8221; la poesía que hace?</strong><br />
Casi siempre trabajo mis poemas a larga distancia. Me importa mucho el rol de la noción de distancia en la compleja relación autor-poema. Pero distancia, en lengua argentina, suele equivaler a frialdad. Ignoro el sentido de este término y agrego que necesito más inspiración (o como quiera llamarse) para trabajar un poema que para alumbrarlo (verbo más adecuado a la segunda etapa, la del trabajo, que no conviene llamar trabajo por su connotación utilitaria). No sé qué otro término podría emplearse pero yo hablaría de intento de curación o de reparación del poema, lo cual no tiene relación alguna con el acto aplicado y escolar de corregir cuartillas con fines de perfección externa de eso que llaman forma.</p>
<p><strong>¿Qué significan para Usted los premios?</strong><br />
Una cierta suma de dinero. En cuanto a los premios honoríficos, o sea sin billetes, les quito todo derecho de autodenominarse premios.</p>
<p><strong>¿Cómo ve el panorama literario argentino?</strong><br />
No logro verlo. En cambio, vislumbro el panorama literario latinoamericano: Vale la pena frecuentarlo.</p>
<p><strong>¿Qué nombres marcarían el siglo XX literario?</strong><br />
Kafka, Breton, Joyce, Sigma.</p>
<p><strong>¿Se atrevería a definir la poesía?</strong><br />
No. No me atrevería.</p>
<p><strong>¿Habría diferencia entre &#8220;lo poético’ y &#8220;lo literario’?</strong><br />
Hay inmensas diferencias. El sol es poético y no es literario. Cualquier objeto y cualquier sujeto puede ser poético sin ser literario.</p>
<p><strong>Por otra parte, hay que distinguir entre lo poético y el poema, como así también entre lo literario y la literatura. O sea, lo poético y lo literario son atributos inmanentes de sujetos y objetos variados.</strong><br />
La alquimia poética o la alquimia literaria puede hacerlos &#8220;visibles’ como diría Paul Klee, y es esta una de las razones por las que la poesía y la literatura son apasionantes.</p>
<p><strong>¿Qué le preocupa más cuando da a conocer un libro de poesías?</strong><br />
Cuando doy a conocer un libro de poesías nada me preocupa porque me alegra demasiado la perspectiva de quitarme de encima el peso de mis poemas, tan livianos cuando dejan de ser míos o inéditos y cuando algún lector privilegiado los asume y, así, me ayuda a compartir el terrible peso de la palabra solitaria, que deja de serlo gracias a esta operación maravillosa como es el encuentro entre un lector y un poema.</p>
<p><strong>¿En qué está trabajando actualmente?</strong><br />
Estoy esperando que sea octubre para ver publicado por Sudamericana mi sexto libro de poemas: “Fragmentos para dominar el silencio” (1). Entretanto, trabajo en poemas nuevos (creo que nuevos en todos los sentidos de esta palabra ambigua) que constituirán un séptimo libro de poemas. Aún no tiene título pero yo lo llamo “J.B.” por Jerónimo Bosch (algunos poemas se relacionan con dos cuadros de él). En fin, ignoro si se trata de un libro o de una prueba en el sentido trágico y antiguo, cuando el destino probaba a una criatura humana infligiéndole alegrías y desdichas peculiares. Pero prefiero no seguir hablando de lo que aún no es.</p>
<p>Notas:<br />
(1) &#8220;Fragmentos para dominar el silencio” volumen que luego llevó por título &#8220;Extracción de la piedra de locura&#8221; (Sudamericana, 1968).<br />
(2) &#8220;J.B.&#8221; es posible que sea &#8220;El infierno musical&#8221; (Fondo de Cultura Económica, México, 1971-72). Ambos títulos aluden a obras del pintor flamenco.</p>
<p>Encontrado en: <a href="http://www.geocities.com/Athens/Parthenon/4429/entrevistale.html" target="_blank">http://www.geocities.com/Athens/Parthenon/4429/entrevistale.html</a></p>
<p>♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪♪</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1><em>Pizarnik y Marta Isabel Moia<img class="aligncenter size-full wp-image-990" title="alejandra-pizarnik-2" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/11/alejandra-pizarnik-2.jpg" alt="" width="355" height="500" /></em></h1>
<p><strong>Hay, en tus poemas, términos que considero emblemáticos y que contribuyen a conformar tus poemas como dominios solitarios e ilícitos como las pasiones de la infancia, como el poema, como el amor, como la muerte. ¿Coincidís conmigo en que términos como jardín, bosque, palabra, silencio, errancia, viento, desgarradura y noche, son, a la vez, signos y emblemas?</strong><br />
