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	<title>Logoforo.com</title>
	
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	<description>El sitio dedicado a la Logoterapia y Análisis Existencial de Viktor Frankl y a la Psicología Existencial Humanista.</description>
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		<title>¿Qué hacía Sócrates para ser feliz?</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Feb 2012 15:31:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Logoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[¿Qué es la felicidad?]]></category>
		<category><![CDATA[el pensamiento de Sócrates]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Juan Miguel Zunzunegui &#8220;Conócete a ti mismo” Sócrates Es una realidad inamovible que todos buscamos la felicidad, de hecho, hay quienes sostienen que es el fin último el hombre, y que todo lo que hacemos en este mundo es en aras de encontrarla; lamentablemente hoy en día no sabemos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Por: Juan Miguel Zunzunegui</p>
<blockquote><p>&#8220;Conócete a ti mismo”<br />
Sócrates</p></blockquote>
<p>Es una realidad inamovible que todos buscamos la felicidad, de hecho, hay quienes sostienen que es el fin último el hombre, y que todo lo que hacemos en este mundo es en aras de encontrarla; lamentablemente hoy en día no sabemos dónde buscar, e intentamos en los lugares más alejados.<br />
Tratando de encontrarla, o por lo menos buscar donde han buscado otros, presumiblemente más sabios que nosotros, echaremos un vistazo en los anaqueles de la historia y nos remontaremos a la Grecia clásica, para encontrarnos con uno de los pensadores pilares dentro de la cultura occidental, conocido por todos, pero prácticamente no aplicado por nadie.<br />
Sin más preámbulo, instalémonos en Grecia en la época en la que se podía ver deambulando por las calles al mismísimo Sócrates en persona. Para que además de la experiencia de la felicidad vivamos también la de la cultura general déjenme entrar en un tema escabroso: para muchos historiadores de la filosofía, Sócrates simplemente no existió, sino que es el principal personaje de ficción de Platón; es decir, Sócrates es un recurso literario, no una persona.<br />
Como en el caso de muchos personajes míticos, no existir no es algo que evite que el señor tenga una biografía, y hasta esposa e hijos. Así es que cuenta la leyenda que el buen Sócrates nació en el año 469 a.C y que fue un gran filósofo que andaba por las calles de Atenas impartiendo sus enseñanzas. No cobraba, no era rico, no era bello (lo cual no importa cuando no existes), y no podemos abundar mucho en su pensamiento (porque no existió) pero las que se supone que son sus ideas se pueden encontrar en los diálogos de Platón. A través de Sócrates, Platón divagó sobre todos los temas divagables de entonces, pero lo que aquí nos atañe es su concepto de felicidad.<br />
Decía Sócrates/Platón que los hombres (en este caso los griegos) dedican toda su vida a la conquista, a la búsqueda de poder, a la adquisición de honores y a la posesión de riquezas; podemos ver que no hemos evolucionado mucho en 2,500 años. Sin embargo, el hombre es hombre, no por los cargos públicos o las funciones que desempeñe, menos aún por lo que posea, sino porque tiene la calidad de hombre, la esencia, eso que lo hace ser hombre y único.<br />
Esta lección debería ser recordada más seguido, hoy en día en que seguimos con un concepto limitado de hombre que se circunscribe al tener. El homo faber camina entre nosotros: tanto produces, tanto vales.<br />
Platón, a través de Sócrates, decía que el hombre era malo por ignorancia; es decir, el hombre hace el mal porque ignora el bien verdadero. Quien roba, por ejemplo, comete el robo creyendo que se está ganando un bien, en este caso el dinero, pero éste es un bien aparente, ya que no enaltece el alma, y únicamente haciendo esto último se llega a la felicidad.<br />
El problema según este pensamiento es, como quien dice, que nos han estado engañando. Me explico, a lo largo de la historia y hasta el día de hoy, hemos estado confundidos en cuanto a lo que es el verdadero bien, la sociedad en cuestión siempre se ha encargado de que otros bienes menores y pasajeros se aparezcan como más apetecibles para nosotros y sacrificamos por ellos un bien mayor. Para aquel que no lo crea, simplemente recuerde el &#8220;bien&#8221; placentero que le causó su última borrachera, y luego el mal terrible, o ausencia de bien, del día siguiente por la mañana. Sin embargo nos dejamos llevar por el bien instantáneo y no vemos más allá.<br />
Sin que tenga nada que ver con Sócrates, todo esto me recuerda un pasaje hindú en el que un hombre busca a la luz de un candil, una moneda que hacía poco perdió. Cuando alguien le pregunta qué es lo que hace, él responde: busco la moneda que perdí. ¿La perdiste por aquí? pregunta el otro&#8230; Y la gran respuesta: No, fue por allá, pero no hay nada de luz y por eso la busco bajo el farol.<br />
Convirtamos la moneda en la felicidad y veamos cómo nos la pasamos en el mismo absurdo; buscamos la felicidad donde es más cómodo y sencillo buscar, pero dónde no hay lo que buscamos. Buscamos en el alcohol, en el sexo, en el dinero, en el poder, en las posesiones, en los vicios, en la comida&#8230; Puros terrenos más cómodos, pero todos ellos infértiles.<br />
Todo esto nos lleva a la ineludible realidad de que si el conocimiento es bien, la ignorancia es vicio; y también al hecho de que todo hombre que descubriera y aceptara el verdadero sentido de la vida, tendría que acabar siendo virtuoso; en resumidas cuentas, a la felicidad sólo se llega siendo virtuoso, siendo virtuoso a través del conocimiento.<br />
Una vida sin autoanálisis no merece la pena ser vivida, dicen que decía Sócrates, y es probablemente lo que casi nadie hace hoy en día, una época en la que aspiramos a matar todo el tiempo libre sin dejar ni un segundo de soledad y silencio que nos podrían enfrentar a dialogar con nosotros mismos, lo cual es fundamental para conocerse a uno mismo. Conócete a ti mismo es uno de los pilares del pensamiento socrático, y cuando Sócrates decía esto, se refería a cuatro puntos elementales:<br />
1) Sábete hombre y no Dios: esto también parece muy elemental, pero va unido a un concepto muy sonado pero poco llevado a la práctica, la sensatez. Cuenta la historia que el emperador Marco Aurelio, cuando llegaba victorioso de la guerra y entraba en Roma, el pueblo entero estaba ahí para recibirlo, lo alababan, le aplaudían, lo vitoreaban, lo endiosaban&#8230; Marco Aurelio gozaba por supuesto de todo esto, no obstante, se dice que siempre que entraba a la ciudad a recibir la gloria llevaba con él a un esclavo cuya única responsabilidad era estar siempre detrás de él repitiéndole: &#8220;recuerda que eres mortal&#8221;.<br />
2) No seas algo que no eres: dos típicas frases con respecto a esto son muy famosas; Atrévete a ser diferente y Sé tú mismo. Muy bonito, pero resulta que no hay que atreverte a ser diferente sólo por serlo, hay que ser diferente sólo si eso significa ser uno mismo. Como somos seres humanos únicos e irrepetibles, luego entonces ser tú mismo será ser diferente y ser diferente será ser tú mismo. Como la felicidad es personal e intransferible, no se puede ser feliz siendo alguien que no eres&#8230; pero ¿cómo ser quien tú eres y no alguien más, si no te conoces a ti mismo?<br />
3) Límites y potencialidades: De pronto nos dicen que hay que hacer hasta la imposible, y eso es mentira. No te exijas todo, no pidas de ti la perfección porque no la tienes ni la tendrás, y puede causarte frustración esa búsqueda vacía. Perdónate cuando te equivoques y recuerda que una vida sin errores de los cuales aprender, no valdría la pena ser vivida.<br />
Eso se refiere a los límites, pero ojo con las potencialidades. Tienes la obligación de descubrir todo aquellos para lo que eres capaz&#8230; y realizarlo. Si bien no debes exigirte de más, tampoco de menos; tus potencialidades es todo aquello que puedes hacer, tus dones, tus virtudes, tus vocaciones. Si no las conoces y las explotas la felicidad está muy lejos. Recuerda que tus potencialidades son tus caminos personales para buscar la felicidad.<br />
4) Autarquía: ésta es una palabra que usaba nuestro amigo Platón/Sócrates para describir dos cosas: la primera, que debes señor de ti mismo (autarquía quiere decir gobierno propio), es decir, que sepas controlarte, dominarte, templarte.<br />
Por otro lado, quiere decir que dentro de ti esta todo lo necesario para ser feliz, sólo hay que buscarlo. No necesitas del exterior para encontrar la felicidad, en el mundo ajeno a ti puedes encontrar quizás útiles herramientas, pero todo el material está en ti. Venimos con paquete completo de nacimiento para alcanzar la felicidad.<br />
Todo esto pensaba éste gran hombre a pesar de no haber existido, no es el único camino, de hecho hay uno por cada hombre, sin embargo puede ser una buena pista para construir el nuestro. Desconfía de toda receta fácil: la felicidad es única e intransferible.</p>
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		<title>La búsqueda de identidad como proceso creativo. De Elisabeth Lukas</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 01:27:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Logoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[identidad como proceso creativo]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad y adicciones]]></category>

