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		<title>Antonin Artaud: «Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres»</title>
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		<pubDate>Tue, 19 May 2026 07:14:37 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Antonin Artaud (1896-1948) fue poeta, dramaturgo, ensayista y actor francés, reconocido como una de las figuras más radicales, influyentes y visionarias de las vanguardias del siglo XX. Vinculado inicialmente al movimiento surrealista –del cual fue expulsado por sus discrepancias con el compromiso político del grupo–, Artaud volcó su genialidad en una búsqueda obsesiva por romper [&#8230;]</p>
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<p>Antonin Artaud (1896-1948) fue poeta, dramaturgo, ensayista y actor francés, reconocido como una de las figuras más radicales, influyentes y visionarias de las vanguardias del siglo XX. Vinculado inicialmente al movimiento surrealista –del cual fue expulsado por sus discrepancias con el compromiso político del grupo–, Artaud volcó su genialidad en una búsqueda obsesiva por romper las barreras del lenguaje convencional y la lógica occidental. Su vida estuvo marcada por una salud mental frágil, dolores físicos crónicos y largos internamientos en hospitales psiquiátricos. Estas vivencias fueron parte de su materia prima poética y una exploración del sufrimiento humano.</p>
<p>También es conocido como el creador del teatro de la crueldad, con gran influencia en la historia del teatro mundial, por lo cual es considerado “el padre del teatro moderno”. Trabajó en 22 películas, durante los años 20 y 30, entre las que destacan <em>Napoléon</em>, de Abel Gance, y <em>La pasión de Juana de Arco</em>, de Carl Theodor Dreyer. Por la influencia de su obra y por sus ideas dramáticas, se le ha considerado «el padre del teatro moderno».</p>
<p>Leamos uno de sus poemas más conocidos:</p>
<blockquote><p>&nbsp;</p></blockquote>
<p><strong>El ombligo de los limbos</strong></p>
<p>Allí donde otros exponen su obra yo solo pretendo mostrar mi espíritu.<br />
Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida.<br />
No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos<br />
de mí mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su baba.<br />
Estoy en una carta escrita para dar a entender el estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior<br />
a mí mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu.<br />
Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción o del Espírítu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir.<br />
Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.</p>
<p>Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura. Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados.<br />
Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad.<br />
Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.</p>
<p>Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo. Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo tenía la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido.<br />
Entonces era preciso que una mano se transformara en el órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.</p>
<p>Dios-el-perro contigo y su lengua<br />
que atraviesa la costra como una saeta<br />
del doble morrión abovedado<br />
de la tierra que le causa ardor.</p>
<p>Y aquí está el triángulo de agua<br />
que se aproxima con paso de chinche<br />
pero que bajo la chinche ardiente<br />
se transforma en cuchillada.</p>
<p>Bajo los senos de la espantosa tierra<br />
dios-la-perra se ha marchado,<br />
de los senos de la tierra y de agua congelada<br />
que pudren los agujeros de su lengua.</p>
<p>Y aquí está la virgen-del-martillo<br />
para masticar las cuevas de la tierra<br />
donde la calavera del perro del cielo<br />
siente crecer el horroroso nivel.</p>
<p>Doctor,</p>
<p>Hay un asunto sobre el cual hubiera querido insistir: es el de la relevancia de la cosa sobre la cual operan sus inyecciones; esta especie de languidecimiento esencial de mi ser, esta disminución de mi estiaje mental, que no quiere decir, como podría creerse, un rebajamiento cualquiera de mi moralidad (de mi alma moral) o ni siquiera de mi inteligencia, sino más bien de mi intelectualidad servible, de mis recursos razonantes, y que se relaciona más con el sentimiento que tengo yo mismo de mí mismo yo, que con lo que pongo de manifiesto a los demás de él.<br />
Esta vitrificación sorda y polimorfa del pensamiento que en cierto momento elige su forma. Hay una vitrificación inmediata y llana del yo en el centro de todas las posibles formas, de todos los modos posibles del pensamiento.<br />
Y, señor Doctor, ahora que usted está bien enterado de lo que puede ser alcanzado en mí (y curado por las drogas), de la zona de conflicto de mi vida, espero que sabrá suministrarme la cantidad suficiente de líquidos sutiles, de reactores especiosos, de morfina mental, capaces de sobreponer mi abatimiento, de enderezar lo que cae, de juntar lo que está separado, de reparar lo que está destruido.</p>
<p>Le saluda mi pensamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>De <em>«L&#8217;Ombilic des limbes»</em> (1925)</strong></p>
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		<title>Lee cinco poemas de Safo de Lesbos, la «Décima Musa»</title>
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		<pubDate>Mon, 04 May 2026 07:40:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[grecia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Safo, quien vivió en el siglo VI a.C. en la isla griega de Lesbos, es una de las poetas más reconocidas de la historia de la humanidad. Fue muy celebrada en su tiempo, incluso Platón decía que era la «Décima Musa», debido al su talento para el arte poético. En sus poemas, Safo abarca temas [&#8230;]</p>
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<p>Safo, quien vivió en el siglo VI a.C. en la isla griega de Lesbos, es una de las poetas más reconocidas de la historia de la humanidad. Fue muy celebrada en su tiempo, incluso Platón decía que era la «Décima Musa», debido al su talento para el arte poético.</p>
<p>En sus poemas, Safo abarca temas innovadores para la época, como el tormento o la amargura que causa el amor. Es decir, se le atribuye el origen de algunas de nuestras ideas y frases románticas comunes.</p>
<p>A pesar de que el término «lesbiana» está vinculada a Safo, ella le dedicaba poemas no solo a las mujeres (a quienes enseñaba arte y poesía en la isla), sino también a los hombres de su época.</p>
<p>Leamos algunos de sus poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Quiero decir algo…</strong></p>
<p>Quiero decir algo, pero el pudor me impide.</p>
<p>Si tuvieras deseos de bondad y belleza<br />
y no fuera algo malo lo que tu lengua agita,<br />
no tendrías pudor entre los ojos,<br />
y hablarías de ello limpiamente.</p>
<p>Dulce madre mía, no puedo trabajar,<br />
el huso se me cae de entre los dedos.<br />
Afrodita me ha llenado el corazón<br />
de amor a un bello adolescente<br />
y yo sucumbo a ese amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>De veras, quisiera morirme…</strong></p>
<p>De veras, quisiera morirme.<br />
Al despedirse de mí llorando,<br />
me musitó las siguientes palabras:<br />
«Amada Safo, negra suerte la mía.<br />
De verdad que me da mucha<br />
pena tener que dejarte». Y yo le respondí:<br />
«Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí,<br />
porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado.<br />
Y si no, quiero recordarte lo que tú olvidas:<br />
cuantas horas felices hemos pasado juntas.<br />
Han sido muchas las coronas de violetas,<br />
de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo,<br />
que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los<br />
collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos<br />
de flores fragantes por nuestras manos.<br />
Han sido muchas las veces que derramaste<br />
bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Igual parece a los eternos dioses…</strong></p>