Creo que en mis poemas hay palabras que reitero sin cesar, sin tregua, sin piedad: las de la infancia, las de los miedos, las de la muerte, las de la noche de los cuerpos. 0, más exactamente, los términos que designas en tu pregunta serían signos y emblemas.</p>
<p><strong>Empecemos por entrar, pues, en los espacios más gratos: el jardín y el bosque.</strong><br />
Una de las frases que más me obsesiona la dice la pequeña Alice en el país de las maravillas: &#8211; «Sólo vine a ver el jardín». Para Alice y para mí, el jardín sería el lugar de la cita o, dicho con las palabras de Mircea Eliade, el centro del mundo. Lo cual me sugiere esta frase: El jardín es verde en el cerebro. Frase mía que me conduce a otra siguiente de Georges Bachelard, que espero recordar fielmente: El jardín del recuerdo- sueño, perdido en un más allá del pasado verdadero.</p>
<p><strong>En cuanto a tu bosque, se aparece como sinónimo de silencio. Mas yo siento otros significados. Por ejemplo, tu bosque podría ser una alusión a lo prohibido, a lo oculto.</strong><br />
¿Por qué no? Pero también sugeriría la infancia, el cuerpo, la noche.</p>
<p><strong>¿Entraste alguna vez en el jardín?</strong><br />
Proust, al analizar los deseos, dice que los deseos no quieren analizarse sino satisfacerse, esto es: no quiero hablar del jardín, quiero verlo. Claro es que lo que digo no deja de ser pueril, pues en esta vida nunca hacemos lo que queremos. Lo cual es un motivo más para querer ver el jardín, aun si es imposible, sobre todo si es imposible.</p>
<p><strong>Mientras contestabas a mi pregunta, tu voz en mi memoria me dijo desde un poema tuyo: mi oficio es conjurar y exorcizar.</strong><br />
Entre otras cosas, escribo para que no suceda lo que temo; para que lo que me hiere no sea; para alejar al Malo (cf. Kafka). Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En este sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos.</p>
<p><strong>Entre las variadas metáforas con las que configuras esta herida fundamental recuerdo, por la impresión que me causó, la que en un poema temprano te hace preguntar por la bestia caída de pasmo que se arrastra por mi sangre. Y creo, casi con certeza, que el viento es uno de los principales autores de la herida, ya que a veces se aparece en tus escritos como el gran lastimador.</strong><br />
Tengo amor por el viento aun si, precisamente, mi imaginación suele darle formas y colores feroces. Embestida por el viento, voy por el bosque, me alejo en busca del jardín.</p>
<p><strong>¿En la noche?</strong><br />
Poco sé de la noche pero a ella me uno. Lo dije en un poema: Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo la noche.</p>
<p><strong>En un poema de adolescencia también te unís al silencio.</strong><br />
El silencio: única tentación y la más alta promesa. Pero siento que el inagotable murmullo nunca cesa de manar (Que bien sé yo do mana la fuente del lenguaje errante). Por eso me atrevo a decir que no sé si el silencio existe.</p>
<p><strong>En una suerte de contrapunto con tu yo que se une a la noche y aquel que se une al silencio, veo a «la extranjera»; «la silenciosa en el desierto»; «la pequeña viajera»; «mi emigrante de sí»; la que «quería entrar en el teclado para entrar adentro de la música para tener una patria». Son estas, tus otras voces, las que hablan de tu vocación de errancia, la para mí tu verdadera vocación, dicho a tu manera.</strong><br />
Pienso en una frase de Trakl: Es el hombre un extraño en la tierra. Creo que, de todos, el poeta es el más extranjero. Creo que la única morada posible para el poeta es la palabra.</p>
<p><strong>Hay un miedo tuyo que pone en peligro esa morada: el no saber nombrar lo que no existe. Es entonces cuando te ocultás del lenguaje.</strong><br />
Con una ambigüedad que quiero aclarar: me oculto del lenguaje dentro del lenguaje. Cuando algo &#8211; incluso la nada tiene un nombre, parece menos hostil. Sin embargo, existe en mí una sospecha de que lo esencial es indecible.</p>
<p><strong>¿Es por esto que buscas figuras que se aparecen vivientes por obra de un lenguaje activo que las aluden?</strong><br />
Siento que los signos, las palabras, insinúan, hacen alusión. Este modo complejo de sentir el lenguaje me induce a creer que el lenguaje no puede expresar la realidad; que solamente podemos hablar de lo obvio. De allí mis deseos de hacer poemas terriblemente exactos a pesar de mi surrealismo innato y de trabajar con elementos de las sombras interiores. Es esto lo que ha caracterizado a mis poemas.</p>