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		<description><![CDATA[De la obra de Elisabeth Lukas: Identidad y adicciones. Resumido por: Elisa Vanek Lemus Cuando se habla de la diferencia cualitativa entre la facultad de pensar animal y humana, o más actualmente, entre un superordenador y el cerebro humano, casi siempre se alude a la capacidad creativa de la que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>De la obra de Elisabeth Lukas: Identidad y adicciones.<br />
Resumido por: Elisa Vanek Lemus</strong></p>
<p>Cuando se habla de la diferencia cualitativa entre la facultad de pensar animal y humana, o más actualmente, entre un superordenador y el cerebro humano, casi siempre se alude a la capacidad creativa de la que carecen por igual máquinas y animales. Las ideas artísticas o musicales, los intereses científicos, las creaciones tecnológicas, la religión, la filosofía, por nombrar sólo algunos ámbitos, son &lt;&lt;dominios humanos &gt;&gt;por excelencia. Al ámbito creativo se añade el cognitivo, es decir, el reconocimiento y la formación una identidad. Ningún animal es capaz de valorarse a sí mismo como un &lt;&lt;ser animal&gt;&gt; ni ningún aparato sumamente perfeccionado está en situación de clasificarse como &lt;&lt;aparato&gt;&gt; entre la abundancia de cosas del mundo.</p>
<p>Si observamos el crecimiento de un niño desde que empieza a actuar por reflejos e impulsado por instintos hasta que se convierte en un joven mentalmente adulto, vemos que el salto cualitativo a los &lt;&lt;dominios humanos&gt;&gt; es continuo y no siempre el marco de un proceso lento e imperceptible, sino, en ocasiones, de manera repentina. Todo empieza cuando, un día, el niño introduce una acción autónoma en la pura copita e imitación de actos, es decir, crea una combinación que da como resultado una forma que no tenía interiorizada. Esto sucede, por ejemplo, al apilar las piezas de un juego de construcción o en el uso del lenguaje, cuando el niño inventa de repente frases propias, o también al pasear cuando se toman caminos por los que nunca se ha pasado. La habilidad del educador se encargará de fomentar y guiar estos saltos del niño a las acciones creativas. Fomentar, porque la autonomía, la abundancia de ideas y la creatividad son indicadores satisfactorios de un desarrollo sano y positivo; ya guiar, porque un crecimiento silvestre de la identidad podría dañar la relación del niño con la sociedad, por ejemplo, si se inventa las palabras o si no respeta las normas de convivencia. El difícil proceso de fricción entre la adaptación a los demás y la personalidad propia, entre la asunción de la tradición y la creación de cambios, empieza con el primer paso infantil hacia lo creativo y ya no termina jamás.</p>
<p>Si seguimos el desarrollo del joven, el siguiente salto cualitativo que encontraremos será el afloramiento de la búsqueda de un ideario propio, aproximadamente en la época de la pubertad. Con la capacidad de pensamiento crítico llegan por primera vez las preguntas sobre la religión y la sociedad a los labios del joven que, hasta ahora, se ha limitado a ir repitiendo lo que le decían. Todo lo que antes de la pubertad se creía sin refutar, ahora se cuestiona, se prueba, se agita, se le da la vuelta. Otra vez, el educador necesitará un tacto especial para, sin recurrir a argumentos prefabricados, ayudar al adolescente escéptico y obstinado a encontrar respuestas orientadas hacia unos valores. La creencia en &lt;&lt;lo que mantiene unido al mundo en lo esencial&gt;&gt; siempre es el producto de un acto creativo arduo y espiritual que se inicia en la pubertad y que -en el mejor de los casos-  se hace bajo la atenta y paciente mirada de las personas de referencia.</p>
<p>Cuando al final ya sólo queda dar el paso a la vida adulta, nada pondrá trabas al último gran salto hacia la realización creativa de la persona: el descubrimiento de la identidad propia, es decir, la percepción de objetivos personales y del sentido de la vida de cada uno. Partiendo de la capacidad, practicada en la infancia, de actuar con fantasía y de una línea ideológica fraguada en el impulso y la precipitación adolescentes, a partir de ahora sólo habrá lugar para la realización de la existencia humana en tanto individuo único, excepcional, irrepetible e insustituible.</p>
<p>Por desgracia, algunas personas no experimentan en su desarrollo los saltos aquí descritos, lo cual tampoco se puede achacar únicamente a los responsables de su educación. A veces, las predisposiciones de carácter ansioso, la seducción de los medios de comunicación, las ideologías enfermizas, las influencias dominantes de los coetáneos y la inercia personales combinan con los distintos obstáculos que se interponen fatídicamente en nuestras vidas. ¿Qué ocurre entonces? Que el radio de acción creativo no se expande lo suficiente. No hay innovación, el ideario no resiste y la persona no consigue llegar a su identidad. Es una situación &lt;&lt;existencialmente&gt;&gt; grave, pero siempre quedan dos posibilidades para estas personas: o bien se esfuerzan por su propia cuenta en recuperar enérgicamente lo perdido, o bien rehúsan reconocer honestamente sus debilidades refugiándose en el mundo irreal de la huida y la adicción.</p>
<p>Repetimos: es duro recuperar lo perdido, pero también es posible. ¿Por qué es duro? Porque el arte de crear requiere olvidarse de sí mismo con naturalidad y abnegación, mientras que el desertor y el adicto solamente conoce el auto-olvido embriagador. Pasar de lo segundo a lo primero implica transformar completamente la actitud ante la vida, y eso no resulta nada fácil. A continuación expondremos algunas reflexiones a modo de ayuda. </p>
<p><strong>El auto-olvido natural y abnegado. </strong></p>
<p>Para empezar, nos adentraremos en la capacidad natural y abnegada de olvidarse de uno mismo. Viktor Frankl nos enseñó que el ser humano encuentra su identidad trascendiéndose a sí mismo. Según él, el ser humano apunta más allá de sí mismo. Nos remitimos a algo que no somos nosotros. A algo o a alguien. A un sentido que hay que satisfacer o a otro ser humano con el que nos encontramos. A una cosa a la que servimos o a una persona a la que amamos.</p>
<p>Para Frankl, los proyectos creativos nunca se conciben teniendo en cuenta exclusivamente los deseos y necesidades propios, sino que también incluyen al mismo nivel, cuando no prioritariamente, a las personas y cosas que nos rodean.</p>
<p>Diferentes estudios psicológicos avalan los puntos de vista de Frankl. Un panadero satisfecho con su profesión no se pasa el día pensando si le va bien despertarse de madrugada o si le gusta o no amasar. Un panadero satisfecho es aquel que está metido de lleno en su oficio que moldea la masa con habilidad, inhala con fruición el aroma del pan recién hecho y se concentra en vender un género excelente y mantener una clientela fiel. De la misma manera, un médico satisfecho no es aquel que está pendiente de la caja registradora y lo único que hace es pensar en cómo deshacerse de los pacientes molestos, sino aquel que ha declarado la guerra a la enfermedad y la muerte e invierte una parte de su ser en esta lucha. Nadie puede identificarse primero con una profesión y después disfrutar trabajando en ella, porque en realidad sucede lo contrario: al principio se establece un compromiso con el trabajo en el que el Yo, frente a las exigencias de la situación, se coloca voluntariamente en un segundo plano. La atención del que trabaja está cautivada en todo momento por el sentido que debe ser satisfecho en cada acción y, al mismo tiempo, de manera inadvertida y espontánea, se produce el milagro de la obtención de identidad: la persona se aproxima a aquello que le gustaría ser, es decir, a sí misma.</p>
<p>La elección de pareja discurre por cauces parecidos. Aquí también se produce un proceso de formación de la identidad que sólo se culmina cuando la elección se orienta hacia un Tú del que el Yo se ha enamorado. La esencia de la personalidad propia se fortalece en la existencia feliz para el otro. Lo mismo se puede decir de la elección de domicilio o de cualquier otra decisión que abra nuevas perspectivas en la vida de una persona. Por supuesto, las necesidades y pulsiones vitales de cada individuo siempre están presentes, pero únicamente se limitan a hacer el trabajo sucio de un proceso creativo en el que un &lt;&lt;deber mundial autrotrascendente&gt;&gt; (por íntimo que sea) permite al ser humano aspirar a objetivos que solamente se abren a seres espirituales. </p>
<p><strong>El auto-olvido embriagador</strong></p>
<p>A diferencia del anterior, el auto-olvido embriagador hace que el individuo se olvide precisamente de este &lt;&lt;deber mundial autrotrascendente&gt;&gt; y se entregue a una agitación interior que no se puede eliminar si no es con una dosis de anestesia que permita pasar unas cuantas horas vegetando sin el menor síntoma de intranquilidad. En este periodo exento de compromiso, la alegría muere. La atención, que ya no tiene ningún sentido que la cautive, rodea al ego con sus brazos y lo arrastra al remolino de la autocompasión. &lt;&lt;¡Oh! ¿Qué me está pasando? ¿Qué tengo? ¿Cómo me siento?&gt;&gt;Mirarse al espejo es estremecedor. Se va esbozando una mueca cada vez más sombría. Ángel Silesio sabía de lo que hablaba cuando escribió los versos siguientes:</p>