<p>Igual parece a los eternos dioses.<br />
Quien logra verse frente a ti sentado:<br />
¡Feliz si goza tu palabra suave,<br />
Suave tu risa!<br />
A mí en el pecho el corazón se oprime.<br />
Solo en mirarte: ni la voz acierta<br />
De mi garganta a prorrumpir; y rota<br />
Calla la lengua<br />
Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo<br />
Presto discurre: los inciertos ojos<br />
Vagan sin rumbo, los oídos hacen<br />
Ronco zumbido<br />
Cúbrome toda de sudor helado:<br />
Pálida quedo cual marchita hierba<br />
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte<br />
Parezco muerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Unos dicen que un ejército de jinetes</strong><br />
Unos dicen que un ejército de jinetes, otros que una tropa de soldados,<br />
otros que una escuadra de navíos es lo más hermoso sobre la<br />
negra tierra; en cambio, yo digo que aquel a quien<br />
uno ama.<br />
Es absolutamente fácil hacer esto inteligible<br />
a cualquiera, pues la que mucho había contemplado<br />
la belleza de los hombres, Helena , tras abandonar a un hombre<br />
superior en todo,<br />
se fue a Troya navegando<br />
y ni de su hija ni de sus queridos padres<br />
en ningún momento se acordó, sino que la sedujo</p>
<p>……</p>
<p>ahora me recuerda a Anaktoria<br />
que no está presente.<br />
Quisiera ver su paso gracioso<br />
y el brillante destello de su rostro<br />
antes que los carros de los lidios y los soldados<br />
que luchan con sus armas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A ti, en tu trono multicolor, inmortal Afrodita…</strong></p>
<p>A ti, en tu trono multicolor, inmortal Afrodita,<br />
hija de Zeus, tejedora de ardides, yo te suplico:<br />
¡no me paralices, con melancolía y hastío,<br />
oh soberana, el ánimo!</p>
<p>Ven aquí, como hacías antaño,<br />
cuando oyendo mi voz desde lejos<br />
me escuchabas y abandonando la casa paterna<br />
venías.</p>
<p>Unciendo el carro dorado bellos y veloces gorriones,<br />
te traían alrededor de la oscura tierra,<br />
batiendo velozmente las alas en remolino, desde el cielo,<br />
a través del éter.</p>
<p>Llegaban pronto y tú, bienaventurada, sonriendo<br />
con tu inmortal rostro preguntabas<br />
cuál era mi padecimiento y por qué<br />
te llamaba nuevamente.</p>
<p>Y que lo que más deseara en mi corazón atormentado<br />
lo tendría. ¿A quién pretendes que Peitho conduzca hacia tu amor?<br />
¿Quién, oh Safo,<br />
te causa pena?</p>
<p>Pues si ahora huye, pronto perseguirá,<br />
si no acepta regalos, en cambio ella te los dará,<br />
y si no ama, ¡pronto amará<br />
aún contra su voluntad!</p>
<p>¡Ven hacia mí también ahora! ¡Líbrame<br />
de pensamientos tristes y haz<br />
que se cumpla lo que mi corazón ansía!<br />
¡Sé tú misma mi compañera de lucha!</p>
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		<title>Los restos de la felicidad: cuerpo, culpa y memoria en Gabriel Rimachi Sialer</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Literalgia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 May 2026 07:02:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura peruana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p> Por Alberto Benza González                                                                                        &#160; Hay títulos que no solo nombran un libro, sino que ya te dicen por dónde va a doler. Todos los muertos de mi felicidad es uno de esos casos. No hay ironía ni juego: desde el inicio queda claro que aquí la felicidad no es algo que se alcanza, ni [&#8230;]</p>
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<p><strong> </strong><em><strong>Por Alberto Benza González                                                                                       </strong> </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay títulos que no solo nombran un libro, sino que ya te dicen por dónde va a doler. <em>Todos los muertos de mi felicidad</em> es uno de esos casos. No hay ironía ni juego: desde el inicio queda claro que aquí la felicidad no es algo que se alcanza, ni siquiera algo que se persigue. Es más bien un lugar al que se vuelve… como quien visita un cementerio.</p>
<p>A lo largo de los cuentos, cada historia parece abrir su propia tumba, pero todas terminan apuntando a lo mismo: aquello que alguna vez pudo ser luminoso acaba destruido, ya sea por decisiones, por el contexto o por impulsos que los personajes no logran controlar.</p>
<p>Desde “Ciudad solitaria”, el primer relato, el lector entra sin aviso a una experiencia dura. No hay preparación ni distancia. El aborto clandestino que se describe con tanto detalle no funciona solo como un hecho dentro de la historia, sino como una especie de punto de partida para todo el libro. Ahí se fijan varias de las ideas que se repetirán después: el cuerpo como espacio de violencia, la precariedad social como una presión constante y la memoria como algo que no cierra nunca.</p>
<p>El narrador no juzga, pero tampoco suaviza nada. La escena en la que el protagonista tiene que deshacerse de los restos del feto, en un baño precario, resulta especialmente incómoda. No tanto por lo explícito, sino porque instala una culpa que ya no se va a ir.</p>
<p>Desde ese arranque queda claro el tono: Rimachi Sialer no escribe para consolar, escribe para mostrar lo que normalmente se evita mirar.</p>
<p><strong>La violencia como lenguaje</strong></p>
<p>Uno de los aspectos más inquietantes del libro es cómo la violencia deja de sentirse excepcional. En cuentos como “Sérpico, sin Al Pacino” aparece de forma extrema, pero no como algo fuera de lo común, sino como parte de una lógica instalada.</p>
<p>La tortura, el sadismo y la deshumanización no se presentan como aberraciones aisladas, sino como prácticas que ya forman parte de un sistema. Los personajes no son monstruos clásicos: son personas que han corrido sus propios límites éticos hasta el punto de que el dolor ajeno se vuelve rutina… o incluso entretenimiento.</p>
<p>Lo más perturbador no es solo lo que hacen, sino la manera en que lo hacen: con humor, con referencias culturales, con una especie de complicidad masculina que recuerda a ciertos relatos policiales, pero llevados mucho más lejos. El Caimán, por ejemplo, representa una masculinidad completamente deformada, donde deseo, violencia y camaradería se mezclan hasta volverse indistinguibles.</p>
<p>Rimachi logra algo difícil: no moraliza, pero tampoco justifica. Simplemente deja que todo ocurra frente al lector, sin ofrecerle un lugar cómodo desde donde mirar.</p>
<p><strong>El amor como territorio dañado</strong></p>
<p>Si hay algo que atraviesa todo el libro, es la idea de que el amor no logra sobrevivir en estos contextos. Aparece, sí, pero siempre contaminado: por el miedo, por la culpa, por el poder o por la memoria.</p>
<p>En “Ciudad solitaria”, el amor joven se rompe con la decisión del aborto y con la incapacidad del protagonista para estar presente cuando más se le necesita. En “Elogio de la sirvienta”, la relación entre Fonchito y Justiniana desarma cualquier idea idealizada de la intimidad: ahí hay abuso, manipulación y dependencia emocional. El amor, lejos de salvar, termina destruyendo.</p>
<p>“Monsieur Hernández”, uno de los cuentos más logrados, lleva esta idea a otro nivel. Aquí el amor se cruza con el periodismo y con una realidad donde la muerte se vuelve parte del trabajo cotidiano. La muerte de Cristina no es solo trágica: también evidencia el desgaste de vivir en un entorno donde todo se vuelve negociable.</p>
<p>Hernández es un personaje quebrado. Ha aprendido a moverse en ese sistema, pero eso no le sirve para proteger a quien ama. La carta final de Cristina funciona casi como el centro moral del libro: deja ver que el problema no es solo la violencia externa, sino también la forma en que se convive con ella día a día.</p>
<p><strong>La ciudad como algo que devora</strong></p>
<p>Lima no aparece como simple escenario. Es casi un personaje más, y uno bastante hostil. Es gris, húmeda, indiferente. Un lugar donde la vida humana parece valer poco.</p>