<p><strong>Sin embargo, ahora ya no buscas esa exactitud.</strong><br />
Es cierto; busco que el poema se escriba como quiera escribirse. Pero prefiero no hablar del ahora porque aún está poco escrito.</p>
<p><strong>¡A pesar de lo mucho que escribís!</strong><br />
&#8230;</p>
<p><strong>El no saber nombrar se relaciona con la preocupación por encontrar alguna frase enteramente tuya. Tu libro Los trabajos y las noches es una respuesta significativa, ya que en él son tus voces las que hablan.</strong><br />
Trabajé arduamente en esos poemas y debo decir que al configurarlos me configuré yo, y cambié. Tenía dentro de mí un ideal de poema y logré realizarlo. Sé que no me parezco a nadie (esto es una fatalidad). Ese libro me dio la felicidad de encontrar la libertad en la escritura. Fui libre, fui dueña de hacerme una forma como yo quería.</p>
<p><strong>Con estos miedos coexiste el de las palabras que regresan. ¿Cuáles son?</strong><br />
Es la memoria. Me sucede asistir al cortejo de las palabras que se precipitan, y me siento espectadora inerte e inerme.</p>
<p><strong>Vislumbro que el espejo, la otra orilla, la zona prohibida y su olvido, disponen en tu obra el miedo de ser dos, que escapa a los límites del döppelganger para incluir a todas las que fuiste.</strong><br />
Decís bien, es el miedo a todas las que en mí contienden. Hay un poema de Michaux que dice: Je suis; je parle á qui je fus et qui- je- fus me parlent. ( &#8230; ) On n&#8217;est pas seul dans sa peau.</p>
<p><strong>¿Se manifiesta en algún momento especial?</strong><br />
Cuando «la hija de mi voz» me traiciona.</p>
<p><strong>Según un poema tuyo, tu amor más hermoso fue el amor por los espejos. ¿A quién ves en ellos?</strong><br />
A la otra que soy. (En verdad, tengo cierto miedo de los espejos.) En algunas ocasiones nos reunimos. Casi siempre sucede cuando escribo.</p>
<p><strong>Una noche en el circo recobraste un lenguaje perdido en el momento que los jinetes con antorchas en la mano galopaban en ronda feroz sobre corceles negros. ¿Qué es ese algo semejante a los sonidos calientes para mi corazón de los cascos contra las arenas?</strong><br />
Es el lenguaje no encontrado y que me gustaría encontrar.</p>
<p><strong>¿Acaso lo encontraste en la pintura?</strong><br />
Me gusta pintar porque en la pintura encuentro la oportunidad de aludir en silencio a las imágenes de las sombras interiores. Además, me atrae la falta de mitomanía del lenguaje de la pintura. Trabajar con las palabras o, más específicamente, buscar mis palabras, implica una tensión que no existe al pintar.</p>
<p><strong>¿Cuál es la razón de tu preferencia por «la gitana dormida» de Rousseau?</strong><br />
Es el equivalente del lenguaje de los caballos en el circo. Yo quisiera llegar a escribir algo semejante a «la gitana» del Aduanero porque hay silencio y, a la vez, alusión a cosas graves y luminosas. También me conmueve singularmente la obra de Bosch, Klee, Ernst.</p>
<p><strong>Por último, te pregunto si alguna vez te formulaste la pregunta que se plantea Octavio Paz en el prólogo de El arco y la lira: ¿no sería mejor transformar la vida en poesía que hacer poesía con la vida?</strong><br />
Respondo desde uno de mis últimos poemas: Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo, rescatando cada frase con mis días y con mis semanas, infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.</p>
<p>Encontrado en: <a href="http://www.elortiba.org/pizarnik1.html" target="_blank">http://www.elortiba.org/pizarnik1.html</a></p>
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		<item>
		<title>Efecto Johansen + Liniers + The nada / Texto de Daniel Maguiña</title>
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		<comments>http://www.literalgia.com/2011/10/efecto-johansen-liniers-the-nada-texto-de-daniel-maguina/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 13 Oct 2011 23:29:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Estenógrafos]]></category>
		<category><![CDATA[Portada]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>

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		<description><![CDATA[<p style="text-align: center;"><a href="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/10/Kevin_Johansen_y_Liniers_en_Lima.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-984" title="Kevin_Johansen_y_Liniers_en_Lima" src="http://www.literalgia.com/wp-content/uploads/2011/10/Kevin_Johansen_y_Liniers_en_Lima.jpg" alt="" width="428" height="284" /></a><br />