<blockquote><p>“En el corazón de cada ser humano hay una imagen de aquello a lo que aspira ser y si no lo consigue su paz nunca será completa”.</p></blockquote>
<p>De una cosa podemos estar seguros: el que se emborracha o se droga lo hace porque no ha encontrado la paz interior y la adicción tampoco proporciona esa paz. Simplemente, ofusca al individuo y al final, puede matarlo. Y nadie sabe si realmente descansará en paz…</p>
<p><strong>El salto necesario. </strong></p>
<p>Por tanto, todo desarrollo sano de la identidad requiere un salto del auto-olvido embriagador al auto-olvido natural y abnegado. Pero ¿qué aporta este salto? La respuesta, como suele suceder en la vida, es relativamente sencilla: aporta conocimiento de que la realidad es más importante que su aceptación por parte de nuestros sentimientos; que esta realidad sigue existiendo incluso cuando huimos de ella para refugiarnos en otro sitio; que se trata de la realidad que nos rodea porque ella es el material del impulso creativo que nos mueve desde tiempos inmemoriales; y que no podemos escabullirnos de intervenir constructivamente en la realidad, por bueno o malo que sea nuestro estado de ánimo en cada momento. Quizá sea un discurso duro, pero esconde una sabiduría que Viktor E. Frankl reflejó,  por ejemplo, en estos dos breves fragmentos:</p>
<p>No cabe duda de que, al fin y al cabo, siempre es mejor experimentar un malestar y que los médicos nos aseguren que no hay nada fisiológico detrás. Siempre será mejor que el caso contrario, es decir, no notar nada, y sin embargo, arrastrar una lenta enfermedad latente […].</p>
<p>PACIENTE: Todo me parece vacío, sin sentido.</p>
<p>FRANKL: ¿Qué es lo que cuenta para usted, la manera como le parecen las cosas, o sea, vacías o llenas? ¿O lo único que cuenta para usted es que todo sea importante?</p>
<p>La argumentación de Frankl es obvia. Por supuesto, siempre es mejor no estar enfermo aunque uno se sienta enfermo (como les sucede a los hipocondriacos) que estar enfermo y no notarlo (de momento). Siguiendo la misma lógica irrefutable, también es mejor acometer algo con sentido y sentirse (de momento) miserable (como en el salto al auto-olvido natural y abnegado) que hacer algo carente de sentido y sentirse de maravilla (por ejemplo al consumir drogas). Por tanto, el mensaje que una ayuda eficiente para adictos deberá transmitir es el siguiente: el ser tiene preferencia sobre cualquier ilusión emocional. Y, simultáneamente, de manera inadvertida y espontánea, se producirá el milagro de la obtención de identidad…</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>¿Cómo sobreviven los familiares de los adictos?</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Jan 2012 01:21:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>De la obra de Elisabeth Lukas &#8220;Identidad y Adicciones&#8221;<br />
Resumido por Karin Vanek Lemus</p>
<p>Viktor E. Frankl no sólo fue un médico y un filósofo genial. También fue un montañero apasionado que dominó las escarpadas paredes de los Alpes austríacos. Frankl sabía exactamente lo que había que hacer para salvar las dificultades del camino, cuesta arriba y cuesta abajo. Los familiares de adictos caminan durante años por terrenos particularmente difíciles, oscilando por altibajos, de las cimas de la esperanza a los abismos de la desesperación, y siempre extenuados a causa del enorme esfuerzo que implica avanzar un paso sin caer junto con su familiar adicto. A ellos van dirigidos los conocimientos médico-filosóficos de Frankl que a continuación presentamos en forma de “consejos de alpinista”. ¿Qué recomendaciones para salir ilesos habría dado a los familiares de adictos este experimentado guía de montaña y consejero personal que a tantas almas doblegadas ayudó a atravesar los pedregosos caminos de sus vidas?</p>
<ol>
<li><strong>1.                  </strong><strong>Comprobar el contenido de la mochila.</strong></li>
</ol>
<p>Lo primero, igual que en la montaña, que cada uno lleve su mochila. Lo importante no es que sea <em>ligera</em>, sino que contenga <em>lo necesario</em>. ¿De qué sirve la mochila más liviana si después, cuando estamos en la cima, nos falta urgentemente lo que necesitamos? Por tanto, la primera lección será hacer la mochila. ¿Con qué cargamos? ¿Con cosas necesarias o inútiles? ¿Qué abandonamos?</p>
<p>Revolvamos un poco por nuestra mochila: ¿qué encontramos? ¡Preocupaciones claro! ¿Son absolutamente necesarias o podemos sacarlas antes de iniciar la siguiente ascensión? Les revelaré un truco sencillo que sirve de ayuda: primero, cuenten las preocupaciones y, a continuación, el amor que hay en la mochila. Si  la cantidad es la misma, déjenlo todo como está. El amor implica irremisiblemente una preocupación por lo amado. Por un lado, es necesario preocuparse por la persona o la cosa que se ama. Si no nos preocupáramos de verdad, la persona o la cosa nos daría igual y dejaría de ser el objeto de  nuestro amor. Por otro lado, una mochila sin amor se consideraría – a ojos del Señor – “demasiado ligera” para emprender un viaje a las cumbres de la existencia humana.<br />
Pero si al contar las preocupaciones encontramos que éstas superan la cantidad de amor que hay en nuestra mochila, será conveniente hacer un  nuevo recuento, porque significa que cargaremos con demasiadas preocupaciones inútiles que nos frenarán innecesariamente el paso. Se trata de las preocupaciones creadas no por el amor, sino por el miedo a algo. La angustia es un lastre que pesa sobre nuestras espaldas y nos hace perder rápidamente el aliento. Así como la preocupación por una persona amada nos hace creativos, tolerantes y fuertes, el miedo es una fuerza contraproducente que cohíbe y paraliza.<br />
Es cierto que los problemas de adicción generan perspectivas de vida aterradoras. Los adictos se ven amenazados por enfermedades crónicas y cambios catastróficos de personalidad, mientras que las personas de su entorno viven bajo la amenaza de la humillación, la violencia y la ruina económica.  Sin embargo, el miedo a una desgracia inminente no impide que ésta se produzca. Lo único que hace es cubrir de sombras el periodo de tiempo anterior a la desgracia, con independencia de que ésta llegue o no. Conocí a una mujer que se pasó veinte años temiendo enfermar de cáncer y al final murió de una simple neumonía. Las dos décadas que precedieron al fatal desenlace de su afección pulmonar las vivió de manera no menos fatal a causa del atormentador miedo al cáncer. Una verdadera lástima. La práctica psicoterapéutica nos enseña que el miedo anticipatorio a una desgracia es capaz de atraerla de una manera u otra. El temor continuo induce a los factores desencadenantes de crisis mentales y corporales a tener reacciones erróneas justamente cuando lo importante es reaccionar de forma serena y juiciosa.<br />
¿Cómo hay que poner coto al miedo? O: ¿cómo se echa este lastre de la mochila? Para hacerlo, nuestro “guía de montaña”, Viktor Frankl, formuló una singular receta paradójica: <em>debemos hacernos inatacables por nuestro miedo</em>.  ¿Que el miedo nos amenaza con algo terrible? ¡Vale! ¡Que se haga realidad la amenaza! ¿Qué puede pasar? Al fin y al cabo, la vida humana es finita. No tenemos nada eterno que perder, ni nuestros familiares tampoco. Quizás tengamos algo que ganar en lo relativo a cómo diseñamos nuestra propia finitud. La mujer del miedo al cáncer citada antes perdió la vida de una manera u otra; no fue de cáncer, pero sí de una pulmonía. Sin embargo, perdió algo más y por ello es una lástima: perdió oportunidades en la vida que se podrían haber llenado con algo más alegre y variopinto que la visión de un futuro amenazador. Y todo lo que se pierde, se pierde para siempre, de la misma manera que todo lo que se llena con alegría también es para siempre.<br />
Por ello, arrebatamos a nuestro miedo su capacidad amenazadora declarándonos (hipotéticamente) conformes con lo peor que pueda suceder y así avanzaremos y haremos lo mejor de cualquier cosa que suceda. Concretamente: pongamos a nuestro familiar adicto en manos de su destino, entreguémoslo al más o menos empinado tobogán de la muerte por el que se desliza. Ningún esfuerzo de sus allegados conseguirá impedir la caída. Sólo su propia firmeza lo rescatará. Por tanto, enfrentémonos sin temor a su posible hundimiento y aprovechemos las oportunidades del presente común que compartimos con él.</p>
<ol>
<li><strong>2.                  </strong><strong>Poner provisiones en la mochila.</strong></li>
</ol>
<p>Ya hemos revisado el contenido de la mochila e igualado los niveles de preocupación y amor, lo que significa que hemos puesto en ella todos los buenos deseos, esperanzas y bendiciones, toda nuestra disposición y alegría para trabajar por las personas que más nos importan. También hemos  desempaquetado cualquier posible miedo a eventuales sucesos terribles del futuro. Llegado a este punto, sólo falta conseguir “víveres” para reponer fuerzas durante el viaje. En nuestro caso, las provisiones consistirán en unas generosas dosis de humor que (según Frankl y siguiendo el ejemplo de Heidegger o Binswanger) merecería el calificativo de existencial, al igual que la preocupación y el amor.<br />