<p>Los espacios –Plaza Bolognesi, Huachipa, redacciones, casas deterioradas– construyen una ciudad que desgasta a quienes la habitan. En “Ofelia”, esto se intensifica todavía más: la presencia constante de la muerte vuelve el trabajo policial algo mecánico, casi vacío de humanidad.</p>
<p>Cuando aparece lo fantástico, no rompe la lógica del relato; al contrario, la hace más profunda. Porque la realidad ya es lo suficientemente extrema como para que lo extraño encaje sin problema.</p>
<p>La ciudad no solo contiene la violencia: la produce.</p>
<p><strong>El cuerpo como registro</strong></p>
<p>En todos los cuentos, el cuerpo ocupa un lugar central. No como algo bello o deseable, sino como un registro de lo vivido.</p>
<p>Son cuerpos que sangran, que se desgastan, que son violentados o abandonados. Cada uno carga una historia que no se puede contar de otra forma. En “Ciudad solitaria”, el cuerpo femenino refleja la precariedad del sistema de salud. En “Sérpico…”, los cuerpos son objeto de tortura. En “Ofelia”, el cuerpo muerto conecta tiempos distintos. En “Elogio de la sirvienta”, el cuerpo se vuelve espacio de deseo y sometimiento.</p>
<p>Lo que los personajes han vivido no está tanto en lo que dicen, sino en lo que sus cuerpos han resistido.</p>
<p><strong>La culpa que no se va</strong></p>
<p>Si la violencia es lo que ocurre, la culpa es lo que queda. Ningún personaje sale limpio.</p>
<p>El protagonista de “Ciudad solitaria” no logra desprenderse de lo que hizo. Hernández tampoco puede esquivar el peso de la muerte de Cristina. Justiniana queda atrapada en un vínculo que sigue afectándola incluso después de la pérdida.</p>
<p>Aquí la culpa no aparece como castigo externo. Es algo más interno, más persistente. No se resuelve ni se borra. Simplemente se queda.</p>
<p><strong>Una forma de contar sin adornos</strong></p>
<p>En lo formal, Rimachi opta por una escritura directa, a ratos cercana a lo oral. No hay exceso de adornos, y eso hace que lo que se cuenta golpee más.</p>
<p>Aun así, introduce momentos donde la realidad se desestabiliza y roza lo alucinatorio, como en “Ofelia”. No es un recurso para sorprender, sino para intensificar lo que ya está pasando.</p>
<p>El uso del monólogo interior, sobre todo en “Monsieur Hernández”, permite entrar en la mente de los personajes: memoria, presente y culpa se mezclan sin un orden claro, reflejando ese caos interno.</p>
<p><strong>Una incomodidad necesaria</strong></p>
<p>Quizá lo más potente del libro no está solo en sus historias, sino en la sensación que deja. Rimachi Sialer no ofrece respuestas ni consuelo. No hay personajes ejemplares ni finales tranquilizadores.</p>
<p>Lo que hay son zonas grises, decisiones difíciles y contextos que no permiten soluciones simples. El lector no puede colocarse fácilmente del lado “correcto”, porque ese lado nunca termina de definirse.</p>
<p><strong>La felicidad, como ruina</strong></p>
<p><em>Todos los muertos de mi felicidad</em> es un libro que no se olvida fácil. No por espectacular, sino por insistente. Cada cuento parece girar alrededor de una misma pregunta: ¿qué queda después de perderlo todo?</p>
<p>La respuesta no es esperanza ni reconstrucción. Es memoria. Una memoria que no cura, pero tampoco desaparece.</p>
<p>Rimachi Sialer construye así un libro donde la felicidad no es una meta, sino algo que ya pasó… y cuyos restos todavía pesan. El lector termina siendo testigo de algo que preferiría no ver, pero que, una vez visto, ya no puede ignorar.</p>
<p>Hay libros que se terminan. Este se queda.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>¿Quién fue José Asunción Silva, el ídolo del protagonista de la película «Un poeta»?</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Apr 2026 07:15:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[colombia]]></category>
		<category><![CDATA[josé asunción silva]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La película Un poeta trata sobre la vida de Óscar Restrepo, un vate fracasado y deprimido. El protagonista sueña con el reconocimiento que no llega, y en ese camino conoce a una adolescente que tiene un talento excepcional para la poesía. Óscar Restrepo también es un especialista de la obra del poeta José Asunción Silva, [&#8230;]</p>
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<p>La película <strong><em>Un poeta</em> </strong>trata sobre la vida de Óscar Restrepo, un vate fracasado y deprimido. El protagonista sueña con el reconocimiento que no llega, y en ese camino conoce a una adolescente que tiene un talento excepcional para la poesía.</p>
<p>Óscar Restrepo también es un especialista de la obra del poeta <strong>José Asunción Silva</strong>, a quien le rinde tributo y no solo lo toma como ejemplo, sino también considera que este poeta tampoco ha tenido el reconocimiento que debía.</p>
<p>Pero, ¿quién fue José Asunción Silva?</p>
<p>Se trata de un poeta fundamental en la literatura colombiana, y uno de los precursores del modernismo en Hispanoamérica. Su obra exploró la novela y la poesía, y dejó una huella imborrable en las nuevas generaciones del país que también vio nacer a Jorge Isaacs, García Márquez y Fernando Vallejo.</p>
<p><strong>La vida de estuvo marcada por la adversidad económica y personal. Sufrió un naufragio en donde se perdió gran parte de su obra inédita, y además la muerte de su hermana le produjo un golpe muy doloroso. El poeta se quitó la vida a los 30 años de un disparo en el corazón.</strong></p>
<p>Leamos uno de sus poemas más recordados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nocturno III</strong><br />
Autor: José Asunción Silva</p>
<p>Una noche<br />
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,<br />
Una noche<br />
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,<br />
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,<br />
muda y pálida<br />
como si un presentimiento de amarguras infinitas,<br />
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,<br />
por la senda que atraviesa la llanura florecida<br />
caminabas,<br />
y la luna llena<br />
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca.<br />
Y tu sombra<br />
fina y lánguida<br />
y mi sombra<br />
por los rayos de la luna proyectada<br />
sobre las arenas tristes<br />
de la senda se juntaban.<br />
Y eran una<br />
y eran una<br />
¡y eran una sola sombra larga!<br />
¡y eran una sola sombra larga!<br />
¡y eran una sola sombra larga!</p>
<p>Esta noche<br />
solo, el alma<br />
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,<br />
separado de ti misma por la sombra, por el tiempo y la distancia,<br />
por el infinito negro,<br />
donde nuestra voz no alcanza,<br />
solo y mudo<br />
por la senda caminaba,<br />
y se oían los ladridos de los perros a la luna,<br />
a la luna pálida<br />
y el chillido<br />
de las ranas,<br />
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba<br />
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,<br />
¡entre las blancuras níveas<br />
de las mortuorias sábanas!<br />
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,<br />
Era el frío de la nada…</p>
<p>Y mi sombra<br />
por los rayos de la luna proyectada,<br />
iba sola,<br />
iba sola<br />
¡iba sola por la estepa solitaria!<br />
Y tu sombra esbelta y ágil<br />
fina y lánguida,<br />
como en esa noche tibia de la muerta primavera,<br />
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,<br />
se acercó y marchó con ella,<br />
se acercó y marchó con ella,<br />
se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!<br />
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!…</p>
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		<title>Mario Vargas Llosa pensó en el suicidio, pero Madame Bovary lo ayudó a alejarse de esa idea</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Literalgia]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Apr 2026 05:47:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Literálgicos]]></category>
		<category><![CDATA[gustav flaubert]]></category>
		<category><![CDATA[madame bobary]]></category>
		<category><![CDATA[suicidio]]></category>