La música como arte tiene ese poder que pocas expresiones del ser humano provocan, el poder de la emoción. <span id="more-983"></span></p>
<p style="text-align: left;">En mi opinión, no de experto en la materia pero sí de ser humano que sigue sorprendiéndose con lo que lo rodea, Kevin Johansen es un músico atípico y fuera del margen del clásico cantautor. Siempre me han gustado las cosas diferentes, no raras ni extrañas, diferentes en el sentido de originales. Leer algo que no se repita durante toda una década, por ejemplo. Respetando, claro está, a las generaciones de músicos y artistas que dejan un legado y a la vez muchas deudas a los predecesores. Entre ellos aparecen los distintos, los destinados para unos cuantos pocos que con el tiempo se van haciendo conocidos. El tiempo les da ese beneficio a los que sobreviven hasta a la misma fama efímera.</p>
<p>Durante el último concierto de Kevin, uno de los avioncitos de Liniers llegó a dos metros de donde yo estaba. Aquella situación me llevó dos días atrás, cuando fui a la Toulouse Lautrec a su taller, me firmó el macanudo 1, me dibujó un Fellini, un duende, le regalé mi libro, nos sacamos una foto, conocí a Fito Espinosa, me hizo un dibujo en mi bitácora. Aquel día tal vez fui comprendiendo un poco más a Quino, Fontanarrosa, al mismo Liniers. Su avioncito me ocasionó un lindo feedback y no quise decirlo, pero ya está. Comprendí que la palabra chiste tiene el significado más profundo que el hasta ahora concebido.</p>
<p>Mientras Kevin canta y suenan aquellos vientos fenómenos de la banda, y la percusión del zurdo, el genio de Liniers se deja llevar por ese efecto Johansen y empieza a dibujar el sonido. La música adquiere sentido y lo pierde, basta un color, una forma, un cabello de Enriqueta, un pingüino. Basta que Kevin hable, cante, o dibuje, para que Liniers dibuje o baile o toque la armónica; el clan está completo. El polideportivo de la Católica es una suerte de sitio místico, por donde volaron aviones, una niña colgaba en una hamaca, algún revolucionario del mes era un objeto de consumo y los acordes circulares se desprendían en una canción.</p>
<p>El efecto Johansen fue una mágica fusión. Contó Liniers en la Toulouse que sin querer un amigo en común de los dos les dijo, “tú cantas y tu dibujas y son amigos, digo ¿por qué no se juntan y hacen algo?”. Al principio Liniers estaba tras el escenario dibujando y lo que hacia se proyectaba, luego como toda evolución -Liniers perdió toda timidez y según Johansen “es un rock star”- salió en escena para darle más calidad al espectáculo. Es lo que ahora podemos ver en Youtube si buscamos esos conciertos con The Nada, invitados como Ileana Cabra de Calle 13 o el brasilero Kiko Veneno. Sin embargo la realidad supera al Youtube por mucha distancia.<br />
<object width="500" height="369" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/dUG9ykVjE7Y?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="500" height="369" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/dUG9ykVjE7Y?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object></p>
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La música como arte tiene ese poder que pocas expresiones del ser humano provocan, el poder de la emoción. <span id="more-983"></span></p>
<p style="text-align: left;">En mi opinión, no de experto en la materia pero sí de ser humano que sigue sorprendiéndose con lo que lo rodea, Kevin Johansen es un músico atípico y fuera del margen del clásico cantautor. Siempre me han gustado las cosas diferentes, no raras ni extrañas, diferentes en el sentido de originales. Leer algo que no se repita durante toda una década, por ejemplo. Respetando, claro está, a las generaciones de músicos y artistas que dejan un legado y a la vez muchas deudas a los predecesores. Entre ellos aparecen los distintos, los destinados para unos cuantos pocos que con el tiempo se van haciendo conocidos. El tiempo les da ese beneficio a los que sobreviven hasta a la misma fama efímera.</p>
<p>Durante el último concierto de Kevin, uno de los avioncitos de Liniers llegó a dos metros de donde yo estaba. Aquella situación me llevó dos días atrás, cuando fui a la Toulouse Lautrec a su taller, me firmó el macanudo 1, me dibujó un Fellini, un duende, le regalé mi libro, nos sacamos una foto, conocí a Fito Espinosa, me hizo un dibujo en mi bitácora. Aquel día tal vez fui comprendiendo un poco más a Quino, Fontanarrosa, al mismo Liniers. Su avioncito me ocasionó un lindo feedback y no quise decirlo, pero ya está. Comprendí que la palabra chiste tiene el significado más profundo que el hasta ahora concebido.</p>