Ya en la vida “normal”, el humor debe entenderse como un exquisito viático destinado a prevenir decaimientos que requieran un cuidado intensivo. Su definición más inteligente es la que proporciona la cultura popular, según la cual humor  es <em>reír a pesar de todo</em>. En nuestra mochila no puede faltar este rasgo obstinado del humor para paliar las emergencias que puedan producirse durante la ascensión. Cuando la roca afilada nos hace perder el equilibrio, las paredes empinadas nos parecen insalvables y la pendiente que bordea el camino es vertiginosamente profunda, entonces recurrimos a la obstinación no encarnizada, sino sonriente que, con alegría, nos permite ver que hasta los obstáculos tienen asideros y las pendientes hondonadas, y que, por encima de todo, el sol luce y hace brillar las rocas afiladas para que la ascensión no parezca tan fatigosa.<br />
Humor es apartarse del minúsculo excursionista que somos en relación con la gigantesca montaña, separarnos de nosotros y de nuestros problemas y, desde la distancia, volver la vista atrás, riendo y llorando a la vez, para contemplar la pequeña figura que se esfuerza, unas veces en la dirección equivocada y otras sin conseguir apenas avanzar, pero, al fin y al cabo, escalando el camino que le corresponde.<br />
Tuve a una paciente cuyo marido, por obligaciones profesionales, sólo podía estar en casa con su familia unos pocos días al mes. Una vez que expresé ante la mujer mi sorpresa por haber mantenido el matrimonio a pesar de esas circunstancias, porque conozco muchas parejas en las que uno de los cónyuges se viene abajo por un mero fin de semana de guardia o turno de noche, la mujer respondió  espontáneamente que, por suerte, ella y su marido no tenían tiempo para discutir. Los pocos días que pasaban juntos eran como una luna de miel y cuando todo empezaba a volverse rutinario,  su marido ya tenía que partir de nuevo. Tratándose de una mujer que ha tenido que criar a tres hijos prácticamente sola, esta manera de ver las cosas es digna de consideración. Tras su sonrisa se escondía algo mucho más serio: la voluntad de mantener la familia unida.</p>
<ol>
<li><strong>3.                  </strong><strong>Practicar el compañerismo de montaña.</strong></li>
</ol>
<p> La palabra “unión” es un concepto clave para nuestra excursión.  Ahora que ya tenemos las mochilas hechas – con mucho amor e igual cantidad de preocupación, sin miedo y con la conveniente pizca de humor- , debemos emprender la marcha sin pensarlo dos veces y tomar el trayecto especialmente indicado para hacer sudar al excursionista que recorre el mundo. Considerémoslo un “trayecto imaginario de prueba” en el que se comprobará si el peso que llevamos a nuestra espalda nos hará flaquear o, por el contrario, nos hará más fuertes.</p>
<p>Básicamente, se trata de que la unión entre las personas aumente conforme aumenta el grado de peligro. Por eso los escaladores nunca pueden dejar a un compañero en la estacada. Los familiares de personas con alguna patología síquica tienen una obligación parecida. Ta pronto como se anuncia el drama, lo más urgente es permanecer unidos y no empeorar la situación con discusiones. Es comprensible, pero, desgraciadamente, existe una trampa llamada <em>echar la culpa</em> en la que cae hasta la mente más sensata. En este sentido, los escaladores lo tienen más fácil, porque nunca se reprocharán mutuamente un cambio de tiempo brusco o una tormenta de nieve repentina. Por el contrario, en la vida normal es más complicado. Las épocas de crisis hacen que los afectados se pregunten con vehemencia cómo se ha podido producir la crisis y, normalmente, nunca encuentran ninguna explicación adecuada. Han intervenido miles de casualidades, las historias pasadas arrojan sombras muy largas, el radio de influencia social es difícil de determinar y las decisiones libremente tomadas por una de las partes no se pueden atribuir obligatoria o lógicamente a ninguna causa, porque entonces ya no serían decisiones libres.</p>
<p>Por ejemplo, si un miembro de la familia se suicida, lo cual es de las peores cosas que le pude pasar a una familia, es científica y humanamente imposible  determinar a posteriori por qué ha sucedido. Naturalmente, se podrán hacer conjeturas y reconstruir todo tipo de “motivos” para explicar el hecho, pero hay que admitir honestamente que todos y cada uno de nosotros tendríamos continuamente “motivos” para quitarnos la vida. Todos tendríamos suficientes preocupaciones en la mochila como para decidir que no queremos seguir la excursión. Sin embargo, seguimos el camino porque en nuestro equipaje también llevamos suficiente amor: a la vida y a sus obligaciones. Entonces, ¿por qué  una persona ha perdido todo el amor de su mochila? No lo sabemos, pero sí podemos asegurar que no ha sido solamente porque sus preocupaciones fueran muchas…<br />
En el suicidio pueden intervenir a la vez distintos factores: la propensión depresiva o una predisposición enfermiza, una situación externa triste,  una decepción amarga, la falta de confianza y muchas cosas más. Sin embargo, no hay que indagar en la decisión final del afectado. Es una decisión procedente del fondo de su persona que no se puede clarificar, sino simplemente respetar.<br />
Por consiguiente, cuando una familia se ve afectada por una tragedia de esta índole, lo peor que pueden hacer sus miembros es reprocharse mutuamente que éste o aquél ha conducido al muerto al suicidio, que esto o aquello tiene la culpa de su acto desesperado, etc. Es cierto que la culpa forma parte de la vida humana, nadie dice lo contrario, pero nunca nadie es culpable de la decisión de otro, sino únicamente de las decisiones erróneas propias y es con éstas con las que cada uno tiene que tratar, ya que no necesita que nadie se las eche en cara. No se puede convencer ni disuadir a nadie de la auténtica culpa. Por mi experiencia, la auténtica culpa se refleja en el  fondo de la conciencia de la persona y, en lo que concierne a los actos del prójimo, no tenemos la más mínima libertad, ni siquiera como padres, con respecto  a los actos de nuestros hijos.<br />
Por ello, lo más importante – que también sucede – es acercarse y permanecer unidos, porque juntos las cosas se llevan mejor. Y otra cosa que no hay que olvidar: ¡Cada uno lo lleva a su manera! Quien aparenta que las cosas no le afectan, en realidad no es así. El dolor tiene mil caras. Una vez, una madre que había perdido a su hijo un año antes, me explicó con amargura que su marido siempre lo había rechazado y que una muestra de ello, entre otras cosas, era que nunca visitaba su tumba. La mujer decía que ella iba al cementerio cada día. Dos semanas después hablé con el marido. Cuando abordé el tema “hijo”, el hombre me reveló entre sollozos que era incapaz de estar junto a la tumba de su descendiente fallecido. Sólo el hecho de pensarlo le provocaba un nudo en la garganta…<br />
Como decíamos, el dolor tiene mil caras, y para mitigarlo no hay que verte sobre él ningún reproche cuya justificación sea, además, extremadamente dudosa. Al contrario: siempre hay que poner el consuelo y el compañerismo por delante. De la misma manera que en la niebla o en l tormenta los escaladores deben tenderse la mano mutuamente, los familiares de adictos deben hacer lo mismo: avanzar con paso firme a través del dolor sin hablar de quién tiene la culpa.</p>
<ol>
<li><strong>4.                  </strong><strong>Trazar un plan de ruta.</strong></li>
</ol>
<p> La psicoterapia general nos enseña que, en la medida de lo posible, no debemos dejar que los conflictos nos corroan por dentro. Por otro lado, resolver emocionalmente una disputa no siempre sirve para allanar diferencia, porque a veces no se puede evitar la caída de un rayo, tanto en la montaña como en los corazones de las partes en conflicto. Por ello, la logoterapia propone una solución intermedia: elaborar un acuerdo que resuelva (provisional o definitivamente) la situación conflictiva.<br />
Dependiendo de las circunstancias, el acuerdo puede ser común o unilateral. Si, por ejemplo, el conflicto consiste en que a una persona le molesta el elevado volumen con que el vecino escucha la música por la radio, un acuerdo mutuo podría ser tolerar la música durante el día hasta las cinco de la tarde y, a partir de esa hora, usar auriculares.<br />
Un acuerdo interior también puede apaciguar un conflicto haciendo que dos exigencias no se simultaneen, sino que se sucedan, lo cual suele ser necesario para la vida.<br />
Reducir un conflicto a una sucesión temporal implica “paralizar” durante horas, días o incluso meses una cuestión acuciante hasta que llegue el momento adecuado para ocuparse intensamente de ella. El acuerdo consistente en resolver una cosa tras otra se asemeja a un “plan de ruta” para ir de un tramo a otro y así evitar el zigzagueo agotador. La persona que es capaz de trazar planes de ruta se puede considerar afortunada, porque no sólo le favorecerán en sus excursiones por montañas escarpadas donde lo principal es la constancia y la paciencia, sino también en las situaciones estresantes de la vida donde las empresas difíciles sólo se consiguen, precisamente “paso a paso”.</p>
<p>En el caso particular del sufrimiento de familiares alcohólicos, drogodependientes, desempleados o delincuentes, esto se traduce en:</p>