		<category><![CDATA[Vargas Llosa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>&#160; En La orgía perpetua (1975), un ensayo crítico donde Mario Vargas Llosa analiza la novela Madame Bovary, el Nobel peruano confiesa que en un momento de “disgusto profundo por la vida” pensó en el suicidio; sin embargo, el libro de Gustave Flaubert lo ayudó a alejarse de esos pensamientos. ¿De qué manera la historia [&#8230;]</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>La orgía perpetua</em> (1975), un ensayo crítico donde Mario Vargas Llosa analiza la novela <em>Madame Bovary</em>, el Nobel peruano confiesa que en un momento de “disgusto profundo por la vida” pensó en el suicidio; sin embargo, el libro de Gustave Flaubert lo ayudó a alejarse de esos pensamientos.</p>
<p>¿De qué manera la historia de Enma Bovary ayudó al autor de <em>Conversación en La Catedral</em>? Leamos el fragmento que aparece en el primer capítulo del mencionado ensayo donde expresa su profunda admiración por el escritor francés.</p>
<p><strong>Leamos el fragmento:</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote><p>&nbsp;</p></blockquote>
[&#8230;] Además, tengo por este episodio un agradecimiento particular; se trata de un secreto entre Emma y yo. <strong>Hace algunos años, durante unas semanas, tuve la sensación de una incompatibilidad definitiva con el mundo, una desesperación tenaz, un disgusto profundo de la vida. En algún momento me cruzó por la cabeza la idea del suicidio</strong>; otra noche recuerdo haber rondado con la idea de infligirme, a través de la más odiosa de las instituciones, una fuga y una punición románticas: cambiar de nombre, de vida, desaparecer en un oficio rudo y vil. Es impagable la ayuda que me prestó, en ese período difícil, la historia de Emma, o, mejor dicho, la muerte de Emma. <strong>Recuerdo haber leído en esos días, con angustiosa avidez, el episodio de su suicidio, haber acudido a esa lectura como otros, en circunstancias parecidas, recurren al cura, la borrachera o la morfina, y haber extraído cada vez, de esas páginas desgarradoras, consuelo y equilibrio, repugnancia del caos, gusto por la vida.</strong> El sufrimiento ficticio neutralizaba el que yo vivía. Cada noche, para ayudarme, Emma entraba al desierto castillo de la Huchette y era humillada por Rodolphe; salía al campo donde el dolor y la impotencia la acercaban un instante a la locura; se deslizaba como un duende en la farmacia de Homais, y allí, Justin, la inocencia convertida en secuaz de la muerte, la miraba tragar el arsénico en la penumbra del capharnaüm; volvía a su casa y padecía el indecible calvario: el sabor a tinta, la náusea, el frío en los pies, sus estremecimientos, los dedos incrustados en las sábanas, el sudor de su frente, el castañeteo de sus dientes, el extravío de sus ojos, los aullidos, las convulsiones, el vómito de sangre, la lengua que escupe su boca, el estertor final. Cada vez, a la tristeza y a la melancolía se mezclaba una curiosa sensación de sosiego y la consecuencia de la lacerante ceremonia eran para mí la admiración, el entusiasmo: Emma se mataba para que yo viviera. En otras ocasiones de contrariedad, depresión o simple malhumor he acudido a este remedio y casi siempre con el mismo resultado catártico. Esa experiencia y otras parecidas me han convencido de lo discutible de las teorías que defienden una literatura edificante por sus resultados. No son necesariamente las historias felices y con moraleja optimista las que levantan el espíritu y alegran el corazón de los lectores (virtudes que se le atribuían en el Perú al «Pisco Vargas»); en algunos casos, como en el mío, el mismo efecto lo pueden conseguir, por su sombría belleza, historias tan infelices y pesimistas como la de Emma Bovary.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>¿Por qué Umberto Eco decía que el libro es un invento tan perfecto como el cuchillo o la cuchara?</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2026 05:42:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
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		<category><![CDATA[Umberto Eco]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la primera década del nuevo milenio, cuando muchos sentenciaban a muerte al papel frente al auge digital, el semiólogo Umberto Eco y el guionista Jean-Claude Carrière conversaron sobre este tema, y el autor de El nombre de la rosa defendió la persistencia del libro impreso de manera lógica y poética. Para él, el libro [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?ssl=1"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="4473" data-permalink="https://www.literalgia.com/por-que-umberto-eco-decia-que-el-libro-es-un-invento-tan-perfecto-como-el-cuchillo-o-la-cuchara/umberto-eco-la-biblioteca-del-mundo-1/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?fit=700%2C483&amp;ssl=1" data-orig-size="700,483" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-(1)" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?fit=662%2C457&amp;ssl=1" class="alignnone size-full wp-image-4473" src="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?resize=662%2C457&#038;ssl=1" alt="" width="662" height="457" srcset="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?w=700&amp;ssl=1 700w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?resize=300%2C207&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?resize=561%2C387&amp;ssl=1 561w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?resize=265%2C183&amp;ssl=1 265w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?resize=531%2C366&amp;ssl=1 531w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?resize=364%2C251&amp;ssl=1 364w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/Umberto-Eco-La-biblioteca-del-mundo-1.jpg?resize=608%2C420&amp;ssl=1 608w" sizes="auto, (max-width: 662px) 100vw, 662px" /></a></p>
<p>En la primera década del nuevo milenio, cuando muchos sentenciaban a muerte al papel frente al auge digital, el semiólogo Umberto Eco y el guionista Jean-Claude Carrière conversaron sobre este tema, y el autor de <strong><em>El nombre de la rosa</em></strong> defendió la persistencia del libro impreso de manera lógica y poética. Para él, el libro es una herramienta perfecta.</p>
<p><strong>Leamos lo que dijo sobre este maravilloso invento:</strong></p>
<blockquote><p>&nbsp;</p></blockquote>
<p>¿El libro desaparecerá a causa de la aparición de internet? Escribí sobre este tema hace tiempo, es decir, cuando la pregunta parecía pertinente. A estas alturas, cada vez que alguien me pide que me pronuncie al respecto, no puedo sino repetir el mismo texto.</p>
<p>En cualquier caso, nadie se da cuenta de que me repito, porque no hay nada más inédito que lo que ya se ha publicado y, además, porque la opinión pública (o por lo menos los periodistas) tienen siempre la idea fija de que el libro desaparecerá (o quizá los periodistas piensan que son los lectores los que tienen esa idea fija) y todos formulan incansablemente la misma pregunta. En realidad, hay poco que decir al respecto. Con internet hemos vuelto a la era alfabética. Si alguna vez pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutenberg y todos se ven de nuevo obligados a leer. Para leer es necesario un soporte. Este soporte no puede ser únicamente el ordenador. Pasémonos dos horas leyendo una novela en el ordenador y nuestros ojos se convertirán en dos pelotas de tenis! En casa, tengo unas gafas Polaroid que me permiten proteger los ojos de las molestias de una lectura constante en pantalla, pero no es una solución suficiente. Además, el ordenador depende de la electricidad y no te permite leer en la bañera, ni tumbado de costado en la cama. El libro es, a fin de cuentas, un instrumento más flexible.</p>