<p>Mientras Kevin canta y suenan aquellos vientos fenómenos de la banda, y la percusión del zurdo, el genio de Liniers se deja llevar por ese efecto Johansen y empieza a dibujar el sonido. La música adquiere sentido y lo pierde, basta un color, una forma, un cabello de Enriqueta, un pingüino. Basta que Kevin hable, cante, o dibuje, para que Liniers dibuje o baile o toque la armónica; el clan está completo. El polideportivo de la Católica es una suerte de sitio místico, por donde volaron aviones, una niña colgaba en una hamaca, algún revolucionario del mes era un objeto de consumo y los acordes circulares se desprendían en una canción.</p>
<p>El efecto Johansen fue una mágica fusión. Contó Liniers en la Toulouse que sin querer un amigo en común de los dos les dijo, “tú cantas y tu dibujas y son amigos, digo ¿por qué no se juntan y hacen algo?”. Al principio Liniers estaba tras el escenario dibujando y lo que hacia se proyectaba, luego como toda evolución -Liniers perdió toda timidez y según Johansen “es un rock star”- salió en escena para darle más calidad al espectáculo. Es lo que ahora podemos ver en Youtube si buscamos esos conciertos con The Nada, invitados como Ileana Cabra de Calle 13 o el brasilero Kiko Veneno. Sin embargo la realidad supera al Youtube por mucha distancia.<br />
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		<title>Un día como hoy nos dejó el Gorrión de Francia</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Oct 2011 22:49:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>regulador</dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>

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		<description><![CDATA[<p><object width="450" height="259" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/zYegd1cEM-Q?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="450" height="259" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/zYegd1cEM-Q?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object><br />
Un día como hoy, 11 de octubre, nos dejó Edith Giovanna Gassion, más conocida como la gran Edith Piaf, o como El Gorrión de Francia, de Europa, del mundo. Fue una cantante de nació de abajo, de los suburbios, rodeada de inmundicia, de licor, de drogas y de la dureza de la calle, del frío, del hambre, de las enfermedades y de todas las carencias, incluida el amor.<span id="more-975"></span></p>
<p>Nació en 1915, en plena calle, su madre fue ayudada por un guardia. Sus padres fueron alcohólicos, su abuela administraba un burdel, la calle fue su escuela y a los 16 años quedó embarazada. Dos años después murió su hija y luego fue imposibilitada para tener hijos.</p>
<p>Fue descubierta por un empresario mientras cantaba en plena calle. Cantaba en bares y cabarettes y n pasó mucho tiempo para admirar a todos con su voz de pequeño gorrión. La vida artística le pasó factura: bebió, se drogó, se excedió, amó.</p>
<p>Edtih nos dejó en 1963, a los 48 años. A su entierro asistieron más de 30 mil personas.</p>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="450" height="259" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/zYegd1cEM-Q?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="450" height="259" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/zYegd1cEM-Q?version=3&amp;hl=es_ES&amp;rel=0" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object><br />
Un día como hoy, 11 de octubre, nos dejó Edith Giovanna Gassion, más conocida como la gran Edith Piaf, o como El Gorrión de Francia, de Europa, del mundo. Fue una cantante de nació de abajo, de los suburbios, rodeada de inmundicia, de licor, de drogas y de la dureza de la calle, del frío, del hambre, de las enfermedades y de todas las carencias, incluida el amor.<span id="more-975"></span></p>
<p>Nació en 1915, en plena calle, su madre fue ayudada por un guardia. Sus padres fueron alcohólicos, su abuela administraba un burdel, la calle fue su escuela y a los 16 años quedó embarazada. Dos años después murió su hija y luego fue imposibilitada para tener hijos.</p>
<p>Fue descubierta por un empresario mientras cantaba en plena calle. Cantaba en bares y cabarettes y n pasó mucho tiempo para admirar a todos con su voz de pequeño gorrión. La vida artística le pasó factura: bebió, se drogó, se excedió, amó.</p>
<p>Edtih nos dejó en 1963, a los 48 años. A su entierro asistieron más de 30 mil personas.</p>
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