<ol>
<li>Permanecer unidos (tal como hemos comentado),y</li>
<li>acordar  (de ser posible en grupo) qué problemas para el adicto deben ser tomados en consideración y cuáles no; cuándo está preparado para recibir apoyo, cariño y dedicación y cuando no hasta dónde se soportan entre lamentos sus excesos y a partir de dónde hay que mostrarse impasibles con él. Para ello no hay reglas universales, pero los acuerdos interiores tomados en firme facilitan la comunicación con el adicto y, en cualquier caso, proporcionan una línea de actuación clara para todos.</li>
</ol>
<p><strong>V. Permanecer en la cima. </strong></p>
<p>El hombre es un ser cultural y lo sigue siendo en los circuitos de prueba en los que la vida lo explota hasta extenuación. El olfato para lo valioso, bello, misterioso o luminoso nunca le abandona por completo, tal como demuestra Viktor Frankl en sus estudios de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Por ello es importante y beneficioso mantener un nivel de cultura mínimo precisamente en las malas épocas. La cultura nos estimula, nos inspira, nos saca del tedio de la cotidianidad e impide que nos instalemos en la apatía y la rigidez mental. Quien lee un libro interesante, escucha su música preferida, aprende por placer un poema de memoria, se hace un bonito vestido o visita una exposición, está alimentando su mente y abriéndose a las pequeñas cosas que iluminan  la vida. Pero cuando parece que este resplandor se extingue, las evitamos categóricamente. La mejor  lectura y el concierto más imponente no parecen alegrarnos. La moda más elegante y la exposición más concurrida no nos llaman la atención. A pesar de ello, es recomendable no dejar que nuestro nivel cultural descienda. La  cultura no es un objeto de placer, sino la expresión de nuestra condición humana y, por consiguiente, un bien inalienable que debemos arrastrar hasta en las épocas de mayor penuria.<br />
No nos dejemos llevar por la mentalidad del &lt;&lt;todo o nada&gt;&gt;. Que un miembro de la familia se haya vuelto &lt;&lt;loco&gt;&gt; no es motivo para desatenderla casa, descuidar nuestro peinado, no poner plantas en el balcón o no tararear una cancioncilla. Debemos pensar que al enfermo no le beneficia en nada la ruina de nuestra vida cultural, más bien le carga con un mayor descontento. Tampoco tenemos que avergonzarnos de una miseria que, como suele suceder en a problemática de las adicciones, nadie es capaz de atenuar para el enfermo. La existencia propia se asegura en el seno de una serenidad digna y siendo consciente de que, a pesar de las dificultades, todavía hay posibilidades de las que podemos disponer.<br />
Cuando nos vemos obligados a presenciar incontables contrariedades sin poder hacer lo más mínimo al respecto, no sólo nos limitamos a ser testigos de ellas, sino que también vemos lo que hay de satisfactorio y edificante más allá de ellas. Puede estar escondido o ser inalcanzable con la mirada, igual que la cima de una montaña entre las nubes que sólo se manifiesta cuando nos aproximamos a ella.<br />
Una vez me explicaron la historia de un hombre con los pulmones totalmente destrozados por el cáncer. Antes de morir, se pasó catorce meses en el hospital, totalmente consciente, conectado a un pulmón artificial. La esposa no se separó de su cama ni un solo día. Durante ese tiempo, ambos conversaban con el mismo fervor y cariño con que lo hacían antes. Diferenciemos en este impresionante ejemplo lo que significa &lt;&lt;tener que ser testigo&gt;&gt; y &lt;&lt;poder ver más allá&gt;&gt;. Nadie podría ayudar a este enfermo de pulmón, ni siquiera las técnicas médicas más modernas. Lo único que se podía hacer era &lt;&lt;ser testigos&gt;&gt; de cómo su hora le iba llegando poco a poco. Esta es una cara de la verdad. Pero si miramos más allá, descubriremos una segunda cara: un enfermo terminal y una persona querida que está a su lado, que no lo abandona, que se entrega a él día tras día. ¿Acaso este enfermo no era afortunado si lo comparamos con tantas personas en el mundo que respiran sin dificultad pero no tienen a nadie a su lado? Cada vez que miremos un poco más allá, nos sorprenderemos de todo lo que veremos, de la piedad que hay hasta en el más despiadado de los destinos.<br />
Permítanme acabar con un magnifico consejo: practiquemos el arte de poder participar del júbilo de los demás. No es fácil, porque la envidia acecha en cada rincón de nuestro cerebro, pero quien domina este arte siempre encuentra un motivo para alegrarse.<br />
Con demasiada frecuencia escucho de mis pacientes relatos de este tipo: una mujer que cursa estudios universitarios se entera de que su sobrina ya ha terminado la carrera y rompe a llorar desconsoladamente. ¿Por qué? Porque a diferencia de la sobrina ella todavía no ha conseguido el título. Otra mujer se va a tomarlas aguas y en el hotel del balneario se encuentra con señoras muy bien arregladas y elegantemente vestidas. Su reacción es verter por todas partes comentarios sarcásticos acerca de semejante &lt;&lt;desfile de disfraces ridículos&gt;&gt; ¿Por qué? Porque ella no tiene ninguna prenda de calidad que ponerse.<br />
No es mi intención sobrevalorar un título universitario, ni mucho menos la posesión de joyas o ropa de calidad. Como es sabido, todo esto es muy relativo. Pero precisamente por eso deberíamos hacer un esfuerzo por no envidiar estas cosas a quien las disfruta y ser coparticipes de su alegría. Tampoco los padres de jóvenes drogadictos deberían, sino reunir la fuerza interior necesaria para congratularse de que haya infinidad de jóvenes que realmente tienen motivos para ser felices, porque de ahí, finalmente, se puede extraer la confianza en el núcleo intacto instalado en cada ser humano, incluidos los jóvenes drogadictos. De  la misma manera ,las mujeres de alcohólicos deben alegrarse por los maridos sanos  y estables de sus amigas, con la sabia convicción de que en el mundo nada se da por supuesto, y mucho menos la felicidad. La grandeza interior se demuestra en la generosidad, y guardar la alegría, ya sea a uno mismo o a los demás, es también una pequeña muestra de cultura. Cuando el alpinista llega a la cima no se pregunta a quién pertenece la montaña. Se limita a inspirar profundamente y alzar el rostro al cielo…</p>
<p><strong>Conclusión.</strong></p>
<p>Los familiares de personas con patologías adictivas pueden mantener intacta su salud mental. Para ello es necesario:</p>
<p>1)     ponerse en marcha con todo el amor y sin miedo.</p>
<p>2)     No perder el sentido del humor.</p>
<p>3)     Mantenerse unidos.</p>
<p>4)     Resolver los conflictos de mutuo acuerdo.</p>
<p>5)     Mantener cada uno su nivel cultural.</p>
<p>Estos cinco puntos son también el distintivo de una búsqueda lograda de la identidad,  puesto que indican, nada más y nada menos, que una persona puede estar conforme con lo que es y no tener que dudar nunca de sí misma, incluso en las situaciones más estresantes. El amor y el humor nos hacen ser irrefrenablemente vitalistas. La cooperación y la capacidad de decisión nos fortalecen cuando estamos limitados. El nivel cultural relata nuestra biografía…<br />
las personas que, por motivos familiares o profesionales, mantienen una relación estrecha con adictos deben afianzar estos puntos en sus vidas, porque lo contrario de la dependencia no es, precisamente, la independencia (a la que nunca accedemos por completo a causa de nuestra predisposición enfermiza), sino más bien la identidad, es decir, la fidelidad a todo lo mejor de nosotros mismos.</p>
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		<title>“EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO”                                                                                                                              4° LUGAR DE LA LISTA DE LOS LIBROS MÁS VENDIDOS POR LIBRERÍAS GANDHI A NIVEL NACIONAL.</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 04:30:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[El hombre en busca de sentido]]></category>

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		<description><![CDATA[Recibimos y compartimos la grata noticia que publica Librerías Gandhi en su edición No.32 de los meses diciembre-enero 2012, en donde nos participa: “El hombre en busca de sentido” ocupa el 4° lugar en ventas en nuestro país. Lo cual nos da la certeza de que los lectores llevarán a sus vidas seguramente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Recibimos y compartimos la grata noticia que publica Librerías Gandhi en su edición No.32 de los meses diciembre-enero 2012, en donde nos participa: “El hombre en busca de sentido” ocupa el 4° lugar en ventas en nuestro país. Lo cual nos da la certeza de que los lectores llevarán a sus vidas seguramente un mayor interés por la obra de Viktor Frankl y la posibilidad de una mayor conciencia de la importancia del sentido en todas las áreas de la vida.</p>
<p>Es por demás comentar que, desde la experiencia en grupos e individual, la lectura de esta obra máxima de Frankl, se experimenta la transformación interna de las personas, a partir del encuentro consigo mismos en el camino del desarrollo humano, a través del conocimiento de los principios de la Logoterapia.</p>
<p>¡Enhorabuena Librerías Gandhi!</p>