<p>Ante la disyuntiva, hay una sola opción: o el libro sigue siendo el soporte para la lectura o se inventará algo que se parecerá a lo que el libro nunca ha dejado de ser, incluso antes de la invención de la imprenta. Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función, ni su sintaxis, desde hace más de quinientos años. <strong>El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. No se puede hacer una cuchara que sea mejor que la cuchara. Hay diseñadores que intentan mejorar, por ejemplo, el sacacorchos, con resultados muy modestos: la mayoría de ellos no funciona.</strong> Philippe Starck intentó mejorar el exprimidor, pero su modelo (para salvaguardar una determinada pureza estética) deja pasar las semillas. El libro ha superado sus pruebas y no se ve cómo podríamos hacer nada mejor para desempeñar esa misma función. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel. Pero seguirá siendo lo que es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Isabel Allende quiso escribir una carta a su abuelo, pero terminó escribiendo “La casa de los espíritus”</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2026 05:32:13 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Isabel Allende es una de las escritoras más influyentes de la literatura contemporánea en español. En sus escritos explora temas como la identidad, el exilio, el poder y la resiliencia femenina. Destaca por su obra La casa de los espíritus, pero también por De amor y de sombra, Hija de la fortuna, Eva Luna y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="xdj266r x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs x126k92a">
<div dir="auto"><a href="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?ssl=1"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="4470" data-permalink="https://www.literalgia.com/isabel-allende-quiso-escribir-una-carta-a-su-abuelo-pero-termino-escribiendo-la-casa-de-los-espiritus/isabel-allende-1/" data-orig-file="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?fit=800%2C544&amp;ssl=1" data-orig-size="800,544" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="isabel allende (1)" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?fit=662%2C450&amp;ssl=1" class="alignnone size-full wp-image-4470" src="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=662%2C450&#038;ssl=1" alt="" width="662" height="450" srcset="https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?w=800&amp;ssl=1 800w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=300%2C204&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=768%2C522&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=561%2C381&amp;ssl=1 561w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=265%2C180&amp;ssl=1 265w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=531%2C361&amp;ssl=1 531w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=364%2C248&amp;ssl=1 364w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=728%2C495&amp;ssl=1 728w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=608%2C413&amp;ssl=1 608w, https://i0.wp.com/www.literalgia.com/wp-content/uploads/2026/04/isabel-allende-1.jpg?resize=758%2C515&amp;ssl=1 758w" sizes="auto, (max-width: 662px) 100vw, 662px" /></a></div>
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">Isabel Allende es una de las escritoras más influyentes de la literatura contemporánea en español. En sus escritos explora temas como la identidad, el exilio, el poder y la resiliencia femenina. Destaca por su obra <em>La casa de los espíritus</em>, pero también por <em>De amor y de sombra</em>, <em>Hija de la fortuna</em>, <em>Eva Luna</em> y <em>Paula</em>.</div>
</div>
<div class="x14z9mp xat24cr x1lziwak x1vvkbs xtlvy1s x126k92a">
<div dir="auto"></div>
<div dir="auto">En una <a href="http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_3305000/3305001.stm" target="_blank" rel="noopener">entrevista con la BBC, en el 2003,</a> la escritora chilena narró cómo concibió su novela más reconocida.</div>
</div>
<p><strong>A continuación un fragmento:</strong></p>
<blockquote><p>&nbsp;</p></blockquote>
<h4><strong>¿Nos puede explicar el proceso de escritura del libro?</strong></h4>
<p>Fue un proceso muy orgánico, no fue planeado.</p>
<p>En esos momentos yo trabajaba 12 horas al día en una escuela. Tenía dos turnos, de siete de la mañana a siete de la noche.</p>
<p>Llegaba a la casa bastante cansada, sobre todo aburrida, porque no me gustan los niños&#8230; y el 8 de enero de 1981 nos llamaron por teléfono a Venezuela para decir que mi abuelo, Esteban Trueba, se estaba muriendo en Chile.</p>
<p>Como yo no podía regresar a despedirme de él, decidí escribirle lo que podríamos llamar una carta espiritual, que yo estaba segura de que él nunca leería.</p>
<p>El único objetivo de la carta era decirle que yo recordaba todo lo que me había dicho a lo largo de mi vida, que podía morir en paz porque yo tenía sus recuerdos.</p>
<p>Para probar eso, comencé a escribir la primera anécdota que me contó, la historia de su primera novia, Rosa, quien murió envenenada al ingerir el aguardiente.</p>
<p>Y en cuanto comencé a contar sobre el perro Barrabás y Rosa, que fueron las primeras historias que escuché cuando era niña, me di cuenta de que me había distanciado de la carta, de la verdad, de la memoria, y que había entrado a un reino en el que todas estas cosas se mezclaban y yo tenía la libertad absoluta de hacer lo que quisiera.</p>
<p>Yo podía inventar, exagera, mentir. Era mi derecho. Fue un momento maravillosamente liberador.</p>
<p>Cuando regresé a la escuela al día siguiente, con todos esos papeles que había escrito, trabajé todo el día, pero en mi mente ya estaban los personajes.</p>
<p>Esa noche, después de cocinar y de que todo el mundo se fuera a ver televisión, me encerré en la cocina y, con una pequeña máquina, escribí las dos o tres páginas siguientes.</p>
<p>No sabía que había entrado en un campo minado, el campo de la literatura, en el que los críticos y los profesores universitarios te destruyen si tienen la oportunidad</p>
<p>Eso fue lo que hice todas las noches durante un año y al final tenía 500 páginas, en la cocina.</p>
<p>Fue así que escribí «La casa de los espíritus».</p>
<p>Cuando se la di a mi ex esposo, que era ingeniero, para que la leyera, me dijo «Aquí hay algo que no funciona. Escribes sobre 70 años de la vida de estas personas y no envejecen».</p>
<p>Me di cuenta, horrorizada, de que me había olvidado de que algunos personajes seguían siendo eternamente jóvenes.</p>
<p>Entonces mi ex esposo preparó un esquema, con los años, los acontecimientos y las edades de los personajes.</p>
<p>Gracias a eso, organicé la novela, después de haberla escrito.</p>
<p>Cuando pienso en aquellos tiempos, me doy cuenta de que yo era muy inocente.</p>
<p>No sabía que había entrado en un campo minado, el campo de la literatura, en el que los críticos y los profesores universitarios te destruyen si tienen la oportunidad.</p>
<p>Ya no tengo esa inocencia. Y es una gran pena porque se trataba de algo muy liberador.</p>
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		<item>
		<title>Lee el cuento que inspiró «El gigante sin corazón», un capítulo memorable de El narrador de cuentos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Literalgia]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2026 23:03:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[el narrador de cuentos]]></category>
		<category><![CDATA[noruega]]></category>
		<category><![CDATA[series]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El relato que presentamos a continuación es una de las joyas de la tradición oral noruega, recopilado originalmente por Peter Christen Asbjørnsen y Jörgen Moe a mediados del siglo XIX (1841). Este cuento no solo es un pilar del folclore escandinavo, sino que sirvió como base directa para uno de los episodios más memorables y [&#8230;]</p>
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<p data-path-to-node="3">El relato que presentamos a continuación es una de las joyas de la tradición oral noruega, recopilado originalmente por <strong>Peter Christen Asbjørnsen y Jörgen Moe a mediados del siglo XIX (1841)</strong>. Este cuento no solo es un pilar del folclore escandinavo, sino que sirvió como base directa para uno de los episodios más memorables y visualmente impactantes de la mítica serie de televisión <strong>«The Storyteller» (El Narrador de Cuentos), producida por Jim Henson en 1988</strong>.</p>