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		<title>Diplomado en Logoterapia “Humanismo y Sentido” en Querétaro. Inicia Febrero 2012</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Jan 2012 22:40:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Eventos]]></category>
		<category><![CDATA[Diplomado en Logoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[Posgrados en Logoterapia Querétaro]]></category>

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		<description><![CDATA[El Centro de Psicoterapia Viktor E. Frankl en Querétaro, te invita al Diplomado en Logoterapia &#8220;Humanismo y Sentido&#8221;. ¡Inscripciones abiertas! Próximo inicio: martes 14 de febrero 2012 Horario: De 6 pm a 8 pm, una sesión semanal. Duración: 10 meses (calendario escolar) Costo: Inscripción anual $650 Mensualidad $1200 (incluye material) Los temas que revisaremos a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>El Centro de Psicoterapia Viktor E. Frankl</strong> en Querétaro, te invita al<br />
<strong>Diplomado en Logoterapia &#8220;Humanismo y Sentido&#8221;.</strong><br />
¡Inscripciones abiertas!</p>
<p><strong>Próximo inicio</strong>: martes 14 de febrero 2012<br />
<strong>Horario:</strong> De 6 pm a 8 pm, una sesión semanal.<br />
<strong>Duración:</strong> 10 meses (calendario escolar)<br />
<strong>Costo:</strong> Inscripción anual $650 Mensualidad $1200 (incluye material)<br />
Los <strong>temas</strong> que revisaremos a lo largo del diplomado son:<br />
• Biografía de Viktor Frankl. Vida y obra.<br />
• Introducción a la Logoterapia. Antecedentes históricos.<br />
• ¿Qué es y para qué sirve el sentido de vida?<br />
• Tipos de sentido.<br />
• Manejo adecuado e inadecuado de las necesidades. ¿Es el sentido una necesidad?<br />
• Áreas de sentido.<br />
• El diálogo socrático como técnica logoterapéutica.<br />
• La Triada trágica: culpa, dolor y muerte.<br />
• La Triada neurótica: depresión, agresión, adicción.<br />
• El sentido de la crisis.<br />
• Pérdidas y proceso de duelo.<br />
• ¿Cómo trabajar cada etapa del proceso de duelo?<br />
• El sentido del amor.</p>
<p>Imparte: Ma. Teresa Lemus de Vanek. Psicóloga clínica, Logoterapeuta.<br />
Sede: Centro de Psicoterapia Viktor E. Frankl,  Colonia Álamos, Querétaro, Qro.<br />
Mayores Informes e Inscripciones:(442) 224 00 69 y (442) 149 00 29 celular</p>
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		<title>“¡Yo no tengo dimensión espiritual!” Testimonio de un alumno del Diplomado en Logoterapia.</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Dec 2011 00:39:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Logoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[¿Qué es la dimensión espiritual?]]></category>
		<category><![CDATA[El yo espiritual]]></category>

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		<description><![CDATA[Yo no tenía una parte espiritual. Al menos, eso es algo de lo que estaba plenamente convencido. De la misma manera, tenía la convicción de que los temas espirituales eran una estratagema más de las religiones, para mantener a la gente ilusionada con un sentido de la vida puramente artificial. ¿Qué [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Yo no tenía una parte espiritual. Al menos, eso es algo de lo que estaba plenamente convencido. De la misma manera, tenía la convicción de que los temas espirituales eran una estratagema más de las religiones, para mantener a la gente ilusionada con un sentido de la vida puramente artificial. ¿Qué es eso de que haya que tener fe en algo que no se ve y no se puede comprobar de ninguna manera?</p>
<p>Esa era mi manera de ver las cosas cuando entré, por azares de la vida, a un curso de Logoterapia hace unos años. De hecho, a la primera mención de la Logoterapia como una Psicología Espiritual, poco me faltó para no volver a regresar. Por suerte (no fue por suerte, realmente), no fue así.</p>
<p>A lo largo del curso, y gracias a todas esas dinámicas tan bonitas de autodescubrimiento y reflexión, fue cambiando la manera en la que veía el mundo. Lo que antes me causaba conflicto sin aparente motivo, tomaba ya una forma mucho más clara. Curiosamente, cuanto menos pensaba las cosas, más tranquilo me sentía conmigo mismo, el conflicto interior parecía desvanecerse como por arte de magia. Y lo mejor aún, pude ir comprobando que las decisiones que iba tomando de esta manera me daban mejores resultados, no solo a mí, sino que también parecían tener un impacto muy positivo sobre las personas de mi entorno.</p>
<p>Se despertó en mí algo muy poderoso que muchos llaman intuición, y que yo definiría como la capacidad de comprender las cosas y saber lo que es mejor en cada momento, sin pensarlo. Otra manera de definirla, desde mi punto de vista, es como esa voz interior que nos va alejando de las cosas que nos dañan y nos va acercando a las que nos hacen bien, tanto a nosotros mismos, como a los demás a través de nuestros propios actos. Entendí muy claramente que, siempre que actuara de acuerdo a mis valores más profundos, la probabilidad de fallo era casi nula.</p>
<p>Comencé a disfrutar de este nuevo &#8220;poder&#8221;. Lo podía utilizar en temas en los que las múltiples técnicas de resolución de problemas y análisis de decisiones parecían fallar. Sobre todo, en el trato con los demás y en las decisiones más íntimas, en los que la lógica y los datos objetivos no siempre son suficientes para tomar el mejor camino. Curiosamente, empecé a sugerir a otras personas que trataran de entrar en contacto con sus más profundas emociones y se dejaran guiar por su intuición, en casos donde la decisión era complicada. Y vi que les funcionaba igual que a mí. Maravilloso.</p>
<p>Sentí que descubrí una verdadera fuente de Sabiduría, diferente de la pura Ciencia, con la que estaba tan familiarizado.</p>
<p>El entrar en contacto conmigo mismo me cambió la vida. Me encontré haciendo cosas todo el tiempo, cosas que me llenaban de manera especial. Muchas de ellas las había dejado hacía mucho tiempo, y descubrí el gozo de volver a practicar aquello que me encantaba. Descubrí también otras nuevas.</p>
<p>De repente vi cómo había muchas más cosas por hacer que el tiempo de varias vidas apenas alcanza; con lo que, de manera perfectamente natural, dejé de hacer cosas que no me suponían ninguna satisfacción. La vida es tan corta, y hay tanto que se puede hacer, que es un pecado desperdiciar el tiempo.</p>
<p>Se fue despertando en mí un interés especial por los demás. Curiosamente, estaba algo preocupado por el hecho de que había leído en muchos lugares, que una de las principales fuentes de sentido y de plenitud y felicidad en la vida, es el servicio a los demás. Me sentía incluso culpable por no tener esa inclinación. Sin embargo, se fue despertando poco a poco, y me encontré en un cierto momento preocupado genuinamente por el bienestar de los que me rodean. Sentía más empatía, y hasta me resultaba sencillo comprender cómo se sentía cada quien. Era fácil ponerme en el lugar de los demás y mirar hacia mí mismo o hacia el mundo desde sus propios ojos. Lo relacioné con la Compasión de la que hablan tantas y tantas vías religiosas y espirituales.</p>
<p>Otro cambio que fui notando con verdadero agrado tiene que ver con la Creatividad. Mi capacidad para ver alternativas en cada situación se disparó. Este fue, según mi modo actual de ver las cosas, el detonador de una espiral de curiosidad-aprendizaje-comprensión-compasión que sigue hasta la fecha, ante la mirada atónita de muchos de los que me conocen.</p>
<p>Leyendo libros de diversas vertientes, desde filosóficas, hasta psicológicas, pasando por otras de índole más espiritual e incluso metafísica, algo que muchas comparten es este tipo de espiral. O dicho de otro modo, esos valores más profundos del ser humano, que se van develando a medida que vamos conociéndonos. Los valores como el Amor, o la Compasión, la Verdad, o Sabiduría, la Belleza, etc&#8230;,  son comunes a todos los seres humanos. En algunos están más claros que en otros, y hay gente en la que están verdaderamente tapados. Pero ahí están, esperando ser descubiertos. ¿El premio? Comprender y Disfrutar una vida plena de sentido y contribuir a que los demás también puedan seguir ese mismo camino.</p>
<p>Y volviendo la vista atrás, me pregunto dónde estaba todo eso antes de emprender este camino sin retorno. Evidentemente, no lo inventé, ya que es algo común a todos los seres humanos. Simplemente estaba ahí, dentro de mí, esperando. ¿Dónde estaba?  Según los neurocientíficos, se trata simplemente de una red neuronal construida sobre los escombros de redes neuronales previas no funcionales. Según otros, está en lo más profundo del corazón, sin ubicación física real. Algunos le llaman Alma; otros, Espíritu; otros, el Yo interior; otros, Conciencia, y hay algunos atrevidos que le llaman Dios. El nombre es irrelevante. Cada quien puede llamarlo como quiera. Se puede negar o aceptar. Pero ahí está. Incluso los neurocientíficos deberán encontrar una manera de reconstruir sus redes neuronales para llegar a tener el privilegio de disfrutarlo.</p>
<p>Ahora puedo decir que esa espiral no tiene fin, y que es simplemente la espiral del desarrollo humano, del desarrollo de la conciencia, del verdadero sentido de la vida (siempre según mi opinión personal, por supuesto): la Evolución. Una Evolución que siempre ha estado presente, desde que el universo comenzó, mucho antes de que existiera el primer ser humano. Que afecta a cosas, plantas, animales, personas, estrellas, galaxias, átomos y cualquier cosa que se nos ocurra, incluyendo las culturas, el conocimiento y los sistemas de cualquier índole. La vida nos fue dada por algo que está más allá de nuestro entendimiento, pero con ella también nos fue asignada la responsabilidad de hacer con ella lo mejor que podamos. Y eso solo lo podremos hacer si nos movemos en la dirección de convertirnos en quienes de verdad podemos ser. Será la manera de corresponder a esta inmensa fortuna que tuvimos de vivir.</p>
<p>Jesús Asensio</p>
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		<title>El vacío existencial: reflejo de la sociedad posmoderna.</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 04:09:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Logoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[Vacío existencial y cultura]]></category>

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		<description><![CDATA[Y de repente me hallo frente a mí, en un inconmensurable angustia de ver una simple y llana humanidad; una presencia desnuda que se ve frente al espejo del ser que camina sin retraso hacia la muerte. No sé quién soy sin tener cerca aquel aparato que da una identidad, que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p>Y de repente me hallo frente a mí, en un inconmensurable angustia de ver una simple y llana humanidad; una presencia desnuda que se ve frente al espejo del ser que camina sin retraso hacia la muerte. No sé quién soy sin tener cerca aquel aparato que da una identidad, que me hace sentir parte de un grupo selecto (aunque sé que la realidad me indica que ya casi todos pueden tenerlo). No sé quién soy ante un silencio inquietante que me grita mi soledad. No sé quién soy sin el ruido de las risas, de la fiesta, del alcohol, del sexo o simplemente del trabajo. Sencillamente, me siento vacío&#8221;.</p>
<p>Tales palabras dejan de ser una creación poética de la época del romanticismo, donde la exaltación de los sentimientos colmó las letras y los pensamientos de los jóvenes. Hoy son palabras, ya no producto de una maximización de las emociones, sino una realidad cruda, una realidad de cientos de personas que no encuentras respuestas a sus más grandes preguntas, una realidad que se presentan cada vez más y más en diversos hogares, y en diversos corazones.</p>
<p>La época posmoderna trajo consigo una gran cantidad de preguntas, de cuestionamientos, de planteamientos nuevos, de tolerancia, de respeto. Un época posmoderna donde empezo a increpar de todo aquello que estaba previamente preestablecido; por medio del mazo de la ilustración dudó de todo cuando ya se daba por sentado. En un momento permitió el progreso, pero hoy, dicha postura ya no permite ni siquiera avanzar a paso seguro por las turbulentas aguas de una realidad incontrolable.</p>
<p>Viktor Frankl, hablando de la falta de identidad de los seres humanos, mencionó que dado que hemos perdido los instintos que nos indicaban lo que teníamos que hacer, que nos guiaban; y ante la pérdida de fuerza de los valores tradicionales; el hombre se queda como un ser que ve al infinito cuestionándose sobre su propia existencia, sobre cuál es el camino adecuado, el fin de su existencia. Ante esta angustia el hombre tiene que elegir, y elegir provoca angustia. Entre la espada y la pared.</p>
<p>¿Qué hacer ante este panorama lleno de incertidumbre? La mujer y el hombre actuales van dejando que su caminar sea guiada por las múltiples ideologías que surgen con gran fuerza, pero al aparecer una nueva que promete mejoras personales y bienestar a su muy particular agonía, cambian, como el viento cambia de dirección en invierno, con la esperanza de encontrar calor y luz.</p>
<p>A mayor superficialidad, mayor angustia. El ser humano, llamado por la ciencia <em>homo sapiens</em>, es un ser pensante, un ser capaz de ser crítico, de preguntar, de cuestionar. ¿Cuál ha sido el error del posmodernismo? Que ha sido incapaz de aceptar alguna respuesta como cierta, dado que &#8220;todo depende del cristal con que lo miras&#8221;. Su incuestionable argumento de que &#8220;nada es verdad&#8221; trae consigo un fuerte vendaval de dudas, dudas incapaces de ser satisfechas con cosas materiales, con necesidades e instintos, con ruido, con compañía. ¿Entonces? ¿Qué hacer con este vacío que se hace cada vez más grande?</p>
<p>Una sociedad post revolucionaria (industrial y sexual), que ha avanzado a grandes pasos en el descubrimiento de grandes adelantos, se olvida del ser más maravilloso del universo: uno mismo, el ser humano. El hombre es un ser de pregunta, pero también es un ser de respuesta. El hombre es un ser que cuestiona, pero es también un ser que espera. El hombre es un ser que duda, pero también busca una respuesta. Y es ahí, donde el posmodernismo nos ha dotado de preguntas, de cuestionamientos y de dudas, pero nulas &#8211; o muy pocas &#8211; respuestas.</p>
<p>El valor del ser humano no está sujeto a una corriente ideológica, sino que es inherente a cada uno; no está ligado a una marca, sino a la esencia humana; no está configurada por el estatus, sino a la vida; no lo determina el tener, sino el ser.</p>
<p>El vacío existencial, reflejo de una sociedad posmoderna, es fruto de la carencia del valor más importante: el valor de la existencia humana. Pero, al final de cuentas, no es en sí el posmodernismo quien da como fruto el vacío existencial, sino somos las personas que hemos creído toda la avalancha ideológica y no hemos sido capaz de encontrar las respuestas a las preguntas más elementales.</p>
<p>Nietzche nos compartió que &#8220;quien tiene un por qué para vivir, podrá soportar cualquier cómo&#8221;, por lo que para superar, en cierta manera, aquel vacío que nos aqueja, habrá que preguntarnos, ¿cuál es nuestra razón de existir? <img src="https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5887620009499456979-2591052380567797508?l=edgardoflores.blogspot.com" alt="" width="1" height="1" /></p>
<p>Autor: Edgardo Flores Herrera</p>
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		<title>Perspectivas en psicoterapia existencial. Una mirada retrospectiva y actual. Publicación de Ediciones LAG.</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 00:26:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bibliografía]]></category>
		<category><![CDATA[Bibliografía Logoterapia]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cuál es el fin de la existencia? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? La mayoría de las teorías contemporáneas parecen abstractas ante las grandes cuestiones sobre la existencia que nos han sido heredadas. Dichas teorías parecen sin vida ante los nuevos y complejos problemas que la cotidianidad presenta. Ante dichas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong><a href="http://www.logoforo.com/wp-content/uploads/2011/11/Portada-PerspectivasPsico-para-web-01.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-1991" title="Portada PerspectivasPsico para web 01" src="http://www.logoforo.com/wp-content/uploads/2011/11/Portada-PerspectivasPsico-para-web-01-189x300.jpg" alt="" width="189" height="300" /></a></strong></p>
<p>¿Cuál es el fin de la existencia? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? La mayoría de las teorías contemporáneas parecen abstractas ante las grandes cuestiones sobre la existencia que nos han sido heredadas. Dichas teorías parecen sin vida ante los nuevos y complejos problemas que la cotidianidad presenta.<br />
Ante dichas tensiones, las psicoterapias existenciales aportan una perspectiva emprendedora, auténtica y comprometida; en franca rebeldía a lo estático y la imposición de corrientes, métodos o programas. La existencia humana no puede determinarse por un enfoque ni tener límites establecidos. Comprender la naturaleza humana exige superar presupuestos y abrir nuevos planteamientos apoyados en la relacionalidad y la co-construcción impostergable de la existencia.<br />
Comunicación directa, transparente y humana, fundamentan a las psicoterapias existenciales como propuestas profundamente implicadas con el análisis de la vida concreta de las personas y de su mundo amplio, que comprende el diálogo constante con la riqueza de la filosofía existencial, fenomenológica y hermenéutica hasta nuestros días.<br />
La presente obra esboza varias perspectivas existenciales, escritas cada una por diferentes autores latinoamericanos que han desarrollado su trabajo sobre distintos estilos y pensadores en psicoterapia existencial, y es un referente importante tanto para especialistas como para personas interesadas en temas actuales de psicoterapia.</p>
<div><em>Martínez, Yaqui Andrés y Signorelli, Susana</em></div>
<div><em> </em></div>
<div><em> </em></div>
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		<title>Encuentro y relación de Frankl, Allers y Schwarz. Publicación de Ediciones LAG.</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 00:23:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bibliografía]]></category>
		<category><![CDATA[Bibliografía Logoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[Libros Logoterapia]]></category>