<p data-path-to-node="4">Si bien la esencia de la búsqueda épica y el corazón oculto se mantiene, el paso del papel a la pantalla trajo consigo algunos cambios, pero queremos que los mismos lectores adviertan esos cambios.</p>
<p data-path-to-node="4">Te presentamos el cuento original:</p>
<h1 data-path-to-node="2">El gigante que no tenía corazón en su cuerpo</h1>
<p data-path-to-node="3"><b data-path-to-node="3" data-index-in-node="0">Por Peter Christen Asbjørnsen</b></p>
<p data-path-to-node="4">Érase una vez un rey que tenía siete hijos, a quienes amaba tanto que nunca podía soportar estar sin todos ellos a la vez; siempre debía haber al menos uno a su lado. Cuando crecieron, los seis mayores partieron a buscar esposas, pero el más joven se quedó en casa con su padre. Los otros debían traer de vuelta una princesa para él al palacio. El Rey les dio a los seis las ropas más finas que jamás se hayan visto, tan elegantes que la luz brillaba en ellas desde lejos, y cada uno recibió un caballo que costó muchísimas libras. Así partieron.</p>
<p data-path-to-node="5">Después de visitar muchos palacios y ver a muchas princesas, llegaron finalmente a un Rey que tenía seis hijas; jamás habían visto hijas de rey tan encantadoras. Cada uno comenzó a cortejar a una y, cuando las aceptaron como novias, emprendieron el camino de regreso. Pero, como estaban perdidamente enamorados, olvidaron por completo que debían traer una novia para Boots, su hermano menor que se había quedado en casa.</p>
<p data-path-to-node="6">Cuando ya habían recorrido un buen trecho, pasaron cerca de una ladera empinada, como un muro, donde estaba la casa del Gigante. El Gigante salió, puso sus ojos en ellos y los convirtió a todos en piedra: príncipes, princesas y todo su séquito.</p>
<p data-path-to-node="7">El Rey esperó y esperó a sus seis hijos, pero cuanto más esperaba, más tiempo pasaban fuera. Cayó en una gran tristeza y decía que nunca más volvería a conocer la alegría.</p>
<p data-path-to-node="8">—Si no te tuviera a ti —le dijo a Boots—, no querría vivir más, tanto es el dolor por la pérdida de tus hermanos. —Bueno, he estado pensando en pedirle permiso para ir a buscarlos —dijo Boots. —¡No, no! —dijo su padre—. Nunca tendrás ese permiso, porque tú también te quedarías fuera.</p>
<p data-path-to-node="9">Pero Boots se había propuesto ir; rogó y suplicó tanto que el Rey se vio obligado a dejarlo partir. El Rey no tenía otro caballo que darle más que un viejo jamelgo destartalado, pues sus otros seis hijos se habían llevado todos los caballos buenos. A Boots no le importó en absoluto y saltó sobre su pobre montura.</p>
<p data-path-to-node="10">—Adiós, padre —dijo—; volveré, no tema, y es muy probable que traiga a mis seis hermanos conmigo.</p>
<p data-path-to-node="11">Tras cabalgar un rato, encontró a un <b data-path-to-node="11" data-index-in-node="37">Cuervo</b> que yacía en el camino agitando las alas, incapaz de apartarse porque estaba muerto de hambre. —Oh, querido amigo —dijo el Cuervo—, dame un poco de comida y te ayudaré cuando más lo necesites. —No tengo mucha —dijo el Príncipe—, y no veo cómo podrías ayudarme mucho, pero aun así puedo darte un poco. Veo que lo necesitas.</p>
<p data-path-to-node="12">Poco después, llegó a un arroyo y vio a un gran <b data-path-to-node="12" data-index-in-node="48">Salmón</b> que había quedado en seco y se sacudía sin poder volver al agua. —Oh, querido amigo, empújame de nuevo al agua —dijo el Salmón—, y te ayudaré cuando más lo necesites. —Bueno —dijo el Príncipe—, la ayuda que me des no será mucha, supongo, pero es una pena que te asfixies ahí. —Y lo devolvió a la corriente.</p>
<p data-path-to-node="13">Caminó un largo, largo trecho y se encontró con un <b data-path-to-node="13" data-index-in-node="51">Lobo</b> tan hambriento que se arrastraba por el camino. —Querido amigo, déjame comerme a tu caballo —dijo el Lobo—; tengo tanto hambre que el viento silba entre mis costillas. —No —dijo Boots—, eso no puede ser. Primero el cuervo, luego el salmón, ¿y ahora tú quieres mi caballo? No tendría en qué montar. —Pero puedes ayudarme —dijo el Lobo Gris—; podrás cabalgar sobre mi lomo y yo te ayudaré cuando más lo necesites. —Está bien, toma el caballo ya que tienes tanta necesidad —dijo el Príncipe.</p>
<p data-path-to-node="14">Cuando el Lobo terminó de comer, Boots le puso el freno y la silla al Lobo. El Lobo era ahora tan fuerte que partió con el Príncipe a una velocidad que él nunca había experimentado.</p>
<p data-path-to-node="15">—Más adelante te mostraré la casa del Gigante —dijo el Lobo.</p>
<p data-path-to-node="16">Al llegar, el Lobo señaló: —Mira, ahí están tus seis hermanos convertidos en piedra con sus novias. Allá está la puerta; entra. —No me atrevo —dijo el Príncipe—, me matará. —¡No! —dijo el Lobo—. Adentro encontrarás a una Princesa; ella te dirá qué hacer para acabar con el Gigante. Haz lo que ella te pida.</p>
<p data-path-to-node="17">Boots entró temblando. El Gigante no estaba, pero en una habitación estaba la Princesa, la más hermosa que jamás había visto. —¡Oh, que el cielo te ayude! ¿De dónde vienes? —dijo ella—. Esto será tu muerte. Nadie puede acabar con el Gigante, porque <b data-path-to-node="17" data-index-in-node="254">no tiene corazón en su cuerpo</b>. —Bueno —dijo Boots—, ya que estoy aquí, intentaré liberar a mis hermanos y a ti también. —Entonces escóndete bajo la cama —dijo la Princesa— y escucha lo que hablamos. Pero quédate quieto como un ratón.</p>
<p data-path-to-node="18">Apenas se escondió, llegó el Gigante bramando: —¡Ja! ¡Huelo a sangre de cristianos! —Sí —dijo la Princesa—, una urraca dejó caer un hueso humano por la chimenea. Ya lo saqué, pero el olor tarda en irse.</p>
<p data-path-to-node="19">Por la noche, en la cama, la Princesa le preguntó: —Me gustaría saber una cosa&#8230; ¿Dónde guardas tu corazón, ya que no lo llevas contigo? —Eso no te incumbe —dijo el Gigante—, pero si debes saberlo, está bajo el umbral de la puerta.</p>
<p data-path-to-node="20">A la mañana siguiente, cuando el Gigante se fue al bosque, Boots y la Princesa cavaron bajo el umbral, pero no encontraron nada. —Nos ha engañado —dijo ella—, probaremos otra vez. Ella decoró el umbral con flores y, cuando el Gigante volvió, Boots se escondió de nuevo. El Gigante, al ver las flores, preguntó qué significaba eso. —Es que te quiero tanto que no pude evitarlo, sabiendo que tu corazón está ahí —dijo ella. —Ah —dijo el Gigante—, pero en realidad no está ahí. Está allá, en el armario de la pared.</p>
<p data-path-to-node="21">Al día siguiente buscaron en el armario y tampoco encontraron nada. La Princesa decoró el armario con guirnaldas y volvió a interrogar al Gigante por la noche. —Eres una tonta —dijo el Gigante—. Donde está mi corazón, nunca podrás llegar. —Aun así, sería un placer saber dónde está —insistió ella. El Gigante cedió: —Muy, muy lejos, en un lago, hay una isla; en esa isla hay una iglesia; en esa iglesia hay un pozo; en ese pozo nada un pato; dentro del pato hay un huevo, y en ese huevo está mi corazón, ¡querida!</p>
<p data-path-to-node="22">Al alba, Boots salió y el Lobo lo esperaba. —Sube a mi lomo —dijo el Lobo. Corrieron sobre colinas y valles hasta llegar al lago. El Lobo saltó al agua con el Príncipe a cuestas y nadó hasta la isla. Llegaron a la iglesia, pero las llaves estaban en lo alto de la torre. —Llama al Cuervo —dijo el Lobo. El Cuervo vino en un santiamén, voló y trajo las llaves. Al entrar y llegar al pozo, vieron al Pato. El Príncipe lo atrajo y lo atrapó, pero al sacarlo, al Pato se le cayó el huevo al fondo del pozo. —Llama al Salmón —dijo el Lobo. El Salmón trajo el huevo desde el fondo.</p>
<p data-path-to-node="23">—Ahora, aprieta el huevo —dijo el Lobo. Boots lo apretó y el Gigante, que estaba lejos, empezó a gritar de dolor. —¡Apriétalo más! —dijo el Lobo. El Gigante suplicó por su vida. —Dile que si devuelve la vida a tus hermanos y a sus novias, le perdonarás —dijo el Lobo. El Gigante lo hizo inmediatamente. —Ahora, rompe el huevo —dijo el Lobo. Boots rompió el huevo y el Gigante estalló al instante.</p>
<p data-path-to-node="24">Boots regresó a la casa del Gigante con el Lobo, encontró a sus hermanos vivos y alegres, y rescató a su propia Princesa. Todos volvieron a casa del Rey. El anciano Rey se puso inmensamente feliz. —Pero la novia de Boots es la más hermosa de todas —dijo el Rey—, y él se sentará a la cabecera de la mesa con ella.</p>
<p data-path-to-node="25">Hubo una gran fiesta de bodas que duró mucho tiempo, y si no han terminado de festejar, es que todavía siguen en ello.</p>
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		<title>A Martín Adán le pidieron una reseña sobre su vida y terminó escribiendo uno de sus mejores poemas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Literalgia]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Apr 2026 06:41:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[martín adán]]></category>
		<category><![CDATA[poesía peruana]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En 1961, la poeta argentina Celia Paschero contactó a Martín Adán (1908-1985) para pedirle un texto autobiográfico, con el fin de publicarlo en el diario La Nación de Buenos Aires. La respuesta del peruano fue uno de sus poemas más recordados. Los versos de “Escrito a ciegas” esbozan el alma del poeta barranquino, cuya genialidad [&#8230;]</p>
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<p>En 1961, la poeta argentina Celia Paschero contactó a Martín Adán (1908-1985) para pedirle un texto autobiográfico, con el fin de publicarlo en el diario La Nación de Buenos Aires.</p>
<p>La respuesta del peruano fue uno de sus poemas más recordados. Los versos de “Escrito a ciegas” esbozan el alma del poeta barranquino, cuya genialidad empezó a relucir tempranamente con<em> La casa de cartón</em>.</p>
<p>Leamos el poema.</p>
<h3></h3>
<h3><strong>Escrito a ciegas</strong><br />
(Carta a Cecilia Paschero)</h3>
<p>¿Quieres tú saber de mi vida?<br />
Yo sólo sé de mi paso,<br />
De mi peso,<br />
De mi tristeza y de mi zapato.<br />
¿Por qué preguntas quién soy,<br />
adónde voy?… Porque sabes harto<br />
Lo del Poeta, el duro<br />
y sensible volumen de ser mi humano,<br />
que es un cuerpo y vocación,<br />
sin embargo.</p>
<p>Si nací, lo recuerda el Año<br />
Aquel de quien no me acuerdo,<br />
Porque vivo, porque me mato.</p>
<p>Mi Ángel no es el de la Guarda.<br />
Mi Ángel es del Hartazgo y Retazo,<br />
que me lleva mi término,<br />
tropezando, siempre tropezando,<br />
en esta sombra deslumbrante<br />
que es la Vida, y su engaño y su encanto.</p>
<p>Cuando lo sepas todo…<br />
Cuando sepas no preguntar…<br />
Sino roerte la uña de mortal,<br />
entonces te diré mi vida,<br />
Que no es más que una palabra más…<br />
La toda tuya vida es como cada ola:<br />
Sabe matar,<br />
sabe morir,<br />
y no saber retener su caudal,<br />
y no saber discurrir y volver a su principio,<br />
y no saber contenerse en su afán…</p>
<p>Si quieres saber de mi vida,<br />
vete a mirar al Mar.<br />
¿Por qué me la pides, Literata?<br />
¿Ignoras acaso que en el Mundo,<br />
todo de nadas acumuladas,<br />
de desengrandar infinitudes,<br />
no sino un trasgo<br />
eterno, sombra apenas de apetito de algo?</p>
<p>La cosa real, si la pretendes,<br />
no es aprehenderla sino imaginarla.<br />
Lo real no se le coge: se le sigue,<br />
y para eso son el sueño y la palabra.<br />
¡Cuídate de su atajo!<br />
¡Cuídate de su distancia!<br />
¡Cuídate de su despeñadero!<br />
¡Cuídate de su cabaña!</p>
<p>¿Quién soy? Soy mi qué,<br />
Inefable e innumerable<br />
figura y alma de la ira.<br />
No, eso fue al fin… y era al principio,<br />
antes de donde el principio principia.<br />
Soy un cuerpo de espíritu de furia<br />
asentada y de aceda ironía.</p>
<p>No, no soy el que busca<br />
el poema, ni siquiera la vida…<br />
Soy un animal acosado por su ser<br />
que es una verdad y una mentira.</p>
<p>¡Es tan simple mi ser, y tal ahogo,<br />
con punzada en nervio y carne!…<br />
Yo buscaba otro ser,<br />
y ése ha sido mi buscarme.<br />
Yo no quería ni quiero ya ser yo,<br />
sino otro que se salvara o que se salve,<br />
no el del instinto, que se pierde,<br />
ni el del entendimiento, que se retrae.</p>
<p>Mi día es otro día,<br />
algún no sé dónde estarme,<br />
a dónde no sé ir en mi selva<br />
entre mis reptiles y mis árboles,<br />
libros y cementos<br />
y estrellas de neón.<br />
Mujeres que se me juntan como la pared y como nadie…<br />
o como madre,<br />
y el recién nacido que sobre mí llora,<br />
y por la calle<br />
todas las ruedas<br />
reales y originales.<br />
Así es mí día cabal,<br />
hasta la última tarde.</p>
<p>El Otro, el Prójimo, es un fantasma.<br />
¿Existe el aire<br />
donde te asfixias y recreas<br />
respirando, tu cuerpo inane?<br />
¡No, nada es sino la sorpresa<br />
eterna de tu mismo reencontrarte<br />
siempre tú los mismos entre los mismos muros<br />
de las distancias y de las calles!<br />
¡Y de los cielos estos techos<br />
que nunca me ultiman porque nunca caen!</p>
<p>Y no alcancé al furor de lo divino,<br />
ni a la simpatía de lo humano.<br />
Lo soy y no lo siento ni así me siento.<br />
Soy en el Día el Solitario<br />
y el absoluto en la Zoología si pienso,<br />
o como carnívoro feroz si agarro.<br />
¿Soy la Creadura o el Creador?<br />
¿Soy la Materia o el Milagro?<br />
¡Qué mía y qué ajena tu pregunta!…<br />
¡Quién soy? ¿Lo sé yo acaso?<br />
¡Pero no, el Otro no es!<br />
¡Sólo yo en mi terror o en mi orgasmo!</p>
<p>¡Y con todos mis sueños resonados,<br />
y con toda la moneda recogida,<br />
y con todo mi cuerpo, resurrecto<br />
tras cada coito, ciego, vano, sin pupila!…</p>
<p>¡Cuando no seas nada más que ser,<br />
Si llegas a la edad de la agonía!…<br />
¡Cuando sepas, verdaderamente,<br />
que es ayuntamiento de muerte y vida!…<br />
¡Entonces te diré quién soy,<br />
seguro sí, que ya sin voz, Amiga!</p>
<p>Que se curan con hierbas eficaces<br />
los puros animales que hablan<br />
allá, entre piedras inmateriales<br />
el mundo real y la ciencia humana,<br />
donde, con una pelota<br />
los muchachos aparentes hediondos gozaban.<br />
Sí, la vida es un delirio así, sin embargo,<br />
en esa vida no estuvo mi nada,<br />
ninguna, pero real, pero celeste o volcánica.<br />
¡Qué parte llega el tiempo<br />
a su punto de olvido o de sensibilidad!<br />
Viene arrastrando, como el aluvión,<br />
de cúmulo, de suelo, de humanidad.</p>
<p>¡Cuán a destiempo llega uno a sí mismo!<br />
¡Cuán inesperado y desesperado cualquier ya,<br />
todo yo que cae con el Tiempo<br />
desde nunca siempre y para siempre jamás!<br />
¡Qué madrugada eterna no dormida<br />
lo del resolverme en el hacer y en el pensar!</p>
<p>La soledad es una roca dura<br />
contra la que arroja el Aire.<br />
Está en cada pared de la Ciudad,<br />
cómplice, disimulándose.<br />
Me arrojo o me arrojo, sin cesar<br />
yo soy mi impedimento y mi crearme.</p>
<p>La Poesía es, amiga,<br />
inagotable, incorregible, ínsita.<br />
Es el río infinito<br />
todo de sangre,<br />
todo de meandro, todo de ruina y arrastre de vívido…<br />
¿Qué es la Palabra<br />
sino vario y vano grito?<br />
¿Qué es la imagen de la Poética?<br />
Sino un veloz leño bajo un gato írrito?<br />
Todo es aluvión. Si no lo fuera,<br />
nada sería lo real, lo mismo.</p>
<p>El amor no sabía<br />
sino tragarse su substancia<br />
y así la Creación se renovaba.<br />
Todo me era de ayer, pero yo vivo;<br />
y a veces creo, y la Vez me amamanta.</p>
<p>No soy ninguno que sabe.<br />
Soy el uno que ya no cree<br />
ni en el hombre,<br />
ni en la mujer,<br />
ni en la casa de un solo piso,<br />
ni en el panqueque con miel.<br />
No soy más que una palabra<br />
volada de la sien,<br />
y que procura compadecerse<br />
y anidar en algún alto tal vez<br />
de la primavera lóbrega<br />
del ser<br />
no me preguntes más,<br />
que ya no sé…</p>
<p>Supe que no era lo que no era, no sé cómo, y todo era<br />
hasta la cosa de mi nada.<br />
Y fui uno no sé cuándo,<br />
Persiguiendo, por entre numen y maraña<br />
Dentro de ella, yo, nacido y flaco, ya con todas las armas,<br />
yo por todo paso que me hacía,<br />