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		<description><![CDATA[Autor: Felipe Miramontes Un joven entusiasta, apasionado y valiente, enamorado de la logoterapia de Frankl, incursiona en el tema del surgimiento del análisis existencial y su aplicación terapéutica, para complementar el conocimiento de las raíces del pensamiento frankliano. Nuestro autor se encuentra con los libros de Schwarz y Allers, o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>Autor: Felipe Miramontes</p>
<p></strong>Un joven entusiasta, apasionado y valiente, enamorado de la logoterapia de Frankl, incursiona en el tema del surgimiento del análisis existencial y su aplicación terapéutica, para complementar el conocimiento de las raíces del pensamiento frankliano.<br />
Nuestro autor se encuentra con los libros de Schwarz y Allers, o mejor dicho, ellos lo encuentran a él, para invitarle a conocer e investigar sobre lo que él mismo dice: “La biografía-en-relación de tres personas, tres seres humanos, tres colegas, tres amigos… tres”. Como complemento a esta labor, se apoya en el epistolario inédito que intercambiaran estos “tres”.<br />
Este libro presenta, asimismo, una breve pero significativa revisión de la obra de Allers y Schwarz, de su pensamiento y sus propuestas, tanto las que atañen a Frankl como las que no. Es innegable que estos personajes tuvieron una influencia bien acendrada en el creador de la logoterapia. Esta investigación es una presentación biobibliográfica de estos tres autores.<br />
Felipe Miramontes, amante de la investigación, se atreve a descender y explorar en las raíces profundas de estos personajes, con la esperanza de divisar alguna luz; desde allí nos ofrece un texto que seguramente motivará al lector interesado en la logoterapia de Frankl, así como a la persona inquieta por revisar su propia existencia.</p>
<p>LETICIA ASCENCIO DE GARCÍA<br />
Fundadora y directora de la Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y Logoterapia S.C.</p>
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		<title>¿Justificación o determinismo?…¿Y la libertad?</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Nov 2011 00:01:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ma. Teresa Lemus de Vanek</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Logoterapia]]></category>
		<category><![CDATA[Determinismo y libertad]]></category>

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		<description><![CDATA[“Desde que se inventaron los pretextos…” Inmersos en una parafernalia ideológica, rodeados por doquier de paradigmas sociales, deslumbrados por visiones antropológicas, muchas de ellas encumbradas en la búsqueda de comprender el mundo, las relaciones sociales y al ser humano, así es como ahora nos movemos todas y cada una de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><p><em>“Desde que se inventaron los pretextos…”</em></p>
<p>Inmersos en una parafernalia ideológica, rodeados por doquier de paradigmas sociales, deslumbrados por visiones antropológicas, muchas de ellas encumbradas en la búsqueda de comprender el mundo, las relaciones sociales y al ser humano, así es como ahora nos movemos todas y cada una de las personas en nuestra actualidad.</p>
<p>“Conócete a ti mismo”, la máxima del Oráculo de Delfos se presenta ahora secundada por muy diversas teorías sociológicas, antropológicas, psicológicas, biológicas y demás ciencias que buscan, como muchos de nosotros, explicar desde su particular visión las motivaciones y las razones por las cuales el ser humano actúa como actúa.</p>
<p>Sin embargo, entre tantas corrientes que surgen, gracias al avance de la investigación, nacen posturas que no sólo explican, sino prácticamente aseguran que el ser humano actúa de determinada forma y no admiten las contrariedades… a esta actitud la podemos llamar cientificismo, antropologismo, psicologismo, sociologismo, o los “gismos” que le quieran poner, es decir, la imposibilidad de aceptar explicaciones alternas al argumento que hemos dado.</p>
<p>¿Es posible definir al ser humano desde una postura, llámese psicológica, antropológica, sociológica, genética, antropológica? ¿Es eso posible?</p>
<p>Desde el punto de vista de la psicología, a raíz del aporte de “nuestro padre”, Sigmund Freud, quien “descubrió” los remanentes psicológicos inconscientes en las personas, y a raíz de ellas explicó la personalidad, hasta pasar por Carl Gustav Jung y el inconsciente colectivo, Iván Pavlov y el estímulo-respuesta, Albert Ellis y las creencias irracionales, Carl Rogers y la terapia centrada en la persona, Abraham Maslow y la pirámide de necesidades, entre muchos, ¡muchísimos otros!, todos han aportado al entendimiento de la mente humana, y por lo tanto de las razones por las cuales se actúa de determinada manera y no de otra. Todas estas teorías aportan una luz a la comprensión, y por ello, les damos las gracias.</p>
<p>El problema no es el afán de querer entender, entendernos, ni tampoco lo es el posicionamiento radical que algunos adeptos pueden tomar. Una de las consecuencias de tanta teorización ha sido que muchos de los actos empiezan a ser justificados a partir de estas teorías psicológicas (o también desde cualquier ciencia que haya aportado a la comprensión de nuestra naturaleza humana). Por ejemplo, ahora puede ser cotidiano escuchar que aquel hombre que está siendo violento con su familia está reflejando los efectos de la manera en como lo trataron a él en su infancia; u otro caso, del alumno de universidad que está mal en sus calificaciones habrá que comprenderlo porque tiene “baja autoestima”; o la imposibilidad de manejar adecuadamente nuestras emociones o nuestros impulsos por todas las pulsaciones inconscientes que nos atacan como soldados en plena guerra. La preguntas que surgen son, ¿entonces estamos determinados? ¿Y la libertad qué?</p>
<p>Antes de caer abatido ante los defensores de las diferentes posturas psicológicas responderé que, prácticamente todas las teorías tienen razón, es decir, han aportado al  entendimiento de quién es la persona. Negar que situaciones de la infancia nos influyen, o que la autoestima contribuye, o la existencia del inconsciente, es como negar que el aire no existe sólo por el hecho de no verlo, porque se ha demostrado que afectan…, ¡eso!, que afectan, pero ¡no determinan!</p>
<p>Es decir, aún la postura psicológica más probada es incapaz de establecer una ley que se cumpla en el cien por ciento de los casos, sino que se hacen análisis, se formulan hipótesis, se comprueban o se descartan y a raíz de ello se trabaja para hacer una “cura”, orientación, análisis o guía (según la postura que se tenga) para ayudar al individuo que ha acudido con nosotros para recibir ayuda.</p>
<p>Imposible es el establecimiento de leyes en relación a la naturaleza humana, porque en sí misma es cambiante. A unos les influirá menos que otros determinados eventos, otros más la cercanía o lejanía de una persona les motivará más o menos, etcétera. Hay que esclarecer una parte importante de la persona, y ésta es ¡la libertad!</p>
<p>Jean Paul Sartré argumentó que “el hombre es él y sus circunstancias”, por lo que para él, el ser humano está moldeado por los factores que le rodean, lo cual, tiene su grado de razón, sin embargo, hago una contra-argumentación: “El hombre es él y sus decisiones”, es decir, el hombre se encuentra en completa libertad para elegir a pesar de cualquier circunstancia, es decir, puede encontrarse en la peor de las situaciones, sin embargo, y a pesar de ello, podrá siempre tomar la actitud con la cual afrontar dicho acontecimiento.</p>
<p>Una persona adulta pudo sufrir vejaciones en su etapa infantil, pero al llegar a cierto grado de madurez, se podrá dar cuenta de que puede seguir anclado a las influencias de un pasado lastimero, o tomar la decisión de vivir el presente con la cara fija en el futuro, dependiendo de sí mismo para ser feliz. Otra más, a pesar de sufrir un encarcelamiento por un error cometido, puede vivir esa etapa con la cara en alto, arrepintiéndose, perdonándose, y sacando lo mejor de la circunstancia que le está tocando vivir.</p>
<p>Una característica de suma importancia en lo que es la naturaleza humana es la libertad, libertad que no está condicionada ni por impulsos ni instintos, como en los animales; ni por tribulaciones inconscientes; ni por factores ambientales; ni siquiera por genéticos; una libertad que simplemente está ligada al hecho de ser <em>ser humano</em>. El problema con reconocer que somos seres libres es el caer en cuenta que  dicha libertad viene siempre acompañada de la responsabilidad…</p>
<p>Es por ello, que para evadir la responsabilidad de mis actos, me justifico con un lenguaje cientificista, que los demás debemos comprender y aceptar. ¡No! El ser humano es un ser enteramente libre, libre de sus decisiones, libre de sus actos… pero también responsable, responsable de las consecuencias.</p>
<p>¿Qué decides tú? ¿Eliges no elegir? ¡Ésa es una decisión! ¿Eliges no ser libre? ¡Eso es cobardía! Elige ser libre, elige ser responsable… aunque sea más difícil.</p>
<p><em>Psic. Edgardo Flores Herrera<br />
</em><a href="mailto:edgardo.flores@live.com.mx"><em>edgardo.flores@live.com.mx</em></a><em><br />
@edgardoflores<br />
</em><a href="http://edgardoflores.blogspot.com/"><em>http://edgardoflores.blogspot.com/</em></a><em></em></p>
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