a ello persiguiendo… a la palabra<br />
a cualquiera,<br />
a la de la madriguera o a la que salta.</p>
<p>Si mi vida no es esto<br />
¿Qué será la vida?… ¿Adivinanza?…<br />
Que me dé tiempo el Tiempo, a más del suyo,<br />
y yo me reharé mi eternidad;<br />
lo que me falta,<br />
porque la eché… me estuvo un momento demás.</p>
<p>¿Sabes de los puertos encallados,<br />
del furor y del desembarcar,<br />
y del cetáceo con mojadísimo uniforme,<br />
que no nada y cae ya?<br />
¿Sabes de la ciudad tanta,<br />
que me parece ciudad,<br />
sino cadáver disgregado,<br />
innumerable e infinitesimal?</p>
<p>Tú no sabes nada;<br />
Tú no sabes sino preguntar,<br />
Tú no sabes sino sabiduría<br />
Pero sabiduría no es estar<br />
sin noción de nada, sino proseguir o seguir<br />
a pie hacia el ya.</p>
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		<title>Paco Moreno: la memoria después del adiós</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Mar 2026 05:49:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Nikoll Benavides  &#160; En la literatura hay despedidas que suenan como un portazo y otras que se parecen más a un eco largo que sigue resonando en la memoria. La despedida de Cadete (Artífice, 2025), la segunda novela del escritor cangallino Paco Moreno, pertenece a este segundo territorio. Es una historia que comienza con [&#8230;]</p>
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<p><em><strong>Por Nikoll Benavides </strong></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la literatura hay despedidas que suenan como un portazo y otras que se parecen más a un eco largo que sigue resonando en la memoria. <em>La despedida de Cadete </em>(Artífice, 2025), la segunda novela del escritor cangallino Paco Moreno, pertenece a este segundo territorio. Es una historia que comienza con una pérdida aparentemente pequeña y doméstica, pero que poco a poco se abre hacia un mapa más amplio de afectos, recuerdos y heridas familiares.</p>
<p>La novela parte de un hecho sencillo y profundamente humano. Gabriel, uno de los tres narradores de la novela, debe enfrentar la muerte de su perro Cadete, quien lo acompañó durante diecisiete años. Por la promesa que le hizo a su abuelo, decide enterrarlo en un cementerio ubicado en el barrio de Collique, en el distrito limeño de Comas. Ese gesto íntimo termina activando una cadena de recuerdos que atraviesan generaciones, convirtiendo una despedida dura, pero doméstica, en una exploración de la memoria familiar.</p>
<p>Desde la muerte de Cadete se abren conversaciones pendientes, reviven historias familiares y regresan al presente personajes que parecían lejanos. La muerte del perro funciona, así como una grieta que permite mirar hacia atrás y revisar la historia de una familia marcada por tragedias, pérdidas y amor en todas sus aristas. En ese tejido de memorias emerge el segundo narrador, Papilo, el abuelo de Gabriel, una figura clave dentro de la novela. Sin buscar grandes acontecimientos ni giros espectaculares, la novela observa cómo el duelo reorganiza la vida de quienes permanecen.</p>
<p>La historia de Papilo introduce uno de los episodios más dolorosos del libro: la muerte de su hijo en Trujillo. Ese acontecimiento marca profundamente su vida y define su relación con el pasado, presente y futuro. La presencia de esta historia paralela amplía el alcance emocional del relato. El autor parece sugerir que las despedidas no se acumulan de forma aislada, sino que cada pérdida se conecta con otras, formando una red invisible de recuerdos y emociones.</p>
<p>En ese sentido, el libro también habla sobre el tiempo. No el tiempo cronológico de los calendarios, sino el tiempo emocional de las familias. Ese en el que los recuerdos del pasado continúan dialogando con el presente. El duelo por Cadete se entrelaza con las historias familiares que lo preceden y con las heridas que todavía buscan una forma de ser nombradas. Las calles de Collique contribuyen a construir esa atmósfera. El barrio aparece como un espacio de vida cotidiana con calles donde conviven historias de migración, trabajo y memoria. No es solo un fondo geográfico, sino un territorio emocional donde se cruzan generaciones que llegaron a Lima desde distintos lugares del país.</p>
<p>En ese contexto urbano se despliega una novela profundamente humana. Paco Moreno observa con atención los pequeños detalles que conforman la vida diaria: conversaciones familiares, recuerdos compartidos, silencios que pesan más que las palabras. Todo esto configura una narrativa que avanza con calma, como si el autor quisiera darle al lector el tiempo necesario para procesar cada emoción. La prosa del libro acompaña esa intención. Se trata de una escritura clara, profundamente literaria, cercana y sensible, capaz de construir escenas cargadas de afecto sin caer en el sentimentalismo. La novela apuesta por una emoción contenida. En lugar de exagerar el drama, confía en la fuerza de los recuerdos y en la intensidad de los vínculos humanos. Este tono resulta particularmente efectivo cuando la historia se acerca a los momentos más dolorosos. El recuerdo de la muerte del hijo de Papilo, por ejemplo, aparece como una herida que nunca termina de cerrarse.</p>
<p>La figura del abuelo refuerza esta dimensión generacional. Su presencia conecta al protagonista con una historia familiar más amplia y con una manera distinta de entender la vida y la muerte. Es él quien sugiere el entierro del perro, un gesto que simboliza respeto y memoria, y que termina abriendo el camino hacia una exploración emocional más profunda. A lo largo de la novela, el lector descubre que cada personaje guarda su propia relación con el pasado. Algunos intentan olvidar, otros prefieren recordar, pero todos están atravesados por las historias que los preceden. La despedida de Cadete se convierte así en un punto de encuentro entre distintas formas de duelo.</p>
<p>Otro aspecto destacable del libro es su capacidad para encontrar belleza en la fragilidad. No evita el dolor ni las pérdidas; por el contrario, las coloca en el centro del relato desde una mirada que también reconoce la ternura y la resistencia que existen dentro de los vínculos humanos. Los personajes no solo recuerdan lo que ocurrió, sino que intentan darles un significado a esas experiencias. Cada recuerdo funciona como una pieza dentro de un rompecabezas emocional que todavía se está armando.</p>
<p>Al final, el lector comprende que la despedida de Cadete es solo el inicio de un proceso más amplio. La verdadera historia no es la muerte del perro, sino la manera en que ese acontecimiento permite a los personajes reencontrarse con su propio pasado.</p>
<p>Paco Moreno transforma un episodio cotidiano en una reflexión universal sobre el amor, la pérdida y la memoria: la muerte de Cadete, el recuerdo del hijo perdido de Papilo y las conversaciones con Gabriel forman un mismo tejido narrativo hecho de afecto y resistencia que termina revelando una verdad más profunda sobre las relaciones humanas. La presencia de Margarita Escriba, la tercera narradora, le da fuerza a la historia de Papilo y la historia del hijo que murió en una avenida desolada de Trujillo.</p>
<p>Las despedidas nunca son absolutas, siempre dejan una huella que continúa viviendo en quienes recuerdan. La novela propone así una idea simple y poderosa: despedirse no significa olvidar, sino aprender a convivir con los recuerdos y aceptar que el amor, incluso después de la pérdida, sigue encontrando formas de permanecer.</p>
<p>Paco Moreno propone una literatura que busca preservar la memoria, valorar las experiencias humanas y promover la reflexión sobre la historia y la sociedad peruana. Aborda la realidad social, histórica y humana del Perú a través de distintos géneros literarios como la crónica, el cuento, la entrevista y la novela.</p>
<p>Así lo demuestra en sus libros <em>Gente como uno,</em> <em>El otro amor de mamá, Rebelde sin pausa y El jinete en la hora cero</em>. En la misma ruta va <em>La despedida de Cadete, </em>novela donde se activa la memoria después del adiós.</p>
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